2.1. AL-ÁNDALUS: EVOLUCIÓN POLÍTICA.
La irrupción musulmana en la península Ibérica en el siglo VIII fue el resultado de,
principalmente, la crisis interna que afectaba a la monarquía visigoda. La conquista
musulmana comenzó con su victoria en la batalla de Guadalete en 711. Después, el reino
visigodo desapareció, y los musulmanes ocuparon rápidamente la península, encontrando
poca resistencia por parte de la población, por medio de la rendición pactada o capitulación.
En pocos años (711-714), los musulmanes ocuparon casi toda la península, llamándola
al-Ándalus. La historia de al-Ándalus pasó por diversas fases políticas, desde el emirato
dependiente hasta el califato de Córdoba. A principios del siglo XI, una revolución en
Córdoba condujo a la desintegración de al-Ándalus en varios reinos de Taifas, debilitando la
región y permitiendo la expansión de los reinos cristianos. Alarmadas, las Taifas buscaron
ayuda de los almorávides, tras su decadencia, de los almohades. Los reinos cristianos se
unieron para enfrentarlos, logrando la victoria en las Navas de Tolosa en 1212, acelerando
la Reconquista en el valle del Guadalquivir. El reino de Granada, sobrevivió como el último
bastión musulmán, pero finalmente fue conquistado por los Reyes Católicos en 1492,
marcando el fin de la presencia musulmana en la península Ibérica.
2.2 AL-ÁNDALUS: ECONOMÍA, SOCIEDAD Y CULTURA. EL LEGADO JUDÍO EN LA
PENÍNSULA IBÉRICA.
Al-Ándalus fue una sociedad urbana con desarrollo artesanal y comercial pero también
agrario destacando el regadío. La sociedad andalusí estaba integrada por musulmanes de
distintos orígenes, cristianos (mozárabes) y judíos, que convivieron manteniendo sus
costumbres y creencias. Además, es destacable el desarrollo cultural de al-Ándalus en
disciplinas como la filosofía, la literatura, la medicina o la agronomía. También destacó su
arte con obras maestras como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada o el
palacio de la Aljafería. Al respecto de los judíos, fueron siempre una minoría. Vivían en
juderías ubicadas en ciudades, dedicados a la artesanía y el comercio. Su principal figura
cultural fue Maimónides, que intentó conciliar el judaísmo y el aristotelismo musulmán.
2.3 LOS REINOS CRISTIANOS: EVOLUCIÓN DE LA CONQUISTA DE LA PENÍNSULA Y
ORGANIZACIÓN POLÍTICA.
En el siglo VIII, los musulmanes creyeron erróneamente que controlarían toda la Península
Ibérica, pero en el norte, especialmente en las montañas cantábricas, persistía un espíritu
de independencia. Surgieron pequeños reinos cristianos en el núcleo asturiano, pamplonés,
aragonés y catalán, que a lo largo de los siglos VIII, IX y X, ganaron poder y se expandieron
militarmente arrebatando territorios a Al-Ándalus. Esta Reconquista, proceso que ocurrió
principalmente desde el siglo XI hasta 1492, vio la unificación y disgregación de estos reinos
mediante uniones matrimoniales. Surgieron dos grandes entidades políticas, la Corona de
Castilla y la Corona de Aragón, con formas de gobierno distintas. Mientras la primera
centralizaba el poder, la segunda mantenía divisiones territoriales con leyes y costumbres
propias. A partir del siglo XI, la Reconquista avanzó, enfrentándose a la superioridad de
Al-Ándalus. En este siglo XI, los cristianos sometieron a los reinos de Taifas bajo dominio
almorávide, destacando la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085. La segunda mitad
del siglo XII enfrentó la expansión cristiana al esplendor almohade. En el siglo XIII, Castilla,
Aragón y Navarra formaron una alianza que derrotó a los musulmanes en la batalla de las
Navas de Tolosa (1212), marcando el declive musulmán y el avance cristiano. La presencia
del reino Nazarí de Granada ralentizó el avance, pero en 1492, los Reyes Católicos
pusieron fin al dominio musulmán en la península.
2.4 MODELOS DE REPOBLACIÓN. ORGANIZACIÓN ESTAMENTAL.
El proceso de Repoblación en la península ibérica, o la ocupación de las tierras que eran
conquistadas por los cristianos, tuvo diversas modalidades. En el norte y pirineos (siglos
VIII-X), se aplicó el sistema de presura. Entre el Duero y los Montes de Toledo, y en el valle
del Ebro (siglos XI-XII), se utilizó el Fuero o Carta Puebla para regular la vida ciudadana y el
cultivo de tierras. Otro enfoque fue el sistema de capitulaciones, respetando leyes y
costumbres de los conquistados. En el siglo XIII, el Guadiana y la zona de Teruel y
Castellón se encomendó a militares, dividir territorios en encomiendas. En el Guadalquivir y
el litoral levantino (siglos XIII-XIV), se aplicó el sistema de repartimientos, creando grandes
latifundios para la nobleza, los militares y la Iglesia. Este proceso generó una organización
social feudal caracterizada por relaciones de dependencia entre señores y vasallos. La
autoridad del monarca era efectiva principalmente en las tierras de realengo, mientras que
los feudos o señoríos eran gobernados por titulares, que asumían atribuciones territoriales o
jurisdiccionales . Dentro de los señoríos, los campesinos, pagaban rentas y monopolios, así
como el diezmo a la Iglesia. El feudalismo generó dos grupos: los privilegiados (nobleza y
clero) que no trabajaban ni pagaban, y los no privilegiados (campesinos) que debían
trabajar y pagar impuestos.
2.5. LA BAJA EDAD MEDIA EN LAS CORONAS DE CASTILLA Y ARAGÓN Y EN EL
REINO DE NAVARRA.
En la Corona de Castilla, el monarca consolidó su autoridad mediante el sistema de
regalías, la teoría del origen divino del poder y la implementación de códigos legales
favorables. El gobierno se apoyaba en instituciones como el Consejo Real, la Audiencia, la
Hacienda, las Cortes y los Concejos, con roles específicos para la administración, justicia y
recaudación de impuestos. En contraste, la Corona de Aragón, surgida tras el matrimonio
de la reina de Aragón, Petronila, y el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV en 1137,
era un conjunto de Estados bajo un único monarca, sin una organización política común.
Cada territorio tenía su propia estructura fiscal, legal y legislativa, con la monarquía siendo
el único elemento unificador. Los territorios compartían solo la política exterior y las Cortes
Generales para asuntos comunes. En el caso del Reino de Navarra, sus Cortes jugaron un
papel crucial al limitar el poder real a través de la defensa de los fueros. Otras instituciones
navarras incluían el Consejo Real y la Diputación de los Tres Estados, encargada de la
recaudación de impuestos. El matrimonio entre Blanca de Navarra y Enrique IV de Castilla
marcó un cambio significativo en la dinámica política navarra tras varios conflictos
dinásticos.