Lino y Colza
Lino y Colza
Material Didáctico Nº 10
Año 2015
1. LINO
Griselda E. Sánchez Vallduví
Curso: Oleaginosas parte I y II - Tecnología Agropecuaria y Forestal- FCAyF - UNLP- Año: 2014
1. 1. INTRODUCCION:
UBICACIÓN SISTEMÁTICA
El género Linum pertenece al orden Geraniales, familia Lináceas, constituido por unas 200
especies. Su nombre proviene, posiblemente, del griego Linon (lino) o del celta llin (hilo).
Según distintos autores, existen variedades y numerosas divisiones de ésta familia. De
acuerdo a la información de M.J. Dimitri (1959) las especies son las siguientes:
A. Flores rojas. Hojas alcanzando más de 5 mm de ancho.
L. grandiflorum Deaf. (ornamental)
B. Flores azules, celestes o blancas. Hojas generalmente no mayores de 5 mm de ancho.
1. Plantas anuales L. usitatissimum L. (cultivada)
2. Plantas perennes L. perenne L. (ornamental)
Otras especies perennes son L. narbonense (flores azules) y L. flavum (flores amarillas).
MORFOLOGÍA
Raíz : una principal, pivotante, delgada, que puede llegar a 1,20 m de profundidad y
abundantes raíces secundarias que se desarrollan mayormente en los primeros 30 cm del suelo.
Todo el sistema es débil, lo que favorece el ataque de hongos.
Tallo: delgado, más o menos erecto y ramificado. El número de ramificaciones y la altura es
variable en función de factores genéticos y ambientales. Los linos oleaginosos generalmente tienen
1-3 ramificaciones basales y una altura de 40-91 cm.
Hojas: simples, lineares a lanceoladas, trinervadas, sésiles, enteras, obtusas, opuestas en la
base y en espiral en la parte superior (lo que se hace evidente cuando el tallo se elonga). Tienen de
12 a 37 mm de largo y 3-7 mm de ancho, de color verde brillante a verde ceniza y de borde liso.
Flor: de distintos colores, las variedades cultivadas pueden ser distinguidas por el color de la
flor, la cual puede ser desde celeste oscuro a claro, blanca o rosa. Se hallan dispuestas en
inflorescencias corimbosas laxas terminales. Es el órgano que más se presta para la diferenciación
de variedades por su color, tamaño, forma, androceo y gineceo (Figura 1).
Son hermafroditas, con gineceo y androceo fértiles, actinomorfas y pentámeras.
El cáliz está formado por 5 sépalos imbricados, libres y persistentes. La corola tiene 5 pétalos
libres, lisos, suavemente rizados, geniculados, más o menos superpuestos que se caen rápidamente.
El androceo está constituido por 5 estambres con sus correspondientes anteras de color
amarillo o azul y sus filamentos se hallan unidos en la base y provistos de nectarios.
El gineceo es súpero, gamocarpelar y de placentación axilar. Está formado por 5 carpelos y
cada carpelo contiene 2 óvulos, que están divididos por un falso tabique denominado septa, tiene 5
estilos claviformes terminados en estigmas alargados.
La regla general es la autofecundación (autogamia), pero existe cierto porcentaje de
fecundación cruzada, que debe tenerse en cuenta en los planes de mejoramiento. El porcentaje de
alogamia más frecuente oscila entre 0,3 y 5 %, habiéndose encontrado algunos casos con valores de
alrededor de 40 %.
Fruto: es una cápsula de forma casi esférica, cónica y deprimida, que puede ser más o menos
indehiscente. En el campo se denomina "bolilla", puede tener de 10 a 12 mm de diámetro en sentido
transversal y de 8 a 15 mm en sentido vertical. Tiene 10 lóculos, en cada uno de ellos puede haber
hasta una semilla (Figura 2).
Semilla: tiene un largo de 2,5 a 6 mm y su tamaño es carácter diferencial de variedades. Son
más largas que anchas, comprimidas, lenticulares, de superficie lisa y brillante, sin olor y de sabor
oleoso y mucilaginoso.
El peso de 1000 semillas depende de la variedad, pesando la semilla de lino oleaginoso entre
5,5-7,8 gramos. Color variable siendo el más común el castaño claro. Las nuevas variedades
comestibles tienen semilla amarilla.
Contiene entre 37 y 46 % de aceite secante (índice de iodo 165-200) y una sustancia
mucilaginosa (6-15%) que es medicinal (emoliente), como también resina, tanino y aleurona.
Figura 1: (a) flor plana (en general todos los linos argentinos). (b) flor acampanada (Toba, Puelche,
descendientes del Bombay C. I. 42). INTA.
Figura 2: (1) Cápsula achatada (depressum); (2) Cápsula esférica (globossum); (3) Cápsula alargada (conicum). INTA.
1.2. ECOFISIOLOGIA DEL CULTIVO
El lino es un cultivo que presenta una gran elasticidad, desarrollando tanto en climas
tropicales como subtropicales. Se lo cultiva desde el Ecuador (Etiopía) hasta el círculo polar (Rusia,
Canadá).
Existen cultivares de tipo invernal y otros primaverales los que se diferencian en la tolerancia
al frío y se adaptan a distintos climas. En Argentina, se cultivan variedades de tipo primaverales
aunque su crecimiento y desarrollo ocurre en invierno, mientras que en latitudes mayores lo hacen
en verano.
Es un cultivo que requiere clima templado fresco. De las condiciones ecológicas que actúan
sobre la planta, el clima es el que marca los límites regionales del cultivo, siendo las zonas de
mayores rendimientos las que mejor satisfacen sus exigencias bioclimáticas. Además el clima es el
factor menos controlable y que modifica las variaciones anuales de rendimiento. Por otra parte este
factor es el que determina la región de cultivo, la cual se superpone en gran parte con la región
triguera. En base a experiencias realizadas en INTA se han establecido 6 subregiones lineras
(Figura 3) las que se diferencian fundamentalmente por sus características ecológicas, lo que
determina diferentes fechas recomendadas para la siembra.
Para un adecuado manejo del cultivo es necesario conocer su ritmo de crecimiento, los
requerimientos que el mismo tiene a lo largo de todo su ciclo y como afectan los diversos factores
ambientales, genéticos y culturales el crecimiento y desarrollo del mismo.
ETAPAS DE CRECIMIENTO Y DESARROLLO:
1200
FF Cosecha
1000
Materia seca (g m-2)
800
600 72 % corresponde
PBV a las semillas
400
10 cm
200
0
50 75 90 104 117 131 145 159 174
Días desde la siembra
tallos hojas cápsulas
raíces aérea total
Figura 4: Evolución de la materia seca total y su distribución por órganos (datos propios, La Plata Sánchez Vallduví y
Flores, RCA 1995).
Figura 5: Características de una planta de lino en distintos estados de desarrollo. Adaptado de Tourner, 1987.
0- GERMINACIÓN Y EMERGENCIA
00- Semilla seca.
01- Semilla embebida.
02- Aparición de la radícula.
04- Alargamiento del hipocótile.
05- Emergencia.
07- Cotiledones desplegándose desde la cubierta seminal
09- Cotiledones desplegados y completamente expandidos.
2- RAMIFICACIONES BASALES
21- Una ramificación.
22- Dos ramificaciones.
23- Tres ramificaciones.
2n- n Ramificaciones.
CLIMATICOS:
a) Temperatura:
El cultivo de lino requiere acumular temperatura para cumplir las distintas etapas de su
desarrollo, regulando la duración de los distintos subperíodos.
Los requerimientos son menores que lo de los cereales de invierno como el trigo, motivo que
permite extender el área de cultivo a regiones algo más calurosas.
Las temperaturas favorables y la susceptibilidad a heladas es variable a lo largo del ciclo
vegetativo. Se considera que para la etapa de siembra a nacimiento la temperatura mínima de
crecimiento para el lino es de aproximadamente 4 ºC. La constante térmica (suma de temperatura
requerida para determinar un proceso) sobre 0 ºC para esta subetapa puede estimarse entre 100 y
120 ºC.
En forma general se puede decir que al inicio del ciclo le son favorables temperaturas de 8-12
ºC, prefiriendo tiempo fresco en floración (20 ºC) y temperaturas moderadas en madurez.
El período de emergencia-floración está regulado por la combinación de acumulación de
temperatura, fotoperíodo y vernalización, actuando el fotoperíodo solamente en la subetapa
inductiva.
En el momento de floración el lino debe haber recibido desde su germinación una suma
mínima de temperatura de 900 ºC y un máximo de 3290 ºC de acuerdo a la duración del
fotoperíodo, con una temperatura base de crecimiento de 5° C.
La floración es producto de la combinación de suma de temperaturas y fotoperíodo, es así
que, la suma requerida es menor cuanto mayor es la duración del día por encima de un umbral
crítico.
La duración de la floración no es afectada directamente por la temperatura, sino que los
múltiples factores que afectan el rendimiento a través de su acción en el momento de floración,
actúan sobre la aparición de flores o sobre el número de flores. La duración de la floración se ha
mostrado dependiente de los sucesos ocurridos anteriormente en la ontogenia, especialmente en
fechas tempranas de siembra.
Temperaturas muy altas en floración (siembras tardías), determinan un menor número de
cápsulas/planta, semillas/fruto y peso de mil semillas. El porcentaje de aceite también puede
afectarse, ya que comienza a depositarse en la semilla inmediatamente después de la apertura de la
flor. En los primeros 10 días la acumulación es lenta, pero entre el día 11 y 20 se acumula la mayor
proporción. Es así que las primeras camadas de flores determinan el % de aceite de los frutos.
Para el subperíodo floración-madurez, la duración del mismo está regulada principalmente
por las temperaturas. La acumulación térmica para cumplir este subperíodo es prácticamente la
misma cualquiera sea la época de siembra, por lo cual la duración en días dependerá de la época del
año en que se produzca la maduración, y consecuentemente, a menor temperatura mayor duración.
En ensayos realizados en la Argentina se registró que con una temperatura base de 5 ºC para este
subperíodo, con cultivares actuales, la suma de temperatura para el período fue de 470 ºC.
Temperaturas elevadas cerca de la madurez provoca la anticipación de la maduración normal, se
obtiene semilla de menor peso, se achuza y pierde brillo.
Con respecto a las heladas el daño de heladas depende de la intensidad y el momento en que
ocurren. En germinación es susceptible (-7 ºC), desde que emerge con las dos hojas cotiledonales
hasta 10 cm de altura de la planta. Transcurrido esta etapa y hasta que aparece el botón floral la
planta puede soportar heladas hasta -9 ºC, pudiendo incluso, si los brotes tiernos fueron dañados
recuperarse emitiendo nuevas ramas sin afectarse los rendimientos.
Llegada la floración el daño por heladas vuelve a ser crítico siendo la planta muy susceptible.
El daño será diferente según la intensidad de las heladas, si estas son benignas se perderán los
botones florales de ese día, y si son más intensas se van a afectar también los pimpollos, flores y
hasta cápsulas recién formadas.
b) Fotoperíodo:
Según la clasificación de Vavilov, el lino es una especie de día largo cuantitativa. El
fotoperíodo es el factor que más influye en la duración de la etapa emergencia-floración. Florece
más rápido cuanto mayor sea la duración del día y la floración se ve dificultada cuando los días se
acortan.
Se considera como umbral crítico para la iniciación floral valores de alrededor de 12 hs de
luz, existiendo una acción combinada del fotoperíodo y la temperatura. Todo fotoperíodo mayor a
12 hs de luz determina una aceleración en el desarrollo, lo que produce una compensación en las
necesidades térmicas requeridas para florecer. Por otra parte, todo aumento en la duración del día a
partir de 13 hs 30´, disminuye muy poco la suma de temperatura necesaria. De este modo para
florecer en un día de 12 hs 05´, el lino necesitó 3290 ºC y todo exceso sobre ésta cantidad resulta
superfluo, mientras que el mínimo fue de 900 ºC con 13 hs 30’.
c) Vernalización:
La duración de la etapa de emergencia floración también es influenciada por la vernalización,
las plantas requieren dosis de enfriamiento para completar su desarrollo. Los linos oleaginosos
tienen una exigencia en frío reducida, cuyo valor se encuentra entre 250 y 300 hs de frío sobre base
4 –5 ºC. Existen diferencias entre cultivares, teniendo mayor respuesta a la vernalización cultivares
más tardíos, que son más exigentes en horas de frío.
Existe interacción entre fotoperíodo, vernalización y genotipo. Es así que en siembras muy
tempranas la floración se retrasa por esperar la combinación de los estímulos vernalizantes y
fotoperiódicos.
d) Requerimientos hídricos:
Respecto a las lluvias desarrolla bien en zonas con precipitaciones anuales de 500-1000 mm.
Necesita de 400 a 450 mm de agua bien distribuidas durante el ciclo. Es susceptible a la falta de
humedad del suelo, siendo el período de mayor sensibilidad durante la floración. La disponibilidad
de agua insuficiente afecta negativamente en el período de siembra o durante el crecimiento
primaveral, siendo éstas últimas las de mayor incidencia afectando negativamente el rendimiento y
la calidad del aceite.
Por otra parte, las lluvias excesivas son perjudiciales, causando distintos efectos según el
momento en el que ocurran. Impiden la preparación del suelo, provocan planchado del mismo luego
de la siembra dificultando la emergencia. Cuando el cultivo está desarrollado y hay viento, puede
producirse el vuelco de la planta y en el momento de la cosecha puede atrasarla o dificultarla,
disminuyendo la calidad del grano y favoreciendo el desarrollo de enfermedades, el rebrote y la
pérdida de calidad de la semilla.
EDAFICOS:
Los suelos más adecuados son los franco-arcillosos o franco-limosos ya que tienen mayor
capacidad de retención de agua. No debe sembrarse en tierras muy sueltas ya que éstas no retienen
la humedad suficiente para tolerar períodos de sequía.
Los suelos deben ser fértiles, de textura mediana y bien drenados, ya que es un cultivo
propenso a la asfixia radicular. Tolera variaciones en el grado de acidez, pero el pH óptimo es entre
6 y 7. Es una planta sensible a la salinidad.
Respecto a los nutrientes, el lino puede remover cantidades apreciables desde el suelo. Los
requerimientos nutritivos dependen de las características del cultivar, de las condiciones de cultivo,
de la biomasa total y consecuentemente de los rendimientos alcanzados.
De acuerdo a información brindada por el ITC (Institut Technique Agricole du Lin), la
cantidad de nutrientes movilizados durante el ciclo son los que se presentan en las tablas 2 y 3.
Biomasa Mn Zn Cu B
6,5 t/ha 130 120 32 100
9,3 t/ha - 300 - 230
16,5 t/ha 113 264 73 290
La redistribución interna de algunos nutrientes ocurre desde los órganos vegetativos durante
el desarrollo de las cápsulas y llenado de las semillas. Se encontró que el 85 % del N y el 75 % del
P acumulado en la materia seca de las cápsulas fue obtenido por redistribución de estos nutrientes
desde tallos y hojas. La redistribución del K no es tan pronunciada como el N y P. Las hojas son la
fuente de redistribución del K destinado a las cápsulas y los tallos continúan acumulando K a lo
largo del ciclo. La redistribución de Mg y Ca desde tallos y hojas es limitada.
En el lino oleaginoso el N favorece la acumulación de biomasa, mejorando el rendimiento de
semilla y el peso de las mismas, aunque puede disminuir el contenido de aceite. El fósforo favorece
el rendimiento en semilla y aceite. El K incide en la calidad de la fibra (característica importante
para lino textil) e incrementa la concentración de aceite y el índice de iodo.
El lino es muy sensible a la deficiencia de zinc, absorbiendo la mitad de lo que demanda
durante todo el ciclo cuando alcanza 2 a 3 cm de altura. El boro también es un micronutriente de
importancia para su buen crecimiento y desarrollo.
1.3.1. SIEMBRA:
La siembra del cultivo del lino es un aspecto de fundamental importancia ya que constituye en
gran medida al logro de una correcta implantación, buen desarrollo del cultivo y posterior
rendimiento.
Elección del cultivar: en ésta elección debe tenerse en cuenta la región agroecológica, la
tecnología a emplear, el tipo de suelo y la posibilidad o no de que se produzcan problemas
sanitarios. En la tabla 4 se indican características a tener en cuenta para elegir un cultivar.
Los cultivares utilizados en la Argentina son destinados para la industria, pero existen
variedades con bajo contenido de ácido linolénico (menor a 5 %) las que son denominadas como
Solin y su aceite es apto como comestible. Otras variedades más recientes son: Lucero, Carapé y
Curundú INTA.
Epoca de siembra:
De la correcta elección dependerá el futuro rendimiento en grano y el porcentaje de aceite.
La fecha óptima de siembra varia de acuerdo a la subregión considerada siendo la recomendada
para cada una de ellas la siguiente:
Subregión I, IIA y IIB: desde el 15 de mayo al 15 de junio
Subregión III: desde el 1 al 15 de junio
Subregión IV: desde el 15 de mayo al 15 de junio
Subregión V: desde el 20 de junio al 5 de julio
Subregión VI: desde el 1 al 20 de julio
Densidad de siembra:
La densidad de siembra habitualmente recomendada es de 850 semillas viables/m2,
(aproximadamente a 55-60 kg/ha), lo que depende del peso de las semillas y la calidad de la misma,
llegando a cosecha con 500 pl/m2. Se consideran entre un 35 y 50 % las pérdidas de plantas desde
siembra a cosecha.
Se ha demostrado que esta densidad puede disminuirse sin verse mermados los rendimientos.
Este comportamiento es consecuencia de la capacidad de compensación que posee el lino. Para
calcular la cantidad de semilla a sembrar por hectárea, se emplea la siguiente fórmula:
Por el pequeño tamaño de la semilla, la profundidad de siembra no debe ser mayor que 2 cm.
Método de siembra: se realiza con sembradora común de grano fino, a 15-17 cm de distancia entre
sí, lográndose mejor distribución de la semilla que en siembras realizadas al voleo.
Calidad: las fallas de germinación en lino son elevadas, éstas pueden disminuirse realizando el
curado de la semilla inmediatamente antes de la siembra. A su vez para garantizar la calidad de la
semilla es necesario utilizar semilla fiscalizada.
1.3.2. ADVERSIDADES:
Enfermedades:
La cantidad de adversidades que afectan al lino son pocas pero de gran importancia
económica por su gran difusión y los perjuicios que provocan.
Damping-off o muerte de plántula: ocasionada por un complejo de hongos del suelo como
Pythium spp., Rhizoctonia solani, Phoma spp., Sclerotium bataticola y varias especies del género
Fusarium, siendo los más frecuentes Fusarium oxysporum f. sp. lini y Fusarium solani. En algunos
años aislados se ha encontrado Colletotrichum lini.
La enfermedad se presenta desde emergencia hasta 30-40 días después de la misma. Se
caracteriza por la muerte de plántulas que presentan podredumbre de raíces, estrangulamiento del
cuello, muerte de cotiledones y hojas inferiores, cancros en los tallos y marchitamiento por
obstrucción de vasos xilemáticos. Generalmente se presentan grupos de plantas afectadas en los
surcos alternadas con plantas sanas.
Control:
- Rotaciones.
- Manejo de rastrojo.
- Uso de semillas de calidad, limpias y curadas con fungicidas.
- Siembras adecuadas para favorecer la rápida emergencia.
Roya: producida por Melampsora lini. Puede presentarse desde estado vegetativo hasta que
las cápsulas están verdes. Infecciones tempranas pueden ocasionar una defoliación total. Produce
pústulas anaranjadas (uredosoras) y luego negras (teleutosporas), localizadas en hojas, tallos,
ramificaciones superiores, pedicelos, etc.
Se caracteriza por cumplir todo su ciclo sobre el lino. Se propaga por el viento, siendo la
enfermedad más frecuente en los cultivos. Es una amenaza constante para la producción de lino ya
que puede sobrevivir en el lugar y tiene la habilidad de producir nuevas razas. Es predispuesta por
primaveras húmedas o calurosas (18-22 ºC) y sobre todo en campos de elevada fertilidad y
crecimiento vigoroso de las plantas.
Control:
- Siembras con variedades resistentes.
- Siembras tempranas.
- Rotación de cultivos.
- Siembra de semillas libre de la enfermedad.
- Eliminación del rastrojo.
- Si es conveniente económicamente se puede aplicar el fungicida Propiconazole al cultivo.
E otros ambientes se han citado otras enfermedades y agentes patógenos tales como: quebrado del
tallo (Aureobasidium pullulans var. lini), virus, mycoplasmas, Alternaria linicola, Selenophoma
linicola, Phoma exigua, Alternaria y Colletotrichum, y ocasionalmente Sclerotinia sclerotiorum.
Para el tratamiento de la semillas se recomienda el uso de fungicidas como Captan (distintas
concentraciones y formulaciones) y Metalaxil.
Insectos:
Las isocas: son un grupo de larvas de Lepidópteros de varias generaciones, que no son
específicas del lino. Dañan hojas, flores y cápsulas.
Los meses de ataque intensos son octubre-noviembre.
Las especies son:
Isoca bolillera (Helicoverpa gelotopoen)
Oruga o isoca medidora (Rachiplusia nu)
Oruga militar verdadera (Pseudaletia adultera)
Oruga militar tardía (Spodoptera frugiperda)
Gata peluda norteamericana (Spilosoma virginica)
Otras especies registradas son: gusano variado (Peridroma saucia), oruga desgranadora (Faronta
albilinea), oruga del yuyo colorado (Spodoptera ornithagalli), oruga espinosa (Euptoieta claudia
hortensia), gata peluda (Mallocephala deserticola) y gusano cogollero (Heliothis virescens).
Control: realizar recuentos de larvas y considerar el nivel de individuos presentes para iniciar
el control con insecticida. El número de isocas que justifica el tratamiento es de 20-25 ejemplares
para isoca medidora y 10 para el resto por cada 20 golpes de red. Para isoca bolillera se cuentan las
menores a 1,5 cm. Si se decide pulverizar se debe realizar un análisis económico del costo de
aplicación. Existen diversos insecticidas disponibles en el mercado efectivos para el control de
isocas.
Malezas:
El lino se caracteriza por ser muy mal competidos, con escasa habilidad competitiva (menor
que los cereales de invierno). Además, es sensible a los herbicidas y no es posible realizar controles
mecánicos después de la siembra. Estas características determinan que la competencia con malezas
sea uno de los factores más importantes que limitan el rendimiento del cultivo. La magnitud de las
pérdidas depende de numerosos factores relacionados con el propio cultivo, las malezas y el
ambiente en el cual desarrollan, habiéndose registrado mermas del rendimiento superiores al 60 %.
Las malezas que se presenten varían según las distintas zonas, condiciones ambientales,
historia del lote, fecha de siembra, entre otros factores. En la zona de mayor área sembrada (Entre
Ríos) las malezas de mayor importancia son las latifoliadas y en especial las Cruciferas, tanto por su
presencia como abundancia relativa. Algunas de las malezas son comunes en la mayoría de las
zonas de cultivo tales como: nabo, nabón, sanguinaria, enredaderas, etc. Sin embargo se encuentra
que en la provincia de Buenos Aires predominan las quinoas y los cardos, mientras que en Santa Fé
y Córdoba, enredaderas y sanguinarias.
El siguiente es un listado de algunas de las malezas frecuentes en el cultivo de lino:
Latifoliadas:
Nabo (Brassica campestris)
Nabón (Raphanus sativus)
Mostaza negra (Brassica nigra)
Mostacilla (Rapistrum rugosum)
Manzanilla cimarrona (Anthemis cotula)
Mastuerzo (Coronopus didymus)
Enredadera perenne o campanilla (Convolvulus arvensis)
Enredadera anual (Polygonum convolvulus)
Sanguinaria (Polygonum aviculare)
Sunchillo (Wedelia glauca)
Nomeolvides (Anagallis arvensis)
Perejilillo (Bowlwsia tenera)
Falsa biznaga (Ammi majus)
Flor de pajarito (Fumaria officinalis)
Yuyo colorado (Amaranthus sp.)
Quinoas (Chenopodium sp.)
Cardo negro (Cardus acantoides)
Cardo de castilla (Cynara carbunculos)
Gramineas:
Avena guacha (Avena fatua)
Sorgo de alepo (Sorgum halepense)
Ray gras (Lolium multiflorum)
Trigollo (Lolium temulentum)
Cola de zorro (Setaria argentina)
Gramón (Cynodon dactylon)
Para decidir el manejo a realizar de las malezas es importante buscar alternativas que
permitan un uso racional y eficiente de los recursos, tendiendo hacia una producción sustentable en
el tiempo. En este contexto es necesario evaluar las distintas posibilidades (culturales, químicas,
combinadas) con que se cuenta para manejar las malezas en el cultivo de lino.
En el mercado existen herbicidas que pueden ser utilizados en pre-siembra, pre-emergencia o
post-emergencia. Para la realización de tratamientos químicos se debe tener en cuenta la
sensibilidad del lino a los herbicidas, por lo que cualquier falla en su aplicación se traduce en
grandes prejuicios para las plantas.
Entre las prácticas culturales se pueden mencionar: utilización de semilla de buena calidad,
limpia y con buen porcentaje de energía y poder germinativo para garantizar una rápida y uniforme
emergencia, planteo de rotaciones, sembrar en condiciones que favorezcan la emergencia, etc.
1.3.3. FERTILIZACIÓN:
2.1. INTRODUCCION
Adriana M. Chamorro y L. Nora Tamagno
Curso: Oleaginosas parte I y II - Tecnología Agropecuaria y Forestal- FCAyF - UNLP- Año: 2003
Brassica napus
ssp. oleifera, forma biennis colza de invierno winter rape
ssp. oleifera, forma annua colza de primavera summer rape
Brassica campestris
Ssp. oleifera, forma biennis colza de invierno winter turnip rape
Ssp. oleifera, forma annua colza de primavera summer turnip rape
Ssp.dichotoma,forma annua summer turnip rape - toria
ssp.trilocularis, forma annua summer turnip rape - sarson
Brassica juncea mostaza parda brown mustard
MORFOLOGÍA.
RAIZ: Presenta una raíz pivotante bien desarrollada, que en ausencia de restricciones explora bien
el perfil del suelo y le otorga un buen comportamiento ante las sequías. Puede alcanzar
profundidades de 1,10 m, si bien la mayor parte del peso seco está concentrada en los 0,4 m
superiores del suelo.
TALLO: Es erecto, glabro y su altura varía entre 1m y 1,70m. Presenta ramificaciones en número
variable según el cultivar y la densidad de siembra.
A B C
Figura 1: Hojas superiores de Br. Campestris (A), B. napus (B) y B. juncea (C) . (Pascale N., 1976.
Colza. Su cultivo, mejoramiento y usos. Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería)
FLOR:
Es hermafrodita, con cuatro sépalos amarillos escamosos, con cuatro pétalos amarillos
dispuestos en cruz, ovario súpero bicarpelar, androceo formado por 6 estambres, 4 largos y 2
cortos. Se encuentran reunidas en racimos y su maduración es ascendente dentro de la
inflorescencia, comienza por el tallo floral principal y continúa por las ramificaciones.
En B. campestris los pimpollos quedan en la inflorescencia por debajo de las flores abiertas,
mientras que en B. napus, en general, están por encima de ellas (figura 2)
A B
Figura 2: Inflorescencia de Br. napus (A) y Br. campestris (B). (Pascale N., 1976. Colza. Su cultivo,
mejoramiento y usos. Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería)
FRUTO Y SEMILLA: El fruto es típico de la familia, es una silicua verde claro formada por dos
carpelos separados por un falso tabique llamado replum. Mide de 6-8 cm. de largo y 4-5 mm de
ancho. En madurez los carpelos se separan fácilmente del tabique central determinando la
dehiscencia del fruto. (Figura 3)
Figura 3: Corte longitudinal (A) y transversal de la silicua (B). (Pascale N., 1976. Colza. Su cultivo,
mejoramiento y usos. Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería)
Cada fruto contiene 15 a 18 semillas, este número es variable con la especie, el cultivar y
factores ambientales y tecnológicos.
Las semillas son castaño rojizas o negruzcas, casi esféricas, de 2-2,5 mm de diámetro. El
peso de los 1000 granos es variable entre 2 y 5,5 gramos. Además, el tamaño de la semilla depende
de la especie en relación con el porcentaje de membrana seminal que posean.
La semilla tiene muy poco endosperma y el embrión consta de dos cotiledones que
contienen alrededor del 80 % del aceite de la semilla.
Estado Sub-estado
0. Pre-emergencia
1. Plántula
2. Roseta 2.1. Primera hoja expandida
2.2. Segunda hoja expandida
(adicionar 0.1 por cada hoja adicional)
3. Botón 3.1. Inflorescencia visible en el centro de la roseta
3.2. Inflorescencia sobre el nivel de la roseta
3.3. Botones inferiores amarilleando
4. Floración 4.1. Primera flor abierta
4.2. Muchas flores abiertas, silicuas inferiores alargándose
4.3. Silicuas inferiores iniciando su llenado
4.4. Floración completa, desarrollo de semillas en las silicuas inferiores
5. Madurez 5.1. Semillas de las silicuas inferiores de tamaño normal y traslúcidas
5.2. Semillas de las silicuas inferiores de color verde
5.3. Semillas de las silicuas inferiores moteadas (verde-marrón)
5.4. Semillas de las silicuas inferiores de color marrón
5.5. Semillas de color marrón en todas las silicuas, planta senescente
Estado Descripción
Figura 5: Evolución de la acumulación de materia seca por un cultivo de colza de primavera (J.C.
Rode, 1988. En: Colza. Physiologie et elaboration du rendement, CETIOM)
Requerimientos Edáficos:
La colza-canola se adapta muy bien a distintos tipos de suelos de aptitud agrícola, sin
embargo desarrolla mejor en los de mediana a alta fertilidad, francos y con buen drenaje. Los lotes
con posibilidad de encharcamiento no son recomendables debido a que el cultivo es muy
susceptible al mismo, viéndose restringido su crecimiento, o perdiéndose inclusive las plantas, si se
produce en etapas tempranas del desarrollo. Por otro lado, si bien puede cultivarse en lotes de baja
fertilidad, su rendimiento se ve muy deprimido debido a la alta demanda nutricional de este cultivo
con respecto a los cereales de invierno.
Puede desarrollarse en suelos con pH desde 5.5 a 8.3 sin alterar demasiado sus rendimientos
y se considera un cultivo moderadamente tolerante a la salinidad (5-6 milimhos.cm-1)
Es también importante tener en cuenta la posible presencia de residuos de herbicidas en el
suelo que puedan afectar al cultivo.
Nutrición mineral.
Conocer los requerimientos de los distintos nutrientes minerales por parte del cultivo según
el nivel de rendimiento esperado, su ritmo de absorción durante el ciclo y su dinámica en el suelo,
es necesario en el momento de decidir el manejo de la fertilización en cuanto a momento, dosis,
forma y fuente.
Un cultivo de colza-canola (2.000-3.000 kg.ha-1) realiza la siguiente absorción y exportación
de los principales nutrientes minerales:
Absorción Exportación
(kg.ha-1) %
N 150-250 60-70
P 20-30 55-65
K 80-200 13-17
S 25-60 30-50
Nitrógeno.
La colza-canola es un cultivo con altos requerimientos de nitrógeno. Como se observa en la
Tabla 3, el cultivo debe absorber 200 Kg.ha-1 en promedio para producir unos 2.500 Kg.ha-1 de
semilla. Por otro lado, su restitución a través del rastrojo es relativamente baja, de entre 30 y 40%.
La absorción de nitrógeno durante el ciclo sigue la curva de acumulación de materia seca,
siendo muy baja en las primeras etapas, incrementándose hasta alcanzar su máxima tasa durante la
elongación y disminuyendo hacia la cosecha. Si bien la acumulación de nitrógeno durante el
período de roseta es baja, la colza-canola tiene la capacidad, si la disponibilidad supera sus
requerimientos, de acumular nitrógeno no metabolizado en las hojas, quedando almacenado para ser
metabolizado posteriormente y cubrir necesidades no satisfechas por el medio. Durante la
elongación el cultivo llega a absorber el 50% del total acumulado durante el ciclo. Posteriormente,
durante la floración y la fructificación, paralelamente a la absorción del nitrógeno del suelo, se
producen importantes translocaciones dentro de la planta, consecuencia de la temprana decadencia
del área foliar y de la sucesiva importancia que van adquiriendo los tallos y las silicuas como
fuentes fotosintéticas.
Una buena dotación de nitrógeno en el suelo se manifiesta en el cultivo desde las primeras
etapas: Inicialmente por un mayor desarrollo foliar y cobertura del suelo, más tarde por una mayor
acumulación de materia seca total, con plantas más altas, más ramificadas de mayor índice y
duración del área foliar, y finalmente por un mayor número de frutos y número de semillas por
fruto. Cuando la disponibilidad de nitrógeno es muy alta, la calidad de la semilla puede disminuir
debido a un menor porcentaje de aceite, sin embargo la producción de aceite por unidad de
superficie será mayor en razón de los rendimientos más altos.
Fósforo.
Su absorción es lenta en las primeras etapas, acelerándose durante la elongación y
alcanzando la máxima acumulación hacia el fin de la floración
La colza-canola requiere tanto o más fósforo que los cereales de invierno para alcanzar altos
rendimientos. Debido a esto, en suelos con bajos niveles de fósforo disponible, ve limitado
fuertemente su crecimiento tanto aéreo como radical. A pesar de estos altos requerimientos, la
restitución que hace al suelo a través del rastrojo es relativamente alta (Tabla 3)
Este cultivo se caracteriza por una muy alta eficiencia en el uso del fósforo, tanto nativo
como del fertilizante. Esto se relacionaría con dos mecanismos: a medida que la concentración de
fósforo disminuye en la solución, el diámetro de sus raíces disminuye y el número y longitud de las
raíces finas aumenta, incrementando así la habilidad de la planta para absorber el fósforo. Por otro
lado, la colza-canola disminuye el pH de la rizósfera deficiente en fósforo a través de la liberación
de ácidos orgánicos, incrementando la solubilización del fósforo y su concentración en la solución
del suelo adyacente a la raíz.
Potasio.
Su absorción es muy lenta durante la etapa de roseta y se hace máxima durante el
crecimiento de los tallos, de modo tal que al inicio de floración la planta absorbió casi el total de lo
que habrá acumulado en madurez.
En la Tabla 3 se observan los altos requerimientos de este nutriente y a la vez la importante
restitución al suelo. A pesar de las elevadas cantidades que requiere el cultivo para los niveles de
producción indicados, es poco frecuente que se observen deficiencias de potasio debido a la buena
dotación de este nutriente que presentan, en general, los suelos agrícolas.
Azufre.
El azufre es especialmente crítico en la producción de colza-canola y frecuentemente su
rendimiento se ve restringido por deficiencia de este nutriente. El azufre es componente de la
cisteína y la metionina, aminoácidos esenciales para la síntesis proteica. Está involucrado en la
síntesis de la clorofila y en las Crucíferas es necesario para la síntesis de aceites volátiles que se
acumulan como glucosinolatos. La colza-canola tiene mayores requerimientos de azufre que los
cereales. Esto se debe a su mayor contenido proteico combinado con una mayor proporción de
cisteína y metionina.
Su absorción por la planta es baja durante el etapa de roseta, aumenta durante la elongación
y alcanza las máximas tasas durante la floración y fructificación.
Deficiencias leves a medias de azufre en este cultivo generalmente no producen síntomas
visibles pero reducen los rendimientos. Sólo deficiencias muy severas pueden reconocerse
visualmente por lo que cobran importancia los métodos de diagnóstico para evaluar la necesidad de
fertilización.
2.3. TECNOLOGÍA DEL CULTIVO.
2.3.1. SIEMBRA
Adriana M. Chamorro y L. Nora Tamagno.
Curso: Oleaginosas parte I y II - Tecnología Agropecuaria y Forestal- FCAyF - UNLP- Año: 2010
La siembra es una operación crítica en este cultivo debido a factores tales como el pequeño
tamaño de la semilla asociado a una densidad de siembra baja y la gran sensibilidad del cultivo,
durante la implantación, al encostramiento superficial del suelo y al encharcamiento. Todo esto
hace que deba tenerse especial cuidado ya sea en la preparación del suelo como en la elección y
regulación de la maquinaria a emplear para la operación.
Como se mencionó, existen cultivares primaverales e invernales que difieren en sus
exigencias de vernalización. Si bien ambos tipos se comercializan en nuestro país, el número de
cultivares de invierno es más reducido. Su área de adaptación es menor, en general, su potencial de
rendimiento es mayor, pero requieren indefectiblemente de una siembra más temprana y
habitualmente se cosechan algo más tarde que los primaverales por lo que presentan menor
adaptación para la siembra de un cultivo estival de segunda como sucesor.
El número de cultivares disponibles en el mercado varía al compás del crecimiento o
disminución del cultivo en el país. Actualmente, debido al impulso que tuvo en los últimos años, es
relativamente elevado (algo más de 20) con unas 8 empresas que los comercializan.
Existen híbridos y variedades de polinización libre y se diferencian en características como
la longitud del ciclo, potencial de rendimiento, contenido de aceite, uniformidad, adaptación a
distintas fechas de siembra y respuesta a la fertilización.
La época adecuada de siembra debería permitir una implantación sin riesgo de heladas y un
buen crecimiento otoñal del cultivo antes de la llegada del invierno. Un atraso en la siembra
produce un acortamiento del período vegetativo que resulta en menor altura de la planta y menor
rendimiento así como un menor porcentaje de aceite en la semilla y diferente composición de ácidos
grasos por fructificar con temperaturas más altas.
De acuerdo con lo anterior se considera como época óptima, para la región pampeana y
cultivares de tipo primaveral, el mes de mayo hasta la primera quincena de junio con cultivares de
ciclo intermedio a largo. Los cultivares de ciclo corto pueden sembrarse hasta la primera quincena
de julio. Los cultivares invernales, por sus requerimientos de vernalización, se recomienda
sembrarlos entre marzo y abril.
La densidad de siembra depende principalmente de si se trata de cultivares invernales o
primaverales. Mientras que en los primeros la densidad objetivo es de 50-60 plantas.m-2 a cosecha,
en los primaverales es de 80-100 pl.m-2. Considerando que el peso de mil granos es de entre 2 y 5
gramos, esto equivale aproximadamente a 3-4 kg.ha-1 de semilla en el primer caso y 4-5 kg.ha-1, en
el segundo. Experiencias realizadas en la Chacra Experimental Integrada Barrow han mostrado
incrementos de los rendimientos al aumentar la densidad de 3 a 9 kg.ha-1. Dentro de este rango, el
empleo de las densidades más altas puede tener algunas ventajas al momento de la cosecha, como
una mayor uniformidad del cultivo y tallos más finos y, por lo tanto, más fáciles de cortar, además
de prevenir algún nivel de pérdida de plantas. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el desarrollo
de un canopeo muy denso favorecería la difusión de enfermedades.
Las pérdidas de plantas en implantación son mayores en siembras tardías y en siembras
directas con gran cantidad de rastrojo en superficie, por lo que es recomendable aumentar la
densidad.
Con relación al sistema de siembra, si bien inicialmente se planteaba la posibilidad de la
siembra al voleo, actualmente sólo se recomienda la siembra en surcos distanciados 15, 17.5 ó 30
cm. Con estas distancias entre hileras puede lograrse una buena distribución de la semilla y las
plantas cubren el entresurco limitando el desarrollo de malezas. Surcos más distanciados
determinarían una gran concentración de plantas en el surco, con alto nivel de competencia y
obtención de plantas con tallos muy débiles con mayor tendencia al vuelco. La siembra se puede
realizar con cualquier sembradora de grano fino utilizando, en lo posible, cajón alfalfero.
La profundidad de siembra se recomienda que sea de 1-2 cm y no más de 3 cm. Debe
asegurarse el perfecto contacto de la semilla con las partículas del suelo, por lo cual el uso de
rueditas compactadoras por detrás de la línea de siembra es muy aconsejable. Todo esto favorecerá
una rápida y uniforme implantación, con menores niveles de pérdida de plantas y el logro de un
cultivo más parejo al momento de la cosecha.
Con el avance de la siembra directa, la colza también está siendo incorporada a los sistemas
productivos como uno de los cultivos más sensibles para las condiciones de implantación que ofrece
este sistema de siembra, convirtiéndose el manejo del rastrojo del cultivo antecesor y la sembradora
utilizada y su regulación, en aspectos clave para el logro de una buena implantación.
2.3.2. ADVERSIDADES.
Rodolfo Bezus y Adriana M. Chamorro.
Curso: Oleaginosas parte I y II - Tecnología Agropecuaria y Forestal- FCAyF - UNLP- Año: 2003
De las adversidades bióticas en colza-canola, las enfermedades e insectos son más comunes
en zonas donde se intensifica el cultivo o donde se cultivan especies que son afectadas por agentes
comunes. Por esta razón la incidencia económica de estas adversidades podrá ser mejor evaluada en
la medida en que se produzca una mayor expansión del cultivo.
Las malezas, en cambio, presentan un panorama diferente y son la principal adversidad que
se debe manejar en la actualidad.
Enfermedades.
Si bien hasta la actualidad estas adversidades no ha adquirido gran importancia en nuestro
país, se puede esperar que los problemas se incrementen si se considera la diversidad de
enfermedades que se citan y la jerarquía que tienen algunas de ellas por su difusión y potencial de
producir daños.
En Argentina los patógenos más comúnmente detectados son Sclerotinia sclerotiorun
(podredumbre del tallo) y Alternaria brassicae.
Como en otros cultivos, también se han registrado pérdidas de plantas producidas por
Rhizoctonia solani, Fusarium sp., y Pythium que producen desde la podredumbre de la semilla
hasta la muerte de plántulas y pérdida de raíces que terminan afectando el rendimiento.
Como medidas de manejo para estas enfermedades se recomienda sembrar en condiciones
que favorezcan la rápida implantación y crecimiento del cultivo y el tratamiento de la semilla con
funguicidas (Benomil + Thiram)
Alternariosis (Alternaria brassicae). Esta enfermedad afecta la parte aérea de la planta y las
semillas. En ataques severos produce marchitamiento, pérdida de hojas, desgrane por fragilidad de
silicuas y semillas de desarrollo deficiente.
Los síntomas se observan en tallos y silicuas como puntos marrones o negros que luego
derivan en manchas negras o con el borde negro y centro grisáceo. En las hojas se observan
manchas de distintas formas y color negro o gris con el borde negro. El patógeno se perpetúa en los
residuos vegetales, semillas y en malezas crucíferas. Las condiciones predisponentes para su
difusión son alta humedad y temperatura.
Para el manejo se recomienda la prevención mediante la utilización de semillas sanas,
eliminación de malezas crucíferas, incorporación de rastrojos y planificación de rotaciones de más
de tres años sin canola luego de detectarse la enfermedad.
Podredumbre del tallo (Sclerotinia sclerotiorun) Esta enfermedad produce lesiones
blandas en tallos, vainas y hojas que van tomando color grisáceo con marcas concéntricas. Estas
lesiones derivan en marchitez y finalización del ciclo con maduración prematura. Los tallos además
se rompen aumentando la pérdida de plantas y rendimiento. Dentro de los tallos se observa el
micelio del hongo con los esclerocios de color negro. Las pérdidas que se producen dependen del
momento relativo de la infección y la ocurrencia de condiciones favorables para el desarrollo de la
enfermedad. Si esta se produce al iniciarse la floración se anula la producción de semilla. En etapas
posteriores se reduce el rendimiento por una menor cantidad de silicuas, menor tamaño de semillas
y pérdidas por vuelco.
Las condiciones predisponentes son importantes para que se produzcan infecciones ya sea a
partir de micelio o de esporas originadas en los esclerocios. Para la germinación de esporas son
predisponentes la presencia de esclerocios a menos de 3 cm de profundidad, alta humedad en el
suelo y temperaturas de 10-15ºC a nivel del suelo. Esta condiciones son comunes en el cultivo de
canola en estado de floración donde ésta cubre el suelo manteniendo altos niveles de humedad en
épocas donde son normales las temperaturas bajas. Para la infección posterior las condiciones
predisponentes son alta humedad por 48 hs o más, temperaturas de 20-25ºC y alta nubosidad ya que
las esporas son afectadas por la luz. La mayor susceptibilidad a esta enfermedad durante la floración
se relaciona con que las esporas no son capaces de germinar sobre la superficie de la hoja pero si
sobre los pétalos que se depositan sobre ellas.
El método de control más recomendado es el cultural mediante rotaciones, laboreos
profundos para enterrar los esclerocios y la utilización de semilla libre de inóculo. Existe la
posibilidad de control químico durante la floración al verificarse las condiciones predisponentes.
Necrosis del cuello (Phoma lingans) Es considerada una enfermedad importante en los
principales países productores del mundo. En nuestro país, se han encontrado lotes con esta
enfermedad en los últimos años.
Otras enfermedades mencionadas para el cultivo de canola son: Peronospora brassicae
“mildew” yErysiphe poligoni “oidio”
Insectos.
Si bien no se han registrado plagas de gran importancia para el cultivo en Argentina, las
características de algunas de ellas, su número y abundancia en otros países permite suponer que un
crecimiento de la superficie cultivada podría incrementar los daños por esta adversidad.
El insecto más frecuente en nuestro país es Brevicoryne brassicae o “pulgón ceniciento”
que si bien no se lo ha relacionado con importantes pérdidas de rendimiento se ha planteado en
algunos casos la necesidad de recurrir al control químico. El daño que produce se traduce en aborto
de silicuas sobre todo en lotes de siembra tardía atacados en floración bajo condiciones de tiempo
seco.
Otro insecto de importancia es Plutella xilostella o “polilla de las coles” cuya larva de no
más de un centímetro y color oscuro se alimenta de brotes tiernos, hojas y primordios florales. Para
este insecto el criterio para definir el control químico es la presencia de 1 ó 2 larvas por planta (200
/m2) en el estado D1 a E o sea unos 15 días antes de la floración para evitar los mayores daños que
se producen al consumir los primordios florales. En otro estado sólo se recomienda la aplicación si
se detecta un alto grado de defoliación.
Además de estos se han detectado produciendo daños en colza a:
Rachiplusia nu “isoca medidora”
Colias lesbia “isoca de la alfalfa”
Edessa sp
Nezara viridula
Liryomiza sp
Diabrotica speciosa “vaquita de San Antonio”
Malezas.
Las malezas en la actualidad son la adversidad de mayor importancia para la producción de
colza-canola. Dos factores justifican el correcto manejo de malezas en este cultivo. El primero es el
lento crecimiento inicial que implica una pobre competencia hasta llegar al estado de roseta, luego
la situación se invierte pasando a ser muy competitiva. El segundo es la dificultad para el control de
malezas latifoliadas, entre ellas las crucíferas que no sólo compiten con el cultivo sino que además
deterioran la calidad de la cosecha al incorporar semillas extrañas sobre todo de nabo determinando
incrementos en los niveles de acido erúcico y glucosilonatos del producto cosechado.
Debido a que por lo general las malezas emergidas a partir de los 10 días de implantado el
cultivo no causan pérdidas en el rendimiento, se deben extremar las medidas para prevenir las
infestaciones tempranas. Por ello las siguientes medidas de prevención son muy importantes:
- Utilización de semilla libre de malezas.
- Elección de lotes con menor abundancia de malezas del cultivo, en especial
crucíferas, lo que puede lograrse mediante el manejo previo (rotaciones con cereales, manejo
durante el barbecho, etc)
- Priorizar la tecnología que favorezca un rápido crecimiento inicial como son la
correcta preparación del suelo, correcta época de siembra, densidad adecuada y utilización de
semilla de alto vigor y cultivares de rápido crecimiento inicial.. La fertilización, sobre todo con
nitrógeno puede ser una herramienta para favorecer la habilidad competitiva del cultivo en
algunas situaciones.
Las malezas que más frecuentemente se asocian a este cultivo son : caapiquí (Stellaria
media), ortiga mansa (Lamium amplexicaule), mastuerzo (Coronopus didymus), manzanilla
(Anthemis cotula), cien nudos(Polygonum aviculare) y gramíneas anuales como setarias (Setaria
sp), raigrás (Lolium multiflorum), avena guacha (Avena fatua). Merecen especial atención las
crucíferas como el nabo (Brassica campestris), la mostacilla (Rapistrum rugosum) y el nabón
(Raphanus sativus) que resultan imposibles de controlar una vez implantado el cultivo.
Las malezas presentes en el cultivo se asocian a la historia del lote que determina el banco
de semillas por lo que el manejo y los métodos culturales de control tienen gran importancia.
El control químico es posible mediante la utilización de herbicidas de presiembra
(trifluralina, napropamida, metazaclor) y post-emergencia para latifoliadas (dicamba, picloran) o
graminicidas (fluazifop-butil, haloxifop-metil, quizalofop-metil, etc).
Sin duda el control de malezas latifoliadas ofrece mayores dificultades por la necesidad de
controlarlas en etapas tempranas del cultivo lo que trae aparejado riesgos de fitotoxicidad por lo
que debe ajustarse adecuadamente las dosis y el momento de aplicación según el estado del cultivo
y el tamaño y tipo de malezas.
Existen canolas resistentes a triazinas, a glufosinato, glifosato, imidazolinonas y bromoxinil
que no están difundidas en el país. De todas maneras esta tecnología presenta limitaciones de
manejo sobre todo por los riesgos de adquisición de resistencia en la población de malezas
2.3.3. FERTILIZACIÓN.
Adriana M. Chamorro y Rodolfo Bezus.
Curso: Oleaginosas parte I y II - Tecnología Agropecuaria y Forestal- FCAyF - UNLP- Año: 2003
Fertilización nitrogenada.
El análisis de suelo permite tener una buena aproximación para diagnosticar la necesidad de
fertilizar el cultivo. Se considera que si los niveles de nitratos del suelo son inferiores a 90 kg.ha-1,
es esperable una respuesta a la fertilización.
Para las canolas de invierno se ha desarrollado una metodología que hace uso de una
relación conocida como “curva de dilución”, que indica para cada nivel de acumulación de materia
seca total, el rango de %N adecuado. Esta curva permite calcular, usando el %N y la acumulación
de materia seca de la colza-canola en una situación particular, un índice que diagnostica si el cultivo
está bien nutrido, en déficit o en exceso de nitrógeno. Esta curva aún no está calibrada para las
canolas primaverales, ni tampoco para nuestras condiciones agroecológicas.
También se ha empleado el %N en planta entera en floración, estimándose que los valores
deberían ubicarse entre 2.5% y 4.0% para un cultivo sano, sin embargo, más allá de los
cuestionamientos que pueda hacerse al método, un diagnóstico en este estado no permite corregir
deficiencias previas.
Tratándose de un elemento móvil en el suelo, el nitrógeno debería ser aplicado en forma
fraccionada de acuerdo al patrón de absorción del cultivo. Por este motivo, la recomendación más
frecuente es aplicar un tercio de la dosis total a la siembra y dos tercios al iniciar la elongación del
tallo. Como la canola es muy sensible al nitrógeno ubicado cerca de la semilla, debe tenerse
especial cuidado en la localización del fertilizante (sobre todo si se trata de urea o nitrato de
amonio) y en la dosis, que no debería superar los 15 a 20 kg de nitrógeno si se ubica junto con la
semilla.
Una aplicación excesiva de nitrógeno puede resultar en pérdidas de rendimiento por vuelco
y dificultades en la cosecha, y en disminuciones de la calidad de la semilla por su menor contenido
en aceite. Por otro lado, pueden hacer más susceptible el cultivo a patógenos como Sclerotinia
sclerotiorum debido a la gran producción de materia seca que crea un microclima que favorece la
infección y el desarrollo de la enfermedad.
Fertilización fosfatada.
Se pueden esperar respuestas a la aplicación de fósforo cuando los niveles de P (extraíble
con NaHCO3) en los 0-15 cm superficiales del suelo no son mayores de 10 ppm. Estas respuestas,
pueden ser importantes con dosis relativamente bajas de fósforo debido al incremento del
crecimiento radical en la zona de reacción del fertilizante.
Al tratarse de un elemento no móvil, debe ser aplicado antes o junto con la siembra. Las
semillas de colza-canola son extremadamente sensibles al contacto con el fertilizante fosfatado por
lo que no debería ubicarse junto a la semilla en la misma línea sino en una línea paralela 2.5 cm por
debajo y al costado de la línea de siembra. Más conveniente aún es una aplicación profunda, a unos
8-10 cm de profundidad.
Fertilización potásica.
Aunque la colza-canola tiene altos requerimientos de potasio, no es frecuente encontrar
respuestas a su aplicación. Se estima que es posible encontrar respuestas significativas a la
fertilización cuando los niveles de potasio intercambiable son menores a 200 kg.ha-1.
Se trata de un elemento que no se mueve libremente en el suelo, pero es más móvil que el
fósforo, por lo que debe ser aplicado cercano al momento de la siembra. No debe ubicarse con o
muy cerca de la misma debido a la alta presión osmótica que se genera. La ubicación en una línea
por debajo y al costado de la semilla evitará el daño a las plántulas y permitirá una buena absorción
por las raíces.
Fertilización azufrada.
El diagnóstico de la necesidad de fertilización azufrada presenta mayores complicaciones.
Algunos autores indican que es posible esperar respuesta a la aplicación de azufre cuando el
contenido de SO4 soluble en agua en los primeros 60 cm de suelo es menor a 20-30 kg.ha-1. Sin
embargo, en general, los análisis de azufre en suelos, se consideran poco confiables. Como
alternativa, la visualización de síntomas generalmente es posible cuando la deficiencia es media a
alta. En etapas tempranas del cultivo los síntomas se confunden con la carencia de nitrógeno. Por
todo lo anterior, lo más confiable es la determinación de concentración de azufre en planta,
considerándose como valor crítico en el estado de roseta (B5-6) 0.58%. Otra posibilidad es testear
la deficiencia a través de una aplicación de azufre en una franja del cultivo y observar la respuesta.
El azufre es un elemento móvil en el suelo y los fertilizantes azufrados generalmente son
solubles en agua y rápidamente disponibles para el cultivo, por lo que una dosis excesiva o un
momento inoportuno de aplicación conducirán a su lixiviación o escurrimiento. Por este motivo, su
aplicación, según la dosis requerida, puede ser única en el momento de la siembra, o dividida
haciendo una segunda aplicación previa a la elongación del cultivo.
La fertilización con azufre no sólo produce incrementos en los rendimientos, sino que puede
mejorar la calidad de la semilla. Si el azufre está en deficiencia, es incompleta la síntesis de de
proteínas debido a la falta de aminoácidos azufrados. En este caso, el suministro de azufre aumenta
el contenido proteico y disminuye el contenido de nitrógeno no proteico de la semilla. Por otro lado,
si la dosis de azufre es excesiva o no está balanceada con la disponibilidad de nitrógeno, se
producirán otros compuestos azufrados en lugar de aminoácidos, entre los cuales se encuentran los
glucosinolatos, desmereciendo la calidad de la semilla. Esta última respuesta tiene un fuerte
componente genético, siendo normal en los cultivares de colza tradicionales, y existiendo cultivares
de canola que tienen mayor o menor tendencia a incrementar su tenor de glucosinolatos.
Fertilización balanceada.
La realización de una fertilización balanceada es esencial para obtener los efectos buscados.
Como se vio, la aplicación de altas dosis de un fertilizante puede producir desde una falta de
respuesta a efectos indeseables debido a la interacción con otros nutrientes.
Para lograr una fertilización equilibrada es importante conocer la relación que debe existir
entre los nutrientes. Para la canola, por cada 5 partes de N, debería haber 2,4 partes de P2O5 , 4
partes de K2O y 1 parte de S. De esta manera, la fertilización no sólo debe corregir deficiencias de
nutrientes, sino también la relación entre ellos.
Cosecha.
Este cultivo presenta dificultades relacionadas con la operación de cosecha. En principio el
tamaño de la semilla de canola así como su forma, obligan al sellado de las maquinarias ya sea de
cosecha como de traslado de la producción con el fin de evitar pérdidas. Por otro lado, la elección
del momento de inicio de la operación, si bien se relaciona con el sistema de cosecha a realizar, se
ve dificultada, además, por la desuniformidad natural en la maduración de las plantas. Existe una
diferencia de alrededor de 20 días entre la maduración de las primeras flores del tallo principal y
las últimas flores de las ramificaciones, aunque las silicuas superiores pueden acelerar un poco su
maduración al recibir mayor aireación y secado por acción solar y emparejarse un poco con las
primeras silicuas. A esto se suma una gran tendencia de los frutos a la dehiscencia generando
importantes pérdidas por desgrane si el estado del cultivo no es el adecuado para la cosecha.
Lo anterior determina que, si la cosecha se realizara anticipadamente, habría riesgo de bajos
rindes debido a falta de llenado de las semillas de las ramificaciones secundarias. Y si la cosecha se
retrasara, también el rendimiento sería menor, pero en este caso por una importante pérdida de
semillas por desgrane.
Existen algunas características generales del cultivo que hacen a una buena cosecha y que
deben manejarse desde el momento de planificar la producción de canola. La elección del lote, con
relación a la presencia de malezas crucíferas es una de ellas. Otra es el logro de una correcta
implantación que minimice la desuniformidad propia del cultivo. Por último, un buen control de
malezas, no sólo reducirá las pérdidas por competencia, sino que también facilitará la operación de
cosecha.
Esta labor se puede realizar mediante dos sistemas:
a- cortado e hilerado y posterior trilla: se aconseja cuando el lote tiene maduración desuniforme
o está enmalezado.
El sistema consiste en cortar e hilerar el cultivo cuando el grano tiene entre un 25-35% de
humedad y dejarlo secar a campo hasta un 9-12% de humedad. El máximo peso de mil granos se
logra cuando estos alcanzan un 35% de humedad (madurez fisiológica) lo que en cada fruto se logra
aproximadamente a los 22 días de la antesis. No es recomendable realizar el corte con menos de
25% de humedad pues aumentan los riesgos de pérdidas por desgrane.
Para reconocer el momento óptimo de corte el cultivo se observa aún verde y el racimo
principal se debe presentar como muestra la figura 6:
Comercialización.
La comercialización se realiza a través de las empresas proveedoras de semillas o bien de
acopiadores.
El precio de compra de la colza se establece en relación al precio de girasol. Hay empresas
que garantizan un precio mínimo.
Las bases de comercialización son las siguientes: