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Estructura de una Sentencia Judicial

Este documento trata sobre las sentencias definitivas en procesos civiles y comerciales. Explica las partes de una sentencia como los resultandos, considerandos y dispositivo. También define la sentencia homologatoria y el deber de fundamentar las sentencias.

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Este documento trata sobre las sentencias definitivas en procesos civiles y comerciales. Explica las partes de una sentencia como los resultandos, considerandos y dispositivo. También define la sentencia homologatoria y el deber de fundamentar las sentencias.

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Procesal Civil y Comercial – Parte Especial – [Link].

Abog. María Correa Cantaloube.

________________________________________________________________________________

UNIDAD VIII: SENTENCIA

1.- Sentencia definitiva: concepto; forma y partes. Sentencia homologatoria: concepto.

Etimológicamente sentencia proviene de sentire, es lo que el juez


siente ante la controversia jurídica, sentimiento que debe expresarse con palabras - las
cuales han de ofrecer una verdadera ilación y representar una construcción lógica -y tener
1
soporte legal. Su objetivo al zanjar el conflicto es el evitar en una sociedad civilizada la
justicia por mano propia.

Podetti definía la sentencia como aquel acto procesal del juez que
pone fin a las cuestiones de fondo que motivaron el proceso haya o no controversia
(verbigracia ante la incontestación de la demanda o la rebeldía declarada del
demandado), y sea cualquier al objeto perseguido. 2

El modo normal de terminación de todo proceso es el


pronunciamiento de la sentencia definitiva, que constituye el acto mediante el cual el juez
decide el mérito de la pretensión, y cuyos efectos trascienden al proceso en que fue
dictada, pues lo decidido por ella no puede ser objeto de revisión en ningún otro proceso
(cosa juzgada).

Forma y Partes:

Las partes en las que se divide la sentencia son agrupadas por


Falcón en dos ramas: las partes sustanciales y las partes formales. Las primeras son las
relativas al contenido de la sentencia, estas son los resultandos, los considerandos y la
parte dispositiva o fallo; por otro lado, los formales son las partes referentes a la
redacción, el idioma, la tinta, la escritura, la fecha y la firma. La sentencia es un

1
SENTIS MELENDO, Santiago, La prueba. Los grandes temas del derecho probatorio. Edic. Jurídicas Europa-
América, Buenos Aires, 1990, p. 305.
2
PODETTI, José Ramiro, Tratado de los actos procesales,
Procesal Civil y Comercial – Parte Especial – [Link].
Abog. María Correa Cantaloube.

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documento y tiene por fin la aplicación correcta del derecho a las pretensiones de las
partes.

Las partes de una sentencia tanto en sus partes sustanciales como


formales son impuestas con el objeto de garantizar el debido proceso y la defensa en
juicio.

En los requisitos formales encontramos en el encabezamiento de


la sentencia que se consigna en primer lugar el lugar y la fecha de su emisión, estas
coordenadas de tiempo y lugar como ya se viera al comentar el artículo 88 del Código
Procesal Civil, Comercial y Tributario de Mendoza, tienen importancia para la existencia
de un acto válido, porque permitirán determinar si las resoluciones dictadas por el juez se
encuentran dentro del ámbito de su competencia territorial, además para establecer cuál
es la normativa local aplicable, y para evaluar la conducta del Juez en cuanto al respecto
de los plazos procesales.

Es conveniente también que se indique cuál es el tribunal que


dicta la sentencia dadas las reorganizaciones que cíclicamente se producen en la
estructura judicial en nuestra provincia nos encontramos transitando ellos con la
conformación de los tribunales de gestión asociada, es probable que el órgano
jurisdiccional desaparezcas se ha disuelto o dividido.

La identificación de las partes Integra lo que habitualmente se


denomina resultando: la sentencia debe contener el nombre y el apellido de las partes y la
relación sucinta de las cuestiones que constituyen el objetivo del juicio, es decir la
mención de los hechos alegados por las partes en sus escritos de demanda, contestación,
reconvención y contestación de esta, así como el objeto de la causa de la pretensión o
pretensiones deducidas. Es costumbre además, que entre los resultandos se incluya una
breve relación de los trámites sustanciales cumplidos en el expediente. La relación
sucinta de las cuestiones planteadas consiste, en el relato que hace el juez de cuáles
Procesal Civil y Comercial – Parte Especial – [Link].
Abog. María Correa Cantaloube.

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fueron las pretensiones enunciadas los argumentos que las respaldan y los
contraargumentos con los que fueron enfrentados y los hitos del trámite del proceso.

Estos resultados deben ser redactados con cuidado y respeto de lo


expuesto por las partes en los escritos de demanda contestación, reconvención y
contestación de esta, ya que si bien los jueces no tienen el deber de tratar todos y cada
uno de los argumentos que se propone a su consideración, ni de ponderar una por otra y
exhaustivamente todas las pruebas agregadas a la causa, sino sólo aquellas que sean
conducentes para fundar las decisiones que adoptan, la omisión de esto es fundamento
relevante para tomar de arbitrario el pronunciamiento y determinar su nulidad. Una
elaboración atenta de esta parte de la sentencia puede, contribuir a evitar al juez incurrir
en alguna omisión grave al tiempo que, establece las bases para la comprensión de la
decisión por parte de quién no ha sido parte del proceso, lo que es necesario por principio
republicano.

Asimismo, encontramos en toda sentencia los considerandos que,


constituyen la parte más importante de la sentencia, pues en ella el juez debe exponer los
motivos o fundamentos que lo determinan a adoptar una u otra solución para resolver la
causa. En este tramo del pronunciamiento, el juez debe remitirse a los hechos invocados
por las partes, confrontarlos con la prueba que se hayan producido, apreciar el valor de
esta y aplicar, finalmente, la norma o normas jurídicas mediante las cuales considera que
debe resolverse el pleito. No está obligado, sin embargo a hacerse cargo de todas las
pruebas producidas ni a analizar todas las cuestiones propuestas por las partes, pudiendo
desechar aquellas que considere innecesarias o inconducentes. Interesa recordar, por lo
demás que en lo concerniente a la determinación de las normas aplicables, el juez debe
atenerse exclusivamente a su conocimiento del orden jurídico vigente, hallándose por lo
tanto facultado para prescindir de las argumentaciones de orden legal formuladas por las
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partes (iura novit curia). Los considerandos constituye la parte medular del razonamiento
judicial donde se sientan las bases de la concreta decisión, es la parte eminentemente
valorativa de la sentencia en la que se debe seguir un adecuado orden lógico en el
tratamiento de las cuestiones propuestas, debiendo guardar un efectivo correlato con la
realidad de las circunstancias al tiempo de su dictado procurando arribar a soluciones
justas y no meramente cumplir con actos rituales el juez. Debe fundar suficientemente la
sentencia, dando todas las explicaciones que pudieran ser necesarias para permitir la
adecuada comprensión de las razones que lo llevan a decir de un determinado modo por
medio de una construcción argumental que debe ser derivación razonada del derecho
vigente.

Por último el resuelvo, donde el juez toma la decisión expresa,


positiva y precisa, de conformidad con las pretensiones deducidas en el juicio, calificadas
según correspondiere por ley declarando el derecho de los litigantes y condenando o
absolviendo de la demanda y reconvención en su caso, en todo o en parte. Completan
esta parte, la fijación del plazo que se otorgase para el cumplimiento de la sentencia, si
fuese susceptible de ejecución y el pronunciamiento sobre costas y la regulación de
honorarios que desarrollaremos más adelante.

Sentencia homologatoria: concepto.

El proceso homologatorio es por su naturaleza un sometimiento


jurisdiccional voluntario, que tiene por objeto otorgar al acuerdo conciliatorio transaccional
o extrajudicial de las partes el efecto propio de la sentencia. Esto hace que dicho acuerdo
adquiera el carácter de verdadero título ejecutivo, el juez para dar refrendo al acuerdo de
las partes debe atender al cumplimiento de los aspectos formales y comprobar que no
exista violación de normas de orden público. En la terminología del código procesal
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Mendocino las resoluciones homologatorias no son sentencias, sino autos que pueden o
no poner fin al proceso.

2.- El deber de fundar. Principio de congruencia e “iura curia novit.

La ley exige una estricta correspondencia entre el contenido de la


sentencia y las cuestiones oportunamente planteadas por las partes, lo que supone la
adecuación del pronunciamiento a los elementos de la pretensión deducida en el juicio
(sujeto, objeto y causa). La sentencia por consiguiente debe, guardar estricta correlación
con lo pretendido en la demanda o reconvención en su caso. Lo cual no obsta a que, si
durante el curso del proceso ocurren hechos que extingan o consoliden el derecho de las
partes (como son el pago, el cumplimiento de la obligación o la extensión del plazo), el
juez pueda hacer mérito de esos hechos sobrevinientes para rechazar o admitir la
demanda.
El juez debe resolver por más oscura que sea la cuestión, se le
impone tomar una decisión admitiendo o rechazando la demanda o la reconvención o
parcialmente una u otra. En el resuelvo de la sentencia, el magistrado concreta la decisión
y debe hacerlo en forma coherente con lo que ha sido el desarrollo argumental que
efectúan los tramos presentes del mismo la falta de congruencia o correspondencia entre
las consideraciones y la parte dispositiva puede conducir a la nulidad del
pronunciamiento, o al menos lo descalificará seriamente.
La sentencia es el acto procesal que pone fin al proceso en su
terminación, su finalidad es la de poner finiquito el conflicto que dio origen al proceso darle
solución y esa solución debe ser axiológicamente valiosa. Reiteradamente nuestra
Suprema Corte de Justicia tiene dicho que, la sentencia debe respetar el principio de
utilidad que integra la garantía del debido proceso que pesa sobre los jueces, un
específico de ver, el ponderar qué es lo que seguirá de su fallo, cuáles consecuencias o
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efectos, el sentido el alcance y derivaciones del resultado del que derriban, no pueden
permanecer indiferentes a esos resultados habrán de representarse los formulando una
tarea de verificación de los mismos en función del valor justicia.
Es imperativo que los jueces no se conformen con dictar una
sentencia que se limite a poner fin al proceso, sino que deben procurar con el mayor
esfuerzo posible emitir un pronunciamiento útil que resuelva de una forma
axiológicamente valiosa el conflicto entre las partes que dio origen al proceso. El juez
tiene que decidir con un ojo puesto en la proyección de su resolución, pero a la par tiene
que asegurar una solución justa para el caso concreto, que respete adecuadamente los
derechos constitucionales involucrados. Una buena sentencia, se afirma, es el fruto del
sentido común jurídico del conocimiento básico de la realidad, de cierta “calle” y seriedad
de quien la dicta.
El juez conoce el derecho, o también conocida con el brocárdico
iura novit curia, es aquella exigencia procesal que impone a los jueces la facultad y el
deber de calificar las acciones y aplicar el derecho, pudiendo apartarse de las
invocaciones de los litigantes.3 En este punto tanto la doctrina como la jurisprudencia
denominan al brocárdico como un principio procesal, pero no podemos dejar de señalar
que en nuestra concepción no se trata de un principio sino de una regla de la actividad
procesal. Los principios procesales derivan de la Constitución Nacional. Si no están, no
hay proceso legal constitucional. Y esta regla podría estar o no estar, y lo mismo habría
proceso valido. Por lo tanto no es un principio sino una regla de la actividad.

Condenaciones accesorias: valoración de la conducta procesal;


intereses; costas; honorarios. Existencia y monto del crédito o de los perjuicios.

3
PODETTI, José Ramiro, Tratado de los Actos Procesales, p.455.
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La parte dispositiva de la sentencia debe ser expresada en


términos claros y concretos evitando al extremo cualquier imprecisión que puede acarrear
conflicto sucedáneos al procurarse su cumplimiento.
Tratándose de una sentencia de condena (susceptible de
ejecución), se prevé la fijación de un plazo dentro del cual debe ser cumplido su
mandato. Sin embargo cabe tener presente, que se trata de un plazo de gracia para que
el condenado, ya en mora, cumpla voluntariamente con la sentencia. Es una espera
judicial propiciando el cumplimiento voluntario, vencida la cual, procederá iniciar la
ejecución de sentencia. Sin embargo la omisión de fijación de este plazo de cumplimiento
no priva de ejecutoria la sentencia y mucho menos la invalida. Al respecto, se señala que
no se trata de un requisito esencial y por tanto su carencia de terminar la inmediata
ejecución de la sentencia. Evidentemente en caso de ser una obligación de dar, donde el
vencido ya se encuentra en mora otorgar un plazo, configura tan sólo un beneficio con lo
cual si el deudor interesado no solicita la aclaratoria en tiempo, aparece extemporánea la
fijación al tiempo de ejecución.4
Entonces la exigencia contenida, que valora la conducta procesal,
no constituye un requisito esencial de validez de la sentencia se trata de un plazo de
gracia que el juez puede conceder al deudor, contra quién dirige una sentencia
declaratoria de condena para que cumpla con la obligación respecto de la cual se
encuentra en mora y que por ello, la no fijación del plazo debe ser interpretada como
decisión del juzgador de que su orden sea exigible inmediatamente es decir sin más una
vez que la sentencia queda ejecutoriada.5

4
ISUANI, Mariana y MOREAU, Beatriz, comentario al art. 273 en “Código Procesal civil de la Provincia de
Mendoza, Comentado, Anotado y Concordado”, Coordinado por Horacio C. Gianella, Ed. La Ley, 2009, Tomo
II, pág. 802.
5
1ª Cámara Apelación Civil y Comercial, 2ª Circunscripción judicial Mza., expte Nº 29.327, “MANRIQUE”,
27/11/2017.
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Respecto a la determinación de los intereses o a las pautas para


su determinación posterior, cabe señalar que nuestro ordenamiento local, la sentencia
debe pronunciarse sobre ellos admitiéndolos o rechazándolos y, está claro, según cuál
sea el objeto del proceso, aun cuando no hubiera mediado petición a su respecto.
En contra de tal criterio jurisprudencial la Cámara acento que la
condena al pago de intereses moratorios no pedidos, viola principio de congruencia ya
que constituyen un rubro (el daño moratorio) independientemente del capital, por lo que
debe ser peticionado en forma expresa. Concluyó la Suprema Corte de Justicia que, no es
violatoria del principio de congruencia, la condena al pago de intereses moratorios o de
una indemnización de daños y perjuicios a pesar de su falta de petición expresa por la
actora, en razón de que no hay afectación sustancial del derecho de defensa ya que los
intereses moratorios o en los supuestos de responsabilidad por daños se deben a partir
del acaecimiento del menoscabo sufrido; a partir de ese momento surge el deber de
reparar por parte del dañador además existen por imperio de ley (Artículo 768 del código
civil y comercial de la nación) que se devenga ipso iure a partir de la mora por expresa
disposición legal y constituyen un daño presumido iure et de iure; todo ello impide
considerarlos como un rubro independiente, de la indemnización a la que acceden sino
que por el contrario deben entenderse como parte integrante de ella conforme al principio
de reparación plena o integral del daño efectivamente sufrido por la víctima vigente en la
materia y que posee jerarquía constitucional.6

En la parte dispositiva se manda fijar prudencialmente y


equitativamente el crédito o el monto indemnizatorio cuando su existencia estuviera
debidamente comprobada, pero no se encontrará suficientemente determinado su
importe. Esta norma, introduce una flexibilidad en materia de carga probatoria en
beneficio al reclamante, de particular relevancia los procesos en los que se reclama la

6
SCJ Mza., Sala 1, Expte.: 13-00506081-2/2, “Sánchez en Jº Hertlein”, 30/08/2016.
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reparación de daños y perjuicios. Nuestra Suprema Corte ha dicho, que de conformidad


con esta norma, de aplicación supletoria, debe distinguirse entre la prueba de los daños y
la de su monto, dado que la primera es inexcusable, ya que sin daño no es ilícito civil ni
deber de reparar. Pero si no se ha logrado acreditar el monto de los perjuicios probados,
el juez está facultado para establecerlo en una forma prudencial y equitativa. 7
Coincidente con eso se ha resuelto que la prueba del daño que
incumbe a quién reclama su reparación comprende la existencia del daño y la cuantía del
mismo. Pero el rigor de la existencia probatoria, no es igual para ambos términos: la
existencia del daño es de prueba indispensable no pudiendo otorgarse indemnización
alguna si falta esa comprobación. En cambio, la prueba de la cuantía del daño puede ser
suplida por la prudente estimación judicial. Sin embargo, el damnificado debe tratar de
establecer con la aproximación que sea factible la magnitud del daño, ya que la
deficiencia de la prueba referente al monto de los daños y perjuicios gravita en contra de
quién tenía la carga de la prueba. Así, encontrándose acreditado el daño y algunos de los
parámetros de la entidad de la lesión y careciendo en el caso concreto de constancias
probatorias que establezcan medidas económicas que permitan establecer en forma
específica el quantum del daño, se debe acudir a la fijación en forma prudencial y
equitativa el perjuicio reclamado.
Finalmente en concordancia con lo dispuesto en los artículos 35,
36 y 37 la sentencia deberá contener decisión respecto a la imposición de costas y sobre
regulación de honorarios practicándoselas, o difiriéndoselas según el caso.
Eventualmente la sentencia podrá contener decisión sobre otras
cuestiones, como sobre determinados aspectos disciplinarios o comunicaciones a otros
poderes organismos de gobierno se advirtiese cuestiones que deben ser las puestas en
conocimiento para ejercer adecuadamente sus funciones específicas.

7
SCJ Mza., Sala 2º, Expte.: 57033, “Fiscal Casazza Horacio lesiones culposas”, 13/05/1997, LS271-291.
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3.- Cosa juzgada: concepto; clases

La cosa juzgada significa, en general, la irrevocabilidad que


adquieren los efectos de la sentencia cuando contra ella no procede ningún recurso que
permita modificarla. No constituye, por lo tanto un efecto de la sentencia sino una cualidad
que se agrega a ella para aumentar su estabilidad y que al igualmente vale para todos los
posibles efectos que produzca.

De lo dicho se sigue que la cosa juzgada supone


fundamentalmente la inimpugnabilidad de la sentencia, o lo que es igual, la preclusión de
los recursos que procedan contra ellas. Al operarse tal preclusión, que opta al ataque
directo de la sentencia se dice que está adquiere autoridad de cosa juzgada en sentido
formal cuando en cambio la sentencia, aparte de ser insusceptible de ese ataque directo
mediante la interposición de un recurso, también lo es de ataque indirecto a través de la
apertura de un nuevo proceso, se dice que aquella cosa de autoridad de cosa juzgada en
sentido material.

Existe por consiguiente cosa juzgada en sentido formal cuando, no


obstante ser inimpugnable la sentencia dentro del proceso en el cual se dictó existe la
posibilidad de obtener en un proceso posterior un resultado distinto al alcanzado en aquel.
Existe cosa juzgada en sentido material cuando, a la irrecurribilidad de la sentencia se
agrega la imposibilidad de que en cualquier circunstancia y en cualquier otro proceso se
juzgue de un modo contrario a lo decidido por aquella. Como señala Rosenberg la cosa
juzgada en sentido material comporta la normatividad del contenido de la sentencia; es
decir de la afirmación de la existencia o inexistencia de la consecuencia jurídica
pretendida por una de las partes y expresada por el fallo, para todo procedimiento en que
se cuestione la misma consecuencia jurídica. De lo expuesto se desprende asimismo, que
la cosa juzgada en sentido material presupone la cosa juzgada formal y que esta última,
por consiguiente puede existir con independencia de la primera.
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Para que una decisión judicial adquiera autoridad de cosa juzgada,


es necesario que se haya dictado en un proceso contradictorio y con carácter final. De allí
que no sean susceptibles de adquirir aquella calidad los pronunciamientos dictados en los
procesos de jurisdicción voluntaria.

En su acepción constitucional la palabra propiedad, no se refiere


solamente al dominio de cosas materiales, sino que comprende como lo ha dicho la Corte
Suprema de Justicia de la Nación citando un concepto enunciado en el supremo tribunal
estadounidense, “todos los intereses apreciables que un hombre pueda poseer fuera de sí
mismo fuera de su vida y de su libertad”. En este orden de ideas, la Corte Suprema
expresado a través de numerosos precedentes que, el derecho reconocido por una
sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada constituye un bien que queda incorporado
al patrimonio del interesado, y del cual no puede ser privados sin mengua del precepto
constitucional que consagra la inviolabilidad de la propiedad.

Límites objetivos de la cosa juzgada

El problema de los límites objetivos de la cosa juzgada ha sido


tradicionalmente encarado desde dos puntos de vista. Uno que es fundamentalmente
procesal atiende a la parte o partes de la sentencia que adquieren fuerza de cosa
juzgada; el otro se refiere a la determinación de las cuestiones litigiosas que se hayan
amparadas por esa fuerza.

En relación con el primero de los aspectos mencionados, ha sido


ampliamente debatido por la doctrina el problema consistente en determinar si la
autoridad de la cosa juzgada comprende la sentencia considerada como una unidad
jurídica, es decir, tanto a los fundamentos como la parte dispositiva, o por si, por el
contrario es sólo esta última la que puede alcanzar aquella autoridad.
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Savigny se encuentra entre los principales defensores de la


primera tesis. Consideraba que la comprensión del pensamiento del juez impone la
necesidad de examinar los motivos en que se funda la decisión, pues de lo contrario, la
excepción de cosa juzgada deducida en un proceso posterior no podría ser aceptada y
rechazada. El autor, formula, además, una distinción entre los motivos que determinan la
decisión: los objetivos, a los que define como los elementos constitutivos de las relaciones
jurídicas invocadas por las partes, y los subjetivos, que son los móviles que influyen sobre
el espíritu del juez llevándolo a afirmar o negar la existencia de aquellos elementos;
siendo solamente los motivos objetivos lo que pueden alcanzar autoridad de cosa
juzgada.

Otros autores en cambio consideran que la autoridad de cosa


juzgada reside en la parte dispositiva de la sentencia. Tal, por ejemplo, la opinión de
Chiovenda, quien llega a esa conclusión tras afirmar que el juez no representa al Estado
cuando razona si no cuando decides y que por lo tanto en el estudio de la cosa juzgada
debe prevalecer la afirmación de voluntad que cierra el proceso sobre el razonamiento
lógico que precede. Sin embargo, dicho autor restringe el alcance de la tesis al expresar:
esta exclusión de los motivos de la sentencia por la cosa juzgada no debe entenderse en
sentido formalista, en el sentido de que pase como cosa juzgada sólo lo que ha sido
escrito en la parte dispositiva de la sentencia. Por el contrario, para determinar el alcance
de la cosa juzgada es necesario, generalmente, remontarse a los motivos para poder
identificar la acción con la causa petendi. Pero es objeto de la cosa juzgada la conclusión
última de los razonamientos del y no sus premisas, el último e inmediato resultado de la
decisión y no la serie de hechos, de relaciones, o de estado jurídico que es la mente del
jueves constituyeron los presupuestos de aquellos resultados.”

De lo expuesto se desprende, sin embargo, que no se trata de


tesis en irreconciliables. Lo demuestran particularmente la opinión de los autores
alemanes, que pese a sostener, sobre la base de un texto explícito de la ordenanza
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procesal civil, que la autoridad de la cosa juzgada se circunscribe a las conclusiones


expresadas en el dispositivo acerca de la existencia o inexistencia de las consecuencias
jurídicas pretendidas, en modo alguno desechan el valor de los fundamentos como
factores interpretativos de la sentencia. Dice, efecto Rosenberg “el que sólo sea
susceptible de cosa juzgada la resolución sobre la pretensión planteada, pero no la
declaración sobre sus presupuestos de hecho y derecho y sobre las excepciones del
demandado se expresa a veces diciendo que no participan de las los fundamentos de la
sentencia y concluye que la parte dispositiva (el fallo) de la sentencia llegara a cosa
juzgada. Ambas cosas son por menos engañosas. Ciertamente, puede extraerse la
medida de reconocimiento o desconocimiento de la pretensión ejercitada sólo de la parte
dispositiva de la sentencia; pero en lo restante deben investigarse la extensión y el objeto
de la cosa juzgada mediante la interpretación de toda la sentencia es decir también del
relato de los hechos y de los fundamentos”. Goldschmidt, por su parte, expresa que “el
objeto de la fuerza de cosa juzgada se induce no solo por la regla general del fallo sino,
con ayuda de los fundamentos de la sentencia.”

La doctrina rioplatense derecho procesal asumido Generalmente


frente a este problema una actitud conciliadora. Jofré y Alsina, por ejemplo, entienden que
cuando la parte dispositiva no se basta a sí misma, procede examinar los motivos a fin de
precisar o interpretar su alcance, agregando el segundo de los autores nombrados qué tal
recurso es incluso válido para rectificar algún error material del dispositivo, cuando con
eso no se altere la sustancia de la decisión. Couture considera que si bien como regla las
premisas o considerandos del fallo no hacen cosa juzgada, por excepción adquieren esta
autoridad cuando lo dispositivo se remite a ellos en forma expresa o cuando constituyen
un antecedente lógico absolutamente inseparable (cuestión prejudicial) de lo dispositivo.

En cuanto al segundo de los aspectos antes señalados, rige el


principio de que la autoridad de la cosa juzgada se extiende a todas aquellas cuestiones
que han sido debatidas en el proceso y decididas por la sentencia.
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Interesa destacar, en primer lugar, que la cosa juzgada cubre


incluso aquellas cuestiones que, pudiendo haber sido objeto de debate entre las partes,
no lo fueron. Sí, verbigracia, a una demanda por cumplimiento de una obligación el
demandado opone la excepción de pago, y no la de prescripciones el pronunciamiento
que hace lugar a la demanda adquiere fuerza de cosa juzgada también con respecto a la
segunda. Tampoco podría invalidar se la cosa juzgada sobre la base de una prueba que
no fue ofrecida en el primer proceso.

En cambio no adquieren autoridad de cosa juzgada Los Meros


argumentos corroborantes, ni las declaraciones incidentales que no sean requeridas para
la solución del pleito. Pero, mediando esta última condición, también las decisiones
implícitas son in susceptibles de adquirir autoridad de cosa juzgada.

Límites subjetivos de la cosa juzgada.

Es regla en cuanto a este problema atañe, que la cosa juzgada


afecta solamente a quienes fueron partes del proceso en que se dictó la sentencia
investida de aquella autoridad. Está por consiguiente no puede beneficiar ni perjudicar a
los terceros que han sido ajenos al proceso (res inter alios tudicata aliis neque prodesse
neque nocere potest). Por partes debe entenderse no sólo los sujetos activos y pasivos de
la pretensión procesal sino también a todas aquellas personas, que es las condiciones
previstas en la ley se han incorporado voluntariamente al proceso o han sido citadas para
intervenir en el Y a quién es la sentencia afecta “como a los litigantes principales”. La
misma regla rige materia de sustitución procesal.

A los efectos de determinar los límites objetivos de cosa juzgada


es menester atenerse a la identidad jurídica de las partes en este orden de ideas la cosa
juzgada no se extiende A quién Habiendo actuado en el primer proceso derecho propio lo
hacen el segundo como representante legal o convencional de un tercero ni a quién
reclama como heredero beneficiario en un proceso y como acreedor hipotecario en otros
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por el contrario no obstante el cambio de personas físicas la cosa juzgada alcanza los
Sucesores universales de Quiénes intervinieron en el proceso como partes.

A los efectos de determinar los límites subjetivos de la cosa


juzgada es menester atenerse a la identidad jurídica de las partes. En ese orden de ideas
la cosa juzgada no se extiende a quien, habiendo actuado en el primer proceso por
derecho propio, lo hace en el segundo como representante legal o convencional de un
tercero; ni a quien reclama como heredero beneficiario en un proceso y como acreedor
hipotecario en otro; entre otros. Por el contrario, no obstante el cambio de personas
físicas, la cosa juzgada alcanza a los sucesores universales de quienes intervinieron en el
proceso como partes.

En principio enunciado admite, sin embargo, algunas excepciones


fundadas en las vinculaciones jurídicas existentes entre las partes y los terceros.
Tratándose de obligaciones solidarias, la cosa juzgada es invocable por los co-acredores
que no participaron en el proceso así como por los codeudores contra el co-acredor que
fue parte del juicio.
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Bibliografía recomendada

1. Palacio, L. E. (2011) Manual de Derecho Procesal Civil.


Buenos Aires. Abeledo Perrot.

2. Rauek, I. (2019). Código Procesal Civil, Comercial y


Tributario de la

Provincia de Mendoza, Comentado, anotado y concordado. Mendoza: ASC.

3. Gianella, H. (2009). Código Procesal Civil de la Provincia de


Mendoza, Comentado, anotado y concordado. Mendoza: La Ley.

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