Unidad 2
Periodismo:
Mediación Moderna
Temario
I. El periodismo, el discurso de la Modernidad.
II. Evolución del periodismo.
III. El periodismo, los mitos.
IV. El caso argentino
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Introducción
Esta Unidad estudia al periodismo en tanto el discurso símbolo de la
Modernidad. El periodismo es una institución que se ha arrogado como
objetivo, a lo largo del período que definiéramos en la Unidad 1 como
Modernidad, la potestad de hacer conocer a los individuos en su calidad
de ciudadanos “la verdad” sobre los asuntos públicos.
Como discurso, el periodismo es una invención de nuestra Era. Pero el
conjunto de prácticas que se conoce como periodismo no es un todo
homogéneo y ha mutado de manera dinámica a través de la historia, en
sintonía con los cambios de configuraciones sociales y mediáticas. La
Unidad 2 describe, mediante el uso de ejemplos concretos del
periodismo mundial y del caso argentino, las diferentes formas que ha
asumido el periodismo en su historia y su estado actual. Estas formas
cobran vital importancia en la relación entre comunicación, política y
opinión pública, dado el auto-proclamado rol de mediador entre la
realidad pública y los ciudadanos que asume el periodismo y su función
de brindar la información socialmente necesaria para el ejercicio de la
ciudadanía.
Relación con otras unidades
La Unidad 2 se refiere a una de las instancias, quizás la principal, de la
construcción del territorio público-mediático al que se refiriera la Unidad
1. Las tendencias que guían la evolución del periodismo como profesión,
como práctica discursiva, como negocio y como forma de actuación
público-política son sintomáticas de relación entre el individuo y el
ecosistema mediático del que forma parte. La crisis del periodismo
actual es, en gran medida, resultado de la revolución paradigmática
que, como se verá en la Unidad 4, acontece en nuestro tiempo.
Objetivos específicos
Entender por qué el periodismo es una institución clave en la
construcción del espacio público moderno.
Adquirir una mirada crítica sobre las prácticas y los productos
periodísticos.
Incorporar una base conceptual para el diseño de relaciones con
actores mediáticos.
Entender la especificidad de la problemática mediática de
Argentina y elaborar escenarios para el futuro.
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I. El periodismo, discurso de la
modernidad
Como estudiamos en la Unidad 1, la especificidad del período histórico
conocido como Modernidad tiene una fuerte relación con la
comunicación. Esto es así a causa de la necesidad de construir y validar
el poder establecido a través de los acuerdos sociales (la democracia en
su forma más evolucionada) más que mediante la voluntad divina o la
fuerza.
El periodismo es la institución comunicacional más importante de la
Modernidad. Según el sociólogo alemán Max Weber, la prensa es “la
más soberbia” de las instituciones de la Era Moderna. ¿Por qué?
Como vimos, desde la invención de la imprenta hasta la llegada de
Internet, las sociedades han mediatizado cada vez más sus
experiencias. El ciudadano no tiene la capacidad de conseguir y procesar
por sí mismo la información que necesita para ser un miembro activo
del club de iguales que constituye, en términos legales al menos, la
sociedad moderna. Por lo tanto, alguien debe mediar entre los actores
que detentan el poder (político, económico, religioso, cultural) y los
ciudadanos.
El periodismo, en este contexto, tendría como misión la de generar y
distribuir la información socialmente relevante para que el ciudadano
sepa “de qué se trata”. Sin embargo, como veremos más abajo, no
siempre el periodismo cumplió ese rol. A lo largo de la historia, se
encuentran varios tipos de periodismo:
1. El periodismo mercantil
2. El periodismo político
3. El periodismo comercial de masas
4. El periodismo como commodity
5. El periodismo ciudadano/amateur
Entre otros, ya que la lista no es exhaustiva y podría tener (casi) tantas
categorías como realidades históricas y geográficas.
El periodismo es un tipo de mensaje más que un medio. Esto quiere
decir que el periodismo es un género, como lo son la novela o el ensayo
en la literatura. En teoría, se puede ejercer el periodismo en cualquier
formato mediático, y de hecho así ha ocurrido durante la historia de la
Modernidad.
Sin embargo, el periodismo como género surgió en la historia
fuertemente ligado a la prensa y, por lo tanto, a su forma escrita. Las
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transposiciones ulteriores que sufriera el periodismo – a los formatos
audiovisuales – lo han visto mezclarse con formas narrativas diferentes
a la de sus orígenes.
La noticia como pieza típica del género periodístico tuvo en su historia
un recorrido ligado fuertemente a los movimientos político-sociales que
pugnaban por socavar el poder medieval establecido. Las primeras
noticia fueron hojas precariamente impresas o manuscritas acerca de
los flujos comerciales de los productos que escapaban al control de las
economías feudales y que comenzaron a generar insipiente- mente –
primero en las ciudades mercantiles para luego expandirse – el
capitalismo que resultaría históricamente triunfante.
En términos políticos, la circulación de información y opinión sobre los
poderes establecidos también actuaron como elemento de
desestructuración del sistema. Muestra de esto fueron las luchas
políticas que se entablaron en los países del mundo occidental en pos de
la libertad de imprenta – otrora controlada por el poder político feudal,
absolutista o colonial – libertad que sólo llegaría una vez que se con-
siguieran cambios políticos más profundos y permanentes. En otras
palabras, cambios de régimen. Como muestra, los ejemplos más
estereotípicos: la libertad de imprenta se declara en 1695 en Inglaterra
(luego de la “Revolución Gloriosa” que afirmó el poder parlamentario),
en 1786 en los Estados Unidos (luego de la Declaración de
Independencia), en 1789 en Francia (durante la Revolución Francesa) y
en 1810 en España (con motivo de la invasión de la Francia
napoleónica). Las conquistas independentistas en América Latina
también trajeron consigo la libertad de imprenta.
Una vez que la prensa gana la disputa económica y política y se instaura
un nuevo régimen socio-político se convierte, como toda institución
triunfante, en una fuente de conservación más que de cambio. De la
misma forma que la característica principal del Estado moderno es el de
tener el monopolio legítimo del uso de la fuerza, el periodismo se erige
como el depositario de un cierto monopolio del uso público de la
información que, como viéramos en la Unidad 1, es fundamental para la
construcción de la relación entre representantes y representados.
De allí surgirá la idea del periodismo como “cuarto poder” o poder
fiscalizador ante la corte de la opinión pública de los tres poderes
establecidos en una sociedad democrática y republicana (los poderes
ejecutivo, legislativo y judicial).
En el apartado siguiente veremos algunos ejemplos que muestran en
concreto la evolución del periodismo y algunas pistas sobre su estado
actual.
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II. La evolución del periodismo Moderno
La circulación de información a través de medios de comunicación con
ciertas características de masividad surge en paralelo con el surgimiento
del comercio en las ciudades de la Alta Edad Media y del Renacimiento
europeo (siglos XV al XVII). La información sobre el movimiento de
buques y de mercaderías era vital para el trabajo de los mercaderes de
la época. Estas hojas, a veces manuscritas, empiezan a delinear lo que
luego será el periodismo informativo. Es la era del periodismo
mercantil.
En la medida en que el espacio público empieza a abrir espacios para la
discusión política sobre los cambios de régimen que acontecerían en
Europa y América en los siglos XVII y XVIII, el periodismo comienza a
cobrar un fuerte carácter de opinión. El periodismo político es, por
caso, el emblema de la Revolución Francesa (1789), que vio el
alumbramiento de cientos de publicaciones impresas a modo de
panfletos políticos. Muchas de estas publicaciones eran producciones
unipersonales. Uno de los símbolos de esta prensa política y
fuertemente polémica es Jean-Paul Marat, cuya incendiaria y radical
publicación, L’Ami du People (El amigo del pueblo), es uno de los más
populares de la París revolucionaria. Las pasiones que genera la
Revolución se manifiestan de manera contundente en la relación entre
los “periodistas” de la época y el público. Marat, por ejemplo, fue
asesinado en su bañera, en una imagen inmortalizada por Jacques Louis
David.
“La muerte de Marat”. Jacques Louis David (1793)
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A grandes trazos, estas dos tendencias de los orígenes del periodismo
son las que lo configurarán como género: la información y la opinión. El
relato que el periodismo generará sobre sí mismo tendrá estos dos
modos de decir como pilares. Los manuales de periodismo dirán que
una publicación debe dividir de manera tajante y clara de distinguir a la
información (objetiva) de la opinión (subjetiva). Esto no siempre
funciona así en el mundo real.
La tensión entre periodismo mercantil y periodismo político quedará
saldada en la segunda mitad del Siglo XIX y la primera mitad del Siglo
XX, con el surgimiento del periodismo de masas. Este periodismo,
cuyas figuras más relevantes son los estadounidenses Joseph Pulitzer y
William Heart (este último inmortalizado en el cine por Orson Welles en
El Ciudadano Kane), se orienta fuertemente hacia un nuevo mercado de
lectores urbanos de clase media y clase media baja y crea la noción de
periodismo sensacionalista cuyo principal objetivo es “vender” la noticia
a la mayor cantidad de gente posible. La economía de escala de estas
publicaciones, sin embargo, comienza a generar un mercado de noticas
con cada vez menos emisores, fuertemente concentrado.
Esta tendencia hacia la concentración se verá fortalecida por el
surgimiento de me- dios típicamente “top down” y con lógicas de
broadcasting, como la radio y la televisión. A diferencia de la posibilidad
de producir papel, técnicamente ilimitada, los nuevos medios
electrónicos no sólo estimulan otras capacidades sensoriales de la
audiencia sino que también poseen un límite concreto a la posibilidad de
multiplicar la cantidad de emisores: la escasez de las ondas hertzianas
disponibles en el espacio. Mientras que en el caso de la prensa, la mejor
política para liberar la ex- presión por parte del Estado era la que no
intervenir y abolir todo tipo de esquema de licencias para permitir la
publicación de diarios o revistas, en el caso de la radio y la televisión el
Estado deberá necesariamente cumplir un rol de administrador de un
bien que es naturalmente escaso. Es por esto que asemejar la
problemática de la (libertad de) prensa en el caso de los medios gráficos
con el caso de los medios radiales y televisivos resulta falaz (este es un
debate que se mostró muy actual en Argentina y otros lugares en los
últimos años).
En la centuria que va entre 1850 y 1950 también surge la noción de
periodismo como commodity, o insumo básico. Este tipo de
periodismo es el que reflejan en especial las agencias de noticias con
sede en Inglaterra y Estados Unidos en una primera instancia, como
Reuters y Associated Press. Las agencias de noticias se concentran en el
negocio del Business to Business (entre empresas), ya que sus clientes
son otras organizaciones periodísticas. Desde sus inicios, las agencias
rindieron culto como ninguna otra organización periodística al concepto
de objetividad y neutralidad en la generación de la información, ya que
entienden a la información como un insumo básico que luego es
tematizado por otros medios periodísticos.
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Esta aproximación más formal al concepto de noticia en tanto género
produjo los esquemas que luego serían enseñados en las escuelas de
periodismo sobre qué es lo que define a una noticia en tanto
“información dura”. Un ejemplo de esto es el llamado AP Lead
(encabezado de noticias de la Associated Press), que en teoría debía
incluir información concerniente a las afamadas “Cinco Ws” por las
palabras en inglés: Who, What, When, Where and Why (Quién hizo Qué,
Cuándo, Dónde y Por qué).
Sin embargo, aún este supuesto fue puesto en cuestión durante la
Guerra Fría (1945- 1989), cuando a la par del movimiento de países no
alineados varios pensadores del llamado “tercer mundo” comenzaron a
denunciar la unidireccionalidad de los flujos mundiales de información,
cuyas corrientes principales estaban comandadas por las grandes
agencias de noticias.
En la década de los años '60 y ‘70 se discutió en el
seno de la UNESCO la necesidad de establecer un
nuevo orden para la comunicación a nivel mundial.
La preocupación de los países del llamado Tercer
Mundo era que la información que se consumía en el
sur era en su mayoría genera- da desde el norte, lo
cual constituía una suerte de nueva forma de
imperialismo cultural. El resultado fue la elaboración
de un documento llamado “Informe McBride” en
1980, que llamaba a la elaboración de un nuevo
orden Mundial para la Información y la
comunicación (noMIc). La iniciativa perdió fuerza
luego de la elaboración del informe dada la
resistencia de los países desarrollados.
El Siglo XX es el siglo de la concentración massmediática pero también
de la consagración del periodismo como referente indispensable del star
system social. La construcción de un discurso de credibilidad y verdad,
además de empatía con el público masivo lector, televidente o
radioescucha hizo que los periodistas estrella alcanzaran niveles de
popularidad y confianza entre los ciudadanos que, en la mayoría de los
casos, superaban ampliamente los de los dirigentes políticos. La cultura
popular también lo reflejó así: el superhéroe más afamado del siglo,
Superman, era en su tiempo libre periodista de un diario de Nueva York,
el Daily Planet
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Superman, el periodista del Daily Planet.
El momento de mayor gloria pública del periodismo en el siglo XX fue la
investigación que llevaron a cabo dos periodistas del diario
estadounidense Washington Post sobre un caso de espionaje
gubernamental que derivó en la renuncia del presidente Richard Nixon
en 1974. El caso Watergate es paradigmático en relación a la supuesta
función del periodismo “independiente” que, en tanto cuarto poder,
investiga los malos actos de los otros poderes y los denuncia ante la
sociedad. En el apartado siguiente discutiremos cuánto de esto es mito
y cuánto verdad.
Pero el éxito del periodismo, tanto en términos de prestigio social como
de resultados comerciales y expansión del negocio de sus empresas, fue
también parte del problema que comenzaría gradualmente a
evidenciarse a fines del siglo XX. Una máxima de Hegel indica que los
acontecimientos aparecen dos veces en la historia: la primera vez como
tragedia, la segunda como comedia. Para el periodismo occidental, la
tragedia Watergate tuvo su secuela de comedia en los episodios que
rodearon el incidente del presidente Bill Clinton con la pasante Mónica
Lewinsky a fines de la década de los años ‘90, a partir del cual gran
parte del periodismo estadounidense fomentó la idea de que el
presidente debía soportar un juicio político y eventualmente tener que
renunciar como Nixon o ser desplazado. El caso demostró, por el
contrario, la distancia de intereses que existía entre el periodismo
mainstream y el público, ya que este último no atribuía al escándalo de
sexo y mentiras una relevancia definitoria del futuro de la presidencia
de Clinton.
El Lewinskygate fue una muestra de un proceso complejo y estructural
de pérdida de credibilidad del periodismo hegemónico. La dinámica de
este proceso tiene varias vertientes. Algunas de ellas son las siguientes:
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1. La configuración del sistema mediático a partir de grandes
empresas oligopólicas, cuando no monopólicas, y
multimediáticas, cuyas agendas políticas y empresariales se
distancian de las agendas del público.
2. La creciente utilización de estructuras narrativas propias de la
ficción y del entretenimiento en la construcción de las noticias,
sobre todo televisivas. Este fenómeno fue dado en llamar Info-
entretenimiento o infotainment.
3. La pérdida general de confianza en las grandes narrativas de
época que siguió al fin de la Guerra Fría, signada por la pérdida
general de la confianza en las instituciones como parte del
llamado “Fin del Historia.”
4. Las anteriores apuntan a una cierta “privatización” (a manos de
las grandes empresas mediáticas) del espacio público, del ágora
donde se debaten las ideas. En otras partes del mundo, la
concentración mediática queda en manos de Estados autoritarios.
5. El surgimiento, gradual en esta instancia, de herramientas de
expresión individual en lo colectivo que hacían posible pensar en
el fin de la pasividad del receptor/consumidor de información.
Este punto será ampliado en la Unidad 3.
Aun en tiempos pre-Internet, esta pérdida de credibilidad había llevado
a muchos individuos y organizaciones a fomentar la necesidad de
generar nuevas formas de periodismo, nuevamente ligadas a las
necesidades y agendas del público más que del establishment político y
económico. La idea de periodismo cívico o periodismo ciudadano
surge con gran fuerza en los Estados Unidos a mediados de la década
de los años ’90 como un intento de retornar a un manejo más local y
real de la circulación de la información. Antes de que el movimiento
pueda encontrar un norte en el contexto massmediático y ultra
concentrado de su época, la irrupción de la revolución de las nuevas
tecnologías de la comunicación y la información harían el trabajo sucio
de poner en cuestión las estructuras establecidas en torno a la
circulación de la información y rediseñarían, en pocos años, la forma en
que los ciudadanos consumen, generan, comparten y conciben tanto su
propia información como la información pública.
III. El periodismo, los mitos
El estrellato del periodismo durante el siglo XX llevó a la construcción de
una serie de mitos acerca de su función en la sociedad y de las
características de su acción. Estos mitos surgieron de la mano de una
sucesión de narrativas que presentaron a periodistas como héroes en
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las guerras, superhéroes en los comics, guardianes de los intereses del
público, reveladores de la verdad oculta y escrutiñadores del poder
establecido. Sin duda que muchos periodistas fueron muchas de las
cosas antedichas y muchas más. Pero lo cierto es que la profesión
adquirió un aura especial ante la mirada pública que abarcó tanto a los
individuos como a la profesión toda.
En tanto guardianes de la información pública y gatekeepers
(encargados de la puerta) de lo que se hace público y lo que no, el
periodismo como discurso paradigmático de la Modernidad se ha
postulado como:
1. Un espejo de la realidad: en base a las teorías lineales de la
comunicación, el periodismo se planteó a sí mismo como un canal
transparente, capaz de transmitir los acontecimientos “tal cual
ocurren”. Esta visión de la profesión tuvo un punto culminante
durante la primera Guerra del Golfo (1990-1991), en la que la
televisión a partir de las transmisiones de CNN pretendió mostrar
“la guerra en vivo”. En las últimas décadas, el consenso
sociológico y de las teorías de los medios ha sido que los medios,
en cualquiera de sus soportes, construyen más que reflejan la
realidad y que la clave para el análisis radica en qué tipo de
lógicas guían esa construcción. En la cotidianeidad, sin embargo,
el discurso de “la realidad tal cual es” y de la “objetividad” a
prueba de todo sigue primando en el discurso de los actores más
importantes de la realidad mediática. Esta forma de referirse a la
profesión da pie a la construcción del siguiente mito.
2. Independiente: llamar al periodismo “El Cuarto Poder” de la
democracia significa otorgarle un papel de fiscalizador de los
otros tres poderes constitucionales que requiere que la institución
periodística tenga que ser necesariamente “independiente” de los
demás. El mito de la independencia, sin embargo, deja de lado un
punto fundamental acerca del funcionamiento de los medios de
prensa desde su misma aparición: la cuestión del financiamiento.
Un medio de comunicación cualquiera cuya función social sea
llegar a la mayor cantidad de público posible no puede recuperar
su inversión a través de lo que les cobre a esos ciudadanos por el
acceso a la información, ya que no cumpliría aquel rol. Esto deja
a las empresas periodísticas con dos modelos básicos de
financiamiento: 1. El subsidio público o, 2. La publicidad privada.
En cualquiera de los dos casos, o en la combinación de los dos
casos, la independencia que ese medio tendrá para informar
sobre acontecimientos que afecten a sus mecenas será
cuestionable.
La profesión periodística y el gerenciamiento periodístico han
caminado entonces por un desfiladero estrecho en el que el punto
medio – independencia de criterio más dependencia de
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financiación es un ideal de inestable y dudosa concreción. Las
excepciones a esta regla se han visto en sociedades donde el
concepto de lo público (diferente a lo gubernamental y opuesto a
lo privado) se encuentra más desarrollado, sea el caso de la
poderosa British Broadcasting Corporation (BBC) del Reino Unido
o los ejemplos de la radio y la televisión pública en los Estados
Unidos, ambos financiados respectivamente por aportes del
Tesoro vía recaudación impositiva o por contribuciones directas y
direccionadas de las audiencias.
3. Guardianes de la libertad de expresión/ prensa: como se
viera en el Tema 1 de esta Unidad, la comunicación pública en la
Modernidad fue primero expresión de muchos individuos, luego
lucha política por librar a esa expresión de cualquier cepo por
parte del poder dominante de la época (el Estado), para luego
convertirse, en la mayoría de las sociedades occidentales, en un
poder cada vez más concentrado y dominado por grandes
empresas o grupos económicos. Lo que al inicio era defensa de la
libertad se convertiría, en muchos casos con el tiempo, en
defensa del privilegio de pocos (menos que al inicio) de ejercitar
ese derecho con exclusividad. La exclusividad no está en este
caso dada por la imposibilidad de otros de acceder en la teoría al
derecho, sino por la dinámica concreta de barreras de acceso que
un sector fuertemente concentrado y orientado al mercado
impone sobre los actores que no están dentro. Así, se utiliza
indistintamente los conceptos de libertad de prensa y libertad de
expresión, como si cualquiera que quisiera expresarse podría en
efecto realizarlo a través de los órganos de prensa establecidos.
La defensa de la libertad de prensa se convirtió, con el correr de
los años, en la defensa de la libertad de los periodistas – y de las
empresas periodísticas – para hacer uso del derecho a la
expresión. Ante esta evidencia, y al amparo de varias
disposiciones del Derecho Internacional – empezando por la Carta
de Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (artículo 19) – algunos grupos intelectuales
comenzaron a fomentar la aplicación de un derecho a la
Comunicación. El Derecho a la Comunicación implicaría un Estado
más activo en la generación de posibilidades para que los
ciudadanos tengan acceso a los medios apropiados para poder
expresarse – a diferencia de la defensa más reactiva (por no
intervención del Estado) en la garantía de las libertades de prensa
y de expresión. Huelga decir que el Derecho a la Comunicación
obtuvo pocos avances concretos en lo que respecta al Derecho
Internacional pero que la discusión sobre la necesidad de su
aplicación cobró más ímpetu a partir de la revolución de las
nuevas tecnologías de la comunicación y la información a
comienzos del milenio.
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4. Cuarto poder: el mito del periodismo como cuarto poder apunta
a la supuesta misión del periodismo de ser el fiscal de la opinión
pública ante los poderes constitucionales del Estado (ejecutivo,
legislativo y judicial). Su funcionalidad como mito es que equipara
a la institución periodística – y por ende a los actores que la
componen – con esos poderes constitucionales y lo ubica, de
alguna manera, por encima de ellos. Pero, ¿quién elige al
periodismo y a sus principales referentes? La elección social de
las voces que se escuchan opinar y comentar la realidad está
limitada a una elección de mercado en un contexto en el que la
oferta – dada la concentración del sector de la que hablamos más
arriba – es limitada. Además, ¿a quién representa el periodismo
en tanto poder una vez que las empresas periodísticas crecen
para convertir- se no solo en empresas multimediáticas sino
multisectoriales? Algunos autores han afirmado que en
sociedades fuertemente mediatizadas el poder de los medios se
constituye en un supra poder que condiciona a los poderes re-
publicanos en virtud de sus propios intereses corporativos más
que fiscalizar en pos de los intereses de la sociedad. La medida
en que esta afirmación sea cierta dependerá de la configuración
de cada mercado mediático.
Primero en los ambientes académicos – en América Latina los
cuestionamientos a la mitología periodística data de la década de
los años ’60 – y luego en círculos políticos y sociales, el aura
inmaculada que rodeaba al periodismo está siendo cada vez más
cuestionada. Este cuestionamiento surge en parte por la dinámica
y evolución mismas de la actividad (trivialización de la noticia,
concentración empresaria, cruce de intereses no compatibles con
su función social), pero también como con- secuencia de las
nuevas lógicas de comunicación que, como veremos en la Unidad
4, construyen nuevas formas de validación de los discursos y de
los interlocutores.
En el apartado siguiente vamos a analizar específicamente el caso
de Argentina, cuyo debate mediático ha cobrado un perfil muy
alto en los últimos años, sobre todo a partir del debate y la
aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Sin embargo, es necesario enmarcar esa discusión en el contexto
más amplio de un debate que se está dando también en otras
latitudes y que apuntan a una problemática más profunda
relacionada a las formas que adoptará la democracia
representativa del siglo XXI, al rol de los ciudadanos y a cómo
éstos estarán informados de los asuntos socialmente relevantes
para su participación pública. Experiencias similares al conflicto
mediático que vivió Argentina en los últimos años ocurrieron y
siguen ocurriendo en países desarrollados como Inglaterra,
España, Estados Unidos; y también en países emergentes como
Brasil y Sudáfrica, lo que habla a las claras de una lógica de
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cambio de época en lo concerniente a la relación entre
Estados/gobiernos, medios y opinión pública.
IV. El caso argentino
Moreno y el panfleto político
La gazeta
“El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe
aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para el logro de tan justos
deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico
semanal con el título de Gazeta de Buenos Ayres”
El siglo XIX marcó para la Argentina el surgimiento del periodismo como
una suerte de apoyatura al incipiente proyecto político revolucionario. El
7 de junio de 1810 se fundaba “la Gazeta de Buenos Ayres”
pensado como órgano propagador de los ideales
independentistas en nuestro país. La Primera Junta indicó por
decreto su fundación ya que consideraba primordial anunciar al público
los actos oficiales, las noticias exteriores y las locales. Entre sus
primeros redactores se encontraban Mariano Moreno, Manuel Belgrano y
Juan José Castelli.
En las páginas La Gazeta, el periodismo buscaba dar forma y
sustentabilidad a las instituciones nacientes. Además, la propuesta
del periódico comprendía la puesta en público de las acciones y
pensamientos de sus representantes políticos. Mariano Moreno –signado
por la influencia de la Ilustración y de la Revolución Francesa-
registraba opiniones y desarrollos argumentales preformativos
para una sociedad en pleno momento histórico de
transformación. Se ejercía un perfil editorialista y comprometido
con la visión política del destino de la argentina.
Antes que informar precedía como misión para el diario otorgar peso
en la esfera pública a las posturas políticas e ideológicas de la
facción a la que diario respondía.
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El diario articuló alrededor de ideas jurídicas y legales el esquema que
organizaba una nueva lógica de poder en nuestro país. Mediante
editoriales o artículos de di- versa índole las páginas de los diarios
sometían al escudriñamiento del público ideas revolucionarias que
abrían un nuevo rumbo político. Embanderado en ideas de ruptura
como la soberanía, igualdad y libertad, el periódico se instauraba
como una herramienta política de consolidación en el despegue
de la relación con España. Las páginas de La Gazeta lograron
articular la mixtura entre un periodismo cuyo producto escrito tenía un
desarrollo de carácter más conceptual y otro de raigambre informativa
dura.
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Para entender a Moreno y a La Gaceta es necesario darles la talla de
periodismo con compromiso político, pensado y ejecutado como una
herramienta de la revolución. Mariano Moreno escribió en el primer
número de La Gazeta:
“No se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos de interés
universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente al
mérito y la virtud, porque hablando por sí mismos a su favor y teniendo
siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán a polvo los escritos
de los que indignamente osasen atacarles”
Un periodismo de fuerte raigambre política es el legado de Mariano
Moreno para la historia del periodismo argentino, con el profundo
convencimiento de que el objetivo de su tarea estaba situado en la
puesta en práctica del debate público sobre el modelo de revolución,
una forma de prodigar los valores democráticos y formatear a sus
lectores. Lejos de los patrones de asepsia y neutralidad con los
que otros modelos de periodismo se erigieron, Moreno se puso al
servicio de la construcción de lo que para su proyecto político
resultaba ser una república soberana y libre.
Botana y Crítica: la ruptura
“Dios me puso sobre vuestra ciudad como a un tábano sobre el noble
caballo, para picarlo y mantenerlo siempre despierto”.
“Surge Crítica a la arena del periodismo sin programa, aunque con
ideas. Un programa significa un exceso de petulancias, cuando no un
proceso deliberado de incursionar en el campo solemne de las ideas
trascendentales. Vieja práctica del cuarto poder, la repudiamos.
Someternos a cánones, sería abdicar de nuestra independencia y, lo que
es peor, de nuestra alegría. […] Crítica, cuyo nombre parece a simple
vista una pedante profesión de fe, evitará el tono magistral, el tono
acompasado…”SSAº
El 15 de septiembre de 1913 sale por primera vez el diario Crítica,
creado por Natalio Félix Botana. Alejado del modelo de diarios con
órbitas y objetivos políticos, como La Nación o La Razón, el periódico se
estructuró como un producto moderno, masivo y de financiación
proveniente de la publicidad. La irrupción de Crítica se produce en la
transición que va del régimen oligárquico al diseño de la Argentina
democrática post sanción de la ley Sáenz Peña en 1912. Considerado
históricamente como el primer diario popular de nuestro país,
Crítica interpeló a un nuevo tipo de lector.
El diario buscó construir su audiencia anclándose a las clases medias y
populares, a los inmigrantes, y a ese nuevo lector generado por
la creciente alfabetización que se estaba dando en la Argentina.
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Botana percibió que en Argentina existía un nuevo público, al que había
que brindarle un medio diferente, uno que le proporcionara información
de maneras novedosas. La apuesta se dirigía a transgredir las
fronteras de la solemnidad periodística avanzado sobre el
lengua- je, dándole un cariz popular. Según el periodista Andrés
Bufali:
“Con Crítica, Botana revolucionó el periodismo en la Argentina [...] Con
su estilo ágil y conciso [...] una mezcla de denuncia seria con el
sensacionalismo más extremo [...] relatos de Borges y Arlt con los
crímenes más sabrosos, artículos de cráneos extranjeros con el lunfardo
más soez, de loas a gobiernos con campañas despiadadas en su contra.
Era lo que anhelaba un país pacato, falaz y lleno de inmigrantes”.
En menos de diez años, con la quinta y la sexta en la calle, comienza a
vender 75.000 ejemplares por día. Además del consabido apoyo o
críticas a los gobernantes de turno, en las páginas del diario, Botana
tuvo la visión de incluir textos sobre fútbol, literatura
vanguardista, turf, tango, caricaturas y la crónica policial. La
tarea se la encomendó a periodistas que manejaban un nuevo lenguaje.
Entre los legados más importantes de Crítica se cuentan la utilización
del titular de gran cuerpo en la portada –que eran escritos por el
mismísimo Botana-, la incorporación de grandes fotografías en
la tapa, la ponderación de la noticia policial y la estructuración
de un modelo sensacionalista en la redacción de las noticias.
Para el año 1926 el diario llega a tener una tirada pico de 900.000
ejemplares diarios.
El modelo de crítica rompe con el periodismo militante e instaura
la matriz del periodismo profesional. Por su plantel desfilaron
plumas de la talla de Homero Manzi, Alfonsina Storni, Roberto Arlt,
Jorge Luis Borges, Enrique González Tuñón, Raúl González Tuñón y
Conrado Nalé Roxlo. Esta composición de la redacción del diario le
permitió a Botana generar una hibridación entre sensacionalismo e
intelectualidad nunca antes vistas en un periódico nacional. Incluso, le
entregará a Petit de Murat y a Jorge Luis Borges el suplemento de los
sábados –La Revista Multicolor-, cuyo sesgo intelectual hará
permanentes concesiones a la cultura popular.
La melange del staff llevó a que Botana hiciera que poetas escribiesen
las crónicas futbolísticas y policiales. Llegó a encargarle a un crítico
teatral la cabeza de la página policial, pidiéndole que redactara sus
crónicas policiales en verso y lunfardo.
La cobertura del diario se realizaba con enviados tanto en el interior
como al exterior, incluso azuzaba la participación de sus lectores
invitándolos a la redacción si tenían algo que contar. Botana también
instaura las lógicas de los concursos, por intermedio de los cuales regaló
–por ejemplo- miles de máquinas de coser. A pesar del cariz popular
LA COMUNICACIÓN Y LAS ORGANIZACIONES · UNIDAD 2 ·
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con que el diario se relacionaba con su afuera, fue opositor y crítico
acérrimo de los dos grandes movimientos políticos de aquellos años:
radicalismo y peronismo.
Pionero en muchos ámbitos,
Botana puede ser citado como el
creador del primer multimedio
latinoamericano llegando a
tener bajo su propiedad:
prensa escrita (cuatro
ediciones diarias), radio,
noticiero, cinematográfico y
una productora de cine.
Crítica logró a partir de su estilo
innovador – como subraya Silvia
Saitta en “Regueros de tinta”-
definirse a sí mismo y a sus
lectores mediante las reiteraciones
enfáticas, narrar su auto-
biografía, construir y re- construir
su propia historia e instaurarse
como “la voz del pueblo”.
Considerado como el emblema del
nuevo periodismo, el diario logró
romper barreras y conquistó un público al que los otros diarios no
podían alcanzar.
Del proyecto político al actor económico
LA NACIÓN
“El nombre de este diario, en sustitución del que le ha precedido; La
Nación, reemplazando a La Nación Argentina, basta para señalar una
transición, para cerrar una época y para señalar nuevos horizontes del
futuro. La Nación Argentina era un puesto de combate. La Nación será
una tribuna de doctrina. Hoy el combate ha terminado. Ha terminado,
sí, y estamos triunfantes, en todas las cuestiones de organización
nacional que han sido resueltas o que marchan en una vía de solución
que no puede cambiar. La Nación simboliza la obra cumplida y la labor
futura”.
En 1870 Bartolomé Mitre funda La Nación, diario que permaneció a lo
largo del tiempo adosado a la mirada de sectores liberales
conservadores de la sociedad argentina. La idea de Mitre era
desarrollar un diario que contribuyera a consolidar la
organización nacional iniciada por Urquiza. La visión ontológica del
diario se encontraba en consonancia con la mirada del mundo e
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intereses de la élite patricia, que marcaba el compás de las cuestiones
públicas, sociales y económicas de la Argentina.
Fundar este diario implicaba para Mitre darle continuidad a sus
gestiones como militar y como presidente, es decir: sumarle una
dimensión más a su proyecto político. Desde las páginas de su
diario se interpelaba a gobiernos y otros factores de poder. Su leitmotiv,
ser “tribuna de doctrina” vinculaba la línea editorial del periódico con la
defensa de la libertad, la trasparencia de las elecciones, la probidad
pública y el respeto a las ideas situándose en el ideario de su proyecto
político. La idea subyacente en la tribuna de doctrina implicaba
trasladar la creación de los institutos históricos que formaron la
historia oficial a las determinantes formales de lo que debe ser
un diario. Así lo demuestra la editorial “Nuevos horizontes”, publicada
el 4 de enero de 1870.
“Si el atentado con la Constitución viniera de las regiones populares,
estaríamos con los gobiernos que la defendiesen. Si la violación o el
abuso viniese de las regiones del poder, estaríamos contra los autores
de los abusos”.
Por otro lado, el diario mostró una impronta modernizadora en lo que
refería a la estructura de un periódico. Mitre lo estructuró como una
sociedad anónima que contaba con una red de corresponsales y
agencias a lo largo de todo el país –inclusive en el exterior-. Entre las
agencias internacionales con las que contaba para realizar el diario se
encontraban Reuters, Havas y Wolf. Una de sus principales
características fue la modernización tecnológica, puesto que adquirió
maquinarias que le permitieron salir a la calle con una tirada de mil
ejemplares, cifra muy alta para la época en la que el diario decidió
hacerlo.
La necesidad de pensar al diario también en clave de negocio hizo que
se comenzaran a privilegiar los avisos, de los cuales Bartolomé Mitre
decía:
“La sección de avisos de un diario equivale a un bazar o a una feria en
la que todo se encuentra, cruzándose la oferta y la demanda”.
El armado que Mitre estructuró para La Nación se instaura claramente
en el modelo del periodismo como apoyatura de un proyecto político,
aquel que intenta utilizar las páginas del diario para influir a sus lectores
y en los asuntos públicos en virtud de las ideas políticas que él y su
grupo profesaban.
CLARÍN
El 28 de agosto de 1945 nace el diario Clarín de la mano de Roberto
Noble. Su gestación y destino a través de cuatro décadas estuvo
LA COMUNICACIÓN Y LAS ORGANIZACIONES · UNIDAD 2 ·
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vinculado al desarrollismo. Desde su génesis, el diario se fortaleció
en la directriz de apoyar el cambio de un país agrícola ganadero hacia
uno que hiciera hincapié en las grandes, medianas y pequeñas
industrias. Aunque desde su primera editorial hiciera foco en las
ficciones sobre el rol del periodismo:
“Clarín no tiene vinculaciones ni compromisos con ninguna de las
agrupaciones políticas tradicionales. Desde que es y será un diario
informativo e independiente, no podría tenerlas. El único y exclusivo
compromiso que contrae es con la Nación y consiste en reflejar exacta y
objetivamente los hechos de la vida colectiva, analizarlos, juzgarlos a la
luz de la verdad y de las conveniencias nacionales”
La estrategia que permitió comenzar a apuntalar el crecimiento del
diario se cimentó en variados aspectos. Noble concentró sus esfuerzos
en que el diario llegara primero a los kioscos de la capital federal,
relegando de esta manera la circulación al interior del país. Esa
estrategia fue, además, acompañada por una fuerte impronta
localista y por la decisión de realizar un diario matutino que
construyera una masa crítica de opinión pública desde la mañana.
Tomando las enseñanzas de Crítica, empezó a darle cada vez mayor
preponderancia a las secciones Deportes y Espectáculos.
Si bien estas estratagemas constituyen una parte importante del avance
de Clarín en el camino que lo llevó a ser el diario más influyente de las
últimas décadas, su crecimiento exponencial tiene explicaciones
múltiples. En lo económico, la expropiación del diario la prensa en
1951 le permitió a clarín adueñarse del ingreso por los avisos
clasificados –que para La Prensa representaban el 80 por ciento
de la recaudación publicitaria- y así comenzar la escalada financiera
a través de los años.
En 1969 muere su fundador, iniciándose la diáspora de clarín
como estructurador del discurso desarrollista; para empezar a
conformarse como actor económico sin proyecto político propio
más que la mera acumulación y expansión de negocios. El
abandono del horizonte desarrollista lo convirtió en un actor que
apoyaría proyectos políticos disímiles en tanto sirviesen a sus intereses
eco- nómicos expansivos por dentro y fuera del mercado de medios. En
el ejercicio de instalar temas en la agenda pública, el diario pasará a
privilegiar aquellos asuntos que estén en consonancia con la
lógica empresarial del conglomerado.
De esta manera, el periodismo se convierte en una suerte de
garante de los demás negocios del holding, que claramente
exceden lo mediático. Clarín pasa a ser un grupo de poder económico
cuya misión es generar las condiciones para que el ciclo de crecimiento
nunca se detenga.
· UNIDAD 2 · LA COMUNICACIÓN Y LAS ORGANIZACIONES
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Radio y televisión: lógicas De oposición y Marco regulatorio
En nuestro país, radio y televisión han emergido a la vida social des- de
perspectivas diametralmente opuestas.
Una, surgida al calor de la iniciativa privada y la otra comenzada
y regulada desde el inicio por el estado. Pero hay algo en lo que
ambos casos confluyen, y es en que permiten explicar las razones que
llevaron al debate –suturado en lo que a legislación corresponde- en el
Congreso durante 2009: la sanción de la Ley de Servicios de
Comunicación Audiovisual. El espectro radioeléctrico argentino
estuvo signado desde sus inicios por legislaciones coyunturales
y decretos que intentaban legitimar cuestiones que se daban de
hecho o actuar de acuerdo a las necesidades del esquema
hegemónico de turno.
El 27 de agosto de 1920 mediante una antena y un transmisor
instalados en el techo del Teatro Coliseo Argentino, Enrique Susini,
Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza darían inicio a
las transmisiones radiales con la difusión de la ópera parsifal.
Ese momento iniciático estuvo acompañado rápidamente por la
adopción de una lógica comercial que tendió naturalmente hacia
proliferación de estaciones y cadenas privadas con una malla de
contención legal nula o endeble.
Poco tiempo después, se instaló la estación de radio “Vía Radiar”, que
transmitía funciones del Teatro Colón, del Odeón y del Coliseo –llegó a
transmitir hasta partidos de fútbol-. Para el año 1923, Buenos Aires
contaba con algunas emisoras, entre las que se encontraban Radio Sud-
américa y Radio Cultura (emisora que en 1924 transmitiría desde Nueva
York la pelea de box entre Firpo y Dempsey).
La primera licencia de radiodifusión se otorgó a favor de la
Sociedad “radio argentina”. La concedió el Ministerio de Marina
el 11 de noviembre de 1923. Posteriormente, se dictaría el primer
decreto para regular de manera genérica los servicios de radiodifusión
(27/05/1924). Para 1925 el Estado argentino tendría diseñado el
reglamento genérico para estaciones radioeléctricas de broadcasting. A
finales de la década del veinte la programación empieza a segmentarse
de acuerdo a géneros: programas humorísticos, programas musicales,
programas deportivos, radioteatros y programas informativos.
Durante estos primeros cinco años el esquema reglamentario pergeñado
por el Estado intentaría ordenar el espacio radioeléctrico a posteriori,
con el hecho ya consumado, con la proliferación de iniciativas privadas
ya disputándose las frecuencias sin limitante alguna.
Distinto será el caso de la televisión, donde el estado generará el
esquema previo para el desarrollo de éste medio de
LA COMUNICACIÓN Y LAS ORGANIZACIONES · UNIDAD 2 ·
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comunicación. En 1951, durante el gobierno de Juan Domingo Perón,
se produce la primera transmisión televisiva en nuestro país. Un
discurso de Eva Perón en Plaza de Mayo el 17 de octubre inauguraría las
transmisiones de Canal 7. Sustentada en una política estatal, durante
diez años la televisión argentina estuvo circunscripta a la
iniciativa del estado argentino. Recién se licitarían tres licencias a
privados entre 1960 y 1961: Canal 9 09/06/60; Canal 13 13/01/60;
Canal 11 21/07/61).
La década del 50 puede establecerse como una época en la que las
políticas estatales funcionaron como pioneras en la masificación de un
me- dio. Las cifras comparadas muestran que mientras para 1951
existían en Argentina unos 700 receptores de TV, iniciada la década del
sesenta ese número se había elevado a 800.000.
Durante los sesenta se consolida un sistema televisivo de coexistencia
con empresas privadas compitiendo por la audiencia. Si bien la
legislación argentina no restringía la participación de capitales
extranjeros para la producción audiovisual, mediante la figura de las
productoras de programas se construyó un sistema de medios con
tendencias oligopólicas, con escasa participación del resto del país en la
programación y no ajeno a cierta extranjerización de facto. Pero a pesar
de esto, períodos dictatoriales y democráticos fueron atravesados por
una coincidencia en materia televisiva: la preservación en manos
nacionales de los canales. Situación que se mantendría hasta la llegada
de los años 90.
En 1980 las circunstancias decantaron en un ordenamiento
reglamentario más que polémico. La dictadura militar sancionó
el decreto ley 22.285, reglamentación que regiría hasta el año 2009.
El bando militar contemplaba un panorama de medios ideados en torno
a la doctrina de la seguridad nacional y con una lógica netamente
comercial que sirvió de cobijo para la re-regulación sufrida en los
noventa, cuando el aluvión privatizador.
La consecuencia de este proceso fue un mapa mediático nacional
concentrado en pocas manos y alejado de cualquier tipo de
pluralidad.
Con la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual
(26.522) se abre una nueva forma de entender el espectro
radioeléctrico y la función del conjunto de medios audiovisuales
existentes en nuestro país. Desde su letra escrita la ley incluye nuevos
actores socia- les y políticos hasta ahora relegados por el cariz
monocromático mercantil de la radiodifusión en Argentina. A la lógica de
comunicación comercial se le suman nuevas formas de construir
ciudadanía a través de los medios: nuevos actores cuyo fin no es el
lucro. Esta nueva ley invita al Estado a generar políticas públicas que
permitan la emergencia de esas formas diferentes de encarar la
· UNIDAD 2 · LA COMUNICACIÓN Y LAS ORGANIZACIONES
· 40 · Prof. Lic. Marcelo García y Lic. Luis López ·
comunicación masiva, para que el resultado no sea la repetición
imitativa.
Es importante resaltar la lógica dinámica que debe aplicársele a la
nueva ley a medida que vaya siendo puesta en funcionamiento; es
decir, el rol fundamental que deberán tener el Estado, la autoridad de
aplicación y la sociedad en su conjunto comprometiéndose en un diálogo
que posibilite correcciones y reafirmaciones en el espíritu de la
normativa. La herencia histórica de los errores pasados resulta una
herramienta fundamental para comprender lo auspicioso del presente
que la Argentina vive. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual
pensada en y por la democracia representa un hito en la
horizontalización de las lógicas comunicacionales. El momento histórico
en el que se da, la cobija de manera inmejorable. En la próxima Unidad
observaremos los cambios con los que el nuevo paradigma aloja
conceptualmente la matriz de la nueva ley.
Actividad de Auto Aprendizaje Nº2
1) Indague brevemente (Google, Wikipedia) las biografías profesionales
de los siguientes personajes y clasifique el tipo de periodismo (político,
comercial de masas, commodity, ciudadano) que llevaron a cabo.
» Mariano Moreno
» Paul Reuter
» Rupert Murdoch
» Bartolomé Mitre
2) Ingrese a [Link]
y recorra los 21 fundamentos sobre los que se erigió la nueva Ley de
Servicios de Comunicación Audiovisual. A posteriori, recorra los
siguientes videos y reflexione sobre las diferencias en los planteos.
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]