Ella no sabia que todo cuanto acontecía a su alrededor solo eran las circunstancias que le habían
tocado vivir. Su nombre real ya no importaba; vivía en muchas vidas y con muchos nombres,
Susana, Marta, Estela, Vivian, Denisse… muchos, muchos nombres y con cada nombre llevaba una
historia.
Pero Melanie no olvida, solo calla con desilusión todas y cada una de sus historias, solo mira a
través de los pilotes del muro que da a la puerta exterior de su preciosa casa, o es la casa de Estela
o de Marta. Pensando esboza una semi sonrisa. Cuantas lagrimas y sentimientos encontrados en
tan pocos minutos.
Recuerda a su madre al verse en el espejo de la sala espaciosa y llena de adornos caros y muy
lujosos. Una lagrima le sorprende cuando le viene las palabras del estúpido que se atrevió a decirle
que no seria nadie sin el. Al instante se recuesta en el espacioso y muy cómodo sofá, y tomando
una bocanada de humo de un cigarrillo casi apagado que había dejado en el cenicero, cierra los
ojos y se remonta al tiempo en que fue Melanie, una niña que crecía con sus otras dos hermanas y
su madre.
Y mientras piensa en su vida se remontan sus pensamientos a sus catorce años. Recuerda mucho
de esa época, de su pelo rizo, su mirada y su amor por su hermana pequeña. Todo lo bueno que se
puede vivir cuando se tiene catorce años. Pero también de lo malo, ella recuerda también las
carencias y el hambre, de como debía ayudar a su madre a cuidar de su pequeña hermanita,
nacida del ultimo hombre que llego a la vida de ellas. Marcos, ese era su nombre, un abusivo que
le negó la felicidad a su madre y a ella su inocencia.
Melanie abre los ojos y mira al techo sofocada, fue tan vivido su pensamiento que creyó viajar en
el tiempo. Pasa sus manos sobre sus brazos como si sus pensamientos pudieran materializar cada
uno de aquellos episodios desagradables que en algún momento fueron su realidad.
Se incorpora nuevamente y decide no pensar en ello. Pero es como si los pensamientos volvieran a
ella con voluntad propia y es bombardeada de tantos y tantos que se pone de pie y dirigiéndose al
mini bar se prepara un whisky, no cualquier whisky, ella era la reina de su propio mundo y
brindaba por su reinado con un Macallan a las rocas.
Donde se figuraba que iba a llegar tan lejos después de tantos pesares