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7 Columna de Una Famila Bendecida

Este documento contiene consejos sobre el matrimonio cristiano y las relaciones familiares. Resalta la importancia de construir el matrimonio sobre Jesucristo y siguiendo principios espirituales. También advierte sobre los riesgos de los matrimonios mixtos y la influencia negativa de una pareja no creyente.

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Este documento contiene consejos sobre el matrimonio cristiano y las relaciones familiares. Resalta la importancia de construir el matrimonio sobre Jesucristo y siguiendo principios espirituales. También advierte sobre los riesgos de los matrimonios mixtos y la influencia negativa de una pareja no creyente.

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Palabras Iniciales

¡Bienvenidos a esta nueva etapa en dependencia del Espíritu de Dios! Esperamos que las próximas
semanas los estimulen a profundizar la comunión con el Señor. Deseamos que los cielos se abran sobres
sus vidas y hogares.

Cada sesión, que coincide con una semana calendario, tiene por finalidad aportar herramientas para
intervenir y acompañar en procesos familiares de diversa índole, claro está, dentro de un contexto de
crecimiento espiritual armónico. Pero antes de pensar en el cónyuge, los hijos, los nietos o quienes fueren,
debemos traer nuestra vida ante el Trono del Señor.

Cada sesión incluye diversos archivos, algunos de lectura obligatoria y otros como
recomendados. Quisiéramos animarlos a dedicar tiempo a este acompañamiento. Tomen con absoluta
seriedad las próximas semanas. Nosotros hemos orado más de un año por este proyecto y por cada uno de
ustedes. Dios los conoce y, si los trajo hasta aquí, es porque tiene algo para decirles, ministrarles y
revelarles.
Dado que el formato del siguiente acompañamiento es de autogestión se requerirá una cuota de disciplina
por parte de ambos miembros de la pareja. ¿Pero unas horas por semana, durante siete semanas no es un
esfuerzo mínimo para un vínculo tan importante como el matrimonio? En verdad es un esfuerzo mínimo,
pero algunos no están dispuestos ni siquiera a ello y, si no están dispuestos a algo tan minúsculo, ¿por qué
creen que Dios debería bendecirlos, sanarlos o prosperarlos?

Durante las siguientes semanas, si ustedes lo permiten, Dios mismo les revelará la guerra espiritual que se
levanta detrás de los problemas familiares. Incluso algunos de ustedes pueden sentirse tentados a pensar
que el material y los consejos son para otros. El diablo susurrará más de una vez que ustedes no necesitan
de esto ni de nada, que solos pueden, que todo irá mejor sin hacer ajustes y que pueden seguir dejando el
matrimonio en manos de la pereza y el azar, total todo irá igual. No amados. Si el Señor permitió que
estén en este espacio formativo no es “para los otros” sino “para cada uno de nosotros”. Dios los está
invitando a descubrir una nueva manera de vivir bajo el pacto del matrimonio.

Frente a la realidad familiar actual necesitamos entender por qué las bendiciones que llegan al hogar no
permanecen y salen por la puerta de atrás cuando el devorador obtuvo el permiso legal otorgado por el
pecado para robar, matar y destruir todo lo que provenga de Dios. Bien haríamos en recordar 1ª
Tesalonicenses 5:19: “No detengan la obra del Espíritu”, (PDT); “No apaguen al Espíritu Santo”,
(NTV). ¡Dios nos libre de semejante mal! Sin embargo, con nuestra apatía, descortesía y desinterés al
momento de cultivar la amistad con Dios estamos obrando en contra del Espíritu Santo.
El objetivo planteado con cada familia no será solo la resolución de un problema en la relación marital o
entre los miembros que la componen sino que se vuelvan al Señor de todo corazón y se apasionen por Su
Presencia como jamás imaginaron que sería posible.

Los animamos a cada uno de ustedes a comprometerse personalmente con los tiempos de oración y
meditación. Y sin importar el estado civil actual de quienes participen en este curso, todo lo que
compartiremos les servirá para edificar tanto la propia vida conforme al diseño original de Dios, así como
también para ministrar a otras personas.
¿Están listos? El camino de descubrimiento es desafiante y prometedor. Que el Espíritu Santo sea nuestro
maestro y guía, conduciéndonos a Su secreto con una actitud amplia, una mente receptiva y un corazón
humilde.

Final feliz. Construir sobre terreno firme


¿Final feliz? ¡Solo si Dios está desde el comienzo!
La ley del terreno firme: ¡el fundamento del matrimonio es Cristo!

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”, Salmo 127:1.
¿Es posible un matrimonio feliz y para toda la vida?
Claro que sí. Respeta las leyes espirituales para el buen funcionamiento del matrimonio y lo tendrás.
Examinaremos a continuación el fundamento seguro sobre el que se edifica el matrimonio y siete leyes
espirituales: “La Sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas”, Proverbio 9:1 (RV 95). 1) Ley de
la prioridad. 2) Ley de la santidad. 3) Ley del perdón. 4) La ley del compañerismo. 5) La ley del
amor. 6) La ley de la libertad. 7) La ley de los detalles.
¿Cuál es el fundamento de un buen matrimonio?
¡Cristo! Casarse es fácil, permanecer felizmente casados es un reto difícil. Si queremos que el
matrimonio sea un oasis de paz y bienestar y, al mismo tiempo supere la prueba del tiempo debemos
edificarlo conforme al plano establecido por su Creador. Tendrás “…éxito al seguir sus instrucciones en
la edificación…”, 1º Crónicas 22:11 (NTV). Para que el edificio llamado matrimonio permanezca debe
ser edificado sobre un fundamento seguro: “… La casa resiste… porque está fundada… sobre la roca”,
Lucas 6:48 (NT-BAD). Y “la roca es Cristo”, 1ª Corintios 10:4. Para que un matrimonio tenga éxito
hace falta más que amor, ¡hace falta Dios! De ahí la importancia de elegir bien la pareja. La relación no
funciona cuando se está con la persona inadecuada. Y la persona es inadecuada cuando no es creyente. Si
el chico/a que te gusta no puede mantener una relación con Dios, tampoco podrá mantener una relación
contigo. Si no comparte tu fe, mejor no compartas con él tu vida. Pero cuidado, no te cases con
cualquier cristiano sino con alguien que ame a Dios y se distinga por la obediencia a su Palabra. Para
tener un matrimonio feliz no alcanza con que tú ames y temas a Dios. Es necesario que tu pareja también
lo haga. Para que la relación sea fuerte el amor por Dios debe ser la pasión común de ambos. En
definitiva ¡si tienes mariposas por alguien que no teme a Dios, toma tres días de ayuno para que se
mueran de hambre!
¿Y qué pasa con los matrimonios mixtos?
¡Los matrimonios mixtos no son la voluntad de Dios! “No permitan que… sus hijos… se casen con
gente de esas naciones. Por causa de esa gente… dejarán de obedecer a Dios…”, Deuteronomio 7:3-4
(TLA). “Los israelitas no obedecieron, sino que permitieron que sus hijos… se casaran con gente de
esos pueblos…”, Jueces 3:5-6 (TLA). ¿Y cuál fue la consecuencia? “… El enojo del SEÑOR se encendió
contra su pueblo…”, Salmo 106:40 (NTV). El pueblo que regresó del exilio continuó por el mismo
camino: “… Se han casado con mujeres extranjeras, y la raza santa se ha mezclado con otros
pueblos”, Esdras 9:2 (PDT). Diez años después Nehemías tuvo que lidiar con el mismo pecado: “…
Algunos judíos se habían casado con mujeres de Asdod, de Amón y de Moab… Entonces los reprendí…
“… ¿Será que también de ustedes se dirá que cometieron el gran pecado de ofender a nuestro Dios
casándose con mujeres extranjeras?”, Nehemías 13:23-27 (NVI). Pablo dijo: “No se unan… en un
mismo yugo con los que no creen… ¿Cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad? No puede haber
armonía entre… un creyente y un incrédulo”, 2ª Corintios 6:14-15 (DHH). Incluso las viudas pueden
casarse “con tal que sea en el Señor”, 1ª Corintios 7:39. El apóstol Pablo dijo que tenía derecho a
casarse, pero solo con “una hermana en la fe”, 1ª Corintios 9:5 (Castillian). En conclusión: ¡los
príncipes y las princesas sí existen, solo que tienes que buscarlos cerca de Dios porque es allí donde
son formados! Los patriarcas eran conscientes de la importancia de hacer compromisos matrimoniales
con personas de su misma fe. Abraham le dijo a su siervo: “Vas a jurar por… Dios… que no casarás a mi
hijo Isaac con ninguna mujer de Canaán…”, Génesis 24:3 (TLA). Rebeca tampoco quería una esposa
pagana para su hijo Jacob: “… ¡Estoy harta de estas mujeres hititas…! Preferiría morir antes que ver a
Jacob casado con una de ellas”, Génesis 27:46 (NTV). Isaac llamó a su hijo Jacob y le dijo: “… No te
cases con ninguna de estas mujeres cananeas”, Génesis 28:1 (NTV). El hijo obedeció y tuvo un
matrimonio bendecido. Su hermano, en cambio, no lo hizo y su matrimonio fue una amargura para él y
toda su familia: “Esaú… se casó con dos mujeres… hititas… Estos casamientos les amargaron la vida
a Isaac y Rebeca”, Génesis 26:34-35 (PDT). Recordemos ahora a Sansón. Ignorando el consejo bíblico
se casó con una mujer filistea y el matrimonio duró un suspiro, Jueces 14. Pese a su dolorosa experiencia
comenzó una nueva relación también desigual cuyo final fue todavía peor, Jueces 16. Sansón perdió la
familia, el ministerio, la libertad, los ojos y finalmente la vida. ¡Cuánto sufrimiento por haber elegido
parejas desiguales! ¿Y qué decir de Salomón? El hombre más sabio del mundo desafió la sabiduría divina
y, ¿cómo terminó? En un profundo desastre: “Salomón amó a muchas mujeres extranjeras… y ellas le
desviaron el corazón para que rindiera culto a otros dioses en lugar de ser totalmente fiel al Señor…”,
1º Reyes 11:1-4 (NTV).
¿Qué debes saber antes de casarte?
¡El éxito o el fracaso en la vida dependerá y mucho de la elección de tu pareja! No se puede negar la
influencia negativa que representa una persona sin fe en la vida de su cónyuge creyente. Es muy común
que quien no teme a Dios arrastre a su pareja hacia el desastre espiritual. Acuérdate de Jezabel. No solo
fue causa de tropiezo para su esposo sino para toda la nación: “Nunca nadie se entregó tanto a hacer lo
que es malo a los ojos del SEÑOR como Acab, bajo la influencia de su esposa Jezabel”, 1ª Reyes 21:25
(NTV). ¡Tienes que decidir a qué clase de persona amarás! Su carácter y su vida espiritual deben ser
más deseables que su apariencia física porque, de lo contrario, echarás a perder no solo tu matrimonio
sino tu vida, tu llamado y tu destino final.
¿Qué hacer si tu cónyuge te persuade para que peques contra Dios?
No lo hagas. Hasta las personas más espirituales pueden convertirse en un instrumento de Satanás para
socavar la vida espiritual del cónyuge. Abraham, el ‘padre de la fe’ sedujo a su esposa para que mintiera y
dijera que era su hermana, Génesis 12:13. ¿Y qué hizo Sara? Mintió. No te dejes persuadir por tu cónyuge
para hacer algo que sabes que está mal a los ojos de Dios. Muchas mujeres bajo el pretexto de que tienen
que sujetarse a sus esposos (Colosenses 3:18) hacen cosas que ofenden a Dios. No pongas el séptimo
mandamiento antes que el primero. Obedece a Dios antes que a tu marido. Ve hasta donde puedas con tu
cónyuge, pero no más allá de la obediencia porque arruinarás tu relación con Dios. Sara también fue una
piedra en el zapato de su esposo. ¿No le sugirió que se acostara con su propia sierva, Génesis 16:2?
Seamos justos. Así como existen casos en que los esposos influencian negativamente en la vida de sus
esposas, tenemos ejemplos donde ellos son una verdadera inspiración. Por ejemplo Jacob empujó a toda
su familia a la consagración espiritual, Génesis 35:1-9. Pensemos ahora en la gran influencia que puede
ser una mujer en su propio hogar: “La mujer sabia edifica su hogar…”, Proverbios 14:1 (NTV). La
mujer virtuosa de Proverbios 31 es aquella que “le es fuente de bien (a su esposo)… todos los días de su
vida”, versículo 12 (BAD). La Biblia nos hace ver cuán buenas consejeras pueden ser las mujeres en sus
propios hogares, como la esposa de Manoa quien impulsó a su esposo a confiar solamente en Dios, Jueces
13:23. Otro caso es la mujer sunamita que convenció a su esposo de preparar un pequeño apartamento
para el profeta Eliseo, 2º Reyes 4:9-10.
¿Qué pueden hacer quienes se casaron en yugo desigual?
Ganar a sus cónyuges para Cristo. La misma recomendación sirve para aquellos que se convirtieron
cuando estaban casados. No será fácil. ¡Pero con Dios todo es posible! Algunas recomendaciones: A)
Apela al buen testimonio: “… El comportamiento de ustedes podrá convencerlos, pues verán que
ustedes… honran a Dios”, 1ª Pedro 3:1-2 (TLA). No malinterpretes el pasaje. Un creyente solo ganará a
su cónyuge si honra a Dios. No se trata de hacer ‘concesiones’ en la fe para mantener ‘la paz en el
matrimonio’. Moisés lo hizo y casi le costó la vida, Éxodo 4:24-26. Moisés no quiso tener problemas
con su esposa, pero los tuvo con Dios. Sucede lo mismo hoy en día. Para evitar problemas se toleran
comportamientos deshonrosos. Pero cuando existen conflictos entre la voluntad del cónyuge y la de
Dios hay que obedecer a Dios, Hechos 5:29. B) Ora por la salvación de tu familia y espera con fe. El
amor es paciente. Siempre confía y nunca pierde la esperanza.
¿Puede Dios elegir nuestra pareja?
¿Y por qué no? Es cierto que somos libres para escoger pero, ¿no crees que Dios pueda ayudarnos en una
decisión tan importante? La Biblia es muy clara en ese punto: “… Una buena esposa es un regalo del
Señor”, Proverbios 19:14 (PDT). ¿Aceptarás el regalo de Dios o harás tu propia elección? Si quieres
tener un matrimonio feliz deja que Dios sea parte de él. La persona que Dios tiene para ti es mil veces
mejor que la que tú tienes en tus sueños. ¡Pregúntale a Dios y no te equivocarás en la elección! Inclínate
y ora. Son mejores las marcas en las rodillas que las del corazón.
Tres recomendaciones finales:

1. Encuentra tu pareja y cásate con ella. Juntados no; casados sí. “Honorable es… el
matrimonio…”, Hebreos 13:4 (RV1862). El pacto matrimonial brinda cobertura
espiritual a los esposos y a los hijos. ¡Blinda a la familia de los ataques satánicos! ¡El
matrimonio es mucho más que un simple papel!
2. No convivas antes de casarse. La sexualidad está reservada para el matrimonio,
Génesis 2:24. Si no esperas el tiempo de Dios para iniciar tu vida sexual lo
echarás todo a perder porque el pecado sexual es adoración al diablo: ¡te aleja de
Dios y te conecta con el infierno! No te metas en la cama a no ser que te acuestes
solo. ¡No celebres debajo de las sábanas hasta el día en que estés casado!
3. No aceptes la idea del divorcio. “¡Yo odio el divorcio!…”, Malaquías 2:16 (NTV). El
divorcio crea más problemas de los que resuelve. Un proverbio chino dice: ‘en un
nido roto no hay huevos sanos’. Jesús dijo: “Moisés permitió el divorcio… ante la
dureza del corazón…, pero no fue la intención original de Dios”, Mateo 19:8 (NTV).
Dios no quiere que tu matrimonio sufra y termine antes de tiempo. Al contrario,
espera que vivan felices. Por lo tanto, comienza con el final en mente. Nunca
aceptes el pensamiento de que es posible una salida rápida si la relación se
complica. En lugar de pensar en el divorcio dedícate a conquistar a tu cónyuge
todos los días. ¡No eches por la borda los votos matrimoniales! Y tampoco
coquetees con la posibilidad de la infidelidad. Alguien preguntó: “¿cómo se las
arreglan para estar juntos después de tantos años?”. La anciana contesto: “es que
nacimos en una época en que si algo se rompía se lo arreglaba”. Hoy, en cambio,
se lo tira y se ‘compra’ uno nuevo. ¡No sigas el modelo del mundo! Si tu
matrimonio está roto: ¡arréglalo con la ayuda de Dios! Tu desafío será: ¡encontrar
el amor verdadero, todos los días y en la misma persona! ¡Recuerda que la
verdadera felicidad no se logra evadiendo los mandamientos de Dios sino
respetándolos!

NOTA IMPORTANTE
Te recomendamos mirar el video correspondiente a esta palabra, cuyo link es

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https://youtu.be/gk0DIx3gS40?t=3149

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