Día 11: ¿A quién (o a qué) adoras?
! Escucha el Audio de hoy
¿Cómo te va después de la avalancha de información de ayer? Sé que
fue mucho, espero que hayas podido filtrar todo y sacar así algunas
pequeñas piezas sobre las que trabajar.
Estamos recorriendo nuestra segunda semana juntos, mientras
continuamos con nuestro tema de dejarnos guiar por el Espíritu Santo
y permitirle que nos transforme de adentro hacia afuera. Como
seguramente viste ayer, ¡el amor es tan polifacético! Hay libros enteros
escritos sobre el tema. Como seguidores de Cristo, es algo que nunca
dejaremos de aprender, ni dejaremos de perfeccionar.
El amor de Jesús era perfecto. De hecho, dijo que no hay amor más
grande que el de alguien que muere por un amigo, cosa que él hizo.
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus
amigos” (Juan 15:13)
Padeció una muerte horrible para poder disfrutar del gozo que le
aguardaba. Este gozo seguramente tenía que ver con el cielo, pero no
sólo con el lugar que él ocupaba en él. ¡Estaba rebosante de gozo por
todos los que se reunirían allí con él!
El amor es omnipresente en nuestras vidas y adopta muchas formas.
Fortalece nuestro liderazgo. Fortalece y consolida los matrimonios, las
amistades, la paternidad y cualquier situación en que las relaciones
sean importantes. Eso es prácticamente toda la vida, ¿no?
Una cosa que debemos tener cuidado es si amamos a alguien o algo
más que a Dios. Está bien amar fervientemente a nuestras familias y
nuestros mejores amigos, pero cuando toman precedencia sobre el
Señor, entramos en territorio peligroso.
Mientras sacas tu diario, déjame hacerte una pregunta. ¿A quién
quieres más? Escribe el nombre de la persona por la que sientes más
afecto. Podría ser un familiar, un mentor o un amigo. Incluso podría
ser más de una persona, o alguien que ha fallecido. Podría ser alguien
nuevo en tu vida.
Ahora veámoslo desde otro punto de vista. Piensa en algo que te
encante. Quizá se trate de una comida de la que no puedes prescindir,
un lugar que te trae recuerdos entrañables, una afición de la que
nunca te cansas o el recuerdo de un viaje inolvidable. Si somos
sinceros con nosotros mismos, puede que sea el automóvil nuevo que
acabamos de comprar, nuestro teléfono o ropa nueva. Dado que tu
diario se centra en la honestidad, no tengas miedo de decir la verdad.
Y ahora la pregunta que sabías que iba a llegar: ¿Amas a alguna de
esas personas o cosas más de lo que amas al Señor? Una vez más, sé
honesto. No hay problema en marcar con un círculo algo de tu lista
que te genere una emoción intensa. Esta audioguía pretende
ayudarte a escarbar profundamente en tu vida, sin importar lo que
encuentres. Este es un lugar para que puedas tratar tus
preocupaciones con el Señor de forma segura y privada.
Antes mencioné que a veces nos adentramos en terreno peligroso
cuando amamos a alguien o algo más que a Dios. Cuando eso ocurre,
esa persona u objeto se convierte en un ídolo. Lo tenemos en tan alta
estima que le asignamos una naturaleza casi divina.
Los ídolos pueden tomar vida propia, pueden gobernar nuestros
pensamientos, definirnos, incluso controlarnos. Cuando un ídolo se
instala en nuestras vidas, nuestro amor por él se convierte a menudo
en una forma de adoración. Lo transformamos en algo imprescindible.
A quién o a qué adoramos tiene nuestro permiso para gobernar
nuestros corazones y motivarnos. Nuestros deseos profundos brotan
del objeto de nuestra adoración, nuestro ídolo, y estos deseos siempre
se manifiestan en nuestro liderazgo.
Exploremos este concepto de adoración un poco más
profundamente, ya que es muy importante en la vida de un líder. Se
me han ocurrido cinco objetos comunes de adoración que pueden
desviarnos e impedirnos cumplir la voluntad de Dios para nuestras
vidas. Los cuatro primeros tienen el potencial -y el poder- de
convertirse en ídolos que lleven nuestro liderazgo en la dirección
equivocada.
Seguramente hay más de cinco, pero creo que estos son los más
comunes. A medida que avanzamos a través de estos, piensa en cuál
está más presente en tu vida.
La primera es la adoración de uno mismo. Esto es válido para nosotros
si creemos que la gente debe seguirnos y hacer lo que decimos por lo
que somos, o por nuestro título, fama o prepotencia. Basamos nuestra
influencia en el orgullo. Nos ofendemos fácilmente, y todo lo que
hacemos es para beneficio personal. La Biblia, sin embargo, nos
advierte que “Nada hagáis por contienda o por vanagloria…”
(Filipenses 2:3)
En segundo lugar, a veces adoramos a otros. Podríamos llamar a esto
"agradar a la gente" ¿Haces esto? Yo lo he hecho, muchas veces. En
este tipo de adoración, permitimos que otras personas gobiernen
sobre nosotros de una manera poco saludable. Nuestro liderazgo
depende del permiso continuo de los demás, y nuestro bienestar
personal depende de su aprobación. Esta idolatría de la gente
engendra pasividad en los líderes de servicio
Existe otra que, lo creas o no, puede colarse en nuestras vidas: la
adoración al pecado. Cuando siempre perseguimos deseos y apetitos
personales, éstos nos dominan, y pensamos constantemente en
satisfacer esas pasiones. Nadie quiere seguir a un líder cuya vida está
basada en el pecado. Tarde o temprano este líder caerá.
Cuando adoramos el dinero, el problema no es la cantidad de dinero
que tenemos. No se trata de pagar nuestras facturas, endeudarnos o
acumular ahorros. El problema es el nivel de importancia espiritual
que tiene en nuestras vidas, y si se ha convertido en un ídolo. Solo tú
puedes responder a la pregunta de si el dinero te domina. Jesús dijo
que no podemos tener dos amos: no podemos servir tanto a Dios
como al dinero… (Mateo 6:24).
El tipo de adoración que debería definirnos como líderes de servicio,
por supuesto, es la adoración al Señor. Cuando lo adoramos, no solo
los domingos, sino de varias maneras todos los días, se hace muy
difícil que los ídolos del dinero, el poder y el pecado se establezcan en
nuestras vidas.
Cuando pensamos más en nuestro Padre celestial que en nosotros
mismos, cuando oramos a Él, leemos la Biblia, estudiamos las
Escrituras, asistimos y servimos en la iglesia, y damos generosamente,
estamos desplazando nuestros deseos egoístas, en enfoque en
nosotros mismos, y nuestro pecado personal. ¿A quién o a qué adoras
más a menudo? Si adoramos al Señor en espíritu y en verdad, no hay
lugar para los ídolos. Pero si nos limitamos a servirle con solo palabras,
un ídolo se colocará y ocupará su lugar. ¡Realmente es así de simple!
Cristo dijo algo directamente a Satanás que nunca debemos olvidar:
“Está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” (Lucas
4:8)
ORACIÓN:
Padre, te adoro. Ayúdame a no dudar, sino a creer de todo corazón.
Dame la capacidad de pensar en ti día tras día. Lléname con tu
Espíritu, y recuérdame que no hay mayor objeto de adoración que
tú. Mantén mis ojos en ti mientras dirijo. En el nombre de Jesús,
Amén.