LA VERDAD EN EL
PROCESO JURÍDICO
PALABRAS CLAVE:
Verdad -Proceso Jurídico -Derecho -Verifobia -Fin del Proceso
JESÚS PABLO NICOLÁS GELID
1
ÍNDICE:
1. INTROITO ................................................................................................ 3
2. DESARROLLO .......................................................................................... 4
2, I. Nociones Preliminares ........................................................................... 4
2, II. Esbozo histórico del pensamiento filosófico sobre la verdad ................. 4
2, III. Verifobia ............................................................................................. 6
2, IV. Modelos procesales ............................................................................. 7
2, V. El Proceso Jurídico y el papel de la verdad........................................... 8
2, V, I. Concepciones de verdad y praxis procesal ........................................ 8
2, V, II Afirmación sobre el sobresaliente papel que la verdad cumple en el
Proceso ......................................................................................................... 13
3. CONCLUSIONES FINALES ..................................................................... 16
BIBLIOGRAFÍA:............................................................................................. 19
2
ABSTRACT:
Entre los juristas, la Verdad ha sido siempre un tema que traído notables
embrollos y discusiones académicas. Podemos comprobar el trato
frecuente que ha tenido si analizamos la historia del pensamiento del
Derecho y las demandas prácticas que ha suscitado también a lo largo
del tiempo.
En este sencillo trabajo buscamos ponerlo sobre el tapete otra vez, con
el propósito de refrescar la memoria de los que ejercen (y de los que
buscamos ejercer) la justicia, afilando el pensamiento crítico.
A tales efectos, hemos realizado una breve reseña histórica del
pensamiento y de las concepciones sobre la Verdad que se han ido
formando, pasando por ellas someramente, tocando misceláneas
necesarias en materia filosófica y finalizando con una obligada
conclusión meramente reflexiva. Buscamos también en este escrito que
el lector se introduzca en este tema tan rico y necesario para el intelecto
y se abra en su cabeza un arsenal de preguntas que le motiven a seguir
profundizando.
3
1. INTROITO
Si se ve con ojos atentos la historia del pensamiento podemos decir, de
buenas a primeras, que el hombre ha transitado por muchos cambios en
muchas de las dimensiones que le constituyen: política, cultura,
sociología, etc. Mas también es innegable que hay que cosas que no
cambiaron, que permanecieron intactas ante lo mutable y transable de
la evolución, entendiéndose a esta como un desarrollo de veras, así como
una vez un inglés del siglo pasado lo ilustraba: “el verdadero desarrollo
es el desarrollo de lo verdadero”, y no como una obsesión por el cambio y
el enterramiento de lo que ya ha pasado.
Entre estas cosas que no perecieron con el correr de los años se
encuentra notablemente la búsqueda de la verdad¸ del conocimiento de
las cosas como algo vital en el hombre. Se cumple así lo que decía el
Filósofo: “todos los hombres desean, por naturaleza, saber”.1
De esta manera anticipamos nuestra postura respecto al tema de la
Verdad, asumiendo la posibilidad afirmativa -y también el deber- de
buscarla no sólo en un plano teorético, especulativo y metafísico, sino
también en el orden práctico de la labor jurídica. La verdad exige su
búsqueda porque ella misma se impone hasta en los quehaceres
operarios del día a día tribunalicio; se devela ante el juez como un Norte
que guía pero también que hace llegar a un puerto palpable, alcanzable;
se hace desear profundamente por el justiciable que anhela que ella -la
Verdad- sea conocida y, por si fuera poco, hace cumplir el propósito
práctico y fin inmediato del Derecho (como objeto de la iustitia) que es
hacer justicia, pues las leyes son dictámenes de un gobernante a sus
súbditos; y tienen por objetivo recabar obediencia de esos súbditos, que es
hacerlos buenos, no de una manera absoluta, sino relativa: en orden a ese
determinado régimen2.
1
Aristóteles (2010). Metafísica (p. 1). Ed. Colihue.
2
Tomás de Aquino, S. (1964). Suma Teológica (Sth I-II, q. 3 a. 4). Madrid: Biblioteca de Autores
Cristianos (BAC).
4
Para esto, nos ocuparemos de su fundamentación tratando de analizar
críticamente los ejes del trabajo con reflexión justa. Claramente, y sin
ánimos de desvirtuar nuestro propósito, todo esto se dará en el contexto
que nos demarcan los límites que acarrea una ocupación de este tipo,
ponderando así sólo aspectos gruesos y fundamentales, exento de
particularidades y minuciosidades, pero no ajeno a la rigurosidad que
demanda un tema de esta talla ni a la seriedad que exige.
2. DESARROLLO
2, I. Nociones Preliminares
El Derecho como Ciencia no ha quedado horro de la decadencia del
pensamiento, y al ser un estudio con un objeto menos general que el de
la Filosofía (subalterno a ella), el jurista ha precisado imperiosamente la
utilización de conceptos metajurídicos que a través del paso del tiempo y
la proliferación de ideologías se han ido cambiando y desmembrando en
su significado. Uno de ellos es el que nos ocupa aquí: el de la Verdad.
Hace falta, para nuestro propósito, hacer un brevísimo racconto histórico
para entender dónde estamos parados cuando hablamos de verdad.
2, II. Esbozo histórico del pensamiento filosófico sobre la verdad
Desde la antigüedad, los griegos se han preocupado por dotar de sentido
al cosmos (universo, mundo). Los presocráticos primero, con el arché
(principio) que daba origen a todas las cosas. Luego, a mayor escala, se
5
han ido despertando más claras las nociones del pensamiento y han
llegado al culmen de la Edad Antigua con Aristóteles, que no poco tiene
de platónico, y han dado nacimiento a lo que hoy se llama realismo
filosófico 3. Aquí empieza a nacer lo que también luego se conocerá con el
nombre de teoría correspondista, haciendo entrever que la verdad no es
otra cosa que la correspondencia entre el pensamiento y la realidad.
Esta corriente se ha elevado a un nivel de profundidad insuperable hasta
nuestros días en la Edad Media con Tomás de Aquino (S. XIII). Él tomó
los conceptos de los paganos y los elevó a la categoría suprema, llegando
a definir a la verdad como la “adecuación entre el intelecto y la realidad”4¸
concepto no ajeno a lo que heredó de la Filosofía Clásica. Este concepto
de verdad quiere manifestar esta idea: las cosas son y son verdaderas por
sí mismas, más allá de lo que nuestro pensamiento pueda captar. Hay
una preponderancia de la cosa (res) sobre el intelecto: la realidad se le
impone al pensamiento y, por tanto, algo será verdadero en tanto cuanto
tenga correspondencia alguna con el orden de la realidad.
Posterior a eso, el pensamiento ha empezado una etapa de extraordinaria
decadencia5 que obedece a una multiplicidad de causas (aunque muchos
suelen atribuir el comienzo primordialmente al nominalismo de Guillermo
de Ockam del S. XIV y a la Reforma de Lutero) y que en la historia se ha
dado a conocer con el nombre de Modernidad. Aquí se dio vuelta la
cuestión y tomó preponderancia el intelecto antes que la res. Los
progenitores fueron Descartes con su famosa sentencia cogito ergo sum6
(podría traducirse: pienso luego existo) y, por otro lado, Kant, con una
gnoseología casi escéptica del fenómeno y el noúmeno. La verdad ahora
pasa a ser moneda del pensamiento y se ha desprendido del todo con la
realidad. Ya no importa tanto si ella -la verdad- tiene algo que ver con la
3
Si bien la corriente de pensamiento es antigua y proviene de la Filosofía Clásica, sobre cuándo se acuñó
la expresión todavía hay dudas si fue a fines del S. XIX o principios del XX, o incluso antes. Sí se sabe que
el término realismo filosófico no es medieval.
4
Tomás de Aquino, S. (2016), De Veritate (I,I). Pamplona: Eunsa.
5
Claro está que la Modernidad tuvo cosas destacables y que aquí evitamos abordar por estar muy
limitados por el tema de discusión y la extensión de este trabajo.
6
Descartes, R. (2004). Discurso del método. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Ed. Colihue
6
realidad de las cosas, pues habrá verdad siempre y cuando esté en mi
pensamiento y lo que ahí encuentre será verdadero. La primacía ahora la
toma el Intelecto y la cosa -res- ha pasado a segundo plano.
Aunque en tiempos que corren ya ni siquiera eso, todo lo que tenga que
ver con la verdad ha perdido sentido. En esta etapa del Posmodernismo
no hay verdad sino posverdad, ella no importa más que para las
preferencias subjetivas de cada uno7. Es este el camino que ha recorrido
el pensamiento en la historia, y aquí es donde estamos parados hoy.
Sin ánimos de excedernos tanto en estas conceptualizaciones de la
historia de la filosofía, aunque son necesarias, ahora cabe preguntarnos
lógicamente: primero, si existe la Verdad y, segundo, si tiene sentido
hablar de ella dentro del Proceso Jurídico. Trataremos de atisbar
respuestas en lo que resta de este estudio.
2, III. Verifobia
Como legado del escepticismo filosófico, en el Derecho Procesal se ha
dado, luego de la histórica contraposición entre lo inquisitorial y lo
acusatorio, un alejamiento de la verdad notorio (y si se quiere, aunque
suene una redundancia, una verdad real). Han nacido concepciones que
son hijas de un fenómeno que la literatura jurídica ha dado a llamar
verifobia, y la ha definido como la actitud escéptica que toman muchos
procesalistas sobre la existencia de verdad alguna dentro del proceso,
quitándole a esta cualquier tipo de sentido o valor y desplazándosela de
los fines a alcanzar en el instituto del juicio.
7
En inglés, el término “post-truth” se empleó por primera vez en 1992. Lo hizo el dramaturgo serbio-
estadounidense Steve Tesich, en un artículo publicado en la revista “The Nation”. En el artículo, Tesich
decía: “Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo en
donde reina la posverdad”
7
Aunque abundan en sobremanera las concepciones del proceso jurídico
que se alejan de la verdad como finalidad y que poseen otros, los
resumiremos, siguiendo al maestro Michele Taruffo, en dos modelos.
2, IV. Modelos procesales
El primero es el modelo de la teoría del proceso adversarial, y concibe
a este como aquella institución que busca resolver una competición entre
jugadores y en la cual lo único que interesa es que las reglas se cumplan
y el juego se desarrolle regularmente (por lo que la función exclusiva del
juez es la de un umpire (árbitro), que sanciona las violaciones de las reglas
de juego). Al final alguno de los combatientes ganará (y habrá merecido
ganar porque habrá demostrado ser el más fuerte, el más hábil, el más
rico) y ésta es la única y exclusiva finalidad a la que está orientado el
proceso adversarial: resolver la controversia a través de la victoria de uno
de los dos contendientes. No puede sorprender, entonces, que en un
modelo de este género no tenga ninguna relevancia la calidad y el
contenido de la decisión que cierra el proceso y otorga el triunfo, por
cuanto su función es solo aquella de registrar la victoria de una parte y
la derrota de la otra. Como consecuencia, si la decisión corresponde o no
a la verdad de los hechos es del todo irrelevante: la búsqueda de la verdad
en el proceso viene más bien vista como un derroche de actividad, de
tiempo y de dinero. Además, y como consecuencia, el proceso adversarial
no está estructuralmente orientado hacia la determinación de la
verdad22. En esta perspectiva, hablar de verdad en el proceso es
evidentemente un non sense (sinsentido)8.
8
Taruffo, M.. (2013). La Verdad en el Proceso (p. 242). Derecho & Sociedad.
8
El segundo modelo es aquel que concibe al proceso como un ritual que
viene a enviar al ambiente social de referencia un mensaje relativo a cómo
se administra la justicia seriamente, y por tanto a legitimar la decisión.
La calidad y el contenido específico de la decisión que concluye el proceso
son sustancialmente irrelevantes: ella adquiere legitimación por el
procedimiento ritual y no por lo que dice en su fondo.
A partir de sus conceptos teóricos comprobamos que en un modelo y en
el otro hay un alejamiento de la verdad, una suerte de verifobia.
2, V. El Proceso Jurídico y el papel de la verdad
2, V, I. Concepciones de verdad y praxis procesal
El Proceso Jurídico, como instituto del Derecho, responde a finalidades,
y una (y quizás la primera) es la resolución de conflictos. Siguiendo a
Alvarado Velloso, y aunque no compartamos su postura en muchos
temas, al respecto tomaremos la práctica distinción que hacía en su obra
Introducción al Derecho Procesal9, al decir que en la sociedad siempre hay
conflictos, nada más que algunos se quedaban en el plano de la realidad
y sólo algunos de ellos eran elevados al plano del proceso. El fin del
proceso, entonces, es resolver los problemas que la sociedad plantea con
acuerdo a Justicia.
También cabe citar la Constitución italiana que dice en su artículo 101:
“los jueces deban decidir las controversias aplicando correctamente las
normas de derecho que operan como criterios de decisión en los diversos
9
Velloso, A. (2008). Introducción al estudio del Derecho Procesal. Argentina: Ed. Rubinzal – Culzoni.
9
casos concretos”10. Significa esto que los jueces deben decidir las
controversias aplicando correctamente las normas de derecho que operan
como criterios de decisión en los diversos casos concretos11.
Vamos entendiendo así que esta conjunción axiológica de verdad-justicia
no es algo ajeno a la Ciencia Jurídica. Desde ya que los valores jurídicos
cumplen un papel predominante en la teoría y, más todavía, en la
práctica del Derecho. Los hechos de las personas son juzgados a la luz
de valores jurídicos que conforman un modelo de derecho y funcionan
como parámetros en cuanto que son fines en sí mismos.
Pero configura un error grave tener aquí en el proceso a la verdad como
un ente absoluto, como lo hace Vattimo en su célebre obra De la realidad.
Fin de la Filosofía 12 y muchos que siguen su corriente. Este autor ha
llegado a concluir con que la verdad no le interesa a nadie. Y esto porque
no ha concebido a la verdad sanamente, entendida bajo los cánones de
una buena filosofía y adecuada a lo jurídico-procesal.
La verdad aquí debe entenderse no como un absoluto sino como un
predicado de un enunciado que dice algo sobre un hecho. El punto
relevante es que la norma N puede ser correctamente aplicada en el caso
específico solo si se ha verificado un hecho «f» que corresponde a la
definición de F que constituye la prótasis13 de la norma misma. Desde el
punto de vista procesal ello equivale a decir que la norma viene
correctamente aplicada en el caso concreto, como regla de decisión, si y
solo si se ha determinado la verdad de una proposición (o de un conjunto
de proposiciones) que describe el hecho «f». En otras palabras, la
determinación de la verdad del hecho que se califica como jurídicamente
relevante según la norma que viene aplicada es condición necesaria para
la correcta aplicación de la norma en el caso concreto, según el principio
10
SENATO DELLA REPUBBLICA ITALIANA (2018). Constitución de la República italiana, Costituzione
Italiana, edizione in lingua spagnola (art. 101). Italia: Oficina de Informaciones Parlamentarias del
Archivo y Publicaciones del Senado.
11
Taruffo, M.. (2013). La Verdad en el Proceso (p. 242). Derecho & Sociedad.
12
Vattimo, G. (2012). Della realtà. Fini della filosofía. Milán: Ed. Garzanti.
13
En sintaxis, la prótasis señala el supuesto o hipótesis y la apódosis indica la consecuencia, efecto o
resultado.
10
de legalidad. Así, pues, ninguna norma es aplicada correctamente si los
hechos a los cuales se refiere han sido determinados de manera errónea
o falsa. Sólo aplicándose la ley sobre la verdad de los hechos sería el
proceso congruente con el principio de legalidad.
No se trata, evidentemente, de una conclusión particularmente original,
desde el momento que ella está bastante difundida también entre los
filósofos y no solo entre los juristas. Aquella, sin embargo, se presenta
particularmente importante por cuanto, por un lado, excluye que se
pueda imaginar una administración de la justicia fundada sobre la
falsificación de los hechos, sobre la mentira y sobre el error, mientras
que, por el otro, pone «fuera de juego», por la misma razón, a los
verifóbicos de cualquier tipo”14.
Aunque dentro de la academia jurídica actual tenemos una serie de
iusfilósofos que apelan sobre el tema de otra forma. No diría por sobre
todas las cosas contraria (un gran coincidente es que no se confunde a la
verdad en el proceso como un ente absoluto, metafísico)15 pero sí ajena a
una concepción de la verdad realista y herederos, si se quiere, de una
filosofía decimonónica que ha traído consecuencias en el pensamiento y
en sus conclusiones. Por ejemplo, Binder y los demás gestores que siguen
esta corriente, son, en el fondo, reivindicadores de la Ilustración, aquel
movimiento del S. XVIII y de sus pensadores (Rosseau, Montesquieu,
Hobbes, etc.) que preparó las bases para lo que luego sería la Revolución
Francesa de 1789, culmen de aquel caldo de cultivo que fue la Ilustración
y movimiento liberal que viene a, según dicen, “liberar” del poder opresor.
No es este nuestro tema pero es necesario entender algo para saber qué
reivindican estos juristas actuales a los que ahora referiré.
En esta revolución nacería un nuevo sistema político basado en una
república democrática que conforma el pueblo y que legitima (en la vox
pópuli residía el poder -vox dei-) a los gobernantes. Estos, a su vez,
14
Taruffo, M.. (2013). La Verdad en el Proceso (p. 243). Derecho & Sociedad.
15
Binder, A. (2014). Elogio de la audiencia oral y otros ensayos (p. 23). Nuevo León: Coordinación
Editorial Poder Judicial del Estado de Nuevo León.
11
empezarían a repartirse el poder ya no condensado en un monarca, y a
crear compartimentos especializados que a la vez hacían un efecto
contralor (hoy poderes ejecutivo, judicial y legislativo).
Somos todos herederos de un sistema monárquico, sostienen en el
fondo, del cual debemos liberarnos y construir verdadera República
nacida en Democracia. Heredando este sistema político, heredamos a la
vez un sistema judicial inquisitorial, donde el Juez tenía todo el poder,
era juez y parte (él acusaba, perseguía, probaba y juzgaba), los procesos
eran secretos y sumarísimos, se violaban las garantías todas del
imputado y en donde, en pos de la verdad, se cometieron las mayores
iniquidades16.
Frente a este sistema tenemos otro, distinto en su totalidad, y que es el
adversarial. Este es el que se hereda de la corriente de pensamiento que
venimos tratando de tallar y que nos conviene a la hora de hablar de
verdad en el proceso. Este sistema judicial ya no busca la verdad a toda
costa, sino que concibe garantías que deben respetarse, partes
diferenciadas -acusación, persecución y juicio- que deben ser ocupadas
por distintas personas. Cambia el papel de la prueba en el proceso
también y, lo más importante, desvía de aquel sistema tiránico los fines
y el papel de la verdad.
Binder trata de encarar este tema de la verdad en el proceso como un
tema que tiene un trasfondo político, puesto que la relación del juez con
el de la verdad es, como dice él, un problema de legitimación política 17.
Por esto es que también es necesario explicitar lo que supra mostramos.
El juez para esta corriente del pensamiento filosófico jurídico (no me
gustaría envolver a todos en lo que hoy conocemos como garantismo, que
es más amplio e incluye otros matices, pero para nuestro propósito así le
llamaremos) tiene en el proceso un compromiso tan fuerte con la verdad,
16
Frase dicha por el filósofo contemporáneo Darío Sztajnszrajber en una Reunión Informativa sobre la
interrupción voluntaria del embarazo, en la Cámara de Diputados el día 17 de abril de 2018. Link:
[Link]
17
Binder, A. (2014). Elogio de la audiencia oral y otros ensayos (p. 20). Nuevo León: Coordinación
Editorial Poder Judicial del Estado de Nuevo León.
12
tan fuerte, que, en palabras de Binder, jamás debe buscarla18. Él sólo
debe juzgar en base a lo que se ha probado y lo que la parte acusatoria -
Fiscal- ha podido recabar de relevante para elevar a juicio. Así el operario
judicial conservaría su imparcialidad.
Un concreto ejemplo de este sistema en nuestro país (y específicamente
en nuestra provincia santiagueña) es la reforma sobre la oralidad. Se está
promoviendo incesantemente a un sistema procesal que gire en torno a
la Audiencia Oral, sobre todo en el contacto de las partes con el Juez, la
ligereza que permite esta inmediación y a la vez la transparencia que
genera incorporar estos métodos. A su vez, se ha tratado de cambiar el
paradigma dentro de la administración del Poder Judicial y generar
conciencia entre los operadores jurídicos del expediente, para hacerle
cumplir su verdadero papel y que no sea un obstáculo más en el
conocimiento de causas en pleito. Esto es todo parte de una Nueva
implementación de la Justicia19.
Así se han ido configurando notoriamente dos paradigmas radicalmente
opuestos, esto es hoy la materia de discusión y reforma en muchísimos
sistemas jurídicos (sobre todo en Latinoamérica: Argentina, Chile,
Bolivia, Paraguay, Ecuador, Honduras, etc.). O por lo menos esto es lo
que nos muestran como opciones contrarias de sistemas opuestos que
un país debe elegir para repartir la justicia de la mejor manera.
18
Binder, A. (2014). Elogio de la audiencia oral y otros ensayos (p. 21). Nuevo León: Coordinación
Editorial Poder Judicial del Estado de Nuevo León.
19
Véase “La reforma de la Justicia Penal hacia un paradigma acusatorio. el duelo de prácticas y las
nuevas reglas de funcionamiento”, de Leonel González Póstigo.
13
2, V, II Afirmación sobre el sobresaliente papel que la verdad
cumple en el Proceso
Por nuestra parte, coincidimos en gran medida con lo bueno que rescatan
estos juristas de las nuevas concepciones, sobre todo el cuidado de los
derechos de los involucrados en el proceso. Pero no coincidimos en que,
por esa razón, la verdad queda a un lado o queda como un simple “norte”
inalcanzable o, peor aún, queda sin efecto y sacada de sitio. Creemos que
la verdad debe no obstaculizar el cuidado de garantías pero que también
debe cumplir su finalidad en el proceso: ser alcanzada.
Vayamos a lo claro, de modo tal de poder ilustrar lo que en síntesis
decimos. Aquí el enunciado fáctico:
Supongamos que Stéfano, el día X, fue penetrado por una bala que
disparó Carlos, y que le causó la muerte. Bien. Está claro que es un
enunciado relevante para los personajes, para sus aledaños, para la
sociedad en general y también para el Estado. Pero su relevancia se
manifiesta en la medida en que este sea verdadero. La cuestión es obvia,
pero merece una reflexión. En concreto, lo que importa es si este hecho
es verdadero o falso. Si es verdadero, desencadena consecuencias de
distinta naturaleza. Si es falso, no se produce ninguna consecuencia.
Estas consecuencias, contextualizadas jurídicamente en un proceso -
pero también en el contexto fáctico: no es lo mismo una muerte así en un
combate bélico debidamente erigido-, irán desencadenando actos
procedimentales de funcionarios que operan en la Justicia. Así será hasta
que se alcance una decisión final respecto a la resolución del conflicto
que se planteó. Aquí, sobre la muerte de Stefano y la responsabilidad
atribuida a quien la causó.
Pero vemos en la práctica un fracaso del estado, pues en la
reconstrucción de los hechos pocas veces se alcanzan con comodidad las
verdades de los hechos. Y aquí entra lo que los muchos llaman
equívocamente verdad relativa o, como se dice en lo civil, formal. Es el
comienzo de un escepticismo relativista que saca de lado a la verdad
14
(enunciado fáctico verdadero) como algo importante, por una supuesta
imposibilidad en los hechos y empieza a preocuparse sólo por el otro
aspecto: el formal-procesal. Por las reglas del juego. Entonces concluyen
que un proceso será justo si, sólo y si, se dan sus formalidades
adecuadamente. Es lo único que les queda a quienes están en la justicia.
Y esto es falso. Un proceso, para ser justo debe fundarse en la verdad de
los hechos justamente para poder aplicar una norma como tiene que ser
aplicada (no se puede aplicar con justicia un supuesto jurídico -10 años
de cárcel por un homicidio- si su supuesto fáctico es falso -si nunca se
mató-). Para explicarlo mejor y para fundamentar lo que afirmo, cito al
maestro Michele Taruffo:
“La razón del fracaso es que la justicia del procedimiento puede
considerarse, ciertamente, como una condición de justicia de la decisión (al
menos en el sentido de que no estamos dispuestos a aceptar como justa
una decisión tomada dentro de un proceso injusto, en el cual, por ejemplo:
el juez no practicó pruebas o hubiese decidido I tirando los dados o
basándose en una confesión obtenida con la tortura), pero no puede ser
considerada como la única condición, o como condición suficiente de la
justicia de la decisión. Esto deriva esencialmente del hecho de que, sin
menospreciar las numerosas metáforas del "proceso como un juego", el
proceso judicial, de hecho, no es asimilable a un juego. Entre las muchas
razones por las que un proceso no puede considerarse un juego, la más
importante de ellas es que los procesos no terminan como los juegos, las
apuestas o las competiciones, ni siquiera como terminan los procesos
electorales u otros tipos de pure procedural justice. Un juego contiene en sí
mismo (es decir: en sus reglas de procedimiento) el mecanismo que
predetermina su resultado: la fijación de límites de tiempo. las formas en
que se asignan los puntajes. las maneras como se formulan y asignan los
votos. el orden de llegada, el jaque mate, o el impasse, etc. En todos estos
casos no se necesita de nada más para determinar de quién es la victoria
o la derrota, como tampoco se puede decir que la victoria es justa al igual
como se dice que una decisión es justa (sólo para las barras es justa la
15
victoria de su equipo, y sólo para el que gana es justo el resultado de la
lotería, pero está claro que en este caso "justo tiene un significado especial),
como tampoco la derrota puede considerarse injusta.
El proceso en cambio, no tiene en sí mismo es decir, en las reglas de
procedimiento mecanismo alguno que predetermine su resultado aunque,
obviamente, el desarrollo concreto y específico de todo proceso condiciona
de varias maneras el contenido de la decisión final (salvo el caso
excepcional, que aquí no tiene importancia, que el proceso se interrumpa o
se cierre con una sentencia que no resuelva el fondo del asunto). Un
proceso "justo", es decir que se desarrolle correctamente en cuanto la
aplicación de reglas procedimentales oportunas, no garantiza
necesariamente una decisión justa. Se podrá decir que esta decisión es
legítima desde un punto de vista formal, porque es el resultado de la
correcta aplicación de las reglas del juego*, pero todo eso no implica
necesariamente que la decisión sea también justa. La razón es que la
decisión puede ser considerada justa sólo si se dan otras condiciones, que
son consideradas conjuntamente necesarias y que están determinadas por
el respeto de criterios substanciales de justicia.
El problema deriva del hecho que el proceso se termina con una decisión
(no con el vencimiento de un plazo o con la constatación de quién llegó
primero a la meta), y esa decisión proviene- al menos en los sistemas
modernos en los cuales rige el principio de subordinación del juez a la ley-
de la aplicación de normas en los casos concretos que son objeto de
decisión. En este sentido puede resultar útil el concepto de rule-based
decision que Frederick Schauer elaboró en oposición al de particularistic
decision, y que muestra muy bien el carácter esencial de la decisión judicial
fundada en normas jurídicas.
Aplicar una norma en un contexto de decisión implica - como todos
sabemos innumerables problemas, que van desde la interpretación de la
norma a la pluralidad de formas argumentativas con las cuales una norma
puede ser utilizada en un caso concreto o mediante las cuales el caso
concreto puede ser llevado al campo de aplicación de la norma. Estos
16
problemas son importantes obviamente, pero no es necesario discutirlos en
este momento. Aquí basta subrayar que la decisión judicial puede
considerarse justa desde el punto de vista sustantivo sólo si deriva de la
correcta aplicación de la norma juridica (no importa si es legislativa,
jurisprudencial, etc.) que rige el caso particular. En sintesis, se da una
correcta aplicación de la norma juridica al caso concreto sólo si.
1) la norma es adecuada para el caso y ha sido correctamente interpretada
2) se ha determinado la verdad acerca de los hechos que constituyen el
caso.
La primera condición no puede ser discutida aqui porque remite a todos los
innumerables problemas que afectan a la interpretación y la Tiplicación de
la ley por parte de los jueces: supongamos. por simplificar, que el juez elija
la norma jurídica que regula mejor el caso concreto, y la interpreta de la
mejor manera”20.
Y es así cómo se persigue la verdad en el proceso y el papel que tiene no
es, ni más ni menos, que el de hacer justicia.
3. CONCLUSIONES FINALES
Tratamos de conglomerar el grueso de la cuestión, el meollo, y sobre todo
en la conjunción epistemológica que este tema suscita, puesto que al
20
TARUFFO, M. (2003). Algunas consideraciones sobre la relación entre prueba y verdad (págs. 27-29).
Edición digital a partir de Discusiones: Prueba y conocimiento, núm. 3. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel
de Cervantes.
17
hablar de la verdad en el proceso nos enfrentamos a diversos campos que
se rozan y sirven de sustento entre sí, tomando prestados términos
científicos de otras áreas y no agotándose en la Teoría del Proceso en
particular, ni en la Ciencia del Derecho misma. Aquí se entremezclan la
Filosofía, la Gnoseología y el Derecho. Para demostrarlo, tomamos
prestadas las palabras del iusfilósofo Luigi Ferrajoli en el prólogo que le
hace a la obra de Nicolás Guzmán21. Dice el jurista italiano:
“El problema de la verdad procesal es, seguramente, el problema central
y, a la vez, el más difícil de la teoría del proceso penal. De hecho, el rasgo
distintivo de la jurisdicción, el que la diferencia de toda otra función o
actividad jurídica, es su carácter cognoscitivo, además de prescriptivo. Las
leyes, los decretos administrativos y los negocios privados son actos
exclusivamente preceptivos, ni verdaderos ni falsos, cuya validez jurídica
depende únicamente del respeto de las normas sobre su producción y cuya
legitimación política radica en la representatividad popular y/o en la
adhesión a intereses generales, o bien, más simplemente, en la autonomía
de sus autores. En cambio, las sentencias –y no solo las penales– consisten
en comprobaciones de violaciones a la ley. Por ello, exigen una motivación
fundada sobre los argumentos cognoscitivos de hecho y recognoscitivos de
derecho, de cuya aceptación como “verdaderos” depende tanto su validez
o legitimación jurídica, como su justicia o legitimación política. Sobre este
carácter tendencialmente cognoscitivo y no puramente potestativo de la
jurisdicción, se basan todas las garantías, penales y procesales, del
proceso correcto. Se comprende entonces hasta dónde el problema de la
verdad en el juicio penal supone y remite a aquel otro, que es el problema
central de la filosofía teorética: el de la verdad y, más en general, el del
conocimiento.”
A tal peligro nos hemos enfrentado y, por eso, no ha pretendido ser este
un sitio donde despejar todas las dudas y atacar cabalmente el problema
de la Verdad en el Proceso Jurídico más todas sus temáticas. Mucho
21
Guzmán, N. (2006). La verdad en el proceso penal. Una contribución a la epistemología jurídica.
Buenos Aires, Argentina: Ediciones Didot
18
menos porque el abordaje que merece es de tamaña importancia y no
alcanzarían, en absoluto, la pobre capacidad de quien escribe y los libros
del mundo para contenerlo.
Sin ánimos de aquello, cabe decir que sí hemos buscado -en cambio-
poner de nuevo en la palestra este problema que tanto afecta no sólo a
intelectuales dentro de la Biblioteca, sino también en la praxis, donde
causan estragos seguros las posiciones que se tomen al respecto.
Hemos ponderado los aspectos fundamentales, a la luz de un breve
tratamiento histórico que de razones las diversas posturas que al
respecto se han adoptado a lo largo del tiempo, y también (cómo no)
hemos esgrimido nosotros por nuestra cuenta una conclusión que la
resumiremos en una contundente sentencia:
La verdad importa en el proceso no como un ente metafísico y absoluto,
sino como un predicado de un enunciado que dice algo sobre un hecho y
que, necesariamente, hace al ser estructural de un proceso justo que
necesita cumplir con la Justicia en la forma y en el fondo. La verdad hace
al proceso jurídico porque ella le indica su razón de ser.
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