Causas y Etapas de la Revolución Rusa
Causas y Etapas de la Revolución Rusa
Definición técnica
La Revolución rusa fueron una serie de levantamientos acontecidos en 1917 para derrocar al zar Nicolás II y,
posteriormente, al gobierno provisional. Las insurrecciones se saldaron con la abdicación del zar, la caída del
gobierno provisional y la toma de poder por parte de los bolcheviques, encabezados por Lenin.
Origen:
La Rusia de comienzos del siglo XX era un país prácticamente anclado en un sistema feudal. La nobleza, la iglesia
ortodoxa y el zar eran los estamentos dominantes en una sociedad rusa donde las libertades brillaban por su
ausencia.
Mientras tanto, la débil burguesía defendía la necesidad de una mayor representación política de la sociedad
rusa, al tiempo que los campesinos estaban indignados por unas tierras insuficientes. Si bien Rusia había
aumentado el número de fábricas, su industria continuaba siendo reducida, pues se trataba de una sociedad
predominantemente rural.
A pesar de que en 1898 se había creado el Partido Socialdemócrata Ruso, este aún carecía de la fuerza social
necesaria. Dentro de este partido político existían dos corrientes políticas: los mencheviques (moderados) y los
bolcheviques (radicales).
Para hacer peor aún el escenario, el zar Nicolás II, creyendo que podía ganar una guerra contra Japón, embarcó
al país en un conflicto bélico. Sin embargo, el resultado de la guerra ruso japonesa (1904-1905) causo desastres
en Rusia.
Este deterioro en la situación política provocó un estallido social en 1905 en lo que se conocería como el
domingo sangriento. Esto sucedió el 22 de enero, cuando el pueblo reclamaba cambios políticos ante el Palacio
de Invierno y fue reprimido con brutalidad. Incluso algunas unidades militares se levantaron, como ocurrió con
el amotinamiento del acorazado Potemkin.
Las huelgas, protestas y levantamientos erosionaron la figura del zar Nicolás II, que se vio obligado a hacer
concesiones. Por su parte, la revolución de 1905 erigió a los movimientos obreros como protagonistas de la
revolución, al tiempo que pasaban a organizarse en una especie de células denominadas soviets.
En 1905 las reformas que el zar había prometido se vieron frustradas y la hambruna comenzó a generar daños
en la población. A pesar de todo lo que pasaba con el pueblo, el régimen hacía oídos sordos a las demandas de
este, dado que las decisiones estaban concentradas en manos del zar, la emperatriz y Rasputín.
Para empeorar todo, Rusia se unió a la Primera Guerra Mundial generando nefastas consecuencias. Al ser los
campesinos quienes fueron llamados a filas para combatir en el frente, el campo se quedó sin mano de obra,
generando que la falta de alimentos no tardara en hacerse sentir. Además, mientras Rusia sufría dolorosas
derrotas en los campos de batalla, su economía había quedado aislada de los mercados europeos y la moral
decaía entre una población hambrienta.
La indiferencia de los gobernantes (el zar) y la represión ejercida por los mismos hacia la población.
La crisis económica que vivía el país, generando que gran parte de la población viviera en hambruna.
La decisión del zar de involucrarse en conflictos bélicos, como la guerra contra Japón o la Primera Guerra
Mundial, causaron un malestar general entre los ciudadanos. Además, estas guerras agudizaron los
problemas económicos.
La falta de representación política de la burguesía y de la clase obrera, llevó a la aparición de los
primeros partidos políticos.
En febrero de 1917, Rusia tenía todos los detonantes para que se produjese un levantamiento: hambre, guerra y
un crudo invierno. Ocasionando así que el 23 de febrero en la ciudad de San Petersburgo tuviera lugar una
manifestación reclamando pan, tierra y paz. Poco después (el 25 de febrero para ser exactos), los movimientos
obreros protestarían con una huelga general y, no mucho después, las tropas rusas se unirían al pueblo en su
levantamiento.
Teniendo en contra a campesinos, soldados y obreros, el zar Nicolás II decidió renunciar a su cargo. Así pues, se
formó un gobierno provisional de carácter liberal encabezado por Gueorgi Lvov desde el 15 de marzo de 1917.
Este gobierno provisional también incluiría a los mencheviques, el ala moderada del movimiento obrero.
Sin embargo, poco a poco, el sector más radical del movimiento obrero que estaba liderado por Lenin, ganaría
fuerza en Rusia. Ocasionando así que, en abril de 1917, Lenin proclamara el reparto de la tierra, la salida de
Rusia de la guerra y una alianza entre los trabajadores del campo y de las fábricas. Todo ello suponía el rechazo a
cualquier tipo de colaboración con el gobierno provisional.
Lenin provenía de una corriente ideológica como el marxismo y al ver la Primera Guerra Mundial como un gran
conflicto entre imperios y marcadamente capitalista, decidió que era imperativa la salida de la guerra y en
cambio, poner en marcha de una revolución socialista para establecer la dictadura del proletariado (término
utilizado para designar a la clase social que, en el modo de producción capitalista, carece de capital, control
sobre los medios de producción y distribución, etc..).
Pero, para el gobierno provisional, las propuestas de Lenin eran impensables. Rusia continuaba en la guerra y las
pérdidas humanas en los campos de batalla eran horribles. Todo ello desembocó en un levantamiento en
Petrogrado el 3 de julio de 1917. Con el fracaso de la insurrección, Lenin no tuvo más remedio que exiliarse.
Desde el frente llegaban malas noticias dado que Rusia no dejaba de cosechar derrotas militares. Kerenski, que
por entonces encabezaba el gobierno provisional, estaba inmerso en un fuerte enfrentamiento con el general
Kornilov, un militar marcadamente conservador que deseaba regresar a un gobierno autocrático. Tanto el
gobierno provisional como los soviets, desbarataron el levantamiento de Kornilov. Ahora bien, quienes se
hicieron con el protagonismo y la iniciativa, fueron los soviets, pues fueron los más activos a la hora de frustrar
el golpe de Kornilov.
Octubre rojo
Desde comienzos de octubre de 1917, Lenin había ido planeando la revolución, así que cuando finalmente, el
Comité Central bolchevique dio el visto bueno a las acciones armadas. Los bolcheviques se hicieron con los
puntos clave de la ciudad de Petrogrado el 24 de octubre. Al día siguiente, asaltaron el Palacio de Invierno y el
primer ministro Kerenski optó por huir del país.
La revolución no tardó en extenderse por todo el país y Moscú terminó cayendo en manos de los soviets. No
obstante, los bolcheviques no habían llegado a controlar toda Rusia. Había territorios dominados por las
antiguas autoridades que no estaban dispuestos a entregarse a los bolcheviques. Así pues, la guerra civil estaba
finalmente comenzando.
El 26 de octubre de 1917, los bolcheviques formaron gobierno. Tomando como frente a Lenin y a personalidades
como Trotski y Stalin como ministros. Después de hacer esto, debían abordar tres grandes cuestiones: la salida
de la guerra de Rusia, el reparto de la tierra y la concentración del poder político.
En sintonía con la propiedad socialista de las tierras, se llevó a cabo un reparto del campo tratando de poner fin
al desabastecimiento que padecía Rusia. Cabe resaltar que no hubo compensación económica de ningún tipo
para los terratenientes.
En lo relativo a la Primera Guerra Mundial, Rusia abandonó el conflicto con la firma del tratado de Brest-Livtosk.
Aunque, para salirse de la guerra debían perder grandes extensiones de terreno, el gobierno bolchevique creía
que valía la pena poner fin al sufrimiento que había causado la guerra.
Por el otro lado, copando todo el poder político, los bolcheviques se encargaron de eliminar a los partidos de
corte burgués. Además, las elecciones a la Asamblea Constituyente otorgaron la mayoría a los mencheviques,
quedando por tanto los bolcheviques en minoría. Pero el gobierno disolvió la Asamblea en enero de 1918 y los
bolcheviques terminaron asentando su hegemonía en el poder. Así, quedaban fuera otros actores de la
revolución como los social revolucionarios, anarquistas y mencheviques. El poder político estaba
completamente a manos de los bolcheviques.
Meses después, en julio de 1918, Rusia quedaría constituida bajo la denominación de República Federal
Socialista y Soviética Rusa.
En el año 1921, Rusia aún se encontraba herida debido a una prolongada guerra civil. Añadiendo que los
indicadores económicos mostraban una realidad desoladora para el país. Los datos de producción nacional eran
terriblemente desalentadores. Por ejemplo:
Para poner solución a este desolador panorama económico, se aposto por la NEP o Nueva Política Económica.
Con esta, se buscaba combinar las medidas del carácter socialista con algunas características propias del libre
mercado. Por ello, fue legalizada la propiedad privada para los campesinos al tiempo que se restableció la
circulación de la moneda para afrontar la hiperinflación que asolaba al país.
Esta política económica se basaba en la necesidad de conseguir un excedente de la producción agrícola que
permitiese aprovisionar a las ciudades y que, al mismo tiempo, contribuyese al crecimiento económico de la
nación.
En cuanto a la industria, las pequeñas empresas pasaron a ser desnacionalizadas, mientras que las grandes
empresas permanecían en manos del Estado, aunque otorgando algunos elementos de autogestión.
Para 1926 Rusia ya se había rehecho, recuperando los niveles de producción previos a la Primera Guerra
Mundial. Pero en el sector agrícola se produjo un fuerte descontento, pues los kulaks eran agricultores que se
habían enriquecido y, al acumular importantes sumas de dinero, actuaron ofreciendo préstamos con elevados
intereses. Tampoco hay que dejar de lado la existencia de intermediarios (nepmen) que revendían los productos
agrícolas obteniendo considerables márgenes de ganancias.
También surgieron problemas debido a la disparidad de precios. La Nueva Política Económica favorecía la
producción agrícola, por lo que, llegado un punto, los precios agrícolas eran muy inferiores con respecto a los
precios de los bienes industriales. Todo ello terminó ocasionando desabastecimientos.
Así pues, entre las filas del Partido Comunista y especialmente Stalin, se vio en la NEP un restablecimiento del
capitalismo. Por ello, la economía rusa pasó a quedar en manos del Estado, que la organizaba a través de planes
quinquenales.
Opuesto a la revolución francesa, esta no fue una revolución burguesa, dado que como en la Revolución
francesa el protagonismo lo tuvo la clase media acomodada denominada burguesía, en la Revolución
rusa, la clase obrera fue quien la impulso o proletaria que se organizó a través de los soviets.
Los bolcheviques basaron su ideología en el marxismo que propone principalmente el control de los
medios de producción por parte del Estado. Además, vale recordar, Karl Marx hacía referencia a la lucha
de clases.
A diferencia de otras revoluciones, dio nacimiento a un Estado comunista, y no a una monarquía
parlamentaria o una democracia liberal.
Generó impacto y preocupación en otros países del mundo por el violento cambio del régimen, de una
monarquía a un gobierno comunista en relativamente poco tiempo.
La Revolución rusa fue un proceso de cambio de régimen en un país gobernado por una monarquía que
concentraba en el poder en la figura del zar. La crisis económica y los conflictos bélicos habían debilitado a la
clase gobernante.
Con el pueblo y el ejército en contra, se produjo dimisión del zar, tras lo cual se instauró un gobierno provisional
en marzo de 1917. Sin embargo, este no duraría mucho y en octubre de ese mismo año, con protagonismo de la
clase obrera, los bolcheviques tomaron el poder, iniciándose una guerra civil que duraría hasta 1920.
Finalmente, en 1922 se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un Estado federal que buscó
implantar un sistema comunista, donde la economía quedó bajo control del gobierno.
Link 2:
El primer indicio de que estaba sucediendo algo importante se vio en la celebración del Día Internacional de la
Mujer, el 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en el calendario gregoriano) en Petrogrado (la antigua San
Petersburgo), donde se manifestaron las mujeres trabajadoras de las fábricas. A pesar de que se les unió una
multitud de obreros descontentos y hambrientos, algunos revolucionarios se mostraban incrédulos sobre lo que
podía suceder. El 25 de febrero, Alexander Shlyapnikov (figura destacada dentro del movimiento bolchevique,
cuyo líder – Lenin- estaba exiliado desde 1905) comentaba: «Dadles a los trabajadores medio kilo de pan y el
movimiento se desvanecerá».
Las raíces del descontento ruso eran muy profundas. Bajo el zar Nicolas II, hubo hambrunas en el campo y se
intensifico la explotación y la miseria en las ciudades a causa de la incipiente industrialización. La revolución de
1905, desencadenada tras la sangrienta represión de una manifestación en San Petersburgo, fue seguida por
una cierta liberación política, con la introducción de un parlamento o Duma, una Constitución y partidos
políticos.
Una década después, la conflictividad había aumentado y las tensiones sociales y económicas se magnificaron
con la entrada de Rusia en la Gran Guerra, en 1914. Ocasionando que, a principios de 1917, Petrogrado, agotada
por la guerra y la escasez de alimentos, estaba lleno de ira y desesperación contra quienes guardaban el poder.
LA REVOLUCIÓN DE FEBRERO
Lo que paso después no fue una revolución, sino una multitud de revoluciones, que generaron un rechazo no
sólo del Estado, sino de todas las autoridades: jueces, policías, cargos públicos, oficiales de las fuerzas armadas,
sacerdotes, profesores y terratenientes, todos los hombres con mentalidad patriarcal. Además, al contrario de
lo que había predicho Shlyapnikov, las protestas no se desvanecieron, sino que a finales de febrero aumentaron
generando la aparición pancartas y banderas rojas que llamaban a derrocar a la monarquía.
A pesar de los desórdenes, las autoridades podrían haber contenido la situación simplemente evitando el
choque directo con las masas, pero las fuerzas zaristas abrieron fuego y hubo muertos entre los manifestantes.
Las protestas se convirtieron en una auténtica revolución cuando los participantes irrumpieron en el cuartel del
regimiento Pavlovski. Los soldados, en vez de atacar a los manifestantes, se unieron a ellos, y algunos incluso
llegaron a disparar contra sus propios mandos. Muy pronto, las autoridades se quedaron privadas de capacidad
militar en la capital.
A pesar del desorden, las autoridades podrían haber contenido la situación simplemente evitando el choque
directo con las masas, pero las fuerzas zaristas abrieron fuego y hubo muertos entre los manifestantes (como el
paro nacional en Colombia). Esto genero un cambio en las protestas, ocasionando que se convirtieran en una
auténtica revolución cuando los participantes irrumpieron en el cuartel del regimiento Pavlovski. Los soldados,
en vez de atacar a los manifestantes, se unieron a ellos, y algunos incluso llegaron a disparar contra sus propios
mandos.
La difusión de la revuelta hizo que se pensara que eran los partidos socialistas quienes se encontraban detrás de
las protestas, pero la verdad era que estaban lideradas por soldados, obreros y estudiantes que no tienen
reconocimiento en los libros de historia.
El 27 de febrero, una multitud entró en el palacio de Táuride, sede de la Duma, en busca de líderes. Allí se eligió
un consejo de trabajadores o sóviet, donde la gran mayoría de líderes de este consejo no tenía la intención de
hacerse con el poder. En cambio, querían que los dirigentes de la Duma (demócratas burgueses) formasen un
gobierno en la línea de lo que pensaba Karl Marx, para quien la revolución burguesa debía ser la antesala de la
revolución proletaria.
El 1 de marzo se formó un gobierno provisional. El sóviet se comprometió a darle su apoyo siempre y cuando
asumiera una larga lista de principios democráticos que ponían en cuestión la autocracia zarista. De hecho, el
régimen sólo se podría mantener con la fuerza de las armas, pero gracias al curso desfavorable de la guerra para
Rusia, tanto el estado mayor como la Duma instaron al zar a abdicar. Como consecuencia, el 2 de marzo de
1917, Nicolás II que ya no tenia apoyos, renuncio al trono. El fin de la monarquía fue recibido con alegria a lo
largo de todo el Imperio, y sus símbolos fueron destruidos: blasones, escudos, águilas bicéfalas y estatuas de
zares.
El gobierno provisional se consideraba a sí mismo un ente interino destinado a conducir el país durante la
guerra, pero llevó a cabo reformas de gran importancia. El ejecutivo dirigido por el primer ministro, el príncipe
Lvov (un reformista liberal), y por el ministro de Justicia Alexander Kerenski (el único socialista del gobierno, y el
único que también era miembro del sóviet), decidieron abolir las leyes zaristas relativas a la libertad de
expresión y reunión, tomando las palabras de Lenin, Rusia se convirtió en el «país más libre del mundo».
Lenin, desde su exilio en Suiza, siguió el curso de los acontecimientos de Petrogrado lleno de frustración. Hasta
que finalmente, volvió a Rusia en un tren sellado facilitado por los alemanes (que tenían la esperanza de que la
oposición de Lenin a la guerra redujese el esfuerzo bélico ruso). El 3 de abril, Lenin llegó a Petrogrado con sus
propuestas, las llamadas Tesis de abril, para reclamar «todo el poder para los sóviets».
Los escritos de Lenin, contradecían la teoría marxista, puesto que rechazaban la necesidad de pasar por la
primera etapa, la revolución «democrático-burguesa», antes de acometer la revolución del proletariado. A pesar
de todo, Lenin consiguió que el partido compartiera sus ideas, y su carisma favoreció la incorporación masiva de
obreros y soldados al partido bolchevique. Estos nuevos militantes sabían poco de teorías marxistas, pero
valoraban la eficacia de Lenin.
El descontento se extendía por toda Rusia. Los trabajadores cada vez pedían más, los huelguistas reclamaban
jornadas laborales de ocho horas y la toma de control de las fábricas por los obreros. Con esta crisis de
autoridad, el sóviet tenía un control limitado sobre las revueltas que se producían en las provincias y en el
campo. Los gobiernos regionales y municipales actuaban como si fueran independientes, y las comunidades
campesinas funcionaban como focos de la revolución a medida que incautaban tierras y ganado. Incluso, los
soldados tenían sus propios comités para supervisar las relaciones con los oficiales, y algunos se negaban a
luchar durante más de ocho horas al día (reclamaban los mismos derechos que los obreros).
Los líderes del gobierno provisional temían que una derrota frente a las potencias centrales en la guerra trajera
consigo el retorno al antiguo régimen y la restauración de la dinastía de los Romanov. Así que, después de que
Alemania rechazara una ofensiva rusa a mediados de junio, el ejecutivo movilizó a los soldados más
probolcheviques de la guarnición de Petrogrado (conocido como el Primer Regimiento de Ametralladoras) al
frente.
Esto género que el regimiento acusara al gobierno de aprovechar la contraofensiva alemana como excusa para
dispersar a los elementos bolcheviques y amenazó con destituir al ejecutivo en caso de que éste siguiera
adelante con aquella orden «contrarrevolucionaria».
LA INSURRECCIÓN DE JULIO
El 4 de julio, soldados y obreros decididos a derrocar al gobierno provisional desfilaron armados por las calles de
Petrogrado y se agolparon frente al cuartel general bolchevique esperando instrucciones, pero Lenin no hizo
ningún llamamiento a la rebelión. Tras esta fracasada «insurrección de julio» llegaron las represalias. La policía
asaltó la sede del POSDR, detuvo a cientos de militantes y Lenin tuvo que exiliarse a Finlandia esta vez.
Alexander Kerenski siendo el único socialista del gobierno provisional, fue aclamado como la persona capaz de
reconciliar el país y detener la deriva hacia la guerra civil. Era el único político que gozaba de apoyo popular,
además de ser ampliamente aceptado por los líderes militares y la burguesía. Así que, el 8 de julio, sustituyó al
príncipe Lvov como primer ministro.
EL GOBIERNO DE KERENSKI
La actuación de Kerenski se volvió más autoritaria en cuanto accedió al cargo. Decretó nuevas restricciones a las
reuniones públicas, restauró la pena de muerte en el frente de guerra y decidió recuperar la disciplina militar.
Los principios del soviet ya no influían en el programa del nuevo gobierno de coalición.
Mientras tanto, el comandante en jefe del ejército, el general Lavr Kornilov, quiso establecerse como el
«salvador de la nación» y exigió medidas que en la práctica equivalían a la ley marcial. Kerenski accedió, pero
pronto cambió de idea y acabó recurriendo al sóviet y liberando a los líderes bolcheviques encarcelados para
hacer frente a las fuerzas del general, que iban camino de la capital para imponer el orden. No fue necesaria la
defensa previamente organizada porque los agitadores soviéticos convencieron a los cosacos de Kornilov para
que dejaran las armas, y éste fuera encarcelado junto con otros 30 oficiales. Estos «kornilovistas» se
convirtieron en el núcleo fundacional del futuro Ejército Blanco, las fuerzas que se enfrentarían al Ejército Rojo
durante la guerra civil que siguió al triunfo de la revolución bolchevique, entre 1918 y 1921.
EL MOMENTO DE LENIN
El golpe de Kornilov acabó debilitando a Kerenski y al gobierno provisional. Generando que se produjera un
fuerte deterioro de la disciplina en el seno del ejército. Llevando a un proceso de radicalización que se extendió
por las principales ciudades industriales. Sus grandes beneficiarios fueron los bolcheviques, que a principios de
septiembre obtuvieron sus primeras mayorías en los sóviets de Petrogrado, Moscú, Riga y Saratov.
Desde Finlandia, Lenin vio la oportunidad de tomar el poder. Ocasionando que urgiera a sus partidarios a una
insurrección inmediata, antes de que se celebrara en Petrogrado un Congreso de los sóviets de toda Rusia
previsto para el 20 de octubre, dado que si la transmisión del poder del parlamento a los sóviets se producía con
una votación en aquel Congreso, el resultado sería un gobierno de coalición formado por los partidos políticos
presentes en ese órgano, entre ellos sus rivales izquierdistas: los mencheviques (el ala moderada del POSDR) y el
Partido Social-Revolucionario. Lenin volvió de encubierto a Petrogrado, y el 10 de octubre convocó una reunión
del Comité Central de su partido y forzó la resolución (que ganó por diez votos contra dos) para preparar una
sublevación inminente.
El 16 de octubre, el Comité Central fue informado por sus activistas locales de que los soldados y los obreros de
Petrogrado necesitaban incentivos más sólidos para lanzarse a la rebelión y que tendrían que motivarlos para
que apoyasen una insurrección. Pero esto le resultaba indiferente a Lenin, ya que creía que lo único que hacía
falta era un pequeño contingente bien armado y organizado. Su opinión se volvió a imponer en el Comité
Central: el golpe se realizaría en un futuro inmediato.
Pocos pensaban que los bolcheviques pudieran aguantar mucho tiempo. Dado que tenían muchos
contratiempos y huelgas todo el tiempo.
A pesar de que la toma del poder se había llevado a cabo en nombre del sóviet, Lenin no tenía intención de
gobernar por medio de esa asamblea en la que otras facciones actuarían como freno parlamentario frente al
nuevo órgano de gobierno que había creado, el Consejo de Comisarios del Pueblo o Sovnarkom. El 4 de
noviembre, el Sovnarkom se atribuyó la capacidad de legislar sin la aprobación del sóviet.
Lenin llegó al poder prometiendo pan, tierra y paz, pero poner fin a la guerra no era fácil. Muchos bolcheviques
creían que firmar la paz con una potencia imperialista como Alemania sería una traición a la causa
internacionalista. Pero Lenin, a la vista de que el ejército ruso se estaba desintegrando rápidamente (en febrero
de 1918 Petrogrado fue atacada por los alemanes), no tuvo más opción que buscar un acuerdo de paz.
El 3 de marzo de 1918 se firmaba el tratado de Brest-Litovsk en unos términos ruinosos para Rusia: Polonia,
Finlandia, Estonia y Lituania lograban la independencia nominal para quedar bajo la protección alemana. La
nueva República Soviética perdió el 34 por ciento de su población, el 32 por ciento de su suelo agrícola, el 54 por
ciento de sus instalaciones industriales y el 89 por ciento de sus minas de carbón. Pero aquellos sacrificios
garantizaron a Lenin su posición de vencedor de las revoluciones de 1917. Su plan de consolidar su poder dentro
del país con vistas a la guerra civil que estaba por llegar finalmente podría ponerse en marcha.
Link 3:
La Revolución Rusa de 1917 no fue sólo una, sino dos ocasionadas con meses de separación y de diferencias
notables al analizarlas por separado.
Partes implicadas
Nicolás II y la Familia Imperial— Nikolai Aleksandrovich Romanov, hijo del zar ruso Alexander Alexandrovich
Romanov (Alexander III) y de Maria Fyodorovna Romanova.
Nicolás II tomó el trono a temprana edad por la repentina muerte de su padre. No estaba completamente
preparado para cumplir sus deberes reales, pero su gracia e inteligencia, y su fe en Dios, fueron características
que contrarrestaron su falta de preparación. Buscó en su familia y allegados fieles consejeros y la dirección de
alguien que lo guiara en su nuevo deber, pero al descubrir la verdad detrás de quienes lo rodeaban, su esposa se
convirtió en su amiga, confidente y apoyo principal para reinar Rusia. Unos años después, conoció a Grigory
Yefimovich Rasputin, quien supuestamente tenía poderes curativos, siendo muy atractivo para los zares, por la
enfermedad de su hijo, el Tsarevich Alexei Nikolaevich. Rasputin, como comúnmente se le conoce, influyó en las
decisiones políticas por la cercanía que tenía con la familia Romanov, en especial con la zarina. Su injerencia en
los asuntos políticos del imperio causaba inquietudes dentro y fuera de la corte; la oposición tomó provecho de
la “dependencia” de la familia hacia Rasputin para difamar y denigrar la imagen de los zares.
El descontento social por la crisis económica que vivía Rusia, entre otros acontecimientos dentro y fuera del
territorio gobernado por el zar, llevaron a Nicolás a abdicar del trono en Marzo de 1917 y más tarde el mismo
año a “refugiarse” con su familia a las afueras de la capital. En 1918 los bolcheviques movieron a la familia real a
la casa de Nikolái Ipátiev, en Ekaterinburgo. El 17 de Julio Nicolás II, Alexandra Fyodorvna, y sus hijos Olga,
Maria, Tatiana, Anastasia y Alexei murieron en manos de uno de los escuadrones de la Checa (fuerza militar y
política soviética), que terminaron con la dinastía Romanov.
Alexander Kerensky nació en Simbirsk, o Uliánovsk el 22 de Abril de 1881. Fue electo Diputado de la Cuarta
Duma Estatal del Partido del Trabajo, en donde se posicionó como líder e inició su labor revolucionaria al unirse
a un grupo antimonárquico que deseaba un cambio en el orden político y el rescate de la democracia, siendo
ésta la causa-efecto para el cambio deseado, que además de político, atentaba contra el cambio en el sistema
social. Kerensky era reconocido por sus discursos críticos al gobierno del zar, lo que lo llevaría a ser parte del
Partido Social Revolucionario y participar activamente en el Gobierno provisional. Logró mantener el control
hasta el mes de Octubre, y al no poder evitar la toma del poder por parte de los bolcheviques, salió del país.
Emigró a Nueva York, en donde impartió clases de Historia Rusa; murió el 11 de Junio de 1970.
Vladimir Lenin nació el 22 de Abril de 1870, en el mismo lugar en el que nacería su predecesor, Alexander
Kerensky unos años después (Simbirsk). Fue muy inteligente, pero al mostrar ideas revolucionarias fue
expulsado de la facultad de leyes. Estas ideas en parte, fueron herencia de su hermano mayor, condenado a la
horca por conspirar en la muerte de Alexander III, de su interés por las obras de Marx y del nihilista ruso Nikolai
Chernyshevsky. Fue fundador del periódico Iskra, de perfil revolucionario en el que Lenin y otros expresaban sus
ideas, como el rechazo a cualquier clase o sistema social que hubiera en Rusia, dado que el porcentaje más alto
de la población moría de hambre y vivía en condiciones precarias, evidenciando la falta de democracia social.
Así, se convirtió en líder del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia del ala bolchevique. A su regreso del exilio
el mes de Abril en 1917 comenzó su lucha contra el gobierno provisional de Kerensky, criticando la hambruna,
las condiciones económicas y el desorden social, por lo que fue exiliado nuevamente. Desde Finlandia, se puso
en contacto con el grupo revolucionario bolchevique para una insurgencia armada. Con Lenin nuevamente en
Rusia, el golpe militar hacia el gobierno de Kerensky se llevó a cabo a finales del mes de Octubre, dando fin a su
mandato.
Para remediar la situación económica de Rusia, implementó la Nueva Política Económica en 1918, siguiendo el
perfil socialista en el cual había ciertas concesiones a empresas privadas para elevar la economía, misma que se
siguió utilizando después de su muerte. Murió el 24 de enero de 1924.
Joseph Stalin nació el 6 de Diciembre de 1897 en Gori, Georgia, anexada a Rusia en 1801. Stalin fue un
estudiante brillante, pero era un joven rebelde con ideas revolucionarias, producto de su ideología tomada de
los escritos de Marx.
Joseph abandonó la escuela para unirse a la Revolución, y comenzó los escritos que serían publicados en
diferentes diarios, como el diario oficial del Partido bolchevique, Pravda. Uno de esos artículos fue firmado como
“Stalin”, que se traduce como hierro, siendo la dureza una característica que compartía con este material, y que
seguiría empleando a lo largo de su vida (Hingley, 2017). Poco después conoció a Lenin, líder del movimiento
revolucionario e ídolo de Stalin, quien más tarde lo nombraría en el Comité Central del Partido Bolchevique. Fue
ascendiendo en la jerarquía institucional del Partido hasta, más tarde ser el sucesor de Lenin en la lucha por el
socialismo, apoyado por Lev Kaménev y Zinovyev y al aliarse con Nikolay Bukharin y Aleksey Rykov, líderes de la
derecha. Siguiendo a su manera de llegar al poder, gobernó sin importarle las consecuencias de sus planes
nacionales (exterminios, hambrunas, etc).
Fue un hombre beligerante, que a medida de sus intereses ideológicos y régimen comunista, formó alianzas
durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, buscando la superioridad de la Unión Soviética,
posicionándola como potencia política, económica, militar y científica. Joseph Stalin murió el 5 de Marzo de
1953.
Leon Trotsky nació el 7 de Noviembre de 1879 en Yanokva, Ucrania, en una familia judía de granjeros. Era un
joven inquieto que se metía en problemas por sus ideas revolucionarias y actos ilegales, por lo que fue arrestado
y exiliado a Siberia, en donde se uniría al Partido Socialdemócrata. Antes de escaparse de su exilio en Siberia
adopto el pseudónimo de Trotsky; llegó a Londres, en donde comenzó a trabajar en la gaceta Iskra, junto con
Lenin y Social-Demócratas. En 1905 regresó secretamente a Rusia, que se encontraba en estado crítico por la
guerra con Japón, convirtiéndose en portavoz principal de la organización revolucionaria de obreros, el Consejo
de Diputados de los Trabajadores en San Petersburgo. Nuevamente fue arrestado, pero logró escaparse,
cambiando de ciudad en ciudad. Después de la Revolución de Febrero en 1917, regresó a San Petersburgo,
ahora Petrogrado para unirse al Partido Bolchevique, en donde encabezó el Comité Militar Revolucionario,
órgano primordial para que la Revolución de Octubre se llevara a cabo. Después de la Revolución, fue nombrado
Secretario de Asuntos Exteriores, desempeñando un papel trascendental en las negociaciones para la salida
pacífica de la Primera Guerra Mundial con Alemania y Austria.
Tras la muerte de Lenin, a pesar de ser el sucesor indicado, había ganado muchas enemistades dentro y fuera
del Partido, entre ellas la de Stalin, quien lo expulsaría del partido años más tarde. Fue exiliado de Rusia, y
finalmente se asentó en Coyoacán, México, en 1936, como refugiado político en la Casa Azul, con los famosos
artistas Diego Rivera y Frida Kahlo. Tras varios ataques atentando contra su vida, falleció el 21 de Agosto de
1940 por una herida en la cabeza.
Lev Kaménev nació el 18 de Julio en Moscú en 1883, mismo lugar en el que moriría el 25 de Agosto de 1936.
Inició siendo redactor en el periódico Iskra, de faceta marxista y publicaciones revolucionarias. Fue un
revolucionario bolchevique que más tarde se convertiría en presidente del Partido Comunista en Moscú, para
posteriormente fungir como vicepresidente durante el mandato de Vladimir Lenin. Para asegurar su postura
política tras la muerte de Lenin, colaboró con Stalin para difamar la reputación de Trotsky, quien era el sucesor
predilecto por miembros del Partido y el mismo Lenin. Tras su expulsión, las relaciones entre Kaménev, Stalin y
Grigory Zinoviev se tensaron, al punto en que fueron ejecutados en las Grandes Purgas de Stalin por “conspirar”
en contra del régimen y del Partido en 1936.
Duma— Asambleas representativas a las cuales se les designaron competencias específicas a partir de 1905, con
el fin de tener cierto “balance de poder” y que éste no radicara únicamente en el zar. Fue el inicio de la
transición hacia una monarquía constitucional, aunque el poder principal de emitir leyes residía en el zar, quien
también tenía el control militar.
A partir de la ruptura de la alianza hecha por Rusia a finales del siglo XIX con las potencias europeas
predominantes (Alemania y Austria-Hungría), el acercamiento con Francia se estrechó cada vez más, no sólo en
la no-agresión, sino también de las inversiones en el Imperio Ruso, el cual estaba entrando en la etapa de
industrialización. Poco después, Alemania seria aliada de Austria-Hungría debido a una serie de crisis
diplomáticas causadas por la ambición de Rusia e Austria-Hungría.
La industrialización en las potencias de Europa, y con ello el rápido crecimiento de sus economías, fue el
principal factor para la formación de alianzas. Alemania mantenía un crecimiento industrial que superaba a
Reino Unido, Rusia y Francia unidas, sobre todo en la producción de acero, siendo determinante para la
fabricación de maquinaria industrial y para la producción de armas y naves de guerra. Por ello, a pesar de la
rivalidad que se tenían Reino Unido y Rusia, debido al expansionismo ruso sobre las fronteras y territorios en
Asia Central, y el recelo británico de sentir amenazado su dominio en la India y Persia –su principal
abastecimiento de petróleo-, condujo a un acercamiento mutuo para minimizar el riesgo de invasión y conflictos
comerciales que minaran su influencia en las colonias sometidas a su dominio.
Aunque Rusia estaba militarmente debilitada, principalmente debido al desastre de la guerra ruso-japonesa de
1904-1905, su avance en la industrialización e inversiones extranjeras en el país, lograron que para 1914 se
tuviera ya una mediana capacidad ofensiva en el caso de un conflicto armado (Ecured, n.d.). La Armada rusa
necesitaba tener una ágil capacidad de movilización en caso de un ataque a Francia por parte de Alemania, de
ahí la importancia de inversión de capitales en la extensión de redes ferroviarias; así, los rusos se
comprometieron con Francia a atacar Alemania a los quince días de iniciada la guerra, movilizando por
ferrocarril a sus tropas.
La rápida mejora de la situación militar rusa alertó a Alemania, por la dificultad que representaría mantener la
guerra en ambos frentes (Rusia y Francia). Hubiese significado una casi segura derrota. Por ello, algunos mandos
alemanes opinaban iniciar la guerra cuanto antes, para evitar que Rusia y Francia continuaran fortaleciéndose
con el tiempo.
La inestabilidad de la región de los Balcanes fue un factor detonante de la Primera Guerra Mundial, estando
además en constante disputa entre los rusos y el Imperio AustroHúngaro. La anexión a Austria-Hungría de
Bosnia en 1908 empeoró la delicada situación política (McDougall, 2017). El fomento ruso en la creación de la
Liga Balcánica (Serbia, Montenegro, Bulgaria y Grecia), y la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra
Balcánica de 1912, cambiaron el mapa político de la región, resultando en una escalada de conflictos e
inestabilidad. En este volátil escenario, los Imperios Ruso y austro-húngaro comenzaron a movilizar sus ejércitos
como estrategia de preparación para lo que se percibía como inminente, la lucha frontal entre las grandes
potencias.
El zar Nicolás II de Rusia, vio la oportunidad para posicionarse estratégicamente, y declaró la guerra a Alemania
el 19 de Julio de 1914. Con ello, Nicolás II pretendía, adelantarse a sus rivales, y paralelamente recibir el apoyo
del pueblo ruso y de los políticos socialistas en la Duma. La situación interna en Rusia no era para menos
delicada que en el resto de la región central europea, ya que a pesar de las manifestaciones de inconformidad
de los sectores populares por la creciente pobreza y desigualdad social, no había cambios ni asomos de
democracia en el gobierno ruso (“Primera Guerra Mundial”, 2010). La acelerada industrialización en Rusia,
obligada por la constante amenaza alemana-austro-húngara, obligó a que millones de habitantes del campo
migraran a las ciudades para ocuparse en la industria, lo que generó el descontrolado crecimiento de las grandes
ciudades, acrecentando la miseria y escasez.
El apoyo inicial de la Duma y el pueblo que tuvo el zar Nicolás II al declarar la guerra a los alemanes,
rápidamente se desvaneció al acrecentarse la crisis económica interna y con la pérdida de cientos de miles vidas
humanas rusas en los frentes de batalla, en el conflicto bélico que no tenía un claro final.
Planteamiento del problema
Tras el duro golpe de la Revolución de Febrero, una segunda revolución era difícil de pensar para las partes
implicadas. La inestabilidad del pueblo ruso era un factor importante a considerar si se atentaba dar un golpe
militar al gobierno de Aleksander Kerensky. Sin embargo, por disposición de los bolcheviques fue así como
sucedió el 25 de Octubre de 1917.
Los bolcheviques tomaron el control del telégrafo, la central eléctrica, el banco y todos los 8 servicios estatales,
tomando el Petrogrado bajo su control (The Editors of Encyclopædia Britannica, 2017). Todo estaba tomado a
excepción del Palacio de Invierno, donde se encontraban los cabecillas del Consejo del Gobierno Provisional. A la
mañana siguiente se infiltraron en el Palacio. Kerensky logró escapar del destino que le deparaba a sus
compañeros. Lenin y el Consejo (Sovnarkom) ahora estaban en control de toda Rusia, poniendo fin a la guerra.
Prometió la abolición de la propiedad privada y expresó su intención de crear un sistema para los trabajadores
(sindicato) de las fábricas y el campo. El golpe militar fue “pacífico” sin, casi, resistencia alguna.
El nuevo gobierno cambió el calendario utilizado (juliano) al gregoriano, empleado por la mayoría de los países
en el mundo. Un mes después se firma la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial con el Tratado de Brest-
Litovsk con Alemania (Trotsky, 1932). Cinco días después el partido pasa a ser el “Partido Comunista” y
posteriormente, Moscú es nombrada la nueva capital rusa (Trotsky, 1932).
El constructivismo, a diferencia de muchas de las teorías positivistas de las relaciones internacionales, plantea
que toda estructura social es primariamente determinada por las ideas más que por los factores materiales. Esta
estructura regula cómo se comportan los actores y forma parte de su proceso de construcción.
Es una teoría estructural del Sistema Internacional que hace las siguientes afirmaciones centrales: los Estados
son las principales unidades de análisis de la teoría política internacional; las estructuras clave en el Sistema de
Estados son intersubjetivas, en lugar de materiales; y, las identidades e intereses de los Estados son construidos
en gran parte por estas estructuras sociales, más que exógenamente dadas al Sistema por la naturaleza humana
o la política doméstica (Zehfuss, 2004, pág. 39).
Las identidades pueden transformarse a través de procesos internos. Pero, en otras ocasiones, esto puede ser
motivado por procesos externos, capaces de encender la chispa del 9 cambio al interior. Un evento así fue la
Revolución Rusa de 1917. Si bien ya existían condiciones para que el régimen zarista llegara a su fin, la entrada
de Rusia a la Primera Guerra Mundial funcionó como un catalizador para este proceso.
Aunque los levantamientos de 1905 ya habían sentado las bases para que la subsecuente revolución de 1917, las
derrotas y el pobre desempeño de Rusia en la Gran Guerra propiciaron que hubiese un descontento
generalizado contra la figura del zar Nicolás II.
Con el fin de cambiar el curso de las cosas, Nicolás II decidió tomar la dirección del ejército él mismo, pero eso
no cambió mucho el escenario y el clamor popular se dirigió aún con más fuerza hacia su persona. Para
complicar el escenario, la zarina Alexandra había tomado el timón de la administración del Estado Ruso, lo que
sólo exacerbó el malestar, pues por un lado su sangre alemana levantaba sospechas de una posible colusión y,
por el otro, su cercana relación con el monje Rasputín y la influencia que éste proyectaba en la corona llevó a
malas decisiones, problemas económicos y una pobre gobernanza. Aunado a todo ello, la entrada del Imperio
Otomano al conflicto privó a Rusia del acceso a ciertas rutas comerciales, empeorando el desempeño económico
del país.
La gota que derramó el vaso fue cuando el gobierno del zar, con el fin de continuar financiando la guerra,
imprimió dinero indiscriminadamente provocando una hiperinflación que golpeó severamente a la población
rusa, cuya moral ya estaba bastante decaída con los resultados de la participación en el conflicto. Esto más el
rechazo de Nicolás a efectuar reformas internas precipitaron el colapso del régimen.
Así, comenzó la Revolución de Febrero, misma que el zar intentó reprimir violentamente sin mucho éxito, lo que
llevó a su abdicación y al establecimiento de un gobierno provisional formado dentro de la Duma. Pero esta
nueva administración no fue capaz de atender las demandas de una población abatida, lo que cimentó la
posibilidad de la oposición para llegar al poder.
De tal forma, y tras el regreso del exilio de Vladimir Lenin, los bolcheviques iniciaron una nueva revolución
contra el gobierno provisional, dando lugar a una guerra civil que terminó el triunfo del Ejército Rojo y la
instauración de un nuevo régimen con una ideología política distinta a cualquiera que existiese, es decir, con una
nueva identidad.
Así, la interacción de Rusia con otros Estados en la estructura en la Primera Guerra Mundial tuvo profundo
efectos al interior de sus fronteras, encendiendo la chispa del cambio. De tal forma, esta intersubjetividad creó
un suelo fértil para nuevas ideas capaces de transformar al Estado Ruso por completo.
La lucha entre dos distintos ideales –el Marxismo-Leninismo del Ejército Rojo y las diversas ideologías recogidas
por el Ejército Blanco– fue más allá de la distribución de las capacidades materiales, dándole una nueva
identidad al país. Rusia ya no sería más esa monarquía autocrática que Nicolás II había dirigido tan
inefectivamente, sino un país nuevo que respondería a otros intereses correspondientes a su nueva identidad.
Esta nueva identidad buscaba responder a los intereses de las masas, de la gente común, de los campesinos y
obreros que habían sido abusados e ignorados por el régimen zarista que sólo había protegido los intereses de la
nobleza y la aristocracia. De esta forma el nuevo Estado, la Unión Soviética, transformó radicalmente la
identidad del Estado y con ella no sólo sus intereses, sino también su comportamiento en el escenario
internacional.
La Unión Soviética buscó esparcir sus ideas por el mundo y llevar la revolución del proletariado a otras partes,
adoptando así un nuevo rol en el Sistema Internacional, muy diferente al que había tenido antes de la
Revolución y que tuvo hasta el fin de la Guerra Fría.
Conclusión
El periodo que Rusia vivió desde la guerra ruso-japonesa hasta la creación de la Unión Soviética refleja el cambio
de identidad político-social y económica que impactó a nivel mundial, no únicamente a la identidad de lo que
Rusia es hoy.
Las Revoluciones suscitadas en 1917 culminaron el legado de la dinastía que imperó por más de 300 años, y a su
vez fue inicio de una nueva forma de gobierno, con sus aceptables errores y ajustes, pero más que de gobierno,
fue un cambio de orden social. Ahora, la sociedad ejercía la democracia y al mismo tiempo, era quien vigilaba el
cumplimiento de la misma. Los intentos por parte de los grupos revolucionarios de eliminar la brecha de
desigualdad no fueron en vano, a pesar que el comunismo duró poco, generó cambios permanentes en la
estructura del sistema estatal.
En resumen, las Revoluciones fueron un proceso que resultó en un cambió de identidad al interior y al exterior
de Rusia. Tal y como el constructivismo lo plantea, las interacciones con otros Estados en el sistema
internacional que el país vivió en la Primera Guerra Mundial tuvieron sus efectos al interior de sus fronteras,
llevando a un cambio que posteriormente se materializó también en el propio rol de Rusia en el escenario
internacional, teniendo a su vez un impacto en la estructura intersubjetiva e incluso modificándola,
especialmente en el periodo de la Guerra Fría.