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Ética en Investigación y Diagnóstico Psiquiátrico

El resumen analiza tres notas sobre casos de investigaciones médicas y diagnósticos psiquiátricos problemáticos. La primera nota describe una investigación en Brasil sobre un medicamento para Covid que omitió informar sobre muertes y no obtuvo consentimiento informado. Las otras notas tratan sobre diagnósticos psiquiátricos erróneos que llevaron a internaciones forzadas y pérdida de autonomía de las personas.

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Ética en Investigación y Diagnóstico Psiquiátrico

El resumen analiza tres notas sobre casos de investigaciones médicas y diagnósticos psiquiátricos problemáticos. La primera nota describe una investigación en Brasil sobre un medicamento para Covid que omitió informar sobre muertes y no obtuvo consentimiento informado. Las otras notas tratan sobre diagnósticos psiquiátricos erróneos que llevaron a internaciones forzadas y pérdida de autonomía de las personas.

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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Facultad de psicología

Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos


Cátedra II: Julieta Bareiro
Profesor: Martín Pallares
Comisión 10
Primer Cuatrimestre - 2022

Nombre: Florencia Belén Pelero


Libreta N°: 421782920
Mail: [email protected]
Responda:

En referencia a la Nota N°1:

1. ¿Qué requisitos no se cumplen o que dificultades éticas presenta la investigación?


Para comenzar a desarrollar esta pregunta, me parece pertinente mencionar la definición
de investigación de Franca Tarragó (1996), la cual refiere a que es “…toda clase de
actividad diseñada a aumentar el conocimiento objetivo de la realidad por medio de
teorías, principios y relaciones de causalidad, que puedan ser corroboradas y aceptadas
por la observación y la inferencia científica.” (p.73) Existen diversos tipos de
investigaciones con distintos objetivos, y hay posibilidades de que aparezcan cierta
cantidad de dificultades éticas en estas. Al pensar en la Nota N°1, ya comienza con un
error desde el inicio al hacer una investigación sin proveer la suficiente información a
quienes toman el medicamento, lo cual profundizaré más adelante al tener en cuenta los
criterios éticos.
En esta investigación realizada en Brasil, podría decirse que existen dificultades éticas
previo al inicio de esta, como también durante, pero sus principales dificultades
aparecen posteriormente al recabar los datos. Una de las primeras observaciones que
podría realizar en esta nota es que se genera un fraude investigativo, el cual refiere
según a Franca Tarragó (1996), haciendo mención a la Real Academia de Lengua
Española, a un “…abuso de confianza que prepara o produce un daño” (p.94). Este
fraude aparece tanto desde la omisión de ciertos datos, como por ejemplo que hay
personas que pueden morir al realizar el tratamiento; como también la selección de
material que intencionadamente se disimula para que no sea observable el prejuicio
investigativo, entre otros. Esta nota se presenta como un total fraude ya que no sólo
omitían los datos respecto a las muertes provocadas por el medicamento, sino que
también generaban que las personas decidieran hacer el tratamiento con información
acotada, apareciendo así ese “disimulo” mencionado. Para citar a la nota, “el argumento
de la empresa es que la prescripción de remedios no recomendados era parte de la
relación médico-paciente, algo que niegan los denunciantes”. Respecto a esto también
puede ser mencionado el criterio ético que no es cumplido aquí, y es aquel referido al
consentimiento, desde el cual no se cumplen todos los requisitos, ya que por más que el
paciente sea competente y su participación fuera voluntaria, no se le dio la información
suficiente y adecuada para que pudiera saber cuáles podrían ser sus consecuencias. De
esta manera, sería oportuno mencionar que las personas no tenían una participación
realmente voluntaria ya que la veracidad estaba puesta en juego. Con la información
que poseían podrían haber incluso requerido estar en el estudio, pero si hubieran tenido
los datos necesarios probablemente no lo hubieran hecho.
Otro criterio ético incumplido, es aquel referido a que los riesgos sean razonablemente
proporcionados, según el cual “sería reprobable coaccionar a los posibles candidatos a
participar de una determinada investigación presentándola “como algo absolutamente
imprescindible para el avance de la ciencia”.” (Franca-Tarragó, 1996, p.99). Este podría
ser tomado desde un lado más inferido, ya que realmente no se hace mención en la nota
a cuál fue la excusa dada para que les participantes quisieran tomar las medicaciones,
mencionando únicamente un acuerdo mutuo. Pero se podría decir que, al estar en un
contexto de Covid-19, donde todavía no había una cura, estas medicaciones pudieron
haber sido planteadas como un posible avance de la ciencia si eran efectivas. Incluso, si
esta no hubiera provocado muertes, podría no haber sido noticia desde un lado negativo,
sino que se hubiera publicado previamente como un gran logro para la ciencia,
ocultándose la manera en la que éste se encontró. De todas maneras, esto es planteado
como una hipótesis ya que el artículo periodístico no provee este tipo de información.

Según la Nota N°2:

2. Vincule el caso con la noción de diagnóstico de Reich como problema ético.


El autor Walter Reich en su capítulo “El diagnóstico psiquiátrico como problema ético”
(2001) menciona que “el problema ético del diagnóstico surge del peligro del abuso,
es decir, de la mala aplicación consciente de categorías diagnósticas a quienes no les
corresponden (…)” (p.189). Hace mención también a que existen diversos efectos que
genera este abuso, como por ejemplo la pérdida de libertad personal, ser sometide a
tratamientos psiquiátricos y también el etiquetamiento que esto genera de por vida. Esto
ya es observado desde un primer momento en la nota planteada, ya que María del
Carmen Senem de Buzzi fue internada en un hospital psiquiátrico, no solo contra su
voluntad, sino que fue sometida a tratamientos que probablemente no necesitaba.
Dentro de este análisis se podría mencionar la diferenciación entre los diagnósticos
erróneos intencionados y no intencionados. El primero, según Reich (2001), es aquel
donde se aplica este de manera inadecuada siendo conscientes de este acto, con la
intención de alcanzar un fin fuera de lo clínico. El segundo, y es en el cual me centraré,
es el no intencionado, que refieren a aquellos más sutiles e insidiosos. De todas formas,
“el mero hecho de que algo no sea totalmente intencionado no supone que sea
totalmente no intencionado” (p.190).
Según el informe periodístico, María del Carmen “(…) se presentó en un juzgado de
familia a solicitar un tratamiento para su hijo que sufría adicción a las drogas. (…) Una
jueza nacional ordenó que la sometieran a una pericia psiquiátrica que duró apenas unos
minutos y dispuso su internación forzosa”. Esto habla del carácter de acto social que
posee el diagnóstico para Reich (2001), donde el psiquiatra observa y juzga
comportamientos del “paciente” en relación a una norma social.
Este texto se centra en cómo el diagnóstico erróneo no intencionado aparece como
solución para los problemas humanos, ya que puede transformar el miedo a lo
desconocido en un bienestar. Quisiera destacar dos modos de utilización del diagnóstico
que considero apropiadas para el caso de María del Carmen: el primero es el
diagnóstico como explicación, mitigación y exculpación, el cual refiere a la necesidad
de un diagnóstico con la intención de ofrecer explicaciones instantáneas, según el cual
se pueden explicar y justificar diversos comportamientos humanos que generan
extrañeza, molestia, entre otras cosas. Y el segundo, sería aquel utilizado como medio
de descrédito y castigo, referido a cómo este puede desacreditar a una persona
totalmente a la hora de dar opiniones, accionar, entre otras cosas. Desde esta
perspectiva, se utiliza al diagnóstico como arma (Reich, 2001). Pensando en estos
modos de utilización del diagnóstico, en María del Carmen se puede visualizar cómo se
buscó dar una explicación instantánea, al haber estado solamente unos minutos con el
psiquiatra, obteniendo así un diagnóstico de manera muy rápida. También es visible
cómo éste desacreditó su pedido de ayuda respecto a su hijo que era adicto a las drogas,
el cual era el motivo por el que ella había llegado al juzgado.
Una frase de la nota que me gustaría destacar es “Durante los primeros 15 días de
internación, María del Carmen permaneció completamente aislada (…). Su voz y
opinión fueron ignoradas de manera sistemática. Jamás pudo conocer la razón por la
que se encontraba allí, ni recibió información sobre su tratamiento médico”. De esta
manera, es como se observa esta falta de respeto a la autonomía de María del Carmen,
distinguiendo también las maneras en que el diagnóstico soluciona, pero no tiene en
cuenta muchas veces lo que una persona puede pasar con este. Desde mi posición y
visión, considero que este caso es uno de muchos, los cuales han generado una baja
creencia en la Ley de Salud Mental de nuestro país, cuando a pesar de haber sucedido
esto con la Ley anterior, seguía siendo incumplida. Incluso el día de hoy se escucha en
distintos ámbitos, que las personas al requerir asistencia médica no la piden, a causa de
una baja creencia en la aplicación de dicha Ley.

Tomando la Nota N°3 y Nota N°4:

3. Y en relación al texto “Reflexiones para una ética del proceso terapéutico de M. L.


Rovaletti”: ¿Qué premisas estarían en juego si ocurriese este diagnóstico en el ámbito
clínico?
El Síndrome de Alienación Parental, según la Nota N°4, “sostiene que los niños
pueden ser manipulados psicológicamente para denunciar a uno de sus progenitores y
que el contenido de esas denuncias es fruto de un invento inoculado por el otro de los
progenitores, generalmente la madre”.
En base a esta definición, se podría decir que este diagnóstico en el ámbito clínico no
sería éticamente correcto ya que se realiza en base a un prejuicio que nace desde una
mirada patriarcal, puesto en palabras como un síndrome, el cual es carente de aval
científico. Este accionar deja en absoluta desprotección a les niñes, revictimizándoles y
disminuyendo las probabilidades de que las madres expongan a sus hijes al proceso
judicial.
Desde la postura del terapeuta, Rovaletti (1995) menciona que “la responsabilidad del
terapeuta constituye un caso particular de la “responsabilidad profesional”. La
responsabilidad no sólo alcanza a sus propios actos sino también al uso que de ellos se
haga” (p.33), por ende, si un profesional realizara este diagnóstico, no estaría
cumpliendo con esta responsabilidad al no creer en el relato de ese niñe y juzgar a su
madre. Desde esta perspectiva, como es mencionado en la nota N°3, la mayoría de las
madres serían “manipuladoras inescrupulosas”, y se utilizaría este síndrome para
revincular a niñes con padres denunciados por abuso sexual. Puede pensarse, que esto
no sería correcto desde una mirada ética, teniendo en cuenta la perspectiva de género, y
la responsabilidad del terapeuta como profesional de la salud.
Las premisas que se pondrían en juego si este diagnóstico ocurriese en el ámbito
clínico podrían ser, que el paciente tiene derecho a recibir un tratamiento, y que este
sea ofrecido por un agente competente (Rovaletti, 1995). Ya de por sí, esto en este
caso no sucedería, ya que quien ofrece este tratamiento lo hace en base a un síndrome
inexistente, lo cual podría generar ciertas dudas respecto a su competencia y ética
profesional.
Otra premisa que entraría en juego es aquella respecto a que el paciente tiene el derecho
al tratamiento más apto, recibiendo información previa para firmar un consentimiento
informado. Respecto a esta, podría afirmar que no es lícito desde el rol profesional
ofrecer un tratamiento en base a opiniones e ideologías propias, por lo cual este, en ese
caso, no sería apto, ya que ofrecerlo teniendo la idea de que une niñe es manipulade por
su madre para denunciar a su padre de abuso sexual no sería adecuado. En todo caso, de
ser necesario, podría ofrecerse un acompañamiento que aloje a ese niñe víctima de
abuso sexual.
Por más de que este síndrome no se encuentre en manuales de diagnóstico, lo cual ya
debería dar un indicio respecto a la práctica profesional de quienes lo avalan, tampoco
prioriza a les niñes, centrándose solamente en cómo estes son manipulades por sus
madres, quedando estas en un lugar de “locas, mentirosas”. Es por esto, que aplicarlo en
el ámbito clínico sería éticamente incorrecto al estar basado puramente en ideologías y
desinformación. Desde mi perspectiva, es hasta sorpresivo que incluso actualmente se
siga priorizando la opinión o descargo de padres, hombres, abusadores de sus hijes,
antes que las palabras de una madre, mujer, en busca de que la justicia pueda garantizar
los derechos de su hije.

4. ¿Qué particularidades presentaría la clínica con niños según lo que analiza G. Rinaldi
en el texto “El niño como sujeto de derecho” a la luz de la nota N°4?
La clínica de niños, a diferencia de la de adultos, presenta múltiples actores, más allá
de la relación paciente-profesional. Esto es visible a la hora de pensar en la demanda
de un espacio terapéutico, ya que como menciona Rinaldi (2013) “en lo que atañe a la
demanda de análisis, en general nunca surge desde el niño, quien siempre es traído a la
consulta” (p.2). Esto puede darse tanto por les xadres de le niñe, como también por su
escuela u otras instituciones.
Rinaldi (2013) menciona en su texto que, al pensar en la práctica, muchos casos
terminan con le niñe como el centro de la problemática. Ese es el miedo planteado en la
nota periodística, ya que se menciona en repetidas ocasiones el terror para las madres de
ir a una Cámara Gesell con su niñe y que no crean, o no escuchen, lo que puede estar
diciendo.
Las particularidades que se dan en la clínica de niñes que menciona Rinaldi a la luz de
esta nota, refieren a la diferenciación entre une niñe con demanda de análisis por
problemas, por ejemplo, en la escuela; y une niñe con demanda de análisis por Abuso
Sexual o Maltrato Infantil. En el primer caso, se podría mencionar cómo a la hora de
intervenir, sería recomendable implicar a les xadres y no culpabilizarlos de aquella
sintomatología que le niñe pueda tener (Rinaldi, 2013). Pero en el segundo caso, no se
debería esperar a realizar una denuncia penal rompiendo el secreto profesional, ya que
lo que se debe priorizar es la salud integral de le niñe. De todas maneras, si la sospecha
fuera que el abuso proviene por fuera del ámbito familiar, si se podría implicar a estes
xadres, con la intención de indagar más, pero realizando igual la denuncia pertinente.
La nota periodística refleja el caso de una jueza que les xadres (sobre todo madres)
denuncian que no cree a sus niñes llevados a Cámara Gesell, ya que o no les permite
hablar o no les cree a la hora de escucharles. Esto, no sólo resultaría peligroso para con
la integridad de le niñe, sino que es éticamente incorrecto. Por más que no sea una
psicóloga y base su interpretación en la escucha, estando en un ámbito judicial, lo
primordial debería ser escuchar a este niñe, y en base a eso accionar de manera
interdisciplinaria. ¿Existiría el caso en que aquelle niñe pudiera estar mintiendo? Nadie
niega eso, pero no debería ser la primera hipótesis realizada por une profesional en el
caso de presentarse un posible abuso sexual o maltrato infantil. Primero debería tener en
cuenta su discurso, tomando las precauciones y medidas necesarias para que este no
pueda ser expuesto a más peligro. Y, en segundo lugar, quizás sí, encontrar pruebas que
culpabilicen a este acusade. Aunque, de todas maneras, si no se encuentran estas,
siempre debería estar priorizada la palabra de le niñe.

Utilizando alguno de los talleres/charlas brindadas por instituciones:

5. Tome un aspecto de alguna de las visitas pedagógicas (presenciales o virtuales) que le


permita reflexionar acerca del rol profesional del psicólogo.
La visita pedagógica elegida en este caso es “Implementación de IVE/ILE en el
AMBA”.
La trabajadora social y la médica generalista del CAP 30 de Almirante Brown, forman
parte del equipo interdisciplinario de la Consejería en Salud Sexual y Reproductiva que
funciona dentro del efector. Las mismas mencionan su articulación con la psicóloga del
lugar, quien, si bien no estuvo presente el día del encuentro, cumple un rol importante
dentro de este. Por ende, cabría preguntar cuál sería el rol de le psicólogue,
puntualmente en el ejercicio de la interrupción voluntaria.
La Ley 27.610 (2020), de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) dispone que hasta
la semana 14 de edad gestacional inclusive, toda persona con capacidad de gestar tiene
derecho a interrumpir su embarazo de manera voluntaria. Fuera de este plazo, podrá
decidir interrumpir el embarazo en el caso de que el mismo fuera producto de una
violación o pusiera en riesgo la salud integral o la vida de la persona gestante. En base a
esto, el equipo de la consejería trabaja para garantizar el acceso a este derecho.
Como eje principal de la consejería, podría destacar el respeto a la autonomía de la
persona gestante en cuestión ejercido por les profesionales. Este se encuentra
mencionado en el Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la
interrupción voluntaria y legal del embarazo (2021), como parte del “proceso de
atención integral de IVE/ILE”, entre otros aspectos igual de relevantes.
Profundizando en el aspecto seleccionado, al pensar este desde el rol de le psicólogue,
podría decirse que a la hora de acompañar en los casos de IVE/ILE, la intención desde
nuestro rol debería ser puramente de escucha, ofreciendo un espacio donde la persona
expuesta a este procedimiento pueda decidir en base a su autonomía, de manera
completamente informada. Gabriela Perrota (2018) menciona que “nuestro rol es
fundamental en los casos de riesgo psíquico”. Esto referiría, a que por más que
podamos acompañar a aquellas personas gestantes que estén seguras de su decisión, se
pueden presentar algunos casos donde la persona se encuentre más insegura, o incluso,
el motivo de su embarazo sea problemático para elle. En los casos de riesgo psíquico,
nosotres deberíamos establecer que esa persona puede abortar en base a este
acompañamiento y seguimiento de aquelle.
De todas maneras, en la consejería solo utilizan el espacio terapéutico cuando la
trabajadora social y la médica generalizada lo consideran pertinente, llamando a la
psicóloga del espacio en momentos específicos, no en todos los casos. Se podría pensar
en base a esto: ¿no sería un mejor espacio si fuera pensado desde un aspecto
interdisciplinario donde en la consulta estuvieran las tres? ¿No debería estar la
psicóloga presente desde el primer encuentro?
Bibliografía.
 França- Tarragó, O. (1996) Ética para psicólogos. Ética de la investigación en
Psicología y Psiquiatría (pp. 76-116) Bilbao, Desclée De Brouwer.
 Reich, W. (2001). El diagnóstico psiquiátrico como problema ético. En S. Bloch, P.
Chodoff, S. Green (Eds.). La ética en psiquiatría (pp. 189-216). Madrid: Triacastela
 Rovaletti, M.L. (1995). Reflexiones para una ética del proceso psicoterapéutico. En
M.L. Rovaletti (Ed.), Ética y psicoterapia (pp. 29- 44). Buenos Aires: Biblos.
 Rinaldi, G. (2013). El niño como agente de Derecho. Las limitaciones del analista en el
ejercicio del rol en la clínica de niños. Ponencia presentada en Terceras Jornadas de
Psicología Evolutiva Niñez, Cat. I, Facultad de Psicología-Universidad de Buenos
Aires, Buenos Aires (pp. 8).
 Ley 26610. Acceso a la interrupción voluntaria del embarazo

Bibliografía complementaria.
 Perrota, G. (2018). Rol del Psicólogo/a frente a la interrupción legal del embarazo. En
Revista Intersecciones, Facultad de Psicología, UBA. Argentina.
 Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción
voluntaria y legal del embarazo. Ministerio de Salud de la Nación. Actualización 2021.

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