Joan Patrice McSherry es profesora de ciencias
políticas por la Universidad de Long Island. Ella se
especializa en el estudio de la política de América
Latina y escribió el libro Los Estados depredadores:
la Operación Condor y la guerra encubierta en
América Latina, que detalla la participación
estadounidense en la Operación Cóndor. McSherry
es fundadora y directora del Programa de Estudios
de América Latina y el Caribe en el campus de LIU.
Ella ganó el Premio David Newton de Liu como
excelencia en la enseñanza en 2008 y recibió el
Premio al Alumno Distinguido del Programa MA-
doctorado de Ciencia Política de la CUNY Graduate
Center en 2009. Ha recibido varias becas Fulbright
(Argentina, 1992; Uruguay, 2005; Chile, 2011), y es
autor de varios libros y ha co-editado otra. Ella
es miembro de la junta editorial de la revista Justicia
Social. Ella fue editora asociada para Latinoamérica-Revista de Estudios del Tercer Mundo
durante trece años (1997-2010). McSherry trabajó con varias organizaciones no
gubernamentales internacionales en materia de derechos humanos antes de la escuela
graduada.
LA MAQUINARIA DE MUERTE: LA OPERACIÓN CÓNDOR Por
J. Patrice MCSHERYi
en el decenio de 1970 apareció un nueva forma de organización encubierta en América Latina:
un aparato clandestino de Inteligencia que recibió el nombre codificado de Operación Cóndor
(o Plan Cóndor), que llevó a cabo desapariciones transfronterizas, tortura y "entregas"
extrajudícialés de exilados entre los Estados que participaban. Los miembros de Cóndor
incluían a las instituciones militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay,
Ecuador y Perú, en América del Sur. Con el transcurrir del tiempo, en su "Fase 3" (asesinatos
internacionales), el aparato de Cóndor funcionó en muchas partes del mundo, entre ellas Italia,
Suecia, Francia y España, en Europa, en centroamerica; y, finalmente, en México y los Estados
Unidos. Hay evidencias de que la Operación Cóndor se comenzó a gestar a finales de 1973 y
principios de 1970. Varias desapariciones forzadas de exiliados, en las cuales operaron fuerzas
extranjeras, tuvieron lugar en 1973, en Chile y Argentina. Es importante destacar que las
víctimas de Cóndor no fueron solo los insurgentes armados sino que también lo fueron ex
presidentes, legisladores, oficiales del ejército, dirigentes de partidos políticos y militantes de
organizaciones populares y políticas que se opusieron a las dictaduras militares.
El prototipo de Cóndor se unificó en el interior del sistema interamericano después del golpe
militar en Uruguay (junio de 1973) y del golpe militar en Chile (septiembre de 1973). Para
escapar de la severa represión, decenas de miles de personas de estos países y de otros
escaparon hacia la Argentina, el último bastión de la democracia en la región (durante la
presidencia de Juan Domingo Perón). Los gobiernos militares de América Latina organizaron la
Operación Cóndor para llevar a cabo asesinatos y las llamadas "operaciones de casería y
muerte que tenían como objetivo silenciar a los opositores políticos que escaparon de sus
países de origen.
Oficiales de América Latina y de los Estados Unidos (y Francia) estudiaron y compartieron
métodos para combatir "la subversión" y para combinar sus esfuerzos contrainsurgentes en
conferencias militares y de seguridad conducidas por los Estados Unidos. En sus programas de
adiestramiento, los oficiales estadounidenses trasladaron técnicas de guerra contrainsurgente y
operaciones encubiertas que fueron puestas a punto en Vietnam y otras partes, esparciéndolas
luego en toda la región. También los oficiales de Brasil y Argentina compartieron sus "técnicas"
de contra subversión.
Destaco estas características especiales de la Operación Cóndor: 1) operativos transfronterizos
e internacionales contra enemigos políticos radicados en otros países; 2) carácter
multinacional; es decir, equipos con miembros de diferentes países trabajaban en conjunto
para secuestrar, torturar e interrogar a las personas; 3) definición precisa y selectiva de los
disidentes que serían blanco de ataque, con el objetivo de desmantelar^ las organizaciones
populares (no necesariamente guerrilleras); 4) estructuras paraestatales, es decir, fuerzas
paramilitares y parapoliciales, que utilizaban infraestructura secreta, como aviones y autos no
registrados, centros clandestinos de detención, etc. 5) tecnología de avanzada, por ejemplo
computadoras y otra tecnología de comunicaciones, gran parte de la cual fue proporcionada
por la CIA; y 6) utilización de sindicatos del crimen y organizaciones y redes de extremistas,
como los escuadrones de la muerte Triple A en Argentina.
LA GUERRA FRÍA
Durante la guerra fría la política de los Estados Unidos estuvo determinada por un obsesivo
anticomunismo. En América Latina -considerada por muchos años como "el patio trasero" de
Washington y sitio clave para sus intereses económicos, políticos y militares- los Estados
Unidos promovieron acciones para fechar los cambios estructurales progresistas en América
Latina mucho antes de que se tuviera noticias de cualquier insurgencia e involucraron en ellas a
las fuerzas militares y de seguridad de esa región.
Así tanto la Revolución Cubana, tanto los nuevos movimientos populares como los
movimientos insurgentes, eran motivo de alarma para Washington, percibiéndolos como una
amenaza contra sus intereses. En los años 60, sectores de recientemente politizados en la
región, como trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales y religiosos, exigían un
nuevo orden social a través de América Latina. Proyectos nacionalistas y radicales galvanizaban
en toda la región, a las masas, que pedían soluciones al problema del subdesarrollo, la falta de
democracia y la injusticia. Muchos músicos compusieron y cantaron canciones con textos de
denuncia y esperanza, reflejando el espíritu de los movimientos contra-hegemónicos que
impugnaron las enquistadas y atrincheradas relaciones de poder de América Latina.
Otro fenómeno preocupante para Washington fue que líderes progresistas electos, como
Árbenz, en Guatemala, José Goulart, en Brasil, y Salvador Allende, en Chile, tuvieran
legitimidad democrática, apoyo social y poder político. En otras palabras, Washington tenía
temor no solamente de los "comunistas" y guerrilleros sino también de que estos líderes
electos propusieran cambios sociales profundos y la reestructuración del estado en forma tal
que beneficiara a las clases excluidas.
Ante la movilización social en la región, los estrategas estadounidenses de la seguridad
nacional (que temían "otra Cuba") y. sus contrapartes latinoamericanas empezaron a percibir a
grandes sectores de estas sociedades como subversivos reales o potenciales. Washington
respondió a la revolución cubana con el fortalecimiento de las fuerzas militares y de seguridad
de América Latina, creando el sistema interamericano militar que se convirtió en una vasta
alianza anticomunista y antiprogresista.
En los decenios de 1960, 1970 y 1980, las fuerzas armadas, con el respaldo de los Estados
Unidos, realizaron golpes militares en toda América Latina, procediendo a obliterar a las
fuerzas de izquierda y a extirpar las ideas izquierdistas.
Así la nueva doctrina de la seguridad nacional, las formas de protesta y militancia social y
política fueron interpretados como señales de subversión y comunismo patrocinados por
"enemigos internos”.
Los Estados Unidos propagaron entre los militares y policías nuevas formas de combatir los
movimientos populares y revolucionarios en la Escuela de las Américas, en Panamá, al igual
que en otros lugares y a través de "equipos móviles de adiestramiento" dé fuerzas especiales
estadounidenses. Para atacar a los "enemigos internos", oficiales estadounidenses y
latinoamericanos crearon unidades élite que tomaron como modelo los equipos de las
"Fuerzas Especiales" , que eran expertas en operaciones encubiertas, acciones ofensivas
directas y operaciones político-psicológicas). La CIA trabajó conjuntamente con el Comando Sur
del Ejercito de los Estados Unidos y la inteligencia militar de ese país para ayudar en la creación
de cuerpos de inteligencia en América Latina que centralizaran los esfuerzos contrasubversivos,
así como también para entrenar a las fuerzas armadas y de seguridad. Agentes de la CIA
promovieron el uso de redes paramilitares o de fuerzas irregulares y, dé igual manera, los
equipos de adiestramiento móviles estadounidenses, especializados en guerra
contrainsurgente, promovían tácticas no convencionales (subversión, sabotaje y acciones
terroristas) contra los "insurgentes" ( sectores de la población, como estudiantes, obreros,
intelectuales, etc.). La asesoría y el apoyo de los Estados Unidos fueron instrumentos clave para
la creación de nuevas unidades de inteligencia y de "cacería y muerte", algunas de las cuales se
convirtieron en el núcleo de la Operación Cóndor: el servicio Nacional de Informales (SNQ, en
Brasil, la Dirección Nacional de Inteligencia (DIÑA), en Chile, la Dirección Nacional de
Investigadores e inteligencia (DNII), en Uruguay, y otras. Estas unidades se convirtieron en los
organizadores principales de la represión y el empleo de métodos ilícitos en las llamadas
guerras sucias.
También la CIA jugó un papel clave en instigar y sentar las bases de la Operación Cóndor,
vinculando a los funcionarios de alto nivel de las fuerzas armadas y de seguridad para que
discutieran las formas de coordinar las operaciones de contrainsurgencia al otro lado de las
fronteras. Un ejemplo de conexión directa entre la doctrina y la capacitación estadounidenses
y la adaptación y utilización de estos métodos durante las guerras anticomunistas en la región
se hizo notar en julio de 2009 en Argentina. Un manual gráfico de adiestramiento militar,
"Operaciones Psicológicas", publicado en 1968, fue presentado en audiencia ante un juez que
ventilaba un caso de Cóndor. El manual estipulaba que había tres categorías de métodos de
operaciones psicológicas (PSYOPS o PSYWAR): métodos naturales, métodos técnicos y métodos
escondidos o secretos. La tercera categoría incluía "métodos de amenazas, secuestros,
terrorismo, sabotaje y drogas. Defensores de derechos humanos y abogados hicieron el
comentario de que nunca habían visto un manual tan explícito corno este de amenazas,
secuestros, terrorismo, sabotaje y drogas.
Cientos de miles de latinoamericanos fueron secuestrados, torturados y asesinados durante la
guerra fria por los regímenes militares que no hacían ninguna distinción entre revolucionarios
insurgentes y desarmados opositores políticos, a dichos regímenes y sus familiares y amigos
[no hace falta decir que tanto los insurgentes como los no combatientes tenían derecho a un
tratamiento dentro del marco de la ley).
EL ESTADO PARALELO
En América Latina, los comandantes militares, de inteligencia y de policía, con la asesoría de
sus contrapartes estadounidenses, construyeron estructuras paralelas y se desempeñaron en
ellas, es decir, hicieron funcionar estructuras paraestatales, para realizar en las sombras
campañas contraterroristas que quedaban ocultas a los ojos del pueblo e internacionalmente.
Mi concepto del Estado paralelo describe las fuerzas e infraestructuras clandestinas que se
desarrollaron como la parte oculta del Estado para llevar a cabo la guerra contrainsurgente.
Una vasta infraestructura de centros secretos de detención y una maquinaria clandestina de
muerte permitieron a los estados militares impedir el escrutinio y la aplicación de las leyes
nacionales e internacionales. Éstas hicieron posible la utilización de la desaparición forzada, la
tortura y el asesinato fuera de la vista pública.
La guerra contrainsurgente, que era conducida en las sombras por ejércitos secretos y fuerzas
paramilitares y que utilizaba estrategias y tácticas ilícitas y atroces, transformó profundamente
a los estados y a las sociedades a los que fue dirigida. Mediante la creación y la movilización de
aparatos paraestatales, los sectores contrainsurgentes dieron al Estado nuevos poderes y
borraron cualquier apariencia de que el gobierno tuviera para rendir cuentas a su ciudadanía.
Él Estado fue reconstituido para ser depredador de su propio pueblo.
Proliferaron las organizaciones de inteligencia que hurgaron profundamente en las vidas de las
personas comunes. Los aterrorizados ciudadanos fueron forzados a escoger entre la lealtad al
Estado y el riesgo de ser sometidos a la desaparición, la tortura o la muerte. El poder del
Estado fue ampliado, reforzado y respaldado por medio de estructuras paraestatales invisibles
y se obliteraron los derechos de los ciudadanos, los Estados en su lucha controlaron las vidas
de sus pueblos mediante el terror.
El concepto del Estado paralelo brinda un medio útil para entender el aparato oculto de terror
y el control social ejercido por los Estados militares, con la asistencia, financiamiento y asesoría
de las instituciones de seguridad estadounidenses. Grupos paramilitares y parapoliciales
funcionaron en la zona nebulosa entre el comando militar y la autonomía parcial y con ello
generaron el terror, eliminaron los derechos democráticos, impidieron las actividades que las
élites percibían como amenazadoras y mantuvieron a la población en el temor y la inercia
política. También hirieron posible que el Estado negara su participación. En América Latina, las
estructuras para estales permitieron que las fuerzas militares y de inteligencia llevaran a cabo
acciones ilegales que, por un lado, eran visibles, y por el otro, se podía negar su autoría. Los
gobernantes militares podían atribuir las olas dé tortura, desaparición y asesinato en toda la
región a grupos armados fuera de control" o a disputas internas al interior de la izquierda. Fue
sumamente útil para los Estados militares negaran su responsabilidad, a la vez que con el
mismo se aumentaba su poder represivo. Pudieron mantener, al menos parcialmente y sólo en
algunos casos, cierta apariencia de moderación y legitimidad, y así evitar el daño que aparejaba
la critica mundial por los abusos de derechos humanos generalizados y públicos.
Mientras tanto, las estructuras paraestatales ampliaron dramáticamente la capacidad de los
Estados militares de desplegar el terror y destruir la resistencia en todo el país y fuera del
mismo. El Estado paralelo fue un instrumento importante con el cual los Estados de seguridad
nacional lograron y ejercieron el poder total sobre sus sociedades.
CONCLUSIONES
Washington facilitó las operaciones y comunicaciones de Cóndor en todo el continente
americano. La CIA proporcionó las computadoras más avanzadas a la fecha al sistema de
Cóndor y los organismos de seguridad proporcionaron inteligencia y colaboración. A personal
estadounidense se le proporcionó información de manera estrecha sobre las operaciones
secretas de Cóndor y dicho personal colaboró con los organismos de inteligencia que las
llevaron a cabo.
Durante la guerra fría miles de personas murieron en operativos militares contrainsurgentes.
Según la doctrina de seguridad nacional, cualquier acción social o disidencia política era una
muestra de subversión. La represión política fue extendida por la Operación Cóndor, un sistema
secreto que cruzó las fronteras para exterminar individuos afuera de sus países.
Todavía faltan muchos datos sobre su funcionamiento y los roles de todos los Estados
involucrados. Los comandantes militares, de inteligencia y de policía construyeron estructuras
paralelas, es decir, paraestatales, y se desempeñaron encellas para realizaren las sombras
campañas contraterroristas que quedaban ocultas a los ojos del país e internacionalmente.
Glosario
Insurgente: Que se levanta en oposición a la autoridad, en especial si participa en un
movimiento armado en contra de un gobierno.
Organización popular: son conformadas y se encuentran a cargo de ciudadanos comunes que comparten
una visión y misión común, tal es el caso de la ONG (como fundaciones).
El universo de las ONG lo conforman un grupo muy diverso de organizaciones que se
dedican a una amplia gama de actividades y se encuentran en diferentes partes del
mundo.
Subversión: El concepto de subversión se encuentra relacionado a una rebelión para llevar a cabo
un cambio del orden establecido.
Guerra fría: La Guerra Fría fue un enfrentamiento político, económico, social, ideológico,
militar y propagandístico el cual comenzó al término de la Segunda Guerra
Mundial entre los bloques Occidental (capitalista) y Oriental (comunista), liderados por
los Estados Unidos y la Unión Soviética respectivamente en 1945.
Lideres progresistas: líderes que buscaron crear un estado del bienestar, la defensa de
derechos civiles, la participación ciudadana y cierta redistribución de la riqueza.
Escuela de las Américas: es una escuela para instrucción militar del Ejército de los Estados
Unidos. La escuela estuvo situada desde 1946 hasta 1984 en la Zona del Canal de
Panamá, hoy en día está ubicada en el estado de Georgia.
Guerra sucia: conjunto de medidas de represión militar y política encaminadas a disolver a los
movimientos de oposición política y armada. Mientras en la guerra regular el único objetivo
militar lícito es el combatiente armado en la guerra sucia el objetivo es más amplio
como la población civil.
Obliteraron: borraron, tacharon, anularon.
Disidencia política: actitud en contra de la política.