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Gozo

El documento habla sobre el gozo como fruto del Espíritu Santo. Explica que el gozo proviene de la comunión con Dios y se mantiene a través de una vida sin pecado y enfocada en Cristo, no en logros terrenales. El gozo es un estado de regocijo y satisfacción espiritual.

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Gozo

El documento habla sobre el gozo como fruto del Espíritu Santo. Explica que el gozo proviene de la comunión con Dios y se mantiene a través de una vida sin pecado y enfocada en Cristo, no en logros terrenales. El gozo es un estado de regocijo y satisfacción espiritual.

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El Gozo

“Estad siempre gozosos”.


1 Tesalonicenses 5:16 (RV60)

El Gozo es la segunda característica del fruto del Espíritu que aparece en


Gálatas 5:22-23 (“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, gozo…) y en este versículo
la palabra que se traduce como gozo proviene del griego: χαρά (jará) el cual es más que
un sentimiento de alegría, es un estado de regocijo y completa satisfacción que
experimenta el creyente como resultado de su comunión con Cristo. No se trata de la
alegría que nos producen las cosas materiales o los placeres que este mundo ofrece, más
bien el gozo en el cristiano es el resultado de la obra salvífica que Cristo ha ejercido
sobre cada uno de nosotros. Es el resultado de experimentar la liberación de nuestras
cargas y disfrutar de su benevolencia, y por ello el gozo es un sentimiento de origen
espiritual que se mantiene permanentemente, siempre y cuando nuestra comunión con
Cristo no se rompa y por ello las Escrituras nos dicen: Estad siempre gozosos. Esta
característica del carácter cristiano es tan importante que de hecho es parte de la misma
vida cristiana: “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y
gozo (jará, χαρά) en el Espíritu Santo”, (Romanos 14:17, RV60). Por tanto, el gozo es
un fruto del Espíritu que se espera que siempre este presente a lo largo de toda nuestra
vida: “¡Vivan con alegría su vida cristiana! Lo he dicho y lo repito: ¡Vivan con alegría
su vida cristiana!”, (Filipenses 4:4, BLS). Sin embargo, la pregunta seria, ¿cómo
mantener el gozo aun en medio de las dificultades más grandes de la vida cristiana?
Veamos lo que la Biblia nos enseña en cuanto a este tema.

La fuente de nuestro gozo proviene de nuestra comunión con Dios.

La fuente del gozo radica en la llenura del Espíritu Santo en nosotros, en gustar
su amor y misericordias en nuestras vidas, lo cual nos mantiene llenos de su presencia
de tal forma que aun en medio de las pruebas podemos encontrar un descanso para
nuestras almas y ese gozo indescriptible que nos da seguridad que Dios está con
nosotros. El mundo nos dice que necesitamos llenar nuestras necesidades de afuera
hacia adentro, ya sea con el amor de la familia, los triunfos académicos o laborares, la
prosperidad económica, los entretenimientos de este mundo, los placeres del mundo,
etc., pero esto nunca lograra satisfacerlas completamente, siempre faltara algo. La
alegría del mundo es una emoción del alma que puede llegar o desaparecer movida por
las circunstancias de la vida. Sin embargo, el gozo del Señor es una experiencia que
tiene su base en una realidad espiritual que es la reconciliación que el cristiano tiene
con Dios por medio de Jesucristo, tal y como Juan lo explica:

“Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros
propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les
anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos
visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba
con el Padre y que se nos ha manifestado. Les anunciamos lo que hemos visto y
oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es

Javier Gómez O.
con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra
alegría (χαρά, jará) sea completa”.

1 Juan 1:1-4 (NVI)

En estos versículos Juan nos habla acerca del propósito del mensaje del
evangelio que es predicado por sus heraldos: el traer comunión con Dios y gozo a la
vida del creyente. Este gloriosos mensaje no tiene el propósito de producir miedo en sus
oyentes, sino más bien contristarlos para que a través de un verdadero arrepentimiento
de sus pecados crean en Cristo y así el Espíritu Santo haga en ellos su obra gloriosa al
convertirlos en nacidos de Dios y les dé un gozo inefable como resultado de la
seguridad de su perdón, de la vida eterna y su nueva realidad como herederos de las
promesas de Dios.

El Gozo proviene de una vida sin pecado.

Una vez que la persona ha nacido de nuevo el gozo del cristiano puede ser
perdido por una ruptura en la comunión con Dios por causa del pecado y la única forma
de recuperarla es reconciliándonos con Él. El rey David nos enseña muy bien este
principio en el Salmo 51 ya que allí encontramos la oración de dolor y arrepentimiento
que declaro al Señor después que cometió el pecado de adulterio con Betsabé y mando a
matar a su esposo Urías el heteo. Esta oración debe ser un ejemplo a seguir cuando le
fallamos a Dios:

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus


piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi
pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de
mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para
que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en
maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la
verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame
con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y
alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y
borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un
espíritu recto dentro de mí”.
Salmo 51:1-10 (RV60)

Si nuestro gozo depende de nuestra comunión con el Dios en verdadera


santidad, entonces debemos esforzarnos por no contristar al Espíritu Santo: “Y no
contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la
redención”, (Efesios 4:30, RV60). Y si lamentablemente pecamos, recordemos que
como David podemos acudir a nuestro abogado que se llama Jesucristo el cual puede
perdonarnos de nuestros pecados, restaurar nuestra relación con y Dios y así el gozo
volverá a nosotros: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si
alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, (1
Juan 2:1, RV60).

Javier Gómez O.
El Gozo consiste en vivir para Cristo.

Otra razón por la cual el gozo puede perderse es debido a las dificultades que
enfrentamos en la vida. Filipenses es una carta que revela el verdadero significado del
gozo aun en medio de las dificultades más grandes que podamos atravesar. La Carta a
los Filipenses se ha llamado La Epístola del Gozo, cuyo autor es alguien que
verdaderamente puede enseñarnos con su gran ejemplo y poderosa inspiración de cómo
mantener el gozo aun en medio de las más terribles circunstancias en la vida. Si
pudiéramos elegir un versículo clave en esta carta que resuma todo su mensaje, a lo
mejor escogeríamos el siguiente: “Porque para mí, seguir viviendo es Cristo, y morir,
una ganancia”, (Filipenses 1:21, DHH). Acerca de este versículo, Ray C. Stedman
dijo: “En ocasiones leemos este versículo como si fuese el grito desgarrador de un
hombre que estuviese harto de la vida, que apenas pudiese esperar para llegar al cielo,
que ya no podía soportar más. Es cierto que Pablo se encontraba en dificultades,
afrontando presiones y problemas y deseaba ardientemente ir al cielo y alejarse de
todo… Creo que esto refleja una actitud muy corriente, que adoptamos los cristianos en
ocasiones, es decir, que nos gustaría alejarnos de todo. Pero no es eso, ni mucho
menos, lo que está diciendo Pablo. Si se fija usted bien se dará cuenta de que lo que
está diciendo en realidad es: ¡no sé lo que escoger! Para mí el vivir es tener a Cristo y
el morir es ganar el cielo, pero si tengo que escoger, no sé con qué quedarme.”. Lo
que Pablo está diciendo es que la vida es una grandiosa experiencia en Cristo Jesús, es
decir, su comunión con Cristo, su ministerio, la relación que tenía con la iglesia, el
conocer y enseñar la palabra de Dios sumaba un sinfín de experiencias que lo alentaban
a vivir en este mundo. Por otro lado, el morir significaba conocer a su Redentor y estar
delante de su presencia lejos de toda pena y dolor; y, en este sentido el apóstol no sabía
¿qué elegir?: “Ahora bien, si seguir viviendo en este mundo representa para mí un
trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡No lo sé! Me siento presionado por dos
posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el
bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este mundo. Convencido de esto, sé
que permaneceré y continuaré con todos ustedes para contribuir a su jubiloso avance
en la fe”, (Filipenses 1:22-25, NVI). A pesar de encontrarse en prisión el apóstol Pablo
no había caído en depresión, sino al contrario, le emocionaba la idea que pronto moriría
y vería a su Redentor; pero también anhelaba continuar viviendo para contribuir con el
avance del evangelio. Por tanto, cada uno de nosotros debe buscar la forma de
experimentar sin reservas la vida que Cristo nos ofrece, disfrutando todas sus
bendiciones y conociendo cada día más a nuestro Señor.

El Gozo proviene de las cosas espirituales y no de logros terrenales.

A veces perdemos el gozo porque nuestro énfasis en la vida está orientado


a buscar la felicidad en los logros terrenales, más que en buscar las cosas
espirituales. Pablo describe en el capítulo 3 de Filipenses una clave para no perder
nuestro gozo: Enfocarse en lo espiritual. Cuando nuestra felicidad está basada en lograr
grandes éxitos y reconocimientos en este mundo y por ellos hacemos a un lado las cosas
espirituales, esto nos puede llevar al fracaso. Esto Pablo lo expresa con las siguientes
palabras.

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de
qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la
tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto a celo,

Javier Gómez O.
perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que se basa en la Ley, irreprochable.
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de
Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del
conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por
basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se
basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de
Dios y se basa en la fe. Quiero conocerlo a él y el poder de su resurrección, y
participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que
en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos”.
Filipenses 3:4-11 (RV95)

Algunas personas se pueden sentir vanagloriosas por sus triunfos y glorias


terrenales, sin embargo Pablo dice que jactarse y confiar en ellas es en vano. Pablo tenía
muchas cosas de las cuales podía sentirse dichoso y confiado como su nacionalidad
romana, su origen hebreo, su título de fariseo, su fama como celoso de la ley; pero
cuantas cosas eran ganancia en el mundo ahora las consideraba perdidas porque había
encontrado algo más sublime que trae un gozo permanente a la vida de los hombres: el
enfocarse en la cosas espirituales. La vida del apóstol estaba enfocada en conseguir
cuatro cosas específicas:

1. La excelencia del conocimiento de Cristo Jesús. “Vengan a mí tus


misericordias, para que viva, Porque tu ley es mi delicia”, (Salmo 119:77, RV60).
2. Ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo la propia justicia que se
basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de
Dios y se basa en la fe. “También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a
esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza
de alcanzar la gloria de Dios”, (Romanos 5:2, BAD).
3. Conocerlo a Él y el poder de su resurrección: “Por esta causa también
yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los
santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis
oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé
espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de
vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y
cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente
grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder
de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su
diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío,
y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero”,
(Efesios 1:15-21, RV60).
4. Participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a Él en su
muerte. Cuando comprendemos el honor que tenemos de servirle y el galardón que nos
espera por nuestra fidelidad, cualquier padecimiento por su causa es motivo de gran
gozo en nuestra vida: “Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de
azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en
libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por
dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”, (Hechos 5:40-41, RV60).

Este es el verdadero fundamento de la fe que provoca un gozo permanente y que


nos dirige a poner la mirada en la cosas de arriba y nunca en las cosas efímeras de este
mundo. En Colosenses se nos exhorta a tal cosa: “Preocúpense por las cosas de arriba,

Javier Gómez O.
no por las de la tierra”, (Colosenses 3:2, BLA). Esta palabra que la Biblia
Latinoamericana (BLA) traduce como “preocúpense” viene del griego fronéo (φρονέω)
que puede traducirse también como: ejercitar la mente, poner la mirada, concentrarse.
Por tal motivo es el deseo de Dios que toda nuestra atención y esfuerzo esté puesto en
las cosas espirituales y no en este mundo. Por supuesto que esto no significa que no nos
tenemos que esforzar por superarnos en este mundo, pero no olvidemos que a la par de
esto y con un mayor énfasis debe estar en buscar el reino de Dios y su justicia y todo lo
demás nos será añadido, así nuestro gozo será completo: “Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, (Mateo 6:33).

El Gozo proviene del contentamiento.

También perdemos el gozo cuando no vivimos contentos con lo que


tenemos y nos frustramos al no poder conseguir otras cosas que codiciamos. Pablo
finaliza su carta a los filipenses exhortándoles a ser felices con lo que tienen: “…pues
he aprendido a contentarme (utárkes, ὐτάρκης), cualquiera que sea mi situación. Sé
vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para
estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer
necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, (Filipenses 4:11b-13, RV60).
Pablo había encontrado el auténtico secreto para mantener su gozo. Muchas personas
son infelices creyendo que si tuvieran esto o aquello serian verdaderamente felices; pero
eso es una mentira. Si no se es feliz ahora mismo con lo que se tiene, jamás se será feliz
aun obteniendo aquellas cosas que creemos necesitar. En estos versículos Pablo utiliza
la palabra griega utárkes (ὐτάρκης) para referirse al contentamiento, y utárkes
(ὐτάρκης) literalmente significa autocomplaciente, es decir, alguien que se complace a
sí mismo. Esta palabra era usualmente usada entre los estoicos los cuales enseñaban que
la verdadera autocomplacencia se encontraba cuando se despojaba el corazón de todo
anhelo y sueño posible. Era el resultado de renunciar a toda emoción. Sin embargo, el
apóstol no dice que debamos eliminar todos nuestros deseos en el corazón ni nuestras
emociones para alcanzar el estado de contentamiento. Tampoco nos está diciendo que
debemos ser conformista, sino que debemos ser agradecidos con lo que hoy tenemos y
ser felices por las cosas recibidas tomando una actitud de auto-dependencia en Dios
bajo el lema: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. El verdadero contentamiento
proviene no de ser Auto-Suficiente; sino en ser Dios-Es Suficiente, y por ello Pablo
afirmaba: “Mi Dios, a su vez, proveerá a todas sus necesidades, según su inmensa
riqueza en Cristo Jesús”, (Filipenses 4:19, BLS).

El Gozo proviene sufrir por causa de la justicia.

Aquí tenemos algo verdaderamente contradictorio para el


mundo: encontrar el gozo en padecer por causa de la justicia. Sin embargo, si nuestra
vida está enfocada en mantener nuestra comunión con Dios, lejos del pecado, en
disfrutar de todas sus promesas y deleitarnos en la libertad que Cristo nos ha otorgado y
poseemos un corazón agradecido cuya confianza es Cristo mismo, entonces el padecer
injusticias por nuestro testimonio no será razón de depresión, sino de gozo al saber que
el Señor nos recompensara por nuestra fidelidad. Uno puede encontrar en la Biblia
algunos ejemplos de esto. Por ejemplo en la carta a los Hebreos se elogia la fe de los
creyentes por mantener su gozo en medio de tribulaciones y vituperios, aun cuando
estos fueron despojados de sus bienes: “Por una parte, ciertamente, con vituperios y
tribulaciones fuisteis hechos espectáculo, y por otra, llegasteis a ser compañeros de los

Javier Gómez O.
que estaban en una situación semejante: porque de los presos también os
compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis
en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”, (Hebreos 10:33-34, RV95).
Los mismos apóstoles Pedro y Juan resistieron el castigo físico a través del gozo que les
producía el hecho de ser considerados dignos de padecer por el nombre de
Jesús: “Estuvieron de acuerdo con él. Entonces llamaron a los apóstoles y, después de
azotarlos, les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús; y los pusieron en
libertad. Ellos salieron de la presencia del Concilio, gozosos de haber sido tenidos por
dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”, (Hechos 5:40-41, RV95). Por tanto,
el gozo nos ayuda a resistir con esperanza los sufrimientos que vienen a nuestra vida por
causa de nuestro testimonio como verdaderos cristianos, sabiendo que seremos
recompensados por Dios por esto. Por eso Santiago dice: “Hermanos míos, ustedes
deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase”,
(Santiago 1:2, DHH). Y nuestro mismo Señor Jesús nos dijo que aquellos que sufrieran
por su causa serian bienaventurados porque su galardón es grande en el reino de los
cielos: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y
alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a
los profetas que fueron antes de vosotros”, (Mateo 5:10-12, RV60). Que estas palabras
sean una fuente de gozo en medio de nuestros padecimientos sabiendo que todo esto no
es en vano.

La palabra gozo aparece una y otra vez en las Escrituras. Por ejemplo, los salmos están
llenos de referencias al gozo. El salmista escribe: “El llanto puede durar toda la noche,
pero a la mañana vendrá el grito de alegría (o gozo)” (Sal. 30:5b), y “Aclamen con
júbilo (o gozo) a Dios, habitantes de toda la tierra” (Sal. 66:1). De la misma manera, en
el Nuevo Testamento leemos que el gozo es un fruto del Espíritu Santo (Gál. 5:22), lo
que significa que es una virtud cristiana. Al ver este énfasis bíblico, debemos entender
lo que es el gozo, y perseguirlo.

A veces se nos dificulta entender el concepto bíblico del gozo por la manera en que lo
define y describe nuestra cultura occidental. En particular, a menudo confundimos el
gozo con la felicidad. En las bienaventuranzas (Mt. 5:3-11), de acuerdo a la traducción
tradicional, Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu… Bienaventurados los
que lloran… Bienaventurados los humildes” (vv. 3-5, énfasis agregado), y así
sucesivamente. Algunas veces, sin embargo, los traductores adoptan el lenguaje
moderno y nos dicen que Jesús dijo feliz en lugar de bienaventurado. Me fastidia un
poco cuando veo eso, no porque me opongo a la felicidad, sino porque la palabra feliz
en nuestra cultura se ha convertido en algo sentimental y trivial. Como resultado, tiene
una connotación de cierta superficialidad. Por ejemplo, hace algunos años, Charles M.
Schulz, en la tira cómica de Charlie Brown, acuñó la frase: “La felicidad es un perrito”,
y se convirtió en una máxima que articula una idea de la felicidad que es sentimental y
placentera. Y luego está esa famosa canción, “Don’t Worry, Be Happy” por Bobby
McFerrin en los 1980s. Sugería una actitud sin preocupaciones, una actitud casual hacia
el deleite.

Javier Gómez O.
Sin embargo, la palabra griega usada en las bienaventuranzas se traduce mejor como
“bendecido”, pues comunica no solo la idea de felicidad, sino también la de una
profunda paz, confort, estabilidad, y grande gozo. Así que debemos tener cuidado
cuando leemos el texto del Nuevo Testamento, para no leerlo con los lentes del
entendimiento popular de la felicidad, y así perder el concepto bíblico del gozo.

Piensa de nuevo en la canción por McFerrin. La letra es extraña, desde la perspectiva


contemporánea. Cuando canta: “Don’t worry, be happy (no te preocupes, sé feliz)”, está
hablando en imperativo, un mandamiento: “No estés ansioso. En lugar de eso, sé feliz”.
Nos está dando un deber, no una sugerencia. Pero nunca pensamos en la felicidad de
esta manera. Cuando no somos felices, pensamos que es imposible decidir por un acto
de la voluntad el cambiar nuestros sentimientos. Tendemos a pensar en la felicidad
como algo pasivo, algo que nos pasa y sobre lo que no tenemos control. Es involuntario.
Sí, lo deseamos y queremos experimentarlo, pero estamos convencidos de que no
podemos crearlo por un acto de la voluntad.

Extrañamente, cuando McFerrin manda a sus escuchas a que sean felices, suena mucho
como lo que vemos en el Nuevo Testamento. Una y otra vez en las páginas del Nuevo
Testamento se comunica la idea del gozo como un imperativo, una obligación. En base
a la enseñanza bíblica, yo inclusive diría que es un deber cristiano, su obligación moral,
el tener gozo. Eso quiere decir que cuando un cristiano falla en tener gozo, está
pecando, y que la falta de felicidad y gozo son, en cierta manera, manifestaciones de la
carne.

Por supuesto, hay veces en que nos llenamos de dolor y tristeza. Jesucristo mismo fue
llamado “varón de dolores y experimentado en aflicción” (Is. 53:3). Las Escrituras nos
dicen: “Mejor es ir a una casa de luto que ir a una casa de banquete” (Ecl. 7:2a).
Inclusive en el sermón del monte, Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, pues
ellos serán consolados” (Mt. 5:4). Puesto que la Biblia nos dice que es perfectamente
legítimo experimentar lamento, dolor, y duelo, esos sentimientos no son pecaminosos.

Sin embargo, quiero que veas que las palabras de Jesús se pueden traducir como
“gozosos son los que lloran”. ¿Cómo puede una persona llorar y permanecer en gozo?
Bueno, creo que podemos desenredar eso fácilmente. El corazón del concepto del gozo
en el Nuevo Testamento es este: una persona puede tener el gozo bíblico aun cuando
está en lamento, sufrimiento, o pasando por circunstancias difíciles. Esto es porque el
llanto de la persona está dirigido hacia un asunto en específico, pero al mismo tiempo,
posee una medida de gozo.

¿Cómo podemos regocijarnos siempre?

En su carta a los filipenses, el apóstol Pablo habla acerca del gozo y acerca del deber
cristiano a regocijarse una y otra vez. Por ejemplo, escribe: “Regocíjense en el Señor
siempre” (4:4a). Este es un imperativo bíblico, y no deja lugar para no regocijarse;
Pablo dice que los cristianos deben regocijarse siempre, no a veces, periódicamente, u
ocasionalmente. Luego agrega: “Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!” (4:4b). Pablo escribió
esta epístola desde la prisión, y en ella habla de cosas sombrías, como la posibilidad de

Javier Gómez O.
ser martirizado y derramado como sacrificio (2:17). Y aun así le dice a los creyentes
filipenses que deben regocijarse a pesar de las circunstancias en las que se encontraba.

Esto nos regresa esta cuestión de cómo podemos tener gozo como una disciplina de la
voluntad. ¿Cómo podemos permanecer gozosos todo el tiempo? Pablo nos da la clave:
“Regocíjense en el Señor siempre” (énfasis agregado). La clave para el gozo cristiano
está en su fuente, la cual es el Señor. Si Cristo está en mí y yo en Él, esa relación no es
una experiencia de a veces. El cristiano siempre está el Señor y el Señor siempre en el
cristiano, y esa siempre es una razón para tener gozo. Aun cuando el cristiano no puede
regocijarse en sus circunstancias, si pasa por dolor, lamento, o tristeza, aun puede
regocijarse en Cristo. Nos regocijamos en el Señor, y ya que nunca nos deja ni nos
abandona, podemos regocijarnos siempre.

Javier Gómez O.

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