TEMA IV: LA METAFÍSICA
LA METAFÍSICA: EL PROBLEMA DE LO REAL
La metafísica (ontología) es la rama de la filosofía que estudia la realidad (el Ser) para hacerla
inteligible (comprensible, racional), buscando su fundamento último. Analiza por qué es así la realidad y no
de otra forma.
La metafísica surge con los inicios de la filosofía en el s. VI a. C con los presocráticos que se plantearon
la diferencia entre apariencia y realidad: la verdadera realidad de las cosas es la esencia o naturaleza
de algo, frente a su apariencia, lo que parece ser. La esencia se refiere al ser intrínseco, permanente y
común de los seres, el fundamento de la unidad de las cosas frente a la multiplicidad de los estados, siendo
la que determina la forma de ser necesaria, propia y característica cada ser. La esencia sería por lo tanto
atemporal e inmutable, pues es lo que hace posible la identidad y permanencia a pesar de todos los
cambios. La apariencia, por el contrario, es el modo en que las cosas múltiples y cambiantes se nos
presentan a los sentidos y se despliega en el tiempo, es la manera en la que se presenta la esencia en
distintos momentos temporales. Es la naturaleza de los propios seres, su esencia, la que determina su
lugar y función en el cosmos (orden) y por lo que la totalidad del universo, la naturaleza en su totalidad, es
algo ordenado, no un caos (desorden).
El problema de la unidad y pluralidad también surge con los presocráticos al preguntarse por el origen
del universo pensaron que debía haber un único arché (arjé), una sustancia originaria origen, sustrato y
causa a partir de la cual se generó toda pluralidad de realidades diversas que contemplamos. La pluralidad
y diversidad de los seres será considerada como expresión aparente de los seres, pues la multiplicidad
puede agruparse y unificarse a través de la esencia o naturaleza que expresa la verdadera realidad, o a
través de categorías. Se llaman monistas las teorías que defienden el carácter unitario de la realidad, y
los pluralistas las teorías que niegan la posibilidad de reducir a una unidad la diversidad de lo real.
CATEGORÍAS Y MODOS DE SER
En metafísica un problema fundamental es cómo es posible que exista orden en el universo, que sea
un cosmos y no un caos. O dicho de otro modo, porqué el universo está ordenado con leyes y no es un
desorden, lo que sería más fácil.
Aristóteles (s. IV a. C.) explica el orden de lo real señalando que la naturaleza (gr. Φύσις, physis)
posee un logos (gr. λόγος, racionalidad) propio que rige a la realidad física. Los axiomas son los principios
indemostrables que rigen lo real, como el principio de causalidad, y las categorías del ser son las formas
más generales en que todo ser puede existir, los modos de ser de las cosas. Las dos categorías más
generales son la sustancia, el ser concreto e individual que existe por sí mismo, y los accidentes, lo que
depende de otro para ser y se predica de la sustancia, que se expresan como cantidad, cualidad, relación,
lugar, tiempo, posición, posesión, acción o pasión. Las categorías son objetivas, lógicas y reales.
La filosofía cristiana, y en concreto Tomás de Aquino (s. XIII), señala que sería imposible que la
naturaleza, que no es un ser inteligente, se rigiera con principios racionales y que, por lo tanto, estos
axiomas y categorías solo han podido ser puestos por un ser racional y todopoderoso que es Dios.
Ya en la Modernidad, Hume (s. XVIII) negará poder afirmar con certeza que exista realmente un orden
natural y señalará que axiomas y categorías son solo producto de un hábito psicológico del ser humano.
En Kant (s. XVIII) las categorías no son formas de ser de lo real sino formas o modos de pensar de
la razón universal. Son conceptos a priori del entendimiento que se imponen sobre lo percibido para
poder comprenderlo (idealismo trascendental). Por consiguiente, no conocemos la realidad tal y como
realmente sería, el noúmeno, sino la realidad transformada por nuestra razón, el fenómeno.
Por último, corrientes irracionalistas posteriores, como el vitalismo de Nietzsche (s. XIX), niegan todo
orden racional, la realidad no es más que un absoluto devenir y los conceptos con los que la explicamos
no son más que metáforas, sin ningún valor de verdad .
EL PROBLEMA DE LOS UNIVERSALES: REALISMO Y NOMINALISMO
El problema de los universales, es una clásica y atemporal discusión en filosofía que se remonta a la
Grecia clásica, pero que tendrá su cumbre en la edad media. El problema consiste en determinar si
nuestros conceptos se refieren a alguna realidad existente (el universal o la especie) o son meramente
convenciones. En la respuesta a este problema pueden destacarse dos posturas enfrentadas.
El realismo, propio de la filosofía antigua y medieval, defiende que los universales tienen existencia
propia, el intelecto los descubre, son independientes de los seres concretos, su ser antecede al ser de las
cosas individuales y son éstas las que deben su existencia al universal.
El nominalismo, cuyo primer representante es Guillermo de Ockham (s. XIV), por el contrario, considera
los conceptos universales como solo nombres, palabras inventadas para designar unificadamente
particulares que se nos presentan como parecidos. La famosa navaja de Ockham consiste en el principio
de si dos explicaciones tienen el mismo valor de verdad, la más simple será probablemente la verdadera.
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POSTURAS SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS
La respuesta a la pregunta metafísica por el fundamento último de la realidad ha supuesto plantear si
dicho fundamento no sea un dios o un ser supremo. Pueden distinguirse distintas posturas ante la
existencia de Dios y su relación con el mundo.
El deísmo defiende que existe Dios, ser impersonal causa del universo y sus leyes, que no interviene
en el mundo ni en la historia de los hombres. La teología natural estudia su existencia que revela a través
de la naturaleza y no en libros sagrados o religiones establecidas.
El panteísmo identifica la naturaleza, el universo, y Dios, que no es un ser personal ni trascendente.
El teísmo, defiende que existe Dios como un ser personal, trascendente, infinito, creador del universo,
omnipotente y omnisciente que interviene en el universo y mantiene relación con la humanidad, es un ser
personal se ha revelado al hombre y lo llama a una vida futura junto a él, y es estudiado por la teología
revelada. Dentro de esta corriente, el fideísmo considera que solo a través de la fe y la revelación se puede
conocer a Dios.
El agnosticismo señala que resulta imposible saber con certeza, racionalmente, si Dios existe, es un
problema irresoluble dentro del ámbito científico y por ello no es posible afirmar ni negar su existencia.
El ateísmo afirma que Dios no existe, es solo una invención humana.
ARGUMENTOS SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS
En Filosofía, los argumentos que se han utilizado para afirmar la existencia de Dios son varios.
El argumento ontológico defendido por San Anselmo de Canterbury (s. XI) sostiene que la idea de
Dios es la del Ser más perfecto que pueda existir. Existir es más perfecto que no existir, pues supone tener
una cualidad más. Luego, si Dios es el Ser más perfecto que pueda ser, deberá necesariamente existir.
El argumento gnoseológico presentado por Descartes (s. XVII) considera que la idea de infinito o de
perfección no es posible crearla a partir de la realidad observable. Por tanto, la tenemos en nuestra mente
de forma innata. Como nosotros somos imperfectos y finitos y tiene que haber una proporción entre causa
y efecto, alguien con dichas cualidades nos ha tenido que poner esa idea y ese alguien es Dios.
Las vías en la demostración de la existencia de Dios de Tomás de Aquino (s. XIII) son cinco
demostraciones, pero veremos dos. Una vía afirma que todos los seres del mundo son contingentes y por
tanto, hubo algún momento en que no hubo nada. Sin embargo, ahora hay algo. Como de la nada nada
sale tiene que existir un ser necesario, Dios, que es causa de la existencia de lo contingente. Este
argumento se le denomina cosmológico. Otra de las vías parte del hecho de que todo está ordenado y
tiende a un fin. Sin embargo, los seres no tienen inteligencia luego el motivo de su orden y fin es ajeno a
ellos, por lo que tiene que existir un ser racional y todopoderosos, Dios, que ha puesto dicho orden. Este
argumento se ha denominado físico-teleológico o del diseño inteligente.
La Fenomenología de la Religión considera que la religión es un hecho humano específico que tiene
su origen en el reconocimiento de una realidad suprema, trascendente que confiere el sentido último y que
es lo otro, el misterio. Existe en todas las sociedades pues es algo inherente al ser humano.
En Filosofía se han presentado, también, varios argumentos para defender la inexistencia de Dios.
El argumento del problema del mal, iniciado con la paradoja de Epicuro (s. IV-III a. C.), considera que
si Dios ha hecho todo, también ha creado el mal, luego Dios es malo, lo que llevaría a una contradicción
pues se le afirma como perfecto, bueno y omnipotente.
En Marx (s. XIX) la religión es ideología pues nos ofrece una felicidad y paraíso ficticio impidiendo así
que nos propongamos la transformación real del mundo, por ello «la religión es el opio del pueblo».
En Freud (s. XIX) Dios es producto de la neurosis obsesiva de la colectividad humana ante la
necesidad de soportar la precariedad de la existencia, y por el sentimiento de necesidad de protección nos
forjamos la ilusión de un padre inmortal que nos cuida.
Nietzsche (s. XIX) afirmará «Dios ha muerto» como metáfora de la nueva forma de comprender la
vida, renunciamos a la invención de un ser superior y normas morales que nos impiden vivir para a
partir de esta nueva época nihilista trasmutar los valores en aquellos que potencien la vida.
Las corrientes positivista y neopositivista (s. XIX-XX) sostienen que sólo tiene sentido hablar de
aquello que podemos comprobar de algún modo. Como la existencia de Dios es indemostrable, el término
“Dios” es un sinsentido que solo sirve para ocultar nuestra ignorancia sobre la realidad.
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