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4° Misterios Gloriosos

Este documento presenta una reflexión sobre los misterios gloriosos del rosario. Se divide en cuatro partes correspondientes a cada misterio, e incluye oraciones e intenciones. Cada parte contiene una breve lectura bíblica, una reflexión y conclusiones sobre el misterio, y conclusiones para orar.
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4° Misterios Gloriosos

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Rosario a la Aurora

MISTERIOS GLORIOSOS
Saludo (Lector 1):
Querida familia, en este nuevo amanecer nos reunimos con gratitud en nuestros
corazones, conscientes del regalo de la vida y la oportunidad de estar juntos en oración.
Hoy, en este último Rosario de la Aurora del mes de mayo, nos disponemos a meditar
los misterios gloriosos en compañía de las juntas de padres de familia de nuestras
unidades educativas.
Iniciemos este momento de encuentro y reflexión con profundo agradecimiento al Señor
por su amor y bondad. Recordemos especialmente a todas las madres de nuestra
comunidad educativa, quienes con su amor y sacrificio reflejan el amor de Dios en
nuestras vidas.
Vamos a orar con mucho énfasis por todas las madres de nuestra unidad educativa
diciendo juntos:
«Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».
Oremos:
Gracias Señor por el día, por tu mensaje de amor que nos das en cada flor, por esta luz
de alegría, te doy las gracias, Señor
Gracias, Señor por este camino donde caigo y me levanto, donde te entrego mi canto
mientras marcho como peregrino.
Gracias Señor, por la luz que ilumina mi existir, por este dulce dormir que me devuelve
a mirarte ¡Gracias Señor, por vivir! Amén.
Un momento de silencio (Pausa)

Mientras vamos caminando, lo hacemos cantando a viva voz, reconociendo que


necesitamos de la presencia del Señor en nuestras vidas y qué mejor forma que
conociéndonos frágiles para acoger su presencia.

Cantamos el canto del perdón – Perdóname Señor

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Rosario a la Aurora

PRIMER MISTERIO: La resurrección Jesús (Lector 2)

“El primer día de la semana, muy de temprano, fueron al


sepulcro llevando los perfumes que habían preparado. Pero
encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y
entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No
sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas
dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas,
atemorizadas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: "¿Por qué
buscan ente los muertos al que está vivo? No está aquí, ha
resucitado" (Lc 24, 1-6). Palabra del Señor
Reflexión
Nos alegramos porque ¡Jesús ha resucitado! Su amor ha superado el odio, la vida ha
vencido a la muerte y la esperanza ha superado el pesimismo. En este misterio glorioso
de la resurrección, encontramos el núcleo de nuestra fe: Jesús ha triunfado sobre la
muerte y nos abre las puertas a la vida eterna. Nuestro destino es vivir en la presencia
amorosa de Dios, en plenitud y felicidad eternas.
Las mujeres, valientes testigos de la resurrección, nos muestran el camino hacia esta
esperanza eterna. Con alegría, comparten la buena noticia: la vida no termina con la
muerte, nos espera la vida eterna en la presencia de Dios.
Dar testimonio de la resurrección va más allá de repetir una verdad aprendida o seguir
una tradición familiar. Significa sentirnos enviados por Jesús para llevar vida a quienes
nos encontramos cada día. Que, en este Rosario, como padres de familia, seamos
portadores de la esperanza y la alegría que brotan de la resurrección de Cristo. Amén.

Intenciones
- Que, como padres y madres de familia, podamos ser auténticos testigos del
amor y la esperanza que brotan de la resurrección de Cristo, guiando a
nuestros hijos e hijas con fe y convicción en el camino del seguimiento de
Jesús. Oremos al Señor.
- - Que María, nuestra Buena Madre, nos enseñe a aceptarnos a nosotros mismos con
nuestras virtudes y defectos, a presentar ante Dios nuestros planes y sueños, y a
buscar su ayuda constante en cada paso que damos. Oremos al Señor.
(Lector 3)
Padre Nuestro
10 – Ave María
Gloria

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Rosario a la Aurora

SEGUNDO MISTERIO: La Ascensión de Jesús (Lector 4)

“El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se


sentó a la derecha de Dios” (Mc 16, 19). Palabra del Señor
Reflexión
En el misterio glorioso de la Ascensión de Jesús, enfrentamos un desafío esencial:
evitar que nuestra fe se convierta en una mera tradición cultural. Al crecer en un
entorno mayoritariamente cristiano, corremos el riesgo de aceptar la fe como una
costumbre heredada. La fe es un valioso legado, pero no basta con recibirla; debemos
vivirla de manera auténtica y personal.

Ser cristiano implica más que identificarse con una religión; significa un encuentro
personal con Jesucristo y experimentar su amor de manera íntima y transformadora.
Por eso, en este momento de reflexión, los invitamos a cuestionarse: ¿Quién es Jesús
para mí? ¿Qué lugar ocupa en mi vida? ¿He tenido un encuentro personal con él?

Solo cuando profundizamos en estas preguntas podemos evitar que nuestra fe se


convierta en una mera rutina. Tenemos el derecho y la responsabilidad de descubrir a
Jesús como el Hijo de Dios vivo, y para lograrlo, debemos desear vivir la experiencia
de ser sus discípulos de manera activa y comprometida. Que esta reflexión nos impulse
a buscar un encuentro más profundo con Jesús en nuestra vida diaria.

Intenciones
Con María, elevamos nuestra alabanza a Dios por la Ascensión de Jesús
diciendo: Alabado seas mi Señor.
- Alabamos y agradecemos, Señor Jesús, porque el Padre te ha
exaltado y te ha hecho Señor del Universo. Que tu señorío nos
inspire a seguirte con fidelidad. Oremos
- Te glorificamos, Señor, por el nombre que el Padre te ha dado sobre
todo nombre, para que todos te alaben y reconozcan tu grandeza. Permítenos
glorificar tu nombre con nuestras acciones y palabras. Oremos
- Te alabamos, Señor, por enseñarnos que, para estar unidos a Dios en el cielo,
debemos estar unidos a Él también en la tierra. Ayúdanos a vivir en comunión
contigo y con nuestros hermanos aquí en la tierra. Oremos
(Lector 5)
Padre Nuestro
10 – Ave María
Gloria

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Rosario a la Aurora

TERCER MISTERIO: La llegada del Espíritu Santo (Lector 6)


“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en
un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de
una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la
que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de
fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de
ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron
a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía
expresarse”. (Hch 2, 1-4) Palabra de Dios
Reflexión
El misterio glorioso de la llegada del el Espíritu Santo, un momento centra de la vida
cristiana. El Espíritu Santo ha guiado a la Iglesia desde sus orígenes y sigue siendo
vital para nuestra fe. Pero ¿Quién es el Espíritu Santo y cuál es su importancia? ¿Qué
nos aporta para nuestra vida?
Para muchos cristianos, el Espíritu Santo sigue siendo un “desconocido”. Sin embargo,
la Palabra de Dios le otorga una importancia tan grande que, sin Él, el Proyecto de
Jesús desde su nacimiento hasta su resurrección hubiera sido un imposible.
Es importante que pidamos al Espíritu Santo que trasforme nuestros corazones y nos
acerque más a Jesús. Si cada uno de nosotros no cambia, nada cambiará en la familia,
en el barrio, en la Iglesia, en la sociedad.
Si no nos dejamos arrastrar por la creatividad del Espíritu, su movimiento quedará
bloqueado y nosotros nos sentiremos cada vez más tristes y desmotivados.
Necesitamos volver al Espíritu de Jesús, un Espíritu de amor, paz, sabiduría, temor de
Dios, piedad, ciencia e inteligencia.
Intenciones
- María, concédenos la gracia de acudir al Espíritu Santo como fuente
de fortaleza ante las adversidades y debilidades. Oremos al Señor.
- Virgen María, que por medio del Espíritu Santo la humanidad vuelva
a entenderse y así formemos una sola Iglesia. Oremos al Señor
- Dejemos que el Espíritu Santo se manifieste en nosotros y le permitamos que nos
guíe de la mano de la Santísima Virgen, así como guio a los discípulos en
Pentecostés. Oremos al Señor
(Lector 7)
Padre Nuestro
10 – Ave María
Gloria

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Rosario a la Aurora

CUARTO MISTERIO: La Asunción de María al cielo (Lector 8)

“Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el


Señor ha hecho obras grandes en mí” (Lc 1, 48-49). Palabra del
Señor
Reflexión
Meditando sobre el misterio glorioso de la asunción de María al cielo, celebramos una
fiesta que confirma nuestra esperanza cristiana: hay salvación para todos sin
discriminación. María es la Madre de nuestra esperanza. En ella se ha realizado ya de
manera eminente y plena lo que esperamos un día vivir también nosotros.
Jesús es la resurrección y la vida. Centremos nuestra vida en Él y seremos felices hoy y
siempre.
Debemos buscar siempre todo aquello que favorece la vida y una vida digna. También
tenemos que estar atentos a aquellas cosas que nos pueden esclavizar. Hoy en concreto
meditamos sobre la influencia que ejercen en nosotros los medios de comunicación
social. No permitamos que nos roben la vida, el tiempo, los valores. Todos los medios
de comunicación son maravillosos, pero debemos aprender a utilizarlos con criterio,
medida y control.

Intenciones
- Te pedimos Señor, a través de María, que nos ayudes a ser libres
frente a los medios de comunicación que nos quieren esclavizar.
Oremos al Señor
- Te pedimos Señor, a través de María, por quienes trabajan en la
defensa de los derechos de todas las mujeres. Oremos al Señor
- Te pedimos, Señor, a través de María, por todos los padres y madres de familia
para que den testimonio de amor a sus hijos e hijas. Oremos al Señor

(Lector 9)
Padre Nuestro
10 – Ave María
Gloria

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Rosario a la Aurora

QUINTO MISTERIO: La coronación de María como Reina y Señora de


todo lo creado (Lector 10)

“Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de


sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas
sobre su cabeza”. (Ap 12, 1) Palabra de Dios
Reflexión
María es la mujer de la alegría. Vivió en la fe y en la confianza, por eso disfrutó y gozó
de la vida. Aún en el dolor sabía sacar fuerzas para cantar, alabar y dar gracias a Dios.
María dijo: “Mi alma está contenta y canta a Dios, porque ha mirado la humildad de su
sierva”.
La alegría es un don de Dios, es uno de los valores del
Reino. Donde hay alegría verdadera, es que allí está Dios. La alegría nace de sentirse
en paz consigo mismo, en paz con los demás y en paz con Dios. La alegría es fruto de
la paz. Por eso María podía vivir en alegría. María estaba inundada de Dios. Dios
estaba con ella. Así María puede cantar a Dios, alabarlo y darle gracias.
Intenciones

A cada intención respondemos: Alabados seas Señor Jesús


- Alabado seas, Señor Jesús, porque al hacer a María la reina del
universo, la haces también reina de nuestras vidas y de nuestros
corazones. Oremos
- Alabado seas, Señor Jesús, porque María nos invita a escuchar
siempre tus Palabras. Oremos
- Alabado seas, Señor Jesús, porque tu madre María es modelo de construcción del
Reino de Dios. Oremos

(Lector 11)
Padre Nuestro
10 – Ave María
Gloria

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Rosario a la Aurora

Oración Final (Oscar Salvatierra)

Hemos contemplado los misterios gloriosos de nuestra fe, recordando grandes actos de
amor y redención de nuestro Señor Jesucristo, acompañados por nuestra madre celestial,
María.
Que las reflexiones de hoy y de los sábados anteriores nos inspiren a vivir con mayor
fervor y alegría nuestra fe cristiana, llevando la luz del Evangelio a todos los rincones de
nuestras vidas y siendo testigos vivos del amor de Dios.
Ahora, los invitamos a todos a unirnos en la oración de la Salve, para que María Nuestra
Buena Madre interceda por nosotros y nos guíe siempre hacia su Hijo, nuestro Señor
Jesucristo.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve, a ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

“En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.”

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