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Hermosa Rendición

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 Hermosa Rendición
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Autor: Vanesa Osorio

Veröffentlicht: 2021
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[COMPLETA] A veces dejar el pasado atrás no es tan fácil como uno piensa. Y escapar de los sentimientos no es tan
fácil, menos cuando te topas con alguien carismático, tierno y atractivo que te hará caer en un espiral de deseo y
placer, pero tienes que ir con cuidado y estar atenta porque tarde o temprano el pasado te alcanza y eso puede ser tu
peor pesadilla. ADVERTENCIA: Esta historia contiene escenas gráficas de sexualidad y otras temáticas adultas.

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Prólogo
Dobló bruscamente en una calle y se estacionó. Nos miramos fijamente, desafiándonos con la mirada.

—Yo no le di esperanza e ilusiones. Ella sabía que la estaba usando porque no podía sacarte de mi cabeza. Ella sabía
que estaba sintiendo cosas por ti, ella lo sabía—dijo con un tono de voz molesto. Estiró su mano donde me acarició
con suavidad mi mejilla—. Ella sabía que quería estar contigo, pero tú no me dabas esperanza y aun no entiendo...
que somos—movió las manos entre nosotros y soltó un enorme suspiro—. Me confundes, Anastasia.

—¿Qué quieres de mí? —pregunte con curiosidad.

—Lo quiero todo de ti, mi bella—me dio una tierna sonrisa—. Quiero que seas mi novia, mi chica, mi mejor amiga y
más—apoyó su frente contra la mía y cerró los ojos por un momento—. He caído por ti. Me rindo, eres mi «hermosa
rendición».

Nuestras narices se rozaron y su pulgar acariciaba mi mejilla con ternura.

—¡Joder, bella! Traté de resistirme a ti y ser solo amigos como me lo pediste, pero no pude. Simplemente caí por ti.
Supongo que caí por ti porque fuiste la chica que me desafiaba con tus palabras y actitud.

l me dio una sonrisa traviesa y puso un mechón detrás de mi oreja.

—¡Mierda! Eres tan bella que me fascina verte cada segundo del día —Tomó mi mano y la guio en donde estaba su
corazón—. Ya me tienes, bella, ya tienes mi corazón.

Pestañee varias veces para poder seguirle el ritmo de sus palabras. Mi corazón dio un brinco de emoción al escuchar
las palabras de Diego, pero otra parte de mí tenía miedo de nuevo a sufrir por amor. Tenía miedo por él, no quería que
corriera peligro. Por ahora no puedo estar con él porque yo ya perdí a una persona que era importante para mí y no
quiero que nadie más pierda la vida por intentar salvarme a mí.

Capítulo 1
—Vamos Anastasia ¿Por qué estás tardando tanto en el baño? —Escucho los gritos de Alejandra—. Vamos a llegar
tarde a la universidad.

Salgo del baño, camino a mi cama y tomo mi mochila. Entró al cuarto de estar donde está Alejandra y su novio
hablando.

—Ya estoy lista, no era necesario tanto grito.

— ¡Claro que sí! —Exclamó molesta mi mejor amiga— vamos que ya estamos atrasados— suelto un suspiro y camino
a la puerta—. Amor, hoy día te ves muy guapo.

Yo ruedo los ojos al escuchar sus palabras que le dice mi mejor amiga a su guapo novio. Cameron, uno de los chicos
más guapos de la universidad, está saliendo con mi mejor amiga, se conocieron el año pasado en su primer año de
universidad y de ese momento están juntos, mi mejor amiga babea literalmente por él.

Me subo al auto de Cameron y me fijo que ahí un chico que está leyendo un libro. Lo miro y está totalmente vestido de
negro. Me fijo que en el brazo izquierdo lo tiene tapado de tatuajes, pero en el derecho no hay ninguno y tiene el pelo
negro. El chico sigue leyendo y no puedo evitar intentar leer el título del libro. Él me mira de reojo y alza una ceja en mi
dirección y vuelve a concentrarse en su libro que creo que es de medicina.

Miro por la ventanilla y veo como Alejandra le da besos a Cameron, no que estaban tan apurados.

Suelto un suspiro. Saco mi celular y me pongo a revisar Instagram. Siento un carraspeo del chico de negro. Me vuelvo
a mirar y veo que tiene una sonrisa deslumbrante.

—No creo que te guste este libro — me dice aún con su sonrisa —. Es tu primer año de universidad, ¿verdad?

—Tal vez. Y sí, es mi primer año de universidad—. Me encojo de hombros, lo ignoro y vuelvo a mirar mi celular.

—Me lo imaginaba. ¿Eres amiga de Alejandra?—preguntó con una sonrisa de curiosidad.

Mire un segundo a la parejita que estaba afuera antes de mirar de nuevo al extraño. De seguro que era otro chico
popular o eso fue lo que me dio a entender Alejandra ayer que ella y sus amigos conocían toda la universidad.

—Si—digo tratando de ser amable, pero tratando de cortar la conversación.

Supongo que él lo notó porque me frunció el ceño. Normalmente cuando tú quieres seguir con la conversación le
preguntas ¿y tú de dónde eres? O ¿Cómo estás? Chorradas por estilo.

—¿No quieres hablar conmigo? —Pregunta con un tono burlón.

—Soy una chica de pocas palabras—fue todo lo que dije y me concentré en mi celular.

—¡Interesante! Entonces eres de las chicas misteriosas que guardan secretos y tiene esa aura oscura a su alrededor
—comenta con una sonrisa traviesa. Lo miré fijamente y él cerró su libro—. Eres de esas chicas que le gusta estar
sola porque la vida ya le ha hecho mucho daño, ¿verdad?

Justo cuando le iba a responder al chico. Las puertas de adelante se abrieron y entro la parejita enamorada que ya me
tenía enferma con su amor, prácticamente me arrojaba corazones imaginarios al rostro. <<Estos chicos se comen con
los ojos>>

—Hola, Diego—dice la rubia con emoción. Desvió la mirada del chico y me fijo en Alejandra—. ¿Cómo estás?

—Hola, guapa, muy bien y tú—. Le responde el chico de negro con una enorme sonrisa perfecta y blanca en donde se
le marca aún más sus hoyuelos.

Cameron soltó una carcajada al escuchar a su amigo. Miré mi celular y aún no tenía respuesta de los gemelos o de
Jonathan, de seguro se quedaron dormidos los tres imbéciles.

—Diego, por última vez, no quiero que le digas así a mi novia— dice Cameron de broma.

—No es mi culpa que las chicas no se resistan a mí—lo mire con diversión porque fue patética esa respuesta, pero me
la callo para mí misma—. Veo que este año hay muchas chicas guapas.

Él me guiñó el ojo y fruncí el ceño porque de repente....Me recordó a esa persona <<Vamos Anastasia, tú me gustas,
eres mi favorita entre todas las otras>> Negué con la cabeza porque fui una estúpida por caer por él.

—Alejandra, tengo una duda—dice el chico—. ¿Es cierto que tu amiga es una chica de pocas palabras?

Miro a Alejandra con diversión y ella me guiña un ojo en respuesta.

—Algo así, no es nada contra ti—Ella le sonríe a Diego y luego me tira un beso—. Le cuesta demasiado confiar en la
gente y bueno Diego, tú eres muy confiado con la gente.

—¡Interesante!—vuelve a repetir.

—¡Hey, chico! —Lo llamo—. ¿Sabes que sigo aquí? Puedo responder tus preguntas, claro, cuando te conozca porque
ahora no y la razón es porque tú has visto lo loco que está la gente, ahora.

—Eso es una invitación a salir y a pasar tiempo juntos—sonríe con aire malvado y no puedo evitar soltar una risa. Él
se inclina hacia mí y yo me alejo un poco de él—. Yo también puedo ser un chico de pocas palabras.

—Lo tomaré en cuenta—declaró en un tono burlón que no le pasa desapercibido para él.

—Espero que no lo piense tanto, nena, porque una cosa mala en mí es que soy algo intenso y no me gusta esperar
tanto. Soy un chico que le gusta correr en vez de caminar—dice con confianza.

Lo miro y una sonrisa traviesa aparece en sus labios.

—¡Interesante! También eres bastante confiado con la gente extraña—murmuró.

—Algo—murmura—. Sobre todo, con chicas guapas y misteriosas, son así por decirlo un desafío—me mira
intensamente.

—Eso en muchos idiomas se puede considerar acoso, ¿lo sabes?

El chico soltó una carcajada. Lo miré por un momento y me estaba observando divertido por toda la situación. Lo
estudié de mejor forma y me fijé que este chico realmente era guapo, pero se nota a lo lejos que es un mujeriego. Por
la forma en la que la camiseta se adhiere a su músculo me doy cuenta de que entrena algún deporte o solo va al
gimnasio, es guapo como el infierno, pero es un terreno que yo ya probé y uno siempre termina con el corazón roto.

Por fin, llegamos a la universidad y me bajo del auto de Cameron. Camino al lado de Alejandra y ella habla
animadamente con su novio y con Diego. No me uní a la conversación porque no entendía de quién iban hablando.

—Diego—, grita una chica de pelo rubio—. Te extrañé tanto en estas vacaciones.

La chica de minifalda negra y una polera rosada, se lanza a los brazos de Diego y él, encantado, empieza a devorarle
la boca. Puse cara de asco porque vi un poco de lengua y no quería ver eso.

—Voy a clase, bonita. No quiero seguir observando este espectáculo—bromeo.

Ella suelta una carcajada y me abraza con fuerza.

—Intenta sonreír, pero dame una sonrisa verdadera.

Negué con la cabeza y ella frunció el ceño.

—Solo intenta volver a ser feliz. No toda la gente es mala Ana, no pierdas la oportunidad de conocer a nuevas
personas.

—Alejandra—, digo un poco molesta, porque ese terreno es peligroso para mí.

Jamás volveré a ser esa persona que fui en el pasado, jamás aun cuando intento seguir. Esa herida siempre seguirá
ahí. Recordando que uno nunca termina de confiar en la gente aun cuando tú crees conocerla. Sé que a ella no le
gusta mi actitud porque sabe que estoy fingiendo cada sonrisa e intentó engañarme a mí misma que son reales aun
cuando en el fondo estoy siendo miserable, pero la vida me enseña que mientras mejor seas tú con la gente, algunas
personas te tratan peor o abusan de esa amabilidad en ti.

Miro el mapa de la universidad para ver donde se encuentra mi salón. Suelto un suspiro de alivio cuando encuentro mi
sala porque me equivoqué dos veces entrando en los salones. Me siento en el primer asiento disponible que observé.
Saco mi cuaderno y mis lápices. Cuando giro mi cabeza, me encuentro con Diego sentado al lado mío.

—Menuda coincidencia, bella—me dice contento—. Que genial tengamos esta clase juntos—él sonrió deslumbrante
con ese carisma que tenía para quedar bien con todo el mundo.

—¡Qué alegría! Mi corazón da saltos de emoción—digo con una falsa emoción—. Te gusta hablar con los extraños,
¿verdad?

—Sí, quiero decir es la forma en la que se conoce a las personas—alce una ceja y una sonrisa burlona apareció en
sus labios—. Me refiero a que en nuestra vida siempre llegan personas nuevas, ¿verdad? —Yo asiento y él suelta una
risa—. Entonces para conocer a esa persona tengo que hablar con ella para saber cómo es su carácter, sus gustos...al
menos es la forma tradicional.

—¿Tiene dos formas para conocer a la gente?

—Claro, la segunda es sin ropa y mis manos explorando su cuerpo—apreté mis labios en una fina línea.
<<Mujeriego>>—pienso para mí misma—. Uno puede conocer a la persona a través del sexo y sin necesidad de
palabras.

Solté una risa, pero de dónde ha salido este chico acaso estoy soñando porque yo no me lo creo aún, es mujeriego,
simpático, guapo y eso significa que hay que mantenerlo a 20 metros de distancia.

—Valee—digo algo incómoda.

Él suelta una risa y varios mechones de pelo cayeron en su frente.

—Supongo que sí te ofrezco estas dos ofertas...tú no tomarás ninguna de las dos ofertas, ¿verdad?

—Exacto—miro a mi alrededor y veo que varias chicas lo están mirando fijamente. ¡Oh, vamos! Solo es un hombre—

pienso para mí misma.

Nos quedamos un silencio incómodo y él sacó otro libro de Shakespeare. Me quedé sorprendida y él me miraba de
reojo y desvié la mirada porque tampoco quería seguir mirándolo.

—¿Te gusta Shakespeare? —pregunta.

Me giro para mirarlo y él está ya concentrado en la lectura.

—No tanto Diego, difiero en muchos puntos de vista con él—comento con una sonrisa.

Él sonríe, pero sigue leyendo su libro. Vale, es muy guapo, pero es mujeriego y ya pasé antes por ese terreno y me
prometí que jamás volvería a caer de nuevo por eso.

—Eres bellísima—me mira de reojo—. ¿Te gustaría salir con este extraño?

—No—respondo de inmediato.

Suelta un largo suspiro y cambia la página del libro. Me pregunto cómo puede leer y hablar al mismo tiempo. Yo
necesito estar en silencio o escuchando música.

—Tenía que intentarlo—es todo lo que dice.

Saqué mi lápiz y empecé a golpearlo contra la mesa. Y sentí su mirada sobre mí, estoy segura de que le está
molestando el ruido y por un momento quise golpearlo con más fuerza. Diego se aclaró la garganta antes de hablar.

—Puedes dejar de hacer ese ruido—me pide con una sonrisa.

Sonrió divertida, lo sabía. Lo ignoro y sigo golpeando el lápiz contra la mesa, la verdad es que solo quiero molestarlo
un poco.

—¡Dios, solo quiero leer un poco! —exclama.

—¡Y yo solo quiero golpear mi lápiz contra mi mesa! —respondo seria, pero por dentro me quiero morir de la risa.

Él frunció el ceño y yo volví a jugar con mi lápiz. Pasaron unos minutos en silencio y de repente me arrancó el lápiz de
mi mano. Lo fulmino con la mirada. Él tenía una sonrisa triunfadora y estiró su mano hacia arriba.

—Devuélveme el lápiz— Digo amablemente.

—¡No! —Exclamo molesto—. Te lo pedí amablemente y no quisiste parar y ahora te aguantas, muñeca.

Justo cuando iba a responder, una chica pasó sus manos por los hombros de Diego. Él se voltea a ver quién es.

—Hola, Támara, tan guapa como siempre—dice Diego.

Ella sonríe y pone su mano en su cadera. La miro como anda vestida con una minifalda y una polera negra. La chica
se sienta en las piernas de Diego, y él empieza a tocar los muslos de la chica quien está feliz de la atención que tiene.
Suelto un suspiro y veo que Diego deja mi lápiz en su mesa y se lo quitó de inmediato.

—Disculpa, pero te puedes salir de ese puesto— me dice la señorita de minifalda. Sonrió de oreja a oreja.

— ¡Mmm...déjame pensarlo! —Me paso la mano por mi largo cabello castaño y miró de nuevo a la chica—. Después
de meditarlo unos segundos ya sabes analizando las ventajas y desventajas de porque tendría que irme del puesto
donde yo llegue primero. Mi respuesta es un no—Ella dejó de sonreír y su cara se puso un poco roja—. Mira guapa,
puedes llevarte a este chico que fue él quien se sentó aquí. A mí no me metan es sus asuntos poliamoroso.

⋙ Me harías un favor llevándotelo, por favor—junto mis manos en forma de súplica.

Diego se aclara la garganta y yo le guiño un ojo.

—Primero que nada, bonita ¿Quién crees que eres tú? ¡Y, además, sabes quién es él!—exclamó indignada como si
hubiera cometido el peor de los crímenes.

Me mordí el labio para aguantar la risa y no reírme en su cara por en la forma que me lo dijo: <<¡Dios me lo estoy
pasando en grande!>>Me digo mentalmente.

—Por favor, chica, me da exactamente igual quienes son ustedes dos—le digo encogiéndome de hombros—. Solo
quiero que me dejen sola y tranquila en este puesto y listo—digo limpiándome una uña—. Hay muchos más puestos
desocupados, guapa —Le guiñé el ojo a la chica y ella se ruboriza.

Veo como la chica pasa al lado mío, camina a su asiento. Siento un carraspeo, me vuelvo y veo al chico de tatuajes
mirándome serio.

—Me acabas de arruinar la fiesta —murmura—. Disculpa, pero eres algo desagradable—dice enojado.

Lo miré y estaba realmente enojado, pero eso solo hizo que estallara en una carcajada porque acaso no le gusta que
les quiten a sus chicas. Nunca he andado con una chica, pero tampoco me niego a la idea.

— ¿Por qué eres desagradable? —Me volvió a preguntar.

Me mordí el labio inferior para aguantarme la risa y no volver a reírme de su cara de estúpido.

—Soy como soy—me encojo de hombros y sonrió—. ¿Acaso tienes celos de mí?

—Oh, excelente respuesta como que el dinero es dinero. Creo que tú tienes celos de la otra chica, estoy seguro de
que quieres estar en mis piernas y que mis manos recorran tu piel—me provoca con un gesto torcido de satisfacción.

—Claro, muero de celos—digo aburrida ya por el tema.

—Cobarde—me susurra en donde su boca toca ligeramente la piel de mi oreja y me hace dar un pequeño salto—. Tu
cuerpo dice otra cosa.

—Nah, mi cuerpo se aleja de ti porque me estás acosando, estás en mi espacio personal.

Muevo mis manos marcando cuál es mi espacio personal y él suelta una carcajada donde varios mechones caen a su
frente dándole un toque sexy. Observó a mi alrededor como varias chicas suspiran por él.

—Me quedó claro cuál es tu espacio personal y lo he respetado hasta ahora, pero me acabas de arruinar la fiesta,
Anastasia—se acercó aún más y nuestras narices se rozaron—. Y puede que me guste romper tu espacio personal,
nena.

—¡No soy tu nena y quita tus manos de mi espalda! —Digo enojada porque rompió los límites de mi paciencia con ese
toque—. No me toques de nuevo o te lo juro que no respondo—digo furiosa.

Él me suelta poco a poco y respiró varias veces para lograr calmarme porque me da lo mismo sus palabras, pero otra
cosa distinta es que me toquen, es un punto delicado y más si es un extraño. No me gusta que me toquen.

—Vale, lo siento. ¡Mierda! Me pase, pero no me gusta que me arruine mis fiestas—él chasquea su lengua y añade—:
Será mejor que me vaya, ya que alguien espanto a una de mis chicas.

Fruncí el ceño antes sus palabras eso fue tan asqueroso, pero me lo guardé para mí misma, no me sorprende lo que
me acaba de decir. Es lo típico de los chicos guapos y es una de las razones por la que me mantengo lejos y eso tenía
que hacer con este chico.

—Le mandas saludo a tu chica—digo con una sonrisa y veo como guarda su libro en la mochila y suelta un bufido.

—Se lo diré cuando me la esté follando—me susurra.

<<Puerco>>—digo mentalmente. Me quedé callada y negué con la cabeza. Él me dio un breve golpe en mi hombro,
supongo que sí se molestó. Bahh, no me importa, para mi es mejor mantener a todo mundo lejos de mí. Justo en ese
momento entró el profesor al salón.

— Buenos días, alumnos, la clase comenzará ahora, así que guarden silencio por favor — dice el profesor de historia.

Empiezo a tomar apuntes de todo lo que dice el profesor, pero sentía la mirada de Diego sobre mí, mientras besaba a
la chica y veía como muchas chicas suspiraban por él, pero ¡madre mía! Que no ven que es mujeriego que le gusta
romper el corazón a las chicas...yo no entiendo a la sociedad. En serio la gente sigue cayendo por una cara bonita. Me
removí incómoda en mi silla y me llegó un papel. Levanté la mirada y vi que era de Diego.

Desdoblé el papel y solté un bufido a leer lo que había escrito en papel:

No estés celosa, Anastasia. Tú también puedes jugar conmigo y divertirnos juntos sin ropa y conocernos mejor. Por
cierto, eres la chica más bella que he visto. Me has robado mis ojos con tu belleza.

Arrugué el papel y después lo partí en mil pedacitos, bajo la atenta mirada de Diego quien se llevó la mano al corazón
como si le hubiera dolido y puse los ojos en blanco. Asqueroso, repugnante y mujeriego—lo insultó en mi mente.

El timbre al fin sonó y guardé todas mis cosas en mi mochila. Salí del salón y siento una mano que agarraba mi brazo.
Me doy vuelta y veo a Diego sonriéndome.

— ¿Qué quieres?

—Eso fue feo, acabas de romper mi corazón y también mi declaración—se inclina hacia a mí y retrocedo—. Tranquila
Anastasia, no romperé tu espacio personal. Ven, te llevaré a donde nos juntamos con los demás para que no seas una
rara—suelta una risa—. Claro que sería una rara muy bella—dice mordiéndose el labio inferior.

¡Dios ayúdame! —Pienso para mí misma. Este día recién comienza y ya veo que va a seguir mejorando con mi
compañero que es uno de los mejores amigos de Ale que es mi mejor amiga, perfecto, es perfecto.

Ella es nuestra Anastasia es la personaje principal y en ella me inspirado en esta historia, espero que le guste
este nuevo proyecto y que me apoyen como en la otra historia.

No se le olvide seguirme en wattpad y en mis redes sociales, en donde siempre aviso cuando subiré capítulos
y doy pequeños adelanto:

Instagram: Vanesa Osorio Guerrero

Capítulo 2
—Vaya no mentías con lo de ser intenso, ¿verdad? —sonrió de lado y varios mechones cayeron en su frente—. No te
preocupes por mi soy nueva, pero puedo encontrar a mi amiga.

—Será más rápido si vas conmigo—me ofrece. Mete su mano en uno de los bolsillos y saca un papel, me lo entrega
—. Mi número.

—Okey—murmuró.

—Es por si te pierdes y necesitas a un guapo guía que te guíe por la universidad—él pone sus manos en mi hombro y
asiento con sus palabras—. Y me puedes guardar como: "el amor de tu vida" en tu celular—dice con una sonrisa
traviesa y haciendo comillas con sus dedos.

—No lo sabía, pero interesante dato para mí—digo con sarcasmo y golpeando su hombro de broma—. Solo que yo no
tengo citas, no creo en el amor y tampoco me gusta conocer a gente nueva.

—Eres rara.

Me encojo de hombros. Eso ya lo sé, antes era alegre, ahora solo siguió con mi vida, ya sabes estudiar para tener una
carrera y ser alguien en esta vida, ya que ahora si no tienes un título profesional, no eres nadie, según en la sociedad
en la que estamos.

—Lo soy—le respondo guardando su número en un bolsillo de mi pantalón.

—¿Te gusta la soledad? —Levantó la cabeza para mirarlo y él me miró con mucha intensidad.

—Me gusta perderme, así que supongo que sí. A la gente le da miedo estar sola en esta vida, yo creo que es algo
fascinante. Me tengo que ir—doy media vuelta y comienzo a caminar por el pasillo.

—Adiós, chica rara.

Lo miró por encima de mi hombro y niego con la cabeza. Sacó el papel y lo boto a un basurero y sacó el mapa. Veo el
plano y veo pasar a Diego con otra chica, <<mujeriego, mujeriego>>—canto para mí misma. Dios se parece tanto
a...niego con la cabeza.

Me siento en una banca alejada de las demás personas y comienzo a leer los documentos que me envió Luis sobre
todo lo que pasó dos años atrás. Suelto un suspiro enorme. Ya han pasado dos años. Dos años que me gustaría
borrar para siempre. No ha sido fácil para mí y menos volver a recuperarme. He tenido que ir a terapia y más terapia
en distintas ciudades de España. Espero poder terminar este año aquí y no salir corriendo de nuevo.

En ese momento me entra una llamada de Dylan:

—¿En dónde están? —pregunto, y miro a los lados y veo pasar a los jóvenes y a los profesores de un lado a otro.

—Hola, amorcín, yo estoy bien ¿y tú? Oh, Dylan, yo también estoy bien, por cierto ¿en dónde están? —suelto una risa
al escuchar su monólogo—. Oh, mi amorcín, nos quedamos dormidos y supongo que ya has espantado a la mitad de
la universidad y ahora está sola, ¿verdad?

Suelto un bufido. Me conoce tan bien, pero si ellos estuvieran aquí no estaría sola y tampoco me entusiasma unirme al
grupo de Alejandra. Siento que no voy a encajar en ese grupo de populares. Yo no soy así y tampoco lo necesito o me
interesa es por eso por lo que estoy sola en esta banca.

—Más o menos—respondo.

—Amorcín, sé sociable—suelto un bufido y él suelta una risa—. ¿Por qué no estás con Alejandra?

—No lo sé, no me siento cómoda con sus amigos, no son por así decirlo mi estilo de amigos—le explico a Dylan. Él
suelta una risa—. Además, me gusta estar sola.

—A nadie le gusta estar sola, bueno a ti. Me tengo que ir, amorcín, mañana nos vemos y únete a los demás, no seas
rara en tu primer día de clase—suelto un bufido por sus palabras y me despido de él.

Sigo revisando mis mensajes y veo que me acaba de llegar uno de Alejandra, lo abro rápidamente:

<Alejandra a las 10:21 a.m.>

"¿Dónde estás? Ven, estamos en el patio principal."

<Anastasia a las 10:22 a.m.>

"Voy para allá"

Camino por los pasillos de la universidad y por fin, llego al patio principal. Me quedé mirando un segundo a la gente e
intentó ubicar a la rubia. Camino un poco y veo como Alejandra agita su mano para llamar mi atención. Aquí vamos—
me animó a mí misma.

—Anastasia, por aquí—escucho que me llama Alejandra.

Me acerco al grupo y me siento a lado de la rubia y de Diego quien está hablando con una chica pelirroja. Él me mira
de reojo y una sonrisa aparece en sus labios. Alejandra me abraza con fuerza.

—Chicos y chicas, ella es mi mejor amiga, Anastasia. Ella es María, — dice señalándome a la chica de pelo corto y
rubio, anda vestida con un short y una polera de tiritas blancas. — Y ella es Bárbara —. Me fijo en la otra chica de pelo
crespo, colorín, de ojos azules, anda con un vestido morado. — Ellos son Cristian y Carlos. — Miro a los chicos son
los dos rubios, uno tiene los ojos verdes y el otro gris.

Saludos a todo por general y Alejandra comienza a hablar con Cameron y María sobre la fiesta que yo ni entiendo y
tampoco me interesa mucho. Ya sabía yo que no iba a encajar aquí y supongo que ya perdí la práctica de hacer
amigos, he pasado demasiado tiempo sola. Siento una mirada sobre mí, levanto la mirada y veo a Diego mirando
fijamente con una sonrisa traviesa.

—¿Estás incómoda? —pregunta, jugando con su teléfono. Hago una mueca y él suelta una risa—. No quiero sonar
mal, pero mis amigos no parecen tu estilo de amigos.

—No. No, no lo son—respondo con sinceridad.

—Eres demasiado callada para mi gusto—achica sus ojos como intentando evaluar mis movimientos o pensamientos.

—Ya te lo dije antes soy una chica de pocas palabras—le recuerdo mis palabras.

Miro mi teléfono y le respondo el mensaje de Roció. Diego se aclara la garganta y me giro para mirarlo.

—Eres un enigma como un acertijo que hay que ir de poco a poco descifrando para saber tu verdad o tu pasado. Lo
puedo intuir—apreté los labios y siguió jugando con su celular en las manos—. Normalmente, no conozco a chicas así.

—Eres algo confiando, no crees.

Él suelta una risa que hace que llame la atención de todo el grupo y sobre todo la de Alejandra, Cameron y Bárbara.
Alejandra me abraza con fuerza y fulmina con la mirada a Diego. Él niega con la cabeza, comienza a hablar con
Bárbara y Alejandra vuelve a centrarse en su conversación con sus amigos y yo miro el cielo. A pesar de que llevo
años siendo amiga de Alejandra muchas veces no tenemos nada en común como, por ejemplo, los amigos y sé que
no lo hace en mala, ya que ella tampoco se integra mucho con los gemelos, Jonathan y sobre todo con Roció.

—Hola, linda, un gusto en conocerte, te habían dicho lo hermosa que eres—me dice una voz.

Levantó la mirada y veo que es uno de los amigos de Diego. Creo que se llamaba Carlos, no estoy segura.

—Hola.

—Alto ahí, Carlos —miró a Alejandra frunciendo el ceño —. A mi amiga la dejas tranquila, vete a buscar a otra...,
además ni siquiera lo intente con ella, porque si alguien la lastima se verá conmigo.

Me quede callada porque Alejandra siempre hacía lo mismo desde mis últimas dos relaciones que no salieron bien.
Una me hizo sentir una verdadera mierda y la otra casi morí, quedé viva, pero toda esa felicidad se perdió en mí.

—Es mejor intentarlo a quedarse con la incertidumbre—bromea él. Me mira un segundo y me guiña el ojo.

No puedo evitarlo y suelto una carcajada. Siento carraspeo a mi lado. Miro a mi lado y me topo con la mirada fija de
Diego, se acerca a mí y su boca de nuevo roza levemente mi oído.

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