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1981 CIAF Vol 6

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REVISTA CIAF

NORMAS EDITORIALES

La Revista CIAF es una publicación científica del Centro Interamericano de Fotointerprefación,


revista C
CIAF, cuyo primer número apareció en el año de 1972.
Los objetivos de la Revista son: LICENCIA DEL MINISTERIO DE GOBIERNO, RESOLUCION No. 0198 DE FEBRERO 5 DE 1982

1. TAR IFA POSTAL REDUCIDA, PERMISO No. 330 DE LA ADMINISTRACION POSTAL NACIONAL
Presentar los avances de las investigaciones y los progresos técnicos de los Sensores Remotos.
2. Difundir sus aplicaciones en el estudio de los recursos naturales y en las ciencias de la ingeniería.
3. Estimular el entendimiento y la cooperación entre científicos y profesionales Latinoamericanos.
VOLUMEN 6, No. 1-3, pp. 1-654, 1981, BOGOTA-COLOMBIA. ISSN 0120-2499
Se aceptarán para publicación artículos científicos, técnicos, divulgativos y revisiones bibliográ-
ficas sobre sensores remotos y su aplicación en las ciencias naturales y la ingeniería. El idioma oficial
de la Revista es el Español, pero ocasionalmente podrán publicarse artículos en otros idiomas. Unica-
mente serán aceptados para publicación artículos originales que no hayan sido, ni vayan a ser publica-
dos en otros órganos divulgativos cualesquiera que sea su idioma. Es responsabilidad del autor obte-
ner el permiso escrito para reproducir material que haya aparecido en otras publicaciones o que se
considere información restringida. Las opiniones expresadas en los artículos son de responsabilidad
exclusiva del autor.
Los manuscritos para la Revista CIAF deben ser enviados al Editor de la Revista CIAF, Carrera
30 No. 47-A-57, Apartado Aéreo 53754, Bogotá, Colombia. Los autores no recibirán galeras de prue-
ba. El autor tiene derecho a 50 separatas de su trabajo publicado. En el caso de varios autores, sólo el
primero recibirá las separatas.
Para ser incluidos en la Revista CIAF, los artículos deben cumplir con las siguientes normas:

1. El texto debe entregarse en original y en copia, a doble espacio en tamaño carta (21.5 x 28.0 cm),
y sin exceder de 30 páginas, incluyendo tablas, figuras, fotografías, bibliografía, etc.
2. El texto debe ser organizado en la siguiente forma:
Titulo (debe reflejar el contenido en forma clara y concisa)
MEMORIA DEL PRIMER SEMINARIO
Nombre completo del autor y los coautores, incluyendo su dirección.
Resumen en español (con las conclusiones más importantes del trabajo; no debe exceder de
SOBRE EL CUATERNARIO DE COLOMBIA
250 palabras).
- Resumen en Inglés (Abstract).
Bogotá, Agosto 25 al 29 de 1980
Cuerpo y texto principal del artículo, organizado según el siguiente esquema:
1 INTRODUCCION
1.1 GENERALIDADES
1.1.1 Ubicación y acceso del área de trabajo.
- AGRADECIMIENTOS
REFERENCIAS (únicamente las que se citen dentro del texto); como modelo para las refe-
rencias bibliográficas podrán tomarse las que aparecen en el Vol. 5 - No. 1 de la Revista CIAF.
3. Se deben subrayar las palabras que han de aparecer en Itálica.
4. Las figuras, diagramas, dibujos y mapas deben entregarse por separado, sin montar; numerados se-
gún su aparición en el texto. Este número deberá indicarse en el texto, en el lugar donde se ubica-
rá la figura. Sólo se aceptarán originales en papel mantequilla o papel blanco opaco, dibujados en
tinta china. No se aceptarán figuras o mapas a color. En el caso de reducciones deberá tomarse en
cuenta el tamaño de las letras y demás elementos, a fin de que queden legibles. Son preferibles
escalas gráficas en vez de escalas numéricas.
5. Las fotografías deberán entregarse en copias positivas sobre papel brillante (sin montar) en ta-
maño máximo de 13 x 21 cm y con excelente contraste. Las leyendas de las fotografías y demás
figuras deben entregarse en una hoja separada. Ministerio de Obras Públicas y Transporte
6. Las tablas o cuadros se entregarán mecanografiados en tamaño máximo de 13 x 21 cm. Sólo CENTRO INTERAMERICANO DE FOTOINTERPRETACION C.I.A.F.
excepcionalmente se aceptarán plegables.
Bogotá, Colombia
REVISTA CIAF Vol. 6 11-31, 1981

Derechos reservados por:


PRESENTACION
CIAF - Centro Interamericano de Fotointerpretación
Carrera 30 No. 47-A-57
Apartado Aéreo 53754
Con grato placer hacemos entrega a la comunidad científica colombiana e interna-
Bogotá, D. E. Colombia
cional de las Memorias del Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia.
La realización de este certamen se engendró en la mente ávida de conocimientos
Publicada con la colaboración de COLCIENCIAS
del que fuera nuestro colega y amigo, el doctor Servio Tulio Benavides (q.e.p.d.) quien,
consciente de la necesidad de desarrollar las Ciencias Humanas y las Ciencias de la Tierra,
EDITORES
directamente relacionadas con los fenómenos acaecidos durante el último período geoló-
gico, concibió la idea de reunir a todos los profesionales de estas disciplinas cuaterna-
1972 - 1979 Servio Tulio Benavides Rivera
rias, con el objetivo principal de crear un ambiente propicio, en donde el contacto perso-
1980 - 1981 Salomón B. Kroonenberg
nal y el intercambio de conocimientos condujeran a un lenguaje común.
1982 Jonás León P.
Esta idea fue, desde un principio, apoyada ampliamente por el Centro Interamericano
de Fotointerpretación (CIAF), el Instituto Nacional de Investigaciones Geológico-Mineras
Consejo Consultivo de la REVISTA CIAF
(INGEOMINAS), el Instituto Geográfico "Agustín Codazzi" (IGAC), la Universidad Na-

Presidente cional de Colombia, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la


Hernán Rivera H.
Sociedad Colombiana de Geología, a los cuales se unió la Sociedad Colombiana de la
Secretaria Liliana O. de Cárdenas
Miembros Luis Carlos Molina M. Ciencia del Suelo.
Sea la oportunidad de expresar nuestra gratitud a todas y cada una de las personas
Jonás León P.
que conformaron el Comité Organizador, así como a las entidades oficiales y privadas
Juan B. Alzate B.
sin cuyo apoyo económico no hubiera sido posible realizar el encuentro ni dar a conocer
Gonzalo Ricardo
los trabajos presentados, los cuales, por su importancia para la comunidad científica
Salomón B. Kroonenberg
nacional e internacional, se publican en este número especial de la Revista CIAF y como
Leonidas Mejía C.
muestra del impulso que ofrece el Centro a todas las actividades que apuntan al desarrollo

Director de la tecnológico del país.


Durante el evento se rindió un homenaje de admiración al profesor Dr. Thomas van
Publicación : Hernán Rivera H.
der Hammen, al cumplir 25 años de una intensa y fructuosa labor en pro del desarrollo
de los conocimientos sobre el Cuaternario de Colombia. Confiamos plenamente en que
numerosos investigadores, pertenecientes a. todas las disciplinas interesadas responderán
positivamente al reto de continuar esta obra y no tardarán en producir resultados suficien-
tes para justificar la organización de un segundo seminario.
El evento fue instalado oficialmente por el señor Viceministro de Obras Públicas y
VENTA — CANJE Transporte, doctor Roberto Martínez Rubio y la sesión de clausura estuvo a cargo del
doctor Michel Hermelín, Director del Instituto Nacional de Investigaciones Geológico-
Centro Interamericano de Mineras, en representación del Señor Ministro de Minas y Energía.
Fotointerpretación

Oficina de Documentación e Información HERNAN RIVERA HERMIDA


Carrera 30 No. 47-A-57
Teléfono 2680300 - 2
Bogotá, D. E. Colombia

III
ENTIDADES ORGANIZADORAS

— Centro Interamericano de Fotointerpretación — CIAF


- Instituto Nacional de Investigaciones Geológico-Mineras -- INGEOMINAS -
- Instituto Geográfico "Agustín Codazzi" — IGAC -
- Universidad Nacional de Colombia — UN -
- Academia Colombiana de Ciencias Exastas, Físicas y Naturales
- Sociedad Colombiana de Geología — SCG -
- Sociedad Colombiana de la Ciencias del Suelo — SCCS —

ENTIDADES PATROCINADORAS

- Instituto Colombiano de Fomento de la Educación Superior — ICFES


- Fondo Colombiano de Investigaciones Científicas y Proyectos Especiales "Francisco
José de Caldas" — COLCIENCIAS — (Proyecto PNUD-UNESCO-Col. 76/005)
— Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República
- Agencia de Comunicación Internacional de los Estados Unidos de América —USICA-
Texas Petroleum Company — TEXACO -
- Empresa Colombiana de Minas — ECOMINAS -
- International Petroleum Colombia Ltd — INTERCOL —
Centro Nacional de Hotelería y Turismo, SENA.
— AV IATUR
— INTEGRAL Ltda.
— COMTECO Ltda.
— Phillips Petroleum Company

COMITE DIRECTIVO

Presidente:

Hernán Rivera Hermida Director General, CIAF

Miembros:

Michel Hermelin Director General, INGEOMINAS


Alvaro González Fletcher Director General, IGAC
Jorge A. Brieva Bustillo Decano, Facultad de Ciencias U.N.
Jorge Arias de Greiff Presidente, Academia de Ciencias
Ignacio Cucalón Henao Vice-Presidente, Sociedad Colombiana de Geología

V
r

LISTA DE PARTICIPANTES — LIST OF PARTICIPANTS

Alemania IR FA) Gustavo Contreras C. Alfonso López R.


COMITE ORGANIZADOR Claudia Córdoba G. Jorge E. López R.
Gerhard Barthels Jorge Córdoba L. Luz M. López G.
Presidente: Horst Fólster Abdón Cortés L. Margarita M. López L.
Claudio Ochsenius Gonzalo Correal U. Marlene López H.
Hernán Rivera Hermida (CIAF) Uriel Coy V. José A. Lozano I.
Brasil J. Alberto Cristancho P. Ana M. Groot de Mahecha
Secretario Ejecutivo: Ignacio Cucalón H. Olmedo Manajarrés C.
María Luisa Lorscheitter B. Manuel Del Llano B. Aramís Martínez G.
Hernando Dueñas Jiménez (I NGEOMI NAS) Wilson Devia A. José I. Martínez R.
Canadá Hernando Dueñas J. Juan M. Martínez G.
Secretaria: Luis G. Durán S. Julio C. Martínez H.
Miguel Bombín Olga C. Escobar G. Sonia Hincapié de Martínez
Lucía Hoyos de Khobzi Eufredo Escorce B. Teresa Márquez M.
Colombia Jaime Espejo G. Lennart Mattsson
Jairo Esquivel B. Jaime Maya G.
Miembros permanentes:
Carlos E. Acosta A. Armando Estrada M. Jean Maymard V.
Roberto Acosta R. Andrés Etter R. Germán Mejía G.
Gonzalo Correal Urrego (UN-Academia de Ciencias), Manuel del Llano Buenaventura
Amparo R. Alvarez A. Antonio Florez Miguel A. Méndez G.
(UN-Academia de Ciencias), Fabian Hoyos Patino (INGEOMINAS- Soc. Col. Geol.),
Eduardo Alvarez, V. Donato Florez H. Domingo Mendivelso L.
Jack Khobzi (CIAF I, Salomón B. Kroonenberg (CIAF), Clara Merino de Montaña (Soc.
Martín A. Alvarez V. Joaquín Fonseca B. Hans J. Meyer
Col. Geol.), Luis I. Olarte R. (Soc. Col. Ciencia del Suelo), Alfonso Pérez Preciado
Rodrigo Alvarez A. María Cristina Franco A. Hernán Mojica R.
(IGACI, Alberto Villegas B. (INGEOMINAS).
Juan B. Alzate V. Venancio Galindo T. Jairo Mojica C.
Germán Andrade P. David G. García M. Joaquín Molano B.
Colaboradores:
María Angela Andrade P. Manuel García L. Blanca Ochoa de Molina
Porfirio Andrade S. Carlos E. Gómez V. Dora E. Molina B.
Carlos E. Acosta A. (U.N.), Raúl Cadena S. (U.N.), Luis G. Durán S. (Soc. Col. Geol.),
César Arana V. Hernán Gómez M. Elkin Molina
Flor E. Gamba O. (INGEOMINAS), L. Albino León S. (CIAF), Jairo Mojica C. (U.N.),
Gerardo Ardila C. Alberto González M. Jorge Molina G.
María Teresa Murillo P. (Acad. de Ciencias), Carlos Ortiz (INGEOMINAS), Félix Ortiz V.
Jorge Arias de Greiff Alvaro González F. Clara Merino de Montaña
(UN), María Bernarda M. de Suárez (Soc. Col. Geol.), Jean Claude Thouret (IGAC), Julio
Luis E. Ayala C. Alvaro J. González G. Jorge E. Morato L.
A. Triviño T. (CIAF I.
Isauro Bahamón C. Daniel J. González P. Elsa A. Rodríguez de Moreno
Margarita Barrera G. Doralba González Jorge E. Moreno P.
Excursiones:
Lisandro Beltrán M. Henry González O. Julio E. Moya B.
Sabana de Bogotá: Thomas van der Hammen (Universidad de Amsterdam), Gonzalo Co- Jaime A. Bernal H. Jorge González C. Carlos Munar P.
Stanley C. Boicourt Luis C. Granados Ch. Víctor Muñoz M.
rreal Urrego (U.N. - Academia de Ciencias), Hernando Dueñas Jiménez (INGEOMINAS),
Adolfo Bolívar B. Benito Guerrero G. L. Armando Murcia L.
Jean Claude Thouret (IGAC).
Gerardo Botero A. Jorge Guerrero Gladys M. Murillo H.
Jorge A. Brieva B. Antonio M. Gutiérrez Andrés Navarro U.
Medellín-Ríonegro-Santa Fé de Antioquia: William D. Page (Woodward Clyde Consul-
Thierry Burel Michel Hermelín A. Luis Navas R.
tants, San Francisco), K. Michael Cline (Woodward Clyde Consultants, San Francisco),
Mauricio Bustamante P. Leonor Herrera A. Alberto Núñez T.
Michel Hermelin (INGEOMINAS), Jorge López Rendón (Suministros de Colombia C.A.),
Humberto Cáceres C. Concha Londoño de Hoyos Luis I. Olarte R.
Michael E. James (Integral Ltda.).
Jorge Campuzano Fabián Hoyos P. Temístocles Ordóñez H.
Rafael Cantor J. Michael E. James María del Rosario Ortiz Q.
Publicación de la Memoria: Jonás C. León y Jack Khobzi con la colaboración de Liliana
Rosa Torres de Cárdenas José M. Jaramillo Abigail Orrego L.
O. de Cárdenas, Gonzalo Correal U., Manuel Del Llano B., Salomón B. Kroonenberg,
Luis E. Castillo P. María Fernanda Jaramillo L. Luis E. Padilla V.
Jairo Mojica B., Luis I. Olarte R., Alfonso Pérez P. y Alberto Villegas B.
Orlando Castillo R. Santiago Jiménez V. María Ligia Palacio V.
Nestor Catuna R. Jack Khobzi Carmen Parada R.
Julio Caycedo P. Salomón Kroonenb'erg Eduardo Parra
Ana E. Concha P. Humberto Londoño C. Alfonso Pérez P.
VI
VII
CONTENIDO — CONTENTS
Giraldo Pérez T. Lucila Suárez P. Francia
Víctor E. Pérez H. Eduardo Tejada S.
Pierre Faivre Página
José Pichott A. Sigifredo Tenjo G.
Alejandro Pineda M. Jean Claude Thouret Bernard Guillet
Javier Pomares A. Gonzalo Valencia H. Francois Soleilhavoup
Mario Valencia C. Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo.— Arias, L.A 1
Jorge H. Posada U.
José Y. Velandia G. Ocurrencia de Glyprodon Clavipes en Colombia.— Bombín, M. 17
Isabel Rey Q. Holanda
Andrés A. Velásquez R. Los mastodontes de Colombia.— Bombín, M. & Huertas, G. 19
Hermes Rincón M.
Mauricio Vélez R. Actividades geológicas de la Estación de Investigaciones Marinas (EDIMAR)
José V. Rincón A. Peter Riezebos
de Margarita, Venezuela.— Breman, E. 43
Hernán Rivera H. Georges Vernette Robert Soeters
Paleoecología de los ostrácodos de pozos perforados en el Cuaternario de
Leonardo Rivera P. Jairo Vesga O. Thomas van der Hammen
Cochabamba, Bolivia.— Breman, E. 45
Sergio Rivera E. Ma. Elvia Villa G.
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary.— Brunn-
Kim G. Robertson Darío V illamizar T.
Perú schweiler, D. 53
Alix A. Rodríguez V. Alberto Villegas B.
Evidencias de cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de
Antonio J. Rodríguez P. Hugo Villota
Francois Mégard Cartagena (Bolívar).— Burel, T. & Vernette, G 77
César J. Rodríguez C. Francisco Zambrano
Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real,
Camilo Rojas R. Martha H. Zapata M.
Reino Unido Bolivia.— Clapperton, C.M 93
Jenny R. Rojas B. Julio E. Zuluaga U.
Quaternary tectonics of Northwest Colombia".— Cline, K.M., Hutchings, L ,
Claudia Romero M.
Chalmers M. Clapperton Page, V.D. & Jaramillo, J. 113
Jaime A. Romero L.
Quaternary activity on the Romeral and Cauca faults, Northwest Colombia"
José M. Royero G.
Estados Unidos de América Cline, K.M., Page, W.D., Arias, L.A., Benalcázar, L.G., Gilliam, M.L ,
Milton J. Rueda S. Venezuela
Cluff, L.S. & López, J.H. 115
Elías Ruiz B.
Dieter Brunnschweiler Quaternary activity on the Palestina fault zone, northwestern Colombia".-
Rosalba Salinas E. Ricardo Alvarez E.
K. Michael Cline Evert Breman Collins, D.E., Benalcázar, G. & Page, W.D 117
Mario Sánchez
Daniel Collins Roberto Bustos Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de
Marco A. Sánchez
William D. Page Dimas Malagón C. Colombia.— Correal, G. 119
Federico Solano C.
Robert H. Stewart Irma C. Martínez U. La ordenación funcional y el arreglo de secuencias en suelos cuaternarios de
Otoniel Soto C.
Joanne L. de Stewart Duilio Matheus P. Colombia.— Del Llano, M. & Pichott, J. 177
Johanna Ma. V. de Speelman
Vegetation-climatic relation of cold-phase paleosols in the Colombian Andes
Fólster, H 193
Consideraciones litoestratigráficas y genéticas sobre la secuencia sedimentaria
compleja presente en los alrededores de Bojacá y Madrid (Cundinamar-
ca).— Gómez, H 201
Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundina-
marca según análisis por el método del "C.— Guillet, B. & Faivre P. . . 215
Morfogénesis de la cuencia del río Grande, Antioquia, Colombia*.— Herme-
lín, M. & Hoyos, F 223
Relaciones entre ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río
Caquetá en Colombia.— Herrera, L. 225
Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia, Colom-
bia.— Hutchings, L., Turcotte, T., McBride, J. & Ochoa, H 243
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
4 (Colombia y Venezuela).— Khobzi, J 257
lgnimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila, Colombia, y su influen-
cia en el desarrollo morfológico.— Kroonenberg, S., León L.A., Pastana,
J.M. do N y Pessoa, M.R. 293
?‘\Cambios climáticos en el Atlántico Sur durante los últimos 230.000 años
(con base en el análisis de sedimentos del corazón RC-15-94) •.— Loza-
no, J.A. 315
* Resumen — Abstract

IX
VIII
Caracterización mineralógica, micromorfológica y de génesis de suelos en las ANEXOS - ENCLOSURES
planicies cuaternarias de la región sur de San Fernando de Apure (Edo.
317
Apure), Venezuela *. Malagón, D. & Ochoa, G.R. Actividad cuaternaria de la falla Espíritu Santo. Arias, L.A. Fig. 1: Mapa de
Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena.— localización de la falla Espíritu Santo.
319
Martínez, A. Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia, Colom-
El complejo arrecifal de las Islas del Rosario: zonación coralina, sedimentos bia. Hutchings, L. et al: Plate 2: Cross section A - A' of microearthqua-
329
y foraminíferos bentónicos.— Martínez, S. (de) & Vernette, G. kes northern study área.
El Cuaternario de la zona de Huancayo (Andes del Perú central) y su corre- The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits near Mede-
347 llín, Colombia: implications to tectonics and erosion rates. Page W.D.
lación•.— Mégard, F. & Sébrier, M
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colom- & James, M.E. Fig. 3: possible ages of terraces and erosion surfaces using
349 paleomagnetic data. Fig. 7: Rionegro terraces near Rionegro.
bia.— Murcia, L.A. & Marín, P.
Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido Pericaribeño (Colom-
bia, Venezuela, Antillas Holandesas).— Ochsenius, C 365

Problemas geológicos de la Carretera Panamericana en el tramo Timbío-Rosas


y alrededores de la Sierra (Dpto. del Cauca).-- Orrego, A. & Marín, P... . 373
Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental
391
de Colombia.— Padilla, L.E.
Soils developed on a sequence of alluvium-mudflow deposits near Santa Fé
403
de Antioquia..— Page, W.D.
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia.-
407
Page, W.D. & Cline, K.M.
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits near Mede-
llín, Colombia: implications to tectonics and erosion rates.— Page, W.D.
421
& James, M.E.
Landslides and mudflows, mejor contributors to the landscape in Northwest
455
Colombia.— Page, W.D. & James, M.E.
Landslide lakes near Santa Fé de Antioquia.— Page, liV.D.& Mattsson, L. . . 469
Supplementary evidente form quaternary colombian ashes for the source of
479
the "L" Layer (Panamá Basin).— Riezebos, P.
Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo.— Rivera,
487
L. & Granados, L.C.
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena).— Ruiz, E . 505
Algunos datos sobre la edad de dos superficies de erosión en la Cordillera
525
Central de Colombia.— Soeters, R
Una contribución sobre el desarrollo de la parte alta del Valle del río Magda-
529
lena en el Cuaternario.— Soeters, R
Las alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia) y
su interés para el estudio de los procesos geomorfológicos elementa-
537
les.— Soleilhavoup, F.
Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central.—
587
Thouret, J.C. & Pérez, A.
Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colom-
609
bia.— Thouret, J.C. & van der Hammen, T.
Glaciales y glaciaciones en el Cuaternario de Colombia: paleocología y estra-
635
tigrafía •.— Van der Hammen, T.
Glaciaciones en la Cordillera Occidental de Colombia, Páramo de Frontino
(Opto. de Antioquia).— Zuluaga, J.E. & Mattsson, L 639

• Resumen — Abstract

X XI
REVISTA CIAF VOL. 6 11.3), 1 - 16 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

ACTIVIDAD CUATERNARIA DE LA FALLA ESPIRITU SANTO

Luis Alberto Arias López•

RESUMEN

La falla Espíritu Santo localizada al norte del Departamento de Antioquia y de dirección


aproximada N 45'E corresponde a una zona de cizalladura antigua en la cual los rasgos geomorfoló-
gicos rectilíneos más prominentes han sido producidos por erosión diferencial. Esta falla se separa
del sistema de fallas Cauca-Romeral en la Población de Liborina y transcurre a lo largo de 120 km,
con una dirección muy uniforme, hasta desaparecer bajos los sedimentos cuaternarios de los ríos
Cauca y Nechi, al oriente de Cáceres (Ant.).
Varios criterios estructurales, geológicos y sismológicos permiten definir la falla Espíritu San-
to como distinta de aquellas fallas del sistema Romeral y, por lo tanto, cuestionan la hipótesis de
considerarla como la prolongación septentrional de la falla Romeral.
El desplazamiento de la superficie de erosión antigua de la Cordillera Central al norte de los
Llanos de Cuiva y la presencia de depósitos aluviales volcados y probablemente fallados son algunas
de las evidencias de que la falla Espíritu Santo es activa, con un grado de actividad de moderado a
bajo y con una rata de desplazamiento menor de 0.2 mm por año. La falla presenta dos comporta-
mientos diferentes a lo largo de su recorrido, así: en su parte central y septentrional presenta carac-
terísticas de falla normal, con el plano de ruptura buzando con ángulo alto al oeste y con el bloque
oriental levantado y en su parte meridional, el bloque oriental se ha hundido. Estos rasgos podrían
ser el resultado de un movimiento rotacional de ambos bloques con respecto a un eje, lo que produ-
cirla movimientos de sentido inverso hacia los extremos de la traza de falla.
Como efecto de la actividad sísmica en la falla Espíritu Santo y en algunas de las fallas del
sistema Romeral se produjo el levantamiento y hundimiento de algunos de los bloques con el consi-
guiente cambio en el régimen del río Cauca, en esta forma la pendiente longitudinal de 2.6 m/km,
que el río presenta en el tramo localizado al occidente de la falla Espíritu Santo, se asocia con un
levantamiento de la parte sur de dicho bloque.

ABSTRACT

The Espíritu Santo fault corresponds with a zone of older shearing along which differential
erosion has cut a linear geomorphic expression. The fault splays from the Cauca-Romeral fault system
at Liborina in the northern pan of the Departament of Antioquia and follows a straight N45'E trend
for 120 km to the Cauca and Nechi river valleys west of Caceras where the fault disappears beneath
Quaternary alluvial sediments.
Geologic and seismic evidence along the Espiritu Santo fault help to distinguish this fault from
other faults of the Romeral system and there is some question whether the Espiritu Santo should
be considered the main extension of the Romeral fault.
The displacement of an old erosion surtace of the Central Cordillera north of the Cuiva high
plane and the presence of deformad and probably faulted alluvial deposits are some evidence that
the Espiritu Santo is active. The rafe of activity is low to moderate and the vate of displacement is
estimated to be less than 0.2 mm/yr. The fault presents two different behaviors along its length. In
its central and northern part of the Espiritu Santo fault is a normal fault with a steeply west dipping
rupture plane and the east block relatively uplifted while in the southern part, the east block has been
relatively downdropped. This difference could be the result of a rotational movement in both blocks
to produce the inverted sense of displacement with respect to the northern and southern extremities
of the fault trace.

• Integral Ltda. Apartado Aéreo 3036 Medeil in-Colombia


Arias

One consequence of the relative uplift and downdrop of blocks along the seismically active
Espiritu Santo fault and of other faults of the Romeral system is the changa in the stream-slope
gradient of the Cauca river. The steep, 2.6 m/km stream-slope gradient of the Cauca river expressed
west of the Espiritu Santo fault is presumably the result of uplift on the southern part of the western
block.

1. INTRODUCCION
Olp osy Ofp/r7:
r___,/
Olp

Este informe corresponde a un estudio desarrollado en la falla Espíritu Santo, con 1


énfasis especial en la relación que esta estructura guarda con los depósitos cuaternarios
Tu
que se observan en el área. Con este fin se realizó un levantamiento geológico detallado ro rla
;

en el sitio "El Doce", cerca de Tarazá (Ant.), donde la falla cruza depósitos de terraza 7 11-íZoei..
LEYENDA GEOLOGICA
del río Cauca; otros estudios menos detallados se hicieron en la cuenca de la quebrada
Juan García cerca a Liborina (Ant.) y en la población de Briceño (Ant.), sitios en los
Coluviones
cuales la falla presenta expresiones geomórficas marcadas que permiten deducir su com-
portamiento. s.> Bloques aislados .

Este trabajo hace parte de una investigación tectónica más amplia realizada con el ata
fin de evaluar el fallamiento cuaternario en el sistema de fallas Cauca-Romeral dentro gíd Depósitos de canal del cauce presente del Rio Cauca (01c) Depósitos aluviales
de las llanuras de inundación del Rio Cauca y sus tributarios; incluye algunas
del programa de estudios de riesgo sísmico para los proyectos hidroeléctricos de Ituan- terrazas muy bolas (01p).

go y Cañafisto en el río Cauca, llevados a cabo por la firma Integral Ltda. con la aseso- Ole I Depósitos de terrazo del Rio Cauca • can elevaciones no diferenciadas; el tipo de
depósito tampoco es conocido en detalle.
ría de Woodward-Clyde Consultants de U.S.A., para Interconexión Eléctrica S.A. (ISA).
Depósitos. de terraza de los tributarios del Rio Cauca • La elevación y el tipo de
depósito no han sido diferenciados.
2. MARCO GEOLOGICO Y GEOGRAFICO
Ooot Depósito de terrazo del Rio Cauca entre 40-50m. de altura sobre el nivel del Rio
Cauca; con espesores de 30m a 40m., can una copa superior de 10-20m de espesor
Coa
La falla Espíritu Santo tiene una dirección general N5(VE y se extiende por una CUATERNARIO < de limo y arena limosa Donde una superficie de forma plana está presente se
mapea como Poot,donde dicha superficie no existe se mapea 000.
longitud de unos 120 km desde la población de Liborina (Ant.) al sur, donde se separa
del sistema de fallas Cauca-Romeral, hasta un sitio al oriente de Cáceres (Ant.) donde Depósitos de terrazo de la quebrada Puri Aproximadamente 8 m. por encima
del nivel de la quebrado. Son depositas generalmente de gravas con espesor de
desaparece bajo los sedimentos cuaternarios de los ríos Cauca y Nechí. Esta falla ha sido 3m a Brn
considerada por Hall y otros (1972) como la prolongación septentrional de la falla Ro-
°ocio Terrazas y depósitos aluviales del Rio Puqui. Elevaciones no diferenciadas. Son
meral; sin embargo, aquí se considera como una falla distinta debido a la diferencia mar- depósitos de 5m a lOrn. de espesor, generalmente constituidos por gravas.

cada en su dirección (N25° E para las fallas de Romeral) y a que ambas estructuras tec- otp Depósitos de terraza, aproximadamente 90 m por encima del nivel actual del
.: oro
tónicas transcurren dentro de asociaciones de rocas de características muy diversas Rio Cauca • Son depositas de gravas gruesas, predominantemente de rocas metamór-
ficas muy meteorizadas de la quebrada Puri (Otp) y del Rio %qui (Otpq).
(v. Fig. 1) e .
A partir de la población de Liborina la falla controla tramos largos de la quebrada 11.7.072 Depósitos aluviales, aproximadamente 164 m por encima del Rio Cauca. Pueden
ser depósitos del Ruz Cauca; se hallan muy disectados y nn poseen forma de
Juan García y de los ríos San Andrés, Espíritu Santo y Cauca; además algunos tributa- terraza. Los depósitos de gravas se hallan completamente meteorizadas a so-
rios de estas corrientes principales aparecen igualmente alineados. Dentro de las cuen- arable, sin núcleos de roca excepto en las gravas de cuarzo.

cas principales la falla se expresa además por medio de quiebres prominentes de la pen-
Tu Luti tos y areniscas generalmente ricos en cuarzo.
diente de las laderas. Los escarpes pronunciados de los valles de los ríos a lo largo de la
TERCIARIO
zona de falla, en contraste con las pendientes más suaves de las partes altas o divisorias Tug Areniscos, conglomerados y lufitos generalmente ricas en cuarzo.
de agua, a lo largo de la misma traza, indican que la zona de falla de Espíritu Santo co-
rresponde a una zona antigua de debilidad de la corteza en la cual muchos de los rasgos
Dienta a grakodiorita
geomorfológicos más pronunciados han sido producidos por erosión diferencial. Esta
CRETACEO {
característica es particularmente evidente en la divisoria de aguas de los ríos San Andrés s Zona de callamiento lentes de distintos tipos de rocas metamórficas de
y Espíritu Santo, donde no se observan silletas (boquerones) o cambios mayores de ele- edad paleozOica, altamente plagados.

vación a ambos lados de la falla.


La falla Espíritu Santo se desarrolla esencialmente dentro de rocas metamórficas
Rocas metamórficos no diferenciadas. Generalmente neisea y esquistos.
paleozoicas (esquistos verdes y negros, esquistos cuarzo-feldespáticos, cuarzo-sericíti-
cos, cloríticos y actinolíticos, y anfibolitas) Y rocas precámbricas (neis de Pescadero);
hacia la parte norte se desarrolla dentro de rocas sedimentarias terciarias y en algunos
tramos locales se halla cubierta por depósitos cuaternarios antiguos y recientes. En con-
traste con este marco geológico las fallas del sistema de Romeral transcurren dentro de

• Ver ANEXOS.

2
Actividad Cuaternaria da la falla Espíritu Santo

CON V E NCION ES

Fallo con lineo continuo donde es marcada y/o se observa;


punteada donde es aproximada.

Alineamiento, posible fallo.

Contactos : punteado donde es aproximado, continuo donde se observo

Dirección y buzamiento de lo estratificación

oe. Deslizorniento

...rclo• Foboctón

Dereecion y buzamiento en zonas de talla

SCARPE
PRONUNCIADO So0 coa 1500 2500a

r. .• • Escolo aproximado
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Figura 2

MAPA G E O LO GICO DEL AR EA DE "EL DOCE"

3
Actividad Cuaternaria de la falla Espentu Santo

QTC 4 . Proyeccii. de una terraza situado a 600.. al norte del corle,


que *enano o 54. por encimo del nivel del n'o Cauce

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CORTE GE O LOG I CO A - A' EN EL AREA DE "EL DOCE"

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CORTE GEOLOGICO 111-8' EN EL AREA DE "EL DOCE"

6
Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo

una asociación más compleja de rocas volcánicas y sedimentarias cretáceas denominada


Complejo Ofiolítico del Cauca (Restrepo y Toussaint, 1973), de rocas metamórficas pa-
leozoicas y de varias unidades intrusivas de edades diferentes.
En las rocas metamórficas antiguas la falla Espíritu Santo se presenta como una zona
de cizallamiento de espesor muy variable, conformada por muchas trazas delgadas (50 a
80 cm ) de roca milonitizada, que en su conjunto conforman zonas de falla hasta de 30
m de espesor, como sucede con un corte de carretera cerca al río Pescado (entre Puerto
Valdivia y Tarazá). Las rocas metamórficas afectadas presentan plegamientos marcados
que se hacen más intensos, con desarrollo de microplegamientos, en las cercanías de la
falla; por tanto las direcciones y buzamientos de la foliación son muy variables; sin em-
bargo, las magnitudes de foliación y esquistosidad medidas en las cercanías de la falla
tienden a coincidir con la dirección general de ésta, entre N 30°E y N 45° E. Los valores
medidos de buzamiento fluctúan entre 65° al este y 80° al oeste, predominando aquellos
valores cercanos a la vertical.
Al norte de Puerto Valdivia la zona de falla consiste de tres trazas principales clara-
mente diferenciadas por sus expresiones geomorfológicas (v. mapa geológico del área
"El Doce", Fig. 2) que en conjunto afectan una zona de 300 a 500 m de espesor.
Dos terrosos del no Cauca a 1561. y 164w par socwaa d ami del no Terrosos E
r—ls ICH, de ssoosor *pros , sobra ellos se lo Aluorrellodo un suelo muy espeso
Las grasos 0•16esisoto os tan melearaada• a sowobto , los alados de nov.* 3. COMPORTAMIENTO ESTRUCTURAL DE LA FALLA
rompen latamente
ESPIRITU SANTO

TERRAZA DE LA QUEMADA PURI Para el estudio de la falla Espíritu Santo se escogieron aquellas áreas con expresio-
(Espesor dei deposito 30.
INCLINÁCION DE LA SUPERFICIE nes geomorfológicas y estructurales más notorias. Estas áreas son: "El Doce" cerca a
PLANA le al E 1= OTolo= OTCS
odas lomo Tarazá, los alrededores de la población de Briceño y la cuenca de la quebrada Juan Gar-
alan en III
Sima 1; cía, situados en la parte norte, intermedia y sur de la falla respectivamente. El área de
onsit f &esa
¿•••\ /
/ "El Doce" se escogió como la zona más apropiada para el análisis del comportamiento
TERRAZA

Twg-, O
ra, BARRO BLANCO
",”
estructural de la falla y de sus posibles desplazamientos, por dos razones principales:
Proyectado Mol nov.,*
1) La presencia en el área de terrazas aluviales del río Cauca y de sus tributarios y de
o,„,,0,, otros depósitos cuaternarios sin forma de terraza. 2) Expresiones geomorfológicas muy
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¡ / / / - atRIl /
marcadas producidas por la falla.
45114W °‘,
k 11 ,
( O'
°
4
OFP / I Como resultado de las investigaciones se ha podido tener una imagen del comporta-
4 miento complejo de la falla, la cual presenta características diferentes en áreas distintas.
VEIS Cal CUARZO,
FELDESPATO Y
`1, II
En el área "El Doce" la falla Espíritu Santo exhibe características de falla normal
RUSCORITA
con el plano de ruptura buzando con alto ángulo al oeste y con el bloque oriental levan-
tado. Este comportamiento parece ser muy constante como lo atestiguan las observacio-
nes en los distintos tipos de roca. Así, con base en los niveles de afloramiento de las rocas
metamórficas a ambos lados de la falla, se puede postular un salto vertical de 400 m;
igualmente los buzamientos de la estratificación de las rocas sedimentarias inmediatamente
al oeste de la falla, alcanzan valores de 65° al oeste y disminuyen hasta valores de 10° y
Figuro 4
15° al oeste a medida que se alejan de la fractura, lo cual indica una estructura de arras-
CORTE OEOLOOICO B-O' EN EL AREA DE "EL DOCE
tre con el bloque occidental hundido (ver figuras 3 y 4).
Cerca a la población de Briceño la falla presenta expresiones geomórficas muy mar-
cadas, con colinas alineadas en la dirección de la falla. Por otro lado, el drenaje está con-
trolado por la falla y las corrientes han sido deflectadas en forma tal que indican un des-
plazamiento siniestro-lateral para la falla Espíritu Santo en esta área.

4. ACTIVIDAD CUATERNARIA DE LA FALLA ESPIRITU SANTO

Los depósitos cuaternarios son de gran importancia para la evaluación de las ratas de
fallamiento reciente, ya que dentro de ellos se reflejan sólo los esfuerzos tectónicos tar-
díos, sin interferencias de los sistemas de esfuerzos más antiguos. Además, cuando el de-

7
Arias I Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo

pósito se encuentra en una posición adecuada con respecto a las fallas permite investigar
las ratas de fallamiento y la magnitud del desplazamiento.
Las observaciones hechas en los depósitos cuaternarios en distintos sitios a lo largo
de la falla de Espíritu Santo pueden resumirse así:
- En la terraza Barroblanco de la quebrada Puri (al noreste del caserío "El Doce"). En
este sitio un segmento de la terraza aparece levantada e inclinada como resultado del
movimiento de la falla, lo cual ha producido sobre la terraza una erosión más intensa
en la zona del alineamiento y un levantamiento de 2.0 a 3.0 m de la porción de la te-
rraza localizada al este de la falla (ver figura 5). En otro sitio de la terraza se observa
un posible desplazamiento vertical de 6.0 a 10.0 m con la parte noroccidental hun-
dida. Con base en la evolución del perfil del suelo se estimó una edad de 50.000 años
para el depósito de Barroblanco, lo cual significa actividad de la falla Espíritu Santo
en el tiempo más reciente.
- En la margen oriental del río Cauca, al frente del estadero "Canarias" (ver figura 2),
aparece un escarpe pronunciado rectilíneo por más de 1 km y alineado con la falla
Espíritu Santo (véase figura 6). Este escarpe fue causado principalmente por la ero-
sión del río, pero también existe una componente tectónica en su desarrollo, el cual
indica una falla normal con el bloque occidental hundido, todo lo cual está de acuer-
do con otros rasgos observado en las rocas terciarias y paleozóicas mencionadas atrás.
- En muchas de las terrazas de "El Doce" se observan expreciones geomorfológicas
sobre las superficies planas, lo cual indica cierto grado de actividad de la falla durante
el Cuaternario.
Un perfil topográfico desde Santa Rosa de Osos hasta Santa Rita de Ituango (Ant.),
transversal a la falla Espíritu Santo (ver figura 7), muestra que la superficie de erosión
de la Cordillera Central se desplaza verticalmente unos 650 m , con el bloque norocci-
dental hundido. Este comportamiento del tramo intermedio de la falla es similar al
ya descrito en su porción septentrional.
— Cerca de Liborina (Ant.), en la porción sur-occidental de la falla, pueden también ha-
ber sucedido movimientos cuaternarios en los cuales el bloque oriental fue hundido
contrariamente a su comportamiento en la región septentrional. Aguas abajo de la
quebrada Juan García la gradiente longitudinal del río Cauca cambia desde 0.6 m/km
hasta 2.6 m/km, aguas abajo de esta confluencia (ver figura 8). Este cambio en el gra-
diente, con el consiguiente rejuvenecimiento del río, sugiere que en su extremo meri-
dional el bloque noroccidental de la falla se ha levantado durante el Cuaternario. La
depositación intensa a lo largo del río Cauca aguas arriba de Liborina, se puede expli-
car también con la hipótesis anterior y probablemente obedece a un hundimiento del
área de Santa Fé de Antioquia; la depositación intensa por el río Cauca se extiende
hasta aguas arriba del sitio de presa para la Central Hidroeléctrica de Cañafisto, sitio
en el cual se encontró por medio de perforaciones que el lleno aluvial tiene espesores
entre 50 y 60 m.
La gradiente longitudinal del río Cauca disminuye de nuevo de 2.6 hasta 0.5 m/km
en las cercanías de la desembocadura del río Espíritu Santo al río Cauca, donde la falla
en estudio intercepta de nuevo al río Cauca (ver figura 8).
Como se puede deducir de lo anterior, el sentido de los desplazamientos cuaternarios
de la falla Espíritu Santo en su parte suroccidental son opuestos al sentido del desplaza-
miento que se observa en las partes intermedias y nor-oriental de la misma fractura.
Este comportamiento aparentemente anómalo pudo ser el resultado de un movimien-
to rotacional de los bloques con respecto a un eje, lo que produciría movimientos de sen-
tido inverso hacia los extremos de la traza de falla. También pudo producirse por un sen-
tido diferente de los desplazamientos entre diferentes áreas en el bloque situado al nor-
occidente de la falla Espíritu Santo; por ejemplo, el bloque limitado por las fallas Espí-

9
8
Actividad Cuaternaria de la falla Espirito Santo
Arias

PE RFILTOPO GRA FICO: SANT ARITADE ITUANGO -SANTAROSADEOSOS


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11
10
Arias I Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo

ritu Santo y Sardinas (falla de dirección Norte-Sur, paralela con la falla Sabanalarga y
localizada al oriente de ésta) puede haberse hundido con respecto a los bloques adya-
ce n te s.
Como resultado de las investigaciones sobre los depósitos cuaternarios se ha podido
concluir que la rata de desplazamiento de esta falla es menor de 0.2 mm por año, calcula-
da con base en la magnitud de los desplazamientos y en la evolución de los suelos desarro-
llados sobre los depósitos cuaternarios. Además, este resultado se confirma cuando se
compara la magnitud del desplazamiento de la superficie de erosión de la Cordillera Cen-
tral, con una edad para su formación de 3.0 m.a (como mínimo).
Todo lo anterior permite afirmar que la falla Espíritu Santo ha sido activa durante el CORVENCIONES:
Cuaternario con un grado de actividad que varía de moderado a bajo y con una rata de
Niel de las
hechos entreagEnero
uas Moly Rio Comadecontonee
Octubre 1973 lee levantemantee
desplazamiento menor que la que se dedujo para algunas de las fallas del sistema Cauca- o Indico lo po.,cidn y coto de as de la coleada de lee puentes.
Romeral. Esto permite concluir que la mayor parte de los esfuerzos que se generan en la No so sabe le mareen parle cual deeembecen
corteza se liberan principalmente en las fallas del sistema Cauca-Romeral y en menor
proporción, a lo largo de la falla Espíritu Santo.

5. INVESTIGACIONES SISMICAS (CONCLUSIONES)

Las mismas fallas que son la fuente de los sismos mayores son a la vez la fuente de
los microsismos, los cuales son, esencialmente, idénticos a los terremotos mayores. Debi-
do a que los microsismos ocurren con más frecuencia, la evaluación del fallamiento pue-
de realizarse en un intervalo de tiempo corto. Aunque los microsismos son de tan baja
intensidad como pra ser perceptibles por los humanos, generalmente de magnitudes me-
*So /Xia
nores de 3.0 en la escala Richter, si pueden ser registrados por instrumentos sensibles 1411{~ 1~1.10
~PM anta SIO UNRITUISICIO elL110011■
1
(sismógrafos). La interpretación de los microsismos conlleva un cálculo preciso de las lo-
calizaciones, determinación de las magnitudes y análisis de los mecanismos focales. Estos
datos se utilizan para asociar la actividad de los sismos con fallas cartografiadas, para en- z
tender la orientación de los esfuerzos tectónicos y para describir el nivel de actividad
sísmica. e
Sta 131711111~0 fl 1
Durante los estudios de microsismicidad llevados a cabo en la región de Ituango se 15..1. Norte-C.1M
localizaron 50 microsismos con magnitudes que oscilan entre 0.2 y 3.5 en la escala de
Richter. Estos eventos ocurrieron sobre muchas de las fallas de la región, incluyendo las
fallas de Romeral, Espíritu Santo y Santa Rita, con epicentros que se extienden desde
rámr.r..
cerca de la superficie (3 km de profundidad) hasta la base de la corteza terrestre (35 km
1111F"..
3"
de profundidad). ".".Co-CLYDE CONSULTANTS EN 19a0, DATOS TOMADOS DEL
El análisis de los mecanismos focales de los terremotos dentro de la corteza mues- INTERCONEXION ELECTRICA SA E INTEGRAL LTDA .

tran que las fallas Espíritu Santo y Santa Rita, de dirección noreste, tienen un rumbo
N 15°E, buzan 46 grados al este, y el sentido de su movimiento es inverso, con el blo- MILD[1.1.11
114—
L:1
)

que noroccidental hundido y con una componente siniestro-lateral. Algunos de estos


datos concuerdan con los obtenidos en los trabajos geológicos de campo.
El esfuerzo tectónico regional es de compresión y de dirección este-oeste. Las fallas
de dirección norte, tales como la zona de fallas de Romeral, tienen un movimiento obli-
cuo inverso con componentes siniestrolaterales y con desplazamientos a lo largo del pla-
Figura 8
no de buzamiento. Las fallas con dirección noreste, tales como la falla Espíritu Santo,
DEL RIO CAUCA DESDE BOLOMBOLO (Ant.) HASTA "EL DOCE"(lala Cuatro)
tienen un desplazamiento oblicuo inverso, pero la componente siniestro-lateral es mucho
más pequeña que aquella para las fallas de dirección norte.
Las conclusiones más importantes de la investigación de microsismicidad llevada a
cabo para los estudios de riesgo sísmico del Proyecto Hidroeléctrico de Ituango, en lo
que tiene que ver con las fallas Espíritu Santo y Santa Rita, son las siguientes:
Las fallas cartografiadas al oriente de la zona de falla de Romeral son probablemente
más antiguas que las zonas de falla del sistema Cauca-Romeral.
13
12
Actividad Cuaternaria oe

A.

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FIGURA MODIFICADA POR LA WOODWARD-CLYDE CONSULTANTS EN 1580, DATO* TOMADOS DEL


PROYECTO ITUANGO, ESTUDIOS HECHOS PARA INTERCONExiON ELECTRIC* SA E INTEGRAL LTDA.

Ftgura 8
PERFIL DE LA PENDIENTE LONGITUDINA DEL RIO CAUCA DESDE saco/Bao (Ant ) HASTA "EL COCE«(Nla Cuatro)

13
Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo

Es evidente que mucha de la actividad microsísmica ocurre a lo largo de ambas fallas.


Los eventos localizados en la corteza a lo largo de estas fallas se examinaron separada-
mente de otros eventos para ver si la actividad prevaleciente ocurre como un resulta-
do de los mismos esfuerzos que producen la actividad en el sistema de fallas Cauca-
Romeral y así poder estimar la orientación de aquellas fallas en profundidad. Se
calculó un mecanismo focal confiable para tales eventos. La solución que se obtuvo
es significativamente diferente de aquella para los eventos en las zonas de falla del
Cauca y Romeral. La solución del mecanismo focal para los eventos a lo largo de las
zonas de falla Santa Rita y Espíritu Santo muestra un cambio en la dirección
(N13°E) con respecto al sistema Romeral y además un cambio significativo en el
buzamiento (N46° al este).
El movimiento de la falla es siniestro lateral oblicuo con un sentido inverso y en tal
forma que produjo un hundimiento del bloque occidental. El hecho de que el movi-
miento de la falla al oriente de la falla de Romeral muestra al bloque oriental descen-
diendo y que al occidente de la falla Espíritu Santo igualmente está descendiendo
indica que el bloque dentro del cual se encuentra la población de Santa Rita de Ituan-
go (Ant.) está en subsidencia. La dirección de los esfuerzos principales para el falla-
miento a lo largo de ambos sistemas de fallas es esencialmente idéntico, con ejes de
comprensión de dirección noroeste.

5. REPERCUSIONES REGIONALES

La actividad tardía de la falla Espíritu Santo y de otras fallas del sistema Romeral
han producido, como rasgo notorio, un cambio en el comportamiento del río Cauca. Al
occidente de la falla Espíritu Santo el río presenta la pendiente longitudinal más alta de
todo su curso, lo cual se puede explicar por un levantamiento del bloque situado al occi-
dente de la falla Sardinas y parte sur de la falla Espíritu Santo, con el consiguiente rejuve-
necimiento del régimen del río el cual se expresa en la formación de un cañón en forma
de V con pendientes muy fuertes, propia de ríos en proceso de excavación y formación
de su lecho. Esta situación a la vez ha dado lugar a la formación de dos cuencas de subsi-
dencia con intensa depositación localizadas cerca de Santa Fé de Antioquia en la parte
suroccidental de la falla y en el sitio "El Doce". En ambos sitios el río presenta caracte-
rísticas muy similares (presencia de barras puntuales, barras laterales, trenzamiento del
río) las cuales contrastan con los rasgos que se observan en el tramo comprendido entre
ambas cuencas. La cuenca de Santa Fé de Antioquia sería el resultado de hundimiento
en el bloque noreste de la falla Espíritu Santo, mientras que la cuenca del área de "El
Doce" sería el resultado del hundimiento del bloque noroeste.
Un estudio más detallado de la composición, estratigrafía, edades y correlaciones
de los depósitos en las cuencas de Santa Fé y El Doce permitiría un conocimiento más
preciso del comportamiento de la falla Espíritu Santo.

AGRADECIMIENTOS

Aunque la presentación de este trabajo se hace a título personal, los resultados de


la investigación obedecen a una labor de conjunto entre geólogos, sismólogos de las fir-
mas Integral Ltda. y Woodward-Clyde Consultants.
El capítulo de investigación sísmica es un resumen textual del capítulo 4.0
"Sismicity of the Ituango Región" del informe: "Premilinary Seismic hazard study
Ituango proyect Colombia", preparado para Integral Ltda. e Interconexión Eléctrica S.A.
por Woodward-Clyde Consultants. De este capítulo se extractaron también los aspectos
concernientes a la falla Espíritu Santo. Los estudios de sismología en la zona de los pro-

15
Arias

yectos hidroeléctricos Ituango y Cañafisto estuvieron a cargo de Lawrence (Larry) J.


Hutchings.
REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 17 - 18 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
REFERENCIAS

OCURRENCIA DE GLYPTODON CLAVIPES EN COLOMBIA


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Miguel Bombin•
Restrepo A., J.J. y Toussaint, J.F., 1973, Obducción cretácea en el Occidente Colombiano (Informe
Preliminar): Pub. Esp. Geol., Fac. de Minas, Medellín, n. 3, 26 P.
Al examinar la colección paleontológica del Museo del Instituto de La Salle, Bogotá,
se verificó la existencia de tres placas del caparazón de gliptodonte, asignables a Glyptodon
clavipes (Lámina I), identificado por primera vez en Colombia.
El género Glyptodon es común en el Pleistoceno, desde el sur de Norteamérica hasta
el sur de Sudamérica (parece no haber ultrapasado 40° S). Ejemplares de la especie refe-
rida son muy abundantes en el área Pampeana del sureste de Sudamérica y Tarija, princi-
palmente en el Pleistoceno terminal. Algunos ejemplares del género llegaron a más del
1,20 m de altura y 2,00 m de largo. Se considera a estos animales como pastadores, cu-
yas especies no se extendieron a los extremos más fríos de las Américas. Aparentemente
fué raro en Colombia.
La presencia de Glyptodon en el Nevado de Santa Marta contradice la idea corrien-
te de que este género no se extiende al N del paralelo de Lima en estas alturas. Por otro
lado, las ocurrencias aquí dadas a conocer extienden considerablemente el área de distri-
bución de este gliptodonte.
Incluyendo el material identificado en esta nota, así queda la lista actualizada de ór-
denes, familias, y géneros mencionados para el Pleistoceno de Colombia (probablemente
del Pleistoceno Superior, correspondiente a la Edad Mamífero Lujanense de Argentina):

MARSUPIALIA •NOTOUNGULATA
gen. indet. •TOXODONTIDAE
INSECTIVORA
•Mixotoxodon
SORICIDAE
PROBOSCIDEA
Cryptotis •GOMPHOTHERIIDAE
EDENTATA
•Cuvieronius ••
•MEGATHERIIDAE •Haplomastodon • •
•Eremotherium •Stegomastodon ••
•MYLODONTIDAE •Notiomastodon
•Glossotherium (citado frecuentemente PERISSODACTY LA
como "Mylodon"9 EQUIDAE
GLYPTODONTIDAE Equus
•Glyptodon TAPIRIDAE
RODENTIA Tapirus
CR/CETIDAE ARTIODACTY LA
gen. indet. TAYASSUIDAE
Tayassu
HYDROCHOERIDAE
CAMELIDAE
Hydrochoerus
gen. indet.
CARNIVORA
CERVIDAE
FELIDAE
Mazama
•Smilodon (?)
Odocoileus
• Department of Geology University of Alberta Edmonton, Alberta, Canadá, T6G 2E3
• Extinto
•• Pueden venir a constituir un mismo género, véase BOMBIN & HUERTAS en este volumen.
16
17 ••
Bombín

REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 19 - 42 119811 — @ CIAF. BOGOTA, COLOMBIA

LOS MASTODONTES DE COLOMBIA (Nota Preliminar)

Miguel Bombin•, Gustavo Huertas G.*"

RESUMEN

1 Las colecciones paleontológicas de mastodontes del Instituto de Ciencias Naturales de la Univer-


sidad Nacional, de I NG EOM I NAS y del Museo del Instituto de La Salle, fueron estudiadas. En con iu n-
to, el material presenta elevada diversidad de formas y contiene fósiles, que aislados, son asignables a
los géneros Cuvieronius, Haplomastodon, Stegomastodon y Notiomastodon Isensu Cabrera, 1930:
Hoffstetter, 1952; Simpson & Paula Couto, 19571. Se discuten hipótesis para explicar tal variedad
Los sedimentos de los cuales proceden los fósiles han sido atribuidos al Pleistoceno Superior. El feno-
tipo de mastodonte más abundante en el área de la Sabana de Bogotá combina defensas no espirala-
das con banda de esmalte, y molares con postritos no claramente treboliformes, lo que caracteriza a
un nuevo taxon, cuyo status será definido en trabajo más inclusivo de futura publicación.

ABSTRACT

The paleontological collections of mastodonts of the "Instituto de Ciencias Naturales de la Uni-


versidad Nacional", "INGEOMINAS", and "Museo del Instituto de La Salle", were studied. As a set
A B the material exhibits high diversity of forms, and includes fossils cf. Cuvieronius, Haplomastodon,
Stegomastodon, and Notiomastodon (seno Cabrera, 1930; Hoffstetter, 1952; and Simpson & Paula
Couto. 19571. The irnplications of such a variety are discussed. The fossil-bearing sedimenta have
been considered as Upper Pleistocene. The most abundant mastodont phenotype found in the Sabana
de Bogotá area combines tusks simply upcurved not conspicuously spiral with enamel band. and
posttrite trefoils poorly or not developed. These features constitute the basas to characterize a own
taxon, which status is to be defined in a more inclusive forthcoming paper.

La historia de la taxonomia de los mastodontes sudamericanos, desde que Cuvier


dió a conocer las primeras muelas en 1806, es muy larga y realmente complicada. Deta-
lles pueden encontrarse en Ameghino (1889), Nordenskiold (19031, Boule & Thévenin
(1920), Cabrera (1930), Osborn (1936, 1942), Hoffstetter (1952), y Simpson & Paula
Couto (1957).
El consenso al que se ha llegado, después de esas revisiones, es el de que habría por lo
menos 4 géneros de Gomphoteriidae representados en Sudamérica:
1. Cuvieronius — Cráneo deprimido; defensas espiraladas con banda de esmalte; mo-
lares sin postritos treboliformes.
2. Stegomastodon — Cráneo elefantoideo; defensas curvadas o rectas no espiraladas,
sin banda de esmalte; molares con postritos y pretritos treboliformes.
3. Haplomastodon — Cráneo intermediario entre Cuvieronius y Stegomastodó n; de-
LAMINA I - a y b: placas del caparazón de Glyptodon clavipes, proc. El Rosario (Santander del
Norte), col. Hno. Nicéforo María (1948), MI LS n. 2348 y s.n., I.t.a. 5 cm; c: placa de caparazón fensas curvadas no espiraladas y sin banda de esmalte en adultos, rectas y con banda de
de Glyptodon clavipes, proc. Nevado de Santa Marta (Magdalena), col. Hno. Nicéforo María esmalte en juveniles; molares sin postritos treboliformes.
(1948), M I LS n. 2349, I.6.a. 7 cm. 4. Notiomastodon — Cráneo mal conocido; defensas curvadas no espiraladas, con
banda de esmalte; molares con postritos y pretritos treboliformes.
Las especies son muy discutibles pero la mayoría de los especialistas modernos acep-
tan generalmente Cuvieronius hyodon, Stegomastodon platensis (otros aceptan también

• Department of Geology University of Alberta Edmonton, Alberta, Canadá, T6G 2E3


• • Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia.

19
18
Bombín & Huertas Los mastodontes de Colombia

1
A

LAMINA 1

Fragmento de cráneo con las defensas, pareciendo indicar un cráneo deprimido como en Cuviero-
a)
Stegomastodon. Museo del Instituto de La Sa-
nius, pero los incisivos hacen recordar algunos de
lle (MI LS), sin número (s.n.), area de la Sabana de Bogotá(?). Largo total aproximado (I.t.a.) de
las defensas 95 cm.

Defensa casi completa, con banda de esmalte, corresponde probablemente a individuo luvenil,
b)
Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad
idéntica a otras descritas como Haplomastodon.
Nacional (ICNUN), n. 001, Mosquera (Cundinamarca). L.t.a. 62 cm.

Porción media) y proximal de defensa, con resto de banda de esmalte, similar a "b". MI LS, s.n.,
c)
procedencia dudosa. L.t.a. 55 cm.
21

20
Los mastodontes de Colombia

Bombín & Huertas

II

LAMINA II

a y b) — Fragmento distal de incisivo, con banda de esmalte espiralada, correspondiendo a Cuvieronius.


MI LS, n. 2357, Huila. L.t.a. 38 cm.

c) M 3i., con tubérculos accesorios más desarrollados en los pretritos, cf. Haplomastodon o Cuviero-
nius. MI LS, s.n., El Rosario (Santander del Norte). L.t.a. 19 cm.

dl M3i., con fragmentos de palato y M 2(?), tubérculos accesorios más desarrollados en los pretritos,
cf. Haplomastodon o Cuvieronius. MI LS, s.n., procedencia dudosa. L.t.a. 20 cm(?). •

22 23
Bombín & Huertas

Los mastodontes de Colombia

LAMINA III

a) Fragmento de palato con M3 i. y d., con postritos no treboliformes, cf. Haplomastodon o Cuvie-
ronius. MI LS, s.m., procedencia dudosa. L.t.a. de M3d. 18 cm, I.t.a. de M 3i. 18 cm.

b) M2i. muy gastado haciendo con que los pretritos y postritos se vean treboliformes, aislado seria
cf. Stegomastodon o Notiomastodon. INGEOMINAS, s.n., Sabana de Bogotá (?), col. G. Pontón.
L.t.a. 12.5 cm.

c) Defensa con banda de esmalte conspicua en la extremidad distal y torsión muy tenue, cf. Notio-
mastodon. MI LS, s.n. procedencia dudosa. L.t.a. 118 cm.

d) Detalle de la extremidad distal de "c", adonde se ve claramente la banda de esmalte.

24 25
Los mastodontes de Colombia

Bombín & Huertas

IV

LAMINA IV

a y b) — M2i, con postritos no treboliformes, muy parecido al "tipo" del "Mastodonte Humboldien"
de Cuvier ICuvieroniusl. INGEOMINAS, n. 3353 (n. colectivo de varias piezas encontradas en
la misma localidad), Las Pajas - Mosquera (Cun—d-inamarca). col. J. Royo y R.A. Stirton (111-1951).
L.t.a. 12.5 cm.

c) Extremidad dista! de defensa con conspicua banda de esmalte no espiralada como en Cuvieronius.
Aislado seria cf. Notiomastodon. INGEOMINAS, n. 3353 (n. colectivo), Las Pajas - Mosquera
(Cundinamarcal, col. J. Royo y R.A. Stirton 1111-1951). L.t.a. 180 cm.

d) Fragmento de defensa con banda de esmalte, no espiralada como en Cuvieronius. Aislado seria cf.
Notiomastodon. Mismos datos de "c", de la cual es probablemente par.

26 27
r
Bombín & Huertas Los mastodontes de Colombia

LAMINA V

a) M 3i, con tubérculos accesorios bien desarrollados solamente en los pretritos, cf. Haplomestodon
o Cuvieronius. INGEOM INAS, n. 3353 (n. colectivo), Las Pajas - Mosquera (Cundinamarca), col.
J. Royo y R.A. Stirton (111-1951).

b) M3d., mismas observaciones y datos de "a".

c) M3c.. con pretritos Y postritos treboliformes debido al elevado desgaste, identificación posible
apenas al nivel de familia (Gomphoteriidae). Mismos datos de "a".

28
Los mastodontes de Colombia
Bombín & Huertas

VI

LAMINA VI

a) Fragmento del palato con M 23 i. y d., postritos menos desarrollados en área que los pretritos de-
bido a la más conspicua presencia de tubérculos accesorios en estos, asociado con "b" - lo que
permite clasificarlo como Haplomastodon waringi (sonso SIMPSON & PAULA COUTO, 1957).
INGEOMINAS. n. LR 1055 (n. colectivo para diversas piezas encontradas asociadas), Pubenza-
Mpio. Girardot (Cundinamarcal, col. L.F. Rincón. L.t.a. M 3d. 20 cm. Edad aproxim. 16.000 BP
(L.F. Rincón, comunicación personal).

b) Defensa restaurada parcialmente sin clara banda de esmalte, asociado con "a" - lo que permite
clasificarlo como Haplomastodon waringi (sensu SIMPSON & PAULA COUTO, 1957). Mismos
datos de "a". L.t.a. 166 cm.

c) M3i. con postritos, pretritos y tubérculos accesorios desarrollados casi igualmente, lo que torna
su clasificación problemática con el ejemplar aislado. MI LS, s.n., Mosquera - Cundinamarca I?).
L.t.a. 19 cm.

30
31
Bombín & Huertas
Los mastodontes de Colombia

VII

LAMINA VII

a) Mandíbula con M2.3 i. y d. con postritos no treboliformes, asociada con "a" y "b" de lámina VI,
lo que permite clasificarlo como Haplomastodon waringi (sensu SIMPSON & PAULA CUOTO,
1957). INGEOMINAS, n. LR 1055 (n. colectivo), Pubenza Mpio. Girardot (Cundinamarca), col.
L.F. Rincón. L.t.a. M3d. 21.5 cm. Edad aproximada 16.000 BP (L.F. Rincón, comunicación per-
sonal).

b) M2.3 i. y d. implantados en una mandíbula incompleta (faltan los rami), con un patrón muy anó-
malo de la superficie masticatoria de los M3, y M 2 muy gastados, lo que torna su clasificación
problemática a nivel especifico o genérico. Estaba asociado con incisivos muy robustos (I.t.a.
19.5 cm) sin banda de esmalte que podrían tanto clasificarse cf. Haplomastodon como cf. Stego-
mastodon. INGEOMINAS, n. LR 1125 (n. colectivo), Pubenza - Mpio. Girardot (Cundinamarca),
col. L.E. Rincón. L.t.a. M3 18.5 cm.

32 33
Los mastodontes de Colombia

Bombín & Huertas

LAMINA VIII

a) Mandíbula incompleta con M 1.21. y d., los molares no presentan características taxonómicas cla-
ras, pero esta forma particular de sínfisis es común en los Cuvieronius hyodon (sensu CABRERA,
1930) de Tarija (Bolivia). MI LS, s.n., Mosquera (Cundinamarca). L.t.a. M id. 10 cm.

d) Mandíbula incompleta con M2.3 i. y d., postritos no treboliformes sugieren Haplomastodon o


Cuvieronius. ICNUN, n. 009, Meissén - sur de Bogotá (?). L.t.a. M2i. 15.5 cm.

35
34
Bombín & Huerto
Los mastodontes de Colombia

LAMINA IX

d. con pretritos y respectivos tubérculos accesorios más desarrollados que los postritos,. cf.
al M3
L.t.a. 17 cm.
Haplomastodon o Cuvieronius. MI LS, s.n., Mosquera - Cundinamarca

LS, s.n., El Rosario


b) M3d. con postritos no treboliformes, cf. Haplomastodon o Cuvieronius. MI
(Santander del Norte). L.t.a. 20 cm.

— Defensa y detalle de su extremidad distal con banda de esmalte no espiralada, aislada seria cf.
cy
ICNUN, n. 003,. Cerca de Laguna de la Herrena - Mosquera (Cundinamarca).
Notiomastodon.
L.t.a. 117 cm.
37
36
Los mastodontes de Colombia

Bombín & Huertas

LAMINA X

a) M2i. con pretritos y postritos treboliformes (aunque estos menos desarrollados) por elevado des-
gaste, pieza más afin a Haplomastodon o Cuvieronius (sensu SIMPSON & PAULA CUOTO,
1957). MILS, s.n., Mondoñedo - Mosquera (Cundinamarcal. L.t.a. 12.5 cm.

b y c) — Defensa y detalle de la extremidad distal con resto e impresión de banda de esmalte con muy
tenue torsión, aislado seria cf. Notiomastodon. ICNUN, n. 021, Meissen - sur de Bogotá. L.t.a.
150 cm.

dl M3d. con postritos no treboliformes, cf. Haplomastodon o Cuvieronius. MILS, s.n., Mosquera -
Cundinarnarca I?). L.t.a. 19 cm.

38 39
Los mastodontes de Colombia
Bombín & Huertas
mo para Cuvieronius en relación a los Andes y Stegomastodon y Notiomastodon con res-
Stegomastodon superbusl, Haplomastodon waringi, y Notiomastodon ornatus.
pecto al área Pampeana. Esto seguramente no es un procedimiento correcto, y corno vi-
Geocronológicamente los mastodontes habitaron Sudamérica del Pleistoceno Medio
mos no funciona para Colombia.
(o Inferior) al Holoceno Inferior.
Se pueden considerar varias hipótesis para explicar esa diversidad fenotípica, entre
Se dice que Cuvieronius fué característico de las regiones andinas y costa de Chile,
ellas:
Stegomastodon y Notiomastodon del área Pampeana del sureste, y Haplomastodon de
a) Existir ían fósiles de varias edades geológicas representados en las muestras;
los ambientes más tropicales de Sudamérica.
b) Existirían fósiles provenientes de diferentes paleoambientes en las colecciones;
Hasta aquí no había estudios actualizados y con cierto detalle sobre los mastodon-
c) Existirían varios géneros y especies simpátricas;
tes de Colombia, aún siendo sus fósiles los más abundantes en varias formaciones (e.g. de
d) Las poblaciones de mastodontes serían polimórficas.
la Sabana de Bogotá). Generalmente en trabajos más recientes sobre Colombia se cita
La primera hipótesis puede ser descartada para muchas localidades en Sudamérica
Haplomastodon como el género allí representado (e.g. Stirton, 1953; Porta, 1961;
y también para Colombia. La mayoría de los fósiles de mastodontes examinados provie-
Hoffstetter, 1970). Cuvieronius ha sido apenas mencionado. Correal (1980) cita Haplo-
ne de la Formación Mondoñedo, considerada del Pleistoceno Superior (Stirton, 1953;
mastodon sp. y Cuvieronius hyodon, con un fechado radiocarbónico de 11.740 ± 110
Porta, 1961; Van Der Hammen, 1965). Varias determinaciones de 14 C en fósiles de mas-
BP, y en asociación con artefactos arqueológicos.
todontes aún no publicadas confirman esta edad (T. van der Hammen, comunicación per-
En 1977 revisamos las colecciones paleontológicas de mastodontes del Instituto
sonal). Porta et al. (1974) colocan a los mastodontes de la Sabana de Bogotá entre 10.800
de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, de INGEOMINAS (colecciones L.F.
y 21.900 BP o, como mucho, no más de 42.800• BP.
Rincón y Royo y Gómez), y del Museo del Instituto de La Salle, todos en Bogotá.
Tomado en conjunto el material presenta elevada diversidad de formas. Se encuen- La concentración de fósiles y tafonomia en el área de la Sabana de Bogotá, y de otros
tran defensas espiraladas con banda de esmalte (e.g. Lámina II, a y b); defensas curvadas depósitos de Sudamérica, sugiere que todos los respectivos animales tenían acceso a las

o casi rectas sin banda de esmalte (e.g. Láminas I-a, VI-b); rectas con banda de esmalte mismas zonas ambientales, lo que habla en contra de la segunda hipótesis. Además, las
en juveniles (e.g. Lámina 1, b y c); y no espiralada con banda de esmalte (e.g. Láminas pequeñas variaciones del aparato masticatorio de los ejemplares examinados, no indican
d; IV-c, d; IX-c, d; y X-b, c). Con relación a los molares existe toda una gama des- diferencias contrastantes en nicho ecológico en cuanto a la explotación de recursos ali-
menticios.
de aquellos con postritos francamente no treboliformes hasta otros con postritos y pre-
En contra de la tercera hipótesis se puede decir que la existencia simpátrica de varios
tritos treboliformes (vide láminas). No hay casi cráneos disponibles para estudio, pero
aquí también el espectro parece ser amplio, por ejemplo el cráneo de la Lámina 1-a pare- géneros y especies de mastodontes con nicho probablemente muy similar no sería de espe-
ce ser deprimido, al contrario, el cráneo representado por Boule & Thévenin (1920, Fig. rar como regla general; por lo menos este no es el caso entre megafaunas actuales.
Con relación a la cuarta hipótesis, que seguramente resultaría polémica a los paleon-
32, p. 65) es elefantoideo.
Con esto se puede decir que en los mastodontes de Colombia están representados tólogos más conservadores, es la que hasta el momento parece explicar mejor las observa-
ciones empíricas. En este caso tendríamos un género monoespecífico (o quizá di-especí-
todos los caracteres, y probablemente todas las combinaciones de ellos, correspondientes
fico) en Sudamérica, con un amplio rango de variaciones individuales (como en el caso del
a lo que las últimas revisiones del grupo asignan a Cuvieronius, Stegomastodon, Haplo-
elefante africano actual). La dominancia de ciertos caracteres en más de 75% de los indi-
mastodon, y Notiomastodon. Además hay otra combinación no descrita, que resulta ser
viduos en determinadas áreas, sugeriría también politipía. Esta explicación nos parece me-
la forma más común en el área de la Sabana de Bogotá, presentando defensas no espira-
nos artificial y tendría profundas implicaciones paleobiológicas, filogenéticas, y prácticas
ladas con banda de esmalte y molares sin postritos treboliformes. En realidad la única
en taxonomía.
forma que todavía no se vió en los materiales de Colombia es aquella descrita por Casami-
Estamos concientes de que el mastodonte más común en el área de la Sabana de Bo-
quela (1972), adonde ocurren defensas espiraladas sin banda de esmalte.
gotá, constituye un taxón aparte de lo que se ha descrito en la literatura hasta ahora,
Otros caracteres también son muy variables como el número de lotos en los molares,
y de que muchos autores haría de él hasta un nuevo género, pero para no empeorar el
y la forma de la sínfisis mandibular. Las piezas del esqueleto post-craneano son en térmi-
caos reinante después de 175 años de taxonomía de los mastodontes, esto debe aguardar
nos generales parecidas, como en el caso de todos los otros restos de Sudamérica, respe-
la revisión de la presente nomenclatura de los mastodontes sudamericanos, teniendo en
tadas las variaciones intra-poblacionales (como por ejemplo la presencia o ausencia de
vista este nuevo enfoque paleobiológico y respetando las reglas internacionales de nomen-
foramen transversal en el atlas y axis).
clatura zoológica, en proceso de elaboración por uno de nosotros (Bombín, s.f.). Mien-
Esta diversidad de fenotipos es la característica principal de los mastodontes suda-
tras tanto preferimos decir que el material examinado de Colombia contiene fósiles asig-
mericanos, y donde quiera se tengan buenas colecciones siempre se ve lo mismo. Uno de
nables a los géneros Cuvieronius, Haplomastodon, Stegomastodon y Notiomastodon
nosotros (MB) ha estudiado centenas de ejemplares en Sudamérica, Norteamérica y Euro-
(sensu Cabrera, 1930; Hoffstetter, 1952; y Simpson & Paula Couto, 1957) cuando consi-
pa (incluyendo tipos), y puede atestiguar que existen todas las combinaciones y grados
derados aislados, y así serán clasificados al describir las láminas. Los problemas de taxono-
posibles de estos caracteres "diagnósticos". Esta situación ha llevado a muchos autores
mía que surgen cuando se consideran las combinaciones de caracteres serán tratados en la
con tendencias atomistas a crear una especie para cada nuevo ejemplar con ciertas diferen-
referida revisión.
cias de los demás ya conocidos, lo que ciertamente no tiene ninguna utilidad práctica o
teórica, solamente sirviendo para crear un increíble caos taxonómico.
Otros autores razonan circularmente con argumentos biogeográficos, esto es, se da
AGRADECIMIENTOS
por serpado que Haplomastodon debe ser típico de regiones tropicales, y por lo tanto
toda pieza de mastodonte encontrada en regiones tropicales debe ser Haplomastodon,
Se agradede la colaboración del Sr. Luis Felipe Rincón de INGEOMINAS, y de los Hnos. Daniel
sin que esto necesariamente se apoye en características morfológicas distintivas. Lo mis-

41
40
Bombín & Huertas

f.s.c. y Nicéforo María f.s.c., que facilitaron todo acceso a las respectivas colecciones. M. Bombin
agradece también a los Padres G. Huertas, L.A. Camargo, y Herrera, por su hospitalidad.
REVISTA CIAF VOL. 6 11-31, 43 - 44 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
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. 1970. Vertebrados Cenozóicos de Colombia. Act. IV Cong. Latinoamer. Zool., Caracas, The Department of Marine Geology of EDIMAR, Island of Margarita, Venezuela, carnes out
v. 2, p. 931-954. investigations of the sea bottoms off the Venezuelan coast. These investigations include grain size
Nordenskióld, E. 1903. Uber die Sáugetierfossilien des Tarijatals, Südamerika. I Mastodon andium and other sedimentological studies, bathymetry and geomorphology. The department also participates
Cuy. K. Svenska Vetenskaps-Akad. Handl., 37 (4): 1-30- lám. 1-6. in environmental projects of the station. The study of recent foraminifera has always received much
p.
Osborn, . H.F. 1936. Proboscidea. Vol. 1, American Museum of Nat. Hist., New York, xi - 802 attention.
1942. Proboscidea. Vol. 2, American Museum of Nat. Hist., New York, xxvii - 805-
1675.
Porta, J. de. 1961. La Posición Estratigráfica de la Fauna de Mamíferos del Pleistoceno de la Sabana
A partir de su fundación en los años sesenta, EDIMAR (Estación de Investigacio-
de Bogotá. Bol. Geol., Bucaramanga, 7: 37-54.
Porta, J. de et al. 1974- Colombia (Tertiaire et Quaternaire). Lex Strat. Intern., v-4b, París, 1-612.
nes Marinas de Margarita) se ha dedidado a la recolección de datos relacionados con la
Simpson, G.G. & Paula Couto, C. de. 1957. The Mastodonts of Brazil. Bull. Amer. Mus. Nat. Hist., pesca: descripción y distribución de los peces, su utilización para el consumo, capturas,
112 (21: 125.190 - 23 lám. estudios de zooplancton y fitoplancton, oceanografía física, química y biológica, estu-
Stirton, R.A. 1953. Vertebrate Paleontology and Continental Stratigraphy in Colombia. Bull. Geol.
dios sedimentológicos, geomorfológicos y batimétricos del fondo y, finalmente, estu-
Soc. Amer., 64: 603-622.
dios socio-económicos relacionados con actividades pesqueras. Un resultado de estos
estudios es la "Carta Pesquera de Venezuela, Vol. I, Arcas del Nororiente y Guyana"
(Hno. Ginés, 1972). El segundo volumen de la "Carta Pesquera de Venezuela, Zonas
Central y Occidental" está en preparación.
Actualmente EDIMAR tiene 5 departamentos: Biología Marina, Oceanografía,
Tecnología de Alimentos, Acuicultura, y Geología Marina. La estación cuenta con 10
científicos de varios países. Además de EDIMAR, el Campus de Margarita, de la Fun-
dación La Salle, incluye un Liceo Náutico, y un Instituto Universitario de Tecnología
del Mar para la capacitación de técnicos superiores en (1) Acuicultura y Oceanología,
(2) Tecnología de Alimentos, (3) Mecánica Naval, y (4) Navegación y Pesca.
Durante los últimos 5 años EDIMAR realizó también otro tipo de actividades,
es decir proyectos ecológicos como, por ejemplo, un estudio del medio ambiente alre-
dedor de la nueva planta eléctrica de Punta Morón, y un estudio relacionado con la cons-
trucción de una tubería de agua potable entre Margarita y tierra firme, etc..
Las actividades principales del Departamento de Geología Marina consisten en:
Análisis granulométricos (con el método hidrométrico), de materia orgánica y de carbo-

Apartado 144, POR LAMAR (Edo. Nueva Esparta). Venezuela.


C/o CONOCO, 116 Park street, London W-1, Inglaterra.

Ponencia presentada por Ricardo Alvarez E.

42 43
Breman

nato de calcio, estudios batimétricos y geomorfológicos de los fondos costafuera de Ve-


nezuela, estudios de minerales pesados, de foraminíferos y ostrácodos bentónicos y
REVISTA CIAF VOL. 6 11-31, 45-51 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
planctónicos, etc. La geología de la Isla de Margarita tiene nuestra atención especial.
El equipo de muestreo del departamento está compuesto de dos dragas del tipo
PALEOECOLOGIA DE LOS OSTRACODOS DE POZOS PERFORADOS
"Peterson", un sacanúcleos tipo "Alpine" (0,50 m) y otro sacanúcleos tipo "Phleger"
EN EL CUATERNARIO DE COCHABAMBA, BOLIVIA
(1,25 m). La Fundación La Salle tiene el barco oceanográfico "La Salle" (eslora máxi-
ma de 39,5 m), un barco para la pesca de arrastre y dos pequeñas embarcaciones. En
Evert Breman.
los muestreos geológicos se alcanzaron profundidades superiores a los 2000 m.
Algunos resultados de las investigaciones geológicas de EDIMAR son: varios capí-
Ponencia presentada por Ricardo Alvarez E
tulos en la Carta Pesquera de Venezuela, Vol. 1 (Hno. Ginés, 1972); Morfología subma-
rina y sedimentos marinos recientes del margen continental del Nororiente de Venezue- RESUMEN
la (M.D. de Miró, 1968 y 1974); algunos trabajos sobre foraminíferos (M.D. de Miró, 1965
y 1971; M.D. de Miró y J. A. Marval, 1967); dos capítulos en la Carta Pesquera de Ve- De los testigos de tres perforaciones en el Cuaternario de la región de Cochabamba, Bolivia, se
nezuela, Vol. II (en prep.); resultados preliminares sobre la sedimentología de las Zonas separó un gran número de ostrácodos, representados por sólo dos géneros: Limnocythere, que vive
en el fondo de los lagos, y Heterocypris, un género que vive entre las plantas acuáticas cerca de las
Central y Occidental de Venezuela (Breman, 1979). En la IX Conferencia Geológica del
orillas de los lagos.
Caribe en Santo Domingo (Agosto, 1980), presentamos un trabajo sobre los foraminífe- En base a las diferencias ambientales y a las distintas proporciones de los dos géneros a diferen•
ros bentónicos (Alvarez y Guevara, 1980) y sobre los ostrácodos bentónicos del Golfo tes intervalos en uno de los pozos se intentó hacer una interpretación paleogeográfica y paleoclimato-
de Venezuela (Breman, 1980). lógica de la región de Cochabamba durante una parte del Cuaternario.
Estamos terminando un trabajo sobre las características sedimentológicas (paráme-
ABSTRACT
tros granulométricos, etc.) de los fondos costafuera de Venezuela Central (Hoyo de
Bonaire y áreas adyacentes). In three cores from drillings in the Quaternary sediments of the Cochabamba region, Bolivia, a
large number of ostracodes were separated. These ostracodes belong to only two genera: Limnocy-
there, whose representativas live on the bottom of fresh or brackish water lakes, and Heterocyprls,
REFERENCIAS a genus that lives between sea weeds along the lake shores.
An intent was made to present a paleogeographical and paleoclimatological in terpretation of the
area during a part of the Quaternary on the bases of environmental differences and different propor-
Alvarez, R. & Guevara, P. 1., 1980. Aspectos generales sobre asociaciones de foraminíferos bentónicos
del Golfo de Venezuela y talud continental adyacente. 9a. Conf. Geol. del Caribe, Rep. Domini- tions of the two ostracode genera at different levels in one of the cores.

cana (resumen).
Breman, E., 1980. Species diversity and associations of ostracode shells in bottom sediments of the
Gulf of Venezuela and the adjacent continental slope. 9a. Conf. Geol. del Caribe, Rep. Domini- INTRODUCCION
cana (resumen).
Breman, E. & Hunt, J., 1979. Some results of sedimentological investigations of the Central and
Western Venezuelan Coast. Cuarto Congreso Geol. Latinoam., Trinidad (resumen, texto comple-
En los años 1975-1978 el Proyecto Integrado de Recursos Hídricos en el Area de
to en prensa). Cochabamba, Bolivia, de Geobol (Servicio Geológico de Bolivia) y las Naciones Unidas,
Ginés, Hno., 1972. Carta Pesquera de Venezuela. I.- Areas del Nororiente y Guayana, Monografía realizó un gran número de perforaciones 'en los depósitos Cuaternarios de los valles inter-
No. 16, Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 328 pp., mapas, etc. montañosos de la región de Cochabamba, con el objetivo de identificar posibles acuíferos.
Miro, M. D. de, 1974. Morfología submarina y sedimentos marinos recientes del margen continental
En tres de los pozos perforados (BC-19 en el Valle Alto cerca de Cliza, BC-25 en el
del Nororiente de Venezuela. Cuadernos Azules, No. 14, Caracas, 230 pp.
Miro, M. D. de 1965. Comparación de la fauna de foraminíferos de los sedimentos de la Fosa de Ca- Valle Alto cerca de Wasa Mayu en los alrededores de Punata y Sb-1 en la parte oriental
riaco con la del área oceánica adyacente. Mem. Soc. Cienc. Nat. La Salle, 25 (No. 70, 71, 72), del Valle de Cochabamba cerca de Sacaba), cuya ubicación está señalada en la Fig. 1, se
p. 223-260. notó la presencia de una rica fauna de ostrácodos, cuyo estudio es el objeto de este tra-
Miro, M. D. de 1971. Los foraminíferos planctónicos vivos y sedimentos del margen continental de
bajo. El mismo material fue también utilizado por el Dr. Kurt Graf, para un estudio pali-
Venezuela: Tesis, Univ. Barcelona, Fac. Cienc.
nológico.
Miro, M. D. de & Marval, J. A., 1967. Foraminíferos planctónicos vivos de la Fosa de Cariaco y del
Talud Continental de Venezuela. Mem. Soc. Cienc. Nat. La Selle, 27 (No. 76), p. 11-34. Geomorfológicamente podemos distinguir dos cuencas principales con gruesas capas
del Cuaternario en la región de Cochabamba: el Valle de Cochabamba, que se extiende
desde Quillacollo y Cochabamba al Oeste hasta Sacaba al Este (altura: 2500-2570 me-
tros), y el Valle Alto más hacia el Sur, con los pueblos Tarata, Cliza, Arani y Punata (altu-
ra: 2720-2770 metros).
Las dos cuencas caracterizadas por sus formas alargadas tienen un rumbo Este-Oeste
y representan dos fosas tectónicas separadas por un pilar ("horst").

• C/o CONOCO, 116 Park street, London W-1, Inglaterra.

44 1 45


Brean cología de los ostracodos en el Cuaternario de Cochabamba

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Figura 1 — Mapa geomorfológico de la región de Cochabamba con las dos cuencas sedimentarias cua- ID' c 8
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ternarias de Cochabamba-Sacaba y del Valle Alto con los pueblos Tarata, Cliza, Arani y Punata. 1 ti o.0
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Las dos cuencas son cortadas al Oeste por la falla invertida de Sipesipe con rumbo ■
11.

NO (Ahlfeld, 1972). El espesor del relleno cuaternario puede pasar los 300 metros; las 1 > á -6"
«rd •
perforaciones, cuya litología se puede describir como una alternancia de capas de arena,
limo, conglomerado y arcilla (Ahlfeld, 1972), nunca tocaron el basamento Paleozóico. 1- .2, = -o N
> -111
"Hasta en tiempos históricos la cuenca de Cochabamba contenía lagos y pantanos. El 1 » f,
nombre Cochabamba (quechua: Kkocha Pampa) significa pampa de lagos" (citación de 8
>¿
Ahlfeld, 1972). Este nombre resulta un poco extraño por la escasez de lluvias en esta « 1 «, =«,
X • « 1:1 >
región, pero el subsuelo es muy rico en agua artesiana, que los agricultores usan median- ra X

te pozos para sus cultivos de maíz y trigo. El agua proviene de numerosos riachuelos de 12' 85- e 'o
O
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la cordillera, la cual recibe mucho más precipitación que los valles. Estos riachuelos pier- E
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den su caudal en los abanicos de grava y arena del pie de la cordillera. 731-<a te3
• 4, 2•
23 E 1,

ALGUNAS OBSERVACIONES TAXONOMICAS Y ECOLOGICAS k5


I > 1. 1
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Por la inaccesibilidad de la literatura sobre ostrácodos de agua dulce, todavía no he- .12,
- • E c°,
mos podido identificar las especies presentes. El material muestreado contiene muy b :2
probablemente representantes de sólo dos géneros: Heterocypris Claus 1893 y Limnocy- 5 11 1.
2-,
there Brady 1868. Heterocypris está representado por una especie, probablemente nueva.
-J 5 o oX
Del género Limnocythere predomina una especie (nueva?), pero hay una o dos especies
más del mismo género. Heterocypris es característico de agua dulce o salobre. Según el
Dr. Patrick Dedeckker, un especialista de ostrácodos terrestres, las especies de este géne-
ro suelen nadar entre las plantas acuáticas cerca de las orillas de los lagos, mientras
Limnocythere, otro género de agua dulce o salobre, prefiere el ambiente del fondo sedi-
47

46
1
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2


a

LAMINA I

(A) Limnocythere sp., adulto, vista externa de valva izquierda; 80 X.— (ID id., adulto, vista externa de valva derecha; 85 X.— (C) id., juvenil, 3
vista externa de valva derecha; 100 X.— (D) id., juvenil, vista externa de valva izquierda; 100 X.— (E). id., adulto, vista dorsal de un caparazón
completo; 85 X.— (F) id.' adulto, vista dorsal de un caparazón dañado en la parte anterior; 90 X.— (G) id., adulto, vista interna de valva dere-
cha; 100 X.— (H) Heterocypris sp., adulto, vista dorsal de un caparazón completo; 70 X.— (II id., adulto, vista externa de valva izquierda; 70
X.— (J) id., adulto, vista interna de valva derecha; 70 X.
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Palooecologia de los ostrácodos en el Cuaternario de Cochabamba

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49
Bremen Paleoecologia de los ostrácodos en el Cuaternario de Cochabamba

mentario (comunicación personal). REFERENCIAS


La lámina I muestra algunas fotografías, sacadas con un "scanning electron microsco-
Ahlfeld, F. E., 1972 - Geología de Bolivia "Los Amigos det Libro". La Paz - Cochabamba, 190 pp.
pe", de ejemplares de los dos géneros. Graf, K., 1977 - Nuevos datos l'al inoiógicos del Cuaternario Alto de - Bol. Serv Geoi Boliv
Ser. A, Vol. I 111, p. 1-14.
RESULTADOS

Un total de aproximadamente mil valvas de ostrácodos fueron separadas de los tes-


tigos correspondientes e identificadas provisionalmente. Después se calcularon los por-
centajes de los dos géneros por cada intervalo sucesivo y se registraron en las columnas
de la figura 2.
En dos de los tres pozos (BC-19 y BC-25) predomina Limnocythere. En el pozo
Sb-1 de Sacaba podemos observar fluctuaciones considerables en las proporciones de
los dos géneros por cada intervalo. Estas podrían reflejar cambios en la profundidad
del lago, antiguamente presente en el valle actual de Cochabamba. Cuando la propor-
ción de Heterocypris, que suele vivir cerca de la orilla, es más alta, esto significar ía un
nivel más bajo en las aguas del lago, mientras que una mayor abundancia de Limnocy-
there reflejar ía un nivel más alto de las aguas en el lago.

INTERPRETACIONES

Podemos mencionar dos posibles causas para explicar los cambios en la profundi-
dad del lago, que existió en el Valle de Cochabamba:
1) Movimiento de la falla Sipesipe (Fig. 1) que facilitaron u obstruyeron el desagüe del
Valle de Cochabamba.
2) Cambios climatológicos: épocas con mayor precipitación, que coincidieron con
épocas de interglaciación, y épocas con poca precipitación, que coincidieron con
épocas glaciales. Según las investigaciones palinológicas de los mismos pozos por
Kurt Graf (1977), épocas de glaciación en Bolivia se caracterizan por su poca pre-
cipitación, mientras las épocas interglacial y postglacial son más húmedas.
De momento nos limitamos a presentar algunas conclusiones preliminares:
a) El cambio litológico en los tres pozos de limo con ostrácodos en la parte inferior -
a arena limosa o con grava en la parte superior, indica un cambio general en las es-
tructuras geológicas regionales, como por ejemplo un levantamiento del bloque al
Este de la falla Sipesipe, causante de un régimen sedimentario,de alta energía en las
dos cuencas, o una disminución de la precipitación, causante del relleno de las cuen-
cas con material más grueso hasta su desecación total.
b) El aumento proporcional de Heterocypris en el pozo Sb-1 (Sacaba) a partir de 103
metros de profundidad hacia arriba confirma la disminución gradual de la profun-
didad del lago antiguo y su desecación posterior.
c) Los dos intervalos en el pzo Sb-1 con una proporción considerable de Limnocythere
podrían coincidir con épocas interglaciales caracterizadas por lluvias abundantes.
Otra posibilidad es que los dos intervalos representen épocas durante las cuales hubo
obstrucción del desagüe de los valles a causa de movimientos de la falla Sipesipe.

AGRADECIMIENTOS

Agradezco al Dr. Costantino Faillace (NN. UU.) y Luis Jordán (Servicio Geológico de Bolivia),
quienes me facilitaron el material y los datos litológicos, al Dr. Voltolina y Lic. R. Alvarez por la co-
rrección del texto, a Jesús Gómez por los dibujos, y, finalmente, al Jr. A. Romein y el "Laboratorium
voor ElektronenmikroskoPie" de la Universidad de Amsterdam por la realización de las fotos "S.E.ki.".

50 51
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 53- 76 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

GLACIAL AND PERIGLACIAL FORM SYSTEMS


OF THE COLOMBIAN QUATERNARY

Dieter Brunnschweiler*

RESUMEN

En cuanto a la evolución geomorfológica glaciana y periglacial se refiere, los siguientes hechos


pueden considerarse como asentados sobre evidencias claras:
1.— Durante el máximo del último glacial, el límite de las nieves en los Andes colombianos se
situaba a 3.800 m s.n.m., o sea algo menos de 1000 m más abajo de su nivel actual en la Cordillera
Oriental (4.700-4.800 ml. Si se asume una variación de 0.6°C/100 m, esto indicaría una disminu-
ción de la temperatura media anual de 6°C en las regiones de páramo.
2.— El piso de los circos es un indicador confiable de la altitud del límite de la nieves. Existen
centenares de ejemplos de estas geoformas. Los más bajos, cerca de 3000 m s.n.m., no presentan
huellas de la última glaciación, lo que tiende a hacer considerar su formación durante la penúltima
glaciación; ésta hubiera excedido en magnitud la del Wuerm/Wisconsin.
3.— La conformidad de los niveles altitudinales correspondientes a procesos de origen respecti-
vamente glaciario y periglacial por una parte y, por otra, el paralelismo de sus variaciones verticales
en relación con las formaciones vegetales afectadas por factores similares muestran que el modelo geo-
morfológico temporo-espacial está en acuerdo con la bien establecida bioestratigraf la del Pleistoceno
superior y del Holoceno.
4.— Los niveles altitudinales de una determinada actividad glaciana y periglaciaria se presentan
de manera uniforme a lo largo de la Cordillera Oriental. Se requiere, sin embargo, un mayor mues-
treo de sitios de observación para delimitar claramente las respectivas zonas de actividad en diferen-
tes épocas.
5.— Las morrenas terminales del último avance glaciario en Colombia (cuyo máximo se propone
llamar San Pablín) se encuentran definidas de manera no confundible cuando corresponden a glacia-
res de valle pero su identificación requiere análisis litoestratigráfico en el caso de glaciares colgantes o
capas de hielo de tipo glaciar de piedemonte. Siempre que haya existido un área de acumulación su-
ficiente, el hielo logró bajar hasta 3.300 m s.n.m. o menos aún durante el último avance. Depósitos
glaciarios más antiguos (pocos han sido estudiados) se encuentran debajo de las morrenas de San Pa-
blin y fueron observadas a altitudes menores, hasta 2.700 m (anfiteatro de Pesca).
6.— Formaciones periglaciales, especialmente las que resultan de la crioplanación (aplanamien-
to de crestas) y la crioturbación (arreglos in situ de cantos de gelifracción), muestran una distribución
amplia y se encuentran bajando hasta el nivel de la Sabana de Bogotá; hoy día, el límite inferior co-
rriente de (a acción intensa del hielo se sitúa alrededor de 4.000 m s.n.m.
Sólo un esfuerzo multidisciplinario permitirla resolver los numerosos interrogantes que plantea
todavía la evolución de los paisajes de los altos pisos andinos durante el Pleistoceno medio e inferior.

ABSTR ACT

See: SUMMARY AND CONCLUSIONS

I NTRODUCTION

The climatic fluctuations which affected the Colombian Andes during the Quater-
nary are reflected in the fossil biosequences in the intramontane basins of the Cordillera
Oriental. In order to explain the appearance and repeated dominante of non-arboreal pá-
ramo-vegetation at 2,600 m, the elevation of the Sabana de Bogotá and some 800-1,000
m below the present upper limit of the Andean mountain forest, a lowering of the mean

• Michigan State University East Lansing, Michigan (USA)

53
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
Bru nnschwei ler

annual temperature of as much as 10- C has been postulated (van der Hammen, 1973).
These altitudinal dislocations of biomes are clearly documented for at least the two last W Long 76 7
major cold phases of the Colombian Pleistocene (referred to as Pleniglacial and Taren-
glacial by van der Hammen, op. cit.). Tephra-chronologial dating (Foelster, 1978) and -17 N Lat —
palaeopedological analyses (Jungerius, 1976) in the vicinity of the Sabana further
demonstrated ma - ked vertical shifts of biologic and pedogenic activity during the Upper
Pleistocene. It is also evident that pre-Wuerm/Wisconsinan depressions of biomes were
even greater than those time-stratigraphically dated as corresponding to the Wisconsin
maximum (van der Hammen et al., 1973). ,
Attempts to incorporate the geomorphic evidence into the palaeogeographic evolu-
tion of the Colombian Andes have been less successful, not to say that the morphology
and lithostratigraphy of the Colombian Quaternary are, for all practica) purposes, still 10'

unknown. Even though glacial features were described in currently unglaciated páramos
almost a century ayo (Sievers, 1888; Hettner, 1892) and remarks of possible repeated ice
advances to as low a leve) as that of the Sabana had appeared in reports by petroleum
geologists with an eye for surface formations (Stutzer, 1926; Oppenheim, 1942), a
systematic study of Pleistocene form systems and their timestratigraphic order has not
yet been undertaken in Colombia. It was not until Wilhelmy (1957) analyzed the proba
b)e effect of Pleistocene climatic changes upon geomorphic processes in the northern
Andes that a working hypothesis on glacial and periglacial morphogenesis in Colombia
VENEZUELA
became available. Since the important methodological contribution of the German
geographer only a handful of studies have been conducted which were specifically
concerned with glacial and periglacial morphogenesis in the Colombian Andes. Outstand-
ing amont them is the pioneer study on the glacial geology of the Lagunillas Valley on
the south flank of the Cocuy Range which was conducted in expeditionary fashion under
the auspices of the Instituto Geográfico A. Codazzi (González, van der Hammen, and
Flint, 1965), not only because it represents the first serious attempt at drift separation
on geomorphic and lithologic grounds, but also allowed the fixing of moraine systems
on an absolute time basis through "C-dating. Of not lesser importance is the achievement
of Usselmann (1974) in mapping the geomorphologic features of the Alto Lebrija district;
this work is particularly impressive in its spatial and temporal differentiation of erosional
and depositional form systems. It clearly shows the value of the morpho-climatic (poly-
genetic) approach in a structurally complex area which has also undergone a number of
altitudinal climatic shifts with corresponding process changes since the Tertiary.
The following is an attempt to describe the glacial and periglacial landforms which
dominate throughout the Colombian páramo zone, particularly in the Cordillera Oriental.
The simi)arity of the geomorphological characteristics of these form systems, as well as LLANOS
their altitudinal consistency, suggest a working model of Upper Pleistocene and Holocene
morphogenesis, and allow at least inferences as to landform evolution during the early
Quaternary.

The Quaternary Geomorphology of the Sierra Nevada del Cocuy


> 3000 m (páramos; formerly glaciated)
The last glaciation in the tropical Andes' has left a marked imprint upon the crest
EZI 2000 - 3000 m (tierra fría)

1. There is as yet no International agreement on naming the stages and stades o) A glaciers > 4500 m)
the Quaternary of the tropical Andes. Whereas the stratigraphic record for the O volcanos
last 30,000 years is well known in Colombia through palynological analyses and 1 Sierra Nevada de Cocuy
14 C-dating, the middle and lower Pleistocene are neither stratigraphically nor
Cerro Sumapaz
morphologically established Isee, for instance, among a number of studies
3 Sierra Nevada de Santa Marta
stadial and interstadial nomenclature for the Middie and Upper Pleistocene, van
der Hammen and Gonzalez, 19631. In Peru, Dolifus (1965) has clearly determi-
ned 'leistocene glaciations on strictly morphological principies, simply naming Figure 1 - Approximate Extent of Pleistocene Glaciation in the Colombian Andes.
them "Quaternaire .Ancien and Récent.-

54
Glacial and periglacial form systems of the Colombien Quatemary
Brunnschweiler
and valleys of the Colombian cordilleran system (Fig. 1). Wherever there existed a
sufficiently large expanse of terrain aboye 3,600 m, conditions were conducive for
precipitation in solid form and suhsequent ice accretion, if a lowering of the climatic
snowline (the critica) boundary between accumulation and ablation of ice in the annual
budget) by 1,000 m from its current level at 4,700-4,800 m in the Cordillera is assumed
as a working hypothesis. In the case of the valleys on the south flank of the Cocuy
Range the maximum depression of the snowline during the last ice advance can be
established with little possible margin of error on the base of average elevations of cirque
levels and highest glacial shearlines on the arretes aboye the ice streams'", Conservatively 3 ,
the line, or rather, surface can be located at the 3,800 m-level (see cirque levels and upper
ice shearlines on the morphographic map (Fig. 2), and the generalized trend of the 3,800
m-contour on the morphogenetic map (Fig. 3), of the Cocuy region). The almost uninte-
rrupted series of cirques at 3,600-3,800 m along the ice-dividing hogback ridges (Cuchilla
de Lagunillas, Cuchilla de Puntapiedras, e.g.) is good evidence of the snowline depression
in the Cocuy, and if the topographic grain is considered, it becomes obvious that there
was little obstruction for the combined tongues of the Cocuy Glacier to reach the 3,000
m-level, as so conspicuously apparent in what must be one of the most remarkable
terminal moraine systems in the Andes, the maze of frontal and lateral end moraines at
the junction of the San Pablín4 , Cóncavo, and Lagunillas valleys (see generalized
morphographic rendition on Fig. 2).
The recession of the Cocuy Glacier occurred in clearly definable phases, marked
by a sequence of recessional moraine strands, three of which are particu)arly well
expressed and can be easily correlated across valley divides. It is fortunate that one of the
few time-stratigraphic schemes of the Late Wisconsinan in Colombia which at the same time
allows radiometric ( 14 C YBP) fixes of recessional moraines, was executed in the Laguni-
llas Valley—a further reason for using the Lagunillas Valley as the type locality for the
still to be worked-out chronology of Quaternary glacial sequences. The radiometric ayes
for the three recessional moraine systems in the Lagunillas valley have been plotted from
the data provided in Gonzalez, van der Hammen, and Flint (1965) on Fig. 3; the stades
W2, W3, and W4 which correspond to there three main moraine ramparts are also plotted

2. Note the attempt of snowline level reconstruction by Gonzalez, Flint and van
der Hammen (1965, 167): 'When glaciers had their greatest recognized extent,
reaching down to about 2,700 m, the snowline must have been depressed more--
perhaps much more-than 1,000 m below its present position." ff we reverse this
statement, emphasizing the genetic factor (snowline depression) rather than the
geomorphic response ("the greatest recognized (?) (my interrogation mark)
extent of glaciers"), it is clear that a lowering of the snowline by 1,000 m
opened up larga areas for ice accumulation. A 1,000 m-descent of the snowline
would correspond to a 6 C° lowering of mean annual temperature. Van der

9 •
masa,ye Terminal
ilrlecesswnal)
Chsfinct i Moraine
Cague Wall and Floor
Oreare and Valley Threshold
..4.$8.34 Trend and Facets
ot Exponed Bearock

Glacial Trougn
Hammen's (19731 assumption of as much of 120Ú decrease auring maximum
downward migration of treeless paramo vegetation (see his temperature
analogue curve reproduced in Fig. 5) seems to have been reconsidered in a
rk Slossrand-Lee Topography recent evaluation of the climatic implications of the palynological record
Lateral !Amaine ISOCnes rnoutonnees percneu rhannels1 Fluwatile Incisa:1,n
(Feterson, van der Hammen et al., 1978).
...yrir- Median Alorame
Block Stream or Felsenmeer Alluvial Fan 3. Giving less weight to a not negligible number of cirques close to the 3,000
Theck M'en m-level and considering transfluences as high as 4,300 m as effects of local risas
Talus Alluyium
• Residual Sotls Deyeloped of the ice surface atconvergences of ice streams.
in Olas, DO, Glaciar
.c:
5sy Nant 4. The author suggests the narre San Pablín to designate the maximum stage of the
last (Wuerm/Wisconsin) glaciation in the Colombian Andes. This rever closely
approximates the lowest moraine wall of the Lagunillas Glacier whose retreat
Figure 2 — Morphographic Map, South Flank, Sierra Nevada del Cocuy. Colombia. can be traced in clearly defined recessional moraines, some of which have
already been 14C-dated.

57
56
Brunnschweiler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary

on the aerial photograph showing these critical locations in the upper Lagunillas Valley
(see Photos 1 and 2)5 .
The designations for these stadials correspond to the four drift sheets differentiated
in González et al. (op. cit.); the lower limit of (their) Drift I (W1 here) was, inspite of
its unmistakeable identity, not plotted by the former investigators, but "morainic topo-
graphy, little dissected or only moderately dissected" is said to "extend down to alti-
tudes of about 3,200 m ." (ibid., 161).
While the W1 and W3 systems, with their massive parabolic boulder ridges reaching
as high as 100 m aboye the valley floor, are recognizable in the 50 m-contour pattern of
the topographic map of the area (Cocuy Sheet, 153-II-A, 1:25,000), the W2 and W4
stades and the numerous substadial moraine bands are not resolved, but are easily spotted
on aerial photographs. The moraine walls, excessively steep on the proximal side and at
the angle of repose on the distal side, have been very little altered by post-depositional
erosion, except at the breach of the rivers across the moraine front. In general, the
moraines consist of large boulders and cobbles, but finer material appears in increasing
admixtures in the older moraines. Surprising is the limited extent of outwash trains on
the down-valley sides of the recessional moraines; this may be a result of bedrock control
which is strong throughout the area (particularly in the uppermost drainage sheds where
the black Cocuy quartzite (Cretaceous) forms many valley thresholds (Talriegel) and
promontories on the valley sides (Photo 3). On W imoraines considerable soil develop-
ment has taken place, allowing the planting of crops to as high as 3,500 m.
The recognition of the terminal moraine is more difficult in those sectors of the
Cocuy foreland where the preglacial topography did not offer clearly defined valley Páramo
El Verde
trains which would be followed by waxing and waning ice streams. Such is the case in the
broad expanse of slopes descending toward the village of Cocuy from the Alto de la
Cueva and the Páramo El Verde. In the upper part of this incline cirques are well develo-
ped; below, widely exposed bedrock surfaces are marked by glacial abrasion: most typical
are stoss-and-lee features (roches moutonnées), exaration hollows, rock thresholds on the
tarns; remarkable are further the glacially disturbed lapies platforms in a limestone
member of the Cocuy formation at the Alto de la Cueva (Photo 4). The latter is a particu-
larly striking proof of the transfluence of the Lagunillas Glacier; the ice tongue emanating
from the Hoyeveda valley merged with the cirque g)aciers descending from the Páramo
Verde crests. As the Mortiño icefield reached its maximum height it also overflowed the
ridge 2 km north of the village of Cocuy; the gap in the ridge is marked by roches
moutonnées and hanging glacial drainage channels cut into bedrock. The lowest level
reached by the ice remains to be exactly located, but it can be approximately placed at
the confluente between the Pantano Grande and the Mortiño rivers, close to 3,000 m,
and at 3,200 m in the Tuñebos watershed. The drift of the maximum Wuerm expense of
the ice (San Pablín Stage) overlies the bedrock (shale, sandstone, and limestone, with
KilonleterS
the latter two forming dividing ridges and structural terraces in the direction of the
Main Ice Stream* Main Recasaional Morsa» Systems
regional strike, usually within 300 of E-W) as a rather thin accumulation of boulder-
L aguabendita 14 3001 Non-Glavated Terrain
W1
clay, with numerous poorly drained depressions which were formed either by inconspi- L Lagunillas
1V3 L Pintada (4000)
iDetteuted bv glacial shearline
C-C Concavo-Concaveto or highest lateral morainel
cuous moraine ridges, dead-ice blocks, or bedrock control (see Photo 4). The drift mantle SP-C San Pablin-Corratilos w3 Lagunillas Valle/ (3,600)
Structurally Controlled Bectrocv Planes
LV La Ventura
has been considerably weathered and is cultivated intensively up to where it grades into Wa R San Pablin 13.100) IDnn thin or absenli
• Hoveveta
✓ Verde 3800— SnowlIne San Pablrn Substage
the bedrock abrasion surfaces between 3,500 m and 3,600 m. (14,.. Glacier
Current Snovolone
Feeder Strearns (from Cirques1
W, -W3 T1111' Classical WurmaVisconsen)
5. These recessional stadials may be callad as follows: Lagunillas Válley for W 2, La- • Transfluences
Pre-San Pablin
Elevation in meten

guna Pintada for W3, and Laguna Aguabendita for W4. The 14C dates for these
positions are: 12,320 YBP for W2 (in phase with Port Huron in North America,
Older Dryas in Europe), 7,500 YBP for W3 la late Valders/Younger Dryas date). Figure 3 — Morphogenetic Map, South Flank, Sierra Nevada del Cocu y, Colombia.
and 150-300 YBP for W4 (Neoglacial). Average values taken from González,
van der Hammen, and Flint 11965).

58 59

• .

Brunnschweiler
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Guatemary

PASCd GLACIAL MORPNOLOGY


2300
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Massove , Til
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Diseno Moramos omerate c
Ind.caled
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4000
1 100.000 reaO1969) 7."or.. 3
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Figure 4 - Morphographic Map of the Páramo de Sumapaz, Colombia..

60 61
Glacial and periglacial forro systems of the Colombian Guatemary
Brunnschweiler

Photo 3 — Bedrock threshold in Cocuy quartzite with Neoglacial moraine attached to


Riegel, aboye second-highest lake in pater-noster sequence of Aguabendita Valley (loca-
tion is just to the right of W 4 in Photo 2).

Photo 4 — View due West from Alto de la Cueva, over glacially abraded lapies in fore
ground, finto upper half of the Río Mortifío depression. Effects of glacial erosion and
abrasion characterize the crests and higher portions of the Páramo El Verde in back-
ground. Numerous small lakes and swamps, as well as intensively cultivated soils develo-
ped on ground moraine of the W 1— drift sheet, dominate the middleground.

Photo 2 — Aerial photograph excerpt (1:30,000; courtesy Instituto Geográfico A. Codazzi) of upper half
of Lagunillas Valley and easternmost portion of glaciated Sierra Nevada del Cocuy (PdA: Pan de Azucar,
PdD: Púlpito del Diablo). The effects of the Wuerm glaciation have a very distinct photomorphic pattern,
with the Laguna Pintada and Laguna Aguabendita stadials particularly striking Iconsult Fig. 2 for further
detail in this areal.
63
62
Brunnschweiler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quatemary

The extensiva, unconsolidated boulder-and-fines accumulations which form the


terrace-like surfaces on which the villages of Cocuy and Güicán are located, are tentatively
interpreted here as consisting of pre-San Pablín drift and being of earliest Wuerm /WisCon•
sinan or even Riss/Illinoian age (so identified on Fig. 3 and 4), There can be little doubt
that these and other formations widely distributed at levels clearly below the San Pablín
terminal moraines, are of glacial (and periglacial?) origin.

Relevant to the interpretation of the Pleistocene form systems in the Cocuy district
are numerous boulder accumulations emanating from cirques along the valley divides
(note their concentrations in the middle Cóncavo and Lagunillas Valleys, Fig. 2). They
are interpretated as rock glaciers, rather than landslide debris, as suggested in Gonzalez
et al. (op cit., 162-163, and Plate 2: Cryogenic mass wasting6 dominated during the
later stages of the ice retreat, particularly during the W3 (L. Pintada) stade. the lateral
moraines formed during the W2 (Lagunillas) Stade were destroyed and covered by the
blockstreams which reach valley floors in several instances. The pronounced lapies
development in the limestone planks overridden by the ice at the Alto de la Cueva rnay
have occurred during the Lagunillas and Pintada phases when daily freeze-thaw processes
augmented the solutional decay.

The Case of the Páramo of Arcabuco

Of critical importance for the determination of the elevation of the lower limit of
a glaciation are those paramos in the Cordillera Oriental which just were reached by the
Photo 5 — Well defined cirque on west-facing flank of the Arcabuco Range. Tarn at right snowline depression at W1 time and could not have been invaded by icestreams from
(3,450 m ± 10 m) is contained by right-lateral moraine. Note the fossil gelifractate on neighboring, higher accumulation areas. There are numerous páramos at this level. One
bedrock ledges.
of the best examples for this situation is the Páramo of Arcabuco, located just to the
east of the town of Arcabuco in Boyacá (Plancha Duitama, No. 171, 1:100,000).
Interesting from a geologic point of view in representing a Jurassic anticlinal prong of
red beds (sandstone and shale), the heavily folded sediments are beveled at a summit
peneplane which reaches to just below 3,800 m over some 15-20 km crest length. The
glacial and periglacial morphology of this splendid páramo bastion leaves little to be
desired in terms of clarity of the glacial and periglacial form systems. The cirques are
sharply defined at 3,500-3,550 m (floor, or cirque lake elevation) and almost exclusively
cut into the western, or leeward slope with respect to the prevailing snow accumulation,
just like in the Cocuy provided by re-inforced tropical easterlies (Photo 5). The moraines
emanating from the cirque basins or nivation hollows descend with sharply defined lateral
crests to the 3,000 m-level. As Photo 6 well shows, two stages are easily differentiated,
most probably corresponding to the W1 and W2 phases in Cocuy time-stratigraphy.
There are small W3-stagnation features in crest cirques, but it seems that the Arcabuco
páramo was deglaciated between the Lagunillas and Pintada stades. Although no
blockstreams were observed on Arcabuco slopes, Felsenmeer-type deposits litter the
bedrock surfaces and there are indications of cryoplanation along crestlines. At lower
elevations, on spurs between the glacier tongues, mass transport by gelifluction is clearly
indicated by aprons of gelifractates, now stabilized by the development of peaty paramo
soil.6 All these features show the strong morphological activity during Wmax stage, and
Photo 6 — Triple-pronged moraine system emanating from cirque basin on eastern decli-
there are indications (weathered drift, lower cirques not occupied by Wmax moraines)
vity of Páramo de Arcabuco; fluviatile dissection, most probably starting at W3—time,
ca. 7,000 YBP, has affected only the youngest moraine walls.

6. The zone of most mtense gelifluction, according to the altitudinal concentration


of these rock glaciers, lay between 3,600 m and 4,000 m. Active gehfraction,
sorting of fines, and talus formation was observed occasionally aboye the 4,000
m level during the ascent to the Pu ipito del Diablo in 1973

64 65
Brunruchweiter Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quatemary

at the 3,200-3,400 m-level that pre-W glaciation (Riss?) had its influence on earlier
Quaternary morphogenesis."
Here, as elsewhere in Boyacense páramos at or just below cirque levels the microto-
pography on slopes frequently exhibits channel-like concavities along the fall line which
are separared by bedrock outcrops; pedologically, these streamless miniature valleys
would probably be c(assified as of colluvial type, but the non-sorted, sharply angular,
and involuted material make a cryoturbate origin more feasibles (Photo 7).

The Quaternary Geomorphology of the Páramo de Sumapaz

As far as the Quaternary geomorphology of the Cordillera of Bogotá (sensu stricto)


is concerned, any investigator is well advised to be thoroughly familiar with the extensive
literature which has accumulated over the last thirty years on the sedimentary stratigraphy
of the Sabana de Bogotá.9 In spite of the great progress which has been made in interpret-
ing the stratigraphic record of the Sabana in terms of the changing ecological conditions
during the Quaternary, however, studies to relate the sedimentary sequences of the Saba-
na to concurrent geomorphological evolution of the neighboring mountain chains have
been few and far in between. Nor has the geomorphological evidence of Pleistocene
events in the mountains themselves been the object of specific investigations, the
excellent summaries on the general surface configuration of the Cordillera by such
deserved students of the Andes as Hettner (1894) and Guhl (1975) notwithstanding.
The first serious attempt to interpret the facies changes in the Sabana sediments in
the light of geornorphic processes in their source regions appears in Julivert's (1961)
ordering of the terrace levels and relating them to the stratigraphically established Tilatá Photo 7 — Flow structures in thick gelifractioned debris mantle at 3,600 ± 10 m on the
south slope of Cerro Negro aboye Laguna La Tota, Boyacá.
and Sabana formations (for definitions see Hubach, 1957), with both overlying as well
interfingering with a third, a coarse-grained block facies, simply called "formación cono"
(op. cit., 8-9). The origin of these boulder cones is only briefly discussed and referred to
as "torrential" (ibid., 22).
The concluding statement in vari der Hammen's (1957) palynological stratigraphy of
the Sabana is symptomatic for the status of research on the geomorphology of the source
regions for the lacustrine sediments:
"Let us make clear that the case of the formation of the Sabana is unique in the
world, in so far as the latter consists of lake sediments at an altitude of 2,600 m,
with regions of glaciation in the South (Sumapaz) (emphasis mine), which most

7. A similar sequence has been mapped by Usselman (1974) in the Páramo de


Santurbán. Older moraines (categorized as Middle Quaternary) were recognized
at 3,100 m, 200 m below the fresh moraines of the Recent Quaternary.
8. Recent investigations on the nature of paíamo soils clearly point to the
possibility of fossil cryogenic action at the currently upper, Espeletia leve( of
the paramunian zone; see the excellent summary on the origin of paramo soils
in Sturm (1978). The author inspected, but did not further analyze a sequence
of gelifluction mantles in the Cordillera Central at 3,800 m (Páramo de las Her-
mosas aboye Tenerife, Valle); flow structures in the gelifractate were unmista-
keable and meltwater was oozing out of the fine fraction, indicative of ongoing
freeze-thaw activity at the time of the observation. Intensive study over a longer Photo 8 — View due West from Cerro Nevado de Sumapaz over stepped lake chain (Lagu-
period and at various elevations are needed to obtain a clear understanding of na Guitarra is lowest, consult Fig. 4 for further local orientation). Except for the highest
current periglacial mass movement in the Colombian Andes. ridge crests the entire terrain visible in the photograph was under ice at the maximum
9. No .attempt is made here to evaluate the progress which has been achieved in Wuerm stage. Note the dominant homoclinal structure (westward dip) which gives the
the interpretation of the sedimentary record of the Sabana. The classical studies cuestas and valleys the homogeneous N-S grain.
of Hubach (1957) and van der Hammen and González (1963) form the basis for
any time-stratigraphic and biostratigraphic interpretation of the Colombian
Quaternary.

66 67
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
Brunnschweiler
probably represent, without interruption, the entere Pleistocene in sediments which
can be palynologically analyzed." (ibid., 202).
While there had always been a vague knowledge of the former glaciations in the
Páramo de Sumapaz, neither their regional distribution, their sequence and placement
in the time-stratigraphic scheme of the Quaternary nor their effect upon Quaternary
morphogenesis in the neighboring mountains, valleys and in the Sabana itself have ever
been the object of a comprehensive geomorphological investigation.
The following remarks are intended to draw attention to some major aspects of
Pleistocene landform evolution in the Sumapaz region and its vicinity; at this stage of the
investigation I° special consideration is given to a descriptive (morphographic) analysis of
the surface configuration (see Fig. 4); more intensive field work is needed to establish a
firmer control over the litho-stratigraphy and the age determination of the observed form
systems. Where genetic implications are made, therefore, they are tentative and are
meant as a basis for discussion.
The high mountain region immediately to the south of the Sabana is usually referred
to as the Páramo de Sumapaz. Structurally, it is a meridionally trending homoclinorium
made up of parallel cuesta- or hogback-like ridges which separate rather broad-floored
valleys, at least in their headwater portions. There is a distinct correspondence of crest
levels at the 3,600-3,800 m level, but the easternmost range, whose east flank forms a
scarp of more than 600 m in places, reaches aboye 4,000 m, with the highest point
(4,300 m) formed by the Cerro Nevado de Sumapaz' I (see Photos 8 and 11, Figure 4).
Sandstone, sandy shales, and occasional calcareous horizons, such as the one in the Cerro
Nevado crest, are the ridge formers of the Guadalupe (Cretaceous) and Bogotá (Paleocene)
formations, their shaley members tend to occupy the subsequent valleys. Deeply incised
drainage ways are cut across the north-south grain, and it is through these transverse
valleys that most of the discharge of water and sediments from Sumapaz has been
directed since late Tertiary folding and uplift established the basic tectonic structures
and gradients of Cordillera Oriental. The arrangement of the pre-Pleistocene drainage
pattern is quintessential in understanding the sedimentary history of the Sabana and
both flanks of the Cordillera: although the Usme syncline opens a gateway from the
south into the Sabana, it receives probably less than 5% of the sediment load of the
Sumapaz watershed for northward transport by the Tunjuelito River; the great transverse
river systems tributary to the Orinoco (Dudas, Ariari, and Blanco) and to the Magdalena
(Sumapaz, with its large number of short, but powerful tributaries across the western
Sumapaz ranges) were and continue to be the main erosional and depositional arteries
(consult Fig. 4).

10. Research In the Sumapaz region was partially supported by a grant from the
U.S. Council for the International Exchange of Scholars (Fulbright Commis-
sion); the author is indebted to a number of people and organizations, for
support during Sumapaz expeditions, especially to Ernesto Guhl for sharing
páramo secreta, to Reinaldo García and Mario Rodríguez for an untiring effort
during the ascent of the Cerro Nevado de Sumapaz, and to the personnel of the
map and aerial photograph dispatch of the Instituto Geográfico A. Codazzi for
giving me access to unpublished cartographic sources and aerial photographic
mosaics of the Sumapaz Massif.
11. Although the discussion on the final elevation of the Cordillera into páramo
Photo 9 — Aerial photograph excerpt (1:30,000, courtesy Instituto Geográfico A. Codazzi) showing the
levels seems to have abated with biostratigraphic proof of at least 3,000 m
remarkably sharp profilation and continuity of the Wuerm terminal moraine system on the west side of
elevation of the Sabana at the beginning of the Pleistocene (van der Hammen,
the Sumapaz Ranges (for orientation on Fig. 4 note Laguna Guauque in upper ritht) between 3,300 m
and 3,400 m. Note how the lateral moraines are attached to the cuestas ("flatirons") of the homoclinal 1973), dislocations of tectonic nature undoubtedly continued throughout the
structure. The cultivated sector in lower left is most probably pre-Wuerm drift, partly covered by fluvio- Quaternary, especially in the zone of the great escarpments on either side of the
glacial and gelifluctional mantle of Wuerrn age. Sabana synclinorium, as recently reviewed by Irving 11975; continuad tectonic
instability at marginal flexures and reverse faults) and postulated by Jungenus
11976; as an argument m explaming the Fusagasugá boulder formation).

69
68
Brunnschweiler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary

The accumulation and flow pattern of the ice masses int he Sumapaz region was
clearly dictated by climatic and topographic conditions: depression of the snow line to
3,800 m (as in the case of Cocuy a conservative value), source of solid precipitation in
the tropical easterlies which, in spite of the orographic uplifting over the eastern flank
of the Sumapaz Ranges, is deposited on their lee, or western sides (note prevalence of
west-facingcirques) and, most important for the flow pattern of the Sumapaz Glacier,
an immediate tendency to follow the steep gradient of the pre-glacial transverse valleys
on the west side of the Andabobos Ridge. It is the massive, little altered terminal moraine
belt on the west side of the Sumapaz Ranges which is particularly striking for effectiveness
of material transport during the last glaciation. In the absence of large-scale topographic
coverage, spot elevations and stereoscopic plotting of contour levels were used to
establish the average lowest elevation reached by the last ice advance at 3,200-3,300 m
(see Photo 9).
On the map display ing the erosional and deposition form systems (Fig. 4) the moraine
rampart on the structural terrace of the Guaduas formation, into which the Sumapaz and
Pilar Rivers have deeply entrenched themselves, is accentuated. Note that in some cases
the glacier tongues extended beyond that terrace edge, and that in the great rock
amphitheatre aboye Pasca a confluence of steeply descending ice streams left not only a
large terminal moraine, but also an outwash apron of considerable thickness. It is in this
area of "hanging glaciers" that in all probability the pre-Wisconsinan glacial series can be
found. A preliminary inspection of the coarse valley and slope deposits in the Cuja Valley Photo 10 — Erratic bouldertrain (at middle right) crossing Tunjuelito Valley aboye
below Pasca indicates a moraine-outwash facies at the 2,700-2,800 m-level which must Usme (at about 3,400 ml is characteristic of melt-out deposition, rather than push-
be of Riss/lllinoian origin.12 It is quite possible that the old drift mantle just aboye Usme moraine, in the longitudinal troughs of Sumapaz. Distinct outwash terrace and older
(Riss) lateral moraines on higher valley flank in left center.
at about 2,800 m is also Riss moraine, a hypothesis which will have to be verified with a
more detailed study of lithofacies in this area.

Periglacial Structures in the Sabana Environs

With the snowline lowered at least to 3,800 m during the last glaciation, to possibly
as low as 3.200 m during a maximum Pleistocene glacial advance, the zone of almost
continuous interdiurnal freeze-and-thaw cycles at that level must have descended
accordingly. During the Wuerm stage, ice descended to the 3,300 m level in most valleys,
but left arretes, spurs between cirques, and even wind-eroded summit surfaces at or aboye
the snowline free of ice.
Perhaps the most obvious example of the effect of mass wasting of the periglacial
type is the breakdown of bedrock along planes of bedding and jointing by gelifractation.
The ongoing cryogenic decay of the summit of the Cerro Sumapaz is indicative of the

so.
Photo 11 — Summit crest of Cerro Nevado de Sumapaz (4,290 ± 10 m, by pocket
altimeter in 1970). Strong indication of mass wasting by gelifraction and solution in
12. This area is also critical for its possible contribution of coarse drift materials to
calcareous bedrock strata. Note how sub-summit at right is about to lose its top portion.
the Fusagasugá boulder field. The author agrees with Jungerius (1976) that
The view is due North along the dip-slope; to the right (partly obscured by cloud) the
tectonic release of the bou lder mass is indicated, but it may well be thpt with a summit escarpment forms a vertical cliff of some 600 m.
Riss-depression of the snowline to 3,200 m, the entire upper Cuja Valley
amphitheatre was a giant cirque from which extremely coarse material could
have either emanated by gelifluction in blockstream manner or, catastrophically,
as an ice-debris torrent (similar to the aluvion of Perú). Once the Fusagasugá
formation is correlated with its source region, which lay in the glacial and peri-
glacial zone, it may yield its secret.

71
70
B ru nnschwei ler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quatemary

power of this process,I3 occurring in this case at some 4.500 m below the altitude of
the snowline, or the 0° C annual temperature level, its climatic equivalent (see Photo 11).
The evidence for fossil periglacial activity should be strongest at the level of the
terminal moraines, Le. around 3,300 m for the Wuerm periglacial fringe, and around
2,800 m for that of the Riss period, with a few hundred meters on either side of the
mean value to allow for local conditions. The most striking case is the cryogenic loosening
of bedrock from its foundation. Recognized in the local toponymic folklore as Cuchilla
de la Piedra Ballena (Photo 12), huge slabs of sandstone (Guadalupe ftn.), of an interesting
calcareous variety with a taffoni-like microstructure, are lying at every possible angle to
a planated crest platform below which the undisturbed bedrock dips 15°E. As can also be
well seen on Photo 12 a cirque is cut into the scarp of the Monserrate Ridge whose floor
lies less than 200 m aboye Sabana level at 2,880 m. The entire form complex is inter-
preted as of pre-Wuerm origin, with strong cryoplanation (crest flattening) and cryoturba-
tion (in situ movement of frost-shattered material), processes which surely must have
reached down to Sabana level." Similar Felsenmeer-/ike accumulations of sandstone
blocks occur throughout the Sabana; they occur at expected altitudes to the west,
particularly on the flanks of the Rio Bogotá between Alicachín and El Charquito, and in
such profusion that Hubach (1957) suggested the name Bloques for what he considered
a member of the Pleistocene Sabana formation. Unfortunately, no explanation as to
their origin was offered.
In the course of the Quaternary, periglacial denudation must have occurred at all
levels between the Sabana and the highest cordillera crests where it is still active today.
In the case of the side wall of the Media Naranja cirque at 3,750 m (Photo 13), the
Photo 12 — The Cordillera aboye Bogotá (Sabana with Usaquen on Carrera 7a. in upper
flattening of the crest, beveling the stratification of the bedrock, and the residual
left) exhibits distinct Quaternary glacial and periglacial form change: aboye cirque
(center left) the homoclinal summit crest is flattened by cryoplanation, and intensive gelifractate of the Felsenmeer-type, is obvious. The location is just high enough to keep
cryoturbation has moved sandstone slabs, originally contained in the east-dipping frost heave active, perhaps during the two or three months of the dry season when night
bedrock complex visible on the cirque wall, into peculiar boulder monuments (Cuchilla temperatures fall below freezing due to clear-sky radiation.
de la Ballena in the local jargon).
Just as the glaciers and the vegetation belts reacted to the changing climatic
influences, so did the zone of maximum perglacial mass movement, rising and falling in
concert with other inorganic and organic processes.

Summary and Conclusion

By way of summary, the following facts about glacial and periglacial landform
evolution in the Colombian Quaternary may be considered as based on firm evidence
(consult Figure 5):

13. Historic sources ionfirm permanent snow or ice on the peak, nooe only occasio-
nally receiving ephemeral snow fall during the wet season. Note that the
Neoglacial (W4) moraines at 4,300 m in the Cocuy have been dated as not more
than 300 years old, a good correspondence in snowline depression between the
two creas achieved by independent sources. Of passing interest is the. "theory"
of local inhabitants that the mountain was higher before 1917, the year the
summit firn sheet assumedly disappeared. The earthquake of that year is made
responsible for the destruction of the summit pyramid by a rock fall, proof
for which is said to be seen in large boulder masses on the foot of the 600
m-cliff on the Llanos side of the mountain. The author did not observe any
such from the summit, however; the foot of the summit wall is relatively free of
. - • talus and shows only the moraine ramparts of a small glacier which formad on
Photo 13 — Tarn lake at 3,650 m in the highest basin of the Media Naranja cirque (see the windward side of the Cerro Nevado.
Fig. 4 for location). Altiplanation and slope gelifluction, still seasonally active, have left 14. It is noted that the angular rock debris found at the 2,570 m-level in the El Abra
a boulder slope (incipient Felsenmeer). shelter excavation has recently been interpreted as gelifractate, (van der
Hammen, 1978); its stratigraphic position is Upper Pleistocene, which indicates
that frost action descended to the Sabana during the last glaciation aleo.
(All photographs, except 2 and 9, by author)

72 73
Brunnschweiler
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary

1) The level of the snowline during the last glacial maximum in the Colombian Andes
1 was found at 3,800 m, a descent of slightly less than 1,000 m from its present level
7. 2
in the Cordillera Oriental (4.700-4.800 m). Assuming a lapse rate of .6°C/100 m
LL j
this would correspond to a decrease of 6°C (rounded to nearest degreee) of mean
o I
_3
annual temperature at paramo levels.
Ecologic Zonation

2) The floors of cirques (of which many hundreds ex ist) are reliable snowline indicators;
o the occurrence of the lowest of them close to the 3,000 m-level, but without traces
E
kro of the last glaciation, points toward their implantation during the penultimate
; 2 glaciation, exceeding the Wuerm/Wisconsin in magnitude.
«
í 3's 2 3) The consistency of altitudinal levels for climatically controlled glacial and periglacial
1. z a. processes, and their in-phase vertical shifts with similarly affected plant formations,
shows that the geomorphological time-space model is in accord with the well-establis-
hed biostratigraphy of the Upper Pleistocene and the Holocene.

F igure 5 — Late Cluaternary Morpho-climatic and Ecologic Zonation in the Co lornbian Ancles.
4) The altitudinal levels of given glacial and periglacial activity are uniform throughout
the Cordillera Oriental (a much larger sample of site observations is needed, however,
to clearly delimit the respective activity zones at different times).
5) The terminal moraines of the last ice advance in Colombia (for whose maximum
stage the narre San Pablín is proposed) are unmistakeably defined where formed by
valley glaciers, only by lithustratigraphy below hanging glaciers or piedmont-like ice
sheets. Wherever sufficient accumulation surface existed, ice reached at least to the
aln40.•4•" 10111.1110 uoaw
PU, stacIa 3,300 m level during the last advance. Older drift (little of which has been investi-
gated) underlies San Pablín moraines and has been observed to at least as low as
SE
Temp era ture Ana logue
( 6)
2.700 (Pasta amphitheater I.
Periglacial formations, in particular those resulting from cryoplanation (crest

flattening) and cryoturbation (in situ patterning of gelifractate) are widely distribu-
SUB ANOEANFOREST

ANDEAN FOREST 92 ted and can be found at least as low as the Sabana level; current lower limit of
o

SUBPA RAR,
intensive frost action is around 4,000 m.
0i s May it be submitted, finally, that many questions concerning the Middle and Lower
LL e
e Pleistocene landscape evolution in the High Andes remain unanswered--and often,
SI
unasked. There is no doubt that only a concerted effort involving various research
orientations will eventually bring the convergente of evidente in this basically gray
domain.

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Van der Hammen, T., Werner, J.H., and Van Dommelen, H., 1973 - Palynological Record of Upheaval dio del mar.
of the Northern Andes: A Study of the Pliocene and Lower Quaternary of the Colombian Esta altura, las dataciones por 14C y la horizontalidad general de estas formaciones, permiten
Eastern Cordillera and the Early Evolution of the High-Andean Biota. Review of Paleobotany and suponer que se edificaron durante los últimos altos niveles marinos del Holoceno, siendo de poca
Palynology, 16: 1-22. influencia la elevación debido al Neotectonismo.
Wilhelmy, H., 1957 - Eiszeit und Eiszeitklima in den feuchttropischen Anden. Petermann's Geogr.
Minado ngen, Ergaenzungsheft 262: 281-310. ABSTRACT

Shell accumulations and reef limestone in the form of marine terrace are found in the Cartagena
coastal region.
They are situated about +1 to +3 m aboye sea level. The elevation, radiometric dating with
14
C and the almost horizontal plane of these formations lead us to believe they were formed during
the high sea level of the Holocene. Neotectonic vertical movement appears negligible.

RESUME

Tout au long de la frange littorale de la région de Cartagena ont été rencontrés, á une cote géné-
ralement comprise entre +1 et +3 m, de multiples veshges de faluns et de constructions récifales, ces
derniéres en forme assez typique de terrasses.
Les datations radioisotopiques au 14C la hauteur et la quasi-horizontalité de ces formations
conduisent á penser que leur élaboration s'est effectuée au cours des derniers hauts niveaux marins
Holocénes; les faibles variations verticales observées en rares endroits laissent supposer le peu
d'influence du néotectonisme dans le secteur étudié.

INTRODUCCION

Las investigaciones sobre las oscilaciones del nivel marino durante el Cuaternario se
desarrollaron mucho en estos últimos años, especialmente dentro del Programa Interna-
cional de Correlación Geológica patrocinada por la UNESCO (Proyecto No. 61 sobre
el nivel del mar).
El enfoque de estos estudios es básicamente la descripción, datación y correlación
entre las diferentes formacionés marinas litorales encontradas tanto por encima del nivel
del mar actual (Laborel y Delibrias, 1976; Battistini, 1977; Schubert, 1978), como en la
plataforma continental (Pinot, 1968; Meischner et al., 1977; Lighty, 1977). Inclusive,
varias síntesis trataron de comparar los datos observados en los diversos continentes
(Fairbridge, 1961; Morner, 1969; Ters, 1973).
La elaboración de un esquema general sobre las oscilaciones del nivel del mar es muy

• Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas - Misión Técnica Francesa - Escuela


Naval, Cartagena (Colombia).

77
76
Buril & Veme«, Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena

compleja debido a que la apreciación exacta de los movimientos eustáticos implica la re-
ferencia a una zona estable tanto en cuanto a tectonismo, como en isostasia glaciar (Ters,
1973; Taylor y Bloom, 1977).
El presente trabajo tiene como enfoque el estudio de las formaciones arrecifales y de
las acumulaciones de conchas encontradas, a lo largo del litoral de la región de Cartagena,
a una altura comprendida entre +1 y +3 m por encima del nivel medio actual del mar.
El objetivo es determinar si la elevación de estas construcciones arrecifales resulta prin-
cipalmente de las oscilaciones del nivel marino durante el Cuaternario, como se compro-
7;m15' 710150' 7;015' 7
bó en varias partes del mundo (Kempf, 1968; Davies, 1971; Tastet, 1979, etc.), o si pro-
viene de una tectónica reciente como lo propusieron Caraballo y Macostay (1973) para un
sector de terraza que se encuentra en el litoral venezolano.
M A

1. ZONA DE ESTUDIO

Proa 'orne
El sector del litoral contemplado en este estudio corresponde a los alrededores de
C A RIR E
Cartagena, desde Punta Piedra al Norte hasta Punta Barú y el archipiélago de las Islas
del Rosario, al Sur (Fig. 1).
La morfología de este sector tiene distintas características:
- La costa norte de Cartagena presenta varias formaciones salientes (Punta Piedra,
Punta Canoas, Los Morros) que prolongan los ejes estructurales del interior (Fig. 2).
el obbo
Estas puntas son unidas por un sistema de playas, barras y cordones litorales bien
• i0 °4 5'
desarrollados, elaborados por la deriva litoral generada por los vientos alisios y
orientada hacia el Sur. Estas acumulaciones arenosas, no consolidadas, estabilizadas
poco a poco por el manglar, facilitan la formación de lagunas y ciénagas internas
(Ciénaga de Tesca). Son arenas de color gris, de tipo detrítico fino y bien selecciona- • unta Piedras

do (Lesueur y Vernette, 1978) (Fig. 3).


- era C
Al sur de Cartagena, todo un conjunto de formaciones calcáreas y arrecifales bordean
el mar. Las playas, constituidas de arena calcárea, son de poca extensión en compa- os Morro
io03o'
ración con la del sector Norte. Al suroeste de Barú, la morfología (del fondo) de la
plataforma se complica por la presencia del archipiélago del Rosario. Ci•nago d• Tosca
V
ARTAGEMA

2. ESTUDIOS ANTERIORES

Referente a la región de Cartagena, los pocos estudios geológicos que se publicaron


mencionan la presencia de una serie del Mio-Plioceno constitu ida por un sedimento limo-
arcilloso que incluye masas de calizas arrecifales en sus niveles superiores.
Bürgl (1957) en la Popa y Duque (1968) en el sector de Turbaco indicaron el carácter
discordante del Plioceno sobre el Mioceno.
Con base en los análisis palinológicos, Solé de Porta (1960) propone una edad plio- Figura 1 — Area de estudio.

cénica para las arcillas del Cerro de la Popa y admite la contemporaneidad entre La Popa
y la Isla de Tierra Bomba para estas formaciones.
En Tierra Bomba, Royo y Gómez (1950), como más tarde Porta y Solé de Porta
(1960) describieron dos terrazas: la primera, en el Norte de la Isla, tiene una mayor
altura (+20 a +25 m) y correspondería a una superficie de abrasión de edad pleistocé-
nica desarrollada a partir de las calizas arrecifales del Plioceno formando los cerros en el
interior de la Isla. La segunda, de poca altura (entre +1 y +3 m)se prolonga en casi toda
la parte externa del lado mar abierto. Pfaff (1969) la menciona en Isla Barú y la describe
como sustrato de varias Islas del Rosario.
En resumen, la región de Cartagena está constituida por una base limo-arcillosa del
Neogeno incluyendo, en las partes más arriba, calizas arrecifales que permitieron la for-
mación de cerros, protegiéndolos de la erosión posterior a su emergencia. Sobre esos relie-

79
78
Burel & Vernette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Region de Cartagena

Punto Piedras

Manglar.
Arroyo
de Piedras
P laya de Areno gris.

?laya de Arena calcare°


Punta Canoas 1:1113it
Te rraza Coralino.
Punta Canoas

Bayunea — ( III Acumulrici¿n de Conchas.

Detritos Coralinos.
Man :anillo Los Morros
s• &
M A R T Lo Boquilla

M A R
CARIBE
Santa Rota

CARIBE

CART AG EN A
I Manzanilla

141 a d•

Ti. rra Ro t'eh°

o ~Turbara

a ttlea ,
«
1 3... (5 Bocaca,eo CARTAGENA

o Ahorcazorra

Hond

1. Borii
Pita O Icon He
Portenaito

El Dique

ESCALA 01/250.000

0 2.5 Cipo d• ESCALA o (/250.000


51zrn
• • 1 Chalen •040 O 25 5 te.
• • 1
igura 2 — Mapa topográfico y estructural. Curvas de Nivel en m. Figura 3 — Repartición de las diferentes facies en el área.
a BOrli

80 81
Buril & Vemette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena

ves, vinieron a tropezar los mares del Cuaternario asi como lo hace el mar actual. Esos
mares dejaron como testigos la superficie de abrasión asi como la terraza de +3 m.

3. FORMACIONES LITORALES CUATERNARIAS SITUADAS


POR ENCIMA DEL NIVEL MARINO ACTUAL

A lo largo de la costa de la región de Cartagena, existen varios vestigios de formacio-


nes marinas litorales subrecientes situadas por encima del nivel marino actual.

3.1 DESCRIPCION

Los dos principales testigos de estas formaciones son: las acumulaciones de conchas
y los edificios coralinos.
a) Acumulaciones de conchas (Foto 1)
Esta facies se encontró en varios lugares de la región a una altura generalmente infe-
rior a +5 m, en zonas protegidas por morros o en las partes internas de las orillas de las
ciénagas. De vez en cuando el afloramiento está puesto en evidencia por la erosión de un
riachuelo intermitente o por las corrientes en un canal que une diferentes partes de una
laguna.
El espesor de esos niveles es variable, con frecuencia superior al decímetro y puede
alcanzar valores superiores al metro.
Foto 1 — Acumulación de conchas en la orilla de Ciénaga
Esas conchas se encuentran con frecuencia dentro de una matriz constituida por
Honda.
arena fina o limo. Para los afloramientos del sector norte de Cartagena, hay que anotar
que no se encontraron mezcladas con las arenas detríticas grises que actualmente forman
las playas de ese sector.
b) Formaciones coralinas
Esas formaciones, encontradas a lo largo de la costa sur de Cartagena, en alternancia
con las playas de arena calcárea de poca extensión, corresponden a la terraza de +3 m
descrita anteriormente. Sobre esta formación tropieza actualmente el mar, dándole un
aspecto de escalón que materializa el perfil de costa (Foto 2).
Debido a la complejidad morfológica del medio arrecifal, diferentes facies se en-
cuentran a poca distancia entre ellos, así:
— Calizas arrecifales consolidadas, las cuales constituyen generalmente la base de la
formación y presentan con frecuencia testigos de alteración biológica (Foto 3).
- Arenas no consolidadas que sirven de matriz para los organismos fósiles. En la zona
media a infralitoral se encuentra a veces esta facies consolidada en "beach rock",
presentando figuras de erosión interna (Foto 4).
- Acumulación de detritos coralinos que, por su extensión, indica el gran desarrollo de
las formaciones arrecifales cuaternarias en la región (Foto 5).
— Corales en posición de vida, materializando bien esta terraza de + 3m. Las especies
encontradas con mayor frecuencia fueron: Porites porites, Acropora palmata, A.
cervicornis y Agaricia sp. (Foto 6).
c) Otros aspectos encontrados
En varios lugares se pudo observar especies coralinas adheridas a la superficie de la
terraza. Esos corales presentan un aspecto más reciente que la caliza de la terraza sobre
la cual se desarrollan (Foto 7).
El estudio de una lámina delgada obtenida perpendicularmente a la superficie y se-
parando la especie adherida de la base, indica un estado de recristalización mucho más Foto 2 — Cantil de la terraza de "+3 m" en Tierra Bomba.
avanzado en esta base que en el coral, lo que sugiere diferentes etapas en la formación de
la terraza de +3 m.
La Ciénaga Honda, al sur de la Bahía de Cartagena presenta, a partir de su entrada,

82 83
Burel & Vernette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena

Foto 5A — Plano con Agaricia sp. en Isla Tesoro .

Foto 3 — Alteración biológica en la caliza arrecifal consolida-


da de la terraza de "+3 m" en Punta Gigante (Barú).

Foto 5B — Acumulación de Porites porites en Isla Manzanillo (Cartagena).

Foto 4 — Facies arenosa y niveles de detritos coralinos mez-


clados con bivalves en la terraza de "+ 3 m" (Tierra Bomba).

84 85
r Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena
Burel & Vernette

las siguientes sucesiones:


barrera de residuos coralinos cubiertos por manglar
- terraza arrecifal con la especie Porites porites dominante
— terraza de caliza consolidada
acumulación importante de conchas en una matriz arcillosa de color marrón claro
en la parte más interna de la ciénaga.
Esta sucesión que se presenta, completa o no, en varios lugares de la región de Car-
tagena, indica la posición externa de un medio agitado de formaciones coralinas en opo-
sición a otro medio de calma interno para las acumulaciones de conchas.
En la punta noroeste de Isla Naval, en el archipiélago de las Islas del Rosario, la te-
rraza forma una saliente abrupta de unos +2 m sobre el nivel medio del mar. En este
abrupto vertical se observa en posición de vida la especie Porites porites en la base y por
encima de esta, Acropora palmata (Foto 8).
En la repartición actual del biotopo coralino, Acropora pa/mata se encuentra en
la cresta arrecifal externa, expuesta al oleaje, mientras Porites porites colonizan los bajos
internos sometidos a poca agitación.
La superposición observada en la punta noroeste de la Isla Naval, podría indicar una
evolución de la cresta arrecifal hacia el interior de la Isla, producida por un aumento en
el nivel del mar durante la formación de la terraza.

3.2 LOCALIZACION DE ESTAS FORMACIONES (Fig. 3,4,5)


Foto 6 — Agaricia sp. en posición de vida en Isla
Foto 7 —Corales adheridos a la terraza *de
Tesoro. En la región estudiada, las acumulaciones de conchas se encuentran tanto al norte
"+3 m" en Punta Gigante.
como al sur de Cartagena y más precisamente en los lugares siguientes:
cerca del pueblito de Punta Canoa al sur de Punta Canoa
— detrás del pueblito de Manzanillo del mar (norte del Morro Grande) y en la parte
sur de los Morritos
- en el islote central como a lo largo de la punta Boqueron (lado norte) en la Ciénaga
de Tesca
- en la orilla sur de la Ciénaga Honda
- en la orilla norte de la Ciénaga de Porto Naito en Barú.
Las formaciones coralinas que construyen de manera muy característica la terraza
de +3 m, se encontraron ubicadas exclusivamente al sur de Cartagena; se desarrollan de
manera discontinua en las partes externas al lado del mar abierto, a lo largo de la Isla
de Tierra Bomba, en las orillas de Barú y forman la base de la mayoría de las islas del
archipiélago del Rosario.
En la punta norte de Tierra Bomba, la orilla interna presenta también esta terraza
que, lateralmente (de Norte a Sur), pasa de una facies de acumulación de detritos cora-
linos a un nivel arcilloso para volver a detritos coralinos y arenas sobre una base de cali-
za arrecifal consolidada.
Desde la punta se puede apreciar que la terraza desciende progresivamente hacia el
Sur y se hunde por debajo de la superficie del agua a unos tres kilómetros de distancia
de la punta, dando paso a una playa (Playa Dorada) y vuelve a aparecer aún más al Sur,
Foto 8 — Acropora palmata desarrollada sobre la base de Porites porites en bajo la forma de acumulación de detritos coralinos. Es una de las pocas partes donde se
Isla Naval. alcanza apreciar cierta pendiente en la terraza que generalmente se presenta horizontal.

3.3 DATACION

Richards y Broecker (1963), utilizando el método del 14 C, obtuvieron una edad


de 2.850 ± 150 años B.P. para una concha de la terraza de +3 m en la punta norte de
Tierra Bomba.

87
86
88
MAR

P laya Lindo
Burel & Vernatte

en los alrededores de Cartagena.

lorrabomba
Figura 4 — Localización de los afloramientos

iA111.
NONO
2 700± 90 B. P.

,bj

11
Je
Tes ce

Punta Ahorca ora


Clencs94

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I.A RENA PUN TA BA RU


89
Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena

Rosario.
Figura 5 - Archipiélago de las Islas del
A

Burel & Vernette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena

Con el mismo método, el análisis de una muestra de Porites porites de la terraza de


+3 m que se une con el nivel de concha de la parte interna de la Ciénaga Honda, dió un
resultado de 2.700 ± 90 años B.P. (ref. GIF 5038). Así, las conchas de Tierra Bomba y la
facies de Porites porites de Ciénaga Honda, se desarrollaron durante el mismo período
(Fig. 4).

o E E E E
0 O O
a N
IC
o CONCLUSION

A escala mundial se conocen testigos de la transgresión "Thyrénéene" (unos 100.000


años 8.P.) por encima del nivel actual del mar; se pudo comprobar además que después
8 del máximo de la regresión del Würm (unos —20 m a los 20.000 años B.P.), la subida gla-
o
cio-eustática se efectuó por una serie oscilatoria de avance y retroceso del mar hasta un
nuevo alto nivel entre los 5.000 y 3.000 años B.P. (Fig. 6).
La altura de esta última etapa aparece bastante variable según las regiones de la tierra,
o
8 por lo tanto la mayoría de los estudios la describen como situándose a unos +2 a +3 m.
oso En ciertas regiones, los fenómenos de tectonismo dificultan obviamente el estableci-
miento de la posición de los vestigios marinos anteriores si se les quieren comparar con el
01
8 nivel marino actual.
o o o o
En la región de Cartagena, el presente estudio permitió evidenciar la existencia de nu-
merosos niveles subactuales así, como confirmar la presencia de terrazas litorales de
formación arrecifal ubicadas en la costa externa al Sur de Cartagena. Estas terrazas
ID
o se encuentran generalmente entre 1 m y 3 m por encima del nivel marino actual.
O
14
Estos promedios de altura y las dataciones por C, que indicaron una edad aproxi-
o mada de 2.700 años B.P., permiten pensar que la elaboración de esta terraza marina se
1. 2 desarrolló en parte durante el último alto nivel marino.
Se está esperando otras dataciones para comprobar si en esta terraza, la facies de cali-
za arrecifal consolidada que soporta los ejemplos de colonias de corales "pegados" se
elaboró en el alto nivel anterior (100.000 años B.P.?) o si se encuentra en esta posición
por el tectonismo.
Es evidente que movimientos tectónicos afectaron el Mio-Plioceno como parte del
Pleistoceno debido a que los afloramientos de caliza marina que cubren el Cerro de la
ss. c
d
o
o., Popa, culminan a +156 m y alcanzan solamente unos +80 m en Tierra Bomba.
8
. N
—oo
o \ ■ x
Pero en época más reciente el tectonismo no pareció afectar tanto la región de Car-
br tagena puesto que la mayor parte de la terraza de +3 m se presenta horizontal. Solo
C C una pendiente suave se pudo comprobar en el lado interno de la punta norte de Tierra

8 Bomba.
o 4 -8
.
,o- ..;
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in both cordilleras indicate a similar pattern of glacier fluctuations from the Holocene to Illinoian
Fig. 2 Map. Bogotá.
periods. Three groups of bare, sparsel y vegetated and well vegetated moraines within 0.5 2 km and 6
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altitude of the piedmont west of the cordilleras. Two tills older than Illinoian age exist near La Paz,
Bolivia, the lower of which is older than 3.27 Myr. No tills older than Illinoian have yet been found
in Peru and even the Bolivian sequence is probably incompleta for the Late Cenozoic as a whole.

INTRODUCTION

The Cordillera Blanca of Peru and the Cordillera Real of Bolivia are two mountain
massifs of similar dimension and altitude and both are aligned north-west to south-east.

• Department of Geography, University of Aberdeen, Aberdeen AB9 2UF, Scotland.

93
92
Clapperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real. Bolivia

Separated by about 6- of latitude within the tropics and a horizontal distance of appro- GLACIAL LANDFORMS
ximately 1100 km they seemed to offer scope for a interesting comparison of Quaternary
glacial history. It was assumed that tectonic elevation of these massifs during the Quater-
nary may not have been sufficiently differential to make any comparison of glaciation Landforms of glacial erosion: the most conspicuous landforms of glacial erosion in
invalid, but such an assumption could be wrong. the two Cordilleras are cirques, troughs (glacial valleys) and ice-scoured surfaces. As in
The Cordillera Blanca (Fig. 1) is a magnificent range of mountains extending as a unit all Alpine environments glacial cirques, abandoned or occupied by glaciers, are a distinc-
of topography over a distance of 200 km and with a width varying from 15-35 km. Rising tive element of the topography. They vary widely in scale from small incipient features
to a maximum altitude of 6,768 m in Huascaran the highest summit, more than 10 peaks at low altitudes (c.4,200 m) and where there has been insufficient space for development
exceed 6,000 m and many more reach to over 5,500 m. In this way the Cordillera Blanca to vast amphitheatres 2,000 m deep and over 5 km wide as on the west side of iivascaran.
dominates adjacent parallel ranges which do not presently support glaciers: the Cordillera A detailed analysis of cirque altitudes is still incomplete but generally speaking some
Negra whose crest line lies no more than 25 km to the east and rises to just over 5,000 cirque thresholds lie as low as 3,800 m on the eastern sides of the mountains but seldom
m at its highest point nevertheless contains many abandoned cirques and moraines. The descend below 4,200 on the western sides. The remarkable dimensions of many cirques —
Cordillera Blanca is a large batholith composed of coalescent granodiorite plutons of such as those in the Huascaran-Huandoy massif of the Cordillera Blanca suggest that the
upper Tertiary age (c.6-9 Myr, Wilson et al 1967); it is flanked on the west by Tertiary process of cirque development has been in progress for a very long time, perhaps millions
volcanic rocks and on the east by Jurassic sedimentary strata. On the western flank of
of years rather than only hundreds of thousands.
major faults separate the batholith and the volcanics and give rise to an impressively
steep western face to the Cordillera Blanca. Mountains such as Huandoy and Huascaran Glacial troughs are particularly notable in the Cordillera Blanca (Fig. 2) because of
rise precipitously for over 4,000 m aboye the Rio Santa in the Callejon de Huaylas. The their length and distribution, extending virtually right through the massif from north-
eastern side of the range is less well defined from lower parallel anticlines of sedimentary east to south-west. The Quebradas de Santa Cruz, de Paron, de Llanganucos, de Ulta
rocks but slopes descend steeply to deeply incised tributarles of the upper Amazon and de la Honda are most impressive features 10-20 km long and more than 400 m deep.
system. Presumably as a result of tectonic tilting of the mountainblock the principal The typical cross profile showing a glacial "U" incised into a fluvial "V" indicates glacial
watershed is situated well to the eastern side of the range thereby providing long valleys deepening of a pre-glacial river valley system. Most of the troughs narrow quite conspi-
and large drainage systems flowing south-westwards into the Rio Santa. The latter cuously at their exits from the massif and the majority descend into the Callejon de
occupies a graben located between the Cordillera Negra and the Cordillera Blanca, a Huaylas as rock steps, thereby leaving their floors hanging at a hither altitude. The
corridor of low lying ground declining north-westwards from 4,000 to 2,500 m a.s.l. consistent regular alignment of the troughs a right angles to the strike of the batholith
The Cordillera Real (Fig. lb) also extends as a prominent massif of high mountains suggests that erosion has perhaps exploited lines of structural weakness; e.g. the straight
over a distance of about 200 km and with a width commonly from 15-20 km. Rising to middle section of the Quebrada de Santa Cruz follows a prominent fault (Wilson et al
a maximum altitude of 6,580 m in Ancohuma at least seven other peaks exceed 6,000 m 1967). Only very short troughs are present on the eastern side of the Cordillera. Although
and many others are over 5,500 m. Whereas the western flank of the range descends less spectacular and shorter, troughs are also impressive glacial landforms in the Cordillera
steeply along major faults to the tectonic depression occupied by Lago Titicaca and the Real where they are well developed on the western side of the watershed. The troughs
northern Altiplano of Bolivia the eastern side drops more irregularly to easterly flowing occupied by the Rio Chachacomani, Laguna Khara Kkota and Laguna Alka Kkota are the
river systems such as the Unduavi, Zongo and La Paz. The Cordillera Real consists mainly most conspicuous, extending 10-15 km in length and reaching depths in excess of 400 m.
of folded Palaeozoic rocks (marine shales, siltstones and sandstones of lower Ordivician, The overall trend of troughs in the Cordillera Real is also at right angles to the structural
Silurian and Devonian age) which have been extensively intruded by granitic and grano- strike of the batholith, but possibly because the batholith is less homogeneous than that
dioritic plutons. In places these have coalesced to form a continuous batholith but some of the Cordillera Blanca, evolving more discontinuously over a longer period of time, the
separate plutons underlie outliers of spectacular topography such as Illimani. Although structural lines and the pattern of troughs are less regular. The existence of such troughs
the intruded sedimentary rocks and the intrusive plutons (Triassic-Miocene) are older indicates the former presence over both massifs of substantial bodies of temperate-based
than their equivalents in the Cordillera Blanca the overall tectonic framework and result- glacier ice, probably in the form of mountain ice caps.
irtg topography are strikingly similar. It thus seemed that a comparison of the glacial
Bedrock scoured by glacial erosion into bare rocky hummocks and basins is wides-
history of these massifs would be interesting and could highlight any differences in the
pread in both Cordilleras and is of considerable value in detecting the former extent and
two controlling variables — climate as related to latitude and longitude and uplift in
direction of movement of previous ice masses. Such landforms are present on the shoul-
relation to differential tectonic activity associated with lithospheric plate segments.
ders of mountains aboye the glacial troughs (Fig. 3) and are abundant across interfluves
The bulk of both areas has been studied in detail from stereoscopic examination of
vertical air photographs; this will lead to the production of glacial geomorphological and high passes at the heads of troughs. Much more significant is their widespread
maps for the two areas in the near future (c.f. Clapperton 1971,.Clapperton and Sugden, occurrence over presently ice-free lower ground (c.4,800 m) situated between higher ice-
1980 for the sub-Antarctic). Also field studies were made in selected transects of both covered parts of the mountains; for example, at the southern end of the Cordillera Blan-
massifs during 1975 and 1976 permitting ground checking of landforms, the field analysis ca near Laguna Queroccocha and in two cols at the southern end of the Cordillera Real
of some sediments and the collection of others for later laboratory work. The areas near Laguna Zongo and El Cumbre. To cover such areas of lower watershed with ice
involved are so large, however, that this paper is very much the outcome of what must be flowing away from the present watershed (former ice shed) in opposite directions requires
regarded as a reconnaissance and more selective detailed work, particularly for datable the former presence of an ice cap nourished over this topography. At these localities
material, is planned for the near future. The account which fol lows refers mainly to the roches moutonne-es and striated bedrock surfaces indicate a divergent ice movement
western sides of the two cordilleras where the glacial landforms and sediments are most outwards from the present watershed. In the Cordillera Blanca erosional evidence indica-
clearly observed. It will be concerned principally with the nature, characteristics, distribu- tes that the ice shed was centred over the eastern part of the massif thereby discharging
tion arad significance of glacial landsforms since these are fundamental in establishing the long ice streams westwards; but in the Cordillera Real, the ice sheet was located in the
extent of late Quaternary glacier systems. The landsforms may be conveniently discussed central part of the massif. Erosional forms suggest that ice thickness must have been in
in two categories, those of erosion and of deposition. excess of 800 m in both Cordilleras.

94 95
Clapperton Cluaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia

77050'W

r Sorato

(Olomou

9°S
• Ancohurna

— 16°S
s •Achocorh.

Lagono Miro Khoto


ithcrogulo, Loun
Sorog Kko
oto
"'

(laguna
511
Logo Toteoto 3810m ‘‘ Toypo Choro

• 1 Cumbre--/-
Laguna "Out, .0*

ec

—16°30'S

O LAGUNA QUEROCCOCHA
O PRINCIPAL ICE FIELDS
tHUARA PASC A U • •:1 LAND OVER 4500m
s '. POSSIBLE EXTENT OF ILLINOIAN DEPOSITS
c WISCONSIN TERMINAL MORAINE LIMIT
o O 40km
-1005
Lima
PERU 68°30'W 68°W
SOLIVIA
Fig. 113
Logo Ce, 1'1
PACIFIC Ti tic oca
OCEAN Figure 1 — Lination maps showing places mentioned in text and approximate limits of Wisconsin and
O 400km .1.<0 Poz
I llinoian glaciations. A. Cord. Blanca, B Cord. Real.
750 W I AGUNA CONOCOCHA

1 Quebrada De SontoCruz H Hueros Possible limito/ Minoran deposita


2
3
De Paron
De Llongonuco
R
C
Recuas
Chau in
C in terminal moromn
Wisconsin lonits

4 De Ulto 1 Ice field, ion/1c~


5 De Lo Hondo I .1 Lond abone 4500m

40km
Fig. 1A

96 97
Clapperton 1 Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia

LANDFORMS OF GLACIAL DEPOSITION

Traditionally the extent and sequence of glacial events in Perú and Bolivia have been
discussed in terms of the glacial sediments. Accounts by Broggi 1943, Oppenheim 1945,
Oppenheim and Spann 1946, Heim 1947, Kinzl 1949, Tricart 1965, Hastenrath 1967,
Clapperton 1972 and Lliboutry et a/ 1977 are probably the most useful for the Cordille-
ra Blanca while those by Gregory 1913, Troll 1929, Troll and Finsterwalder 1935, and
Ahlfeld 1954 preceded the classic work of Dobrovolny (1962) on glacial deposits in the
Cordillera Real. The main emphasis of this paper is to describe and compare the morpho-
logy of the glacial deposits in both cordilleras and to discuss their absolute and relative
ages where possible. In order to sustain a comparison between the two massifs the discus-
sion will begin with existing glaciers and follow successively older moraine groups down-
valley from them.
Mass balance data is lacking for both cordilleras but some estimates put the equili-
brium line at an altitude of about 5,000 m (Hastenrath, 1967): since the snouts of many
glaciers terminate at about 4,88 — 5,000 m this estimate should not be too far out.
Twentieth Century moraines: the majority of glaciers in the Cordillera Blanca and
the Cordillera Real have reced from terminal moraines evidently constructed earlier this
century (Clapperton 1972). The moraines and spreads of morainic debris contained
within their walls are typically composed of a mixture of coarse angular rock-fall detritus
and abraded subglacially derived clasts contained in a fine till matrix. As many as 20-30
or more ridges 1 m high mark recessional positions of the ice front at many glaciers, but
at others a single large composite ridge has been built. These moraines are ice-cored in
many places but are ice-free in others. The surface stones are normally bare of lichens,
mosses and other vegetation, show little evidence of frost disturbance and are often a
conspicuous light grey colour. Documentary evidence (Broggi 1943, Oppenheim and
Spann, 1946, Kinzl 1949) and historical recollection (Delgado pers. comm.) indicate
that the main phase of glacier recession from these moraines took place after the 1930's,
a trend which continued at least until the end of the 1960's. The magnitude of the
advance which led to the outermost terminal moraine was small, generally less than one
kilometre and lowering the glacier snouts by 100-300 m of altitude. Recession from the
advanced positions was widespread in both massifs during the three decades from 1940-
1970, thus in harmony with a global trend of this period (Sugden and John 1976).
Recent studies at the Quelccaya ice cap in southern Peru suggest that at least one sobe is
presently advancing (merced et al 1975) and in the Cordillera de Raura only 100 km
south-east of the Cordillera Blanca the writer observed virtually no change in the snout
positions of glaciers between 1970 and 1976. At one glacier marker stakes planted in the
proximal moraine 4 m from the ice edge during the dry (August) season of 1975 liad been
bulldozed out of position and were incorporated into the moraine three metres to one
side by August 1976. This suggests a seasonal advance and retreat of the glacier snout to
and from the nearest moraine over a distance of about 5 m. Thus it is possible that the
widespread recession of the mid 20th century has now slowed down or ceased in some
parts of the Andes.
Little Ice Age moraines: contiguous with the 20th century moraines is a second
distinctive set which extends only a short distance beyond them in both cordilleras. This
group of moraines is distinguished from the former by a more complete cover of veteta-
tion a greater degree of lichen cover on boulders and a more obvious amount of distur-
bance by frost action. In some places there is a very sharp junction between the two
groups of deposits but in many others it is less obvious and it is possible that there is
more of a continuum between the two groups. It has not yet been possible to accurately
date this moraine group but on the basis of their freshness and relative position they may

98 1 99

Clapperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia

be inferred to be the product of the Little Ice Age. In the Cordillera Blanca outwash from
this moraine in the Quebrada Llanganuco overlies a 30 cm layer of peat, the base of
which gave a radiocarbon age of 4,287±90 yr (SRR-996) and in the Cordillera de Raura
100 km farther south a radiocarbon age of 1,014±45 (SR R-994) was obtained from peat
incorporated into the moraines of this group. Since the Little Ice Age has been such a
global feature in terms of glacier advance, affecting glaciers even in the sub-Antarctic
(ClaPPerton et al 1978) and southernmost South America (Mercer 1976), it seems
plausible to assign such an age to moraines in Peru and Bolivia occupying similar relative
positions with respect to the present glaciers.
Neoglacial moraines: Farther down-valley from moraine groups of the last few
centuries a group of conspicuous older moraines is consistently present in the two cordi-
lleras. Commonly located approximately 6 km beyond the present glaciers this group
normally terminates at between 4,200 and 4,400 m a.s.l. The number, size and morpholo-
gical characteristics of the moraine ridges varíes greatly according to the glaciological and
topographical characteristics of the catchment. For example in the Cordillera Blanca the
main highway from Recuayto Chavin follows the valley containing Laguna Queroccocha
and crosses at least 33 terminal moraines of this group over a distance of 6km; but in
other valleys such as the Quebrada Llaca only a single, perhaps composite ridge may be
present. In the Cordillera Real the most accessible moraines of this group can be seen on
Ir '2
the road leading north-eastwards from La Paz to Laguna Milluni and the Rio Zongo
c valley. On the south-west side of the watershed clusters of moraines are located 6 kin
o
II a, from present glaciers at 4,500 m whereas on the north-east side four conspicuous lateral
»••■
-494 •el. • '‘,1: -O ,
ridges (Fig. 4) terminate at 4,250 m below a spectacular rock step 400 m high. Similar
2 o moraines are abundt on the south-west flank of Ancohuma where they commonly termi-
12 nate at c.4,350 m in the valley leading to Sorata.
en
• Examination of vertical air photographs of both cordilleras and work elsewhere in
Perú (Clapperton 1972) shows that this moraine group is consistently present in most
valleys presently containing glaciers and also in some cirques which no longer support
permanent ice and snow. The size and complexity of the moraines and the altitude to
c "js which they descend indicate that they were formed by a more extensive glacier advance
-a o than that of the Little Ice Age. The multiple nature of the moraines in many valleys is
-3
very similar to that of the more recent moraines and probably formed in the same way as
a result of seasonal (or longer) oscillations during recession. There is little direct evidence
E 3 -,;;
o " e of the age of this moraine group but it is clearly separated by at least 5 km of distance
.c
• o 3 from the younger moraines and is completely covered with mature mountain grassland
vegetation. However, the base of a peat bed growing within the limits of this moraine in
.6
1.8 Quebrada Llanganuco, Cordillera Blanca, gave a radiocarbon age of 4,287±90 yr (SSR-
T:11
FIGURE3

996); the moraine is most likely to be older than this. Small moraines in a similar relative
Co
2
0 .E position in the Cordillera Vilcanota in southern Perú have been dated as older than
2 Eo 2,830 radiocarbon years by Mercer and Palacios (1977) and appear to have been formed
15,
by a glacier readvance which terminated just below 4,400 m. Thus there is some reason to
suggest that this group of moraines represents, at least in part, glacier readvances of the
Neoglacial period more than 3,000 years ago. As such it is of similar magnitude to Neo-
glacial advances which occurred in North America, Europe and southern South America.
Wisconsin moraines: down valley from the Neoglacial moraine group fresh glacial
deposits continue for between 5 and 15 km, depending on the dimensions of the glacier
catchment area. The deposits are fresh in that the morphology of lateral and terminal
moraine ridges is sharply defined, surface layers of the constituent till and fluvioglacial
sediments show little sign of weathering and soil development and surface boulders are
unpitted (although some have been frost shattered). The limit of these deposits is nor-
mally well marked by an enormous lateral/terminal moraine commonly with contiguous

100 101
Claaperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia

outwash fans located on foothills beyond the faulted edge of the mountains (Fig. 5).
The lowest altitudinal limit of the deposits inte the Cordillera Blanca varíes from about
3,000 — 3,400 m in the central part (Callejón de Huaylas) to between 3,600 — 3,800 m
in the south (on the Altiplano). In Bolivia this group of deposits commonly terminates at
between 4,000 and 4,100 m on the Altiplano east of Lago Titicaca as for example at the
exits of the three valleys containing Lago Khara Khota, Lago Taypi Chaka-Sora Kkota
and Laguna Tuni. The deposit is also present at 4,000 — 4,100 m in the Rio Kaluyo valley
which is deeply incised into older Quaternary deposits on the northern fringe of La Paz.
The morphology of the deposit is complex, consisting of morainic forms varying
from low broad lobes of ridged and hummocky till pitted with kettle holes to massive
lateral-terminal ridges more than 100 m high (Fig. 6) In most places however the morpho-
logy indicates the following common features. The outermost complex appears to have
been cut into by a readvance of similar but always smaller magnitude; the moraine surface
of the former is smoother and less sharp than that of the latter and has been eroded by
CC
outwash channels leading away from the latter. Inside the limits of the younger moraine It

conspicuous terminal ridges curve across the valley floors within the first 6 km up-valley
in both cordilleras; three large moraines are commonly present, some of which impound o
large lakes and smaller moraines also occur in places. The larger moraines seem to be
most clearly developed and well spaced apart where the former glaciers terminated on
5
gently sloping ground merging into the Altiplano whereas on steeply sloping land, as in
the Callejon de Huaylas, the moraines are closely bunched against the principal end mo- c
o
raine. Nevertheless, the consistent occurrence of these "inner" moraines suggest that N
o
glaciers in both cordilleras responded similarly to mass balance changes and either advan-
ced or experienced still-stands on at least three occassions following their more advanced
u
positions at the limits of the large "fresh" terminal moraines. 3
c
The altitudinal limits of the large fresh moraines and their position beyond the edges
of the two cordilleras indicate a glacial advance of substantial proportions. Reaching
It
between 15-20 km beyond the present glaciers the expanded ice masses must have been o
E
at least 300-400 m thick in some valleys and were nourished by mountain ice caps in loca-
lities where only bare ice-scoured cols presently exist (e.g. Queroccocha-Chavin and Huara
Pasea cols in Cordillera Blanca; El Cumbre and zongo cols, Cordillera Real). lo
co
Deposits associated with these fresh moraines have not yet been accurately dated.
Dobrovolny (1962) showed that peat was growing in a basin within the moraines near La o
Paz 9,200±200 14 C years ago before being vuried by 4 m of loamy silt. In southern Peru
Mercer and Palacios (1977) have shown that in the vicinity of the Vilcanota/Quelccaya
ice cap glaciers formed sharp crested moraines sometime between 28,000 and 14,000
B.P. They concluded that this glacial episode was broadly synchronous with the late
Wisconsin/Weichsel glaciation. Shrinkage of the Quelccaya ice cap was subsequently
interrupted by readvances, one before 12,240 B.P. and a later one culminating at about
11,000 B.P.
The following working hypothesis is suggested for the fresh moraines of the Cordi-
llera Blanca and Cordillera Real. The slightly less sharp but most extensive outer moraine
could be interpreted as the limit of an early Wisconsin advance culminating round about
75,000 B.P. whereas the sharper moraine of almost equal extent but which truncates the
former may be the late Wisconsin limit culminating sometime between 20,000 and
18,000 B.P. It is worth noting that Dobrovolny on the basis of stratigraphic evidence in
the La Paz area concluded that there were two separate advances during the last (Wiscon-
sin) glaciation separated by a period of valley erosion during an intervening "sub-stage"
(i.e. interstadial). The three (or more) conspicuous terminal moraines within the limits of
these deposits may mark readvances or stillstands during recession from the late Wisconsin
maximum and possibly represent oscillations such as those dated by Mercer and Palacios

102 103
Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
Clapperton
in southern Peru. The scale of glaciation indicated by these readvance'stillstand moraines
seems much too large for the Neoglacial stages which in most parts of the owrld were
only slightly more extensive than the Little Ice Age readvance.
Pre-Wisconsin moraines: Beyond the Wisconsin moraines on the western flank of
both cordilleras lie extensive deposits of an older larger scale glaciation. In many places
they comprise hummocky or ridged topography mostly lacking any clear spatial pattern.
Kettle holes, some still waterlogged and others partially infilled with sediment, are
commonly present. Abandoned outwash channels leading from the Wisconsin moraines
have eroded these older deposits and wide areas have been totally buried by the vast
coalescent outwash fans from the Wisconsin glaciers. At the exits of some valleys the
older.moraines still appear to retain their original morphology for it is olear that some of
the massive lateral moraines in excess of 400 m high surrounding the Wisconsin deposits
are in fact a combination of pre-Wisconsin and Wisconsin deposition. In fact their exis-
tence as pre-Wisconsin features controlled the path of the smaller Wisconsin glaciers
within their walls. This situation is particuarly clear in the valleys east of Recuay in the
southern Cordillera Blanca and along foothills of the Cordillera Real north-west of La
Paz. The outer slopes of such lateral moraines and the surface of contemporary deposits
have been intensely affected by periglacial solifluction. Patterned ground phenomena are
widespread in the form of non zorted stripes, circles and lobes, while stone stripes and
stone runs similar to those of the Falkland !stands (Clapperton, 1975) are also present.
Surface blocks of granodiorite on the crests of lateral moraines on the south side of Que-
brada Qeroccocha have been strongly weathered; residual nodules indicate that at least
35 cm depth of some boulders has disintegrated, leaving a carpet of grus on the surround-
ing ground (Fig. 3) No such phenomena occur on the younger (Wisconsin) moraines. The
till of this pre-Wisconsin glaciation has been weathered (oxidized) to a bright red colour
i n the vicinity of Huaras in the Cordillera Blanca where up to 6 m have been affected; the
majority of surface stones in the same area have been shattered by frost action and where
exposed in section are aligned downslope in surface layers showing the parallel bedding
fissility associated with solifluction.
This glacial deposit is therefore considerably older than that assigned to the Wiscon-
sin period, having experienced much more weathering, frost activity and morphological
degradation (Fig. 2). The limits of the deposit are difficult to trace with much degree of
accuracy in most places. However, in the southern Cordillera Blanca the deposits extend
onto or up against the western flanks of the Cordillera Negra, and on the western side of
the Cordillera Real the deposits extend at least to the highway between La Paz and Acha-
cachi and as far as Lago Titicaca itself in the vicinity of Puerto Acosta. Exposures near
Huaras show 1-70 m of this till but it is up to 400 m thick in the lateral moraines of Que-
brada Queroccocha. At least 100 m of the till is exposed beneath the Altiplano surface in
the vicinity of La Paz (Milluni till of Dobrovolny 1962).
It is always difficult to assign a particular time scale to weathering residuals and
weathered deposits because of the unknown principal variable, the vate at which weather-
ing processes operate. However, because weathering has not totally reduced the boulders
to dust and has penetrated only 5m (maximum observed) into the till and because the
morainic morphology is partially preserved contiguous with Wisconsin deposits, this
pre-Wisconsin glacial deposit is most likely of Illinoian age. The time interval since its
Figure 5 — Sharp morphology typical of Wisconsin moraines, Quebrada Shallpa, southem Cordillera generally accepted culmination (c.128,000 BP) does not seem unreasonable to achieve
Blanca. ' the order of weathering observed compred with the insignificant amount that has affected
late Wisconsin deposits during the last 18,000-16,000 years.
Pre-Illinoian deposits: Glacial deposits older than the presumed Illinoian till are
clearly exposed in the valley of La Paz Bolivia and have been described by Dobrovolny
(1962) but detailed examination of Quaternary sediments exposed in the upper Rio Santa

105
104
Clapperton Cluaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia

liara Blanca.
0.1
CC

8
o

Figure 6A — Landforms typical of glacial valleys opening onto A ltiplano west of the sout
a

o
o.

2
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106 107
Clapperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia

Valley, Peru have yet to be undertaken. Near La Paz the following sequence of deposits TABLE 1
Jescribed by Dobrovolny (1962) can be observed beneath the Illinoian 50-245 rn SEQUENCE OF GLACIAL DEPOSITS AND THEIR APPROXIMATE ALTITUDINAL LIMITS
IN THE CORDILLERA BLANCA (PERU) AND THE CORDILLERA REAL (BOLIVIA)
outwash gravels and sands capped by 2m of peat which gave an infinite radiocarbon age,
up to 85m of till oxidized in upper layers and interbedded in places with 2-6m of fluvio- Altitudinal range of lower limit
glacial gravels, a bed of ignimbrite 1-15m thick dated at 3.27 Myr (Clapperton, 1979), 7m Age Deposit lapprox.)
of till well oxidised in places, then finally the top of the Pliocene conglomerates known Cord. Blanca Cord Real
as the La Paz formation. It is unlikely that this sequence represents the entire suite of lwest) (west)

glacial, fluvioglacial and interglacial weathering formations of the late Cenozic, parti-
20th century Terminal/lateral moraines 4600-4800m 4700-4900m
cularly since the ocean core record and oxygen isotope studies indicate many more pro- single/multiple ridges
bably global ice ages during the last 3.5 Myr. and also in view of the number of glacial Little Ice Age 4400-4600m 4600-4800m
episodes discovered by Mercer (1976) in southernmost South America. It is possible that lending late 19th century)
much of the complete late Cenozoic sequence has been eroded away between or during Neoglacial 4200-4400m 4300-4500m
late Wisconsin readvances lateral/terminal ridges 3400-4300m 4250-4450m
glacial advances or may lie buried beneath the younger accumulations.
late Wisconsin maximum 3100-4200 4100-4200m
early Wisconsin maximum
DISCUSSION AND CONCLUSIONS and hummocky/kettled
lobate moraine 3000-4100 4000-4100
In the Cordillera Blanca and the Cordillera Real the spatial distribution and morpho- Illinoian lateral moraines, hummocky
MI, Oil sheet, buned
logical characteristics of glacial deposits indicate the broadly comparable record of glacier
Oil layer 2800-3900 3800-4100
fluctiations presented in Table 1. Within each group of deposits the number and spatial c3700-3100
2 buried Oil layers,
pattern of terminal moraines varíes considerably from place to place; this is to be outwash sedimenta
expected in such a mountain environment where there is such a range in the size, topo-
graphy and aspect of glacier catchments. Thus some of the Holocene moraine groups America Mercer (1975) concluded that during the Wisconsin glaciation glaciers were
may be represented either by a single large composite moraine or by a large number of largest sometime before 56,000 14 C years ago and that a smaller readvance culminated
small discretely spaced terminal moraines spread over 1-2 km. Although most of the about 19,500 14 C years ago. This was followed by an interstadial when glaciers halved
20th century and Little Ice Age moraines can be clearly identified, considerable uncerta- in length before readvancing again round about 13,000 14 C years ago. In Peru and Bolivia
inty still exists in deciding the exact number and significance of Neoglacial moraines. the two apparently Wisconsin terminal moraine stages and the three (or more) large
At least one moraine group of this period occurs in most valleys and where an age may moraines marking readvance/stadial positions following the late Wisconsin maximum
be inferred from 14 C dates it seems to indicate a substantial glacier advance probably equate quite well with Mercer's picture for the southern Andes and possibly with the
more than 4,000 years ago. Mercer (1975, 1976) concluded that possibly the first and sub-Antarctic (Clapperton 1971, Clapperton et al. 1978). Even in North ímerica
largest Neoglacial advance in the southern Andes took place between 4.500-4,200 14 C successively smaller readvances of the Lake Michigan lobe of the Laurentide ice sheet
years ago and that a smaller Neoglacial readvance culminated about 2,500 14 C years ago. following the late Wisconsin maximum are remarkably similar to the Andean pattern
Glacier fluctuations during the Neoglacial are known to have occurred in northern Europe described here and dat from the period between 11,000 - 14,500 14 C years ago (Evenson
and North America at about 2,800 and 5,300 years ago following an older readvance et al 1976).
date at about 7,800 BP and there is growing evidence for cold global climatic fluctuations Prior to the Wisconsin glacial age a period of fluvial dissection cut into older glacial
with a periodicity of 2,500 years or less (Denton and Karlen 1973, Imbrie and Imbrie deposits creating canyons that are particularly well developed in the valleys of the Rio
1979, Hojn 1979); such periodicity can be related to the ultimate control on the Earth's Santa (Peru) and the Rio La Paz (Bolivia). The older glacial deposits are more extensive,
climate — receipt of solar energy, which is known to fluctuate at various time scales. more weathered and lack sharp morphology compared with the Wisconsin deposits. They
Since the glaciers of high tropical mountains are likely to be very sensitive to global may be of Illinoian age but a more accurate and confident statment about their age can
temperature trends then we must expect to find evidence of climatic fluctuations repre- not yet be made.
sented in the relict glacial deposits. The Neoglacial moraine group described in this paper During the Wisconsin glaciation expanded valley glaciers, which were really outlet
may therefore be the result of more than one phase of glacier expansion and retreat and glaciers from mountain ice caps, spread just beyond the western flanks of both massifs.
could be more complex. These piedmont outlet glaciers did not merge into one large mass of coalescent ice but
The lateral—terminal moraine complexes of the Wisconsin glaciation are one of the retained their individual identity in most places. During the preceding Illinoian glaciation
most impressive groups of landforms on the western flanks of both cordilleras. Two however, it seems that the outlet glaciers coalesced to form a continuous ice mass in the
probable Wisconsin advances have been identified in this reconnaissance study; an older, piedmont zone of both cordilleras. At such a time the ice must have been at least 800 m
marginally more extensive phase within whose moraine the smaller younger advance was thick over the deeper troughs of the Cordillera Real and in excess of this in parts of the
confined. Closely spaced terminal moraines within 2 km of the younger Wisconsin Cordillera Blanca. The ice edge therminated more than 20 km distance from the present
advance suggest that recession from the latter limit was punctuated by at least three watershed (former ice shed) in the Cordillera Blanca and between 25-30 km from the
successively smaller readvances. No data has yet been found to indicate an age for there former ice shed over the Cordillera Real. The lowest altitudinal limit of the ice edge
readvances but all of the late Wisconsin moraines are exceptionally sharp and well pre- appears to have been influenced by the piedmont topography. For example on the
served, contrasting with the older Wisconsin and earlier deposits. In southern South western side of the Cordillera Blanca glacial deposits occur as low as 2,800 m in the

108 109
Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
Clapperton

deeply incised Callejon de Huaylas whereas only 85 km farther south, in the vicinity of 8, No. 79, p. 275-290.
Mercer, J.H., 1976 - Glacial historv of southernrnost South America Quaternary Research 6. p
Laguna Conococha where the Altiplano surface does not descend below 4,000 m, the ice
125-166.
edge terminated at that altitude. Similarly, glaciers could not expand below about 3,900
Mercer, J.H. and Palacios, 0., 1977 - Radiocarbon dating of the last glaciation in Peru. Geology 5,
m west of the Cordillera Real but glacial deposits occur as low as 3,400 m in the Rio
P. 600-604.
Zongo valley on the deeply dissected eastern side of the massif. Thus the relative parts Mercer, J.H. and Others, 1975 - Peru's Quelccaya ice cap: glaciological and glacial geologicai studies.
played by topographic as well as by climatic parameters in influencing the altitudinal 1974. Antarctic Journl. U.S. 10. p. 19-24.
limits of glaciation in Andean topography must be carefully considered. Oppenheim, V , 1945 - Las glaciones en el Perú. Boletín de la Sociedad Geológica del Perú, Tom. 18,
p. 37-43.
Prior to the Illinoian glaciation mountain ice caps of similar dimension developed
Oppenheim, V. and Spann, H.J., 1946 - Investigaciones glaciológicas en el Perú 1944-1945. Boletín
over the Cordillera Real on at least two previous occasions. Since the earliest so far dated del Instituto Geológico del Perú, 5.
ocurred before 3.27 Myr. ago it suggests that the Cordillera Real was in existente as a Sugden, D.E. and John, B.S., 1976 - Glaciers and landscape. Edward Arnold, London.
high mountain range by that time and that global ice age conditions had begun. Tricart, J., 1965 - Ohservations on the Ouaternary firn line in Perú. Journal of Glaciology 5, No. 42,

Although there may be local and regional variations, it is finally concluded that P. 857-863.
Troll, C., 1929 - Die Cordillera Real. Zeitschr. Gesellsch. f. Erdk, p 279-312.
glaciers in the Andes of Peru and Bolivia respond sensitively to global climatic fluctua- Trol I, C. and Finsterwalder, R., 1935 - Die Karten der Cordillera Real und das Talkessei von La Paz
tions at all scales and oscillate in position more or less in phase with those in other parts (Bolivian) und die diluvia' geschichte der Zentralen Anden, Hannover, Petermanns Mittellungen,
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Pomabamba, Carhuaz y Huari. República del Perú, Servicio de Geología y Minería Boletín No.
ACKNOWLEDGEMENTS
16.

1 thank the Natural Environment Research Council of Great Britain for a research
grant, Ingos. Marino Zamora, Benjamin Morales and Manuel Delgado for field assistance
in Peru and Ingos. Alvaro Fernández and Antonio Michel for field assistance in Bolivia.

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111
110
REVISTA CIAF VOL 6 11-31, 113 114 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

QUATERNARY TECTONICS OF NORTHWEST COLOMBIA

Cline, Hutchings, L.'", Page, IN.D.*, Jaramillo, J."

RESUMEN

El armazón tectónico actual de la parte noroccidental de Suramérica resulta de una evolución


orogénica en relación con la interacción de las tres placas tectónicas del Caribe Nazca y Suramérica.
La subducción de la placa de Nazca afecta una zona ancha debajo del bloque norandino (Andes del
norte de Ecuador, de Colombia y de Mérida en Venezuela). Además, la parte septentrional del blo-
que es empujada sobre la placa del Caribe, con una componente dextral, mientras su parte oriental
lo es sobre la placa de Suramérica. El levantamiento de los Andes del Norte, inclusive de la Sierra Neva-
da de Santa Marta, la subsidencia de partes de tos basines del Magdalena, Cauca y San Juan-Atrato, lo
mismo que fenómenos de plegamiento son las principales expresiones de la deformación cuaternaria
dentro de este bloque.

ABSTRACT

The present tectonic framework of northwestern South America (northern Ecuador, Colombia
and northern Venezuela) has evolved through a complex Phanerozoic history of orogenic activity.
This evolution is the result of the interaction of three tectonic plates: Caribbean, Nazca and South
American. Previous tectonic models of northwestern South America (Dewey, 1967; Molnar and Sykes.
1969; Malfait and Dikelman, 1972; Jordan, 1975, Irving, 1977; and Case and Holcomb, 19781
described the paleotectonics, but fail to relate the tectonic framework to the present tectonic activity.
Furthermore, compilation of new geologic and seismologic data necessitate revision of the older
models. Combining concepts from earlier models with new data, a new tectonic model is proposed to
explain Quaternary plate boundaries, intraplate fault activity and regional uplift. This model, which
was developed as part of the seismic hazard studies being done by I nterconexión Eléctrica, S.A. (ISA),
suggests that a new crustal unit, referred to as the northern Andean block, lies between the Caribbean,
South American and Nazca plates.
The northern Andean block includes the Andes mountains of northern Ecuador and Colombia,
ther Mérida Andes of Venezuela, the Pacific and Caribbean coastal ranges, and the lowlands in bet-
ween. The block probably evolved after the collision of the Carnegie ridge on the Nazca plate with
the South American plate. The collision may have altered the regional stress regime giving risa to a
much broader zone of deformation north of the Amotape cross. This zone of deformation is the
northern Andean block.
The northern Andean block consista of crystalline basement, miogeosynclinal, and eugeosynclinal
rocks that are locally intruded by volcanic and plutonic rocks. These rocks are mostly fragmented
slices of the ancestral, South American and Pacific plates that have gradually accreted since Cretaceous
time to form the northern Andean block. The interaction of the northern Andean block with the
platas has produced deformation at the plate boundaries and within the block. The intraplate deforma-
tion is unique in that it is not restricted to the narrow zones near the plate boundaries, but rather is
spread across the entire block;Itherefore, the block acts as a kind of buffer between mejor plates. The
Quaternary deformation Within the block occurs along ancient fault and shear zones. For Example,
the Romeral and Cauca fault zones, which have been active in the Quaternary, are superimposed on
the wide Dolores shear zone, a Cretaceous aged subduction zone.
The boundaries of the northern Andean block are as follws. The boundary between the Nazca
plate and the northern Andean block is along the Ecuador-Colombia trench off the western coast of
Colombia and northern Ecuador. In early Tertiary time the Ecuador-Colombia trench and the Peru-
Chile trench were probably one, but the collision of the Carnegie ridge with the South American plate

• Woodward Clude Consultants, 3 Embarcadero Center, San Francisco, California 94111, U.S.A.
• • Universidad Nacional de Colombia, Medellín - Colombia.

113
Cielo et al

divided the trench and altered the rates of subduction between the two trenches (Molnar and Sykes,
1969). Active subduction of the Nazca plate under the northern Andean block from Manizales and
south is evidenced by seismicity along the Benioff zone, active volcanoes, and other features typical REVISTA CIAF VOL. 6 11.3), 115- 116 (1981) — @ CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
of subduction. North of Manizales subduction of the Nazca piale under the northern Andean block is
less evident. The lack of volcanism, varied fault trends and poor evidente of a Benioff zone suggest
a very slow rate or termination of subduction.
QUATERNARY ACTIVITY ON THE ROMERAL AND CAUCA FAULTS,
The Colombia-Venezuela overthrust zone is believed to be the boundary between the northern NORTHWEST COLOMBIA
Andean block and the Caribbean plate. At the fault, which is in the Caribbean Sea, the block is thrust
to the north over the Caribbean plate. Une, K.M.*, Page, Gillam, M.L.*, Cluff, L.S.*, Arias, L.A.**, Benalcázar, L.G.**,
Based on suggested directions of plate movement, right-slip movement may also be occuring
López, J.H.**
along this fault. To the east the overthrust is terminated by a northdrending sub-oceanic graben (Case,
1978) east of Caracas. This graben is the easternmost boundary of the northern Andean block. To
the west the overthrust trends southwest, toward the Golfo de Urabá. A linear zone of seismicity in
RESUMEN
the Darien of Panamá and Colombia may representan active wrench fault that connects the Ecuador-
Colombia trench with the Colombia-Venezuela overthru st. Cerca de Armenia (Quindio) y entre Bolombolo e 'nango (Antioquial, el estudio de riesgos sis-
The southwest boundary between the northern Andean block and the South American plata
micos adelantado por Interconexión Eléctrica S.A. IISAI ha permitido descubrir desplazamientos
occurs along the San Sebastián and Boconó faults in Venezuela, and along the frontal fault along the ocurridos en el Cuaternario tardío en las fallas Romeral y Cauca, antes consideradas como inactivas
base of the eastern slope of the Cordillera Oriental. Right slip movement has been demostrated along
durante el Cuaternario. Estas zonas de fallas, con rumbo norte, se superponen a la antigua zona de
hoth the San Sebastián and Boconó faults. Both right-slip and east directional overthrusting is
debilidad de la corteza conocida como zona de cizallamiento de Dolores. Esta última es una zona de
suggested for the frontal fault system.
subducción cretácica, que sutura las rocas sedimentarias y basálticas oceánicas al oeste con los grani-
The Amatope cross of central Ecuador represents the southern boundary of the northern Andean
tos y metasedimentos continentales al este.
block. The cross is defined by an east-trending zone of seismicity between south of the Carnegie ridge
La zona de falla Romeral se extiende desde el Ecuador, por más de 800 km hacia el norte, gene-
and Puyo, east of the Cordillera Oriental. The cross may represen t pre-Tertiary suture joining northern
ralmente a lo largo de la parte oriental de la zona de cizallamiento de Dolores. Cerca de Armenia, la
and southern South America. The seismicity may represent renewed tectonic activity along this oíd
falla Romeral posee un rumbo N 100E y una serie de ramales en una faja ancha de 20 km (Calad et al.
suture, brought on by the collision of the Carnegie ridge with the South American plate.
1976). Un desplazamiento cuaternario fue encontrado sobre dos fallas, la falla Montenegro, larga de
In summary, obligue subduction of the Nazca plate is sumad over a broad zone beneath the 20 km y la falla Aeropuerto, de 10 km.
northern Andean block. The northern part of the block, moreover, is being thrust over the Caribbean En ambos casos, los flujos de lodo volcánico afectados muestran hundimiento hacia el oriente,
plate with a right lateral component. and the eastern part of the block is being thrust over the South con un máximo de 64 m en la falla Montenegro. Entre Amaga e Ituango la zona de falla Romeral
American plate. The uplift of the northern Andes including the Sierra Nevada de Santa Marta, and presenta un rumbo N 50E y consta de varios segmentos ramificados y anastomosados que se extien-
subsidence of parts of the north-trending Magdalena, Cauca and San Juan-Atrato basins along the den a lo largo de la vertiente occidental de la Cordillera Central, con un buzamiento vertical o incli-
Caribbean coast as well as folding are the most dramatic expression of Quaternary deformation within nado hasta de 500 hacia el Este. El ancho de la zona es de 15-20 km al sur de Liborina y de 2 km al
the block. norte, donde la falla es llamada Sabanalarga. Las fallas cuaternarias tienen entre 1 y 25 km de largo
de 1 a 50 m de ancho. Segmentos de cinco fallas (Heliconia, Aurra, Sopetrán, Córdoba, y Sabanalarga)
muestran una expresión geomórfica y evidencia estratigráfica de desplazamiento durante el Cuaterna-
rio tardío. Estos segmentos indican un deslizamiento smistral y un hundimiento hacia el Este. Las
fallas Aurra y Sopetrán afectan, cerca de San Jerónimo, abanicos mixtos de aluviones y flujos de
lodo. En el caso de la falla Aurra el desplazamiento es de 19 m . El sentido oblicuo del movimiento
es confirmado por el análisis de componentes (focal plana solutions) en microsismos relacionados con
las fallas (v. Hutchings et al, este volumen).
La falla Cauca se extiende desde el Ecuador hasta el norte del río Ituango, generalmente siguien-
do la parte occidental de la zona de cizallamiento de Dolores. Comprende varias fallas ramificadas y
anastomosadas. Entre Bolombolo y Santa Fé de Antioquia, los ramales se presentan en una faja de
2 a 5 km de ancho a lo largo del río Cauca, con rumbo hacia el Norte. Las fallas son verticales o con
fuertes buzamientos hacia el Este o el Oeste. Cerca de Santa Fé, la falla se desvía hacia el Oeste y la
zona se estrecha al unirse con las fallas Buriticá y Peque. Aunque la mayoría de los ramales no alcan-
zan los 20 km de longitud, la falla Cauca occidental se extiende desde el sur de Bolombolo hasta el
norte de Santa Fé, donde bien podría estar uniéndose con la falla Romeral. En ella se observa un des-
plazamiento cuaternario tardío, el cual afecta flujos de lodo y aluviones hundidos de 6 m hacia el
Oeste en la Roque y probablemente de más de 10 m cerca de Santa Fé. Sin embargo, los mecanis-
mos de fallamiento, determinados por el análisis de componentes de microsismos, aparecen idénti-
cos a los de la falla Romeral (Hutchings et al, este volumen) y de dirección opuesta a la que se obser-
vó en los flujos de lodo.
El grado de actividad dela falla Romeral es bajo a moderado: las tasas de fallamiento en los rama-
les individuales cerca de Armenia son de 0,2 a 0,6 mm/año y de 0,2 mm/año cerca de San Jerónimo.
En cuanto a la falla Cauca, su grado de actividad es muy balo a bajo, con una tasa menor de 0,1
mm/año en la falla occidental.

• Woodward Clyde Consultants, 3 Embarcadero Center, San Francisco, California, 9411 - U.S.A.
•• Integral Ltda. - Apartado Aéreo 3036, Medellín - Colombia.

114 115
Cline et al

ABSTRACT

Prior to Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) seismic hazard investigation, the Romeral and Cauca REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 117 (19811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
faults had been considered inactive in Quaternary time. During ISA's study however, evidence has
been found of late Quaternary displacement. The study area is near Armenia, Qu indio, and between
QUATERNARY ACTIVITY ON THE PALESTINA FAULT ZONE,
Bolombolo and Ituango, Antioquia.
The Romeral and Cauca fault zones trend north, and are supperimposed on the old zone of
■1ORTHWESTEHN COLOMBIA
crustal weakness known as the Dolores shear zone. The Dolores shear zone is a Cretaceous subduction
zone that sutures oceanic basaltic and sedimentary . rocks on the west to continental metasediments Collins, D.E.•, Benalcázar, Gabriel", Page, W.D.•
and granitic on the east.
The Romera) fault zone extends north from Ecuador for over 800 km, generally along the eastern
part of the Dolores shear zone. Near Armenia, the Romeral fault zone trends NIDE and has a number
of strands in a zone 20 km wide, (Calad and others, 1976). Quaternary displacement was found on
RESUMEN
two faults, the Montenegro fault which is 20 km long, and the Aeropuerto fault which is 10 km long.
These faults displace volcanic mudflows down to the east. The maximum displacement is 64 m on the
La zona de falla de Palestina se extiende sobre 350 km a lo largo del flanco oriental de la Cordi-
Montenegro fault.
llera Central, atravesando principalmente rocas metamórficas e ígneas de edad precámbrica hasta cre-
Between Amaga and Ituango, the N5W-trending Romeral fault zone consists of several branching
tácica. Hay evidencia para desplazamiento en el Cuaternario a lo largo de un segmento de 200 km a
and anastomosing strands extending along the western slope of the Cordillera Central. They dip
partir de su terminación sur en el volcán -Ruiz, tal como (1) depósitos volcánicos cuaternarios despla-
vertically or to the east, some as low as 500 . The width of the zone is 15-20 km south of Liborina and
zados; (21 desplazamiento aparentemente sinistral (?) de drenajes; -13) depresiones y crestas en las lade-
2 km to the north where the fault is called the Sabanalarga fault. The Quaternary faults are from 1 to
ras; (4) "shutter ridges"; (5) manantiales alineados y lineamientos topográficos en aluviones recientes,
25 km long and 1 to 50 m wide. Segments of five faults (Heliconia, Aurra, Sopetrán, Córdoba and
16) desplazamiento de una superficie de erosión disectada.
Sabanalargal have geomorphic expression and stratigraphic evidence of late Quaternary displacement
La superficie de erosión se extiende de lado a lado a través de la Cordillera Central. Al Este, buza
These segments indicate a left-slip component and a down-to-the-east vertical component. The Aurra
por debajo del Valle del Magdalena como una inconformidad en sedimentos del Cenozoico tardío que
and Sopetrán faults displace alluvium-mudflow fans near San Jerónimo. The amount of displacement
rellenan el valle. Se estima la edad de la superficie entre 1 y 4 millones de años; está hundida hacia el
onthe Aurra fault is 19 m. The obligue-slip sense of motion is confirmed by focal plane solutions of
Oeste, aproximadamente 335 m. Se estima el promedio a largo plazo de la tasa vertical del desplaza-
microearthquakes related to the faults (Hutchings and others, 1980, this volume).
miento cuaternario entre 0.06 y 0.4 mm/año.
The Cauca fault extends from Ecuador to north of the Río Ituango, I t generally follows the El desplazamiento de buzamiento hacia el Oeste y los componentes sinistrales del fallamiento son
western part of the Dolores shear zone. The Cauca fault consists of several anastomosing and contrarios al fallamiento terciario en la falla de Palestina. Investigaciones anteriores indicaron un total
branching faults. Between Bolombolo and Santa Fé de Antioquía the strands strike north along the de 28 km de desplazamiento dextral con un hundimiento subordinado hacia el Este. Sin embargo, el
Cauca River in a zone 2-5 km wide. The faults are vertical or dip steeply east or west. Neer Santa Fé sentido del desplazamiento es consistente con la tectónica actual de la región, basada sobre datos sís-
the fault shifts westward and the zone narrows into the Buriticá and Peque faults. Although most micos y geológicos nuevos de las zonas de falla del Cauca y de Romeral en Colombia occidental, don-
strands are less than 20 km long, the west Cauca fault is long extending from south of Bolombolo to de hay fuertes indicios de cambios similares de desplazamiento dextral a desplazamiento sinistral.
north of Santa Fé where it mas/ join the Romeral fault. Late Quaternary displacement is found on the Los esfuerzos tectónicos que afectan la zona de falla de Palestina aparentemente han sufrido
west Cauca fault. Alluv ium-mudffows at La Roque are displaced down to the west 6 m, and probably una reorientación importante en algún momento del Cenozoico tardío.
are also displaced more than 10 m near Santa Fe. Fault mechanism solutions based on microearthqu a-
kes, however, are identical with those for the Romeral fault (Hutchings and others, 1980, this volumel ABSTRACT
and opposite to the direction observed on the mudflows.
The degree of activity of the Romeral fault is low to moderate: the faulting retes on individual The 350 km-long Palestina fault zone extends along the eastern flank of the Cordillera Central,
strands near Armenia are 0.2 to 0.6 mm/yr and near San Jerónimo are 0.2 mm/yr. The degreee of primarily within metamorphic and igneous rocks of Precambrian to Cretaceous age. Evidente for
activity of the Cauca fault is very low to low: the fulting rete on the west Cauca fault is less than 0.1 quaternary displacement along a 200 km-segment beginning at ots southern terminus at Volcan Ruiz
mm/yr. includes displaced Quaternary volcanic deposits, apparent left (?) lateral shift of drainages, 3)
hillside troughs and ridges, 4) shutter ridges, 5) spring lines and topographic lineaments in younger
alluvium, and 6) displacement of a dissected erosion su rface.
The erosion surface extends across the Central Cordillera. On hte east, it dips beneath the Magda-
lena Valley as an unconformity in late Cenozoic sediments that fill the valley. The surface is estimated
to be between 1 and 4 million years old and is displaced about 335 m down to the west. The average
long-term vertical rete of Quaternary slip is estimated to be between 0.06 and 0.4 mm/year.
The dip-slip to the west and left (?1-lateral components of faulting are oppsite to the Tertiary
faulting on the Palestina. Earlier investigations had shown a total of 28 km of right-slip with minor
downthrow to the east. The sense of younger displacement, however, is consistent with current
tectonics of the region basad on new geologic and seismic data on the Cauca and Romeral fault zones
in western Colombia, where similar changas from right-slip to left-slip is strongly suggested.
Tectonic stresses affecting the Palestina fault zone apparently have experienced a mejor reorienta-
tion sometime during late Cenozoic time.

Woodward-Clyde Consultants, P.O. Box 1140, Orange, California 92668.


••
Centro Interamericano de Fotointerpretación, Apartado Aéreo 53754, Bogotá, Colombia.
••• Woodward-Clyde Consultants, Three Embarcadero Center, Suite 700, San Francisco, California
94111.

116 117
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 119 - 176 (19811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

EVIDENCIAS CULTURALES ASOCIADAS A MEGAFAUNA


DURANTE EL PLEISTOCENO TARDIO DE COLOMBIA

Gonzalo Correal Urrego•

RESUMEN

Luego de una amplia exploración que cubrió el Valle del río Cauca y la Sabana de Bogotá, exca-
vaciones recientes dentro del plan de estudios "Medio ambiente pleistocénico y el hombre prehistóri-
co en Colombia—, permitieron el hallazgo por primera vez en nuestro territorio de evidencias cultura-
les precerám ices asociadas a fama pleistocénica.
Las investigaciones aquí resumidas se adelantaron por el Instituto de Ciencias Naturales-Museo de
Historia Natural-Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, con el apoyo financiero
de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República.

ABSTRACT

At the archaelogical site TIBITO 1, Sabana de Bogotá, there have been found for the first time in
Colombia stone and bone artifacts associated with the ramains of mastodon (Haplomastodon sp.;
cuvieronius hyodonl, horse (Equus Amerhippus sp. and deer (Odocoileus Virginianusl.
Bone fragments datad by the 14C process gave an age of 11.740 ± 110 y BP. (Late Pleistocene).

1. - EL SITIO ARQUEOLOGICO TIBITO 1

Se encuentra dentro de los predios de la Empresa del Acueducto de Bogotá, en la re-


gión conocida con el nombre de TIBITO 1; hace parte del municipio de Tocancipá (de-
partamento de Cundinamarca), cuya cabecera se localiza a los 4° 58' de latitud norte y
73° 55' de longitud al oeste de Greenwich. El sitio de la excavación arqueológica (TIBI-
TO 1), está ubicado en el sector plano (Foto 1), al oeste de la urbanización. Su altura
sobre el nivel del mar es de 2.590 m. La mayor parte de la región es plana, aunque se des-

Instituto de Ciencias Naturales-Museo de Historia Natural. Universidad Nacional, Apartado Aéreo


7495, Bogotá, Colombia.
Colaboraciones: Prospección Arqueológica: Dra. Mariane Cardale de Schrimpff, Dr. Hernando Rome-
ro, Sr. Gerardo Ardila; Trabajo de campo y clasificación: Sres. María Pinto de Aristizábal. Fabio
Cárdenas, Neyla Castillo, Fernado Lemus, Luis Salamanca, Héctor Salgado, Arnold Tovar; Deter-
minaciones estratigráficas: Dres. Manuel del Llano, Thomás van der Hammen; Determinaciones
Paleontológicas y Zoológicas: Dres. Jorge Hernández Camacho, Alberto Cadena, Pedro M. Ruiz,
Hernando Romero; Determinaciones Mineralógicas y Petrográficas: Dres. Rubén Llinás, R., Her-
mán Duque; Determinaciones Palinológicas: Dres. Thomas van der Hammen, Maria Teresa Muri-
llo, Hernando Dueñas; Determinaciones Químicas: Dr. Hernán Cabezas; Levantamiento Topo-
gráfico: Dr. Sergio Rivera, Sta. Gloria Vivas; Dibujo de planos: Prof. Eugenia de Brieva, Sr. Sil-
vio Fernández; Aerofotografías: Sr. Rudolf Schimpff; Fotos artefactos y restos óseos: Prof.
Fernando Urbina, Centro de Medios Audiovisuales de la Universidad Nacional, Bogotá; Análisis
de Radio Carbono: Groningen 14C Latoratorium, Holanda.

NOTA: El texto completo e ilustraciones de este trabajo han sido objeto de la publicación: Correal,
G. 1981 — Evidencias Culturales y Megafauna Pleistocénica en Colombia, Publ. Fund. Invest.
Arq. Nac. No. 12, Arco, Bogotá, 148 p. 48 ilustraciones.

119
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

tacan algunos accidentes orográficos como el cerro de Tibitó, cuya máxima altura es de
2.900 m.
Las principales fuentes hidrográficas en este sector son el río Bogotá y sus afluentes
el Tibitó y Teusacá.

1.1. GEOLOGIA

En la parte plana se pueden reconocer los depósitos lacustres, paludales y marginales


descritos por Hubach (1958), para la formación sabana. También se pueden diferenciar las

n de l corte arqueológico y tr incheras exploratorias T1 a T5.


formaciones Guadalupe y Guaduas (Sarmiento 1953, p. 1-23).
En lo referente a la formación Sabana, señalan van der Hammen y González (1963,
p. 203):
"La formación sabana fué depositada probablemente desde la última parte del Plioce-
no y Holoceno en lo que actualmente es la parte plana de la sabana. Esta formación con-
siste principalmente en sedimentos de laguna de un espesor generalmente entre 200 y 400
m".
"A distintas profundidades se encuentran capas de turba, demostrando que la laguna
durante ciertos intervalos se convirtió parcialmente en pantano. Solamente las pocas
muestras superiores de la formación de la sabana no contienen sedimentos de laguna o de
pantano, sino arcillas depositadas por inundaciones durante las estaciones húmedas. Estas
inundaciones, no obstante el drenaje artificial ocurren todavía hoy día, aunque en menor
escala, en las partes bajas de la sabana. El límite de los sedimentos de laguna con las arci-
llas de inundación coincide, como se mostrará más adelante, con el principio de mejora-
miento del clima durante el final de la última glaciación".
Anotan los autores anteriormente mencionados, refiriéndose a los grandes cambios
ocurridos durante el cuaternario: "Es obvio que, en el curso del cuaternario, y probable-
mente durante la última parte del plioceno, fueron erodadas por el río Bogotá y sus
afluentes, grandes cantidades que depositaron en la laguna de la sabana en forma de arcilla
y arena. Así las motnañas que rodeaban la sabana de Bogotá eran naturalmente más altas u
o
al final del plioceno de lo que son en la actualidad".

Foto 1 — Panorámica de l sitio Tibi


1.2. INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS ANTECEDENTES EN EL AREA

Un reconocimiento arqueológico en el área de la hacienda Sta. Bárbara de TIBITO


(Hurt, van der Hammen, Correal, 1967), a 8 km al NE del sitio del presente estudio,
permitió detectar artefactos I íticos en las terrazas erosionadas; aparentemente en su ma-
yoría sin asociación cerámica, aunque también fueron reconocidos algunos fragmentos
tanto de cerámica moderna como algunas con decoración en pintura roja con líneas
paralelas que recuerdan tipos reconocidos en el área Muisca de la Sabana.
Entre los estudios arqueológicos relacionados con los desarrollos culturales muiscas
de la sabana de Bogotá, en el área de Tocancipá, merecen especial mención los trabajos
de Haury y Cubillos (1953, p. 77-82) en los que se refieren a terrazas artificiales en este
municipio, y se hace un estudio tipológico de la cerámica asociada a estas.
Broadbent (1965, p. 8) señala como rasgo importante para las terrazas de Tocancipá
y probablemente las de Facatativá, la presencia de escaleras de unos 10 m de anchura,
3 m de altura, y hasta 100 m de largo. Los hallazgos de cerámica antigua y artefactos de
piedra, practicados en este lugar por Haury, Cubillos y Broadbent, sugieren un origen
prehistórico para las terrazas.
Una exploración sobre una terraza, localizada aproximadamente a 500 m al NE del
sitio TIBITO 1 permitió, a los autores en asocio de la Dra. Mar iann Cardele de Schrimpff,
reconocer un sitio que aparentemente corresponde a un cementerio Muisca, y en el cual
121
120
Correal
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

se recolectó cerámica que incluye algunos de los tipos descritos anteriormente para la
sabana de Bogotá. En lo que se refiere a hallazgos paleontológicos en el área de TIBITO,
debemos señalar que sobre el hallazgo de molares de mastodonte durante los trabajos de
construcción de la Urbanización de TIBITO, existían datos antecedentes, de acuerdo

_._ ._._
con información que gentilmente suministraron el doctor Luis Duque Gómez, Director
del Museo del Oro del Banco de la República (1980) y el doctor Enrique Sarmiento; por
la misma época estos hallazgos motivaron la ejecución de un perfil estratigráfico y diagra-

L imite Inferior Interno da la roca


ma de polen en el área próxima a las construcciones, por el Instituto Geológico Nacional
o o (van der Hammen, 1980. Comunicación oral). Durante estos trabajos pretéritos, no se en-
N o
o o O o contraron artefactos o indicios culturales asociados a megafauna.

2. - EL SITIO ARQUEOLOGICO TIRITO 2


u o J 4

Durante una exploración practicada en el mes de octubre de 1979, en los alrededores


a del lago Tibitó, a unos 600 m al NW del sitio de las excavaciones arqueológicas (TIBITO
1), se identificaron elementos I íticos superficiales sobre una ladera erosionada, reposando
sobre un estrato gris oscuro muy compacto. El material aquí recolectado (60 en total)

CONVENCIONES :
con la colaboración de la Dra. Marianne Cardale de Schrimpff, incluye desechos de talla

Figura 1 — Levantamiento topográfico del sitio Tibitó1.


18 (30%), lacas usadas 15 (25%), raspadores 12 (20%), fragmentos de núcleo 9 (15%),
fragmentos tabulares de chert 6 (10%). Este material recuerda, por la materia prima utili-
zada para su elaboración (chert) y por la técnica de percusión mal controlada, los artefac-
et tos del Abra y los de las zonas de ocupación II y subsiguientes, del Tequendama.
O
O
ir . 3.-• LA EXCAVACION ARQUEOLOGICA

Comprende una superficie de 12 por 10 metros subdividida en 33 cuadrículas de 2


por 2 m excepto en C/3-4; D/2-4; E/2-4 y F/2-3-4 parcialmente cubiertas por el área de la
roca central (Fig. 2). Se excavó una cuadrícula adicional (pozo H) de 2 por 2 metros
cuadrados, 5 m al NE de la cuadrícula F/1, con el fin de determinar con mayor precisión
la extensión de los vestigios arqueológico-paleontológicos (Fig. 1).

l
3.1. TECNICA DE EXCAVACION
w o u m 4

Aunque se estableció un patrón de unidades descendentes de 10 cm cada una, se res-


o petó la estratigraf ía mediante un estricto control de las diferencias superficiales de acuer-
do con su textura, color, contenido y demás.rasgós diferenciales dentro de cada nivel, lle-
I vándose continuamente un registro fotográfico y de dibujos en fichas milimétricas. En el
o proceso de excavación se dejaron in situ los vestigios arqueológico-paleontológicos hasta
o
o o
la terminación de cada nivel con el fin de obtener una visión lo más exata posible de su
o
posición estratigráfica y contexto ecológico-cultural.
o
La presencia de la capa freática a muy poca profundidad, obligó a la suspensión de
ti
trabajos iniciales hasta la adopción de medidas consistentes en drenajes, y el descenso de
o
N la unidad A/5 hasta 2.60 m con el fin de mantener un punto localizado como control
o El
estratigráfico y recolección de aguas, siendo necesario drenar periódicamente esta cuadrí-
-—-
cula mediante el empleo de motobomba.

3.2. ESTRATIGRAFIA FISICA Y CRONOLOGIA•

Tomando como modelo el perfil norte de la cuadrícula A/5, y el este de las cuadrícu-

' Con la colaboración del doctor Manuel del Llano del Departamento de Biología de la Universidad
Nacional.

122 123
Evidencias culturales asociadas a megatauna durante el Pleistoceno tardio de Colombia
Correal

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125
124
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

las D/1 y E/1 podemos diferenciar la siguiente secuencia estratigráfica con algunas varia-
ciones locales en el conjunto de la excavación (Fig. 2 y 3).
I. Capa vegetal (Horizonte A); 0-14 cm, en la cuadrícula A/5.
II. Negro arcilloso (Horizonte B); 14-60 cm, en la cuadrícula A/5.
III. Horizonte franco arcilloso, gris, 60-80 cm en la cuadrícula A/5.
IV. Estrato 3A, arenoso hasta limoso, gris amarillento (espesor promedio 20 cm),

— er I* ID et rr) — — I 03 I— — sobre la pared este de la cuadrícula D/1.


. —
cr rn V. Estrato 3B, arenoso, predominantemente gris parduzco (espesor promedio 21
cm), sobre la pared este de la cuadrícula D/1.
VI. Estrato franco limoso amorfo de color gris (estrato 4); 80 cm a 1.25 m, en la
cuadrícula A/5.
VII. Horizonte arcilloso franco de color gris parduzco, (estrato 5); 1.25 a 2.10 m, en
la cuadricula A/5.
la
VIII. Franco-arcilloso-1 imoso-humífero (estrato 6), 2.10 - 2.60 m.
o
IX. Estrato limoso gris a carmelito 2.60 - 3.50 m (estrato 7).
o
rf) o
o 3.3. DESCRIPCION DE LAS UNIDADES ESTRATIGRAFICAS

tota l unida d
0
. o
-,.. o
• E . Z■ Unidad estratigráfica I (capa vegetal, Fig. 2 y 3). Presenta textura franca, con
estructura granular débilmente desarrollada y color que varía de pardo grisáceo
1111 .„,.: 111111 o
.1•••■

..- r\--'!IliIi' IIN , — '1 ' -...— — muy oscuro (10 YR 3/2) en húmedo, a gris oscuro (10 YR 4/1) en seco. Esta
o
unidad muestra gran abundancia de raíces y mediana cantidad de materia orgá-
D CC 0 a: i-: _i H ‘1CS z ± ± ± ± CON VENCIONES nica.
_i j _i _i _i CC CC Cr cé ti cc li Cij ci pH: 6.5.
Corresponde en términos generales al horizonte A.
El mineral predominante es el feldespato, seguido por el cuarzo (Tabla 1).
In Ti- 1 I Tt 141 re) I - 1.-
_
To

Tabla 1 - Análisis mineralógico de los Estratos 1-2-3 y 4

Estratos 1 2 3 4

Cuarzo 37 % 60* 70% 82*


ME miste Anfibol 7* 3% 2%, 2%,
unida d 3

• „ . Biotita TR TR. - -
• • O •
. . __
111 75 13 11 o Circon TR - TR -
., / o,
<, - o o=.1-.
,_ -- •- o o
, o ,
o
-To • a e E =o - 0 "o Epidota TR TR 2% TR
46 u "
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e, Ó
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«o
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" 44,4 .o
o . _g .17-•• •0C «,b... 0• 0 Feldespato . 40% 27% " 19% 8%
o
• •
0
(i) *0 • 7 s.. ID .=
4D ••• L. O O ¿ .8 Fitolitos 8% 7% 4% -
- .- o O. .- 0 u- O hm. r. :5
el oo
t ..-
o
....
„ „„ .41 -87, -8 1, ml E 2
0 0 0 00 0.0 -0 Eozo .a- •oinla.-
• 8.
71
•.7,

a Muscovita - - TR -
41 1 I, 1 ... 1 1 1 1 2 . 0 t u
v2 1 U Piroxeno
000 00 0 000 - 00„= ce o e 3% TR - -
_J _I _l _I -J CC CC cr cc 4.: cc a. a. c.) C3 Cl Ca
Turmalina TR - TR -
o sany
503 411 s0430;apv
$04314844;4 Vidrio volcánico No detect. No detect.

Especies opacas TR TR TR TR
e..
Fragmentos I íticos Cuarzo Cuarzo Cuai zo
* Plagioclasa y Potasio 40
" Plagioclasa principalmente
." Cuarzo feldespaticos frecuentes

126 1 127
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

El estudio del perfil textura( y físico-químico presenta en este estrato los siguien-
C.E. 2.3; SNa 11.3; Clase: límite.
tes valores: arena 26%, limo 38% y arcilla 36'2.. Materia orgánica C -/, 4.42; P Esta unidad recubre casi toda la excavación, en niveles comprendidos entre los
(p.p.m.) 5; pH (1:1) 6.5. Complejo de cambio (m.e./100 g):
45 y 50 cm, la totalidad entre 50 y 70 cm y parcialmente hasta 80 cm donde co-
C C C 20.6; BT 16.2; Ca 12.2; Mg 2.1; K 0.1; Na 1.8 mienza a ser substitu ido por los estratos 3A y 4.
Saturaciones ( %):
Aunque no se diferencian eneel conjunto de esta unidad estructuras de acomoda-
ST. 78.6; SCa 59.2; SMg 10.2; SK 0.5 miento o áreas localizadas de fogón o talleres, se registraron dentro de este estrato
Salinidad:
artefactos líticos, restos óseos de mastodonte (Cuvieronius hyodon), caballo
C.E. 2.1: SNa 8.7; clase: límite.
(Equus (A)), venado y zorro, siendo estos últimos con una mínima proporción,
Esta unidad carece de elementos arqueológicos y paleontológicos.
parcialmente referidos al sector oeste de la excavación y un poco al este junto a la
roca central (Foto 2a). En esta unidad estratigráfica solamente se obtuvo un arte-
II. Estrato negro arcilloso (horizonte B, Fig. 2 y 3). Corresponde a un subsuelo arci-
facto de hueso (cuchillo raspador).
lloso, con notable estructura de bloque subangular. Su color en húmedo es negro
Por sus características morfológicas y por sus contenidos palinológicos, esta uni-
(7.5 YR 2/0) y en seco gris muy oscuro (10 YR 3/1), a negro (10 YR 2/1). Este
dad estratigráfica se puede correlacionar con la zona Vb del Abra, y unidades co-
subsuelo es rico en humus, contiene mediana abundancia de raíces secas, y algu-
rrespondientes a la zona de ocupación 1 del Tequendama siendo entonces posible
nos guijarros de chert.
asignar una edad aproximada para este estrato, entre 11.000 y 10.000 años antes
En el perfil textural y físico-químico se pudieron determinar para esta unidad los
del presente.*
siguientes valores:
Arena 24%, limo 32%, arcilla 44%; materia orgánica C% 2.90; P (p.p.m.) 5; pH
(1:1) 6.6.
Complejo de cambio (m.e./100 g):
CCC 23.6; BT 20.3; Ca 16.2; Mg 1.7; K 0.1 Na 2.3
Saturaciones
ST 86.0; SCa 68.6; SMg 7.2; Sk 0.4
Salinidad:
C.E. 2.4; SNa 9.7; clase: I ímite
Este estrato, que presenta espesores variables en toda la excavación (v. perfiles),
abarca una amplia área de ésta, entre los niveles comprendidos entre 30 y 40 cm
y sólo parte de su sector oeste y norte hacia los 40 cm.
Los únicos vestigios zoológicos correspondientes a vertebrados en este estrato son
dos huesos metacarpianos: uno perteneciente a Bos Tauros L. y otro a Equus
Caballus L. que proviene de la cuadrícula D/4, N 45 cm con carácter aparentemen-
te intrusivo desde la unidad 1.
II I. Unidad estratigráfica 3 (horizonte franco arcilloso gris). Muestra espesores varia-
bles como puede apreciarse en los respectivos perfiles estratigráficos (Fig. 2 y 3).
Corresponde esta unidad a un suelo franco-arcilloso, de color gris muy oscuro
Foto 2 - al Nomenclatura de las diferentes cuadrículas en el corte Tibitó 1 y situación
(10 YR 3/1) en húmedo, hasta gris a gris claro (5 YR 6/1) en seco.
de los depósitos 1-2-3 en al estrato 3A,
Contiene materia orgánica escasa, pero abundantes raíces muertas, formando ra-
yones verticales negros como lápices en lugar de canal ículos, revestidos de mate-
IV. El Estrato 3A, arenoso hasta limoso, gris amarillento, se puede reconocer local-
riales fibrosos descompuestos.
mente como quedó anotado sobre la pared este de la cuadrícula D/1 , con un espe-
Se pueden reconocer, también, manchas blanquecinas por razón de algunos nichos
sor máximo sobre ésta de 20 cm (v. Fig. 3), y en un área muy localizada de la
de materiales parentales más claros.
excavación desde una profundidad de 80 cm, en los sectores oeste, este y un poco
La consistencia es muy dura en seco.
al norte de la roca central. El color de este estrato, corresponde a gris amarillento
pH 6.8
parduzco (10 YR 7/1) en húmedo, y a gris amarillento claro (5 YR 7/1) en seco.
El estudio del perfil textual y físico-químico, muestra los siguientes valores:
Este horizonte tiene una textura arenosa y no da reacción al HCL.
Arena 26%, limo 44%, arcilla 30%; materia orgánica C 0.28; P (p.p.m.) 48; pH
Su estructura es masiva y su consistencia es blanda en seco, su contenido de mate-
(1:1) 6.8
ria orgánica y de raíces es muy bajo. El material parental predominante en esta
Complejo de cambio (m.e./100 g):
unidad es arena cuarcífera.
CCC 15.9; BT 12.2; Ca 8.2; Mg 2.1; K 0.1; Na 1.8
Saturaciones %:
• Un estudio más amplio, incluye planos superpuestos de todos los niveles excavados, con la desig-
ST 76.7; SCa 51.6; SMg 132; SK 0.6
nación de las diferencias estratigráficas, y el registro de las frecuencias de restos óseos y arte-
Salinidad: factos.

128
129
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

D/1-E/1 y F/1, desde niveles entre aproximadamente 90 hasta 110 cm. En esta
unidad estratigráfica no se registraron elementos arqueológicos ni paleontológicos.
El color de este estrato corresponde a gris amarillento parduzco (10 YR 7/1) en
húmedo, y a gris parduzco claro (7.5 YR 7/1) en seco. Este horizonte arenoso
fino, no reacciona al HCL, presenta estructura masiva y consistencia blanda, en
seco. El contenido de materia orgánica en esta unidad es muy pobre y consiste
en trocitos aislados de leña turberizada con algunas raicillas y materia orgánica en
partículas crudas.

VI. El estrato 4, franco limoso amorfo, gris, presenta espesores variables, como puede
apreciarse en los perfiles respectivos (v. Fig. 2 y 3). Consta de un material de color
gris (10 YR) en húmedo y gris rosado (7.5 YR 7/2) en seco.
Muy pobre en raíces y materia orgánica, con nichos de material parental más
claro. Presenta consistencia floja en húmedo y dura en seco. pH 69.
Además de la profundidad y espesor, anteriormente señalado para este estrato en
el perfil norte de la cuadrícula A/5, debemos agregar que este estrato cubre la casi
totalidad de la excavación (a excepción del área cubierta por 3A), desde niveles
comprendidos entre 80 hasta 110 cm, profundidad hasta donde se detectaron y en
la cual solo se ve reducido hacia el norte por la presencia del estrato 5. El perfil
Foto 2 — b) Detalle del depósito No. 1 (estrato 3A) muestra restos de Haplomastodon, textural y físico-químico de esta unidad, tiene los siguientes valores: Arena 40%,
Equus Amerhippus fragmentos de arenisca y utensilios. limo 52%, arcilla 8%.
En esta unidad estratigráfica no se registraron elementos arqueológicos ni paleon-
Este estrato, cuyo material parental predominante es arena cuarcífera, rellena tres
tológicos.
depósitos identificados en la excavación como dep. 1-2-3 (Foto 2a, b), los dos pri-
meros de forma definidamente oval y el tercero de forma aproximadamente elíp-
VII. La unidad estratigráfica 5 (Fig. 2 y 3) corresponde a un horizonte arcilloso fran-
tica; estos depósitos abarcan la casi totalidad o parte de las siguientes cuadrículas
co, de color gris parduzco (7.5 YR 4/1) en húmedo y gris amarillo parduzco
y dentro de las profundidades anotadas así:
(10 YR 6/1) en seco. No reacciona al HCI. Su estructura es masiva y su consisten-
cia en seco es dura.
Depósito Cuadrícula Profundidad Estrato
El contenido de materia orgánica y de raíces es abundante, y hay presencia de
material turboleñoso.
No. 1 B62, B/3, B/4, C/3 110-130 cm 3-A
El material parental dominante es de constitución mineral y orgánica.
No. 2 C/2 110-130 cm 3-A Esta unidad que pudo determinarse en la cuadrícula A/5, de control estratigráfico
y drenaje, carece de elementos arqueológicos y paleontológicos.
No. 3 B/4, (sector W) 100-130 cm 3-A
B/4, D/4, E/4 VIII. La unidad estratigráfica 6, muestra textura franco-arcilloso-limoso-humífera (Fig.
2). Representa un paleosuelo de color gris parduzco muy oscuro (7.5 YR 3/1)
En esta unidad estratigráfica se registran las más amplias frecuencias de artefactos en húmedo a gris parduzco (7.5 YR 5/2) en seco. Este horizonte determinado
I íticos, restos óseos de mastodonte que incluyen Cuvieronius hyodon con una den- sobre las paredes de la cuadrícula A/5, no muestra vestigios arqueológicos ni
sidad mínima, Haplomastodon con una mayor frecuencia, junto con restos de paleontológicos.
Equus (A), y venado. Es importante anotar que la denominación de los depósitos La estructura de esta unidad es masiva, su consistencia en seco es muy dura, y no
se basó en la particular disposición asociativa de los elementos en ellos acumulados reacciona al HCI.
dentro de la constante molares y defensas de mastodonte (Haplomastodon), acu- El contenido de materia orgánica en estado coloidal es muy alto, y presenta trozos
mulación de piedras areniscas irregulares, cremación (3) y la misma configuración pequeños de turba leñosa sin presencia de raíces vivas. El material parental que
definida de las depresiones que contienen estos elementos. domina es el orgánico, seguido del mineral.
Una fecha de 14 C obtenida sobre restos óseos recolectados dentro de esta unidad
(cuadrícula B/3 nivel 110 cm parte alta del depósito No. 1), permitió la obten- IX. La parte inferior de la secuencia obtenida en el corte Tibitó 1, corresponde a un
ción de una fecha de 11.740 ± 110 B.P. Muestra col. 275 Grn 9375. material limoso gris a carmelito (estrato 7), el cual se obtuvo mediante barreno de
mano en la cuadrícula A/5 (Fig. 2); carece también esta unidad estratigráfica, de
El estrato 3B, arenoso, como fué anotado en la descripción preliminar, presenta elementos arqueológicos y paleontológicos.
sobre el perfil este de la cuadrícula D/1, un espesor promedio de 21 cm (Fig. 3) En el corte adicional, cuadrícula H de 2 x 2 m (v. levantamiento topográfico) se
y puede diferenciarse en el sector oeste de la excavación en las cuadrículas C/1- obtuvo idéntica secuencia estratigráfica, aunque el estrato 3 no mostró evidencias

130 131
Correal iciadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

arqueológicas ni paleontológicas, y 3A y B están ausentes.

La descripción practicada por E.B. Alexander y L. Mejía C. sobre el perfil No. C-09
situado a 4 km al NW de Tocancipá 00' , latitud N, 730 56' longitud W presentada por

(t) cuc hillo raspador (sobre asta ); (u ) raspado r de hueso; (y ) a rte facto de
Carrera (1968, p. 74), también recuerda los rasgos señalados para la secuencia estratigrá-
fica del corte Tibitó 1, lo mismo que el análisis de laboratorio del perfil No. C-09 repre-
sentativo.

4. — SINTESIS PALINOLOGICA*

Basados en polendiagrama practicado por el Doctor Thomas van der Hammen (1953)
y en la lectura de una serie de placas obtenidas de las muestras de la excavación realizada
E
para el presente estudio, con la colaboración de los doctores Hernando Dueñas (INGEO-
MINAS) y María Teresa Murillo (Instituto de Ciencias Naturales-Museo de Historia Na-
tural), podemos resumir los resultados palinológicos así:
En la unidad estratigráfica 2, entre otros taxa fue posible identificar Quercus (roble),
Compositae, Barrerá, Podocarpus y Hedyosmum, vegetación que nos recuerda las zonas
VI, VII y VIII del ABRA (van der Hammen 1978, p. 161), y que nos está indicando la
expansión del bosque ocurrida durante el Holoceno. u
rO>
En la Unidad estratigráfica 3, algunos taxa como Compositae, Calamagrostis, Jame-
sonia, Isoetes, Hypericum, Valeriana tipo Stenophylla y Alnus, nos muestran elementos
palinológicos ya identificados para el estadial del ABRA, zona V b, (van der Hammen •,
u
1978, p. 161) y serie Tarragona, zona Y (Dueñas 1977, p. 7), siendo entonces predomi-
nante una vegetación de sub-páramo.
En la Unidad estratigráfica 3A, algunos taxa como Compositae, Gramineae, robles
(Quercus), trompetos (Bocconia), Jamesonia, Isoetes, Hypericum, Valeriana tipo Steno-
phylla y Alnus, nos muestran elementos palinológicos ya identificados para el interesta-
dial de GUANTIVA (van der Hammen 1978, p. 184).

La Unidad estratigráfica 4, también nos revela vegetación del bosque andino, enceni-
llos (Weinmannia), roble (Quercus), Aliso (Alnus), y también la presencia de medio palu-
dal durante la época en que se depositó esta unidad.

5. — VESTIGIOS ARQUEOLOGICOS

5.1. LAS INDUSTRIAS Y ESTRATIFICACION CULTURAL

En Tibitó 1, se pudo reconocer una serie de 156 artefactos líticos que incluyen tipo-
logías anteriormente establecidas en la Sabana de Bogotá, dominando como técnica la
percusión simple, a excepción de un raspador aquillado cuadrícula D/4 (N80-90 cm), que
muestra finos retoques superficiales y un retocado hacia sus bordes obtenido por técnica
de presión.
La materia prima utilizada en su elaboración es el CHERT, presente en afloramientos
próximos al sitio de nuestra excavación (Cretácico superior del cerro Tibitó); este material
básicamente corresponde a sílice microcristalina.
Las categorías tipológicas (Foto 3) corresponden a:

• Un ,?.studio más detallado sobre la serie palinológica de Tibitó se adelanta en la Universidad de


Amsterdam con la colaboración del Dr. Thomas van der Hammen.

132 133
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Foto 3 — Artefactos líticos TIBITO 1: (a-e) Lascas retocadas; (j-i) Lascas prismáticas; (j-m) Lascas triangulares; (n) Núcleo; ñ-p) raspadores latera-
les; (g-r) raspadores terminales; (rr) raspador aquillado. o
S
Artefactos de hueso y asta: (s) raspador (sobre fragmento de costilla); (t) cuchillo raspador (sobre asta); (u) raspador de hueso; (y) artefacto de 3
cr
hueso; (w) perforador de hueso; Ix) cuchillo (sobre asta).
r Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

a d b

1 Cfri 2 3 4 5

20 x

Foto 4 —
a) Raspador aquillado.
b) Cuchillo raspaaor
d) punzón
c) microfotografía superficie posterior del
cuchillo raspador (20x).

135
Correal
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

Lascas usadas
En el artefacto reconocido como raspador (D.:4 40-50), existen evidentes señales
11 Lascas retocadas
de uso en su borde lateral, que presenta retoque, desgaste y líneas de desgaste perpendi-
I II Lascas concoidales
culares a este.
IV Lascas prismáticas
En el perforador registrado (D/5 100-110) puede diferenciarse un extremo aguzado
V Lascas triangulares
proximal con lineas de fuerza longitudinales al eje del artefactc (Foto 3w), el que fue ola-
VI Raspadores laterales
boado utilizando asta de venado.
VII Raspadores terminales
Las señales de uso son más claras en el punzón de hueso (Foto 4d) (E/4 N-100-1101,
VIII Raspador aquillado
asociado al depósito 3 y en un cuchillo raspador registrado (C/2 N-110-120) dentro del
IX Raspador discoidal
depósito 2 (Foto 4b). En este artefacto, la micro-fotografía muestra líneas de uso obli-
X Fragmentos de núcleo
cuas a su borde de utilización (Foto 4c), otras líneas de desgaste pueden indicar su uso
subsidiario como raspador; en estos dos últimos ejemplares también es indudable su aso-
Además de los criterios morfológicos y funcionales usados para clasificación en tra-
ciación con los restos de fauna (Equus (A) Lasallei y Haplomastodon) contenidos en los
bajos antecedentes (Tequendama, el Abra), Nemocón, Suesca, se recurrió al estudio
depósitos referidos.
microfotográfico de los artefactos, para lograr una clasificación más sólida basada en las
Otro artefacto (C/2 - 100-110 III A), elaborado también sobre asta, muestra un bor-
características de micro-desgaste (Foto 4C) de acuerdo con los criterios más reciente-
de lateral vivo de utilización como estudio constante (Foto 3x).
mente expuestos (Semenov, 1957). La ausencia de puntas de proyectil en el sitio Tibitó
Un instrumento de hueso, recuerda tipos anteriormente descritos en las series del Te-
1, no excluye su utilización por parte de los cazadores superiores en el área, ni la eventual
quendama 1; presenta bordes convergentes de la base hacia la punta, en extremo agudo y
utilización de materiales perecederos como la madera y el hueso.
huellas de uso.
Las categorías tipológicas anteriormente descritas concuerdan en términos generales,
Un fragmento de costilla muestra una escotadura lateral, bordes convergentes bicera-
con las ya definidas en los sitios precerámicos del Abra (Hurt, van der Hammen, Correal,
dos y la forma de desgaste parece mostrar su utilización como raspador.
1976) y Tequendama (Correal y van der Hammen, 1977), razón por la cual no se harán
descripciones tipológicas individualizadas para cada uno de los artefactos que integran las
6. — RESTOS DE FAUNA EN EL CORTE TIBITO 1
respectivas categorías remitiendo, al lector, a los textos antes citados.

Asociados a la unidad estratigráfica 3, como señalamos anteriormente (v. estratigra-


5.1.1. Frecuencia y distribución de los artefactos líticos
fía), se encontraron evidencias de fauna ya extinguida, consistentes en restos de Equus
(Amerhippusl, que incluyen molares y restos de esqueleto post-craneal, astas fragmenta-
Sobre un total de 156 artefactos líticos obtenidos (v. Cuadros 1 y 2), 35 (22%) co-
das de venado (Odocoi/eus virginianus)", un calcáneo de carnívoro (Cerdocyon thous L.),
rresponden a la unidad estratigráfica 3 y 121 (713V a la unidad estratigráfica 3A y sus
zorro, y mastodonte (Cuvieronius hyodon y Haplomastodon) reconocible por una serie
depósitos 1-2-3; esta mayor frecuencia nos demuestra una mayor ocupación en el sector,
de fragmentos de molares, y dos piezas dentarias casi completas; a estos elementos nos
alrededor de la roca central, durante el período en que se depositó este estrato.
referimos detalladamente en las descripciones correspondientes.
Es evidente la asociación de los elementos líticos aquí registrados y los restos de
La unidad estratigráfica 3A, muestra las más amplias densidades de restos óseos de
fauna pleistocénica.
fauna pleistocénica, entre la que se pueden diferenciar restos óseos de mastodonte (Haplo-
Las mayores densidades de artefactos en las unidades 3 y 3A, corresponden a frag-
mastodon) y en menor proporción (Cuvieronius hyodon) y venado (Odocoileus virginia-
mentos de núcleo y lascas usadas, decreciendo la frecuencia en lascas retocadas y las si-
nus).
guientes categorías; los raspadores aquillados y discoidales presentan la mínima frecuen-
cia (F ig. 4).
6.1. LOS EQUIDOS
En el conjunto de los artefactos, es importante la presencia de un raspador aquilla-
do (Foto 4a-3rr), asociado a la unidad 3A cuadrícula D/4 (m 80-90 cm).
6.1.1. Los restos de équidos en Suramérica
Como quedó anotado, una fecha de 14 C obtenida para ésta corresponde a 11.740
B.P. Es importante señalar que anteriormente (Correal y van der Hammen, 1977) fueron
Entre las especies suramericanas que han sido susceptibles de ser clasificadas en el
descritos para la zona de ocupación 1 del sitio Tequendama (municipio de Soacha), ele-
subgénero Amerhippus, Hoffstetter (1953, p. 236) señala las siguientes:
mentos similares al raspador aquillado aquí descrito, concordando entonces, este elemen-
1. Los caballos andinos.
to, cronológica y tipológicamente con los obtenidos en esa área de la Sabana de Bogotá.
E (A) Andium Wagner - Branco; PleistocenoSuperior (Puniense) de los Andes ecua-
Ello puede indicar que se trata de la misma tradición cultural desarrollada durante el Pleis-
toriales.
toceno Tardío en la Sabana.
E (A) Martinei (Spillmann); Pleistoceno Medio (Chichen) de los Andes ecuatoriales.
E (A) Insulatus Ameghino-Boule; Pleistoceno Inferior (Tarijense) de Bolivia.
5.1.2. Artefactos de hueso y asta
2. Los caballos de la zona baja intertropical.
E (A) Neogaeus Lund-Sefve; Pleistoceno de Brasil oriental.
Aunque se registró una serie de pequeñas astillas de hueso con bordes convergentes
hacia su extremo proximal, el análisis de sus rasgos específicos no nos permite su defini-
• Identificados por el Dr. Alberto Cadena del Instituto de Ciencias Naturales - Museo de Historia
ción como artefactos. Solamente existen evidencias de uso, en 5 elementos (Foto 3).
Natural.

136
137
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

E (A) Santae Elenae (Spillmann); Pleistoceno Superior (Caroliniano) del Ecuador


occidental.
3. Los caballos de la zona templada austral.
E (A) Curvidens Owen; pampeano de Argentina.
Sobre los orígenes de Amerhippus señala Hoffstetter (1970, p. 963):
"Entre los Equidos, el subgénero Amerhippus se ha diferenciado primero en Améri-
ca del Norte y luego se extendió por toda Sudamérica, fragmentándose en especies nu-
merosas; las del Ecuador son conocidas de una manera satisfactoria, pero mucho queda

Foto 5 — a )Cráneo de Equus (A ). Lasalle Daniel. Holotipo ex hibido en el Museo de la Un iversidadde La Sa lle.
por hacer antes de poder dominar el grupo. Los demás Equidos, Hippidion y Onohippi-
dium s. I. (incl. Parahiparion), derivan aparentemente de otra inmigración más tempra-
na, pero mal conocida; se diferenciaron en América del Sur y tuvieron siempre una exten-
sión limitada hacia el norte. Al aparecer Hippidion no llegó a penetrar en el noroeste del
continente. En cuanto a Onohippidium s. I., la pieza ecuatoriana representa el punto más
septentrional alcanzado; parece que era un animal de regiones relativamente frías, que
vivía esencialmente en alturas o en llanuras australes".

6.1.2. Restos de Equidos en la Sabana de Bogotá

Entre la bibliografía sobre équidos de la sabana de Bogotá, que sintetiza de Porta


1961 (pp. 98-104), se hace referencia frecuente a hallazgos de piezas dentarias atribuí-
das a E. andium y E. curvidens. Entre los registros de équidos en Colombia, merece espe-
cial mención de este breve resumen E. (A) lasallei Daniel (Foto 5a), ejemplar procedente
de cerro Gordo (Bosa) descrito en 1930 por Mier Restrepo y Cuervo Márquez (1938, p.
38 -42), cuyas observaciones recoge y amplía el Hermano Daniel González (1948, pp. 274-
281), y es materia de posterior análisis por de Porta (1960, pp. 51-78), quien hace un
extensivo estudio de este ejemplar, tanto en sus características craneométricas como mor-
fológicas, y el que debemos añadir a la lista anteriormente dada de équidos suramericanos
andinos.
El holotipo de Equus Amerhippus Lasallei Daniel, está representado por un cráneo,
que fuera hallado por el Sr. M. Rolot y el R. H. Nicéforo María en "Cerro Gordo". Este
ejemplar se encuentra debidamente conservado y restaurado en el Museo de la Universi-
dad de la Salle, en donde fue estudiado y luego comparado sus molares con los hallados
en el sitio Tibitó 1, gracias a la generosa colaboración del R. H. Daniel González, a quien
expresamos nuestra gratitud.

6.1.3. Los restos de Equidos del sitio Tibitó 1

Aunque no se cuenta en la serie de Tibitó con ejemplares craneales que facilitarían


las determinaciones taxonómicas, se pudo recuperar una serie suficiente de piezas denta-
rias, fragmento de mandíbula y cóndilos craneales que permiten establecer correlaciones
con el holotipo de E (A) lasallei Daniel que hoy hace parte de las colecciones del Museo
de la Universidad de La Salle.
Aunque el estado de algunos restos óseos no permite la determinación completa de
todos los caracteres cuantitativos, ha sido posible la obtención de algunos de estos, a
nivel de piezas dentarias y de varios restos del esqueleto post-craneal. Conviene señalar,
que los métodos y técnicas más recientes (Harris y Porter 1980, p. 46), enfatizan en el
valor taxonómico de las medidas.

6.1.4. Frecuencia y distribución de restos óseos de Equus (A)

En el sitio Tibitó 1.

139
138
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

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r Evidencias cultu rales asociadas a inegafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

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Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

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Cuadro 2- Distr ibución y Frecuencia de Artefactos Líticos Sit io T IBITO 1


Cuadro 1— Distr ibución y frecuencia de Artefactos Líticos Sitio TIB ITO 1

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Cuadr ícula
a 1=1 L.L/ ll- C30C)LLIC-9 0 0 r-9 C.) U-
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01
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07 ,- ,-- .--
E OIVIJJ.S3
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~ V E OIVEIIS3
o

144 145
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

Las frecuencias registradas en la unidad 3 son bajas (Fig. 5) y solo incluyen piezas
dentarias (9) de las cuales solo 2 son identificables como premolar y molar (Cuadro 3),
una mandíbula inferior fragmentada, coxales, un fragmento de tibia y uno de omoplato.
Ti - ‘- .- .- cn .- o .- •- .- N N C1 r7 •.- N I--. C1
r1
5 En el estrato 3A, las frecuencias son más significativas; es considerable la densidad de frag-
I-
mentos de costilla y coxales en toda la unidad 3A y particularmente en el depósito 3 en
U - .- ni
z donde también aparecen un gran metacarpiano y gran metatarsiano. Es alta la frecuencia
O a de piezas dentarias de Equus en esta unidad 3A; sobre un total de 34, corresponden al
2 - ,- (1 -. .- N. ._ .-- Cn ,— ti
depósito 2 (cuadrícula C/2 110-120) 17 piezas dentarias (Cuadro 2). La frecuencia de
il - ,- N vértebras en el depósito 2 es también alta.
1 z
N .- r- cc
Inferior Izquierda

2 6.1.5. Descripción de las piezas dentarias

Dentición superior
Tr
o. Tanto molares como premolares superiores presentan las características definidas por
n-i - - Hoffstetter (1952, p. 62), para el sub-género Amerhippus: en ellas el pilar interno o
Ci-
protocono es muy disimétrico y está un poco más desarrollado posteriormente (Foto 5b).
N .- .- N
6. La morfología dentaria superior concuerda con los rasgos descritos por de Porta (1960,
o M
i.0 p. 68) para E (A) /ase/leí Daniel. Al comparar la serie de Tibitó con el ejemplar del Museo
2
-o de La Salle se encontró parastilo y mesostilo simples con ausencia de surco longitudinal,
N - .- r, ,n
Inferior Der echa

2 siendo la muralla que los une de forma redondeada. En P2 el protocono es redondeado


i- '-- '- y dirigido hacia atrás, en las piezas premolares, también el mesostilo es ancho y al igual
S
que el parastilo es simple y ocupa una posición central como lo indica la longitud parasti-
o
lo mesostilo-mesotilo-metastilo. En ellos, también las fosetas son alargadas y estrechas
N con los extremos dirigidos hacia atrás.
o
P3
p4

o Los caracteres de P3, son también similares a los señalados por de Porta (1960, p. 5)
-a N N ,-
O. para Equus (A) lasallei Daniel; así el protocono está mucho más desarrollado posterior-
u C1 mente, y estas piezas son más anchas que largas y presentan una giba en el borde poste-
c 2
rior externo, mesostilo simple y redondeado, fosetas largas y estrechas con bordes inter-
Izquierda
Superior

u cv - - - - N
nos bastante rectilíneos y la muralla que une el parastilo y mesostilo es redondeada (Foto
u_
in '- 5). M1 y M2, al igual que en las piezas descritas por de Porta, no muestran variaciones
o. 2
-o ni ..d: muy significativas.
el- c►
El último molar (Foto 5b), como en Equus (Amerhippus) lasellei (de Porta 1960,
in r., ni
p. 69) presenta un protocono más comprimido, hipostilo muy desarrollado hacia atrás y
Superior
Derecha

- - separado del metastilo por un surco profundo. Por otra parte las dimensiones absolutas
i5 2
de las piezas dentarias de E (A) de Tibitó presentan valores cercanos a los de E. (A)
2 - - lasallei obtenidos por de Porta.
o Dentición inferior
in
"
o csi a. En los incisivos inferiores, han desaparecido los cornetes externos; en la misma forma
o.
que en E. (A) /asal/ei Daniel, practicamente no existe el surco longitudinal, el esmalte
1 periférico es más grueso en la parte anterior y se adelgaza notablemente hacia el borde
.o - Cl N .- ,- ,- N
o.
o posterior. Otros rasgos similares E (A) lasallei Daniel, son identificables en P2 en el que el
0
protocónido, es más desarrollado que el hipocónido y tiene forma redondeada (Foto 6-a-
Nivel Cuadr ícula

c-h). Caracteres también concordantes con los descritos por de Porta, son la presencia de
Lo in cr L,, "Zr cr cr c•i cv rq cr N el
C12

N
entocónido redondeado.
B3

< 1 .3 0 u_--- ¿- .3 ¿i: c.) o LI- 03 03 U CC o


En P3 es notoria la longitud, como en E (A) Lasal/ei Daniel (de Porta 1960,p. 76),
Su b- Tota l

76 el protocónido e hipocónido son redondeados y es profundo el valle que los separa, el


O O
120- 130

O O O O .-- N
r. co co -
.-- ,- O metacónido es más redondeado que el metastílido (Foto 6-a-ch). El golfo posterior tam-
o ó ó ó O b
up r-.. co o .- ..i,1' bién en el ejemplar de Tibitó es largo y muy estrecho y en el borde postero - interno se

o observa un pequeño entostílido.


to' P4, como en Equus Lasa//ei Daniel, presenta un pequeño pticostílido y el entostílido
.i E 0.1.1/1:1.133 VE 0.1.V111S3
ui es más reducido (Foto 7), lo mismo que el espolón que forma con el hipoconúlido (de

146
147
Correal adas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

Porta 1960, p. 76). En los molares también concuerdan los rasgos generales descritos por
de Porta (1960, p. 76-77) para Equus (A) Lasallei Daniel.
El estudio comparativo de las dimensiones absolutas obtenidas en piezas correspon-
dientes a la dentición inferior en la serie de Tibitó también nos muestra valores similares
a E. (A) Lasallei Daniel (Cuadro 5).

6.1.2. Frecuencia y distribución de piezas dentarias de Equus Amerhippus

En la unidad estratigráfica 3 (Cuadro 3) se registraron 9 piezas dentarias, cinco de las


cuales, por su estado de desintegración no permitieron su identificación; la mayor densi-
dad (4) está asociada a la cuadrícula F/4, n. 70-80 cm. En la unidad estratigráfica 3A se
pudieron identificar 33 piezas dentarias, que incluyen dos incisivos (Cuadro 3). La mayor
concentración se localiza en el depósito No. 2, cuadrícula C/2 en niveles comprendidos
entre 100 y 130 cm con un total de 17 piezas dentarias. En el depósito No. 1, también
es alta la densidad de molares (15) mientras que en el depósito No. 3 (C/4 - 120-130),
solamente se obtuvo un molar; es muy significativa la asociación en cada uno de los depó-
sitos, de molares de Equus Amerhippus con piezas dentarias y restos de mastodonte
(Haplomastodon); por otra parte, es alta la densidad de fragmentos óseos calcinados, aso:
ciados a estos elementos.
Mandíbula inferior
Conserva en su borde posterior los rasgos de robustez tan característicos de Amerhi-
ppus; las proporciones de robustez también son observables a nivel del cóndilo mandibu- e
lar; la escotadura mandibular de acuerdo con lo que pudimos comparar con el ejemplar
de La Salle, también se muestra amplia (Foto 6-b-c).
En el ejemplar de la referencia localizado en la unidad estratigráfica 3 (cuadrícula
8/4 n. 90-100) se conservan los rasgos señalados por Hofstetter (1952, p. 244) para E
u
Equus (Amerhippus) Andium; en efecto como señala este autor "La mandíbula tiene la
misma forma general que en los Equus SL, más ella es particularmente robusta. Esta es
una característica general en el sub-género Amerhippus que se considera presente con
aluna analogía en Hippidium. Entre las formas actuales, los Couaggas y falsos Couaggas
parecen los más vecinos de las formas suramericanas".
No obstante estos rasgos generales, conviene anotar que el elemento mandibular de
Tibitó, muestra también rasgos análogos a los descritos por de Porta (1960, p. 74), para
Equus Amerhippus Lasallei; en efecto, el borde posterior de la rama vertical es gruesa y
más rectilínea que en E. (A) Andium (Foto 6-c).

6.1.7. El esqueleto post-craneal

Huesos coxales
Como rasgos particulares en los huesos coxales de la serie de Tibitó, podemos señala'
la amplitud de la cavidad cotiloidea (65 mm) (ejemplar D/4 100-110), superficie articular
notoriamente más ancha que en Equus s.s. (Foto 7-a-b). La porción articular, que rodea
el trasfondo de esta cavidad, es también más ancha que en los caballos modernos, de
acuerdo con las comparaciones que pudimos hacer con ejemplares de la Facultad de Medi-
cina Veterinaria de La Universidad Nacional de Colombia. La altura del trasfondo a la ceja
cotiloidea corresponde a 30.2 mm. El agujero obturador o agujero isquiopúbico, no pre-
senta variaciones significativas, siendo su contorno de forma definidamente oval. Una
fuerte musculatura se manifiesta en la foseta cotiloidea externa, en la depresión del ten-
dón interno del recto femoral, en la eminencia ileopectinea y demás lineas de inserción
muscular.

148 149
le ni 2 3 4 S

1 1 1 1 iiiii 1
Icml 2 3 4 5 6 7 E/ 9 10

d
e

Evidenciasculturalesasociadasamegafauna duranteel Pleistocenotardío de Colombia


h

1 5 1 5

lem I 2 3 4 5

Foto 7 — a-b) Huesos coxales fragmentados de Equus (A) de TIBITO 1, mostrando calcinación sobre la cavidad acetabular; c) Vértebra de
Equus (A) de TIBITO 1; ch) Extremidad distal de tibia de Equus (A), de TIBITO 1;d-e) Fragmento metatarso Equus (A); f) Metacarpo de
Equus (A); g) Omoplato de Equus (A); h) Superficie articular de omoplato de Equus (A); i) Fragmento de omplato mostrando ruptura.
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

o
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foseta posterior
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Anchura oclusal
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NNNN N N NI
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Daniel
E

E(A) Lasallei
Cuadr ícula
o N C•1
2 2 2

o - N Ct d
UUUU

o 0 0 0 o
ro ro ro ro
á ó cS
NNNN

151
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

6.1.8. Frecuencia y distribución

Sobre u n total de 19 huesos coxales fragmentados, 4 incluyen la region acetabular y


parte de los segmentos isquión-pubis; el resto de la serie, corresponde a fragmentos isquiá-
ticos. La mayoría de los huesos coxales se encuentran asociados a la unidad estratigráfica
3A, en los depósitos 1-2-3 (Cuadro 6). No se observan variaciones significativas en la dis-

golfo poster ior


tribución y frecuencias, aunque el mayor registro (8) corresponde a la cuadrícula D/4
(depósito No. 3).
01 O N ID M CO CO 01 N El hecho del registro de 8 fragmentos de coxal izquierdo y uno derecho, nos está
o ar ó ni ni al N C.: (ri,
indicando que los restos corresponden por lo menos a 8 individuos; el coxal en el depósi-
to 1 cuadrícula B/3 (110-120 cm) muestra calcinación en todo el contorno de la cavidad
golfo a nter ior acetabular, y en el transfondo de acetábulo fue encontrado carbón vegetal (Foto 7-b).

e o 01 O 01 o M 0 0)
o co oi u5 U) 03 N 03 10
6.1.9. Huesos largos

Metacarpianos
Metoconido

e
Dos grandes metacarpianos provenientes del depósito 3, difieren entre otros caracte-
3 O N C7) 10 (O N 0 IN N
-e cc; o5 al n cid u5 id (a rió res de Equus s.s. en la presencia de doble foseta anterior más marcada que en los caballos
o y que los sitúa en la línea de los Amerhippus (Foto 7f).
Estos ejemplares se encontraron incorporados a la unidad estratigráfica 3A, cua-
o drículas C/4 - 110-120 y D/4 - 110-120; en este último, parcialmente roto, los rasgos de la
Metastilido

:12e
N 1- O N N 1-- O cr o cara dorsal, no difieren de los definidos por Sisson y Grosman (1970, p. 79), para Equus
CC O ri oi M ri
o
o
e Caballus L. en efecto, esta es lisa, convexa transversalmente y casi recta en su longitud.
Aunque la extremidad superior está parcialmente rota, no se observa surco para el liga-
mento suspensario. La extremidad distal, muestra los cóndilos relativamente bien conser-
01 0) N 0 (O O 0) 03 co co o O vados, separados por la cresta sagital; el cóndilo medial es notoriamente más ancho. La
O ori cri c
cresta sagital es bien marcada. El ejemplar, corresponde a un individuo joven (Foto 7f).
Las dimensiones correspondientes al metacarpiano en referencia son las siguientes:
-e -o
e r-- cr N CO 0) 01 N 0 CO a 11- Longitud total (aprox.) 201 mm
e e ri ci ó c5 al ai al 'CC o5 ai o5
o Longitud medial 355 mm
o-
Espesor medio (diáfisis) 26.6 mm
Longitud sobre los tubérculos latero distales 3
45
4 :0
5 mm
7
O — O . cv N (O 0 10 cv U)
C0 cri ci5 Ti cd n tai rl Longitud distal
ro ro cm r) N N el CM N N r)
Espesor distal 40.5 mm
Daniel
E (Amerhippus)Lasallei

"rg O 0 r- N 111 o TI. 0 CV Sobre un tercer metatarsiano reconstruido sobre fragmentos del depósito 3, se pue-
í al r cd al ci cc5 V (ti 0.1
e N 1- den también diferenciar algunos de los caracteres dados por Hoffstetter (1952, p. 278)
para el sub-género Amerhippus, como la presencia en la cara plantar de canales muy mar-
cados para los estiletes y la forma de las fosetas articulares laterales para M - IV y II, prác-
0 CO 11 N O) M CO N rs CV el
CII
oi CV ci n p ci ai ri Ti ri ticamente perpendiculares a las superficies de articulación tarsiana (Foto 7-e-d).
O 0 N el N N el N N N el
Las dimensiones obtenidas, para ete metatarsiano, son las siguientes:
0,1

Largo proximal 54 mm
Longitud media 39 mm
Espesor proximal 43 mm

Huesos tibia /es


Solamente pudieron reconocerse en el corte Tibitó 1, a través de dos extremidades
dístales derechas y dos fragmentos de extremidad proximal, con la siguiente distribución:

152 153
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

Cuadrícula Nivel Estrato Extremidad distal Extremidad proximal


A/4 60.70 3 1
C/2 80-90 3 1
C/2 80-90 3 1
C/4 110-120 3A 1

En los restos tibiales registrados en Tibitó 1, solo se pueden apreciar surcos articula-
res amplios y profundos, cresta itermedia mucho más gruesa que en Equus s.s. y maleolo
medial no muy protuberante con borde anterior notoriamente engrosado (Foto 7 ch).
Húmero
Solamente pudieron identificarse dos fragmentos (extremidades proximales), asocia-
das a la unidad estratigráfica 3A, cuadrícula C/2 (120-130) depósito 2; los fragmentos co-
rrespondientes a cóndilos no permiten determinar los caracteres métricos de los segmen-
Cuadro 6 — Frecuencia y Distribución de Huesos Coxales de Equus (A)
tos humerales.
en el corte TIBITO 1

6.1.10. Región escapular

Iliacos Ilíacos
Omoplato
Estrato Nivel Cuadrícula Depósito Derechos Izquierdos Total
Dos fragmentos y un omoplato parcialmente roto (Fotos 7-g-h-i), permiten diferen-
ciar en el ángulo glenoideo, una superficie articular muy amplia y redondeada en compa-
B/4 1 1
ración con Equus s.s. (Foto 7h); sus diámetros son amplios: por encima de la porción pos-

1A
50-60

3
tero externa de la superficie articular, se aprecia un tubérculo muy prominente, para el
C/4 1 1
tendón del músculo redondo menor.
La distribución de estos restos es la siguiente:
04 1 1
70-80
E/4 1 1
Cuadrícula Nivel Unidad Frecuencia

ESTRATO 3A
C/2 120-130 3A (dep. 2) 1 (fragmento) B/4 3 1 1
C/5 70-80 3 1 (fragmento) C/2 2 1 1
C/2 120-130 3A (deo. 2) 1 (ext. articular) 100-110 D/2 1 1
D/4 3 3 2 5
Como rasgo particular en el fragmento obtenido en el depósito 2 (C/2 120-130), se E14 3 1 1 2
puede pareciar una fractura de forma paroximadamente oval con diámetros de 22 x 17
mm, ésta afecta la tabla externa intruyéndola dentro del tejido esponjoso (Foto 7i). No 110-120 B/3 1 1 1 2

se observa cicatrización del borde de ruptura; por estas características, es lógico pensar
C/2 2 2 2
que la ruptura no fué ocasionada por agentes naturales y pudo derivar del impacto con 120-130
C/4 3 1 1
elemento punzante, dirigido con fines de cacería hacia la región toráxica.
Vértebras GRAN TOTAL 19
En el corte Tibitó 1 se obtuvo una serie de 17 vértebras de Equus,. esta serie incluye
3 cervicales, 1 dorsal, 9 lumbares y 3 no identificables por su estado de deterioro (Cuadro
7), aunque el estado de estos elementos y la parcial ruptura de sus apófisis transversas y
espinosas así como el deterioro de los cuerpos vertebrales, no permite llegar a determina-
ciones morfológicas amplias (Foto 7c) es notoria en varios casos la solidez de las propor-
ciones de estos,elementos. Es interesante el hecho de que a excepción de 2, todas las vér-
tebras se encuentran asociadas a la unidad estratigráfica 3A y sus depósitos 1-2-3.
Costillas
La serie paleontológica de Tibitó, incluye entre los restos pleistocénicos de Equus,
64 fragmentos de costilla (Cuadro 8); la frecuencia y distribución de estos elementos, nos
muestra también, como en los restos óseos anteriormente estudiados, su asociación a la
unidad estratigráfica 3A y su mayor densidad en los depósitos 1-2-3, hecho que refuerza
el carácter selectivo de las acumulaciones de restos óseos en éstos.
Las mayores frecuencias, se registran en el depósito 3 (Cuadro 8). El estado de frac-

154 155
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

Tota l
N ni' •zr 1--.

c Cuadro 8 — Distribución y Frecuencia de fragmentos de costilla de Equus (A)


o
-o TIBITO 1
In
O
z
Cuadro 7 — Frecuencia y Distr ibución de Vértebras de Equus (A)TIBITO 1

u:
Estrato Nivel Cuadrícula Depósito Frecuencia Total
Lumbares

3A 8/2 1
N .— .-- ..- ,— Cl
3A 80-90 C/2 1
3A D/5 1 3
Dorsales

3A C/4 4
3A 90-100 E/4 1
3A E/4 3 8

al 3A 8/3 1 2
71,
u IN .—
.1 100-110 C/2 2 6
1 C/4 3 3
U
3A D/2 5 28
D/4 3 11
o E /4 1
-.;
.0 — ri N el -• N

o-
O 8/3 1 1
B/4 1 1
Cuadr ícula

3A 110-120 C/2 2 4
N N r1 .7 el' N cr r) N C/4 3 6
u 05 CO 02 I:0 (3 .) 55 u D/4 3 4 16

8/3 1 1
120- 130

o o
o — e4
T o — — 120-130 B/4 1 2
.1 á ci
2 á o — C/2 2 6 9
o

GRAN TOTAL 64
Estrato

VE 01E1111E3

156 157
Correal
Y Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

tura de las costillas, no permite determinar la totalidad de sus caracteres morfológicos ni viejos hay a veces tendencia al desgaste en doble serie de tréboles, siendo lo corriente
sus dimensiones correspondientes. Las superficies de inserción denotan amplios desarro- que éstos se formen sólo en el lado en que las cúspides son más grandes y que las del otro
llos de los músculos intercostales, y las tuberocidades son marcadamente protuberantes lado se desgasten en forma de elipse o de losange".
si se las compara con las del caballo actual. De acuerdo con este mismo autor, sus restos más antiguos corresponden a las capas
Todos los restos óseos anteriormente descritos, se pueden referir tentativamente a de Eden, en el sur de California considerados por Osborn (1922) como correspondientes
Equus Amerhippus lasallei Daniel, dada su indudable asociación con los elementos denta- al Plioceno Medio y parece que este género pudo estar distribuido por toda la parte occi-
rios, donde las características son más concluyentes, si se las compara con el Holotipo dental de ambas América.
existente en las colecciones del Museo de la Universidad de La Salle. Hoffstetter (1952, p. 185) citando a Osborn (1936), señala que la especie más anti-
gua de este género sería Cuvieronius Edensis del Plioceno Medio de California.
6.2. RESTOS DE MASTODONTE EN EL SITIO TIBITO 1 Es interesante subrayar, que de acuerdo con Hoffstetter (1970, p. 963) (Act. IV
Congreso Latin Zool. Vol. II, pp. 955-969) "Cuvieronius hyodon (sentido convencional)
6.2.1. Generalidades es muy escaso y mal datado en los Andes ecuatorianos (de donde procede su tipo), mu-
cho más común en los Andes del sur del Perú y de Bolivia, presente también en la faja
Como bien se sabe aparte de Paraelephas columbi cayennensis de la Guyana France- litoral de Chile. Aparentemente no aguantaba los climas cálidos. Pero sus antecesores no
sa, y molares de este mismo hallados en Tequizquiac, México (Cabrera 1929, p. 61.144), debían tener las mismas exigencias, ya que el género es un inmigrante de origen Norte-
todos los proboscídeos suramericanos son mastodontes y pertenecen a la familia americano".
Gomphotheriidae; esta familia corresponde a los mastodontes bunolofondontes en los En américa del sur la especie fundamental de este género es C. hyodon Fisher 1814
cuales las cúspides de los molares pueden formar colinas sucesivas. (también nombrada Cuvieronius Andium por otros Autores).
Como anota Hoffstetter (1962, p. 180) "en América del Sur los probocidios son Características del Género Haplomastodon
inmigrantes recientes venidos desde el norte, y no se les conoce más que durante el pleis- Genotipo: Masthodon chimborazi Proaño 1922.
toceno". Los lejanos orígenes de los mastodontes deben buscarse en las elementales for- Las características diagnósticas, señaladas por Hoffstetter (1952, p. 191) para este
mas aparecidas en el Oligoceno de Fayun (Egipto), y que son hoy conocidos con el nom- género son las siguientes: "Mastodontes con cráneo elevado de tipo elefantoide. Sínfisis
bre de Moeriterium, especímen en el cual C. W. Andrees del British Museum, señaló desde mandibular corta. Atras desprovisto de foramen transversarium, incisivos inferiores ausen-
1908 afinidades con los proboscidios (los mastodontes) (Daniel, 1947 p. 377). tes. Incisivos superiores definitivos con sección oval, casi derechos en los jóvenes, recurva-
dos hacia lo alto en los adultos, sin torción elicoidal; las defensas tienen generalmente en
6.2.2. Los mastodontes suramericanos estado juvenil una estrecha banda de esmalte que desaparece durante la edad adulta. Mola-
res bunolofodontes; semi-colinas opuestas o mostrando una ligera tendencia a una dispo-
Hoffstetter (1953, p. 184) divide los géneros y sub-géneros de mastodontes surameri- sición alternante, sobre todo en M3; desgaste en tréboles simples, algunas veces dobles tré-
canos así: boles rudimentarios en los dientes muy usados. Molares intermedios trilofodontes; mola-
Mastodonte sud-americano (Gomfhotheriidae brevirostris) subfamilia Cuvieroniinae. res posteriores tetra o pentafodontes".
Género único Cuvieronius Osborn 1923 Los remotos antepasados del Haplomastodon, se encuentran también en Norte Amé-
Sub-familia Anancinae. rica, desde donde se desplazó durante el Pleistoceno hacia nuestro Sub-continente; en
Género Haplomastodon Hoffstetter 1950, nuevo rango cuanto a su distribución Suramericana, Hoffstetter (1970, p. 963) anota: "El mastodonte
Sub-género Haplomastodon Nov Haplomastodon ocupaba prácticamente toda la zona intertropical sudamericana, tanto en
Género Stegomastodon pohlic 1912 tierras bajas como en alturas. No se conoce su exacta distribución estratigráfica. De todos
Sub-género no denominado modos, es peligroso postular que todos sus representantes pertenecen a la especie H.
Sub-género Notiomastodon Cabrera 1929 waringi (Holland) del Brasil, tanto más que este nombre, inicialmente un nomen nudum,
Sub-género Stegomastodon pohlic 1912 no fue validado sino en 1957 por Simpson y Paula Couto, y que su tipo es totalmente ina-
De los anteriormente mencionados, nos interesa dar las características de los géne- decuado (véase al respecto Hoffstetter 1955)".
ros Cuvieronius y Haplomastodon ya que se encontraron directamente relacionados con La bibliografía referente a los mastodontes es considerable, entre ella se cuentan tra-
los especímenes de Tibitó. bajos magistrales como los de H. F. Osborn (1936); en los que concierne a los géneros
Características del Género Cuvieronius suramericanos es conveniente mencionar los estudios de P. W. Lund (1935), F. Ameghino
De acuerdo con el diagnóstico de Cabrera (1929, p. 80) los caracteres diferenciales (1899), M. Boule y A. Trevenin (1920), A. Cabrera (1929), H. F. Osborn (1923, 1926)
del género Cuvieronius Osborn pueden resumirse así: "Mastodontes con el cráneo depri- y, especialmente, Hoffstetter (1952).
mido; la sínfisis mandibular corta; los incisivos superiores provistos de una banda de
esmalte en toda su longitud, ligeramente encorvados hacia abajo en el joven, en el adulto 6.2.3. Los mastodontes en Colombia
divergentes y cada uno de ellos retorcido sobre su eje, de modo que la banda de esmalte
describe un espiral alrededor del diente, y las muelas bunolofondontas, con doble serie Entre las más remotas referencias relativas a la existencia de grandes restos fósiles en
de conos opuestos entre sí, los de un lado (el interno en las superiores y el externo en la Sabana de Bogotá, debemos mencionar lo anotado por Zerda (1972, p. 195):
las inferiores) más fuertes que los del otro y provistos de cónulos accesorios, los cuales "De regreso de la excursión al Tequendama, al llegar al pueblo de indios llamados
en el lado opuesto, faltan o son muy pequeños, de modo que sólo en ejemplares muy Soacha, es muy natural consagrar un recuerdo a la fábula chibcha de la raza de gigantes

158 159
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

que en otro tiempo habitaron esta sabana; sus restos fósiles fueron hallados muy superfi-
O
cialmente sea al labrar los indios sus sementeras, y por esto fue llamado el 'Campo de gi-
gantes'. Los antiguos habitantes de estas comarcas no pudieron conocer ni conservar re-
cuerdos tradicionales respecto de la naturaleza de raza de gigantes a la cual pertenecieron
o
re) estos restos antediluvianos; pero Humbolt hizo este magnífico descubrimiento paleonto-
o lógico en 1802, con el cual la ciencia de Cuvier i estauró el mastodonte angustidents, o de
o dientes angostos que pobló el continente americano en épocas muy remotas".
.7)

ión de los restos de mastodonte (Haplomastodon y Cuv ieronius hy odon)en el corte Tibitó
Subraya el mismo autor que el hallazgo de "restos de la fauna gigantesca antediluvia-
na en diferentes sitios de América d ió origen a fábulas semejantes"; así, la refiere entre las
tribus del Canadá, hasta el tiempo de la llegada de los primeros conquistadores, y señala
la conservación de esta tradición entre los indígenas de Santa Helena un poco al norte de
Guayaquil, hasta tiempos relativamente recientes. Zerda (1972, p. 195) citando a Cieza
de León, afirma que éste, durante su estadía allí en 1550 encontró huesos de grandes di-
mensiones, y un molar cuyo peso total sería de más de media libra.
De Porta (1961, p. 99), en su estudio "Algunos problemas estratigráfico-faunísticos
de los vertebrados en Colombia", señala que todo el material por él estudiado hasta el mo-
mento de la mencionada publicación, corresponde al género Haplomastodon que está
bien representado por series dentarias y otras partes del esqueleto como húmero, fémur,
coxal y escápula. Este mismo autor considera que algunos de los restos del Museo de La
Salle, podrían corresponder a Cuvieronius. El estudio en referencia, presenta una amplia
o bibliografía comentada, sobre los hallazgos de restos de mastodonte en territorio colom-
2 biano (de Porta 1960, pp. 100-104). Un estudio más reciente (Bombin y Huertas, este
volumen), luego- de estudiar las colecciones paleontológicas de mastodontes del Institu-
to de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, de INGEOMINAS y del Museo de
c La Salle, señala que en este material, "están representados los caracteres, y probablemen-
o
te basados en las combinaciones de ellos, correspondientes a lo que las últimas revisiones
o
o del grupo asignan a Cuvieronius, Stegomastodon, Haplomastodon y no a Tiomastodom"
o (Bombin y Huertas, este volumen). Señala este mismo estudio, que la forma más común
E 11111111
o en el área de la sabana de Bogotá, corresponde a la combinación no descrita, que pre-
o c O.
o senta defensas no espiraladas con banda de esmalte y molares sin postritos treboliformes"
o o
Total unida d 3

c -o (Bombin y Huertas, este volumen).


O
o o o a> -o
C
-C o o
o O
u O E -o 6.2.4. Frecuencia y distribución de restos de mastodonte en el sitio Tibitó 1
• .0 . o o c
'O
E
o
E N O o a>
o o
o .c o o
Como se ha señalado a través de este estudio, en el sitio Tibitó 1 se encontraron res-
E o o
-o tos correspondientes a mastodontes de los géneros Haplomastodon y Cuvieronius hyodon.
o O
E u Como puede apreciarse en la Fig. 5, estos restos incluyen molares completos fragmenta-
O
a> o dos, fragmentos de costilla y fragmentos de defensa o defensas parcialmente fragmen-
c tadas.
4> a>
E o
O Las densidades más altas de estos elementos (Fig. 6) corresponden a la unidad estrati-
o
a> O N
O 2 gráfica 3A, y sus depósitos 1-2-3; en éstos, como rasgos particular, solamente se registran
'O O _
O ><> restos correspondientes a Haplomastodon y aunque resulta difícil establecer la identidad
N a o taxonómica de fragmentos de costilla de mastodonte asociados a los depósitos 1-2 y 3, es
o o oo Z o
4.- o lógico pensar que por asociación ellos también deben corresponder a Haplomastodon.
C O C LiJ 0 .....
._
0 N O O
> o .4-
_ o
E c E o ta
oh o o, o Z -0 -o •o En la unidad estratigráfica 3A, es menor la densidad de Cuvieronius hyodon y éstos se en-
o. a O.
O ..- 0 Vl 0 O
it. Ll.: iái o c o o cuentran fuera de los depósitos.
O O O
En la unidad estratigráfica 3 (Fig. 6), solamente se registró una serie de molares frag-
mentados que corresponden a Cuvieronius hyodon; a lo largo de este trabajo se hace refe-
rencia particular de estos elementos.

160 1 161
idas a megatauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

6.2.5. Restos calcinados

Debemos enfatizar en la presencia de restos de mastodonte calcinados, en la unidad


estratigráfica 3A y en sus depósitos 1-2 y 3. Anteriormente, cuando se hizo referencia a
los restos de équ idos en el sitio Tibitó, se señaló la presencia de calcinación en los restos
o
de mastodonte; este carácter es más frecuente y pudo establecerse sobre un alto porcenta-
je de los restos (25%). o
Cuando se habla de calcinación, se debe señalar, que ésta tiene su base no solamente
.1=r
en la carbonización parcial observable en algunos molares y restos, sino también en el
E
análisis de muestras practicado en el Laboratorio Químico Nacional (Instituto Nacional o
de Investigaciones Geológicas Mineras), con la colaboración del Dr. Hernán Cabezas Villa- E
o
0
nueva, quien estudió dos muestras de molares de mastodonte una con señales de calcina-
ción y otra sin huellas de haber sido quemada, obteniendo los siguientes resultados que
se transcribe del concepto oficial correspondiente (Cabezas Villanueva 1980, pp. 1-2): o
"Mi — Fragmento molar mastodonte (sin calcinar) co
M2 — Fragmento molar mastodonte (calcinado). o
Las muestras se molieron y tamizaron para una completa homogenización, antes de a,
0
efectuar la marcha analítica.
La composición química de las muestras obtenidas a partir del análisis químico se de-
— t()
talla a continuación: * a

M1 M2
Pérdida de peso a 105°C 4.77% 4 02% a
Materia orgánica 9.52%, 8.46%,
74.97% 74.82% a>
Fosfato de Calcio (Ca3 (PO4)2) a
Carbonato de Calcio (CaCO3) 6.37% 5.07%
Oxido de Calcio (Cap) 7.48%,
c
o
Comparando-los resultados obtenidos, se puede deducir lo siguiente: o
El contenido de fosfato de calcio (Ca3(PO4)2) es igual en las dos muestras. .c
2. La pérdida de peso de las muestras determinadá a 105°C representa la humedad física
adquirida por la exposición al medio ambiente. Por esta razón los contenidos de hu- E
medad en las dos muestras son similares, no obstante suponer que una de ellas fue 3
calcinada.
3. El contenido de materia orgánica de la muestra M1 es mayor que el de la muestra
M2. Esta diferencia (1.06%), permite determinar que la muestra M2 pudo haber sido
sometida a un proceso parcial de calcinación.
4. El contenido de anhídrido carbónico (CO2) de la muestra M1 es mayor que el de la
muestra M2, de lo cual se deduce el mayor contenido de carbonato de calcio
(CaCO3) de la muestra M1. Esta diferencia (1.30%) conduce a la misma suposición
anterior, de conformidad con la ecuación química:

CaCO3 ► CaO + CO2 El carbonato de calcio


O 1
1
carbonato calcinación óxido anhídrido (CaCO3) al calcinarlo
de de carbónico Se descompone produciendo
calcio calcio óxido de calcio (CaO) y anhí-
drido carbónico (CO2).

• El análisis es documentado con fotografías previas de las muestras No. 1 y 2.

162 163
1 1 1 I 1 1

Icml 2 3 4 5

Evidenciasculturalesasociadasamegafauna duranteel Pleistocenotardío de Colombia

I cm 2 3 4 5

Foto 8 — a-b) Molares de mastodonte Cuvieronius hyodon vista superior lateral; c) Fragmento de costilla de mastodonte mostrando inci-
siones oblicuas hacia uno de sus bordes.
Cr
41. Icrni 2 3 4 5
o o a
Foto9—a-b-c-ch) Molares demastod onte Haplomastodonsp.
vistasu periory lateral .

9 tt, a a Sol
r t vi II

Foto 10. a) Detalle de la cuadrícula B/3 N-110-120 lestrato 3A) muestra posición de las defensas de restos de mastodonte (Haplomasto-
don), caballo Equus (A), venado (asta), artefactos y arenisca; obsérvese calcinación'
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

o

E
o
Tg.

12)
o
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Foto 10. b-c )Deta lles de de fe nsas fragmentadas de Haplomastodon mostra ndo la ca racter íst ica ba nda de esmalte.
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165
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

El mayor contenido de contenido de óxido de calcio (Ca0) de la muestra M2 está de


Cuadro 9 - Frecuencia y distribución de molares de mastodonte - TIBITO 1
acuerdo con esta ecuación, confirmando lo anteriormente expuesto.
Finalmente, de acuerdo al anterior estudio comparativo, se puede concluir que la
muestra M2, denominada fragmento Molar de Mastodonte (Calcinado), realmente fue so-
HAPLOMASTODON CUVIERONIUS H.
metida a un proceso parcial de calcinación".
Nivel Cuadricula Depósito M. Comp. M. Frag. Frag. M. M. Comp. M. Frag. Frag. M.
Por el concepto anteriormente transcrito, además de la comprobación química de
calcinación en los restos sometidos a análisis, el hecho de presentar carácter "parcial",
A/2 1
descarta en alto grado la posibilidad de que ésta haya ocurrido a consecuencia de agentes
C/1 1
C/3 1 naturales como podrían ser un incendio forestal ocurrido durante tempestad. El hecho
40-50 D/4 2 de calcinación causado por el hombre es más evidente, cuando se analizan el conjunto
E/4 2 de rasgos de los depósitos 1-2 y 3, los cuales ya han sido referidos en este estudio.
F/4 1

B/5 4 6.2.6. Piezas dentarias


C/3 1
C/4 2
La frecuencia de éstas, nos muestra que sobre un total de 106, un 67% (70) corres-
50-60 C/5 1
D/4 4 ponden a Cuvieronius hyodon (Foto 8) y un 33% (34) a Haplomastodon (Foto 9). En la
D/5 2 unidad estratigráfica 3, solamente se registraron piezas dentarias correspondientes a
E/4 3 Cuvieronius hyodon (49), equivalente al 70% de las de este género registradas en la exca-
G/1 2 vación (Cuadro 9, Fig. 6).
En la unidad estratigráfica 3A sobre un total de 57 piezas molariformes, la mayoría
B/4 2
fragmentadas, 34 (57.7%) corresponden a Haplomastodon, mientras que 23 (40.3%) repre-
C/3 2
D/2 5 sentan Cuvieronius hyodon (Cuadro 9). Estas frecuencias y porcentajes nos demuestran
D/5 4 la ausencia de Haplomastodon durante el período en que se depositó la unidad 3, y al
60-70 E/2 1 mismo tiempo el decrecimiento de Cuvieronius hyodon, hasta su ausencia total desde
E/4 1
el nivel de 100 cm en la unidad estratigráfica 3A. Este hecho debe relacionarse con los
F/3 1
cambios climáticos y ecológicos ocurridos en el Pleistoceno Tardío y el Holoceno. Por
F/4 1 3
G/1 1 otra parte, es clara la acumulación cuantitativa (mayor cremación en los depósitos 1-2-3)
que muestran también asociación con restos de Equus (A) de artefactos y piedras arenis-
B/4 1 cas irregulares acumuladas.
D/4 1 6
70-80 D/5 2 1
E/4 • 1 6.2.7. Defensas de Haplomastodon
F/4 2 4

D/4 2 Se registran en número de 38 (Cuadro 10, Fig. 6) parciales y fragmentadas, asociadas


80-90 D/5 1 a la unidad estratigráfica 3A y sus depósitos, hecho que nos demuestra, junto con la dis-
E/4 1 tribución de molares, que el género en mención sólo supervivió en un período que crono-
lógicamente se sitúa cerca a 12.000 B.P. Es importante el hecho de que a excepción de 5
C/4 1
fragmentos, todas las defensas están asociadas a los depósitos 1-2-3.
90-100 D/2 1 1
2 Las defensas contenidas en el depósito No. 1 (B/3 110-120 cm) que corresponden a
D/5
2 individuos diferentes, muestran particular orientación (C W-W E) por pares. Además,
B/3 1 4 presentan calcinación de su superficie externa y se hallan asociadas con fragmentos de
100-110 C/2 1 3 defensas aparentemente de individuos mal desarrollados; como también con piedras are-
C/4 3 1
niscas irregulares, restos de Equus (A) que incluyen restos calcinados y especies menores
D/2 2
(Odocoileus virginianus), partículas de carbón y artefactos. Este contexto descarta en alto
B/3 1 2 2 grado la posibilidad de acarreo. á
110-120 C/2 2 2 Situación similar ocurre en el depósito No. 2 (Foto 10), donde la concentración de
C/3 1 1 defensas fragmentadas también es alta, once fragmentos asociados a piezas dentarias de
Equus (A), molares de mastodonte y artefactos que incluyen el cuchillo de hueso, al que
B'3 1 2 3
120-130 se hizo anterior referencia. En el depósito 3 es menor la frecuencia (5 fragmentos), en-
C'2 2 1 3 3
contrándose también en esta unidad asociadas a molares de mastodonte y a restos de
Equus (A).

166 167
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

Cuadro 10 — Frecuencia y distribución de defensas fragmentadas de Haplomastodon Cuadro 12 - Frecuencia y distribución de Microfragmentos Oseos TIBITO 1
en el corte TIBITO 1

Estrato Nivel Cuadricula Depósito Frecuencia


Fragmentos Defensa parcialmente
Estrato Nivel Cuadricula Depósito defensa fragmentada Total A/2 8
40-50 C/2 3
80-90 2 D/4 8
90-100 C/4 3 E/2 6
ES T RAT O 3 A

100-110 C/2 2 1 50-60 C/4 16


100-110 D/2 3 4 D/5 4

AT
110-120 B/3 1 3
A/4 4
110-120 B/4 1 1 4 60-70 8/4 59
110-120 D/4 3 1 D/2 70
120-130 B/3 1 9 F/4 3

120-130 C/2 2 10 C/4 2


70-80 D/4 2
TOTAL. 34 4 38 E/4 7
F /4 24

80-90 C/2 50
C/3 27
Cuadro 11 - Frecuencia y Distribución de fragmentos de costilla de Mastodonte E/4 5
F/4 4

90-100 C/2 145


Estrato Nivel Cuadrícula Depósito Frecuencia Total C/3 14
C/4 11
D/1 24
C/2 1

ESTR AT O3 A
90-100 C/4 2 3 D/2 172
E/4 28
B/3 1 1 E/5 24
F/2 17
100-110
ESTRATO3 A

8/4 3 1
B/4 3 1 3 100-110 8/4 93
C/2 84
8/3 1 1 C/4 62
110-120 C/4 3 1 2 D/1 6
D/2 76
B/3 1 3 D/4 185
120-130 B/4 E/4 29
3 1
C/2 2 1 6 110-120 C/2 2 473
C/3 1 _ C/4 3 147

120-130 8/3 1 31
14
TOTAL 1.923

168
169
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

6.2.8. Costillas

En el sitio Tibitó 1, se pudieron identificar 14 fragmentos de costilla de mastodonte


(Fig. 6); todos estos elementos se encuentran asociados a la unidad estratigráfica 3A y a
excepción de tres, todos se localizan en los depósitos, siendo mayor su densidad en el
depósito No. 1 (B/3 110-130 cm); es evidente, entonces, su carácter asociativo con los
restos de fauna anteriormente enunciados para los mismos depósitos (Cuadro 11).
Un fragmento de costilla de mastodonte (C/2 120-130), registrado en el depósito No.
2 (unidad estratigráfica 3A) muestra, como rasgo particular sobre su superficie externa,
una serie de incisiones paralelas (Foto 8c), que afectan el periotio y que pueden interpre-
tarse como señales dejadas por un artefacto (raedera) o lasca durante el descarnado o
tasajeo de las presas de cacería; frecuentes son los casos de registro de huesos con inci-
siones, en sitios paleolíticos. Por vía de ejemplo basta citar lo observado por Aveleyra
Cuadro 13 - Frecuencia y distribución de Huesos Sesamoideos T I BITO 1
(1955, pp. 19-20) en restos de un mamut fósil de Santa Isabel de Iztapan (México) aso-
ciado a artefactos, quien anota al respecto: "Otra prueba muy importante de la interven-
ción humana en el destazamiento del segundo mamut de lztapan, aparte de la misma
Estrato Nivel Cuadrícula Depósito Frecuencia Total
posición del esqueleto, la proporcionan las marcas y rasguños encontradas sobre muchos
de los huesos y que se interpretan como señales dejadas por las raederas y demás imple-
80-90 C/2 6
mentos cortantes durante la operación de desmembrar y descarnar el cadáver" . . . Entre
E/2 1 7
los restos con incisiones muestra Aveleyra (1955, Láminas XXI y XXII) un fragmento
de costilla, algunos de cuyos rasgos recuerdan los identificados en el resto del mastodonte 90-100 C/2 3 3
de Tibitó 1. Refiriéndose al hallazgo Muaco (Venezuela) Rouse y Cruxent (1963, p. 4)
C/2 1
señalan: "Se hallaron numerosos huesos de mamíferos extinguidos, incluyendo mastodon-

ES TR ATO 3 A
C/4 3 4
te, megaterio y caballo americano. Algunos de los huesos estaban quemados, otros mos-
100-110 D/2 8
traron huellas de cortaduras hechas por la mano del hombre o habían sido rotos para
extraer la médula". D/4 3 2
E/2 1
Con relación a los hallazgos de Tagua-Tagua (Chile central) Schobinger (1969, p.
E/4 3 1 17
177), al referirse a los restos de caballo y mastodonte encontrados en sedimentos de una
antigua laguna asociados a artefactos, anota: "La acción del hombre sobre estos animales C/2 2 32
se comprueba por las marcas de instrumentos en huesos de caballo y por la forma en que 110-120 C/4 3 3
los huesos han sido dispersados lo que sólo es explicable por la acción humana, ya que no ID/4 3 1 36
hay indicios que permitan pensar en un arrastre por agua o el traslado de ellos por otro
B/3 1 1

[
agente". 120-130

TOTAL 64
6.3. OTRAS ESPECIES ANIMALES

Venado (Odocoileus virginianus). En el sitio Tibitó 1, solamente se pudo identificar


por la presencia de 6 astas fragmentadas dentro de la unidad 3A y sus depósitos.
Zorro (Cerdocyon thous linnaeus). Solamente se pudo reconocer un calcáneo corres-
pondiente a esta especie (unidad 3 D/2 100-110 cm).
Microfragmentos óseos. Esta categoría, incluye fragmentos óseos muy pequeños, los
que muestran fracturas irregulares, diámetros entre 1 y 3 cm y un alto porcentaje (42%)
de calcinación. Sobre un total de 1923,216 (11.23%) corresponden al estrato 3, y 1707
(88.77%) al estrato 3A (Fig. 7, Cuadro 12). Es notoria la alta densidad de estos elemen-
tos en los depósitos 2 y 3 (Fig. 7, Cuadro 12).
Huesos sesamoideos
En la unidad estratigráfica 3A, se registró un total de 64 sesamoideos; el 50* de estos
elementos (32) se encontró asociado al depósito No. 2 y su frecuencia disminuye en el
depósito No. 3 (11 = 17%), donde sólo se registra uno en el depósito 1 (1.5%), y el resto
de sesamoideos (18 =28.4%) se encuentra fuera de los depósitos (Cuadro 13).

170
1 171
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia

Esta particular disposición de los huesos sesamoideos en el depósito No. 2, induce a te). Se ha hecho referencia anterior a la presencia en los depósitos de huesos calcinados,
considerar que dichos elementos no se depositaron allí por la simple acción de agentes incisiones y omoplato perforado, elementos éstos asociados a artefactos líticos y de hue-
físicos, sino como una acumulación selectiva. sos y piedras areniscas irregulares.
Esta nueva situación, así como la ausencia de huesos completos de las extremidades
6.4. INTERPRETACION DE LOS RESTOS OSEOS DEL SITIO TIBITO 1 de Equus y ausencia total de extremidades de mastodonte, obliga a considerar el carácter
de los depósitos 1-2-3 dentro de un contexto cultural mucho más amplio que transcien-
Aveleyra (1955, p. 17) distingue tres tipos fundamentales de asociación entre fauna de de la simple actividad de matanza y despresamiento de piezas de cacería El hecho más
extinta e implementos de origen humano: significativo, en apoyo de esta hipótesis, es la ya referida colocación de defensas de
"a) En depósitos aluviales en los que los artefactos fósiles han sido transportados a Hap/omastodon pertenecientes a individuos diferentes, dentro del depósito 1 con las ca-
cierta distancia de su yacimiento original. En estos casos el arrastre por las aguas ha des- racterísticas asociativas antes señaladas.
truido completamente la relación anatómica de los restos óseos y se encuentran mezcla-
dos huesos aislados de diferentes animales. Estas asociaciones se localizan generalmente 7. - SINTESIS Y CONSIDERACIONES FINALES
en los bancos laterales de barrancas de erosión, abanicos aluviales, etc. Como ejemplo tí-
pico puede citarse el célebre yacimiento fosilífero de Tequixquiac, al norte de la cuenca Basados en las evidencias arqueológicas y paleontológicas anteriormente resumidas,
de México. podemos reconocer en el sitio Tibitó 1 hacia el décimo segundo milenio antes del presen-
b) En antiguas hoyas, abrevaderos y demás sitios estratégicos en los que se congrega. te, cuando se depositó la unidad estratigráfica 3A, un escenario ecológico caracterizado
ban periódicamente gran número de animales, el hombre prehistórico llevaba a cabo ma- por la presencia de bosques alternando con áreas abiertas. Esta vegetación que incluye
tanzas colectivas ("butchering.grounds" o meat-kills de los arqueólogos norteamericanos). entre otros taxa A/nus (Aliso), Quercus (roble), Bocconia (trompeto) y Compositae alter-
En estos casos se encuentran verdaderas masas de huesos fósiles, muchos de ellos rotos, en nando con praderas de Graminae, principalmente, constituyó medio propicio para la pro-
completo desorden y pertenecientes a docenas de mamíferos cazados. Las especies repre- liferación de especies como el caballo y el mastodonte que a juzgar por la abundancia
sentadas suelen ser diversas y los artefactos asociados muy abundantes. Como ejemplos de sus restos fueron presas apetecidas por el hombre prehistórico de nuestra altiplanicie.
de este tipo de asociación se cuentan algunos de los yacimientos más célebres en América El conjunto de condiciones aquí esbozadas, y los resultados cronológicos (11.740 ± 110
(Lindenmeier, Colorado; Plainview, Texas; Folson, Nuevo México, Scottsbluff, Nebraska, B.P.) permiten situar estos acontecimientos dentro del interestadial de Guantiva y la zona
etc.). palinológica EL ABRA 5A; como bien se sabe, la precipitación fue mayor ocasionando
c) En sitios en que se dió caza y muerte aislada a un solo animal y en los que, gracias un aumento en el nivel de aguas (van der Hammen 1978, p. 161).
a condiciones geológicas especiales, la ausencia de posteriores arrastres o remociones arti- Este hecho es revelado también en el sitio de Tibitó por la presencia de polen de algas
ficiales o naturales ha permitido conservar los restos tal como fueron abandonados por con Botryoccocum,. siendo entonces inundados algunos sectores del área como ocurre
los cazadores. La ventaja que proporciona este último tipo de asociación sobre los dos con frecuencia aún en la actualidad.
anteriores es evidente, pues puede ilustrar acerca de las costumbres cinegéticas del hom- Aunque en los abrigos inmediatamente próximos al sitio Tibitó 1, no aparecen evi-
bre prehistórico en aspectos tan importantes como la selección de los puntos vulnerables dencias de ocupación masiva, la densidad de artefactos en el sitio Tibitó 2 situado a unos
del animal en los que, con preferencia, se le hería con los dardos arrojadizos, las partes 500 m al NW del sitio de la excavación y en terrazas aledañas, permite identificar una po-
de la presa especialmente buscadas para la alimentación, las diversas técnicas de desolla- blación precerámica densa. Las concentraciones de restos óseos de Equus (A), de masto-
miento, descarnado, desarticulación, etc.". donte (Cuvieronius hyodon y Haplomastodon) y en menor escala de venado (Odocileus
Aunque la densidad de restos óseos no es muy alta, en la unidad estratigráfica 3 están virginianus) junto con artefactos en la periferia de la roca central, permiten identificar el
representadas especies diversas como el caballo (Equus Amerhippus), el mastodonte sitio como una estación de matanza y ubicar este complejo arqueológico dentro de la
(Cuvieronius hyodon) y el zorro (Cerdoyon thous Linnaeus), asociadas con algunos arte- etapa paleoindia (lítico superior) aunque no se hallaron puntas de proyectil. La caren-
factos, que incluyen lascas usadas y retocadas, lascas triangulares, raspadores, fragmentos cia de éstas, no excluye su manufactura por los cazadores de este período, como tampo-
de núcleo y un raspador de hueso. co excluye el uso de materiales perecederos como la madera y el hueso.
Estas características permiten ubicar este sitio como lugar de matanza clasificado Son muy significativas las características de los depósitos 1-2-3 incorporados a esta
dentro de la segunda categoría (b) dada por Aveleyra. unidad; es evidente en ellos, la acumulación selectiva de restos de fauna: caballo, masto-
La interpretación de los elementos encontrados dentro de la unidad 3A es más com- donte y venado, junto con artefactos. Este hecho sumado al registro de restos parcialmen-
pleja; con ella se encuentran también especies diversas: Mastodontes (Cuvieronius hyodon te calcinados, partículas de carbón, presencia de huesos con fracturas longitudinales pro-
y Haplomastodon), cabillo (Equus Amerhippusl, y venado (Odocoileus virginianus), y bablemente con fines de extracción de la médula, el registro de hueso con incisiones y
•junto con estos elementos se encuentran artefactos asociados, que incluyen además de en un caso mostrando aparentes señales de ruptura ocasionada por arma punzo contun-
las categorías dadas para la unidad 3, lascas concoidales prismáticas y triangulares y un dente, y la acumulación de fragmentos de roca arenisca, muestra la relación de estas evi-
artefacto (raspador aquillado) que muestra una técnica más minuciosa de elaboración. dencias con actividades de cacería.
Los artefactos de hueso incluyen un cuchillo, un punzón y un perforador; en términos ge- Este conjunto de resultados sumados a la ausencia de evidencias similares en las zan-
nerales podría también clasificarse el conjunto de la unidad 3A dentro de la segunda cate- jas exploratorias y el corte adjunto (Cuadrícula H), descartan en amplio grado la posibili-
goría de Aveleyra, pero tenemos que enfatizar nuevamente en la particular disposición se- dad de acarreo. Apoya también estas premisas la concordancia tipológica de algunos arte-
lectiva de los restos en los depósitos 1-2-3, sitios en donde es evidente la asociación de factos con series ya estudiadas anteriormente en la Sabana de Bogotá.
molares IP rincipalmente) y algunos restos de esqueleto post-craneal, (caballo y mastodon- Si bien estas actividades pueden representar la simple respuesta a necesidades básicas

172 173
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal

de subsistencia (tasajeo, limpieza y preparación, descuartizamiento y cocción), no se des- mienzos del Holoceno se nota una disminución de la población en esos abrigos rocosos he-
carta, que dado el carácter de las acumulaciones en los depósitos, éstos representen conte- cho que debe tener relación con el cambio climático ocurrido al finalizar el Pleistoceno,
nidos culturalmente más elaborados que se manifiesten en superestructuras de carácter presión ecológica que debió determinar el desplazamiento o la adaptación del hombre a las
ritual, como lo podría indicar la acumulación selectiva y calcinación en los depósitos nuevas circunstancias. Posteriormente, en las áreas de Tequendama en la zona de ocupa-
ción II (9.500 a 8.500 B.P.), se puede identificar una población mayor adaptada a las
1-2-3.
Aunque resulta difícil interpretar el origen de los depósitos relacionados a la unidad nuevas circunstancias; no se trata ya de cazadores superiores especializados, sino de caza-
3A, es lógico suponer que el hombre prehistórico pudo encontrar en el sector de la perife- dores de especies menores como el venado y los roedores; para este período también la
ria de la roca, depresiones naturales del terreno, ocasionadas por erosión antecedente, abundancia de restos de caracoles indica actividades de recolección.
situación que pudo aprovechar en beneficio de sus propias actividades de cazador especia- En estos mismos sitios fuera de Tibitó, hacia 8.500 años B.P. al principio del hipsiter-
lizado. mal, el carácter más denso de los bosques y la reducción de las áreas abiertas pantanosas
Aunque entre los pocos artefactos asociados a esta unidad estratigráfica 3A, predo- debió conducir a una nueva disminución de la población de algunas áreas de la Sabana
minan elementos del tipo Abriense, siendo mayor la frecuencia de fragmentos de núcleo, de Bogotá (Tequendama, El Abra, etc.).
y lascas con señales de uso, que corresponden básicamente a instrumentos cortantes, que Una población más densa se registra en el lapso entre 7.000 y 6.000 años, marcándo-
representan el 41% de los artefactos obtenidos en esta unidad, un cuchillo (raspador) y se una nueva disminución hacia el 5.000 B.P. hasta donde se ha podido seguir la secuen-
un raspador aquillado, muestran el uso de una cierta tecnología, por lo menos en este últi- cia precerámica de nuestra altiplanicie; durante este último lapso cronológico (van der
mo, hecho que permite asimilarla a la zona de ocupación 1 del Tequendama. Hammen, 1978) se registró un período de fuerte sequía (ocurrido cerca de 5.000 años
Las evidencias paleontológicas, muestran una densidad más alta de restos de Haplo- 3.P.) que se pudo reconocer por medio de diagramas de polen, no solo en la Sabana de
Bogotá, sino también en las planicies de clima tropical de los Llanos Orientales.
mastodon y en menor proporción restos de Cuvieronius hyodon y venado, durante la
época en que se depositó la unidad estratigráfica 3A. Las evidencias palinológicas de Tibitó 1 muestran que mientras se depositaba la uni-
Durante la época en que se depositó la unidad estratigráfica 3, las evidencias palino- dad 2, la vegetación incluía los tipos reconocidos en el bosque andino (Quercus, Dickso-
lógicas revelan un descenso de la temperatura; la vegetación que incluye Gramineae, nia, Podocarpus, Cyatheaceae).
La ausencia de registros paleontológicos y arqueológicos, puede indicar que el sector
Geranium, Lophosoria y Valeriana entre otros taxa, indica la presencia de una zona de
sub-páramo. Esta situación concuerda con estudios antecedentes adelantados en la Saba- de nuestra investigación perdió importancia, durante la época en que se extinguieron espe-
na de Bogotá, que permiten situar esta unidad estratigráfica frente al estadial del Abra cies como el mastodonte y el caballo; por otra parte el carácter anegadizo de estos terre-

(van der Hammen 1979, p. 161) y cronológicamente entre 11.000 y 10.000 años antes nos, y la falta de abrigos rocosos suficientemente amplios, no garantizaba la presencia
estacionaria del hombre adaptado a las nuevas condiciones del sitio Tibitó 1.
del presente.
Aunque durante esta época de ocupación no se registran estructuras de acomoda- Se cierra aquí un pequeño capítulo de nuestra prehistoria, con la espectativa de que
miento o áreas de fogón o de taller con una localización específica, nuevamente se regis- futuras investigaciones permitan ampliar la información sobre evidencias culturales aso-
tran concentraciones de restos óseos y de artefactos en el sector de la perifieria de la roca ciadas a Megafauna durante el Pleistoceno en el territorio colombiano.
pero especialmente al W. Los artefactos de este período son del tipo Abriense desapare-
ciendo instrumentos con finos retoques; continúan predominando fragmentos de núcleo
o instrumentos cortantes y disminuye también la frecuencia de lascas retocadas hecho
que podría indicar una decadencia en las técnicas del trabajo de la piedra. 8. - AGRADECIMIENTOS
La disminución de las frecuencias de los artefactos y de los restos óseos en la unidad
estratigráfica 3 en comparación con la 3A, indicaría una disminución de la actividad de Además de expresar nuestra gratitud a los colaboradores que hicieron posible la
cacería especializada en esta área. ejecuci¿n del presente trabajo, queremos expresar nuestra gratitud a la Fundación de
La ausencia de restos de Haplomastodon concuerda con los cambios ecológicos ocu- Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República y a la Universidad Nacional de
rridos durante este período. La carne utilizada en la alimentación como lo denotan los Colombia Facultad de Ciencias (especialmente al Decano Dr. Jorge Brieva B. y al Direc-
restos óseos, era provista por proboscidios y, en menor escala, por venados. Al igual que lo tor del Instituto de Ciencias Naturales-Museo de Historia Natural Dr. Polidoro Pinto E.);
que ocurre durante la primera licupación, en el período en que se depositó la unidad 3, és a los directivos de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (particularmen-
notoria la mínima densidad de huesos largos. Esta situación no excluye el carácter del te al Dr. Francisco Wiesner S.). Nuestra especial manifestación de gratitud al Dr. Luis Du- •
sitio como estación de tasajeo y preparación de elementos obtenidos durante actividades que Gómez por el apoyo y consejo en nuestra investigación arqueológica y a la Señorita
de cacería (huesos rotos y en algunos casos cremación). Ivone Hatty de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas por su permanente estímu-
Aunque en el estado actual de la investigación se carece de fecha de "C para la uni- lo a nuestros trabajos. Al Profesor Roberto Jaramillo por su colaboración. A los Dres.
dad estratigráfica 2, por correlación con otros sitios de la Sabana de Bogotá, se sabe que Germán Amaya, Pablo Henao y Alejandro Ortiz de la Facultad de Medicina Veterinaria
tanto ésta como la parte más alta de la secuencia, se sitúan en el Holoceno. Como tam- de La Universidad Nacional, por permitirnos estudiar las colecciones de la Facultad,
bién se sabe que hacia el comienzo de éste, hace unos 10.000 años B.P., el clima comen- trabajar en el anfiteatro y por suministrarnos bibliografía.
zó a mejorar en forma definitiva (Correal, van der Hammen 1977, p. 168) quedando la A todos los colegas del Instituto de Ciencias Naturales por su permanente y desinte-
Sabana de Bogotá en la zona del propio bosque andino. No se registran evidencias arqueo- resada colaboración y estímulo a nuestros trabajos investigativos, y a los trabajadores que
lógicas ni paleontológicas de esta unidad estratigráfica (2) en el sitio Tibitó 1. Es intere- compartieron nuestras arduas tareas durante el proceso de excavaciones en el sitio TIBI-
sante señalar, que simultáneamente en los sitios de Tequendama y el Abra, para los co- TO 1.

174 1 175
Correal

9. - REFERENCIAS
r
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 177 - 192 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Ameghino, F. 1899. Sinópsis geológico-paleontológica. Segundo curso Rep. Argentina T. 1. Buenos
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Aveleyra A., A. de. 1955. El segundo mamut fósil de Santa Isabel Iztepan, México, y artefactos aso- LA ORDENACION FUNCIONAL Y EL ARREGLO DE SECUENCIAS EN
ciados. México. SUELOS CUATERNARIOS DE COLOMBIA. SU ALCANCE EN
Bombin, M. & Huertas, G. 1980. Los Mastodontes de Colombia (Nota preliminar). Memorias del Pri- ARQUEOLOGIA, GEOLOGIA Y PEDOLOGIA
mer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia-leste volumen).
Broadbent, S.M. 1965. Investigaciones Arqueológicas en el Territorio Chibcha. Ediciones de la Uni-
Manuel Jel Llano* y José Pichott*.
versidad de los Andes.
Boule, M. & Thevenin, A. 1920. Mammiféres fossiles de Tenia. Miss. Scient. Crequi - Montfort et
Senechal de la Granje, París.
RESUMEN
Cabezas V., H. 1980. Composición química en fragmentos de molares de mastodonte - Concepto -
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La distribución geográfica de los suelos expresa la influencia de los distintos factores formadores
Cabrera, A. 1929. Una revisión de los mastodontes argentinos. Rev. Mus. La Plata. T. 32, pp. 51-144.
de los mismos. De acuerdo con H. Jenny, pueden estudiarse crono-, lito-, topo-, climo- y biofunciones,
Buenos Aires.
según que las propiedades edáficas son relacionadas con el tiempo, el material parental, los rasgos del
Correal G. & van der Hammen T. 1977. Investigaciones arqueológicas en los abrigos rocosos del Te-
relieve y drenaje, las variables climáticas y con especies orgánicas respectivamente. De acuerdo con las
quendama. Biblioteca Banco Popular. Premios de Arqueología, Vol. 1, Bogotá.
cinco funciones pedológicas los suelos o conjuntos de propiedades edáficas pueden arreglarse en se-
Cuervo Márquez, L. 1939. Especies extinguidas: Hallazgos fósiles en la Sabana de Bogotá. Acad.
cuencias, denominadas en función del factor principal de agrupación. Se presentan ejemplos de secuen-
Colomb. Cienc. Exac. Fisc. Qu ímc. y Nat. Vol. 2, Bogotá.
cias de suelos de Colombia.
Dueñas, H. 1977. Estudio palinológico de los 35 mts. superiores de la sección Tarragona; Sabana de
Bogotá. Informe 1739. Instituto de Investigaciones Geológico-mineras. Bogotá.
ABSTRACT
Harris, H. A. & Porter, S.W.L. 1980. Late pleistocene Horses of Dry Cave, Eddy Country, New Méxi-
co. - Journal of Mammalogy, Vol. 61, No. 1. Febrero de 1980. The American Society of Mamma-
Glancing at the Quaternary landscape uf Colombia with a pedological eye, we may observe that
logist. Kansas.
the country hosts hundreds of soils with different profiles in it. But, although the distribution of the
Haury, E. y Cubillos, J.C. 1953. Investigaciones arqueológicas en la Sabana de Bogotá, Colombia (Cul-
different soils at first sight would seem to be at random, certain regulatiries may be discovered in the
tura Chibcha). University of Arizona Bulletin. Vol. 24, No. 2 Tucson.
occurrence of the soils, which, according to Jenny's postu lates, of two different kinds:
Hno. Daniel. 1948. Nociones de Geología y Prehistoria de Colombia. Bedout, Medellín.
1. Similar soils may be encountered in different regions
Hoffstetter, R. 1952. Les Mammiféres PleiStocénes de la République de l'Equateur. Memoires de la
2. Different soils may be grouped one after another in sequences in such a way that their properties
Société Géologique de France, (París), No. 66, pp. 1.391, pl. I a VIII (Publié avec le concours de
vary systematically.
la Casa de la Cultura Ecuatoriana).
According to Jenny, the genetical and geographical relationships between soils can be expresed
Lund, P.W. 1935. Memorias Scientificas. Bibl. Mineira de Cultura, Bello Horizonte.
conveniently in this way:
Mier Restrepo, J. 1930. Nota sobre un équido fósil de la Sabana de Bogotá, Rey. Soc. Col. Cienc.
Nat. No. 106 pp. 123-127. Bogotá.
s= f (cl, o, r, p, t)
Osborn, H.F. 1923. New Subfamily, Generic and Specific Stages in the evolution of the probocidea.
Amer. Mus. No. 99. New York.
In which s stands for any soil property such as colour, pH, nitrogen, lime-or clay content, f
1926. Aditional New Genera and species of the Mastodontoid proboscidea. Amer. Mus.
indicates that the property is a "function of" the soil forming factors which appear between the
No. 238. New York.
parentheses as the following symbols:
. 1936. Proboscidea 1: Moeritherioidea, deisnor-theiroidea, Mastodontoidea, XL. New
cl = air climate (environment climate)
York, Amer. Mus.
o = species of organisms (flora and fauna)
Porta, J. de. 1960. Los équidos fósiles de la Sabana de Bogotá Bol. de Geol. Univ. Ind. Santander, No.
r = relief, including some hydrological charactetistics
4, pp. 51-78. Bucaramanga.
p = parent material, defined as the state of the soil in stage zero of soil formation
1961. Algunos problemas estratigráficos-faunísticos de los vertebrados en Colombia.
t = time of formation (soil age)
Bol. de Geol. Univ. Ind. de Santander, No. 7, pp. 83-104. Bucaramanga.
Jenny uses this equation in two different ways: in a qualitative sense to indicate that soils are
. 1961. La posición estratigráfica de la fauna de mamíferos del Pleistoceno de la Sabana
influenced by climate, living organisms, topography, parent material and time. The second way of
de Bogotá, Boletín de Geología. Universidad Industrial de Santander. Bucaramanga.
interpretation deals with the soil forming factors as independent variables which define the state of
Sarmiento, R. 1953. The Geology Tibitó Hill. Survey done for the Acueducto Municipal de Bogotá.
the soil system. By this approach the individual soil forming functions and factors may be studied
Bogotá.
in the following way.
Semenov, S.A. 1973. Prehistoric Technology and experimental study of the oldest tools and artefacts
Time functions or chronofunctions in which soil properties can be related with time or age of
from traces of manufacture and wear. Adams & Dant. Great Britain.
the soil, under constant conditions of climate, organisms, relief and parent material.
Schobinger, J. 1969. Prehistoria de Suramérica. Nueva Colección Labor. Barcelona.
Parent material functions or lithofunctions, in which the soil properties are related to parent
Stirton, R.A. 1953. Paleontology and stratigraphy, Colombia. Bulletin of the Geological Society of
material, while cl, o, r, t remain constant; here organic soils may be included.
. America. Vol. 64 No. 6. Baltimore.
Topographic functions or topofunctions, in which the soil properties are related to terrain charac-
van der Hammen, T. & González, E. 1963. Historia de clima y vegetación del Pleistoceno de la Saba-
teristics and drainage; cl, o, p, t being constant;
na de Bogotá. - Boletín Geológico. Vol.. 11, Nos. 1-3. Servicio Geológico Nacional. Bogotá.
Climatic functions or climafunctions, in which the soil properties are related to climatic variables
van der Hammen, T. 1978. Stratigraphy and environments of the upper Quaternary of the El Abra
under constant conditions of o, r, p, t.
Corridor and Rock Shelters (Colombia). Paleogeography, Paleoecology, 25: 179-190. Elsevier
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• Instituto Geográfico "Agustín Codazzi", Carrera 30 No. 48-51, Bogotá (Colombia).

176 177
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia

Functions of organisms or biofunctions, in which the soil properties depend on organic species. s =f (cl, o, r, p, t) (1)
These functions deal vvith the relations between soil properties when c, r, p and t remain constant. donde la letra s indica cualquier propiedad del suelo como puede ser el color, el pH,
Moreover, the soil forming factors c, o, r, p, t are multiple factors and generare groups of el contenido de nitrógeno, de calcio, o de arcilla; en tanto que la letra f significa que la
functions, as soils have many properties: si, 52, 53, s4. All the soil properties taken togehter form a
propiedad es "función de". En cambio, las letras entre paréntesis representan los factores
collection, and the total is the soil itself. Consequently, all functions of s together are designated as
de formación del suelo; los símbolos específicos denotan lo siguiente:
(s)
cl = clima del aire (clima ambiental).
Soil =2. (s) = f lc, o, r, p, t,) o = especies de organismos (flora, hombre y fauna).
r = relieve, que incluye ciertos rasgos hidrológicos.
Just as each property s is a function of the soil forming factors, the whole set vvill also depend
P = material parental, el cual se define como el estado del suelo, en el estadio cero
on c, o, r, p, t. In practice, the variations of the whole by set are recognized as profiles, soil types and
soil series, and may receive proper names. de formación.
According to the five pedological functions the sets may be organized in five sequences: trono-, r tiempo de formación (edad del suelo).
lito-, topo-, clima- and bio-sequences. As opposed to the first equation, the second one is qualitative, Jenny emplea la ecuación anterior de dos maneras. En sentido cualitativo, para indi-
as no simple numerical value can be assigned to the entity "soil".
car que los suelos son afectados por el clima, los organismos vivientes, la topografía, el
Some examples of quaternary soil sequences in Colombia are included.
material parental y el tiempo. La segunda forma de interpretación trata los factores de
formación del suelo como variables independientes que definen el estado del sistema
1. INTRODUCCION
suelo. Esta aproximación permite estudiar funciones y factores individuales de formación
edáfica que se pueden presentar de la siguiente manera:
En el presente escrito, hemos querido divulgar más ampliamente entre algunas ramas
Funciones de tiempo o cronofunciones, en que las propiedades del suelo se pueden
de las ciencias humanas y de la tierra, el pensamiento de nuestro profesor Hans Jenny de
relacionar con el tiempo o con la edad del mismo, bajo condicionés constantes de clima,
la Universidad de California, sobre la historia, la distribución geográfica y las más estre-
organismos, relieve y material parental.
chas relaciones de los suelos, con el medio que los rodea, como son el clima, los organis-
Para este fin escogimos como ejemplos, dos Grupos o"familias" (Cortés, 1976) de
mos, la topografía, los materiales parentales y la edad, todo lo cual tiene implicaciones
con el manto geológico, con las excavaciones arqueológicas y con las formas terrestres, suelos bien diferentes en sus características morfológicas impartidas por la edad. Por un
principalmente cuaternarias, que nos han dado el alimento durante milenios y que han lado, los suelos alfisólicos o planosólicos de terraza con horizonte 8 oscuro, como es el
sido testigos de nuestro andar sobre la tierra y de la evolución de la familia humana. A de Tibitó, que fué examinado por el primer autor por invitación gentil del Doctor Gonza-
tal fin, nos hemos permitido dar algunos ejemplos colombianos sencillos de relaciones lo Correal en sus excavaciones arqueológicas a 50 kilómetros al norte de Bogotá, donde
ecológicas suelo-ambiente, con el ánimo de abrir el horizonte de este fructífero campo, este investigador encontró por primera vez en Colombia, artefactos I íticos y óseos asocia-
en un momento en que el estudio cuidadoso de los ecosistemas terrestres y la ecología dos a evidencias culturales paleoindias y a megafauna del Pleistoceno tardío que incluye:
del suelo empiezan a abrirse paso como disciplinas de avanzada (del Llano, 1954), porque restos de mastodonte (Hapiomastodon sp.; Cuvieronius Hyodon); caballo (Equus
es evidente que la subestimación del estudio de la génesis del suelo está frenado el acele- (Amerhippus) sp.) y venado (Odocoileus Virginianus).
rado progreso que exigen la arqueología, la geomorfología y la minería del cuaternario, En este viejo perfil, cuya datación en la base alcanza a 11.740 ± 110 A. P. (Correal:
fuente ésta última del oro de aluvión de décadas pasadas, que debemos cambiar por el comunicación personal), Del Llano extrajo al disectar la calicata, un pequeño molar de

aluvión que sostiene y por el aprovechamiento de los minerales que nosotros llamaríamos Hapiomastodon en el nivel comprendido entre 65 y 75 cm de profundidad.
humildes, como son las arcillas y algunas minas de bauxita y de hierro que se forman a Por otro lado, los Entisoles juveniles desprovistos de horizonte 8 oscuro y escleroza-

la par que el suelo. do que ocupan principalmente las posiciones fisiográficat más bajas, bordean y erosionan
a pocos metros de desnivel las terrazas de paisaje más antiguo que fueron testigo de las
Este anhelo lo transmitimos a ustedes como una prolongación del pensamiento de cacerías del hombre primitivo de la sabana en el antiguo río Tibitó. Para información adi-
dos eminentes pedólogos, amigos y compañeros nuestros: el Doctor Servio Tulio Benavi- cional, remitimos al lector al texto y al Apéndice adjunto.

des y el Doctor Pablo Schaufelberger. Funciones del material parental o litofunciones, donde las propiedades edáficas son
relacionadas con el carácter del material parental bajo condiciones constantes de c/, o, r,
2. GENERALIDADES t, sin excluir los suelos orgánicos o Histosoles.
La comparación de dos unidades de suelos bien conocidos del Quind ío cafetero, deri-
Si damos un vistazo al paisaje cuaternario de Colombia con enfoque pedológico, po- vados de distintas clases de rocas ígneas, nos pueden servir de ejemplo: en primer lugar to-
demos notar que el país alberga en su interior centenares de suelos con perfiles diferentes mamos un granito con 66% de SiO2 que nos dá por meteorización física lenta, la llamada
(del Llano, 1976). Sin embargo, a pesar de que la distribución de las diferentes tierras pa- Unidad Violeta de textura franco arenosa, con 8,2 me/100 g y fertilidad baja. En segun-
rece hecha al azar, se descubren con ingenio ciertas regularidades en la distribución de los do lugar, un basalto, con 42 a 45%de SiO2 que por meteorización química, dá la Unidad
suelos, la cual según los postulados de Jenny (1950) son de dos clases: Parnaso, de textura arcillosa, con 19,1 mé./100 g y fertilidad alta (Véase texto y Apéndi-
Primero: Suelos semejantes pueden encontrarse en diferentes regiones. ce).
Segundo: Suelos diferentes pueden agruparse uno tras otro en secuencias, de tal ma- Funciones topográficas o topo funciones, donde las propiedades del suelo son relacio-
nera que sus propiedades varían de manera sistemática. nadas con los rasgos del relieve terrestre, la geomorfología y el drenaje, en constancia de
Para Jenny, las relaciones genéticas y geográficas entre los suelos pueden expresarse los factores de formación c/, o, p, t,
convenientemente de la siguiente manera: Para ilustrar este punto escogimos las cercanías de Facatativá, en una loma empinada

178 179
Del Llano & Pichott
La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
sin influencia de aguas freáticas y en constancia del resto de los factores de formación,
60 - 85 cms IBC). Franco arcilloso; de color gris muy oscuro 10 YR 3;1 hasta gris claro 5 YR 6
,1 en
dos suelos en diferente topografía. En la pendiente del 46'1, se describió un suelo sencillo seco. Materia orgánica escasa, pero abundancia de raíces muertas formando gruesos rayones ver-
de 44 cms. de profundidad, en tanto que en la pendiente del 55%, se encontró un suelo de ticales de color negro en canal iculos revestidos de materiales vegetales fibrosos. Manchas blanque-
150 cms. de profundidad con mayor número de horizontes. Esta es una secuencia pura. cinas por la ocurrencia de nichos de material parentai más claro. Entre 65 y 75 centímetros apa-
reció una
Pero cuando se presenta la influencia de aguas freáticas, la secuencia recibe el nombre de pieza molar de Haplomastodon. La consistencia del material es muy dura en seco.
pH 6.8.
catena (véase el dibujo adjunto, la morfología y los análisis en el Apéndice). 85 - 100 cms (2C). Material franco limoso
amorfo; de color gris 10 YR en húmedo a gris rosado 7.5
Funciones climáticas o climofunciones, donde las propiedades edáficas son relaciona- YR 7/2 en seco. Muy Pobre en raices y en materia orgánica; con nichos de material parental más
das con las variables climáticas bajo condiciones constantes de o, r, p, t. claros. Consistencia floja en húmedo y duran en seco. pH 6.9.

En este caso, hemos escogido dos suelos secundarios aluviales en los extremos climáti- Entre 210 y 260 centímetros de profundidad fueron encontrados niveles turbosos.
cos de Colombia, valga decir en la Guajira subdesértica cerca a Maicao y en la selva plu-
El perfil textura) y físico -químico tiene los siguientes valores:
vial del Pacífico, Municipio de Quibdó. Tanto la morfología, como los datos analíticos
son elocuentes en lo que toca a la influencia del factor climático aislado en la génesis del Entre O y 20 cm,de profundidad, el suelo es franco así:
suelo. Basta con mencionar aquí la presencia de carbonato libre con pH 8.3 a los 70 cms. Arena 26%, limo 38%, arcilla 36%.
de profundidad en el suelo guajiro y ausencia de carbonatos y reacción 5.5 a la misma Materia orgánica C% 4.42. P (p.p.m.1 5, pH (1:11 6.5
Complejo de cambio lm.e./ 100 g):
profundidad en el suelo de la selva pluvial.
CCC 20.6, BT 16.2, Ca 12.2, Mg 2.1, K 0.1, Na 1.8
Funciones de organismos o bio funciones; donde las propiedades del suelo dependen Saturaciones % ;
de la influencia de especies orgánicas. Estas funciones tienen que ver con las relaciones ST 78.6, SCa 59.2, SMg 10.2, SK 0.5
entre las propiedades edáficas en constancia de cl, r, p, r.•Ejemplo: el suelo forestal de Salinidad:

una "mata" entre la sabana. C.E. 2.1 mmhos/cm, SNa 8.8, Clase: límite.
Entre 20 y 60 cm, el suelo es arcilloso así:
Así mismo, los factores de formación del suelo c/, o, r, p, t, son factores múltiples y
Arena 24%, limo 32%, arcilla 44%.
dan lugar a grupos de funciones, pues los suelos poseen muchas propiedades: si, s2, s3,
Materia orgánica C% 2.90, P (p.p.m.) 5, pH 11:1) 6.6
sq . Las propiedades tomadas en conjunto forman una colección y su totalidad consti- Complejo de cambio (m.e./100 91:
tuye el suelo. Consecuentemente, si el conjunto de valores s, se designa por el símbolo CCC 23.6, BT 20.3, Ca 16.2, Mg 1.7, K 0.1, Na 2.3
Saturaciones %
E (s),
ST 86.0, SCa 68.6, SM9 7.2, SK 0.4
Suelo = E (s) = f (cl, o, r, p, t) (2)
Salinidad:
Así como cada propiedad s es función de los factores de formación del suelo,
C.E. 2.4 mmhos/cm, SNa 9.7, Clase: limite.
todo el conjunto dependerá también de cl, or, r, p, t. En la práctica, las variaciones del Entre 60 y 85 cm, el suelo es franco arcilloso así:
conjunto se reconocen como perfiles, Grandes Grupos y Series de suelos que pueden Arena 26%, limo 44%, arcilla 30%
recibir nombres propios. De acuerdo con las cinco funciones pedológicas, los conjuntos Materia orgánica C% 0.28, P (p.P.m.) 48, pH (1:11 6.8
Complejo de cambio lm.e./100 gl:
pueden arreglarse en cinco secuencias: Crono-, Lito-, Topo-, Climo- y Bio-secuencias. En
CCC 15.9, BT 12.2, Ca 8.2, Mg 2.1, K 0.1, Na 1.8
contraste con la primera ecuación, la segunda es cualitativa, ya que el ente "suelo" no Saturaciones %
puede recibir un valor numérico simple. ST 76.7, SCa 51.6, SMg 13.2, SK 0.6
Salinidad:

3. EL FACTOR TIEMPO Y LAS CRONOSECUENCIAS C.E. 2.3 mmhos/cm, SNa 11.3, Clase: límite.
Entre 85 y 100 cm, el suelo es franco limoso así:
Arena 40%, limo 52%, arcilla 8%.
Para ilustrar el caso de una cronosecuencia cuaternaria, el mejor ejemplo que pode-
Materia orgánica C% 0.27, P (p.p.m.) 12, pH (1: 1) 6.9
mos ofrecer — por contar con la datación del perfil — es la del suelo de Tibitó descrito en Complejo de cambio Im.e./100 g(:
compañía del Doctor Gonzalo Correal en sus excavaciones arqueológicas y paleontoló- CCC 25.6, BT 5.4, Ca 13.6, Mg 1.6, K 0.04, Na 0.2
gicas, en un paisaje de llanura aterrazada que hace parte de la formación Sabana, a 2.590 Saturaciones %
ST 93.6, SCa 64.2, SMg 28.6, SK 0.7
m de altitud, la cual se encuentra respaldada hacia el sur por cerros abruptos compues-
Salinitad:
tos por las formaciones Guadalupe y Guaduas y limitada al norte por estrecha planicie
C.E. 3.9 mmhos/cm, SNa 3.5, Clase: limite
de inundación bien definida y algo más baja, todo ello dentro de una planicie de fondo
lacustre como unidad geomorfológica (13).
Teniendo en cuenta los cuatro niveles y horizontes mencionados anteriormente entre
El suelo de Tibitó que ocupa la posición fisiográfica más alta, muestra el perfil si-
O y 100 cm de profundidad, el análisis mineralógico dió los siguientes resultados:
guiente:

1 2 3
O - 20 cms (Ah). Suelo de textura franca, con estructura granular débilmente desarrollada; de color 4
grisáceo muy oscuro 10 YR 3/2 en húmedo y gris oscuro 10 YR 4/1 en seco. Abundancia de Cuarzo
37 % 60% 70%
raíces y mediana cantidad de materia orgánica. pH 6.5. Anfibol 82%
7 3 2
20 - 60 cms (Bt11. Arcilloso, con estructura notable de bloque subangu lar y películas de arcilla sobre Biotite 2
tz tz
las caras de los peds; color negro 7.5 YR 2/0 en húmedo y gris muy oscuro 10 YR 3/1 a negro 10 Zircón tz tz
YR 2/1 en seco, con abundancia de raíces muertas, rico en humus. Presencia de algunos cherts. pH 6.6. Epidota tz tz 2 tz

180
181
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia

40 27 19 8 El análisis del laboratorio muestra la siguiente información:


Feldespato
Fitolitos 8 7 4
Moscovita tz No. de campo: 1 2 3
Piroxeno 3 tz Profundidad en cm 0-16 16-55 55-97
Turmulina rz tz Textura Ar Ar Ar
Vidrio volc. no detec no detec. • Arenas % 20 17 21
Especies opacas tz tz tz tz 28 15 21
Limos %
Fragmentos líticos (•) cuarzo cuarzo cuarzo Arcillas %, 52 58 58
productos alterados 5 3 2 8 Humedad, H20% 5.85 6.71 5.65
• Sólo detectado como reborde de minerales pH de la pasta 4.95 4.55 4.65
I •I cuarzo y feldespatos frecuentes Capacidad catiónica de Cambio, me/100 g 26.99 26.67 28.52
Calcio, Ca me/100 g 9.21 5.90 4.33
Además, el perfil muestra, entre 65 y 70 cm„ la presencia de algunas cenizas volcá- Magnesio, Mg " 3.45 2.97 1.66
Potasio, K " 0.95 0.17 0.08
nicas. Sodio, Na me/100 g 0.31 0.29 0.29
Estos suelos alfisólicos presentan un horizonte 8 oscuro y arcilloso que lleva el nom- Hidrógeno, H " 13.07 17.34 22.16
bre popular de neme y Claypan. Ellos entran en el Gran Grupo de los Haplustalf del sis- Aluminio, Al " 2.01 5.76 0.02
tema taxonómico norteamericano y ocupan aquí posiciones relativamente altas con res- Bases totales " 13.92 9.33 6.36
pecto al río principal, lo cual les ha permitido evolucionar y madurar debido a su paisaje Saturación total de bases % 51.57 34.98 22.30
Carbono orgánico, C% 3.00 1.16 0.82
relativamente viejo y a un proceso de lixiviación vertical que al cabo de los milenios llega
Nitrógeno total, N% 0.31 0.16 0.11
a formar subsuelos arcillosos. Según Arnold, mencionado por duo' et a/ (1973), la géne- Relación C/N 9.67 7.25 7.45
sis de un perfil Alfisol del oeste de lowa, requiere cerca de 5.000 años para formar un ho- Fósforo disponible, Ppm (Bray II) 52.50 8.70 68.20
rizonte argílico; ésto, debido a la lentitud del proceso de acumulación de la arcilla para Saturación de Calcio % 39.12 22.12 15.18
formar un horizonte compacto. Aquí, el molar de Haplomastodon encontrado en el
perfil, quedó en el sitio hace unos 10.000 años antes de Cristo, antes de que este suelo Se excluyen aquí suelos muy antiguos de costra laterítica, como los de Cerromatoso.
empezara a formarse. A pesar del reducido espacio de las excavaciones, la pared septen-
trional, muestra en el suelo una tendencia vértice, debido quizá a un peor drenaje en tiem- 4. EL MATERIAL PARENTAL Y LAS LITOSECUENCIAS
pos pasados en esa dirección.
Consideramos que las exploraciones arqueológicas del pleistoceno tardío puedan Al comparar la información relacionada con la edafogénesis de algunas rocas ígneas
ofrecer futuras sorpresas si se hacen en suelos semejantes a éstos. estudiadas por la Federación Nacional de Cafeteros (1975), nos podemos dar cuenta de
Por otro lado, los suelos más bajos del área, es decir los que ocupan posiciones geo- la importancia que tiene el carácter de los materiales de origen en los perfiles de suelos
gráficas inferiores, muestran, según López y Guerrero (1978), escaso desarrollo genético" que de ellos se derivan bajo condiciones ambientales semejantes, exceptuando, eso sí, los
en los aluviones que sirven como material parental", pero la presencia de Epipedon Ocrico materiales parentales, motivo de la investigación. Si tomamos como ejemplos contrastan-

y horizonte Bs que no alcanza a Cámbico, permite encajar la mayoría de estos perfiles en tes, por un lado rocas graníticas y por otro basálticas, notaremos que al meteorizarse, esos
los Entisoles. Las variantes deben asimilarse a los Fluvaquents y a los Tropic Fluvaquents grupos transmiten características diferentes de textura, estructura, fertilidad, etc. a los
a nivel de subgrupos, pero los que muestran características aéricas, encajarían en los suelos derivados. En el granito por ejemplo, la intemperización descompone primero la
Aeric-Tropic Fluvaquents, pudiendo encontrarse ejemplos de Aeric Tropaquept por razón hornblenda y la mica y luego el feldespato, para dejar entero el cuarzo, el cual, si es abun-
dante dará suelos arenosos de alta permeabilidad y fácil lixiviación. En cambio, rocas
de sus características cromáticas. Creemos que el suelo de la terraza lacustre de Tibitó
basálticas de edad semejante - en cuanto a su tiempo de exposición - originarán suelo de
pasó algún día por este estado.
De todas maneras, consideramos que se puede hablar de una cronosecuencia entre los textura fina y más fértiles que resisten mejor la erosión externa e interna.

perfiles Tibitó y alguno de los suelos del río Bogotá estudiados por los autores mencio- En las unidades derivadas de materiales metamórficos (Federación Nacional de Cafe-
teros, 1975), un buen ejemplo es el de la Unidad Villeta, la cual está caracterizada por un
nados.
color oscuro, impartido por pirita finamente diseminada, donde existen diferentes secto-
Un perfil de la Serie Río Bogotá, descrito por Pichott en 1967, a 2600 m de alt., en
topografía plana y sobre arcillas aluviales es el siguiente: res bien conocidos, unos por el alto contenido de pirita, otros por pirita y yeso y los res-
tantes por el hecho de ser calcáreos y seleníferos (suelos de peladero). Geográficamente,
O - 16 cm. (A ig). Arcilloso, de color gris oscuro 10 YR 4/1 en húmedo; estructura de bloque sub- estos fenómenos ocurren en los departamentos de Cundinamarca, Tolima y Santander,
angular. Consistencia dura en seco; en mojado plástico y pegajoso; presencia de macroorganis-
entre unos 1.000 y 1.700 m de altitud, donde los esquistos ricos en pirita y muy ácidos
mos y raicillas. pH 4.95.
16 - 55 cm (ABg ). Arcilloso; de color gris oscuro 5 YR 4/1, con 40% de manchas de color rojo 2.5 se meteorizan más rápidamente, dando suelos con pH menor de 5, con manchas rojizas
YR 4/6, sin estructura. Consistencia dura en seco y en mojado, plástico y pegajoso. Regular abun- que indican la presencia de hierro. Los estratos calcáreos en cambio, ostentan un color
dancia de macroorganismos y raicillas. pH 4.55.. homogéneo, son de buen espesor y reaccionan fuertemente al ácido clorhídrico en suelos
55 - 90 cm (Big ). Arcilloso, de color gris 5 YR 5/1 a pardo rojizo 5 YR 4/1 en húmedo. Estructura
básicos rendzínicos con pH mayor de 7. Finalmente, los estratos que contienen Pirita y
masiva; consistencia dura en seco, en mojado, plástico y pegajoso. Sin macroorganismos ni raici-
yeso dan suelos pardos, algo cascajosos y erodables, pero de buenas condiciones físicas,
llas. pH 4.65
97 - X cm . Capa freática. Las manchas aumentan con la profundidad de los horizontes y el color se con pH comprendido entre 5.2 y 5.5. Hay que aclarar que por encima de los 1.700 m de
torna grisáceo. altitud, estas comparaciones no pueden hacerse, debido a la presencia de una cubierta de

182 183
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia

cenizas volcánicas que cubre la formació geológica, borrando de esta manera las diferen- Migración de los Complejos Orgono- Minerales
cias existentes anotadas para los distintos materiales parentales.
Como se puede apreciar, las litosecuencias y las litofunciones se originan por el cam-
Horizontes con Arcillos Migrado
bio de los materiales parentales, tomando como constantes el clima, los organismos, el
relieve y la edad. Pero el factor topográfico no es tan simple como se piensa, porque inclu-
ye además, el grado de la pendiente del suelo, su longitud y forma, la exposición y ciertos
rasgos hidrológicos relacionados con el drenaje (Véase cuadro correspondiente en el
Apénd ice).
Las litosecuencias son notorias a lo largo de las carreteras que atraviesan la mayoría
de las zonas de vida y afectan los perfiles, principalmente en lo que toca a su profundidad
efectiva y composición química y mineralógica. P- 2

5. EL RELIEVE Y LAS TOPOSECUENCIAS

Debemos tener en cuenta que el factor topográfico o del relieve es complejo, porque
P-1
abarca, además del grado de la pendiente, la exposición a la luz solar, su forma, longitud
y ciertos aspectos relacionados con el avenamiento del suelo.
Una secuencia pura, sin influencia de aguas freáticas se muestra en el dibujo adjunto
donde, sobre una loma de areniscas y liditas, recubierta por cenizas volcánicas cerca a
Facatativá, los perfiles de suelos aparecen variando en su espesor y en el número de hori-
zontes, con relación a la forma de la pendiente (Fig. 1). Véanse perfiles 1 y 2 y análisis co-
rrespondientes en el Apéndice.
Además, en la base del lomerío se forman frecuentemente suelos muy profundos de
origen coluvial que hacen parte del piedemonte, como pueden verse en Bonza (Boyacá) y
Mulaló, (Valle). Son perfiles "páchicos".
La combinación de pendientes y secuencias hidromórficas viene llamándose catena
desde Bushnell (1944). Como ejemplos destacados de catenas en diferentes regiones y
paisajes edáficos colombianos tenemos:
En los "páramos": suelos humiferos hasta rankeriformes en pendientes de areniscas
bien drenadas, rematados en el fondo por suelos orgánicos histosólicos.
En los bosques húmedos premontanos: suelos muy meteorizados sobre rocas meta-
mórficas básicas, rodeados por suelos lateríticos bajos e hidromórficos y ocasionalmen-
te por tierras negras de terrazas fluviales como en la Facultad de Agronomía de Medellín,
Antioquía. / / /
En los bosques secos tropicales: suelos altos muy meteorizados sobre basaltos y // / / / / / //////
diabasas, seguidos de tierras negras vertisólicas de valle, como en Palm ira (Valle) y la Cos- //"/
/ // // 1</ / / /
. _ / // / / / // /
ta de Marfil (Africa). Fenómenos semejantes suceden cuando las lomas secas adyacentes //////////////
1 1 1 1 1 4 1 ‘/
son calizas, como en Mulaló, (Valle). Pero cuando las rocas ultrabásicas con intrusiones 1411111 /11
serpentínicas en los cerros antiguos forman corazas lateríticas de denudación, pueden 11114 /1111111 //
' ,'', 11111411141111
estar asociadas a llanuras circundantes con paisaje de aspecto ultisólico como en Cerro-
111141111114111461
matoso, Córdoba. 111111111411111144111
En los Llanos Orientales, Mejía y Buol (1975) han establecido las características de 111111401111141101011
11/111011111111114111111
una toposecuencia común. Taxonómicamente, todos los suelos de la toposecuencia y ca- 4 4 4 ta ,4,± /14 4
tena en ambos lados del estero deben considerarse, según ellos, como una secuencia con- 1,/1,1%5A(1 ,145_41?;5_ ,1
tinua de intergrados entre Plintic Umbraquox y Tropeptic Haplustox, debiéndose las di- 4 4 1. 1 1? 1 1 4 111 _1111Q14?,_ '11
/1/111 1 1111111111 _
ferencias básicas de perfil a perfil al régimen de humedad y a la profundidad en que se 11 _ .111 . 111111111111_11
presentan esas características asociadas a la presencia de agua. Y- 4- 1114 1111411111111111111111
Finalmente, en las regiones áridas, al lado de ejemplares de Aridisoles altos, bien dre-
nados, se pueden ver los suelos salados y algunos Vertisoles planos o deprimidos, donde
Figura 1 — Evolución de los suelos en función de la topografía. Corte de una cantera del barrio Barranquilla
la presencia de aguas freáticas parece ser esencial a su formación. de Facatativa (Cundinamarca).

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La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
Del Llano & Pichott
8. AGRADECIMIENTOS
6. EL CLIMA Y LAS CLIMOSECUENCIAS

Para ilustrar este punto, hemos escogido dos suelos de los extremos climáticos del Los autores agradecen de la mejor manera a los Doctores Carlos Luna Zambrano,
país. El primero de ellos corresponde a un Natric Camborthid de vega en la llanura baja Beatriz Motta de Muñoz y Jairo Marulanda Salazar del Laboratorio de Suelos del Institu-
de la Guajira (Apéndice, perfil 3 para morfología y análisis). El segundo, es un Typic to Geográfico Agustín Codazzi, por los análisis de los perfiles Tibitó y Facatativá.
Dystropet de terraza fluvial en la llanura del bosque pluvial tropical del pacífico (Apén- A la Señora Helena Restrepo de Del Llano, por su ayuda y colaboración.
dice, perfil 4 para morfología y análisis).
Franzmeier y Cortés (1972) presentaron en el II Panel sobre Suelos Volcánicos de
9. REFERENCIAS
América Latina, reunido en la Universidad de Nariño, una climosecuencia de suelos deri-
vados de cenizas volcánicas en la Cordillera Central de Colombia, entre Mariquita y Le-
Buol, S.W., Hole, F.D., McCracken, R.J., 1973. Soil Genesis and Classification. The lowa State Univer-
tras, que ofrece gran interés. sity Press, Ames. 360 pp.
La dificultad de establecer secuencias climáticas en las cliseries de altitud, estriba en Carrera, E., Pichott, J. y Atexander, E.B., 1968. Estudio general de Clasificación de los Suelos de la
la variación de la precipitación de los diversos pisos, lo cual quizás se puede obviar con Cuenca Alta del Río Bogotá para Fines Agrícolas. Bogotá, Colombia. Instituto Geográfico Agus-
la utilización de índices de aridez aplicados a localidades seleccionadas a propósito, to- tín Codazzi, V. 4, No. 1, 200 pp.
Córdoba, H. et al. 1978. Estudio General de Suelos de la Alta y Media Guajira. Departamento de la
mando como constante el resto de factores de formación.
Guajira. Bogotá, Colombia. Instituto Geográfico Agustín Codazzi. 577 pp.
Cortés, A., 1976. Aptitud de Uso de los Suelos de la Sabana de Bogotá y sus Alrededores. Bogotá,
7. EL FACTOR BIOTICO Y LAS BIOSECUENCIAS Colombia. Instituto Geográfico Agustín Codazzi. 26 pp.
Espinal, L.S. y Montenegro, E., 1960. Formaciones Vegetales de Colombia. Bogotá, Colombia. Institu-
Jenny (1941) considera el suelo como un material esencialmente anisotrópico, en to Geográfico Agustín Codazzi. 221 pp.
Franzmeier, D.P. and Cortés, A., 1972. Climosecuencia de Suelos Derivados de Cenizas Volcánicas en
donde la distribución espacial de sus características no es randomizada, sinó dependien-
la Cordillera Central de Colombia. II Panel sobre Suelos Volcánicos de América. Universidad de
te de la dirección. Así, si se extiende una línea desde la superficie hasta el centro de la
Nariño. I ICA, OEA, Pasto, Colombia, 139-152 pp.
Tierra (eje Z), la secuencia de las propiedades edáficas difiere profundamente de aquellas Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, 1975. Manual de Conservación de Suelos de Ladera.
a lo largo de la superficie; en otras palabras, el suelo posee propiedades vectoriales o, lo Cenicafé, Chinchiná, Colombia. 267 pp.
que es lo mismo, posee un perfil y agrega: los suelos son aquella porción de la corteza te- Galvis, C.E. y Valencia, H.A., 1975. Efecto Edáfico de la Hormiga Arriare ATTA LAEVIGATA en
Suelos de la Orinoquia Colombiana. Tesis de grado presentada como requisito parcial para optar
rrestre, cuyas propiedades varían con los factores de formación. En eso se distinguen de
al título de Biólogo. Universidad Nacional. Bogotá.
los materiales estrictamente geológicos. Jenny, H., 1941. Factor of Soil Formation. McGraw Hill, New York.
Lo dicho acerca de las propiedades vectoriales del suelo nos sirve para distinguir un Jenny, H. 1950. Conferencias de Clase. Universidad de California, Berkeley. 17 pp.
perfil edáfico organizado, con horizontes paralelos a la superficie, y un basurero de origen López, M., Guerrero, R., 1978. Caracterización y Clasificación de Suelos de la Serie Río Bogotá. Bo-
antrópico que se encuentra a la entrada de un antiguo abrigo habitado. Si en éste, hay gotá, Colombia. Revista Instituto Colombiano Agropecuario. Vol. XIII. No. 3. 8 pp.
Llano, M. del., 1954. Clasificación Filogenética y Ecológica de los Suelos del Mundo. Anales del Con-
acumulación de humus y de fosfatos por el antiguo aporte de basuras de origen orgánico,
greso Internacional de la Ciencia del Suelo. París.
el corte o perfil nos puede servir de ejemplo de biosecuencia con el suelo local. En este Llano, M. del., 1955. La Ciencia del Suelo al Servicio de la Arqueología. Medellín, Colombia. Bole-
momento, los autores adelantan un estudio al respecto. tín del Instituto de Antropología. Vol. 1, No. 3., 265-273 pp.
Galvis y Valencia (1975) evaluaron el efecto edáfico de la hormiga arriera Atta Laevi- Llano, M. del., 1970. Mapa Geomorfológico de Colombia. Revista Colombiana de Geología. No. 7.
Universidad Nacional de Colombia. 4 pp.
gata (F. Smith) en las propiedades del suelo, en la pureza de las unidades cartográficas de
Llano, M., 1976. Conttibution a L'Etude des Relations Climats-Sols-Végétation en Colombie. The se
los mapas de suelos y en las características de la vegetación asociada a los hormigueros
présentés devant l'Un iversité Paul Sabatier de Toulouse, pour obtenir le Grade de Docteur
en la sabana abierta de Gaviotas, Comisaría del Vichada. Aquí se puede establecer una d'Université, Toulouse, France. 193 pp.
biosecuencia de suelos, teniendo en cuenta los lugares colonizados recientemente por la Mejía, L. and Buol, S.W., 1975. Characteristics of a Common Toposequence of the Llanos Orientales
hormiga y aquellos que están actualmente libres de su influencia. Los autores encontra- of Colombia. Agronomic-Economic Research on Tropical Soils. Annual Report for 4975: Soil
Science Department North Carolina State University. Raleigh, N. C.
ron en primer lugar, que las hormigas mantienen un equilibrio dinámico dentro del eco-
Morelo, J., et al., 1974. Estudio Detallado de Suelos del Centro de Desarrollo Integrado "Las Gavio-
sistema regional. Los hormigueros favorecen los núcleos de colonización vegetal que con-
tas". Comisaría del Vichada. Bogotá Colombia. Instituto, Geográfico Agustín Codazzi. 273 pp.
trastan con la sabana abierta, que muestra menor productividad de plantas. Las especies Rocha, O., et al., 1977. Estudio General de Suelos, del Municipio de Quibdó. Departamento del Cho-
dominantes, Miconia rufescens y Pa/icourea rigida, desplazan a Andropogon sp. y a Cura- có. Bogotá, Colombia. Instituto Geográfico Agustín Codazzi. 214 pp.
te/la americana, que son propias de la sabana. Por otro lado, la morfología de los suelos Soil survey Staff., 1975. Soil Taxonomy, Washington. Soil Conservation Service U.S. Department of
Agriculture. Agriculture Handbook No. 436. 754 pp.
es afectada seriamente por la acción de las hormigas, sobre todo los horizontes Ah y los
Van der Hammen. T. y González, E., 1963. Historia del Clima y Vegetación del Pleistoceno Superior
AB, lo mismo que la parte superior del horizonte Oxico, siendo las propiedades más so-
y del Holoceno de la Sabana de Bogotá. Boletín Geológico 5 (21. Bogotá, Colombia.
bresalientes en la acción biótica, la estabilidad estructural y la humedad aprovechable. La
densidad aparente es menor en perfiles y horizontes con mayor actividad biológica, sien-
do significativa la incorporación de materia orgánica. Los mencionados autores deducen APENDICE
de lo anterior, que la hormiga arriera ocupa una posición dominante como organismo
integrante del ecosistema de la región mencionada que corresponde al bosque seco tro- Comparación de dos Unidades de Suelos Derivados de Distintas Rocas Igneas. Adaptadas de A.
Grisales (19751.
pical de la Orinoquia.
187
186
Del Llano & Pichott
La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia

GRANITO BASALTO
Roca Ignea intrusiva Roca Ignea efusiva Suelo: Lithic Udic Haplustalf. Localización: Cundinamarca, Facatativá,
Roca ácida (más 66%de SiO2) Roca básica (42-45% SiO2) Colectores: Del Llano y Pichott (Cartagenita), 2.660 m alt.
Composición: Silice, Feldespato (ortosa), mica Composición: compleja No. Campo: p 2 Nos. Laboratorio: 2-23.894 896
Estructura: Diaclasas Estructura: compacta

METEORIZACION Prot. Granulometria pH C M.O. P Humedad


METEORIZACION
Integral Concéntrica cm. A L Ar Tex 1:1 p.p.m
FISICA principalmente, lenta QUIMICA principalmente, rápida Ah 0-24 36 36 28 FAr 5.7 3,16 5.45 5 5.3
Bt1 24-32 30 32 37 FAr 6.0 1.25 2.20 2 4.2
UNIDAD VIOLETA UNIDAD PARNASO Bt 2 32-44 24 22 54 Ar 6.2 0.71 1.22 1 6.4
Características de los suelos : Características de los suelos: Roca •
(Capa A + Capa 8) (Capa A + Capa (3)
Complejo de Cambio - me/100 g . Saturaciones - %
Contenido de Sílice 70% Contenido de Sílice 46%
Textura: Franco arenoso Textura: Arcillosa CCC BT Ca Mg K Na ST SCa SMg SK
Profundidad: 0.30 m. Profundidad: 0.80 m. 21.7 13.6 7.2 5.9 0.4 0.1 62.7 33.2 27.2 1.8
Sin estructura Estructura: prismática 16.7 11.4 5.8 5.0 0.4 0.2 68.3 34.7 29.9 2.4
Contenido de hierro (Fe2O3) 3% Contenido de hierro (Fe2O3) 14% 22.1 13.2 5.5 6.8 0.6 0.3 59.7 24.9 30.8 2.7
Contenido de aluminio (A1203) 14% Contenido de aluminio (A1203) 27%
Total bases 8.2 me/100 g Total bases 19.1 me/100 g
Fertilidad: baja Fertilidad: alta
Permeabilidad: Alta Permeabilidad: baja
PERFIL No. 2
Erodabilidad: alta Erodabilidad: media
Patrones de Erosión: Cárcavas Patrones de Erosión: Erosión laminar
Clasificación: UDIC HAPLUSTALF
Derrumbes Derrumbes
Localización: Cundinamarca, Facatativá (Barrio Cartagenita).
Lixiviación Solifluxión
Retorna de material Posición fisiográfica: Loma lid ítica empinada. El perfil está a 2.650 m de alt., a 65 metros por debajo
del anterior.
Material parental: Cenizas volcánicas evolucionadas sobre los estratos cretácicos.
Colectores: M. Del Llano y J. Pichott. 27-11-80.
Topografía: Pendiente del 46%, sin erosión notable.
Drenaje: Excesivo.
PERFIL No. 1 Vegetación: Prado de loma con gramíneas, compuestas y solanáceas con matas ocasionadas de cabu-
ya. Zona de bosque seco montano bajo.
Clasificación: LITHIC UDIC HAPLUSTALF
Localización: Cundinamarca, Facatativá (Barrio Cartagenita). cm
Posición fisiográfica: Loma lidítica empinada. El perfil se encuentra a 2.660 m. de altitud. 0-22 Suelo de color 10 VR 3/2 en seco, franco en textura. Estructura de bloques sub-
Material parental: Cenizas volcánicas evolucionadas sobre los estratos cretácicos. angulares entre medios y finos, moderadamente desarrollados. Consistencia ligera-
Colectores: M. Del Llano y J. Pichott. 28-11-80. Ah mente dura en seco; ausencia de cutanes. Poros intersticiales muy finos y buena acti-
Topografía: Pendiente del 55%, mirando hacia el norte. vidad de macroorganismos (chizas, coleópteros y mulas). Abundancia de raíces me-
Drenaje: Excesivo. dias y finas. Límites: nitidez clara y topografía plana.
Vegetación: Prado de loma con gramineas compuestas y solanáceas en zona de bosque seco monta-
no bajo. 22 - 35 Color pardo a pardo oscuro 7.5 VR 4/4 en húmedo; franco arcilloso. Abundancia de
nódulos oscuros, pequeñas crotovinas o deyecciones de lombriz con tendencia a
cm AB perdigón. Estructura de bloques subangulares y de pqueños prismas moderadamen-
0-24 Suelo de color 10 YR 3/2 en húmedo; textura franco arcillosa; estructura de bloques te desarrollados cubiertos de cutanes; consistencia firme en húmedo. Abundancia de
subangulares medianos a finos, moderadamente desarrollados. Consistencia ligera- poros recubiertos de cutanes en su interior. Moderada actividad de organismos, raíces
Ah mente friable en húmedo, con poros intersticiales finos y escasos. Abundancia de chi- abundantes y finas. Límites: gradual y topografía plana.
zas y de raíces finas y medianas. Límites: nitidez clara y topografía plana.
35 - 50 Color 7.5 YR 4/4 con manchas nítidas 10 YR 7/3 en húmedo y muchas manchas más
24 - 32 De color gris muy oscuro 10 YR 3/1 en húmedo, franco arcilloso. Estructura de blo- oscuras que recubren las caras de los peds y los canalículos dendríticos. 3% de gravilla
ques angulares medios, moderadamente desarrollados y de consistenciadura en seco; con diámetro inferior a 1 centímetro. Franco arcilloso. Estructura de bloque angular
Bt1 pegajoso y plástico. Pequeños cutanes de color negro sobre peds y canal ículos dejados Bt1 mediana y moderadamente desarrollada. Consistencia firme en húmedo. Cutanes en
por la descomposición de raíces; no se nota actividad de macroorganismos. Limites: los peds y aún en el interior de los poros muy abundantes y finos. Escasa actividad
. nitidez clara y topografía plana. de macroorganismos y de raíces muy finas. Límites: nitidez gradual y topografía
plana.
32 - 44 Color 7.5 R 5/6 en húmedo para el núcleo de los peds que van recubiertos con cuta-
nes negros hasta de medio centímetro de espesor. Textura arcillosa y consistencia 50 - 73 Color 7.5 YR 4/4 en húmedo con manchas 7.5 VR 4/2 sobre la cara de los peds y en
Bt 2
extremadamente dura en seco, pegajoso. Estructura de bloques subangulares grusos el interior de los poros. Textura franco arcillosa. Estructura de bloques angulares y
y bien desarrollados donde no se nota actividad de macroorganismos ni de raíces; prismas medianos moderadamente desarrollados con recubrimiento parcial de cuta-
presencia de macrocutanes. Sigue el contacto I ítico. Bt2 nes. Abundancia de gravilla menor de 1 centímetro. Frecuencia de pedotúbulos y/o

188 189
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia

cm,
canal ícu los rellenos de deyecciones de macroorganismos, de color oscuro. Abundan-
0-20 Color pardo 10 YR 5/3 en seco, con manchas pardo grisáceo oscuras 10 VR 4/2; tex-
cia de poros finos y raicillas blanquecinas aplastadas.
tura franca; estructura en bloques subangulares medianos y débiles. Consistencia
Ah friable en húmedo, ni pegajosa ni plástica. pH 5.2. Limite: gradual y plano.
73 - 95 Color 7.5 VR 5/6 en húmedo con manchas dendríticas de 7.5 YR 3/2. Arcilloso. Es-
tructura de bloques subangulares medios, moderadamente desarrollados. Consisten-
20 - 70 Color pardo rojizo 5 YR 4/4 en seco, con abundantes manchas rojo-amarillentas
B t3 cia ligeramente dura en húmedo. Poros escasos y finos, con pocas raíces. Limites:
5 YR 4/8; textura franca; estructura de bloques subangulares medianos, débiles; con-
clara y plana.
Bs sistencia en estado mojado, pegajoso y plástica; concreciones de manganeso. pH 5.3.
Límite: difuso.
95 -.110 Color 5 VR 3/4 que corresponde á pardo rojizo oscuro en húmedo, con manchas.
Franco arcilloso en textura. Estructura de bloques angulares moderadamente desa-
70 - 110 Color pardo 7.5 YR 5/4; textura arcillosa y sin estructura; material pegajoso y plás-
2Bt4 rrollados. Consistencia firme en húmedo. Cutanes gruesos sobre la cara de los peds y 2C 1 tico en húmedo; concreciones de carbonatos. pH 8.3. Límite: gradual y plano.
en el interior de los poros medianos y tubulares. Antigua actividad de organismos y
raíces muy escasas. Límites: clara y plana. 110 - 140 Color pardo fuerte 7.5 YR 5/6 en seco, con abundantes manchas pardas de 7.5 VR
2C 2 5/4; textura franco arcillosa y sin estructura, siendo pegajoso y plástico el material
110 - 120 Color 10 VR 5/3 en húmedo, con pequeñas manchas 7,5 VR 3/2 que se extienden
en mojado; concreciones de manganeso y carbonatos. pH 8.1. Límite Claro y plano.
por el interior de los canal ículos. Pequeños nódulos de óxido de hierro de color par-
2Bt5 do fuerte 7.5 YR 5/8. Ausencia de organismos con 20% de manchas pardo pálido 140 - 160 Color rojo amarillento 5 YR 4/6 en seco con frecuentes manchas pardo amarillentas
10 YR 6/3 y otro 20% de manchas pardo rojizas 5 YR 4/3. Textura franco arcillosa
10 YR 5/6; textura franco arcillosa sin estructura; consistencia pegajosa y plástica
y consistencia friable. Cutanes en los poros y fisuras; gravilla en forma de pedotú- 2C 3 en mojado; presencia de carbonatos y manganeso. pH 8.4.
bulos.

120 - 150 Barreno.

Suelos: Udic Haplustalf Localización: Cundinamarca, Facatativá,


Colectores: Del Llano y Pichott (Cartagenital, 2.650 in alt.
No. Campo: P 1 Nos. Laboratorio: 2-23.886 891

Suelos: Natric Camborthid Localización: Guajira, Calabacito.


Prof. Granu lometría pH C M.O. P Humedad Colector: Dir. Agrológica Llanura cercana al mar.
cm A L Ar Tex. 1:1 p.p.m. % No. Campo: P-17 11 - 5) Nos, Laboratorio: 71.023-71.027
Ah 0-22 42 38 20 F 5.6 3.88 6.70 13 9.9
AB 22.35 36 34 30 FAr 5.8 2.17 2.80 20 12.4 Prof. Granu lometría pH CaCO3 Humedad
8t 1 35-50 40 30 30 FAr 6.1 1.26 1.60 24 17.3 cm A L Ar Tex. 1:1 1:5 %
Bt 2 50-73 40 28 32 FAr 6.1 0.84 1.10 25 14.6
Bt3 73-95 30 30 40 Ar 6.1 0.51 1.00 17 8.6 0-20 40 44 16 F 5.2 0.5
213t4 95-110 32 38 30 FAr 6.1 0.28 0.40 5 3.1 20-70 30 44 26 F 5.3 0.5
2Bt5 110-120 36 34 30 FAr 6.2 0.62 0.80 3 3.1 70-110 24 34 42 Ar 8.3 9.2 +-I- 2.1
120-150 42 20 38 FAr 5.8 0.67 0.90 3 0.5 110-140 26 38 36 FAr 8.1 8.5 + 1,7
140-160 30 38 32 FAr 8.4 9.4 1-++ 01
Complejo de Cambio - me/100 g Saturaciones - %
Complejo de Cambio - me/100 g Saturaciones - %
CCC BT Ca Mg K Na ST SCa• SMg SK
CCC BT Ca Mg K Na ST SCa SMg SK
24.6 16.5 8.8 6.1 0.8 0.8 67.1 35.8 24.8 3.3
9.8 6.1 4.4

cent
16.0 7.6 0.3 0.5 52.3 24.8 24.8 1.0 0.8 0.1 62.2 44.9 8.2 8.2
30.6 7.6
10.3 8.2

d ci
38.0 17.0 8.0 0.2 0.8 44.7 21.1 21.1 0.5 5.2 2.0 0.6 79.6 50.5 19.4 3.9
8.0
17.7 (22.4) (8.4) (4.8) 8.8 - - 2.3
28.0 13.8 5.5 7.3 0.4 0.6 49.3 19.6 26.1 1.4
11.3 (15.6) (3.2) (3.2) 8.8 - - - 3.5
20.9 11.2 5.2 5.2 0.4 0.4 53.6 24.9 24.9 1.9
15.4 (26.4) (13.7) (3.21 9.1 - - - 2.6
10.7 7.0 3.3 2.9 0.6 0.2 65.4 30.8 27.1 5.6

P205 Al Salinidad
C% M.O. Kg/Ha me/100 C.E. SNa Clase
PERFIL No. 3
1.26 2.10 263 0.6 - - , -
Clasificación: NATA IC CAMBORTH ID 0.70 1.26 122 0.6 - - -
Localización: Guajira, Maicao, (Suelo Calabacito). 0.20 0.34 21 8.0 49.7 S2Na
Posición Fisiográfica: Terraza en llanura baja. 0.20 0.34 11 11.4 77.9 S2Na
Material Parental: Sedimentos heterogéneos de acarreo. 0.20 0.34 14 12.1 59.1 S2Na
Topografía: Relieve plano, pendiente O a 1%.
Drenaje: Aceptable, con nivel freático profundo.
Colectores: Ospina y Gallego. V-71.
Vegetación: Guayacán, guamacho, cardón, espino, palma amarga.

190 191
Del Llano & Pichott

PERFIL No. 4

REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 193 - 199 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Clasificación: TYPIC DYSTROPEPT
Localización: Chocó, Municipio de Quibdó.
Posición fisiográfica: 50 m sobre el nivel del mar. Terraza fluvial. VEGETATION-CLIMATIC RELATION OF COLD-PHASE
Material parental: Sedimentos de acarreo.
PALEOSOLS IN THE COLOMBIAN ANDES
Topografía: Con relieve relativamente plano.
Drenaje: Bueno.
Colectores: I.G.A.C., O. Rocha. H. Fálster*
Vegetación: Rastrojo en bosque pluvial tropical.

RESUMEN
cm
0-12 Color pardo oscuro 10 YR 4/2 en seco; arcilloso; estructura de bloques subangulares
Se estudiaron suelos paleosólicos desarrollados en el Pleniglacial medio y superior del Cuaterna-
Ah moderados, de medianos a finos; consistencia friable, ligeramente plástico y pegajoso.
rio tardío, situados en la Cordillera Occidental y Central, en las cercanías de Cali y en la Cordillera
Abundancia de cantos rodados. pH 5.1.
Oriental, al Oeste y Noroeste de Bogotá. La edad de los suelos fue determinada con carbono marca-
do y tefracronologia comparativa. La morfología de dichos suelos difiere de la de los del Holoceno,
12 - 26 Color pardo fuerte 7.5 YR 5/6 en húmedo: textura arcillosa: bloques subangulares
pudiéndose también observar cambios entre los correspondientes al Pleniglacial medio y al Pleniglacial
851 medios y moderados; friable, pegajoso y plástico. Manchas de materia orgánica a lo
superior. Los paleosoles más antiguos son suelos hidromórficos, blancos a grises, con horizontes A l
largo de los canaliculos; presencia de cantos rodados. Limite: gradual e irregular
poco profundos pero con láminas basales de hierro muy desarrolladas (Placaquept). Estos suelos se
pH 4.9.
formaron antes y alrededor de 30.000 años B.P., aparentemente bajo bosques de Polylepis. La segun-
da generación de paleosoles se formó durante la transición al Pleniglacial superior y se caracterizan
26 - 70 Color rojo amarillento 5. YR 5/8 en húmedo, con manchas de color gris oliva claro
por poseer horizontes A loscuros y profundos y láminas basales de hierro (placic Humitropept). Se
5 Y 5/2 arcilloso. Estructura de bloques subangulares moderados, de medianos a
considera que este cambio morfológico refleja la importancia creciente de las gramineas dentro de la
BS2 gruesos; friable, pegajoso y plástico; manchas de materia orgánica a lo largo de cana-
vegetación. Por otro lado, la presencia de láminas basales de hierro puede estar relacionada con la baja
1 ículos. Límite: gradual y ondulado.
evapotranspiración durante este periodo, lo cual habría permitido un marcado flujo lateral de agua a
lo largo de límites texturales. Por el contrario, los suelos del Holoceno (Dystrandepts o Humitropepts)
70 - 125 Color rojo amarillento 5 VR 4/6, con manchas gris oliva claro 5 Y 5/2 poco con-
carecen de dichas láminas de hierro.
trastadas y otras de color rojo 2.5 YR 4/8 conspicuas y claras. Arcilloso, con estruc-
C1 tura de bloques subangulares y presencia de superficie de presión. Límite: claro y
ABSTRACT
suave. pH 5.0.

Late Quaternary paleosols from the Middle to Upper Pleniglacial have been studied in the
125 - 150 Pardo fuerte 7.5 YR 6/8 con manchas de color gris oliva claro 5 Y 6/2 y otras rojas
Western and Central Cordillera around Cali, and the Eastern Cordillera W and NW of Bogotá. They
2.5 VR 4/6. Arcilloso y sin estructura, con presencia de superficie de presión; friable,
were dated by radiocarbon analysis and comparative tephrachronology. The morphology of the
pegajoso y plástico con delgada banda rica en material petroférrico.
paleosols differs from that of the Holocene soil, and also shows a change from Middle to Upper
Pleniglacial. The older paleosols are white to grey hydromorphous soils with weak A1-horizons but
well developed basal iron pans (Placaquept). The formed before and around 30.000 years B.P.,
apparently under Polylepis woodland. A second generation of paleosols formed during the transition
towards Upper Pleniglacial and are characterized by a deep black Al-horizon and a basal iron pan
Suelo: Typic Dystropept Localización: Chocó, Quibdó. 50 m alt. (placic Humitropept). This morphological change is considerad to reflect the growing importante of
Colector: I.G.A.C. Gramineae in the vegetation. The basal iron pan of the cold-phase soils on the other hand, can be
No. Campo: Nos. Laboratorio: related to the lower evapotranspiration during this time which resultad in higher lateral spring flow
along textural boundaries. The Holocene soils (Dystrandepts or Humitropepts) lack the basal iron pan.
Prof. Granulometría pH C M.O. P Al

cm A L Ar Tex 1:1 e
9 Kg/Ha me/100
The paper summarizes observations on paleosols from the Western and Central Cor-
Ah 0.12 62 20 18 FA 4.1 4.14 5.27 16 4.9 dillera around Cali - Palmira, and from the Eastern Cordillera W and NW of Bogotá
BS 1 12-26 42 24 32 FAr 4.8 1.88 2.39 9 3.8
(Foister, et al., 1977; Folster and Hetsch, 1978). All sites are located between 1500
BS 2 26-70 36 22 42 Ar 5.5 1.40 1.78 7 3.8
Cl 70-125 34 20 46 Ar 1.68 2.14 4 6.30
and 3000 m altitude and receive between 1000 and 2500 mm anual rainfall. Most paleo-
5.3
C2 125-150 36 20 34 FArA 5.3 0.38 0.44 7 5.9 soils developed on volcanic ash (andesitic-dacitic) or slope deposits with strong admixture
of ash though paleosoils have also been found on other material.
Completo de Cambio - me/100 g Saturaciones - % Dating and stratigraphic correlation of paleosols has been greatly facilitated by
CCC BT Ca Mg K Na ST SCa SMg SK the fact that tephra activity apparently concentrated within comparatively few phases
AAA(...)4> '

and provided a rather homogeneous parent material of soil formation in the whole arca.
cr) im ils O in

22.2 1.0 0.2 0.2 0.3 0.3 0.9 0.9 1.4


16.7 0.5 0.2 0.2 0.04 0.04 1.2 1.2 0.2 Eleven radiocarbon dates as well as the datings of the tephra layers by Van der Hammen
18.1 0.8 0.2 0.2 0.2 0.2 1.1 1.1 1.1
17.3 0.8 0.2 0.2 0.3 0.1 1.2 1.2 1.7
15.2 0.7 0.2 0.2 0.2 0.1 1.3 1.3 1.3
i • Institut kir Bodenkunde und Waldernáhrung, 34 Gottingen, Büsgenweg 2 - Germany.
1

192 193
-

Fáister Vegetation-climatic relation of cold-phase paleosols in the Colombian Andes

and associates provided the time Trame for the dating of the paleosols between 30.000
and 10.000 years B.P.
During this time span, one can observe a distinct change in morphological character Neusa
in the paleosols as well as a similarily distinct difference to the Holocene soil of the area. 2 2a 5
This fact will be demonstrated by two series of paleosol sections from the Eastern Cordi-
llera.

Wid

Neusa (Fig. 1, 13 km N of Zipaquirá)

The recent soil is a Dystrandept with a thick black Al-horizon covering all (in 150
other sites only part) of the ash deposit. In some sections, this recent soil is disturbed
/ 'V
by what appears to be recent erosion and redeposition. 11 • • I.
Between the recent soil and the youngest paleosol, a slope deposit of ash and I II •

transported A1-material, sometimes also a stone line or a mixed material of ash and basal
weathering material occurs indicating widespread geomorphic activity. .11
The first paleosol appears to be very similar to the recent soil in regard to the thick,
black Al-horizon but is also characterized by a basal iron pan, a placic horizon (placic E.c1:„ 15;h* elIII 1
el 1E11
e iron pan
Humitropept). In 3 of the sections in Fig. 1, two paleosols of this type are encountered n
- on 'ash c ay
1 "o " iron mottling
separated by a stone line or a mixted slope deposit. The humus filtrates of there two gravel
ash
paleosols (at the site of Neusa 2) provides 14 C-dates of 19 450 and 23 750 years B.P. Ah - horizon • charcoal
respectively. ® transported
The next older paleosol is exposed only in Neusa 2 and 2a. It is also characterized by El grey hydromorphous paleosol
an iron pan but its main solum shows a quite different morphology: Here, the deep,
Figure 1 — Paleosol sequences from Neusa, Eastern Cordillera.
black Al-horizon of the younger paleosol type is replaced by a greyish white hydro-
Bogota Bogota 10
morphic horizon. Al-horizons are not preserved at this site. The soil can be classified
as Placaquept; a radiocarbon date of >30.000 years B.P. (37.450, charcoal) shows it to 12 + m 6 t
be of Middle Pleniglacial age. 2
3
50
Bogotá 12, 13 (Fig. 2)
5
Two more sequences of similar character are shown in Fig. 2. They are located on 100 -
the road Mosquera—La Mesa W of Bogotá. Again, we encounter a basal Placaquept 9 \ 100
derived from volcanic ash, a gleyed white, mottled soil with hard or soft placic horizon >
11"fil(
12 1)1,S.,7)y I
and, in Bogotá 12, a thin A1-horizon. This soil was disturbed by erosion. Charcoal related
whtíé 150
to this event provided a 14 C-date of 30.100 years B.P. 14
In Bogotá 13, another thin Placaquept follows with grey rather than white colora- 200 /
,white
tion, and a placic horizon which developed within the lower Placaquept. 17 .200
Aboye this soil, we encounter a paleosol of the younger generation, i.e. a deep,
black Humitropept with placic horizon. lts age is indicated by the 14 C-date of the yellow c ay
Ah - horizon
charcoal found on its surface which is 23.750 years B.P.
J Ah material redistributed
In the parallel section of Bogotá 12, we also find the white and the grey Placaquept. áá
gravel friable ash
But intervening between them, two paleosols occur with a morphology similar to that
"No iron pan grey white hydromorphous soil
of the younger paleósol generation (placic Humitropept).
diffuse iron mottling material
These paleosol sections may suffice to indicate
clays of none - ash origine
that from Middle Pleniglacial to Holocene, there hal been a gradual change of the • charcoal
environmental conditions which govern the soil formation process, and Figure 2 — Paleosol sequences from the road Mosquera — La Mesa, W of Bogotá, Eastern
that this change was not a straight forward process but followed alternating fluctua- Cordillera.

tion.
Discussing the type of environmental changes as indicated by the changing paleosol
morphoiogy, we have to follow two lines of thought:
a) Firstly, there are the hydromorphous features, the white to grey mottled coloration

194 195
FiSister Vegetation-climatic relation of cold-phase paleosols in the Colombian Andes

and the placic horizon. The latter cannot be considered spodic horizons but have to year tephra pollen
periods soil formatron
be interpreted as products of lateral redistribution of iron. The iron oxide precipi- BP layers diagram
tates along planes of preferential lateral water movement (spring flow horizons or Dystrandept deep,
aquifers). Such planes coincide mostly with structural or textural boundaries (e.g. Holocene black Al
layer boundaries). In the Holocene soil mantle, such iron pans can be found only warm, humid, high ET
locally, mostly under humid Paramo vegetation (Zóttle, 1974; Hetsch, 1976; Felster
and von Christen, 1977).
The morphological change in the Middle Pleniglacial to the Holocene soils, 10 000
then, has to be related to decreasing hydromorphism. The higher humidity during
Middle and early Upper Pleniglacial has already been inferred by van der Hammen
erosion, no soil formation
(1968) from Quaternary fluctuations of lake levels, and may have resulted from
cold, dry
lower evapotranspiration during the glacial temperature depression rather than
from higher rainfall.
upper
Reduced evapotranspiration would increase the mean water saturation of the
20 000
soil to a level where aquifers would be active during prolonged periods of the year. Humitropept with iron
pan
b) Secondy, there is a definite change in the humus dynamics of the subsequent soil
generations. The oldest paleosol type apparently never developed more than a
Pleni- L
glacial
thin Al-horizon though it may have been covered by an organic surface layer. The
Alternotion of Aquept
younger paleosol type, on the other hand, formed a deep Al-horizon with 8-10'1,1 of and Humitropept
stable humus. As both soils developed an the same andesitic-dacitic ash, the L
difference in humus morphology has to be related to a specific vegetational influence 30 000
middle grey - white Aquept
rather than to an inorganic factor. In pedological experience, such melanizing effect
with iron pan
— i.e. the development of a thick, black A1-horizon is normally associated with
cold, wet, low ET
grasses and their high subterranean turnover of root biomass. The same melanization
operates today in the cloud forest zone, when the forest is replaced by grassland.
The soil looses its organic surface layer while the Al-horizon increases in thickness Figure 3 Simplified diagram showing changes in pollendeposition and soil formation
from Middle Pleniglacial to Holocene.
and become richer in organic matter.
If this interpretation is correct, the succession from the older to the younger paleosol as did the widespread recent land use as grassland. It thus becomes virtually
type may be taken to indicate a change from woodland to predominant grassland vegeta- impossible to separate the pedological impact of these different vegetation
tion. This conclusion can be supported by the palynological evidence collected by van
influences.
der Hammen and associates (Fig. 3) tries to summarize the palynological and the pedolo- In the Central and Western Cordillera around Cali—Palmira, we so far only found
gical sequence in a simplified manner: paleosols of the older generation (Placaquept). Fig. 4 shows some examples. In three
1) From Middle to Upper Pleniglacial, the pollen diagram shows a gradual replacement sections, two subsequent Placaquepts occur: In Sevilla 1, both are younger than 33.000
of a Polylepis-dominated woodland by a more open vegetation with increasing contri-
years B.P., in Barragan one is older and one younger than 33.760 years B.P.; the paleosol
tution of Gramineae. This change correlates with a corresponding pedological change
in Amaime C 22 is older than 27.800 years B.P. In Barragan, the older Placaquept is
from greyish-white Placaquept to black placic Humitropept.
white, mottled while the younger one has a grey, finely mottled appearance. A thin
Al-horizon has been preserved locally in the lower soil.
2) In the Fuquene pollen diagram (van Getl and van der Hammen, 1973), at least one
The lack of paleosols with deep black Al-horizon may just mean that sites where
major phase of reestablished Polylepis-woodland has been observed (pollen zone W
they occur, have not yet been found. However, as our search for paleosols has been
II). Similarily, we find in the section of Bog. 13 (Fig. 2) an alternation between the
more intense in this region than in the Eastern Cordillera, one has also to consider the
two types•of paleosols. According to the 14 C-dates of this section, this alternation other alternative that the 'Middle Pleniglacial woodland vegetation persisted longer
occurred between 30.000 and 24.000 years B.P. throughout the early upper Pleniglacial in the Western and Central Cordillera, which have
3) Between 24.000 and 19.000 years B.P. (according to our 14 C-dates), only the black
a more humid climate than the Eastern Cordillera.
placic Humitropept is encountered as paleosol, and after this follows an time lack
Such hypothesis may also be supported by the type of change which the paleosols
of 6 - 8.000 years without soil relicts, a period which appears to have been domi- underwent at the onset of the drier climate of the Upper Pleniglacial. Before being
nated by erosion. subjected to erosion and, later, fossilization by the youngest ash deposit, the upper
4) In regard to the transition Upper Pleniglacial/Holocene, pollen evidence provides paleosol in the Barragan section was subjected to conspicuous shrinking. This process
a much more detailed picture than does pedological evidence. The Holocene soil
is known to occur in uniformely wet Andosols (Hydrandepts) on drying. The shrinkage
formed in a tephra deposit for which a series of radiocarbon dates suggest an age gaps were later filled with younger ash and structural fragments of the paleosol.
of about 10.000 years B.P. The early Holocene drier phase with its vegetation domi- Such shrinkage fragments are frequently found in the lower part of the youngest
nated by Gramineae may have stimulated the formation of thick black Al-horizon,
ash layer, usually associated with fragments of iron pan, even at sites where the paleosol

196 197
Fóleter Vegetation-ehimatie relation of coid-phase paleosols in the Colombian Andes

had been completely eroded.


More field work will certainly be requiered to sustain the observed difference of
paleosol morphology between Eastern and Western/Central Cordillera respectively.

REFERENCES

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Barragan of the Fuquene area. Paleogeography, Paleoclimatology, and Paleoecology 14, 9-92.
4a 4b 4 2 la 1 Folster, H. and von Christen, H. 119771: The influence of Quaternary uplift on the altitude zonation
, 7 , of mountain soils on diabase and volcanic ash in humid parís of the Colombian Andes. Catena
3, 233-263.
Folster, H., Hetsch, W. and Schnmpff, E. 119771: Late Quaternary paleosols in the Western and Cen-
tral Cordillera of Colombia. Paleogeography, Paleoclimatology, and Paleoecology 21, 245-264.
-60 Folster, H. and Hetsch, W. (1978): Paleosol sequences in the Eastern Cordillera of Colombia. Quater-
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150
Zottle, H.W. 119741: Andosol-Entwicklung und Ernáhrung von Cupressus-Aufforstung in der Zentral-
kordillere Kolumbiens. Mitteilungen der Deutschen Bodenkundl. Ges. 20, 220-224.
-160
pale yellow ash IIII 111 1 1 1 1i
1 1.

Amaime C22 Amaime C4


40 5
organic organic
layer layer
,
///'

60
m. w

140

250
24 -
a •

yen ow clayey SS
• • -1-

ye llow
clayey Sedimen

Figure 4 — Paleosol sections from the Central Cordillera.

198 199
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 201 214 11981) - O CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

CONSIDERACIONES LITOESTRATIGRAFICAS Y GENETICAS SOBRE


LA SECUENCIA SEDIMENTARIA COMPLEJA PRESENTE EN LOS
ALREDEDORES DE BOJACA Y MADRID - CUNDINAMARCA

Hernán Gomez Mejía*

RESUMEN

Cinco kilómetros al Suroeste de la población de Madrid, Cundinamarca, se ha encontrado una


secuencia sedimentaria subhorizontal con más de 20 metros de espesor, cuya expresión geomorfoló-
gica actual indica un levantamiento regional, acompañado de un período de erosión intenso. En esta
forma se ha desarrollado sobre el paisaje actual, seco y semidesértico, una morfología de escalones
o terrazas y cerros testigos. Tal secuencia litológica sedimentaria, compleja en su origen, descansa
discordantemente sobre las areniscas, limolitas y arcillolitas silicico-feldespáticas, pertenecientes a la
Formación Guadalupe Superior, en los siguientes sitios: a) Caño de Chivo Negro; b) 400 m al sureste
de la casa de la Hacienda La Herrera; c) alrededor'del Cerro Galindo y, d) alrededor del Cerro de la
Hacienda La Planicie.
Con base en las inspecciones de campo, en la descripción geológica de cinco afloramientos típi-
cos, en el muestreo y análisis químico preliminar y teniendo en cuenta ciertas evidencias o anteceden-
tes geológicos sobre los sedimentos de la Sabana de Bogotá, se ha establecido la hipótesis de que éste
es un modelo sedimentario que sigue la teoría de Krumbein y Sloss (1968).
La morfología preexistente demarcada por los cerros cretácicosactuales, con tendencia periféri-
ca entre Facatativá y Madrid, relacionada con las fallas de Facatativá y Balsillas, hacen pensar en el
desarrollo de una cuenca tectónica o ámbito semirrestringido. El Río Checua que posiblemente desem-
bocaba en el Río Subachoque al norte de Madrid, se desvió hacia el Sureste (capture), transportando
material muy fino hacia la subcuenca.
La estratigrafía de trece sondeos de percusión y diez manuales, la correlación litológica de varios
perfiles longitudinales y transversales, la descripción litológica de cuatro afloramientos, los análisis
físicos y qu ímicos, así como el estudio de cinco secciones petrográf ices delgadas, representativas, sir-
ven de base para comprobar la presencia de una secuencia limolítico-silícea predominante, con alter-
nancia de diotomitas, cenizas volcánicas y areniscas muy finas: estas últimas en estratos delgados.
Toda esta secuencia sedimentaria mixta denominada Formación Herrera, cronológicamente pertene-
cería al Pleistoceno y correspondería a la Formación Sabana, (Hubach 1957, Van der Hammen 1958).
Esta nueva secuencia además presenta niveles con características puzolánicas, que se utilizan ac-
tualmente en la industria del cemento: el contenido de Si02 promedio es de 68%, de A1203 es 17%,
de Fe203 es 4,4%, de CaO es 1,2% y de MgO es 0,7%.

ABSTRACT

At five kilometers Southwest of the Madrid town — Cundinamarca, occurs a subhorizontal


sedimentary sequence with a thickness of more than 20 meters; it actual geomorphological expression
indicates a regional uplift, accompanied by an intensive period of erosion. In this form at present the
external appearance is a dry and semidesertic landscape with a morphology of steps or terraces, and
some remanent hills. This lithological sedimentary sequence is very complex in its origin, it overlays
on the sandstones and the main constituents are silicic-feldspathic limolites and arcillolites, which
belong to Upper Guadalupe Formation in the following places: a) Caño de Chivo Negro; b) 400
meters Southeast of the main house in Hacienda La Herrera; c) around Cerro Galindo; d) around
Cerro de la Hacienda La Planicie.
With base in field inspection, the geological description of 5 typical outcrops, the sampling
and some preliminary chemical analisis, and keeping in mind some previous geological antecedents
on the Sabana de Bogotá sediments, we state the hypothesis that this is a sedimentary pattern that
floows Krumbein and Sloss (1968) theory.

• Productora de Minerales, S. A. Carrera 7a. No. 134-36. Bogotá, Colombia.

201
Gómez
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarca)

The ancient morphology delimited by the actual cretaceous hills, with peripherical trend between
Facatativá and Madrid related to Facatativa'and Salsillas Faults, make us think about the evolution of
a tectonic basin or semirestricted contour. The Checua river which possibly flowed finto Subachoque
river, North of Madrid, was defected toward the South-east (capture) carrying very fine material in
the su b-basin.
The stratigraphy of thirteen percussion drills and ten by-hand drills, the lithological correlation
on several longitudinal and transversal sections, the lithological description of four outcrops, the
physical and chemical analisis, and the study of five petrographic thin sections lays the ground to
confirm the occurrence of a predominant limolitic srliceous sequence with alternation of diatomites,
volcanic ashes, and very fine sandstones; the last ones are found in very thin layers. All this mixed
sedimentary sequence belongs to the new Herrera Formation which belongs chronologically to Pleis-
tocene and could be corresponding to Sabana Formation (Hubach 1957, Van der Hammen 1958).
This new squence presents moreover levels with puzolanic characteristics, and they are going
to be used in the cement industry: the average content of Si02 is 68%; of A1203, 17%; of Fe203,
4.4%; of CaO, 1.2% and Mgo, 0.7%.

1. INTRODUCCION

El presente estudio reporta parte de los resultados, sobre la investigación de una se-
cuencia sedimentaria subhorizontal compleja, de origen "mixto", con características de
puzolanas, que presenta sus mejores afloramientos al oeste de la Laguna de la Herrera,
cerca de la población de Bojacá en la Sabana de Bogotá, como se observa en el Mapa Geo-
lógico General y de Localización (Fig. 1).
La investigación del área la inició el autor en 1979, e incluye el mapeo general, la '1104

morfología y estratigrafía, ubicación y descripción de 17 sondeos y muestreo de seccio-


nes promisorias para análisis químico, así como ensayos de actividad puzolánica y pre-
paración de cementos (Laboratorio Químico La Siberia). Se analizan y describen los
resultados de siete secciones petrográficas típicas y representativas, correspondientes a
una secuencia litológica de más de 25 m.
Puesto que las cenizas volcánicas sirven como marcadores estratigráficos para datar
los sedimentos con los cuales están interestratificados e interpretar el ambiente deposi-
cional (Wilcox, 1965) y las diatomitas son organismos eficientes, en la extracción de síli-
ce en disoluciones no saturadas con respecto a la sílice amorfa, que se desarrollan en am-
biente lacustre (Huang T., 1968); el presente trabajo pretende considerar el desarrollo
de una subcuenca lacustre semirrestringida de origen complejo, siguiendo el modelo del
medio sedimentario (Krumbein y Sloss, 1968, p. 275), que da lugar a una secuencia
litológica denominada Formación Herrera en Bojacá.
La definición ASTM de puzolana es, "Aquel material eminentemente silicico-alumi-
noso, (natural o artificial, Calleja J., 1969) que de por sí solo posee poco o ningún valor
cementante, pero que finamente dividido y en presencia de agua se combina con el hi-
dróxido de calcio, a temperaturas ordinarias, para formar compuestos que poseen pro-
piedades cementicias (Industrial Minerals and Rocks, 1975).

2. PROPOSITO DE LA INVESTIGACION

Basado en antecedentes geológico-geomorfológicos regionales y locales, estratigrafía


regional de la Sabana, interpretación de fotografías áreas y evidencias preliminares en-
contradas durante la fase inicial del trabajo de campo, se planteó la hipótesis de que
dentro del antiguo lago que dio origen a la Sabana de Bogotá, al sur de Facativá-Madrid
se generó una posible subcuenca que fue modelada estructuralmente y tuvo un régimen
de sedimentación especial, acumulando limolitas, diatomitas y cenizas volcánicas, en
espesor considerable, como para formar un depósito de puzolanas naturales, que pudie-
ron ser explotadas industrialmente.

202 203
Gómez Secuencia sedimentaria compleja en &nace y Madrid (Cundinamarca)

La supuesta subcuenca se generó posiblemente según los siguientes eventos: Finalmente Riezebos (1977) realiza el estudio petrográfico y mineralógico de algunas
Cuando la sedimentación plio-pleistocena comenzó, el sobrelevantamiento princi- capas de ceniza volcánica y su significado estratigráfico, basado en tres perforaciones, en
1.
pal de la Cordillera Oriental no se había iniciado, pero las rocas antiguas ya habían la Laguna de Fúquene.
formado una morfología montañosa a ondulada (Van der Hammen, 1973) que deter- A pesar de que no se ha reportado vulcanismo reciente o subreciente en la Sabana
minaba la cuenca lacustre de la Sabana de Bogotá. de Bogotá, gran parte de su superficie fue cubierta por material volcánico fino provenien-
Durante la depositación de los sedimentos lacustres y el levantamiento gradual del te de erupciones de los volcanes de la Cordillera Central. De acuerdo a Bürgl (1957) y
2.
área en el Pleistoceno (Van der Hammen, 1973) se activó la Falla de Facatativá, Soeters (1976), durante el Holoceno hubo reactivación del vulcanismo en la Cordillera
desarrollándose un umbral con dirección aproximada N 35° W. El Río Checua- Central, generándose seis niveles en el Valle del Magdalena. Riezebos anota la presencia
Andes que posiblemente desembocaba al Río Subachoque, antes de Madrid fue de 15 niveles o capitas de ceniza volcánica en la Sabana, y Elbersen (1972) y Elbersen y
capturado y cambió su curso hacia la depresión del sur en Bojacá. Niuwenhuis (1974) comprueban la presencia de cenizas volcánicas en los suelos de los

3. Las fallas de Moyano y Balsillas modelaron la subcuenca en los sedimentos de la Llanos Orientales. Debido al carácter montañoso de los alrededores de la Sabana, las
Formación Guadalupe y sobre la cual se depositaron discordantemente los sedimen- cenizas rara vez se encuentran puras: siempre se encuentran mezcladas con materiales
tos de la nueva Formación Herrera con espesor mayor de 25 m. autóctonos como diatomitas o limolitas después de sufrir retransporte y cambios en
4. La subcuenca lacustre semirrestringida de Bojacá estuvo alimentada predominante- composición debido a procesos de meteorización y actividad orográfica del área.
mente por materiales finos a muy finos que rebosaron el umbral .(antes de que el Herd (1974), quien estudió el complejo volcánico Ruiz-Tolima, muestreo varias ca-
Río Bojacá tuviera su curso actual) durante las épocas de máxima inundación, con- pas de ceniza y "lapilli" y por el análisis mineralógico correlacionó su composición mi-
secutivamente. Las "liditas" o "plaeners" de las estribaciones cretácicas de la sub- neralógica con tres fases eruptivas correspondientes a los Nevados del Ruiz, Tolima y
cuenca que se encontraban cerca de superficie se transformaron en caolín, debido a Cerro Bravo: de acuerdo con su trabajo, ocurrieron varias erupciones piroclásticas hace
una meteorización muy fuerte durante un tiempo muy largo, cuando reinaba en la cerca de 13.800 años.
región un clima tropical a subtropical (van der Hammen, 1957). Estos caolines El autor reporta la presencia de 10 capitas de ceniza volcánica puras a mezcladas, en
fueron transportados, en parte hacia la subcuenca, debido a la escorrentía superfi- el afloramiento tipo al sur de la casa de la Hacienda La Herrera.
cial fuerte en los períodos interpluviales. Las cenizas volcánicas generadas por reac-
tivación del vulcanismo en la Cordillera - Central durante el Holoceno, aportaron 4. AFLORAMIENTOS, SONDEOS Y CORRELACIONES L I TO LOG ICAS
material directa o indirectamente durante varias fases. Cuando el carácter de la
subcuenca era altamente silícico, durante ciertas épocas, se generó la proliferación Aunque el área estudiada presenta una morfología de "escalones" o terrazas produ-
de diatómeas, dando lugar a bancos puros interestratificados o mezclados con las cidas por erosión, los afloramientos son•escasos: su ubicación se aprecia en el Mapa Geo-
cenizas volcánicas, o limolitas. lógico Preliminar y Ubicación de Sondeos. Se observaron cinco así:
5. El ambiente lacustre restringido exhibe en este caso un amplio intervalo de condicio- Afloramiento No. 1.— Se insinúa morfológicamente sobre una posible terraza de
nes caracterizadas por poca profundidad, corrientes débiles, cambios de niveles esta- erosión, 400 m al SW de la Casa Galindo (Hacienda Herrera). Presenta 1,50 m de sedi-
cionales y subsidencia o hundimiento suave de la subcuenca. Hubo alternancia de mentos visibles sobre una lomita. en el techo predominan limolitas habanas; en la parte
períodos de sequía y lluvia: estos dieron lugar a la intercalación de los estratos media diatomitas mezcladas con.cenizas volcánicas y hacia la base se intercalan horizon-
descritos, enriquecidos individualmente o mezclados. tes limoníticos, de 1 a 2 centímetros, poco consistentes, con algo de turba en trazas.
Afloramiento No. 2.— Ubicado en la Hacienda La Planicie; presenta secuencia lito-
6. Finalmente la subcuenca desaguó hacia el Río Balsillas por un boquete formado
lógica visible de 5,00 m con la siguiente descripción litológica del techo hacia la base:
por el Río Bojacá, dejando como último remanente la actual Laguna de la Herrera
de 0,00 a 0,20 m, suelo gris mezclado con ceniza volcánica; de 0,20 a 0,50 m, suelo
y gran cantidad de cerros testigos cretáceos. Actualmente el área está sometida a
orgánico; de 0,50 a 2,50 m, limolitas arcillosas grises intercaladas con cenizas volcánicas
un período de erosión debido a levantamiento regional lento como lo atestigua el
en capas de color claro; de 2,50 a 5,00 m, secuencia discordante de "plaeners" disgrega-
afloramiento de la sección tipo con más de 15 m al sur de la casa de la Hacienda de
dos como material de ladera, sobre los cuales descansa la secuencia anterior.
La Herrera.
Afloramiento No. 3.— Ubicado 250 metros al sur de la casa de la Hacienda La Herre-
ra, muestra una secuencia de más de 15 metros de espesor a partir del lago artificial. Pre-
3. TRABAJOS PREVIOS
senta del techo hacia la base una sucesión de estratos de limolitas sil íceas predominantes
intercaladas con estratos de diatomita y ceniza volcánica, puras, a veces mezcladas. El
Hubach (1957), Bürgl (1957) y Van der Hammen (1957) describen la estratigraf ía
espesor de los estratos varía entre 15 y 30 centímetros. Parte de la secuencia yace dis-
del área de la Sabana de Bogotá. Van der Hammen y Parada A. (1958) realizan investi-
cordante angularmente sobre las areniscas grises de la Formación Guadalupe, cuya actitud
gaciones de algunos importantes yacimientos de diatomita, caolín y arcillas de la Sabana
allí es 320° / 45 SW. Del techo hacia la base tenemos la siguiente sucesión: 1.— Suelo re-
de Bogotá. Van der Hammen (1960, 1961) discute sobre la tectónica de los Andes lo
sidual mixto negro a gris: 0,20 m. 2.— Toba limolítiea, gris, redepositada y compacta,
mismo que Irving (1971); Julivert (1963) describe las estructuras tectónicas del área de
edafológicamente "duripan": 0,50 m. 3.— Limolita arcillosa, habana, algo diatomácea
la Sabana de Bogotá.
hacia la base: 0,50 m. 4.— diatomita pura, gris, con trazas de óxidos de hierro: 0,30 m.
Van der Hammen y González (1964) y Van der Hammen (1966) publicaron nue-
5.— Diatomita mezclada con ceniza volcánica: 0,55 m. 6.— Diatomita pura en láminas:
vos datos sobre la secuencia del Plioceno y Cuaternario. Van der Hammen y otros (1973)
0,60 m. 7.— Arcillolita caolinitica, algo diatomác9a: 0,20 m. 8.— Limolita diatomácea
describen la secuencia palinológica del sobrelevantamiento de los Andes que es un estudio
mezclada con capitas de ceniza volcánica: 0,30 M. 9,— Ceniza volcánica mezclada con
del Plioceno y Cuaternario inferior de la Cordillera Oriental Colombiana.

205
204
sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarcal
Gómez

TABLA 1 - ANAL1SIS QUIMICOS. DE LAS PUZO LANAS

MUESTRAS

Soncieno No. 3 P. al F. Si02 A1203 Fe203 CaO Mg0

No. 1 11,10 53,40 21,88 5,12 2,49 0,80


No. 2 7,90 65,80 17,78 4,82 1,25 0,58
No. 3 7,20 66,20 18,78 4,62 0,36 1,00
No. 4 6,80 64,80 20,22 4,78 0,78 0,43
No. 5 5,20 75,20 13,60 3,20 1,12 0,36
No. 6 8,60 64,20 20,45 4,55 1,12 0,72
No. 7 5,80 69,00 16,82 4,38 1,62 0,87
No. 8 7,30 66,60 18,69 3,71 1,25 0,43
No. 9 6,90 64,60 19,21 5,39 1,00 0,72
No. 10 6,60 68,00 16,75 5,05 0,93 0,58
No. 11 6,90 72,20 15,89 3,71 0,62 0,51

Sondeo No. 4

No. 1 9,20 59,80 18,41 5,39 2,47 1,88


No. 2 12,00 54,20 17,85 6,55 4,38 1,16
No. 3 6,10 71,60 14,41 5,31 0,62 1,01
No. 4
No. 5

Sondeo No. 5

No. 1 9,10 62,40 16,94 5,86 1,28 1,79


No. 2 11,46 55,20 25,82 3,98 0,51 1,30
No. 3 9,90 61,40 15,52 4,88 5,03 0,94
No. 4 6,10 74,20 11,52 3,08 2,47 0,51
NO. 5 8,10 62,80 20,13 4,63 1,17 0,43
No. 6 6,70 69,40 15,95 4,61 0,62 6,51
No. 7 9,10 64,40 21,10 3,20 0,56 0,22
No. 8 7,70 64,40 18,86 '4,14 0,74 0,80
No. 9 6,80 72,00 15,93 3,27 0,49

diatomita: 0,25 m. 10.- Limolita caolinítica y capas de diatomita: 0,25 m. 11.- Ceniza
volcánica intercalada con diatomita: 0,40 m. 12.- Diatomita gris pura en bancos de hasta
30 centímetros, intercaladas con cenizas volcánicas y limolitas: 1,10 m. 13.- Diatomita
mezclada con ceniza volcánica en capitas: 0,35 m. 14.- Limolita caolinítica habana: CON VE

0,35 m. 15.- Limolita mezclada con material volcánico; 0,30 m. 16.- Limolita caoli- TOPOGRA FICAS
PRODUCTORA DE MINERALES S. A.
nítica intercalada con capitas de ceniza volcánica y diatomita hacia la base: 0,45 m. "-‘0.500,..‘• Une de nivel.

17.- Horizonte de cenizas volcánicas mezcladas con arena gris muy fina (muestra para PROYECTO CHIVO NEGRO

analizar): 0,10 m. 18.- Arenisca tobácea gris muy fina: 0,15 m. 19.- Ceniza volcánica 05edra

pura: 0,10 m (muestra para analizar). 20.- Diatomita limosa habana: 0,20 m. 21.- Cu- A se mole • MAPA GEOLOGICO PRELIMINAR
bierto: 1,80 m. 22.- Alternancia de limolitas, diatomitas y capitas de ceniza volcánica Miente. Y UBICACION DE SONDEOS
BEOLOW ilemAN econz m
Lobato.
con espesor aproximado de unos 6 metros. IMC11• .
Carredem. DIBUJO:
MELENA C MANTILLA J A 03570 DE 1.11110
Afloramiento No. 4.- Está ubicado sobre el lado opuesto de la lomita en que aflora Correle•Me. REVISALO: 11 jumo+ 115 6
-,
el No. 3. Presenta unos 7,00 m. Demi ne. APROBADO: QualalmilLREY. ARCHIVO'. .•
II
Ceno,,, clon.

206 207
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarca)

CON VEN CION ES vG`

TOPOGRAFICAS G E OLOGICAS PRODUCTORA DE MINERALES S. A.


"."-•41101" Cena e» nivel.
Nal ALUVIAL . Lifnoll fa PROYECTO CHIVO NEGRO
ale • Areno.
o
aovada . FORN. HE SRES*. Li mol roe, Calo., fallece"
A regale .
DIO»m ilae.
MAPA GEOLOGICO PRELIMINAR
tde Y A rei liante*
NEM GLIACIALlaa___.Nanc. Y UBICACION DE SONDEOS
Figura 2 EOLOSIA HERNÁN ....z Y .
(91W 350/35 Actitud geolOgiee.
Cof retem. DIBUJO: HELENA C. MANTILLA J. FECHA:
Afl - 2 Afloramiento. /MITO DE L fllO_
C relmetila. R E V "C° ii PM MI= 5.
Sondeo manual
Comba. APROBADO 1 '~
, 4, ESES Ancles*, 1. r .
Can trucci una •s- Sondeo o perou0M1 ■

207
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarcal

TABLA II --- ANALISIS QUIMICOS DE LOS CEMENTOS PUZOLANICOS

Sondeo No. 3 P. al F. Insol. SiO2 A1203 Fe2O3 Cao MgO SO3

Molienda No. 1 5,50 14,10 19,82 5,94 2,66 48,60 1,09 1,40
Molienda No. 2 4,60 16,80 10,60 5,57 2,63 48,35 1,01 1,44
Molienda No. 3 7,00 17,80 18,00 4,96 2,44 47,23 0,87 1,37
Molienda No. 4 7,50 15,00 20,00 4,72 2,48 47,05 1,01 1,37
Molienda No. 5 7,10 17,20 18,60 4,77 2,43 46,98 0,80 1,27
Molienda No. 6 8,70 11,60 23,00 5,14 2,26 46,42 0,72 1,23
Molienda No. 7 7,70 19,20 16,40 4,94 2,26 46,42 0,87 1,23
Molienda No. 8 7,90 16,60 18,60 4,96 2,44 46,48 1,08 1,23
Molienda No. 9 8,40 18,40 16,20 4,63 2,57 46,67 1,23
Molienda No. 10 8,40 16,40 18,60 4,56 2,44 46,36 1,06 1,23
Molienda No. 11 8,30 19,40 15,60 4,76 2,44 46,28 1,23 1,209

Sondeo No. 4

Molienda No. 1 4,30 12,20 21,40 6,47 2,53 49,00 1,75 1,23
Molienda No. 2 4,80 19,00 17,00 5,24 2,36 48,75 1,45 0,80
Molienda No. 3 5,30 19,00 16,20 5,01 2,59 48,69 1,34 1,10
Molienda No. 4

Sondeo No. 5

Molienda No. 1 5,70 13,80 19,60 6,16 2,44 48,97 1,61 1,16
Molienda No. 2 4,72 19,00 16,80 5,36 2,44 48,75 1,51 0,94
Molienda No. 3 5,06 16,92 18,48 5,16 2,44 49,00 1,41 1,03
Molienda No. 4
Molienda No. 5

Afloramiento No. 5.- Presente en la parte superior del Caño Chivo Negro, permite
apreciar una secuencia subhorizontal de sedimentos discordantes sobre los "plaeners"
de la Formación Guadalupe Superior cuya actitud allí es 350° / 35 NE. Su espesor es de
5,00 m y del techo hacia la base presenta 0,40 m de suelo gris oscuro; de 0,40 a 0,90 m,
limolitas silíceas con intercalaciones de cenizas volcánicas; de 0,90 a 1,20 m, suelo gris
mezclado con cenizas; de 1,20 a 2,50 m, limolitas sil íceas mezcladas con material detr (-
tico; de 2,50 a 5,00 m, limolitas arcillosas habanas.
En el área se han realizado 13 sondeos de percusión con profundidad variable entre
6,50 m y 23,00 m y 10 sondeos manuales, la mayoría con longitud total de 8,30 m.
Su objetivo fue el de conocer las características litológicas, químicas y de actividad
puzolánica. Con estos resultados se elaboraron correlaciones longitudinales y transver-
sales que muestran variaciones verticales y laterales de los estratos y del yacimiento.
Los análisis químicos cuantitativos correspondientes muestran un contenido de
SiO2 variable entre 64,20% y 72,20%; de A1203 entre 13,80% y 21,88%; de Fe2O3 entre
3,71% y 5,12%; de CaO entre 0,36%y 1,09%. (Tablas 1 y 11).

5. PETROGRAFIA

Se seleccionaron cinco muestras representativas de la secuencia litológica para hacer


el estudio petrográfico correspondiente así:
4
209
Gómez
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarca)

1. Placa A-3.- Ceniza tobácea híbrida. Muestra tomada del afloramiento tres, a 5,30 cristalinovitreas derivadas de magmas dacítico-andesíticos, provenientes de las erupcio-
m del techo hacia la base. Presenta matriz devitrificada, alterada y sericitizada con nes piroclásticas de los tres volcanes del Tolima, Ruiz y Cerro Bravo.
fragmentos de roca en un 55%: cuarzo 35%, feldespato potásico 8%, hornblenda Además existen varios cambios en la composición mineralógica de las cenizas volcá-
5%, plagioclasa 4% y biotita 3%, en cristales subhedrales de diferente tamaño; 45 nicas, debido principalmente a tres fenómenos que son: 1. Alteración post-deposicional
de diatomitas alargadas, redondeadas y ovaladas. Se observan granos de polen (?) y desintegración de algunos minerales especialmente los silícicos. 2. Contaminación con
2. Placa 1-1.- Ceniza tobácea híbrida. Muestra tomada del Sondeo 1 entre 1,35 y uno o más minerales o sedimentos biogénicos (diatomitas), en el sitio y tiempo de depó-
1,40 m de profundidad. Matriz vítrea parcialmente devitrificada, 70t, de sericita, sito o durante subsecuente redepósito. 3. Cambio en la composición físico-química del
bandas de oxidación y plagioclasa cloritizada. Cristales subhedrales de cuarzo 10, medio ambiente sedimentario, y aporte directo de cenizas.
feldespato potásico 8%, plagioclasa 4% y biotita 2%; fragmentos de roca volcánica Riezebos (1977) reportó cerca de Bojacá la presencia de una posible capa de ceniza
moderadamente alterados. Diatomitas alargadas, tubulares embebidas en la matriz, volcánica, a 60 cm de la superficie, debajo de un suelo negro, cuya composición mine-
con estructura interna. Granos de polen con sílice secundaria y óxidos parcialmen-
ralógica está de acuerdo con las capitas de ceniza volcánica encontrada en el Sondeo
te alterados.
Fúquene III entre 3,40 m y 7,65 m y cuya datación radiométrica no es mayor de 20.000
3. Placa 1-2.-- Limolita tobácea híbrida. Muestra tomada del Sondeo 1 entre 1,45 y años.
1,50 m de profundidad. Matriz vítrea, devitrificada compuesta por material detrí-
tico predominante con cristales fracturados anhedrales a subhedrales: cuarzo 45, 6. FORMACION HERRERA
feldespato 3/, biotita 1 Se observa polen tipo Clusia y Apocynaceae (?) corres-
pondientes a la Sección Facatativá 13? (Van der Hammen y otros, 1973, pp. 105,
Se propone informalmente como Formación Herrera, a la secuencia sedimentaria
116 y 1171; diatomitas en menor proporción que en las secciones anteriores.
compleja que se desarrolló en la subcuenca lacustre semirrestringida al sur de Madrid
4. Placa 111-1.- Limolita tobácea. Muestra tomada del Sondeo 3, entre 2,50 y 2,55 (teniendo como posible umbral las rocas cretácicas de la Formación Guadalupe Supe-
ni de profundidad. 40%, de matriz vítrea altamente devitrificada, arcillosa, con dia- rior), que a partir de los 2.580 m. s.n.m. presenta un espesor comprobado con perfo-
tomitas de diversas formas. 55 de cuarzo y 5/ de feldespato potásico anhedral raciones, de más de 25 m, siendo éste variable hacia los bordes de la subcuenca: en el
subhedral, subredondeado, de diverso tamaño, indican diferencias en la energía de 1 área se observan cerros testigos (F. Guadalupe), como vestigios de la morfología preexis-
depositación. tente.
5. Placa IV-1.- Limolita tobácea. Muestra tomada del Sondeo 4 entre 10,20 y 10,25 La Laguna de la Herrera es uno de los principales remanentes del relleno pleistoceno
m de profundidad. 60/ de matriz altamente devitrificada, arcillosa, con gran conte- de la Sabana y se considera que los 10 metros superiores de la sección tipo descrita en el
nido de diatomitas, óxidos de hierro en venas irregulares. 40% cristales de cuarzo afloramiento No. 3, que muestra capitas de ceniza volcánica con espesor variable hasta
anhedrales de diferente tamaño y feldespato potásico parcialmente alterado. 10 cm, fueron identificadas por el autor como cenizas volantes, por su color, consisten-
Para estudiar las cenizas, Wilcox (1965), recomienda investigar el índice de refracción cia, estructura y modo de ocurrencia. Aunque los estratos subyacentes no fueron iden-
del vidrio volcánico, los fenocristales, el índice de refracción de los mismos y la compo- tificados inmediatamente como asociados con depositación de ceniza volcánica, algunos
sición química. Como limitaciones, él menciona que el índice de refracción puede variar ensayos de actividad puzolánica y secciones petrográficas comprueban su presencia al
debido a la hidratación secundaria y falta de homogeneidad en el material, siendo dif í- encontrarse mezclados o intercalados.
cil la distinción entre fenocristales y material detrítico. Parte de la sección tipo está presente 300 m al sur de la casa de la Hacienda La He-
Las investigaciones microscópicas y descripción macroscópica de la secuencia des- rrera, en el afloramiento No. 3 a partir de la cota 2.570 m.
crita, así como los ensayos químicos de laboratorio, comprueban que los 10 m superiores El Sondeo No. 1, con profundidad de 16 m se presenta a continuación por ser el
de la Formación Herrera contienen capitas de ceniza volcánica pura a impuras, mezcladas más representativo de toda la sección, a partir de la cota 2.572 m s.n.m.
o alteradas con diatomitas y limolitas: están presentes vidrio volcánico, feldespato prin- 0,0
cipalmente, plagioclasa, anfiboles, mica y cuarzo en proporciones variables. Capa de materia orgánica.
Comparando a grosso modo la secuencia superior de la Formación Herrera con la 0,27
descripción petrográfica de los sondeos de la Laguna de Fúquene estudiada por Riezebos Capa de materia orgánica negra.
(1977) existe alguna similitud en la composición mineral, redepositación, alteración 0,45
post-deposicional y contaminación con material detrítico de las cenizas. Adicionalmente Ceniza gris volcánica mezclada con limolita.
por los resultados de laboratorio (para comprobar la actividad puzolánica), posiblemente 0,90
en estas cenizas existe también el fenómeno de hidratación o superhidratación producida Limolita gris clara; sales de Ca y Mg; películas de óxidos de Fe.
por la meteorización del agua de infiltración (Ross y Smith, 1953), jugando un papel im- 1,35
portante la temperatura del ambiente y la alta evapotranspiración del área de Bojacá que Limolita arcillosa-caolinítica, pardo verdosa; manchas de óxido de Fe.
ha tenido un microclima especial y una tabla de agua muy profunda. 1,80
La gran diferencia con la secuencia de la Laguna de Fúquene estriba en la presencia y Diatomita gris intercalada con cenizas volcánicas grises a habanas.
mezcla de diatomitas asociadas con cenizas y limos muy finos, que determinan una alta 2,25
superficie específica al material, convirtiéndolo en una puzolana de óptima calidad. Por Diatomita limosa habana, blanda plástica; láminas delgadas de ceniza volcánica.
analogía con el estudio petrográfico de las cenizas de Fúquene (Riezebos, 1977), los 2,35
materiales volcánicos de la Herrera posiblemente deben estar representados por cenizas Ceniza volcánica gris verde, friable, algo mieácea.

210 211
nr"

Gómez Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarca)

2,70 7.2 Esta secuencia denominada Formación Herrera se depositó discordantemente sobre
Diatomita habana con capitas de ceniza volcánica manchada de amarillo. la superficie preexistente de las areniscas y "plaeners" de la Formación Guadalupe,
3,00 rellenando la subcuenca y dejando cerros testigos. Aunque su espesor comprobado
Ceniza volcánica gris verdosa friable. es variable en base a afloramientos y sondeos, se considera que puede sobrepasar los
3,65 30 metros.
Intercalación de limolitas diatomáceas, habanas verdosas algo volcánicas. 7.3 Las descripciones litológicas, secciones petrográficas delgadas, análisis físicos, quími-
3,80 cos y ensayos de laboratorio, permiten comprobar el aporte mixto y selectivo de ma-
Diatomita habana, blanda plástica, manchas de amarillo ocre; láminas de ceni- teriales hacia la cuenca de acuerdo al modelo del medio sedimentario propuesto.
za volcánica. 7.4 Los intervalos de la secuencia sedimentaria compleja en origen presentan caracterís-
4,55 ticas puzolánicas, siendo su porcentaje promedio de SiO2 68, A1203 17%, Fe2O3
Intercalación de limolitas, cenizas volcánicas y láminas de arenisca gris muy CaO 1,27 y Mg0 9,7%, de acuerdo a las Tablas 1 y II.
fina con cuarzo y mica. 7.5 De acuerdo al Afloramiento No. 3, la sección estratigráfica tipo descrita, presenta
5,80 10 niveles o capitas de ceniza volcánica pura a mezclada.
Diatomita habana, plástica blanda; limolita amarilla clara, algo de ceniza volcá- 7.6 La parte superior de esta secuencia propuesta informalmente como Formación He-
nica intercaladas: relleno de fracturas por óxidos de Fe. rrera, podría corresponder litológica y petrográficamente a la parte superior de la
6,50 secuencia estudiada por Riezebos (1977) en la Laguna de Fúquene.
Suelo orgánico fósil, con limo y ceniza volcánica hacia la base. 7.7 Se comprueba la existencia de cambios en la composición mineralógica, química y
6,70 de actividad puzolánica de la parte superior de la secuencia, debido a tres factores:
Limolita diatomácea habana, volcánica; óxidos de Fe. 1) Alteración post-deposicional y desintegración de algunos minerales especialmen-
6,90 te los sil ícicos. 2) Contaminación con uno o más minerales o sedimentos biogénicos
Diatomita habana; limolita en la base. Trazas de turba y óxido de Fe. (diatomitas), en el sitio y tiempo de depósito o durante subreciente redepósito.
7,50 3) Cambio en la composición físico-química del medio ambiente sedimentario y
Diatomita limosa habana con ceniza volcánica. aporte directo de cenizas.
8,35 7.8 Al este de Bojacá, Riezebos reporta la presencia de una capa de ceniza volcánica
Diatomita interestratificada con ceniza volcánica. a 60 m de la superficie, cuya edad no es más antigua de 20.000 años. Finalmente
8,50 las secciones delgadas muestran presencia de polen fósil, siendo identificados por
Limolita diatomácea mezclada con ceniza volcánica gris verdosa: trazas de arena el autor, Clusia y Apocynaceae (??).
fina y óxidos de Fe. 7.9 El área y la secuencia litológica descrita como Formación Herrera, que descansa
9,25 discordantemente sobre la Formación Guadalupe, debe ser estudiada con más deta-
Diatomita habana clara, pura, algo de óxido de Fe. lle por los científicos y polinólogos, ya que puede aportar datos invaluables que con-
10,15 tribuirían a completar las investigaciones sobre el Cuaternario de la Sabana.
Limolita parda clara algo diatomácea (?) con fragmentos esporádicos de chert de
hasta 3 cm. En la parte media un horizonte de oxidación. 8. AGRADECIMIENTOS
11,00
Limolitas diatomáceas pardo claro; esporádicamente fragmentos de chert y are- Quiero agradecer de manera especial ísima a las directivas de Productora de Minera-
nisca de 1,5 cm; hacia la base óxidos de Fe. les S.A. y Cemento Samper S.A. por la oportunidad de adelantar la investigación y pre-
13,00 parar este trabajo. A los geólogos Alberto Lobo-Guerrero por su apoyo en la idea origi-
Limolita diatomácea idem 10% de clastos. nal, Leopoldo González O y Gloria Rodríguez por el estudio petrográfico de las seccio-
13,50 nes delgadas y toma de las microfotografías. A los químicos Ignacio Maya y Charles De
Diatomita mezclada con ceniza volcánica: hacia la parte media 20% de clastos Wilde del Laboratorio Químico de La Siberia por sus ensayos y análisis. A la señorita
de chert hasta de 1,5 cm. Alba Pérez A. por la mecanografía del manuscrito. Finalmente a todas aquellas personas
15,50 que intervinieron en la realización e investigación del trabajo hasta llevar el material
Limolita arcillosa habana. puzolánico a una etapa de explotación industrial.
16,00
REFERENCIAS
7. CONCLUSIONES
Calleja, J., 1969 — Las Puzolanas. Curso sobre Adiciones y Materiales Puzolánicos para Cementos,
lección 5.
7.1 Al Suroeste de Madrid, Cundinamarca, se presenta una secuencia litológica sedimen-
Chamberlin, C.T., 1897 — The Method of Multiple Working Hypothesis. Journal of Geology, Vol.
taria, subhorizontal, compleja, compuesta por limolitas, diatomitas y capitas de are-
V., pp. 837-868.
nisca muy fina y cenizas volcánicas, interestratificadas o mezcladas, depositadas en
De Porta, J., 1961 — La Posición Estratigráfica de la Fauna de Mamíferos del Pleistocenos de la Saba-
una subcuenca lacustre semirrestringida, de origen tectónico. na de Bogotá. Bol. Geol. U.I.S., No. 7, pp. 37-54.

212 213
í
Elbersen, G.W., 1972 — Algunas observaciones sobre las cenizas volcánicas en Colombia. Revista
C.I.A.F., pp. 7-17.
REVISTA CIAF VOL 6 (1-3), 215 - 221 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
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tion of the "Sabana de Bogotá" Colombia — South America, Geologische Medelingen V. 25 pp.
261-315, 8 fs., 45 Is, Leidse. A partir de materiales derivados de areniscas y de cenizas volcánicas, intensos fenómenos de
Van der Hammen, Th., y Parada, F.A., 1958 — Investigaciones de Algunos Importantes Yacimientos transformación de la fracción mineral permitieron el desarrollo de suelos de tipo ferrisol (Ultic Humi-
de Diatomita, Caolín y Arcillas de la Sabana de Bogotá. Serv. Geol. Nal., Inf. No. 1271 (Inédito), tropept). Estas características pedológicas se han conservado en la parte superior de la toposecuencia
Bogotá, Bol. Geol. analizada. En las partes media y baja se observa la superposición progresiva, en el tiempo y el espacio,
de fenómenos que permitieron la formación de planosoles (Natric Haplustalf). Se distinguieron esen-
cialmente procesos de empobrecimiento y lixiviación de los productos organo-minerales, acompaña-
dos por el truncamiento del horizonte eluvial en relación con factores climáticos particulares. La
datación global de la materia orgánica indica que la pedogénesis se inició hace aproximadamente
20.000 años BP, pero sólo estudios sobre las fracciones más resistentes incluidas en la humina podrían
suministrar datos acerca de la edad de los distintos fenómenos y fases de diferenciación.

ABSTRACT

Starting from those materials derivated of sandstones and volcanic ashes, very intensive
phenomena of transformation of the mineral fraction allowed the development of ferrisol-type soils
(Ultic Humitropept). These pedological characteristics have been preserved in the upper part of the
analysed topo-sequence, while in its medium and lower parts, a progressive superposition is observed,
through time and space of phenomena which permitted the formation of planosols (Natric Haplustalf).
Eluviation and leaching of the organo mineral products were eesentially distinguished, accompanied
by the truncation of the eluvial horizon in relation with particular climatic factors. The global dating
of the organic matter indicates that the pedogenesis was initiated approximately 20.000 years BP,
but only studies on the most resistant fractions, included in the humin, could eventually supply data
about the various phenomena and phases of differentiation.

1. INTRODUCCION

Los suelos que se encuentran en los flancos y en los fondos de los valles interandinos
son frecuentemente organizados en secuencias, relacionadas esencialmente con las varia-
ciones climáticas observadas en unidades morfológicas, independientemente de la altura:
las zonas de alturas relativas más bajas, que tienen un clima con tendencia a la sequedad y
contrastes de humedad bien marcados, están a menudo ocupadas por suelos con perfiles
fuertemente diferenciados, planosólicos, que poseen un horizonte argílico cuyo color
oscuro se debe a revestimientos órgano-arcillosos. En las alturas intermedias se encuen-
tran, en transición, suelos con ciertas tendencias isohúmicas, más o menos lixiviados, que
progresivamente ceden el paso a suelos con baja saturación de bases, poco o no diferencia-
dos: Ferrisoles hum íferos =Tropepts, o Andosoles (Faivre, 1977).

2. MATERIALES

Los suelos presentados en este trabajo fueron descritos en el flanco occidental del
valle de GUASCA - GUATAVITA. Ellos se desarrollaron a partir de una mezcla de pro-

* CNRS - CPB, BP 5 - 54500 - Vandoeuvre - Nancy, Francia.

215
214
Gu illet & Faivre Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundinamarca

ductos piroclásticos y de arenas procedentes de las areniscas que ocupan las partes altas
y medias de esta región, incorporándose a la nueva pedogénesis suelos terral íticos anti-
guos, especialmente en los niveles intermedios de la secuencia.
La vertiente correspondiente a esta secuencia es irregular y constitu ida por una suce-
sión de planos débilmente inclinados. La parte inferior se determina por un glacis de algu-
nos centenares de metros de largo, en donde existen perfiles más diferenciados.
La variación altitudinal entre la base y la cumbre de la secuencia es de aproximada-
mente 250 m (2.600-2.850 m).
Se describieron los siguientes perfiles:
— GUASCA 8: Altura 2.850 m — Ultic HUMITROPEPT.
Formado por una capa hum ífera espesa de 85 cm que descansa sobre un horizonte 13
rojizo, más rico en arcillas, en el cual existen algunos revestimientos delgados y disconti-
nuos de color negro (foto 1).
El contenido de carbono es aproximadamente de 3%, en los horizontes humíferos,
pero no excede 1% en el B subyacente.
La tasa de saturación de bases es baja en todo el perfil (de 20 a 30%) y el magnesio
domina netamente al calcio.
— GUASCA 7. Altura 2.780 m — Alfic HUMITROPEPT
Este perfil presenta una mol fología semejante al procedente (foto 2) pero se caracte-
riza por:
— un horizonte humífero de espesor menor (0-35 cm) que tiene todavía un color
oscuro.
— un horizonte Bth de acumulación de productos órgano-arcillosos que correspon-
den con un contraste textural nítido y revestimientos órgano-minerales negros, abundan-
... tes pero discontinuos, sobre la superficie de los elementos estructurales.
— una actividad macroorgánica (lombrices) muy importante; responsable de la exis-
Foto 1 — Perfil GUASCA 8: Ultic Humitropept Foto 2 — Perfil GUASCA 7: Alfic Humitropept
tencia de numerosos pedotúbulos en los horizontes Ay By de una estructura granular
(2850 m s.n.m.). (2/80 ni s.n.m.).
totalmente construída en A.
— El contenido de carbono es del mismo orden que en el perfil GUASCA 8. En cam-
bio, la saturación de bases es netamente más alta, acercándose al 40% en todo el perfil.
El magnesio es todavía importante pero no dominante sobre el calcio.
— GUASCA 6: Altura 2.670 m — HAPLUSTALF
La diferencia morfológica del perfil es todavía más acentuada (foto 3).
— El horizonte superficial (0-30 cm) tiene una textura gruesa. El color se vuelve mu-
cho más claro, grisáceo, mientras la estructura sufre una degradación a pesar de una activi-
dad biológica todavía intensa.
— El contraste textural entre este horizonte y el horizonte Bth arcilloso subyacente
se revela muy importante. El límite entre ambos horizontes es abrupto y plano.
Los elementos estructurales del Bth, prismáticos o blocosos angulares, están cubier-
tos por revestimientos órgano-minerales espesos (2-4 mm) y continuos, que persisten en
todo el perfil, adelgazándose hacia abajo.
— El contenido de carbono es relativamente bajo en todo el perfil (cercano al 1,5%).
Existe una curva de distribución relativamente homogénea, con un incremento ligero en
la parte superior del horizonte B de acumulación (3045 cm).
— La tasa de saturación de bases es muy alta, acercándose al 50% en el horizonte
eluvial y aumentando progresivamente para alcanzar casi 100% en la base del perfil.
— GUASCA - GUATAVITA: Altura 2.650 - 2.600 m — Natric HAPLUSTALFS
Estos perfiles ocupan la parte inferior de la vertiente, especialmente los glacis termi-

-° nales y prácticamente todas las posiciones geomorfológicas que existen en el fondo del
Foto 3 — Perfil GUASCA 6: Haplustalf Foto 4 — Perfil GUASCA 2: Natric Haplustalf valle, con excepción de la llanura de inundación y terraza más baja (Botero, 1972). La
(2670 m s.n.m.). (2650 m s.n.m.). diferenciación morfológica del perfil es máxima (foto 4):

216 217
Guillet & Faivre r Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundinamarca

centelleo (HASSKO et al., 1974). Los tiempos promedios de residencia (TMR) se calcula-
- El horizonte superficial E, eluvial (no existe horizonte A bien definido), con espe-
ron con base en un período de T-5568 años, tomando 95%de la actividad del ácido oxá-
sor de 25 cm, tiene un color blanco. Las partículas arcillosas han desaparecido casi total-
lico NBS como estandar moderno. La determinación se efectuó sobre el carbono global
mente del horizonte (menos de 4i de arcillas).
del suelo. El carbono orgánico fue dosificado con el aparato CARMOGRAPH (Wasthoff
- El horizonte Bth sub-yacente, al contrario, es muy arcilloso (aproximadamente
8) y la relación C/N determinada con el analizador CHN + O (Carlo Erba) sobre muestras
70% de arcillas), separado del superior por un contacto abrupto y plano. La estructura
homogeneizadas y molidas.
es muy desarrollada, blocosa o poliédrica, con elementos cubiertos por revestimientos ne-
gros, espesos y continuos que penetran a través del perfil hacia la profundidad en forma
4. RESULTADOS
muy intensa. En el caso del perfil GUATAVITA, existe una incorporación de los cutanes
con la matriz, debido probablemente a la existencia de movimientos vérticos en el hori-
Como en el caso de la mayoría de los suelos (Scharpenseel, 1973; Guillet, 1979), los
zonte.
perfiles aquí estudiados tienen un tiempo promedio de residencia (TM R) que crece en for-
- Existe una nueva disminución del contenido en carbono en relación con los perfi-
ma regular hacia la profundidad. Este gradiente de TMR aparece como la consecuencia de
les anteriores (menos de 1%), con un incremento notorio en Bt.
las variaciones del ciclo biológico (turn - over) de la materia orgánica. En los horizontes
- La saturación de bases es muy elevada (siempre superior a 75%), exceptuando en
superficiales el ciclo es más rápido que en los horizontes profundos, en razón de la llegada
el horizonte superficial. El magnesio y el calcio desarrollan un papel equivalente entre sí.
de materia fresca procedente de la rizosfera o de las partes aéreas de los vegetales, lo que
El sodio es a menudo abundante (casi 10/1, no obstante, presenta un pH cercano a la
tiene como consecuencia "edades aparentes" más recientes hacia la superficie que hacia la
neutralidad.
profundidad. Sin embargo el examen de los datos (Cuadro 1) conduce a dos clases de ob-
Desde el punto de vista mineralógico, los productos observados varían poco a poco
servaciones:
a lo largo de toda la secuencia. Las fracciones arenosas están constitu idas casi exclusiva-
mente de productos sil íceos (cuarzo). Los productos arcillosos también son poco varia-
bles; los minerales 1/1 son casi exclusivos, con una fracción mal cristalizada (mezcla de CUADRO 1 - ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LOS SUELOS Y RESULTADOS
caolinita y metahaloisita). En la parte alta de la secuencia (GUASCA 7 y 8), estos minera- DE LOS ANALISIS 14 C
les están asociados con un poco de gibsita, que se presenta bajo la forma de pequeños nó-
dulos irregulares blancuscos o amarillentos, de algunos milímetros de diámetro. Tiempo promedio de
La variación más sensible en la naturaleza de los constituyentes del suelo aparece al Arcillas C Capa de suelo residencia de la mate-
nivel de la fracción orgánica. La relación C/N de la materia orgánica global del suelo dis- Horizonte % 'á C/N datada (cm) ria orgánica (anos BP)
minuye con la altura de modo muy sensible. Los estudios especiales por fraccionamiento
de la materia orgánica muestran que la humina, que constituye una fracción importante, 3,5 13,5 12 - 18 Moderno
GUASCA 8 Ah1 65
tiene una evolución bastante semejante, particularmente a nivel de los horizontes B. Esto 3,1 13,5 37 - 43 2 250 ± 65
Ultic Hurnitropept Ah? 61 2.9 16,5 57 - 62 3 060 - I: 80
indica que fa evolución de los perfiles por lixiviación está acompañada por una estabiliza-
(Caohnita - Haloisital Bt h 77 1,6 17,0 85 -- 95 10 560 ± 100
ción preferencial de productos ricos en nitrógeno en la humina de los horizontes Bt,
C 70 0,6 n.d. 120 - 125 16 945 ± 280
como consecuencia de procesos de reorganización biológica y de fenómenos de adsorción
sobre las arcillas. GUASCA 7 Ah1 50 4,4 13,5 8 - 15 620 ± 75
En conclusión, la evolución pedológica en esta secuencia se traduce por: Alf ic Hurnitropept Ah? 61 3,7 15,0 25 - 30 2 930 ± 80
- Una diferenciación morfológica cada vez más acentuada cuando la altura disminu- (Caolinita • Haloisita • B th 60 2,7 21,0 38 - 43 6 605 ± 95
Gibsital Bt2 60 1,3 21,0 55 - 65 12 070 it 135
ye como consecuencia de una redistribución en el perfil de los productos órgano-minera-
Bt3 66 0,7 22,0 70 - 120 19 700 ± 280
les, en relación probable con el cambio de los factores climáticos.
- Sin embargo, esta evolución progresiva de los perfiles no corresponde a una evolu- GUASCA 7 A 25 1,0 16,0 5 - 15 840 ± 75
P
ción mineralógica diferente, sino a una organización diferente de las constituyentes. sol planosolique Ah 28 1,1 16,0 20 - 27 n.d,

- La saturación de bases aumenta de modo considerable a medida que la altura dis- Haplustall Bth 50 1,8 17,0 40 - 45 4 430 ± 85
(Caolinita - Halo sita) El t 2 49 0,9 18,0 52 - 65 12 920 ± 120
minuye y que el clima se torna más seco.
Bt/C 48 0,4 n.d. 70 - 80 n.d.
- En relación con la materia orgánica, esta diferenciación pedológica se acompaña
con un enriquecimiento en productos ricos en nitrógeno, particularmente sensible en la GUASCA 2 E2 4 0,5 11,0 15 - 22 n.d.
humina. planosol Bth 66 1,4 13,0 33 - 40 4 635 ± 85
Natric Haplustalt 6t 2 50 -0,5 23,0 50 - 60 n.d.
(Caolinita • Haloisita) 8t3 54 0,4 16,0 60 - 90 n.d.
3. METODOS

GUATAVITA E2 13 0,6 10,5 10 - 20 Moderno


Se aislaron capas bien delimitadas en el interior de cada horizonte. Cada muestra planosol 17 0,5 15,5 27 - 35 n.d.
E3h
se molió ligeramente y se tamizó sobre un tamiz de 500 micras, lo que permitió eliminar Natric Haplustalr 1,1 13,0 40 - 50 6 520 ± 95
8121h 53
una importante proporción de fragmentos vegetales (raíces). Las muestras se dataron (Caohnita - Haloi sita) 1,2 14,0 55 - 60 6 710 ± 95

según el método de centelleo I íqu ido, que implica una combustión de la materia orgánica
con oxígeno y transformación por catálisis del CO2 en C6H6, que sirve de solvente de n.d. = no determinado

218 219
Guillet & Faivre
Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundinamarca
a) Estimación de la edad de las formaciones piroclásticas. El alto valor (19700 ± 280
estructurales entre la base y la cima del horizonte.
AP) suministrado por la base del horizonte Bt del perfil GUASCA 7, permite sugerir que
De otro lado, la integración de los argilanes en la matriz puede explicarse por la ex is-
los perfiles de la parte alta de la secuencia (GUASCA 8-7-6) se desarrollaron a partir de
tencia de procesos ve' ticos, cuya existencia induce generalmente una ausencia de gradien-
un material depositado hace más de 20.000 años.
te de edad (Scharpenseel y Pietig, 1971).
Se puede admitir que las cenizas volcánicas, que desarrollan un papel muy importan-
te en este material, pueden corresponder con una o las dos fases de depositación fecha-
5. CONCLUSIONES
das por Van Geel y Van der Hammen (1973) en 33000 - 26000 años y 23000 - 21000
años BP.
— Los materiales piroclásticos mezclados con los productos arenosos autóctonos
b) Relación entre el TMR de la materia orgánica global del suelo y la pedogénesis.
fueron depositados hace aproximadamente 20000 años.
— El suelo presente en la parte superior de la secuencia (GUASCA 8) tiene un ho-
— Estos materiales se meteorizaron y los productos de alteración fueron mejor con-
rizonte Ab1 biológicamente muy activo: la materia orgánica global es muy joven
servados en las partes altas de las secuencias.
cf 14C =+ 10,9%) y la relación C/N, relativamente baja. En la base del horizonte hu-
— Las pedogénesis que ocurrieron en el curso de los 20000 últimos años condujeron
mífero, aumenta progresivamente el TMR, indicando una buena estabilidad biológica y
a fenómenos intensos de transformación de la fracción mineral, que puede inducir suelos
físico-química de los compuestos orgánicos fijados en la superficie de los minerales arci-
de tipo ferrisoles (Ultic HUMITROPEPTS) que dominan actualmente en las alturas supe-
llosos, especialmente de los que tienen grandes superficies específicas (haloisita). Al nivel
riores.
del horizonte Bth el TM R aumenta en forma considerable (10560 ± 100 BP).
— Es probablemente a partir de un material pedológico semejante, anteriormente
— El perfil intermedio (GUASCA 7), muestra fenómenos de lixiviación más marcados
meteorizado, que se diferenciaron los perfiles planosólicos descritos en las alturas inferio-
que se traducen por una disminución importante de la cantidad de minerales arcillosos
res de la secuencia, así como lo demuestran los estudios mineralógicos y micromorfológi-
presentes en el horizonte superficial Ah (0-20 cm). Este suelo presenta cierta semejanza
cos (Faivre y Jamagne, 1979). L•s estados intermedios de diferenciación tienen caracte-
con el perfil anterior, es decir, contenido relativamente alto en carbono (4,4%) con un
rísticas semejantes a los suelos isohúmicos.
decrecimiento regular y progresivo hacia la profundidad en relación con una actividad
— La última fase pedogenética que conduce a la formación de los planosoles, se debe
macrobiológica intensa, relación C/N baja, características que traducen un ciclo biológi-
a fenómenos de empobrecimiento y lixiviación de los productos órgano-minerales, acom-
co activo. En consecuencia es algo sorprendente encontrar un TMR tan elevado
pañados por un truncamiento del horizonte eluvial en razón de la existencia de factores
(620 ± 75 BP) desde la superficie. Estas contradicciones suponen un origen complejo de
climáticos particulares.
la materia orgánica: una fracción es reciente y lábil, mientras la otra, fuertemente estabi-
— La formación de los planosoles se sobrepone en el tiempo y en el espacio a pedoge-
lizada sobre la materia mineral, es más antigua. La actividad macrobiológica puede sumi-
nesis anteriores. Los fenómenos de diferenciación disminuyen en intensidad con la altura,
nistrar parcialmente una explicación; sin embargo, es necesario tener en cuenta la dismi-
es decir que los suelos presentan evoluciones pedológicas menos complejas con un núme-
nución de espesor del horizonte superficial, debido a los fenómenos de lixiviación y un
ro de fases evolutivas más reducidos.
empobrecimiento acompañado por un truncamiento correlativo que acerca a la superficie
En el contexto bioclimático actual, es en la parte media de la topo-secuencia, donde
las capas profundas, con una materia orgánica necesariamente más antigua.
se perciben mejor los términos transicionales de evolución entre suelos con características
— Una hipótesis parecida puede ser propuesta para el horizonte Ap del suelo plano-
vecinas a los suelos isohúmicos y planosoles (GUASCA 7 - GUASCA 6).
sálico GUASCA 6. El tiempo promedio de residencia (840 ± 75 BP) integra el origen
— Los estudios de datación global de la materia orgánica no permiten precisar la edad
complejo de la materia orgánica. En consecuencia es muy probable que la diferenciación
exacta de los fenómenos de diferenciación. Sin embargo, un fraccionamiento de la mate-
morfológica del perfil sea acompañada también con un truncamiento de la parte superior
ria orgánica y la datación de las fracciones más resisientes, incluirlas en la humina, po-
del perfil.
drían suministrar más datos al respecto.
— En la parte inferior de la secuencia, el planosol de GUATAV ITA muestra una dife-
renciación textura! óptima. El horizonte E, a pesar de ser eluviado en arcilla y en materia
6. REFERENCIAS
orgánica, es biológicamente muy activo (C/N = 10,5). La fracción orgánica global es muy
joven cr 14C = m El contenido máximo de materia orgánica se sitúa a nivel del
horizonte Bth en donde los compuestos húmicos iluviales están estrechamente ligados Botero, P.J. 11972) — Soils of Guatavita (Colombia). 127 p., mapa, I.T.C., Enschede.
Faivre, P 11977) — Sols á perfil différencié planosolique á horizon Bt noir de Colombie. Bull AFES -
con las arcillas. Estos productos de translocación constituyen cutanes, que se integran
Science du Sol, No. 2. papes 95-110.
progresivamente en la matriz. Los valores altos del TMR de la materia orgánica de este Faivre, P. & Jamagne, (1978) — Micromorfológia de algunos suelos con perfiles fuertemente diferen-
horizonte Bth (6250 ± 95 y 6710 ± 95 años AP) nos indican que los procesos de migra- ciados de los Andes Colombianos. Suelos ecuatoriales, No. 1, p. 31-38.
ción empezaron hace mucho tiempo. Guillet, B., (1979) — Etude du renouvellement des matiéres organiques des sois par les radioisotopes -
La ausencia de una gradiente del TM R a través del horizonte merece ser destacada y in: Bonneau et Souchier (Ed.), Pedologie, T. 2, p. 210-225; Masson - Paris.
Hassko, B., Guiller, B., Jaegy, R. & Coppens, R., (1974) — Nancy natural radiocarbon measurements.
puede encontrar dos explicaciones:
III. Radiocarbon, 16 (1), p. 118-138.
— La ausencia al nivel del Bth de raíces cuya penetración es impedida por una capa en- Scharpenseel, H.VV., (1972) — Natural Radiocarbon measurement of soil and organic matter fractions
durecida, ubicada en la base del horizonte E, a la diferencia de los otros perfiles en donde and on soils profiles of different pedogenesis. Proceed. 8th Int. Conference on radiocarbon
existe un aporte decreciente de materia orgánica rizosférico fresca hacia la profundidad. dating - Wellington, New-Zealarrd, p. 382-393.
— Por otra parte, existe una iluviación, cuya intensidad es casi igual en todo el horizon- Scharpenseel, HSJ & Pietig, F., (1971) — University of Bonn natural radiocarbon measurements IV.
Radiocarbon, 13, (2), p. 189-212.
te, y que se traduce morfológicamente por la ausencia de variaciones en los rasgos micro-

220
221
REVISTA CIAF VOL 6 11-31, 223 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

MORFOGENESIS DE LA CUENCA DEL RIO GRANDE


(ANTIOQUIA, COLOMBIA)

Michel Hermelin", Fabián Hoyos P.

RESUMEN

La cuenca del Río Grande, en la zona central de Antioquia, presenta un conjunto de característi-
cas que permiten el estudio, en un área relativamente reducida, de problemas de la evolución morfoge-
nética de zonas tectonicamen te activas en el trópico húmedo: litología simple a escala global, formada
por cuerpos extensos de anfibolitas y metasedimentos del Paleozoico, rocas graníticos del Batolito
Antioqueño, del Cretáceo, y sedimentos cuaternarios; estructura posiblemente generada por una tec-
tónica de tensión que permitió el desplazamiento vertical de grandes bloques; clima tropical durante
los últimos períodos con alternancia de periodos pluviales e interpluviales y geoformas heredadas.
El análisis geomorfológico de esta cuenca da lugar a hacer una generalización interesante: en
zonas tectónicamente activas en el trópico húmedo el principal proceso morfogenético consiste en
amplios movimientos de masa, producto de la coexistencia de relieves elevados, regolitos profun-
dos, condiciones de humedad tales que aseguran su saturación y. posiblemente, actividad sísmica:
donde el relieve es bajo, los movimientos de masa son menores y llegan a predominar las formas
heredadas. Finalmente, los elementos de análisis aportados por el estudio geomorfológico de la cuen-
ca permiten avanzar en la hipótesis de un origen parcialmente tectónico para el Valle del Río Mede-
llín - Porce.

ABSTRACT

In the Basin of Río Grande, Central Zone of Antioquia, have been taken under study the
problems of morphogenetic evolution of those areas which are tectonically active, in the humid
tropics, and where the mass movements are predominant in the first place, being followed by
inhentated forms. The hypothesis of a partially tectonic origin is suggested for the Valley of the Mede-
llín - Porce River.

• Instituto de Investigaciones Geológico Mineras - Cra. 30 No. 51-50, Bogotá - Colombia.

223
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 225 - 242 11981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

RELACIONES ENTRE OCUPACIONES PREHISPANICAS Y SUELOS


NEGROS EN LA CUENCA DEL RIO CAQUETA EN COLOMBIA

Leonor Herrera*

RESUMEN

Arqueólogos y geógrafos de la Expedición Colombo-Británica Amazonas 77, llevaron a cabo ex-


cavaciones en un sitio localizado frente al Chorro de La Sardina en el Rio Caquetá (Comisaría del
Amazonas).
El depósito cultural alcanza allí varias hectáreas en extensión y 1.20 rn de profundidad y está
asociado con un antrosol de color oscuro, alto contenido de fósforo utilizable, calcio y materia orgá-
nica, por comparación con Inceptisoles de terraza adyacentes y con la generalidad de los suelos de la
región.
Antrosoles como el de La Sardina se encuentran en la Amazonia Brazileña y allí reciben el nom-
bre de torra orate; en Colombia es esta la primera vez que se encuentran.
El material cultural asociado consiste en cerámica de dos estilos diferentes que fueron definidos
y fechados en el Sitio Playa de Araracuara. Cantaor, la cerámica más antigua es sencilla pero bien
hecha, sin ninguna otra decoración fuera de baño rojo y tiene una fecha de 200 A.D. La transición
entre esta cerámica y la siguiente tiene una fecha de 700 A.D. y la cerámica Nofurei tiene una fecha
final de 1.200 A.D.. Esta última cerámica se caracteriza por formas más elaboradas y variedad de esti-
los decorativos, entre los cuales es importante la técnica de acanaladuras combinadas con pintura roja
y blanca en motivos de espirales y meandros, pues es característica de la cuenca Amazónica y. iecibe
el nombre de Tradición Polícroma.
Sobre el tipo de actividad humana que se desarrolló en el sitio poco hemos averiguado hasta el
momento y tampoco podemos decir si estos antrosoles fueron o no intencionalmente modificados.

ABSTRACT

In 1977 archaeologists and geographers of the Anglo-Colombian Amazonas Expedition conduc-


ted excavations in an anthrosol at the site of La Sardina on the River Caquetá in Colombia. This
anthrosol had developed over a depositional terrace of Pleistocene date.
Several test pits and small trenches were dug in the site, with further test pits in adjoining terrace
Inceptisols which showed no traces of ancient human disturbance. Samples were taken and analyzed
and the results are compared in this paper.
The anthrosol is dark in colour and is 1.20 m thick with sherds and tiny bits of charcoal throu-
ghout. Available phosphorus is considerably higher, calcium and pH slightly higher than in the Incep-
tisols; organic carbon content is about the same but higher than the average in the area. Because of
these chemical differences this soil is more fertile than the Inceptisols.
Soils very similar in chemical composition and with archaeological material have been reported
in Brasil, where they are known by the term farra preta de indio (indian black soils).
The archaeological material associated with the anthrosol is not dated at the La Sardina site, but
closel y resembles that found at Araracuara, 22 km upriver, excavated from a midden. There the oldest
pottery has a date of 200 A.D.; named Camani it is plain but well made and shows no traces of decora-
tion apart from red slip. At about 700 A.D. it is replaced by the Nofurei pottery style which is rather
elaborate and decorated in a variety of ways, the most caracteristic being chanelling combined with
red and white paint in meandering scroll like motifs. This decorativa technique is widespread in the
Amazon Basin and is the key for defining the Polychrome Horizon, from aproximately 600 to 1.300
A.D.. At Araracuara this pottery has a terminal date of 1.200 A.D.
Since the excavations were on a small scale and mainly for the purpose of obtaining samples,
they yielded little information about the activities conducted there originally. So far the evidente in

• Instituto Colombiano de Antropología. Apartado Nacional 407, Bogotá Colombia.

225
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Caquetá
Herrara

insufficient to indicate whether or not the chernical composition of the anthrosol was alterad inten-
tionally by the Indian.

Como parte de las actividades de la Expedición Colombo-Británica Amazonas 77,


se llevaron a cabo, en la región de Araracuara (Comisaría del Amazonas), investigacio-
nes arqueológicas, en las cuales participaron W. Bray, A.M. Falchetti, L. Herrera, E. von
Hildebrand y C. McEwan. Paralelamente se hicieron estudios de geomorfología y suelos,
a los cuales, gracias a la amabilidad de sus autores especialmente M. Eden, he tenido acce-
so antes de su publicación.
Se realizaron excavaciones arqueológicas en varios sitios (Bray et al., 1977). A con-
tinuación se presentarán los datos del Sitio La Sardina que está localizado sobre la mar-
gen sur del Río Caquetá, 22 km abajo del asentamiento de Araracuara y 5 km abajo de
la confluencia de los Ríos Yarí y Caquetá (Fig. 1).
En este lugar el río forma un rápido; esto lo hace punto obligado de pausa en viajes
por el río y sitio privilegiado para la explotación de recursos fluviales, especialmente
en época de subienda. Hoy, sin embargo, el sitio está cubierto por vegetación de selva
antigua y en las cercanías vive únicamente una familia indígena, pero en general en las
riveras del Río Caquetá entre Araracuara y La Pedrera (la población más próxima río
abajo), hay poquísimas viviendas.
En el área general de la Sardina ocurren afloramientos locales de rocas ígneas ácidas
y metamórficas que pertenecen todavía al Escudo de las Guayanas; la mayor parte de la
zona que bordea el río consiste sin embargo, de terrazas deposicionales pertenecientes
al Pleistoceno. Los materiales superficiales varían en textura de franco-arcillo-arenosa a
arcillosa y son bien drenados (M. Eden, comunicación personal; Eden et al.). Los suelos
de terraza fueron clasificados por J. Morelo como Inceptisoles (comunicación personal).
El área propiamente arqueológica, sobre la cual se encontró material cerámico, pre-
O
senta características diferentes a las de la zona general. El material cultural define un
área de ocupación humana que cubre varias hectáreas, desde la llanura de inundación in-
mediata adyacente al río, hasta unos 500 metros tierra adentro, ya en el primer nivel de
la terraza fluvial. Los límites aproximados del sitio se definieron por pequeños pozos
de sondeo. Se excavaron además dos pozos más amplios, de 1 m x 1 m, para obtener oPTO- ARTURO
muestras de suelos y material cerámico estratificado.
P is+o de
El pozo 8 produjo mayor profundidad de material cultural; estaba localizado a 100 Aterri:aje
Solto de AmARAc
metros de la orilla del río, en la pendiente suave del borde de una terraza de inundación
Arorocuara
baja, en un punto que está aproximadamente a 200 metros de altura sobre el nivel del
mar.
El pozo se excavó hasta la roca madre que se encuentra allí entre 1.08 y 1.20 m de
profundidad. M. Eden recogió y analizó muestras de suelo en este pozo, en cuanto a
color, estructura y contenido de varios elementos químicos. A continuación se usan
parte de los resultados de estos análisis (Fig. 3).
Entre los 5 y los 15 cm de profundidad se encuentra un suelo franco arenoso de
color gris muy oscuro (10 YR 3/1).
Entre los 15 cm y los 90 cm hay un cambio en la coloración del suelo hacia un
tono carmelito grisoso muy oscuro (10 YR 3/2). Dentro de esta zona amplia se alcan-
• t inos o
zan a dar sin embargo ciertas diferencias, en franjas alternadas, con un mayor o menor
énfasis en el color carmelito.
A partir de los 90 cm, hasta llegar a la roca madre se presentan fragmentos de roca o
alterada.
Se dan, hacia abajo en este perfil, cambios en la estructura del suelo que va de fina
Figura 1 — Mapa de la Región de Araracuara (escala 1:400.0001.
granular a fina subangular en bloques, pero siempre friable. Las raices son abundantes cer-

227
226
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cagueta
Herrara

SUELO ARQUEOLOGICO I NCE P TI SOLS


o
hojas, vegetación 5 carmelito grisoso
gris muy oscuro muy oscuro
10 YR 3/1 15 10 YR 3/2
20
carmelito grisoso
muy oscuro 30

10 YR 3/2
40 carmelito amarillento
oscuro
50 10 YR 4 /4

60

70
rojo amarillento
80 10 YR 5/6
a
90 carmelito amarillento
claro
carmelito griseso 10 YR 6/4
muy oscuro 100
10 YR 3/2
110

roca madre 120



••••••••••

cm

Figura 3 — Coloración de los Suelos (de acuerdo con Munsell Soil Color Charts).

Zona de areniscas
IJ
Superficie de
materiales arcilleSos
Terrazas y zona
aluvial

Figura 2 — Mapa de Unidades de Tierra en la Región de Araracuara. Adaptado de la Figura 2 en


Eden et. al. (escala 1:200.000).
229
228
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del rio Cagueta
Herrera

ca a la superficie y disminuyen hacia abajo. más soluble (1977. p. 1328). Efectivamente, como ya se anotó, el Sitio La Sardina esta
A partir del comienzo del suelo propiamente dicho y hasta llegar a la roca madre se sobre la terraza de inundación mientras que el de La Pista de Aterrizaje está a casi un
encuentran pequeñas manchas de carbón y abundante material cerámico cuya concentra- centenar de metros sobre el nivel del río. Por otro lado, el fósforo utilizable es volatil y
ción mayor se da entre los 50 y los 70 cm de profundidad. sufre variaciones estacionales según R. Eidt (comunicación personal) y como hubo un lap-
En las inmediaciones del sitio arqueológico hizo M. Eden varios pozos de sondeo so de casi dos meses, durante la época de transición invierno-veranillo, en la recolección
para obtener información comparativa. Los inceptisoles adyacentes son franco a franco- de las muestras de los dos sitios, este hecho pudo haber influido también.
arcillo-arenosos y tienen una coloración que va del carmelito grisoso muy oscuro (10 YR En cuanto al contenido de carbono orgánico no hay mayores diferencias entre el
3/2) al carmelito amarillento oscuro (10 YR 4/4). El subsuelo (entre los 70 y los 100 suelo arqueológico de La Sardina y los Inceptisoles de terrazas adyacentes (Fig. 4),
cm de profundidad) es de color rojo amarillento (10 YR 5/6) a carmelito amarillento pero sí de estos dos con la generalidad de los suelos de la región, cuyo contenido es
pálido (10 YR 6/4) presentando así un marcado contraste con los suelos arqueológicos usualmente de 0.5%. Para el suelo arqueológico fluctúa entre 2.2% en el estrato superfi-
en los cuales la coloración oscura persiste hasta una mayor profundidad (Fig. 3). cial y 1.2% en el estrato inferior. Estas cantidades son suficientes para darle al suelo una
Otra diferencia importante entre los Inceptisoles y el suelo arqueológico está en el coloración oscura (R. Eidt, comunicación personal).
contenido de fósforo utilizable (medido por el método Bray), que en los Inceptisoles Otras diferencias se dan con el contenido de calcio utilizable, que es de 8 ppm para
está entre los 11 y los 24 ppm (para muestras tomadas en los primeros 10 cm), mientras el nivel 5-15 cm en el suelo arqueológico y de hasta 5 ppm para la superficie de los Incep-
que en el suelo arqueológico alcanza los 36 ppm a una profunfidad similar, lo cual indi- tisoles. Esta diferencia podría deberse, según C. Domínguez (comunicación personal), a
ca actividad humana (Fig. 4). la concentración de huesos de pescado, lo cual sería muy lógico en un sitio privilegiado
para la pesquería. Según R. Eidt (comunicación personal), el hidróxido de apatita que
contienen los huesos y que en ciertas condiciones perdura por períodos prolongados (en
términos arqueológicos) en suelos tropicales, explicaría el alto contenido de calcio en un
Fósforo Carbono Calcio suelo ácido. Por otro lado también los huesos de pescado podrían, a través del fosfato
utilizable orgánico intercambiable pH de calcio haber contribuído al alto contenido de fósforo utilizable.
(l3F)m) 5's (PPm) También hay diferencias en la acidez, menor en los suelos arqueológicos que en. los
Inceptisoles (Fig. 4); según C. Domínguez (comunicación personal) esto podría deber-
Suelo arqueológico se a las cenizas producidas por el moqueado de pescado, ya que son basificantes. El
5-15 36 2.2 8 4.7 fosfato de calcio de los huesos y la materia orgánica contribuirían también a subir el
pH.
75 — 100 cm. 15 1.2 4 4.5
Se puede decir que la fertilidad de los suelos arqueológicos es superior a la de otros
suelos de la región, inclusive los suelos coluviales, debido al contenido más elevado de
Suelos minerales
fósforo, calcio y materia orgánica.
(terrazas)
Tres características fundamentales del suelo arqueológico en la Sardina (extensión,
0 - 10 11/24 2.3/3.5 3/5 4.0/44 profundidad y persistencia a través de ésta de una coloración oscura, así como asocia-
ción con material cerámico) permiten asimilar estos suelos con las terras pretas de indio
descritas para varios lugares de la Amazonía Brazileña. Allí ocurren en lugares planos y
en áreas relativamente pequeñas, de menos de 1.000 m2 (Salgado Vieira et. al, 1971;
Figura 4 — Características Químicas de los Suelos Sombroek 1966).
Salgado Vieira (op. cit. p. 30) ha hecho análisis de suelos de este tipo en el estado
El contenido de fósforo utilizable es, sin embargo, relativamente bajo aquí por com- de Pará; comparando sus datos con los nuestros se nota que las terras pretas allí tienen
paración con el Sitio Pista de Aterrizaje de Araracuara (Fig. 1), en donde también se un mayor contenido de carbono, que puede alcanzar hasta 7.95 g/100 g. El mismo autor
desarrolló un suelo negro de características y extensión muy similares a los de La Sardi- califica estos suelos como de buena fertilidad y dice que hoy en día son frecuentemente
na, pero sobre un material parental diferente, o sea el macizo de arenisca de la escarpa utilizados para cultivos anuales sin fertilización artificial o prácticas agrícolas especiales.
de Araracuara, en el área en donde el Río Caquetá se encañona profundamente (Fig. 2). Aunque no se descarta la posibilidad de que las terras pretas hubieran existido pre-
Allí el fósforo utilizable es de 17 ppm para los 75-80 cm, y de 71 ppm para los prime- viamente a la ocupación humana y que sus características hubieran atraido ésta, las evi-
ros 10 cm. dencias parecen indicar que se trata de antrosoles, definidos por R. Eidt como suelos cu-
En la comparación de los resultados en estos dos sitios hay un punto oscuro, ya que yas características químicas han sufrido una alteración significativa debido a la actividad
el Sitio Pista de Aterrizaje tiene una menor concentración de material cultural y una me- humana (1.966: 1327). Es posible afirmar que se encuentran yacimientos arqueológicos
nor profundidad de éste, de manera que lógicamente el contenido de fósforo debería en suelos que no son terras pretas, pero que las terras pretas tal como han sido analiza-
ser mayor en La Sardina. das por Salgado Vieira, Sombroek, Eden y otros autores, siempre tienen material cultural.
Aquí pueden haber influido, según M. Eden (comunicación personal), factores como Para Colombia las dos áreas estudiadas constituyen, tal vez, las primeras ocurrencias
edad diferente de los sitios o variaciones en el proceso de lixiviación posteriores al aban- de terra preta de que se tiene noticia, pero por otro lado las investigaciones arqueológi-
dono de los sitios. Según R. Eidt el contenido de fósforo utilizable puede disminuir en cas en la Amazonía Colombiana han sido sumamente escasas. E. von Hildebrand, quien
suelos iriundables por reducción del fosfato férrico a ferroso, que no es cristalino y es hace unos años excavó en La Pedrera (población a orillas del Río Caquetá cerca a la

231
230
Herrero

frontera con el Brasil), dice que el suelo allí está compuesto por arcillas amarillo-rojizas
donde aparecen manchas negruzcas; en sus pozos de sondeo menciona que el estrato su-
perficial es de 40 cm de profundidad y consiste de tierra negruzca, seguida por un estra-
to de greda amarillenta (1976, p. 151). Teniendo en cuenta que los suelos no arqueoló-
gicos de La Sardina tienen también una coloración oscura es difícil llegar aqui a una con-
clusión.
Por otro lado, L. Mejía y otros agrólogos hicieron en 1980 un perfil para análisis de
suelos en un lugar cercano al Sitio Pista de Aterrizaje y encontraron un suelo negro de
1.50 m de profundidad que denominaron Conjunto Fosforita. El contenido de fósforo
utilizable (medido por el método Bray) varía allí entre 260 y 430 ppm, lo que permite
pensar que éste haya podido ser la parte central del asentamiento arqueológico, aunque
ellos no pueden precisar si había material cerámico. Consideran muy fértil este suelo y
recomiendan transportarlo a otros lugares y mezclarlo con otros para mejorarlos (L.
Mejía, comunicación personal).
En cuanto a la edad de las terras pretas, para el Sitio de la Sardina no hay fechas
de 14 C, pero las características del material cerámico permiten establecer comparaciones
con otros sitios mejor definidos temporalmente.
En el Sitio Playa, localizado a la orilla del Río Caquetá frente al asentamiento de
Araracuara, se excavó un basurero de 40 cm de profundidad claramente estratificado en
dos fases de deposición (Bray et al. 1977: 9-12). En los niveles inferiores (A3 y A4) se
encontró una cerámica sencilla pero competentemente elaborada y con baño de pigmen-
to rojo como único detalle decorativo, que se denominó Camani. En el nivel A2 la cerá-
mica se caracteriza por formas elaboradas y la presencia de decoración por acanaladuras
que limitan áreas de pintura roja o roja y blanca, formando complejos diseños de líneas
y meandros. Se llama Nofurei a esta cerámica.
En el Sitio de La Sardina no se da una división nítida en dos períodos de ocupación,
sino una mezcla muy notoria en los estratos intermedios, de materiales de las dos fases
definidas en el Sitio Playa; esto puede deberse en gran parte a la acción de insectos y
otros animales y raíces, durante el largo tiempo en que el sitio ha estado deshabitado
después de su abandono (recuérdese que hoy está cubierto por vegetación de selva
antigua).
En los dos pozos excavados se profundizó por niveles arbitrarios de 10 cm. En el
pozo A se encontró el nivel freático a los 55 cm. El pozo B se excavó hasta la roca madre
a los 1.08 — 1.20 m de profundidad. En ambos pozos hay en todos los niveles una alta
proporción de material cerámico muy similar al de la ocupación Nofurei en el Sitio Pla-
ya, pero más barroco. En el pozo A aparece material diagnóstico Camani a partir de los
40-50 cm de profundidad, mientras que en el pozo 13 comienza a aparecer desde el nivel
0-10 cm.
Las siguientes son las características generales de la cerámica Nofurei y las particula-
ridades que asume en el Sitio La Sardina.
Como desgrasante se utilizaron dos materiales: caraipé (corteza de árboles ricos en
sílice, quemada y triturada) y carbón, individualmente o mezclados. Ocasionalmente apa-
recen inclusiones de algo así como diminutas peloticas de arcilla rosada o habana, que
podrían ocurrir naturalmente en la greda o haber sido agregadas intencionalmente. El
desgrasante de tiesto molido ocurre muy raramente. 5 Cm
Se hicieron recipientes en una variedad de formas, que se han reconstruido sobre
papel a partir de fragmentos, como los ejemplos de la (Fig. 6). La mayor frecuencia de
bordes la tienen los evertidos en ángulo recto; vienen en diferentes anchos, simples
(Fig. 5g, Lámina I) y engrosados (Fig. 5f, h, i), a veces cóncavos, o con recortes ovala-
dos o escalonados (Lámina IV c) o con muescas. Estos bordes corresponden a formas
que van desde el recipiente globular con cuello restringido (Lámina I), pasando por las

232
Herrera Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cequeta

J)

1 f

Figura 5 — Bordes de Vasijas. Cerámica Camani: a - e; Cerámica Nofurei: f - i.

236 237
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cequetá
.
Herrero
vasijas de boca ancha (Fig. 6e, f) hasta llegar a los cuencos pandos con cuerpo biselado
(Fig. 6c, e). Una característica de forma queparece ser exclusiva para el material de la
Sardina son los biseles o ángulos no muy marcados, en la parte media del cuerpo de vasi-
jas globulares o semiglobulares. Se encuentran fragmentos de platos pandos (Fig. 5a, b)
frecuentemente con impresiones de hojas en la base. Hoy en día en la Amazonía se uti-
liza el budare, en manufactura y forma muy similares a los ejemplares arqueológicos,
para cocer el pan de yuca brava. Los budares eran colocados sobre soportes cilíndricos o
en forma de reloj de arena, también elaborados en barro cocido.
El grueso de las paredes de las vasijas se agrupa entre los 5 y los 7 mm. Los diámetros
en el borde varían entre 15 y 60 cm, pero se agrupan entre 25 y 50 cm.
Los recipientes fueron quemados a temperaturas bajas, pues con frecuencia se pre-
b sentan núcleos grises y el sonido de la cerámica al ser golpeada es sordo. Los colores de
las superficies varían entre el gris oscuro y claro al habano claro, al rosado y finalmente
al habano rojizo.
Aproximadamente una cuarta parte del material recogido ha perdido por erosión su
superficie original. El tratamiento más frecuente de la superficie es el alisado en diversos
grados, que van desde el más somero, hasta pulimento que refleja la luz.
La técnica decorativa más frecuente es el baño de pigmento rojo en toda la superfi-
cie exterior, o zonificado a partir de cierta parte del borde. Las vasijas que reciben baño
rojo están atemperados con desgrasante más fino que el promedio para las vasijas que
solo recibieron aislamiento.
En La Sardina hay una técnica decorativa que se da con más frecuencia sobre vasijas
de baño rojo y consiste en bandas de pastillaje que rodean el borde o el cuerpo de la vasi-
ja (Fig. 5i, j; Lámina IV a) y terminan con una parte de la banda sobrepuesta a la otra
d (Lámina IV b). También se logra un efecto similar, de bandas anchas en alto relieve, por
técnica de modelado.
Sigue en importancia una técnica decorativa, que consiste en dibujar sobre la super-
ficie fresca de la vasija, utilizando un instrumento de punta roma, para lograr acanaladu-
ras. Los motivos son curvilineales: espirales de forma rectangular con bordes curvos, que
terminan en puntos o se amplían en crestas escalonadas (Láminas I, II, I I I ). Las acanala-
e duras o el espacio delimitado por éstas se rellenaron con pintura roja formando así áreas
contrastantes. Algunos fragmentos muestran rastros de pintura blanca (Lámina II) que
desaparece muy fácilmente con el agua o simplemente al tacto; es posible que una buena
cantidad de fragmentos hubiera tenido esta pintura blanca, que desapareció totalmente.
Esta es la decoración que se coloca dentro de la Tradición Polícroma Amazónica.
Otra forma de decoración muy característica es la de finas líneas incisas delimitando
áreas rellenas con puntos también finos (Lámina V e); el desarrollo de los motivos mues-
f tra cierta similitud con los de la cerámica acanalada y pintada, arriba descrita. Este tipo
de decoración al parecer se aplicó únicamente sobre una forma de vasija: cuencos de
borde evertido en ángulo recto y biselado fuerte junto a la base, (Fig. 6 d) y con más
frecuencia sobre la base del recipiente: si éste se invierte se transforma de cuenco en tapa
y probablemente se usó en las dos maneras.
Una minoría de fragmentos tiene conjuntos de líneas incisas finas o anchas que se
encuentran para formar triángulos (Lámina- V d). Otra forma de decoración es por hileras
9 de impresiones hechas con un instrumento de punta afilada o roma (Lámina V c).
Dos formas de decoración que tampoco son muy frecuentes, son específicas para el
o 5 10cm material de la Sardina; en primer lugar están el ondulado de la pared exterior de la vasi-
ja en una o varias franjas paralelas al borde (Fig. 5 k; Lámina V a), efecto que se logra
con técnica de modelado; en segundo lugar, las hileras de incisiones hechas con un ins-
trumento de punta gruesa, que rodean la vasija en el borde, cerca al labio (Lámina V b).
En cuanto a la cerámica Camani, la greda y el desgrasante usados son muy similares
Figura 6 — Reconstrucción de Formas de Vasijas. Budares: a, b; Cerámica Nofurei c - g.

239
238
Herrera

r Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cequeta

a los de la Nofurei. La cocción fue más completa y no son frecuentes los núcleos grises.
El color de las superficies varía entre habano claro y habano rojizo. Las paredes son más
delgadas y el tamaño promedio de las vasijas es menor.
Las formas más frecuentes son las vasijas semiglobulares con cuello ancho, y los
cuencos. Los bordes son sencillos: redondeados, afilados, o casi planos; algunos tienen
una pestaña abajo del labio, otros un ligero engrosamiento de la parte externa de éste
(Fig. 5 i-e). Sudares y soportes también se encuentran en esta cerámica.
Las superficies con frecuencia se alisaron cuidadosamente hasta lograr una sensación
jabonosa al tacto, más marcada cuando la cerámica está mojada. Como único detalle
decorativo se usa el baño de pigmento rojo y a veces carmelito rojizo.
Las características dominantes de la cerámica Camani son sobriedad y sencillez. Cro-
nológicamente puede ser anterior a la Nofurei, pero es difícil pensar que las formas pesa-
das y barrocas de ésta sean una secuela, en términos de evolución o decadencia, a partir
de aquélla. Muy probablemente se trató de dos oleadas de gentes distintas con ideas muy
diferentes sobre cómo elaborar cerámica, qué significado, además del meramente fun-
cional, porta ésta y qué requisitos estéticos debe cumplir.
Aparentemente se encuentra una menor cantidad de cerámica Camani que de Nofurei
en las excavaciones y recolecciones superficiales en el Sitio La Sardina, pero aquí habría
que tener en cuenta dos hechos: la dificultad en diferenciar las dos cerámicas por la pasta
y por otro lado el que los fragmentos no diagnósticos y erosionados de la cerámica Cama-
ni pueden confundirse fácilmente con las variantes más finas de la cerámica Nofurei. En el
basurero del Sitio Playa estas cerámicas son distinguibles y válidamente cuantificables por
su posición estratigráfica.
La estratigrafía del sitio Playa presenta una imagen clara de una sucesión de ocupa-
ciones y su posición cronológica, pero el análisis del material de otros sitios excavados
durante la misma temporada probablemente le restará nitidez a esta imagen. El Sitio La
Sardina, por ejemplo, con su mezcla de materiales sobre todo en los estratos intermedios
y sus variantes en la cerámica Nofurei presenta los primeros problemas: la posibilidad de
b un translapo más que de una sucesión o una interrupción en las ocupaciones del área y
la relación cronológica entre la cerámica Nofurei de ambos Sitios. A pesar de ésto, hay
bases suficientes para que las correlaciones cronológicas entre los dos Sitos sean válidas.
Mientras que la Cerámica Camani parece no tener precedentes en otra área distinta
a la de Araracuara (teniendo en cuenta aquí el estado de las investigaciones), la de la fase
Nofurei pertenece a la Tradición Polícroma que se encuentra desde el oriente del Ecua-
dor y siguiendo más o menos el curso del Amazonas llega hasta las bocas de éste. Según
P.P. Hilbert temporalmente se extiende entre los años 600 y 1.300 de nuestra era (1968:
271).
Para el Sitio Playa de Araracuara tenemos varias fechas de radiocarbono obtenidas
sobre muestras de carbón. El nivel A3 con cerámica Camani tiene una fecha de (1 AN
113) 1800 ± 85 B.P. o sea alrededor de 200 años A.D.. La transición entre el nivel A3 y
el A2 que tienen cerámica Nofurei, dió una fecha de (Beta 1507) 1.145 ± 80 B.P. o sea
d aproximadamente 700 años A.D.. El tope del nivel A2, que marca el final de la ocupación
Nofurei, tiene una fecha de (Beta 1506) 705 ± 60 B.P. o sea hacia el año 1.200 A.D..
5Cm Podemos inferir a partir de las fechas anteriores una ocupación prolongada también
para la terra preta en La Sardina. Sobre la forma de ésta no sabemos mucho, en buena
Lámina V. Cerámica Nofurei: a. decoración de la pared de la vasija; b. decoración de incisiones
parte debido a que el objetivo y la escala de las excavaciones no estuvieron dirigidos a
guresas alrededor del borde; c. decoración por hileras de impresiones; d. decoración por líneas
resolver este problema. Casi se puede descartar que allí hubieran existido por tiempo pro-
incisas; e. decoración por líneas incisas finas delimitando zonas punteadas.
longado chacras tal como las hay hoy en día entre los grupos indígenas de la región,
pues éstas no propician la formación de terras pretas. El sitio puede haber sido de habita-
ción; por la cantidad de cerámica encontrada, la densidad de la población y permanen-
cia de ésta hubieran sido muy altas en comparación con las actuales en el área y aún con
240
241
Narren'

las históricas (Whiffen, 1915). Una combinación de recursos fluviales, forestales y agríco-
las hubiera permitido ésto. REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 243- 256 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Hoy día en las malocas (viviendas de estilo tradicional) de la región, el interior y
los alrededores se mantienen limpios de basuras, pues éstas se botan a cierta distancia, por MICROSEISMICITY ALONG AND NEAR THE DOLORES SHEAR ZONE
ejemplo hacia el río. En términos de hallazgos para la Arqueología del futuro los sitios de IN ANTIOQUIA, COLOMBIA
habitación actuales producirían huellas de poste, de fogones, tumbas bajo el piso de la vi-
vienda y sobre éste desechos que accidentalmente escaparon a la limpieza estricta que HutchIngs, L.., Turcotte, T.*, McBride, J.*, and Ochoa, H.**
allí se hace; en los alrededores de la construcción habría un basurero. Asentamientos
como éstos tampoco propiciarían la formación de terras pretas. RESUMEN
La Sardina pudo haber sido el sitio de un campamento estacional de pesca, utilizado
a lo largo de mucho tiempo y por gente que vivía tierra adentro, sobre terrenos menos su- A partir de la actividad microsismica se han determinado las características del fallamiento activo
jetos a las inundaciones. observable cerca y dentro de la zona de cizallamiento de Dolores. El estudio muestra una correlación
Finalmente, como lo sugiere T. van der Hammen (interpelación durante el Semina- notable entre tal actividad microsísmica y los rasgos geológicos conocidos. La microsismicidad fue
usada para extender la comprensión de la geología superficial a la de la corteza y manto superior. El
rio) también pudo tratarse de un suelo intencionalmente transformado por alguna razón,
área considerada se sitúa entre 50 50' y 70 30' lat. N y entre 750 20' y 760 05' Long. W. Dos dispo-
es decir, de un suelo antropogénico. sitivos de registro microsismico, uno con ocho estaciones y otro con siete, se establecieron en las por-
ciones sur y norte del área, respectivamente. Cada dispositivo funcionó durante un periodo de once
AGRADECIMIENTOS semanas, entre el 11 de Junio y el 28 de Noviembre de 1979. Anteriormente, a partir del 20 de Enero,
dos o tres de estos aparatos funcionaron en el sector sur y después del mencionado periodo, cinco
instrumentos se quedaron para un registro a largo plazo. Entre Enero de 1979 y Jumo de 1980 se pro-
Estoy especialmente en deuda con los Doctores Michael Eden y Colin McEwan: el
dujeron 94 sismos en el área. De ellos, 54 entre los mejor localizados fueron seleccionados para estu-
primero muy gentilmente me autorizó para usar su material inédito sobre los suelos de dios de fallas. Se pudo determinar así que el fallamiento a lo largo de las zonas de fallas Romeral
Araracuara y La Sardina, el segundo tuvo, dentro del trabajo de grupo, la mayor parte y Cauca, en la zona de cizallamiento de Dolores, es de tipo sinistral y con hundimiento hacia el Este;
de la responsabilidad en la recolección del material arqueológico de La Sardina y con que se produce según planos de falla casi verticales, de rumbo hacia el norte; y que se extiende hasta
mucha generosidad me permitió el análisis y publicación de éste. El Dr. Warwick Bray una profundidad de 36 km. Al este de la zona de cizallamiento de Dolores, hasta la falla Espíritu San-
to e incluso en ésta, el fallamiento es significativamente diferente. Aquí es de tipo sinistral con movi-
dirigió el análisis del material arqueológico y amablemente suministro las fechas de
miento de deslizamiento inverso y hundimiento hacia el Oeste, a lo largo de fallas con rumbo hacia el
"C. El Dr. Robert Eidt me hizo observaciones muy útiles sobre la interpretación de Norte e inclinadas de 450 hacia et Este. Esta descripción concuerda con las observaciones geológicas,
los análisis de suelos, lo mismo que el Dr. Camilo Domínguez. Los Doctores Julio Morelo las cuales indican que el área incluida entre las fallas se presenta en subsidencia. Debajo de la zona de
y Leonidas Mejía me dieron datos importantes y el último me ayudó con la traducción cizallamiento de Dolores, entre 36 y 48 km de profundidad, el fallamiento parece cambiar brusca-
y uso de términos técnicos en pedología. El Instituto Colombiano de Antropología me mente, pasando a un movimiento oblicuo sinistral con deslizamiento normal, según un plano de falta
con rumbo hacia el noreste e inclinación de 500 hacia el Sureste. Este cambio en el mecanismo focal,
brindó la oportunidad de trabajar en Araracuara y la Expedición Colombo-Británica
cerca de 36 km de profundidad, se consideró como una base para definir el limite entre la corteza y
Amazonas 77 financió y dio apoyo logístico para las investigaciones. el manto. El fallamiento en el manto parece cambiar nuevamente a partir de 48 km pero el tipo de mo-
vimiento no fue determinado. Este nuevo cambio de mecanismo focal bien podría estar ocurriendo
REFERENCIAS en la superficie de la placa subducida de Nazca, la cual, según las estimaciones, debe de encontrarse
a esta profundidad en el área de estudio.

Bollan, Charles. (1972). An archaeological survey of the Trapecio of Amazonas, Colombia. Paper pre-
ABSTRACT
sented at the 1972 Northeastern Anthropological Meetings. Bu ffalo, New York.
Bray, Warwick, Herrera, Leonor, McEwan, Colin. (1977). La Arqueología de la Región de Araracuara Active faulting adjacent to and in the Dolores shear zone in Antioquía, Colombia, has been
(Comisaría del Amazonas). Manuscrito. Bogotá. characterized from the microearthquake activity. This study demonstrates a remarkable correlation
Colombian Amazonas 1977 Expedition. (1977). Informe sobre una Expedición Científica Anglo- between microearthquake activity and known geologic features, and uses microsetsmicity to extend
Colombiana. the understanding of near-surface geology to that of the trust and upper mantle. The arca considered
Eden M..1., Mc Gregor D.F. M., Morelo J. A. Estudio Preliminar de la Geomorfología de la Parte Me-
lies between latitudes 5°50' and 7°30'N, and longitudes 75020' and 76°05W. Two microearthquake
dia del Basin del Cagueta, al Sureste de Colombia. Manuscrito s.I.S.f. recording arrays, one having eitht stations and one having seven, were established in the southern and
Eidt, Robert C. (1977). Detection and Examination of Anthrosols by Phosphate Anaalysis Science, northern portions of the study area, respectively. Each array was operated for en 11-week period
30 th September, Vol. 197, pp. 1327 - 1333. between 11 June and 28 November 1979. Prior to this period, since 20 January 1979, two to three
Hilbert, Peter Paul. (1968). Archáologische Untersuchung am Mittleren Amazonas. Dietrich Reimer
of these instrumenta were operating in the southern portion of the study area, and after this period
Verlag. Berlín. five instruments viere left in place to provide for long-term recording. From January 1979 to June
Lathrap, Donald W. (1979). The Upper Amazon. Thames and Hudson. London.
1980, 94 earthquakes vvere located in the study area. Of these, 54 of the best located events were
Salgado Vieira, Lucio, et al. (1971) Os Solos do Estado do Pará. Cedernos Paraenses, No. 8. Belém.
selected for fault studies. As shown by these studies, faulting along the Romeral and Cauca fault
Sombroek W. G. (19661. Amazon Soils. Centre for Agricultura' Publications and Documentation. zones, in the Dolores shear zone, ts left-lateral and down-to-the-east; occurs on north-striking, mear
Wageningen. vertical fault planes; and extends to a depth of approximately 36 km. East of the Dolores shear zone,
Von Hildebrand, Elizabeth. (1976). Resultados Preliminares del Reconocimiento del Sitio Arqueológi-
to and including the Espiri tu Santo fault, faulting is significantly different. Here faulting is left lateral
co de La Pedrera (Comisaría del Amazonas, Colombia). Revista Colombiana de Antropología.
with reverse slip motion, down-to-the-west, along north-striking faults, and dipping 450 east. This
Vol. XX pp. 145-176. Bogotá.
• Whiffen, Thomas. (1915). The Northwest Amazons. Constable and Company Ltd. London. • 1',1 oodward-Clyde Consultants, San Francisco, California.

• • Integral, Ltda., Medellín, Colombia

243
242
Hutch ings et al Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia

description agrees with geologIcal obseryations. which indicate that the area between the faults is
subsiding. Beneath the Dolores shear zone. from 36 to 48 km depth, taulting apparently changes
dramatically to obligue left lateral and normal slip on a fault {llene stnking northeast and dipping 500
to the southeast. This change in focal mechanism near the 36-km depth is taken to define the crust-
mantle boundary. Faulting in the mantle beneath 48 km apparently changes again, but the type of
CARIBBEAN S-ta9411 PL ATE

motion is undetermined. The change in focal mechanism near the 49 km depth may be at the top of
the subducted Nazca plate, estimated to be near this depth below the study area.
Sao
Oco„ anSebowjz. F
os"` Lake
V°6 Maracaibo
INTRODUCTION C.111 CARACAS
10°—
'?
The Dolores shear zone is a Cretaceous subduction zone that separates oceanic basal-
t.
tic and sedimentary rocks to the west from continental metasediments and granitic rocks o
to the east. This feature is a major geologic boundary that extends through most of Ecua-
dor and Colombia. Since Cretaceous time, the subduction process has migrated to the sif
west and is currently occurring west of the Pacific coast of Colombia. For this study, o
microearthquakes were evaluated in Antioquia, Colombia along and near the Dolores
.1lEDELLIN
shear zone, in an area approximately bounded by latitudes 5°50' and 7°30'N and longi- 40
tudes 75°20 and 76°05'W (Figure 1). A remarkable correlation is shown between micro- . 1

o ‘t- 5°—
earthquake activity and known geologic features, and microseismic activity is used to 000QT A
apply the understanding of near-surface geology to that of the crust and upper mantle.
Faults that are sources of large earthquakes can also be sources of microearthquakes. 2
C •O'
In the vicinity of the Dolores shear zone, microseismic activity is associated, in the crust, I.,
C..0°,
..0 ., ...
with the Romeral and Cauca fault zones, Espiritu Santo fault, and the Santa Rita block; 9 4-
and, in the mantle, with the subduction of the Nazca plate. The currently active north- C R. • 4.?
0 4' ,,........–__, • 1\
trending Romeral and Cauca fault zones are superimposed on the Dolores shear zone. c
li
1
Midway through the study area, the Espiritu Santo fault extends to the northeast from 4., ePAST0
u 2-
o .--3
the Dolores shear zone. This is a Quaternary fault and is not part of the Dolores shear /
u
zone. Between the Espiritu Santo fault and the Dolores shear zone lies the Santa Rita / • - ". ;71
-----f-•-, ,•J 00_
i:, /* ■
o
block of pre-cretaceous metamorphosed continental sediments (Cline and others, 1980b). CZ4
U10
1
/
At present, the Nazca plate is subducted beneath the South American plate at estimated
depths of 50 to 70 km in the study area (Cline and others, 1980a). Corneige Il
Plage
MICROSEISIIIC STUDIES

e
Although microearthquakes are too small (generally having magnitudes of less than
Arnotope Cross
3 on the Richter scale) to be perceptible to humans, they can be recorded by sensitive
5 0_
instruments. The study of microearthquakes includes an accurate calculation of their
hypocentral location and of focal mechanism solutions. This information is used to 80° 0 1000 2000 1000 4730 `000tm 70°
associate earthquake activity with faults and to establish the direction of slip along these
faults. Because microearthquakes occur far more frequently than larger earthquakes, and o,
• Volcanoes
because they have many of the characteristics of the larger earthquakes, an assessment
of the nature of the faulting can be made in a relatively short time. Faults
Two microearthquake recording arrays, one having eight stations and one having
Nortnern ondean block
seven, were established in the southern and northern portions of the study area, respecti-
vely. Each array was operated for an 11-week period between 11 June and 28 November
1979. Prior to this period, since 20 January 1979, two to three instruments were operat-
ing in the southern portion of the study area; alter this period, five instruments were left TECTONIC MODEL OF NORTHWEST COLOMBIA Figure 1
in the study area to provide continuing long-term recording. Plate 1 lists station locations
and site geology. Sprengnether MEQ-800 recorders were used in conjunction with Mark
products L4C one—hertz vertical seismometers.
From January 1979 to June 1980, 94 events of magnitude ML O to 3.5 were located;

244 245
ty along and near the Dolores shear zone in Antioquía
Hutch lege et el

they are Usted in Plate 1 and 2... Of these events, 54 that were recorded by several ins-
truments occurred sufficiently near the arrays to have their hypocenters located with
good lateral control; these events are plotted on Figure 2 and are indicated by asterisks
in 'Plate 1 and 2. These 54 events and horizontal and vertical location errors of less than
4 km or occurred within the perimeter of the array and had horizontal and vertical 3.00o

location errors of less than 6 km. Most earthquakes were located either in or beneath the
Dolores shear zone at depths from 5 to 55 km. Several events could be associated with
the geomorphologically prominent Espiritu Santo and faults within the Santa Rita block.
Events that occurred in the crust are plotted with solid circles in Figure 2.

To locate the estimated hypocenter of these events, the observed seismic wave arrival
times at each recording station are fitted to the travel times computed from a layered
seismic velocity model representing the crust and upper mantle. The computer program
HYPOINVERSE (Klein, 1978), which operates on an LSI-11 portable mini-computer,
was used to calculate the earthquake locations. The seismic velocity model for the Dolo-
res shear zone and the adjacent metamorphosed continental sediments of the Santa Rita
block in the study was developed from models of a similar tectonic environment to the
south, near latitude 4°N (Meissner and others, 1977; Ocola and others, 1977; and Meyer
and others, 1977). Events were initially located by using the various models. However,
these models had to be modified to suit the study area because of the travel time residuals
and local geology.

To modify the models, travel time residuals of well-located events at varying distan-
ces from the array were used. Well-located shallow events within the array showed a travel
time residual bias that indicated a 6.0 km/sec near-surface seismic velocity. Travel tigjes
from events located at increasing distances outside the study area indicated two compres-
sional wave refraction velocities of 6.5 and 6.8 km/sec. Velocities from mantle material
were not recorded in this study; the mantle velocities used in this study are from Ocola
and others (1977). Meissner and others (1977) hypothesized an interbedding of continen-
tal and oceanic structures, which resulted in a velocity inversion for their model under
the Dolores shear zone near latitude 4°N, south of the study area. This velocity inversion
was deduced from seismic refraction and gravity data. Travel time residuals from well- - AT 6• 13' N

located microearthquakes do not support a similar velocity inversion in the study area.
The compressional wave velocity model that best fits the available information and had
the minimum earthquake location residuls was: for the crust 6.0 km/sec, O to 3 km ver (<.)

depth; 6.5 km/sec, 3 to 15 km depth; and 6.8 km/sec, 15 to 35 km depth; and for the Se error <41<m. enmonta' and vertiere

mantle 8.0 km/sec, 35 to 45 km; and 9.1 km/sec, 45 to 55 km depth. The ratio of if erige.
compressional wave velocity (Vp) to shear wave velocity (Vs) was calculated to be near
1.76 for most events. ge
idsoard-Clyd• Consulting 1979, data
dono for the Interconesión Electric° S. A.
Focal mechanism solutions were constructed by plotting the pattern of first ground
motions produced by the seismic waves. To form a composite focal mechanism solution,
first wave motions from several microearthquakes are usually combined because one
event does not provide enough information. The hypocentral location of the earthquake
and the direction that the wave travels to the recording station are presented on a stereo-
graphic projection. From that, two orthogonal planes that separate alternating quadrants
of first motions are selected as a focal mechanism solution. The focal mechanism solution
represents the spatial orientation of the fault plane and an auxiliary plane, and the direc-
tion of relative motion across these planes. The directions of maximum and minimum
IOUAKES M SOUTHERN MEA Platal
principal tectonic stresses are assumed to be in a plane orthogonal to both these planes,
at an angle of 45° to both the fault and auxiliary planes.

• Sets enclosure

246 247
Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquía

41 lb
• • • o'em'. .;ce;« ' •
. •
marás22322 ■ 2.. r
••■■
•■ • •
0.17,101:11•I _
A _

km

121 1113.

oo
CROSS SECTION A - AT r 13'N
20 ha

LEGE ND:

Catalog moral« PI

oocentem

Al I mneMs with error <4km. hareontalana vertical

Motion out of pape.


O

Motion into pago.

NOTE: Figure modified from Woodward- Clyde Coneultanto 1979, data


from Cana? isla project done for the Interconexión Eléctrica S.A.

and Integml Ude.

tova

5C•LE

CROSS SECTION OF MICROEARTHOUAKES IN SOUTHERN ARFA Platal

35 ha

247
Hutchings et al

t 9.
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SAN ►N.Z. 2.
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94
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7030 83 0. ...P.„
J.- v82 1.„
z.
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A'

55
VD2 > •
o 10 20 Km 89

• 79• 81

EXPLANATION
Af 4A. Croes meten (figures) BY
4
,B (figure 7)
Feuit, deshed "Mere approaimatelr loccted
• Saismograpb location; lettere indicate "mon
NOTE:
• Epicenters of events in crust (Member' refer to robles) Figure modifiee from Woodeford- Clyde Consultants 1980, doto from Ituanao
project done for Interconexión Eléctrico S A and Integral Ltda .
O Epicenters of events m mentle (14umbert refer to nobles)
89 Dant °cerrad 2 Km from Stotion V D2
WELL LOCATED MICROEARTHIGUAKES IN THE CANAFISTO ANO ITUANGO AREAS Figure 2

248
Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquta

ASSOCIATION OF MICROEARTHQUAKES WITH FAULTS

The 54 well-located microearthquakes were associated with faults and then used to
characterize the faulting. This process provided remarkable detail of different faulting
?atterns in the crust and upper mantle of the study area.
AA The method used to associate microearthquakes with faults consists of systema-
'
tically selecting groups of events and examining the relationship between the events by:
,AA 1) comparing their hypocentral location in plan view and in cross-section; and 2) exa-
/
/ 10;1
/l./ mining composite focal mechanism solutions. If a group of events provides a consistent
• / 110 /1 & composite focal mechanism solution, then these events can be assumed to have been

072 A generated by tye same fault, or by parallel faults that are subject to the same principal
• 57 RIO SAN JORGE FAULJT
tectonic stresses. Groups of events located in the crust that had a consistent composite
063 focal mechanism solution and plotted along the projection of the plane of a fault mapped
044 at the surface are assumed to be associated with that fault. In the following discussion
66• C 610 •
• ~"•" 051
faults in the study area are associated with and characterized by the 54 microearthquakes.
" ._ 69
65• -- 50C. 087 t'41. L T
R 1 b,
Romeral and Cauca Fault Zones
78 es-
BAR
,BAR
►LOM ---— — All well-located events that occurred along the Romeral and Cauca faults in the
-k Is' -- study area were systematically grouped and examined. Events from the northern and
F.4ULT
s R "" 17;J:— southern portions of the study area that had depths of less than 36 km formed two con-
A s. -------- rry,
.. a— sistent composite focal mechanism solutions (Figure 3). However, events having depths
46#, PAVO' jetween 36 and 48 km from both the northern and southern portions had a different
• VLL focal mechanism solution (Figure 4). This change in focal mechanism solution with depth
*86
suggests a crust-mantle boundary near 36 km that has different stress fields in the crust
•S• .faz ...
UMA ... than in the mantle.
\...
• ----,S4/r7a fi},•r4 .... Faulting aboye 36 km, along the Romeral and Cauca fault zone, as defined by the
• 45• ...-- -94 ....
4115). ..... composite focal mechanism solutions and in accordance with the surface geology, strikes
• 47 .* 4 near north and dips near vertical. The fault displacement is oblique left lateral and down
FRA • -°'cl..
. i rá S2 . Z s
BO' ... 71‘7. . to the east. This faulting description agrees with surface geologic observation, except in
8 9)82 .... s . , the southern study area some faults of the Cauca and Romeral fault zones show a steep
93
▪ A' dip to the east. The faulting below 36 km (in the mantle) is either oblique left lateral
55 with normal slip, down to the southeast, on a fault plane striking northeast or alterna-
VD2> • tively, right lateral with a vertical component, down to the west, on a plane striking
20 Km 89
near north. Although the actual fault plane cannot be selected without supporting geolo-
gic evidente, the second solution is an unlikely choice since it would imply almost
opposite fault motion across the crust-mantle bundary. The first of these two possible
79 81
solutions is more consistent with what would be expected aboye an easterly subducting
plate. Clearly, either of these possibilities is defining a distinctly different fault regime
in the mantle, at a depth ranging from 36 to 48 km, than is found aboye 36 km in the
crust.
The change in focal mechanisms from events in the crust to those in the mantle
appears to occur over a remarkably short depth range. Events with depths of 36 and 35
litied from Woodward- Clyde Consultante 1980, data from Ituango km fit the focal mechanism of events in the crust; while events with depths of 37 and
ano for Interconexión Elíctrica S.A and Integral Ltda. 38 km fit the focal mechanism of events in the mantle. However, the change may occur
over a slightly greater depth range than indicated as these events have a possible error in
depth of nearly 2 km.
DCATED MICROEARTHQUAKES IN THE CANAFISTO AND ITUANGO ÁREAS Figure 2
Espíritu Santo Fault and Santa Rita Block

Faults mapped east of the Dolores shear zone (Espíritu Santo fault and faults of the

249
• e

Hutchings et al Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia

se
a
<18
o SV
O e" Ses<
ev 46 4
.88 @S • s i vzr
fl esa 4 76 so• so sei
se
O • 50 -64 8,
65 CM .44 fea 0-50
4 76 15 A
se 88 a 4 61
dee jr Events along Romeral and Cauca fault 408,447
864 Events in mantlis (36<h<48 km)
.50
4 69 iones Northernsludy atea (ti< 36 km) Strike N 70°E, Dip 50°W, Slip
85 Strike N2°E, Dip 80°W, Slip vector 44 72 4161 05V vector rake 42°S
85 727
rake 45°N . e jz
b
9 .72
57 72

• Compression with microearth quake number (+ when leas reliable)


a D dation with microearthquak• number (- when lesa reliable )
• Compression wtth micraearthquake number (+ when less reliable)
N
Dilation with mioroearthquake num ber (- when lees reliable)
N

21

+18
P 5V
0
a le
s R
• Te3e
B
te •
• Possible events in subduction
aal le Zone ( h 48 km)
4 54 te Events on Romerol and Cauca fault

90 tO 270 tones in southern study cree (h <36k4
Strike N6°E, Dip 136°W, Slip vector
rake 44°N.
tl U"
+35
o
•24 25 —14
le
• t4 te e a A as
se
—la
25-

,424 0 Maximun and m1708188 principal stress direction estimule.
Lower hemisphere, equal orea stereogrophlc projection.
360 0 Maximun andminimun principal stress direction estomas
Lomo' hernisphere, equol oreo stereoqraphic projection.

FOCAL MECHANISM SOLUTIONS FOR EVENTS IN MANTLE AND SUBDUCTION ZONE Figure 4

FOCAL MECHANISM SOLUTIONS ON ROMERAL AND CAUCA FAULT ZONES Figure 3

251
250
Hutchings et al Mieroseismieity along and near the Dolores shear zona in Antioquia

Santa Rita block) show a change in strike and are older than the Romeral and Cauca
faults. As shown on Figure 2, microearthquake activity is occurring along these faults.
The locatiOns of events in the crust along these faults were examined separately from
N other events in order (1) to assess if the current activity is occurring as a result of the
same stress that is causing faulting in the Dolores shear zone to the west; and (2) to
94
estimate the orientation of these faults at depth.
89 A reliable focal mechanism calculated for these events (Figure 5) is significantly
03
se 15+
P es • el \ 181 different from the solution obtained for events to the west. The focal mechanism solution
e a"
83 ;
7 es for events along the Espíritu Santo fault and faults of the Santa Rita block show a change
in strike toward the east and a significant change in dip and fault displacement. The dip
4e
changes from 80° west to about 46° east, which was also observed in the surface geology.
93 A The fault displacement changes from down-to-the-east to down-to-the-west but still
al 93 A dee ea Events along Santa Rita and Espiritu Santo
• • faults (h< 36 km), Strike N 13°E, displays obligue left lateral with reverse slip.
04 Dip 46° E, Slip vector rake 42° S. The fact that fault displacement occurring east of the Romeral displays west side

a46
down, whereas fault motion along the Romeral and Cauca fault zones displays east side
OT down, indicates that the Santa Rita block is subsiding. This premise also agrees with
geologic observations. The principal stress direction for faulting along the Dolores shear
zone fault systems and faults to the east, including the Espiritu Santo fault is essentialy
09v identical: all have northwest principal compressive stress axes. The nature of the faulting
in the upper mantle under the Santa Rita block could not be assessed because of the
lack of sufficient data and the number of inconsistencies in the available data. However,
r data on events occurring at deeper depths fit fairly well the mechanism shown for data on
s
• Compression with microeorf hguake nonti« (+when less reliable) the events occurring at shallower depths. The implication is that faulting in this area
á Di 'Clon with microeorf hguoke number (- when lees reliable) extends into the mantle layer or, more likely, that the crust is thicker in the Santa Rita
Jlock.

se
e Sardinas Fault

Events that occurred along the Sardinas fault had first motions that did not fit the
focal mechanism solutions for either the Romeral and Cauca fault zones to the west or
20 faults of the Santa Rita block and Espiritu Santo faults to the east (Figure 51. Because
B the Sardinas fault is the easternmost fault of the Romeral fault zone and is at the geo-
48
First motion plot for events along logic boundary between the eastern and western geologic zones in the study area, it may
Ituango and Sardinas faults
represent a transition between the two zones. Indeed, geologic studies show that this
fault dips to the east. At present, data are not sufficient to obtain a focal mechanism
for the Sardinas fault.

Earthquakes in the Mantle and Subduction Zone

Earthquakes along the Dolores shear zone having depths greater than 48 km may
show a second change in focal mechanism with depth. While events in the upper mantle
having depths between 36 and 48 km combine to form a consistent focal mechanism
Maximum and rninimun principal direction siliarnara. solution and express normal faulting due to near-horizontal tension, first motions from
Lamer hemisphers, squal aran stsreographic projadion.
events deeper than 48 km clearly do not fit this focal mechanism solution (Figure 4).
This second change in focal mechanism occurs at depths of the anticipated subduction
FOCAL MECHANISM SOLUTIONS ON SANTA RITA, zone. However, data are presently not sufficient to define the deeper mechanism.
ESPIRITU SANTO, ITUANGO AND SARDINAS FAULTS Figure 5

CROSS—SECTIONS

Cross-sectional plots of hypocenters confirm the spatial association of microearth-


quakes with mapped faults as described aboye. This confirmation finalizes the correla-

252 253
Microseismicity along and near the Dolores show zone in Antioquia
Hutchings et el
Meyer, R.P., Mooney, W.D.. Hales, A.L., Helley, C.E., Woolard, G.P., Hossong, D.M., and Ramírez,
tion between microearthquake activity adn faulting in the study area. J.E., 1977. - Refraction observation across a leading edge, Malpelo Island to the Colomban
Well-located microseismic events in the crust were projected along the strike of the Cordillera Occidental. The Ocean- Continent Transitan in S.W. Colombia, project Nariño, 1977,
mapped faults to a cross-section at 6°10'N (Plate 1) for events located by the southern P. 83-136.
Ocala, L.C., Aldrich, L.T., Gettrust, J.F., Meyer, R.P., and Ramírez, J.E., 1977. — Project Nariño 1:
array, and at 7°N (Plate 2) for events recorded by the northern array. Observed surface
fault dips are shown projected onto these figures (Cline and others, 1980b). The loca- Crustal structu re under southern refraction data. The Ocean- Continent Transition in southwest
Colombia, project Nariño, 1977, p. 47-70.
tions of these events fit well with faults mapped at the surface when the dip predicted by
the focal mechanism solution is projected to the surface. These fault dips fit well with
surface geologic observations. This projection is taken to indicate that the faults mapped
at the surface are active and that displacement is occurring as indicated by the focal
mechanism solution.

All events located in the mantle are plotted at the 7°N cross-section (Table 2).
Events having depths between 36 and 48 km were projected' at the cross-section along
northeast-striking planes, as indicated by their composite focal mechanism solution, and
not along the strike of faults mapped at the surface. The northeast-striking solution of
the composite focal mechanism was selected as the fault plane and the north-striking
solution as the auxilary plane because it is more consistent with what would be expected
for faulting aboye an east-dipping subduction zone. Events having depths greater than 48
km were projected along north-south planes, perpendicular to the direction of subduc-
tion. The hypothesized subduction zone is shown on Table 2.

TECTONICS

The relative motions of the Nazca, South American, and Caribbean plates provide
principal stress directions consistent with the focal mechanism solutions for the crust.
Reverse obligue faulting having a left-lateral component of horizontal motion is found
through the estire thickness of the crust in an older, preexiststing zone of wekness. The
relative motion between the subducting Nazca plate and the westward-moving South
American plate appears to result in a tensional regime in the wedge of upper mantle
material located between 36 and 48 km beneath the study area.

ACKNOWLEDGMENTS

This work was carried out in cooperation with Interconexion Eléctrica S.A. (ISA)
and Integral Ltda., Medellín, Colombia, as part of geotechnical studies for the proposed
Cañafisto and Ituango dam sites on the Cauca River. This work would not have been
possible without the cooperation and support of many people from both agencies. We
especially wish to thank Rodrigo Velezquet, Director of Microearthquake Studies for
ISA, and Fabio Villegas, Director of Geotechnical Studies for Integral. Field work was
carried out under the able supervision of Alfredo Lenes and Hugo Ochoa.

REFERENCES

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Colombia. Primer Seminario Sobre El Cuaternario de Colombia, Bogotá, Colombia. Revista
CI AF .
Cline, K.M., Page, W.D., Gillam, M.L., Cluff, L.S., Arias, L.A., Benalcázar, U.G., and López, J.H.,
1980b. — Cluatemary activity on the Romeral and Cauca faults, northwest Colombia. Primer Se-
minario Sobre El Cuaternario de Colombia, Bogotá, Colombia.
Klein, F., 1978. — Hypoellipse earthquake location program. U.S. Geological Survey.
Meissner, R.O., Flueh, E.R., Stibane, F., and Berg, E., 1977. — Dynamics of the active plata boundary
in southwest Colombia according to recent geophysical measurements. The Ocean—Continent
Transition in S.W. Colombia, project Nariño, 1977, p. 157-168.

255
REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 257 292 11981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

LOS CAMPOS DE DUNAS DEL NORTE DE COLOMBIA


Y DE LOS LLANOS DE LA ORINOQUIA
(COLOMBIA Y VENEZUELA)

Jack Khobzi•

RESUMEN

En las regiones de la Peninsula de la Guajira, relativamente seca, del Bajo Magdalena y de los
Llanos de la Orinoquia, más húmedas hoy dia, se extienden vastos campos de dunas estabilizadas,
salvo excepciones, que indican una mayor eficiencia de los alisios de NE durante ciertos periodos
del Cuaternario.
Las dunas son principalmente del tipo parabólico pero se describen ejemplos de la mayoría de
las formas eólicas en régimen unidireccional. Se analiza la posición estratigráfica de los depósitos
eólicos en relación con las acumulaciones aluviales presentes en las bes áreas y se propone una co-
rrelación general con base en consideraciones pedológicas, indicios de antiguos niveles litorales y con-
frontación con los conocimientos disponibles acerca de las paleoclimas regionales. Se distinguen cua-
tro o cinco fases áridas, las cuales se hubieran producido durante el Holoceno medio, el último Gla-
cial superior e inferior, el penúltimo Glacial y probablemente el antepenúltimo también, respectiva-
mente.
La orientación de las dunas no muestra diferencias significativas en comparación con la direc-
ción de los vientos actuales durante la estación seca, o sea el invierno del hemisferio norte. La persis-
tencia de una situación meteorológica similar durante períodos anuales más largos bien podría expli-
car la extensión observada de los fenómenos eólicos desde la Costa Caribe hasta 5°20 y, localmente
4°20 Lat. N en las llanuras de la Orinoquia.

ABSTRACT

In the dry Gua¡ira Peninsula and also in the more humid lower Magdalena and the Orinoco Low-
lands, there are vaste fields of aeolian sand dunes, which indicate periods of more efficiént trade-winds
during the Quaternary. 'The dunes are rnostly parabolic but almost all the aeolian forms in the uni-
directional wind regime can be encountered.
The stratigraphic relations with the alluvial deposits in the regional contexts are discussed and a
general correlation is proposed on account of pedological considerations, old sea-level features and
available regional data about palaeoclimates. Four or five arid phases may have occurred during the
middle Holocene, upper and lower last Glacial, penultimate Glacial and also, probably, antepenulti-
mate Glacial, respectively.
The orientation of the sand dunes is very similar to that of the present wind during the dry
season, i.e. the winter of the northern hemisphere. The persistence of such meteorological conditions
during longer periods in the year may explain that the dune fields extend from the Caribbean Coast
to 5°20 and, at places, 4°20 Lat. N in the Orinoco plains.

1. INTRODUCCION

Aún en sus regiones más secas, la parte septentrional del continente suramericano
no muestra indicios de actividad eólica importante, con excepción de ciertos sectores
costeros (Lecarpentier et al., 1977). No obstante, se conocen grandes campos de dunas
estabilizadas en ambientes ahora relativamente húmedos, en el litoral caribe de Colom-

Centro Interamericano de Fotointerpretación


Apartado Aéreo 53754 - Bogotá, Colombia

257
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

bia y Venezuela por un lado y, por otro, en los Llanos de la Orinoquia.


El desarrollo de estos fenómenos ha sido situado en el Pleistoceno superior (Goosen,
1971; Tricart, 1974 a, b, c), con probables ocurrencias también en épocas anteriores E
o
(Danielo, 1974 a, b, c; Maitre, s.f.; Khobzi, 1978; Malagón y Ochoa, 1980). o
o
N
Una revisión de literatura y la interpretación de fotografías aéreas con buenos nive-
les de referencia regional han permitido completar la información obtenida en el terre-
no durante estudios adelantados en el Bajo Magdalena (I.G.A.C., 1970), la Guajira colom-
biana (I.G.A.C., 1978; Córdoba er al., en prensa) y los Llanos Centro-Occidentales de
o
o
Venezuela (Khobzi, 1978). La presente comunicación tiene por objeto describir las for-
mas eólicas observadas y situarlas en su contexto estratigráfico regional. Se discutirá
también el significado paleoclimático de esos eventos, así como su correlación y su inte- tu
gración en el conjunto de los conocimientos adquiridos sobre el Cuaternario de la región
(van der Hammen, 1974; 1979: 1980). i ,.

Loca l izac ión de los campos de dunas de Co lom bia y Venezu e la.
\ \ \ o
(á 1 h
\ t ■
,u
2. PRESENTACION DE LAS REGIONES ESTUDIADAS
I
, il 11,1 N ,
Este análisis no pretende ser exhaustivo, aunque trata de abarcar la mayor parte de
las áreas en las cuales se conocen formas de origen eólico en la comarca. Se ha profundi-
zado en tres regiones: I) los Llanos Centro-Occidentales de Venezuela, entre Calabozo
y San Fernando de Apure, 2) la planicie central de la Guajira, entre la Serranía de Peri- .1E
1. E
já y el Macizo Guajiro y 3) la planicie al oeste del río Magdalena inferior, entre Ponedera 4.---'.1..\ o •
lo
y Barranquilla (Fig. 1). En el primer caso, las descripciones y discusiones se extendieron
,4 ,i. .1 .'.1 1 i• `t • ti
al conjunto de los Llanos de la Orinoquia colombiana y venezolana. En el segundo, se o - =0
Z
fl 7' . 1 l'> . _o
utilizaron también observaciones relativas al extremo NE de la península y a la planicie ti \ -;_-
I, '1. \ ' o .
0
oriental. No se intentó una comparación con los demás sectores del "Cinturón Arido Peri-
° .. C o7' 12°
caribeño" (Ochsenius, 1980 a, b; Danielo, 1974 a, b; Danielo y Maitre, 1975), debido a E '. ii ■ (: '=•. \ \ á
2 / '\ •i \.. .,, '',,l , : li.
la escasez de formas eólicas, salvo en la región de Coro, y a la falta de documentación al ■
::: ■
. ,.
: • , , , o
. e ....„ . .
respecto. La última región se presenta bien delimitada; si bien se conocen fenómenos eóli- 1 o° o
2 N -:-
cos en sus alrededores inmediatos (Wokittel y Parada, 1957), no se incluyeron por razo- 111 N ' '
-...
nes similares. ,¿. "1..
---„.
Todas estas regiones muestran una topografía plana, sin obstáculos, a menudo sobre
distancias considerables. Son igualmente cálidas pero presentan diferencias marcadas en
1 .)

Figura 1
cuanto a precipitaciones y coberturas vegetales (v. Cuadro 1). Sin embargo, considerando
que las formas eólicas estudiadas son en su mayor parte paleoformas, no se insistirá en el ).---
i
análisis de esos factores. En cuanto a los vientos, se admite en general (p.e. Raasveldt y

Regio nes es tudia da s en e l te rreno


Tomic, 1958; Goosen, 1971; Tricart, 1974 a, b, c) que los más importantes son los ali-
o

Re l ieves may ores de 5 00 m s


sios del hemisferio norte, con sus características propias. En el pasado, habrían soplado
como actualmente sobre esas áreas, especialmente durante los meses más secos, con una o
dirección regida por la distribución de las presiones atmosféricas en la región, quizás algo bia
m 2
modificada por el relieve (v. Fig. 1). Las fuentes de materiales aptos para el desarrollo de lo
to
-r
Co e
la actividad morfogenética eólica se analizarán más adelante (parágrafo 4).
de
a
c
3. MORFOLOGIA DE LAS ACUMULACIONES EOLICAS en
Cu

Salvo excepción, las acumulaciones eólicas no muestran grandes contrastes topo-


gráficos (Foto 1), pero se diferencian muy bien en el paisaje por su vegetación (Foto 2),
lo que favorece su identificación sobre fotografías aéreas y aún sobre imágenes Landsat
(Forero, 1978; Montoya, 1978). Para su descripción, se utilizará la terminología de uso 03Id13Vd ONV330
ü
general (v., p.e., Bagnold, 1973; McKee, 1966; Derruau, 1969; Tricart, 1969; Verstappen, o o o
xr

e
1972; Reineck y Singh, 1973; Bloom, 1978). Se comentarán los aspectos morfológicos
y genéticos sólo cuando las observaciones logradas puedan contribuir a aclarar ciertos

258 259
•o
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

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Foto 1 - Dunas bajas en la entrada occidental de Puerto Gaitán (Dpto. del Metal: Viento desde e%
o - o o o o o 0 0 00 U
atrás hacia el primer plano. A la derecha, la pista de aterrizaje ocupa la cima de una duna. A la al. N O> CM O> N N
41$ ID cs'
izquierda, en la depresión interdunal arcillosa y húmeda se observan numerosos termiteros. El
• AAAAA m AA a •c •-•
Oa
contraste de humedad o/y de vegetación, facilita el reconocimiento de las formas eólicas sobre o 'U .' E
fotografías aéreas e imágenes de satélite. e c -m
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Llanos Centro-Occid. (y.)


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BAJOMAGDALENA(Col.)

Extremo NE (Col. Ven.)


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Llanos Casanare (Col.)


Llanos Vichada (Col.)
z

Llanos Orient. (Ven.)

Sector Maicao (Col.)


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Llanos Apure (Ven.)


D

Sector Uribia (Col.)


E
2E

(y. Fig. 1)
REGION

Sector W(Col.)
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ORINOCIUIA
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4.1 « o

GUAJIRA
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—0,2 1
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Foto 2 - Duna parabólica al este de La Rompía, en los Llanos Centro-Occidentales de Venezue-


la: viento de atrás hacia el primer plano.
El contraste en la vegetación facilita la delimitación de las dunas y de los sedimentos arcillosos
aluviales "invasores" en la depresión interna.

260
261
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi

puntos todavía discutidos.


Conviene señalar que se ha desistido de inclu ír la descripción de las formaciones prin-
cipalmente limosas, presentes en la superficie de los Llanos de Casanare y Vichada, ya
que su carácter eólico (FAO, 1965; Goosen, 1971) ha sido muy controvertido. Tampoco
se analizarán las formas de erosión: Maitre (1974) describe cubetas de deflación en los
Llanos Orientales de Venezuela pero, en las demás regiones, predomina el modelado de
acumulaciones arenosas, dunas (médanos).

3.1 DUNAS DE OBSTACULO

— escudos de arena, acumulaciones espesas a veces de varias decenas de metros, cu-


bren la base de las laderas del Macizo Guajiro en la región de Nazareth y Rancho Grande
(Foto 3). Son formas situadas a barlovento y similares a los amontonamientos observa-
dos a sotavento de los pasos más bajos en las barreras topográficas. Una ligera depresión
marca el contacto de la duna con la ladera (IGAC, M 561, Fotos 7752, 7847) 1 . No ha
sido posible determinar si este detalle representa el talud de progresión de las arenas o
una erosión hídrica posterior (v. Verstappen, 1972). Este tipo de médanos se presenta
también en las estribaciones norte del Macizo Guayanés, en la margen derecha del río
Orinoco.
— nebkas o sombras de arena, formas menores efímeras relacionadas con un obstá- Foto 3 — Escudos de arena al norte de Ranchogrande (Guajira): viento hacia el fondo.
culo, en general vegetal. Son comunes en los "playones" (lagunas secas) del litoral caribe
(Foto 4). A sotavento de las crestas de playa se observan dunas en lengua, que a veces
sólo representan una variante de las anteriores pero que a menudo son pequeñas dunas
parabólicas (IGAC, R 66, T1-28, Foto 4).
— lunetas, acumulaciones marginales arqueadas, transversales, a sotavento de sebkras
(v. Tricart, 1969), se observan al este del Cabo de la Vela (Guajira), donde la presencia
de tres alineamientos indica que la laguna esporádica tuvo, en un pasado no muy lejano,
una mayor alimentación por los arroyos afluentes (Fotos 5 y 6; Fig. 8). El material de las
lunetas contiene un porcentaje apreciable de fragmentos de la costra salina que constitu-
ye en parte su origen. Ochsenius (1980 a) señala la existencia de otras sebkras en el lito-
ral caribe, con la implicación probable de que estén acompañadas por las correspondientes
acumulaciones eólicas.

3.2 DUNAS LIBRES

A diferencia de las anteriores, las dunas libres no se adaptan a un obstáculo determi-


nado sino, principalmente, a las condiciones aerodinámicas de su formación.
— dunas parabólicas (Foto 2) están presentes en todas las regiones estudiadas, en
donde constituyen la casi totalidad de las acumulaciones eólicas no activas (Goosen,
1971; Tricart, 1974 b; Forero, 1978). Su forma, generalmente muy alargada, señala la
relativa fuerza del viento. Muy a menudo se encuentran agrupadas, a veces reticulares,
cabalgándose unas a otras, como en el Bajo Magdalena (v. Fig. 10). La influencia de la
vegetación en el desarrollo de este tipo morfológico (McKee, 1966; Verstappen, 1972)
no parece ser suficientemente comprobada para apoyar interpretaciones paleoclimáti-
cas. La disponibilidad de grandes cantidades de material y su erosión en "caldera" (caou-
deyre, blowout) serían las explicaciones más apropiadas (Tricart, 1969). Estas dunas son
muy comunes a sotavento de crestas de playa, donde los remolinos del viento se alimen-

1. Las referencias de las fotografías aéreas citadas son las de su clasificación en


Foto 4 — Nebkas sobre un "playón" de la costa caribe (Guajira): viento de izquierda a derecha,
los Servicios del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Bogotá (IGAC) y Direc-
al fondo, cordon marginal de sebkra (v. fotos 4 y 5).
ción de Cartografía Nacional, Caracas IDCNI.

263
262
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

tan sin limitación, pero es por mera coincidencia que las arenas invaden áreas húmedas,
con vegetación a veces densa, situadas a proximidad del litoral. En contextos similares
también pueden formarse barjanes (Foto 7) y dunas parabólicas crecen en ambientes
desérticos. Tampoco sería sistemático, aunque sí frecuente, el que la acumulación se
produzca a muy corta distancia del sector de deflación (Tricart, 1969). Son numerosos
los casos de dunas parabólicas con "colas" muy largas que señalan la distancia recorrida,
a veces de varios kilómetros (Fig. 2).

"IS...1;■

461-*
14°

- /21 "11.klálor"
Foto 5 — Sebkra de Kasimesh, alrededores del Cabo de La Vela (Guajira): viento de izquierda a
derecha (v. Fig. 8).

IG A C — M 1202 , fofo 28128 - Enero 1964

Dunas (fase Costanero) Lagunas Humo de quemas

k144. Figura 2 — Dunas parabólicas y longitudinales de la fase Casanare al sur del río Ariporo.
Foto 6 — Detalle del cordón marginal transversal de la sebkra de Kasimesh (v. foto 5).
— dunas longitudinales, del tipo sed- (sif), largas filas paralelas sobre varias decenas de
kilómetros en ciertos desiertos, separadas por corredores anchos y despejados, represen-
tarían una evolución, irreversible, a partir de dunas parabólicas, por desaparición del cuer-
po central durante la formación misma de ésta o a raíz de su degradaciónposterior

265
264
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

(Verstappen, 1972). En los Llanos de Casanare, especialmente al sur del río Ariporo, se
encuentran dunas que corresponden con esa descripción y evolución (Fig. 2), pero no
muestran la regularidad que caracteriza la altura y, sobre todo, el intervalo entre las du-
nas de tipo seif.
— barjanes, formas migratorias muy comunes en los desiertos pero no exclusivas de
ellos (Foto 7), son excepcionales en las áreas estudiadas aquí. Lo mismo ocurre en cuanto
a las dunas transversales, que no son más que bar¡anes unidos (Foto 8). Sólo se encontra-
ron ejemplos aislados en el litoral caribe (IGAC, C-1358, Foto 304) y en los Llanos cen-
trales de Venezuela (DCN, M-172 - H 14, Fotos 5866 y 5883). El último ejemplo (Fig. 3)
muestra una yuxtaposición de barjanes y dunas parabólicas aproximadamente contempo-
ráneas, sobre un piso muy uniforme en cuanto a la topografía y vegetación. No se encon-
traron indicios que apoyaran la idea de una "secuencia reversible" barján-duna parabólica,
postulada por Verstappen (1972). Cuando ambas formas se presentan ¡untas, una de ellas
parece ser sólo una fuente de material para la otra, como podría serlo cualquier otra for-
mación arenosa, aluvial o litoral, por ejemplo.

DCN - M172 - h14 -foto 5883-5884 Feb. 1961

.c=== -•••
9--2
4,--..--- 24,1 ))--)-7 ))
1, T
..,,_____
3-
Foto 7 — Dunas litorales cerca de Fortaleza, en el Nordeste brasileño. A partir de las acumula-
ciones de playa se forman, sombras de arena y dunas parabólicas. Una remoción secundaria de
los materiales eólicos origina barjanes que progresan sobre los alrededores semi-áridos de la
costa: viento de derecha a izquierda.

Dunas antiguos (Corozo Pando)

200 500m
Dunas recientes (Los Bejucos)

Areas de deflociOn
Talud frontal de barjdn

Piso
Trazas arenosas recientes

Figura 3 — Dunas parabólicas y barjanes en los Llanos Centrales de Venezuela, 20 km al oeste del rio
Manapire. Nótese la diferencia de orientación entre las dos generaciones de dunas y, al contrario, la
constancia en la dirección del viento durante cada fase eólica.

Las huellas largas dejadas por barjanes durante su migración forman líneas muy
similares, a primera vista, a largas sombras de arena o dunas en lengua, aunque en el
detalle se pueden observar los arcos de las posiciones sucesivas: la "punta de la lengua"
se presenta a sotavento cuando la duna se ha ido "desvaneciendo" por falta de material
durante su progresión (DCN, M 172 - H 14, Foto 5866) y a barlovento cuando, al con-
trario, el tamaño ha aumentado con la migración (Figura 3). Eso podría generar errores Foto 8 — Campo de dunas transversales en la costa del Nordeste brasileño al norte de Fortaleza:
en la interpretación de la dirección del viento a partir de formas aisladas o sobre docu- viento de derecha a izquierda.
mentos a pequeña escala.
— formas complejas en estrella o pirámide no se observaron, lo que, hasta cierto pun-
to, confirmaría la poca variabilidad en la orientación de los vientos efectivos.

266 267
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

3.3 ESTRUCTURAS INTERNAS

No se han encontrado muchos cortes en las formas antes descritas, pero no hay ra-
zón para suponer que su estructura interna difiera de las descripciones clásicas (p.e.,
Bagnold, 1973; McKee, 1966; Reineck y Singh, 1973). Por otra parte, la poca altura de
las acumulaciones permite suponer que, en la mayoría de los casos salvo en las dunas
activas o muy recientes, la bioturbación ha borrado las estratificaciones originales. Estas
sólo han podido observarse, en un médano de más de 10 m de altura, a partir de aproxi-
madamente 4 m debajo de la superficie (Foto 9); tales profundidades son muy escasas en
la mayoría de las dunas de la Guajira y de la Orinoquia. Por lo tanto, es difícil esperar
que se pueda utilizar el grado de conservación de la estratificación interna como criterio
de datación relativa.

4. ASPECTOS ESTRATIGRAFICOS

4.1 LLANOS DE LA ORINOQUIA

No existe todavía una síntesis de los estudios que cubren la casi totalidad de esta vas-
ta región. Sin embargo, la unidad de criterios geomorfológicos y pedológicos aplicados
en el sector venezolano (Zinck y Urriola, 1970; Comerma y Luque, 1970; Danielo, 1974c
4 y Maitre, 1974; Padilla y Stagno, 1977; Khobzi, 1978; Aubert, en prensa) permitió pro-
poner un cuadro de correlaciones (Khobzi, 1978, p. 80), el cual parece aplicable, en tér-
Foto 9 — Estratificación en una duna parabólica de la fase Malambo 1,5 km al oeste de Santo
minos generales, a los Llanos de Casanare y Meta (v. F.A.O., 1965; Goosen, 1971; Arévalo
Tomás (v. Fig. 10): viento de derecha a izquierda. En la parte superior, homogenización por
et al. 1976)2 y más al sur todavía (Khobzi et al., 1980), al menos en algunos de sus ren-
bioturbación.
glones.
a) Formas fluviales
Siguiendo la nomenclatura utilizada en los Llanos Centro-Occidentales de Venezuela
(Fig. 4) y generalizando, se distinguen, empezando por la más antigua:
— una planicie aluvial (Q4) que corresponde con la superficie de acumulación alu-
vial de gravas y arenas arcillosas de la Formación Mesa (Léxico Estratigráfico de Venezue-
la, 1956; 1970) y conforma la mayor parte de los Llanos Orientales y Centrales hasta el
río Guariquito al Oeste y el río Orinoco al Sur. Después de una interrupción importante,
de oriegen tectónico (Goosen, 1971; Tricart, 1974b), reaparece al sur del río Meta, en
donde ha recibido el nombre de Altiplanicie (F.A.O., 1965, Goosen, 1971). Son escasas
las áreas relativamente bien conservadas y se han descrito pequeñas fallas en varios secto-
res (Zinck y Urriola, 1970; Danielo, 1974 c; Maitre, 1974; Khobzi, 1978). Los suelos, a
menudo truncados, se clasifican en los Ordenes Oxisol y Ultisol (U.S.D.A. 1975), con
frecuentes encorazamientos ferruginosos en el sector venezolano y, en menor grado, en
el norte del Vichada (Khobzi et al., 1980; IGAC, en preparación).
— una planicie 1031, que puede subdividirse en áreas de glacis de ablación (pedimen-
tos) en los Llanos Centro-Occidentales y Centrales de Venezuela, anteriores o contempo-
ráneos con explayamientos aluviales areno-arcillosos, en gran parte sepultados por depó-
sitos más recientes en los Llanos Occidentales, pero todavía extensos al sureste el río
Arauca hasta poco más al sur del río Meta (v. IGAC, en preparación). Esta distribución
también sugiere un conrol tectónico importante. Los suelos pertenecen al Orden Ulti-
sol y los encorazamientos son escasos.

Foto 10 — Dunas activas en los Llanos de Apure entre los ríos Capanaparo y Sinaruco (Vene-
zuela). Foto E. Ruiz. 2. No fue posible consultar las publicaciones recientes del Programa Inventario Na-
cional de Tierras (M.A.R.a.FI. Maracay-Caracas) pero se tuvo conocimiento de
algunos estudios durante su realización (Llanos Orientales, Llanos de Apure, Lla-
nos Centro-Orientales).

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Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi

— un complejo aluvial de "desborde" (Goosen, 1971), relacionado con sistemas


de terrazas y abanicos en los valles del sector oriental y el piedemonte de los sectores
norte (Cordillera de la Costa) y occidental (Andes) respectivamente. Se han diferenciado
varias fases de sedimentación con características comunes en primera aproximación,
debidas a la influencia de la subsidencia continua sobre la dinámica fluvial. Los depósitos
son ya de granulometría fina, a poca distancia del piedemonte, con predominancia de las Estudio geemarfollí4
de los Llanos Centro
fracciones arcillosas y limosas, salvo en los depósitos estrechos de canal, donde se en- Occidentales
cuentran arenas finas a gruesas. La dinámica de la sedimentación, muy similar a la del- Khobzi 1975

taica, explica la situación relativa de las acumulaciones sucesivas, las cuales ocupan (V. t Estudio de
las depresiones dejadas por las anteriores. Con base en características geomorfológicas suelos de los
Llanos Centrales
y pedológicas, se han separado, desde la más antigua hasta la actual, las siguientes fases: Maracay,
no consultado)
(Q2) con huellas apenas interpretables como ejes (cauces) de sedimentación, suelos del
(V. Aubert, Estudio
Orden Alfisol con muy bajas tasas de saturación de bases en el horizonte Br rubeficado geomorfológica de los Obten.
y otros con significado más bien local (influenciade pantanos, Vertisoles marrón-rojizos); Llanos Occidentales, Meditas
no consultado) y
/c9 3 con antiguos cauces imperfectamente rellenados y, por lo tanto, nítidos en ge- Padilla y Stagno
neral y asociación de Alf 'soles con altas tasas de saturación de bases sobre los diques
aluviales y Vertisoles pardo-amarillentos en las cubetas marginales; /Dm), con ejes igual-
mente nítidos, pero de sinuosidades meándricas menos amplias que las anteriores y aso-
ciación de Inceptisoles en los diques con Vertisoles en las cubetas; (O /b 4, a menudo
difícil de separar de la anterior, morfo- y oedológicamente, con Mollisoles o Inceptiso-
les sobre los diques e Inceptisoles vérticos en las cubetas; finalmente, las acumulaciones
más recientes y actuales (Qoa), con Inceptisoles y Entisoles, son también de difícil deli-
mitación, salvo cuando la llanura de inundación se presenta ligeramente encajonada den-
tro de las formaciones más antiguas.
Las características referidas se presentan en forma relativamente independiente de
las variaciones mineralógicas, bioclimáticas, topográficas y granulométricas (menos en el
caso de los Vertisoles, obviamente). Los matices introducidos por cambios en esos facto-
res no alteran el esquema general, especialmente en el caso de los niveles más antiguos,
por lo cual puede considerarse que éste constituye un conjunto de cronosecuencias equi- Llanuras de desborde y
valentes (v. Del Llano y Pichott, 1980; Zinck, 1973). Esto se debe a la relativa homoge- terrazas aluviales

neidad de los ambientes estudiados, al menos en los sectores donde se presentan las cober-
turas eólicas y que son los que se han considerado aquí. kai Q4 ( fin mesa )

b) Fenómenos eólicos 2 03 1. glacis 2zalusial


— dunas de Corozo Pando s : el material de las dunas parabólicas algo degradadas, que
se observan entre San Fernando de Apure y esta localidad de los Llanos Centro-Occiden- 02
tales de Venezuela, se caracteriza por una coloración gris claro, ligeramente rosado en
V Ole
superficie y roja (2,5 YR 5/6-8 MUNSELL) a partir de 1,5 a 2 m de profundidad. Arévalo
et al., (1976) describen características similares en el "Conjunto Palmira". No se dispone
Qlb
al respecto sino de pocas observaciones que no han alcanzado capas más profundas. Sin
embargo, poco al norte de Corozo Pando y en la población de Camaguán, a orillas del río O Cho Qoo
Portuguesa, las dunas son uniformemente rojas sobre varios metros de espesor. En caso
Dunas

3. ay. en los estudios originales (Aubert, en prensa: Khobzi 19781. Corozo Pando

4. Subdividido en ala y (lob en el Estudio geomorfológico de los Llanos Occi- Los Andreurns
5
dentales (Aubert, en prensa) donde, por otra parte, la secuencia pedológica pre- 1
Km
senta ciertas diferencias.

5. Para mayor comodidad se designarán las distintas generaciones de dunas con Figura 4 — Mapa geomorfológico generalizado del sector Calabozo-Camaguán (Llanos Centro-Occi-
nombres de sitios donde han sido observadas. En ciertos casos se establecerá dentales de Venezuela). Nota: para el sector oriental, los límites son esquemáticos.
una subdivisión (p. ej.: Corozo Pando 1 y Corozo Pando 2), pero se seguirá
usando la denominación básica (p. ejj.: Corozo Pando) para referirse bien sea al
conjunto o bien a una de las fases, no identificada en el sitio.
271
270
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

de tratarse de una generación más antigua, de la cual no se tiene evidencia geomorfologi-


ca, se la podría llamar Corozo Pando 1 y a la otra Corozo Pando 2. Danielo (1974 c) su-
giere la existencia de dos fases eólicas equivalentes a las anteriormente descritas, con base
también en una diferencia de coloración. Provisionalmente se admitirá tal posibilidad.
Las dunas de Corozo Pando son recortadas y parcialmente enterradas por los sedi-
mentos de todos los ejes aluviales 07c que cruzan el área. Por otra parte las acumulacio-
nes 02, muy extensas tanto al este como al oeste del campo de dunas se presentan sin du-
nas pero con indicioes fotogeomorfológicos de afloramientos locales de arenas eólicas in-
completamente sepultadas. Las dunas de Corozo Pando serían entonces más antiguas que
los que los aluviones O /c. y aún Q2. Esto concuerda con el hecho de que su piso, cuando
se ha logrado observarlo, muestra todas las características de los explayamientos aluviales
y suelos 03. Además, los campos de dunas de toda la comarca, hasta el Vichada, siguen
la distribución de los sedimentos 03 y04 (v. Comerma y Luque, 1971; Malagón y Ochoa,
1980). Esa fase eólica se encontraría entonces situada de manera relativamente precisa en
la secuencia establecida. A ella se atribuyen las formas parabólicas .y longitudinales de
mayores dimensiones, que constituyen la parte principal de los campos de dunas de todas
las regiones estudiadas, desde los Llanos Orientales de Venezuela hasta, en Colombia, el
río Tomo (5° 20 N) y, quizás, hasta las dunas de Puerto Gaitán (4° 20 N). Galvis et al.
(1979) sugieren un origen eólico para formaciones arenosas situadas más al Sur aún
(3° 40 N) y en numerosos sectores de la Amazonía colombiana pero se considera esta
interpretación todavía hipotética (Khobzi et al., 1980).
— fase eólica Los Andreseros, detectada por la presencia de arenas atrapadas en las
grietas de desecación de Vertitoles 02, con posterior recubrimiento por las arcillas de la
fase Oi c en varios sectores entre Corozo Pando y Camaguán. Sólo en contadas ocasio-
nes, como cerca de la unión del río Orituco con el río Guárico (Los Andreseros y margen
oriental), arenas eólicas descansan sobre el piso 02, pudiendo entonces atribuirse a esta
misma fase, de poca expresión morfológica en la región. No existen observaciones que
permitan establecer su presencia en otras regiones, donde a menudo los sedimentos re-
cientes (Q 1b - 01a) parecen haberse extendido considerablemente (FAO, 1965; Comer-
me y Luque, 1971; Arévalo et al. 1976; Aubert, en prensa). Su conservación se limitaría
entonces coincidencialmente a las mismas áreas cubiertas por la fase Corozo Pando, dif i-
cultándose su distinción.
-- dunas de Casanare: en forma relativamente localizada, más frecuente en los Lla-
nos de Casanare y de Apure, se observa una generación de dunas parabólicas y longitu-
dinales° de- menor tamaño que las más antiguas. Ya que nunca fueron distinguidas de las
anteriores, no existe descripción específica de sus suelos. En ciertos casos (Fig. 5) estas
dunas han recubierto ejes aluviales que, por las características de sus suelos (Arévalo
et al., 1976), pueden considerarse como pertenecientes a las fases 01b y quizás 01c. En
cambio, laS acumulaciones Q la - 00a recortan netamente todos los depósitos eólicos (v.
t. Comerma y Luque, 1971; Tricart, 1974 a, b, c). La extensión de las áreas afectadas es
más difícil de determinar. En los Llanos Orientales y Centrales de Venezuela parecen
ser escasas. En los Llanos Centro-Occidentales se sugiere considerar las dunas estrechas,
situadas al Sureste de La Rompía, como equivalentes de las de Casanare. Hay evidencias
de correspondencia también al sur del río Apure (DCN M 172, H 13, Fotos 4193 y 4202
a 4205). Sin embargo, el área donde el fenómeno parece haber tenido mayor desarrollo
es el sector oriental comprendido entre los ríos Arauca y Meta (Comerma y Luque, 1971)
y, en menor grado, la región casanareña. La generalización del criterio dimensional parece

6. Las "formas parecidas a barcanes" mencionados por Comerma y Luque (1971,


p. 3811 son probablemente dunas parabólicas.

272
273
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

aplicable para diferenciar esta generación de la más antigua, pero una comprobación pre-
via es necesaria.
— fase Los Bejucos y fenómenos activos: son remociones menores de arena que se
han señalado en varios sectores. Se observan erosiones en "calderas" en dunas antiguas, Cauce mayor y terrazas

como cerca del caño Los Bejucos, entre el río Guachiría y el caño La Hermosa (Casanare)
y acumulaciones correlativas sobre distancias variables (IGAC, M 1314, Foto 31533), con Talud de terrazo

formas muy frescas (Fig. 3). En algunos sitios, especialmente en los Llanos de Apure, se
encuentran dunas con cierta movilidad actual (Foto 10). Sin embargo, los fenómenos acti- Bancos de arena del cauce menor
vos (Goosen, 1971; Padilla y Stagno, 1977) parecen relacionarse sólo con degradaciones
antrópicas locales (cortes de caminos o carreteras, préstamos) y las quemas no son sufi-
Canal de estiaje
cientes, en general, para propiciar la deflación, aún en las dunas mismas.
c) Origen de las arenas de dunas
Cjr3 Sabana quemada

Para Goosen (1971) y Tricart (1974 a, b, c) la sedimentación en la llanura de desbor-


de ha sido, en su mayor parte, contemporánea de las dunas y, al mismo tiempo, fuente • Humo

de su material. Tricart considera que las dunas se han formado en el sector de la llanura
donde los aluviones tenían la granulometría apropiada. En realidad, los depósitos aluvia- Direccion del viento
les son demasiado arcillosos y limosos desde cortas distancias a partir del piedemonte,
como lo recalca Goosen. Comerma y Luque (1971) precisan que los depósitos recientes
no tienen relación con los médanos y Tricart indica que las dunas son más antiguas que
los aluviones "holocénicos" (1974 a).
El origen de las arenas parece ser diverso, según la generación de dunas y el sector
considerado. En el Oriente de Venezuela, la Formación Mesa (Q4) es la fuente más pro-
bable y a menudo la única posible, para la deflación directa o la remoción de materiales
a partir de los aluviones de las corrientes autóctonas. Más al suroccidente, se habrían en-
contrado diferencias mineralógicas que excluirían una procedencia desde las "Mesas"
Figura 6 — Croquis fotogeomorfológico de un sector aledaño al río Meta en los limites del departa-
orientales. En este caso, la única fuente posible sería la planicie aluvial relativamente are-
mento del Meta y de la Comisaría del Vichada.
nosa 03, lo que concuerda muy bien con la situación en los Llanos de Apure, Casanare,
Meta y Vichada en el caso de la generación de dunas de Corozo Pando, la más antigua. Nótese la ausencia de dunas, pese a la exposición de bancos arenosos del cauce del río durante el estia-
Los médanos de las fases Casanare y probablemente Los Andreseros parecen haberse ali- je. Por otra parte, en a, la quema señala un cambio local en la dirección general del viento.

mentado principalmente, si no exclusivamente, de las dunas anteriores. Sin embargo,


en Casanare, se observa una tendencia a un mayor desarrollo de: formaciones eólicas a
sotavento de los recortes fluviales, antiguos o recientes (IGAC, M 1314, Foto 31533 a — las mesetas de las Formaciones Castilletes, Gallinas y San José, formadas por los
31536; Goosen, 1971, Fig. 14, p. 53), lo cual podría indicar que en estos tramos los de- estratos tabulares, principalmente calcáreos, del Mioceno medio hasta quizaí el Pleisto-
pósitos del cauce fluvial se han enriquecido en arenas por erosión de las dunas antiguas ceno (Thomas y McDonald, 1969).
y de su piso. — un pedimento superior que trunca, entre otras rocas, las calizas inclinadas de la
En cuanto a las acumulaciones recientes y actuales, la observación de Goosen (1971, Formación Castilletes, al este del Cabo de la Vela. Se encuentra cubierto por cantos
p. 52), relativa a la deflación local en el cauce del río Meta (v. Fig. 6), no se considera de cuarzo angulares y ferruginizados; la presencia de algunos elementos muy redondea-
incompatible con la opinión de que la fuente esencial de material corresponde con la de- dos sugiere que esta extensa superficie podría también ser resultado, al menos en parte,
gradación local de las dunas antiguas (Padilla y Stagno, 1977). de procesos de abrasión marina.
— un pedimento inferior o/y una acumulación aluvial encajonada dentro del nivel
4.2 GUAJIRA anterior y de extensión más localizada, con suelos rubeficados truncados, quizás contem-
poráneos con la pedogénesis que también afectó las arcillas arenosas de la planicie central
De todas las regiones estudiadas, ésta es la más seca actualmente. El gran desarrollo al este de Uribia.
de las formas eólicas y otras características del modelado, indican que esta tendencia — una terraza de acumulación marina de nivel + 10 m (Bürgl, 1960), que seextien-
climática ha sido dominante durante el Cuaternario, aunque ciertos aspectos pedológicos de, quizás, hasta un nivel de + 15 m o más; sus relaciones con el pedimento inferior no
señalan la ocurrencia de fases más húmedas. se estudiaron, pero Bürgl señala una transición con niveles de erosión.
a) Formas de origen fluvial y litoral — explayamientos aluviales en el piedemonte de la Serranía de Perijá y la periferie
Se ha podido esbozar un cuadro de los principales eventos geomorfológicos que han del Macizo Guajira, con suelos rubeficados, respectivamente Alfisoles y Aridisoles
labrado el paisaje complejo de las áreas planas de la Alta y Media Guajira (IGAC 1978; (Argids).
Córdoba et al., en prensa), distinguiéndose (Fig. 7): — areniscas de playa al nivel de + 5 a 8 m, que corresponde muy probablemente con

274 275
Khobsi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

la terraza de acumulación marina de + 5 m descrita por Bürgl (1960); cerca de Carrizal


y Cabo de la Vela, este nivel es transgresivo sobre los explayamientos aluviales (Fig-
Tomado y adaptado de 8), pero no necesariamente mucho más antiguo. Al este de Paraguachón, un explaya-
Cabo de la Vela
Estudio general de suelos de lo
Alta y Media Guajira miento aluvial antiguo se interrumpe brúscamente a un nivel altimétrico comparable
IGAC Elogottf 1978 (IGAC, C 1358, Foto 116).
Ver fig. 8
— una terraza aluvial superior en los principales entalles fluviales, especialmente
o 10 20 Km en el valle del río Carraipía, con suelos clasificados, según el ambiente, como Inceptiso-
les o Aridisoles (Camborthids).
— una terraza aluvial inferior, de distribución similar a la anterior, con asociación
de Inceptisoles y Entisoles (Fluvents).
— indicios de una transgresión de nivel + 1 a 3 m, con la cual podría relacionarse
un sector antiguo del delta del río Ranchería y cordones litorales, conservados en los
sectores donde la costa no se encuentra en proceso de retroceso activo.
— el delta actual del río Ranchería y el cauce mayor de los arroyos, generalmente
estrecho y a veces mal definido, con desbordamientos frecuentes sobre formaciones
más antiguas en la planicie oriental, donde se termina por explayamientos que no siem-
pre llegan al mar (IGAC, C 1358, Foto 114) y se pierden en las albuferas del litoral ac-
e tual.
c As' Por la extensión y complejidad de la región, estudiada a un nivel relativamente ge-
M AR
neral, por la distancia que separa algunas de las formas de relieve contempladas y por
las diferencias, al menos en el presente, entre los ambientes bioclimáticos y pedogenéti-
cos, las correlaciones antes presentadas no pasan de ser todavía un esquema muy provi-
sional.
El Palaro
b) Dunas
Con base en sus relaciones con las formas de relieve anteriormente descritas y, secun-
dariamente, con el grado de evolución pedológico, las acumulaciones eólicas de la región
Punta
La Vela se pueden subdividir en:
— dunas de Maicao, de algunos metros de altura y del tipo parabólico, con suelos
amarillento-rojizos a partir de 1 m de profundidad, y hasta el piso, cuando éste se pudo
observar. La densidad del campo de médanos es variable. En la región de Uribia, sólo se
observan mantos delgados muy discontinuos, probablemente por ser ésta un área de de-
flación. En el sector litoral norte, las formas son más bajas y escasas, especialmente en
las áreas situadas a alturas menores de 10 a 20 m, pudiéndose, quizás, interpretar el he-
cho como una influencia de la transgresión marina de + 10 a 15 m, aunque no se encon-
Pistas de traron indicios de litoral durante el estudio. Tentativamente, se puede subdividir esta
aterrizaje
• Poblaciones
fase en Maicao 1 y Maicao 2,- en este caso los cortes descritos corresponderían a la fase
1, más antigua. En la planicie oriental, cerca de Paraguachón, esas dunas, parcialmente
Colinas y serramos
enterradas debajo de los explayamientos y/o sedimentos lagunares, parecen alcanzar
I= Planicie sedimentaria
compleja altitudes muy bajas; hundimientos tectónicos son probables en este sector (v. Graf,
Pedimentos 1972; Ochsenius, 1980 a).
=I Abanicos antiguos El piso de los médanos es algo variable pero, más comúnmente, corresponde con
Terrazas bajas g Delta
Cirsi
el depósito arcillo-arenoso de la planicie central, cuya superficie localmente parece ha-
ber tenido una evolución pedológica muy antigua. Al sur de Maicao, el campo de dunas
Lagunas litorales 77 Sebkra se interrumpe al paso de los explayamientos aluviales antiguos del piedemonte de la
1 2 Litoral I= actual y.-3m, 2s 50 em
Serranía de Perijá o muestra una cobertura eólica más reciente, sin evolución pedológi-
Cunas Melca° 149 Carraipío ca. Las dunas Maicao parecen estar parcialmente sepultadas por el explayamiento al este
de Paraguachón. Considerando las características pedológicas y el hecho de que estos
depósitos aluviales, o sus equivalentes, se encuentran recortados por la transgresión de
+ 5 a 8 m, se sugiere que las dunas formaron antes de la fase de acumulación aluvial,
Figura 7 — Mapa geomorfológico simplificado de la Guajira Central (Colombia). la cual precedió a dicha transgresión. Como, por otra parte, esas dunas serían posterio-
Nota: Con la fase Maicao se incluyen todas las remociones eólicas locales posteriores. res a la transgresión de + 10 a 15 m, quizás con una fase más antigua, se podría situar

276 277
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi
aproximadamente esa generación, la más importante de la región, en la secuencia estra-
tigráfica regional.
— dunas de Carraipía, acumulaciones eólicas voluminosas al este del río Carraipía,
reduciéndose a una serie densa de dunas longitudinales y parabólicas, más bajas, a barlo-
vento. No se observa un desarrollo pedológico marcado en esa secuencia y el hecho de
que, localmente, las arenas cubran las terrazas recientes, hasta el borde del cauce mayor,
es otro argumento para considerarlas como mucho más recientes que las dunas Maicao.
Sin embargo, como las terrazas se encuentran en general despejadas, podría señalarse
una progresión en dos etapas, una anterior (Carraipía 1) y la otra, local, posterior a las
fases aluviales (Carraipía 2). En otros lugares pueden observarse también médanos esta-
bilizados pero de formación reciente. En el litoral norte, cerca de El Pájaro, antiguos pla-
yones situados a menos de 10 m sobre el nivel del mar (probablemente unos 4 a 6 m),
muestran dunas alargadas, bajas y estrechas, que no se prolongan sobre los playones de-
jados por la transgresión de + 1 a 3 m. Cerca de la Punta de la Vela, al oeste de El Pájaro,
otras acumulaciones atribu ídas a la fase Carraipía y compuestas por arenas rosadas, reto-
madas de las dunas rojas, son cortadas por el litoral de + 1 a 3 m.
— dunas de Punta de la Vela: en algunos sitios, sin embargo, se observa que estas
dunas han progresado nuevamente sobre este litoral (Fig. 9). Actualmente están relativa-
mente estabilizadas (Foto 11).

IGAC-C 1358,1010170
1Km
Piso

Dunas Moteo° y/o Corraipla

- Dunas Punto Lo 141a

Litoral • 1 o 3m

VrrT\ Litoral reciente y actual

Lagunas (playones I

Colinas Antiguas lagunas litorales


Figura 9 — Croquis geomorfológico del sector de la Punta La Vela, entre Ríohacha y El Pájaro (Gua-
Crestas de playa jira).
Plataformas de abrosiein

Taludes
Complejo aluvial
— fenómenos eólicos recientes y actuales, han dejado huellas locales en las áreas
Nivel a. 5 m (abrasión))
poco protegidas por la vegetación, naturalmente o a consecuencia de la intervención hu-
Se bk ra
Nivel ♦3 rn (acumulación) mana, la cual es probablemente antigua en la región (Ochsenius, 1980 b). Los más im-
Cordones marginales enlicos
portantes se presentan en el ambiente litoral de la Alta Guajira (Foto 4). La costa norte,
Niveles ♦ la 3m y actual
por su orientación a sotavento, no permite la acumulación del material desplazado. La
Dunas litorales activa* Explayamientos actuales planicie oriental es también un sitio árido de importante actividad eólica, tanto por de-
(nebkas y sombras de arena )
flación en las formaciones superficiales como por remoción de los aluviones de los arro-
Figura 8 — Croquis geomorfológico de los alrededores del Cabo de La Vela (Guajira). yos (Foto 12), pero no se forman dunas apreciables.
c) Origen de las arenas

279
278
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

Aquí la situación se complica por las posibles influencias litorales. Se observa que las
dunas activas de la costa noreste, en Colombia, presentan una proporción importante de
arenas calcáreas. Picard (1977) anota que la fracción biogénica de las dunas actuales de
Cocinetas alcanza hasta 501, del total; dunas más antiguas (Holoceno) presentan una me-
nor cantidad de tales fragmentos pero su piso se encuentra cementado por carbonatos,
que podrían tener cierta relación con el material eólico.
El hecho de que las dunas de Maicao y Carraipía sean cuarzosas y totalmente despro-
vistas de material calcáreo no permite considerar, con absoluta seguridad, que esta situa-
ción sea original, ya que la evolución pedológica bien podría haber sido una causa de
eliminación de los carbonatos, inclusive sin formación correlativa de horizontes cálcicos.
El caso de las dunas de Carraipia, más recientes (v. parágrafo 5), incitaría, sin embargo,
a creer que se trata de una característica congénita y que el material corresponde a la
remoción de acumulaciones aluviales, probablemente sobre la plataforma continental,
descubierta durante una regresión marina. Una interpretación similar podría aplicarse
también al sistema de Maicao; éste se presenta muy homogéneo, con áreas que, por su
posición a sotavento del Macizo Guajiro no pueden haber tenido influencia de material
litoral, por lo cual se consideraría que los demás sectores, morfo— y pedológicamente
idénticos, tampoco la tuvieron durante este período.

4.3 BAJO MAGDALENA

Esta región ha sido estudiada con menor precisión en cuanto a la estratigrafía de las
formaciones cuaternarias, pero se dispone de algunas informaciones (IGAC, 1959; Bueno,
1970), completadas por trabajos inéditos (IGAC, 1970; 1980), suficientes para esbozar
Foto 11 — Dunas relativamente estabilizadas en el litoral caribe cerca de la Punta La Vela (Gua-
un esquema similar a los anteriores, para et sector en donde ocurren fenómenos eólicos.
jira): viento de derecha a izquierda (v. Fig. 9).
Pueden distinguirse (Fig. 10):
a) Formas de origen aluvial y litoral
— mesas, algo disectadas, deformadas por la tectónica cuaternaria, que corresponden
con las calizas superiores de la Formación La Popa, de edad plio-pleistocénica (Bueno,
1970).
— niveles de gravas silíceas de Rotine (o Rotinet) y otros sectores en el departamen-
to del Atlántico (Link, 1927), que pueden ser más antiguos o contemporáneos con los
de Cascajal y Martillo, al oeste del sector estudiado.
planicie litoral con arcillas arenosas amarillento-verdosas, y arenas calcáreas loca-
les, quizás relacionadas con las gravas de Cascajal, las cuales podrían corresponder con el
límite de una transgresión de nivel + 30 m aproximadamente o de sólo + 10 a 15 m si,
en realidad, se alcanza a definir un segundo nivel con inclinación suave hacia el Noreste.
— un fondo de laguna costera, con depósitos arcillosos ricos en sodio, encajonado
dentro de la planicie anterior, con un límite occidental a + 5 m aproximadamente.
— un complejo aluvial, que corta y cubre la parte sur de la laguna desecada, al norte
de Ponedera, y tiene equivalentes en la planicie terminal de los demás arroyos afluentes
del río Magdalena. Se sugiere distinguir dos fases imbricadas, caracterizadas por asocia-
ciones de Alfisoles con Vertisoles y de Inceptisoles con Vertisoles respectivamente (IGAC,
1970; 1980). Además, depósitos recientes sin evolución pedológica marcada (Entisoles)
bordean los cursos actuales o recién abandonados.

— depósitos deltaicos del río Magdalena con una fase antigua y otra reciente y ac-
tual, observándose que la primera recubre la parte inferior inclinada de los abanicos alu-
Foto 12 — Remoción eólica de los aluviones de un arroyo en la planicie oriental de Guajira.
viales, laterales, relacionados con un nivel de base inferior al actual.

b) Formas eólicas
— dunas de Malambo, designadas con el nombre de los suelos que las caracterizan

280 281
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

(IGAC, 1959), pero con mayor densidad al oeste de Santo Tomás. Son formas parabóli-
cas a reticulares, de tamaño importante (Foto 9), con suelos amarillento-rojizos algo más
claros que en las dunas Maicao de la Guajira y sólo entre 1,5 y 3 m de profundidad. Des-
cansan sobre la planicie litoral y relieves más antiguos hacia el Oeste hasta Polo Nuevo,
donde bien podrían recubrir dunas aún más viejas, por lo cual tentativamente se contem-
pla la posibilidad de una subdivisión en Malambo 1 para éstas y Malambo 2 para las antes
descritas. Por otro lado, han sido recortadas por la transgresión de nivel + 5 m.
— dunas de Pa/mar de Varela, trazas longitudinales de dimensiones pequeñas, sobre
el fondo de l aguna conservado en este sector. No se observó su continuación, a sotavento,
sobre el complejo aluvial.

— manto eólico de Ponedera, discontinuo y delgado sobre, aparentemente, todos los


sedimentos del complejo aluvial, salvo los actuales y muy recientes. Sólo se detecta por
observación en el terreno.
— fase eólica de Soledad: cerca del aeropuerto internacional, se observó localmen-
te un pequeño depósito eólico con material muy similar al de las dunas litorales actuales.
Su presencia debe relacionarse con una fase transgresiva o un acercamiento del litoral en
este sector. No se ha podido determinar si estas arenas también cubren parte del delta
antiguo7 .

— dunas activas: son dunas litorales, observables al norte de Barranquilla y en nume

Dunas para bOl ica• - longitudinales


rosos sectores del litoral caribe desde Ciénaga hasta Galerazamba, por lo menos.
c) Origen de las arenas o

El importante campo de dunas de Malambo implica un área de alimentación de rela -o


tiva extensión, la cual estaría ocupada actualmente por el mar y la Ciénaga Grande de
Santa Marta. Es probable que los médanos se desarrollaron durante una regresión marina
To
aunque no deben descartarse influencias tectónicas en el área. Mineralógicamente, estas E
dunas cuarzosas difieren de las actuales, caracterizadas por su alto contenido en elemen- o o
tos máficos oscuros. Ahora bien, esto no se debe a procesos de alteración, ya que el mis- o c
o
mo material cuarzoso se observó, perfectamente conservado, en profundidad (Foto 9). ck•
Si las fuentes fuesen similares, la diferencia sólo se explicaría por una selección durante •
el transporte, la cual implicaría una distancia suficiente o sea la existencia de una vasta
2
plataforma despejada. También, en una situación semejante y con otra posición del río
Magdalena, los arroyos podrían haber suministrado esas arenas. No cabe duda de que es-
tudios mineralógicos contribuirían eficazmente a resolver esta incógnita, por la gran di-

ta l con co ber tura e ólica Ponedera


o
versidad de materiales presentes en el sector. 8
E
Las dunas de Palmar de Varela no han sido descritas desde este punto de vista. Repre- EI
<
sentan una cantidad mínima de material cuyo lugar de origen se encuentra también ane- o • E 7,
gado o erosionado por el río Magdalena. Los depósitos eólicos de la fase So/edad tienen
O0 7, -o
C D o«
u o
una composición mineralógica aparentemente similar a la de las dunas litorales actuales. 1 .5, c
e3 ,o E

5. INTERPRETACION PALEOCLIMATICA Y CORRELACIONES éo 3


‘2 1
E
o -o
5.1 SIGNIFICADO PALEOCLIMATICO DE LAS DUNAS E g Tr,
op
.tE• .5;
ag
O . 15:
a) Ambientes de formación S u5
E o I
LL r5 o •-F2
En los Llanos de la Orinoquia, sólo paleoclimas más áridos han podido crear condi- 5

7. de San-
Wokittel 11957) señala la presencia de dunas al sur de la Ciénaga Grande
ta Marta, cerca de Media Luna, con granos calcáreos que su gieren una fuente
E k, cn
LL 17
(0

litoral.

282 283
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi

ciones ambientales favorables a la migración de tan importantes masas arenosas. Al respec- chada en Colombia. Debe notarse, sin embargo, que este movimiento puede también
to, la fase más antigua, Corozo Pando, por su extensión y densidad, a pesar de las degra- interpretarse, en parte, como la canalización de los alisios de NE por la topografía de
daciones sufridas, implicaría un cambio mucho mayor, todavía, que los siguientes. Sin mayor relevancia. Lo propio ocurre en el sector caribe estudiado.
embargo, deben considerarse también las influencias dinámicas, la eventual interacción Raasveld y Tomic (1958) observaron una discrepancia de orientación entre las dunas
entre la sedimentación arenosa Q3 y la formación del campo de dunas (v. Tricart, 1969; antiguas y las recientes o los vientos actuales en el litoral caribe, sugiriendo que ello po-
1974 a, b, c), posibilidad que existió sólo en el caso de esa generación. A pesar de las di- dría tener aplicación en la diferenciación cronológica de las formas eólicas. En los Llanos
ferencias de ambiente pedogenético, cierta similitud, como la intensa rubefacción, podría de la Orinoquia también se encuentran fenómenos similares pero los ángulos son muy ce-
indicar una relativa contemporaneidad de las dunas con su piso. rrados. La desviación reciente es diestra en el sector nororiental (Fig. 3) y pasaría a ser
En la Guajira y en el Bajo Magdalena la situación es comparable ya que las fases eóli- ligeramente siniestra, o más generalmente nula en Casanare (Figs. 2 y 5). Dada la influen-
cas antiguas, Maicao y Malambo, son más desarrolladas que las otras. No obstante, la cia de modificaciones de orientación del viento en relación con la topografía local (v.
posición de esas regiones introduce una variable adicional, la influencia posible de un Fig. 6), sólo un análisis estadístico permitiría sacar conclusiones al respecto. El corres-
ambiente litoral, que reduciría el significado climático de estos campos de dunas. En lo pondiente cambio en la ubicación de los centros de presión atmosférica no parece haber
sucesivo se optará, con base en la argumentación presentada (v. parágrafo 4), por la hipó- sido importante, de todas maneras. Sin conocer el significado preciso de la orientación de
tesis según la cual las dunas Melca°, Malambo y Carraipía 1 también habrían requerido, las pistas de los aeropuertos, a falta de datos específicos, es prematuro afirmar que tam-
de todas maneras, condiciones ambientales relativamente áridas para su desarrollo; éste poco haya una gran diferencia con los vientos actuales. Tricart (1974, b) recuerda cómo
hubiera sido contemporáneo con niveles marinos relativamente bajos. Falta mucho, sin él había sugerido que importantes modificaciones en la circulación atmosférica regional y
embargo, para tener amplia seguridad en cuanto a ambas aseveraciones. La manera como aún general, durante los glaciales, podrían explicar numerosos fenómenos geomorfológi-
progresan las dunas costeras, por cierto de otro tipo, en el Nordeste brasileño semi-árido cos en el área. En tal caso, debería orientarse la investigación más bien hacia la época en
(Fotos 7 y 8) es un ejemplo que obliga a mantener la duda. que se produce el período húmedo del año, el cual podría haber sido reducido en impor-
La extensión observada de los campos de dunas podría considerarse como la fiel tancia por la permanencia de células de alta presión en latitudes relativamente bajas. De-
representación del área afectada por tal grado de aridez en los períodos correspondien- safortunadamente, no se dispondría para ello de una señal clara, equivalente a la que de-
tes, siempre y cuando se pueda comprobar que no existe limitación alguna para el desa- jaron los campos de dunas en el paisaje. Por otra parte, la importancia relativa de cada
rrollo de los fenómenos eólicos. En el caso de la Orinoquia, el relieve del Macizo Guaya- fase eólica no varía siempre de acuerdo con las diferencias climáticas actuales, especial-
nés representa un obstáculo para la acción del viento, por lo cual es apenas lógico que mente en el caso de las dunas Casanare que parecen representar un episodio más mar-
las acumulaciones eólicas no se presenten más allá de sus estribaciones, sin que pueda cado en el centro de la Orinoquia que en el Caribe, actualmente más seco. De ser así,
afirmarse que una sequía marcada no haya alcanzado latitudes más bajas (v. van der la igual predisposición de ambas regiones, en cuanto a vientos y materiales se refiere,
Hammen 1979). El sector occidental, al pie de las cordilleras andinas, se encuentra obligaría a suponer también variaciones regionales en el esquema mismo de la circula-
cubierto por depósitos finos más recientes que las dunas más desarrolladas, por lo cual ción atmosférica durante los períodos secos (v. Rognon, 1976).
la extensión original de éstas hacia el Oeste se desconoce; las fases recientes no pudieron El incremento de la sequía hasta las latitudes señaladas parece obedecer a una modi-
expresarse por falta de material apropiado. No se conocen depósitos eólicos en el piede- ficación estacional de la circulación atmosférica. En este caso, la zona ecuatorial que se
monte, aunque no existe imposibilidad topográfica ni sedimentológica para ello. Por lo presenta a continuación hacia el Sur no necesariamente hubiera sido afectada por el cam-
tanto, las modificaciones del clima en el sentido examinado no deben de haberse amplia- bio de manera tan drástica, salvo si éste fuera además acompañado por una disminución
do mucho más al oeste del límite reconocido. Al sur del río Meta no se presenta tampo- general de las precipitaciones mismas (Van der Hammen, 1979). En la Amazonia y en la
co impedimento para que las arenas de las formaciones pliopleistocénicas de Vichada Guayana, la selva parece haber retrocedido ante la extensión de las sabanas, reduciéndose
(v. Khobzi et al., 1980), retrabajadas por los ríos locales o andinos, hayan alimentado los a refugios (Haffer, 1969; Muller, 1973; Prance, 1978; Hoogmoed, 1979; Van der Ham-
procesos eólicos en condiciones similares a las del Oriente venezolano. Siendo el relieve men, 1979) pero argumentos pedológicos, como la aparente escasez de encorazamientos
favorable también, puede concluirse que, aquí, el límite del campo de dunas fue esencial ferruginosos, incitan a no exagerar la extensión o duración de tan importantes cambios
mente bioclimático, con transición en cortas distancias a un ambien algo más húmedo, y bioclimáticos (Khobzi et al. 1980). En tal caso, el contraste entre los paisajes de la Orino-
un incremento en la erosión hídrica descrita por Tricart (1974 a, b, c). También podría quia y Amazonia hubiera sido aún mayor que actualmente, pasándose de ambientes semi-
admitirse que la disección de la Altiplanicie no se había iniciado todavía. áridos con erosión eólica a un medio selvático, en cortas distancias con terrenos ocupados
En el área del Caribe, desde la Guajira hasta el Bajo Magdalena, la brusca termina- por sabanas más o menos abiertas según las condiciones edáficas locales.
ción de los campos de dunas no corresponde con limitantes topográficos ni sedimentoló-
gicos evidentes, por lo cual debe de obedecer también a factores bioclimáticos. A conti- 5.2 CORRELACIONES
nuación del área de mayor aridez, se observan ahora condiciones también relativamente
secas (Lecarpentier et al., 1975), que bien pueden haber sido más acentuadas en el pasa- La correlación de las distintas fases eólicas y de las formaciones aluviales intercaladas
do, pero sin llegar al extremo de permitir acciones eólicas. se expresa en el Cuadro No. 2. Estos resultados pueden luego confrontarse con las obser-
b) Organización geográfica y aspectos meteorológicos vaciones y dataciones obtenidas de otros fenómenos geográficamente relacionados con los
Pese a la existencia de frecuentes hiatos, es fácil seguir, mediante las orientaciones campos de dunas estudiados y las áreas aledañas (Cuadro No. 3). Algunos comentarios se
locales, el sentido general de las corrientes eolianas a nivel del suelo sobre toda la región. imponen al respecto:
Así se reconoce, en la Orinoquia, una trayectoria con carácter anticiclónico al Oriente, a) Correlación de los fenómenos eólicos
pasando a ciclónico a partir de los Llanos Centro-Occidentales de Venezuela hasta el Vi- Salvo en el caso de la fase Malambo 1, para la cual no existe todavía indicio alguno

285
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
CUADRO No. 2
COR R E LACION TENTATIVA DE LAS SECUENCIAS REGIONALES
DE DEPOSITOS CUATERNARIOS Y SUELOS ASOCIADOS
Cuadro No. 3 — Cronología tentativa de los eventos eólicos cuaternarios en los Llanos de la Orinoguta
y la Costa Caribe (Colombia y Venezuela)
ORINOQUIA GUAJIRA BAJO MAGDALENA

FEN. EOL. LOCALES FEN. EOL. ACTIVOS

M ind• I-E lster- Konsos


R isa - Sue le - I ll ino is
DUNAS LITORALES DUNAS LITORALES

Eem ion Songa rnon

Ho lstein - Yorinouth
I N TE RGLACI AL
INTERGL ACIAL
W isconsin- W lirm
Llanura inund. Qoa delta R. Ranchería delta R. Magdalena

HOL OC E NO

GL ACIAL

GL ACI AL

GL ACI AL
We ic hse l
CRONO-
LOS BEJUCOS PUNTA LA VELA SOLEDAD
delta ant. R. Magdalena ESTRATIGRAFIA
(Mol., Inc., Ent.) delta ant. R. Ranchería
Planicie aluvial Qia terraza mar. +1 a 3 m Terr. mar. + 3 m

CASANARE t CARRAIPIA 2 PONEDERA


(Inc., Vert.) (Inc., Ent.) (Inc., Vert.)
Planicie aluvial Qib Terr. aluvial inferior explayamiento aluvial
FASES EOLICAS
de la Orinoquio
(Alf., Vert.) (Inc., Cid.) (Alf., Vert.) y equivalentes O rs•
co
Planicie aluvial Qi, Terr. aluvial superior explayamiento aluvial

CI
.

C
( Ver Cuadro 2 I N.

1111».
<o a>
LOS ANDRESEROS CARRAIPIA 1 PALMAR DE VARELA
o c
Sequía clima co
terraza mar. + 5 m a' E =
? terraza mar. + 5 a 8 m deducida de EE
sabana/bosque
c
(Alf. úl., Vert., Rub.) (Alf., Arg., Rub.) 161
Planicie aluvial Q2 Explayamiento aluvial
Nivel de lagunas
COROZO PANDO 2 MAICAO 2 MALAMBO 2
15)
? terraza mar. + 10 a 15 m terraza mar. +10 a 15m?
Recarga de
COROZO PANDO 1 MAICAO 1 MALAMBO 1 aqu itero,
(Ult.) (Alf., Arg., Rub.) (4)
Planicie aluvial 03 explayamiento aluvial
Pedimento inferior
% CO3Ca en

)
Sedimentos marinos
? margas y arcillas gravas de Cascajal + 30 m
de la Planicie Central? y arcillas arenosas? (31

(Ult., Cor.Fe) (Argid, Rub.) ?


Planicie aluvial C14 pedimento superior Nivel del mar
=Fm. Mesa Sup.
12)

transgresión ? gravas de Rotinet ?

Temperatura
deducido
Fm. Mesa inferior Gallinas y S. José beds Fm. La Popa de la relación
pcirorno/ bosque
(1)
NOTA: en MAYUSCULAS, fases eólicas; en negrilla, niveles transgresivos; entre paréntesis, suelos
(Ent. = Entisoles; Vert. =Vertisoles; Inc. =Inceptisoles; Cid. =Camborthids: Alf =Alfisoles; Años 8Px 10 3 e
Arg. =Argids; Alta =Alfisoles últicos; Ult, =Ultisoles; Cor.Fe =corrazas ferruginosas; Rub.
=rubefacción).

286
287
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi

que incite a distinguirla, todas y cada una de las generaciones de formas eólicas reportadas californiano, edades 14 C entre 20.000 a 43.000 BP (Malpica Cruz et al., 1978) pasarían
en las regiones estudiadas se diferencian por una o varias características, siendo la más a 65.000 (7), 80.000, 105.000 y 120.000 BP (Ortlieb, 1979) con el método Th/U. Por
significativa de éstas la que se refiere a la posición estratigráfica. En esas condiciones y lo tanto, deben aceptarse con cierta reserva las fechas obtenidas, para el nivel + 5 a 8
por débil que sea la argumentación en ciertos casos, es llamativa la correspondencia inter- m y sus probables equivalentes, en las Antillas Holandesas con 31.300 ± 500 y 39.550 ±
regional, no sólo en el número de eventos eólicos sino también en cuanto se refiere a la 1.700 BP (Buisonje, 1974, citado por Ochsenius, 1980) y en el sector del Cabo de la Vela,
secuencia geomorfológica global (Cuadro No. 2). Desde luego, se presentan muchas dife- con aproximadamente 25.000 añosa . En caso de ser confirmadas, tales fechas apoyarían
rencias ya que los contextos locales no son similares, tanto desde el punto de vista de la la tesis de un importante levantamiento tectónico, ya que no existe acuerdo general en
actividad fluvial como en torno a la evolución pedológica. En el primer caso, no pueden cuanto a una transgresión interestadial preflandriana de esta edad.
compararse los depósitos, muy especiales por su dinámica casi deltaica, de la cuenca del Las fases regresivas, en cambio, no se observan en el paisaje. Será en relación con
Orinoco con los explayamientos de los arroyos guajiros o las pequeñas corrientes que dre- el correspondiente cambio en la dinámica del curso inferior de los ríos que aumentó la
nan áreas de mínima extensión y elevación del Bajo Magdalena; para ello, sólo el núme- sedimentación terrígena en la Cuenca de Colombia, frente a la desembocadura del río
ro de fases de sedimentación puede ser significativo, aunque no están completamente de- Magdalena en el mar Caribe, o a consecuencia de un incremento en la erosión de la cuen-
finidos los papeles de las causas bioclimáticas ni de las influencias tectónicas y glacio- ca superior durante fases climáticas más agresivas (Prell 1978)? La coincidencia de ambas
eustáticas. En el segundo caso, a juzgar por la situación actual, el ambiente bioclimático posibles causas en el período anterior a 13.000 BP no permite escoger entre esas interpre-
tampoco es uniforme, dificultándose las comparaciones de pedogénesis; no obstante, las taciones. Prell concede cierta importancia al factor climático, pero lo considera como
tendencias observadas no son incompatibles con el ordenamiento cronológico propuesto. secundario respecto al entalle de los ríos y remoción de los sedimentos de la platafor-
Finalmente, la correlación de los niveles litorales requiere estudios específicos cuya ca- ma continental. La manifestación de acumulaciones terrígenas muy importantes du-
rencia es una fuerte limitación para tales interpretaciones. rante fases regresivas anteriores, con clima húmedo en los Andes (van Geel y van der
b) Correlación general Hammen, 1973), apoyaría tal interpretación.
En los últimos años se ha ahondado mucho en el conocimiento de las modificacio- Por lo tanto, las diferentes fases eólicas podrían situarse en la escala estratigráfi-
nes bioclimáticas de regiones aledañas a las estudiadas aquí. Van der Hammen (1974, ca general de la manera expresada en el Cuadro No. 3.
1979) y Ochsenius (1980) han presentado útiles recopilaciones de datos, a partir de La existencia, determinada por varios métodos, de un período de sequía bastante
los cuales puede intentarse situar los períodos de actividad eoliana en la cronología cua- generalizado entre 20.000 y 13.000 BP permite, de acuerdo con el marco estratigráfico

ternaria (Cuadro No. 3). regional, atribuirle la fase eólica Casanare y sus equivalentes. Los fenómenos localizados
Estos eventos, inclusive en el caso de los más intensos, no deben de representar más Los Bejucos corresponderían entonces con los episodios .secos detectados en el Holoceno
que cortas fracciones de las fases secas detectadas a partir de otros fenómenos. Por otra medio. Por otro lado, las dunas más antiguas se hubieran formado antes del período hú-
parte, su intercalación entre períodos de incremento en la acumulación aluvial está clara- medo del último Glacial o sea a principios de éste en cuanto a la fase Los Andreseros y
mente establecida en muchos casos pero, en otros, existe la posibilidad de cierta simul- antes de la transgresión (+ 5 m) del último Interglacial para la fase Corozo Pando 2 y

taneidad con los depósitos fluviales o litorales presentados como anteriores en el Cuadro equivalentes. Las dunas rojas Corozo Pando 1 y Maicao 1, si realmente son distintas de
las anteriores y se formaron antes de la transgresión del penúltimo Interlgacial, serían
No. 2 (Corozo Pando 1; Casanare - Ponedera - Carraipía 2; Los Bejucos - Soledad - Punto
entonces muy antiguas, lo que explicaría su escasa conservación.
La Vela). Por lo tanto, es difícil todavía interpretar el papel de los cambios climáticos en
la sedimentación aluvial, la cual podría corresponder, ora con períodos más húmedos
6. CONCLUSION
(02, id, ora con fases más secas (03, 1b)• Además la reacción de las cuencas no debe
ser comparable, en vista de sus grandes diferencias de vegetación y suelos. En el sector
caribe, sólo un aumento de la frecuencia de los aguaceros puede explicar el incremento Los campos de dunas principalmente parabólicas de la franja litoral caribe y de los
de la sedimentación aluvial. En las cuencas de los ríos llaneros, la degradación de la cober- Llanos de la Orinoquia son policíclicos. Cuatro o cinco fases, tentativamente correlacio-
tura vegetal durante períodos más secos pudo haber sido el factor más importante; el tipo nadas, se intercalan entre sedimentos litorales y/o aluviales. Los períodos de clima más
de acumulación refleja ante todo la subsidencia tectónica y, aún cuando corresponde con seco que correspondieron con estos fenómenos eólicos hubieran ocurrido durante el Ho-
caudales líquidos importantes, dificulta una interpretación paleo-climática. Por otra parte, loceno, el último Glacial superior e inferior, el penúltimo Glacial y quizás el anterior tam-
la correlación de las acumulaciones aluviales con los estadios glaciales (Royo y Gómez, bién.
1956; van der Hammen, 1980; Ochsenius, 1980) merece ser estudiada más a fondo. Efec- La distribución de las dunas parece ser un indicio confiable de la extensión geográfi-
tivamente la dinámica de los glaciares tropicales no favorece el escurrimiento fluviogla- ca del área relativamente árida, que abarcó regiones ahora muy húmedas pero con una
ciario, de carácter estacional, como en las montañas de latitudes más altas; en los casos estación seca marcada. Hay indicios de que el régimen de vientos, o sea la posición de
donde se ha demostrado la simultaneidad de los dos fenómenos, se trataría más bien de los principales centros de presión atmosférica, no ha cambiado significativamente a lo
la influencia del clima general sobre la dinámica fluvial, hecho que sería extensivo a regio- largo del período considerado, durante la estación seca. Las modificaciones climáticas
nes sin glaciares (como la Cordillera de la Costa en Venezuela); de acuerdo con ello, no a deducidas debieron entonces afectar la cantidad de precipitaciones recibidas durante
todos los estadios glaciarios hubieran sido asociadas acumulaciones fluviales, ya que sus el resto del año, posiblemente a raíz de una permanencia prolongada de la situación me-
características climáticas fueron diversas (van Geel y van der Hammen, 1973). teorológica anterior.
Los niveles marinos antiguos poco han sido estudiados en Colombia y una compara-
ción con los del litoral caribe de Venezuela debe complicarse por muy probables defor-
8. R. Bartels, comunicación verbal 11980).
maciones tectónicas de cierta importancia (v. Graf, 1972; Macsotay, 1973). En el litoral

288 289
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco

7. AGRADECIMIENTOS Forero, M.C. 1978 - Patrones de dunas de los Llanos Orientales de Colombia, sobre imágenes ERTS-
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así como al Dr. L.I. Olarte, por la revisión del manuscrito, es muy placentero poder ex-
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presar nuestros sinceros agradecimientos. IGAC 1959 - Mapa de suelos del Departamento del Atlántico Bogotá 4 pl (1:50 000).
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Khobzi

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CPRM Belém, Brasil.
CPRM Manaus, Brasil.

292 293
Kroonenberg et al Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila

posición, sufrieron deformaciones tectónicas durante el levantamiento de la Cordillera


Oriental en el Plioceno (Irving, 1971; Van Houten, 1976).
El valle del alto Magdalena está subdividido en tres subcuencas: el Basín de Honda,
el Basín de Girardot y el Basín de Neiva, los cuales son separados por umbrales. Los de-
pósitos terciarios de estas cuencas han sido estudiados a fondo por Anderson (1971),
Wellman (1970) y Howe (19741. Sin embargo, la zona de transición entre la cuenca más
meridional, el Basín de Neiva, y la Cordillera Central todavía es poco conocida, a pesar
de ser aquí, en las cabeceras del río Magdalena, donde se produce la divergencia entre
las Cordilleras Central y Oriental. El estudio de esta zona, por consiguiente, es de pri-
mordial importancia para entender la compleja relación entre estas cadenas montañosas.
El Centro Interamericano de Fotointerpretación, CIAF, está adelantando estudios
fotogeológicos con comprobación de campo en todo el valle del alto Magdalena, ya desde
1972. Estos estudios han resultado en numerosos informes inéditos y algunas publicacio-
nes aisladas (Soeters, 1976; Rosenman et al., 1976; Soeters, 1980), muchos de los cuales
han sido utilizados para el Mapa Geológico del Departamento del Huila por Arango y
Kassem (1977).
El CIAF se propone publicar en los próximos años una síntesis de los resultados obte-
nidos especialmente en la parte sur del Departamento del Huila, que abarca la transición
de las Cordilleras Central y Oriental a la cuenca del río Magdalena.
El estudio presentado aquí forma parte de tal esfuerzo, y está basado en estudios
fotogeológicos con comprobación de campo, parte de los cuales están descritos en los
informes de Meritano y Pacheco (1972), Pastana y Pessoa (1979) y Araujo et al., (1979),
suplementados por interpretación de imágenes LANDSAT de las zonas aledañas y análisis
petrográfico. Lat

2. LA ALTILLANURA IGNIMBRITICA

En el Suroeste del Huila, la transición entre los relieve montañosos y la depresión


del río Magdalena presenta el carácter de una "altillanura escalonada" (Grosse, 19351, Sotar
comprendida entre la divergencia de las Cordilleras Central y Oriental e interrumpida por ,/3"rk
la Serranía de las Minas, divisoria de aguas entre las cuencas del Magdalena y del río de
La Plata (Fig. 1). La parte oriental de esta altillanura, que baja desde 2500 m en el oeste
hasta 1400 m s.n.m. en el este,forma el objeto principal de este estudio. En esta zona, LEYENDA
la altillanura presenta una morfología ondulada de gran uniformidad, que consiste de un
1 • Cer
sinnúmero de montículos convexos, separados por una red de drenaje densa y esencial-
, Estratovolcón activo
mente dendrítico. La profunda meteorización, a veces hasta 10 m, a menudo impi- ■■■
•■

de distinguir las rocas que la constituyen. La altillanura está profundamente disectada, Estratovolcán apagado
hasta más de 400 m, por los ríos principales que la atraviesan, a saber los ríos Loro,
Aguacatal, Moscopán y Salado en la cuenca del río de La Plata, y en la cuenca del río Laguna del Conos pequeños
magdalena
Magdalena el mismo río de este nombre, y sus afluentes Bordones, Granates y Mazamo-
rras (Fig. 2). Caldera
El carácter volcánico de esta altiplanicie ya ha sido reconocido por Grosse (1935),
que incluye las rocas constituyentes en el Neoterciario, unidad que abarca tanto derra- Extensión aproximada
de las ignimbritas
mes de lavas y varios tipos de tobas, como los sedimentos volcanogénicos antes designa-
dos como Grupo Mesa y Honda. Dentro del parágrafo sobre derrames volcánicos, Grosse
describe "La roca interesante de Peñaseca" en las cabeceras del Magdalena entre San An- Caldera El LI
tonio y Quinchana. Esta roca "no es una lava uniforme, sino que tiene carácter brechoso
aglomerático, lo que hace pensar a primera vista que se trata de una toba aglomerática.
Argumentos en contra de lo anterior son, sin embargo, la estructura columnar y el hecho
de que el desarrollo brechoso parece que se encuentra sólamente en la salbanda, mientras
que hacia el interior del derrame, la lava se vuelve más homogénea". Clasifica esta roca

294 295
Igninthritas pliopleistocenicas en el suroeste del Huila

La Plata
Macizo de la Plata

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Lglita—de Andes .,arcirb)0
Cs, Nio E] Extensión aproximada
, 1 5 , •• de las ignimbritas
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Caldera El Letrero 20 sal

Figura 1 - Ubicación y extensión aproximada de las ignimbritas en el Suroeste del Huila.

295
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila

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297
Kroonenberg et al Ignimbritas pliopleistocánicas en el suroeste del Huila

como una "andesita micaceohornbléndica de masa gris clara I. 1 microscópicamentet. 1


con una pasta muy vítrea" (Grosse, 1935, p. 99-101).
Esta descripción, a pesar de que no la hemos podido verificar en el campo hasta aho-
ra, bien podría representar la primera que indica presencia de ignimbritas en la zona.
Entenderemos bajo el término ignimbrita cualquier roca formada por un flujo de ceniza,
en el sentido de Macdonald (1972). En muchas descripciones antiguas este tipo de roca,
por lo general caracterizado por un aspecto tan homogéneo como una lava, una compo-
sición ácida o intermedia y a menudo por una disyunción columnar, ha sido interpreta-
do como lava, y sólo después del estudio de los flujos de ceniza del valle de los Diez Mil
Humos en Katmai, Alaska, emitidos durante una erupción en 1912, se empezó a recono-
cer su carácter piroclástico (Smith, 1960; v. par. 4).
La presencia de ignimbritas en la zona de estudio ha sido reconocido sólo muy re-
cientemente por Tello y Hernández (1976), en un estudio sobre la geología de la zona
de San Agustín. En los estudios de Tricart y Trautmann (1974) sobre el Cuaternario de
la zona, estas rocas todavía son indicadas como coladas de lavas.
Nuestras investigaciones han mostrado que las ignimbritas constituyen la mayor par-
te de la "altiplanicie" mencionada, aunque también se encuentran conglomerados volca-
nogénicos, tanto anteriores como posteriores e intercalados en las ignimbritas, y coladas
de lavas basálticas, posteriores al volcanismo ignimbrítico (v. par. 6 y 7).

3. RELACIONES DE CAMPO DE LAS IGNIMBRITAS

El mapeo fotogeológico y el estudio de las imágenes LANDSAT de la zona indican


que las ignimbritas se extienden aproximadamente sobre 1000 km' en la zona, de los cua-
les 600 km2 han sido verificados en el campo, principalmente en la parte oriental de la
alta llanura ignimbrítica (Fig. 1). En los profundos entalles de los ríos se puede apreciar
el espesor muy variable de estas rocas. En algunos sitios, como en los afloramientos al nor-
Figura 3 — Ignimbrita arenosa estratificada (1), descansan- te de Guacacallo, en la orilla derecha del río Magdalena (Fig. 1), el espesor es apenas de
do sobre conglomerados volcanogénicos (41. El contacto
algunas decenas de metros. Por otra parte, cerca de La Argentina, (cuenca de La Platal el
está marcado por una capa delgada de ceniza caída (2) Y
río Loro se ha entallado en más de 400 m de ignimbritas con algunas intercalaciones con-
un paleosuelo desarrollado en los conglomerados 1 km N
de Guacacallo 13). glomeráticas sin alcanzar la base. La base del depósito entonces es sumamente irregular,
lo que probablemente es debido al hecho de que tales depósitos suelen rellenar una paleo-
topografía existente. Por otra parte, el cal'acter de altillanura que presentan los ignimbri-
tas es acorde con las superficies de acumulación, planos típicos para flujos de cenizas de
algún volumen. Tomando como espesor promedio del depósito unos 100 m y como
su extensión aproximada unos 1000 km2 , el volumen del material ignimbrítico emitido es
en el orden de magnitud de 100 km3 , o sea en el orden 6 de la clasificación volumétrica
de Smith (1960), la cual abarca depósitos de 0.01 km3 (orden 1) hasta 10.000 km 3 (or-
den 8).
En el campo se han podido distinguir tres tipós diferentes de ignimbrita:
Tipo 1: Ignimbrita arenosa estratificada. En las secciones 1 km al norte de Guacaca-
Do y 2 km al oeste de Guacacallo (Fig. 1), en la bajada del ríoLoro a la Argentina, y en
varios otros lugares se ha podido observar que la base de secuencias ignimbríticas delga-
das (algunas decenas de metros), está constituída por una ignimbrita arenosa blanca,
no consolidada, generalmente con fragmentos esparcidos de piedra pómez blanco fibro-
so hasta 3 cm. Este tipo de ignimbrita, a veces presenta una estratificación en capas de
algunos decímetros hasta metros, con contactos convexos hacia abajo y con clastos de
piedra pómez concentrados en la base, de manera que parece tratarse de flujos separados
(Fig. 3). Estas unidades pueden mostrar una estratificación horizontal o cruzada inter-
na (Fig. 4). Un depósito similar se encontró en el tope de una secuencia ignimbrítica 3
Figura 4 — Ignimbrita arenosa con estratificación cruzada. 2 km W. de Guacacallo. km al este de San Vicente, con fragmentos de piedra pómez hasta 20 cm, adquiriendo

299
298
Kroonenberg et al r Ignimbritas pliopleistocinleas en el suroeste del Huila
así un aspecto aglomerático (Fig. 5). Es común encontrar en las ignimbritas arenosas ma-
terial vegetal carbonizado, y además fragmentos de roca alóctona, principalmente de es-
quisto micáceo y andesita. Estos depósitos podrían corresponder a ''oleadas piroclásti-
cas" (pyroclastic surges; Fisher, 1979).
Tipo 2: Ignimbrita vitrofírica. En las secciones cerca de la vereda Cachipay (río
Aguacatal) y cerca de la confluencia de la quebrada Arrayán con el río Moscopán (Fig. 6),
se ha encontrado, en la base de secuencias ignimbríticas espesas (200 m aproximadamente
en ambos casos), una capa de algunos metros de vitróf ido, caracterizado por una matriz
negra vítrea, fragmentos alóctonos, fenocristales de feldespato, biotita y cuarzo, y lente-
citos delgados de obsidiana (fiamme) (Fig. 7). En la Q. Arrayán muestra un lajamiento ho-
rizontal marcado, y contiene comparativamente pocos fragmentos alóctonos. Cerca de
Cachipay, los fragmentos alóctonos alcanzan 5 cm en tamaño. Cerca de Oporapa se
encontraron bloques sueltos de vitrófido, cuya posición relativa en el depósito ignimbr I-
tico se desconoce.
Tipo 3: Ignimbrita gris-rosada común. Los dos tipos descritos antes sólo constituyen
una fracción muy pequeña del volumen total de las ignimbritas. El tipo más común es
una roca homogénea gris clara, a menudo con tinte morado o violáceo claro, con fenocris-
tales de feldespato, biotita y cuarzo y cantidades variables de fragmentos alóctonos, regu-
larmente distribuidos. Sólo raramente se nota unas fiamme blancas poco conspicuas.
Aunque la roca es bastante consolidada, es fácilmente desmenuzable, de fractura áspera y
bien porosa y permeable. Presenta un diaclasamiento grueso e irregular, que tiende a una
estructura columnar. En algunos sitios, como la cantera a la salida oriental de San Agustín
y cerca del puente sobre el río Loro a La Argentina, se presentan en bancos gruesos de oi

un espesor de aproximadamente 1 m, y con algunos contactos erosionales intraformacio- • r,. r


nales, convexos hacia abajo, sin que se cambie el aspecto homogéneo de la roca (Fig. 8). Figura 5 — Ignimbrita aglomerática con fragmen- Figura 6 — Cornisa en secuencia ignimbrítica de
tos de piedra pomez fibrosa. 3 km E de San Vi- 200 m de espesor: Quebrada El Arrayán, cerca
Aunque la mayoría de las secciones muestra secuencias ignimbríticas ininterrumpidas cente. confluencia con Q. Moscopán. La base consiste
hasta 200 m de espesor, se han observado en algunos lugares, especialmente en las partes de vitrófido. Nótese la topografía ondulada de la
distales cerca de La Argentina, y al suroeste de Oporapa, intercalaciones probablemente altillanura, los vallecitos colgantes (cf. par. 7) y la
disyunción columnar en las ignimbritas.
delgadas de orto-conglomerados gruesos y capas de cenizas volcánicas caldas. La presen-
cia de las intercalaciones sugiere la posibilidad de que se haya producido más de una
erupción ignimbrítica.
El carácter del substrato es bien variable. En el Salto de Bordones 200 m de ignim-
britas descansan sobre esquistos y metacherts paleozóicos. Aguas abajo, en la cuenca del
Magdalena, descansan sobre rocas cretácicas (Formaciones Caballos, Villeta, Guadalupe)
y terciarias (Formaciones Guaduas, Gualanday) y en la cuenca de La Plata también sobre
rocas intrusivas y volcánicas Jurásicas.
En varios lugares, las ignimbritas descansan sobre una secuencia de conglomerados y
areniscas volcanogénicas que pueden alcanzar espesores de 200 m. En el corte 1 km al
norte de Guacacallo, a lo largo de la Carretera Pitalito-Saladoblanco, las ignimbritas are-
nosas estratificadas basales descansan sobre una capa delgada de ceniza volcánica caída,
blanca (5-25 cm), la cual a su vez cubre discordantemente una paleotopografía ondulada
en areniscas y conglomerados volcanogénicos (Fig. 9). La paleotopograf ía está acentuada
por la presencia de un paleosuelo rojizo profundo desarrollado en los conglomerados
(Fig. 10). Los estudios micromorfológicos preliminares lo clasifican como un suelo con
un horizonte argílico fuertemente desarrollado. Los conglomerados se presentan en ban-
cos de hasta 5 m en espesor, con una gradación de grueso abajo hasta fino arriba, in-
dicativo de un transporte fluvial. La mayoría de los catnos son bien redondeados, y
constan de andesita, dacita, esquisto micáceo y chert, principalmente. Otro corte, 2 km
al oeste de Guacacallo en la carretera Pitalito-La Laguna, igualmente muestra la secuen-
cia ignimbrita arenosa — ceniza caída — paleosuelo — orto-conglomerado, pero aquí los Figura 7 — Vitrófido aglomerático, Cachipay, río Aguacatal.
conglomerados son mucho más gruesos y muestran aspecto torrencial (cantos hasta 1

300
301
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
Kroonenberg et al

Figura 8 — Ignimbrita común con contactos erosionales intraformacionales y separación


Figura 10 — Detalle de la parte izquierda de Fig. Figura 11 — Contacto fallado entre secuencia de
en bancos gruesos. Cantera a la salida Oriental de San Agustín.
9. La capa de ceniza caída aquí es muy delgada. ignimbrita (1) - Ceniza caída (2) - Paleosuelo (3)
y conglomerados volcanogénicos (4). 1 km N de
Guacacallo.

Figura 9 — Ignimbrita arenosa (1) cubre una paleotopografía ondulada (marcada con Figura 12 — Fotomicrografía de ignimbrita arenosa no-soldada, no-devitrificada. Muestra
punteado). Contacto marcado pOr capa de ceniza caída (2) Y paleosuelo (3) 1 km N de SK 40, impregnada con resina Vestopal ("Matriz" sucia). Luz polarizada. 1 km N de Guaca-
Guacacallo. callo.

302 303
Kroonenberg et al Ignimbritas pliopleistocénwas en el suroeste del Huila

ml. Además, las ignimbritas, que tienen aquí un espesor de 10 m aproximadamente, es-
tán cubiertos a su vez por un depósito orto-conglomerático grueso.
En las fotografías aéreas los conglomerados post-ignimbrita se diferencian difícil-
mente de las ignimbritas, por presentar el mismo tipo de morfología ondulada. En el
campo se destacan más que todo por la profusión de grandes bloques sueltos en la superfi-
cie. Otras secciones con conglomerados por debajo de las ignimbritas se encuentran en
la Quebrada El Salado y la Quebrada el Arrayán. En este último lugar, los depósitos
pre-ignimbríticos comprenden además lahares y arcillas delgadas. La irregularidad de la
distribución de los conglomerados pre-ignimbríticos requiere considerarlas como relle-
nos de paleovalles, los cuales no parecen haber coincidido con los valles actuales.
Hay indicios de que las ignimbritas han sido afectadas por un tectonismo, posterior-
mente a su depositación. En partes de la sección 1 km al norte de Guacacallo, el contac-
to entre las ignimbritas y los conglomerados inferiores está afectado por fallas (Fig. 11).
Entre La Argentina y el río Loro una secuencia de conglomerados gruesos, ignimbritas
delgadas y cenizas volcánicas caídas está basculada hacia el este. Los conglomerados por
debajo de las ignimbritas en la Quebrada el Salado están atravesados por fallas, que han
fracturado los cantos individuales. Finalmente, en las fotografías aéreas se notan varios
lineamientos importantes, que atraviesan la altillanura ignimbrítica.

4. PETROGRAFIA Y COMPOSICION

Figura 13 — Fotomicrografía de vitrófido, soldado, no-devitrificado. En la parte superior un En sección delgada los tres tipos de ignimbrita distinguidos tienen mucho en común,
fragmento de pómez. Muestra SK 35, Oporapa. Luz polarizada. pese al aspecto macroscópico tan divergente. Todos los tres tipos tienen fenocristales de
biotita, plagioclasa y cuarzo principalmente, fragmentados alóctonos similares, y todos
poseen una matriz compuesta de fragmentos de vidrio con un tamaño promedio de 0.1 a
0.5 mm. Las diferencias residen en las estructuras presentadas por los fragmentos de vi-
drio en la matriz.
De los fenocristales, el cuarzo se presenta en cristales bipiramidales hasta 1 mm en ta-
maño, con aristas redondeadas y embahías de corrosión profundas. La plagioclasa tam-
bién forma fenocristales euhedrales o subhedrales hasta 1 mm en tamaño, y de composi-
ción andesina - oligoclasa, con una zonación normal no muy marcada. Ambos minerales
félsicos también ocurren como fragmentos a menudo triangulares, que representan fano-
cristales rotos. La biotita forma escasos fenocristales euhedrales, siendo visibles sus con-
tornos hexangulares ya macroscópicamente. Presenta un pleocroismo marrón-rojizo. En
la ignimbrita vitrofírica de Oporapa se encontraron unos pocos fenocristales de hornblen-
da verde parida. En una ignimbrita arenosa, con muchos fragmentos alóctonos cerca a La
Argentina, se observaron unos pocos cristales de feldespato potásico. El mineral acceso-
rio más común es el circón. Los fragmentos comunes de piedra pómez serán considera-
dos más adelante.
La matriz del tipo arenoso consta de fragmentos de vidrio frágiles de formas curva-
das, triangulares y en forma de Y, cóncavas por todos lados, representando las paredes de
burbujas de gas reventadas (Fig. 12). Algunas burbujas han quedado intactas, especialmen-
te en los fragmentos de piedra pómez que abundan en la roca. Este tipo es tan poco
consolidado que sólo se ha podido producir una sección delgada de la muestra después
.1 mm de haberlo impregnado con la resina poliester Vestopal-H. El vidrio es completamente iso-
. • trópico.
• 1,,,rs,
fr A.1,t st. kr. La matriz de la ignimbrita vitrofírica igualmente consiste de fragmentos de vidrio iso-
Figura 14 — Fotomicrografía de ignimbrita rosada común, soldada y devitrificada. Muestra trópico, en las cuales todavía se puede reconocer que representan las paredes de burbujas
SK 33 1 km N de Guacacallo. Luz polarizada reventadas, pero ahora muy deformadas y achatadas (Fig. 13). Las partículas de vidrio
achatadas, presentan una orientación preferencial, dándole una laminación fina a la roca
que a veces es visible ya macroscópicamente (estructura eutax ítica). Los fragmentos de

304 305
Kroonenberg et a Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila

piedra pómez ya no tienen burbujas redondas, sino muy achatadas, y a veces reducidas a te. En tal caso resulta difícil de relacionar un depósito ignimbrítico con un determinado
meras rayitas o lentes de obsidiana. Es claro que la coherencia de esta roca vítrea, y la centro de erupción y por eso sólo podemos presentar algunas sugerencias al respecto.
baja porosidad se deben a la soldadura de los fragmentos de vidrio cuando todavía esta-
ban calientes y plásticos y, por consiguiente, fácilmente deformables y maleables. Esta 5.1 LA SIERRA DE LOS COCONUCOS
roca, por lo tanto, se podría llamar una "toba soldada".
La matriz de las ignimbritas grises rosadas también tiene la estructura de la "toba En el sector de la Cordillera Central donde nacen los ríos Loro (Cuenca de la Plata)
soldada", con fragmentos de vidrio deformados y achatados (aunque menos que el tipo y Bordones (afluente del Magdalena), se encuentra una serie de volcanes alineados en una
2), pero en este caso el vidrio ya no es isotrópico, sino en gran parte devitrificado. La dirección NO—SE (Fig. 15), de los cuales el más occidental, el Puracé de 4646 m s.n.m.
devitrificación se manifiesta por el crecimiento de hilos y agujas muy finas de materiales todavía es activo. Los otros volcanes principales, el Pan de Azúcar (4670 m) y el Paletará
birrefrigentes desde los bordes de las partículas hacia adentro (estructura axiolítica o pec- (4482 m) ya están apagados. Las lavas y piroclásticas emitidas son de composición ande-

tinada) (Fig. 14). Sólo en los núcleos de los fragmentos más grandes se ha conservado algo sítica y dacítica (Megyesi, 1962, Ramírez, 1975, París y Marín, 1979; Kuroda y Paris,

del vidrio isotrópico. La devitrificación parece restringida a aquellas partes de los flujos 1978). Aunque no se han encontrado ignimbritas en las cercanías inmediatas de los vol-

ignimbríticos que no han podido enfriarse rápidamente por el contacto con el subsuelo canes, el probable mecanismo de extrusión hace factible que flujos ignimbríticos, que ba-
jan de la Sierra de los Coconucos, puedan repartirse entre las cuencas del Bordones y de
frío.
La Plata, divididas por la Serranía de Las Minas, y sólo se depositen mucho más abajo,
La composición de los magmas, que produjeron los flujos de ceniza ignimbríticos,
entre 2500 y 1400 m. En las fotografías aéreas no se han encontrado grandes estructuras
solamente se puede definir mediante análisis químicos de las ignimbritas. En la ausencia
de hundimientos, pero una antigua caldera bien podría haber sido obliterada por eventos
de tales datos el índice de refracción del vidrio y la composición de los fenocristales pue-
volcánicos posteriores: de igual manera ha desaparecido gran parte de los circos glacia-
den dar una indicación. Se han determinado los índices de refracción del vidrio isotrópi-
rios, a partir de los cuales deben haber bajado los glaciares pleistocénicos, cuya acción to-
co de seis muestras, uno del tipo 1, uno del tipo 2 y cuatro del tipo 3. Todos dieron va-
davía queda bien evidenciada más abajo. La presencia de ignimbritas muy similares al
lores entre 1.485 y 1.495, correspondientes con contenidos de SiO2 aproximadamente
entre 70 y 75% (v. Williams et al., 1968, Fig. 7, p. 38). Considerando que estas rocas cons- occidente de La Sierra de los Coconucos, entre el pueblo de Puracé y Popayán, (compá-

tan de 70-90% de vidrio, y tomando en cuenta la composición sádica de la plagioclasa y rese París y Marín, 1979) respalda el origen de las ignimbritas en este sector de la Cordi-

la casi exclusividad de la biotita como mineral ferromagnesiano, las ignimbritas deben llera Central.

tener una composición riolítica o riodacítica, y no andesítica, como sugieren Tello y


Hernández (1976). El volumen de las ignimbritas requiere considerar que el magma rio-
lítico-riodacítico constituye un componente esencial en el volcanismo cenozoico de la 5.2. LAS FUENTES DEL MAGDALENA: LA CALDERA EL LETRERO
parte sur de la Cordillera Central, en contraste con el complejo Ruiz-Tolima, más al norte, O CUTANGA
del cual no se conocen tales rocas (Herd, 1974; Jaramillo, 1980). Las imágenes de LANDSAT de la Cordillera Central, muestran que existe una segun-
da cadena de volcanes alineados en dirección NO—SE. Está formada por Sotará y su saté-
5. CENTROS DE ERUPCION lite el Sucubún en el NO (4580 m), el Cerro San Alfredo en el centro y el volcán del Pára-
mo El Letrero con las fuentes del Magdalena en el SE (Fig. 15). be éstos tres volcanes
Las características deposicionales y microscópicas de las ignimbritas han sido expli- apagados soto el Sotará muestra huellas de actividad post-glacial, aunque no histórica. El
cadas como debidas al proceso de emisión en forma de coladas espumosas de ceniza ví- Cerro Alfredo es un tapón volcánico rodeado por fragmentos triangulares del antiguo edi-
trea durante erupciones violentas (Smith, 1960; Fisher, 1979). Erupciones ignimbríticas ficio volcánico (planezes), fuertemente degradados por la acción glaciaria pleistocénica.
históricas del tamaño de los depósitos aquí descritos son desconocidas. El edificio volcánico que más llama nuestra atención como fuente posible de las
El volumen de las ignimbritas de Katmai (Alaska) es de 4 km 3 solamente. Smith ignimbritas, es la zona de las cabeceras del río Magdalena. La imagen de LANDSAT mues-
(1960) estima que el volumen máximo de material que puede ser emitido por un cráter tra claramente que toda la zona del Páramo de las Papas, incluyendo la Laguna del Mag-
individual abierto es entre 1 y 10 km 3 (erupciones del tipo peleano), pero ninguna erup- dalena, y el Páramo El Letrero, forman parte de un estratovolcán de grandes dimensiones,
ción del tipo peleano ha resultado en ignimbritas soldadas. Depósitos ignimbríticos de con un diámetro en la base de 15 km aproximadamente y una altura de 4000 m (Fig. 15).
volúmenes comparables a los del Huila y formados también de varios flujos, o bien han Esto no sólo se deduce de la forma cónica y el drenaje gruesamente radial, sino más aún
sido asociados con estructuras de hundimiento (calderas, depresiones volcanotectónicas) del carácter de la depresión central. Esta depresión tiene una forma oval, con ejes de 6 y
o bien son de origen desconocido (Smith, 1960). 4 km, y la parte más baja, ocupada por la Laguna de Los Andes, se encuentra a una altu-
La búsqueda de las fuentes de las ignimbritas del sur del Huila se encuentra todavía ra de 3300 m, 700 m más bajo que el punto más alto del cerro. La depresión está cerrada
en un estado preliminar, en primer lugar porque las investigaciones hasta ahora se han por todos los lados, menos hacia el nordeste, donde desagua por medio de la Quebrada
concentrado en la parte oriental de la zona y porque partes de la zona occidental, más Delmacizo al río Magdalena. La ubicación, la morfología y el tamaño inducen a conside-
alta, carecen de imágenes. El segundo problema es de carácter geológico: por la gran flui- rarla como una caldera grande, de la cual posiblemente han salido las ignimbritas, por lo
dez, las coladas espumosas pueden correr muy lejos del centro de erupción, de manera menos las de la cuenca del Magdalena. La caldera está fuertemente influ ida por la erosión
que en las laderas del volcán generalmente no se produce deposición, sino al contrario, glaciaria posterior, indicando claramente que el volcán no ha vuelto a salir en erupción
los flujos pueden ejercer un poder erosivo bastante grande sobre ellas. La deposición después del Pleistoceno. La distribución de las ignimbritas tal como se la observa en la
ocurre a menudo mucho más abajo, en zonas de pendientes más suaves, a veces decenas de imagen LANDSAT concuerda con un origen desde esta caldera, pero desafortunadamente
kilómetros alejadas del centro de erupción (Smith, 1960) rellenando la topografía existen- todavía no se ha podido verificar estas observaciones en el campo. Según Grosse (1935)

306 307
--
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
K roonen bora et al

las lavas de la zona de la Laguna del Magdalena y del Páramo El Letrero son andesitas
hornbléndicas.

5.3 EL VOLCÁN MERENBERG

En la cuenca del río de La Plata, a 16 km al oeste de La Argentina, se encuentra un 6


o
o
volcán apagado en la Hacienda Merenberg, a una altura de 2500 m. En el campo apenas se U
destaca como un volcán, ya que sobresale sólo unos 100 m sobre la superficie plana cir-
cundante. Sólo en las fotografías aéreas (Fig. 16) se lo reconoce como un antiguo centro
de erupción, el cual tiene una pequeña caldera de 1,5 km en diámetro, mucho más peque- o
ña que la del Letrero, pero siempre tres veces más grande que el diámetro del cráter del
Puracé, de sólo 500 m. La caldera se presenta como una zona pantanosa circular, en su o
mayor parte cubierta con vegetación selvática. En los lados nororiental y suroriental se
aprecian unos flujos de lava, que se manifiestan en el campo como arrugas semicircula-
res, separados por lagunillas y zonas pantanosas. Las fotografías aéreas muestran que la
o
extrusión de estas coladas se produjo posteriormente a la formación de la caldera. Las la-
-
o ci
vas son esencialmente andesitas augíticas con unos pocos fenocristales de olivino, con o
g
una matriz densa de cristales orientados de plagioclasa tabular, que muestran estructu-
o
O LO
ras de flujo (textura traquítica). E
La localización de este volcán, en el ápice de la altillanura ignimbrítica de la cuen-
g-
ca de La Plata, lo hace una fuente posible para las ignimbritas de esta zona, pero en con-
tra de tal hipótesis se presenta el estado poco erosionado y el tamaño pequeño del vol- st 7
3

cán.
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LO
-1-
cs
>
5.4 FUENTES FISURALES N
g

Para muchos depósitos ignimbríticos voluminosos, sin una directa relación con un

• 7.--
centro de erupción, se han sugerido posibles fuentes fisurales, cubiertas ahora por las mis- t7 3
mas ignimbritas. Indicaciones para tal caso serían series de volcanes post-ignimbríticos N ID-
•E
alineados a lo largo de tales fisuras hipotéticas. En el Huila no se dispone todavía de evi- .2
z
dencia concreta para respaldar tal hipótesis. Sin embargo, el alineamiento de los volcanes
Puracé-Paletará y Sotará-Letrero podrían indicar la presencia de fisuras. También los vol-
5 g
canes post-ignimbríticos de San Agustín y San José de Isnos (v. par. 6) muestran un cier- - :=
to alineamiento. El lago profundo de La Laguna, en el corregimiento del mismo nombre,
entre los ríos Bordones y Magdalena se encuentra en la intersección de dos lineamientos g >.
que atraviesan las ignimbritas, pero su posición topográficamente mucho más bajo (1200 2
m) que la mayoría de los depósitos ignimbríticos, y el declive general de la altillanura ig-
O —I
nimbr ítica hacia La Laguna, impiden considerarlo como fuente única de estas rocas, como Áw
sugieren Pastana y Pessoa (1979). 2 12
2 ,°,,›
I co
6. VOLCANISMO BASALTICO POST-IGNIMBRITICO in U

En la zona de San José de Isnos - San Agustín, se encuentran, por lo menos 13 pe- en
LL c
queños centros de erupción, más o menos alineados en dirección SO—NE. Cinco de éstos,
a saber el Alto de Santa Mónica al SW de San Agustín, Altos de Purutal y La Pelota y
W y NW de San Agustín en la orilla derecha del Magdalena, y el Alto de las Guacas y el
Alto de La Horqueta cerca de San José de Isnos en la orilla izquierda del Magdalena (Fig.
1), ya han sido descritas por Tello y Hernández (1976) y Hernández y Tello (1978).
Fuera de éstos hay otro centro cerca de San Agustín, y cerca a San José de Isnos hay
otros siete cuerpos volcánicos, incluyendo el mismo Alto de los ¡dolos. Todos estos cen-
tros tienen en su base un diámetro de 1 - 2 km, y sin excepción se encuentran en un esta-

309
308
Kroonenberg et al
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila

do profundamente meteorizado y erosionado. Sólo en tres de ellos, el Alto de la Horque-


ta, el Alto de los !dolos y un volcán en la vereda Primavera, al sureste de San José de
Isnos, se observan todavía restos de los cráteres antiguos, que no exceden 400 m en diá-
metro. En la carretera de San José de Isnos al Alto de los Idolos están expuestos los de-
pósitos piroclásticos (lapilli y bombas pequeñas) pertenecientes a las laderas del volcán de
la Horqueta. El análisis petrográfico de una bomba de la Horqueta y dos flujos de lava
de diferentes volcanes cerca de San José de Isnos indican que se trata en todos los tres
casos de basaltos olivínicos, con abundantes fenocristales de olivino con márgenes ama-
rillas, y algunos fenocristales de augita zonar, en una matriz rica en augita y magnetita
y adicionalmente plagioclasa y vidrio marrón. La plagioclasa no ocurre como fenocris-
tales y está subordinada a la augita en la matriz, de manera que se trata de basaltos ver-
daderos y no de andesitas. Por la similitud en tipo de meteorización y erosión, los basal-
tos son difícilmente distinguibles de las ignimbritas en las fotografías aéreas, pero los da-
tos de campo sugieren que los basaltos sobreyacen aquellas, lo que está acorde con las
conclusiones de Tello y Hernández (1976) y Hernández y Tello (1978). En vista de las
similitudes en meteorización y características morfológicas de los basaltos e ignimbritas
(v. par. 7), el volcanismo basáltico probablemente se produjo antes del levantamiento fi-
nal de la zona, tal como es el caso con las ignimbritas (v. par. 7). Por las mismas razones,
parece poco probable la sugerencia de Hernández y Tello (1978) de que los indígenas
agustinianos hayan podido observar estos volcanes en erupción.
El pequeño cono de escoria basáltica El Morro, que se encuentra a 6 km al oeste de
La Argentina a 1800 m s.n.m., tiene un aspecto mucho menos erosionado, y por consi-
guiente puede representar la última fase del volcanismo basáltico de la zona al este de la
Cordillera Central. Este como descansa sobre un flujo de lava andesítica, muy parecida
a la del Merenberg, que procede de un cráter más antiguo cerca de la Inspección de Poli-
cía El Pensil y que rellena un valle entallado en las ignimbritas.

7. METEORIZACION, LEVANTAMIENTO Y RELLENOS DE VALLE


POSTOROGENICOS

Después de la extrusión de las ignimbritas y los basaltos se produjo un período de


estabilidad relativa en el paisaje. Durante esta época las rocas volcánicas sufrieron una
meteorización profunda y una disectación fina dendritica, dando lugar a la morfología
ondulada actual de la altillanura ignimbrítica.
El levantamiento final de la zona originó un rejuvenecimiento de los ríos principales
y una disrupción de la red de drenaje dendrítica, como lo demuestra los numerosos valle-
citos colgantes, a lado y lado de los entalles recientes. La fuerte erosión vertical expuso
las rocas subyacentes en ventanas geológicas importantes tal como el Salto del Bordones.
Las ignimbritas, al ser entalladas, a veces forman cornisas impresionantes, tal como
al este del Salto del Bordones y cerca de la confluencia de la Quebrada Arrayán con el
río Moscopán (Fig. 6). Pero también se produjeron deslizamientos importantes, cuyas
cicatrices se pueden observar especialmente en el bajo Bordones y en el río Magdalena,
aguas arriba de la desembocadura del Bordones. Muchas laderas, en las incisiones recien-
tes, están cubiertas con coluvios potentes de grandes bloques angulares, producidos por la
disyunción columnar de las ignimbritas. El comportamiento variable de las ignimbritas
Figura 16 — Estereograma de fotografías aéreas 18690-18691 vuelo M 1138; escala apr. 1:50.000.
El volcán Merenberg y la parte adyacente de la altillanura ignimbrítica. frente a los procesos erosivos, parece reflejar diferencias en soldadura y compactación.
En varios sectores, especialmente a lo largo del río Magdalena, se encuentran terra-
zas a diferentes alturas sobre el nivel del río. Estos rellenos de valle post-orogénicos han
conservado sus superficies de acumulación planas, por lo cual se distinguen de las ignim-
britas y basaltos con su morfología ondulado, finamente disectada. La terraza más alta
se encuentra a 300 m sobre el nivel del río Magdalena, y está más claramente desarrolla-
310
311
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
Kroonenberg et al

del Plioceno durante el levantamiento de la Corillera Oriental (Howe, 1974; compárese


da a ambos lados de la Quebrada el Guayabo entre Saladoblanco y Oporapa. Consiste
van der Hammen et al., 1973 para datos sobre la Cordillera Oriental). El levantamiento
de fragmentos angulares de andesita oscura en una matriz arcillosa endurecida, y proba-
epirogénico se produjo probablemente poco después o quizás contemporáneamente, es
blemente representa un depósito de lahar. Una terraza lahárica similar se encuentra entre
decir en el Plioceno Tardío o Pleistoceno Temprano.
San José de I snos y San Agustín, la cual probablemente corresponde con parte de las bre-
Por consiguiente, la edad de las ignimbritas probablemente queda comprendida entre
chas volcánicas de la Unidad C de Tello y Hernández (1976). Estos autores suponen una
el Plioceno y el Pleistoceno Temprano.
edad pre-ignimbrítica para estas rocas, quizás basándose en su posición topográficamente
más baja en los entalles recientes, y quizás por confusión con los conglomerados volcano-
9. ASPECTOS ECONOMICOS
génicas que sí subyacen las ignimbritas. Sin embargo, la ausencia de la fina disectación
dendrítica en estas terrazas las califica como post-orogénicas. El nivel de lahares parece
Los análisis de arcillas alumínicas, pertenecientes a los perfiles de suelo desarrollados
continuarse hacia el basín de Neiva hasta la "terraza" del río Magdalena entre Altamira
en ignimbritas y andesitas cerca de la Inspección de Policía de Belén y la Vereda La Esta-
y Garzón. En este nivel se encuentra un depósito lahárico similar intercalado entre las
ción, en la cuenca de La Plata, indican un posible interés económico (Buitrago, 1976).
gravas y arenas de los abanicos coalescentes que constituyen esta "terraza" (compárese
En vista de la extensión de tales arcillas alumínicas, desarrolladas sobre la Formación Po-
Tricart y Trautmann, 1974; Van Houten, 1976 y Soeters, 1980).
payan, en el Departamento del Cauca (Rosas, 1979), la exploración por ese mineral en
Los niveles más bajos tienen un carácter más netamente fluvial; también se interca-
la altiplanicie ignimbrítica del sur del Huila podría dar resultado prometedores.
lan conglomerados torrenciales gruesos, que sólo por su litología, sin la ayuda de la mor-
La ignimbrita del tipo común gris rosado (soldado y devitrificado) parece poco idó-
fología, no siempre se diferencian fácilmente de los conglomerados pre-ignimbríticos.
nea para obras de construcción por su carácter fuertemente deleznable. Esto se puede
observar por el estado deteriorado en que se encuentran las ignimbritas en la Catedral de
8. DESIGNACION ESTRATIGRAFICA Y EDAD DE LAS IGNIMBRITAS
San Francisco en Popayán en comparación con los otros tipos de roca empleados. Otra
indicación de la baja estabilidad física y química de las ignimbritas la ofrece la fuerte
Varias designaciones estratigráficas informales han sido propuestas en los informes
alteración que sufren a su desentierro las estatuas de las zonas arqueológicas de San
de los proyectos de mapeo fotogeológico del CIAF, tal como "Formación Guacacayo"
Agustín y del Alto de los (dolos, muchas de las cuales consisten de ignimbritas (Tello y
por Meritano y Pacheco (1972) y "Formación La Laguna" por Pastana y Pessoa (1979)
Hernández, 1976; Hernández y Tello, 1978). Finalmente cabe anotar que la ausencia ge-
en la cuenca del Magdalena, y "Formación San Vicente" por Araujo et al. (1979) en la
neral de rodados de ignimbrita en los cauces de los ríos que atraviesan la zona también es
cuenca de La Plata. Tomando en cuenta la prioridad del nombre más antiguo y la repre-
indicativa de la baja estabilidad física de estas rocas.
sentatividad de las secciones al N y al O de Guacacallo, se propone retener provisional-
mente el nombre Formación Guacacallo para las ignimbritas de ambas cuencas, pref-
10. AGRADECIMIENTOS
riendose la ortografía "Guacacallo" de la Plancha 388-IID del Instituto Geográfico
"AGUSTIN CODAZZI". Se advierte que Guacacallo no es solamente el nombre del pue-
Se agradece a los doctores Leonidas Mejía del CIAF y Carlos Luna, Luis Ignacio Oler-
blito donde se encuentra la sección típica, sino también un antiguo nombre indígena para
te y Jairo Marulanda del Laboratorio de Suelos del IGAC, por su colaboración en la im-
el río Magdalena.
Los autores antes mencionados incluyen en sus definiciones los depósitos conglome- pregnación con resina de algunas muestras no-consolidadas, y a los doctores Michel Her-
ráticos o "aglomerados" pre- y post-ignimbríticos, pero en vista de la discordancia entre melin y Gloria Rodríguez del INGEOMINAS y Rubén Llinás de la Universidad Nacional
por facilitar la preparación de las secciones delgadas. Los comentarios valiosos de los doc-
las ignimbritas y los conglomerados volcanogénicos subyacentes, marcada por la topo-
tores Hans Diederix y Peter Riezebos han sido tomados en cuenta en una revisión post-
grafía ondulada y los paleosuelos en las secciones cerca Guacacallo, parece mejor restrin-
seminario del manuscrito.
gir la definición de la Formación Guacacallo a las ignimbritas únicamente. Además, la
distribución de los conglomerados pre-ignimbríticos es muy diferente de la de las ignim-
britas, debido a su carácter de rellenos de paleovalles. Los conglomerados post-ignimbrí- 11. REFERENCIAS
ticos que forman parte de la morfología ondulada tienen una extensión muy restringida y
Anderson, T.H. (1972) Paleogene non-marine Gualanday Group, Neiva Basin, Colombia, and regio-
además descansan sobre un paleosuelo desarrollado en las ignimbritas. Conglomerados
nal development of the Colombia Andes. Geol. Soc. Amer. Bull., 83, 2423-2438.
intercalados en las ignimbritas sí deberían ser incluídos, pero hasta ahora no se dispone Arango, J.L. y T. Kassem 119771 — Mapa geológico del Departamento del Huila 1:500.000. INGEOMI-
de datos suficientes para evaluar su importancia dentro de la Formación. NAS, Bogotá.
Los conglomerados pre-ignimbríticos podrían considerarse por su edad pre-levanta- Araujo, C.D.M. de, M.C. Serrano y V. Pecho (1979) — Geología de la Región de la Plata. CIAF, Bo-
miento, por el tectonismo sufrido y por la composición predominante volcanogénica, co- gotá, Informe inédito, 90 p.
Beltrán, V. y J. Gallo (1968/1979) — The geology of the Neiva sub-basin, upper Magdalena Basin,
mo los equivalentes proximales del "Grupo Mesa" (en el sentido de Howe, 1974) o
Southern portion. Ninth annual field conf. 1968; in: Col. Soc. Petrol. Geol. Geoph.: Geological
"Formación Gigante" (en el sentido de Beltrán y Gallo, 1968/1979). Esta formación con-
Field Trips Colombia 1959 - 1978, p. 253-275.
siste de conglomerados y areniscas fluviales volcanogénicas, que según el análisis de paleo- Buitrago, C.J. 119761 — Ocurrencias Minerales en el Departamento del Huila Informe No. 1698, IN-
corrientes de Howe (1974), han sido depositados por ríos que corrían hacia el oriente, o GEOMINAS, Bogotá.
sea procedentes de la Cordillera Central. Al Grupo Mesa se le ha atribuído una edad plio- De Porta, J. (19741 — Lex ique strattgraphique international Volume V Fasc. IV b, Colombie Ideuxie-
me parte) Teman-e et Quaternaire. CNRS, Paris, 692 P.
cénica, aunque las bases para tal afirmación todavía son discutibles (De Porta, 1974).
Fisher, R.V. (1979) — Models for pyroclastic surges and pyroclastic tlows. J. Volc. Geoth. Res. 6,
Van Houten (1976) obtuvo una edad K-Ar para biotita de esta formación de 8.5 ± 0.4
305-318.
millones de años. Esta formación fue afectada por plegamiento y fracturación a finales
313
312
Kroonenberg et al

Grosse, E. (1935) — Informe rendido al Ministerio de Industrias sobre un viaje al Huila y Alto Cague-
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Irving. E.M. (1971 — La evolución estructural de los Andes más septentrionales de Colombia. Bol.
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Meritano, J. y A. Pacheco (1972) — Valle superior del Magdalena. Estudio geológico de la región El corazón RC 15-94 fue tomado en el flanco occidental de la Cordillera Mesooceánica del Atlán-
Pitalito-Timaná-Suaza-Saladoblanco. Informe inédito, CIAF, Bogotá, 24 p. tico (42054'S y 20°51W) a una profundidad de 3.762 m.
Paris, G. y P. Marin (1979) -- Generalidades acerca de la geología del departamento del Cauca. IN- Este corazón se escogió por las siguientes razones: a) favorable localización geográfica dentro del
GEOM INAS, Popayán - Bogotá, 38 p. área determinada como aquella en la cual el Frente Polar Antártico sufrió el máximo desplazamiento
Pastana, J.M. do N., y M.R. Pessoa (1979) — Estudio geológico de la región de Pitalito. Informe inédi- hacia el norte durante la última glaciación; b) su localización topográfica que favorece una sedimenta-
to, CIAF, Bogotá, 99 P. ció de tipo predominantemente pelágico; c) rata de sedimentación relativamente alta; dl presencia de
Ramírez, J,M. (1975) — Historia de los terremotos en Colombia. 2nda, Ed., Instituto Geográfico una fauna rica en radiolarios con fuertes cambios composicionales a través del tiempo; e) presencia de
"AGUSTIN CODAZZI", Bogotá. 250 p. CaCO3 a lo largo del corazón (1.255 cm I pero con cambios relativos apreciables.
Rosas, H. (1979) — Estudio sobre depósitos de bauxita en Cauca y Valle especialmente en el área de El estudio, basado principalmente en los cambios en el porcentaje de CaCO3 por peso seco de
Morales - Caji bici. Bol. Geol. (Bogotá): 22, 1, 57-84. sedimento y el análisis de la fauna de radiolarios permite mostrar que, dentro de los limites de reso-
Rosenman, H.L., J.A. Gebhard, P.S. Anderson, A. Gómez y A. Pedreira (1976) — Contribución al lución de la escala de tiempo, los principales cambios climáticos del Atlántico Sur ocurren simultánea-
conocimiento geológico de las localidades de Aipe, Neiva, Palermo y Yaguará, Departamento del
mente con cambios en el Atlántico Norte y presentan una clara correlación con la curva de insolación
Huila, Colombia Mem. 2ndo. Congr. Latinoam. de Geol. Bol. (Caracas) Publ. Esp. No. 7, 2,
para el verano del hemisferio norte durante los últimos 230.000 años.
556-566. Los cambios en porcentaje de CaCO3 en el corazón RC 15-94 corresponden aproximadamente a
Smith, R.L. (1960) •- Ash flows. Bull. Geol. Soc. Amer., 71, 795-842. cambios en la temperatura del agua de superficie. La disminución en el contenido de CaCO3 es produ-
Soeters, R. (1976) El desarrollo geomorfológico de la región de Ibagué-Girardot. Revista CIAF,
cida principalmente por dilución debida al aumento en la depositación de arcilla y por disolución debi-
Bogotá, 3, 1, 57-69. da al Agua Antártica de Fondo cuyo límite superior se hace menos profundo durante las épocas de
Soeters, R. (1980) — Una contribución sobre el desarrollo de la parte alta del valle del río Magdale- glaciación.
na en el Cuaternario. Mem. Primer Seminario sobre él Cuaternario de Colombia. Durante los últimos 230.000 años la posición más meridional del Frente Polar Antártico parece
Tello, H. y T. Hernández (1976) — Investigación geológica en el Parque Arqueológico de San Agus- coincidir aproximadamente con su posición actual pero durante la mayor parte de este tiempo ha
tín (Huila). Tesis de grado inédito, Universidad Nacional de Colombia, Dpto. de Geociencias, estado localizado al norte de la posición que hoy ocupa.
30 p.
Tricart, J. y Trautmanw (1974) -- Quelques aspects de 1' évolution géomorphologique quaternaire La posición más septentrional alcanzada por el Frente Polar Antártico durante los períodos de
de haut bassin du Magdalena (Colombie). Bull. Inst. Fr. Et. And., 1974, 3, 4, 37-58. máxima glaciación coincide aproximadamente con la localización del corazón RC 15-94.
Van der Hammen, T., J.H. Werner y H. van Dommelen (1973) -- Palynological record of the upheaval
of the Northern Andes: a study of the Pliocene and Lower Quaternary of the Colombian Eastern ABSTRACT
Cordillera and the early evolution of its High-Andean Biota. Rey. Palaeobot.Palyn. 16, 1-122.
Van Houten, F.G. (1976) — Late Cenozoic volcanoclastic deposits; Andean Foredeep, Colombia. Geol. Through samples taken at a depth of 3.762 m, the study is based mainly on changes in the
Soc. Amer. Bull., 87, 481-496. percentage of CO3Ca vs. dry weight of sediment and on the analysis of the radiolarian fauna. It is
Wellman, S.S. (1970) Stratigraphy and petrology of the nonmarine Honda Group, (Miocene),
possible to demonstrate that within the resolution limits of the time scale, the principal climatic
Upper Magdalena Valley, Colombia. Geol. Soc. Amer. Bull., 81, 2353-2374. changes of the South Atlantic area took place simultaneously with those changes of the North Atlantic
Williams, H., F,J. Turner y C.M. Gilbert (1968) — Petrografía. CECSA, México, one, and that altogether present a clear correlation of the curve of insolation for the North Hemis-
phere Summer, during the last 230.000 years.

• Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. D E. - Colombia.

314 315
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 317 - 318 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

CARACTERIZACION MINERALOGICA, MICROMORFOLOGIA Y DE


GENESIS DE SUELOS EN LAS PLANICIES CUATERNARIAS DE LA RE-
GIGN SUR DE SAN FERNANDO DE APURE. EDO. APURE. VENEZUELA

Dimas Malagón*„ Guido R. Ochoa"

RESUMEN

Se llevó a cabo la investigación detallada de 11 perfiles de suelos y materiales plinticos y Petro-


férricos en los Llanos Occidentales Venezolanos del Edo. Apure, específicamente en la Planicie Eólica
con alta densidad de médanos y de edad Cuaternaria (00a a 03a ) ubicada a 7°35' N y 670 10' a
67°40' W.
Los factores formadores se caracterizan, además, por presentar clima Awi, Zona de vida bs-T con
precipitación promedia anual de 1772 mm, ETPp de 2253 mm y temperatura promedio de 27°C.
La Vegetación está constituida por Sabanas de Trachypogon, en algunos casos adicionada de Cura-
talla y Byrsonima.
Los Procesos genéticos abarcan la adición de capas eólicas limosas y arenosas, de espesor varia-
ble, lavado de cationes y su pérdida o translocación a capas más profundas, las cuales integran hori-
zontes enterrados, argílicos y con dinamita de Fe (nódulos, moteados, plintita). Los perfiles inves-
tigados se agrupan en Quartzipsamments, Plintaqults, Distropepts y Tropaqualf, son poligenéticos,
evidencian cambios climáticos y en algunos casos llegan a originar corazas petro-férricas. Los Procesos
actúan en un marco ácido y de bala fertilidad con humus del tipo Mull Tropical ácido, bajo estaciona-
lidad climática y fuerte hidromorfismo.
La investigación plantea hipótesis para explicar la fuente de sedimentos eólicos (Mesas Orienta-
les del país, Escudo Guayanés) y aluviales (Escudo Guayanés, Cordillera Andina), basándose en la mi-
neralogía de las fracciones ligeras y pesadas de las arenas (presencia de minerales metamórficos y tem-
peraturas de inversión del cuarzo): demás, en base al análisis detallado mineralógico y micromorfológi-
co plantea evidencias de cambios climáticos y dataciones relativas (horizontes argílicos, pápulas,
argilanes recientes, distorsiones de fenómenos pede:ilógicos).
El análisis mineralógico en arcillas indica predominio de caolinita y cuarzo, con menores cantida-
des de materiales micáceos y transicionales a minerales vermiculiticos y cloriticos, esmectitas solo se
caracterizaron, en bajas cantidades, en un perfil. Los principales minerales encontrados fueron tam-
bién asociados analíticamente con su grado de desorden cristalino. El ATD ayudó en este aspecto al
igual que en la definición de materiales de Fe (Goetita y amorfos).
La mineralogía de la fracción limosa revela predominio de cuarzo sobre caolin ita y ambos domi-
nando la fracción, se presentan en menor cantidad minerales micáceos e hidromicáceos-cloríticos,
pirofilita sólo se presenta en bajas cantidades.
La fracción arenosa evidencia en la subfracción ligera el mayor contenido de cuarzo y fragmen-
tos líticos (arenitas, arcillolitas, microgranitos) con trazas o bajas cantidades de feldespatos; en la sub-
fracción pesada dominan los minerales de Fe (hematita, magnetita, ilmenita, goetita) con cantidades
relativamente altas de anfiboles, piroxenos, muscovita, circón, turmalina, epidota y, en la mayoría
de los suelos, de minerales de fuentes metamórficas (silimanita, estaurolita, andalucita, granate).
El análisis micromorfológico indica características muy diferentes acordes con la naturaleza de
las capas (eólicas, aluviales), no obstante son comunes en el esqueleto los granos angulares de cuarzo
y fragmentos líticos, el plasma varía desde prácticamente inexistente en las capas arenosas a abun-
dante en los horizontes argílicos enterrados, en ellos dominan fábricas vo-masépicas, latisépicas y las
in-esquelsépicas, cuando se presenta algo de plasma en los horizontes eólicos este es de bajo desarrollo
lasépicos insépicod.
Los poros dominantes son vughs, canales y vesículas en superficie y canales y planos en profun-
didad.

• Profesor de Suelos, CIDIAT, Apartado 219. Mérida, Venezuela.


•• Profesor de Suelos, Instituto de Geografía. ULA. Mérida, Venezuela.

317
-

M'Unían & Ochoa

Los fenómenos pedológicos sobresalientes son los argilanes y pápulas en los horizontes 2 y 3Btb
y la dinámica del Fe conformando moteados, nódu los, concreciones y plintita.
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 319 - 328 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
El estudio del Proceso de Induración referido a la dinámica del Fe se llevó a cabo macrornorfolo•
gica, micromorfológica, mineralógica y quimicamente, constatándose el efecto óxido-reductwo asocia-
do con la alternancia estacional, las discontinuidades litológicas, niveles freáticos y dinámica del Fe SUBSIDENCIA Y GEOMORFOLOGIA DE LA DEPRESION INUNDABLE
como causales interrelacionadas. El proceso fue definido en sus etapas sucesivas postulándose la rela- DEL RIO MAGDALENA
ción hematita: goetita como criterio evolutivo del mismo, aumentando en grado acorde con su valor
nu mérico.
Aramís Martínez G.
ABSTRACT

Through a detailed study of eleven profiles of sous, plinthic and petroferric materiais of Llanos
Occidentales of Estado de Apure in Venezuela, the research suhmits an hypothesis for explaining the RESUMEN
source of aluvial and acopan sediments, grounding their finding statements un the minetalogy of
light and heavy sand fractions. Likewise, with base on the detailed mineralogy and rnicromorphology El análisis litoestratigráfico y dataciones 14C de muestras obtenidas en ocho perforaciones hasta
50-60 m de profundidad, permitieron estudiar la subsidencia activa que afecta la Depresion Inunda-
analysis, it becomes evident the climatic changes and relative dating.
ble del Magdalena, en la cual se distinguen tres grandes unidades geomorfológicas con sus respectivas
subdivisiones. Las conclusiones del estudio sirven de base para un programa de control de inunda-
ciones.

ABSTRACT

The lithostratigraphic analysis and 14 C dating of samples, which were obtained in 8 different
borings up to depths as much as 50 and 60 m, permitted the study of an active subsidence which
affects the flood basin of the Magdalena Rwer. Three geomorphologic units with theg- relative sub-
divisions are clearly distinguished. The conclusions of this study serve as a base for a program directed
towards controling the Magdalena River tlooding.

1. INTRODUCCION

En la marco del Proyecto Colombo-Holandés para la cuenca Magdalena-Cauca, desa-


rrollado entre 1972 y 1976, se introdujo la Geomorfología como disciplina de los estu-
dios básicos. El profesor T. van der Hammen, asesor holandés, planteó la necesidad de
elaborar estudios palinológicos y dataciones con 14 C, como consecuencia de dataciones
preliminares elaboradas por él en sedimentos de la Ciénaga de Morrocoyal, en el piede-
monte de la Cordillera Central. El Dr. Enrique González, palinólogo asesor por el Gobier-
no Holandés, adelantó los estudios geológicos y palinológicos que han servido de marco
de referencia para los estudios de subsidencia que aquí se presentan.
Aunque se estableció una cronología relativa de las unidade geomorfológicas meno-
res como diques, acumulaciones fluvio-lacustres y se sabe, además, que sus edades son
inferiores a 1.500 años, no se establecieron dataciones específicas. Mayores detalles pue-
den obtenerse en los volúmenes I y XI del informe del Proyecto, publicado por el HIMAT
en 1977.

2. CARACTERISTICAS GEOLOGICAS GENERALES

2.1. LITOLOGÍA

Los estudios geológicos realizados en el Magdalena Medio, muestran la siguiente dis-


tribución de los afloramientos rocosos:
Las estribaciones de la Cordillera Central, están constituídas por rocas ígneo-meta-
mórficas, paleozoicas (Radelli, 1967; Irving, 19711.
Las rocas de la zona de la margen derecha del río Magdalena, hasta Plato, pertenecen

• Apartado Aéreo 21159, Bogotá - Colombia.

318 319
Martínez geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena

al Terciario en las que alternan areniscas, arcillolitas y calizas (Irving, 1971; Duque,
1971).
— Las rocas de la margen izquierda están representadas fundamentalmente por rocas
de la formación Lisana, en la que también se presentan areniscas, arcillolitas y cali-
zas, en facies diferentes de las anteriores.
— La Parte Central de esta área, que corresponde a la zona inundable de los ríos Mag-

INSTITUIDCOLOMBIANO DE H IDROLOGIA, METEOROLOGIA

PROYECTOCUENCA MAGDALENA —C AUCA


dalena y sus afluentes Cauca y San Jorge, está constituída por una capa relativamente
espesa de materiales fluviolacustes, no consolidados, en la que se alternan, gravillas,

Conv enio Coloraba —Ho lan d és

ARCHIVO :
TEC TONICADELO S A LREDEDORES
Y ADECUACION DETIE RRAS
arenas, limos y arcillas.

DE LA PLANI CIE INUNDA BLE


2.2 TECTON ICA

G EOL OGI A

POR: A. Mar tín"G.


1
1
Las rocas enunciadas, están afectadas fuertemente por acciones tectónicas, las cuales e
Z
se manifiestan por fallas que individualizan grandes unidades a veces levantadas o hun- o
didas. La mayoría de las fallas que afectan las vertientes de la Cuenca, se orientan princi- 1
palmente en sentido longitudinal (S-N) y transversal (SW-NE y SE-NW). La zona septen- :

00.000 1

Entro de 1977
trional de la Cuenca (de Honda hacia el Norte), es la más fuertemente afectada, por lo
cual se analiza detenidamente este fenómeno. Las principales fallas longitudinales son:
Santa Marta-Bucaramanga, Sabanalarga-Bolívar y Bagre-Palestina. Las dos primeras son
1~ '-.,

ESC AL A
laterales (bordes de la Cuenca) y la tercera es central. Entre las principales fallas transver-

FECHA:
1
sales se encuentran Romeral, Cimitarra, Otú, Colorado, Ayapel y Chicagua (estas dos úl- EME -
timas son interpretativas). A excepción de Romeral, ellas son cortas y unen entre sí las
longitudes extensas. Se observa en la disposición de las fallas un marcado paralelismo

Rocas metamórficas
(Fig. 1 ). o
a)
El resultado de la acción de estas fallas es la individualización de una serie de bloques u o
E
que se levantan (Cordillera Central) o se hunden (Zona Inundable) en forma diferencial o
o. E
y que parecen afectar el zócalo. El análisis de la zona hundida en la que se desarrolla la o
W .0
depresión inundable, muestra que existe un bloque central entre las fallas Ayapel-Chica- C
.0.0
= o
gua (interpretativas) y Romeral, que forma un graben, mientras que los bloques laterales
o
son basculados hacia el SW y el NE. Estas acciones explican dos fenómenos: por una parte .=

la subsidencia (hundimiento) que afecta la zona, inclusive en la actualidad, y por otra la

CON VEN CIONE S


existencia de la Planicie Inundable en la superficie. Duque (1971) habla de una "Paleo
Fosa de Plato", la que describe como "una depresión en forma de V" con un "Paleo Ca-
ñón" en su fondo. Los materiales de esta fosa identificados por sondeos geofísicos, desde

Sinclinal Magdalena Med.


la parte basal hasta la superficie, están constitu ídos por:
- Rocas ígneas (basamento), que se consideran semejantes a las datadas por métodos

Fa lla comprobada
radiométricos al NE (Plato-Sierra Nevada) presentaron edades de 1.300 millones al

Falla p roba ble

Falla n ivelada
Sur (Serranía de San Lucas).
— Sobre estas rocas reposan depósitos de edad Primaria y Secundaria, de espesor y lito-
logía desconocidos (Formación Girón?).
- La parte central de la depresión (zona Sucre-Boquillas) presenta sedimentos de 7000
metros de espesor, con edad que oscila entre 20 y 25 millones de años. Estos sedi-
mentos parecen reposar aquí directamente sobre las rocas precedentes; sin embargo,
esta hipótesis no ha sido confirmada. Se trata de sedimentos terciarios marinos, cuya
edad fue determinada con base en foraminíferos contenidos en ellos.
— En el borde NW de la zona, sedimentos turbidíticos inferiores dieron, por el mismo o
método, edades que fluctuan entre 10 y 20 millones de años (Terciario Medio y Su-
Figura 1
perior).
- Estudios geotécnicos posteriores muestran que el último levantamiento regional ocu-
rrió durante la transición del Plioceno al Pleistoceno (entre 3 y 2 millones de años),
periodo en el cual el fenómeno más importante es el levantamiento con basculamien-

321
320
Subsideneieygeomorf ol ogíade la depresió ninundable del río Magdalena

CONVENCIONES

.0" Falla probable


Aluviones planicie
inundable 14
HIMAT
INSTINTO COLOMBIANO DE HIDROLOGIA, METEOROLOGIA
Y ADECUACION DE TIERRAS

PROYECTO CUENCA MAGDALENA —CAUCA


+ + ++
Falla comprobada Rocas metamórficas Convenio Colombo — H olon dii e
+++++++
G EO LO GI A
TECTONICA DE LOS ALREDEDORES
Falla nivelada Rocas sedimentarias DE LA PLANICIE INUNDARLE

ESCALA: 1 500000 POR: A. m .,4,., G. ARCHIVO:


1

Sinclinal Magdalena Med. PECHA: CHOUj°:


Enero do len G. La ROMO A.
Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena

Ai- NNE DE A 'ONA INUNIABLE


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323
Martínez Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena

o o
to que acentuó el hundimiento (subsidencia) en la actual Zona Inundable, así como
o
el levantamiento (solevantamiento) de sus márgenes Ilrying, 1971).
E E o
o o
o •0
a- 2
3. SUBSIDENCIA RECIENTE

Las pérforaciones han permitido determinar que los 40-50 metros más superficiales
—1.500 de sedimentos, formados por capas de gravilla, arena, arcilla y limos, intercalados o en
alternancia, fueron acumulados durante los últimos 11.000 años y muestran variaciones
500 locales considerables (Fig. 21. Correlativamente con el solevantamiento de sus márgenes,
la zona inundable se encuentra afectada por subsidencia (hundimiento geológico), lo
cual, sumado a la compactación de los materiales acumulados y al peso de éstos, acre-
cienta el fenómeno.
Esta subsidencia afecta la zona inundable desde hace por lo menos 20- 25 millones
9.50 m. de años y es correlativa con el último mayor levantamiento de las márgenes, que se ini-
2 500—
.000 nos
JP
99 1 1-2 500
ció en el período que forma la transicion entre el Plioceno y el Pleistoceno 12 -3 millones
Ft= 6 3 mm. no de años). La tasa de acumulación de sedimentos en esta zona es considerada equivalente al
, 11 00 hundimiento más la compactación. Dataciones realizadas con I4 C, han ofrecido los si-
guientes resultados:
- Los últimos 26-25 metros cn promedio se han acumulado en 7500 años, con una
130 tasa total de hundimiento máximo promedio de 3,82 mm/año.
- Dado que el hundimiento de la zona no se presenta uniforme, la subsidencia fue de
tipo diferencial. Se encuentra que entre 7.500 y 5.000 años la tasa promedia tue
2.500i:15os
de 3,10 mm/año; entre 5.000 y 2.500 de 3,25; entre 2.500 y 1.500 de 6,10 y entre
R. 3.25 mm./año
5 000— —5.000 1.500 y hoy de 2,92. Estos datos muestran una fuerte disminución de la sedimenta-
ción y de la subsidencia en los ultimos 1 500 años, asi como una rápida sedimenta-
ción y hundimiento en los años anteriores (v. Fig. 3).
El aspecto diferencial de la subsidencia es temporo-espacial. Es así como se han po-
dido distinguir 3 áreas diferentemente afectadas: Palmitas-Sucre, Sucre-Boquillas y Boqui-
llas-Monpós. En 7.500 años se acumularon 25 metros en Palmitas, 28 en Sucre, 30 en Bo-
—7.500 quillas y 22 en Mompós. Las tasas promedias acumuladas para cada sitio dan, en su orden.
valores de 3,4; 4,3; 4,1 y 3,3 mm/año, de donde se deduce que la zona más fuertemente
afectada es la comprendida entre Sucre y Boquillas.
El análisis de los datos precedentes, permiten concluir que:
- La subsidencia en esta área se manifiesta como un fenómeno extremadamente
rápido, que afecta diferencialmente el área.
- Se han encontrado que las áreas en que se localizan las poblaciones de Mompós,
Palmitas, Boquillas y Sucre, pueden ser consideradas representativas del efecto dife-
rencial de la subsidencia y de sistemas de acumulación fluvial o fluvio-lacustre que les
son propios, los cuales producen unidades geomorfológicas acordes con los sistemas
de acumulación inducidos por la combinación de la dinámica de subsidencia con las
dinámicas fluvial y fluvio-lacustre.

CONVENCIONES Figura 3 4. GEOMORFOLOGIA DE LA PLANICIE INUNDABLE

SIMBOLO PERIODO DE ACUMULACION La elaboración de un mapa geomorfológico sistemático de la Planicie Inundable, a


\.\\,, 5.0 O O — 7.500 años HIMAT escala 1:100.000, permitió detectar unidades geomorfológicas mayores:
2.5 O O — 5.0 O O I. CUENCA MAGDALENA—CAUCA - Estrechamiento Plato-Calamar
Convenio Colombo-Holandes - Isla de Mompós
,,./1/ I. 5 00 — 2. 500 II
GEOMORFOLOGI A - Cono del río Cauca
i , HOY — 1.500 "
Depresión Cenagosa del río Magdalena y el río San Jorge
R= Rata de Acumulación SUBSIDENCIA DIFERENCIAL Las características morfológicas más importantes de cada una de estas unidades son:

324 325
Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del rio Magdalena
Martínez

4.1 ESTRECHAMIENTO PLATO-CALAMAR Estos fenómenos son similares a los descritos para el Delta del Magdalena. En ambos
casos se trata de inundaciones causadas por rompederos (Nechi para el Cauca, El Piñon
En la zona que separa estas dos poblaciones, el Valle del río Magdalena es angosto para el Delta) en las partes altas de estas unidades.
(500-700 m de ancho), comparándolo con el gran ensanchamiento de la planicie inunda-
ble (hasta 20-25 km). El fondo del valle está constituido por el lecho mayor, un dique 4.4 DEPRESION CENAGOSA DEL RIO MAGDALENA Y EL RIO SAN JORGE
bien desarrollado (antiguo), interrumpido; posteriormente aparece una angosta depresión
inundable, casi toda ocupada por ciénagas. Este estrechamiento es morfológicamente el Recibe esta denominación una unidad bien definida de la planicie que bordea, a
responsable del ensanchamiento que corresponde a la Planicie Inundable, por el gigan- cada lado, los cursos de agua principales (Magdalena, San Jorge y Cauca). Es la parte de
tesco "efecto de remanso" que provoca aguas arriba de su iniciación en el área de Plato- mayor concentración de ciénagas (80/, del área). De forma cóncava, alcanza cuatro a seis
Pinto. Este efecto de remanso, a su vez, explicaría las altas tasas de acumulación detecta- metros de profunfidad y su distribución longitudinal la convierte en el más grande reser-
das en el estudio de la suusidencia. Correlativamente, el creció 'v en wi i" (.1Luc vorio y en la mayor trampa de sedimentos de la planicie inundable: en algunas zonas del
aguas abajo de la terminación del estrechamiento en Calamar, favorece también altas tasas brazo Chicagua se acumularon más de un metro de sedimentos por los desbordamientos
de acumulación, representadas por el "cono-delta" del Magdalena, entre Calamar y Ba- de 1973 (observaciones personales de campo).
rranquilla. La génesis de esta gran depresión, al igual que la de las islas mencionadas, está direc-
tamente relacionada con el cambio de curso del río Magdalena; las islas corresponden al
4.2 ISLA DE MOMPOS cauce abandonado, la zona lacustre corresponde a un nuevo cauce. Los diques naturales
y el lecho mayor están en proceso de formación, lo cual explica que los niveles de agua
El fenómeno fluviátil más significativo del río Magdalena en el interior de la Planicie, de desbordamiento sean más altos que las crestas de los diques. Este fenómeno explica,
en los últimos 100 años, es el cambio de su curso a partir de Campo Pallares. El antiguo a su vez, la existencia de gran cantidad de ciénagas que permiten denominarla "Depre-
curso corresponde al ocupado por el Brazo de Morales, caño Elvira, caño Lázaro, el brazo sión Cenagosa". La forma cóncava y la profundidad de la zona se explican por la erosión
de Mompós y caño Guataca-caño Guacamayo. Se observó en todos los casos un lecho que ocasionaron las aguas antes de que el lecho de Loba-Quitasol estuviera completamen-
mayor amplio bordeado por dos diques bien desarrollados. La isla formada por los brazos te definido: las aguas que circulaban por la superficie, facilitaron la erosión hasta el mo-
de Mompós y Loba-Quitasol, presenta características similares a las de Mompós y Papayal mento en que se formó el cauce. A partir de este momento, el área se convirtió en una
unidas. El brazo de Mompós presenta en su margen izquierda, un dique natural bien desa- zona de acumulación de materiales de desborde.
rrollado, apoyado en algunos restos de colinas que lo hacen más resistente. La isla presen-
ta, en su parte central, un tramo del del Niagdaier.a; on 5. CONCLUSIONES
cidental, está afectada por el brazo Quitasol que forma una depresión donde las aguas
de desbordamiento pueden alcanzar niveles hasta de cuatro metros. La zona inundable del valle medio del río Magdalena, limitada por una serie de fallas
longitudinales y transversales, corresponde a un bloque hundido (graben), que continúa
4.3 EL CONO DEL RIO CAUCA hundiéndose en la actualidad (subsidente).
Los primeros 40-50 m de sedimentos corresponden al Holoceno, es decir a los últi-
Es una acumulación de 100 km de largo entre Nechí-Pinillos y 75 km de ancho entre mos 11.000 años.
Caimital y Cecilia, que ocupa el 90% del área de la Planicie Inundable en esta zona. Es Dataciones con 14 C, realizadas en los 30 m superficiales, a partir de materia orgánica
atravesada de sur a norte, por su lado oriental, por el río Cauca; presenta forma triangu- contenida en ellos han permitido detectar dos tipos de variaciones diferenciales en las
lar (de cono), con tres pendientes principales NS, SW-NE y SE-NW, seguidas por los prin- tasas de acumulación de sedimentos.
cipales cursos de agua. Estas pendientes y la dirección del drenaje muestran que se trata La sedimentación es de tipo diferencial por áreas:
de un relieve plano-convexo con diferencia altitudinal del orden de 14 m entre Nechí y - en las Palmitas, se acumularon en promedio 3,4 mm/año.
Pinillos. Los bordes del cono constituyen la zona menos inclinada (0,15 cm/km aproxi- - en la isla de Mompós se acumularon en promedio 3,3 mm/año.
madamente) y terminan contra la depresión cenagosa del Magdalena y del San Jorge, per- - en la zona de Sucre-Boquillas, se acumularon en promedio 4,2 mm/año.
mitiendo que los desbordamientos de estos ríos, más el bloqueo de los afluentes, provo- La sedimentación también es de tipo diferencial en el tiempo:
quen un remanso que ha labrado depresiones inundables extensas a lo largo de los fluen- - Entre 7.500 y 5.000 años, la tasa promedia fue de 3,1 mm/año.
tes, dejando zonas menos inundables entre ellos. Estos fenómenos dan al paisaje una apa- - Entre 5.000 y 2.500 años, la tasa promedia fue de 3.2 mm/año.
riencia digitada con partes menos inundadas que llegan hasta muy cerca del San Jorge y - Entre 2.500 y 1.500 años, la tasa promedia fue de 6.1 mm/año
el Magdalena. - Entre los últimos 1.500 años, la tasa promedia fue de 2,9 mm/año.
El área del cono se encuentra dividida en tres zonas: una superior, una intermedia El promedio máximo de acumulación anual es de 3,8 mm y puede ser tomado, con
y otra inferior, descritas en el parágrafo anterior. Cuando el Cauca desborda por rompe- reserva, como valor del hundimiento máximo (subsidencia) de la depresión inundable.
deros, el agua transita a través de las dos primeras zonas por "lechos de desbordamien- Aunque esta tasa de subsidencia pueda parecer alta, dado que los valores calculados
tos" que las conducen hacia el San Jorge y el Magdalena. Debido a la convexidad de su en otras partes del mundo escasamente alcanzan 1 mm/año, es necesario tener en cuenta
perfil transversal, el cono del Cauca sólo es fuertemente inundado en sus márgenes, lo que el levantamiento de los Andes fue uno de los más acelerados, lo cual podría imprimir
cual lo hace apto para el fácil control de los desbordamientos, de tal forma que con di- cierta lógica a los resultados preliminares que aquí se presentan.
ques relativamente cortos y poco elevados se pueden proteger grandes áreas. El estudio geomorfológico de la Depresión Inundable y la elaboración de un mapa

327
Martínez

sistemático a escala 1:100.000, han permitido detectar unidades geomorfológicas ma-


yores: REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 329 - 345 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
— El estrechamiento Plato-Calamar favorece un "efecto remanso" en la depresión inun-
dable, provocando fenómenos de dinámica fluvial como cambio de curso, divagación, EL COMPLEJO ARRECIFAL DE LAS ISLAS DEL ROSARIO, ZONACION
inundabilidad, etc. CORALINA , SEDIMENTOS Y FORAMINIFEROS BENTONICOS
— El Cono del río Cauca.
— La Isla de Mompós. Sonia H. de Martínez* y Georges Vernette**
— La Depresión Cenagosa.
Al interior de cada una de estas cuatro unidades se desarrollan unidades pequeñas RESUMEN
(lecho mayor, diques, etc.) acumuladas en los últimos 1.500 años.
Las Islas del Rosario, situadas al Suroeste de Cartagena (Colombia), corresponden a formaciones
arrecifales del cuaternario. Las especies de corales actuales, bien desarrolladas, se distribuyen en fun-
ción de la topografía y de la orientación de las Islas:
6. REFERENCIAS
- zona de Agaricia sp., en los taludes arrecifales externos
- zona de Acropora palmata, en la cresta norte
Avenard J.M., 1962 — La Solifuxion, ou quelques méthodes de mécanique de sois appliqueies au - mayor variedad de especies coralinas, en lado sur.
probléme géomorphogique des versants. C.D.U.. Paris. Los sedimentos calcáreos del fondo son, generalmente, del tamaño de arena mediana (250u a
Bürgl, H., 1961 — Sedimentación cíclica en el Geosinclinal Cretáceo de la Cordillera Oriental de Co- 700u) con gran porcentaje de residuos coralinos y algas calcáreas (Halimeda).
lombia. Bol. Geol. (Bogotá) VII (1.3): 85-118. Se encontraron 51 géneros de foraminíferos bentónicos dentro de los cuales se identificaron 175
Butterlin, J., 1969 — A propos de la Géologie des Andes de Colombie R G.P G.D.(Parisl• 65-75. especies, en su gran mayoría constitu idas por caparazones calcáreos.
ECOPETROL - Mapa fotogeológico sin control de campo, escala 1:50.000.
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P.C.H., "INDERENA''.
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trichtiano y del Terciario. Bol. Geol. (Bogotá) V (2): 5-48. well-developed coral species are distributed acording to the orientation and topography of the islands:
Hammen, T. van der., 1960 — Estratigrafia del Terciario y Maestrichtiano Continentales y Tectogéne- — Agaricia sp. zone on the seaward slope
sis de los Andes Colombianos. Serv. Geol. Nal. (Bogotá) VII (1-2). — Acropora palmata zone of northern barrier reef
Hubach, E., 1957 — Estrattgrafia de la Sabana de Bogotá y alrededores. Bol Geol (Bogotá) 1 2): — greater variety of coral species on the souther reef.
93-112. Calcareous bottom sediments were generally medium grain-size (250u a 700u), of predominantly
INGEOMINAS: Mapa Geológico General, escala 1.500.000. coral detritus and calcareous algae (Halimeda sp.).
Instituto Geográfico Agustín Codazzi. Planchas topográficas de la planicie del Magdalena, escala Fifty-one genera of benthic foraminifera were found, of which 175 species were identified. The
1:100.000. majority of carapaces were of a calcareous nature.
Instituto Geográfico Agustín Codazzi. Base Cartográfica PROCLAS, escala 1.500.000 (corregida).
Instituto Geográfico Agustín Codazzi. IDepto. Agrológico). Estudios de suelos de la planicie inunda- RESUME
ble (varios).
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(Bogotá) XIX. quaternaires. Les espéces actuelles, bien developpées, se répartissent en fonction de I'orientation et
Lecarpentier, C., 1972 — II Seminario de Cuencias Hidrográficas. Dinámica Fluvial. INDERENA. des caractéristiques topographiques des Iles:
Martínez G., A., 1976 — Geomorfología Fluvial (Geomorfología y Subsidencia de la zona Inundable - zone d'Agaricia sp. couvrant les pentes des talus externes
del Rio Magdalena). - zone d'Acropora palmata sur la créte nord
Morales, L.C. et al., 1958 — General geology and oil ocurrentes of Middle Magdalena Valley, Colom- — diversité d'espéces coralinas plus grande au sud.
bia. Amer. Assoc. Petrol. Geol. p. 641-695, Tu Isa, Oklahoma. Les sédiments calcaires sont pour la plupart des sables moyens, peu triés, avec un fort pourcen-
Proyecto Cuenca Magdalena-Cauca. 1975 — Geomorfología de la Planicie Inundable del Río Magda- tage en résidus coralliens et algues calcaires (Halimeda).
lena. 51 genres de foraminiféres benthiques ont été mis en évidence et 175 espéces ont été identifiées,
Quesnel B., 1970 — Traité d'Hydraulique Fluviale Appliquée. Cours d'eau non navigables. Tomes la majeu re partie constituées par des formes á test calcaire.
I y II. Eyrolles. Paris.
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No. 6. 457 p.
Tricart, J., 1965 — Géomorphologie Climatique. SEDES. Paris.
INTRODUCCION
Tricart, 1961 — Notice explicative de la Carte Géomorphologique du Delta du Senegal, Mén. No. 8,
B.R.G.M. Paris. Las formaciones arrecifales en el Sur del Mar Caribe no son tan desarrolladas como
Tricart, J., 1962 — Principes et méthodes de la Géomorphologie. Masson. Paris. en el Norte y en las Bahamas. En el Mar Caribe Colombiano existen algunas formacio-
Tricart, J., Lecarpentier, C. y Usselmann, P , 1968 — Géomorpholigie du Bassin du Río Lebrija. Co-
nes esparcidas; unas, en las Bahías del Parque Tayrona, otras en las Islas San Bernardo y
lombie. Revista Geográfica. Brasil.
las Islas del Rosario.

— Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas - Cartagena (Colombia).


•• Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas - Misión Técnica Francesa, Escuela Na-
val, Cartagena (Colombia).

329
328
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario

Los estudios realizados en estas últimas tienen esencialmente relación con las dife-
7501 47' 75°145' 10°15' — rentes especies de corales encontradas (Pfaff, 1969), o tratan de la descripción del bioto-
r —r po actual (Werding y Sánchez, 1977).
1 \
' Con base en la topografía arrecifal encontrada en las Islas del Rosario, el presente tra-
1 I. TESORO -'• bajo se enfocó en estudios de zonación coralina, características sedimentológicas del fon-
) do, así como en la distribución de las especies más típicas de foraminíferos bentónicos.
en ./
\ /
\ 1. LOCALIZACION
\ ..- ,- /

El archipiélago del Rosario está formado por pequeñas islas, ubicadas al Sur del Mar
Caribe, a unas 20 millas al Suroeste de Cartagena, Colombia. ,
La posición geográfica central es 10° 10' N y 75°44' W (Fig. 1). Las islas están espar-
cidas en dirección Este-Oeste a unas 2 millas de la costa (Punta Barú).

2. CLIMA

Por su proximidad a las Islas del Rosario, se consideraron los datos obtenidos en el
Aeropuerto de Crespo (Cartagena), para establecer las características del clima.
r .... El archipiélago está sometido a un clima tropical (promedio anual de las tempera-
.." ...--- "'• r turas diurnas superior a 22°C), con 2 estaciones bien marcadas. Una seca de Diciembre
B 1 ,—, ..., 1
L a Mayo (promedio de lluvia inferior a 2 mm durante Febrero y Marzo) y otra lluviosa
C de Junio a Noviembre (promedio superior a 200 mm en el mes más lluvioso de Octubre).
Los vientos alisios, procedentes del N-NE soplan con gran regularidad durante el
período seco; en período lluvioso la dirección y la fuerza del viento son mucho más varia-
bles. La frecuencia de los vientos alisios alcanzan a representar el 70% de los vientos que
x\ I / soplan durante el año.
- r1 / /
i 1 .... --- "'• ) (
Los vientos del sector S-E a N-W son casi inexistentes. Los vendavales son muy esca-
.., — —/
r r . s.._,-,...
•''
sos y se desconocen los huracanes en esta región.
■ r r^1
. .... , /
_ .../ ( .—• \
\ / \ 3. DATOS OCEANOGRAFICOS
ROSARIO / I 1 1 /
/ ,- ( /
r t ( \
Los datos oceanográficos obtenidos durante los años 1977 y 1978, indican las carac-
.... .) /
( ..- 1 terísticas siguientes:
) / \ / / / / ....'
a) La Marea
... 101 t /_ ( _ 1 / t ........
En esta zona sur del Mar Caribe, las mareas son mixtas y de poca amplitud. El mareó-
/ / grafo de Castillogrande (Cartagena) indicó valores extremos de + 0.57 m y - 0.28 m al
ARENA ‘\ ./
/ ....- nivel de referencia M.L.W. (Mean Low Water).
8AR Oleaje
b)
Generado por los vientos alisios del N-NE, el oleaje actúa obviamente con mayor fre-
...
-... /. -.. .... cuencia y fuerza en el lado Norte (Barlovento) que en el lado Sur del Archipiélago.
ISLAS DEL ROSARIO -,, _.., ...
\ __ -... c) Corriente
Las Islas del Rosario están sometidas a la contracorriente del Golfo, dirigida hacia
10 BRAZAS el Norte; por lo tanto, se encuentra con frecuencia oleaje hacia el Sur, generado por los
vientos alisios, mientras la corriente entre las islas y los cayos sigue hacia el Norte.
TRA N SECTO d) Salinidad
DE La salinidad de las aguas superficiales del archipiélago presenta generalmente valores
ESTUDIO
poco superiores al 35%. En la parte Sur, se encuentran a veces salinidades entre 30 y 359%,
que tienen explicación probable en la llegada de agua desde la Bahía de Barbacoas ubi-
cada, en el continente al Suroeste del conjunto arrecifal y donde desembocan 2 brazos del
Figura 1 - Mapa de localización. Canal del Dique.
Esta salinidad, un poco inferior al promedio, se establece en la época de lluvia de

330 331
Martínez & Vemette El complejo arrecifel de las Islas del Rosario

Junio a Noviembre. — Zona externa (-2 a —8 m) (fore reef)


Corresponde a la zona externa intermedia entre el talud y la cresta arrecifal.
e) Temperatura
Durante todo el año, la temperatura de las aguas superficiales varía entre 28° y De vez en cuando la orientación de las formaciones masivas de corales, al sobresalir
del fondo cubierto por corales o acumulación arenosa, produce un tipo de morfología que
30°C.
f) Turbidez se acerca a las de crestas y surcos (Spurs and grooves). La orientación general es Norte a
Los pocos datos de turbidez (Junio/78) indican siempre valores inferiores a 10 mg/1 Sur.
y, por lo tanto, este parámetro no aparece como factor limitante para el desarrollo de Las acumulaciones arenosas de la zona externa presentan con frecuencia figuras de
los corales. rizaduras (ripple-mark) del tamaño de unos 20 cm, que resultan de la influencia directa
del oleaje procedente del Norte.
4. CARACTERISTICAS MORFOLOGICAS — Zona central o cresta (reef crest)
Esta cresta corresponde a una superficie casi horiozontal, de aproximadamente 40
4.1 DESCRIPCION GENERAL m de ancho, que se extiende en todo el lado Norte a distancia variable de las orillas de
las islas.
Las Islas del Rosario, distribuídas en dirección Este-Oeste, tienen unos 10 km de — Plano arrecifal interno (inner reef fíat)
largo y unos 2 km de ancho. Las dos islas de mayor tamaño, son: Isla Grande e Isla En el transecto batimétrico, esta zona no está representada y se pasó directamente
Rosario. Entre éstas se dispersan unos 30 islotes; algunos de ellos presentan una forma de la cresta a la laguna interna, lo que realmente ocurre con frecuencia en este conjunto
bastante típica de cayo (cay reef) con plano arrecifal subactual, acumulación de partícu- arrecifal. Sin embargo, en varios lugares se notó un plano arrecifal interno de poca exten-
las gruesas en barlovento y más finas en sotavento (Battistini et al., 1975). sión, constituido por formaciones coralinas esparcidas y fondo arenoso, cubierto a veces
Al Norte del conjunto arrecifal, Isla Tesoro presenta este tipo de morfología de por pradera de Thalassia.
cayo, con un plano construido por el género Agaricia, situado a una altura promedio c) Laguna interna (lagoon)
inferior a + 1 m por encima del nivel marino actual. Debido a la complejidad morfológica, la delimitación de la laguna interna no es
Más comúnmente, la forma plana y de altura inferior a + 3 m, que presentan las islas, muy precisa, inclusive se encontraron varios tipos de lagunas: unas, alargadas y de poca
corresponden a terrazas arrecifales del cuaternario (Pfaff, 1969). En la mayoría de los ca- profundidad, en el lado Norte frente a las islas de mayor tamaño (Isla Grande, Isla Rosa-
sos, las especies coralinas que se encuentran en estas formaciones son las siguientes: rio); otras, más profundas, y en comunicación entre sí en el centro del complejo arrecifal.
Porites porites, Acropora palmeta, A. cervicornis y Agaricia sp. La profundidad máxima de estas lagunas no sobrepasa los — 25 m.
Los manglares (esencialmente Rhizophora mangle) se encuentran con mayor fre- Los bajos esparcidos en las lagunas alcanzan, a veces, la superficie y corresponden
cuencia en el lado Sur que al Norte de las islas y colonizan inclusive las orillas de las a los parches de corales vivos (lagoonal coral patches) ó a bajos de detritos coralinos con
ciénagas de las islas de mayor tamaño (Isla Grande y Rosario). acumulación arenosa.
Estas zonas, de sedimentación calcárea, presentan con frecuencia figuras de rizadu-
4.2 CORTE BATIMETRICO TRANSVERSAL (Fig. 2) ras (ripple-mark) de tamaño inferior a las descritas anteriormente, así como montículos
de unos centímetros de altura, elaborados por los organismos bentónicos (mounts field
Un perfil batimétrico, que atraviesa el conjunto arrecifal de Norte a Sur y las observa- o "bioturbación"). Las praderas marinas pueden también cubrir estos bajos.
ciones realizadas por buceo autónomo permitieron, con base en la terminología de los d) Barrera arrecifal Sur
► El lado Sur del conjunto arrecifal de las Islas del Rosario tiene una morfología bas-
arrecifes del Caribe (Stoddart, 1969; Goreau y Land, 1974), presentar la descripción
morfológica siguiente: tante diferente; no se encontró una cresta arrecifal alargada tan desarrollada y que alcan-
za la superficie, como en el lado Norte.
a) Talud arrecifal externo Norte (Seaward slope)
En el lado Norte, el talud arrecifal externo se extiende entre los isobatos — 8 m a En el transecto estudiado, la barrera arrecifal Sur se presentó como un plano de
—30 m. unos 200 m de ancho entre — 4 y — 8 m de profundidad. Se notaron parches de corales
de gran tamaño esparcidos sobre un fondo arenoso.
Este talud, de fuerte pendiente (unos 30 grados), está cubierto casi exclusivamente
e) Talud arrecifal Sur
por corales; de vez en cuando, se encuentran unas áreas pocas extensas de depósitos sedi-
El talud arrecifal Sur tiene una morfología semejante a la del Norte, con una fuerte
mentarios calcáreos (residuos coralinos y biodetritos).
La zona inferior de este talud, corresponde a la base de la formación arrecifal (lower pendiente, cubierta casi por completo de corales y esponjas de gran tamaño, y se extien-
sloping platform) y da el paso a un tipo de llanura arenosa (outer sandy spread), de pen- de hasta unos 30 m de profundidad, para encontrarse al final con un fondo arenoso de
pendiente más suave.
diente más suave, a partir de unos 30 m de profundidad.
b) Barrera arrecifal Norte (barrier reef)
El lado Norte del complejo de las Islas del Rosario presenta una barrera arrecifal bien 5. DISTRIBUCION DE LAS ESPECIES DE CORALES
desarrollada, que en muchos lugares alcanza la superficie. Está recortada por canales que
permiten los intercambios de agua entre el mar y las lagunas internas. Frente a Isla Macabí Los estudios de Pfaff (1969) proporcionan datos exhaustivos sobre las especies de
se encuentran 2 barreras. corales hermatípicos (Scleractinia y Milleporina), presentes en los arrecifes de las Islas
A pesar de la complejidad encontrada en algunos lugares, la morfología general del Rosario; existe, sin embargo, poca información sobre la zonación ecológica de estos
permite dividir la barrera del lado Norte en 3 partes: organismos a través del,arrecife.

332 333
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las islas del Rosario

5.1 ZONACION EN EL TRANSECTO (Fig. 3)

Las investigaciones por buceo permitieron, a lo largo del transecto batimétrico, el


conocimiento de las especies dominantes de corales en las distintas zonas morfológicas
anteriormente descritas:
a) En el talud arrecifal Norte, la comunidad coralina está constituida en su mayoría

N
e por especies del género Agaricia. Se notaron además grandes especímenes de Montastrea
PLANO BAJO LAGUNA CRESTA
INTERNO INTERNA NORTE cavemos. M. annu/aris, Siderastrea sp. y Mycetophillia sp.
t- SUR
La base del talud presenta esparcidos en los fondos arenosos, grandes montículos de
so'
Montastrea annu/aris y unos ejemplos del género Agaricia.
b) La barrera arrecifal Norte está cubierta esencialmente por las formaciones de
Acropora palmata.
La parte externa de la barrera presenta, además, extensas manchas de Acropora cer-
oo' vicornis, que alternan con Porites porites. El límite entre la parte externa de la barrera y
ESCALA el talud está marcado a veces por escombros coralino.
En el plano arrecifal interno, se notaron sucesiones de Porites porites, Acropora
pies
cervicornis, Mil/epora a/cicornis y M. squarrosa, estas dos últimas alcanzando en algunas
120m
ocasiones la superficie.
c) La laguna interna presentó una diversidad de corales más grande. Se encontraron
numerosos ejemplares de corales hemisféricos tales como, Montastrea annu/aris, Side-
rastrea siderea, Porites astreoides, aislado y pequeñas muestras de Favia fragum, desarro-
Figura 2 — Perfil batimétrico del transecto.
llada sobre un sustrato de roca calcárea.
Los bajos internos presentan corales de morfología foliar, como Agaricia sp., Millepo-
ra squarrosa y algunos meandroides como Diploria sp., mezclados con el alga calcárea
Halimeda. Algunas partes de estos bajos tienen fondo arenosos cubierto por Tha/assia,
P ARCH ES DE LA LAGUNA I NTERNA

PL A NO I NTER NO APOR ITE S Y


SIDER AS TRE A

NONTAST RE A Y SI DER AS TREA

que abrigan unos ejemplares de Manicina aerolata y bolas pequeñas (unos 5 cm de diáme-

z ZONA DEAGARICIA EN EL TALUDNO


o tro) de Siderastrea radians.
N

o
3 d) El plano arrecifal Sur presenta también una gran variedad de corales con un creci-
>
P ARC HE SDELPLANOSUR

< miento aparentemente más vigoroso. El área se caracteriza por un aumento progresivo en
"1110TU RG ACIONN E N LOS
D E TH AL ASS I A

el tamaño de las colonias en comparación con la laguna interna. Así, se encontraron es-
a parcidos en fondo arenoso, voluminosos parches de Sideratrea sp., Montastrea cavernosa
1- -J
a y Porites astreoides, así como grandes colonias de corales meandroides; Diploria sp.,
tut o a.
Meandrina meandrites y la especie hemisférica Dichocoenia stokesü. Se notaron, también,
O NT AST RE A

rc <
ILL EPOR A

a unas especies del género Mycetophyllia y del género Colpophyllia.


AR ENOSO S

o Además de la morfología anteriormente descrita, la gran diferencia que presenta este


1- a.
o O o plano arrecifal Sur en comparación con la barrera Norte, es la ausencia de Acropora pal-
el a
o
a u mata.
o u
e) En el talud arrecifal Sur, la variedad de corales se reduce notoriamente y domina
S el género Agaricia con A. tenuifo/ia en las partes más someras, y A. /amarkii en las partes
más profundas.
Las otras especies que están presentes en poca proporción son: Montastrea cavenosa,
M. annularis, Siderastrea sp. y algunos ejemplares de Mycetophyllia sp.

5.2 CUBRIMIENTO CORALINO

El estudio del cubrimiento coralino del fondo se realizó según la metodología experi-
ESCALA
IO Silbe
mental de Porter (1972), extendiendo una cadena metálica sobre el fondo coralino y con-
T tando el número de eslabones sobre el coral vivo.
120 fu

Debido al fuerte oleaje presente durante el buceo, no se pudo realizar el estudio de cu-
brimiento en la cresta norte. No obstante, las observaciones visuales permitieron apreciar
Figura 3 — Zonación coralina. que en ciertas áreas el cubrimiento por Acropora pa/mata se acerca al 100%.

334 335
Martínez & Vernet% El complejo arrecifel de las Islas del Rosario

El cubrimiento del fondo en el área de la laguna es considerablemente menor. Aquí,


el máximo observado fue de un 17%, el número de género catalogado fue de 5, indican.
do una buena diversidad coralina.
Si el cubrimiento del fondo en el plano arrecifal Sur es del orden de 50%, o sea bien
inferior al de la cresta norte, es en este plano sur donde parece encontrarse el climax de
la comunidad arrecifal, debido a que las colonias coralinas en esta zona tienen mayor diá-
metro promedio, y el mayor número de género (6).
Al descender los taludes, tanto al Norte como al Sur, el cubrimiento es muy grande
(superior al 70%) y está representado en su mayoría por el género Agaricia (especialmente
en el talud sur), lo que indica una baja en la diversidad coralina.

6. CARACTERISTICAS SEDIMENTOLOGICAS

En ausencia de estudios anteriores sobre los sedimentos de las Islas del Rosario, se
enfocó esta parte del trabajo sobre las características básicas, que son los índices granulo-
métricos, la morfología y distribución cualitativa de las partículas constitutivas, así como
el porcentaje en Carbonato de Calcio de los sedimentos.

6.1 GRANULOMETRIA (Fig. 4a. - 4b)

Las muestras recolectadas por buceo corresponden, en su mayoría, a sedimento are-


4. 0.5 0.25 0.125 0.06 0.03 (mm)
noso y, obviamente, calcáreo.
Figura 4A — Características granulométricas de los sedimentos. El amplio intervalo del tamaño de las partículas necesitó la división del sedimento en
diferentes tipos granulométricos, basado en el diámetro medio (1 50) y el índice de dis-
persión (óth). Estos parámetros tienen valores promedio diferentes según la ubicación en
la zonación (Fig. 5):
4 2. 0.5 0.25 0.125 0.06 003 (mm) a) Guijarros coralinos
1, • • .
Estas partículas, de tamaño promedio superior al centímetro, corresponden a los par-
.• --;1" ches de escombro coralino del borde de la cresta Norte y del plano arrecifal Sur, así co-
mo en unos bajos de las lagunas internas.
/
. // / •
• •
• //,
.•
r114%• En estos bajos la presencia de escombro de Porites porites, puede provenir en parte
.1/ • • • de una acción destructiva exterior al medio.
• __ FONDO T NALASSIA
// • • / • b) Arena gruesa bien clasific,ada
• . • I //•• Estos sedimentos se encontraron en la cresta Norte y en el plano arrecifal Sur, sitios
/ • /./
- FONDO LAGUNA . • /. • . /. •
sometidos a la acción directa de las olas.
/ 1. . • yl
Las partículas de la cresta Norte son de tamaño promedio un poco más grueso
I OTURRACION" •
/ / z•• (150 de LO mm a 1.9 mm), y mejor clasificadas (órá de 0.6 a 0.9) que las del plano arreci-
• •/
— 50% - fal Sur (150 de 580u a 830u, &á de 0.8 a 1.2).
/ // .• /
.
c) Arena mediana
/ 1,/ •..:/
Es el tipo de sedimento más frecuentemente distribuido en los fondos de las Islas del
/./. • / /;••••
Rosario.
/ re 7 .„:%-
Son partículas de diámetro medio que oscilan entre 250u y 700u, de índice de dis-
ir' •
persión entre 1.0 y 1.5, presente tanto en los fondos cubiertos por Thalassia como en los
— BASE TALUD parches coralinos de la laguna interna y en los surcos del lado Norte.
16% - d) Arena fina bien clasificada
• .•;?'
._ •• • Este sedimento se encontró en las áreas restringidas de fondo domero sometido a la
.• acción dinámica del agua, generando la formación de rizadura (ripple-mark ) (150 <250u,
&á <1.0).
-2 -I 0 +1 .2 +3 +4 +5 ( 0 )
e) Arena fina mal clasificada
Figura 4B — Características granulométricas de los sedimentos. Este tipo de arena se caracteriza por su importante fracción fina (inferior a 63u); está

336 337
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario

- al
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\X/ \ 10 - RESIDUOS CORALINOS
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85% CA R BO NATO DE CALCIO
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/ 30 - 1 CALCITA E \t■

....,
_x, x x- - - x...
s .....-- X.- -.. / .
/ IN DETERMINADO s
0— X''' ."`x 20- / Figura 6 — Relación entre zonación y constitución del sedimento.s."s.
Figura 5 — Relación entre zonación y granulometría. . X/

339
338
Martínez & Vemette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario

ubicada esencialmente en la base de los taludes arrecifales a partir de unos 30 m de pro-


fundidad.

6.2 MOR FOSCOPIA (Fig. 6)

2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 22 24
Las características morfológicas y la distribución cualitativa de las partículas consti-
tutivas del sedimento, se obtuvieron con base en el estudio de la fracción B (160u a
500u), por ser la más representativa del tamaño promedio del sedimento recolectado.
Las diferentes asociaciones presentes, se agruparon según las denominaciones
A rticulino
siguientes:
— Residuos coralinos: partícula calcárea de color amarillo claro a blanco y sin forma
definida. M i liolinela
— Alga calcárea: partícula que proviene de las diferentes especies de algas calcáreas.
La forma y la visible constitución interna de las partículas rotas permiten diferen-
ciarlas de los residuos coralinos.
Moluscos: biodetritos que incluye bivalvos y gasterópodos.
j r.
Spiroloculino

Bigenerino
Foram in íferos: foraminíferos tanto pelágico como bentónico.
Otros organismos: se incluyó bajo este término a los demás biodetritos encontrados
(equinodermos, anélidos, crustáceos, biozoarios, ostrácodos, espículas de esponja, O scorbis

1111 1 1 111111
etc.).
— Calcita: partícula blanca a translúcida, de cristalización aparente y de forma geomé- Cri boelphidium
trica a pseudo-geométrica.
Indeterminados: se sumaron en este grupo todas las partículas que no se pudieron
Amonia
identificar por estar muy deterioradas.
Hay que anotar la parte aleatoria de la identificación de los residuos coralinos debi-
do a la ausencia frecuente de características visibles.
a) Residuos coralinos ~- P I a nulina

"riffif ,
Los residuos coralinos representan 20 a 30% del sedimento total; este porcentaje no Triloculina
tiene gran variación al pasar de una a otra zona del complejo arrecifal.
b) Alga calcárea
En cuanto al biotopo, las algas calcáreas no son tan abundantes como las numerosas Planorbulina
especies de corales que construyen el arrecife; a pesar de ésto, el porcentaje en algas cal-
cáreas de los sedimentos es grande y a veces superior a los residuos coralinos. T ex talarla
Además, el intervalo de variación del porcentaje, según su ubicación en la forma-
ción arrecifal, es más amplio para las algas calcáreas (del 15 al 40%) que para los resi-
duos coralinos (del 20 al 30%).
Es el género Halimeda, que participa de manera muy preponderante en la sedimen-
tación en comparación con las demás algas calcáreas.
Estos detritos vegetales calcáreo son más abundantes en los parches y en la cresta
FAMILIAS
Norte que en los lugares profundos o en las zonas someras de los bajos cubiertos de are-
nas, presentando figuras de rizadura.
Hay que anotar para esta última zona la dificultad general que aparece al estudiar M I LIOLI DAE PLA NO RSULI N IDAE
el sedimento, debido al grado de erosión de las partículas.
c) Biodetritos
El porcentaje en biodetritos es, generalmente, inferior al 20%. La distribución en las
ROTALII DAE 1111111111 N ONION IDAE
zonas establecidas en este estudio está repartida de manera bastante equitativa entre mo-
luscos, foraminíferos y otros biodetritos. T E X TULARID AE F19
- ANONA LI DAE
Se nota un porcentaje promedio de biodetritos mayor en los sitios profundos (fondo
de la laguna interna, pie de los taludes arrecifales), es decir, en donde la fracción inferior
a 63u del sedimento es más importante.
Las partículas minerales de cuarzo, mica y minerales pesados, no están representadas F igura 7 — Abundancia de los principales géneros de foraminíferos.

340 341
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario

en esta sedimentación calcárea, lo que confirma la poca influencia de los aportes conti-
nentales en las Islas del Rosario, tanto directamente procedente del continente (Canal
a del Dique, que desemboca en la Bahía de Barbacoas), como indirectamente por deriva

AS ETALUDNOR TE
FO NDOARE NOSO leRIPPLE
z
AS ETAL UDS UR

L AGUNAINTE RNA

C RE ST ANORTE
litoral.

LANOSU R
o

P A RC HE S

P ARC HE S
o

B
6.3 CARBONATO DE CALCIO

Z ONADET H
fti
En estos sedimentos, la concentración en Carbonato de Calcio es obviamente muy
1 - grande (superior al 80%). Los valores inferiores al 90% se encontraron en las zonas pro-
o
fundas o sea en la base de los taludes arrecifales y en el fondo de la laguna interna.

P
7. LOS FORAMINIFEROS BENTONICOS

En los sedimentos del sector estudiado en las Islas del Rosario se encontraron 51
géneros diferentes de foraminíferos (Tanatocenosis). La gran mayoría tiene una capa-
razón calcárea (93%). De estos géneros se identificaron 175 especies, de las cuales un
88% corresponden a formas calcáreas y 12% arenáceas.
Los géneros presentes en mayor frecuencia (Fig. 7) en el transecto (Fig. 8) fueron
OTROS GENERO* los siguientes:
- Quinquelocu/ina (22.6%). Es el género dominante, con individuos de regular tama-
ño que proliferan en todo el sector y, especialmente, en la cresta Norte.
- Textularia (8.2%). Género encontrado principalmente en la laguna interna y asociado
con Planorbulina, Spiroloculina y Miliolinela. Dentro de los géneros dominantes,
Textularia y Bigenerina son los dos únicos que tienen caparazón arenácea.
- Planorbulina (7.8%). Encontrado a lo largo de todo el transecto de estudio, este gé-
nero tiene su mayor abundancia tanto en la laguna interna como en la zona de par-

B
ches.
- Triloculina (5.9%). Ubicado principalmente en los bajos arenosos internos, este géne-
ro se asocia en mayor frecuencia con Peneroplis y Spiroloculina.
- Planu/ina (5.3%). Es el género más representativo de la base del talud Sur y, con
Bigenerina se encontró esencialmente en las zonas profundas del transecto.
- Ammonia (4.7%). Al contrario del género precedente, este género asociado con
Articulina y Peneroplis es más característico de los fondos someros e inclusive los
cubiertos por pradera de Thalassia.
- Criboe/phidium (4.3%). Es el género más típico de los fondos sometidos a la "bio-
turbación".
- Discorbis (3.7%). Está presente en todas las estaciones a excepción del plano Sur y
aparece asociado con Planorbulina y Spiroloculina.
- Bigenerina (3%). Este género se presentó únicamente en las zonas de mayor pro-
fundidad: base de los taludes y laguna interna.
— Spiroloculina (2.3%). La mayor abundancia de este género corresponde a la zona de

M Criboelphidium F717:1 Tri loculino Textularia Spirolocu_


I na parches coralinos.
- Miliolinela (2.3%). Presente en todas las estaciones, con una mayor frecuencia en el
Ammonia Miliolinela 'lIllO" Planorbulina Articulina plano arrecifal Sur, este género parece tener una distribución opuesta a Quinquelo-
culina.
- Articulina (1%), Ubicado con mayor frecuencia en la zona de Thalassia, este género se
=Quinqueloculinallig Bigenerina Plana' ina F1:311 D iscor bis encuentra muy bien asociado con Peneroplis.

CONCLUSION

Figura 8 — Distribución relativa de tos principales géneros de foraminíferos. Los intervalos de temperatura y salinidad de las aguas del complejo arrecifal de las Is-

342 343
El complejo arrecifal de las Islas del Rosario
Martínez & Vernette

las del Rosario, están dentro de los intervalos que se dan como condiciones óptimas para de Ha/imeda, explican la dominancia de la familia Miliolidae (Tinoco, 1978). La presen-
el buen desarrollo de los corales (Kinsman, 1964). cia del género Bigenerina con aglutinaciones calcáreas en el caparazón arenáceo, confirma
Las características morfológicas y la zonación de los corales en estas formaciones la ausencia de cuarzo en el sedimento y por lo tanto la poca influencia continental en el
arrecifales, son del mismo tipo que las descritas en numerosos trabajos anteriores realiza- área de las Islas del Rosario.
dos en la zona del Caribe (Vaugham, 1918; Newell et al., 1951; Milliman, 1973; Goreau
y Land, 1974; Stoddart, 1976). REFERENCIAS
En cuanto a la morfología de la cresta arrecifal, hay que anotar la diferencia que
existe entre el lado Norte y el lado Sur; aquél presenta realmente una cresta bien desarro- Bathurst, R. 1975 — Carbonate sediments and their diagenesis. Oxford. Elsevier Scientific Publishing
Company. 658 PP.
llada, cubierta por grandes ejemplares de Acropora pa/mata, típicas de esta zona Battistini, R. et al. 1975 — Elements de terminologie récifale indopacifique. Téthys 711): 1-111. Fig.
(Bathurst, 1975; Stoddart, 1976). El lado Sur corresponde, más bien, a un plano arrecifal 1-77.
situado a unos 4 m de profundidad y caracterizado por la ausencia de A. palmara. . Boltovskoy, E. 1965 — Los foraminíferos recientes, Buenos Aires, Editorial Universitaria. 510 pp.
Tal distribución, observada en otros sitios por varios autores (Guilcher et al., 1969; Glynn, P.W. 1973 — Aspects of the ecology of coral reefs in the western Atlantic region. In Biology

Wyedert, 1973; Glynn, 1973) es, generalmente, atribuida a una dinámica diferente en and Geology of corals reefs. New York. Edited by O.A. Jones and R. Endean. New York Acade-
mie press. Vol. 2: 271-324.
las masas de agua. En las Islas del Rosario los vientos alisios dominantes que soplan del
Goreau, T.F. 1959 — The ecology of Jamaican reefs. Species composition and zonation. Ecology.
N-NE, generan olas que actúan con mayor fuerza y frecuencia en el lado Norte, dejando 40: 67-90.
el lado Sur con aguas menos agitadas y sometida inclusive a la contra corriente del golfo Goreau, T.F. y Land, L.S. 1974 — Fore-reef morphology and processes, nos,th Jamaica. Tu lsa. Special.
procedente del Sur. Publ. Econ. Pal. V1iner. 18: 77-89.
Gu licher, A. et al. 1969 — Les récifs et lagons coralliens de Mopelia et de Bora-Bora lilas de la Socié-
La poca extensión del plano arrecifal interno en las Islas del Rosario, es caracterís-
tél. Mémoires ORSTOM Paris. 38: 1-195, 34 Fig., 1- ph.
tica de los arrecifes del Caribe al contrario de las formaciones Indopacíficas en donde
Kinsman, D.J. 1964 — Reef coral tolerante of high temperatu res and salinities. Nature, 202:
esta zona es más extensa (Battistini et al., 1975; Stoddart, 1976). Esta diferencia puede 1280-1282.
tener una explicación en la poca amplitud de la marea en el Mar Caribe. Lesueur, P. y Vernette, G. 1978 — Etude sédimentologique de la bale de Cartagena (Colombie). Bull.
Montastrea y Diploria son descritos por varios autores como característicos de los ta- I nst. Geol. Bassin d'Aquitaine (Bordeaux). 24: 71-84.
Mesolella, K.J. et al. 1970 — Facies geometries within Pleistocene reefs of Barbados west Indies.
ludes arrecifales externos (Goreau, 1959 en Jamaica; Mesolella et al., 1970 en Barbados).
Bull. Amer. Assoc. Petrol. Geol. 54: 1899-1917.
Respecto a esta distribución, aparece cierta diferencia en el transecto estudiado en las
Milliman, J.D. 1973 — Caribbean coral reefs. In biology and geology of coral reefs. New York. Edited
Islas del Rosario, donde los taludes externos, y especial el del lado Sur, están cubiertos by Jones O.A. and Endean. R. Academic Press. Vol. 1: 1-50.
en su mayoría por especies del género Agaricia.
Newel, N.D. et al. 1951 — Shoal-water geology and environments eastern Andros Island. Bahamas.
Puesto que, tanto el sustrato plio-pleistoceno como las formaciones actuales, son del Bull. Amer. Mus. Nat. Hist. No. 97: 1-30.
tipo arrecifal, la sedimentación encontrada en el archipiélago del Rosario es básicamente Pfaff, R. 1969 — Las Scleractinia y Milleporina de las Islas del Rosario. Santa Marta. Mitt. Inst. Col-
calcárea. Alem. Inv. Cient. No. 3: 17-24.
Porter, J.W. 1972 — Ecology and species diversity of coral reefs on oposite sides of the Isthmus of
Los detritos coralinos, como los procedentes de organismos y algas calcáreas, están
Panama. Wash. Bull. Biol. Soc. W-sh. 2: 89-116.
sujetos no solamente a la abrasión marina, sino también a la destrucción biológica por
Stoddart, D.R. 1969 — Ecology and morphology of recent coral reefs. Cambr. Biol. Rev. Camb.
parte de un amplio intervalo de organismos (equinodermos, bivalvos, algas incrustantes, Philos. Soc. No. 44: 433-498.
esponjas, peces, etc.). Por lo tanto, y como lo anota Bathurst (1975), no hay siempre una Stoddart, D.R. 1976 — Structure and ecology of Caribbean coral reefs. Simposio sobre adelantos en
relación directa entre la energía del agua y el diámetro medio del sedimento. las investigaciones marinas en el Caribe y regiones adyacentes. Caracas 12-16 Julio de 1976, FAO.
La relación puede ser directa cuando la dinámica del agua actúa de manera tan fuerte Informes de pesca No. 200, FIR /R200 (E/ES).
Tinoco, I. 1978 — Foraminíferos bentónicos de la plataforma contienental del Norte y Nordeste del
que no deja apreciar las demás acciones erosivas: es el caso observado en los sedimentos
Brasil: una síntesis. Memorias del Seminario sobre Ecglogía bentónica y sedimentación de la
arenosos gruesos y bien seleccionados de la cresta Norte. plataforma continental del Atlántico Sur. Mayo 1978, UNESCO,Montevideo, p. 217-224.
El mismo tipo de relación compleja se encuentra en el índice de dispersión; inclusive Vaughan, T.W. 1918 — Corals and the formation of coral reefs. Ann. Rep. Smithsonian I nst. 189-238.
los fenómenos de erosión y sedimentación que se realizan casi en los mismos sitios, no Werding, B. y Sánchez, H. 1977 — Informe preliminar sobre la situación ecológica general en las Islas
permiten generalmente la selección progresiva por tamaño de las partículas y explica el del Rosario. INVEMAR Santa Marta (Colombia). 61 pp.
Weydert, P. 1973. Morphologie et sédimentologie de la partie méridionale du grand récif de Tuléar
gran índice de dispersión (óeS superior a 1.0) de la mayoría de los sedimentos.
(Madagascar). Thétys Supl. 5: 133-156.

Así, la relación entre la zonación coralina y las partículas sedimentadas es difícil de


establecer y la composición del sedimento no refleja exactamente el biotopo. Otro ejem-
plo es el alga Ha/imeda, que participa de manera anormalmente alta a la sedimentación,
debido probablemente a su ciclo biológico más rápido que lo de los corales.
Las especies de foraminíferos encontrados, son de las de aguas cálidas y someras
(Boltovskoy, 1965), que permiten el desarrollo de una gran abundancia y diversidad de
género. El biotopo coralino parece favorecer también el aumento en el tamaño de Quin-
queloculina y Ammonia.
Las características calcáreas del sedimento y especialmente la presencia de residuos
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 347 - 348 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

EL CUATERNARIO DE LA ZONA DE HUANCAYO (ANDES DEL PERU


CENTRAL) Y SU CORRELACION

Francois Mégard", Michel Sehrier•

RESUMEN

La presencia de cuencas intra-montañosas neógenas y cuaternarias alargadas según el rumbo de la


Cordillera es una de las características de la evolución reciente de los Andes. En los Andes Centrales,
es decir entre 5°S y 270S, se cuentan entre ellas cuencas inmensas como la del Altiplano boliviano y
sur-peruano, pero también depresiones más modestas como la de Huancayo, localizada entre 11 040'S
y 12°10'S, que es el objeto de este trabajo.
Esta depresión tiene un rumbo NW-SE es decir el de la Cordillera a estas latitudes; su longitud
es 70 km. y su ancho varía entre 5 y 10 km. Está situada a lo largo del curso del río Mantaro, que en-
tra en ella a 3.350 m y sale a 3.170 m. El valle del río Mantaro está notoriamente encañonado tanto
aguas arriba como aguas abajo siendo estrechas las terrazas más bajas y subsistiendo las más altas sólo
como testigos aislados. Al contrario, en la cuenca de Huancayo — y ésto es su mayor interés -- se pre-
senta un conjunto de terrazas bien desarrollados (Dollfus, 1965; Mégard, 1968; Paredes, 1972) y se
nota que por lo menos las más antiguas han sido deformadas por pliegues, flexuras y algunas fallas
lOollfus y Mégard, 1968; Soulas, 19781. El propósito del presente trabajo es: (1) dar algunas precisio-
nes sobre la estratigrafia del Cuaternario en la cuenca del río Mantaro y (2) correlacionar esta estrati-
grafía con la de otras áreas en los Andes centrales.
En base a las obras anteriormente citadas se acostumbra numerar las terrazas de la más joven a la
más antigua: t', t", t — , ti". . Se hace lo propio para los depósitos glaciáricos g', g", g— . .. y de pen-
dientes p', p", p"... En forma simplificada se supone que t', g' y p' son aproximadamente coetáneos.
No se discutirá aquí estos conceptos pero se indica que el nivel más cospícuo de la terraza t' se corre-
laciona en las cuencas altas de los ríos con las morrenas recientes g' y que t" se correlaciona hasta cier-
to punto con g". Más precisamente es lógico pensar que el emplazamiento de las acumulaciones de ro-
dados t' y t" corresponde mayormente al período de fusión del hielo de los glaciares g' y g", durante
el cual gran parte del material morrénico se distribuye bajo forma de material fluvial.
El conjunto t', entre 2 y 6 m encima de río, está conformado generalmente por dos terrazas; la
más reciente es más lodosa y la más antigua más torrencial; el material no es cementado ni alterado.
El conjunto t", entre 10 y 25 rn encima del río, está conformado por conglomerados redondeados
y muy poco cementados. El conjunto t"', entre 35 y 50 m encima del río, está conformado mayor-
mente por conglomerados bien redondeados y con un cemento calcáreo. Al estudiar la cuenca del río
Cunas, afluente de la margen derecha del río Mantaro, identificamos un nivel de acumulación anterior
a t" que forma las extensas pampas de Usibamba y chaquicocha aproximadamente a 70 m encima
del nivel de los ríos. Este corresponde verosímilmente a un conjunto de glacis-conos en posición de
piedemonte oriental respecto a la Cordillera Occidental. En esta acumulación "fluvial", los cantos de
rocas intrusivas están totalmente alterados hasta el punto de formar arenas plagioclásicas deleznables
y los cantos de caliza están en gran parte disueltos, sobresaliendo tan solo el pedernal frecuente en
estos cantos. Además, esta acumulación es muy cementada y en parte cubierta por paleosuelos roji-
zos. Estas características son diferentes a las del material t" o más reciente y definen un nivel tiv.
Este se encuentra presente en otros puntos, en particular en La Oroya, donde la superficie de un anti-
guo cono-terraza del río Yauli se localiza unos 75 m encima de la terraza t" y aproximadamente 30 m
encima de algunos restos de terraza t".
Asi, el Cuaternario de los Andes del Perú central aparece constituido por cuatro niveles de cantos
rodados t', t", t"' y t,v y quizás por un depósito lacustre más antiguo: la formación Jauja, inicialmente
llamada tiv pero que se encuentra en posición tv.
En la cuenca de Huancayo existen solamente tres niveles de terrazas; el más antiguo t", es plega-
do, flexurado y fallado. Estas condiciones tectónicas locales explican, quizás, la ausencia del tiv, que
podría estar comprendido en la base de la secuencia de t".

• Instituto Francés de Estudios Andinos, Casilla 278, Lima 18 - Perú.

347
Mégard & Sébrier

El Cuaternario de la costa del Perú central, unos 150 km más al sur-oeste, se correlaciona con el
de la cuenca del Mantaro. En la costa se presentan también cuatro niveles mayores de acumulación
de material acarreado desde los Andes (Sébrier y Macharé, en oreo.); el más antiguo es muy potente y REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 349 - 363 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
está 100 a 170 m encima del fondo e los valles actuales: sus elementos son también a menudo muy
alterados, sobre todo los de material ígneo o volcánico.
PETROLOGIA Y PETROQUIMICA EN LAVAS RECIENTES
Si aceptamos la relación glaciación-terraza fluvial, parece lógico correlacionar, a más larga distan-
cia, respectivamente las e (y 91, t" (y 9-1, t"' g-) y ti" del Perú central con las glaciaciones Cho-
DE ALGUNOS VOLCANES EN COLOMBIA
queyapu, Sorata, Kaluyo y Calvario definidas por Servant 11977) en el área de La Paz (Bolivia). Luego,
basándonos en el sincronismo casi perfecto de los acontecimientos mayores de la última parte de la Luis Armando Murcia Leal• y Pedro Antonio Marín Rivera •
glaciación g' en los Andes centrales (Mercer y Palacios, 1977) con los del Wurm de Europa y del
Wisconsin de N. A. podríamos muy hipotéticamente proponer un esquema de correlación entre:
RESUMEN

y Wurm - Wisconsin
Análisis efectuados en lavas Cuaternarias de algunos volcanes colombianos de tipo escudo y estra-
y Riss - Illinois
tovolcán, presentan en general un carácter calcoalcalino y son principalmente latiandesitas cuarzosas,
y Glaciación del Cuaternario medio
cuarzoandesitas, latiandesitas, andesitas cuarzosas y dacitas. Los volcanes están siempre asociados a
y Glaciación del Cuaternario antiguo
tectónica de fallamiento regional y están relacionados con un margen continental activo, producto de
la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Suramericana. Se nota un aumento en dirección su r-
Es poco probable que una coincidencia tan perfecta exista y además, la definición y la cronolo-
norte de los contenidos de Si, K y Rb con una disminución de FeO' y TiO2 en la misma dirección,
gía de las grandes etapas de glaciación en Europa deja mucho que desear especialmente en lo que res-
relacionados con una mayor profundidad de la zona de Benioff o un mayor espesor de la corteza.
pecta a las más antiguas. Sin embargo, la hipótesis de trabajo del sincronismo entre las glaciaciones
El magma primario se interpreta como fusión parcial en la zona de Benioff con introducción de
entre las zonas templadas y tropicales nos parece la más adecuada hasta conseguir mayores precisio-
agua en el manto intracortical que está sobre la placa oceánica que subduce, lo que produce una mez-
nes. En esta cronología, la formación Jauja aparecería como un lacustre antiguo posiblemente Plio-
cla de magmas que luego se homogeniza y sube a la superficie, sufriendo cristalización fraccionada.
ceno. Puede haber contaminación donde hay corteza continental siálica.

ABSTRACT
ABSTRACT

Chemical analysis of Quaternary lava flows from several strato and shield type-volcanoes from
The study u ndertaken in the Central Zona of Perú has been directed to explam severa' aspects
Colombia exhibits a calc-alkaline trend and they are quartz-latiandesites, quartz-andesites, latiandesi-
relative to the stratigraphy of the Quaternary of the Basin of the Mantaro River, in order to correlate
tes and dacites. The volcanoes are associated with a large scale fault zone and are related with an active
afterwards this stratigraphy with other of the Central Andes. The hypotehsis of a glaciation
continental margin produced by the subduction of the Nazca Plate beneath the South American Piale.
cynchronism between the tempered zone and the tropical zone, is considered.
Toward north exists an increment of Si, K, Rb with a decrease of • and TiO2 wich possibly
correlate with the depht to the Benioff zone or differents thickness of the crust.
The parental magma is interpretad as being produced by partial melting in the Benioff zone with
introduction of water in the intracrust mantle aboye the subducted plate producing a magma mixing.
The new magma become homogeneous, ascends to the surface and undergoes fractional cristallization.
Contamination is probable due to the presence of continental crust in the northern volcanoes.

1. INTRODUCCION

La zona volcánica de Colombia es la más septentrional de la cadena Andina y se ex-


tiende desde el departamento de Nariño en la frontera con Ecuador (volcán Chiles) hasta
los departamentos de Tolima, Quindío y Caldas, donde termina con el Complejo volcáni-
co del Ruiz-Tolima. A lo largo de esta franja de 555 km de longitud y un promedio de
40 km de ancho, se encuentran unos 40 estratovolcanes, algunos activos, asociados siem-
pre a tectónica de fallamiento (Fig. 1).
El objetivo de este trabajo es hacer un estudio petrológico y petroquímico en las
lavas de los diferentes volcanes escogidos para hacer alguna correlación que permite infe-
rir su origen y ambiente tectónico.

2. ESTUDIOS ANTERIORES

El primer trabajo sistemático y detallado de un volcán Colombiano, fué elaborado


por Jaramillo (1980) quien discute con análisis petrográficos, químicos, geoquímicos e

INGEOMINAS, Calle 5 No. 8-77 - Popayán, Colombia.

349
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín
isotópicos, la petrogénesis de las lavas del Nevado del Ruiz. Otros trabajos importantes
son los realizados por Jaramillo (1976) en el Nevado del Ruiz y Kuroda y París (1978)
en el volcán Puracé, los cuales contienen análisis petrográficos y químicos. Existen otros
trabajos donde hacen referencia a los focos volcánicos entre los cuales se pueden citar
PLACA DEL CARIBE los de Boussingault (1833), Von Humboldt (1858), Karsten (1885), Hubach y Alvarado
(1932), Grosse (1935), Royo y Gómez (1942), Bueno (1948), Oppenheim (1950), Ra-
dp mírez (1969) y Herd (1974). Este es, pues, el primer trabajo que trata de hacer una co-
rrelación petrológica y petroquímica en lavas de diferentes volcanes Colombianos.
os
c.,o`'
op JQ 3. RESUMEN GEOLOGICO

/ Los Andes al entrar a Colombia justamente al norte de la frontera con Ecuador, se


A °
.4"-\ / subdividen topográficamente en el macizo colombiano en tres grandes cadenas montaño-
sas, las Cordilleras Oriental, Central y Occidental. Estas tres Cordilleras con las localizadas
\ A4, a lo largo de la costa del Atlántico y del Pacífico son los rasgos fisiográficos más impor-
tantes del país. La Cordillera Oriental ha sido relacionada a las facies miogeosinclinal y
viene a corresponder a la zona más interna del cinturón orogénico móvil de la parte nor-
Andina de Suramérica. Esta Cordillera está compuesta en su mayor parte, por una gruesa
secuencia sedimentaria cretácica dispuesta discordantemente sobre capas rojas y calcáreas
de ambiente continental y marino, así como de las rocas ígneas tanto plutónicas como
- I- -4' l< volcánicas del Triásico, Jurásico y Cretáceo Temprano. El Devónico también está presente
>ORSAIY por retazos a todo lo largo de la Cordillera, siendo mucho más notable su presencia en el
PLACA DE
u> .1 DE /-
flanco oeste. Todas estas secuencias se presentan discordantemente (sedimentarias) o in-
o COIEIA i' NAZCA
o -I I. truyendo al núcleo de la Cordillera, el cuál está compuesto por rocas metamórficas e
ígneas del Escudo de Guayana, con una edad entre 900 y 1.300 m.a. Estas rocas afloran
w
o 11- yi' )..../
r Y9k•
en el macizo de Quetame, Santander y Santa Marta y representan las rocas más antiguas
a
Va > de Colombia. Posiblemente el período más activo de esta Cordillera estuvo comprendido
09- v\.. f. entre el Plioceno y Cuaternario, habiendo sido levantada y replegada varias veces permi-
a. O Ny Á O4• tiendo períodos de sedimentación epicontinental durante el Cenozoico mientras que la ac-
.----- <I * tividad ígnea fue muy escasa o casi nula (Estrada, 1972 y Jaramillo, 1976).
-I- 12- o VIL La Cordillera Central ha sido relacionada a un miogeoanticlinal. Consiste esencial-
4.( - s.5V mente de rocas cristalinas replegadas y metamorf izadas; en su flanco oriental se observan
C./
-14 estratos rojos epicontinentales del Triásico-Jurásico y en su flanco occidental presenta
.4
una sedimentación típica de trench y de edad Cretácea. Mediante el estudio de los estra-
qt4f tos rojos del Triásico Temprano (Formación Prepayandé) y en especial sus conglomera-
dos, todos ellos derivados de la denudación de la Cordillera Central, es lógico suponer
"E. 1 / que la edad del metamorfismo de la Cordillera Central puede ser o del Devónico o Silú-
.1•• Gf...
)050,141. y /
..10•01. (319. rico y pertenecer a la orogénesis Tacónica, la cual fué de origen global. Este metamorfis-
r `' ,I. 1
mo pertenece al tipo regional o plutónico (ocasionado por calor más presión dirigida) y
sus facies están comprendidas entre las facies esquistos verdes y facies anfibolita. La acti-
❑ Nevado del Ruiz MARCO TECTONICO Y LOCAL' ZACION vidad tectónica e ígnea tuvo 2 etapas muy bien definidas: la primera de ellas de edad
O Puracé Triásico-Jurásico está caracterizada por intrusiones de composición granodiorítica a
DE LOS VOLCANES ESTUDIADOS
.1 Doña Juana cuarzomonzonítica de las cuales la más importante es el Batolito de I bagué; la tectónica
X Bordoncillo desarrolló un sistema complejo de fallas noreste teniendo su mayor grado de influencia
=Morasurco (Modificado de Jaramillo ( 19 80 ) en el flanco oriental. La segunda etapa comprende desde el Cretáceo Temprano hasta
• Galeras nuestros días. En el flanco occidental de la Cordillera se presentó depositación en el
A A zufral "trench Cauca-Patía" con el desarrollo de un vulcanismo básico como resultado de la
✓ Cumbo) interacción de la placa Este del Pacífico y la placa Suramericana. Una vez que el "trench"
100 200 Km I Fig. 1
se rellenó y debido a los esfuerzos de compresión, las rocas se deformaron mediante el Sis-
tema de Fallas de Romeral la cual en profundidad separa rocas de afinidad oceánica hacia
el oeste y de afinidad continental hacia el este. Igualmente en la Cordillera se presenta

351
Murcia & Marín Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia

un nuevo metamorfismo regional asociado al emplazamiento de grandes batolitos sobre- 5. VOLCANES ESTUDIADOS
saliendo el Batolito Antioqueño. Las rocas del "trench" son acrecionadas al continente
cambiando su isostacia, iniciándose el salto de la zona de subducción hacia el oeste (Pa- En el presente trabajo se estudiaron las lavas de 8 volcanes situados en la Cordillera
rís y Marín, 1979 y Murcia, 1980). Durante el Mioceno-Plioceno se efectúa un nuevo Occidental, en el límite depresión interandina-Cordillera Central y Cordillera Central. Es-
plutonismo y en el límite Terciario-Cuaternario se desarrolla un fuerte vulcanismo en la tos volcanes están situados en una región de gran sismicidad, están relacionados con tectó-
cresta de la Cordillera Central de composición original dacítica pero pasa a ser andesíti- nica de fallamiento y se localizan muy al este del actual margen continental (Fig. 1).
ca en su período final. La historia geológica y la composición litológica de la Cordillera Aunque no se tienen dataciones radiométricas de ninguna de las lavas estudiadas,
Central es muy similar a lá de la Cordillera Occidental en los Andes de Perú, Bolivia y algunas se recogieron en lugares con actividad eruptiva conocida mientras que otras se
Chile. muestrearon cerca a los cráteres, ya que dado su carácter de estratovolcanes, permiten
La Cordillera Occidental en la parte norte de los Andes (Ecuador, Colombia y Pana- inferir la edad más joven.
má) se presenta como una cadena montañosa independiente de los Andes iniciándose En este trabajo se utiliza el término lavas recientes a aquellas de edad Cuaternario
en el Golfo de Guayaquil, limitada al este por la falla de Romeral y entrando a Panamá y para su clasificación se utilizó el doble triángulo de Streckeinsen (1974).
por el "tapón del Darién". Está compuesta por el denominado Complejo Igneo Básico A continuación se describen brevemente las características generales de los volcanes
(Murcia, 1980) que consta de rocas volcánicas de afinidad toleítica con intercalaciones siguiendo un orden sur-norte.
sedimentarias, depósitos tipo flysch y rocas ígneas máficas y ultramáficas asociadas, de Volcán Cumbal
edad Cretáceo-Terciario. Al efectuarse la aeración del "trench" al continente, la zona de Estratovolcán cubierto de nieve, tiene una altura de 4.764 m s.n.m. y está localizado
subducción migró al oeste y se conformó el "trench"del Atrato-Sinú (Duque, 1977) du- en la parte meridional de la Cordillera Occidental, siguiendo una línea tectónica con los
rante el Terciario y debido a su actividad originó el solevantamiento de la Cordillera Occi- volcanes Chiles y Azufral que coincide con la falla del Cauca-Patía; ostenta varios cráte-
dental presentándose movimientos verticales en el Sistema de Fallas de Romeral ocasio- res secundarios con bastante actividad de fumarolas, sus lavas son de composición lati-
nando la sedimentación de la molara terciaria en la cuenca Cauca-Patía. Por ese mismo andesita cuarzosa y latiandesita y no registra historia eruptiva.
período, y como consecuencia directa de la interacción de las placas oceánica y conti- Volcán Azufral
nental, se efectuó el proceso de imbricación emplazando en superficie rocas del manto, Estratovolcán con actividad fumarólica y de solfatara alcanza una altura de 4.070 m
esquistos de glaucofana y metamorfismo en el Grupo Dagua. Asimismo el magmatismo s.n.m., se encuentra localizado en la Cordillera Occidental siguiendo la misma línea del
Mioceno-Plioceno en esta Cordillera se considera como un producto directo de esta zona Chiles, Cumbal y falla del Patía. Tiene una caldera principal con un extenso cráter en
de subducción. cuyo fondo está la famosa laguna Verde; la composición de sus lavas varía de dacita a
Según Sillitoe (1978) y Murcia (1980), y como esta Cordillera presenta una historia latiandesita.
geológica y composición litológica muy diferente al resto de los Andes, pudo haberse for- Volcán Galeras
mado más al sur y haber sido transportada por la falla de Romeral con un movimiento Estratovolcán de 4.262 m s.n.m., está localizado en el límite depresión Patía-Cordi-
de rumbo y dextral hasta su posición actual, movimiento que posiblemente se reflejó llera Central, tiene una caldera compuesta principal, sus lavas son latiandesitas cuarzosas,
en la Cordillera Central mediante la falla de La Palestina con un movimiento también cuarzoandesitas y latiandesitas, presentan xenolitos de metamorfitas de afinidad migmatí-
dextral y que se desprendió de la falla de Romeral a la altura del páramo de Cumbarco, tica y xenocristales de olivino y está localizado en el trazo de la falla de Romeral (Murcia
al noreste de Barragán. y Cepeda, en prep.). Además de las lavas, presenta ignimbritas, lahares y lluvia de cenizas
y su actividad volcánica reciente es conocida donde se destacan los sucesos de 1785, 1865
y 1944 (Ramírez, 1969). Su última emisión de cenizas ocurrió hace 10-15 años.
4. VULCANISMO CENOZOICO Volcán Morasurco
Estratovolcán inactivo, tiene 3.500 m s.n.m., está localizado hacia la Cordillera Cen-
De acuerdo a los estudios realizados por Kennett, Mc Birney and Thunell (1977) se tral, al norte de Pasto. Tiene una caldera principal semidestruída y no tiene actividad his-
han establecido dos eventos volcánicos importantes en el Cenozoico, en la región cir- tórica conocida. Se encuentra en la línea tectónica de la falla de Buesaco, satélite de la
cumpacífica, uno de edad Mioceno Medio con algunos episodios en el Mioceno Tardío- falla de Romeral. Sus lavas son latiandesitas y latiandesitas cuarzosas y presenta desarro-
Plioceno Temprano y el otro de edad Plio-Pleistoceno con actividad reciente. El evento llo de lahares.
del Mioceno Medio está registrado a ambos lados de la Cordillera Central, pues en su Volcán Bordoncillo
flanco occidental y en el graben del Cauca-Patía se observa que en las formaciones Esmita Estratovolcán inactivo de 3.700 m s.n.m., está localizado en la Cordillera Central al
y Combia, de edad Mioceno Superior, existen cantos de dacitas, andesitas y basaltos mien- W de la laguna de La Cocha. Se encuentra alineado con la falla de El Mojón de dirección
tras que en el flanco oriental, en el Grupo Honda, de edad similar, se encuentran clastos NE, paralela a la falla de cabalgamiento Afiladores-La Cocha, la cual muestra pequeños
de porfiritas dacíticas, fragmentos de basaltos, traquita y riolita (Van Houten, 1976). volcanes asociados. Una lava analizada se clasificó como latiandesita.
El volcanismo de edad Mioceno Medio es sinorogénico y está asociado a la Orogenia Volcán Doña Juana
Andina, cuando la zona de subducción saltó al occidente, lo que dió lugar a una disminu- Estratovolcán situado a 4.250 m s.n.m., con un gran cráter, está asociado a otros vol-
ción en la rata de expansión del piso oceánico. Posteriormente hubo una "aceleración" canes como el Petacas, Tajumbina y Animas, que ocupan el eje de la Cordillera Centro-
en esa velocidad que inició el volcanismo post-orogénico del Plio-Pleistoceno. Se nota, Oriental. Tiene una actividad histórica bien conocida donde se destaca el suceso de 1900
pues, una relación entre las variaciones de las ratas de expansión, zonas de subducción cuando murieron 60 personas, las llamas del volcán no se apagaron en un mes y las lavas
y vulcanismo. se extendieron por varios km a la redonda (Ramírez, 1969). Sus lavas son latiandesitas y

352 353
Murcia & Marín
Petrolog ia y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia

latiandesitas cuarzosas, presentan lahares, se encuentran tobas granatíferas piroxenitas


y eclogitas asociadas a su vulcanismo explosivo.
Volcán Puracé .se
Estratovolcán de 4.700 m s.n.m., uno de los más activos de Colombia, hace parte de
la Sierra Nevada de Coconucos en la Cordillera Central donde forma un complejo volcáni-
co con el Pan de Azúcar y el Paletará. Tiene un cráter principal de 500 m y 160 de pro-
fundidad y presenta un cono parásito. Su volcanismo ha sido lávico y explosivo de tipo
estromboliano y en este volcán se encuentra la única mina de azufre que se explota en

Serie Suba 'calina


Colombia. De acuerdo a Kuroda y París (1978) las lavas de este volcán son latiandesitas
cuarzosas y dacitas y además presenta ignimbritas latiandesíticas cuarzosas y riolíticas
alcalinas (Hórmann, 1979). Su actividad volcánica es bastante fuerte y su último suceso
ocurrió en 1949 cuando estalló sorpresivamente y provocó la muerte de 16 estudiantes
que subían al cráter.
Nevado del Ruiz
Volcán tipo escudo (Jaramillo, 1980) de 5.200 m s.n.m., está asociado a estratovolca-
nes como Cerro Bravo, Tolima y Quindío que forman la cresta de la Cordillera Central.
Este complejo es el centro volcánico más activo del segmento Norandino y está relaciona-
do con la falla de Palestina que desaparece bajo estos volcanes (Herd, 1974). Tiene activi-
dad volcánica conocida y como suceso extraordinario está el de 1845 cuando una inunda-

Serie Alcalina
ción de lavas y lodos dejan un saldo de 1.000 muertos , los peces en varios ríos mueren
por la elevada temperatura de las aguas y cientos de reses fueron ahogadas por el lodo o
calcinadas por la lava ardiente (Ramírez, 1969). X •el
De acuerdo con Jaramillo (1980), las lavas del Nevado del Ruiz se componen de
basaltos y andesitas porfiríticas, presentan xenocristales de cuarzo, xenolitas félsicos y
xenolitos máficos que corresponden a rocas metamórficas de alto grado (granulitas).

6. PETROLOGIA Y PETROQUIMICA CO

Elementos Mayores
7. O z >f + O zD N
En el apéndice I aparecen los resultados de los análisis efectuados en roca total de
28 lavas pertenecientes a los 8 volcanes estudiados. De estos resultados 12 corresponden
a este trabajo y los otros fueron tomados de Jaramillo (1980), Hórmann (1979) y Kuroda
o ■
0
//
y París (1978). —o en
o 7 O
Para tener una idea del grado de alteración y/o migración química producida por in- .0 O O N I-
O

cs,- > 3
E 0 <I)
temperismo o metamorfismo en las lavas, se plotearon sus porcentajes de álcalis en el = 0 0 I ...:
r...)
diagrama Na20/K20 vs Na20 + K20 (Fig. 2) el cual representa los campos de rocas volcá- 2 1
I> I o
L
al O ., . -
nicas Cenozoicas frescas y alteradas propuesto por Miyashiro (1975) donde la línea V-V' 0 .0 '11: .:
S. O 3
o E
W
,..9 o
indica el límite superior de la relación Na20/K20 para rocas volcánicas frescas y se puede : ei
o C — r•-- O - Y
-
E
jj g
c., ca. ' a
E 0
apreciar que todas las muestras están bajo este campo con un rango entre 1.5 (volcán OO OO O 2
C-.) 2• C., > e O 9) Ni 2 1 ?
Puracé al norte) y 3.5 (volcán Azufral al sur) lo que permite tener cierta seguridad con
respecto a su "no alteración" debido al intemperismo o metamorfismo.
Es bien conocido que las rocas volcánicas de acuerdo con su composición química El
+ Z3ce
o
o.
o -F- 'g 3E o
1 a 12
-
c., T. 8 CO.
pueden tener un carácter alcalino o subalcalino, dependiendo de su contenido en álcalis
y sílice lo que implica una petrogénesis bastante diferente. Dickinson (1975) estableció
• 2 -2tó2Y°''):
que las lavas aumentan su contenido de K a medida que se alejan.del "trench", o sea que
*Sao r> ,;,'1 Z-3 rc,.,"
-C
— 10 11: > ca -
son más alcalinas a medida que seprofundiza la zona de Benioff y Déluelle (1978) afir- .1' 0.• 1 ' z 2
4111
ma que en los Andes Sur y Andes Centrales hay un aumento de K con respecto a la dis- 111

tancia del "Manch" en rocas volcánicas Plio-Cuaternarias. Esta relación implica que la + C5 1 : I

i Z 2
composición química de las rocas volcánicas y su tren geoquímico está relacionado en I t 1 I 1 N o Eo 8o.
O 0 f el- r> cu E -o
profundidad con la zona sísmica inclinada y que se generan magmas más alcalinos a gran-
=
E, g 11
des profundidades.
02 >1 /0Z ; u_ _ E o

354 355
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín

En la Fig. 3 se observa la variación composicional de Na20 + K20 vs SiO2 y se nota Fe203, Fe0./Mg0 indica la relación de enriquecimiento en Fe y la línea a trazos represen-
que las muestras pertenecen a la serie subalcalina y están situados bajo el límite estableci- ta el límite entre las series calcoalcalina y toleítica definida por Miyashiro (1974). Las
do por Schwarzer y Rogers (1974) lo cual concuerda con los valores K20/Na20 < 1 que lavas pertenecen en su mayoría a la serie calcoalcalina y se observa en el lado tole ítico un
fueron definidos por Jakes and White (1972) para rocas subalcalinas; en las lavas estudia- alineamiento paralelo al límite de las 2 series con un decrecimiento de Si02 y Fe0./Mg0
das estos valores varían entre 0.31 (volcán Azufral) y 0.58 (Nevado del Ruiz). Se aprecia, del volcán Puracé al volcán Cumbal, lo que indica una composición de las lavas más bási-
además, que dentro de esa serie subalcalina los volcanes del norte (Puracé y Nevado del cas hacia el sur relacionada con un menor espesor de la corteza y explicaría la presencia
Ruiz) presentan en general valores más altos en Na, K y Si que los del sur, lo que permi- de xenocristales de olivino en lavas del Galeras y las tobas granatíferas, eclogitas y piro-
te suponer una composición más básica en estos últimos, lo cual está apoyado por una xenitas asociadas al volcán Doña Juana.
disminución en Fe(/' y TiO2 en dirección Sur-Norte y aumento de los valores de Rb en Algunos autores como Osborn (1962) han explicado la presencia de estas 2 series
la misma dirección (Fig. 6). por la fugacidad del oxígeno que, cuando es alta, precipita magnetita lo que hace que el
La serie subalcalina ha sido dividida en calcoalcalina y toleítica dependiendo del magma se vuelva más silíceo dando una composición calcoalcalina mientras que en caso
grado en el avance de la cristalización fraccionada que puede ser medido por el incre- contrario, las rocas tienden a ser toleíticas. Estudios realizados por Miyashiro (1975) de-
mento de la relación Fe0* /Mg0. La serie toleítica típica muestra un enriquecimiento mostraron la afinidad del Vanadio con la magnetita y en la Fig. 8 se observa que los vol-
inicial en Fel)* y TiO2 mientras que en la serie calcoalcalina es común el decrecimiento canes del norte (Puracé) presentan una menor concentración de Vanadio lo que permite
de Fe0* y Ti02. Esta división es importante ya que las rocas de la serie calcoalcalina ocu- pensar en que además de la fugacidad del oxígeno se debe tener presente alguna contami-
rren principalmente en cinturones orogénicos tales como arcos de islas y márgenes conti- nación, dada seguramente por un mayor espesor de corteza.
nentales activos mientras que la serie toleítica se encuentra en casi todos los ambientes En el diagrama AFM de la Fig. 5 se puede apreciar un mayor enriquecimiento de Fe
tectónicos (Miyashiro, 1975). en los volcanes del sur mientras que el Puracé y el Nevado del Ruiz tienden a ser más ricos
en álcalis. Existen algunas lavas de composición dacítica en los volcanes del sur (Azufral)
En la Fig. 4 se observa el diagrama Si02 vs Fe0'/Mg0 donde Fe0 * = Fe0 + 0.9
que en el diagrama muestra valores altos en Na y K.
Elementos Traza
Las concentraciones en p.p.m. de los elementos traza de las lavas estudiadas, aparecen
Serie calcoalcalina
en la Tabla 1 y fueron obtenidos en roca total por métodos de absorción atómica (Rb y
70 —
A Sr) y análisis espectrográfico completo (Cr, V, Y, Zr, Ni y Ba) a excepción de los del
á Nevado del Ruiz que fueron realizados por activación de neutrones (Jaramillo, 1980).
De acuerdo con el contenido de Rb (Tabla 1), se pueden dividir las lavas en 2 grupos:
Tabla 1 - Variación del contenido de K20 y elementos traza en lavas subalcalinas en volcanes colombianos

65 — ❑
K20 Rb Sr Rb Sr Cr V Y Zr Ni Ba
VOLCAN 1%) (1,11(1 ) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm)
X +
o
o o Cumbal 1.33 48 492 0.097 150 100 15 70 50 500

1.11 50 370 0.087 50 150 15 70 20 500


17) 60— • Azufral
000 0 1.14 40 640 <0.062 200 150 15 70 50 500
Cumbal
1.39 50 575 0.087 50 150 20 100 30 700
+ A Azufral Galeras
e 1.35 55 585 0.094 50 150 20 70 20 500
• Galeras
Morasurco 1.24 55 540 0.102 20 100 15 50 10 500
55 — • Morasurco
1.51 49 500 0.098 150 100 20 100 30 700
x Bordoncillo
)/
1x + Doña Juana Bordoncillo 1.42 40 850 0.047 100 200 20 70 30 700
o Puracé
❑ Nevado del Ruiz Doña Juana
1.84 55 560 0.098 30 150 10 100 20 700
1.17 40 456 < 0.087 300 200 20 50 15 500
50 —
Serie toleítica Puracé
1.76
1.76
75
84
848
770
0.088
0.109
30
20
100
100
10
10
70
100
15
10
700
700

2.19 73 520 0.140 59 63 1400


Nevado del Ruiz
2.33 83 290 0.140 90 97 1290

2 3 4 NOTA: K, Rb, Sr. Absorción Atómica.


FeO* / MgO Cr, V, Y, Zr. Ni, Ba Análisis espectrográfico.
F igura 4 — Variación composicional de Si02 vs Fe0•/Mg0. La línea a Los datos del Nevado del Ruiz son tomados
trazos representa el límite entre series toleíticas y calcoalcalinas dado de Jaramillo (19801.
— Indica que no existen valores reportados.
por Miyashiro (1974).

357
356
Murcia & Marín Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia

y Cumbal 0.200 1
Fe0 +0.9 Fe20
/
▪ Morasurco /
o Purace /
/
A Azufral /
/
x Bordoncillo /
0.150
• Galeras /
/
+ Doña Juana
❑ Nevado del Ruiz

• I1
••■
•■■

0.050
1(

40 50 60 70 80 90 100
Rb (ppm)
Figura 7 — Variación en la concentración de Rb vs la relación Rb/Sr. El
campo inferior izquierdo indica valores de 87Sr/ 86Sr < 0.7040 y el

Na20+ K20 Mg0 superior derecho valores > 0.7040, dados por Kistler and Peterman
(1973).
Figura 5 -- Diagrama AFM mostrando el enriquecimiento en Fe de las lávas subalcalinas.

90
o
80
o

^ 70
E
— 60

50
o o o o
o o o
40 2
400 500 600 700 800 900 Cr (ppm)

Sr (ppm) V Cumbal A Azufra! • Galeras


Morasurco X Bordoncillo + Doña Juana
o Purocé
Figura 6 — Variación en la concentración de Ab y Sr en lavas de diferentes volcanes en Colombia. Las
líneas continuas representan las resultantes de las relaciones lineales de estos dos elementos. Figura 8 — Comparación en los contenidos de V y Cr de las diferentes lavas subalcalinas.

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Petrolog la y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín

uno con concentraciones entre 40 y 55 p.p.m. que corresponde a los volcanes del sur y Los bajos valores de s7 Sr/86 Sr y la presencia de olivino y espinela (cromífera) per-
otro con valores entre 75 y 83 p.p.m. que pertenecen a los volcanes del norte (Fig. 6). miten descartar como origen directo de los magmas primarios la fusión parcial de corteza
El contenido de este elemento en los volcanes del sur de Colombia es parecido al de continental (Jaramillo, 1980). Para la formación de las lavas calcoalcalinas, en este traba-
la Andesita promedio de Taylor (1969) y al de las lavas de la parte Sur de la cadena Andi- jo se presenta un modelo (Fig. 9) en el cual se asume que hay fusión parcial de la Placa
na (sur de Chile) mientras que el de los volcanes de la parte norte (Puracé y Nevado del de Nazca que está subduciendo e introduce agua en el manto intracortical que está sobre
Ruiz) se asemeja al de las lavas de los Andes Centrales (norte de Chile). la placa descendente, lo que, a su vez, origina fusión de la envuelta peridotítica y se for-
Los valores altos de Rb en el Puracé y Nevado del Ruiz coinciden con el aumento en ma una mezcla de líquidos que luego se homogeniza dando el magma andesítico prima-
dirección sur-norte de Si y K. Es bien conocida la afinidad del Rb y K debido a su seme- rio. Posteriormente este magma en su ascenso sufre cristalización fraccionada a bajas
janza cristaloquímica y es común encontrarlo (Rb) en líquidos residuales debido a su baja presiones lo que da diferenciados más sil íceos y aprovecha las zonas de debilidad dadas
energía de enlace (Alvarez, 1979). La concentración de Rb sirve como marcador de am- por la tectónica de fallamiento para llegar a la superficie. Hacia la parte norte donde exis-
bientes tectónicos debido a su afinidad con el K que define la profundidad de la zona de te corteza continental con mayor espesor, sufre contaminación lo que hace que se enri-
Benioff y algunos autores como Jakes and White (1972) encontraron que a medida que quezca en álcalis Si y Rb y tenga un pequeño aumento en el contenido de Sr radiogénico.
aumentan los valores de Rb, Sr y Ba, más alcalina se va haciendo una serie de rocas vol- Murcia (1980) concluye que el vulcanismo Mesozoico de la región occidental es de
cánicas. carácter toleítico y Alvarez (1979) demostró que los cuerpos intrusivos y subvolcánicos
Con respecto al contenido de Sr, en los volcanes del sur no se encuentra ningún pa- Cenozoicos del graben del Patía y parte de la Cordillera Occidental son calcoalcalinos, lo
trón definido con respecto al Rb y al Ca, caso contrario de las lavas del Puracé y Neva- que permite pensar en una evolución en tiempo y espacio del vulcanismo que se hace más
do del Ruiz donde se nota una relación lineal Sr-Ca que debe estar dada por el desarrollo alcalino hacia el este y que actualmente está relacionado con un margen continental
de facies más porfiríticas con fenocristales de plagioclasa. activo.
Las relaciones 87 Sr/86 Sr son muy importantes en la petrogénesis de las lavas estu-
diadas y solo se conocen las reportadas por Jaramillo (1980) en el Nevado del Ruiz que
son 0.7041 y 0.7042. Se ha establecido que 0.7040 es el valor típico de las andesitas en
arcos de islas (James, Brooks and Cuyubamba, 1976) y por eso se ha adoptado el diagra- VCP
ma de la Fig. 7 para tener indirectamente una idea del contenido de Sr radiogénico. El FP
campo superior derecho fué establecido para rocas con 87 Sr/86 Sr > 0.740 y el inferior CW
izquierdo para valores < 0.740, en rocas gran íticas mesozoicas de California (Kistler and
Peterman, 1973). Como se puede observar en la Fig. 7 son los volcanes del norte los que
presentan valores más altos de Rb/Sr y por ende mayor Sr radiogénico lo cual coincide
con los valores reportados por Jaramillo (1980).
En general las relaciones Rb/Sr y 87 Sr/ 86 Sr son bajos y se asemejan a los valores de
la parte sur del Cinturón Andino reportados por Klerk, Deutsch, Pichler and Zeil (1977)
en el sur de Chile, los cuales son más bajos que los de los Andes Centrales (op. cit.).
La variación en los contenidos de V y Cr se observa en la Fig. 8 y se nota un aumen-
to de V en los volcanes del sur especialmente en los volcanes Bordoncillo y Doña Juana,
relacionado con altos valores de Fe0* y TiO2 mientras que hacia el norte ocurre lo con-
trario. Esta apreciación está de acuerdo con las observaciones de Miyashiro (1975) quien CV,- Cordillera Occidental
plantea que en las series calcoalcalinas hay decrecimiento de V mientras que en las series CC - Cordillera Central
toleíticas típicas hay incremento inicial seguido de un decrecimiento. GB - Geosinclinal de Bolívar
En cuanto al Cr, se observan contenidos bajos tanto en los volcanes del norte como
VCP- Valle Cauca Patía VRM- Valle Rio Magdalena
en los del sur (Puracé y Bordoncillo) pero relacionados con algunos valores altos de Fe0 */
MgO, típico en el avance de la cristalización fraccional de series toleíticas y calcoalcali-
FCP- Falla Cauca Patio FR - Falla de Romeral
nas (Miyashiro, 1975). FP- Falla de Palestina PC - Placa Continental
PO - Placa Oceánica
7. DISCUSION
Figura 9 — Bloque diagrama generalizada mostrando el ambiente tectónico y la forma-

Con base en los resultados obtenidos, se observa un aumento en dirección sur-norte ción de los volcanes estudiados.

del contenido de Na20 + K20, Si02, Rb y 87 Sr/86Sr (inferido) asociado a una disminu-
ción en Fer, TiO2 y Cr, lo cual puede ser correlacionable con un cambio en la profun-
didad de la zona de Benioff y un cambio en el espesor y composición de la corteza lo AGRADECIMIENTOS
que explicaría la presencia de los xenolitos del manto en los volcanes del Sur (Galeras y
Doña Juana) y de los xenolitos de granulitas, rocas metamórficas de alto grado, en las Los autores desean expresar sus agradecimientos al geólogo José María Jaramillo,
lavas del Nevado del Ruiz. por sus valiosas discusiones.

360 361
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín

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362 363
REVISTA CIAF VOL. 6 11-31, 365 - 372 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

ECOLOGIA DEL PLEISTOCENO TARDIO EN EL CINTURON


ARIDO PERICARIBEÑO

Claudio Ochsenius•

RESUMEN

Desde la Península de la Guajira, en el NE de Colombia, hasta la Península de Paria, en el NE de


Venezuela, se extiende una faja árida y semiárida. En el presente estudio se analizan las principales
determinantes ecológicas durante la última glaciación, en este contexto geográfico, confrontándolas
con los conocimientos disponibles acerca del norte de Surmérica. Con base en aspectos muy variados
como la extensión de la regresión glacio-eustática, la sedimentación fluvial y eólica, la evolución de
los acuíferos, floras, faunas y poblaciones humanas se demuestra la existencia de un clima árido en
esta región durante, por lo menos, los últimos 20.000 años.

ABSTRACT

A vvide strip of arid and semi-desertic area spreads from La Guajira Peninsula in northeastern
Colombia, to the Paria Peninsula in northeastern Venezuela. In the present study, the principal ecolo-
gical factors during the last glaciation period are analysed in this specific geographical context.
Likewise, they are confronted with the available data from northern parí of South America. Based on
many aspects, such as the extent of the glacio-eustatic regression, fluvial and aeolian sedimentation,
evolution of the aquifers, flora, fauna and human settlements, it is evident that the existence of a
desertic, arid climate in this region has been prevalent for at least the last 20.000 years.

El Cinturón Ando Pericaribeño en el norte de Sudamérica comprende una angosta


faja árida y semiárida que se extiende desde la Península de La Goajira en el NE de Co-
lombia hasta la Península de Paria en el NW de Venezuela, incluyendo las principales islas
del Caribe meridional (aproximadamente unos 20.000 km2 y unos 2.000 km de costas).
El clima predominante fluctúa entre un BW (Clima Desértico) y un Bsh (Clima Estepárico
Seco y Cálido). Las temperaturas medias anuales oscilan entre 27° y 28°C, mientras que
las precipitaciones sólo alcanzan los 300 a 500 mm, hecho agravado por una rata de eva-
poración potencial que varía entre 2.400 y 2.900 mm. de promedio anual.
A través de varios estudios previos hemos analizado la importancia geográfica de los
climas secos y de los paisajes vegetales concurrentes durante la última glaciación en el N
de Sudamérica y latitudes subtropicales (Ochsenius 1977, 1979a, 1979b, 1979c). Dentro
de este contexto, nos proponemos analizar a continuación las principales determinantes
ecológicas que durante la misma época han caracterizado a los ambientes de la costa norte
del continente.
Todo parece indicar que durante el último máximo glacial (14.000-18.000 B.P.), los
mares epicontinentales han experimentado una radical contracción debido al marcado
descenso del nivel oceánico a escala local y planetaria (entre unos —60 m y —130 m con
relación a su nivel actual). Bajo estas nuevas circunstancias el Golfo de Venezuela y una
gran parte de la plataforma oriental del país han quedado virtualmente emergidos, dejan-

• Research Fellow of the Alexander von Humboldt Foundation Biogeographie, University of


Saarlandes, Saarbruecken 6600 Federal Republic of Germany.

366
Ochsenius Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido pericaribeño

do aislada la importante cuenca del Lago de Maracaibo, ambiente que sólo ha podido su- En la Península de Paraguaná, los agentes de sedimentación han alcanzado una muy
perar las perturbaciones climáticas impuestas por la aridez, gracias al extraordinario débil significación, toda vez que las condiciones áridas reinantes no han permitido el desa-
efecto de predominio ejercido por la glaciación que en el mismo momento afecta de rrollo de amplias formaciones detríticas. Por tal motivo, las I itofacies cuaternarias más im-
modo intenso a los Andes Venezolanos y parcialmente a la Sierra de Perijá. portantes han evolucionado a expensas del ambiente marino. No debe descartarse, sin em-
Las nuevas llanuras expuestas han debido alcanzar un aspecto similar al que hoy bargo que bajo el mismo monto pluviométrico existieran cambios evidentes de facies vege-
muestra el extenso Golfete de Coro durante el período de bajas mareas. A una escala me- tacional debido, de un lado, a la distribución local de las lluvias y, del otro, a variables de
nor pero de igual significación, las playas y plataformas orientales y nororientales de Para- orden edafogénico especialmente en sectores donde afloran amplias formaciones marinas
guaná y la Goajira, han ganado miles de kilómetros cuadrados en extensión dejando inclu- ricas en sales; compárese por ejemplo la Formación Urumaco en el Estado Falcón y su
so abierta la comunicación con la Isla de Aruba (12°30'N — 70°00'W), a través de un extensivo paisaje de tierras malas. Este fenómeno puede también ser comprobado en el
puente de tierra firme (vide mapa in Ochsenius 1979d). perímetro Muaco—Taima-Taima—Cucuruchú (NE Coro), donde, a pesar de las condicio-
La regresión para-würmiana (WVisconsin) y su impronta geográfica en el nuevo espa- nes de humedad actuales más favorables, el suelo se comporta totalmente inhóspito a la
cio de las tierras emergidas, fornecerán sólidas pruebas en favor de la comunicación de la colonización biológica en general.
Isla de Paraguaná (ibidem Alta Goajira) y el borde continental, factor que independiente- A pesar de los antecedentes analizados supra, varios autores, entre ellos Rouse et
mente de la actividad tectónica y de l a constitución de los istmos respectivos ha sido sufi- Cruxent (1959), Royo y Gómez (1960), Hester (1966), Patterson et Lanning (1967),
ciente para abrir paso a la fauna y a las bandas de cazadores tempranos hasta el último Bryan (1973, 1979), Canby (1979) y Gruhn (1979), apoyan, sin ofrecer evidencias con-
bastión de tierra firme del continente. 1-la sido igualmente esta regresión la que ha secado cretas, la existencia de un clima húmedo correlativo de densas selvas. Teniendo en cuenta
el Golfo de La Vela, permitiendo así la transferencia de miles de metros cúbicos de are- la carencia de estudios paleopalinológicos confiables, nosotros hemos refutado tal hipó-
nas finas hacia el sector occidental de Coro, y donde frenado el transporte por el micro- tesis desde hace bastante tiempo (Ochsenius 1977: 245 MS). Desde otro ángulo, las úni-
relieve preexistente, ha comenzado la evolución definitiva del imponente campo de cas evidencias paleobotánicas estudiadas en la región y fechadas en más de 14.000 años
barkhjanes que hoy admiramos, así como del Istmo de Paraguaná sensu lato. (Ochsenius 1979), revelan un acentuado neoendemismo de parte de varios elementos
La evolución geomorfológica que muestran hoy numerosos ejes fluviales sobre el típicos de la flora actual (Poligonaceae: Coccoloba uvifera, Portulacaceae: Portulaca ole-
piedemonte costero, ha llevado a varios autores a sostener para este ambiente regional, la racea,. Portulaca venezualensis así como un discreto número de espinas afines a Prosopis,
existencia de un clima mucho más húmedo, incluso para el último avance glacial. En Caesalpinia y Cercidium). Consecuentes con estos vestigios del xeromorfismo glacial, res-
efecto a primera vista el examen de las fotos aéreas indica una serie de cursos hoy total- tan analizar otros de no menor importancia tales como los de orden paleoclimáticos, sedi-
mente secos, a la vez que acumulaciones deltaicas de gran extensión. Sin embargo es pre- mentológicos, hidrogeológicos y paleomastozoológicos; entre los primeros cabe mencio-
ciso señalar que dicho patrón morfogénico no guarda necesariamente relación con un nar la influencia de la Corriente Fría de Las Canarias que ha hecho descender sensible-
período más lluvioso en vista que la gran mayoría de los regímenes importantes que cru- mente las temperaturas medias del dominio litoral (confer ibídem Van der Hammen et al.,
zan la planicie son de carácter exótico, es decir que provienen fundamentalmente de las 1967; Emiliani 1961). A través del hinterland, el Cinturón Anido Pericaribeño principal-
altas cabeceras del Macizo de San Luis o de la Cordillera de Buena Vista (Sistema Co- mente en su sector occidental ha recibido influencia de la onda de frío propiciada por la
riano), la que por su altura y su posición respecto a los alisios del NE constituyen un intensa glaciación de valle que asola in extensum a todos los Andes Venezolanos (Och-
ambiente bioclimático mucho más húmedo que vendrá a otro nivel a originar los prime- senius 1980). Entre los testimonios sedimentológicos y pedogenéticos, cabe distinguir la
ros refugios azonales de la región xeromórfica Centro-Occidental (refugios forestales de presencia de médanos antiguos estabilizados y subyacentes a formas modernas en activi-
San Luis, Santa Ana y Macuria). dades, particularmente en la desembocadura de los valles, istmos y costas de barlovento.
Quienes hayan conocido la eficiencia de las lluvias, del transporte fluvial (incluyendo Con la excepción de algunas escasas evidencias de pedogenización proveídas por los car-
los conglomerados) y de la erosión en un medio árido estarán de acuerdo en aceptar que bonatos de calcio derivados de la desintegración de conchas marinas, no existen fenóme-
el agua corriente representa el vector principal de morfogénesis (Ochsenius 1977 MS). El nos de alteración correlativos de climas más húmedos. Sobre este mismo ambiente toman
factor litológico también ha coadyuvado a este proceso, al proveer formaciones marinas posición extensas salinas y sebkhas intralitorales, las cuales acusan sin reparo las severas
fácilmente erosionables a lo largo de toda la costa. condiciones de climas áridos predominantes más allá de la última glaciación, es decir, a lo
Visto de esta manera el fenómeno, las huellas morfológicas dejadas por el drenaje largo de todo el Holoceno. Concurrentes con estos indicadores de aridez aparecen los
intermitente actual y heredado representan, de un lado, la acción de cortas pero torren- registros hicirogeocronológicos (Tamers 1966b, 1966c); ellos demuestran que importantes
ciales lluvias en el sector costero con una gran importancia de los mantos de crecientes acuíferos de la Península de Paraguaná no han experimentado recarga desde por lo menos
(sheet flood); y del otro, el brutal mensaje de humedad de montaña a través de regímenes el último interestadial (21.400 ± 1.070 13.P.). Fechas radiocarbónicas análogas ostentan
torrenciales y crecidas espasmódicas. varios acuíferos confinados en la región de Maracaibo con edades hasta de 35.000 B.P. A
Las diversas quebradas que descargaban y hoy desaguan en el Mar Caribe (Golfo de medida que se avanza desde la costa hacia el interior, la edad de los acuíferos disminuye
Venezuela, Golfete de Coro, Golfo de La Vela y Golfo de Cariaco), muestran señales de de un lado, debido a la recarga secular propiciada por las actividades agrícolas y del otro
crecidas grandiosas. Las acumulaciones fluviales de llanura presentan estratificación cru- a la retroalimentación natural auspiciada por las montañas húmedas cercanas; así por
zada; no obstante, carecen de restos macroscópicos vegetales acordes con un cambio im- ejemplo los pozos testados en la Formación San Luís en la sierra del mismo nombre indi-
portante de las actuales condiciones ecológicas. En efecto, no aparecen allí los clásicos can una recarga permanente a lo largo de todo el Cuaternario Reciente.
remanentes fósiles de bosques galería tan comunes en otras regiones áridas y semiáridas No obstante lo establecido anteriormente, los mejores indicadores de este paleoclima
del trópico sudamericano, especialmente de las formaciones del Cerrado brasileño y del están dados por el análisis ecológico y biogeográfico de las faunas extintas. En efecto, en
Desierto de Atacama (Cf. Ochsenius 1977: 249 MS). el seno del fragmentario y casuístico panorama vertebradológico venezolano, los yaci-

366 367
Ocheenius Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido pericaribeño

mientos paleontológicos del Cinturón Anido Pericaribeño emergen sin lugar a dudas como cial para poder explicar la presencia de mastodontes, por no mencionar la presencia tri-
los mejores referenciales acerca de la paleoecología regional. Su rango geocronológico polar de megaterios en Muaco, Taima-Taima y Cucuruchú. No obstante pese el aspecto
indiscutible y varias veces reevaluado (Tamers 1966a, 1969, 1971; Gryan, Casamiquela, monumental y torpeza que le atribuimos a estos mamíferos,la biogeograf la de los Gomp-
Cruxent, Gruhn et Ochsenius 1978; Ochsenius et Gruhn 1979f) así como su amplia diver- hoteridios señala por el contrario su adaptación a las más diferentes condiciones ambien-
sidad específica que supera cualquier espectativa para un territorio equivalente, permiten tales, que oscilan entre los casi desiertos del Nordeste Brasileño, las extensas sabanas her-
incluso una amplia correlación paleomastozoológica a nivel sudamericano. No menos de báceas del dominio pampeano subtropical, las altas y frías mesetas andinas (hasta 4000
17 familias y 27 géneros otorgan una coyuntura espléndida para el estudio del intercam- m) hasta la esfera húmeda y templada del Bosque Valdiviano. Un ejemplo viviente y
bio faunístico entre el Nearrópico y el Holártico, así como para las investigaciones inhe- correlativo nos lo otorgan actualmente los elefantes africanos, así por ejemplo Loxodonta
rentes al arribo de las bandas de cazadores tempranos a Sudamérica. Una edad absoluta africana depende mucho menos que otras megafaunas (p•e. Ceratotherium simun, Diceros
media para esta fauna y las evidencias de caza asociadas superior a los 13.000 B.P. (Och- bicornis o Hippopotamus amphibius) de un habitat específico, extendiéndose de manera
senius 1979g), así como sus rasgos taxonómicos permiten establecer una clara equivalen- indiferente a través de estepas arbustivas xerófitas, sabanas herbáceas, selvas o zonas mon-
cia entre el Corianense y el Lujanense de Argentina, taxón biogeocronológico que junto tañosas, alcanzando con éxito su desarrollo y a pesar de sus cuantiosos requerimientos
al Ensenadense (Plieistoceno Medio) y al Uquiense (Pleistoceno Inferior), representan la tráficos.
división más aceptable del Pleistoceno mamalífero en Sudamérica (Patterson et Pascual Junto a la función de bebederos obligados, los manantiales alimentados por la lenta
1967). Al mismo momento faunístico corresponderían también los elencos estudiados migración de los acuíferos fósiles en dirección de su nivel de base general, el mar; han
en Minas Gerais (Brasil), los cuales han sido atribuídos por Paula Couto (1975) al Luja- servido de baños preferidos para las grandes bestias. En efecto, no olvidemos que el agua y
nense. También, aunque con algunas reservas, el Corianense podría correlacionarse con luego el barro constituyen para estos animales una necesidad de primer orden a fin de eli-
la fauna de la costa pacífica, específicamente con los repertorios exhumados en Talara y minar los parásitos e insectos. Cuando las charcas y los talweg en las bocas de los ríos se
asignado por Lemon et Churcher (1961) al Pleistoceno Superior y con el Carolinense secaron, obligando a muchas otras especies a migrar temporalmente, los Gomphoteridios
ecuatoriano estudiado por Hoffstetter también correspondiente a la última glaciación han debido excavar los cauces con sus defensas hasta dar con la arena húmeda, aguardan-
(18.000 ±600 B.P. sensu Patterson et Lanning 1967). do en forma paciente el rebalse del pozo. En ejemplos africanos comparativos estos llegan
Visto el Corianense respecto de su dinámica zoogeográfica, aparece como un elenco a medir hasta un metro de profundidad, permitiéndoles sobrevivir en las regiones azotadas
claramente en equilibrio, descubriendo una rica mezcla de elementos norteamericanos por las sequías y salvando de paso a otras especies condenadas a la sed (Laves, Parker et
y formas autóctonas (Haplomastodon, Stegomastodon, Eremotherium, Toxodon, Macrau- Johnston 1975).
chenia, Hippidion, Glossotherium, Arctodus, Felis, Glyptodon, Palaeolama, Canis, Cone- Superado el problema de las disponibilidades de agua durante las sequías interanua-
patus, Geochelone, Odocoileus, etc.), al punto de mostrarnos la fase culminante de inter- les, resta abordar la oferta de recursos alimenticios. Como hemos indicado, el estrato ar-
cambio a nivel de megamamíferos. Del mismo modo esta relación espacio-tiempo permite bóreo que integra los espinares y cardonales del CAPC poseen la clara propiedad de ser
establecer que el elenco actual del Cinturón Anido Pericaribeño representa en gran medida phreatófito, es decir asociaciones capaces de sobrevivir durante varios años sin lluvias va-
la herencia biológica del último glacial, conservando todavía numerosas especies endémi- liéndose únicamente de la captación de agua o humedad subterránea e independientes de
cas (Didelphis, Dasypus, Myrmecophaga, Bradypus, Tapirus, Hidrochoeris, Coendou, la carencia de un drenaje superficial. Son estas bombas de agua junto a las cactáceas sucu-
Dasyprocta, Conepatus, Felis, Odocoileus, Mazama, Cerdocyon, etc.). Ambas dimensiones lentas capaces de almacenar grandes cantidades de agua y de retenerla a pesar de la inten-
de la fauna regional han debido resistir junto al hombre el rigor periódico de las sequías, sa radiación solar, las que han permitido entre otros la presencia biológica y cultural del
toda vez que los diversos factores selectivos impuestos por la aridez en sus más distintas hombre y otras especies en los más conocidos desiertos del globo, incluyendo aquí al más
manifestaciones. seco y mineral de todos éllos, el Atacama en el Norte de Chile (Ochsenius 1979a). Para
Su localización ad portas al Puente Panameño permite evaluar por vez primera la comparar la relación pastoreo/biomasa vegetal disponible en el CAPC sirvámonos de
magnitud de las migraciones de la megafauna autóctona, demostrando una vez más los otro ambiente limitante cuyo desarrollo mamalífero es bien conocido; me refiero al casi
amplios ejes de penetración que han auspiciado los climas secos en el corazón del trópi- desierto frío de la Puna sobre las mesetas del Altiplano de Bolivia. Allí al igual que en
co suramericano durante la última glaciación. Ello nos lleva a sostener no sólo un inter- el N de Sudamérica han abundado las manadas de desdentados durante la última glacia-
cambio, sino el ascenso de elementos a través de la Hylea, región hasta ahora no tomada ción (incluyendo los mastodontes) los cuales han sido paulatinamente relevados por el
en consideración por los estudios paleontológicos y biogeográficos dedicados al estudio monismo de los auquénidos (Lama y Vicugna) también de especiación intrapleistocénica y
del Pleistoceno (Ochsenius 19781. los cuales aún dominan la región después de haberse extinguido en su primitivo centro
La polarización de fauna fósil sobre áreas ricas en manantiales ascendentes que aún de origen (Hemisferio Norte). Allí la biomasa vegetal carente de piso arbóreo es clara-
funcionan a lo largo de la costa, tales como Muaco, Taim . a-Taima, La Guadalupe o Cucu- mente inferior a' la dispuesta por los cardonales y espinares pericaribeños, mostrando
ruchú, confirma que los "mataderos" correspondieron a los últimos recursos de agua su- nuevamente el grado de adaptabilidad que pueden desarrollar ciertas poblaciones. Con
perficial y que fueron frecuentados tanto por las bestias como por el hombre. Su organi- esto no estamos negando el legítimo empobrecimiento cualitativo y cuantitativo genera-
zación geográfica en nada difiere al de otras localidades del dominio tropical y subtropi- do por las presiones impuestas por la aridez, de no producirse migraciones hacia ambien-
cal, mostrando un fenómeno muy semejante al estudiado en el NE del Brasil, región en la tes más favorables, pero sí insistir que no debemos interpretar estas presiones como un
que ayer y hoy han predominado la extrema aridez y el tapiz xeromórfico del tipo supravector de extinción faunística. Como una evidencia suplementaria en favor de este
caatinga, allí al igual que en el CAPC los hallazgos múltiples de vertebrados han sido re- paleoclima de estilo árido así como de la erraticidad de las lluvias, resta destacar el perfil
cuperados de estanques, pantanos y casimbas fósiles. sociológico de los diversos yacimientos. En efecto, la gravitación en un mismo lugar de
Como ya lo señaláramos, varios arqueólogos reclaman un cambio florístico sustan- vertebrados múltiples con variadas etologías (Macrauchenia versus Panthera; Glyptodonte

368 369
Ochsenius Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido pericaribeño

versus Arctotherium plus Equus versus Felis), evidencian la necesidad imperativa de agua Emiliani, C., 1961 — Cenozoic clirnatic changes as indicated by the stratigraphy and chronology of
y su dificultad por conseguirla. La gravitación sobre manantiales puntuales, difíciles de deep-sea cores of Globigerina-zone facie. In: Ann. New York Acad. of Sciences, 95: 521-536,
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localizar sin un desarrollado instinto confirman el carácter dominante de las sequías entre
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Entre las consecuencias paleogeográficas más notables de la última glaciación y direc- Laws, R., 1. Parker et R. Johnstone, 1975 — The Ecology of Elephant in North Bunyoro, Uganda. 380
tamente vinculadas al biodinamismo regional del CAPC es preciso señalar el establecimien- p. + 21 plates, Oxford University Press, Oxford.
to de varios puentes de tierra (Continente-Paraguaná, Continente-Alta Goajira, Paraguaná- Lemon, R.R.H. et C.S. Churcher, 1961 — Pleistocene Geology and Paleontology of the Talara Region,
Northwest Peru. In: Amer. Jour. of Science, 259: 410-429.
Aruba, Paria-Trinidad). Su ' principal punto de apoyo lo hallamos en el carácter de la
Ochsenius, C., 1972 — Contribución a la Ecología y Paleoecologia de la Puna de Atacama, Chile. 96
paleofauna y fauna actual existente en las "cabezas de puente". En Paraguaná el hallazgo pp., Tesis, Universidad de Chile, Santiago.
de restos de mastodontes refuta la teoría de que ha sido una isla a lo largo de todo el Ochsenius, C., 1977 — El Pleistoceno en el Desierto de Atacama. 640 pp. + figs. (with English sum-
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ba, la presencia de Crotalus durissus unicolor conspecífica de Crotalus durissus cumanen- Bienial Meeting of American Quaternary Association, AMQUA, September, 2-4, 1978: 245-249,
sis demuestra que los ofidios continentales han podido cruzar en algún momento de la Edmonton, Alberta, Canadá.
última gran transgresión la distancia que actualmente los separa del continente, para dar Ochsenius, C., 1979 — Paleoenvironment. In: Taima-Taima: Final Reports of 1976 Excavations.
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(Cuvieronius hyodon), de megaterios (Megatherium americanum) y de roedores gigantes
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afines a las capivaras continentales confirman la existencia de un puente entre el extremo
Coro (in pressl.
occidental de la Península de Paría y el territorio trinitario, hoy apenas testimoniado por Ochsenius, C., (Ed.) 1979b — Quaternary Ecology in The Peri-Caribbean Arid Balt, Corlan Region,
los islotes de Los Monos. Northernmost South America. Scientific Monographs Nr. 2, CIPICS Program, Francisco de Mi-
Con relación a las poblaciones humanas costeras cabe llamar la atención sobre la randa University, Coro lin pressl.

ausencia casi total, en las excavaciones, de organismos marinos, particularmente de mo- Ochseruus, C., 1979c — Palinología en Sudamérica. Occasional paper No. 4, 53 pp. + 1 fig., CIPICS
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luscos. Esto sería un argumento más en favor de la extensa regresión marina que ha deja-
Ochsemus, C., 1979d — Ancient beaches and biogeographic landbridges resulting from Pleistocene
do fuera del alcance del cazador-recolector este preciado alimento. La existencia de exten- Neotectonism and Glacioeutatism. vide refer. Ochsenius, 19796.
sos conchales asociados a niveles recientes de estacionamiento del mar (Paraguana shell Ochsenius, C., 1979e — Dry Climates in Northern South America during the Last Glacial Period. vide
mounds) demuestran el rol importante en la alimentación de las poblaciones post-glacia- refer. Ochesenius, 19796.
les, sin embargo sobre su consumo en la dieta paleo-india no existe evidencia positiva algu- Ochsemus, C. et R. Gruhn lEds.), 1979f — Taima-Taima: Final reports of 1976 Excavations, Northern-
most South America. Scientific Monographs Nr. 3. CIPICS Program, Francisco de Miranda Uni-
na, a no ser que los primitivos sitios de colecta y apilamiento hayan quedado paulatina-
versity, Coro lin pressl.
mente bajo las aguas con el advenimiento in crescendo del último ciclo transgresivo y que Ochsenis, C., 1979g — Late Pleistocene Faunas from the Corlan Reglan, Venezuela, Northern South
después de inundar aproximadamente la mitad de la plataforma hacia los 14.000 años, lle- America. vide refer. Ochsenius, 19796.
vará las aguas vivas a su actual posición hacia los 6.000 B.P., circunstancia aunque lógica, Ochsenius, C., 1979h — En torno a la Conquiliología del Istmo de Paraguaná y su relación con la reco-
lección humana, Región Coriana, Norte de Sudamérica. 1 Strombidae et Veneridae. vide refer.
prácticamente indemostrable (Ochsenius 1979, 1979h). Antes de concluir esta breve sín-
Ochsenius 1979b.
tesis en torno a la paleoecología regional del Cinturón Anido Pericaribeño creemos nece-
Ochsenius, C., 1979i — El Glacioeustatismo y las rutas biogeográf ices principales en el poblamiento
sario situar dicho paleoclima en una perspectiva continental. Para tal efecto postulamos e intercambio faunttico del Continente Sudamericano. Nota preliminar. vide refer. Ochsemus
que este paisaje endémico ha sido contemporáneo de la expansión de los climas secos no 1979b.
sólo de las cuencas del Amazonas y Orinoco o las extensas chapadas del Sertao del Nor- Ochsenius, C., 1979j — The Present Environment of the Corlan Region. vide refer. Ochsenius 1979b.
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deste, sino también con las islas de sabanas phreatófitas de los desiertos del Pacífico que
-I- 2 ficus., CIPICS Program, Francisco de Miranda University, Coro (umpublished).
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bouw, 46: 79-95 (no fué consultado el original).
La carretera que une los municipios de Timbío, Roas y La Sierra presenta asentamientos, agrie-
tamientos y averías graves en la banca. Estos fenómenos son, principalmente, consecuencia de activa-
mientos recientes de fallas regionales que aparecen en el área, las cuales son la prolongación del deno-
minado Sistema de Fallas de Romeral que pone en contacto rocas de afinidad oceánica de la placa Pa-
cífica con rocas de afinidad continental de la placa Suramericana. Deslizamientos recientes, agrieta-
mientos en las casas y daños en las obras civiles localizados a lo largo de las líneas de fallas principales,
posiblemente, son evidencias de que ellas son fallas activas.

ABSTRACT

The highway that connects Timbío, Rosas and La Sierra has deformations, settlements, crackings
and failu res in the subgrade. These geologic problems are the consequence of the activation of regional
faults that cross the area. These faults belong to the Romeral Faults System which contacts oceanic
rocks from the Pacific plata and continental rocks from the South American plata. Modero slippings,
crackings of the houses and failu res of the road which are located n the main fault line can be consi-
derad proofs, that they are active faults.

1. INTRODUCCION

La geología del área de Timbío, Rosas y La Sierra muestra claramente la prolonga-


ción del Sitema de Fallas de Romeral, el cual sirve de contacto entre rocas de afinidad
oceánica contra rocas de ambiente continental.

1.1 PROPOSITO DEL TRABAJO

En este trabajo se describen las características estratigráficas, litológicas y estructu-


rales de esas rocas de afinidad océanica o continental y su incidencia o relación con gran-
des deslizamientos asociados a una zona de inestabilidad tectónica. También se propone
un modelo geotéctónico para tratar de explicar la evolución geológica en el área.

1.2 LOCALIZACION

Las poblaciones de Timbío, Rosas y La Sierra (Fig. 1) están ubicadas hacia la parte
central-oriental del departamento del Cauca, en las estribaciones occidentales de la Cor-
dillera Central.

2. MARCO GEOLOGICO REGIONAL

El área está localizada en el flanco occidental de la Cordillera Central. El núcleo de

• Ingeominas Popayán, Calle 5 No. 8- 77, Popayán (Colombia).

372 373
Orrego & Marín
‘r- Problemas geológicos de la Carretera Panamericana

v v V y V yV X.754.000
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V o
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Formación Popayán
Santander Toribio — /E Piedras V
o o o o o o Indica flujos de lodo

Tih - Intrusivos hipoabisales

V Tme- Formación Esmita


VV
Y V
Piendamó vVyV + ++
V y Y
V + + Kpcd- Cuarzodiorita foliado
Silvia Inzáo 4.1, Ultramóficas, gabros, volcánicos
Kmuvs-
POP TAN y sedimentarias
° Totoró pKe
El Tambo K?ev- Esquistos verdes y metasedimentos
Timbio

GURpt
7
El : .rdo

1° II I !I

411111
La Sierra
1-1)
Kpev

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Metamorfitos similares al Grupo
Cojamorca

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— 2° ° La Vega
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INGEOMINAS REGIONAL POPAYAN

77°
AREA TIPABIO,ROSAS, LA SIERRA

INGEOMINAS REGIONAL POPAYAN


TO MAPA GEOLOGICO ESQUEMATICO
Mts Fallas de Romeral
2.000
,;\ ‘‘‘,". AREA TIMBIO, ROSAS, LA SIERRA
KPer pKe

MAPA INDICE Tme - Kmu vs


Od Tih
Tih

CORTE A-A
O 10 40 Km O I 2 3 4 Km. Fig. 2
Fig. 1 ~1~1~~1
l~t~1~1
REPUBLICA DE COLOMBIA

375
374
Orrego & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
esta Cordillera y su borde oriental están conformados por rocas tipo macizo pertenecien-
los esquistos se presentan lentes de cuarcitas de 5 cm hasta 2 m de espesor y raras veces
tes al Escudo Guayanés, representados por neises cuarzo-feldespáticos, anfibolitas y mig-
estos espesores llegan a los 12 m. La roca está compuesta por cuarzo, materia carbonácea
matitas. Esta unidad está recubierta por metasedimentos paleozoicos, cuerpos intrusivos
(grafito?), moscovita, biotita y en menor proporción clorita y minerales opacos, epidota
y volcánicos del Jurásico (Estrada, 1972; Jaramillo, 1962; Barrero y Vesga, 1976, y Al-
y plagioclasa. La materia carbonácea (grafito?), le da el color negro a la roca. La estruc-
varez, 1979). Su flanco occidental está conformado por secuencias Mesozóicas con meta-
tura es lepidoblástica en los esquistos y pizarrosa en las cuarcitas. En la figura 2, las meta-
morfismo tipo bárico que están en contacto tectónico contra conjuntos metasedimenta-
mórf itas se encuentran en contacto tectónico, al occidente, contra un conjunto de esquis-
rios del Paleozoico, los cuales han sido denominados Grupo Cajamarca (Nelson, 19621
tos verdes y metasedimentarios del Mesozoico y el contacto oriental está fuera del área,
Orrego et al., 1977 y Núñez y Murillo, 1978). Allí también existen rocas intrusivas de
pero se infiere que sea gradacional con rocas metamórficas de más alta temperatura con
composición intermedia a ácida del Cretáceo Temprano y del Mioceno. Una cadena de
base en algunos rodados que exhiben un mineral similar a Cordierita. La edad es discuti-
volcanes del Terciario-Cuaternario, asociados a fallas regionales, ocupa las partes más
da por París y Marín (1979) y ellos concluyen una edad tentativa Paleozoica.
altas de la Cordillera. Estos volcanes han dado el modelaje morfológico actual con sus
actividades efusivas lávicas y piroclásticas. Algunos rasgos geomorfológicos demuestran
3.2 ROCAS MESOZOICAS
que hubo eventos de glaciación, lagunares, fluviales y fenómenos de solifluxión acompa-
ñados por neolevantamientos y reactivación de las fallas, lo cual ayudó a la gran denuda-
Estas rocas aparecen como bloques tectónicos asociados a la zona de falla de Rome-
ción Cuaternaria de dicha Cordillera (Bürgl, 1961, 1967; Irving, 1971 y Shlemon, 1979).
ral y forman una franja alargada de un ancho máximo de 4 km. Son rocas de afinidad
Tectónicamente la Cordillera Central está limitada hacia el occidente por el Sistema de
oceánica y se presentan en el área como una mezcla o mélange cartografiadas como dos
Falla de Romeral y al oriente por fallas transversales en el sector norte y falla inversa de
secuencias:
ángulo alto en el sector sur (Alvarez, 1979). La falta de un mayor recubrimiento de carto-
grafía geológica, así como la carencia de fósiles, dataciones radiométricas y estudios pe-
3.2.1 Secuencia de esquistos verdes y metasedimentatis (K?ev)
tográf icos han hecho que aún se tengan muchas incógnitas acerca de la estratigrafía y de
la evolución tectónica de esta Cordillera. Sin embargo, existen trabajos geológicos locales
Ocupan la parte más oriental de la franja mesozoica y buenos afloramientos se en-
y algunos regionales donde se han planteado hipótesis sobre su evolución tectónica y su
cuentran en los ríos Quilcacé, Esmita, San Pedro y la quebrada Urayaco. Los esquistos
estratigrafía (Barrero et al., 1969; Irving, 1971; Toussaint y Restrepo, 1976; Barrero,
verdes son más comunes hacia el contacto tectónico occidental. Presentan estructuras ban-
1974, 1976; Orrego et al., 1977; Duque, 1977; Núñez y Murillo, 1978; Alvarez, 1979 y
deadas macizas a ligeramente esquistosa y venas de cuarzo. Las metasedimentitas son me-
París y Mar ín, 1979).
tapelitas, metaareniscas, esquistos negros, cuarcitas, metabrechas y metaconglomerados y
La Depresión Cauca-Patía que aparece al oeste de la Falla de Romeral está confor-
conllevan texturas sedimentarias reliquias como gradación y estratificación rítmica. Al-
mada principalmente por rocas sedimentarias de las molasa Terciaria, cortadas por cuer-
gunas metabrechas contienen, entre otros, cantos de rocas verdes. Los caracteres de esta
pos ígneos intrusivos del Mioceno, y un depósito volcánico sedimentario Cenozoico. El
secuencia sugieren que ella pudo haberse depositado en un paleotrench. La roca está com-
basamento se compone de bloques tectónicos de rocas mesozoicas de afinidad oceánica
puesta por anfíbol, epidota, clorita, micas blancas, plagioclasa, calcita, aragonito?, cuarzo,
con metamorfismo regional, principalmente de tipo bárico (Orrego et al., 1976 y París y
stilpnomelana? y cloritoide?. El anfíbol presenta un pleocroismo amarillo claro a azul
Marín, 1979). Esta depresión está separada, al occidente, de la Cordillera Occidental por
verdoso con tenues visos violetas. Los contactos de la unidad son tectónicos y sus simili-
intermedio del Sistema de Fallas del Cauca y ha sido asociada a un paleotrench (Duque,
tudes litológicas y estructurales que presenta con la de alta presión de Jambaló (Orrego
1977 y Barrero, 1979) o paleofosa. En el área que cubre este trabajo aparecen rocas paleo-
et al., 1977; 1980) hacen pensar que ellas sean correlacionables y en este trabajo, tentati-
zoicas, mesozoicas y cenozoicas y los diferentes eventos geológicos observados hacen
vamente, se le asigna al Cretáceo Temprano.
pensar en una actividad geotectónica comprendida, principalmente, entre el Triásico-Jurá-
sico hasta el Cuaternario reciente.
3.2.2 Secuencia de rocas ultramáficas y volcanico-sedimentarias (Kmuvs)

3. ESTRATIGRAFIA
En la figura 2, ocupan la parte más Occidental de la franja moasozoica y se obser-
van buenos afloramientos en el tramo de la carretera Panamericana entre el río Piedras y
3.1 ROCAS PALEOZOICAS
Rosas y en el carreteable Rosas y La Sierra. Las rocas ultramáficas se definen aquí como
secuencias ofiolíticas incompletas, las cuales se componen de rocas ultramáficas serpenti-
3.1.1 Metamorfitas correlacionables al Grupo Cajamarca (pKe)
nizadas, gabros talcosos, (posiblemente troctolíticos), diabasas almohadilladas y flujos
básicos. Estas afloran al Sur de La Sierra, en el área de Sapongo, río Esmita y en el En-
Rocas similares al Grupo Cajamarca (Nelson, 1962) y de afinidad continental apare-
canillo. La roca se compone de minerales de serpentina, antigorita, crisotilo, picrolita,
cen al oriente de la zona de Falla Romeral; afloramientos muy frescos se encuentran sobre
bastita?, clorita, olivino, clinopiroxeno, plagioclasa, carbonatos y cuarzo. Algunas veces
los ríos Piedras, Quilcacé y Esmita (Fig. 2). Allí se distinguen los siguientes conjuntos
presentan prehnita-pumpellita?, pero en general los piroxenos y plagioclasa se encuentran
litológicos: esquistos negros, esquistos cuarzo-micáceos y cuarcitas.
como minerales relictos, lo cual indica que no hubo una recristalización completa durante
Los esquistos negros y cuarzo-micáceos son rocas finamente laminadas en espeso-
el metamorfismo. Algunas diabasas exhiben textura porfirítica y entre las almohadillas
res de 1 a 8 mm, muy replegadas y con venas de cuarzo lechosos de 0.5 cm hasta de 60
existe una capa de vidrio (hialoclastita) brechoide. Las diabasas son de color verde. Las
cm de espesor concordantes a la foliación y que en general se acomodan paralemamente
rocas con afinidad ofio1(tica se encuentran muy cizalladas, cataclizadas Y ellas fueron
a la forma de los pliegues o en ocasiones estas venas cortan la foliación. Intercaladas con
emplazadas tectónicamente entre la secuencia volcánica-sedimentaria.

376 377
Orrago & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana

4.2 DESLIZAMIENTOS DE TIERRA Y ROCA

Los principales deslizamientos de tierra y roca se encuentran asociados a la zona de


Falla de Romeral, la cual es una área de inestabilidad representada por zonas de rocas tri-
turadas, grietas en el suelo y subsuelo, zonas de cizalla, deslizamientos, agrietamientos en
las casas, etc. Morfológicamente los deslizamientos exhiben un paisaje ondulado produci-
do por movimientos complejos o mixtos de las masas rocosas, entre ellos del tipo plástico.
Allí existen muchas interfacies transicionales desde reptación, asentamientos, movimien-
tos de material meteorizado y de rocas frescas producidos por deslizamientos planares y
rotacionales. La mayoría de los deslizamientos han afectado a las rocas del subsuelo y se
ha observado que las pendientes han jugado un papel importante en esos movimientos.
Algunas masas se componen de una mezcla caótica de suelo arcilloso con cantos o
bloques de rocas metamórficas. Aunque a veces los materiales involucrados en movimien-
tos de reptación son más homogéneos en composición.
En la Fig. 3, sólo aparecen cartografiadas las zonas de deslizamientos muy recientes
que abarca un área aproximada de unos 25km 2 . Los principales deslizamientos que han
creado problemas graves en el tramo de la carretera Panamericana entre Timbío-Rosas y
en el carreteable Rosas-La Sierra son: 1.- Deslizamiento del río Piedras-quebrada Boque-
rón; 2.- Deslizamientos de Urayaco-Yescas; 3.- Deslizamientos Sapongo-Rosas.
Las causas de estos deslizamientos son bastante complejas, pero la principal de ellas
PROVINCIAS GEOMORFOLOGICAS tiene relación directa o indirecta a la actividad reciente del Sistema Romeral. Por obser-
DEL OCCIDENTE COLOMBIANO vaciones de campo se dedujo que la resultante del movimiento de esos deslizamientos es
más o menos perpendicular a la dirección de las líneas de falla y que ellos se desplazan en
un sentido Este-Oeste. Otras posibles causas que podrían explicar el origen de los desliza-
mientos en el área son: 1.- Empinamiento de las laderas. 2.- Cambios climáticos. Los
períodos de intenso invierno o lluvias pueden promover iniciación o reactivación de los
movimientos. 3.- Deslizamientos provocados por el hombre. Hace unos 11 años hubo
problemas graves en la carretera Timbío-Rosas provocados por reactivación de los desli-
zamientos de Piedras-Boquerón y Urayaco-Yescas (Fernández, 1980, comunicación oral).
Esta reactivación sucedió cuando se hacían trabajos de ampliación y rectificación de la
vía, posiblemente por un incremento en el desequilibrio de las masas al obtener cortes
más altos en la construcción de nuevos taludes. 4.- Otra de las causas son los frecuentes
temblores y terremotos que suceden en Colombia (Shlemon, 1979).

5. METAMORFISMO

CM- Cordillera Occidental


Con base en las asociaciones mineralógicas observadas en el área de estudio y de
CC- Cordillera Central
CO- Cordillera Oriental acuerdo a Higgins (1971) y Miyashiro (1973), se han detectado los siguientes tipos de me-
DCP- Depresión Cauca-Patio
taformismo:
DAS- Depresión Atrato-San Juan
1.- Metamorfismo Regional Dinámico-Térmico. Las rocas pelíticas y psamíticas si-
milares y correlacionables al Grupo Cajamarca exhiben una foliación y recristalización
PRINCIPALES DESLIZAMIENTOS INGEOMINAS REGIONAL POPAYAN
bien desarrollada como producto de este tipo de metamorfismo, el cual se encuentra en
0— Piedras-Boguerdn la parte alta de la Cordillera Central.
O—Yescas - Urayaco
MAPA DE DESLIZAMIENTOS Las metamorfitas similares al Grupo Cajamarca pertenecen a la facies esquistos ver-
— Rosas- Sopongo des, en base a su asociación de minerales metamórficos. La edad de este metamorfismo,
ASOCIADOS AL SISTEMA ROMERAL
CONVENCIONES que fué discutida por Núñez et al. (1979), es muy compleja y se remonta al Paleozoico.
AREA TIMBIO,ROSAS,LA SIERRA 2.- Metamorfismo Bárico. Metamorfismo de alta presión y baja temperatura, origina-
Deslizamiento
do, posiblemente, en una paleozona de subducción, se ha inferido de acuerdo a la asocia-
., Falla 0 I 2 34Km. Fig. 3
11~~1~1 ción de minerales metamórficos que conforman parte de las rocas mesozoicas. Otra se-
-- Carretera cuencia mesozoica en el área presenta minerales de facies ceolita de prehnita-pumpellita.
París y Marín (1979), refiriéndose a estas miasmas rocas mesozoicas dicen que ellas tam-

380 381
Orrego & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana

bién contienen un anfíbol azul verdoso, micas blancas y posiblemente ¡adeita. Con base
Rioacha en lo anterior se piensa que las rocas mesozoicas han sufrido un metamorfismo bárico a
las facies esquistos verdes y ceolitas (prehnita-pumpellita) en el sentido de Miyashiro
Sta Marta (1973) con una edad posiblemente Jurásico-Cretáceo.
./ 3.- Metamorfismo de Contacto. En el área se encuentran varios cuerpos ígneos intru-
G1 arremetí Ila ( sivos que localmente han generado cornubianista de edad Cretáceo o Terciario.
4.- Metamorfismo cataclástico. Generado en la zona de Falla de Romeral, el cual ha
) sido estudiado por González (1977). En el área de este trabajo el ancho de la zona de
Montería cataclasis puede variar entre 1 a 2 km, donde el metamorfismo dinámico incluye brecha-

miento, granulación, milonitización, fusión parcial local, recristalización y a veces se pre-


PANANA ) VENEZUELA sentan milonitas. Algunas de estas rocas presentan textura y estructuras muy similares a
rocas con metamorfismo dinámico-térmico, las cuales en el campo son muy difíciles de
vv3 diferenciar. La edad es posiblemente Cenozoico (Barrero, 1979), correspondientes a los

,; e
Medellín últimos períodos de actividad de la falla.

6
4Pereira
( o BOGOTA 6. GEOLOGIA ESTRUCTURAL
Armenia/ <,
lbogue
El tren regional de las estructuras en el área es aproximadamente norte-sur. Las ro-
cas con metamorfismo regional presentan pliegues cilíndricos, similares, angulosos
(chevron folds), estructuras de 'boudinage" y en las mesozoicas la foliación es casi para-
lela a la paleoestratificación. Las metamorfitas similares al Grupo Cajamarca presentan
14 II dos direcciones por crenulación, lo cual indica que hubo al menos dos deformaciones me-
\N. "13 tamórficas.
Pasto

ECUADOR 6.1 SISTEMA DE FALLAS DE ROMERAL


BRASIL
El nombre de Romeral fué dado por Grosse (1926) en la cuchilla de Romeral, al Sur-
CONVENCIONES Oeste de Medellín (Fig. 4), En el área de este trabajo el Sistema Romeral compuesto por
Zona de falla tres fallas paralelas, está asociado a una zona de mélange representada por conjuntos
Cuerpo ultramáf ico ofiolíticos incompletos incorporados tectónicamente en rocas volcánicas básicas y sedi-
PERU mentitas del tipo grauváquico-chert con características de sedimentación en "frenen".
Estas asociaciones litológicas han sido observadas en otros lugares a lo largo de la misma
falla (Estrada, 1972; Barrero, 1976; González, 1977 y Núñez y Murillo, 1978). Algunos
CUERPOS ULTRAMAFICOS criterios actuales insinúan que ha jugado papel importante en los diferentes períodos de
INGEOMINAS REGIONAL POPAYAN
I Ure levantamientos de la Cordillera Central y las evidencias de campo en el área de trabajo
2 Ituango demuestran que el Sistema Romeral ha tenido gran reactivación desde el Mioceno hasta
3 Yarumal- Campamento ZONA DE FALLA DE ROMERAL Y tiempos modernos. La actividad reciente se demuestra por lo siguiente: afecta o despla-
4 Medellín za rocas de edades comprendidas entre Mioceno y Cuaternario reciente, como por ejem-
5 Angelopolis CUERPOS ULTRAMAFICOS
plo pórfidos hipoabisales de edad Mioceno Tardío y capas de cenizas o suelos originados
6 Manizales- Arauca
ASOCI ADOS en épocas recientes; sismicidad a lo largo de la zona de falla representada por temblores
7 Ansermo
8 Jambalé y terremotos de los últimos años; Woodward-Clyde Consultans (1977, en Alvarez, 1979)
9 Lo Tetilla (Modificada de GONZALEZ, H., 1974 y encontraron evidencias geomorfológicas que indican actividad reciente de Romeral; Lega
10 EL Encenillo DUQUE, H., 19 77 ) . (1979) en la segunda conferencia Regional de Geotecnia del Occidente Colombiano, con
II La Sierra- Sopongo base en estudios microsísmicos, expuso criterios sobre actividad de esa misma falla. La
12 Guoyabillos
O 100 400Km. actividad de Romeral también se demuestra, si se piensa en términos de la tectónica glo-
13 San Bernardo It~~~Euger Fig. 4 bal. El movimiento actual de la placa Nazca tiene una resultante dirigida al Nor-Este y es
14 El Tambo
muy posible que parte de esa energía se está transmitiendo a lo largo de la megafractura
Romeral (Alvarez, 1979).

382 383
Orrego & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana

7. MODELOS DE TECTONICA DE PLACAS PARA EL SUR-OCCIDENTE


COLOMBIANO Cordillera Central
Nivel del Mar
Trench Valle del Cauca
Se propone un modelo tectónico (Figs. 5, 6, 7 y 8), basado en estudios de campo,
de laboratorio y en trabajos anteriores efectuados en el Occidente Colombiano (Base et
al, 1971; Estrada, 1972; Orrego, 1975; Orrego et al, 1976; Toussaint y Restrepo, 1976;
González, 1976; Orrego eta/., 1977; Duque, 1977; Núñez y Murillo, 1978; Barrero, 1979;
Alvarez, 1979; París y Marín 1979 y Orrego et al., 1980). Aquí se trata de explicar la
composición, deformación, edad de sedimentación y emplazamiento de las rocas que apa- X x

recen en el área de estudio y para ello se tiene en cuenta los elementos fisiográficos del Melange

Occidente Colombiano: Depresión San Juan-Atrato; Cordillera Occidental; Depresión


Intercordillerana Cauca-Patía y Cordillera Central (Fig. 3). Los registros geológicos y las x x
dataciones radiométricas hablan en favor de la existencia en el Jurásico-Cretáceo de una
POSIBLE SITUACION DURANTE EL TRIASICO-JURASICO
paleozona de subducción activa y consiguiente creación de un trench al occidente del Generación y actividad de la zona de subducción.
borde de la antigua Cordillera Central y de un arco de islas hacia el borde oriental de la Metamorfismo Grupo Cajamarca, magmatismo y vulcanismo.
misma Cordillera (Toussaint y Restrepo, 1976; Barrero y Vesga, 1976; Orrego et al., Corteza Intermedio
1977, 1980 y Núñez y Murillo, 1978). X X
xX Rocas de Escudo
Durante el Cretáceo Temprano continuó la sedimentación en el trench, en lo que
hoy es la cuenca del Valle del Cauca, y en el mar abierto, posiblemente acompañado de 111111111 Manto Sedimentos

vulcanismo básico en el trench y hacia el lado del ridge del Pacífico (East Pacific Rise). N1, Grupo Cajamarca m Intrusivos Triésico -Jurásico
Al lado de la Cordillera Central hubo posiblemente plutonismo y vulcanismo ácidos. En
Esquistos de Glaucofano Vulcanismo Triasico-Jurásico
este período se inició el proceso de acreción continental del material depositado en el
Jurísico y el salto de una nueva zona de subducción hacia el Oeste (Fig. 5). Es muy pro-
bable que parte de las rocas originadas tanto en el ridge este del Pacífico así como los Cordillera Central

sedimentos depositados sobre la plataforma oceánica durante el Jurásico-Cretáceo hayan


o
"subducido" y que hoy solo encontremos algunos bloques asociados hacia el borde occi- Nivel del Mar E
dental de la Cordillera Central salidos por rebote isostático y relacionados a la falla de o
Trinan Valle del Cauca
Romeral. Esta idea se basa en que en la Cordillera Occidental, ya sea en Colombia o en el
X
Ecuador, no se ha corroborado la existencia de rocas de edad Jurásico-Cretáceo (Mooney,
X
1979). Sin embargo Barrero (1979) sugiere, para la base del Grupo Dagua una edad más
X X
antigua que el Aptiano, basado en que la sedimentación pelágica requiere largos períodos X
XX x
de tiempo.
Durante el Cretáceo Temprano Tardío hubo gran actividad volcánica básica, conco- x x
mitante con períodos de sedimentación. Barrero (1979) sugiere un modelo de arco iris
de islas inmaduro para explicar ese evento volcánico. Pero Mooney (1979) basado en tra- POSIBLE SITUACION DURANTE EL CRETACEO
TEMPRANO
bajos de geofísica reciente y en correlaciones geológicas en el Ecuador y el Caribe propo- Corteza
Sedimentación, plutonismo ácido y magmatismo
ne que ese vulcanismo fué originado en el Ridge del Pacífico Oriental (East Pacific rise), basica en el Trench. Intermedio
el cual durante el Cretáceo Temprano estaba en proceso de subducción. Actividad de la talla de Romeral.
Durante el Cretáceo Tardío y Terciario Temprano hubo un salto de la zona de sub- Posible vulcanismo besico hacia lo parte occidental.
ducción al occidente y creación de un nuevo trench el cual actualmente corresponde a x x Rocas de Escudo Sedimentos de Trench
la cuenca Atrato-San Juan (Toussaint y Restrepo, 1976). La actividad de esta nueva zona
de subducción se refleja en el levantamiento de la Cordillera Occidental, reactivación de 111111111 Manto REO Sedimentos de mor abierto

la Falla de Romeral y generación de nuevas megafracturas como la del Cauca y del Cho- pbun Grupo Cajamarca M.2 Magmatismo Básico
có. A esta última existen cuerpos ultramáficos asociados a lo largo de su rumbo (Estrada, + 4-
Esquistos de Glaucotana Intrusivos Jurásicos
1972; Guarín y Alvarez, 1977 en Alvarez, 1979 y León, 1980, comunicación oral). Este
último autor reporta un cuerpo ultramáfico en el río Nembí al occidente de la Cordillera s s s sl Rocas de Alta Temperatura y Bajo Presión VVVV
Intrusivo Cretaceo Temprano
Occidental en el departamento de Nariño. Es muy posible que el vulcanismo básico (Mur-
cia, 1980) en la Cordillera Occidental y la sedimentación turbidítica (Duque, 1971 y
CEE Sedimentación Miogeosinclinal Vulcanismo Jurásico

Orrego, 1975), en el paleotrench del Valle del Cauca, hubieran continuado hasta el Ter-
ciario Temprano. Los rasgos más importantes durante el Terciario Tardío y Cuaternario
son: Levantamiento de las Cordilleras Central y Occidental (Orogénica Andina), actividad Figura 5 Evolución Geológica del Suroccidente Colombiano (Modificado de Paris v Marin 19791

384 385
Orrego & Marín
Problemas geológicos de la Carretera Panamericana

Trench Valle del Cauca Cordillera Central


Cordillera Central
Cordillera Occidental
Trench Valle del Cauca

Edel Cauca
Nivel del Mor
Nivel del Mor

Cordillera Occidental

Corteza Oceánica x

Corteza Intermedia
Antiguas zonas de subducción

POSIBLE SITUACION DURANTE EL CRETACEO


TEMPRANO TARDIO POSIBLE SITUACION DURANTE EL CRETACEO TARDIO
Y TERCIARIO TEMPRANO
Vulcanismo básico , sedimentación e iniciación de fallas normales
hacia el oreo de la Cordillera Occidental. Levantamiento principal de lo Cordillera Occidental, originando metamorfismo
Fui !amianto de bloques de la Corteza Oceánica hacia el continente. regional, neomagmatismo básico y sedimentación.
Origen de una nueva zona de subducción.
Iniciación de la falla del Cauca.
Plutonismo del Terciario Temprano y sedimentación de
turbi di tas hacia ambos flancos de la Cordillera
Occidental.
Reactivación de la falla de Romeral con un movimiento normal destrol
Sedimentación de molase terciaria al este de la Cordillera Central
XXX Rocas de Escudo Sedimentación Eugeosinclinal

11111118 Manto Sedimentos de mor abierto


++++
X X Rocas de Escudo Intrusivos Jurásicos
rni LA) Grupo Cajamarca E■
i Magmatismo Básico
111111111 Manto V V VV Intrusivos Cretáceo Temprano
Esquistos de Glaucafarra Intrusivos Jurásicos
LIS Grupo Cajamarca Vulcanismo Jurásico
SSSS Rocas de Alta Temperatura y Bala P•esidon VVV V Intrusivos Cretáceo Temprano
-•-• Esquistos de Glaucofona A AAA Intrusivos Paleocenos
0000 Sedimentación Miogeosinclinal Vulcanismo Jurásico
SSS S "1".■ Sedimentación Eugeosinclinal
Rocas de Alta Temperatura y Baja Presión ~111~1

00000
Sedimentación Miogeosinclinal Molas« Terciaria
Figura 6 — Evolución Geológica del Suroccidente Colombiano (Continuación).
Sedimentación de mar abierto

Ei Magmatismo Básico

Figura 7 — Evolución Geológica del Suroccidente Colombiano (Continuación).

386
Orrego & Marín
Problemas geológicos de la Carretera Panamericana

volcánica en la Cordillera Central y reactivamiento de las grandes fallas regionales como


la del Cauca y Romeral. Esto se explica por la acción de la nueva zona de subducción y
en los momentos actuales por la reacción causada por el movimiento de la Placa de Nazca.

Cordillera Central
Cordillera Occidental a 8. CONCLUSIONES

Con base en los criterios expuestos en este trabajo, se concluye lo siguiente:


1. La Falla de Romeral actualmente es activa.
2. La zona de inestabilidad observada en la carretera Panamericana en el tramo Timbío-
Rosas y el carreteable Rosas-La Sierra está asociada directamente a la zona de la Falla
Romeral.
3. Los problemas de inestabilidad o deslizamientos, en estos sectores, son de gran mag-
nitud y con soluciones temporales de ingeniería difíciles y altamente costosas, por
lo tanto se sugiere que la mejor solución para el tramo de la carretera Panamericana
Timbío-Rosas es construír una variante que evite pasar por la zona de falla.
4. Si se piensa en términos de la tectónica global y en la actividad de la plaza de Nazca,
se concluye que existe actualmente una actividad tectónica en el Occidente Colom-
biano traducida en riesgos sísmicos, por consiguiente se recomienda que los ingenie-
Antiguas zonas de ros tengan en cuenta el factor de seguridad sísmica en el cálculo de sus futuras obras
subducción civiles.

POSIBLE SITUACION DURANTE EL TERCIARIO TARDIO Y EL 9. AGRADECIMIENTOS


TIEMPO PRESENTE
Cordillera Occidental:
Los autores desean expresar su gratitud a los ingenieros civiles Dres. Oscar Cardona
Sedimentación de la melosa Terciario
Fallomiento de bloques del occidente al este y Antonio Barona, del Distrito de Obras Públicas Nacionales No. 6 de Popayán, quienes
Plutonismo intermedio en el lado oriental de la cordillera nos hicieron algunos comentarios sobre los problemas suscitados en la banca de la carrete-
Levantamiento de lo cordillera con metamorfismo regional y actividad de la fallo del Cauca
ra del tramo Timbío-Rosas. Es placentero expresar nuestro reconocimiento al ingeniero
Cordillera Central:
Hernán Otoniel Fernández, Director del Instituto de Vías de la Universidad del Cauca por
Plutonismo y vulcanismo andesítico o decido
Reactivomiento de lo folla de Romeral con desplazamientos de rumbo sus valiosos comentarios acerca de algunos aspectos de ingeniería de vías.
Gran denudación de la cordillera y sedimentación en el valle Cauca -Mío y
el valle del Magdalena
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389
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Ingeominas. Bogotá, 129 pp. •
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hoy desplazada por fallas longitudinales originadas durante la orogenia Andina. A lo lar-
ño. Resúmenes II Congreso Colombiano de geología. Bogotá.
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minas. Bogotá, 38 pp. blemente peneplanizada, que recubre el grupo Diabásico, conformó un bloque hundido,
Shlemon, R.J., 1979 — Zonas de deslizamientos en los alrededores de Medellín, Antioquia, (Colom- al este, circunstancia que ha favorecido la conformación del paleo-relieve; lo contrario
bia). Publ. Geol. Esp. No. 5. Ingeominas. Bogotá, 45 pp.
se presenta sobre el bloque levantado, al oeste de la falla, donde las arcillas lateríticas
Toussaint, F.J., y Restrepo, J.J. 1976 — Modelos orogénicos de tectónica de placas en los Andes Co-
cubren sólo muy parcialmente el grupo Dagua.
lombianos. Bol. Ciencias de la Tierra. Fac. Ciencias, Univ. Nal. de Medellín. 47 pp.
Estructuralmente la peneplanicie más extensa y destacada está limitada, al oeste por
la falla de Dagua-Calima, y al oriente por la falla del Cauca-Patía (Stutzer, 1926; Grosse,
1934; Orrego, 1975). Como consecuencia de la orogenia Andina y el reajuste isostático
posterior, la cordillera fué solevantada unos 2.000 m, y los terrenos, antes posiblemente
peneplanizados, fueron sometidos a un fuerte rejuvenecimiento testimoniado por geofor-
mas tales como saltos, ("nickpoints"), valles angostos, profundos, de perfil longitudinal
empinado y sección en "V" muy acusada, y meandros profundamente encajonados

Apartado Aéreo 2442. Cali (Colombia).

391
Padilla Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental

(Thclosed-meanders) sobre los que se destacan retazos de la antigua penillanura.


El desarrollo geomorfológico post-orogenia Andina en la región ha permitido la carac-
terización de dos provincias; la de Riobravo-Anchicayá, muy rejuvenecida, presenta sólo
retazos muy aislados del paleorelieve, y la de Cal ima-Dagua más extensa, posee el relieve
ondulado de la pcsible penillanura, rejuvenecida.

2. LOCALIZACION
MAR CARIBE

El área de estudio cobija unos 5.000 km 2 , en las cuencas de los ríos Calima-Río-
bravo, Dagua y Anchicayá sobre la Cordillera Occidental, al oeste del Valle del Cauca,
en la sección geológica entre las ciudades de Cali y Buenaventura (Fig. 1).
LASO
En sentido general, puede decirse que la sección comienza en Cali a 1.000 m, sobre MARACAI

el nivel del mar, asciende, hacia el occidente, hasta los 2.000 m, para pasar por un tra-
yecto que llama la atención por su forma de planicie alargada (Nelson, 1962, p. 89); pos-
teriormente desciende en forma notoria hacia la planicie costera de 30 km hasta llegar al VENEZUELA
puerto de Buevaventura.

3. ESTRATIGRAFIA

La Cordillera Occidental es un enorme complejo rocoso compuesto fundamental- OCEANO PACIFICO


mente por dos unidades litoestratigráfica, conocidas en la literatura geológica como gru-
po Dagua y Diabásico. Sobre estos se acuñan, tanto al este como al oeste, sedimentos
Terciarios depositados sincrónicamente en dos cuencas paralelas conocidas, respectiva-
mente, como del Cauca-Patía y Atrato-San Juan.

3.1 GRUPO DAGUA

Nelson (1957) lo definió según . "comprende los estratos potentes de esquistos


que yacen debajo del grupo Diabásico. La facies de estos esquistos es predominante-
mente arcillosa y de un metamorfismo débil". Constituye, en la zona de trabajo, la mitad BRASIL
occidental de la cordillera y comprende dos formaciones, a saber:
Formación Cisneros.— Barrero (1979), redefinió con este nombre la formación Dagua
(Hubach-Alvarado, 1934), involucrando los miembros grafítico, calcáreo y arcilloso-tobá-
ECUADOR
ceo, descritos por Nelson (1957), con intercalaciones de metaturbiditas (Barrero, 1979).
Constituye un cinturón orientado al nor-noreste, con buzamientos preferencialmente al
occidente (Fig. 2).
Edad: Jurásico (Barrero, 1979).
Formación Espinal.— Hubach-Alvarado (1934) designaron con este nombre a un cin-
turón de rumbo Andino, nor-noreste, de metasedimientos sil íceos de color verde oscuro,
muy característico, que se presenta, en el área aquí analizada, en contacto tectónico con PERU
el grupo Diabásico a lo largo de la falla Dagua-Calima.
Petrográficamente consiste de una secuencia de metaturbiditas con estratificación
gradada (Barrero, 1979), e intercalaciones de "chert" y pizarras negras, con concrecio-
nes de pirita. AREA DE ESTUDIO
Edad: Cretáceo medio a superior (Nelson, 1957; Orrego, 1975; Barrero 19791.

3.2 GRUPO DIABASICO FIGURA N21

Constituye por su aspecto evolutivo, la columna vertebral de la cordillera; fué defini-


do por Nelson (1957) para involucrar una enorme secuencia, unos 10.000 m, de rocas
volcánicas básicas submarinas (pil/owj, piroclastos e intercalaciones sedimentarias que, en

392 393
Padilla le posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental

algunas áreas, alcanzan grandes espesores (Orrego, 1975).


Petrográficamente está constituido por rocas volcánicas básicas tole (ticas y sedimen-
tos grauváquicos asociados, con un bajo grado de metamorfismo regional, (Barrero,
1979).
Aflora en forma de bloque, orientado al nor-noreste y constituye, en la zona del pre-
sente trabajo, la mitad oriental de la cordillera, controlado estructuralmente por la falla
1 1
normal de Dagua-Calima al occidente y la falla de Cauca-Patía al oriente (Fig. 2). 'Á
1,
Edad: Cretáceo medio a superior (Nelson, 1957; Orrego, 1975; Barrero, 1979). 10,1 ,t
1
11 I 1■
3.3 ROCAS TERCIARIAS "1
VEI

3.3.1 Cuenca Cauca-Patía


925000 ■
1,
2—. Alá
in
Grupo del Cauca:
, . -- ' '•-
Hubach-Alvarado (1934) definieron con este nombre a un conjunto sedimentario dis-
...,,,,.,
puesto cíclicamente en tres ciclotemas (Padilla, 1978) de granulometría creciente hacia .../
arriba, caracterizado cada uno, de base a tope, por arenas y/o conglomerados, carbones, sy. -- Átiwesv. "
niveles fosilíferos y arcillolitas laminadas grises, que yacen discordantes sobre 3.000 m
o más, de conglomerado turbidíticos derivados del grupo Diabásico, extendiéndose aún obc
31D:
hasta la Cordillera Central (cf. formación Peña Morada; León, Padilla, Marulanda, 19731.
Comprende las unidades litoestratigráficas conocidas como Formación Confites, Forma-
ción Guachinte y Formación Ferreira (Fig. 3).
"V 1 41
A


Formación Confites.— Hubach-Alvarado (1934), definieron así una enorme secuen-
cia de turbiditas (Orrego, 1975; Padilla, 1978) de 3.000 m o más, depositadas en aguas
muy profundas constitu ídas por materiales provenientes de la Cordillera Occidental.
Edad: Cretáceo superior, Paleoceno (van der Hammen, 1958; Orrego, 1975; Padi-
Illk :1191ill
lla, 1978).
Formación Guachinte.— Orrego (1975) propuso el nombre para involucrar una se-
cuencia de areniscas blancas de cuarzo, mantos de carbón, limolitas y arcillolitas verduz- ..-;
cas y arcillolitas negruzcas laminadas con un espesor total de 650 m. Su mineralogía sugie-
re que la principal fuente de aporte fué la Cordillera Central y en menor proporción la
Cordillera Occidental (Orrego, 1975; p. 66). 7-...,. •
Edad: Eoceno medio-Oligoceno (?) (Padilla, 1978). ág:1
Formación Ferreira.— Orrego (1975), definió así una secuencia de unos 500 m, com-
puesta por conglomerados blancos de cuarzo, mantos de carbón, limolitas y arcillolitas
fosilíferas, y arcillolitas negruzcas laminadas, que tuvo como principal fuente de aporte
ir CUENCA
4if
VALLE _ PATIA
la Cordillera Central (Orrego, 1975; p. 75).
Edad: Oligoceno-Mioceno inferior a medio (Padilla, 1978).
'.1 .. ..‘
Formación Esmita.— Definida por León et al. (1973), está compuesta por una
secuencia de unos 350 m de arenisca blancuzca, arcillolitas y limolitas calcáreas fosilífe-
. . ••
ras y en el tope conglomerados con fragmentos de basaltos, diabasa y porfiritas. ...
Edad: Mioceno inferior a medio (?) (León et al., 1973).
Kd .• '..
Formación Galéon.— Van der Hammen (1958) y León et al, (1973) definieron así
un conjunto de unos 250 m de aglomerados y tobas volcánicas (Fig. 3), levemente plega-
dos, que afloran típicamente en el área del Patía. x.
Edad: Plioceno (?) (León eta al., 1973).
Formación Popayán.— Hubach-Alvarado (1934) agrupan con este nombre una se-
cuencia de hasta 500 m de espesor de aglomerados, tobas y piroclastos asociados (Fig.
3), provenientes de los focos volcánicos de la Cordillera Central; se encuentra amplia-
mente extendida en la hoya del Cauca-Patía.

394 395
Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental

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Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental

Edad; Plio-Pleistoceno (Hubach-Alvarado, 1934).

3.3.2 Cuenca Atrato-San Juan

La franja oeste de sedimentos que bordean la Cordillera Occidental se conoce como


"geosinclinal de Bolívar" y aunque su estratigrafía no está en la actualidad muy detalla-
da, regionalmente se ha reconocido su desarrollo cíclica (Duque, 1971), de acuerdo al
siguiente cuadro evolutivo:
Ciclo de Cansona.— Duque (1971) definió así una gruesa secuencia de arcillolitas
crema-rojizas, encima de las cuales se localizan turbiditas, depositadas en aguas profun-
das (Fig. 3), en ambiente de inestabilidad tectónica.
Edad: Cretáceo superior-Paleoceno (?) (Duque, 1971).
Ciclo de El Carmen.— Duque (1971) en este ciclo cobija una secuencia compuesta
por carbonatos en la base, arcillolitas en la parte media y turbiditas en el tope (grupo
Pacífico, Van der Hammen, 1960), discordantes sobre el ciclo de Cansona (Fig. 3). Las
facies calcárea y arcillosa se desarrollaron en un marco tectónico estable, contrapuesto
al inestable en que se llevaron a efecto las acumulaciones turbidíticas.
Edad: Eoceno medio-Oligoceno-Mioceno inferior (Duque, 1971).
Plutones.— Plutones cuarzodior (ticos de grano grueso, con pagioclasa, ortosa, cuarzo,
biotita y hornblenda, asociadas a facies pegmatíticas y filones de cuarzo (Nelson, 1957),
afloran sobre el flanco oeste de la cordillera sobre la parte alta del río Anchicayá (Fig. 2),
en donde han desarrollado un notoria aureola de metamorfismo de contacto.
Edad: Terciario medio (Irving, 1971); posiblemente Mioceno inferior a medio.
Ciclo de Tubará.— Duque (1971) definió así el comienzo de un nuevo ciclo sedimen-
tario con facies de carbonatos (Formación Naya; Van der Hammen, 1960), discordantes
sobre el ciclo de El Carmen (Fig. 3) y depositadas en un ambiente tectónico de relativa
estabilidad, la cual fué perturbada y truncada hasta nuestros días.
Edad: Mioceno superior-Plioceno (?). (van der Hammen, 1960).

4. EVOLUCION DE LA CORDILLERA OCCIDENTAL

Cuadro general:

El desarrollo morfogenético de la Cordillera Occidental, de acuerdo a la teoría de


las placas tectónicas, comprende el siguiente sentido evolutivo general:
Conformación durante el Coniaciano de una zona de subducción, hacia el oeste
de la Cordillera Central conocida como "Atrato-San Juan Trench" (Barrero, 1979). La
conformación de dicho "Trench" marca la iniciación de un arco de islas, que en el paso
siguiente fué acrecionado al continente, durante la fase orogenética del Cretáseo superior,
conocida como orogenia Calima (Barrero, 1979), propiciando el desarrollo clásico de dos
cuencas sedimentarias laterales; una externa ("forearc-basin", Dickinson, 1974) o cuenca
de Atrato-San Juan y otra interna ("retroarc-basin", Dickinson, 1974; "arc-rear basin",
Sawckins et al., 1974) o cuenca Valle-Patía, en las que la sedimentación fué similar y
aparentemente sincrónica, a juzgar por la correlación estratigráfica (Fig. 3).
El cuadro sedimentario, estratigráfico, tectónico y morfológico atestigua que el
arco de islas, como área positiva, fué rápidamente erosionado y su relieve paulatinamen-
te rebajado hasta constituir, en el lapso Eoceno medio-Mioceno inferior, una superficie
baja y ondulada, posiblemente peneplanizada, con una cubierta de unos 100 m de arci-
llas lateríticas (en ocasiones baux (ticas), rejuvenecidas posteriormente, hasta nuestros
días, por la implantación de un nuevo nivel base de erosión, como consecuencia del levan-e
tamiento tectónico de la cordillera durante la orogenia Andina del Mioceno inferior a

397
Padilla Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental

medio (?). El posterior ajuste isostático, elevó aún más la cordillera, remarcándose la
destrucción de la paleotopograf la. Se labraron geoformas características de un estado
de rejuvenecimiento morfológico, predominantes en la parte alta de la Cordillera Occi-
VANDER CORDILLERA CUENCA dental en la cuenca de los ríos Dagua-Calima-Riobravo-Anchicayá.
HAMMEN OCCIDENTAL CAUCA- PAT1A
1 1960 I 1 PADILLA (19n) Cretáceo Superior-Paleoceno.— Los hechos observados (Stutzer, 1926; Hubach-
14-*I
I. CUENCA ATRATO- SAN JUAN Alvarado, 1974; Nelson, 1957; otros) confirman la idea expuesta por Lloyd (1961, in:

DUQUE (Ir ) DUQUE


09M
Duque, 1971), según la cual el área del "geosinclinal de Bolívar" estaría conformado
durante el Cretáceo final, por un archipiélago de carácter volcánico.
Actualmente (Barrero, 1979), se ha comprobado que la Cordillera Occidental repre-
senta un arco de islas acrecionado al continente durante el Cretáceo superior en la época
denominada orogenia Calima (Barrero, 1979). El desarrollo mismo del arco de islas con-
formó una cuenca profunda sobre el lado externo ("forearc-basin", Dickinson, 1974) y
otra sobre el interno ("retroarc-basin", Dickinson, 1974) que corresponde a la del Atrato-
San Juan y a la del Cauca-Patía, respectivamente, sobre las que se depositaron en aguas
profundas, 4.000 m o mayores (Orrego, 1975; Duque, 1971) y en un medio tectónico
inestable (Duque, 1971), gruesos depósitos turbidíticos representados por la formación
Confites en el lado interno y la parte superior del ciclo de Cansona en su lado externo
(Fig. 3).
El cuadro morfogenético presenta, entre el Cretáceo superior-Paleoceno (?) un arco
de islas sometidas a intensa erosión, arrastrándose sus productos hacia las cuencas pro-
fundas, de 4.000 m o más, ubicadas en sus flancos (Duque, 1971; Orrego, 1975), sobre los
que le producían frecuentes corrientes de turbidez, debido a las condiciones de inestabi-
lidad tectónica.
Pa/eoceno (?) - Eoceno medio (?).— Debido a causas aún no claras, pero posiblemen-
te tecto-sedimentarias (por ejemplo por relleno total de las cuencas laterales, debido a
G RUPORIO SALADO

un aporte de sedimentos mayor que la rata de subducción, Dickinson, 1974), el mar se


retiró durante el Cretáceo final-Paleoceno, hacia el oeste, dejando como área positiva tan-
to el arco de islas como los depósitos turbidíticos laterales, creando condiciones continen-
GRU PO PACI FICO

tales específicas para un primer período de laterización (Keizer, 1954; Keizer, 1954) y
necesarias para la mezcla de faunas terrestres entre Centro y Suramérica (Nygren, 1950;
Bandy, 1968; Duque, 1971); se ratifica así el hiato regional Cretáceo superior-pre- Eoceno
medio (Fig. 3) establecido en el occidente colombiano (Duque, 1971).
I
TRUANDO l

Eoceno medio (?) - Oligoceno - Mioceno inferior.— Por esta época el mar invadió nue-
GRUPO

vamente la cuenca de Atrato-San Juan y avanzó aún hasta la del Cauca-Patía, conforman-
do cuencas someras y estables (Duque, 1971; I rving, 1971) sobre las que se desarrollaron
facies carbonatadas (Fig. 3), representadas, en el occidente, por la base del ciclo de El
I
1

Carmen (Duque, 1971) y en el oriente por las calizas de la formación Vijes (Hubach-
alvarado, 1934; Van der Hammen, 1958; Schwin, 1960); la sedimentación continuó con
amplios depósitos de arcillas y carbones, presentes en la parte media del ciclo de El Car-
men y buena parte del grupo del Cauca (Hubach-Alvarado, 1934; Orrego, 1975; Keizer,
1954; Padilla, 1978). La anterior sedimentación, en las cuencas laterales, se llevó a cabo,
sin duda, en un período de relativa estabilidad tectónica, durante el cual la Cordillera
Occidental, como área positiva siguió sometida a intensos procesos de erosión y posteior-
mente la meteorización, paulatinamente, conformó extensos y gruesos depósitos de late-
ritas en un paisaje topográficamente bajo y ondulado (Keizer, 1954).
El carácter posiblemente peneplanizado durante esta época, esta apoyado además en
la evidencia de que el aporte de material a la cuenca Cauca-Patía durante este lapso, pro-
venía de la Cordillera Occidental (León et al., 1973; Orrego, 1975; Padilla, 1978).
FIGURA N2 3
Mioceno inferior (?) a medio (?).— Rota la anterior estabilidad tectónica, debido a
movimientos que concuerdan con los inicios de la orogenia Andina (Irving, 1971), conco-
mitante con una intensa actividad magmática de tipo cuarzo-diorítico, generada en la
Padilla Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental

zona de subducción de Atrato-San Juan (Barrero, 1979), se propiciaron relieves que, unos 1.000 m deja ver secuencias lateríticas de unos 100 m de espesor. El continuo lava-
sometidos a gran erosión, favorecieron el rápido depósito de nuevos flujos turbidíticos, do de la cubierta concentró en placeres los minerales pesados como oro y platino, fuentes
presentes en el tope del ciclo de El Carmen (cf. grupo Pacífico, Van der Hammen, 1960; de ingresos de habitantes hacia la costa Pacífica; la destrucción de zonas de lateritas
grupo río Salado, Duque, 1971) y posiblemente en la parte alta del río Cauca (Fig. 3). baux íticas ferr iferas o niquel íferas continuó (Hall et al., 1972).
La continuación del magmatismo y de los movimientos tectónicos de la orogenia Andina,
causaron metamorfismo regional, acortamiento cortica] y por ende, el plegamiento y fa- 5. CONCLUSIONES
Ilamiento, generalmente de tipo normal, de la Cordillera Occidental (Barrero, 1979). La
posible penillanura que hasta este momento constituía una inmensa zona de relieve ondu- La evolución de la Cordillera Occidental presenta, como otros cincurones tectónicos
lado sobre rocas de diferente naturaleza, como lo son el grupo Dagua y el grupo Diabási- activos del mundo (Thornbury, 1965), un largo período de estabilidad durante el cual
co, fué desplazada relativamente, 1.000 o más metros a lo largo de la falla normal Dagua- extensas áreas fueron reducidas hasta un nivel de control próximo al nivel base.
Calima (Barrero, 1979), como puede observarse al sur y norte de la localidad del (hiere- La correlación estratigráfica en las cuencas Atrato-San Juan y Cauca-Patía presenta
mal y al norte del Darien. un marco sedimentario similar y posiblemente sincrónico, desarrollado sobre las cuen-
En las cuencas laterales la sedimentación había cesado, fenómeno manifiesto por la cas laterales de un arco de islas.
existencia del hiato regional Mioceno medio a superior (?) (Duque, 1971), consolidándose La erosión y meteorización redujeron y laterizaron paulatinamente la Cordillera
entonces áreas continentales (Keizer, 1954), en todo el Occidente Colombiano, que favo- Occidental, en el área de las cuencas de los ríos Dagua-Calima-Anchicayá-Riobravo, hasta
recieron la mezcla de faunas terrestres de Centro y Suramérica (Nygren, 1950; Bandy, una superficie bala y ondulada, posiblemente peneplanizada, durante el lapso de tiempo
1968; Duque, 19711. comprendido entre el Cretáceo superior-Paleoceno (?) y el Mioceno inferior (?).
Mioceno Superior -Plioceno.— Posteriormente a la orogenia Andina, las aguas marinas La peneplanicie fué desplazada a lo largo de la falla normal Dagua-Calima durante la
invadieron nuevamente las cuencas Atrato-San Juan y Cauca-Patía, conformando zonas orogenia Andina, facilitando la conservación de extensas regiones planas laterizadas posi-
pantanosas y de aguas salobres, dándose así comienzo a un período de sedimentación blemente peneplanizadas.
(Fig. 3) representada por facies de carbonatos en el ciclo de Tubará (cf. Formación Naya, El rejuvenecimiento post-orogenia Andina fijó un nuevo nivel base de erosión, mer-
Van der Hammen, 1960) y en la formación Esmita, la cual posee desarrollos calcáreos ced al cual las corrientes fluviales han constru ído valles angostos, profundos con sección
(León er al., 1973). en "V" muy acusada y con tributarios en cascada, meandros encajonados, saltos ("nick-
Durante este aparente período de relativa estabilidad tectónica (Duque, 1971), la point") y capturas.
cordillera ya solevantada fué sometida a un rejuvenecimiento morfológico debido al esta- El río Calima drenaba, posiblemente hasta el Plioceno, a la cuenca del río Cauca.
blecimiento de un nuevo nivel base de erosión; las corrientes continuaron la destrucción Su curso fué desviado posiblemente durante el Pleistoceno, por captura, hacia el Océano
de las antiguas áreas posiblemente peneplanizadas, labrando valles que profundizándose Pacífico.
paulatinamente, acortaban los límites intercuencas. Partes extensas de la paleo-penilla- El lavado y redeposición de la cubierta meteorizada de la antigua paleomorfología,
nura, que cobijan la actual zona de cuencas Dagua-Calima, al quedar tectónicamente ubi- ha permitido la concentración de minerales pesados como el oro y platino, especialmen-
cados en un bloque fallado "hundido", se vieron resguardadas y por ende mejor conserva- te hacia el océano Pacífico.
das. Es muy probable que a lo largo de la Cordillera Occidental se encuentren zonas de
Pleistoceno.— En la cuenca Cauca-Patía se depositaron enormes cantidades de pro- historia geomorfológica similar a la aquí brevemente presentada, y su exploración
ductos volcánicos, expelidos de focos sobre la Cordillera Central, representados por las demuestre la existencia de placeres de minerales pesados o de lateritas bauxíticas o ferro-
formaciones Galeón y Popayán (Fig. 3). Al tiempo la posible penillanura sobre la Cordi- niquel íferas como las de Morro Pelón y Ure en Antioquia.
llera Occidental efa destruída, especialmente en las partes altas de las cuencas de los ríos
Anchicayá y Riobravo, creando geoformas rejuvenecidas con valles angostos, profundos,
empinados, con tributarios en cascada y sección en "V" muy acusada, cursos con mean- 6. REFERENCIAS

dros encajonados ("inclosed-meanders") y cuencas contiguas con límites abruptos.


La erosión de la cubierta laterítica transportaba los materiales hacia sus flancos, cons- Bandy, D.L., 1968 -- Upper Cretaceos-Cenozoic paleobathymetric cycles eastern Panama and northern
Colombia. Gulf Coast Assoc. Geol. Soc. Trans. vol. 20. pp. 181-193.
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Barrero, L.D., 1979 — Geology of the Central Western Cordillera, West of Buga and. Roldanillo. Co-
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Cerro Matoso (Hall et al., 1972). Dickinson, W.R., 1974 — Plate Tectonics and Sedimentation Soc. Econ. Paleon. and Miner., Special
Reciente.— El reajuste isostático de la cordillera muy notorio en su piedemonte, le- Publ. No. 22.
vantó aún más la cordillera (Irving, 1971; Feininger et al., 1972; Barrero, 1979), rejuve- Duque C., H., 1971 — Ciclos Tectónicos y Sedimentarios en el norte de Colombia y sus relaciones con
la paleoecología. Bol. Geol. vol. 19. No. 3. pp. 1-23.
neciendo nuevamente la red hidrográfica, la que, al tener un nivel base de erosión más
Duque C., H., 1971 — Relaciones entre la Biostratigrafia y la Cronoestratigrafia en el llamado Geosin-
bajo, prosiguió la destrucción de la antigua y posible penillanura, acentuando las capturas
clinal de Bolívar. Bol. Geol. vol. 19 No. 3. pp. 25-68.
fluviales, siendo la más notoria la del río Calima, el cual, fluía hacia el río Cauca, hecho Duque C., H., 1973 — Los Foraminíferos Planctónicos y el Terciario de Colombia. Revista Española
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bloque "hundido" de las cuencas Dagua-Calima, en donde el corte erosional de hasta

400 401
Padilla
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Materiales aluviales y flujos de lodo se presentan bajo la forma de abanicos o restos de los mis-
la parte N.E. del Cuadrángulo 0-5, el Bordo, Departamento del Cauca. Ingeominas inf. No. 1652.
mos, cerca de Santa Fé de Antioquia, especialmente en la confluencia del rio Tonusco con el rio
Nelson, H.W., 1962 — Contribución al conocimiento de la Cordillera Occidental, sección carretera
Cauca.
Cali-Buenaventura. Int Geol. vol. X No. 1-3. pp. 81-108.
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Nygren, W.E., 1950 — The Bolivar Geosyncline of Northwestern South America. Assoc. Petrol. Geol.
miento, serían más bien el resultado de la acumulación en tres lagos originados por deslizamientos,
Bull., vol. 34. No. 10.
como las terrazas del rio Cauca (Olaya, San Niclás y Obregón). A mayores altitudes se presentan
Orrego L., A., 1975 — Geología y Ocurrencias minerales de la parte oeste del Cudrángulo N-6, Popa-
los tres abanicos aluviales de Santa Fé, relativamente bien conservados y, más arriba aún, el material
yán. Ingeominas inf. No. 1690. de por lo menos otros dos abanicos, en las cimas de colinas y lomas, especialmente en la zona Juan
Padilla, L.E., 1978 — Carácter Cíclico del Terciario Hullero del Valle y Cauca. Memorias del II Con-
Blanco.
greso Col. de Geol., Bogotá D.E. Se describen las características topográficas, sedimentológicas y pedológicas correspondientes a
Sawckins, F.J., Chase, C.G., Darby, D.G., Jr., 1974 — The Evolving Earth. Macmillan Publishing Co. cada uno de estos depósitos. La edad del depósito de San Nicolás es de 1.500 años y la del depósito de
Inc., N.Y. Obregón de 3.100 años BP, según fechas 14C.
Scwin, W., 1969 — Guide Book of the Valle del Cauca Basin Colombian Soc. of Petrol. Geol. and Para las otras acumulaciones se propone las siguientes edades: 100.000 años para el abanico infe-
Geoph., Tenth Field Trip. rior de Santa Fé, 150.000 a 200.000 para el medio, 300.000 para el superior y unos 700.000 para el
Stutzer, 0., 1926 — Acerca de la geología de la Cordillera Occidental entre Cali y Buenaventura. de Loma Blanco. Tales estimaciones se basan en la altitud relativa y posición respectiva, grados de
Comp. Est. Geol. Ofic. de Col. Tomo II. desarrollo de los suelos y mediciones paleomagnéticas.
Thornburry, W., 1965 — Principies of Geomorphology. John Wiley and Sons Inc. N.Y. Actualmente, la región de Santa Fé posee un clima tropical cálido y seco, con dos estaciones secas
Van der Hammen, Th. 1958 — Estratigraf la del Terciario y Maestrichtiano Continentales y Tectogéne- y dos lluviosas, de unos 3 meses cada una. Las precipitaciones anuales alcanzan un total de 900 mm
sis de los Andes Colombianos. Boletín Geológico vol. VI No. 1-3. aproximadamente, los cuales caen en forma tanto de lluvias penetrantes poco intensas, como de agua-
ceros cortos y violentos. La temperatura en Santa Fé es de 27°C. La vegetación es xeromórfica: mato-
rrales, hierbas y cuctus, con bosques de galería. Los suelos de los depósitos inferior, medio y superior
de Santa Fé presentan indicios de haberse desarrollado en condiciones de precipitaciones más eleva-
das: colores rojos, horizonte 8 grueso, costras ferro-manganésicas en superficie y formación de un
saprolito muy elaborado. Por otro lado, los suelos holocénicos de las terrazas-abanicos de San Nicolás
y Obregón son poco evolucionados, así como es de esperarse de los suelos formados bajo las condi-
ciones climáticas presentes. La secuencia de suelos fue estudiada como una base de correlación entre
los suelos delos abanicos de Tonusco y los que se formaron sobre otros depósitos aluviales cerca de
Santa Fé. Los resultados demostraron su utilidad para tal propósito y permitieron estimar las edades
de estos otros depósitos aluviales.

ABSTRACT

Numerous alluvium-mudflow fans and fan remnants are found adjacent to the Río Cauca near
Santa Fé de Antioquía. Particularly clear are the deposits at the mouth of the Río Tonusco because
topographic relationships and numerous exposures. These deposits were studied as part of the seismic
hazard investigation for the proposed Cañafisto dam done for the Interconexión Eléctrica (ISA).
Alluvial fans and terrace fans ranging from Holocene to middle Pleistocene flank the lowest
6 km-segment of the R io Tonusco. The youngest Tonusco terraces are nearly horizontal. The shallow
slopes on the terraces previously attributed to tectonic tilting and faulting (Vergara, 1976) are, we
believe, caused by deposition into three landslide-caused lakes (Page and Mattson, 1980), since the
su rfaces of these terrace fans are coincident with the three prominent lake terraces of the Río Cauca:
the Olaya, San Nicolás, and Obregón terraces. Higher than these terrace fans are three alluvial fans that
retain some original topographic form: the lower, ~die, and upper Santa Fé fans. Higher than the
Santa Fé fans are two or more alluvial fan deposita that stand in reversed topography, capping bilis
and ridges; the most prominent of these is the Loma Juan Blanco deposit.

Woodward Clude Consultants, 3 Embarcadero Center. San Francisco, California 94111 - U.S.A.

403
Paye
Soil developed on a sequence of alluvium-mudflow deposita

San Nicolás Terrece Fan - The most extensive terrace fan of the Rio Tonusco forms a fíat,
lmplications - At present Santa Fé has a warm, dry, tropical climate marked by two dry seasons
undissected surface 1/2 to 1 km Wide. Near the Tonusco bridge it is 16 m aboye the Tonusco and
and two rainy seasons. each is about 3 months long. The total yearly rainfall is approximately 900
consists of loose, rounded grave) in a sandy matrix and, in its upper part, thin interbeds of silt. The
mm. The ralo comes both as gen tle soaking ralos and as short down pou rs. The temperature at Santa
soil on this terrace deposit has weak development. The B-horizon Ion silt parent material) is 35 cm
Fé is 27°C. The present vegetation is xeric. brush, yrass and cactus with trees along the water courses.
thick, dark yellowish brown, and has few, very thin clay skins. The C horizon Ion grave) parent
The soils on the lower, iniddle and upper Santa Fe deposrts have characterisecs of naving formeo
material) has 10 percent grave) clasts that are iron stained.
under higher rental!: red coiors. thick B horizon,lron-manganese hardpan at the surface, and extreme
saprolite weathering. In addi Toon the soils developed on the Holocene San Nicolás and Obregón terrace
Obregón Terrace Fan - A dissected terrace tan of the Río Tonusco projects to the Obregón
fans are weakly developed, as would be expected to forro under present chmate conditions.
terrace about 50 m aboye the RAD Cauca. The deposits were not exposed, but equivalent deposits on
quebrada silts and gravels 1.5 km northwest of the Santa Fé airport have a moderately weak soil The soil sequence was investigated as a correlation tool for companng sods developed on the
development. The B horizon Ion silt parent material) is 75 cm thick, very dark grayish brown to Tonusco fans with sois on other alluvial deposits near Santa Fé. They proved usefu I in (tus purpose
dark yellowish brown, and has few thin clay films. The C horizon is developed on grave), and iron and allowed estimating the ages of those other alluvial deposits.
oxide stains the clasts in the deposit the quartzdiorite and greenstone clasts have weathering rinds as
thick as T mm. Approximately 5 percent 01 the clasts are easily picked apart.

Lower Santa Fé Fan - The center of Santa Fé is built on an alluvial fan that is approximately
35 m aboye the Río Tonusco. The fan retains much of the original surface sloping 3 to 4 degrees
to the southeast. The deposit consists of more than 10 m of coarse cobble grave) in a sandy matrix and
local interbeds of sands up to 1 m thick. The soil on the deposit las exposed in a road cut 50 m
southeast of the Santa Fé cementery) is well developed. The B horizon is 3 m thick, dar, red to
yellowish red, and has thick, continuous clay films. The grave) clasts in the upper part of the C
horizon are highly weathered; 80 to 90 percent are easily picked apart and have descomposed to the
silt and clay of a saprolite.

Middle Santa Fé Fan - The higher, northeast part of Santa Fé is built on an alluvial fan that is
approximately 75 m aboye the Río Tonusco. The fan has been estensively eroded, but the remaining
part of the original surface is flat sloping 3 degrees to the east, with shallow troughs as deep as 1 m.
The deposit, more than 30 m thick, consists of a cobble grave) in a sandy matrix, and has been highly
weathered. The soil on this deposit exposed on the north side of Santa Fé along the trail to Olaya is
very highly developed. The B horizon is 2 to 3 m thick, brown to pale yellow, and has very thick,
continuous clay films. In the upper part of the C horizon, all but the siliceous grave) clasts are
weathered to saprolite. A doscontinuous iron-manganese hard pan occurs on the surface.

Upper Santa Fé Fan - Approximately 2 km northeast of Santa Fé are remnants of an alluvial fan
that is approximately 100 m aboye the Río Tonusco. The fan has been severely eroded and only
narrow remnants having fíat surfaces occur along some ridge tops. These surfaces sope 3 degrees to
the east. the deposit consists of approximately 20 cm of cobble gravel in a sandy matrix and has been
intensely weathered. The soil on this deposit (exposed in a stream cut 1 km east of Santa Fé) is
extremely developed. The clay B horizon is 5 m thick, yellowish red to pale yellow and dark red, and
has very thick, continuous and extensive clay skins. In the upper part of the C horizon, 95 percent of
the clasts are weathered to saprolite; this extensive weathering is continuous to a depth of 15 m where
the degree of weathering begins to decrease. A discontinuous iron-manganese hardpan and nodules
are found at the surface.

This fan deposit overlies approximately 25 m of interfinger alluvial grave) channel deposits of the
ancient Río Cauca, mudflow deposits, and a white, bedded, volcanic ash. The ash deposit, and a silt
bed within the alluvial gravels have normal paleomagnetic direction, indicating that these deposits
are younger than 690,000 years.

Loma Juan Blanco Fan - Two km southwest of Santa Fé a remnant of a mudflow fan caps the
ridge, Loma Juan Blanco. This fan deposit is approximately 300 m aboye the Río Tonusco and,
though standing in reversed topography, the eroded top has an accordance that dips approximately
3 degrees to the southeast. The soil on this deposit was not exposed.

Ages of the deposita - The ages of the San Nicolás deposit is 1.500 years and the Obregón
deposit 3.100 yrs B.P. based on radiocarbon dates. Estimated ages for the other deposits are as
follows: the lower Santa Fé fan about 100.000 yrs; the middle Santa Fé fan 150.000 to 200.000 yrs;
the upper Santa Fé fan about 300.000 yrs;and the Loma Blanco fan about 700.000 yrs. These esti-
mates are basad on the position of the deposit aboye the river, relative position to each other, relative
soil development, and paleomagnetic measurements.
REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 407 - 419 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

RECOGNITION OF ACTIVE FAULTS IN TROPICAL, MOUNTAINOUS


NORTHINEST COLOMBIA

W. D. Page*, K. M. Cline*

RESUMEN

Con el fin de evaluar adecuadamente el riesgo sísmico en una zona particular, es necesario evaluar
el grado de actividad de fallas en dicha región. En el noroeste de Colombia, zona tropical montañosa,
las tasas de erosión son altas, los deslizamientos comunes, la selva cubre parte de la región y los depó-
sitos útiles del Cuaternario son escasos. Bajo estas condiciones, la evaluación del grado de actividad de
una falla debe hacerse cuidadosamente ya que el proceso que degrada el relieve en los trópicos produce
características diferentes a las que se encuentran en las zonas templadas. La erosión puede destruir las
características geomorfológicas que ocasionan las fallas o, mediante erosión diferencial generar a lo
largo de anchas zonas de cizallamiento rasgos causados por fallas tales como colinas aisladas, corrientes
desplazadas y largos lineamientos. Los deslizamientos, que comunmente ocurren a lo largo de rocas
meteorizadas de una zona de fallas, ocultan la falla y producen escarpas, superficies rayadas por ciza-
Ilamiento, brechas, y otras características producidas por fallas. Pese a que no son muy extensos, los
depósitos de flujo de lodo o aluviales, los abanicos y las terrazas aluviales se prestan para evaluar el
fallamiento Cuaternario proporcionando relaciones estratigráficas en los lugares donde se superponen a
una falla. En estos depósitos se pueden ver escarpes de falla, si dichos escarpes son tales que no se pres-
ten a ser confundidos con los escarpes causados por erosión de corrientes. Se reconocen con más facili-
dad dos tipos de escarpes: escarpes de fallas evidentes cuando interceptan corrientes y se levantan en
la parte aguas abajo, y escarpes de colinas que se levantan al lado del valle. También son útiles en la
evaluación de fallas la erosión por desplazamiento o las superficies de deposición; sin embargo, si los
mapas existentes no son de la escala adecuada, es necesario hacer estudios topográficos de nivel a tra-
vés de la falla en la superficie de erosión.

ABSTRACT

In order to properly assess the seismic hazard in a particular area, the degree of activity of faults
in the region needs to be evaluated. In tropical, mountainous northwest Colombia erosion rates are
high, landslides are common, jungle covers part of the area, and useful Quaternary deposits are few.
Under these conditions evaluating the degree of activity of a fault must be done carefully because the
processes that degrade the landscape in the tropics produce features different from those found in
temperate zones. Erosion can either destroy the fault-caused geomorphic features or through differen-
tial erosion along wide shear zones can create features similar to fault causad shutter ridges, offset
streams and long lineaments. The landslides, which commonly occur along the weathered rocks of a
fault zone, obscure the fault and produce scarps, slickensides, breccia, and other features similar to
fault causad features. Although not extensive, alluvial-mud flow fill, fans, and alluvial terraces are
useful in evaluating Quaternary faultin, by providing stratigraphic relationships where they overlie a
fault. Fault scarps in these deposits can be evident, if the scarps are such that they are not confused
with the scarps caused by stream erosion. Two types of scarps are most readily recognized: fault scarps
are evident when they occur transversa to streams on the clown stream sida and hillside scarps that are
up on the valley sida. Displaced erosion or depositional surfaces are also useful in fault evaluation; if
however, the existing maps are not of the proper scale, a level survey needs to be made across the fault
on the erosion surface.

• Woodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center, San Francisco, California 94111 (U.S.A.)

407
Paga & Cline Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia

INTRODUCTION

As Colombia continues to develop, earthquakes are being recognized as a real threat


to the safety of its people and property. In response to this, such organizations as Inter-
conexion Electrica, S.A. (ISA) and Integral Ltda. are conducting in-depth investigations

FIDE FL ATEAST, CALIFORNIA


of geology and seismology before completing design and construction of major facilities.
During studies to evaluate earthquake hazards for several proposed dams in the Cordillera
Central and the Cordillera Occidental near Medellín, we noted geomorphic and geologic
‹I features typical of active faulting. These features formed in steep mountainous areas
E
cr u) under a wet topical climate and are distinct from those found in the temperate zones,
o<
1.,_ ul
11 where active faults are more readily recognized and have been more extensively studied.
1.-
J
a ,c These features in northwest Colombia are probably comparable to those found in other
U
7
< - 1( O parts of Colombia and other parts of the world where the topography and the climate are
11-
-114.1 J
12
T1
_..,
n
w =u—
.. z-
similar. We hope that their description and a discussion of the distinctive problems in the
interpretation of the faults for this area will assit in future fault evaluations.
=L .7_
N >_ a u, 1..0
< o
L.0 o _i
3 z > o0 DEGREE OF FAULT ACTIVITY
I-.. -.`i U .
(j) FI. (..) \ \ ‘ •:,
ott 14-
Z L4j&-
Q \ \--, U- There is no universally accepted definition of an "active" fault. For this study, we
zw V.'
.u.,, z z O.
use Cluff's (1978) definition: "An active fault is one that has the potential for displace-
i-- <
- w cc \ ment in the present tectonic stress environment". In practice, to use this definition
o ~,1 o
o \ requires the evaluation of the degree of activity of a fault (Fig. 1). The degree of activity
> 0 o
W5<E of an individual fault is a function of the amount of displacement in a single event and
< z o s, \
_a the frequency of displacements. Faults that have a high slip rate (from 10 to 100 mi/
2 r = N \
-;',r,
a-. w o c,
0 = -1 iNs. s\'''.0 year), such as the San Andreas fault in California, have very high degreee of activity.
< -+
VO Faults that have lower slip rates have lower degrees of activity.
--. >
U _..- W \ In evaluating the degree of activity of a particular fault a number of factors must be
- 5 X
0 \ considered: the tectonic setting, the regional geology, the seismicity, and the geology
I- r- 0
Z \
(.7 <" and geomorphology of the fault in question. We will discuss the last factor and emphasize
<3 .:,,,
---4., the use of Quaternary geology to assess active faults. It is the geomorphic expression of
z
a O1 •. a fault and the Quaternary deposits in northwest Colombia that are the most different
o -...„ 1—
o from thosein the temperate zones.

RECOGNITION OF FAULTS
—J
Before the degree of fault activity can be established through application of Quater-
U- nary geologic techniques, the bedrock geology, type of fault, location, width, tength, and
a so forth should be known. This preliminary information localizes where to investigate
>O 1
uj i 1 ..... IL the fault in more detall and where stratigraphic relationships and geomorphic features
i-- Ua
< a 9114100r O
... ct
.. ......._.. .. ri 91H 11 can be asessed to determine the degree of activity.
‘ —9.. 2 11 w
,
.............

HelH ,11.1,5/91111X_-:
w The Quaternary stratigraphy and geomorphology of northwest Colombia, as distinct
a •4 <
7 z _ La.7
w from that of temperate zones, presents the Quaternary geologist with special challenges.
0 .rx rt -
I0
o kt.1 a
-2 0 IN30430V1dSla First, although dramatic fault-related geomorphic features are sometimes evident the area
2 a cc w is covered in part by thick jungle and forest which masks the more subtle geomorphic
tal SI C1
features and Quaternary deposits (Fig. 2). Second, much of the area has very steep slopes
and consequently very high erosion rates; this erosion rapidly destroys geomorphic
features of active faults. Third, high weathering rates increases erosion rates and tend
to obscure fault features in weathered Quaternary deposits. Fourth, because active
faults commonly are superimposed on older, shear zones (Sykes, 1978), rapid differential
erosion along these shear zones not only removes active fault features, but also creates
long prominent lineaments that mask more subtle features (Fig. 3). Fifth, the most

409
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
Page & Cline

common Quaternary deposits in this region are landslides that are not useful for evalua-
ting faults because they can cover active fault features and produce features such as
breccia zones and slickensides which are similar to features made by active faults. Sixth,
the useful Quaternary deposits, particularly alluvial terraces and alluvial-mudflow fills,
are restricted in distribution to small areas and may not overlie faults. And seventh,
relatively few of the Quaternary deposits in northwest Colombia have been studied or
dated, limiting the data available.
The most reliable evidente in determining degree of fault activity is stratigraphic:
fault displacements can be verified by exposing stratigraphic units that overlie a fault
zone (Fig. 4). This can be done by cleaning existing outcrops or by excavating trenches in
the deposits over the fault zone, a technique commonly used in temperate zones. The
amount of displacement is measured, the age of the deposit estimated, and the average
rete of displacement calculated. The two typesof deposits in northwest Colombia which
have proven useful for this are alluvial-mudflow deposits (Page and James, 1980) and
alluvial terraces, particularly where the deposits have thin interbeds of siltstone. These
deposits are not reliable when they are thick, gravelly deposits because the faults can be
dispersed between the gravel clasts (Fig. 5), or the faulting is spread over a wide zone with
no visible shearing. The surface of these deposits may be useful in locating faults by
Figure 2 — Mutata fault in jungle (near Dabeibal. The prominent lineaments are mostly caused
showing an anomalous break in slope or a flexure. by erosion. In this area evidente of fault activity on this moderately active fault is obscured by
The clearest examples of active faulting are fault scarps in alluvial terraces or alluvial- jungle and rapid erosion retes.
mudflow deposits. Helicopter reconnaissance and analysis of low-sun-angle air-photo are
particularly useful in locating these features. Two types of fault scarps are readily recog-
nized. The first, is on a hillside where the scarp parallels the val ley and where the displace-
ment is valley-side up making a side-hill saddle (Fig. 6). The second, is a scarp that crosses
a valley where the displacement of alluvial deposits in the valley is up-on-the downstream
part (Fig. 7, 8, and 9). Other scarps are harder to recognize because they can be confused
with erosional scarps. Fault scarps on hillsides with the valley side down create
oversteepened slopes that promote landsliding that obscures the scarp; reverse faults
commonly have this topography. Similar scarps on oversteepened slopes can be caused by
erosion into the slopes by streams or landslides. Scarps that cross a valley, down-on-the-
valley side, or scarps that traverse along the valley can be confused with. ordinary erosio-
nal scarps along terraces; some however are easily recognized (Fig.10 and 11). Terrace
deposits that do no show anomalies have not had displacements since the formation of
the terrace (Fig. 12); very small displacements might not be evident, however. Field
mapping and trenching are generally required to evaluate the type of faulting, once
possible fault scarps have been located.
Another feature used to recognize active faults are displaced erosion or depositional
surfaces when viewed parallel to the fault. (Fig. 13). This is generally done from a
helicopter and from profiles made from topographic maps or from level surveys. The
rate of faulting can be calculated using the displaced erosion surfaces because the displa-
cement can be measured and the age of the erosion surface estimated.
Other geomorphic features, although less useful than the previously described
features because faulting retes generally cannot be determined from them, can be used to
locate active faults. These features are commonly associated with lateral faulting. In areas
where faulting retes exceed erosion retes, such geomorphic features include shutter
ridges, side-hill saddles (Fig. 6), sagponds (Fig. 10), low ridge-crest saddles, offset ridges,
Figure 3 — Peque fault (near Peque). The prominent
and offset streams (Fig. 7). Where faulting rates are less than erosion retes, comparisons lineament that goes from the lower right through the
of possible faulting must be made with erosional features in nearby areas. Features similar upper center of the photo is almost completely caused
to those caused by active faulting could have been caused by a number of different by differential erosion along an older shear zone (the
Dolores hear zone) in which this, low activity fault is
mechanisms: by differential erosion along old, easily eroded fault zones (Fig. 3); by
located.
landslides which can simulate fault-caused sagponds and side hill saddles; by stream

411
410
Page & Cline Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia

Figure 6 — Sidehill saddles along the Heliconia Fault


Figure 4 — Alluvial stratigraphy in trench (neer Anza). (neer Angelopolis). The fault shows left lateral displa-
The interbedded gravels and silty snads provide units cement because ridges have more prominent scarps on
that can record fault displacements. the sides of the ridges seen in this photo. Note the
graben like structure in the middle distances.

Figure 7 — Offset stream and displaced alluvial-mudflow fill along the Abriaqui fault. The
Figure 5 — Cauca West fault in the Anza Member of Combia Formation (near Anza). The fault alluvial mudflow to the left of the fault is approximately 4 m higher than the one on the right.
shears that pass below and to left of the pick are difficult to locate in this coarse gravely deposit. The low ridge in the middleground that borders the valley also has displaced alluvial-mudflow
deposits on its crest.

412 413
Page & Cline Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia

Figure 8 — Displaced alluvial-mudflow fans along the Aurra fault (near San Jeronimo). The fault scarp
follows the zone of trees in the middle of the photo. Note the fan is higher to the left of the trees than
to the right. In the middleground the Sopetran fans show a similar displacement toward the right side
of the photo. This is along the same fault. Figure 10 — Fault scarp in alluvial fill along the Urrao fault (near Urrao). This scarp, which crosses
the ridge in the middle foreground, is displaced to its down valley side, but is not confused with an
erosional scarp here because there is a sag pond and it trends perpendicular to the valley.

Figure 9 — Displaced alluvial-mudflow terrace along the Cauca West fault (neer Quebrada La Noque
Figure 11 — Sag pond and fault scarp on alluvial fill (near Urrao). Close-up photo of Figure 10.
near Santa Fe de Antioquia). The ridge (actually a terrace remnant) in the foreground shows a displa-
cement of several meters near its right side. The fault passes through the center of the hill top in the
distance and displaces alluvial fan remnants there as well.

414 415
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia

EXPLANATIONS

Barbosa
Geologie units: •
Caracol;
Alejandría •
Guaternary ()al Recsnt diluviara.

Tertiory Miocene-Piecene Honda Fm, non volconle continental sedimenta. p.COTP.'

Guatape
Cretaceous Late Cvetaceous, Intrusive quartx diorlte; Antioquion bathollth. Morindlo •an Carlos
Rion•grój

Santuario A
F•ld•spothle alininou* anales.
Son Luis Sotl'°2:■


Ouortzite with biotite and sericite. y
La Unión
Polaoroic • ..-/1,
Pee Cluart: sericite *chiste with chlorite and amanita.
Pto Triun
Marble. Me:apotornio

Geomorphic units:

I Late tertiary aroman tintine of the saetera Cordillera Central.


II ***** nt bale leva) of mejor rivera.

Symbols

Fault
Contact 50 t9D 70 90 90 100 km.
E ration *Mace levet
SCALE

West Eaet
- 1200n,

BOO
e —
-- - 3- —
•00
Oal
. •
Pnf • 'Fria Pm Paf \k Pnf Paf Paf Prid
So Lel
en
-400
Jetudo wat fault.
\-Cocorna Sur fault. \--Palestina watt feult. Palestino wat fault.

Palestino fault zona

2915 25 20 15 i0 5

DISPLACED EROSION SURFACE OVER PALESTINA FALILT SYSTEM (Near San Carlos) Figura 13

417
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia

piracy which can cause stream patterns to appear similar to offset streams.
In addition, where erosion rates are high prominent fault caused features in one area
(Fig. 7) can be observed or destroyed in nearby areas leaving only a I ineament (Fig. 14)
with no distinctive evidence of Quaternary faulting.

CONCLUSIONS

Active faults are generally not easily recognized in mountainous tropical regions
where erosion rates are high. This is particularly true for faults with low to moderate
activity. Careful analysis of geomorphic features and Quaternary deposits is required
before assessing the degree of activity of a fault suspect of Quaternary activity.

ACKNOWLEDGEMENTS

We wish to thank the other geologists who worked with us in Colombia particularly
Alberto Arias, Lloyd Cluff, Dan Collins, Mary Gillam and Mike James. 'd'Ye also thank
Interconex ion Eléctrica S.A. (ISA) and Integral for their cooperation in allowing the data
used in this paper to be published.

REFERENCES

Cluff, L.F., 1978 — Geologic considerations on seismic microzonation. Proc. 2nd Int. Conf, on Micro-
zonation, Safer Construction-Research and Application, San Francisco, vol. I, p. 135-152
Page, W.D. & M.E. James, 1980 — Landslides and mudflows, mejor contributors to the landscape in
northwest Colombia. I Sem. Cuat. Col., Bogotá.
Sykes, L.R., 1978 — Intraplate seimicity, reactivation of preexisting iones of weakness, alkaline
magmatism and other tectonism postdating continent fragmentation. Rev. Geoph. and Space
Phys., vol. 16 (4) p. 621-688.

419
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 421 -454 (1981) — CIAF, BOGOTA. COLOMBIA

THE ANTIQUITY OF THE EROSION SURFACES AND LATE CENOZOIC


DEPOSITS NEAR MEDELLIN, COLOMBIA:
IMPLICATIONS TO TECTONICS AND EROSION RATES

W.D. Page• - M.E. James"

RESUMEN

En los alrededores de Medellín, la Cordillera Central presenta un relieve montañoso relativamen-


te bajo, comparado con los produndos cañones de los ríos Cauca y Magdalena que la limitan al occi-
dente y oriente respectivamente. Este relieve fue formado a una altura diferente a la actual y presenta
2 superficies de erosión claramente diferenciables: la de la Cordillera Central y la del R io Negro, for-
madas posiblemente entre el Mioceno y el Pleistoceno. Las superficies fueron datadas usando dos
métodos: el primero corresponde a una correlación con el valle del río Magdalena donde ambas super-
ficies están cubiertas por sedimentos de las Formaciones Honda y Mesa. El segundo método corres-
ponde a análisis paleomagnéticos de algunas terrazas y depósitos aluviales encontrados en la cordillera.
La mayoría de estos presentan edades mayores que 730.000 años. Por ejemplo en el área de Río Ne-
gro, donde se pueden diferenciar 8 terrazas los datos paleomagnéticos le asignan a la terraza más anti-
gua una edad que varía entre 2.5 y 5 millones de años; posiblemente sea más vieja.
Asumiendo que los datos paleomagnéticos son correctos, se puede calcular la tasa de denuda-
ción de las montañas. Esta tasa, entre 0,01 y 0,04 mm/año, ha sido más o menos constante desde el
Mioceno medio hasta el Plioceno temprano. En las terrazas se observan tasas mucho más bajas, 0,004
y 0,007 mm/año. La ceniza depositada por un evento volcánico entre 11.00 y 25.00 años cubre la su-
perficie de las montañas y ha sido poco erosionada. Esto confirmaría que durante el Holoceno existió
una tasa baja de denudación. Estas tasas bajas es posible que sean el resultado de una gruesa cubierta
vegetal, producida por una precipitación relativamente alta, (1500 a 2800 mm/año), con una poca
incisión vertical producida por corrientes.
La forma de las superficies de erosión a través de la Cordillera Central suministra una medida de
la deformación tectónica durante la orogenia que levantó los Andes. Primero, el levantamiento del
Mioceno fue relativamente pequeño en comparación con el Plio-Cuaternario. En una dirección norte-
sur, de Sonsón a Cuiva, la superficie indica que los levantamientos inclinaron el lado oriental de la
Cordillera hacia el este pero dejaron la parte central casi horizontal. El fallamiento asociado con el le-
vantamiento estuvo restringido a deslizamientos relativamente pequeños a lo largo de zonas de falla
más antiguas. Estas fueron principalmente: el sistema de fallas Palestina-Jetudo en el lado este de la
Cordillera y el sistema de fallas Romeral-Cauca en el lado oeste de la cordillera.

ABSTRACT

Near Medellín the Cordillera Central takes the form of highlands with relatively minor relief as
compared to the adjacent deep canyons along the Río Magdalena and Río Cauca. These highlands are
a relict landscape that formed at lower elevations and were uplifted to their present position. Two
erosion surfaces, the Cordillera Central and the Río Negro, are prominent in the highlands. The
su rfaces are believed to be Miocene and Pliocene in age. They are dated two ways: 1) through proba-
ble correlation to the Magdalena Valley where these surfaces are buried by sediments of the Honda
and the Mesa formations, and 2) through paleomagnetic analysis of terraces and alluvial deposits on
the highlands. Most of the highland deposits are older than 730,000 years; in the Río Negro area,
where eitht terraces are present, the paleomagnetic data indicates that the oldest terrace is at least
2.5 and is possibly more than 5 mill ion years old.
Assuming that the paleomagnetic analysis is correct, denudation rates on the highlands since
the middle Miocene are similar to those since the early Pliocene, 0.01 to 0.04 mm/yr. Terrace su rfaces

• Woodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center - San Francisco, Calif. 94111 (U.S.A.)
'• Integral Ltda. - Apartado Aéreo 3036 - Medellín, Colombia

421
Page & James ntiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits

have much lower denudation rates, 0.004 to 0.007 mm/yr. The five volcanic ashes which cover tne
highlands are 11,000 to 25,000 years old. They are relatively uneroded, conf irming that the low
denudation retes continued through the Holocene. These low rates probably resulted both from a
complete and thick vegetation cover that was nourished by the relatively high rainfall (1500 to 2800
2
mm/yr), and from Jack of vertical incision by streams.
The shape of the erosion su rfaces across the Cordillera Central provides a measure of the tectonic
deformation during the orogenies that uplifted the Andes. First, the Miocene uplift was relatively
small when compared to the Pliocene-Quaternary uplift. In a north-south direction from Sonson to
Cu iva the erosion surface shows that uplift was nearly horizontal; in an east-west direction, the surface
ra O
11.
indicates that the uplift tilted the east side of the Cordillera eastward, but kept the central part of the
range nearly horizontal. Faulting associated with the uplift was restricted to relatively small displace-
ments along older fault zones. These were primarily the Palestina-Jetudo fault system on the east tL
side of the range and the Romeral-Cauca fault system on the west side of the range.

4 O3

INTRODUCT ION

Near Medellín the Cordillera Central, or middle range, of the northern Andes moun-
tains is a plateau, or highlands (Figure 1). The low relief on the highlands is a relict
landscape, preserved because of low erosion rates after late Cenozoic uplift. We assessed
the age of the two prominent erosion surfaces by correlating them to deposits on the
west side of the Magdalena Valley. The terrace deposits in the highlands were dated
through paleomagnetic analysis. The antiquity of the erosion surfaces and the terraces
(Miocene to late Quaternary) implies unexpectedly low erosion rates in this tropical,
mountainous part of Colombia. The features also record the tectonic uplift, warping and
faulting that occurred suring the formation of the Cordillera Central.
Previous studies of the Quaternary of the highlands include Durango (1975) and
Hermelin (1978 and 1980) who defined the basic geomorphic setting in Río Negro area
and López (1973) who studied the clay deposits in the adjacent La Unión basin.
Schlemon (1970) analyzed the landslides east of Medellín in the Aburra Valley and
Camilo Rojas of SUMICOL (oral communication, 1980) studied the clay deposits of the
Llano de Ovejas. Page (1980) presented the results from the early part of this study as a
field guide trip book. W.D. Page, K.M. Cline, A. Arias, M. Guillam, M. James, and D.
loso °
Collins (of Woodward-Clyde and Integral, Ltda.) mapped Quaternary deposits in areas
adjacent to the highlands: the Río Cauca area wast of Medellín and the San Carlos area
east of Medellín (Woodward-Clyde Consultants, 1979, 1980a, 1980b). In the Cordillera
Oriental, palynological data from the late Cenozoic deposits at the Sabana de Bogotá
provide background data on the tectonic uplift of the Cordillera Oriental and climatic
change in this part of the tropics during the last few mill ion years (see for example; van
der Hammen and others, 1973, and 1980).
We studied the geomorphology of the highlands through aerial reconnaissance and
examination of late Cenozoic deposits in road cuts, stream banks and quarries. We corre-
lated deposits using the regional setting, height aboye the river, and degree of weathering
4

E X PL AN ATIO N:
(color, intensity of oxidation, clay formation, and gravel clast hardness). General topo-
o
graphic maps from the Instituto Geografico Agustín Codazzi (1:100,000 and 1:25,000) r-
o
and the topographic map along the Medellín - Bogotá Highway in the Río Negro area o
(1:10,000) aided in making cross sections. Two dating methods were usad. Six wood o
u
and charcoal samples were analyzed for radiocarbon at Geochron in Massachussetts. One
hundred and nineteen samples of silt, clay, and magnetite-bearing sand were analyzed
14.4
for paleomagnetism at the Woodward-Clyde laboratory in California. Excluding the
laboratory analysis, approximately 14 man-weeks were spent in the study, primarily in
the Río Negro and La Unión basins, during the period from April, 1979, through October
1980.

422 423
75^ 74°F
76°E

8°N

C OL OMBIA

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o
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Cordillera Central
Lr highlands
o
c.)
Cross Section
3
1 : (Piafes 1 and 2)
A

LOCATION MAP F igure 1


The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita

THE CORDILLERA CENTRAL HIGHLANDS

The Cordillera Central north and south of Medellín consists of mountainous high-
lands, or plateaus, that range in elevation between 2000 and 3000 m. The highlands
extend from near Sonson on the south to Yarumal and Santa Rita de Ituango on the
north covering approximately 11,000 square kilometers in area (Figure 1). The highlands
contain shallow valleys and wide basins. The relief is generally between 200 and 400 m;
locally the relief exceeds 500 m where the highlands have been deeply dissected as in the
Aburra Valley at Medellín. The perimeters of the highlands are generally marked by
steep slopes along the headwaters of streams tributary to the Río Cauca and the Río
Magdalena.
The climate of the highlands is cool, humid, and tropical. The mean annual tempera-
ture varíes with the altitude, ranging between 14 and 20 degrees C: the cooler tempera-
tures are at the higher elevations (3000 m). The rainfall is 1500 to 2800 mm per year and
occurs throughout the year; there is a marked dry season between January and March,
and a lesser dry season between July and October.
The vegetation of most of the relatively fíat areas and some of the slopes in the
highlands is cultivated crops (corn, vegetables) or grazing land. These areas have been
converted from Andean forest in the past few hundred years by cutting and burning. The
steeper slopes remain covered with patches of original and second-growth forest.
Approximately two thirds of the area is underlain by granitic bedrock and one third
by medium-grade metamorphic rocks. The metamorphic rocks are typically amphibolite,
gneiss, graphitic schist and greenschist, all Paleozoic in age. Locally serpentinite and
meta-diorite occur. Intruding these are middle to late Cretaceous granodiorite of the
Antioquenian batholith and other, smaller, granitic intrusions.
The Cordillera Central has had three major uplifts since the Cretaceous (see for
example, van der Hammen, 1975; González, 1978). Uplift of the ancestral cordillera in
the late Cretaceous was accompanied by intrusion of the Antioquenian batholith. After
extensive erosion reduced these mountains to a low plain, uplift in the Miocene raised
the proto-cordillera. After another period of erosion, uplift in the Pliocene and Quater-
nary formed the present mountains. Volcanism that accompanied these uplifts generally
was restricted to the mountains south of the highlands. Extensive volcanic deposits from
this volcanism in the Cauca and Magdalena Valleys are interstratified with non-volcanic
Tertiary sediments; these deposits have been useful in the dating of the repeated uplift-
erosion cycles.

LATE CENOZOIC GEOLOGY

One small area northeast of Belmira is the only example of Pleistocene glaciation in
the Cordillera Central highlands (Alberto Arias 1980, oral communication). This is in
contrast to the Cordillera Oriental, which was heavily glaciated (see for example, van der
Hammen and others, 1973 and 1980; Brunnschweiler, 1980), and the Cordillera Occi-
dental, which had some local glaciation, as in the Páramo Frontino (Zuluaga and Matts-
son, 1980). The elevation of the mountains of the Cordillera Central remained generally
below the limit of Pleistocene glaciers at this latitude. We can assume, however, that
during glacial periods, the upper parts of the highlands were colder and subjected to peri-
glacial processes, since the climatic and vegetation zones in the Andes at this latitude
were lower during glacial times; in addition during the Pleistocene the highlands probably
underwent periods both wetter and dryer than at present (van der Hammen and others,
1973 and 1980).
Much of the relief on the highlands is controlled by rock type. The metamorphic

425
Page & James tiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita

rocks in the region are more resistant to erosion than the granitic rocks, so they weather
more slowly and degrade into larger blocks; the granitic rocks break down into sand-size
"grus" that is easily transported by streams. As a result, the hills are commonly under-
lain by metamorphic rocks. Where the amount of dissection has been low, shallow basins
and wide valleys with terrace deposits are characteristic. Where the dissection has been
deep, steep sided, V-shaped valleys and canyons are typical; numerous landslides and
mudflows are found on the sides of these canyons. Weathering of all rocks has been
intense, producing deep saprolite.
Erosion Surfaces
In the northern part of the Cordillera Central three erosion surfaces and two erosion
stages are found (Plates 1 and 2). (An erosion stage is an incomplete development of an
erosion surface.) The oldest erosion surface is the pre-Cordillera Central surface, into
which is cut the most extensive, the Cordillera Central erosion surface. The youngest is Santo Rosa termos dsposd
the Río Negro erosion surface. A third stage of erosion is evident on the eastern front A'
of the Cordillera and in the deeper canyons. Present base level, to which the major
drainages have partly cut, is the fourth erosion stage. NORTH
Pre-Cordillera Central Erosion Surface (Pre-S-I ) — Remnants of the highest erosion
• .1 • o
surface in the Medellín area occur as very small, fíat areas on top of the highest moun-
Elevabon Red ond pallad grondoc sasraide
tains in the highlands. These fíat areas stand a few hundred meters aboye the Cordillera
Central erosion surface (Plates 1 and 2). In a few places, such as east of Belmira and in the
3 00041
Llanos de Cuiva, the Cordillera Central erosion surface cuts into the slopes below the ,§
higher, Pre-S-I surface. The Pre-S-I surface probably formed in the early Tertiary.
2 000
1
2 600 • •
Cordillera Central Erosion Surface (S-I) — Remnants of the ancient Cordillera Central
2 400
erosion surface occur as flat-topped hills and mountains near Medellin, as for example,
2 200
the Morro la Tablazona. These form a prominent accordance of mountain tops and flat-
topped ridges when viewed from the same level as the surface (Figure 2). Near the axis of 2 000

the range, where it is better preserved than elsewhere, remnants are found extending 1800

1 600
r
from near La Unión on the sou th to the Llanos de Cuiva on the north (Plate 1). Perpen-
dicular to the axis of the cordillera, the accordance of ridge tops extends from the rim of 400

the Cauca canyon on the west to the "breaks," or area of more rapid descent into the 1 200

Magdalena Valley, near El Peñol on the east (Mate 2). East of these breaks, the S-I surface 1 000

is recorded as very few, scattered fíat or gently rounded hilltops and ridges that have 800
accordant crests dipping gently to the east. The surface projects to the edge of the Mag-
dalena Valley (Mate 2), where it is buried by sediments of the Honda formation and is
faulted by the Palestina-Jetudo fault system (Woodward-Clyde Consultants, 1980b).
In this area the buried surface, called the pre-Honda surface, extends along the margin
of the Magdalena Valley from near Barrancabermeja on the north to south of Ibagué
(Soeters, 1980). 1 90
The Cordillera Central erosion surface is generally underlain by metamorphic rocks
that have been deeply weathered to an extreme saprolite and near the Llanos de Cuiva to es _ / intru•Iv•s

bauxite (Schleman, 1970). Where exposed in roadcuts near Medellín, the saprolite is tens 5 - if

of meters deep. At least some of this saprolization occurred prior to the deposition of the OoI r-a
Honda formation: near Ibagué, a weakly developed saprolite, a few meters deep, underlies -

the Honda formation (Soeters, 1980). p

The S-I surface is believed to have formed near sea level before uplift of the proto-
Qom Guate". Plate lA
Cordillera, 22 to 18 million years ago (see for example, Irving, 1975; Khobzi and Ussle-
mann, 1974). The age of the surface is Oligocene to early Miocene. It probably correlates
to a similar surface in the Magdalena Valley (Plate 2) that is covered by fossiliferous N0Rin to Cuiva.
Honda sediments (van Houten and Travis, 1968; Soeters, 1980). In addition, in the Río
Negro area, extrapolation of the rete of stream incision using paleomagnetic and palyno-
logical data from terrace deposits found below the Río Negro erosion surface indicates

426 427
The antiquity of the granan audaces and late cenozoic deposita

L lanas de Cuita terracita and •r o si on sur acole

pre S.:1?)

Santo Rosa torneos ~oled


Ar

NORTH + 4.
.e .
4- • a • a
Red and v•Ilor grambo %aerolito o
• ♦ • r
e
Elevaban Red and vello* granitio 'ovoide 2
t2
o
3 000 in r s.
Limos d• Cuita
2 BOO

2 600

2 400

2 200

2 000

1800
Pal
1600
++ + + i + + + ++ ♦ ♦ Kqd
400

200
++ + ++ + • ♦ • -1
000
o
800


Pec

130 ■
20 110
1
L

Kqd Cretac•ous quartx chorote and granodiorite adru•ives


rs - Cordillera Central arman 'urraca
- II Rionegra •rosion surf oca
Po Loor paleozoic amphibolite
QoI 1 - 8 } Terraces, no! correloted berreen Cloatern cuy allool um and Ilirrace d•posits
- oreos ex,:ept Romero and Guante Pe i Chloritic •chists with interealat•d serie rte .

Pe c Chloritic t'orinan tic schtsts


fp Plain

om °valer/tory al lovial- mudflow deposita Cantaor Plata lA


Fa t
(rollos •urfac•s

NORTH-SOUTH CROSS SECTION A-A• OF THE CORDILLERA CENTRAL HIGHLANDS --La Unión to Cuiva.

427
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits

Guarn• 00000 ces

Santa Rosa aplana cl•Paslt

4. 4 • • -5
y-3

A • • • • fp
• • • •
Red and pella. grambo saprolite
o Red and v•llovr pronllic 'apronte

o
o
S-I
S-I
pa
• Valle de Aburra

*
Pa

Kqd «1 4
/
+ •

• •

b 70 5o

NOTE.
G•ology modified from Alvarez and otees, 1970
and Botero, 1963

Plate 1B
Vertical acole t 5s MOII/0/001 state

429
The antiquity of the erosion su rfaces and late cenozoic deposits

Río Magro t•rroc•• La Unión aplana deposite

A
t -e
• • t 6
• • +-1-> 4 SOUTH
13 ‘
1.2
• • + • • • fp
• • + • • 4
Elevation
Red and yellow grambo soPfOli fe Rad and 'erute gran irle saorold•

3 000 en

• Projection of O Lo Afosca 12 000


La Unión-N_
o S- 12 600
cn S I
o
-2400
Rionegro r, El C0,111111104 Vibrara'
S-II - 2 200
Pa S \ Pa
2 000

r -1 1 BOO
Po at,,
\\1,
600
Kqd Kqd
i 400

11290

-.1 000

-1 800

20 10 OKfn

Plato 1C
The andquity of the eroaion sudases and late eenozoic deposits

Qa i Alluvium
Qmf Mudflow deposits
QTt Terrace deposits

Br

Mesa Formai ion. Continental sedimentory squence derivad from


)-
cc TM volcanic and metamorphic source rocks.
WEST
Honda Formation Continental sedimentary squence derived from
Th
meto mor phic rocks
cr
Tsv Volcanic sediments intercalated
Tst Transitional sediments containig Paleocene and Eocene foss 1s

ser ronio de Voldies


.....— ve 5-1(
Elevation /13ern
"." N •
00V/N FaULTE ?

-I( Alto Podrehloyo / Llano de Ove,os


S-71
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2500m. ▪ •

2000 Vy
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s-sv ¿ )? I
o— V
,,¿ (a , ' )'1 yv

ROMERAL FAULT ZONE

148 140 130 120 110


1 l 1 1

EAST - WEST CROSS SECTION B-13' OF THE CORDILLERA CENTRAL


Rio Cauca to Rio Magdalena Plate 2A
433
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits

CRETACEOUS

(" Volcanic sedimente intercalated with some balsalt and diabase flows
Ksy
K qd Guartz diorite and granodiorite.
Km Gabbro and amphibolitic gabbro.
K um Ultramatic rocks, peridorite and serpentinized peridorite.

Pmi Low grade metamorphic sedimentary rocks


a
N
Pes

phyi lites and aluminous schist.
Phyllites, quartzose-graphitic

O J"ci Quartzite and biotite - feldespothic schists


1Pnf Feldespothic peiss
< Pa Amphibolit8
o. M Morble

o
u

S- 1

2 V V V V V V V V V V V V V V V V V V V VJ J V V V VV V V V V V V v V V VV V JV V r V • V

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2 V V V V V V V V V V V V /V V V V V V V V V y V V V 11v V y y y /V Y 1 1 1 V V V V V V V V V V V V y
2 V y y y v
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V 1 V 1 1 V V V y V V V J

110 100 90 80 70
1 1

Plate 2B

435

The antiquity of the erosion surf aces and late cenozoic deposits

EROSION S U R FACE S
S - I Cordillera Central erosion surface

S - II Rio Negro erosion surface

S - III Erosion Stagen1

S - IY Erosion Stage IV (modern base level of erosion)


— Faults
------- Geologic contacts
Estimated erosion surface level
---------- Adtacient topogrophy proiected to profile (Loccition indicated
4 km N

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5-I
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V V V
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70 60 50 40 30
1
1

Plate 2C

437

The antiquity of the erosion surf:reas and late cenozoic deposits

NOTES".
1 See figure 1 for location.

2 Bedrock geology modified from Borrero, Vesega, 1976


and Kossem and others, 1979

3 Vertical scale 2 5 ic Horizontal sc ole

Elevaban

2 000m

1 500

S I
• S-tt ( Hodified by S- III — 10 00

o M 5U0
Id Pes, gatead ?.1 ∎ Pes,
51 S- II (blodif:•d S-III )
V 1 1, r Pes, •Fie t o
Pn Th°
O
Pnq
Cocorra Sur Fault Palestina Fault

PALESTINA - JETUDO FAULT SYSTEM


30 20 10 O Km
1 1

Plate 2D

439
T The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita

that the surface may be older than 20 million years (Figure 3)*
Río Negro Erosion Surface (S- II) - The Río Negro erosion surface near Medellín
occurs along the axis of the Cordillera Central and forms separate basins inset 200 to 400
m below the S-I surface (Plates 1 and 2). Although it is better preserved than the Cordi-
llera Central surface, it is less extensive. It is primarily found in basins underlain by
granitic bedrock, but is locally underlain by metamorphic rocks. The survace appears as
an accordance of rounded and flat-topped hills that have been dissected by small streams
(Figures 4 and 5). The Río Negro basin and the Llano de Ovejas "basin" are the best
examples of this surface. The S-II surface commonly terminates in steep slopes that
extend up several hundred meters into the adjacient mountains. This edge area is genera-
Ily underlain by metamorphic bedrock that is covered by a series of overlapping, dissected
alluvial-mudflow fans. Near the Llanos de Cuiva, however, the surface extends more
gradually up to the higher hills (in part, the S-I and pre-S-I (?) surfaces) that are underlain
by granitic bedrock. The bedrock below the S-II surface has been weathered to a deep
saprolite where all but the quartz minerals have been weathered to silt and clay. The
saprolite is over 50 m thick in the Río Negro area (M. Hermelin, 1979, oral communica-
tion ).
East of El Peñol, the remnants of this surface are fewer and less clearly evident.
Projections along remnants of the surface to the western edge of the Magdalena Valley
(Plate 2) indicate that it merges with the younger erosion stage III and has been faulted
along the Palestina-Jetudo fault system (Woodward-Clyde Consultants 1980b). To the
south the surface is evident and extends as flat-topped ridges and locally shallow valleys
along the eastern margin of the Cordillera Central.
In the Líbano and Ibagué areas probable correlations of this surface are covered by
the volcanic sediments of the Mesa formation; in that area it is called the pre-Mesa surface
(Soeters, 1980). The age of the pre-Mesa surface, and hence the Río Negro erosion surfa-
ce, is late Miocene and Pliocene. It formed between 18 and about 5 million years ago
and was covered by the Pliocene Mesa formation. In the Río Negro area many of the
terrace deposits below the surface are older than 730,000 years. Projection of the rate
of stream incision indicates that the S-II surface is 3 to 5 million years old (Figure 3).
Erosion Stage III (S-/II) - A third erosion event is found along the east flank of the
Cordillera Central. Near El Peñol the surface is 250 m below the S-II erosion surface, but
at the edge of the Magdalena Valley it merges with the S-II surface. It is expressed as an
alignment of ridge shoulders in the deeper canyons in the region and as wide valleys that
hang 200 to 500 m aboye the main rivers between the edge and the breaks of the Magda-
lena Valley (Plate 2). The Río Guatape aboye the Punchina Dam is an example of a
hanging valley. Erosion stage III did not reach the highlands.
Erosion stage III formed after the Andean orogeny that occurred 3 to 4.5 million
years ago (Irving, 1975). However, it must be older than the time it takes to incise rivers
200 to 500 m, approximately 0.5 to 1.5 million years (200 to 500 -3 mm/yr; see Rice,
1977, Larson and others, 1975, and Page and Noryko, 1977, for general rates of river
incision).
Erosion Stage IV - Erosion stage IV is the present base level of erosion for the area
(Plate 2). It has been reached on the east side of the Cordillera Central where the lower
reaches of larger rivers, such as the Río La Miel and the Río Cocorná, both tributaries
to the Magdalena, have downcut to base level. The valleys of these major tributaries are
deep V-shaped canyons, 50 to 500 m below the erosion stage III valleys. Erosion stage
IV has only penetrated eastward a few tens of kilometers into the east flank of the Cor-
dillera Central. On the west side of the cordillera the rivers are several hundred meters

• See enclosure

441
Page & James The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita

aboye base level. None of the streams !fa the highlands has reached erosion stage IV.

LATE CENOZOIC DEPOSITS

Most of the late Cenozoic deposits in the area are found as terraces cut below the
Río Negro erosion surface. Some other deposits probably related to the Cordillera Cen-
tral erosion surface are found along the drainage divide at the Llanos de Cuiva, and
possibly at La Unión and Las Palmas. The terraces and alluvial deposits for this study
were investigated mostly in the Río Negro and La Unión basins.
The age of the deposits on the highlands is difficult to determine because they
cannot be dated by the usual techniques: they are generally beyond the range of carbon
14 and they do not contain volcanic ash in discrete layers usable for other radiometric
dating techniques. Even though we are aware of the problems associated with using
paleomagnetism when applied to highly-weathered, surficial deposits, we found a paleo-
magnetic analysis helpful in dating the deposits. Of 119 paleomagnetic samples taken,
111 were demagnetized using an alternating magnetic field, and 8 were demagnetized
thermally. The samples generally had both detrital remanent magnetism (DRM) and
chemical remanent magnetism (CRM) which had been overprinted on the DRM. For
our evaluation we used demagnetization curves, Zeiderfeld diagrams, and stereographic
demagnetization plots to separate CRM from DRM to arrive at the magnetic polarities
at the time of depositon and during weathering. We assumed that, in this equatorial area -
for the past few million years the magnetic directions have either been north or south and Figure 2 — Cordillera Central erosion su rface (skyline) and Río Negro erosion surface (horizontal area
that both inclination and declination were less than 30 degrees: during normal paleomag- in left middle ground) at Ovejas. View is toward southeast looking across the Llano de Ovejas and the
netic epochs here in this latitude, the north compass needle pointed within 30° of north Aburra Valley at Medellin (between the Llano de Ovejas and the skyline) from the Cauca canyon.
Nota: Figure 3, (ver plano fuera de texto).
and during reversed epochs, the needle pointed within 30° of south. The latest paleo-
magnetic time sale (Berggren and others, 1980) based on world-wide data, indicates that
only minor excursions fo the earth's magnetic field have occurred in the past 730,000
years (Figure 3). Hence, any deposit that contains a strong magnetic reverse direction
must be older than 730,000 years. Because there is no way to tell one paleomagnetically
reversed deposit from a normal one, the stratigraphic sequence of deposits must be
known in order to date deposits older then 730,000 years. This is commonly done by
extrapolation of depositional rates, but in our case, we extrapolated from the rate of
stream incision. Our control points were the present and the time of the first paleomag-
netic reversal; we estimated the other ages from this rate. Because the paleomagnetic
interpretations of these deposits are complicated, a detailed analysis of the paleomagne-
tism will be presented separately (Page, Packer and James, manuscript in preparation).
Volcanic Ash
Before discussing individual deposits it is important to mention the volcanic ash that
blankets most of the highlands. This ash layer decreases in thickness from 1.5 m near
La Unión, to 20 cm at Llanos de Cuiva. It is actually five or more separte ashes that accu-
mulated between 25,000 and 11,000 years ago (Hermelin, 1978, and 1980; Page, 1980).
The ash is important because it helps date the younger alluvial deposits. lts preserva-
tion also indicates that erosion rates in the area are low.
Río Negro Basin Deposits
One of the most extensive and complete sequences of late Cenozoic alluvial deposits
near Medellín is in the Río Negro basin near Ríonegro. This sequence of deposits typi-
cally changes from the edge of the basin toward the center. Alluvial mudflows, also
known as debris flows, are found along the margin of the basin below steeper slopes. In Figure 4 — Río Negro erosion surface (middle ground) and the higher Río Negro terraces of a tribu-
places these form a gently-sloping, dissected surface that projects to the highest terraces tary near El Carmen de Viboral (foreground to middle ground). The Cordillera Central erosion surface
is the skyline. View is looking northwest toward Río Negro (not visible) from near El Carmen de
in the basin. Locally, younger, lower alluvial-mudflow fans project and merge with
Viboral.
lower terraces at the magins of the basin. Toward the center of the basin, the smaller

442 443
The antiquity of the erosion audaces and late cenozoic deposits

streams are bordered by narrow terraces that rice in steps to the low ridges of rounded
hills between the streams (Figures 4, 5, 6). These hills have accordant tops that are
remants of the Río Negro erosion surface.
Durango (1975) and Hermelin (1978) recognized five terraces aboye the Río Negro
near Ríonegro and speculated that there were more. We confirmed their speculation,
identifying eight terrace levels. There may be even more. For. this study we chose to
follow the traditional numbering system used in North America, calling the first terrace
aboye the flood plain terrace 1. Because the terrace teights vary in the basin, we present
the heights near the confluence of the Quebrada La Mosca with the Río Negro (Table 1).
Hear the town of Ríonegro the terraces tend to parallel the river. Downstream the
slopes diverge and the terraces end at the canyon (a water gap), 14 km northwest of
Ríonegro;upstream of Ríonegro they converge and in the tributaries many merge together
(F igure 7► *. The large number of terraces combined with their convergences create some
confusion so the correlations in this study should be considered tentative.
Terrace 8. (The water tower terrace) — The highest terrace found in the Río Negro
basin is terrace 8. It differs from the lower terraces in that it is nearly horizontal and does
not parallel the present river system (Figure 7). The terrace occurs as shoulders and fíat
ridges below the S-II surface (Figure 5) throughout the Río Negro basin at an elevation
of about 2,150 m. The deposits of the terrace are thick, over 20 m in places, and consist
of light gray to red to yellow-brown silty clay, and sandy clay intercalated with minor,
thin quartz gravels. Near the margin of the basin, as at El Carmen, highly weathered
alluvial mudflow deposits interfinger with the terrace deposits. Toward the northeast,
the deposits are thinner and gravels are more prominent. The fine sediments at the top
Figure 5 — Río Negro erosion surface (intermediate skyline) and terraces of the Río Negro near Mari-
nilla. View is looking northwest from La Granja Roman Gómez G. The Río Negro is not visible but of the deposit are massive and deep yellow-brown with gibbsite nodules (Michel Herme-
is in the valley in the middle ground (4 km north of Marinilla). lin, 1980, oral communication). Quartz gravel clasts are highly weathered and more
than 50% are easily crushed (Table 1). The deposits overlie granodiorite saprolite.
Twelve paleomagnetic samples from 4 locations indicate that terrace 8 sediments
were deposited during a reversed (?) epoch and weathered during normal and reversed
paleomagnetic epochs. The intensity of the normal CRM is much higher than samples
from the younger terraces, indicating that the sample probably underwent a long period
of weathering during a normal epoch prior to weathering in a reversed epoch. Two paleo-
magnetic samples of an iron oxide filling in a landside fracture within the terrace 8
deposits indicate that the deposition of the iron oxide in the fracture occurred primarily
during a reversed epoch. Because the fracture filling must be older than 730,000 years,
the terrace deposit has to be even older, enough older to allow dissection and landsliding
of the deposit and deposition of the iron oxide in the fracture. Because normal CRM is
so strong for this deposit compared to the younger ones, the deposit is probably older
than 3.0 and possibly older than 5.3 mill ion years.
Terrace 7 (Granja Román Gómez terrace) — The seventh terrace is most prominent
downstream from R íonegro, where it occurs as dissected terrace remnants that have some
fíat surface form. In many places it appears as gently-sloping rounded ridges and
shoulders below terrace 8. Deposit thickness varíes from 2 to 6 m. Where seen in one
exposure, the deposits are highly weathered gravel overlain by sandy silt. Many of the
quartz clasts are easily crushed (Table 1). No paleomagnetic samples were taken.
Terrace 6, (Llano Grande terrace) — The sixth terrace occurs as an extensive, some-
what dissected, planar terrace southwest of Ríonegro. Elsewhere the terrace is more
dissected, occurring as smaller remnants. Terrace 6 deposits consist of interbeds of sand,
Figure 6 — Río Negro terraces at the confluence of the Quebrada La Mosca (enters Río Negro from silt and gravels 2 to 4 m thick. Well-rounded quartz gravel clasts are easily fractured and
left). View is looking east from near the town of Ríonegro. The Medellín-Bogotá highway is in the many are easily crushed (Table 1). The finer sediments are moderately indurated and in
foreground; the Río Negro flows through center of photo.
part cemented by iron oxides. Where drainage has been poor, as at the site of the new
Figura 7 (Fuera de texto).
Medellín airport, the sediments are gray and leached of iron. In this region the deposit
• See enclosure
444 445
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
Pega & James

consists of more than 25 m of silt and clay with a few lenses of sand less than 10 cm
thick. In this area the deposit is probably lacustrine in origin.
Six paleomagnetic samples from 3 different sites indicate that the terrace was depo-
sited during a normal epoch (?) and was weathered during normal and reversed paleomag-
netic epochs. The terrace must be older than 880,000 years (the first normal epoch alter a
i — , C1 .4' N N
the first reversed epoch). Because the strenght of the reversed paleomagnetism from
o
weathering is great, the terrace may be older than 2.5 million years. o

irtz Weathering
P.
Terrace 5 (Guarne goldmine terrace) — The fifth terrace is the most extensive terrace

ickCrush
remnant along the Quebrada La Mosca but is much less prominent along the Río Negro. o) N 1
1 In { gr)) oc u")
It occurs as a broad, gently sloping, dissected and locally gold-mined surface in the
upper part of the La Mosca Valley and as smooth, well-defined remnants downstream.

TA BLE 1- RIONEG RO T ERRACES AT THE CONFLUENCE OF THEQUEBRADA LA MOSCA


n en LO N O ro
The terrace deposits vary from 2 to over 10 m thick. Generally, an oxidized quartz gravel 1 r) ID in n (.0 (0
is overlain byfine sand and silty clay deposits. The weathering of the quartz clasts is high
and many are easily crushed (Table 1). The deposit overlies britht red— and yellow
reir LO In ro en o -c
mottled granodiorite saprolite. I — r)
Six paleomagnetic samples taken from three locations indicate that sediments were
deposited during a normal (?) epoch but were weathered during reversed and normal
o nr o UD UD ,— ,-- N (C, <4;) 1 O
paleomagnetic epochs. The deposit, therefore, is older than 880,000 years. en
1 113
Terrace 4 (Griffith Lab terrace) — The fourth terrace is a dissected narrow terrace

ietisr
remnant that occurs throughout the Río Negro basin, The terrace deposits, as exposed _E
;...
.. o
innumerous roadcuts, consist of 2 to more than 8 m of quartz gravels and sands with _c
z z z cr ce
lenses of silt and clay up to 2 m thick (Figure 8). The terrace deposit is highly weathered T + + + + 4- e
12 la:X CC z z z z CO
and locally oxidized to bright red. The quartz gravel is moderately weathered (Table 1).
o
The granodiorite saprolite beneath the deposit is red an yellow-brown in color. o
o
u
Analysis of 11 paleomagnetic samples from 4 localities indicates that the deposition ro
occurred during a normal (?) epoch and weathering occurred during reverse and normal 1 1T 1 2 2 Z '. Z Z o
epochs. Therefore, the deposit is older than 880,000 years.
T.)
Terrace 3. (Coltepunto terrace) — The third terrace occurs as a broad well-defined

Granja Rom án Gómez ter race


terrace. Downstream from the town of Ríonegro it is nearly 400 m wide and has a fíat
ro

Guarne Go ldmine terrace


R ionegro erosion su r face
to gently undulating surface. Where exposed in a quarry near the mouth of the Quebrada ro

Llano Gra nde terrace


La Mosca the terrace deposits consist of 2 to 3 m of well-rounded, white quartz gravels

Water tower te rrace

Griffit h Lab terr ace

Coltepunto terrace
U
in yellow-gray arkosic sand. This is overlain by 2 m of coarsely-bedded sands, silts and ro

Corduroy terrace
Name
clays which become finer upward. Quartz clasts are low to moderately weathered (Table

First te rrace
_o

Flood plain
1). Yellowish granitic saprolite underlies the deposit.
Eleven paleomagnetic samples from 2 locations of this terrace appear to have been •-•
0
‘'
deposited during a normal (?) epoch and weathered during normal and possibly during E
E 1E 2
reversed epochs. The samples are not consistent, so the interpretation of the age as
older than 730,000 years is tentative.

Height
Durango's A boye
River
E
=C.)

(ml
E

80

13
65

29
53
44

8
22

5
2
Terrace 2. (Corduroy terrace) — The second terrace occurs as narrow, dissected Ti o
remnants along the margin of the flood pláin. The deposits, as exposed in a stream cut 't?
tá 13 E
5 km upstream from Ríonegro, are 3.5 m thick and consist of alluvial sands interbedded

Number
(1975)
with lenses of light-colored clay and silt. The deposit is moderately weathered and

T- 1

T-3
T-2

T-5
T-4
E E É
eroded. Two paleomagnetic samples did not give definitive results. 0)

Terrace 1. — Near Ríonegro the first terrace occurs as a dissected series of interchan- ni

Number
0 • •
nel ridges and as low terrace remnants along the flood plain margin, Below Marinilla it s "- • •

S-II

I-1
t-8

t-5
t-6

t-3
t-2
t-7

t-4

fp
forms a more conspicuous terrace, but exposures of the terrace deposits are rare. A CC CC
O c_)
roadcut near the Río Negro, 3 km downstream of the confluence of the Quebrada La
Mosca, exposes one meter of yellow-brown silty sands overlain by volcanic ash. Another
exposure at the junction of the Río Negro and the Río Pereira consists of loose yellow-
brown sands. Six paleomagnetic samples from these two localities indicate that this

447
Page & James
The antiquity of the erosion aurfaces and late cenozoic deposite

terrace was deposited and weathered during a normal paleomagnetic epoch. The deposit
is less than 730,000 years.
Flood Plain — The flood plain is an extensive surface along the major streams in the
basin. It is absent only at nickpoints, valley constrictions, and in canyons. The flood
plain deposit, as exposed in some gravel pits near the mouth of the Quebrada La Mosca,
consists of 2 m of clean, light-gray quartz sands and gravels that are locally stained by
iron oxide. These coarse deposits are overlain by brown, massive to chaotic silt and
lesser silty sand. Wood from a peat between the gravels and the silt was dated.-by the
14 C method at 18,075 ± 490 years B.P. Because this date is the same as the date for the

prominent volcanic ash at the Ruiz-Tolima complex (Thoret 1980, oral communication),
the silts are probably volcanic ash. They may however, be considerably younger than the
underlying sands and gravels.
Six paleomagnetic samples of sand and silt from these gravel pits and from 'the La
Mosca flood plain were taken as a calibration of the present, normal paleomagnetic
epoch. Analysis confirms that they were deposited and weathered in a normal epoch.
Clearly the deposit is less than 730,000 years.
Age of the Terraces — Combining paleomagnetic information from the Río Negro
terraces with the stratigraphic relationships and terrace heights, the ages of the deposits
can be estimated using Figure 3. Because the data for terrace 3 is ambiguous and because
paleomagnetic information cannot identify specific epochs, the analysis produces several
possible solutions. Each solution assumes a uniform, but different, downcutting rate of
the Río Negro (Figure 3). We realize that a uniform downcutting rete is probably not true
to fact, but is allows for an approximation that without more information is better than
Figure 8 — Terrace deposits of Río Negro terrace 4 in a road cut 0.5 km south of the town of R Ione- other possible assumptions of downcutting curves. If terrace 4 is older than 730,000
gro. This is a Typical exposure of terrace deposits: granitic saprolite (below Mike's waist) is overlain
years (a likely assumption since it has the first unambiguous CRM reversal, then terrace
by quartz gravels and interbedded silt an clay that in turn is capped by volcanic ash (dark layer at the
8 is about 2 million years oíd. If terrace 4 had been deposited in a normal epoch, as is
top).
likely, then terrace 8 is 2.5 million years oíd, If terrace 3 is older than 730,000 hears,
then terrace 8 is older than 3.5 millions years. If terrace 3 had been deposited in a normal
epoch, as is possible, then terrace 8 is older than 4 or 5 million years.
Several factors tending to confirm the antiquity indicated by the paleomagnetic
analysis include the high degree of weathering of the quartz clasts in the terrace deposits
(Table 1), the deep incision of such major rivers as the Cauca below the erosion surfaces,
and the lack of Alder (Alnus) pollen in the La Fe 30 m terrace (discussed later). The
o
similarity in topographic form between the La Fe 30 m terrace and the Río Negro terrace
8 indicates that they are about the same age.
La Unión Basin
The La Unión basin is twenty kilometers south of Ríonegro, and is 200 m higher in
elevation than the Río Negro basin. It drains opposite from the Río Negro toward the
southwest into the Río Piedras Blancas and the Río Cauca. Compared to the Río Negro
basin, the La Unión basin is much smaller, and contains only a few, low terraces (Píate
1). These terraces are a few meters aboye the present streams and are poorly defined.
Relatively wide valleys in the basin are separated by hills with accordant tops, 10 to 20 m
aboye the valleys. Alluvial deposits are exposed in the clay mines located on the these
hills. The deposits of white clays interbedded with white sands are 2 to over 4 m thick.
We can see that some of the clays are derived from oíd volcanic ash deposits because they
contain bipyramidal quartz and kaolinite pseudomorphs of euhedral mica (López, 1973).
The deposits overlie granitic saprolite that is over 100 m deep (López, 1973) and is
generally a white (locally red) to creamy clay with residual quartz. The contact with the
Figure 9 — Alluvial—mudflow fans (middle ground) and terrace (foreground) of the Llano de Ovejas.
saprolite is marked commonly by a quartz stoneline.
The pre-Cordillera Central erosion surface (?) is the top of the mountain in upper night. View is
looking southwest from near Ovejas (see also Figure 2). López (1973) proposes that to form the clays in the ancient alluvial deposits, the
weathering processes required excessive moisture and high concentrations of organic

448 449
Paga & James The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits

acids typical of a swamp environment. He suggests that depressions and drainages filled topped shoulder of terrace (?) 4. The two deposits below terrace 4 are exposed in the
slowly under a humid, low energy runoff. The high acidity was maintained by decaying road cut 1 km northeast of Cuiva. Two meters of red sands, white clays and clayey sands
vegetation in poorly drained areas. Since then, the topography has reversed, leaving the of the older deposit underlie the 1 m of bedded yellow-brown sands of the younger
stream deposits capping the hills. deposit. Two paleomagnetic samples from the lower of these two deposits have both nor-
Paleomagnetic analysis of six samples from both the sand and the white clays indica- mal and reversed components and hence the surface 4 must be older than 730,000 years.
tes deposition din ing a normal epoch and weathering during normal and reversed epochs.
Based on the position of the deposits near the Cordillera Central erosion surface (S-I), IMPLICATIONS
the reversed topography, the highly weathered state of the deposits (including the white-
colored granitic saprolite) and the presence of only a weakly reversed paleomagnetic The preservation of the Cordillera Central and Río Negro erosion surfaces and the
component on the samples, the sediments were probably deposited and weathered during oíd terrace deposits in the highlands near Medellín records a slow rate of denudation of
the Gauss or and earlier normal epoch, possibly Epoch 5. This implies that the deposits the landscape and provides a measure of the tectonic history of the area.
are probably older than 2.4 and possibly older than 2.4 and possibly older than 5.3 Denudation rates

millon years. If extrapolation of the down-cutting rate of the Río Negro is used, the Assuming that our analysis of the ages of the erosion surfaces and the alluvial depo-
deposits may be as oíd as middle Miocene (Figure 3). sits in the highlands is correct, we calculate the following rates.
Deposits in Other Areas After the uplift of proto-Cordillera Central between the formation of S-I and S-II
Terrace deposits similar to those in the R ío Negro basin and oíd alluvial deposits on surfaces, the denudation rate of granitic rocks in the Río Negro basin was 0.01 to 0.02
divides occur in a number of other places in the highlands. These deposits are also very mm/yr (1200 to 400, the difference in elevation) ± (22 minus 3.5 million years)(. The
oíd. We analyzed some of them paleomagnetically, but the stratigraphic sequences were rate since the formation of terrace 8 has been between 0.01 and 0.02 mm/yr (65 m ÷ 3
not complete enough to warrant more than a brief mention of our results here. to 5 my). The rate since terrace 4 deposition was 0.01 to 0.03 mm/yr (22 m 0.88 to
Several terraces occur near La Fe, 15 km west of R íonegro, in a separate basin that is 1.7 my). The lack of erosion of the late Pleistocene volcanic ash which drapes over the
tributary to the Río Negro. The 16 m high terrace consists of weathered sands and gravels landscape (with near-equal thickness on the fíat terraces, hilltops and hillslopes) lends
a few meters thick. Two paleomagnetic samples indicate that the terraces was deposited support to these low denudation rates. If the ash has eroded 50 cm (a liberal estimate),
during a normal epoch and weathered during a reversed epoch. The alluvial fill of the the erosion rate in the past 11,500 years in 0.04 mm/yr. If it has been eroded 25 cm in
terrace 30 m aboye the river is well exposed in the roadcut near Fizebád. It consists of the past 15,000 years (a more reasonable estimate), the erosion rate is 0.02 mm/yr.
interbedded sands, silts and peat layers. Six paleomagnetic samples indicate that it was These erosion rates (0.01 to 0.04 mm/yr) are low when compared to worldwide
deposited in a reversed (?) epoch and weathered during normal and reversed epochs. rates for mountainous areas of normal to steep relief (0.05 to 2.0 mm/yr; Young, 1969)
When the information from the two terraces is taken together and using the age of the particularly when one considera the high rainfall in the higlands. We believe that the low
16 n terrace as older than 880,000 years, the age of the 30 m terrace is older than 1.7 denudation rate is maintained by two (actos: 1) continuous and complete vegetation
million years; it may be older than 3.4 million years (Figure 3). The peats of the 30 m cover on the highlands from middle-Miocene time and 2) lack of ability for streams to
terrace do not contain Alder pollen (Alnus) (H. Dueñas, 1981, oral communication) and downcut and deeply incise into the highlands. Near the highlands where streams have
hence they are older than about 1 million years (van der Hammen, 1973). This is an inde- downcut and have steep gradients, as in the nearby Cauca canyon, erosion rates are
pendent confirmation of the paleomagnetic results. probably 2 orders of magnitude higher (approximately 1-2 mm/yr; Woodward-Clyde
In the Llano de Ovejas, 20 km north of Medellín, swamp and alluvial fan deposits Consultants, 1979).
(Figure 9) consist of sand, clay, and interbedded peat and gravel. These deposits were It is also apparent that certain parts of the landscape in the highlands have undergone
seen in exposed clay mines and stream cuts. Six paleomagnetic samples indicate that the even lower rates of erosion: the hilltops and fíat surfaces of the terraces and of the
deposits were strongly weathered, both during a reversed and normal paleomagnetic erosion surfaces have maintained their fíat form for hundreds of thousands to millions of
epochs. They are at least as oíd as 730,000 years. years. For example, we estimate that Río Negro terrace 8, where it remains relatively
Probably the oldest late Cenozoic deposits in the Cordillera Central highlands occur undissected, has not been eroded more than 2 m, giving a rate of 0.004 to 0.007 mm/yr
at the Llanos de Cuiva (Píate 1) between Santa Rosa de Osos and Yarumal. The are lies (2 m -1" 3 to 5 my). This rate is one to two orders of magnitude less than the rate in the
along the 2,400 to 2,700 m-high divide between the Río Grande, Río Nechí, and Río adjacent valleys in the highlands.
San Andrés. The area is underlain by granitic saprolite. The Cordillera Central erosion Tectonic History
surface follows the divide. The landscápe along the divide is gentle with a series of The present shape and position of the erosion surfaces on the highlands provide
terraces and hillside shoulders or flats that step up from the shallow valleys to fíat ridges insight into the tectonic history of the northern Cordillera Central. The occurrence of the
and hilltops. Although at least seven terraces and surfaces of unknown origin are present, two prominent erosion surfaces with their 200 to 400 m difference in elevation, confirms
we only studied the highest terrace (t-4) and probable Cordillera Central erosion surface for the Medellín area what Soeters (1980) found to the south: after a very long period of
deposits and hence, and can only partially analyze the reference. The deposit S-I (?) is quiescence that formed the extensive Cordillera Central erosion surface, a small uplift of
well exposed in a deep roadcut 3.5 km north of Cuiva. The beds of sand, gravel and silty a few hundred meters occurred. After another period of quiescence, this one 10-15
clay are more than 20 m thick (possibly 40 m) and are highly weathered. Six paleomag- million years long and during which the Río Negro surface (S-II) formed, the present
netic samples of this deposit were indeterminate, but appear to have both normal and Cordillera Central was uplifted. This uplift was probably simultaneous with the uplift of
reversed paleomagnetic directions. We think the deposit may be Miocene in age because it the Cordillera Oriental which occurred between 3 and 4.5 million years ago (van der
appears to be remnants of deposits of the S-I surface. Cut into this S-I deposit is the flat- Hammen and others, 1973 and 1980) and with the uplift of the Cordillera Occidental.

450 451
-
-
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
Pega & James

ACKNOWLEDGMENTS
The development of erosion stage III began about 3 million years ago and ended about
1 million years ago with the initiation of the present, ongoing uplift.
Our work was done as part of seismic hazard evaluations for three hydroelectric
The end results of these uplifts is seen on Plates 1 and 2. The form of the surfaces
projects in northern Colombia: Cañafisto, San Carlos, and Ituango. We wish to thank
show that the uplift was uniform and near horizontal in a north-south direction between
the Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) and Integral, Ltda., the designers of these projects,
La Union and the Llanos de Cuiva. In the east-west direction, however, it was near hori-
for allowing us to publish this information. It was through their foresight and cooperation
zontal only along the broad crest of the range; in the Río Negro area it appears to have
that this study was possible. Dr. Duane Packer of Woodward-Clyde did the paleomagnetic
tilted slightly west because Río Negro terrace 8 is slightly west tilting, opposite to the
measurements and assisted in the interpretation of the paleomagnetic data. Dr. Michel
present flow of the Río Negro (Figure 7) . Some of this tilting probably occurred before
Hermelin (Universidad Nacional de Medellín), Jorge Durango (ingeominas), and Jorge
the deposition of Río Negro terrace 8, because Terrace 8 deposits are thicker toward the
López (Airecos S.A.) critically discussed the field problems with us and shared their
west. The Cordillera Central and Río Negro erosion surfaces are flexed or bent along a
data on the deposits and the volcanic ash in the region. Dan Collins of Woodward-Clyde
north-south hinge that passes near El Peñol. East of the hinge the surfaces slope east into
Consultants kindly reviewed the manuscript.
the Magdalena Valley. Faulting associated with the uplifts was generally restricted to Nora Dávila translated the abstract and Luz Stella Jiménez drafted the figures. We
older fault zones along the margins of the range: the Romeral-Cauca system to the east
thank all these people for their help.
and the Palestina-Jetudo system on the east (Woodward-Clyde Consultants 1979, 1980a,
1980b). Post erosion-surface faulting within the highlands is also limited: the Espíritu
Santo fault (Woodward-Clyde Consultants 1980a) and the Cisneros fault (Woodward- REFERENCES CITED
Clyde Consultants, 1980b) are the only ones recognized so far.
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The cause of the terraces in the highlands is not known, but with the data available
ciones Geológico-Mineral, Ministerio de Minas y Petróleos, Bogotá.
in the Río Negro area certain speculations can be made. Although Quaternary terraces are
Barrero, D., and Vesga, C., 1976, Mapa geológico del cuadrángulo K-9 (Armero) y parte sur del J-9
commonly attributed to climatic fluctuations, and such fluctuations presumably occurred (La Dorada); INGEOMINAS, Bogotá; scale 1:100,000.
in t,he Cordillera Central as they did in the Cordillera Oriental (van der Hammen and Botero, G., 1963, Contribución al conocimiento de la geología de la zona central de Antioquía, Co-
others, 1973, 1980) and elsewhere in Colombia (Khobzi and Usselmann, 1974), the terra- lombia: Universidad Nacional Fac. de Minas, Medellín, Anuales No. 57, 101 p.

ces in the Río Negro area are too widely spaced in time to be caused solely by climatic Berggren, W.A., Burckle, L.H., Citu, M.B., Cooke, H.B.S., Funnell, B.M., Gartner, S., Hays, J.D.,
Kennet, J.P., Opdyke, N.D., Pastouredt, L., Shackleton, N.J., and Takayanogi, Y., 1980, Towards
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From this stratigraphic-geomorphic study the following conclusions can be drawn: Khobzi and Ussleman, 1974, Problemas de geomorfología en Colombia: Bull. Institut Francais
Paleomagnetic analysis can be used for age-dating surficial deposits, even though d'Etudes Andines, III, No. 4, p. 59-86.
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they have been highly weathered.
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are old. They are at least early Quaternary and may be as old as Miocene. western Colorado during the late Cenozoic: Four Corners Geological Society Guidebook, 8th
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plus figures.
block; west of the hinge, it is a near-horizontal block.

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452
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Colombia: report to Integral, Ltda., and ISA, S.A., Medell in, 152 p. plus figures and appendices.
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Carlos Project, Colombia: report to Integral, Ltda., and ISA, S.A., Medellín, 82 O. plus figures.
fología produciendo patrones distintos de terreno.
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Las escarpadas laderas de la región presentan numerosos deslizamientos los que parecen ser el
Zuluaga, E., y Mattsson, L., 1980, Glaciaciones en la Cordillera Occidental de Colombia, Páramo de
proceso dominante que erosiona las pendientes. Es probable que no sea fácil reconocer los desliza-
Frontino, Departamento de Antioquia: Informe Regional de Medellín, No. 40, 30 p.
mientos más grandes o grupos de deslizamientos debido a su gran tamaño (algunos tienen más de 10
km cuadrados de área). Algunos deslizamientos pueden deberse en parte a procesos expansivos en las
montañas o "sackung".
Los depósitos de lodo aluviales son mezcla de alluvium y escombros o depósitos de flujo de lodo
y ocurren por debajo de vertientes empinadas a manera de rellenos de valle y abanicos. Oscilan entre
20 y más de 100 m de espesor. Comúnmente la fuente de materiales para estos rellenos son los desli-
zamientos aguas arriba. Una vez formados dichos depósitos son estables y controlan las corrientes a lo
largo de sus márgenes. Esto genera drenajes paralelos y produce una topografía invertida.
Las tierras altas de la Cordillera Central presentan una topografía de colinas subyacida por un sa-
pronto profundo. En dicha zona los flujos de tierra forman un terreno que semeja "cookie-cutter
landscape".

ABSTRACT

During aerial reconnaissance of the Cordilleras Central y Occidental in Northwest Colombia,


we found that much of the landscape was covered with landslides and mudflows. In areas of steep
topography, 20-50$ of the surface is covered by these deposits. Three different types of processes,
landslides, alluvial-mudflows and soil flows, affect the geomorphology and produce distinctive land-
scape patterns.
The regions steep hillsides have numerous slides of various sizes and landsliding seems to be the
dominant process that erodes the hillslopes. The larger slides or groups of slides may not be easy to
recognize because they are so large (some are 10 square km in area). Some slides may be in part due
to mountain spreading or sackung.
Alluvial-mudflow deposits are mixtures of alluvium and debris or mudflow deposita and occur
below steep slopes as valley fills and fans. They range from 20 to over 100 m thick. Commonly the
source of materials for these fills is landslides upstream. Once forme& these deposits are atable and
localize streams along their margins. This creates parallel drainages and leads to reversed topography.
The highlands of the Cordillera Central have areas of hilly topography underlain by deep sapro-
lite. In Chis area soilflows create a landscape that resembles dough that has been cut by a cookie cutter.

1NTRODUCTION

During the course of seismic hazard studies for Interconexión Eléctrica S.A. (ISA),
the authors were struck by the preponderance of landslides and mudflows in northwest
Colombia and their effect on the landscape. In the Cordilleras Central and Occidental

Woodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center, San Francisco. Calif. 94111.


•* Integral Ltda., Apartado Aéreo 3036, Medellín, Colombia.

455
Page & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia

such deposits cover 20-50% of the surface in areas of steep topography and 10-20% of the
mountainous area as a whole.
The altitude of the area under study ranges between near sea level to 3500 m. Yearly
rainfall varíes in the region generally increasing with elevation: in the Cordillera Central
for example, 900 mm of rain comes to Santa Fe de Antioquia, 1400 mm to Medellín,
and 3000 mm near R íonegro. The geomorphology of the Cordilleras is dominated by
two types: steep-sided V-shaped valleys with rapidly dciwn-cutting streams and highlands
with broad shallow valleys and gentle hills with slowly down cutting streams. Mass
movement deposits can be lumped into three groups: landslides, alluvial-mudflows, and
"cookie-cutter landscape".
As part of road construction and maintenance, building foundations, and so forth,
many engineers and geologists worked on the problems of specific landslides and debris
or mudflows in the region. Their work, unfortunately, has not been published. Other
studies that discuss slides and mudflows are few. Schlemon (1971) investigated the
slides in the Aburrá Valley near Medellín and a few students at the Universidad Nacional
in Medellín have analysed several drainages basins in the region, but they did not concen-
trate on slides (see Vergara, 1976; Hoyos, 1980; Pineda, 1980).
Landslides
Landeslides are deposits that have moved down slope, more or less in mass, either
slowly or catastrophically. Landslides are common in the areas of steep topography in
Cordillera Central and Occidental and range in size from very small (a few tens of square
Figure 1 — Landslide Topography (near Heliconia, west Medellin). Almost all the landscape is under-
meters) to extremely large (many square kilometers). Most of the smaller, younger slides
lain by slides of various ages.
can be recognized by their distinctive topography, particularly when the light from the
sun strikes the slide from a low angle, accenting their hummocky nature (Fig. 1). In the
Cauca Canyon the Guasimo slide (Fig. 2) near Sabanalarga and the Playas Negras slide
(Fig. 3) at the Puente Pescadero (near Ituango) are examples of two larger slides with
distinctive topography.
Very large slides or groups of slides (some over 10 sq km in area), such as the Giraldo
slide in the upper Tonusco valley west of Santa Fe de Antioquia, may not be recognized
because they are larger than generally considered probable, and in fact could be confused
with ordinary mountain slopes. Another example of a hard to recognize slide is the large
Pasquita slide (Fig. 4), located 15 km east of Ituango. In this slide, the slide scarps occur
on the opposite nide of the ridge from the main slide mass, creating, in part, a graben •
form on top of the ridge. This slide may be in part a sackung, a type of mountain or
ridge top spreading where there is little evidence of a toe for the slide (Beck, 1967;
Radbruch-Hall and others, 1976).
Older slides that have been modified or partly destroyed by erosion are difficult
to identify; exposures of the deposit, however, may show the typically mixed and broken
nature of a landslide, or in places materials that appear like highly fractured bedrock
(Fig. 5).
Landslides can affect stream patterns by "pushing" streams or rivers to the opposite
sides of their valleys, causing a bowed pattern. Some of the irregular riverpatterns in the
region are probably inherited from old slides now long since removed by erosion. Fill
terraces may form upstream of the slide, if a slide dams a river for sufficient time, as did
the Guasimo slide (Page and Mattsson, 1980). Moreover, fill terraces or large alluvial
cones commonly form downstream of a slide through rapid alluviation of a valley below Figure 2 — El Guasimo Landslide (near Sabanalarga). The Río Cauca in foreground about 50 m

the slides as a result of erosion of the slide.


Alluvial-Mudflows
Debris and mudflows form from a mixture of water, mud, and rock debris that flows
down slope and down valley, generally traveling much longer distances than landslides.
Once, initiated, these flows can move over very gently sloping terraja into the lower

456 457
Paga & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia

Figure 3 — Playas Negras Landslide (near Ituango). There is a smaller slide at the bridge that is super-
imposed on the larger slide that extends from the road up to the right side of the photo. The Río
Cauca and the Puente Pescadero are in the foreground.

Figure 5 — Fractured rock in small landslide (neer Anza). The rock


at first look appears to be in place, but it is more fractu red than the
nearby outcrops.

Figure 4 — Pascuita Landslide Olear Ituango). The scarps on the left indicate that the whole hillside,
including the town of Pascuita, is sliding to the right. These scarps may be in part a sackung.

458 459
Page & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia

Figure 6 — Alluvial-mudflow fill (near-Amaga). See Figure 11 for a closer view.

Figure 8 — Landslide scars on road to Titiribi Olear Amaga). These


shallow slides continue to be activated every year by heavy rainfall.

Figure 7 — Alluvial-mudflow fans Olear Sabanalarga). The town of Barbacoas and the Río Cauca are
in the foreground.

460 461
Landslides and mudflows, in Northwest Colombia
Page & James

:"11. .1:011" • •
Figure 10 — Modern alluvial-mudflow (near San Carlos) This alluvial-mudflow fill was caused by road
construction upstream and is burying the old channel. Note the dead trees in the center.

Figure 9 — Landslide scar and modern alluvial fin (near Armenia,


west of Medellin. The alluvial fíll is only occurring below the slide
and is clearly the cause of the fill.

Figure 11 — Bedding of an alluvial-mudflow deposit (neer Amaga).


(Same as Figure 6).

463
462
Page & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia

Figure 12 — Alluviai-mudflow fill in reverse topography. (Quebrada Santa Maria, Near Toledo).

Figure 14 — "Cookie cutter landscape" (near Santa Rosa de Osos). Soil flows in saprolite are causing
the amphitheaters in the ridge.

Figure 13 — Alluvial-mudflow ridge in center of Quebrada Los


Cedros (near San Jerónimo). This fill is a larger more extensive fill
than the one shown in Fig. 12. Erosion along the margins leaves it
as a ridge in the center of the valley.
465
464
Paga & James
Landslides and mudflows, in Northsvest Colombia

valleys. Another kind of mudflow, called a soilflow, is composed almost entirely of finer older than Holocene and they are probably much older because they are wholly or in
materials (sands, silts, and clays). part weathered to saprolite. Those in the Río Negro area slope to the highest terraces
In northwest Colombia, a very common type of mudflow is the alluvial-mudflow in the Río Negro basin which are believed to be older than 730,000 years based on
(many are actually alluvial-debris flows, but in this paper we are lumping them all into paleomagnetic analysis (Page, 1980a). Schlemon (1971) attributes the cause of the older
the term alluvial-mudflow► . Alluvial modflows commonly occur as valley fills in small and slides in the Aburra valley to earthquakes. We believe, however, that climate was a signi-
moderate sized valleys in steep mountainous terrain (Fig. 6), and as fans where smaller ficant cause, because the region appears to have been significantly wetter during parts
drainages discharge into larger valleys (Fig. 7). Greatly increased sediment influx to the of the Pleistocene (Page, 1980b).
streams, generally originating from landslides or mudflows on steep slopes upstream
(Fig. 8) chokes the stream with both alluvium and mudflows (Fig. 9, 10). The debris CONCLUSIONS
is deposited as a valley fill, and deposition continues until the slopes that are the source
of the debris stabilize. The deposits can form in a few Lens of years and can be over 100 These preliminary observations on the ubiquity of landslides in the region suggest
m thick. They typically have weak stratification and poor sorting (Fig. 11), but can be that careful attention should be paid to landslides and mudflows in the siting and cons-
composed of marked alternations of debris flow deposits and alluvium. Once deposited, truction of major civil engineering works. Active slide and debris or mudflow areas should
the alluvial-mudflow is resistant to further erosion because of its low slope angle be avoided and care taken not to reactivate otherwise stable old slides, or to expose large
(generally less than 10 degrees) compared to adjacent slopes, high percentage of large areas to erosion, thereby causing alluvial-mudflows downstream.
rock clasts which the streams cannot move under normal conditions, and the binding
properties of the silt and clay materials in the deposit. As a result streams commonly flow ACKNOWLEDGEMENTS
along the margins of the valley fills and two parallel streams may form, one on each nide
of the valley fill. This resistance to erosion in places causes a central ridge in the valley We thank Alberto Arias, Gabriel Benalcázar, Michael Cline, Daniel Collins, Mary
(Fig. 12, 13) and over a period of time leads to reversed topography where mudflows Gillam, Humberto Londoóo and Leonardt Mattson for sharing their observations with us
cap long ridges and hill tops. The loma Juan Blanco near Santa Fe de Antioquia is such a and discussing the implications of sliding and the origin of alluvial-mudflows. We also
ridge. thank Integral and ISA for permitting this data to be published.
Stream patterns can be changed by alluvial-mudflows because the valley filling can
divert a stream across a divide into an adjacent valley. The flow can also cause the forma- REFERENCIES CITED
tion of parallel drainage pattern as mentioned aboye.
The fans that flank parts of the Aburrá valley near Medellín (mapped as talus by Beck, A.C., Gravity faulting as a mechanism of topographic adjustment: New Zealand Journal of
Botero, 1963) and described by Schlemon (1971), probably have been built up by a Geology and Geophysics, V. II, No. 1, p. 191-199.
series of fluid landslides or mud-flows (M. Hermalin, 1978, oral communication) and Botero, Arengo G., 1963. Contribución al conocimiento de la Geología de la zona central de Antio-
quia: Medellín, Anales de la Facultad de Minas. No. 57,101 pag.
hence have a similar origin to the alluvial-mudflow valley fills. Because the deposits are
Hoyos, P., 1979, Condiciones actuales y potenciales de erosión en la cuenca del curso inferior del
not confined to valleys, they have spread to form fans and aprons of coalescing fans río Grande: Tesis de Grado, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, 77 p.
below areas of metamorphic bedrock. Similar deposits are seen in the Río Negro basin to Page, W.D., 1980a, Guía excursión Ríonegro — Santa Fe de Antioquia: Primer Seminario sobre el
the south of Medellín. These fans do not form below slopes underlain by granitic rocks. Cuaternario de Colombia, Bogotá; 16 p.
Cookie-Cutter Landscape Page, W.D., 1980b, Soils developed on a sequence of alluvium-mudflow deposits near Santa Fe de
Antioquia, abstract: Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia, Bogotá, p. 33-35.
The highland near Medellín and particularly near Santa Rosa de Osos, is an ancient
Page, W.D. and Mattsson, L., 1980, Landslide Lakes near Santa Fe de Antioquia, Primer Seminario
erosion surface with deep saprolite weathering (over 50 m near Ríonegro). Soilflows sobre el Cuaternario de Colombia. Resúmenes, p. 32-33.
occur in the soft silty deposits at the heads of tributary streams in the partially dissected Pineda Montoya, A., 1980, Geomorfología de la Porción Nororiental del Valle de Aburra. Universi-
erosion surface and create a "cookie cutter landscape" (Fig. 14). dad Nacional, Fac. de Minas, Medellín, 1979.
This landscape is characterized by hills and flat-topped ridges that have a network Radbruch-Hall, D.H., Varnes, D.J., and Savage, W.Z., 1976, Gravitational spreading of steep-sided
ridges ("Sackung") in Western United States: Bulletin of Engineering Geology, V. 14, p. 23-35.
of streams, 10-50 m below the hill tops; high water table; stream valleys that are flat-
Schleman, R.J., 1971, Landslide terrane near Medellín, Colombia: University of California, Berkeley,
bottomed and moderately wide and terminate in amphitheaters at the heads of most of Office of Navel Research Contract No. N00014-69-A-0200, Project 1-483911-25886-3 77 p. plus
the tributary streams; and soil flows and slumps along the margins of the valleys. The figu res.
effect on the landscape is as if someone had cut cookies out of rolled dough. Vergara S., Heyley, 1976, Genesis de las terrazas del Río Tonusco e introducción a la geometría y
Age of Mass Movements geomorfología de la cuenca: Tesis de Grado, Fac. de Minas, Universidad Nacional de Colombia,
Medellín.
The landslides and alluvial-mudflows in the steep sided valleys and canyons, such as
the Río Cauca and its tributaries, have slides and alluvial-mudflows that are Quaternary
and Holocene in age. In this area many small slides and small alluvial-mudflows are
occurring at the present time, particularly where slopes have been steepened or vegetation
removed by man. A number of large slides, such as the Guasimo slide (Page and Matsson,
1980), are Holocene, but others appear to be older based on their smoother topographic
expression.
The large alluvial-mudflow fans in the Aburra valley and the Río Negro basin are

466 467
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 469 - 478 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

LANDSLIDE LAKES NEAR SANTA FE DE ANTIOQUIA

W. D. Page* • L. Manasen**

RESUMEN

A lo largo del río Cauca, cerca a Santa Fé de Antioquía 40 km al noroeste de Medellín, Colom-
bia, se presentan tres terrazas horizontales. Estas terrazas, conocidas como terrazas de Olaya, San Ni-
colás y Obregón, son terrazas de relleno separadas, compuestas principalmente por limos estratificados
y arena fina, y por grava gruesa cerca a las corrientes tributarias. Dichas terrazas, horizontales, oscilan
en altura sobre el río Cauca desde pocos metros en la zona aguas arriba hasta más de 100 metros en
la zona aguas abajo. Según varias dataciones por radiocarbón, en carbón proveniente de los depósitos,
la terraza Obregón se formó hace unos 3100 años BP., la terraza de San Nicolás hace cerca de 1500
años y la de Olaya hace unos 800 años.
Se cree que un gran deslizamiento, el Deslizamiento del Guásimo, ubicado cerca a Sabanalarga
en el cañón inferior del río Cauca. represó este río, creando grandes lagos. En estos lagos las terrazas
son rellenos de sedimentos. En el punto de deslizamiento, el lago Obregón era de 80 km de largo por
más de 140 m de profundidad; el lago San Nicolás de 60 km de largo por 110 m de profundidad; el
lago Olaya de 50 km de largo por 100 m de profundidad. Las terrazas más jóvenes están superpues-
tas dentro de las más antiguas indicando que el deslizamiento ocurrió por lo menos tres veces en el
Pasado: una hace cerca de 3500 años, otra hace unos 1500 años y una tercera hace cerca de 800 años.

ABSTRACT

Three horizontal terraces occur along the Río Cauca near Santa Fe de Antioquía, 40 km north
west of Medellín, Colombia. These terraces, called the Olaya, San Niclás and Obregón terraces, are
separate fill terraces composed primarily of bedded silt and fine sand, and, near tributary streams, of
coarse gravels. The terraces, because they are horizontal, range in height aboye the Rio Cauca from
a few meters on their upstream parts to over 100 meters in their dovvnstream parts. Based on several
radiocarbon dates on charcoal from the deposits, the Obregón terrace formad about 3100 years BP,
the San Nicolás terrace about 1500 years ago, and the Olaya terrace about 800 years ago.
A large landslide, the Guásimo landslide, located near Sabanalarga in the lower Cauca Canyon,
is believed to have dammed the Río Cauca to form several large lakes. The terraces are sediment fills
1 in these lakes. Lake Obregón was 80 km long and more than 140 m deep at the slide; lake San Nicolás
was 60 km long and 110 m deep at the slide; lake Olaya was 50 km long and 100 m deep at the dicte.
Because the younger terraces are inset into the older terraces, the slide moved at least three times in
the past: once about 3500, once about 1500, and once about 800 years ago.

INTRODUCTION

During seismic hazard studies that we were doing to evaluate two hydroelectric
projects for Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), the authors discovered evidence that
three prominent, horizontal terraces of the Río Cauca (Píate 1; Fig. 1) near Santa Fe
de Antioquia (west of Medellín) were formed by in-filling of landslide—caused lakes.
According to this hypothesis, each time the hube Guásimo landslide sud and dammed
the Río Cauca, a lake and one of these fill terraces formed. The terraces are called the
Olaya, the San Nicolás, and the Obregón. The sediments deposited in the lakes were
generally of two'types: silt and fine sand from the Río Cauca and coarse grave) and sand
from the tributary streams.

VJoodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center, San Francisco, Cal if. 94111.
• • Western Geophysical Company Bogotá (Vinculado anteriormente a Integral Ltda. Medellín)

469

Page & Mattsson Landslide lakes neer Santa Fa de Antioquia

Besides our work on the Quaternary geology along the Río Cauca in this area which
was directed at evaluating Quaternary faulting (Woodward-Clyde Consultants, 1979,
1980), only one other Quaternary study has been done in the area: Vergara (1976)
A AI
investigated the Río Tonusco terraces at Santa Fe de Antioquia. We are continuing our —T
study of the landslides and the lake deposits in order to determine sedimentation rates ••„I
of the Río Cauca in the late Holocene. • 4.„ I••
• .1
TERRACES •• • . I.
*.
Olaya Terrace — The Olaya terrace extends northward from the Quebrada Cañavera-
• • .000

les near the San Nicolás where it is 9 m aboye the Río Cauca to north of the Quebrada
••.« •
Juan García where it is 35 m aboye the river. The deposit is a fill ranging to more than
.••••
•!
35 m thick. The terrace occurs as infillings in smaller tributary valleys adjacent to the Río
Cauca and along the margin of the Cauca upstream from the Puente Occidente. Where
• •
preserved, it commonly has a fíat, undissected surface; however, many small streams • *". . r.
have deeply incised the deposit, forming small, vertical canyons. A number of other . • • •ae.
small streams however remain blocked by the terrace deposit causing swampy areas •
Roo Couea •
between the terrace that borders the Río Cauca and the lower part of the tributary. •

The deposit is made of many layers of graded bedding (like thick varves) of fine sand,
silt, and clay (Fig. 2). Near Sucre, the layers are each 20 to 30 cm thick. In places the
Olaya terrace silts overlie a paleosol developed on older terrace silts (Fig. 3). Upstream
the Río Tonusco, the deposit has a gravel facies. The Río Tonusco has a narrow, alluvial ecos
3000
ego
terrace fan, the downstream projection of which is approximately 14 m aboye the Cauca, r4OK ILINICTI•011

that merges with Olaya terrace of the Cauca.


The Olaya terrace is probably about 800 years old. It can be assumed to be older
than 500 years because the early Spanish explores did not report a lake in the area, and
it is younger than the San Nicolás terrace, which is radiocarbon dated at 1500 years old.
San Nicolás Terrace — The San Nicolás terrace extends from the Quebrada Noque to
profile of leve' of Rio Cauca •epanded from Integral profile mode betmen
downstream of the Río Tonusco. Near the Quebrada Noque, the terrace is 10 m aboye ary and October 1973
the Río Cauca; at the Puente Occidente, it is 39 m. The terrace deposit is a fill made of \ ,.r ot top of fenece is height of terrace aboye Integral O leve' of the Rio
graded beds of fine sand, silt, and clay. It occurs as a terrace along the margins of the :a. Integral O is an arbitrary, fixed 1.0.1 of roe neer that le 0PProlmesfelY
ter 'orar ?han ro. 'orees Mol roteorded between 1.977 and 1 979 at
Río Cauca (Fig. 4) and similar to the Olaya terrace deposit, it occurs as infillings in the rana two rneasuring 1:tahona miar Santa F. de Antiopuia.
small tributary valleys adjacent to the Río Cauca (Fig. 5). It mainly occurs aboye the
1-1
)(1
.1 Localion of Carbon 10 date.
Río Tonusco and, where preserved, it commonly has a fíat undissected surface. The major
tributaries have extensively eroded the terrace, yet some of the smaller tributary )1 eye
o
drainages to the Cauca remain blocked by the terrace deposits causing swampy areas mccwea/
MILLA
behind the deposits. Upstream of the Quebrada Noque, the deposit has a gravel facies. The /ohr
Grav•1 - Sana
ee
.3krnco---')
''<> erro" depolit of Río Cauca
most extensive terrace fan of the Río Tonusco merges with the San Nicolás terrace, 16 Sana - Silt
m aboye the Tonusco where if forms a fíat, undissected surface 1/2 to 1 km wide. %-
( e.
"9 „Asna Fewanwo°0:‘
,.. \
• 1
The silt deposits of the San Nicolás terraces have weak soil development. The B re:Jurel Gravel - Sana
erran* deposit of tributary
horizon is 50 cm thick, dark brown, and has common to many, thin clay films. In the sana - Sil?
.ele
C horizon, weathering on gravel, which occurs in lenses in the deposit, is very weak: ele osoll

less than 5 percent of the clasts are iron stained. 9 15 pproximate location boto on obe•ryation• :meg
EOELLIN
Iwwolars and hand levet.
The San terrace is about 1500 years old, based on two radiocarbon dates on SELLO
scene
charcoal: 1715 ± 195 and 1345 ± 145 years BP. The first sample was from a silt bed near UP
Quebrada Noque, the later from a paleosol buried by varved silts in the arroyo of the
Quebrada Batea near the Puente Occidente.
Obregón Terrace — The Obregón terrace is found from south of the Quebrada No-
ANTIOQUIA
que to the Quebrada Juan García. Near the Quebrada Noque, the terrace is 34 m aboye ¡Lie to QClara) Plata 1
the Río Cauca; near the Quebrada Juan García, it is 75 m. The deposit is a silt fill that
ranges to more than 75 m thick, similar to the Olaya and San Nicolás terrace deposits.

470 471

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Landslide lakes neer Santa Fé de Antioquía

Figure 1 -- The Three Fill Terraces (between the Puente Nuevo and the Puente Occidente). The three
terraces are in the middleground, the Río Cauca in the foreground. View looking to east.

Figure 2 - Si lt deposits of the Olaya terrace (north o he Puente Occidente).

473
Page & Mattsson Landsiide lakes near Santa Fé de Antioquia

Figure 3 — Olaya silt deposits overlying Obregon (? ) silt deposit (near Olaya; on west bank of Río
Cauca). The contact between them is the line that angles downward from right to left.

Figure 5 — Backfill of the San Nicolás or Olaya terrace into the


Quebrada Batea Mear Puente Occidente which is in the left middie-
ground over the Río Cauca). The Quebrada has cut a deep canyon
in the silt deposits and is seen as the line of tree tops at about the
leve) of the terrace fill.

Figure 4 — San Nicolás and Obregon Terraces (near the Santa Fe airport). The photo is tilted. The
flood plain is in the left foreground; the San Nicolás terrace is the extensive fíat terrace extending
into the quebrada and is the first terrace aboye the flood plain. The Obregon terrace is behind the
cliff in the right foreground and the dissected terrace in the left middleground.

474 475
Pape & Mattsson Landslide lakes neer Santa Fé de Antioquía

The deposit has been extensively eroded by the Río Cauca and the major tributary
streams. Remnants occur as "shoulders" on the divides between small quebradas, as
isolated flat-topped hills when protected by a cap of quebrada grave) (Fig. 4), and as more
extensive dissected surfaces south of the Puente Occidente. Where protected by grave!, it
has a fíat undissected surface; where the silt is at the surface, it is dissected so that only
the tops of the deposit al ign to form a fíat surface.
The deposits consists of brown, iron-stained silt and sand that occur in coarse layers
and which locally interfinger with angular to subrounded grave! deposits the nearby
streams (Fig. 6). An eroded, narrow remnant of a terrace fan of the Río Tonusco projects
to the Obregón terrace about 50 m aboye the Río Cauca.
The silt deposits of the Obregón terrace have a moderately weak soil development.
The B horizon is 75 cm thick, very dark grayish brown to dark yellowish brown, and has
few, thin clay films. Weathering has caused iron oxide stains on the grave), which occur
in tenses in the deposit; the quartz diorite and greenstone clasts have weathering rinds as
thick as 1 mm. Approximately 5 percent of the clasts are easily picked apart.
The upper part of the Obregón terrace is 3115 ± 200 years old, based on a radio-
carbon date on charcoal taken 12 m below the top of the terrace, 1.5 km north of the
Santa Fe airport.

Other Silt Terraces — A possible fourth silt terrace, older than the Obregón terrace,
is found at the west Quebrada Seca near Obregón. An alluvial-mudflow gravel deposit,
which is 74 m aboye the Río Cauca, caps a silt deposit at least 4 m thick. The surface of
the terrace is only a few hundred square meters and it is fíat; it is the only remnant
observed at that elevation.

Origin of the Silt Terraces — We believe that the Olaya, San Nicolás, and Obregón
terraces were formed by damming of the Río Cauca by the El Guásimo landslide near
the Quebrada Clara, west of Sabanalarga (Fig. 7). The slide is 3 km long, 1 1/2 km wide,
and 1/2 km high. Outcrops and the topography of the slide indicate that it slumped into
Figure 6 -- Obregon terrace deposits (near Santa Fe airport; same the canyon of the Cauca as a large block or group of large blocks with relatively small
place as in Fig. 4). Quebrada gravels are capping bedded silt depo-
displacements between blocks. Thick silt deposits (of the Olaya and Obregón terraces)
sits.
occur in the Cauca canyon in protected spots upstream from the slide, and not down-
stream. The landslide apparently first fell into the canyon approximate)y 3500 years
ago, perhaps triggered by an earthquake. It created a large lake, "Landslide Lake Obre-
gón" that was more than 80 km long and more than 140 m deep at the sude. The slide
was large enough and resistant enough to downcutting of the Río Cauca to allow the
lake to fill with sediment, predominantly fine sand, silt, and clay, to the leve) of the dam,
creating the Obregón terrace. It orobably took 200 to 400 years to fill, if two varves,
each 20 to 30 cm thick, were deposited in each of the two yearly rainy seasons.

Alter forming the Obregón terrace, the river cut through the landslide and eroded
much of the Obregón terrace deposit. The slide was reactivated about 1500 years BP,
possibly by another earthquake. It dammed the Cauca and formed "Landslide Lake
San Nicolás". This lake was 60 km long and 110 m deep at the landslide. It probably
filled in 200 to 300 years, using the same reasoning as aboye, forming the San Nicolás
terrace.
Alter formation of the San Nicolás terrace, the river either cut through the slide
and eroded much of the San Nicolás terrace deposit or partially cut through the slide.
The slide was reactivated about 800 years ago, and again damed the Cauca to form
"Landslide Lake Olaya". This lake was 50 km long and 100 m deep at the slide. It
Figure 7 — El Guásimo Landslide (near Sabanalarga). The Río Cauca in the foreground is about 50 probably filled in about 200 years. The Río Cauca cut through the slide and eroded much
m wide. of the Olaya terrace deposits before the arrival of the Spaniards 500 years ago.

476 477
Page & Mattsson

ACKNOWLEDGEMENTS
REVISTA CIAF VOL. 6 '1-3), 479 - 485 11981) — ® CIAF, BOGOTA . COLOMBIA
We thank our assistant, Humberto Londoño, for his help in the field and Integral
Ltda. and ISA for their cooperation in releasing the data for publication.
SUPPLEMENTARY EVIDENCE FROM QUATERNARY COLOMBIAN
ASHES FOR THE SOURCE AREA OF THE L LAYER (PANAMA BASIN)
REFERENCES CITED

P.A. Riezebos"
Vergara S., H., 1976, Génesis de las terrazas del Río Tonusco e introducción a la geometria y geo-
morfología de la cuenca: Tesis de Grado, Fac. de Minas, Universidad Nacional de Colombia,
Medellín..
Woodward-Clyde Consultants, 1979, Phase I, preliminary seismic hazard study for the Cañaf isto dam
RESUMEN
sites, Cauca River Hydroelectric Project, Colombia: Report to Integral Ltda. and ISA; 97 p,
plus tables and figures. Las numerosas cenizas volcánicas que se depositaron en el centro de colombia durante el ultimo
Woodward-Clyde Consultants, 1980, Phase I, preliminary seisniic hazard study for the Ituango dam millón de años, muestran distintas distribuciones frecuenciales de los índices de refracción de las Par-
site, Cauca River Hydroelectric Project, Colombia: Report to Integral Ltda. and ISA; 152 p. tículas de vidrio. Con un maximo obvio entre 1,499 y 1,507 los valores modales son similares a los
plus appendices, tables and figures. obtenidos en la bien conocida capa L 11,503 a 1,505), analizada en 7 corazones del Basin del Pana-
má y cuya edad es de 230.000 años. Estos valores comparables sugieren una fuente común y apoyan
la hipótesis, anteriormente emitida, de que la capa L proviene de un volcán situado en Colombia o
Ecuador.

ABSTRACT

A great number of volcanic ashes found in central Colombia and ranging age mainiy through
the last million years, displays distinct modal and bimodal frequency distributions of the refractive
indices of associated shards. A frequency — refractive index plot of these modal values yields an
obvious maximum between 1,499 and 1,507. A similar determtnation of shards from the weil-knovvn
L layer lage: 230,000 yearsl recovered from 7 Panama Basin cores shows modes between 1 503 and
1.505. These closely comrnon source and support the eartier hipothesis that the L layer was derived
from a voicano in Colombia or Ecuador.

INTRODUCTION

One or more volcanic ash layers occur in numerous deepsea sediment cores from
the eastern equatorial Pacific off Central America and northern South America. Bowles
et al., (1973) identified and correlated these layers over wide areas of the sea floor by
means of trace and minar element analysis. The D and L layers are the most widely
distributed ashes occupying areas of 400.000 km 2 and 300.000 km:respectively (Fig. 1).
The L layer was dated at approximately 220,000 years while the D layer was considered
to have en age of about 54,000 years. On the basis of minar and trace element contents
the Tecpán-Chimaltenango basin in the Guatemalan Highlands was thought to be the
source area of the D layer. Recent studies (1"..exler et al., 1980) have confirmed the
source area of the D layer, but an age of about 84,000 years is presently assigned to the
ash. The L layer was presumed to have been produced by eruptions in the volcanically
active regions of Ecuador and Colombia (Bowles et al., 1973).
Later work on the L layer by Ninkovich and Shackleton (1975) gave more data
about its distribution, composition and stratigraphic position and yielded, by severa)
independent methods, an age of 230,000 years. Some volcanoes in northern Ecuador and
southern Colombia are suggested as a possible source of this ash. A diagram showing the
average refractive index of the shards associated with the L ash in 16 cores is given in
the present study (see inset Fig. 1).

• University of Amsterdam, Dapperstraat 115, Amsterdam The Netherlands

478 479
Riezebos Supplementary evidence from quatemary Colombien *ches

Within the framework of a research project on the Quaternary of Colombia (van der RESULTS AND DISCUSSION
Hammen, 1973) volcanic materials intercalated in deposits of geologically rather young
age, and mixed with soils at the present and earlier land surfaces are being studied. Most Measured samples are available from 18 localities situated in an elliptically shaped
of the volcanogenic material consists of fine-grained airborne ashes found as separate area extending from Laguna de Tota in the Cordillera Oriental to the vicinity of Espi-
laminae, globules, or lavers in core sections and exposures. But also the finer constituents nal in the Río Magdalena Valley (Fig. 1). The area partiy includes the Ruiz-Tolima
of dispersed, coarse pyroclastic material exposed in gullies and road cuts of terrace-like complex which is the northernmost portion of the volcanic arc of Colombia and Ecua-
or fan-like landforms are studied. dor. Each locality is a core section or an exposure representing one or more samples
in which mode and spread of the r.i. values of the shards could be determined. The
METHODS
oldest ash measured is about 4.106 years old (van der Hammen et al., 1973) but the
Accurate measurements of the refractive index (r.i.) of the associated glass particles majority of ashes probably covers the last million years.
constitute an essential part of this work (Riezebos, 1978), since within a single Inspection of the r.i. values and their spreads shows that four types of frequency
petrographic province or magmatic suite the examination of this property may be a distribution curves can be distinguished in the Colombian materials (Fig. 2). The first
simple and rapid means of determining affinities or differences between isolated or asso-
ciated ash occurrences. With the exception of the samples from soils and rather deep core 20
sections (> 160 m), the pyroclastic materials generally contain sufficient shards to
15. Type 1
establish mode and spread of their r.i. values. Only occasionally is the measurement
seriously interfered with, or even completely prevented, by devitrification or other
10-
alteration phenomena of the shards.
100 95 90° 85' 80' 75'

15- Type 11

10-
15° CARIBEAN SEA
0

15- Type M

10°- »10' 10-

15- Type
•5
V21-214. 10.
PACI FI C Y(39-106P V17-42 •
• COLOMBIA
V19-25•
V17-43.
refractive index
equ ator Figure 2 — Common types of frequency distribution curves of r.i. values of shards in Colombian
ECUADOR ashes.
.3
V19-28

• RC13-140 •
V15-32 has a rather narrow spread, although often thin "tails" may be present, and a very
obvious modal value. The second type exhibits clearly two modes having approximately
PERU equal amplitudes. The third is likewise bimodal but the modal values have an evidently
OCEAN unequal amplitude. The last type is multipeaked with low amplitudes or lacks clear
• peaking and usually has a rather wide spread.
In Fig. 3 the frequency of modal values found in the distribution curves of type 1
.10'
101 has been plotted against the refractive index, and also those modes established in the
1000 km bimodal distribution curves (type II and III). Hence the figure demonstrates the regional
compilation of all discerned modal values from the distribution curves- I, II, and III. The
100° 95° 90° 85» 80' ;5°
frequency curves of type IV have not been used.
Figure 1 — The area) distribution of the L layer (solid line) and the D layer (dashedl. Dots
indicate the core sections from which shards associated with the L layer have been measured in Though modes up to and including 1.535 have been measured, most are confined
this study. The shaded region in Colombia represents the area from which the Colombian to values between 1.499 and 1.507, As the cites in the Colombian area represent a
refractive index (r,1,) are derived. The inset displays the refractive index diagram of Ninkovich random data set, as far as the r.i. values of the Shards are concerned, this indicates that
and Shackleton (19751.

480 481
Supplementary evidence from quaternary Colombian ashes
Riezebos

ashes and other pyroclastic materials with glass showing modes ranging principally Ul C.11 tnin u",
O o o o • o o ro ro co
o rD • a o N O ro CO 0)
between these limits were produced in or nearby this area. It strongly suggests that during
the Quaternary Period volcanic sources in this area remained active and erupted mainly
products with shards showing this narrow range of r.i. values. This suggestion is supported

Funza core discrete ashlayer 40


26
modal values derivad from 7411 W depth 7200m
type II and In distribution curves 4.43 N 30
24
modal values deoved from 20
22 typel distribution curves
10
20

18 Funza core discrete ashlayer 30


depth 10370m
16 20

10

12
Exposure in fluvial terrace dispersed pyroclastic mat 20
10 7500 W depth grab sample ca 35m
(15 N 10

6 Fuquene III core discrete ashlayer 20


73'45 W depth 3 40m
4 10
526 N

Exposure in gully discrete ashlayer 20


74.18 W depth 2 50m
1 520
442 N 10
refractive index

Figure 3 — Regional compilation of modal r.i. values derived from the distribution curves I, II,
and III.
Exposure in terrace dispersed pyroclastic mat 20
7(49 W depth grab sample ca 3m
4'06 N 10
by the fact that almost identically shaped r.i. frequency distribution curves of the shards
have been established not only at very different depths in a single core section, but also
at localities tens or hundreds of kilometers appart (Fig. 4).
A direct comparison of the results shown in Fig. 3 with the average histogram of
Figure 4 — Examples of similarly shaped r.i. frequency distributions of shards obtained from
Ninkovich and Shackleton (see inset Fig. 1) is not possible. Fortunately the Lamont- Colombian ashes in temporally and spatially different positions.
Doherty Geological Observatory Core Laboratory made available for measurement
samples of the L layer from 7 deep-sea cores. An ash sample from the Panama Basin core
the results in F ig. 5 were determined from the 74 -44, m size fraction of 7 core samples;
Y60-106P with a presumed age of about 260.000 years, was made available by Dr. T.C.
the measurement procedure, temperature, and other conditions were different.
Moore Jr. of the University of Rhode Island, Kingston.
However, comparison with the Colombian data is possible as the latter have been
The results of the r.i. measurements of the shards from these samples are shown in
determined from similar size fractions (74-44 ir m and 75-5011 m) and under equal
Fig. 5. With exception of the measurement obtained from core V 17-43, the curves
measurement conditions. The L layer modes are fully encompassed by those previously
demonstrate a good mutual resemblance in modal and spread value. The modes vary
established for most of the Colombian volcanic products, and on the basis of this a
between 1.503 and 1.505. For several reasons these results equally can not be compared
similarity between the L ash layer and a considerable portion of the ashes and other
directly with the histogram of Ninkovich and Shackleton; these authors measured the 350
puroclastic materials occurring in the central part of Colombia may be inferred.
-63At m size range of the L layer samples from 16 cores in the Panama Basin whereas

483
482
Riezebos Supplementary evidence from quatemary Colombian asiles

30
1974). But in spite of this, it seems natural to assume that the Ruiz-Tolima volcanoes still
V19-25 made important contributions to the ash sequence found east of the Cordillera Central.
20 _
Lat 2'28-N
Long 181'42'W These contributions possibly occurred only or mainly during the northernmost displace-
1 " Depth + thIckness: 779 -791cm ments of the doldrums.
1 \ In the latest work on the L ash (Ninkovich and Shackleton, 1975), isopach and grain-
1.510 1.500 size analysis of the L layer constituted arguments for its origin in Colombia and/or Ecua-
3 dor. By using a diagram of equal K20 vs. Si02 values for equal depth to the 3enioff zone,
-. V69 -106P Ninkovch and Shackleton tried to limit the source area in the volcanic arc of these coun-
2
Lat : 2.59'N tries more precisely and mentioned as a first approximation some volcanoes in Ecuador
Long.: 86'33' W
' Depth + ttuckness: 505 -510 cm and South Colombia.
. However, in view of the parallelism of the Ecuatorian and Colombian volcanic arc to
I
1510 1500 the Perú-Chile trench, a northward extension of the possible source zone indicated by
2 _ V17-43
Lat. : 1.52'N Ninkovich and Shackleton (1975) seems obvious. Such an extension will comprise most,
_ Long.. 82.37-W
Depth + thickness: 815 -825 cm 31<1.497 if not all, of the remaining Colombian volcanoes, including those of the Ruiz-Tolima
3% 1.514
complex which also exhibit a certain linear alignment (Herd, 1974).
1.510 1.500

-
CONCLUDING REMARKS
V21-214
2 ,_
Lat. :3'50'N
Long.. 80.58'W
The results reported here support the hypothesis that the L layer was derived from
' Depth + thIckness: 962 -966 cm the volcanic arc in Ecuador and Colombia, but they do not provide evidence for an
accurate definition of the source area. On the contrary, they suggest that volcanic vents
,
1.510 1.500
3 ■
- in the northernmost portion of the arc equally well might have produced the L ash.
1- V17-42
2
Lat. : 3.32'N ACKNOWLEDGEMENTS
Long.: 81'11'W
Depth + thickness: 772-777 cm
Supported by the Netherlands Foundation for Tropical Research (WOTRO). Dr.
.. . 1
1.510 1.500 F.W. McCoy (Lamont-Doherty, Columbia University) and Dr. T.C. Moore Jr. (School
1-
of Oceanography, University of Rhode Island) are gratefully acknowledged for making
V15 -32
2 1- available the deep-sea samples. Mr. A.J. van Geel drew the figures and Mrs. M.C.G. Keijzer
Lat :3.15'S
Long .82.30'W typed the manuscript. The assistance of Ing. H.P.M. Stoltenberg with the optical work is
1" Depth + thickness:604 -612 cm gratefully appreciated. Appraisal is also extended to Prof. Dr. T. van der Hammen and
1 1 , prof. Dr. S.C. Porter who critically read the manuscript.
1.510 1.500
3 1-

V19-28 REFERENCES
2
Lat. :2'22'5
Long.: 84.39'W
1 1" Depth + thickness: 875 - 877 cm Bocales, F.A., Jack, R.N. and Carmichael, I.S.E., 1973. Investigation of deep-sea volcanic ash layers
from Equatorial Pacific cores. Geol. Soc. of America Bull., 84, p. 2371-2388.
I I Drexler, J.W., Rose Jr., W.I., Sparks, R.S.J., Ledbetter, M.T., 1980. The Los Chocoyos Ash, Guate-
1.510 1.500
3 I- mala: A Major Stratigraphic Marker in Middle America and in Three Ocean Basins. Quaternary
I _ RC13 -140 Research, 13, p. 327-345.
2 Herd, D.G., 1974. Glacial and volcanic geology of the Ruiz-Tolima volcanic complex, Cordillera Cen-
Lat 2'51'S
Long.- 87'45' W tral, Colombia, Unpublished Ph.D. dissertation, University of Washington, Seattle, Washington.
/-- Depth + thIckness. 830- 835 cm Ninkovich, D. and Shackleton, N.J. 1975. Distribution, stratigraphic position and age of ash layer
"L" in the Panama Basin region. Earth and Planetary Science Letters, 27, p. 20-34.
1 y •
1.510 1.500 Riezebos, P.A. 1978. Petrographic aspects of a Sequence of Quaternary Volcanic Ashes from the
refractive index Laguna de Fúquene Area, Colombia, and their Stratigraphic Significance. Quaternary Research,
10, p. 401-424.
Figure 5 — Frquency distribution curves of the r.i. values of 74-447 m shards from the L layer
Van der Hammen, T., 1973. The Quaternary of Colombia: Introduction to a research project and a
in 8 deep-sea localities.
series of pu bl ications. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 14, p. 1-4.
At present eastern tropospheric winds are dominant in the equatorial belt. They Van der Hammen, T., Werner, J.H. and van Dommelen, H., 1973. Palynological record of the upheaval
apparently predominated also during the Pleistocene, as is indicated by a westward of the northern Andes: A study of the Pliocene and lower Quaternary of the Colombian Eastern
Cordillera and the early evolution of its high-Andean biota. Review of Palaeobotany and Palyno-
rising Pleistocene snowline in the Ruiz-Tolima complex and by a greater thickness and
logy, 16, p. 1-122.
coarser character of postglacial pyroclastic units west of the volcanoes in that area (Herd,

484 485
REVISTA CIAF VOL 6 (1-3), 487 - 503 (1981) @ CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

MORFOLOGIA FLUVIAL DEL RIO MAGDALENA EN EL SECTOR


"SAN PABLO - BADILLO"

Leonardo Rivera Pérez' - Luis Carlos Granados Charris**

RESUMEN

El Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras IHIMATI, deter-


minó adelantar un estudio sobre las características Morfológicas e Hidrológicas del sector del río Mag-
dalena entre las localidades de San Pablo y Badillo, para control de inundaciones y adecuación para
navegación.
Para alcanzar los objetivos se estudiaron y analizaron aspectos inherentes a la geología, a la hidro-
logía, a la climatología, a la geomorfología y a otras disciplinas. Se utilizaron fotografías aéreas, radar
y satélite, lo que permitió la identificación de las principales unidades morfológicas con posterior veri-
ficación de campo.
El sector de estudio comprende un tramo de 63 km del río Magdalena entre las poblaciones men-
cionadas. Al pié de la Cordillera Central se identifican algunas formaciones geológicas pertenecientes al
Terciario y hacia el Este existen depósitos Cuaternarios que conforman la denominada Formación
Magdalena.
De 27 perforaciones (apiques) efectuados con barreno Holandés, se logró mediante análisis gra-
nulométricos y morfoscópicos de las muestras, conocer la génesis y evolución de cada unidad morfo-
lógica así como su caracterización.

ABSTRACT

The Colombian Institute of Hydrology, Metereology and land Adaptation (HIMAT) arranged
to carry out a study about the morphological and hydrological characteristcs of the section of the
Magdalena river, between San Pablo and Badillo, as these pertain to flood control and navigational
su itability.
In order to achieve the objectives, the geology, hydrology, climatology, geomorfology and
other aspects of the area were studied and analyzed. Aerial photographs, radar and satellite imagery
were usad, wich permitted the identification of the principal morphological units, with posterior
field verification.
The section studied a strecht of 63 km from the Magdalena river between the aboye mentioned
settlements. At the foot of the Central Cordillera some Tertiary geological formations had been
identified, and toward the east were found Cuaternary deposits which conform the so callad Magda-
lena formation.
Samples were taken from 27 perforations drilled with a Duch auger. Granulometric and mor-
phoscopic analysis revealed the genesis and evolution of each morphological unit, as well as their
ch arac teriz ati on s.

INTRODUCCION

El estudio geomorfológico de la zona inundable del Río Magdalena realizado en el


Proyecto Cuenca Magdalena-Cauca demostró que el cauce del río se divide en tramos li-
mitados por estrechamientos entre los cuales el río se ensancha y desborda. Sin embargo,
el alcance de esos estudios no permitía establecer la génesis, las causas y consecuencias de
esos fenómenos, circunstancia que indujo a continuar con las investigaciones geomorfo-
lógicas.

Apartado Aéreo 37615, Bogotá, Colombia.


•• Apartado Aéreo 41217, Bogotá, Colombia.

487
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo

Los planes trazados por HIMAT, de sectorizar el río Magdalena, para optimizar los
estudios de tramos que, aunque contiguos, funcionan corno unidades morfológicas y
fluviales independientes, permitieron continuar hacia aguas abajo estudios anteriores,
para lo cual se seleccionó el tramo San Pablo-Badillo, cuyo límite superior lo establece
el estrechamiento de San Pablo, donde el río no se desborda y el límite inferior el estre-
chamiento de Badillo.
Los principales objetivos perseguidos fueron:
— Estudiar las características morfológicas e hidrológicas del tramo del Río Magdalena
comprendido entre los estrechamientos de San Pablo y Badillo.
Determinar la composición, génesis y comportamiento hidrodinámico de los dos
OCE
estrechamientos y del ensanchamiento que los separa.
- Identificar y caracterizar las unidades morfológicas menores que se desarrollan en
cada una de las tres unidades morfológicas mayores nombradas.
- Determinar la morfología del cauce (por batimetría), así como la composición de
los materiales acumulados y los transportados.
Conocer y comprender la génesis de los fenómenos de erosión que han causado el
ensanchamiento.
La metodología seguida, es básicamente la misma desarrollada en el estudio geo-
morfológico de la Cuenca Magdalena-Cauca, con las adaptaciones y ajustes necesarios para
un estudio como el que aquí se presenta.

FORMAS DESARROLLADAS

OC E ANO
El sector de estudio está limitado por dos estrechamientos importantes: uno en el
PACIFICO
cual se localiza la población de San Pablo y otro en la población de Badillo. Las unidades
geomorfológicas identificadas son las siguientes:

1. TERRAZA DE SAN PABLO

Esta unidad corresponde al área localizada al Oeste del Río Magdalena, la cual aflo-
ra hacia el río en el municipio de San Pablo limitada por un talud de forma vertical que
puede alcanzar hasta unos 12-13 metros. Sin embargo, ese espesor disminuye hacia el
Norte desapareciendo en la confluencia de los ríos Bogue y Santo Domingo. En general
ECUADOR. BRASIL
esta unidad tiene topografía plana inclinada ligeramente hacia el Oeste y disectada por
algunos cursos de agua procedentes de la Cordillera Central que confluyen con el Río
Santo Domingo, cuyas aguas corren en dirección S-N. Geológicamente aparece identifi-
cada con la formación Mesa (de edad Plioceno).
Los materiales que constituyen esta terraza, son fundamentalmente, clastos de can-
tos rodados embebidos en una matriz areno-arcillosa entre los que se identificaron: cuar-
citas, lutitas, areniscas poco compactadas, cuarzo, etc.
PERU
HIMAT La comparación de perfiles estratigráficos de esta unidad, permitió identificar la pre-
PROYECTO SAN PAULO-CADILLO sencia de varios estratos y una disposición ordenada de los materiales en sentido vertical,
- LOCA L 12 A C10
I N- de tal forma que los de mayor tamaño se ubican hacia la base, en frecuente contacto con
50 9 59 100 20011 el nivel de las aguas del Río Magdalena.
FIG.N9 I La organización selectiva de los clastos y el carácter de redondez que los caracteriza,
son indicio de transporte en medio fluviatil, de mayor capacidad de carga y mayor com-
petencia que el actual cuya acumulación evolucionó hacia la terraza presente.
Análisis morfoscópicos efectuados sobre varias muestras de sedimentos demostra-
ron sin embargo, que los de San Pablo han sufrido mayor transporte que los que confor-
man el subsuelo de los alrededores de la finca del Edén. Por otra parte, aunque los mate-
riales son generalmente clastos de cantos rodados en matriz areno-arcillosa, los clastos

489
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo

analizados en "El Edén" son generalmente de menor tamaño que los de San Pablo. tradas en Vijagual confirman la existencia de antiguos lechos de ríos afluentes del Magda-
Si se tiene en cuenta que se trata de una misma unidad morfológica, se infiere que la lena cuyos materiales provienen de la Cordillera Oriental.
diferencia en tamaño de los granos es explicable por la ausencia de estratos superiores en
San Pablo, los cuales fueron erodados por un proceso fluviatil posterior a la depositación, DEPRESIONES INUNDABLES
que dió origen a dos niveles.
La morfología plana de la unidad, su posición longitudinal respecto al curso de agua Estas unidades se desarrollan en ambas márgenes del Río Magdalena en sentido lon-
y la característica de no ser inundable, aún en las épocas de crecida permite afirmar que gitudinal a éste y corresponden a unidades menores (subordinadas) de la planicie aluvial.
se trata de una terraza encajonada cuyo nivel superior se localiza en las cercanías de la Depresión al Este del Río Magdalena
finca El Edén. Como se dijo anteriormente, se trata de una interrupción (concavidad) de la planicie
aluvial del Magdalena-Lebrija. Las mayores concavidades se ubican al Sur del caserío de
2. PLANICIE ALUVIAL Chingalé dando origen a ciénagas de considerable extensión como la de Colorado, Luna
y Chocoa. Hacia el Norte el terreno es un poco más plano (menos cóncavo) dividido por
Esta unidad morfológica se desarrolla en el pie de la Cordillera Oriental y desciende el caño Grande que corre paralelo al Lebrija (ver mapa anexo). Los materiales son general-
hasta cercanías de la Cordillera Central, inclinada en esa dirección. Su inclinación hacia el mente limos y arcillas.
Oeste (Cordillera Central), es inducida por efectos de las acciones tectónicas que afectan Esa presencia de limos aclara que se trata de sedimentos depositados a causa de una
el valle del Río Magdalena en esa área. pérdida en la competencia del curso de agua que los transportó, y que son por tanto pro-
Se presenta como una amplia zona plana, sobre la que se desarrollan los valles de los ducto de la acumulación por desbordamientos del Magdalena. Las arcillas son a su vez
Ríos Magdalena y Lebrija, los cuales circulan en dirección (S-N) transversal a la acumula- el resultado de la decantación por procesos fluviolacustres bajo un régimen de aguas
ción. A consecuencia de los desbordamientos de los ríos y de la doble pendiente que pre- tranquilas.
senta (una transversal y una longitudinal al Magdalena) se ha formado entre las dos una Estos sedimentos de desbordamiento, al instalarse sobre la margen derecha del río
amplia depresión inundable. impiden el paso de cursos de agua menores, procedentes de la Cordillera Oriental, los
Para lograr su caracterización se efectuaron siete perforaciones (apiques) a profundi- cuales ante la imposibilidad de correr e infiltrarse dan origen a las ciénagas mencionadas,
dades entre tres y siete metros, sobre la margen derecha del Río Magdalena; de Chingalé favorecidos además por los efectos tectónicos enunciados. En tales condiciones, las aguas
hacia el Norte. de exceso, procedentes del Magdalena a través de caños durante las crecidas que no pue-
Aguas abajo del caserío de Vijagual se encontró el siguiente perfil estratigráfico: den ser contenidas por las ciénagas corren entonces en dirección S-N por caños subpara-
lelos al curso de agua principal.
— 10 cm Limos de color gris claro con manchas ocre, poco compactados. — Depresión al Oeste del Río Magdalena
10 — 90 cm Limos gris claros dominantes con algo de arenas finas y buen conte- Está dividida en tres secciones: la primera en cercanías de San Pablo, limitada al
nido de mica blanca (muscovita) poco compactados. Oeste por los materiales de la terraza de San Pablo y al Este por un dique de unos siete
90 — 170 cm Arcillas dominantes con limos de color gris oscuro y buena compac- kilómetros de longitud. Es una concavidad de unos tres kilómetros de ancho que recibe
tación. las aguas de desbordamiento del Río Magdalena y en ella se encuentra la ciénaga de
170 — 200 cm Arenas Piñas de color pardo oscuro sin compactar. Canaletal. La segunda es una faja angosta de unos 25 kilómetros de longitud entre Cana-
200 — 220 cm Arenas finas predominantes con algo de arcillas de color pardo pre- letal y el caño Barbú (ver mapa anexo) con adecuada pendiente longitudinal que permite
dominantemente compactadas. la evacuación de aguas lluvias y de desbordamiento. La tercera, que divide longitudinal-
220 — más Aparecen gravillas con arena gruesa de color gris oscuro sin compac- mente la terraza, es más ancha hacia el Norte, donde son comunes pequeñas ciénagas,
tar. entre ellas Burgos, Pita y otras. Esta tercera sección está limitada lateralmente por los di-
Se observa que los primeros 90 cm de este perfil están constituídos por limos y are- ques formados por los Ríos Magdalena y Santo Domingo.
nas finas, a partir de los cuales aparecen arcillas intermezcladas con limos y arenas finas La primera depresión sobre la que se halla la ciénaga de Canaletal se explica como
hasta una profundidad de 220 cm. Finalmente y hasta terminar el apique gravillas en una consecuencia de una desviación del curso de agua, hacia el Este, y de la instalación de di-
matriz de arenas gruesas. ques en el borde actual del lecho del Río Magdalena. Al igual que se explicó en las ciéna-
Estas gravillas fueron localizadas por Aram ís Martínez en el Proyecto Sabana de To- gas del Este, al rebasarse la capacidad de almacenamiento natural, se produce la evacua-
rres a una profundidad de 150 cm lo que parece indicar la continuidad de una terraza ción de excesos en dirección S-N por intermedio de caños subparalelos al Magdalena
fosil izada. que se forman a causa del basculamiento anotado en la misma dirección (segunda depre-
La comparación con los demás perfiles de las perforaciones de esta unidad permitie- sión).
ron establecer que la distribución en capas de los materiales, la predominancia de limos La tercera depresión sobre la que se hallan las ciénagas de Burgos y otras, se formó al
y arenas finas en los primeros horizontes, de arcillas a continuación, excepcionalmente de quedar interrumpidos los valles de ríos procedentes de la Cordillera Central por diques
turbas, y de gravillas en el fondo permiten aseverar que los materiales depositados confor- que han sido formados por el Magdalena.
man una planicie de acumulación de tipo fluviatil sustentada además por su ubicación
geográfica respecto al curso del agua. 3. EL LECHO
Limos y arenas finas son et producto de los desbordamientos del Río Magdalena, en
tanto que las arcillas son el resultado de decantaciones fluviolacustres y las gravillas encon- Se distinguen dos tipos de lecho: lecho menor o de aguas bajas y lecho mayor o

490 491
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo

de aguas altas, cada uno de los cuales está limitado en sus márgenes por diques natura-
les que ha dejado el desbordamiento de las aguas altas.

3.1 DIQUES DEL BORDE DEL LECHO MAYOR

ocOe n
Son dos bandas aproximadamente paralelas que sirven de límite entre el lecho ma- w
.'.1D,,
' O •Gi 17o
yor y las unidades anteriormente mencionadas (ver mapa anexo), por encima de los cua- o c) Clá):0
I I

FIGUR A N 22
les, al desbordarse las aguas altas, facilitan la acumulación de materiales (limos y arenas Ir r.7?°; 9.0. 0
0. 0 '-o• 'D O
finas) que contribuyen a aumentar su espesor. O• o
En perfil transversal tiene forma levemente convexa, sus materiales se distribuyen en
.b 0 O :o <1
capas o estratos que regularmente están conformados por limos, arenas finas dominante- Cr
(.9

PRO YECTO S ANPABLO- BADILLO


mente y algo de arcillas. El espesor de estas acumulaciones decrece hacia la depresión :1 I ° :*
°.0 • a
inundable y su anchura máxima uniforme es de unos 300 metros. . . 9 o.
CC
a Ig''9.0• "O.°_
•I) • c., `:' - O
cr)
'o O - • O - W —
3.2 DIQUES DEL BORDE DEL LECHO MENOR O' .ó
,,. O V- J
- 69 a
o. p0 :% <C <
5,.o, o. o — cn o_
Son acumulaciones recientes de máximo 100 m de ancho y espesor incipiente, en los •-.Cio• % O
que los materiales predominantes son limos y arenas grises de grano medio y casi sin com- 0:o e I . • • x w z
.0.• 0.'0 ,? .0 er,
pactar dispuestos a lo largo y en los bordes de islas y brazos. \v.() —
.›.0.'0 .0 z
1:.--.,O o
3.3 LECHO MAYOR )■9.
11.
.i;g LLI
"Es una unidad morfológica e hidrológica de forma aproximadamente rectangular 'il Cr
lv o
que contiene al lecho menor y por el cual circulan las aguas altas del río". En San Pablo o

conforma un solo canal por donde circulan las aguas altas y bajas en una sección trans-
a
versal de 1.750 m en tanto que en Badillo el ancho es de 2.000 m. Entre estos dos estre- 2
14.o(
chamientos (ver mapa anexo) la parte central es la de mayor sección transversal (4.000 ,•
O
metros en la isla La Tigrera) donde son frecuentes brazos e islas. e
4
En general el fondo del lecho mayor presenta una disposición hetereogénea de los
materiales debido a la permanente divagación del lecho menor dentro de él. Cada posi- o
ción del lecho menor permite la depositación de gravillas en el fondo que son cubiertas
de materiales de menor tamaño a medida que se produce disminución en la capacidad e
de carga y la competencia. E Z

r°3,"
jc j
3.4 LECHO MAYOR EXCEPCIONAL 2

Es un canal longitudinal ubicado en el flanco izquierdo del lecho mayor y el cual se


inicia al Norte del caserío de Canaletal terminando en la proximidad de Sitio Nuevo. En ---
su parte más ancha puede medir unos 2 km en tanto que su parte más angosta alcanza
sólo unos 400 metros. Ele

OOE
3.5 LECHO MENOR
OM

Es el canal conocido como "el río" por el cual circulan las aguas bajas y probable- 001
mente medias, por que las aguas altas, después de desbordarlo circulan por el Lecho
Mayor. O 17 N o LL
In O In e

CORTES ESTRATIGRAFICOS

Del conocimiento de cada una de las unidades hasta aquí alcanzado, se pudo por
extrapolación de las columnas de cada apique llegar a obtener cortes transversales y longi-

492 493
Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
Rivera & Granados

tudinales que permiten observar la composición, las variaciones y la evolución de los ma-
teriales. Para ello se utilizaron las mediciones topográficas y batimetrías realizadas en el
estudio.
Corte transversal del estrechamiento de San Pablo
En la gráfica de la (Fig. 2) se presenta el corte transversal correspondiente al estre-
chamiento en San Pablo.
Este corte, muestra la siguiente disposición granulométrica y estratigráfica:
— Hacia el W se localizan los elementos constituyentes de la terraza de San Pablo, los

FIGU R A N 93
cuales se organizan selectivamente en horizontes, ubicándose los de mayor tamaño
!

TRANSV ERS ALEST RATIGRAFIC O


en la base. Tienen un alto contenido de clastos de cantos rodados en una matriz
'1.11 >‘•
areno-arcillosa.

h — En el Este (margen derecha) se aprecia en superficie una capa de limos y arcillas

PROY ECTOSANPABL O- BA DILLO


°,0 •
' o a •
- que no es uniforme sino que presenta ondulaciones.
o 19)9
1
1
Debajo de esta capa aparece un estrato de arcillas poco compactadas de aproximada-
o mente 150 cm de espesor, siendo este ligeramente más ancho hacia el borde del
0149111• a ozone
río.
2 o — La capa de arcillas reposa sobre un horizonte de arenas de grano medio poco com-
pactado de espesor aproximado de 200 cm. Su posición no presenta ondulaciones
AL
y su parte superior coincide con la parte inferior de la capa de arcillas.
— Sirviéndole de piso a los estratos anteriormente descritos se encuentra un horizonte
G AA

probablemente de gravillas de espesor variable, interrumpido de Este a Oeste por el


L EN

fondo del lecho del río que está conformado por un banco de arenas gruesas poco
cr compactadas cuya disposición es ondulada, presentándose más delgado hacia el
cr
o fondo.
o o
Corte transversal del estrechamiento en Badillo
Este corte de la (Fig. 3), muestra la siguiente composición granulométrica y estrati-
fica:
Una capa superficial de unos 50 cm de espesor de limos y arcillas poco compactadas,
interrumpidas por el curso de agua.
— Esta capa reposa sobre un estrato de arcillas y arenas finas, de grosor variable; entre
los 50 cm y 200 cm se hace más angosta haciá el Este mostrando una pequeña incli-
nación en la misma dirección.
- Debajo del estrato anterior se encuentra una capa de arcillas cuyo espesor varía entre
E
los 50 cm en la margen derecha (Este) y 150 cm hacia la margen izquierda (Oeste)
del río, en donde se encuentra la mayor profundidad.
- Un poco más hacia abajo y entrando en forma de cuña, aparece una capa de turba
9
de unos 50 cm actualmente localizada solo en el costado W y E del gráfico, la cual
9•0 JOE se halla interrumpida por el curso del agua.
9 9 00-1'
• 9 e•-9 a • Suprayaciendo al anterior horizonte, hay una capa de arenas gruesas cuyo mayor es-
- 001
°
9 :o1.
pesor lo adquiere hacia el apique 20, disminuyéndose y encontrándose a menor pro-
fundidad en el apique 19; es horizontal, con una pequeña inclinación hacia el Oeste.
• e tO
• • • 1. I' A 05 A Siguiendo la misma inclinación, aparece después, un estrato de arenas gruesas y algo
de arcillas cuyo espesor aumenta hacia el apique 20 (200 cm). Este estrato se ve
cortado por el Río Magdalena en el fondo del lecho del canal principal y el brazo de-
recho del mismo río.
- En el fondo aparece, probablemente, un banco de arenas gruesas y gravillas siguiendo
la misma orientación de los estratos superiores.
Corte transversal del ensanchamiento
Este corte corresponde a la sección transversal ubicada aguas abajo del caserío de
Chingalé y cuya distribución granulométrica y estratigráfica presentada en la (Fig. 4)
muestra:

495
494
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo

- En la margen izquierda (Oeste) del caño Barbú aparecen sedimentos de la terraza de


San Pablo cuya organización se explicó anteriormente.
- Una capa superficial de unos 50 cm de limos y
arenas finas mostrando un relieve
ondulado desde el caño Barbú hasta el brazo Boston.
- La capa anteri')r descansa sobre un estrato de arcillas con limos de unos 100 cm
la cual está interrumpida por el Río Magdalena en el centro hacia el Este por el
brazo Boston y por los brazos izquierdo y nuevo hacia el Oeste. Esta capa en la mar-
gen derecha del brazo nuevo se ve enfrentada a un estrato de arenas finas casi del mis-

FI GU RA NE4
mo espesor (100 cm) el cual continúa hacia el caño Barbú.
- Debajo de la capa de arcillas con limos aparece un horizonte de unos 120 cm de espe-
sor (apique 23) constituido por arcillas poco compactadas, cuyo espesor disminuye

TR ANSVERS AL ES TRA TIG RA FICO


ueo•oto ozon

hacia el apique 12 desapareciendo un poco más hacia la derecha. La finalización de .60


esta capa en este punto sirve de tapón a una capa de turba que se extiende hacia el • o' •
• .••°.°611
Este, cortada por el brazo Boston.

PROY ECTO SANPABLO-BAD ILLO


- Estrangulando las arcillas, al frente de la turba, aparece una cuña de gravillas que ha
sido cortada por el río y que desaparece en la margen izquierda del mismo curso de

LA TIGR ER A
agua.
1-
- En dirección W-E y debajo de los estratos anteriores se localiza una capa de arena
fina y otra de arena gruesa las cuales entran en forma de cuña cortadas por el Magda- 2

lena, desapareciendo bajo el apique 12.


- A ese estrato le sirve de base un banco de arcillas compactadas de unos 400 cros
aproximadamente, inclinadas en forma leve hacia el Oeste, cortada por el río Magda-
lena y por el brazo Boston.
- Después de estas arcillas, aparecen en profundidad, probablemente, una capa de
arenas gruesas y gravillas. O.
.

Las capas anteriores se encuentran recostadas hacia el W (Terraza de San Pablo), o


o
mientras que por la derecha continúan conformando la Planicie Aluvial.
Corte estratigráfico de la margen derecha
Este perfil, representado en la (Fig. 5) muestra la granulometría y estratigraf ía de
los materiales de la planicie aluvial en la margen derecha del Río Magdalena, desde Villa ao•nN 01040—

Marqueza hasta Badillo en dirección S-N. Su distribución es la siguiente: opo•enb•t 07018

- Una capa superior que se extiende desde el apique 3 hasta el apique 19 y está cons-
tituída esencialmente por limos y arenas finas en un espesor máximo de 100 cm
el cual disminuye hacia el Sur (apique 3) a unos 300 cm.
La primera capa superficial descansa (entre los apiques 3 y 10), sobre un banco de
arenas finas que entran en forma de cuña cerrando en el apique 10 cuyo espesor varía
entre unos 200 cm y 50 cm en donde adquiere una forma ondulada, y entre los
apiques 10 a 19 sobre un estrato de arcillas poco compactadas cuyo espesor es muy Ijl II
oscilante, (ondulado).
- Debajo de las arenas finas y de las arcillas poco compactadas, se encuentra una capa
de arcillas bien compactada, la cual se extiende desde el apique 3 hasta el apique 17
donde se ve interrumpida por un montículo de gravillas, apareciendo luego hacia el
Norte de este apique y hasta el apique 19. El techo de esta capa presenta unas bolsas
o
(ondulaciones) que han sido rellenadas con material de turba (Apiques Nos. 11 y 19). o •o e ou 0 0 0 e N O
o e e e e e
- Sirviéndole de base a todos los estratos anteriores se encuentra una capa de arenas
medias y otra de gravillas. Las primeras discurren en forma ondulante desde el apique
y
3 hasta el 11 donde desaparecen son reemplazadas por gravillas que irrumpen sobre
las arcillas bien compactadas conformando dos altos: el de Mi Lucha y el de Vijagual
(apiques Nos. 10 y 17 respectivamente). Estas gravillas en los apiques 3 a 7 no apare-
cen, debido a que posiblemente se localizan a mayor profundidad.
Se observan depresiones en los apiques Nos. 3 (depresión de Villa Marqueza), 9 (de-

497
Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Rodillo
Rivera & Granados

presión del Paturia), 13 (depresión de Bocas del Rosario) y 19 (depresión de Badi-


110).

GENESIS Y EVOLUCION

Hecha la identificación y descripción de las principales unidades morfológicas que


z afloran en el sector San Pablo-Badillo, en base a la interpretación de fotografías aéreas,
radar y satélite, al empleo de mapas topográficos, a la identificación en el terreno de cada

FIGU R ANº5
una de ellas, a su caracterización y comprobación mediante análisis de laboratorio y a su
• •• z o
11.111~1111M111 I Id1111a111111141C.t.. presentación en el mapa de morfología fluvial, se trata ahora de establecer el origen (géne-
I y
sis) y los cambios (evolución) a que han sido sometidas en por lo menos los últimos
.
4
11.000 años (Holoceno).
11111111~1111NUM'1
11;':. Terraza de San Pablo, los elementos que conforman esta unidad (Formación Mesa),
constan de varias capas superpuestas constitu ídas en proporciones variables de clastos
de cantos rodados embebidos en una matriz areno-arcillosa de color rojizo, deposita-
dos durante el Plioceno (finales del Terciario) y los cuales han sido entallados por el
gilft~lbelamm.
tiliSiIMMINMIUNIUM11111111~ Magdalena en forma de Terraza como se demostró inicialmente.
bill~111H111
k ,eaf11111111~11,11~~~
La disminución en el tamaño de los clastos hacia los horizontes superiores del subsue-
lo y la organización en capas de los materiales indican que se produjo una pérdida progre-
11 I1 siva en la competencia del curso de agua que los acumuló (Río Magdalena en el Plioceno
I 1 1 11
j 1 1 1
111111 que era sin duda varias decenas de veces más caudaloso que el actual).
11 Después de la sedimentación, las acciones tectónicas produjeron un basculamiento
_
1 1 11 1 11 1 111111 11 1 1 1 que hundió el bloque en la proximidad de los ríos Bogue y Santo Domingo y levantán-
a k uRnall/1111~111M111111111111111A11111us, dolo hacia el municipio de San Pablo. A esas acciones tectodinámicas se debe la diferencia
en altura de los sedimentos de la terraza en comparación con las acumulaciones cuaterna-
rias de la planicie.
El hecho de haber sido localizados restos de esos materiales al pie de la Cordillera
Central, en la isla de Cantagallo y su aparición al Este, en cercanías de la Cordillera Orien-
tal, así como el tamaño y características confirman una intensa actividad fluviatil en la
o
aJ
que los fenómenos de competencia y capacidad de carga permitieron su transporte y pos-
terior acumulación.
La disminución en el nivel de las aguas, ayudada por la doble inclinación de toda la
unidad al Oeste y al Norte explica no solo la dirección que toman los cursos de agua, que
corren subparalelos al Magdalena, sino que después del basculamiento, se inició el entalle
E
z ¿í de esos materiales denudando en algunas partes los estratos superiores y originando la
r
k forma escalonada de la Terraza actual.
- Planicie aluvial. Los materiales de esta unidad se describieron como sedimentos del
cuaternario (Formación Magdalena) constituidos por capas superpuestas de arcillas,
limos, arenas finas, medias y gruesas que se depositaron sobre gravillas, después del
entalle que dio origen a la terraza bajo las acciones fluviátiles de finales del Plioceno
y principios del Pleistoceno (Terciario - Cuaternario).
a — 9
Pero la acumulación en capas en la forma anotada es el resultado de una fluctuación

• en el nivel de las aguas que ha producido la sedimentación diferencial existente.
u, _ Z
La presencia de limos y arenas finas en superficie, indica que se trata de materiales
aluviales depositados por los desbordamientos del río, superpuestos sobre arenas gruesas
de valles fosilizados o de arcillas provenientes de la decantación en un medio fluvio-
lacustre.
Los fenómenos tectónicos de finales del Terciario que produjeron el basculamiento
hacia el Oeste, permitieron el desarrollo de un entalle en las gravillas por antiguos cursos
de agua afluentes del Magdalena y procedentes de la Cordillera Oriental, los cuales dieron
origen a las depresiones de Villa Marqueza (apique 3), Paturia (apique 9), Bocas del

499
498

Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo

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Rosario (apique 13) y Badillo (apique 19), que les sirvieron de cauce como se muestra \\---..
---
en el perfil estratigráfico de la (Fig., 5). '- D i, D D.
La disminución progresiva de los niveles tanto del río Magdalena como de sus afluen- O -4-N -1- '
'.., \ O
tes dio origen a las primeras acumulaciones Cuaternarias de arcillas que vinieron a rellenar - ——.. •," !
los valles de los afluentes. ---- :.
t D- D. H.
1.31
.
▪ • ..
Una posterior erosión de esas arcillas por nuevos cursos de agua provenientes de la ,st, „.
Phb- .. e, 1 -
W Z
Cordillera Oriental (apiques 11, 16 y 19) permitió la formación de nuevas depresiones O o o ,,- O
> O
O
que fueron ulteriormente colonizadas por materiales vegetales. Durante este tiempo se
0,0_ ou-11. : 4
produjo un bloqueo del Magdalena que facilitó una segunda acumulación de arcillas las
o oo
que al instalarse sobre las depresiones de los cursos de agua existentes hasta entonces, ° 7
\ \ • .os
fosilizaron el material vegetal dando origen a turbas. OOX331~0
X --- X
.,‘.
■3 • 1
7
Las depresiones de Villa Marqueza y Paturia, una vez bloqueadas por arcillas fueron OO j

rellenadas por arenas finas y medias bajo la acción del Río Magdalena. • k
7, <
Los desbordamientos más recientes del río han permitido hasta la fecha la acumula- g
ción de limos y arenas finas con algo de arcillas en superficie. 2 7

En la actualidad esta unidad tiene topografía relativamente plana con basculamientos


• n
.0- . ..
......__ • e

O 7
hacia el Oeste y hacia el Norte debido a acciones tectónicas que facilitan el escurrimien- o Y
to de cursos de agua paralelos al Magdalena. /oz o 11,5
o o.
Estos análisis permiten establecer que los sedimentos del Cuaternario reposan sobre
O
gravillas Pleistocenas provenientes de la Cordillera Oriental que fueron acumuladas por 0 O O • 'é • ( 1 1 ' ,,
anteriores procesos fluviatiles y sobre las cuales se desarrollaron valles que hoy se en- 1 O 1 • • al 01.
O O O
cuentran fosilizados. e'
O O • 1 e. -tt, O'-
- Depresiones inundables. Por razones anteriormente expuestas se tiene que los mate- O o
O O 70 O O . \7 z
riales que constituyen estas unidades menores, son básicamente arcillas limitadas en
, •SS -i -11
sus extremos por taludes hasta de 200 cm de espesor conformadas por limos y are- O O O -
í ° ,..S
nas finas dominantes provenientes de los desbordamientos de los Ríos Magdalena y
Lebr ija.

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Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo

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0
0 Cr O O O

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O O O 0 0 0 0 0 0
e-

O O 0 O 0 0 0 0 0
O o 0 0 0 0 • O

501
Morfología fluvial del río Magdalena en el lector San Pablo-Badillo

Debido a la inclinación de la planicie aluvial en las direcciones anotadas (S-N) las


aguas de desbordamiento siguen la misma dirección erosionando los estratos superiores
cuyo resultado es una superficie cóncava.
Diques. Estas unidades se desarrollan en ambas márgenes del Río Magdalena y están
constituídas por capas intercaladas de limos y arenas finas a consecuencia de los
desbordamientos. En la margen derecha están instalados sobre las arcillas de la Pla-
nicie Aluvial extendiéndose desde Villa Marqueza hasta Mi Lucha, en un espesor que
puede variar entre los 500 y 200 cm el cual disminuye hacia la depresión inundable
por razones de la pérdida acelerada de la competencia. La mayor acumulaciórí se
produce en el borde del cauce y a ello se debe la forma convexa que adquieren estas
unidades.
La presencia de las tres generaciones de diques mostradas en la Fig. 2 y explicadas
en el estrechamiento de San Pablo son consecuencia de un encajonamiento del río y de
una disminución paulatina de su caudal.

REFERENCIAS

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tadas para su arreglo y resumen del presupuesto, 2a. Edición, Bogotá. HIMAT.
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503
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 505 - 523 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

EL CUATERNARIO DE LA REGION GARZON - GIGANTE


ALTO MAGDALENA (COLOMBIA)

Elías Ruiz*

RESUMEN

Se estudia en este trabajo las características del medio natural de la región de Garzón—Gigante,
en el Alto Magdalena (Colombia), zona de fuertes contrastes climáticos, topográficos, litológicos
consecuencialmente de vegetación, suelos y procesos morfogenéticos. Se hace énfasis en la descripción
de las formas del relieve y especialmente de las características del material y de los suelos de los dife-
rentes depósitos cuaternarios: los más antiguos se localizan sobre el borde del Macizo cristalino y su
cobertura sedimentaria truncada, formando vigorosos conos. Los niveles más recientes, progresiva-
mente más encajonados, de E a W, van siendo menos alterados a medida que se acercan al fondo del
valle, en donde las condiciones climáticas son más secas y cálidas. Las estructuras sedimentarias pre-
cuaternarias se localizan principalmente a lo largo del rio Magdalena, en su margen izquierda y en la
zona central de la región estudiada y se caracterizan por fuertes plegamientos y fracturas. Están sepa-
radas del Macizo por un sistema de fallas que han afectado, directamente o por erosión diferencial, el
aspecto del relieve y la repartición de los depósitos cuaternarios.
Se exponen algunos aspectos de la evolución geomorfológica cuaternaria y se discute la evolu-
ción pedológica, comparando las características de una serie de perfiles representativos de una secuen-
cia de suelos descritos en dirección EW, desde el Macizo de Garzón hasta el fondo del valle. Se subra-
ya que las condiciones pedogenéticas de la zona oriental han conducido a desarrollar suelos distrófi-
cos, profundamente alterados, en contraste con las características evolutivas observadas al Occidente,
en donde dominan los suelos eutróficos, cada vez menos diferenciados en su perfil, a medida que las
condiciones climáticas se hacen más secas y los materiales parentales menos ácidos.
Finalmente se discute el papel de la tectónica y de las condiciones bioclimáticas en la evolución
del relieve y de los suelos; se establece una cornología relativa de los depósitos cuaternarios, explican.
do la dificultad y precauciones que se han tenido para hacer correlaciones.

ABSTRACT

The studied area comprises a part of the high Magdalena bassin in the Department of Huila,
300 km SW from Bogotá and 100 km from the origin of the river. It is a strongly climatic, topograp-
hic and lithologic contrasted zone, with a wide variety of vegetation, soils and morphogenetic
processes. It descends from 3000 m at the top of the Garzón Massif to 400 m a.s.l. in the lowlands of
the Magdalena Valley, in a distance of only 15 km.
To the East of Garzón and Gigante, at the border of the Massif and its truncated sedimentary
cover, there are huge foothillis of plio-quaternary and probably sintectonic deposits. The younger
levels are progressively more entrenched to the west and seem to correspond to denudation glacis or
this accumulations of detrital heterometric, less altered materials from the igneous and metamorphic
rocks of the Garzón Massif, deeply dissected after tectonic uplift.
The quaternary formations located to the West of the Magdalena River are of sandstone and
igneous debris from the Central Cordillera. Some dominant landscapes are denudation glacis highly
dissected by the short and sporadical rivers that flow finto the Magdalena river. The central belt of the
tectonic depression of the Magdalena has been beveled to low hills on the Pliocene table tuffs of the
Gigante (Mesa) Formation.
On both sides of the Magdalena River, there are very recent deposits, which are mainly formed
by fine and light piroclastic materials from the volcanoes of the Central Cordillera. These materials
cover recent terraces and little fans in the valley bottom.

• Instituto Geográfico Agustín Codazzi.Sub-dirección Agrológica (IGAC)


Carrera 30 No. 48-51 - Bogotá.

505
Ruiz
El Cuat io de la región de Garzón-Gigante (Atto Magdalena)

The sedimentary and prequaternary structures located along the left margin of the Magdalena
River are characterized by strong folds and fractures. The are separated from the Garzón Massif by
a system of faults which have modified, directly or by means of differential erosion, both the lands
MAPA GEOMORFOLOGICO cape, and the distribution of the quaternary deposits. The oldst quaternary deposits have been
DE LA CUENCA SUPERIOR ORIENTAL DEL RIO MAGDALENA deformad by the reactivation of these faults, on the other hand, the entrenchement of the Magdalena
River may well be related to tectonics.
SECTOR GARZON-GIGANTE
Pedological evolution is in accordance to this variety of characteristics. The soil climatic
CONVENCIONES
sequences are shown in a E-W cross section which indicates to the east the realm of the dystrofic,
• ,,•■
,••
very evoluted acid soils (Haplorthox, Tropudult) and to the west the eutrofic, less evoluted, neutral
to alcaline soils (Eutropept, Haplustoll).
es worr maartm.
; Bruna, con el•••••■

; EncsoVen iue.itgnn calei,rol • bnumplows

1 — PRESENTACION DE LA REGION
4114 1 .1naz os y conglornelodol

OMI blweena aula, aren..... IIMoinxn% cotones


El área de estudio está localizado en el Departamento del Huila, 360 km al SW de

°∎.aceno
mecho a mona TOM rae•nsca., amerad.
Bogotá (coordenadas extremas 2° 7 ' y 2° 30 ' latitud Norte; 77° 26 ' y 75° 43' longitud
Plreeena sup•elor blesier.• .1.neu-en•i•mia.1,
Oeste de Greenwich). Forma parte del valle del Alto Magdalena, en el sector compren-

SUP1'.1 loe b aolaneenwnTeanaledo


dido entre las poblaciones de Garzón y Gigante, a sólo 100 km del nacimiento de este

río en el Macizo Colombiano (Fig. 1).

La altitud dentro del perímetro cartografiado varía desde 540 m en el fondo del

° valle, hasta 2.000 m en el Macizo de Garzón, puntos distantes unos quince kilómetros en
° ° ,°°
línea recta y en dirección Oeste-Este. Es también una región de grandes contrastes litoló-

abeil (exparno7W
gicos, climáticos y geomorfológicos y, en consecuencia, de variada vegetación natural y

características pedogenéticas. Para su estudio, se divide en tres sectores: El Oriental, o

del Macizo de Garzón; el Intermedio, o parte comprendida entre las estribaciones de las

Cordilleras Oriental y Central, y el Sector Occidental, formado por las estructuras de la

Cordillera Central localizadas en la margen izquierda del río Magdalena.

1.1. SECTOR ORIENTAL

El Oriente está dominado por el Macizo de Garzón, cuerpo alargado, de menos de

3.000 m de altitud, perteneciente a la Cordillera Oriental. Presenta un clima húmedo,

con más de 2.500 mm de precipitación anual y una vegetación selvática todavía poco in-

tervenida; las partes más altas están ocupadas por un bosque primario, de clima templado

muy húmedo, conocido con el nombre de "selva nublada ", con especies de los géneros

Weinmannia, Podocarpus, Polylepis, Alnus, entre otros, en tanto que las áreas más acce -

sibles, entre los 1.500 y 1.800 m s.n.m., permanecen con especies de bosque secundario,

en donde es común la palma del género Xeroxylon.


Este Macizo, formado por rocas ígneo-metamórficas precámbricas, migmatitas y

granitos, fue incorporado a la Cordillera Oriental durante la orogénesis andina. Estas rocas

se encuentran profundamente alteradas y recubiertas, en algunos sectores, por cenizas vol -


lambe.* <Id 41•pert..
runle ~e cánicas mezcladas con las capas superiores de las alteritas. La roca sana sólo aparece en los
• Eanneueliblo

relieves más escarpados y desprovistos de vegetación, tanto al NE como al SE del área de

CONMICIONes, t.nnnuactón) estudio, en donde la espesa capa de alteritas ha desaparecido por la denudación causada

7 0.,º^..•••• por fenómenos ligados, en gran parte, a la acción antrópica por tala y quema del bosque.
C••••••• CON,
Sus vertientes son largas y rectas, de fuertes pendientes y están profundamente entalladas
litko• II•tien•• *o*.
por numerosos ríos que descienden en dirección Este-Oeste, siguiendo algunos de ellos

•■
•~100> Els ~Madi • Carre•r••
líneas de fallas.

~~111~ 1$11 china 4, 1.41001•11••

1.2. SECTOR INTERMEDIO

El Valle del Magdalena, a una altura promedia de 700 m, recibe menos de 700 mm

de precipitación anual y muestra una vegetación de sabana degradada por el pastoreo,

506
507
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)

con algunos cultivos en las vegas. Entre el Macizo y esta fosa se localiza la Zona Interme-
dia que se caracteriza por un ambiente de transición entre los extremos anterioremente de-
finidos.

El clima es menos húmedo que en el Macizo y se hace más seco a medida que se
aproxima al fondo del valle. Es notable el hecho de que, a lo largo de una línea imaginaria O O E
O o O O
§ O
paralela a la cota de 1.200 m, se marca el límite entre las zonas húmeda y seca, situación
+ r a la o
que parece haber existido desde tiempo muy antiguo en el Cuaternario a juzgar por las
características pedológicas asociadas con el clima, que se observan contrastantes si se
comparan las zonas separadas por este límite (Fig. 9).
WW
Es la parte más importante del estudio, debido a su extensión y a la presencia en
ella de la mayoría de las formaciones cuaternarias. Corresponde al área comprendida entre o
la Cordillera Oriental (Macizo de Garzón) y las estribaciones de la Cordillera Central (mar-
gen izquierda del río Magdalena). Se inicia al E, con los depósitos más antiguos localiza-
dos al pie del Macizo y se extiende a lo largo de éste, más o menos paralelamente a un sis-
tema de fallas que se encuentran en dirección NE - SW, aproximadamente a 1.500 m de
altitud (Fig. 2). Más al Occidente y ocupando la parte céntrica del estudio, ocurre el anti-
clinal denominado de la Petrolera, cuyas rocas aflorantes son arcillolitas, areniscas miocé-
nicas y tobas pliocénicas en estratos fuertemente deformados por la tectónica. Los ríos
están aquí muy profundamente encajonados y algunos de ellos (Río Loro) han dejado res-
tos de terrazas suspendidas a más de 100 m encima del nivel de su cauce actual.
Al Sur, todavía en este sector Intermedio, las rocas que dominan son tobas pliocéni- 3.

cas, con estructura tabular característica. Sólo se presentan deformadas, con buzamientos E
fuertes, en una área cercana a la falla del Magdalena, lo mismo que en proximidades del
1
sinclinal de Río Loro — Gigante y del anticlinal de la Petrolera. El límite Occidental :
o e
del sector Intermedio lo forman estructuras miocénicas que aparecen en dirección paralela o8
al curso del Magdalena, correspondientes al Sector Occidental (v. Fig. 1). .`1 a

1.3. SECTOR OCCIDENTAL


km ns
-

A este sector corresponden las areniscas, conglomerados y arcillas eocénicas y oligo-


cénicas cuyos estratos están fuertemente plegados y fallados, con buzamientos en algunas
partes casi verticales, y que se presentan discordantes sobre restos de la cobertura paleo-
zoica. Estas estructuras ocurren repetidamente en una extensión de 30 km, hasta entrar
en contacto con las rocas ígneo-metamórficas de la Cordillera Central, fuera del área estu- 1
2
diada. El Mioceno corresponde todavía a una acumulación fluvio-lacustre de arcillas y 22
aglomerados poco consolidados, con cantos de cuarzo, cherts procedentes de la Cordille-
ra Central.
z
SS t 2
1.
Los ríos, en general, son de poca longitud y casi siempre entallan profundamente
los sedimentos, tanto terciarios como cuaternarios. Las vertientes son cortas, de pendien- +
++
tes fuertes; la topografía es quebrada a escarpada. El clima es seco, caracterizado por pe- + ++
++
111
ríodos cortos de aguaceros intensos que alternan con períodos largos de sequía. La vege-
tación dominante es de gramíneas (pastos), la vegetación arbórea sólo se encuentra a lo
largo de los caños y drenajes naturales.

2. — LOS DEPOSITOS CUATERNARIOS

2.1. LA SUPERFICIE DEL ANTIGUO SEMINARIO DE GARZON

Con este nombre se designan unas formas de relieve ligeramente onduladas, locali-
zadas al pie del Macizo de Garzón, a 1.500 m s.n.m. Estas superficies marcan la inicia-

508 509
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Ruiz

ción del ascenso de los relieves de este Macizo. Sobre la superficie se observan numerosas
depresiones de diferentes tamaños, desde unos pocos metros (Fig. 3) hasta 2 km de longi-
tud (Fig. 4); son depresiones cerradas que han sido denominadas alvéolos (Tricart, 1965) •11 •11111 *- •••. XIMEZ ,JVC17111~ Mai
y depresiones seudokársticas (Khobzi, 1972).

2.1.1. Tipo de material

No es fácil definir con certeza el tipo de material que ha dado origen a estas formas,
debido principalmente a un alto grado de meteorización. Bien puede tratarse de las rocas
ígneo-metafórmicas in sin, del Macizo, como de rocas sedimentarias terciarias o también
del material detrítico ígneo-metamórfico de la Formación Gigante (Howe, 1969), prove-
niente del Macizo de Garzón, que predomina en toda la parte oriental del área estudiada.
Estas formas se encuentran afectadas por fallas, especialmente al sur de Zuluaga y del
Seminario. Es importante observar que varias depresiones cerradas se localizan precisa-
mente a lo largo de las fallas (Fig. 3), las cuales seguramente favorecen en muchos casos
los fenómenos de subsucción relacionados con las génesis de las depresiones.

2.1.2. Características pedológicas

Estas características están relacionadas con el tipo de material, de naturaleza granito-


gnéisica, con el clima muy húmedo y cálido de la actualidad y quizás también de épocas
muy antiguas del Cuaternario.
La tendencia pedogenética en estos suelos es la avanzada meteorización de los mine-
rales, la desaturación muy fuerte del complejo de cambio y la neoformación de arcillas
de tipo 1:1, principalmente caolinita y, en ocasiones, de gibsita. Estas características del
medio natural han permitido una evolución ferralítica, con la formación de los suelos
que reúnen los principales criterios para ser clasificados en el subgrupo de los Haplortox
típicos (Perfil PZ-505, Fig. 9).

2.2. LOS CONOS Y GLACIS DE LA AURORA Y CACHAVA

2.2.1. Tipo de material y distribución geográfica

Estos conos están localizados al pié del Macizo Cristalino de Garzón, entre 1.500 y
1.700 m de altitud (Fig. 5). El material que los forma está representado por bloques y
cantos de granito y gneiss, hetereométricos, con matriz arenosa. Son materiales que han
sufrido una intensa meteorización pero, sin embargo, menor que en la superficie del Anti-
guo Seminario. La disposición caótica de este material, lo mismo que su magnitud, sugie-
ren que su origen está relacionado con los eventos tectónicos durante el solevantamiento
de la Cordillera Oriental; además, casi todos estos depósitos se encuentran afectados por
fallas.
Al Sur de Cachaya se han modelado algunas explanadas (glacis), sobre este mismo
tipo de depósito. Son superficies inclinadas, fuertemente disectadas por incisión profun-
da de los ríos y caños.
Un poco más al occidente de estas formas aparecen otras, análogas, localizadas entre Figura 3 — Biestereograma. Fotos IGAC: C-1282 No. 062 y 063. Escala 1:30.000. Super-
Río Loro y la Quebrada Honda, a sólo 720 m de altitud, que han sido modeladas sobre ficie del Antiguo Seminario de Garzón. Altitud 1.557 m.— 1) Depresiones pseudokársti-
tobas y areniscas tobáceas del Plioceno Inferior. cas y alvéolos sobre las alteritas de esta superficie plio-pleistocénica.— 2) Sistema de fa-
llas que gu ían la ocurrencia de algunas de las depresiones cerradas.— 3) Areniscas y tobas
del Plioceno inferior en estratos con buzamiento fuerte.
2.2.2. Características pedológicas

La evolución pedológica en estas formas ha tenido lugar bajo clima húmedo; sin em-

510 511
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)

Figura 5 — Biestereograma. Fotos IGAC: C-1282 - 059 y 06-, Escala 1:30.000. Zona de
Figura 4 — Biestereograma. Fotos IGAC: C-1282 - 061 y 062; Escala 1:30.000 - Superfi- la Aurora 1.500 m.s.n.m.— 1) Escarpa de falla tectónica que afecta los depósitos del Cua-
cie del Antiguo Seminario de Garzón. Altitud 1.557 m.— 1) Depresiones pseudokársticas ternario Antiguo.— 2) Cono de deyección del Cuaternario Antiguo, relativamente bien
y alvéolos de la superficie Plio-Pleistocénica del Seminario de Garzón.— 2) Escarpes de conservado.— 3) Estribaciones del Macizo de Garzón. Obsérvese la intensa red de disec-
falla que afectan esta superficie antigua.— 3) Niveles de glacis de denudación muy y pro- ciones y la dinámica de solifluxión de sus vertientes.— 4) Depresiones pseudokársticas so-
fundamente disectados, del Cuaternario Medio. Obíervese la incisión del Río Majo. bre los depósitos ígneo metamórficos del Cono de Deyección.

512 513
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)

bargo, la precipitación disminuye en comparación con la del Macizo. Estas características


asociadas con las variaciones litológicas y con una dinámica especial del agua del suelo,
explica la variedad de suelos que se han desarrollado aquí (Fig. 9) y cuyas características
se anotan a continuación:

— características morfológicas (Perfiles PZ - 501 - 504 - 116):


El horizonte A, de color oscuro, rico en materia orgánica, es un horizonte úmbrico
de 30 cm de espesor y de texturas medias y moderadamente finas. El horizonte Bt, con
45 a 65% de arcillas, es de color gris, pardo oscuro o rojo, presenta cutanes de arcilla,
discontinuos.
- - características analíticas:
Alto contenido de carbono, reacción muy ácida, muy baja saturación de bases en
todos los horizontes; ésta aumenta en los suelos que se encuentran más próximos a zonas
secas (Perfiles PZ-504 y PZ-116 , Fig. 9).
— características mineralógicas:
El cuarzo es el mineral dominante en las arenas, asociado con cantidades apreciables
de muscovita. A nivel de la paragénesis arcillosa, el mineral dominante en todos los perfi-
les es la caolinita, con cantidades más o menos importantes de illita y trazas de vermiculi-
ta; algunos suelos muestran contenidos importantes de gibsita en los horizontes superio-
res, la cual puede haberse heredado del material de aporte coluvial mezclado con cenizas
volcánicas y no deberse a una neogénesis arcillosa.
— características genéticas y clasificación:
La alteración de los minerales es avanzada y la pérdida de sílice es grande, a juzgar
por la composición mineralógica de la fracción arcillosa; sin embargo, no se trata de una
evolución típicamente ferralítica. Los fenómenos de traslocación de productos de altera-
ción son evidentes, pero no parece que estos productos se hayan acumulado en los hori-
zontes inferiores ya que no se observan cutanes ni incrementos de arcilla importantes. No
obstante estas observaciones, válidas para muchos de los suelos de estos niveles, sí existen,
en algunos perfiles, fenómenos del lixiviación con acumulación correlativa de arcillas y
humus, en horizontes B argilicos, que han permitido clasificar entre los Grandes Grupos
de los Tropudult (perfiles PZ-501 y 504) a los suelos desaturados, y, entre los Tropudalf
a los que presentan un complejo saturado (Perfil PZ-116, Fig. 9). Algunos suelos contie-
nen cenizas volcánicas y son muy ricos en carbono, tienen muy baja capacidad de inter-
cambio y baja densidad, características que permiten clasificarlos en subgrupos ándicos
y óxicos del Gran Grupo de los Humitropepts.

2.3. CONOS Y GLACIS DE GIGANTE, EL PESCADO, SARTENEJO Y QUEBRADA


LA TURBIA

2.3.1. Tipo de material y distribución de las formas

Figura 6 — Biestereograma. Fotos IGAC: Nos. C-1282 - 083 y 094; Escala 1:30.000. Zo- Todas estas formasse encuentran entre 700 y 1.000 m s.n.m., a un nivel más bajo que
na El Pescado, 1.500 m.s.n.m. Pié del Macizo de Garzón.— 1) Prolongación de la falla de las anteriormente descritas. La mayoría son superficies de denudación modeladas sobre
Garzón que afecta los depósitos Plio-Cuaternarios de la superficie del Seminario y ha materiales detríticos de naturaleza granito-gnéisica, similares a los citados anteriormente,
obligado al Río Loro a cambiar la dirección de su curso a corta distancia de este lugar.-
pero menos alterados. La talla de los bloques es de aproximadamente 30 cm, los cantos
2) Restos del Cono de Deyección del Cuaternario Antiguo, disectado por los riachuelos
rodados también son abundantes y presentan sobre la superficie una película ferruginosa
que descienden del Macizo.— 3) Depósitos de materiales detríticos ígneo-metamórficos
del Cono de Deyección del Cuaternario Medio.— 4) Estribaciones del Macizo de Garzón. de varias décimas de milímetro de espesor; el material matriz es arenoso. En la margen
Obsérvese la profunda disección de sus vertientes y la poca vegetación arbórea, conse- izquierda del río Magdalena se encuentran numerosos restos de glacis modelados sobre
cuencia de la acción antrópica. areniscas, conglomerados y más frecuentemente sobre arcillas rojas terciarias. Todas estas
formas están profundamente disectadas (Fig. 6).

514 515
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Ruiz

2.3.2. Características pedológicas

Es quizás el clima contrastado el que más influencia ha tenido en la evolución de


estos suelos, lo mismo que las características de las rocas que les han dado origen.
El perfil PZ-502 presenta un horizonte A de color gris oscuro, de estructura débil,
a veces masiva. Existe un horizonte eluvial de 10 a 20 cm de espesor y su transición con
el Bt subyacente es muy abrupta. El Bt es arcilloso, de color gris oliva, con manchas de
color pardo-amarillento y estructura poliédrica con tendencia prismática, con cutanes
gruesos y continuos de color negro en toda la superficie de los agregados. Estas caracte-
rísticas ocurren en los suelos desarrollados sobre materiales detríticos granito-gneísicos
de la margen derecha del Río Magdalena, mientras que los suelos de los glacis de la mar-
gen izquierda son de perfil A Bs C (perfil PZ-54). El horizonte A es de 30 cm, de color
pardo grisáceo oscuro, generalmente duro y masivo y reúne las características de un epipe-
dón ócrico. El Bs es de color pardo amarillento o pardo rojizo, de textura moderadamen-
te fina; sus horizontes no muestran una diferenciación tan marcada como la que se obser-
va en los conos y glacís análogos de la margen derecha del río Magdalena.
Desde el punto de vista analítico unos y otros son suelos de complejo saturado (más
de 60%), de bajo contenido de carbono y caja capacidad de intercambio. Mineralógica-
mente, la fracción fina está dominada por arcillas de tipo caolinítico pero con cantidades
apreciables de montmorillonita, illita y vermiculita.
De acuerdo con estas características es posible clasificar los suelos de estos conos y
glacís de la margen derecha del Magdalena en subgrupos vérticos y típicos del Gran Grupo
de los Haplustalfs (perfil PZ-502) y los de la margen izquierda, en el subgrupo de los
Typic Eutropepts (perfil PZ-54).

2.4. LOS CONOS DE GARZON, RIO LORO Y DE LA QUEBRADA EL RODEO

2.4.1. Tipo de material

Estos depósitos se localizan entre los 700 y 900 m de altitud, a niveles más bajos
que los de El Pescado-Sartenejo, antes descritos, y ocupan una importante extensión del
área de estudio.
El material de estos depósitos no es muy grueso: arenas y cantos de pequeñas dimen-
siones y poco alterados. Estas formas aparecen relativamente bien conservadas ya que la
disección se limita a los entalles de los ríos.

2.4.2. Características pedológicas

La morfología de los perfiles desarrollados en estos conos es bastante simple, pues


se trata de suelos de perfil AC; el horizonte A es de 25 a 40 cm de espesor, de colores
oscuros; la estructura varía de acuerdo al tipo de roca sobre la que se ha formado el suelo;
masiva en tobas, débilmente granular en los materiales granito-gnéisicos. El horizonte B,
cuando ocurre (perfil 215) es muy poco diferenciado, de color negro y débilmente estruc-
turado. Es frecuente, sin embargo, la formación de concreciones calcáreas y manchas de Figura 7 — Biestereograma. Fotos IGAC: Nos. C-1277 - 119 y 120. Fondo del Valle del
óxido-reducción. Río Magdalena: 8 km al NO de Garzón.— 1) Montículos aislados semicubiertos por los
depósitos catastróficos-fluvio-volcánicos recientes.— 2) Depósitos fluvio volcánicos con
— características analíticas:
piedra pómez.— 3) Niveles de entalle de la superficie original.— 4) Estratos de la Forma-
A pesar de contener poco carbono, el perfil es de color bastante oscuro debido a las
ción Mesa de estructura tabular, aquí deformados por una falla tectónica.— 5) Cono de
características particulares de los complejos arcillo-húmicos de este tipo de suelo. La satu- Deyección del Cuaternario Reciente del Río Majo.
ración es vecina a 100%.
— características mineralógicas:
En las arcillas se observa un dominio de minerales tipo 2:1 principalmente montmo-

516 517
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)

rillonita, illita y vermiculita. Sin embargo, la naturaleza de las arcillas que se han encon-
trado al interior de los perfiles es variable y muchas veces es difícil saber si se trata de
productos heredados o de neoformación.
— características genéticas y clasificación:
El clima, más cálido, hace aumentar la meteorización, pero la humedad menor en
estas zonas no permite una alteración completa de los minerales. Lo mismo ocurre con
la eliminación de los productos solubles por lixiviación, que es relativamente escasa. La
evolución e incorporación de la materia orgánica en el perfil, es muy particular en este
medio de clima contrastado; cuando los suelos son ricos en bases se forman complejos
arcillo-húmicos muy resistentes. De acuerdo con estas características, es posible clasificar
estos suelos en los Grandes Grupos de los Haplustolls (perfil PZ-88) y de los Ustropepts
(PZ-215), subgrupos vértico y típico respectivamente.

2.5. LOS DEPOSITOS ALUVIALES SUBACTUALES DEL MAGDALENA Y SUS


AFLUENTES

2.5.1. Tipo de material y localización

Los ríos en la región de estudio se han encajonado profundamente debido a la con-


sistencia blanda de los materiales; por esta razón sólo se observan pequeñas terrazas a
lo largo del Magdalena y de algunos de los más importantes afluentes. Los sedimentos
que arrastran los caños son evacuados rápidamente hasta el río Magdalena sin mayor difi-
cultad. Sin embargo, se ha observado un relleno generalizado en el fondo del valle del
Magdalena y aguas arriba hasta unos pocos kilómetros de la confluencia de las quebradas
La Yaguilda y El Hatillo que nacen en las estribaciones de la Cordillera Central, relleno
formado por aluviones de textura fina de cineritas y de piedra pomez de composición
andesítica, y atribuído a las erupciones de los volcanes de la citada Cordillera que han
llegado a esta zona por transporte masivo, de características catastróficas, por los afluen-
tes del Magdalena.
Estos sedimentos recortan algunos de los conos recientes depositados en el fondo
del Valle del Magdalena. Igualmente han sepultado parcialmente materiales de la forma-
ción Mesa, de estructura tabular y de edad Plioceno superior, fenómeno que puede ob-
servarse fácilmente pasando el puente sobre el Magdalena por la carretera que de Gar-
zón conduce a la población de Agrado (Fig. 7), presentándose montículos aislados que
emergen de la superficie plana de este depósito. Los niveles que se observan como terra-
zas a lo largo del Magdalena son debidos a la disección efectuada por este río al profun-
dizar su cauce a partir de la barra miocénica-conglomerática que limitó posiblemente la
extensión del depósito (Fig. 8).

2.5.2. Características pedológicas y clasificación

Figura 8 — Biestereograma. Fotos IGAC: No. C-1277 - 116 y 117. Confluencia de la Dada su reciente depositación, estos materiales sólo presentan, como desarrollo pe-
Quebrada Rioloro en el Río Magdalena: 700 m.s.n.m.— 1) Relictos de Glacís de denuda- dogenético, una ligera alteración de algunos minerales y fenómenos de óxido-reducción
ción, muy disectados, formados a partir de arcillas terciarias.— 2) Barra conflomerática, por efecto de las fluctuaciones del nivel freático en las partes bajas del fondo del valle.
entallada por el R io Magdalena en una garganta epigénica.— 3) Colinas disectadas forma-
El perfil pedológico es de tipo AC, sin otro horizonte de diagnóstico diferente a un
das por areniscas y tobas volcánicas pliocénicas, ligeramente deformadas por la tectónica.
epipedón ócrico, de escaso espesor y de colores claros; con frecuencia se observan capas
de concentración de sales solubles, producto de la alteración de los materiales piroclásti-
cos. A nivel del Gran Grupo, estos suelos se clasifican entre los Tropofluvent.

518 519
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Ruiz

3. — EVOLUCION GEOMORFOLOGICA Y PEDOLOGICA


DURANTE EL CUATERNARIO

.c
CO N 3.1. ASPECTOS GEOMORFOLOGICOS
•.- - - .zcz • • • (5)- "9 - • • • 1 i ' NI 1

Mote a dos Ox ido - Reducc ión


N • - cr • • • e. "cl: • es) • .;lj, -;•&: I ›- 1 El Plioceno se caracteriza por la acumulación de potentes sedimentos fluviales y

Conc reciones Férricos


N •o . di,. <so • ....,. .<5 • › - • I o. i

Color según Mun se ll


a. . . . .. .95•. . .<9 LPG N 1 fluvio-volcánicos y la orogénesis andina que termina de cerrar la cuenca hacia el Este.
En relación con el levantamiento se depositan espesos aglomerados de materiales ahora

a> procedentes del Macizo de Garzón, heterométricos, más o menos angulosos, con carac-
r- terísticas de lava torrencial y flujo de lodo. No hay equivalencia de estos materiales al
pié de la Cordillera Central, lo cual refuerza la interpretación según la cual se trataría de
N
a. acumulaciones sintectónicas, relacionadas con el levantamiento del Macizo. Estos depó-
r
sitos, discordantes sobre el Plioceno medio, se encuentran entre Garzón y Gigante, sugi-
E
m riendo la presencia de una fosa subsidente durante su acumulación. Actualmente la super-
co
o ° No O o o O e,o o o
o
ficie que trunca este depósito se encuentra a un nivel mucho más alto que el fondo del
0; oo O
C AR AC TE RISTICAS MOR FOL OGIC ASDE LOSSUEL OS

co er o o ° O o
N
o or o o ro o Valle del Magdalena, lo cual plantea el problema de determinar si esta situación resulta
o. o O o ° O °
N
o o o
O o o o de una deformación tectónica o de la sola disección durante el Cuaternario.
"C;
".• La zona denominada aquí como Superficie del Antiguo Seminario de Garzón, elabo-
7
co rada en los diversos tipos de rocas y cuyas características morfológicas y pedológicas ya

Grav illas y Frog. de r oca


fueron descritas, está en proceso de degradación por erosión regresiva a partir del entalle
profundo (200 m y más) de las principales quebradas. Este entalle parece ser reciente, lo
N

Tex tu ras Me dios


O. que sugiere un cambio rápido y reciente de las condiciones morfodinámicas. En el sector

Tex tura s Finas


de Garzón esta superficie se encuentra colgada, dominando de unos 400 m el escarpe de
x.„ Co la falla antigua, que muestra evidencias de actividad reciente. Más al Norte, en el Sector
079°°
4o de Gigante, esta superficie baja, en corta distancia, desde 1.600 hasta 1.300 m, lo cual
O o cc °
:£5 sugiere un basculamiento hacia el Oeste, y, más adelante en dirección hacia Gigante se
o <>5
o. o c.-4,o observa una serie de gradas de posible origen tectónico, en los depósitos no consolidados
del Plioceno Superior.
.12 co Entre la Jagua y Rioloro el Río Magdalena corre al pie de un escarpe de falla que

O
1 1,1,1)1 J-1,1 , eleva el bloque oriental en varias centenas de metros, afectando el Plioceno medio, lo
cual permite correlacionar esta deformación con la anterior, completando así la imagen
N
,1 44 1 Foi II .4-1 1
o. NI I ri 1 de una serie de bloques gradualmente elevados hacia el Este, desplazando el fondo de la
O
00 0 fosa tectónica hacia el curso actual del Río Magdalena y más acentuado en el sector Sur
co ; que en el Norte, donde se cierra la depresión y el río se encajona por antecedencia y/o
O 7c, sobreimposición a partir de los sedimentos pliopleistocénicos. Durante esta evolución,
o :zé-7
I!
Tex turas Mod. Gruesas

o
° rr ° >1 I O aparentemente dominada por el factor tectónico, los afluentes del Río Magdalena dejaron
Te xtu ras Mod. Finos

» ›-
N
o o.* O
o 1 IL,J Ni 1 I o varios niveles de terrazas, a menudo poco encajonados, lo cual refuerza la hipótesis de
u
que la incisión y disección tuvieron un papel secundario en la diferenciación topográfica.
o o
4 ir; o
El nivel representado por los conos y glacís de la Aurora y Cachaya se presentan a
O o
•. og unos 10 a 50 m por debajo de la superficie del Seminario, mientras que el nivel descrito
O I I as. 1 11„, -c como los conos y glacís de Gigante, El Pescado, Sartenejo y Quebrada la Turbia se presen-
CONV ENCIONE S.

N
O.
1,1 ,2 1 1 11,,,„ 1 oE
2 ta sin mayor diferencia de altitud abajo del anterior. En la región de El Pescado este nivel
u parece truncar (Fig. 1) o cubrir con una delgada capa de sedimentos, restos del nivel supe-
o
O O rior algo disectado, mientras que en la región de Sartenejo parece ocurrir como una abla-
o
o o
• bn o ción generalizada de los depósitos heterométricos del Plioceno Superior y una acumula-
O O o
o
o ción algo más potente hacia abajo, al NE de Garzón.
O o
• Se observan fallamientos que afectan en varios lugares, los abanicos antiguos que
LL: N
o.
o
salen del Macizo de Garzón, pudiéndose así determinar, de manera relativa, la edad de
u una importante fase tectónica. Por otra parte, el nivel correspondiente a los conos de Gar-
zón, Rioloro y la Quebrada el Rodeo, que domina el cauce actual del Río Magdalena en
unos pocos metros, presenta en algunos casos un fuerte declive general que ha permitido

521
520
Ruiz El Cuatemario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)

el transporte de los aluviones gruesos hasta el Valle del Magdalena para formar abanicos. se organizó la disección del paisaje, especialmente en el sector cercano al Río Magdalena,
Este mismo nivel se observa en la margen izquierda del río, bordeando la llanura aluvial en donde el ambiente seco ha permitido el desarrollo de formas calcadas sobre los con-
reciente inundable. Lo recubren parcial o totalmente los depósitos subactuales fluvio- trastes litológicos. El volumen de material erodado es probablemente menor de lo que
volcánicos, relacionados con erupciones recientes ocurridos en la Cordillera Central. Una aparecería si no se tuviera en cuenta la importancia del desnivel de origen tectónico.
serie de niveles de erosión en este depósito marca el entalle progresivo del Río Magdale- Los varios niveles esstudiados señalan los pasos sucesivos del entalle de los ríos en
na, como ya fué explicado anteriormente. este contexto tectónico y litológico complejo. Estos niveles se diferencian topográfica y
pedológicamente; sin embargo la variación del clima y la vegetación entre el Macizo y el
3.2. ASPECTOS PEDOLOGICOS Valle del Magdalena, dificulta las correlaciones Este-Oeste. Esta misma dificultad se pre-
senta para las correlaciones con otras regiones del país, sin contar con las variaciones pe-
Basándose en las características de los suelos, es notable observar que en esta región trográficas que introducen una variable adicional.
se puede establecer groso modo: que el Oriente, a partir de la cota 1.200 aproximadamen- No obstante, con toda prudencia se propone una cronología relativa de los diferentes
te, es el dominio de los suelos de complejo desaturado, ácidos, caracterizados por una depósitos, con el apoyo de observaciones geomorfológicas, pedológicas y demás caracte-
evolución avanzada en el sentido de que presentan una fuerte alteración de los materiales rísticas expuestas en este trabajo, datación algunas veces mencionada anteriormente y
y una neoformación arcillosa de tipo caolinítico; mientras que al Occidente, es decir a que se sintetiza como sigue:
altitudes menores de los 1.200 m, los suelos son de complejo de cambio cada vez más - Plio-Pleistoceno: Superficie del Antiguo Seminario de Garzón y formas comparables.
saturado, de reacción neutra a ligeramente alcalina y de evolución menos intensa, ya que Cuaternario Antiguo: Los conos de la Aurora y Cachaya.
sus materiales están cada vez menos alterados y los perfiles menos diferenciados; la neo- Cuaternario Medio: Los conos y glacis de Gigante, el Pescado, Sartenejo y Quebrada
génesis arcillosa se caracteriza por la formación de arcillas tipo 2: I: montmorillonitas, La Turbia.
i I I itas y vermicu I itas. — Cuaternario Reciente: Los conos de Garzón, Ríoloro y Quebrada El Rodero.
Estas tendencias pedogenéticas se explican principalmente por las características Sub-Atctual: Los depósitos aluviales de cineritas del Magdalena y sus afluentes.
paleoclimáticas: en efecto, al Oriente el clima es más húmedo. La vegetación ha sido más
densa, aunque en el presente la acción antrópica ha influido mucho en el reemplazo pro-
gresivo que se observa del bosque por las gramíneas. Las variaciones a nivel del perfil del
suelo son explicables por los cambios litológicos y topográficos que caracterizan esta se-
cuencia y que sólo aparecen al clasificar los suelos a niveles inferiores en la pirámide taxo- 4. — AGRADECIMIENTOS
nómica (subgrupos, familias, series).
En la zona de transición climática, en donde existen períodos secos que alternan con El presente trabajo fue realizado con la participación de los ingenieros de la Sub-
los meses lluviosos y cuando los materiales y la topografía son favorables, ocurren proce- dirección Agrológica del Instituto Geográfico "Agustín Codazzi", Bogotá y la asesoría
sos de traslocaciones de arcillas y se forman suelos con horizontes argílicos característicos de los Drs. Pierre Faivre y Jack Khobzi para los aspectos pedológicos y geomorfológicos
(perfil PZ 116: Tropudalf; perfil PZ-502: Haplustalf, Fig. 9). respectivamente. A todos se dirigen nuestros agradecimientos por su valiosa ayuda.
Del punto de vista de una posible cronosecuencia en relación con los diferentes depó-
sitos cuaternarios, se ha encontrado que, tratándose del mismo material (granito) y climas 5. — REFERENCIAS
análogos (húmedos), los suelos desarrollados en las superficies más antiguas son los más
evolucionados, de complejo desaturado y de muy baja capacidad de intercambio (arcillas Faivre, P. 1976. Sois a profil différencié, planosoliques, á horizon Bt noir de Colombie. Bull. A.F.E.S.
(París) No. 3.4.
caoliníticas), del gran grupo delos Haplorthox o Tropudult (de acuerdo a las variaciones
Howe, M.W. 1969. Geologic studies of the Mesa Group (Pliocene?), Upper Magdalena Valley, Colom-
locales del relieve y del clima). bia. Princeton Univ. doctoral dissertation.
En los sectores en donde dominan los materiales tobáceos, la evolución tiende hacia Khobzi, J. 1969. El estudio de las acumulaciones continentales cuaternarias: contribución al análisis
la formación de Molisoles y cuando el clima es muy seco, como sucede en el fondo del de las variaciones climáticas en Colombia. Bogotá. Primer Congreso Colombiano de Geología.
Valle del Río Magdalena, la evolución tiende hacia la formación de Inceptisoles (vertic Memoria. pp. 155-171.
. 1972. Erosión chimique et mécanique dans la génése de dépressions "pseudo karstiques",
Ustropept). souvent endoréiques. Rev. de Géomorphologie Dynamique (París). XXI (2) pp. 57-70.
En los depósitos recientes de piedemonte, igualmente, se localizan los suelos poco Lecarpentier, C. 1970. El Cuaternario de los alrededores de Campoalegre (Huila-Colombia). Geología
evolucionados, ácidos, unas veces de perfil AC, otras ABC (PZ-117), en cuya génesis ha Colombiana (Bogotá). No. 7, pp. 115-133.
intervenido mucho el tipo de material (granitos y gneiss), para dar por resultado la forma- Ruiz, E. 1977. Estudio morfopedológico de la cuenca superior del Alto Valle del Magdalena, sector
Garzón-Gigante. Tesis doctorado Univ. Strasbourg.
ción de un Ustic Dystropept (Fig. 9).
Tricart, J. 1965. Le Modelé des régions chaudes. Traité de Géomorphologie, t. 5. SEDES. París.
U.S.DA. 1974. Soil taxonomy. A basic system of soil classification for making and interpreting soil
3.3. ENSAYO DE DATACION su rvey s.
Van Houten, F.B. & Travis, R.B. 1968. Cenozoic deposits, Upper Magdalena Valley, Colombia. The
La evolución de esta región se caracteriza por la influencia dominante del levantamien- Amer. Assoc. of Petroleum Geologists Bul., Vol. 52 No. 4, pp. 675-702.
to tectónico del Macizo de Garzón, solevantamiento que parece haberse prolongado a tra- Van der Hammen, T. 1957. Las terrazas del río Magdalena y la posición estratigráfica de los hallazgos
de Garzón. Rev. Col. Antr. (Bogotá) 6:261-270.
vés del Cuaternario. La superficie del Seminario, elaborada probablemente en el Plioceno
. 1963. Historia del clima y vegetación del Pleistoceno Superior y del Holoceno
Superior o en el Pleistoceno Inferior, habría sido fuertemente deformada. A partir de ella de la Sabana de Bogotá. Bol. Geol. (Bogotá) II (1-3): 189.766 (informe 1322, Serv. Geol. Nal.).

522 523
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 525 - 528 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

ALGUNOS DATOS SOBRE LA EDAD DE DOS SUPERFICIES DE


EROSION EN LA CORDILLERA CENTRAL DE COLOMBIA

Robert Soeters"

RESUMEN

En la región de Ibagué-Armero se distinguen dos superficies de erosión, fosilizadas respectivamen-


te por depósitos del Mioceno (Grupo Honda) y del Plio-Pleistoceno (Grupo Mesa). La primera parece
desaparecer hacia el Norte, de tal manera que los extensos paisajes de este tipo, observados en el depar-
tamento de Antioquia, corresponderían con la superficie más reciente.

ABSTRACT

Two erosion surfaces, wfuch are respectively fossilized by Miocene (Honda Group) and Plio-
Pleistocene (Mesa Group) deposits, are clearly distinguished in the region of Ibagué-Armero. The first
one seems to desappear toward the North, in such a way that the large landscapes of this type which
are observed within the Department of Antioquiawould belong to the most recent surface

1. — INTRODUCCION

La existencia en !a Cordillera de una superficie de erosión con una extensión muy


grande, es ampliamente conocida. Esta superficie forma en el departamento de Antioquia
todas las partes altas de la Cordillera Central y se extiende desde el valle del Magdalena,
en donde está enterrada por debajo de sedimentos más recientes, hasta el oeste del valle
del Cauca. Su existencia se observa muy bien en las imágenes de satélito LANDSAT y
en las imágenes de radar que existen de la región.
Su gran extensión en Antioquia, comparada con zonas más hacia el Sur, donde el
rejuvenecimiento de la erosión degradó la superficie en gran parte, se debe muy posible-
mente a la inmersión estructural que tiene la Cordillera hacia el Norte. Sobre la edad de
la superficie existen estimaciones, pero se desconoce la edad exacta por la falta de correla-
ciones con sedimentos suprayacientes.
En las imágenes de radar, que fueron tomadas en el valle medio del Magdalena, se
puede seguir la superficie hacia el Sur hasta los alrededores de Ibagué y es en esta región
donde existen evidencias que parecen hacer posible la datación de la superficie.
Llegando a Ibagué desde el valle del Magdalena, se observa cómo las estribaciones
de la Cordillera Central se elevan desde el valle formando un nivel de cimas (Gipfelfluhr)
bien reconocibles. En las fotografías aéreas estas zonas se diferencian por una morfolo-
gía ondulada con una densidad de derenaje alta y un patrón sub-dendrítico. El conjun-
to es muy diferente al paisaje en las cuencas de los ríos mayores, el cual se caracteriza
por valles profundamente erosionados con un drenaje no integrado. En el terreno la zona
ondulada muestra sin falta suelos profundamente meteorizados y en cortes a menudo ni
se reconoce la textura original del material parental.

• I.T.L., P.O. Box 6, Enschede (Holanda)

525
Sosten
Edad de dos superficies de erosión en la Cordillera Central de Colombia
Netamente se trata de una superficie de erosión, la cual sube desde el valle con
una pendiente aproximada de 15° y que se extiende en la zona de Ibagué hasta una altura En la base de los sedimentos, la facies es a veces la de derrubios y se hallan troncos de
madera igualmente impregnados con los residuos de petróleo. El contenido de arcillas en
de alrededor 1500 m. En esta altura se observa un cambio muy abrupto en la pendiente
el saprolito es tanto, que regionalmente se utiliza para alfarería. En una altura de 1100
y una superficie de características similares, pero con una pendiente mucho más suave
(7-10° ) sigue hacia arriba. Hallándose sobre esta superficie uno fácilmente olvida que se m se halla el truncamiento con la superficie de erosión más joven que en este sitio es
particularmente claro cuando uno mira desde la carretera hacia el otro lado del valle del
encuentra en la majestuosa Cordillera de los Andes cuando considera el relieve suave y
redondeado en sus alrededores. río Lagunillas. Enseguida se encuentra, al lado derecho de la carretera, una pequeña can-
tera de gravas. Estos sedimentos se correlacionan con la base del Grupo Mesa porque se
Parece que el primer nivel, el más antiguo, está truncado por un segundo, parecido
encuentran exactamente en la misma posición que los sedimentos en las cercanías de
pero más joven. Este truncamiento es particularmente claro en la región de Armero, don-
Falán, 15 km más hacia el Norte. En Falán estos sedimentos constan de gravas y conglo-
de se encuentra a una altura de 1100 m y forma, visto desde el valle, la línea del horizon-
te. Más hacia el Norte esta línea va bajando y parece que la superficie más antigua desapa- merados cubiertos por sedimentos fluviátiles (?) pero con muy alto contenido de material
rece por debajo de los sedimentos más recientes cerca de La Dorada. Por lo tanto, la volcánico y se describe como la base de la Formación Mesa (hoy día Grupo Mesa; Léxico

superficie de erosión que se halla en el departamento de Antioquia representaría la super- Estratigráfico de Colombia).
fice más joven. Más adentro de la cordillera, en la dirección de Libano, ya no se encuentran otros

En cuanto a la edad de las dos superficies de erosión, se encuentran las mejores evi- restos de sedimentos más recientes, pero la carretera sigue por la superficie de erosión.
dencias y afloramientos en tres lugares, a saber:
— la carretera de Armero y Líbano y los afloramientos de Falán 3. — LA REGION AL SUR DE ROVIRA
la región al sur de Rovira
- Continuando desde Rovira hacia el Sur, poco después de la divisoria de aguas entre
el lado este del bloque de Payandé (entre otros en las cercanías de la cantera de
caliza). los ríos Luisa y Cucuana, se tiene una bella vista sobre el semi-graben entre el bloque
de Payandé (prolongación sur) y las estribaciones de la Cordillera Central. Esta depre-
sión estructural está rellenado por sedimentos del Grupo Honda que forma un sinclinal
asimétrico. En el flanco oriental los sedimentos fueron afectados por la falla del bloque
2. — LA REGION DE ARMERO
de Payandé y buzan hacia el Oeste, mientras al otro lado transgresan sobre la superficie
de erosión y debido al basculamiento de esta superficie los sedimentos buzan hacia el
En el valle del Magdalena se encuentran los sedimentos del Grupo Honda, caracteri-
Este (Fig. 2).
zados litológicamente por una alternación de areniscas mal sorteadas y de poca madurez
con lodolitas abigarradas. Hacia la Cordillera y en las estribaciones de ella, en la carretera
de Armero a Líbano, se observa cómo los sedimentos cambian hacia areniscas gruesas,
gravillas y conglomerados de un ambiente típicamente fluviatil. Estos sedimentos se en-
Oeste Este
cuentran en su base fuertemente impregnados con asfalto y descansan sobre un saprolito
correspondiente con la antigua superficie. Más hacia arriba se encuentran todavía varias 3
veces restos de sedimentos del Grupo Honda siempre con el suelo rojo por debajo (Fig. 1). Bloque de
• • • Payandé
Pendiente de la superfioie de erosion • • 2

Oeste pre—Mesa (t•) Este

1. Sedimentos del Gr.Honda


---------- Pendiente de la superficie de erosion 2. Rocas del batolito de Ibague
pre—Honda (15 ) y rocas subvoloánicas
3. Perfil profundamente meteorisado
As mere
Figura 2 — Un perfil a través del semi-graben al Sur de Rovira.

. Sedimentos del Gr.Honda Los sedimentos constan de arcillas abigarradas y areniscas, aumentando el porcentaje
de areniscas hacia la base. En un sitio, una pequeña quebrada erosionó a través de los
2. Sedimentos del Gr.Mesa sedimentos. La base del Grupo Honda consta aquí de conglomerados mal sorteados, que
3. Perfil profundamente meteorisado descansan sobre las rocas subvolcánicas porfiríticas asociadas con el batolito de Ibagué.
Saliendo del valle los mismos sedimentos van descanzando sobre la superficie de erosión
Figura 1 — Un perfil al oeste de Armero, a lo largo de la carretera a Líbano.
que se elaboró en este sitio en el mismo batolito de Ibagué en vista de la textura que local-
mente todavía se observa en la roca profundamente meteorizada.
526
527
Subiendo por la escarpa de falla (p.e. en el camino al norte de Rovira) se hallan conti-
nuamente afloramientos frescos hasta llegar a la culminación de la escarpa y del bloque de
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 529 - 536 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Payandé. Allá se encuentran de nuevo los perfiles profundamente meteorizados y, en don-
de la roca infrayaciente es caliza, se hallan bellos ejemplos de karstificación. Esto parece
CONTRIBUCION SOBRE EL DESARROLLO DE LA PARTE ALTA DEL
indicar que la superficie de erosión se formó antes de la falla y tenía su continuación
VALLE DEL RIO MAGDALENA EN EL CUATERNARIO
sobre el bloque de Payandé.
Robert Soeters•
4. — LOS ALREDEDORES DE PAYANDE

Aunque los afloramientos en los alrededores de Payandé no son tan claros como en
RESUMEN
los casos anteriores, se observa una vez más, sobre todo mediante la fotointerpretación,
como los sedimentos terciarios del Grupo Honda van rellenando una vieja topografía, ubi- El desarrollo geomorfológico del Alto Magdalena durante el Cuaternario se realizó balo las in
cándose en depresiones y transgresando sobre una superficie de erosión. La expresión de fluencias superpuestas de movimientos tectónicos, fases de actividad volcánica y de sedimentaciones
esta superficie ya es menos evidente por un mayor grado de rejuvenecimiento, pero toda- aluviales asociadas, en condiciones paleoclimáticas variadas. En las cuencas de Neiva y Girardot, que
forman la parte sur de la depresión tectónica que separa la Cordillera Central de la Oriental desde el
vía se distingue el nivel de cimas que corresponde invariablemente con rocas fuertemente
solevantamiento final de éstas en el Plio-Pleistoceno, se presentan restos de niveles de erosión (glacis)
meteorizadas. También el patrón de drenaje muestra todavía las características de alta ma-
o de acumulación (abanicos y terrazas fluviales) con diversos grados de meteorización y pedogénesis.
durez siempre y cuando no fué afectado por fallamientos posteriores. En el presente intento de correlación se distinguen dos grandes períodos de pedimentación, subdivi-
diéndose el más reciente en dos fases sucesivas separadas por entalles fluviales lineales; influencias tec-
5. — CONCLUSIONES tónicas explicarían las diferencias observadas en la evolución geomorfológica de las dos cuencas.

ABSTRACT
En la región de Ibagué- Armero se diferencian dos superficies de erosión en la Cordi-
llera Central. La más antigua correspondería con una superficie sobre la cual se deposita- The geomorphic development of the Alto Magdalena during the Quaternary period took place
ron sedimentos del Grupo Honda en vista de los afloramientos en Armero, Rovira y Pa- under influences of superposed tectonic movements, phases of volcanic activity, associated with
yandé. Por lo tanto su edad sería aproximadamente del Mioceno Inferior. Parece que esta aluvial sedimentation under various paleo climatic conditions.
Within the Basins of Neiva and Girardot, which conform the southern part of the tectonic
superficie desaparece hacia el Norte por debajo de sedimentos más recientes.
depression that separates the Central from the Oriental Cordillera, since their final uprising during
La segunda superficie se encuentra cubierta por sedimentos del Grupo Mesa (Falán, the Plio-Pleistocene, there are some relicts of erosion levels (glacis) or accumultion ones (fans and
carretera Líbano) y tendría entonces una edad del Plioceno. Esta superficie se extiende fluvial terraces) which present varied grades of wethering and pedogenesis. In the present trial of

hacia el Norte cubriendo la mayor parte de la Cordillera Central en el departamento de correlation, two great periods of pedimentation are distinguished, from which the most recent one
subdivides itself in two sucesivve phases, that, in turn, separate from each other by means of fluvial
Antioquía. lineal cuttings; tectonic influences would explain the difrerences observed under the geomorphic
evolution of the two Basms.
6. — DOCUMENTACION

Léxico Estratigráfico de Colombia. 1. — INTRODUCCION


Mapa geológico de Colombia K9, L9 (Ingeominas).
Mapa Geológico del departamento Tolima (Ingenominas). Movimientos tectónicos continuos, volcanismo activo y periódicamente explosivo,
Fotografías aéreas (IGAC), imágenes de radar (IGAC) y imágenes LANDSAT. acompañado por una sedimentación masiva de material volcano-clástico y cambios cli-
máticos, influyeron durante el Cuaternario el desarrollo morfológico de la parte alta del
valle del Magdalena. Una correlación de los diferentes niveles de superficies de aplanación,
que ocurren en restos esparcidos por todo el valle, es por lo tanto una tarea muy difícil.
El objetivo de este artículo es hacer una contribución a la discusión sobre el Cuater-
nario en Colombia iniciada por Lecarpentier (1971), van der Hammen (1973), Jungerius
(1976) y Van Houten (1976). Evidencias basadas sobre fotointerpretación y trabajos geo-
lógicos y geomorfológicos de campo, desde Girardot hasta Gigante muestran la geogénesis
compleja de la zona, que se dividen en diferentes unidades estructurales con sus propias
características y un desarrollo diferencial en el Cuaternario.
El presente trabajo es el resultado de estudios ejecutados por la Unidad de Geología
del Centro Interamericano de Fotointerpretación (CIAF) durante varios períodos, entre
1970 y 1977, como parte de los trabajos prácticos de los estudiantes del CIAF.

ITC, P.O. Box 6,7500 AA ENSCHEDE, Holanda

529
528
Desarrollo de la parte alta del Valle del río Magdalena en el Cuaternario
Sosten

2. — EL DESARROLLO GEOLOGICO regional puede influir en el desarrollo de las diferentes superficies. Por tales razones, se
tratará en primer lugar el desarrollo en las cuencas por separado y posteriormente se hará
Posterior a la regresión marina al final del Cretáceo, se acumularon varios miles de un intento de correlación.
metros de sedimentos terrestres en una cuenca marginal subsidente al este de la Cordillera
Central. Movimientos tectónicos repetidos produjeron una secuencia de conglomerados, 3.1. LA CUENCA DE NEIVA
limolitas y areniscas líticas y posteriormente arcósicas, quedando en claro el ambiente
molásico. Origen, tipo de sedimentación e implicación tectónica han sido descritos exten- La cuenca de Neiva se extiende desde el Arco de Natagaima hasta Pitalito en el Sur,
samente por Anderson (1972), Wellman (1970), Howe (1974), Van Houten y Travis pero en este trabajo se considerará únicamente la parte septentrional. El glacis superior
(1968) y Van Houten (1976). Al final del Oligoceno o al principio del Mioceno también ocurre en remanentes pequeños, a lo largo del valle en sus márgenes. La evidencia más
se inició el solevantamiento de la Cordillera Oriental (Irving, 1971; informe interno clara se halla cerca de Tello y Baraya en donde un remanente de este nivel más alto se
CIAF), restringiendo la sedimentación del Grupo Honda a la parte proximal de la cuenca encuentra limitado por un glacis inferior (Jungerius, 1976). Además, se hallan restos al
marginal andina. este de Paicol, en ambos lados del río Páez, en el área de Iquirá y a lo largo de la carretera
Con el solevantamiento final de las Cordilleras Andinas, en el PI io-Pleistoceno, se for- de Hobo a Gigante. Entre Villavieja y Neiva se hallan al lado derecho del Magdalena dos
mó el complicado valle estructural del río Magdalena. Movimientos en bloques, con im- cerritos que, según sus características, parecen pertenecer al mismo nivel. Generalmente,
portantes desplazamientos verticales, fueron predominantes en esta fase, aunque el valle este glacis se encuentra fuertemente erosionado, pero siempre muestra todavía sus suelos
también fué afectado por fallas transversales. Los movimientos verticales en el basamento profundamente rojos, los cuales se originaron aparentemente por una meteorización en
rígido indujeron una tectónica de epidermis y de gravedad en los sedimentos cretácicos un clima tropical húmedo. En todos los casos se trata de un glacis de erosión, desarrolla-
y terciarios, resultando en un plegamiento asimétrico en los márgenes del valle. Movimien- do en rocas del Cretáceo (Paicol), Terciario Inferior (Iquirá) o Terciario Superior (Tello
tos diferenciales entre los bloques acentuaron la subdivisión existente del valle en las y Gigante). Con la excepción de Paicol, la superficie jamás se encuentra cubierta por
cuencas de Honda, Girardot y Neiva, separadas entre sí por el Alto de Gualanday-Piedras bloques erráticos, fenómeno tan típico en el nivel inferior. En Paicol, los bloques se rela-
y el Arco de Natagaima. Una continuación de los movimientos tectónicos durante el Cua- cionan con un flujo de lodo de origen volcánico gigante (véase también Van Houten,
ternario tuvo como efecto un desarrollo diferencial en las tres cuencas durante este pe- 1976). Este flujo de lodo es relativamente bien cimentado y cubre todo el glacis, dándo-
ríodo. le una resistencia relativamente grande contra la erosión y explicando así su extensión
Las fases pos-magmática de la Orogen a Andina se manifiesta por un volcanismo en esta zona. Un flujo de lodo similar cubre también el glacis superior en el sitio de la
andesítico-dacítico desde el Oligoceno (Van Houten, 1976). Un flujo de lodo volcánico carretera de Hobo a Gigante. Esta zona es ligeramente más alta que el glacis de valle en
subyacente a los sedimentos del Grupo Honda en un afloramiento en la carretera de los alrededores de Gigante, el cual posiblemente se correlaciona con el glacis inferior que
Armero a Líbano parece confirmar esta datación. El Miembro Baraya de la Formación encontramos en Hobo.
Villavieja representa posiblemente la actividad volcánica en el Mioceno (Wellman, 1970) Y Respecto de los flujos de lodos, es interesante observar que al norte de Aipe, en la
el Grupo Mesa del Plioceno consta principalmente de sedimentos fluvio-volcánicos. La zona de Natagaima, encontramos algunos sitios en donde los sedimentos del Grupo Hon-
actividad volcánica continúa durante todo el Cuaternario dejando importantes acumula- da se encuentran todavía cubiertos en sus partes más altas por sedimentos de color rosa-
ciones de sedimentos en varias partes del valle. do, que también parecen ser derivados de flujos de lodo volcánicos.
En una relación directa con este glacis, se halla dentro de las montañas de ambas
3. - LOS GLACIS EN EL VALLE DEL MAGDALENA Cordilleras, una superficie de denudación relativamente suave y ondulada. Esta superfi-
cie se caracteriza también por su meteorización profunda con suelos rojos y se halla
Varios autores definieron el término glacis y una evaluación de estos trabajos de- muy bien desarrollada sobre las rocas porfiríticas y graníticas del Jurásico. Posterior a
muestra claramente que existen diferentes opiniones sobre lo que es un glacis y sobre su formación, el glacis fué afectado por movimientos tectónicos y aunque ya no se en-
su modo de formación. Sin querer entrar en tal discusión, es necesario definir lo que se cuentran muchas evidencias, por la poca extensión de este glacis, se encuentran al este de
entiende por glacis en este trabajo. El autor utilizará glacis en el sentido como fué defi- Neiva entre el pueblo Caguán y el valle del río Fortacillas, dos pequeños remanentes del
nido por Tricart et al. (1972), quien dice que un glacis es una superficie de aplanamien- glacis que limitan al Oeste por una falla de dirección Norte-Sur.
to con un perfil longitudinal cóncavo que baja del frente de las montañas hacia la llanu- El segundo glacis tiene una extensión considerable en esta parte del Valle del Magda-
ra y sin limitación alguna respecto al clima. lena, ocupando la mayor parte de la Cuenca de Neiva al norte de la ciudad con el mismo
Los varios remanentes de glacis que se hallan a lo largo del valle del Magdalena en nombre. En la carretera a Aipe la línea del horizonte está formada varias veces por este
ambos márgenes, han sido cartografiados en las hojas geológicas de INGEOMINAS como glacis y se extiende de un lado del valle hasta el otro lado.
diferentes niveles de terrazas (Q1 a, Q1b, etc.). No obstante que encontramos en las hojas El área al este de Neiva ha sido afectado por tectonismo; sin embargo, podemos
símbolos idénticos, no existe entre estos niveles una correlación confiable en las diferen- seguir el glacis hasta Caguán. Desde allí hasta Hobo el glacis fué erosionado por completo,
tes hojas. Parece que la diferencia de altura con el nivel de erosión local fué el criterio pero reaparece al sur de Hobo, en los alrededores de Yagüará y cerca del Tesalia. Además,
principal para la clasificación de estas terrazas. Un estudio en el terreno demuestra rápi- se observa como un glacis de valle en la zona montañosa al sur de Yagüará.
damente que existen grandes diferencias entre los niveles y, una correlación de los glacis En la parte norte tenemos un típico glacis de erosión, desarrollado en los sedimentos
a lo largo del valle es muy difícil, por la falta de continuidad entre las tres cuencas en las del Tertiario Superior, aunque en el corte de la carretera al Sur de Tello se observa aproxi-
cuales el valle se divide geológicamente. Además, movimientos tectónicos diferenciales madamente cuatro metros de sedimentos aluviales con unos depósitos típicos de lecho
entre las cuencas y movimientos locales complican la situación. También el volcanismo del río,

530 531
Desarrollo de la parte alta del Valle del río Magdalena en el Cuaternario
Saetera

En la parte sur, se tiene un glacis mixto, encontrando zonas tanto con acumulación 3.2. LA CUENCA DE GIRARDOT
como erosión. En este aspecto se debe anotar que el glacis parece estar cubierto en algu-
nos sitios por sedimentos fluviales en su parte baja. Una situación similar se halla al En cuanto al desarrollo de la Cuenca de Girardot, el autor quiere en primer lugar
norte de Neiva, donde el glacis se entrelaza o está cubierto por gravas gruesas del Mag- hacer referencia al artículo que sobre esta zona apareció en la Revista CIAF (Soeters,
dalena. 1976), por lo cual se limitará aquí a una descripción breve de la secuencia de los sucesos.
Las superficies de erosión más antiguas que se encuentran en esta zona, se hallan en
Muy notorio es el glacis de erosión al oeste del Magdalena a la altura de Yagüará, las estribaciones de la Cordillera Central y en el Bloque de Payandé. Se trata de superficies
donde está erosionado en el monoclinal formado por los sedimentos del Grupo Honda. exhumadas por la erosión reciente y tienen una edad Miocénica y Pliocénica (pre Grupo
En contraste con el nivel superior, se encuentra sobre el glacis suelos pardo-rojizos, Honda y pre Grupo Mesa). Es posible que al Oeste de Payandé, cerca de la cantera de cali-
los cuales no son muy meteorizados y profundos. Al otro lado, la cobertura con cantos zas, se encuentra todavía un pequeño remanente de sedimentos del Grupo Mesa que, por
gruesos subredondeados es característica en muchas partes. Estos cantos, normalmente lo demás, están ausentes en toda la región.
de color muy oscuro, constan principalmente de areniscas derivadas del Cretáceo (Fm. El glacis más antiguo de la región tiene un amplio desarrollo en la Cordillera Oriental,
Guadalupe y Caballos) y fueron posiblemente depositados contemporáneamente con y su exponente más conocido se encuentra en el glacis de Fusagasugá. Este nivel se extien-
la formación del glacis (Lecarpentier, 1971). Considerando que bloques y cantos simila- de desde arriba de la población de Fusagasugá, a través del estrecho de Boquerón, forma-
res se encuentran en casi cada perfil en el glacis, su presencia actual en la superficie se do por las areniscas de la Fm. Guadalupe, hacia la planicie de Tolemaida. Desde allí se le
debe a una erosión difusa selectiva en períodos más recientes (Soeters, 1975). El color puede seguir hasta el propio valle del Magdalena en donde se encuentran pequeños restos
oscuro de los cantos se debe a una mayor concentración de óxidos de hierro que se que- cerca de Girardot y más hacia el sur, entre El Espinal y El Guamo. Aparte de ésto, se
da en la superficie o cerca de ella después de la evaporación del agua de los poros. encuentra el mismo nivel al sur de Cunday y aún más hacia el sur en la Cordillera Central.
Al norte de Neiva el glacis se desarrolló sobre sedimentos del Terciario Superior, La extensión de este nivel en la Cordillera Central es mucho más limitada.
mientras en la zona entre Yagüará y Tesalia se erosionó en sedimentos que van desde el En la carretera de Ibagué a Rovira se halla un pequeño remanente cerca del sitio en
Cretáceo Inferior hasta el Terciario Superior. donde el río Coello sale de la Cordillera Central. Más hacia el norte, afuera de la Cuenca
El glacis fue disectado por los mismos ríos que primero lo formaron. En el área de de Girardot propiamente dicha, se hallan también unos restos pequeños en el flanco de la
Baraya y Tello, los ríos entrelazados formaron valles anchos, mientras el río Neiva y sus Cordillera Central y es probable que también el abanico de La Sierra se correlaciona con
tributarios erodaron el glacis casi por completo, dejando un remanente cerca del pueblo este nivel. Mucho más al sur se encuentra un nivel comparable en el glacis de erosión de
de Caguán. Más hacia el sur, en los alrededores de Hobo, Yagüará y Tesalia, la erosión no Chaparral (Jungerius, 1976).
fue tan fuerte, así que únicamente los ríos mayores se encajonaron. El río Yagüará, con En todos los sitios, el glacis se caracteriza por un perfil hidromórfico con suelos de
su cauce trenzado, formó un valle ancho, mientras el río Páez y el Magdalena formaron un color rojo que viene más intenso a alturas menores. Considerando que se pueden corre-
valles antecedentes con meandros angostos y profundamente incisados (Lecarpentier, lacionar todos los remanentes a un nivel, se observa que se trata de un glacis mixto, te-
1971). La razón por la cual existe una diferenciación tan notable entre el estado de ero- niendo una acumulación impresionante de sedimentos de un ambiente torrencial en los al-
sión del glacis, en diferentes partes de la cuenca, no es muy clara, pero se puede imaginar rededores de Fusagasugá y una erosión, sobre todo en sedimentos fácilmente erosionables
que movimientos tectónicos focales, que afectaron también el glacis son al menos parcial- del Cretáceo o Terciario, como se encuentra en Chaparral, Tolemaida, Carretera a Rovira
mente responsable por esta erosión diferencial (Jungerius, 1976; Lecarpentier, 1971). y parcialmente en los alrededores de La Sierra.
Después de la degradación casi complete de este glacis en el valle del Magdalena, se
Después de este período de inestabilidad y de una erosión fluvial predominante, si- desarrolla, básicamente desde la Cordillera Central, un glacis de acumulación conocido
guió una nueva fase de pedimentación, aunque sus efectos no fueron tan pronunciados como la Llanura de Ibagué que rellena por completo la depresión entre Ibagué y la barre-
como el anterior. En la zona de Hobo-Caguán se formó un glacis de acumulación policí- ra de Gualanday, formada por las rocas de la formación homóloga. Además, el glacis se
clica (Lecarpentier, 1971). Este glacis consta principalmente de abanicos coalecentes de extiende hacia el noreste en la Cuenca de Honda y llega en el Sur al valle del Magdalena
dos generaciones. Los primeros, con un gradiente algo superior, y los siguientes con el en el Abanico de El Guamo. Consta principalmente de material obtenido por la erosión
ápice entre los primeros y más altos, mientras cubren a éstos en las partes más bajas. A en la cordillera y abundan los cantos de composición andesítica, mezclados con cantos
lo largo del río Magdalena este nivel se une a la terraza, que se encuentra particularmen- metamórficos y graníticos. Una nueva fase erosiva causó una erosión regresiva que avanzó
te bien desarrollada en la orilla, directamente al sur de Neiva. En la zona de Tello se for- rápidamente a lo largo del río Coello, que por entonces desembocaba cerca de El Guamo
mó en los valles indicados anteriormente un glacis de valle (glacis terrazas según Tricart, en el río Magdalena. El Coello se encajó profundamente en el glacis de Ibagué, llegando
1972). Una fase de erosión de suelo originó en este glacis de valle las primeras tierras hasta las rocas consolidadas de épocas geológicas anteriores.
malas, pero después de una estabilización de la erosión en cárcavas, se desarrolló un paisa- Una fuerte actividad volcánica, posiblemente relacionada con explosiones del volcán
je suavemente ondulado con un nivel de cimas que coincide claramente con el glacis infe- Mach ín, hizo cambiar por completo la relación de erosión y sedimentación. La abundan-
rior. En vista de la similitud de los eventos, el autor piensa qué este desarrollo coincide cia de material volcánico transportado por el río Coello llenó rápidamente el valle encajo-
con la formación del glacis policíclico, al sur de Caguán. nado entre los sedimentos de la llanura de Ibagué. La sedimentación ocurrió muy rápido
Finalmente, se inició, une nueva fase de erosión en flujo concentrado, originando y a menudo en forma catastrófica, como lo demuestran los frecuentes lodos volcánicos
tierras malas en toda la cuenca, pero sobretodo en el área de Aipe y Villavieja y hasta que se encuentran en la secuencia estratigráfica. A partir del punto donde el valle fué
afuera de la cuenca sobre el Arco de Natagaima. Muy posiblemente la colonización y, por rellenado por completo, los sedimentos nuevos se esparcen sobre los más antiguos, ente-
consiguiente, la deforestación, iniciaron este período de erosión acelerada. rrando el antiguo, originado por la erosión regresiva. Este fenómeno queda particular-

533
532
Soaters Desarrollo de la parte alta del Valle del río Magdalena en el Cuaternario

mente claro sobre el Abanico de El Guamo. Tabla 1 — Posible correlación de los glacís en las Cuencas de Neiva y Girardot
A continuación, pero todavía durante el período en que los ríos aportaron grandes
cantidades de material volcánico, se rompió la barrera de Gualanday. La ruptura de esta
barrera natural tiene como consecuencia la construcción, por parte del río Coello, del CUENCA DE NEIVA CUENCA DE GIRARDOT

Abanico de El Espinal, que se forma casi exclusivamente de material volcánico' en el que Erosión acelerada
abundan los clastos de piedra pomez. Al mismo tiempo, empieza por un cambio del régi- Formación de tierras malas
men fluvial la degradación del Abanico de El Guamo. La edad del evento de la ruptura de
la barrera de Gualanday ha sido datada por 14 C, encontrado en un paleosol cerca de Chi- Erosión fluvial
Encajonamiento del rio Mag-
coral y enterrado por el material volcanoclástico, en 3780 ± 95 años A.P. (Jungerius,
dalena y sus principales afluen-
1976). Cuando disminuyó el aporte del material volcánico, el río Magdalena empezó a tes.
incisarse lo cual provocó una erosión regresiva sobre el Abanico de El Espinal, mientras
Terrazas inferiores del Magda- Llanura de inundación de Gi-
perduraba esta forma de erosión sobre el Abanico de El Guamo. Sin embargo, la incisión lena rardot.
del Magdalena no duró mucho tiempo; sedimentos aportados por el mismo Magdalena se
depositan en los pequeños valles erosionados en los abanicos y en las cercanías de Girar- Caguan polyciclic glacis Estabilización erosión acelera- Abanico volcanoclástico de El
dot logran cubrir por completo los sedimentos del Abanico de El Espinal, que en el puen- da Tello glacis de valle. Espinal
te de Girardot afloran a aproximadamente dos metros por debajo de los sedimentos flu-
viales.
La secuencia de eventos se termina con una nueva incisión de los ríos mayores de Valles anchos trenzados (Te- Erosión fluvial Valles profundos (Coello), ero-
1101 sión regresiva (El Guamo).
una forma bastante rápida, de tal manera que ellos se encuentran actualmente encajona-
dos dentro de sus propios sedimentos. Igual que en la zona de Neiva se observa que una
Tello-Baraya-Yagtiará-Hobo Ibagué-El Guamo Glacis
erosión de flujo no concentrado se inicia con la deforestación en los tiempos de coloni-
glacis
zación, aunque la erosión no llegó a estas formas severas como más hacia el Sur. Sin em-
Erosión fluvial
bargo, se observan muchas evidencias de erosión de suelos, en el terreno y sobre las foto- Erosión fuerte y degradación
grafías aéreas más antiguas en áreas que todavía no estaban cultivadas en el momento de casi completa de niveles ante-
la toma de las fotografías. riores en el propio valle del
Magdalena.
4. — UN INTENTO DE CORRE LACION DE LOS SUCESOS
Páez-lquirá-Tello glacis Fusagasugá - Tolemaida - Gi-
rardot glacis.
Hasta la fecha se carece casi por completo de datos exactos para permitir una corre-
lación de los hechos en las dos cuencas. Las dataciones radiométricas hechas por Van
Houten (1976) fueron realizadas exclusivamente en materiales volcánicos y reflejan,
por consiguiente, la actividad volcánica cuaternaria, pero tienen poca relación con la sedi-
corresponden también a este nivel.
mentación del material volcanoclástico (véase también tabla 2 y Fig. 12 de Van Houten).
Respecto al segundo nivel, se puede decir que es el nivel que más amplia distribución
La datación de 14 C hecho por van der Hammen sobre un paleosol cerca de Chicoral que tiene en el valle del Magdalena. La gran diferencia entre las dos cuencas está en que en
subyace a la formación de El Espinal, sorprendre por su edad reciente (3780 años antes
Girardot se trata de un típico glacis de acumulación construído por abanicos coalecentes
del presente), pero es una observación aislada y, por no disponer de otros datos, carece de
del río Coello, Combeima y sus afluentes, mientras que en la Cuenca de Neiva se manifies-
mayor valor para fines de correlación. Llama la atención la gran diferencia entre la edad
ta principalmente como un glacis de erosión. Es posible que un tectonismo regional fuera
de material de la Fm. de El Espinal obtenida por Van Houten (1.3 m.a.) y la edad registra-
la explicación de tal fenómeno. Sin embargo, se observa en ambos lados del Arco de Nata-
da por van der Hammen. gaima una transición gradual del nivel del glacis en las cuencas hacia un cierto nivel de
Los criterios utilizados para la posible correlación (tabla 1) se basan en primer lugar,
cimas, erodado en los sedimentos del Grupo Honda sobre el Arco de Natagaima.
sobre la posición de los diferentes glacís con respecto a la erosión progresiva en el valle
Los suelos sobre este nivel no muestran los colores rojos, son más bien pardo-marrón
del río Magdalena, observando, además, puntos como similitudes en el desarrollo de los y mucho menos profundos. Muy frecuente se encuentran campos llenos con cantos y
hechos y los suelos encontrados sobre los diferentes niveles. bloques sobre este glacis, posiblemente originado por una erosión selectiva.
La correlación del nivel superior en las dos cuencas parece'justificarse, en primer En el desarrollo posterior se observa, a un lado, un paralelismo en el desarrollo, mani-
lugar, por su posición en el terreno. En el valle del Magdalena, fué erosionado en su mayor festándose en fases de erosión fluvial y períodos de pedimentación o acumulación (glacis
parte y los remanentes se hallan básicamente en las estribaciones de las cordilleras en policíclico de Caguán/glacís del valle — erosión acelerada — nueva estabilización en
donde se observa su prolongación en una antigua superficie de erosión. Entre las dos cuen- Tello/erosión regresiva — estabilización en El Guamo), mientras que la actividad volcánica
cas se halla el mismo nivel también en la depresión de Ataco-Coyaima, conocido como el da lugar a la forma exclusiva del Abanico de El Espinal en la Cuenca de Girardot. Esta
de glacis de Chaparral. En todos los sitios el nivel se caracteriza por un suelo hidromórfico fase volcánica no se manifiesta en los alrededores de Neiva. pero es posible que los flujos
con un color rojo vivo. En este aspecto, es posible que los puntos más altos sobre el Arco Je lodo volcánico que cubren la terraza del Magdalena, en los alrededores de Tarqui, son
de Natagaima, que también muestran este perfil, aunque en fuerte estado ue degradación, del mismo período (van Houten, 1976).

534 535
Soeters

5. CONCLUSIONES
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 537 - 586 (1981) — CIAF. BOGOTA, COLOMBIA
Dentro del área de estudio se diferencian dos períodos distintos de pedimentación.
De la primera fase, se encuentran los remanentes principalmente en las estribaciones de LAS ALTERACIONES DE LOS GRABADOS RUPESTRES EN EL ATLAS
las cordilleras, tar to dentro como fuera de la zona de trabajo. Después de su formación, SAHARIANO (ARGELIA) Y SU INTERES PARA EL ESTUDIO DE LOS
se desarrolló sobre ella un suelo hidromórfico. Una fuerte fase erosiva la erodó casi por PROCESOS GEJMORFOLOGICOS ELEMENTALES**
completo en el valle, donde se desarrolló posteriormente el glacís de mayor extensión
actual. Este glacis es, principalmente, de tipo erosivo en la Cuenca de Neiva y de acumu- Francois Soleilhavoup.
lación en la Cuenca de Girardot. Una continuación del levantamiento tectónico en la
Cuenca de Neiva podría explicar la diferenciación. Una renovación de la erosión fluvial
profundizante disectó este glacís o la erodó (Caguán).
RESUMEN
La fase posterior (según los datos de van der Hammen, en el Holoceno) se caracterizó
por una alternación de dos períodos de estabilidad y tendencia de pedimentación y dos de
El estudio de numerosos grabados rupestres neolíticos de varios estilos, en las montañas que limi-
una erosión fluvial predominante. A la última se junta, posiblemente en tiempos de colo- tan hacia el norte el desierto del Sahara, suministra, mediante la observación de los fenómenos de alte-
nización, una erosión acelerada debido a la deforestación intensiva de toda la zona. ración, datos que pueden aplicarse a la comprensión y cuantificación de los procesos geomorfológicos
elementales de origen climático y paleoclimático. En la acción de líquenes, la fisuración y fragmenta-
ción mecánica de las rocas y en los derrumbes, pueden evaluarse influencias específicas como las de la
6. — BIBLIOGRAFIA
insolación, exposición e inclinación de las paredes. De manera reciproca, la cronología de los grabados
puede aclararse hasta cierto punto con el estudio de las alteraciones (degradaciones, patinas) que los
Anderson, T.A. 1972. Paleogene Nonmarine Gualanday Group, Neiva Basin, Colombia, and Regional afectan. Se presenta una reseña de los fenómenos observados, con indicación del contexto geomorfo-
development of the Colombian Andes. Geol. Soc. of Am. Bull. v. 83, pp. 2423-2438. lógico y petrográfico de su desarrollo. Se describe y recomienda el uso de técnica del "estampado a
Howe, W.M., 1974. Nonmarine Neiva Formation (Pliocene?), Upper Magdalena Valley, Colombia: ciegas" para el estudio de las superficies grabadas y sus alteraciones.
Regional Tectonism. Geol. Soc. of Am. Bull. v. 85, pp. 1031-1042.
Irving, E.M., 1971. La evolución Estructural de los Andes mas Septentrionales de Colombia. Bol. Geol. ABSTRACT
Vol. XIX No. 2.
Jungerius, P.D. 1976. Quaternay Landscape development of the Río Magdalena Basin between Neiva In the northern mountains that limit the desert of Sahara a thorough study has been conducted
and Bogotá (Colombia). Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology Vol. 19 pp. 89-137. on the numerous Rupestrian Neolithic sketches of various styles, which provides an opportunity to
Lecarpentier, C. 1971. Sur le Quaternaire des environs de Neiva (Colombie). Bull. de l'Assoc. Fr. pour observe the alteration phenomena. The valuable data accomplished this way, could be applied to the
l'étude du Quat. pp. 21-32. comprehension and quantification of the geomorphologic elementary processes of climatic and paleo-
Soeters, R. 1976. El desarrollo geomorfológico de la región Ibagué-El Guamo-Girardot. Revista CIAF climatic origin. The specific influences such as those of insolation, exposition and inclination of the
1976. walls, which show fissuration and mechanic fragmentation of their rocks due to the action of lichens,
Van der Hammen, T. and González, E. 1963. Historia de clima y vegetación del Pleistoceno superior could be well evaluated. Likewise, in a reciproca' way, the chronology of the sketches could be well
y del Holoceno de la Sabana de Bogotá, Colombia. Bol. Geol. Vol. XI No. 1-3 pp. 189-260. clarified to a certain point, by means of the study of those alterations (degradation, patinas), by
Van Houten, F.B. and Travis, R.B. 1968. Cenozoic Deposits, Upper Magdalena Valley, Colombia. Am. which the walls are affected.
Assoc. Petr. Geol. Bull. Vol. 52 No. 4, pp. 675-702. Herein a summary of the observed phenomena is presented, with an indication of the petrograp-
Van Houten, F.B. 1976. Late Cenozoic volcanoclastic deposits, Andean foredeep, Colombia. Geol. hic and geomorphologic context of their relative development. The application of the technique of
Soc. of Am. buil. Vol. 87 pp. 481-495. copy by "blind tracing" is described and recommended, for studying the engraved surfaces and their
wellman, S.S. 1970. Stratigraphy and Petrology of the Nonmarine Honda Group (Miocene), Upper relative alterat ion s.
Magdalena Valley, Colombia, Geol. Soc. of Am. Bull. Vol. 81, pp. 2353-2374.

1. — INTRODUCCION

Se conoce el Arte Rupestre Norteafricano desde finales del Siglo XIX. Su descubri-
miento progresivo y su estudio hasta ahora han tenido sobre todo como objetivo un co-
nocimiento mejor de las poblaciones prehistóricas del Neolítico, de sus relaciones interre-
gionales y de su sucesión en el tiempo (Fig. 1). El período colonial en Argelia permitió a
prehistoriadores franceses esclarecer los difíciles problemas de las capas culturales y de su
extensión geográfica y sobre todo los encadenamientos cronológicos de estas culturas. Se
debe a investigadores como Vaufrey, Salout, Camps, el haber establecido un marco lógi-
co y coherente para la prehistoria norteafricana; se debe a Lhote (1970) el haber defini-
do una sucesión cronológica relativa de las principales culturas del Neolítico en Argelia y

4, Rue Rennes. F-93800 Epinay Sur - Seine (Francia/


••
Traducido al empaño' por Albert Bizet

537
536
▪ •
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

en el Sahara. Hasta el día de hoy se ha estudiado el arte rupestre como tal, desatendien-
do más de las veces la búsqueda de las relaciones que pueden existir entre el medio natu-
ral y las obras rupestres. La gran variedad de los tipos de emplazamiento y estaciones con
-o grabados rupestres del Atlas Sahariano incita a que nos preguntemos en qué medida este
0 arte está ligado, más o menos estrechamente, al medio ambiente bioclimático y morfoló-
E gico. Es seguro que aislando una obra rupestre de su medio ambiente para interesarse sólo
o por su significado social, cultural o espiritual, se hace abstracción de cierto número de
o o
elementos naturales que precisamente podrían ayudar a comprender mejor la representa-
ción y su finalidad.
Para el geomorfólogo, el estudio de los medios naturales en que aparece el Arte Ru-
o
o pestre puede revelarse sumamente fructífero en el plano de la búsqueda de las causas,
2
del desarrollo y de los efectos de los procesos elementales de erosión de las superficies
o
o rocosas. La observación atenta de los grabados rupestres, la medida de los deterioros
u_ naturales que pueden sufrir, la comparación de los medios microclimáticos y geomorfo-
lógicos que los rodean, permite precisar los mecanismos de los procesos de erosión de
o VI en
o las superficies; y es precisamente porque se poseen algunos datos cronológicos relativos
;± sobre los grabados rupestres por lo que se puede esperar razonar sobre bases sólidas.
•o 1.4
Veremos que la génesis de ciertos procesos de alteración puede así ser "fechada" y que
o se puede seguir en sus grandes líneas el desarrollo de estos procesos.
cm
E In
Es importante, por ejemplo, poder definir la lentitud o la rapidez de un mecanis-
• mo bioclimático de erosión, o también saber si tal o cual proceso es actual, subactual
o antiguo. En el mismo orden de ideas, el estado de conservación de un grabado rupes-
111
-2 sn: tre puede dar información sobre la agresividad de ciertos factores paleoclimáticos o cli-
2• 2< máticos. Por ejemplo, se puede constatar que muchos grabados se hallan sobre bloques
c u
desprendidos de cornisas, sobre collados testigos o sobre cuestas. Si actualmente el retro-
• -g
ceso de las cornisas o abruptos de erosión es prácticamente nulo en la vertiente sur del
h• atlas Sahariano, hay que considerar que fue bastante importante en ciertos períodos del
1,1 • ee =
<
Neolítico, en tiempos en que la helada invernal debía ser mucho más activa. Del mis-
Tu
•• c
o o mo modo, las fases lluviosas del Neolítico han dejado huellas importantes sobre las pare-
• E des grabadas, huellas que se pueden medir y que dan buena información sobre los derra-
o • •
mes lluviosos peliculares. Aunque a menudo los indicios paleoclimáticos relevados son
• • •
• e bastante imprecisos, no dejan de ser muy útiles para reconstituir encadenamientos de
e • •
• O
'' I; fases húmedas o secas, o de fuertes heladas invernales, etc. En otros casos, la alteración

e •
del Arte Rupestre del Atlas Sahariano Argelino dará indicaciones sobre ciertos aspectos
• •
e• del clima actual, ahí donde la dinámica de los procesos puede ser medida en el tiempo.
oso 4- its
„ En los fenómenos de bio-deterioración es sobre todo donde se tendrán buenos elemen-
tos de apreciación de la agresividad actual del clima.
• a Los daños sufridos por el Arte Rupestre grabado del Atlas Sahariano pueden por
5- • 1
•• d. tanto servir como buenos indicadores para estudiar la evolución geomorfológica de las
• O superficies rocosas. Por extensión, se podrán utilizar los resultados obtenidos sobre las
.03; 41 15
paredes grabadas para caracterizar la evolución de otros sectores carentes de arte rupestre.
c
Lr. La utilización del Arte Rupestre grabado como base de apreciación de la evolución
.8 --`;
0
• -1 morfológica y climática de una región no puede ser más que un medio entre otros muchos
ÑO
para reconstruir el pasado y comprender el presente de una región. Pero este medio puede
13 8
o permitir la unión y asociación de dos cargos de investigación científica — la arqueología
y la geomorfología — para obtener nuevos e interesantes resultados.
;10
o 123 2. — COMPENDIO DE LOS GRABADOS NEOLITICOS DEL ATLAS SAHARIANO
LL CZ
EN ARGELIA

Se ha creído que las fechas absolutas de los grabados rupestres se podrían deducir de

538 539


Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup

la de los restos arqueológicos acumulados a sus pies o en su cercanía inmediata: fogones


con carbón de leña, cenizales, industrias I íticas, etc. Este método es muy peligroso porque
posiblemente reposa sobre una concepción errónea, nada prueba que los restos arqueoló-
gicos exhumados al pie de las paredes grabadas sean contemporáneos de las obras rupes-
tres. Los criterios para dar fecha a los grabados resultan por tanto excesivamente frágiles • o
e inciertos. • o -8
La mayoría de los grabados del Atlas están ejecutados sobre una pátina ferruginosa • á 51
oscura, de rojo pardo a negro, que cubre grandes superficies de roca. Esta pátina, cuyas á
formación y rapidez de desarrollo se conocen aún bastante mal, pese a excelentes traba-
-
5
jos recientes (Haberland, 1975), permite establecer una cronología relativa de las obras
rupestres, muy sencilla en su principio pero totalmente imprecisa en cuanto al detalle; Z
los trazos de grabados hechos desde hace mucho tiempo en esta pátina están cubiertos por
lz;
1
una nueva capa de pátina cuyo color será prácticamente idéntico al de la pátina primitiva. fT
E ---I
En cambio, los trazos grabados más recientemente serán tanto más claros cuanto más re-
ciente sea la incisión. Por consiguiente según el color de la pátina de los trazos de grabado «
a, z
es como se puede establecer una clasificación cronológica de las obras.
a '1 o
Para reforzar la validez de la cronología relativa, los prehistoriadores de arte han en- • -° E
contrado relaciones entre los colores de las pátinas y los estilos de las representaciones. 2 8
Así es como Lhote (1970) ha fundado una cronología del Arte Rupestre en Argelia, pri- •, Lll it
mero, en la región de Aín-Sefra, al este del Atlas, y luego, para el conjunto de los empla- -1 .2
zamientos del Atlas y del Sahara. Si bien esta cronología no tiene valor absoluto real, re- c
o 7,, 2
fleja no obstante un excelente método de trabajo. Desde los grabados más antiguos hasta 13 3
la época actual, se pueden distinguir: 8
c
•'o o.
E' C a>

2.1. LOS GRANDES GRABADOS DE ESTILO NATURALISTA MONUMENTAL CO- S E -°
E 19 I'?
RRESPONDIENTES AL PISO BUBALINO DE GRANDES DIMENSIONES
i5
Caracterizados por representaciones de animales grandes (fauna llamada "Etiopiana": —
rt
elefantes, jirafas, rinocerontes y bubalis antiguos, entre otros). Este período comenzaría =
en el V° o VI° milenario antes de J.C., o sea 7000 a 8000 años B.P. (Fig. 2). 7„
La mayoría de los grabados están ejecutados merced a una picadura previa de la s
E al cl)
superficie, formando una serie de pequeñas cúpulas más o menos ajustadas. En muchos
,79
casos los trazos de grabado picados no fueron pulimentados, pero en otros muchos casos 2-o3 1, O
sí, y cuidadosamente, lo que da una gran calidad estética a las figuras. I; O
c <
—O 5 I
—1
2.2. LOS PEQUEÑOS GRABADOS DE ESTILO NATURALISTA CORRESPONDIEN- • C co —
r, .72 a
TES AL PISO BUBALINO DE PEQUEÑAS DIMENSIONES 5v§
2 1,
Estas obras son quizás contemporáneas o ligeramente posteriores a los grandes gra-
bados naturalistas; los emplazamientos morfológicos en que se encuentran suelen ser muy • o.
CO o

1 áá
distintos de los yacimientos de los primeros. Los grabados del piso bubalino de grandes — CO
dimensiones están realizados en grandes superficies rocosas: frentes de cuestas, grandes
-s - o
-
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6-
• co
bloques (montículos testigos), pórticos de desfiladeros, etc. Las pátinas suelen ser muy
ó E
oscuras y las facies de las areniscas de grano grueso. Los grabados del piso bubalino de =-
pequeñas dimensiones, por el contrario, están situados en bloques o tocones rocosos aisla-
dos en llanuras o en regs, entre los conjuntos montañosos. Las faices de las areniscas son LL PI ON

mucho más homogéneas: rocas muy coherentes, de grano fino y de color rojizo más de
las veces. El estilo de los grabados es muy característico: son a menudo animales muy
estilizados, con miembros desmedidamente alargados o acabados en punta; los trazos
están pulimentados, con perfil en U o en V rebajado y estrecho, de anchura variable, con
un acabado a menudo perfecto y con tal regularidad que no subsiste marca alguna de la

541
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

picadura previa, hasta tal punto que se puede uno preguntar Si existió alguna vez. Se ha
tomado por costumbre designar con el nombre de "Escuela de Tazina" a este estilo de
grabados porque los ejemplares más bellos se hallan en la región de Aín-Tazina, al este-
noreste de Aín-Sefra (Fig. 3).

2.3. LO GRABADOS DE ESTILO SUB-NATURALISTA CORRESPONDIENTES AL


PISO BUBALINO DECADENTE

Los trazos están picados bastante groseramente, formando contornos anchos e irre-
gulares; se trata a veces de una simple picadura en línea. Cuando hay pulido, es grosero
e irregular. La pátina no es nunca tan oscura como en los dos grupos precedentes.

2.4. LOS GRABADOS DE ESTILO SUB-NATURALISTA DE LOS PASTOS CORRES-


PONDIENTES AL PISO BOVIDO (Fig. 4)

Este piso abarca probablemente la mayor parte de la época neolítica en el Sahara,


hasta el II° milenario y quizás incluso hasta el ler. milenario. Los trazos de los grabados
que están picados o punteados, son de pequeñas dimensiones y bastante regulares, pero
desbordan más que los de los grabados bubalinos. En ciertos casos los hoyos pueden
juntarse y formar así zonas enteramente picadas. La pátina es generalmente de color más
o menos oscuro.
Figura 3 — Pequeños grabados del estilo naturalista de pequeñas dimensiones, de la escuela llamada
"de Tesina". La naturaleza de las areniscas y el esquematismo del estilo (miembros afilados al ex-
2.5. LOS GRABADOS DE CARROS ESOUEMATICOS, HACIA FINALES DEL II MI-
tremo) permiten reconocer facilmente estos grabados. Los trazos grabados son los más a menudo
LENARIO
cuidadosamente pulidos. 'Mil-Tesina, región al este de Aih-Sefra. Foto SOLEILHAVOUP, 1980.

La picadura es bastante irregular, con puntos más o menos juntos; la pátina es gene-
ralmente de color claro (Fig. 5).

2.6. LOS GRABADOS LIBICO-BEREBERES

Están ejecutados la mayoría de las veces con una técnica de percusión y la pátina es
siempre más clara que la de los grupos precedentes (Fig. 6 y 7).

2.7. LAS INSCRIPCIONES Y LOS GRAFFITI PALEOARABES Y ARABES ACTUA-


LES

Representan personajes, caballos pequeños provistos generalmente de sillas de fuste


y camellos pequeños de torpe factura. Se hallan también muchas inscripciones y senten-
cias islámicas en caracteres árabes (Fig. 8). A menudo estos grabados modernos sobrecar-
gan los más antiguos de los distintos estilos. La pátina de los trazos grabados es siempre
muy clara, de un matiz apenas más oscuro que el de la roca soporte.
La utilización del color de las pátinas de los trazos de grabados, para establecer una
clasificación cronológica de las obras rupestres, es sin embargo muy subjetiva y puede
originar graves errores. No conocemos con precisión los mecanismos de formación de las
pátinas y menos aún las condiciones y rapidez de su formación. Se trata de endureci-
mientos superficiales de la roca (arenisca, en el Atlas) provocados por una migración de
Figura 4 -- Grabados del estilo naturalista de los pastores. Muy a menudo las escenas representan
sales metálicas que vienen a acumularse, provocando un cambio radical de la textura y
hombres con bóvidos. La técnica del grabado es más burda que la de los grandes grabados natura-
Foto SOLE- de las propiedades f ísicoquímicas de la superficie rocosa. Es probable que microorganis-
listas, con trazos punteados. R' Cheg Direm. alrededores N de EI-Abiodh-Sidi-Cheikh.
ILHAVOUP, 1980.
mos contribuyan a la fijación de los elementos metálicos responsables del endurecimien-
to (hierro sobre todo y manganeso).

542 543
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup

Las areniscas del Atlas Sahariano presentan facies y propiedades sumamente variadas
(más adelante se describirán), de lo que resulta una gran diversidad de aspectos, de color,
de espesor y de resistencia mecánica de las pátinas. Por otra parte, es muy probable que,
según la composición química de una arenisca, su contenido en óxidos metálicos, su poro-
sidad y su permeabilidad, la pátina se formará más o menos fácil y rápidamente. La ma-
yor o menor proporción de hierro o de manganeso en ella, producirá coloraciones más
o menos rojizas o negras y con edad idéntica, las dos pátinas podrán presentar, pues,
colores bastante diferentes; se puede pensar por tanto que una pátina oscura no es nece-
sariamente más antigua que otra, ya que el color es debido a la composición química.
Del mismo modo, el espesor de una pátina oscura no es un criterio absoluto de su anti-
güedad. Además de los caracteres climáticos que han provocado la movilización de los
elementos y que varían de un sitio a otro, la variabilidad de los caracteres físicos de la
arenisca, la porosidad, en particular, debe permitir una formación y un espesor más o me-
nos rápidos de la pátina.
En resumen, parece lógico obrar con la mayor prudencia al tratar de evaluar la edad
relativa de un grabado utilizando la pátina como criterio. Paradójicamente, la utilización
de los estilos de las representaciones parece más objetiva y más segura para definir una
cronología.
En ciertos casos, el grado de alteración de la pátina de un panel grabado puede dar
indicaciones útiles sobre la antigüedad del proceso de alteración y sobre todo cuando se
pueden observar varias fases de formación de pátina (Fig. 9). Sólo en tales casos se puede
establecer una cronología segura de las pátinas y, al mismo tiempo, tener una idea sobre
Figura 5 — Grabado del estilo sub-naturalista decadente. Se observa un león, cuyps rasgos son pi-
las perturbaciones climáticas. En efecto, la formación de las pátinas necesita cierta esta- queteados groseramente y cuya pátina es clara. Kheneg-El-Kelba, alrededores Nade El-Abiodh-Sidi-
bilidad climática, en el régimen pluviométrico particularmente. Inversamente, la destruc- Cheikh. Foto SOLE I LHAVOUP, 1980.
ción de una pátina por fisuración, y después por descamación, no podrá verificarse sino
en condiciones particularmente agresivas del clima: diferencias fuertes de temperatura,
heladas invernales, etc. Ciertos grabados presentan varios planos de descamación de las
pátinas, lo que permite a la vez apreciar la antigüedad de las obras e imaginar las trans-
formaciones climáticas que sufrieron desde su creación.

3. — MORFOLOGIA DE LAS ARENISCAS DEL ATLAS

El Atlas Sahariano constituye para el geógrafo un verdadero libro de texto elemen-


tal, en el que se pueden estudiar todas las formas sencillas de relieve. En el sector occiden-
tal, donde el relieve ha tenido una evolución más completa que en el este, la inversión del
relieve es bastante general y da magníficos sinclinales salientes de calizas turonenses. A los
sinclinales salientes corresponden combas anticlinales excavadas más de las veces en las
areniscas continentales del Cretáceo inferior. Cuando no se realizó la inversión del relieve,
los anticlinales dan cúpulas cuyo remate es siempre particularmente bello y en cuyos
lados se pueden observar, a consecuencia de la diferencia de dureza de las capas, crestas
en ;forma de espiga muy netas. La mayoría de los valles siguen la orientación de los
pliegues, pero algunos en cambio los cruzan en cortes (kheneg en árabe), notables al
borde del Sahara donde la salida de estos valles lleva en árabe el nombre de foum (boca)
(Flandrin, 1952).
En sus grandes líneas la estratigrafía general del Atlas Sahariano se puede resumir
de manera muy sencilla. Aparte de las formaciones probablemente Triásicas aparecidas
por diapirismo y los depósitos Cuaternarios, se pueden distinguir dos conjuntos litoló-
Figura 6 -• Grabados de la época I íbico-berebere caracterizadas principalmente por pequeños caballos, a veces
gicos: naturalistas y de formas elegantes, y otras veces esquematizados. Trazos delgados, poco entallados, con pátina
1.— Un conjunto plegado con dominante marina, de edad Jurásica y Cretácica. clara. Guerar-el-Hamra (inédito), N de Laghouat. Foto SOLE ILHAVOUP, 1980.
2.— Un conjunto continental, generalmente horizontal, pero cuya base ha sufrido,
en algunas zonas bien delimitadas, bruscos movimientos epirogénicos. Aunque conside-

545
544
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Soleihavoup
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

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Figura 7 -- Grabado I íbico - berebere mostrando un caballo montado por un jinete armado. La superficie o
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endoperigráfica está pulida, lo que recalca muy bien el grabado sobre el fondo granuloso de la roca. Dayet i:
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Foto SOLEILHAVOUP, 1980. 0 2 1
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Figura 8— Inscripción árabe de carácter religioso (islámico) del período histórico (sub-actual). ir. — rí es sr In us r-

Guerar-el-Harnra, Estación I (inédita), alrededores del Laghouat.


Foto SOLEILHAVOUP, 1980.

546 547
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

rada clásicamente como mucho más joven (Mio-Plioceno), esta formación puede comen- lugar de culto y los grabados que adornan las paredes (corderos con esferoides, animales
zar en el Senonés. Se termina por un amplio caparazón calizo, accidente climático de diversos, personajes) podían representar objetos de culto. Si bien en algunos casos la
extensa repartición geográfica, probablemente de edad Pliocénico (Cornet, 1952). configuración del emplazamiento permite comprender la finalidad de las obras rupestres
La casi totalidad de los grabados rupestres del Atlas Sahariano está realizada sobre que lo adornan, es desgraciadamente muy difícil explicar la localización de gran número
areniscas pertenecientes a la serie infracretácico. Las areniscas son por lo común bastante je obras grabadas o pintadas. Una vez más, hay que mencionarlo, la elección de un empla-
duras, de matiz claro en el interior, con pátina de color pardo oscuro o negro brillante zamiento no se hacía nunca en función de las posibilidades eventuales de una buena con-
al exterior. Son principalmente los asientos del complejo continental Barremiano - servación de los grabados. El estado actual de la mayoría de las obras lo demuestra muy a
Apliano - Albiano los que constituyen las rocas soporte del Arte Rupestre de la Argelia menudo.

no sahariana. En el detalle, ya se indicó, la variabilidad de las facies de areniscas es muy La visita y el estudio de numerosos emplazamientos, estaciones y paredes con graba-

grande, lo que provoca grandes diferencias en las condiciones de conservación de los gra- dos rupestres nos permite establecer la lista de los principales tipos morfológicos.

bados rupestres (v. capítulo 4).


La variedad morfológica de los emplazamientos, estaciones y paredes rocosas está 3.1. LOS GRANDES PLANOS ROCOSOS VERTICALES O SUBVERTICALES

más ligada con la topografía que con la estratigrafía de los conjuntos de arenisca. Una
clasificación de los tipos de estaciones rupestres es posible pero apenas puede proporcio- Estas superficies rocosas constituyen la mayor parte de las estaciones de arte rupestre

nar elementos propios a demostrar la influencia de la morfología sobre la alterabilidad de del Atlas. Están situadas en emplazamientos diversos: rebordes de cuestas (Fig. 10 y 11)

los grabados: por el contrario, al nivel de las paredes, de su orientación, de su exposición, o de crestas rocosas (delaas, en árabe), estratos superiores de montículos testigos (F ig. 12),
"puertos" o pasos (kheneg) en las montañas (djebe/) o cortes, desfiladeros, boquerones.
etc. es como se podrá apreciar la resistencia de los grabados a la erosión.
Una proporción bastante importante de grabados se encuentra por lo tanto en los puntos
El estudio de los emplazamientos rupestres puede ayudar a comprender mejor las
altos de la topografía y en esos casos las obras sufrirán ciertas categorías de alteraciones
motivaciones que incitaban a los artistas prehistóricos a escoger las superficies por gra-
específicas: descamaciones de origen termoclástico, desprendimientos, gelifracciones. Mu-
bar. En numerosos casos diríase que la elección de una superficie o de una exposición
chos grabados se hallan también en posición baja: abruptos verticales de afloramiento al
particular no estaba muy bien definida para los artistas neolíticos o más recientes. A lo
borde de ríos, caras de tocones rocosos esparcidos por las llanuras o en los regs. Se tendrá
sumo se puede constatar que determinadas paredes grabadas están situadas en lugares
entonces una nueva categoría de alteraciones de las paredes, ligada en particular con la
que permiten una estancia bastante prolongada (corredores, cabidades) y es probable
presencia de un suelo a sus pies (efectos de capilaridad, eflorescencias salinas, corrosión
que existieran campamentos al aire libre, al pie o en las cercanías inmediatas de las
eoliana, entre otros). No es aún posible actualmente clasificar las representaciones rupes-
paredes verticales grabadas; numerosos fogones o depósitos de útiles líticos así lo ates-
tres de estos emplazamientos por escuelas o por épocas precisas, por falta de observacio-
tiguan.
nes en número suficiente; a lo sumo podemos indicar que hay una gran cantidad de graba-
El problema de los motivos que incitaban a los artistas prehistóricos a que utili-
dos del piso bubalino de grandes dimensiones, quizás a causa de la necesidad de escoger
zaran tal superficie rocosa en vez de otra está lejos de comprenderse claramente. En la
grandes superficies rocosas, lo bastante homogéneas para realizar las obras. Y precisamen-
mayoría de los casos se puede constatar que los artistas no se preocupaban en modo
te en los emplazamientos cuyo repertorio acabamos de hacer es donde e encuentran tales
aluno por las condiciones de conservación de sus obras. La evolución de las superficies
condiciones.
grabadas ha mostrado que las obras a veces se hallaron bien conservadas, pero que la
mayoría de las veces sufrieron las agresiones del clima. En los casos en que la superficie
3.2. LOS BLOQUES ROCOSOS AISLADOS
inicial era demasiado desigual y difícil de grabar, los artistas la preparaban puliéndola
y ejecutaban después sus grabados. Esto demuestra bien que no buscaban. sistemáticamen-
Por las dimensiones más reducidas de las superficies disponibles, los grabados son
te las bellas superficies lisas y de grano fino.
aquí necesariamente de tamaño más pequeño. Se encuentran pues, en mayoría, obras del
Se ha evocado el problema de la elección de las estaciones rupestres entre los neolí-
piso bubalino de pequeñas dimensiones, del piso bubalino decadente y del piso bóvido,
ticos (Soleilhavoup, 1979) para los abrigos de pinturas del Tassili-n-Ajeer; en el Hoggar,
aunque son muchas las excepciones.
Maitre (1971) intentó también cuantificar este problema, basándose en las orientaciones
En la casi totalidad de los casos, los bloques aislados se sitúan en los puntos bajos de
privilegiadas de las obras rupestres neolíticas y postneolíticas. Se constataron las diferen-
la topografía, bajo diversos aspectos: bloques grandes desprendidos en la base de las pen-
cias pero sin más.
dientes (djebe/, fiara, de/aas), losas o afloramientos rocosos en posición inclinada u hori-
El estudio de la colocación de las representaciones rupestres en un emplazamiento,
zontal, o también grupos de rocas de dimensiones métricas, o escasas veces decamétricas,
une estación o sobre una pared puede sin embargo proporcionar indicaciones muy útiles
que soportan la mayoría de las veces grabados de la "Escuela de Tazina" (Fig. 13). Tiene
sobre el contexto sociocultural y espiritual de las poblaciones prehistóricas. Se puede pen-
uno a veces la sorpresa de descubrir bellos grabados en un bloque perdido en medio de la
sar, y con razón, que, por ejemplo, representaciones rupestres situadas en lugares de difí-
llanura, a kilómetros de distancia de un macizo rocoso importante, en un lugar en que
cil acceso o disimuladas a las miradas indiscretas podrían tener un fin de iniciación o
nunca se hubiera pensado que se encontraría arte rupestre.
mágico-religioso. En otros casos, como se puede observar en el Atlas Sahariano, los em-
plazamientos fueron escogidos en razón de sus propiedades acústicas particulares (alrede-
3.3. LOS CORREDORES Y LAS CAVIDADES O GRUTAS PSEUDOCARSICAS
dores de El-Richa, Valle del Río Noureme, Djebel Amour; Semmouta, alrededores de
Aín-Sefra, montes de los Ksours, etc.). Se trata de lugares cuya morfología permite a un
En el Atlas Sahariano estos tipos de emplazamientos rupestres son mucho menos
público eventual (¿fieles?, ¿adoradores?) oír un discurso perfectamente sin que el "pre-
frecuentes que los descritos más arriba. Se encuentran grabados de épocas relativa-
dicador" tenga que alzar la voz. Es probable que tales "recintos acústicos" sirvieran de

549
548
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup

mente recientes (piso bóvido, período de los carros, grabados Ubico-bereberes).


En los corredores es raro que los grabados estén ejecutados en ambos lados; esto
presenta un interés para el estudio de las alteraciones de las paredes, ya que es posible
comparar el comportamiento de diaclasas de superficies rocosas cuyas exposiciones son
opuestas.
Más de las veces los corredores están situados a la linde de ciertos macizos de arenis-
cas relativamente tiernas y corresponden al ensanchamiento de diaclasas por una intensa
actividad hidrológica superficial, durante las fases lluviosas en el borde norte del Sahara.
El origen de las cavidades o de las pequeñas grutas viene de la existencia de niveles
sílico-ferruginosos o de soluciones de continuidad estructurales entre los estratos o al pie
de las paredes o de los bloques. Se produce un hueco a nivel de las juntas de estratifica-
ción en las que existen alvéolos o conductos pseudocársicos. Las diversas formas de exca-
vación de tipo cársico en las areniscas del atlas resultan de una criptocirculación de agua
y de un criptovaciamiento. Estos procesos evocan una circulación intensa de agua en
la masa rocosa y un arrastre de grandes volúmenes de arena, por derrames importantes,
durante período paleoclimáticos mucho más húmedos que el actual. Las areniscas en que
aparecen estos tipos de excavaciones son sil íceas, macizas, de estratificaciones entrecruza-
das. Su resistencia es disminuida por la desaparición del hierro. Figura 10 — Paredes rocosas verticales correspondientes con un frente de cuesta. Tales superficies
El estudio de los tipos de estaciones rupestres formadas por los corredores y las cavi- planas y verticales son muy a menudo utilizadas como soportes de grabados. Desde lejos es fácil de-
tectarlas y eso orienta la exploración para la búsqueda de los grabados. Dayet Mouilha, Estación I,
dades puede ofrecer gran interés para los arqueólogos porque a menudo estos lugares
alrededores de Djelfa. Foto SOLE ILHAVOUP, Junio 1980.
fueron ocupados durante bastante tiempo, por la protección natural que presentaban.
De hecho, no es raro encontrar importantes concentraciones de objetos líticos: piezas,
útiles de sílix, muelas, moletas, etc., ora en superficie, ora en las capas de cenizas. Del :
41-
vor
mismo modo es posible encontrar fragmentos de sílex, de cuarcita o de calizas duras que
sirvieron de instrumentos de grabar (embotado característico de los bordes).

.°A*c.41Clarg„,-
.
Para terminar con los tipos de estaciones rupestres, hay que mencionar finalmente
pocos "abrigos bajo roca", como por ejemplo la cima de la Tercera Gara de los Gouiret-
Ben-Saloul, en la región este de Aín-Sefra. En realidad las areniscas del Atlas se prestan -..„41. 1113
bastante mal para la formación de "abrigos bajo roca", en oposición a las del Tassili-n-
Al •
.407 41"illke
Ajjer donde es una de las principales formas de erosión (Soleilhavoup, 1978 y 1979). Ic•

4. - LAS ALTERACIONES NATURALES DE LOS GRABADOS, SUS RELACIONES


CON LOS FACTORES CLIMATICOS Y PALEOCLIMATICOS

Desde el punto de vista climático, el Atlas Sahariano pertenece a la zona estépica;


sin embargo, en razón de la altitud media relativamente elevada (vecina de 1000 m), los
caracteres pluviométricos y térmicos están netamente más marcados que en las altas
llanuras del Norte o en la estepa al Sur.
El Atlas Sahariano beneficia de un clima continental con débil pluviometría; las di-
ferencias de temperatura son considerables. La amplitud diurna (M - m) es máxima en
verano, cuando alcanza 15° o 16°C y mínima en invierno, cuando se mantiene por lo me-
nos igual a 8° a 10°C. La amplitud anual (diferencia entre la temperatura media del mes
más caliente y la del mes más frío),que constituye un índice de continentalidad, es en
todas partes superior a 20° C, cifra que caracteriza los climas continentales.
Las temperaturas más altas son registradas evidentemente en la vertiente sur, en la
zona sahariana (43°C en El-Abiodh-Sidi-Cheikh), las más bajas en los macizos montaño-
Figura 11 — Los grabados se ubican a menudo en las partes altas °e
sos, en El-Bayadh (altitud 1310 m) en que la temperatura ha bajado a -15°C. Las nevadas
la topografía; en el caso presente, sobre una cresta rocosa en el bor-
on frecuentes en invierno y causan a veces accidentes serios. Incluso en EI-Abiodn-Sidi- de de una llanura aluvial. El grabado de un carnero con esferoide,
Cheikh se pueden presentar a pequeñas caídas de nieve. descubierto en 1974 por F. COMINARDI, está admirablemente si-
El Atlas recibe una cantidad de agua de lluvia notablemente superior a las precipita- tuado, sobre la cima plana de un bloque de roca. Chebka Dirhem I,
cines de las Altas Planicies y a las del margen sahariano. La pluviometría anual sobrepasa alrededores de Aih-Tazina, región E de Aih-Sefra. Foto SOLEILHA-
VOUP, 1980.

550 551
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

muy probablemente 400 mm en .los macizos comprendidos entre EI-Bayadh y Aflou.


Las variaciones locales de las medias pluviométricas están relacionadas a la vez con
la altitud y con la latitud: El-Bayadh, en la montaña, recibe 326 mm; Aih-Sefra, más
meridional y protegido por altos macizos, menos de 200 mm y El-Abiodh-Sidi-Cheikh,
netamente sahariano, 130 mm.

'.....ir ' ,,,


,, ..- 5,
Tabla 1 — Caracteristicas ~áticas en el Atlas Sahariano (según Seltzer, 1946 y Dobler, 19631:

,›7'.rn
,,,------, ....,, - Temperaturas en 'C, pluviometria en mm.

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Minino
absoluta Media a. las Modo de las
Máxima
absoluta
Amplitud
diurna
Amplitud
diurna Amplitud Oluaionotr.a
ri observada minemos máximas observada más fuerte
'"' más débil anual anual

;
III . ''.-' : ,V11 . ....;.1-'1
1,14T!''' -•- 4 -- ^, '7 - AIN-SEFRA 10 7 9 24 42.9
- -,
, — _-_ --
17,3 12 22,35 192
E L.13AYADR 15 6.9 20,5 38.9 16.7 10.4 21.3 326
EL.ABIODIASIDI CHE110-1 7,2 10.2 75.3 43 17,2 13 22.05 129
DJELFA
329.7

Y.

La humedad relativa del aire es netamente más fuerte en el Atlas que en el Sahara:
Figura 12 — No es raro encontrar grabados rupestres sobre las capas de la cima de montículos-
es de 60% aproximadamente a las 7 a.m., de 30 a 35% a la 1 p.m. y de 35 a 40% a las 6
testigos, lugares estratégicos para los hombres prehistóricos o, también, sobre bloques dispersos
p.m.
desde la cima hasta la base de estos cerros. Cerro con grabados de Ras-el-Ahmar (inédito) en los Estas características generales del clima en el Atlas permiten concebir que las paredes
alrededores de Ain-Naga, región de Djelfa. Foto SO LE I LHAVOUP, 1980. con grabados están sometidas a condiciones bastante severas, sobre todo a causa de la plu-
viosidad y de las heladas invernales, por lo que pueden desarrollarse alteraciones impor-
tantes: gelifracción, fisuración, fragmentación, descamación, desconchadura, entre otras.
La complejidad de los fenómenos naturales viene del hecho de que hay acción mutua
permanente entre ellos. Para la claridad de la ponencia se analiza separadamente los pro-
cesos, pero no habrá que perder nunca de vista que están imbricados y que los efectos de
degradaciones visibles en las paredes resultan de sus acciones, a veces sucesivas, otras veces
simultáneas, pero casi siempre acumulativas.

4.1. RUPTURAS, DIACLASAMIENTOS, DERRUMBAMIENTOS, DESPRENDIMIEN-


TOS

Por causa de los caracteres topográficos, morfológicos y climáticos antes descritos,


las alteraciones mecánicas en gran escala son frecuentes en el Atlas. Además es posible
que, a veces, procesos de rupturas, derrumbamientos y desprendimientos sean provoca-
dos por los fenómenos sísmicos bastante activos en la región.
Un proceso frecuente y bien conocido es el de la aída de bloques rocosos durante el
retroceso de los frentes de cuesta o de otros abruptos de erosión. Las cornisas superiores
de las crestas o de los montículos testigos están constituidas generalmente por rocas duras
(calizas criptocristalinas del Turoniense) superpuestas a capas más tiernas (margas, arcillas,
areniscas). La erosión diferencial provoca progresivamente la puesta en desequilibrio de
. •
los rebordes rocosos de cornisa y la presencia de líneas de debilidad en el seno de los
Figura 13 — Los grabados del piso naturalista de pequeñas dimensiones pertenecientes a la "escuela estratos acarrera el despegue de los bloques y su desprendimiento vertiente abajo. Según
de Taz ina" están casi siempre situados sobre afloramientos rocosos o bloques aislados en medio de la importancia de los bloques y el valor de las pendientes, los bloques pueden estabilizar-
las llanuras o sobre los regs. Esta es una ubicación muy específica, que caracteriza perfectamente se a todos los niveles de las escarpas, de arriba hasta abajo de las pendientes. No hay nin-
uno de los mantos culturales neolíticos del Atlas Sahariano. Amoura, N de Messad, región de
gún ejemplo en el Atlas en que una vertiente cualquiera (djebe/, crestas, montículos testi-
Djelfa. Foto SO LEI LHAVOUP, 1976.
gos) no esté tapizada por enormes bloques.
No es raro encontrar grabados en los bloques desprendidos. Y en numerosos casos
todas las caras de los bloques tienen una pátina del mismo color que la que cubre los

552 553
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup

estratos rocosos que han permanecido en su lugar; esto da fe de la considerable antigüe-


dad de los desprendimientos. A menudo también, grabados con pátinas negras, antiguas,
están al revés, mientras que grabados más recientes, con pátinas claras, fueron grabados al
derecho; dos períodos pueden por tanto distinguirse; el período en que el bloque estaba
todavía en su lugar en la cornisa y durante el cual una población antigua de grabadores
ejecutó sus obras; el período en que el bloque, después de bascular pendiente abajo, fue
utilizado de nuevo por otra población de artistas. Sin ser muy precisas, estas observacio-
nes vienen a confirmar no obstante la cronología de los grabados establecida por otros
medios.
En Semmouta, en la región de Aih-Sefra, un gran bloque paralelepipédico bajó la
pendiente del montículo testigo, en cuya cumbre había sido grabado por un artista del
piso bubalino decadente. El grabado se encontró al revés. Mucho más tarde, en la época
de los líbico-bereberes, se hicieron nuevos grabados, en posición normal; es imposible
apreciar el tiempo corrido entre los dos períodos de grabados, pero se puede admitir que
una fase particularmente agresiva del clima permitó el retroceso del frente de la cornisa,
en la cumbre de la gara, posteriormente al período bubalino decadente. Hay que notar
que no se encuentran grabados recientes (Ubico-bereberes, paleoárabes) en posiciones
invernadas, lo que parece indicar que los desprendimientos de bloques se hicieron excep-
Figura 14 -- Los dos grandes bloques paralelepipédicos que yacen al pie del cerro de Ras-El-Ahmar
cionales desde el principio de la era cristiana, lo que corresponde aproximadamente a la (región de Djelfa) presentan grabados al revés y otros al derecho: es posible reconstruir el encadena-
instalación de las condiciones climáticas actuales en la región. miento cronológico de los eventos durante los cuales obraron varias poblaciones de grabadores neo-
Otro ejemplo interesante se puede describir en Ras-El-Ahmar, en la región de Djelfa. líticos (y. fig. 15). Foto SO LEI LHAVOUP, 1980.

Se trata de un montículo testigo muy desmantelado y cuya cornisa superior ha desapare-


cido prácticamente. En el estrato de arenisca inicial se hicieron grabados, en particular
un personaje grande sentado (período del bubalo de grandes dimensiones). Dos enormes
bloques paralelepipédicos bascularon y se deslizaron a lo largo de la vertiente. El bloque
de la izquierda —I— resbaló más abajo que el bloque de la derecha —D— (Fig. 14 y 15).
En los dos bloques aparecen grabados al revés. El bloque D se volvió a grabar posterior-
mente al derecho (antílopes del piso bubalino de pequeñas dimensiones); después el blo-
que D resbaló viniendo sobre el bloque I hasta encontrarse bloqueado para este último
(los grabados al derecho de D están tapados en parte por I). Hay aquí toda una sucesión
de procesos: fisuración y rupturas de bloques a nivel de la cornisa del montículo testigo;
vuelco de los bloques y deslizamiento de estos a lo largo de la pendiente; movimiento de
corredera de los bloques, el de la derecha girando sobre el de la izquierda. La determina-
ción de las fechas de unos en relación con los otros merced a los grabados permite una
vez más considerar que los grandes desprendimientos de bloques o los grandes derrumba-
mientos estructurales son muy antiguos en el Atlas y casi siempre posteriores al período
bubalino de grandes dimensiones.
Las fisuras estructurales, las diaclasas, la presencia de juntas o de planos de estratifi-
cación y la disposición de las capas según su modo de depósito, determinan soluciones
de continuidad, líneas o planos de menor resistencia en las rocas, que hacen aparecer
zonas de mayor fragilidad. A pequeña escala, numerosas fisuras en las paredes grabadas
son así explotadas por microdescamaciones, esquirlas, desagregaciones granulares, etc.
Pero es en escala grande como el desarrollo de estas alteraciones mecánicas toma un ca- Grabados al reyes Grabados al derecho
rácter espectacular.
La presencia de grandes diaclasas ortogonales, oblicuas o curvas, en el seno de los
macizos de areniscas provoca a veces grandes derrumbamientos o deslizamientos de gran
amplitud. Es el caso por ejemplo en la región de Aih-Sefra, de Laghouat, etc. Los derrum- Figura 15 — Evolución de los bloques derrumbados de Ras-El-Ahmar, región de Djelfa (v. Fig. 14):
A Los bloques izquierdo (I) y derecho (D) muestran grabados al revés sobre sus caras Este, prueba
bamientos pueden también ser generados por la presencia de juntas de estratificación
del derrumbe posterior al grabado. Sobre la cara Oeste de D los grabados fueron ejecutados poste-
horizontales (Fig. 16 y 17), como es el caso de las areniscas poco resistentes del Djebel- riormente, al derecho.
El-Habaie, al noreste de Laghouat. En el caso de las facies de estratificaciones entrecruza- B El bloque I queda en su sitio; el bloque D se desliza y gira alrededor de I; parte de los grabados
das, ciertos grabados pueden ser literalmente "tronzados" por el ensanchamiento de las recientes se encuentra tapada.

554 555
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

juntas (Fig. 18). Este fenómeno es muy frecuente, sobre todo en altitud.
Otro aspecto muy notables de la deteriorización mecánica de las paredes grabadas
está ligado a la actividad sísmica de la región. Hay que saber que el borde sur de las cor-
dilleras del Atlas es cruzado por una red compleja de fracturas y de fallas, a nivel de lo
que queda convenido llamar "el accidente sudatlásico". El contacto Sahara-Atlas, es
brutal: las capas del Atlas más reciente (Cenomaniano, Turoniense) se hunden bajo los
depósitos saharianos según una flexura brutal que puede ir hasta la falla o que pueden
rematar accidentes secundarios. En esta zona, las sacudidas sísmicas no son raras y algu-
nas rupturas que afectan ciertos grabados pueden ser provocadas por ellas. Una estación
con grabados, a 21 km de Aflou, hacia el oeste, ofrece un ejemplo de tales perturbaciones.
Una pared vertical, de unos diez metros de largo por unos dos metros de alto, está total-
mente decorada con bellos grabados de estilo naturalista de pequeñas dimensiones. Esta
pared, que corresponde al frente de un estrato macizo, primero fue fisurada y después
fracturada en tres bloques principales muy probablemente por terremotos. A estas ruptu-
ras verticales (desplazamiento de los bloques del orden de 1 cm) se han añadido movi-
mientos de deslizamiento hacia adelante de algunos bloques (del orden de 3 a 4 cm): los
grabados no sólo fueron cortados en dos sino que los fragmentos de representaciones han
resultado desplazados sobre varios planos (Fig. 19).
Se puede pensar, finalmente, que la sismicidad local es la causa de la caída de blo-
ques, de derrumbamientos y de desprendimientos.
- le El desarrollo de las fisuras, de las rupturas, las caídas de bloques y sus reajustes pos-
s 111,
— "54 teriores no representan sino accidentes más o menos fortuitos, pero estos fenómenos
Figura 16 — Gran desplome al pie de una pared vertical, generado por la existencia de una junta de estratifica- reflejan no obstante caracteres climáticos particulares, algunos de ellos más agresivos que
ció') horizontal (visible todavía en la parte izquierda de la foto). Gran Pared del Djebel El Hasbaia, N de los actuales. En los casos en que el establecimiento de una cronología en relación con los
Laghouat. Foto SO LEI LHAVOUP, 1976. grabados es posible, estos fenómenos cobran un interés cierto porque así se les puede co-
locar en un marco paleoclimático, subactual o actual.

4.2. TIPOS DE ALTERACIONES DE LAS PATINAS Y DE LOS TRAZOS GRABADOS

Estudios recientes han permitido conocer mejor las pátinas de oxidaciones metálicas
que se desarrollan sobre las superficies rocosas en el Atlas y en el Sahara (Haberland,
1975). Tricart (1977, p. 583-584) hace un informe detallado y muy claro de los trabajos
de Haberland. Propiamente hablando, no se pueden considerar las pátinas como formas
de alteración de las rocas, se trataría más bien de acumulaciones superficiales de produc-
tos de oxidaciones metálicas que tenderían a proteger las superficies rocosas y que serían
generadas por las condiciones áridas propias de los desiertos, en particular las precipita-
ciones escasas, pero que permiten la imbibición de las superficies desnudas y una evapora-
ción intensa.
Las pátinas son microencostramientos superficiales resultantes de procesos de micro-
migraciones en el seno de las rocas coherentes que contienen minerales solubles o altera-
bles. La génesis de las pátinas es función, por una parte, de la porosidad de la roca y, por
otra parte, de los cationes movilizables. El mecanismo de formación es sencillo en cuanto
a su principio: cuando la roca está empapada de agua, ésta penetra hasta cierta profundi-
dad. A proximidad del frente de humectación, se forman después geles, bajo la influencia
de la desecación. Estos geles emigran entonces en función de las alternancias desecación-
humectación. Algunos permanecen en profundidad, lo que genera secuencias de microho-
rizontes sucesivos, otros, particularmente óxidos de hierro y manganeso, alcanzan la su-
perficie. Ciertos trabajos permiten contemplar el papel, en la formación de las pátinas,
Figura 17 — Detalle de la foto 16. Al nivel del quiebre, los grabados han sido cortados. Una parte importante
de microorganismos que viven en las pequeñas cavidades de la roca y que serían respon-
del panel ha sido destru ida así. Foto SU LE I LHAVOUP, 1976.
sables de la movilización del hierro y del manganeso. Scheffer, Meyer y Kulk (1963) han
mostrado que algas azules encuentran en los suelos áridos, condiciones propias a su desa-

557
556
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

rrollo al contacto de las piedras; pueden movilizar el hierro y varios otros metales, parti-
cularmente el manganeso, que bajo ciertas condiciones pueden concentrarse en la super-
ficie de las piedras en una película de óxidos deshidratados que sufren después un enve-
jecimiento con una nueva cristalización gradual. Los iones liberados por las algas azules
se difundirían después a lo largo de la superficie de las piedras, bajo el efecto de las alter-
nancias de humedad y de desecación. Progresivamente éstas últimas eliminan los elemen-
tos orgánicos de los complejos y permiten la cristalización de productos puramente mi-
nerales. Esta teoría se funda sobre observaciones realizadas en el desierto Mohave y sobre
el estudio de muestras procedentes del Sahara y de la alta montaña alpina; en este último
contexto, las pátinas son frecuentes y se forman, parece ser, mucho más rápidamente que
en las regiones secas, a juzgar por las observaciones de 011ermann (1963) (en: Tricart,
1969).
Según Haberland (1975), las pátinas se formaron en condiciones climáticas análogas
a las actuales, pero con aguaceros esporádicos que penetraron hasta cierta profundidad en
la roca. La tendencia actual de las pátinas a destruirse sería la consecuencia de un acre-
centamiento de la aridez, lo que sobreentiende, a lo menos en ciertas regiones, que las
pátinas ya no se forman, sin embargo los autores creen que, en las regiones con bastante
lluvia, tales como el Atlas Sahariano, la formación de las pátinas sigue en la actualidad.
En el espacio de cuatro o cinco años, se ha podido constatar por ejemplo que un trazo
grabado en una arenisca tierna pasaba de un matiz blanco amarillento a un tono rojizo,
quizás por nueva formación de pátina.
En su artículo, Haberland hace además una descripción muy minuciosa de las páti-
nas que muestreó en Libia y en el Tchad: estos microencostramientos están siempre
estratificados, con un horizonte de acumulación superficial que puede alcanzar 1 mm, Figura 18 — Cuando la arenisca es de tipo mal cementa-
duro, denso, a veces brillante, a menudo hendido, siempre oscuro (pardo más o menos do y, además, posee una estratificación oblicua, la desa-
negro o más o menos rojo). Debajo del horizonte superficial, un horizonte de partida, gregación granular aliada con la corrosión eoliana ocasio-
nan graves daños en los grabados, recalcando la estructura
descimentado, claro, a veces arenoso, se presenta en contacto generalmente gradual con
de la roca. En este documento puede adivinarse el contor-
el precedente. El horizonte de acumulación tiene siempre un contenido de plasma eleva-
no vago de un carnero con esferoide, roído más que a me-
do (más de 90%) que crece hacia la base mientras va disminuyendo la proporción de dias por esos procesos. Safiet-Bou-Renan. Foto SOLEI L-
esqueleto. Este horizonte muestra siempre mucho menos poros que la roca matriz: la HAVOUP, 1977.
formación de una pátina provoca pues una auto-impermeabilización de la superficie roco-
sa en que se desarrolla; es por tanto un fenómeno limitado en el tiempo y se puede agre-
gar la hipótesis de que si una pátina se degrada actualmente, no significa ésto necesaria-
mente que no pueda volver a formarse en otro sitio.
Las observaciones más antiguas de Flamand (1921, p. 279-285) sobre pátinas de gra-
bados neolíticos y Ubico-bereberes concuerdan con los trabajos actuales: relevemos de
paso la excelente calidad de las observaciones y la gran minucia de los estudios de este
autor.
Una lámina delgada efectuada en un grabado neolítico de la estación de Djorf-el-
Meharra, al norte de Aih-Tazina, en la región del noreste de Ai'n-Sefra, ha mostrado por
una parte una roca sana constituida de arenisca del Albiano con feldespatos, plagioclasas
y con cemento sílico-ferruginoso, de color muy oscuro, pardo rojo y localmente negro.
Flamand (1921, p. 280) distinguió al microscopio dos zonas diferentemente coloreadas
en las que predomina el óxido de hierro hidratado (Fig. 20A). Las playas más oscuras de
la figura (en negro) corresponden con acumulaciones importantes de óxido de hierro de
la pátina-caparazón primitiva. Esta ha sido casi totalmente eliminada por los instrumentos
en silex de los artistas neolíticos durante el grabado de los trazos. La pátina del grabado
Figura 19 — El Atlas Sahariano es una zona de seismicidad relativamente importante. En las arenis-
es menos intensamente coloreada, pues se formó después de la desaparición de la páti-
cas, las sacudidas sísmicas producen roturas, fallas y deslizamientos de bloques. Es el caso aquí: el
na-caparazón (playas grises punteadas sobre la Fig. 20A). Está conformada por una relati- conjunto del panel ha sitio fragmentado en cuatro bloques, separados por hendeduras ensanchadas
vamente grande cantidad de granos de cuarzo recubiertos sólo con una capa ferruginosa, con tronzamiento de los grabados. Nótese además que los dos bloques de la derecha se han desliza-
esta capa puede presentarse bajo la forma de puntuaciones que se adhieren, por do en profundidad de unos 6 cm, lo que indica desplazamientos en dos direcciones. Carretera de
Aflou a El Bayadh, km 21. Foto SE LEI LHAVOUP, Junio 1980.

558 559
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

ción, al mineral subyacente. El espesor de la pátina del grabado varía entre 0,1 y 3 mm.
Otro ejemplo característico estudiado por Flamand es una pátina de grabado I ibico-
berebere (Fig. 206) sobre una arenisca cenomaniana de la estación de Gara-Zmila (cerca-
nías de Ghardaía). Al microscopio, el autor observó un agregado de granos de cuarzo
empastados en un cemento sílico-calcáreo-ferrug inoso. El cuarzo, muy denso en las zonas
interiores de la preparación, se enrarece hacia la periferie que está invadida por el encos-
o O tramiento sílico-ferrug inoso de la pátina (horizonte de acumulación).
31:)
2 7, En resumen, el examen de unas 200 láminas delgadas de pátinas permitió a Flamand
c.u'• 2 d istinguir dos grandes tipos de pátinas:
9 cr .8I — pátinas antiguas, neolíticas o anteriores, de 2 a 3 mm de espesor.
Ei 2 •-,z
pátinas recientes, I ibico-bereberes o posteriorees, de 0,08 mm de espesor, en prome-
c dio
tc a a
1, N Flamand y otros prehistoriadores después de él, utilizaron el espesor de las pátinas
< Ó 1
03 N<
Ó1 E como criterio para la determinación de fechas relativas de los grabados.
b (.7 Cuando se visitan estaciones de grabados rupestres en el Atlas Sahariano, se impone
u,
mtri — •
inmediatamente una constatación: las viejas pátinas por lo general están mucho más alte-
«
c,
1 11
:6 radas que las pátinas recientes. Esto puede parecer evidente, pero en los casos en que una
E
ro cu
cEo E 92 pátina reciente sufre una alteración (fisura o desconchadura) se puede uno preguntar si
m -0 :-
0E2 `" hay formación actual de pátina en ciertos grabados. En algunas estaciones se puede cons-
.73 ,, en <5 tatar que una pátina nueva se forma en los lugares de donde se despegaron placas de páti-
O -oZ, u 9_ na antigua. Tricart (1969, p. 113-114) describe así la evolución de pátinas-costras en las
,13 a areniscas del Sahel sudanés.
c CD• z
j, 17:', N Las alteraciones sufridas por las pátinas son relativamente variadas en sus aspectos,
a á a ‘— ea 1
ro
co0 pero las rige un pequeño número de causas. La pátina desarrollada en la superficie de una
6 N
,- 2
2
pared posee propiedades diferentes de las de la oca subyacente. Esta corteza sufre com-
O
O
S ry pulsiones mecánicas mucho más importantes que la roca bajo el efecto de la amplitud tér-
2 2 15, p.; 8 mica y tiene por tanto tendencia a fisurarse a raíz de la repetición de los ciclos dilatación-
8 -d, El contracción. Se ven desarrollarse redes de fisuras de aspecto poligonal en las paredes o en
;,-• • a 91
5É °: 1, los pedruscos con pátina (Soleihavoup, 1976; Coutard et al., 19791.
a lzá r N
8 3 Sabido es que los cambios de temperatura en seco pueden tener cierta acción sobre las
O. O rocas (Tricart, 1969, p. 101-102). Provocan alternancias de dilatación y de contracción
_, .0 que fatigan las rocas (termoclastismo). La influencia de la amplitud térmica cotidiana va-
ñz
C1
u. 2
c < _o -
-1 6
1 ría de una roca a otra. El coeficiente de dilatación volumétrico de la arenisca es de 5 a 20,
según Brinkmann (1956). La dilatación superficial de la roca bajo la acción del recalenta-
TD
• 47; 1.7
1"- miento diurno provoca efectos mecánicos en profundidad (menos de 10 cm para las rocas
8 -5• - I 8o-8 malas conductoras) y estos se refuerzan cuando interviene el agua de imbibición (hidro-
ro
-2 5- 5 -á clastismo). Una bajada de temperatura venida del exterior provoca una compresión en la
151 ro, 11 1-7, masa de la roca y una tracción en su superficie. La roca se rajará pues según los planos de
co o 7
J 2 o distorsión máxima, los cuales hacen con la dirección del esfuerzo un ángulo de 45° - /2
3 -1
a (siendo Ce el ángulo de fricción interna, constante física de la roca). Hay dos formas po-
o ria •
•— r• sibles de ruptura: la primera es debida a la compresión y tiende a cortar la roca en polie-
'`C.' > dros, y la segunda, debida a la tracción superficial, provoca descamaciones, astillas de
1.) .
roca, cuya longitud, anchura y espesor alcanzan algunos milímetros. Por el contrario, si
o :0
6(2
5 - "I-
co la temperatura se eleva en la superficie de la roca, habrá una tracción en la masa y com-
227 25 z.
presión en superficie. De manera general la resistencia de las rocas es mayor en compre-
E< ro sión que en tracción; por lo tanto la roca se romperá preferentemente bajo la influencia
de la tracción. Pese a esto las descamaciones se forman mejor cuando hay una bajada de
temperatura. Por otra parte, como las rocas son todas más o menos conductoras de calor,
la ruptura será tanto más fácil cuanto más rápidos sean los intercambios térmicos entre
la roca y el medio ambiente. Pero esta rapidez es en realidad limitada. Esta explicación,
inspirada por Bertouille (1972), permite contemplar el importante papel de las variaciones

561
560
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihevoup

de la temperatura atmosférica, sin intervención del agua, lo que se podría llamar "termo-
clastia seca".
Se puede establecer una clasificación de estas formas de alteración. Según las propie-
dades físicas, la estructura y el espesor de las pátinas tendremos:
— desconchados sobre grandes superficies, en los casos en que la pátina es espesa (del
orden del centímetro), lo que provoca una fuerte erosión del horizonte subyacente fuer-
temente descimentado de la roca. Estas descamaciones por placas se efectuan más bien a
partir de la parte superior o de los bordes laterales de los bloques o de las paredes (Fig. 21
y 22). Es probable que las aguas de infiltración pluviales encuentran un camino privilegia-
do, desde la cumbre, en la zona de arenisca descimentada subyacente a la pátina (v. más
adelante); el hielo, después, contribuye a desolidarizar paulatinamente la capa endurecida
de la roca matriz, creando soluciones de continuidad, fisuras paralelas a la pared, cavida-
des, que generan hinchazones de la pátina. Se producen, entonces, agrietamientos que pro-
vocan la caída de fragmentos de pátina. Trozo por trozo, la totalidad del panel sufre esta
descamación. Muchos grabados han sido mutilados gravemente de esta manera o incluso
totalmente destruídos. En Kheneg et Tayeb, cerca de Asla, no queda más que la parte
inferior de un búbalo. En los demás sitios, la capa de pátina, con fisuras, suena hueco,
como un enlosado o un revestimiento de argamasa a punto de despegarse de una pared.
Es evidente que los grabados que puede haber sobre esta pátina están irremediablemente
condenados a desaparecer.
— descamaciones peliculares en pastillas o en elementos poligonales. En estos casos
el espesor de la pátina es mucho más reducido (de 1/10 de mm hasta 1 mm). Diríase que Figura 21 — La descamación en láminas de pátina gruesa conlleva la destrucción de los grabados. El
a veces esta forma de descamación está ligada a la propia estructura de la pátina. En efec- proceso está vinculado con acciones termo-hidroclásticas (v. texto). Cronologías relativas pueden
to, si la pátina presenta una microestratificación, las hojas superficiales podrán despegarse, intentarse comparando las pátinas sucesivas (espesores, coloraciones). Feidjet-El-Leben, región de
Djelfa. Foto SOLEILHAVOUP, Junio 1980.
sin afectar el conjunto de la pátina. En Gouiret 3ent Saloul (Fig. 23 y 24), el pecho del
personaje parece sufrir de un tipo de descamación con resquebrajadura en pastillas, ligado
a la microestructura de la pátina. La coalescencia de las pastillas descamadas forma un
verdadero puzzle y se llega así a la puesta al desnudo del panel. Este modo de desapari-
ción de la pátina no provoca obligatoriamente la destrucción de los grabados; todavía
se pueden adivinar los trazos de grabado pero están en ese caso obliterados; esto mues-
tra bien que la pátina no está destru (da en todo su espesor. En otros casos las descama-
ciones peliculares tendrán un aspecto mucho más desordenado, formando elementos de
contornos pol igonales.
— accidentes en la superficie de la pátina granos gruesos de cuarzo, micro fisuras,
etc.) pueden originar una destrucción multidireccional de la pátina, en pleno centro de un
panel. En cuanto salta una desconchadura de pátina, la roca subyacente es sometida a una
erosión acelerada por un conjunto de procesos conjugados: desagregaciones granulares,
acción de los líquenes, etc.
— descamaciones de las superficies pulimentadas. A menudo los artistas neolíticos
prepararon la superficie rocosa antes de hacer el grabado, pulimentándola, o, tras realizar
el grabado, pulimentaron parte o la totalidad de la superficie endoperigráfica, lo que con-
fiere generalmente a la obra grandes cualidades técnicas y estéticas. La observación de
estas superficies artificialmente pulimentadas suele mostrar descamaciones peliculares ge-
neralmente inferiores al milímetro y de contornos irregulares (Fig. 25 y 26), a veces sobre
varios planos. Parece que el origen de esta alteración está ligado con la misma técnica de
pulimentación. En efecto, el frotar mucho tiempo una superficie provoca una transfor- Figura 22 — Detalle de la foto 21. La progresión del frente de descamación ocurre en todas las
direcciones del plano, ahí donde microfisuraciones de la pátina se desarrollan. La roca descamada
mación de su estado y de sus propiedades mecánicas (limado de los granos, perturbaciones
presente se cubre progresivamente con una pátina más clara. Foto SOLEILHAVOUP, Junio 1980.
de la textura de la roca, etc.). Una superficie pulimentada puede, pues, adquirir una sensi-
bilidad particular a los agentes meteóricos.
— descamaciones en láminas de superficies finamente estratificadas aparecen en algu-
nos casos, ahí donde los grabados fueron efectuados sobre paneles lisos de láminas de se-

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Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

Figura 25 — Las superficies endoperigráficas pulidas sufren descamaciones peliculares generadas por
el tratamiento mecánico de rozamiento de esas superficies, las cuales adquieren una estructura espe-
cial. La roca subyacente así expuesta puede entonces ser afectada por otros procesos de alteración
(descamaciones, desagregación granular, acción de microorganismos, etc.). Bou-Sekkine, región de
Djelfa. Foto SO LE I LHAVOUP, Mayo 1980.

Figura toma a
menudo un aspecto de resquebrajadura en pastillas más o menos
coalescentes, en puzzle. Cuando los trazos de grabado son delga-
dos, esta forma de erosión es extremadamente degradante. Es po-
sible cuantificar la importancia del proceso y medir la rapidez de
su actuación (v. fig. 38). Gouiret-Bent-Saloul, 4o. Gara, región de
Ain-Sefra. Foto SO LE I LHAVOUP mayo 1980.

Figura 26 — Detalle de la foto 25: Se ve muy claramente el as-


pecto de la descamación en la superficie endoperigráfica pulida,
Figura 24 — Cuando la pátina es suficientemente gruesa, el proceso de formación de pastillas se así como el despegue de "cáscaras" de roca sobre varios planos.
efectúa a mayor escala y probablemente más rápido. Detalle de la parte superior derecha del Hom- Foto SO LEILHAVOUP, Mayo 1980.
bre de Gou i ret, Gou iret-Bent-Salou I. Foto SOLEILHAVOUP, Mayo 1980.
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Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

Figura 25 — Las superficies endoperigráficas pulidas sufren descamaciones pelicu tares generadas por
el tratamiento mecánico de rozamiento de esas superficies, las cuales adquieren una estructura espe-
cial. La roca subyacente así expuesta puede entonces ser afectada por otros procesos de alteración
(descamaciones, desagregación granular, acción de microorganismos, etc.). Bou-Sekkine, región de
Djelfa. Foto SO LE I LHAVOUP, Mayo 1980.

Figura ¿, L trl. pelicular de patina "(°1" toma a


menudo un aspecto de resquebrajadura en pastillas más o menos
coalescentes, en puzzle. Cuando los trazos de grabado son delga-
dos, esta forma de erosión es extremadamente degradante. Es po-
sible cuantificar la importancia del proceso y medir la rapidez de
su actuación (v. fig. 38). Gou iret-Bent-Salou I, 4o. Gara, región de
Airi-Sefra. Foto SOLEILHAVOUP mayo19

F igura 26 — Detalle de la foto 25: Se ve muy claramente el as-


pecto de la descamación en la superficie endoperigráfica pulida,
Figura 24 — Cuando la pátina es suficientemente gruesa, el proceso de formación de pastillas se así como el despegue de "cáscaras" de roca sobre varios planos.
efectúa a mayor escala y probablemente más rápido. Detalle de la parte superior derecha del Hom- Foto SO LE I LHAVOUP, Mayo 1980.

bre de Gouiret, Gou i ret-Bent-Salou I . Foto SOLE I LHAVOUP, Mayo 1980.


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Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

dimentación. A veces los grabados están cortados por la caída de láminas, otras veces
están ejecutados sobre láminas aparentemente bastante estables como se puede ver en
Arn-Naga, al noroeste de Messad, en la región de Djelfa. Hay que señalar que este tipo de
Olb 01 C alteración es poco frecuente: los artistas parecen haber querido evitar este tipo de super-
Ola
ficies frágiles.
— alteraciones de los trazos de grabado: los trazos de grabado sufren a menudo alte-
raciones importantes. Ahora se conoce bien la tipología (Fig. 27) de los trazos de graba-
do (Lefevre, 1970) y se constata que en muchos casos la morfología de los trazos es trans-
formada por alteraciones diversas. Los trazos grabados están roídos, sus bordes sufren
microdescamaciones y deformaciones a veces muy importantes. Un proceso de altera-
ción, que parece frecuente en los trozos grabados, puede resumirse así: aparece una fisu-
02 ra en el eje del trazo, en el fondo; esta fisura puede persistir mucho tiempo pero basta
072 con un accidente cualquiera en el trazo (punto singular, microdeformación de la pátina,
D °o`-' 0‘-' 00 0 000,uO U L) 0 O U l
etc.) para que salte una pequeña esquirla: es entonces el punto de partida de una micro-
o 000 000000J ° o Do 00(
0°03 o r 000 0 0,100000 0000 desconchadura generalizada de la pátina del trazo (Fig. 28 y 29) y ésta desconchadura
0 0 0o 4 000000 0 0 0
Do o o c'0 o° O o° 0 0000 00 0 0 00 0 0 permite el desarrollo de una microflora algácea, bacteriana o fúngica, así como la apari-
ción de colonias de líquenes cuyo papel degradante es muy importante (v. más adelante).
03 Hay que subrayar ya que los líquenes se desarrollan casi siempre en los grabados con pá-
tina. Cuando los grabados fueron efectuados sobre arenisas coherentes, duras, sin pátina,
las colonias de líquenes son pocas o no existen. Es por lo tanto posible que la presencia
de pátinas de oxidaciones metálicas favorezca el desarrollo de organismos vivos. Esto
confirmaría además la presencia y el papel de ciertas bacterias en la movilización y la fi-
07 b
jación de sales de hierro, de manganeso y a veces de fósforo.
04a 04 b
La utilización de la alteración de las pátinas para plantear una cronología relativa
E de los procesos y por lo tanto de las acciones paleoclimáticas suele ser delicada. En algu-
nos casos en que, sobre una misma superficie grabada, se pueden distinguir varios pla-
nos de descamación que tienen cada uno una pátina de color diferente (que conviene
codificar mediante una carta de los colores); es posible distinguir períodos climáticos
"activos" con fuertes termohidroclastia y crioclastia, correspondientes a descamaciones,
y períodos subáridos bastante estables que permiten la formación y el desarrollo de las
pátinas. De todos modos, tanto para el prehistoriador de arte como para el geomorfó-
logo, es preciso hacer estudios físicos, químicos, micromorfológicos y de reparticiones
geográficas de las pátinas, de manera sistemática, en todos los tipos climáticos en que
pueden hallarse.

4.3. LAS AGUAS VERTIENTES Y LOS CORTEJOS BIOLOGICOS ASOCIADOS


(LIGUIENES, MUSGOS)

Uno de los aspectos más frecuentes de la alteración de las paredes con grabados ru-
08
pestres del Atlas Sahariano es la presencia casi general de rastros oscuros, grisáceos, par-
duzcos, rojizos o verdosos, verticales o ligeramente oblicuos, más o menos anchos (de
unos cuantos centímetros a dos metros o más), más o menos espaciados regularmente
o como verdaderas colgaduras, que son huellas de la penetración de las aguas pluviales
(Fig. 30). Es fácil comprender la gravedad de las alteraciones que pueden sufrir los gra-
05 bados cuando se encuentran en el paso de tales chorros. Lo más grave no es tanto el des-
plazamiento pelicular del agua o el chorreo sobre las paredes como la proliferación de
líquenes o de musgos en estas zonas en las que la humedad es más fuerte y se renueva
periódicamente.
El hecho que en estas paredes se noten chorreos aparentemente antiguos y aún acti-
vos actualmente, muy oscuros, mientras el resto de la superficie permanece indemne,
parece atestar que las aguas de lluvia tienen recorridos "obligados" a causa de la topo-
05 09 E.'3E

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los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup Alteraciones de

grafía del emplazamiento que orienta la reunión y el fluir de las aguas. Esto puede indi-
car también una transformación morfológica de la roca, por ejemplo por erosión de su
remate, en el caso en que tales chorreos de aguas vertientes pasan por el medio de una
pared grabada: no parece lógico que los artistas prehistóricos hubieran decorado la roca
precisamente en el lugar en que estaba sucia y degradada. Esto nos lleva a pensar que esta
forma de alteración de las paredes es actual o subactual. Es posible, por fin, que los gra-
bados fueran realizados en un período seco, en que la pluviosidad era particularmente
poca, que las paredes no hubieran tenido chorreos y que sólo posteriormente los graba-
dos sufrieran estas alteraciones.
En las chorreras de aguas vertientes y de ambos lados se pueden observar colonias
de líquenes, a veces musgos, si la pared presenta huecos que permiten la adhesión de limos
eólicos, a veces también sarro, revestimientos calcáreos (Soleilhavoup, 1978). En el Atlas
el desarrollo es muy importante.
Se sabe (Ozenda y Clauzade, 1970, p. 991 que en el conjunto del Sahara la flora de
los líquenes es muy pobre, ya que las especies no pasan de un centenar (Faure y Col.). Y
además la mayoría de esas especies sólo son corrientes en las márgenes subdesérticas o en
los altos macizos como el Hogar o el Tibesti en los cuales el carácter desértico se atenúa
con la altitud. Para la región estudiada aquí, la inmensa mayoría de la población está for-
mada por líquenes de talo crustáceo, es decir estrechamente adheridos al soporte y ha-
ciendo cuerpo con él, de tal modo que casi siempre hay que sacar un fragmento de subs-
trato cuando se quiere tomar una muestra. El talo está, bien sea enteramente incluido en 11=
Figura 28 — A de los bordes de trazos de grabados. El ensanchamiento del trazo inicial re-
lteración
el substrato o bien fijado sólo por su base y forma entonces una costra más o menos zsualatadedegruanbaadce„na de procesos (v, texto). Las deformaciones pueden volver irreconocibles los tra-
saliente. Hay que recordar que un liquen es la asociación simbiótica de una alga azul y zos o la línea de espalda de este carnero con esferoide sufren una alteración
por descamaciónLa cabeza y • n granular y por desarrollo de colonias de líquenes
de un hongo. El alga lleva el pigmento asimilador y nutre el liquen. El hongo asegura la patina, por desagregacio
de la pátina,
en las zonas • ' de El-Abiodh-Sidi-Cheikh. Foto SOLEILHAVOUP,
protección, la adhesión y la humedad; pertenece casi siempre a una especie que no se en- alteradas.
das. Dar-Boucherrt,• región
Mayo 1980.
cuentra nunca en estado aislado: se ha vuelto tributario del alga. Biológicamente los líque-
nes tienen un interés capital. Son ellos los que, con los "Procaristas" (bacterias, "Cinofi-
rros"), se instalan en lugares donde nunca se había fijado vida alguna. Con ellos se acumu-
la un poco de arena y de humus y, merced a ellos, las hierbas pueden vegetar. Son los
primeros en tomar posesión de la roca desnuda. Los líquenes por fin son excelentes indi-
cadores de contaminación: no pueden desarrollarse sino en ambientes perfectamente pre-
servados de todas las contaminaciones producidas por las actividades humanas.
Los principales géneros de líquenes crustáceos que se encuentran en el Atlas Saharia-
no son los siguientes: Verrucaria, Dermatocarpor, Heppia, Acarospora y Lecanora; estos
cinco géneros representan la mitad de la totalidad de los líquenes saharianos. Todos estos
líquenes tienen un metabolistmo, y en particular una nutrición, que provoca degradacio-
nes de su soporte. Las sales minerales son bastante abundantes en la roca y el agua de llu-
via que circula en el interior, al tener inicialmente ciertos elementos como magnesio y
potasio, se carga de nitratos y de fosfatos (excrementos o restos de animales). Microanáli-
sis sobre fragmentos de talos han mostrado que los líquenes absorben rápidamente sales
minerales (las algas prefieren nitratos; los hongos, fosfatos). La nutrición mineral de los
líquenes está ligada a la actividad biológica de los dos simbiontes: por ejemplo, el ataque
mecánico de la roca provoca una liberación parcial de los productos minerales y facilita
su utilización metabólica. Estudios hechos sobre piedras de monumentos (Templo de
Angkor, en la India) o sobre vidrieras de iglesia (Catedral de Chartres, Francia) han mos-
trado que este ataque parece hacerse a la vez mecánica y químicamente. En las rocas car-
bonatadas, el carbonato de calcio es disociado en parte por la acción del gas carbónico
emitido por la respiración y esto hace a los líquenes calcícolas todavía más agresivos ---maamil~.
29 — o. líquenes,,, al desarrollarse en las Microcavidades de erosión subyacentes a la pátina
(Souchon, 1971, p. 63-64). A veces ciertas rocas presentan perforaciones que forman gerasba
descarnada,
amdas,aa,zriet-fu
-- esta última Y generan fuertes deformaciones de los trazos
alvéolos de cuello a veces angosto debidas a líquenes de talo endolítico. Ozenda y Clauza- coornrzac la descamación de
este Bóvido. Djebel-El-Hasbaía, región de Laghouat.
de (1970) describen de este modo el proceso de perforación: "Para penetrar en la roca Foto SOLEILHA l' aqptill ,9n7i.a oreja drecha de
e7
VOu

568 569
Soleihavoup
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

(estos líquenes) no se limitan a utilizar las fisuras preexistentes; pueden atacar la piedra,
incluso cuando está absolutamente intacta. El anhídrico carbónico y los otros productos
ácidos excretados por los hongos deben reaccionar sobre los carbonatos con formación
de sales como el carbonato ácido de calcio soluble. Pero además ciertas substancias I iqué-
nicas como el ácido lecanórico tienen en sus moléculas radicales —OH y —COOH situa-
dos a proximidad: entonces pueden, sin que haya formación de sal, destruir minerales,
quitándoles, por el fenómeno de "quelación", sus cationes metálicos, por ejemplo Ca y
Mg. El hecho de que las rocas carbonatadas sean atacables mucho más fácilmente expli-
ca que la mayoría de los líquenes de talo endolítico se hallan sobre estas rocas. Pero tam-
bién pueden existir sobre rocas silíceas y, sobre todo, silicatadas". Estos líquenes pueden
así colonizar paredes rocosas o superficies de guijarros. La profundidad de las perforacio-
nes varía entre 0,2 y 4 mm y puede incluso alcanzar a veces 10 mm (Brochier, 1976, p.
53).
Muchos líquenes son capaces de acumular en sus membranas celulares numerosas
substancias y en particular compuestos minerales extraídos de la roca: óxido e hidróxido
férrico. Finalmente, todos sueltan productos (más de 200 diferentes) al exterior de sus
células. Dada la gran variedad de familias químicas a las que pertenecen estos productos
Figura 30 — Los regueros de escurrimiento pluvial y sobre todo los desarrollos microbiológicos aso-
y aunque muchos de ellos son ácidos, se les ha dado el nombre de substancias liquénicas.
ciados originan alteraciones importantes sobre numerosos grabados. La parte delantera de este bello
Se consideran estas substancias como productos de excreción, pero es posible que algu-
antílope-búbalo ha sido degradada por una chorreadura de agua e incrustación calcárea (sarro) co-
rrelativa. Es probable que tales alteraciones no existían todavía cuando fueron grabadas la mayoría nas actúen como antibióticos contribuyendo a asegurar en los líquenes una protección
de las obras. Hadira-Mohotma, región de Djelfa. Foto SOLE I LHAVOUP, Mayo 1980. contra el ataque de los microorganismos y de los mohos y a limitar así el crecimiento de
los otros organismos vivos sobre el mismo substrato (por ejemplo el ácido úsnico, muy
corriente en los líquenes, actúa sobre las bacterias Gram positivo).
Las poblaciones de líquenes son densas en las amplias paredes, grabadas o no, del
Sahara septentional. Se encuentra concentraciones importantes en los chorreos de aguas
vertientes o a proximidad, y es probable que, al provocar el crecimiento de los talos las
alteraciones que acabamos de definir, contribuyan a degradar las superficies en fuertes
proporciones. Se han podido establecer curvas de velocidad de crecimiento para ciertos
líquenes, a partir de fotografías o de trazados de superficies hechos por medio de calcos
para talos crustáceos, y también para el estudio de las piedras sepulcrales y otros monu-
mentos enlosados. Se ha determinado así que, la mayoría de las veces, este crecimiento
es muy lento (en los líquenes crustáceos el crecimiento anual del talo varía entre menos
de 1 mm y 6 mm) y está condicionado por la edad del líquen y los factores del medio
ambiente que permiten su actividad metabólica. En los casos precisos de paredes particu-
larmente amenazadas por la proliferación de los líquenes, estas medidas serían quizás
interesantes para apreciar la rapidez de progresión de las alteraciones.
Sobre las paredes grabadas, los líquenes pueden actuar de dos maneras diferentes:
— En la superficie de las pátinas no degradadas se puede observar el desarrollo de
talos crustáceos pero su su acción degradante es débil por causa de la gran cohesión de la
pátina; en cambio, el desarrollo de líquenes a lo largo de finas redes de fisuras de la pátina
permite la preparación de los procesos de descamación por desolidarizaciones progresivas
de las placas de pátina.
— En los trazos de grabado alterados en que la pátina ha sufrido una desconchadura
que ha puesto al desnudo la roca subyacente, la colonización liquénica provoca una ero-
sión acelerada de los bordes del trazo (Fig. 28 y 29) ya que los tales se desarrollan debajo
de la pátina, destruyendo la roca, y la pátina resulta entonces extremadamente fragilizada
por la desaparición de su substrato. Gran número de bellos paneles grabados han sido así
Figura — La desagregaci granular es la responsa e •e la o•lite- totalmente destruidos por la acción casi exclusiva de los líquenes debajo de la pátina
racción de algunos grabados, sobre todo cuando actúa conjuntamen- (Fig. 29).
te con la corrosión eólica. Este grabado fuertemente degradado sufre
Cuando la excavación de las superficies rocosas puestas al desnudo por la desapari-
una desagregación intensa, tanto más cuando la arenisca es tierna y
la pátina delgada y frágil. Djebel-El-Hasbaiá, N de Laghouat. Foto ción dela pátina es bastante pronunciada, pueden formarse, en las cavidades, adhesiones
SO LE I LHAVOUP, 1977.
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Soleihavou p Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia!

de limos eólicos, lo que permite entonces el desarrollo de musgos. Se sabe que la activi- granos y del cemento, zona débil por excelencia, sometida además a los esfuerzos máxi-
dad de los rizoides de estos vegetales y, de manera general, su metabolismo, provocan mo- mos: es lo que se llama la descimentación, y la cantidad de granos liberados es tanto
dificaciones químicas del substrato. Es por lo tanto probable que colonicas de briofitas mayor cuanto menos resistente sea el cemento. Es lógico que la desagregación granular
desarrolladas en cavidades y fisuras de la pátina o de la roca pueden originar degradacio- ataque en primer lugar a las zonas de la roca menos cementadas. La estructura de la roca,
nes no despreciables. Pero en realidad el fenómeno parece limitado: sólo los líquenes tie- de un acantilado o de un estrato, desempeña un papel fundamental en el desarrollo de
nen un gran desarrollo sobre las superficies rocosas, lo que los hace muy agresivos. las desagregaciones granulares. En las areniscas de estratificaciones oblicuas o entrecruza-
das, un verdadero cincelado subraya las estratificaciones. Se creía que la puesta en eviden-

4.4. LAS DESAGREGACIONES GRANULARES cia de los planos estructurales de la roca o que la excavación de alvéolos de 2 a 5 cm de
ancho, generalmente alineados, eran la consecuencia de la corrosión eólica, pero no es el

En el Atlas Sahariano_ como se ha visto. la única roca soporte de. los grabados es una caso: el viento se contenta con evacuar los fragmentos pero la erosión es debida a una
arenisca perteneciente al Continental Intercalar (Eocretácico que comprende principal- desgregación mecánica, quizás reforzada por el hielo.
mente los pisos Albiano y Barremiano). Según los emplazamientos y las paredes grabadas, En el caso de grabados ejecutados sobre areniscas bastante tiernas en que la cohesión
la litología de las areniscas es sumamente variable, unas veces muy duras, con cemento si- del cemento es débil, es frecuente constatar que los bordes de los trazos grabados tienen
líceo y comportándose como verdaderas cuarcitas, otras veces muy tiernas y de fácil desa- un perfil característico en "V" ensanchada, con las puntas muy redondeadas (Fig. 27 y
gregación; según las paredes, también, las pátinas de oxidación metálica están más o 29). El examen de numerosos perfiles, tipos de trazos (Fig. 27) muestra que un trazo que
menos desarrolladas y son más o menos espesas. La morfología de los trazos de grabado ha sufrido una desagregación granular en sus bordes posee solo un perfil totalmente carac-
dependerá por tanto muy estrechamente de la presencia o no de la pátina y de la mayor terístico y único. Basta con haber examinado una vez un trazo alterado por la desagrega-
o menor cohesión de la roca. ción para reconocer fácilmente esta forma de alteración. A veces, y esto refuerza el diag-
La granulometría de las areniscas del Atlas es también muy variable. En una misma nóstico, al pasar los dedos por los bordes del trazo, se despegan unos granos. Cierto núme-
sección, de abajo arriba, se puede pasar de areniscas muy heterométricos de pequeños ro de grabados tienen así trazos fuertemente ensanchados, con los bordes muy embotados
guijarros y gránulos de cuarzo ("areniscas de grajeas" de los geólogos saharianos), a facies y, si bien se conserva el diseño general, el grabado inicial ya no existe.
groseras con estratificaciones oblicuas o entrecruzadas, luego a otras muy finas y muy mal A veces, la desagregación granular ataca toda una pared grabada provocando la oblite-
cementadas y finalmente a areniscas ferruginosas muy duras, muy coherentes (pseudo- ración progresiva de los grabados. Ciertos paneles del Djebel El Hasbaía (Fig. 31 y 32),
cuarcitas). Es evidente que sobre soportes tan distintos los grabados rupestres tendrán por ejemplo, sólo muestran sus grabados, muy embotados, casi borrados, cuando la luz
mayor o menor firmeza y que su conservación dependerá esencialmente de las propieda- es completamente rasante. Resulta como si la superficie inicial de la roca se hubiera des-
des qu ímicas, físicas y mecánicas de las rocas. plazado varios milímetros (o centímetros), desde que se ejecutaron los grabados. Este
Se puede definir la desagregación granular (según George, 1970, p. 127) como la fenómeno de ablación por desagregación granular ha sido objeto de estudios, de medidas
separación sobre todo mecánica de los minerales de una roca, en particular cuando está y de extrapolaciones. Tricart (1969, p. 192) menciona que para ciertos grabados saharia-
constituida por minerales diferentes, por ejemplo areniscas o conglomerados con cemen- nos, de 5000 a 6000 años de antigüedad, la ablación no ha pasado de 0,2 mm desde el
to calizo, granitos, etc. La desagregación es una microfragmentación que libera sobre todo origen, lo que significaría una ablación media de 0,04 mm por milenario. En este caso,
pedazos de pequeño tamaño, salvo en el caso de los conglomerados gruesos. de seguro, la obliteración de los grabados es ínfima, pero Tricart no da indicación alguna
Entre las areniscas del Atlas Sahariano, es el tipo constituido por granos de cuarzo sobre la litología de las areniscas afectadas. Es cierto que un grabado sobre una pátina
hialino con cemento silíceo o sílicoferruginoso el que domina de lejos (Flamand, 1921, manganoferruginosa, de varios milímetros de espesor, se conservará intacto durante un
p. 245). Cuando los granos de cuarzo elementales están fuertemente reunidos por un ce- período muy largo, mientras que grabados sobre una arenisca tierna con pátina muy del-
mento silíceo, las areniscas se acercan litológicamente a las verdaderas cuarcitas y, a raíz gada sufrirán una desagregación activa que provocará el retroceso sensible de la pared.
de la gran cohesión de los elementos de las mallas del cemento, se vuelven rocas casi ho- Es por lo tanto peligroso acordar un valor absoluto a cifras puntuales y sacar de ahí argu-
mogéneas; entonces, la dureza considerada en los elementos mismos y la dureza tomada mentos corno lo han hecho algunos autores, para demostrar "la excelente conservación
en masa son idénticas y alcanzan ordinariamente el grado siete (cuarzo cristalizado) de la de los grabados rupestres del Sahara". Estos datos cifrados (Mortensen, 1956, hasta ha
escala de Mohs; estas rocas son muy duras y no pueden sufrir desagregación granular por calculado por extrapolación un retroceso de las paredes rocosas de 30 cm desde el Plio-
la fuerte consistencia del cemento que une los granos. Pero en la mayoría de los casos, ceno!) no parecen tomar en consideración parámetros tan importantes como la naturale-
con una asociación de elementos semejantes, granos de cuarzo y cemento silíceo, por za petrográfica variable de las rocas soporte, las propiedades mecánicas y la cohesión de
causa de una cohesión generalmente inferior, existente entre ellos, la dureza relativa de las rocas, que difieren mucho, las variaciones climáticas en el transcurso de los últimos
la roca tomada en masa desciende a los grados 6,5 - 6, hasta 5,5 de la escala de Mohs, Son milenarios, etc.
estas rocas (y evidentemente todas las otras areniscas más tiernas) las que sufrirán de La desagregación granular representa un peligro grave para muchos bellos grabados
modo más fuerte los efectos de la desagregación granular. en el Atlas Sahariano. Este proceso pernicioso, por ser lento y poco perceptible a primera
El proceso propiamente dicho combina varios factores. En rocas heterogéneas, las va- vista, parece difícil de detener ya que está ligado a la naturaleza misma de las rocas.
riaciones térmicas, las variaciones hídricas, la intervención eventual de organismos vivos
(bacterias, líquenes, musgos) son capaces de despegar fragmentos irregulares calcados 4.5. LOS SUELOS, LOS EFECTOS DE CAPILARIDAD, LAS CORROSIONES DE LA
generalmente sobre la textura de la roca, cuyas irregularidades han localizado la ruptura. BASE DE LAS PAREDES
En la arenisca, por ejemplo, cuando el cemento no tiene el mismo color que los granos
de cuarzo, los efectos de ruptura mecánica se localizan en el punto de contacto de los En las estaciones rupestres en que los grabados están ejecutados a proximidad inme-

572 573
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihrwoup

diata del suelo o cuando éstos han sido enterrados a consecuencia de una sedimentación
posterior, lodazales, depósitos de las pendientes, aportes fluviales, depósitos eólicos, etc.,
se pueden observar a menudo fenómenos de corrosión ligados a la existencia de tales
materiales sueltos junto a las paredes. En las descripciones de ciertos prehistoriadores se
alude a veces a las degradaciones que sufre la base de los grabados por causa de la presen-
cia durante un tiempo más o menos largo de un suelo arcilloso o arcillo-arenoso. Es el
caso, notablemente, de los grabados de la estación de Daiet-Es-Stel, al norte de Djelfa,
en donde un hombre de tamaño natural y un cordero han sido medio roídos por proce-
sos químicos y físico-químicos que dominan en un suelo que ocultaba en parte el panel
grabado. Es probable que cierto número de grabados estén así tapados por el desarrollo
de los suelos y, en este caso, estén desapareciendo sin que nadie se haya dado cuenta. Es
cierto que el número de grabados al aire libre es suficiente para que sea relativamente
poco interesante el tratar de desenterrar los que estén escondidos. Tiene sin embargo
su interés el estudio de los grabados parcial o totalmente hundidos: se pueden tener
así indicios sobre las velocidades de sedimentación o de formación de los suelos desde
la ejecución de los grabados, y tanto más cuanto que a veces los suelos al pie de las pare-
des grabadas contienen capas arqueológicas con industrias líticas. Es el caso particular-
mente en Aih-Naga (noreste de Messad, región de Djelfa) donde Grebenart (1969) estu-
dió minuciosamente un bello yacimiento capsiense. Las correlaciones parecen pues posi-
bles (o por lo menos las relaciones de cronología relativa) entre las paredes grabadas, los
suelos que se han desarrollado a sus pies y las industrias que se encuentran en ellos. En
cierto modo entonces las degradaciones de los grabados enterrados podrían servir como
marcadores para los prehistoriadores.
Depósitos antiguos de arenas eólicas cubren la base de ciertas paredes. Si la arena se
mantiene seca, los grabados no han de sufrir mucho de este enterramiento. Pero si la duna
queda fijada por la vegetación, la acción ácida de las radículas, traza en la superficie de la
arenisca con pátina, redes más claras. Es el caso en particular del grabado de liebre de la
estación de Sidi Maamar en los Arbaouat.
Figura 32 — La desagregación granular genera un ensanchamiento
A veces, finalmente, se pueden observar revestimientos, incrustaciones de calcita
importante del borde de los trazos de grabado. El embotado resul-
blanca (sarro) en los grabados, cuando los cubrió durante un lapso bastante considerable
tante es muy característico (v. fig. 27/091. Djebel-El-Hasbaiá, N de
una capa de depósitos detríticos. Entonces los grabados están encostrados; es el caso de Laghouat. Foto SO LE IHAVOUP 1977.
un búbalo inédito de Garet-et-Dba, cerca de Aih-Sefra. Los desarrollos de calcinas son
sin embargo poco frecuentes en las paredes rupestres del Atlas Sahariano. En cambio se
ha visto (Soleilhavoup, 1978) que son muy frecuentes en las paredes pintadas en Tassili-n-
Ajjer (remítase el lector a ese trabajo para la descripción y el estudio genético de las calci-
nas en el Sahara).

4.6. LA CORRASION EOLICA

Dubief (1963) ha mostrado que las regiones más afectadas por los vientos de arena
son los bordes norte y sur del Sahara. Por vientos de arena se entienden los vientos capa-
ces de levantar partículas de 0,1 a 1 mm a alturas de 0,10 a 1 m. La base de muchas pare-
des grabadas presenta estrías horizontales, ranuras, alvéolos aislados o coalescentes que
son indicios manifiestos de acciones eólicas. Se puede observar bastante a menudo que
ciertos grabados han sido dañados más gravemente hacia la parte baja: por ejemplo las
s. 5
patas de muchos animales están gastadas o truncadas. Es seguro que el picoteo intenso alk",a .1 •
de los granos de arenas proyectados violentamente contra el bajo de las paredes produce •.■
una destrucción de la roca o refuerza considerablemente la acción de la desagregación gra- f* 11 4_ a•
Figura 33 — Estación de Garet-El-Baadj, región de Boussemghoum, alrecfedorcs de Aih-
nular. Por encima de 1 a 1,5 m, los grabados no son afectados por la corrasión, cualquie- Sefra, Este. Gran parte de esta pared presenta muy numerosas cavidades cavadas por una
ra sea su posición en relación con el nivel del suelo. La estación de El-Richa (sur de abeja (Odynerus bidentatus, Lepeletier). En el centro de la foto, un grabado se ve muy
Aflou) muestra un buen ejemplo de corrasión en los grabados, citado por Roubet (1976, afectado por la coalescencia de varios alvéolos. Nótese que varias figuras se extienden "en
estrella" a partir de esta cavidad. Foto F. COMINARDI.

574 575
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup

p. 248). Se trata de un "orante" del que sólo la parte superior se ha librado: toda la base
de este grabado está en efecto roída por el impacto de las partículas minerales.

4.7. INSECTOS, PAJAROS

En ciertas paredes, generalmente a desplomo, moscas "albañiles" fabrican sus nidos,


que constan de granos de arena pegados con arcilla y con secreciones salivares del insecto.
Estas construcciones son sólidas e incluso, después de su destrucción, sus huellas permane-
cen en la pared. La mayoría de las veces estos nidos están situados en la parte superior de
los paneles y pocos son los grabados deteriorados.
Los excrementos de pájaros (palomas, rapaces) son mucho más degradantes. Las pare-
des grabadas verticales constan a menudo en su parte alta de anfractuosidades que sirven
de nidos o de alcándaras a los rapaces, a las palomas y otras aves. Es frecuente ver por
debajo de estas cavidades largos rastros blancos de excrementos. Cuando se conoce la
acción corrosiva de éstos sobre los monumentos de las ciudades y las carrocerías de los co-
ches, se puede suponer que no dejan de producir efecto, a la larga, sobre paneles grabados,
por la difusión de nitratos en las superficies y las acciones bacterianas conexas.
Se anotan a menudo, en areniscas poco coherentes, desprovistas de pátina, que la
superficie está ahuecada por pequeños alvéolos (Fig.33), a menudo agrupados, de 1 cm de
diámetro y 2 cm. de longitud aproximadamente. Son las abejas (Fig. 34 y 35) las respon-
sables de la excavación de estos alvéolos que están destinados a la incubación de los hue-
vos y al desarrollo de las larvas. Se trata más precisamente de la especie Odynerus biden-
tatus, Lepeletier. Estos himenópteros trogloditas aprovechan el que la arenisca, empapada
por agua de lluvia en la primavera, haya perdido en superficie la poca cohesión que tenía,
para cavar, arrancando los granos uno por uno, los alvéolos en los que pondrá sus huevos.
Ciertas paredes llegan a parecerse a un verdadero "queso de Gruyére", como la de Garet-
el-Baadj.
Este examen sumario de los principales tipos de alteraciones naturales de las paredes
con grabados rupestres en el Atlas Sahariano permite hacerse una idea de los daños que
sufren las obras grabadas. Ciertos autores, como los alemanes Froebenius y Butzer, han
escrito que las representaciones rupestres sólo representan una pequeña parte del lote
inicial; sus argumentos reposan precisamente sobre el hecho que numerosas paredes han
sufrido mucho y siguen padeciendo actualmente las acciones climáticas del desierto. Otros
autores, por el contrario, han intentado minimizar las causas de destrucción de estas
obras, hasta tal punto que para algunos de ellos (Chudeau, 1909) la erosión del viento no
había bastado para borrar los grabados antiguos y que, al contrario, el viento, puliendo la
roca, había contribuido a su protección (sic); del mismo modo este autor estima que la
insolación no tiene gran influencia sobre la alteración de los grabados. Para Capot-Rey
(1953), que fue uno de los grandes geógrafos pioneros del Sahara, los grabados deteriora-
dos son pocos. O estos autores eran pésimos observadores o bien, acaparados por otros
problemas, no quisieron ver el estado en que se hallaba buena porción de las paredes gra-
badas.
Más allá de la importancia cuantitativa de las destrucciones del Arte Rupestre del
Figuras 34 y 35 — Una abeja (Odynetus bidentatus, Lepeletierl es la responsable de la ex- Atlas Sahariano, el estudio de las alteraciones se revela pródigo de información sobre los
cavación de pequeños alvéolos sobre numerosas paredes de areniscas relativamente poco procesos generados por los paleoclimas o por el clima actual. Los puntos de referencia
coherente, en todas partes del Atlas Sahariano. Estas cavidades (v. fig. 33) sirven para la
cronológicos proporcionados por los grabados permiten medir, en ciertos casos con una
incubación de los huevos y para el desarrollo de las larvas.
precisión satisfactoria, los modos de acción, la intensidad y la rapidez de las alteraciones;
Figura 34 — Vista de la cara dorsal del insecto (x 6 aprox.). Foto F. COMINARDI.
Figura 35 — Vista de perfil (x 6 aprox.). Foto F. COMINARDI. muchas paredes grabadas son para nosotros modelos de laboratorio pero con su verdadero
tamaño y en las condiciones naturales. Como lo hemos visto a propósito de las alteracio-
nes mecánicas a gran escala de la acción de los líquenes, es posible intentar la reconstitu-
ción de fases paleoclimáticas o apreciar la agresividad de algunos factores del clima actual.

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Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup

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Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

Hay por lo tanto aquí un espléndido campo de investigación para el estudio de los proce-
sos.geomorfológicos elementales.
Hay que considerar finalmente que toda acción degradante resulta de la intervención
aislada o simultánea de los cuatro elementos siguientes: el agua, los seres vivos, la tempe-
ratura y el viento. En condiciones particularmente favorables, se establece un equilibrio
entre estos elementos y se asegura cierta estabilidad de la superficie en el contacto roca-
atmósfera; pero casi siempre uno de los factores (el agua en general), sometido a variacio-
nes a veces muy fuertes, origina el cambio o la perturbación de los demás y aparece en-
tonces un desequilibrio: una forma de alteración resultará obligatoriamente. De no haber
estudiado previamente con cuidado las características de las paredes y fas condiciones que
rigen sea su equilibrio, sea el desarrollo de alteraciones diversas, el hombre puede crear o
acentuar desequilibrios y provocar así daños irreparables.

5. — EL LEVANTAMIENTO DE LOS GRABADOS Y LA MEDICION DE LAS


ALTERACIONES

Se han utilizado varios procedimientos para levantar, estudiar y archivar los graba-
dos rupestres; algunos de ellos, que utilizan látex, son bastante degradantes para las obras
porque no sólo dejan marcas blancuzcas sobre las paredes sino que también, en ciertos
casos, arrancan granos de ellas. Desde hace algunos años, en la región de Aln-Sefra, J.
lliou y F. Cominardi han perfeccionado una técnica muy sencilla en su principio y que
permite un levantamiento sumamente fiel de las superficies grabadas. Este procedimiento,
llamado por sus autores "calque en pochoir inversa" (calco de tampón invertido) y que
a continuación se llamará para mayor comodidad "estampación" consiste en apricar sobre
la pared un papel (cuyo espesor y resistencia varían según la naturaleza de la superficie)
por medio de cinta adhesiva y, después de embadurnar los cuatro lados de un tampón de
fieltro con pastel graso, frotar la totalidad de la superficie del papel. No sólo los trazos
de grabado aparecerán con notable fidelidad sino que quedarán marcadas las imperfeccio-
nes y las principales alteraciones. Según los fines que se proponga uno, la estampación al
pastel obtenida así podrá utilizarse bien sea para el estudio de los grabados, o bien para el
estudio de las zonas alteradas al interior y alrededor de los grabados. Para esto, se aplica
una hoja de papel calco de formato equivalente a la estampación y se precisa, primero con
lápiz, después con tinta china, el contorno de los trazos grabados y de las zonas alteradas
(Fig. 36 hasta 40). El resultado obtenido, reflejo fiel de la superficie apuntada, permitirá
por ejemplo medir con el planímetro la superficie de las zonas descamadas, la longitud (y
la anchura) de las redes de fisuras que afectan los grabados, la extensión de los alvéolos
de desagregación granular, el ensanchamiento de los trazos grabados a consecuencia de
las alteraciones de sus bordes, etc., etc. Este procedimiento muy sencilla y sobre todo
muy exacto permite pues cuantificar con precisión los daños sufridos por una obra
rupestre grabada y enunciar los resultados en porcentaje de superficies alteradas en rela-
ción con la superficie sana. Es de notar que se puede del mismo modo aplicar este méto-
do al estudio de obras de arte del mismo tipo: elementos de decoración de bajos relieves,
estelas funerarias, etc. Por ejmplo, el apunte de las estelas precolombianas de la civiliza-
ción de Monte Alban en México (Fig. 41 y 42) podría ventajosamente efectuarse de esta
manera, así como muchos bajos relieves Mayas o Aztecas.

Figura 38 — En numerosos casos es posible medir la importancia de las degradaciones que afectan un
grabado rupestre. Esta figura muestra muy claramente las relaciones entre superficies sanas y alteradas. CONCLUSION
Las áreas fueron medidas con planímetros, con grande precisión. También puede captarse la progresión
de las zonas alteradas, mediante control periódico por fotografías macroscópicas de porciones bien se- No creemos que, hasta ahora, los prehistoriadores y los arqueólogos hayan verdadera-
ñaladas de la pared. Este procedimiento es usado comúnmente por el Laboratoire de Recherches des
Monuments Históriques de Champs-Sur-Marne (Francia). Hombre de Gouiret, Gouiret-Ben-Saloul, 4o.
mente tratado de inventariar las alteraciones que afectan los grabados rupestres que ellos
Gara, región de El-Abiodh-Sidi-Cheikh, Según F. COMINARDI, 1980, Fig. 53. levantan y estudian, y, menos aún, que hayan intentado comprender los procesos que las

581
580
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

trazo inicial zonas alteradas

Figura 39 — Fotografía del estampado de la cabeza de un Asno (Djebel-El-Hasbaia, región de Figura 40 — Esquema de interpretación de la Figura 39: Después de reconstruir el trazado inicial len ne-
Laghouat). Así se pueden apreciar las deformaciones del trazo provocadas por múltiples procesos: gro) por interpolación de los trazos conservados sanos, las zonas alteradas aparecen claramente y su super-
descamaciones de la pátina, corrosión por líquenes, etc. (v. esquema de interpretación, Fig. 401. ficie puede medirse con plan ímetro. En este caso también puede estudiarse la progresión de las alteracio-
nes.

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Soloihwoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)

generan. Como se ha tratado de mostrar en las páginas que preceden, ser ía del mayor inte-
rés que los prehistoriadores de arte consideraran estas alteraciones de los grabados como,
por una parte, muy preocupantes para la conservación de un arte único en el mundo y,
por otra parte, útiles para intentar establecer relaciones entre los períodos de grabados y
los diversos tipos de climas que han sucedido desde el principio del Neolítico.
En este artículo no se h; podido abordar el estudio exhaustivo de los contextos
geomorfológicos de las estaciones rupestres, ni el estudio petrográfico completo de las
rocas soportes; del mismo modo, las alteraciones naturales de los grabados que se han
descrito sumariamente no representan sino una parte del abanico sumamente variado
de las degradaciones bio-climáticas de las superficies rocosas en clima continental subári-
do. En consecuencia, el presente trabajo se considera como un punto de partida pues mu-
chas observaciones quedan por ejecutarse: Un muestreo sistemático de las rocas y de las
pátinas; análisis físicos, químicos y petrográficos de estas muestras; experiencias de labo-
ratorio, entre otras, que permitirían, quizás, que las hipótesis formuladas y los resultados
obtenidos por los autores, se vean confirmados.

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Exemple du Tassili-n-Ajjer. (Sahara algérienl. Caesaraugusta, 49-50, p. 115-153, 5 fig., Zaragoza. movimientos pequeños y sencillos; gravitatorios (rápidos y brutales); combinados (hidroiravitata.
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A. Cailleux. 1 vol., 472 p., 44 fig., 51 photos h.t., SEDES-CDU, París. esta media montaña andina húmeda, la solifluxión plástica heredada y actual es el mecanismo morfo-
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Oranais. L'Anthropologie, No. 45, p. 213-215. y que la heredada; por ej. en el superpáramo (geodinámica periglacial superficial y nunca catastrófica),
en el páramo (reptación heredada) o en el subandino inferior, que no parece inestable, a pesar de ser
el más colonizado y cultivado. El problema planteado es el origen de estas herencias morfodinámicas,
tal vez paleoclimático y ligado a una humedad mayor.

ABSTRACT

The morphodynamic phenomena along the slopes of the Central Cordillera (4030' • 6°N - 740.
760W) were grouped according to the mechanisms and agents of movement: small and simple gravas/.
induced movements; larger and abrupt gravity-induced movements; combined gravity- and water
induced movements; plastic and liqu id solifluction. Basad on this classification, we may distinguish
two altitud final levels characterized by high humidity and high present and recent slope unstableness,
between 1800 and 2500 m. i.e. an upper subandean and a lower andean level. In this humid ~die
andean zone, present and inherited solifluction is the most important morphodynamic mechanism,
which is associated with combined gravity-and water-induced processes on longer slopes. In the super-
páramo, present unstableness generally appears to be less important than the potential and inherited
one, and is restricted to superficial periglacial slope morphodynamics, which is never catastrophical.
The hot lower andean zone does not seem to be unstable, in spite of being the most cultivated and
colonizad level. It is not certain if the former higher lack of stability is related to paleoclimatological
changes, for instante to a more humid period.

INTRODUCCION, OBJETIVOS Y METODOLOGIA

En el marco de los estudios geográficos y ecológicos del medio natural de la Cordille-


ra Central que el Instituto Geográfico "A. Codazzi" está llevando a cabo desde el año
1978, se ha venido analizando la evolución de las vertientes a lo largo de la Cordillera Cen-
tral y especialmente las formas geodinámicas actuales y heredadas, así como los mecanis-
mos y procesos geodinámicos que las rigen.
El área objeto de este estudio se extiende sobre las dos vertientes de la Cordillera
Central, entre los ríos Magdalena y Cauca (Fig. 1, mapa de localización: entre 4°30' y
5°30' de latitud N y entre 74°30' y 76° de longitud O) y más precisamente a lo largo de

• Instituto Geográfico "Agustín Codazzi" Carrera 30 No. 48-51, Bogotá, Colombia.

587
Thouret & Pérez

un transecto que abarca el Parque Natural de los Nevados, las laderas andinas del Tolima
hacia El Líbano, de Risaralda hacia Pereira y de Caldas hacia Manizales, así como las estri-
baciones subandinas hacia los valles del Cauca y del Magdalena.
En el presente artículo se presenta en primer lugar la clasificación de los pisos y sub-
pisos bioclimátices y luego una descripción de las formas y de los mecanismos geodiná-
micos en cada piso o subpiso, para terminar con un ensayo de explicación geomecánica
y de clasificación genética de todos los elementos morfodinámicos.

A. OBJETIVOS

La finalidad general de estos estudios (Proyecto ecodinámico) es la definición de las


unidades homogéneas (ecosistemas y geosistemas) del medio natural alto-andino y bajo-
andino de la Cordillera Central (representativa de los Andes Colombianos), y luego el co-
nocimiento del funcionamiento de aquellas y de su dinámica espacio-temporal. Dentro de
este marco, los estudios geomorfodinámicos buscan exponer los principales elementos de
explicación de la inestabilidad morfodinámica de las vertientes andinas, con el fin de apre-
ciar el sentido de la evolución real y potencial, actual y reciente, de los medios andinos.

B. rvlETODOLOG IA

El método general es la descripción geomorfológica mediante observaciones clásicas de


las formas y de los procesos, para luego inferir los mecanismos geodinámicos, así como la
descripción detallada de las zonas inestables en cada piso según una ficha normalizada.
El método particular es el establecimiento de las características físicas, químicas y
geomecánicas del material afectado por cualquier movimiento de remoción; así mismo,
se practica una serie de experimentaciones de identificación y de mecánica de suelos
(límites de Atterberg, coeficiente de extensibilidad lineal, modelo de ruptura).
Se presentan aquí dos tipos de resultados generales, los primeros de valor cualitativo,
los segundos de valor experimental y/o hipotético.

I — EL ESCALONAMIENTO BIOCLIMATICO Y MOR FOCLIMATICO EN LA


CORDILLERA CENTRAL

La Fig. 2 visualiza el escalonamiento general de las macro-unidades bioclimáticas y


morfoclimáticas estudiadas aquí. Se distinguen el piso de los nevados (de 4600 hasta
5400 m)*, el piso de los páramos (de 3800 a 4600 m), el piso andino (de 2300 a 3800
m), el piso subandino (de 1200 a 2300 m), el piso subandino inferior o (sub) ecuatorial
(de 700 a 1200 m) y finalmente, las llanuras ecuatoriales cálidas, relativamente secas o
húmedas (por debajo de 700 m).
Los pisos, subpisos y sub-unidades pueden expresarse así, a partir de criterios bio-
climáticos y morfoclimáticos.

A. ALTA MONTAÑA ANDINA ECUATORIAL FRIA

Ella comprende el piso de los nevados y el de los páramos.


1.— Piso de los nevados
El piso de los nevados está muy restringido hoy en día a los volcanes más altos y
se divide en:

• Las alturas citadas son aproximadas y varían según la disimetría biocl matice entre las vertien.
tes oeste y este (200 m más bajo al este).

588
Geodinám ica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

FIGURA I MAPA DE LOCALIZACION


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Sta. Rosa da Cabal.
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• Linda 1-5 4);
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NEVADO . \11,/ San
-\C-)Joon •
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589
Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

a) Los nevados actuales (El Ruiz, 5400 m, El Tolima, 5400 m y El Santa Isabel, 5200
m), cubiertos por hielo y nieve permanentemente.
b) Los nevados temporales, deglaciados hace menos de 25 años, pero que se cubren
de nieve efímera durante los inviernos fuertes* (El Quindío, El Páramo de Santa Rosa, El
Cisne).
2.— El piso de los páramos fríos alti-ecuatoriales
Este se extiende notablemente en la cumbre de la cordillera y se divide en dos sub-
pisos, según criterios a la vez fitogeográficos y morfoclimáticos.
a) Los superpáramos (subpiso periglaciar o subnival alti-ecuatorial), encima de 4200
m, coinciden con aquellas áreas cubiertas por los glaciares desde los siglos XVII-XVIII
hasta mediados del siglo XIX y, por consiguiente, están muy poco colonizados por la ve-
getación.
b) Los páramos clásicos de Espe/etia spp. (CUATRECASAS) Y de bosques enanos,
en proceso de degradación debida al pastoreo, entre 3800 m y 4200 m.

B. MEDIA MONTAÑA ANDINA ECUATORIAL HUMEDA

Muy húmeda y progresivamente cálida, la media montaña es la más original de los


Andes Colombianos y abarca el amplio piso andino y el piso subandino.
1.— El piso andino. Este abarca tres unidades principales:
a) Una franja superior de transición, de bosque alto-andino, entre 3800 m (límite
natural del bosque, hasta 3900 m) y 3400.
b) Entre los mismos límites altitudinales, esta franja se convierte a menudo en un
área extensa de alto-andino paramisado o antropizado, que en algunos casos se puede
llamar subpáramo (cuando está compuesto por ciertas formaciones arbustivas), caracteri-
zada por la progresión actual de los cultivos y de la colonización antrópica.
c) Un subpiso andino propiamente dicho, en su mayoría cubierto por la selva nubla-
da, más o menos intervenida ahora por la colonización agrícola. Se distinguen las subuni-
dades siguientes:
— Un andino superior frío, más boscoso, de sierras y quebradas profundas (aproxima-
damente entre 3400 m y 2900 m).
— Un andino inferior fresco, más húmedo, más talado, sobre colinas con pastos
predominantes y una inestabilidad fuerte de las vertientes (aproximadamente entre
2800 m y 2300 m).
2.— Piso subandino
El piso subandino es un mosaico de medios naturales complejos, sobre todo por
la intensidad y la evolución histórica y actual de la colonización agrícola; allí, las unida-
des no parecen escalonadas, sino encajonadas y en mosaico. Sin embargo, es posible
dividirlo en cuatro sub-unidades:
a) El mosaico de la margen superior, (o subandino superior) muy parecido al andino
inferior, entre 1800 y 2300 m, con pastoreo y fuerte inestabilidad de las vertientes.
b) El mosaico del café tradicional con sombrío, entre 1200 y 1800 m.
c) El "óptimo cafetero", paisaje antropogénico de plantación del café moderno
(entre 1300 y 1700 m aproximadamente).
d) El mosaico pobre de la margen inferior de transición con las laderas ecuatoriales
(por debajo de 1300 m).

C. LA BAJA MONTAÑA ANDINA ECUATORIAL CALIDA

Se trata de los bordes de la cordillera que dominan las tierras cálidas y bajas hacia los

Invierno en el sentido colombiano: época de lluvias

591
Thouret & Pérez Geodinemica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

valles del Magdalena y del Cauca. Se disciernen dos grandes unidades. de la última pulsación glaciar histórica "Ruiz" (Thouret, van der Hammen, 1980).
a) El superpáramo alto es el verdadero subpiso periglaciar alti-ecuatorial, sobre los
7.— Piso subandino bajo o (sub)ecuatorial cálido
El piso subandino bajo está representado por dos medios naturales diferentes, en la 4400 m. En este medio subnival con vegetación muy esparcida o ausente, actúan los pro-
vertiente occidental y oriental: cesos crionivales diurnos, la geliflucción localizada, el escurrimiento nivel y la torrenciali-
a) El borde criental empinado y relativamente seco hacia el Magdalena, entre 1200 dad pro-glaciar canalizada. Se observan formas de tamaño pequeño en general: pipkrakes,

y 700 m. suelos estriados, taludes de micro-gelifractos (de dacitas) y de "arenales", vascos (cubetas
b) Las laderas suaves y relativamente menos secas que se dirigen hacia el Cauca, entre de disolución) y seudo-lapies en andesitas (disolución química, orgánica y crionival),

1300 y 900 m. micro-lentes de geliflucción, etc.


2.— Llanuras bajas muy calientes y secas del Magdalena b) El superpáramo bajo, entre 4200 m y 4400 m aproximadamente, en vía de coloni-
Las llanuras ecuatoriales cálidas y relativamente secas se encuentran solamente en la zación por la vegetación paramuna, es el área de los arenales recientes y actuales. Se trata
vertiente oriental de la cordillera y constituyen la depresión ancha del Magdalena, de 500 de acumulaciones poco espesas y extensas de material fino (arenas y gravillas) originado
a 300 m de altura. Ellas abarcan las mesas y colinas disectadas, las terrazas y vegas de los por la disolución química y la microgelifracción de las andesitas y de las dacitas, con algu-
afluentes y las llanuras o conos extensos cultivados. nas interestratificaciones de crioclastos ordenados, de edad histórica o tardiglaciar.
Sobre estos arenales se desarrollan procesos crionivales y gelifluidales diurnos, según
II — LAS FACIES MOR FODINAMICAS DE LOS PISOS Y DE LOS SUBPISOS el juego del hielo-deshielo, tales como los enunciados para el superpáramo alto. Pero
además, el escurrimiento difuso y concentrado, aunque localizado, toma alguna importan-
La descripción de las facies morfodinámicas de cada uno de los pisos, subpisos y sub- cia (arroyuelos), así como la geliflucción laminar (de pequeña dimensión); ambos están
unidades anteriormente mencionadas puede enfocarse a través de una gestión geomorfo- ligados a la circulación del agua superficial liberada cada día en un material sucesivamente

lógica de cuatro etapas: seco y húmedo. Cabe recalcar que el superpáramo bajo disminuye bajo la colonización de

1) La descripción de las geoformas dinámicas. la vegetación pionera.

2) La explicación de los procesos morfodinámicos.


3) Los elementos teóricos acerca de los mecanismos que los rigieron recientemente y B. LOS PARAMOS

que los rigen actualmente (apoyados sobre datos de laboratorio).


La hipótesis sobre el sentido general de la evolución geodinámica en el tiempo y en el 1.— Geodinámica de las vertientes: en general discreta y heredada
4)
espacio, a través de cada piso y subpiso y a la escala de las macro-unidades de la Cor- Los páramos, cuya definición clásica antigua es fitogeográfica, constituye también

dillera Central. un piso morfoclimático (entre 3800 y 4200 m), caracterizado básicamente por modelados
heredados, de origen glaciar reciente, y con una geodinámica actual más discreta que en

A. LOS NEVADOS Y LOS SUPERPARAMOS los superpáramos. Actualmente domina el proceso de la reptación, de dimensión y conse-
cuencias reducidas, el cual puede acelerarse con la tendencia general a la degradación de la

Se agrupan los nevados y los superpáramos porque los medios periglaciares alti-ecua- cobertura vegetal por el pastoreo hasta arriba de los 4000 m. En ciertos casos localizados
toriales tienen un régimen bioclimático y muestran una facies morfodinámica en estrecha se presentan fenómenos actuales bastante reducidos, causados por un mecanismo de soli-

relación genética y espacial con los nevados. flucción líquida, ayudado por condiciones particulares del medio paramuno.

1.— Los glaciares y sus márgenes pro-glaciares (geodinámica superficial y muy locali- 2.— Cárcavas y/o barrancos.- un fenómeno morfodinámico heredado preponderante

zada). a) Una geoforma linear regida por la "soliflucción líquida". A una altura idéntica
a) en los casquetes glaciares, que cubren hoy en día unos 40 km2 en el área estudia- de 3900-3950 m en todo el Parque de los Nevados, se observan cárcavas lineares (longitud
.
da, no se aprecia la evolución reciente y actual de las masas de hielo con precisión, puesto pluri-decamétrica), estrechas, profundas y paralelas entre sí, denominadas barrancos. Las
que se desconoce por completo el balance alimentación/ablación de aquellas. Sólo se cárcavas muestran una corona en nicho de desprendimiento circular, con una pared de
observa un receso general de los casquetes glaciares de los nevados, desde hace unos dece- 4-5 m, un fondo casi plano, pero irregular, estrecho (10 m y menos), entre dos paredes
nios, y una lengua del Ruiz, hacia el oeste (La 011eta), ha retrocedido varios metros desde menos altas y una colada de barro de 10-20 m a la salida. El movimiento afecta toda la
1978, después de haber dejado una pequeña morrena de empuje; también la lengua mayor secuencia estratigráfica, y desde luego es un fenómeno reciente, pero ahora casi no fun-
del Ruiz, hacia el sureste (río Recio), muestra masas de hielo "muerto" entre los 4250 y ciona y está colonizado por vegetación arbustiva alto-andina. Estos barrancos están ubi-
4500 m. cados a la misma altura y especialmente sobre las mismas morrenas laterales, altas y largas,
b) Las márgenes pro-glaciares, bastante reducidas en las cercanías de las lenguas gla- de edad tardiglaciar (del sistema "Otún"), siguiendo una línea de fuentes que aparecen en
ciares, están recubiertas por formaciones glacio-torrenciales (conos pro-glaciares, terrazas el contacto entre el material morrénico alterado (en la base) y la secuencia de tefras y
de kame históricas y contemporáneas). Las laderas cercanas constituyen el dominio de la suelos superpuestos. Además, en la pared de las cárcavas se nota que en la base de la
crionivación y de la geliflucción, que engendran formas de tamaño reducido y de exten- secuencia estratigráfica existe un nivel arcilloso con hidromorfia nítida debajo de capas
sión limitada, como los pipkrakes diurnos, los suelos estriados o los arroyuelos de escu- de lapilli y cenizas mucho más porosas.
rrimiento de fusión diurna sobre las morrenas contemporáneas. b) Cuál es el origen de estas herencias?
2.— Los superpáramos (dominio de los fenómenos periglaciares diurnos superficiales). El origen de estas cárcavas heredadas en el páramo se puede atribuir a dos períodos
Los superpáramos se pueden dividir en altos y bajos, en función de la presencia de co- de crisis morfogénicas o de rhexistasis. Podrían corresponder al período de tala del bos-
munidades vegetales pioneras, cuya repartición está estrechamente ligada a la distribución que alto-andino por el hombre pre-colombino, o más bien al final del Holoceno medio

592 593
Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

(después de 5000 BP), cuando murió la vegetación alto-andina (Compuestas) que había b) Un fenómeno original de rejuvenecimiento de una herencia paleomorfodinámica
subido en altura, durante el óptimo bioclimático del Holoceno medio (un poco más hú- Cerca de La Esperanza (Caldas), a 3400 m, se observa un fenómeno catastrófico loca-
medo), al producirse unos cortos pero fuertes episodios fríos (reavances del estadio lizado, causado por una colada de barro rápida y mortífera, que se produjo el 23 de octu-
"Santa Isabel": ver diagramas palinológicos, Thouret y van der Hammen, 1980, Fig. 5). bre de 1979 durante un episodio de fuertes lluvias y que se inició dentro y arriba de una
En ambos casos, a esta altura, de 3900-3950 m, el límite del bosque era un límite ecoló- cárcava antigua colonizada por el bosque alto-andino. En la corona de la forma, se nota
gico frágil, donde los cambios paleoclimáticos dejaron en el modelado el testimonio de también una línea de fuentes, en el contacto entre una capa turbosa impermeable, en la
tales barrancos. base, y una secuencia de 3 m de lapilli y suelos fosilizados. Este ejemplo revela cómo vuel-
3.— Los fenómenos morfodinámicos actuales, localizados y reducidos ve a funcionar una herencia geodinámica (talvez holocénica?) en condiciones excepciona-
a) Otras formas análogas, de tipo circos de sufosión y/o deslizamientos circulares les, bajo una crisis pluviométrica que activa el papel de la soliflucción líquida, breve en el
y poco profundos, pero actuales, más pequeños (infra-decamétricos) Y localizados, como tiempo.
en el valle de San Carlos (3850 m), señalan el paso, excepcional hoy en día, del proceso 2.— El piso andino propiamente dicho del bosque de niebla
de la reptación dominante al de la soliflucción líquida, más limitada. Estas pequeñas for- a) Una geodinámica actual muy discreta.
mas se ubican sobre pendientes suaves (15 a 20°), hasta débiles (5-7° ), pero sobre una En el piso andino cubierto por el bosque de niebla densa, la geodinámica actual es
línea de fuentes también y dentro de una secuencia estratigráfica parecida, con una dis- muy discreta. Sólo existen algunos arrastres lineares, ligados a la gravedad, sobre escarpes,
continuidad de permeabilidad entre una cobertura piroclástica y u na base arcillosa de alte- por ej. obre las laderas muy empinadas del Valle del Totaré entre 3500 y 2900 m. El escu-
ración de una morrena tardiglaciar. La sufosión, en tales condiciones estratigráficas, pue- rrimiento linear no es favorecido, puesto que los suelos bajo bosque (de tipo ándico)
de también ayudar al fenómeno observado. llevan un humus espeso protector (de 30 a 50 cm).
b) En casos excepcionales, a éstos procesos se añade una condición geomorfológica: b) Una inestabilidad potencialmente problemática
el paralelismo entre la pendiente y un plano estructural del sustrato volcánico (estratifica- Los claros recientes en el bosque andino sugieren que la geodinámica de las vertientes
ción por ej.), que conduce al desprendimiento por cizallam lento mecánico de la cobertura podría volverse problemática. En efecto, cuando se tala el bosque, por ej. en la ladera
piroclástica poco espesa (1 rn) y a su deslizamiento sobre una pendiente promedia de 30"- ; oeste del Páramo de Santa Rosa de Cabal, entre 3500 y 2500 m, los modelados muestran
estos deslizamientos superficiales por paquetes son muy escasos, (por ej. arriba de Muri- amplias ondulaciones y lentes de soliflucción generalizada por deformación plástica lenta,
llo), y son testigos también del paso de la reptación a un fenómeno más rápido, en condi- sobre pendientes medianas (15° a 25°), dentro de una espesa cobertura de cenizas altera-
ciones excepcionales. jas y sobre todo dentro de una alterita arcillosa de un material volcánico detrítico anti-
guo. El origen de este modelado es un problema aún sin resolver (herencia holocénica o
C. EL PISO ANDINO más antigua?), pero la deformación sigue actuando hoy en día aunque lentamente, bajo el
bosque y en equilibrio aparente con él. La tala del bosque desencadena el escurrimiento
El piso andino está cubierto por el bosque de niebla, sobre todo en la vertiente occi- lineal y una soliflucción laminar en terracetas debida al pisoteo del ganado.
dental de la cordillera; en la vertiente oriental, el bosque está mucho más intervenido. Su
3.— El subpiso andino inferior inestable
morfodinámica se puede resumir en dos puntos: el piso no muestra en general una inesta-
a) El peso preponderante de las herencias morfodinámicas
bilidad real fuerte hoy en día, pero si' potencial; en las dos franjas extremas altitudina-
En las áreas inferiores del piso andino, por debajo de 2900 m, la geodinámica de las
les, la alto-andina y sobre todo la andina inferior, existen manifestaciones apreciables de
vertientes es actualmente lenta, pero se lee nítidamente el papel de las herencias de la soli-
fenómenos solifluidales, a la vez heredados y actuales.
flucción plástica a gran escala en el paisaje morfológico; la deformación plástica sigue
1.— El subpiso alto-andino
actuando ahora a una escala mucho menor y localizada, acelerada superficialmente por el
El subpiso alto-andino, originalmente boscoso, corresponde hoy a uno de los fren-
pastoreo. Así, sobre pendientes medianas a suaves (de 25° a 10°), de espesas secuencias
tes más recientes de la colonización agrícola. Sin embargo, hasta ahora, las formas diná-
estratigráficas de suelos sepultados y depósitos piroclásticos, el modelado es blando, on-
micas son pocas y localizadas, ligadas a condiciones excepcionales (de pendiente sobre
dulado, con sistemas de pendientes convexas largas y cóncavas cortas asociadas. Las am-
todo).
plias ondulaciones agrupan lomas, una gran cantidad de nichos circulares de deslizamien-
a) Las formas dinámicas esparcidas actuales, causadas por la gravedad o por el escurri-
tos o de derrumbes heredados de tamaño pluri-decamétrico con burletes frontales de cola-
miento linear.
da de barro al pié, casi nunca funcionales (por ej. en el área este de Manizales).
La gravedad es favorecida por las pendientes muy empinadas de los escarpes subverti-
cales de las coladas de lava (al lado izquierdo del río Azufrado por ej., de 3900 a 3500 m), b) La deformación plástica sigue actuando lentamente
donde se producen derrumbes epidérmicos (ladera sur del río Combeima a 3500 m). Un Hoy en día, la actividad morfodinámica continúa paulatinamente traduciéndose lo-
fenómeno original único es visible en los alrededores del Cerro Bravo, en el "Páramo de calmente por una soliflucción laminar dentro de nichos, con escurrimiento linear limita-
Letras" entre 3600 y 3400 m de altura: allí se desarrolla un modelado de cárcavas (bad do, y sobre todo en las coladas. También, puede jugar un papel limitado y localizado la
lands) muy ramificadas, en parte colonizadas por la vegetación, a veces reactivadas, den- gravedad "asistida" (procesos hidrogravitarios) en caso de inviernos fuertes, como en
tro de la cobertura espesa (hasta 10 m) de lapilli y pómez que cubre las laderas del vol- noviembre 1979, bajo lluvias intensas y durables. Al borde de la carretera Manizales-
cán, principalmente hacia el N y el S. Numerosos desprendimientos por paquetes se pro- Letras (Caldas),se produjeron entonces algunos derrumbes y desprendimientos por pa-
ducen en las paredes de estos depósitos piroclásticos sin cohesión alguna y el carcavamien- quetes decamétricos en la cobertura piroclástica gruesa y espesa sobre vertientes empi-
to profundo por escurrimiento linear muy concentrado predomina en estas formaciones nadas. Los lapilli y pómez macro-porosos y sin cohesión se desprenden de las arenas
muy permeables. más finas y humectadas de las grano-dioritas a unos 2 o 3 m de profundidad.
4

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Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

D. EL PISO SUBANDINO muy arcillosa, muestra límites de Atterbeg altos (por ej. en Palo Cabildo, Lp 35, LI 71) Y
un índice de plasticidad alto (Ip 36).
1.— Un piso original y potencialmente inestable Además, se observó en el campo, en invierno y en verano, que la humedad in situ
a) Un potencial geoquímico considerable y una colonización agrícola antigua e era siempre más alta a partir de 50 cm y muy alta en profundidad (3-4 m) en la alterita de
intensa los esquistos, lo que indica una discontinuidad de permeabilidad entre aquella y la cober-
En el piso subandino existe un conjunto de factores favorables a la inestabilidad
tura más porosa y con alto poder de desecamiento.
morfodinámica de las vertientes. Entre otros, se deben citar dos elementos mayores. El
— La deformación plástica en el subsuelo es intensa, lo que acarrea (indirectamente)
subandino se ubica bajo el óptimo pluviométrico (más de 2,5 m al este, más de 3 m al la deformación de la cobertura suprayacente, rompiéndola •. En la mayoría de los casos,
oeste de la cordillera) y, junto con el incremento del calor (promedio anual de 18 a 24°), las amplias ondulaciones traducen en superficie esta remoción en masa profunda, con
implica un potencial de alteración geoquímica fuerte. Además, el subandino es el piso de velocidad baja. En algunos casos catastróficos, la velocidad de la deformación aumenta
los cultivos intensos, de pancoger y especulativos; es el área más intensamente afectada (humedad más elevada originada por episodios pluviométricos fuertes, ruptura de la
por la colonización agraria actual y reciente, y a menudo sufre cambios socio-económicos extensibilidad lineal causada por cizallamiento mecánico, sobre un plano estructural empi-
y ecológicos importantes, por ej. en la zona cafetera, a raíz de la introducción del café nado y lubricado); entonces, se produce un desgarrón o un desprendimiento que pasa a
caturra. un deslizamiento, cuando surge un impulso hidro-gravitario complementario.
2.— El subpiso subandino superior es el más inestable c) Algunos movimientos compuestos actuales y catastróficos
De todas las unidades estudiadas en la Cordillera Central, el subpiso superior es el Excepcionalmente, se ponen en marcha grandes movimientos compuestos pluri-
único que agrupa las manifestaciones de inestabilidad actual declarada y los índices de hectométricos, como en San Rafael (Tolima) o abajo de Manizales (carretera a Chinchi-
inestabilidad potencial y heredada; es el más afectado por los procesos morfodinámicos ná), sobre pendientes medianas a fuertes (30° y más).
actuales y recientes, relacionados con la deformación plástica a gran escala y con los En Manizales, se asocian y se aceleran ahora los procesos solifluidales e hidro-gravita-
procesos hidrogravitarios asociados o combinados con ella. rios en un mega-carcavamiento largo (1 km), ancho (300 m) y profundo (más de 100 m
a) Las grandes laderas deslizadas en masa, en su mayoría heredadas en el centro); en la corona, con anchura de 500 m, a 1950 m de altura, abundan los hun-
Cabe destacar la importancia en volumen y tamaño de las grandes laderas desliza- dimientos por paquetes y los desprendimientos altos en la cobertura rojiza, alterada y
das en masa, que pertenecen a los subpisos andino inferior y subandino superior (entre espesa; luego siguen los arrastres profundos lineares y las cárcavas profundas y coalescenl
2500 y 1800 m aproximadamente); ellas padecen de una soliflucción plástica considera- tes, que cogen una nueva fuerza en el subsuelo de shales negros (metasedimentario-volcá-
ble, a una escala desde pluri-hectométrica hasta kilométrica y parecen en su mayoría he- nico), blandos y muy friables; al pié se extiende sobre más de 1 km, a 1200 m de altura,
redadas, aunque también están funcionando actualmente a una escala más reducida y a un cono de deyección grueso que se construye por lavas torrenciales sucesivas en invierno,
una velocidad más baja. creando playas detríticas anchas en los terruños cafeteros.
Tres áreas muestran tales mecanismos actuando sobre pendientes medianas a débiles 3.— El subpiso subandino inferior parece penestable u homeoestable
(menos de 20° ): arriba de Manzanares (Viejo Caldas), arriba de Salento (Quindío) y aba- Aunque la inestabilidad potencial se adivina fácilmente, este medio natural no mues-
jo de Santa Isabel hacia San Rafael (Tolima). En estos casos, la cobertura espesa de ceni- tra la misma geodinámica de vertientes que el anterior, y los fenómenos actuales son esca-
zas alteradas (3 a 5 m) se deforma sobre el subsuelo metamórfico muy alterado y arcillo- sos y combatidos por una recolonización vegetal rápida.
so (esquistos y filitas), el cual se mueve por remoción en masa (feriaje). a) Los escasos fenómenos catastróficos actuales
b) Los fenómenos solifluidales e hidro-gravitarios continúan hoy en día a una escala Al norte del Llano sobre una vertiente muy empinada (40°) aparecen algunos arras-
mediana tres epidérmicos, estrechos y lineares, que dañaron algunas parcelas de caturral. Sin em-
Los fenómenos solifluidales plásticos causan amplias ondulaciones, lentes y depresio- bargo, éstos fueron re-colonizados por la vegetación en un tiempo breve. En El Chuzo (ca-
nes; los hidro-gravitarios producen todos los tipos de deslizamientos. Empero, en Manza- rretera Manizales-Arauca, Caldas, a 1400 m de altura) se produjo un movimiento de pre-
nares, Salento o San Rafael, aquellos, combinados con éstos, constituyen una cadena mor- sión-rotación ("rotational-slipping"), hectométrico y profundo, dentro de una alterita
fodinámica y en parte genética, gracias a las grietas de ruptura de la cobertura arcillosa, espesa, por presión y rotación a lo largo de una superficie de ruptura cóncava, en el con-
a los nichos de desprendimientos o de deslizamientos por paquetes. Ellos pueden pasar tacto de una capa espesa de arcillas con fuentes. Allí también, la re-colonización fue rá-
a un deslizamiento profundo, con la ayuda de un plano de cizallamiento mecánico sobre pida, aunque siguieron actuando unos fenómenos solfluidales líquidos limitados dentro de
cualquier plano estructural (especialmente cuando es subparalelo a la pendiente), o pasan las arcillas (colada de lodo, grietas).
a un golpe de cuchara, cuando la pendiente es menos suave y mayor el espesor y la hume- — Hasta ahora, la introducción reciente del caturral, por ej. en el sector del Líbano
dad del material deformado. (desde 1976), no acarreó formas dinámicas visibles; pero sí se debe tener en cuenta la
c) Algunos movimientos compuestos actuales y catastróficos ablación química, que no se ha medido aún. Sólo ocurre algún escurrimiento difuso al
— Las características mecánicas de la cobertura y del subsuelo son opuestas. En la co-
talar el bosque, cuando se cambia el destino de una parcela, pero sin consecuencias catas-
bertura de cenizas alteradas, pero bastante porosas (textura areno-limosa), los contenidos
tróficas.
de agua no sobrepasan los límites de Atterberg (no se obtuvo índice de plasticidad en los
b) La inestabilidad potencial: elemento notable del equilibrio interno del medio sub-
experimentos de límites líquido y plástico ► •. Además, las arcillas de estas cenizas más o andino inferior boscoso
menos alteradas pertenecen a la familia de kaolinita (metahaloisita), que no son expendi-
bles en general *. En cambio, la alterita de los esquistos verdes micáceos o de las filitas,
•• Nótese que en estas condiciones, la soliflucción de tipo líquido tiene poca oportunidad de produ-
• Ver la tercera parte (mecanismos e hipótesis). cirse.

596 597
Thouret & Pérez
Geodinemica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

— Cuando el bosque subandino es talado para construir carreteras o para introducir — El escurrimiento difuso ocurre sobre todo durante los aguaceros y en áreas areno-
el café, se observa nítidamente un modelado de amplias ondulaciones y lentes decamétri-
sas, por ej. en las llanuras de desborde recientes del río Magdalena (sector Vile-Ambale-
cos. Empero, este modelado parece homeoestable, esto es, se desarrolla en "equilibrio in-
ma), o sobre los afloramientos rocosos desnudos de las colinas mencionadas. En este últi-
terno" relativo con el bosque y se auto-regula; la deformación plástica casi nunca llega a mo caso, se reconoce escasamente en el modelado el papel del escurrimiento concentrado,
su punto de ruptura, y si llega a suceder, el sistema se reconstituye rápidamente, gracias a pero sin consecuencias importantes.
la fácil recoloninción vegetal y pedológica. — El escurrimiento difuso se hace más importante en algunos sectores limitados, don-
En el caturral, no continuarán forzosamente tales procesos de deformación plástica de, por tala, quema y sobre-pastoreo de ovinos, se extienden formaciones arbustivas xero-
(sino a una escala muy reducida), porque el sistema de raices del Arabica caturra no lleva f íticas muy degradadas, sobre arenas y planosoles. En tales casos, por ej. en el municipio
el agua de lluvia hacia la profundidad, lo que mantenía el mecanismo anterior, gracias a de Ambalema, en las vegas del río Magdalena, se forman unas playas arenosas finas, acu-
las raíces de los árboles. Además, una buena cobertura de paja o de gramíneas sobre el muladas por escurrimiento lateral "en napa" o "sheet-wash", este proceso debió haber
suelo en pendiente fuerte evita la concentración del escurrimiento. tenido mayor extensión y fuerza anteriormente (Cuaternario reciente?), puesto que se
encuentran en el modelado índices de glaciplanación sobre llanuras y conos de la depre-
E. EL PISO SUBANDINO BAJO O SUBECUATORIAL sión del Magdalena.

Este piso está ubicado a lo largo de las estribaciones de la Cordillera Central. Si la


III — CLASIFICACION DE LOS FENOMENOS Y DE LOS MECANISMOS
temperatura promedia aumenta mucho, en general las cantidades pluviométricas disminu-
MOR FODINAMICOS
yen así como la cobertura vegetal sobre el suelo. Los modelados principalmente de abla-
ción son heredados pero no son inestables, sino superficialmente.
A continuación se buscará hacer una síntesis de la morfodinámica observada en los
- El escurrimiento concentrado domina
1.
pisos y subpisos, con el fin de inferir luego el sentido de la evolución geodinámica de las
El escurrimiento concentrado predomina especialmente sobre las pendientes media-
vertientes en cada una de las unidades del medio natural.
nas a fuertes del borde oriental relativamente seco, hacia el Magdalena (Venadillo, Tolima
norte). El modelado es espinoso, con interfluvios cortos, agudos y tensos y quebradas es-
A. CLASIFICACION MORFODINAMICA DE LAS GEOFORMAS Y DE LOS PROCE-
trechas y profundas; toda la alterita fué barrida y el escurrimiento pluvial juega un cierto
SOS POR PISO Y SUBPISO
papel superficial sobre los litosoles.
2.— Fenómenos solifluidales localizados y superficiales 1.— En la alta montarla andina fría, las geoformas y los procesos son bastante reduci-
— Cuando el modelado es más suave, sobre los conos recubiertos por cenizas muy dos y superficiales
espesas (entre Pereira y Cartago) o sobre los peldaños cubiertos por formaciones continen- En la alta montaña fría y poco húmeda, por lo general, las geoformas dinámicas son
tales alteradas (entre Fresno y Mariquita), se observan algunos casos limitados de inestabi-
de tamaño reducido y de extensión limitada, sobre todo en los superpáramos, y los proce-
lidad actual, aunque nunca catastrófica. sos son lentos y localizados (periglaciares en el superpáramo, de reptación en el páramo).
-- En la primer área se desarrolla alguna soliflucción laminar, acelerada por el pasto- a) Los superpáramos aparecen actualmente como un medio superficialmente inesta-
reo, sobre suelos orgánicos y arcillosos como los planosoles (zona de Cartago-La Virginia). ble sobre modelados muy recientes, pero a una escala muy reducida y sin consecuencias
En la segunda área, se producen algunos arrastres poco profundos y de longitud decamé- catastróficas. Las geoformas son pequeñas y superficiales y están regidas por procesos
trica. La remoción en masa afecta los horizontes Bt arcillosos y bastante espesos de los periglaciares. La crionivación primero y luego la geliflucción son procesos mecánicos
suelos ferralíticos o de los ferrisoles que descansan sobre la alterita de las grano-dioritas hidro-gravitarios sencillos y lentos, cuyo ritmo cotidiano depende en su mayor parte del
o de los esquistos; un proceso de soliflucción líquida breve inicia el arrastre, mientras la juego hielo/deshielo diurno sobre un material blando, macro-poroso y de régimenn muy
parte superior del depósito (horizonte orgánico o cenizas) se rompe y se hunde. Estos mo- variable en el día.
vimientos reducidos se encuentran solamente donde el borde oriental de la cordillera es b) En los páramos, la inestabilidad es heredada y discreta hoy en día, por lo general.
menos seco, en el límite entre el norte del Tolima y el sur del Vie¡o Caldas (Mariquita-La Actualmente, la reptación es el proceso predominante, pero lento y limitado en el espa-
Victoria). cio, en el tiempo y en sus consecuencias, en un medio natural donde el pastoreo y las que-
mas engendran una degradación generalizada de las coberturas vegetales.
F. LAS LLANURAS ECUATORIALES BAJAS, CALIDAS Y SECAS DEL VALLE Sobre el modelado heredado (de origen glaciar) que caracteriza los páramos, las pocas
DEL MAGDALENA formas dinámicas actuales son muy localizadas y de tamaño decamétrico. Como las for-
mas dinámicas heredadas (un poco más importantes en dimensión y en consecuencias),
1.— Un medio natural bastante estable ellas están regidas por la soliflucción líquida, más que plástica, a la cual conduce, en con-
Esta área, entre los 500 y 300 m, situada a lo largo del río Magdalena, se extiende diciones especiales, la reptación: una línea de fuentes y una discontinuidad de permeabili-
sobre llanuras de acumulación reciente muy poco onduladas, sobre terrazas aluviales sub- dad entre materiales diferentes. Estas condiciones no eran tan excepcionales, sin embargo,
planas y conos torrenciales poco inclinados, además existe al noreste del área un mode- durante el Holoceno medio (o en el Cuaternario reciente, según se anotó).
lado de colinas disectadas dentro del grupo Honda y la formación Mesa. Aparte de estas 2.— En la media montarla andina húmeda, las geoformas y los procesos son los más
colinas, la geodinámica no es intensa ni catastrófica sobre estas pendientes muy débiles o originales y apreciables
nulas, en un ambiente muy caliente y seco La media montaña andina es la más original por dos razones:
- El escurrimiento difuso domina, pero es escasamente fuerte
2. — Del punto de vista geomorfodinámico, ella muestra a la vez manifestaciones de

598 599
Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

inestabilidad actual, sobre todo originadas por la soliflucción plástica, e índices de inesta- B. CLASIFICACION GENETICA DE LOS MECANISMOS MOR FODINAMICOS
bilidad potencial, cuyo origen es problemático y cuyas consecuencias son previsibles, si se
sigue talando el bosque de niebla al ritmo actual. En primer lugar se propone una clasificación de los principales fenómenos morfodi
— De otro lado, los procesos morfodinámicos son compuestos (y no solamente ele- námicos, con base en sus mecanismos, esto es, en el "modo" como se producen los movi
mentales, como an la montaña alta), lo que traduce una mayor complejidad y un mayor mientos.
número de relaciones entre los factores físicos responsables (morfológicos, climatológicos, 1.— Tipos geomecánicos de movimientos morfodinámicos
pedológicos, etc.). a) Movimientos pequeños y sencillos

a) En el piso andino boScoso, la inestabilidad actual es discreta, "escondida" bajo la - Motor o agente líquido (velocidad media): actúa en el escurrimiento difuso y/o con-
"protección" del bosque de niebla, y localizada en los sectores donde la gravedad se vuel- centrado (p. ej., en la baja montaña andina), en el transporte en solución y en el escu-
ve imperiosa. En cambio, la inestabilidad potencial sí es muy notable, puesto que se reco- rrimiento hipodérmico (p. ej. en la baja y media montaña andina).
noce un modelado suave de amplias ondulaciones y arrugas, producto de una intensa de- Motor o agente gravitatorio, a veces hidrogravitatorio, pero de acción a velocidad
formación plástica en profundidad, en alteritas espesas y suelos alterados arcillosos. Sin muy lenta. Es causa del "creep", la reptación, la saltación biológica o pluvial (p. ej.
embargo, este modelado, lentamente deformado, parece estar en "relativo equilibrio" en el páramo donde la reptación pasa a veces de un flujo viscoso y lento de pequeña
con la selva actual, porque las cicatrices de los escasos fenómenos catastróficos son muy dimensión a un flujo líquido y rápido).
rápidamente colonizados, lo que permite calificar este medio como homeoestab/e, al igual b) Movimientos gravitatorios, rápidos y brutales
que la parte inferior del piso siguiente. - Motor gravitatorio (mecánico) sólo (gravedad y energía cinética): es causa de los de-
b) El piso subandino es potencialmente muy inestable, pero las formas dinámicas rrumbes "secos" y de los desplomes (sobre escarpes del piso subandino, p. ej.).
catastróficas, originadas por procesos solifluidales e hidrogravitarios combinados, no son Motor gravitatorio "asistido" (por agente líquido): es causa de los derrumbes de satu-
abundantes. ración hídrica (en taludes muy pendientes de formaciones detríticas, p. ej.).
c) Movimientos combinados (de velocidad media)
— En los mosaicos subandinos de bosque y/o de cultivos tradicionales o modernos, Se producen por impulso inicial de la gravedad y por lubricación hidromecánica varia-
abundan los índices de inestabilidad potencial (amplias ondulaciones, lentes y arrugas,
ble, como los deslizamientos en plancha y múltiples variantes (p. ej. en el piso sub-
deformación plástica lenta y profunda), pero las formas dinámicas actuales son localiza-
andino superior).
das, aunque profundas y a veces catastróficas. Los procesos dominantes son combina-
d) Movimientos en masa.
dos: soliflucción líquida breve (golpe de cuchara con el "feriaje" debido a la alterita arci-
Se trata de los movimientos regidos por la soliflucción, desencadenados por el conte-
llosa rojiza subyacente y ruptura de los suelos de cobertura) e hidro-gravitarios (desliza-
nido de agua. Se pueden distinguir:
miento profundo con desprendimiento de un material rocoso fracturado, por gravedad
Soliflucción sin cizellamiento basal: deformación lenta y flujo plástico (con traspaso
y cizallamiento apoyado por circulación de agua).
del límite plástico), a velocidad baja, como por ejemplo en el área de cabalgamiento
la
— La zona superior del subandino, así como la inferior del andino, es sin duda de la margen superior del piso subandino y la margen inferior del andino).
más inestable, tanto ahora como recientemente, y el riesgo potencial de catástrofe es aquí
— Soliflucción con cizallamiento basal (superficie cóncava de ruptura): velocidad lenta
más elevado que en los demás medios estudiados. Las formas dinámicas originadas por la
y luego alta brutalmente, como en los golpes de cuchara y deslizamientos rotaciona-
soliflucción plástica a gran escala se desarrollan en un ambiente donde convergen todos
les del piso subandino.
los factores favorables a la inestabilidad: pendientes medianas a fuertes, humedad mayor
Soliflucción líquida: flujo viscoso con traspaso del límite líquido, de dimensiones
del óptimo pluviométrico, temperaturas bastante elevadas (de 15 a 22° ), potencial geo-
medianas (en la actualidad), rápido y progresivamente más líquido, como es el caso
qu ímico de alteración, espesor de los suelos y de las alteritas, discontinuidad de permea-
en las coladas de barro y lavas torrenciales (muy escasas en la Cordillera Central).
bilidad y de comportamiento geomecánico en los materiales superpuestos, tala antigua
2.— Dos ejemplos de comportamiento geomecánico, a partir de experimentos rheo-
y actual del bosque, pastoreo degradante, líneas de fuentes, etc. Por lo general, los proce-
lógicos sobre los materiales.
sos sol ifluidales son lentos y no catastróficos. Sin embargo, en algunos casos de gran ta-
Se ha creído necesario destacar en dos casos, la discontinuidad observada en los
maño, se producen unos movimientos de remoción en masa, donde las propiedades de los
comportamientos geomecánicos de materiales superpuestos y deformados.
materiales sobrepasan los umbrales de equilibrio geomecánico.
a) En los páramos, ciertos fenómenos actuales, así como heredados son de tipo
3.— En la baja montaña andina cálida, las geoformas y los procesos son de nuevo bas- solifluidal viscoso de velocidad lenta y luego, escasamente muy rápida por traspaso del
tante discretos y elementales límite líquido; a su vez los deslizamientos circulares, cortos, son ayudados por una super-
Los procesos de ablación, que actuaron en aquellas áreas durante todo el Pleistoceno, ficie de ruptura en el contacto entre dos materiales de textura y de permeabilidad dife-
han dejado modelados heredados, en gran mayoría denudados y ásperos, donde los proce- rente.
sos elementales de escurrimiento linear y/o difuso superan a los demás. — La mayor parte de la cobertura está constituída por capas piro-clásticas alternadas,
— En el subandino bajo, el escurrimiento concentrado supera los pocos casos de sol i- gruesas (lapilli, pómez > 2 mm), porosas (porosidad toal 59 a 68%, macro-poros 10 a
flucción laminar o de procesos hidro-gravitarios, sobre pendientes medianas a fuertes del 22%, micro-poros 43 a 50%), muy poco densas (densidad aparente 0,51 a 0,64), permea-
borde de la cordillera. bles (K = 10 a 10' cm/s), poco coherentes (0,1 a 0,5 kg/cm2 ), con un ángulo de frota-
— En las llanuras cálidas y secas del valle del Magdalena, a veces se encuentran zonas miento interno alto (± 30°) y desde luego una cierta resistencia al cizallamiento y un
de escurrimiento difuso, especialmente donde las coberturas vegetales tropófilas han sido coeficiente fuerte de extensibilidad lineal; además, no son plásticas, ni líquidas (no se pu-
degradadas por el ganado y luego reemplazadas por matorrales xerof íticos. do obtener valores en laboratorio para estos límites). Geotécnicamente este material se

600 601
Thou ret & Pérez

clasificaría como "arenas".


— La base delgada es una capa arcillo-limosa (sedimentológica o de alteración), de
textura fina, menos porosa (porosidad total 45 a 55%, macro-poros 5 a 9%, micro-poros
40 a 50%), más densa (densidad aparente de 0.9 a 1), poco permeable (K =10 -6 a 10 -8
T Geodinémica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

cm/s), bastante coherente (más de 1 kg/cm 2 ), con un ángulo de frotamiento interno me-
dio a bajo (inferior a 24° ), y desde luego una menor resistencia al cizallamiento y un coe-
ficiente medio de extensibilidad lineal; se trata de una arcilla plástica (Lp 35 a 45) y muy
poco líquida (LI alrededor de 70), que se clasificaría como "arcilla inorgánica de fuerte ae
o
plasticidad", según el abaco de Casagrande, (v. Fig. 3). o
-- Cabe recalcar que el perfil hídrico es siempre contrastado en el año: la humedad
es baja hasta media en la parte superior (30-40% a 50-70 cm) y alta en la parte inferior
4
de la secuencia (65 a 80%), a veces muy alta (superior a 100%, por ej. en abril 1979) a o
o
100-120 cm. Estos datos, correlacionados con el índice de plasticidad alto, explican )

Arc illas o rgán icos


muy comp mmt b lell
..o

L imos org án icos


por qué la reptación lenta es el proceso dominante, y por qué el paso de fenómenos de -t,
=_
In o
flujo viscoso a líquido es bastante excepcional y reducido; obviamente, el contacto con
o o o
una línea de fuentes puede ayudar al fenómeno.

ABACO DEPLA STICIDADDE CA SAG RA ND E


S
b) En el área que cabalga la franja inferior del piso andino y la franja superior del E_
is
piso subandino, los fenómenos actuales y heredados son de tipo solifluidal en masa con - -
10 at
o In N N N *
deformación lenta y flujo plástico, aunque generalmente no se produce un cizallamiento • v..
.2. 6 a. a. a. o O.
basal; en algunos casos, un movimiento puede combinar un motor (impulso) gravitato- rn 1-1 sé e-1 H H
6
rio y una lubricación de origen hidro-mecánico dando lugar a deslizamientos de gran
"..> -
r- =
r

LIMIT E LIQ U IDO WL


magnitud.

Arc illas in
- J'J _1

de f úer te
Las deformaciones plásticas se producen aprovechando la superposición de: 33311
— Una cobertura piroclástica bastante fina (limosa), poco densa (0,60 a 0,80), porosa — r-
o Ir a) 11 O
(porosidad total 62 a 71%, macro-poros 20 a 26%, micro-poros 40 a 52%), poco permeable «nrrnrr

(10 -6 a 10 -8 cm/s), poco coherente (0,2 a 0,5 kg/cm 2 ) y con un ángulo de frotamiento %09 r. 1M El tr3NI
a. a. O. a.
31
interno de 24 a 30° (una cierta resistencia al cizallamiento); no es ni líquida ni plástica, se U.

1, 5 en a lte r lfa ar c illosa


deforma muy poco y es difícil de romper, salvo si el motor actúa en forma lenta pero
continua. o

N°.3Armero— So n Pe dr o 1200n1 8s 85 c m
e
E
— Una alterita del subsuelo arcillosa, densa (densidad aparente igual o superior a 1),

81 300 cm arc illosa


o
poco porosa (porosidad total igual o inferior a 50%, macro-poros inferiores a 5%, micro- o
e
poros 40 a 50%), muy poco permeable (k inferior a 10 -8 cm/s), coherente (superior a 1 o
T.
° ). No es resistente en E
kg/cm 2 ) y con un ángulo de frotamiento interno bajo (menos de 20 4 %0£ =iris 3 y are 1 o .
E
o
al cizallamiento, es poco líquido (WI 35 a 40), pero plástica (Wp 68 a 72) y compresible.
o
En la clasificación geotécnica, sería una arcilla orgánica muy compresible. 0 o

—-1
Además, se nota en los suelos del subandino superior y del andino inferior, que la ma-

∎ sal muy fin


a

N° 4Liban° 13 00m
N°. 5Líbano 1300m
cro-porosidad disminuye rápidamente hacia abajo, al contrario de la micro-porosidad, y „„ ;
„o

rcillosos
que la humedad es más contrastada que en el medio anterior, dentro de un perfil estrati- 2 g
„ 1
e e
gráfico, todo el año. o o s
Ej. LIBANO arriba, 1800 m: ••• 2a
E
_?
• „ a«
Zz á -
Diciembre 78 Abril 79 Agosto 79 o o
Z z
o o o o o o
Humedad de Campo a 20 cm 97 ° 77.5 % 80 % S en e en nl

67.9 dI OVOIDIISlild 30 3310N1


a 50 cm 74.5 67.9
a >100 cm 87 89 89

En efecto, aparecen unos tres niveles superpuestos: uno superficial húmedo y varia-
ble en el año, uno intermedio relativamente menos húmedo y menos variable y uno pro-
fundo permanentemente más húmedo. Este resultado se puede correlacionar con los tipos
de deformaciones observados: una deformación plástica intensa y relativamente lenta en
e
603
602
Thouret & Pérez Geodinárnica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

profundidad, dentro de un material más alterado, con un índice de plasticidad alto; unas
rupturas en la parte intermedia, menos plástica, muy poco líquida y menos coherente;
una deformación viscosa, tixotrópica, menos intensa, pero menos lenta en superficie,
especialmente sobre suelos andosólicos (sin índice de plasticidad medible), fácilmente FIG. No.4

compresibles por al pisoteo del ganado. Esta diferenciación vertical explica los fenómenos
ENSAYO DE APRECIACION CUALITATIVA DEL GRADO DE INESTABILIDAD
nos de flujo plástico observado en superficie y de "feriaje" en profundidad. Tales contras-
ACTUAL POTENCIAL Y HEREDADA POR PISOS Y SUBPISOS MORFOCLIMATICOS
tes verticales en el comportamiento geomecánico intervienen directamente en el desenca-
pisos poodintimicos
denamiento de los deslizamientos eventuales: flujo viscoso, hundimientos y terracetas por
paquetes en el nivel superior; rupturas por desgarrones y desprendimientos en el segundo VII III IV V 1 II VI VIII
nivel: remoción en masa en el tercer nivel por "feriaje". Además, la ubicación de las rup-
turas mayores en el segundo nivel explica que los deslizamientos por lo general no están
muy profundos en la zona, y ocurren cuando existe otro factor mecánico de impulso.

C. IIIPOTESIS ACERCA DE LA GENESIS Y DE LA TENDENCIA GEODINAMICA DE

MUYFUERTE
LOS PISOS Y SUBPISOS

1.— Hipótesis acerca de la rheología de los materiales deformados i-•


Las hipótesis de trabajo futuro descansan sobre las observaciones anteriores, con res-
pecto a la identificación y a la rheología de los suelos y alteritas o formaciones superfi-
ciales.
Los experimentos pueden encaminarse en tres direcciones: II
— La relación entre el tipo y la intensidad de la deformación con la profundidad del
subsuelo o el espesor de las cenizas, puesto que la coherencia y la resistencia al cizalla-
miento de éstas parecen depender en gran parte de este factor.
— La relación entre el comportamiento geomecánico de una cobertura piroclástica y
su textura más o menos fina, de la cual dependen en parte la porosidad (papel importan-
te de la macro-porosidad) y la permeabilidad (experimentos in situ a desarrollar, siguien-
do el ritmo estacional de las lluvias). 1
— La relación entre la rheología de la cobertura más o menos alterada y del subsuelo
alterado y el tipo de arcillas, puesto que, dentro de la misma familia, la metahaloisita y
la haloisita no tienen la misma propiedad de expansibilidad, talvez en relación con la
secuencia de minerales de alteración.
— El origen paleoclimático de las herencias morfodinámicas en los modelados (?)
— La causa por la cual la torrencialidad no aparece paradójicamente como un proce-
so morfodinámico de alguna importancia.

a ltura a. n. m.
2.— Tendencia geodinámica y evolución de las unidades morfodinámicas
La Fig. 4 es un resumen de la tendencia geodinámica actual, heredada y potencial
de las unidades aquí contempladas. Aparecen nítidamente dos subpisos con una tenden-
cia geodinámica actual hacia una inestabilidad desde mediana hasta muy fuerte (zona I
y II): la franja superior del subandino y la inferior del andino y luego los superpáramos. e
o o S o -c; 0 00
Luego vienen en orden el alto-andino, el subandino, el andino, el páramo, el sub-ecuato- o 8 I° 0 o 0 O o
o 1. 2 tl o E
• — e. a o
rial, y finalmente las llanuras cálidas y secas.
SUPER- PANANO ALTO SUPERIOR INFERIOR SUPERIOR INFERIOR SUB LLANURAS 9
La comparación de las tres curvas permite sacar algunas conclusiones interesantes PARAMO ANDINO ECUATORIAL ECUATORIALES
NEVADOS PARAMOS ANDINO SUBANDINO
sobre las tendencias:
ALTA MONTAÑA ANDINA MEDIA MONTAÑA ANDINA BAJA MONTAÑA ANDINA
— La inestabilidad actual es generalmente menos fuerte que la potencial y que la he-
ESCALONAMIENTO DE LOS PISOS Y SUBPISOS BIOCLIMATICOS
redada. a

— Las tres curvas se encuentran bastante juntas en el área I, más afectada por la geo- o
o
INESTABILIDAD REAL ACTUAL INESTABILIDAD POTENCIAL
dinámica actual y reciente. INESTABILIDAD HEREDADA
o

— La inestabilidad de los páramos es sobre todo potencial y heredada, así como la de


los superpáramos, donde la geodinámica superficial actual no puede ser catastrófica.
— La inestabilidad heredada no juega un papel determinante en la parte inferior del

604 605
Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central

piso subandino, el más afectado por la colonización antrópica. do la glaciplanación en el borde este de la cordillera. Actualmente, estos procesos y meca-
3.— La inestabilidad potencial, escala de apreciación del grado de "riesgo" en un me- nismos se han reducido considerablemente en tamaño, velocidad y consecuencias.
De lo anterior se plantea el problema agudo del origen de estas herencias. Se puede
dio natural en vía de antropogenización.
La Fig. 4 muestra una clasificación rápida, de los medios escalonados, cuya inestabili- afirmar que es sobre todo paleoclimático. Las descripciones anteriores y otros análisis
dad potencial es riás o menos fuerte. La media montaña, a este respecto, aparece con un palinológicos y paleo-morfológicos (v. Thouret y van der Hammen, 1980) dejan sugerir
el papel determinante de los cambios paleoclimáticos recientes hacia una mayor humedad,
grado de riesgo mayor de "catástrofes" morfodinámicas, y especialmente la parte superior
que favorecerían una mayor inestabilidad, como el del Holoceno medio a inferior o el del
del subandino, así corno el andino propiamente dicho.
Cuaternario reciente (Pleniglacial superior) (?).
Pero esta clasificación debe desarrollarSe con respecto al impacto humano, sobre todo
3.— Pisos "neutros" y pisos "activos".
debido al aprovechamiento agrícola. Así que, a pesar de presentar una inestabilidad
Finalmente, a través de este estudio, según un escalonamiento a la vez morfoclimáti-
potencial elevada, el piso andino propiamente dicho, cubierto por el bosque andino de
co y morfodinámico, y desde el punto de vista de la geodinámica actual y reciente, se
niebla, no muestra (todavía) un alto grado de riesgo; en cambio, el subpiso alto-andino,
puede hacer una división entre medios "neutros" y medios "activos".
cuya inestabilidad potencial es bastante fuerte, sí revela un grado de riesgo alto, porque
constituye entre otras cosas una zona muy reciente y actual de colonización antrópica. El Así la baja montaña es actualmente poco inestable o "neutra", especialmente en las
subpiso subandino inferior, por ser un medio ya antiguamente colonizado y en transfor- llanuras ecuatoriales; la neutralidad se ha podido adquirir por extinción de los procesos
mación actual, indica que, aún si las condiciones morfodinámicas heredadas no son muy y mecanismos antiguamente funcionales o por haber sido "neutralizados" por otros fac-
graves, la inestabilidad actual puede convertirse rápidamente (aunque localmente todavía) tores físicos, como por ejemplo en el piso andino el bosque de niebla. Al contrario, el sub-
en una geodinámica catastrófica (v. Fig. 4). piso andino superior y el andino inferior es "activo" por la asociación entre la inestabili-
dad potencial y la actual. El páramo bajo es "re-activado" por el regreso local a las condi-
CONCLUSION ciones o a los fenómenos heredados. El subpiso alto-andino y sobre todo el subandino es
"activado" por el incremento actual del impacto antrópico. Actualmente, existe un esca-
lonamiento interrumpido de la actividad morfodinámica en la Cordillera Central. Sería
Es conveniente destacar tres enseñanzas aportadas por este estudio:
de sumo interés mostrar que este escalonamiento morfodinámico debió desplazarse en el
1.— La franja subandina superior-andina inferior es la más inestable
tiempo, por factores paleo-bioclimáticos, para formar una escala de la actividad morfodi-
a) La descripción y la explicación de todos los elementos morfodinámicos permite
námica menos inerrumpida, o con otros límites y frentes de re-activación ( p. ej. en los
destacar la importancia del área comprendida entre los 1800 y 2500 m, en la media mon-
páramos durante el Holoceno Medio).
taña andina, donde se combinan actualmente la inestabilidad efectiva y potencial. Allí
la conjunción de los factores físicos favorables a la inestabilidad de las vertientes es la
más completa y compleja (óptimo pluviométrico, potencial geoquímico de alteración,
pendientes, deformaciones geomecánicas, uso de la tierra, etc.).
b) El mecanismo más importante en la Cordillera Central es la deformación plástica,
como lo muestra nítidamente la media montaña andina.
Estas constataciones permiten insistir sobre el papel determinante, en los fenómenos
y mecanismos morfodinámicos, de las variaciones de la humedad. En la Fig. 4, si se traza
una curva pluviométrica en la Cordillera Central, se observa un paralelismo bastante inte-
resante con la curva de la inestabilidad actual y potencial. En la Cordillera Central, como
en los Andes Colombianos, las variaciones térmicas juegan un papel secundario a este res-
pecto, a no ser en la alta montaña andina, en los superpáramos, donde la amplitud diurna
rige los procesos periglaciares. Pero el superpáramo no es muy original, porque presenta
una facies morfodinámica semejante a la de varias montañas altas del mundo bajo latitu-
des ecuatoriales (Africa del este) y subtropicales (Himalaya central). En cambio, la origi-
nalidad de la montaña andina media es muy grande, desde un múltiple punto de vista, a su
vez b iocl imático, morfocl imático, morfodinámico, etc.
2— El papel de las herencias en los modelados andinos y en los fenómenos morfodi-
námicos es sobresaliente
Hoy en día, por lo general, la geodinámica de las vertientes no es catastrófica (escasa.
mente) y la evolución morfodinámica es lenta. El ejemplo de la facies morfodinámica de
los páramos así como el área subandina-andina más afectada actualmente, suministró la
prueba de la importancia determinante de las herencias morfoclimáticas y morfodinámi-
cas. Otro ejemplo es proporcionado por las llanuras ecuatoriales o por el piso subecuato-
rial, actualmente bastante estable, donde los modelados de ablación han sido preponde-
rantes, mediante el escurrimiento concentrado (piso subecuatorial, modelado de disec-
ción), el escurrimiento difuso y la ablación areolar ("sheet-wash"), que produjo a menu-

607
606
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 609 - 634 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

UNA SECUENCIA HOLOCENICA Y TARDIGLACIAL EN LA


CORDILLERA CENTRAL DE COLOMBIA

Aspectos geomorfológicos, pedológicos, palinológicos y paleo-ecológicos en


el área del Parque Natural Nacional de los Nevados (Tolima, Risaralda)

J.C. Thouret•, T. van der Hammen"

RESUMEN

En la cumbre de la Cordillera Central (4035' - 50N; 75010' - 75035' W) sobresalen las siguien-
tes manifestaciones glaciales y volcánicas:
- Holoceno Superior: "neoglaciación Ruiz" (siglos XVI - XIX), erupciones históricas y prehistó-
ricas, enfriamiento corto (2690 BP), erupción explosiva del Cerro Bravo (3620 ± 70 BP) y fenó-
menos volcánicos asociados en el área del río Otún.
- Holoceno Medio: estadio glacial corto y fuerte "Santa Isabel tardío" (4750 BP); óptimo biocli-
mático con una subida de límite del bosque aproximadamente de 400 m; avance glacial corto y
violento del estadio "Santa Isabel temprano" (alrededor de 6050 BP).
- Holoceno Inferior: estadio "Santa Isabel temprano" (alrededor de 7400 BP), erupciones de 7500
a 9000 BP, estadio "Otún tardío" (10-11.000).
- Tardiglacial: erupciones (11000-11500 BP); interestadial Guantiva (11500-12250 BP); estadio
"Otún temprano" mayor de 12.250 BP; interestadial Susacá, alrededor de 13500 BP.
- Pleniglacial Superior: dos estados glaciales, "Murillo tardío" mayor de 14000 BP y "Murillo tem-
prano", tal vez mayor de 20.000 BP, acompañados por pequeñas erupciones.

ABSTRACT

On the highest part of the Central Cordillera (4035' - 50N - 75010' - 75035' W), we may
recognize the following glacial and volcanic sequence:
- Late Holocene: "neoglaciation Ruiz" (XVI-XIXth century); historical and pre-historical
eruptions; short and cold period (2690 BP); explosiva eruptions from Cerro Bravo (3620 ± 70 BP)
and associated volcanic phenomena in the río Otún área.
- Middle Holocene: short but strong "Late Santa Isabel" glacial stage (4750 BP); bioclimatic
optimum with an upper timber-line 400 m higher than today; short but severa second "Early
Santa Isabel" glacial advance (about 6050 813).
- Early Holocene: first "Early Santa Isabel" glacial stage (about 7400 BP); eruptions between
7500 and 9000 BP; "Late Otun" glacial stage (10-11.000 BP I.
— Late Galcial: eruptions (11.000-11.500 BP); Guantiva interstadial (11.500-12.250 BP); "Early
Otun" glacial stage older than 12.250 BP and Susacá interstadial at about 13.500 BP.
— Upper Pleniglacial: two glacial stages, "Late Murillo" older than 14.000 BP and "Early Murillo",
may be older than 20.000 BP, meanwhile several small eruptions occurred.

INTRODUCCION

En el marco de los estudios geográficos y ecológicos del medio natural de la Cordille-


ra Central que el Instituto Geográfico "Agustín Codazzi" está llevando a cabo desde el
año 1978, con la colaboración del equipo de T. van der Hammen, se han venido analizan-

Instituto Geográfico "Agustín Codazzi", Carrera 30 No. 48-51, Bogotá (Colombia).


•• Universidad de Amsterdam, Hugo de Vries Laboratorium Sarphatistraat 221, AMSTERDAM
(Holanda).
Thourst & van dar Hammen >cónica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia

do unas crono-secuencias de sedimentos del Holoceno y del Tardiglacial, mediante son-


deos de las lagunas de origen glaciar y mediante perfiles de los depósitos piroclásticos que
cubren la mayoría de las vertientes de los páramos de la Cordillera Central.
El área objeto de este estudio corresponde al Parque Natural Nacional de los Nevados
(Fig. 1), el cual se extiende sobre las dos vertientes de la cumbre de la Cordillera Central
(entre los 4°35' y 5° de latitud Norte y entre los 75°10' y 75°35' de longitud Oeste) y
75. 50 74•1
50. 74* 40'
más precisamente a las dos cuencas hidrográficas del río Otún (Foto 1) y del río Totaré 713°
5• 2(
ve no soy irbbiatoca A
(Foto 2). /
Czz,
Aquí se presenta una secuencia paleo-geomorfológica y paleo-ecológica del Holoceno
y del Tardiglacial en el área, a partir del estudio de las herencias geomorfo-pedológicas ob-
servadas en dos sitios: en la orilla de la laguna del Otún, sobre una morrena lateral (3950 Ni
m, latitud 4°45'N, longitud 75°21'0); ambas secuencias están indicadas por un O sobre las \r P)
Fotos 1 y 2.
\„..41Z• 00§01i
MofiquIta
HONDA
La secuencia paleo-ecológica se construyó a partir de diagramas palinológicos obteni- 540

dos por sondeos en la orilla de la laguna del Otún a 3950 m (L.o.i), en las lagunas del • flosooi

Otún superior a 4100 m (L.o.$) y del Mosquito a 3850 m (L.M) así como del pantano del ocs-
Bosque a 3600 m: éstos están indicados por un • sobre las Fotos 1 y 2.
,•Folán

I — OBJETIVOS Y METODOLOGIA /
95 0 4h10/10
( vi •
A. OBJETIVOS
La finalidad general del estudio es conocer el funcionamiento de los ecosistemas del Guoyabol
medio natural alto-andino y paramuno de la Cordillera Central.
La finalidad específica de la presente ponencia es exponer una parte de la historia TOLIMA o
reciente, especialmente holocénica, de estos sistemas naturales con miras a correlacionar-
• Armero
la con los datos ya conocidos en la Cordillera Oriental. (

B. METODOLOGIA

El método general consiste en el establecimiento de una crono-estratigraf ía del Cua-


ternario reciente y del Holoceno mediante los datos geomorfológicos, sedimentológicos, • linda
pedológicos y palinológicos disponibles. son Juan•
/de Rioseco
El método particular es la descripción detallada, tanto de las secuencias de suelos y 50.
4
formaciones piroclásticas acumuladas (estratifigrafía, granulometría y sedimentometría,
caracterización física y química de los suelos actuales y fosilizados), como de las secuen-
RISARA5
cias de sedimentos turbosos y lagunares (estratigraf la, caracterización física-química, pali-
e
nología).
Además se ha iniciado el análisis mineralógico y geoquímico de las cenizas interestra- d.)
• Veneffille
tificadas en las secuencias de suelos o en los sedimentos de laguna. En ciertos casos, resi-
• Zorogaso
duos de carbón vegetal y turba han permitido conseguir algunas dataciones radiométri-
cas mediante el 14 C con el fin de esbozar una cronología precisa del Holoceno y del Tar- 4•
VALLE DEL CAUCA •
diglacial.
rA

• 00..
II — RESULTADOS
76+
75•50 74.1 50' 74' 40'
Se presentan dos tipos de resultados, de valor regional de una parte y detallado de
otra:
un esquema geomo.rfológico expone las relaciones temporo-espaciales de los prin-
cipales sistemas glaciares recientes, junto con los acontecimientos mayores de la Pa
última actividad volcánica (Fig. 4);
te
una secuencia crono-estratigráfica representativa, a partir de dos ejemplos escogidos

610 611
Una secuencia holm:ónice y tardielacial en la Cordillera Central de Colombia

FIGURA I FIGURE I

MAPA DE LOCALIZACION CARTE DE LOCALISATION

75* 40 75°,30' 75! 20' 75• ,10 15.00 74° 40'


76*
/ Biblioteca
74T 50. 5. 2C

W 1000

Avanza:u

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no' Nena 5•
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MANUALES
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RISARALDA

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40 VALLE DEL CAUCA NEVADO DEL
o TOLIMA 40'
QUINDIO
Soler lo•
• Ouvnboya • Circasla

75* 20 75•'10' 75•'00 74• 50 74. 1 40'

Area objeto del estudio Région etudiee

Los nombres importantes en el texto aparecen subrayados sobre el mapa.

Les noms impar tants dans le texte apporaissent soulígnés sur la corte

611
Thouret & van der Hammen

OT UN OTUN SAN
4~4 BOCARADA LANAR - LAVA LIMAR-LAVA AMAR -LAVA
CARLOS
TOTÁRITO OTUN TÁRDIO TE MPRANO
• EL **me* TOTARITO 3430 m. 8
3900 :11. 4 3900m 5 395014. 3770 .. 7
M00.4 I 4100.. 41110/4 3
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Horizonte AB
• Morrena
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Cenizo volcánico
Cenare voiceftiqu•
Lanar-lava
Leiter • :ove
AA

OOo Lapilli Arcillo


O 0 Aryle
FIGURA 2

FIGURE 2

SECUENCIAS ESTRATIGRAFICAS DEL AR E A


'F_C.JENCES STRATIGRAPHIOUES DE LA REGION

612
Una secuencia holocimica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia

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613
Figura 4

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75* 50 75* MQ 75•,30' 75. 20 75• 10 75900 5* 20'
76' 11,94.4, / •tuslyca
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APEAS APROXIMADAS RECUBIERTAS POR LOS ESTADIOS GLACIARES DEL 'RUIZ", SANTA ,^■
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ISASEL" Y "OTUN" EN EL PARQUE NATURAL DE LOS NEVADOS, CORDILLERA CENTRAL.


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71 *Pablo Cabildo
ErPFACES ARPDXIMATIVES RECOERVERTAS PAR LES STADES GLACIAIRES DU "RUIZ", SANTA
ISAGEL" 1T "OTUU" DANS LE PARC NATURAL DES NEVADOS, CORD1LLERE CENTRALE. Ji
CERRO) o
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N VADO v?'
sts Pdrionq .SANTA $4
-Ansermonjlvo, Sordo Roca Nevados actuales Nevados temporales, deglaciados después de 1945
? ' 10 Nevados actuels Nevados temporels, deglacés apres 1945
RISARALDA
Estadio glaciar del "Ruiz" (siglos XVII-XIX)
El Nolchnt Stade glaciakre du "Ruiz" (XVII - XIXe s)
c X441 ~peaue
Estadio glaciar del "Santa Isabel' (Holoceno medio a inferior)
Stade glaciaire de Santa Isabel (Holocene moyen a inferieur)
•Lorogoso • uno*
Estadio glaciar del "Ottln temprano' (Tardiglacial, 12500-13500 1SP)
Stade glaciaire du "Otén ancien" (Tardiglaciaire. 12500 - 13500 BP)
• rucw/i *roano., 4•
NEVADO DEL
„0— VALLE DEL CAUCA / TOL!VAA Grandes morrenas laterales del estadio "Murillo" (PlenIglaclal superior) 40'
QUINDIO Grandes moraines laterales du stade "Murillo' (pleniglockal supérkeut)
Solonlo • tf," 15:111-Flu7os de lave mixtos del Otún, de la Leona y del Totarito (Holocena medio)
• Chlabboya •Ciroasla
1 Cauletes de lave mistes d'Ottín de la Leona y du Totarito (Holocene magan)
PIC
Jun.— -
75• 50 75. 40 75'1 30' 75'120* 75.x 10 75•'00 74 50' 74° 1 40

614
Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia

en los alrededores de la laguna del Otún y del río Totarito (valle San Carlos) respecti-
vamente, sobre la vertiente oeste y este del Nevado de Santa Isabel (Fig. 3). Estos
suministran una clasificación estratigráfica relativa mediante la sucesión de suelos
(rankers andosólicos, andosoles húmicos, suelos ándicos y pardos ándicos) y depó-
sitos piroclásticos (cenizas y lapillis); así mismo, se induce una cronología tanto de
MAR-LAVA OTUN OTUN SAN las erupciones principales y fenómenos asociados, así como de los avances y retroce-
UN TAMO TEMPRANO CARLOS
00 m 5 3950 m. 6 37TO on 7 3$30 m. 8 sos glaciares. Finalmente, se presentan algunas hipótesis acerca del ambiente paleo-
bioclimático, de las condiciones paleo-pedogenéticas y de sus cambios recientes, así
\\ , como de los factores externos (volcanismos, glaciarismo) e internos (ecológicos) que
contribuyeron a alterarlo.
000000

A. ESQUEMA GEOMORFOLOGICO DEL AREA DE ESTUDIO (a escala 1/250.000)


00000
O 00000
0000 O
is.\\>‘-̀ -`■
oopoo 2 .9- 9- 9, -9-- O 00000 Se visualizan la repartición y la disposición de los principales dominios morrénicos
"6 o o O 0 00 O
C000 0
recientes, a través del área, durante los períodos históricos, holocénicos y tardiglaciales.
Se distinguen los dominios correspondientes a la neoglaciación "Ruiz", al reavance gla-
I> —
ciar "Santa Isabel" y a la glaciación "Otún temprano" del Tardiglacial, con respecto a

"Io 51-74 í■
a.
los nevados actuales (Fig. 4).
Se evidencia una disimetría en la repartición del hielo actual y de las fases glaciares
recientes: para el mismo estadio glaciar, las alturas son más bajas, de unos 200 m en la
vertiente este.
O 00000
00 0 00
0- 0 000. 0
d•O .0 :o o 1. Los estadios glaciares

o o. o ' o o
7O- 0O-¿;11 En esta área ha sido posible reconocer cinco estadios principales, a saber:
-94_ 9 0 9
- un estadio histórico: el "Ruiz".
— un estadio holocénico medio: el "Santa Isabel" (ambos pueden dividirse en dos
subestad ios);
0000 A. A
O 000 0 0 - un estadio holocénico inferior: el "Otún tardío";
O 0000

go in eled
O 00000
O 0000
- un estadio tardiglacial: el "Otún temprano";
O 00000
O 00 00 - un estadio ante-tardiglacial o pleniglacial superior: el "Murillo" (con dos subesta-
O 0000 4 4
00000 dios también: "Murillo tardío" y "Murillo temprano").
00000
O 00000
O 0000 a) El estado histórico del "Ruiz" (equivalente al "Bolívar" de Raasveldt, 1957 o al
O 00000
O 0000 "Corralitos" de van der Hammen, 1980).
O 00000
4_4 _4_1 4311. _
\0\00\° \O Es visible en el superpáramo en los alrededores de los Nevados del Ruiz, Santa Isa-
bel y Tolima, entre 4300 m y el límite de las nieves (4600 m). Es posible distinguir dos
subestadios, uno externo de reavance y uno interno de retroceso.
El externo "Ruiz" temprano" consta de arcos morrénicos nítidos a 4300 m aproxi-
madamente (a veces hasta 4250 m). Sobre las morrenas externas apenas se nota un suelo
muy delgado (20 cm), tipo ranker AC, sin cenizas. Ya Herd (1974) señaló que éstas mo-
• * 141_
rrenas no llevaban cenizas, lo que sugiere que se extendieron después de la última gran
erupción del Ruiz (1595). Deben de pertenecer entonces a la "neoglaciación" (Herd,
1974), o Pequeña Edad Glaciar, entre 1600 y 1850 OC (detrás de un arco morrénico
externo, en el SW del Nevado de Santa Isabel, se obtuvo una fecha de 1850 DC, en la ba-
se de una turba).
TICAS DEL AREA El segundo subestadio "Ruiz tardío" es un conjunto de pequeñas orlas morrénicas
UES DE LA 7EGION a una altura mayor, entre 4300 y 4600 m, que señalan un retroceso progresivo desde
1850 hasta hoy. No presentan ningún suelo ni cenizas, tan solo un criosol ligado a los pro-
cesos periglaciares de gelifluxión diurna que rigen el superpáramo.
b) El estadio holocénico del "Santa Isabel" (equivalente al "Bocatoma" de Van der
Hammen, 1980).

615
Thouret & van de. Hammen Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia

Visibles en las áreas superiores de los páramos se encuentran morrenas laterales y de


ablación, a una altura promedia de 4100-4150 m. Parecen distinguirse, aunque contiguos
en el espacio, un subestadio "Santa Isabel temprano" de retroceso (dentro del estadio
"Otún tardío" del Holoceno inferior), y un "Santa Isabel tardío" de reavance glaciar
(por ej. en la Quebrada Africana, arriba del Valle del Totarito al SW del nevado Santa Isa-
bel).
Una secuencia estratigráfica de apenas 1 m, observada sobre la morrena del sistema
Santa Isabel, permite distinguir tres conjuntos: un ranker andosólico humífero, espeso
y "cumúlico" (varias capas de lapilli de erupciones históricas); luego una capa espesa de o
o
lapilli, omnipresente en el área; finalmente un suelo pardo ándico, desarrollado dentro d
ro
de cenizas bastante espesas y en vía de alteración (Fig. 2: perfil estratigráfico No. 1).
R
A veces, sobre una morrena externa se nota además en la base de esta secuencia una capita To

de lapilli con un poco de humus (Fig. 2, perfil No. 2).


c
c) El estadio holocénico inferior del "Otún tardío" y el estadio tardiglaciar del "Otún
temprano": Estadio "Otún inferior y superior", Thouret (1978), equivalente al "Laguni- o
o
Ilas tardío y temprano", van der Hammen (1980). -o

Estas morrenas laterales son las más destacables en el páramo, aguas arriba de los
<o
valles glaciares más anchos, entre 3800 y 4000 m.
Las morrenas laterales y latero-frontales largas y altas atestiguan un estacionamiento
amplio (hasta 3800 m en la vertiente Oeste y 200 m más abajo en la vertiente Este); otras o
o
morrenas laterales más pequeñas encajonadas en las anteriores señalan luego un estadio de

o —.
retroceso. -o
Las morrenas del "Otún tardío" llevan una secuencia de 2 m que consta de cuatro 1 .1 0,
•1;
conjuntos (Fig. 2, perfil No. 6 y más detalles en la Fig. 3 que se analizarán luego); un o. <3
ranker andosólico sobre una capa de lapilli, un suelo ándico espeso, un andosol fosilizado, to
c
un conjunto de cenizas y lapilli y en la base, arenas que descansan sobre la morrena. O sea 13-
que las morrenas del "Otún tardío" llevan ya un suelo fosilizado y unas capas piroclásti- %
U
cas además de lo reconocido sobre las morrenas del "Santa Isabel". (si
co •
o -o D
Las morrenas latero-frontales del "Otún temprano" (Fig. 2, perfil No. 7) muestran

una secuencia superior idéntica, pero además una formación de clima periglaciar origina- o c
z
da por crioclastia y crionivación estacional: unos derrubios ordenados de 1 m por lo me- co
nos, con una capa de cenizas interestratificadas (por ej. en la carretera del Ruiz al Otún, Z.} _?
en Potosí). Oc
1
3 9
d) El estadio ante-tardiglaciar de "Murillo": estadios "Murillo", Thouret (1978),
O
equivalente (?) al "Mamancanaca" de Raasveldt (1957) o al "Río Cóncavo" de Van der
Hammen (1980). < 1:3

• °
-2
Los sistemas morrénicos más importantes en volumen y tamaño pertenecen a este
estadio "Murillo" que se prolonga fuera del área del Parque de los Nevados del presente .0., _
trabajo, a lo largo de los grandes valles glaciares, hasta 3400 m de altura aproximada-
ct:o ea

mente. Es posible distinguir dos subestadios "Murillo": "12


c
LL
"Murillo temprano": morrenas laterales y latero-frontales de varios km de largo con
una altura aproximada de 100 a 200 m, comprendidas entre los 3400 y 3500 m (a o
veces hasta 3300 m al este), por ej. en el valle del Lagunillas, arriba del pueblo de
Murillo.
— "Murillo" tardío: arcos morrénicos más pequeños de receso, entre 3500 y 3600 m,
por ej. en los valles afluentes del Lagunillas (La Cabaña).
Las morrenas del estadio "Murillo tardío" presentan la misma secuencia descrita
para el estadio del "Otún tardío"; existe además un metro de capas de ceniza, lapilli y
en la base arenas, pero sin suelo fosilizado de desarrollo notable. Las morrenas exter-
nas del estadio "Murillo temprano" presentan además, unos 50 cm de cenizas, lapilli y
arenas volcánicas. En los dos casos, los suelos fosilizados están más alterados que los

616 617
Thou ret & van dor Hammen Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia

1.— La crono-secuencia del Otún Tardío (Fig. 3)

Ha sido establecida sobre la morrena lateral del lado derecho de la laguna del Otún,
a una altura de 3950 m cerca a la cabaña de las Empresas Públicas de Pereira (Foto 1 y 3).
a) El primer suelo actual y subactual es un ranker andosólico húmico bastante espe- • o
so (50 cm) que muestra una acumulación repetida de lapilli, poco disgregable aún por .7c1
erupciones históricas y contemporáneas. El conjunto debe tener unos 2600 años (según -c t
o
una datación obtenida en la laguna del Mosquito: ubicación del sondeo en la Foto 1 y en -3›
la Fig. 1). • O
<13
b) Sigue una capa de lapilli recubierta por algunas cenizas de 10 a 20 cm de espesor: ,t.
-o
una datación mediante 14 C, a partir del carbón vegetal, en la parte superior de la capa dió
una fecha de 3620 ± 70 BP (a 44 cm). •- E
•cú
■- -o
c) Este conjunto recubre una capa espesa de cenizas de 60 a 120 cm de profundidad, 15 2
en cuyo interior se desarrolla un suelo más alterado, de tipo ándico, con hidromorfía níti- E :2
da en la base y color moteado por manchas abundantes de hierro. A 85 cm, en un hori- u
zonte humífero más oscuro, una datación mediante 14 C a partir del carbón vegetal dió Q
vi 2
una fecha de 6050 BP. Esta fecha podría relacionarse con un enfriamiento que provocó w)
la desaparición de las formaciones vegetales de entonces, que correlacionamos con la • -0
pulsación tardía del estadio Santa Isabel (perfil No. 2, Fig. 1); el mismo enfriamiento se U 2
al E
encontró y se fechó en 6200 años BP en el páramo de Sumapaz. -o .2.2
Tu o
s
d) Luego sigue un suelo de tipo andosol húmico que está fosilizado entre 120 y 150
E
cm de profundidad. En la parte superior en las cenizas a 113 cm, dentro de las cuales se Z
ro 2
desarrolla el horizonte Bfg del segundo suelo, una datación mediante 14 C a partir del car-
7
bón vegetal dió una fecha de 7440 BP que parece ligada a una erupción importante, ya Cr .
que está en la base de una capa de cenizas de 90 a 120 cm de profundidad. 717
-0 7,
<
O 6
e) Este conjunto recubre una capa alternada de lapilli y cenizas más delgadas, poco
oa
alteradas, entre 150 y 195 cm de profundidad que señala una fase de erupciones extensas.
Ella descansa sobre arenas de origen proglaciar que han podido ser sedimentadas por escu-
oo
rrimiento lateral a partir del glaciar de entonces, cuando empezó a retirarse. EE
c
f) En la base, a 195 cm, se observa el contacto con la morrena del "Otún tardío", a la 0) o
cual se atribuye una edad aproximada de 10.000 años BP, según la correlación practicada
con la secuencia de San Carlos (ver las fechas mediante 14 C de la Fig. 3). C 0
5
U e
2.— Crono-secuencias de SAN CARLOS (v. Fig. 3 y Foto 4)
0
-o 7,
El perfil se ubica a 3830 m, en el valle San Carlos, afluente del río Totarito, en una E
depresión pantanosa y detrás de un arco morrénico del sistema Otún temprano (Fig. 1, • `°8
o E Lo
Foto 2). La primera parte de la secuencia se correlaciona fácilmente con la del Otún: E o
o o
a) El primer suelo es también un ranker andosólico de O a 40 cm, con hidromorfía Zr rsi ,n
o
de origen estacional (pantano) y acumulación de lapilli, producto de sucesivas eupciones.
Una capa de lapilli, entre 40 y 70 cm, corresponde a la que tiene una fecha de 3620
-o c
BP y recubre: una alternación rápida de capitas de cenizas, lapilli y horizontes humíferos -1'
delgados que representan aquí los dos suelos, el intermedio y el inferior, de la secuencia Tu E
• '
del Otún tardío (de 6050 BP y de 7440 BP), entre 70 y 120 cm de profundidad. .N
Cl
b) Continúa una capa gruesa de lapilli con arena volcánica inter-estratificada entre O Ce N
5
120 y 163 cm de profundidad. Ella descansa sobre una turba espesa, interrumpida por O o ti
u_ u 7.
capitas de arcillas grises (de posible origen proglaciar), de 163 a 313 cm de profundidad.
En la parte superior, a 163-167 cm, se obtuvo una datación mediante 14 C de 11500
BP y, en la parte inferior de esta turba, a 310-313 cm, una fecha de 12250 BP. En la base
unas capas arenosas de origen proglaciar recuben la morrena del valle San Carlos.
c) Esta crono-secuencia permite abstraer la siguiente sucesión de acontecimientos
Thouret & van der Hammen Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia

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622 623
Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
Thouret & van der Hammen

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625 624
Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
Thouret & van der Hammen

Foto 8 — Perfil estratigráfico del "Otún tardío", sobre las morrena lateral de la laguna del Otún
(ver Figura 3); véase el primer ranker andosólico, el nivel de lapilli de 3620 BP aproximadamen-
te; el segundo nivel de carbón vegetal se ubica a la altura de la manija de la pala; el tercer nivel
de carbón vegetal se localiza en la parte superior del suelo oscuro fosilizado (a la mitad del cabo Foto 9 — Perfil estratigráfico de la secuencia "Otún temprano" en el valle San Carlos (ver Figu-
de la pala). ra 3). La fecha 11.500 BP se obtuvo en los 4 cm superiores de la turba (a la base del martillo);
la fecha 12.250 BP a la base de la turba (extremo inferior del metro).

626 627
Foto 9 — Perfil estratigráfico de la secuencia "Otún temprano" en el valle San Carlos (ver Figu-
ra 3). La fecha 11.500 BP se obtuvo en los 4 cm superiores de la turba (a la base del martillo);
la fecha 12.250 BP a la base de la turba (extremo inferior del metro).

R97
I. PANTANO EL BOSQUE 2.LAGUNA EL MOSQUITO 5. LAGUNA DEL OTUN 4. LAGUNA SUPERIOR
3 600 al 3100 re 3 100 os DEL OTUR
~Sesos El Usare Lapso* El ISeastaNe Laquee d'OSAN • 100 o.
Lavase *abones.* e'Clegia

1
I /I
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S i LEYENDA - LEGENDE

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I I Yegeteeidn do baremo foriminsos/

II Yegetation de parase Igraminées)

Si
I
7771
, %mociones arbustivo§ de subscimeo Iteensueetes).
%mations arbustivo§ de subpdrorno(Conossieel.
I I
i I flemosos arbóreos de bosque anduvo
~res de lo focb enaste

ig Turba -Youth§
▪ Arollo-Argil•

1
Cenizas- Cenaras
s3
Arena f ine -Sable fin

Lawati,ecosa angiar - Lapilli sable orante,

s.~-Sal

Cotseldst y s'afta- Callevien et araelle

Los soMess fueron Michos poe los autores B. SALOMONS y


P 10.~1V efi 1.979. Les &layamos ~setenta estables***
roo 1 SALOMONS y P

1
Las sondases ole iré
escampas pa lea au te urs e SALONONS
P KUNO,' en 1971 Ces Semen ora ~oré ces dilopmentruni

FIGURA 5 FIGURE 5
DIAGRAMAS POILINOLOGICOS DE LOS SONDEOS DEL ÁREA DE OTUN
DIAGRAMMES PALYNOLOGIMES DES SONOAGES DE LA REGION OTUN

628
crono-estratigráficos en relación a la secuencia del "Otún tardío";
— Ciertas erupciones considerables tuvieron lugar de 11500 a 11000 BP (cuyo testi-
monio existe también en la Cordillera Oriental en los corazones de los sondeos de la lagu-
na de Fúquene). Desde luego, es posible deducir por correlación, que la morrena del siste-
ma Otún tardío tiene una edad inferior al 11000 BP (ver los perfiles de la Fig. 3) y que es
equivalente del sistema morrénico del "Lagunillas tardío" en la Sierra Nevada del Cocuy
(van der Hammen, 1980); él se extendía durante el período frío, conocido en la Oriental
bajo el nombre del estadio El Abra, entre 10000 y 11000 BP.
— La turba espesa representa un interestadial "San Carlos" que corresponde crono-
estratigráficamente al interestadial Guantiva de la Cordillera Oriental (van der Hammen,
1980) y que tiene aquí una edad comprendida entre 11500 BP y 12250 BP.
— Desde luego la morrena del estadio Otún temprano tendría una edad un poco supe-
rior a 12250 BP y correspondería al estadio glaciar del "Lagunillas temprano" (Sierra Ne-
vada del Cocuy, van der Hammen, 1980), durante el estadial Siega que dura desde 12500
hasta 13500 BP aproximadamente.
— Se cree que los derrubios ordenados (crioclastos) que a menudo descansan sobre las
morrenas del estadio Otún temprano (por ej. al oeste del Nevado Santa Isabel) deben
señalar un período frío y seco durante el estadial El Abra de 10000 a 11500 BP. Durante
este tiempo, el glaciar dejaba las morrenas de retroceso del estadio Otún tardío en donde
una erupción considerable, de más o menos 10000 BP, dejó cenizas interestratificadas en
aquellos derrubios ordenados.

III — ESBOZO DE INTERPRETACION PALEO-ECOLOGICA E HIPOTESIS PALEO-


CLIMATOLOGICA, PALEO-PEDOLOGICA Y PALEO-GEOMORFOLOGICA

A partir de estas crono-secuencias y sobre todo de los primeros diagramas palinoló-


gicos disponibles en este sector, se pueden inferir las principales tendencias paleo-biocli-
máticas, en especial durante el Holoceno. Los diagramas provienen de sondeos hechos
por los autores en las lagunas del Otún (3900 m), del Otún superior (4100 m), del Mos-
quito (3800 m) y en el pantano del Bosque (3600 m) anteriormente estudiados por
Kuhry y Salomons (Universidad de Amsterdam).

A. LA INTERPRETACION PALEO-BOTANICA Y PALEO-BIOCLIMATICA

1.— Tres fases y tendencias principales (Fig. 5, diagrama sintético)


a) El Holoceno Superior es caracterizado por una fase relativamente fría y por do-
minancia de las gramíneas de páramo (ver diagrama).
b) El Holoceno Medio muestra claramente una fase de óptimo bioclimático con vege-
tación de subpáramo hasta arbórea.
c) El Holoceno Medio a Inferior aparece menos caliente que el anterior y tal vez más
húmedo.

2.— Las sub-fases paleo-bioclimáticas y sus correlaciones paleo-botánicas

En el Holoceno Superior se pueden distinguir las siguientes sub-fases:


— La tendencia actual hacia un páramo abierto con alta frecuencia de gramíneas
(Calomagrostis, Festuca, etc.);
— Disminución importante de la vegetación de subpáramo en el subactual por varias
razones, que podrían estar ligadas a la pequeña edad glaciar (?), a la erosión antrópica o,
a consecuencia de unas erupciones explosivas frecuentes (?). Por ej. se nota una disminu-
ción considerable antes del subactual que podría relacionarse con una erupción violenta
(3620 BP) o un enfriamiento corto entre el sub-actual y el actual (2690 BP; ver la data-
ción mediante 14 C obtenida sobre una turba en el sondeo de la laguna del Mosquito).
— Un enfriamiento corto pero bien marcado al final del óptimo blioclimático del
Holoceno Medio, señalado por la presencia importante de gramíneas del páramo; éste
correspondería a un pequeño reavance glaciar (reconocido también en la Cordillera
Oriental en el páramo de Sumapaz) que construyó el sistema morrénico del "Santa Isa-
bel tardío" (?) y/o a una erupción violenta, acompañada de fenómenos volcánicos aso-
ciados; por ej., el flujo de lava mixto proveniente del Otún tapó la laguna en esta época
(ver el diagrama del sondeo de la laguna del Otún y las dataciones esperadas entre 4500 y
5000 BP.
b) En el Holoceno Medio se observa una fase bioclimática un poco más caliente y más
húmeda que se ha deducido por la dominancia de las formaciones arbustivas del sub-
páramo (Compuestas como Gynoxis), así como del porcentaje relativamentealto de ele-
mentos arbóreos (Polylepis, Weinmania), que se encuentran hoy abajo en el bosque alto-
antidno entre 3400 y 3700 m. En la mitad de esta época, se nota una fase más seca por
el porcentaje alto de Ericaceas.
c) Con respecto al Holoceno Medio a Inferior, no se pueden sacar conclusiones hasta
no conocer la parte inferior de los sondeos.
Por ahora se advierte una fase relativamente caliente, con elementos arbóreos, aunque
con valores inferiores respecto al período anterior (elementos del sub-páramo) con enfria-
mientos cortos (del estadio del "Santa Isabel temprano"). Esta fase se señala por la dismi-
nución de las plantas compuestas. Hacia la base (El Bosque) se esboza una fase un poco
más húmeda con crucíferas y potamogeton.

B. LA INTERPRETACION Y LAS HIPOTESIS PALEO-PEDOLOGICAS

A estas tendencias regionales del paleo-bioclima, se trata de relacionarlas con los tipos
de pedogénesis inferidos de los conjuntos de suelos fosilizados en las secuencias anterior-
mente descritas.

1.— El período actual y subactual

En el período actual y subactual, bajo un páramo alto y abierto de gramíneas, se


desarrolla lentamente un ranker andosólico bastante humífero (que tiene más o menos
3000 años) y cuyo espesor está exagerado por la acumulación repetitiva de los lapilli
provenientes de las erupciones explosivas. Las cenizas, a este nivel, están muy poco altera-
das, con predominio de vidrio volcánico; los lapilli se conservan aún bastante compactos.

2.— El suelo ándico del Holoceno Medio

Durante el óptimo bioclimático del Holoceno Medio, las condiciones pedogenéticas


mejoraron a esta altura, semejándose a las que se infieren actualmente unos 300 a 400 m
más abajo. El suelo es de tipo ándico con arcillas de la familia de las halloysita cuyo con-
tenido es superior al de los amorfos. Las cenizas están alteradas y no domina el vidrio vol-
cánico. Además en la parte inferior de este suelo, el horizonte Bfg moteado, muestra una
hidromorf ía nítida con reducción del hierro. que en parte se relaciona con las condiciones
estacionales de gran humedad en esta vertiente oeste y también por las condiciones paleo-
pedoclimáticas más húmedas del Holoceno Medio Inferior.

3.— El andosol Mímico del Holoceno Inferior


Al período del Holoceno Inferior corresponde un suelo andosólico húmico fosilizado
encima de la morrena (v. Fig. 3), que infiere condiciones paleo-pedoclimáticas a la vez me-
nos calientes que en el período anterior, pero tal vez más húmedas. Cabe anotar, que los
andosoles húmicos no se encuentran hoy en día en esta área sino en las regiones para-
munas más húmedas y que son los rankers andosólicos los que subyacen aún en cada se-
cuencia. Además, las cenizas y los lapilli de la parte inferior de las secuencias se revelan
menos alteradas que en la parte media del perfil.

C. ESTUDIO MINERALOG ICO PRELIMINAR DE LAS CENIZAS

Resultados parciales sobre la mineralogía de las cenizas (Riezebos, Universidad de


Amsterdam) que fueron encontradas en los sondeos de las lagunas del área aquí descrita,
permiten avanzar algunas conclusiones aún incompletas.

1.— Dominio del vidrio volcánico

En general domina el vidrio volcánico; las micas están mucho menos representadas
que los piroxenos (puede deducirse entonces una edad reciente, inferior a 20000 BP, a
partir de las correlaciones establecidas en Fúquene en la Cordillera Oriental por Riezebos).

2.— El detalle de los espectros mineralógicos

Si se comparan los espectros mineralógicos de las cenizas del Holoceno Medio e Infe-
rior con las del Holoceno Superior, se deduce:
a) En la parte inferior, existe menos piroxeno que en la parte superior (clinopiroxe-
no) y menos vidrio volcánico, lo que está en relación con la alteración mayor de las ceni-
zas;
b) Si se comparan los índices de refracción entre los dos conjuntos (Riezebos), apare-
cen dos índices de refracción en la parte inferior. Esto indica que las cenizas podrían pro-
venir de dos fuentes diferentes, una de origen menos ácido (index entre 1.5130 y 1.5155)
en la parte inferior, mientras que en la parte superior, las cenizas no tienen sino un solo
index de refracción cerca de 1.5040 a 1.5000. Ahondando aún más sobre este problema
se podría plantear la hipótesis siguiente: en el Holoceno Superior dominan las erupciones
del Cerro Bravo, a partir de un magma ácido riodacítico, mientras que en el Holoceno
Inferior se mezclan aquellas con las erupciones de unos magmas menos ácidos de compo-
sición andesítica tales como las de los volcanes del Ruiz o del Tolima.

IV — CONCLUSIONES PARCIALES Y CORRELACIONES REGIONALES

En conclusión parcial, se da a conocer una cronosecuencia de los acontecimientos gla-


ciares y volcánicos, tales como se pueden apreciar en los alrededores del Parque Natural
Nacional de los Nevados de la Cordillera Central (v. Fig. 6).

1.— Período actual y subactual: Holoceno Superior

— Suelo actual y subactual; ranker andosólico entre 3900 y 4300 m de altura.


— Erupciones históricas - "neoglaciación Ruiz" (desde el siglo XVII hasta la mitad
del siglo XIX).
— Erupciones pre-históricas (2000-2690 BP?) enfriamiento antes del subactual
(2690 BP).
— Erupción explosiva importante (3620 BP, del volcán Cerro Bravo) que arrojó
SECUENCIA SEGUENCE DIAGRAMA DIAGRAMME CORRELACION 1
CORDILLERA ORIENTAL
SINTETICA SYNTHETIOUE PALINOLOG1C0 PALYNOLOGIOUE

Ocm.
"Neoglaciación Ruiz Corralitos

(2690)
60 3620 eP Erupción
(47501 ?

6050 BP Lanar OtLin y Totarito bojo

Santa Isabel tardío


Lahar Totarito alto Bocatoma
Santa Isabel temprano

+10.000
195 Otún tardío
— 11.000 Lagunillas tardío
El Abro stadial

250 11. 500 BP


Interestudial San Carlos Guantivo

350
12.5008P (Thin temprano
Legunillas temprana
Interestodial Letras
400 Susoco
Murillo tardío
In te res tad ial Fliquene stadioI
450
Murillo temprano

FIGURA 6 FIGURE 6
CRONO-ESTRATIGRAFIA REGIONAL (TOLIMA-RUIZ, CORDILLERA CENTRAL) Y CORRELACION
CON LA CORDILLERA ORIENTAL.
CHRONO-STRATIGRAPHIE REGIONALE (TOLIMA- RUIZ, CORDILLERE CENTRALE) ET CORRELA-
TION AVEC LA CORDILLERE ORIENTALE.
una gran cantidad de lapilli situados a la base de todos los suelos subactuales del Parque,
por encima de los 3800 m de altura.

2.— Período holocénico medio

— Flujo de lava y lahar del Otún; represamiento de la laguna del Otún (4700-5000
BP); enfriamiento corto y fuerte de 4750 BP (estadio del Santa Isabel tardío).
— Cenizas y suelo ándico de 6050 BP - óptimo bioclimático y formaciones vegetales
de subpáramo que implican una subida del límite superior del bosque alto-andino de 300
m aproximadamente.
— Un poco antes de 6050 BP, enfriamiento corto y violento: estadio Santa Isabel
temprano (reavance y formas de convergencia como el flujo-lahar del Totarito);
— Erupción notable entre 6050 y 7400 BP; flujos-lahares de la Leona y del Totarito
(un poco antes de 6050 BP);

3.— Período holocénico inferior

Suelo de tipo Andosol húmico bajo cobertura de gramíneas de páramo bajo, frío y
húmedo, con subpáramo cercano (7440 BP):
— Enfriamiento: estadio del Santa Isabel temprano, alrededor de 7500 BP.
— Erupciones importantes de 7500 a 9000 BP aproximadamente;
— Estadio Otún tardío: Holoceno Inferior (estadio "Lagunillas tardío" en la Sierra
Nevada del Cocuy), durante el estadial de El Abra (10000 a 11000 BP).

4.— Periodo Tardiglacial

— Erupciones explosivas importantes de 11000 a 11500 BP;


— Interestadial de la secuencia San Carlos (Guantiva en la Cordillera Oriental) de
11500 a 12250 BP;
— Estadio Otún temprano, tardiglacial: un poco más de 12250 BP.
— Interestadial de la secuencia de Letras (Susacá en la Cordillera Oriental) alrededor
de 13500 BP (13760 BP, Herd 1974).

5.— Período del Pleniglacial (Cuaternario reciente)

— Estadial de Murillo = estadial de Fúquene en la Cordillera Oriental (su edad no es


conocida todavía en la Cordillera Central). Se reconocen dos estadios glaciares: Murillo
tardío que debe ser mayor de 14000 BP, y Murillo temprano que podría ser mayor de
20000 BP (se está tratando actualmente de fecharlos). El estadio de Murillo temprano
podría corresponder al estadio del río Cóncavo en la Sierra Nevada del Cocuy (van der
Hammen, 1980). Además se produjeron algunas erupciones de importancia durante el
período que abarca el estadial Murillo.

V — REFERENCIAS

González E., van der Hammen, T. and Flint R.F. (19651. Late Quaternary glacial and vegetational
sequence in Valle de Lagunillas, Sierra Nevada del Cocuy. Colombia. Leidas Geol. Mededel.
Vol. 32, p. 157-182.
Herd D.G. (1974). Glacial and volcanic geology of the Ruiz-Tolima volcanic complex, Cordillera
Central, Colombia. Universsity of Washigton, Ph. D., 78 P.
Raasveldt (1957). Las glaciaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Rey. Ac. Col. Cien. Ex., Fis. y
Net. Vol. 9, No. 38, p. 469-482, Bogotá.
Thouret J.C. (1978). Algunos aspectos y problemas geomorfológicos en la Cordillera Central de los
Andes colombianos; geomorfología volcánica, glaciar y dinámica del Parque Natural Nacional
de los Nevados. II Congreso Colombiano de Geología, diciembre 1978, Bogotá.
Van der Hammen, T., J. Barelds, H. de Jong and A.A. de Veer (1980). Glacial sequence and environ-
mental history in the Sierra Nevada del Cocuy (Colombia). Palaeogeography, Palaeoclimatology,
Palaeoecology, Vol. 32, p.p. 247-340. Elsevier, Amsterdam.
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 635 - 638 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

GLACIALES Y GLACIACIONES EN EL CUATERNARIO DE COLOMBIA:


PALEOECOLOGIA Y ESTRATIGRAFIA

Thomas van der Hammen*

RESUMEN

Glaciaciones (morrenas) en los Andes Colombianos las conocemos únicamente del último glacial.
De glaciaciones anteriores solamente tenemos datos indirectos. Este hecho se debe principalmente a
erosión posterior y falta de conocimientos, ya que sin lugar a duda se pudieron registrar muchos glacia-
les, con un clima por lo menos muy frío.
Los sedimentos de lagunas de la Sabana de Bogotá permitieron conocer la historia de vegetación y
clin-ka de los últimos 3 millones de años, con entre 20 y 30 glaciales e interglaciales, fechados aproxi-
madamente con "Potasio/Argón" y "Fission tacks". Litoestratigráficamente se pueden distinguir local-
mente en los altiplanos de la Cordillera Oriental varias formaciones: Formación Subachoque, Forma-
ción Sabana, Formación Mondoñedo.
El último glacial y su(s) glaciación (es) correspondientes) son conocidos mucho mejor que los
anteriores, y ya es posible establecer una buena cronoestratigrafia.
La extensión mayor de los glaciares tuvo lugar, probablemente en el período entre 45.000 A.P.
y 25.000 A.P. (contrario a la glaciación del hemisferio norte, que llegó a su máximo alrededor de
18.000 A.P.). El clima en ese período fué bastante húmedo, y las lagunas de las altiplanicies tuvieron
varias veces un nivel muy alto. El límite del bosque estaba aproximadamente 800-1.000 m más bajo
que hoy dia, y durante la época de mayor extensión del hielo, glaciares y bosques pudieron haber
estado localmente en contacto, y la zona de páramo era angosta y húmeda, con abundante Polylepis
en las partes bajas.
Entre 21.000 y 14.000 A.P., la extensión del hielo fue mucho menor, el límite del bosque más
bajo y el clima más seco, resultando en una zona de páramo relativamente ancha y seca. Las lagunas
de las altiplanicies tenían un nivel muy bajo.
Cronothratigráficamente se pueden diferenciar una serie de interestadiales y estadiales, en la
historia glacial estadios, etc.
El tardiglacial tuvo nuevamente un clima más húmedo, pero en general sube la temperatura me-
dia anual, y hay dos "estadios". Hay indicios claros de una "Neoglaciación" en todos los Nevados, y
después de 1850 A.D. principia un retiro muy notable de los glaciares.

ABSTRACT

In the Colombian Andes, only glaciations which correspond to the Last Glacial are known,
from
which it is feasible to establish a good chronostratigraphy. The mejor extent of the glaciers took place
in the period between 45.000 and 25.000 A.P. and the minor one occurred between 21.000 and
14.000 A.P. During the first period, a wet climate prevailed, while in the second period took
predominante a dry one. A humid climate though, reappeared during the Late Glacial period. There
are strong evidentes of a "Neoglaciation" in all the Nevados and an outstanding retreat of glaciers
after 1850 A.D.

• Universidad de Amsterdam, Hugo de Vries Laboratorium, Sarphatistraat 221, Amsterdam -


Holanda.
Sierra Nevada del Cocuy

5000

4000

3000
1—IGlaciers - Glaciares
=Para mo 2000
E3Polylepis zone
Forest-Bosques y Selvas 1000

PRESENT

m
5000

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REVISTA CIAF VOL. 6 (1.3), 639 - 654 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA

GLACIACIONES EN LA CORDILLERA OCCIDENTAL DE COLOMBIA,


PARAMO DE FRONTINO, DEPARTAMENTO DE ANTIOQUIA

Julio Eduardo Zuluaga* y Lennart Mattsson**

RESUMEN

El área del Páramo de Frontino forma parte de la Cordillera Occidental y se localiza al oeste del
río Cauca, entre las ciudades de Urrao y Frontino. La parte más alta alcanza algunos 4.000 m sobre el
nivel del mar. En la actualidad, el macizo presenta cuatro zonas ecológicas diferentes, desde bosque
muy húmedo premontano hasta bosque pluvial mon tano.
El Páramo de Frontino es un Stock intrusivo de edad miocena y composición diorítica, el cual
está intruyendo la secuencia sedimentaria del Grupo Cañasgordas denominada Formación Penderisco,
de edad Cretáceo superior a Terciario inferior. La parte superior del macizo está cubierta por un com-
plejo volcánico de edad terciaria.
Parcialmente, este estudio es cuantitativo ya que se mapean algunos fenómenos glaciales como es-
triaciones, morrenas, circos,. De otro lado, la parte cualitativa del estudio muestra que el Páramo de
Frontino ha recibido más de una glaciación. Evidencias de dos períodos de glaciación son el cruce de
estriaciones y dos morrenas yuxtapuestas. La morrena inferior es dura (tillita) y sus fragmentos de roca
están comunmente meteorizados. La superior está todavía blanda con fragmentos de roca frescos. Se
indica una edad de 10.000 años para la última glaciación ya que se ha encontrado ceniza volcánica en
la morrena superior.

ABSTRACT

The "Páramo de Frontino" area is part of the Western Cordillera and it's localized to west of the
Cauca river, between Urrao and Frontino cities. The highest peak reaches some 4.000 m. aboye sea-
level. At the present, the massif shows four different ecological zones, from very wet forest premoun-
tainous to pluvial forest - mountainous.
The Páramo de Frontino is an intrusive stock of miocene age and dioritic compsition, which is
intruding the sedimentary secuence of Grupo Cañasgordas denominated Formación Penderisco, of
late cretaceous to early tertiary age..The upper part of the massif is covered by a volcanic complex
of tertiary age.
Partially, this study is quantitative because it is mapping some glacial phenomena like striations,
moraines, cirques. On other hand, the part qualitative of the study shows that the Páramo de Fronti-
no has recieved more than one glaciation period. Evidences for two glaciations periods are giving
by crossing of striations and two juxtaposed moraines. The lower moraine is hard Itillitel and her
rockfragments are commonly weathered. The superior one is still soft with fresh rockfragments. An
age of 10.000 years old is suggested for the latest glaciation because volcanic ashes are found in the
supericir moraine.

1. INTRODUCCION

Con base en los programas de cartografía geológica regional y geoquímica adelanta-


dos por el Ingeominas en el noroccidente colombiano, se logró determinar una zona de
e interés desde el punto de vista de la Geología Cuaternaria Glaciar, como es el área conoci-

Instituto Nacional de Investigaciones Geológico Mineras (INGEOMINAS), Ministerio de Minas y


Energía, Apartado Aéreo 4653, Medellín, Colombia.
•• Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, Apartado Aéreo 3840, Medellín, Colombia.
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Interesados en el problema se adelantó la presente investigación, con el ánimo además
de participar en el Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia. Consideramos
que la mayor importancia del trabajo consiste en que por vez primera se mapean y descri-
ben depósitos y fenómenos glaciares sobre la Cordillera Occidental, aunque es muy proba-
ble que otras regiones en la misma Cordillera hayan recibido glaciación durante el Cuater-
nario.

1.1 LOCALIZACION

El Páramo de Frontino está ubicado a unos 40 km al oeste del río Cauca, entre los
municipios de Urrao al sur y Frontino al norte, sobre las planchas 129-IV-C y 129-IV-D
a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Agustín Codazzi —IGAC— (Fig. 1). El acceso
más fácil se hace por el municipio de Urrao, a donde se llega desde Medellín bien sea por
vía aérea o por carretera

1.2 CLIMA

El macizo que constituye el Páramo forma parte de la Cordillera Occidental y se le-


vanta desde las llanuras de Urrao entre 1.800 y 2.000 m, hasta alcanzar una altura máxi-
ma de aproximadamente 4.000 m sobre el nivel del mar. El área comprende en la actua-
lidad las zonas de vida: bmh - PM, bmh - MB, bp - MB y bp - M. Espinal (1964) clasifica
el área propiamente como subpáramo, equivalente a la biozona de bosque pluvial mon-
tano. Esta biozona tiene una temperatura comprendida entre 6°C y 12°C con un prome-
dio anual de lluvias superior a los 2.000 mm.
En general el clima es bastante frío, lluvioso, frecuentemente cubierto por nubes y
niebla espesa. El piso cubierto por pastos y musgos permanece sobresaturado de agua
dando origen a pantanos y lagunas. Es común además, pequeñas pero abundantes aguas de
escorrentía, debido posiblemente a la diferencia existente entre la precipitación y la eva-
potranspiración.
En la región aún pueden observarse grandes áreas con vegetación natural en forma de
bosques densos de arbustos, plantas espinosas, gramíneas de hojas largas, musgos y lianas.
Las partes desprovistas de bosque están cubiertas predominantemente por el frailejón.

2. GEOLOGIA

Para ubicar el trabajo dentro de un marco geológico adecuado, se discute separada.


mente la geología regional y local de la geología cuaternaria, que por su especial interés se
tratará en capítulo aparte.

2.1 GEOLOGIA REGIONAL

La Cordillera Occidental en esta región está constituída esencialmente por la secuen-


cia sedimentaria del Grupo Cañasgordas denominada Formación Penderisco, cuya geolo-
gía apenas se encuentra parcialmente estudiada (Alvarez y González, 1978; Zuluaga y Ho-
yos, 1978; Alvarez, 1979; entre otros).
La Formación Penderisco está conformada por sedimentos marinos considerados de
edad Cretáceo superior a Terciario inferior, los cuales se han diferenciado en dos unida-
des menores: Miembro Urrao, arenoso-arcilloso, de origen turbidítico y Miembro Nutiba-
ra, calcáreo-lidítico, de origen biogénico.
Respecto de la tectónica regional, la Formación Penderisco se halla afectada princi-
palmente por dos fallas aproximadamente paralelas de dirección norte sur. Se trata de
las fallas de Herradura y San Ruperto, las cuales se pueden seguir desde muy al norte
cerca de Abriaquí, y continúan hacia el sur del Páramo encontrándose cerca de Urrao,
bajo el Cuaternario del río del mismo nombre (Fig. 2).

2.2 GEOLOGIA LOCAL

El Stock del Páramo de Frontino está emplazado sobre la Cordillera Occidental se-
gún se anotó, cubriendo un área aproximada de 30 km 2 . El plutón intruye la Forma-
ción Penderisco del Grupo Cañasgordas, afectando principalmente al Miembro Urrao,
ya que se desarrolla sobre los sedimentos areno-arcillosos una aureola de contacto de unos
300 m de espesor, con formación de cornubianitas por efectos térmicos.
La composición del intrusivo es predominantemente diorítico a monzonítico, y se
le ha asignado una edad de 11 m.a. por K/Ar en biotita (Botero, 1975) correspondiente
al Mioceno.
Encima del Stock en la parte sur y del sedimentario en la parte norte del macizo,
se encuentra una unidad de rocas volcánicas representada por basaltos, andesitas, andesi-
tas pordíticas, aglomerados y tobas principalmente. No se conoce aún con certeza la edad
de estas rocas pero parece que son post-Penderisco ya que los aglomerados volcánicos
engloban parcialmente bloques de la unidad sedimentaria, y pre-intrusivo ya que la uni-
dad volcánica en parte se observa asimilada por el plutón (E. Alvarez, comentario oral,
1980). Esto sugiere que el volcanismo es claramente Terciario, probablemente de origen
continental. Fundamentamos esta última hipótesis en algunas observaciones como son:
formas columnares en lavas andesíticas, sucesión rítmica en estratos alternantes de lavas
efusivas y material piroclástico, y por su composicón petrográfica y mineralógica, a pesar
de que no se dispone en este momento de análisis químicos que indiquen con claridad su
posible ambiente de formación.
En las partes más altas del Páramo, principalmente sobre el complejo ígneo terciario,
se localizan los depósitos glaciares cuaternarios que constituyen el objetivo central de la
investigación (Fig. 3).
En cuanto a la tectónica, es evidente que las fallas mencionadas de Herradura y San
Ruperto no afectan al complejo ígneo que constituye el Páramo.
Es posible, que estas fallas tengan alguna implicación o estén íntimamente relaciona-
das a la aparición del volcanismo terciario continental, el cual fue seguido por el plutonis-
mo Mioceno que intruyó y levantó finalmente las rocas preexistentes, siendo el evento
magmático en su conjunto el gran responsable de la morfología exótica del macizo ígneo
que se levanta en medio de una extensa formación sedimentaria.
En el Páramo propiamente predomina una tectónica de fracturas sin desplazamiento
aparente en la roca, con direcciones dominantes NE y EW. Este hecho tiene gran impor-
tancia en el desarrollo de la morfología glaciar durante el cuaternario ya que aquella se
halla influenciada y en parte controlada por la tectónica y las estructuras litológicas.

3. GLACIACIONES Y GEOLOGIA CUATERNARIA

Durante la investigación se ha podido comprobar que el Páramo de Frontino ha reci-


bido glaciación ya que se tienen evidencias manifestadas en la morfología y depósitos gla-
ciares. Tales evidencias son principalmente: valles en forma de U, circos, estrías, lagunas
de hielo muerto, escultura glaciar en las rocas, drumlins, morrenas, etc. (Figs. 4 y 5).
Se tienen además evidencias de que no solo la última glaciación, la wurmiana, afectó
al macizo. Es muy probable que también haya recibido una glaciación prewurmiana, co-
rrespondiente posiblemente a la Rissiana. (Se usarán los términos europeos para las gla-
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ciaciones, ya que parecen correlacionables las de Suramérica con las del hemisferio norte
(P. Van Gijzel, et. al. 1967).
Las evidencias más claras en favor de la hipótesis de las glaciaciones son: varias direc-
ciones de estrías glaciares cruzadas entre sí, más antiguas unas y recientes las otras, obser-
vables en varios sitios (Foto 1). Además dos morrenas diferentes: una superior joven y
otra inferior más antigua.
La morrena superior es blanda, de un color pardo — pardo amarillento, de bloques
y cantos frescos y subredondeados principalmente, de composición diorítica, dentro de
una fracción más fina limosa-arenosa con tendencia a limosa. Su límite inferior es de unos
2.700 m y a este nivel los bloques están naturalmente poco labrados por el glaciar (Foto
2). En los niveles más inferiores y donde la pendiente lo permite; la morrena joven tiene
espesores grandes, pero en zonas de fuerte pendiente no se permite ni acumulación ni
reposo para depósitos blandos. En la parte alta del macizo el espesor de la morrena supe-
rior o joven disminuye, y en algunas partes no hay cubrimiento de ella (Foto 3). La
fuente de sus materiales son principalmente el cuerpo ígneo intrusivo y la morrena anti-
gua para su fracción fina. Relacionada con la morrena superior se tomó una muestra de
turba en la zona de Puente Largo la cual podrá indicar el momento de desaparición de
la última glaciación si es posible datarla por "C.
La morrena inferior se encuentra ya endurecida (tillita), de color gris pardo com-
puesta de cantos heterogéneos petrográficamente, en su mayoría meteorizados, con una
fracción fina de limo-arena. El límite inferior para esta morrena es de 3.000 m y se loca-
liza en sitios que han ofrecido abrigo contra la erosión de la última glaciación, o sea en el
costado de sotavento de los pequeños montículos (Foto 4). La fuente de sus materiales
son predominantemente las rocas volcánicas de la parte alta del macizo, tales como tobas,
andesitas y aglomerados. Esta variedad en la composición petrográfica es una de las ma-
yores diferencias entre las dos morrenas.
El sitio de mejor exposición para estudiar las dos morrenas y la relación entre ellas
es el valle glaciar de Churrumblún. Allí se encuentran superpuestas con un suelo enterra-
do que las separa (Foto 5). El espesor del paleosuelo es mayor que el del suelo actual, lo
que sugiere un período más largo o un clima más cálido durante su formación. Proba-
blemente ambos factores son posibles, en cuyo caso el período interglaciar sería relativa-
mente largo y caracterizado por un mejoramiento del clima.
En cuanto a la morfología glaciar, el páramo puede dividirse en cuatro zonas altitu-
dinales:

3.1 ZONA DE CUBRIMIENTO TOTAL O CASI TOTAL DE GLACIAR

Esta zona está comprendida entre los 4.000 y 3.300 m. Se caracteriza principalmente
por la gran cantidad de circos glaciares, campos de drumlins, zonas de pantanos y lagos,
valles en forma de U etc. (Fotos 6-7-8). Estas son indicaciones de que las glaciaciones reci-
bidas son de tipo alpino, con la acumulación de un casquete de hielo en la cima del maci-
zo y con lenguas glaciares que partían de la cima por los valles hacia abajo.
Parece que el centro de glaciación fué el área de las lagunas de Puente Largo, en
donde se presenta un típico paisaje de hielo muerto. La topografía suavizada en esta parte
alta del Páramo, puede indicar que al menos una de las glaciaciones llegó a cubrirla y a
erodarla posteriormente (Foto 9). En la actualidad la zona de Puente Largo presenta un
gran espesor de morrenas, lo mismo que abundancia de lagos pequeños, redondeados y
profundos. Estas evidencias, lo mismo que la morfología de los cerros y el labrado glaciar
en las rocas sugieren un gran centro de glaciación en esta zona.
Otro fenómeno bien interesante encontrado en Puente Largo fue el hallazgo de ceni-
zas volcánicas formando parte de la morrena reciente. Si la última lluvia de cenizas pro-
Foto 1 — Estrías en vanas direcciones.

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Foto 2 Morrena superior poco labrada.


Foto 3 — Zona no cubierta por morrena superior.

Foto 4 Morrena inferior protegida de la erosión.

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Foto 5 Paleosuelo entre las dos morrenas

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Foto 7 — Campo de Drumlins.

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venientes del complejo volcánico del Ruiz tiene aproximadamente 10.000 años (Folster,
1977), el hecho da una datación indirecta cercana al último evento glaciar. Además, si
sólo en esta parte se halla morrena derivada o asociada con ceniza volcánica, ello satisfa-
ce la idea que éste fue el único sitio donde el glaciar todavía existía al momento de
la caída de las cenizas, ya que en ninguna otra parte se encuentran trabajadas por el hielo.

3.2 ZONA DE CUBRIMIENTO PARCIAL DEL GLACIAR

Esta zona está comprendida entre los 3.300 y 2.700 m. Se caracteriza principalmente
por la erosión y depositación por parte de las lenguas glaciares, las cuales se extendieron
en dos direcciones. Una es por donde desemboca el valle glaciar de Churrunblún al Noro-
este y la otra hacia el Sur. En estas zonas el hielo bajó en forma de lenguas hasta un nivel
aproximado de 2.700 m, según lo indican algunas morrenas terminales localizadas en las
cercanías de El Quince. El área comprendida en esta zona presenta una topografía más
variada ya que el glaciar ha profundizado los valles por donde corrió, sin cubrir las partes
aledañas. De este modo la erosión tiende a aumentar el relieve al contrario de la primera
zona descrita. Por otra parte muchos valles en esta zona ya no albergan glaciar. En este
caso serían valles de erosión fluvial controlados en tramos de debilidad por rocas más
blandas, fracturamiento tectónico, etc.

3.3 ZONA INTERMEDIA DE DEPOSITACION

Esta zona está comprendida entre los 2.700 y 2.400 m. Se caracteriza por depósitos
de morrenas inicialmente depositadas más arriba, pero que han sido desplazadas por movi-
mientos de pendiente hacia abajo. Esta zona aunque presenta morrenas no ofrece ningu-
na morfología glaciar.

3.4 ZONA DE DEPOSITACION EXTRAGLACIAR

Esta zona esta comprendida entre los 2.400 y 2.000 m. Se caracteriza por depósitos
producidos principalmente por solifluxión en la época de ablación del glaciar. En este
estado la morrena se satura de agua y fluye como un líquido viscoso desde la cima del ma-
cizo hasta la base. A este tipo de depósitos pertenecen las terrazas del río Urrao localiza-
das en la base del macizo y que han sido mapeadas como deriva glaciar estratificada. En
la parte superior de las terrazas se encuentra ceniza volcánica que ha sido lavada y llevada
allí por el mismo proceso. La zona en algunas partes presenta el aspecto de una morrena,
además de la presencia de pantanos debido a la poca permeabilidad del material, pero a
este nivel ya no se encuentran depósitos glaciares propiamente dichos (Foto 10).

4. DISCUSION

Para la discusión se pueden plantear algunas ideas nacidas de la investigación:


Creemos que el "Páramo de Frontino" ha recibido dos diferentes glaciaciones co-
rrespondiente a las conocidas de Würm y Riss respectivamente. Ambas fueron de tipo
alpino, pero por lo menos una de ellas (Riss?) llegó a cubrir toda la cima del macizo con
un casquete de hielo.
El período interglaciar fue relativamente largo y se caracterizó por un mejoramiento
del clima.
Es probable que en el tiempo de la glaciación Riss, de mayor intensidad comprobada
en Europa y Norteamérica, el macizo no hubiese alcanzado la altura actual.
La caída de cenizas durante la última fase glacial, las cuales se encuentran trabajadas
por el hielo solamente en el centro de glaciación, dan una edad aproximada de 10.000
años para el último evento aunque podría verificarse con la datación de una turba por
t 4 c.

AGRADECIMIENTOS

Queremos expresar nuestro agradecimiento a quienes contribuyeron de alguna ma-


nera con la investigación. En general a INGEOMINAS y muy especialmente a su Director
el Doctor Michel Hermelín quien en parte fue gestor y en todo momento apoyó el tra-
bajo. También al Director Regional Medellín, Doctor Humberto González I., lo mismo
que al Doctor Eduardo Alvarez, quienes facilitaron nuestro estudio.

REFERENCIAS

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los intrusivos granitoides mesocenozoicos: Tesis de grado. Universidad de Chile. Santiago.
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\ •Guarne AVoter gap

LOCATION MAP OF RIONEG RO ARE A - • Pefiol

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to Cordillera Central erosion surface
(using t-8 at 5million years.) to
estimate the age of the S-1 surface

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EXPLANATION:
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during a reversed epoch.

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