Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA)
Nombre: Matricula:
Joelys Gómez 1-17-4933
Niurka Ramírez 1-17-3802
Carlos Román 1-19-3522
Ámbar Ramos 1-18-3806
Estefany Hernández 1-16-5064
Grupo:
Grupo Número Dos, Trabajo número tres.
Asignatura:
Derecho Civil VIII.
Maestro (a):
Pedro Ortiz.
TEMA:
La Teoría de la Apariencia.
1
INDICE
Introducción ……………………………………………………………. 3
Concepto de la teoría de la apariencia …………………………………... 4
Apariencia que resulta coincidir con la realidad ………………………… 5
La teoría de la apariencia según la Suprema Corte de Justicia ………...... 6
Doctrina de la apariencia ………………………………………………. 10
¿Como también se le conoce a la teoría de la apariencia? ……………... 11
Agentes de la teoría de la apariencia …………………………………… 12
Teoría de la personalidad ……………………………………………… 12
Teoría del riesgo ………………………………………………………. 18
Conclusión ……………………………………………………………. 19
Bibliografía ……………………………………………………………. 20
2
INTRODUCCIÓN:
Antes que todo dándole la introducción a lo que es “La Teoría de la Apariencia”
Con base en lo antes dicho, en un primer momento, definir este concepto que es
bastante amplio, ya que la apariencia jurídica o apariencia de derecho es lo que
"Lo que percibe de la colectividad como cualidades o calidades fundadas en
derecho, o derivadas de una norma jurídica, respecto de una determinada persona
o cosa, cuando en verdad esa persona o cosa, pueden o no tenerlas en realidad".
Cómo su nombre lo indica es solo una apariencia.
Realmente la teoría de la apariencia se basa específicamente en como demuestra
cierta persona, sus argumentos y objetivos. No se evalúa claramente si lo que
está presentando dicha persona es cierto o falso. Solo se evalúa lo que este está
aparentando, mediante sus cualidades y cualidades ante el tribunal.
Más, sin embargo, ahora con algunos cambios de estilo y de acuerdo con la tesis
francesa del hecho jurídico, proponemos los siguientes conceptos y análisis de la
teoría de la apariencia:
3
“La Teoría de la Apariencia”
No podemos darle inicio sin antes definir lo que es La teoría de la apariencia y
donde se reconoce su origen, el cual está reconocido en Roma, donde se habría
hecho frecuente su aplicación por razones de equidad, basada en el adagio "error
communis facit ius", que significa que el error común e invencible puede
constituir fuente creadora de derecho.
La doctrina francesa se ha dedicado muy especialmente al estudio de esta teoría,
precisamente en el campo del derecho de propiedad, donde, si bien se propicia el
otorgamiento de validez a los actos celebrados por terceros con el propietario
aparente, a quien se lo consideraba como titular del derecho, con el fin de otorgar
seguridad a las transacciones, correlativamente se exigen condiciones estrictas
por tratarse de una excepción.
Por otro lado también, en otros términos, la apariencia en el ámbito jurídico, se le
puede conceptualizar como:
El hecho jurídico reconocido por el legislador, consistente en la percepción que
los miembros de una colectividad o una persona determinada, o bien, el propio
Estado, tienen respecto a la situación en la que se encuentra una cosa con relación
al entorno en el que se le ubica, o bien, la situación en la que se encuentra
otromiembro de la misma o una cosa que éste posee, atribuyéndole a la cosa o a
la persona, cualidades o calidades que puede o no tener en realidad de acuerdo a
una norma jurídica, y que hace actuar en consecuencia de lo percibido.
De ahí que si la apariencia jurídica o apariencia de derecho, es la manera como
los miembros de una colectividad o una persona determinada, perciben a otro
miembro de la misma, o bien a una cosa específica, atribuyéndole a una u a otra
cualidades o calidades jurídicas que puede o no tener en realidad.
Resulta entonces que lo percibido puede o no coincidir con una determinada
realidad jurídica, sin embargo, en uno y otro supuesto, quien percibe actuará en
consecuencia de lo percibido.
4
APARIENCIA QUE RESULTA COINCIDIR CON LA REALIDAD:
Por regla general, lo que los miembros de una colectividad o una persona
determinada perciben en otro miembro de la misma, coincide con la realidad, esto
es, si los miembros de un grupo social perciben que otra persona de la misma se
ostenta o ejercita un determinado derecho que recae sobre un bien tangible o
intangible, ya sea porque la usa o goza ante todos, o bien, realiza actividades
propias de un dueño, o porque se encuentra en determinado ejercicio de un estado
jurídico, generalmente, se piensa por los miembros de una colectividad, que quien
así se ostenta es el real y verdadero propietario del bien o de la cosa, o bien, es el
titular del derecho; y por regla general, resulta coincidir con la realidad jurídica
sólo excepcionalmente, lo que se percibe no coincide con la existencia de un
determinado derecho, ya que, de darse la hipótesis contraria, esto es, de que todo
lo percibido resultara ser una situación jurídica aparente, se viviría en un mundo
irreal.
La teoría de la apariencia tiene sus raíces en el derecho romano y en el concepto
de "bona fides" (buena fe). En el derecho romano, se reconocía la importancia de
la buena fe en las relaciones jurídicas y se consideraba relevante la apariencia
creada por las partes. Sin embargo, el desarrollo más significativo de la teoría de
la apariencia se produjo en el derecho civil y en particular en el derecho
contractual. Durante los siglos XVIII y XIX, se empezó a reconocer que la
apariencia desempeñaba un papel importante en la formación y ejecución de los
contratos.
El jurista alemán Friedrich Carl von Savigny (1779-1861) fue uno de los
principales exponentes de la teoría de la apariencia en el siglo XIX. Savigny
argumentó que la apariencia externa de un contrato, es decir, cómo se presenta y
se interpreta por las partes involucradas, es relevante para determinar la validez
y los derechos y obligaciones derivados del mismo.
Posteriormente, la teoría de la apariencia se fue desarrollando y aplicando en
diferentes áreas del derecho, como el derecho comercial, el derecho penal y el
5
derecho administrativo. En cada una de estas áreas, la teoría de la apariencia se
ha utilizado para evaluar situaciones en las que una persona o entidad ha creado
una apariencia engañosa y se basa en ella para adquirir derechos o realizar
acciones frente a terceros.
Es importante destacar que la teoría de la apariencia puede variar en su aplicación
y alcance en diferentes jurisdicciones y sistemas legales. Además, su desarrollo
y evolución continúan hasta la actualidad, con nuevas interpretaciones y
adaptaciones surgidas a lo largo del tiempo.
La teoría de la apariencia reivindica sus orígenes en Roma, donde se generalizaría
su uso por razones de justicia, basándose en la máxima "falsos hechos comunes",
es decir, que los errores ordinarios e insalvables pueden ser una fuente legítima
de creatividad.
La doctrina francesa es particularmente devota de esta teoría, especialmente en el
campo de la propiedad, aunque asegura la validez de las escrituras suscritas por
terceros con el propietario aparente (a quien se reconoce como titular del derecho)
como un caso excepcional para garantizar la validez de la propiedad.
Esta "apariencia" de la situación real debe interpretarse en un contexto objetivo
(percepción de lo irreal como real) y existe sólo si se deriva de hechos y cifras
socialmente reconocibles, con alguna validez en el ámbito del significado de la
experiencia pública.
LA TEORÍA DE LA APARIENCIA SEGÚN LA SUPREMA CORTE DE
JUSTICIA:
Significa en materia de responsabilidad civil, que la víctima sabía o debía saber
que el prepositor actuaba por cuenta propia y por ende sin la autorización de su
comitente, en este caso el comitente no es responsable, porque está protegido por
la teoría de la apariencia.
El criterio anterior es doctrinal y ha sido ratificado por la Suprema Corte de
Justicia, cuando ha señalado que: el comitente queda liberalizado de
6
responsabilidad civil, por circunstancias y la víctima sabía o debía saber el
prepose actuaba por su cuenta propia y fuera de sus funciones; pero no cuando ha
probado la apariencia.
Las teorías de la apariencia basadas en un error llano e irreparable son admitidas
en nuestro derecho en casos especiales, no fuera de ellos. El objeto de la norma
es proteger al aparente titular de los derechos mediante la equidad. El efecto
jurídico de esta interpretación entre las partes es que la nulidad de la escritura
queda claramente anulada y que la escritura no puede oponerse a terceros por una
escritura que provoque su extinción o restricción.
En razón de la confusión precedentemente señalada que los terceros no deben ser
perjudicados con la misma, la doctrina en esta metería aplica a la teoría de la
apariencia lo que implica necesariamente que cualquier obligación creada con
aquella persona que aparenta tener la propiedad del punto comercial liga al
verdadero propietario del mismo, sin que esta pueda oponer a los terceros
desconocimientos alguno de la obligación causada.
La teoría de la apariencia viene a llenar un gran vacío en las relaciones entre los
terceros y el aparente comerciante poseedor de la cosa alquilada y viene con ello
a satisfacer a legítimos acreedores, quienes no tienen ya porque indagar la clase
de relación que existe entre la persona que suscriba las obligaciones y el
propietario del mismo.
La situación que parece estar clara a la luz las decisiones jurisprudenciales es que
si la víctima sabía o debía saber que el prepose actuaba fuera de sus funciones y
sin la autorización del comitente, éste no es responsable. Esta solución encuentra
su fundamento en la teoría de la apariencia.
La teoría de la apariencia ha sido objeto de comentarios por el presidente de
suprema corte de justicia, que en virtud de las disposiciones del artículo 1384 del
mismo código el comitente es responsable del daño causado por su empleado,
aunque este haya abusado de sus funciones. Pero esta presunción se aplica
solamente si la víctima ha considerado que el empleado actuaba bajo la
dependencia del comitente y no por su propia cuenta. En tal virtud, la suprema
corte ha decidido que el comitente queda liberado cuando por las circunstancias
aparentes del caso la víctima sabía o debía saber que el empleado actuaba por
7
cuenta suya, pero no cuando el comitente de una manera expresa o tácita, haya
dado su consentimiento a la operación concertada entre el tercero y su empleado.
En este caso se ha aplicado nuevamente, de acuerdo con nuestra jurisprudencia,
la teoría de la apariencia en el dominio de la responsabilidad civil.
A nuestro modo de ver la teoría de la apariencia puede manifestarse para el
comitente unas veces de manera positiva y otras veces de manera negativa.
Esta se manifiesta de manera positiva para el comitente, y desde luego de manera
negativa para la víctima, cuando esta sabia o debía saber por las circunstancias
exteriores que el preposé actuaba por su propia cuenta. Cuando la víctima sabía
que el empleado actuaba fuera del ejercicio de sus funciones y por su cuenta
personal, la responsabilidad civil del comitente no se encuentra comprometida.
La aplicación del artículo 1384, párrafo 3ro. Del código civil, el comitente es
responsable del daño causado por su empleado, aun cuando este haya abusado de
sus funciones, salvo si la víctima sabía o debía saber que el empleado actuaba por
su propia cuenta.
No obstante que de conformidad con la interpretación extensa que la
jurisprudencia le da al artículo 1384 en el sentido de hacer responsable al
comitente por los daños causados por su prepose, no solamente durante el
ejercicio normal, en ocasión o en abuso de las funciones encomendadas, esta
responsabilidad del comitente se encuentra limitada por el conocimiento que tiene
o deberá tener la víctima en base a las circunstancias exteriores del hecho de que
el preposé actuaba por su propia cuenta. Es lo que ha dicho la suprema corte de
justicia al considerar al comitente responsable de la falta cometida por su prepose
no solamente cuando actúa en ocasión o en ejercicio abusivo de sus funciones,
salvo que la víctima del acto perjudicial supiera o hubiera debido saber, por las
circunstancias aparentes del hecho que el empleado actuaba por su cuenta
personal y no por cuenta del comitente.
La teoría de la apariencia se manifiesta de manera negativa para el comitente y
de manera positiva para la víctima, cuando ésta creía o pudo haber creído por las
circunstancias aparentes de los hechos que el prepose actuaba por cuenta del
causante.
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La responsabilidad que el artículo 1384 del código civil establece a cargo de los
amos y comitentes no es incurrida sino cuando los criados y apoderados, en el
ejercicio aun abusivo de sus funciones, han obrado por cuenta de sus amos y
comitentes, o ha podido creerse, por las circunstancias aparentes del hecho, que
obran por cuenta de dichos amos comitentes. Para que el prepositor comprometa
la responsabilidad civil del comitente es necesario que la víctima haya creído que
él ha obrado con el consentimiento del comitente.
En definitiva, el comitente sólo responde cuando su prepose actúa en el ejercicio
normal de las funciones encomendadas que ella creía que el preposé actuaba.
La teoría de la apariencia es la regla que consiste en amparar por equidad al
aparente titular del derecho. El efecto jurídico que provoca esta interpretación
entre las partes es que la invalidez del acto queda saneada por la apariencia,
produciendo inoponibilidad a terceros mediante la pérdida o limitación de
acciones tendientes a destruir el acto.
La doctrina del heredero aparente se inscribe dentro de la más amplia doctrina de
la apariencia jurídica. El vocablo apariencia deriva del término latino
“apparentia” que son varias las posibles relaciones que se pueden establecer entre
el fenómeno manifestante y la realidad que, por este, es manifestada de manera
mediata. Puede, por ejemplo, aparecer lo irreal como real, lo real como real, lo
irreal como irreal, o aún, aparecer neutro, indiferente a toda realidad o irrealidad.
La apariencia de derecho solamente se da cuando un fenómeno manifiesto hace
aparecer como real aquello que es irreal, o sea, cuando existe una disociación
absoluta entre el fenómeno manifiesto y la realidad manifestada.Una de las
razones de importancia central atribuida al fenómeno de la apariencia está en el
hecho de que la realidad jurídica escapa, normalmente, a la posibilidad de una
investigación segura del derecho, que requiere, no rara vez, de indagaciones
complicadas y prolongadas, de allí que se acuda al reconocimiento de la
apariencia para resolver las situaciones en los cuales la indagación se presenta en
extremo complicada o hasta imposible.
Se trata de casos de exteriorización material de una conducta o un estado, en los
cuales no existe correspondencia entre la actividad del individuo y la realidad de
los actos que practica. Por esa razón, los terceros de buena fe pueden tener en
9
cuenta esa exteriorización e ignorar la realidad oculta, de manera tal que su
conducta se funda en la convicción de estar frente al verdadero detentador del
derecho.
LA DOCTRINA DE LA APARIENCIA:
La doctrina de la apariencia de la ley es entre nosotros una imagen vaga, una
estructura aparentemente vaga, que los escritores consideran nebulosa, muchos
jueces abusan y otros ignoran. Se considera demasiado complicado y no necesita
un propósito, por lo que suele ser desdeñoso dedicar tiempo a hacerlo bien.
Profundizando en esta investigación descubrimos que la institución tiene valores
que no se aprecian a simple vista. Además, la superficialidad domina gran parte
de su examen teórico y jurisprudencial. Parece que este no es un problema solo
en República Dominicana, ya que en México un destacado autor escribe: “En
general, la apariencia es un fenómeno casi olvidado en la teoría jurídica mexicana,
aunque existen algunas monografías interesantes sobre un fenómeno relacionado
en Europa, principalmente por Autores franceses, italianos y españoles". Aquí
intentamos crear algo entre seco y superficial, de esta forma, además de un
análisis detallado del tema, aportan; Los ejemplos y la precisión permiten
comprender no sólo conceptualmente la doctrina, sino también cómo se aplica,
qué supuestos cubre y cuáles son sus precauciones. Las siguientes secciones
intentan arrojar luz sobre tales temas y cuestiones.
La apariencia enfrenta la disyuntiva entre tutelar al legítimo titular de un derecho
o al tercero de buena fe que negocia con quien ostenta legitimación ocultamente
insuficiente para disponer del interés. Se contraponen el dogma de la voluntad y
el principio nemo potest plus iuris in alium transferre (art. 3270, Cód. Civil),
frente a la confianza generada por un título formal capaz de crear apariencia de
derecho, cuyo acatamiento impone la seguridad del tráfico negocial.
Es la opción entre dos formas de seguridad jurídica, la estática y la dinámica, y
esta última en determinadas circunstancias excepcionales debe prevalecer
logrando el efecto jurígeno que a la otra se priva.
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La doctrina jurídica de la apariencia debe así transitar por una tangente o punto
de equilibrio entre la realidad y la apariencia: no cualquier apariencia es idónea
para prevalecer sobre la realidad y generar consecuencias jurídicas.
¿COMO TAMBIÉN SE LE CONOCE A LA TEORÍA DE LA
APARIENCIA?
La teoría jurídica de la apariencia, también conocida como "teoría de la apariencia
o apariencia engañosa", es un concepto legal utilizado en algunos sistemas
jurídicos para evaluar situaciones en las que una persona o entidad ha creado la
apariencia de tener ciertos derechos, poderes o autoridad, y se basa en esa
apariencia para realizar acciones o adquirir derechos frente a terceros.
En términos generales, la teoría de la apariencia sostiene que si una persona o
entidad actúa de manera que induce a otros a creer razonablemente que tiene
ciertos derechos, poderes o autoridad, entonces puede ser vinculada legalmente
por esas acciones, incluso si en realidad no posee tales derechos, poderes o
autoridad. En otras palabras, se otorga importancia a la apariencia creada y a las
expectativas razonables generadas en terceros.
La aplicación de esta teoría puede variar en diferentes jurisdicciones y depende
del contexto y las circunstancias específicas de cada caso. En algunos casos, se
puede aplicar para proteger los derechos de buena fe de terceros que confiaron en
la apariencia creada. Sin embargo, la teoría de la apariencia no siempre es
aceptada o aplicable en todos los sistemas jurídicos, y su alcance y requisitos
pueden diferir.
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AGENTES DE LA TEORÍA DE LA APARIENCIA:
En la teoría de la apariencia, los agentes fundamentales son aquellos
involucrados en una situación en la que se crea una apariencia engañosa o se basa
en una apariencia para tomar decisiones o adquirir derechos. Los agentes clave
en esta teoría son los siguientes:
1. El agente aparente o prepose: Es la persona o entidad que crea la apariencia
engañosa o que actúa de manera que induce a otros a creer razonablemente que
tiene ciertos derechos, poderes o autoridad. Puede ser una persona física, una
empresa, una organización o una institución.
2. Los terceros o víctimas: Son las personas o entidades que confían en la
apariencia creada por el agente aparente y basan sus acciones o decisiones en esa
apariencia. Los terceros pueden ser individuos, empresas u otras organizaciones
que interactúan con el agente aparente.
3. El agente real o comitente: Es la persona o entidad que en realidad tiene los
derechos, poderes o autoridad que se creía que tenía el agente aparente. El agente
real puede ser la misma persona o entidad que actúa como agente aparente, pero
en algunas situaciones puede ser una tercera persona o entidad distinta.
TEORÍA DE LA PERSONALIDAD:
Opuesto totalmente a lo anterior, la teoría de la personalidad niega cualquier
efecto deducido de la relación de los terceros con alguien que no sea realmente el
propietario del establecimiento comercial.
Esta teoría constituye la noción clásica de responsabilidad contractual en esta
materia, pero ha sido superada en virtud del gran avance masificado de la
economía. Ha sido incorporada por los eminentes trabajos de los procesalistas
italianos y alemanes, tales como carnelutti.
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La situación que parece estar clara a la luz de las decisiones jurisprudenciales es
que si la víctima sabía o debía saber que el preposé actuaba fuera de sus funciones
y sin la autorización del comitente, este no es responsable. Esta situación
encuentra su fundamento en la teoría de la apariencia.
La teoría de la apariencia ha sido objeto de comentarios por el presidente de la
suprema corte de justicia, LIC. Hipólito Herrera Billini, quien con motivo del día
del poder judicial pronunció el 9 de enero de 1954 el discurso de orden al
reanudarse las labores judiciales, al decir en virtud de las disposiciones del
artículo 1384 del código civil dominicano el comitente es responsable del daño
causado por su empleado, aunque este haya abusado de sus funciones.
Esta presunción se aplica solamente si la víctima ha considerado que el empleado
actuaba bajo la dependencia del comitente y no por su propia cuenta.
El modo de ver la teoría de la apariencia puede manifestarse para el comitente
unas veces de manera positiva u otras negativas.
Esta se manifiesta de manera positiva para el comitente, y desde luego de manera
negativa para la víctima, cuando esta sabia o debía saber por las circunstancias
exteriores que el preposé actuaba por su propia cuenta. Cuando la víctima sabía
que el empleado actuaba fuera del ejercicio de sus funciones y por su cuenta
personal, la responsabilidad civil del comitente no se encuentra comprometida.
Por aplicación del artículo 1384 del Código Civil Dominicano.
La teoría de la apariencia se manifiesta de manera positiva para el comitente y
negativa para la víctima, cuando esta sabia o debía saber por las circunstancias
exteriores que el preposé actuaba por su propia cuenta. En definitiva, el comitente
sólo responde cuando su prepose actúa en el ejercicio normal de las funciones
encomendadas, así como el abuso que haga de esas funciones cuando haya podido
creerse, por las circunstancias aparentes del hecho, que el preposé actuaba por
cuenta de su comitente.
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De la apariencia. Es norma corriente en el derecho actual que el solo
consentimiento de las partes manifestado en forma legal es suficiente para que
los actos jurídicos nazcan perfectos a la vida del derecho y las partes queden
ligadas por ellos1.
Los actos jurídicos en general y las convenciones en particular, son consensuales
en la mayoría de los casos, esto es, adquieren, fuerza obligatoria sin necesidad de
formalidades externas. Estos principios denominados “de la libertad contractual”,
implican como dice Planiol, una economía de tiempo y de actividad con lo cual
se favorece el cambio de servicios y de riquezas2.
El respeto a la palabra dada y el principio de la buena fe, forman también la base
de esta clase de relaciones jurídicas.
Sin embargo la simplicidad de las transacciones desprovistas de toda formalidad,
ha sido la causa de que muchos tratadistas vean en el principio de la libertad
contractual la fuente más fecunda de la inestabilidad de los derechos. “La
autonomía de la voluntad, dice Crémieu, si bien tiene la ventaja de la simplicidad
y la rapidez, tiene sin embargo el inconveniente de crear estados de clandestinidad
muy peligrosos para los terceros”3.
Este principio sería la causa y fundamento primario de la apariencia de los
derechos ocasionando estados irregulares, ya que muchas veces ocurrirá que un
acto revistirá un determinado aspecto de regularidad que será la causa del engaño
en que caerá el público, en general.
Pero si bien es cierto que el principio de la libertad contractual, puede en algunos
casos determinados ser la causa de la apariencia de una situación jurídica, ya sea
que un acto determinado aparezca ante los terceros con una fisonomía jurídica
diferente de la que quisieron imprimirle las partes contratantes; sea que un acto
que no tiene existencia jurídica aparece teniéndola, no es menos cierto decimos,
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que este no es el único elemento que contribuye a la putatividad de los derechos;
existen muchos otros que irán apareciendo en el curso de nuestro trabajo.
El ritmo acelerado de la vida social no permite un examen atento de cada una de
las múltiples relaciones jurídicas que a diario se forman y a fin de evitar un
entorpecimiento en la vida económica de los pueblos ha habido necesidad de dar
un valor real a la simple apariencia.
En Francia no existe todavía bien delimitada la doctrina de la apariencia. Los
tribunales franceses en muchos casos han hecho aplicación de esta doctrina, pero
no la han aceptado en su aspecto integral, sino que al aceptarla la han basado en
otros principios del derecho moderno. En este mismo sentido la han aceptado la
mayoría de los autores que se han preocupado de élla.
En Alemania, por el contrario, existe como un principio, perfecto e independiente.
Los primeros fallos que en Francia consagraron la doctrina de la apariencia la
fundamentaron en la buena fe de las partes. Posteriormente se sostuvo ante los
Tribunales que siendo la buena fe un simple hecho, no podía por sí sola crear
derechos. Hubo, entonces necesidad de agregar a la buena fe otro principio no
menos abstracto: el interés social. Algunos tratadistas, fieles al derecho
tradicional, atacaron duramente estas resoluciones. La jurisprudencia siguió no
obstante consagrando la doctrina de la apariencia, pero encontró un argumento
bastante poderoso en qué justificarla: el error común.
Las modernas concepciones del derecho, no aceptan que el error común, simple
situación de hecho, sea capaz de crear el derecho, ya que si bien es cierto que el
error común puede justificar la adquisición del derecho de una de las partes, no
explica, en cambio, como puede la otra parte perder su derecho.
Ha habido necesidad de reconocer la insuficiencia del principio del error común
ya que no justifica la adquisición del derecho de una de las partes y
simultáneamente la pérdida del derecho de la otra. Para suplir estos
inconvenientes ha habido que crear una doctrina nueva, con vida propia e
independiente, doctrina conocida con el nombre de “derecho de apariencia”.
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El derecho de apariencia es aceptado por algunos en toda su amplitud; es lo que
se conoce en doctrina con el nombre de “teoría integral de la apariencia”. Otros,
en cambio, aceptan únicamente ciertos efectos y aún niegan que la apariencia
pueda por sí sola llegar a producir efectos jurídicos si no va unida a otros
elementos.
Los tratadistas que aceptan la teoría de la apariencia integral, discuten si ella es
título constitutivo o traslaticio de dominio. Los que sostienen la primera doctrina
dicen que el derecho aparente se crea en el adquirente de este derecho. El derecho
nace en él. Los que sostienen la segunda doctrina creen que el derecho aparente
no nace en el adquirente, sino que es transferido a éste por su causante. Por
ejemplo en la adquisición de los frutos por el poseedor de buena fe (Art. 907 del
C. C. Ch.), existe una consagración de la doctrina de la apariencia. Para algunos
el poseedor de buena fe adquiere los frutos por medio de un título constitutivo de
dominio. El modo de adquirir, sería la ley.
Esta doctrina es tanto más aceptable en nuestro derecho, cuando que el art. 646,
dice que los frutos de una cosa pertenecen al dueño de ella. No existe una
transferencia de los frutos del dueño de la cosa al poseedor de buena fe, sino que
la ley le confiere graciosamente el derecho de apropiarse de los frutos.
No habiendo por consiguiente, adquirido el poseedor el derecho sobre los frutos
de una tercera persona, su título es constitutivo de dominio.
Pero es en el Derecho, una de las manifestaciones más trascendentes del
gregarismo humano, en el que el fenómeno de la apariencia, tiene un impacto
concreto y real, y que cuando se le relaciona con otras figuras jurídicas, con las
que se le ha confundido, se dan consecuencias de Derecho, creyéndose que es
con motivo de una determinada figura jurídica, cuando en realidad lo que se
protege es la apariencia, por ejemplo de ser poseedor, de ser un acreedor cuando
en realidad no se es, esto es, de resultar sólo ser un poseedor o un acreedor
aparente.
La buena fe como principio justificativo de la apariencia. Hemos dicho que existe
apariencia, cada vez que una situación irreal o una situación falsa, aparece ante
los terceros como una situación verdadera. Los Tribunales franceses, han
discutido sobre la solución que debe darse al conflicto producido entre el
16
verdadero titular de un derecho y el tercer adquirente de buena fe, que ha
contratado con una persona que exteriormente tenía la apariencia de propietario
y esa apariencia ha engañado al tercero, quien de muy buena fe, lo ha creído el
verdadero titular del derecho de que dispone. Si posteriormente se logra
comprobar que no era sino un falso propietario, se presentará el problema de saber
si esos actos deben mantenerse o si ellos habrán de desaparecer en virtud de las
reglas “nemo plus jure in alium trasferre potest quam ipse habet” y “resoluto jure
dantis resolvitur jus accepientis”.
Algunos tratadistas piensan que los actos deben mantenerse haciendo primar la
apariencia sobre la realidad, justificando la apariencia en el efecto creador de la
buena fe. “Son innumerables los casos, dice Josserand, en que la buena fe salva a
los actos jurídicos de perder su eficacia, ella es creadora de aquellos derechos que
pueden justificarse”.
En la validación de los actos ejecutados por el titular aparente de un derecho la
buena fe tendría una eficacia particular, ya que ella operaría en detrimento de los
derechos del verdadero titular. “La cuestión, dice Gorphe, se presenta bajo la
forma de un verdadero conflicto de derechos entre el verdadero titular y el tercero
de buena fe, causa habiente del titular aparente. Uno de los dos, necesariamente
debe ser sacrificado”.
La mayoría de los tratadistas franceses consideran la buena fe como uno de los
requisitos necesarios para la justificación de los actos aparentes; pero son muy
pocos los que creen que la buena fe aisladamente puede producir este efecto.
Concebida así, la apariencia, ésta influye en el actuar del ser humano, desde
su forma de comunicarse, como en cada una de sus actividades sociales, sean
de la clase que sean, como son la religión, la moral, los usos y costumbres, y
convencionalismo sociales y entre estos, la moda, pero también, se aplica en la
psicología y por supuesto en el ámbito jurídico, porque la apariencia tiene su
efecto sólo en sociedad.
Es así, como los miembros de una colectividad pueden apreciar en otro miembro
de la misma, por ejemplo, con una apariencia religiosa que en realidad no
tiene, y ello, porque los miembros de su comunidad observan que éste asiste
regularmente a los oficios religiosos, cuando en realidad ello sólo lo hace por
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disimular y así, ser aceptado en ese grupo social.
LA TEORÍA DE RIESGO:
Este sostiene que el empleo de un auxiliar en la ejecución de la presentación
adeudada importa una extensión jurídica o económica de su ámbito de actuación,
acto para generar un aumento en las posibilidades de daño.
La autorización de auxiliares en el cumplimiento de la obligación conlleva de
modo inseparable un riesgo, que se plasma en la posibilidad de una actuación
inapropiada o incorrecta de este último y en la acusación de un daño derivado del
incumplimiento obligatorio.
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CONCLUSIÓN:
Al culminar con este grandioso tema, queremos resaltar el hecho jurídico en
sentido estricto que tiene esta teoría, es decir, que por las conductas del ser
humano las cuales son reconocidas por el legislador a través de una norma de
aplicación general y con un carácter hipotético, consistente en la percepción que
los miembros de una colectividad o una persona determinada, o bien, el propio
Estado, tienen con relación a una cosa determinada o respecto a otro miembro de
la misma de alguna cosa que éste posee, atribuyéndole a la cosa o a la persona,
cualidades o calidades fundadas en derecho, cuando en verdad esa cosa o persona
pueden o no tenerlas en realidad, pero, que los hace actuar en consecuencia de lo
percibido.
En el caso donde exista y figuren estas tres personas, (Comitente, prepose y
Víctima). En un supermercado. Se aparenta que el prepose tuvo la orden del
comitente pues obviamente este no puede hacer nada que no le indique su
gerente(comitente). Pero hay que demostrar si el comitente no tuvo la culpa, pues
solo fue el prepose que no cumplió con su obligación. Pues la teoria de la
apariencia figura ahí.
Quizás el prepose tuvo la culpa por irresponsable, pero se aparenta que fue
ordenado por el comitente.
En conclusión, no es lo que dices es lo que se está viendo, es decir, No importa
lo que digas importa más lo que se ve. Sea mentira o verdad.
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BIBLIOGRAFÍA
Tratado práctico de Responsabilidad Civil Dominicana Dr. Jorge A. subero
isa quinta edición.
Teoría de la Apariencia en el Derecho" (Diego F. Rojas).
La Apariencia en el Derecho: Ensayos de Teoría y Dogmática Jurídica"
(Miguel Ángel Alegre Martínez).
La Apariencia en el Derecho Penal" (Héctor Escobar Rincón).
La teoría integrar de la apariencia (Raquel Sandra Contreras).
20