NO TE RINDAS
SAN JUAN 5:1-18
Posiblemente en más de una ocasión te han faltado las fuerzas y la fe para esperar por
las promesas que has estado anhelando. Seguramente has preguntado: ¿cuánto tiempo
más tendré que esperar? No te rindas si no ves la respuesta de inmediato. ¡Lo que Dios
ha prometido, lo hará!
Se encontraba allí cierto hombre que había estado enfermo durante treinta y ocho años.
Cuando Jesús lo vio tendido y supo que ya había pasado tanto tiempo así, le preguntó:
¿Quieres ser sano Juan 5:5-6
Este hombre llevaba treinta y ocho años de estar postrado enfermo, y Jesús al verlo
supo que había pasado mucho tiempo así.
Al igual que este hombre hay muchas personas que han estado esperando por su
respuesta, ha pasado bastante tiempo y no han recibido su milagro. El lugar donde este
enfermo estaba esperando se llama Bethesda que significa casa de misericordia.
No importa cuán paralizado se sienta en estos momentos, qué tan difícil ha sido este
tiempo. Dios puede ayudarte en tus necesidades más profundas. NO TE RINDAS
FRENTE A ESAS BATALLAS POR NO ESTAS SOLO(A)
No permita que un problema o las circunstancias adversas motiven la pérdida de tu
esperanza. El Señor puede hacer una obra especial en tu favor a pesar de la condición
No te rindas, la misericordia de Dios es para siempre. Su bondad sobrepasa cualquier
límite. La misericordia de Dios se ha de manifestar también en tu vida.
No importa cuán paralizado te sientas en estos momentos, qué tan difícil ha sido este
tiempo. Dios puede ayudarte en tus necesidades más profundas.
TREINTA Y OCHO AÑOS.
El enfermo representa al pueblo que quedó sin alcanzar la promesa. Había estado ahí
treinta y ocho años, como los de la generación que murió sin ver la tierra prometida.
El tiempo que anduvimos desde Cades-bornea hasta que cruzamos el arroyo de Zered
fue de treinta y ocho años, hasta que se acabó toda la generación de hombres de guerra
de en medio del campamento, como el SEÑOR les había jurado. Deu 2:14
Toda esa generación quedó tirada en el desierto por su incredulidad y dureza de
corazón. Ahora Jesús viene extendiendo su misericordia y llega a darle una nueva
oportunidad.
Con grandes milagros, liberó de la esclavitud a los israelitas, a través del desierto
desolado y hasta el mismo límite de la tierra prometida. El los protegió, los alimentó, y
cumplió todas sus promesas.
Los alentó para que dieran el último paso de fe y entraran en la tierra, el pueblo se
rehusó. Después de ser testigos de grandes milagros, ¿por qué dejaron de confiar en
Dios?
Mantengamos siempre presente todo lo que El Señor ha hecho, Él lo puede volver hacer,
recordemos todo lo que Él ha hecho por nosotros.
QUE LAS DUDAS SE DISIPEN.
Las incomodidades del desierto, las limitaciones y todas las adversidades que
enfrentaron en el camino hacia la promesa fueron factores que alimentaron las dudas y
el temor de no ver la promesa de Dios.
Las dudas hay que disiparlas, no dejar que crezcan ni mucho menos se apoderen de
nuestros pensamientos.
Cuando todo parece conspirar contra el cumplimiento de las promesas de Dios, el
Espíritu Santo se levanta en nosotros con palabras de consuelo: Espera, no te rindas,
¡sigue confiando en Él!
Dios está obrando en cada hora de tu situación, así que no dudes. En lugar de ello,
levántate y pelea la buena batalla de la fe.
QUIERES SER SANO
No era una pregunta obvia como parece, más bien era una pregunta desafiante. Aquel
hombre había estado esperando treinta y ocho años, y bien podía ser que hubiera
perdido toda esperanza y se encontrara sumido en una desesperación funesta y
lamentable.
Jesús estaba “midiendo” su nivel de fe, o, dicho de otra forma, lo estaba haciendo
reflexionar para provocar un cambio de su condición. Este hombre a pesar de llevar
tanto tiempo en esa condición seguía esperando por el milagro.
TODO ES POSIBLE.
Y Jesús le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible.
Para el hombre enfermo debió haber sido frustrante ver como durante treinta y ocho
años otros eran sanados, otros recibían su milagro y él seguía en la misma situación.
El problema era que el hombre enfermo no tenía quien lo ayudara; nadie lo podía meter
al estanque para que recibiera su milagro. Pero llegó el día en que Jesús se presentó en
su vida y se dio cuenta de lo mucho que tenía en esa condición.
Hoy contamos con la gracia de nuestro Dios, ya no estamos solos, su maravillosa
presencia es real en nuestra vida; todo es posible si solo creemos en la gracia y
misericordia de Dios.
NO TE RINDAS.
Sigue esperando confiadamente. la obra que Él empezó en nuestra vida ciertamente la
perfeccionará. Sigue creyendo, sigue adelante. Dios está de nuestra parte, descansa en
Él.
Mientras sigues confiando en su promesa busca renovar tus fuerzas para seguir
adelante. Las respuestas de Dios siempre son las más indicadas.
“Pero los que tienen su esperanza puesta en el SEÑOR renovarán sus fuerzas. Les
crecerán alas como a las águilas; correrán sin fatigarse, caminarán sin cansarse.” Isa
40:31