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Celebración Familiar: Domingo del Perdón

Este documento presenta una guía para celebrar el domingo en familia. Incluye instrucciones para la preparación, lecturas bíblicas, oraciones y una reflexión sobre la importancia del perdón.

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CELEBREMOS EL DOMINGO EN FAMILIA

DOMINGO XXIV DE TIEMPO ORDINARIO


13 de septiembre de 2020
GPR008 V:01.03.19

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces


tengo que perdonarlo? «Hasta setenta veces siete”
Guía general a la celebración

• Si usted se encuentra solo, es preferible leer las


lecturas y oraciones de la misa de este domingo
(que también podrá encontrar en esta guía) o
seguir la misa por televisión. Esta celebración
requiere al menos la participación de dos
personas.
• Puede escogerse el horario más conveniente,
entre la tarde del sábado hasta la tarde del
domingo.
• Esta celebración se adapta particularmente a
un marco familiar, de amistad o de vecinos. En
todo caso, durante su celebración, deberán
respetarse estrictamente las consignas de
seguridad.
• En la medida de lo posible se renovará la
decoración del espacio de oración: imágenes,
iconos, velas, flores… Para subrayar el carácter
festivo, se podrán añadir dibujos de los niños,
flores de papel, entre otros.
• Una cruz o un crucifijo deberá siempre ponerse
en el fondo.
• Se encenderán una o varias velas, que deberán
colocarse en un soporte incombustible (por
ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al
final de la celebración, se apagarán las velas.
• Se designa a una persona para dirigir la
oración, quien establecerá la duración de los
momentos de silencio y preparará la
celebración.
• Se designan los lectores para las diferentes
lecturas.
• Los presentes pueden preparar las oraciones
de los fieles (aquí se propone una fórmula). Se
pueden preparar cantos apropiados.

CELEBREMOS EL DOMINGO EN FAMILIA


DOMINGO XXIV DE TIEMPO ORDINARIO
13 de septiembre de 2020
Introducción.
Todos se santiguan diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo Todos responden: Amén.
Saludo
Que el Dios de perdón, de misericordia y vida,
esté siempre con ustedes.
- y con tu espíritu.
Acto Penitencial.
Miremos a Jesús, el Señor, y veamos cómo perdonó
a la gente. (Pausa)

Señor Jesús, tú perdonaste a Pedro después de que


te negó tres veces.
R/ Señor , ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tú no condenaste a la mujer
sorprendida en adulterio; le animaste simplemente
a que no pecara más.
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú pediste a tu Padre que perdonara
hasta a los que te habían crucificado.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Perdónanos a nosotros también, Señor, y sigue


haciéndolo cada vez que pequemos contra ti.
Disponnos a perdonar siempre a otros y llévanos a la
vida eterna.
Gloria.
Alabemos a nuestro Dios y lo glorificamos
diciendo:
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros,
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre. Amén

0ración
Pidamos aprender a olvidar
de la misma forma como perdona el Señor.
(Pausa)

Oh Padre amoroso:
Tú eres bueno y paciente,
compasivo, cariñoso y misericordioso
con pecadores como nosotros.
Tú perdonas toda nuestra deuda del pecado.
Que tu perdón nos traiga mucha alegría y
esperanza.
E indúcenos a olvidar y a perdonar con prontitud
las deudas, con frecuencia tan pequeñas,
que otros nos deben
a causa de las heridas que nos han infligido.
Tú nos has restaurado a la vida:
Ayúdanos a reavivar a otros
por medio de nuestro perdón,
para que puedan experimentar, un poco al menos,
tu bondad para con nosotros.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico 27, 33 – 28, 9
Rencor e ira también son detestables, el pecador los
posee. El vengativo sufrirá la venganza del Señor,
que llevará cuenta exacta de sus pecados. Perdona
la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados
te serán perdonados.

Si un ser humano alimenta la ira contra otro,


¿cómo puede esperar la curación del Señor?
Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide
perdón por sus propios pecados? Si él, simple
mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus
pecados? Piensa en tu final y deja de odiar,
acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a
los mandamientos.
Acuérdate de los mandamientos y no guardes
rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del
Altísimo y pasa por alto la ofensa.

Palabra de Dios – te alabamos Señor.


Salmo. Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R/.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a


la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,


y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R/.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpa. R/.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.
Segunda lectura. Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 14, 7-9
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno
muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el
Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que,
ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues
para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de
muertos y vivos.
Palabra de Dios – Te alabamos Señor.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,


21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le
preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces
tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta
veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos
a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus
criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno
que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué
pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su
mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que
pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le
suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó
marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el
criado aquel encontró a uno de sus compañeros
que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo
estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba
diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta
que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo
ocurrido, quedaron consternados y fueron a
contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo
malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque
me lo rogaste ¿no debías tener tú también
compasión de un compañero, como yo tuve
compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos
hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con
vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona
de corazón a su hermano».
Palabra del Señor – Gloria a Ti Señor Jesús.
Reflexión.
Nos resulta familiar el dicho: “Errar es humano,
perdonar es divino”. Quizás olvidamos con
demasiada facilidad la segunda parte. Al
perdonarnos unos a otros, hacemos lo que Dios
hace siempre con nosotros. Si no podemos
perdonar, no hemos aprendido a amar en
profundidad y estamos todavía lejos del evangelio.
Comenzamos esta eucaristía pidiendo perdón al
Señor y a los hermanos.
La mayoría de nosotros hemos experimentado qué
difícil es perdonar. Es algo casi imposible. En inglés
antiguo este “imposible” significa “dar lo más que
se pueda”, “extremadamente”, “ir tan lejos como se
pueda” ¿No es eso lo que realmente significa
perdonar, llegar hasta el final? ¿Quién puede
olvidar la herida? Sin embargo, debemos
perdonarla. ¿Quién no ve y siente las heridas y
guarda vivo el recuerdo? Y sin embargo no
deberíamos hacerlo. Pensemos en Dios: Cuando
perdona, el mal pertenece al pasado. Desapareció.
Dios no guarda cuentas. Quiere que pensemos
solamente en el futuro. Jesús no condenaba, sino
que daba nuevas oportunidades. Pidamos la actitud
del Señor ahora en esta eucaristía.
Hagamos nuestra profesion de Fe con el Credo.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,


Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,


que fue concebido por obra y gracia del Espíritu
Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre
todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.


Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén
Oración de los Fieles.
Pidamos a nuestro Dios compasivo que nosotros, su
pueblo, que hemos experimentado su perdón,
llevemos al mundo la alegría de la reconciliación. Y
digamos:

R/. Señor, ayúdanos a perdonar de corazón.


• Por la Iglesia, pueblo liberado por la sangre de
Cristo, para que nosotros no nos dividamos en
facciones, sino que vivamos juntos como
hermanos en tolerancia y paz, roguemos al
Señor.
• Por todas las iglesias cristianas, largo tiempo
divididas por resentimientos y orgullo, para
que nos podamos juntar en la unidad de un
solo evangelio y un solo amor por Cristo,
roguemos al Señor.
• Por los comprometidos a las causas de justicia
y de liberación humana, para que no solamente
acusen y protesten, sino que también
reconozcan su pecado y lo arranquen de sus
propios corazones, roguemos al Señor.
• Por los esposos que viven el uno junto al otro
sin mucho amor y sin comunicarse
mutuamente, para que logren perdonarse,
entenderse y apreciarse de nuevo, roguemos al
Señor.
• Y por nosotros mismos, seres humanos como
somos con nuestros fallos y debilidades, para
que aprendamos del Señor a ser
misericordiosos como él lo ha sido con
nosotros, y a perdonarnos unos a otros de todo
corazón, roguemos al Señor.
• Por nuestro país para que logremos la
reconcilición y la Paz. Respetemos el valor de la
vida y la dignidad de todos.
Señor, tú eres tan bueno que toda nuestra maldad
viene a ser como nada. Aunque pequeños y frágiles,
danos la gracia de mostrarnos unos a otros tus
palabras y obras de perdón y de amor, a causa de
Jesucristo nuestro Señor.
Oración por la Paz.
Señor, Jesucristo, tú dijiste a tus apóstoles:
La paz les dejo, mi paz les doy.
No tengas en cuenta nuestros pecados
y ayúdanos a no mirar los pecados de los otros
ya que todos necesitamos la paz del amor y el
perdón.
Concédenos la paz, la reconciliación y la unidad de
tu reino
donde tú vives y reinas por los siglos de los siglos.

Momento de silencio y comunión espiritual.


La fórmula de San Alfonso María de Ligorio es una
invitación a entrar en comunión con Jesús Eucaristía.
Creo, Jesús mío, que estáis realmente presente en el
Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre
todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero
como ahora no puedo recibiros sacramentado,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
(Pausa en silencio para adoración)
Como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno
todo a Vos. No permitáis, Señor, que jamás me
separe de Vos.
Amén.

Oración final.
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has creado de nuevo
por medio del pan de vida de tu Hijo
y del perdón que él sigue concediéndonos
Ayúdanos también a hacer volver a la vida
a nuestros hermanos que esperan nuestro perdón;
y abre también nuestros corazones
para recibir su perdón con gratitud.
Haz que seamos una comunidad
en la que nos aupemos unos a otros
hacia la alegría de tu vida y de tu amor sanador.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.
Bendición
Hoy nos ha hablado Dios con toda claridad
a nosotros, a quienes nos resulta difícil:
pasar por alto las deficiencias,
dar nuevas oportunidades,
perdonar de corazón.
Jesús nos dice:
“Lleguen a ser como yo,
olviden y perdonen,
curen y cuiden a los hermanos,
y ustedes mismos recibirán sanación”.
- Que Dios esté con ustedes y les bendiga.
- y con tu Espítitu.

Que la bendición de Dios todopoderoso,


Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.
Consagración a la Virgen María.

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,


yo me ofrezco enteramente a Vos y,
en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día mis ojos,
mis oídos, mi lengua, mi corazón.
En una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro,
oh Madre de bondad,
guardadme y protegedme
como hijo y posesión vuestra.

Amén.

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