Universidad de Guadalajara.
Carrera de abogado.
Unidad IX Sistemas Socialista, Comunista y Soviético:
Temas:
3.- Corea del Norte
1.- Unión de Republicas Soviético Socialistas
a) Evolución Histórica
a) Evolución Histórica
b) Organización Política
b) Influencia Soviética en Europa del Este
4.- Cuba
c) Organización Política.
a) Evolución Histórica
2.- China
b) Organización Política.
a) Evolución Histórica
Nombre de la unidad de aprendizaje: Sistemas
b) Derecho Chino jurídicos contemporáneos.
c) Organización Política. Código: 217606689
Fecha: 05/05/2022
En su origen, el socialismo estaba estrechamente ligado a la democracia. Fue, en
sus comienzos, un intento de radicalización de la democracia sobre la base de un
proyecto de «democracia social» que pretendía articular libertad política con
bienestar económico. El artículo argumenta que esto comenzó a cambiar con el
auge del marxismo y la Revolución Rusa, cuando el socialismo pasó a ser visto
como algo diferente de –e incluso opuesto a– la democracia. La cara más
dramática de esta mutación fueron los socialismos nacionales de tipo fascista y
estalinista. Aunque en buena parte de América Latina la democracia social ha
ganado terreno, hoy se enfrenta al socialismo del siglo xxi, un tardío intento de
regreso a las ideas del socialismo antidemocrático del siglo pasado.
El socialismo es una corriente filosófica de pensamiento económico, social y
político, así como un conjunto diverso de teorías políticas, movimientos y sistemas
socioeconómicos que en dicho pensamiento se han inspirado.
Todas ella tienen en común la defensa de la propiedad pública, colectiva o
cooperativa de los medios de producción de la sociedad, en lugar de su propiedad
en manos privadas. Además, propone la planificación y organización de la vida
social y económica desde las fuerzas que componen al Estado.
Es decir, se trata de un conjunto de modelos filosóficos, políticos, sociales y
económicos cuyo objetivo es construir una alternativa al capitalismo y a la
acumulación de capitales y de propiedad privada que lo caracteriza. Esto con el
deseo de construir una sociedad sin clases, percibida como una sociedad más
justa y con una distribución más justa de las riquezas.
No hay, sin embargo, una forma única de socialismo. Ni siquiera hay un consenso
respecto de qué es exactamente o cómo se debería implementar en lo político,
social o económico.
Así, existen formas más radicales (que suelen llamarse comunistas) que proponen
la abolición de la propiedad privada, y otras en cambio que proponen la
convivencia con la economía de mercado, aunque bajo formas de control y espíritu
social. Lo mismo ocurre en lo político con el respeto a la democracia y a la
diversidad de los partidos: hay quienes proponen la dictadura del proletariado, y
otros que defienden la socialdemocracia.
el socialismo nació como movimiento en el seno de la sociedad industrial, aunque
su filosofía posee antecedentes muy anteriores. Se pueden rastrear ideas
socialistas o comunistas en textos tan antiguos como los escritos sobre la
República de Platón (c. 427-347 a. C.), en las prácticas comunitarias de los
primeros cristianos, o en la forma de organización socioeconómica del Imperio
Incaico (1438-1533).
El uso del término “socialista” con el sentido contemporáneo data de alrededor de
1830. Se usó para describir al ala más radical de los diversos movimientos y
filosofías políticas nacidos durante los estallidos revolucionarios del siglo XVIII,
que asociaban al capitalismo naciente los malestares sociales de la época, en
especial los seguidores de Robert Owen y Henri de Saint-Simon.
Algunos más pragmáticos y otros más idealistas, estos movimientos compartían
visiones mayormente agrarias del socialismo, y fueron bautizados con ese nombre
por Pierre Leroux en su artículo Del individualismo y el socialismo en Revue
encyclopédique de 1833.
Con la Ilustración, que abogaba por el uso de la razón humana en la comprensión
y el mejoramiento de la sociedad, nació el primer socialismo moderno, industrial,
que hoy en día conocemos como socialismo clásico. Sus dos cunas fueron
Francia e Inglaterra. Aunque carecieron de un cuerpo de ideas en conjunto,
contaron con importantes pensadores y militantes que allanaron el camino para la
llegada en el siglo XIX del marxismo.
El socialismo marxista revolucionó para siempre el modo de comprender la
sociedad y la historia. A su vez, le dio al socialismo una teoría unificadora y de
espíritu racional, “científico” en palabras del revolucionario alemán Federico
Engels (1820-1895). Desde entonces, el socialismo o comunismo cobró vigencia
dentro de numerosos partidos y organizaciones obreras de Europa.
Alcanzó su apogeo político a inicios del siglo XX, con la Revolución Rusa de 1917
que, bajo la conducción de Vladimir Ilych Lenin (1870-1924), puso fin para siempre
a la monarquía zarista. Así se fundó el primer país socialista (marxista-leninista)
de la historia, la Rusia soviética, que después se convirtió en la Unión de
Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS).
Los acontecimientos de Rusia avivaron los sentimientos reaccionarios europeos.
Así, fueron utilizados para justificar ideológicamente el nacimiento del fascismo, un
movimiento político dictatorial y fundamentalmente anticomunista, que
desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
Al término de la guerra a mediados del siglo XX el mundo asumió formalmente la
división en dos bloques, a lo largo de lo que se llamó la Guerra Fría: el bloque
capitalista liderado por Estados Unidos e Inglaterra, y el bloque comunista o
socialista liderado por la URSS y China, que tras la Revolución Comunista China
(1949) había instaurado su propia visión del socialismo, el maoísmo.
Eventos semejantes ocurrieron en otras naciones del mundo, como Vietnam (la
Revolución de Agosto de 1945), Corea (tras la Guerra de Corea de 1950-1953),
Cuba (la Revolución cubana de 1959), Camboya (tras la Guerra Civil Camboyana
de 1967-1975), entre otros.
Nacidos en la violencia, muchos de estos regímenes dictatoriales estuvieron
involucrados en guerras, o cometieron genocidios y atrocidades en nombre del
“hombre nuevo” o de la sociedad utópica futura.
Sin embargo, hacia el término del siglo XX, y sobre todo tras la disolución de la
Unión Soviética en 1991, la mayoría de los países socialistas se habían sumergido
en la crisis y se habían visto obligados a reinventarse y asumir más o menos
formalmente una economía de mercado. La última década del siglo XX anunció la
muerte del socialismo y el supuesto “Fin de la historia”, en palabras del pensador
japonés Francis Fukuyama.
Aun así, un nuevo experimento político tomó el título de “Socialismo del siglo XXI”,
un término del economista alemán Heinz Dietrich Steffan. Comenzó a ganar
renombre mundial gracias a su evocación en el V Foro Social Mundial por parte
del entonces presidente venezolano, Hugo Chávez Frías (1954-2013), en el marco
de su autodenominada Revolución Bolivariana.
CHINA
La economía socialista con características chinas es el desarrollo de una
economía de mercado en condiciones socialistas y la continua liberación y
desarrollo de las fuerzas productivas. Esto requiere defender y mejorar el sistema
económico básico con la propiedad pública socialista como pilar y el desarrollo
común de economías de propiedad múltiple; mantener y mejorar el sistema
económico de mercado socialista para que el mercado juegue un papel
fundamental en la asignación de recursos en el marco del control macroeconómico
nacional; Los múltiples métodos de distribución con la distribución de la mano de
obra como pilar permiten que algunas personas en algunas áreas se enriquezcan
primero, impulsen y ayuden a enriquecerse más tarde y avancen gradualmente
hacia la prosperidad común; adherirse y mejorar la apertura al mundo exterior y
participar activamente en la cooperación y la competencia económicas
internacionales. Asegurar el desarrollo sostenido, rápido y saludable de la
economía nacional y que las personas compartan los frutos de la prosperidad
económica.
El sistema de teoría económica socialista con características chinas es producto
de la combinación del marxismo con la realidad china contemporánea y las
características de la época. Está en línea con el pensamiento de los escritores
marxistas clásicos sobre la economía socialista y se adapta a los tiempos. Se
desarrolla y enriquece continuamente con el desarrollo de la práctica.
COREA DEL NORTE.
Los tres términos clave para entender el régimen norcoreano son: gobierno
unipartidista, gobierno autocrático y gobierno dinástico.
Gobierno Unipartidista
El gobierno unipartidista es una característica inherente en la mayoría de los
Estados socialistas. Bajo este sistema, un único partido que rige la ideología del
país está a la cabeza de la estructura política, donde es libre el ejercicio de los
poderes legislativo, administrativo y judicial. El Partido no sólo gobierna la nación,
sino también “comanda” las organizaciones sociales y las vidas de los habitantes.
Por tanto, Corea del Norte puede ser considerada como un “Estado Partidista”.
Aunque existe más de un partido, no existe la oposición, sino partidos “hermanos”.
El partido gobernante en Corea del Norte es el Partido de los Trabajadores (KWP:
Korea Workers’ Party).
Los términos clave del sistema político norcoreano son: “gobierno unipartidista”,
“gobierno autocrático” y “sucesión de poder”. Fotografía de la derecha: Ceremonia
del 60º Aniversario del KPA
Gobierno Autocrático
Es un aspecto característico de una dictadura. Mientras que los poderes del
Estado están concentrados en el Partido, el poder dentro de éste pertenece
exclusivamente a una persona. El uso del término “monolítico” en Corea del Norte
se refería originalmente al “sistema monolítico del pensamiento”. No obstante, este
sistema de pensamiento es regido por el presidente. En la sociedad norcoreana, el
presidente “engloba la voluntad organizada del Partido en su totalidad” y es “el
comandante en jefe monolítico de la entidad sociopolitica que es Corea del Norte”.
Por consiguiente, el papel y el poder del presidente no pueden ser igualados por
ningún otro ni pueden ser desafiados.
Gobierno Dinástico
Corea del Norte posee un sistema único en el sentido de que siendo un gobierno
estalinista logró una sucesión dinástica exitosa, en otras palabras una lógica
extensión del gobierno autocrático. El sistema de gobierno dinástico implica
heredar el derecho a la “sucesión como comandante en jefe”, conjuntamente con
el pensamiento, la capacidad y las habilidades del predecesor (del padre). Los
preparativos para el gobierno dinástico empezaron desde inicios de la década de
1970. El sistema fue consolidado completamente cuando Kim Il Sung declaró que
“el camarada Kim Jong Il es lo suficientemente capaz para cumplir con todos los
deberes (como el líder de la nación)”. Después de la muerte de Kim Il Sung y el
nombramiento de Kim Jong Il como secretario general del Partido de los
Trabajadores de Corea del Norte en octubre de 1997, el sistema de gobierno
dinástico prevaleció con éxito. Luego, prosiguió la designación de Kim Jong Il
como Presidente de la Comisión de Defensa Nacional en septiembre de 1998.
CUBA
José Martí y de otros próceres y mártires de las multiformes luchas del pueblo
cubano por su verdadera y definitiva independencia, tanto frente a España como a
los Estados Unidos, esa revolución triunfó como fruto de una crítica-utópica a las
profundas falencias económicas, sociales, políticas, éticas e ideológico-culturales
que, salvo episódicas excepciones (como las del llamado gobierno de los cien días
instalado entre septiembre de 1933 y enero de 1934), habían demostrado los
corruptos y represivos gobiernos democrático-representativos y dictatoriales que,
habían administrado el archipiélago cubano desde el 20 de mayo de 1902 hasta el
31 de diciembre de 1958.3 Todos ellos subordinaron sus políticas internas y
externas a las necesidades geopolíticas y geoeconómicas de los Estados Unidos
y, por tanto, contaron con el sistemático apoyo del gobierno permanente y de
sucesivos gobiernos temporales de esa potencia imperialista.4
De ahí que, en la misma medida que el liderazgo político-estatal cubano,5
encabezado por Fidel Castro, así como sus sucesivas vanguardias políticas – el
Movimiento 26 de Julio (1959-1961), las Organizaciones Revolucionarias
Integradas (1961- 1963), el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba
(1963-1965) y, a partir del 3 octubre de ese año, el PCC - fueron demostrando sus
capacidades para derrotar las multiformes agresiones imperialistas, así como para
cumplir, al menos parcialmente, sus sueños, al igual que concitando el apoyo y la
solidaridad internacional (estatal y no estatal) que éstos requerían, en el
imaginario y en la praxis de la absoluta mayoría de sujeto popular cubano fueron
consolidándose las que en otro escrito denominé sus utopías fundacionales
(SUÁREZ SALAZAR, 2010).
Sin ánimo de ser exhaustivo, sin orden de prelación, interrelacionadas entre sí y
empleando el lenguaje actual (que no es el mismo que el utilizado en los
diferentes momentos en que fueron enunciadas) éstas pudieran sintetizarse como
sigue:
1. El emprendimiento de un proyecto de desarrollo económico, social, político y
cultural que - además de garantizar la independencia y la soberanía económica y
política del país - coloque a los seres humanos, sin discriminaciones de ningún
tipo y en su relación armónica con la naturaleza y la biosfera, como sus
protagonistas y principales beneficiarios;
2. La construcción de una democracia popular, integral, participativa y socialmente
representativa radicalmente diferente a las democracias liberales burguesas ahora
instaladas en la mayor parte de los países del mundo;
3. La edificación de un socialismo autóctono y, por ende, distinto a las ahora
frustradas transiciones socialistas europeas, al igual que a los diferentes
socialismos asiáticos que aún perduran;
4. La institucionalización de un Sistema Internacional de Estados democrático,
justo y multipolar y, por tanto, de un nuevo orden económico, político, informativo y
multicultural internacional; y
5. La integración económica y política de la República de Cuba con los demás
Estados- nacionales o plurinacionales de América Latina y el Caribe; en particular
-como se indicó en 1976 en los fundamentos constitucionales de la política exterior
cubana - con aquellos “[…] liberados de dominaciones externas y opresiones
internas.”
Luego de casi tres lustros de la construcción del socialismo (oficialmente
proclamado por Fidel Castro el 16 de abril de 1961) e inmediatamente después
que, a fines de 1975 y en consulta con diversos sectores populares, el Primer
Congreso del PCC realizara un profundo análisis crítico y auto- crítico de sus
realizaciones internas y externas, así como de los diversos errores de idealismo
que se habían cometido en los años precedentes (CASTRO, 1975), esas utopías
fueron consagradas en la Constitución socialista de la República de 1976.
Antecedida por una discusión de su ante- proyecto con amplios sectores de la
población, esta entró en vigor el 24 de febrero de ese año, luego de haber sido
aprobada nueve días antes mediante un referéndum en el que participaron el 98%
de las ciudadanas y los ciudadanos residentes permanentes en el país, incluyendo
los que temporalmente se encontraban en el exterior. De ellos, el 97, 6% expresó
su aprobación mediante su voto voluntario, universal, libre, directo y secreto.
Sin dudas, no obstante los diversos desatinos en su espíritu y en su letra que
posteriormente fueron identificados y, en cierta medida, subsanados en la reforma
constitucional emprendida por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) en
1992 (AZCUY, 1993), la Constitución de 1976 significó una salto cualitativo en la
democracia popular, socialmente representativa y participativa que de jure y de
facto se había venido edificando desde 1959 y, por tanto, creó el entorno jurídico-
político que guió la activa, multidimensional y por lo general fructífera proyección
externa de la transición socialista cubana hasta el período especial en tiempo de
paz,6 iniciado a comienzos de la última década del siglo XX.
A pesar de las inconclusas críticas teórico- prácticas a los errores y tendencias
negativas que en el orden interno ya venían expresándose desde los primeros
años de la década de 1980 (CASTRO, 1989), del derrumbe de los falsos
socialismo europeos (RODRÍGUEZ, 1992), de la implosión de la Unión Soviética y
de la profunda crisis económica, social y geopolítica que ya estaban afectando al
archipiélago cubano, las utopías antes señaladas se mantuvieron presentes en las
ya mencionadas reformas a la Constitución aprobadas por la ANPP el 12 de julio
de 1992.
El respaldo de la mayoría del pueblo cubano a esas reformas se evidenció, entre
otros comportamientos políticos que no tengo espacio para mencionar, en los
comicios para elegir, por primera vez en la historia de la Revolución, mediante el
voto universal, voluntario, libre, directo y secreto de la ciudadanía a las y los
Delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular (APPP), así como a
las y los Diputados a la ANPP realizados a comienzos de 1993.7 Como se podrá
ver en la Tabla 1, en estas casi el 93% de todas las ciudadanas y ciudadanos de
16 años o más respaldaron la legitimidad democrática del unipartidista sistema
político del país.8 Y, por tanto, la reelección por parte de la ANPP de líder histórico
de la Revolución Cubana, Fidel Castro, como presidente de sus CCEMM.
Bajo su dirección, luego de analizarlas en la ANPP y en los llamados parlamentos
obreros, campesinos y estudiantiles, se emprendieron diversas políticas públicas –
entre ellas, la que denominé “[…] reforma súper heterodoxa de la economía
cubana.” (SUÁREZ SALAZAR, 2000) -, así como una activa y multidimensional
política internacional dirigidas a enfrentar las nefastas consecuencias económicas
y sociales que habían tenido para el país y para su inserción en la economía
mundo la desaparición de los socialismos este- europeos, así como el
endurecimiento del carácter extra territorial del bloqueo económico, comercial y
financiero impuesto desde 1962 por Estados Unidos contra Cuba.