13-2013
Amparo
Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia: San Salvador, a las ocho horas del
día siete de enero de dos mil trece.
Analizada la demanda de amparo firmada por el señor Jorge Osmaro Quintanilla Solís,
junto con la documentación anexa, es necesario realizar las consideraciones siguientes:
I. En síntesis, el actor manifiesta que desde el 1-I-2011 ingresó a laborar para la Dirección
Nacional de Patrimonio Cultural en la Coordinación de Zonas y Monumentos Históricos de la
Secretaría de Cultura de la Presidencia desempeñando el cargo de Técnico I; sin embargo, expone
que el día 20-XII-2012 se le envió una nota –con fecha 14-XII-2012– en la que se le informaba
que su contrato de servicios personales no sería renovado para el año 2013.
Con relación a lo anterior, sostiene que la no renovación de contrato constituye un
despido de hecho; también señala que los servicios que prestaba “… no eran extraordinarios,
eventuales o ajenos al fin para el cual ha sido creada la plaza de Técnico I en la Coordinación de
Zonas y Monumentos Históricos sino, por el contrario, todas son actividades que pertenecen al
quehacer ordinario que corresponde a la mencionada institución”.
De igual manera, expone que su cargo no era de confianza personal o política, pues sus
funciones son técnicas y permanentes; asimismo, porque las actividades inherentes a su puesto de
trabajo “… no implican la facultad de adoptar decisiones determinantes para la institución, sino
únicamente de dar un apoyo técnico a [su] superior jerárquico…”; además, porque tampoco
existía “… un vínculo directo basado exclusivamente en la confianza personal, ya que el aporte
que proporción[ó] […] siempre fue de índole técnico…”.
En ese sentido, estima que debió tramitarse un procedimiento previo ante la autoridad
competente en el que se justificaran y comprobaran las causas para no renovar su contrato laboral
y destituirlo de su cargo y en el que el pretensor tuviera la oportunidad de controvertir aquellas y
defenderse.
Como consecuencia de lo reseñado, alega que se han conculcado sus derechos
constitucionales de audiencia, defensa y estabilidad laboral.
II. Tomando en consideración los argumentos expuestos por la parte actora, resulta
pertinente exponer los fundamentos jurisprudenciales relevantes para la resolución que se
proveerá, específicamente en cuanto al derecho a la estabilidad laboral (1); la titularidad de este
por los empleados de confianza (2) y por los servidores públicos que se encuentran bajo el
régimen de contrato, con especial énfasis en el criterio sostenido en la sentencia emitida el 19-
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XII-2012 en el Amp. 2-2011 (3) y algunas consideraciones relativas a la configuración del
extremo pasivo de la pretensión (4).
1. La jurisprudencia de este Tribunal ha sostenido –verbigracia las sentencias emitidas en
los Amp. 307-2005, 782-2008 y 66-2009 los días 11-VI-2010, 14-IV-2010 y 4-II-2011,
respectivamente– que la estabilidad laboral, como manifestación del derecho al trabajo, implica
el derecho del empleado a conservar un trabajo o empleo, el cual puede invocarse cuando
concurran a su favor circunstancias como las siguientes: que subsista el puesto de trabajo, que el
trabajador no pierda su capacidad física o mental para desempeñar el cargo, que se desempeñe
con eficiencia, que no se cometa falta grave que la ley considere como causal de despido, que
subsista la institución para la cual se presta el servicio y que, además, el puesto o cargo no sea de
aquellos que requieran de confianza, ya sea personal o política.
2. Asimismo, es menester acotar que en la sentencia emitida por este Tribunal en el Amp.
426-2009 el día 29-VII-2011 se estableció que los cargos de confianza pueden caracterizarse
como aquellos desempeñados por funcionarios o empleados públicos que llevan a cabo
actividades vinculadas directamente con los objetivos y fines de dirección o alta gerencia de una
determinada institución –gozando de un alto grado de libertad en la toma de decisiones– y/o que
prestan un servicio personal y directo al titular de la entidad.
Además, en dicha sentencia, se concluyó que para determinar si un cargo en particular es
de confianza, independientemente de su denominación, se deberá analizar de manera integral, y
atendiendo a las circunstancias fácticas de cada caso concreto, si en el concurren todas o la
mayoría de las características siguientes: i) que se trate de un cargo de alto nivel; ii) que se trate
de un cargo con un grado mínimo de subordinación al titular; y iii) que se trate de un cargo con
una vinculación directa con el titular de la institución. Así, la calificación de un puesto como de
confianza no puede supeditarse únicamente a su denominación –jefes, gerentes, administradores
o directores, entre otros– y tampoco efectuarse de manera automática, sino que el criterio que
resulta determinante para catalogar a un puesto de trabajo como de esa naturaleza son las
funciones concretas que se realizan al desempeñarlo.
3. A. Ahora bien, respecto a los servidores públicos que se encuentran vinculados a la
Administración por medio de un contrato, debe indicarse que anteriormente –verbigracia las
resoluciones de improcedencia del 23-XII-2011, emitidas en los Amp. 778-2011 y 765-2011,
entre otras– la jurisprudencia de esta Sala había establecido que la titularidad del derecho a la
estabilidad laboral del empleado que presta sus servicios al Estado mediante un contrato estaba
condicionada por la fecha de vencimiento de este, por lo que, una vez finalizada la vigencia de
dicho instrumento, el empleado vinculado por esta modalidad dejaba de ser titular del apuntado
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derecho, pues no incorporaba dentro de su esfera jurídica un derecho subjetivo a ser contratado
de nuevo o a ingresar forzosamente a la Administración mediante una plaza.
B. Sin embargo, es menester recalcar que, tal como se sostuvo en la sentencia de fecha 25-
VIII-2010, pronunciada en la Inc. 1-2010, aunque el precedente –y, de manera más precisa, el
autoprecedente– posibilita la precomprensión jurídica de la que parte toda interpretación, la
continuidad de la jurisprudencia puede flexibilizarse o ceder bajo determinados supuestos. No
obstante, para ello se exige que el apartamiento de los precedentes esté especialmente justificado
–argumentado– con un análisis crítico de la antigua jurisprudencia, que también es susceptible de
ser reinterpretada.
Así, se admiten como circunstancias válidas para modificar un precedente o alejarse de él
–entre otros– los siguientes supuestos: i) estar en presencia de un pronunciamiento cuyos
fundamentos normativos son incompletos o erróneamente interpretados; ii) el cambio en la
conformación subjetiva del Tribunal; y iii) que los fundamentos fácticos que le motivaron hayan
variado sustancialmente al grado de volver incoherente el pronunciamiento originario con la
realidad normada.
C. Con base en lo anterior, en la sentencia emitida el día 19-XII-2012 en el Amp. 2-2011
se señaló que la carrera administrativa implica que debe existir un régimen que establezca tanto
las condiciones de ingreso del potencial recurso humano a las instituciones públicas como los
derechos y deberes de las personas que se encuentren bajo ese sistema, regulando los requisitos,
procedimientos y supuestos en que se basen las promociones y ascensos, los traslados,
suspensiones y cesantías, así como los recursos contra las resoluciones que afecten a tales
servidores. En ese sentido, la carrera administrativa debe garantizar la continuidad y promoción
del elemento humano capacitado y con experiencia que desempeña de manera eficiente las
funciones públicas, ya sea en el Estado o en los entes descentralizados por criterio territorial –los
municipios– o por criterio funcional –las instituciones oficiales autónomas–.
Asimismo, se apuntó que de la lectura del art. 83 de las Disposiciones Generales de
Presupuestos –DGP– se infiere que la modalidad de contratos a plazo fue diseñada para la
contratación de servicios profesionales o técnicos de naturaleza eventual, ya que, entre los
requisitos de validez que el mismo artículo establece para dichas contrataciones, está el referido
al carácter extraordinario y ocasional de las labores a desarrollar dentro de la institución. Así,
los referidos contratos fueron originalmente concebidos como figuras emergentes y subsidiarias,
que se utilizarían cuando fuese necesario disponer de personal que no desarrollara labores
ordinarias en las diversas instituciones estatales, esto es, actividades que no se consideraran
habituales, propias y continuas dentro de una entidad estatal, por ser ajenas al giro de sus
funciones regulares.
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En ese sentido, en la relacionada sentencia se indicó que el precedente referido a la
estabilidad laboral de los empleados públicos vinculados con el Estado mediante un contrato
surgió de la interpretación de una disposición cuya finalidad ha sido tergiversada en la práctica,
pues, a pesar de que esta figura fue diseñada para crear relaciones laborales entre las
instituciones públicas y los trabajadores que prestan servicios eventuales, dichas entidades la
utilizan para la contratación de personal con atribuciones permanentes e inherentes a su
quehacer ordinario y que, por lo tanto, dicho precedente constitucional infringe la naturaleza de
la carrera administrativa, al no garantizar la continuidad del elemento humano que ha sido
capacitado y que cuenta con la experiencia necesaria para desempeñar de manera eficiente las
funciones públicas y, además, permite una limitación ilegítima de los derechos fundamentales a
la estabilidad laboral e igualdad, ya que pone en una situación inestable a los servidores o
empleados públicos que prestan sus servicios al Estado en virtud de un contrato, la cual resulta
desventajosa respecto de quienes desarrollan las mismas funciones que aquellos, pero bajo un
nombramiento regido por la Ley de Salarios.
D. En consecuencia, en la sentencia emitida en el Amp. 2-2011 se concluyó que, a partir
de dicha sentencia, debía modificarse el criterio jurisprudencial relativo a la estabilidad laboral de
quienes sirven al Estado mediante un contrato, en el sentido que la sola invocación de un contrato
de servicios personales no es suficiente para tener por establecido, in limine, que la naturaleza de
la prestación de servicios realizada por una persona a favor del Estado es eventual o
extraordinaria; por ende, la finalización de la vigencia del plazo de un contrato no es el criterio
determinante para excluir, liminarmente y sin más, la estabilidad de quienes están vinculados
con el Estado bajo esa modalidad, ya que, en definitiva, el trabajo no varía su esencia por la
distinta naturaleza del acto o de la formalidad que le dio origen a la relación laboral.
4. Expuestas las consideraciones que anteceden, esta Sala advierte que el demandante
impugna la no renovación de su contrato de trabajo para el año 2013 –contrato de servicio
número 0293/2012 que fue suscrito con la Secretaría de Cultura– y manifiesta dirigir su reclamo
contra el “Órgano Ejecutivo, de la Presidencia de la República a través de la Secretaría de
Cultura”, y la Gerente de Recursos Humanos.
Al respecto, este Tribunal estima necesario señalar la diferenciación existente entre el
órgano institución y el órgano persona.
La categoría del órgano institución, está compuesta por las personas jurídicas públicas
estatales, de existencia ideal, que no pueden actuar y desenvolverse por sí mismas, sino que
requieren de la presencia de personas físicas por cuyo medio llevan a cabo las actividades que les
corresponden; mientras que el órgano persona viene representado por las personas físicas que
integran los diferentes órganos institución, quienes realizan las actividades que les corresponden
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a los órganos o entes; siendo su voluntad la que adopta las decisiones y resoluciones que sean
necesarias, y emite los actos que se deben dictar, con la singularidad que la voluntad expresada
por tales personas físicas es imputable a la persona jurídica que integran, tal como si fuera la
voluntad verdadera del órgano o ente en cuestión.
En cuanto a la Secretaría de Cultura, en el art. 53-F del Reglamento Interno del Órgano
Ejecutivo vigente se prevé que dicha institución estará a cargo de un Secretario nombrado por el
Presidente de la República, quien velará por la conservación, fomento y difusión de la cultura;
proponiendo políticas culturales y planificando, organizando y dirigiendo las diversas formas de
investigación, formación artística y otros; para lo cual tiene la potestad de organizar dicha
Secretaría con la estructura idónea para cumplir con las atribuciones que le competen y las
políticas que al efecto se formulen.
De manera que, al manifestar el actor que demanda al “Órgano Ejecutivo, de la
Presidencia de la República a través de la Secretaría de Cultura”, se colige que dirige su reclamo
contra el titular de dicha institución: la Secretaria de Cultura.
III. Acotado lo anterior y habiéndose constatado que la demanda cumple con los
requisitos mínimos de admisibilidad y procedencia establecidos por la jurisprudencia y la
legislación procesal aplicable, se advierte que su admisión se circunscribirá al control de
constitucionalidad de la decisión de la Secretaria de Cultura y de la Gerente de Recursos
Humanos de dicha dependencia, de no renovar el contrato laboral del actor para el año 2013 y,
por ende, removerlo de facto de su cargo como Técnico I, en la Coordinación de Zonas y
Monumentos Históricos de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural.
Tal admisión se debe a que, a juicio del actor, se han vulnerado sus derechos de audiencia,
defensa y estabilidad laboral, ya que se le separó de su cargo sin que se tramitara el
procedimiento previo ante la autoridad correspondiente en el que se justificaran y comprobaran
las causas para no renovar su contrato laboral y destituirlo de su cargo, así como en el que se le
brindara la oportunidad de controvertir aquellas y ejercer de manera efectiva su defensa.
Lo anterior, a pesar de que –según afirma– su cargo no era de confianza personal ni
política, sino que las labores que desarrollaba eran eminentemente técnicas y de carácter
permanente que correspondían al quehacer cotidiano de la institución y, por lo tanto, estaba
incorporada a la carrera administrativa.
IV. Expuesto lo anterior, corresponde en este apartado examinar la posibilidad de decretar
una medida precautoria en el presente amparo, para lo cual, resulta necesario señalar que la
suspensión de los efectos del acto impugnado se enmarca dentro de la categoría de las medidas
cautelares, cuya función es impedir la realización de actos que, de alguna manera, impidan o
dificulten la efectiva satisfacción de la pretensión, la cual se lleva a cabo mediante una incidencia
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en la esfera jurídica del demandado o, incluso, de quien resulte beneficiado con el acto
reclamado.
Con relación a ello, es necesario indicar que para la adopción de una medida cautelar
deben concurrir al menos dos presupuestos básicos, a saber: la probable existencia de un derecho
amenazado −fumus boni iuris− y el daño que ocasionaría el desarrollo temporal del proceso
−periculum in mora−.
En el presente caso, se puede advertir que existe apariencia de buen derecho en virtud, por
una parte, de la invocación de una presunta vulneración de los derechos constitucionales del
pretensor y, por otra parte, de la exposición de circunstancias fácticas y jurídicas en las que se
hace descansar aquella, específicamente por señalar que ha sido despedido de hecho sin que
previamente se tramitara el procedimiento correspondiente, no obstante encontrarse incorporado
en la carrera administrativa al desempeñar labores de carácter permanente.
De igual forma, se puede observar que existe un efectivo peligro en la demora, ya que de
no paralizar los efectos de la actuación contra la que se reclama, podría consumarse la afectación
alegada en la esfera jurídica del actor, tomando en cuenta que este ha expresado que, si bien se
encontraba vinculado laboralmente mediante un contrato de servicios profesionales,
desempeñaba funciones de carácter permanente e inherentes al quehacer ordinario de la
institución.
Al respecto, en la relacionada sentencia emitida en el Amp. 2-2011, se indicó que la
finalización de la vigencia del plazo de un contrato no es el criterio determinante para excluir,
liminarmente y sin más, la estabilidad de quienes están vinculados con el Estado bajo esa
modalidad, ya que, en definitiva, el trabajo no varía su esencia por la distinta naturaleza del acto
o de la formalidad que le dio origen a la relación laboral. En ese sentido, la figura del contrato a
plazos puede utilizarse para encubrir contrataciones de servicios que pertenecen al giro ordinario
de alguna dependencia de la Administración Pública, por lo que, no obstante haya transcurrido su
período de vigencia, deben tomarse las medidas legales correspondientes para evitar que las
remociones de hecho efectuadas mediante dicha figura se ejecuten.
De esta forma, resulta urgente evitar que se ocasione un daño irreparable en el presente
caso mediante la separación definitiva del actor de su puesto de trabajo y la designación de otra
persona para que lo reemplace.
Por consiguiente, resulta procedente ordenar la suspensión de los efectos de la actuación
impugnada, ordenando a la Secretaria de Cultura de la Presidencia y a la Gerente de Recursos
Humanos de dicha dependencia, que, mientras dure la tramitación de este proceso de amparo y
no obstante haya transcurrido el plazo establecido en el contrato antes relacionado, se abstenga
de separar al demandante de su cargo de Técnico I de la referida institución y de nombrar a otra
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persona para sustituirlo en el citado cargo, por lo que, en consecuencia, deberá permitir que el
pretensor siga desempeñando el cargo que actualmente ocupa con todas las funciones que le han
sido conferidas; lo anterior con el objeto de evitar la alteración del estado de hecho de la
situación controvertida.
Además, a efecto de acatar la relacionada medida precautoria, los funcionarios
demandados deben garantizar que las autoridades administrativas correspondientes, en especial el
área de recursos humanos y de pagaduría, cumplan con lo ordenado en el art. 83.9 de las DGP,
por lo que tendrá que emitirse la resolución de la prórroga del contrato otorgado en el año 2012
durante dos meses mientras el demandante suscribe el nuevo contrato para el año 2013 –el cual
deberá ser elaborado en el plazo correspondiente y presentado al interesado para que este lo firme
y, así, respaldar documentalmente que el actor continúa desempeñando su cargo actual mientras
se tramita este proceso–; asimismo, dicha resolución de prórroga y el nuevo contrato deberán ser
comunicados a la Corte de Cuentas de la República y a la Dirección General de Presupuesto, por
el Jefe de la Unidad Primaria respectiva, para los efectos legales correspondientes.
De igual manera, deberá garantizar que las citadas autoridades procedan al pago íntegro
del salario, prestaciones laborales y cualquier otro desembolso pecuniario que le corresponda al
peticionario de conformidad con el trabajo que desarrolla –con los respectivos descuentos legales
que le son efectuados–.
V. Por otra parte, con relación a la tramitación del proceso de amparo y, en particular,
respecto a la forma en que deben realizarse los actos de comunicación procesal al Fiscal de la
Corte como sujeto interviniente en el proceso, se tiene lo siguiente:
1. El art. 17 de la L.Pr.C. dispone que en la tramitación del proceso de amparo: “… el
Ministerio Público intervendrá en el juicio en defensa de la constitucionalidad…”. Así, la referida
normativa prevé la intervención del Fiscal General de la República, mediante la figura del Fiscal
de la Corte.
De esa manera, puede afirmarse que por mandato legal, en todo proceso de amparo existe
una expectativa respecto a la eventual comparecencia del Fiscal de la Corte, aunque como la
misma ley lo señala, su no intervención en los casos previstos en el referido cuerpo legal, no es
óbice para que se continúe con la normal tramitación del proceso.
Asimismo, de la regulación efectuada en los arts. 17, 23, 27 y 30 de la L.Pr.C. se colige
que: si bien contempla la intervención del Fiscal de la Corte en la dinámica de todo proceso de
amparo, no le impone a este –de manera expresa– la obligación de señalar un lugar para recibir
notificaciones, es decir, la obligación de señalar un lugar para llevar a cabo los actos de
comunicación, pese a que la actual normativa procesal civil y mercantil sí prescribe tal obligación
respecto de los intervinientes en un proceso determinado.
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2. En ese orden, se advierte que el Código Procesal Civil y Mercantil –de aplicación
supletoria en los procesos de amparo con fundamento en el art. 20 del C.Pr.C.M.– en el art. 170
establece que: “… el demandante, el demandado y cuantos comparezcan en el proceso deberán
determinar con precisión, en el primer escrito o comparecencia, una dirección dentro de la
circunscripción del tribunal para recibir notificaciones, o un medio técnico, sea electrónico,
magnético o de cualquier otra naturaleza, que posibilite la constancia y ofrezca garantías de
seguridad y confiabilidad…”. Asimismo, la citada norma dispone que: “… Si no se hiciere el
referido señalamiento, el tribunal mandará subsanar dicha omisión…”.
Por otra parte, es preciso señalar que el art. 171 C.Pr.C.M. también establece que: “… Si
transcurre el plazo fijado por el tribunal para que el demandado o cualquiera de los otros
comparecientes en el proceso indiquen una dirección dentro de las jurisdicción del tribunal para
recibir notificaciones, o algún medio de los señalados en el artículo anterior, sin que tal
requerimiento se hubiera cumplido, las notificaciones se harán en el tablero del tribunal o en la
oficina común de notificaciones…”.
Consecuentemente, a tenor de lo dispuesto en las referidas disposiciones legales se colige
que todo interviniente en un proceso debe necesariamente señalar un lugar para recibir
notificaciones, con el objeto de que los actos de comunicación se practiquen en las condiciones
legalmente establecidas y, además, prescriben que en caso de que tal requerimiento no sea
cumplido, el juzgador podrá ordenar que los actos de comunicación procesal se realicen por
medio de edicto fijado en el tablero del tribunal, motivando debidamente su resolución.
Por tal motivo, al aplicar los referidos preceptos legales a la tramitación de los procesos
constitucionales y dado que la figura del Fiscal de la Corte por mandato legal está configurado
como un interviniente dentro de los procesos de amparo, es posible emplear las disposiciones del
C.Pr.C.M, en defecto de norma específica en la L.Pr.C., resultando procedente requerir que tal
funcionario, al contestar la audiencia que se le confiere conforme al art. 23 de la L.Pr.C., señale
un lugar para oír notificaciones dentro de esta ciudad o un medio técnico para recibir los actos
procesales de comunicación, caso contrario, las notificaciones deberán efectuarse en el tablero
del tribunal.
Por todo lo expuesto y de conformidad a lo establecido en los artículos 19, 21, 22, 23 y 79
inciso 2º de la Ley de Procedimientos Constitucionales, esta Sala RESUELVE:
1. Admítese la demanda planteada por el señor Jorge Osmaro Quintanilla Solís –a quien se
tiene como parte–, contra la decisión de la Secretaria de Cultura y de la Gerente de Recursos
Humanos de dicha dependencia de no renovar el contrato laboral del actor para el año 2013 y, por
ende, removerlo de su cargo como Técnico I, en la Coordinación de Zonas y Monumentos
Históricos de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural; en virtud de la cual, presuntamente,
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se han vulnerado sus derechos de audiencia, defensa y estabilidad laboral, establecidos en los
arts. 11, 12 y 219 de la Constitución de la República, en los términos indicados en el
considerando III de esta resolución.
2. Suspéndense inmediata y provisionalmente los efectos de la actuación impugnada,
medida cautelar que ha de entenderse en el sentido que, mientras dure la tramitación de este
proceso de amparo y no obstante haya transcurrido el plazo establecido en el contrato antes
relacionado, la Secretaria de Cultura y la Gerente de Recursos Humanos de dicha dependencia se
abstengan de separar al demandante de su cargo de Técnico I y de nombrar a otra persona para
sustituirlo, en consecuencia, deberán permitir que el pretensor siga desempeñando el cargo que
actualmente ocupa. Además, deberán garantizar que las autoridades administrativas
correspondientes, en especial el área de recursos humanos y de pagaduría, cumplan con lo
ordenado en el art. 83.9 de las DGP, por lo que deberá emitirse la resolución de la prórroga del
contrato otorgado en el año 2012 durante dos meses mientras el demandante suscribe el nuevo
contrato para el año 2013 –el cual deberá ser elaborado en el plazo correspondiente y presentado
al interesado para que este lo firme y, así, respaldar documentalmente que el actor continúa
desempeñando su cargo actual mientras se tramita este proceso–; asimismo, dicha resolución de
prórroga y el nuevo contrato deberán ser comunicados a la Corte de Cuentas de la República y a
la Dirección General de Presupuesto, por el Jefe de la Unidad Primaria respectiva, para los
efectos legales correspondientes. De igual manera, debe garantizar que tales autoridades procedan
al pago íntegro del salario, prestaciones laborales y cualquier otro desembolso pecuniario que le
corresponda al peticionario de conformidad con el trabajo que desarrolla –con los respectivos
descuentos legales que le son efectuados–.
Todo lo anterior, con el objeto de evitar la alteración del estado de hecho de la situación
controvertida.
3. Informen dentro de veinticuatro horas la Secretaria de Cultura y la Gerente de Recursos
Humanos de dicha dependencia, quienes deberá expresar si es cierta o no la actuación que se le
atribuye.
4. Ordénese a la Secretaría de este Tribunal que, habiéndose recibido el informe requerido
a la autoridad demandada o transcurrido el plazo sin que esta lo rindiere, notifique el presente
auto al Fiscal de la Corte, a efecto de oírlo en la siguiente audiencia.
5. Previénese al Fiscal de la Corte que, al contestar la audiencia que se le confiere
conforme al art. 23 de la L.Pr.C., señale un lugar para oír notificaciones dentro de esta ciudad o
un medio técnico para recibir los actos procesales de comunicación, caso contrario, las
notificaciones deberán efectuarse en el tablero de este tribunal, en virtud de lo dispuesto en los
arts. 170 y 171 C.Pr.C.M. –de aplicación supletoria en los procesos de amparo–.
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6. Identifique la autoridad demandada el medio técnico por el que desea recibir los actos
de comunicación.
7. Tome nota la Secretaría de esta Sala del lugar señalado por el demandante para recibir
notificaciones.
8. Notifíquese.
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