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Teoría Literaria - El Gato Negro

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espantosos que barrocos.

Más adelante, tal

vez, aparecerá alguien cuya inteligencia

reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una

inteligencia más serena, más lógica y mucho

menos excitable que la mía, capaz de ver en las

circunstancias que temerosamente describiré,

una vulgar sucesión de causas y efectos

naturales.

Desde la infancia me destaqué por la docilidad

19 de agosto de 1843 y bondad de mi carácter. La ternura que

abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba

No espero ni pido que alguien crea en el extraño a convertirme en objeto de burla para mis

aunque simple relato que me dispongo a compañeros. Me gustaban especialmente los

escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis animales, y mis padres me permitían tener una

sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte

estoy loco y sé muy bien que esto no es un del tiempo, y jamás me sentía más feliz que

sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy cuando les daba de comer y los acariciaba. Este

mi alma. Mi propósito inmediato consiste en rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando

poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis

comentarios, una serie de episodios principales fuentes de placer. Aquellos que

domésticos. Las consecuencias de esos alguna vez han experimentado cariño hacia un

episodios me han aterrorizado, me han perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste

torturado y, por fin, me han destruido. Pero no en explicarles la naturaleza o la intensidad de la

intentaré explicarlos. Si para mí han sido retribución que recibía. Hay algo en el generoso

horribles, para otros resultarán menos y abnegado amor de un animal que llega
directamente al corazón de aquel que con Nuestra amistad duró así varios años, en el

frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi

fidelidad del hombre. temperamento y mi carácter se alteraron

radicalmente por culpa del demonio.


Me casé joven y tuve la alegría de que mi
Intemperancia. Día a día me fui volviendo más
esposa compartiera mis preferencias. Al
melancólico, irritable e indiferente hacia los
observar mi gusto por los animales domésticos,
sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar
no perdía oportunidad de procurarme los más
descomedidamente a mi mujer y terminé por
agradables de entre ellos. Teníamos pájaros,
infligirle violencias personales. Mis favoritos,
peces de colores, un hermoso perro, conejos,
claro está, sintieron igualmente el cambio de mi
un monito y un gato.
carácter. No sólo los descuidaba, sino que
Este último era un animal de notable tamaño y
llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin
hermosura, completamente negro y de una
embargo, conservé suficiente consideración
sagacidad asombrosa. Al referirse a su
como para abstenerme de maltratarlo, cosa que
inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no
hacía con los conejos, el mono y hasta el perro
poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la
cuando, por casualidad o movidos por el afecto,
antigua creencia popular de que todos los gatos
se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad,
negros son brujas metamorfoseadas. No quiero
empero, se agravaba -pues, ¿qué enfermedad
decir que lo creyera seriamente, y sólo
es comparable al alcohol?-, y finalmente el
menciono la cosa porque acabo de recordarla.
mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto,

Plutón -tal era el nombre del gato- se había algo enojadizo, empezó a sufrir las

convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo consecuencias de mi mal humor.

yo le daba de comer y él me seguía por todas

partes en casa. Me costaba mucho impedir que

anduviera tras de mí en la calle.


Cuando la razón retornó con la mañana, cuando

hube disipado en el sueño los vapores de la

orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba

con el remordimiento ante el crimen cometido;

pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no

alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me

hundí en los excesos y muy pronto ahogué en

vino los recuerdos de lo sucedido.

Una noche en que volvía a casa completamente El gato, entretanto, mejoraba poco a poco.

embriagado, después de una de mis correrías Cierto que la órbita donde faltaba el ojo

por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presentaba un horrible aspecto, pero el animal

presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de

por mi violencia, me mordió ligeramente en la costumbre, por la casa, aunque, como es de

mano. Al punto se apoderó de mí una furia imaginar, huía aterrorizado al verme. Me

demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como quedaba aún bastante de mi antigua manera de

si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi ser para sentirme agraviado por la evidente

cuerpo; una maldad más que diabólica, antipatía de un animal que alguna vez me había

alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en

de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi

cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre caída final e irrevocable, se presentó el espíritu

animal por el pescuezo y, deliberadamente, le de la perversidad. La filosofía no tiene en

hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan

tiemblo mientras escribo tan condenable seguro estoy de que mi alma existe como de

atrocidad. que la perversidad es uno de los impulsos

primordiales del corazón humano, una de las


facultades primarias indivisibles, uno de esos pecado, un pecado mortal que comprometería

sentimientos que dirigen el carácter del hombre. mi alma hasta llevarla -si ello fuera posible- más

¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien allá del alcance de la infinita misericordia del

veces en momentos en que cometía una acción Dios más misericordioso y más terrible.

tonta o malvada por la simple razón de que no


La noche de aquel mismo día en que cometí tan
debía cometerla? ¿No hay en nosotros una
cruel acción me despertaron gritos de:
tendencia permanente, que enfrenta
“¡Incendio!” Las cortinas de mi cama eran una
descaradamente al buen sentido, una tendencia
llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con
a transgredir lo que constituye la Ley por el solo
gran dificultad pudimos escapar de la
hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se
conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo
presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el
quedó destruido. Mis bienes terrenales se
insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse
perdieron y desde ese momento tuve que
a sí misma, de violentar su propia naturaleza,
resignarme a la desesperanza.
de hacer mal por el mal mismo, me incitó a
No incurriré en la debilidad de establecer una
continuar y, finalmente, a consumar el suplicio
relación de causa y efecto entre el desastre y mi
que había infligido a la inocente bestia. Una
criminal acción. Pero estoy detallando una
mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo
cadena de hechos y no quiero dejar ningún
por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un
eslabón incompleto. Al día siguiente del
árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas
incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las
manaban de mis ojos y el más amargo
paredes se habían desplomado. La que
remordimiento me apretaba el corazón; lo
quedaba en pie era un tabique divisorio de poco
ahorqué porque recordaba que me había
espesor, situado en el centro de la casa, y
querido y porque estaba seguro de que no me
contra el cual se apoyaba antes la cabecera de
había dado motivo para matarlo; lo ahorqué
mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de
porque sabía que, al hacerlo, cometía un
la acción del fuego, cosa que atribuí a su acción de las llamas y el amoniaco del cadáver,

reciente aplicación. Una densa muchedumbre produjo la imagen que acababa de ver.

habíase reunido frente a la pared y varias


Si bien en esta forma quedó satisfecha mi
personas parecían examinar parte de la misma
razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño
con gran atención y detalle. Las palabras
episodio, lo ocurrido impresionó profundamente
“¡extraño!, ¡curioso!” y otras similares excitaron
mi imaginación. Durante muchos meses no
mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la
pude librarme del fantasma del gato, y en todo
blanca superficie, grabada como un
ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento
bajorrelieve, aparecía la imagen de un
informe que se parecía, sin serlo, al
gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez
remordimiento. Llegué al punto de lamentar la
verdaderamente maravillosa. Había una soga
pérdida del animal y buscar, en los viles antros
alrededor del pescuezo del animal.
que habitualmente frecuentaba, algún otro de la

Al descubrir esta aparición -ya que no podía misma especie y apariencia que pudiera ocupar

considerarla otra cosa- me sentí dominado por su lugar.

el asombro y el terror. Pero la reflexión vino


Una noche en que, borracho a medias, me
luego en mi ayuda. Recordé que había
hallaba en una taberna más que infame,
ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa.
reclamó mi atención algo negro posado sobre
Al producirse la alarma del incendio, la multitud
uno de los enormes toneles de ginebra que
había invadido inmediatamente el jardín:
constituían el principal moblaje del lugar.
alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en
Durante algunos minutos había estado mirando
mi habitación por la ventana abierta. Sin duda,
dicho tonel y me sorprendió no haber advertido
habían tratado de despertarme en esa forma.
antes la presencia de la mancha negra en lo
Probablemente la caída de las paredes
alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era
comprimió a la víctima de mi crueldad contra el
un gato negro muy grande, tan grande como
enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la
Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un que pueda decir cómo ni por qué- su marcado

detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en cariño por mí me disgustaba y me fatigaba.

el cuerpo, mientras este gato mostraba una Gradualmente, el sentimiento de disgusto y

vasta aunque indefinida mancha blanca que le fatiga creció hasta alcanzar la amargura del

cubría casi todo el pecho. odio. Evitaba encontrarme con el animal; un

resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad


Al sentirse acariciado se enderezó
de antaño me vedaban maltratarlo. Durante
prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó
algunas semanas me abstuve de pegarle o de
contra mi mano y pareció encantado de mis
hacerlo víctima de cualquier violencia; pero
atenciones. Acababa, pues, de encontrar el
gradualmente -muy gradualmente- llegué a
animal que precisamente andaba buscando. De
mirarlo con inexpresable odio y a huir en
inmediato, propuse su compra al tabernero,
silencio de su detestable presencia, como si
pero me contestó que el animal no era suyo y
fuera una emanación de la peste.
que jamás lo había visto antes ni sabía nada de

él. Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio

fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo


Continué acariciando al gato y, cuando me
traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón,
disponía a volver a casa, el animal pareció
era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente
dispuesto a acompañarme. Le permití que lo
la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como
hiciera, deteniéndome una y otra vez para
ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos
inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en
humanitarios que alguna vez habían sido mi
casa, se acostumbró a ella de inmediato y se
rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más
convirtió en el gran favorito de mi mujer.
simples y más puros.
Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una
El cariño del gato por mí parecía aumentar en el
antipatía hacia aquel animal. Era exactamente
mismo grado que mi aversión. Seguía mis
lo contrario de lo que había anticipado, pero -sin
pasos con una pertinencia que me costaría que yo había matado. El lector recordará que

hacer entender al lector. Dondequiera que me esta mancha, aunque grande, me había

sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba parecido al principio de forma indefinida; pero

a mis rodillas, prodigándome sus odiosas gradualmente, de manera tan imperceptible que

caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mi razón luchó durante largo tiempo por

mis pies, amenazando con hacerme caer, o rechazarla como fantástica, la mancha fue

bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis asumiendo un contorno de rigurosa precisión.

ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En Representaba ahora algo que me estremezco al

esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera

un solo golpe, me sentía paralizado por el querido librarme del monstruo si hubiese sido

recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo - capaz de atreverme; representaba, digo, la

quiero confesarlo ahora mismo- por un imagen de una cosa atroz, siniestra…, ¡la

espantoso temor al animal. imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible

máquina del horror y del crimen, de la agonía y


Aquel temor no era precisamente miedo de un
de la muerte!
mal físico y, sin embargo, me sería imposible

definirlo de otra manera. Me siento casi Me sentí entonces más miserable que todas las

avergonzado de reconocer, sí, aún en esta miserias humanas. ¡Pensar que una bestia,

celda de criminales me siento casi avergonzado cuyo semejante había yo destruido

de reconocer que el terror, el espanto que aquel desdeñosamente, una bestia era capaz de

animal me inspiraba, era intensificado por una producir tan insoportable angustia en un

de las más insensatas quimeras que sería dado hombre creado a imagen y semejanza de Dios!

concebir. Más de una vez mi mujer me había ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la

llamado la atención sobre la forma de la mancha bendición del reposo! De día, aquella criatura

blanca de la cual ya he hablado, y que constituía no me dejaba un instante solo; de noche,

la única diferencia entre el extraño animal y el despertaba hora a hora de los más horrorosos
sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa hasta entonces habían detenido mi mano,

en mi rostro y su terrible peso -pesadilla descargué un golpe que hubiera matado

encarnada de la que no me era posible instantáneamente al animal de haberlo

desprenderme- apoyado eternamente sobre mi alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su

corazón. trayectoria. Entonces, llevado por su

intervención a una rabia más que demoníaca,


Bajo el agobio de tormentos semejantes,
me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la
sucumbió en mí lo poco que me quedaba de
cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis
bueno. Sólo los malos pensamientos
pies.
disfrutaban ya de mi intimidad; los más

tenebrosos, los más perversos pensamientos. Cumplido este espantoso asesinato, me

La melancolía habitual de mi humor creció entregué al punto y con toda sangre fría a la

hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era

que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi imposible sacarlo de casa, tanto de día como de

pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a noche, sin correr el riesgo de que algún vecino

ser la habitual y paciente víctima de los me observara. Diversos proyectos cruzaron mi

repentinos y frecuentes arrebatos de ciega mente. Por un momento pensé en descuartizar

cólera a que me abandonaba. el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me

ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano.


Cierto día, para cumplir una tarea doméstica,
Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo
me acompañó al sótano de la vieja casa donde
al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si
nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me
se tratara de una mercadería común, y llamar a
siguió mientras bajaba la empinada escalera y
un mozo de cordel para que lo retirara de casa.
estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual
Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor
me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha
expediente y decidí emparedar el cadáver en el
y olvidando en mi rabia los pueriles temores que
sótano, tal como se dice que los monjes de la estaba bien. La pared no mostraba la menor

Edad Media emparedaban a sus víctimas. señal de haber sido tocada. Había barrido hasta

el menor fragmento de material suelto. Miré en


El sótano se adaptaba bien a este propósito.
torno, triunfante, y me dije: “Aquí, por lo menos,
Sus muros eran de material poco resistente y
no he trabajado en vano”.
estaban recién revocados con un mortero

ordinario, que la humedad de la atmósfera no Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia

había dejado endurecer. Además, en una de las causante de tanta desgracia, pues al final me

paredes se veía la saliencia de una falsa había decidido a matarla. Si en aquel momento

chimenea, la cual había sido rellenada y tratada el gato hubiera surgido ante mí, su destino

de manera semejante al resto del sótano. Sin habría quedado sellado, pero, por lo visto, el

lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos astuto animal, alarmado por la violencia de mi

en esa parte, introducir el cadáver y tapar el primer acceso de cólera, se cuidaba de

agujero como antes, de manera que ninguna aparecer mientras no cambiara mi humor.

mirada pudiese descubrir algo sospechoso. Imposible describir o imaginar el profundo, el

maravilloso alivio que la ausencia de la


No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente
detestada criatura trajo a mi pecho. No se
saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y,
presentó aquella noche, y así, por primera vez
luego de colocar cuidadosamente el cuerpo
desde su llegada a la casa, pude dormir
contra la pared interna, lo mantuve en esa
profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, aun
posición mientras aplicaba de nuevo la
con el peso del crimen sobre mi alma.
mampostería en su forma original. Después de

procurarme argamasa, arena y cerda, preparé Pasaron el segundo y el tercer día y mi

un enlucido que no se distinguía del anterior y atormentador no volvía. Una vez más respiré

revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo

Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo había huido de casa para siempre! ¡Ya no
volvería a contemplarlo! Gozaba de una lo menos, una palabra como prueba de triunfo y

suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción confirmar doblemente mi inocencia.

me preocupaba muy poco. Se practicaron


-Caballeros -dije, por fin, cuando el grupo subía
algunas averiguaciones, a las que no me costó
la escalera-, me alegro mucho de haber
mucho responder. Incluso hubo una
disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y
perquisición en la casa; pero, naturalmente, no
un poco más de cortesía. Dicho sea de paso,
se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me
caballeros, esta casa está muy bien
parecía asegurada.
construida… (En mi frenético deseo de decir

Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías alguna cosa con naturalidad, casi no me daba

se presentó inesperadamente y procedió a una cuenta de mis palabras). Repito que es una

nueva y rigurosa inspección. Convencido de casa de excelente construcción. Estas

que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la paredes… ¿ya se marchan ustedes,

más leve inquietud. Los oficiales me pidieron caballeros?… tienen una gran solidez.

que los acompañara en su examen. No dejaron


Y entonces, arrastrado por mis propias
hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera
bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que
o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin
llevaba en la mano sobre la pared del
que me temblara un solo músculo. Mi corazón
enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver
latía tranquilamente, como el de aquel que
de la esposa de mi corazón.
duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al
¡Que Dios me proteja y me libre de las garras
otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre
del archidemonio! Apenas había cesado el eco
el pecho y andaba tranquilamente de aquí para
de mis golpes cuando una voz respondió desde
allá. Los policías estaban completamente
dentro de la tumba. Un quejido, sordo y
satisfechos y se disponían a marcharse. La
entrecortado al comienzo, semejante al sollozar
alegría de mi corazón era demasiado grande
de un niño, que luego creció rápidamente hasta
para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por
convertirse en un largo, agudo y continuo

alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un

clamor de lamentación, mitad de horror, mitad

de triunfo, como sólo puede haber brotado en el

infierno de la garganta de los condenados en su

agonía y de los demonios exultantes en la

condenación.

Hablar de lo que pensé en ese momento sería


Sobre el autor
locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome

hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo

de hombres en la escalera quedó paralizado por

el terror. Luego, una docena de robustos brazos

atacaron la pared, que cayó de una pieza. El

cadáver, ya muy corrompido y manchado de

sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos

de los espectadores. Sobre su cabeza, con la


La imagen de Edgar Allan Poe como
roja boca abierta y el único ojo como de fuego, mórbido cultivador de la literatura de terror ha

estaba agazapada la horrible bestia cuya entorpecido en ocasiones la justa apreciación


de su trascendencia literaria. Ciertamente fue el
astucia me había inducido al asesinato y cuya
gran maestro del género, e inauguró además el
voz delatadora me entregaba al verdugo. relato policial y la ciencia ficción; pero, sobre

¡Había emparedado al monstruo en la tumba! todo, revalorizó y revitalizó el cuento tanto


desde sus escritos teóricos como en su praxis
FIN literaria, demostrando que su potencial
expresivo nada tenía que envidiar a la novela y
otorgando al relato breve la dignidad y el
prestigio que modernamente posee.
Biografía contrajo matrimonio con su jovencísima prima
Virginia Clemm, que tenía entoces catorce
Edgar Allan Poe perdió a sus padres,
años. Por esta época entró como redactor en el
actores de teatro itinerantes, cuando contaba
periódico Southern Baltimore Messenger, en el
apenas dos años de edad. El pequeño Edgar
que aparecieron diversas narraciones y poemas
fue educado por John Allan, un acaudalado
suyos, y que bajo su dirección se convertiría en
hombre de negocios de Richmond. Las
el más importante periódico del sur del país.
relaciones de Poe con su padre adoptivo fueron
Más tarde colaboró en varias revistas en
traumáticas; también la temprana muerte de su
Filadelfia y Nueva York, ciudad en la que se
madre se convertiría en una de sus obsesiones
había instalado con su esposa en 1837.
recurrentes. De 1815 a 1820 vivió con John
En 1832, y después de la publicación de
Allan y su esposa en el Reino Unido, donde
su tercer libro, Poemas (Poems by Edgar Allan
comenzó su educación.
Poe, 1831), se desplazó a Baltimore, donde
Después de regresar a Estados Unidos, contrajo matrimonio con su jovencísima prima
Edgar Allan Poe siguió estudiando en centros Virginia Clemm, que tenía entoces catorce
privados y asistió a la Universidad de Virginia, años. Por esta época entró como redactor en el
pero en 1827 su afición al juego y a la bebida le periódico Southern Baltimore Messenger, en el
acarreó la expulsión. Abandonó poco después que aparecieron diversas narraciones y poemas
el puesto de empleado que le había asignado suyos, y que bajo su dirección se convertiría en
su padre adoptivo, y viajó a Boston, donde el más importante periódico del sur del país.
publicó anónimamente su primer Más tarde colaboró en varias revistas en
libro, Tamerlán y otros poemas (Tamerlane and Filadelfia y Nueva York, ciudad en la que se
Other Poems, 1827). había instalado con su esposa en 1837.
Su labor como crítico literario incisivo y a
Se alistó luego en el ejército, en el que
menudo escandaloso le granjeó cierta
permaneció dos años. En 1829 apareció su
notoriedad, y sus originales apreciaciones
segundo libro de poemas, Al Aaraaf, y obtuvo,
acerca del cuento y de la naturaleza de la
por influencia de su padre adoptivo, un cargo en
poesía no dejarían de ganar influencia con el
la Academia Militar de West Point, de la que a
tiempo. En 1840 publicó en Filadelfia Cuentos
los pocos meses fue expulsado por negligencia
de lo grotesco y lo arabesco; obtuvo luego un
en el cumplimiento del deber.
extraordinario éxito con El escarabajo de
En 1832, y después de la publicación de
oro (1843), relato acerca de un fabuloso tesoro
su tercer libro, Poemas (Poems by Edgar Allan
enterrado, tan emblemático de su escritura
Poe, 1831), se desplazó a Baltimore, donde
como el poemario El cuervo y otros
poemas (1845), que llevó a la cumbre su
reputación literaria.
La larga enfermedad de su esposa
convirtió su matrimonio en una experiencia
amarga; cuando ella murió, en 1847, se agravó
su tendencia al alcoholismo y al consumo de
drogas, según testimonio de sus
contemporáneos. Ambas adicciones fueron,
con toda probabilidad, la causa de su muerte,
acaecida en 1849: fue hallado inconsciente en
una calle de Baltimore y conducido a un
hospital, donde falleció pocos días más tarde,
aparentemente de un ataque cerebral.

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