TENGO MIEDO A
TENER MEIDO
Crisis de pánico, fobofobia
y agorafobia del siglo XXI
Autor.- Roberto Aguado
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
…...Prefacio
Prólogo. Transparente, por Javier Urra.
Introducción.
• Entonces ¿Qué es un ataque de pánico?
• Caso autobiográfico del autor. Crisis de pánico de un sólo episodio.
• Caso Joaquín. Agorafobia de quince años de duración.
CAPÍTULO 1.- TUS PREGUNTAS Y DUDAS
• Pánico, angustia, ansiedad y estrés. ¿Es todo lo mismo?
• ¿Qué le pasa a mí mente? ¿Estaré perdiendo la cabeza?
• El médico me dice que mi cuerpo está bien. ¿Que tendré que no me lo
encuentra?
• ¿Cómo es posible, que salir a solas a la calle, me haga sentir que me muero?
• ¿Por qué en la calle, el metro, autobuses, puentes, túneles…?
• ¿Qué pensarán de mí?
CAPÍTULO 2.- DEBES SABER TODO LO QUE SABEMOS
• Laberintos del miedo.
• Esa fábrica de miedo llamada cerebro.
• Ríos de química qué desembocan en tu miedo.
• Memorias y emociones.
• Ese control que te ata.
• La ayuda qué encarcela.
• Cuándo la voluntad es insuficiente.
• Vínculos, puntos cruciales y emergencias.
CAPÍTULO 3.- INTERVENCIONES ACTUALES DEL MIEDO A TENER
MIEDO
• Modelo Cognitivo-Conductual.
• Modelo Estratégico.
• Constructivismo.
• Terapia de Interacción Recíproca.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
CAPÍTULO 4.- MANOS A LA OBRA: LA SALIDA DEL TUNEL.
• Psicoterapia, o el arte del permanente diálogo con nuestra biografía.
• Es necesario que conozcas tu historia.
• Otro caso cómo el tuyo, y por lo tanto otras soluciones:
* Caso Leandro
Fases en Terapia de Interacción Recíproca
- Fase de encuentro y marca
- Fase de desencuadre y desplazamiento
- Fase de reestructuración y resolución
• Papel de la Hipnosis Clínica en la Psicoterapia de Tiempo Limitado.
• Y los fármacos. ¿Qué hacemos con ellos?
• Allí donde llega el deseo, el pánico coloca su chiringuito.
• Tienes una libreta. Apunta a tu destino.
• ¿Y el amor? Tiene algo que ver en todo esto.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Para la lluvia, el viento, la nieve y el mar
Unidos a Pilar, Maria, Javier y Ana
Para El Guerrero
Dónde emerge Ismael
Para la Seda y el fuego
Abrazando a Pascuála e Higinia
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Prefacio
En cada una de las paginas de este libro, he querido escribir para ti, sabiendo que eres
totalmente distinto/a a todos los demás lectores. Este objetivo no es tan difícil de conseguir, ya
qué todos estamos hechos con idénticas forjas, y sobre todo, necesitamos de iguales esencias
para sentirnos dentro de un grado mínimo de satisfacción. No obstante no hay dos seres
humanos idénticos, todos tenemos una constitución única anclada en las “doshas”
– combinación de dos elementos, en el que uno predomina sobre el otro- con las que fuimos
concebidos. Todas estas similitudes y estas diferencias son precisamente las que nos permiten
descubrir que nos hace tener miedo a tener miedo y que es lo que nos vacuna para no
padecerlo.
El miedo es una emoción esencial, actúa cómo freno y en muchas ocasiones cómo
motor. El fóbico y el contrafóbico, siempre que se este ligado a un estimulo peligroso, sólo se
diferencian en su respuesta, pero en lo profundo están adheridos al mismo sentimiento, en el
primero el miedo le paraliza y necesita escapar para sentir seguridad, el segundo precisa
enfrentarse y encuentra dicha seguridad en superar su sentimiento, es cómo si necesitara
sobrevivir para darse cuenta de que está vivo. Lo curioso es que la respuesta para parecido
elemento no depende sólo de aquello que nos ocurre hoy, es fundamental lo que nos ocurrió
desde las mencionadas doshas.
Susanna Tamaro, nos dice que: “Los falsos problemas son aquellos a los que tomamos
más cariño. Usados cómo escudos nos permiten evitar las incógnitas que nos asustan”. Esta
premisa es habitual en el paciente que tiene miedo a tener miedo. Siente que no puede, pero
no sabe respecto a qué tiene esa incapacidad, quedando en su clima mental unas imágenes,
unos sonidos o unas percepciones en las que extiende toda su energía de evitación. Es cómo si
estuviera luchando contra su sombra, con la cuál no puede vivir, y a la vez, busca por
necesitarla. Un dilema dramático, ya qué en la propia vida encuentra el peligro, dándose cuenta
de que, en los momentos en los que no vive, “su peligro”, esta lejos de vivir con vida. La opción
es caprichosa, se teme más que a nada a la muerte, y a la vez, se necesita estar un poco más
muerto, cada día, para poder seguir respirando.
Con este libro quiero cambiar algunas de las creencias – más o menos científicas -
tradicionales sobre el miedo a tener miedo. La primera es la etiqueta de irracional, con ella no
sólo no ayudamos, si no que además no resolvemos, ya qué impedimos que aquel que lo
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padece, se de cuenta de que su miedo hoy es irreal, y por lo tanto fóbico, pero en su día tuvo
un significado que le permitió sobrevivir fulminando de pleno la sentencia de irracional. Lo
irracional sólo existe en el mundo de la razón, pero ésta está muy alejada de las leyes que rigen
la vida emocional y sobre todo del significado que tiene la vida y la muerte en nuestro sistema
global de adaptación. Una segunda creencia qué me gustaría poner en solfa es, la forma actual
de intervenir respecto a la manifestación más común del miedo a tener miedo: Los ataques de
pánico, ya qué se insta a la exposición y la confrontación cómo terapéutica, siendo mucho más
eficaz que el sujeto aprenda a escuchar y comprenda lo que le quiere trasmitir el mensaje que
hay detrás de este “tsunami” de la mente, esta forma de proceder no sólo es más eficaz
- elenco de técnicas paradójicas- sino que además es la mejor manera de cambiar el programa
emocional dónde esta instalado, ya qué no hay superior antídoto contra el pánico que la
activación de programas emocionales incompatibles con él, tales cómo la sorpresa, el interés, la
admiración, la rabia, la seguridad, la alegría, o incluso la tristeza. Pero para comprenderlo, y
dominar esta terapéutica, hay que saber la forma cómo nuestro cerebro funciona y las
estructuras que están activadas e inhibidas en cada momento de nuestra vida racional-emotiva.
Un tercer cambio que propongo, es conseguir con el ayuda del autodescubrimiento grabar
nuevas memorias emocionales, adosadas a los sucesos que determinaron vivir en un universo
de peligro vital, para qué nos alejen del sufrimiento y nos acerquen a la satisfacción,
conectando y volviendo a vivir lo que tenemos grabado, y así poder realizar en el presente las
necesidades básicas que todo mamífero humano necesita, instalando los amores que nos
integran en un plano de seguridad global, que es el mejor antídoto contra el miedo a tener
miedo, y por ende de los ataques de pánico.
Pretendo hacerte saber que no todo esta dicho en la psicología del siglo XXI, que
muchas de las leyes, que se dan por asentadas en esta disciplina, están fundadas en correlatos
que no se sostienen desde el punto de vista neurológico y bioquímico. Me gustaría qué
ofrecieras un poco de tu tiempo al conocimiento de tus procesos mentales, los significados con
los que construyes tus vivencias y sobre todo el tipo de amor que necesitas.
Vivir con vida y estar vivo no siempre es posible, para conseguirlo, no sólo tendrás que
recordar lo que has vivido, también será importante que seas consciente de aquello que dejaste
de vivir, para estar hoy leyendo este libro.
Roberto Aguado
Febrero 2008
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
PRÓLOGO
“TRANSPARENTE”
Roberto Aguado sabe mucho y lo sabe explicar, es didáctico, ameno, ingenioso, audaz,
constante y veraz.
Gusta de investigar y divulgar.
He esperado la aparición de este libro con un interés desmedido. Roberto nunca
defrauda.
Sepa el lector que el autor trabaja caso a caso, que ha generado escuela y que imparte
su saber en directo por la distinta geografía de España y desde Radio Nacional de España.
Roberto Aguado es de las pocas personas que yo conozco que tiene ideas propias, le
encanta crear y salpimienta su saber con un gran sentido del humor.
Es coloquial, directo, sorprendente. Ama a su familia y se recrea con sus amigos –y con
los caballos-.
Ya conocen en algo a la persona. Respecto al psicólogo, creo que no ha alcanzado la
cota de reconocimiento que su trayectoria merece, pero considero que este libro servirá para
hacer justicia.
Resulta magnífico encontrar psicólogos que lo tienen claro y cuyo objeto es ayudar, no
quedarse en temas anodinos o baladíes, sino ir al tema, al diagnóstico y a la resolución mediante
una psicoterapia breve (limitada en el tiempo).
Roberto nos regala un título sugerente y un índice atractivo, provocador. Pero lo bueno
está por venir, es el contenido.
Tengo claro como prologuista que no he de “contar la película”, mi labor es la da anfitrión
presento y acojo, pero el invitado es Roberto Aguado.
Póngase a leer, y verán que tiene el atractivo de las buenas novelas.
Tiene el autor la valentía de contar su propia experiencia, de hablar, de hablarnos en voz
alta.
Roberto es ordenado, pulcro y facilita el seguimiento del hilo argumental. Entremezcla
con maestría definiciones con casos reales, opiniones, anécdotas.
Aguado es un hombre que invita a participar al lector que dialoga con él. Se dirige a
quienes padecen y a los profesionales de la salud por igual.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Contundente: “Si sufres ataques de ansiedad, tienen diez veces menos posibilidades de
tener un cuadro psicótico, que las personas que nunca lo han sufrido”.
Añadan a lo ya dicho que Roberto es un verdadero estudioso del cerebro, de la
neurología y de los psicofármacos.
Pedagógico, cuida los conceptos y las palabras: “En el ataque de pánico lo que vives es
irreal pero no irracional. Si dejas de buscar una razón y buscas en tu realidad, podrás descansar
de esta lucha contra ti mismo/a”.
Les invito a leer este magnífico libro que es parte de una reconocida colección “S.O.S.
Psicología Útil”, de la que me siento muy orgulloso de dirigir, pues me consta que ayuda a
muchas personas (sus e’mails lo atestiguan).
Vean como Aguado conjuga en la terapia lo racional y lo emocional. Como derriba
tópicos: “Tener miedo es porque es necesario para nuestro equilibrio”.
Comparta con Roberto el objetivo de que el miedo se convierta en un aliado.
Las citas bien elegidas ayudan, no confunden ni buscan una equívoca demostración de
saber
Encuéntrese con las neuronas espejo… ¿Se acuerdan de “en busca del arca perdida”?
A mí este libro me lo recuerda, transmite imágenes y un ritmo trepitadante.
Humanista y trascendente llega a escribir: “Solo el amor es capaz de salvar todas las
barreras del terror”.
Al doblar no una esquina, pero sí una página se encontrará con películas, con cuentos…
Roberto se sale de los caminos hallados “siempre que piden ayuda y te la dan, te
conviertes un poco más en enfermo/a”.
Creo que el lector ya está deseando que me despida para encontrarse con el
“aquaplaning” o con “no pienses en el color azul”.
Pues me voy marchando, recuerde que aprenderá de terapia de interacción recíproca.
Estamos ante Roberto, un optimista, que ve el aspecto positivo de la crisis.
Un hombre que a mitad del libro afirma “Queda claro que si alguien deja de tener crisis
de ansiedad pro leerse un libro, incluido este, es simplemente porque ha realizado solo/a, todo el
reaprendizaje que normalmente es necesario hacer en compañía de un profesional”.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Están ante un libro muy trabajado (años y años de reflexión y práctica), que analiza
corrientes teóricas, que reequilibra emoción y racionalización. Roberto indica soluciones y señala
errores.
De la mano de Roberto llegaremos a los conflictos básicos, a los esquemas emocionales
distorsionados (complejo emoción-motivación cognición) y a los canales de expresión del
conflicto básico: motivacional, orgánico, psicosomático, psicógeno, emocional, cognitivo,
relaciones interpersonales y conductual.
Roberto Aguado es un hombre joven pero nos regala saberes como lo hacen los
ancianos sabios.
Definiciones, pruebas objetivas, un libro, que es más que un libro, una enciclopedia
resumida.
Casos que se ven evolucionan sesión a sesión.
Para ciencia explicitada con detalle, perfectamente replicable (y por ende aplaudida o
discutida).
Gracias Roberto.
Javier Urra
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Introducción
¿Has tenido alguna vez una crisis de ansiedad?, ¿Sabes lo que es un ataque de pánico?
¿Alguna vez has sentido tu corazón ir tan deprisa qué parece que quiere escapar y huye de un
enemigo que está ahí, dentro de ti? Si lo has vivido, te habrás dado cuenta de que en ese
momento todas tus alarmas se disparan. Sin duda es el paradigma de la amenaza, en el que
habita con toda intensidad la pérdida del control. En ese momento respirar se hace muy difícil,
la sensación de ahogo es cada vez más acuciante, es cómo si el aire quemara y se cerraran las
vías respiratorias. Para entonces los zumbidos en los oídos, la pérdida de visión - muchos
hablan de visión en túnel - y sobre todo el temblor en los músculos de brazos y piernas
atenazan cómo si de una mordaza se tratara. Todas estas sensaciones físicas y todos los
pensamientos de muerte, y de pérdida de control que las acompañan, suceden a la velocidad
de un Ferrari, y en menos de diez segundos has pasado de estar bien a sentir que te estás
muriendo.
Pero sí no has pasado por esto, si nunca has vivido algo así, te voy a presentar uno de
los trastornos más incapacitantes para el ser humano, te enunciare todas las sensaciones y
vivencias que ocurren en un ataque de pánico, pero antes debo adelantarte que me refiero al
mismo proceso cuándo habló de ataque de ansiedad, angustia o pánico, así cómo cuándo habló
de crisis o ataque.
El ataque de pánico puede empezar de forma lenta o de forma súbita. Cuándo aparece
de forma lenta o insidiosa son frecuentes los sentimientos de tensión, malestar, nerviosismo y
cómo no, de percepción concatenada de catástrofe inminente. Si la aparición es súbita, se
aprecia una especie de estallido con una vivencia de peligro o amenaza vital. Pueden producirse
en todas las edades, aunque el pico más álgido de prevalencia lo encontramos en la edad
adulta-joven (tercera década). Las manifestaciones se perciben fundamentalmente en la vida
afectiva, aunque los correlatos somáticos son numerosos. Es tal el impacto afectivo-emocional
de aquel que padece un ataque de pánico, que es habitual que el sujeto refiera qué el dolor
que siente es mucho peor que el dolor físico. Su percepción subjetiva no tiene explicación para
tan extraña vivencia, por lo que es normal que se concentre en las sensaciones somáticas y
todo lo que ocurre en el organismo. La sensación de terror es muy difícil de entender y mucho
más de definir, de tal forma qué la única manera de interpretar lo que está sucediendo es estar
perdiendo el control o de estar muriéndose.
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Hay que tener en cuenta de que la ansiedad está diseñada para mirar hacía delante, es
por ello, que el paciente, a partir de su primer ataque de pánico queda enmarcado en un mar
de anticipaciones, necesitando permanentemente el escrutinio de todo lo que acontece en su
entorno para poder controlar que no vuelva a ocurrir otro ataque más. Normalmente el paciente
queda fijado en una anticipación amenazadora de morir por un ataque al corazón, asfixiarse,
marearse, perder el control o volverse loco, todo ello cómo podemos imaginar cómo si de una
espiral viciosa se tratara. Es habitual que el paciente no pueda especificar que es lo que le
asusta, ni el misterio de lo que le espera, así cómo de la causa de todas las sensaciones físicas
y emotivas que vive, quedando atrapado en un mar de amenazas e indefensión.
Aunque no es lo más característico de los ataques de pánico, es habitual que el
paciente quede anclado en una serie de supersticiones, e incluso realice compulsiones –
conductas repetitivas que tienden a ser cómo un antídoto- cómo consecuencia del contenido de
sus pensamientos anticipatorios, al igual que sucede en los trastornos obsesivos. Para evitar
que suceda, el sujeto puede hacer algo cómo correr, esconderse, gritar o huir, y si le
preguntamos porqué hace todo es fácil que nos diga qué haciéndolo el ataque no aparece, o si
ya lo ha hecho, desaparezca.
Los ataques de pánico varían en su frecuencia de aparición, de tal forma qué hay
sujetos que sólo han tenido unos pocos en su vida, mientras que otros los tienen
permanentemente. Es frecuente que se produzcan al intentar enfrentarse a situaciones
asociadas cómo peligrosas. Con todo este escenario, el sujeto evita estas situaciones y cae en
una trampa qué lo devora, ya qué el miedo siempre va unido al deseo de escapar, de tal forma
qué mientras huye el miedo persiste.
Podemos distinguir tres tipos de ataques, dependiendo tanto de su forma de iniciarse
cómo de la presencia de desencadenantes ambientales:
- Inesperados.- Que no tienen relación con estímulos ambientales o externos.
- Situacionales.- Son aquellos que se producen cómo consecuencia de la exposición o
la anticipación de estímulos ambientales.
- Mixtos.- Serían aquellos que no siempre se producen cuándo el sujeto se expone
ante un estímulo ambiental o externo, pero sí que eleva su ansiedad y su
percepción de amenaza, y en algunas ocasiones desencadenan ataques de pánico.
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Cuándo los ataques se producen de una forma inesperada, dan lugar a qué se
desarrolle un estado de preocupación mantenida. De todo ello obtenemos una información
fundamental para encarar el tratamiento de estos trastornos, y es que las técnicas más
efectivas son aquellas que son capaces de proponer al sujeto:
- Sensación de control ante situaciones nuevas. Paradójicamente, hemos
descubierto (Roberto Aguado 1995) que para controlar el descontrol, debemos
permitir que el descontrol suceda, eso sí, bajo nuestro control, es decir, nosotros
nos programamos momentos de descontrol, y de esta forma el descontrol sucede
bajo nuestro control. Es sencillo, podemos hablar de control cuándo nuestro
sistema global está calmado, tranquilo. Hablamos de descontrol cuándo sucede el
ataque de pánico, por lo tanto lo primero que tenemos que conseguir para qué
algún día el ataque de pánico (descontrol) esté controlado (no suceda), es provocar
el descontrol (ataque de pánico) bajo nuestro control (siempre que nos apetezca).
Una vez nos damos cuenta de que podemos descontrolarlos a nuestro antojo, es
fácil que el descontrol esté controlado en el futuro.
- Información científica sobre los ataques de pánico en general, y sobre los
mecanismos que le hacen, en particular, padecerlos a él.
- Capacidad para predecir dónde puede tener más posibilidades de aparición, y
por pasiva dónde puede encontrarse más seguro.
- Capacidad para bloquear la incertidumbre, permitiendo que sienta qué tiene
control sobre las situaciones de su vida. El autodescubrimiento es esencial para
poder sentirse actor principal de la vida, y de esta manera no ser una especie de
marioneta, y sí tener capacidad de influir en el futuro: resiliencia (capacidad para
adaptarse a los cambios y a las crisis vitales).
- Vías de manipulación y por lo tanto de manejo de la información de forma
concreta y sin ambigüedades.
- Gobernar el estrés y la ansiedad cotidiana, también denominada basal.
- Repercutir a través de conductas, pensamientos y/o imaginaciones en la
bioquímica cerebral así cómo en todos los correlatos involuntarios del organismo.
- Eficacia para acortar el tiempo de presencia de los ataques, si estos
suceden.
Todas estas bondades que deben tener las técnicas eficaces para el tratamiento de los
ataques de pánico, y que debemos ofrecer al sujeto que lo padece, de forma sencilla y fácil de
realizar, se pueden resumir en una premisa general y que es en definitiva la causante del éxito:
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“Grabar nuevas memorias emocionales, que determinen en el ecosistema global del
sujeto una percepción de estar seguro y fuera de todo peligro”.
Más adelante, cómo es natural, te diremos cómo conseguir estas nuevas grabaciones
emocionales. Ahora seguimos con nuestro desarrollo general, para qué comprendas
posteriormente nuestro protocolo de intervención.
Los ataques de pánico suelen verse desencadenados por traumas biográficos, rasgos de
personalidad anclados en la inseguridad, el temor y la amenaza, y sobre todo por la dificultad
para afrontar los cambios evolutivos así cómo los acontecimientos inesperados. Parece que no
hay una causalidad tanto genética cómo de herencia. El concepto de herencia es más amplio,
ya qué no sólo heredamos genes, sino que heredamos conflictos - algunos de ellos de varias
generaciones - así cómo formas de entender el mundo, formas de confrontarnos con los
conflictos y demás aprendizajes. No obstante parece ser que sí hay una relación muy directa
entre ambientes neuróticos y preocupados y padecer ataques de ansiedad.
Las personas más propensas a tener un ataque de ansiedad son aquellas que tienen
mucho peso en el denominado Patrón de personalidad de ansiedad elevada (J.C. López-
Alonso):
- Alto nivel de creatividad.- Estas personas tienen la capacidad no sólo de ser
creativos, sino que aquello que imaginan lo viven cómo real, siendo muy positivo
para su capacidad de poder vivir sus sueños, pero a la vez, es negativo cuándo les
da por imaginar que algo peligroso puede suceder, ya qué lo viven también cómo
algo real que está sucediendo.
- Pensamiento dicotomizado.- Las cosas son blancas o negras, correctas o
incorrectas, este es quizás el elemento que diferencia los creativos positivos de
aquellos que padecen crisis de ansiedad.
- Necesidad excesiva de aprobación.- Son personas muy vinculadas al
compromiso, necesitan del otro para sentirse bien, siendo un elemento fundamental
en aquellas personas con un nivel de autoconcepto bajo.
- Muy activos, competentes, perfeccionistas y con necesidad excesiva de
tener el control. Control que cómo hemos dicho depende de los otros y
frecuentemente no depende de ellos.
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- No se permiten sentir emociones negativas, no pueden estar tristes, no
pueden sentir miedo, ni rabia etc. Sentir lo sienten, pero ellos lo trasforman en
ataque de pánico.
- Manifiestan con su cuerpo elementos emocionales, de tal forma qué pueden tener
algunos rasgos de alexitimia (incapacidad para expresar con palabras las
emociones).
Entonces ¿Qué es un ataque de pánico?
Llamamos crisis o ataque de pánico, siguiendo los criterios del DSM-IV-TR de la
American Psychiatric Association, a la aparición repentina de un miedo intenso seguido de una
serie de síntomas, de los cuáles el sujeto debe tener un mínimo de cuatro para ser
diagnosticado cómo tal. La definición que el DSM IV-TR (organismo encargado de establecer los
criterios diagnósticos para los trastornos psicológicos a nivel internacional), hace de la crisis de
pánico es la siguiente:
"La característica principal de una crisis de angustia es la aparición aislada y temporal
de miedo o malestar de carácter intenso, que se acompaña de al menos 4 de un total de 13
síntomas somáticos o cognoscitivos. La crisis se inicia de forma brusca y alcanza su máxima
expresión con rapidez (habitualmente en 10 minutos o menos), acompañándose a menudo de
una sensación de peligro o de muerte inminente y de una urgente necesidad de escapar. Los 13
síntomas somáticos o cognoscitivos vienen constituidos por:
1. Palpitaciones o taquicardia.
2. Sudoración.
3. Temblores o sacudidas.
4. Sensación de ahogo.
5. Sensación de atragantamiento.
6. Opresión o malestar torácico.
7. Náuseas o molestias abdominales.
8. Inestabilidad, mareo o sensación de desmayo.
9. Desrealización o despersonalización.
10. Miedo a volverse loco o descontrolarse.
11. Miedo a morir.
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12. Parestesias (hormigueos o entumecimientos).
13. Escalofríos o sofocaciones.
De igual forma si seguimos las pautas de diagnostico de la Organización Mundial de la
Salud (CIE 10), definimos el ataque de pánico cómo:
”La presencia de crisis recurrentes de ansiedad grave (pánico) no limitadas a ninguna
situación o conjunto de circunstancias particulares. Son por tanto imprevisibles. Cómo en
otros trastornos de ansiedad, los síntomas predominantes varían de un caso a otro, pero es
frecuente la aparición repentina de palpitaciones, dolor precordial, sensación de asfixia,
mareo o vértigo y sensación de irrealidad (despersonalización o desrealización). Casi
constantemente hay un temor secundario a morirse, a perder el control o a enloquecer.
Cada crisis suele durar sólo unos minutos, pero también puede persistir más tiempo. Tanto
la frecuencia cómo el curso del trastorno, que predomina en mujeres – actualmente no hay
tanta diferencia entre la prevalencia en ambos sexos, según nuestras últimas estadísticas-
son bastante variables. A menudo el miedo y los síntomas vegetativos del ataque van
creciendo de tal manera qué los que los padecen terminan por salir, escapar, de dónde se
encuentran. Si esto tiene lugar en una situación concreta, por ejemplo, en un autobús o en
una multitud, el enfermo puede en el futuro tratar de evitar esa situación. Del mismo modo,
frecuentes e imprevisibles ataques de pánico llevan a tener miedo a estar sólo o a ir a sitios
públicos. Un ataque de pánico a menudo se sigue de un miedo persistente a tener otro
ataque de pánico”.
Y ahora qué ya sabes cómo se definen los ataques de pánico por la comunidad
científica, intentaré darte a conocer qué son para ti, y porqué se producen en tu vida. Lee con
atención y deja qué poco a poco vaya tejiendo la trama de tus ataques, y a la vez, cómo se
puede no sólo vivir sin ellos, sino cómo salir vencedor de haberlos tenido. Para poner la primera
piedra en la construcción de este propósito, es conveniente trasmitirte las premisas que
necesitas conocer sobre los ataques de pánico, teniendo en cuenta nuestra forma de entender
la enfermedad y la salud:
• Un ataque de pánico, es un aviso, una comunicación que nos indica qué las estructuras
más arraigadas a nuestra supervivencia están en crisis.
• Con el ataque de pánico, advertimos que vivimos en situación de carencia en los
afectos que desde muy temprana edad nos indican que estamos a salvo.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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• El ADN de nuestra estabilidad se encuentra en los distintos tipos de amor que
necesitamos para vivir en seguridad.
• El ataque de pánico se refiere a una fisura en estos pilares que nos contienen y nos dan
confianza.
• Esta base emotiva desencadena bioquímicas propias de situaciones de emergencia, que
nos conducen hacía reacciones súbitas de alarma y amenaza.
• La solución no la encontramos en el dominio del entorno, para poder salir seguros al
exterior, es necesario que en nuestro mundo emocional todas las piezas estén
colocadas y nuestros apegos interiorizados.
Este libro quiere ayudar a cambiar la forma de afrontar una situación que seguro
podemos nombrar de crisis vital, por lo tanto si has vivido algo semejante, te tengo que decir
que eres uno de los treinta millones de Europeos que han tenido esta experiencia. ¿Qué te
creías que sólo te pasaba a ti? Si por el contrario nunca has tenido un ataque de pánico, te
vendrá bien conocerlo, no sólo para saber que es y razonablemente estar informado de cómo
prevenirlo, sino para comprender a las personas que en algún momento puedan padecerlo y
convivan contigo. Sabemos que si comprendemos a quien padece uno de los cuadros asociados
a las crisis de ansiedad, tiene tres veces más posibilidades de poder dejar de tenerlas y cinco
veces más posibilidades de obtener una mejor salud mental, una vez tratado, que antes de
haber comenzado estas crisis.
Por lo tanto lo primero que tenemos que tener en cuenta, tanto si hemos padecido
crisis de pánico cómo si no, es que aquellas personas que son capaces de solucionar el
entramado que les hace padecerlas, son posteriormente personas mucho más sanas y más
conocedoras de su psiquismo, y por qué no, después están mejor conectadas con el universo
exterior con el que conviven, y prueba de ello es que saben decir que “no” con mayor
seguridad, y lo más importante saben decir más veces que “si” a más cosas de su vida.
Tras un ataque de pánico hay un antes y un después. La vida tras una crisis de este
tipo siempre es distinta, para bien o para mal ya no es la misma, eso sí, el después no tiene
porqué ser negativo si sabes entender el mensaje. Si has leído bien, un ataque de pánico es un
mensaje, y te puedo asegurar que hay muchos mensajes y todos ellos tienen un denominador
común: “Tu vida ha llegado a un punto de inflexión, a un punto y aparte”. Algo tienes que
cambiar, y de nuevo has leído bien, lo tienes que cambiar tú, por mucho que intentes que
cambie lo que te rodea, si en ese cambio tu entorno no varían tus relaciones, con él, el cambio
será estéril. En consecuencia debes realizar cambios en la forma de relacionarte con tu entorno
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y sobre todo contigo mismo. Lo único que te sacará de esa sensación de amenaza permanente
y por consiguiente estar bajo peligro vital, será:
- entender el mensaje.
- Saber cambiar todo aquello que te ha hecho hasta hoy ser no sólo dependiente (todos
somos dependientes de algo) sino incapaz de ser autónomo.
No nos equivocamos cuándo hace años teorizamos sobre que detrás de un ataque de
pánico hay un fallo en el sistema, es decir, si nos percibimos cómo un sistema de sistemas:
- Biológico: átomo, molécula, macromolecular, organela, célula, tejido, órgano.
- Psicológico: emocional, cognitivo, conductual.
- Social: pareja, familia, grupo, sociedad, cultura, noosfera…
- Y sobre todo comunicacional-relacional, cómo la integración de los sistemas
anteriores y cómo escenario en los que estos se representan. De esta forma el
ataque de pánico nos indica qué el sistema de sistemas identifica qué nos
encontramos ante una amenaza vital, es decir algo ocurre en alguno de estos
sistemas que influye de forma esencial en nuestro sistema global. Cómo mamíferos
estamos programados con mecanismos de defensa, de tal forma qué ante
situaciones de peligro vital, estos se disparan, para conseguir una respuesta tanto
física cómo psicológica qué nos ayude a escapar y cómo es de esperar a sobrevivir.
De esta forma ante un incendio, un animal que nos ataca, una enfermedad etc.
Estamos programados para desarrollar una serie de cambios químicos, psicológicos
y sociales que nos ayuden a salir airosos.
No obstante ante un peligro evidente: ataque de un animal, incendio, accidente,
enfermedad, la reacción del que lo padece y de aquellos que conviven con él es de lucha contra
el agente o la situación amenazante, y en esta lucha, saber huir en ocasiones es una buena
forma de afrontar. En estas situaciones nunca se cuestionará una respuesta de miedo o de
evitación. Una situación de peligro vital evidente cómo la qué estamos describiendo puede
producir un cuadro de estrés postraumático, pero el sujeto sabe que ha vivido una situación de
peligro real y en este caso no evaluará esta vivencia cómo baladí, y lo más importante el
entorno admitirá y entenderá que la reacción de miedo y la secuela traumática existan.
Sin embargo, en las crisis de ansiedad, tanto la percepción de quien la padece, cómo
aquellos que conviven con él, es distinta. Es habitual encontrar en el entorno del sujeto la
permanente creencia de que la respuesta es inapropiada y en muchos casos incoherentes,
etiquetándolo de persona débil, que quiere obtener beneficios de atención, o simplemente de
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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un infantilismo psicológico inapropiado. En definitiva, no se comprende que el sujeto pueda
tener una respuesta de tal intensidad ante aparentemente una situación benigna o normal para
el resto de los mortales. Por otra parte, el sujeto que lo padece también hace una
interpretación de la situación distinta, a quien reacciona ante una amenaza tangible. Es
bastante habitual que el sujeto crea qué lo que le ocurre es propio de una crisis cardiaca, un
ataque de asfixia, que se está volviendo loco y está perdiendo el control, o que tiene un ataque
repentino de diarrea, por algo que ha comido y le ha sentado mal, o por una intoxicación.
Además queda condicionado a las situaciones dónde se han producido las crisis, y de esta
forma, muchas de las cosas que estaba haciendo en ese momento no puede volver a
realizarlas, por miedo a qué sea la situación en sí, la qué produce la crisis. De esta forma
encontramos a personas que no pueden quedarse solos, que no pueden salir a la calle, que no
pueden viajar en autobús, avión o en tren, que no pueden entrar en lugares dónde sea difícil
escapar, o dónde si sucede la crisis, puedan sentirse observados o no atendidos. En definitiva el
sujeto queda encarcelado ante un miedo especial: “miedo a tener miedo”, en muchas ocasiones
sin saber a qué tiene miedo realmente y a qué se enfrenta, entrando en una espiral en la qué
simplemente todo aquello que anticipa cómo propicio para desencadenar una crisis, lo evita,
aunque con ello desequilibre o pueda perder su vida laboral, familiar y personal.
Y esta es una de las paradojas de aquel que padece crisis de ansiedad, no sólo sufre las
crisis sino que además suele entrar en un mundo de incomprensión, no sólo por parte de
aquellos que le rodean, sino también por él mismo, hacía sí. Padecer crisis de ansiedad implica
tener que controlar cada uno de los movimientos cotidianos y el de aquellos que le dan
seguridad, además de intentar parecer de cara a los demás, cómo que no pasa nada, para qué
así no se le considere un bicho raro. Muchos de mis pacientes me indican que la cantidad de
esfuerzo mental que tienen que realizar para poder vivir el día a día, consiguiendo que esté
todo en una situación para ellos de control y fuera de amenaza, es tal, que si esa energía
mental se empleara en su beneficio o en ser creativos en cualquiera de los quehaceres sociales,
muchos habrían obtenido un premio Nobel. ¿Podemos imaginar vivir, teniendo que controlar
dónde estaré seguro y dónde no? Sólo pensarlo es agotador ¿Verdad?
Entonces ¿Qué ocurre en un sujeto para tener un ataque de ansiedad? Podemos decir,
siguiendo el argumento en el que entendemos al ser humano cómo un sistema de sistemas,
que el sistema global de defensa detecta un peligro. Un peligro o amenaza difícil de entender
en muchas ocasiones por la lógica racional de aquellos que conviven con quien lo padece, ya
qué desde la perspectiva racional es un peligro inexistente o absurdo, pero el cerebro de este lo
vive cómo tal. El sujeto que vive este tipo de crisis, tiene la misma percepción de amenaza qué
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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la persona agraviada con una amenaza tangible. Sólo que esa amenaza sucede en un sistema
alejado del intelecto y cercano al vigilante permanente de nuestra seguridad global.
Habitualmente el sujeto puede pasar mucho tiempo sin percatarse, de que realmente lo que le
ocurre es que su cerebro vive en una situación de amenaza vital, y que todas las sensaciones
que tiene no se deben a una crisis cardiaca o a estar perdiendo la cordura, sino que es la
misma sensación que se tendría ante una situación de peligro real cómo las anteriormente
expuestas. Es en este momento dónde se produce la espiral viciosa qué destruye la vida del
sujeto, ya qué intenta evitar situaciones externas y se expone cada vez a menos situaciones
sociales, sin darse cuenta de que la amenaza no es externa sino que realmente esta dentro de
él, bien por fallos en el metabolismo cerebral (crisis paroxísticas o endógenas) o bien por estar
viviendo una situación psicológica qué es interpretada cómo amenazante por su cerebro (crisis
reactivas o exógenas) y que al final engatillan la química del pánico, la cuál pretende activar
todas las defensas para poder sobrevivir a la situación amenazante. Y es aquí dónde aparece un
segundo nivel de amenaza, una amenaza para nuestra inteligencia, para nuestra forma de
entender la vida desde la razón y desde la lógica analítica y formal. La razón justifica de forma
equivocada y amenazante lo que vive en estas situaciones (crisis cardiaca, volverse loco, etc.) y
este segundo umbral de amenaza es en la mayoría de ocasiones lo primero que tenemos que
tratar. El sujeto no entiende lo que le pasa, pero percibe que algo grave le sucede, interpreta
qué padece una enfermedad o accidente físico y sin embargo, su organismo está intacto. Esta
situación ilógica, debe ser encarada desde la lógica del pánico y nunca desde la lógica racional.
Intervenir en el pié si lo que tenemos dañado es la cabeza no será buena solución. Pues bien
aquí nos encontramos en una situación semejante, la amenaza se produce sobre nuestra lógica
emocional o biológica y el sujeto intenta resolverlo desde la lógica racional o inteligente, de tal
forma qué la solución suele convertirse en el problema. No matemos al mensajero, no
despreciemos esta oportunidad para poder cambiar aquello que nos hace vivir desde la
dependencia. Pero para qué saques este beneficio de esta situación vital debes ampliar tu
capacidad de conectar con tu interior, con ese universo que normalmente no se tiene en cuenta
y que está ahí dentro decidiendo más de lo que imaginas y tanto cómo lo que puedes sentir.
Invitamos al lector a qué descubra la conexión entre las crisis de ansiedad y las
carencias del psiquismo, a qué sea conocedor de la química qué precipita todas las reacciones
anteriormente mencionadas, y por supuesto a traducir el lenguaje de la emoción y por lo tanto
comprender su lógica, para posteriormente saber descifrar los cambios que debemos realizar.
Para conseguir entrar en esta comprensión voy a desarrollar dos casos reales de crisis
de pánico. El primero me ocurrió a mí. Todos podemos padecer un ataque de ansiedad y cómo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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yo lo he vivido creo que es interesante hablar de mí propia experiencia. Sólo he sufrido un
ataque de pánico en mi vida, por lo que escribo sobre él cómo un ejemplo de crisis de ansiedad
de un sólo episodio. También pienso que mis conocimientos sobre este asunto y los miles de
pacientes que he tratado con este problema me ayudaron a qué este episodio haya sido único.
El segundo es la exposición de un caso de Agorafobia, en el que hago una trascripción
literal de los comentarios de Joaquín sobre cómo se sentía y cómo explicaba su vivencia,
después de muchos años de sufrir esta enfermedad. Cuándo acudió a mí consulta, Joaquín
llevaba unos quince años viviendo una verdadera tragedia, en ese tiempo había pasado por
múltiples consultas y tratamientos. Posteriormente transcribo cómo decía sentirse meses
después de comenzar el tratamiento que diseñé para él. De este caso tenemos grabadas todas
las consultas. Joaquín (que no se llama así, y en consecuencia es lo único que falseamos) nos
dio permiso para poder grabarle y posteriormente difundir su caso. Esperemos que aquellos que
vivan una situación parecida encuentren una vez más la esperanza de su cambio. El cambio es
posible en estos trastornos sobre todo si hacemos algo diferente.
Batenson definió cambio cómo “la diferencia qué establece una diferencia”. El cambio
terapéutico necesita de una posición diferente del paciente para encontrar la solución. Esa
diferencia debe comenzar por entender lo que nos comunica el ataque de pánico, y después
realizar los cambios oportunos, indicando al cerebro que se siente amenazado, que está seguro.
He aquí algo diferente, y cómo tal, algo que nos da esperanzas a todos para cambiar el
sufrimiento por la satisfacción. ¿Hay mejor meta en el tratamiento Psicológico?
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Caso autobiográfico del autor. Crisis de pánico de un sólo
episodio
Tan sólo he tenido en mi vida, por el momento, un ataque de ansiedad, y tal cómo he
escrito anteriormente es una experiencia qué ha dejado un antes y un después en mi forma de
comunicarme conmigo y de comprenderme. Del ataque de ansiedad no me siento orgulloso, ya
qué se pasa fatal, y sinceramente espero no volver a tener otro, aunque también se que si
ocurre, sabré cómo situarme ante este acontecimiento tan especial, y estoy seguro que en ese
momento comenzará otro punto de inflexión en mi vida, y dejo claro desde este momento, que
no estoy diciendo que el ser humano tenga qué tener ataques de pánico para realizar sus
grandes cambios vitales, lo que digo es que si sucede un ataque de pánico y este no es
secundario al consumo de sustancias, los cambios vitales se van a tener que realizar, nos guste
o no, para dejar de tenerlos. Y si es secundario al consumo de sustancias, entre otros, los
cambios que tendremos que realizar tendrán que pasar por dejar de consumir y para eso todos
estaremos de acuerdo que hay que cambiar y mucho, aunque la sustancia sea cafeína.
Cuándo viví este ataque de ansiedad tenía 39 años y me quedaban 25 días para cumplir
los 40, fue un 26 de diciembre en Versalles, y para qué comprendas todo el engranaje, debo
comentarte algo del contexto de este día.
Durante más de quince años era frecuente que pasara junto con quien hoy es mi
esposa, entonces mi novia, temporadas en Versalles, ya qué allí vivían, quien posteriormente
fueran mis suegros. En mi estancia en Versalles, todas las mañanas era habitual que hiciera
footing por los jardines del Palacio, ya qué mis suegros vivían en el Boulevard de la Reine, a
unas manzanas de este. El recorrido que más me gustaba era realizar el perímetro del estanque
que se encuentra debajo del Palacio. Este estanque tiene forma de cruz y en todo su recorrido
tiene una zona de paseo de unos 20 metros de ancho lindando con un bosque bastante
frondoso de álamos, eucaliptos, plataneros y otras variedades, muchas de ellas centenarias.
En mi memoria, está grabado cómo una de las sensaciones más placenteras, realizar
este recorrido, y posteriormente llegar a casa de mis suegros y allí desayunar ese fantástico
café, que preparaba mí suegra, con los croissant de beurre que había traído mi suegro y que
había preparado con mermelada confitada por él. También aparece cómo una de las huellas
más negativas de mí vida la muerte de mí suegra. La muerte siempre es grosera y la pérdida de
un ser querido, uno de los acontecimientos más lamentables, pero cuándo esta pérdida sucede
por una negligencia médica y además de forma repentina, es aún peor. Mi suegra murió una
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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madrugada después de haber estado el día anterior en un hospital y haber sido diagnosticada
de un aneurisma de aorta ascendente de diez centímetros de grosor. La tragedia fué que, en
vez de ser intervenida, la médica qué la atendió durante 12 horas en urgencias, no sólo no la
hospitalizó, sino que la mandó para casa y nos dio un volante para qué fuéramos “sin prisa” a
su médico de zona. Cómo es natural al salir del hospital no nos conformamos con está
actuación, en la qué te dicen que alguien tiene una bomba de relojería a punto de estallar en su
cuello, y a la vez te indica qué “sin prisas” –vayas- el día qué te parezca a un médico no
especialista, cómo si de una revisión de ITV se tratara. Estaba todo preparado para acudir a un
hospital central de Madrid al día siguiente, pero a las cuatro de la mañana la bomba estalló y mi
suegra murió en su cama.
Tal cómo he mencionado antes, mis suegros vivieron 40 años en Francia, los últimos 17
en Versalles, y al vivir Pilar (mi esposa) en España junto a sus hermanas (ya se sabe algunos
emigrantes viven en el país que le da de comer, pero su mente continúa esperando volver a sus
raíces) nos proporcionaba esos viajes a Versalles para estar con ellos una temporada, pero a la
vez numerosas navidades las pasábamos sin ellos, lo cuál era un acontecimiento muy triste
para una familia tan arraigada en el sentimiento y tan lejos unos de otros.
Bien, pues llegó el momento de la jubilación de mis suegros, viniéndose cómo es
natural a su país para poder descansar lo que con tantos anhelos habían deseado durante
tantos años. Y en ese momento se produce la muerte de mí suegra, en el mes de noviembre,
cuándo estábamos planeando la primera navidad en los últimos 20 años que podíamos estar
todos juntos.
Desde ese momento Pilar no podía viajar a Francia, sentía cada vez que
programábamos un viaje mucha tristeza, y también mucha rabia contenida por el destino y por
la fatalidad. Y es en ese momento, seis años después de la muerte, cuándo planifiqué ese viaje
en el que sucedió mi ataque de pánico. En ese viaje quería qué Pilar pudiera enfrentarse a
muchos recuerdos que habían quedado en Francia, a la vez también queríamos enseñarles a
nuestros hijos dónde vivieron sus abuelos, y por supuesto personalmente no quería morirme (y
esta es la palabra qué me repetía una y otra vez) sin volver a recorrer el estanque del Palacio
de Versalles y recordar muchas sensaciones pasadas.
El 26 de Diciembre a las 5.40 horas de la mañana, salí del hotel Sanofi -por cierto lugar
dónde habitó Napoleón- dirección al Palacio, y cuándo estaba a la altura del Hotel Trianon,
entre por la verja pequeña qué siempre estaba abierta y que da acceso al Palacio, ya qué a esa
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
hora la verja por la qué entran los visitantes está cerrada, eso sí, minutos antes me había
dirigido al Boulevard de la Reine para despedirme de ese lugar en el que habían vivido mis
suegros y desde dónde partía mí carrera matutina. Fué una despedida muy emotiva, sencilla,
simplemente estaba delante de la casa y rezando a mí querida Pascuála. Era una noche
cerrada, fría y con una ligera neblina, hacía un poco de viento, por lo que una vez dentro y
dirección al estanque sólo escuchaba su sonido, estaba muy oscuro, las pocas hojas que
quedaban en los árboles y que se movían entre las inmensas ramas y mis pisadas, eran junto al
aire los sonidos que me acompañaban.
Desde la entrada del Palacio al estanque hay cerca de un kilómetro y medio, y al llegar
a la escalera monumental que baja desde el Palacio a los jardines, haces un giro a la derecha,
quedando el Palacio en la espalda (oeste) y de frente el estanque (este), en lo que es la base
de la cruz mencionada. Cuándo llevaba unos 15 minutos corriendo por el estanque (todo el
recorrido desde la entrada al Palacio-estanque-entrada al Palacio, serán unos ocho-nueve
kilómetros) y comenzaba el primer brazo de la cruz, empecé a sentir una sensación muy
extraña en mi cuerpo y sobre todo en mi entorno (esta sensación no la voy a explicar con
detalles, ya qué podría dar lugar a interpretaciones que distorsionaran el motivo de este relato).
En ese momento recuerdo que mi corazón se aceleró de forma súbita, notándolo sobre todo en
mi garganta, le escuchaba cómo si de un tambor se tratase, mi respiración pasó a ser
tremendamente rápida, y por más intentos que realizaba por controlarla simplemente no podía,
recuerdo que incluso dije en voz alta: “te vas a hiperventilar si sigues así”. Estas fueron las
últimas palabras que pude decirme de forma controlada, a partir de ese momento una
sensación de terror se apoderó de mí cómo nunca había sentido. Posteriormente (no en ese
momento) he recordado que acudieron pensamientos del tipo: “estoy sólo en el bosque de
Versalles, “estoy infartando me voy a morir”, “Si te paras pasará mucho tiempo hasta qué
comience a venir los jardineros y trabajadores”. Pero tengo que confesar que también acudían
pensamientos cómo estos: “¿Cuántas personas habrán sido enterradas en estos parajes?”,
“¿Cuántos sucesos habrán acontecido aquí dónde me encuentro ahora?”, “¿Cuántas injusticias
habrán sido sepultadas en este bosque sin que nada más se supiera?”, “estoy sólo rodeado de
historia, no hay nadie”. Y era cierto en ese momento no había nadie en el Palacio, y yo estaba
aterrado.
También recuerdo que en ese momento mi único afán era escapar de ese lugar, quería
irme de allí, pero fui consciente de que la distancia a la entrada del Palacio no era muy distinta
a la distancia del recorrido del estanque, por lo que algo me hizo seguir adelante, cómo si el
darme la vuelta fuera peor que continuar.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Esta sensación de muerte pudo durar unos 20 minutos por la distancia qué recorrí,
aunque para mí fueron años enteros. Lo único que me aliviaba era paradójicamente correr, me
di cuenta de que cuanto más deprisa corría la sensación de terror se mitigaba y sin embargo, si
bajaba el ritmo las sensaciones extrañas y la opresión en el pecho eran mayores. En ese
momento tuve la lucidez de darme cuenta de que un infarto no se mejora corriendo, por lo
tanto en ese momento y precisamente por darme cuenta de que corriendo mejoraba mí estado,
comprendí que estaba viviendo un ataque de pánico con todas las letras, ya qué estaba
sumergido en una situación especialmente emotiva para mí, tenía multitud de pensamientos
alarmantes y una clínica propia. Además, fui cómo digo consciente de que el ataque de pánico
no es otra cosa, desde el punto de vista fisiológico, que una preparación para qué nuestro
organismo pueda correr y escapar, y eso es precisamente lo que estaba haciendo: correr.
Cuándo alguien tiene un ataque de ansiedad y se mueve vigorosamente, mejora. Ya qué, en
definitiva, sea cuál sea la causa de la crisis, en última instancia nuestro organismo engatilla la
química del pánico: Corticotropina, Adrenalina, Noradrenalina y otras sustancias, para preparar
a nuestro organismo ante una necesidad de gasto energético y encarar un actividad física qué
nos ayude a salir de la situación, bien sea mediante la huída o atacando si el pánico se
convierte en rabia o desesperación. Es por esto por lo que la sangre desaloja nuestro cerebro y
nuestro estómago y acude a los músculos de piernas y brazos, el corazón bombea
vigorosamente la sangre y la respiración se altera, para de esa forma poder oxigenar más veces
nuestras células y por consiguiente a liberar energía más y más deprisa. Y eso es lo que hacía
sin darme cuenta, correr más y más deprisa, y cuanto más corría mejor me sentía, y cuanto
mejor me sentía más corría.
Cuándo coroné la cruz y comencé a girar hacía el oeste y encaré de frente el palacio,
fue cómo un nacimiento, el sol comenzó a asomarse por un lateral del Castillo y a lo lejos
comencé a ver el movimiento de los primeros coches de los empleados que ya acudían a sus
labores. En ese momento mi carrera era bastante más rápida de lo habitual, y aunque tenía 15
años y 20 kilos más que la primera vez que realicé este recorrido, conseguí acabarlo en 6
minutos menos. Para este momento mis pensamientos negativos habían desaparecido y el
nacimiento del día me hizo sentir una sensación difícil de explicar, pero esta vez de placer. Pasé
de la oscuridad a la luz, de la subida a la bajada, del pánico a una sensación de libertad infinita,
de creer morirme a sentirme vivo, de querer parar a poder seguir.
No soy un experto en escribir novelas, de hecho me resulta difícil expresar lo que sentí
en esos 20-30 minutos de terror, ni quiero regodearme en la situación, pero puedo asegurar
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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que lo que viví en esos momentos fué terrible y después fantástico. Digo esto porque aquel que
tenga habitualmente ataques de pánico y los tenga en sitios tan poco novelescos cómo en un
autobús o en la oficina dónde trabaja, podrá pensar que mi relato no tiene nada qué ver con lo
que el siente, y de alguna manera esto es verdad, no creo que dos ataques de ansiedad
puedan compararse entre dos personas, incluso en la misma persona seguro que no hay dos
idénticos. Lo que sí creo seguro es que esos 20 minutos fueron momentos en que viví la
sensación de perder mi control y sinceramente, el final de mis días.
No olvidemos que para entonces había tratado a más de tres mil personas con estos
cuadros, había escrito y teorizado sobre la agorafobia y las crisis de ansiedad durante 15 años,
y de pronto me sucedía a mí, y cuándo sucedió, tardé tiempo en poder darme cuenta de lo que
realmente me pasaba, ya qué en un principio estaba seguro de que era una crisis cardiaca.
Si alguien me preguntará: “Si todo fue tan bien, ¿Te gustaría volver a tener otro ataque
de ansiedad?” sin dudarlo, ni un segundo, diría qué no, rotundamente no. Soy consciente de
que está experiencia me ha hecho modificar algunas formas de relacionarme conmigo y con los
demás, pero ante esta pregunta, la respuesta más sincera por mi parte sería: “ni falta qué me
importa” -el copyright de esta frase, estructuralmente nefasta pero muy gráfica, no es mío-
ahora bien, esto también lo dirán aquellos que siguen padeciendo estas crisis y no son capaces
de dejar de tenerlas. Y es aquí dónde entramos en la parte más importante de este libro: saber
no sólo el motivo de estas crisis en cada una de las personas que la padecen, sino sobre todo
cómo conseguir que no sigan padeciéndolas. Estoy convencido, después de analizar
detenidamente esta vivencia, que la razón por la qué no he vuelto a tener otro ataque, es que,
además de no tener una disposición biológica para sufrirlos, en el propio ataque se produjo la
concatenación de todos los eslabones que llevan a una persona a superar un ataque de pánico.
Es habitual que en una situación de crisis, te quedes atascado o enganchado en uno de estos
eslabones (frecuentemente el sujeto encuentra la seguridad o el control, escapando y huyendo
de la situación dónde se ha producido) y yo estoy seguro que terminé la secuencia, ya qué no
sólo no huí de la situación, sino que además comprendí su mensaje y sobre todo terminé la
parte más dolorosa (sensación de muerte) aprendiendo que no sólo no existe la muerte detrás
de una crisis, sino que realmente, lo que hay al final es un renacer, no sólo ante la situación
amenazante, sino cómo un renacer en la totalidad integral, en la esencia cómo persona. Fui
capaz de realizar toda la secuencia, de principio a fin, necesaria para qué el ataque de pánico
no tenga porqué existir, y esto sucede cuándo nuestro sistema de seguridad global advierte y
graba qué hoy no hay peligro vital y que nos encontramos en un marco de seguridad y control.
En mi experiencia profesional he descubierto que no basta con descondicionar la situación
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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temida en la qué se produce la crisis, es necesario que todo el arsenal de memorias anteriores,
que fueron grabadas por el sistema de seguridad global cómo de peligro vital y que han
supuesto sin duda la supervivencia del sujeto, pero a la vez sus características de personalidad
más genuinas, sean grabadas en ese mismo sistema de seguridad global, cómo que en este
momento no hay peligro. De esta forma cambiaremos la espiral viciosa de terror, por una
espiral virtuosa de libertad y seguridad.
Puedo asegurar que volvería a realizar la misma carrera a la misma hora y en las
mismas condiciones, mi sensación, al pensar en poder repetir la misma situación, en este
momento, no es de terror, y no siento amenaza si la tuviera qué volver a vivir, tal cómo ocurre
en las personas afectadas por los trastornos asociados a las crisis de ansiedad. Al igual que
recuerdo cómo horrible esos 20 minutos, recuerdo una especie de renacimiento posterior y esto
es tan fantástico, que al igual que en un parto, merece la pena sufrir esos 20 minutos por lo
que después ves nacer.
Salvando las distancias de otras experiencias que hayan podido tener otras personas
que han sufrido un ataque de ansiedad, en esta experiencia y a posteriori, nos hemos dado
cuenta de (habló en plural ya qué este análisis lo han realizado varios de nuestros
investigadores) que el motivo que mejor explica no haber tenido ningún ataque de pánico
posterior lo encontramos en la memoria tanto cognitiva cómo emocional que me ha quedado
grabada, y sobre todo por cómo se desarrollaron cambios posteriores en mi persona. El vía
crucis que viví, estoy seguro que me hizo vencer todo aquello que no tenía resuelto sobre la
muerte de mí suegra, y creo que no sólo de su muerte, también de mí forma de proceder en su
muerte, ya qué no tuve la suficiente agilidad de llevarla ese mismo día a otro hospital, y aunque
desde el punto de la razón, se que no puedo latigarme por este hecho – yo nunca pensé que
fuera a ser tan inminente la muerte – mis emociones tienen otra lógica, y se que mantienen esa
sensación de desazón propia de los acontecimientos en los que no hemos conseguido la
supervivencia de un ser querido. En estos procesos de duelo, en la qué somos la persona en la
qué todos confiaban en que la decisión que tomáramos era la correcta, el perdón es difícil,
sobre todo el perdonarte. Se que con la experiencia viví la muerte de nuevo, esta vez mi
muerte, y aunque nunca me hubiese muerto en realidad, luchar por mi supervivencia no sólo
mejoró mi perspectiva sobre el lugar, sino que me ha permitido vivir mi vida desde otra
posición menos enjuiciadora. No es una lógica muy racional, pero cómo dicen los jóvenes de
hoy: “es lo que hay”, así son las cosas en nuestra lógica emocional.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Los eslabones que componen la cadena qué representa los ataques de ansiedad, una
vez descubiertos, no deben ser interpretados cómo parte de una mordaza qué nos ata, sino
cómo parte de una sucesión de fragmentos de nuestra totalidad, que nos forjan y al conocerlos
nos permiten acercarnos a nuestra esencia más singular y propia, en definitiva ese continuo
diálogo que mantenemos con nuestra biografía comienza a tener todas las traducciones y
podemos realizar una de las experiencias más difíciles y necesarias: nuestro
autodescrubrimiento.
Caso Joaquín. Agorafobia de quince años de duración
Primeras sesiones
“Siento una contínua sensación de poder perder el control: perder el control de mí
corazón, de mí respiración, de mí pensamiento, estoy permanentemente sintiendo una especie
de negación a vivir. La propia vida me produce angustia. He reducido prácticamente mis
relaciones con otras personas, siento un estado permanente de peligro, cómo si fuera a
pasarme algo trágico. El corazón se me pone a mil, la garganta se me seca, no puedo respirar y
me vienen permanentes pensamientos de estar en peligro, cómo si estuviera amenazado, cómo
si al levantarme por la mañana me preparara para ir a la guerra, y sólo cuándo vuelvo a casa y
me refugio en mi habitación volviera a tener un mínimo de seguridad”.
“Siempre hay tensión, sólo me encuentro en calma cuándo estoy sólo con mi pareja en
casa. En ese momento la amenaza se desvanece, si suena el teléfono o alguien llama a la
puerta ya me siento peor, pero puedo controlarlo y si es una visita puedo sentirme a gusto.
Pero sí esa visita implica qué tengo que salir de casa, se dispara cómo un resorte que me
coloca en titulares de neón: “estas en peligro”. Toda esta situación me está suponiendo
problemas con mi pareja, que aunque entiende mí enfermedad, necesita tener una vida social
más rica, y que yo no puedo compartir. Es duro, muy duro.”
“En el plano profesional he tenido que reinventar mi vida laboral al menos en cuatro
ocasiones. En mi primer trabajo cómo profesor de universidad sufrí mi primera crisis de pánico,
un día delante de los alumnos me quedé en blanco, desde entonces no he podido entrar en un
aula cómo profesor, años después he podido estar en un aula cómo alumno, pero nunca más
cómo profesor. Considero que estaba abocado a ser docente, conseguí el premio extraordinario
de licenciatura, número uno de la promoción, pero toda mí ilusión y mis expectativas cómo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
profesor universitario se fueron al traste desde ese día. He tenido que trabajar en puestos de
poca calificación, trabajos que no me obligaran a tener responsabilidades, de forma qué
siempre que aparece la angustia tengo que abandonar ese trabajo, tengo que correr
literalmente para casa, no puedo estar ni un minuto más. Incluso si intuyo que pueden darme
un trabajo de más responsabilidad, hago las cosas mal deliberadamente, es cómo si me
obligase a ser más torpe para qué mi trabajo sea lo más anónimo y por lo tanto pasar
desapercibido. La responsabilidad es sinónimo de compromiso, y este, me deja indefenso ante
una posible necesidad de marcharme para casa.”
“En mi cuerpo siento desvanecimiento, mareo, incluso cómo que yo no soy quien soy,
es cómo si estuviera separado de las cosas, fuera de la realidad, es una sensación vaga de
irrealidad, no estar realmente dónde estoy, es cómo si estuviera preparado en todo momento
para escapar, no me siento yo mismo, en los escasos momentos que no tengo esa ansiedad, es
cuándo me siento dentro de mí cuerpo, cuándo vivo la angustia estoy muy fuera de mí, muy
lejos. Es cómo si tuviera qué estar controlando permanentemente ya qué si no me controlo voy
a caer en el descontrol.”
“Mis sueños están llenos de pesadillas, me levanto con la sensación de no haber
descansado. Mi pareja me dice que me muevo constantemente, es habitual que tenga la
sensación, por la mañana, que no me ha aprovechado el sueño.”
“En mi primera etapa tuve muchos y frecuentes ataques de pánico, que identificaba
cómo crisis de lipotimia o cortes de digestión. Recuerdo mi peregrinar por las Urgencias de
distintos Hospitales, recibiendo en numerosas ocasiones diagnósticos variopintos, tal cómo:
corte de digestión, lipotimia, hernia de hiato… Cuándo me daban estos diagnósticos me sentía
aún peor, ya qué la sensación de morirme se alimentaba con la idea de tener una enfermedad
mortal. Pero lo peor era cuándo me decían los médicos que no tenía nada, en ese momento me
decía a mí mismo: “con lo mal que me encuentro, ¿Qué tendré que no ven nada?”. Ahora lo
que tengo es un permanente estado de angustia constante. La sensación actual es vivir
permanentemente en peligro. Mis primeros ataques de pánico los vivía cómo si me estuviera
muriendo, ahora después de casi veinte años de enfermedad, se que no me muero, aunque
vivo la muerte en cada minuto.”
“La enfermedad ha tenido una evolución hacía la evitación de todos aquellos lugares y
situaciones en los que he podido sentir un ataque de pánico. Es cómo si hubiese recortado mi
posible campo de seguridad, actualmente sólo me encuentro seguro en casa, sobre todo si
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
estoy acompañado de mí pareja. Tengo miedo a tener miedo, a sentir miedo, por todo ello
cuándo estoy en una situación en la cuál creo que voy a tener miedo, simplemente la evitó y
escapo. No me siento libre, estoy atado en mi propio cuerpo y en mi necesidad de seguridad.
Lo entiendo, lo comprendo, nadie mejor que yo sabe que nunca pasa nada, pero me es
imposible enfrentarme, es una sensación que te vence, con la qué no puedes luchar ya qué es
incompatible con una vida normal, e independientemente quien gane, siempre pierdes tu..”
Seis meses después
Después de diez sesiones con Terapia de Interacción Recíproca, tuvimos el siguiente
diálogo en la sesión once:
Roberto.- ¿Cómo estás?
Joaquín.-Bastante mejor, muchísimo mejor, no tiene nada qué ver cómo vine, a cómo
me siento ahora, más seguro más capaz, sin miedo. No ha habido situaciones difíciles, todo ha
ido relativamente bien. Trabajo, vida personal, sin problemas.
R.-Vienes de pasar el fin de semana con tu madre que en otro momento te hubiera
movido mucho.
J.-Sí mi madre tiene un problema grave de salud, he pasado dos fines de semana
enteros con ella, fuera de Madrid, cuidándola, una compilación de Parkinson con síntomas de
demencia senil. Ha habido discusiones familiares sobre la manera de proceder. Mucho tiempo
con ella a la qué siempre he considerado fuente de mis problemas, sobre todo de mis
angustias. He tenido que ayudarla, asistirla, no sabía cómo iba a reaccionar y creo que lo he
hecho bastante bien y con normalidad, sin angustia ni miedo.
R.- ¿Qué está cambiando?
J.-No lucho contra el miedo. Sólo advierto en él mi propia identidad.
R.- Explícame esto.
J.- Antes me asustaba no tener el control, ahora sólo controlo el descontrol.
R.- Y cómo lo haces.
J.- Controlar el descontrol sólo se puede hacer, cuándo permitimos que el descontrol
exista para qué de esa forma pueda controlarlo. En ese momento todo cambia, lo que antes era
angustia ahora es la vida. Antes vivía para no morirme y la muerte estaba siempre presente.
Ahora vivo con la muerte y de esta forma descubro en cada momento la vida.
A sus treinta y seis años, Joaquín sentía qué la rutina de la vida cotidiana era su peor
enemigo, para él era similar a estar en un campo de batalla, cada mañana al levantarse percibía
qué de nuevo tenía qué enfrentarse a la sensación permanente de estar en peligro y de poder
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 29
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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morirse. En unos meses mucho de lo que le ocurría había cambiado. Gracias a las tecnologías
con las que hoy trabajamos, se pueden conseguir en muchos pacientes un cambio cómo el de
Joaquín. Son estos cambios los que nos animan en nuestra investigación.
Tener miedo al miedo no es un miedo normal. Las personas que padecen este tipo de
trastorno se escapan de la función adaptativa del miedo, entran en otra dimensión: el miedo
patológico o también denominado fobia. Este tipo de trastornos están catalogados dentro de los
Trastornos de Ansiedad, siendo al que nos referimos con el caso Joaquín, la Agorafobia, sin
duda uno de los más nefastos para la calidad de vida del que lo padece.
No obstante no es la única manera de vivir el miedo patológico. Hay personas que viven
un miedo insoportable ante situaciones tan simples cómo hablar en público o simplemente por
sentir que se sonrojan cuándo está interaccionando con alguien. A estos las relaciones sociales
les son imposibles de soportar o al menos muy ingratas. Sin embargo, hay una diferencia entre
el Agorafóbico y el Fóbico Social, el primero no quiere tener relaciones de compromiso por si le
aparece la crisis de pánico, mientras que los Fóbicos Sociales es la relación social en sí la qué
evitan. De esta forma el fóbico social encuentra la tranquilidad cuándo no está con otras
personas, independientemente del lugar dónde se encuentre. El ágorafóbico puede relacionarse
con personas y puede disfrutar con ellas, eso sí, siempre que se encuentre en un lugar para él
seguro. Con el tiempo este lugar termina siendo su casa.
Otro tipo de miedo patológico es aquel que aparece cuándo nos llegan pensamientos
intrusivos, aunque a este tipo de trastorno se le ha denominado Obsesivo. Suele ir acompañado
de rituales que se realizan para de alguna forma poder librarse de los efectos de tales
pensamientos, el obsesivo tiene miedo al contenido del pensamiento, a poder realizar aquello
que piensa, o a qué suceda algo negativo para sus seres queridos o para él si no realiza la
compulsión que neutraliza el pensamiento anancástico. En definitiva la obsesión es un miedo a
pensar, a poder hacer, o a qué puedan ocurrir sucesos cómo consecuencia de nuestros
pensamientos. Los Trastornos Obsesivos-Compulsivos, la Fobia Social y la Agorafobia, tienen
tratamientos farmacológicos similares, y también tratamientos psicológicos semejantes, no
obstante son trastornos diferenciados desde el punto de vista clínico.
Tal cómo he mencionado anteriormente con este libro quiero proponer al lector una
nueva forma de encarar todos los miedos, independientemente de que el miedo tenga qué ver
con situaciones, pensamientos o sensaciones corporales. Hasta ahora la psicología ha entendido
que el mejor tratamiento es la exposición, para de esta forma desensibilizar el condicionamiento
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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a las situaciones temidas y a las respuestas neurológicas y de nuestro sistema nervioso en
dichas situaciones. Este tipo de tratamiento ha sido suficiente para muchos pacientes, pero
todos sabemos que no lo ha sido para otros muchos. Creemos que una pieza esencial para este
fracaso con muchos pacientes, es no haber tenido en cuenta de que el cerebro de las personas
que padecen un trastorno en el que tienen miedo al miedo, no está gobernado por la misma
lógica, ni por las mismas estructuras cerebrales que el cerebro de la persona qué no lo padece.
La Bioquímica, y la relación entre entidades neurológicas, así cómo la perspectiva
psicológica, son distintas en un cerebro sin trastorno de ansiedad, que en otro con trastorno de
ansiedad. No son cerebros comparables en su funcionamiento y por lo tanto tampoco deben
tener la misma lógica en el tratamiento
El cerebro que padece miedo a tener miedo, tiene su capitán en el cerebro límbico. Este
cerebro toma las riendas cuándo intuye que el sujeto se encuentra ante un peligro vital, es el
cerebro de las emociones y el que intenta conseguir la supervivencia a través de la adaptación
más concienzuda. En este momento de crisis vital, el cerebro racional e inteligente queda
doblegado, no pudiendo gobernar, tal cómo lo hace cuándo no se encuentra ante una situación
de peligro vital.
La creencia de que el cerebro que padece un cuadro de ansiedad descapacitante, no
debe vivir cómo peligro vital la vida cotidiana, es una postura totalmente desconocedora de la
lógica emocional. Sólo podemos realizar esta conclusión cuándo creemos que el cerebro
racional siempre es el que gobierna. Esta creencia es uno de los errores más importantes que
padece la psicología de este siglo. Al paciente se le entrena para qué comprenda lo irracional de
su postura, y cómo es natural el cerebro racional del paciente lo comprende, pero a pesar de
comprenderlo es incapaz de poder controlar el miedo al miedo, ya qué este viene determinado
de otro lugar menos accesible a su voluntad cómo es el cerebro emocional, y es aquí dónde la
solución se convierte en el problema tal cómo dijo Steve de Shazer.
Tener miedo al miedo es estar en plena crisis global para el sujeto. Y aquí la razón
patina, necesitando de otra comprensión que sólo podemos encontrar en otra dimensión más
cercana a la vida primitiva o de supervivencia, una dimensión con una dinámica mucho más
anclada en la adaptación natural y muy alejada de los derechos por ser hombres o mujeres. Si
actuamos y tratamos desde esta nueva visión somos capaces de conseguir de nuevo el
equilibrio, y de esta forma salir de la tragedia vital.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Los componentes psicológicos que derivan en estos trastornos no son racionales, ni
tienen una lógica analítica-formal, sólo si sabemos cómo hacer la lectura de lo que ocurre en el
psiquismo, podremos aprender a encontrar la estabilidad. Si queremos comprender el caos
debemos emplear su lógica y su lenguaje. El conflicto psicológico es caótico, y la razón sólo
sirve para justificarlo, pero quien decide es su compañera de viaje: la emoción.
¿Por qué digo todo esto? La agorafobia está descrita en los Manuales de Clasificación
de los Trastornos Mentales cómo: “Una fobia o miedo irracional más comúnmente visto en
consulta. Aunque de acuerdo con la etimología de la palabra se relaciona con el miedo a los
lugares abiertos ("agora"=plaza), en general el agorafóbico teme cualquier lugar o situación en
el que se sienta desprotegido, desamparado, del que no sea posible huir inmediatamente a un
lugar considerado "seguro" o recibir ayuda. El agorafóbico tiende a evitar las situaciones
potencialmente ansiógenas, lo que generalmente presenta un grave problema para el individuo
afectado por este trastorno, debido a qué casi nunca deja su hogar, y cuándo lo hace,
generalmente, presenta una gran ansiedad causada por la fobia” (Wikipedia).
En esta descripción encontramos toda una realidad exacta de lo que le pasa a Joaquín.
Joaquín es un caso más, no es el más grave que he conocido, pero sí puede exponerse cómo
prototipo representativo de lo que es “Tener miedo de tener miedo”. Ahora bien en esta
descripción aparece una vez más la palabra “miedo irracional” y es desde esta definición
dónde puede ser que ya comiencen los problemas para comprender bien lo que le pasa a quien
lo padece.
Desde este momento voy a escribir cómo si hablara para ti, si eres una persona qué
padeces este cuadro te vendrá bien, si eres un profesional de la salud, será bueno que lo vivas
cómo si te pasara a ti, aunque será difícil que puedas vivirlo, ya qué sólo es posible entenderlo
cuándo has vivido un ataque de ansiedad, y si no eres profesional y tampoco te pasa, leyendo
cómo si fuera dirigido a ti podrás comprender mejor a todos aquellos que conozcas y que
tengan este problema. En mi experiencia profesional cómo psicólogo clínico he podido aprender
que lo importante no es tanto que el profesional comprenda lo que le ocurre al paciente, sino
que el paciente comprenda realmente lo que le ocurre a él. Para mí la Psicoterapia es sobre
todo descubrimiento, y sólo cuándo el paciente descubre los enigmas de su trastorno, es
cuándo el profesional es eficaz. Es por ello que te indico, para comenzar, lo importante que
debe ser que desde la descripción antes expuesta no tengas equívocos. En esta definición se
dice que “Tener miedo a tener miedo” también denominado FOBOFOBIA, es una fobia o miedo
irracional. ¿Qué es irracional?, ¿Qué no tiene razón de ser? Si es así cómo entendemos
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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irracional, pobre Agorafóbico, ya qué padece algo que no puede padecer. Irracional es ¿Que
está fuera de la razón? o simplemente que no puede explicarse desde la razón. Para no
sobrepasarnos en este punto adelantaré que comprender qué es irracional depende de la
posición desde la qué hablemos. Si hablamos desde la posición de aquel que no padece tener
miedo a tener miedo es comprensible, ya qué su cerebro está regulado por la razón y el sentido
común. Pero sí lo decimos desde el cerebro de quien lo padece, hablar de irracional es un
insulto a su realidad, ya qué para él, es totalmente racional sufrir ese miedo, ya qué siente que
se muere. El cerebro de quien padece este miedo está gobernado por otra lógica y por lo tanto
es coherente querer escapar, ya qué vive esta situación cómo que peligra la vida, y no es una
vivencia virtual, sino que para él y su cerebro, es tan real cómo la vida misma.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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CAPÍTULO 1 TUS PREGUNTAS Y DUDAS
Pánico, angustia, ansiedad y estrés. ¿Es todo lo mismo?
Aunque no lo creas, cuanto más sepas de ataques de pánico, mejor. La información es
esencial para poder enfrentarnos a una situación tan poco normal para el sentido común. Eso sí
la información debe estar revisada por un profesional, ya qué si esta información esta sesgada,
no sólo no te ayudará, sino que te puede ser perjudicial.
Comenzaremos por definirte una serie de conceptos que se usan dentro de la
terminología de los ataques de pánico, posteriormente cuándo ya tengas claros estos
conceptos, pasaré a responder algunas de las preguntas más corrientes que seguro te realizas.
La ansiedad es experimentada por el ser humano a dos niveles: nivel psíquico, y nivel
corporal o somático. La ansiedad, por lo tanto, es un estado emocional que se manifiesta cómo
inquietud, nerviosismo, temor o miedo. Podríamos decir, desde el punto de vista global
(biopsicosocial), que el estado de ansiedad saca al individuo de un estado de equilibrio o de
homeóstasis utópica. Paradójicamente ese equilibrio se establece con la adaptación a un
desequilibrio constante, siendo necesarias para está adaptación continúas compensaciones y
reestructuraciones biológicas, psicológicas y sociales.
Ansiedad normal.- Representa el estado de activación psicofisiológico normal ante
ciertos estímulos, tanto internos cómo externos, para encarar un momento de preocupación, o
peligro real. Este estado remite tan pronto cómo se ha superado el acontecimiento o situación
activadora. La ansiedad, dentro de unos límites, prepara al organismo y mejora la respuesta
para solucionar de forma adaptativa los problemas cotidianos.
La ansiedad normal tiene una función adaptativa y rara vez, con este tipo de ansiedad,
la persona percibe sensaciones en su organismo. Aquella aparece en el plano de los
sentimientos psíquicos y surge dentro del ámbito de la libertad personal.
Si no tuviéramos constantemente niveles de está activación estaríamos dormidos o
tendríamos una relación interpersonal muy inhibida. Por todo ello para poder tener creatividad,
para poder estar motivados, pensar, rendir en las tareas cotidianas y relacionarnos con otras
personas, debemos tener ansiedad.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Ansiedad patológica.- Ocurre cuándo su intensidad o su duración traspasa los límites de
la adaptación psicosocial. Se presenta de modo más somatizado, reduciendo la capacidad de
relación o de rendimiento del sujeto y produciendo malestar y alerta vital. En el estado de
ansiedad patológica encontramos frecuentes consultas del sujeto que la padece al especialista
médico, porque tiene la impresión de que aquello que le ocurre está relacionado con una
enfermedad somática. Interpreta qué lo que siente representa el aviso de nuestro organismo de
un trastorno coronario, respiratorio, u otra enfermedad orgánica.
La ansiedad patológica es más profunda, persistente y recurrente que la normal.
Produce un deterioro psicosocial y fisiológico, aparece en el plano de los sentimientos vitales y
reduce la libertad personal.
Estrés.- El concepto de estrés no pertenece a la psiquiatría ni a la psicopatología. Este
término fue definido por la ingeniería industrial cómo:
“resultado del desgaste que tienen las máquinas cuándo están en funcionamiento”.
Sin embargo, Hans Selye en 1926 se refirió con este término para definir “La
respuesta general del organismo ante cualquier estímulo estresor o situación
estresante”. De esta forma el término estrés entró en la nomenclatura psicológica, siendo en
estos momentos uno de los términos más utilizados, tanto por los profesionales cómo por el
lenguaje coloquial de la calle.
Desde el punto de vista clínico hay autores que usan el concepto de estrés cómo
estímulo, o cómo respuesta. Tanto una posición cómo otra son correctas, aunque
personalmente prefiero la utilización del concepto estrés cómo “respuesta del organismo ante
un acontecimiento nuevo, intenso o duradero”.
Ansiedad y Angustia.- De nuevo nos encontramos ante dos términos que son utilizados
prácticamente para explicar lo mismo.
La palabra “Angustia” procede del latín, y significa angostura o dificultad. Nuestro
diccionario lo define cómo aflicción o congoja, o bien cómo temor opresivo sin causa precisa. El
término angustia tiene expresión similar, en castellano, al término ansiedad, aunque si
queremos encontrarle diferencias, la angustia será esa sensación somática vivida con inquietud,
sobrecogimiento, inhibición y opresión, por lo tanto es un término empleado para referirnos a la
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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localización corporal de la ansiedad patológica, es por tanto más visceral (la colocamos en el
cuerpo) que el concepto de ansiedad.
La impresión de quien la padece es la de tener un nudo en la garganta, en el pecho o
en el estómago, así cómo dificultad para seguir respirando a la vez que siente una opresión en
el epigastrio o a nivel precordial.
El concepto de ansiedad es vivido cómo sobresalto, desasosiego, aceleración del
tiempo, falta de aire, sensación de que algo malo puede ocurrir. La ansiedad se dirige más a los
planos psíquicos, y suele estar vinculada con el futuro y el devenir.
En otros países no existen en el lenguaje dos términos, tal cómo en el castellano, que
diferencien el vocablo angustia y la voz ansiedad. De hecho en alemán se emplea el vocablo
“angst” para comunicar estos dos conceptos, así cómo en inglés se emplea también únicamente
el término “anxiety”.
En definitiva la unión entre la ansiedad y la angustia es la existencia de un miedo
indefinible e inexplicable. La diferencia nos la indica Vallejo-Nágera:
“El predominio de lo somático sobre lo psíquico en la angustia sobre la ansiedad”.
Ansiedad endógena /Ansiedad exógena.- Fue Sheehan en 1982 quien introdujo los
conceptos antagónicos de ansiedad endógena y exógena. La ansiedad endógena tiene un
carácter autónomo, ajeno al estrés ambiental. La ansiedad exógena será el resultado de la
interacción del individuo con las situaciones ambientales estresantes.
En este orden podemos tomar el término angustia cómo sinónimo de ansiedad
endógena. Esta, también denominada ansiedad paroxística, tiene una gran carga genética,
evoluciona en crisis agudas, responde bien a los psicofármacos, predomina en el sexo
femenino, frecuentemente reclama asistencia médica, tiene, a menudo, historia de crisis de
ansiedad en la familia y su curso es independiente del ambiente.
La ansiedad exógena o reactiva estaría vinculada a lo que hemos definido
anteriormente cómo ansiedad patológica. Tiene mayor carga en el aprendizaje, evoluciona
influida por el ambiente, raramente reclama asistencia médica, es similar en ambos sexos y
tiene buena respuesta con terapias psicológicas.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Miedo / fobia.- El miedo, así cómo la ansiedad normal son emociones que dan lugar a
dos respuestas adaptativas del ser humano. Es decir, es conveniente tener ante estímulos
aversivos o dañinos respuestas de miedo para, de esta forma, evitar o escapar. El miedo, por lo
tanto, es una reacción normal ante una situación de peligro identificado, tiene un sentimiento
motivado y se acompaña siempre del objeto concreto.
Fobia es un miedo “irracional”, no adaptativo, que no debe producirse debido a lo
neutro del estímulo o lo poco dañino que en la realidad puede ser. Esta respuesta fóbica no
favorece la capacidad de adaptación y produce un sentimiento en el plano de lo vital que hace
dependiente al sujeto. De esta forma es habitual encontrar sentimientos de catástrofe o muerte
en el momento que el sujeto se enfrenta ante el estímulo fóbico.
dentro de las denominadas fobias, podemos diferenciar la fobia simple, que es aquella
qué se produce ante un animal, objeto o situación única, en la qué el sujeto da una respuesta
de activación fuera de la lógica del momento y que necesita escapar del estimulo fóbico para
poder encontrarse bien, y posteriormente evitará todo aquello que pueda exponerle a este. Se
han contabilizado miles de estímulos a los que podemos dar una respuesta fóbica.
Curiosamente la memoria fóbica es realmente eficaz, ya qué en numerosas ocasiones se puede
tener fobia a animales, objetos o situaciones que nunca hemos tenido cerca o presenciado,
siendo bastante resistente a la desensibilización natural, necesitando alguna intervención para
qué dejé de existir. Hay que diferenciar del proceso fóbico, aquellos miedos evolutivos que
ocurren frecuentemente en determinadas edades, y que suelen remitir simplemente con el
crecimiento del sujeto que los padece. No obstante cuándo estos miedos evolutivos han sido
suficientemente bloqueantes, es habitual que la personalidad fóbica persista, aunque se vayan
resolviendo algunos de estos miedos que dejan pasó a otros.
Hablamos de fobia social, cuándo el sujeto evita el contacto con personas que no conoce
o que puedan darse cuenta de su inseguridad, puedan observar cómo le tiembla el pulso, se
pone rojo, o simplemente puedan darse cuenta de que ha sido incapaz de hablar o responder
ante una situación normal de forma correcta. El fóbico social tiene una sensación de terror a
cualquier relación social en la qué no se encuentre seguro, es por eso que le es imposible
hablar en público o relacionarse con personas que no conoce. La fobia social debe ser
entendida cómo una expresión de numerosas inseguridades, baja capacidad para admitir la
dinámica habitual del quehacer cotidiano, sumergiendo a quien lo padece en una burbuja y un
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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verdadero conflicto con las relaciones sociales. La prevalencia es del 2 % de la población, y
cerca de un 23 % de los procesos de ansiedad fóbica.
La Agorafobia tal cómo expresé en la introducción, es un trastorno mucho más
complicado tanto en su etiología cómo en su tratamiento. La persona Agorafóbica tiene miedo a
cualquier situación, actividad, objeto, animal o personas con las que pueda tener miedo.
Realmente es una fobofobia, es decir es tener miedo al miedo, que podríamos traducir en tener
miedo a todo aquello que es susceptible de producir un ataque de pánico. Al igual que la fobia
simple y la fobia social, pueden ser entendidos cómo un trastorno que mejora habitualmente
bien con la desensibilización sistemática del elemento fóbico, en la Agorafobia no siempre es
así.
La exposición en vivo y la desensibilización sistemática no son la panacea para este tipo de
trastorno. Incluso la medicación psiquiátrica añadida a estas tecnologías no aportan nada más
que un 65-70 % de eficacia en los pacientes que la padecen. Muchos teóricos se defienden de
estas cifras indicando que en numerosos pacientes el condicionamiento interoceptivo, así cómo
la dificultad para desensibilizar variables que intervienen y que están solapadas, es la
explicación de esta dificultad terapéutica. En concreto estos autores, la mayoría de ellos muy
cegados por su narcisismo y su incapacidad para ver más allá de lo que ya han visto, nos dicen
que si el paciente no mejora es porque este es resistente al cambio, o porque hemos hecho mal
el análisis funcional. Esta forma de entender la salud y la enfermedad implica en este paciente,
una sensación de indefensión tal cómo explicaremos más adelante, y al clínico le envuelve una
sensación de impotencia qué también perjudica su relación con el paciente.
La agorafobia es otra historia en el mundo de las fobias, es de nuevo uno de esos procesos
en los que está implicado la totalidad del sistema, tal cómo sucede en procesos cómo la
Anorexia nerviosa, la fibromialgia o la dependencia emocional. En estos cuadros el terapeuta
debe ampliar su visión de la enfermedad y debe obtener una especialización en el mundo de lo
caótico, y por lo tanto sus herramientas no sólo pueden ser la lógica racional. Quien quiera
trabajar desde la lógica analítica-racional-formal con estos trastornos conseguirá solución en un
60% de los pacientes, pero el resto puede incluso empeorar, simplemente por no tener en
cuenta la lógica caótica del conflicto intrapsíquico humano.
Dejamos con esta reflexión el camino trazado, para qué más adelante “podamos surcar los
mares sin que el cielo lo note”.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Pánico.- El término Pánico es utilizado en psiquiatría cómo un concepto vinculado al de
angustia. En la versión Inglesa del sistema diagnóstico D.S.M (Manual Diagnóstico y Estadístico
de la Asociación de Psiquiatría Americana), se refiere a las crisis agudas de angustia.
Etimológicamente Pánico procede del término griego “Pan” quien, en la mitología, era un Dios
menor de la naturaleza, que ocasionalmente lanzaba un grito sobrecogedor que producía, en
quien lo escuchaba, un estado de terror que era llamado “pánico”.
Es habitual que se utilice aleatoriamente el concepto de crisis de ansiedad, crisis de
pánico, o crisis de angustia, para definir un mismo estado mental en el que siempre que
sucede, quien lo padece siente que se encuentra ante una amenaza, aunque no sepa qué le
amenaza. Pero sin duda además de saber cómo se puede llamar aquello que te pasa en una de
estas crisis, me imagino que te interesará responder a las siguientes preguntas que iremos
haciendo en los distintos apartados de este capítulo:
¿Qué le pasa a mí mente? ¿Estaré perdiendo la cabeza?
Son dos preguntas que en muchas ocasiones se entienden cómo una sola. A la primera
pregunta tenemos que contestar con algo muy simple: “Estás viviendo una amenaza, tus
sensaciones son el fruto de sentirte amenazado e incapaz de manejar tu existencia”. La
siguiente pregunta debería ser, por tanto, ¿Qué me amenaza? ¿Qué me ocurre con mi vida para
sentirme que no soy dueño de ella? Sin embargo, estas dos preguntas no suelen ser las que se
hace el sujeto que padece ataques de ansiedad, no sigue este tipo de lógica, al contrario hace
un salto cualitativo y se pregunta ¿Estaré perdiendo la cabeza?, y esta pregunta no sólo le
coloca en un estado que alimenta la primera pregunta, por lo que cae en una espiral viciosa y
de difícil salida. Al pensar que está perdiendo la cabeza, no asume que tiene capacidad para
poder cambiar la sensación de amenaza por seguridad, es más, se inunda de más inseguridad y
por lo tanto de mucha más sensación de amenaza. Con esta segunda pregunta se aleja de ser
el actor principal y en consecuencia en el que tienen que surgir las soluciones, percibiendo la
situación cómo algo externo a él, en la qué no tiene capacidad de influir, ya qué perder la
cabeza es sinónimo de perder la batuta y sobre todo de perder la posibilidad de encontrar por sí
mismo/a la solución.
De alguna forma ya te lo he mencionado en varias ocasiones, la mente de quien sufre
una crisis de ansiedad está viviendo una amenaza semejante a estar delante de un León, o
estar rodeado de un fuego. Es la respuesta de la nuestra mente ante un acontecimiento en el
que tenemos que enfrentarnos a una situación en que peligra nuestra vida. Pero curiosamente
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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en la realidad tangible, para qué podamos definir esa respuesta de ataque de pánico, no debe
haber un peligro real. Esto quiere decir que la respuesta de descontrol que ocurre al recibir una
noticia trágica, o saber que ha sucedido algo malo a una persona querida ¿No es un ataque de
pánico? La persona qué vive una situación así, si somos objetivos no tiene ningún peligro para
su vida, sin embargo, imagina o percibe que alguien importante para él, sí que está en ese
peligro o incluso ha podido sufrir un percance grave, es por lo tanto una respuesta semejante a
aquel que tiene crisis de ansiedad en el sillón de su casa, ya qué este también anticipa o vive
una situación amenazante, aunque está vez no haya ninguna amenaza real ni para él ni para
otra persona de su entorno. Habitualmente en los ataques de ansiedad, encontramos que el
sujeto anticipa un acontecimiento, que si sucediera, sería realmente una situación nefasta, en
algunas ocasiones este acontecimiento sí que está sucediendo a otros, pero en otras muchas ni
le sucede a él ni nadie está en peligro. Es en esta última situación en la qué realmente la
persona qué lo padece se realiza esta pregunta ¿Qué le pasa a mí mente? ¿Estaré perdiendo la
cabeza?
Pues no, no está perdiendo la cabeza, es más numerosos estudios indican que aquel
que sufre de ataques de ansiedad, tiene muy pocas posibilidades de tener en algún momento
de su vida ataques de locura o psicóticos. Es cómo si fuera una vacuna en contra de la pérdida
de control, paradójicamente estas personas viven con un miedo tremendo a perder el control
de su mente, y sin embargo, son las personas que tienen menos posibilidad de perder dicho
control.
De tal forma qué si esto te sucede a ti, podrás seguir con el sufrimiento que te produce
la idea de poder volverte loco en cada una de estas crisis, pero desde aquí te digo que cada
ataque de pánico es cómo un antídoto para qué esto no ocurra. Es curioso: CUANTO MÁS
ATAQUES DE PANICO TENGAS MÁS CUERDO ESTARAS. ¿Qué te parece? ¿No es paradójico? Te
lo digo muy directo: Si sufres de ataques de ansiedad, tienes diez veces menos posibilidades de
tener un cuadro psicótico, que las personas que nunca lo han sufrido.
¿Entonces qué te pasa? Bueno, entre otras cosas que colocas a tu imaginación, y tu
pensamiento en el mismo plano que la realidad. Me explico, aquellas personas que cuándo
piensan o imaginan una situación negativa, su cerebro emocional considera qué eso está
pasando en realidad, aunque su cerebro intelectual sabe que no pasa, tiene muchas
posibilidades de que se desencadene un cuadro de ansiedad. Son personas que tienen
conectadas sus emociones con situaciones de peligro vital, y aunque en este momento no estén
en peligro real, su cerebro emocional considera qué sí lo están. Al final del proceso todo se
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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reduce a un fallo químico (hiperactividad Noradrenérgica y Dopaminérgica frente a la actividad
Serotoninérgica y Acetilcolinérgica), a una activación masiva de una zona del cerebro que está
diseñada para responder ante situaciones de peligro vital (Amígdalas), y por supuesto a un fallo
en los mecanismos de regulación del lóbulo frontal orbital del neocórtex, queda relegada en la
inhibición, de dicha activación de dichas estructuras subcorticales y de sus químicas.
¿Interviene la Genética? Parece ser que sí. ¿Interviene el aprendizaje? Por supuesto,
¿Interviene todo aquello que compone la trayectoria vital de aquel que lo padece? Sin duda, es
ahí dónde está el mayor peso en la explicación de estas crisis.
Por lo tanto y para qué podamos seguir dando pasos hacía la solución, tienes que saber
que los ataques de ansiedad son incompatibles con la locura, lo que interpretas cómo volverte
loco, simplemente es la expresión de las estructuras cerebrales de las que no tienes control
voluntario, y frecuentemente confundes locura con involuntario, así que es necesario, saber
llegar muy dentro de uno mismo y poder gobernar esas instancias que intervienen en estos
procesos.
Desde el punto de vista estrictamente técnico, lo que te pasa es que tu cerebro emplea
las químicas diseñadas para momentos de peligros vitales. Vive emocionalmente una amenaza
vital, y sobre todo te está trasmitiendo que hay que salir corriendo para poder sobrevivir, es por
eso que en la mayoría de las ocasiones y teniendo en cuenta la vida del siglo XXI, quieres salir
corriendo al hospital, aunque cuándo llegas y ves un médico, en muchas ocasiones ya te
encuentras mejor.
Es conveniente para qué no te atormente la idea de que te estás volviendo loco, que te
des cuenta de que volverse loco y estar gobernado por estructuras alejadas de la voluntad,
tiene un elemento en común: no controlas. Este es el epicentro del miedo a tener miedo,
querer controlar aquello que no es voluntario. Si tuviera qué dedicar un titular a este trastorno
simplemente le pondría en letras muy grandes “intentar controlar el descontrol produce más
descontrol”. El psicótico, el loco, simplemente vive en el descontrol, no intenta controlar,
simplemente se sumerge, se mimetiza en el descontrol y el caos, pero en todo momento esa
vivencia la toma cómo realidad, no lucha contra ella, simplemente la vive, y en consecuencia se
asusta, se agobia, se enfrenta, o simplemente se divierte con ese mundo caótico que está
viviendo. La persona qué tiene miedo a tener miedo, descubre una y otra vez que nunca le
pasa nada, sin embargo, la vivencia de descontrol no se la permite, y es en su afán de controlar
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el descontrol cuándo cae una y otra vez en una dinámica, en la qué simplemente con imaginar
que podría descontrolarse ya se agobia y lo vive cómo el final de sus días.
¿Nunca has pensado lo que te acabo de decir? Nadie puede estar más seguro de que
después de un ataque de ansiedad no pasa nada, que aquel que los ha padecido, sin embargo,
aunque está evidencia es totalmente tangible, las personas que tienen miedo a tener miedo
quedan enganchados una y otra vez a una vivencia inexistente y que está suficientemente
certificada de irreal. Más adelante entenderás por qué te digo esto, por el momento acuérdate
de estas palabras: “En el ataque de pánico lo que vives es irreal pero no irracional. Si dejas de
buscar una razón y buscas en tu realidad, podrás descansar de esta lucha contra ti mismo/a”.
Y es en este punto dónde encontramos otro filón de incongruencia, ya qué es muy fácil
encontrar en el que tiene miedo a tener miedo una búsqueda de inseguridad o seguridad en su
relación con el mundo exterior, sin embargo, dónde se acerca todo ese miedo, en el lugar
dónde se tendría qué producir la lucha es en lo más profundo de uno mismo, pero allí no nos
gusta ir. Nos perdemos con el exterior para no ver el interior, y claro está, cuándo buscamos la
solución en el opuesto alimentamos el problema.
Adelantaré ahora un elemento crucial para resolver los ataques de pánico, y es que
para salir del ataque de pánico primero hay que entrar en él, ya qué si no le conocemos y le
observamos cómo un extraño que nos quiere agredir, ocurre que huimos y cómo es natural él
nos sigue, igual que aquel que vio correr un hombre que se dirigía hacía él, y desde la
sensación de amenaza también salió corriendo, y cuanto más corría uno más corría el otro,
hasta qué exhausto se paró y cuándo temía qué el hombre sudoroso le agrediera, este se
acercó y tendiéndole la mano le dijo: “Señor su teléfono, se lo había dejado en el bar dónde
tomo café”. El miedo está unido a la necesidad de escapar. Recuerda mí experiencia, cuanto
más huyes más te persigue. Conócele, pregúntale, deja qué te comunique sobre la primera de
las preguntas, y te darás cuenta de que aquello que era una amenaza, en ese momento se
convierte en sabiduría y autodescubrimiento. El ataque de pánico tiene insertada tu historia,
¿Quieres conocerla?
El médico me dice que mi cuerpo está bien. ¿Qué tendré
que no me lo encuentra?
Cuándo sucede un ataque de ansiedad, y tal cómo ya hemos mencionado anteriormente, la
persona qué lo padece, siente cuatro amenazas respecto a sí mismo:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
- Morir de un infarto.
- Morir asfixiado.
- Volverse loco.
- Tener una diarrea qué no puede controlar.
Estas cuatro sensaciones vienen determinadas por la parte de nuestro organismo que
notamos más activada. El ataque de pánico podría definirse cómo una descarga de energía a lo
bestia. Es decir, nuestro cerebro emocional percibe que nos encontramos ante un peligro vital,
y prepara a nuestro organismo para liberar energía. Los músculos se llenan de sangre, y
respiramos mucho más rápido, de esta forma estamos llevando más glucosa y oxigeno a
nuestros músculos, sobre todo de brazos y piernas, para prepararnos para correr y por
supuesto para la lucha. Esta sangre se desplaza habitualmente desde el estómago y también
desde la cabeza, produciéndose una sensación de aturdimiento y de malestar gástrico. El
aturdimiento puede culminar en algunas ocasiones en lo que denominamos despersonalización
y desrealización. La despersonalización produce una sensación de no ser uno mismo, de estar
cómo fuera de sí, cómo si no pudieras sentirte cómo tú mismo. La desrealización te hace sentir
cómo que la realidad no va contigo, cómo que estás fuera de ella, es una sensación de estar en
otra dimensión alejada de todo lo que te rodea. Para qué todo esto pueda producirse el corazón
debe bombear más sangre por minuto y los músculos del pecho deben comprimirse con más
rigor.
La sensación de morir por un ataque cardiaco es habitual cuándo el sujeto se fija en sus
sensaciones precordiales, aprecia qué su corazón está descontrolado y que se va a salir por la
boca, siente dolor en el pecho y en numerosas ocasiones hormigueo en su brazo izquierdo.
Tiene que quedar claro que todas estas sensaciones son reales, es decir el sujeto percibe no de
forma alucinatoria todo este ramillete de sensaciones, por lo tanto es fácil que interprete que
está padeciendo un infarto. Además siempre en las primeras crisis debe hacerse un diagnóstico
diferencial por un cardiólogo o médico especializado, que habitualmente se resuelve con una
exploración y un Electrocardiograma.
Cuándo la percepción del que sufre un ataque de pánico se realiza sobre todo en la
dificultad de la respiración y en la descoordinación de esta, así cómo en la incapacidad para
controlarla, es posible que el sujeto tenga la sensación de que va a morir de asfixia. Tenemos
que tener en cuenta, que nuestra respiración, la de todos, tiene un programa automático y otro
voluntario, de tal forma qué si entramos en coma, estamos dormidos, o estamos distraídos, no
somos conscientes de la respiración que llevamos. En nuestro cerebro hay una estructura
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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llamada Núcleo Parhabránquial, que es capaz de captar y apreciar la tasa respiratoria qué
necesitamos en cada momento, de tal forma qué al tener un ataque de pánico, esta estructura
comprende que debemos gastar mucho más oxigeno y por lo tanto introduce a la respiración en
un programa automático, en el que es más importante introducir que expulsar. Lo que ocurre
después es que fácilmente el sujeto entra en una hipocapnia, es decir en un déficit en el natural
equilibrio entre el O2 y el CO2 en sangre, produciéndose literalmente una alcalosis respiratoria,
o lo que es lo mismo un envenenamiento que tiene repercusiones tanto a nivel central cómo
periférico. En la hiperventilación la persona habitualmente se marea, comienza a ponerse rígida,
ya qué se produce una mayor adherencia de los iones de calcio en el ligamento, y comienza a
notar que sus manos y pies se retuercen y se paralizan. Todo este cuadro, muy aparatoso, se
resuelve consiguiendo que el sujeto respire el propio aire que expulsa, además de conseguir
colocar su respiración de nuevo en programa voluntario, y de esta forma conseguir expulsar el
aire, al menos, en el mismo tiempo que lo introduce. En estos momentos es fácil que el sujeto
crea qué tiene un fallo respiratorio, y que puede morir de asfixia, las sensaciones son reales y a
todo el que tuviera un cuadro de este tipo le pasaría.
No obstante numerosos estudios indican que la hiperventilación no siempre es la
antesala del ataque de pánico, y además curiosamente hay evidencia de que la provocación de
hiperventilación en algunos sujetos declina el ataque de pánico. Estamos de acuerdo con estos
resultados, sólo querríamos añadir dos cosas:
- Los sujetos que tienen hiperventilación cómo antesala del ataque de pánico, o que
se hiperventilan durante este, son en un 82 % (R. Aguado 2005) los que indican
durante el ataque de pánico que van a morir de asfixia.
- Cuándo se provoca la hiperventilación en una investigación es cierto que el sujeto
incluso puede conseguir parar un ataque de pánico si se estaba produciendo. Ahora
bien este resultado lo que nos dice es que la sensación de control tiene una
importancia fundamental en estos cuadros. Si a alguien se le indica qué se
provoque hiperventilación o cualquier otra cosa, además de estar trabajando cómo
una prescripción del síntoma o una intención paradójica, se le está enseñando que
es él quien provoca todo, y esto da seguridad y en definitiva comunica a las
estructuras subcorticales que está seguro. Distinto es cuándo la hiperventilación
simplemente se produce de forma natural, en ese momento si que hay muchas
probabilidades que es hiperventilación provoque una crisis de ansiedad.
Cómo consecuencia de la hiperventilación, y sobre todo por la alteración de todo su
sistema en el momento que se produce un ataque de pánico, es frecuente que el sujeto tenga
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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cambios cognitivos y de orientación. La despersonalización y la desrealización son los
indicadores más relacionados con la sensación del sujeto que padece una de estas crisis con
estar volviéndose loco o estar perdiendo el control. En el lóbulo temporal medial parece ser que
se encuentra el nódulo del YO (F. J. Rubia 2005), estructura qué si está dañada produce una
sensación permanente o intermitente de no reconocer cómo propias algunas conductas, o
incluso partes del cuerpo. Esta estructura parece ser que se ve afectada en la hiperventilación y
en la extremada activación de la rama simpática del sistema nervioso autónomo. Volverse loco
para el sujeto es una forma de explicar las sensaciones que vive durante la despersonalización
y la desrealización.
Por ultimo es posible que aquel que vive una crisis de ansiedad, note sobre todo que su
estomago o sus intestinos están descontrolados, apareciendo una eminente y súbita sensación
de pérdida de control del esfínter anal, y una tremenda necesidad de evacuar. Esta sensación
es propia de la descompensación gástrica y la gran activación simpática en la pared gástrica. No
olvidemos que la digestión en sí se realiza por activación parasimpática y por lo tanto una
descarga general simpática produce un corte de dicha digestión, ya qué el organismo necesita
la sangre en otros lugares, tal cómo antes hemos señalado.
En particular es muy habitual que el médico que asiste a una persona qué tiene ataques
de pánico compruebe que el corazón, los pulmones, el estomago y demás órganos, están
sanos, no tienen ninguna anormalidad. El electrocardiograma es normal, la analítica no indica
marcadores de infarto y está en los niveles óptimos, y las exploraciones de reflejos y demás
vías de estudio están dentro de los límites. En ese momento, ya no tanto, era habitual hace
unos años que el médico dijera algo cómo:
- “No le pasa nada, su corazón está perfecto. Ya me gustaría a mí tener el corazón que
Usted tiene”. Por supuesto el médico esta diciendo la verdad, y su diagnostico es acertado,
pero también es cierto que lo que quiere trasmitirle a su paciente es que no se preocupe y que
al compararlo con su corazón le indica qué tiene una salud fantástica. El problema es que está
comunicación no sólo no mejora al sujeto, sino que le aturde y le confunde más, ya qué en
esos momentos se dice a sí mismo:
“Qué tendré que ni el médico es capaz de localizarlo”
El motivo por el que se da esta paradoja terapéutica, en la qué la comunicación del clínico es
positiva y se convierte en negativa para el paciente, es que el clínico debe saber que el paciente
ha sentido que se moría, y que esa sensación es totalmente real. De tal forma qué si alguien
especialista me dice que no tengo nada, lo único que se me puede ocurrir, es pensar que no ha
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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sabido encontrarlo, y que es mucho más grave de lo que parece, y que frecuentemente
necesita una exploración mucho más intensa.
Es aquí dónde quizás se produzca el punto de inflexión patológico más importante en
los sujetos que padecen crisis de ansiedad, ya qué es posible que con una explicación cómo
esta, y después de haberse tranquilizado, el paciente pueda irse a su casa, con la hipótesis de
que algo le ha sentado mal en la comida, o que tiene mucho estrés. Pero cuándo ocurre el
siguiente ataque de pánico, comienza a decirse no sólo lo que estamos indicando, sino que
comienza a tener una sensación de indefensión, ya qué es habitual que si va dos o tres veces a
urgencias y los médicos son los mismos, se puede envolver en con una espiral muy negativa,
en la qué el médico intenta explicarle que no tiene nada y él cada día se puede sentir más
enfermo.
Actualmente todas las unidades de urgencia y los médicos en general saben diferenciar
un ataque de ansiedad de un infarto o una crisis asmática, crisis epiléptica o cualquier otro
desorden físico o psíquico. Razonablemente es fácil encuadrar estas primeras crisis en su
protocolo, pero todavía no es general que el médico sepa cómo hablar al paciente y cómo darle
una vía de solución.
Algo tan sencillo cómo decirle:
- “Bueno amigo ya sabemos lo que le pasa, cuándo le decíamos que usted no tenía
nada nos equivocamos, usted padece una enfermedad importante, que no afecta a
su cuerpo, y por lo tanto su corazón, sus pulmones y demás órganos vitales, no van
a verse afectados, pero sí no ponemos fin a este trastorno su forma de vivir sí.
Padece crisis de ansiedad, y estas crisis le harán sentir que puede tener problemas
en el corazón o los pulmones, aunque estos estén bien. Este trastorno tiene que ver
con una sensación de amenaza y debe ser tratada por un especialista, para qué esa
parte de su cerebro que se siente amenazada dejé de estarlo, y por el contrario
comprenda qué en la realidad no le pasa nada. Usted tiene un trastorno que no es
orgánico y debe ser tratado por un especialista psicólogo, y en algunas ocasiones
por un médico psiquiatra. Por todo ello tenía usted razón, algo le pasaba, pero no
en su cuerpo y sí en su sistema nervioso”.
Esta indicación es habitualmente suficiente para destronar la indefensión del sujeto, y
para encuadrarle en una vía terapéutica en la qué aparezcan esos dos pilares básicos para
conseguir resolver las crisis de ansiedad:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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“Esperanza de solución y participación del paciente en el proceso terapéutico”
¿Cómo es posible, que salir a solas a la calle, me haga
sentir que me muero?
No sólo es posible, sino que si es así, es que es necesario. Lo único que he hecho hasta
ahora es presentarte el comportamiento de tener miedo a tener miedo, y si me preguntas por
qué tienes miedo de cosas tan cotidianas cómo salir a la calle, mi contestación es “Porque es
necesario para ti”. Posteriormente podremos ahondar en cómo puedes salir de esta situación,
pero para poder salir, te aconsejo que en primer lugar te des cuenta de que ese miedo es
necesario, si puedes aceptarlo luego todo será más sencillo.
Se que está afirmación puede provocar incluso crispación, es fácil que aparezca desde
muy dentro de ti, el siguiente pensamiento: “cómo puedo necesitar tener miedo a algo tan
cotidiano para el resto de los mortales cómo salir de casa, subirme a un autobús, cruzar un
túnel, entrar en unos grandes almacenes, o estar en el cine”. Estos pensamientos son propios
de una parte de tu mente, esa parte consciente de que está regulada por la lógica formal-
analítica-racional, pero no es la única lógica qué tienes en tu cerebro. La mente inteligente
tiene su morada y está determinada por la última estructura evolutiva en la filigénesis “el
neocórtex”, considerada cómo la última tecnología en sofisticación neurológica. Con ella
podemos conseguir dominar elementos tan interesantes para nuestra supervivencia cómo el
tiempo, el espacio, el cálculo y el lenguaje, entre otros grandes procesos superiores. Con la
mente inteligente podemos conseguir memorizar numerosos conceptos y aprender de nuestras
experiencias. Pero no todas las memorias están reguladas por esta mente inteligente. Antes de
que existiera el neocórtex, la mente emotiva, también llamada límbica, ya existía. Si la mente
inteligente está diseñada para el conocimiento y el descubrimiento, la mente emotiva tiene
cómo objetivo conseguir nuestra supervivencia mediante la adaptación, es por ello que guarda
memorias que nos ayudan a conseguirlo.
Cuándo nuestra mente emotiva tiene grabada una memoria en la qué salir a la calle es
peligroso, organizará toda una serie de cambios biológicos y motores que serán identificados
cómo una situación de peligro vital. En ese momento la mente intelectual interpretará que lo
que está ocurriendo tiene que ver con un fallo cardiaco, o que nos estamos volviendo locos, y si
ya ha sido educada para reconocer un ataque de ansiedad, entonces realizará esta
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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interpretación, pero siempre basada en una justificación original: sufrir un infarto, asfixiarse, o
volverse loco.
Por lo tanto cada vez que intentas salir a la calle simplemente vives que te estás
muriendo, y esto no es ninguna tontería, y por mucho que lo interpretemos cómo absurdo en
ese momento lo que vives es una realidad para ti. ¿Qué hacer entonces?, ¿Nos quedamos toda
la vida cómo enfermos en casa? Por supuesto que no, quedarse sin hacer nada no es
conveniente, ya qué estaríamos certificando que estamos ante un peligro real, y habitualmente
la mente intelectual seguiría justificando esta situación con peligros y miedos en forma de
anticipación.
Desde tu mente inteligente es incoherente y está fuera de toda lógica. Pero desde tu
mente emotiva salir a solas a la calle es un peligro mortal. No luches contra esta realidad, si
luchas perderás siempre. Sólo conseguimos poder salir a la calle, cruzar un túnel, estar en un
supermercado, en el cine o en cualquier otro lugar para ti fóbico, cuándo somos capaces de
conseguir que nuestra mente emotiva también se sienta en una situación de seguridad. Hemos
aprendido con miles de pacientes y empleando diseños a doble ciego, que la mejor estrategia
no es forzar o vencer a la mente emotiva, todo lo contrario, vamos a comprenderla vamos a
poner a su servicio la mente intelectual. No intentaremos convencer a la mente emotiva desde
nuestro diálogo inteligente, en la mayoría de las ocasiones no sólo no mejoramos sino que
empeoramos, ya qué aquello a lo que atendemos desde lo intelectual es evaluado desde lo
emocional y si ya está grabado cómo peligroso, es cómo si estuviéramos alimentando a la fiera.
Lo ideal es no colocar desde la inteligencia ninguna actividad reparadora, todo lo contrario
podemos proponer tal cómo ocurre en la intención paradójica o en la prescripción del síntoma,
la normalidad del miedo, en ese momento no sólo ayudamos a relajarse a la mente emocional
sino que habitualmente desarrolla todo un cambio de percepción sobre lo que está grabado
cómo peligroso.
Un ejemplo: Si estás al lado de un perro de 40 Kilos, y sabes que es tu perro Tango,
ese que has cuidado desde cachorro, cuándo sólo era una especie de ovillo de pelo, tu cerebro
estará interpretando esta situación cómo normal e incluso cómo placentera, Ahora bien si estas
hablando por tu móvil mientras sacas a la calle a Tango y este se aleja, pero tu no te das
cuenta y te comportas con otro perro que no es el tuyo cómo si estuvieras con Tango, es
posible que tu cerebro sienta una amenaza, incluso mucho antes de haberte dado cuenta de
que Tango se ha ido lejos y ahora quien está a tu lado es un desconocido Rotweiller. Ese
cerebro que siente la amenaza, es tu mente emocional, ya qué la intelectual seguía creyendo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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que la presencia qué sentías era de Tango. Cuándo tu mente intelectual es consciente de lo que
está ocurriendo, tu mente emocional lo ha sido mucho antes y te ha informado.
Pues bien esto mismo ocurre cuándo te acercas a una situación que te provoca ataques
de ansiedad. Tu mente emocional identifica qué estás en territorio peligroso. Esta interpretación
para tu mente intelectual puede ser incoherente y tal cómo se dice por ahí irracional, pero para
tu mente emocional es totalmente coherente y está fuera de toda lógica. ¿Por qué tu mente
emocional tiene grabadas todas las situaciones que te producen miedo a tener miedo? Es una
buena pregunta qué cuándo te la puedas contestar vas a mejorar y mucho. Para ello sigue
preguntando hasta qué te llegue la contestación.
Absolutamente todos los teóricos de los trastornos de ansiedad y la agorafobia,
queremos los mismo, conseguir que nuestro paciente dejé de tener dichos ataques y que pueda
exponerse en toda su plenitud al mundo que le rodea. En lo que nos diferenciamos unos y otros
es en la forma cómo creemos que podemos alcanzar esta meta. La mayoría de las corrientes
psicológicas actuales creen que desde la razón podemos noquear el impacto emocional y por lo
tanto aplican todas sus estrategias terapéuticas para cambiar los pensamientos negativos que el
sujeto tiene. Desde hace años nos hemos dado cuenta de que esto no sirve con todos los
pacientes, sobre todo no sirve con aquellos que han intentado resolver su problema a través de
la exposición y no sólo no han mejorado sino que han empeorado.
Es habitual que escuchemos: “Se que lo que me pasa es absurdo, se que en la calle no
hay nada qué pueda realmente hacerme daño, todo eso lo se, pero cuándo lo intento algo
dentro de mí se rompe, y es tan terrible lo que me pasa qué no puedo soportarlo”. Es decir el
sujeto desde su pensamiento intelectual, desde su mente intelectual tiene claro que todo esto
es un absurdo, pero desde su mente emocional vive realmente que se está muriendo, y por
mucho que se diga a si mismo que no pasa nada, sigue apareciendo el ataque de ansiedad. De
tal forma qué si no maniobramos primero con esta mente emocional, si no somos capaces de
grabar en esta mente una nueva memoria qué consiga trasmitir a todo el sistema neurológico
que está seguro, por mucho que se diga a sí mismo: “NO PASA NADA”, seguirá sufriendo los
ataques de ansiedad. En definitiva el paciente te dice, “Ya se que no pasa nada” pero
simplemente cuándo voy a hacerlo “me muero de miedo”.
Por otro lado el sufrimiento para nosotros también es importante, y al igual que en el
siglo XXI, nadie con sentido común cree que para parir un hijo hay que sufrir dolor, o tampoco
creemos que sea necesario pasar miedo en el tratamiento hasta qué se descubre que el miedo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
no mata. De hecho hay muchos pacientes que ya son capaces de exponerse a la situación
fóbica, pero ellos siguen diciendo que siguen teniendo el mismo miedo que antes. En fin,
apostamos por una psicología en este siglo que coloque al miedo en su verdadera situación de
adaptación, pero nunca admitiremos cómo necesario, ni para realizar el proceso terapéutico, el
miedo fóbico, ya qué este es innecesario, se me ocurren los siguientes eslóganes:
- Si al dolor que nos avisa qué nos hemos pillado un dedo, no al dolor crónico que
permanece sin función.
- Si a esa ansiedad que nos ayuda a superar los obstáculos, no a la ansiedad estéril y
que no sirve nada más que para bloquearnos y hacernos sufrir.
- Si al miedo cómo emoción universal que nos ayuda a salir de peligros y a
contenernos, pero no al miedo fóbico que no tiene ningún propósito, que no sea
enmascarar traumas o barreras que nos ponemos a nosotros mismos.
Por lo tanto queda aclarado nuestro encuadre. Tener miedo a salir a la calle, cruzar un
puente, ir sólo a una entrevista… es un miedo, que si lo tenemos es porque es necesario para
nuestro equilibrio global. Pero una vez dicho esto intentaremos conseguir que ese lugar de
nuestra mente que vive estas situaciones cómo que nos encontramos ante un peligro vital
pueda cambiar su referencia y ante estas situaciones se sienta seguro, es ahí dónde podremos
después reestructurar desde la mente intelectual de nuevo. La mente emocional debe estar al
servicio de la mente intelectual, y así ocurre en los cerebros que viven en una plataforma de
seguridad, aunque en algunos momentos puedan interpretar que se encuentran con algún
peligro, pero una vez resuelto este, vuelven a la tranquilidad. Sin embargo, el cerebro que vive
en una plataforma de incertidumbre y amenaza, no sólo no responde ante los peligros sino que
está constantemente en situación de peligro vital, y sólo si esta plataforma primaria
representada por nuestra mente emotiva, tiene una estabilidad basal podremos tener un
comportamiento adecuado tanto para los momentos de peligro real, cómo para los momentos
de normalidad. En este caso lo que tendremos que hacer, es grabar una nueva memoria en la
mente emocional en la qué salir a la calle no produzca estas reacciones tan alarmantes, sino
que sea una vivencia de libertad y de realización.
Nuestro objetivo es conseguir que puedas vivir sin miedo al miedo, el miedo debe ser
un aliado, una forma más de seguridad, ya qué sabemos que saltará en ocasiones reales y no
ficticias. Por lo tanto deja de decirte que es absurdo tener los miedos que tienes, querer luchar
contra ello suele empeorar, quejarse suele tener un valor de desahogo, pero en muy pocas
ocasiones mejora la situación.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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No poder salir sólo tiene mucho que ver con tener una carencia qué te incapacita tener
tu seguridad y control. Estar sólo para ti, se convierte en amenaza y las memorias que están
implicadas en está sensación, te aseguro que en otros tiempos fueron necesarias para tu
equilibrio. Hoy ya no te sirven, ya qué no es lo mismo tener miedo a estar sólo cuándo se
tienen cuatro años que cuándo se tiene treinta y dos. Pero la memoria qué gobierna es la
misma. Cada vez que tienes miedo a estar sólo, te encuentras dominado por una memoria muy
antigua. Grabar una memoria más ajustada con tu realidad actual, será el objetivo.
A lo largo de este libro me refiere a distintas películas que pueden servirnos de
complemento, comentar películas no es un reflejo de mí entusiasmo por el cine, creo que soy
un cinéfilo muy normal, incluso creo que no he visto muchas películas en mi vida. Pero también
se que mis pacientes que sufren de agorafobia y padecen crisis de ansiedad, son bastante
asiduos al cine, mejor dicho al video o al DVD, siendo uno de los entretenimientos más usuales
en este colectivo. Una primera interpretación para está afición, puede ser que ya qué no
pueden salir de casa, ver una película es una salida. Sin embargo, en las miles de entrevistas
realizadas me he dado cuenta de que sin quitar esta labor de entretenimiento, la persona qué
sufre tener miedo a tener miedo encuentra en las películas, una forma de ver cómo los demás
viven lo que ellos no pueden vivir. La capacidad de vivir cómo propio, aquello que le sucede al
protagonista, es bastante más intenso en estas personas, que en el resto de los mortales.
Quizás sea imposible ser agorafóbico si no se tiene una alta capacidad para vivir cómo propio,
aquello que imaginamos o se esta viendo en un televisor. La capacidad de sentir en tiempo
presente y cómo real, lo que se esta imaginando, junto con la necesidad de controlar las
variables fisiológicas habituales en cualquier activación, son dos elementos esenciales de estos
pacientes.
Por todo esto, y por lo grafico de los ejemplos realizados a través de películas,
comenzare con “El efecto mariposa”, en la qué Evan Treborn (Ashton Kutcher) desde los
primeros años de su vida, ha perdido la noción del tiempo, de tal forma qué ha olvidado
momentos cruciales de su vida. No obstante esta envuelto de múltiples recuerdos en tinieblas,
maceradas por múltiples vidas rotas que le rodean, sobre todo aquellas que tienen que ver con
sus amigos de niñez. Con la ayuda de un psicólogo, Evan escribe un diario durante su niñez, y
es posteriormente cuándo ya se encuentra en la Universidad, cuándo decide leer uno de esos
diarios y de repente e de forma inexplicable se encuentra viviendo en el pasado. Pronto es
consciente de que sus diarios son un vehículo para regresar al pasado y poder recuperar todas
las vivencias que tiene olvidadas. Con estos recuerdos no sólo incorpora la memoria, además
decide llevar a cabo lo que no pudo hacer durante su infancia, quitándose en cada cambio la
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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sensación presente de vacío y de culpa, que tenía sobretodo con la vida estropeada de su
primer amor Kayleigh (Amy Smart), y lo que es más importante se da cuenta de que con estos
cambios que realiza en su pasado es capaz de rescribir la historia para qué sus seres queridos
no sufran las experiencias traumáticas que tuvieron. Al modificar el pasado Evan espera
transformar el presente. Sin embargo, cada vez que Evan cambia algo en el pasado descubre al
regresar al presente que sus acciones han tenido consecuencias inesperadas y desastrosas. Por
mucho que lo intenta, no es capaz de crear una realidad que les permita a Kayleigh y a él vivir
felizmente.
Fuera del guión de la película, y separándonos de lo ficticio del cine, queda una idea
qué hemos demostrado en miles de pacientes con nuestro modelo de Terapia de Interacción
Recíproca, aunque claro esta, cambiando algo importante: volver a vivir aquello que vivimos
para cambiar nosotros, no esperar que los demás cambien, poder vivir en el presente de otra
forma aquello que aconteció, con el objetivo de grabar en nuestra mente más profunda, que si
eso que ocurrió volviera a suceder en este momento, tendríamos otros recursos y por lo tanto
sentirnos dueños de herramientas que nos permitan manejar todo lo que entonces no pudimos.
Te aseguro que si esto eres capaz de conseguirlo, y a lo largo de este libro te enseñaremos a
poder hacerlo (si es con un psicoterapeuta mucho mejor) encontrarás muchas respuestas a las
preguntas que hoy te es tan difícil de contestar.
¿Cómo es posible, que salir a solas a la calle, me haga sentir que me muero?,
simplemente porque en algún lugar de ti, sigue grabado, que salir a la calle es un peligro de
muerte, descubre esa memoria, y consigue que no siga presente en este momento, es
simplemente un efecto mariposa, ya sabes, en algún lugar del mundo una mariposa vuela, y el
minúsculo remolino que levanta, puede en otro lugar del mundo producir un tornado. Descubre
el origen del huracán en el que hoy vives, posiblemente en su nacimiento, no fuera algo distinto
a un aleteo de mariposa, pero no lo desprecies, entre ambos remolinos esta toda tu vida.
Por ahora cuándo tengas miedo al miedo dejarás:
- de reprocharte.
- de humillarte.
- de creer que sólo podrás enfrentarte a él si estás con otros.
- de hablarte mal.
- de decirte que es absurdo.
- de gastar tu energía vital en reproches hacía los demás y hacía ti.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Cuándo tengas miedo al miedo debes saber que:
- En ese momento es necesario.
- La mente emocional es la qué vive cómo peligro lo que está pasando.
- La mente emocional no es fácil de controlar desde la voluntad.
- No siempre los pensamientos son capaces de cambiar la emoción.
- Debes grabar una nueva memoria emocional, (ya te diremos cómo) que sea más
coherente con tu presente.
- Pedir ayuda para poder realizar aquello que te da miedo, es la mejor forma de
confirmar que tu sólo/a no puedes.
¿Por qué en la calle, el metro, autobuses, puentes,
túneles…?
Tu miedo a padecer un ataque de ansiedad, o lo que es lo mismo tu miedo a tener
miedo, ocurrirá en todos aquellos lugares en los que tu mente emotiva identifique que te
encuentras ante una situación de peligro vital. Es cierto que este mapa mental, en el que hay
sitios de seguridad y sitios inseguros se crea por simple condicionamiento, pero también es
cierto que muchos sujetos que temen situaciones y lugares concretos, nunca han estado en
estos, ni han podido aprender esta fobia por aprendizaje vicario o por observación de otros
(Bandura).
Los miedos a lugares concretos en muchos momentos no se producen por el lugar en
sí, sino por lo que podemos hacer, decir, oír, ver, sentir, trasmitir… en él. En muchas ocasiones,
te puedo asegurar, el ataque de ansiedad se produce porque estamos a punto de descubrir
algo positivo para nosotros, pero que significa algo negativo para otra parte de nosotros. Por
ejemplo cuándo un estudiante al ir a la universidad comienza a tener ataques de pánico, no en
pocas ocasiones, hemos encontrado tras el análisis psicológico, que la libertad que suponía esta
nueva situación, era positiva para él, pero tenía una connotación negativa para su madre, padre
o hermanos. Si desde pequeño este chico ha sido educado dentro de la siguiente premisa “No
podrás vivir sin mi” y esta premisa está grabada en el sistema emocional, aunque el sujeto
entienda cómo muy atractiva la nueva situación de vivir alejado de los suyos, es esta parte
alentadora, la qué dispara la alarma, debido a esta lucha de intereses: una parte del sistema
global siente que la nueva situación es positiva, pero otra parte la interpreta cómo de situación
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de alto riesgo, ya qué “no podrás vivir sin mi” choca con “puedo vivir sin ti”, y te puedo
asegurar que en este choque de emociones, aquellas que están ligadas a vivencias emotivas
que desarrollaron prohibiciones y permisos desde épocas muy antiguas, siempre vencen a no
ser que seamos capaces de grabar nuevos permisos con nuevos referentes. Siguiendo con el
ejemplo de este joven estudiante universitario, sabemos que los ataques de pánico dejaran de
producirse si:
- Quien grabó la memoria “No puedes sin mi” es capaz de hacer los cambios
oportunos en su propio psiquismo y le manifieste a nuestro estudiante otra
memoria: “Puedes hacerlo siempre que tu quieras”.
- El susodicho estudiante sea capaz de descubrir, con o sin psicoterapia qué en los
ataques de pánico existen estas grabaciones y pueda cambiarlas por otras que le
hagan sentirse libre de dicha carga.
- Descubra una nueva relación que sea más intensa qué la anterior, y aunque no se
libere, en el sentido de la dependencia, es decir siga teniendo grabado “No podrás
sin mi”, cambie una dependencia por otra. Por ejemplo una novia, un profesor,
unos amigos o cualquier otro personaje suficientemente capaz de ofrecer esta
seguridad.
- Hay una conversión del ataque de pánico a una situación en la qué alguna zona del
cuerpo comienza a no funcionar. En ese momento el estudiante seguirá sin poder
hacer sus estudios, pero esta vez no porque tenga miedo a tener miedo y padezca
crisis de ansiedad, sino porque algo en su cuerpo no funciona. A esto lo
denominamos conversión psicosomática.
No siempre los ataques de pánico se producen porque no estamos capacitados para
avanzar en nuestro crecimiento cómo personas, en muchas ocasiones se producen por todo lo
contrario, es decir al descubrir que podremos realizar aquello que deseamos, esto choca con
una prohibición que está grabada desde el programa con el que hemos sido educados y por lo
tanto el ataque de pánico sucede para ponernos en nuestro sitio (sitio simbiótico y patológico) y
de esta forma no saltarnos los límites que están determinados (aunque estos límites sean
patológicos en si).
Por todo este complicado entramado, quisimos ahondar hace ya varios años, y de esta
investigación hoy podemos concluir los siguientes resultados. Te pido un poco de paciencia, voy
a comenzar con una terminología un poco más científica, pero creo que merece la pena para
qué pueda después contestar a tus preguntas, después de este rodeo teórico.
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Roberto Aguado
En otro orden de cosas y basándome en las investigaciones de Gorman en 1994 y 2001,
y de Norcross y Golfried en 1992, que a su vez se apoyaban en los trabajos de Gazzaniga, Le
Doux, Changeux, Davidson y otros, queda patente que la capacidad de tomar decisiones del ser
humano esta dañada cuándo se rompen las vías neuronales que unen el lóbulo frontal con los
centros emocionales de la zona límbica, aunque las funciones intelectuales no queden alteradas
(Demasío en Neurobiology of Decision-Making). En estos estudios se sentencia qué la emoción
es, pues, un componente esencial de nuestra voluntad. La razón sin el sentimiento no puede
guiar la conducta. Antonio Demasío (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en
2005) indica qué “las emociones son producto de la biología, el cerebro y la cultura”, y asegura
qué las lesiones en la parte frontal del cerebro (zona del raciocinio) no dañan la inteligencia
pero sí la capacidad para decidir cuál es la opción más adecuada entre varias alternativas,
puesto que el afectado no puede utilizar la memoria de las emociones en situaciones similares
para acertar con su conducta. En definitiva, con estos trabajos Demasío asegura qué la decisión
más cerebral no deja de ser emotiva y, por lo tanto, sin emociones o sentimientos funcionamos
mal. Hay que diferenciar, no obstante, entre el concepto de emociones, que es un fenómeno
fisiológico, y el del sentimiento (feeling), que es el aspecto consciente de la emoción, lo que
lleva a la conclusión que expone en uno de los capítulos de su libro The feeling of what
happens: “el cerebro conoce muchas cosas de las que no somos conscientes”. Anteriormente,
Benjamín Libet demostró que 800 milisegundos antes de tomar una decisión se desencadenan
potenciales eléctricos en zonas límbicas del cerebro (Libet habla de zonas premotoras).
Con esta solidez en la investigación sobre el cerebro y su funcionamiento, que hoy
nadie discute y figura en todos los libros sobre neurociencia cognoscitiva, “la emoción es la
energía qué nos hace comer, beber o tener sexualidad, algo que compartimos con los
mamíferos, pero que los sentimientos son otra cosa, porque requieren la conciencia de la
emoción, algo que no puede sentir ni un perro ni un chimpancé. Y eso se debe a la enorme
corteza cerebral que tenemos” (Francisco Mora 2005).
Con todo este entramado teórico y práctico, en Psicoterapia de Tiempo Limitado
partimos de que nuestras decisiones están supeditadas a nuestro sistema emocional. De esta
forma es muy probable que la calle, el autobús, el túnel, la cafetería en la qué sentimos ese
miedo terrorífico, tienen elementos que engatillan las memorias emocionales de pánico, y es
por esto por lo que no debemos perdernos en preguntas cómo: ¿Por qué no puedo salir a la
calle?, sería más ventajoso preguntarse: ¿Qué ocurre cuándo voy a salir a la calle en mi cerebro
emocional? ¿A qué tiene miedo, a la calle, a lo que puedo hacer en la calle, a algo que me pasó
en la calle? ¿Qué ha quedado grabado en mí para qué no pueda estar en el autobús? Después
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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de hacernos todas estas preguntas nuestro siguiente pasó fué averiguar dónde se insertan los
conflictos en nuestro cerebro. Es decir, teníamos que saber dónde estaban situadas las
memorias que mantienen un conflicto en el tiempo. Francisco J. Rubia, en su magnífico libro “El
cerebro nos engaña”, nos dice que los recuerdos que se mantienen en el tiempo, aunque hayan
ocurrido una sola vez, suelen estar asociados a intensas emociones. Hay sucesos que, aunque
no nos acordemos de ellos en un nivel consciente, nuestro cerebro los ha grabado cómo una
situación de peligro vital, de tal forma qué no sólo están almacenados en una memoria no
cognitiva pero sí emocional, sino que perduran mucho más en el tiempo que los que
recordamos de forma consciente. De hecho, esto no debería extrañarnos ya qué la memoria
depende del proceso de consolidación y éste, del sistema límbico. Cuándo los sucesos van
acompañados de emociones intensas se produce un considerable refuerzo para la
consolidación. Se han realizado experimentos en este sentido y se ha encontrado que, en
efecto, la fuerza de los contenidos de la memoria está directamente relacionada con las
emociones que se despertaron al vivir una determinada situación, independientemente de si la
situación y las emociones concomitantes eran positivas o negativas.
Hoy se sabe que la amígdala es responsable de las memorias cargadas
emocionalmente. Cuándo se extirpa la amígdala a animales de experimentación, generalmente
monos, ya no son capaces de asociar el miedo a un sonido que siempre precede a una
descarga eléctrica. Estos animales pueden perfectamente aprender otras tareas, pero son
incapaces de aprender y recordar el miedo. El condicionamiento emocional es imposible cuándo
falta la amígdala. De esta forma, la inyección de adrenalina, que produce un estado de alerta
en el organismo, aplicada inmediatamente tras el aprendizaje de una determinada tarea, hace
que se consolide mejor la memoria de esa tarea. Sin embargo, cuándo la amígdala está
lesionada, la adrenalina ya no surte ese efecto.
Por lo tanto si quieres saber que tiene la calle, los puentes o los autobuses para qué
sea en esos lugares dónde se producen con mayor frecuencia los ataques de pánico, tendrás
que ahondar en tus imágenes mentales asociadas a estos lugares. Tendrás que imaginarte una
y otra vez, todo lo que te ha pasado, te pasa o podrá pasarte, para de esta forma estar
complemente acertado/a de lo que allí ocurre comparándolo con aquellos lugares dónde estás
completamente seguro/a. No obstante es probable que te des cuenta de que todos estos
lugares tienen un doble denominador común:
1.- Son lugares en los que no tienes la seguridad de poder recibir ayuda si la necesitas.
2.- En esos lugares el control no es sólo tuyo.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Lo curioso es que esto mismo lo sienten todos los seres humanos, y muchos de ellos no
sólo no sienten amenaza, sino que además les estimula y les gusta. Les gusta tener o convivir
en situaciones en las que recibir ayuda no es muy fácil, y sobre todo hay muchas personas a las
que la sensación de no controlar y dejarse llevar les hace sentirse muy bien. Imaginemos una
montaña rusa, una vez que estás montado y comienza la atracción ya no se puede parar, y es
precisamente en sentir esa incapacidad de control dónde se produce el placer en las personas
que se divierten, mientras que en aquellos que entran en pánico esta misma sensación les
atemoriza y le hace sentir que están en una situación muy peligrosa. Sabemos que la química
cerebral del que disfruta montando en una montaña rusa, es prácticamente la misma de aquel
que vive la situación con un ataque de ansiedad. Sabemos también que la respuesta fisiológica
y emocional es semejante, en lo único que realmente se diferencian es en el significado que se
da a estas sensaciones, de tal forma qué hay teóricos que suponen que son los pensamientos
que tienen uno y otro los que explican la diferencia. Yo particularmente creo que los
pensamientos vienen después, ya qué las personas que tienen ataque de pánico ante una
situación cómo esta, no están capacitados para poder dejarse llevar, y es posteriormente
cuándo justifican esta incapacidad con pensamientos diferentes a aquellos que se divierten. La
interpretación, o el pensamiento de la situación justifica una estrategia emocional básica: “me
dejo llevar por el descontrol y lo que siento es el certificado de estar disfrutando” o “tengo que
controlar y lo que siento es el certificado de no estar haciéndolo y por lo tanto siento que me
muero”.
¿Qué pensarán de mí?
La información que la comunidad tiene sobre estos trastornos es todavía inferior a lo
deseable, no obstante la publicación de libros cómo este, y sobre todo la difusión tanto en
televisión cómo en radio de estos procesos ha mejorado mucho el conocimiento actual. No
obstante lo que nos importa realmente, es el conocimiento que tengan del miedo a tener
miedo, los profesionales de la salud, ellos son los que tienen que tener en cuenta de que
cualquier interpretación fuera de la realidad científica, puede ser nefasta para quien padece
estos trastornos. En la casuística cotidiana, son muchos los pacientes que nos han indicado que
tras un primer ataque de ansiedad, se les refirió diagnósticos cómo un corte de digestión,
vértigos, o simplemente que no tenían ningún problema. Esta forma de diagnosticar sólo tiene
en cuenta el órgano, y no valora qué podemos funcionar mal desde una explosión nerviosa. No
obstante, en estos momentos, son pocos los médicos que no saben diagnosticar una crisis de
ansiedad y lo que es mejor, saben estupendamente manejar al paciente que la padece. En
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consecuencia una primera parte de este pensamiento ¿Qué pensaran de mí? No tiene porqué
hacerte sufrir, en lo que se refiere a los profesionales de la salud, ya qué ellos son conscientes
de lo que estás sufriendo y de lo mucho que necesitas ayuda. Y si algún profesional no tiene
esta sensatez, mejor cambiate a otro, todos merecemos que nos cuiden.
Respecto a lo que puedan pensar personas que no son profesionales de la salud, es
cierto que la mayoría realizan juicios de valor de los agorafóbicos, pero no es menos cierto que
esto también ocurre con las personas que tienen úlcera péptica. Es habitual que estos juicios
estén dentro de la lógica del comportamiento de una persona enferma o que padece un
trastorno. Es posible que si preguntamos a la población, esta nos diga qué no entienden cómo
una persona puede sacrificar su vida, encerrándose y enjaulándose desde el miedo. De igual
forma la mayoría de las personas que padecen estos trastornos nos indican que tienen miedo a
ser etiquetados de locos, excéntricos y sobre todo a ser rechazados, pero también es normal
escuchar relatos cómo los de Joaquín dónde nos refiere que ha tenido que mentir, e incluso
hacer adrede las cosas mal, para qué no le exigieran y así evitar comprometerse en tareas que
no sabía si podría hacer posteriormente.
Ahora bien, lo importante no es lo que puedan pensar de ti, ya qué realmente las
personas de lo que suelen guiarse es de aquello que ven o escuchan, es decir lo que piensan es
consecuencia de lo que tu haces o dices. Y es aquí dónde está la madre del cordero, ya qué en
muchas ocasiones son los propios comportamientos del agorafóbico los que marcan el
pensamiento de aquellos que le rodean. Es por todo esto que aconsejo a quien sufre de miedo
a tener miedo que haga un esfuerzo para admitirse tal cómo es, hacerlo requiere mucha
valentía, ya qué significa no luchar para qué los demás no se den cuenta de lo que le está
sucediendo, todo lo contrario, si uno se acepta en la situación en la qué vive, no debe disimular
el miedo, debe trasmitirlo siempre que sea necesario, sean personas conocidas o desconocidas.
En ese momento te sorprenderás de lo bien que responden las personas que te rodean. Las
personas suelen tener pensamientos negativos sobre los demás cuándo no saben a qué se debe
el comportamiento, pero sí tienen información, no sólo no piensan mal sino que te darás cuenta
de que tienes todo un ejército de leales que harán lo posible para hacerte sentir mejor.
Pensarán que eres extraño, si intentas disimular que tienes miedo a tener miedo, ya
qué en ese momento observarán un comportamiento anormal, que traducirán curiosamente
cómo que no quieres estar con ellos, que te sientes superior a ellos o simplemente que eres
arrogante y poco afectivo en tus acciones. Sin embargo, si todos los seres humanos que viven
cerca de ti saben lo que te pasa, descubrirás que ellos no sólo te comprenden, sino que
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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intentarán ayudarte sin estorbar. Te imaginas que un día salieras a la calle con uno de esos
carteles grandes en el pecho, que alguna vez has visto en una manifestación, dónde dijeras:
“Soy agorafóbico/a, tengo miedo de estar sólo, los ruidos atronan mi cabeza, la calle parece
que se mueve, mi respiración se agita y creo que voy a morir de forma súbita. Por favor si hago
gestos o tengo un comportamiento anormal, quiero que sepan que no es por ustedes, es por mi
trastorno. Muchas gracias por ayudarme a sentirme mejor”. ¿Parece descabellado verdad? Pues
es lo que hacemos todos los días, los que no padecemos de este trastorno, lo que pasa es que
no llevamos un cartel que se nos vea, sin embargo, en nuestra mente actuamos cómo si lo
lleváramos, tenemos la seguridad de que si hiciera falta pedir ayuda o decir lo que pone en ese
probable cartel, lo diríamos sin más. Quiero que sepas que las personas que no padecemos
miedo a tener miedo, imaginamos que si tuviéramos que pedir auxilio, podríamos hacerlo, y es
por eso por lo que tenemos más seguridad, de hecho la seguridad no se consigue con el control
total, sino con la capacidad para pedir ayuda si es necesario. Pues bien, el/la agorafóbico/a no
es capaz de sentirse seguro porque no imagina este tipo de pensamiento, todo lo contrario, lo
que imagina es que si se encuentra ante una situación problema, la gente no sólo no le
atenderá, sino que creerán que es un toxicómano, una persona loca y le dejarán sólo. Haz la
prueba, ponte el cartel, aunque sea ficticio y sal a la calle y pide ayuda, no tiene porque ser una
ayuda especial, cosas simples cómo pedir la hora, que te digan una calle, o si saben de un
hospital cercano ya qué te duele la cabeza mucho, y verás cómo la gente ayuda, ayuda
siempre, hay más personas solidarias de lo que tu crees, y sobre todo lo que piensen de ti, no
será malo, todo lo contrario, intentarán conseguir lo mejor para alguien que les necesita. Las
personas se asustan de lo que no conocen pero cuándo alguien les explica lo que sucede, en
ese momento todo se normaliza y se relajan.
¿Qué pensaran de ti? Depende de lo que tú pienses de ellos, y sobre todo depende de
lo que tú les comuniques. Sal de tu isla, no es lo mismo estar contando los problemas a los
demás cómo si de una queja constante se tratara, compadeciéndote de ti mismo y culpando a
otros de lo que te ocurre, que simplemente comunicar una situación, sin quejarse, únicamente
informando y manteniendo la dignidad de seguir siendo el mismo, cómo no puede ser de otra
forma. El primero muy probablemente obtenga rechazo pero el segundo obtiene ayuda y sobre
todo comprensión, y esto no cura nada, pero sí, al menos, nos hace sentirnos a gusto con los
demás.
Hay muchos experimentos que demuestran que es imposible no comunicar, por lo tanto
cuándo intentas pasar desapercibido/a, suele traducirse cómo un indicador de ser una persona
qué no quiere tener compromisos o involucrarse y es probable que está forma de actuar sea
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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difícil de comprender. Pero sí comunicas lo que te ocurre, y les dices que no puedes estar con
ellos porque tienes miedo, tristeza o simplemente agobio, la reacción de los demás será
rotundamente positiva y comprensiva.
Ya me he referido en este libro a la importancia del descubrimiento de las neuronas
espejo, estas neuronas están dotadas de una sorprendente propiedad: se activan tanto cuándo
realizamos una acción determinada en primera persona cómo cuándo vemos que otras
personas la realizan. Siempre que nos motivamos para realizar una acción, ésta es advertida
cómo una necesidad que nace de dentro hacía fuera. Pero lo curioso es que cuándo captamos
las intenciones y emociones de otras personas, es debido a qué estas mismas neuronas son
capaces de activarse, y por lo tanto sentimos lo que se siente en un comportamiento similar,
pero esta vez no sentimos que lo estamos viviendo nosotros, sino que lo vive la persona qué en
ese momento observamos. Es maravilloso descubrir que lo que adjudicamos a los demás, es un
proceso de lo sentimos en nosotros, sólo que sabemos que lo siente otro. Quizás este sea uno
de los motivos por lo que hay tantas equivocaciones en la comunicación de las intenciones, ya
qué es fácil que alguien pueda sentir que el otro siente algo que precisamente el otro no ha
sentido. Giacómo Rizzolatti y Corrado Sinigaglia, han expuesto en su libro “Las Neuronas
Espejo” los mecanismos de la empatía emocional, y aunque su tesis esta sobre todo relacionada
con la importancia qué tiene el cortex motor en la toma de decisiones, Hasta la fecha, se
colocaba al sistema motor simplemente cómo un mero productor de movimiento, alejado del
intelecto y por consiguiente de ser importante en la toma de decisiones. Estos autores
demuestran que “el sistema motor no sólo no es en modo alguno periférico ni está aislado del
resto de las actividades cerebrales, sino que consiste más bien en una compleja trama de zonas
corticales diferenciadas en cuanto a su localización y sus funciones, y capaces de contribuir de
manera decisiva a realizar aquellas traducciones o, mejor aún, transformaciones
sensoriomotoras de las que dependen la individualización, la localización de los objetos y la
actuación de los movimientos solicitados por la mayor parte de los actos que jalonan nuestra
experiencia cotidiana”(Pág. 31). Además lanzan una línea de investigación bastante sugerente,
en la qué se indica cómo conclusión que el sistema motor influye por sí mismo, con tanta
importancia cómo los procesos de orden superior y atribuido a sistemas de tipo cognitivo, en la
percepción y el reconocimiento de los actos ajenos, la imitación y las mismas formas de
comunicación gestual o vocal.
En definitiva el observador (en este caso tú) percibe señales de las personas que
observa cómo consecuencia de la activación de sus neuronas espejo, que son capaces de
codificar la información sensorial en términos motores y de cambiar, así, los actos e intenciones
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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a través de los gestos de los demás, de tal forma qué cuándo ves a alguien que te mira, su
mirada adquiere para ti un significado, y a la par, cada uno de tus movimientos y sensaciones,
produce una activación en las neuronas espejo del que te observa, por lo que se produce
idéntico efecto en él. Lo real o no del significado de cada uno depende del estado de ánimo de
cada cuál, por lo tanto el miedo que tienes a ser etiquetado, representa en ti un estado que de
alguna forma le indica al otro que te etiquete. De igual forma tu miedo también produce en el
otro una sensación tal que puede culminar en una evitación de tu presencia, ya qué no le es
cómoda. Esta dificultad en interpretar bien lo que queremos trasmitir se debe a qué los
movimientos observados de los demás, si no encuentran inmediatamente en nuestro
vocabulario de actos, no se produce un silencio de información, sino que se identifica cómo
amenaza, o lo que es peor indican desconfianza.
Las personas tímidas no quieren entrar en una habitación llena de gente porque dicen
que todo el mundo les mira, y cómo no va a ser así, siempre que alguien entra en un lugar
ocupado por otros, interfiere en el espacio que tiene otorgado cada uno, de tal manera qué es
normal mirar, y además suelen mirar todos a la vez, pero en realidad no le miran al tímido por
ser él, sino que le miran para adquirir de nuevo la seguridad en su espacio, y por consiguiente
le miran por ellos. Es sabido que la incapacidad para comprender las reacciones emotivas de los
demás está estrechamente ligada a la incapacidad para experimentarlas en primera persona. La
empatía engloba entre otras cosas la simpatía y está sólo se puede realizar cuándo somos
amables con nosotros. Nadie puede ser simpático sino no esta contento con él en ese
momento. De no ser así, la simpatía artificial se vuelve grosera y poco útil para la habilidad
social. Pero ser empático es más que ser simpático, es poder comprender no sólo lo que siente
el otro, sino también lo que el otro puede sentir sobre ti. El paciente que tiene miedo a tener
miedo, está tan inserto en su sufrimiento y en poder controlar todo aquello que puede provocar
el pánico, que deja de ser amable con él, y razonablemente encuentra en todos los demás falta
de amabilidad. Una vez más si quieres que la gente no te etiquete, no lo hagas tú contigo. ¿Te
has fijado cómo es tu autodiálogo? ¿Cómo te hablas a ti mismo?, seguro que si haces un
análisis objetivo, te darás cuenta de que es imposible que los demás no piensen mal de ti, tu ya
lo haces. Por consiguiente rompe esta nueva espiral viciosa, deja de hablarte mal, se amable
contigo, conquista tu simpatía con tu propia realidad, y notarás cómo los demás cambian cómo
si fuera por arte de magia.
Ya sabes, comunica a los demás todo lo que sientes y todo lo que te ocurre, todo lo
que temes y todo lo que piensas, no lo hagas para compadecerte, simplemente hazlo cómo si
fueras un periodista, un reportero que comunica a los demás lo que está ocurriendo. Y después
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
se amable contigo, mejora tu autodiálogo, y notarás cómo tus neuronas espejo se dan cuenta
de que los demás no sólo no estorban, sino que están ahí para ayudarte.
¿Te imaginas que todo el mundo pudiera ayudarte? ¿Qué temerías? ¿Tendrías miedo a
tener miedo?, simplemente no, ya qué todos los lugares del entorno serían lugares seguros. Los
que no tienen miedo a tener miedo, no es porque no les asuste el peligro, sino porque saben
que si pasara algo hay mucha gente que les ayudaría. Pues bien, ese es el universo que tienes
que crearte en tu cerebro, los que saben de ti seguro que pueden ayudarte, y son muchos.
Millones, siempre que tu les digas todo lo que te pasa. En definitiva son una vez más tus
vínculos los que te hacen confiar en aquellos que te rodean. Cambia todo aquello que te
desvincula, no hay nada más seguro que sentirte acompañado. Y no olvides que si hablan de ti,
es que les importas, están cerca y puedes influir en sus pensamientos.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
CAPÍTULO 2 DEBES SABER TODO LO QUE SABEMOS
Laberintos del miedo
¿Sabes que también tú, te mientes mucho? Mentirse parece ser que es necesario si
pretendemos ser felices. No me estoy refiriendo a las mentiras conscientes, es decir aquellas
que hacemos sabiendo que estamos mintiendo, me refiero al puro funcionamiento de nuestro
cerebro, nuestro cerebro nos engaña (título de uno de los libros de Francisco J. Rubia) de tal
forma qué gracias a estos engaños somos capaces de instalar en nosotros mismos una vida
más fácil de vivir. El autoengaño cerebral es normal, nos sirve para ser más felices con la
pareja, el trabajo y tener habilidad social. Sin embargo, aunque nos entren ganas de decirlo, no
es de buen gusto ir diciendo a las personas los defectos que tienen, y lo que es más
importante, aunque sepamos que existen, tampoco está muy bien ir diciéndose a uno mismo
los defectos y las miserias que sabemos que llevamos con nosotros.
Hace ya muchos años, cuándo yo aún era estudiante de psicología, un compañero de
facultad, nos bombardeaba con la teoría de que el depresivo era mucho más realista qué el no
depresivo, es decir, nuestro compañero, Manuel Blanco, entendía qué ante un análisis de la
realidad, el depresivo era mucho más objetivo que aquel que no lo era. Su hipótesis la defendía
diciendo que la psicología del engaño optimista, en el no depresivo, le ayudaba a no ver el lado
negativo de su realidad y por lo tanto focalizar en las partes positivas, y si no había ninguna
positiva, el no depresivo, construye una realidad futura en la qué no existe el problema actual,
también el no depresivo sabe cómo engancharse en los recuerdos positivos y los momentos en
los que ha sido feliz, de tal forma qué si no encuentra en el presente nada positivo,
simplemente se inventa otra realidad futura.
Algo semejante ocurre en esa joya del cine que simboliza “La vida es bella”. Esta obra
de arte de Roberto Benigni, que dirige y actúa, bajo el guión de Vicenzo Cerami, nos introduce
en una fábula con dos partes muy diferenciadas. En un primer momento nos encontramos el
enamoramiento, el amor y sobre todo el desamor entre Guido (Roberto Benigni) y Dora
(Nicoletta Braschi) en la Toscaza prefascista. Pero sobre todo en la segunda parte nos muestra
la cara más amplia del optimismo, en pleno holocausto nazi, dónde nos hace sentir que es
posible la esperanza y sobre todo cambiar el significado de aquello que se vive. Esta película es
un verdadero canto a una visión positiva y entusiasta por la vida y sobre todo por vivir en
dignidad y esto sólo es posible cuándo la inteligencia y sobre todo el amor se convierte en el
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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motor del día a día. Lo importante no sólo es la capacidad de Guido para presentar a su hijo
Giosue (Giorgio Cantarini) un mensaje de confianza y lleno de esperanza, es además una
manera de enfrentarse a los problemas, quizás cómo una forma extrema de “Resiliencia” para
conseguir sobrevivir en mitad de las atrocidades más inimaginables que un ser humano puede
soportar. Conseguir ver el lado positivo de lo que parece tener únicamente elementos
negativos, es un don, un arte, y sobre todo una necesidad para salir ileso, no sólo físicamente,
también psicológicamente, manteniendo la dignidad y la esencia cómo personas.
Para conseguir que su hijo sobreviva de un campo de exterminio nazi, Guido sumerge a
Giosue delante de un juego de rol, en el que todos son actores, unos intentan que no se
consigan los premios o puntos (nazis) y otros tienen que luchar por conseguirlos, al final quien
consiga mil puntos serán los ganadores del tanque, eso sí, para conseguirlo tienen que
esforzarse y no tienen que llorar. El niño lo ve todo cómo un juego gracias a qué su padre se lo
hace vivir de esa forma, sin embargo, en la realidad sufre las calamidades del hambre, el frío, el
maltrato y el desgarro. Giosue no adquiere ningún trauma ni tampoco ve la guerra cómo algo
triste sino cómo un juego en dónde el objetivo es el esfuerzo para conseguir puntos.
Guido muere, pero Dora y Giosue sobreviven, y no sólo significa qué salgan vivos, sino
que salen con la imagen de valentía y de coraje de un padre que no se permite hundirse por lo
que está viviendo, y es capaz de salvar a su hijo, ya qué le protege con su fabulación de lo más
difícil: el odio, el rencor y sobre todo la venganza. En esta película, sobretodo, destaca la
bondad, la fe y la esperaza. Se vive cada segundo cómo si fuera el último, fortaleciéndose con
el poder de la risa, que fulmina la parte atroz del ser humano, para conmover el corazón y
seguir con ilusión.
Sin lugar a dudas el mejor sentido que podemos dar a nuestras vidas es la intensidad
de cada minuto, es cierto que hay desgracia, pero también es verdad que este minuto no lo
volveremos a vivir nunca más. Si conseguimos basar nuestra vida en la ilusión, la esperanza y
lo adornamos de humor, aquello que pueda acontecer no dejara de ser un momento intenso de
nuestra vida. El mejor regalo que podemos dejar a nuestras generaciones venideras, es una
imagen de la vida, en la qué todo es posible, sobre todo si sabemos relativizar aquello que nos
ocurre. Nunca debemos relativizar a las personas, pero sí los hechos que nos rodean. El humor
y la distensión son buenos compañeros para nuestra tensión arterial, y también para nuestro
sueño.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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A mí parecer, Guido no era un majadero que no sabía lo que estaba viviendo, sufría y
estaba muy preocupado por todo lo que ocurría en ese campo de exterminio. De hecho sabía
qué si algo le ocurría a él, significaría la muerte de su hijo. A pesar de todo esto, realiza lo más
difícil, reflexionar sobre la vida, y darse cuenta de que hasta esos momentos tiene que
disfrutarlos con su hijo, ya qué si se deja vencer por el miedo o la desesperación, si deja pasar
y pasar esos momentos, puede ser que nunca más tenga la posibilidad de vivir con su hijo, y
esa necesidad de agarrarse a la vida, le permite seguir vivo. El motor es el amor, y el humor lo
hace posible.
Estar lleno de sentimientos es un valor invencible, los buenos sentimientos
desencadenan buenas conductas, cuándo los sentimientos son los que gobiernan nuestras
conductas corremos el peligro de realizar acciones fundadas en nuestros simples deseos o
estados de ánimo. Ser siempre un sentimentalista nos hace ser una persona controlada por sus
emociones y por lo tanto fuera de control. Sin embargo, en momentos tan vitales, tan de vida o
muerte, sólo el sentimiento bajo el control de nuestro objetivo, puede darnos una salida.
Cuándo somos capaces de dejarnos llevar por nuestras emociones y sabemos que esto esta
ocurriendo, ya estamos controlando. El problema es no saber que son nuestras emociones las
que nos manejan, pero sí somos conscientes de ello, ya tenemos control, y ese control esta
inundado de inteligencia, en este caso tanto emocional cómo racional. Sólo alguien con
inteligencia emocional y racional puede hacer lo que hace Guido en esta película, y salvando las
diferencias de la realidad con lo ficticio, también podremos trasladarlo a la vida cotidiana.
Quien sufre de miedo a tener miedo, esta viviendo en un holocausto, es muy probable
que viva incluso peor que las personas que han vivido esta realidad, ya qué el ser humano ante
situaciones tan aberrantes, sabe anestesiar las emociones con el hambre, el cansancio y sobre
todo con la desesperanza. La salida qué tiene quien vive en el miedo a tener miedo, es la risa,
el humor, y sobre todo el sentir que de todo lo que vive, en ese momento sólo puede fijarse en
aquello que es positivo y sabe darle la espalda a todo lo negativo que seguro también existe. El
amor propio cómo motor, el humor y el autoengaño positivo cómo inercia son dos buenos
eslabones de la cadena qué no te encarcela, sino que te salva para salir del pozo dónde te
encuentras.
Si nos damos cuenta de alguna forma esto es precisamente lo que hacemos en algunas
terapias, incidimos para qué el sujeto vea la parte de la botella medio llena y dejé de estar en
contacto en su mente con la parte medio vacía. En la misma línea estudiosos cómo Helen
Fisher, antropóloga de la Universidad Rutgers, nos indica qué todos elaboramos en nuestro
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inconsciente el esquema de alguien que contenga los valores, la inteligencia, la atracción, los
gustos e inquietudes que nos hagan sentirnos cómodos, de tal manera qué posteriormente
cuándo aparece un/a candidato/a adecuado/a, la dopamina de nuestro cerebro activa una
cascada de cálidos sentimientos amorosos que resaltan las virtudes y esconden los defectos, en
definitiva es cómo si construyéramos un personaje, de nuestro posible amado/a, a nuestra
imagen y semejanza.
Esta distorsión de la realidad del no depresivo se convierte en una vacuna contra la
depresión, nos ayuda a poder conseguir nuestra media naranja, y cómo no, poder soportar a
nuestro jefe, sentir que somos nosotros los que ganamos cuándo nuestro equipo vence,
decirnos que mañana comenzaremos el régimen y que este será el último pastel, en definitiva
parece ser que aplicamos a cualquier situación que pueda suponer una amenaza externa o que
ponga en entredicho nuestra seguridad, este tipo de autoengaños. Nuestro cerebro crea
historias falsas, mezcla y distorsiona hechos y acontecimientos para qué de esta forma
supervivamos en nuestro entorno. Y cómo he dicho al principio todo esto lo hacemos sin darnos
cuenta.
Francisco J. Rubia nos ilustra diciendo “El Cerebro fabrica historia falsas si le resulta útil
para la supervivencia. Si en una selva vemos entre las ramas una franja anaranjada con
manchas negras, es posible que tengamos la imagen de un tigre”, posiblemente luego no lo
sea, pero en ese contexto la supervivencia pasa porque nuestro cerebro pueda encontrar tigres
dónde no los hay. Si estos mismos colores los vemos paseando por la Castellana, nuestro
cerebro en su primera impresión construye otra imagen. Para este fisiólogo, “la realidad que
vivimos es una realidad ficticia no tan sólo desde el punto de vista de los acontecimientos, sino
desde el punto de vista también de nuestra capacidad neurológica. Nuestro cerebro no está
diseñado para advertir la realidad, nuestro cerebro no tiene cómo principal objetivo el
conocimiento, nuestro cerebro está diseñado para conseguir la supervivencia y la adaptación al
medio, por lo tanto para el cerebro es más útil una historia plausible que la propia realidad. La
realidad exterior poco importa desde el punto de vista de la función cerebral. Lo que interesa al
cerebro es cómo puede utilizar esta realidad para la supervivencia del organismo. Para
sobrevivir, al cerebro le es mejor tener una información completa, aunque sea en parte falsa,
que no tener información”. Todo esto se sostiene neurológicamente ya qué los axones que
quedan intactos y bordean a una sinapsis dañada se ramifican de nuevo para ocupar el lugar
sináptico que queda libre, aunque es indudable que está información que llega por los nuevos
axones es completamente distinta a la qué llegaba antes por lo axones que ahora están
lesionados.
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Lo importante para el cerebro es que la información no falte, aunque parte de ella no
sea exacta. Para el cerebro la información falsa es mejor que ninguna. El cerebro va integrando
la relación con el exterior, va prescindiendo del entorno y se fía más de si mismo que del
mundo que le rodea. Cuándo se ejercitan con el pensamiento y la imaginación movimientos o
tareas (deporte, estudios), después se realizan mejor.
Tener miedo a tener miedo, estar depresivo o ser la persona más optimista de la tierra
es en la mayoría de las ocasiones consecuencia de nuestros autoengaños, y cómo nos indica
nuestra segunda premisa el autoengaño persigue que sigamos vivos. La diferencia es que
algunas de estas maneras de supervivencia nos crean sufrimientos, y otras nos ayudan a poder
disfrutar. Estudios cómo los de los psicólogos estadounidenses Justin Kruger y Dan Dunning
demuestran que aquellas personas más ineptas e incompetentes son los que más tienden a
sobrevalorar sus aptitudes, y lo que es más importante incluso consiguen convencer a otros de
lo aptos que son, y es más, cuándo algunos de estos individuos se enfrentan con la realidad de
su ineptitud, tienen dos salidas: deprimirse si admiten que no son aptos, o la paranoia,
interpretando que son el resto de los mortales los que han fracasado o que su fracaso se ha
producido porque alguien los empujó a ello, cuándo no se convierten en victimas de terceros.
Es habitual escuchar si se suspende un examen: “es que el profesor me tiene manía”.
De igual manera en nuestra investigación hemos encontrado el mismo resultado que
Kruger y Dunning, en este caso en aquellos que son realmente eficaces y aptos. Muchas
personas completamente eficaces para realizar tareas que dominan, se sienten incapaces y
fracasan, no porque no sean capaces, sino simplemente porque no lo intentan, y si lo intentan,
lo realizan cómo si se estuvieran jugando la vida en ello. Es decir cuándo una persona se
examina, y vive ese examen cómo que en él le va la vida, no se está examinando de ese
examen, sino que está ante un juicio dónde se le puede condenar a muerte. De igual manera
las personas que sólo pueden sentirse complacidos con las tareas que realizan si son ellos los
número unos, o lo hacen “perfecto”, suelen fracasar miserablemente, y vuelvo a recordar, no
porque no sepan hacer aquello que tienen entre manos, sino porque no lo intentan, o en el
intento se juegan la vida, su ser o no ser.
Parece ser que el autoengaño es una constante en nuestra forma de procesar la
información, pero entonces surgen las siguientes preguntas: ¿Por qué unos sujetos se
autoengañan con versiones catastrofistas, terroríficas, devastadoras, y otros lo hacen con
versiones optimistas, validándose cómo capaz de afrontarlo todo y dentro de un optimismo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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permanente? ¿Podemos determinar que al igual que el depresivo está inmerso en un engaño
negativo, y por lo tanto es ciego con la realidad positiva qué de igual manera habita, el no
depresivo es más ciego con la realidad negativa y tiene mejores ojos para la realidad positiva?
Si contestamos de forma afirmativa a esta segunda pregunta, me parece que caeríamos en un
simplismo rotundo, ya qué la realidad del depresivo y del no depresivo depende no sólo de
cómo encara el presente, sino que estás construcciones dependen de la interacción día a día
con que se ha ido forjando en su biografía todo su ecosistema. Creo que el signo del
autoengaño está muy ceñido a las experiencias vividas en la trayectoria de toda una vida, y no
por una simple trasgresión momentánea.
Luego parece ser que la evidencia nos dice que:
1.- Todos nos autoengañamos, de tal manera qué la realidad que vivimos la
distorsionamos con frecuencia.
2.- El autoengaño se produce para conseguir una mejor adaptación y por lo tanto un
equilibrio.
3.- La dirección del autoengaño, es decir que nos engañemos con una realidad mejor
que la qué realmente vivimos o peor, depende de estructuras no inteligentes, ya qué son las
que deciden el programa de acción más adecuado para conseguir la adaptación.
4.- La interpretación de la realidad que vivimos y, a la vez, el significado que damos a
lo que estamos viviendo se procesa en estructuras inteligentes, y por lo tanto aquello que
representamos e interpretamos tiene su sede en el raciocinio.
5.- En consecuencia, las estructuras emocionales deciden el signo positivo o negativo
del autoengaño, marcan la valencia del guión, y las estructuras inteligentes desarrollan la
temática y llenan de contenidos conscientes la interpretación de lo que vivimos.
El cerebro va creando todo un laberinto de información y descubrirlo es necesario
cuándo tenemos que responder a estas preguntas. La persona depresiva o la persona
agorafóbica, se engaña aniquilando su capacidad de placer, en el caso de la depresión, o
impidiéndose la autonomía, en el caso de la agorafobia, ya qué sus estructuras psicológicas
más profundas, necesitan esta forma de encarar la realidad, para estar en consonancia con el
guión vital que tenemos adherido a nuestro proceso global personal y único. Es en los cimientos
más tempranos de nuestro patrimonio biográfico existencial dónde podemos encontrar la
inercia del autoengaño. En definitiva todo se hace para la supervivencia, y esto nos explica los
motivos por los que unos nos engañamos para tener pánico y otros para poder sentir placer
ante idénticos acontecimientos. Otra cosa qué no puedes olvidar es que si adornas una vivencia
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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con un optimismo excesivo, o la envuelves con un halo de terror y malestar, lo haces para
poder estar en equilibrio, no luches contra ello, si quieres que cambie, tendrás que grabar
nuevas memorias que demanden autoengaños contrarios a los que realizas en la actualidad.
Y en este punto, es dónde enlazamos con el tema qué nos ocupa en este libro. Los
laberintos del cerebro, para qué en una persona reine el autoengaño fobofóbico, están
enlazados con las memorias que tiene grabadas el sujeto sobre si mismo y sobre las que sus
personas referenciales le han sabido trasmitir respecto a una situación de peligro vital o no. Hay
personas que desde niños han aprendido que para sobrevivir, deben autoengañarse sintiéndose
mucho más aptos de lo que son, mientras que en otros el autoengaño está determinado, para
alcanzar la supervivencia, en la dirección de vivirse cómo incapaces, fuera de sitio o
simplemente inoperantes para obtener autonomía y por lo tanto necesitan estar anclados en la
dependencia para obtener seguridad. En estos casos el miedo a tener miedo les otorga la
supervivencia, aunque a nivel racional no sea comprensible.
Cuándo adviertes cómo muy peligroso salir sólo de casa, estar en un sitio cerrado, ir en
autobús, o cualquier otra situación de la qué te sientes incapaz, debes comprender que en los
laberintos de tu cerebro han quedado grabadas memorias que determinan inseguridad ante
estímulos normales para el resto de las personas, pero muy peligrosos para tu integridad. La
autonomía, hacer cosas sólo, es identificado por el cerebro cómo un acontecimiento de peligro
vital, y al igual que nos refería J. Rubia con el supuesto tigre en la selva, este autoengaño te
hace sufrir, pero sucede para qué puedas vivir en equilibrio teniendo en cuenta tu totalidad. Por
todo ello, querido/a amigo/a, hasta qué no grabes una memoria emocional, que cambie la
dirección del autoengaño ante estas situaciones, te encontrarás en mitad de la selva qué te has
construido, y por mucho que intentes enfrentarte, si no grabas nuevas memorias a ese nivel,
difícilmente podrás encontrarte a gusto en estos lugares.
Con la reestructuración cognitiva, se encontró una forma de engañar el autoengaño
patológico, es decir, se educa al sujeto para poder autoengañarse de forma qué no interprete
cómo peligrosa la situación que hasta ese momento era fóbica. El problema es que en los
momentos de pánico, tal cómo podré demostrar más adelante, las estructuras corticales quedan
aisladas de las estructuras emocionales, y por lo tanto es imposible que el nuevo autoengaño
llegue a crear una nueva memoria para poder recomponer la situación. Sólo si las estructuras
corticales todavía tienen conexión con las estructuras subcorticales, desde el nuevo autoengaño
se podrán crear nuevos programas globales de información vital, y en ese momento conseguir
que realmente el guión emocional nos lleve a autoengaños que nos liberen de la fobofobia. Así
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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encontraremos que la autonomía y la capacidad para relacionarnos con la vida por nosotros
mismos, no nos desequilibran nuestra globalidad psicológica y podremos enfrentarnos a la
situación temida sin problemas. La exposición continuada a estas situaciones fóbicas, puede
cambiar estas memorias, pero sólo cuándo no hay memorias emocionales que encuentran la
supervivencia en el pánico. La reestructuración sirve si la razón (autoengaño) es capaz de
metabolizar la emoción, pero, cómo explicaremos en otro capítulo, esto no siempre es posible.
Es primordial conocer la importancia qué tienen las memorias emocionales instaladas
desde el primer momento de nuestra existencia, para comprender eso que llamamos
autoengaño. Para la Terapia de Interacción Recíproca, el autoengaño es patente del cerebro
cognitivo, que intenta justificar o interpretar aquello que vivimos desde la emoción. Sin
embargo, la dirección del autoengaño, positiva o negativa, no depende del cerebro intelectual,
sino que es patrimonio del sistema emocional.
Si tienes miedo al miedo, debes alcanzar tu autodescubrimiento, esto es crucial.
Descubrir los motivos por los que tu cerebro elige el pánico para sobrevivir, así cómo descubrir
la comunicación del ataque de pánico, y el mensaje que te trasmite. Este mensaje está muy
cercano a tu esencia, es cómo si fuera una radiografía de tus elementos más substanciales y
por lo tanto de tu complejidad.
Esa fábrica de miedo llamada cerebro.
Si realizamos un análisis de las emociones con las que convivimos, nos damos cuenta
de que hay un número de emociones negativas muy superior a las emociones positivas. La
evolución ha decidido que es más importante tener un abanico mayor de emociones negativas,
ya qué las emociones se han generado para responder ante los acontecimientos que pueden
afectar nuestro bienestar o supervivencia. En consecuencia, nuestro sistema emocional se ha
ido desarrollando en función de los acontecimientos que han provocado en nuestro sistema de
supervivencia una huella suficientemente diferenciada cómo para crear un programa de acción-
reacción diferente, y tal cómo digo, parece ser que han dejado más huella los acontecimientos
negativos que los positivos. De modo que no hay emociones buenas o malas, aunque sí
positivas y negativas, dependiendo del acontecimiento al que reaccionan.
Sin las mencionadas emociones negativas no podríamos subsistir, y menos en sociedad,
ya qué la emoción además de servirnos cómo señal que nos hace tener constancia sobre
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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acontecimientos que nos sacan de nuestro utópico equilibrio, nos sirve para poder vivir en
sociedad. Cuándo se engatilla un patrón emocional, no sólo sirve para sentir y reconocer el
acontecimiento por el que reaccionamos, sino que también sirve para qué los demás se den
cuenta de lo que estamos sintiendo. Esta capacidad de comunicar mensajes al sentir
emociones, se puede desarrollar gracias a las ya enunciadas neuronas espejo. Si sentimos
miedo, esta es una emoción negativa (aunque buena) porque nos provoca malestar, pero a la
vez comunica a los mamíferos que están cerca una necesidad de protección, cuándo no de
deseo de huir, gritar y, cómo no, de ser amparado. Tener miedo a la sanción del policía, a la
riña, al castigo y otros muchos componentes de nuestra socialización, es necesario para vivir en
comunidad. De hecho las personas que no tienen habilidades para identificar y hacer consciente
las emociones de los demás, tienen muchos problemas para poder realizar eso que
denominamos “habilidad social”. Spitz llegó a decir que en la vida lo realmente irrenunciable, es
la alimentación afectiva.
Siguiendo con nuestra argumentación, en el lado de las emociones negativas tenemos:
miedo, ira, tristeza, aversión, vergüenza, asco, envidia, rabia, odio, culpa, cólera, rencor,
apatía, celos… Mientras que cómo positivas tenemos solamente: alegría, felicidad, interés,
amor… Siendo ambiguas algunas cómo la admiración, compasión, sorpresa…
Curiosamente cada una de las emociones negativas, incluso la parte negativa de las
emociones ambiguas, tienen cómo lazo común: el miedo. El miedo, y sobre todo el miedo a la
muerte, forman parte más o menos intensa de todas las emociones negativas. De la misma
forma, las emociones positivas son un certificado de que estamos vivos y por lo tanto de lograr
sentirnos capaces de seguir nuestro proyecto vital.
Es por todo esto que nuestro cerebro es una auténtica fábrica de hacer miedo, de tal
forma qué sin él no se entendería la vida tal cómo la vivimos. ¿Qué sería de nosotros si no
tuviéramos miedo? No obstante la mayoría de las personas saben convivir con el miedo y en
muchos casos el miedo es el preámbulo del placer, cómo ocurre cuándo subimos a una
montaña rusa, entramos en un lugar misterioso, o simplemente vamos a una sala de cine a ver
una película terrorífica. Escuchar historias misteriosas, indagar en el mundo de lo oculto,
coquetear con el más allá, son tareas propias de millones de personas en sus días de diversión
y hay cientos de parques temáticos que están dedicados a provocar miedo en aquellos que los
visitan.
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No obstante hay que diferenciar el concepto de miedo y de peligro. El miedo es
divertido cuándo sentimos que el peligro o la amenaza está controlada, sin embargo, cuándo al
miedo se le une la sensación de amenaza real, da un giro cualitativo y ya nos encontramos en
otra dimensión, que denominamos pánico, terror o pavor. Los miedos más universales tienen
que ver con la muerte, la enfermedad, los accidentes, la violación, las catástrofes naturales, las
guerras y así hasta llegar a otros tipos de miedo más ligados a nuestra relación social cómo son
el rechazo, el fracaso, la vulnerabilidad. En todos estos miedos hay un denominador común: no
ser capaz de afrontar aquello que nos da miedo. Esta dificultad para afrontar, puede ir
envolviendo cada vez más facetas de la vida, hasta qué se llega a tener la convicción de que no
se puede afrontar absolutamente nada qué implique la más mínima sensación de inseguridad o
de amenaza. Si este proceso continúa, aparecerá pronto una contradicción: cuanto menos se
enfrenta el sujeto a la incertidumbre (en la qué existe tanto la amenaza cómo la seguridad)
más tiene que evitar la sensación de cualquier emoción negativa, y a la vez de cualquier
situación que provoque emociones negativas, y de esta forma se evita directamente todo
aquello que implica el hecho de estar vivo, ya qué la vida sin emociones negativas, simplemente
no es vida. Todas las emociones negativas tienen que ver con el miedo, en una u otra medida,
y aquel que evita cualquier situación de amenaza, quiere controlar no sentir, de tal forma qué
se va quitando poco a poco el oxígeno de la vida, quedándose en una especie de lucha contra
natura, en la qué se intenta controlar que no haya nada qué controlar, y esto culmina con otro
nivel más en el que sólo cabe: “No puedo afrontar”, pero esta vez sin concretar nada, es decir
si se pregunta ¿Qué es lo que no puedes afrontar? El sujeto responderá: “nada qué me haga
sentir emociones negativas”. Y este es el certificado de la tragedia, para estar bien, no hay que
tener contacto con la vida.
“La muerte está tan segura qué nos da toda una vida de ventaja”
En algún lugar he tenido que leer este pensamiento que voy a promover cómo primer
escalón en el que se debe apoyar la persona qué sufre miedo a tener miedo, no se muy bien
quién es el autor de esta reflexión, incluso no se si el autor incluso soy yo, en todo caso es
importante que está forma de ver la vida y la muerte pueda noquear la espiral viciosa, antes
explicada, del fobofóbico. A mí en particular me sirve para adherirme a la vida, sabiendo que lo
único que tengo que hacer con la muerte, es conseguir que espere mucho.
La vida está delante de nosotros y es lo único que produce incertidumbre, la muerte no,
simplemente está ahí detrás y sólo se nos acerca si no nos montamos en el tren de la vida. Por
mucho que intentemos evitar la muerte, simplemente haremos que esté más presente. La
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muerte deja de estar con nosotros si vivimos la vida, el mejor antídoto contra la muerte es vivir
y saber vivir. Una vida amable fulmina la muerte, la deja fuera de nuestro quehacer cotidiano.
No conozco a nadie que por luchar contra la muerte haya conseguido mejorar su vida,
pero sí conozco lo contrario, aquellos que luchan por su vida y la viven, vencen a la muerte,
desaparece de su mente. Siempre me he preguntado dónde estábamos antes de nacer, y sea
cuál sea la creencia de cada uno de lo que existe después de la vida, no puede ser muy distinto
a lo que existía antes de nacer. Por lo tanto ¿Por qué temer a algo en lo que hemos estado
durante mucho tiempo?, o es que ¿lo que tememos es estar muerto en vida? ¿Realmente
tememos a la muerte o tenemos miedo de una vida sin vida? Vivir sin vida sí que es un
problema, y eso sólo puede ocurrir cuándo queremos vivir sin incertidumbre, sin riesgo, sin
emoción.
Tienes toda una vida de ventaja, no tienes que correr a gastarla, el ritmo adecuado es
aquel que te hace vivir dándote cuenta de que este momento en el que te encuentras ahora es
el más cercano a estar vivo. Siente cómo el pasado recibe de vez en cuándo una mirada, pero
sin perder la vista en este momento, de forma similar a cuándo conducimos un coche por una
autopista y miramos de vez en cuándo al espejo retrovisor para observar lo que tenemos
detrás, aunque la mayor parte del tiempo nuestra mirada está puesta en lo que tenemos al
frente, sobre todo allí por dónde pasan las ruedas del coche.
Tampoco es bueno estar pendientes de lo que ocurrirá cincuenta kilómetros más allá.
Estar permanentemente en el futuro es uno de los caldos de cultivo del miedo a tener miedo.
Vivir en la anticipación no sólo nos saca de la carretera, sino que nos impide llegar al destino.
Tienes toda una vida de ventaja, no lo olvides, si la vives, no sólo te liberarás del miedo y de la
muerte, también ayudarás a los que te rodean a conseguir que ellos también lo puedan hacer.
Tu cerebro es una fábrica de miedo, y también de amor, de rabia, de alegría, y de
todas las emociones, aunque cómo ya sabes todas las negativas tienen que ver con el miedo.
De tal manera qué el miedo nunca desaparecerá mientras sigas evolucionando cómo persona,
ahora bien, ese miedo dejará de bloquearte mientras estés vivo, y para eso tienes que vivir,
hacer, realizar, ejecutar. No esperes primero a tener valor para hacer, entonces no vivirás,
estarás invernando, si quieres que todo el miedo a tener miedo se te pase, siente rabia,
sorpresa, interés, admiración, tristeza, y por qué no seguridad y alegría. Provocar todos estos
programas emocionales es el antídoto necesario para sentirte vivo y a la vez incompatible con
sentir miedo a tener miedo. ¿Por qué no lo pruebas?, cada hora durante 10 minutos, vive la
rabia, y a la siguiente hora vive el interés por algo, y a la siguiente te entristeces con algún
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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acontecimiento que despierte esta emoción, y así sucesivamente, aprende a vivir desde el
descubrimiento de tu abanico emocional, y será en ese momento dónde te darás cuenta de
que… Bueno si te lo digo no lo haces, hazlo y verás. La muerte está muy segura, porque es así
y nada lo cambiará, te mereces esa vida qué te da de ventaja.
Ríos de química qué desembocan en tu miedo
Antes de ofrecerte unas nociones sobre todo lo que ocurre en tu cerebro a nivel
químico, tanto cuándo estás angustiado/a cómo cuándo estás tranquilo/a y apacible, necesito
que puedas imaginar todo un mapa del territorio por dónde circulan los cauces de los ríos de
química qué determinan tus sensaciones, emociones, sentimientos, pensamientos y conductas.
De esta forma no sólo entenderás muchas de tus sensaciones y comportamientos, sino que
además podrás intervenir con tu mente en sus trasvases, desde tu propio control. Ofrecerte
esta sesión de bioquímica no es sólo una forma de darte información, es también la puerta qué
se te abre para intervenir en estos territorios y por lo tanto en sus desagües. Igual que la
respuesta química te hace sentir de una u otra forma, tu mente puede intervenir en activarlos o
inhibirlos.
Al final todo son reacciones químicas. Las emociones, los pensamientos y los actos son,
en el último de los eslabones, procesos que necesitan de reacciones y combinaciones químicas.
No reconocerlo será un error infantil. Pero además, muchos de los tratamientos eficaces en la
actualidad son la suma de las intervenciones psicológicas y farmacológicas. Desde esta
perspectiva es importante descubrir: ¿Qué ríos de química actúan en nuestro cerebro? ¿Cómo
interaccionan? ¿Cómo repercute en nuestro quehacer cotidiano?
Contestare estas preguntas comenzando con otra ¿No te has dado cuenta de que
cuándo sientes dolor te pones irritable? Incluso cuándo has fracasado en algo para ti
importante, también la irritabilidad se palpa, y con ella un cierto dolor difuso. Esto es debido a
qué los dispositivos neuronales que están diseñados para manifestar el malestar, están muy
próximos tanto en el dolor cómo en la defensa agresiva y en la aversión.
Cuándo tienes miedo a tener miedo, no sólo sientes miedo, en muchas ocasiones sientes dolor,
irritabilidad y aversión, esto es debido a las conexiones que existen entre la amígdala, la
sustancia gris periacueductal y el hipotálamo lateral. La sustancia gris periacueductal es cómo si
fuera una puerta qué si está abierta nos deja sentir el dolor, ahora bien, si la cerramos
(inhibimos) aunque el dolor exista no lo sentimos, esto no es tanto por la rama sensorial del
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dolor cómo por la capacidad que tiene esta estructura de añadir o no perfiles emotivos al dolor,
de tal forma qué contribuye a qué el dolor sea insufrible o relativamente soportable. Esta parte
del tallo encefálico ha sido estudiada por numerosos autores, entre otros Melzack y Wall con su
teoría de la puerta, y es una zona muy implicada en la capacidad que tenemos para
mantenernos en un lugar o tener que salir corriendo a otro más seguro, tal cómo le pasa al
agorafóbico.
Este tándem: regiones particulares del hipotálamo, región gris periacueductal y
amígdala, es fundamental para optimizar las estrategias de actuación ante circunstancias
críticas para la supervivencia. Sobre todo porque las afectaciones circunscritas en estas
regiones dan lugar a un comportamiento de no temor, no dolor pero también de no
socialización, ni de capacidad para tomar decisiones inteligentes para reconocer las
expresiones, las caras, y las conductas de amenaza de otros, vehículos cruciales de la
intercomunicación afectiva cómo dice Adolf Tobeña “no es fácil circular por la vida sin saber
interpretar con prontitud y eficiencia las señales conflictivas o de peligro que emiten los
demás”. Por lo tanto, la incapacidad de activación de estas áreas, es posible que desactiven las
denominadas neuronas espejo, y viceversa, un aumento en la capacidad de activación de estas
regiones, someterán al sujeto a un constante estado de ansiedad, percepción de amenaza y
cómo no de ataques de pánico.
En experimentos con sujetos a los que se exponía durante un tiempo, imposible de ser
percibido por el reconocimiento consciente (presente menos de 1/25 de segundo, pero más de
1/36 de segundo), y después se solapaban (presente más tiempo que 1/25 de segundo) por la
visión de una silueta facial neutra, se encontró que la respuesta visceral (latido cardiaco,
respuesta galvánica de la piel y otras) tenía variaciones propias de las respuestas viscerales de
temor. Esto nos indica qué antes de ser reconocida una imagen cómo peligrosa, nuestro
cerebro interno, en el que la amígdala y las estructuras antes mencionadas son fundamentales,
ya han tomado decisiones de percepción de amenaza. Cuándo se le preguntaba al sujeto
¿Cómo se sentía?, indicaba qué nervioso, pero no sabía por qué, ya qué la cara qué veía no
tenía ningún elemento nocivo para ellos. Davidson, Putman y Larson, explican con
experimentos con animales cómo la corteza prefrontal orbital y ventrómedial, la corteza
prefrontal dorsolateral (estas dos zonas del neocórtex), la corteza cingulada anterior (zona de
relee o enlace) y el tandem amígdala, sustancia gris, hipotálamo (zona límbica y del tallo
cerebral) tienen una relación que podría resumirse de esta forma: Las zonas límbicas y del tallo
cerebral advierten los posibles peligros (incluso los que después serán interpretados por las
zonas corticales cómo irracionales), la zona precognitiva del cíngulo advierte estas sensaciones
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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y las comunica a las zonas corticales, y si todo esto no se produce dentro de un marco de
supervivencia, estas zonas corticales son capaces de contener el torrente emocional y pueden
controlar la respuesta de miedo, irritabilidad o agresión. Ahora bien, cuándo todo esto ocurre
en un marco de peligro vital, las regiones corticales quedan completamente aisladas de
conexión con las zonas subcorticales y sólo reciben información pero no pueden mediar, y por
lo tanto incidir en la respuesta qué ya se ha tomado.
Todo este entramado que te he explicado se complica mucho más cuándo intervienen
estructuras cómo el hipocampo, el tálamo sensorial, el Locus Coeruleus, el rafe y otras zonas de
estas regiones, pero en este resumen podemos ofrecer una síntesis bastante cercana, aunque
simplista, de lo que ocurre. Pues bien, toda esta circuitería entre estructuras y por lo tanto
entre neuronas es posible gracias al arsenal de sustancias que se encargan de activarlas y
desactivarlas. Ninguna de estas estructuras podría funcionar si no tuviera la alimentación
informativa qué ocurre mediante la química cerebral. Imaginemos todo el arsenal de antenas,
parabólicas y centrales de conexión de un país, pues bien, de nada servirían si no pudieran
intercomunicarse entre ellas, esa comunicación entre regiones del cerebro se produce gracias a
los agentes denominados neurohormonas, neurotransmisores o moduladores sinápticos.
¿Cuáles son? Hay va un pequeño resumen:
Nuestro cerebro está lleno de distintos tipos de células que segregan distintos
neurotransmisores. Cada agente químico del cerebro actúa en lugares bastante específicos,
aunque circulen por todas partes y puedan tener efectos muy distintos según dónde actúen.
Hasta el momento han sido identificados unos cincuenta neurotransmisores distintos, pero en
este capitulo nos dedicaremos a los que tienen una repercusión directa en los trastornos
mentales que estudiamos, y además la investigación nos ha dado suficientes conocimientos
cómo para profundizar en la intervención en estos trastornos.
Los neurotransmisores son sustancias químicas que se liberan en la sinapsis neuronal y
que al actuar sobre receptores específicos intervienen en la transmisión de los impulsos
nerviosos. Los más importantes son: acetilcolina (Ach), noradrenalina (NA), dopamina (DA),
5-hidroxitriptamina (serotonina) (S ó 5-HT) y el ácido gamma-amino-butírico (GABA), las
encefalinas y endorfinas endógenas, adrenalina (A), ATP, polipéptidos gastrointestinales,
Prostaglandinas, Glicerina…
En los estados de hiperactividad y agitación existen habitualmente elevadas
concentraciones de neurotransmisores en la sinapsis, mientras que en los estados depresivos su
concentración suele estar disminuida.
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La comunicación entre neuronas se llama sinapsis. Una sinapsis consta de un botón
presináptico, una hendidura sináptica y una superficie postsináptica. Los neurotransmisores se
liberan por los botones presinápticos, en la transmisión del impulso nervioso, y pasan de las
hendiduras sinápticas a las superficies postsinápticas. En estas superficies se fijan a receptores
específicos, originándose una respuesta concreta.
Los distintos neurotransmisores se elaboran en el cuerpo de las neuronas, desde dónde
son conducidos a las terminaciones presinápticas en las que se almacenan en forma de
vesículas. Con la llegada de un estímulo nervioso son liberados desde estas posiciones
permitiendo la transmisión del mismo.
Cómo ya he dicho los neurotransmisores son el producto de síntesis específicas por
parte de la neurona, siendo liberados al medio extracelular en el proceso que se denomina
sinapsis, y una vez liberado, ejerce su acción sobre receptores específicos de membrana qué
son, lógicamente, diferentes para cada neurotransmisor. Estos receptores específicos de
membrana se sitúan tanto en neuronas y otras células efectoras cómo en la propia neurona de
síntesis. Están localizados en el sistema nervioso, si bien su distribución accede a otros tejidos
cómo el muscular y el hormonal. La mayoría de las farmacoterapias que se utilizan en
psiquiatría se basan en los mecanismos de acción de los propios neurotransmisores. Por
ejemplo, los antidepresivos actúan sobre los receptores de la neurotransmisión serotoninérgica,
incrementando por tanto la acción de la serotonina
A partir de la excitabilidad de las neuronas, que es su propiedad específica, se
desencadenan distintos tipos de mecanismos que trascienden a la propia neurona y que
establecen una clara comunicación entre las mismas. Esto es a lo que denominamos sinapsis,
una región celular clara, concreta y muy estructurada, definida por el mantenimiento de un
espacio interneural, y cuyo significado final es el de la comunicación interneural a la qué nos
referimos en términos generales cómo sinapsis eléctrica y sinapsis química. En el primer caso,
se habla siempre de una comunicación excitatoria con la continuidad de la conducción de la
excitabilidad o el impulso nervioso; en el segundo caso se habla de una comunicación
excitatoria o inhibitoria mediada por una sustancia química qué no es otra cosa qué el
neurotransmisor.
La conducta, los sentimientos, emociones, motivaciones y cogniciones suponen
procesos fisiológicos específicos del organismo que son el resultado de interacciones entre
factores hereditarios (a través de sistemas bioquímicos controlados genéticamente) y factores
ambientales presentes y del pasado. Todo comportamiento por lo tanto está mediatizado, al
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final, por la comunicación neuronal. Los grandes sistemas de mediatización bioquímica están
regulados por el Sistema Nervioso Central, que influye en las decisiones del sistema nervioso
autónomo y en los sistemas endocrino e inmunológico.
Esquemáticamente deben considerarse los siguientes procesos en la neurotransmisión:
(1) Síntesis del neurotransmisor
Se conocen con cierto detalle las cadenas metabólicas de síntesis de los neurotransmisores. La
propia síntesis está autorregulada por mecanismos enzimáticos, por ejemplo la tírosina-
hidroxilasa regula la síntesis de las catecolaminas, entre ellas la de la noradrenalina y su
actividad depende de la cantidad de ésta almacenada.
(2) Almacenamiento del neurotransmisor
Este almacenamiento depende de la eficacia del precursor en la síntesis y de la excitabilidad de
la neurona presináptica.
(3) Liberación hacía el espacio intersináptico
También tiene un sistema de autorregulación a través de los receptores alfa-presinápticos:
cuándo se alcanza un cierto nivel de neurotransmisor, la liberación se inhibe por la estimulación
de los receptores.
En este momento el neurotransmisor tiene dos posibilidades, dirigirse hacía el receptor
postsináptico, o interactuar con el receptor presináptico.
(4) Interacción con el receptor postsináptico.
Una vez interactuado el neurotransmisor con el receptor es incorporado a varias vías:
- Incorporación por un segundo mensajero a la función extraneuronal.
- Difusión a la circulación general.
- Inactivacíon enzimatica (MAO)
- Recaptacación por la terminación nerviosa presináptica.
Neurotransmisores del sistema nervioso central y autónomo
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El concepto de sistema nervioso incluye los sistemas noradrenérgico (NA), adrenérgico
(A), dopaminérgico (DA), serotoninérgico (S ó 5HT), colinérgico (Ach), gabaminérgico (GABA),
glicinérgico y otros aún no identificados.
Resultados experimentales recientes permiten incluir entre los neurotransmisores del
sistema nervioso el sistema de las prostaglandinas, el ATP y varios polipéptidos
gastrointestinales (Sparf, Bryant, Polak, Modlin, Bloom, Alburquerque, y Pearse, James, y Starr,
Kanazawa, Emson y Cuello).
Podemos hacer una clasificación de estos sistemas según sus propiedades inhibitorias o
excitatorias, pero encontraríamos un verdadero rompecabezas de activación e inhibición de
unas con otras, para no confundirnos demasiado vamos a tratar las propiedades de estos
neurotransmisores y posteriormente hablaremos de sus relaciones cómo si fueran familias que
interactúan entre si.
DOPAMINA (DA)
Dopamina, neurotransmisor esencial para el funcionamiento del sistema nervioso
central. Durante la transmisión nerviosa, la dopamina pasa de una célula nerviosa o neurona a
otra y desempeña un papel clave en el funcionamiento cerebral y la conducta humana. La
dopamina se forma a partir de un precursor llamado dopa, que se sintetiza en el hígado a
partir del aminoácido tirosina. El sistema circulatorio transporta la dopa a las neuronas
cerebrales, dónde tiene lugar la transformación en dopamina.
La dopamina esta íntimamente ligada a la vida emocional, la adquisición y retención de
reflejos condicionados, la memoria y su consolidación, movimientos involuntarios y en general a
las funciones endocrinas, metabólicas y viscerales.
Es un neurotransmisor versátil. Participa en la regulación de diversas funciones que van
desde el control del movimiento hasta el desarrollo de las conductas de base emocional. Regula
los niveles de respuesta en muchas partes del cerebro y es de vital importancia para la
motivación física. La vía de control del movimiento se llama ruta nigroestriada; la dopamina
se libera en unas neuronas que se originan en una zona del cerebro llamada sustancia negra
(substantia nigra), y están conectadas con otra conocida cómo cuerpo estriado (corpora
striata), que desempeña una función importante en el control del sistema musculoesquelético.
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La segunda ruta cerebral en la qué interviene activamente la dopamina es la llamada
mesocorticolímbica. Las neuronas de la región ventral tegmental del cerebro transmiten
dopamina a otras conectadas con diversas partes del sistema límbico, responsable de la
regulación de las emociones, la motivación, la conducta, el sentido del olfato y diversas
funciones autonómicas o involuntarias, cómo el latido cardiaco o la respiración.
Cada vez hay más pruebas de que la dopamina interviene en varias alteraciones
cerebrales importantes. La narcolepsia, por ejemplo, es una enfermedad caracterizada por
episodios breves y recurrentes de sueño profundo y súbito y se asocia con concentraciones
anormalmente elevadas de dopamina y un segundo neurotransmisor llamado acetilcolina. La
corea de Huntington es una enfermedad hereditaria mortal debida a la destrucción progresiva
de las neuronas de la base del cerebro; también está vinculada con un exceso de dopamina.
Cuándo sus niveles disminuyen seriamente – cómo en la enfermedad de Parkinson –
puede resultar imposible desplazarse a voluntad. La paralización total de la mente (éxtasis
mental) puede estar relacionada con un bajo nivel de dopamina. Los niveles demasiados altos
se relacionan con la esquizofrenia, y pueden producir alucinaciones. Se tienen bases muy
fundadas de que los alucinógenos actúan sobre el sistema dopaminérgico.
La enfermedad de Parkinson, cómo demostró Arvid Carlsson ganador del Premio Nobel
de Fisiología y Medicina en el 2000, se debe a un déficit de dopamina en ciertas áreas del
cerebro. Además de temblores en las extremidades, los pacientes de Parkinson sufren rigidez
muscular que dificulta la marcha, la escritura y el habla. La enfermedad es consecuencia de la
degeneración y muerte de neuronas de la ruta nigroestriada, lo que a su vez determina una
baja concentración de dopamina. Los síntomas de la enfermedad de Parkinson se alivian con un
medicamento llamado levodopa o L-dopa, que estimula el aumento de la producción de
dopamina en las neuronas supervivientes de la ruta nigroestriada.
La esquizofrenia es una enfermedad psiquiátrica caracterizada por la pérdida de
contacto con la realidad y por alteraciones considerables de la personalidad. El esquizofrénico
presenta concentraciones normales de dopamina en el cerebro, pero es muy sensible a este
neurotransmisor, por lo que dichas concentraciones normales activan comportamientos
anómalos. Se ha observado que los medicamentos que bloquean la acción de la dopamina,
cómo la torazina, reducen los síntomas de la esquizofrenia.
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La investigación indica qué los adictos al alcohol y otras drogas, cómo la cocaína y la
nicotina, tienen menos dopamina de lo normal en la ruta mesocorticolímbica. Al parecer, estas
drogas incrementan la concentración de dopamina, y de este modo producen la sensación
agradable que acompaña a su consumo.
SEROTONINA (S ó 5-HT)
Su nombre químico es 5-hidroxitriptamina. Su función en el sistema nervioso central y
sus efectos en los cambios de comportamiento es fundamental para el sueño, el humor/animo,
la alimentación, el dolor, la presión arterial y la respuesta sexual. También son conocidas sus
influencias esenciales en el control de la ansiedad y de distintas emociones y sentimientos. Es
un neurotransmisor que actúa cómo vasoconstrictor, inhibe la producción de ácido clorhídrico
en el tracto digestivo y estimula la contracción de la pared intestinal.
La serotonina se forma a partir de un aminoácido precursor, el triptófano, que
proviene de los alimentos que presentan un alto contenido en proteínas, cómo la carne. En el
proceso de neurotransmisión la serotonina es liberada de una célula nerviosa o neurona a otra,
dando lugar a la formación de un impulso nervioso, que puede traducirse en la estimulación o
inhibición, según los casos, de una actividad celular.
A la serotonina se la conoce cómo el agente químico del “bienestar”, puesto que, con
toda certeza tiene un efecto profundo sobre el estado de ánimo y la ansiedad. Los altos niveles
– y la alta sensibilidad a la serotonina – se asocian a la serenidad y al optimismo.
Muchas enfermedades, que están siendo objeto de investigación, se han relacionado
con una alteración de las concentraciones de serotonina a nivel cerebral. Se están utilizando,
para tratar distintas enfermedades, fármacos que modifican los niveles de serotonina. Algunos
de ellos, cómo los llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS),
funcionan inhibiendo la recaptación de este neurotransmisor y facilitando, por tanto, la acción
del mismo durante un periodo de tiempo más prolongado. Este tipo de fármacos se utilizan en
el tratamiento de enfermedades psiquiátricas cómo la depresión, trastornos de pánico,
trastornos obsesivos-compulsivos y trastornos del comportamiento alimentario. Los fármacos
que alteran los niveles de serotonina en sangre pueden, a sí mismo, ser útiles en el tratamiento
de enfermedades no psiquiátricas, cómo la neuropatía diabética (degeneración de nervios
periféricos en pacientes con diabetes) o los trastornos premenstruales. Recientemente, un
agente estimulador de la liberación de serotonina, conocido cómo dexfenfluramina, ha sido
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utilizado en pacientes obesos, cuyo peso supera el 30% de su peso ideal. La dexfenfluramina
(Reductil ®) actúa inhibiendo la recaptación de serotonina por la neurona provocando en el
organismo una sensación de plenitud y saciedad con menos cantidad de alimento. Numerosos
estudios no obstante (sobre todo en Italia) han manifestado el peligro cardiaco del consumo de
este fármaco sin la permanente revisión médica.
La mayor parte de la síntesis de serotonina se realiza en el núcleo del Raphe, que
interviene en la inducción del sueño; la incapacitación de las células productoras de serotonina
provoca insomnio.
ADRENALINA (A)
Adrenalina, hormona secretada por la médula de la glándula suprarrenal. El
compuesto puro, también conocido cómo epinefrina, fue aislado por primera vez por el
químico japonés Jokichi Takamine y, aunque antes se preparaba de extractos de glándulas
suprarrenales, ahora se produce de forma artificial.
La producción de adrenalina sólo tiene lugar merced a una enzima (PNMT) que tiene
oscilaciones en su actividad dependiendo del nivel de glucocorticoides, es decir está bajo
control no sólo simpático sino también hormonal. La Adrenalina, por lo tanto, no sólo es un
neurotransmisor que encontramos en el cerebro, sino también una de las hormonas principales
del cuerpo, es segregada por la médula suprarrenal en respuesta a la glucosa sanguínea baja,
el ejercicio y varias formas de estrés agudo (en el último caso, el cerebro estimula la liberación
de la hormona). La Adrenalina causa la degradación del glucógeno a glucosa en el hígado y
músculos, causa la liberación de ácidos grasos de los tejidos adiposos, y produce la
vasodilatación de las pequeñas arterias dentro del tejido muscular, aumentando el ritmo y la
fuerza del latido cardíaco.
La adrenalina no es necesaria para la conservación de la vida y en condiciones
normales su presencia en la sangre es insignificante. Sin embargo, en momentos de excitación
o estrés emocional se secretan grandes cantidades, que actúan sobre las estructuras del
cuerpo, preparándolo para el esfuerzo físico. La adrenalina estimula el corazón, estrecha los
pequeños vasos sanguíneos, eleva la tensión arterial, libera el azúcar almacenado en el hígado,
y relaja ciertos músculos involuntarios, mientras que contrae otros. Es muy utilizada cómo un
fármaco para estimular el corazón en casos de shock, para prevenir hemorragias y para dilatar
los bronquiolos pulmonares en ataques de asma aguda. Aunque la adrenalina puede funcionar
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cómo neurotransmisor, su papel en el funcionamiento del SNC queda en realidad
completamente relegado por la acción de la noradrenalina; si bien utilizamos generalmente el
termino adrenérgico. Esta paradoja se debe a qué la potente producción de adrenalina desde la
médula de las glándulas suprarrenales, cómo consecuencia de la activación simpática, tiene
unas consecuencias generalizadas e iguales que las de la acción de la noradrenalina liberada
por la neurona postsináptica de una vía autónoma.
La noradrenalina es, por tanto, la catecolamina qué se utiliza cómo neurotransmisor en
el sistema nervioso central (SNC), y podemos decir que la masa más compacta y densa de
neuronas adrenérgicas la constituye el locus ceruleus (lugar azul), el cuál está perfectamente
identificado en el tronco cerebral.
Si el cerebro recoge un estímulo que puede ser una amenaza, el sistema activador
reticular suelta un reguero de adrenalina por todo el cerebro. Así cancela cualquier actividad
innecesaria, de manera qué el escán de un cerebro en alerta parece muy calmo. Una vez que
llega una señal al área apropiada del cerebro, esta área da tal salto en su actividad, que supera
el nivel medio de la actividad cerebral previa al estado de alerta.
Recuerdo de nuevo que es posible que en numerosos tratados a la Adrenalina se la
denominé cómo Epinefrina.
ACIDO GAMMA-AMINO-BUTÍRICO (GABA).
El Ácido gamma-amino-butírico es de carácter inhibidor. Se sintetiza a partir del
aminoácido glutamato, que proviene de numerosas vías metabólicas, por lo que la síntesis
es relativamente fácil. El Glutamato es el neurotransmisor excitatorio más importante del
cerebro. Es también de vital importancia para la formación de las conexiones entre las
neuronas, que son a su vez la base del aprendizaje y de la memoria a largo plazo. Existe
además un sistema de recaptación presináptica activa, que lo almacena o lo destruye. Podemos
decir que el GABA es el marcapaso del estimulo nervioso. Por lo tanto es un neurotransmisor
muy relacionado con la ansiedad y todos los procesos fisiológicos que interviene en ella.
El GABA aumenta la permeabilidad al cloro, aumentando la polarización de la neurona,
lo que hace más difícil su descarga. La acción de las benzodiacepinas en el GABA consiste en
que este aumente su acción y de esta forma disminuya el impulso nervioso, las benzodiacepinas
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consiguen este efecto gracias al GABA, ya qué no influyen directamente en la permeabilidad
iónica.
Podemos diferenciar dos tipos de receptores del GABA. El receptor GABA-A hace de
guardián del canal del cloro y está modulado alostéricamente por numerosas substancias, en
distintos lugares de acción, entre ellas las benzodiazepinas, que actúan en los receptores
omega. Otras substancias activas en estos complejos son el alcohol, los barbitúricos o la
picrotoxina.
El receptor GABA-B no es modulado por las benzodiacepinas, pero sí se liga a un
miorrelajante, no parece tener efecto sobre la ansiedad.
ACETILCOLINA (Ach)
Regula la actividad en áreas del cerebro relacionadas con la atención, el aprendizaje, la
memoria y la sensación de alerta. Las terminaciones nerviosas correspondientes a los
neurotransmisores acetilcolina se les denominan colinérgicos. La acetilcolina es el
neurotransmisor preganglionar de todo el sistema nervioso periférico (tanto del sistema
nervioso simpático cómo del parasimpático), siendo además el neurotransmisor postganglionar
del sistema parasimpático. Es el neurotransmisor que activa la rama parasimpática del sistema
nervioso autónomo (actividad trofotrópica), de tal forma qué en laboratorio siempre que
queremos saber si está activada esta rama, medimos la acetilcolina circulante.
La gente que sufre Alzheimer tiene, por lo general, bajos niveles de acetilcolina en la
corteza cerebral, y los fármacos que aumentan su acción pueden mejorar la memoria en este
tipo de pacientes.
La acetilcolina es un neurotransmisor imprescindible para qué el cerebro funcione
adecuadamente, especialmente en los procesos de información - comunicación cerebral y cuya
concentración se reduce progresivamente en los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Se
cree que un sistema colinérgico sano, con sus neuronas colinérgicas y sus mensajeros químicos,
es esencial para la memoria, el pensamiento, el juicio, la personalidad, la percepción sensorial y
otras funciones mentales. La respiración y la digestión están reguladas por este
neurotransmisor.
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La Acetilcolinesterasa es la principal enzima responsable del metabolismo de la
acetilcolina en el cerebro. Cuándo las vías colinérgicas no funcionan, se alteran comunicaciones
fundamentales entre una zona y otra del cerebro.
Sustancias cómo la nicotina activas las neuronas que producen la acetilcolina
consiguiendo un mayor estado de alerta.
NORADRENALINA (NA)
Es un agente químico excitatorio que aumenta el nivel de respuesta física y mental y
levanta el ánimo. Su producción se concentra en un área del cerebro llamada Locus
coeruleus, que es uno de los candidatos putativos a “centró cerebral del placer”. La
noradrenalina es el neurotransmisor postganglionar de la rama simpática del sistema nervioso
autónomo. En laboratorio cuándo queremos saber si está activada la rama simpática (actividad
ergotrópica) medimos la cantidad de noradrenalina circulante. Los sistemas nerviosos simpático
y parasimpático manifiestan su acción antagónica sobre los órganos que inervan en común,
precisamente en base a la liberación de la acetilcolina o la noradrenalina. La Noradrenalina es
por tanto el principal neurotransmisor en el sistema nervioso simpático (controla la reacción de
"lucha o huida") y también se encuentra en el cerebro.
Precisamente es desde el locus coeruleus, y también desde otras áreas noradrenérgicas
inferiores cómo el núcleo del tracto solitario o los núcleos reticulares laterales, desde dónde
surgen dos grandes fascículos de proyección ascendente: el fascículo noradrenérgico dorsal y el
fascículo noradrenérgico ventral. Ambos fascículos tienen una especial implicación en el nivel de
actividad córtico-subcortical precisamente por su proyección al córtex, al sistema límbico
(hipocampo, amígdala y septum) y al diencéfalo, tálamo e hipotálamo. Asimismo, se proyectan
descendentemente a la formación reticular de la médula, con lo que su principal papel estriba
en la regulación de los niveles de vigilancia y, particularmente, en la actividad mínima de la
vigilia, definiendo claramente los niveles de atención, emoción e hiperexcitabilidad; por lo que
su repercusión conductual es tremendamente significativa, si bien es cierto que la división
simpática del sistema nervioso autónomo también tiene una especial relevancia.
Se sintetiza a través de la tírosina-hidroxilasa qué regula su síntesis. Tanto la
estimulación de los nervios simpáticos cómo las situaciones de estrés, aumentan la conversión
de tirosina marcada en Noradrenalina, de manera proporcional a la intensidad de la
estimulación.
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Los neurotransmisores que están particularmente implicados en la activación del lóbulo
prefrontal son la dopamina y la noradrenalina. La estimulación de este grupo de neuronas
reticulares también genera ondas alfa, propias del estado de alerta.
La Noradrenalina es el neurotransmisor vinculado con el estrés físico. Este
neurotransmisor es imprescindible para la adquisición de reflejos condicionados, para el
aprendizaje y reaprendizaje.
La Noradrenalina está implicada en todas las acciones orgánicas que necesitan de una
activación de la rama simpática del sistema nervioso autónomo. En el ámbito de la economía
funcional, la activación de Noradrenalina, predispone al organismo para un consumo de
energía, desde la presunción de que será necesaria para la confrontación con el ambiente.
RELACIÓN ADRENALINA-NORADRENALINA
Resumiendo podemos indicar que el hipotálamo es la única estructura nervioso-central
que absorbe Noradrenalina, aunque está se produzca en todo el cerebro. Sin embargo, en el
Sistema Nervioso Central hay poca Adrenalina, produciéndose casi toda ella en la médula
suprarrenal.
La Noradrenalina será por lo tanto un indicador bioquímico de la capacidad adaptativa
(Weiss. 1981). Es decir habrá más síntesis de Noradrenalina cuanto mayor sea la necesidad de
activación y de afrontamiento del organismo ante una situación. De la misma forma se
denominó a la Adrenalina indicador bioquímico de la actividad emocional. (Kelly 1980), en esta
línea se encuentran los experimentos que demostraban que los sujetos en los que la Adrenalina
disminuye rápidamente tras su incremento, tienden a ser psicológicamente más equilibrados y
más eficaces que los individuos en los que la Adrenalina se normaliza lentamente.
La vida media de las Catecolaminas es breve (1,2 minutos para la Adrenalina y unos 2,5
minutos para la Noradrenalina), siendo su liberación intermitente.
Es muy interesante concretar la secreción diferencial de Adrenalina y Noradrenalina, en
distintos tipos de estrés: en el estrés psicológico -hablar en publicó- la Adrenalina se triplica y la
Noradrenalina se duplica, en tanto que en el estrés físico -hacer ejercicio-, la Adrenalina
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aumenta moderadamente y la Noradrenalina triplica sus valores (Dimsdale, 1983). Esto
demuestra una vez más la sensibilidad de la Adrenalina cómo traductora bioquímica de los
estados emocionales.
Es fácil que encontremos a la Noradrenalina con el nombre de Norepinefrina.
ENCEFALINAS Y ENDORFINAS ENDOGENAS
Son opiáceos endógenos que, cómo los fármacos de este nombre, regulan el dolor,
reducen la tensión nerviosa y favorecen una sensación de “calma marina”. También deprimen
funciones físicas cómo la respiración, y pueden causar dependencia.
Los opiáceos cómo la morfina y la heroína se acoplan a receptores que normalmente
aceptan endorfinas y encefálicas. Este proceso activa el circuito de recompensa qué genera las
oleadas de dopamina. Se cree que el desentendimiento del dolor que producen estas drogas
resulta de la desactivación de un área de la corteza llamada giro cingulado anterior y la
región gris periacueductal, área qué normalmente nos hace concentrar la atención en los
estímulos internos adversos.
La oxitocina, hormona qué tiene una acción en el vínculo sexual y en el vínculo entre
padres e hijos, esta íntimamente ligada a las endorfinas, de esta forma la agitación típica qué
sienten los amantes cuándo se separan de quien adoran podría deberse en parte al deseo de
elevar su nivel de oxitocina. Cómo podemos apreciar las encefalinas y endorfinas endógenas
están muy ligadas al vínculo y a las relaciones con los deseos básicos.
La labor de las encefalinas en el dolor es exactamente la misma qué se produce con el
consumo de morfina o codeína, es decir, bloquean los receptores en las neuronas cerebrales
que de forma natural estarían repletos de encefalinas.
Familias químicas e interacciones entre ellas.
La investigación neuroquímica ofrece grandes perspectivas para el entendimiento de la
conducta humana. El estudio de la bioquímica del cerebro nos hace comprender elementos tan
diferentes cómo los reflejos, los pensamientos y los comportamientos más inteligentes.
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Las químicas que interactúan en nuestro cerebro pueden ser diferenciadas en familias
de neurotransmisores que tienen funciones que les hacen ser comunes, pero que a la vez
actúan cómo antagonistas. Las familias de sustancias o sistemas, más conocidas y con datos
empíricos de su función, que trasmiten la información en el Sistema Nervioso, son:
Sistema Noradrenérgico (NA)
Sistema Adrenérgico (A)
Sistema Dopaminérgico (DA)
Sistema Serotoninérgico (5HT)
Sistema Colinérgico (Ach)
Sistema Gabaminérgico (GABA)
Sistema Glicinérgico (Gl)
Sistema de las Prostaglandinas (Pr)
ATP.
Polipéptidos gastrointestinales (Pg)
FAMILIAS DE SISTEMÁS
Las monoaminas constituyen el grupo principal de neurotransmisores del sistema
nervioso (SN). La característica diferencial de estas sustancias es la presencia de un grupo
amino (-NH2), por lo que se denominan monoaminas o también aminas biógenas. Proceden de
aminoácidos precursores y forman dos grupos: las catecolaminas, derivadas de la fenilalanina,
aunque en la biosíntesis nerviosa acortan el camino iniciándolo en la paratirosina; y las
indolaminas, que derivan del triptófano.
El grupo monoaminérgico por su paridad lo constituyen el sistema dopaminérgico,
adrenérgico y serotoninérgico. Cada uno de estos sistemas inciden en los otros dos, bien
para activarlo o inhibirlos, es decir no son independientes entre si. Los sistemas
monoaminérgicos actúan en estrecha relación en el sistema nervioso autónomo, de forma qué
es imposible para cualquiera de ellos, trabajar sin acelerar o inhibir a los otros (Grub y Burks).
Otro grupo será el catecolaminérgico y está formado por el sistema dopaminérgico,
noradrenérgico y adrenérgico. Este grupo tiene entre sí relaciones muy complejas.
Las catecolaminas incluyen por lo tanto la dopamina (Da), noradrenalina (NA) o
norepinefrina y adrenalina (A) o epinefrina; mientras que en las indolaminas es la
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serotonina su neurotransmisor. La diferencia entre ellas hace referencia al núcleo o anillo
central de su estructura molecular cómo se corresponde con la propia diferencia estructural del
aminoácido de procedencia. Presentan una situación troncoencefálica y también cerebral,
interviniendo esencialmente en la modulación funcional de grandes regiones cerebrales, cómo
los núcleos grises básales, el sistema límbico y la corteza. De ahí que la modificación de sus
niveles se haya relacionado con las alteraciones afectivas y las expresiones psicóticas, por lo
que son una auténtica referencia en las principales psicopatologías.
Las catecolaminas son pequeñas moléculas semejantes químicamente que se derivan
del aminoácido tirosina. Todas las catecolaminas son metabolizadas por los tejidos destinatarios
o por el hígado hasta convertirse en sustancias inactivas que aparecen en la orina:
• La dopamina se convierte en AHV
• La noradrenalina se convierte en normetanefrina y AVM
• La adrenalina se convierte en metanefrina y AVM
La tírosina hidroxilasa (TH) se encuentra en todas las células que sintetizan
catecolaminas y es el enzima de cantidad limitada en sus rutas biosintéticas. La TH es una
oxidasa de acción combinada qué usa el oxígeno molecular y la tírosina cómo sustratos y la
biopteridina cómo cofactor. Cataliza la adición de un grupo hidroxilo a la meta posición de la
tírosina, formando de esta manera 3,4-hidroxi-L-fenilalanina (L-dopa). A pesar de la
disponibilidad de tirosina no limita ordinariamente la proporción de síntesis de aminas, el
cofactor biopterina podría estar en concentraciones subsaturadas dentro de las neuronas que
contienen catecolaminas, y de esta manera podría jugar un importante papel en la regulación
de la biosíntesis de la adrenalina.
La noradrenalina se biosintetiza en las terminaciones sinápticas a partir del aminoácido
tirosina por acción de la tírosina hidroxilasa, produciéndose la dopa la cuál, mediante la dopa
descarboxilasa se convierte en dopamina (DA), la primera de las catecolaminas. La dopamina,
por hidroxilación con la b-hidroxi-dopamina se transforma en noradrenalina (NA), que es la
segunda de las catecolaminas. Finalmente, la NA, por una metilación con la feniletanolamina N-
metiltransferasa (PNMT), se convierte en adrenalina (A).
La biosíntesis de la dopamina está intrínsecamente relacionada con la NA. Sin embargo,
aunque su degradación está sujeta a los mismos sistemas enzimáticos, difiere en función de
cuál sea el primer sistema enzimático que actúe. Si actúa la monoaminooxidasa (MAO) se
produce el ácido 3,4 dihidroxifenilacetico (DOPAC), que es un metabolito final de la dopamina;
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si actúa la COMT, hay un metabolito intermediario, la 3-metoxitiramina, momento en el cuál
interviene la MAO produciendo el producto final de la degradación, el ácido homovanílico (AHV).
La liberación es similar a la de la NA, siendo las anfetaminas unos potentes liberadores.
Son inhibidores los a-hidroxibutiratos y la reserpina, que es también un depleccionante de la DA
al igual que ocurría con la NA.
Por otra parte, la recaptura no debe seguir el mismo camino que la NA, puesto que los
antidepresivos tricíclicos no la afectan y sin embargo, sí la anfetamina y la benzotropina.
Aunque parece un trabalenguas lo que son una y otra sustancia y a la vez a la familia
qué pertenecen entre sí, no es tan difícil de comprender, hagamos un resumen:
• Las monoaminas tienen en común un grupo amino (-NH2).
• En la familia de sistemas de monoaminas puede diferenciarse los sistemas:
• Dopaminérgicos. Constituido por la Dopamina (DA).
• Noradrenérgico. Constituido por la Noradrenalina (NA) y Adrenalina (A).
• Serotoninérgico. Constituido por la Serotonina (5-HT).
• En las monoaminas podemos por lo tanto distinguir dos familias:
• Catecolomaninas. Constituido por la Dopamina (DA); Noradrenalina (NA) y
Adrenalina (A).
• Indolaminas. Constituido por la Serotonina (5-HT).
Pues bien los neurotrasmisores o neurorreguladores que podríamos decir que inciden y
predisponen a tener crisis de ansiedad son: Noradrenalina, Dopamina, y luego hormonas cómo
los Andrógenos, la vasopresina, la sustancia P. Mientras que los neurorreguladores que actúan
inhibiendo las estructuras que están involucradas en los ataques de pánico son: Serotonina,
Acetilcolina, Opioides y Corticoides, y hormonas cómo la Oxitocina y la Sustancia Y. De igual
forma el GABA según esté más o menos activado repercute en el resto de los
neurotransmisores, ya qué cómo sabemos es el marcapaso del impulso nervioso.
Una vez que conocemos las químicas cerebrales, te voy a explicar de la manera más
sencilla, por qué en muchos casos hay que tomar fármacos y qué tipos de fármacos son los
más beneficiosos. Pero antes déjame que te aclare algo. Ningún tratamiento de tener miedo al
miedo, debería realizarse sin psicoterapia o ayuda psicológica, es esencial y primordial que esto
te quede muy claro. Una vez dicho esto, también está demostrado, y en este asunto hemos
tratado en nuestros centros cerca de cinco mil pacientes con este trastorno, cuándo los ataques
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de ansiedad son muy súbitos y continuos, o cuándo el sujeto además tiene un fondo depresivo,
los medicamentos son necesarios y junto con la terapia psicológica hacen una combinación
ideal. Aquellos psicólogos y profesionales de la salud mental que en todos los casos rechazan la
medicación, simplemente no saben lo que están haciendo. Quien realmente ha trabajado con
pacientes que tienen miedo a tener miedo del tipo Joaquín, saben y sabemos que cerca del 60
% de estos pacientes, deben ser tratados conjuntamente con psicoterapia y farmacoterapia. Y
en lo que sí estamos totalmente seguros, es que si se realiza una psicoterapia adecuada la
cantidad de medicación, y el tiempo en tomarlo es menor. Y una vez dicho esto, sepamos por
qué esto es así.
Según Gorman (1989) la actividad de los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO),
antidepresivos tricíclicos (ADT) (originalmente Gorman habla de antidepresivos imipramínicos) y
alprazolam (BZD), bloquearía la patogénesis de las crisis agudas de ataque de pánico por su
efecto modulador a nivel del tronco encefálico (sobre todo a nivel del locus coeruleus).
Hoy sumamos a los fármacos a los que se refería Gorman en los años noventa, los
inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), los inhibidores de recaptación
de la serotonina y la noradrenalina (IRSN).
Las benzodiacepinas (BZD) tienen un efecto fundamentalmente depresor del sistema
nervioso central que producen acciones ansiolíticas, sedativas / hipnóticas, anticonvulsionantes,
relajante muscular y anestésicas. Las BZD intervienen en el neurotransmisor GABA (ácido
gamma-aminobutírico) que se encuentra distribuido por todo el sistema nervioso central y actúa
tanto “pre” cómo postsinápticamente. La función principal del GABA es la de moderar la
actividad cerebral, regulándola a la baja.
Las BZD inducen cambios estructurales que incrementan la afinidad del receptor por el
GABA y además incrementan la frecuencia de apertura del canal de cloro (E. Baca 2001).
Siguiendo la teoría de Gorman (J. Bobees 1998) y acoplando a ésta la teoría de Gray
(A. Lobo Satué 1996) las benzodiacepinas actúan en el ámbito de los receptores gabérgicos
favoreciendo la apertura de los canales del ion-cloro. La apertura de estos canales de iones-
cloro da lugar a la hiperpolarización de la membrana de las neuronas gabérgicas y, con ello, al
consiguiente efecto inhibitorio interneural de este neurotransmisor, incluyendo acciones sobre
las neuronas dopaminérgicas, serotoninérgicas y noradrenérgicas. De esta forma la descarga
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noradrenérgica, a nivel del locus coeruleus y la amígdala, disminuye por esta inhibición
producida por las neuronas gabérgicas.
Los antidepresivos tienen una definida acción sobre la ansiedad paroxística ya qué los
sistemas de la serotonina y la noradrenalina están íntimamente ligados entre sí en su
funcionamiento y ambos participan en múltiples áreas del sistema nervioso y de otros territorios
fisiológicos que están implicados en la ansiedad. Interesa remarcar el papel “protector” frente a
la ansiedad de la serotonina en su acción en el sistema límbico.
Los tratamientos farmacológicos en la ansiedad paroxística revisados resultan de
elevada eficacia en las crisis de angustia, trastornos por fobia social, trastornos obsesivo-
compulsivos y agorafobia con crisis de angustia. Para estos trastornos contamos con diferentes
fármacos, cuya elección habrá que valorar en el contexto de cada paciente, clase de trastorno,
enfermedades concomitantes etc. Los antidepresivos tricíclicos, los ISRS, IRSN, junto con el
Alprazolam y el Lorazepam (Benzodiacepinas) son los fármacos elegidos para controlar las crisis
de ansiedad y prevenir nuevas crisis.
Las bases estructurales con anomalías en los trastornos de ansiedad paroxística son el
sistema límbico y el córtex paralímbico, además de la amígdala.
Desde el troncoencéfalo se establecen proyecciones noradrenérgicas ascendentes
incluidas las originadas en el locus coeruleus, y proyecciones serotoninérgicas desde los núcleos
del rafe hasta el tallo cerebral. Por otro lado el troncoencéfalo recibe proyecciones del
neocórtex, especialmente desde el córtex prefrontal. De esta forma si la persona percibe cómo
amenazante la información externa qué recibe a través de su sistema sensorial, o con la
información interna por un fallo en su percepción interoceptiva, determina una inhibición
conductual y un aumento de la vigilancia e hiperactividad en la zona troncoencefálica,
pudiéndose engatillar toda la química del pánico.
El Locus Coeruleus, núcleo de la protuberancia qué contiene el 50% de las neuronas
noradrenérgicas del sistema nervioso central, recibe, cómo hemos dicho, proyecciones del
neocórtex, amígdala, hipotálamo y aferencias del núcleo del rafe y centros sensoriales
medulares, y envía proyecciones a médula espinal, hipotálamo, tálamo, cerebelo, hipocampo,
amígdala, sistema límbico y córtex. Por lo tanto el Locus Coeruleus puede mediar en respuestas
cognitivas, neuroendocrinas y motoras que acompañan a la ansiedad. De esta forma podemos
determinar que la activación del Locus Coeruleus incide en las respuestas de miedo y ansiedad
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vital, mientras que la ablación o la inhibición de éste, anula esta respuesta ante un estímulo
amenazante.
Al Locus Coeruleus también se le ha relacionado con el estado de alerta ante cualquier
estímulo novedoso y no sólo en relación con la ansiedad. De esta forma es un centró que ayuda
a determinar, en caso de amenaza, si el individuo dirige su atención hacía estímulos externos o
internos, para planificar y ejecutar conductas de supervivencia (A. Lobo Satué 1996).
Es por todo esto necesario intervenir con farmacoterapia para incidir en la
hiperestimulación del locus coeruleus y sus estructuras de relación. Por ejemplo la acción del
GABA en el sistema límbico, así cómo la inhibición del Locus Coeruleus en la actividad 5HT en
los núcleos del rafe que proyectan cómo hemos referido, a hipocampo y amígdala, afectan a los
sistemas de neurotransmisión noradrenérgicos y dopaminérgicos mejorando la respuesta propia
de ansiedad paroxística.
En la ansiedad reactiva o exógena existe menor evidencia de anomalías estructurales y
no se han documentado cambios en los patrones del flujo cerebral, aunque sí alteraciones del
metabolismo en algunas áreas cerebrales.
Hasta aquí lo dicho en la investigación de Gorman de 1989. Pero posteriormente en el
2000 los autores revisaron la bibliografía reciente sobre fenomenología, neurobiología y
tratamiento del trastorno de angustia y los avances sorprendentes en la documentación
neuroanatómica del miedo condicionado en los animales (Revisión de la hipótesis
neuroanatómica del trastorno de angustia. Jack [Link], M. D., Justine M. Kent, M.D... Am J.
Psichiatry 2000; 157: 493-505).
Las conclusiones son que parece existir una similitud considerable entre las
consecuencias fisiológicas y comportamentales de la respuesta a un estímulo condicionado al
miedo y una crisis de angustia. En los animales, estas respuestas están mediadas por una “red
cerebral del miedo” centrada en la amígdala y que interactúa con el hipocampo y la corteza
prefrontal medial. Las proyecciones que van de la amígdala a las zonas hipotalámicas y al
tronco cerebral explican muchas de las señales de respuesta condicionada al miedo observadas.
Se cree que en el trastorno de angustia subyace una red neuronal similar. Diversas pruebas
indican que tanto los factores hereditarios cómo los acontecimientos estresantes de la vida,
especialmente los acontecidos en la primera infancia, son los responsables de la aparición de un
trastorno de angustia. Se piensa qué los fármacos, especialmente los que influyen en el sistema
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serotoninérgico, desensibilizan la red neuronal del miedo desde la amígdala y a través de sus
proyecciones hacía el hipotálamo y el tronco cerebral. Los tratamientos psicosociales efectivos
también podrían reducir el miedo contextual y las atribuciones cognitivas erróneas que se
producen en la corteza prefrontal y el hipocampo. Los estudios por neuroimagen deberían
ayudar a dilucidar la certeza de estas hipótesis. En la actualidad hay evidencia suficiente con
TEP (A. Demasío 2006).
Este modelo de la anatomía del pánico tenemos que insertarle, desde un punto de
vista pedagógico, en la conexión subcortical en la qué nos habíamos quedado en el modelo de
Woodworth-Aguado. En todo momento intentamos, una vez más, determinar una integración
biopsicosocial del ser humano, de tal forma qué los tratamientos de la Terapia de Interacción
Recíproca tendrán en cuenta todas estas bases neurológicas para el desarrollo de sus técnicas y
estrategias de intervención.
Desde el medio externo y el medio interno aparecen estímulos (exógenos y
endógenos) que son conducidos por el sistema nervioso simpático a una estructura paralímbica
cómo es el Núcleo del tracto solitario. Este núcleo informa de las características sensoriales
del estímulo a dos estructuras muy influyentes en los cambios perceptivos del sujeto:
- Núcleo parhabránquial, el cuál activa la tasa respiratoria del
sujeto y por lo tanto la aumenta o la disminuye según la interpretación de la
información recibida. Tenemos que darnos cuenta de que a este nivel simplemente
el sujeto percibe que su respiración se hace más entrecortada/rápida o hace más
profunda/lenta. Este es el principio para muchos sujetos de un cuadro de
hiperventilación posterior.
- Tálamo sensorial, el cuál realiza la función de intermediario
con las zonas límbicas, que después analizaremos, y las zonas corticales. La vía de
comunicación cortical seguirá un trayecto largo y mediatizado por varias zonas
precorticales cómo son la Ínsula, que a través de un haz de asociación comunica
la información al Cíngulo, dónde la información es ya analizada en un nivel del
cortex primario o analítico, cuya estructura clave es el Sistema reticular. De ahí,
la información llega a la Corteza Prefrontal, dónde se evalúa y se toman
decisiones ya conscientes del estímulo. Posteriormente estudiaremos lo que ocurre
en este nivel cortical.
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Pero mucho antes de ser analizada la información a este nivel cortical, el Tálamo
sensorial y el Núcleo parhabránquial mandan información al Núcleo lateral de la Amígdala, y
de aquí esta información llega al núcleo basal, llegando por ultimo al Núcleo central de la
Amígdala, lugar desde el cuál se manda información al neocórtex y se determina si el estímulo
es peligroso o no para la supervivencia del individuo.
De forma totalmente contemporánea en ese momento el estímulo ha sido percibido por
otra estructura límbica fundamental: Hipocampo, el cuál informa de la misma manera qué lo
hizo el Tálamo sensorial a la Amígdala. El hipocampo tiene memorias de estímulos semejantes o
de situaciones anteriores ante el mismo estímulo, por lo tanto informa a la Amígdala y al cortex
sobre la experiencia pasada ante dicho estímulo o similar.
Es muy importante tener en cuenta esta secuencia ya qué una vez más tal cómo
mencionan numerosos estudios y prestigiosos autores cómo Joseph LeDoux, el propio Gorman,
Kent, F. J. Rubia y muchos otros, cuándo el cerebro intelectual o cortical evalúa el estímulo y lo
hace consciente, las decisiones límbicas sobre todo por esta estructura-centralita cómo es la
Amígdala ya han determinado decisiones, inexorables para la corteza intelectual. De aquí esa
frase tan repetida: “La emoción decide y la razón justifica”. No olvidemos que las conexiones
desde la Amígdala al neocórtex son superiores que las conexiones existentes desde el neocórtex
a la Amígdala.
Cuándo la Amígdala interpreta y decide, después de los consejos del Tálamo sensorial,
hipocampo y núcleo parhabránquial, amen de otras muchas estructuras no señaladas en este
resumen, manda órdenes a distintas estructuras tanto límbicas cómo paleocorticales, que son
en definitiva las que dan lugar a las conductas y reacciones tanto emocionales cómo fisiológicas
y biológicas ante un estímulo potencialmente peligroso para la supervivencia. En este momento
hay que matizar, que el verdadero peligro no está siendo analizado por la realidad del peligro
(nivel consciente), sino que está siendo analizado por la realidad emocional, muy ceñida a
memorias lejanas que tienen condicionados y codificados muchos estímulos cómo peligrosos, ya
qué lo fueron o se percibieron cómo peligrosos en su día, y aunque en este momento no lo
sean realmente, lo son por ese aprendizaje previo.
Desde el Núcleo central de la Amígdala se manda a distintos núcleos del hipotálamo
información para qué active el sistema endocrino y hormonal, así cómo las vías autonómicas del
sistema nervioso.
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El núcleo paraventricular del hipotálamo, canaliza una serie de cambios en la
hipófisis, la cuál pone en circulación diversos glucocorticoides, entre ellos la Corticotropina, que
va a producir la activación en las glándulas suprarrenales, engatillando la segregación de
Adrenalina (A). Neurotransmisor especializado para el estrés social o emocional, elevándose
la tasa cardiaca y preparándose para realizar una serie de cambios fisiológicos traduciéndose a
nivel de conducta cómo impulso de lucha o de huida.
A la par en el Núcleo lateral del hipotálamo, se activa la rama simpática del sistema
nervioso autónomo, con la consiguiente activación general del organismo. Está activación de la
rama simpática del sistema nervioso autónomo es también activada con las descargas de
Noradrenalina (NA), principal neurotransmisor regulador de la activación simpática, y que se
genera fundamentalmente en el sistema nervioso central, por lo que es considerado un
neurotransmisor especializado en el estrés fisiológico. La Noradrenalina es segregada por un
circuito muy vinculado con la Amígdala, Locus Coeruleus, que es activado una vez más por el
núcleo central de ésta.
Otro centró importante en esta transmisión de información desde la Amígdala para la
activación del organismo es la Región gris periacueductal, la cuál gobierna la motricidad del
organismo tanto para su activación cómo para la parálisis defensiva.
Por último desde la Amígdala se da feedback al núcleo parhabránquial quien vuelve
a alimentar la tasa respiratoria o la apacigua.
De todo este entramado de estructuras es importante concluir que la capacidad que
tiene el neocórtex para frenar este engatillamiento de pánico o de activación para la
supervivencia depende de las características individuales y sobre todo de la memoria
depositada ante estímulos anteriores. Cuándo la información proveniente del Tálamo sensorial,
hipocampo o Amígdala llega al cíngulo, y este manda la información al cortex primario o
analítico, desde este llega al cortex secundario o perceptivo y por último llega al cortex
cognitivo o consciente, cómo si se repitiera el camino que anteriormente se ha realizado a nivel
subcortical. Sucediendo todo el análisis en los distintos escalones que anteriormente hemos
expuesto.
Las otras estructuras subcorticales influenciadas serán las límbicas, que modulan
emocionalmente las proposiciones y las intenciones cognitivas y que, a su vez, igual que ocurría
con las hipotalámicas, ofrecen información de nuevo a estructuras corticales, y por otra
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ramificación y de forma independiente, informan, a través del bloque de actividad básica, al
sistema nervioso autónomo.
Simplemente cuándo tomamos antidepresivos triciclicos, o ISRS, lo que hacemos es
potenciar la actividad de Serotonina circulante, y esto crea una inhibición de la Noradrenalina
circulante, que traducido a estructuras neuronales significa qué desencadenan la activación del
Raphe que produce inmediatamente una inhibición de Locus Coeruleus, el hipotálamo y la
región gris periacueductal, por lo que toda la organización neurológica de los ataques de pánico
queda desactivada, y curiosamente aunque la amígdala engatille la química del pánico, las
estructuras dianas están inhibidas y el sujeto no siente las manifestaciones propias del miedo a
tener miedo. Por esto es importante tomar medicación, si no es así es casi imposible conseguir
ese 40 % de pacientes con mejoría.
Y ya no te preocupes no te canso más con químicas, estructuras neurológicas, ni palabras
extrañas, eso sí seguimos avanzando.
Memorias y emociones.
La memoria es muchas cosas distintas, no es pues sorprendente que una función tan
compleja y multifacética del cerebro sea difícil de encasillar. Cada tipo distinto de memoria se
almacena y se recupera de diferente manera, además en cada tipo de memoria docenas de
áreas del cerebro están implicadas en una compleja red de interacciones. Sin embargo, y
aunque poco a poco, la geografía de la memoria humana empieza a aclararse.
Para entender el concepto de memoria tenemos que mirar las células individualmente,
porque ahí es dónde se hacen las memorias. La memoria no es otra cosa qué “una asociación
tal entre un grupo de neuronas que, cuándo se dispara una, se disparan todas, creando un
canon específico de actividad” (Rita Carter, 2002, en El Nuevo Mapa del Cerebro Humano). Los
pensamientos, las percepciones sensoriales, las ideas, las alucinaciones, están compuestos de
esta misma forma. Un canon determinado trae consigo la experiencia de miedo, otro canon,
provocado en un área distinta, trae consigo un sabor, y así sucesivamente. Las memorias se
forman cuándo un canon se repite con frecuencia o en circunstancias que favorecen su
codificación. Esto es así ya qué cada vez que un grupo de neuronas se dispara a la vez
aumenta la tendencia a volverlo a hacer. Las neuronas se disparan en sincronía, activándose
unas a otras cómo lo hacen las partículas en un haz luminoso.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Muchas áreas diferentes del cerebro están relacionadas con la memoria. En el lóbulo
temporal encontramos las memorias a largo plazo asentadas en la corteza: memoria
semántica. En el putámen y el cerebelo se almacenan memorias de procedimiento, tales
cómo montar en bici o escribir a máquina; son también llamadas memorias “cómo hacerlo”. En
el hipocampo se encuentra la consolidación y la recuperación de memorias, en particular las
personales y las relacionadas con encontrar el camino que seguir, las denominamos memorias
episódicas. En la amígdala encontramos las memorias traumáticas inconscientes: memorias
de miedo, y en el núcleo caudado se asientan muchos instintos- que son memorias
genéticamente codificadas –a las que llamamos memorias de procedimiento, en este caso
de costumbres profundamente arraigadas.
La secuencia se puede determinar de esta forma: las experiencias destinadas a
asentarse cómo memorias a largo plazo se envían al hipocampo dónde se almacenan de 2 a 3
años. Durante este tiempo el hipocampo vuelve a proyectar las experiencias a la corteza y, en
cada representación, quedan más profundamente grabadas. Con el tiempo, las memorias
quedan tan firmemente establecidas en la corteza qué ya no se necesita el hipocampo para
recuperarlas. Se cree que gran parte de la reproyección hipocámpica ocurre durante el sueño.
Las ensoñaciones (sueños) que ocurren durante el hecho del dormir consisten, en parte, en una
reproyección de cosas que han pasado durante el día y son lanzadas hacía la corteza por el
hipocampo.
Hay que distinguir las memorias denominadas memorias semánticas, que es el
almacén de cosas que “sabemos” sin que intervenga nuestra relación personal con ellas. Por
ejemplo, si tomamos algo amargo y no nos gusta o es nocivo para nuestra salud, esa sensación
de evitación a ese sabor quedará guardada en esta memoria y, de igual forma, la memoria qué
nos dice cómo son las pirámides, nuestro nombre, o el nombre de la capital de Francia.
Las memorias que se mantienen vestidas de detalles personales son bien distintas y el
cerebro las trata de forma distinta. Estas memorias son conocidas cómo memorias
episódicas, y en ellas incluimos las “memorias de estar allí”; cuándo las recordamos, recrean
gran parte del estado mental en el que estábamos en el momento en que se asentaron. Un
estado mental es una percepción que abarca el mundo, percepción que aúna la percepción
sensorial, los pensamientos, los sentimientos y las memorias para formar un todo. La emoción
es el denominador común del tipo de escenas que se quedan en nuestra mente; esto ocurre
porque una ola de neurotransmisores excitatorios aumenta la frecuencia del disparo de las
neuronas en ciertas partes del cerebro. Este proceso tiene dos efectos: en primer lugar,
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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aumenta la intensidad de la percepción, produciendo esa sensación de claridad y de lentitud en
el transcurso del tiempo, propias de las situaciones de crisis; en segundo lugar, se refuerza la
potenciación a largo plazo de manera qué aumenta la probabilidad de que los sucesos ocurridos
sean recordados en el futuro y evitados, si son desagradables, o evocados, si son agradables.
Estos dos efectos son obviamente muy válidos para la supervivencia.
Una pieza clave en esta investigación es que el hipocampo no cede todas las memorias
a largo plazo a las áreas corticales de almacenamiento. Al contrario que los hechos y los
recuerdos de la infancia, nuestras memorias que afectan a lo más personal se mantienen
codificadas en las neuronas del hipocampo, dónde se crean mapas internos; así lo demuestran
estudios con TEP. El hipocampo prefiere codificar hacía la amígdala aquellas cosas que en algún
momento nos aterrorizaron, y no los manda directamente al lóbulo frontal. La memoria
humana, lo que hace es crear y recrear el pasado, produciendo una versión de los hechos que,
al final, puede tener poco parecido con lo que pasó en realidad. Es más, el proceso empieza ya
cuándo percibimos las cosas que van a ser destinadas a la memoria. La mayoría de las
percepciones sensoriales no son registradas conscientemente y sólo se retienen unas cuantas
de entre las que sí lo son. Entre ellas, la mayoría se borra de la mente en unas cuantas horas.
Esta selección personal de los momentos destacados de la vida se distorsiona tanto por la
preselección cómo por nuestra manera idiosincrásica de ver las cosas. El proceso de falsificación
se amplía cada vez que una memoria es recordada, agregamos cosas, perdemos cosas,
ajustamos hechos y llenamos cualquier pedacito de información que se pueda haber borrado.
Las que rellenan y tergiversan son las estructuras corticales que necesitan mantener una lógica
en la información; no obstante, son las estructuras subcorticales cómo el hipocampo las que
expresan lo grabado no sólo en el nivel semántico sino que a la par, expresan las emociones y
sensaciones físicas sentidas, de tal forma qué, sobre un mismo hecho, con el tiempo podemos
tener un recuerdo neutro desde el punto de vista cognitivo pero muy activador y movilizador
desde el punto de vista emocional o perceptivo.
En Terapia de Interacción Recíproca sabemos que está forma peculiar de ver las cosas
y de seleccionar lo que hemos vivido es consecuencia de las primeras relaciones y de las bases
de nuestra experiencia en los primeros estadios de relación con las personas referenciales.
Por lo tanto y apoyándonos en los datos ofrecidos por Gorman en 1994 y 2001, y de
Norcross y Golfried en 1992, que a su vez se apoyaban en los trabajos de Gazzaniga, Le Doux,
Changeux, Davidson y otros, queda patente que la capacidad de tomar decisiones del ser
humano queda dañada cuándo se rompen las vías neuronales que unen el lóbulo frontal con los
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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centros emocionales de la zona límbica, aunque las funciones intelectuales no queden alteradas
(Demasío en Neurobiology of Decisión-Making). En estos estudios se sentencia qué la emoción
es, pues, un componente esencial de nuestra voluntad. La razón sin el sentimiento no puede
guiar la conducta. Antonio Demasío (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en
2005) indica qué “las emociones son producto de la biología, el cerebro y la cultura”, y asegura
qué las lesiones en la parte frontal del cerebro (zona del raciocinio) no dañan la inteligencia
pero sí la capacidad para decidir cuál es la opción más adecuada entre varias alternativas,
puesto que el afectado no puede utilizar la memoria de las emociones en situaciones similares
para acertar con su conducta. En definitiva, con estos trabajos Demasío asegura qué la decisión
más cerebral no deja de ser emotiva y, por lo tanto, sin emociones o sentimientos funcionamos
mal. Hay que diferenciar, no obstante, entre el concepto de emociones, que es un fenómeno
fisiológico, y el del sentimiento (feeling), que es el aspecto consciente de la emoción, lo que
lleva a la conclusión que expone en uno de los capítulos de su libro The feeling of what
happens: el cerebro conoce muchas cosas de las que no somos conscientes. Anteriormente,
Benjamín Libet demostró que 800 milisegundos antes de tomar una decisión se desencadenan
potenciales eléctricos en zonas límbicas del cerebro (Libet habla de zonas promotoras).
Con esta solidez en la investigación sobre el cerebro y su funcionamiento, que hoy
nadie discute y figura en todos los libros sobre neurociencia cognoscitiva, “la emoción es la
energía qué nos hace comer, beber o tener sexualidad, algo que compartimos con los
mamíferos, pero que los sentimientos son otra cosa, porque requieren la conciencia de la
emoción, algo que no puede sentir ni un perro ni un chimpancé. Y eso se debe a la enorme
corteza cerebral que tenemos” (Francisco Mora 2005).
Con todo este entramado teórico y práctico, en Psicoterapia de Tiempo Limitado
partimos de que nuestras decisiones están supeditadas a nuestro sistema emocional. De esta
forma, nuestro siguiente pasó fue averiguar dónde se insertan los conflictos en nuestro cerebro.
Es decir, teníamos que saber dónde estaban situadas las memorias que mantienen un conflicto
en el tiempo. Francisco J. Rubia, nos dice que los recuerdos que se mantienen en el tiempo,
aunque hayan ocurrido una sola vez, suelen estar asociados a intensas emociones. Hay sucesos
que, aunque no nos acordemos de ellos en un nivel consciente, nuestro cerebro los ha grabado
cómo una situación de peligro vital, de tal forma qué no sólo están almacenados en una
memoria no cognitiva pero sí emocional, sino que perduran mucho más en el tiempo que los
que recordamos de forma consciente. De hecho, esto no debería extrañarnos ya qué la
memoria depende del proceso de consolidación y éste, del sistema límbico. Cuándo los sucesos
van acompañados de emociones intensas se produce un considerable refuerzo para la
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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consolidación. Se han realizado experimentos en este sentido y se ha encontrado que, en
efecto, la fuerza de los contenidos de la memoria está directamente relacionada con las
emociones que se despertaron al vivir una determinada situación, independientemente de si la
situación y las emociones concomitantes eran positivas o negativas.
Hoy se sabe que la amígdala es responsable de las memorias cargadas
emocionalmente. Cuándo se extirpa la amígdala a animales de experimentación, generalmente
monos, ya no son capaces de asociar el miedo a un sonido que siempre precede a una
descarga eléctrica. Estos animales pueden perfectamente aprender otras tareas, pero son
incapaces de aprender y recordar el miedo. El condicionamiento emocional es imposible cuándo
falta la amígdala. De esta forma, la inyección de adrenalina, que produce un estado de alerta
en el organismo, aplicada inmediatamente tras el aprendizaje de una determinada tarea, hace
que se consolide mejor la memoria de esa tarea. Sin embargo, cuándo la amígdala está
lesionada, la adrenalina ya no surte ese efecto.
De todo lo dicho anteriormente podemos concluir que la mayoría de nuestros
acontecimientos cómo seres humanos están dirigidos por el sistema emocional. Además, son las
estructuras límbicas las que tienen grabadas aquellas memorias que nos definen y nos hacen,
en definitiva, sentirnos sufriendo o satisfechos. Cuándo se realiza un TEP a un individuo que
está viviendo una situación traumática, las zonas más activadas e inervadas son las límbicas; es
por todo esto por lo que quisimos descubrir la forma más directa de poder acceder a estas
memorias, para insertar otras menos corrosivas para el ser humano.
Para conseguirlo necesitaba de una herramienta qué me permitiera ir al centró
neurológico dónde se instalan los conflictos humanos y, después de muchos intentos con
distintas técnicas, me di cuenta de que en estado hipnótico el sujeto se encontraba
neurológicamente en la sede de la emoción. Además, en estado hipnótico ocurre una
comunicación semejante a la qué ocurre en el sueño, es decir, el hipocampo libera las
memorias de “estar allí”, y puede posteriormente insertar nuevas experiencias desde el aquí y
el ahora y, por lo tanto, cambiar memorias desadaptadas y que producen sufrimiento por otras
más adaptadas que producen satisfacción.
Posteriormente en el capítulo de intervención te enseñaremos una forma sencilla de 1.-
poder conseguir grabar nuevas memorias ante las situaciones que tienes de miedo al miedo; 2.-
Darte cuenta del mensaje que te manda el propio ataque de pánico, y por consiguiente podrás
en ese momento aprender todo lo que debes cambiar para pasar de un estado general de
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amenaza o peligro vital, a otro de seguridad; 3.- Sabrás con esta localización de memorias y
posteriormente con su cambio mucho más de ti, produciéndose eso que denominamos
autodescubrimiento y que es esencial para tener cada vez más sensación de control; 4.-
Descubrirás el arte de disparar las emociones adecuadas y más adaptadas para cada momento.
Estoy convencido de que vivir en satisfacción tiene que ver con el arte de poder
disparar los programas emocionales más adecuados en cada momento, eso sí con la percepción
de que todo fluye, que todo lo que sentimos y vivimos es simplemente por estar en contacto
con aquello que está ocurriendo y, cómo no, con nuestra propia experiencia. Esto es posible y
es más creo que es necesario para cada uno de nosotros.
Para acabar con este capítulo en la relación entre las memorias y las emociones, quiero
que leas con todo detenimiento lo siguiente: Tienes que darte cuenta de que el cerebro guarda
las memorias para conseguir nuestra supervivencia, tanto las memorias guardadas en las
estructuras más profundas, que corresponden con memorias no codificadas en nuestra
conciencia, cómo aquellas que están guardadas en estructuras corticales y que corresponden
con nuestro patrimonio de recuerdos conscientes.
Este almacenaje se produce tal cómo hemos indicado anteriormente dentro de unas
estrictas normas de equilibrio. Lo que llamamos adaptación necesita de la asimilación, en la qué
es importante la cesión de nuestro espacio mental, físico, económico, e incluso de nuestras
preferencias, para qué aquello que nos rodea pueda interactuar con nosotros; y a la vez
necesitamos de la acomodación, dónde conseguimos influir en el ambiente, y de esta manera
somos capaces de amoldar a nuestras necesidades, parte de aquello que nos rodea, para
posteriormente sentirnos más cómodos y tener la sensación de intervenir e influir en nuestra
contínua interacción. Saber asimilar es posible gracias a la empatía, saber acomodar es
necesario para no caer en una dependencia o simbiosis negativa con nuestro entorno y por lo
tanto entrar en un estado de indefensión aprendida (Seligman), en el que no sentimos que
somos capaces de dominar nuestra propia realidad. La persona qué tiene miedo a tener miedo
suele tener dificultad tanto en la asimilación cómo en la acómodación, y en la mayoría de las
ocasiones esto es así, ya qué tiene memorias grabadas en lo más profundo de su ser con las
que vive las situaciones presentes en posición de peligro. Por consiguiente cuándo se vive una
memoria del pasado, hoy, nuestro cerebro vive hoy aquello que ocurrió en el pasado, y las
emociones que activa son las emociones que sentimos en ese momento, de tal forma qué si
esas memorias están impregnadas de incertidumbre y amenaza, simplemente vivimos hoy una
situación de amenaza, aunque en esté momento no este ocurriendo nada amenazante. Sólo si
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somos capaces de cambiar el signo emocional de esas memorias podremos vivir en el presente
ese recuerdo con sensación de seguridad actual.
Y ahora llega el momento cumbre de todo este proceso, para poder cambiar el signo
emocional, primero tenemos que grabar en nuestro cerebro que eso que recordamos no está
pasando hoy, y en segundo lugar tenemos que conseguir un universo emocional basado en
nuestro momento actual y no en una vivencia qué igual ocurrió hace treinta años. Este es el
motivo por el que muchos de nosotros tenemos respuestas ante ciertos acontecimientos
semejantes a las que tendría un niño de cinco años. Si hacemos un análisis objetivo, a los cinco
años es normal sentirse inseguro en un autobús, paseando por la calle o en unos grandes
almacenes si estamos solos. Nadie tacharía de patológico que un niño o una niña de esta edad,
tuviera reacciones de miedo ante situaciones cómo las que comento, sin embargo, si tenemos
veinte, treinta o cuarenta años estas reacciones no son vistas desde la normalidad. Lo que no
se tiene en cuenta es que se puede tener treinta años, y tener grabadas ciertas situaciones,
emociones de épocas mucho más tempranas, de tal forma qué la persona reacciona con la
misma respuesta qué si tuviera cinco años, aunque tenga cuarenta y dos.
Si en algún momento de nuestra vida, hemos asociado estar solos con estar en peligro,
y no hemos podido cambiar ese patrón emocional adjunto a esta situación, es probable que
cada vez que estemos solos tengamos una respuesta automática qué nos indica qué estamos
en peligro, si esta respuesta es suficientemente alarmante cómo para engatillar un ataque de
pánico, en ese momento vivimos lo que está ocurriendo hoy cómo amenaza, ya qué la memoria
emocional de estar en peligro inunda todo nuestro psiquismo, condicionando todo lo que
estemos haciendo en ese momento.
Parte de nuestro procedimiento terapéutico consiste, cómo veremos más despacio en,
que podamos ir viajando en un estado de tranquilidad por nuestra mente a los momentos de
nuestro pasado que están asociados con sentirnos en peligro. Para ello realizamos el
denominado Cuestionario en Hipnosis de Situaciones Vitales (C.H.S.V.) con el que podemos
encontrar las asociaciones que existen entre los ataques de pánico que padecemos hoy y
nuestro patrón emocional de inseguridad mantenido, quizás desde hace mucho tiempo. Una vez
detectados todos los acontecimientos dónde se ha ido fraguando esta sensación de amenaza,
podremos revivirlos en nuestra mente, y con la capacidad que nos da la madurez actual, poder
cambiar cosas que hicimos y que ayudaron a grabar esta sensación de amenaza, o
cambiaremos aquello que no hicimos, realizando lo que tendríamos que haber hecho entonces.
El mensaje es decirle a nuestro cerebro que si aquello que aconteció, pasara hoy, haríamos o
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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dejaríamos de hacer todo lo necesario, para qué así esas situaciones sean procesadas cómo
que están bajo dominio, y por lo tanto cambiar la amenaza por seguridad. Es importante para
qué este procedimiento tenga éxito conseguir que los cambios los realizamos sólo con aquello
que nosotros hicimos o dejamos de hacer, no sirve que cambien ninguno de los actores que
estaban con nosotros, ni tampoco cambiemos las circunstancias que acontecieron. Por ejemplo
si cuándo tenía trece años, mi padre bebió tanto alcohol que empezó a romper cosas y temí por
la vida de mí madre y mis hermanos, no sirve de nada qué viva la situación cómo que mi padre
no bebió o que no me intentó agredir, pero sí servirá si cuándo lo va a hacer yo me puedo
abrazar a él, llevarle a la cama, acostarle y cuándo está dormido, irme a pasear para
recuperarme de tan mala experiencia. Cómo se puede observar, a los siete años, esto que
acabo de cambiar no pude realmente hacerlo, pero lo importante es decirle al cerebro que si
hoy eso ocurriera, en este momento sí que podría hacerlo de esta forma, y en ese momento la
situación de amenaza cambia, ya qué hemos grabado una nueva memoria en la qué ante una
situación así, sabemos manejarla. Sin embargo, si no hacemos esos cambios, aunque hoy no
esté pasando algo semejante, la mente dará una respuesta emocional similar a la pasada en
este momento, ya qué de alguna forma esta conectada con la primitiva, por asociaciones
difíciles de reconocer desde la inteligencia, pero que bajo la lógica emocional suceden de tal
forma qué sigue viviendo cómo que no tiene recursos, ya qué cómo he dicho antes la memoria
emocional sigue siendo la de entonces.
Si sólo tenemos en cuenta el insignificante mundo de nuestra conciencia, y nos creemos
que las únicas memorias que importan son aquellas que están cerca de nuestro recuerdo,
nunca encontraremos solución al miedo a tener miedo. Pero sí nos damos cuenta de que hay
millones de memorias que se escapan de nuestra conciencia y accedemos a ellas, en ese
momento habremos descubierto el mayor de nuestros tesoros, nuestra esencia.
Ese control que te ata
Hay una película qué me impactó por cómo trata el miedo y el pánico cómo
mecanismos de control social, y sobre todo de control de las personas. Su autor M. Night
Shyamalan dijo: «No he hecho una película de terror, sino sobre el terror. Sobre cómo el pánico
puede llegar a convertirse en un instrumento político de control. Para mí, “El bosque” es, por
encima de todo, una historia de amor. Porque el amor es lo único que puede vencer al terror».
Yo personalmente estoy completamente de acuerdo con Shyamalan, que realizó esta película
después del atentado de las torres gemelas. No quisiera fastidiar a nadie contándole esta
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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película, pero sí me gustaría reseñar cómo bajo el palio de querer conseguir un mundo mejor,
se puede tener atemorizada a toda una población, es más, posiblemente gracias a este miedo
terrorífico, parece que se puede vivir en armonía, paz y convivencia.
Sólo el amor es capaz de salvar todas las barreras del terror. El amor cómo sentimiento
es más que una emoción, ya qué activa programas emocionales tan potentes cómo el de
seguridad, admiración, interés, felicidad, y otros muchos incompatibles con el pánico, y que
además por amor, se pueden engatillar otros programas del tipo rabia, ira, rebeldía, lucha, que
también pueden dejar el programa de terror noqueado. Esta historia de amor, una vez más, nos
indica qué puede cambiar los destinos y la vida de muchas personas, sobre todo de aquellas
que desde su nacimiento, han tenido cómo religión el terror a saltar unos límites, en este caso
físicos y por qué no psíquicos, para así no tener contacto con otros pensamientos y otras
formas de ver la vida.
Recuerdo aquel cuento que hace muchos años escuché, sobre el elefante que no se
desataba de su cadena anclada a una simple estaca de hierro. Todos sabemos que si un
elefante quiere, con poco que lo intenté, es capaz de poder sacar de raíz un árbol, cuanto más
una simple estaca clavada en el suelo unos centímetros. El motivo por el que no lo hace es bien
sencillo, de pequeño fue también atado a esa misma estaca y a esa misma cadena, de tal forma
qué siempre que intentó escapar en esos primeros momentos, no pudo, por más que lo quería
conseguir, no podía, para su fuerza esa estaca era excesivamente fuerte. Pero ahora de adulto,
sí que podría, su fuerza ha crecido y la estaca ya no sería ningún obstáculo. Pero el elefante
desde hace tiempo ya no intenta escaparse, el aprendizaje de pequeño le hizo sentirse incapaz
de desatarse, y ahora no se desata simplemente porque no lo intenta.
Muchos de los miedos que tenemos de pequeños son lógicos y evolutivos, pero dejaron
una huella de incapacidad, que si no hemos superado, nos coloca simplemente en una
constante evitación o escape de esas situaciones. Por lo tanto, si ahora seguimos teniéndolos,
es porque simplemente no intentamos cambiar nada, nos parece que sí, pero no lo hacemos,
adoptamos una posición de indefensión, incapacidad o duda sobre nosotros que nos envuelve y
nos llena de una sola obsesión: querer tener control, eso sí, sin enfrentarnos a esas situaciones,
y cómo es normal esta forma de proceder nos dinamita y nos hunde en el miedo a tener miedo.
Puedo decirte sin ninguna duda dos grades afirmaciones:
1.- El amor es el mejor protocolo de intervención para vencer el miedo. Ya qué engatilla
programas emocionales incompatibles con este.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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2.- Si sigues teniendo miedo a situaciones de tu vida, es porque simplemente sigues
atado/a a estacas mentales que son fáciles de vencer, y que seguro de pequeño no pudiste con
ellas, y en este momento no lo intentas. Sigues teniendo miedo porque no lo intentas. Y que te
quede claro que si lo intentas queriendo escapar es que no lo intentas.
Volviendo con la película, la acción de El bosque está localizada en un lugar y una
época indeterminados; podría tratarse del este de Estados Unidos, a finales del siglo XIX. Todo
transcurre en las inmediaciones de un pequeño pueblo llamado Covington, situado en medio de
un paraje natural de increíble belleza. Este idílico entorno contrasta poderosamente con la
actitud de los lugareños, que viven atemorizados por las criaturas demoníacas que, al parecer,
se esconden en las zonas boscosas que rodean la aldea.
Por culpa de estas bestias sanguinarias, capaces de despedazar animales y hombres,
los habitantes de Covington se han visto obligados a permanecer aislados del resto del mundo.
Desde hace décadas, todos acatan sin rechistar una serie de reglas impuestas por sus
antepasados. Según los más veteranos, estas reglas sirven para evitar el ataque de los
monstruos.
En este ambiente de superstición e ignorancia, marcado por el fundamentalismo
religioso y la represión de las pasiones más básicas, sólo algunos jóvenes se atreven a plantar
cara a los mayores. Uno de estos jóvenes, Lucius (Joaquín Phoenix), está dispuesto a internarse
en los bosques para ir en busca de medicinas y alimentos.
Lucius cuenta con el apoyo incondicional de la chica de la qué se ha enamorado, Ivy
(Bryce Dallas Howard), una joven ciega qué es hija del patriarca de la comunidad, Edward
Walker (William Hurt), un tipo estirado e impenetrable, defensor a ultranza de las viejas
tradiciones. Walker, por otra parte, mantiene un discreto idilio con la atractiva madre del joven
rebelde, la viuda Alice Hunt (Sigourney Weaver), lo que enturbia aún más las relaciones entre
ambos.
Un momento cumbre de la película, lo encontramos cuándo Ivy está sentada en el
porche de su casa, y Lucius se sienta a su lado, ella tiene frió y no sabe si por el aire que sopla
o por el miedo que tiene, horas antes los monstruos del bosque habían entrado en el pueblo, ya
qué alguien había profanado el bosque. Ivy abrigada por la compañía de Lucius, le comenta
qué cuándo los chicos juegan a ponerse de espalda al bosque, pisando la línea divisoria de
seguridad, él es quien más tiempo aguanta, y le sugiere que le diga el secreto para poder
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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mantener la calma. Lucius después de un silencio le dice: “Nunca me preocupa lo que pueda
suceder, sólo me ocupo de lo que tengo que hacer”.
Esta frase es el paradigma de los antídotos para dejar de tener miedo a tener miedo, ya
qué para las personas que padecen este trastorno, su preocupación por controlar lo que puede
ocurrirles, ahoga su capacidad de ocuparse en aquello que están viviendo, por lo tanto se
preocupan más que se ocupan, y además están más obsesionados por controlar que por vivir lo
que están haciendo. Querer controlar se convierte en la mordaza qué impide sentirse y sobre
todo disfrutar. Adam Smith dijo que “si abordas una situación cómo asunto de vida o muerte,
morirás muchas veces”. Nadie cómo el agorafóbico sabe que nunca pasa nada, sin embargo,
continúa muriendo por lo que podría ocurrir, por eso el intento de control desata el descontrol.
Y el deseo de vida controlada le coloca bajo la sentencia de muerte.
Uno de los procedimientos más utilizados con mis pacientes que tienen miedo a tener
miedo, es enseñarles a pasar de su posición inicial “el control que te ata” a “permitir el
descontrol de forma controlada” es decir conseguimos que el paciente pase del intento
permanente de controlar el miedo y las situaciones que le dan miedo y que le lleva a una vida
encarcelada “jaula de oro”, dónde pierden su proyección personal en la vida familiar, laboral,
social incluso en sus aficiones, a conseguir que se permitan ciertas dosis de descontrol de forma
programada, y por lo tanto bajo su control. Por ejemplo pasar de evitar ir sólo por la calle, a
programarse salidas siguiendo un plan diseñado por él mismo. En una tercera fase el sujeto se
deja sorprender por el descontrol, en este caso el miedo a tener miedo, y es ahí cuándo puede
evitarlo, es decir busca qué ocurra el descontrol, incluso lo provoca y después si quiere continúa
en él y si no lo evita. En una última fase el sujeto desarrolla toda una vida al revés, en el
sentido de permanecer en el descontrol si lo intentó controlar y evitar inmediatamente si lo
provocó. Este tipo de intervención, que explicaremos con más detalle al final de este libro, nos
ha dado unos resultados espectaculares, llegando al 95 % del éxito de aquellos que realizan los
cuatro pasos, y teniendo sólo un 15 % de sujetos que no son capaces de realizar estos cuatros
pasos.
Sabemos que nuestra vida emocional es caótica respecto a la razón, y también
sabemos que la lógica de la razón choca con el miedo a tener miedo. Querer controlar desde la
razón en estas situaciones no parece ser lo más indicado, ya qué impide conseguir cualquier
objetivo de solución, sólo si conseguimos establecer un protocolo de intervención en el que
respetemos el entramado en el que está envuelta la realidad de la persona qué padece miedo a
tener miedo, en ese momento seremos capaces de darnos cuenta de que el control sobre el
descontrol sólo es posible cuándo el descontrol es controlado, pero para eso tenemos que
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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permitir que el descontrol suceda, se tiene que vivir y luego decidir sobre él. No es lo mismo
querer controlar el descontrol y por lo tanto no permitir que ocurra dicho descontrol, que dejar
que este exista, incluso provocarlo para qué suceda, vivirlo, y después poder controlar si
seguimos con él porque nos divierta o lo dejemos porque no sea lo que en ese momento
queremos vivir.
Y una vez dicho esto, llegamos a otra de las cárceles del miedo a tener miedo: Pedir
ayuda y por ello seguir más enfermo.
La ayuda que encarcela
He aquí una de las situaciones más paradójicas del que tiene miedo a tener miedo,
cada vez que busca ayuda en sus situaciones fóbicas, entrega su capacidad de sentirse bien a
otros. Es típico en este tipo de trastornos, que las dificultades para poder realizar tareas que
están asociadas al ataque de pánico, puedan realizarse, siempre que se esté acompañado de
esa o esas personas que trasmiten seguridad y determinan en el sujeto una sensación en la qué
si ocurriera la crisis, sería atendido o el acompañante sabría lo que tiene que hacer.
Es también sorprendente que si preguntamos las características de estas personas que
trasmiten seguridad, la mayoría de los agorafóbicos, nos indican las siguientes:
1.- Estas personas conocen perfectamente el trastorno, y al conocerlo ya no hay que
fingir con ellos.
2.- Si ocurre la crisis, quien padece este trastorno, ha determinado que estás personas
saben cómo actuar y razonablemente no tienen que preocuparse, ya qué ante una situación de
pánico, se sentirían auxiliados. Recordemos que el hecho de lo determinado, es más emocional
que inteligente. Todos lo dicen: “Cuándo esta él/ella el miedo desaparece”.
3.- Son en la mayoría de los casos, personas que ante la situación de pánico realizan la
ayuda, pero en ningún momento se asustan o tienen preocupación. Simplemente ponen la
bolsa cuándo se hiperventilan, les dan agua, les agarran, o se los llevan a Urgencias, pero
siempre sabiendo y viviendo la situación cómo que es otro ataque de pánico, y que nada peor
va a ocurrir. Por lo tanto son personas que se ponen en el lugar del paciente pero no tienen la
sensación de peligro vital que este tiene.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
4.- Si el paciente les pide ayuda, de forma incondicional se la dan, aunque le trasmitan
que así no pueden seguir. Por todo ello son personas que sacrifican lo que tengan que hacer
por darle la cobertura de seguridad que necesita el paciente.
5.- En numerosas ocasiones nos encontramos con personas que han dejado de ser
ellos, por estar al lado de las necesidades del paciente.
6.- Tienen la capacidad de activar programas emocionales de seguridad en el paciente,
de tal forma qué simplemente estando presentes, el sujeto no engatilla otros programas cómo
el de pánico. La cantidad de ataques de pánico que se produce al lado de un sujeto de
seguridad en una situación fóbica, es muchísimo menor que cuándo están sólos. Cómo
podemos comprender esto no es por la situación en sí, que es la misma, sino por lo que son
capaces de producir los sujetos de seguridad. Una vez más es el vínculo el que determina una
situación de seguridad o de pánico.
7.- Si existe en la relación una discusión o una sensación de rotura entre ellos, los
ataques de pánico afloran y se dan con más posibilidad.
Estas características suelen ser bastante comunes en las personas que dan seguridad a
quien desarrolla un miedo a tener miedo. De esta manera hemos analizado qué ocurre
realmente entre ellos para qué esto sea así.
Lo primero que encontramos en este análisis es que, para el paciente, esta persona
tiene una relación afectiva muy cercana: es su madre o padre (casi siempre madre), novio/a,
marido/esposa, y cuándo es simplemente un amigo/a se establece una relación, en pocas
ocasiones sexual, pero muy cercana a una pareja. También puede ocurrir, aunque en estos
casos hay diferencias en el vínculo, con un psicoterapeuta o un médico. En definitiva
encontramos un vínculo envuelto de mucho afecto y de autoridad.
En segundo lugar apreciamos una relación simbiótica, en la qué en algunos momentos
no sabemos quién está salvando a quien, es decir, cuándo es la madre o el padre el sujeto de
seguridad, no sabemos, si analizamos la conexión entre los dos, si es el agorafóbico o la
agorafóbica quien necesita más del padre o la madre, o son estos, los que necesitan que haya
un agorafóbico/a a su lado. Igual ocurre cuándo es el marido o la esposa, en muchas ocasiones
nos hemos dado cuenta de que mientras existe la agorafobia, son los mejores padres, o
maridos/esposas, ya qué sin ellos no tendría ninguna capacidad de movilidad. Pero ¿y si no
existieran los ataques de pánico? Y ¿si no existiera la agorafobia?, en ese momento nos damos
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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cuenta de que la relación desaparecería, de hecho así ocurre en muchos casos. Cuándo la
agorafobia se supera, cuándo ya no hay miedo a tener miedo, las relaciones de seguridad se
rompen, o al menos se distancian lo suficiente para encontrar un antes y un después entre
ellos. Quedando en el paciente al final del proceso una pregunta: ¿La agorafobia era lo que
mantenía mí relación con…? ya qué, ahora qué no tengo miedo a tener miedo, ¿Qué hago con
mi madre/padre, esposo/a, amigo/a? De tal forma qué en la casuística clínica estas personas
tienen la enfermedad para mantener la relación, ya qué mientras la padecen, el otro es
fundamental en sus vidas, pero cuándo no la tienen ¿Qué los hace estar juntos? Si esto fuera
así, tendríamos que determinar que la agorafobia se produce para poder estar con el otro, y no
lo contrario. De aquí, la necesidad de estudiar las memorias emocionales, ya qué en estos
pacientes, es fácil encontrar una memoria desde sus edades más tempranas, que de alguna
forma pueden decir: - no puedes hacerlo sólo/a – y por lo tanto el ataque de pánico se produce
cuándo a lo largo de su vida intenta hacer algo realmente sólo/a, o, – no puedes hacerlo sin mi
– que suele conducir a un cuadro puramente agorafóbico. El sujeto con estas memorias, si no
las cambia, literalmente encuentra una especie de amenaza vital cuándo se intenta saltar estas
normas fraguadas a fuego lento, y es en ese momento dónde tiene sentido pensar que estos
cuadros que tienen cómo denominador común, tener miedo a tener miedo, son consecuencia
de estas memorias, que en definitiva están ahí para qué la relación, aunque sea patológica, siga
entre aquel que lo padece y quien le da seguridad. En muchas ocasiones el sujeto es capaz de
librarse de la/s persona/s que grabaron esta simbiosis letal, pero termina relacionándose con
alguna otra en la qué se mantiene el mismo patrón.
Giorgo Nardone, se ha hecho famoso por decirle al paciente: “Siempre que pides ayuda
(ven conmigo hasta el trabajo, quédate en casa conmigo y no salgas, acompáñame a la calle…)
y te la dan, recibes dos mensajes:
1.- Te ayudo porque te quiero y te aprecio. - Mensaje que es consciente y claro -.
2.- Te ayudo porque tu sólo/a no puedes. - Habitualmente menos consciente y más
subliminal -.
Por lo tanto siempre que pides ayuda y te la dan, están certificando que tu sólo/a no
puedes. Siempre que pides ayuda y te la dan, te conviertes un poco más en enfermo/a”.
Estoy completamente de acuerdo con Giorgo Nardone, aunque exactamente él no lo
dice cómo yo acabo de exponerlo (pero la idea es la misma), en la mayoría de los casos, es la
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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petición de ayuda la qué te hace necesitarla, y por lo tanto confirmar que tu sólo/a no puedes,
reforzando esa memoria de – tu sólo no puedes – o – no puedes sin mi -.
Particularmente me interesa, y sobre todo te interesa, darte cuenta de que hay un
miedo que tendrías que tener muy superior al que tienes al ataque de pánico, ese miedo es que
otros te hacen (sin quererlo, queriéndote mucho y sobre todo queriéndote ayudar) sentirte
incapaz, inútil, indefenso etc. Para salir de esta forma de vida, recuerda:
- La muerte no es el problema, hagas lo que hagas siempre será tu final. Lo que te
debe preocupar es la vida, vivir con vida.
- El miedo tiene mucho que ver con la preocupación sobre lo que puede ocurrir, y se
disipa cuándo te ocupas de lo que tienes que hacer. Es decir, vivir los hechos y no
lo que es simplemente fantasía.
- Siempre que pides ayuda, enfermas un poco más, ya qué certificas que eres un
inútil para eso.
- No vivas la fantasía en la misma posición que la realidad, si lo haces así, tu
imaginación será para ti, tan real cómo la vida misma, y no puedes permitir que los
fantasmas lleven las riendas de tu control. Diferencia entre imaginar o fantasear y
la realidad, no es lo mismo.
Te aseguro, y vuelvo a apelar a mí experiencia en estos trastornos - miles de pacientes
y bastante investigación – que el miedo va unido al deseo de escapar, y te doy mi palabra qué,
cuándo simplemente activas otros programas emocionales antídotos o incompatibles con el
miedo, este se diluye cómo si fuese humo. Estos programas puedes activarlos pidiendo ayuda,
o estando en una situación que tu has memorizado cómo segura, pero aquí caes en una trampa
peor, y es creer que es la situación o la persona la qué te da seguridad, y no es así, créeme, lo
que te da seguridad es simplemente la activación de esas emociones incompatibles con el
pánico. El amor, tal cómo ya te he dicho, es el sentimiento más incompatible con el miedo a
tener miedo y para mí el más importante, y aunque cómo sabes no es una emoción en sí,
agrupa a todas las emociones que necesitas para salir de esto. Te pregunto ¿Estas
enamorado/a? ¿Tienes amor propio?, o simplemente dependes de… No tengas prisa en
contestar, no pretendo crear una crisis en tu entorno, pero sí que seas consciente de que el
ataque de pánico te da mensajes, te comunica y debes ver más allá del bosque, no sólo te
quedes con la angustia, descubre tu secreto, ahora estás mucho más cerca con lo que ya
sabes.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Recuerda ese cuento en el que un sádico General daba a elegir a sus prisioneros, entre
ser fusilados o pasar por una puerta inmensa de hierro, de dónde salía sonidos y rugidos que
daban terror. Nadie había elegido nunca pasar la puerta, hasta qué un día un soldado, se dijo
que ya qué iba a morir al menos quería saber lo que había detrás de esa puerta. La puerta se
abrió, y en ella vio un magnetófono reproduciendo los sonidos, y un letrero que ponía “eres
libre valiente guerrero”.
Pues bien lo mismo ocurre con lo que te está ocurriendo al tener miedo a tener miedo,
sólo te mantiene en esta situación sin aparente salida, creer que lo peor es enfrentarse al
miedo, y te equivocas, no hay nada peor que lo que estás viviendo, lo único que te espera si
pasas esta puerta de hierro, es tu libertad y toda una vida por delante. Pero para eso tienes
que cambiar tus programas emocionales, no debes sentirte seguro únicamente con la seguridad
que tu has creado en tu intento continuo de control, sino que hay otra seguridad mucho más
beneficiosa, y es aquella qué ocurre después de haber descubierto que el miedo no existe, si no
es dentro de nosotros, y si somos capaces de no darlo todo por perdido, al igual que este
soldado, lo que ocurre después es que no hay nada más que temer. La lucha, la evitación, el
deseo de control absoluto es lo que alimenta el miedo, si no existe esta necesidad el miedo se
disipa.
Cada vez que pides ayuda, te estás diciendo que tu sólo no puedes, y por eso no cruzas
esa puerta, y hay algo que nadie puede hacer por ti: “controlar tu fantasía”, eso sólo lo puedes
hacer tu, y te felicito por ello, te imaginas que ¿Alguien controle tu fantasía?, serías una
marioneta, y eso aunque te siente mal leerlo es prácticamente lo que ocurre, tu animo de
control y tu petición de ayuda hace que no seas tu quien controlas tu fantasía.
Hay dos emociones que te salvarán de las ataduras de aquel que te ayuda, una es el
interés y otra la sorpresa. Con el interés serás capaz de explorar nuevos territorios tanto tuyos
cómo del otro, podrás descubrir qué relación mantienes realmente con aquel que te ayuda, y
sobre todo podrás ayudarle a él/ella en la verdadera relación que subyace contigo. Con la
sorpresa sabrás orientar tu seguridad hacía ti mismo/a, sólo necesitas conseguir esa seguridad
sin la presencia de nadie, y sobre todo podrás prevenir que poco a poco, esa ayuda, no se
convierta en una bidependencia de la qué luego es muy difícil de escapar, ya qué siguiendo a
Sirvent, “la bidependencia o doble dependencia es el conjunto de actitudes, comportamientos y
afectos denotativos de que, al margen de la específica adicción, existe una dependencia de
personas o situaciones que condiciona relevantémente el quehacer del afectado y
probablemente de la persona o personas involucradas. El adicto adquiere un hábito pasivizante
y se instala en una deliberada falta de autonomía” (Jorge Castello, “Dependencia emocional”
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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pag 34). Lo único que pondría en interrogación de esta definición, extrapolándolo a la persona
qué tiene miedo a tener miedo, respecto de la persona a quien pide ayuda y se la da, es que no
se muy bien a quien de los dos inferirla cómo quien es quien.
Cuándo la voluntad es insuficiente.
Por mucho que lo intentes, siempre que la decisión esté tomada irás contracorriente, y
la decisión no se realiza en la parte del cerebro que tú dominas desde la voluntad, sino que es
esa parte automática, tal cómo ya te he comentado, quien decide y luego tu razón justifica.
Perderte en los razonamientos, o intentar ir en contra de la decisión emocional, sólo te
reportará fracasos y mucha inseguridad y sufrimiento.
De muchas formas distintas he intentando explicarte que nuestras emociones realizan la
primera evaluación de los sucesos que nos acontecen. Esta evaluación se realiza desde el
objetivo de conseguir descubrir cómo estos eventos pueden afectar a nuestro bienestar. De
pronto sin saber cómo ha llegado, es normal que te sientas triste, con miedo, o muy feliz, sin
pensamientos conscientes que mediaticen entre estos cambios de humor. Es en este momento
dónde nos involucramos en un segundo nivel de la evaluación, en el que valoramos nuestras
emociones y al pensar a cerca de nuestro estado de ánimo, le incorporamos una explicación y
también decidimos qué hacer.
Es conveniente ser consciente de la emoción y tener la habilidad de permitir informar a
la acción razonada, integrando la emoción con nuestra comprensión de la misma, de nosotros y
del mundo (L. Greenberg “emociones: una guía interna” pag 49). Ahora bien si esa acción está
dentro de un programa de vivencia de peligro vital, de poco sirve el razonamiento, ya qué a lo
único que nuestro organismo hace caso es al cerebro que en ese momento nos indica la
amenaza. Sólo si somos capaces de cambiar el patrón emocional por otro que consiga una
vivencia de seguridad, lucha, ataque, admiración y otros, podremos de nuevo retomar el control
desde la razón, en ese momento estaremos de nuevo en armonía.
Quedarte atrapado en ciertos patrones emocionales es fácil, de hecho es lo que suele
suceder. Cuándo esto ocurre debes estar convencido de que la forma cómo pueden controlarse
es bajo el descontrol de otra emoción. Ser emocionalmente inteligente, significa qué no
utilizamos lo que llamamos inteligencia, voluntad o razón para poder cambiar unas emociones
por otras. Los pensamientos en numerosas ocasiones nos ayudan a cambiar emociones, pero
en los casos de crisis de ansiedad es muy difícil. El enfado, la alegría, la tristeza cuándo se
sienten te llenan tanto que parece que no hay nada más que se pueda sentir en ese momento,
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sin embargo, si tienes entrenamiento puedes hacerlo, es más la mayoría de las personas lo
hacen sin darse cuenta. El problema es no haber tenido una vida afectiva en la qué los
cimientos tengan impregnados la seguridad de poder retomar cuándo queramos el inverso. Los
niños y las personas mayores, pero sobre todo los niños, saben bien que pueden pasar, durante
un tiempo corto, por muchas emociones contrarias entre sí, y quien puede hacer esto, puede
además de tener permiso para poder sentirlas, capacidad para poder salir de las mismas.
Muchas escuelas, que han estudiado las emociones, enseñan cómo identificarlas y
entrar en ellas, nosotros además creemos que es fundamental saber salir cuándo esta emoción
no es adaptativa, de tal forma qué la salida es casi más importante que la entrada en esto de la
emoción. Salir de un estado emocional activado no es fácil, es mucho más sencillo salir de un
pensamiento o de la imaginación, sin embargo, el pensamiento o la imaginación no siempre
saben cambiar la emoción, ya qué estamos menos implicados en la totalidad. Cuándo sentimos
una emoción o un sentimiento, nos atascamos en él ya qué estamos muy implicados, de hecho
parece que eso que sentimos es la única realidad en ese momento. Mientras que los
pensamientos y la imaginación no te mueven tan dentro, y si lo hacen es porque un patrón
emocional se ha activado. Conseguir no sentirte atado por la emociones, y no ser un sujeto
pasivo de ellas, es nuestro objetivo, pero esto es totalmente distinto a creer que las emociones
deben ser reguladas desde la voluntad, ya qué esta empresa es simplemente imposible en los
momentos que realmente hace falta hacerlo. Es cómo saber que podemos dominar un coche en
un momento en el que se conduce sobre barro, si este embalse de agua desequilibra el coche
durante unos segundos, podemos hacernos con él, pero sí se produce un “aquaplaning” debes
ser un profesional de la conducción para poder controlar que no se salga de la carretera, y lo
que es más importante, si le preguntas a un profesional del motor cómo consiguen dominar un
coche en estas situaciones, te indican que simplemente lo hacen, no saben realmente cómo lo
hacen, pero lo hacen, seguro que siguiendo una lógica totalmente irracional y sabiendo que
nunca se controlan dos aquaplaning de igual forma, siguiendo un protocolo determinado, todo
depende de lo que hay que hacer en cada segundo del proceso, no hay nada establecido,
conseguir dominar el coche depende de cada respuesta en cada momento. Y lo mismo sucede
cuándo tocamos el piano, hacemos esquí alpino, o montamos a caballo. Si en estos ejercicios
intentas hacerlo desde lo voluntario, seguro que te caes, te equivocas o simplemente sale lo
contrario de lo que pretendías hacer o tocar.
Curiosamente somos capaces de controlar las situaciones cuándo la voluntad queda en
un segundo plano. Los fakires no controlan su cuerpo a voluntad, consiguen que la voluntad
quede relegada y es así cómo pueden dominar no sentir dolor, no clavarse clavos etc. No
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obstante está muy arraigado en nuestro clima social el beneficio de la voluntad, de hecho en
muchos ámbitos se sigue escuchando que debes controlar los pensamientos impuros, cómo si
estos fueran propios de nuestra parte voluntaria, a todos los que intentan hacernos creer que
somos capaces de tal empresa, les brindo esta frase. “no pienses en el color azul” y después
que me digan lo que les ha pasado. Cómo digo, la sociedad premia los actos de voluntad, y así
tenemos frases cómo: “Este niño pone mucha voluntad, aunque suspende”, “Tiene usted que
poner de su parte…”, “el secreto está en la fuerza de voluntad”, son frases que escuchamos
diariamente, y aquellos que las realizan, aunque fracasen en lo que están haciendo son
premiados. El paciente que tiene miedo a tener miedo, ha escuchado en alguna ocasión sobre
todo la segunda frase: “Debes poner de tu parte, si no, no te curas”, esta frase puede hacer
mucho daño al paciente, primero porque le indica de alguna forma qué la salida a su problema
está en la voluntad, y en segundo lugar señala qué si no se soluciona es porque él no quiere. Y
te puedo asegurar que en la mayoría de las ocasiones estas dos premisas son completamente
falsas, nadie más que el propio paciente quiere “curarse” y el hecho de no poder enfrentarse al
miedo, no es porque no tenga voluntad, ya qué precisamente en muchas ocasiones, sigue
enfermo, por querer resolverlo desde el control voluntario.
Si seguimos con la paradoja anterior “No pienses en el color azul”, nos daremos cuenta
de que todos hemos pensado en el color azul, ya qué la negación sólo existe en el lenguaje,
pero nuestra mente sólo mantiene conceptos en positivo, es decir si queremos no pensar en
algo, debemos primero pensar en ello, después lo borramos, lo cruzamos con una cruz etc., y
es entonces cuándo conseguimos no pensar, pero en todo caso ya lo hemos pensado. La única
forma para no pensar directamente en algo, es pensar en otra cosa diferente antídoto o
incompatible con la anterior, y a pesar de todo aunque al decir “No pienses en el color azul”,
pienses en el color rojo, seguro que el azul salió en algún momento. Por lo tanto, y
aprovechando te doy un consejo si tienes un hijo o una hija adolescente. Nunca le digas “No
llegues tarde”, la primera información emocional será:
- Llegar tarde.
- Mis padres preocupados por mí.
- La policía buscándome.
- Mis amigos concentrados en saber dónde estoy.
- CONCLUSION: Llega tarde.
Aunque la justificación de llegar tarde sea qué se le paró el reloj, que no se dio cuenta,
y otras infinitas formas de justificar desde la razón, lo realmente importante es que la decisión
ya estaba tomada desde la emoción, y llegar tarde, saltarse normas, preocupar… son aspectos
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trascendentales en los adolescentes. Si quieres que tu hijo llegue a la hora señalada, la
comunicación sería: “Ven a las 23 horas del día…” incluso indícale el mes y el año, por si acaso.
Es cierto que en ocasiones hablamos de un mismo concepto aunque con dos palabras
que se contradicen entre sí. Lo que realmente es la voluntad, es lo voluntario, sin embargo, la
voluntad también se refiere al esfuerzo, la tenacidad y la capacidad de sufrimiento. La segunda
acepción es necesaria en el proceso, pero siempre que se utilice lo voluntario, lo más cercano a
nuestra mente inteligente para combatir el pánico, en numerosas ocasiones determina
continuar con más miedo, por lo tanto tendremos que trabajar con voluntad pero no desde
nuestro lugar de control voluntario.
Tú no controlas tus emociones, ni tus sentimientos, ni tampoco controlas muchos de
tus pensamientos, ni el latido de tu corazón, ni cómo metaboliza tu hígado, ni qué cantidad de
sangre hay en este momento en tu pierna derecha, estos procesos están bajo un control no
voluntario, y es bueno que sea así. Te imaginas que pudieras parar tu corazón cuándo
quisieras, o simplemente decidir a tu antojo qué cantidad de prostanglandinas llegan a tu
estómago. Si pudiéramos tener este control directo te aseguro que viviríamos poco, ya qué en
ciertas situaciones tomaríamos trágicas decisiones.
Y ahora responde estas preguntas ¿Desde dónde decides ser de un equipo de fútbol?,
¿Depende directamente de tu voluntad haberte enamorado de…? ¿Has decidido desde la
inteligencia el color que más te gusta? Todas estas preguntas, y sobre todo sus contestaciones
nos indican que las emociones no son patrimonio de nuestra voluntad, están a otro nivel mucho
más arraigado a nuestra supervivencia. Es más muchos de los trastornos mentales son
consecuencia de intentar controlar este tipo de acontecimientos. El obsesivo quiere controlar no
sólo sus emociones sino también sus pensamientos, y cuanto más lo intenta más enfermo es.
Quien tiene miedo a tener miedo quiere desde la voluntad vencer el miedo y esto le produce en
la mayoría de las ocasiones una tremenda sensación de indefensión. Para uno y para otros
decirles que tan sólo son dueños de sus actos, y nunca de lo que sienten, incluso ni de lo que la
mayoría de las ocasiones piensan, será todo un alivio. Por todo ello, al obsesivo-compulsivo lo
primero que se intenta reconvertir, en terapia, es el acto compulsivo, ya qué sobre su
realización o no sí que tiene cierto control voluntario.
Debes conseguir, posiblemente en colaboración con un experto, aprender a sentir de
nuevo, es decir, poder llegar a las memorias dónde se forjó todo ese torrente de actividad
involuntaria, y volver a sentir el daño, el enfado, el miedo… y todo ello tal cómo lo sufriste en
ese momento que sucedió, pero al mismo tiempo accediendo a tus recursos de adulto y desde
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ahí grabar nuevas memorias ante los mismos acontecimientos, recuerdos o pensamientos. Para
ello debes anular el control excesivo, el intento de controlar desde la voluntad, y permitir los
sentimientos dolorosos para luego trasformarlos. Esa primera vez que tuviste el ataque de
pánico debe anudarse a la primera vez que te sentiste lleno de terror en tu vida, y desde ahí
poder grabar que si eso que tanto te inutilizó ocurriera hoy, harías algo distinto o dejarías de
hacerlo, y por lo tanto en este momento tendrás una salida a esa espiral viciosa. La catarsis no
es sólo liberación de la energía muscular, ni una simple recuperación neuroquímica, es sobre
todo cambiar nuestra posición ante el acontecimiento, y poder decirnos en lo más profundo que
ante un suceso semejante sabrás sobrevivir, es en ese momento cuándo realmente
conseguimos el control y vivimos en un programa de seguridad.
Las salidas a tener miedo de tener miedo, no se basan en la comprensión de las causas
o identificar las pérdidas sufridas, que por otro lado son bastante evidentes, el cambio se
produce cuándo aceptamos que el suceso aconteció, y a la vez somos capaces de grabar en lo
más profundo de nuestra mente, que si aconteciera en este momento no tendría idéntico final,
pero para eso primero no tenemos que evitar que el suceso aflore a nuestra mente y después
tenemos que conseguir enfrentarnos a él desde nuestra capacidad actual y no revivirlo cómo si
todavía no hubiese pasado el tiempo. Lo que se vuelve problemático no es el acontecimiento en
si, ya qué a este hemos sobrevivido, sino que aunque ya ha cesado, los controles de
interrupción persisten y la evitación continúa. Y cómo puedes imaginar todo este proceso
necesita de mucha voluntad, pero muy poco de lo voluntario, siendo mucho más importante
dejar fluir que controlar.
Nuestra meta sin lugar a dudas es darnos cuenta de que cuándo nos enfrentamos al
miedo desde una posición de superviviente se nos va borrando la noción de insoportable que
tenía en un principio, es cómo si fuéramos capaces de morir y renacer en ese momento,
metafóricamente, ese morir, es cómo matar esa parte de nosotros que quedó traumatizada
para qué posteriormente nazca ese ser que tenemos dentro que puede encarar aquello que
tanto evitábamos antes.
Quédate con esta frase:
“La voluntad no es un eje pasivo, es la puerta abierta a qué todo lo nuestro esté presente y en
ese momento saber girar en la dirección ya decidida”.
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Vínculos, puntos cruciales y emergencias.
Si tuviera qué definir al ser humano desde una posición de psicólogo clínico, lo haría
resaltando su universo vincular, de tal forma qué el conjunto de los vínculos con el que nos
relacionamos, podría ser una de las aproximaciones más cercanas a lo que realmente somos, y
lo que es más importante, cómo nos comportaremos. La forma en que nos relacionamos y nos
vinculamos, tanto con nosotros mismos, con quien nos rodea y por supuesto con el ambiente
en el que convivimos, es uno de los indicadores de nuestra forma de proceder, sentir y pensar.
Aquel que tenga menguado su universo vincular, se sentirá sólo, roto, abandonado, cuándo no
indefenso. Tener vínculos excesivamente simbióticos nos hace ser dependientes, así cómo no
tener vínculos nos provoca un autismo trágico. Todos los que estudiamos el miedo a tener
miedo, sabemos que la forma de relacionarse de aquel que lo padece, con él mismo y con el
futuro, tiene mucho de la explicación de este trastorno.
Los vínculos son puntos de cruce. Si imaginamos una red, cada uno de los puntos de
cruce entre las hebras de la red, será un vínculo. Por ejemplo en la red social, cada una de
nuestras interacciones con aquellos que nos relacionamos define un punto de cruce. Si
seguimos con la imagen de la red, esta podrá descomponerse si cortamos los puntos de cruce,
y sobre todo se rompe si cortamos los más centrales. Por lo tanto los vínculos, que son puntos
de cruce, son lo crucial, lo importante, lo que nos define, y sobre todo lo que nos hace ser
cómo somos, para lo bueno o para lo malo. Nadie puede obviar que cuándo nuestros hijos se
relacionan con amigos, sabemos que de esta relación depende mucho el comportamiento de
nuestro hijo, pero no podemos olvidar que para el padre del amigo de nuestro hijo pasa
exactamente lo mismo. Lo crucial y lo esencial están muy cerca, para descubrir nuestra esencia,
tenemos que saber cuáles son nuestros puntos cruciales, en ellos encontraremos nuestra
debilidad y también nuestra fortaleza.
De hecho cuándo se produce el desgarro o la pérdida de uno de estos vínculos es muy
probable que se produzca, lo que en los modelos dinámicos denominan, emergente, es decir,
uno de estos vínculos rotos es fundamental para el mantenimiento de la red global, y por lo
tanto si sufre algún daño, se produce un emergente en forma de motivo de consulta o de
ataque de pánico, tristeza o dolor, y eso es la emergencia. Definimos emergencia cómo la
expresión en forma de emergente de la posible rotura de un punto crucial dentro de la red
global del individuo. La emergencia aparece cuándo un punto de cruce está en crisis y este
desequilibra la homeostasis de la trama vital.
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Bowlby definió en 1993 el apego cómo “un conjunto de conductas instintivas en el niño
que tienden a la búsqueda de proximidad con una o varias figuras adultas, llamadas “figuras de
apego”, y a la restauración de dicha cercanía en caso de perderla”. La finalidad evolutiva del
apego para Bowlby no es otra qué la obtención de seguridad por parte del niño, criatura
indefensa durante bastantes años y que además precisa de los adultos para su cuidado y
desarrollo (Jorge Castello pag 35).
En Terapia de Interacción Recíproca sabemos bien que estos enlaces o vínculos
tempranos no sólo nos dan climas de seguridad o de inseguridad, de dependencia o
independencia, y sobre todo de simbiosis o autonomía, sino que son además las bases en las
que nos apoyaremos permanentemente a lo largo de nuestra vida.
Los vínculos con nuestras personas referenciales (habitualmente padres), tanto en
nuestro microcontexto, mesocontexto o macrocontexto, y sobre todo la huella qué estos
vínculos ha dejado en nuestro ecosistema emocional, son elementos a tener en cuenta en toda
nuestra red afectiva, y si en algún momento de nuestra existencia, se detecta una situación de
peligro en estos cimientos, es probable que emerja, en forma de emergencia, un ataque de
pánico, o cualquier otra crisis que pueda ser catalogada en cualquier manual diagnóstico, pero
que en definitiva nos avisa de que algo importante está sucediendo en nuestra capacidad de
sentirnos en seguridad.
El vínculo que se establece entre dos mamíferos, en el que uno de ellos es identificado
cómo autoridad, es casi siempre un vínculo que produce seguridad, ese tipo de vínculos se
consigue en psicoterapia, y desde esa opción, el terapeuta es capaz de conseguir cambiar las
memorias emocionales, los vínculos, y las relaciones con los personajes básicos, de la vida del
sujeto, y de esta forma liberarle de la amenaza constante y sobre todo del intento voluntario
para conseguir el control.
En cada emergencia tienes una gran oportunidad para hacer una crisis, y no olvides lo
que está significa en algunas lenguas cómo en el Chino Mandarin, crisis es un compendio de
peligro pero también de oportunidad, por lo tanto no dejes que las crisis sean sólo momentos
para pasarlo mal, y de este modo un recuerdo de que eres incapaz, en cada una de las crisis
que tengas en tu vida, tienes la oportunidad de renacer, y por qué no, de sacar de ti aquello
que te sobra.
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Tener miedo a tener miedo ocurre cuándo nuestros vínculos están afectados, sobre
todo los vínculos que establecemos con nosotros mismos y nuestra capacidad de afrontar cada
uno de los escalones de nuestra vida evolutiva. Es un error quedarse en el intento de solución
del ataque de pánico, este sólo nos avisa, es cómo el cartero que nos trae la correspondencia,
nuestra energía debería dirigirse a averiguar que vínculo dentro de nuestra red global se
encuentra excesivamente presionado o a punto de romperse. Este ejercicio de investigación es
necesario, aunque ya el ataque de pánico no ocurra, y podamos enfrentarnos a cualquiera de
las situaciones temidas. Para mí, quien tiene miedo a tener miedo, puede tener dos tipos de
soluciones, siendo tan importante la primera cómo la segunda, en la primera podemos
conseguir que ya no ocurran crisis y el sujeto pueda enfrentarse a las situaciones temidas, en la
segunda no sólo ocurre este cambio, sino que además el sujeto puede ser consciente de que
tenía un universo de grabaciones en las que estaba desarticulado en lo básico: “no era dueño
de su existencia”. Invito a todos aquellos que tengan, o han tenido este problema, que no sólo
se conformen con ya no tener miedo, sino que además puedan autodescubrir que su capacidad
está intacta, y si alguna vez no la tuvo, hoy ya no es así. Tener capacidad es el mejor antídoto
para dejar de tener miedo a tener miedo: capacidad para amar, para decidir, para romper y
conectar, para ir y venir, sufrir y tener bienestar y así hasta el infinito.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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CAPÍTULO 3.- INTERVENCIONES ACTUALES DEL MIEDO A
TENER MIEDO.
De nuevo, igual que ocurrió en el apartado de ríos de química, pido disculpas al lector,
ya qué en este apartado voy a tener que desligarme de la comunicación coloquial, y voy a
profundizar en términos más técnicos. No obstante creo que estás disculpas son simplemente
una precaución narcisista por mi parte, ya qué siempre que le he explicado a un paciente lo que
aquí voy a mencionar, lo ha comprendido perfectamente. En cuanto a los contenidos que a
continuación expongo, confió que sean leídos, por el colectivo de profesionales que trabajan
con este tipo de trastornos, con especial atención. Después de catorce años de investigación y
miles de pacientes tratados, estoy convencido que todos los profesionales de la salud tenemos
la misma meta – que el paciente dejé de tener miedo al miedo – sin embargo, la tecnología qué
empleamos es la qué nos diferencia, tanto en nuestro proceder, cómo en el éxito que
obtenemos, y cómo hablamos de personas que están sufriendo, es importante saber afinar y
descubrir de qué forma podemos conseguir en el menor tiempo posible la salida a dicho
sufrimiento. Es por ello que apostamos por encarar estos trastornos teniendo en cuenta la
lógica caótica del cerebro emocional, y desde ahí, con una tecnología mucho más ceñida a la
realidad que vive y siente el paciente, desarrollar protocolos de intervención que no sólo
consigan la meta propuesta, sino que se pueda conseguir en corto tiempo y con el menor coste
posible. En definitiva tenemos los mismos propósitos que otros modelos, pero además nos
importa el tiempo para conseguirlo, y por qué no, el papel que tendrá en este proceso el propio
sujeto que lo padece. Teniendo en cuenta todo lo explicado en capítulos anteriores intentaré
explicar la dinámica habitual de un sistema psicológico capacitado para no instalarse en el
miedo a tener miedo, y por lo tanto en el que no suceden ataques de ansiedad. En este sistema
psicológico, y en concreto en el cerebro de ese sistema psicológico, encontramos el siguiente
funcionamiento:
Los estímulos que entran por nuestros sentidos (no olvidemos que cada receptor-
neurona sensorial tiene 10.000 neuronas que hacen posible que ese estímulo sea representado
en su totalidad) visuales, auditivos, olfativos, cenestésicos o gustativos circulan por las
neuronas a una velocidad de unos cientos de Kilómetros por hora, entrando esta información en
núcleos “relees” tal cómo el Tálamo sensorial, el Núcleo del tracto solitario o el Núcleo
Parhabrámquial, que si en algún momento detectan en estos estímulos alguna percepción de
posible peligro, envían la información de forma inmediata a un centró neurológico de nuestro
sistema emocional que llamamos Amígdala (almendra en griego). Esta información es todavía
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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más rápida, si el estímulo no viene del exterior, sino que es un estímulo interoceptivo, es decir
propio de nuestro organismo. En este momento aún no somos conscientes del estímulo, y ya a
este nivel, la Amígdala realiza una interpretación biológica en clave de emergencia, por lo que
es posible que al activar la rama simpática del sistema nervioso autónomo, se produzca:
• Dilatación en nuestras pupilas, para así poder ampliar nuestra visión;
• Mayor capacidad en la audición;
• Constricción en la piel;
• Latido cardiaco más rápido, para de esta manera bombear más sangre a
todo nuestro organismo, recibiendo más sangre en piernas y brazos, y
menos en cabeza y estómago;
• Mayor tasa respiratoria, ya qué se intenta llevar más oxigeno a nuestros
músculos.
• La piel suda para enfriar el músculo, pero también para lubricarse y ser
más hábil si tenemos que escapar o luchar.
Y muchos otros cambios fisiológicos, que cómo ya sabe el lector, no es nada más que
una preparación al más alto nivel neuronal para qué todo nuestro organismo pueda estar
preparado para el ataque o la huída. Todos estos cambios fisiológicos se producen, tal cómo he
dicho anteriormente, sin que seamos conscientes aún del estímulo que lo ha provocado, y son
posibles gracias a cambios químicos que se producen por la activación en distintas zonas del
cerebro. Estas zonas están plenamente subordinadas a la orden de la Amígdala, que al dar la
señal de alarma activa directamente:
* Al Hipotálamo que segrega en uno de sus núcleos, en concreto el lateral, una serie de
químicas que provocan en la hipófisis la síntesis de corticotropina, que a su vez produce una
activación en las glándulas suprarrenales que cómo consecuencia segrega un torrente de
Adrenalina en el riego sanguíneo.
Está adrenalina circulante junto con la corticotropina son las responsables de la taquicardia y de
la elevación de la tasa respiratoria. No olvidemos que entre el latido cardiaco y la tasa
respiratoria hay una relación casi directa, en este caso quien realmente regula al otro es el
pulmón al corazón.
* Otro núcleo del hipotálamo (núcleo paraventricular) activa la rama simpática del
sistema nervioso autónomo, ya qué este núcleo del hipotálamo consigue provocar el
engatillamiento de otra zona cercana denominada Locus Coeruleus (lugar azul). El Locus
Coeruleus es activado tanto por la Amígdala cómo por el núcleo Paraventricular del hipotálamo.
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Esta región es la zona dónde se sintetiza la mayoría de Noradrenalina o Norepinefrina,
neurotransmisor hermanado con la Adrenalina, y que tiene capacidad para gestionar dentro del
cerebro, ya qué la Adrenalina se queda en la periferia por su dificultad para salvar la barrera
hematoencefálica. La Noradrenalina es el marcador biológico de la activación de la rama
simpática del sistema nervioso autónomo, por lo tanto cuándo queremos saber en laboratorio
cuánto está activada la rama simpática, lo podemos concretar estudiando la cantidad de
Noradrenalina circulante. La Noradrenalina es capaz de producir los cambios propios de alerta
en nuestros órganos de los sentidos, piel, y riego sanguíneo que hemos mencionado antes.
* La Amígdala también interviene en la activación de la Región gris Periacueductal, que
incide en la capacidad para poder mover los músculos y seguramente en la posibilidad de
quedarte inmovilizado o salir despavorido ante una situación de amenaza.
En este momento nuestro cerebro cortical o inteligente es cuándo es consciente de la
situación que se está viviendo. Si el sujeto tiene una estructura psicológica suficientemente
capaz de enfrentarse a una reacción de este tipo (cómo consecuencia de la permanente
interacción que tenemos a estos niveles con nuestra biografía), interpreta las sensaciones cómo
un mero susto, y puede reconducir las estructuras subcorticales y límbicas desde una
interpretación tranquilizadora del estímulo mediante su neocórtex. Hay dos zonas cerebrales
esenciales que son capaces de parar esta situación de alarma: El Hipocampo y el Lóbulo orbital
frontal. El hipocampo es un centró precognitivo, y un gran almacén de memoria sensorial. En él
tenemos guardada mucha información de nuestra experiencia y las consecuencias que han
tenido para nosotros múltiples situaciones vividas, es por ello un centró esencial para poder
apaciguar la activación amigdalar y por lo tanto parar la vivencia global de amenaza. Si el
Hipocampo realiza una interpretación suficientemente tranquilizadora del estímulo al que
estamos expuesto, organiza una reacción inhibitoria en la Amígdala, de forma directa, e
indirectamente avisa al lóbulo orbital frontal de la capacidad de confrontación ante un hecho
similar en otras ocasiones, por lo que la estructura cortical (lóbulo orbital frontal) puede inhibir
a su vez la activación de la amígadala y del Tálamo sensorial, parándose el proceso, y entrando
de nuevo la totalidad del organismo, en una fase de conservación de la energía, a través del
engatillamiento de la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, el neurotransmisor
que lleva a cabo esta empresa es la acetilcolina. Por lo tanto el Hipocampo es un almacén
dónde se encuentran las informaciones que provienen de los sentidos, en constante feedback
con la amígdala y con la corteza prefrontal. En definitiva la amígdala activa la emoción y el
lóbulo prefrontal la apaga. La conexión entre estas estructuras resulta crucial para el
funcionamiento adaptativo. Esta conexión es la base de los esquemas emocionales.
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Para ejemplificar toda esta dinámica cerebral, nos sirve la clásica explicación que
podemos imaginar, si al abrir el embozo de nuestra cama encontramos una serpiente, en ese
momento mucho antes de poder interpretar la situación tendríamos todos los desencadenantes
antes mencionados, hasta qué nuestro cerebro intelectual-cognitivo se da cuenta de que esa
serpiente es de plástico, cuándo esto sucede, tanto el hipocampo cómo el lóbulo orbital frontal
interpretan la situación cómo no peligrosa y consiguen activar toda la respuesta de
conservación de energía, y de esta forma desactivan la parte del sistema límbico que se había
preparado para la activación de gasto energético ante una situación de amenaza.
El inconveniente es que hay cerebros que está interpretación no tienen oportunidad de
poder realizarla, es decir no tienen la capacidad de poder realizar una reorganización de la
situación, ya qué los circuitos corticales e hipocámpicos quedan bloqueados ante la situación de
amenaza. ¿Que estoy intentando comunicar? Simplemente que el cerebro que tiene miedo al
miedo, ante ciertos estímulos (estar sólo en la calle, ir en autobús, estar en un centró
abarrotado de personas etc.) una vez lleguen a los centros superiores y al hipocampo la
información, estas estructuras sobre todo las corticales, que dan aisladas y no pueden inhibir
las subcorticales – esta forma de proceder es propia de un sistema de seguridad ante
peligros vitales, en los que no se pierde tiempo en interpretar ya qué es necesaria una
respuesta de supervivencia – y en consecuencia no se tiene la capacidad de poder inhibir el
engatillamiento de la química del pánico. Esta forma de proceder es fantástica cuándo estamos
ante peligros reales, en los que nuestra vida corre peligro, pero es verdaderamente nefasta
cuándo nos encontramos ante situaciones que el cerebro, de aquel que tiene miedo al miedo,
identifica situaciones para el resto de los mortales normales, cómo de extremada peligrosidad,
impidiendo que la razón, la inteligencia, el sentido común, la lógica analítica-formal (y por lo
tanto las estructuras neurológicas que las sustentan) puedan cambiar la situación de amenaza
por normalidad. De tal manera qué el cerebro que tiene miedo al miedo, en numerosas
ocasiones es un cerebro secuestrado por el programa de seguridad para situaciones terroríficas,
impidiendo que se produzca una interpretación racional de la situación y respondiendo cómo si
algo verdaderamente peligroso se estuviera viviendo.
Todo este estudio respecto a lo que ocurre en una situación de activación nos
proporciona tres informaciones trascendentales para el tratamiento y la tecnología a emplear
para qué este sea eficaz:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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- El cerebro ante una situación de miedo está gobernado y funciona de forma
completamente distinta, tanto desde el punto de vista neurofisiológico cómo
psicológico, si es un cerebro que tiene miedo al miedo, a si es un cerebro que no
padece este trastorno. Es decir, el cerebro que tiene miedo al miedo incapacita el
control cognitivo, mientras que el cerebro que vive el miedo, pero no tiene miedo al
miedo, es capaz de controlar desde la razón la respuesta emocional. Por lo tanto en
cuanto al manejo del miedo son dos cerebros completamente distintos.
- Las estructuras superiores, en el cerebro que tiene miedo al miedo, están
incapacitadas para poder reconstruir la situación, y curiosamente emplear en este
tipo de cerebro la reestructuración cognitiva, es una metodología útil para un
número de sujetos, más o menos el 65 %, pero no para todos, ya qué hay un
porcentaje elevado – 35 % -a los en la qué esta tecnología no sólo no les mejora,
sino que en muchos casos les somete en una indefensión terapéutica. Este 35 %
corresponden a todos los que, en el proceso terapéutico, han sido incapaces de
restablecer desde el neocotex un control del sistema límbico.
- La solución, en la mayoría de estos cerebros, debemos encontrarla en la primera
interpretación cerebral (emocional) y no tanto en la segunda interpretación
(intelectual o cognitiva). Es decir si tenemos una borrasca podemos poner diques al
mar (emplear la razón para combatir la emoción descontrolada del miedo), pero sí
a lo que nos enfrentamos es a un tsunami, entonces lo único que podemos hacer
es apaciguar el mar, ya qué por muchos diques que pongamos no serán suficientes.
Pero ¿Cómo apaciguamos el mar?, más adelante lo explicaremos y para ello
emplearemos un programa qué nos ayude a sobrevivir.
Estas conclusiones tienen una importancia sublime para la intervención ante el miedo a
tener miedo, ya qué aunque toda la comunidad científica esté de acuerdo en las premisas
anteriormente expuestas, sin embargo, es habitual, por no decir global, la creencia científica de
que la forma en que hay que resolver este cortacircuito neurológico entre el sistema límbico y el
sistema neocortical, es enseñando al sujeto a realizar la interpretación cognitiva de la situación
a través de la psicoterapia. Cuándo se aplican tecnologías terapéuticas de esta características,
realmente a nivel neurofisiológico, lo que se hace es conseguir que el cerebro cortical sea capaz
de poder intervenir en el proceso, reestructurando la respuesta del sujeto desde el sentido
común y el aprendizaje de que en estas situaciones no hay nada qué temer, y de esta forma el
sujeto sea capaz de identificar la normalidad del estímulo y por lo tanto pueda inhibir la
respuesta de pánico por otra de tranquilidad (desensibilización). Tal cómo hemos referido
anteriormente esta forma de intervención no es eficaz para todos los pacientes y la realidad
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clínica nos indica qué, cerca del 35 % de sujetos que padecen este trastorno no son capaces de
salir de la cárcel psicológica en la qué se encuentran, con estos procedimientos, ya qué su
cerebro límbico impide que puedan retomar desde la razón el control. Y es en este punto dónde
comienza nuestra investigación ya qué todos sabemos que las conexiones entre el sistema
límbico y la corteza cerebral pasan por unos canales muy potentes, es decir la emoción inunda
la cognición y la neutraliza, en cambio, la comunicación inversa entre la corteza cerebral y el
sistema límbico pasa por unos canales muy delgados, que se pueden colapsar con facilidad
impidiendo la comunicación. De aquí nuestra sentencia: “la emoción decide y la razón
justifica”. El problema es que en muchas ocasiones la justificación no cambia la decisión que
ya ha sido tomada.
Proponemos cambios en la forma cómo interpretamos desde nuestra atalaya de
psicólogos y psiquiatras, al paciente que tiene miedo a tener miedo. Y para ello invitamos a la
comunidad clínica a qué se de cuenta de que cambiando dónde intervenimos, evitamos estériles
sufrimientos a los pacientes. La reestructuración desde la razón debe hacerse siempre, esto
está claro, pero para conseguir un cambio terapéutico en un porcentaje mayor que el actual,
hay que trabajar las memorias emocionales que impiden dicha reestructuración, de tal manera
qué, en primer lugar hay que intervenir en la emoción para cambiar dichas memorias:
Una vez conseguido, es cuándo podremos realizar la reestructuración cognitiva. La
creencia de que la razón siempre es capaz de modificar la respuesta emocional, no sólo no se
sostiene desde el punto de vista neurológico, sino que no deja de ser una especie de idealismo,
impropio de científicos. Metafóricamente podríamos decir que si es una borrasca pones diques
en el puerto, si es un tsunami debes conseguir que el maremoto no vuelva a producirse y para
esto hay que intervenir en el propio mar, en ocasiones en sus profundidades para qué el
choque de las placas continentales no generen un impacto tan brusco. Es difícil pero es posible.
Hasta la fecha el modelo más utilizado para tratar trastornos de pánico, ha sido desde
el punto de vista de la intervención psicológica el modelo Cognitivo-conductual. Es el modelo
fundamentalmente estudiado en las facultades de psicología españolas, y ha sido catalogado
cómo el único modelo psicológico de carácter científico. Hay muchos otros modelos adecuados,
yo me he preocupado por conocer concienzudamente muchos, de tal forma qué he estudiado
no sólo este modelo, sino que me he permitido ahondar en otros cómo el psicoanálisis, gestalt,
terapia interpersonal, psicoterapia sistémica, terapia estratégica y muy en profundidad todas las
corrientes trasversales que de alguna forma entendían que el sujeto construye su salud y su
enfermedad mental (Constructivismo). Puedo acreditar que he puesto en práctica cada una de
estas variantes de intervención con cientos de pacientes, y es verdad que la más eficaz para
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este tipo de trastorno es el modelo cognitivo-conductual. Pero también certifico que en mi
experiencia la mejor intervención es aquella qué recoge tecnología de cada uno de estos
modelos, siendo más eficaz que ninguna el eclecticismo, que puede intervenir en cada paciente
desde una vertiente distinta según el momento y las características psicológicas de este.
Es por ello que me gustaría salvar del sectarismo ideológico a nuestro lector no
profesional – al profesional simplemente le invito a qué también se salve- trasmitiéndole que
lo importante realmente (R. Aguado 1993, 1997, 2002, 2005) es la relación vincular que se
establece entre el terapeuta y el paciente. Es decir, sea cuál sea la estrategia de intervención,
lo que más prima para qué el paciente mejore es lo que ocurre en ese espacio mágico que
emerge entre dos seres humanos, al que denominamos vínculo, en este caso el vínculo
terapeuta-paciente. Por supuesto es necesario una comunicación terapéutica y unas acciones
terapéuticas, pero estas no tendrán éxito si no se establece un vínculo terapéutico adecuado.
¿Quiere esto decir que sin realizar psicoterapia no es posible resolver los ataques de
pánico? Pues en los casos dónde el ataque de pánico está arraigado a memorias emocionales
vitales, estoy completamente seguro que es necesaria la psicoterapia con un profesional. No
obstante conozco casos graves que se han resuelto, ya qué la persona ha tenido un vínculo con
un amigo, otro paciente, un maestro… que sin realizar psicoterapia profesional, han conseguido
grabar nuevas memorias desde el establecimiento de lo que llamamos experiencias emocionales
correctoras. Por citar algunas, encontramos esa persona qué conoce a otra qué tiene la
capacidad de hacerla descubrir sus capacidades y desalojarse de sus miedos, también sucede
en personas que al ser padre o madre son capaces de realizar exposición tras exposición una
nueva forma de interiorizar aquello que le producía pánico. Otro ejemplo más lo tenemos en las
personas que han vivido un peligro vital real, y después de este acontecimiento, son capaces de
salir de su pánico y dejan de tener miedo a tener miedo. En todos estos casos si hacemos un
estudio de la meta-análisis, encontraremos que se puede hacer psicoterapia sin realizar
psicoterapia profesional, pero de alguna forma se ha hecho.
Por lo tanto queda claro que si alguien deja de tener crisis de ansiedad por leerse un
libro, incluido este, es simplemente porque ha realizado, sólo/a, todo el reaprendizaje que
normalmente es necesario hacer en compañía de un profesional.
Para no extenderme más, voy a desarrollar un resumen de los contenidos teóricos de
los modelos más eficaces hasta la fecha, y después indicaré las razones por las que creemos
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
que hemos conseguido mejorar sustancialmente a estos, con nuestro modelo de Psicoterapia de
Tiempo Limitado: Terapia de Interacción Recíproca.
Modelo Cognitivo-Conductual
Voy a seguir cómo guión para explicar este modelo, el material que podemos encontrar
en un magnífico libro editado en el año 2007 en Desclee, por Pedro Moreno y Julio C. Martín:
El modelo cognitivo-conductual tiene cómo idea central que los trastornos emocionales,
tales cómo los trastornos de ansiedad, surgen a partir de cómo el individuo interpreta
determinados hechos que le suceden, generando expectativas en función de estos. De esta
forma Beck (Psicoanalista en sus raíces, que posteriormente diseñó este tipo de terapia) indica
qué los sujetos que padecen trastornos de ansiedad están sobreestimando sistemáticamente el
peligro inherente a una situación dada. Esta sobreestimación activa de forma automática el
llamado “programa de ansiedad”, que consiste en un conjunto de respuestas heredadas de
nuestro pasado evolutivo, y que han sido diseñadas originalmente para protegernos del daño
de los ambientes primitivos. Para Beck el problema principal de los trastornos de ansiedad es la
sensación de vulnerabilidad, entendiéndola cómo la percepción de sí mismo que tiene este
cómo individuo sometido a peligros internos y externos ante los que no puede ejercer ningún
control. Beck se centra en la reevaluación cognitiva de las sensaciones físicas junto con una
exposición interoceptiva.
Si hacemos un nuevo metaanálisis de los procedimientos diseñados dentro de este
modelo hasta la fecha, parece ser que según las cifras publicadas sobre los beneficios de esta
intervención, quien se lleva la palma es el programa diseñado por David. H. Barlow. En su
programa de intervención podemos destacar las siguientes estrategias:
• Observación y comprensión del trastorno.- Su objetivo es establecer las
bases para la reestructuración cognitiva mediante la observación y la
información objetiva. Para ello se le indica al paciente que recoja a través
de auto-registros los datos sobre cada una de sus crisis.
• Técnicas de control físico.- cómo la respiración diafragmática y el
entrenamiento en relajación muscular.
• Reestructuración cognitiva.- Dónde se pretende identificar las distorsiones
cognitivas que acompañan al trastorno de pánico y reevaluarlas para
contrastar el peligro real.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
• Exposición interoceptiva.- En ella se instrumenta al paciente para qué
busque las sensaciones en lugar de tratar de evitarlas o reducirlas. El
resultado que se persigue es la extinción de la falsa alarma.
• La exposición. Que tiene cómo objetivo impedir las conductas de escape y
de evitación que mantienen o agravan el trastorno. La exposición debe ser
sistemática y regular, independientemente del estado de ansiedad de un
día concreto, y puede realizarse de forma gradual o implosiva (intensiva).
Hasta aquí todos estamos de acuerdo. Pero sí seguimos analizando todo lo que ocurre
con el paciente que padece crisis de ansiedad y desarrolla una agorafobia, los propios autores
anuncian que aquellos pacientes que:
• Después de informarle expresan preferencias por psicofármacos.
• No pueden mantener sesiones continuas o piden sesiones muy alejadas
unas de otras.
• Tener miedo al miedo da lugar a una ganancia secundaria muy importante
para el paciente (baja laboral, dependencias del cónyuge, familia…)
• Personalidad histriónica o hipocondriasis.
• Otras particularidades que impidiera realizar el tratamiento.
No serían pacientes que podrían ceñirse a este tipo de tratamiento. Es decir, aquellos
pacientes a los que el propio trastorno le impide ir a una consulta, o aquellos que al indicarles
que hagan auto registros, respiración, o se expongan a sus propias sensaciones, simplemente
no lo hacen, tienen poca probabilidad de resolver su problema.
Esta criba significa qué cerca del 25 % de los pacientes que tienen crisis de pánico y un
40 % que padecen agorafobia no podrán cumplir este tipo de programa. Por otro lado la mejor
cifra en los estudios revisados – 80 % de eficacia – se obtiene teniendo en cuenta aquellos que
han terminado el programa, es decir, de aquellos que han realizado el tratamiento en su
totalidad, pero poco indican estos estudios de la cantidad de sujetos que no han podido realizar
el tratamiento, y han abandonado, por los motivos antes mencionados o simplemente porque
no encontraban solución en el tiempo que cada uno estima qué es tiempo suficiente.
Realizando un análisis de estos datos no es difícil deducir que, aunque ningún estudio indica la
cantidad de pacientes que rechazaron o abandonaron estos programas antes de realizarlos, y
por lo tanto no han sido contabilizados cómo sujetos en los que este programa no ha sido
válido, e incluso no mencionan el tipo de paciente y el nivel de gravedad de los que se han
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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quedado o marchado, no nos equivocaremos si ubicamos en un 40 % los sujetos que teniendo
trastornos de ansiedad y agorafobia, por uno u otro motivo no mejoran con el programa de
intervención Cognitivo-Conductual. Es por todo ello que podemos señalar a nuestro lector que
este tipo de programas de intervención sirve para el paciente que se adapta bien al tipo de
intervención:
“yo te digo-tu realizas”. Pero hay otros tipos de pacientes que tienen otro tipo de
estructura mental, más inquieta, menos domada, más critica, menos confiada, más súbita,
menos estable, en los que este modelo simplemente no es eficaz, entre otras cosas porque no
son tratados, y en muchos casos son etiquetados, tal cómo refieren los autores antes
mencionados, de histriónicos, con beneficios secundarios, o simplemente dependientes de su
cónyuge, o lo que es peor cómo pacientes “resistentes”… Creo que la salud mental del siglo XXI
necesita qué salgamos todos de nuestros ombligos y podamos darnos cuenta de que la eficacia
de nuestros programas de intervención, no se puede analizar teniendo en cuenta los pacientes
que van y se quedan en nuestras consultas, realmente si queremos hacer intervenciones
basadas en resultados estadísticos reales tendríamos que sumar en la cuenta de resultados
también aquellos pacientes que no son capaces (independientemente del motivo) de realizar
estos tratamientos, o simplemente salen corriendo de ellos, sea por ser resistentes o por ser del
Atlético de Madrid, lo cuál no indica qué no sea una señal más de autolesión.
Y ya qué estamos así de serios, un factor que debería ser revisado en todos los estudios
comparativos sobre la efectividad de los modelos, es el factor terapeuta. Es decir, la creencia de
que por utilizar un mismo protocolo de intervención (suponiendo que pueda hacerse siempre
igual) podemos tener idéntica eficacia, es simplemente una falta de rigor con la realidad. Al
igual que podemos comparar resultados con pastillas, siempre que estás tengan la misma dosis,
y el paciente tenga el mismo metabolismo, es realmente imposible poder comparar la eficacia
entre dos terapeutas distintos. La psicoterapia se realiza entre dos personas, no entre una
persona y una máquina, por lo tanto la variable terapeuta es fundamental independientemente
del protocolo que se utilice, y esto nos lleva de nuevo al vínculo terapeuta-paciente. Nadie que
tenga experiencia con pacientes y sobre todo en tratamientos de ataques de ansiedad y
agorafobia tiene ninguna duda sobre, que los protocolos de intervención son esenciales para
realizar el cambio terapéutico, pero siempre que haya paciente, sin paciente ningún protocolo
es eficaz, y para qué el paciente permanezca en terapia, para eso lo fundamental es el vínculo,
y por lo tanto la variable terapeuta es crucial, sin él, todo lo demás es literatura.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
CRITICA AL MODELO COGNITIVO-CONDUCTUAL
En la mayoría de las ocasiones, en aquellas mentes en las que el miedo sólo es una
emoción más, la razón tiene capacidad para colocar en su sitio a la emoción, puede recomponer
y solventar cualquier situación que pueda ser interpretada cómo peligrosa, dando una respuesta
coherente, de tal forma qué si es necesario huir, lo hace, y si no es para tanto, es capaz de
introducir una información de perspectiva qué restablece la sensación de seguridad. Sin
embargo,, si este cerebro tiene miedo a tener miedo, no sólo avisa de un peligro, sino que
percibe ese peligro cómo vital, la razón queda en segunda fila, queda apartada y no es capaz
de retomar el mando hasta qué de nuevo la mente emocional vuelve a comunicar que el
organismo vive una situación de normalidad y de seguridad “La emoción tiene que ver
fundamentalmente con la motivación y la acción, mientras que la cognición está relacionada
con el conocimiento y conlleva el análisis de la situación y la decisión de hacer, la acción es
emotiva” (Izard 1993). El ejemplo más simple sería el de un país, que es gobernado en todo
momento por su consejo de ministros y su presidente, y éstos se basan para el gobierno en la
lógica racional, el sentido común, y lo que debe ser. Sin embargo, cuándo este país es atacado
por una epidemia vírica qué puede matar a todos sus ciudadanos, el mando pasa al ejército,
que aunque siga desde el punto de vista estratégico necesitando de la firma del presidente, en
todo momento, son los militares los que deciden la estrategia a seguir, quedando los políticos
en un segundo plano, justificando en lenguaje político, las decisiones tomadas, de tal forma qué
sólo deciden sobre el abanico de decisiones determinadas por los militares, y por todo ello ya
no toman decisiones globales, deciden sobre las decisiones ya tomadas, y es sólo cuándo ha
pasado el peligro, cuándo podemos volver a la situación inicial, siempre que los militares no se
perpetúen en el poder, trasmitiendo bajo su lógica especial, que seguimos en peligro vital, pero
eso es otra historia.
La razón debe ser capaz de modular la emoción. Estar bajo la dictadura de las
emociones no es conveniente. Pero saber que esto tiene que ser así, no significa qué siempre lo
sea, de tal forma qué cuándo la emoción es la qué gobierna sobre la razón (programa
supervivencia) en ese momento de poco sirve lo que tiene que ser y es en esta situación dónde
tenemos que dejar la ideología psicológica y reconocer los hechos. Para poder intervenir con un
cerebro en el que la emoción es la qué lleva las riendas, hay que incidir sobre la emoción en si
misma, y en este territorio la reestructuración cognitiva no nos sirve. Tenemos que trabajar con
la emoción y ser capaces de engatillar otro programa emocional incompatible o antídoto al
anterior, en ese momento el nuevo clima de calma propiciará que de nuevo la razón pueda
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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incidir y por lo tanto volvamos a la situación ideal, en la qué la lógica formal gobierna sobre la
lógica caótica de la emoción. De esta manera debe quedar clara esta primera premisa:
“En un cerebro que tiene miedo a tener miedo, la emoción gobierna sobre la razón, y es sólo
cuándo intervenimos en la emoción, activando otro programa emocional incompatible con el
anterior, cuándo volveremos a un clima de calma, y es ahí dónde la razón podrá ejercer de
nuevo su gobierno”.
De todo esto concluyo que la verdadera intervención eficaz ante un cerebro que tiene
miedo a tener miedo, es aquella qué activa un programa emocional incompatible o antídoto con
el anterior, en este caso el miedo, tal cómo ocurre con el engatillamiento de emociones del
tipo: seguridad, rabia, sorpresa, interés, alegría, admiración, o incluso si se sabe manejar
adecuadamente la tristeza. Ya qué si hacemos un estudio de la naturaleza de la emoción
comprenderemos que la emoción en sí, es un patrón innato (me refiero a las emociones
básicas) y aunque posteriormente aprenderemos en qué situaciones se engatillan estos, la
emoción tal cuál no es aprendida. Pues bien, cuándo un patrón emocional se engatilla, éste lo
hace para encaminarnos a una acción específica. En el caso del miedo, la acción será querer
huir, protegerse, escapar. En cerebros que no tienen miedo a tener miedo, desde la lógica de la
razón somos capaces de engatillar una emoción incompatible con el miedo tal cómo sucede con
la seguridad, el interés, la alegría etc., permitiendo que el sujeto pueda recomponer su
respuesta ante estos nuevos patrones que le mueven hacía el dominio de la situación tales
cómo, tener las riendas (seguridad), observar mejor, prestar a nuevos elementos de la situación
atención (interés), o simplemente vivir lo cómico de la situación o de lo excitante (alegría o
euforia). Pero en los cerebros que tienen miedo a tener miedo, esto es imposible, ya qué al vivir
una situación de supervivencia la razón no puede gobernar, y por lo tanto es preciso
directamente incidir sobre patrones emocionales incompatibles cómo los descritos
anteriormente. Neurologicamente ya lo he explicado, en un programa de supervivencia, el
lóbulo orbital frontal no inhibe las estructuras limbicas, ya qué esta desconectado.
¿Qué es la desensibilización entonces? Denominamos desensibilizar a la capacidad
neurológica de cambiar un aprendizaje por otro, es decir si una situación (ir sólo por la calle)
está asociada al miedo, en la desensibilización sistemática se relaja al sujeto para qué ante esta
situación pueda dar una respuesta de relajación y no de ansiedad, creándose nuevas sinapsis
en las que se asocie ésta a una respuesta de tranquilidad y no de miedo. En la desensibilización
sistemática se va presentando progresivamente las situaciones temidas, de menos a más, de
forma gradual, hasta qué el sujeto puede enfrentarse a las situaciones de mayor nivel de
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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ansiedad, sin dar respuestas de evitación. Pero una cosa es tener ansiedad y otra vivir en el
cerebro que tiene miedo a tener miedo, por mucha relajación que intentemos enseñarle, en el
momento de exposición, e incluso en el momento que simplemente imagina qué se tiene que
exponer a la situación fóbica, la respuesta de pánico desplaza la respuesta de relajación. ¿Por
qué?, simplemente porque estamos intentando combatir un programa innato, con una técnica
de autorregulación, es cómo si intentamos pescar un atún con una caña de pescar truchas.
Ahora bien si la relajación es capaz de engatillar un programa de seguridad, interés, admiración
etc., entonces volvemos al antídoto antes mencionado. Sólo la relajación es valida ante un
patrón de seguridad global, es decir cuándo a lo que nos estemos enfrentando es a una
respuesta de ansiedad en la qué la emoción no gobierna a la razón. Por lo tanto una cosa es
padecer estrés y otra es que nos estemos enfrentando a una respuesta de ansiedad en la qué
la emoción gobierna a la razón, ya qué se vive en un programa de peligro vital. La relajación
nos sirve para equilibrar la balanza simpático-parasimpático, ya qué vuelca ésta, en el polo
parasimpático. Relajar no siempre es suficiente en los momentos de pánico, y este es el motivo
por el que la desensibilización sistemática en numerosos pacientes no es eficaz. En el paciente
que tiene miedo a tener miedo, la ansiedad no es el problema, es la amenaza, la qué se vive
dentro de un programa emocional de pánico y que dirige al sujeto hacía una acción de huida o
evitación. Sólo si activamos otro programa emocional antídoto o incompatible con el pánico,
podremos salir de la vivencia de peligro y así establecer un equilibrio global.
“activación simpática no es equivalente de engatillamiento de un patrón emocional concreto. La
relajación es buena compañera para realizar una desensibilización, ahora bien si el cerebro
emocional es el que gobierna sobre el cerebro cognitivo, la relajación no podrá cambiar el
impacto global del engatillamiento emocional, sólo será efectivo el engatillamiento de otro
programa emocional incompatible con el primero. Y en este nuevo programa emocional puede
estar activada la rama simpática o la parasimpática”.
Eso sí la relajación y las técnicas de autocontrol propician la capacidad para engatillar
programas emocionales incompatibles o antídotos para el miedo, pero no son la misma cosa, no
tienen idéntica importancia en nuestra jerarquía de gobierno mental y por lo tanto no tienen el
mismo valor terapéutico. Cómo ejemplo, si una persona está alegre es difícil que tenga miedo a
tener miedo, pero eso no significa qué esté relajado.
Negar que la emoción decidir y la razón justifica y de esta forma poner a la emoción
cómo elemento subordinado de la razón, no sólo es una falacia desde el punto de vista
científico, sino que es un signo de desconocimiento de lo que realmente gobierna el mundo de
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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la psique. Y es que en el modelo cognitivo-conductual cae en un error esencial que luego atañe
al tratamiento y por lo tanto es causa de la incapacidad para ayudar a muchos pacientes que
tienen miedo al miedo. A este error, en el planteamiento del problema, le he denominado
“Iusracionalismo psicológico”, cómo símil del derecho derivado de la razón que fue
promovido por John Locke, pasando por Rousseau, Kant y finalmente John Rawls, aunque el
promotor del movimiento tengamos que buscarlo en las ideas de Grocio. En el Iusracionalismo
se determina la necesidad de obediencia de los súbditos al rey, aunque a los primeros se les
otorga el derecho natural. El modelo cognitivo-conductual establece un iusracionalismo, ya qué
coloca a la razón cómo rey y a la emoción cómo súbdito, cuándo en la realidad de nuestro
cerebro (y en esto vale la equivalencia en cuanto a la relación pueblo-rey) es la emoción la qué
determina la verdadera relación con el mundo exterior, y, lo que es más importante con el
mundo interno. Un gran candidato para obtener el premio al título de “Iusracionalista
psicológico primero”, será el genial Albert Ellis, y en el adjetivo “genial” no incorporo ninguna
figura irónica, ni por supuesto metafórica. Cuándo me refiero a Ellis cómo genial, lo digo con
toda la intención de resaltar uno de los psicólogos más importantes en la historia de la
psicoterapia. Una vez queda claro mi admiración por la teoría y el procedimiento de la Terapia
Racional Emotivo-Conductual, expresaré el motivo por el que la señalo cómo Iusracionalista.
Quien haya seguido la trayectoria de Albert Ellis, se habrá dado cuenta de la trasformación
teórica, que paulatinamente, ha tenido este prestigioso psicólogo:
• En la década de los cincuenta Ellis desarrolla su “Terapia Racional”, y la
expresa en la conferencia de la APA en 1955, publicando posteriormente en
Journal of General Psychology su énfasis en la idea de que la enfermedad
psicológica neurótica es consecuencia de la evaluación distorsionada qué
realiza el paciente de los acontecimientos activantes.
• En los años sesenta publica Razón y emoción en Psicoterapia, en concreto
en 1962, formulando un modelo en el que resalta la importancia de las
emociones, culminando con un nuevo nombre a su terapia: “Terapia
Racional-Emotiva”.
• La década de los setenta sirve para impulsar la rigidez intelectual del
paciente, sobre todo con sus “debo”, cómo característica del pensamiento
irracional, de esta forma refiere 11 creencias o pensamientos irracionales
fundamentales.
• En 1984 publica Essence of RET, organizando en torno a tres grandes
grupos las creencias irracionales:
- Tremendismo.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
- Baja tolerancia a la frustración.
- Condenación.
Culminando en 1985 la importancia qué tienen los problemas emocionales
sobre los problemas psicológicos.
• Y por último (aunque espero con todas mis esperanzas que haya algún otro
cambio dónde se llamen a las cosas por su verdadero nombre) en 1993, de
nuevo coloca una letra más en sus siglas al denominar su terapia cómo
TREC “Terapia Racional Emotiva-Conductual”, dónde enfatiza el aspecto
humanista de su teoría, colocando el potencial humano mucho más allá de
la simple concanetación de pensamientos irracionales ante acontecimientos
activantes. Es en esta última revisión dónde establece, aunque no le llamé
así, la importancia qué tienen los afectos y los acontecimientos vinculares,
para posteriormente representar el mundo desde unas perspectivas más o
menos absolutistas. En definitiva el ser humano no es sólo un abanico de
ideas y respuestas emocionales a estas ideas, sino que es todo un mundo
complejo en el que se crea él mismo sus propias perturbaciones
psicológicas, de tal forma qué aunque las condiciones ambientales puedan
contribuir a sus problemas, son sus bases existenciales las que promueven
el proceso de cambio a mejor o a peor.
Albert Ellis es el paradigma del investigador que si quiere dar solución a los problemas
psicológicos, tiene que ir incorporando cada vez más, en su teoría, elementos existenciales, y
emocionales, ya qué la razón por sí misma no lo puede explicar, al menos si nos referimos a un
ser humano que está inundado de miedo a tener miedo. No obstante Ellis es un Iusracionalista,
ya qué aunque ha tenido que hacer grandes modificaciones de su teoría puramente cognitiva
de los años cincuenta (Terapia Racional), sigue señalando que todo está bajo el bastión de la
idea irracional, y cuándo expresa, que hay que descubrir las creencias irracionales dogmáticas y
absolutistas, no se da cuenta de que está hablando de formas de ver el mundo, y estas
memorias que nos hacen ser cómo somos, son secundarias a la relación afectiva qué tuvimos
con aquellos agentes que nos mostraron la realidad (su realidad), y por lo tanto no son tanto
ideas irracionales cómo memorias emotivas que han establecido el marco constitucional de
aquello que podemos representarnos cómo verdadero o falso. De tal forma qué la traducción
cognitiva de ese universo emocional emerge cómo idea, pero no basta con intentar
reestructurar la idea, es necesario trabajar el vínculo desde el que se forjó.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
En definitiva de nada sirve querer cambiar el pensamiento, cuándo al hacerlo seguimos
fijados a la relación dónde este pensamiento (irracional o no) se desarrolló. Los pensamientos
son irracionales, o no, desde la razón, pero sí lo observamos desde la lógica emocional, no sólo
son coherentes, sino que son necesarios, ya qué están fraguados cómo puntos cardinales de
nuestra existencia, y al marino se le puede dibujar otro mapa, pero la estrella polar seguirá
estando en el mismo sitio. Cuándo la sociedad científica se de cuenta de que todos nuestros
archipiélagos racionales están rodeados de un océano vasto de emociones, tendremos mejores
resultados en nuestras terapias. Sirva cómo ejemplo imaginar cómo un niño va representando
su realidad según van encauzándose sus relaciones con el mundo que le rodea y él mismo, de
tal forma qué si en un momento de su existencia prevalece una creencia basada en
Radical/extremo, es decir las cosas las ve en términos blanco/negro, sin posibilidades
intermedias, más importante que cambiar esta forma de interpretar el mundo, será conseguir
cambiar que allí dónde fue fraguándose estas creencias hubo personas referenciales para él,
que le fueron presentando una realidad radical o extrema, de suerte que si sólo le
reestructuramos la creencia, quedará huérfano respecto a los referentes, sin embargo, si somos
capaces de poder grabar nuevas memorias emocionales dónde pueda revisar la relación con
estos referentes y es capaz de modificarlo, no sólo cambiarán el grupo de creencias
Radical/extrema, sino que podrá a la vez modificar otra serie de representaciones en forma de
creencia qué se fueron añadiéndose en el caldo de cultivo con dichos referentes.
Lo que somos, es producto de muchas experiencias grabadas a fuego lento durante
toda nuestra biografía, y por lo tanto los primeros años de vida también son importantes, de tal
forma qué si un niño aprendió de sus referentes a construirse su realidad desde una postura de
buenos y malos, no bastará con reestructurar el concepto de bueno o malo, sino que tendrá
que realizar con otro referente, tan potente cómo el primero, una nueva categorización, para
qué así su equilibrio interno no se sienta maleado.
Para poder cambiar una creencia a un ser humano, sea esta racional o irracional,
necesitamos algo más que la demostración de lo adaptada qué esa creencia está en la realidad
en la qué vive el sujeto, se necesita sobre todo una gran dosis de empatía y relación vincular
entre el que propone el cambio y el que tiene que cambiar, ya qué si no hay un mínimo de
vínculo que implique un cambio emocional, es difícil producir ese cambio. La reestructuración
tiene éxito porque se realiza bajo un vínculo afectivo que facilita ese cambio, y siempre que se
intenta un cambio de creencia o de pensamiento sobre un determinado acontecimiento,
necesitamos que todo ese escenario esté envuelto en un cambio emocional que permita
provocar no sólo que la creencia sea más adaptada, sino que la emoción que la inunda también
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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lo sea, y tal cómo he manifestado, esto implica necesariamente una relación vincular que
neutralice la relación vincular en la qué se fraguó la creencia qué se intenta cambiar y la
emoción que la envolvía en aquel momento. Tenemos que darnos cuenta de que no sólo
cambiamos pensamientos, sino que cambiamos la memoria emocional que hizo posible
grabarlos cómo propios.
Cuándo a las personas se les cambia alguna creencia, ganan en muchos momentos
salud, si esa creencia era disonante, pero sí lo que cambiamos es la relación vincular dónde se
forjó esa creencia, no sólo no le dejamos huérfano, sino que puede sentir un nuevo renacer en
su desarrollo de potencial humano, tal cómo refiere Albert Ellis. La construcción de nuestra
realidad tiene múltiples detalles, no obstante encontraremos la piedra angular en la relación
afectiva dónde se anidó dicha construcción, y es que el vínculo entre aquel que enseñó lo que
era real y el que lo representa, tiene mucho más valor, que la propia realidad posteriormente
representada, por lo tanto existe una mayor conexión con la realidad, por el mero hecho de lo
que son, que por todo lo que luego pueden representar y transformar en creencias.
No hay manera más propicia de engatillar un patrón emocional incompatible o antídoto
del miedo, que establecer una relación vincular entre dos seres humanos de seguridad y
respeto, y eso ocurre siempre que se consigue una relación terapeuta-paciente adecuada. El
vínculo de los padres e hijos, de los amigos, de la pareja, de maestros y alumnos, en el trabajo
y muchos otros, son el mejor acicate para desencadenar en una activación del patrón
emocional de seguridad, admiración, alegría y también de rabia o interés, todos ellos
incompatibles con el pánico. Nada es más capaz de quitarnos el miedo que el abrazo de aquel
que establece con nosotros un vínculo de seguridad. Se que puedes haber pensado después de
leer esto: “si esto es así, ¿Haremos dependiente a todo aquel que tenga miedo de tener
miedo?” Podría ser, pero no es así en la mayoría de las personas, según nuestra experiencia,
haber tenido un vínculo de seguridad con una persona referencial es el mejor antídoto para no
padecer miedo a tener miedo, y esto es lógico, ya qué un vínculo así ya nos indica qué el
referente no tenía miedo a tener miedo, y esto se trasmite. Los vínculos propios de las personas
que tienen miedo a tener miedo, han sido vínculos basados en el abandono o en la simbiosis, y
cuándo me refiero a estos vínculos, no es tan importante lo aparente desde el punto de vista
del comportamiento, cómo las comunicaciones, tanto advertidas cómo no advertidas, que
ocurren entre ellos. Los vínculos que dan seguridad, permiten la autonomía desde etapas muy
tempranas y realzan la libertad para decidir y enfrentarse a la adversidad, comportamientos
propios de emociones incompatibles con el patrón emocional de miedo a tener miedo. Dar
seguridad no es igual que proteger, seguridad es sinónimo de saber protegerse, por lo tanto
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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quien ha vivido un vínculo de seguridad con un referente ha aprendido no a qué le protejan
sino a protegerse el mismo, y esto se traduce a nivel emocional en una química antipánico y a
la vez en el antídoto más potente para el miedo a tener miedo.
La diferencia fundamental entre una persona qué tiene miedo a tener miedo de otra
qué no lo tiene, no la encontramos en la genética, ni en la raza, la edad o el sexo. La diferencia
fundamental la encontramos en el clima emocional en el que se han cimentado sus universos
de creencias y pensamientos, sobre él mismo y el mundo que le rodea. Por lo tanto una vez
más llegamos a un punto crucial en el tratamiento de aquellos que padecen miedo a tener
miedo:
“La emoción toma decisiones antes que el pensamiento pueda tener información. Gobierne o no
la razón, la emoción decide primero”.
Cuándo se experimenta una emoción se descubre un torrente de sensaciones en
nuestro cuerpo y a la vez nos abordan pensamientos que están relacionados con esta. Nuestra
actividad mental se rige siempre así, aunque habitualmente la interacción emoción-sensación-
pensamiento es tan estrecha, que de lo único que nos damos cuenta es del pensamiento que
nos llega, ante la emoción sentida, y sólo si estamos muy entrenados podremos ser conscientes
de la emoción que en ese momento nos informa. Por consiguiente de lo que somos conscientes
es del pensamiento, en nuestra vida cotidiana, y tenemos que hacer un esfuerzo para darnos
cuenta de la emoción. Sin embargo, en una crisis de ansiedad los pensamientos quedan
aislados y alejados de la emoción, y en los primeros instantes durante la crisis, de nuestra
conciencia (en todo caso aparecen pensamientos del tipo “me esta dando un infarto”, “me
estoy volviendo loco”, “me desmayo”) y es en ese momento dónde queda patente que la
emoción de miedo nos inunda y las sensaciones corporales florecen cómo la lava en un volcán.
En el ataque de pánico, en un primer momento la actividad cognitiva se disocia de la emoción,
quedando incapacitada la inteligencia para ejercer su gobierno, posteriormente es tan explosiva
la experiencia qué cualquier pensamiento anticipatorio puede desencadenar una nueva crisis, y
vuelta a empezar.
Tal cómo indica Josep Redorta, el estado emocional de una persona determina la forma
en que percibe el mundo, y en palabras de Bisquerra podemos culminar que las emociones se
generan cómo respuesta a un acontecimiento externo o interno, para preparar al organismo
para la acción. Mucho de lo que ocurre en nuestro cerebro cuándo se produce una emoción es
independiente del conocimiento consciente, trasmitiéndonos información esencial para saber
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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que hechos son cruciales para nuestra existencia. Hay emociones positivas y negativas, pero
todas son buenas, es decir todas son necesarias. Es cierto que si hacemos un análisis de las
emociones hay muchas más negativas, ya qué parece ser que de cara a su objetivo básico - la
supervivencia - han sido elegidas en mayor número por la filigénesis, de esta forma podemos
diferenciar el Miedo, la Ira, la Tristeza, la Vergüenza, la Rabia, el Odio, el Rencor, la Apatía, la
Culpa, el Asco, la Envidia y muchas otras que pueden representarse por esta colección de
emociones negativas, sin embargo, cómo emociones positivas tenemos la Alegría, la
Admiración, el Interés, y pocas más, ya qué la felicidad, el bienestar y otros son prácticamente
sinónimos, cuándo no sentimientos, y no olvidemos que el sentimiento es la experiencia
subjetiva de la emoción, es decir sería la parte cognitiva o voluntaria de la emoción.
Pues bien, una vez que se ha engatillado una respuesta emocional, nos vemos
envueltos en una acuciante cadena de reacciones que nos llevan hacía la acción, teniendo cada
emoción un patrón de acción determinado. Queda ya suficientemente explicado, que en ese
momento si la emoción ha sido puesta en marcha, la cognición no es suficiente para poder
bloquearla o pararla, y aunque se haya dado una respuesta cognitiva de confrontación, nuestra
activación emocional seguirá su camino hasta qué se agote. Si en estos momentos no hay
ninguna estimulación emocional que continúe con la activación, y sobre todo si hay un sistema
cognitivo capaz de amortiguar el impacto emocional, todo termina en un susto o en una
sensación de acelerón. Ahora bien si la actividad emocional continua, el poder de la cognición
será más débil, hasta conseguir que se bloqueen los circuitos que van desde el cortex al
sistema límbico, fortaleciéndose la información desde el límbico al sistema cortical. En estos
momentos la emoción es más potente que la cognición y por lo tanto la mejor forma de
cambiar la emoción no es a través de la cognición o el razonamiento, ya qué la única forma de
acallar esa respuesta emocional es con el engatillamiento de otra respuesta emocional
incompatible u opuesta a la primera. Por lo tanto cada vez que intentamos gobernar desde un
cambio de pensamiento (sea este racional o irracional) la emoción engatillada, sólo
conseguiremos sentir que fracasamos, a no ser que la respuesta emocional no fuera, tal cómo
dijimos al principio, lo suficientemente potente cómo para producir este cortacircuito.
De esta forma cuándo se engatilla el miedo, si nuestro cerebro cognitivo tiene todavía
capacidad para poder mandar información, podemos reestructurar la situación y desde una
nueva perspectiva cognitiva, conseguir que aunque la activación emocional continúe no
tengamos sensación de peligro vital. Esto es lo que ocurre cuándo vemos una película de
miedo, sentimos miedo, pero nuestra inteligencia sigue controlando ya qué nos decimos de vez
en cuándo, “es sólo una película”. No obstante si en vez de estar en un cine, estamos sólos en
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 139
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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casa y vemos la misma película, es posible que terminemos por apagar la televisión, ya qué el
hecho de decirnos, “es sólo una película” no nos será suficiente. Y sobre todo si vivimos en un
cerebro que tiene miedo al miedo, nos encontramos, ya no sólo en una situación
cualitativamente distinta, en cuanto a la intensidad de la emoción que se engatilla, sino que
estaremos viviendo el terror o el pánico, y por lo tanto en estos momentos nuestra capacidad
de poder intervenir desde la cognición es realmente difícil, cuándo no imposible.
¿Por qué es eficaz la reestructuración, entonces? Seguro que es eficaz porque engatilla
otra emoción antídoto a la anterior, y no tanto porque el pensamiento pueda neutralizar la
actividad emocional subyacente. Estoy en condiciones de asegurar que la reestructuración tiene
un valor esencial cuándo se realiza en base a la instrucción de un terapeuta, y de esta forma el
vínculo que se establece entre terapeuta y paciente (amigo y paciente, profesor y paciente…)
produce un contexto circunstancial que produce el mismo efecto que el estar acompañado en el
cine, es decir aunque tenemos un impacto de terror, en algún momento se dispara una
emoción propia de las relaciones humanas de ayuda, y es está actividad emocional opuesta la
qué puede inhibir la primera. Son ya muchos los experimentos con PET, en los que se ha
demostrado que en la desensibilización, incluso cuándo el sujeto ya no da una respuesta de
temor ante el estímulo fóbico, la amígdala sigue descargando actividad. Este hecho confirma
qué:
1.- Una vez provocada la activación emotiva, esta no se desactiva de forma inmediata.
Es decir, cuándo un patrón emocional se descarga no puede inhibirse de forma súbita, sino que
va desapareciendo cómo si tuviera qué desgastarse. No obstante lo que suele suceder es que
un patrón emocional sigue a otro, y es ahí dónde tenemos que aprovechar para qué los
patrones emocionales siguientes sean incompatibles con aquel que queremos extinguir.
2.- La amígdala, enterrada en la parte más anterior y medial de ambos lóbulos
temporales, tiene una función capital en la regulación del miedo y de la irritación-agresividad, y
cómo no podría ser de otra forma, son estructuras que están implicadas en multitud de
emociones y no sólo en el miedo. De tal forma, que una vez el sujeto tiene una respuesta
emocional distinta al miedo, siguen activándose emociones en las que también interviene. La
amígdala la encontramos activada en la ira, el asco, la vergüenza, los celos, la rabia, incluso en
la admiración, así cómo en sentimientos cómo el ridículo, incapacidad, la aversión, la
preocupación, o el disgusto, ya qué estos complejos emocionales al igual que todas las
emociones negativas tienen cómo denominador común al miedo, en concreto el miedo a ser
desarticulado cómo eco del miedo esencial: miedo a la muerte.
3.- Si la razón al reestructurar fuese capaz de inhibir la emoción, la amígdala no
seguiría engatillando, al seguir activada, una vez más se nos confirma qué, lo que hace la razón
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 140
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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cuándo interviene ante la emoción es activar otros programas emocionales incompatibles o
antídotos al primero.
4.- El lóbulo orbital frontal y la amígdala tienen una interacción recíproca siempre que el
programa de peligro vital no esté activado, si lo está, la relación es amígdala lóbulo orbital
frontal, pero no a la inversa, ya qué están los circuitos desconectados desde el neocórtex al
sistema límbico, de tal forma qué hasta qué no se encuentra el cerebro en un programa de
seguridad no vuelven a suceder las conexiones recíprocas entre ambas estructuras.
¡Recuerda!!!, estás padeciendo una crisis de ansiedad, y en ese momento descubres la
cara de la persona qué te da seguridad, todo se para, en un instante pasas del terror a la más
sublime tranquilidad. ¿Qué se ha reestructurado? Seguro que nada, no ha dado tiempo. Lo que
explica este cambio es que se ha engatillado otra emoción incompatible y antídoto con la
emoción de miedo a tener miedo, y de esta forma esta viviendo en un clima de seguridad, ya
qué esta nueva emoción está diseñada para proponernos una nueva acción, en este caso de
asentamiento y de control. El miedo cuándo se dispara nos hace vivir el peligro, la seguridad
cuándo nos inunda nos hace vivir un mundo de calma y de control, una emoción enmudece a
otra, y es después cuándo nuestra razón justifica este cambio de la forma más políticamente
correcta para el sentido común. El pensamiento en definitiva, cuándo gobierna, pone a la
emoción en perspectiva y le da un sentido, un significado, cuándo no una explicación con la qué
podemos comprender de forma más cercana a nuestra inteligencia lo que nos ha pasado. La
emoción tiene cómo objetivo el “amor propio” - la superviviencia - mientras que la razón intenta
colocarnos dentro del “sentido común”.
“En cualquier vivencia del miedo a tener miedo, el miedo deja de existir cuándo otro
- imput emocional – intercede, y al engatillarse este segundo, es capaz de inhibir el primero, y
esto ocurre ya qué el sistema límbico detecta un marco de seguridad, determinado por el
vínculo que se produce entre la persona qué padece miedo a tener miedo y aquel, o aquello,
que le induce la nueva emoción de seguridad”.
Nuestro siguiente pasó será conseguir que el propio paciente tenga capacidad para
poder, por el mismo, engatillar las emociones antídoto - o incompatibles - con el miedo a tener
miedo. Ya qué todo nuestro programa de actuación intentará conseguir que aquel que tiene
miedo a tener miedo, sepa cómo introyectar patrones de acción que engatillen el programa
emocional antídoto y de esta forma poder gobernar de nuevo desde la razón a la emoción
desadaptada. ¿Cómo conseguirlo?, puedes ir al apartado del modelo de Terapia de Interacción
Recíproca, pero sí no tienes prisa, primero sigamos dando un repasó a los modelos que han
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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tratado los ataques de pánico con eficacia, todos ellos nos irán aportando elementos a tener en
cuenta en nuestro programa de intervención, bien porque han sido eficaces o bien porque
aprendemos de sus errores.
Modelo Estratégico
En los años 70, del siglo pasado resplancede una nueva forma de concebir los
trastornos mentales. De tal forma qué la clave para entender la salud y la enfermedad para
este grupo de autores es la comunicación y en concreto el estudio del doble vínculo. Para
Batenson creador de este término y fundador del M.R.I. de Palo Alto en California, EEUU, junto
con su esposa Margaret Mead, y otros teóricos del momento. En el doble vínculo se hacen
presente los distintos niveles de comunicación cuándo se impulsa un mensaje. En este caso
estos niveles de comunicación son incongruentes, y produce un choque emocional de
intensidad suficiente cómo para poder producir un cuadro esquizofrénico si se mantiene en el
tiempo.
Watzlawick, Beavin, Jackson y Weakland, desarrollan una serie de premisas para
determinar por qué las psicoterapias no son efectivas, entendiendo que en numerosas
ocasiones la solución que se presenta al paciente, no sólo no resuelven el problema, sino que
producen otro mayor. De esta forma es normal escucharles que la definición de problema es:
“lo que alguien definió cómo problema más las soluciones que no sólo no han servido sino que
incluso han obstaculizado el desarrollo normal de la persona enquistando el problema”, por lo
tanto para estos autores el objetivo terapéutico será neutralizar la solución aplicada al problema
qué contribuye a perpetuarlo.
Son tres los modos estándar de enfocar mal los problemas que hay que trabajar en
terapia:
1.- Se hace preciso actuar, pero no se emprende tal acción.
2.- Se emprende la acción cuándo no se debe emprender.
3.- Se emprende la acción a un nivel equivocado.
Estos tres modos de enfocar mal los problemas son frecuentes en las terapias de las
personas que tienen miedo a tener miedo:
1.- Cómo ejemplo del primer modo ineficaz para combatir el miedo a tener miedo, lo
encontramos en aquel sujeto que está permanentemente diciéndose que tiene que conseguir
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enfrentarse a la situación dónde se producen las crisis, y precisamente por este continuo tener
presente que debe actuar para enfrentarse al miedo, le es más difícil llevar a cabo la acción
precisa. Las personas que viven creyendo que sólo serán personas completas, sanas o ideales,
si son capaces de resolver su miedo a tener miedo, sintiéndose mientras tanto cómo de
segunda división, cada vez son menos capaces de activar emociones incompatibles con el
miedo, y por lo tanto cuanto más se obligan a vencer el miedo, más miedo sienten, ya qué lo
que están realmente activando son patrones emocionales propios del miedo, cómo la
inseguridad, incapacidad, indefensión o desidia. Cuanto más pensamos en las causas del miedo,
más razones y justificaciones tenemos para sentir miedo. Dar vueltas al asunto es avivar las
llamas del miedo. El manejo del miedo debe ir en la dirección de vivir las cosas de forma
diferente, enmarcando la situación actual desde un plano de satisfacción y equilibrio con uno
mismo, cuándo encuentras en ti lo positivo de tu vida, independientemente de tener miedo al
miedo, o de hacer una u otra acción, es cuándo realmente somos capaces de hacer
prácticamente sin pensar. Es entonces cuándo tendremos los cimientos preparados para poder
realizar, actuar, que es el único notario de la realidad.
2.- Un ejemplo del segundo error de enfocar el miedo a tener miedo, es comenzar a
enfrentarse a la situación fóbica en mitad de un patrón de acción de miedo o pánico. La
mayoría de las personas que han resuelto estos problemas en nuestras consultas (y han sido
miles) nos han dicho cuándo les hemos preguntado:
- ¿Cómo lo has hecho?
- No se, simplemente lo he hecho.
Esta forma de proceder, aparentemente inconsciente, es la mejor forma de enfrentarte
al miedo a tener miedo, sin pensar, sin programar, sin darte cuenta, estás haciendo cualquier
otra cosa y en ese momento estás viviendo feliz, seguro, con rabia, admirando etc, aquello que
hasta ese momento te producía miedo. Estas personas simplemente están bajo el patrón de
una emoción incompatible con el miedo, y sólo en esos momentos es cuándo tienes garantías.
3.- Respecto al tercer error, Watzlawick lo explica estupendamente cuándo habla de los
cambios 1 y los cambios 2. Los cambios 1 son cambios que no suponen una modificación de la
estructura del sistema y de su funcionamiento. Es decir hacemos cambios pero seguimos
teniendo miedo a tener miedo. Cambiamos nuestros pensamientos, nuestra forma de hablarnos
a nosotros mismos, incluso cambiamos nuestra forma de vivir, pero al final el paciente te dice:
“Mire, entiendo que lo que me ocurre es irracional, también entiendo que nunca me pasará
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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nada, incluso sé que todo lo que me ocurre no tiene sentido, pero simplemente sigo teniendo
miedo, y cuándo tengo miedo algo me impide hacer lo que se que tengo que realizar”.
Los cambios 2, son cambios que afectan a los parámetros del sistema, y por lo tanto cambia el
sistema, un cambio 2 sería proponerse cada cierto tiempo tener miedo, obligarse a tener miedo
y cómo consecuencia de ello no sentirlo. Este cambio 2, lo encontramos en tecnologías cómo la
prescripción del síntoma, la intención paradójica, o la peor fantasía, técnicas todas ellas
realizadas en distintos modelos, y que tienen una intención final: Provocar desde el miedo una
verdadera emoción de seguridad, rabia, admiración, interés…
Actualmente Giorgio Nardone ha teorizado sobre este posible cambio 2, y dentro de la
escuela estratégica ha conseguido vislumbrarse cómo uno de los autores más conocidos en este
momento, bien por su fácil lectura, bien por la genialidad de sus estrategias, nos ha dado cinco
o seis claves, que por sí solas no son suficientes para conseguir quietar miedo al miedo, pero
que dentro de un marco terapéutico más amplio sí que puede hacernos salir de callejones sin
salida. Para Nardone quien sufre ataques de pánico tiene miedo de lo que puede sucederle, no
de lo que le ha sucedido: la fobia influye en acciones y pensamientos relacionados con el
futuro, más que con el pasado. El fóbico intenta continuamente controlar o evitar las
condiciones en las que puede desencadenarse la escalada del miedo al pánico y es justamente
este intento de control el que, paradójicamente, lleva a la pérdida de control. La escucha de sí
mismo activa esta escalada, ya qué las sensaciones de actividad son interpretadas cómo
propias de un posible ataque.
Nardone a lo largo de sus publicaciones, frecuentemente libros de pequeño tamaño, en
los que después de teorizar sobre la importancia qué tiene para la eficacia en el tratamiento
partir de la solución, y desde ella conocer el problema. Para él, lo más apropiado será encontrar
la definición del problema estudiando la solución que tiene. De esta forma Nardone nos indica
repetidamente sus cinco soluciones eficaces para resolver los problemas de tener miedo a tener
miedo. Las soluciones que propone tienen cómo objetivo introducir en trampas de
comportamiento y “engaños provechosos” que evitan la resistencia del paciente al cambio.
Estas soluciones son:
- Le proponemos al sujeto que sea consciente de que cada vez que pide ayuda y se
la dan, le mandan dos mensajes. El primero es tranquilizador: “te ayudo, te protejo,
por lo tanto estate tranquilo/a”. Pero el segundo es fundamental para qué continúe
el problema, ya qué le dicen: “y te protejo porque tú sólo/a no puedes”. Por lo
tanto cada vez que pides ayuda y te la dan, certificas que tu sólo/a no puedes.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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- Realizar el “diario de abordo”, dónde el paciente anota todo lo que acontece cada
vez que se de la crisis.
- Prescribir “las peores fantasías. En esta estrategia se le pide al sujeto que todos los
días a una hora establecida, se encierre en su habitación o lugar de seguridad, y allí
intenté tener durante media hora su peor fantasía respecto al miedo, esforzándose
por tener los pensamientos más aterradores que pudiera imaginar.
- Prescribir los rituales, eso sí los tiene que hacer siempre cinco veces o puede elegir
no hacerlos, pero sí los hace debe hacerlos cada vez cinco veces.
- Hacer imaginar cómo después de una noche mágica el problema hubiese
desaparecido, y después pregunta al paciente ¿Qué ocurriría si ya no tuviera este
problema? Esta técnica suele unirla a la técnica del “cómo si” del filosofo Blaise
Pascal, invitando al paciente a qué piense, sienta, se comporte y viva “cómo si” el
problema ya no existiera.
Este tipo de terapia sólo es efectiva cuándo se establece un vínculo marcado por la
identificación del terapeuta por parte del paciente cómo una auténtica autoridad y en
consecuencia en un especialista, de tal forma qué el paciente pueda ir caminando por los
senderos que le propone el terapeuta dentro de su laberinto mental. No podemos describir este
conjunto de técnicas cómo un modelo terapéutico, pero sí que es cierto que cumple con dos de
las premisas básicas para conseguir resolver tener miedo a tener miedo:
- Entretener la razón mientras la emoción se calma.
- Cambiar la reflexión patológica del paciente por una acción constante. En este tipo
de terapias el paciente está constantemente haciendo y está en pocos momentos
pensando, y esto es muy efectivo.
Los que trabajamos en contacto permanente con pacientes que tienen miedo a tener
miedo, sabemos que aplicando estas estrategias, somos capaces de conseguir que el paciente
salga de callejones sin salida y por lo tanto pueda enfrentarse a situaciones que de otra forma
no es capaz. Pero es muy poco eficaz si el paciente no se encuadra dentro de un marco de
confianza firme con el terapeuta, por lo tanto cuándo es eficaz, podemos definir el tratamiento
de brillante, pero cuándo no es eficaz, porque el paciente simplemente no realiza la
prescripción, se convierte simplemente en desilusión y desgarro tanto para el paciente cómo
para el terapeuta.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Animamos a nuestro lector si es profesional de la salud mental a qué empleé esta
tecnología, pero dentro de un marco terapéutico más vasto y con más recursos que estás cinco
estrategias brillantes y sin embargo, en muchas ocasiones dependiendo del vínculo terapeuta-
paciente insuficientes. Ya dijimos anteriormente que cuándo se establece un vínculo basado en
la confianza y la autoridad entre el terapeuta y el paciente, lo importante no es la estrategia en
si que utilicemos, ya qué el propio vínculo ya está produciendo el engatillamiento de una
emoción incompatible, antídoto o neutralizadora del programa emocional que se activa al tener
miedo a tener miedo.
Constructivismo
Será George Kelly el precursor de este movimiento psicológico, que no es un modelo en
sí, ya qué de alguna forma tiene una posición transversal en el modo de entender la naturaleza
del conocimiento del ser humano, y de esta manera es difícil no encontrar una dosis de
constructivismo en cualquiera de los modelos vigentes en la actualidad.
Hay dos premisas fundamentales en el constructivismo, siguiendo a José Luis Martorell:
- El conocimiento es entendido cómo construcción de la experiencia más que cómo
representación directa del mundo real.
- El conocimiento es entendido cómo invención de nuevos marcos de interpretación
más que cómo descubrimiento de la realidad.
Desde estos dos puntos centrales podemos entender cómo la Cibernética de segundo
orden, o cibernética moderna, expresa la idea de la inseparabilidad del observador en lo
observado, reflejando la importancia del observador en el global de aquello que dice que
observa. Heinz von Foerster – verdadero padre de la cibernética moderna - nos dice: “no se
puede ver que no se ve lo que no se ve”, desde aquí podemos determinar que:
“toda observación no es otra cosa qué una forma de expresar de sí mismo, aquello que
contiene lo observado” (R. Aguado 2006).
Volviendo a Kelly, entramos en esa dimensión tan esencial en la terapia en la qué
podemos darnos cuenta de que las personas organizamos nuestro entorno basándonos en
constructos personales, es decir, en dimensiones o categorías descriptivas. Por lo tanto si una
persona tiene organizado su entorno bajo el constructo miedo/seguridad, se acercará a todo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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aquello que le de seguridad y se alejará de todo lo que le de miedo. Mientras que si otra
persona tiene su entorno basado en el constucto bueno/malo, hará lo mismo que el anterior
acercándose a lo bueno y alejándose de lo malo. Ahora bien, si nos damos cuenta estos dos
individuos pueden chocar en aquello que se acercan ya qué el primero puede mantener
relaciones con elementos que para él le den seguridad, pero que para el segundo están
catalogados cómo malos, y el segundo puede entrar en contacto con elementos para él buenos,
pero que el primero codificará cómo peligrosos o que le aportan miedo.
Kelly evaluó en unos 25 roles en su cuestionario (Rep test) dónde examina el perfil de
cada individuo, siendo para este autor el objetivo de la terapia, poder modificar el sistema de
constructos ineficaces o desadaptado que le produzcan sufrimiento en su vivir cotidiano.
Respecto al tema qué nos ocupa, el trabajo con el miedo a tener miedo, es conveniente
trabajar con aquellos constructos que engatillan el patrón emocional de miedo a tener miedo, y
cambiarlos por aquellos que activan los patrones emocionales antídotos o incompatibles con el
anterior.
Nuestra percepción cómo observadores y consecuentemente cómo representación de
nosotros mismos, es trasmitir a Kelly y sus seguidores, que esos constructos al igual que
suceden con el universo de creencias irracionales que tantas veces ha expresado Beck, es que
fueron determinados por aquellos referentes que dieron cobertura para qué esa construcción
fuera grabada cómo la real. Todos los seres humanos tenemos un universo de creencias o un
universo de constructos con los que nos sentimos identificados dependiendo de la realidad y de
la afinidad que tenían estos para nuestros referentes. De aquí nuestro primer supuesto en
Terapia de Interacción Recíproca:
“Sólo podemos realizar aquello que hemos imaginado haber realizado”.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Terapia de Interacción Recíproca
En 1998 diseñé un programa de investigación que denominé “Psicoterapia de Tiempo
Limitado” con él, me propuse realizar un modelo terapéutico eficaz que pudiera satisfacer los
siguientes objetivos:
1.- Conseguir en menos tiempo la misma eficacia en psicoterapia (una media de 10
sesiones).
2.- Trabajar la raíz del conflicto intrapsíquico. Abordando toda la personalidad.
Diferenciándome de esta forma de los modelos que acortan el tiempo de tratamiento por
focalizar en puntos concretos del ecosistema del paciente (Psicoterapias Breves).
3.- Conseguir una interiorización de las herramientas que determinan la mejoría del
sufrimiento humano, grabando nuevas memorias emocionales, y por lo tanto, nuevas formas de
encarar el aquí y el ahora. El objetivo es conseguir que el sujeto viva en un presente en el que
las memorias pasadas sirvan para encarar mejor las dificultades de la vida, pero nunca para
bloquear o noquear la trayectoria vital. La dinámica será conseguir pasar del sufrimiento a la
satisfacción cómo proceso intrínseco de la intervención psicológica.
Cualquier modelo psicoterapéutico que cumpla con estos tres objetivos, podrá
denominarse Psicoterapia de Tiempo Limitado. La Terapia de Interacción Recíproca (R. Aguado,
2000) es la primera Psicoterapia de Tiempo Limitado. En 2002 se publicó “Terapia de
Interacción Recíproca” y en el 2005 publiqué en Editorial Síntesis, “Manual Práctico de Terapia
de Interacción Recíproca”, dónde se puede encontrar los fundamentos teóricos, así cómo toda
la dinámica de intervención de nuestro modelo. De esta manera quien quiera ampliar lo que a
partir de ahora desarrollo, allí le dirijo. En este libro sólo expondré algunos de los conceptos
que necesito para qué aquel que padezca miedo a tener miedo pueda encontrar una vía de
salida, y para qué el que no lo padezca pueda, de alguna forma, afianzarse en su estado de
seguridad. Voy a transcribir en esta exposición los textos del manual antes mencionado, ya qué
quiero mantenerme en los principios básicos y fundamentos teóricos del modelo; es por esto,
insisto, si se quiere comprender nuestra forma de proceder, se debe tener en cuenta la
publicación antes mencionada.
Es importante tener en cuenta de que la diferencia fundamental entre las psicoterapias
que necesitan una larga duración y la psicoterapia de tiempo limitado, no es el tipo de
pacientes que se trata en una u otra (en psicóticos, trastornos de la personalidad graves y
trastornos por adicciones, no hay duda de que el tratamiento debe ser de larga duración,
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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incluso de duración sin límites), ni tampoco se diferencian en los trastornos en los que
intervienen. La diferencia radica en la capacidad del psicoterapeuta para poder insertar en el
paciente todas las huellas o memorias que necesita para encarar los problemas pasados y
futuros.
Nuestro modelo de intervención ha teniendo en cuenta los distintos errores
conceptuales y estratégicos que anteriormente hemos ido analizando en otros modelos. La
forma de proceder consiste en generar, en el paciente, un estado de interacción con su entorno
que le impulse, por sí mismo, a una mejor adaptación con su realidad actual y el presente. Nos
hemos dado cuenta de que intentar reparar implica mantener aquello que sucedió cómo si
estuviera sucediendo en este momento, y por lo tanto suele producir en el paciente un continuo
estar en contacto con el conflicto y el problema, tal cómo indica Steve de Shazer (“En un origen
las palabras eran magia”, 1999) mientras que generar recursos y proponer nuevas capacidades
para encarar el presente es sin duda el mejor acicate para pasar del sufrimiento a la
satisfacción. La solución debe encontrarse siempre dentro del sujeto que padece el sufrimiento.
La solución está muy vinculada con la satisfacción, y cada persona tiene dentro de él mismo la
solución para pasar del sufrimiento a la satisfacción.
¿Por qué Interacción Recíproca? Si analizamos el significado de interacción
encontramos que es una acción recíproca, pero en ningún momento se menciona qué
necesariamente esta relación recíproca sea simétrica o de igual a igual. Este es uno de los
problemas humanos más comunes: relacionarnos de forma asimétrica con nuestro ecosistema,
y a nivel psicológico la relación asimétrica entre las distintas estructuras que gobiernan la
mente, es uno de los aspectos más cercanos a la enfermedad. De hecho hay partes de la
estructura mental que negamos, no admitimos cómo nuestra o simplemente no advertimos
cómo nos comunican o nos refieren. Nuestra vida psíquica debe conseguir una interacción
recíproca permanente, prueba de ello es que cuándo conseguimos una interacción recíproca
entre nuestro cerebro cognitivo y el emocional, en ese momento decimos que nos sentimos
satisfechos, exactamente igual que al poder interaccionar recíprocamente nuestros sentidos con
nuestras emociones y nuestros pensamientos. La satisfacción esta íntimamente ligada a la
capacidad para integrar todos los niveles de percepción que disponemos.
Tal cómo hemos referido en apartados anteriores, la persona qué tiene miedo a tener
miedo no vive el miedo cómo una emoción más, percibiendo al miedo cómo un momento de
muerte, de amenaza a la vida. Un indicador de esta falta de satisfacción es el cortacircuito que
se produce entre el sistema límbico y el neocórtex. Sin embargo, cuándo una persona nos
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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comunica qué está viviendo una experiencia desde la satisfacción, ese momento es posible
gracias a qué el cerebro no pone barreras entre las distintas estructuras neurológicas, estando
todas ellas en armonía, cómo si de una orquesta perfectamente compenetrada se tratara.
Siempre que confluyen en interacción recíproca un jinete y su caballo, dos amantes, varios
instrumentos musicales, hablamos de equilibrio, totalidad, plenitud y otros calificativos. El
concepto interacción significa “acción que se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos,
agentes, fuerzas, funciones, etc.”. Pero el concepto recíproco añade un elemento fundamental
para conseguir la satisfacción, ya qué significa:”igual en la correspondencia de uno a otro”
(Diccionario de la Lengua Española. Vigésima primera edición. Real Academia Española)...
Si seguimos profundizando en los objetivos a conseguir en la Terapia de Interacción
Recíproca, tal cómo ya he mencionado, necesitábamos reducir el tiempo de la terapia, no por
capricho sino porque numerosos estudios (Spiegel y Spiegel, 1990; Muraoka, 1996; Kirsch,
1999; R. Aguado, 2002) coinciden en que la media de sesiones que nos conceden nuestros
pacientes sin abandonar la terapia está en 10 sesiones. En el siglo XX y sobre todo en el XXI, el
paciente no puede estar mucho tiempo realizando psicoterapia; son tiempos nuevos en los que
también los psicoterapeutas tenemos demandas no sólo en la eficacia sino en el tiempo en el
que tenemos que conseguir esta eficacia. Al mismo tiempo, no queríamos que la disminución de
las sesiones fuera consecuencia de abordar sólo partes o aspectos puntuales del sujeto
(focalización), de esta forma nos diferenciamos de las psicoterapias breves. Por último, nos
hemos dado cuenta de que es esencial comunicarnos, en una interacción recíproca, para
producir el cambio terapéutico con las estructuras subcorticales en las que se encuentran
aquellas memorias que van a ser responsables de los ataques de ansiedad, así cómo de nuestro
equilibrio psicológico. Gracias a poder instalarnos en la sede de las memorias emocionales, y
desde ahí grabar nuevas memorias podemos, en tiempo limitado, conseguir que el sujeto pueda
vivir aquello que le producía pánico, con total normalidad.
Otro elemento clave en nuestro modelo es el estudio de ese espacio mágico que se
produce entre dos personas y que hemos denominado vínculo. No hay relación humana, ni
supervivencia, ni comunicación si no se establece un vínculo. De hecho sabemos que uno de los
elementos fundamentales en el trabajo con el miedo a tener miedo es el tipo de vínculo que
tuvo el paciente con sus referentes, y que en este momento esta teniendo con él mismo. En el
vínculo terapéutico (vínculo singular similar al que se produce con las personas esenciales en
las etapas más tempranas de nuestra existencia) se establece un marco de seguridad y de
interacción entre el terapeuta y el paciente, que posibilita una segunda oportunidad en la qué el
sujeto que sufre miedo a tener miedo puede modificar aquellas memorias que le tienen
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subordinado en la enfermedad. Cuándo esto es así, no sólo mejoran los síntomas y se disipan
los conflictos sino que aparece una capacidad en el sujeto para seguir su sendero vital, y tener
saldadas sus necesidades básicas primarias.
Otro objetivo es llegar a los conflictos básicos. En los conflictos básicos el sujeto tiene
insertadas una serie de carencias en sus necesidades esenciales, así cómo un número de
esquemas emocionales distorsionados (complejo emoción-motivación-cognición) que impiden
una homeostasis tanto psíquica cómo física, y que se expresan por medio de ocho posibles
canales de expresión del conflicto básico: motivacional, orgánico, psicosomático, psicógeno,
emocional, cognitivo, relaciones interpersonales y conductual.
Debemos realizar un cuidadoso estudio de la comunicación multinivel entre el hecho
fóbico y el paciente, distinguiendo entre el motivo de consulta o problema concreto y el
conflicto básico. El problema concreto o motivo de consulta es la expresión canalizada por las
vías de expresión del conflicto; en el caso del miedo a tener miedo, el sujeto manifiesta
verbalizaciones cómo: “me muero de un infarto”, “temo volverme loco”, pero también aparecen
a otro nivel “diarreas”, “sensación de asfixia”, “inestabilidad” y por supuesto hay
manifestaciones de “dependencia o simbiosis con las personas que le dan seguridad”,
“problemas laborales y familiares”… Es decir, el miedo a tener miedo no sólo tiene una vía de
expresión, sino que si atendemos a lo que nos refiere el paciente, encontraremos que el mismo
conflicto se manifiesta en cualquiera de los ocho canales antes mencionados, de hecho la
propia crisis de ansiedad es una de estas manifestaciones.
En la mayoría de los modelos en los que se trata la raíz del conflicto, el motivo de
consulta o problema concreto, que nos comunica el sujeto no se tiene muy en cuenta. En
Terapia de Interacción Recíproca por el contrario nos hemos dado cuenta de que es
fundamental atender el motivo de consulta qué nos comunica el sujeto, y sobre todo atender la
manifestación más expresiva qué nos manifiesta nuestro paciente. De hecho el motivo de
consulta va a ser nuestra guía o nuestra referencia para profundizar en las memorias que están
produciendo el sufrimiento. Pensamos que de todo el rosario de manifestaciones, en los
distintos niveles, que se dan en una crisis de ansiedad o cualquier otro trastorno, aquello que el
paciente trae cómo más cercano a él, y que más le preocupa, es fundamental dentro del
proceso, aunque desde el punto de vista clínico sea simplemente un síntoma. Por lo tanto el
paciente tiene permanentemente la sensación, no sólo de ser atendido en su motivo de
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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consulta, sino que este es esencial para la solución de su problema. Tratamos el conflicto básico
pero llegamos a él a través de la escucha y la intervención del motivo de consulta.
Una vez que somos capaces de localizar el conflicto básico o los conflictos básicos del
sujeto, a través del análisis del motivo o motivos de consulta, nos encontraremos con un bloque
energético que llamamos conflicto básico. ¿Bloque energético?, sí, los conflictos se pueden
definir en base a su capacidad de movilizar y por lo tanto crear una dinámica en todo el
ecosistema de aquel que lo padece. Cuándo estamos en conflicto, este es representado en
forma de pensamientos, organiza sentimientos, activa programas emocionales, y nos envuelve
de tal forma, que mucha de nuestra dinámica global gira en torno a él. Además sabemos que el
comportamiento y las propias motivaciones están muy determinados por los conflictos básicos.
¿Qué hay dentro de un conflicto básico? Encontramos sobre todo tres elementos:
- Una necesidad o deseo básico que no se ha podido realizar.
- Una carga emotiva qué circunscribe la carencia del deseo no realizado.
- Unos pensamientos, comportamientos y motivaciones que están supeditados a la
carga emotiva producto de la carencia en la realización del deseo básico.
Deseo es una necesidad y a la vez una motivación, en el deseo encontramos la pulsión
y la meta, también en el deseo apreciamos el motor de la existencia. Luego el deseo
engloba: la necesidad, la movilización y la meta.
Es importante que tengamos en cuenta esta definición de deseo para poder entender
posteriormente el entramado teórico de la Terapia de Interacción Recíproca. En el deseo hay
una inercia, una fuerza qué nos mueve y nos empuja al conocimiento, a la acción y al sentir.
El deseo nos lleva a conocer y a explorar, nos hace ir más allá de los límites en los que
nos encontramos; por todo esto, es importante que el deseo pueda ser encauzado y
trasformado en numerosas ocasiones, ya qué ese deseo puede que no sea el momento
propicio de realizarlo, o incluso sea dañino para nosotros o para aquellos que nos rodean.
En el deseo encontramos también un elemento de apropiación e incluso de posesión, al
realizar el deseo somos dueños de aquello que deseábamos.
Por último, en el deseo apreciamos una satisfacción con la realización y, por tanto,
placer, pero también ese placer se puede conseguir si somos capaces de demorar o elegir
no realizar un deseo que no sea positivo para nosotros o para los que nos rodean. El placer
no se vive por la realización del deseo, el placer esta más unido a la posibilidad de poder
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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imaginar realizarlo, y posteriormente culminarlo o no dependiendo de aquello que más nos
conviene cómo personas.
Necesidad es la pulsión sin la qué no podemos estar en equilibrio. La necesidad tiene
una parte emocional y otra biológica, es decir, en lo psíquico se manifiesta lo biológico y
viceversa.
Impulso es la sensación de la pulsión, con él desarrollamos todos los movimientos
necesarios para aplacar la necesidad y realizar el deseo.
Los deseos esenciales o básicos son necesarios para la supervivencia tanto física cómo
psicológica. En el ámbito físico comprendemos perfectamente, sin muchas explicaciones, que
cuándo un ser humano tiene una carencia de una sustancia química esencial para el organismo
(glucosa, insulina, hierro, glóbulos, etc.), si esta carencia no se equilibra, primero observaremos
un síntoma, después se irá creando un síndrome y después se producirá la muerte. Así, de
forma idéntica, los seres humanos tenemos una serie de necesidades básicas en el ámbito
psicológico que si no se realizan, producen, al igual que las carencias químicas, un estado de
desequilibrio en el sistema de supervivencia.
La alimentación y el cariño son dos elementos fundamentales para la existencia. Desde
estas dos necesidades centrales, el ser humano, para estar vivo y vivir, necesita tener resueltas
sus necesidades tanto biológicas cómo psíquicas. Cuándo esto no es así, los demás deseos
quedan en un segundo plano, no teniendo pulsiones o motivaciones por realizarlos. El amor es
para la mente lo que la comida es para el cuerpo, por lo tanto dar leche con amor es una tarea
fundamental para la supervivencia no sólo en los primeros años de la vida. De esta forma
cuándo un ser humano tiene un déficit de glucosa o tiene una baja tasa de hematíes, el deseo
sexual o los deseos de adquirir una propiedad, quedan en un segundo plano. Debemos
equiparar las necesidades físicas a las necesidades psíquicas, y darnos cuenta de que para
poder vivir son tan importantes unas cómo otras, ya qué si sólo tenemos realizadas las
necesidades básicas físicas estaremos vivos, pero no viviremos en vida, ya qué las necesidades
psicológicas son las que nos dan la sensación de estar realmente formando parte de la vida.
Cuándo una persona tiene ataques de ansiedad, es posible que tenga realizadas todas las
necesidades físicas, pero también es prácticamente seguro que hay necesidades psicológicas
que no han sido realizadas, sobre todo aquellas que están más ceñidas a los programas
emocionales que nos dan la sensación de seguridad. Tengamos en cuenta de que la comida
permite que podamos estar vivos, pero el cariño es el que certifica qué seguiremos vivos, ya
qué desde que nacemos, y a un nivel muy alejado de la inteligencia, si sentimos amor eso
significa qué nos cuidarán y por lo tanto podremos vivir, es decir, si nos dan cariño, y este nos
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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llega, se certifica qué nos darán comida, atención, cuidados y todo lo que necesitamos para
crecer y evolucionar. La ecuación si me quieren me darán de comer, es una constante en
nuestra existencia, y cómo es natural es vital en los primeros años de vida. Posteriormente,
cuándo ya somos autónomos, tener relaciones sociales, y cariño social, está asociado a poder
ganar dinero, tener recursos para conseguir ser admitidos socialmente, encontrar pareja y, por
tanto, poder realizar nuestros propósitos tanto personales cómo sociales. Las redes de apoyo
social son un emergente del primer apoyo básico en los primeros momentos de la vida, y
cualquier estudioso de la mente humana sabe lo importante que es la red social para el
equilibrio mental, y si hablamos en concreto del miedo a tener miedo, la red social es no sólo
fundamental, sino vital.
La satisfacción o realización de los deseos básicos tanto biológicos cómo psíquicos es
primordial ya qué está muy ligada a la existencia, y si no se realizan estos deseos, el cerebro
interpreta qué estamos ante un peligro vital y por tanto activa la alarma en el deseo de
supervivencia o conservación, produciéndose una espiral viciosa entre la necesidad de realizar
estos deseos y la percepción de no tenerlos realizados; esta espiral viciosa sobre la percepción
de un peligro vital es el origen de los ataques de pánico, de tal forma qué aunque en la realidad
de nuestra rutina cotidiana no haya ningún peligro real, si nuestro cerebro tiene grabadas
memorias emotivas a esta percepción global de peligro vital, encontraremos personas que
estarán sometidas a estas crisis, ya qué en lo más profundo de su ser vive cómo si una
amenaza implacable estuviera sobre su cabeza. De tal manera, que la realización de estos
deseos básicos es primordial para el posterior equilibrio y si no se han realizado se manifestarán
a lo largo de la vida, sin causa aparente, desde una interpretación racional y del sentido común,
pero de total comprensión si lo analizamos desde lo básico en la seguridad. En la parte psíquica
de estos deseos encontramos carencias cómo la no sensación de recibir el cariño y, en
consecuencia, la carencia de tener la protección necesaria para poder sobrevivir. Esta
percepción se mantiene aunque el sujeto tenga ya una edad avanzada, ya qué está ligado a
percepciones infantiles que todavía no están resueltas. De esta forma, aunque en su conducta
el sujeto sea autónomo, en su realidad afectiva no vive está autonomía, expresando a distintos
niveles esta carencia del afecto no recibido.
Desde una posición puramente pedagógica podemos sintetizar que después del deseo
de supervivencia o conservación, enmarcado sobre todo en la necesidad de recibir cariño o
amor, cómo certificado de garantía de seguir alimentado y, en consecuencia, vivo, a nivel
psíquico encontramos otros deseos básicos que están supeditados a él, y que le activan cuándo
no están realizados. Está activación del deseo de supervivencia movilizará precisamente los
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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mecanismos reguladores que impulsan las necesidades básicas, en este momento el sujeto se
siente motivado y movilizado hacía la realización de dicho deseo.
A nivel psíquico hay numerosos deseos que están ceñidos al deseo de satisfacción
de impulsos vitales por excelencia: “recibir cariño o amor”. Estos deseos psíquicos para
satisfacer impulsos pueden resumirse en:
* ser sostenido en brazos.
* ser besado.
* ser acariciado.
* ser hablado.
* ser soportado.
* ser limitado.
Es bien sabido que el bebé humano nace con una capacidad para el aferramiento que le
permite proyectar su peso: capacidad observada por Freud y a la qué hace referencia cómo
“instinto de agarrarse” (1905). En segundo término, los bebés gozan con la compañía de otros
seres humanos. Incluso, durante los primeros días de vida, estos son reconfortados por medio
de la interacción social – que incluye actos tales cómo el de levantarles en brazos, hablarles o
acariciarles y pronto parecen empezar a disfrutar observando a las personas que se mueven a
su alrededor (en “El Apego” de Bowlby, 1998).
De estos deseos podemos encontrar varios subtipos que van desde el deseo de reír,
llorar o expresar cualquiera de las emociones, representándose mediante mecanismos
ritualizados de forma conductual, y que acompañan a la expresión de esos impulsos.
Cuándo un sujeto no ha realizado estos deseos o necesidades básicas desarrolla un
conflicto tanto físico cómo psíquico muy grave. Sus manifestaciones suelen ser enfermedades o
trastornos crónicos.
Por todo ello quizás poder descubrir las necesidades básicas psicológicas esenciales, ha
sido una de las líneas de investigación a la qué más tiempo he dedicado. En el año 1998
propuse un análisis correlacional entre las manifestaciones patológicas de más de cuatro mil
pacientes, y la no realización de los deseos básicos. ¿Pero cuáles son los deseos básicos? Para
localizarlos, hicimos el siguiente trabajo: creamos una lista de 1523 adjetivos y verbos que
pudieran representar el universo de necesidades “básicas” del ser humano, y posteriormente
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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comenzamos a representarlos en grupos homogéneos a través del análisis de covarianza. En
este análisis encontramos tres grandes bloques de deseos básicos:
- Al primer bloque le denominamos deseos básicos primarios reactivos o
exógenos.
- Son primarios, ya qué si no se realizaban tenían una gran correlación con
patologías posteriores, es decir, los sujetos que no han realizado estos deseos primarios
después enferman.
- Son reactivos o exógenos, ya qué la realización debe producirse con un
referente, o persona vincular esencial. Los referentes pueden ser padres, tutores, profesores e
incluso instituciones, que sirven al sujeto de brújula o de espejo de lo que es su realidad. El
referente descubre y determina la realidad no sólo que conoce el sujeto, sino también desde él
vincula aquella qué quedara grabada en las memorias emocionales de este. Sin referente no se
pueden realizar estos deseos básicos.
- Al segundo bloque le denominamos deseos básicos primarios endógenos o
enmarcadores.
- Son primarios porque, cómo los anteriores, su no realización determina
patología.
- Y son endógenos porque nacemos con ellos por ser mamíferos, es decir, no se
tienen por qué realizar con un referente. Los llamamos enmarcadores porque hacía el
año 2004, en una investigación sobre estos deseos, me di cuenta de que cada uno de
los primarios exógenos están enmarcados por cada uno de estos, por lo tanto
envuelven o enmarcan a los exógenos, consiguiendo diferencias individuales muy
particulares.
- Un tercer bloque de deseos son los deseos secundarios.
- Secundarios porque están rellenando el vacío de un deseo primario no
realizado, por lo tanto, al contrario que los anteriores, estos sí se realizan o mejor dicho
se están realizando. La realización de un deseo secundario, desde el punto de vista
clínico, no es apropiada, aunque sí lo es para conseguir el equilibrio necesario en el
sujeto. Este equilibrio, en la mayoría de las veces, es un equilibrio patológico, pero al
fin y al cabo es un equilibrio. Los deseos secundarios podemos representarlos en la
misma lógica qué los mecanismos de defensa psicoanalíticos, marcándonos la línea
habitual que tiene el sujeto para conseguir la supervivencia, una vez que no se han
realizado los deseos primarios. Un sector de los teóricos de la Terapia de Interacción
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Recíproca, encabezados por José Ramón Serraniaga, hace equivalentes los deseos
secundarios a perfiles propios de la personalidad del paciente, incluso se han
relacionado con algunos trastornos de la personalidad. Estos estudios tienen que seguir
aún, y están en sus preámbulos.
Deseos Primarios Exógenos o Reactivos
En el análisis de covarianza de los adjetivos y verbos antes mencionado, saturaron de
forma significativa tres que englobaban una cantidad muy importante del total. Los tres
factores que emergieron cómo representantes de todos los demás fueron:
- El apego.
- La contención.
- La delimitación.
Es decir, los deseos básicos que todo ser humano debe realizar con sus referentes para
tener una estabilidad emocional desde sus primeros días, se puede resumir en: haber tenido
una relación de apego adecuada, haber sido contenido y por lo tanto vivir con el apoyo y la
ayuda suficiente cómo para sentirse parte del mundo que le rodea, y por último haber sido
limitado y colocado en unos márgenes suficientemente capaces de no impedirnos el
crecimiento, pero por otro lado poder realizarlo dentro de unas coordenadas y directrices. No
haber realizado alguno de estos bloques da lugar posteriormente a una expresión en cualquiera
de las ocho vías de canalización del conflicto.
En el deseo de apego o compañía, podemos diferenciar tres tipos de deseos que
tienen identidades conflictivas por sí solas. Estos tres deseos son:
- Deseo de Admiración incondicional.
- Deseo de Identificación cómo ser único.
- Deseo de valoración.
Deseo de Admiración incondicional.
Todos los seres humanos necesitamos que nos admiren de forma incondicional. Sólo si
somos admirados nos podremos admirar a nosotros. El bebé necesita qué le miren, no sólo que
le vean, la mirada es más contemplativa, tiene un grado de vinculación mayor. Cuándo hemos
sido admirados de forma incondicional, en ese momento realmente podemos admirarnos, de tal
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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forma qué no sólo nos vemos en el espejo del que nos admiró, sino que nos admiramos
también nosotros.
Los sujetos que no reciben está admiración incondicional, son sujetos que tienen la
admiración condicionada al estado de ánimo de los demás, a circunstancias sociales, o lo que es
aún peor, a ciertos comportamientos demandados por todos los que tienen influencia, cuándo
no por los demás sujetos con los que se relaciona.
Cuándo este deseo no se tiene realizado, los conflictos más significativos tienen en su
interior emociones en capas y confusiones en sus expresiones. El sujeto está completamente
condicionado en su vivir a una serie de ritos, conductas, pensamientos, que él personalmente
no puede manejar, son cómo huellas o memorias emocionales que le hacen estar atrapado y
determinado. Es típico en este tipo de conflictos personas que no pueden comprometerse, que
tienen emociones negativas hacía otros y que no pueden tener un autoconcepto positivo.
Deseo de Identificación cómo ser único
Otro deseo que tiene que ver con el deseo de apego, es la necesidad de ser identificado
cómo ser único. Ser uno más, o ser miembro de un clan, no permite tener identidad propia, de
alguna forma también el sujeto se siente condicionado. No obstante hay culturas que no
sienten la identificación de un “yo” personal, teniendo una percepción cómo grupo o cómo clan.
Es primordial en los primeros años de vida la identificación cómo ser único, ya qué es la
única forma de ser alimentado y querido en base a las necesidades particulares. No obstante,
será en los años cercanos a la pubertad cuándo este deseo toma mayor importancia. Tener una
perspectiva singular y una identificación que le haga sentirse único es una de los elementos
más fiables para la salud mental del sujeto.
Cuándo un sujeto no tiene esta identificación cómo ser único, no puede crecer, no puede
incorporar, ni retener, y en muchísimos casos separarse. Los sujetos que tienen una carencia
en este deseo, están sumergidos en miedos y necesitan constantemente de los demás para
sentirse seguros. Los conflictos que tienen este deseo carenciado son conflictos que denotan
infantilismo e incapacidad de crecimiento. Las expresiones más constantes tienen que ver con
la dificultad de separarse y desprenderse.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Deseo de valoración.
Ser valorado, ser reforzado, ser premiado es tan necesario cómo ser admirado o
identificado. Este deseo de valoración va a ser también motor muy importante para el
crecimiento y el desarrollo del sujeto. La cadena de valoraciones irá guiando al sujeto hacía las
áreas que posteriormente tendrá grabadas cómo más atractivas.
Cuándo la valoración no sucede, encontramos conflictos propios de los estados depresivos
o melancólicos. Lo importante realmente es la valoración de las personas referenciales, para
qué posteriormente el sujeto pueda tener una autovaloración adecuada. Algunas expresiones
tienen que ver con la constante necesidad de valoración, o simplemente con la incapacidad de
poder admitir la valoración de los demás. Numerosos trastornos del universo depresivo y
ansioso tienen que ver con la carencia de este deseo.
En el complejo del deseo de contención podemos a la vez diferenciar otros tres
deseos esenciales para el psiquismo:
- Deseo de pertenecer a una familia.
- Deseo de tener un lugar de convivencia.
- Deseo de defensa y protección.
Deseo de pertenecer a una familia.
No sólo es necesario tener unos padres que te den la vida, es también necesario que
ambos constituyan un clan o familia en la cuál el sujeto pueda representarse. Cuándo esto no
es posible suele haber una carencia en el psiquismo.
Por supuesto que no estamos hablando del matrimonio, ni de la relación de pareja de
nuestros padres juntos y en convivencia; me estoy refiriendo a algo mucho más importante
para el ser humano que es la sensación de pertenencia a un clan o familia. Luego este clan
puede ser de marido-mujer, mujer sola, varón sólo, parejas homosexuales, etc. Por supuesto
que la condición de este clan o familia también va a tener un peso en el psiquismo del sujeto,
pero siempre será menos importante que no tener sensación de pertenencia a un clan o familia.
Actualmente las nuevas formas de familia, homosexuales, separado, adopciones de personas
sin pareja, nos colocan bajo el reto de nuevos problemas y soluciones que inciden en este
deseo.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Deseo de tener un lugar de convivencia.
La cueva, el hogar, la vivienda son necesarios para sentirnos arraigados y con un
territorio propio. Las culturas nómadas tienen también ubicado su territorio, aunque este esté
repartido en las distintas estaciones del año. No obstante su ubicación esta dentro de su tienda
de campaña o habitáculo dónde descansa y se reúnen cómo clan o familia.
Es preciso tener unos metros de seguridad dónde colocar la intimidad. Las personas que
no viven en un marco en el que encuentran un lugar de convivencia, no sienten la sensación de
pertenencia, encontrándose en numerosas ocasiones desarraigadas y desconectados de lo que
es pertinente para ellos. De tal forma, que es habitual apreciar una dificultad global en el
compromiso con las leyes sociales, y la convivencia en grupo. Todos tenemos la necesidad de
un útero en el que crecemos hasta nacer y una vivienda dónde nos refugiamos y nos
desarrollamos hasta morir.
Deseo de defensa y protección.
Si nuestros personajes referenciales básicos no nos protegen, si nuestro microcontexto no
es protector, entraremos en una carencia esencial para el psiquismo: el orden y la seguridad.
Necesitamos sentirnos seguros y protegidos ya qué nacemos prematuros y desvalidos. Cuándo
esto no sucede las consecuencias son devastadoras, ya qué el superviviente suele ser muy
agresivo, y el que no sobrevive (cómo dice la palabra) muere aunque siga con vida, ya qué
estará condenado a una vida llena de pánico y dependencia.
Por ultimo dentro de los deseos primarios hemos entendido cómo esencial el
denominado grupo de deseos de delimitación. En este grupo encontramos:
- Deseo de ser limitado.
- Deseo de autoridad desde el cariño.
- Deseo de una segunda oportunidad.
Deseo de ser limitado.
Todos necesitamos límites. Desde los primeros estudios del psiquismo Freud habló de la
necesidad de un “superyo” que frenara la tendencia al placer del “ello”. Nuestra existencia
necesita de un camino ancho pero de alguna forma limitado por lindes que debemos respetar.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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La necesidad de vivir en familia y en sociedad nos coloca en el límite de nuestro derecho para
no entrar en el límite del derecho del otro.
Los sujetos que no han tenido límites, que no han sido socializados desde estos, tienen
numerosos problemas para luego poder frustrarse y poder tener una vida interior y exterior
adecuada. El límite es el patrimonio de la motivación y de la identidad.
Deseo de autoridad desde el cariño.
Los límites deben ser trascritos por la experiencia y dentro de ella la autoridad es una
buena referencia. La persona referencial básica y la autoridad es básicamente lo mismo para el
psiquismo. Cuándo hemos sido admirados por la autoridad y esta está basada en el respeto y el
cariño, el aprendizaje se realiza desde la imitación y el mimetismo. Este aprendizaje se hace
sencillo y permite además que en un futuro si la realidad se percibe desde otra óptica pueda
cambiarse y reorganizarse. Cuándo esto es así, la admiración conduce a la motivación.
Si la autoridad esta unida al miedo y al terror por el abandono, entramos en un mundo de
rigidez, dónde se incuba el deseo de revancha y el rencor por lo que somos. Tener miedo a
tener miedo será una salida más, dónde el rencor y la revancha se convierten en depresión y
rabia hacía uno mismo.
“La autoridad es al cariño lo que el destino es al pasado”.
Deseo de una segunda oportunidad.
Todos necesitamos que la vida no se componga de una sola oportunidad, todos podemos
equivocarnos, el ensayo y error es una de las bases fundamentales del aprendizaje. Cuándo no
tenemos una segunda oportunidad, no tenemos admiración incondicional, autoridad con cariño,
familia, ni lugar de convivencia. Si no hay segunda oportunidad todo se desmorona, aparece la
angustia anticipatoria, nos jugamos todo a una carta, en cada momento vivimos cómo si nos
jugáramos la vida y el ser.
“Cuándo no nos permiten la equivocación vivimos en la confusión y el caos”.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Deseos Primarios Endógenos o Enmarcadores
Este tipo de deseos los podemos definir cómo propios del sujeto, es decir son
necesidades o deseos que están enmarcados en la personalidad y las características
individuales del sujeto. El deseo central, los deseos primarios o secundarios son deseos ceñidos
al contexto y por tanto de alguna forma impuestos. A estos deseos exógenos el sujeto se
encuentra fijado desde la convivencia y el vínculo natural con las figuras referenciales. Sin
embargo, los deseos endógenos o enmarcadores son fruto de las necesidades personales del
sujeto a las cuáles también se encuentra fijado, pero ya no por la relación con el exterior, sino
por su idiosincrasia. La posibilidad de realizar estos deseos depende de la capacidad de
metabolizar sus pulsiones, así cómo de un aparato psíquico que pueda adaptarse a su entorno
(J. I. Fernández, 2004).
Deseos de incorporación.
Esta primera categorización de deseos es una constante en el ser humano, de tal
manera qué los deseos de incorporación están muy ceñidos a los primeros momentos del
existir, la incorporación de comida y afecto son dos piezas fundamentales para seguir vivos.
Aquellos bebés que se niegan o tienen problemas en la incorporación de alimento o afecto
tienen secuelas irreversibles posteriormente (Spitz, 1950).
El deseo de incorporación nutre al ser humano de la suficiente motivación para
enfrentarse y crecer. La incorporación de los opuestos es necesaria para poder avanzar.
Tenemos que incorporar la enfermedad tanto cómo la salud, para incorporar el descanso
debemos admitir el cansancio, y así con todos los opuestos propios de nuestro hemisferio
izquierdo. Incorporar necesita de asimilar y acomodar, propios de la adaptación.
Asimilando somos capaces de hacer propio parte del exterior, acomodarse implica
cambiar parte de nosotros para qué aquello que asimilamos pueda ser metabolizado. Incorporar
es la única vía para crecer, es necesario para socializarnos y para madurar. Uno de los deseos
de incorporación más importante es el de poder incorporar un abanico amplio de sentimientos y
emociones; cuándo algunas de estas emociones no somos capaces de incorporarlas es posible
que el deseo carencial de esta emoción se traduzca en alguna manifestación patológica. Hay
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microcontextos que no aprueban ciertas emociones, las niegan o las prohíben. El sujeto queda
atrapado en un deseo carencial sin salida, siendo uno de los elementos fundamentales de la
patología humana.
De igual forma ocurre con la necesaria satisfacción de impulsos biopsicosociales tal
cómo la alimentación, el sexo, la compañía, la aceptación social etc. Poder incorporar estos
deseos y poder representarlos cómo satisfechos es pieza esencial para el equilibrio del ser
humano.
Deseo de retención.
El ser humano tiene que retener y contener múltiples cualidades tanto personales cómo
interpersonales. La primera y fundamental es su sensación de sí mismo, permanecer por
muchos cambios que se produzcan con una percepción de uno mismo cómo distinto a los
demás es pieza fundamental para el equilibrio psíquico y de la misma forma social. Imaginemos
todo lo que hemos cambiado desde que éramos bebés hasta nuestro momento actual, sin
embargo, seguimos teniendo desde entonces una sensación y una percepción de nosotros
cómo un ser con la misma identidad.
Tal cómo explica magistralmente el profesor Francisco J. Rubia, y ya hemos referido en
apartados anteriores, en el lóbulo parietal inferior, sobre todo el izquierdo, está el área
asociativa de las áreas asociativas, lugar de nuestro cerebro al que le atribuimos la capacidad
de controlar nuestra vida mental. Ahora bien, esta capacidad de control es una falacia, ya qué
realmente lo que hace este módulo es interpretar, es decir, es un especialista qué explica
aquello que no esta bajo control, en definitiva da sentido comprensible para nuestro mundo
interior a muchos procesos inconscientes o no advertidos.
Esta capacidad de retener una identidad y un sentido es fundamental, pero también es
fundamental que se retenga información, y además que se retenga de forma qué no dañe el
ecosistema, así cómo la retención de afectos y sentimientos, cuándo no de propiedades que
rellenen las carencias en todo lo demás. Los sentidos no existen para reflejar la realidad
exterior, eso lo hace nuestro cerebro desde el módulo intérprete, los sentidos están para la
preservación de la especie. El hemisferio izquierdo cuándo no conoce la información que
maneja su homólogo hemisferio derecho, crea información que rellena de forma plausible. Esta
información no es tan fiel cómo la realidad, pero es necesaria para sobrevivir.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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“Para sobrevivir, al cerebro le es mejor tener una información completa, aunque sea
en parte falsa, que no tener información”.
Los axones que quedan intactos y bordean a una sinapsis dañada se ramifican de
nuevo para ocupar el lugar sináptico que queda libre, aunque es indudable que está
información que llega por los nuevos axones es completamente distinta a la qué llegaba antes
por lo axones que ahora están lesionados.
Lo importante para el cerebro es que la información no falte, aunque parte de ella no
sea exacta. Para el cerebro la información falsa es mejor que ninguna. El cerebro va integrando
la relación con el exterior, va prescindiendo del entorno y se fía más de sí mismo que del
mundo que le rodea. Cuándo se ejercitan con el pensamiento y la imaginación movimientos o
tareas (deporte, estudios), después se realizan mejor.
Reprogramamos los movimientos y después los hacemos mejor. El hipocampo recibe
aferencias del interior del organismo y de los órganos de los sentidos, por lo tanto puede
comparar y en muchos casos puede no diferenciar. De hecho Francisco J. Rubia se pregunta si
el hipocampo no será el órgano de la individualidad.
Por tanto, la retención está muy supeditada a los esquemas emocionales ya
impregnados desde muy corta edad en estas estructuras. El conflicto deja una memoria y una
forma de representarse la vida y la realidad, posteriormente lo que vivimos, incluso la forma de
relacionar las cosas está ligada a estas representaciones.
Retenemos aquello que podemos soportar; la salvedad es que si no podemos retener
aquello que es realmente vital para nuestro sistema emocional, estamos en déficit con nuestro
sistema de representación de tal manera qué volvemos a tener una carencia, en este caso en el
deseo de retención.
Deseo de eliminación.
Es un deseo o necesidad crucial para poder evolucionar, el ser humano sólo crece
cuándo puede abandonar. Cada vez que tomamos una decisión, elegimos, pero a la vez
dejamos de lado varias opciones. En cada decisión encontramos una pérdida, y en cada pérdida
colocamos nuestro avance.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Son muchos los inconvenientes que se pueden apreciar en aquellas personas que no
pueden separarse o desprenderse. Cuándo lo tenemos resuelto y podemos realizar el deseo de
eliminación, somos capaces de separarnos de nuestros traumas infantiles y además podemos
apreciar que con el cambio se vive de otra forma, desde otra visión.
La división de la realidad en términos contrapuestos: blanco y negro, arriba y abajo,
masculino y femenino etc., es fruto de la actividad de una parte de nuestro cerebro: Hemisferio
dominante. La naturaleza siempre construye sobre lo ya existente, cada vez que aparece una
nueva función, lo hace basándose en funciones anteriores, y por tanto sobre estructuras ya
existentes. Para poder eliminar tenemos que aprender a negar, conservar y elaborar a un nivel
superior. La naturaleza rara vez crea algo completamente nuevo. El proceso de selección
natural hace que se construya sobre lo ya existente. De forma qué al surgir una nueva
estructura qué conlleva una función novedosa, lo hace sobre otra ya existente y más primitiva.
Esto quiere decir que la antigua queda inhibida, sin ser eliminada, está ahí, latente y sólo se
desinhibe en circunstancias determinadas cómo en las de peligro o carencia.
Por lo tanto, eliminar no significa desintegrar, significa superponer sobre lo ya
existente, manteniendo la esencia de lo anterior, aunque superándolo desde el presente y la
nueva realidad. La realización del deseo de eliminación está muy vinculada a la posibilidad de
poder terminar tareas o terminar etapas y, de esta manera, comenzar otras.
Deseos secundarios
Tal cómo ya hemos referido, los deseos secundarios son deseos que se originan en
relación con algunas carencias en los deseos primarios. Son, en este caso, deseos no necesarios
para la supervivencia, aunque sí tienen un valor de compensación, en algunos casos enfermiza,
en el sujeto. De esta manera, cuándo alguno de estos deseos no se realizan el sujeto entra en
un estado de alarma, semejante al de otros deseos realmente importantes para su existencia,
ya qué para él la realización de ese deseo tiene un papel fundamental (aunque realmente para
el resto de los mortales no tenga importancia o incluso sea impropio).
Voy a exponer cuatro de los más reflejados en mi contacto con pacientes, aunque hay
muchos más que podemos identificar.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Deseos narcisistas (Hugo Bleichmar)
Para Hugo Bleichmar hay una serie de deseos que representan conflictos con el YO y el
AUTOCONCEPTO. Las personas que necesitan realizar estos deseos son personas que de alguna
forma tienen en su estructura yoica bastantes fisuras, que sólo se permeabilizan cuándo
realizan estos deseos.
Es cómo hemos dicho anteriormente: una forma de compensar una carencia sobre un
deseo primario o enmarcador. El sujeto mientras está inmerso en sus necesidades narcisistas
despeja la atención de otras necesidades esenciales.
El tratamiento de estos sujetos pasa numerosas veces por una primera exposición con la
depresión, ya qué en ese momento tocan su realidad y, a partir de ahí, pueden generar una
estructura yoica más emocional y, de esta forma, comienzan a enfrentarse con sus verdaderos
conflictos.
Con la TIR y con las estrategias de intervención que exponemos en capítulos posteriores
el sujeto no tiene que sufrir la agonía qué sufre con otros modelos en este proceso de
aceptación y realización.
Deseos relacionados con el bienestar del referente
El sujeto sólo se siente capaz de realizar sus deseos cuándo su referente realiza los suyos.
Este deseo si no puede realizarse a nivel al menos ideativo produce numerosos sentimientos de
culpa y de desesperanza, provocando en numerosas ocasiones sintomatología obsesiva y
síntomas autopunitivos. Estos mecanismos son elementos de compensación de la culpa. Es
normal en estos casos encontrar sujetos que son sólo felices cuándo el referente es feliz,
sintiéndose ellos responsables de la infelicidad del otro.
La culpa, la inseguridad, la simbiosis, la agorafobia y muchas otras expresiones son
propias de estos sujetos, que no tienen vida propia ya qué están ceñidos a la necesidad de su
referente.
Deseos de adquisición mágica.
La magia y la ilusión son necesarias en nuestra vida, nuestro hemisferio izquierdo está
diseñado para admitir la magia y la ilusión, permite que en nuestro hemisferio derecho se creen
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
ilusiones y mundos no reales. Pero tener cómo motivo de nuestra vida la magia nos separa
tanto de la realidad, que tenemos que estar en un continuo limbo habitualmente sumergido de
mentira y ocultación.
Las personas que necesitan adquirir sus deseos y realizarlos por caminos de la magia y
de la ilusión, son en numerosas ocasiones ilusos y, frecuentemente, “agresivos pasivos”.
El regalo también hay que trabajarle ya qué, cómo todos sabemos, por mucho que nos duela
“los reyes magos no siempre llegan a tiempo”.
Deseos de hedonismo constante.
El placer no puede ser constante, va contra natura. El crecimiento va unido a la
necesidad de admitir el dolor. No podemos estar sólo en el extremo del placer, tenemos que
admitir su antagonista. Cuándo las personas sólo permiten el placer en sus vidas entran en una
especie de “diabetes miellitus” vivencial nefasta para su ecosistema.
En la última parte del siglo XX y en el siglo XXI, vivimos muy cercanos a la constante
búsqueda del hedonismo permanente. Este deseo no está enmarcado en arquetipos
antropológicos, es de nueva creación y por lo tanto es causante de muchas de las
canalizaciones de nuestros conflictos en la actualidad.
El masoquista siente placer con el dolor, la persona equilibrada sabe que el placer y el
dolor son las dos caras de la misma moneda: su vida.
En el capítulo 4º voy a desarrollar la intervención con Terapia de Interacción Recíproca
en el miedo a tener miedo. Los resultados son extraordinarios, y creemos que estos se deben,
entre otras cosas, a lo que hemos aprendido de los modelos anteriores, ya qué no sólo nos
hemos dado cuenta de lo que funciona para el paciente, sino también de aquello que no sirve.
Voy a desarrollar todo el proceso de tal forma qué se entienda lo que hay que realizar en el
desarrollo del cambio cuándo se produce dentro de un marco de psicoterapia, pero a la vez
intentaré desarrollar el modelo, si se quiere hacer cómo un proceso de autoayuda.
Mi experiencia me indica qué la mayoría de los casos a los que nos dirigimos con este
libro, son suficientemente complicados cómo para necesitar un tratamiento profesional con
experiencia, pero también sé que puede que tu caso sea de esos en los que ya hayas intentado
de todo, estás harto/a de gastarte dinero y sobre todo de frustrarte en el intento; por lo tanto ,
y sabiendo que esto es habitual, voy a desarrollar el proceso para qué puedas hacerlo por ti
sólo, de esta forma estoy seguro de que según vayas avanzando podrías darte cuenta de que te
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
funciona, y quizás ese sea el momento en el que decidas, ahora con más entusiasmo, ponerte a
trabajar con un especialista en nuestro modelo. Por lo tanto: ¡manos a la obra!
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
CAPÍTULO 4.- MANOS A LA OBRA: LA SALIDA DEL TÚNEL
Psicoterapia, o el arte del permanente diálogo con
nuestra biografía.
Me gusta definir psicoterapia cómo “el arte que consigue hacer consciente lo que ocurre
en ese permanente diálogo que mantenemos con nuestra biografía”. De tal manera qué la
enfermedad y por supuesto, la salud, hay que contemplarlas en función de la trayectoria de
toda una vida. En particular, tu vida.
Tal cómo te he mencionado en el apartado anterior, estoy convencido, y nuestra
investigación así cómo la de numerosos colegas lo confirma, tenemos una serie de afectos que
son esenciales para la supervivencia cómo mamífero. Estos afectos terminan siendo inductores
de seguridad en nuestro sistema emocional cuándo los hemos conseguido realizar, y si no es
así articulan una serie de cambios neuroquímicos y, posteriormente, fisiológicos y conductuales
para poder realizarlos. Sabemos que quienes no han podido realizar estas necesidades básicas
están envueltos en un permanente estado de carencia, y la propia inercia del intento de
conseguirlos puede incluso expresarse en forma de síntoma, síndrome y si no se realizan, la
sensación de muerte afectiva. A estas necesidades básicas las hemos denominados deseos
básicos, y cómo ya conoces, algunos de ellos tenemos la obligación de realizarlos con nuestras
personas referenciales (referentes básicos) y otros ya desde nuestra herencia, no sólo genética,
están en nuestros códigos de supervivencia.
Las manifestaciones de cualquiera de estos deseos básicos no realizados, pueden
canalizarse por ocho canales distintos de expresión: emocional, motivacional, cognitivo,
interpersonal, conductual, psicológico, psicosomático y orgánico. Por lo tanto cuándo un
paciente acude a nuestros centros clínicos, se le pregunta, se le escucha y se le analizan todos
ellos, ya qué en conjunto nos indican, en sus expresiones, los posibles deseos básicos que no
se han podido realizar.
Aquello que el paciente nos trae cómo motivo de consulta es muy importante, ya qué
no deja de ser una expresión emergente del conflicto básico, en el que encontraremos algunos
deseos no realizados y un conjunto de esquemas emocionales (emoción, motivación, cognición)
con los que el paciente convive. Frecuentemente es precisamente indagando en el motivo de
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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consulta cómo podremos realizar todo el entramado de vínculos que el paciente tiene en su
psiquismo, algunos de estos serán fundamentales para su equilibrio y otros serán los causantes
de su estado actual.
Todo este proceso necesita de una comprensión de la enfermedad y la salud cómo una
consecuencia de la trayectoria vital de cada persona, siendo importante tanto los aprendizajes
primeros cómo los últimos, sólo que en los primeros se forjaron elementos muy relevantes para
la personalidad cómo: los apegos establecidos, la forma cómo fue contenido, y por supuesto,
los límites que forman nuestra realidad, y aunque haya muchas otras, la realidad tal cuál la vive
el paciente es lo importante en este proceso.
Un cuestionario utilizado en nuestro análisis del paciente, es el C.H.S.V. (Cuestionario
en Hipnosis de Situaciones o Sucesos Vitales (C.H.S.V. R. Aguado 2004), anteriormente
Protocolo de Acontecimientos Valiosos (P.A.V. R. Aguado 1999) con el que conseguimos
conectar con la amalgama de situaciones y de memorias que están asociadas al motivo de
consulta. Es cómo si con este cuestionario pudiéramos dibujar el mapa del conflicto y por lo
tanto de la solución. Cómo también sabes, lo importante en el proceso de enfermar es cómo
vivimos las memorias, que cuándo algo se conecta con ellas, aquello que aconteció, se vive con
el mismo programa emocional que quedó acuñado, y por lo tanto es fácil que se viva en la
lógica global cómo que sigue ocurriendo en este momento. Averiguar el tipo de procesamiento
y qué experiencia emocional se está produciendo, nos ayuda a saber cuál es la experiencia
emocional correctora (Alexander) que podrá dirigirnos hacía la consolidación de una nueva
memoria ante la situación, la cuál consiga un nuevo significado y a la vez una forma de encajar
el presente más adaptado. Cuándo esto sucede, la experiencia vivida tiene cómo consecuencia
una reorganización global, de tal forma qué el paciente es capaz de simbolizar y organizar la
experiencia emocional nueva en términos de una nueva vivencia de aquello que aconteció. Te
puedo asegurar que cuándo consigues este cambio, no sólo dejas de tener miedo a tener
miedo, sino que descubres en ti numerosas áreas desconocidas hasta ese momento, que te
hacen ser más capaz y a la vez más tú mismo.
En el nombre que hemos dado a nuestro cuestionario aparece el termino hipnosis, y
cómo ya te informamos más adelante, el motivo por el que utilizamos la hipnosis clínica en este
estado mental es porque conseguimos una verdadera conexión con memorias muy alejadas de
nuestro cerebro cognitivo, y a la vez se puede nivelar la expresión neuroquímica, siendo mucho
más fácil y rápido (de aquí, Psicoterapia de Tiempo Limitado) el cambio terapéutico. Si no
utilizamos el estado hipnótico tendremos la barrera cognitiva una y otra vez cómo neutralizador
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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de la experiencia emocional, siendo más largo en el tiempo, y mucho menos cercano a la forma
de procesar nuestro cerebro. La razón inventa para no entrar en pánico, y esto es bueno
cuándo estamos en la vida cotidiana, pero sí estamos en una consulta o queremos resolver un
conflicto psicológico, no es cuestión de paños calientes, tenemos que intervenir y cambiar
memorias para poder seguir adelante. Una definición del estado hipnótico que te ayudará a
saber más sobre esta desconocida, y mal utilizada herramienta, es: “La hipnosis es un estado
mental en el que predomina la función del hemisferio no dominante (hemisferio derecho en
diestros). En este estado mental se establece una empatía singular y adecuada para la terapia,
con la qué es más probable la expresión emocional, la neutralización de los juicios de valor y
creencias actuales, además de favorecer la evocación del pasado. Dependiendo de la dirección
de las sugestiones, se articula la activación del sistema nervioso autónomo, tanto en su rama
simpática cómo parasimpática, amén de muchas otras funciones psicofisiológicas” (Roberto
Aguado, 2001).
No obstante, no te preocupes si te encuentras en una situación en la qué no te vas a
poner en manos de un profesional de la psicoterapia o la psicología clínica. Este estado alterado
de conciencia qué necesitamos puedes conseguirlo si eres capaz de relajarte y dejarte llevar por
tu imaginación.
Este cuestionario (C.H.S.V.) va revisando los acontecimientos más significativos y la
forma cómo el sujeto los vive hoy, tanto en su esfera emocional cómo cognitiva. Este protocolo
de acontecimientos valiosos se realizará de forma semejante a una regresión desde el momento
actual hasta el momento histórico del sujeto que creamos necesario explorar. Así, y una vez
que el sujeto está en estado hipnótico, le decimos que imagine delante de él una pantalla en la
qué irán apareciendo los distintos momentos vividos del motivo que nos trae a consulta, en
nuestro caso los ataques de pánico, la evitación de situaciones o cualquier otro. Es importante
que el motivo de consulta sea el reactivo que nos sirva de guión para poder componer todo el
mosaico de acontecimientos y emociones que el sujeto tiene grabado y de esta manera
elaboran su día a día.
Es conveniente que comencemos desde el presente hacía el pasado, de tal forma qué
en un primer momento le podemos indicar que cuándo contemos de 3 a 1 y digamos la palabra
“dentro”, aparecerán de forma súbita todas las secuencias (visuales, sonoras, táctiles) que
tiene grabadas sobre el último ataque de pánico que ha padecido, también servirá la ultima vez
que tuvo que evitar una situación si los ataques de pánico hace mucho que no se dan. Es
importante añadir en la inducción que aquello que aparezca pueda ser contemplado, aunque no
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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tenga nada qué ver con aquello que el sujeto tiene grabado en su memoria más consciente, e
incluso si lo que aparece es una secuencia qué aparentemente no tiene nada qué ver con la
aparición del último ataque de pánico, o la ultima vez que se evitó una situación por miedo a
qué sucediera el ataque de ansiedad, también se debe permitir y recrearse en ello lo máximo.
Por lo tanto no tiene porque conectarse con lo que creemos importante desde nuestra parte
consciente o intelectual, todo lo que aparezca será información que tendremos en cuenta y que
nos servirá. Si no encontramos en el proceso ningún lazo de unión con la situación de ataque
de pánico, posteriormente se vuelve a intentar hasta conseguir que podamos estar cómo un
observador delante de la situación en la qué ocurrió.
Una vez que el sujeto nos indica qué esta observando algún acontecimiento del último
ataque de pánico, le vamos preguntando y guiando sobre sus sensaciones, emociones,
pensamientos y deseos en ese momento que está viviendo, implicándole en los detalles y
aquellos nuevos aspectos de los que ahora se esta dando cuenta y que en ese momento
pasaron desapercibidos. El sujeto sabe en todo momento que se encuentra con nosotros en la
consulta, y que todo lo que aparece en la pantalla no está ocurriendo en este momento. Si lo
estás realizando a solas, también sabes que este trabajo no tiene nada qué ver con la realidad,
es simplemente tu imaginación y tú. Además tampoco nos interesa demasiado que aquello que
relata sea la fiel realidad, sólo nos interesa esta información cómo la realidad que él vivió y
sobre todo cómo realidad que tiene grabada en su memoria.
Es posible que algunos sujetos no tengan especialmente desarrollado el sistema de
representación visual; si el sujeto es más auditivo o cenestésico, probablemente nos comente
que no ve nada. En ese caso debemos referirle no a imágenes que se ven en una pantalla, sino
a sonidos que puede escuchar o sensaciones que puede sentir si es más cenestésico. En
cualquier caso le solicitamos que nos comunique los acontecimientos, sensaciones y la
globalidad emocional que aparecen en su mente por muy vagos que sean en este momento, así
cómo todo aquello que percibe desde todos los demás sentidos. Nos interesa sobremanera la
sensación que tiene en este momento ante lo que está viviendo.
Cuándo el sujeto haya finalizado con la situación que estaba viviendo, pasaremos a otra
qué tenga qué ver con la semana anterior, siguiendo el mismo guión; posteriormente
indagaremos los meses anteriores, para pasar al final de esa sesión o en sesiones posteriores a
los años anteriores, hasta llegar al momento de su vida en el que ocurrió el primer ataque de
ansiedad, o la primera vez que tuvo que huir o evitar un acontecimiento por miedo a qué
pudiera tener una crisis.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Personalmente, aunque no se tiene que hacer siempre así, los momentos que evalúo
son:
Último ataque de pánico o evitación.
Penúltimo.
Aquel que ocurrió hace meses.
Ocurrió hace un año.
Ocurrió años anteriores de dos en dos años.
Primer ataque de pánico que ocurrió en su vida.
Si el paciente lo consigue, momento de su nacimiento (parto).
De esta forma, según retrocedemos en el tiempo, en la pantalla irán apareciendo
percepciones, en ocasiones visuales y por tanto habrá imágenes, pero en otras ocasiones serán
percepciones auditivas: sonidos, voces; en otras cutáneas o táctiles. Informaremos al sujeto de
que la pantalla no sólo tiene capacidad de proyectar imágenes visuales, podrá proyectar
cualquier sensación o percepción. Es interesante mencionar que según retrocedemos en el
tiempo es natural que el sistema de representación del sujeto cambie, de esta forma en un
principio puede que sea visual y vaya posteriormente siendo auditivo o táctil. Todos estos
cambios son naturales y además son indicadores de una buena realización de la técnica. No
obstante si el sujeto siempre es cenestésico o auditivo, eso no indica qué se esté haciendo mal.
El evaluador no tendrá sólo en cuenta la información verbal del sujeto, tiene que
prestar atención a todo lo que vaya sucediendo en el rostro del sujeto, así cómo en el cambio
de color de la piel, tensión muscular, postura y demás signos de comunicación no verbal. Esta
información será para nosotros tan valiosa cómo la verbal (a veces más).
Por supuesto que podemos realizar este C.H.S.V. evaluando sólo momentos que
creamos que son esenciales en el sujeto, es decir, llevando al sujeto a fechas concretas. En
este caso podemos cometer el error de no explorar partes de la vida del sujeto dónde estén
escondidos sucesos esenciales en la formación de sus esquemas emocionales y a la vez de los
conflictos del sujeto. Es habitual que si sólo nos hacemos eco de los acontecimientos para el
sujeto negativos en estado de vigilia puedan pasar desapercibidos acontecimientos vitales.
En realidad, lo que va a ocurrir con esta práctica es: primero, descubrir las memorias
que están asociadas al miedo a tener miedo, y después los acontecimientos que nos traducen
los deseos básicos que el paciente no ha podido realizar. Con este cuestionario vamos tejiendo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
todo un patrón de acción-reacción del paciente, dónde nos damos perfectamente cuenta de los
programas emocionales que engatilla en las situaciones de miedo, y sobre todo nos damos
cuenta de sus carencias y sus incapacidades. Toda esta información será esencial para el
posterior momento de cambio terapéutico. Para la Terapia de Interacción Recíproca es muy
importante poder localizar los momentos concretos dónde el sujeto adquirió sus esquemas
emocionales, así cómo esos momentos dónde advirtió algún tipo de negatividad en la persona
referencial básica. Posteriormente, esta información se vuelve a presentar en situaciones
semejantes dónde el sujeto pueda modificar estos esquemas emocionales no adaptativos, e
incluso pueda lograr percibir un signo positivo de su nueva persona referencial básica, en este
caso su terapeuta, ante idéntica situación, en la qué normalmente ha cambiado su forma de
actuar, pensar o percibir, así cómo también pudiera haber cambiado la propia percepción de la
persona referencial básica primaria.
Con estas sesiones evaluativas o de recogida de información, el sujeto realiza una
segunda vivencia de su conflicto, aunque en este caso lo vive cómo un observador y por lo
tanto desde otra perspectiva. Esta vez va a ser consciente él mismo de la relación entre la
forma de interpretar la realidad (significado que da a los acontecimientos) y su estado
emocional y afectivo. Hay que tener en cuenta de que el sujeto en estado hipnótico revive los
acontecimientos en un estado de calma y compañía, y desde un punto de vista de observador,
de espectador, separándose por tanto de las emociones y no dejándose envolver por estas.
Este mismo cuestionario de sucesos vitales puede realizarse con otros simbolismos
(propios de la lógica emocional y del cerebro más simbólico no dominante) que no sea el de
una pantalla dónde se proyectan los distintos sucesos. Una de las alternativas es que el sujeto
se encuentre en un pasillo dónde a lo largo de éste haya puertas a ambos lados; cada puerta es
un acontecimiento vital para el inconsciente del sujeto. Según vaya entrando en cada una de
las puertas podrá ir viviendo lo que en ese momento aconteció. Esta forma de realizar este
cuestionario tiene un cambio significativo: el sujeto elige los acontecimientos vitales por orden
de importancia para él. Quiero decir que en la primera puerta puede que se implique en una
situación actual o lejana en el tiempo, y en la segunda vuelva hacía atrás o hacía delante. En
este caso no le inducimos el momento histórico o temporal, le inducimos en el orden de
importancia qué para él tienen los acontecimientos en su vida.
Otra forma más, de las muchas que podemos encontrar, es que el sujeto tiene en sus
manos un álbum de fotos, en este álbum están todas las fotos de los acontecimientos que
están ligados a los ataques de pánico o los momentos que ha tenido que evitar. Irá abriendo al
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
azar por una página el álbum y allí se encontrará con un acontecimiento que revivirá
posteriormente, tal cómo hemos mencionado en la primera estrategia del C.H.S.V.
No es necesario resaltar que este procedimiento será el mismo para cualquier trastorno
psicológico, ya qué lo único que varía es el motivo de consulta qué nos sirve de reactivo del
guión vivencial del sujeto.
Creemos importante recordar que para qué el cuestionario tenga valor y continuidad de
unas sesiones a otras, debemos anclar la orden de inducción con frases cómo: “3, 2, 1,
dentro”.
En este cuestionario podemos apreciar claramente cómo fueron los acontecimientos y
las relaciones que el sujeto tuvo en su micro, meso y macrocontexto. De tal forma qué en cada
uno de estos contextos podemos apreciar tanto los esquemas emocionales aprendidos, las
referencias básicas adquiridas, cómo el trato que tuvo el paciente con las personas
significativas.
Si en este momento te preguntas cómo puedes alcanzar un estado hipnótico, lo que me
sale es dirigirte a un profesional que te pueda ayudar a llegar sin problemas ni riesgos. No
obstante, el estado que necesitamos para realizar el C.H.S.V. no es profundo, y casi siempre te
servirá con una relajación y dentro de ella una sugestión que pueda neutralizar tu actividad
cerebral racional. El estado hipnótico es seguro, no produce ningún tipo de efecto secundario
indeseable, eso sí, mal utilizado puede producir inconvenientes en tres tipos de sujetos:
aquellos que padecen un cuadro psicótico, aquellos que padecen un trastorno de la
personalidad grave, y también aquellos pacientes que están bajo el consumo de sustancias
psicotrópicas. Tampoco es conveniente hipnotizar a las personas que padecen epilepsia y
trastornos bipolares. El resto de la población no sólo no tendrá ningún problema con el estado
hipnótico sino que además se beneficiará de ello. La autohipnosis es lo único que realmente
existe, sólo que es difícil conseguir entrar en este estado por uno mismo si no se practica con
frecuencia.
Voy a enumerar los distintos mitos o conceptos erróneos que se encuentran en los
manuales o textos revisados y que se han ido popularizando desde los orígenes respecto al
estado hipnótico:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
• La hipnosis se produce por el poder mental del hipnotizador.
• Sólo se puede hipnotizar a ciertos perfiles de personalidad.
• Hipnotizarse es peligroso, o se puede tener dificultad para salir de ese estado.
• Estar hipnotizado es estar dormido, o en un estado en el que no eres consciente de
lo que está ocurriendo.
• Una vez que has sido hipnotizado, ya no puedes resistirte a las órdenes del
hipnotizador.
• Se puede hipnotizar a alguien para qué diga o haga algo en contra de su voluntad.
• Sólo pueden ser hipnotizadas las personas histéricas, débiles o poco inteligentes.
• Me pueden hipnotizar aunque yo no quiera.
• Una vez hipnotizado te vuelves dependiente de la persona qué te hipnotizó.
• Para hipnotizarse es necesario siempre un ritual de inducción.
• Hay que estar relajado, tumbado y con los ojos cerrados para poder ser
hipnotizado.
• La hipnosis es una psicoterapia por sí sola.
Todas estas creencias o mitos deben ser fulminados de inmediato para poder mantener
una mínima puesta en común. Si estos puntos no están resueltos y claros, será natural que
entremos en discusiones completamente estériles y superadas desde los círculos acreditados en
el estudio del estado hipnótico.
Lo importante en esta primera fase es conseguir que seamos capaces de conectar con
todas las memorias de las situaciones vitales, y a la vez con todos los programas emocionales
que se tienen adosados a estas, y que tienen que ver con el motivo de consulta. Autodescubrir
en nuestra biografía nos ayudará no sólo a tener otro punto de vista, también será importante
para poder cambiar las memorias que hoy nos tienen maniatados. Para qué esto sea así, mira
dentro, es ahí dónde está tu secreto, y sobre todo la solución.
Es necesario que conozcas tu historia
Conocer tu historia es conocer tus soluciones, si no puedes tener toda tu biografía en tu
mano estarás maniatado/a por lagunas e invenciones sobre tu propia esencia cómo persona. Si
haces memoria de toda tu vida y sobre todo si consigues recordar todos los momentos en los
que has tenido miedo a tener miedo, te iras sorprendiendo de la cantidad de detalles que
puedes ir incorporando en tu memoria consciente. Al principio es posible que te resistas a
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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recordar, incluso es posible que no seas capaz de acordarte, ya qué lo que has hecho hasta
este momento es intentar evitar todo lo que está relacionado con un ataque de pánico; es
normal, lo has pasado muy mal y no te gusta sentirte mal. Pero sí te posicionas cómo un
espectador que necesita visualizar, escuchar o sentir en su piel todo lo que ocurrió en su
historia, y desde ahí realizar todos los cambios que estimes oportunos, de tal manera qué, si
todo lo que aconteció sucediera hoy, desde ese nuevo conocimiento, pudieras entonces
determinar qué debería hacerse o no hacerse en estos momentos, y por consiguiente sentir un
presente marcado en la seguridad y no cómo un caldo de cultivo de ataques de pánico. Cuándo
esto sucede te vas dando cuenta de que puedes ir recordando cómo si estuvieras viendo una
película interactiva, y en mi experiencia profesional he podido comprobar que las memorias que
están más ligadas a los ataques de pánico son aquellas que tienen que ver con esos momentos
en los que con tus referentes se va fraguando una sensación de inseguridad y de amenaza, ya
qué no te han trasmitido, aunque lo hayan intentado, que tu estabas capacitado/a para
alcanzar autonomía, al igual que con otros personajes dónde se pudo grabar una vivencia de
incapacidad, o simplemente con los que pudiste obtener una sensación de abandono,
desprecio, desgarro y otras muchas sensaciones que se traducen en tu cerebro cómo estar
viviendo dentro de un marco de peligro vital. Te recuerdo que los referentes son personas o
instituciones que nos han marcado de forma directa nuestra forma de ver el mundo, han sido
los espejos dónde nos hemos mirado, y aunque es normal que los primeros referentes sean los
padres, es muy probable que no hayan sido sólo ellos los únicos que necesitan de una revisión
en este rebobinar de tu historia. En definitiva, lo que pretendo es que consigas no sólo
conocerte, sino que tengas una oportunidad de volver a vivir tu historia, y que no estés ciego
cuándo quieras mirarte. Ya sabes que para qué tú te mires bien y consigas admirarte, alguien
de tus referentes te tuvo que admirar, ya qué la admiración sólo se consigue si te miran, no se
consigue si sólo te ven, es muy distinto que te vean a qué te miren, con la mirada encuentras
momentos de contemplación; y es con esta con la qué realmente nos sentimos seguros. La
seguridad es cosa de dos, o de muchos, no conozco a nadie que pueda estar seguro de sí
mismo, si no lo estuvo en los brazos de otro. La seguridad es patrimonio donado, imposible de
obtener sin la existencia del que admiró nuestra capacidad, somos capaces porque estamos
seguros, y estamos seguros siempre que esos brazos siguen dentro de nosotros aunque el otro
no esté, ya qué nos abrigan en todo momento. Necesitas tener conexión con lo que no te gusta
y te gusta de ti, y sobre todo que sepas por qué todo eso es así en ti; es necesario para
conseguir dejar de tener miedo al miedo conocer tu historia, descubrirla te permitirá darte
cuenta de todo lo que tu cerebro ha grabado y sin embargo, no eras consciente de ello, y lo
que es mejor, también te darás cuenta del motivo por el que tenías esa ceguera.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
“No se puede ver que no se ve lo que no se ve” (Heinz von Foerster)
Colócate en esta posición cómoda de espectador, te aseguro que la experiencia te va a
gustar, de esta forma podrás abrir, por fin, una puerta hacía la seguridad, podrás cambiar lo
que te sobra, serás tú quien realmente controles, y sobre todo podrás disfrutar posteriormente
de tu presente, ya qué habrás superado tu pasado.
Para ello, sabemos desde hace mucho tiempo, y lo hemos confirmado en numerosas
ocasiones, que es mucho más fácil recordar cuándo estamos relajados o en estado hipnótico.
En este estado nuestra memoria cambia de sintonía, ya qué conecta mucho mejor con el
cerebro que tiene grabado todos los programas emocionales adosados a los sucesos
acontecidos, y además conectamos con ese disco duro, que mantiene una especie de resumen
en el que determina si nos encontramos en general bajo un momento de peligro vital o de
seguridad. Es cómo una memoria de memorias, que detecta el clima de nuestra existencia en
un plano muy básico y muy ligado a la supervivencia. En los estados alterados de conciencia es
cuándo accedemos fácilmente a la memoria de “estar allí”, memoria en la qué podemos revivir
los acontecimientos tal cómo los tenemos grabados y cómo si estuvieran ocurriendo ahora,
aunque siempre sabemos en este estado que ahora no están ocurriendo. Este tipo de memoria
es propio de los sueños cuándo estamos dormidos y también de las ensoñaciones cuándo
estamos despiertos. Además estoy seguro de que en esta parcela de memoria eres un/a
verdadero/a experto/a, ya qué precisamente, cada vez que tienes un ataque de pánico, lo que
hace tu cerebro es vivir cómo real tus fantasías sobre las posibles atrocidades que te pueden
ocurrir en aquellas situaciones que tienes asociadas y que habitualmente evitas. Quizás sea uno
de los cambios fundamentales que tendrás que realizar cuanto antes, conseguir darte cuenta de
que tienes una gran capacidad para colocar los pensamientos y la fantasía al mismo nivel que la
realidad. Cuándo evitas una situación es porque has anticipado que es una situación peligrosa,
y la vives por lo tanto cómo si fuera real; sin embargo, la realidad no es idéntica a la fantasía o
a los pensamientos. Si te digo: - piensa qué me voy a morir de un infarto – y lo piensas, no por
eso yo me voy a morir. Si tengo un lapicero en la mano y te digo que pienses que coges el
lapicero, no por eso lo coges. Para qué las cosas sean reales, además de la fantasía o el
pensamiento, tenemos que tener una intención y realizar una acción; de tal manera qué, si
después del pensamiento de coger el lapicero tienes la intención de cogerlo y la acción de
mover tu brazo hasta coger el lapicero, lo cogerás; sin embargo, por pensar en ello o fantasear
que lo coges no lo conseguirás coger. Siempre que das respuestas de evitación después de un
pensamiento o una fantasía sobre una situación, has colocado en el mismo plano la realidad
con tu pensamiento, y por consiguiente estás ratificando cómo real lo que sólo es un acto
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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cognitivo. Es bueno que te des cuenta de esta disonancia entre realidad y pensamiento. No
obstante, el motivo por el que acuden estos pensamientos a tu mente, es porque hay una
emoción –en este caso de pánico– que te inunda y te coloca dentro de un patrón de acción de
evitación. Para la emoción la realidad tal cómo la entendemos no existe, para ella la realidad es
tanto lo que pensamos, fantaseamos o vivimos, todo está en el mismo plano.
Conclusión: cuándo anticipes una situación cómo peligrosa, no luches por cambiar tu
pensamiento o tu fantasía, algo mucho más eficaz es vivir y actuar cómo si estuvieras bajo otra
emoción distinta al pánico, por ejemplo actúa cómo si estuvieras enfadado/a, sorprendido/a,
rabioso/a, seguro/a o eufórico/a. Si consigues activar alguno de los programas emocionales que
te indico, te darás cuenta de que el pánico desaparece y tu necesidad de evitar se trasforma en
gritar, enfrentarte, observar, morder… ¿Qué crees que haces en muchos momentos cuándo
tienes miedo? Comes y eso es morder ¿o no? También podrás simplemente sentarte a ver lo
que te rodea o lo que sería muy oportuno: reírte y decirte “me siento bien”.
Y ahora tú, después de leer estas últimas líneas, te dices:
- Imposible, nunca podré hacerlo.
- Y yo te digo: eso es pensar, necesito que a partir de ahora realices. Piensa en lo que
quieras, pero haz el protocolo que te indico, y luego me cuentas.
El primer pasó que vamos a dar en este camino hacía la acción incompatible con el
pánico, es poder conectar con ese lugar de nuestro cerebro dónde tenemos grabadas todas
estas memorias asociadas a una situación vital de peligro y amenaza. Para poder acceder a
estas memorias, utilizaremos cómo trasbordador el estado de relajación o hipnosis. A
continuación te voy a transcribir pasó por pasó, epígrafe por epígrafe, el proceso que llevamos
a cabo en nuestro protocolo de intervención con Terapia de Interacción Recíproca.
Comenzaremos con un ejercicio muy sencillo de relajación en el que podrás entrar en
un estado mental de calma y, con ello, podrás trasmitir a tu cerebro que estás viviendo en un
estado de seguridad, de tal forma qué, podrás acceder con más facilidad a la información
menos consciente, grabada en tu mente. Posteriormente, realizarás el C.H.S.V. y con la
información que obtengas podrás entrar en nuestro programa de intervención que tiene tres
momentos:
- Momento o fase de encuentro y marca (sería hasta la realización del
C.H.S.V.,
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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- Momento o fase de desencuadre y desplazamiento. Dónde conseguimos
una grabación emocional más adaptada y, sobre todo, le decimos al
cerebro emocional que eso que aconteció si pasara hoy tendríamos otras
formas de hacer diferentes a las que quedaron grabadas. En esta fase
realmente lo que conseguimos es una intervención quirúrgica a la memoria
emocional, que continuamente engatilla patrones emocionales que nos
hacen incapaces, y sobre todo que cortocircuita la capacidad de nuestro
cerebro intelectual para qué pueda gobernar nuestro día a día.
- Momento o fase de reestructuración y resolución. Es el momento de la
reestructuración cognitiva, aquí es cuándo nuestro cerebro intelectual
puede de nuevo intervenir sobre la emoción, y consigue engatillar otros
programas emocionales más adaptados.
El ejercicio de relajación que te propongo a continuación, o cualquier otro que con el
que puedas conseguir un estado alterado de conciencia, será el primer pasó, y para eso, lo
mejor será que te lo grabes en cualquier soporte o, mejor, que te lo grabara alguien, ya qué
sabemos que la voz de otra persona es un indicador de compañía para tu mente, y por lo tanto,
si esa persona obtiene tu confianza te inundará de seguridad. Para qué haga efecto, es
importante que el discurso sea natural, amable y se vayan diciendo las frases a un ritmo lento,
sabiendo trasmitir que te acompaña en el trayecto pero que no te estorba en él. Una vez más,
te aconsejo que ese alguien sea un profesional de la salud mental; si no puede ser, que sea
alguien que tenga toda tu confianza y te trasmita seguridad.
Tienes que saber que ser profesional de la hipnosis clínica es arduo y complicado, pero
para lo que queremos obtener en este libro, que no es otra cosa qué describirte nuestra forma
de conseguir que dejes de tener miedo a tener miedo, te indico esta inducción que, aunque
pertenece a varios autores, tal cómo te la transcribo es una versión que realicé en 1998.
Siéntate, o si quieres túmbate, es importante que no tengas frío, ni calor, también que
no tengas prisa, y sobre todo que te encuentres cómodo/a con la postura corporal que
has elegido. Respira profundamente, tienes que darte cuenta de que en la respiración
hay cuatro momentos: en el primero introduces aire, se consciente por dónde
introduces el aire, por la boca o por la nariz, y si es por la nariz, sé consciente de si
entra más aire por una u otra fosa nasal. En un segundo momento mantén el aire en los
pulmones, te das cuenta de cómo los músculos del pecho y de la espalda están tensos al
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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tener los pulmones llenos de aire; deja estar el aire un instante más y pasa al tercer
momento, dónde lo expulsas por la boca lentamente, muy despacio, hasta qué ya no
tengas en los pulmones. Vacía bien tus pulmones, y nota cómo la tensión de los
músculos del pecho y la espalda es menor, nota cómo estos músculos se alisan, se
calman, se distienden, se hacen blandos, relajados, tranquilos, sosegados y eso a ti te
gusta, te agrada y te hace sentirte bien. Y ahora te encuentras en el cuarto momento,
dónde de nuevo esperas un instante hasta qué vuelves a introducir el aire, esta vez por
la nariz, y te das cuenta de la temperatura qué tiene el aire cuándo entra por la nariz, y
así seguirás dándote cuenta, si la temperatura del aire que expulsas es distinta a la
temperatura del aire que introduces.
Es todo un proceso en el que introduces lo que te hace falta, y expulsas lo que te sobra,
lo que ya no te sirve, sin prisas, despacio, y de esta forma te abres al mundo cada vez
que expulsas y te cierras en ti cada vez que introduces, cómo si vienes y vas, al ritmo de
tu respiración, te acercas y te alejas, te sientes y dejas de sentir, poco a poco, pasó a
pasó, lentamente.
“Ahora voy a indicarte qué debes hacer. Te resultará muy fácil. Debes saber que nada
va a cambiar para ti. No sentirás nada en particular. La única diferencia será que,
dentro de un momento, vas a estar más relajado que ahora. Respira profundamente.
Siente una sensación de calor muy agradable en el cuello y los hombros, en esta zona
pondrás cómo una barrera al calor, el calor bajará desde el cuello hacía los pies. La
cabeza siempre estará fría.
Ahora imagínate que te encuentras delante de una escalera de 20 peldaños... En
este momento te encuentras delante del peldaño 20, y tienes que bajar hasta el peldaño
1. En el peldaño 1 sentirás un tremendo deseo de dormir, es tu estancia del sueño,
dónde estarás siempre que entres en un sueño dulce y profundo, todas las noches, o en
todas tus siestas, o en esos viajes en autobús, cuándo entres en sueño te encontrarás en
el escalón 1, aunque no hayas sido consciente hasta ahora... hoy sí lo serás. Baja del
peldaño 20 al 19... Siente una sensación de bajada... tu tensión muscular baja... tus ojos
están más cansados... baja del 19 al 18... Y del 18 al 17... y estás sintiendo un
cansancio especial en todo tu cuerpo... respira profundamente, siente una sensación de
tranquilidad... de distensión... de calma... y eso te gusta, eso te agrada y te hace sentirte
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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bien.. Baja del 17 al 16... Del 16 al 15... Y del 15 al 14... Cada vez más relajado... más
tranquilo... más distendido... del 14 al 13... Del 13 al 12... Y te sientes a gusto, muy a
gusto... baja del 12 al 11... Y del 11 al 10... Estás diez veces más profundaaaaamente
relajado... diez veces más profundaaaaamente dormido... diez veces más profundamente
calmado... y baja del 10 al 9... Y del 9 al 8... Más relajado... mi voz te resulta más
audible... mi voz está más cerca... y tu más lejos... despreocupado/a... con una
sensación de profundidad... cómo si tu cuerpo penetrara cada vez más en el sillón... del
8 al 7... Del 7 al 6... Más profundamente relajado/a... gozando de una relajación
extraordinaria...cerca del sueño... perfectamente a gusto... se acentúa la sensación de
distensión y de tranquilidad... del 6 al 5... Y del 5 al 4... estás cerca del escalón 1,
pronto entrarás en ese sueño que tanto deseas... aflorará en tu memoria... tal vez
repentinamente o más bien lentamente... qué importa...sólo sientes que tienes mucha
pesadez en tu cuerpo...en tu mente... en tu pensamiento... y bajas del 4 al 3... Estás
disfrutando de una sensación agradable... que quizás no esperabas... una sensación que
te hace sentirte cada vez mejor... y baja del 3 al 2... Y baja del 2 al 1... Estás en el
escalón 1, tu conciencia está intacta... y entra en un sueño profundo... duermes... sientes
ese sueño... y te dejas llevar... disfruta... duerme... profunda---mente... profunda---
mente...” hasta qué puedas observar delante de ti una pantalla gigante en la qué
simplemente puedes proyectar todo lo que aparece en tu mente. Es una pantalla
especial, ya qué puedes ver imágenes, pero también es posible que sólo escuches
aquello que está ocurriendo, o puedas sentir en tu cuerpo sensaciones, lo que vives en
esta situación; a veces ves, otras escuchas, en otras sientes, en muchas ves y sientes, o
escuchas y ves. Es también posible que puedas ver, escuchar y sentir a la vez, lo
importante es que te dejes llevar y así percibir los máximos detalles.
La primera de las secuencias con la qué vas a contactar cuándo yo te cuente tres y diga
la palabra “dentro”, será la última vez que sentiste todo eso que te ocurre cuándo vives
un ataque de pánico o en su caso la última vez que has tenido que evitar alguna
situación por temor a qué se diera una nueva crisis. Te sientes tranquilo/a, profundiza
en tu estado, 3 ,2 ,1 dentro: Estás cómo un espectador y en la pantalla comienza a
reproducirse todo lo que te está ocurriendo en esta última ocasión, si en algún
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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momento tienes que acercar el objetivo, si quieres ver algo más de cerca no tienes nada
más que imaginarlo, si por el contrario quieres retirarte también puedes hacerlo,
observa todo lo que acontece, lo que piensas, sientes. Observa todo lo que ocurre en tu
entorno, si hay alguien cerca de ti, métete en su pensamiento, descubre cómo puedes
conectar con todo lo que rodea, haz una especie de plano de arriba a bajo, cómo si
estuvieras ahora observando la situación desde muy alto, vas bajando, observa si algo
cambia qué antes no hubieras advertido. Ahora haz lo mismo desde tu espalda,
observas todo lo que ocurre desde tu espalda, y ahora observas tu cara, mirando tus
ojos, y cómo si te metieras dentro de ti a través de tus ojos, comienzas a conectar con
una crisis de hace una semana, y haces otro recorrido similar cómo si quisieras
descubrir y grabar todo lo que sucede en ese momento, y cuándo vuelvas a mirar tu
cara, en ese momento, te vuelves a meter dentro y viajas hasta un ataque de pánico de
hace un mes, y después de hace seis meses, y así viaja dentro de ti, cómo si fueras una
de esas figuras que dentro de ella tiene otra, hasta qué llegues a tu primer ataque de
pánico. Pero no te quedes ahí, sigue profundizando dentro hasta qué conectes con
situaciones mucho más atrás en las que tuvieras sensación de amenaza, incapacidad,
inseguridad, hasta llegar al verdadero principio, dónde nace este estado permanente de
inseguridad, aunque estuviera escondido, cómo incubándose, te das cuenta de todo, de
todos los personajes que han invertido en tus ataques de pánico, de todo lo que ha
podido suceder en tu vida qué tenga qué ver con esta vivencia de peligro vital, y lo
miras cómo un espectador, y tomas nota y vas conectando, desde todos los planos, te
vas descubriendo, te estas encontrando, te estas conociendo, cada vez más, y tomas
nota, cómo un reportero, y ahora descansa, pon toda esa información en orden, y
mientras lo haces, descansa… descansa… unos minutos… y cuándo habrás los ojos,
pregúntate:
- ¿Cuándo ha comenzado realmente mi miedo a tener miedo?
- ¿Qué diferencias hay entre el primero y el último ataque de pánico?
- ¿Qué personas me han ayudado en todo este tiempo?
- ¿De quién dependo?
- ¿A qué tengo miedo realmente?
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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- ¿Qué pasaría si no tuviera miedo a tener miedo? ¿Qué tendría qué cambiar
en mi vida?
- ¿Qué acontecimientos están envueltos de este estado de pánico?
- ¿De niño ya me ocurrían cosas semejantes?
- ¿Cómo he sentido que me trataban mis referentes?
- ¿Qué situaciones de amenaza he vivido realmente?
Todas estas preguntas debes hacértelas cada vez que hagas un ejercicio cómo este;
notarás, cómo de nuevo puedes cerrar los ojos y comenzar a sentir, ver o escuchar de forma
automática, cómo si tu mente contestara con sensaciones y a través de tu imaginación, todas
estas cuestiones.
Para qué tengas una visión más exacta de cómo debes realizar esta primera etapa del
programa de intervención, te trascribo un ejemplo de un paciente real. Pero antes tengo que
aclararte algo, cómo podrás leer en todo el proceso: Leandro es un paciente, un paciente que
sufre un trastorno muy grave, tan grave cómo la esclerosis múltiple, la parálisis progresiva, la
diabetes u otras enfermedades que de ninguna manera serían tomadas por nadie cómo si se
trataran de una broma. He puesto cómo ejemplo estas enfermedades ya qué todas ellas son
muy incapacitantes, y aunque de distinta forma, todas ellas tienen el mismo número de
fallecimientos, unas por la evolución de la propia enfermedad y otras por el suicidio. Una vez
dicho esto, si tú eres un lector que tienes miedo a tener miedo, debes hacer durante un ratito
una reflexión: ¿Estás o no en una situación para comenzar una terapia? Si la respuesta es sí, no
pierdas tiempo, todos los que nos dedicamos a esto, sabemos que este trastorno avanza si no
le ponemos final.
Una vez aclarada la importancia qué tiene este trastorno, aunque hay distintos grados
cómo ocurre en casi cualquier enfermedad o trastorno, yo me referiré a Leandro cómo un
paciente, e iré indicando cómo es la actuación con un paciente que padece de miedo a tener
miedo, en nuestras consultas. Poder extrapolar lo que aquí voy a transmitir a una situación
cotidiana de alguien que no está en tratamiento, puede servirte sobre todo para conocer y
comprender lo que te ocurre y ojalá también te sirvan las estrategias de intervención que
puedes hacer contigo, por lo que intentaré aportar la mayor cantidad de estrategias que se
puedan hacer a solas; pero vuelvo a indicar, si es un trastorno que te paraliza cada vez más, al
igual que todo diabético necesita un control de su médico, el agorafóbico necesita de un control
por su psicólogo y su psiquiatra.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Agradeciendo a Leandro que me permita transcribir su caso, te invito a qué puedas leer
varias veces todo el relato, te darás cuenta en cada lectura qué siempre hay algo nuevo que te
puede servir.
Otro caso cómo el tuyo, y por lo tanto otras soluciones
Caso Leandro
Leandro tiene 30 años cuándo nos llama y pide ayuda. Tuve que acudir a su casa, ya
qué llevaba nueve meses sin salir a la calle, le visité en casa de su madre (es importante que
sepas que son los únicos pacientes que accedemos a visitarlos en su casa, y lo hacemos así, ya
qué precisamente por su trastorno les es imposible ir a consulta), en ese momento ya estaba
diagnosticado desde hace 15 años de trastorno de angustia con agorafobia. Es hijo único.
Medicado con Citalopram (I.S.R.S.) y Alprazolam (BZ), cómo es habitual en estos casos ha
tenido tratamiento psiquiátrico con Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina
(I.S.R.S.), Inhibidores Selectivos de Recaptación de la Serotononina y la Noradrenalinala
(I.R.S.N.), Antidepresivos Tricíclicos (A.T.C.), Benzodiacepinas (Bz), Neurolépticos y otros.
Además de tratamientos con psicólogos, y otros profesionales, algunos de ellos, totalmente
fuera de los circuitos de la psicología y la psiquiatría oficial. Y por qué no decirlo en este caso,
con estos profesionales de otros colectivos no colegiados, ha obtenido en muchos casos
mejores resultados que con psicólogos y psiquiatras, pero también debo decir, ya qué es así en
este caso, que hubo varios de estos, que podemos incluso tachar de timadores, ya qué le
hicieron gastarse dinero e ilusión por verdaderas “patochadas”.
Me recibe en la habitación en la qué lleva casi nueve meses sin salir. Es su habitación
de toda la vida. Está vestido con un chándal, es alto, delgado y está muy pálido, literalmente es
cómo si tuviera una permanente cara de susto, tiene el aspecto de una persona muy
descuidada, sin embargo, su habitación está impecable, tanto en limpieza cómo en orden. Me
indica qué prácticamente no sale de esa habitación; cuándo le pregunto si ese es el sitio más
seguro para él, me indica qué sí, que incluso ir a la cocina, si no está su madre en casa, le
resulta tremendamente difícil. Las sensaciones que tiene cuándo se encuentra en alguna
situación para él amenazante, es mareo, visión en túnel, pitidos en los oídos y sobre todo una
rotunda vivencia de muerte; otros síntomas son taquicardia, dificultad para respirar y otros
muchos a los que está acostumbrado desde que se levanta por la mañana. Leandro identifica
cómo amenazante estar sólo en casa, y sobre todo salir de ella.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Su primer ataque de pánico apareció sobre los 14 años, no tiene conciencia de haber
tenido ningún otro problema anterior, aunque reconoce que era un niño con pocos amigos, eso
sí, los pocos que tenía le han perdurado hasta la fecha. Refiere que ha tenido mejores etapas,
de hecho entre los diecinueve y los veintitrés, vivió “normal” (son sus palabras) emancipándose
de la casa de sus padres, incluso estuvo en Alemania trabajando y aprendiendo el idioma.
Terminó la carrera de Turismo y tiene la títulación de Director de Hotel. Ha tenido pareja hasta
hace tres años, que le abandonó porque no podía aguantar más la enfermedad; esta pareja
llevaba con él tres años, pero anteriormente, en Alemania estuvo con otra chica hasta qué se
vino a España, con ella nunca se sintió comprometido, le gustaba pero no sintió tanto deseo de
un plan de futuro cómo con su última novia. Volvió a España por una enfermedad de su padre,
a los pocos meses este murió. Cuándo le pregunto por la muerte del padre me trasmite que no
sabe muy bien cómo explicarme lo que sintió, tuvo pena, pero a la vez alivio, ya qué su padre
le había hecho sufrir mucho y sobre todo había hecho sufrir a su madre. En este momento vive
económicamente haciendo traducciones y me indica qué juega en bolsa y parece que no le va
muy mal. El padre muere de un infarto, pero realmente había estado siempre enfermo al ser
diabético, y no parar de fumar y beber alcohol sin hacer caso a los médicos. Respecto a la
madre, me habla de una mujer luchadora, que entró de mujer de la limpieza en una gestoría, y
en el momento en el que se produce la primera entrevista, está en la oficina llevando el
departamento de personal; para Leandro su madre es una mujer muy callada, luchadora,
buena, que nació en una familia “de bien” de Madrid, y que nunca aceptaron a su marido,
recuerda a su madre siempre trabajando, es con ella con la qué tiene una relación muy
cercana. Cuándo está hablando de su madre le noto más emocionado que cuándo habla de su
padre.
Me cuenta todas las “romerías” que ha realizado con numerosos profesionales de la
salud, y de alguna forma me dice que no está convencido de que en esta ocasión pueda salir de
la situación en la qué se encuentra, le pregunto entonces cuál ha sido el motivo de pedirme
ayuda, y por qué a mí, y me contesta qué se da cuenta de que no puede más, que de seguir así
pronto no estará seguro ni en su habitación, me dice que en este momento no es capaz, pero
que a lo largo de su vida ha sentido esa capacidad y ha vivido sin miedo a tener miedo, y que
lo quiere intentar ya qué le han hablado que nuestro método ha conseguido resultados en
casos cómo el suyo. Le pregunto quiénes le han hablado de nuestra forma de proceder, y me
comenta qué varias personas que han sido tratados por mí o por los componentes de mí equipo
y que se conectan en un chat al que habitualmente está conectado. Aprovecho su frase anterior
y le indico que tiene que darse cuenta de que en alguna parte de él hay confianza, de hecho
eso es lo que me trasmite, de tal forma qué en algún lugar se debe sentir capaz; por lo tanto le
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pedí que hiciera algo poco corriente, seguro que nada igual a lo que estaba acostumbrado en
otros tratamientos, pero precisamente por eso venia y me pedía ayuda, para hacer algo
distinto, y además lo que le recomendaba tampoco era nada complicado para él, ya qué tenía
mucho tiempo para pensar y, por otro lado, mi primera prescripción está cercana a su forma de
proceder: traducir y analizar.
Le dije: quiero que traduzcas la palabra “capaz”, en este caso no a ningún otro idioma,
sino que descompongas esa palabra en tantas otras cómo puedas, y recuerda “en algún lugar
te debes sentir capaz”, dentro de una semana nos veremos de nuevo. Y me fui.
Puede parecer que está prescripción no tiene mucho sentido, pero sí comprendemos los
entresijos de una persona qué lleva nueve meses sin salir prácticamente de una habitación, a la
qué su novia le ha dejado por este motivo, y que siente incluso miedo en la cocina, el pasillo o
el salón de la casa dónde vive, tendremos que conseguir que cambie y desarrolle procesos de
cambio desde un plano distinto al de la conciencia más cercana, ya qué ésta se encuentra
completamente envuelta en programas emocionales de pánico e incapacidad. Por todo esto en
mi prescripción pretendo:
- Que analice profundamente su capacidad, en concreto que encuentre en
algún lugar de su ser que es capaz. Y lo hago analizando el propio término
que emplea: “En este momento no soy capaz, aunque a lo largo de mí vida
he sentido esa capacidad” y de esta forma mantengo relación directa con la
única actividad en la qué hoy se siente capaz: analizar cómo experto en
bolsa, ya qué entre otras cosas se juega su propio dinero, y traducir
palabras tal cómo hace en su trabajo de traductor de textos, dónde no sólo
es importante decir lo que el autor ha escrito en otra lengua, sino que tiene
que trasmitir la idea y el sentimiento que este quiso comunicar, y eso le
avala cómo que tiene una capacidad de poder analizar y traducir más allá
de lo aparente.
- En un segundo nivel le instruyo a profundizar mediante este ejercicio en un
proceso, en el que se irá dando cuenta de que lo aparente puede contener
muchas otras referencias, y de esta forma qué sepa realizar el proceso que
comienza, y de esta manera indagar y culminar para descubrir. En la
palabra capaz, puede encontrar muchas otras que le den un cambio en su
significado, y si esto mismo lo hace con él, podrá encontrar otros muchos
significados a su propia situación, y de esta forma no sólo se sentirá un
incapaz y un enfermo, sino que se podrá relacionar con él mismo cómo una
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persona capacitada y llena de salud. Lo que le ocurre no es un signo de
debilidad, sino de señal a la qué tiene que prestar atención.
- Le animo a qué se entretenga, que cambie su discurso, mientras busca
dentro de esta palabra podrá entrenarse en la activación de otros
programas emocionales cómo el de la sorpresa, el interés, la admiración, la
seguridad o la felicidad. Si consigo que descubra algo especial, esto le
“sorprenderá”, y de ahí podrá pasar al “interés” por continuar en la tarea de
investigar dentro de lo aparente, y podrá “admirar”, y de esta forma podrá
sentirse “seguro” y también, por qué no, “feliz”. Todo en un mismo
proceso.
- Por último quiero enseñarle cuál va a ser mi forma de proceder con él,
quiero que sepa mirar de otra forma, y sobre todo quiero que haga con él
mismo algo semejante a lo que va a realizar con la palabra capaz, mirarse
de nuevo y descubrir en su interior todo lo que le ha hecho ser así, y por
consiguiente todo lo que puede hacer para tener solución. Tiene que
observarse y después admirar algo distinto a lo que ve en la actualidad en
él mismo, así hasta qué pueda encontrar en lo más profundo de sí, no sólo
la solución, también todo el proceso por el que se ha forjado este momento
actual, en el que empieza el miedo a tener miedo.
Antes de decirte todo lo que ocurrió en la segunda sesión, quiero asegurarte que todo
lo que te narro nos ha pasado con cientos de pacientes, a muchos de ellos les tenemos
grabados, y por supuesto contamos con la aceptación por escrito de estos, para qué después
los alumnos de nuestra escuela puedan aprender nuestra forma de proceder. Te digo esto ya
qué el resultado de la prescripción anterior no es algo ocasional, nos han pasado cosas
semejantes con cientos de pacientes.
Y una vez aclarado este asunto, pasó a describirte la segunda sesión con Leandro. Esta
sesión también la realicé en su casa, Leandro esta vez me recibió en el salón. Estaba
esperándome con mucha impaciencia y tenía varios folios escritos sobre la mesa. Le dije que si
había hecho lo que le dije, sonrió y me dijo que sí, “claro que sí” fueron realmente sus palabras.
Comenzó a explicarme que al intentar obtener otras palabras y significados de la palabra capaz,
había conseguido toda una revolución en estos días, ya qué en un principio le pareció absurda
la prescripción pero que después fue entrando en todo un entramado de descubrimientos que
me sintetizó de la siguiente forma:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Leandro.- Lo primero que hice fue escribir en un folio, en grande, la palabra CAPAZ, y
realmente me puse a observar esta palabra con bastante sensación de estar perdiendo el
tiempo, pero de pronto, me di un gran susto, ya qué cómo un resorte aparecieron dentro de
ella, dos palabras a la vez: “CAPA” y “PAZ”. Fue mucho después cuándo encontré otra palabra
qué no es tal, ya qué más que una palabra es una voz, o sonido: “AZ”. Y al leerla en alto varias
veces, dentro de mí aparecieron cómo un flash, dos conceptos, AZ cómo el sonido de alguien
que me decía qué HICIERA, y a la vez cómo un todo, AZ cómo ir de la A a la Z.
Roberto.- ¿Y qué sentiste con todos estos descubrimientos?
L.- Fue sorprendente, comencé a tener otra forma de entender tu prescripción, me
ayudó a continuar. Fue cómo abrir una nueva puerta, en ese momento es cuándo me dije que
todo esto tiene un significado y dejó de ser absurdo buscar palabras dentro de una palabra,
realmente en ese momento es cuándo he tomado conciencia de que estoy en un proceso de
psicoterapia.
R.- Bueno; ¿Y qué han significado para ti todas estas palabras y voces que has
descubierto?
L.- Está claro, CAPA, es a la vez una protección pero también algo que sirve para
esconder, quizás mi CAPA sirva para ambas cosas, para protegerme y también para esconder.
R.- ¿Y a qué lo asocias?
L.- No lo sé, ¿Qué puede ser?
R.- Algo que sé con otros muchos cientos de pacientes, es que el ataque de pánico, en
muchos momentos les protege y les esconde, de tal forma qué han pasado de vivir el ataque de
pánico cómo un monstruo que les atacaba, a vivirlo cómo un mensaje de algo que está
pasando en el interior y que de alguna forma te comunica qué hay que cambiar. ¿Te costaría
mucho encontrar en el ataque de ansiedad una protección sobre algo que acontece en tu
interior y a la vez una muestra de que está oculto?
L.- No lo sé, tendría qué pensarlo. ¿Quieres decir que el ataque de pánico, me protege
y a la vez es un indicador de que algo esta escondido y que tengo que descubrir?
R.- En muchos otros casos parece ser que era así.
L.- Y también lo descubrieron analizando la palabra CAPAZ. ¿A todos les dices lo
mismo?
R.- Por supuesto que no, sí es cierto que he hecho analizar palabras a otros pacientes,
pero no siempre es la misma palabra, y en otras ocasiones hemos conseguido que se llegue a
esta conclusión desde otras alternativas, cada paciente es un mundo y tiene un código de
entrada. Lo que sí es importante es que seas consciente de que el ataque de pánico es un
aviso, y no te quepa duda de que a muchas personas el ataque de pánico, cuándo sucede, les
protege de muchos cambios y actividades que son aún peor que la crisis. En tu caso elegí la
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palabra CAPAZ porque tú la mencionaste y, cada vez que la dices es cómo una sentencia.
Hablaste a menudo de tu incapacidad, y eso siempre tiene un significado a otro nivel, podías
haber escogido muchos verbos, sin embargo, el que escogiste fue este. Hace años me di cuenta
de que las palabras son simplemente formas de expresar lo que sentimos, y la palabra qué nos
sale no sólo significa lo que significa para todo el mundo, sino que tiene un significado especial
para el que lo dice. Siempre empleo las palabras que me trasmiten mis pacientes, para hacerlas
analizar, y aunque las palabras son distintas, siempre que he escogido bien, para cada paciente
tiene un significado especial, y ese significado especial es el que nos abre la primera puerta, tal
cómo tu me acabas de referir. Por todo ello ¿qué te ocurre cuándo escuchas que te digo que el
ataque de pánico es cómo una CAPA, que protege aquello que está escondido?
L.- ¿Qué puede haber peor que un ataque de pánico? ¿Cómo va a tener una función de
protección? Lo que me hace es quitarme la vida.
R.- En muchos casos protege de la realidad a la qué te tienes que enfrentar; si no
tuvieras ataques de pánico te aseguro que tendrías que enfrentarte a situaciones muy
incapacitantes, para ti. No obstante la palabra mejor o peor, es poco afortunada, en todo caso
tenemos que colocarlas dentro de una lógica no de razón, sino de supervivencia. Te pongo un
ejemplo: el dolor es negativo, sí o sí, y posiblemente a nadie le guste, pero sí al tener dolor
seguimos unos meses más de baja, y con eso nos salvamos de tener que trabajar en ese nuevo
puesto de trabajo, en el que no tenemos la experiencia suficiente y tememos fracasar, es
posible que el dolor siga siendo negativo, pero para la globalidad de nuestra mente es un buen
protector de algo aún peor: el fracaso. Debes aprender que la lógica de las emociones es
distinta a la lógica de la razón, tienes que aprender que desde hace mucho tiempo todo tu
psiquismo esta envuelto y gobernado por una emoción día tras día, y hora tras hora, se llama
cómo bien sabes pánico, angustia o ansiedad, y es posible que está emoción esté ahí para
salvarte no para ahogarte, aunque te esté fastidiando.
L.- Salvarme ¿de qué?
R.- Eso es lo que tenemos que conseguir averiguar, cuándo sepamos de qué te tienes
que salvar, y te salves, estarás a salvo.
L.- Bueno, bueno.
R.- Sigamos con tus descubrimientos. Y la palabra PAZ, ¿qué te dice?
L.- Pues que es cómo me gustaría encontrarme, en PAZ.
R.- ¿Entonces es que estás en guerra?
L.- Hombre no estoy en Paz.
R.- ¿Desde cuándo?
L.- Desde hace mucho tiempo, lo que no sé es por qué. Sí que sé que desde que
apareció mí primer ataque de pánico no me he encontrado en Paz nunca, es cómo si todas las
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
mañanas tuviera qué prepararme para una lucha sin cuartel… Es cierto estoy en guerra, ahora
soy consciente. ¿Pero quién es mi enemigo?
R.- Otra cosa más que tendremos que averiguar. Y del concepto AZ, ¿Qué me dices?
L.- Bueno, quizás es que tenga qué hacer, y sobre todo mirar desde el principio hasta el
final, lo digo por lo de la A a la Z.
R.- Por lo tanto, parece que al analizar la palabra CAPAZ, te has dado cuenta de que en
CAPA aparece una PROTECCIÓN de algo que se ESCONDE; en PAZ, encuentras tu objetivo,
pero para eso tienes que descubrir con quién has estado o estás en GUERRA, y, por ultimo, en
el sonido AZ tienes todo un proceso de realización de HACER, dentro de un marco global ir en
definitiva desde el principio hasta el final, de la A a la Z. ¿Qué te dice todo esto?
L.- Me dices que debería descubrir de qué me protejo. Descubrir lo que tengo oculto y
de esta manera saber si es de eso de lo que me protejo. Saber quién es mi adversario en la
lucha y poder hacerlo analizando desde el principio hasta el final. Eso es lo que me dice este
análisis.
R.- Bien, Leandro, creo que en una sola semana has adelantado más en conocer cosas
sobre tu proceso que en los últimos quince años. Durante este tiempo no creas que has perdido
el tiempo, sé por lo que me contaste que eso te parecía, pero no es así. Hace años acuñé la
figura del psicólogo serpa. ¿Sabes a qué me refiero?
L.- Pues no. Serpas son los que ayudan a los montañeros a subir el peso de
campamento en campamento.
R.- Eso es, tu proceso es semejante, tienes que ir de campamento en campamento,
para qué algún día puedas alcanzar la cima. Tus anteriores terapias han hecho posible que
puedas avanzar hasta el lugar en el que te encuentras hoy, y gracias a ese proceso podremos
nosotros intentar acometer la cima. Por lo tanto no seríamos justos si el único psicólogo que
tuvieras en mente fuese el último, los otros ayudaron a qué estuvieras ahí, hasta qué llegó el
último. (Aquí comienzo un proceso de siembra, es decir, estoy intentando sembrar la idea de
último recurso, y quiero que comience a imaginar que llega a la cima, si se lo imagina, ya lo ha
hecho y sólo podemos realizar aquello que hemos imaginado haber realizado).
L.- Pero hoy estoy peor que hace años. ¿Cómo me puedes decir que no he ido hacía
atrás?
R.- En muchas ocasiones tenemos que dar un pasó hacía atrás para poder saltar,
retroceder no es sinónimo de perder, a veces al retroceder podemos encontrar lo que
buscábamos, y desde ahí podemos continuar con más vigor.
L.- Entonces ¿crees que me han ayudado los otros tratamientos?
R.- Seguro que sí, ya qué gracias ha qué has estado haciendo estos tratamientos, hoy
podemos saber cosas que ahora podemos cambiar. Ya sabemos que hay tratamientos que no te
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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van bien, y eso lo sabemos gracias a las anteriores terapias. Por ejemplo, una de las formas
cómo se ha intentado que soluciones tu problema es enseñarte a exponerte a todo lo que te
daba miedo; esta forma de tratamiento (exposición) ha sido beneficiosa para muchos otros
pacientes, pero no ha sido así para ti. También sabemos que la evitación tampoco ha sido
eficaz, esa forma quizás sea la más perjudicial, la evitación de todo aquello que anticipes cómo
una situación dónde pueda darte un ataque de pánico te ha llevado hasta la situación actual.
De tal forma qué ya sabemos que evitar y exponerte sin más, no es una buena manera de
resolver tu problema. A mí me gustaría qué en este proceso que empezamos, ni te enfrentes ni
evites, quiero que aprendas a comprender, antes de todo debes comprender qué quiere decirte
el ataque de pánico, no quiero que le superes ni que le evites, simplemente que aprendas con
él lo que te quiere comunicar; es posible que si logras colocarte en esta nueva posición, el
ataque de pánico no tenga qué venir tantas veces a traerte el mensaje que no quieres
escuchar, y por supuesto, de alguna forma, al escucharle ya no estarás evitándolo. ¿Qué te
parece esta nueva posición en la qué debes colocarte?
L.- Tiene sentido, la entiendo y me alivia saber que hay otros métodos. Además la
exposición nunca me resultó, me podía durar todo el día el ataque de pánico, y siempre que
intenté exponerme después daba tres pasos hacía atrás. En cuanto a evitar, siento que me lleva
a una situación cómo la actual, muy difícil y dura (aparecen lagrimas en sus ojos).
R.- Cómo te he dicho antes no te preocupes por los pasos hacía atrás, es la mejor
forma de poder saltar mejor, tómatelo cómo estar tomando distancia para poder dar el salto.
Pues bien, de aquí a la próxima sesión debes intentar acercarte al ataque de pánico al ritmo
que tú quieras, ni para vencerle ni para evitarle, simplemente para comprenderle. La mejor
forma es que puedas imaginar las situaciones que te dan pánico, cuanto más momentos
imagines que te puedan dar pánico, mejor. Lo que cambia es que tú te lo provocas, hasta
ahora el pánico venía o anticipabas que podía venir, y simplemente lo evitabas, ahora quiero
que provoques en tu mente todas las situaciones posibles en las que puedas tener pánico, haz
todas las combinaciones que se te ocurran. Cuantas más situaciones mejor y, desde ahí,
intentar encontrar lo que tienen en común esas situaciones con tus nuevos descubrimientos:
CAPA, PAZ, HACER e IR DE LA A a la Z, desde el principio hasta el final. No imagines las
múltiples situaciones en las que te puede dar una crisis para enfrentarte y terminar en tu
imaginación cómo un vencedor, imaginas para comprender, para entender qué guión sigue tu
mente con cada uno de estos ataques, lo que te quiere comunicar. Te imaginas la situación y
sientes el pánico, en vez de luchar para superarle, o evitarle, quédate hasta qué comprendas de
qué te protege, qué está oculto, y qué debes hacer para qué se vaya dentro de ti. La idea no es
luchar con lo que te da pánico fuera de ti, lo importante es comprender que te da pánico en lo
más profundo de tu esencia.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
L.- Pero esto es lo de siempre, ¿me dices que tengo que hacer aquello que me
descompone?
R.- No, te digo que seas tú quien controle el descontrol, si te provocas en tu
imaginación las situaciones de pánico e intentas hacer una especie de almanaque con todas las
infinitas situaciones en las que podrías tener un ataque de pánico, estarás controlando, ya qué
eres tu quien lo provoca y lo busca, y por consiguiente es cómo si quisieras cazar todo aquello
en lo que te puede suceder el descontrol (para ti el pánico), y en ese momento comenzarás a
controlarlo. Hasta ahora, siempre que venía o pensabas que podía venir, te ibas y escapabas,
ahora eres tú quien le llamas. Para poder controlar el descontrol, lo primero que tenemos que
saber con exhaustividad son todos los posibles rincones dónde se esconde, es cómo si hicieras
en tu mente un mapa dónde todo está en su sitio, lo peor que puedes tener es la
incertidumbre, ese sí que es tu veneno y tu perdición; sin embargo, si tú voluntariamente
realizas ese mapa serás tú quien controlas. De esta forma para cuándo venga el pánico tendrás
mucho avanzado, ya qué serás capaz de provocarle, y esto conlleva poder dominarle y, a la par,
cuándo venga sin que le llames, podrás hacer que se vaya, pero para eso primero tienes que
conseguir que venga cuándo tú quieras y, en segundo lugar, tienes que saber dónde se
encuentra y dónde no, de esta forma seguro que conseguirás que te comunique aquello que te
tiene que decir; en ese momento posiblemente ya no venga en mucho tiempo. Además, si
descubres dónde te puede dar, también sabrás dónde no te dará nunca.
L.- A ver si lo he entendido: tengo que imaginarme todos los lugares dónde puedo
tener un ataque de pánico y hacer una especie de guía, ¿y luego qué?
R.- Imaginar con todo detalle todo lo que te ocurriría en todas esas situaciones, y
mientras lo haces lo vas comparando con tus descubrimientos de la palabra CAPAZ.
L.-Bueno, lo intentaré. Ya te diré.
R.- Ya sabes, tal cómo te ha ocurrido con la palabra CAPAZ, posiblemente dentro de
una semana me digas cosas sorprendentes. Y ya qué nos despedimos, decirte que me gustaría
comenzar a emplear la tecnología de nuestra forma de intervenir en casos cómo el tuyo, y para
eso necesito que te acerques a mí consulta, aquí en tu casa no podré hacerlo.
L.- Pero no puedo.
R.- Seguro que sí, cuándo no hay ninguna otra solución es lo único que se puede
hacer, no obstante puedes ir con quien tú quieras, cada pasó que des estarás más cerca, no lo
olvides.
L.- ¿Y cómo conseguiré salir de esta habitación? Tu consulta está a más de siete
estaciones de metro.
R.- Cuándo hagas tu mapa, de todos los momentos y lugares dónde te pueden dar un
ataque de pánico desde tu habitación a mí consulta, hazlo con todo detalle, y te darás cuenta
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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de que no todo el trayecto será igual de problemático. Haz una jerarquía de peores y mejores
momentos dentro de cada situación, de esta forma irás descubriendo sitios de refugio en cada
uno de los sitios de pánico. Imagina en las situaciones de mayor peligro que te cubres con la
CAPA y que entras dentro de un mundo de PAZ. Cuándo hayas completado ese mapa, irás ese
día a esos refugios y desde allí me puedes llamar, yo estaré en el teléfono esperándote. Ya
sabes: “Haz”, siempre “Haz”, desde la A hasta la Z. Allí te espero.
L.- Iré con mi madre.
R.- Cómo si quieres ir con la legión, allí estaré.
En esta segunda sesión, después de la buena respuesta qué había tenido Leandro a su
análisis de la palabra CAPAZ, intenté reforzar su relación conmigo, y sobre todo intenté colocar
en su mente una idea de esperanza, no sólo para su futuro, sino también por el pasado. No
quería qué estuviera instalado en la idea de haber perdido el tiempo, y sobre todo me
interesaba conseguir que se diera cuenta de que comenzaba una nueva etapa. Posteriormente,
tendríamos ocasión de analizar y profundizar en sus palabras CAPA, PAZ y AZ. En esta segunda
sesión todavía no estaba preparado para profundizar, y hacerlo hubiese sido peligroso, ya qué
podrían haber aparecido emociones difíciles de manejar en un entorno que todavía no era del
todo terapéutico, ya qué estábamos en su casa. Es importante medir los tiempos, y sobre todo
diseñar bien los objetivos, y en esta segunda sesión el objetivo principal era conseguir que
pudiera ir en la siguiente sesión a mí consulta, y así sacarle de dónde llevaba muchos meses
encerrado. Este objetivo si se cumplía sería uno de los puntos de inflexión más importantes en
todo el proceso. A la vez, también tenía qué saber que conseguir esta salida no significa
resolver nada, y este es uno de los errores de algunos colegas, el agorafóbico no resuelve
cuándo puede exponerse a nuevos sitios o salir de su morada de seguridad. Al igual que en el
tratamiento de la anorexia, que no se termina cuándo la paciente come bien, en el agorafóbico
tampoco se debe terminar, el proceso de intervención, cuándo se expone y deja de evitar.
Todos los agorafóbicos en algún momento de su proceso han podido exponerse y han dejado
de evitar, pero no por ello dejaron de ser agorafóbicos. Se deja de ser agorafóbico cuándo se
graban nuevas memorias con las que pueden recomponer su autonomía, y para esto hay que
cambiar mucho más que las salidas de la madriguera. Y fundamentalmente, en esta sesión,
teníamos que trabajar algo esencial en nuestro procedimiento de intervención (pienso que en
todas las terapias es así, aunque no nos demos cuenta de ello), ya qué es la base de nuestro
proceso: el vínculo. Leandro no se daba cuenta todavía, pero yo sí que me di cuenta. Mientras
hablábamos encontré en Leandro caras de interés, admiración, incluso de felicidad en algunos
momentos en los que me explicaba su adquisición en el análisis de la palabra CAPAZ. Todas
estas caras, son emociones que se sienten, una definición de emoción podría ser trascrita cómo
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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“la capacidad de poder poner una cara a eso que sentimos”. Cada emoción tiene una cara
distinta, y es la misma cara e idéntico gesto en todas las culturas y en todas las sociedades; es
por ello que, para la misma emoción básica inhibimos y tensamos los mismos grupos de
músculos de la cara y también del cuerpo. Y es ahí, observando los gestos y las caras de
Leandro, dónde me di cuenta de que vendría a mí consulta sin ningún problema, ya qué
mientras estaba conmigo se encontraba más seguro que estando en su habitación. Cómo digo,
en esta segunda sesión tuvo durante mucho tiempo gestos de admiración, sorpresa, interés,
incluso de felicidad, y éstos indicadores no fallan (siempre que se hagan de forma automática y
no se esté haciendo un teatro, aunque de esto también podríamos opinar, ya qué parece ser
que haciendo caras, aunque sea de forma artificial, se puede entrenar en activar e inhibir
emociones, a lo que llamaremos Psicodrama); además me recibió en el salón, y eso es todo un
avance. Sabía qué en estos momentos el lugar dónde Leandro estaría más seguro sería el lugar
dónde pudiera encontrar un vínculo cómo el que estaba realizando conmigo, y este primer pasó
es fundamental:
“conseguir que no sean los sitios, sino los vínculos los que nos den seguridad”.
Estoy completamente seguro de que la primera prescripción sobre la palabra CAPAZ, no
tendrá en el global del tratamiento mucho efecto terapéutico, pero lo que se pretende con estas
primeras acciones es romper la inercia de la enfermedad, y sobre todo conseguir una base para
alcanzar un vínculo suficientemente lleno de emociones incompatibles con el pánico. Es crucial,
para poder culminar con un proceso de espiral virtuosa, dónde la seguridad consigue que el
paciente realice y active todo su potencial, este tipo de estrategias que, vuelvo a recordar, no
son terapéuticas en sí, pero nos abre caminos y saca al paciente de su espiral viciosa: evitación-
escape. Por último, incidir en el único punto negativo que podemos observar en este tipo de
vínculos: la dependencia. Sé que está dependencia puede ser en algún momento una dificultad,
pero nunca será peor que la dependencia qué mantiene el paciente con la enfermedad. Es
cambiar una dependencia patológica por otra terapéutica, es cambiar una dependencia sobre
memorias y situaciones, a personas. De tal manera qué nunca será peor que el momento en el
que se encontraba hasta ahora Leandro. Conseguir que la dependencia dejé de existir en los
vínculos, es sencillo, sólo tienes que conseguir un vínculo similar con él mismo, y cómo veremos
más adelante, cuándo se hace bien el proceso no es tan difícil. Es imposible no influir, cómo es
imposible no comunicar, por lo tanto si el terapeuta siempre va a influir, puede utilizar esta
influencia para conseguir convertirse en el motor del cambio, ya qué esa dependencia
culminará en autonomía, tal cómo ocurre entre los vínculos sanos de padres e hijos. De la
misma forma qué lo afirmé anteriormente, la seguridad es consecuencia de haber estado
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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seguro en los brazos de otro. Mi experiencia y toda mí investigación me indica qué a el/la
agorafóbico/a hay que hacerle/a nuevamente dependiente, ya qué dependiente ya lo es; esta
nueva dependencia debe ir dirigida siempre hacía la autonomía, de no ser así no habremos
tenido éxito. Este riesgo hay que correrlo, y sabiendo lo que manejamos será mucho más
sencillo hacerlo bien.
Quiero reseñar la estrategia de la negación en el lenguaje. Si le digo a Leandro en
primer lugar: “No quiero que le superes ni que lo evites”, le estoy invitando a superarlo y
también a evitarlo; es decir, si yo digo: “No quiero que te concentres en tu oreja”, ¿qué pasa?,
que te concentras en ella. Pues bien, de esta forma lo mismo al decirle esta frase sé que va a
intentar superar y de evitar, sólo que después aparecerá el mensaje de no hacerlo, y aunque ya
lo ha hecho, si no le sale bien, coincidirá con lo que realmente tiene que hacer, y si sale bien y
lo supera o lo evita, también habremos obtenido un resultado positivo. El problema es cuándo
uno intenta algo y sale lo contrario, ahí comienza la frustración. De igual forma ocurre con la
segunda vez que empleo la negación: “No te preocupes por los pasos hacía atrás”; de alguna
forma cuándo se preocupe sabrá que no tiene que preocuparse pero sí se preocupa y no da
ninguno por ello, estaremos caminando hacía delante, de nuevo haga lo que haga todo va en
dirección terapéutica. Y, sobre todo, en la última negación que le propongo: “No imagines las
múltiples situaciones en las que te puede dar una crisis para enfrentarte y terminar en tu
imaginación cómo un vencedor”, no sólo le sugestiono hacía esta posibilidad sino que además si
lo imagina ya estamos resolviendo su espiral viciosa. Todos estos mensajes los damos siempre,
lo importante es saber que lo estamos haciendo, para qué vayan en la dirección adecuada, y no
se vuelvan cómo una inducción negativa para el proceso que comenzamos. Y por todo ello,
cuidado con lo que decimos, y sobre todo con lo que nos dicen.
Hasta aquí podríamos decir que nos encontramos en lo que sería la preconsulta, fase
muy importante ya qué trabajar con el vínculo, que estábamos consiguiendo tener Leandro y
yo, es completamente distinto a cuándo no existe este.
En la tercera consulta comenzaríamos lo que denominamos la fase de encuentro y
marca. En adelante, voy a resumir cada una de las fases del tratamiento con Terapia de
Interacción Recíproca, y a la vez seguiremos con el proceso de Leandro.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Fases de Terapia de Interacción Recíproca
Sabemos que los deseos básicos son determinantes en la salud y la enfermedad. Cómo
ya he descrito los deseos son necesidades, y cuándo un mamífero humano no ha podido
realizar aquellas necesidades que le son básicas, para informar a su sistema global de
supervivencia, que está viviendo en un marco de seguridad, comienzan a saltar las alarmas. Los
distintos deseos básicos descritos en el apartado tres, son formas particulares de cariños o
amores que una vez realizados garantizan la supervivencia, y aunque seamos suficientemente
adultos o autónomos en la actualidad, si no se han realizado en etapas en las que no teníamos
estas capacidades de autonomía, viviremos dentro de un programa global de inseguridad hasta
qué a lo largo de nuestra existencia podamos realizarlas; será cómo una asignatura pendiente.
Sin embargo,, si hemos realizado una y otra vez estos deseos básicos nos sentimos con la
suficiente capacidad para seguir enfrentándonos a la adversidad, y sobre todo para poder vivir
intrépidamente el placer, ya qué es necesario señalar lo común en muchas personas que viven
el placer cómo la pérdida de dolor; sin embargo,, el placer directo les es muy difícil de
conseguir, y cómo puede imaginar el lector no es lo mismo sentir placer al quitarte unos
zapatos nuevos que te aprietan, y sentir placer cuándo te dan un masaje en los pies.
Cuándo no se han realizado los deseos básicos con nuestros referentes, entramos en una duda
vital y por lo tanto en una desconfianza en poder cumplirlos posteriormente. Esta duda básica,
desde nuestro conocimiento y nuestra experiencia clínica, coincide con la duda explícita o
implícita qué tuvo el personaje referencial básico, al otorgar una confianza qué certifique la
posibilidad de poder realizar cualquier necesidad en algún otro momento, si ahora no ha sido
posible. Pero cómo es natural no queremos explicar toda la psicopatología humana a través de
este conflicto inicial. La patología o el problema qué el paciente nos trae va a ser el resultado
de la interacción de su núcleo de personalidad, su carga genética y su relación con el ambiente
-patrón de aprendizaje-. Lo que sí explicamos con este conflicto inicial es la imposibilidad de
salir de la situación problema o de la patología, si no resolvemos antes ese parón existencial. Si
no se resuelve, encontraremos que el paciente tiene momentos asintomáticos en su vida,
aunque te suele indicar que no está satisfecho, que algo le falta. Cuándo esta carencia esencial
se manifiesta es frecuente apreciar emigraciones en sus síntomas, conversión de su problema
emocional en dolencias físicas, problemas interpersonales o una sensación de malestar latente.
Sin confianza básica, y sobre todo, si no es capaz de conseguir realizar estas necesidades
esenciales a lo largo de su vida, apreciaremos un vacío existencial, una gran dificultad para
conseguir un autodiálogo positivo y, lo que es peor, una brújula emocional distorsionada, y por
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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lo tanto inservible en la realización de vínculos adecuados que le permitan una adaptación en el
mundo que vive. Sin orientación el rumbo lo determina el azar y esto no es conveniente.
La Terapia de Interacción Recíproca se sostiene en tres supuestos básicos. Estos son:
1.- Sólo podemos realizar aquello que hemos imaginado haber realizado.
2.- Para imaginar aquello que queremos realizar, nuestro personaje referencial básico
debe haber imaginado que podemos lograr realizar lo que deseamos.
3.- La psicoterapia es una segunda oportunidad, puede ser un equivalente de la
relación con el personaje básico. El terapeuta ayudará a cambiar el esquema emocional
primitivo fruto de la interacción primaria, liberando al paciente de su incapacidad para poder
imaginar aquello que desea y posteriormente realizar dicho deseo, pero esta vez con la
sensación de tener la confianza de su figura referencial, en este caso secundaria.
De esta manera, sabiendo que trabajamos directamente con aquello que el paciente
nos trae a consulta (motivo de consulta), realmente nuestro objetivo en la terapia se puede
dividir fundamentalmente en dos:
1º.- Localizar las memorias asociadas a los acontecimientos en los que el sujeto no
consiguió realizar los deseos básicos con sus referentes, y a la par, las ocasiones dónde la
confianza básica no fue otorgada. Estas memorias pueden ser recordadas cuándo indagamos
en el motivo de consulta qué nos trae el paciente. Es cómo si el motivo de consulta fuera el
emergente -de aquí la emergencia- de lo crucial en la trama vital del sujeto. Los momentos de
pánico o la constante evitación a las situaciones temidas –motivos de consulta habituales en el
tema qué tratamos en este libro son la expresión del tejido dañado, cuándo entra en contacto
con vivencias interpretadas en su globalidad, cómo de peligro vital. Estas vivencias en muchos
momentos no tienen peligro en sí para el resto de los mortales, pero para el paciente son cómo
alcohol en una herida. Una vez localizadas todas estas memorias, intentaremos que el cerebro
del paciente grabe una nueva memoria en la qué si, aquello que aconteció, sucediera hoy,
tendría respuestas mucho más adaptadas, con las que logrará realizar sus necesidades o
deseos básicos, y sobre todo, grabar esos sucesos cómo algo que ocurrió en el pasado, y
consecuentemente no esta pasando en este momento.
Es por todo ello que el motivo de consulta tiene una trascendencia fundamental en
nuestro modelo, no tanto para trabajar sobre él, sino para tenerle cómo guía en la exploración
de la trama vital del paciente. El motivo de consulta nos llevará al conflicto, siendo necesario
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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que esté presente en el proceso de cambio. No trabajamos para remediar el motivo de
consulta, nos ocupamos de él cómo indicador, de tal forma qué al solucionar las carencias
esenciales, se evapora cómo una gota de agua ante un rayo de sol.
2º.- Averiguar qué deseos básicos primarios, tanto exógenos cómo endógenos, el
paciente no pudo realizar en los distintos contextos, y por todo ello conseguir que pueda
realizarlos con otra persona referencial en este momento.
Cuándo conseguimos el primer objetivo, el paciente gana en autonomía y seguro que
se desprende tanto del motivo de consulta cómo de muchos trastornos adjuntos, pero es con el
segundo objetivo con el que consigue realmente pasar del sufrimiento a la satisfacción, y de
esta forma no sólo mejorar aquello que le hacía sufrir en ese momento, también puede
disfrutar de su pasado y ser consciente de que en el futuro tendrá capacidad para sentirse
dueño y señor de su destino. A este nivel se tiene confirmado el certificado de existencia.
Cuándo se consigue este conocimiento de uno mismo, la desgracia y la buena suerte entra
dentro de lo posible. Cambiar la duda existencial por una confirmación de nuestra existencia
junto con la obtención de la confianza básica es esencial para nuestra salud. Podríamos definir
confianza básica cómo una expresión tacita en la qué se recibe una comunicación semejante a
esta:
“Tengo esperanza firme en ti, y te apruebo, con la seguridad de que puedes ser tal cómo eres”
Son las personas referenciales las que otorgan la confianza básica, posteriormente
nosotros debemos confirmarnos y hacernos dueños de nuestra existencia. La confianza básica
nos posiciona en un plano de libertad y de autoadmiración, tener confianza en nosotros
mismos, funciona cómo una palanca qué nos ayuda a mover el mundo.
Con todos estos presupuestos estoy convencido de que entenderás mejor las fases de
la Terapia de Interacción Recíproca, así cómo todo el trabajo que hice con Leandro.
Fase de encuentro y marca
En esta primera fase podemos actuar de dos formas dependiendo de la autonomía del
paciente, cuándo éste es capaz de tener una autonomía suficiente para poder establecer una
relación terapéutica, en la qué pueda ir a una consulta y, después conseguir entre consulta y
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consulta, mantener un mínimo de autocontrol. Comenzaremos en esta fase. Sin embargo, cómo
le pasa a Leandro, si el paciente no tiene suficiente autonomía, no puede salir a la calle sólo, o
no tiene capacidad de llevar un mínimo de control en su vida, tendríamos que realizar una
preconsulta, hasta qué adquiriese estos mínimos. Esto es lo que ocurrió con Leandro; en su
caso, la duración de la preconsulta fue de dos sesiones, en otros pacientes puede durar mucho
más. Nunca hemos contabilizado cómo relación terapéutica una preconsulta. El único objetivo
de la preconsulta es conseguir que el paciente pueda realizar un proceso terapéutico con
garantías. Sólo cuándo el paciente esta en condiciones de encuadrar la psicoterapia en un
marco profesional, en un habitáculo profesional, podremos entrar en la “fase de encuentro y
marca”, nunca podemos trabajar memorias y acontecimientos traumáticos en la casa del
paciente, y por eso refiero lo inoportuno de ahondar en memorias no advertidas en un marco
no terapéutico.
Una vez que el paciente puede ir a nuestra consulta, vamos a conseguir toda la
información necesaria para posteriormente intervenir en el cambio terapéutico. Esta primera
fase de encuentro y marca tiene cómo objetivo fundamental conseguir un vínculo terapeuta-
paciente suficientemente estable y enmarcado. Para ello acogemos al paciente con la clara
intención de conocerle y saber de su estado actual, tanto a nivel biológico, psicológico cómo
social. Siendo fundamental recoger de buen grado toda la información que nos traiga. Todo
aquello que el paciente manifieste será bien recibido. No nos importa qué su información esté
llena de defensas, resistencias o ideas irracionales. La comprensión incondicional desde un
primer momento nos ayudará a establecer un vínculo terapéutico adecuado. Ya tendremos
tiempo después para ir trabajando todos esos elementos que separan al sujeto de un contacto
adaptativo con la realidad.
Lograr una relación basada en la admiración mutua y a la vez asimétrica es
fundamental, desde un primer momento tiene que quedar muy claro que somos una autoridad
en aquello que le hace sufrir al paciente, y que tenemos experiencia suficiente para ser
considerados cómo especialista. Si esta primera premisa no se cumple tanto en el sentido de
conseguir que el paciente se identifique con el terapeuta desde la admiración y la autoridad,
cómo en ofrecerle una esperanza de cambio, tendremos dificultades en conseguir que
posteriormente realice aquello que le prescribimos.
Otro elemento esencial de esta primera fase, es conseguir descubrir el sufrimiento del
paciente. El sufrimiento es una buena palanca movilizadora, si no se tiene sufrimiento en forma
de dolor, ansiedad, frío, hambre, tristeza y otros elementos que nos avisan que necesitamos un
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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cambio, no nos movilizamos, y de esta manera el paciente no pediría ayuda. En la entrevista
clínica el punto a partir del cuál el terapeuta puede dejar en libertad las emociones del paciente
es su sufrimiento. En general observaremos dos aspectos en el motivo de consulta: los hechos
y las emociones asociadas. Los hechos pueden ser síntomas cómo crisis de pánico, pérdida del
apetito, despertar precoz por las mañanas, falta de aire o dolor abdominal inexplicable; puede
haber estresantes cómo pérdida de empleo, problemas matrimoniales, mudanzas o problemas
de adaptación repetidos, etc. Las emociones son los sentimientos que estos hechos suscitan en
el paciente y le hacen sufrir. El paciente puede esconderlos por miedo a sentirse incómodo o
avergonzado. El terapeuta establecerá una buena relación de tal forma qué salgan a la luz no
sólo los hechos, sino también el sufrimiento.
Los hechos serán introducidos en nuestros protocolos de intervención cómo problemas
concretos, de la misma forma las emociones o el propio sufrimiento que las moviliza serán
patrimonio del denominado tratamiento del conflicto básico.
El terapeuta debe:
Entablar contacto con el sufrimiento del paciente: indicando que está muy interesado
en sus emociones y que quiere saber más acerca de su congoja. En esta fase inicial de la
terapia es más importante permitir que el paciente airee su sufrimiento que hacer una lista de
síntomas. Dar al paciente la oportunidad de hablar libremente sobre su sufrimiento y hacerle
consciente de sus afectos facilita qué se cumplan dos objetivos:
Dar a entender a los pacientes que el terapeuta esta muy interesado por su mundo
emocional.
Poder evaluar y, consiguientemente, detectar el universo de trastornos asociados al
estado emocional del que está inundado el paciente.
Epicteto señalaba:
“No son las cosas en sí las que nos preocupan, sino las opiniones que tenemos de ellas”.
Y te puedo asegurar que la opinión no sólo es un conjunto de pensamientos, en cada
opinión hay una impronta emocional que es la qué lo mantiene en el tiempo. es por lo tanto
importante que sabiendo que el terapeuta influye y manipula, ya qué es imposible no influir y
es necesario manipular el conflicto, para qué su influencia y su manipulación no sea iatrogénica,
el terapeuta debe convertirse en un escolta qué no opina y que por supuesto no pretende dictar
doctrina. El terapeuta sabe llevar al paciente por el camino más seguro, ha de recurrir al
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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observador sano que hay en él y ofrecerle su ayuda frente al problema. El terapeuta permite
que el paciente decida dónde quiere llegar, su misión no es decidir por su paciente, sino
conseguir que este llegue de la mejor forma, siempre que el objetivo sea posible. El terapeuta
debe ser cauteloso y reconocer las distorsiones debidas a la enfermedad. Conseguir que el
paciente realice la solución que ya tiene dentro de sí.
Una vez que se consiguen estos objetivos y se obtiene la información directa del
paciente que necesitamos en esta primera fase, se realizará el C.H.S.V. tal cómo hicimos con
Leandro en la tercera sesión. Te hago un resumen de lo se hizo con él:
Caso Leandro tercera sesión
Leandro acude a consulta un cuarto de hora antes de lo señalado, luego tuvo una
puntualidad extrema, ni vino mucho antes ni se atrasó, esta forma de disponer del tiempo me
parece una señal de control muy a tener en cuenta. Cuándo me dirigí a la sala de espera,
encontré a un Leandro muy bien vestido, y con un semblante entre sorprendido y orgulloso,
había venido acompañado por su madre, pero cuándo le hice pasar a mí despacho, fue él quien
la dijo que no se quedara en la sala de espera, que se marchara y volviera dentro de una hora;
la madre muy gustosa se levanto y dijo: “estupendo, tengo que hacer algunas compras” y se
fue. Leandro entró en mi despacho y cuándo se sentó le pregunté:
Roberto.- ¿No me has llamado?
Leandr o.- No ha hecho falta, pero lo iba hacer en cada uno de los rincones de
seguridad que me había diseñado.
R.- ¿Y cómo que no te ha hecho falta?
L.- Simplemente cuándo me encontraba en ese punto de seguridad, sabiendo que
podía llamarte, tenía la sensación que podía hacerlo y entonces me decía qué lo haría, si es
necesario, en el siguiente.
R.- Así funciona la mente humana, cuándo sabemos que podemos hacer, lo hacemos o
no, lo malo es cuándo no podemos hacer, o nos creemos que no podemos hacer, en ese
momento nos sentimos con la angustia propia de la incapacidad.
L.- Es cierto, ese es el problema, vivir cómo que no eres capaz.
R.- Bien. Ahora qué estás aquí ¿cómo te sientes?
L.- Cómo un niño con zapatos nuevos. Tengo la sensación de haber comenzado una
etapa, no sé si larga o no, pero es una nueva etapa, después de nueve meses sin salir de mí
habitación y ahora estoy aquí. Pero realmente aún no las tengo todas conmigo.
R.- Nueve meses, igual que un embarazo.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 202
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
L.- Bueno, no sé si ya son diez meses. La verdad es que ha sido mucho tiempo, tengo
la sensación de que ha sido toda una vida.
R.- ¿Qué es para ti más importante: comenzar una etapa o terminar la anterior?
L.- No se puede comenzar sin terminar. Mira, ahora qué lo dices, en este momento no
se cuánto durará esta nueva etapa, pero de lo que sí que estoy seguro es que la anterior ha
terminado.
R.- Esto que me dices es muy importante. Y para qué se cierre del todo, y en todos los
planos, vamos a trabajar en las próximas sesiones en estado hipnótico. Sé que una de tus
esperanzas está depositada en la hipnosis, has venido a esta consulta porque sabes que
trabajamos con hipnosis. Pues bien: en este estado conseguirás ir a memorias que están lejos
de tu control actual. Si te parece podemos profundizar en esas memorias, para qué de esta
forma se cierre en todos los niveles esa anterior etapa.
L.- Me da un poco de cosa el tema de la hipnosis, pero tal cómo me lo has explicado (lo
hice en la segunda sesión en su casa) a la vez tengo la esperanza de que sea lo que necesito,
además esta forma de trabajar nunca la he realizado, y por lo tanto me estimula intentarlo.
Y de esta forma comenzamos el C.H.S.V. Una vez que Leandro se encontraba en un
estado hipnótico adecuado (no tiene por qué ser muy profundo) le propuse que siempre que
contara de 3 a 1 y dijera la palabra “dentro”, conectaría con una situación de su vida en la qué
había tenido que evitar, por miedo, realizar aquello que le hubiese gustado hacer o
simplemente tuvo un ataque de pánico. No seguí en este caso un C.H.S.V. cronológico, sino
que decidí que fueran surgiendo de forma atemporal y anárquica, en la mente de Leandro,
todas las situaciones que están asociadas al ataque de pánico o a la evitación.
- La primera situación que le vino a su mente fue a los cuatro-cinco años.
Llegaba a Madrid con sus padres de Murcia, dónde habían vivido hasta ese
momento. Recuerda con toda nitidez una pelea entre sus padres, ya qué su
padre había bebido durante el viaje (lo hicieron en tren) y le decía gritando
a su madre, que a esta no se la ocurriera ir a visitar a su familia. Le
pregunté:
- R.- ¿Y tú dónde estabas?
- L.- En un rincón al lado de las maletas, durante todo el recorrido en el tren,
mi madre me había dicho que al llegar a Madrid, podría ver a mis primos y
jugar con ellos en el parque, me hacía mucha ilusión, pero no fue así.
- R.- ¿Qué hacía tu madre?
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 203
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
- L.-Estaba preparándose para llevarme con mis primos, me estaban
esperando, vivían muy cerca, y fue en ese momento cuándo mi padre se
puso a gritar furioso.
- R.- ¿Y tu padre qué hacía?
- L.-Gritaba, yo estaba detrás de él, sólo veo su espalda y escucho sus voces.
- R.- ¿Cómo te sientes?
- L.-Tengo mucho miedo, me tapo los oídos, y no quiero salir, tengo miedo a
marcharme, no quiero ir, no sé qué está pasando.
- R.- ¿Hay alguna situación anterior en la qué recuerdes algo semejante?
- L.-No, no recuerdo ninguna otra, esta es la primera qué recuerdo.
Le tranquilizo y le hago entrar en un estado más profundo, en ese momento vuelvo a inferirle
para qué conecte con otra situación de su vida en la qué tuvo que evitar desde el miedo o
sufrió un ataque de ansiedad.
- Esta segunda situación ocurre en su comunión, a los diez años, se
encuentra en la puerta de la iglesia, todos los compañeros están con sus
familias y padres, su padre no llega, había ido a dejar su coche, y no llega.
- R.- Haz una visualización de toda la escena, cómo si estuvieras dando una
vuelta con una cámara. ¿Qué esta pasando?
- L.- Veo a mis compañeros contentos, hablando con sus padres y familia,
jugando con otros niños. En este momento estoy viendo a Fernando,
siempre ha sido uno de mis mejores amigos, está feliz.
- R.- ¿Y tú cómo vives ese momento?
- L.- Tengo rabia, estoy muy enfadado, mi madre esta constantemente
diciendo cosas cómo: “Este hombre, que le habrá pasado”, “Siempre es el
mismo”. Mis tíos están con ella y cuándo ya estoy en la iglesia miro hacía
atrás y veo a mí padre sentarse al lado de mí madre, mi tío (hermano de mí
madre) está en medio de los dos. Mi padre tiene la cabeza agachada,
parece cómo que se está durmiendo.
- R.- ¿Qué le había pasado? ¿Por qué tardó tanto en aparcar?
- L.-No tardo, la iglesia tenía al lado mucho sitio para aparcar, sólo que se
fue a un bar y bebió todo lo que quiso. Después durante meses, mis padres
no se hablaban y cuándo lo hacían era para discutir.
- R.- ¿Y tú de qué eras consciente en ese momento?
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 204
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
- L.- No era consciente de nada, sólo que me sentía con mucha rabia y me
rompí el bolsillo del pantalón de tanto apretarlo; cuándo terminó la misa y
mi madre me vio, me llevó a casa y terminó la comunión.
- R.- Llega al momento en el que rompes el bolsillo. ¿Qué haces para
romperte el bolsillo?
- L.- Tiro de él fuerte hasta romperlo, estaba algo descosido de la costura,
meto los dedos y tiro fuerte hasta qué se rompe, se me ve la pierna.
- R.- ¿Para qué lo rompes?
- L.- Tengo mucha rabia, no quiero seguir con mis tíos, no quiero que mi
padre y mi madre sigan enfadados. No sé para qué lo rompo, lo rompo.
- R.- ¿Qué ocurre cuándo termina la misa?
- L.- Le enseño el bolsillo a mí madre, se enfada mucho conmigo y mi tío nos
lleva a casa.
- R.- Cuándo llegaste a casa ¿qué ocurrió?
- L.- Mi madre me acostó. Me parece que mi padre llegó, discutieron y se
volvió a marchar de casa.
- R.- ¿Te dormiste?
- L.- Lloré, me arañé, mordí la almohada, no me dormí en toda la noche.
- R.- ¿Qué sentiste en esa noche?
- L.- Mucho miedo, mi corazón estaba muy acelerado, me sentí muy
nervioso.
- R.- ¿Llamaste a tu madre?
- L.- Sí.
- R.- ¿Qué hizo ella?
- L.- Se acostó conmigo.
- R.- ¿Eso te tranquilizó?
- L.- Sí, desde aquella noche no podía dormir si ella no se acostaba conmigo.
Cuándo se acostaba a mí lado, entonces podía dormir, si no se acostaba
conmigo mi corazón se ponía a mil, y estaba pendiente de escuchar si mis
padres regañaban, eso no me dejaba dormir.
- R.- ¿A qué tenías miedo?
- L.- A los gritos, las peleas, a mí corazón, a qué me muriese.
- R.- Y cuándo tu madre se acostaba contigo, ¿tu padre, qué decía?
- L.- En muchas ocasiones me decía qué era un miedoso y un cobarde, en
otras ya era costumbre. No obstante, mi padre por la noche casi siempre
estaba borracho.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 205
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
- R.- ¿Se puede decir que aquí comenzaron los miedos a dormir sólo?
- L.- No lo sé, sé que a partir de ese día mí madre tenía qué acostarse
conmigo para qué pudiera dormir.
Con estas dos situaciones creí que era suficiente por esta sesión, las dos situaciones
que vivió Leandro las vivió con mucha emoción, eso sí, de una forma especial, ya qué estaba
viviendo todo lo que aconteció, con mucho impacto emocional, pero a la vez bajo control. Es
una de las grandes ventajas de trabajar en estado hipnótico, podemos vivir con intensidad
pero bajo control.
Una vez Leandro estaba de nuevo en vigilia, analicé con él estas dos secuencias antes
de que se marchara:
R.- De todo lo que has vívido hace unos minutos, ¿qué es nuevo para ti?
L.- Muchas cosas. Fundamentalmente nunca me había acordado de la secuencia con
cinco años. Sabía qué había llegado a Madrid de Murcia, pero en ningún momento tenía tan
consciente el problema de mí padre con la familia de mí madre, incluso aunque siempre he
sabido que se llevaban mal y que mi padre bebía, nunca había tenido tan claro cómo ahora
todo lo que realmente pasaba entre ellos, y sobre todo hasta qué punto la bebida le había
perjudicado tanto.
R.- ¿Pero sí que sabías que bebía?
L.- Claro que sí, cómo no iba a saberlo, sólo que de alguna forma no había tenido
nunca la conciencia de todo lo que he vivido en este momento, de forma tan clara.
R.- ¿Y cómo te sientes ahora?
L.- Confuso, es cómo si me hubiera quitado un clavo del pie, pero todavía me queda el
dolor y sobre todo la sensación de que puede quedar algo dentro.
R.- Bueno, si te sirve de algo, esa sensación es totalmente normal. Tendrás que
esperar unas semanas para qué podamos conectar de nuevo con esas situaciones y ponerlas
en su sitio, ahora estamos conociendo. Confía en mí, ya vendrá el viento y se llevará el
humo.
L.- Algo que me ha dejado impactado es darme cuenta de una forma distinta, de algo
que ya sabía, y que de hecho había trabajado con otros terapeutas. Me refiero a los motivos
por los que necesitaba qué mi madre se acostara conmigo. Cómo te digo, en otras terapias
lo he trabajado, y creo que fue uno de los mejores logros de estos tratamientos, conseguir
que pudiera dormir sin mi madre. Dejé de acostarme con mi madre, o ella conmigo a los 17-
18 años, y sé que gracias a este cambio pude tener el mejor momento de mí vida, incluso
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 206
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
me fui a Alemania. Pero de lo que no era consciente, hasta este momento, es de algo que
no te he contado, pero que lo he visto, según te decía lo que estaba ocurriendo.
R.- ¿Y qué es?
L.- No sé si era yo el que me acostaba con mi madre o se acostaba ella conmigo, es
decir no se si lo hacía para protegerse ella de mí padre o para protegerme a mí del miedo.
R.- Y eso ¿qué cambia?
L.- Siempre he tenido la sensación de necesitar a mí madre por las noches, de hecho
siempre he vivido cómo que gracias a ella podía tener seguridad. Ahora no sé si la seguridad
se la daba yo, o me la daba ella.
R.- Y si os dabais la seguridad ambos a la vez, ¿qué cambia en ti?
L.- No sé, es difícil de explicar, me siento un poco confuso, por un lado, cómo si
hubiese vivido un engaño, y por otro mucho de alivio, cómo si me hubiese quitado una losa.
R.- ¿Y cómo lo sabes?
L.- Es cómo si te quitan un peso que te impide salir, es cómo si se abrieran ventanas y
entrara el sol. Antes estaba todo muy negro.
R.- ¿Dónde esta el alivio? ¿y dónde está el engaño?
L.- El engaño es que me han hecho sentir toda la vida cómo que no podía dormir sólo,
cómo que era un cobarde. El alivio es descubrir que cada vez que necesitaba qué mi madre
se acostara conmigo, es porque tenía miedo de lo que hicieran mi padre y ella. Esto me
alivia, ya qué significa qué sólo era un niño asustado por un peligro real, no era un mojigato
que tenía miedo de estar sólo.
R.- Los laberintos del miedo son muchos. No conozco a nadie que tenga un miedo sin
motivo, ahora estás empezando a descubrirlos, por eso te dije en la primera sesión que lo
importante es descubrir lo que el miedo quiere comunicarte. Bien, de aquí a la semana qué
viene, pregunta y habla con tu madre, que te cuente cómo vivió ella esto que tú acabas de
vivir, contrasta, no confrontes, no la juzgues, ni la culpes, lo importante ahora es saber
cómo vivieron los demás su historia. “Tu” historia.
L.- Gracias Roberto, la semana qué viene nos vemos.
Cómo puedes darte cuenta, amigo/a lector/a, aunque estás memorias estaban dentro
de Leandro, ni era consciente de todo, ni con mucho tenían el mismo significado que puedan
tener después de esta sesión para él. Son muchas las cosas que podríamos analizar de esta
sesión, pero quiero de todas ellas resaltar la forma de comunicarnos, en nuestro modelo con
el paciente, ya qué no sólo trabajamos en estado hipnótico, para de esta forma conseguir
comunicarnos con memorias que son difíciles de localizar en vigilia, también cuándo el
sujeto no esta hipnotizado empleamos el lenguaje metafórico o figurado, así cómo utilizamos
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 207
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
las propias palabras del paciente para encontrar en ellas otros significados y otras
acepciones. Al igual que hice con la palabra CAPAZ, también en estas últimas frases empleé
una artimaña lingüística: cuándo Leandro me dice: “cómo si me hubiese quitado una losa”.
Yo le digo. “¿y cómo lo sabes?”, en ese momento, igual que al analizar la palabra CAPAZ, la
mente intelectual y racional de Leandro analiza su capacidad, pero a la vez su mente más
holística encuentra otras palabras cómo: CAPA, PAZ, AZ; con esta pregunta: “Y ¿cómo lo
sabes?”, además de profundizar en su sabiduría y a la vez asegurarme de lo que sabía, le
digo en otro registro lo siguiente: “Y CÓMO LOSA VES”, es decir quiero que mire esa LOSA
qué se ha tenido que quitar, y que me diga lo que veía qué no veía, quiero que sea
consciente qué tipo de LOSA tenía encima de él, y que se dé cuenta de lo que le impedía
advertir, y que ahora sí que puede ver. Le pido, en definitiva, que defina la LOSA qué se ha
quitado. En ese momento contesta qué se le abren ventanas y entra el sol, antes era
oscuridad, y sobre todo indica qué se siente aliviado, ya qué es cómo si hubiese salido del
engaño, dónde no sabía si era su madre quien le protegía o era él quien la protegía a ella.
No es casualidad, siempre que trabajamos a dos niveles, el paciente responde a dos niveles,
y curiosamente eso es necesario para grabar nuevas memorias.
Creo que es necesario aclarar, después de lo dicho, que cuándo empleamos este tipo
de comunicación y lo que comunicamos no tiene que ver con el conflicto, no ocurre nada en
el paciente, es cómo si la información pasara desapercibida y, de tal manera qué nos damos
cuenta de que nuestra hipótesis ha sido refutada, y la vivencia del paciente no tiene ningún
tipo de conexión, en ningún nivel, con lo comunicado, conectándose sólo a nivel intelectual,
y por lo tanto sin movilizar la parte emocional del sujeto. Pero sí este tipo de comunicación,
a un nivel más profundo que el intelectual, conecta con el conflicto, entonces se producen
respuestas cómo la anterior. Por lo tanto, tenemos mucho que ganar y poco que perder con
esta tecnología, tenemos que saber que cuándo planteamos una estrategia cómo ésta,
después de hacernos una hipótesis, si no tiene que ver con el conflicto, nada cambia, nada
mejora, nada se mueve, y razonablemente lo único que hemos hecho es refutar una
hipótesis. Pero sí la hipótesis es correcta y después de lanzarla nuestro paciente se moviliza,
cambia y mejora, simplemente hemos logrado hacer que todo encaje, y eso es un arte.
Volviendo a Leandro, después de esta sesión, habló con su madre de todo lo ocurrido
en esa época de su vida, hablaron de forma tranquila y de adulto a adulto, de tal forma qué
tanto uno cómo el otro, se pudieron decir sus vivencias y pudieron comprenderse mucho
mejor en este momento. Su madre le fue explicando cómo fueron las cosas, de tal forma
qué Leandro pudo comprender mejor lo que pasaba, en aquella época, entre su padre y ella.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 208
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
En todo momento fue consciente de que su madre lo hacía bajo su óptica, tan subjetiva
cómo la de cualquiera, pero fue ayudándole a comprender elementos que Leandro tenía
cómo lagunas de silencio. Algo fundamental fue la confirmación de la madre, que en un
momento de su vida, cuándo él tenía entre diez y dieciséis años, acostarse con él, le servía
para no tener que soportar a su padre, ya qué aunque nunca éste la agredió físicamente, en
muchos momentos pasó miedo a poder ser agredida. Acostarse con su hijo también le sirvió
a ella de refugio.
En posteriores sesiones Leandro fue adentrándose en todo un laberinto de situaciones y
de hechos acontecidos alrededor de la vivencia del pánico o de haber tenido que evitar. Es
muy largo para el objetivo de este libro escribir todo lo que Leandro me fue diciendo,
además en cada una de estas situaciones surgieron otros nudos emocionales adheridos a
situaciones que iban tejiendo toda su red existencial y vital. Es por ello que trascribo
aquellas que al final determinaron ser las cruciales para el proceso terapéutico:
- A los catorce años tiene que ir de excursión con sus compañeros de clase,
es el clásico viaje de varios días cómo final de curso de lo que entonces era
la E.G.B.; ya tenía todo pagado y preparado, y una semana antes de irse,
acostado y con su madre en la cama, le da su primer ataque de pánico, que
describe cómo falta de aire, sensación de ahogo y sobre todo una
taquicardia fuera de lo común. Le llevan al médico y en ese primer
momento le diagnostican una crisis asmática, posteriormente con el tiempo
y después de numerosas crisis, varias veces al día, es diagnosticado de
Trastorno de Ansiedad y tratado con psicofármacos y psicoterapia. Al
preguntarle en estado hipnótico sobre su recuerdo de esa noche, me indica
qué comenzó a imaginar que no estaría su madre con él en el hotel, y
comenzó a ponerse fatal, hasta qué empezó a notar que no podía respirar.
También le pregunté qué es lo que hizo la madre cuándo le ocurría esta
sensación de asfixia, y me indica qué se levantó a darle una manzanilla y
después se quedó dormida; se seguía sintiendo cada vez peor, de forma
qué la tuvo que despertar y es en ese momento cuándo le llevo a
Urgencias. El padre ni se despertó y se entero al otro día. Le dejaron
hospitalizado varios días haciéndole pruebas. Todos los compañeros de
clase se fueron a esa excursión, le dijo en el colegio que tenían que seguir
haciéndole pruebas y que no podía marchar, vio cómo se iban sus amigos
en el autobús, ya qué el colegio estaba enfrente de su casa, y él se quedó
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 209
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
todos esos días sin salir de su habitación. Al preguntarle cómo vive hoy
todo ese recuerdo, vuelve a indicar que muchos de los detalles no los tenía
en la memoria, y que se ve cómo un niño enfermo que observa cómo los
compañeros se van felices y él se queda sólo en su habitación.
Posteriormente, me comunica qué se ha dado cuenta de que en aquella
escena, en la qué mira cómo se marchan los compañeros, siente alivio, y
que en verdad prefirió tener una enfermedad a enfrentarse a pasar una
noche sin su madre. En ese momento le pregunto si ya tiene claro quién
estaba cuidando a quien. Y bajo un estado de llanto muy aparatoso, muy
explosivo, me dice que durante la inducción sentía qué realmente no era un
miedo a no tener cerca a su madre en el hotel, cómo a no saber qué se
encontraría a la vuelta de esa excursión, ya qué temía qué sus padres
discutieran y le pasara algo a su madre. En ese momento le pregunté si
alguna vez su padre había agredido a su madre, y me responde que nunca
observó ninguna agresión, lo máximo algún empujón, pero siempre pensó
que las cosas no iban a más porque él estaba allí, y que ahora era
consciente de que en muchas ocasiones no iba a jugar a la calle porque su
padre estaba en casa, y si le veía venir, rápidamente dejaba el juego y se
subía a casa. Nunca sabremos en realidad si esta nueva forma de observar
lo que ocurrió, es una explicación actual o realmente es lo que sentía
entonces. A mí cómo clínico, lo único que me importa es que todo eso lo
tenía dentro y le estaba haciendo daño.
Este es otro tema qué me interesa aclarar y ahora creo que es el momento. Cuándo
una persona se encuentra en estado hipnótico, y vive una situación pasada, de ninguna de
las maneras podremos saber si lo que vive, es realmente lo que ocurrió, o simplemente es
algo que quedó grabado así en su mente. Incluso tampoco podremos saber si realmente se
grabó así, o simplemente es una invención de este momento. Es por todo esto que nunca se
deberían hacer peritajes judiciales, teniendo cómo prueba la vivencia en estado hipnótico de
aquel que declara. Ya digo que nunca podremos saber si eso es simplemente la memoria de
aquel que vivió esa situación y si eso coincide con lo que ocurrió en la realidad. No obstante,
para el desarrollo de nuestro trabajo en psicoterapia esto es indiferente. No somos policías
ni mucho menos somos jueces, de tal forma qué aquello que el paciente vive en estado
hipnótico o en vigilia, es lo que realmente ocurrió para él, incluso sabemos que los
simuladores o las personas que engañan sabiendo que lo hacen, la información que
trasmiten tiene a nivel neurológico capacidad de ser codificada cómo real, y si la repiten
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
muchas veces, terminan por creer que aquello que era en un principio un engaño, ocurrió de
verdad. Nosotros somos clínicos o psicoterapeutas y lo que nos importa es lo que tiene el
cerebro de esa persona grabado cómo realidad, y por consiguiente, para nuestra
intervención aquello que nos dicen, sea o no lo que pasó, es lo que sucedió para esa
persona. Ahora bien, nunca puede ser expresado cómo “verdad” o “hecho acontecido” en un
peritaje judicial, porque nunca podremos saber si eso fue lo que ocurrió, para ello se
tendrán que cotejar pruebas mucho más objetivas y tangibles. Tenemos que saber que
nuestro objetivo cómo profesionales de la salud no es descubrir la verdad, sino que
debemos descubrir aquello que está grabado en la mente de la persona qué tenemos
delante, y que le bloquea su proyecto vital o interfiere negativamente en aquellos que le
rodean. No enjuiciamos ni hacemos una investigación policial, para eso están los jueces y los
policías.
Otras situaciones que manifestó Leandro en el C.H.S.V. fueron:
- Tiene ocho años, recuerda las cenas de ese verano, con un calor insoportable, el
padre sin camisa y con pantalón corto, dando sermones a su madre y a él, unos días por la
comida, otros por el trabajo, por cualquier cosa, durante todos los días. Siente mucho miedo.
Le pregunto por el tipo de miedo, y me dice que es un miedo que se le pone en el pecho, es un
miedo al grito a la tensión que se respiraba, a no poder escapar, a qué algo muy grave le
ocurra a su madre. Siente también asco, mucho asco por la boca de su padre, masticaba de
una forma muy especial y hacía ruido.
- Tiene veinte años, se encuentra muy bien, ya prácticamente no tiene angustia, y los
ataques de ansiedad no se producían desde hacía un año, decide irse de Erasmus a Alemania,
se siente fuerte, feliz, con ganas de vivir. Es la primera vez que aparece un recuerdo positivo
(quinta sesión); le pregunto qué había pasado para ese cambio. Me indica qué con la ayuda de
su psicóloga comenzó a dejar de acostarse con su madre. También trabajaron las relaciones
con iguales, y tenía desde hacía un año más o menos un grupo muy divertido de amigos y
amigas que había surgido de un club ecologista en el que se inscribió en el colegio. Hacían
excursiones al campo y hacían senderismo, lo recuerda cómo la mejor etapa de su vida, incluso
me indica qué al estar recordando la vivencia, tiene un color distinto a las anteriores situaciones
recordadas, es un color más claro, cómo lleno de luz; las anteriores situaciones estaban dentro
de la escala del gris. Le pregunto por su madre y su padre en ese momento, me dice que al
padre le habían trasladado a una factoría a las afueras de Madrid (trabajó siempre en una
empresa multinacional del automóvil cómo contable) y llegaba muy tarde a casa, eso le hizo
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 211
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
sentirse más cómodo, ya qué cuándo llegaba el padre lo único que hacía era cenar y meterse
en la cama, había menos broncas, no obstante no sabe muy bien por qué, se supone que por la
edad y por la terapia, le daba lo mismo lo que pudiera ocurrir; estaba muy harto.
Enlaza con la decisión de irse a Alemania, curiosamente en esta decisión su padre le
ayudó mucho, fue con él a la embajada y estuvo muy cerca en todo el papeleo. La madre
también estuvo de acuerdo con la decisión, vuelve a recordarlo cómo un momento fenomenal;
tenía veinte o veintiún años. El día qué montó en el avión estaba un poco asustado, nunca
había salido de España, pero una vez que pasó por la aduana en el aeropuerto, se sintió feliz, y
en los cinco años que estuvo en Alemania se encontró sin ningún problema de ansiedad, se fue
de Erasmus y se quedó trabajando en un hotel de recepcionista, acabó los estudios en
Alemania y aunque la títulación es distinta, luego la homologó en España. Se escribía poco con
sus padres, aunque tenía información puntual de lo que ocurría, siempre tuvo la idea de que su
padre en esa época bebía mucho menos y que su madre y su padre estaban mucho mejor, con
sus cosas, pero mucho mejor.
- Me cuenta la llamada de la madre desde el hospital dónde estaba su padre ingresado
después de haber tenido un infarto; vuelve a Madrid, tiene veintitrés años, su padre tiene un
proceso muy complicado, vuelven los problemas a casa, estuvo insoportable, realmente era
horrible convivir con él, deseó muchas veces la muerte, a los cuatro meses murió de otra crisis
cardiaca.
- Está en el cementerio, están enterrando a su padre, no hay mucha gente, la familia de
la madre no acude, se siente sólo y derrotado. Su madre no llora. No vuelve a Alemania, se
queda trabajando en un hotel en Madrid. Una noche estando de guardia un señor muy bebido
le increpó, cuándo se fue el cliente tuvo de nuevo un ataque de ansiedad, hacía años que no
los tenía. A partir de ese momento fue todo cuesta abajo, prácticamente no podía ir a trabajar,
le despidieron, comenzó a traducir y a jugar en bolsa, le fue bien económicamente, fatal en la
relación con su pareja con la qué pocas veces podía salir de su casa. Sólo se encontraba a
gusto con su madre, sólo ella le daba seguridad, poco a poco fue envolviendo su vida en
evitaciones y fracasos.
- En la sexta sesión le aparece en el C.H.S.V. una secuencia de unos diez meses atrás,
tiene treinta años, su novia ya le había dejado hacía más de un año, se siente mal, está en su
casa, es Navidad, intenta dar el paseo que todos los días se permitía en esa temporada,
paseaba cuándo ya era de noche, la noche le daba seguridad. Salió a la calle, la gente iba muy
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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deprisa, tuvo la sensación de ser un extraño para los demás, no conocía a nadie, la gente se
amontonaba para coger el autobús –llovía-, las tiendas estaban repletas de gente, se sintió muy
raro, cómo de otro planeta, eso no era lo que hubiese deseado para él con 29 años, se sintió
cómo un extraterrestre, no era de ese mundo, se quedó paralizado, se tuvo que sentar en un
banco, las piernas no podía moverlas, el pecho le oprimía, temía morir de un infarto. Un señor
se acercó a él y le dijo si le pasaba algo, cómo pudo le ayudo a ir hasta el portal de su casa,
cuándo subía su madre llegaba, no pudo ir ni al hospital, se acostó, se quedó en su cama dos
semanas, sin afeitarse, sin comer prácticamente, sin cambiarse de pijama, su médico fue a casa
varias veces, le recetó Citalopram y Alprazolam; durante mucho tiempo salir de su habitación le
producía pánico, si su madre estaba con él se encontraba mejor, aunque nunca bien. Una
madrugada escuchando Radio Nacional de España, en el programa “De la noche al día” que
realiza Manuel H.H. escuchó a un psicólogo que hablaba de la agorafobia, según sus palabras
“decía cosas distintas”, y sobre todo se le quedó grabada una frase:
“Aquel que no puede vivir sin una determinada persona, es probable que tampoco pueda vivir
con ella”
Ese psicólogo era yo, fue entonces cuándo unos días después mi secretaria me dijo que
un paciente quería hablar personalmente conmigo. Cuándo hablé con Leandro, escuché por el
teléfono a una persona qué por el timbre me parecía muy joven, pero por la forma de hablar
reflejaba cansancio y poca fortaleza, cómo un anciano. Aunque no es lo habitual, después de
escucharle que llevaba nueve meses sin salir de su casa, accedí a tener una primera consulta
dos días después a esta llamada. El resto amigo/a lector/a ya lo conoces.
En la sexta sesión (cuarta en la consulta) di por terminado el C.H.S.V. En todo este
tiempo sólo había conseguido que Leandro conectara con todas las memorias que estaban
adheridas a las situaciones en las que había evitado enfrentarse a una situación temida, o había
tenido un ataque de pánico. No había cambiado nada de esas memorias, sólo me limitaba a
escuchar y a guiarle por la situación hasta qué parecía qué la información de este
acontecimiento estaba agotada. No obstante, en estas cuatro sesiones de C.H.S.V. Leandro hizo
progresos, ya qué en la quinta y la sexta sesión vino sin su madre. Por supuesto no le pregunté
por ello, y curiosamente en algún momento me dijo: “Ahora resulta qué es aquí contigo dónde
me encuentro más seguro, si fuera por mí estaría aquí todo el día”, por lo tanto mi primera
hipótesis se confirmaba, en este momento Leandro tenía la seguridad en el vínculo y no tanto
por el lugar dónde se encontraba, de alguna forma esto siempre fue así, pero el problema es
que, hasta ahora, no se había dado cuenta. De esta forma, vuelvo a repetir, sin trabajar
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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ninguna estrategia terapéutica, simplemente expresando lo que estaba viviendo en cada escena
y sobre todo desde el vínculo establecido, Leandro había conseguido salir en varias ocasiones
de casa sin tener que venir a la consulta, incluso en alguna ocasión había quedado con un
conocido (ahora amigos no tenía) para salir a tomar una manzanilla.
Fase de desencuadre y desplazamiento
Una vez hemos encontrado un ramillete suficiente de situaciones asociadas al motivo de
consulta del paciente, y al analizarlas observaremos todo un guión que encaja cómo un puzzle
en su totalidad. El sufrimiento del paciente una vez realizada la fase de encuentro y marca,
suele ser distinto, ya qué es posible que hallamos facilitado que el paciente delimite sus partes
sanas de aquellas que son conflictivas. También en este momento tenemos datos suficientes
para poder determinar los deseos básicos que el paciente pudo realizar y aquellos que no pudo
hacer. Inmediatamente en esta “fase de desencuadre y desplazamiento”, intentaremos grabar
nuevas memorias sobre las anteriores ante las mismas situaciones, es decir, ante los mismos
hechos o acontecimientos que ocurrieron, intentaremos que el paciente los encuadre desde otro
patrón emocional más adaptativo para este momento que ahora vive, de tal forma qué estas
memorias no estorben o bloqueen la trayectoria vital, el proyecto de vida. El objetivo es
conseguir que en el presente las memorias pasadas no sean un obstáculo.
La tecnología qué empleamos para conseguir este cambio terapéutico, es volver al
acontecimiento y conectar con la memoria de “estar allí”, en esta memoria es cómo si el
paciente volviera a vivir la situación tal cómo ocurrió para él. De forma qué pueda conseguir
algún cambio en la convivencia, que en ese momento tuvo con la situación, que de nuevo está
viviendo. Estos cambios van dirigidos a un desplazamiento del lugar o posición que ocupó el
sujeto en el acontecimiento, para qué de esta forma la situación traumática quede relegada, y
el paciente pueda vivir su presente con garantías de haber hecho aquello que no hizo y debería
haber realizado, o dejar de hacer aquello que en aquel momento no debería haber hecho, si el
acontecimiento sucediera de nuevo hoy.
A toda esta situación de cambios de la historia vivida la denominamos DESENCUADRE,
es decir, el sujeto tiene encuadrado el acontecimiento en su estructura global, así cómo tiene
encuadrados a las personas, sentimientos, palabras, gestos y un sinfín de elementos que
componen el conflicto. Pues bien, nosotros intentaremos que ese encuadre se desencuadre,
cambiando la posición en la qué se encuentra el paciente, apartándole de la actitud, lugar o
simplemente colocándole en la situación con los recursos actuales, para qué pueda ver los
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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acontecimientos desde otra perspectiva. Si encuadrar significa: “distribuir las personas o cosas
conforme a un esquema de organización determinado”, desencuadrar será en definitiva hacer
un cambio en esa distribución, elaborando un nuevo esquema de organización y una nueva
perspectiva de toda la situación vivida.
En absoluto pretendemos grabar una situación que no aconteció, ya qué esto sería
estéril, lo que pretendemos es que el sujeto, desde su situación actual, en la qué entre otras
cosas ha crecido en experiencia y vivencias, pueda realizar aquello que no pudo hacer o decir
en aquel momento, o en todo caso, pueda entender por qué no pudo hacerlo de otra forma, y
por lo tanto, que pueda realizarlo ahora, delante de nosotros, con nuestro permiso, y
precisamente ante la memoria del “estar allí”.
Cuándo el conflicto es que alguien importante no realizó algo fundamental para el
sujeto, con este desencuadre el sujeto puede separarse de los sentimientos de abandono y
colocar a cada personaje en la posición que en este momento ocuparía, y no en la qué ocupó
en el momento en el que aconteció el trauma, colocándose también él mismo en la posición
más sana y adaptada.
En el desencuadre podemos diferenciar varios momentos que suelen repetirse cada vez
que lo realizamos:
Escenificación.- En este momento el sujeto vive cómo si estuviera delante de él todo lo
que sucedió, todo el conflicto, con todos los detalles, tal cómo estaba anteriormente
encuadrado y lo compara con el que queda en el desencuadre.
Rescate.- Es el momento en el que surge el cambio de perspectiva. En este momento
su papel en el conflicto cambia, siendo cómo el rescate de alguien que estaba atrapado y se le
abre una puerta para qué pueda salir.
Desenlace.- Es el momento final o cómo acaba la historia para el paciente, es el final
que este escoge y vive cómo definitivo.
Experiencia emocional correctora.- Será el primer momento de cambio, o punto de
inflexión en el que cambia el encuadre anterior y se establece el desencuadre y a la vez el
cambio de situación.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Reestructuración emocional.- Propia de la fase de desencuadre y desplazamiento. En
esta nueva perspectiva el sujeto reestructura todas sus emociones, de tal forma qué puede
expresar las más ceñidas a la situación del conflicto, liberándose de la rigidez emocional que le
paralizaba y, de esta forma, poder sentir emociones más adaptadas y vinculadas con su
presente. Es importante que todos podamos sentir todas las emociones, sentir un abanico
amplio de emociones es uno de los criterios de salud más fiables, el problema lo encontramos
cuándo tenemos una rigidez emocional, y sólo podemos sentir unas pocas.
Recordemos, tal cómo decía Milton H. Erickson:
“Dónde hay rigidez pongamos flexibilidad”
Reestructuración cognitiva.- Son los pensamientos y representaciones, que cambian en
el sujeto, al producirse la experiencia emocional correctora. Es aquí dónde conectamos con la
tercera fase de nuestra intervención: “Fase de reestructuración y resolución”.
Cuándo este proceso de desencuadre finaliza y se producen los momentos
anteriormente descritos, aparece una nueva posición del paciente que denominamos
DESPLAZAMIENTO. El desplazamiento es en este caso el movimiento de separación que realiza
el paciente respecto al conflicto y los deseos no realizados a los cuáles estaba fijado,
desplazándose a otra situación desde la cuál se sentirá con herramientas para encarar de otra
manera la carencia y su trauma.
Cuándo se ha conseguido el desencuadre y desplazamiento de cada una de las
situaciones más conectadas al conflicto, en este momento se suele producir un acontecimiento
en casi la totalidad de los pacientes, y es que toda la situación cambia de significado y es en
ese momento cuándo podemos darnos cuenta de que el cerebro ha vuelto a conectar todas sus
estructuras en perfecta armonía, en ese momento el cerebro intelectual puede metabolizar el
imput emocional, deja de estar desconectado y por consiguiente es posible la reestructuración
cognitiva, pero, claro está, cuándo el trauma y los programas emocionales que lo envolvían
quedan liberados y por lo tanto el sujeto no tiene una situación global de amenaza, viviendo en
este momento un patrón global de seguridad. Es ahora cuándo podemos reestructurar y
conseguir lo que un cerebro no traumatizado suele hacer de forma espontánea y cotidiana.
La fase de desencuadre y desplazamiento de Leandro, comenzó con la secuencia de la
comunión, Esta fase de desencuadre se puede hacer siguiendo dos estrategias, en la misma
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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sesión en la qué se encuentra y se marca la situación problema, en ese mismo momento se
desencuadra y se desplaza, o cómo hicimos en este caso, primero realizamos toda la
exploración y después vamos escogiendo las situaciones que nos describió el paciente,
siguiendo un plan de acción dónde sepamos incidir sobre aquellas secuencias más epicéntricas
dentro del conflicto del sujeto. Saber determinar las secuencias nucleares es una de las
maniobras más especializadas de este modelo; si lo conseguimos nos damos cuenta de cómo
van cayendo las memorias cómo fichas de dominó. Por tanto, la escena qué escogemos en
primer lugar, segundo y demás no tiene por qué ser en la misma secuencia qué el paciente fue
expresándolas, lo importante de todo este proceso es conseguir desencuadrar y desplazar las
memorias y los programas emocionales que están instalados en esas memorias de situación, y
es importante que primero se hayan localizado las situaciones nucleares que están unidas al
conflicto, y después tener la habilidad de ir desencuadrando y desplazando aquellas centrales.
De hecho es así cómo pienso que están estructuradas las memorias en nuestra mente, cómo un
racimo de cerezas, unas mezcladas con otras.
En el caso de Leandro entendí que la memoria adherida al suceso de su comunión era
un punto de inflexión y, de esta manera, fue con esa secuencia con la qué comencé este
proceso de desencuadre y desplazamiento.
En la Séptima sesión, después de varios minutos hablando de cómo le había ido la
semana, me comentó que había salido al cine con otro conocido con el que mantenía
correspondencia por Internet en un chat, se tumbó en el diván y cuándo estaba en un estado
hipnótico, en esta ocasión bastante más profundo que en otras situaciones (en esta fase es
muy importante llegar a las memorias de “estar allí”), le guié empleando los detalles y las
palabras más cercanas a las que él pronunció en su día y que yo tenía marcadas en mi dossier:
- Y ahora cuándo cuente de 3 a 1 y diga la palabra dentro, llevarás tu mente a ese
momento en el que te estás vistiendo con tu traje de comunión:
R.- ¿Quién te ayuda a vestirte?
L.- Mi madre.
R.- ¿Cómo te sientes?
L.- Muy guapo, iba vestido de príncipe.
R.- Mira la cara de tu madre, ¿qué te dice su expresión?
L.- Esta muy orgullosa de su hijo, también ahora noto que está nerviosa,
siempre que mi madre está nerviosa le tiembla el párpado del ojo izquierdo, y ahora la esta
temblando.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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R.- Su tensión te pone nervioso.
L.- No, yo estoy nervioso por el día qué es, encuentro en la tensión de mí
madre algo natural, su hijo iba a tomar la comunión por primera vez, y mi madre es muy
religiosa.
R.-Bien. Ahora ya estas yendo hacía la iglesia, ¿con quién vas?
L.-Voy en el coche con mi padre y mi madre, conduce mi padre, siempre ha
conducido muy bien, nunca ha tenido ningún percance, pero mi madre está constantemente
diciéndole que no vaya tan deprisa. Unos minutos antes de llegar a la iglesia, mi padre se
enfada con mi madre, por lo pesada qué se pone con la velocidad; nos deja al lado de la iglesia
y se marcha enfadado, después se fue a beber y entró en la iglesia muy borracho, mi tío
(hermano de mí madre) fue a por él al bar, estuvieron discutiendo, pero al final consiguió que
entrara en la iglesia.
R.- Quiero que desde tu yo actual encuentres algún momento en el que tú
puedas cambiar algo de lo que ocurrió, que realmente dependiera de ti. No busques los
cambios que otros tendrían que haber hecho, sólo busca aquello que tú podrías haber hecho o
que no deberías haber hecho, para qué si estuviera ocurriendo en este momento, te sintieras
mucho mejor. ¿Qué cambias?
L.- No me rompo el bolsillo.
R.- Repite, no te he escuchado bien (lo dijo cómo hablando para él, muy
bajito).
L.- No me rompo el bolsillo, miro a mí padre, se está quedando dormido en la
iglesia, y yo no me rompo el bolsillo.
R.- ¿Y qué cambia qué no te rompas el bolsillo?
L.- No me llevan a casa, no me meto en la cama, no lloro, no me araño, no
muerdo la almohada, no me muero de miedo, no llamo a mí madre y ella no se acuesta
conmigo. Todo eso cambia al no romperme el bolsillo.
R.- ¿Y qué crees que hubiese pasado con tus padres?
L.- Posiblemente algo semejante a lo que ocurrió, mi padre se hubiese ido a
seguir con su borrachera y mi madre no habría tenido más remedio que estar conmigo, ella
nunca me hubiese abandonado.
R.- En aquel momento y mirándolo desde la perspectiva qué ahora tienes,
¿por qué realmente te rompiste el bolsillo?
L.- Creo que me lo rompí para hacer daño, porque estaba harto de que me
fastidiaran todos los días de mí vida, tenía mucha rabia, y me rompí el bolsillo.
R.- Saca esa rabia ¿qué podrías hacer para sacarla qué no sea romperte el
bolsillo?
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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L.- Iría a mí padre cuándo terminara la misa y le diría qué es un idiota, le
insultaría delante de todos, le diría qué me estaba haciendo mucho daño.
R.- ¿y él qué hubiese hecho?
L.- No lo sé pero me hubiese gustado decírselo.
R.- ¿Nunca se lo dijiste?
L.- Sí, cuándo estaba enfermo, después de venir de Alemania, estaba
insoportable, y un día qué no quería comer y quería volver a beber vino, le dije que no, me
enfrenté a él por primera vez en mi vida, le insulté e incluso le levanté la mano, falto poco para
no darle un puñetazo.
R.- ¿Él qué hizo cuándo le dijiste e hiciste todo eso?
L.- Se quedó paralizado y se acostó. Unos días después murió.
R.- ¿Dónde murió?
L.- Sentado en el sillón, viendo la televisión, dejo de respirar y cuándo nos
dimos cuenta estaba muerto.
R.- ¿Qué sentiste?
L.- Nada, ya te lo dije, alivio.
R.- ¿Sientes ahora lo mismo?
L.- No, siento pena, y siento no haber podido decirle cosas bonitas, nunca pude
tener una relación padre-hijo. Se murió y no sentí nada, ahora siento mucha pena y mucho
dolor.
R.- ¿Qué cosas bonitas?
L.- Que hubo un tiempo que me ayudó mucho, cuándo me fui a Alemania,
cuándo iba a terapia, él me llevaba muchos días, cuándo no bebía era estupendo, todo eso.
R.- ¿Nunca te protegió?
L.- Sí, pero era muy extraño, me encontraba protegido con él cuándo no estaba
en casa, o cuándo me encontraba con él a solas, pero sí estábamos los tres, en ese momento
temía qué fuera a pasar algo semejante a lo de la comunión.
R.- Y si esto es así ¿Realmente no sentiste nada cuándo murió?
L.- (Llorando) Quería qué se muriera ese padre que bebía, que se quedaba
dormido en la iglesia, que regañaba permanentemente a mí madre. Pero yo le quería, yo le
quería.
R.- ¿Le querías?
L.- (llanto explosivo) Y le quiero, le quiero mucho, “papá te quiero mucho y
siempre te querré”. ¿Por qué te hacías tanto daño?, ¿Qué te pasaba?
R.- ¿Él se hacía daño?
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 219
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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L.- (más tranquilo) En alguna ocasión mi madre me dijo que cuándo se quedó
embarazada de mí, a los pocos días le diagnosticaron la diabetes, y que además le dijeron que
era una diabetes genética, y que tendrían que vigilarme ya qué yo también podría heredarlo.
R.- ¿Cómo se hacía daño? ¿Qué le pasaba?
L.- Bebiendo, quitándose la vida, era muy joven cuándo murió, sólo tenía 56
años, pero parecía un viejo, no se cuidaba, se estaba matando vaso a vaso, botella a botella.
R.- ¿Qué le pasaba?
L.- No lo sé, no sé qué le pasaba, nunca he sabido lo que le pasaba.
R.- Tranquilo, salta de la situación en la qué te encuentras ahora, estás en este
momento en esta habitación, relájate, y de nuevo explora en tu mente, llega a alguna
información, alguna situación que pueda explicarte lo que le pasaba a tu padre, cuál podía ser
el motivo de que se tratara de esa forma, buscado y si lo encuentras me lo dices.
- Pasa bastante tiempo, cerca de diez minutos, su cara pasa por distintas
expresiones, llora, se tranquiliza, yo le dejo estar, y en un momento habla de nuevo:
L.- Su padre les abandonó, a él y a sus hermanos, su madre se volvió a casar, y
tuvo que ser un infierno, vivió desde los quince años prácticamente sólo. Cuándo conoció a mí
madre, la familia de mí madre no le admitió, decían que sería un problema para mí madre, se
fueron a Murcia a vivir, él cómo contable, era muy inteligente, hacía muy bien su trabajo, y mi
madre se puso a limpiar casas. Mi madre pasó de ser una chica de bien de Chamberí a limpiar
casas. Esto es lo que sé, pero no me sirve para comprender por qué hacía tanto daño a mí
madre y a mí. No lo sé.
R.- Hay cosas que no puedes tenerlas grabadas si no las has vivido, por lo
tanto ahora, cuándo salgas de aquí, quizás sea un buen momento para qué te tomes una
manzanilla con tu madre, en un lugar tranquilo y le preguntes qué le pudo pasar, qué le pasaba
a ella, por qué le permitió que la humillara. Debes contestar todas esas preguntas que tienes
dentro, y de las que no tienes información en tu mente. Simplemente todos esos contenidos
debes conseguirlos de la voz de tu madre, ya qué tu padre no está para contártelo. En la
próxima sesión hablamos de ello. ¿Cómo te encuentras?
L.- Cansado, muy cansado, cómo si mil caballos hubiesen pasado por encima
de mí.
R.- Eran mil y uno, el último ya no lo sentiste. Te veo la semana qué viene, y
ya sabes, me puedes llamar desde tus refugios.
L.- De acuerdo Roberto, hasta la semana qué viene.
Fue una sesión muy intensa, en la qué hubo numerosos desencuadres y
desplazamientos de situaciones que estaban adheridas a patrones emocionales de amenaza y
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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de inseguridad, ahora se habían conectado a otros cómo el de rabia, furia, disgusto,
impotencia, vergüenza, interés, autocontrol, tristeza, atracción y bienestar. Todos estos
patrones emocionales han realizado un nuevo mapa emocional alrededor de estos
acontecimientos, y esto crea nuevas sinapsis, y, cómo no, nuevas memorias. Tenemos la herida
abierta, corremos el riesgo de que se pueda infectar, pero también tenemos la oportunidad de
poder sanar lo que hay dentro de la herida. La crisis está dando una oportunidad en una zona
de peligro, pero es lo único que podemos hacer, y es lo que estamos haciendo.
Tres días después de esta sesión, Leandro me llamo por teléfono, era la primera
llamada qué me hacía desde el principio de la terapia, es curioso personas tan dependientes
cómo Leandro no llaman cómo no sea muy necesario, otras personas que tienen perfecto
control de su vida, si se les da permiso llaman por cualquier cosa. Leandro llamó para decirme
que había hablado varias veces con su madre, de hecho al salir de la séptima sesión, la esperó
en una cafetería dónde comieron después de que ella saliera del trabajo, hablaron y hablaron y
retomaron la conversación durante los siguientes dos días. Me llamaba, ya qué se sentía
bastante mal. Le pregunté qué era lo que sentía, y me dijo que no tanto miedo cómo tristeza,
estaba muy triste y tremendamente agotado, tanto psicológica cómo físicamente. Le pregunté
cómo vivía esta nueva situación emocional, y me contestó que fatal, que posiblemente peor que
el miedo, ahora no había sitios de seguridad ni de pánico, estuviera dónde estuviera se sentía
muy triste, de tal forma qué se le había pasado por la cabeza, incluso, si era bueno continuar
con la terapia. Después de hablar unos minutos más, decidí que tendríamos que vernos antes
del día previsto, hice los cambios necesarios y le cité para esa misma tarde.
Octava sesión. Acudió a la hora en punto, vino sólo, realmente estaba mal, no paró de
llorar durante toda la sesión, fue una sesión en vigilia, nunca se me ocurriría entrar en estado
hipnótico con una persona tan baja en defensas, es cómo si hubiese estado durante quince
años acorazado y ahora estuviera desnudo delante de su realidad.
R.- ¿Dónde está la capa Leandro?
L.- Estoy cómo un niño desnudo e indefenso en mitad del desierto.
R.- ¿Cuándo comenzaste a sentirte así?
L.- Hace dos días, me levanté así al día siguiente de venir a consulta.
R.- ¿Crees que lo que has hablado con tu madre ha tenido que ver, o sólo lo
que aquí hemos trabajado?
L.- Me imagino que todo ha influido.
R.- ¿Es peor esto que el miedo?
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 221
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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L.- El miedo es cómo si te dejara vivir aunque vives lleno de espanto y pánico,
ahora es cómo si vivir me diera lo mismo, es distinto, ninguna de las dos sensaciones me
gustan.
R.- ¿Qué hablaste con tu madre?
L.- Me contó todo lo que la pregunté y mucho más, ella no me lo había dicho
antes por miedo a qué me pusiera peor, ha visto que en estos últimos años mi proceso ha sido
fulminante y no quería empeorarme. Qué me dijo, que mi padre había sufrido un desarraigo
toda su vida, que antes de ponerse a beber era un hombre emprendedor, y totalmente vital,
que ha ido viéndole cómo todos los acontecimientos le han ido machacando y cómo se fue
destruyendo, cómo fue enfermando.
R.- Te hago la misma pregunta qué el otro día no pudiste contestar ya qué no
tenías información. ¿Qué le pasaba a tu padre?
L.- Muchas cosas, entre otras que no era mí padre.
R.- ¿A qué te refieres?
L.- Mi madre tuvo una aventura cuándo eran novios, se quedó embarazada de
mí. Mi padre se casó con mi madre pensando que yo era su hijo, se casaron sin la aprobación
de la familia de mí madre, nadie de la familia de mí madre fue a la boda, salvo su hermano
mayor, es el tío que se sentó entre los dos en la iglesia y que fue a por mi padre al bar,
también era el padre de los niños que me esperaban a jugar con ellos cuándo vine de Murcia.
Posteriormente cuándo yo nací, y descubrieron la diabetes de mí padre, cuándo le dijeron que
era genética, se sintió muy culpable, fue a un médico privado para hacerse la vasectomía, no
quería tener más hijos, y allí descubrieron que era estéril. Mi madre tuvo que decírselo y es
cuándo comenzó todo el calvario y se dio a la bebida.
R.- Tu padre era un hombre tremendamente adelantado a su tiempo, la
vasectomía en aquellos momentos no era muy conocida.
L.- Sí pero él sabía qué se estaban empezando a realizar en España. Y según mi
madre, no se perdonaba qué yo pudiera ser diabético por herencia, y no quería tener más hijos.
R.- ¿Y cómo se lo dijo tu madre?
L.- Se lo dijo porque no tuvo más remedio, mi padre llegó, dónde vivíamos en
Murcia, borracho por primera vez y medio loco. Le dijo que si él era estéril, cómo había nacido
yo.
R.- ¿Y qué le contesto tu madre?
L.- Después de mucho mentir, no tuvo más remedio que decirle la verdad, que
en una fiesta a la qué mi padre no había querido ir, ya qué era de antiguas amigas y amigos de
mí madre, volvió a estar con el novio que había tenido toda la vida, y que allí es dónde se
embarazó de mí.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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R.- ¿Qué novio?
L.- Había tenido un novio desde que era prácticamente una niña, tenía trece
años cuándo lo conoció. Se dejaron porque él en un verano se enamoró de otra chica y dejó a
mí madre. Mi madre siempre estuvo enamorada de él, lo que ocurre es que éste la hizo mucho
daño. Al verle de nuevo no pudo resistir tener una aventura esa noche.
R.- ¿Por qué se caso con tu padre?
L.- Mi madre me dice que después de esa noche se dio cuenta de que con
quien quería realmente vivir era con quien he creído que era mí padre (Alfonso) ya qué mi
padre natural se llama Pedro.
R.- Ahora comprendo cómo te sientes. ¿Qué te gustaría hacer?
L.- No sé estoy perdido, es cómo si todo estuviera bocabajo, de pronto se me
abre una realidad completamente extraña a la qué he vivido. A la vez me siento mejor con mi
padre (Alfonso), le comprendo y le entiendo, no puedo todavía perdonarle todo el daño que me
hizo, pero ahora tengo una contestación para la pregunta qué siempre me hice: ¿Por qué se
destruye? ¿Por qué me hace esto?
R.- ¿Qué te gustaría hacer?
L.- Poder perdonar a mí madre, de su silencio, de su mentira, cuándo terminó
de contarme todo esto, me fui a mí habitación y me quería morir. No sé cómo es Pedro, no le
he visto en mi vida, siento a Alfonso cómo mi padre, pero dejó de serlo porque no se portó
cómo un padre conmigo en muchos momentos. Todo es una tragedia.
Esta consulta duró un poco más tiempo que habitualmente, realmente Leandro se encontraba
extraño, confuso, triste, muy apenado, estaba con signos claros de pena y se encontraba
sumergido en una auténtica depresión. Tenemos que tener en cuenta de que los programas
emocionales de tristeza y pena paralizan los restantes programas emocionales, es decir, cuándo
una persona siente tristeza, su plan de acción que se activa es de “quiero llorar”, “quiero estar
sólo”, “no quiero hacer nada”. La tristeza cómo emoción desarrolla sentimientos de depresión,
frustración, decepción, aflicción, pena, dolor, pesar, desconsuelo, pesimismo, melancolía,
autocompasión, soledad, desaliento, desgana, morriña, abatimiento y otros. Todos estos
sentimientos muy ceñidos a la pérdida irrevocable de algo que se valora cómo impotente, tal
cómo un ser querido, la salud, bienes, etc. En la tristeza se pierde el interés por todo, suele
predisponer a no emprender ningún tipo de acción, cómo mucho a llorar y autocompadecerse.
La reducción de la actividad es una de las consecuencias, al mismo tiempo hay una gran
desmotivación y desesperanza. La tristeza actúa cómo una llamada de ayuda; se propone
captar la atención de los demás. No conozco otra forma mejor que salir de la tristeza qué la
pertenencia a un grupo, así cómo tener una red social consistente, y Leandro en ese momento
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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se sentía totalmente desvinculado de cualquier grupo, no tenía una red social que le diera
apoyo.
No obstante esta situación emocional y este estado del ánimo que traía Leandro, tenía una
parte positiva para este momento de la terapia: la tristeza arroya al miedo, cuándo la tristeza
emerge el pánico se diluye. Este único elemento positivo tenía qué aprovecharlo. Leandro no
tenía ideas de suicidio, durante el tiempo que estuvimos en consulta en esta octava sesión,
intenté recoger de él aquello que en su día fue una siembra. Le dije:
R.- Sé que te debes de sentir fatal, estoy seguro de que si a mí me pasara algo
parecido, también me sentiría muy mal. Cuándo tenías pánico a situaciones cotidianas, pocas
personas pueden comprender esa situación, a no ser que conozcan el trastorno de tener miedo
al miedo, pero lo que te ocurre a ti sería común a cualquier humano, la información que tienes
que metabolizar es muy difícil para cualquier persona y además todos tendríamos que pasar por
la emoción que te acompaña tarde o temprano: la tristeza. Lo que estás haciendo es descubrir
lo oculto, aquello de lo que el ataque de pánico te protegía, esa información la tenías en alguna
parte de ti, creándote incapacidad y miedo. Ahora ya la conoces y es normal que estés triste y
confuso. Una vez más se confirma nuestro conocimiento sobre estos trastornos, y esto me da
fuerza para qué en este momento, aunque sé que te encuentras fatal, en el que incluso dudas
si seguir con la terapia, te des cuenta de que sólo está ocurriendo lo que tiene que ocurrir,
hemos llamado a los fantasmas y han venido, y ahora no podemos salir corriendo. Esos
fantasmas que tu parte emotiva percibían y que te hacían estar anclado en el pánico más atroz.
Ahora eres consciente de que no tenías miedo a nada concreto, tenías miedo a todo esto que
hoy conoces, de tal manera qué si te das cuenta el miedo ya no esta en ti, ahora lo que sientes
es la consecuencia del descubrimiento, ahora estás triste y es de eso de lo que te protegió el
miedo. Ahora has visto tu CAPA, has encontrado lo que estaba ocultando, nos queda conseguir
la PAZ, y saberlo todo desde la A a la Z. Ahora no puedes abandonar Leandro, ahora más que
nunca tienes que seguir.
Leandro se fue de la consulta cómo aliviado, se daba cuenta de que todo encajaba,
había buscado y había encontrado; lo que había encontrado no le gustaba pero de alguna
forma le daba un proyecto vital, antes estaba simplemente paralizado, ahora sólo no sabía
dónde ir, es distinto, algo estaba cambiado.
Le cité para dos días después, es decir en cinco días íbamos a tener tres sesiones, era
necesario, había qué contenerle y darle protección.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Cuándo llegó en la novena sesión vino acompañado de su madre, en esta ocasión ella
quería hablar conmigo; cómo explicaré en las próximas líneas su madre (Lorena) sabía qué no
era posible, en nuestro modelo una vez comenzado el proceso de terapia no mantenemos
ninguna relación con la familia, por lo que la derivé en ese momento a un compañero que la
escuchó y comenzó con ella una terapia individual. En Terapia de Interacción Recíproca,
después de la evaluación primera, cuándo comenzamos con la parte de terapia, el terapeuta
nunca habla con nadie de la familia o circulo del paciente, lo hacemos desde nuestra
experiencia, en la qué hemos descubierto que muchos de los programas de intervención que
fracasan se debe a qué a la vez se está tratando con varias personas del mismo sistema
familiar. Es por lo que hemos acuñado el término de Terapeuta-Tutor cómo aquel que lleva el
tratamiento del paciente. Una vez comenzado el tratamiento y para qué el vínculo no tenga
interferencias, el terapeuta-tutor no tiene relación con la familia. La Terapia de Interacción
Recíproca ha sido diseñada para una psicoterapia con un sólo paciente y un sólo terapeuta. La
familia es entrevistada en la fase de análisis o evaluación, posteriormente el terapeuta-tutor del
paciente no mantiene contacto con nadie que no sea el paciente. De esta forma el vínculo
terapeuta-paciente no sufre interferencias. No obstante, la familia dispone en todo momento de
otro terapeuta (terapeuta familiar) que la informa y contiene las distintas angustias propias de
un proceso psicoterapéutico, e incluso si es necesario se realiza psicoterapia familiar con otros
miembros del equipo terapéutico.
Cuándo me quedé sólo en el despacho con Leandro, le encontré menos apenado,
aunque aún no estaba para tírar cohetes. Le pregunté qué tal estaba, y me dijo que mejor, le
ha tranquilizado que su madre se pusiera en terapia, ella nunca había creído en psicólogos, y
ahora ella pedía ayuda.
R.- Y esto ¿qué supone para ti?
L.- Creo que me ayuda a quitarme la etiqueta de acojonado. Ya no me
encuentro cómo un ser débil y miedoso, incluso ya ha quedado atrás la sensación de ser
alguien que actuaba cómo una bisagra entre mi padre y mi madre. Ahora me siento apaleado,
cómo que sólo he tenido seis o siete años de tregua en mi vida, me siento cómo una víctima de
un abuso, no soy yo quien es débil, ha habido muchos débiles con los que he vivido. A la vez
me alegro de que ella pueda hacer su terapia, estoy viendo los resultados de la mía, y me
parece que podrá encontrarse mejor si hace lo mismo. Mi madre cometió un error, y ha pagado
con creces ese error, pero siempre ha luchado y nunca ha dejado de estar ahí, luego se merece
encontrar su PAZ, y a la vez también se merece pasar por enfrentarse a sus fantasmas, que
tienen que ser muchos.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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R.- ¿Qué te ha producido este cambio en dos días? No tienes buena cara, pero
ahora qué hablas. Te encuentro seguro y no tan triste.
L.- Tengo un proyecto en la vida, tengo raíces, tengo explicación a mí miedo,
tengo algo más que estar asustado. Sé que tengo futuro, aunque lo veo muy negro en este
momento.
R.- Me gustaría en esta sesión (séptima realmente, novena si contamos las dos
primeras en su casa de preconsulta) y siguiendo en estado de vigilia, hablar del perdón.
L.- Buen tema, el perdón.
R.- ¿Qué es para ti perdonar?
L.- No tener rencor por aquel que te hizo daño.
R.- Bien, es una parte importante del perdón, lo que ocurre es que al perdonar
tenemos que darnos cuenta de que lo hacemos sobre todo por nosotros. Mientras no
perdonamos, aquel que nos hizo daño, está dentro, haciéndonos daño. El perdón debemos
hacerlo sobre todo para sacar de nosotros no sólo el daño, sino a aquel que nos lo hizo.
Posiblemente a partir de ese momento el otro no tenga tanta importancia, aunque sigamos
sabiendo lo que hizo. Perdonar no significa qué le volvamos a permitir que nos haga daño,
perdonar no significa qué si el otro hizo algo condenable por la ley, una vez perdonado, no
pague su condena; perdonar no es olvidar, perdonar es sacar de dentro el odio, el rencor o la
ira, que nos va oxidando y nos corroe. Sólo podemos curarnos de nuestros fantasmas y
nuestras heridas si sabemos perdonar, el perdón en ese momento se convierte en un
instrumento para conseguir un verdadero equilibrio interior, en el que podrán existir todas las
emociones, todas, pero no estaremos bajo la dictadura o el monólogo de unas pocas.
Paúl Tillich escribió:
“El perdón es una respuesta, la respuesta implícita en nuestra existencia”
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 226
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Y Robin Casarjian culmina diciendo que:
“el perdón es el medio para reparar lo que está roto. Coge nuestro corazón roto y lo repara.
Coge nuestro corazón atrapado y lo libera. Coge nuestro corazón manchado por la vergüenza y
la culpa y lo devuelve a su estado inmaculado. El perdón restablece en nuestro corazón la
inocencia qué conocimos en otro tiempo, una inocencia qué nos permitía la libertad de amar.
Cuándo perdonamos y somos perdonados, siempre se transforma nuestra vida. Las dulces
promesas del perdón se cumplen y se nos ofrece un nuevo comienzo con nosotros mismos y
con el mundo”.
Después de leerle estas citas muy despacio, cómo si de una inducción hipnótica se
tratara, le indiqué una fórmula qué empleo mucho en terapia, y es aprender a hablar “de
persona a persona”, esta técnica la diseño Gerald Jamplosky y trata de que seamos capaces de
observar a la gente en busca de signos de paz, amabilidad y amor. En otras palabras buscar su
inocencia, no su culpa, miramos a la persona con el corazón, no con nuestras ideas
preconcebidas. Miramos desde el conocimiento y no desde lo aparente o lo desconocido.
R.- Ahora qué conoces, ¿crees que tienes que perdonar a alguien de algo?
L.- Claro, lo que no sé es si podré perdonar, pero tendría qué perdonar a mí
madre, a mí padre, incluso tendría qué perdonar a muchas personas que me hicieron daño,
cómo la familia de mí madre, incluso me debería perdonar yo mismo.
R.- ¿Por quién quieres empezar?
L.- Por mi padre, creo que es el que menos me va a costar.
R.- Quiero que cierres los ojos y que respires tranquilo, ya sabes cómo hacerlo,
cómo puedes ir bajando esa escalera qué te lleva hasta lo más profundo de tu mente. Conecta
con la imagen de tu llegada a Madrid, conecta con esa situación que viviste a tus cinco años,
ahora ya sabes por qué ocurren las cosas, ve allí y dime qué te gustaría hacer.
L.- Le veo de espaldas a mí padre, yo estoy entre el montón de maletas, mi
padre grita, a mí madre no la veo, me tapa la espalda de mí padre.
R.- ¿Qué te gustaría hacer para qué terminara ese momento.
L.- Le tiro de la camisa a mí padre y le extiendo mis brazos. Le digo que me
coja. Mi madre me dice que me vaya con mis primos, y yo les digo que no, que quiero ir al
parque con ellos, que quiero que jueguen, que no griten.
R.- Conociendo a Alfonso, tal cómo ahora le conoces, sabiendo todo lo que
sabes de él ¿cómo responde a todo lo que me dices?
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 227
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
L.- Me coge en brazos, me acerca a su cara, y me dice que mientras mamá
hace las maletas, tú y yo nos vamos al parque a jugar.
R.- ¿Cómo te sientes?
L.- Cómo si saliera del agua después de estar dos minutos debajo de ella.
R.- ¿Realmente crees que lo hubiese hecho así?
L.- Sí, mi padre cuándo yo le pedía cosas, siempre me lo hacía. Sólo que muy
pocas veces se las pedía, me moría de miedo y me quedaba en un rincón.
R.- ¿Y te imaginas estar con él en el parque?
L.- Sí que me lo imagino, algún día estuve con él, y sí que me lo imagino.
R.- Ahora estás en esas cenas de calor en verano, cuándo él había bebido, y no
hacía nada más que meterse con la familia de tu madre. ¿Qué harías si eso ocurriera hoy?
L.- Me iría de ese comedor.
R.- ¿Y qué crees que pasaría si te vas?
L.- No lo sé, sé que me fui a Alemania y es cuándo estuvieron mejor que
nunca. Me voy y me divierto con mis amigos, lo que ellos hicieran ahora me daría igual,
posiblemente les viniera bien, hicieran lo que hicieran. Mi padre nunca golpeó a mí madre, pero
sí al no estar yo la hubiese golpeado, quizás eso hubiese cambiado las cosas entre ellos. Y si
seguían discutiendo al menos mi madre le respondería; cuándo yo estaba no lo hacía para
protegerme, o simplemente ahora creo que lo hacía para pagar su sensación de culpa.
R.- ¿Le perdonas a Alfonso?
L.- Desde hace un rato, desde que sabes lo que te he dicho, le llamas Alfonso,
y me esta fastidiando. Perdono a mí padre, es mi padre y siempre lo será. Le perdono de todo
corazón, y le bendigo y sólo me duele que no esté aquí para decírselo y abrazarle.
R.- Me gusta lo que acabas de hacer.
L.- Creo que soy yo el que tiene que pedir perdón, cuándo unos días antes de
su muerte casi le agredí.
R.- ¿Y qué hubieses podido hacer?
L.- Nada, realmente no podía hacer otra cosa, era insoportable.
R.- Te das cuenta, sólo podemos hacer cuándo conocemos todo. En ese
momento seguro que él te vio cómo un hombre que se sublevaba a lo insoportable, y se fue a
acostar, y se murió después, pero no por lo que le dijiste, eso no es posible, pero sí que murió
sabiendo que tu ya comenzabas a ser CAPAZ. Tuvo que ser muy duro mientras tú no lo eras
para él. Sólo se murió cuándo te enfrentaste, es cómo si estuviera esperando hasta ese
momento. ¿Sabes? he trabajado muchos años en Oncología psicológica, y muchos pacientes
que sabían que iban a morir no se morían hasta qué no dejaban todo atado, y muchos de ellos
tenían comportamientos con sus familias semejantes al de tu padre; sin embargo,, cuándo
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 228
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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estaban con otros enfermos o con nosotros, eran encantadores. En algunos me atreví a
preguntarles por qué se portaban así con su familia, y me decían: “es mejor que me odien, así
cuándo no esté se olvidarán antes de mí, si me aman y me adoran, mi marcha les dejará muy
mal”. Es tremendo pero ocurre, hay muchas razones por las que el enfermo se comporta así.
¿Puedes pensar que algo similar es lo que hacía tu padre?
L.- Me reconforta mucho lo que me dices, eres un profesional y sé que no lo
dirías para aliviarme; si ha pasado con otros pacientes, es probable que mi padre al final lo
único que ha hecho es protegerme, aunque eso no me haya llegado a mí. Me gusta pensar que
mi padre me protegía, y me gusta sentir que al enfrentarme a él, pudo entonces acabar con su
tormento e irse en paz, realmente murió muy tranquilo, cómo sin estorbar, se fue en un
segundo, estaba sentado y a los minutos ya no estaba, fue una muerte llena de paz.
R.- Hay algo de lo que quiero que te des cuenta, lo has repetido tanto el otro
día cómo hoy. ¿Estabas entre las maletas?
L.- Sí, literalmente metido entre las maletas.
R.- Analiza la palabra MALETA, ¿Qué encuentras?
L.- MAL, ALETA, LETA… falta la L para LETAL.
R.- Ya sabes, no les des más importancia qué la qué tiene esta forma de
encontrar entre las palabras que utilizamos, pero siempre que dices entre las maletas, me ha
parecido escuchar algo distinto a cuándo dices otras palabras. Imagínate estar entre un MAL
LETAL, y a la vez tener las ALETAS para poder salir de esa agua en la qué te estabas ahogando,
y que antes me has dicho que llevabas dos minutos sumergido.
L.- Bueno no se si es así, pero una vez más tiene sentido. Lo pensaré.
R.- Abre los ojos, ¿Cómo te encuentras?
L.- Bien, aliviado, tranquilo, con menos peso en el pecho, puedo respirar mejor,
llevo varios días que respiro mejor. Me encuentro triste, aturdido, pero mejor, la verdad que
mucho mejor.
R.- Te veo dentro de una semana, creo que ahora es importante que no me
llames, sabes que estoy aquí pero no me llames, es importante que puedas disfrutar de tus
descubrimientos. Ayuda a tu madre a qué pueda vivir cerca de ti, sin escondites, pero con su
intimidad, muy cerca, pero sin tener que estar físicamente juntos. Ya sabes, tal cómo dice Hugo
Prather “El perdón no es un acto inútil de rosado autoengaño, sino más bien el tranquilo
reconocimiento de que, bajo nuestros respectivos egos, todos somos exactamente iguales”. El
próximo día hablamos de tu madre. ¿Te parece?
L.- Muchas gracias por todo Roberto, nos vemos dentro de una semana.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 229
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
R.- ¡Ah! Tómate algo distinto a una manzanilla, ya eres mayor, y la manzanilla
te ha seguido durante todo este tiempo, cambia de bebida. Eso sí, ya sabes lo que pasa con el
alcohol, aprende de todo.
L.- Sí papá.
Y me lo dijo, me llamó papá, y se fue sonriendo, es uno de esos momentos en los que
te apetece salir a la sala de espera, y cómo si tuvieras muleta en mano, dar un giro de 360º y
decir “ahí queda eso”.
En esta consulta tenemos que destacar el antes y el después de Leandro respecto a la
relación con su padre. Desde aquí apelo con todas mis energías, en la medida qué sea posible,
para qué la psicoterapia sirva para unir vínculos y no para separar; cada vez que dirigimos a un
paciente a qué se separe de un ser querido de alguna forma lo dejamos huérfano y por lo tanto
estamos haciendo una intervención iatrogénica. Soy totalmente consciente de que en muchas
ocasiones, las acciones que han podido ejercer padres sobre sus hijos o viceversa, son tan
crueles, que es muy difícil, y a veces imposible, salvar de alguna forma el vínculo entre ellos.
Sin embargo,, cuándo existe la posibilidad de conseguir una mejor relación entre padres e hijos,
aunque alguno de ellos haya fallecido, es primordial luchar en terapia para conseguir salvar el
vínculo afectivo. Y quiero aclarar que no es tan importante para la solución del conflicto que los
actores puedan estar juntos físicamente después de la terapia, cómo salvar el vínculo entre
ellos, de tal forma qué siempre que un hijo sienta a su padre, un hermano sienta al otro cómo
tal, o un amigo tenga de nuevo una sensación de amistad por el otro, esta vinculación es más
importante que después del proceso terapéutico tengan que estar viviendo o conviviendo entre
sí. Muchos de nosotros hemos aprendido dentro de una total situación de salud mental, que con
un hermano, o con el padre o la madre, no podemos estar mucho tiempo conviviendo, y esto
es inteligencia tanto emocional cómo cognitiva, ya qué cómo digo es un signo de salud darse
cuenta de esto, pero es crucial que sigamos sintiendo en el otro el vínculo de hijo, hermano o
amigo, eso sí que es fundamental. En el caso de Leandro una vez más sucede esa constante
que observamos en estos procesos entre hijos y padres, y es que habitualmente el paciente
acude a consulta con una vivencia respecto a sus padres que suele variar a lo largo del proceso
terapéutico, de tal forma qué en numerosas ocasiones nos encontramos que aquel que parecía
el “peor”, mejora, y quien tenía una “mejor” relación a priori, o la mantiene o se coloca en una
igualdad respecto al otro. De tal forma qué en muchos casos en los que el paciente habla en
términos del “bueno” y del “malo”, al final del proceso en la mayoría de los casos el “malo” es
menos “malo” y el “bueno” no es tan “bueno”. Este equilibrio en la balanza afectiva del ser
humano, que consulta por un trastorno de miedo a tener miedo es habitual, es cómo digo una
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
constante, de tal forma qué muchos de los factores que mantienen los ataques de pánico son
tapaderas sobre relaciones simbióticas patológicas, situaciones de carencias de los deseos
básicos, o vivencias traumáticas de abusos e incluso verdaderas violaciones de los derechos de
las personas, y en el concepto violación no sólo me refiero a la violación sexual o física, cómo a
la violación psicológica, tan trágica o más cómo la anterior. La relación con padres, hermanos,
cónyuge, amigos, hijos o familiares, que suelen ser en numerosas ocasiones el tema central de
los traumas, debe ser tratada en la medida de lo posible para qué restablezcan en el presente
psicológico del paciente un mínimo en la relación vincular con sus seres queridos, si no es así
las secuelas suelen ser irreversibles. No obstante una cosa es buscar y luchar por la unión
posible, ya qué todos sabemos que si algo no se busca no se encuentra, y además si no se da
una segunda oportunidad nos quedamos en el vació de las cosas que son o no son, y por
suerte la vida, y el ser humano, son relativos, y otra cosa es querer inventarse que alguien fue
distinto a cómo fue. Queda claro que el paciente debe elegir el desenlace, nadie puede hacerlo
por él.
Leandro descubrió en palabras de su madre lo que ya de alguna manera sabía, Alfonso
no era su padre, y así lo vivió mientras convivió con él, salvo en esa época en la qué se fue a
Alemania. Durante mucho tiempo la sensación de Leandro respecto a Alfonso no era de padre-
hijo, era alguien que le amargaba la vida; sin embargo,, cuándo comprendió que realmente
Alfonso no era su padre, pero que le aceptó y permaneció a su lado, no sólo se convirtió en
padre, sino que pudo encontrar en cada una de las borracheras de Alfonso un acto de amor.
Desde el dolor y el desgarro, se embriagaba para poder estar presente. No es para aplaudir,
pero te puedo asegurar amigo/a lector/a qué el desgarro es menos doloroso si el que te
arranca lo hace desde el cariño.
Décima sesión
Leandro me comenta nada más llegar que ha tenido una semana complicada. Ha vivido
y “padecido” todo el abanico emocional, han vuelto los ataques de pánico (tuvo tres muy
fuertes), ha tenido muchos momentos de tristeza, y también ha hecho lo que no había hecho
en su vida, había cogido un autobús, y había ido hasta el pueblo del padre al cementerio dónde
está enterrado –en la provincia de Albacete–. Estuvo durante una hora delante de la tumba de
su padre, rezó, lloró, le pidió perdón y le perdonó.
Los ataques de pánico ocurrieron al siguiente día de venir a la consulta. Al querer darse
un paseo por la tarde, de nuevo apareció cómo un “jinete que está encima de un caballo
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 231
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
desbocado”. Tuvo que refugiarse en casa, y ahí estuvo dos días, no me llamó, y al tercer día es
cuándo decidió ir a 340 kilómetros a visitar la tumba de su padre, lo hizo sólo, y curiosamente
no tuvo ningún ataque de pánico. Nunca desde que vino de Alemania había ido tan lejos, y
menos sólo. Se sentía cómo un caballero que se había enfrentado al dragón o la bestia qué
tanto le atemorizaba, no estaba exultante, simplemente estaba sereno.
R.- Me dices que parecías un jinete.
L.- Sí, cómo si estuviera a caballo y este se desbocara.
R.- ¿Sabes lo que es montar a caballo?
L.- Sí, sí que lo sé.
R.- ¿Has montado alguna vez?
L.- Pocas pero sí que he montado.
R.- Montar a caballo simboliza qué la parte inteligente (jinete) puede ir encima
de la emocional (caballo), de tal forma qué para qué todo esté integrado, ni el jinete siente que
debajo está el caballo, ni el caballo percibe que encima de él hay un jinete. Cuándo hay esta
sensación recíproca, se convierte el jinete y el caballo en un todo, en un centauro, y es ahí
dónde se produce tanto el placer del jinete cómo del caballo.
L.- Es decir, ¿el caballo podría ser el ataque de pánico?
R.- Exacto y cuándo el jinete quiere gobernar a un caballo desbocado, este se
descontrola más. Para qué el caballo vuelva a su ser, y pueda ser gobernado por el jinete, este
tiene que hacer creer al caballo que nada tiene que temer y para conseguirlo debe dejar de
intentar controlarlo, y es ahí cuándo puede gobernarle.
L.- Un caballo desbocado es un ataque de pánico, mientras que un caballo y un
jinete en armonía es un proceso de tranquilidad.
R.- No se puede explicar mejor. Pero además ir a caballo, es IR ACABA YO. De
alguna forma tiene que acabar el YO de tener miedo a tener miedo, para qué nazca el YO
seguro. De alguna forma el jinete tiene que terminar con su YO, y conseguir integrarse en el
del caballo y hacer un centauro, hacer un ser único.
L.- Pero me volvió a dar un ataque de pánico, me sentí que volvía y retrocedía,
en ese momento me acordé de lo que me dijiste: retroceder nos ayuda para coger distancia y
después saltar más lejos, y eso es lo que hice, en cuanto se pasó (tardó casi dos días) me dije
que tenía qué despedirme de mí padre y fui a su pueblo, y estuve delante de su tumba durante
varias horas.
R.- La solución nunca está en que no tengas más ataques de pánico, lo
importante es que cada vez que los tengas, ni evites, ni afrontes con la intención de superarlo,
el ataque de pánico hemos dicho que es cómo el caballo, y por mucho que lo intentes nunca
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
tendrás más fuerza qué un caballo, luego no confrontes con él, es mejor unirte a él, lo
importante es comprender lo que nos dice, aprender de lo que nos dice y sobre todo actuar en
eso que hemos comprendido y aprendido.
Bien, y ahora me gustaría qué me dijeras qué tal te ha ido con tu madre. ¿Habéis
hablado más?
L.- Se siente muy culpable, piensa qué tanto lo que ha ocurrido con mi padre,
cómo lo que me está ocurriendo a mí es por su culpa. Está mal, es cómo si de nuevo treinta
años después, tuviera qué enfrentarse a todo lo que la ha perseguido hasta hoy.
R.- ¿Qué le dices tú?
L.- Nada, la escucho, no puedo decirle lo que siento, estoy muy enfadado con
ella, creo que me lo tenía qué haber dicho hace mucho, no es justo que lo haya guardado, no le
digo nada.
R.- ¿Qué le dirías?
L.- Que no la culpo porque tuvo una aventura, la culpo porque durante toda mí
vida he creído que era un ser débil y tonto, y he sufrido mucho por ello. Me lo tendría qué
haber dicho, hubiese sido distinto para mí.
R.- Bueno, es importante que sigáis hablando, ella está haciendo terapia y es
posible que en algún momento te pueda escuchar todo lo que tienes que decirle y mucho más.
Y seguro que en esos momentos tú podrás decirle lo que tienes que decirle sin la sensación de
que le puedes hacer un daño imposible de sostener por su parte. Por lo tanto y si te parece
mientras llega ese día, que llegará, me gustaría qué consiguieras una postura cómoda, en la
qué no tengas ningún tipo de tensión debido a la postura en la qué te encuentras, cierra los
ojos y concéntrate en mi voz…
Se realizó una inducción hipnótica del tipo ya mencionado, y regresamos a la última
secuencia qué todavía no había sido desencuadrada y desplazada: La excursión en el colegio,
en la qué apareció el primer ataque de pánico, “oficial”, para Leandro.
R.- ¿Dónde te encuentras?
L.- En la cama, mi madre está a mí lado, está dormida, estoy pensando en todo
lo que me va a suponer el viaje, al principio tengo mucha ilusión, podré estar con mis amigos y
amigas en el autobús, me hace mucha ilusión este viaje a Mallorca, nunca había salido de la
Península, además nunca había montado en avión. De pronto me imagino estar en una
habitación de un hotel, con un compañero, pero sin mi madre, comienzo a ponerme muy
nervioso, noto mi corazón latir cómo una ametralladora, me falta el aire, estoy sudando, intento
dormir pero no puedo, el pecho me duele, ya no pienso nada más que en mi pecho, sólo siento
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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que me ahogo. Llamo a mí madre, ella me dice qué me pasa, le digo que me asfixio, se levanta
y va a la cocina, hasta qué volvió, sentía cómo me moría, viene con una manzanilla, me la tomo
cómo puedo, se vuelve a acostar, parece que estoy algo mejor, y cuándo noto que se está
durmiendo, de nuevo aparece la asfixia, el pecho me duele mucho, me asfixio, la llamo, mi
madre se asusta, hago sonidos con la garganta, tengo pitidos, se viste, me viste, y vamos al
hospital. Cuándo llegamos estaba muy mal, me sientan en una silla y me llevan directamente a
una sala, hay muchos médicos, y enfermeras, cada vez respiro peor, me ponen una bolsa en la
cara, me dicen que respire en ella, me agobio mucho, me sacan sangre, después me ponen
oxígeno, es una mascarilla, me voy encontrando mejor, estoy muy asustado, mi madre está a
mí lado, está muy angustiada también…
R.- ¿Qué te dicen los médicos?
L.- A mí nada, a las horas mi madre se va a la sala de consultas con uno de
ellos, allí parece ser que le dicen que he tenido una crisis asmática, que me tienen que ingresar.
R.- ¿Cómo vives ese ingreso?
L.- Bien, cuándo mi madre me dijo que no me preocupara, que ella estaría todo
el rato conmigo, que el médico le había dicho que por supuesto podía quedarse por la noche ya
qué era necesario que alguien estuviera a mí lado.
R.- ¿Era lo que más te importaba, que estuviera allí tu madre?
L.- Sí, es verdad, era lo único que me preocupaba.
R.- Si ocurriera todo aquello hoy ¿qué cambiaría?
L.- Cambiaría todo, ahora no ocurriría aquello.
R.- Eso lo sabes tú, sin embargo, hay una parte de ti que todavía no lo sabe.
Vive de nuevo todo lo que aconteció y ve diciéndome todo lo que cambiaria, si eso que sucedió,
sucediera hoy.
L.- Sé que lo que tuve no era una crisis asmática, sé que simplemente me
estaba hiperventilando, y que estaba taponado por una infección de garganta. Sé que puedo
dormir en un hotel sin mi madre.
R.- ¿Puedes?, Hasta hace unas semanas no podías salir a la cocina.
L.- Pero sé que hoy puedo, sé que mi miedo estaba en mí, sé que sentía qué
algo iba mal, eso es lo que no me permitía irme de mí madre, algo me decía qué si me iba de
ella todo podía cambiar, ahora me doy cuenta de que de lo que tenía miedo es que si me iba,
cuándo volviera ella no estaría, ahora sé que eso no va a suceder.
R.- ¿A qué te refieres al decir que si te fueras ella no estaría?
L.- Creo que tenía miedo de que no aguantaría a mí padre y se iría.
R.- ¿Y te dejaría?, ¿te abandonaría?
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 234
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
L.- Eso es, y de alguna forma, sabiendo lo que sé en este momento, no estaba
muy desacertado, ya qué ahora sé que mi madre realmente ha querido irse con su primer
novio, es decir, con quien realmente es mi padre biológico, Pedro.
R.- ¿Y eso cómo puedes saberlo?
L.- La emoción es la misma, ella me abandona. Lo que cambia es con quien me
abandona, en aquellos momentos creía qué me abandonaba para escapar del acoso de mí
padre, y ahora sé que si ella me hubiese abandonado es porque se hubiese ido con Pedro.
R.- ¿Y te hubiese dejado con tu padre? Si ella se hubiera ido con Pedro, ¿Sé
habría ido sin ti?, siendo además Pedro tu padre biológico.
L.- Es verdad, nunca me hubiera abandonado a mí, he pensado que me podría
haber abandonado hasta este momento. Y aunque ya no me importa porque ya sé que no era
por el comportamiento de mí padre, y aunque también sé que mi padre se comportaba así, por
que ella le había engañado, y yo era hijo de Pedro, aunque todo esto me hacía sentirme mejor
conmigo, ahora me he dado cuenta de que mi madre nunca me habría abandonado a mí.
R.- ¿Y eso qué te hace sentir? ¿Qué cambia?
L.- Lo cambia todo, me hace sentir fenomenal, de pronto recuerde lo que
recuerde, sabiendo que ella no me hubiese abandonado nunca, todo cambia. Sé que ahora
podría superarlo, pero entonces si ella me hubiese abandonado, no podría haber sobrevivido, lo
que importa ahora es que nunca me hubiese abandonado, es verdad.
R.- Cómo cualquier niño, todos los niños del mundo viven cómo el final de sus
días el abandono de una madre, luego sucede y siguen viviendo, pero la sensación y la vivencia
qué tienen en esos momentos es de final. Y una vez que sabemos todo esto, ¿Qué puedes
imaginar, si vuelves a vivir lo que ocurrió aquel día en tu cama, sabiendo lo que sabes hoy?
L.- Sabiendo lo que sé hoy, simplemente lo que me sale es que estaba
disfrutando del viaje y me quedó dormido.
R.- ¿Cuándo decidiste que tu madre no estuviera contigo en la cama?
L.- Fue algo totalmente natural. Cambiamos mi habitación, hasta ese momento
mi habitación era un cuarto de estar, mi cama salía de una cama mueble. Nos cambiamos de
piso, y en él tenía una habitación para mí, decorada cómo a mí me gustaba; desde la primera
noche que hicimos el cambio dormí sólo en mi habitación, tenía diecisiete años.
R.- Muy bien, siempre es así, los cambios son naturales, no ocurre nada
apoteósico, se deja de fumar de forma natural, te dejas de acostar con tu madre de forma
natural, o dejas de tener miedo a tener miedo de forma natural. Así es.
L.- De lo que si me doy cuenta es que para qué se puedan hacer los cambios
de forma natural, primero debes haber cambiado cosas dentro de ti. Cuándo me acosté la
primera vez sólo, lo hice desde la sensación de que podía tener intimidad en muchos aspectos,
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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tanto sexual, cómo de poner póster, podía escribir cartas, incluso podía esconder mis primeros
cigarrillos.
R.- ¿Fumas?
L.- No, desde que comenzaron los ataques de pánico después llegar de
Alemania, dejé de fumar y no he vuelto a fumar.
R.- Bueno, pues en eso no hay que cambiar.
L.- Por el momento no me apetece fumar. ¿Fumaré?
R.- A mí qué me cuentas, ya me lo dirás tú.
L.- Creo que no fumaré, nunca me ha gustado y me marea.
Cómo puede apreciar el lector en este último tramo los pensamientos o los nuevos
pensamientos que Leandro incorpora sí que influyen en la emoción. Darse cuenta de que su
madre nunca le hubiese abandonado es capaz de producirle seguridad, pero esto es posible
cuándo ya estamos en un marco de seguridad global; si no fuera así, no estaríamos seguros de
qué un nuevo pensamiento pudiera conseguir esta reestructuración. Lo que ocurre en este caso
es que el pensar que su madre no le abandonaría de ninguna de las maneras, engatilla
programas emocionales incompatibles con el pánico, entre ellos, y en este caso está el de
sorpresa, interés, atracción, autocontrol, bienestar y sobre todo alegría.
En este momento Leandro había desencuadrado y desplazado todo el arsenal de
acontecimientos que estaban ceñidos al miedo a tener miedo, había sido capaz de conectar con
su padre y después de esta sesión había sido capaz de hacer lo mismo con su madre. Quedaba,
no obstante, un vacío con su padre, ya qué no es baladí, que un niño tenga una crisis que
necesite hospitalización y el padre ni se levanté de su cama. Tanto el padre cómo la madre
tendrán para la mente de Leandro infinitas connotaciones negativas, se equivocaron en muchas
cosas, pero después de este tratamiento, tanto el uno cómo el otro, quedaran grabados en
Leandro cómo padres, que le han trasmitido después de todo: admiración, valoración,
identificación cómo persona única, tenía una familia, un hogar, había estado protegido y
defendido, tenía límites, les seguía desde el cariño y sobre todo había conseguido una segunda
oportunidad. Todos los deseos básicos primarios exógenos estaban realizados y en ese
momento aparece la seguridad. A partir de poder realizar estos deseos básicos en el presente,
Leandro comienza a tener mejor capacidad para poder incorporar nueva información sobre los
padres, que de alguna forma alivian los momentos más trágicos de su convivencia con ellos.
En este momento hay un antes y un después, se han producido numerosas
experiencias emocionales correctoras, todas ellas tienen en común la capacidad de cambiar la
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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emoción que circunda los hechos, de tal forma qué los acontecimientos son vividos de forma
distinta, y aunque sigue sucediendo la misma realidad, se ve con otra luz, y además desde otra
perspectiva. Así es cómo cambiamos y así es cómo funciona nuestra mente. Ahora sobre todo
Leandro conoce mejor su historia y razonablemente sabe cómo vivir con ella.
Fase de reencuadre y resolución
Tal cómo he referido al final de la fase de desencuadre y resolución, esta última fase,
es dónde en la propia consulta o fuera de ella, el paciente comienza no sólo a darse cuenta de
los cambios, sino que es capaz de estructurarlos y manejarlos desde la inteligencia. Los
patrones emocionales ya no los vive cómo un tsunami, ya puede gobernar las emociones desde
su razón, en este momento puede recordar aquellas vivencias y no se le clavan cómo puñales
en los ojos, ahora se siente dueño de su pasado y aprende con él, no es un muro insalvable
dónde se estrellaba cada vez que intentaba saltar, ha aprendido desde la raíz de su estructura
de supervivencia global, que está vivo, que ha sobrevivido y sobre todo que tiene una vida por
delante. En la mayoría de las ocasiones estas situaciones ya no vienen a la conciencia, y es fácil
escuchar “se que pasó pero se que ahora no pasa, ni pasaría igual”.
El reencuadre aparece cuándo el sujeto es capaz de realizar los deseos y cambiar así su
autoconcepto al cambiar sus esquemas emocionales negativos. En este momento de
reencuadre es muy normal que la expresión facial, la forma de hablar y comentarios de los
acontecimientos sea muy distinto a la situación de encuentro y marca.
En el desencuadre deberíamos conseguir que toda la situación quede tal cómo sucedió,
y que sólo haya cambiado la posición y la acción del sujeto ante el acontecimiento. En el
reencuadre la situación queda tal cómo aconteció, aunque muchas de las acciones de los
actores que estaban allí tienen otro significado para el sujeto, y sobre todo su posición en este
momento es de comprensión, perdón y, por qué no crecimiento tanto vital cómo existencial.
Cómo es natural con estos cambios es probable que los actores y los acontecimientos hayan
tenido un giro, pero este debería ser secundario al cambio de posición y de acción del sujeto.
Hemos comprobado que para ser efectivos en esta forma de tratamiento no es bueno que el
sujeto encuentre cómo solución que los demás hagan aquello que él hubiese querido, es mucho
más efectivo que el sujeto cambie su forma de ver los hechos, cambie su conducta y éstos dos
cambios tengan cómo acción-reacción cambios en los demás actores y elementos de la acción.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
La Resolución, será cómo una doble solución, re-solución, la primera, propia de haberse
sentido superviviente, la segunda haber aprendido nuevas herramientas para encarar los
problemas. La resolución es el desenlace final, es la memoria qué quedará grabada en su
cerebro emocional, apareciendo siempre que el sujeto recuerde el acontecimiento o conflicto.
Con la resolución el paciente nos comenta su mejoría no sólo a nivel de síntomas, sino
que también es muy habitual que nos comente su mejoría cómo persona, sintiéndose muy
satisfecho tanto del cambio, cómo de haber sido capaz de pasar por ese conflicto. Es decir,
curiosamente muchos sujetos en este momento nos indican que se sienten orgullosos de haber
vivido ese acontecimiento, ya qué ahora, una vez pasado este desierto, se sienten más crecidos
y con más capacidad de enfrentarse al devenir.
Esta fase de reestructuración y resolución ya no se realiza en estado hipnótico, se
trabaja en estado de vigilia y habitualmente se producen muchos cambios entre sesión y
sesión, de lo que luego el paciente nos informa cómo si estuviera rellenando los huecos que
todavía quedan por ocupar.
Para terminar con Leonardo, decir que hemos tenido hasta la fecha otras seis sesiones,
catorce en la consulta, dieciséis si tenemos en cuenta las dos primeras en su casa. No obstante
las ultimas dos las hemos realizado en un año, es decir, con cuatro y ocho meses de distancia
con la anterior. Seguiré viéndole durante los próximos cinco años, de esta forma estaré seguro
de su evolución, sólo que a partir de este momento, si él no me llama, le veré una vez al año.
Desde que comenzamos el tratamiento en su casa, han pasado año y ocho meses, y en el
último año no ha vuelto a tener ataques de pánico, en el trabajo sigue igual, quizás sea uno de
los adelantados de nuestra sociedad, ya qué trabajar en casa no debe ser visto cómo algo
anormal. Leandro gana bastante dinero y emplea unas cinco horas de trabajo al día, por lo
tanto habrá que tomar nota. Con su madre tiene todo lo afectivo resuelto, la visita e incluso
convive con ella en temporadas, pero parece ser que ahora les une más el amor que el miedo.
Mantiene numerosas relaciones sociales, y ya ha realizado un par de viajes. No tiene pareja,
pero sí que ha mantenido alguna relación que le ha durado una temporada, en definitiva sabe
que tiene que ganar el tiempo perdido, disfrutar de la vida y sobre todo en sentirse autónomo,
pero lo hace sin prisa y sin pausa. En este momento no tiene signos para ser diagnosticado de
trastorno agorafóbico y menos con ataques de pánico. Dejó el Alprazolam hace bastantes
meses, y en este momento su psiquiatra ya esta pensándose retirar el Citalopram. Desde aquí y
para cuándo lea este libro le deseo lo mejor para el resto de su vida.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 238
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Papel de la Hipnosis Clínica en la Psicoterapia de Tiempo
Limitado.
Tal cómo ya he definido en capítulos anteriores, para qué un modelo se denominé
Psicoterapia de Tiempo Limitado tiene que cumplir una serie de criterios, entre ellos que no
tenga una duración muy por encima de doce sesiones de psicoterapia. La Terapia de
Interacción Recíproca es la primera Psicoterapia de Tiempo Limitado, y logra esta rapidez en los
tratamientos, sin menguar su fiabilidad y, sobre todo, ir a lo más profundo del conflicto
psicológico, debido sin lugar a duda a qué utiliza frecuentemente entre sus herramientas la
hipnosis clínica. En este estado de conciencia somos capaces de comunicarnos directamente
con el cerebro más emotivo, que cómo ya también he definido, es el que decide en nuestra
salud y nuestra enfermedad.
En mi vida cómo psicoterapeuta, habré hipnotizado a más de diez mil personas. Nunca he
tenido ni un sólo problema en poder sacar del estado hipnótico a alguien, ni se han producido
crisis epilépticas, ni se han agravado los síntomas que el paciente traía. Lo que sí me ha
ocurrido, en numerosas ocasiones, es que a algunos pacientes no les gusta la técnica, se
sienten mal, no dan una interpretación positiva a las sensaciones que tienen en estado
hipnótico. Cómo es natural, a estos pacientes no he vuelto a intentar hipnotizarlos, he
empleado con ellos otro procedimiento terapéutico o una forma de intervención
psicoterapéutica distinta. Son muchos los mitos y leyendas que rodean a la hipnosis, y sólo son
eso: mitos y leyendas.
Tiene que quedar claro que trabajar en estado hipnótico no sirve para tratarlo todo, ni es el
único procedimiento de aplicación en la Terapia de Interacción Recíproca. Por el contrario, ésta
es una herramienta fabulosa si se emplea cómo complemento o vehículo de interacción de un
programa más general sobre el que nos apoyamos. Aquel que sólo empleé la hipnosis cómo
procedimiento de intervención, no podrá denominarse psicoterapeuta y tendrá muy limitado su
campo de actuación. Sin embargo,, quien domine el arte de la psicoterapia, si incluye entre sus
herramientas de trabajo, la hipnosis, ganará muchísimo en su eficacia terapéutica. La hipnosis,
cómo he dicho, es un vehículo en el que una vez instalados podemos llegar a contenidos de la
mente humana muy difíciles de alcanzar con otros sistemas terapéuticos.
“Sólo podemos trabajar en hipnosis con un paciente, aquello que sepamos manejar sin que
este hipnotizado”
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Otro dato a tener en cuenta en esta primera referencia del universo de actuación de la
hipnosis, es que por sí misma, la hipnosis produce un estado de relajación placentero distinto al
que sentimos cuándo realizados relajación muscular. La mayoría de los pacientes indican
después de haber sido hipnotizados una sensación de descanso en su mente, cómo si la
tuvieran más limpia.
Una vez hipnotizado el sujeto, debe abordarse en un espacio terapéutico, para qué pueda
ser eficaz y se obtengan cambios. Así, si trabajamos el dolor y conseguimos un estado
hipnótico, no será suficiente para alcanzar un efecto analgésico o anestésico. Se necesitarán
inducciones específicas de analgesia o anestesia para producir, en este estado hipnótico, el
efecto deseado.
Los sujetos con cuadros psicóticos y trastornos de la personalidad graves, no son
recomendables para inducir estados de alteración de la conciencia. Estos sujetos ya tienen una
disociación bastante integrada, por lo que al introducir de forma artificial disociaciones podemos
provocar una crisis. Además de no tener sentido la provocación de una crisis psicótica, (no
percibo por más que algunos autores lo quieren explicar el beneficio terapéutico de estas crisis
provocadas) si el hipnotizador no dispone de un equipo preparado para el control de dichas
crisis se puede encontrar con una sorpresa desagradable en el manejo de estos cuadros. Estas
son las raíces de esas anécdotas que todos hemos oído sobre un sujeto que después de entrar
en hipnosis tuvo una actuación descontrolada, no se le podía despertar o tuvo que ser
ingresado por alguna razón. Estos sucesos son propios de personas que han estado en contacto
con sustancias cómo el alcohol, u otras sustancias psicotrópicas, o tenían una personalidad
previa y una vez que han entrado en estado hipnótico, han tenido una crisis psicótica o
histérica.
El perfil histérico (actualmente de conversión) también puede darnos algunos sustos, pero
en este caso no sólo es un motivo para dejar de realizar hipnosis con estos sujetos, sino que es
una de las indicaciones más eficaces si se tiene experiencia en el tratamiento de estos casos.
Estos pacientes se ven muy favorecidos por el cambio de contingencia y el tratamiento del
conflicto en estado hipnótico.
Los sujetos histriónicos y teatrales así cómo los narcisistas darán respuestas aparentes de
una capacidad muy elevada de poder entrar en estado hipnótico, pero en realidad no lo están,
por lo que el hipnotizador poco especializado puede tener algún problema por creer que ha
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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conseguido un estado hipnótico en el sujeto y no es así. Estos sujetos simulan estar
hipnotizados, muchos de ellos por no quedar mal con el hipnotizador; de esta forma, podemos
creer que la rapidez cómo ocurren los acontecimientos propuestos son respuestas de un sujeto
que puede hipnotizarse con avidez, pero lo que está sucediendo en estos casos es que el sujeto
está realizando voluntariamente todo lo que le decimos y eso no es un estado hipnótico. Las
secuencias, para saber si un sujeto está hipnotizado de verdad son fáciles de controlar, si se
tiene experiencia. De esta forma es muy sencillo darse cuenta de los simuladores. Algunos no
quieren simular conscientemente y realmente quieren cooperar; pero precisamente, cómo en
tantas ocasiones, este afán de entrar en estado hipnótico rompe los mecanismos necesarios del
bloqueo o saturación del hemisferio dominante y no lo consiguen. De esta manera, tendremos
que poner atención, tanto a los simuladores cómo a los excesivamente obedientes, ya qué no
se produce uno de los elementos fundamentales para alcanzar un estado hipnótico natural: los
automatismos.
Los niños, los ancianos, los sujetos con limitaciones mentales, con trastornos neurológicos
(salvo algunas formas de epilepsia), son sujetos que por sus características, son muy
agradecidos en el tratamiento con hipnosis y en absoluto debemos tener problemas si se
introducen en un estado hipnótico. Eso sí, con este tipo de población tendremos que cambiar
las técnicas, y sobre todo la forma de comunicarnos, para hacerlas más cercanas a su forma de
comprender y sobre todo a su lenguaje.
Sí que es sensato tener en cuenta de que los niños necesitan procedimientos de inducción
propios para su forma de entender el mundo, y con un lenguaje particular. Métodos cómo “el
brazo soñador (PNL)”, “barra de hierro, blandito-blandito ([Link])”, “La verruga qué se
compra (Watzlawick)”, etc. Son varios de los procedimientos que inducen a los niños a un
estado alterado de la conciencia.
Merece mención especial la gran capacidad de visualización y de abstracción que tienen los
niños cuándo les interesa la información a la qué atienden. Por lo tanto los niños no sólo se
pueden hipnotizar, sino que se les hipnotiza mucho mejor que a la mayoría de los adultos.
El estado hipnótico en ancianos es muy agradecido. Personalmente habré hipnotizado a
más de quinientas personas que pasaban de los setenta años. Una forma muy eficaz de
provocarles un estado hipnótico es hablarles de su pasado, tratando de que observen hasta el
más mínimo detalle de aquellos acontecimientos que vivieron.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
La deficiencia mental es una barrera para inducir estados alterados de conciencia, pero en
numerosas ocasiones no es una barrera insalvable. A estos sujetos les tenemos que inducir con
verbalizaciones muy sencillas o a través de tecnología de última generación, cómo es la hipnosis
sin palabras, propia de nuestra escuela y de la qué soy autor (técnica de retroalimentación
biorrítmica, R. Aguado).
Cómo regla general, la hipnosis no es peligrosa en sí, la utilización de ella cómo tantas
otras cosas en esta vida sí puede serlo. Aunque en todo momento la persona hipnotizada no
pierde su conciencia, sí que es cierto que tanto su capacidad crítica cómo su capacidad de
control están bastante mermadas tanto más cuanto más profundo es el estado hipnótico. En un
estado muy profundo sí que se puede tener ocasión de instalar al sujeto en una situación que
sería imposible de producirse en un estado no hipnótico. No obstante, sólo ciertas personas
consiguen este estado profundo y su conciencia siempre se podrá rebelar ante inducciones que
no sean de su agrado. Si el hipnotizador es un profesional con la experiencia adecuada y el
sujeto hipnotizado no tiene las características anteriormente expuestas, me atrevo a sentenciar
que la hipnosis es totalmente inocua en un cien por cien.
Hay una película “El mensajero del miedo” que fue protagonizada por Frank Sinatra en
1962, con el titulo “The Manchurian Candidate” , y que posteriormente ha sido llevada a la
pantalla por Jonathan Demme, asesorado por el Dr. Jay Lombard, director del Centró de
Comportamiento Mental de Nyack, Nueva York. Lombard determina qué esta película versa
sobre el centró del dolor y del placer que existe en el cerebro, y que controla una parte
importante de nuestra conducta. La película se apoya en la teoría de que el cerebro puede ser
manipulado desde fuera, de hecho Lombard asegura qué “Nuestros recuerdos son muy frágiles,
pueden cambiarse y, la verdad, da miedo. Todos nos hemos preguntado alguna vez si un
recuerdo en particular es real, y si no lo es, ¿Qué pasó en realidad?”.
Bennett Marco (Denzel Washington) comandante de los Estados Unidos en la guerra del
Golfo ensalza en cada de sus conferencias acerca de la emboscada qué sufrió su pelotón en el
desierto kuwaití y de la heroicidad del sargento Raymond Shaw (Liev Schreiber) que recibió la
medalla de honor por salvar a los hombres de Marco. Shaw es hijo de una senadora
norteamericana Eleanor Shaw (Meryl Streep), que ha decidido catapultar a su hijo hasta la Casa
Blanca, pase lo que pase. Lo que Marco recuerda de la emboscada no coincide con lo que ve en
sus sueños ni con lo que cree que ocurrió realmente. Es un hombre atrapado en un tremendo
conflicto. “Le han adoctrinado acerca de lo que debe decir, pero no es lo que siente. Otro
soldado le cuenta a Marco que también tiene pesadillas, y que estás son muy semejantes a las
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
suyas (Paramount Pictures)” La trama se realiza entre la necesidad de descubrir la verdad del
soldado Marco y el deseo de poder de la madre de Shaw, capaz de cualquier cosa para
conseguir hacer presidente a su hijo. Esta película es una historia muy humana dónde triunfa el
espíritu, dónde se demuestra qué el corazón siempre es el más fuerte, menciona el propio
Denzel Washington.
La importancia de estar acorde con los sucesos que hemos vivido nos catapulta una vez
más a la hipnosis clínica, con la qué podremos descubrir aquello que grabo el cerebro de la
persona qué vive esos recuerdos, sin importarnos si eso fue lo que ocurrió o no. A la par
también en esta película se advierte, cómo con el nombre de tecnología hipnótica se interpreta
los lavados de cerebro que los ejércitos, los estados, o cualquier institución sectaria puede
hacer a las personas. Dos entramados que siempre han ido en el concepto de hipnosis, y que
desde este libro quiero fulminar con la primera de las premisas:
“Siempre que alguien nos comunica un acontecimiento en estado hipnótico no tiene otro
significado que la forma cómo lo ha grabado en su mente, no nos dice la verdad, pero sí su
verdad, y eso es lo que a todos los clínicos nos interesa"
Y a la vez, es indudable que si alguien quiere emplear la hipnosis para conseguir una
manipulación de aquel que hipnotiza, esta realizando una aberración, pero para eso no es
necesario llevar a un estado hipnótico, es suficiente con manipular desde el entrenamiento o
simplemente con aprovecharse de la debilidad del otro, y cómo digo este terreno no es sólo
propiedad de la hipnosis, o al menos mucho menos que de la capacidad que tienen aquellos
que quieren imponer su criterio sobre los demás.
En “El mensajero del miedo”, la necesidad de gobernar la realidad de los otros, es una
demostración de que la hipnosis no es una manera de manipulación, sino de conseguir
descubrir que es lo que está realmente grabado en la mente. Otras muchas estrategias son
suficientes para adiestrar a los seres humanos a olvidar aquello que aconteció, sin embargo,
con la hipnosis clínica es con una de las pocas herramientas que podemos conseguir el
recuerdo de aquello que aparentemente olvidamos. Eleanor Shaw intenta producir una anemsia
en Marco, y es precisamente el estado hipnótico el que consigue que pueda volver a recordar lo
que el había grabado. Muy importante es la parte dónde en forma de pesadilla, y sobre todo de
sobresalto, Marco y su compañero, son capaces de conectar con estas memorias, a pesar de
haber sido adiestrados para qué olvidaran. Son muchas las formas cómo podemos hacer
olvidar, la hipnosis no es la mejor manera para conseguir amnesia, sin embargo,, bajo hipnosis
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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podemos recordar aquello que grabamos, aunque habitualmente el recuerdo sea distinto a lo
que realmente ocurrió, pero en definitiva, cerca, muy cerca de lo que forma parte de nuestro
patrimonio cómo personas. El tiempo en estado hipnótico siempre es presente, y esto también
ocurre en nuestro cerebro emocional, el pasado y el futuro existen porque existe el cerebro
intelectual, con él podemos tener acceso al recuerdo del suceso, mientras que en el cerebro
emocional salvamos la barrera del recuerdo y podemos encontrarnos con el vasto mundo que
nos hace ser cómo somos. La hipnosis es un estado que nos lleva a la memoria “de estar allí” y
esta capacidad no debemos despreciarla.
Cuándo el pánico es abordado con tecnología hipnótica, tiene mejor respuesta qué si es
tratada sin esta tecnología. El motivo de utilizar hipnosis está en la propia etiología del cuadro.
En éste, tal cómo hemos referido, influyen estructuras neurológicas que se ocupan de la
evaluación y la posterior respuesta ante peligros vitales, regulan las emocionales, analizan y
establecen procesamientos cognitivos. El estado hipnótico produce cambios en estas
estructuras neurológicas, por lo que el estado hipnótico varía la respuesta ante estímulos que
no son peligrosos pero que han sido calificados cómo tales por los mecanismos de evaluación y
procesamiento antes mencionados.
En estado hipnótico podemos emplear tecnología qué neutraliza el engatillamiento de la
amígdala y la posterior activación del locus coeruleus, frenando así, en el sistema límbico, su
respuesta de ansiedad anticipatoria, y reestructurando, por consiguiente, las creencias, los
procesamientos cognitivos irracionales y desadaptados. Toda esta capacidad del estado
hipnótico viene dada desde su naturaleza vincular con la persona en la qué se deposita la
confianza y el respeto.
Es por todo esto que la Terapia de Interacción Recíproca induce de forma habitual
estados hipnóticos en el paciente. Este estado hipnótico facilita los cambios terapéuticos,
puesto que el paciente está mucho más receptivo y mantiene un vínculo singular. Shor (1962)
definía la relación entre el hipnotizado y el hipnotizador cómo: “implicación arcaica”. Barber
(2000) apoda la experiencia de la hipnosis cómo “insólita” entre la persona qué ofrece la
sugestión y la qué la recibe. Barber culmina: “...la persona qué está siendo hipnotizada
experimenta un tipo de transferencia. Esto engloba los sentimientos y, hasta cierto punto, los
actos que la persona tuvo con quien le cuidó en una etapa temprana de su vida. De hecho,
puede ser que esa cualidad transferencias de la experiencia hipnótica constituya un factor
determinante en la eficacia clínica.”
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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En esta misma línea, en la Terapia de Interacción Recíproca observamos, en el estado
hipnótico, un vínculo singular entre el hipnotizado y el inductor a este estado. Este vínculo
singular, implicación arcaica o relación insólita, es fundamental en la psicoterapia. La propia
relación que se establece en la inducción hipnótica, por sí sola, es terapéutica, sin tener en
cuenta los contenidos verbales, cognitivos, emocionales o motivacionales que se traten. Por
supuesto, el trabajo en psicoterapia de todos estos contenidos tendrá la eficacia terapéutica
qué se ha podido comprobar en multitud de ocasiones en los distintos modelos cognitivos,
psicoanalíticos, sistémicos o estratégicos. Lo adicional de nuestra tesis se refiere a la existencia
de una interacción recíproca entre el paciente y el terapeuta difícil de obtener si no se
encuentra el paciente en estado hipnótico.
Esta relación la encontramos, tal cómo indicaba Shor, en la relación madre-hijo y se
puede generalizar al terapeuta-hipnotizador. El estado hipnótico mantiene un vínculo semejante
a estados muy primitivos (incluso fetales) que reconoce bien el esquema emocional del sujeto.
De esta forma llegamos al tercer supuesto de la terapia de interacción recíproca:
“La psicoterapia puede ser un equivalente de la relación con el personaje básico. El terapeuta
ayudará a cambiar el esquema emocional primitivo fruto de la interacción primaria, liberando al
paciente de su incapacidad para poder imaginar aquello que desea y, posteriormente, realizar
dicho deseo, pero esta vez con la sensación de tener la confianza de su figura básica, en este
caso secundaria”.
Con la Terapia de Interacción Recíproca reestructuramos la relación con la figura
referencial básica, de forma qué se reconstruyen acontecimientos de la primera infancia qué
activaron la “red cerebral del miedo”. Al neutralizar la activación de la amígdala mediante la
activación con hipnosis de la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, se inhiben las
proyecciones dirigidas al hipotálamo y al tronco cerebral constituyendo una nueva
fenomenología neurobiológica ante situaciones anteriormente “interpretadas” cómo peligrosas.
Para documentar esta hipótesis citaré a varios teóricos nada sospechosos de sus
estudios con hipnosis y relajación:
La naturaleza del estado hipnótico, por su carácter único y su profunda repercusión sobre los
planos básicos de la personalidad, determina en ciertos casos una reorganización de ésta
(Durán López, 1979).
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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“El estado hipnótico constituye un estado anabólico en el que se asegura el restablecimiento de
las funciones normales de las células nerviosas; favoreciendo la producción –diríamos hoy- de
hormonas cerebrales, que regulen el metabolismo nervioso”. (Platanov)
El estado hipnótico produce un predominio vagotónico y por tanto de carácter trofotrópico, en
todas las funciones corporales, con los correspondientes beneficios orgánicos que ello aporta
(Hess, 1956).
“La corteza cerebral y el diencéfalo pueden estimularse recíprocamente. La corteza actúa sobre
el diencéfalo poniendo a estos centros en “estado de alerta” ante la inminencia de un peligro. El
diencéfalo influye sobre la corteza suscitando la puesta en marcha de mecanismos razonables
de defensa. El estímulo de la corteza por el diencéfalo podría ser excesivo y contraproducente si
no actuase el poderoso control inhibidor de la primera. Entre los efectos del estado hipnótico
está el freno de la actividad diencefálica” (Durán López, 1979).
Aunque la terminología es antigua y muchas de sus conclusiones han sido actualmente
superadas por otros conocimientos, podríamos decir que lo que Hess denominó estructuras
vagotónicas de carácter trofotrópico es lo que en la Terapia de Interacción Recíproca
determinamos cómo los mecanismos propios del sistema nervioso parasimpático (SNP).
Es en este punto en el que expresamos una de las hipótesis más determinantes para la
utilización de la hipnosis en el tratamiento de los trastornos de ansiedad: “La activación del
Sistema Nervioso Parasimpático (zona trofotrópica) es la forma más eficaz para inhibir el
Sistema Nervioso Simpático (zona ergotrópica) y consecuentemente la forma más eficaz de
combatir la ansiedad patológica. En estado hipnótico se consigue la neutralización del juicio
crítico al tomar el mando el hemisferio no dominante, que junto con la activación de la zona
trofotrópica, correspondería a la situación habitual de reposo y tranquilidad de un sujeto que no
se siente amenazado”.
Cannon (1932 y 1935) demuestra las interrelaciones funcionales multidimensionales del
principio regulador básico de nuestro cerebro, que él denominó cómo “homeostasis”. Hess
(1954) correlaciona posteriormente los mecanismos homeostáticos generales con la
organización funcional del sistema nervioso autónomo o vegetativo (SNV) y el diencéfalo.
Según los estudios de Hess existen dos zonas anatómicas y funcionales, que regulan diferentes
y complementarios aspectos de la homeostasis del medio interno, y de cuyo equilibrio depende
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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el buen funcionamiento del organismo y su adaptación frente al estrés (J.L. González de Rivera,
1982):
“La zona ergotrópica o dinamógena qué comprende la parte posterior del hipotálamo y
núcleos de materia gris en el mesencéfalo y romboencéfalo anterior, y que está relacionada con
la excitación en general, y con aquellos mecanismos que acompañan fisiológicamente a la
actividad motora del organismo y el trabajo físico, se corresponde en gran medida con las
actividades del sistema nervioso simpático” (J.L. González de Rivera, 1982).
“La zona trofotrópica o endofiláctica comprende principalmente la porción rostral del
hipotálamo, el área preóptica y supraóptica, parte del septum, y está en íntima relación con
mecanismos protectores, de recuperación y de eliminación” (J.L. González de Rivera, 1982).
“Correspondiendo en gran medida con las actividades del sistema nervioso parasimpático” (R.
Aguado, 1999).
Hess consideró el sueño cómo un medio de preservar y restaurar las energías
nerviosas, y cómo una expresión típica de la actividad trofotrópica.
En estado hipnótico se produce una activación del sistema nervioso parasimpático y por
lo tanto de la actividad trofotrópica. De esta forma Luthe (1963) encontró esta respuesta
estimulando la región trofotrópica del hipotálamo, siendo la situación opuesta de la reacción de
lucha o huida qué describió Cannon, causada por una disminución generalizada de la
reactividad del sistema simpático. Benson (1974) obtiene en la respuesta de relajación una
respuesta de integración hipotalámica de signo opuesto a la respuesta de alerta qué mencionó
Cannon, y Gellhorn (1974) advierte una misma actividad en la porción posterior del hipotálamo
(acción dinamógena o ergotrópica) estimulando la formación reticular ascendente o activando la
musculatura estriada, al mandar dicha musculatura señales propioceptivas a la mencionada
porción posterior del hipotálamo.
José Luis González de Rivera concluye que la concentración pasiva (propia del estado
hipnótico) en la qué se renuncia a la discriminación axiológica de los diversos estímulos, tanto
internos cómo externos, genera una suspensión del juicio crítico. Así todas las percepciones
parecen tener el mismo significado, y nada es considerado cómo peligroso para la integridad de
la supervivencia. De esta forma hay una reducción generalizada de los impulsos corticales hacía
el hipotálamo posterior, vía sistema límbico, y de esta manera una desactivacíon relativa de la
zona diencefálica ergotrópica.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Desde Oscar Vogt y K. Brodmann en la primera década del siglo XX, hasta J.L. González
de Rivera en nuestros días, pasando por Schultz, y otros autores cómo los mencionados
anteriormente, se ha obtenido experiencia con estados hipnóticos que vinculan la ansiedad con
la activación crónica del sistema simpático y el estado de relajación con la activación del
sistema parasimpático. La complementariedad de estos dos sistemas es similar al estado de
ansiedad y de relajación.
El estado hipnótico es el recurso ideal no farmacológico en el tratamiento de la
ansiedad, ya qué por un lado activa el parasimpático y por otro neutraliza el razonamiento
cognitivo y el juicio crítico propio del hemisferio dominante (el izquierdo en diestros).
El estado hipnótico coloca al sujeto en ese estado privilegiado casi utópico denominado
por Cannon cómo homeóstasis y en el que Máslow colocó cómo el verdadero artífice de la
autorrealización.
La Terapia de Interacción Recíproca y la inserción de la hipnosis, en los tratamientos de
los trastornos de pánico y la agorafobia, son para nuestro entender una necesidad
psicoterapéutica. No realizarlo es propio de un desconocimiento inusual de los componentes
anatómicos, biológicos y psicosociales de estos trastornos.
Los motivos de consulta qué nos trae el paciente, así cómo los síntomas que les
circundan, tienen un lenguaje distinto al que empleamos para entenderlos y hablar de ellos. Los
síntomas no emplean términos cognitivos ni verbales o de lógica formal. El lenguaje de los
síntomas está ceñido a nuestros primeros recuerdos de la infancia, en los que se establecieron
las creencias y las pautas básicas de nuestra realidad de segundo orden. El significado que
damos a las cosas lo expresamos a través del lenguaje verbal, pero tienen su base etiológica en
los recuerdos de la infancia y éstos están mucho más llenos de sentimientos, sensaciones,
imágenes, sonidos y olores que de palabras verbalizables con las que expresamos
habitualmente dichas creencias o pensamientos. Es por esto por lo que el lenguaje que
debemos emplear para cambiar el significado desadaptado que damos a las cosas debe ser
coherente con este lenguaje, más simbólico y holístico que digital y racional, que empleamos
habitualmente para comunicarnos. El estado hipnótico utiliza este lenguaje simbólico, pero a la
vez podemos comunicarnos dentro de este estado con palabras, apareciendo de esta conexión
la mejor de las comunicaciones posibles.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 248
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Desde las investigaciones de Wigan y posteriormente Watzlawick sabemos que el hemisferio
dominante (izquierdo para diestros) será más analítico, racional, crítico, ya qué analiza bajo la
lógica formal-verbal, y representa sus interpretaciones de la realidad en dígitos, tanto verbales
cómo numerales. Por otro lado, el hemisferio no dominante establece una interpretación de la
realidad más global y holística, y tiene una lógica más simbólica y representativa, que se
comunica con sensaciones y sentimientos.
La comunicación fundamental entre el terapeuta y el paciente será el vínculo de
interacción recíproca. Narcross y Goldfried (1992) sostienen que la unidad psicológica básica es
el esquema emocional. “Un esquema emocional se construye a partir del repertorio de
respuestas innatas del individuo, así cómo de la experiencia pasada, las cuáles interactúan con
las situaciones de ese momento, dando lugar a la experiencia presente”. De esta forma, el
mensaje que se trasmite en un estado hipnótico, se ciñe perfectamente a esta respuesta tácita
y representativa de la unidad básica del psiquismo humano en lo que se refiere a la expresión
de sus conflictos, problemas o síntomas.
En palabras de Pascuál Leone (1991): “Un esquema emocional es una grabación de la
experiencia subjetivamente vivida”. Esta grabación es la qué tenemos que cambiar cuándo nos
falla el esquema emocional para explicar la realidad presente. Con la reestructuración del
esquema emocional tratado se establece una diferencia en la percepción de la realidad, con la
qué se le da un significado más soportable, que determina una nueva actuación que culmina en
pequeñas intervenciones (Small Intervention Follow Through (SIFT)), que se dirigen hacía la
primera experiencia emocional correctora (Significant Emocional Experience (SEE), Alexander y
French, 1946). En este momento pensamos, sentimos, actuamos, y nos interrelacionamos de
diferente forma, aunque la realidad de primer orden sea exactamente la misma. Durante el
tratamiento no es necesario que el paciente evoque todos los acontecimientos transcendentales
en su vida, aunque, en sí, es cierto que dichos acontecimientos han producido el caldo de
cultivo de los problemas actuales. Necesitamos un cambio en la satisfacción del paciente. Es
decir, tal cómo mencionaba Balint: “si añadimos a la interpretación del terapeuta la satisfacción
del paciente, se realiza un cambio significativo y terapéutico”. El paciente al tener la primera
experiencia emocional correctora, no sólo encuentra una nueva forma de mirar la realidad que
le perturbaba, sino que engarza con una emoción de satisfacción y encuentra en él mismo la
posibilidad de trasformar sus emociones a través de nuevas perspectivas y nuevas conductas
(momento terapéutico de inflexión).
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Recordamos la cita de un paciente de Watzlawick: “mi modo de ver la situación era un
problema. Ahora la veo de una forma diferente y ya no constituye ningún problema”.
Nosotros añadiríamos que el paciente veía antes la realidad, ahora mira su realidad.
La diferencia qué establece una diferencia es puramente una reestructuración de la
visión del mundo del paciente, de ese mundo que está grabado en sus esquemas emocionales.
Si reestructuramos los esquemas emocionales, la visión del mundo será distinta y se habrá
producido el cambio terapéutico.
“La sensación de alto nivel que tenemos acerca de las cosas es profundamente afectiva por
propia naturaleza”.
Será parte importante del cambio terapéutico trabajar los componentes afectivos del
paciente, ya qué estos están ligados a la realidad que percibe el sujeto desde el primer
momento de análisis de la situación. Cuándo el sistema reticular hace la primera evaluación de
un acontecimiento, nuestro sistema cognitivo todavía no ha tenido información. Este análisis de
la situación es, cómo decimos, afectivo y emocional por naturaleza. Las emociones representan
nuestro primer contacto con la realidad que percibimos. A partir de este primer encuentro con
la situación determinamos la dirección de nuestra respuesta. Posteriormente daremos una
explicación cognitiva a estas sensaciones afectivas, y las entenderemos con elementos
verbalizables, pero para entonces las decisiones de respuesta ya están tomadas. De esta forma
si queremos que el paciente cambie su percepción de la realidad, y que construya un
significado más adaptado, tendremos que trabajar a niveles más profundos y primitivos que los
cognitivos, y esto lo realizaremos exquisitamente en estado hipnótico.
Cómo explicaré más adelante, si a un adolescente le decimos: “no llegues tarde”, éste
primero sentirá la emoción de lo que ocurre cuándo se llega tarde, después de forma cognitiva
podrá pensar en lo que sucede cuándo llega tarde, pero para entonces la respuesta ligada a su
emoción primera ya está decidida. Llegar tarde puede ser un reto que no puede desecharse
cuándo se es adolescente. La conducta terminará surgiendo cómo un olvido de la hora en la
qué vivía en ese momento y sus explicaciones serán estériles ante sus padres, pero su sistema
emocional tenía qué sentir cómo se vive al saltarse las normas. Realmente su padre sin querer
le dijo: “llegar tarde es saltarte las normas, es ser independiente, es ser mayor, no tener límites
impuestos”.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 250
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
Los mecanismos que se emplean para realizar esta intervención son la integración y la
regulación. La integración necesita de una reestructuración en la mayoría de las ocasiones. Esta
reestructuración puede ser cognitiva y/o emocional. En la Terapia de Interacción Recíproca
utilizamos dos elementos fundamentales en la reestructuración: desencuadre y reencuadre.
Para ello el terapeuta necesita un método para presentar la estrategia al paciente, de forma
qué éste pueda recuperar la capacidad que se ha disociado anteriormente. La parte de solución
puede ser empaquetada y presentada dentro de una técnica mejor que directamente. Un modo
de empaquetar una idea consiste en presentarla en una hipnosis. (Recordamos la definición de
hipnosis de Zeig: “La hipnosis es una forma de empaquetar ideas”).
Si además de empaquetar los elementos de solución, lo hacemos desde el estilo del
paciente, conseguiremos personalizar la terapia. El terapeuta siente y percibe la realidad de
segundo orden del paciente y comunica con lo que él mismo siente. Comunica diciéndose a sí
mismo lo que haría si estuviera en la piel del paciente, y lo elabora en un paquete a través de
una inducción en estado hipnótico o en una conversación en la qué el paciente no está
hipnotizado pero se está empleando tecnología hipnótica tal cómo hacía Erickson. En definitiva,
igual que el paciente tiene la solución dentro, nosotros nos marcamos a nosotros mismos el
cambio que debería realizar y se lo comunicamos en forma de inducción, en estado hipnótico o
de vigilia.
La rigidez es uno de los elementos más frecuentes en el tratamiento de los trastornos
mentales. La rigidez en la conducta y el pensamiento debilitan la posibilidad de establecer
contacto con el entorno produciéndose el síntoma o el trastorno. Es muy corriente observar en
los modelos psicoterapéuticos un rechazo a esta rigidez, denominando rígido al paciente que en
ocasiones es resistente, y en algunos de estos modelos incluso se le rechaza por no cumplir los
requisitos necesarios para ser admitido cómo paciente.
En la Terapia de Interacción Recíproca la resistencia, al igual que indicaba Erickson, es
admitida e incluso utilizada cómo un elemento más de la personalidad que nos trae a consulta
el paciente.
Uno de los objetivos del tratamiento es conseguir una mayor flexibilidad mental del
paciente. La psicoterapia en la Terapia de Interacción Recíproca será una forma de ordenar las
ideas y la visión que tiene el sujeto de su realidad. Para conseguir este orden, es necesaria la
flexibilidad. Para ordenar nuestra mente, es necesario desordenar primero, cambiar posiciones
e incluso prescindir de algunos apegos.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 251
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
“Para hacer bien la conducción no podemos estar mirando al espejo retrovisor constantemente,
si hacemos esto, nos estrellaremos, al no estar en contacto con la carretera o con el lugar por
dónde circulamos. Sólo miraremos al espejo retrovisor para darnos cuenta de cómo nos
separamos del punto de referencia”. Esta metáfora nos servirá de marco en el que la Terapia
de Interacción Recíproca enseñará al paciente a mirar hacía delante para tomar contacto con el
lugar por dónde circula, y emplear la anticipación sólo para mejorar el presente.
Paúl Watzlawick establece una diferencia entre dos teorías pertenecientes al campo
de la lógica matemática: la teoría de los grupos y la teoría de los tipos lógicos. Estas dos teorías
las emplea Watzlawick para explicar la diferencia entre soluciones que son estériles, y que en
muchas ocasiones empeoran el problema, y otro tipo de soluciones que consiguen desatascar
esos callejones sin aparente salida qué denominamos problemas. De esta forma, la teoría de los
grupos ejemplifica procesos de solución que dan lugar a un sistema qué, en sí, permanece
invariable, mientras la teoría de los tipos lógicos ejemplifica otro tipo de soluciones que generan
cambios en el mismo sistema, estableciéndose una diferencia. La teoría de los grupos establece
que la interacción entre dos miembros de una clase da cómo resultado otro miembro de la
misma clase y por consiguiente el problema se mantiene, nada cambia, cuándo no empeora. El
segundo tipo de soluciones estará inserto en la teoría de los tipos lógicos. Un axioma central de
esta teoría es el siguiente: “cualquier cosa qué comprenda o abarque a todos los miembros de
una clase, no tiene que ser un miembro de la misma” (Whitehead y Russell en Principia
Mathemática, de Watzlawick, 1999, pag. 26).
Siguiendo este axioma la teoría de los tipos lógicos nos propone que no nos interesemos por lo
que sucede en el interior de una clase o en la relación entre los miembros de la misma.
Preocupémonos más de la interacción de los miembros y su clase para, de esta forma,
establecer una peculiar metamorfosis que presente las mutaciones necesarias para cambiar de
clase y por lo tanto realizar un cambio del cambio (Ashby). Es la clase o el tipo de solución el
que tenemos que cambiar para qué pueda resultar una solución eficaz.
Dentro de esta materia, recogemos de Lacan cuatro puntos clave que asumimos cómo
importantes en nuestra Terapia de Interacción Recíproca:
1. Diferencia entre significado y significante. Siguiendo a los teóricos de las terapias
estratégicas, diferenciamos entre aquello que es, y el significado que le damos. Un pasó
más allá y entendemos esta distinción dentro de la definición de realidad de primer y
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 252
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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segundo orden. Tal cómo expresamos ya anteriormente al referirnos a Epicteto y a
Watzlawick:
“No son las cosas en sí las que nos preocupan, sino las opiniones que tenemos de ellas”
(Epicteto).
Existen dos niveles de percepción:
Imagen de la realidad que percibimos por los sentidos.- Realidad de primer orden.
Significado que atribuimos a estas percepciones.- Realidad de segundo orden.
Saussure ya mencionaba esta dicotomía entre significante y significado. En la
psicoterapia del siglo XXI, la interrelación entre culturas será tan natural que será
necesario encontrar un lenguaje en el que el significado de los conceptos tenga en
cuenta esta distinción tanto intercultural, cómo intersujeto. El lenguaje hipnótico es un
lenguaje que salva los significados de los lenguajes verbales y se amolda perfectamente
a través de las metáforas y las analogías a las diferencias culturales. Pronto un
terapeuta canadiense podrá tratar a un paciente polaco, aunque no hablen el mismo
lenguaje verbal, siempre que utilicen la hipnosis cómo canal de comunicación.
2. En el lenguaje aparece insertado contenido inconsciente. Tal cómo he
referido en múltiples ocasiones:
“si escuchamos al paciente, éste nos dice todo lo que le ocurre cuándo habla, aunque
no sea advertido por él, ni lo refiera con sus palabras”.
Nosotros escuchamos a nuestros pacientes mucho, y si lo hacemos en su
estado hipnótico, lo que escuchamos nos parece más fácil de comprender. John Grinder
indica qué la dificultad está en escuchar a un paciente en estado no hipnótico, va muy
deprisa, sin embargo, en estado hipnótico es cómo una grabación, podemos rebobinar,
parar, repetir, acelerar, en definitiva es mucho más sencillo escucharle. Además no nos
interesa sólo su lenguaje, diferenciándonos de Lacan, nos importa la comunicación no
verbal, y sobre todo sus cambios faciales y corporales ante determinados contenidos, al
igual que todos sus elementos contextuales.
En estado hipnótico, cómo ya hemos mencionado varias veces, se establece
una relación especial, siendo esta relación fundamental para mantener un vínculo que
por sí sólo ya es terapéutico. Es cómo si el ser humano necesitara mantener un vínculo
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 253
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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especial, en el que las palabras quedan en un segundo plano, estableciéndose una
comunicación mucho más rica a nivel emocional, que es realmente lo que diferencia
una relación psicoterapéutica de cualquier otro tipo de relación humana. Es decir,
cuándo una persona habla con un amigo, un familiar o un compañero de trabajo,
colocará en este otro una selección de sus sentimientos, aunque se estén tratando
problemas importantes para ambos, de igual forma, el otro interlocutor colocará una
serie de sentimientos también selectivos.
En psicología social se ha observado que uno de los requisitos necesarios para
no ser diagnosticado de falta de habilidades sociales, es saber colocar nuestros
sentimientos y emociones de forma proporcionada cuándo nos relacionamos con los
demás. No está bien visto, desde el punto de vista social, y lo que es más importante
no tiene buenas consecuencias, abrirse sentimentalmente y trasmitir todas las
emociones a cualquier interlocutor ya qué esa información posteriormente puede ser
trasmitida a otras personas (el interlocutor no tiene secreto profesional y se lo puede
contar a otra persona, previa referencia a esta nueva persona de que no lo comente a
nadie. De esta forma a los pocos días lo sabrán cientos de personas que saben que no
deben trasmitir esa información a otro...) y producir gran daño en la intimidad del
sujeto que confió sus emociones. De modo que seleccionar a quien le trasmitimos
nuestras emociones y sentimientos es necesario para sentirnos seguros y libres. Esto no
quiere decir que no podamos hablar de problemas con cualquiera, de hecho es una
práctica habitual en nuestra sociedad. Lo esencial es saber a quién le decimos lo que
sentimos sobre esos problemas, y no tanto hablar de los problemas.
Pues bien, en psicoterapia tenemos que lograr un vínculo terapeuta-paciente
basado en la confianza y el respeto, en el cuál el paciente pueda colocar la mayor parte
de los sentimientos y emociones que rodean a los problemas o a las situaciones que
para él son esenciales en su vida. Cuándo esto se logra, podemos adivinar una gran
adherencia del sujeto a la terapia, pieza fundamental para el cambio terapéutico.
En Psicoterapia entendemos que en la relación terapeuta-paciente hay una
serie de movimientos emocionales. El paciente transmite emociones al terapeuta, y el
conjunto de estas emociones es lo que denominamos transferencia (dentro del modelo
psicoanalítico, pero que puede generalizarse a todos los modelos). De igual forma, y
por mucho que intenté el terapeuta ser objetivo y neutro, éste también transmite
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 254
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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emociones al paciente. A este movimiento emocional lo denominamos
contratransferencia.
En la consulta debemos conseguir que el paciente deposite las emociones
reprimidas. Tal cómo hemos referido anteriormente, esta capacidad de depositar las
emociones en lugar seguro es una de las esencias que distingue la psicoterapia de
cualquier otro tipo de relación humana.
En la Terapia de Interacción Recíproca se tiene muy en cuenta él vínculo
terapéutico. Cuándo en esta relación se consigue un vínculo de interacción recíproca,
por sí sólo, este vínculo ya es terapéutico. El empleo del estado hipnótico facilitará esta
tarea.
3.- La duración de la terapia debe diseñarse a medida. Quien ha realizado
terapia en estado hipnótico, sabe que la duración es mucho menor, y que varía
sustancialmente de unos sujetos a otros. Las sesiones de terapia con hipnosis no suelen
durar más de treinta minutos, y suelen tener menor número de sesiones. Siguiendo a
Jackes Lacan, en la sesión de psicoterapia debemos diferenciar el tiempo lógico y el
tiempo cronológico. En nuestro modelo de tratamiento sugerimos fijar con el paciente
un tiempo lógico en el que, teniendo en cuenta el perfil del paciente y teniendo en
cuenta lo tratado en esa sesión, la duración de la consulta puede variar de un paciente
y de una sesión a otra. Cómo decíamos en otro apartado, no podemos dejar al paciente
mucho tiempo en la parrilla, ni podemos dejarle sin hacer. En la Terapia de Interacción
Recíproca no hay sesiones con tiempo preestablecido concreto. Nuestros pacientes
saben que su sesión durará entre treinta y cincuenta minutos, siendo en casos muy
especiales de setenta minutos (crisis, o consultas de urgencias).
4.- En estado hipnótico la mente inconsciente es la qué recibe la comunicación
terapéutica. De esta forma, siempre que se organice y se instruya de forma adecuada la
inducción hipnótica, la mente inconsciente no nos coloca tantas censuras y resistencias
cómo la mente consciente, que está constantemente dando juicios de valor. La parte
consciente de nuestra mente tiene un sistema de valores limitado, y una necesidad de
poner creencias e intenciones a cada una de nuestras conductas, percepciones o
pensamientos. La parte inconsciente no suele tener ese tipo de restricciones, es
ilimitada en su sistema de valores, y puede instalar esta información sin necesidad de
dar sentido intelectual y formal a las cosas.
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 255
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
De esta forma será la parte más afectada en nuestros problemas mentales -
esquemas emocionales- a los que nos dirigimos en estado hipnótico. La hipnosis será
por tanto el vehículo que nos lleva hasta las memorias emocionales más enraizadas en
nuestra esencia, y que por su naturaleza adaptativa, son más difíciles de localizar y de
desprogramar.
Y los fármacos. ¿Qué hacemos con ellos?
Cómo ya hemos expresado en varios puntos de este libro la Terapia de Interacción
Recíproca no tiene ningún reparo en la utilización de fármacos psicotrópicos, así cómo admite
con agrado tratamientos de homeopatía, acupuntura y otros tratamientos mecánicos o químicos
que tienen suficiente experiencia clínica y que han demostrado ser efectivos. La única salvedad
que ponemos, y que entra dentro del sentido común, es utilizar estas herramientas químicas
cómo ayudantes a la psicoterapia del conflicto básico. Sólo con fármacos, sólo con homeopatía,
o sólo con acupuntura, nos parece que no es suficiente. Es necesaria la psicoterapia, aunque
muchas de estas disciplinas ya tienen incorporado esta cuestión en sus propios protocolos de
intervención. A estos profesionales de la salud le intentaremos dar un programa de intervención
psicológica con la qué puedan realizar un tratamiento integral del sujeto, ese es nuestro
programa de Psicoterapia de Tiempo Limitado.
En nuestro modelo de intervención en los Trastornos de pánico y en la Agorafobia es
bastante común acoplar en el paciente una intervención farmacológica, suficiente, adecuada y
capacitante para cada caso. Habló de suficiente, ya qué en numerosas intervenciones las dosis
que se prescriben al paciente están debajo del nivel terapéutico, con la consiguiente sensación
de ineficacia qué tiene aquel que sufre estos trastornos, pero también en ocasiones se han
realizado tratamientos farmacológicos que han dejado K.O. al paciente por lo excesivo de las
dosis. Adecuada en el sentido de adecuar a cada perfil de paciente un tratamiento a medida, de
tal forma qué detalles cómo repartir el tratamiento en varias dosis o en una sola, dependiendo
del vínculo entre el psiquiatra y el paciente, pueden conseguir el éxito o el fracaso del
tratamiento. El éxito del tratamiento farmacológico suele estar unido a la capacidad que tenga
el facultativo de conseguir que este, realice el tratamiento tal cómo se le prescribe y durante
todo el tiempo que se le prescribe, el fracaso en la mayoría de las ocasiones viene dado por la
automedicación o por dejar de tomar parte o la totalidad del tratamiento antes de tiempo.
Somos conscientes que la eficacia suele ser una consecuencia de la toma del fármaco, pero
para qué esto sea así, es necesario motivar al paciente para qué lo haga, y es ahí dónde esta la
parte vincular psiquiatra-paciente. En nuestros protocolos si la relación es buena y hay un
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 256
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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vínculo adecuado, es mejor que se tomen los medicamentos varias veces al día, en cada
momento, el paciente tiene la imagen del médico a su lado en cada toma. Mientras que si la
relación no es la adecuada con una sola dosis será suficiente, siempre que el medicamento
pueda tomarse en una sola dosis. Por último capacitante tiene que ver con el equilibrio que hay
que encontrar para qué el paciente dejé de tener la angustia qué le lleva a la terapia, pero a la
vez que no conlleve convertirse en un vegetal.
cualquier protocolo de intervención en los procesos de miedo a tener miedo, nos
indican que son cinco veces más eficaces, los que conjugan durante dos tercios del tratamiento
la intervención conjunta en psicoterapia con farmacoterapia, y en el último tercio hay una
continuidad en psicoterapia ya sin fármacos. También la investigación realizada a este respecto,
expresa la necesidad de conseguir equilibrar los desordenes en distintos neurotransmisores en
estos trastornos, y es por ello que en este capítulo voy a dar un repasó a los tratamientos más
usados en estos trastornos. Queda claro, pienso que a nadie se le escapa está advertencia, que
todo el proceso farmacológico, debe ser prescrito, regulado y revisado por un facultativo en
medicina y/o psiquiatría. La automedicación puede producir no sólo empeoramiento de estos
trastornos, sino que en algunas ocasiones producirá desordenes a otros niveles, sin embargo, la
medicación prescrita por un profesional de la salud mental, puede en algunos casos tardar en
hacer efecto positivo, pero sí se tiene un poco de paciencia se llega a conseguir descubrir la
dosis y el activo adecuado para cada paciente. Para terminar con esta introducción expresar
nuestra mayor repulsa a la intervención farmacológica sin psicoterapia en estos trastornos, no
sólo no mejoran sino que enmudece la sintomatología durante un tiempo, y posteriormente
incide en una cronicidad del paciente. Es por ello que quiero matizar que el tratamiento
farmacológico en trastornos cómo la agorafobia o las crisis continuas de ansiedad, así cómo en
algunos trastornos de fobia social y en casi todos los trastornos obsesivo-compulsivos
cronificados, no es una cuestión de elección. En estos trastornos la comunidad tanto
psiquiatrica cómo psicológica deberían asumir de una vez por todas que es una necesidad
terapéutica, sin la cuál el paciente es posible pueda cronificar su trastorno. El tratamiento debe
ser biopsicosocial y de esta manera debemos integrar siempre en los trastornos antes
mencionados el tratamiento psicoterapéutico, farmacológico y la intervención social. De no
hacerlo así el porcentaje de éxitos disminuirá mucho. Es cierto que todos hemos tratado
algunos pacientes con agorafobia o con un trastorno obsesivo-compulsivo y han mejorado sin
fármacos o incluso estaba ya tomando fármacos y los han dejado después de realizar la
psicoterapia. Pero sí hacemos un estudio de suficientes casos, nos daremos cuenta de que
estos casos particulares no representan la mayoría. En mi experiencia (he atendido en
psicoterapia cerca de 7000 pacientes) los trastornos de ansiedad mencionados deben ser
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 257
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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tratados en los primeros meses al menos con medicación sumada a psicoterapia. Cuándo la
psicoterapia es realizada con protocolos en hipnosis cómo nosotros hacemos, el nivel de
mejoría del paciente se triplica (trabajos de Irving Kirsch), debido al trabajo sobre las
estructuras limbicas y a la mejor capacidad del paciente de conseguir realizar sus deseos
básicos. La realización de estos produce una orden de apaciguamiento al cerebro que interviene
en estos cuadros, activándose programas emocionales incompatibles o antídotos con el de
pánico.
Los fármacos más utilizados en el tratamiento de trastornos de pánico son:
- Benzodiacepinas.
- Imidazopiridinas.
- Azaspironas.
- Antidepresivos: Triciclitos, ISRS.
Benzodiacepinas
Las Benzodiacepinas son agentes depresores del sistema nervioso muy selectivos.
Actúan, en particular, sobre el Sistema límbico. Las Benzodiacepinas comparten estructura
química similar y tienen gran afinidad con el complejo de receptores benzodiazepínicos en el
sistema nervioso central. Su estructura presenta un anillo de benceno con seis elementos,
unido a otro anillo de diazepina con siete elementos. Cada Benzodiacepina específica se obtiene
por sustitución de radicales en diferentes posiciones.
El Sistema Nervioso Central tiene unos receptores específicos para las Benzodiacepinas,
formando parte del complejo ácido gamma-aminobutírico o GABA, que ya expresamos en el
capítulo II. El GABA es un neurotransmisor con acción inhibitoria, y sus receptores forman parte
de un sistema bidireccional inhibitorio conectado entre diversas áreas del Sistema Nervioso
Central. Las Benzodiacepinas amplifican la acción inhibitoria mediada por el GABA y están
distribuidos tanto por la medula espinal cómo por todo el cerebro, encontrándose en menor
medida en las glándulas adrenales, riñones, glándula pineal y plaquetas.
El tratamiento con Benzodiacepinas para los Trastornos de pánico y la Agorafobia,
deben ser utilizados en los primeros momentos de la incorporación del tratamiento
farmacológico, con la idea de ir retirándolas según vayan haciendo efecto otros fármacos, tal
cómo los I.S.R.S.; Triciclicos u otros. Las Benzodiacepinas, en este primer momento del proceso
de intervención, son muy eficaces para modular los efectos adversos de fármacos
S.O.S. TENGO MIEDO A TENER MIEDO 258
Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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anteriormente señalados, ya qué tardan unas dos semanas en conseguir los efectos positivos y
en muchos casos pueden dar molestias que son paliadas por las Benzodiacepinas, sin olvidar el
efecto inhibidor de la activación límbica qué ayuda a apaciguar las crisis puntuales. Por lo tanto
deben ser utilizadas cómo acompañantes de otros fármacos en un primer momento, y sobre
todo cómo activos ante las crisis de pánico puntuales. El uso continuo y permanente, en
procesos crónicos, de estas sustancias, no es recomendable.
CLASIFICACION DE LAS PRINCIPALES BENZODIACEPINAS SEGÚN SU SEMIVIDA DE
ELIMINACION PLASMATICA (t1/2β)
Acción corta
Benzodiacepina Nombre comercial t1/2β (en horas) Relajación Anticonvul. Hipnótico Ansiolítico
Brotizolam Sintonal 4 – 6 horas. Medio Medio Medio Muy inte
Midazolam Domicum 1,3 – 3,1 h. Medio Bajo Medio Bajo
Triazolam Alción 1,3 – 3,9 h. Muy debil Muy debil Intensa Muy déb
Acción intermedia
Benzodiacepina Nombre comercial t1/2β (en horas) Relajación Anticonvul. Hipnótico Ansiolítico
Alprazolam Tranquimazin 6 – 14 Muy Muy débil débil Muy
Tafil, Alprox horas. débil intensa
Xanax,
zamoprax,
Bentacepam Tiadipona 5 – 12 Media Debil Alta Alta
horas.
Bromacepam Lexatin 8 – 20 Media Media Media Muy
Lexotan, horas. intensa.
Somalium,
Lexomil,
Bromam
Loprazolam Somnovit 7 – 21 débil débil Media Intensa
horas.
Lormetacepam Loramet, 8 – 15 Alta Media Muy Alta Media
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Noctamid horas.
Oxacepam Alumbran, 4 – 20 Muy débil Muy débil débil Media
Aplakil horas.
Pinacepam Duna 7 – 15 Media Muy debil Media Alta
horas.
Acción Prolongada
Benzodiacepina Nombre comercial t1/2β (en horas) Relajación Anticonvul. Hipnótico Ansiolítico
Clobazam Clarmyl, 9 – 45 h. Muy débil Intensa Muy débil débil
Noiafren
Cloracepato Tranxilium 24 – 60 débil Media débil Media
Tranxene h(1)
Clordiacepóxido Hurberplex 5 – 30 h. Muy débil Débil débil Media
Librium,
Tropium
Clonazepam Gerodorm 7-11 h Alta Débil Alta Media
Diazepam Hexalid, 20 – 100 Muy Intensa Media Muy
Valium (1) intensa intensa
Stesolid,
Apozepam,
Valaxona
Estazolam ProSom 8-22 h Muy Nula Muy Media
intensa intensa
Flunitracepam Rohipnol 15 – 30 débil Media Muy Media
Flunipam, h. intensa
Ronal
Fluracepam Dormodor 50 – 100 débil Media Muy Alta
(2) intensa
Halacepam Alapryl 9 – 28 h. débil Media Intensa Media
Ketazolam Marcen, 6 – 25 h. Débil Media Intensa Alta
Sedotime
Nitracepam Mogadon 15 – 38 débil Media Intensa Media
h.
Pracepam Demetrio 30 – 190 Media Media Media Media
ho.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Quacepam Quiedorm 27- 40 h. Débil Media Alta Baja
(1) incluye el (2) incluye el
metabolito metabolito
N-desmetil- N-desalquil-
diacepam fluracepam
IMIDAZOPIRIDINAS
Se emplean habitualmente cómo hipoinductores, sobre todo el Zolpidem, que tiene
efecto sobre receptores ω1 y ω2. Alpidem tiene efecto selectivo sobre ω1, y parece ansiolítico
puro. Tiene una potencia similar a Lorazepam y Diazepam, pero carecen de los efectos
secundarios de las Benzodiacepinas.
AZASPIRONAS
Actúan sobre el sistema serotoninérgico:
- son agonistas de 5H1A presinápticos.
- Regulan de manera descendente los receptores.
- Son agonistas 5HT1A postsinápticos.
El efecto ansiolítico es similar al de las Benzodiacepinas, pero no tienen sus efectos
indeseables. Tienen un periodo de latencia de aproximadamente dos semanas. La Buspirona
entre sus efectos secundarios frecuentes se encuentra el vértigo, nauseas y cefaleas (12 %).
Ocasionalmente produce aumento de cortisol plasmático y de ACTH y afecta a los niveles de
PRL y GH. No crea dependencia. Otros fármacos del grupo son Gepirona, isopirona y
Tandospirona.
ANTIDEPRESIVOS
Este grupo de fármacos se les denomino antidepresivos ya qué su primer uso fue
precisamente ese, tratar la depresión. Sin embargo, en la actualidad se ha encontrado
numerosos usos ya qué son utilizados con muy buenos resultados para tratar el dolor
neuropático, el síndrome doloroso miofascial, la neuralgia post-herpética, síndromes que cursan
con dolor crónico, tales cómo la fibromialgia y otras afectaciones cómo la sobreingestá
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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alimentaría, los trastornos del sueño y cómo no los Trastornos de ansiedad. Al igual que
muchos medicamentos psiquiátricos, los antidepresivos fueron descubiertos por accidente. A
comienzos de los años 1950 se descubrieron los primeros antidepresivos útiles. Pertenecían al
grupo de los llamados IMAO o Inhibidores de la Mono-amino-oxidasa. La Mono-amino-oxidasa
(MAO) existe tanto en cerebro cómo en el tracto gastrointestinal y tiene cómo función destruir
todos los excedentes que se encuentra en la hendidura sináptica, así cómo bloquear la tíramina
excesiva. El problema es que al tomar este fármaco el sujeto debe dejar de consumir cualquier
alimento rico en tiramina, aminoácido presente en muchos alimentos, tal cómo los quesos, las
conservas, los plátanos, el vino, ya qué de no ser así al inhibir la función de la MAO, se produce
una hipertensión grave, cómo consecuencia de la elevación de epinefrina (Adrenalina) desde las
glándulas suprarrenales, que pueden entre otras reacciones peligrosas producir un ataque
cardiaco.
El primer IMAO fue la Iiproniazida, que había sido desarrollada originalmente para
tratar la tuberculosis.
Para mejorar estas complicaciones que surgían con la toma de los IMAOs, la
investigación encontró un segundo grupo, el de los antidepresivos tricíclicos (ATC). El primero
de ellos fue la imipramina. Resultaron efectivos y más seguros que los IMAO, pero todavía eran
bastante peligrosos en sobredosis. Y aunque todavía se usan hoy en día, su uso ya es menor,
ya qué los fármacos por los que han sido reemplazados ISRS, además de su mejor dosificación
y menores efectos secundarios, son también más caros y algo tiene que ver, cuándo están los
laboratorios farmacológicos por medio, el aspecto económico en colocar más energía en la
investigación. Los ATC son baratos y eso hablando de fármacos no es un buen indicador de
marketing. Sea por los motivos que sea, la realidad es que los ATC han ido siendo
reemplazados por los ISRS o Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina. El primer
ISRS fue la Zimelidina.
La importancia qué tiene cualquiera de estos grupos de fármacos, es la capacidad de
poder potenciar mayor nivel plasmático de Serotonina, neurotransmisor que inhibe la actividad
de la Noradrenalina y que consigue que los ataques de pánico no tengan respuesta fisiológica.
Los núcleos el Raphe al ser activados, inhiben no sólo el Locus Coeruleus, el hipotálamo y la
región gris periacueductal, sino que indirectamente calman el engatillamiento de la Amígdala,
siendo habitualmente la mejor opción antipánico a largo plazo.
A continuación exponemos una clasificación de los antidepresivos más utilizados:
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Compuesto Nombre comercial Familia
Amineptina Survector Tricíclico
Amitriptilina Tryptizol Tricíclico
Amoxapina Demolox Tricíclico
Clomipramina Anafranil Tricíclico
Doxepina Sinequan Tricíclico
Imipramina Tofranil, Tofranil Pamoato Tricíclico
Dosulepina Prothiaden Tricíclico
Maprotilina Ludiomil Heterocíclicos
Mianserina Lantanón Heterocíclicos
Trazodona Deprax Heterocíclicos
Viloxacina Vivarint Heterocíclicos
Fluoxetina (Coppen 1981) Adofen, Prozac, Reneuron ISRS
Fluvoxamina Dumirox ISRS
Paroxetina Frosinor, Motiván, Seroxat ISRS
Sertralina Aremis, Vestirán ISRS
Citalopram Prisdal, Seropram ISRS
Venlafaxina (Rudolph 1990) Dobupal, Vandral IRSN
Mirtazapina Rexer IRSN
Reboxetina Norebox ISRN
Oxitriptan Cincofarm, Telesol Precursores de la serotonina
Fenelzina Nardelzine IMAO
Tranilcipromina Parnate IMAO
Moclobemida (Amrein 1989) Manerix RIMA
Nefazodona Dutonin, Menfazona, Rulivan Bloqueantes receptores 5HT2
Son muchas las combinaciones que se pueden realizar en el tratamiento farmacológico
coadyuvante al tratamiento psicológico de los trastornos de pánico y la agorafobia, y no es la
intención de este libro la de hacer un tratado de psicofarmacologia del pánico. No obstante y
teniendo en cuenta la labor informativa de este capítulo y el interés que numerosos lectores
tendrán por conocer cuál es la experiencia de nuestros equipos de médicos y psiquiatras en
estos trastornos, podemos resumir de la siguiente forma la intervención farmacológica:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
En un primer momento cuándo los ataques de ansiedad son floridos o muy seguidos, lo
habitual es tratar con una Benzodiacepina de acción intermedia y un I.S.R.S. Las dosis de la
Benzodiacepina pueden ser media-altas hasta conseguir que los ataques dejen de ser muy
frecuentes y se ira bajando según vaya haciendo efecto el I.S.R.S. Más o menos a los dos
meses de estar tomando el I.S.R.S. se podrá ir retirando la Benzodiacepina, hasta qué se pueda
tener un tono vital normal tan sólo con el I.S.R.S.
Los I.S.R.S. deben mantenerse en dosis terapéuticas efectivas un mínimo de una año,
siendo importante que se tenga en cuenta este lapsus de tiempo, que cómo puede apreciar
aquel que domine la farmacoterapia, es el doble de lo que se especifica en los tratamientos
para la depresión. Una vez más y para terminar este apartado informativo sobre farmacoterapia
de los Trastornos de pánico y la agorafobia, indicar que desde el primer momento esta
intervención debe realizarse a la par que una psicoterapia cómo la qué hemos indicado en el
caso de Joaquín o de Leandro.
Allí donde llega el deseo, el pánico coloca su chiringuito.
Para poder superar el pánico además de conocer cómo surgió, también es fundamental
conocer qué le hace mantenerse a nuestro lado. No siempre aquello que provocó el primer
ataque, es similar a todo lo que hoy permite que se siga produciendo.
Los deseos, cómo ya he explicado anteriormente, son necesidades. Algunas de estas
necesidades son básicas, sin ellas no podemos vivir en seguridad, pero otras necesidades o
deseos no son básicos, simplemente son necesidades que hemos ido incorporando en la
evolución cómo seres inteligentes, y aunque podamos vivir sin ellas, de alguna forma al
conseguirlas, nos ayudan a estar más seguros y nos hacen sentir que somos capaces de
alcanzar aquello que nos proponemos. Tener un televisor en casa no es una necesidad básica,
de hecho muchas personas viven mejor sin tener televisión, pero para algunas personas es un
signo de tener lo básico, ¿Qué haría si no tuviera televisión?, de igual forma nos pasa con una
lavadora, un viaje en agosto o tener agua en la piscina. El deseo no es algo que podamos
controlar, sólo controlamos nuestra conducta, y en ocasiones es difícil. Los deseos son impulsos
que aparecen para satisfacer una necesidad, de tal forma qué si realizamos el deseo en ese
momento nos sentimos cómodos y seguros, cuándo no exultantes.
Pues bien, este es uno de los grandes problemas de la persona qué sufre miedo a tener
miedo, sentir deseo y poder disfrutar de él. El deseo en sí es un activador global de nuestro
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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organismo, gracias al deseo estamos vivos, en el juego de desear y conseguir está la
motivación, sin necesidades no habría deseos, pareceríamos de cera, de hecho cuándo los
deseos no son permitidos nos convertimos en algo similar a una figura de cera. Cuándo
tenemos un deseo, sea básico o no esencial, nos activamos, habitualmente activando la rama
simpática de nuestro sistema nervioso autónomo, y por lo tanto vivimos esta situación cómo
una carga energética qué tenemos que desahogar. Cuándo nos liberamos de dicha carga, con
la realización del deseo, la sensación que tenemos es de placer. Pues bien, esta carga por el
más simple de los deseos, es bastante difícil de aceptar por la persona qué padece miedo a
tener miedo, ya qué es interpretada fácilmente cómo una nueva crisis. Activarse es de alguna
forma vivir el deseo, y este se convierte en un verdadero peligro para la rigurosa tranquilidad y
el total control, tanto emocional cómo fisiológico, con el que intenta vivir quien tiene miedo de
tener miedo. Hay casos en los que cualquier cambio, cualquier activación, cualquier deseo es
interpretado, y sobre todo vivido, cómo una situación de peligro vital.
En estos casos, cuándo aparece el deseo el pánico pone su chiringuito, pero sin deseo
no hay vida, entrando en una espiral extraña, ya qué cómo es natural al principio del trastorno,
el deseo aparece cómo inercia de estar vivo, y poco a poco el sujeto aprende a ir menguando el
nivel de deseos para qué así la activación no se produzca, entrando en una dinámica dónde la
falta de motivación y la pasividad son el escenario más cercano a la seguridad. Vivir sin vida es
la consecuencia.
Cómo puede imaginar el lector con esta perspectiva pronto se adentra en una
verdadera negación de la vida y del crecimiento cómo persona. Para vivir es necesario el
movimiento, la incertidumbre y la activación, siendo el deseo un buen motor para conseguirlas.
Pero para la persona qué tiene este tipo de problemas toda esta verdadera chispa de la vida se
convierte en sufrimiento y tragedia, momificándose y en algunos casos paralizándose cómo si
fuera un vegetal.
Pero ahora voy a colocar esta forma de procesar de las personas que tienen miedo a
tener miedo, en otra perspectiva. Imaginemos durante unos minutos que en la vida fuese
posible quitar la incertidumbre, es decir saber lo que va a ocurrir en cada momento, tener
escrito lo que tenemos que hacer, decir, hablar o sentir, cómo si de un guión completamente
marcado se tratara. ¿Qué vida sería esa? ¿Sería vida tal cómo la entendemos?; pues bien, es
así cómo quiere vivir quien tiene miedo a tener miedo, controlando hasta los deseos, y
curiosamente puede paralizar la vida de sus actos, pero sí paraliza sus deseos en ese momento
gripa su motor, en este caso por no usarlo, ya qué cuanto menos lo usa, más se activa este.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Todos sabemos que queremos algo, ese algo no siempre es identificable y en ocasiones
incluso es difícil ponerle un nombre. El instinto humano de supervivencia, la fuente de todos
nuestros apetitos, miedos y entusiasmos, ya no parece que sólo esté bajo el imperativo de
deseos primarios cómo los descritos en el anterior capítulo. Es cómo si la pirámide de Máslow
ya no sirviera tal cuál, tenemos aire, estamos alimentados, descansamos, podemos realizar
sexo con mayor libertad y con más seguridad, y vivimos en una situación social que por mucho
que la coloquemos cómo amenazante, si retrocedemos trescientos o cuatrocientos años, nos
damos cuenta de lo mucho que hemos avanzado en libertades y en seguridad. Hoy se vive más
seguro que en ningún otro momento de la historia, todos tenemos experiencias que parecen
que van en contra de lo que estoy sugiriendo, pero no es así. Cuándo salimos de nuestras casas
la posibilidad de que nos ocurra algo peligroso hoy, es diez veces menos probable que hace ni
siquiera cincuenta años. Sin embargo,, la sensación de que queremos algo más y que algo nos
falta, que es esencial para vivir, está en casi todas las mentes de los seres humanos, incluso en
una proporción muy superior a la de cualquier otro momento en la historia de nuestra especie.
El deseo humano ha cambiado, ha tenido una revolución. Los deseos esenciales o
fisiológicos son los mismos, sin embargo, incluso en países subdesarrollados encontramos que
los deseos han tenido una cierta transformación. Es difícil no encontrar en países dónde las
personas se mueren literalmente de hambre y pobreza, marcas multinacionales que apuestan
por una vida mejor si consumes ese producto. Habló del mercado del deseo, algo que Máslow
no tuvo en cuenta en su teorización, ese mercado permanente del negocio de la persuasión, tal
cómo la venta de una idea, de una opinión, de una forma de vivir, en la qué se te vende, cómo
puedes comprender, la “verdad” de la vida, tu vida, o de cómo puedes alcanzar, no sólo la
autorrealización, sino sobre todo una “marca personal”. Poder ser único en algo.
Las empresas de marketing quieren conquistar una parte de nosotros que en
numerosas ocasiones está cerca de ese algo que no sabemos qué es, pero que lo necesitamos,
esta industria del deseo trata de comprender cómo funciona nuestro sistema emocional y de
esta forma controlan nuestros deseos. Si quieres triunfar en esta sociedad, saca al mercado un
producto que haga sentir dentro de las personas que si no lo consumen les falta ese algo, y a
partir de ahí, te darás cuenta de que todos necesitamos de él.
Quien tiene miedo a tener miedo suele tener todas las necesidades que expuso Máslow
en su pirámide cómo fisiológicas, desajustadas: respiran mal (incluso se hiperventilan), comen
mal, descansan mal, tienen dificultades sexuales y sobre todo no se sienten en la homeostasis
adecuada, y sin embargo, tienen todos los mecanismos para poder entrar en un absoluto
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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remanso y equilibrio fisiológico. Incluso muchas de las personas que padecen estas crisis no
tienen en absoluto falta de seguridad social, familiar, salud, empleo, todo esta cubierto y en
perfecta armonía. La mayoría están muy reconocidos y bien afiliados, tienen pareja, y cómo no,
una vida llena de afectos. Sin embargo, pocos o casi ninguno se sienten autorrealizados, lo
tienen todo en apariencia y les falta todo, y cuándo les pregunto qué es lo que les falta, me
dicen que algo, un algo que ocupa más que ese todo, y que les inunda hasta ahogarles en su
respuesta fisiológica, su seguridad, su afiliación, su reconocimiento y su imagen cómo persona.
Esta especie de “madre virtual del deseo” es quizás el factor fundamental del trastorno
agorafóbico y de los trastornos de pánico. Hay un deseo virtual por encima de todo lo que es
tangible, que falta y en consecuencia impide vivir bajo el palio de la seguridad. Va más allá de
las meras necesidades para estar vivos, y que tiene que ver con creencias y sobre todo con la
forma cómo nos sentimos y vivimos. El comportamiento es consecuencia de un complejo
proceso de deseo. El deseo humano representa la fuerza definitiva de la creación, determina lo
que queremos y esto lo que somos. Para qué el pánico no ponga su chiringuito en ti, consigue
ese algo que es más importante que todo lo que tienes y después disfrútalo.
El amor puede morirse por no usarlo, y también la motivación, la memoria, los
músculos y las relaciones con otros. Cuándo el pánico pone su chiringuito no hay fiesta, se
apagan las luces, entramos en la dictadura del miedo, y el deseo es percibido cómo un
monstruo que quiere hacernos daños y del que tenemos que protegernos. Es la clásica
estrategia de los dictadores, hacen pensar al pueblo que viene el enemigo forastero, mientras
tanto, él sigue diciendo cómo tienen que pensar, hacer y vivir. No permitas que esto sea así,
complace el deseo, y si este te activa, simplemente realízale y te darás cuenta de que en ese
momento un torrente de seguridad y confianza recorre todo tu ser. Ya sabes: tienes que hacer,
y mi consejo es que realices aquellos deseos que son básicos por encima de las modas. Y
recuerda una vez más que, la mejor terapia es tener una vida llena de deseos que, aunque no
se realicen hoy, sigan dentro de ti y de esta forma puedas seguir avanzando hasta conseguir la
mayoría. No tengas prisa en realizar todos los deseos, y a la vez realiza todos los días al menos
uno, mientras tengas camino por andar estarás vivo. El problema es sentarte a esperar que se
pase ese “algo” que seguro necesitas y que a la vez te hace vivirlo cómo una amenaza. Ese
“algo” está en algún lugar de tu camino, búscalo, en la propia búsqueda está el secreto.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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Tienes una libreta. Apunta tu destino.
Seguro que tienes en casa una libreta, y si no la tienes, consigue una, sal a comprarla
en alguna librería y pídela, cómo si de un antídoto de farmacia, se tratara. A partir de ahora
será tu amuleto que te protege en cada uno de los momentos y en todos los lugares del
universo. Una libreta qué puedas dividir en tres apartados:
- En el primer apartado escribe sobre todas esas situaciones en las que has
tenido pánico, con todos los detalles que te vayan viniendo a tu mente, no
tengas prisa, y emplea todo el tiempo que necesites, puedes hacerlo en
varios días, incluso semanas. Debes hacerlo dentro de un proceso de
análisis, date tiempo.
- En el segundo apartado dibuja en croquis las situaciones que en el anterior
apartado hayas escrito, cómo si estuvieras haciendo un dibujo robot de la
situación. En este dibujo debes situarte tu en el lugar en el que estabas allí,
así cómo también debes dibujar los personajes que estaban contigo,
imagina qué estas haciendo una maqueta de todo lo que aconteció, no
hace falta qué seas un gran dibujante, puedes representarlo con
monigotes.
- En el tercer apartado, debes dibujar y escribir al lado, cómo te hubiese
gustado que terminara cada uno de esos momentos. Que tendrías que
haber hecho o que tendrías que haber dejado de hacer, para qué cada
situación, quedara de tal forma qué tu te sintieras orgulloso/a con ese final
en la actualidad.
Realiza este almanaque en tu libreta, para cada una de las secuencias más importantes
de tu vida – aquellas que te vengan de forma más rápida a tu mente – en las que ha sucedido
un ataque de ansiedad o has tenido que evitar por tener miedo a tener miedo, consigue salir a
la calle y realiza este ejercicio, apuntando en tu cuaderno de abordo, siempre que te venga
cómo un flash alguna de esas situaciones, si estas atento/a, te darás cuenta cómo cada vez que
sufres miedo a tener miedo, un eco de estas situaciones, de una u otra forma, vienen a tu
mente, suelen estar ahí, son cómo imanes de nuevas situaciones de miedo, y a la vez se
manifiestan con otra cara y cómo si fuera una nueva relación totalmente diferente a las
situaciones anteriores. Pronto te darás cuenta de que el miedo a tener miedo es una parte de
tu historia con muchas caras, pero sí quitas la máscara, detrás siempre se encuentra lo mismo,
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
Roberto Aguado
aquello que te dejo sin seguridad, diferente para cada persona, y sin embargo, una constante
para cada uno de nosotros.
Date cuenta de que:
“Aquello que temas, hazlo mil veces y dejaras de temerlo.
Y cada vez que lo hagas, cambia algo, en cada pequeño cambio te encontrarás más cerca de tu
verdadera esencia”
Que no se te olvide, que sea una LIBRETA, de esta forma además saldrás a la calle
sintiéndote libre, tendrás tu historia en tus manos, sabrás cómo puedes cambiar tu presente,
podrás diseñar tu futuro. Con esa LIBRETA, sé LIBRE y RETA, y te darás cuenta de quien eres
en realidad.
Si apuntas hacia tu destino, es muy probable que se parezca a tu punto de mira.
Apunta a tu destino de forma LIBRE Y RETA, encontraras al menos mucho de lo que buscas.
¿Y el amor? Tiene algo que ver en todo esto.
Estoy plenamente convencido, después de trabajar con cerca de siete mil pacientes,
haber supervisado más de cinco mil casos a unos quinientos compañeros, y sobre todo por
haber vivido las experiencias que me han hecho ser cómo soy de que el amor es el elixir que
más enfermedades cura, sobre todo si estas tienen que ver con la biografía y cómo no con la
forma de vivir. El amor tiene muchas formas y caras, no es lo mismo el amor que se le tiene a
un hijo, que el amor que se puede sentir por un equipo de fútbol, pero nadie puede indicar que
ambos amores pueden producir momentos de crisis y de euforia en un ser humano.
No debe ser casualidad la casuística mencionada en varios informes, en la qué se nos
describe la prevalencia qué existe entre la muerte de un ser querido y la enfermedad, o la
propia muerte de aquel que tanto le quería. Viktor E. Frankl en su libro El hombre en busca del
sentido último nos relata cómo trabajo el duelo de un compañero médico, que tras la muerte de
su esposa sucumbió en una profunda depresión, Víktor de forma socrática le pregunta a su
paciente:
- Viktor.- ¿Qué hubiera sucedido si usted hubiese fallecido antes que su
esposa?
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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- Paciente.- Ella habría sufrido tanto...
- V.- Su mujer, entonces, se ha ahorrado este sufrimiento, y, después de
todo, es usted quien le está ahorrando este sufrimiento; es por ello que
usted debe sobrevivir y llorarla a ella.
Esta es una preciosa manera de poder darse cuenta, cómo la supervivencia de alguien
puede tener un valor distinto, si aquel que se nos murió, con su muerte, ha ganado. Desde el
amor podemos permitir la muerte de la persona amada, siempre que esto signifique una
pérdida de sufrimiento, podemos sacrificarnos desde el amor y así recomponer nuestra
supervivencia a esa muerte. Dar sentido al sufrimiento que se padece, en este caso el sentido
del sacrificio, otorga un cambio esencial ya qué seguirá sufriendo, pero no de forma
desesperada. La desesperación es un sufrimiento sin sentido, y consecuentemente un
sufrimiento difícil de encajar, mientras que sufrir con sentido realmente es un acto de amor, en
este caso en defensa de aquel que realmente nos importa, este tipo de amor ha logrado salvar
muchas vidas en la historia, y también ha determinado grandes revoluciones.
El amor nos llena de sentido, y tal cómo definió Einstein: “El hombre que piensa qué su
vida no tiene sentido no es que sea infeliz, es que no sirve para vivir”, la vida necesita de
arraigo y por supuesto de perspectiva de futuro, la valoración cómo ser humano depende del
afecto que deposite en mí mismo, siendo este valor un nexo fundamental ya qué es el filtro que
media entre nosotros y la realidad. Deutsch y Sólomon escriben: “Las personas con gran amor
propio (que se consideran dignas de ser amadas) son dadas a pensar que otras las estiman, y
aceptan rápidamente el afecto de ellas. Las personas con poco amor propio no pueden; cuándo
otras las ensalzan, se sienten incómodas, frecuentemente sospechan y dudan de los motivos de
sus amigos, de su exactitud, de su sinceridad”. Para vivir con un proyecto de vida, tenemos que
encontrar permanentemente tres grandes amores: el de los otros hacía nosotros, el nuestro
hacía otros, pero sobre todo, el amor que nos tenemos y que nos depositamos en nosotros
mismos, tal cómo hacemos con el oxígeno cada cuatro segundos.
Antes de nada tengo que aclarar que amarse a sí mismo no es sinónimo de egoísmo, al
menos de egoísmo patológico o enfermizo. Es más, si no nos amamos a nosotros mismos con
cierta continuidad, es muy difícil amar a otros de forma sana. El amor a los demás tiene mucho
que ver con el amor propio, si no, no es amor, es necesidad obsesiva, es dependencia. Son dos
las leyes que trasmito habitualmente a mis pacientes:
- Sólo debes dar cuándo te sobra.
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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- Si entre dos alguien tiene que perder, que pierda el otro.
Aquellos que adviertan en estas leyes algún matiz de egoísmo patológico, primero
deben darse cuenta de que si se cumplen estas dos leyes, cuándo nos sobre cariño, tiempo,
dinero… tendríamos que dar, es bueno dar, nos sentiremos bien ofreciendo y dando, pero
siempre que no nos quedemos nosotros en negativo, si damos sin tener, tarde o temprano
pasaremos factura, y eso es pieza crucial para qué otro no tenga qué hacer lo mismo con
nosotros. Esta ley también es fundamental entre padres e hijos. Aquellos padres que les dan a
sus hijos lo que ellos no tienen, les enseñan a estos a no permitirse la frustración, y
frecuentemente cuándo sean adultos, serán personas que no se sientan bien si no hacen lo
mismo con los suyos. Por supuesto el lector sabe muy bien que no me estoy refiriendo a
ninguna situación trágica cómo poder dar un órgano, o simplemente ante una situación de vida
o muerte; si es así, ponerte delante de la bala qué mata, y morir por tu hijo no tiene nada qué
ver con lo que estoy trasmitiendo, en estos casos límite lo que un padre o una madre pueden
hacer por su hijo no esta bajo ninguna ley. Me refiero a la educación y sobre todo a intentar
trasmitir que el amor a uno mismo es la mejor de las lealtades hacía los demás, de esta forma
quien nos quiere sólo se tendrá que preocupar de él y razonablemente si esta con nosotros es
porque realmente le interesamos.
En cuanto a la segunda ley del amor propio, todos sabemos que si te dejas perder
constantemente para no tener problemas, tienes constantemente más problemas y además
eres un perdedor. Nadie quiere que nadie pierda, pero sí es el caso que alguien tiene que
perder, ¿por qué perder nosotros?, a no ser que se viva bajo la seguridad de que si hoy
perdemos, mañana el otro sabrá perder, entonces se produce una relación basada en el respeto
y la confianza. Sin embargo,, en la mayoría de las ocasiones en la qué es frecuente que
tengamos que perder para qué así podamos mantener la situación de convivencia, nos vamos
llenando de rencor, rabia y sobre todo de pobreza hacía nuestra capacidad de intervenir en
aquello que es muy importante para todos: la vida, nuestra vida.
Esta claro que amar no es ser esclavo, no es dejar de tener un mínimo de exigencia
para uno mismo y también para aquellos que nos rodean. Y nunca dudes de que si para
convivir necesitas sucumbir y ser esclavo, entonces no merece la pena tener ese amor, ya qué
has equivocado la palabra, eso no es amor, es la forma cómo justificamos nuestra esclavitud. El
amor tiene que estar siempre unido a la sensación de libertad, sólo es amor aquello que te hace
más libre, y por supuesto el concepto de libertad y de libertinaje es distinto, no somos libres si
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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somos nosotros los verdugos. Ni esclavos ni verdugos, simplemente das y recibes, ese es el
trato.
Amarse sin condiciones no excluye amar a los demás, Erich Fromm matiza
estupendamente cuándo indica qué “el amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a
otro ser”, y yo además añado que “amarse a sí mismo es imposible, si alguien (persona
referencial) no acuñó ese amor en sus ojos cuándo tú le mirabas”. Esta es la parábola:
“sólo amaremos a otros de forma “sana” cuándo nos amemos a nosotros, pero esto nunca será
posible si ese amor propio, no fue fraguado a fuego lento, por aquellos que nos dieron la vida o
nos sirvieron de referencia”.
Por otro lado es un error basar la cantidad de amor propio en los logros, podríamos
decir que es un amor de segunda división aquel que se mide en el termómetro de lo que
poseemos, conseguimos, o alcanzamos. El amor propio sólo debería tener un baremo principal
y es lo que somos, amarse por ser, es siempre más importante que por lo que conseguimos y
hacemos. No obstante cuándo se tiene conquistado este territorio de amarse por ser, aquello
que alcanzamos, conseguimos o tenemos, adorna y embellece mucho más este amor propio.
Aaron T. Beck comete un grave error en su libro Con el amor no basta en el que intenta
conseguir un manual de tratamiento de los problemas o conflictos de pareja, cuándo en sus
paginas 31-32, indica: “Cuándo se apodera de nosotros un estado emocional, la vaguedad de lo
que observamos nos puede desconcertar. Cuándo estamos trastornados o emocionados, es
probable que la interpretación de los pensamientos y sentimientos de otras personas, de la
“realidad invisible”, se basen más en nuestros estados internos, nuestros miedos y expectativas,
que en una evaluación razonable del otro ser”. Con esta sentencia, Beck logra en primer lugar,
una igualdad entre estar trastornado y estar emocionado, poco brillante, bajo mí entender. No
sé qué le puede parece al lector, pero a mí al menos me gustaría qué las personas que sienten
amor por mí, lo hagan desde la emoción y no desde la inteligencia. Por otro lado, lo que es
indudable es que cuándo hablamos de relaciones entre dos personas que son pareja, o
tenemos en cuenta las pasiones, los miedos, y las expectativas de cada uno, o no estamos
hablando de pareja de seres humanos, sino de parejas de robots. Si alguna vez queremos
ayudar a alguien tanto respecto a su pareja cómo a cualquier otra relación, tendremos que
suponer que tiene todo el derecho de entrar en esa relación con sus pasiones, y estados
internos al completo. Por lo tanto, enamorarse de alguien también es enamorarse teniendo en
cuenta todo este universo que tiene bajo su conciencia, de otra forma no nos habríamos
enamorado de esa persona, sino de la imagen que tenemos sobre cómo debe ser esa persona,
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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y esto sí que produce desilusiones y sobre todo sufrimiento. De una vez por todas debemos ser
capaces de reconocer que:
1.- El ser humano tiene en sus emociones no un problema, sino toda una brújula, que
le hace ser cómo es.
2.- Es en la conexión emocional dónde se encuentra el amor verdadero o el odio, pero
no por ello esto es tan malo cómo real, y así debe ser si queremos ser humanos, ya qué si el
amor es materia intelectual y propia de la razón, entonces nos habremos convertido en
maquinas, y estaremos enamorados de un ordenador que hace todo aquello que le pedimos sin
cambios ni perturbaciones.
La esencia del amor es comprobar que tu emoción y la emoción de aquel a quien amas,
se llevan bien, lo demás son pegamentos artificiales para qué dos personas se mantengan
juntas, que no unidas. Apuesto por la sinceridad de la emoción, y es precisamente cuándo las
emociones que nos inundan no nos gustan, es cuándo tenemos que decidir que nosotros
estamos primero, de no ser así estaremos esclavizados en un aparente amor que nos hace
infelices, y porque no, nos rompe el amor propio.
Rober Sapolsky, en una entrevista qué le realizó Eduardo Punset, dice: “la pobreza se
asocia a un incremento en el riesgo de accidentes cardiovasculares, enfermedades reumáticas,
psiquiátricas y otras. Pero lo más aterrador es que la pobreza es imborrable, nunca se puede
olvidar. Una persona puede enriquecerse y tener libre acceso a cuidados médicos, pero los
efectos ulteriores de la pobreza a la qué estuvo sometido previamente le acompañan hasta la
muerte”. Todos sabemos que Sapolsky se está refiriendo a la pobreza económica y a las
deficiencias alimentarías y sanitarias, pero yo suscribo la misma conclusión, sólo que
multiplicándola por tres, si esa pobreza ha sido no de alimentos o de medicamentos, sino de
amor y de relación afectiva. Aquel que no haya podido realizar los amores que son básicos para
el ser humano, entrará en un camino sin retorno, en el que buscará estos amores hasta
encontrarlos, y si no los encuentra llenará esa carencia y ese vació, de autodesprecio,
enfermedad (biopsicofisiosocial), y sobre todo de penuria existencial cuándo no de permanente
enojo por su vida. Luego podrá ser muy rico y afortunado en bienes, pero le faltará el elixir de
la vida: el amor.
Es verdad que el amor es ciego, pero sólo si nos ponemos las gafas del universo de la
razón. Cuándo lo percibimos desde nuestras necesidades básicas, cómo seres humanos, nos
damos cuenta de que el amor simplemente es el certificado que nos garantiza:
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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1.- que vamos a seguir vivos,
2.- que necesitamos fusionarnos con otros seres vivos para poder sentirnos completos,
3.- que nuestros tres cerebros no del todo integrados todavía: el de los reptiles,
mamíferos y humanos, no buscan la verdad sino sobrevivir. (Richard Gregory, F. J. Rubia).
Pero entonces ¿por qué el amor hace sufrir a tantas personas? El amor surge, aflora,
normalmente sin darnos cuenta, llega por azar y nos llena de recuerdos inconscientes y a la vez
de mecanismos de defensa. No todos los amores son iguales en el proceso de nacimiento, pero
sí nos fijamos en el amor de pareja, podemos darnos cuenta de que nos enamoramos de
personas que de alguna forma tienen la habilidad de conectarnos con memorias amorosas del
pasado, en el amor de pareja surge de alguna forma un retorno a la infancia, que nos confirma
y nos certifica la propia existencia. Aquellas personas que no se han enamorado nunca, en
algún momento de su vida indican que no son merecedoras de amor, cómo si al final el motivo
de no haberse enamorado, es poseer algo que repele a los otros; muchas de ellas también nos
confiesan que si hacen memoria, esa sensación de no merecerse que alguien las quiera, ya lo
tenían desde sus primeros momentos de vida, o lo que es peor, se sintieron tan amadas en esa
fase de su vida, que ya nadie pudo darles algo semejante después.
E. Punset, indica qué Ranulfo Romo concluye que sin memoria no hay concepción del
mundo, ni del amor. De tal manera qué el amor nace fundamentalmente del pasado,
produciendo verdaderas alucinaciones que nos trasladan y nos renuevan cómo personas, pero a
la vez nos hunden si las memorias encontradas no son favorables. El amor es sinónimo de vida,
pero de quien nos enamoramos no siempre es un indicador de fortaleza, sino de volver a vivir
algo parecido a lo que ya ocurrió con nuestros referentes. Es cierto que el pasó del tiempo hace
que se enmudezca el dolor, pero seguimos anclados a los mismos resortes de aquello que nos
hizo sobrevivir, y parece ser que haber sobrevivido a unos referentes que nos desprecian es
posible, siempre que nos despreciemos, y para eso debemos entre otras cosas enamorarnos de
personas que comparten nuestra afición: despreciarnos, y es en el desprecio de los otros y en
consecuencia en nuestro autodesprecio dónde encontramos el desamor, el desarraigo y cómo
no el sufrimiento sin sentido. Bowlby fue capaz de demostrar que los humanos estamos
dotados de circuitos que determinan el apego, y este es consecuencia de las presiones
evolutivas, de tal forma qué al nacer estamos programados por mecanismos que nos ayudan a
realizar vínculos afectivos, entrando en una verdadera tormenta de pánico, si en algún
momento estos vínculos se rompen. El desamor es una especie de espada qué se clava en
alguno de estos circuitos y desencadena la misma sensación que vivimos y memorizamos en las
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Crisis de pánico, Fobofobia y Agorafobia del siglo XXI
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relaciones primeras con aquellos que nos dieron la vida y por lo tanto realizamos los vínculos
que nos permitió seguir vivos.
El miedo a tener miedo tiene mucho que ver con el desamor, y sobre todo con la
vivencia de no tener el respaldo de ese amor fundamental cuándo se está sólo. Algo ocurrió en
el pasado que desgarró literalmente el lóbulo orbital frontal del sistema límbico, de tal suerte
que ante cualquier situación de desgarro, desamor, desprendimiento, desespero, desarraigo,
desconocimiento y muchos otros des… se engatilla la señal de alarma en forma de pánico, y
éstos des… no se van de la memoria hasta qué no sucede una relación de amor propio, o amor
a otro que puede recomponer el daño, las memorias y los circuitos.
Tener miedo a tener miedo es un indicador de tener desajustado alguno de los amores
básicos, implica vivir con un Yo-en relación. Las cifras son concluyentes, un 68 % de los
diagnósticos en Agorafobia y un 79 % en el diagnostico de Trastorno de pánico con agorafobia,
se encuentran en aquellos que tienen un Yo-en relación. La mayoría de estos pacientes son
mujeres, pero por otro lado, los varones que tienen estos diagnósticos tienen un componente
que les diferencia de los varones que no padecen estos trastornos, aunque cursen otras
patologías, esta diferencia es que también se les encuentra un Yo-en relación. Emilce Dio
Bleichmar, a través del estudio de las formas particulares de enfermar del género femenino,
nos refiere el concepto de Yo-en relación, una estructura propicia para llegar al trastorno
depresivo en la mujer. Fue posteriormente nuestra investigación la qué ha demostrado que no
sólo en la depresión sino también en los trastornos de tener miedo a tener miedo, el yo de la
persona se confunde con el yo-relacional, y aquí no hay diferencias entre hombres y mujeres.
Es decir, cuándo una persona vive dentro de un marco de Yo-en relación, independientemente
de cuál sea su genero tiene más probabilidades de padecer miedo a tener miedo, que si su
estructura yoica es autónoma de las relaciones en las que se encuentra (R. Aguado, 2006).
El Yo-en relación se refiere a esa persona qué depende de una relación, bien sea
familiar, o de pareja, cómo si es en relación al trabajo o a cualquier otro objeto o persona, y
desde esta dependencia, si ocurre algo en la relación, en ese momento su Yo se ve quebrado,
siendo el caldo de cultivo más propicio de padecer un cuadro de pánico, una depresión mayor o
un trastorno distímico. No olvidamos el componente genético, ni otros factores, pero a la vez,
hacemos caso de la estadística, que nos refiere cómo las personas propicias para estos
trastornos son aquellas que mantienen ese Yo-en relación.
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El amor para estas personas está mimetizado en la relación, no son capaces de
diferenciar su identidad de aquello con lo que tienen esta conexión invisible pero tangible. No
ser nada por uno mismo, necesitar del padre, la madre, el hijo, el trabajo, la sustancia, o
cualquier otra forma de estar ceñido, descompone la estructura yoica, la disuelve, la mantiene
encapsulada, y en consecuencia no existe uno sin lo otro. Sabemos que una persona qué tiene
un Yo-en relación puede cambiar de relación, pero nunca podrá sentirse seguro/a sin estar
adherido. Cuándo han intentado apartarse de la relación entran en el más intenso vacío o en el
más aparatoso estado de pánico, y lo que es peor: si la relación no va bien, si falla algo en los
componentes de la relación, no sólo no entra en crisis la relación, sino que entra en crisis su Yo,
cómo si toda su esfera cayera por un precipicio sin final.
En ningún momento esto quiere decir que un vínculo inadecuado entre padres e hijos
es el causante de la patología de pánico, pero sí que quiero decir que es en estos vínculos
inadecuados dónde el bebé, el niño o el adolescente vive la química de la muerte, y por lo tanto
a lo largo de la vida, si en algún momento ocurre algo en los vínculos que contrae
posteriormente, la vivencia también es de muerte. Cuándo los vínculos pasados han estado
envueltos en la química del pánico, es más fácil tener un Yo-en relación, y a la par realizar
vínculos afectivos de la misma naturaleza qué los primeros.
En el amor tenemos la vida y la seguridad, y en el amor podemos encontrar el pánico y
la depresión, son amores distintos ya qué han nacido de vínculos distintos, no lo olvidemos y, si
sirve de esperanza, la solución la encontramos en palabras de Antonio Demasío, que por cierto
certifica lo propuesto en todo este libro:
“La mejor manera de precipitar el final de una emoción negativa es generando otra emoción de
la misma intensidad pero de signo contrario”
O lo que es lo mismo, el amor puede sumergirnos en el pánico, y a la vez otro amor
inmerso en otro tipo de vínculo puede conseguir que se provoque el destello de la libertad y la
seguridad. Trabajemos el Yo-en relación, seamos autónomos a cualquier relación, que nunca
una relación pueda tener más peso que tu propia identidad, y el pánico quedara en fortaleza.
Si conoces todo aquello que hizo posible instalarte en el miedo a tener miedo, te será
muy fácil descubrir cómo puedes vivir fuera de ti, y a la vez, vivir contigo.
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