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Formación Integral en la Educación Católica

Este documento presenta la fundamentación de las asignaturas de formación integral en la Universidad Católica de Salta. Explica que estas asignaturas buscan desarrollar un pensamiento crítico y reflexivo en los estudiantes a partir de una perspectiva filosófico-teológica, adoptando un enfoque integral de la persona humana.
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Formación Integral en la Educación Católica

Este documento presenta la fundamentación de las asignaturas de formación integral en la Universidad Católica de Salta. Explica que estas asignaturas buscan desarrollar un pensamiento crítico y reflexivo en los estudiantes a partir de una perspectiva filosófico-teológica, adoptando un enfoque integral de la persona humana.
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REFERENCIAS DE ÍCONOS

Formación Integral | 2
FUNDAMENTACION
En el marco de la identidad institucional como Universidad Católica1 y del Estatuto propio2 de la
Universidad Católica de Salta, las asignaturas de formación integral3, se constituyen como un espacio
de reflexión4 que pretende desarrollar un soporte científico filosófico-teológico5, a fin de proveer a los
alumnos de las herramientas necesarias de percepción, conceptualización, reflexión, elaboración,
desarrollo y producción6 de un pensamiento con lenguaje específico, crítico7, profundo, dinámico y
creativo8 en su ciencia y en su profesión sustentado en actitud reflexiva filosófico-teológica.

Teniendo en cuenta que “nuestra fidelidad al Evangelio nos exige proclamar en todos los areópagos
públicos y privados del mundo de hoy, y desde todas las instancias de la vida y misión de la Iglesia, la
verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana.”9

El trayecto educativo de las asignaturas de formación integral, asume una concepción integral de la
persona y condición humana10, como así también el actual acento en las dimensiones de
interdisciplinariedad, multiperspectividad, transdisciplinariedad, transversalidad del conocimiento11; y
las herramientas que ofrece el abordaje desde la perspectiva del pensamiento complejo12 y de las
inteligencias múltiples13, a lo cual se suma el aporte actual de la reflexión desde la perspectiva de la

1
Ex Corde Ecclesiae:
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_constitutions/documents/hf_jpii_apc_15081990_ex-
corde-ecclesiae_sp.html cfr. C.E.A., Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura Universitaria, 1996
cfr. Zabalsa Miguel A., La enseñanza universitaria, el escenario y sus protagonistas, narcea, Madrid, 2007
2
Estatuto: http://www.ucasal.net/seccion1.php?secc=institucional&secc1=111
3
Artículo 20° del Estatuto, en el orden de la integración del saber, no solo como ilustración cultural o saber
complementario, sino como saber esencial y constituyente de la mente y el corazón del graduado en nuestra
Universidad. LECTURA COMPLEMENTARIA 1: La formación integral y sus dimensiones.
4
Espacio activo, no enciclopédico. Encarnado en la ciencia específica, partiendo de ella como realidad
interpelante y regresando a ella con reflexión enriquecida; y no concebido como extrapolación sintética de
formación profesionalmente filosófica o teológica.
5
Con precisión conceptual y terminológica; con método y actividad según las áreas mencionadas; buscando la
propuesta integradora al comienzo, durante y proyectando una síntesis posterior.
6
Proponiendo, descubriendo, acompañando, realizando y verificando el proceso lógico y epistemológico de
aprendizaje. cfr. Bernard Lonergan, Insight; Sígueme; 1990.
7
LECTURA COMPLEMENTARIA 2: 1) El método integral y el desarrollo integral. 2) El método trascendental
en B. Lonergan. 3) Cinco niveles de conciencia en Lonergan.
8
LECTURA 4: Pensamiento creativo: 4.1 Pensamiento creativo, 4.2 Habilidades críticas y creativas.
9
D.A. 390. Cfr Compendio de la Doctrina Social N° 16.
10
Cfr. Yepes Stork R.; Fundamentos de Antropología, Eunsa; cfr. Arregui V. y Choza J. “Filosofía del
hombre”, Rialp. cfr Choza J., Manual de Antropología Filosófica, Rialp.
11
Entendido como intento de comprender la realidad desde un enfoque totalizador, donde los diversos enfoques
interactúan para dar lugar a una realidad compleja. Perspectiva amplia, capaz de superar la fragmentación y el
reduccionismo, para captar su complejidad e integralidad, proceso según el cual las disciplinas individuales se
trascienden para tratar problemas desde perspectivas múltiples con vistas a generar conocimiento emergente.
cfr. Nicolescu B., La transdisciplinariedad, una nueva visión del mundo, Manifiesto, París, Edic. Du Rocher,
1998 cfr, Universidad Javeriana, la interdisciplinariedad en la Universidad, Bogotá, 2010. cfr. Esther Díaz, La
posciencia, el conocimiento científico en las postrimerías de la modernidad. LECTURA 5: 5.1Carta de
transciplinariedad, 5.2 Transdisciplinariedad, 5.3 Multiversidad, 5.4 Multiversidad mundo real.
12
Cfr. Morin, Edgar. Introducción al Pensamiento Complejo, Gedisa, 1994.
LECTURA 6: varios: cfr. Morin Edgar, La cabeza bien puesta, nueva visión, Buenos Aires, 2008. cfr. Morin
E., Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, Nueva Visión, Buenos Aires, 2009 cfr. Morín E.,
El método, edit. cátedra, Madrid, 2001
13
cfr. Gardner Howard, Arte, mente y cerebro, Paidós 1982.
cfr. Gardner H., La mente no escolarizada, Paidós, 1997.
cfr. Gardner H., Inteligencias múltiples, Paidós, Buenos Aires, 1995.
cfr. Gardner H., La inteligencia reformulada, Paidós, Buenos Aires, 2001.
Formación Integral | 3
inteligencia espiritual14, esto es, desde el concepto de sentido y significado como15 ámbito integrador,
global y holístico de la existencia humana.

Inteligencia espiritual que en nuestra particular propuesta educativa se expresa en las coordenadas
que nos ofrece el horizonte del descubrimiento, valoración y reconocimiento de la “experiencia
religiosa”16 en general y del paradigma específico que ofrece la fe cristiana. Todo ello permite generar
una especial sensibilidad para reconocer los horizontes de una “razón ampliada”17 y la “dimensión
sapiencial”18 de la verdad descubierta y vivida; aspirando a la configuración de un tipo humano que
sintetice en una sabiduría cultivada19 el aporte a la sociedad y a la cultura donde se inserta20.

Actitud sapiencial que se nutre de una atención despierta a la dinámica social y cultural imperante;
dónde el núcleo sabio de la conciencia humana se activa en la confrontación con la realidad, y de modo
especial a las realidades que exigen soluciones urgentes en referencia a la dignidad humana, a las
condiciones adversas que condicionan el futuro de las personas y de las sociedades y la imperiosa
atención que nos solicitan los dinámicos procesos humanos políticos-sociales económicos-ecológicos
en los que nos encontramos inmersos21.

cfr. Gardner H., mentes creativas, Paidós, 1995.


cfr Gardner H., La nueva ciencia de la mente, Paidós, 1987.
cfr. Goleman D., La inteligencia emocional, Edit Vergara, Bs. As., 1995.
cfr. Goleman D., Inteligencia social, Planeta, México, 2006.
LECTURA 7: VARIOS
14
cfr. Gardner Howard, La Inteligencia reformulada: Las inteligencias múltiples en el siglo XXI, Paidòs,
Barcelona, 2007. cfr. Torralba Francesc, Inteligencia espiritual, plataforma editorial, Barcelona, 2010.
LECTURA 8: VARIOS.
15
cfr. Giussani Luigi, El sentido Religioso, Edic. Encuentro, 1987. cfr. López Quintás Alfonso, la cultura y el
sentido de la vida, ppc, 1993. cfr. Giussani L., El rostro del hombre, Edic. Encuentro, 1996. cfr. Frankl Víctor
E., El hombre en busca del sentido último, el análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano,
Paidós, 8° reimpr., 2013.
16
Cfr Ries Julien, lo sagrado en la historia de la humanidad, Edic. Encuentro, 1989.
cfr Giussani L., En busca del rostro humano, Edic. Encuentro, 1985.
cfr. Giussani L, El camino a la verdad es una experiencia, Edic. Encuentro, 1995. cfr. Giussani L., La conciencia
religiosa en el hombre moderno, Edic. Encuentro, 1986.
cfr. Alvarez Maestro Jesús, Las religiones del mundo, Bonum, 2008.
cfr. Guerra Gómez M., Historia de las Religiones, B.A.C.
cfr. González de Cardedal O., Dios, Sígueme, 2004.
cfr. Ratzinger, Fe, verdad y tolerancia, el cristianismo y las religiones del mundo, sígueme, 2005.
17
Decreto de Reforma de los Estudios eclesiásticos de Filosofía:
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccathedu
c_doc_20110128_dec-rif-filosofia_sp.html
18
Decreto de Reforma de los Estudios eclesiásticos de Filosofía:
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccathedu
c_doc_20110128_dec-rif-filosofia_sp.html
19
cfr. Mandrioni H.D., Filosofía, contemplación y sabiduría, Agape, 2009.
20
cfr. Stanchi Rossana, La educación como introducción a la realidad total. El proyecto educativo de Luigi
Giussani, Dossier.
cfr. A.A.V.V., Educar la razón, educar la libertad, Encuentro internacional sobre Educación, 2010.
cfr. Conferencia episcopal italiana, Carta a los que buscan a Dios, S. Pablo, 2009.
cfr. Consejo Pontificio para la cultura, ¿Dónde está tu Dios?, S. Pablo, 2006.
cfr, Conferencia Episcopal Argentina, Aportes para la evangelización de la cultura en Argentina, cea, 2005.
21
cfr. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Congreso Mundial sobre la Pastoral de los Derecho
Humanos, Roma 1998.
cfr Compendio de la Doctrina Social N° 16.
cfr. Declaración Crisis económica, opción por los pobres y cuidado de la creación. Por un desarrollo humano,
integral y solidario, emitida por los miembros del departamento justicia y solidaridad del CELAM, febrero 2010.
Formación Integral | 4
En nuestra identidad institucional la razón humana se concibe ampliada con la afirmación y las
consecuencias inferidas del paradigma “Jesús, el Cristo” como configuración de un humanismo
cristiano22 no solo teorizado sino tematizado y experimentado en el camino de la tradición de la Iglesia
Católica23 específicamente.

Este espacio se encuentra articulado tanto con los fundamentos y objetivos del Plan de Estudios de las
Carreras, como integrado con sus respectivos actores, los docentes de las materias específicas en
búsqueda de un auténtico diálogo fe y razón, fe y cultura, evangelio y vida.

También se encuentran secuenciados los contenidos en un desarrollo progresivo con el resto de los
espacios curriculares de reflexión filosófica, teológica, doctrina social de la Iglesia y ética;
constituyendo un bloque formativo, que se sostiene en una opción por un eje esencialmente
epistemológico, antropológico y praxis integradora24, con una orientación clara a la producción de
aportes sociales y culturales significativos.

El aspecto práctico se propone desde una antropología filosófica y teológica liberadora25 que expresa
de modo claro la más profunda identidad humana en acción en el contexto social; y el asumir la
configuración vital que entiende y asume la Comunidad como ámbito de desarrollo integral, donde la
libertad humana se despliega en contemplación del rostro del otro26 y la conciencia de su dignidad y
el destino común que nos une a todos como Humanidad.

Con ello se pretende que la intervención profesional del graduado de la UCASAL tenga posibilidad de
un accionar profesional entendido como intervención en su ámbito, libre de toda inclinación a la
imposición, cuidadosa en la orientación y dirección, y decididamente signada por la impronta del
acompañamiento transformador de la vida humana; de modo especial inspirada en la intervención

cfr. A.A.V.V., Ciencias, Filosofía y Teología, en búsqueda de una cosmovisión, 2004.


cfr. Motto, Andrés Román M., Creer en Dios, ¿invención, costumbre o convicción?, S. Pablo, 2009.
22
Cfr. Giussani L., Los orígenes de la pretensión cristiana, Edic. Encuentro, 1989. cfr. Ratzinger, Introducción
al cristianismo,
cfr. Ratzinger, Jesús de Nazareth cfr. Guardini, la esencia del cristianismo
cfr. Guardini R., El Señor, librería Emanuel, 1980
cfr. Söding G.J., La novedad de Jesús, agape, 2009. cfr. Ruiz Arenas O., Jesús Epifanía del amor del Padre,
Celam, 1989. cfr. AA.VV., Jesucristo, Verbo Divino, 1979.
23
cfr Congar Y., La Tradición y las tradiciones, ediciones Dinor, 1964, 2 tomos.
Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica.
24
cfr. Arduni Juvenal, Antropología, atreverse a recrear la humanidad, San Pablo, 2004. cfr. Scannone Juan
Carlos, Un nuevo pensamiento para otro mundo posible, Educc, 2010. cfr. C.E.A., Aportes para la
evangelización de la cultura en la Argentina, 2005. cfr. Consejo Pontificio de la Cultura, para una pastoral de la
cultura, san pablo, 1990.
25
“Conocerán la verdad y la verdad los hará libres” Evangelio de San Juan 8,32.
cfr. Ratzinger, ser cristiano en la era neopagana, Edic. Encuentro, 1994.
cfr. Ladaria Luis F., Introducción a la Antropología Teológica, verbo divino, 1998.
cfr. Galli Carlos María, Dios vive en la ciudad, hacia una nueva pastoral urbana a la luz de Aparecida, agape,
2011.
cfr. Theisen Gerd, El movimiento de Jesús, Sígueme, 2005.
cfr. González Carlos Ignacio, María, Evangelizada y Evangelizador, Celam, 1989. cfr. Pozo C., María en la
Obra de la Evangelización.
26
cfr. Lévinas, Emmanuel (1993). Humanismo del otro hombre. Caparrós Editores.
cfr. La huella del otro. Taurus, México 2000. cfr. Entre nosotros. Ensayos para pensar al otro. Pretextos,
Valencia 1993.
Formación Integral | 5
salvadora y liberadora de Dios en la Historia humana: la KÉNOSIS o encarnación como método y
lenguaje verdadero27.

27
Cfr. González de Cardedal Olegario, Cristología, B.A.C., 2001.
Cfr. Ratzinger y otros, El Misterio del Hijo de Dios, Congregación para la doctrina de la Fe, Palabra, Madrid,
1993.
Cfr. Pagola José Antonio, Jesús, aproximación histórica, PPC, 2009.
Cfr. González Faus, José Ignacio, El rostro humano de Dios, Sal Terrae, 2008.
Cfr. Vidal Senén, Jesús el Galileo, Sal Terrae, 2006.
Cfr. Kasper Walter, La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana, sal terrae, 2012.
Cfr. Giaquinta Carmelo Juan, Jesucristo, su estilo pastoral y evangelizador, C.E.A., 2010.
Formación Integral | 6
PROLOGO

Estimado alumno, queremos, desde la Universidad Católica de Salta -Ucasal- y de modo específico
desde el Vicerrectorado de Formación en su Escuela de Formación Fundamental en la Identidad
Institucional, darte la bienvenida a este camino que, desde ahora, realizaremos juntos. Así lo
expresamos y representamos en el logo (ver en la tapa del MÓDULO) de nuestra página web:
www.qvadis.com.ar, la que te invitamos a visitar.

Acompañados por nuestros Profesores de las Asignaturas de Formación, años tras años ahondaremos
juntos el misterio de la vida humana, de la dignidad del hombre, de la complejidad de la sociedad, de
la riqueza de la cultura; también, el misterio de una vida útil, verdadera y realmente comprometida.

Aprovechando a pleno las posibilidades que se presentarán de aquí en adelante; en primer lugar, el
hermoso tiempo de estudiantes, de la vida en la Comunidad Universitaria, del aprender a ser y vivir
para los demás y con los demás. Luego, de las oportunidades que se abrirán habiendo realizado una
formación profesional seria, adquiriendo ciencia y conciencia; no sólo para ser exitosos
profesionalmente, sino para ser protagonistas de una historia humana donde se verifique la superación
de las desigualdades, la victoria sobre las frustraciones de la sociedad en general y sobretodo donde
podamos colaborar para el pleno desarrollo humano de todas las personas.

Las Materias de Formación, como la que presentamos hoy a la cual denominamos: FORMACIÓN
INTEGRAL, serán un espacio de encuentro, de aprendizaje, de expresión, de reflexión, de participación,
de proposición de ideas, proyectos y de acción auténticamente universitarias; que partiendo del
ámbito de estudio y de profesión elegido, ayudados por las herramientas que nos acerque la Ética
podamos crecer, madurar y ejercer un pensamiento vivo, crítico, dinámico, creativo e innovador y
audaz.

La Vida universitaria se nutre de espíritus inquietos, de hombres y mujeres sensibles, de personas


socialmente abiertas, de humanidad grande que superan cada día la estrechez mental, la cerrazón del
corazón, todo tipo de prejuicio y de barreras, que se van liberando poco a poco de todo aquello que
estanca, que achica la mente y el corazón. Esto es lo que representa el logo del ICARO de Matisse (ver
en la tapa del MÓDULO de Filosofía) que hemos asumido como identificación de las energías humanas
que brotan del corazón y que conviven cada día en esta casa de estudios.28

Nuestra Vida universitaria se nutre, también, del aporte de la larga experiencia de las Universidades
Católicas en general y en particular de nuestros 50 años como Institución Católica de Educación
Superior en Salta.

La participación en la Vida universitaria tiene un comienzo, pero no termina nunca, pues a cada paso
que el profesional graduado en nuestra Institución da le acompaña la maduración en el misterio de la
Vida Humana que ha realizado desde el comienzo, es decir de la Sabiduría que lo constituye en lo
profundo y que sustenta la Ciencia y la Profesión que con excelencia desarrolla.

28
Así se llama también el Salón ofrecido a los estudiantes al lado de la Confitería en el Campus de la
Universidad en Castañares, Salta.
Formación Integral | 7
Les reiteramos, sean Bienvenidos, esta es su casa, estos son sus espacios, y juntos los compartiremos
para siempre y por un mundo verdaderamente nuevo y auténticamente humano, como Dios lo pensó
y creó y por el cual envió a su Hijo Jesucristo, derramando el Espíritu Santo para una humanidad nueva.

METODOLOGIA
Formación Integral | 8
En nuestro PORTAL de las Materias de Formación encontrarás:

1.- Un patio o portal general: allí están todos los profesores que acompañan en las materias de
formación, las carreras que comparten el camino y un foro general donde podrás intercambiar
opiniones, ideas, etc. tanto con los profesores como con los alumnos de otras carreras.

2.- Un patio o portal específico de tu carrera: allí está el contenido, el contacto con el profesor, los
exámenes parciales, el foro, etc.

NOTA: es importante recordar que el foro es en educación a distancia como el aula, para aprender es
necesario entrar allí, interactuar, aportar. Allí te espera tu profesor y tus compañeros.

CONTENIDOS

Te proponemos unos contenidos de reflexión que se encuentran distribuidos en:

- Módulo: lo encontrarás en el portal específico de tu carrera y constituyen el núcleo esencial del


proceso enseñanza-aprendizaje, a continuación te presentaremos una guía de los contenidos para que
puedas seguirlos fácilmente, será nuestra hoja de ruta.

- Lecturas complementarias: también van a estar colgados en el portal específico; en general te las
proponemos como material ilustrativo, ampliatorio de lo que vamos conversando en el trayecto, no
por ello menos interesante.

-Materiales multimediales: por supuesto que los lenguajes y expresiones que te proponemos no son
sólo textos sino también películas, videos, presentaciones varias que te indicaremos a medida que
avancemos. Como el punto anterior constituye material que amplía o expresa de otra forma los temas
que vamos proponiendo.

CURSADO

-El contenido del módulo se irá activando según períodos que te indicaremos, podrás acceder a él y
reflexionando desde lo propuesto entrar al Foro específico y avanzar con tu aprendizaje y que vos irás
dosificando según tus tiempos e intensidad de estudio.

-El contenido de lecturas complementarias o de multimedia puede aparecer como parte de las
evaluaciones.

GUÍA PARA EL ESTUDIO DE LA MATERIA

Queremos contarte en qué consiste el camino que vamos a realizar, el porqué de las opciones que
hicimos, las actitudes necesarias para el aprendizaje y las expectativas que tenemos puesta en cada
momento y en todo el procedimiento.

Es importante recordar que proponemos la Formación Integral como un “espacio de reflexión” y no


sólo como acopio de conceptos; esperamos que la asumas con entusiasmo y mucha actitud; tenemos
la expectativa que te anticipábamos más arriba, ser un profesional serio y científicamente crítico.

Formación Integral | 9
Capaz de análisis y síntesis, asumiendo en la perspectiva del abordaje de la realidad su complejidad y
por lo tanto, la necesidad de un instrumento de pensamiento complejo, poniendo en juego todos los
factores de la personalidad y los modos múltiples de la inteligencia que expresan el talante de la
persona. Esperamos contribuir a desarrollar profesionales dinámicos y creativos. Y lo que es más,
esperamos que los planteos abordados sirvan para la vida, la tuya, la nuestra, la del mundo.

Como verás hay mucho por caminar, será todo un descubrimiento mutuo a través del Foro;
¿esperamos conocer tus opiniones, inquietudes, etc., pero sobre todo conocerte a vos y eso se hace
no solo sabiendo cuánto aprendiste en los contenidos sino encontrándonos, dialogando... Caminando
juntos... Qvadis?: dónde vas, caminemos juntos.

Formación Integral | 10
INTRODUCCION
¿Qué entendemos por formación integral?

Los diferentes enfoques teóricos acuerdan en entender la formación integral en primer lugar como un
“proceso continuo”, que está orientado al desarrollo armonioso y equilibrado de la “persona” en todas
sus dimensiones o elementos constituyentes: morales, espirituales, cognitivos, socio-afectivos, socio-
políticos, emocionales, comunicacionales, corporales etc.; a fin de acompañar su realización personal
y social.

El ser humano es entendido como un ser pluridimensional, diverso y a la vez constituyendo una unidad
integral, este modo de entender al “hombre” en el sentido universal del término, implica un
posicionamiento antropológico previo.

Por lo tanto nuestra propuesta educativa parte de dicho posicionamiento antropológico, esto significa
que todo proceso enseñanza-aprendizaje deberá tener en cuenta las diferentes dimensiones que
constituyen dicha “unidad integral”, sin priorizar o establecer jerarquía alguna entre ellas.

Toda Ética parte de una visión de lo humano como totalidad, de una concepción del hombre y de su
quehacer en este mundo. Formación implica entonces orientación y desarrollo de esas dimensiones o
“potencialidades” que definen a todo ser humano y la misma es integral, por que incluye a la totalidad
del ser humano. Todo proceso formativo tiene un carácter teleológico, está orientado a un fin, a un
propósito.

“La verdadera educación abarca al hombre en su totalidad y dimensiones. Consiste esencialmente


en la formación del hombre completo, cuerpo y alma (Pío XI, 1929:5)”29.

29
Cfr. González de Cardedal Olegario, Cristología, B.A.C., 2001.
Cfr. Ratzinger y otros, El Misterio del Hijo de Dios, Congregación para la doctrina de la Fe, Palabra, Madrid,
1993.
Cfr. Pagola José Antonio, Jesús, aproximación histórica, PPC, 2009.
Cfr. González Faus, José Ignacio, El rostro humano de Dios, Sal Terrae, 2008.
Cfr. Vidal Senén, Jesús el Galileo, Sal Terrae, 2006.
Cfr. Kasper Walter, La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana, sal terrae, 2012.
Cfr. Giaquinta Carmelo Juan, Jesucristo, su estilo pastoral y evangelizador, C.E.A., 2010.
Formación Integral | 11
UNIDAD I: ÉTICA Y
ANTROPOLÓGIA FILOSÓFICA
(disciplinas filosóficas)

1.1.- LA ANTROPOLOGÍA COMO FUNDAMENTO DE LA


ÉTICA

El punto de partida para ingresar al problema ético es la persona humana, quien es origen y sujeto de
la actividad moral. De tal modo, es imposible plantear la ética sin un fundamento antropológico, que
considere al hombre en cualquier tiempo y espacio.

El ser humano siempre se preguntó sobre sí mismo y deseó saber quién es, cuál es su naturaleza y su
destino. Cuando fue capaz de distanciarse de las cosas que lo rodeaban, la propia capacidad racional
lo llevó a buscar respuestas acerca del mundo, de sí mismo, de su realidad.

Es por esto que encontramos que ya en los mitos arcaicos, el ser humano trataba de responder a esos
interrogantes y conforme progresaba en el ejercicio de sus capacidades propias, sus respuestas iban
adquiriendo una mayor relevancia conceptual.

De este modo, en la Antigüedad, cuando el hombre llegó a elaborar un saber crítico, las reflexiones
acerca del ser humano se hicieron presentes en diferentes pensadores. Pero el uso del término
“Antropología”, para hacer referencia a una disciplina que abordara el estudio del hombre, es mucho
más reciente y data de fines del siglo XVIII.

Etimológicamente, el nombre de Antropología proviene del griego anthropos (hombre) y logos


(estudio); desde este punto de vista, es la ciencia o el estudio del hombre.

En la actualidad el término Antropología designa cualquier saber crítico sobre el hombre. Pero la
perspectiva con que se estudia a éste puede variar. Por esta razón, es necesario distinguir la
Antropología Filosófica de las Antropologías científico positivas y de la Antropología Teológica.

Las Antropologías científico-positivas, surgidas a fines del siglo XVIII, se mantienen en el campo
fenoménico: nos dicen cómo es el hombre, lo que acontece en él, pero no nos dan una respuesta
acerca del ser humano como totalidad.

En este ámbito podemos distinguir:

a.- La Antropología Física, que estudia el hombre en cuanto animal, sobre todo su origen y evolución,
Estudia la estructura, el crecimiento y la fisiología del cuerpo humano; indaga sobre el qué y el cómo
del proceso de la evolución, los grupos raciales, etc... Para ello realiza un estudio comparativo de los
restos fósiles de animales y de seres humanos, utilizando también los conocimientos sobre la genética
humana. Se ubica entre las Ciencias Naturales.

b.- La Antropología Cultural, estudia los comportamientos humanos, “las normas de conducta
aprendidas, las ideas y los valores adquiridos por el hombre, como miembro de un grupo social”. Esta
Antropología apela a datos etnológicos y arqueológicos, estudiando la naturaleza, formas y

Formación Integral | 12
condiciones de las culturas humanas, teniendo en cuenta las costumbres, lenguajes, tradiciones,
relaciones familiares, etc. Pertenece, por lo tanto, a las Ciencias Humanas.

La Antropología Filosófica, en cambio es una rama de la Filosofía que estudia al hombre desde la
perspectiva de aquello que propiamente lo distingue como tal. Trata de responder a la pregunta: ¿qué
es el hombre?; es decir, se propone descubrir la esencia humana.

Podemos decir que la Antropología filosófica es la disciplina de la Filosofía que se ocupa de considerar
al hombre integralmente, de manera esencial, como totalidad, preguntándose por el puesto que éste
ocupa en el universo, su relación con la realidad última y el sentido de su existencia, tanto individual,
como histórica y social.

Al enfocar la totalidad del ser humano, la Antropología filosófica busca captar las dimensiones que
caracterizan al hombre como tal, que definen su auto- comprensión espiritual y que le confieren un
sentido total a la existencia humana. Por consiguiente, para saber qué es el hombre, no son suficientes
las Antropologías científico-positivas; sino que se requieren respuestas más profundas. Los
conocimientos que éstas aportan son muy valiosos; pero son conocimientos parciales y limitados por
el método y finalidades propios de las ciencias empíricas.

Por eso, Ítalo Gastaldi afirma, que el hombre que estudian las demás ciencias no es el hombre vivido
realmente por el hombre, sino el “hombre-objeto” de estudio, como realidad física, vegetativa,
psíquica o social. Mientras que la Filosofía estudia al hombre como sujeto personal, se interesa por su
ser y por su obrar específico, formulando una pregunta que cuestiona la existencia del mismo que la
formula.

Siendo “filosófica” esta Antropología se enfrenta al hombre como un todo, se abre al para qué, el
sentido de su existencia como posibilidad, como proyecto, como compromiso ofrecido a su libertad…
Y se pone en marcha hacia una meta, hacia el mundo de los valores que le hacen crecer como persona.
Su pregunta por el hombre no termina en el conocimiento, sino en la acción: “¿Qué es el hombre?”
implica el “¿cómo debe ser?, ¿qué debe hacer?” La respuesta está destinada a traducirse en conducta.
Por eso es preámbulo para la ética, la educación, la política…, en una palabra, para la “praxis” humana
individual y social.

La Antropología filosófica, sostiene Gastaldi, no desconoce las “lecturas” de las Antropologías


científico-positivas del ser humano, sino que utiliza ese saber científico haciendo una segunda lectura,
a nivel más profundo; es decir, con una visión reflexiva de su esencia y de su existencia, una
comprensión metafísica de cuanto las ciencias positivas han aportado al conocimiento del hombre. Por
otra parte, la Antropología Filosófica se diferencia de la Antropología Teológica, porque ésta al afrontar
el problema del hombre recurre a una fuente de conocimiento distinta de la simple razón: la
revelación, la Palabra de Dios. Estudia al hombre según Dios lo ve y lo quiere; se reserva las últimas
preguntas sobre el origen, el 15 destino del hombre y el sentido de la vida, preguntas que hayan su
respuesta en el “Proyecto de Dios sobre el hombre y el mundo”, revelado definitivamente por Cristo.

1.2 NOCIÓN DE “PERSONA”


¿Qué entendemos por persona? Para ello haremos referencia primero al significado del término y
luego, al modo en que fue definida a lo largo de la historia. Es probable que el origen del término latino
“persona” provenga de la palabra griega ‘prósopos’ (máscara que cubre el rostro); se trata de la

Formación Integral | 13
máscara que los actores griegos (del siglo VI-VII-VIII a.C.) utilizaban en el teatro para representar
diferentes personajes.

El punto de partida para ingresar al problema ético es la persona humana, quien es origen y sujeto de
la actividad moral. De tal modo, es imposible plantear la ética sin un fundamento antropológico, que
considere al hombre en cualquier tiempo y espacio. El ser humano siempre se preguntó sobre sí mismo
y deseó saber quién es, cuál es su naturaleza y su destino. Cuando fue capaz de distanciarse de las
cosas que lo rodeaban, la propia capacidad racional lo llevó a buscar respuestas acerca del mundo, de
sí mismo, de su realidad. Es por esto que encontramos que ya en los mitos arcaicos, el ser humano
trataba de responder a esos interrogantes y conforme progresaba en el ejercicio de sus capacidades
propias, sus respuestas iban adquiriendo una mayor relevancia conceptual.

Es probable que el origen del término latino “persona” provenga de la palabra griega ‘prósopos’
(máscara que cubre el rostro); se trata de la máscara que los actores griegos (del siglo VI-VII-VIII a.C.)
utilizaban en el teatro para representar diferentes personajes.

En el derecho romano, la noción de persona se encuentra muy ligada al nombre que se recibe con el
nacimiento y en virtud del cual pasa a ser reconocido como parte de una sociedad, con capacidad de
acción respecto de los demás. Corresponde a una configuración social del carácter de persona, y con
ésta se relacionan la mayoría de los estudios psicológicos, sociológicos o de la antropología cultural.
Relacionada con esta idea, desde el punto de vista filosófico, algunos sostienen la necesidad de la
intersubjetividad para que el ser humano se constituya existencialmente, reconociéndose como
sujeto.

El cristianismo influyó de manera decisiva en la meditación filosófica sobre la persona. En efecto, el


problema que planteaban dos misterios fundamentales de la revelación cristiana, a saber: la Trinidad,
en la que en una sola naturaleza subsisten tres personas distintas, y la naturaleza humana de Cristo,
unida con el Verbo o segunda persona de la Trinidad, obligaron a los santos Padres a buscar una
distinción entre “naturaleza” y “persona” en Dios y en Cristo y estimularon la reflexión de los
pensadores cristianos para encontrar la propiedad definitoria de la persona.

La definición clásica de persona es la de Severino Boecio, autor latino (480-526), para quien la persona
es “substancia individual de naturaleza racional”.

Esta definición hace referencia a tres elementos fundamentales:

a.- substancia: en sentido metafísico, la persona es un ser en sí, no un ser en otro como el accidente.
La altura, el color de la piel, la ubicación en el tiempo y en el espacio, los sentimientos, son accidentes
de la persona.

b.- individual: un ser individual es aquel que es uno en sí; es lo que en sí mismo no está dividido, pero
sí lo está de cualquier otra cosa. Esta indivisión interna no significa que la substancia no sea un
compuesto y que excluya que tenga partes; sino que se refiere a que las partes no están separadas o
divididas y, por lo tanto, conforman un todo unitario.

c.- racional: es decir, que es capaz de un conocimiento intelectual, con autoconciencia, que tiene
dominio de sus propios actos; diferenciándose así de las cosas, de las plantas y de los animales.

Formación Integral | 14
Santo Tomás define a la persona como “una realidad distinta y subsistente de naturaleza intelectual”.
“El ser humano es un todo y, fuera de ello debe estar ordenado a un fin. No es un alma encerrada en
un cuerpo (Platón), ni mucho menos alguien que se reduce meramente al plano físico (Aristóteles),
es una unidad que a través de los sentidos y de la entelequia deberá obedecer a su naturaleza. (S.Th,
I, q76, art.5)”30

• La visión del hombre que tiene como un todo unitario, le permite dar a entender quién es y
cuál debe ser el direccionamiento de todos sus actos, puesto que no deberá obrar orientado a
un medio, sino que cada acción debe tener un fin último y, a su vez, corresponder a lo que él es
como animal racional y trascendental.

• Define la persona como: Individua “substantia rationalis naturae” (Culleton, 2010); cuando se
manifiesta que el ser humano debe entrar en comunión con los demás seres, lo que se está
resaltando es que ese ser que es indivisible debe abrirse a otros tal como él, lo cual no le llevará
a alienarse o afectar dicha indivisibilidad, sino que por el contrario, deberá mantenerse intacto,
dispuesto a comunicarse para hacerse también, responsable de los otros y de lo otro.

Antonio Rosmini la llama: “Un sujeto inteligente en cuanto contiene en sí un principio activo, supremo,
incomunicable”.

Jacques Maritain, dice que “La persona es una substancia individual, completa, de naturaleza
intelectual y dueña de sus acciones, sui juris, autónoma”.

Emerich Coreth, dice: “Llamamos Persona a la unidad esencial humana de cuerpo y espíritu, como ser
individual autónomo, que se realiza en la posesión consciente y en la libre disposición de sí mismo”.

CONSTITUCIÓN ESENCIAL DE LA PERSONA HUMANA31


La persona humana está formada por dos elementos, uno material y otro espiritual, por lo cual
podemos decir que es un compuesto corpóreo-espiritual en unidad esencial.

La Antropología Filosófica, es decir, el estudio filosófico de la naturaleza del hombre, analiza estos dos
componentes de la persona humana: corporeidad y espiritualidad.

Dejando de lado tesis materialistas, las cuales consideran que el hombre es pura materia, como lo es
el animal irracional o los vegetales, las principales corrientes modernas del pensamiento filosófico (no
solamente las de orientación cristiana) reconocen:

- que el ser humano es un ser dotado de un cuerpo material y de un alma espiritual;

- que es un animal, pero no como los irracionales;

- que es espiritual en lo concerniente a su alma, pero no un puro espíritu; - que es carne informada por
el alma;

30
Echegoyen, J. (s.f.). Torre de Babel. de http://www.etorredebabel.com/Historia-de-
lafilosofia/Filosofiamedievalymoderna/SantoTomas/Actosdelhombre.htm
31
Reproducimos los conceptos que Ítalo Gastaldi expone en su obra “El hombre. Un misterio”, pags. 169-171,
realizando las adaptaciones que consideramos necesarias.
Formación Integral | 15
- que es una sustancia completa constituida por una sustancia incompleta material (el cuerpo) y por
una sustancia espiritual (el alma).

Este cuerpo, de que está dotado el ser humano, no es algo accidental en él; sino que es un componente
esencial. Si bien el espíritu es superior a la materia, sin ésta la persona humana no es tal. Un cadáver
no es una persona humana, como tampoco el alma sola -como le asignó el pensamiento platónico y,
más tarde, todas las escuelas filosóficas basadas en esta doctrina o sus derivaciones-.

El componente corpóreo de la persona humana, es decir, el elemento material de su constitución


pertenece al mundo extenso y espacial de los entes físicos que están regidos por las leyes que regulan
los procesos físicos, químicos y biológicos. Dicho componente pertenece también al mundo de los
entes sensibles de la naturaleza, donde actúan los estímulos, los excitantes, las corrientes nerviosas,
las localizaciones cerebrales, las imágenes, las percepciones y los recuerdos sensoriales. Es decir,
participa de la vida vegetativa que poseen los seres del mundo vegetal, como de la vida sensitiva que
es propia de los animales. También, por su materialidad se encuentra limitado en el tiempo y en el
espacio.

En razón del cuerpo, cada uno se encuentra en una cierta condición o situación; por ejemplo, es varón
o mujer, joven o viejo, fuerte o débil. En su cuerpo y por medio de él, el ser humano permanece
siempre manifiesto y revelado. Este componente le permite tomar contacto con el mundo exterior y
comunicarse con los demás.

Sin embargo, el cuerpo es mantenido en la existencia por el alma espiritual. Y es precisamente por su
espiritualidad que la persona trasciende el cuerpo y participa de la condición de las creaturas
espirituales. Está marcada por la relación directa con Dios y sobrepasa a la especie de la que participa.
Como espíritu el hombre está por encima del espacio y del tiempo. Y como espíritu no puede ser medio
sino sólo fin. En razón de su espiritualidad, la persona es libre y responsable de sus acciones, tiene
dominio de sus propios actos y es capaz de derechos y deberes. Ella tiene la posibilidad de crecer, de
amar, de ser enriquecida con la elevación a un orden sobrenatural.

La persona humana es un espíritu en la materia, es espíritu y cuerpo. Ambas substancias (espíritu y


cuerpo) operan según su naturaleza, y como consecuencia, no debemos sumergir ni a una ni a otra,
pues las dos se integran en la persona.

Ítalo Gastaldi sintetiza los rasgos fundamentales del misterio del hombre, diciendo: “La persona se
manifiesta esencialmente como un ser único, irrepetible, dotado de interioridad -autoconciencia y
libertad-, y destinado a la comunión; es decir, es un sujeto que existe corporalmente con otros en el
mundo, para realizarse con ellos en la historia, personal y comunitariamente, tomando una actitud
o, lo que es lo mismo, comprometiéndose libremente frente a los valores, frente a las demás
personas y, sobre todo, frente a Dios”32

FACULTADES DE LA PERSONA
La persona se diferencia del animal por poseer ciertas facultades que le son propias. Pero, ¿qué es una
facultad? Una facultad es una capacidad o potencia que permite realizar ciertas operaciones. En el ser

32
GASTALDI, Italo (1.990) “El Hombre. Un misterio.” Quito. (Ecuador.): Edit. Inst. Sup. Salesiano pág. 169.
Formación Integral | 16
humano encontramos capacidades tales como el entendimiento, la voluntad, los fenómenos afectivos
(sentimientos, emociones y pasiones).

El entendimiento es una facultad cognoscitiva que posibilita el pensamiento abstracto. Aunque


necesita de la colaboración de los sentidos, trasciende el dominio de éstos y alcanza la realidad
suprasensible.

Esta presencia de lo universal y de lo necesario en el pensar, es una de las diferencias que tiene el ser
humano con el animal irracional. El hombre por su intelecto es capaz de abstraer, de pasar de lo
singular a lo universal (ej: de esta montaña a la idea de montaña); así elabora conceptos, juicios y
razonamientos y es capaz de dedicarse a una actividad práctica en busca del bien del hombre en cuanto
tal (moral) o del bien de tal o cual artefacto (técnica).

En tanto que la voluntad es la tendencia racional hacia un objeto conocido, por lo cual es llamado
apetito racional. La voluntad tiende hacia cierto bien (una cosa que encierra un valor) presentado por
el intelecto; es libre frente a los bienes finitos (que perecen) o finitamente conocidos.

La voluntad goza de libre albedrío o libre arbitrio, que consiste en la capacidad que tiene el ser humano
para elegir entre diferentes alternativas; se trata de la posibilidad de decidir o de elegir, lo cual
constituye la fase esencial del acto voluntario. El acto libre no está predeterminado, porque está
exento de una inclinación necesaria a elegir o tomar una determinada decisión. Es decir, se trata de la
capacidad de hacer o no hacer, de obrar de una manera o de otra.

En el hombre existen también fenómenos afectivos: los sentimientos, las emociones y las pasiones.

Los sentimientos son estados afectivos duraderos. Los extremos de los sentimientos son lo agradable
y lo desagradable. También encontramos variantes como el amor, el odio, la depresión. Estos estados
de ánimo surgen como consecuencia de un suceso, de algún acontecimiento y se desarrollan en
nosotros porque hemos tomado conciencia de algo que nos agrada o nos desagrada. Rara vez se dan
los sentimientos de un modo aislado, pues se manifiestan dentro de un todo más complejo.

En tanto que las emociones son estados afectivos de mayor intensidad y menor duración (angustia,
miedo, alegría y tristeza). Siempre vienen acompañadas por reacciones externas o internas (rubor,
llanto, grito, risa, temblor, modificación del ritmo cardíaco, etc.). Las pasiones, por su parte, son
disposiciones sentimentales internas; se trata de afecciones o modificaciones de la afectividad, de
carácter más o menos permanente. Son movimientos del apetito. Por eso si no poseemos un bien, el
amor es deseo; si está presente es delectación o goce. Ante un bien difícil de obtener, el deseo genera
dos pasiones: si es alcanzable, esperanza y, si no lo es, desesperación. Si luchamos ante un mal
presente aparece la cólera; si el mal lo consideramos vencible, vamos a su encuentro con audacia; pero
si no es vencible, nos alejamos de él por el temor.

VALOR ABSOLUTO DE LA PERSONA33


La antropología que presentamos es personalista sobre todo porque afirma el valor autónomo y
absoluto del hombre, en cuanto sujeto no referenciable a otra realidad: el hombre es un fin en sí mismo
y nunca puede ser utilizado como medio. En esto el hombre se distingue radicalmente de las cosas. y

33
Reproducimos los conceptos que Ítalo Gastaldi expone en su obra “El hombre. Un misterio”, pags. 169-171,
realizando las adaptaciones que consideramos necesarias.
Formación Integral | 17
es totalmente original frente al resto de la realidad. “La lengua misma lo distingue: algo y alguien, nada
y nadie, qué y quién. Es lo que ha llevado a la pareja de conceptos cosa y persona”.

El fundamento está claramente sintetizado en el teólogo Kart Rahner: “El hombre es persona que
consciente y libremente se posee. Por tanto, está objetivamente referido a sí mismo, y por ello no
tiene ontológicamente carácter de medio, sino de fin; posee, no obstante, una orientación -saliendo
de sí- hacia personas, no ya hacia cosas (que más bien están orientadas hacia personas). Por todo ello
le compete un valor absoluto y, por tanto, una dignidad absoluta”.

a- Nuestra dignidad radica en la autoconciencia y en la autodeterminación que nos elevan sobre


el mundo infrahumano, y hacen posible la auto comunicación o sociabilidad. El hombre no es
una cosa neutra, impersonal, un “trozo de mundo”, sino un sujeto que consciente y libremente
“se posee”, que goza de auto posesión. Esto está en la base de su auto finalidad: tiene un fin
suyo, personal, que es su felicidad, su realización. Nació “para sí”: por eso nunca puede ser
usado como “medio”, como los animales, que son “seres referenciales”, referidos al hombre.
Por eso, podemos usar un animal para alimentarnos; pero no podemos “usar” a un hombre
corno quien usa un engranaje o una palanca, para hacer triunfar una empresa o hacer rendir
una fábrica, o hacer triunfar una ideología.
b- Por todo esto, toda persona tiene un valor absoluto, simplemente por lo que es, no por lo que
tiene o por lo que hace. Este conocimiento de su propia riqueza es lo que engendra en el
hombre el sentido de su dignidad, una dignidad que por ser “esencial” nunca se borra, ni
siquiera cuando se tiene una conducta indigna.
c- El valor absoluto de la persona abarca tres núcleos que no pueden ser desconocidos sin serias
consecuencias éticas:
1º.- El primer núcleo es el valor del individuo, del “yo”. Frente a toda tentación colectivista de
resolver la realidad humana en “estructuras” o “mediaciones sociales”, el enunciado de la
dignidad humana recuerda permanentemente que cada uno de nosotros es único,
insustituible, irrepetible; que no es un “trozo de mundo”, sino un mundo aparte y nadie lo
puede sustituir en la elección y realización de su destino.

2°- Pero esto no implica una postura “privatizante”, una concepción cerrada de sí mismo.
Somos interioridades abiertas, destinadas a la comunión. La dimensión social entra en la
definición de la persona. Hoy se insiste en que el hecho decisivo que da origen a la persona es
la intersubjetividad. La “alteridad”, la “orientación al otro” corrige la posible concepción
individualista y abstracta del personalismo.

3°- Por último no hay que olvidar la afirmación de las estructuras o “mediaciones” éticas del
individuo y de la alteridad. Las mediaciones políticas, económicas, culturales, etc., condicionan
enormemente la realización individual y social de las personas, influyen decisivamente en la
construcción de la historia humana, por tanto, tienen que ser objeto de nuestro compromiso.

d- Hoy se acentúa sobre todo la relación interpersonal, frente al “dominio del mundo”. El
humanismo que se va imponiendo es el humanismo personalista y dialogal, que ubica la
dimensión social en el centro de la Antropología. La verdad más profunda del hombre es su
relación con el “otro”. El hombre es un “ser-en-relación”, un “ser-para-el-encuentro”. La clave

Formación Integral | 18
de su realización está en reconocer a los otros, promover a los otros, ser alguien frente a los
otros. El sentido de la existencia del hombre está vinculado a la existencia del otro.

e-El hombre no acaba en la piel: es pluridimensional, es “un-ser-en-el-mundo con-otros”..., pero


abierto a la trascendencia.

CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS DE LA PERSONA34.


- INTERIORIDAD La persona posee vida interior, a diferencia de los animales que sólo poseen
exterioridad. Por la interioridad el hombre se percibe como un “yo”, como origen de sus actividades,
como un ser capaz de pensar y obrar conscientemente y como responsable de sus opciones libres. Es
decir, se percibe como sujeto, centro consciente de atribución de todas las realidades que constituyen
su ser. Por eso es capaz de una vida biográfica, pues la persona puede entender y querer. Por tener
interioridad, el hombre es capaz de:

- Autoconciencia: es el “darse cuenta de sí mismo”, es el acto de afirmación de sí mismo frente a todo


otro ser; es un rasgo propio del hombre que no solamente sabe (conoce), que “sabe que sabe”
(advierte que conoce), se da cuenta de que obra. Más aún, se da cuenta de sí mismo y atribuye a su yo
todas sus actividades, al mismo tiempo que reconoce la entidad propia de las demás cosas frente a la
suya.

- Autodeterminación: es el poder que tiene el hombre de realizarse (perseguir la felicidad) saliendo


por sí mismo de la indeterminación en que ordinariamente lo dejan los motivos que tiene para obrar:
eso que llamamos libertad. Por la autodecisión, se actúa con plena conciencia y control de su propio
ser, y de su ubicación en las circunstancias en que debe decidir.

- UNICIDAD La interioridad fundamenta la unicidad del hombre, el hecho de que cada uno tenga una
manera rigurosamente sin igual de ser persona.

a.- Los animales, “individuos” pertenecientes a una especie, se definen por las características generales
de la especie; basta predicarlas de cada uno. Es cierto, un perro no es el otro: se distinguen entre sí
por la forma, el peso, el color, etc., por los “caracteres individuantes”.

b.- También el hombre es un “individuo”, porque también él pertenece a una especie determinada,
como individuo forma número con los demás y se distingue de los demás por el peso, el color, la forma,
etc.: por los “caracteres individuantes”. Pero al añadir que el hombre es “persona”, afirmamos algo
absolutamente diverso del individuo, irreductible a las cualidades abstractas que puedo atribuirle:
afirmamos que cada uno, como sujeto, realiza la especie “hombre” de un modo irrepetible e
irremplazable. No parece existir “el hombre”, sino únicamente “hombres”.

c.- La interioridad fundamenta la unicidad del hombre, pero también su libertad, el poder ser dueño
de la propia individualidad y de poder moldearla: esto es lo que lo va configurando y diferenciándolo
de los demás. Esto hace que aún en el caso de los gemelos, cada uno reaccione diversamente ante los
mismos estímulos y se diferencie radicalmente del otro.

CONCLUYENDO: las cosas son “trozos de mundo”; el hombre, en cambio, percibe su radical “alteridad”
frente a las cosas y frente a los demás: no forma con ellas un todo único, es un mundo aparte, siempre

34
- Para este tema, tomamos el cap. 3 de la obra de Ítalo Gastaldi, pags. 83 a 97, introduciendo las adaptaciones
y aclaraciones necesarias.
Formación Integral | 19
nuevo y original. Por eso la persona es misteriosa. Pretender esclarecer su misterio es emprender un
imposible viaje de estudios al país de la “alteridad”

- APERTURA A LOS DEMÁS Superación del individualismo y descubrimiento del “otro”.

a.- Planteamiento del problema

El surgir del sentido comunitario, el hecho del diálogo en todos los niveles y para las empresas más
diversas y el fenómeno de la socialización, han llevado a la conclusión de que la dimensión social es
esencial, constitutiva del hombre. El filósofo se pregunta: Todas estas manifestaciones, ¿son
solamente hechos instintivos, biológicos, fenoménicos, hechos “brutos”, sin sentido profundo..., o bien
brotan de una exigencia natural, revelando una dimensión esencial del hombre? ¿Hasta qué grado el
“tú” y el “nosotros” entran en el “yo”? ¿Se puede resolver el problema del hombre sin hablar
explícitamente de las otras personas?

En otras palabras: “ser-en-el-mundo-con-otros”. ¿es para mí algo accidental, como para el vino estar
en el vaso o en la botella o en la cuba..., o significa más bien lo que para el pez vivir en el agua? (el pez
tiene que vivir allí y su organismo esta internamente organizado para vivir allí). “Yo soy yo y mis
circunstancias”, escribía Ortega y Gasset en 1914. Pertenecemos a un entramado social. Vivimos en un
contexto mundano del que jamás podemos prescindir y al que constantemente estamos referidos. Nos
volcamos hacia el no-yo como complemento necesario del propio existir. Somos “seres-en-el-mundo-
a-través-del-cuerpo”: eso es innegable. Pero la pregunta fundamental que nos permite entender la
problemática que atormenta la época actual y que al mismo tiempo nos introduce en el misterio eterno
del hombre, se puede expresar así: “El hombre, ¿es un ser (individual) orientado en primer lugar hacia
el mundo -en el cual existen también otros hombres- o bien es, antes que nada, un ser en comunión
con otras personas en el mundo? Según la respuesta que se dé, la Antropología es muy distinta.

b.- El hombre “ser - en - el - mundo”

No cabe duda de que el hombre es un “ser-en-el-mundo”. Le debemos a Martín Heidegger el haber


insistido en esto.

También Carlos Marx insistía en que “el mundo es como el cuerpo inorgánico del hombre” y nuestra
vida “es un metabolismo con el mundo”.

a.- La primera experiencia que nos sale al paso es que nos hallamos rodeados de cosas que influyen
sobre nosotros y con las que nos vinculan muchas relaciones. Nuestra vida está orientada hacia el
mundo infrahumano, ese mundo que es nuestro espacio vital, donde hay seres que nos sirven de
alimento, vestido y habitación y de los cuales echamos mano para subsistir. Vivimos en un constante
intercambio con el mundo que nos rodea, intercambio que nos enriquece y nos permite realizarnos.
Formamos con él un sistema de reciprocidad, de sentido y de vida. El hombre es un “ser-en-el-mundo”;
nos insertamos en él a través del cuerpo. Pero no estamos como el animal simplemente vinculados al
entorno: vivimos en un mundo abierto, con fronteras fluidas que se ensanchan continuamente...

b.- “Ser-en-el-mundo” no es algo periférico, algo adjetivo, sino algo estructural, originario, constitutivo
del hombre: sólo somos si somos en-el-mundo. El mundo es como el cuerpo grande del hombre, la
prolongación de la corporeidad. No hay hombre sin mundo, como no hay hombre sin prójimo. Tanto

Formación Integral | 20
que los materialistas absolutizan esta característica hasta reducir al hombre a una “porción del
mundo”.

c.- Martín Buber dice que gracias al hombre existe el mundo. Sin el hombre habría muchas cosas, pero
ningún ser que las captara en su conjunto. Sólo el hombre puede pensar la pluralidad como unidad,
como totalidad de la experiencia externa.

Así, pues, al decir “mundo” no nos referimos al mundo objetivista, visto independientemente de su
relación con nosotros, ese mundo regido por las leyes que las ciencias van descubriendo. No somos
espectadores pasivos en el mundo: estamos en diálogo con él. Mediante la ciencia, la técnica y el arte
ponemos un sello espiritual a la materia y la “hominizamos”, llenándola de significados: elevamos la
“naturaleza” al rango de “cultura”. No es sólo el mundo físico el que está ante nosotros, sino también
el mundo simbólico. Aquí nos referimos al mundo del hombre, ese mundo que hemos construido a
través de nuestras propias experiencias, teñido de subjetividad.

Nos vemos en un ámbito repleto de significados, en un ambiente organizado por el hombre mismo.

c- El “hecho fundamental de la existencia”

Todo lo que precede nos está diciendo que nuestra dimensión social es una dimensión original, que
no puede ser reducida a ninguna otra, ni derivada de ninguna otra. Somos “interioridades”, no hay
duda, pero interioridades abiertas, destinadas a la comunión interpersonal. El hombre es un ser “altero
céntrico” por naturaleza. La “alteridad” pertenece esencialmente al concepto y a la realidad de la
persona. Y la dimensión social no es una realidad adjetiva, añadida a la interioridad ya constituida; es
una realidad constitutiva de la persona. En efecto, el hombre no se puede conocer a sí mismo
mirándose al espejo: “El hombre se torna un yo a través del tú”. Sólo así se descubre idéntico a sí
mismo. No tiene primero relación a sí mismo y luego, en un segundo momento, relación al tú del otro.
No; el yo no es traslúcido para sí mismo: se auto conoce al mismo tiempo que entra en relación con
los demás. La persona nace de una llamada y se orienta hacia una respuesta. Podemos decir que el
“nosotros” es la matriz y el ámbito constitutivo de las personas: el yo es “yo” en el nosotros, y el tú es
“tú” en el nosotros.

Sartre consideraba al otro como una amenaza no, “el otro no es un límite sino un manantial del yo”.

El hecho fundamental de la existencia es que todo hombre es interpelado como persona por otro
ser humano, en la palabra, en el amor y en la obra, y debe dar su respuesta: aceptación o rechazo.

d- Amor

El ser humano tiene el impulso de “ser-más por la comunicación”. Desde lo más profundo de su ser
necesita comunicarse con otros, y la comunicación más plena se cumple por el amor. Afirma Ismael
Quiles, que toda persona, todo espíritu tiene, como primera aspiración de su esencia, el amor. Este es
el aspecto de la vida que más puede realizar al ser humano como persona.

e- Apertura a la Trascendencia:

La fenomenología nos muestra, entonces, que el otro está delante de mí como un valor que se me
impone por sí mismo; un valor que el hombre mismo no ha creado ni puede destruir, pues se identifica
con la misma dignidad de la persona humana, fundada en su conciencia y libertad. Se trata de un “dato
Formación Integral | 21
primario”, de una constatación inmediata que no puede ser negada sin la conciencia íntima de
infidelidad con nosotros mismos. Hay que decirle que “si” a su existencia, independientemente del
color de la piel, de su pertenencia a una raza o a una condición social y de la posibilidad de utilizarlo
más tarde en el proceso de producción. Hay que aceptarlo simplemente porque es un ser humano.

La existencia del otro, su presencia soberana, es algo situado “más allá” de la voluntad arbitraria del
otro, es algo trascendente. En último análisis no depende de él existir de ese modo. Por eso podemos
concluir que en la exigencia incondicional del prójimo está en cierta forma presente el totalmente
Otro, Dios, que protege la criatura humana, porque fue querida y hecha por El. Tomar en serio al otro,
incondicionalmente; reconocer -por lo menos implícitamente- la realidad misteriosa que está detrás
del hombre y lo constituye precisamente en su singularidad inviolable.

LA ACTIVIDAD DE LA PERSONA: CONOCER, OBRAR Y HACER. EL CARÁCTER


CONSTITUTIVAMENTE ÉTICO DE LA PERSONA
Daniel Ruiz sostiene que:

Conocer es un acto vital, inmanente, formalmente subjetivo pero intencionalmente objetivo. Es vital
porque es parte de la vida de la persona.

Inmanente, porque lo obtenido como fruto del conocer, permanece en el ser que lo produce, que es
la persona misma.

Formalmente subjetivo, porque es una de actividad interna del sujeto, el que es consciente de que
conoce y de lo que conoce, no así las demás personas, que sólo pueden conocer lo que el sujeto conoce
si éste de algún modo se lo manifiesta.

Intencionalmente objetivo, porque todo conocer tiene un objeto conocido, un objeto al cual se
refiere. El conocimiento en sí mismo considerado constituye un enriquecimiento de la persona. Se
trata de las dos especies de conocimiento que posee el hombre: el conocimiento sensitivo y el
conocimiento intelectual.

La realización del acto humano es el obrar humano, que es, por lo tanto, un obrar consciente,
deliberado, libre, iluminado por el previo conocimiento; un obrar que será bueno o malo, según que
se ajuste a los principios básicos de la moralidad.

El hacer significa un actuar hacia el exterior del sujeto para crear cosas o modificar las existentes;
como tal pertenece al campo del arte o de la técnica; pero en cuanto obrar humano entra de lleno en
la ética.

En el conocer están las bases de la conducta ética. La persona, consciente de su dignidad, de su origen,
de su destino, busca conocer los fines inmediatos y mediatos de sus acciones, la o las normas de
moralidad a que esas acciones deben ajustarse para llegar al fin último propuesto, la índole del bien
moral, el significado de conciencia moral y de sus posibles variables, el significado de la ley, de la
obligación, del deber y del derecho, de la libertad psicológica y de la libertad legal, de la ignorancia y
del error en sus relaciones con la moral, etc.

Es importante tener presente que el conocer humano constituye una actividad plenamente intelectual,
en tanto que el obrar humano es actividad plenamente volitiva. La conciencia moral es mayor cuanto
mayor y más claro es el conocimiento que posee la persona. De allí que la ignorancia y el error dificultan
Formación Integral | 22
muchas veces el proceder moral. Por eso, cuanto más conoce una persona, más claridad puede tener
respecto a la bondad o malicia de los actos; pero esto no asegura que sus elecciones sean correctas,
pues se puede obrar mal a sabiendas. En este sentido, es que lo más oculto en la persona humana son
sus intenciones, ese ámbito interno donde se producen las decisiones.

Allí radica justamente la raíz del carácter constitutivamente ético de la persona, en esa posibilidad de
la libre decisión, acto interno de la voluntad, que puede traducirse, o no, en una acción externa del
sujeto.

Por ello, un cerebro electrónico, un chip no tiene problemas éticos, como no los tiene tampoco el
animal irracional. Los seres en quienes funcionan procesos automáticos, determinados e incluso
instintivos, genéticamente determinados, no tienen problemas éticos; los tendrán, sí técnicos o
mecánicos (caso de las máquinas) o disfuncionales (caso de los animales). El único ser que se angustia
por el problema ético, porque le acarrea permanentes luchas internas, es la persona, el ser humano.

1.3 LA ESTRUCTURA DE LA PERSONA HUMANA EN


EDITH STEIN.
Edith Stein de nombre religioso Teresa Benedicta de la Cruz (1891-1942) fue filósofa, mística, religiosa
carmelita descalza, mártir y santa alemana de origen judío; aborda la “Persona humana” con una
crítica a la antropología de corte platónico-cartesiano. Recordemos que Platón defiende un dualismo
antropológico que se basa en la idea de una realidad humana constituida por dos realidades que son
en cierto sentido antagónicas y que se unen circunstancialmente. El hombre es así un compuesto de
dos elementos: alma y cuerpo (el alma vive en el mundo inteligible, es inmortal, eterna e
independiente al hombre).

Por otro lado el dualismo cartesiano considera la teoría tradicional de “mente-cuerpo” y sugiere que
las personas están formadas por dos sustancias de jerarquías diferentes; la mente que es inmaterial,
no extendida y pensante, y el cuerpo, que es sustancia material, extendida y sin capacidad de
pensamiento. Entendiendo de este modo al hombre, el cuerpo actúa mecánicamente e
independientemente de la mente: el hombre vive “dos historias paralelas” (pensemos en el dogma del
fantasma en la máquina de Ryle).

Edith Stein sostiene que ambas teorías, se basan en el error de considerar al hombre de modo dualista.
Para ella la Persona es un ser libre y espiritual, en este concepto se encierran los elementos que definen
su ser “es persona, es decir, posee una individualidad y es capaz de relación; es libre, capaz de marcar
un rumbo y dar sentido a su vida; es espiritual, es decir, un ser racional y capaz de trascenderse a sí
mismo, abriéndose y acogiendo al otro”35. Entendiendo al hombre como espíritu, libertad,
individualidad y relación.

Lo que distingue al ser humano de los otros seres, es mucho más que su racionalidad; es su capacidad
de salirse de sí, de trascender los límites de su propia corporalidad y su apertura ontológica hacia el
otro; capacidad de acoger al otro. La Persona se comprende como un ser “trascendente”, que está

35
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, (Edith Stein). OBRAS COMPLETAS. IV ESCRITOS ANTROPOLÓGICOS y
PEDAGÓGICOS. Coeditores: Editorial Monte Carmelo; Ediciones El Carmen; Editorial de Espiritualidad. Madrid,
2003.

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constituido por materia y sensibilidad, pero no se agota en estos elementos constitutivos; el hombre
no se realiza en soledad, debe salir de sí al encuentro con el otro.

Stein desarrolla una comprensión del ser humano unitaria y tridimensional, “cuerpo-alma-espíritu”.
No como elementos o niveles superpuestos, sino como aspectos o dimensiones constituyentes de un
todo; “por lo tanto –nos dice- quien ignore o excluya alguno de estos aspectos, está abocado al fracaso
o al sinsentido, al vacío de la existencia”.

Entiende a la Persona es “como un ser dotado de razón, como un ser que es dueño de sí mismo y que
es consciente y, por serlo, se tiene a sí mismo bajo las riendas”; este tenerse “a sí mismo bajo las
riendas”, permite “configurar libremente los actos puntuales de su vida”36. En este sentido los actos
son entendidos como acciones que están fundadas en hábitos y en costumbres, estos le permiten a la
persona configurar un determinado “modo de ser permanente”.

El ser humano es libre en la medida en que alcanza y conquista su ser, en la medida en que se hace
capaz de optar por aquello que es lo mejor para sí, aquello que le perfecciona. El tema de la libertad
es para Edith esencial, pues sin libertad no hay persona.

El concepto de “autodominio” implica que el individuo humano actúa persiguiendo un determinado


fin; proyectando su vida práctica, a partir de una legalidad racional, “actuar en conformidad con un
determinado principio”37. Como la Persona se va constituyendo a partir de sus actos, sus acciones, sus
elecciones (al estilo de M. Scheler), llega a ser, lo que quiere ser. Stein hace referencia a la
“autoconfiguración” de la Persona Humana, a través de sus propias acciones conscientes; hay un obrar
consciente hacia determinado fin (estructura teleológica del actuar humano).

Como el hombre está siempre en devenir, porque no llega al mundo terminado, se deberá ir
construyendo a sí mismo, a lo largo de toda su vida. La Persona es siempre en potencia, ya que nunca
alcanza un estado definitivo. Esto no se debe confundir con un nihilismo o pesimismo de tipo
existencialista, ya que para nuestra filósofa, todo nihilismo metafísico desemboca en un nihilismo
pedagógico.

¿Cómo escapa de la nada existencialista? Estein responde a esta pregunta con una “metafísica positiva
que dé una respuesta adecuada a la nada y a los abismos de la existencia humana” e introduciendo
la vida afectiva, los valores, principios y creencias, como fundamento de tal configuración; esto
significa que la Persona no sólo se configura a partir de sus acciones, sino también a partir de sus
emociones y valores morales.

Influenciada por Santo Tomás, entiende la potencialidad de la Persona, constituida por capacidades
no desarrolladas aún (meras posibilidades). La Persona tiene un núcleo, que sería “el sello de su
individualidad personal”, en él se hallan las potencias o cualidades que pueden desplegarse o

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Santa Teresa Benedicta de la Cruz, (Edith Stein). OBRAS COMPLETAS. IV ESCRITOS ANTROPOLÓGICOS y
PEDAGÓGICOS. Coeditores: Editorial Monte Carmelo; Ediciones El Carmen; Editorial de Espiritualidad. Madrid,
2003.

37
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, (Edith Stein). OBRAS COMPLETAS. IV ESCRITOS
ANTROPOLÓGICOS y PEDAGÓGICOS. Coeditores: Editorial Monte Carmelo; Ediciones El Carmen;
Editorial de Espiritualidad. Madrid, 2003
Formación Integral | 24
actualizarse; o en caso contrario, pueden quedar en meras posibilidades (anuladas o atrofiadas); las
decisiones son aquí actos de suma importancia, ya que condicionan la acción futura y crean la
disposición a actuar del mismo modo.

La individualidad no es solo una característica más de la Persona, sino que es un rasgo esencial; no
tener esto en cuenta nos llevaría a una incomprensión total de lo que el hombre es. Para la filósofa de
Breslau el núcleo es “el centro de su ser”. Todos los estratos de la persona -tanto corporales como
anímicos y espirituales- “están informados desde ese núcleo”. Stein afirma que “En pocas palabras,
lo que es la persona lo es por el núcleo, que es el centro de su ser y su fundamento; el desarrollo de
la personalidad y el ir ganando grados cada vez más altos, consistiría en la actualización de las
potencias que están ya contenidos en ella. Muchas potencias se desarrollan y se actualizan y otras
no”.

Por medio del “autoconocimiento” la persona humana reconoce sus propias capacidades, habilidades
y potencias; a partir de este conocerse puede orientar su acciones hacía ese fin, alcanzar el modelo
de persona que persigue. La persona que inicia por voluntad y de modo consciente ese proceso de
autoconocimiento, “tiene una imagen ante sus ojos…y esta imagen, por cierto, la puede tener a partir
de una persona humana concreta que conoce y lo motiva a ser de ese modo38.

Ningún acto es indiferente al ser que lo realiza, porque cada elección que lleva a una acción consciente,
lo modifica y transforma. Si bien se puede distinguir entre el individuo “agente” y la “acción”, la
persona y su comportamiento están orgánicamente articulados «… como un todo vital y unitario en
continuo proceso de hacerse y deshacerse, […] tanto la conformación anímica como la corporal se
desarrollan en continua actividad, que es el resultado de la actualización de ciertas capacidades, y a
la vez [la persona] decide cuáles de las diferentes posibilidades prefiguradas en el ser del hombre se
harán realidad»39.

Stein nos muestra la vital importancia del “autoconocimiento” a fin de poder dirigir nuestro
comportamiento hacia ese fin que vamos descubriendo simultáneamente en ese proceso interno. El
autodominio depende en gran medida del autoconocimiento, pues quien se conoce puede dirigir su
vida.

ACTIVIDAD Nº 1

a.- De Autoevaluación - ¿Por qué afirmamos que la Antropología Filosófica considera al


hombre como totalidad? - Dé razones por las cuales podemos afirmar que el hombre posee un valor
absoluto. - Decimos que el hombre es un ser-en-el-mundo. En este caso, ¿qué se entiende por
“mundo”?

38
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, (Edith Stein). OBRAS COMPLETAS. IV ESCRITOS
ANTROPOLÓGICOS y PEDAGÓGICOS. Coeditores: Editorial Monte Carmelo; Ediciones El Carmen;
Editorial de Espiritualidad. Madrid, 2003
39
Aquilino Polaino-Lorente. La estructura de la persona, según Edith Stein.
Dialnet-LaEstructuraDeLaPersonaSegunEdithStein-6509997.pdf
Formación Integral | 25
b.- Obligatoria - Seleccione cinco afirmaciones del texto referido a la “Constitución esencial de
la persona humana” que Ud. considere más significativas y establezca vínculos y relaciones con “la
estructura de la persona humana” según Edith Stein. Elabore un texto en Word de una carilla (máximo)
donde se evidencie la consigna b.

Película para conocer más sobre la vida y la obra de Edith Stein:

https://www.facebook.com/watch/?v=2366436036968564

Formación Integral | 26
UNIDAD II: Ética y Moral.
Para tratar el tema de la Moral, partiremos de los conceptos que Adolfo Sánchez Vázquez trabaja en
su libro “Ética”, del cual hemos extraído el texto que sigue a continuación.

2.1 ESENCIA DE LA MORAL


Partiendo del hecho de la moral, es decir de la existencia de una serie de morales concretas, que se
han sucedido históricamente, podemos intentar dar una definición de la moral, válida para todas ellas.
Esta definición de la moral, no podrá abarcar en modo alguno todos los rasgos esenciales de cada una
de esas morales históricas ni reflejar toda la riqueza de la vida moral, pero sí ha de aspirar a expresar
los rasgos esenciales que permiten diferenciarla de otras formas de comportamiento humano.

La definición sería:

“La moral es un conjunto de normas aceptadas, libre y conscientemente, que regulan la conducta
individual y social de los hombres”.

LO NORMATIVO Y LO FÁCTICO

En la moral están explícitos dos planos:

a.- lo normativo, constituido por las normas (o reglas de acción) imperativas que enuncian algo que
debe ser;

b.-lo fáctico (o plano de los hechos morales) constituido por ciertos actos humanos que se dan
efectivamente, es decir, que son, independientemente de cómo estimamos que debieron ser.

Al plano normativo pertenecen las reglas que postulan determinado tipo de comportamiento: “ama al
prójimo como a ti mismo”, “respeta a tus padres”, “no seas cómplice de una injusticia”.

Al plano fáctico corresponden siempre acciones concretas: “el acto por el que X se muestra solidario
de Y”, el acto de respeto a los padres, etc. Todos estos actos se ajustan a determinadas normas
morales, y justamente porque pueden ser puestas en una relación positiva con una norma, (en cuanto
que se ajustan a ella o la ponen en práctica) cobran un significado moral. Son actos morales positivos
o moralmente valiosos.

Consideremos otro tipo de actos: “el incumplimiento de una promesa dada, la falta de solidaridad con
un compañero”, no pueden ser consideradas moralmente positivas en cuanto que implican la violación
de normas morales o una forma de conducta indebida pero no por ello dejan de pertenecer a la esfera
de lo moral.

Son actos moralmente negativos, pero justamente por su referencia a una norma (porque implican
una violación o un incumplimiento de ella) tienen un significado moral. Así pues, su relación con lo
normativo, determina la pertenencia de ciertos hechos a la esfera de lo moral.

Lo normativo se encuentra a la vez, en una peculiar relación con lo fáctico, ya que toda norma al
postular algo que debe ser, apunta a la esfera de los hechos, a un tipo de realización. Lo normativo no

Formación Integral | 27
se da al margen de lo fáctico, sino que apunta a un comportamiento efectivo. Lo normativo existe para
ser realizado, lo cual no quiere decir que se realice necesariamente; postula una conducta que se
considera debida, es decir, que debe realizarse, aunque en la realidad efectiva no se cumpla la norma:
un cambio de señalización en calles de zonas periféricas, no determina que toda la comunidad cumpla
la norma.

Las normas se dan y valen independientemente del grado en que se cumplan o violen. Lo normativo y
lo fáctico se encuentran en relación: lo normativo exige ser realizado y apunta por ello a lo fáctico; lo
realizado (lo fáctico) sólo cobra significado moral en cuanto puede ser referido a una norma. Lo
normativo y lo fáctico en el terreno moral (la norma y el hecho) son dos planos que pueden ser
distinguidos, pero no separados.

2.2 MORAL Y MORALIDAD


La moral efectiva comprende un conjunto de principios, valores y prescripciones que los hombres, en
una comunidad dada, consideran válidos como los actos reales en que aquellas se plasman.

La necesidad de mantener una distinción entre el plano puramente normativo o ideal y el fáctico o
real, ha llevado a algunos autores a proponer dos términos para designar un término y otro: “Moral y
Moralidad”.

La “moral” designaría el conjunto de principios, normas, imperativos o ideas morales de una época en
una sociedad dada. La moralidad es el conjunto de relaciones efectivas o actos concretos que cobran
un significado moral con respecto a la moral dada. La moral se daría “idealmente” y la moralidad
“realmente”.

La moralidad constituye un tipo de comportamiento de los hombres, y como tal formará parte de su
existencia individual y colectiva. La moral tiende a convertirse en moralidad en virtud de la existencia
de lo normativo. La moralidad es la moral en acción, la moral práctica. Por ello es mejor emplear un
solo término, el de “Moral” como se hace tradicionalmente; con él se designan los dos planos: el
normativo o prescriptivo y el práctico o efectivo, integrados ambos en la conducta humana concreta.

Así, en la moral se conjugan le normativo y lo fáctico, o lo moral como hecho de la conciencia individual
y social, y como un tipo de comportamiento efectivo de los hombres.

CARÁCTER SOCIAL DE LA MORAL

La moral tiene esencialmente un carácter social, pues sólo se da en la sociedad, respondiendo a sus
necesidades y cumpliendo una determinada función en ella. Un cambio radical de la estructura social
da lugar a un cambio fundamental de moral. La moral, como forma de comportamiento humano, tiene
un carácter social, ya que es propio de un ser, que incluso al comportarse individualmente, lo hace
como un ser social.

Aspectos fundamentales de la cualidad social de la moral:

a- Cada individuo, al comportarse moralmente, se sujeta a determinados principios, valores o normas


morales. Los individuos forman parte de una época dada y de determinada comunidad humana, donde
rigen determinados valores, principios o normas. El individuo se encuentra con lo normativo como algo

Formación Integral | 28
ya establecido y aceptado por determinado medio social sin que tenga posibilidad de crear nuevas
normas ni de modificarlas de acuerdo a su exigencia personal.

b-El comportamiento moral es tanto comportamiento de individuos como de grupos sociales


humanos. Cuando se trata de una conducta de un individuo, no solamente afecta a sí mismo, sino que
se trata de una conducta que tiene consecuencias en un sentido u otro para los demás, y que es objeto
de su aprobación o reprobación. Los actos morales individuales que no tienen consecuencia alguna
para los demás no pueden ser objeto de una calificación moral, por tanto quedan fuera de la moral
aquellos actos que son estrictamente personales por sus resultados y efectos. Cabe la excepción y
aclaración de aquellos que por su índole misma reciben una calificación moral, independientemente
del estar solo o no. Por ejemplo: el robar estando solo, en sí mismo es un robo.

c-Las ideas, normas y relaciones morales surgen y se desarrollan respondiendo a una necesidad social.
La función social de la moral estriba en regular las relaciones entre los hombres, para contribuir así a
mantener y asegurar determinado orden social. Se pretende que los individuos acepten libre y
conscientemente el orden social establecido. Así, la moral cumple una función social muy precisa:
contribuir a que los actos de los individuos, o de un grupo social, se desarrollen en forma favorable
para toda la sociedad o para un sector de ella. La moral tiende a que los individuos pongan en
consonancia, voluntariamente, sus propios intereses con los intereses colectivos de determinado
grupo social, o de la sociedad entera.

LO INDIVIDUAL Y LO COLECTIVO EN LA MORAL

El carácter social de la moral entraña una peculiar relación entre el individuo y la comunidad, o entre
lo individual y lo colectivo. En efecto, desde su infancia se encuentra sujeto a una influencia social que
le llega por diversas conductas y a la que no puede escapar: de los padres, del medio escolar, de los
amigos, de las costumbres y tradiciones arraigadas, del ámbito profesional, de los medios masivos de
difusión (cine, tv, prensa, radio). Bajo esta variada influencia, se van formando sus ideas morales y sus
modelos de conducta moral.

Una parte de la conducta moral se manifiesta en forma de hábitos y costumbres. Esta forma de
regulación de la conducta, es la que predomina en las sociedades primitivas. La costumbre representa
en ellas lo que debe ser. Para las sociedades más evolucionadas, no desaparece por completo la
costumbre como forma de regulación moral. Las normas que rigen así en la sociedad, tienen a veces,
larga vida, sobreviven a cambios sociales importantes y se hallan respaldadas por el peso de la
tradición. Toda nueva moral tiene que romper con la vieja moral, que trata de sobrevivirse como
costumbre; pero, por otro lado, lo nuevo moralmente tiende a consolidarse como costumbre.

La costumbre espera como un medio eficaz para integrar al individuo en la comunidad, para fortalecer
su sociedad, y para que sus actos contribuyan a mantener y no a disgregar el orden establecido. El
individuo actúa entonces de acuerdo con las normas emitidas por un grupo social, o por toda la
comunidad.

La convicción íntima de lo que fue ayer, debe ser también hoy, y de la relación consuetudinaria o
habitual de la conducta cobra significación moral.

En sociedades primitivas, la costumbre cobra especial relevancia y el individuo se encuentra tan


apegado que le queda poco margen para discrepar de ella. Esta forma de regulación de la conducta
Formación Integral | 29
tiene un carácter moral, que se presenta como una pretensión normativa, ya que las normas que
prevalecen forman parte de los hábitos y costumbres.

Esta sujeción del individuo pone de manifiesto el carácter social de la relación entre individuo y
comunidad y de la conducta moral individual. El sujeto del comportamiento propiamente moral, es
una persona singular. Cualesquiera sean las causas que rodeen la decisión y el acto correspondiente,
ambos emanan de un individuo que libre y conscientemente asume una responsabilidad personal.

La conciencia individual, esfera donde operan las decisiones de orden moral, al hallarse condicionada
socialmente, no puede dejar de reflejar una situación social concreta, de allí que distintos individuos
de un mismo grupo social, reaccionen de un modo análogo.

Así pues, cuando se subraya el carácter social de la moral y la relación de lo individual y lo colectivo, se
está lejos de negar el papel del individuo en el comportamiento moral, aunque este varíe histórica y
socialmente.

En conclusión, la moral implica siempre una conciencia individual que hace suyas las reglas de acción
que se le presentan con carácter normativo, aunque se trate de reglas establecidas por la costumbre.
Como no existe el individuo aislado, sino como ser social, no existe una moral estrictamente personal.

La moral implica, pues, una relación libre y consciente entre los individuos, o entre éstos y la
comunidad. Pero esta relación se halla también socialmente condicionada, justamente porque el
individuo es un ser social o nudo de relaciones sociales. El individuo se comporta moralmente en el
marco de unas condiciones y relaciones sociales dadas que él no ha escogido, y dentro también de un
sistema de principios, valores y normas morales que no ha inventado, sino que le es dado socialmente,
y conforme al cual regula sus relaciones con los demás, o con la comunidad entera.

En conclusión: la moral tiene un carácter social en cuanto que:

a.- los individuos se sujetan a principios, normas o valores establecidos socialmente;

b.- regula sólo actos y relaciones que tienen consecuencias para otros y requieren necesariamente
la sanción de los demás;

c.- cumple la función social de que los individuos acepten libre y conscientemente determinados
principios, valores o intereses.

MORAL CONVENCIONAL Y MORAL CRÍTICA

La Moral convencional es aquella que está vigente en una sociedad determinada, que meramente es
reproducida por los individuos que la integran, sin realizar un examen crítico de las normas. Nos
encontramos de este modo con normas no cuestionadas; en donde la conducta individual sólo se
ajusta a dichas normas y se juzga negativamente toda conducta que se aparte de las mismas.

La Moral Crítica, por el contrario, es aquella que no se conforma con decir qué se debe hacer, sino que
se plantea la pregunta del por qué, tratando de responderla; es decir, adopta una actitud reflexiva,

Formación Integral | 30
buscando los fundamentos de las normas y criticando aquellas que no aparecen suficientemente
fundamentadas.

MODOS DE ENTENDER LA MORALIDAD

CARACTERÍSTICAS DE LA MORALIDAD

Formación Integral | 31
2.3 LA ÉTICA COMO FILOSOFÍA MORAL 40.
Pasaremos ahora a analizar en que consiste la Ética o Filosofía Moral. Para ello presentamos los
conceptos que Adela Cortina expone en su obra “ÉTICA”.

La Ética es entendida como aquella parte de la Filosofía que se dedica a la reflexión sobre la moral.
Como parte de la Filosofía, la Ética es un tipo de saber que intenta construirse racionalmente,
utilizando para ello el rigor conceptual y los métodos de análisis y explicación propios de la Filosofía.
Como reflexión sobre cuestiones morales, la Ética pretende desplegar los conceptos y argumentos que
permiten comprender la dimensión moral de la persona humana en cuanto la dimensión moral, es
decir, sin reducirla a componentes psicológicos, sociológicos, económicos o de cualquier otro tipo
(aunque por supuesto, la ética no ignora que tales factores condicionan de hecho el mundo moral).

Una vez desplegados los conceptos y argumentos pertinentes, se puede decir que la Ética, la Filosofía
Moral, habrá conseguido dar razón del fenómeno moral, dar cuenta racionalmente de la dimensión
moral humana, de modo que habremos crecido en saber acerca de nosotros mismos, y, por lo tanto,
habremos alcanzado un mayor grado de libertad. En definitiva, filosofamos para encontrar sentido a
lo que somos y hacemos, y buscamos sentido para colmar nuestras ansias de libertad, dado que la falta
de sentido la experimentamos como cierto tipo de esclavitud.

1.- La Ética es indirectamente normativa.

Desde sus orígenes entre los filósofos de la antigua Grecia, la Ética es un tipo de saber normativo, esto
es un saber que pretende orientar las acciones de los seres humanos. También la moral es un saber
que ofrece orientaciones para la acción, pero mientras esta última propone acciones concretas en
casos concretos, la Ética -como filosofía moral- se remonta a la reflexión sobre las distintas morales y
sobre los distintos modos de justificar racionalmente la vida moral, de modo que su manera de orientar
la acción es indirecta: a lo sumo puede señalar qué concepción moral es más razonable para que, a
partir de ella, podamos orientar nuestros comportamientos.

Por tanto, en principio, la Filosofía Moral o Ética, no tiene por qué tener una incidencia inmediata en
la vida cotidiana, dado que su objetivo último es el de esclarecer reflexivamente el campo de la moral.
Pero semejante esclarecimiento sí puede servir de modo indirecto como orientación moral para
quienes pretenden obrar racionalmente en el conjunto de la vida entera.

Por ejemplo: supongamos que alguien nos pide que elaboremos un “juicio ético” sobre el problema de
la desocupación, o sobre el aborto, o sobre cualquier otra cuestión moral de las de las que están en
discusión en nuestra sociedad; para empezar tendríamos que aclarar que en realidad se nos está
pidiendo un juicio moral, es decir una opinión suficientemente mediata acerca de la bondad o malicia
de las intenciones, actos y consecuencias que están implicados en cada uno de esos problemas.

A continuación, deberíamos aclarar que un juicio moral se hace siempre a partir de alguna concepción
moral determinada, y una vez que hayamos anunciado cuál de ellas consideramos válida, podemos
proceder a formular, desde ella, el juicio moral que nos reclamaban. Para hacer un juicio moral
correcto acerca de alguno de los asuntos morales cotidianos no es preciso ser experto en filosofía
moral. Basta con tener cierta habilidad de raciocinio, conocer los principios básicos de la doctrina moral

40
En este apartado seguiremos el texto de: CORTINA, Adela (1.999) “Ética”. Editorial Akal.
Formación Integral | 32
que consideramos válida, podemos proceder a formular, desde ella, el juicio moral que nos
reclamaban.

Un juicio ético estará correctamente formulado si es la conclusión de una serie de argumentos


filosóficos, sólidamente construidos, que muestren nuestras razones para preferir la doctrina moral
escogida. En general, tal juicio ético está al alcance de los especialistas en filosofía moral, pero a veces,
también puede manifestarse con cierto grado de calidad entre las personas que cultiven la afición a
pensar, siempre que hayan hecho el esfuerzo de pensar los problemas “hasta el final”.

2.- El término “Ética”

A menudo se utiliza la palabra “Ética” como sinónimo de “moral”, es decir de un conjunto de principios,
preceptos y valores que rigen la vida de los pueblos y de los individuos. La palabra “Ética” procede del
griego “ethos”, que significaba originalmente “morada”, “lugar donde vivimos”, pero posteriormente
pasó a significar “el carácter”, “el modo de ser” que una persona o grupo va adquiriendo a lo largo de
su vida. Por su parte, el término “moral” procede del latín “mos, moris”, que originalmente significaba
“costumbre” confluyen etimológicamente en un significado casi idéntico: todo aquello que se refiere
al modo de ser o carácter adquirido como resultado de poner en práctica unas costumbres o hábitos
considerados buenos.

Dadas esas coincidencias etimológicas, no es extraño que los términos “moral” y “ética” aparezcan
como intercambiables en muchos contextos cotidianos: se habla, por ej, de una “actitud ética” para
referirse a una actitud “moralmente correcta” según determinado código moral; o se dice de un
comportamiento que “ha sido poco ético”, para significar que no se ha ajustado a los patrones
habituales de la moral vigente. Este uso de los términos “ética” y “moral” como sinónimos está tan
extendido en castellano que no vale la pena intentar impugnarlo. Pero conviene que seamos
conscientes de que tal uso denota, en la mayoría de los contextos lo que aquí venimos llamando “la
moral”, es decir, la referencia a algún código moral concreto.

No obstante lo anterior, podemos proponernos reservar en el contexto académico, el término “Ética”


para referirnos a la Filosofía moral, y mantener el término “moral” para denotar los distintos códigos
morales concretos.

3.- La Ética no es ni puede ser “neutral”.

La ética no se identifica, en principio con ningún código moral determinado. Esto no significa que
permanezca “neutral ante los distintos códigos morales que hayan existido o puedan existir. No es
posible semejante “neutralidad” o “asepsia axiológica”, puesto que los métodos y objetivos de la Ética
la comprometen con ciertos valores y la obligan a denunciar a algunos códigos morales como
“incorrectos” o incluso como “inhumanos”, al tiempo que otros pueden ser reafirmados por ella en la
medida en que los encuentre “razonables”, “recomendables “ o incluso “excelentes”.

4.- Funciones de la Ética.

Corresponde a la Ética una triple función:

a.- Aclarar qué es la moral, cuáles son sus rasgos específicos.

Formación Integral | 33
b- Fundamentar la moralidad, es decir, tratar de averiguar cuáles son las razones por las que tiene
sentido que los seres humanos se esfuercen en vivir moralmente.

c- Aplicar a los distintos ámbitos de la vida social los resultados obtenidos en las dos primeras
funciones, de manera que se adopte en esos ámbitos sociales una moral crítica (es decir,
racionalmente fundada), en lugar de un código moral dogmáticamente impuesto o de la ausencia de
referencias morales. A lo largo de la historia de la Filosofía se han ofrecido distintos modelos éticos
que tratan de cumplir las tres funciones anteriores: son las teorías éticas. Son constructos filosóficos
que intentan dar cuenta del fenómeno de la moralidad en general, y de la preferibilidad de ciertos
códigos morales en la medida en que éstos se ajustan a los principios de racionalidad que rigen en el
modelo filosófico de que se trate.

Distinciones de Ética y Moral.

Desde sus orígenes entre los filósofos de la antigua Grecia, la Ética es un tipo de saber que pretende
orientar las acciones de los seres humanos. También la moral es un saber que ofrece orientaciones para
la acción, pero mientras esta última propone acciones concretas en casos concretos, la Ética se remonta
a la reflexión sobre las distintas morales y sobre los distintos modos de justificar racionalmente la vida
moral, de modo que su manera de orientar la acción es indirecta.

Por tanto, en principio, la Ética no tiene por qué tener una incidencia inmediata en la vida cotidiana,
dado que su objetivo último es el de esclarecer reflexivamente el campo de lo moral.

Moral Orientaciones para la acción

Ética Reflexión sobre los modos de justificar la vida moral

Siendo la Ética una disciplina filosófica que debe englobar toda la conducta humana en sus diversos
matices, abarca un campo inmenso.

En este cuadro se sintetizan las relaciones entre Ética y Moral:

Una primera caracterización de la ética es la Ética General: en ella se analizan los fundamentos o
principios generales del orden moral, es decir, los basamentos primarios sobre los cuales se apoya todo
el andamiaje del sistema moral.

La Ética Particular o Aplicada consiste en la “aplicación” de los principios generales a las situaciones
más concretas de la conducta moral y de la actividad humana en general. Dentro del ámbito de la Ética
Aplicada, y en consideración al notable incremento adquirido por numerosos problemas morales

Formación Integral | 34
surgidos en el ámbito de las diversas profesiones, ha ido afianzándose el estudio de la llamada Ética
Profesional, cuyo objetivo sería analizar las más importantes cuestiones morales suscitadas en el
ejercicio de las diversas profesiones. Esto ha dado origen a una múltiple especialización, que cada día
cobra mayor importancia. Se le suele denominar también “Deontología” (del griego “ciencia del
deber”), neologismo inventado por Bentham.

Por último, sus objetos son los mencionados precedentemente. El objeto de la Ética es el acto humano
realizado con el pleno concurso de las facultades espirituales superiores: inteligencia y voluntad libre. El
objeto de la deontología es el acto profesional, aquel efectuado en un marco laboral determinado y que
se rige por un determinado código de ética profesional.

Como dijimos, la Ética estudia los actos humanos, que también denominamos actos morales o acciones
humanas.

2.4 ACCIÓN HUMANA


Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, afirma que los animales no actúan, ya que sus actividades tienen
forzosamente éxito porque son instintivas o porque son consecuencia de un aprendizaje, pero no
porque hayan sido planeadas o sean creativas; son siempre las mismas, es decir, son estáticas en cuanto
a su resultado.

En cambio, en relación a otros animales, el ser humano es de una medianía biológica alarmante y sólo
se compensa de esa carencia mediante sus manos y su inteligencia. Por esta razón, la acción aparece
como un factor humanizador, constituyéndose en el instrumento por el cual el ser humano transforma
el medio convirtiéndolo en “mundo”. Si los comparamos con el animal, los actos humanos son modos
completamente nuevos de dirigir la vida.

Es conveniente distinguir entre actos humanos y actos del hombre, ya que no todos los actos realizados
por el ser humano son actos libres. Para que un acto sea considerado “humano”, se requiere que sea
voluntario. En cambio, cuando una persona realiza un acto sin la voluntad de realizarlo o en contra su
voluntad, ese acto se denomina acto del hombre. Éstos son actos amorales, o sea, no son ni buenos ni
malos.

Según Aristóteles, para que una acción sea objeto de elogio o de censura debe ser voluntaria; en caso
contrario sólo merecerá indulgencia o compasión. Aristóteles entiende por acción voluntaria a aquella
cuyo principio está en el agente, es decir, en quien obra y, además, cuando el agente conoce las
circunstancias en que se cumple dicho acto. No son acciones voluntarias aquellas que se cumplen por
fuerza (compulsión, coacción) o por ignorancia (aunque en éste último caso no siempre nos exime de
responsabilidad moral).

Entonces, para que un acto sea considerado como humano (lo que denominamos acción humana o
acto moral) tiene que reunir ciertas condiciones:

- Que sea realizado con conciencia de lo que se está haciendo (conociendo las circunstancias que
rodean la acción y sus posibles consecuencias).

- Que exista libertad psicológica o libertad interior (que el sujeto no esté coaccionado), o sea que la
causa de la acción esté en el sujeto mismo. Se trata por eso de una acción voluntaria, que responde al
propósito de realizar algo previamente decidido por el sujeto.

Formación Integral | 35
- Que exista uso de razón, o sea capacidad para discernir, para analizar la situación, conociendo el fin
que se persigue, los medios que pueden estar al alcance y su correspondiente aplicación para la
consecución del fin.

Si alguna de estas condiciones faltase, el acto realizado sería considerado como acto del hombre y no
como acto humano. Sólo cuando existen actos humanos, podemos hablar de responsabilidad moral.

Un ejemplo de acto humano, es el de una persona que después de un proceso deliberativo, decide
incorporarse como voluntaria a un grupo que prestará ayuda a gente que sufrió pérdidas por
catástrofes naturales; o bien que decide no hacerlo por cuestiones de salud.

En tanto que una persona que es obligada por otra a realizar un acto indebido, contrario a las normas
o en consonancia con ellas, bajo una amenaza grave, como la pérdida de la vida (coacción exterior), no
realiza un acto humano sino del hombre, porque no decidió, no pudo hacerlo. En el caso de una
persona que sufre un trastorno psiquiátrico grave (coacción interior), tampoco tiene dominio ni control
de sus actos. No decide por sí misma y por lo tanto no realiza un acto humano sino del hombre.

Los actos humanos o acciones humanas están condicionados por el medio natural, los límites de la
constitución biológica, los productos tecnológicos, las acciones de las demás personas. Los modos de
responder a esos condicionamientos varían de un sujeto a otro, e incluso en el mismo sujeto en
diferentes momentos o situaciones.

Si bien las acciones humanas están condicionadas, no se encuentran determinadas, ya que los límites
no son absolutos y no anulan la libertad. Por eso la acción humana es libre, ya que el ser humano puede
responder a su situación de diversas maneras, siendo consciente de las circunstancias que rodean su
acción y de sus posibles consecuencias.

ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO DE LA ACCIÓN HUMANA

La persona dispone de su ser a través de su acción. De allí que toda fundamentación antropológica de la
ética, tiene que partir de un estudio de las acciones humanas.

Lo específicamente humano es proceder de una manera reflexiva, racional, y por lo mismo, libre. La
persona es dueña de sus actos por la razón y por la voluntad.

La acción voluntaria fue definida de un modo clásico como aquella que procede de un principio
intrínseco con conocimiento formal del fin.

La acción voluntaria tiene su origen en una facultad apetitiva del sujeto, la voluntad, la cual actúa desde
dentro de él (procede de un principio intrínseco.).

Por otra parte, la acción voluntaria implica el conocimiento del fin por parte del sujeto; es decir, que
antes de obrar, la persona conoce la meta que pretende alcanzar.

Ángel Rodríguez Luño, en su libro Ética General41, destaca las siguientes características de la
intencionalidad de la voluntad:

41
RODRÍGUEZ LUÑO, Ángel. Ética General. EUNSA Pamplona, 1.991
Formación Integral | 36
es consciente: es decir, que antes de actuar, el propio sujeto planea y se representa la acción. Al conocer
el fin, relaciona su acción con el objetivo que pretende conseguir. Proyectar y representar constituyen
actos de la razón que están implicados en la acción voluntaria, por lo cual, cada persona se experimenta
como autora de sus propios actos;

es activa: la persona y el fin entran en relación por iniciativa del propio sujeto; es guiada y ordenada por
la razón: porque la inteligencia presenta a la voluntad el objeto intencional, la acción o el objeto deseado
por la voluntad.; por su parte, el juicio racional establece entre la acción y su fin un motivo (por ej.:
quiero hacer esta acción porque es buena o porque es útil);

es autorreferencial: pues toda acción voluntaria si bien posee un objeto intencional, tiene a la propia
persona como sujeto, en la medida en que revierte sobre ella misma (ej: no es posible robar sin que la
persona se convierta en ladrón), porque el querer implica una valoración personal de lo querido que no
se da en el conocer como tal y todo lo que el ser humano hace tiene efectos que no sólo son externos,
sino que también, se va realizando y haciendo a sí mismo.

2.5 ESTRUCTURA DEL ACTO MORAL


Los actos humanos, como dijimos anteriormente, son actos morales, y por lo tanto, están siempre
sujetos a la aprobación o condena por parte de los demás. No son actos morales aquellos cuya
realización no puede ser evitada o cuyas consecuencias no pueden ser previstas (son ejemplos: el
respirar; o el acto de entregar el dinero a un asaltante).

Para analizar un acto moral tenemos que tener en cuenta los elementos que intervienen en su
estructura. Esos elementos, que están articulados entre sí son los siguientes:

a.- Motivo: es aquello que impulsa a actuar y mantiene la acción, lo que mueve al sujeto a perseguir
determinado fin. Un mismo acto puede realizarse por diferentes motivos, y a su vez, el mismo motivo
puede impulsar a realizar actos distintos con diferentes fines.

b.- Fin de la acción: todo acto humano se realiza con un fin; el acto moral exige que el sujeto tenga
conciencia del fin que se persigue. En el acto moral no sólo se anticipa idealmente como un fin un
determinado resultado, sino que además hay una decisión de alcanzar el resultado que dicho fin
anticipa. La conciencia del fin y la decisión de alcanzarlo dan el carácter de un acto voluntario y esta
voluntariedad en el acto moral se distingue de los actos fisiológicos, psíquicos, automáticos (instintivos
o habituales). Dichos actos no responden a un fin trazado por la conciencia, son inconscientes e
involuntarios y no son morales. El acto moral implica la conciencia de un fin, así como la decisión de
realizarlo; pero esta decisión presupone en muchos casos una elección entre varios fines posibles.

c.- Medios: al realizar la elección de los medios adecuados para alcanzar el fin elegido, tiene que darse
una adecuación moral y no sólo instrumental entre el fin y los medios. No es lícito el empleo de cualquier
medio aún supuesto que el fin elegido sea correcto. Es por eso importante tener en cuenta que “el fin
no justifica los medios”.

d.- Consecuencias de la acción: se refiere a que en el acto moral, es necesario tener en cuenta las
consecuencias previsibles de la acción, ya que el sujeto no puede desentenderse de las repercusiones
que sus actos tienen en la convivencia social cuya regulación también es un elemento moral.

Formación Integral | 37
El acto moral se presenta con un aspecto subjetivo (motivos, conciencia del fin, conciencia de los medios
y decisión personal), pero a la vez, muestra un lado objetivo que trasciende a la conciencia (empleo de
determinados medios, consecuencias que se siguen a la acción). El acto moral no puede estar reducido
a uno de sus elementos, así por ejemplo los medios no pueden ser aislados de los fines, las
consecuencias no se aíslan de la intención.

Para que el acto moral sea considerado bueno, se requiere que todos los elementos sean buenos. Si
alguno de ellos fuera malo (por ejemplo, si el fin es bueno pero los medios utilizados son malos) todo el
acto es considerado malo.

FUENTES DE LA MORALIDAD

Por fuentes de la moralidad se entienden aquellos elementos del acto humano de donde emanan la
conveniencia o la no conveniencia con las normas de la moralidad. Santo Tomás señala cuatro fuentes,
de las cuales interesa en este momento el detenerse en la tercera fuente, que son las circunstancias.

Estas son los accidentes del acto moral, por tanto la bondad emanante de ellas es “accidental”. Lo que
interesa es analizar su influencia en el grado de moralidad

a-Moralidad por parte del objeto

La cosa exterior, conocida por la inteligencia, puede ser querida por la voluntad y se convierte en
“objeto”. De este objeto procede la primera y esencial calificación moral del acto.

El objeto moral de la acción es su término, tomado en relación a la ley moral. El objeto moral de un robo
es, por ejemplo, un automóvil, pero no en cuanto automóvil de tal marca o características técnicas, sino
en cuanto ajeno, pues sólo bajo esa razón se establece la relación, negativa en este caso, a la ley moral
que prohíbe apropiarse de los bienes del prójimo.

El objeto moral es el objeto inmediato del acto de la voluntad (llamado elección) y otorga al obrar
humano su moralidad (o calificación) primera y esencial. Según esta moralidad del objeto, las acciones
son en sí mismas buenas o malas, ordenables al fin último o no.

b- Moralidad por parte del fin

El fin es la llamada “intención” del sujeto que realiza la acción, es lo que el agente quiere lograr por
medio de la acción realizada. Un acto de determinada especie moral, por ejemplo, la limosna, puede
ordenarse a una finalidad preestablecida en la intención del sujeto, por ejemplo, la propia gloria. En ese
caso el objeto se subordina a la intención.

El fin es el objeto inmediato que posee la voluntad, de allí que éste puede subordinar a los demás actos
y envilecer un objeto que en sí mismo es bueno (caso del ejemplo citado).

c- Moralidad por parte de las circunstancias

Las circunstancias son aquellos detalles que rodean (circundan) un acto moral bueno o malo, son como
accidentes que modifican el objeto moral. Dichas circunstancias (“quien”, “cómo”, “qué”, “cuándo”,
“dónde”, “con qué medios”, etc.) sin ser el objeto del acto, desempeñan un importante papel en la vida
moral. Sucede en el orden moral algo similar a lo acontecido en el físico. En el orden moral, la entidad

Formación Integral | 38
del acto humano no se restringe al objeto, sino que depende además de algunas circunstancias
sobreañadidas.

La presencia o ausencia de alguna de ellas determina la bondad o la malicia moral de una acción, no al
igual del objeto (porque su ausencia produciría la mutación de la especie moral), pero sí en forma
gradual, aumentando o disminuyendo la especie moral ya existente: por ejemplo, robar mucho o robar
poco no son dos especies distintos de robos, sino dos grados diversos de gravedad. Por todo ello, la
moralidad no consiste en algo indivisible; la integran muchos elementos y todos deben ser tenidos en
cuenta para poder valorar una acción moral, al juzgar un hecho moral se ha de estar atentos a todas las
circunstancias.

• quien obra: no tiene la misma moralidad el juicio falso de un notario, abogado o juez que el de
una persona privada.
• cualidad y cantidad del objeto producido: la cantidad de lo robado varía la moralidad del robo;
igualmente, el hecho de que lo robado sea un bien público o privado, etc.
• lugar de la acción: no se califica del mismo modo, por ejemplo, la acción cometida en un lugar
público o en un lugar secreto.
• medios empleados: se distingue, por ejemplo, entre robo a mano armada y robo sin violencia,
etc.
• modo moral en que se realiza la acción. es distinta la moralidad de las acciones según se
comenten con deliberación plena o no, etc.
• cantidad y cualidad del tiempo: la bondad o malicia de una acción puede variar por la duración
de ésta, o por el momento concreto en que se comete (en guerra o en paz, etc.)
• motivo por el que se realiza un acto: no hace relación al fin principal del agente, sino a motivos
secundarios o añadidos: así, una persona puede ayudar al prójimo con el fin de vivir la caridad,
pero añadiendo también un cierto deseo que se le agradezcan su servicio.

LA EXISTENCIA Y NATURALEZA DE UN ÚLTIMO FIN EN EL OBRAR HUMANO

Santo Tomás y otros filósofos daban suma importancia, como punto de partida de la moral, al estudio
del fin último. El motivo es que, siendo la moralidad un orden de la actividad humana, sólo puede ser
definida por el fin al cual se orienta. Un cambio en este objetivo transformaría totalmente la trayectoria
moral de dicha actividad. Es este objeto el que define el modo de tender al fin, que es propio del hombre,
el cual es muy diferente al resto de los demás seres. Siendo el hombre libre, su libertad no obstaculiza
la tendencia hacia el fin ni la niega; por el contrario, con ella y por ella se dirige con mayor facilidad a la
consecución de su fin último.

Algunos autores modernos niegan el principio de finalidad del hombre, lo que origina una concepción
moral distinta; pero que no será conducente a una moral objetiva dada la ausencia de un fin hacia el
cual tender.

El término fin es frecuentemente utilizado, incluso en el lenguaje vulgar, pero no siempre en el mismo
sentido. El concepto de fin en el campo moral, depende estrechamente del concepto metafísico de la
causalidad final como de su fundamento primero. Cuando se dice de alguien o de algo que tiene un fin
o que obra por un fin se está sugiriendo su “ordenación o subordinación a otra cosa” (por ello, en el
lenguaje cotidiano se emplean habitualmente los siguientes sinónimos: motivo, término, móvil,
objetivo, razón de ser, intento, propósito, etc.). “Obrar por un fin” es, entonces, una fórmula usada en
Formación Integral | 39
moral en sentido perfectivo, por cuanto hace referencia a la acción y ésta, si no es ya la perfección de
un sujeto operante, constituye cuando menos algo tendiente a la perfección.

Si el fin fuese el término efectivo de una acción humana, se le denomina tradicionalmente “fin de la
ejecución”; si, en cambio, es el motivo o móvil propulsor del obrar, pero aún no ha sido alcanzado, se le
llama “fin en la intención”. Por eso, el fin es lo primero que se intenta y lo último que se ejecuta.

Según Aristóteles, el bien es aquello que todos los seres apetecen o desean (es decir, se desea o apetece
un fin que es bueno). Por eso la noción de fin agrega algo a la de bien. Tender a un fin u “obrar por un
fin”, supone la presencia de un conocimiento (si no se lo conoce no se lo desea).

Siendo la característica propia del hombre su racionalidad, ello implica que las acciones humanas
suponen la intervención de la razón; ella (la razón) es quien convierte al hombre en dueño de sus actos,
dado que la voluntad, motor de toda la actividad humana, es una “voluntad deliberada”, o sea,
dependiente del conocimiento racional. Con esto dicho se afirma la existencia del libre albedrío. En
definitiva, toda acción humana es una acción libre. Y al afirmar que el hombre “obra por un fin”, se hace
referencia exclusivamente a las acciones humanas. Por último, todas las acciones humanas proceden de
la voluntad deliberada o de la libertad. Entonces, siendo el fin el objeto propio de la voluntad deliberada,
todo acto emanado de ella lo hace de acuerdo al fin: todos los actos específicamente humanos son
realizados por un fin.

Además, se afirmó que todos los seres poseen una finalidad, pero no todos pueden conocerla. La
relación medios-fin no es conocida por el animal; éste actúa siempre instintivamente o “por necesidad
natural”, mecánicamente. Usa de los medios pero sin saber que lo son. El hombre, por el contrario,
posee el conocimiento de esa relación, señal de ese conocimiento es la variedad de los recursos a los
cuales alude para lograr sus propósitos (no siempre usamos el mismo medio para lograr algo). Este
hecho es la manifestación más evidente de la presencia en él de una inteligencia espiritual, capaz de
abstracción y de concebir ideas.

Con la existencia de un fin último se hace posible la acción por las siguientes razones:

a.- si no hubiese un primero en el orden de la intención: - nunca se desearía nada en concreto - no se


terminaría ninguna acción

b.- si no hubiese un último en la ejecución: - nadie comenzaría a obrar - nunca se terminaría de formular
el juicio de decidir lo que se quiere conseguir

Debe tenerse en cuenta que todo lo expuesto está referido en un plano abstracto, sin haber dicho aún,
en concreto, ese fin último.

Integrando los distintos bienes y distinguiendo el doble orden (natural y sobrenatural), Santo Tomás
realiza una catalogación de todos los bienes posibles:

A.- Creados y limitados 1.- Considerados individualmente o en particular: 1.1.- Externos al hombre: a.-
meramente materiales: las riquezas. b.- meramente espirituales: - personales o privados: los honores.
- sociales o públicos: la fama. c.- mixtos de material y espiritual: el poder.

Formación Integral | 40
1.2.- Internos al hombre o propios de él: a.- meramente corporal: la salud. b.- mixto de corporal y
animal: la voluptuosidad. c.- meramente espirituales: la virtud y la sabiduría. 2.- Considerados
colectivamente o todos juntos.

B.- Increado o Infinito: Dios Todos estos bienes pueden ser alcanzados por el hombre y otorgarle
felicidad o una cierta dosis de felicidad. Por distintas causas, cada uno de ellos no constituyen el fin
último del hombre, y, por eso mismo, la felicidad no consistirá en buscarlos. 1.1.a.- las riquezas: o son
“naturales” (aquellas que el hombre precisa para su sustento o para cubrir sus necesidades -comida,
vestido, casa, etc.-) y, en ese caso, se subordinan a la dignidad del hombre, lo cual convierte en absurdo
buscarlas por sí mismas, por el mero hecho de que están subordinadas, dejan de ser algo principal; o
son “artificiales” (dinero, piedras y metales preciosos, etc.), cuyo valor es meramente convencional, y
entonces se subordinan a las naturales para adquirirlas pues, de lo contrario, no sirven para nada.

1.1.b.- los honores: el honor se subordina a la excelencia de la persona honrada; un honor sin dicha
excelencia es absolutamente efímero. Es decir, éste es debido por alguna acción u obra realizada por la
persona, entonces el honor depende de esa acción, es algo subordinado. - la fama o gloria: se subordina
a la persona del “famoso”, entonces depende siempre de la persona y del grupo humano que quiera
tributarle, por lo tanto también es algo dependiente.

1.1.c.- el poder: el argumento demostrativo de por qué no consiste la felicidad en el poder, es que la
verdadera felicidad es incompatible con el mal; el poder o potestad en cambio, puede ser usado tanto
para el bien como para el mal. Por lo tanto, una cosa (en esta caso, el poder) no puede ser buena en sí
misma, ya que tiene dos finalidades radicalmente opuestas.

1.2.a.- la salud: en sí misma es bueno. Aún más, el hombre debe proveer y mantenerse, por todos los
medios posibles, en el estado de salud. Pero ésta está subordinada a algo más elevado que es la
presencia del alma. Por eso, si el cuerpo y, con él la salud, está subordinada al alma, la salud no podrá
consistir en fin último.

1.2.b.- la voluptuosidad: la idea de que los deleites corporales constituyen la felicidad está muy difundida
entre quienes niegan la existencia del espíritu (o al menos, atenúan su presencia) y de los bienes eternos.
No es posible buscar la felicidad en ellos por el hecho de que responden a lo corporal, y éste está
subordinado al alma. Entonces es un tipo de fin pero de menor valía.

1.2.c.- tanto la ciencia (o sabiduría) como la virtud son hábitos de las potencias superiores que son la
inteligencia y la voluntad, respectivamente. No es posible poner el último fin en ellas dado que son
operaciones de estas facultades y por lo tanto, son sólo partes integrantes de la realidad humana. Están
subordinadas.

En esta clasificación están comprendidos cualquier bien concreto imaginable, dado que los
mencionados precedentemente son expuestos de una manera genérica o universal.

C.- Habiendo descartado todos y cada uno de los bienes creados como constitutivos de la felicidad o
beatitud objetiva humana, pues son incapaces de concretar el concepto de fin verdaderamente último
por su naturaleza, queda por ver cómo Dios constituye el fin último de la felicidad humana. Existe un
hecho innegable. Ninguno de los bienes creados ni todo su conjunto pueden saciar el apetito de felicidad
inherente a la aspiración natural del hombre. Y el motivo estriba en que, dentro del conjunto de los seres
y perfecciones de la creación, el hombre es el mayor de todos y los supera a todos (se decía arriba que
Formación Integral | 41
los bienes dependen de él o están a él subordinados). Aun siendo inmensamente rico y poseyendo la
totalidad de los seres y perfecciones, el hombre seguirá siendo insaciable justamente por poseer una
capacidad de mirar a lo infinito. Es por ello que no se sacia acabadamente con los distintos bienes
creados (ni poseyéndolos individualmente ni globalmente), por lo tanto, la “universalidad del bien”
podrá encontrarse en el Ser Divino y únicamente en Él; por tanto sólo Él reviste las condiciones de objeto
beatífico real y definitivo.

ACTIVIDAD Nº 2

a.- De Autoevaluación

Lea el texto que se presenta a continuación y teniendo en cuenta el marco teórico analizado, elabore
una reflexión (de aproximadamente diez renglones) acerca del tema.

“La necesidad de la ética” por Adela Cortina

“La ética está de moda: al menos verbalmente de moda. Políticos y empresarios, periodistas y agentes
económicos, médicos y docentes se lamentan día tras día de la escasa moral de que hacen gala en sus
actividades y profesiones y añoran -nostálgicos- un tiempo futuro en que los valores morales auténticos
se coticen más en la vida social que la aburrida charlatanería de los políticos, el morbo de programas
macabros y anuncios provocativos, la carrera descompuesta hacia los puestos de poder. ¿Qué diferente
sería todo -vienen a decir- si los periodistas y publicistas no entendiéramos la información y la publicidad
sólo como mercancía, si empresarios y trabajadores tuviéramos la empresa como un servicio
cooperativo a la sociedad, si los políticos aprendiéramos que es nuestra razón de ser la defensa de
intereses universalizables, si el personal sanitario tomáramos en serio que el bien del paciente es
nuestro primer deber, si algún día los docentes creyéramos de verdad que la calidad de la enseñanza es
un valor prioritario...! ¡Qué diferente sería todo -en definitiva- si viviéramos moralmente! Porque la
moralidad no es un extraño artefacto, venido de un desconocido lugar, sino simplemente el reto de vivir
como hombre -mujer, varón- en el más pleno sentido de la palabra; cosa imposible si no es a través de
todas nuestras actividades y dedicaciones”.

- Reflexione sobre la siguiente cuestión: ¿toda norma moral, por el hecho de ser establecida por la
sociedad, reporta un beneficio y lleva al perfeccionamiento de la persona? Fundamente su respuesta.

b.- Obligatoria

- Proponga dos ejemplos de normas morales de esta o de otra sociedad, de la época actual o de otra
época. Luego, justifique en cada caso porque la cumpliría o dejaría de cumplir. - Elabore un ejemplo de
una situación en que una persona haciendo ejercicio de una moral crítica, manifiesta desacuerdo con
una norma moral vigente, que se justificaría desde lo ético (entregue en Doc. Word).

Formación Integral | 42
2.6 LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD MORAL. HÁBITOS
MORALES.
Libertad, en general, significa estar exento de coacción. Pero la coacción puede depender de diversas
causas; por eso se pueden distinguir varios tipos (análogos) de libertad, que se pueden reducir a dos
formas principales: libertad exterior y libertad interior.

1.- Libertad exterior.

Libertad exterior o libertad de hacer, o libertad de ejecución, es una situación en la que no existen
trabas, presiones, impedimentos, estorbos exteriores. Es decir, supone ausencia de coacción exterior.
Estas “libertades” se refieren al ejercicio de la libertad (interior) y no a su existencia.

En este grupo caben las siguientes:

a.- La libertad física que es la capacidad de podernos mover de un lugar a otro, de circular libremente,
sin que ninguna fuerza externa nos lo impida (cárceles, cadenas, fronteras…).

b.- La liberad moral (o licitud): estar exento de obligaciones o prohibiciones relativas al orden moral. Por
ejemplo: gozo de libertad física para envenenar al vecino, pero no de libertad moral (no me es “lícito”
hacerlo).

c.- La libertad civil, política, religiosa, etc. de ellas gozo cuando no existen leyes positivas -dictadas por
la autoridad- que traban mi libre acción (libertad de asociación, de prensa, de opinión, de comercio,
etc.).

d.- La libertad social es distinta: es ausencia de determinismos sociales, de influjos sociales que me
inclinen fatalmente en una dirección sin que yo lo advierta (manipulación de la propaganda, ambientes
corrompidos, etc.).

e.- Libertad ascética o “liberación”: de ella goza el que domina sus instintos, sus pasiones. Se requieren,
por cierto, estas libertades exteriores, porque el hombre se realiza en “lo otro”, su libertad interior
necesita un espacio para su autodefinición y desarrollo.

Estas libertades deben ayudar al desarrollo de la capacidad de autodeterminación del ser humano, pero
pueden entrar en colisión, por lo que requieren de control, ejercido a través de las leyes.

2.- Libertad interior.

La libertad interior o libertad de querer, se define como ausencia de determinación interna previa a la
acción. Supone el reconocimiento de la capacidad para poder elegir y decidir en un momento dado entre
diferentes opciones que se presenten, eligiendo aquello que se desea llevar a la práctica.

La libertad sicológica o libertad de elección o libre albedrío es “el poder que tiene el hombre de obrar o
no obrar, hacer esto o aquello, cuando ya se dan todas las condiciones requeridas para obrar”.

El hombre, puesto ante un abanico de posibilidades, de valores (bienes limitados), no está determinado
por su naturaleza, ni es atraído fatalmente por uno de los valores en juego, sino que puede
autodeterminarse por uno de ellos. En este dominio sobre los actos consiste la libertad sicológica.

Formación Integral | 43
Sin embargo, no se trata de una libertad absoluta, totalmente libre de condicionamientos, sino de una
libertad “dentro de lo que cabe”.

LIBERTAD Y VALORES MORALES O ÉTICOS

Muchos valores perfeccionan al hombre en alguna zona de su personalidad, ya sea su inteligencia,


sentido estético, contextura física, etc., pero no lo afectan de tal manera que por ellos se convierta en
“hombre bueno” u “hombre malo”.

En cambio existen valores, los valores morales, que afectan a la persona en su totalidad, llevándola al
desarrollo y realización plena de su ser propiamente humano.

Los valores morales suponen la libertad y provocan como respuesta específica la experiencia de la
obligación, del “tú debes”, afectando al nivel práctico de la acción humana libre.

La libertad le permite al hombre asumir los valores y realizarse.

LEY ETERNA

La noción de ley eterna no la recibe la Filosofía de la Sagrada Escritura, sino de la tradición filosófica. Ya
Heráclito (filósofo griego del siglo V a.C.) hablaba de una “ley sempiterna”; con mayor precisión utilizan
el concepto los estoicos y Cicerón, de quien lo toma San Agustín.

La noción de ley eterna puede manifestarse sea indirectamente, a través del orden de la creación o de
la naturaleza conocido por la razón con sus solas fuerzas, o de una manera directa, a través de la
revelación aceptada por la fe. En este segundo caso se la llama “ley divina positiva”.

RECTA RAZÓN HUMANA

Cada uno tiende al fin último según el modo de su naturaleza propio. El modo propio de la naturaleza
humana es el racional, de donde surge que la norma inmediata del orden moral u orden de las acciones
humanas es la misma razón del hombre.

La razón es el primer principio de todos los actos humanos. La razón recta es la que pone orden en los
actos humanos o en las cosas exteriores.

CONCIENCIA MORAL

La consciencia no es una facultad más, unida a la inteligencia y a la voluntad, sino que es un acto de la
inteligencia por el cual la persona juzga la moralidad de una acción. Se trata de un juicio teórico-práctico
con el cual ésta juzga si su acción es buena o mala en sentido moral.

Desde el punto de vista psicológico, se llama conciencia al conocimiento íntimo que tiene el ser humano
acerca de sí mismo y de los actos que realiza. Pero, al referirnos a la conciencia en sentido moral, lo que
interesa fundamentalmente es su connotación moral.

Es en este último sentido en que nos referimos a la conciencia como la aplicación de normas universales
a un acto particular. Se supone que la conciencia moral, cuyos dictados seguirá la persona, está
fundamentada en razones objetivas. Sin embargo, pueden darse casos en que se registre error en el

Formación Integral | 44
juicio de conciencia. De allí que sea preciso analizar las diferentes modalidades que pueden presentarse
y los principios que hay que aplicar para seguir el dictamen de la conciencia.

Entonces, teniendo en cuenta su conformidad con la ley moral, la conciencia puede ser:

a.- Verdadera o recta: cuando juzga la bondad o malicia de un acto rectamente, en conformidad con la
ley moral; en este caso el juicio moral es verdadero, buscando sinceramente el bien.

b.- Errónea o falsa: cuando juzga en desacuerdo con la ley moral, al considerar buena una acción que
es mala y viceversa. Puede ser que la causa del error en el juicio sea la ignorancia.

Según el tipo de consentimiento con que el sujeto asiente al juicio de conciencia, ésta puede ser:

a.- Cierta: es la que juzga con firmeza que un acto es bueno o malo sin temor a errar.

b.- Probable: no existe seguridad por parte del sujeto al emitir el juicio, por lo cual sólo dictamina con
probabilidad acerca de la moralidad del acto, inclinándose por una de las alternativas posibles.

c.- Dudosa: en este caso se suspende el juicio por temor a equivocarse, ya que el sujeto no puede tomar
una decisión acerca de la bondad o maldad del acto.

Nunca se puede obrar en contra de la propia conciencia, si ésta es conciencia cierta, porque es actuar
en contra de uno mismo y de las convicciones más profundas. A veces, por la imperfección humana, a
pesar de la diligencia debida, la persona estima recta una conciencia que en realidad es falsa, juzgando
como bueno algo que no lo es. En este caso no es culpable al obrar, porque obró de buena fe. Ahora,
quien obra a pesar de una duda fundada en serias razones acerca de la moralidad de la acción, puede
actuar mal, por lo cual se impone resolver la duda antes de actuar.

Cada persona tiene la responsabilidad de formar la propia conciencia, de tal modo que siempre tienda
a la verdad y al bien. Para ello, es preciso poner los medios adecuados para adquirir la ciencia moral
debida que dependerá de la capacidad personal, del tipo de ocupación y de responsabilidad que tiene,
de las circunstancias del ambiente en que se desenvuelve. También, es importante en determinados
casos la petición de consejo a personas con mayor experiencia.

Sin embargo, no se debe olvidar que cada persona es responsable de la decisión que toma.

OBJECIÓN DE CONCIENCIA

Muchas veces las personas se ven obligadas a actuar en contra de lo que en conciencia consideran bueno
o justo. En ocasiones, los superiores por el cargo o poder que detentan, exigen a sus subordinados que
participen en acciones que son incompatibles con el respeto debido a un determinado valor moral
percibido por la conciencia. En estas circunstancias, la persona tiene el derecho a la objeción de
conciencia, es decir, a la resistencia a una orden superior que la conciencia opone por fidelidad a sus
propias convicciones religiosas o morales (Patricia Debeljuh, 2.005).

La desobediencia al imperativo de la conciencia produce la renuncia de la persona a su verdadera esencia


humana, un atentado a su propia dignidad. En la intimidad, la persona no puede ocultar la ruptura
consigo misma provocada por un acto desviado de la norma imperada por su conciencia.

Formación Integral | 45
La objeción de conciencia no implica un desprecio del sujeto hacia la ley, sino una coherente fidelidad a
sus profundas convicciones, una muestra clara de su compromiso de buscar el bien.

Por ello es posible afirmar la existencia de límites de la obediencia. El asentimiento a una orden recibida
de un superior es exigible en virtud de algún compromiso previamente adquirido, como un contrato de
trabajo. El superior puede exigir cualquier orden o mandato siempre y cuando no sean opuestas a las
convicciones éticas y morales del sujeto. Si surge algún conflicto entre ambos, esa situación debe
resolverse a favor de la objeción de conciencia.

RESPONSABILIDAD MORAL

Se entiende por responsabilidad la capacidad de las personas para responder de sus actos; esta
capacidad exige la obligación de reparar los daños ocasionados y de soportar el castigo previsto para la
infracción cometida.

Se dice de una persona que es responsable cuando está obligada a responder de sus propios actos.

Un sujeto es responsable cuando actúa con libertad; esto implica:

a.- Conciencia de las circunstancias y las consecuencias de su acción. b.- Que no existan causas externas
que lo obliguen a actuar de un solo modo.

La ignorancia y la coacción eximen al individuo de responsabilidad. Pero la ignorancia debe ser de cosas
que no tiene la obligación de conocer; es decir que sólo el que ignora lo que no pudo haber sabido está
eximido de responsabilidad. En cambio, ignorar lo que se debía saber, sufrir presiones o pasar por
situaciones difíciles, pueden atenuar nuestra responsabilidad pero no eximirnos de ella. Si un individuo
es consciente de las circunstancias y de las consecuencias previsibles de su acción y si no han existido
causas que lo hayan obligado a actuar de un solo modo, es responsable del acto producido.

La ignorancia y la coacción eximen al individuo de responsabilidad. Pero la ignorancia debe ser de cosas
que no tiene la obligación de conocer; es decir que sólo el que ignora lo que no pudo haber sabido está
eximido de responsabilidad. En cambio, ignorar lo que se debía saber, sufrir presiones o pasar por
situaciones difíciles, pueden atenuar nuestra responsabilidad pero no eximirnos de ella. Si un individuo
es consciente de las circunstancias y de las consecuencias previsibles de su acción y si no han existido
causas que lo hayan obligado a actuar de un solo modo, es responsable del acto producido.

Podemos diferenciar dos tipos de responsabilidad moral: la responsabilidad moral directa y la indirecta.

Existe responsabilidad moral directa cuando nos encontramos ante el caso de que existe pleno uso de
razón, libertad y conciencia por parte del sujeto al realizar un acto.

En cambio, si no existe libertad psicológica, ni conciencia, no hay responsabilidad moral directa. Sin
embargo puede existir responsabilidad moral indirecta, que es la que se le imputa al sujeto que libre y
conscientemente, se coloca en un estado inconsciente y carente de libertad, sabiendo o previendo que
clase de actos haría o podría hacer en este último estado. Es el caso del que se droga o embriaga.

Podemos también reconocer lo que denominamos responsabilidad directiva. El sentido de


responsabilidad es parte esencial de la calidad humana del directivo. Requiere que éste sea plenamente
consciente de su condición y de lo que exige su cargo en la empresa y en la sociedad. Actuar de modo

Formación Integral | 46
responsable exige saber qué se debe hacer y las repercusiones de las propias acciones en los demás,
conocerse a sí mismo -talentos y posibilidades- y las posibilidades de acción en cada situación.

Modos de responsabilidad directiva:

- Por comisión (o acción voluntaria): corresponde a actos directamente voluntarios. Se trata de actos
realizados con intención de conseguir algún objetivo o meta. Se incurre en la responsabilidad propia el
acto y en la responsabilidad de las consecuencias razonablemente previsibles y evitables.

- Por omisión: cuando no se realizan actos que había obligación de hacer y realmente se podían hacer.
Hay culpabilidad cuando se omite algo debido y posible de modo deliberado y con pleno consentimiento,
o bien por negligencia u otros modos de imprudencia.

- Por su influencia en acciones ajenas: ya sea por inducción (cuando pide o manda algo, persuadiendo
a que se realice una acción y estimulando a otros con la propia conducta), ya sea por cooperación (por
participación inmediata, colaboración u omisión.

2.2.- Hábitos morales. Virtudes y vicios

Entendemos por hábito una disposición permanente y adquirida para reproducir determinados actos.
Se trata de cualidades estables y no de meras disposiciones transeúntes. Son la base de todo el
desarrollo humano, ya que por ellos las personas aprenden a hablar, a escribir y todas aquellas actitudes
que son propias de éstas, que se adquieren con la educación, permitiéndoles vivir con dignidad.

Un hábito se conforma por la repetición de los actos correspondientes. Pero, cualquier acción en sí
misma considerada no es un hábito. De allí que podemos decir que, cuando observamos que una
persona fuma, no quiere decir que tenga el hábito de fumar y, si tiene este hábito, no está fumando en
todo momento.

El origen de un hábito está en un acto o en varios actos que se han realizado y que dejan una especie de
huella en el mecanismo mental o en el fisiológico, lo cual genera una tendencia a reproducir lo que se
ha hecho una o varias veces, de tal modo que va adquiriendo la disposición para reproducir otra vez el
acto.

Los hábitos se adquieren consciente o inconscientemente, o con escaso margen de conciencia; en forma
voluntaria o involuntaria, ya que se lo puede adquirir por voluntad ajena (por ejemplo, los hábitos que
adquieren los niños pequeños, en los que actúa la voluntad de los padres) o tan sólo por imitación no
consciente.

Existen dos fases del hábito:

1º.- La formación: que consiste en la repetición de varios actos de la misma especie, con la cual se
producen una serie de transformaciones internas que hacen posible la mayor soltura, rapidez y
perfección de la conducta habitual.

2º.- La estabilización: los actos habituales, además de estas tres características, adquieren una cuarta,
que consiste en que estos actos se realizan subconscientemente o con escaso margen de conciencia.

Formación Integral | 47
Sólo la persona humana, por estar dotada de libertad, puede aumentar a través de los hábitos, el
dominio que goza sobre sus actos. El hábito existe cuando se da una inclinación permanente a obrar en
un sentido y, por lo general, se manifiesta como una línea de conducta que caracteriza a cada individuo.
Además, los hábitos son como una segunda naturaleza, ya que capacitan para un modo nuevo de obrar
y dan a las acciones libres una espontaneidad equiparable a la de otras operaciones puramente
naturales.

2.7 VIRTUDES Y VICIOS


Los hábitos que conciernen a la problemática ética son las virtudes y los vicios. Éstos constituyen hábitos
operativos, es decir, son cualidades estables de las potencias (facultades) del hombre, que lo disponen
e inclinan a obrar en un sentido. Son prácticos, porque se refieren a la acción.

La virtud es un hábito operativo bueno. No puede confundirse con la mera costumbre, ya que ésta se
trata de una simple repetición de actos externos; mientras que la virtud implica un creciente
conocimiento y amor del bien y un orden de las pasiones, por lo cual aumenta la perfección de la libertad
a través de esas acciones. Dispone al ser humano a comportarse de una manera adecuada a su propia
naturaleza, fortalece la voluntad y el rendimiento positivo de la libertad.

El término virtud proviene del vocablo latino virtus, que equivale al término vis, cuyo sentido es fuerza.
En una acepción más limitada significa un hábito adquirido que perfecciona o refuerza alguna potencia
activa.

La virtud es esencialmente personal e implica fuerza espiritual para vencer las dificultades que se
presentan en su ejercicio. Se adquiere con dificultad, porque requiere esfuerzo y produce placer
espiritual, pero generalmente no produce placer material.

Las virtudes nacen de la actividad humana libre y dan una mayor firmeza, facilidad, eficacia y satisfacción
para obrar bien. Se las clasifica en virtudes intelectuales y virtudes morales. Las virtudes intelectuales
inhieren y perfeccionan la razón especulativa o práctica. Son las que perfeccionan al hombre en el
conocimiento de la verdad; posibilitando a la inteligencia conocer el orden moral y la manera adecuada
de moverse dentro de él, para que el ser humano pueda alcanzar su fin último.

En tanto que las virtudes morales perfeccionan la voluntad y las tendencias sensibles, ayudando a las
personas a obrar rectamente respecto de la elección del bien. Son las que inclinan al ser humano a
practicar el bien propio de su naturaleza, o sea, el bien moral. De esto se infiere que las virtudes morales
no pueden usarse para hacer el mal.

Entre todas las virtudes morales ocupan un sitial de preferencia las llamadas virtudes cardinales, del
latín cardo, que significa quicio; por ser como los quicios sobre los que gira toda la vida moral de la
persona.

- Prudencia o sabiduría práctica: es la virtud que dicta a la razón el cómo y el cuándo se debe actuar. Es
la que contribuye al bien de la persona, ayudando a descubrir qué es realmente lo que conviene hacer
para actuar bien en cada situación particular y así mejorar como persona. Su finalidad inmediata es
gobernar el modo y las circunstancias todas de la conducta moral. La prudencia es la virtud del equilibrio,
de la sensatez; la que debe gravitar en los momentos de las graves decisiones personales y sociales,
privadas y públicas. Los jefes de las naciones, las autoridades que tienen a su cargo la dirección de grupos
humanos, requieren necesariamente de esta virtud. Se la considera la madre de las demás virtudes,
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porque es la rectora de las otras virtudes cardinales, ya que facilita descubrir a la razón qué constituye
“lo moderado”, “lo fuerte”, “lo justo”, en cada caso singular.

La prudencia se ejercita mediante tres actos principales:

a.- El conocimiento: se trata de conocer con claridad la realidad de las cosas y los principios morales que
guían a la conciencia. Este conocimiento es muy importante, y puede verse enriquecido por el estudio,
la memoria de experiencias pasadas y el consejo de personas prudentes.

b.- El juicio: se refiere a la moralidad de la acción concreta que se va a realizar; también abarca los medios
previstos para alcanzar el fin propuesto. La virtud de la prudencia ayuda al sujeto a valorar la
información, eligiendo el comportamiento más adecuado. Aquí es especialmente importante la
coherencia que lleva a actuar de acuerdo con lo que se piensa.

c.- El imperio: que moviliza a la voluntad a realizar la acción o bien a abstenerse de actuar. La prudencia
impulsa a realizar aquello que se considera bueno en cada situación.

La prudencia interviene a la hora de tomar decisiones, ayudando a detectar el problema, moviendo a


tomar decisiones ante las soluciones posibles que se presentan y apoyando la ejecución de lo decidido.
- Justicia: es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo (su derecho). Analizando esta
definición, podemos distinguir, por un lado el verbo “dar”, que según el contexto, puede significar
entregar, respetar, devolver, transferir y otras acciones parecidas. La expresión “a cada uno”, indica la
capacidad de tener derechos, con independencia de la condición o estatus del sujeto; puede referirse a
una persona, a un grupo de personas o a una comunidad en su conjunto; al bien de personas singulares
o al bien común de una sociedad. Por otro lado, al referirse a “lo suyo”, que se refiere a “su derecho”,
se quiere significar que se trata de aquello de lo que uno es dueño con dominio libre y personal.

Suelen distinguirse tres formas de justicia:

La justicia general se refiere a la exigencia de justicia que cada uno tiene con los demás, por ser personas
y miembros de una comunidad. Se incluye aquí aquello que es necesario para el bien común de la
sociedad. A veces se la denomina también justicia legal, porque incluye las leyes que concretan lo que
cada individuo debe equitativamente a la comunidad a la que pertenece. Sin embargo, la justicia general
o legal no se agota con las leyes, que siempre son contingentes y limitadas.

En la medida en que las leyes especifican deberes generales de justicia, hay obligación moral de
cumplirlas (leyes mercantiles, impuestos, por ejemplo); pero, las leyes humanas dejan de obligar (por
ser injustas) si son contrarias a algún derecho fundamental de la persona. Si se da tal situación será
necesario presentar objeción de conciencia.

En tanto que la justicia entre particulares (individuos o grupos) se denomina justicia conmutativa, y viene
exigida por los intercambios (ejemplo, una compraventa o arriendo), exigiendo igualdad relativa entre
lo que se da y lo que se recibe, por lo cual se hace necesaria una valoración lo más objetiva posible. En
la práctica, esa valoración se determina por lo general a través de una libre negociación entre las partes.
Pero, cuando existe una notoria asimetría en el poder negociador, se requiere estar vigilantes para ser
justos, porque se puede llegar a un acuerdo poco justo si la parte poderosa se aprovecha de la situación
de necesidad de la parte débil. De allí que, tanto en los monopolios como en general, en las posiciones
prepotentes, puede haber abuso de poder.

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La justicia conmutativa obliga a cumplir estrictamente los contratos y a dar lo libremente acordado.

Por su parte, la justicia distributiva, es la voluntad de distribuir con equidad, evitando hacer acepción de
personas (amiguismos, favoritismos, etc.), dando a cada uno lo que le corresponde por su condición y
aportaciones dentro de la comunidad.

El directivo se encuentra con relativa frecuencia con problemas de justicia distributiva, pues tiene que
repartir algo común entre las personas que integran la comunidad organizacional, tanto lo que es
ventajoso (cargos, gratificaciones, etc.) como lo que es oneroso (turnos incómodos, reducciones de
planilla, etc.). Por eso, cuando se distribuye algo de una comunidad, tanto las ventajas como las cargas
o desventajas, tiene que hacerse de acuerdo con criterios objetivos determinados con prudencia, los
que deben considerar los casos, las capacidades, los méritos y las necesidades de cada uno.

A veces, quien ejerce un cargo directivo debe aplicar sanciones ante indisciplinas o faltas que vulneran
el bien común de la organización. En ese sentido, castigar con justicia implica penalizar algún delito de
un modo proporcionado y siempre buscando cumplir el bien superior de la justicia o con la sana
intención de corregir al culpable, y no con afán de venganza o por odio.

La ética orienta la excelencia humana, y estas exigencias son mínimos que de ningún modo agotan el
deber de buscar siempre lo mejor, el valor más alto que posibilite el perfeccionamiento humano.

- Fortaleza: la palabra fortaleza significa firmeza corporal y/ o espiritual contra toda situación externa o
interna dolorosa o molesta para el individuo. Es la virtud que contribuye al bien de la persona
ayudándola a resistir dificultades y superar los obstáculos que se presentan para alcanzar una vida
plenamente humana o bien para sufrirlos con paciencia cuando las fuerzas propias no logran superarlos.
Con la fortaleza se evitan tanto la cobardía como la temeridad al asumir riesgos. En efecto, esta virtud
modera la tendencia de la persona de arriesgarse más de lo que sería prudente, refrenando la temeridad
y, a su vez, impulsando a contrarrestar la tentación de esquivar los bienes que son difíciles de alcanzar,
adoptando una actitud de cobardía. Lo propio de la fortaleza es que a pesar del conocimiento del miedo
por parte del sujeto, lo dispone a que éste no lo arrastre hacia el mal o le impida la realización del bien.
Según

Santo Tomás, la virtud de la fortaleza se pone de manifiesto en dos actos fundamentales, que son el
atacar y el resistir, es decir, enfrentarse con aquellos peligros que se presentan cuando quiera realizar
el bien (en este caso actúa la valentía) o soportar las contrariedades que sobrevengan por una causa
justa (actuando la paciencia y la perseverancia), superando el desaliento ante las limitaciones propias y
ajenas, moviendo a seguir con firmeza el objetivo propuesto. El acto más propio de la fortaleza es este
último. Una dimensión de la fortaleza es la coherencia, es decir, vivir de acuerdo con lo que se cree,
aceptando el riesgo de la incomprensión.

- Templanza: es la virtud que contribuye al bien de la persona ayudando a autorregular y moderar la


atracción por todo aquello que resulta placentero, pero que sólo en su justa medida es bueno. Se trata
de la virtud de la moderación de los placeres espirituales o sensoriales, y consiste en buscar o aceptar
éstos con medida, sin excesos que son perjudiciales a la salud corporal o que, si no lo son, degradan a la
persona en forma manifiesta (alcoholismo, desenfreno sexual, drogadicción, codicia, etc.).

La templanza dirige las pasiones bajo el dominio de la razón y de la voluntad, encauzándolas hacia el
bien, fomentando la armonía entre los sentidos y la razón. Las pasiones no son malas en cuanto logran
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sus bienes deleitables dentro del orden racional o del perfeccionamiento integral humano. Por eso, la
templanza edifica y defienden el orden interior de la persona y gracias a ella puede tener señoría sobre
sí misma y tranquilidad de espíritu. De aquí se desprende la moderación con que hay que vivir en otros
campos, tales como la justa aplicación al trabajo (laboriosidad), la recta autoestima personal la
humildad), el medido control de la agresividad la mansedumbre) y la modestia que modera la
ostentación en el porte exterior.

Aunque la virtud implica la perfección personal, está siempre facilitada u obstaculizada por factores
externos. Una vez que las virtudes fueron interiorizadas por la persona, éstas se convierten en guías y
pautas que señalan el camino hacia una conducta coherente con lo que ella es. No son una meta que se
alcanza de una vez para siempre, por lo cual, requieren el esfuerzo constante de vivirlas.

En cuanto al vicio, éste constituye un hábito operativo malo. Se adquiere con facilidad, porque produce
placer y se pierde con mucha dificultad.

Daniel Ruiz42 sostiene que, para que un hábito sea considerado como vicio, debe reunir las siguientes
características:

- que provoque un grave ataque a la salud corporal o espiritual de la persona (ej: el hábito de fumar o
de drogarse);

- que la satisfacción de ese acto produzca desarreglos económicos perjudiciales para los miembros de
la familia que están a cargo del sujeto vicioso;

- que se cause un mal físico o espiritual a otras personas (Ej : fumar en lugares públicos cerrados);

- que la no realización del acto habitual produzca la impresión psico- fisiológica de necesidad, de modo
que el sujeto advierta que está sometido a una tiránica esclavitud.

Aunque en el hábito no se cumpla ninguna de las tres primeras características, sólo basta la última para
considerarlo un vicio. Los vicios principales, (que desde el punto de vista religioso han sido llamados los
siete pecados capitales) considerados los más importantes por lo grave que son y por lo mucho que
están difundidos en la humanidad de todos los tiempos son:

- La soberbia (orgullo), que es la tendencia a buscar desmedidamente la propia alabanza y a gozarla


también en forma desmedida, generalmente con subestimación y desprecio de los demás.

2.- La lujuria: es la tendencia a la búsqueda excesiva, desordenada, refinada y hasta artificial de los
placeres sexuales.

3.- La avaricia: es la inclinación a poseer sin medida toda clase de bienes materiales, preferentemente
dinero, aunque no únicamente.

4.- La gula: es la tendencia exagerada a la búsqueda de los placeres que proporciona el comer y el beber.

5.- La ira: es la tendencia afectiva de enojo y agresión ante un hecho o ante una persona que han
provocado en el sujeto un disgusto grave.

42
RUIZ, Daniel. (1.988) Ética y Deontología Docente. Bs. As.: Ediciones Braga. Pág. 101 y ss .
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6.- La envidia: es la tendencia a entristecerse por el bien ajeno conocido.

7.- La pereza, que es la inclinación a la inactividad ante el trabajo que se debe hacer, o ante los esfuerzos
que requiere el trabajo mismo.

Es importante tratar de extirpar el vicio y evitar que se instale cuando todavía se da la posibilidad de
hacerlo, porque aleja a la persona de la perfección a la que está llamada.

ACTIVIDAD Nº 3

a.- De Autoevaluación – Piense en un ejemplo de cada tipo de libertad exterior, teniendo


presente alguna decisión tomada por libertad interior o libre albedrío.

b.- Obligatoria - Elabore un ejemplo de una situación en que un acto realizado por una persona
conlleve responsabilidad moral y otro en que el acto no implique responsabilidad moral. Fundamente. -
Proponga dos ejemplos de actos que implique responsabilidad moral directa, uno por omisión y el otro
por influencia en acciones ajenas. - Reflexione acerca de las virtudes que debería tener en su profesión,
y elabore un listado de las mismas en orden de importancia, definiendo qué entiende por cada una de
ellas (entregue en Doc. Word).

UNIDAD III
PRINCIPALES CONCEPCIONES
ÉTICAS
3.1.- ESCUELAS ÉTICAS:

A lo largo de la historia de la Filosofía, la cuestión del obrar humano, la pregunta sobre lo que es bueno
para el hombre, ha recibido múltiples respuestas. De ese modo, se han sucedido escuelas de
pensamiento que han pretendido encontrar el fundamento a la moralidad de las acciones humanas.
Pero, si bien las respuestas son diversas, es posible agrupar las escuelas éticas en tres categorías, de
acuerdo al modo como cada una concibe el soberano bien y, por lo tanto, la regla de moralidad.

• Concepciones Utilitarias.
• Concepciones Sentimentales o altruistas.
• Concepciones Racionales.

Concepciones Utilitarias

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El carácter común de las concepciones utilitarias es que colocan el soberano bien del hombre en el placer
o el goce, y hacen por tanto del placer el criterio del bien y del mal: es bueno lo que nos trae un goce;
es malo lo que nos impide gozar o nos hace sufrir. Las teorías utilitarias se diferencian entre sí según la
manera como estiman que hay que seguir el placer.

a.- Hedonismo: esta posición enseña que hay que aprovechar el placer cada vez que se nos presenta
delante. En el siglo IV Aristipo de Cirene, que funda la escuela Cirenaica después de la muerte de
Sócrates, sostiene la moral del placer. Según él, para el hombre no existe más que un bien: la hedoné
(el placer); por ello la suprema regla es el goce inmediato. Un placer perdido no se vuelve a recobrar. El
sumo bien de la vida es el placer sensible y actual; como los placeres corporales son los más intensos,
son, por consiguiente los más deseables y deben ser preferidos a todos los demás. La sabiduría y la virtud
consisten en buscar los medios para obtener la mayor cantidad posible de placer. Pero se debe obrar
con prudencia, acomodándose a las circunstancias y conservando siempre la libertad interior y la
tranquilidad; o sea, hay que dominar los placeres y no dejarse dominar por ellos. La prudencia aconseja
también ajustar la conducta a las leyes establecidas, sobre todo a las leyes penales.

b.- Epicureísmo: hacia fines del siglo III a. de C. aparece Epicuro, natural de Samos, maestro de “los
filósofos del jardín” y fundador de la escuela que lleva su nombre. Epicuro considera que el placer es el
valor supremo, entendido como el bien primitivo e innato, y constituye el principio y el fin de la vida
feliz. Entonces, coloca en el placer el fundamento del comportamiento humano, pero rechaza la regla
del goce inmediato: hay que buscar los placeres que no van seguidos de ninguna pena, los que no nos
privan de un placer mayor, los que no son artificiales, los placeres tranquilos más bien que los placeres
violentos. Los placeres del alma (el gozo) son más elevados que los del cuerpo, que son carnales. Los
placeres espirituales consisten en recordar, imaginar o proyectar acciones gozosas, lo cual no es posible
si previamente no existen auténticas situaciones placenteras, que consisten en los deleites del cuerpo.
Diferencia, entonces, los placeres en reposo y los en movimiento. Los placeres en reposo son los que
advienen al alma como algo que es natural a su actividad, consistiendo en la satisfacción de una
necesidad, el ejercicio de las operaciones. Así, por ejemplo, el placer de reposar tras la fatiga, de beber
agua cuando se tiene sed. En tanto que los placeres en movimiento, se refieren a aquellos que se
experimentan como algo sobreañadido a su naturaleza, algo que se busca en el exterior porque no
pertenecen a la normal actividad del alma. Éstos a la larga producen dolor y convertidos en hábitos,
esclavizan al alma a cosas externas, dice Epicuro. Son ejemplos de éstos el beber bebidas alcohólicas, las
drogas. De allí que prefiera los placeres en reposo. Por eso, mediante la prudencia, el hombre debe
buscar el equilibrio, la paz interior y la tranquilidad. El hedonismo de Epicuro no es tan grosero como el
de Aristipo, y hasta propone, por medio del ejercicio de las virtudes, como el valor, la templanza y la
justicia, la búsqueda de un cierto estado de tranquilidad (ataraxia) o indiferencia, en la cual consistiría
la felicidad.

c.- Utilitarismo: es una corriente que caracteriza al siglo XIX, siglo del positivismo, de la explosión
industrial, científica y técnica. El bien útil avala, fundamenta, excusa y justifica cualquier procedimiento
en el seno de la sociedad que es típicamente materialista. Los fines pierden su condición de tales. Según
Jeremías Bentham (1.784-1.832), la utilidad es el principio de la felicidad. La naturaleza humana ha
colocado al hombre bajo el imperio del placer y del dolor, por eso, todo lo que hay en el hombre tiene
por único objeto buscar el placer y evitar el dolor. El principio de la utilidad subordina todo esto a dos
móviles, a saber: lo útil es lo que aumenta el placer y disminuye el dolor. La única regla moral es la del
interés, por lo cual el problema moral consiste en calcularlo bien. Hay que aplicar el criterio de lo útil

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para procurar la mayor cantidad de dicha sensual; es necesario fijar una aritmética de los placeres que
permita elegir entre éstos los que sean superiores por su intensidad, duración y pureza. Sostiene así,
que colocado el hombre entre el bien y el mal, que son inseparables, necesariamente elige lo mejor y
más útil, aquello en que el placer excede al dolor, de modo que este exceso o utilidad es la base y medida
de la moralidad.

El utilitarismo, postula además, que el placer puede extenderse a un mayor o menor número de
individuos de la sociedad. En este punto radica la diferencia esencial entre el hedonismo y el utilitarismo,
ya que éste tiene un carácter más social frente al individualismo y egoísmo del primero. Por ello, al
considerar una escala en lo útil, es preciso tener en cuenta la intensidad del placer producido, así como
la extensión a un mayor o menor número de individuos. La persona no es verdaderamente feliz si no
vive en concordancia con sus semejantes, si no es amado. Para serlo se ocupa de los demás. De ahí que,
un acto será bueno cuando sea útil y, a la vez, alcance la máxima utilidad posible para el mayor número
de individuos. Por su parte, John Stuart Mill (1.773-1.833) adopta una postura semejante, pero aclara
que no sólo hay que tener la cantidad de placer, sino también la calidad; y que, en caso de conflicto
entre el interés general y el particular, éste debe ser sacrificado (moral del interés general).

Concepciones Sentimentales o Altruistas

Estas teorías son llamadas así porque piden a los sentimientos, y especialmente a los sentimientos
desinteresados o altruistas que presenten la regla de moralidad, ya que para ellos el soberano bien
consiste en la satisfacción de esos sentimientos altruistas.

a.- Ética del sentimiento: es sostenida por Francis Hutcheson (1.694-1.746). Para él, el sentido moral es
la fuente de nuestra conciencia moral y mediante él pueden percibirse las diferencias entre las acciones
moralmente buenas y las acciones moralmente malas. El sentido moral nos empuja a aprobar las
primeras. El objeto de nuestra aprobación es la benevolencia, que es una cualidad real en las acciones
que excita o suscita nuestra aprobación. Hutcheson identifica con frecuencia la benevolencia con la
virtud. La benevolencia es una especie de instinto existente en cada hombre que le impele a promover
el bien de los demás y es la fuente de nuestros juicios morales. En efecto, para este autor, únicamente
el sentimiento es capaz de hacernos conocer el deber, pues la vida moral está hecha de matices que sólo
el sentimiento puede captar. Éste está al principio de los juicios que de continuo hacemos sobre las
personas y las cosas, en virtud de una regla de benevolencia, que es su ley esencial. La verdadera bondad
resulta necesariamente para nosotros de la obediencia a esta desinteresada inclinación que se expresa
en nosotros bajo la forma de sentido moral.

b.- Ética de la simpatía: es la que sostiene Adam Smith (1.723-1.790), el cual prefiere fundar la moral en
la simpatía. Considera que el hombre necesita para ser feliz de la admiración de los demás. Parte del
principio de la simpatía que consiste en la constatación de que la persona es capaz, por naturaleza, de
colocarse en el lugar de los demás, comprender sus motivaciones y evaluar la moralidad de sus acciones.
La simpatía es la tendencia natural e instintiva que inclina a entregarse a los sentimientos de los demás.
Surge como una necesidad primaria porque el hombre es naturalmente sociable y las personas necesitan
experimentar simpatía dándola y recibiéndola. Para Smith la sola benevolencia no basta, sino que es
necesario que ese sentimiento esté regido por alguna norma de justicia y de reciprocidad que proceda
de la razón y que haga de la simpatía natural un deber. Por eso, la regla moral que rige el
comportamiento sería: “Obra de manera tal que provoque la mayor simpatía en el mayor número de
personas” La simpatía pasa a ser la regla del bien. La moral consistirá entonces en desarrollar en sí la
Formación Integral | 54
simpatía desinteresada que nos hace gozar de la felicidad de los demás, compartiéndola, y que nos
impulsa a obrar de manera tal que siempre merezcamos de parte de nuestros semejantes la simpatía
más pura y universal.

Concepciones Racionales

Se agrupan bajo este título todas las escuelas que ponen el soberano bien en la perfección de nuestra
naturaleza racional y que, por lo tanto, piden a la razón que sirva de regla de moralidad. Buscan el
fundamento en un principio racional que lleve a afirmar la existencia de una realidad que trasciende al
hombre.

a.- Eudemonismo racional: su representante es Aristóteles (384-322 a. C), quien parte de señalar que el
sentido de nuestras acciones es comprensible a partir de la noción de bien o fin, es decir, el propósito al
que apunta la acción. Los fines son múltiples pero se subordinan unos a otros; los fines subordinados
son medios para los fines ulteriores. Sin embargo, la cadena de fines debe culminar con un fin último,
algo que sea querido por sí mismo y no por otra cosa. Considera que el fin último es indudablemente la
felicidad; la palabra griega correspondiente es eudaimonía y puede traducirse también por “buena
fortuna” y “bienestar”. Sostiene que el hombre tiende naturalmente a la felicidad y que el único camino
que conduce a ella es la rectitud moral. Esa aspiración a ser feliz es la coincidencia máxima y más
universal entre los hombres. El tipo de vida en que consiste la felicidad es la vida activa del ser dotado
de razón. Lo propio del ser humano es la actividad que realiza conforme a la razón o por lo menos no
desprovista de razón. La vida contemplativa o teorética, la vida dedicada al conocimiento, es el grado
culminante de la vida activa del hombre. En esta actividad encuentra su perfección, su autorrealización
y en esto consiste su felicidad.

Es decir, que para Aristóteles, la felicidad debe resultar para el hombre del progreso y de la perfección
de su naturaleza, del ejercicio de la inteligencia, en su forma más elevada, la contemplación de la vedad
y del objeto más inteligible, que es Dios. Este es el bien más preciado y agradable, pero se requiere
conquistarlo mediante la virtud; a la cual define como “un hábito, una cualidad que depende de nuestra
voluntad, consistiendo en este medio que hace relación a nosotros y que está regulado por la razón en
la forma en que lo regularía el hombre verdaderamente sabio “. La virtud es un hábito adquirido
mediante el esfuerzo y la constancia. Se tienen ciertas disposiciones para la virtud, pero para que se
conviertan en hábitos es necesario ejercitarse. Es, además, un hábito voluntario ya que no basta con
conocer el bien para practicarlo ni el mal para evitarlo, ya que se necesita querer. Por eso en la virtud
intervienen la inteligencia, que delibera, y la voluntad, que elige.

de virtudes: las intelectuales o dianoéticas, que operan sobre la razón, y prácticas o éticas, que operan
sobre lo que hay en él de irracional, es decir, sus pasiones y apetitos, encauzándolos racionalmente. La
virtud es, por consiguiente, un equilibrio entre dos extremos inestables e igualmente perjudiciales. La
felicidad que se alcanza mediante la virtud, y que es el coronamiento de ella, requiere necesariamente
de algunas condiciones, tales como madurez, bienes externos, libertad personal, salud, etc., aunque las
mismas por sí solas no bastan para lograr ser feliz.

Para Aristóteles, la recta razón o prudencia constituye la norma de moralidad que señala la medida de
las acciones y los medios más idóneos para obtener la felicidad, entendida como vida virtuosa. Sin
embargo, la verdadera vida moral es propia sólo de una élite que puede llevarla a cabo, o sea,

Formación Integral | 55
consagrarse a buscar la felicidad en la contemplación, en el marco de una sociedad basada en la
esclavitud.

b.- Estoicismo: Zenón de Citio, fundador del estoicismo, resume su doctrina en esta máxima
fundamental: “Hay que seguir a la naturaleza”, es decir a la razón; porque la razón es lo que distingue al
hombre del animal. La razón nos muestra que existe una sabiduría, que consiste en aceptar el orden
universal, que no depende de nosotros, y de renunciar a los deseos, que engendran la inquietud y la
discordia. Únicamente así podrá el hombre sustraerse a las pasiones, identificándose con la Razón
universal (Dios o el destino).

Para el estoico el bien moral reside sólo en el juicio. No consiste en hacer tal o cual cosa, sino en hacerla
de acuerdo y en conformidad con el orden universal. La vida virtuosa consiste en obrar racional y
libremente, ajustando la propia conducta al orden universal de toda la Naturaleza, regida por la Razón
Universal, es decir, a la ley eterna, fija e inmutable. La perfección moral se alcanza en la apatheia, que
consiste en la ausencia de pasión: es el estado del que ha llegado a dominar sus pasiones hasta el punto
de no sufrir ya su imperio en modo alguno. La apatía o la serenidad perfecta es, pues, el ideal del sabio
y el nombre mismo de la beatitud. A ese estado se llega practicando la ataraxia, que consiste en no
dejarse turbar por nada; para eso, basta con darse cuenta de que lo que sucede fuera de la voluntad no
depende del propio sujeto, que nada puede contra ello y que es inútil alegrarse o afligirse.

Según el estoicismo, la virtud es la regla de la razón y, como tal, se identifica con el bien, que es la razón
misma, porque es orden y perfección. La virtud se resume en la voluntad de obrar siempre según la
razón. La virtud es completa y perfecta desde el principio: por eso, quien posea una sola virtud, las posee
necesariamente a todas y quien carece de una sola, carece absolutamente de todas.

El estoicismo muestra una absoluta confianza en la razón; considera que las pasiones son males y por
eso no entran en la ética. Desprecia los bienes materiales porque el hombre tiene que estar por encima
de ellos. La ética estoica es así, un intento de neutralizar el sufrimiento humano, una ética del
autodominio, que pretende hacer al hombre capaz de resistir los influjos que lo afectan desde afuera. El
ideal estoico te la virtud y de la moral estaba matizado con un sello de cierta insensibilidad (o aparente
insensibilidad), ofreciendo un esquema en el que los rasgos humanos quedan totalmente desdibujados.
Esos rasgos son:

-El sabio no debe dejarse perturbar por nada.

- Debe mantenerse impasible ante el sufrimiento físico y moral, ante el dolor y la enfermedad, ante la
muerte, los bienes de fortuna y las opiniones de los hombres.

- Debe distinguirse por su firmeza ante las contrariedades. - Ha de ser como una roca contra la que se
estrellen todas las olas; ella está firme y el oleaje se amansa a su derredor.

- Debe mantenerse siempre en un mismo querer y no querer.

- Tiene que aguantar y renunciar.

c.- Ética tomista: Santo Tomás de Aquino (1.225-1.274) corrige y completa a Aristóteles. En efecto,
recoge la idea aristotélica que considera que el hombre, aspirando a distintos bienes, debe buscar sobre
todo el bien que mejor corresponde a su naturaleza racional ya que en él encontrará su felicidad, y

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postula que la primera cuestión que plantea la moral es la felicidad. Sin embargo, si bien el fin del
hombre es, como en Aristóteles la felicidad, para Santo Tomás, esa felicidad no consiste en la vida
contemplativa; porque considera que ésta es insuficiente, a menos que se entienda como
contemplación y disfrute de Dios. Por tal motivo, sostiene que Dios Creador constituye para el hombre
el fin último objetivo, superando el intelectualismo aristotélico que concebía la felicidad como una mera
contemplación intelectual.

El fin de la actividad moral es el bien, pero este bien se halla fundado en Dios, único ser que es
absolutamente el Bien. Por eso, la recta voluntad tiende al Bien, como la recta inteligencia tiende a la
Verdad. Todos los otros bienes no son fines últimos, pero no son descartados, por cuanto son fines
subordinados al fin último y medios para alcanzar este fin.

Para Santo Tomás, el objeto de la moral es el hombre libre que, gracias a su capacidad racional, puede
regular moralmente su conducta. Considera que en el obrar humano se da la interacción de la
inteligencia y de la voluntad, son dos facultades que se complementan, de tal modo que todo acto de
voluntad es necesariamente precedido por un acto de inteligencia.

En cuanto a las pasiones, estas tendencias serán buenas o malas moralmente según estén o no en
conformidad con las normas de moralidad. Sin embargo, Santo Tomás no las niega, ni condena los
sentimientos; exige que los sentimientos, por los que se manifiestan nuestras más profundas
tendencias, colaboren en la vida moral, y que, debidamente jerarquizados por la razón, reciban las
satisfacciones que le son debidas, debiendo estar subordinados a lo que la recta razón señala como
bueno.

Por otra parte, Tomás de Aquino, a partir de la idea de creación que explica el orden universal, sostiene
la existencia de una ley eterna, que es ese plan divino que ha ordenado el mundo de modo que cada
criatura cumpla su fin de un modo peculiar y propio, según su naturaleza y de acuerdo con las leyes que
gobiernan su acción. Justamente la ley eterna ordena los actos humanos al fin debido. Las criaturas
racionales la conocen con su inteligencia y se dirigen a ella libremente. El efecto esencial de la ley moral
consiste en la obligación; es decir, en la necesidad moral que se impone al hombre de cumplir un acto o
no hacerlo, según que la ley lo mande o lo prohíba. Esta necesidad moral ata la voluntad sin violentarla,
puesto que nuestro fin está inscripto en nuestra propia naturaleza, que hemos recibido de Dios. La
obligación moral o deber tiene como fundamento próximo el orden esencial de las cosas, en virtud del
cual existe conexión necesaria entre tal o cual acto y el último fin; y como fundamento último la
ordenación de la Razón divina.

Prueba así, con estos argumentos, que la perfección y la felicidad deben ser accesibles a todos los seres
humanos (y no sólo a unos pocos privilegiados, como sostenía Aristóteles) y requieren las sanciones de
la vida futura. Sostiene que la perfección humana consiste, mediante la práctica de las virtudes morales,
en acercarse a Dios, fin y bien objetivo del hombre. Enseña también, que el bien moral es obligatorio,
en cuanto que expresa un orden de derecho, querido por Dios, creador y legislador de nuestra
naturaleza.

d.- Ética kantiana: este sistema ético tiene por fundador al filósofo alemán Emmanuel Kant (1.727-
1.804). Kant distingue la materia de la forma en los actos morales. La materia es el objeto del acto, el
contenido, es decir, lo que se hace o lo que se omite; en tanto que la forma es el aspecto bajo el cual
aparece al espíritu., es el por qué se hace, el por qué se omite.

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Kant trata el problema ético en dos obras: la “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”, de
1.785 y la “Crítica de la razón práctica”, de 1.788. Sostiene que puede haber muchas cosas que sean
buenas (como el valor, la decisión, la perseverancia, etc.) pero ninguna de ellas puede ser llamada buena
sin restricción, porque cualquiera de esas cualidades puede llegar a ser extraordinariamente malas y
dañinas si la voluntad que ha de hacer uso de ellas no es buena. Lo valioso es la buena voluntad misma,
con independencia de que alcance o no algún fin propuesto. La utilidad o la esterilidad no pueden añadir
ni quitar nada a ese valor. Lo que interesa es el querer o la intención, no como mero deseo, sino como
el acopio de todos los medios que están en nuestro poder.

Para este filósofo, si el fin último del hombre fuera el logro de la felicidad, la naturaleza no habría dotado
al hombre de razón, pues el instinto es mucho más adecuado para el logro de ese propósito, por el
contrario, la razón hace más bien desgraciados a los hombres. Pero, como nos ha sido concedida la razón
como facultad práctica, es decir, como una facultad que debe tener influjo sobre la voluntad, su tarea
es producir una voluntad que sea buena en sí misma con independencia de lo que efectúe o realice.
Pero, ¿cuándo, en qué circunstancias una voluntad es buena en sí misma? Para explicar esto introduce
la noción de deber. Kant afirma entonces, que el valor moral de un acto radica en hacer el bien no por
inclinación sino por deber. Entiende por inclinaciones el conjunto de tendencias a las que nos impulsa
nuestra sensibilidad (amor, odio, orgullo, avaricia, etc.) La voluntad es buena en sí misma cuando
dejando de lado las inclinaciones actúa por deber.

Diferencia el obrar por deber y obrar conforme al deber. Así, la acción conforme al deber es la que
coincide con lo que el deber manda, pero que en realidad no es realizada por deber, sino siguiendo
alguna inclinación (ej. si una persona hace beneficencia porque experimentan cierto regocijo al hacerlo,
entonces obra conforme al deber pero no por deber). En tanto que el obrar por deber, implica hacer el
bien no por inclinación sino por deber (por ej. si alguien que por sufrir un dolor propio no siente ninguna
conmiseración por los demás y dejando de lado su insensibilidad, obra sin seguir una inclinación y sólo
porque el deber manda y ayuda a los demás, entonces ese acto es plenamente digno de estimación
moral, porque se hizo el bien por deber). De ahí que, para Kant, sólo el acto realizado por deber y no el
que se realiza conforme al deber ha de ser estimado como moralmente bueno.

Según este filósofo, la razón es capaz de conocer lo que todo hombre está obligado a hacer. La razón
práctica da a la voluntad una ley suprema capaz de tornarla buena en sí misma. Esa ley moral universal
se expresa del siguiente modo: …yo no debo obrar nunca más que de modo que pueda querer que mi
máxima deba convertirse en ley universal. Es decir, al obrar debemos guiarnos por máximas que puedan
ser universalizables, no permitiéndonos a nosotros mismos aquello que no le permitiríamos a los demás.
La ley moral universal, que es llamada por Kant imperativo categórico, nos dice que sólo obramos
moralmente bien cuando podemos querer que el principio de nuestro querer se convierta en ley válida
para todos.

Valoración crítica.

I.- Concepciones Hedonistas - En lo que respecta al hedonismo se puede decir que la regla del placer no
tiene valor moral. En efecto, el placer, inmediato o diferido, no puede presentarse como obligatorio. El

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placer solicita las inclinaciones, pero no se impone a la razón como la suprema ley de nuestra actividad.
Por otra parte, los placeres, aun prudentemente dosificados, no nos traen la felicidad sino por el
contrario, son fuente de inquietudes porque, al ser finitos en sí mismos y en su duración, dejan más bien
una sensación de vacío que un sentimiento de plenitud. Además, los placeres se transforman en sus
contrarios: el placer tiende a un estado de exasperación y se cambia en dolor. Si el placer es la regla
suprema, todos los crímenes se encuentran justificados por el hecho de haber servido a procurar el
placer a sus autores; y el sacrificio de su tranquilidad, fortuna, salud y vida por el bien de los demás sería
reprobado.

- El epicureísmo y el utilitarismo de Bentham no corrige a fondo el hedonismo, ya que mantiene la


soberanía del placer. El método que preconiza no tiene ninguna fuerza obligatoria, y no son más que
recetas para gozar mejor; no permitiendo condenar a quien prefiera gozar inmediatamente de todos los
placeres que pudiera tener a mano.

En cuanto al utilitarismo de Bentham, la aritmética del placer exigiría una contabilidad complicada, de
tal modo que la búsqueda del placer suprimiría el placer y, por otro lado, no se puede apreciar en cifras
lo que es propio de la cualidad. Además, si bien es cierto que el interés y la búsqueda de la felicidad son
móviles fundamentales de la conducta humana, no deben ser entendidos en forma material y biológica.
La experiencia indica que, muchas veces, la moral y el deber obligan a cada hombre al sacrificio de los
intereses contingentes y materiales en nombre de bienes intelectuales y espirituales más altos, que
valen por sí, cuya posesión dan a la persona su pleno valor. No es la eficacia y la utilidad de la acción lo
que la hace moralmente buena, sino que es la bondad moral la que obliga al hombre a una acción que
sea instrumento de verdadero perfeccionamiento humano.

- La teoría del interés general de Stuart Milll, exige tener en cuenta la calidad de los placeres. Además,
no aparece claro porque afirma la primacía del interés general, pues si el placer es la regla suprema,
¿por qué razón se debería sacrificar el placer propio por la sociedad?

Concepciones Sentimentales o Altruistas.

- El sentimiento no puede constituir una reglas moral, porque si bien tiene su importancia en moral, no
puede ser la regla de moralidad, porque es ciego, caprichoso e inconstante y porque todos los actos
realizados a impulsos de un sentimiento cualquiera estarían sin más justificados. De no ser así, habría
que distinguir un buen y mal uso del sentimiento, lo que equivaldría a confesar que hay una regla
superior a los sentimientos. Estas observaciones se aplican especialmente a las éticas de la benevolencia
(Hutcheson) y de la simpatía (Adam Smith).

-Por otra parte, en relación a la simpatía, si bien ésta desempeña un gran papel en la vida del hombre,
también lo hacen otras tendencias fundamentales, y como todas están presentes en las acciones, se
puede representar toda la vida como dependiente esencialmente de alguna de ellas. No es posible
tampoco reducir todas las acciones a la simpatía que provocan, ni hacer depender de ella toda virtud y
todo vicio.

Es importante la consideración que hace de la persona; ésta no se encuentra sola, depende de la


sociedad a la que pertenece y por lo tanto, el ideal moral no puede expresarse por una fórmula de
aislamiento, sino contando con la colaboración de otros

Concepciones Racionales.
Formación Integral | 59
- La doctrina aristotélica constituye una concepción elevada, pero tiene el defecto de no poder
presentarse como obligatoria, de proponer un ideal que sólo es accesible a un pequeño número de
privilegiados y esto durante muy poco tiempo. Además, concibe el soberano bien de un modo
demasiado y exclusivamente subjetivo, ya que sólo define la felicidad como un estado de goce perfecto.
La ética aristotélica es el primer intento de exposición científica y total de una teoría de las costumbres
que acaba con un sistema de las diversas virtudes y sus fundamentos. Para Aristóteles, siempre que haya
una opción, se produce una situación moral y en ella el hombre éticamente valioso posee, gracias a su
experiencia, la capacidad adquirida de juzgar y combinar todos los elementos en cuestión para elegir
rectamente. La recta razón o prudencia es la norma de moralidad que señala la medida de las acciones
y los medios más idóneos para obtener la felicidad, entendida como vida virtuosa.

El estoicismo constituye una posición que es inhumana, porque sólo considera la razón en el ser humano,
y sabemos que existe en éste la sensibilidad y las necesidades del corazón, que si bien deben estar
subordinadas a la razón, no pueden ser sacrificadas a ésta. Además, aconseja aceptar el destino y pone
la felicidad en esta aceptación. Del estoicismo se puede rescatar el principio de que la perfección del
hombre está en la vida según la razón; también, la importancia objetiva del orden universal y la sumisión
a ese orden y, por último, la distinción del bien y la felicidad, y la fijación de la moral en el problema del
bien.

La ética tomista reconoce a la razón el derecho y la obligación de determinar el deber, pero no condena
el sentimiento; por el contrario, exige que éstos colaboren en la vida moral y que, debidamente
jerarquizadas las tendencias por la razón, reciban la satisfacción que les es debida. Si bien esta doctrina
excluye cualquier posibilidad de tomar el placer como fin de la actividad humana, enseña que la felicidad
es verdaderamente el aspecto subjetivo de nuestra perfección realizada, y que esta felicidad debe ser
realmente, en dependencia del bien objetivo que es Dios, último fin de todas las cosas, el fruto de
nuestra actividad moral. El placer también entra como integrante en la felicidad total, pues no es malo
por sí mismo, pero siendo medio y no fin, debe estar siempre subordinado a los fines últimos de la vida
moral. También reconoce la autonomía del agente moral, ya que la ley eterna a la que está ordenado
no es una prescripción arbitraria venida desde fuera, sino que es la ley de su naturaleza, que al
obedecerla, obedece al mismo tiempo a los profundos anhelos de su naturaleza y al propio Dios. En
síntesis, esta doctrina da satisfacción a todo lo que hay de justo en lo que reclaman las otras teorías
éticas.

La ética kantiana es una ética a priori, o sea, elaborada con independencia de la experiencia, entonces
la deducción que realiza es puramente lógica, haciendo de la razón humana un absoluto. También es
formal, porque la ley morales una pura forma, no dice que debe hacer el hombre, sino que prescribe
formalmente el marco al que deben ajustarse nuestras acciones; en este sentido, tampoco tiene en
cuenta las aspiraciones del corazón y las exigencias de la sensibilidad, que son tendencias esenciales en
nuestra naturaleza: ¿cómo entender que la alegría de obrar bien vicie a fondo el cumplimiento del bien?
Por otra parte es autónoma, en la medida que es el propio hombre que se da a sí mismo los mandatos
de la moralidad; las normas morales no proceden de una autoridad externa, sino que cada uno es su
propia autoridad moral.

3.2 ÉTICA APLICADA: ÉTICA PROFESIONAL


El origen de los deberes y derechos.

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El ser humano se desenvuelve dentro de dos órdenes o mundos distintos: el que viene dado por la
naturaleza y el que surge de su condición de ser libre, en virtud del cual es autor de todo aquello que
agrega a la naturaleza. Es la distinción entre lo que recibe de hecho y lo que él conforma o hace: la
cultura. Este mundo del quehacer del hombre da lugar al orden moral.

El hombre, cada hombre es el único sujeto de la Ética, por ser el único ser vivo que posee la capacidad
de diferenciar el bien y el mal y de obrar según su libre elección.

El obrar ético se asienta en las virtudes y en los valores, que deben triunfar sobre los vicios y los
disvalores sociales, para transitar el camino de la realización humana.

La existencia en sociedad impone al hombre deberes y derechos que debe observar para poder convivir
con sus semejantes. La libertad debe reconocer límites, sin los cuales sería prácticamente imposible la
vida, no sólo del hombre, sino de la naturaleza toda. De esas limitaciones surgen tanto los derechos
como las obligaciones.

Los hombres establecieron pautas de comportamiento social que hacen a la cultura de los pueblos.

-Los deberes: deber es todo aquello que está obligado a cumplir el hombre para dar satisfacción a las
demandas sociales que su vida de relación le impone. El primero de sus deberes es subsistir, y luego,
como un mandato natural de solidaridad, el permitir a sus semejantes realizarse como personas
humanas.

- Los derechos: el derecho es la facultad de hacer o de exigir todo aquello que le está permitido por las
leyes naturales, por las positivas y por las normas de comportamiento social. En este campo
encontramos el derecho a la vida, y a la libertad y todos aquellos que no entren en colisión con los
derechos de los demás.

Así el derecho de ser feliz y a realizarse como persona tiene su correlato con la obligación que tiene la
organización social de permitirlo.

El orden social

En la vocación humana existen dos dimensiones: una común y otra particular. La primera de ellas es la
más excelente y fundamento del valor de la segunda, porque el bien común prevalece sobre el bien
particular y es fuente y principio de ordenación de éste. En función de esto, toda la vida humana
adquiere significación y estructura. El cauce que ordena y el camino recto del obrar humano son los
valores. Ellos, además de constituir el núcleo fundamental del destino individual, son la condición que
vuelve posible la vida social.

El orden social es la conveniente disposición de las partes de un todo según el fin que ese todo persigue.
Es la disposición de las conductas de las partes. Dentro del todo social se incluyen los diversos planos en
que la vida social se desarrolla: familias, municipios, corporaciones profesionales, económicas,
educativas y deportivas, el Estado y sus dependencias funcionales… todos están ordenados entre sí.

El orden moral

El hombre se realiza naturalmente hacia dos direcciones, por un lado como individuo y por el otro como
ser social.

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Como individuo, el hombre se autorrealiza -se hace a sí mismo- a lo largo de toda su vida.

Como ser social permite que la humanidad como civilización se haga a lo largo de toda la historia.

Por lo tanto, vivir demanda al hombre una tarea, que debe estar en el marco de los valores para su plena
realización. El orden moral está fundado en valores éticos.

En este marco, el orden moral es aquel al que el hombre está ligado por el mero hecho de ser hombre,
independientemente de toda legislación positiva. El orden moral se refiere a todo lo que hace al libre
obrar del hombre según su recta conciencia, inspirada en valores rectores.

El bien común

El bien común no es la suma de los derechos particulares y privados, ni tampoco lo que sirve a los
intereses de uno o de unos pocos frente al bienestar común. Es el clima social que favorece el desarrollo
de la personalidad, el conjunto de acciones del poder público a fin de que sean reconocidos, respetados,
armonizados, definidos y promovidos tanto el ejercicio de los derechos como el cumplimiento de los
deberes por parte de los ciudadanos y los cuerpos intermedios.

El bien común, en cuanto a fin de la sociedad política, exige que concurran a su logro todos los
ciudadanos y las entidades intermedias. Su importancia se pone de manifiesto no sólo porque constituye
la razón de ser de la comunidad política, de los poderes públicos, del derecho de darse un ordenamiento
jurídico, sino porque representa el elemento discriminador entre los ordenamientos absolutistas,
totalitarios y democráticos. La realización de la igualdad en la participación del bien común no se verifica
si faltan las estructuras adecuadas.

La sociedad política tiene el derecho y el deber de facilitar a los ciudadanos y a los grupos por ellos
formados las condiciones generales sin las cuales no podría prosperar ni desarrollarse. El bien común
favorece el desarrollo de la personalidad, y exige un conjunto de atenciones por parte del poder público
a fin de que sea reconocido, respetado, armonizado, defendido y promovido el ejercicio de los derechos
y el cumplimiento de los deberes de los ciudadanos..

3.3 La profesión.
a.- Introducción histórica al concepto de profesión

Profesión es un término que proviene del latín “professio”, que nos indica la acción y el efecto de
profesar, de ejercer una cosa, empleo o facultad conforme una inclinación natural que se manifiesta en
nosotros, o que por un motivo circunstancial debemos ejercitar. También, el término profesión proviene
del latín “profiter”: que significa declaración pública.

Históricamente, al sentido en que empleamos el término profesión se ha llegado en Occidente en tres


pasos, cada uno de los cuales respeta que se siga usando también en los sentidos anteriores por expresar
un significado distinto.

Primero significó la manifestación pública de unas creencias y, en este sentido, se emplea sobre todo en
contextos religiosos; así, un católico, un musulmán, etc. hacen profesión de su fe con sus palabras o con
sus obras.

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En segundo lugar y ya en el contexto religioso católico, el hecho de prometer solemnemente dedicarse
totalmente a su fe mediante el servicio a los demás o la contemplación se conoce como hacer la
profesión, un hecho que conlleva la idea de “consagración”; es decir, de entrega y dedicación a algo que
tiene relación con lo sagrado, con lo divino.

Y estos significados se conservan en versión laica cuando, por extensión, el término profesión pasa a
significar la ocupación laboral a la que una persona se entrega con dedicación total, se “consagra”. Un
concepto que, como puede apreciarse, conjuga dos elementos:

una vertiente objetiva: la ocupación laboral, es decir, el servicio o trabajo propio de cada profesión;

- una vertiente subjetiva: la dedicación y entrega a ese trabajo y lo que esto implica de vocación o
elección del mismo y de formación para desempeñarlo.

Entonces, profesión significa la ocupación laboral de una persona, una ocupación para la que la persona
se prepara y a la que se dedica, está consagrada.

Esto supuesto, el tercer paso en los momentos históricos viene dado por el uso social del mismo, que ha
enriquecido lo anterior explicitando y completando los contenidos de la ocupación laboral.

Así, en las sociedades actuales, por profesión se entiende una actividad diferenciable de otras, que
ocupa a un grupo de personas de forma estable en la producción de bienes o servicios necesarios o
convenientes para la sociedad, para lo cual estas personas manejan unos conocimientos y destrezas
propios de esa profesión, que requieren una formación específica y que han de utilizar con ética. Y una
actividad con cuyo desempeño obtienen esas personas su forma de vida.

Es práctica común en las sociedades modernas que los estados asuman una responsabilidad sobre las
profesiones, que normalmente se concreta en la determinación de la formación específica necesaria
para ejercitarla, en la protección de los derechos de los clientes o usuarios frente a abusos y faltas de
ética de los profesionales y también en la defensa de los derechos legítimos de estos últimos (por
ejemplo, frente al intrusismo en el ejercicio de una profesión por parte de personas sin la preparación o
titulación requeridas).

Defensas ambas (la de los profesionales y la de los clientes) que la sociedad realiza por un doble camino
de derecho público: el jurídico o legal, del que son responsables los organismo públicos, y el asociativo.
Éste último, mediante la acción de los colegios y asociaciones profesionales, los cuales han de velar tanto
por los derechos de los profesionales, como por los de los usuarios o clientes de los servicios de aquéllos,
que se garantizará si los profesionales actúan con competencia y ética.

b.- Problemas de identidad profesional en las sociedades actuales

El concepto profesional vertido precedentemente resulta teóricamente claro. Pero, otra cosa es la
práctica y vivencia de las profesiones para muchas personas en las sociedades actuales, en las que los
rápidos procesos de cambios científicos y tecnológicos y otros fenómenos sociales (migraciones,
cambios económicos o sociales, etc.) provocan altas tasas de desempleo y/o la necesidad de reajustes y
adaptaciones laborales rápidos y continuos.

En las sociedades actuales es un hecho constatable que, para muchas personas, la profesión para la que
se prepararon no es la que de hecho ejercen por razones del mercado de trabajo, lo que da lugar no
Formación Integral | 63
pocas veces a ciertos desajustes en la identidad profesional. Porque, cabe la pregunta ahora, ¿cuál es la
identidad profesional de un/una licenciado/a que trabaja como secretario/a o en una función
totalmente distinta a aquella que se preparó y capacitó?

Esta situación de desajustes laborales -que constituye una tendencia creciente y que puede
generalizarse a una mayoría de las personas- representa una realidad y un problema que emplaza a los
individuos y a las sociedades actuales a repensar y plantear desde premisas nuevas el binomio
educación-identidad profesional con el apoyo desde entidades gubernamentales y no gubernamentales
para el auspicio y creación de nuevas plazas en el mercado laboral.

De hecho, en el mundo actual y por las razones antes aludidas, la culminación de la formación inicial no
representa ya un punto final en el transcurso de la vida de las personas, sino que ha de verse
simultáneamente como la puerta de acceso al mundo laboral y el punto de arranque de una formación
que se ha de continuar a lo largo de toda la vida. Y ha de verse también, en consecuencia, como una
educación especializada, ya que esto demanda el mercado laboral; pero que en modo alguno debe estar
cerrada sobre esa especialización, ya que es necesario que capacite también para los nuevos desarrollos
formativos que puedan precisar las nuevas ocupaciones laborales y las nuevas situaciones tanto
profesionales como vitales en general, en que se van a encontrar las personas.

Obviamente, la situación descripta afecta a la ética de las profesiones, en el sentido de que si la persona
cambia de ocupación laboral, lógicamente su ética profesional habrá de adaptarse también a sus nuevos
ámbitos de ocupación laboral.

Un hecho que hace que en la formación ética de los profesionales revista especial importancia hoy la
adquisición personalizada de los principios básicos de la ética de las profesiones, ya que estos principios,
al fundamentar y vertebrar las éticas profesionales concretas que los aplican a las distintas profesiones,
son válidos para todas ellas, por lo que cada persona puede aplicarlos a las distintas situaciones laborales
en que puede encontrarse.

Unos principios comunes y fundamentales que se complementan entre sí, por lo que cada uno de ellos
enriquece la comprensión de los otros, además de reforzar la motivación inicial para su cumplimiento.
Las profesiones son actividades humanas, que generan en quienes las ejercen obligaciones y derechos
especiales; por eso nació la Ética Profesional.

La Ética Profesional no es una ética aparte, sino es la misma Ética que desciende a las actividades
concretas de cada profesión, especificando las aplicaciones que derivan racionalmente de los principios
generales para el buen ejercicio de cada profesión.

En tanto que el término Deontología (del participio griego deon = lo que conviene), se refiere al conjunto
de principios y reglas éticas que regulan y guían una actividad profesional. Dichas normas determinan
los deberes mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad y por lo general
son establecidas por el propio colectivo profesional, que los institucionaliza mediante los códigos
deontológicos. Éstos son documentos que rigen la actuación de los representantes de una profesión con
el fin de que a través del buen hacer se obtengan resultados deseables

La profesión como perfeccionamiento propio y servicio social.

Formación Integral | 64
La profesión es un compromiso entre lo individual, que busca con la profesión los medios de vida; y la
sociedad, con sus necesidades que son las que justifican la profesión. Es común denominar las
profesiones como manuales o intelectuales, según requieran mayor actividad del intelecto o de la
capacidad física. En realidad ninguna profesión es totalmente intelectual o manual.

Una profesión es el lugar desde el cual debemos servir a la sociedad de acuerdo con nuestras
capacidades.

Para ejercer la profesión es preciso una preparación de las aptitudes necesarias para desempeñarla. No
es mera instrucción profesional. “La instrucción se caracteriza por dirigirse a una parte especial del
hombre y a un sector del mundo. La formación tiene como fin la totalidad del hombre. Persona es
aquella que sabe lo que pasa en el mundo tomado como totalidad” (Pieper, Josef, 1971).

La profesión como actividad humana

El trabajo corresponde a la naturaleza social del hombre, porque es la ocupación que se ejerce
habitualmente a cambio de una remuneración que debiera permitir la subsistencia, asegurar un
porvenir. El trabajo es la extensión activa de la persona a la comunidad.

La profesión se caracteriza por dos rasgos:

- el perfeccionamiento propio, del individuo como tal, mediante el ejercicio pleno de la actividad a la
que libremente aplica sus energías espirituales y físicas

; - el servicio social, con el cual está relacionada toda profesión.

Todo trabajo honesto dignifica al hombre, además de facilitarle los medios honestos para subsistir. El
trabajo tiene un fin que es el desarrollo del mismo hombre, de sus facultades espirituales y corporales.

A su vez, el trabajo cumple una función social. Sea remunerativo o sin cargo, voluntario o involuntario,
sus frutos se extienden a la sociedad. Si el trabajo es honesto, esos frutos son un bien para la sociedad.

Aunque una persona no necesite del trabajo para subsistir, tiene que trabajar para darle algún sentido
serio a su existencia. El hecho de que sea rica no la exime de esa obligación, porque puede trabajar sin
percibir paga, gratuitamente. Y de ese modo se hace un bien a sí mismo y a los demás.

El trabajo humano es virtud y ayuda a las demás virtudes. La ociosidad es un vicio.

Por pequeño que sea el grupo social se hace indispensable la distribución de las tareas que satisfagan
los objetivos de toda comunidad humana.

La persona que ejerce un oficio o una profesión realiza un acto humano en beneficio de seres humanos.
La connotación ética de los actos realizados por un profesional está marcada por una relación binaria en
la que intervienen el profesional y el que solicita los servicios del profesional. Además lleva implícito un
contrato, aunque no esté de por medio ningún acto jurídico, ningún documento escrito. El que solicita
la atención de un profesional -con o sin honorarios- lo hace para que el profesional lo ayude en la
solución de un problema; si el profesional acepta -con o sin honorarios- queda establecido un contrato,
como relación bilateral.

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La profesión es un medio de vida; es actividad lucrativa, es decir, con ella se obtiene lucro, ganancia de
dinero, el cual se utiliza como medio para conseguir todas aquellas cosas que ayudan a conservar y a
perfeccionar la existencia. Pero, además, es un servicio para la comunidad, que revierte al propio sujeto
que sirve, al profesional.

Requisitos necesarios para el ejercicio de una profesión

a.- Vocación: es una inclinación o disposición especial que, saliendo del interior de la persona, la lleva a
cumplir determinada actividad en su vida. Es la inclinación natural a la realización personal, que impulsa
a desarrollar una tarea determinada en la sociedad. Es el amor manifestado en el querer y en el hacer,
respondiendo a los dictados del corazón con la inteligencia y voluntad. Es realizar un compromiso con
uno mismo y con la sociedad durante toda la vida, conforme a los ideales abrazados. Es el requisito más
difícil de detectar objetivamente, porque es totalmente personal. “Vocación” significa “llamado” interno
hacia un tipo determinado de actividad. Se trata de una inclinación del espíritu hacia una actividad que
produce en el sujeto satisfacción y gusto. La ciencia a veces origina la vocación; otras, la vocación lleva
a la adquisición de la ciencia, sin la cual el llamado nunca se convertirá en realidad.

b.- Competencia: en el sentido de aptitud e idoneidad para conocer y resolver un asunto. Nace de las
incumbencias que nos atribuyen los estudios, del grado de capacidad alcanzado en alguna actividad,
pero, por sobre todo, de la voluntad de hacer realidad determinado anhelo. El progreso de las ciencias,
las técnicas y las artes, tan rápido en estos tiempos, requiere del hombre una constante actualización
para contar con capacidad necesaria de aprender y aprehender los nuevos saberes. Supone, por lo tanto,
la ciencia y la idoneidad. Ciencia: porque toda profesión supone conocimientos específicos en quien la
ejerce. El título oficial es una garantía de la preparación científica o técnica del sujeto que lo ha obtenido.
Por razones de ética, el profesional debe acrecentar sus conocimientos, debe actualizarse en los
contenidos, métodos y procedimientos, según la índole de la profesión. La Ética exige que el profesional
no traspase los límites de la especialidad a la que se dedica, salvo en casos de emergencia, y advirtiendo
al consultante que su especialidad no contempla el problema sobre el que se lo consulta. Cuando no se
trata de una emergencia, la actitud ética que corresponde es aconsejar al cliente que acuda a un
especialista en la materia. Idoneidad: es la aptitud para ejercer la profesión (física y psicológica).

Características de la profesión

- Es una actividad humana: El trabajo, en tanto acción y efecto de trabajar, es la facultad del hombre de
poner en ejecución sus aptitudes con una finalidad útil para su realización como persona, en su vida de
relación social. El trabajo requiere de una potencia del hombre, tanto intelectiva como manual, pero al
mismo tiempo, se encuentra reglado por normas morales y por las reglas propias de cada profesión.

-Es el ejercicio de una vocación: El ejercicio de una profesión o de un empleo requiere de la vocación,
que idealmente resulta de la libre elección del trabajador. Pero, por diversas razones, es común que las
personas terminen ejerciendo una profesión para la cual no poseían vocación. Ante la disyuntiva de
aceptar esta condición o no trabajar, la elección es evidente.

Sin embargo, es siempre el hombre quien dignifica al trabajo, y la naturaleza social del hombre lo incita
a cumplir su primer vocación: la de realizarse como persona, tanto en el ámbito laboral como familiar,
valiéndose para ello de su formación profesional y de los mismos valores presentes en la cultura social.

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-Implica un esfuerzo: Todo trabajo implica un esfuerzo intelectual y físico, porque significa poner en
disposición de hacer las potencias del hombre. El profesional universitario recibe de la sociedad, por
medio de una Universidad, un título que le confiere un grado y le reconoce determinadas incumbencias
profesionales. Puede ejercer éstas de forma autónoma (sin relación de dependencia) o vinculado por
una relación de empleo.

- Es un factor productivo: El ejercicio de una profesión es un factor productivo, tanto para el sujeto que
la ejerce, pues mediante la misma obtiene los medios necesarios para su subsistencia; como para la
sociedad, que es enriquecida con el servicio recibido. Mediante el trabajo se produce el movimiento de
todos los factores de la producción, y a través de él la sociedad puede llegar a su fin de bienestar general,
permitiendo también que el trabajador alcance su bienestar particular.

-Es un fideicomiso social: La sociedad hace posible que el hombre adquiera una profesión con el fin de
que aplique en forma ordenada y racional, parte de su actividad a la consecución de cualquiera de los
fines inmediatos y fundamentales para la vida humana. Es la sociedad la que asigna al trabajo humano
una función social, ya que toda profesión tiene siempre carácter de actividad social. La organización
social supone que los distintos trabajos se distribuyen para lograr el bien común. La función social de la
profesión debe estar en concordancia con el bien particular de quien la ejerce.

El profesional

El servicio que realiza el profesional dentro de la sociedad y actuando con carácter público requiere:

Conciencia profesional: El ejercicio de una profesión tiene íntima relación con la moral que debe
imprimirse a todos los actos relacionados con el servicio que se presta.

La conciencia profesional es una manifestación de la justicia distributiva, por cuanto que debe tender a
vigilar que cada acto profesional se encuentre amparado en los criterios de veracidad en la prestación,
eficiencia, oportunidad y plazo. “Ofende a la justicia conmutativa si no se cumple en integridad y calidad
el trabajo establecido previamente, o si se exigen honorarios exorbitantes, que no están legitimados y
que exceden a las normas comunes. Va contra la justicia distributiva si, tratándose de cargos públicos,
se realizan actos que favorecen los intereses individuales, familiares o de grupos. Se lesiona la justicia
social cuando se defrauda a la sociedad cobrando por trabajos no realizados, realizados a medias o de
forma deficiente”. (Letizia, 1.989)41 El ejercicio de toda profesión debe efectuarse buscando lo mejor
para el profesional y para el destinatario del servicio).

La especialización. Hoy es imposible la práctica eficiente de una profesión sin un mínimo de


especialización; pero no debe perder la visión general de los problemas de su profesión. La
especialización posibilita el dominio en profundidad de un sector de la actividad profesional y confiere
al profesional una autoridad moral dentro de la profesión. La vocación es la que indica los temas de
preferencia dentro de la profesión para elegir la especialidad. El grado de avance encontrado en la
especialización elegida, puede ser enriquecido con la propia investigación. La profesión también implica
deberes y si el profesional no puede cumplirlos, lo correcto y honrado es abandonarla. La Universidad
brinda sólo un mínimo de base de lanzamiento hacia una vida de estudio y de investigación profesional.

Seriedad profesional. El profesional está obligado a brindar a sus clientes el máximo de seguridad
profesional, sobre todo si de eso depende la vida, salud o los bienes del cliente. Se debe atener a lo más
seguro para el cliente, y si hay algún riesgo el profesional debe dárselo a conocer al cliente, para que
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éste decida asesorado por el profesional. La seriedad supone que el profesional se actualice, investigue.
Supone también adaptarse al tiempo histórico en que le toca vivir; requiere una gran capacidad de
trabajo y de adaptación para adquirir los nuevos conocimientos y nuevos enfoques de los problemas
profesionales.

La defensa de los derechos de la persona humana: La persona no puede nunca estar subordinada a algo
inferior a ella. Dentro de su jurisdicción (al menos moral) el profesional debe ser celoso custodio de los
derechos de la persona humana. Existen ejemplos negativos de profesionales que, llevados por el afán
de lucro, se aprovecharon de las necesidades de las personas; así, por ejemplo ingenieros construyeron
viviendas inseguras, o médicos que dieron a pacientes tratamientos innecesarios.

La defensa de la vigencia de un orden socialmente más justo: La sociedad trae al individuo múltiples
bienes; pero esto no es un privilegio para unos pocos que dirigen la sociedad. Se debe buscar el bienestar
de la sociedad entera, sin exclusión de ningún sector. El profesional tiene que ser un defensor de las
normas éticas, porque la sociedad se preserva en el orden y la justicia.

Cualidades morales de la profesión.

a.- Autoridad y responsabilidad: el profesional es una autoridad, no en sentido político sino en sentido
científico.

Se llama autoridad en sentido científico, a una persona que, en una determinada rama de la ciencia,
posee un vasto y profundo conocimiento y tiene la virtud de la veracidad, que consiste en manifestar lo
que piensa. En otras palabras: una autoridad es una persona competente en un determinado nivel
científico y es veraz. Los que conocen estas cualidades de una persona están dispuestos a creer lo que
esa persona diga respecto de los otros temas. La autoridad es el fundamento de los actos de fe que una
persona hace en cuanto a lo que manifiesta otra persona acerca de los temas que conoce. Pero para que
uno crea lo que el otro dice deben darse simultáneamente las dos condiciones mencionadas:
competencia en los conocimientos y veracidad en la manifestación de esos conocimientos. Eso otorga
confianza.

Cabe, entonces, una enorme responsabilidad ética y jurídica en el profesional; y más ética que jurídica,
porque algunos actos humanos del profesional sólo son conocidos por él, por su conciencia moral y, por
lo tanto, no están al alcance de la acción jurídica.

Es un deber de justicia, en el ámbito de la Deontología, el cumplimiento de todo aquello que el


profesional promete hacer para satisfacer a su cliente; si hace todo lo que puede, cumple con la justicia,
aunque no se obtengan los resultados apetecidos; si es negligente en preocuparse de lo que interesa a
su cliente, comete injusticia en la medida de su negligencia.

b.-La honestidad intelectual: buscar, aceptar, amar, vivir y transmitir la verdad. La expresión “honestidad
intelectual” designa una combinación de voluntad e inteligencia, puesto que “honestidad “es lo mismo
que decir” bondad moral.”, y el adjetivo “intelectual” designa todo lo que es relativo a la inteligencia.
De modo que la honestidad intelectual es la conducta moralmente buena en el ejercicio de la
inteligencia.

Buscar la verdad es conocer la verdad, entendida en su acepción lógica (adecuación del pensamiento
con la realidad objetiva). La única forma de comprobar la verdad de un juicio es confrontarlo -directa o

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indirectamente- con la realidad objetiva. A veces no es fácil esta confrontación. Pero al profesional le
incumbe realizar la búsqueda de la verdad respecto de todo lo que está relacionado con su actividad
específica. La búsqueda de la verdad se la realiza en el plano del conocer. Las decisiones que se tomen
después de conocida dependen de muchos factores, independientes de la verdad misma. Hay virtudes
morales, entre ellas la prudencia, que aconsejan en qué sentido debe tomarse una decisión

Transmitir la verdad es honesto, siempre que esa transmisión se ajuste a las normas de moralidad;
porque aunque la verdad en sí siempre es un bien, los efectos de su conocimiento pueden ser a veces
malos, física o psíquicamente, para aquellos a quienes se transmite. En este caso también es importante
la prudencia. La única verdad, éticamente hablando, es que siempre que se daba decir la verdad, hay
que decir la verdad. Si un profesional revela un secreto de su cliente a otra persona, dice la verdad y
comete un acto inmoral y, además, ilegal. Hay que señalar que, si bien no siempre hay obligación de
decir la verdad, también hay obligación moral de no mentir. La mentira es la expresión oral o escrita
destinada, por la intención del que la usa, a engañar a otra persona. Todas estas consideraciones señalan
un camino de rectitud moral, una conducta ética que no debiera nunca estar separada de la actividad
profesional.

Trabajo humano y ética profesional

La revolución científica y tecnológica ha producido una metamorfosis social y cultural de grandes


proporciones. La técnica participa de la ambigüedad de todo lo humano: puede ser fuente de grandes
males y de grandes bienes.

El maquinismo industrial ha entregado a la humanidad riquezas y servicios innumerables, al mismo


tiempo que ha alterado el ambiente natural del hombre, y que ha introducido en muchos trabajos una
dimensión mecánica, repetitiva y monótona que a menudo ha sido calificada de embrutecedora.

El peligro reside específicamente en el desarrollo de la técnica no controlado ni encuadrado en un plan


con proyección universal y auténticamente humanística. El progreso de la técnica y el desarrollo de la
civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exigen un desarrollo
proporcional de la moral y de la ética. El alto desarrollo técnico revela la grandiosidad del hombre, en
cuanto investigador de la naturaleza, pero ello engendra muchas inquietudes. La técnica, ¿hace más
humana la vida del hombre sobre la tierra? ¿la hace más digna?

El progreso moral paralelo a la tecnología y orientador de sus avances y aplicaciones debe ser, muy
específicamente, un progreso de la “ética profesional” en todas las áreas del trabajo humano. De allí
que se hace necesario una “ética de la ciencia” que oriente al investigador mismo sobre el bien y el mal
de determinados experimentos y de sus previsibles aplicaciones; una ética médica, especialmente en el
área de la genética, y en relación a los problemas cruciales de la concepción, nacimiento y muerte del
ser humano; una ética periodística de cara a las nuevas figuras que asumen los medios de comunicación
social; una ética de la empresa, y de la economía, en general, que actualice las normas clásicas en
relación a los nuevos problemas de conciencia que derivan del desarrollo económico; y así también una
ética jurídica, policial, militar, política, educacional, familiar, etc., puesta al día con respecto a las nuevas
y complejas figuras morales que plantea el progreso científico, tecnológico y profesional de nuestro
tiempo.

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La película “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin muestra como algunos trabajos enajenan al ser
humano, y pueden destruirlo. De allí la necesidad de buscar condiciones laborales más dignas, que
posibiliten que el trabajo verdaderamente desarrolle y perfeccione al hombre.

3.4 DESDE LA ÉTICA A LOS CÓDIGOS DE CONDUCTA


PROFESIONAL
Se entiende la ética como la conducta libre y responsable de una persona, por lo que se puede hacer un
juicio sobre la persona teniendo en cuenta este parámetro esencial a la persona. Así, el lenguaje común
refleja una intuición social y un juicio humanamente muy valiosos sobre el sentido moral de las personas
y de las sociedades: existen testimonios escritos de que en culturas muy variadas los individuos y las
sociedades coinciden en mostrar una valoración muy positiva de los comportamientos éticos.

Ahora bien, se deben tener en cuenta que esta valoración y juicio pueden estar condicionados por
aspectos socioculturales de quienes emitan ese juicio o pretendan su imitación o de otros factores
subjetivos, de forma que para personas de otra cultura o con distinta formación o con otro perspectiva
para actuar no sea ni ética ni modélica.

Se hace necesario, entonces, el estudio y la reflexión sobre la conducta humana adecuada en un ser
racional, estudio y reflexión que constituyen el objeto y la tarea de una disciplina filosófica que,
coherente con el uso social del término, adopta la denominación de ética.

Así, la ética vale tanto para calificar la conducta de una persona que se considera adecuada y deseable
en todos, como para designar la disciplina filosófica que se ocupa del estudio y reflexión sobre cómo ha
de ser la conducta de una persona para ser la adecuada en un ser humano.

Es así que la ética no sólo es una disciplina que elucubra los principios morales, sino también que debe
procurar su seguimiento, imitación de los principios básicos, universales y generales de la conducta
humana. Es decir, procurar la motivación para el seguimiento de esos comportamientos.

Este segundo aspecto puede hacerse razonando con ayuda del sentido común y de la experiencia porqué
se deben seguir esos comportamientos y conductas, o utilizando otros recursos que despierten la
motivación, se trata de un ámbito práctico de aplicación.

Este segundo aspecto motivador debe vertebrarse en todos los ámbitos de desarrollo de la existencia
humana, incluido el trabajo, la profesión, pues la acción humana y su correspondiente juicio no se
acaban en el fuero interno de la persona, sino que la trascienden iluminando todos sus ámbitos.

- Ética de las profesiones y ética profesional

El estudio y la reflexión sobre la conducta humana adecuada en los actos libres de la persona requiere,
por tanto, un paso más: reclama y requiere clarificar también cuál es la conducta humana adecuada en
cada momento, situación o circunstancia que puede presentarse a las personas con carácter dilemático
desde el punto de vista moral.

La disciplina filosófica ética ha de afrontar también la elucidación de los comportamientos éticos en


estas situaciones que plantean dilemas, en este caso con ayuda de las ciencias humanas y sociales o de

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las ciencias naturales que puedan estar vinculadas o ser interpeladas por el tema o problema que se
trate.

Es aquí cuando la ética abre su visión abarcando todo el espectro de las acciones humanas, dando lugar
a las éticas particulares o también a las éticas de las profesiones en el área de la actividad profesional.

Las éticas particulares se fundamentan lógicamente en los principios que establece la ética más básica
y universal aplicándolos a su área de actividad (la empresa, la medicina., la docencia, etc.). Por eso se
habla de ética de las profesiones.

Al ocuparse de un área de actividad humana específica puede suceder que esta área de pie a proponer
también algunos criterios o principios éticos propios o específicos para la conducta humana adecuada
en ella. Principios que, junto con los principios éticos más universales, han de contribuir a que las
personas puedan estructurar un proceder ético habitual en el orden correspondiente de actividad.

Así, la ética de las profesiones no se limita a aplicar los principios de la ética básica (respetar la dignidad
de la persona y los derechos humanos, etc.) sino que junto a ellos, propone también otros principios
propios específicos.

Estos principios establecerán que los conocimientos, destrezas y, en su caso, el poder que otorga la
profesión han de utilizarse para lograr el bien objeto del ejercicio de esa profesión y no para perseguir
fines u objetivos distintos de aquél.

La ética de las profesiones es una ética particular y, por lo tanto, una disciplina filosófica con una doble
finalidad: por una parte, aplicar a la actividad profesional los criterios y principios aportados por la ética
universal, y, por otro lado, aportar criterios o principios específicos puestos de manifiesto en el trasfondo
y marco de las profesiones.

En un segundo momento (el de expansión, diversificación y concreción de la ética), éste tiene lugar
cuando los principios generales y específicos de una ética particular se concretan, aplican y desarrollan
en un sector de actividad determinado.

Se crean entonces, las éticas aplicadas que reciben su nombre del sector en el cual se aplican. Se habla
entonces de la ética profesional de los psicólogos, de los educadores, de los ingenieros, etc.

En cuanto a los contenidos de las mismas es importante comprender que, en el área de la ética de las
profesiones, las éticas aplicadas se alimentan de dos fuentes:

a.- de la ética universal, de donde emanan los principios básicos éticos;

b.- de la misma profesión, de donde extrae los casos particulares a someterse a juicio moral.

Estas dos fuentes han de colaborar en la conformación de una ética profesional aplicada bien
constituida, aportando cada una su saber y sin invadir los campos de la otra.

ACTIVIDAD N°4.

a.- De Autoevaluación - Diferencia Ética Profesional de Deontología Profesional. - ¿Qué relación


tiene la búsqueda del bien común con la Deontología Profesional?
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b.- Obligatoria – En grupo: realizar una red conceptual de la unidad. -
Investigar los Códigos de Ética Profesional de tu profesión de dos países y compara las normativas
establecidas. Luego, extraigan conclusiones. - Elabore diez normas que tendrías en cuenta en tu
desempeño profesional fundamentando su elección (elaborar un texto en Word y entregar).

c- Ver el siguiente video: https://www.youtube.com/watch?v=xsXtge7aCyc

Bibliografía:

- BRUNET, Graciela. (1.996) Hablemos de Ética. Rosario: Edit. Homo Sapiens.

- CANNON, Tom (1.994) “La Responsabilidad de la Empresa”. Barcelona: Ediciones Folio.

- CORTINA, Adela. (1999). Ética. Edit. Akal. - GASTALDI, Ítalo (1.990) El Hombre. Un misterio. Edit. Inst.
Sup. Salesiano. Quito. Ecuador.

- GHERSI, Carlos Alberto (1.995) Responsabilidad Profesional. Tomo 1. Bs. As.: Edit. Astrea.

- INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. (1.991) Estudios Básicos de Derechos


Humanos, Tomo I. San José. Costa Rica.

- DONCEL, J. F. (1.970). Antropología Filosófica. Bs. As.: Ediciones Carlos Lohlé. - LUYPEN, W. (1.963).
Fenomenología Existencial. Bs. As: Ediciones Carlos Lohlé.

- MALEANDI, Ricardo. (1.991). Ética: conceptos y problemas. Bs. As.: Ed. Biblos.

- MANDRIONI, Héctor. (1.964) Introducción a la Filosofía. Bs. As.: Edit. Kapelusz. - NINO, C. S. (1.984)
Ética y Derechos Humanos. Bs. As.: Edit. Paidós.

- PALACIOS, María Julia (comp) (1.999). Defender los derechos humanos. Universidad Nacional de Salta.

- RODRIGUEZ LUÑO, Ángel. (1.991). Ética. Pamplona: Eric. Univ. de Navarra. - RUIZ, Daniel. (1.988) Ética
y Deontología de la Profesión Docente. Bs. As.: Ediciones Braga.

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