Solo Una Noche Por Siempre Moruena Estringana-Resumen PDF
Solo Una Noche Por Siempre Moruena Estringana-Resumen PDF
Violeta
Entro en el despacho de Delia. Es por la tarde y sigue trabajando.
Cuando no está Chris pasa mucho más tiempo en su trabajo. Como no es la
primera vez que vengo, el de seguridad me ha abierto la puerta y por suerte
no ha mencionado lo de mi ropa llamativa y mi manera de andar.
—¡No sabes lo que acaba de pasar! —Delia alza la vista del ordenador y
se centra en mí.
Esto es algo que siempre me ha gustado de ella. Cuando estás a su lado,
lo deja todo por ti. No está en mil cosas que te hacen sentir desplazada.
Me siento ante ella en la mesa.
—¿A que no sabes a quién acabo de ver?
—Tu emoción es debida a Arnol.
Me quedo perpleja.
—¿Sabes lo del gimnasio?
—No, Chris no me ha contado nada, pero solo pones esa cara de
felicidad cuando la cosa va de él. ¿Qué tal está?
—Como un tren y sigue teniendo ese culo tan bien puesto…
—Me refería emocionalmente. —Sonríe.
—Lo sé. Se le ve bien. Ahora es dueño de un gimnasio. Al que me he
apuntado. Donde lo veré todas las tardes.
—¿Vas a ir todas las tardes a hacer deporte?
—O a tomar café. Su cafetería es muy buena.
Le cuento todo y preocupada me quita la zapatilla para mirar mi pie.
Está morado y me obliga a ir al médico. Vamos juntas. No tengo nada roto,
pero me va a doler unos días.
Delia se marcha a su casa tras dejarme en la puerta de mi ático.
Ryan ya está en casa y le cuento todo tras ducharme. Cenamos juntos.
Parecemos un matrimonio, si no fuera porque no nos atraemos nada.
La verdad es que no recuerdo mucho de nuestra noche juntos. Iba tan
borracha y él también que solo recordamos que nos acotamos. Ni me
acuerdo si estuvo bien o mal. Sin ir borracha nunca nos hubiéramos
acostado la verdad, pero, por suerte, eso no destrozó nuestra amistad. No
me gustaría perderlo. Lo quiero como a un hermano.
Vemos la tele y nos enseñamos las personas que vemos en Tinder.
—Esa no me gusta —le digo cuando me enseña a mujer.
—¿Por?
—Porque su cara está así por un filtro.
—Tienes razón.
Sigo mirando fotos y a algunos le doy un me gusta.
—¿Te puedo preguntar algo?
—Lo harás aunque te diga que no. —Sonrío porque es cierto—. Vamos,
dispara.
—Cuando quedas con una chica, ¿vas a saco?
—No, me gusta hablar con ella antes, conocerla un poco y saber de sus
gustos y si surge, pues nos acostamos y si no, pues le pido otra cita.
—Pues conmigo siempre van a saco.
—¿Y por qué te conformas con eso?
—No lo sé. Creo que espero que, de tanto sapo que he besado, uno
acabe siendo un príncipe.
—Antes de que tu príncipe te cuide, tienes que aprender a tratarte a ti
misma como a una reina, y eso nunca pasará si te conformas con ser solo el
desahogo de alguien a quien no le importas lo suficiente como para darte
más tiempo de su vida.
—Es cierto.
—Si tú disfrutaras con ello, lo vería bien, pero no eres feliz, Violeta. Es
hora de que te preguntes si esto te gusta.
—A ti tampoco parece gustarte. Tus relaciones son muy cortas.
—Puede ser, pero porque creo en el amor y me pasa como a ti, que
siempre espero que, tras un primer flechazo, surja la magia.
—¡Qué par de idiotas somos!
Se ríe y apoyo mi cabeza en su hombro, dejando el móvil a un lado. Por
hoy no me apetece pensar en nadie más que no sea en Arnol y en su culito
perfecto.
Violeta
Su boca es mejor de lo que he imaginado la infinidad de veces que la he
recorrido con mis ojos.
Me pierdo en su sabor mezclado con el ácido del limón de mi boca y el
licor de su bebida. Gimo en su boca cuando su lengua me acaricia
levemente antes de apartarse.
—Como aperitivo no ha estado mal —me dice.
—Ajá… Digo, sí. ¡Joder! Me has fundido los sesos. Solo podía pensar en
tu boca… —Lo miro y sé que se está divirtiendo conmigo, pero no sé si eso
es bueno—. Si me lo propongo puedo dejar de lado decir lo que pienso.
—He tenido muchos encuentros sexuales donde las personas con las que
he compartido placeres han dejado de lado quienes eran. Me gusta el toque
que le da tu naturalidad a la noche.
Respiro relajada y me doy cuenta de que ligando soy lo peor. Nunca he
tenido que esforzarme. Mis ligues querían alivio rápido y no tenía que fingir
algo que no era. Con Arnol todo es diferente porque sabe cómo soy. Me
conoce y me olvido de ser algo que no sea yo misma a su lado y eso no
siempre es bueno.
Delia, cuando me conoció, tenía miedo de que su sinceridad y forma de
ser me apartaran de su lado. Le costó darse cuenta de que las dos éramos
más parecidas de lo que pensaba.
—Pues conmigo no te vas a aburrir.
—Eso veo —se acaba su copa y se me acerca—, pero hoy no estamos
aquí para ser amigos.
Me besa esta vez sin guardarse nada dentro. Su boca me hace olvidarme
hasta de mi nombre. Solo puedo pensar en él. En sus manos entre mi pelo.
En su cuerpo cada vez más cerca del mío.
Nunca un beso me ha hecho sentir tanto.
No necesito dos noches para saber que podría pasarme la vida perdida
entre sus brazos.
Capítulo 6
Violeta
Salimos del pub después de un sinfín de besos calientes.
Arnol dice de ir a su casa en su coche.
—¿Tu casa es tu picadero? —le pregunto ya en su automóvil y se ríe.
—Me gusta no tener que salir corriendo cuando todo acaba. Prefiero
estar en casa.
—Yo no subo con nadie a casa.
—En parte mejor. No sabes a quién estás metiendo en ella y puede ser
peligroso.
—Y para ti, ¿no? Ah… claro, que eres invencible.
—No, pero mi casa es de paso. Las cosas personales y privadas las tengo
en una caja fuerte. Si quieren algo de valor que puedan coger, pesa
demasiado, como la tele o los electrodomésticos.
—Bien pensado, aunque te pueden robar el reloj. No es de los baratos.
—No, no lo es. Buen ojo.
—Mi padre… Bueno…, a él le gustan las cosas caras.
Pensar en mi padre siempre me enfada, y por eso desecho esos
pensamientos y me centro en Arnol; en la noche que tenemos por delante.
Hablamos un poco más mientras llegamos a su casa. Me acaricia de
manera sutil cuando hace el cambio de marchas. Algo que me encanta y
excita sabiendo que pronto sus manos estarán por todo mi cuerpo como ha
prometido.
Si es que lo cumple.
Una parte de mí teme que sea como tantos otros que no paraban de
hablar de lo buenos que eran en la cama para picar mi curiosidad y luego
todo se quedaba en eso: en palabras que se lleva el viento por la falta de
peso.
Detiene el coche en el garaje de su edificio. Vamos hacia el ascensor y
en cuanto se cierra la puerta, su boca busca la mía de forma desesperada.
Su beso me pilla por sorpresa porque entre sus brazos me convierto en
cera líquida. Pongo las manos en su cuello. Me alza hasta que mi espalda
choca contra la pared y mis piernas se enredan en su cintura haciendo a mi
sexo testigo por primera vez de su dureza.
La puerta se abre y me saca fuera en brazos como si no pesara nada.
Va hacia la puerta de su casa y la abre. Solo cuando estamos dentro y
con la puerta cerrada, me deja en el suelo. Lo hace para ayudarme a
quitarme la chaqueta y dejar mis cosas en la entrada.
Hace lo mismo con las suyas y coge mi mano para que recorramos
juntos la casa. No me da tiempo a verla porque está oscura y porque solo
puedo verlo a él. Al igual que sentirlo.
Llegamos a su cuarto y enciende una tenue luz.
—Si quieres parar, solo dilo. Nunca te forzaría a nada.
—Lo mismo digo —respondo.
Tener libertad para irme me da más seguridad en todo esto, porque me
deja ser libre del placer sin la obligación de tener que estar sí o sí. Dudo que
no me guste, pero es agradable sentir que el control es mío.
Una vez estamos en su dormitorio su boca busca la mía de nuevo
mientras sus manos están por todas partes de mi cuerpo. Hago lo mismo y
disfruto acariciando su duro torso.
Me deleito con este escrutinio maravilloso mientras él me quita la ropa
como si yo fuera un regalo. Su mimo y su cuidado me encantan. Parece
como si de verdad me deseara a mí y no a una noche loca con una mujer
cualquiera.
Vamos a la cama cuando solo llevamos la ropa interior y entonces
cumple su promesa de buscar cada punto erógeno de mi cuerpo.
Su boca, sus manos y su lengua hacen estragos por mi cuerpo evitando
las partes obvias de placer. Descubro puntos erógenos que ignoraba que
poseía.
Me encuentro jadeante mientras meto mis manos en su morena cabeza.
Dios, estoy ya a punto y acabamos de empezar prácticamente.
Tira de mi sujetador y me deja desnuda de cintura para arriba. Sus ojos
oscuros recorren los contornos de mi cuerpo. Su mirada hace estragos en
mí. Me hace sentir hermosa.
Acaricia con cuidado un pecho y luego el otro. Su manera de tocarme
me excita como nunca.
Baja su cabeza hasta mis senos y veo como saca la punta de la lengua
para recorrer su contorno antes de meterse uno de los pezones en la boca.
Me retuerzo en la cama. Tiro de su pelo. Gimo. Grito cuando el placer
es inmenso.
Entonces su mano busca mi sexo y se pierde entre mis húmedos
pliegues. Noto como juega con mi humedad. Si sigue así creo que me
correré sin más.
—Para —le digo y se alza con una medio sonrisa—. La primera vez que
tenga un orgasmo contigo te quiero dentro de mí.
—Eso está hecho, preciosa. —Me besa en la boca antes de apartarse para
ir a buscar un condón en su mesita de noche.
Observo cómo se lo pone y me quedo maravillada con su cuerpo. No
tiene un gramo de grasa. Es perfecto y por unos instantes es todo mío.
Tira de mi ropa interior y me deja totalmente desnuda antes de cernirse
sobre mí para colarse entre mis piernas. Me pierdo en sus ojos castaños
antes de besarlo. Sus labios son adictivos, al igual que su sabor.
Noto como su sexo se adentra poco a poco en mí. Espero el dolor que
casi siempre siento o esa incomodidad que me hace preguntarme si mi
cuerpo no está hecho para recibir a otros, pero no siento nada de eso. Solo
un placer que me desarma una vez más y que hace que disfrute de cada
instante.
Se adentra del todo y se queda quieto dejando que mi cuerpo se amolde
a su invasión.
Entonces se mueve. Primero lento para torturarme, y luego rápido.
Nos movemos juntos sin dejar de besarnos y tocarnos. Mis manos están
en su espalda y cuando el placer me puede, noto que sin querer le araño.
Siento el orgasmo anidarse en mi sexo. Lo hago hasta que estalla, y me
recorre el cuerpo entero.
No hay parte de mi ser que no sea testigo de esta explosión de placer.
Arnol me sigue y cuando acaba, se queda quieto.
Mi felicidad se evapora. Tras el sexo muchas veces llega la incomodidad
de no saber cómo decir adiós.
—Creo que debo marcharme.
Arnol me mira con una ceja alzada.
—¿Porque quieres o porque crees que es lo que deseo yo?
—Por lo segundo.
—Te dije una noche y sigue siendo de noche.
—Eso es cierto.
Sale de la cama y me tiende una mano.
—Vamos a la ducha. Aún quedan muchas cosas que explorar juntos.
—Me encanta ese plan.
Vamos hacia la ducha. Nos enjabonamos el uno al otro y, aunque
parecía imposible tras nuestro último encuentro, mi deseo regresa y quiero
más.
Acabamos haciéndolo de nuevo en el baño sin poder llegar a la cama.
Cuando me meto en la cama estoy agotada. No puedo moverme. He
tenido dos orgasmos en una noche. Sola sí lo he conseguido alguna vez,
pero es la primera vez que es un orgasmo compartido.
Arnol me abraza por detrás y pongo mis manos sobre las suyas. Me
duermo notando su respiración en mi cuello y su cuerpo abrazado al mío.
La sensación me abruma. Estaba preparada para sentir placer, no para
sentir este sentimiento que se escapa de mi entendimiento.
Desde que vi a Arnol supe que él era especial para mí. Ahora ya no
tengo dudas de que él es uno entre un millón para mí.
Esta noche me ha cambiado. En muchos sentidos, y mientras me
duermo siento la tristeza apoderarse de mi pecho por todas las veces que
me conformé con las migajas, cuando en verdad deseaba hallar esto.
Capítulo 7
Arnol
Estoy acabando de preparar el desayuno cuando escucho a Violeta salir
de la cama y vestirse.
Esta noche ha sido especial. Acostarme con ella ha sido diferente. Me
atraía y sabía que sería distinto porque hace mucho tiempo que no me voy a
la cama con alguien que no conozco de solo una noche.
De ella sé más cosas de las que desearía para hacer esto más impersonal.
Por norma general les digo que se marchen tras acabar, pero con ella
me vi incapaz. Dormir abrazado a ella ha sido un placer del que llevo
muchos años privándome.
—Huele de maravilla… y buenos días. —Se ha puesto ropa cómoda mía.
No lleva maquillaje ni nada que realce su belleza y sin embargo la
encuentro más hermosa que nadie.
—Buenos días. —Coloco en su plato huevos recién hechos y me siento a
su lado en la isla de la cocina.
—Viendo la casa de día entiendo por qué no temes que alguien te robe.
Es fría —me dice—, aunque bonita.
—No llevo mucho tiempo viviendo en ella y sabes que, por mi trabajo,
antes viajaba mucho. No he tenido tiempo de crear un hogar aquí.
—Es comprensible. ¿Por qué dejaste de trabajar para Chris? Ahora que
ya ha pasado la noche somos solo amigos, ¿no?
La miro morder la tostada. Sus labios me tientan, su cuerpo me llama, el
problema es que acostarme otra vez con ella lo complicaría todo y hace
años aprendí por las malas que no quiero volver a pasar por esa loca idea de
amar.
—Mi madre es diabética, y hace años tuvo una subida gorda de azúcar.
Desde entonces no he estado a gusto lejos de casa. Viven a una hora de aquí.
Si le pasa algo, puedo presentarme en su casa con rapidez.
—Sabía que te habías marchado hace tiempo por algún tema familiar,
pero no sabía exactamente qué era. ¿Y no has buscado trabajo más cerca?
—Sí, pero no me salía nada. Viven en un pueblo en la montaña con
pocos habitantes.
—¿Y no es peligroso para la enfermedad de tu madre?
—Eso les digo yo, pero mi madre dice que no piensa irse de su casa. Es
muy cabezota. —Sonrío al recordarla—. Hay un dispensario médico y la
tienen muy controlada. Es de un primo mío.
—Tiene que ser bonito tener tanta familia y por lo que parece buenos.
—¿No tienes familia?
—Sí, dos padres que no se hablan con sus padres ni con sus hermanos.
Siempre hemos vivido de un lado a otro y apenas conozco a mi familia. —
Se nota que este tema la inquieta—. Acabo de desayunar y me marcho.
—No hay prisa, Violeta.
Asiente distraída. No tiene buena cara.
—Ahora me toca cumplir tu promesa. Creo que has jodido el resto de
mis encuentros sexuales. —Me río por como lo dice—. ¡No te rías! Ahora
siempre los compararé contigo y… Dios, ha sido increíble, pero eso ya lo
sabías.
—Me alegra que dejes de conformarte. Como amigo tuyo, que he
pasado a ser, espero que te valores más. Haz las cosas porque las deseas, no
para esperar algo que de existir llegaría antes.
—Eso es cierto. A ti te deseo desde que te vi —admite—, pero ahora ya
está todo olvidado. No te preocupes. No seré la pesada que te recuerde por
qué no te acuestas con gente conocida.
Asiento, pero no sé muy bien cómo voy a llevar esto. Me está costando
mucho centrarme en el desayuno y no en ella, en las cosas que quiero
hacerle.
Una noche no ha sido suficiente, pero es lo que hay.
Me ofrezco a llevarla a su casa y acepta.
Me cambio y de camino a su casa no hablamos mucho. No sé qué decir
ahora mismo la verdad. Intento hacerme a la idea de que esto se acaba y
solo seremos amigos.
Detengo el vehículo donde me indica que vive.
—Gracias por todo. Ha sido increíble y sé que yo tenía poco que
enseñarte, pero espero que hayas disfrutado.
—Lo importante era que disfrutaras tú, Violeta, pero si te sirve de algo,
ha estado muy bien.
Sonríe.
—Nos vemos en el gimnasio —me dice antes de salir.
La veo marcharse con mi ropa puesta y sus tacones. Ha hecho sexi la
ropa de deporte. Aprieto las manos en el volante y me pregunto si dejarme
llevar, habría sido un gran error.
Capítulo 8
Violeta
Llegamos a casa de Delia. Ryan quería que le contara todo, pero así lo
hago de una.
Al entrar, Delia nos hace pasar al saloncito. Las fotos de ella con Chris y
con su familia inundan la sala.
Ya ha roto todo contacto con su familia de sangre. No quiere saber nada
y, aunque le ha costado, ha aprendido a dejarlos ir y vivir su vida sin que la
sangre tire más.
Aunque su padre quitara la bomba eso no borra que la golpeó y la puso
en esa tesitura aun sabiendo que podría acabar en la cárcel.
No se merecen que pensemos más en ellos. Ahora están todos en
prisión, de donde espero tarden mucho en salir.
Delia ha preparado algo para picar.
—¿Cómo es eso de que has pasado la noche con Arnol? —me pregunta
mi amiga curiosa y yo no necesito más para contarles todo o al menos lo
que se puede contar—. ¿Y ahora tan amigos?
—Sí, eso no sé cómo lo llevaré. Me ha encantando pasar la noche con él
y si antes me gustaba, ahora me chifla. Es perfecto —les reconozco—, pero
no voy a romper mi promesa.
Busco el móvil y me borro de Tinder.
—Hace tiempo que debiste dejar eso —me dice Delia—. Nunca te
mereció nadie de ahí, y sé que hay gente buena —mira a Ryan—, pero no
has tenido la suerte de dar con ellos.
—Ya, creo que soy patética por mendigar amor —confieso—. Anoche,
cuando Arnol me abrazó, sentí algo latir muy fuerte en mi pecho. Siempre
he deseado algo así y como no llegaba a ello, me conformaba con caricias
robadas… He sido una idiota.
—Al menos te has dado cuenta de que tú vales mucho y no mereces
personas que no te valoren —señala Delia.
—Y menos si no te hacen disfrutar como anoche —apunta Ryan.
—¿Y te va a ser fácil la relación con Arnol ahora? —me pregunta Delia.
—No lo creo, pero no me arrepiento. Si esto es todo lo que puedo tener
de él, me alegra haber aceptado.
Nos quedamos a comer con Delia y en el postre se me ocurre algo.
—Tenemos que hacer una fiesta de despedida.
—Me caso dentro de un año —apunta.
—Una fiesta de pre-despedida y luego en un año la despedida oficial.
—No necesito tantas fiestas.
—Anda, no digas que no. Mientras estoy entretenida en hacerte algo
espacial no pienso en mi adonis de culo prieto.
Se ríe.
—Vale, pero recuerda que en dos semanas me marcho de viaje con
Chris.
—Lo tendré en cuenta. ¡Va a ser genial!
Nos ponemos a mirar cosas antes de ver una película en su salón.
Violeta
Reviso todas las cosas para la fiesta. Al final solo somos Delia, yo y un
par de compañeras del trabajo de mi amiga. No ha querido decírselo a la
familia porque esta es la fiesta informal.
Saco a Delia su vestido de princesa y niega con la cabeza.
—¡Ni de coña!
—Te pusiste una polla en la cabeza… ¿No puedes vestirte de princesa?
—Me la puse en un sitio donde nadie me conocía. Aquí tengo que
cortarme un poco.
—Chorradas, y por eso te he traído este vestido tan mono.
—No me puedo creer que vaya a hacer esto.
Agarra el vestido y se lo pone sobre su ropa, dejando claro que, cuando
se canse, se lo quitará. Le pongo la diadema y la banda donde se puede leer:
me caso.
Cuando termina, saco las camisetas que tengo preparadas y me pongo la
mía. Son rosas y hay impresa en cada una de ellas una foto de Delia con una
polla en la cabeza donde pone: esta loca se casa.
—Te mato, Violeta.
Me río.
—Pensé que no la querrías llevar puesta y por eso ya la llevamos
nosotras por ti. Y ahora, vámonos.
Nos marchamos a donde hemos quedado con sus compañeras.
Al llegar les tiendo una camiseta a cada una que no dudan en ponerse.
Delia protesta un poco hasta que nos tomamos la primera ronda. Luego
baila con sus compañeras y saca de dentro su alma fiestera.
Al final acabamos en un pub que está muy bien.
Tras un par de rondas me marcho sola a los servicios.
—Anda, mira a quién tenemos aquí: la calientapollas.
Miro hacia mi izquierda y veo al idiota que rechacé en mi última cita,
cuando me acosté con Arnol.
—No tengo ni ganas de responderte. La mejor arma es la ignorancia y
más con personas como tú.
—¿Personas como yo? —Se ríe—. ¿Y qué me dices de ti? —No le hago
caso—. Siempre serás la tía fácil que me follaría y nunca la novia digna que
me ligaría para formar una familia. Siempre serás una cualquiera. Los tíos
tenemos un radar y sabemos de quién solo conseguir un polvo y a quién
buscar para sentar la cabeza. Tú nunca estarás en ese bando.
Lo ignoro.
Tonta de mí recuerdo que en nuestras conversaciones me preguntó si
quería tener pareja y le dije que sí, que estaba deseando encontrar a alguien
con quien formar una familia.
Ahora mismo me siento muy idiota por confiar en tantos extraños.
Me mira hasta que ve que no reacciono.
Compruebo que esto le da más rabia y al final se marcha. Lo hace justo
en el momento en el que me toca entrar al aseo. Me encierro en él y saco
fuera todo los nervios. Sus palabras me han hecho daño porque en el fondo
siempre lo he pensado, que soy la chica que nadie elegirá; que tristemente
un tío puede hacer lo mismo que yo, pero en las mujeres sigue estando mal
visto. La igualdad llegará cuando un día no tengamos que compararnos
entre hombres y mujeres, solo entre unas personas y otras sin importar el
sexo.
Necesito llorar, pero lo evito porque si lo hago me derrumbaré y esta
noche tiene que ser especial para Delia.
Mientras salgo y las busco, me pregunto con cuántos idiotas como este
último me he acostado; a cuántos les he regalado mi valioso tiempo porque
esperaba algo que no iba a llegar.
Tristemente a muchos.
Hasta que no ha llegado Arnol, nadie se ha tomado el tiempo para
hacerme el amor.
Me siento patética y no puedo evitar pensar en mis padres. En las veces
que hice cosas para que me vieran.
Sigo siendo esa niña que espera ser vista.
Capítulo 10
Violeta
Me paso todo el domingo metida en la cama sin ganas de comer ni de
salir. Delia se fue a su casa y Ryan suele ir a su bola cuando no salgo de mi
dormitorio tras una fiesta, dejándome tranquila.
No he mirado ni el móvil. Solo he salido para ir al aseo y porque no
podía aguantar más. Si no, ni eso.
Tristemente no dejo de pensar en las palabras que me dijo el idiota
anoche. Las escucho en bucle en mi cabeza. La gente piensa que los
psicólogos por su profesión tienen respuestas para todo o pueden
psicoanalizarse, pero me cuesta mucho ayudarme a mí misma. Me es más
fácil mirar al resto y analizarlos. Aunque tampoco soy tan tonta para no
saber que llevo años buscando el cariño que nunca tuve en casa, pero cuesta
aceptar que por eso me he metido en tantos problemas. Aun sabiendo el
foco de mi mal, me he tirado de cabeza siempre.
Escucho unos toques en la puerta y espero que sea Ryan que al no
responderle, se marche. Seguramente se asomará, verá que respiro y se irá
al salón.
Y eso hace: abre la puerta y luego la cierra. Bien, me dejará en paz
durante otro rato.
—¿Se puede saber qué te pasa? —La voz de Arnol me hace pegar un bote
en la cama y me destapo.
Lo miro. Tiene las cejas levantadas y me observa serio.
—Resaca —le digo con la voz tomada por la resaca. En esto no miento.
—Son las ocho de la tarde y seguro que ya ha pasado.
—Eso no lo puedes saber. Cada cuerpo es un mundo.
—Cierto, pero Ryan dice que normalmente cuando tienes resaca sales a
comer algo.
—¿Me estás vigilando?
—No, he estado en casa de Delia y de Chris para llevarle unas cosas a
este último, y Delia comentó que tras volver de los servicios en el pub, te
notó muy decaída. No para de llamarte al teléfono y no se lo coges. Iba a
venir para ver qué te pasaba y le dije que como me quedaba de paso,
vendría yo para comprobar si estabas viva.
—La psicóloga soy yo, no vosotros. Estoy bien.
—Sal y vístete. Nos vamos de paseo.
—No tengo ganas.
—¿Te visto yo?
—Te mueres por verme desnuda de nuevo… pero eso no pasará.
Sonríe.
—En tres segundo lo hago. Uno… dos…
—¡Vale! Eres un pesado.
Salgo de la cama, cojo algo de ropa y me marcho al aseo para
cambiarme. Me duché anoche cuando llegué, porque no me gusta
acostarme con el olor de una noche de fiesta.
Salgo y escucho a Arnol y a Ryan hablando en el salón.
Al llegar Ryan me tiende un sándwich envuelto en papel de aluminio.
—Para la resaca —dice mi amigo.
—Gracias.
Lo abro y me lo como. Estoy hambrienta.
Cojo mi chaqueta fina porque ya estamos en mayo, cuando hay días
muy buenos y días que te mueres de frío.
Vamos hacia el coche de Arnol y, como por su culpa estoy aquí, ni le
pregunto si le molesta que coma dentro del vehículo.
Me lo acabo y Arnol me tiende una botella de agua.
—Gracias.
—De nada. Espero que tengas más hambre porque voy a parar a cenar
en un rato.
—No he comido nada en todo el día. Así que sí, podré comer más.
—Genial.
Seguimos el viaje en silencio hasta que se detiene en un chiringuito
cerca de una playa que queda a una hora de la ciudad de donde vivimos. En
verano he venido varias veces con Delia y Ryan a pasar el día.
Nos sentamos en una mesa y pedimos algo de picar observando el
tranquilo mar.
—Siempre que algo me preocupa, observar la intensidad del mar me
tranquiliza —me dice mientras cenamos. No han tardado mucho en
traernos los platos, sobre todo los fríos.
—Me pasa lo mismo.
—¿Me vas a contar qué te sucede?
—No sé si quiero.
—Sabes mejor que nadie que no es bueno esconderse las cosas. Siempre
es bueno hablarlas con un amigo. Vamos, me encantaría escucharte.
Noto que lo dice de verdad.
—Vale. —Doy un trago a mi bebida y como algo antes de hablar—.
Anoche, mientras esperaba en el aseo del pub, me encontré con mi última
cita del Tinder. Ya sabes quién es. —Asiente—. Sigue molesto porque lo
rechazara y bueno, entre otras cosas dijo algo que en el fondo yo ya sabía:
que cuando un tío quiere una novia no se va con una que parece solo querer
sexo.
—¿De verdad piensas así?
—Tristemente siempre lo he dado todo con mucha facilidad porque
esperaba que así se me conociera; que si no existían trabas, pudieran ver
algo bueno en mí… pero eso nunca ha llegado. No hace falta ser muy listo
para saber que he regalado demasiados favores por nada. Me siento muy
idiota, porque si hubiera disfrutado del sexo, pues se hubiera compensado,
pero hasta que no llegaste no me di cuenta de la diferencia entre disfrutar y
no hacerlo.
»Llevo así toda la vida —le suelto—. Mis padres no me querían tener.
Son personas de negocios y andan muy liados, pero entonces mi madre se
quedó embarazada. Me tuvieron a cambio de no hacerme nunca caso y que
me criara una niñera diferente en cada ciudad a la que nos trasladábamos.
Al principio recuerdo sacar buenas notas para que me alabaran. Luego me
porté mal en clase al ver que no les importaba. Me acosté con el primer tío
en mi casa solo para ver si así, me decían algo. Nada. Ni aun sabiendo que
era el jardinero y me sacaba diez años, movieron un dedo.
—Pues vaya padres.
—Sí y yo sé como soy. No quiero cambiar. Sé que tengo cosas buenas,
pero me da miedo que mi fama haga que nadie se tome tiempo para
conocerme más allá de mis descalificativos.
—Lo dudo mucho. Eres lista, alegre, loca, imaginativa y sé que eres
amiga de tus amigos hasta la muerte. Si alguien se sintiera atraído por ti, no
dudaría en quererlo saber todo de ti.
Me pierdo en sus ojos y al final lo abrazo.
No tarda en devolverme el gesto.
—Abrazo de amigos —puntualizo, aunque en realidad no lo siento
como un amigo.
Mi piel clama la suya y mi boca echa de menos el calor de sus besos, y
por eso me separo con rapidez, para que no note los acelerados latidos de
mi corazón.
—La gente siempre hablará de ti. O aprendes a vivir con los envidiosos
o no podrás vivir en paz.
—Eso es cierto. Lo peor es que la semana que viene tengo que ir a casa
de mis padres a su doble cumpleaños. Nacieron el mismo día y lo celebran
en una gran fiesta en casa. Les hice prometer que viviría mi vida sin que se
metieran en ella, como si lo fueran hacer alguna vez, si acudía a sus
cumpleaños. No he roto la promesa hasta ahora, pero no me apetece ir.
—¿Y puedes llevar amigos?
—Sí, pero Delia se va con Chris de viaje y Ryan con su familia. Por eso
no se lo he pedido a ninguno.
—¿Y yo? —Lo miro sin entender—. ¿Que si puedo ir yo contigo?
Lo miro sin dar crédito a sus palabras.
Un viaje con Arnol suena increíble. El problema es que debo recordar
que por mucho que quiera algo más con él, Arnol no lo desea.
Pienso en su ofrecimiento y al final asiento, porque siempre poco es
mejor que nada, y prefiero tenerlo como amigo aunque cueste, a no tener
nada.
—Vale, te pasaré todos los datos.
—Podemos ir en mi coche si quieres y así vas más tranquila.
—Sí, mejor porque me pone nerviosa ver a mis padres, no saber qué
esperar de ellos.
—Bueno, estaré para hacerte compañía.
—Sí, y una cosa más… ¿Tienes esmoquin?
—Tengo —afirma con una sonrisilla—. Me ha tocado ir a varias fiestas
como acompañante de Chris y por eso tengo varios.
Asiento y le pregunto:
—¿Echas de menos la acción? Ya sé que dijiste que no, pero ha pasado
más tiempo.
—No, nada. Me gusta mucho mi trabajo en el gimnasio.
—¡Qué envidia!
—Ya te saldrá algo que te guste.
—Soy joven. Eso seguro.
Seguimos cenando y al acabar propone ir a dar un paseo por la playa.
Andamos por la arena, e intento pensar que solo es un paseo entre
amigos, pero cada vez que nos tocamos sin querer, se activa algo en mí.
Me encanta este hombre. No sé si llamarlo enamoramiento, pero sí esa
magia que te funde los circuitos y te hace desear estar a su lado a todas
horas, y cuando no lo estás, no puedes dejar de pensar en el próximo
encuentro.
Arnol me hace sentir cosas que nadie me ha transmitido y me asusta por
si esto un día se convierte en amor, cuando tengo que ser solo su amiga.
Observo el mar y sin pensarlo mucho me quito los zapatos, me
arremango los pantalones y me mojo los pies.
—Tiene que estar helada.
—Sí, pero solo al principio. Está deliciosa.
—No pienso probarla. Confío en ti.
Me río.
Se sienta en la arena mientras yo dejo que el agua del mar acaricie mis
pies. Me relajo mucho y poco a poco noto que tengo el control de mi vida.
No pienso cambiar por nadie. Me gusta como soy y si soy alguien que no
puede tener una pareja, debo aceptarlo en vez de seguir haciéndome daño
con personas que no me merecen.
Ojalá no le tuviera tanto miedo a la soledad. Si lo hago es porque sé lo
que se siente al estar sola, y no me gusta.
Me siento al lado de Arnol.
—No pienso cambiar por nadie.
—No tienes que hacerlo. Eres genial tal como eres.
—Tú tampoco estás mal. —Se ríe.
Me encanta su risa, ronca y sensual.
Nos quedamos un rato hasta que se levanta aire y regresamos al coche.
De vuelta no puedo dejar de pensar en que vendrá conmigo para ver a
mis padres. No sé qué puede salir de esta viaje, pero tengo claro que me
muero por vivirlo a su lado.
Por primera vez lo de ir a casa de mis padres no me agobia tanto como
siempre.
Capítulo 11
Arnol
Preparo todo para el viaje. Me he cogido el viernes libre.
Violeta me comentó que teníamos que salir el jueves por la tarde para
así estar en casa de sus padres el viernes.
Acepté y ahora estoy terminando de guardar la maleta y mis cosas para
el viaje en mi coche. Una vez listo me monto y voy a buscarla.
Al llegar está en la puerta con Ryan que la ayuda a cargar la maleta en el
maletero tras saludarme.
—Pasadlo bien —nos desea Ryan.
—Genial, pienso disfrutar con el catering y el buen vino de mi padre —
responde Violeta una vez ha entrado en el coche.
Nos ponemos en marcha. El viaje es largo y quiero llegar antes de que
sea muy de noche.
—¿Qué saben Ryan y Delia de tus padres? —indago.
—Solo que son especiales, pero no les he contado que me ignoran.
Cuesta contar algo así.
—A mí me lo contaste.
—Ya, a mí también me sorprendió hablarte tan clara sobre eso. Pero me
alegro de haberlo hecho, porque lo vas a vivir en tus propias carnes.
Hubiera sido raro llegar y verlos siempre con el móvil o el ordenador sin
mirarte.
—¿Y qué les has dicho que soy para ti?
—Un amigo. Así te han preparado un cuarto solo para ti.
—Bien, pero no me hubiera importado mentir y decir que somos algo
más.
—Ya, pero da igual lo que les diga. No te van a ver.
Violeta me lo pinta todo de una forma que me crea curiosidad. Los
describe como dos robots presos del trabajo que no son capaces de mirar
más allá de sus pantallas.
Pronto descubriré la verdad.
Hablamos un poco de todo durante el viaje. Tenemos gustos muy
parecidos en cuanto a películas y series que solemos ver. Comentamos la
última, y no puedo evitar imaginarnos a los dos juntos en mi sofá viendo
alguna.
La idea no me desagrada la verdad.
Llegamos a su casa para la cena. La vivienda en realidad es una finca con
grandes jardines y plantaciones.
—La casa tenía muchas tierras buenas para cultivo. Mis padres
mandaron plantar cosas que venden en los mercados, pero no es su trabajo
oficial.
—Se nota que tienen dinero.
—Sí, son muy excéntricos.
Llegamos a la entrada donde hay una fuente bastante rara que no ha
debido ser barata.
Meto el coche en el garaje y al salir del vehículo nos espera un
mayordomo y unas mujeres. Todos vestidos con uniforme. Nos ayudan con
las maletas y nos llevan a nuestras habitaciones.
La mía está al lado de la de Victoria en la planta alta de la vivienda.
De camino me he fijado en el lujo de la casa. Suelos de mármol, paredes
llenas de cuadros…
—La cena estará lista en diez minutos —nos informa el mayordomo
antes de marcharse.
Miro a Violeta en la puerta de mi cuarto.
—Esta era mi casa cuando nací. Han regresado a ella. Sigue siendo igual
de grande y fría.
—¿Y ese era tu cuarto? —pregunto señalando su puerta.
—Sí, bien lejos de mis padres para que pudieran dormir. Te dejo
cambiarte. Nos vemos ahora.
Entra a su dormitorio y hago lo mismo.
Me aseo y me cambio de ropa para la cena.
Al salir, Violeta me espera apoyada en la pared del pasillo frente a mi
cuarto. Se ha puesto un sencillo vestido de media manga azul marino que
realza su figura.
Me cuesta mucho no mirarla con deseo, no dejar que mi mirada vague
por sus curvas, olvidar a qué saben sus besos.
Vamos hacia el salón donde será la cena.
Noto a Violeta inquieta y busco su mano para entrelazar mis dedos con
los de ella para infundirle fuerza.
Al llegar veo a sus padres sentados a la mesa con un par de ordenadores
cada uno y hablando por el móvil. Tristemente son como los imaginé: fríos
y egocéntricos.
—Hola —dice Violeta y sus padres la saludan sin levantar la vista de sus
ordenadores—. Este es Arnol. Un amigo.
—Encantados —señala su padre sin mirarme—. La cena no tardará en
venir. Sentaos.
No me dedica una sola mirada y por eso paso de decirles nada más.
He conocido muchas personas así cuando viajaba con Chris. Se creen
que el dinero lo es todo en la vida y a más dinero más tienes.
Se equivocan.
Me siento al lado de Violeta en el otro extremo de la mesa.
La cena está deliciosa. Violeta y yo hablamos sobre ello, y acabamos
riendo por algo que le cuento, pero ni las escandalosas risas de su hija
alteran a sus padres.
Violeta es atenta con la gente que nos sirve, a diferencia de sus padres
que los ignoran, como a su hija.
En toda la cena no le preguntan nada y, aunque Violeta sonríe, he visto
como los miraba en más de una ocasión.
La imagino de niña en una gran mesa como esta, viendo a sus padres
tan cerca y tan lejos a la vez. Haciendo cosas para llamar su atención; cosas
que la han marcado porque no las hace porque las desee, sino por ellos.
Como buscar cariño en gente que no la merece. En el fondo solo quiere
llenar el vacío de años de soledad al lado de estas personas que no nacieron
para ser padres.
Le sugiero tomarnos el postre en mi habitación viendo la tele y acepta.
Los trabajadores nos lo llevan allí.
Tras darles las gracias, se marchan.
Violeta se acerca a su cuarto para ponerse el pijama y yo también me
pongo ropa cómoda.
Me asomo por la ventana mientras la espero y veo una gran piscina en
el jardín al lado de un jacuzzi rodeado de maderas.
Violeta entra y se pone a mi lado para mirar por la ventana.
—Mañana si quieres nos damos un baño en el jacuzzi.
—Por mí perfecto —le indico—. No ha debido de ser fácil vivir aquí.
—No, la verdad, y te pareceré una tonta, pero en el fondo siempre
espero que me miren. No sé qué más necesito para dejar de esperar algo
que no llegará. Te debo parecer patética.
—Adorable. Nunca patética. —Sonríe.
Nos miramos a los ojos. El momento se hace más intenso a cada
segundo que pasa y por eso le sugiero que comamos el postre mientras
elegimos una serie para ver.
Nos acomodamos en el sofá a ver una que seguimos los dos y de la que
acaban de subir su segunda temporada. Me giro para mirarla, para
comentarle una cosa, y observo que se le ha quedado chocolate en el labio.
La miro con deseo.
El latigazo que siento me pilla desprevenido. Quiero besarla, robar el
dulce sabor de sus labios y joder…, quiero hacer miles de cosas con ella en la
cama.
Violeta se gira ajena a mis pensamientos. Abre la boca para hablar hasta
que lee el deseo que hay en mis ojos y noto como traga con dificultad,
apretando los puños sobre la manta fina que nos hemos puesto por encima
de los pies.
Me desea, me quiere besar, y no hacerlo es un tormento.
—Tengo sueño… un viaje largo —lo dice como excusa y tal vez para no
romper la promesa que me hizo—. Mañana podemos dar un paseo por la
ciudad.
—Me parece bien. Buenas noches, Violeta.
—Buenas noches, Arnol.
Su forma de decir mi nombre me enciende y sé que debo detener esta
locura o acabaremos mal.
Violeta
Me dejo caer sobre la puerta de mi cama. El corazón me late acelerado y
noto el deseo correr con fuerza por mis venas.
Arnol deseaba besarme y yo deseaba que lo hiciera, que mandara
nuestra promesa bien lejos y nos perdiéramos el uno en el otro, pero le
prometí que no haría nada, y por eso he preferido irme antes de romper
nuestro acuerdo.
Si me vuelve a mirar de esa forma, no sé si podré resistirme.
Lo deseo demasiado.
Capítulo 12
Violeta
Bajo temprano a desayunar para esperar a mis padres en la mesa del
salón donde hay un amplio desayuno.
—Buenos días —le digo al verlos.
—Buenas… —indica mi padre antes de hacer una llamada.
Mi madre solo asiente con la cabeza.
Pierdo el hambre. No tengo ganas de comer. Al final me quedo mirando
como comen antes de irse.
Ya sola me siento muy tonta.
—Buenos días. —Arnol me da un dulce beso en la mejilla antes de
sentarse a mi lado.
Su beso calienta el frío que me han dejado mis progenitores, y sé que lo
ha hecho por eso.
—¡Qué beso más sabroso! Buenos días. —Le sonrío queriendo ocultar
mi pesar.
—Ha estado bien —me responde y se sirve el desayuno.
Yo trato de comer, pero no me entra nada y por la insistencia de Arnol
me tomo una manzanilla antes de irnos.
Mis padres nos informan que no vendrán ni a comer ni a cenar y nos
indican que le digamos al servicio lo que queremos de comida y cena.
—Para comer podéis dejar cualquier cosa hecha —le digo—, y luego
podéis tomaros todos la tarde libre.
El mayordomo me estudia un segundo antes de asentir. No voy a
tenerlos a todos tras de mí por una cena, si mis padres no están. Es a ellos a
los que les gusta que le sirvan o estén pendientes de sus copas y vasos.
Recogemos nuestras cosas tras cambiarnos y nos vamos andando a la
ciudad.
—Si no recuerdo mal, hoy es día de mercadillo —le comento ilusionada
tratando de olvidarme por completo de mis padres.
—He ido a algunos con mis padres de pequeño.
—Son geniales. Me encanta pasear por el pasillo de verduras y respirar
el aroma, o rebuscar entre la ropa. Siempre encuentro verdaderas gangas.
Luego tenemos que ir a elegir mi vestido para mañana. Mi madre me dijo
por e-mail dónde tenía que ir a elegir uno.
—¿Y recordaba tu correo? —bromea.
—Seguro que lo envió su secretaria —le respondo—. Me da igual. Hoy
es nuestro día para disfrutar de este lugar.
Estamos llegando a las calles donde está el mercadillo y veo que sigue
puesto, como cada viernes.
Nos adentramos entre sus calles. Miro todo, lo toco casi todo y me
compro algunas cosas. A Arnol le pruebo un gorro y por su cara seria sé que
no le gusta.
Me río mientras se lo quito.
—La verdad es que no te quedaba bien.
—Querías que hiciera el ridículo. —Asiento—. Eres mala.
Me río y tiro de su mano para ir al pasillo de las frutas. Compramos
algunas de ellas y nos las vamos comiendo mientras compramos. Siempre
me ha parecido distinta la comida comprada en los mercadillos comparada
con la de los supermercados. Esta tiene un sabor especial, como si antes de
llegar a nuestras manos fuera mimada por sus dueños queriendo conservar
el sabor original. Cuando se fabrican las cosas en masa se pierde sin querer
la originalidad del producto. Ese sabor que lo hace único y especial.
Al acabar estoy cansada y me sigue doliendo el estómago, pero lo
atribuyo a los nervios.
Entramos a la tienda y al decirles quién soy, me señalan los vestidos que
mi madre me ha elegido.
Son todos preciosos. Mi madre tiene buen gusto y parece que se sabe
hasta mi talla. Con lo poco que me mira hasta me sorprende.
—Voy a probármelos —informo a Arnol.
Se sienta en un cómodo sofá frente al probador. Cuando salgo con el
primero puesto, observo que le han dado champán para beber.
—¿Qué te parece?
—A ti no te gusta —adivina sin más.
—La verdad es que no.
Me quito el primer vestido, con el que parecía un caro saco de patatas.
No me hacía formas y el color a tierra no me sentaba bien.
El siguiente no está mal; queda mejor puesto.
Arnol solo dice que no se me nota muy convencida.
—Es que este color rojo regla no sé si me gusta. —Se ríe—. No es el rojo
pasión que te queda bien. Es un rojo sangre… muy feo.
—Ahora que lo dices es un poco raro. Me recuerda a las capas de los
vampiros. —Me río.
El siguiente me queda horrible y cuando salgo le digo que me encanta
solo para ver si me da la razón.
—Si tú quieres llevar ese, te apoyaré, pero dudo que te haga justicia.
—Te estaba poniendo a prueba. Es horrible.
—Y tú muy mala.
Me río y entro al probador de nuevo.
Decido ponerme mi preferido desde el principio. Un precioso vestido
en color oro con la espalda al aire y de largo por debajo de las rodillas con
un poco de vuelo. Me recojo el pelo como puedo y salgo haciendo un
pequeño desfile.
Arnol no dice nada, pero, por su mirada, sé que le gusta lo que ve. Me
pongo ante él y le cojo de la camiseta para acercarme a su oído.
—¿A que te gusta?
Sonríe y cuando me aparto asiente.
—Te queda muy bien.
—Era mi preferido desde el principio.
—¿Y has hecho que me trague muchos más?
—Era por si no me gustaba, tener un plan B.
—Cuando algo te gusta y es para ti, lo sabes a la primera. No necesitas
plan B.
Lo miro y sé que tiene razón. Con él no necesito un plan B para saber
que lucharía por lo nuestro. Cuanto más lo conozco, más cerca estoy de
enamorarme perdidamente de él.
—Cierto —le indico refiriéndome a él.
Entro al vestuario notando el corazón acelerado y, mientras me quito la
ropa, me vuelve a dar ese molesto dolor por los nervios. Es mejor que me
tranquilice porque ahora mismo siento hasta pinchazos.
Llevarán mi vestido a mi casa junto con unos zapatos a juego que me
han aconsejado.
Damos una vuelta por la ciudad y llegamos hasta el que fue mi primero
colegio.
Le cuento anécdotas mías de pequeña.
—En realidad, era muy revoltosa. Siempre me metía en líos.
—Querías que te hicieran caso.
—Totalmente, pero ahora lo pienso y me da pena por los profesores.
Una vez puse pegamento en todos los grifos y los abrí. El agua acabó
saliendo por otro lado… Otra llené de tierra los váteres como si fuera
mierda… Los niños gritaron. Nunca me sentí feliz con mis trastadas. Solo
esperaba el momento en que llamaran a mis padres.
—Y no te hacían caso.
—Solo decían que eso no se hacía, y que me fuera a mi cuarto a pensar.
Estaban tan ocupados con su trabajo que no tenían ni tiempo para
regañarme.
—Y eso hacía que tú te metieras en más problemas.
—Me puse un piercing en la lengua con doce años. Se me infectó y me lo
tuve que quitar. Me di mi primer beso con diez, a uno mayor. Siempre
sentía que deseaba gritar. Vivía enfadada con el mundo… pero he cambiado.
—No lo creo —me responde—. Te he visto cómo los miras. Sigues
esperando que te vean —me dice sincero.
—Son mis padres. ¿Es tan raro que quiera que me hagan caso?
—No, pero eres adulta. Ya no eres esa niña que hacía todas esas cosas sin
consecuencias. Ahora sabes que tus decisiones tienen consecuencias que te
lastiman a ti, y solo por eso merece la pena que de una vez aceptes que para
ellos no eres lo más importante.
Noto los ojos llenos de lágrimas y Arnol me abraza con cariño. Sus
palabras han sido muy duras, pero lo triste es que sé que tiene razón.
Me quedo quieta entre sus brazos aspirando su aroma y disfrutando de
este placer de tenerlo tan cerca. Por un momento me olvido de nuestra
promesa y solo disfruto.
Capítulo 13
Arnol
Tras mi abrazo nos ponemos en marcha. No sé en qué pensaba o sí… En
estar a su lado. Cuanto más tiempo paso con ella, más difícil se me hace
ignorarla.
Todo sería más fácil si en sus ojos no viera cómo me desea. Que no haga
nada, me gusta, porque me hace ver lo fiel que es a su palabra. Me hace
confiar en ella.
Andamos de regreso.
Violeta me mira y abre la boca, pero luego calla.
—¿Se puede saber qué quieres preguntarme?
—No sé si es meterme donde no me importa.
—Seguramente…, pero eres así. No cambies por mí.
—Eso es cierto. Soy una cotilla por naturaleza. —Sonríe con picardía—.
¿Por qué no quieres arriesgarte a enamorarte? No hace falta ser muy listo
para saber que si solo quieres una noche con alguien, es porque no quieres
una segunda que te haga poder sentir algo por esa persona.
—Me preguntaba cuánto tardarías en hacerme esa pregunta.
—He aguantado lo mío.
—Y eso me sorprende, la verdad.
—Si no me lo quieres contar…
—Da igual. No es un secreto —le indico—. Antes de empezar a trabajar
para Chris como guardaespaldas y seguirlo por todos lados, estuve a punto
de casarme.
—Eras muy joven.
—Ya, pero estaba enamorado —le digo—. La quería mucho. Era todo mi
mundo. No había semana que no le hiciera algo especial. Una cena, un ramo
de flores olvidado en su sitio en el coche… Era uno de esos idiotas que
regalaba globos, flores y tontas tarjetas de amor.
—No creo que eso sea de idiota. Nunca he recibido una, pero creo que,
de hacerlo, pensaría que es de valientes.
—De gilipollas —le suelto tajante—. Le pedí matrimonio haciendo un
baile en un centro comercial, donde varias personas se pusieron a bailar
conmigo. Una flashmob… —Se calla unos segundos como si lo recordara y al
poco prosigue—: Me aprendí los pasos de su película favorita por ella.
—¿Tienes el vídeo? —La fulmino con la mirada—. Tuvo que ser genial.
—Odié cada segundo de ese instante hasta que me dijo que sí. Lo tenía
todo, Violeta. Era feliz a su lado.
—Y entonces te puso los cuernos.
—No, me dijo que se había dado cuenta de que no me quería como yo a
ella. Según ella, estaba a mi lado porque quería ser para mí todo lo que yo
deseaba que fuera, porque era tan bueno, tan atento, tan perfecto… que sabía
que dejarme escapar era de estúpidas, pero que se había dado cuenta de que
no me amaba. Solo había fingido que lo hacía por si un día era verdad.
—Menuda capulla.
La miro divertido.
—Me sentí muy idiota. De verdad creía que ella sentía lo mismo, y saber
que todas las veces que me dijo que me quería era por si un día lo sentía, me
hizo sentir muy tonto. Entonces odié todas esas chorradas románticas. Les
cogí asco y supe que no quería pasar más por eso. No quería enamorarme
porque lo triste es que tal vez nunca creería que un te quiero es de verdad.
—Es que vaya idiota. Creo que hubiera sido mejor que te hubiera puesto
los cuernos, pero que te engañara tanto tiempo, te hizo mella. Sabes que
solo podrás superar ese momento cuando hagas todo eso por alguien,
¿verdad? Cuando te arriesgues a amar.
—Y ahora me habla mi amiga la psicóloga —señalo divertido.
—Y sin cobrarte, que otros pagan por eso. —Sonríe—. Creo que tienes
que dejarte amar porque, aunque no quieras, el amor no se elige. Un día
llegará a tu vida y solo tú podrás decidir si quieres arriesgarte a perder tras
luchar o perder sin hacer nada. Va a doler igual, pero al menos lo habrás
intentado.
—¿Como haces tú con tus padres?
—Pues sí… o con todos esos tíos. Creo en el amor. En que un día alguien
no tendrá ni miedo ni vergüenza a hacer el ridículo por mí, y por eso a
veces cometo errores. Pero al menos lo intento. Aunque ahora sé que debo
luchar solo por quien me guste de verdad. —Sonrío—. Si vives preso a unas
ideas marcadas, te estás perdiendo cientos de cosas maravillosas que te
brinda la vida. Deberías dejarte llevar. Las cosas sucederán quieras tú o no.
Llegamos a la casa de sus padres y le sugiero ir a prepararnos para la
comida.
Soy consciente de que lo uso como excusa, pero no es fácil admitir en
alto que vivo la vida comprimido por mis ideas, porque sé lo que duele
perder. He olvidado a mi ex, pero no lo que me costó superar aquello.
No hay nada de malo en no querer pasar por eso otra vez y si para eso
tengo que vivir con unas reglas, es lo que hay.
Violeta
Pienso en la historia de Arnol mientras lo espero para comer en una
mesa junto al jardín. He pedido que nos dejen la comida en un carro y ya la
iremos sirviendo nosotros.
Ahora estoy sola sentada observando la piscina.
Me cuesta imaginarme a Arnol haciendo todas esas cosas por una
persona. Ella debió de haberlo parado. No se puede forzar el amor. Algo que
yo debería también comprender de una vez.
Si sigo con la esperanza abierta con mis padres es porque son mis
progenitores y sigo esperando que cambien.
Pensar en ellos me da angustia. Miro la comida y siento ganas de
vomitar. No estoy embarazada porque he tenido la regla hace poco y desde
entonces no me he acostado con nadie. Más bien desde Arnol.
Este se acerca para comer tan increíblemente guapo como siempre.
Cuesta mirarlo recordando que no debe saber lo que me gusta. Me da
miedo que de saberlo se aleje de mí.
—Te propongo plan para esta tarde —le comento mientras comemos y
espera a que siga—. Película romántica en el cine.
—¿Para reírte de mí?
—Claro, así te preguntaré qué cosas hiciste. Anda di que sí que quiero
reírme…
—A mi costa. —Me río y asiento—. Vale, pero no te prometo que te
cuente las cosas que realicé.
Vemos las sesiones de cine y para la comedia romántica solo hay una
sesión a las cuatro de la tarde.
Comemos rápido y nos marchamos al cine. Antes de irme les insisto a
los empleados de la casa para que se tomen la tarde libre, que no se
preocupen por mis padres. Les diré que me sirvieron una cena espectacular.
Mis progenitores no son de dar días libres, y por eso lo hago. Para que
tengan un descanso que seguro se merecen.
Nos sentamos en la sala del cine con palomitas y bebida que no sé cómo
me entran tras lo que hemos comido.
La película es chula. Te ríes y más porque me imagino a Arnol como
protagonista haciendo mil y una cosa por la actriz central.
—La verdad es que si solo uno de los dos da en una relación, es que las
cosas no van bien —le digo al oído, cosa que es un gran error porque su piel
y su perfume me tientan—. En eso nos parecemos. Siempre hemos dado
más que el otro.
—Eso es cierto. —Se gira y nuestros labios se quedan tan cerca que su
aliento me acaricia.
Deseo que me bese tanto que aprieto mis puños hasta que noto como
las uñas se me clavan.
Arnol se pone serio antes de apartarse y centrarse en la pantalla.
El resto de la película lo vemos en un tenso e incómodo silencio.
Entre los dos sigue habiendo una tremenda carga sexual y no sé cuánto
tiempo podremos ignorarla.
Capítulo 14
Arnol
Llegamos a casa de los padres de Violeta tras cenar algo en el centro
comercial.
Esta abre la puerta y dice que estamos solos.
—¡Qué silencio! —añade—. ¿Te apetece un baño en el jacuzzi?
La miro y, aunque sé que es tentar a la suerte, acepto. Espero que diga
de ir a ponernos el bañador, pero no, sale hacia el jardín y se empieza a
quitar la ropa hasta que queda en ropa interior.
Lo hace de forma natural. No pretende seducirme, pero su cuerpo me
tienta. Me tienta demasiado.
Lo prepara todo mientras me quito la ropa. Se mete sin mirarme, y
cuando lo hace, la rodean cientos de burbujas que le hacen cosquillas. Se ríe.
Su risa es sincera, de esas que se contagian.
Me meto con ella. Lo hago frente a ella porque no sé si de estar cerca
podré seguir resistiéndome.
Esta tarde en el cine me costó mucho no dejarme llevar.
—Esto es muy relajante, y me está haciendo cosquillas en muchos
lugares. ¿Crees que puedes tener un orgasmo con las burbujas del jacuzzi? —
lo pregunta de verdad como amigos, pero imaginar esas burbujas
acariciando su cuerpo es demasiado para mí.
—Alguien me ha dicho que para avanzar tengo que romper mis reglas
—le indico cerca de ella—. Quiero empezar con esta.
Cojo su cara entre mis manos y la beso.
Devoro su boca como llevo deseando hacer desde hace días.
Tiro de ella hasta que acaba sentada sobre mis piernas y me rodea con
ellas haciendo que nuestros sexos se toquen.
Estoy ardiendo.
Necesito más.
Tiro de su sujetador hasta liberar sus pechos.
La alzo para llevármelos a la boca y se retuerce.
Es muy receptiva. No sé cómo nadie se ha tomado nunca tiempo en
amar su cuerpo, pero tristemente hay mucho egoísta suelto por el mundo
que creen que tu propio placer es sinónimo de disfrutar los dos.
Los degusto con calma antes de sacarla del todo del jacuzzi para sentarla
en el borde.
Necesito más de ella.
Tiro de sus braguitas mojadas y empiezo a darle besos por el interior de
los muslos. Sus manos se enredan en mi pelo y cuando llego a su sexo, justo
cuando mi aliento la acaricia, me pega un pequeño tirón que lejos de
dolerme, me excita.
Paso mis dedos por su húmedo sexo antes de acercarme para acariciarlo
con mi lengua. Su sabor me encanta. Hace que no pueda parar de explorar
este lugar que esconde tanto placer.
Acaricio con mi lengua su clítoris antes de meter en su interior un par
de dedos.
Le hago el amor con la boca y mi mano, deteniéndome cuando está a
punto.
—Eres malo —me dice mientras salgo del jacuzzi.
La cojo en brazos y vamos hacia el dormitorio sin dejar de besarnos
hasta que la dejo con cuidado sobre mi cama.
Me separo solo para buscar un condón que me pongo con rapidez
ansiando estar ya dentro de ella.
Sumerjo mi sexo en el suyo y me quedo quieto un segundo atesorando
este placer del que me he privado tantos días por mi regla.
Busco su boca mientras entro y salgo de ella.
Giro en la cama y la dejo sobre mí.
Apoya sus manos en mi pecho y sube y baja para conseguir el máximo
placer.
Busco su sexo y acaricio su duro botón con una mano, mientras la otra
la llevo a su cintura.
Su orgasmo hace que el mío no pueda esperar más una vez que lo siento
latir en mi sexo, y nos corremos juntos.
Cae agotada sobre mi pecho.
Nos abrazamos con fuerza.
Sé que este no será el último, porque aún no tengo suficiente de ella.
Capítulo 15
Violeta
Me despierto entre los brazos de Arnol.
Estamos en mi cama porque la suya quedó empapada.
No me muevo porque quiero disfrutar de este momento. Algo que
nunca he vivido con nadie salvo con él.
Sabía que me faltaban cosas por conocer del sexo, pero no tantas. A su
lado estoy descubriendo un mundo del que creía saberlo todo. Está claro
que en la vida la clave está siempre no en la cantidad, sino en la calidad.
Escucho revuelo en la casa y al final tengo que moverme.
Giro y lo pillo mirándome.
—Buenos días —le saludo.
—Buenos días —me responde antes de darme un beso—. No sé si estoy
preparado para el lío que parece estarse montando fuera. ¿Nos fugamos?
—Me apunto a lo de irnos y volver para la cena.
Le doy un beso rápido o esa era mi intención porque al sentir sus labios,
quiero más.
Hacemos el amor en silencio antes de conseguir salir de la cama.
Nos duchamos y nos cambiamos antes de bajar a por algo para
desayunar.
Mis padres están en la mesa y cuando les deseamos buenos días, además
de un feliz cumpleaños, solo mueven la cabeza o levantan la mano para no
dejar de hablar o teclear con el móvil.
—¿Te has preguntado si son robots enviados de otra galaxia? —me
interroga Arnol y eso hace que me ría a carcajadas hasta que me duele el
estómago y tengo parar.
—Visto que ni se han inmutado, apuesto a que sí. Lo mismo soy
extraterrestre.
—Te he explorado bien y no, no lo eres —me lo dice con picardía y sus
palabras me encienden.
Que haya bajado la guardia me encanta y espero recordar que no está
aquí para quedarse, que solo me desea y nada más.
Terminamos de desayunar y me informa el mayordomo de la hora a la
que pasará la peluquera y la maquilladora antes para que esté a tiempo.
Damos un paseo por la ciudad y acabamos comiendo en un restaurante
que tiene muy buenas críticas en internet.
Yo le dejo mi opinión al acabar porque todo ha estado delicioso y los
dueños nos han tratado con mucho cariño.
De vuelta a la casa me siento cansada y con ganas de vomitar una vez
más.
Me detengo y tomo aire.
—¿Qué te pasa?
—Nada, los nervios por esta fiesta…
—Si quieres nos volvemos a nuestra casa ya.
—No, estoy mejor.
Arnol me mira preocupado. Coge mi mano y andamos hasta la casa de
mis padres. Me encanta ver nuestras manos juntas. No puedo negar más que
me estoy pillando por él, que daría lo que fuera porque pudiéramos intentar
ser algo más.
Con él todo está siendo diferente. A su lado no finjo nada. Solo soy yo y
es increíble estar al lado de alguien que te da la libertad de ser tú mismo sin
miedo porque conoce cada parte de ti.
Llegamos a la casa y me dicen que ya me espera el maquillador y la
peluquera.
Desde este instante todo es un caos.
Mis nervios se acentúan en mi cuerpo y casi me duele hasta respirar.
Miro al espejo ya con el vestido puesto y me encanta como me han
dejado. Si no fuera porque es para la fiesta de cumpleaños de mis padres,
estaría más feliz con el resultado.
Salgo y veo a Arnol en la puerta con su esmoquin puesto. Le queda de
maravilla.
Me acerco a su lado y toco su pajarita.
—¿Y si nos quedamos encerrados en el cuarto?
—Lo que tú quieras, lo haré.
—Eso suena a proposición indecente. —Se ríe y le doy un beso rápido
en la boca—. Tenemos que bajar.
—Temía que dirías eso y por cierto, estás preciosa, como siempre.
—Gracias. Tú estás jodidamente sexi y eso me hace odiar tener que
bajar. No poder quitarte la ropa poco a poco.
Se ríe de nuevo.
—Luego seré todo tuyo.
Asiento feliz de que esto no haya acabado y aún nos quede un luego.
Bajamos al salón y, tras saludar a mis padres, vamos hacia la mesa de
bebidas.
La gente no sabe quién soy y por eso me tratan como a una invitada
más. Nadie se acerca a saludarnos.
En la casa no hay ni una foto de mí. Solo hay fotografías de mis padres
posando en sus viajes junto a sus caros cuadros.
No tiene que afectarme, porque es lo de siempre, pero el dolor que
siento estos días no se va.
Cuando nos sentamos a cenar no me entra nada.
No soy capaz de ver la comida sin querer vomitar.
—Si quieres, nos marchamos ya —me susurra Arnol al oído.
—No, puedo aguantar un poco más, pero de esta me sale una úlcera.
—No tienes que aguantar nada.
—Quiero bailar contigo —le confieso—. Luego podemos irnos.
—Vale.
La cena termina y pasamos al postre.
Mis padres bailan juntos los primeros para abrir el baile. Se nota, por
cómo se miran, que se aman.
Me invade la tristeza de que tengan tanto amor para dar y no les haya
sobrado un poco para mí.
—¿Y si tengo un día un hijo y soy como ellos? —pregunto a Arnol.
—Lo dudo mucho. A ti te sobra amor que dar. No eres como ellos.
—Gracias.
—De nada. Solo digo la verdad.
Mis padres acaban de bailar y se van con sus amigos.
La música sigue y algunas personas se animan a bailar en la improvisada
pista de baile.
Arnol tira de mí y pasa mis manos por su cuello. Siento las suyas en mi
cintura.
Bailamos sin dejar de mirarnos a los ojos por un segundo y me olvido
que debo fingir que no me gusta.
Bailamos un par de piezas antes de irnos a mi dormitorio. No me
despido de mis padres y ellos tristemente tampoco se darán cuenta de que
nos vamos.
Al entrar en la habitación, la música se cuela por las paredes.
Arnol tira de mí para bailar una balada más, solo que esta vez no me
corto nada porque no nos miran.
Me alzo y lo beso al mismo tiempo que nos movemos por el cuarto.
Tiro de su pajarita y la dejo caer.
Me deshago de su chaqueta y desabrocho los botones de su camisa uno
a uno antes de meter mis manos por debajo para acariciar su duro y
marcado torso.
Arnol me da una media vuelta y me abraza por detrás. Sus manos vagan
por mi cuerpo y las mete por debajo de mi vestido hasta acariciar
sutilmente mi ropa interior antes de llegar a mis pechos para acariciarlos.
No llevo sujetador y la caricia de su mano y la tela hacen que se endurezcan.
Me siento arder.
Busca el cierre de mi vestido y me lo quita hasta que cae al suelo. Es
cuando no da tregua a mis pechos. Los besos dejan de ser inocentes y pasan
a ser ardientes.
Vamos hacia la cama dejando un reguero de ropa por el suelo antes de
caer sobre el colchón. No puedo dejar de acariciarlo, de tocarlo…
Memorizo cada segundo vivido a su lado, por los momentos en los que
sola extrañaré su cuerpo.
Esta vez hacemos el amor sin prisas y casi puedo sentir el regusto a
despedida en sus caricias.
Cuando el orgasmo me atraviesa, noto los ojos llenos de lágrimas. Lo
abrazo con fuerza como si así pudiera evitar el poner punto final a esto.
Violeta
Recojo mis cosas de la habitación del hospital.
Arnol ha ido a hacer una llamada. Sus cosas también están aquí.
No queda ya nada mío en casa de mis padres, porque le pedí que fuera a
por ellas. No quiero verlos. Me toca aceptar lo que siempre me ha costado
asumir: que les debo mi vida, pero nada más. Algunas personas tristemente
no nacen para ser padres y no sienten nada cuando tienen hijos. No voy a
rogar amor a nadie más.
Si esta operación no les ha cambiado, nada lo hará.
Toca mirar hacia delante sola.
La puerta se abre y aparece Arnol. No se ha querido separar de mi lado
en todo momento, aunque insistí en que se fuera.
—¿Todo listo?
—Sí, ya podemos irnos.
Recoge las cosas y salimos hacia su coche.
Entro en él sabiendo que este viaje de vuelta no será como el resto. En
este al fin he aceptado que debo valorarme en la vida tanto como para no
rogar más que nadie me dé las migajas de su amor.
Por eso no pienso ser yo la que ruegue a Arnol que me dé una
oportunidad. Si me quisiera, lucharía por mí. Ahora lo sé.
Al llegar a mi casa, Delia y Ryan me esperan con una fiesta que han
organizado de bienvenida.
Chris también está.
Los abrazo como puedo a todos. Ellos son mi familia, porque la familia
es aquella en la que las personas que quieres son parte de tu vida.
—¿Cómo estás? —me pregunta Delia tras acomodarme en el sofá.
—Mal, pero se me pasará. Soy fuerte. —Coge mi mano—. No vinieron…
No les importo.
Delia seca la lágrima que cae por mi mejilla. Sé que ella me entiende.
—No te merecen, Violeta, porque eres su mejor creación y no son
conscientes de ello. Si no pueden verlo, es que no merecen nada. No
dejamos de ser menos por tener unos padres que no nos valoran. Seguimos
siendo grandes y fuerte sin ellos.
Asiento.
Mis amigos tratan de animarme y se lo agradezco, pero necesito estar
sola. Por eso les digo que estoy cansada y me marcho a mi habitación.
Al entrar, Arnol se cuela y cierra la puerta.
—¿Nos vemos pronto? —me pregunta.
—Claro, en cuanto pueda estaré por tu gimnasio para deleitarme con las
vistas. —Sonríe y abre la boca para hablar—. Sé que se ha acabado. No
tienes que explicarme lo que ya sé.
—¿Y es?
—Que si seguimos así, te arriesgas a enamorarte de mí y no quieres eso.
Por eso prefieres parar a tiempo.
—Se me olvidaba que estaba ante mi psicóloga preferida. —Se acerca y
me da un beso en la mejilla—. Estoy aquí para ti siempre que me necesites.
—Lo sé. Ahora necesito estar sola. Tengo mucho en lo que pensar.
Nos damos un último abrazo y noto como al separarse estoy a punto de
romperme en pedazos.
Se marcha y me deja sola.
Lo dejo ir, porque nunca más lucharé por las personas que no me
quieren en su vida. Es hora de que luche por lo que yo quiero en mi vida:
ser feliz.
Capítulo 17
Violeta
Cuando me reincorporo al trabajo cambio las cosas. Dejo de escuchar
sin más, y aconsejo a todos. Algo que no les sienta bien y lo dejan claro. Al
final dejan de venir a verme porque la gente cree que puede usarte para
descargar sus malos rollos sin recibir nada. Me pagan para dar consejos y los
quiero dar.
Al final pasa lo que me temía: me despiden.
No lo veo un fracaso porque he sido yo misma. He sido profesional y no
se me quiere por eso mismo. Si querían un mueble, que compren uno. Yo
no merezco ser tratada como uno.
Vuelvo a mi casa con mis cosas.
Hace quince días que regresé de casa de mis padres y desde entonces no
he visto a Arnol, pero cada día me escribe por el móvil y hablamos.
Hoy no es menos:
No lo demoro más y me marcho.
Al entrar al gimnasio busco a Arnol. Lo encuentro hablando con una
mujer. Mi corazón late como un loco al verlo.
Lo he echado mucho de menos. Estaba deseando verlo, pero solo quería
hacerme a la idea de que una vez más he elegido amar a quien no es para
mí.
Arnol se gira y al verme me sonríe. Me hace unas señas para que vaya al
despacho.
Voy hacia allí y Arnol no tarda en venir.
En cuanto cierra la puerta, la habitación se me antoja pequeña.
—¿Qué tal? —me pregunta sentándose tras el escritorio.
—Genial. Ese trabajo no era para mí. Ahora quiero saber por qué te
alegras. —Me tiende unos papeles y los leo por encima. Es la
documentación de un máster para añadir psicología a los gimnasios—. ¿Qué
es esto?
—Mucha gente viene buscando estar bien físicamente, pero también
deben encontrarse bien mentalmente. Es un camino duro conseguir el
cuerpo deseado o aceptar que tal vez tu cuerpo no es como deseas. Las
dietas suelen deprimir a las personas y necesitan apoyo emocional. Ahí es
donde entras tú. Queremos que este gimnasio sea diferente y para serlo
tenemos que querer a nuestros clientes hasta el punto de darles apoyo tanto
físico como emocional.
Leo de nuevo los datos del máster y las notas de Arnol.
Tienen razón en que muchas personas deben estar preparadas para el
cambio y los retos. No hay que equivocarse y buscar milagros.
—Se ve interesante, pero no tengo ni un duro. No puedo permitirme
este máster.
—A la empresa le sale más económico. Sería de un año. Es en la ciudad.
Puedes estudiar por las mañanas y trabajar por las tardes para ir poniendo
en práctica lo aprendido. ¿Qué te parece?
—Bien, está genial… ¿Lo haces por lástima? Porque no la necesito. Puedo
encontrar trabajo pronto. Soy muy buena.
—Sé que eres muy buena y por eso te lo he sugerido. Soy bueno, pero
no tonto. No te pagaría un máster y un sueldo por caridad, porque si este
negocio sale mal, muchas familias se irían a la calle.
—Visto así… No te tengo por tonto.
Sonríe.
—No lo soy.
—Pero hasta que no acabe el máster no estaré de verdad preparada.
—Pero seguro que sabrás dar buenos consejos. Lo único que, cuando
tengas el máster, cobrarás un poco más.
—Como jefe eres bueno.
—Otra cosa es que te inquiete tenerme cerca.
—Lo tengo… superado. —Iba a decir asumido, pero eso sería revelar
demasiado.
—Bien, pues ya lo que tú veas. Puedes pensarlo.
—No tengo nada que pensarlo. Me apetece mucho aceptar este reto, la
verdad —respondo sincera.
—Esperaba que dijera eso. Me alegra tenerte en el equipo.
—Espero que ahora mirar me salga gratis, que pagar todo el mes de
gimnasio para solo venir a pasear, me sale caro.
Se ríe.
—Ya no tendrás que pagar por usar las instalaciones.
—¡Qué gran plus!
Arnol me pide los datos para el contrato y, cuando regresa de fotocopiar
mi documento de identidad, me pregunta por mis padres:
—¿Has sabido algo de ellos?
—No, ni creo que lo sepa. Duele, pero he decidido que no me importe
ya más. Para mí están ya fuera de mi vida. Al fin y al cabo nunca han
luchado por lo contrario.
—Ellos se lo pierden.
—Pues sí. Soy genial.
—Lo eres, sí. —Su forma de decirlo me hace observarlo. Arnol aparta la
mirada y se centra en su mesa—. Nos vemos en unos días, compañera.
—Jefe…
—Somos compañeros de trabajo. Un buen equipo no menosprecia los
engranajes que lo hacen funcionar bien —me indica.
Salimos del despacho y me presenta a todos los compañeros. Se nota
que hay buen ambiente y estoy deseando empezar.
Mi día no ha hecho más que mejorar.
—¿Y crees que va a ser bueno ver tantas horas a Arnol? —me pregunta
Delia preocupada.
—Yo pienso como ella —dice Ryan.
Estamos tomando unas cervezas en nuestro bar preferido cerca de mi
casa.
—¿Y qué culpa tengo yo de que no sienta lo mismo? —les digo antes de
dar un buen trago a mi cerveza—. Tengo que seguir viviendo y es mi amigo.
Lo quiero en mi vida. Aprenderé a olvidar lo que siento y dar
oportunidades a las personas que quieran sentir lo mismo que yo. Va a ser
duro, pero lo conseguiré.
—Estoy segura de ello —afirma Delia.
—Brindemos para que olvidar a un amor no correspondido sea fácil. —
Chocamos las copas los tres aunque Delia tiene la suerte de haber
encontrado el amor.
Esta noche, cuando me acuesto, sonrío, porque, aunque sé que no será
fácil estar al lado de Arnol, siento que por fin tengo las riendas de mi vida y
de mis acciones. Mi vida la domino yo sin esperar nada de nadie.
Capítulo 18
Violeta
Me encanta mi nuevo trabajo y el máster está genial. Me he
documentado y tengo muchos datos que ya he estado aplicando en el
gimnasio. Delia me ha ayudado y gracias a ella, incluso no teniendo el
máster, sabemos cómo aplicar los conocimientos de psicología en el
deporte.
He conocido casos importantes. Una había pasado por bulimia y ahora
usaba el deporte para sentirse bien con su cuerpo para no recaer en sus
malos hábitos. Me ha estado contando qué siente y no puedo más que
admirarla.
Las enfermedades mentales son igual de importantes que cualquier
otra.
Otro chico se obsesionó con su imagen por las redes sociales. Quedaba
con chicas que siempre le decían que en persona no era igual de guapo.
Hemos hablado mucho y ahora está saliendo con una chica del gimnasio
que lo quiere tal cual, sin filtros de esos que eclipsan y te hacen ser algo que
no eres.
Y con Arnol… Bueno…, es un gran amigo al que quiero mucho y estoy
aprendiendo a olvidar. En dos meses que han pasado desde que llegué, no
ha cambiado su forma de mirarme y no espero que lo haga.
—Hola. —Me giro y veo a Andrés, un compañero del máster.
—Hola. Qué bien que te hayas animado a venir.
Me da dos besos justo cuando Arnol entra en la sala en la que estamos.
Nos mira y los presento.
—Es un buen amigo del máster que se ha apuntado al gimnasio.
—Seguro que estarás bien —le comenta Arnol.
—Seguro —dice Andrés mirándome de una forma que me saca los
colores.
Para nadie del máster es un secreto que le gusto. Empezamos siendo
amigos, hasta que hace poco me dijo que si sería tan malo tener una cita.
No le he respondido todavía. Es muy guapo y sexi, y me atrae, pero no
siento nada más por él. Sé que la única forma de sentir más es dándole una
oportunidad.
—Vamos que te enseño todo.
Me despido de Arnol y me voy con Andrés para mostrarle todo.
Lo dejo en los vestuarios y me marcho a mi despacho.
Al poco de entrar Arnol.
—¿Es tu novio? —me pregunta de manera directa.
—¿Novio?
—¿Tu cita?
—Compañero del curso.
—He visto cómo te mira y te has sonrojado. ¿Te gusta?
—¿Me lo preguntas como amigo o como ex lío de cama que no quiere
que nadie ocupe su lugar? Porque como amigo, vale, pero como lo segundo
no tienes derecho.
—Como amigo.
—Me ha pedido una cita. Estoy pensando decirle que sí, porque me
atrae y es un gran chico. Me merezco que me quieran y encontrar a alguien
que haga chorradas de globos o flores por mí, que no tenga miedo a
enamorarse de mí.
Nos miramos a los ojos y espero que diga algo, pero solo asiente.
—Claro. Mereces ser feliz y me alegraré por ti.
Se marcha y sé que tengo que aceptar a Andrés porque de forma
indirecta he quemado mi último cartucho con Arnol.
Arnol
Me paso toda la tarde viendo a Violeta ligando con Andrés y se me
crispa el carácter. No doy pie con bola y cada vez que ella sonríe me dan
ganas de acercarme para decir cualquier estupidez.
Cuando se marchan estoy que me subo por las paredes.
Mi amigo y socio me dice que vaya a su despacho.
—Si estás así de cabreado por el nuevo ligue de Violeta, te diré que me
consta que a ella le gustas y tú no has hecho nada de nada.
—No es por eso.
—¿Y por qué es? Porque, ya que no es por eso, te diré que Violeta ha
aceptado tener con él una cita el viernes por la noche.
Saberlo me inquieta y me remuevo en la silla.
—Que sea feliz.
—Lo dices como si quisieras arrancar la cabeza a alguien. Estás
poniendo tu mirada de guardaespaldas malote. —Lo fulmino con la mirada
—. Si esto es por tu estúpida promesa tras lo que te hizo Olga, te diré que
eres idiota. Olga nunca me cayó bien porque todos notábamos que no sentía
nada por ti, pero le gustaban tus regalos caros y tus detalles. Te dije más de
una vez que dejaras de gastar tu dinero en ella. —Recuerdo esos momentos
olvidados—. Solo quería un chófer y alguien que fuera su perrito faldero.
Tú la querías tanto que no te dabas cuenta, pero el amor no es eso. El amor
es que los dos estéis en la misma posición, y no que uno sea el muñeco del
otro.
—No fue así…
Entonces empieza a relatarme cómo vio mi historia con Olga y las cosas
que hice. Lo miro dándome cuenta por primera vez de lo ciego que estuve.
—Te lo avisé muchas veces, pero el amor te cegó o tal vez la obsesión.
—Entonces es mejor que huya del amor.
—No, lo mejor es que aceptes que eras más joven e inexperto y que has
cambiado. Te he visto con Violeta. Sois amigos y ella te mira como a su
igual. ¿Alguna vez te ha hecho sentir inferior o se ha aprovechado de ti?
Porque la conozco desde hace tiempo y normalmente siempre suele dar a
los demás más de lo que pide para ella.
—Eso es cierto.
—Violeta te gusta, y la quieres, pero eres tan idiota que la dejas escapar
por miedo a enamorarte cuando ya lo estás. Así que tú mismo. Si no luchas
por ella, un día verás cómo consigue olvidarte con otro y lo verás día tras
día… tras día.
—Para.
—La besará delante de tu cara. Se tocarán…
—¡He dicho que pares!
—La amas, y ahora sigue pensando que por no hacer nada, la amarás
menos.
—Me marcho a recoger.
—Huir no es la respuesta. Tú te has puesto delante de personas para dar
tu vida por ellos y ahora te cagas ante una chica que te gusta. Nunca te creí
un cobarde… a no ser que sigas amando a Olga y por eso sigues sufriendo
por ella.
—¿Puedes parar ya? No sé cómo te soporto como amigo.
—Porque soy el mejor.
Me marcho a recoger y no puedo dejar de pensar en todo lo que me ha
dicho. Por primera vez comparo mi relación con Olga con lo que he tenido
con Violeta, y compruebo que no se parecen en nada. Con Violeta siempre
he sido yo mismo y con Olga sentía que debía hacer mil cosas para no
perderla porque daba gracias que me dedicara su tiempo. Yo mismo me
rebajé.
¿Y ahora? No sé qué narices hacer.
Capítulo 19
Violeta
Delia y Ryan han decidido apuntarse al gimnasio conmigo, algo que me
extraña porque Delia odia el deporte y Ryan suele ir, pero por las mañanas a
primera hora antes de marcharse a trabajar.
Entramos y veo el suelo lleno de globos.
—¡Estamos de fiesta! —Los miro—. ¿Es por eso por lo que os habéis
apuntado?
—Puede ser —dice inocente Delia.
Seguimos entrando y veo un precioso oso gigante con un corazón en el
pecho.
Lo acaricio sin saber qué pinta aquí.
Sigo la mirada y veo a Arnol con la cara tensa al fondo.
—¿Y todo esto? —le pregunto divertida—. Odias todo esto y se te nota
tenso.
—Es para ti —dice no muy feliz.
—¿Para mí? —Asiente y cojo el peluche—. ¿Es una fiesta sorpresa por ser
la mejor? —Abrazo el oso como puedo y nadie me responde—. ¿Por eso
estáis aquí? —pregunto a mis amigos.
Doy patadas a los globos al ir hacia Arnol.
—¿Te gusta todo esto? —se interesa.
—Me divierte, pero ver tu cara incómoda le resta toda la emoción. Si
todo esto no te gusta, no deberías hacerlo. Tampoco me merezco una fiesta.
Todos somos igual de geniales, pero gracias. El oso me lo quedo. Me ha
hecho ilusión. Nunca me han regalado uno.
Eso ablanda la mirada de Arnol.
—¡Joder! Soy un idiota. —Se pasa la mano por la cara.
—A veces sí, pero sabes que yo te soporto igual. —Le doy en el brazo de
forma amistosa.
Arnol toma aire y centra su mirada en mí.
—Yo no hago todas estas cosas porque hace años confundí el amor,
porque creía que para conservar a alguien debía hacerle cientos de regalos.
—Ya lo sé, y no tenías que haber hecho esto por mí.
—Sí tenía que hacerlo, porque quiero olvidar el pasado. Es verdad que
todo esto me ha inquietado, pero ahora, al verte feliz con el oso, me
pregunto por qué he tardado tanto en darme cuenta de las cosas.
—No te sigo, Arnol.
—No quería enamorarme de ti —me suelta a las claras y mi corazón se
dispara, al mismo tiempo que me pido calma porque ahora puede venir la
parte mala—, pero una persona no elige de quién se enamora. Es algo que
pasa aunque no quieras, y tienes dos opciones cuando sucede: luchar por lo
que sientes o vivir para siempre sabiendo que perdiste porque no lo
intentaste.
—La opción cobarde siempre es la más fácil… Sé que no quieres
enamorarte ni de mí, ni de nadie, y por eso nunca te he dicho lo que siento,
Arnol. Sabía que habías decidido no tener nada, y lo entiendo. No te juzgo…
—Déjame acabar —me corta divertido.
—Me da miedo el pero de todo esto —le reconozco.
—El único pero lo vas a poner tú, si quieres. Yo no tengo peros. No quiero
perderte, y no me refiero a como amiga, que sé que ya te tengo, pero quiero
ser algo más. —Mis latidos se aceleran—. No quería enamorarme, pero
estoy loco por ti. Y sí, podría seguir haciendo el tonto y negando lo que
siento, pero he decidido dejar de huir y empezar a luchar por lo que quiero,
y eso eres tú.
Se queda callado y miro a mis amigos que por la cara que tienen, se
aprecia que lo sabían todo. Los demás compañeros del gimnasio también
están atentos y los clientes igual.
—¿Me estás pidiendo que salgamos juntos?
—Si eso incluye ser novios, sí. Si no quieres, puedes poner el pero que le
falta a todo esto.
—¡Ni de coña! Es lo más bonito que ha hecho nadie por mí… aunque no
lo necesito. Con que me hubieras dicho todo ese discurso, me habría
bastado.
—Quería que supieras que te lo mereces todo, y que yo quiero darte
todo lo que te mereces.
—Yo solo te quiero a ti, Arnol. No quiero regalos caros, ni estas cosas, si
no te gusta hacerlas. Yo solo quiero un compañero de vida, no alguien que
costee mis caprichos. Esos ya me los compro yo. —Me río y me lanzo a su
cuello. Me coge con facilidad—. Te quiero, Arnol, y había asumido que
debía aprender con eso. Ahora sé que tal vez hubiera sido imposible.
—Yo también te quiero, Violeta. Quiero luchar por lo nuestro.
—Y yo. —Lo beso y la gente aplaude. Me río pegada a su boca—. No lo
querías, pero has acabado dentro de una comedia romántica.
—Al final hasta le estoy pillando el gustillo.
—Genial porque lo he grabado todo y lo pondré una y otra vez —dice
su amigo y socio—. Y ahora a trabajar tras recoger todo esto.
—Eres un gruñón —le pica Arnol. Se ríe y empieza a pinchar globos.
Me bajo de los brazos de Arnol y voy a buscar una bolsa para guardarme
algunos globos de recuerdo.
Arnol me da un beso en el cuello y me tiende una caja de bombones.
—Estos si quieres nos los comemos juntos luego.
—Quiero.
Me abraza antes de irse a recoger.
Delia se acerca y me abraza, y Ryan hace lo mismo.
—Me alegra mucho que hayas encontrado tu historia de amor —me
dice Delia—, pero ahora viene el luchar por ella. Esto no acaba aquí. Solo
empieza otra aventura.
—Lo sé, y estoy deseando luchar por ello.
—Todo irá bien —afirma mi amiga.
—Seguro que sí —añade Ryan—. Aunque me quede solo en casa porque
acabes pasando más tiempo en la de Arnol. —Me río.
—Seguramente.
Terminamos de recoger y me cuesta trabajar sin pensar en Arnol, y
parece que a él también porque me busca con la mirada a cada rato o
cuando puede me acaricia.
—Vale, os doy la tarde libre —dice el socio de este cuando Arnol me
acaricia la cintura—. Largaos de aquí antes de que me arrepienta.
Recogemos nuestras cosas y, tras despedirnos de todos, vamos hacia la
casa de Arnol en su coche.
En cuanto pisamos el ascensor nos besamos con urgencia.
Al entrar a su casa estamos jadeantes. La urgencia nos hace tirar de la
ropa del otro para sentir piel con piel. Antes de llegar a la cama ya no
tenemos la ropa puesta y al caer sobre ella, Arnol ya está en mi interior.
Entra y sale de mí.
No sé cómo imaginaba poder vivir sin él.
Sin este dulce nosotros.
El orgasmo me arranca un te quiero y esta vez él responde con lo
mismo.
—¿Estás despierto?
—Ahora sí —me responde.
Estamos abrazados en la cama. Mi cabeza descansa sobre su pecho
desnudo.
—¿Qué te pasa?
—Me da miedo que te arrepientas mañana —le confieso.
—No lo haré. No sé vivir sin ti y mira que este cabezón lo ha intentado.
—Me río—. No soy como tus padres, Violeta. Seguiré aquí mañana y al día
siguiente… pero ese miedo tal vez solo se aleje de ti con el tiempo. Cuando
te convenza de ello.
—Es posible.
—Juntos superaremos los miedos del otro. Yo hasta le he perdido miedo
a todas esas estupideces románticas.
—Lo sigues odiando. —Se ríe y asiente—. Solo me importas tú. No todo
eso.
—Lo sé. Contigo lo sé. A tu lado no siento que deba hacer nada más que
quererte.
Lo beso y apoyo mi frente sobre la suya.
—Juntos. Me encanta como suena eso.
—Pues acostúmbrate porque desde ahora nuestros caminos estarán
unidos.
Nos besamos.
Desde que vi a Arnol atrajo mi atención, pero si me hubieran
preguntado si esperaba esto algún día, habría dicho que no, porque pensaba
que esto nunca me pasaría a mí.
Luchar tantos años por el amor de mis padres me había hecho
conformarme con poco, porque en mi interior ellos me habían hecho sentir
que no merecía nada y que debía dar las gracias por lo poco que tenía en mi
vida.
A Arnol le pasó algo parecido con su ex. Dio demasiado porque no
pensaba que él por sí solo, pudiera valer para retenerla.
Juntos hemos descubierto y aprendido, que cada persona se merece ser
amada, sin que para ello deba olvidarse de algo tan importante como ser
uno mismo.
Ahora sé que quien pierde no soy yo, sino las personas que no se toman
su tiempo en conocerme.
Me abrazo con fuerza a Arnol pensando que al final esperé de él solo
una noche y en realidad nos espera por delante toda una vida, si cuidamos
bien lo nuestro.
Epílogo
Arnol
Violeta y Delia cantan la canción de Chris en el concierto al que estamos
invitados. Estamos entre bastidores.
Violeta y yo llevamos un año juntos. Un año que se me ha pasado en un
visto y no visto, y es que es increíble lo rápido que pasa el tiempo cuando
eres feliz.
Hoy es nuestro aniversario y tengo algo preparado para ella. Algo que si
soy sincero, no sé cómo me saldrá.
La canción de Chris acaba y me mira.
Asiento.
—Hoy quiero dar paso al escenario a un gran amigo. Arnol…
—¿Y eso? —pregunta Violeta.
La gente aplaude y me marcho al lado de Chris.
—¿Preparado? —me dice mi amigo.
—No, pero quiero que recordemos este momento los dos.
Al lado de Violeta he vuelto a ser yo. Me gustan los detalles y a ella
también. La primera semana que estuvimos juntos, Violeta me regaló un
ramo de rosas que dejó en mi despacho. La segunda le llené el ordenador de
corazones.
Al mes llené su casa de globos rojos y ella la mía de purpurina que nos
costó mucho limpiar.
Es algo que nos sale de forma natural. Algo que había olvidado por
miedo. Ahora es algo que hago de corazón esperando solo su sonrisa, y casi
nunca son detalles caros. Casi siempre son ideas que sé que le gustarán. Es
algo que hacemos los dos por amor, no para comprar el amor de nadie.
Ahora lo sé.
Chris pide a la gente que pongan el flash en el móvil y bajan las luces del
escenario. Solo me iluminan a mí.
Miro a Violeta y le hago una seña para que se acerque.
La gente aplaude cuando ella entra en el foco.
—Sabes que te quiero, y que no me imagino una vida sin ti. —Asiente y
entonces me arrodillo con un anillo en la mano que llevaba guardado en el
bolsillo ante toda esta gente sabiendo que solo tengo ojos para ella—.
¿Quieres casarte conmigo y seguir construyendo juntos nuestra historia de
amor?
—Sí, quiero. Sí, quiero. —Se tira con tanta fuerza que caemos los dos al
suelo.
Entonces nos tiran serpentinas y confetis. La gente aplaude mientras
nos besamos.
—Esto no sé cómo lo voy a superar —me dice.
—Sabes que no estamos compitiendo, ¿verdad?
—Lo sé.
La beso una vez más siendo más feliz que nunca. Yo que tenía miedo a
amar, me he dado cuenta de que el amor llega a tu vida tanto si quieres
como si no y que es de valientes acepar que la vida pasará igual tanto si te
arriesgas como si no.
Es de valientes amar, igual que es de listos luchar por las personas que
tienes la suerte de tener en tu vida cada día.