1981 CIAF Vol 6
1981 CIAF Vol 6
NORMAS EDITORIALES
1. TAR IFA POSTAL REDUCIDA, PERMISO No. 330 DE LA ADMINISTRACION POSTAL NACIONAL
Presentar los avances de las investigaciones y los progresos técnicos de los Sensores Remotos.
2. Difundir sus aplicaciones en el estudio de los recursos naturales y en las ciencias de la ingeniería.
3. Estimular el entendimiento y la cooperación entre científicos y profesionales Latinoamericanos.
VOLUMEN 6, No. 1-3, pp. 1-654, 1981, BOGOTA-COLOMBIA. ISSN 0120-2499
Se aceptarán para publicación artículos científicos, técnicos, divulgativos y revisiones bibliográ-
ficas sobre sensores remotos y su aplicación en las ciencias naturales y la ingeniería. El idioma oficial
de la Revista es el Español, pero ocasionalmente podrán publicarse artículos en otros idiomas. Unica-
mente serán aceptados para publicación artículos originales que no hayan sido, ni vayan a ser publica-
dos en otros órganos divulgativos cualesquiera que sea su idioma. Es responsabilidad del autor obte-
ner el permiso escrito para reproducir material que haya aparecido en otras publicaciones o que se
considere información restringida. Las opiniones expresadas en los artículos son de responsabilidad
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Los manuscritos para la Revista CIAF deben ser enviados al Editor de la Revista CIAF, Carrera
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1. El texto debe entregarse en original y en copia, a doble espacio en tamaño carta (21.5 x 28.0 cm),
y sin exceder de 30 páginas, incluyendo tablas, figuras, fotografías, bibliografía, etc.
2. El texto debe ser organizado en la siguiente forma:
Titulo (debe reflejar el contenido en forma clara y concisa)
MEMORIA DEL PRIMER SEMINARIO
Nombre completo del autor y los coautores, incluyendo su dirección.
Resumen en español (con las conclusiones más importantes del trabajo; no debe exceder de
SOBRE EL CUATERNARIO DE COLOMBIA
250 palabras).
- Resumen en Inglés (Abstract).
Bogotá, Agosto 25 al 29 de 1980
Cuerpo y texto principal del artículo, organizado según el siguiente esquema:
1 INTRODUCCION
1.1 GENERALIDADES
1.1.1 Ubicación y acceso del área de trabajo.
- AGRADECIMIENTOS
REFERENCIAS (únicamente las que se citen dentro del texto); como modelo para las refe-
rencias bibliográficas podrán tomarse las que aparecen en el Vol. 5 - No. 1 de la Revista CIAF.
3. Se deben subrayar las palabras que han de aparecer en Itálica.
4. Las figuras, diagramas, dibujos y mapas deben entregarse por separado, sin montar; numerados se-
gún su aparición en el texto. Este número deberá indicarse en el texto, en el lugar donde se ubica-
rá la figura. Sólo se aceptarán originales en papel mantequilla o papel blanco opaco, dibujados en
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cuenta el tamaño de las letras y demás elementos, a fin de que queden legibles. Son preferibles
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maño máximo de 13 x 21 cm y con excelente contraste. Las leyendas de las fotografías y demás
figuras deben entregarse en una hoja separada. Ministerio de Obras Públicas y Transporte
6. Las tablas o cuadros se entregarán mecanografiados en tamaño máximo de 13 x 21 cm. Sólo CENTRO INTERAMERICANO DE FOTOINTERPRETACION C.I.A.F.
excepcionalmente se aceptarán plegables.
Bogotá, Colombia
REVISTA CIAF Vol. 6 11-31, 1981
III
ENTIDADES ORGANIZADORAS
ENTIDADES PATROCINADORAS
COMITE DIRECTIVO
Presidente:
Miembros:
V
r
IX
VIII
Caracterización mineralógica, micromorfológica y de génesis de suelos en las ANEXOS - ENCLOSURES
planicies cuaternarias de la región sur de San Fernando de Apure (Edo.
317
Apure), Venezuela *. Malagón, D. & Ochoa, G.R. Actividad cuaternaria de la falla Espíritu Santo. Arias, L.A. Fig. 1: Mapa de
Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena.— localización de la falla Espíritu Santo.
319
Martínez, A. Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia, Colom-
El complejo arrecifal de las Islas del Rosario: zonación coralina, sedimentos bia. Hutchings, L. et al: Plate 2: Cross section A - A' of microearthqua-
329
y foraminíferos bentónicos.— Martínez, S. (de) & Vernette, G. kes northern study área.
El Cuaternario de la zona de Huancayo (Andes del Perú central) y su corre- The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits near Mede-
347 llín, Colombia: implications to tectonics and erosion rates. Page W.D.
lación•.— Mégard, F. & Sébrier, M
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colom- & James, M.E. Fig. 3: possible ages of terraces and erosion surfaces using
349 paleomagnetic data. Fig. 7: Rionegro terraces near Rionegro.
bia.— Murcia, L.A. & Marín, P.
Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido Pericaribeño (Colom-
bia, Venezuela, Antillas Holandesas).— Ochsenius, C 365
• Resumen — Abstract
X XI
REVISTA CIAF VOL. 6 11.3), 1 - 16 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
ABSTRACT
The Espíritu Santo fault corresponds with a zone of older shearing along which differential
erosion has cut a linear geomorphic expression. The fault splays from the Cauca-Romeral fault system
at Liborina in the northern pan of the Departament of Antioquia and follows a straight N45'E trend
for 120 km to the Cauca and Nechi river valleys west of Caceras where the fault disappears beneath
Quaternary alluvial sediments.
Geologic and seismic evidence along the Espiritu Santo fault help to distinguish this fault from
other faults of the Romeral system and there is some question whether the Espiritu Santo should
be considered the main extension of the Romeral fault.
The displacement of an old erosion surtace of the Central Cordillera north of the Cuiva high
plane and the presence of deformad and probably faulted alluvial deposits are some evidence that
the Espiritu Santo is active. The rafe of activity is low to moderate and the vate of displacement is
estimated to be less than 0.2 mm/yr. The fault presents two different behaviors along its length. In
its central and northern part of the Espiritu Santo fault is a normal fault with a steeply west dipping
rupture plane and the east block relatively uplifted while in the southern part, the east block has been
relatively downdropped. This difference could be the result of a rotational movement in both blocks
to produce the inverted sense of displacement with respect to the northern and southern extremities
of the fault trace.
One consequence of the relative uplift and downdrop of blocks along the seismically active
Espiritu Santo fault and of other faults of the Romeral system is the changa in the stream-slope
gradient of the Cauca river. The steep, 2.6 m/km stream-slope gradient of the Cauca river expressed
west of the Espiritu Santo fault is presumably the result of uplift on the southern part of the western
block.
1. INTRODUCCION
Olp osy Ofp/r7:
r___,/
Olp
en el sitio "El Doce", cerca de Tarazá (Ant.), donde la falla cruza depósitos de terraza 7 11-íZoei..
LEYENDA GEOLOGICA
del río Cauca; otros estudios menos detallados se hicieron en la cuenca de la quebrada
Juan García cerca a Liborina (Ant.) y en la población de Briceño (Ant.), sitios en los
Coluviones
cuales la falla presenta expresiones geomórficas marcadas que permiten deducir su com-
portamiento. s.> Bloques aislados .
Este trabajo hace parte de una investigación tectónica más amplia realizada con el ata
fin de evaluar el fallamiento cuaternario en el sistema de fallas Cauca-Romeral dentro gíd Depósitos de canal del cauce presente del Rio Cauca (01c) Depósitos aluviales
de las llanuras de inundación del Rio Cauca y sus tributarios; incluye algunas
del programa de estudios de riesgo sísmico para los proyectos hidroeléctricos de Ituan- terrazas muy bolas (01p).
go y Cañafisto en el río Cauca, llevados a cabo por la firma Integral Ltda. con la aseso- Ole I Depósitos de terrazo del Rio Cauca • can elevaciones no diferenciadas; el tipo de
depósito tampoco es conocido en detalle.
ría de Woodward-Clyde Consultants de U.S.A., para Interconexión Eléctrica S.A. (ISA).
Depósitos. de terraza de los tributarios del Rio Cauca • La elevación y el tipo de
depósito no han sido diferenciados.
2. MARCO GEOLOGICO Y GEOGRAFICO
Ooot Depósito de terrazo del Rio Cauca entre 40-50m. de altura sobre el nivel del Rio
Cauca; con espesores de 30m a 40m., can una copa superior de 10-20m de espesor
Coa
La falla Espíritu Santo tiene una dirección general N5(VE y se extiende por una CUATERNARIO < de limo y arena limosa Donde una superficie de forma plana está presente se
mapea como Poot,donde dicha superficie no existe se mapea 000.
longitud de unos 120 km desde la población de Liborina (Ant.) al sur, donde se separa
del sistema de fallas Cauca-Romeral, hasta un sitio al oriente de Cáceres (Ant.) donde Depósitos de terrazo de la quebrada Puri Aproximadamente 8 m. por encima
del nivel de la quebrado. Son depositas generalmente de gravas con espesor de
desaparece bajo los sedimentos cuaternarios de los ríos Cauca y Nechí. Esta falla ha sido 3m a Brn
considerada por Hall y otros (1972) como la prolongación septentrional de la falla Ro-
°ocio Terrazas y depósitos aluviales del Rio Puqui. Elevaciones no diferenciadas. Son
meral; sin embargo, aquí se considera como una falla distinta debido a la diferencia mar- depósitos de 5m a lOrn. de espesor, generalmente constituidos por gravas.
cada en su dirección (N25° E para las fallas de Romeral) y a que ambas estructuras tec- otp Depósitos de terraza, aproximadamente 90 m por encima del nivel actual del
.: oro
tónicas transcurren dentro de asociaciones de rocas de características muy diversas Rio Cauca • Son depositas de gravas gruesas, predominantemente de rocas metamór-
ficas muy meteorizadas de la quebrada Puri (Otp) y del Rio %qui (Otpq).
(v. Fig. 1) e .
A partir de la población de Liborina la falla controla tramos largos de la quebrada 11.7.072 Depósitos aluviales, aproximadamente 164 m por encima del Rio Cauca. Pueden
ser depósitos del Ruz Cauca; se hallan muy disectados y nn poseen forma de
Juan García y de los ríos San Andrés, Espíritu Santo y Cauca; además algunos tributa- terraza. Los depósitos de gravas se hallan completamente meteorizadas a so-
rios de estas corrientes principales aparecen igualmente alineados. Dentro de las cuen- arable, sin núcleos de roca excepto en las gravas de cuarzo.
cas principales la falla se expresa además por medio de quiebres prominentes de la pen-
Tu Luti tos y areniscas generalmente ricos en cuarzo.
diente de las laderas. Los escarpes pronunciados de los valles de los ríos a lo largo de la
TERCIARIO
zona de falla, en contraste con las pendientes más suaves de las partes altas o divisorias Tug Areniscos, conglomerados y lufitos generalmente ricas en cuarzo.
de agua, a lo largo de la misma traza, indican que la zona de falla de Espíritu Santo co-
rresponde a una zona antigua de debilidad de la corteza en la cual muchos de los rasgos
Dienta a grakodiorita
geomorfológicos más pronunciados han sido producidos por erosión diferencial. Esta
CRETACEO {
característica es particularmente evidente en la divisoria de aguas de los ríos San Andrés s Zona de callamiento lentes de distintos tipos de rocas metamórficas de
y Espíritu Santo, donde no se observan silletas (boquerones) o cambios mayores de ele- edad paleozOica, altamente plagados.
• Ver ANEXOS.
2
Actividad Cuaternaria da la falla Espíritu Santo
CON V E NCION ES
oe. Deslizorniento
...rclo• Foboctón
SCARPE
PRONUNCIADO So0 coa 1500 2500a
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Figura 2
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Actividad Cuaternaria de la falla Espentu Santo
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Proyección di dos terrosos situados 1.0Kin ol sur
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Figura 3
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6
Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo
TERRAZA DE LA QUEMADA PURI Para el estudio de la falla Espíritu Santo se escogieron aquellas áreas con expresio-
(Espesor dei deposito 30.
INCLINÁCION DE LA SUPERFICIE nes geomorfológicas y estructurales más notorias. Estas áreas son: "El Doce" cerca a
PLANA le al E 1= OTolo= OTCS
odas lomo Tarazá, los alrededores de la población de Briceño y la cuenca de la quebrada Juan Gar-
alan en III
Sima 1; cía, situados en la parte norte, intermedia y sur de la falla respectivamente. El área de
onsit f &esa
¿•••\ /
/ "El Doce" se escogió como la zona más apropiada para el análisis del comportamiento
TERRAZA
Twg-, O
ra, BARRO BLANCO
",”
estructural de la falla y de sus posibles desplazamientos, por dos razones principales:
Proyectado Mol nov.,*
1) La presencia en el área de terrazas aluviales del río Cauca y de sus tributarios y de
o,„,,0,, otros depósitos cuaternarios sin forma de terraza. 2) Expresiones geomorfológicas muy
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¡ / / / - atRIl /
marcadas producidas por la falla.
45114W °‘,
k 11 ,
( O'
°
4
OFP / I Como resultado de las investigaciones se ha podido tener una imagen del comporta-
4 miento complejo de la falla, la cual presenta características diferentes en áreas distintas.
VEIS Cal CUARZO,
FELDESPATO Y
`1, II
En el área "El Doce" la falla Espíritu Santo exhibe características de falla normal
RUSCORITA
con el plano de ruptura buzando con alto ángulo al oeste y con el bloque oriental levan-
tado. Este comportamiento parece ser muy constante como lo atestiguan las observacio-
nes en los distintos tipos de roca. Así, con base en los niveles de afloramiento de las rocas
metamórficas a ambos lados de la falla, se puede postular un salto vertical de 400 m;
igualmente los buzamientos de la estratificación de las rocas sedimentarias inmediatamente
al oeste de la falla, alcanzan valores de 65° al oeste y disminuyen hasta valores de 10° y
Figuro 4
15° al oeste a medida que se alejan de la fractura, lo cual indica una estructura de arras-
CORTE OEOLOOICO B-O' EN EL AREA DE "EL DOCE
tre con el bloque occidental hundido (ver figuras 3 y 4).
Cerca a la población de Briceño la falla presenta expresiones geomórficas muy mar-
cadas, con colinas alineadas en la dirección de la falla. Por otro lado, el drenaje está con-
trolado por la falla y las corrientes han sido deflectadas en forma tal que indican un des-
plazamiento siniestro-lateral para la falla Espíritu Santo en esta área.
Los depósitos cuaternarios son de gran importancia para la evaluación de las ratas de
fallamiento reciente, ya que dentro de ellos se reflejan sólo los esfuerzos tectónicos tar-
díos, sin interferencias de los sistemas de esfuerzos más antiguos. Además, cuando el de-
7
Arias I Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo
pósito se encuentra en una posición adecuada con respecto a las fallas permite investigar
las ratas de fallamiento y la magnitud del desplazamiento.
Las observaciones hechas en los depósitos cuaternarios en distintos sitios a lo largo
de la falla de Espíritu Santo pueden resumirse así:
- En la terraza Barroblanco de la quebrada Puri (al noreste del caserío "El Doce"). En
este sitio un segmento de la terraza aparece levantada e inclinada como resultado del
movimiento de la falla, lo cual ha producido sobre la terraza una erosión más intensa
en la zona del alineamiento y un levantamiento de 2.0 a 3.0 m de la porción de la te-
rraza localizada al este de la falla (ver figura 5). En otro sitio de la terraza se observa
un posible desplazamiento vertical de 6.0 a 10.0 m con la parte noroccidental hun-
dida. Con base en la evolución del perfil del suelo se estimó una edad de 50.000 años
para el depósito de Barroblanco, lo cual significa actividad de la falla Espíritu Santo
en el tiempo más reciente.
- En la margen oriental del río Cauca, al frente del estadero "Canarias" (ver figura 2),
aparece un escarpe pronunciado rectilíneo por más de 1 km y alineado con la falla
Espíritu Santo (véase figura 6). Este escarpe fue causado principalmente por la ero-
sión del río, pero también existe una componente tectónica en su desarrollo, el cual
indica una falla normal con el bloque occidental hundido, todo lo cual está de acuer-
do con otros rasgos observado en las rocas terciarias y paleozóicas mencionadas atrás.
- En muchas de las terrazas de "El Doce" se observan expreciones geomorfológicas
sobre las superficies planas, lo cual indica cierto grado de actividad de la falla durante
el Cuaternario.
Un perfil topográfico desde Santa Rosa de Osos hasta Santa Rita de Ituango (Ant.),
transversal a la falla Espíritu Santo (ver figura 7), muestra que la superficie de erosión
de la Cordillera Central se desplaza verticalmente unos 650 m , con el bloque norocci-
dental hundido. Este comportamiento del tramo intermedio de la falla es similar al
ya descrito en su porción septentrional.
— Cerca de Liborina (Ant.), en la porción sur-occidental de la falla, pueden también ha-
ber sucedido movimientos cuaternarios en los cuales el bloque oriental fue hundido
contrariamente a su comportamiento en la región septentrional. Aguas abajo de la
quebrada Juan García la gradiente longitudinal del río Cauca cambia desde 0.6 m/km
hasta 2.6 m/km, aguas abajo de esta confluencia (ver figura 8). Este cambio en el gra-
diente, con el consiguiente rejuvenecimiento del río, sugiere que en su extremo meri-
dional el bloque noroccidental de la falla se ha levantado durante el Cuaternario. La
depositación intensa a lo largo del río Cauca aguas arriba de Liborina, se puede expli-
car también con la hipótesis anterior y probablemente obedece a un hundimiento del
área de Santa Fé de Antioquia; la depositación intensa por el río Cauca se extiende
hasta aguas arriba del sitio de presa para la Central Hidroeléctrica de Cañafisto, sitio
en el cual se encontró por medio de perforaciones que el lleno aluvial tiene espesores
entre 50 y 60 m.
La gradiente longitudinal del río Cauca disminuye de nuevo de 2.6 hasta 0.5 m/km
en las cercanías de la desembocadura del río Espíritu Santo al río Cauca, donde la falla
en estudio intercepta de nuevo al río Cauca (ver figura 8).
Como se puede deducir de lo anterior, el sentido de los desplazamientos cuaternarios
de la falla Espíritu Santo en su parte suroccidental son opuestos al sentido del desplaza-
miento que se observa en las partes intermedias y nor-oriental de la misma fractura.
Este comportamiento aparentemente anómalo pudo ser el resultado de un movimien-
to rotacional de los bloques con respecto a un eje, lo que produciría movimientos de sen-
tido inverso hacia los extremos de la traza de falla. También pudo producirse por un sen-
tido diferente de los desplazamientos entre diferentes áreas en el bloque situado al nor-
occidente de la falla Espíritu Santo; por ejemplo, el bloque limitado por las fallas Espí-
9
8
Actividad Cuaternaria de la falla Espirito Santo
Arias
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11
10
Arias I Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo
ritu Santo y Sardinas (falla de dirección Norte-Sur, paralela con la falla Sabanalarga y
localizada al oriente de ésta) puede haberse hundido con respecto a los bloques adya-
ce n te s.
Como resultado de las investigaciones sobre los depósitos cuaternarios se ha podido
concluir que la rata de desplazamiento de esta falla es menor de 0.2 mm por año, calcula-
da con base en la magnitud de los desplazamientos y en la evolución de los suelos desarro-
llados sobre los depósitos cuaternarios. Además, este resultado se confirma cuando se
compara la magnitud del desplazamiento de la superficie de erosión de la Cordillera Cen-
tral, con una edad para su formación de 3.0 m.a (como mínimo).
Todo lo anterior permite afirmar que la falla Espíritu Santo ha sido activa durante el CORVENCIONES:
Cuaternario con un grado de actividad que varía de moderado a bajo y con una rata de
Niel de las
hechos entreagEnero
uas Moly Rio Comadecontonee
Octubre 1973 lee levantemantee
desplazamiento menor que la que se dedujo para algunas de las fallas del sistema Cauca- o Indico lo po.,cidn y coto de as de la coleada de lee puentes.
Romeral. Esto permite concluir que la mayor parte de los esfuerzos que se generan en la No so sabe le mareen parle cual deeembecen
corteza se liberan principalmente en las fallas del sistema Cauca-Romeral y en menor
proporción, a lo largo de la falla Espíritu Santo.
Las mismas fallas que son la fuente de los sismos mayores son a la vez la fuente de
los microsismos, los cuales son, esencialmente, idénticos a los terremotos mayores. Debi-
do a que los microsismos ocurren con más frecuencia, la evaluación del fallamiento pue-
de realizarse en un intervalo de tiempo corto. Aunque los microsismos son de tan baja
intensidad como pra ser perceptibles por los humanos, generalmente de magnitudes me-
*So /Xia
nores de 3.0 en la escala Richter, si pueden ser registrados por instrumentos sensibles 1411{~ 1~1.10
~PM anta SIO UNRITUISICIO elL110011■
1
(sismógrafos). La interpretación de los microsismos conlleva un cálculo preciso de las lo-
calizaciones, determinación de las magnitudes y análisis de los mecanismos focales. Estos
datos se utilizan para asociar la actividad de los sismos con fallas cartografiadas, para en- z
tender la orientación de los esfuerzos tectónicos y para describir el nivel de actividad
sísmica. e
Sta 131711111~0 fl 1
Durante los estudios de microsismicidad llevados a cabo en la región de Ituango se 15..1. Norte-C.1M
localizaron 50 microsismos con magnitudes que oscilan entre 0.2 y 3.5 en la escala de
Richter. Estos eventos ocurrieron sobre muchas de las fallas de la región, incluyendo las
fallas de Romeral, Espíritu Santo y Santa Rita, con epicentros que se extienden desde
rámr.r..
cerca de la superficie (3 km de profundidad) hasta la base de la corteza terrestre (35 km
1111F"..
3"
de profundidad). ".".Co-CLYDE CONSULTANTS EN 19a0, DATOS TOMADOS DEL
El análisis de los mecanismos focales de los terremotos dentro de la corteza mues- INTERCONEXION ELECTRICA SA E INTEGRAL LTDA .
tran que las fallas Espíritu Santo y Santa Rita, de dirección noreste, tienen un rumbo
N 15°E, buzan 46 grados al este, y el sentido de su movimiento es inverso, con el blo- MILD[1.1.11
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Ftgura 8
PERFIL DE LA PENDIENTE LONGITUDINA DEL RIO CAUCA DESDE saco/Bao (Ant ) HASTA "EL COCE«(Nla Cuatro)
13
Actividad Cuaternaria de la falla Espíritu Santo
5. REPERCUSIONES REGIONALES
La actividad tardía de la falla Espíritu Santo y de otras fallas del sistema Romeral
han producido, como rasgo notorio, un cambio en el comportamiento del río Cauca. Al
occidente de la falla Espíritu Santo el río presenta la pendiente longitudinal más alta de
todo su curso, lo cual se puede explicar por un levantamiento del bloque situado al occi-
dente de la falla Sardinas y parte sur de la falla Espíritu Santo, con el consiguiente rejuve-
necimiento del régimen del río el cual se expresa en la formación de un cañón en forma
de V con pendientes muy fuertes, propia de ríos en proceso de excavación y formación
de su lecho. Esta situación a la vez ha dado lugar a la formación de dos cuencas de subsi-
dencia con intensa depositación localizadas cerca de Santa Fé de Antioquia en la parte
suroccidental de la falla y en el sitio "El Doce". En ambos sitios el río presenta caracte-
rísticas muy similares (presencia de barras puntuales, barras laterales, trenzamiento del
río) las cuales contrastan con los rasgos que se observan en el tramo comprendido entre
ambas cuencas. La cuenca de Santa Fé de Antioquia sería el resultado de hundimiento
en el bloque noreste de la falla Espíritu Santo, mientras que la cuenca del área de "El
Doce" sería el resultado del hundimiento del bloque noroeste.
Un estudio más detallado de la composición, estratigrafía, edades y correlaciones
de los depósitos en las cuencas de Santa Fé y El Doce permitiría un conocimiento más
preciso del comportamiento de la falla Espíritu Santo.
AGRADECIMIENTOS
15
Arias
MARSUPIALIA •NOTOUNGULATA
gen. indet. •TOXODONTIDAE
INSECTIVORA
•Mixotoxodon
SORICIDAE
PROBOSCIDEA
Cryptotis •GOMPHOTHERIIDAE
EDENTATA
•Cuvieronius ••
•MEGATHERIIDAE •Haplomastodon • •
•Eremotherium •Stegomastodon ••
•MYLODONTIDAE •Notiomastodon
•Glossotherium (citado frecuentemente PERISSODACTY LA
como "Mylodon"9 EQUIDAE
GLYPTODONTIDAE Equus
•Glyptodon TAPIRIDAE
RODENTIA Tapirus
CR/CETIDAE ARTIODACTY LA
gen. indet. TAYASSUIDAE
Tayassu
HYDROCHOERIDAE
CAMELIDAE
Hydrochoerus
gen. indet.
CARNIVORA
CERVIDAE
FELIDAE
Mazama
•Smilodon (?)
Odocoileus
• Department of Geology University of Alberta Edmonton, Alberta, Canadá, T6G 2E3
• Extinto
•• Pueden venir a constituir un mismo género, véase BOMBIN & HUERTAS en este volumen.
16
17 ••
Bombín
RESUMEN
ABSTRACT
19
18
Bombín & Huertas Los mastodontes de Colombia
1
A
LAMINA 1
Fragmento de cráneo con las defensas, pareciendo indicar un cráneo deprimido como en Cuviero-
a)
Stegomastodon. Museo del Instituto de La Sa-
nius, pero los incisivos hacen recordar algunos de
lle (MI LS), sin número (s.n.), area de la Sabana de Bogotá(?). Largo total aproximado (I.t.a.) de
las defensas 95 cm.
Defensa casi completa, con banda de esmalte, corresponde probablemente a individuo luvenil,
b)
Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad
idéntica a otras descritas como Haplomastodon.
Nacional (ICNUN), n. 001, Mosquera (Cundinamarca). L.t.a. 62 cm.
Porción media) y proximal de defensa, con resto de banda de esmalte, similar a "b". MI LS, s.n.,
c)
procedencia dudosa. L.t.a. 55 cm.
21
20
Los mastodontes de Colombia
II
LAMINA II
c) M 3i., con tubérculos accesorios más desarrollados en los pretritos, cf. Haplomastodon o Cuviero-
nius. MI LS, s.n., El Rosario (Santander del Norte). L.t.a. 19 cm.
dl M3i., con fragmentos de palato y M 2(?), tubérculos accesorios más desarrollados en los pretritos,
cf. Haplomastodon o Cuvieronius. MI LS, s.n., procedencia dudosa. L.t.a. 20 cm(?). •
22 23
Bombín & Huertas
LAMINA III
a) Fragmento de palato con M3 i. y d., con postritos no treboliformes, cf. Haplomastodon o Cuvie-
ronius. MI LS, s.m., procedencia dudosa. L.t.a. de M3d. 18 cm, I.t.a. de M 3i. 18 cm.
b) M2i. muy gastado haciendo con que los pretritos y postritos se vean treboliformes, aislado seria
cf. Stegomastodon o Notiomastodon. INGEOMINAS, s.n., Sabana de Bogotá (?), col. G. Pontón.
L.t.a. 12.5 cm.
c) Defensa con banda de esmalte conspicua en la extremidad distal y torsión muy tenue, cf. Notio-
mastodon. MI LS, s.n. procedencia dudosa. L.t.a. 118 cm.
24 25
Los mastodontes de Colombia
IV
LAMINA IV
a y b) — M2i, con postritos no treboliformes, muy parecido al "tipo" del "Mastodonte Humboldien"
de Cuvier ICuvieroniusl. INGEOMINAS, n. 3353 (n. colectivo de varias piezas encontradas en
la misma localidad), Las Pajas - Mosquera (Cun—d-inamarca). col. J. Royo y R.A. Stirton (111-1951).
L.t.a. 12.5 cm.
c) Extremidad dista! de defensa con conspicua banda de esmalte no espiralada como en Cuvieronius.
Aislado seria cf. Notiomastodon. INGEOMINAS, n. 3353 (n. colectivo), Las Pajas - Mosquera
(Cundinamarcal, col. J. Royo y R.A. Stirton 1111-1951). L.t.a. 180 cm.
d) Fragmento de defensa con banda de esmalte, no espiralada como en Cuvieronius. Aislado seria cf.
Notiomastodon. Mismos datos de "c", de la cual es probablemente par.
26 27
r
Bombín & Huertas Los mastodontes de Colombia
LAMINA V
a) M 3i, con tubérculos accesorios bien desarrollados solamente en los pretritos, cf. Haplomestodon
o Cuvieronius. INGEOM INAS, n. 3353 (n. colectivo), Las Pajas - Mosquera (Cundinamarca), col.
J. Royo y R.A. Stirton (111-1951).
c) M3c.. con pretritos Y postritos treboliformes debido al elevado desgaste, identificación posible
apenas al nivel de familia (Gomphoteriidae). Mismos datos de "a".
28
Los mastodontes de Colombia
Bombín & Huertas
VI
LAMINA VI
a) Fragmento del palato con M 23 i. y d., postritos menos desarrollados en área que los pretritos de-
bido a la más conspicua presencia de tubérculos accesorios en estos, asociado con "b" - lo que
permite clasificarlo como Haplomastodon waringi (sonso SIMPSON & PAULA COUTO, 1957).
INGEOMINAS. n. LR 1055 (n. colectivo para diversas piezas encontradas asociadas), Pubenza-
Mpio. Girardot (Cundinamarcal, col. L.F. Rincón. L.t.a. M 3d. 20 cm. Edad aproxim. 16.000 BP
(L.F. Rincón, comunicación personal).
b) Defensa restaurada parcialmente sin clara banda de esmalte, asociado con "a" - lo que permite
clasificarlo como Haplomastodon waringi (sensu SIMPSON & PAULA COUTO, 1957). Mismos
datos de "a". L.t.a. 166 cm.
c) M3i. con postritos, pretritos y tubérculos accesorios desarrollados casi igualmente, lo que torna
su clasificación problemática con el ejemplar aislado. MI LS, s.n., Mosquera - Cundinamarca I?).
L.t.a. 19 cm.
30
31
Bombín & Huertas
Los mastodontes de Colombia
VII
LAMINA VII
a) Mandíbula con M2.3 i. y d. con postritos no treboliformes, asociada con "a" y "b" de lámina VI,
lo que permite clasificarlo como Haplomastodon waringi (sensu SIMPSON & PAULA CUOTO,
1957). INGEOMINAS, n. LR 1055 (n. colectivo), Pubenza Mpio. Girardot (Cundinamarca), col.
L.F. Rincón. L.t.a. M3d. 21.5 cm. Edad aproximada 16.000 BP (L.F. Rincón, comunicación per-
sonal).
b) M2.3 i. y d. implantados en una mandíbula incompleta (faltan los rami), con un patrón muy anó-
malo de la superficie masticatoria de los M3, y M 2 muy gastados, lo que torna su clasificación
problemática a nivel especifico o genérico. Estaba asociado con incisivos muy robustos (I.t.a.
19.5 cm) sin banda de esmalte que podrían tanto clasificarse cf. Haplomastodon como cf. Stego-
mastodon. INGEOMINAS, n. LR 1125 (n. colectivo), Pubenza - Mpio. Girardot (Cundinamarca),
col. L.E. Rincón. L.t.a. M3 18.5 cm.
32 33
Los mastodontes de Colombia
LAMINA VIII
a) Mandíbula incompleta con M 1.21. y d., los molares no presentan características taxonómicas cla-
ras, pero esta forma particular de sínfisis es común en los Cuvieronius hyodon (sensu CABRERA,
1930) de Tarija (Bolivia). MI LS, s.n., Mosquera (Cundinamarca). L.t.a. M id. 10 cm.
35
34
Bombín & Huerto
Los mastodontes de Colombia
LAMINA IX
d. con pretritos y respectivos tubérculos accesorios más desarrollados que los postritos,. cf.
al M3
L.t.a. 17 cm.
Haplomastodon o Cuvieronius. MI LS, s.n., Mosquera - Cundinamarca
— Defensa y detalle de su extremidad distal con banda de esmalte no espiralada, aislada seria cf.
cy
ICNUN, n. 003,. Cerca de Laguna de la Herrena - Mosquera (Cundinamarca).
Notiomastodon.
L.t.a. 117 cm.
37
36
Los mastodontes de Colombia
LAMINA X
a) M2i. con pretritos y postritos treboliformes (aunque estos menos desarrollados) por elevado des-
gaste, pieza más afin a Haplomastodon o Cuvieronius (sensu SIMPSON & PAULA CUOTO,
1957). MILS, s.n., Mondoñedo - Mosquera (Cundinamarcal. L.t.a. 12.5 cm.
b y c) — Defensa y detalle de la extremidad distal con resto e impresión de banda de esmalte con muy
tenue torsión, aislado seria cf. Notiomastodon. ICNUN, n. 021, Meissen - sur de Bogotá. L.t.a.
150 cm.
dl M3d. con postritos no treboliformes, cf. Haplomastodon o Cuvieronius. MILS, s.n., Mosquera -
Cundinarnarca I?). L.t.a. 19 cm.
38 39
Los mastodontes de Colombia
Bombín & Huertas
mo para Cuvieronius en relación a los Andes y Stegomastodon y Notiomastodon con res-
Stegomastodon superbusl, Haplomastodon waringi, y Notiomastodon ornatus.
pecto al área Pampeana. Esto seguramente no es un procedimiento correcto, y corno vi-
Geocronológicamente los mastodontes habitaron Sudamérica del Pleistoceno Medio
mos no funciona para Colombia.
(o Inferior) al Holoceno Inferior.
Se pueden considerar varias hipótesis para explicar esa diversidad fenotípica, entre
Se dice que Cuvieronius fué característico de las regiones andinas y costa de Chile,
ellas:
Stegomastodon y Notiomastodon del área Pampeana del sureste, y Haplomastodon de
a) Existir ían fósiles de varias edades geológicas representados en las muestras;
los ambientes más tropicales de Sudamérica.
b) Existirían fósiles provenientes de diferentes paleoambientes en las colecciones;
Hasta aquí no había estudios actualizados y con cierto detalle sobre los mastodon-
c) Existirían varios géneros y especies simpátricas;
tes de Colombia, aún siendo sus fósiles los más abundantes en varias formaciones (e.g. de
d) Las poblaciones de mastodontes serían polimórficas.
la Sabana de Bogotá). Generalmente en trabajos más recientes sobre Colombia se cita
La primera hipótesis puede ser descartada para muchas localidades en Sudamérica
Haplomastodon como el género allí representado (e.g. Stirton, 1953; Porta, 1961;
y también para Colombia. La mayoría de los fósiles de mastodontes examinados provie-
Hoffstetter, 1970). Cuvieronius ha sido apenas mencionado. Correal (1980) cita Haplo-
ne de la Formación Mondoñedo, considerada del Pleistoceno Superior (Stirton, 1953;
mastodon sp. y Cuvieronius hyodon, con un fechado radiocarbónico de 11.740 ± 110
Porta, 1961; Van Der Hammen, 1965). Varias determinaciones de 14 C en fósiles de mas-
BP, y en asociación con artefactos arqueológicos.
todontes aún no publicadas confirman esta edad (T. van der Hammen, comunicación per-
En 1977 revisamos las colecciones paleontológicas de mastodontes del Instituto
sonal). Porta et al. (1974) colocan a los mastodontes de la Sabana de Bogotá entre 10.800
de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, de INGEOMINAS (colecciones L.F.
y 21.900 BP o, como mucho, no más de 42.800• BP.
Rincón y Royo y Gómez), y del Museo del Instituto de La Salle, todos en Bogotá.
Tomado en conjunto el material presenta elevada diversidad de formas. Se encuen- La concentración de fósiles y tafonomia en el área de la Sabana de Bogotá, y de otros
tran defensas espiraladas con banda de esmalte (e.g. Lámina II, a y b); defensas curvadas depósitos de Sudamérica, sugiere que todos los respectivos animales tenían acceso a las
o casi rectas sin banda de esmalte (e.g. Láminas I-a, VI-b); rectas con banda de esmalte mismas zonas ambientales, lo que habla en contra de la segunda hipótesis. Además, las
en juveniles (e.g. Lámina 1, b y c); y no espiralada con banda de esmalte (e.g. Láminas pequeñas variaciones del aparato masticatorio de los ejemplares examinados, no indican
d; IV-c, d; IX-c, d; y X-b, c). Con relación a los molares existe toda una gama des- diferencias contrastantes en nicho ecológico en cuanto a la explotación de recursos ali-
menticios.
de aquellos con postritos francamente no treboliformes hasta otros con postritos y pre-
En contra de la tercera hipótesis se puede decir que la existencia simpátrica de varios
tritos treboliformes (vide láminas). No hay casi cráneos disponibles para estudio, pero
aquí también el espectro parece ser amplio, por ejemplo el cráneo de la Lámina 1-a pare- géneros y especies de mastodontes con nicho probablemente muy similar no sería de espe-
ce ser deprimido, al contrario, el cráneo representado por Boule & Thévenin (1920, Fig. rar como regla general; por lo menos este no es el caso entre megafaunas actuales.
Con relación a la cuarta hipótesis, que seguramente resultaría polémica a los paleon-
32, p. 65) es elefantoideo.
Con esto se puede decir que en los mastodontes de Colombia están representados tólogos más conservadores, es la que hasta el momento parece explicar mejor las observa-
ciones empíricas. En este caso tendríamos un género monoespecífico (o quizá di-especí-
todos los caracteres, y probablemente todas las combinaciones de ellos, correspondientes
fico) en Sudamérica, con un amplio rango de variaciones individuales (como en el caso del
a lo que las últimas revisiones del grupo asignan a Cuvieronius, Stegomastodon, Haplo-
elefante africano actual). La dominancia de ciertos caracteres en más de 75% de los indi-
mastodon, y Notiomastodon. Además hay otra combinación no descrita, que resulta ser
viduos en determinadas áreas, sugeriría también politipía. Esta explicación nos parece me-
la forma más común en el área de la Sabana de Bogotá, presentando defensas no espira-
nos artificial y tendría profundas implicaciones paleobiológicas, filogenéticas, y prácticas
ladas con banda de esmalte y molares sin postritos treboliformes. En realidad la única
en taxonomía.
forma que todavía no se vió en los materiales de Colombia es aquella descrita por Casami-
Estamos concientes de que el mastodonte más común en el área de la Sabana de Bo-
quela (1972), adonde ocurren defensas espiraladas sin banda de esmalte.
gotá, constituye un taxón aparte de lo que se ha descrito en la literatura hasta ahora,
Otros caracteres también son muy variables como el número de lotos en los molares,
y de que muchos autores haría de él hasta un nuevo género, pero para no empeorar el
y la forma de la sínfisis mandibular. Las piezas del esqueleto post-craneano son en térmi-
caos reinante después de 175 años de taxonomía de los mastodontes, esto debe aguardar
nos generales parecidas, como en el caso de todos los otros restos de Sudamérica, respe-
la revisión de la presente nomenclatura de los mastodontes sudamericanos, teniendo en
tadas las variaciones intra-poblacionales (como por ejemplo la presencia o ausencia de
vista este nuevo enfoque paleobiológico y respetando las reglas internacionales de nomen-
foramen transversal en el atlas y axis).
clatura zoológica, en proceso de elaboración por uno de nosotros (Bombín, s.f.). Mien-
Esta diversidad de fenotipos es la característica principal de los mastodontes suda-
tras tanto preferimos decir que el material examinado de Colombia contiene fósiles asig-
mericanos, y donde quiera se tengan buenas colecciones siempre se ve lo mismo. Uno de
nables a los géneros Cuvieronius, Haplomastodon, Stegomastodon y Notiomastodon
nosotros (MB) ha estudiado centenas de ejemplares en Sudamérica, Norteamérica y Euro-
(sensu Cabrera, 1930; Hoffstetter, 1952; y Simpson & Paula Couto, 1957) cuando consi-
pa (incluyendo tipos), y puede atestiguar que existen todas las combinaciones y grados
derados aislados, y así serán clasificados al describir las láminas. Los problemas de taxono-
posibles de estos caracteres "diagnósticos". Esta situación ha llevado a muchos autores
mía que surgen cuando se consideran las combinaciones de caracteres serán tratados en la
con tendencias atomistas a crear una especie para cada nuevo ejemplar con ciertas diferen-
referida revisión.
cias de los demás ya conocidos, lo que ciertamente no tiene ninguna utilidad práctica o
teórica, solamente sirviendo para crear un increíble caos taxonómico.
Otros autores razonan circularmente con argumentos biogeográficos, esto es, se da
AGRADECIMIENTOS
por serpado que Haplomastodon debe ser típico de regiones tropicales, y por lo tanto
toda pieza de mastodonte encontrada en regiones tropicales debe ser Haplomastodon,
Se agradede la colaboración del Sr. Luis Felipe Rincón de INGEOMINAS, y de los Hnos. Daniel
sin que esto necesariamente se apoye en características morfológicas distintivas. Lo mis-
41
40
Bombín & Huertas
f.s.c. y Nicéforo María f.s.c., que facilitaron todo acceso a las respectivas colecciones. M. Bombin
agradece también a los Padres G. Huertas, L.A. Camargo, y Herrera, por su hospitalidad.
REVISTA CIAF VOL. 6 11-31, 43 - 44 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
REFERENCIAS
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Ameghino, F. 1889. Contribución al Conocimiento de los Mamíferos Fósiles de la República Argen-
INVESTIGACIONES MARINAS DE MARGARITA (EDIMAR)*
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En preparación. Evert Breman* *
Boule, M. & Thévenin, A. 1920. Mammiféres Fossiles de Tarifa. Imprimerie Nationale, París, viii - 255
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Cabrera, A. 1930. Una revisión de los Mastodontes Argentinos. Revista del Museo de La Plata, XXXII RESUMEN
(Tercera Serie, Tomo VIII): 61-144 - 2 Iám.
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lombia. Primer Seminario Sobre el Cuaternario de Colombia, Bogotá, Resúmenes, p. 24-25. yectos ecológicos de la estación. El estudio de los foraminiferos recientes siempre ha recibido mucha
Hammen, T. van der. 1965. The Age of the Mondoñedo Formation and the Mastodon Fauna of Mos- atención.
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1675.
Porta, J. de. 1961. La Posición Estratigráfica de la Fauna de Mamíferos del Pleistoceno de la Sabana
A partir de su fundación en los años sesenta, EDIMAR (Estación de Investigacio-
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Porta, J. de et al. 1974- Colombia (Tertiaire et Quaternaire). Lex Strat. Intern., v-4b, París, 1-612.
nes Marinas de Margarita) se ha dedidado a la recolección de datos relacionados con la
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Stirton, R.A. 1953. Vertebrate Paleontology and Continental Stratigraphy in Colombia. Bull. Geol.
dios sedimentológicos, geomorfológicos y batimétricos del fondo y, finalmente, estu-
Soc. Amer., 64: 603-622.
dios socio-económicos relacionados con actividades pesqueras. Un resultado de estos
estudios es la "Carta Pesquera de Venezuela, Vol. I, Arcas del Nororiente y Guyana"
(Hno. Ginés, 1972). El segundo volumen de la "Carta Pesquera de Venezuela, Zonas
Central y Occidental" está en preparación.
Actualmente EDIMAR tiene 5 departamentos: Biología Marina, Oceanografía,
Tecnología de Alimentos, Acuicultura, y Geología Marina. La estación cuenta con 10
científicos de varios países. Además de EDIMAR, el Campus de Margarita, de la Fun-
dación La Salle, incluye un Liceo Náutico, y un Instituto Universitario de Tecnología
del Mar para la capacitación de técnicos superiores en (1) Acuicultura y Oceanología,
(2) Tecnología de Alimentos, (3) Mecánica Naval, y (4) Navegación y Pesca.
Durante los últimos 5 años EDIMAR realizó también otro tipo de actividades,
es decir proyectos ecológicos como, por ejemplo, un estudio del medio ambiente alre-
dedor de la nueva planta eléctrica de Punta Morón, y un estudio relacionado con la cons-
trucción de una tubería de agua potable entre Margarita y tierra firme, etc..
Las actividades principales del Departamento de Geología Marina consisten en:
Análisis granulométricos (con el método hidrométrico), de materia orgánica y de carbo-
42 43
Breman
cana (resumen).
Breman, E., 1980. Species diversity and associations of ostracode shells in bottom sediments of the
Gulf of Venezuela and the adjacent continental slope. 9a. Conf. Geol. del Caribe, Rep. Domini- INTRODUCCION
cana (resumen).
Breman, E. & Hunt, J., 1979. Some results of sedimentological investigations of the Central and
Western Venezuelan Coast. Cuarto Congreso Geol. Latinoam., Trinidad (resumen, texto comple-
En los años 1975-1978 el Proyecto Integrado de Recursos Hídricos en el Area de
to en prensa). Cochabamba, Bolivia, de Geobol (Servicio Geológico de Bolivia) y las Naciones Unidas,
Ginés, Hno., 1972. Carta Pesquera de Venezuela. I.- Areas del Nororiente y Guayana, Monografía realizó un gran número de perforaciones 'en los depósitos Cuaternarios de los valles inter-
No. 16, Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 328 pp., mapas, etc. montañosos de la región de Cochabamba, con el objetivo de identificar posibles acuíferos.
Miro, M. D. de, 1974. Morfología submarina y sedimentos marinos recientes del margen continental
En tres de los pozos perforados (BC-19 en el Valle Alto cerca de Cliza, BC-25 en el
del Nororiente de Venezuela. Cuadernos Azules, No. 14, Caracas, 230 pp.
Miro, M. D. de 1965. Comparación de la fauna de foraminíferos de los sedimentos de la Fosa de Ca- Valle Alto cerca de Wasa Mayu en los alrededores de Punata y Sb-1 en la parte oriental
riaco con la del área oceánica adyacente. Mem. Soc. Cienc. Nat. La Salle, 25 (No. 70, 71, 72), del Valle de Cochabamba cerca de Sacaba), cuya ubicación está señalada en la Fig. 1, se
p. 223-260. notó la presencia de una rica fauna de ostrácodos, cuyo estudio es el objeto de este tra-
Miro, M. D. de 1971. Los foraminíferos planctónicos vivos y sedimentos del margen continental de
bajo. El mismo material fue también utilizado por el Dr. Kurt Graf, para un estudio pali-
Venezuela: Tesis, Univ. Barcelona, Fac. Cienc.
nológico.
Miro, M. D. de & Marval, J. A., 1967. Foraminíferos planctónicos vivos de la Fosa de Cariaco y del
Talud Continental de Venezuela. Mem. Soc. Cienc. Nat. La Selle, 27 (No. 76), p. 11-34. Geomorfológicamente podemos distinguir dos cuencas principales con gruesas capas
del Cuaternario en la región de Cochabamba: el Valle de Cochabamba, que se extiende
desde Quillacollo y Cochabamba al Oeste hasta Sacaba al Este (altura: 2500-2570 me-
tros), y el Valle Alto más hacia el Sur, con los pueblos Tarata, Cliza, Arani y Punata (altu-
ra: 2720-2770 metros).
Las dos cuencas caracterizadas por sus formas alargadas tienen un rumbo Este-Oeste
y representan dos fosas tectónicas separadas por un pilar ("horst").
44 1 45
▪
•
Brean cología de los ostracodos en el Cuaternario de Cochabamba
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Paleozóico Cuaternario 0
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Figura 1 — Mapa geomorfológico de la región de Cochabamba con las dos cuencas sedimentarias cua- ID' c 8
-- y m
ternarias de Cochabamba-Sacaba y del Valle Alto con los pueblos Tarata, Cliza, Arani y Punata. 1 ti o.0
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Las dos cuencas son cortadas al Oeste por la falla invertida de Sipesipe con rumbo ■
11.
NO (Ahlfeld, 1972). El espesor del relleno cuaternario puede pasar los 300 metros; las 1 > á -6"
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perforaciones, cuya litología se puede describir como una alternancia de capas de arena,
limo, conglomerado y arcilla (Ahlfeld, 1972), nunca tocaron el basamento Paleozóico. 1- .2, = -o N
> -111
"Hasta en tiempos históricos la cuenca de Cochabamba contenía lagos y pantanos. El 1 » f,
nombre Cochabamba (quechua: Kkocha Pampa) significa pampa de lagos" (citación de 8
>¿
Ahlfeld, 1972). Este nombre resulta un poco extraño por la escasez de lluvias en esta « 1 «, =«,
X • « 1:1 >
región, pero el subsuelo es muy rico en agua artesiana, que los agricultores usan median- ra X
te pozos para sus cultivos de maíz y trigo. El agua proviene de numerosos riachuelos de 12' 85- e 'o
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la cordillera, la cual recibe mucho más precipitación que los valles. Estos riachuelos pier- E
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den su caudal en los abanicos de grava y arena del pie de la cordillera. 731-<a te3
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(A) Limnocythere sp., adulto, vista externa de valva izquierda; 80 X.— (ID id., adulto, vista externa de valva derecha; 85 X.— (C) id., juvenil, 3
vista externa de valva derecha; 100 X.— (D) id., juvenil, vista externa de valva izquierda; 100 X.— (E). id., adulto, vista dorsal de un caparazón
completo; 85 X.— (F) id.' adulto, vista dorsal de un caparazón dañado en la parte anterior; 90 X.— (G) id., adulto, vista interna de valva dere-
cha; 100 X.— (H) Heterocypris sp., adulto, vista dorsal de un caparazón completo; 70 X.— (II id., adulto, vista externa de valva izquierda; 70
X.— (J) id., adulto, vista interna de valva derecha; 70 X.
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Palooecologia de los ostrácodos en el Cuaternario de Cochabamba
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49
Bremen Paleoecologia de los ostrácodos en el Cuaternario de Cochabamba
INTERPRETACIONES
Podemos mencionar dos posibles causas para explicar los cambios en la profundi-
dad del lago, que existió en el Valle de Cochabamba:
1) Movimiento de la falla Sipesipe (Fig. 1) que facilitaron u obstruyeron el desagüe del
Valle de Cochabamba.
2) Cambios climatológicos: épocas con mayor precipitación, que coincidieron con
épocas de interglaciación, y épocas con poca precipitación, que coincidieron con
épocas glaciales. Según las investigaciones palinológicas de los mismos pozos por
Kurt Graf (1977), épocas de glaciación en Bolivia se caracterizan por su poca pre-
cipitación, mientras las épocas interglacial y postglacial son más húmedas.
De momento nos limitamos a presentar algunas conclusiones preliminares:
a) El cambio litológico en los tres pozos de limo con ostrácodos en la parte inferior -
a arena limosa o con grava en la parte superior, indica un cambio general en las es-
tructuras geológicas regionales, como por ejemplo un levantamiento del bloque al
Este de la falla Sipesipe, causante de un régimen sedimentario,de alta energía en las
dos cuencas, o una disminución de la precipitación, causante del relleno de las cuen-
cas con material más grueso hasta su desecación total.
b) El aumento proporcional de Heterocypris en el pozo Sb-1 (Sacaba) a partir de 103
metros de profundidad hacia arriba confirma la disminución gradual de la profun-
didad del lago antiguo y su desecación posterior.
c) Los dos intervalos en el pzo Sb-1 con una proporción considerable de Limnocythere
podrían coincidir con épocas interglaciales caracterizadas por lluvias abundantes.
Otra posibilidad es que los dos intervalos representen épocas durante las cuales hubo
obstrucción del desagüe de los valles a causa de movimientos de la falla Sipesipe.
AGRADECIMIENTOS
Agradezco al Dr. Costantino Faillace (NN. UU.) y Luis Jordán (Servicio Geológico de Bolivia),
quienes me facilitaron el material y los datos litológicos, al Dr. Voltolina y Lic. R. Alvarez por la co-
rrección del texto, a Jesús Gómez por los dibujos, y, finalmente, al Jr. A. Romein y el "Laboratorium
voor ElektronenmikroskoPie" de la Universidad de Amsterdam por la realización de las fotos "S.E.ki.".
50 51
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 53- 76 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Dieter Brunnschweiler*
RESUMEN
ABSTR ACT
I NTRODUCTION
The climatic fluctuations which affected the Colombian Andes during the Quater-
nary are reflected in the fossil biosequences in the intramontane basins of the Cordillera
Oriental. In order to explain the appearance and repeated dominante of non-arboreal pá-
ramo-vegetation at 2,600 m, the elevation of the Sabana de Bogotá and some 800-1,000
m below the present upper limit of the Andean mountain forest, a lowering of the mean
53
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
Bru nnschwei ler
annual temperature of as much as 10- C has been postulated (van der Hammen, 1973).
These altitudinal dislocations of biomes are clearly documented for at least the two last W Long 76 7
major cold phases of the Colombian Pleistocene (referred to as Pleniglacial and Taren-
glacial by van der Hammen, op. cit.). Tephra-chronologial dating (Foelster, 1978) and -17 N Lat —
palaeopedological analyses (Jungerius, 1976) in the vicinity of the Sabana further
demonstrated ma - ked vertical shifts of biologic and pedogenic activity during the Upper
Pleistocene. It is also evident that pre-Wuerm/Wisconsinan depressions of biomes were
even greater than those time-stratigraphically dated as corresponding to the Wisconsin
maximum (van der Hammen et al., 1973). ,
Attempts to incorporate the geomorphic evidence into the palaeogeographic evolu-
tion of the Colombian Andes have been less successful, not to say that the morphology
and lithostratigraphy of the Colombian Quaternary are, for all practica) purposes, still 10'
unknown. Even though glacial features were described in currently unglaciated páramos
almost a century ayo (Sievers, 1888; Hettner, 1892) and remarks of possible repeated ice
advances to as low a leve) as that of the Sabana had appeared in reports by petroleum
geologists with an eye for surface formations (Stutzer, 1926; Oppenheim, 1942), a
systematic study of Pleistocene form systems and their timestratigraphic order has not
yet been undertaken in Colombia. It was not until Wilhelmy (1957) analyzed the proba
b)e effect of Pleistocene climatic changes upon geomorphic processes in the northern
Andes that a working hypothesis on glacial and periglacial morphogenesis in Colombia
VENEZUELA
became available. Since the important methodological contribution of the German
geographer only a handful of studies have been conducted which were specifically
concerned with glacial and periglacial morphogenesis in the Colombian Andes. Outstand-
ing amont them is the pioneer study on the glacial geology of the Lagunillas Valley on
the south flank of the Cocuy Range which was conducted in expeditionary fashion under
the auspices of the Instituto Geográfico A. Codazzi (González, van der Hammen, and
Flint, 1965), not only because it represents the first serious attempt at drift separation
on geomorphic and lithologic grounds, but also allowed the fixing of moraine systems
on an absolute time basis through "C-dating. Of not lesser importance is the achievement
of Usselmann (1974) in mapping the geomorphologic features of the Alto Lebrija district;
this work is particularly impressive in its spatial and temporal differentiation of erosional
and depositional form systems. It clearly shows the value of the morpho-climatic (poly-
genetic) approach in a structurally complex area which has also undergone a number of
altitudinal climatic shifts with corresponding process changes since the Tertiary.
The following is an attempt to describe the glacial and periglacial landforms which
dominate throughout the Colombian páramo zone, particularly in the Cordillera Oriental.
The simi)arity of the geomorphological characteristics of these form systems, as well as LLANOS
their altitudinal consistency, suggest a working model of Upper Pleistocene and Holocene
morphogenesis, and allow at least inferences as to landform evolution during the early
Quaternary.
1. There is as yet no International agreement on naming the stages and stades o) A glaciers > 4500 m)
the Quaternary of the tropical Andes. Whereas the stratigraphic record for the O volcanos
last 30,000 years is well known in Colombia through palynological analyses and 1 Sierra Nevada de Cocuy
14 C-dating, the middle and lower Pleistocene are neither stratigraphically nor
Cerro Sumapaz
morphologically established Isee, for instance, among a number of studies
3 Sierra Nevada de Santa Marta
stadial and interstadial nomenclature for the Middie and Upper Pleistocene, van
der Hammen and Gonzalez, 19631. In Peru, Dolifus (1965) has clearly determi-
ned 'leistocene glaciations on strictly morphological principies, simply naming Figure 1 - Approximate Extent of Pleistocene Glaciation in the Colombian Andes.
them "Quaternaire .Ancien and Récent.-
54
Glacial and periglacial form systems of the Colombien Quatemary
Brunnschweiler
and valleys of the Colombian cordilleran system (Fig. 1). Wherever there existed a
sufficiently large expanse of terrain aboye 3,600 m, conditions were conducive for
precipitation in solid form and suhsequent ice accretion, if a lowering of the climatic
snowline (the critica) boundary between accumulation and ablation of ice in the annual
budget) by 1,000 m from its current level at 4,700-4,800 m in the Cordillera is assumed
as a working hypothesis. In the case of the valleys on the south flank of the Cocuy
Range the maximum depression of the snowline during the last ice advance can be
established with little possible margin of error on the base of average elevations of cirque
levels and highest glacial shearlines on the arretes aboye the ice streams'", Conservatively 3 ,
the line, or rather, surface can be located at the 3,800 m-level (see cirque levels and upper
ice shearlines on the morphographic map (Fig. 2), and the generalized trend of the 3,800
m-contour on the morphogenetic map (Fig. 3), of the Cocuy region). The almost uninte-
rrupted series of cirques at 3,600-3,800 m along the ice-dividing hogback ridges (Cuchilla
de Lagunillas, Cuchilla de Puntapiedras, e.g.) is good evidence of the snowline depression
in the Cocuy, and if the topographic grain is considered, it becomes obvious that there
was little obstruction for the combined tongues of the Cocuy Glacier to reach the 3,000
m-level, as so conspicuously apparent in what must be one of the most remarkable
terminal moraine systems in the Andes, the maze of frontal and lateral end moraines at
the junction of the San Pablín4 , Cóncavo, and Lagunillas valleys (see generalized
morphographic rendition on Fig. 2).
The recession of the Cocuy Glacier occurred in clearly definable phases, marked
by a sequence of recessional moraine strands, three of which are particu)arly well
expressed and can be easily correlated across valley divides. It is fortunate that one of the
few time-stratigraphic schemes of the Late Wisconsinan in Colombia which at the same time
allows radiometric ( 14 C YBP) fixes of recessional moraines, was executed in the Laguni-
llas Valley—a further reason for using the Lagunillas Valley as the type locality for the
still to be worked-out chronology of Quaternary glacial sequences. The radiometric ayes
for the three recessional moraine systems in the Lagunillas valley have been plotted from
the data provided in Gonzalez, van der Hammen, and Flint (1965) on Fig. 3; the stades
W2, W3, and W4 which correspond to there three main moraine ramparts are also plotted
2. Note the attempt of snowline level reconstruction by Gonzalez, Flint and van
der Hammen (1965, 167): 'When glaciers had their greatest recognized extent,
reaching down to about 2,700 m, the snowline must have been depressed more--
perhaps much more-than 1,000 m below its present position." ff we reverse this
statement, emphasizing the genetic factor (snowline depression) rather than the
geomorphic response ("the greatest recognized (?) (my interrogation mark)
extent of glaciers"), it is clear that a lowering of the snowline by 1,000 m
opened up larga areas for ice accumulation. A 1,000 m-descent of the snowline
would correspond to a 6 C° lowering of mean annual temperature. Van der
9 •
masa,ye Terminal
ilrlecesswnal)
Chsfinct i Moraine
Cague Wall and Floor
Oreare and Valley Threshold
..4.$8.34 Trend and Facets
ot Exponed Bearock
Glacial Trougn
Hammen's (19731 assumption of as much of 120Ú decrease auring maximum
downward migration of treeless paramo vegetation (see his temperature
analogue curve reproduced in Fig. 5) seems to have been reconsidered in a
rk Slossrand-Lee Topography recent evaluation of the climatic implications of the palynological record
Lateral !Amaine ISOCnes rnoutonnees percneu rhannels1 Fluwatile Incisa:1,n
(Feterson, van der Hammen et al., 1978).
...yrir- Median Alorame
Block Stream or Felsenmeer Alluvial Fan 3. Giving less weight to a not negligible number of cirques close to the 3,000
Theck M'en m-level and considering transfluences as high as 4,300 m as effects of local risas
Talus Alluyium
• Residual Sotls Deyeloped of the ice surface atconvergences of ice streams.
in Olas, DO, Glaciar
.c:
5sy Nant 4. The author suggests the narre San Pablín to designate the maximum stage of the
last (Wuerm/Wisconsin) glaciation in the Colombian Andes. This rever closely
approximates the lowest moraine wall of the Lagunillas Glacier whose retreat
Figure 2 — Morphographic Map, South Flank, Sierra Nevada del Cocuy. Colombia. can be traced in clearly defined recessional moraines, some of which have
already been 14C-dated.
57
56
Brunnschweiler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
on the aerial photograph showing these critical locations in the upper Lagunillas Valley
(see Photos 1 and 2)5 .
The designations for these stadials correspond to the four drift sheets differentiated
in González et al. (op. cit.); the lower limit of (their) Drift I (W1 here) was, inspite of
its unmistakeable identity, not plotted by the former investigators, but "morainic topo-
graphy, little dissected or only moderately dissected" is said to "extend down to alti-
tudes of about 3,200 m ." (ibid., 161).
While the W1 and W3 systems, with their massive parabolic boulder ridges reaching
as high as 100 m aboye the valley floor, are recognizable in the 50 m-contour pattern of
the topographic map of the area (Cocuy Sheet, 153-II-A, 1:25,000), the W2 and W4
stades and the numerous substadial moraine bands are not resolved, but are easily spotted
on aerial photographs. The moraine walls, excessively steep on the proximal side and at
the angle of repose on the distal side, have been very little altered by post-depositional
erosion, except at the breach of the rivers across the moraine front. In general, the
moraines consist of large boulders and cobbles, but finer material appears in increasing
admixtures in the older moraines. Surprising is the limited extent of outwash trains on
the down-valley sides of the recessional moraines; this may be a result of bedrock control
which is strong throughout the area (particularly in the uppermost drainage sheds where
the black Cocuy quartzite (Cretaceous) forms many valley thresholds (Talriegel) and
promontories on the valley sides (Photo 3). On W imoraines considerable soil develop-
ment has taken place, allowing the planting of crops to as high as 3,500 m.
The recognition of the terminal moraine is more difficult in those sectors of the
Cocuy foreland where the preglacial topography did not offer clearly defined valley Páramo
El Verde
trains which would be followed by waxing and waning ice streams. Such is the case in the
broad expanse of slopes descending toward the village of Cocuy from the Alto de la
Cueva and the Páramo El Verde. In the upper part of this incline cirques are well develo-
ped; below, widely exposed bedrock surfaces are marked by glacial abrasion: most typical
are stoss-and-lee features (roches moutonnées), exaration hollows, rock thresholds on the
tarns; remarkable are further the glacially disturbed lapies platforms in a limestone
member of the Cocuy formation at the Alto de la Cueva (Photo 4). The latter is a particu-
larly striking proof of the transfluence of the Lagunillas Glacier; the ice tongue emanating
from the Hoyeveda valley merged with the cirque g)aciers descending from the Páramo
Verde crests. As the Mortiño icefield reached its maximum height it also overflowed the
ridge 2 km north of the village of Cocuy; the gap in the ridge is marked by roches
moutonnées and hanging glacial drainage channels cut into bedrock. The lowest level
reached by the ice remains to be exactly located, but it can be approximately placed at
the confluente between the Pantano Grande and the Mortiño rivers, close to 3,000 m,
and at 3,200 m in the Tuñebos watershed. The drift of the maximum Wuerm expense of
the ice (San Pablín Stage) overlies the bedrock (shale, sandstone, and limestone, with
KilonleterS
the latter two forming dividing ridges and structural terraces in the direction of the
Main Ice Stream* Main Recasaional Morsa» Systems
regional strike, usually within 300 of E-W) as a rather thin accumulation of boulder-
L aguabendita 14 3001 Non-Glavated Terrain
W1
clay, with numerous poorly drained depressions which were formed either by inconspi- L Lagunillas
1V3 L Pintada (4000)
iDetteuted bv glacial shearline
C-C Concavo-Concaveto or highest lateral morainel
cuous moraine ridges, dead-ice blocks, or bedrock control (see Photo 4). The drift mantle SP-C San Pablin-Corratilos w3 Lagunillas Valle/ (3,600)
Structurally Controlled Bectrocv Planes
LV La Ventura
has been considerably weathered and is cultivated intensively up to where it grades into Wa R San Pablin 13.100) IDnn thin or absenli
• Hoveveta
✓ Verde 3800— SnowlIne San Pablrn Substage
the bedrock abrasion surfaces between 3,500 m and 3,600 m. (14,.. Glacier
Current Snovolone
Feeder Strearns (from Cirques1
W, -W3 T1111' Classical WurmaVisconsen)
5. These recessional stadials may be callad as follows: Lagunillas Válley for W 2, La- • Transfluences
Pre-San Pablin
Elevation in meten
guna Pintada for W3, and Laguna Aguabendita for W4. The 14C dates for these
positions are: 12,320 YBP for W2 (in phase with Port Huron in North America,
Older Dryas in Europe), 7,500 YBP for W3 la late Valders/Younger Dryas date). Figure 3 — Morphogenetic Map, South Flank, Sierra Nevada del Cocu y, Colombia.
and 150-300 YBP for W4 (Neoglacial). Average values taken from González,
van der Hammen, and Flint 11965).
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Brunnschweiler
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Guatemary
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Figure 4 - Morphographic Map of the Páramo de Sumapaz, Colombia..
60 61
Glacial and periglacial forro systems of the Colombian Guatemary
Brunnschweiler
Photo 4 — View due West from Alto de la Cueva, over glacially abraded lapies in fore
ground, finto upper half of the Río Mortifío depression. Effects of glacial erosion and
abrasion characterize the crests and higher portions of the Páramo El Verde in back-
ground. Numerous small lakes and swamps, as well as intensively cultivated soils develo-
ped on ground moraine of the W 1— drift sheet, dominate the middleground.
Photo 2 — Aerial photograph excerpt (1:30,000; courtesy Instituto Geográfico A. Codazzi) of upper half
of Lagunillas Valley and easternmost portion of glaciated Sierra Nevada del Cocuy (PdA: Pan de Azucar,
PdD: Púlpito del Diablo). The effects of the Wuerm glaciation have a very distinct photomorphic pattern,
with the Laguna Pintada and Laguna Aguabendita stadials particularly striking Iconsult Fig. 2 for further
detail in this areal.
63
62
Brunnschweiler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quatemary
Relevant to the interpretation of the Pleistocene form systems in the Cocuy district
are numerous boulder accumulations emanating from cirques along the valley divides
(note their concentrations in the middle Cóncavo and Lagunillas Valleys, Fig. 2). They
are interpretated as rock glaciers, rather than landslide debris, as suggested in Gonzalez
et al. (op cit., 162-163, and Plate 2: Cryogenic mass wasting6 dominated during the
later stages of the ice retreat, particularly during the W3 (L. Pintada) stade. the lateral
moraines formed during the W2 (Lagunillas) Stade were destroyed and covered by the
blockstreams which reach valley floors in several instances. The pronounced lapies
development in the limestone planks overridden by the ice at the Alto de la Cueva rnay
have occurred during the Lagunillas and Pintada phases when daily freeze-thaw processes
augmented the solutional decay.
Of critical importance for the determination of the elevation of the lower limit of
a glaciation are those paramos in the Cordillera Oriental which just were reached by the
Photo 5 — Well defined cirque on west-facing flank of the Arcabuco Range. Tarn at right snowline depression at W1 time and could not have been invaded by icestreams from
(3,450 m ± 10 m) is contained by right-lateral moraine. Note the fossil gelifractate on neighboring, higher accumulation areas. There are numerous páramos at this level. One
bedrock ledges.
of the best examples for this situation is the Páramo of Arcabuco, located just to the
east of the town of Arcabuco in Boyacá (Plancha Duitama, No. 171, 1:100,000).
Interesting from a geologic point of view in representing a Jurassic anticlinal prong of
red beds (sandstone and shale), the heavily folded sediments are beveled at a summit
peneplane which reaches to just below 3,800 m over some 15-20 km crest length. The
glacial and periglacial morphology of this splendid páramo bastion leaves little to be
desired in terms of clarity of the glacial and periglacial form systems. The cirques are
sharply defined at 3,500-3,550 m (floor, or cirque lake elevation) and almost exclusively
cut into the western, or leeward slope with respect to the prevailing snow accumulation,
just like in the Cocuy provided by re-inforced tropical easterlies (Photo 5). The moraines
emanating from the cirque basins or nivation hollows descend with sharply defined lateral
crests to the 3,000 m-level. As Photo 6 well shows, two stages are easily differentiated,
most probably corresponding to the W1 and W2 phases in Cocuy time-stratigraphy.
There are small W3-stagnation features in crest cirques, but it seems that the Arcabuco
páramo was deglaciated between the Lagunillas and Pintada stades. Although no
blockstreams were observed on Arcabuco slopes, Felsenmeer-type deposits litter the
bedrock surfaces and there are indications of cryoplanation along crestlines. At lower
elevations, on spurs between the glacier tongues, mass transport by gelifluction is clearly
indicated by aprons of gelifractates, now stabilized by the development of peaty paramo
soil.6 All these features show the strong morphological activity during Wmax stage, and
Photo 6 — Triple-pronged moraine system emanating from cirque basin on eastern decli-
there are indications (weathered drift, lower cirques not occupied by Wmax moraines)
vity of Páramo de Arcabuco; fluviatile dissection, most probably starting at W3—time,
ca. 7,000 YBP, has affected only the youngest moraine walls.
64 65
Brunruchweiter Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quatemary
at the 3,200-3,400 m-level that pre-W glaciation (Riss?) had its influence on earlier
Quaternary morphogenesis."
Here, as elsewhere in Boyacense páramos at or just below cirque levels the microto-
pography on slopes frequently exhibits channel-like concavities along the fall line which
are separared by bedrock outcrops; pedologically, these streamless miniature valleys
would probably be c(assified as of colluvial type, but the non-sorted, sharply angular,
and involuted material make a cryoturbate origin more feasibles (Photo 7).
66 67
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
Brunnschweiler
probably represent, without interruption, the entere Pleistocene in sediments which
can be palynologically analyzed." (ibid., 202).
While there had always been a vague knowledge of the former glaciations in the
Páramo de Sumapaz, neither their regional distribution, their sequence and placement
in the time-stratigraphic scheme of the Quaternary nor their effect upon Quaternary
morphogenesis in the neighboring mountains, valleys and in the Sabana itself have ever
been the object of a comprehensive geomorphological investigation.
The following remarks are intended to draw attention to some major aspects of
Pleistocene landform evolution in the Sumapaz region and its vicinity; at this stage of the
investigation I° special consideration is given to a descriptive (morphographic) analysis of
the surface configuration (see Fig. 4); more intensive field work is needed to establish a
firmer control over the litho-stratigraphy and the age determination of the observed form
systems. Where genetic implications are made, therefore, they are tentative and are
meant as a basis for discussion.
The high mountain region immediately to the south of the Sabana is usually referred
to as the Páramo de Sumapaz. Structurally, it is a meridionally trending homoclinorium
made up of parallel cuesta- or hogback-like ridges which separate rather broad-floored
valleys, at least in their headwater portions. There is a distinct correspondence of crest
levels at the 3,600-3,800 m level, but the easternmost range, whose east flank forms a
scarp of more than 600 m in places, reaches aboye 4,000 m, with the highest point
(4,300 m) formed by the Cerro Nevado de Sumapaz' I (see Photos 8 and 11, Figure 4).
Sandstone, sandy shales, and occasional calcareous horizons, such as the one in the Cerro
Nevado crest, are the ridge formers of the Guadalupe (Cretaceous) and Bogotá (Paleocene)
formations, their shaley members tend to occupy the subsequent valleys. Deeply incised
drainage ways are cut across the north-south grain, and it is through these transverse
valleys that most of the discharge of water and sediments from Sumapaz has been
directed since late Tertiary folding and uplift established the basic tectonic structures
and gradients of Cordillera Oriental. The arrangement of the pre-Pleistocene drainage
pattern is quintessential in understanding the sedimentary history of the Sabana and
both flanks of the Cordillera: although the Usme syncline opens a gateway from the
south into the Sabana, it receives probably less than 5% of the sediment load of the
Sumapaz watershed for northward transport by the Tunjuelito River; the great transverse
river systems tributary to the Orinoco (Dudas, Ariari, and Blanco) and to the Magdalena
(Sumapaz, with its large number of short, but powerful tributaries across the western
Sumapaz ranges) were and continue to be the main erosional and depositional arteries
(consult Fig. 4).
10. Research In the Sumapaz region was partially supported by a grant from the
U.S. Council for the International Exchange of Scholars (Fulbright Commis-
sion); the author is indebted to a number of people and organizations, for
support during Sumapaz expeditions, especially to Ernesto Guhl for sharing
páramo secreta, to Reinaldo García and Mario Rodríguez for an untiring effort
during the ascent of the Cerro Nevado de Sumapaz, and to the personnel of the
map and aerial photograph dispatch of the Instituto Geográfico A. Codazzi for
giving me access to unpublished cartographic sources and aerial photographic
mosaics of the Sumapaz Massif.
11. Although the discussion on the final elevation of the Cordillera into páramo
Photo 9 — Aerial photograph excerpt (1:30,000, courtesy Instituto Geográfico A. Codazzi) showing the
levels seems to have abated with biostratigraphic proof of at least 3,000 m
remarkably sharp profilation and continuity of the Wuerm terminal moraine system on the west side of
elevation of the Sabana at the beginning of the Pleistocene (van der Hammen,
the Sumapaz Ranges (for orientation on Fig. 4 note Laguna Guauque in upper ritht) between 3,300 m
and 3,400 m. Note how the lateral moraines are attached to the cuestas ("flatirons") of the homoclinal 1973), dislocations of tectonic nature undoubtedly continued throughout the
structure. The cultivated sector in lower left is most probably pre-Wuerm drift, partly covered by fluvio- Quaternary, especially in the zone of the great escarpments on either side of the
glacial and gelifluctional mantle of Wuerrn age. Sabana synclinorium, as recently reviewed by Irving 11975; continuad tectonic
instability at marginal flexures and reverse faults) and postulated by Jungenus
11976; as an argument m explaming the Fusagasugá boulder formation).
69
68
Brunnschweiler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
The accumulation and flow pattern of the ice masses int he Sumapaz region was
clearly dictated by climatic and topographic conditions: depression of the snow line to
3,800 m (as in the case of Cocuy a conservative value), source of solid precipitation in
the tropical easterlies which, in spite of the orographic uplifting over the eastern flank
of the Sumapaz Ranges, is deposited on their lee, or western sides (note prevalence of
west-facingcirques) and, most important for the flow pattern of the Sumapaz Glacier,
an immediate tendency to follow the steep gradient of the pre-glacial transverse valleys
on the west side of the Andabobos Ridge. It is the massive, little altered terminal moraine
belt on the west side of the Sumapaz Ranges which is particularly striking for effectiveness
of material transport during the last glaciation. In the absence of large-scale topographic
coverage, spot elevations and stereoscopic plotting of contour levels were used to
establish the average lowest elevation reached by the last ice advance at 3,200-3,300 m
(see Photo 9).
On the map display ing the erosional and deposition form systems (Fig. 4) the moraine
rampart on the structural terrace of the Guaduas formation, into which the Sumapaz and
Pilar Rivers have deeply entrenched themselves, is accentuated. Note that in some cases
the glacier tongues extended beyond that terrace edge, and that in the great rock
amphitheatre aboye Pasca a confluence of steeply descending ice streams left not only a
large terminal moraine, but also an outwash apron of considerable thickness. It is in this
area of "hanging glaciers" that in all probability the pre-Wisconsinan glacial series can be
found. A preliminary inspection of the coarse valley and slope deposits in the Cuja Valley Photo 10 — Erratic bouldertrain (at middle right) crossing Tunjuelito Valley aboye
below Pasca indicates a moraine-outwash facies at the 2,700-2,800 m-level which must Usme (at about 3,400 ml is characteristic of melt-out deposition, rather than push-
be of Riss/lllinoian origin.12 It is quite possible that the old drift mantle just aboye Usme moraine, in the longitudinal troughs of Sumapaz. Distinct outwash terrace and older
(Riss) lateral moraines on higher valley flank in left center.
at about 2,800 m is also Riss moraine, a hypothesis which will have to be verified with a
more detailed study of lithofacies in this area.
With the snowline lowered at least to 3,800 m during the last glaciation, to possibly
as low as 3.200 m during a maximum Pleistocene glacial advance, the zone of almost
continuous interdiurnal freeze-and-thaw cycles at that level must have descended
accordingly. During the Wuerm stage, ice descended to the 3,300 m level in most valleys,
but left arretes, spurs between cirques, and even wind-eroded summit surfaces at or aboye
the snowline free of ice.
Perhaps the most obvious example of the effect of mass wasting of the periglacial
type is the breakdown of bedrock along planes of bedding and jointing by gelifractation.
The ongoing cryogenic decay of the summit of the Cerro Sumapaz is indicative of the
so.
Photo 11 — Summit crest of Cerro Nevado de Sumapaz (4,290 ± 10 m, by pocket
altimeter in 1970). Strong indication of mass wasting by gelifraction and solution in
12. This area is also critical for its possible contribution of coarse drift materials to
calcareous bedrock strata. Note how sub-summit at right is about to lose its top portion.
the Fusagasugá boulder field. The author agrees with Jungerius (1976) that
The view is due North along the dip-slope; to the right (partly obscured by cloud) the
tectonic release of the bou lder mass is indicated, but it may well be thpt with a summit escarpment forms a vertical cliff of some 600 m.
Riss-depression of the snowline to 3,200 m, the entire upper Cuja Valley
amphitheatre was a giant cirque from which extremely coarse material could
have either emanated by gelifluction in blockstream manner or, catastrophically,
as an ice-debris torrent (similar to the aluvion of Perú). Once the Fusagasugá
formation is correlated with its source region, which lay in the glacial and peri-
glacial zone, it may yield its secret.
71
70
B ru nnschwei ler Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quatemary
power of this process,I3 occurring in this case at some 4.500 m below the altitude of
the snowline, or the 0° C annual temperature level, its climatic equivalent (see Photo 11).
The evidence for fossil periglacial activity should be strongest at the level of the
terminal moraines, Le. around 3,300 m for the Wuerm periglacial fringe, and around
2,800 m for that of the Riss period, with a few hundred meters on either side of the
mean value to allow for local conditions. The most striking case is the cryogenic loosening
of bedrock from its foundation. Recognized in the local toponymic folklore as Cuchilla
de la Piedra Ballena (Photo 12), huge slabs of sandstone (Guadalupe ftn.), of an interesting
calcareous variety with a taffoni-like microstructure, are lying at every possible angle to
a planated crest platform below which the undisturbed bedrock dips 15°E. As can also be
well seen on Photo 12 a cirque is cut into the scarp of the Monserrate Ridge whose floor
lies less than 200 m aboye Sabana level at 2,880 m. The entire form complex is inter-
preted as of pre-Wuerm origin, with strong cryoplanation (crest flattening) and cryoturba-
tion (in situ movement of frost-shattered material), processes which surely must have
reached down to Sabana level." Similar Felsenmeer-/ike accumulations of sandstone
blocks occur throughout the Sabana; they occur at expected altitudes to the west,
particularly on the flanks of the Rio Bogotá between Alicachín and El Charquito, and in
such profusion that Hubach (1957) suggested the name Bloques for what he considered
a member of the Pleistocene Sabana formation. Unfortunately, no explanation as to
their origin was offered.
In the course of the Quaternary, periglacial denudation must have occurred at all
levels between the Sabana and the highest cordillera crests where it is still active today.
In the case of the side wall of the Media Naranja cirque at 3,750 m (Photo 13), the
Photo 12 — The Cordillera aboye Bogotá (Sabana with Usaquen on Carrera 7a. in upper
flattening of the crest, beveling the stratification of the bedrock, and the residual
left) exhibits distinct Quaternary glacial and periglacial form change: aboye cirque
(center left) the homoclinal summit crest is flattened by cryoplanation, and intensive gelifractate of the Felsenmeer-type, is obvious. The location is just high enough to keep
cryoturbation has moved sandstone slabs, originally contained in the east-dipping frost heave active, perhaps during the two or three months of the dry season when night
bedrock complex visible on the cirque wall, into peculiar boulder monuments (Cuchilla temperatures fall below freezing due to clear-sky radiation.
de la Ballena in the local jargon).
Just as the glaciers and the vegetation belts reacted to the changing climatic
influences, so did the zone of maximum perglacial mass movement, rising and falling in
concert with other inorganic and organic processes.
By way of summary, the following facts about glacial and periglacial landform
evolution in the Colombian Quaternary may be considered as based on firm evidence
(consult Figure 5):
13. Historic sources ionfirm permanent snow or ice on the peak, nooe only occasio-
nally receiving ephemeral snow fall during the wet season. Note that the
Neoglacial (W4) moraines at 4,300 m in the Cocuy have been dated as not more
than 300 years old, a good correspondence in snowline depression between the
two creas achieved by independent sources. Of passing interest is the. "theory"
of local inhabitants that the mountain was higher before 1917, the year the
summit firn sheet assumedly disappeared. The earthquake of that year is made
responsible for the destruction of the summit pyramid by a rock fall, proof
for which is said to be seen in large boulder masses on the foot of the 600
m-cliff on the Llanos side of the mountain. The author did not observe any
such from the summit, however; the foot of the summit wall is relatively free of
. - • talus and shows only the moraine ramparts of a small glacier which formad on
Photo 13 — Tarn lake at 3,650 m in the highest basin of the Media Naranja cirque (see the windward side of the Cerro Nevado.
Fig. 4 for location). Altiplanation and slope gelifluction, still seasonally active, have left 14. It is noted that the angular rock debris found at the 2,570 m-level in the El Abra
a boulder slope (incipient Felsenmeer). shelter excavation has recently been interpreted as gelifractate, (van der
Hammen, 1978); its stratigraphic position is Upper Pleistocene, which indicates
that frost action descended to the Sabana during the last glaciation aleo.
(All photographs, except 2 and 9, by author)
72 73
Brunnschweiler
Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
1) The level of the snowline during the last glacial maximum in the Colombian Andes
1 was found at 3,800 m, a descent of slightly less than 1,000 m from its present level
7. 2
in the Cordillera Oriental (4.700-4.800 m). Assuming a lapse rate of .6°C/100 m
LL j
this would correspond to a decrease of 6°C (rounded to nearest degreee) of mean
o I
_3
annual temperature at paramo levels.
Ecologic Zonation
2) The floors of cirques (of which many hundreds ex ist) are reliable snowline indicators;
o the occurrence of the lowest of them close to the 3,000 m-level, but without traces
E
kro of the last glaciation, points toward their implantation during the penultimate
; 2 glaciation, exceeding the Wuerm/Wisconsin in magnitude.
«
í 3's 2 3) The consistency of altitudinal levels for climatically controlled glacial and periglacial
1. z a. processes, and their in-phase vertical shifts with similarly affected plant formations,
shows that the geomorphological time-space model is in accord with the well-establis-
hed biostratigraphy of the Upper Pleistocene and the Holocene.
F igure 5 — Late Cluaternary Morpho-climatic and Ecologic Zonation in the Co lornbian Ancles.
4) The altitudinal levels of given glacial and periglacial activity are uniform throughout
the Cordillera Oriental (a much larger sample of site observations is needed, however,
to clearly delimit the respective activity zones at different times).
5) The terminal moraines of the last ice advance in Colombia (for whose maximum
stage the narre San Pablín is proposed) are unmistakeably defined where formed by
valley glaciers, only by lithustratigraphy below hanging glaciers or piedmont-like ice
sheets. Wherever sufficient accumulation surface existed, ice reached at least to the
aln40.•4•" 10111.1110 uoaw
PU, stacIa 3,300 m level during the last advance. Older drift (little of which has been investi-
gated) underlies San Pablín moraines and has been observed to at least as low as
SE
Temp era ture Ana logue
( 6)
2.700 (Pasta amphitheater I.
Periglacial formations, in particular those resulting from cryoplanation (crest
0£
flattening) and cryoturbation (in situ patterning of gelifractate) are widely distribu-
SUB ANOEANFOREST
ANDEAN FOREST 92 ted and can be found at least as low as the Sabana level; current lower limit of
o
SUBPA RAR,
intensive frost action is around 4,000 m.
0i s May it be submitted, finally, that many questions concerning the Middle and Lower
LL e
e Pleistocene landscape evolution in the High Andes remain unanswered--and often,
SI
unasked. There is no doubt that only a concerted effort involving various research
orientations will eventually bring the convergente of evidente in this basically gray
domain.
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O
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74
75
Brunnschweiler
Shell accumulations and reef limestone in the form of marine terrace are found in the Cartagena
coastal region.
They are situated about +1 to +3 m aboye sea level. The elevation, radiometric dating with
14
C and the almost horizontal plane of these formations lead us to believe they were formed during
the high sea level of the Holocene. Neotectonic vertical movement appears negligible.
RESUME
Tout au long de la frange littorale de la région de Cartagena ont été rencontrés, á une cote géné-
ralement comprise entre +1 et +3 m, de multiples veshges de faluns et de constructions récifales, ces
derniéres en forme assez typique de terrasses.
Les datations radioisotopiques au 14C la hauteur et la quasi-horizontalité de ces formations
conduisent á penser que leur élaboration s'est effectuée au cours des derniers hauts niveaux marins
Holocénes; les faibles variations verticales observées en rares endroits laissent supposer le peu
d'influence du néotectonisme dans le secteur étudié.
INTRODUCCION
Las investigaciones sobre las oscilaciones del nivel marino durante el Cuaternario se
desarrollaron mucho en estos últimos años, especialmente dentro del Programa Interna-
cional de Correlación Geológica patrocinada por la UNESCO (Proyecto No. 61 sobre
el nivel del mar).
El enfoque de estos estudios es básicamente la descripción, datación y correlación
entre las diferentes formacionés marinas litorales encontradas tanto por encima del nivel
del mar actual (Laborel y Delibrias, 1976; Battistini, 1977; Schubert, 1978), como en la
plataforma continental (Pinot, 1968; Meischner et al., 1977; Lighty, 1977). Inclusive,
varias síntesis trataron de comparar los datos observados en los diversos continentes
(Fairbridge, 1961; Morner, 1969; Ters, 1973).
La elaboración de un esquema general sobre las oscilaciones del nivel del mar es muy
77
76
Buril & Veme«, Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena
compleja debido a que la apreciación exacta de los movimientos eustáticos implica la re-
ferencia a una zona estable tanto en cuanto a tectonismo, como en isostasia glaciar (Ters,
1973; Taylor y Bloom, 1977).
El presente trabajo tiene como enfoque el estudio de las formaciones arrecifales y de
las acumulaciones de conchas encontradas, a lo largo del litoral de la región de Cartagena,
a una altura comprendida entre +1 y +3 m por encima del nivel medio actual del mar.
El objetivo es determinar si la elevación de estas construcciones arrecifales resulta prin-
cipalmente de las oscilaciones del nivel marino durante el Cuaternario, como se compro-
7;m15' 710150' 7;015' 7
bó en varias partes del mundo (Kempf, 1968; Davies, 1971; Tastet, 1979, etc.), o si pro-
viene de una tectónica reciente como lo propusieron Caraballo y Macostay (1973) para un
sector de terraza que se encuentra en el litoral venezolano.
M A
1. ZONA DE ESTUDIO
Proa 'orne
El sector del litoral contemplado en este estudio corresponde a los alrededores de
C A RIR E
Cartagena, desde Punta Piedra al Norte hasta Punta Barú y el archipiélago de las Islas
del Rosario, al Sur (Fig. 1).
La morfología de este sector tiene distintas características:
- La costa norte de Cartagena presenta varias formaciones salientes (Punta Piedra,
Punta Canoas, Los Morros) que prolongan los ejes estructurales del interior (Fig. 2).
el obbo
Estas puntas son unidas por un sistema de playas, barras y cordones litorales bien
• i0 °4 5'
desarrollados, elaborados por la deriva litoral generada por los vientos alisios y
orientada hacia el Sur. Estas acumulaciones arenosas, no consolidadas, estabilizadas
poco a poco por el manglar, facilitan la formación de lagunas y ciénagas internas
(Ciénaga de Tesca). Son arenas de color gris, de tipo detrítico fino y bien selecciona- • unta Piedras
2. ESTUDIOS ANTERIORES
cénica para las arcillas del Cerro de la Popa y admite la contemporaneidad entre La Popa
y la Isla de Tierra Bomba para estas formaciones.
En Tierra Bomba, Royo y Gómez (1950), como más tarde Porta y Solé de Porta
(1960) describieron dos terrazas: la primera, en el Norte de la Isla, tiene una mayor
altura (+20 a +25 m) y correspondería a una superficie de abrasión de edad pleistocé-
nica desarrollada a partir de las calizas arrecifales del Plioceno formando los cerros en el
interior de la Isla. La segunda, de poca altura (entre +1 y +3 m)se prolonga en casi toda
la parte externa del lado mar abierto. Pfaff (1969) la menciona en Isla Barú y la describe
como sustrato de varias Islas del Rosario.
En resumen, la región de Cartagena está constituida por una base limo-arcillosa del
Neogeno incluyendo, en las partes más arriba, calizas arrecifales que permitieron la for-
mación de cerros, protegiéndolos de la erosión posterior a su emergencia. Sobre esos relie-
79
78
Burel & Vernette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Region de Cartagena
Punto Piedras
Manglar.
Arroyo
de Piedras
P laya de Areno gris.
Detritos Coralinos.
Man :anillo Los Morros
s• &
M A R T Lo Boquilla
M A R
CARIBE
Santa Rota
CARIBE
CART AG EN A
I Manzanilla
141 a d•
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«
1 3... (5 Bocaca,eo CARTAGENA
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1. Borii
Pita O Icon He
Portenaito
El Dique
ESCALA 01/250.000
80 81
Buril & Vemette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena
ves, vinieron a tropezar los mares del Cuaternario asi como lo hace el mar actual. Esos
mares dejaron como testigos la superficie de abrasión asi como la terraza de +3 m.
3.1 DESCRIPCION
Los dos principales testigos de estas formaciones son: las acumulaciones de conchas
y los edificios coralinos.
a) Acumulaciones de conchas (Foto 1)
Esta facies se encontró en varios lugares de la región a una altura generalmente infe-
rior a +5 m, en zonas protegidas por morros o en las partes internas de las orillas de las
ciénagas. De vez en cuando el afloramiento está puesto en evidencia por la erosión de un
riachuelo intermitente o por las corrientes en un canal que une diferentes partes de una
laguna.
El espesor de esos niveles es variable, con frecuencia superior al decímetro y puede
alcanzar valores superiores al metro.
Foto 1 — Acumulación de conchas en la orilla de Ciénaga
Esas conchas se encuentran con frecuencia dentro de una matriz constituida por
Honda.
arena fina o limo. Para los afloramientos del sector norte de Cartagena, hay que anotar
que no se encontraron mezcladas con las arenas detríticas grises que actualmente forman
las playas de ese sector.
b) Formaciones coralinas
Esas formaciones, encontradas a lo largo de la costa sur de Cartagena, en alternancia
con las playas de arena calcárea de poca extensión, corresponden a la terraza de +3 m
descrita anteriormente. Sobre esta formación tropieza actualmente el mar, dándole un
aspecto de escalón que materializa el perfil de costa (Foto 2).
Debido a la complejidad morfológica del medio arrecifal, diferentes facies se en-
cuentran a poca distancia entre ellos, así:
— Calizas arrecifales consolidadas, las cuales constituyen generalmente la base de la
formación y presentan con frecuencia testigos de alteración biológica (Foto 3).
- Arenas no consolidadas que sirven de matriz para los organismos fósiles. En la zona
media a infralitoral se encuentra a veces esta facies consolidada en "beach rock",
presentando figuras de erosión interna (Foto 4).
- Acumulación de detritos coralinos que, por su extensión, indica el gran desarrollo de
las formaciones arrecifales cuaternarias en la región (Foto 5).
— Corales en posición de vida, materializando bien esta terraza de + 3m. Las especies
encontradas con mayor frecuencia fueron: Porites porites, Acropora palmata, A.
cervicornis y Agaricia sp. (Foto 6).
c) Otros aspectos encontrados
En varios lugares se pudo observar especies coralinas adheridas a la superficie de la
terraza. Esos corales presentan un aspecto más reciente que la caliza de la terraza sobre
la cual se desarrollan (Foto 7).
El estudio de una lámina delgada obtenida perpendicularmente a la superficie y se-
parando la especie adherida de la base, indica un estado de recristalización mucho más Foto 2 — Cantil de la terraza de "+3 m" en Tierra Bomba.
avanzado en esta base que en el coral, lo que sugiere diferentes etapas en la formación de
la terraza de +3 m.
La Ciénaga Honda, al sur de la Bahía de Cartagena presenta, a partir de su entrada,
82 83
Burel & Vernette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena
84 85
r Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena
Burel & Vernette
3.3 DATACION
87
86
88
MAR
P laya Lindo
Burel & Vernatte
lorrabomba
Figura 4 — Localización de los afloramientos
iA111.
NONO
2 700± 90 B. P.
,bj
11
Je
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Km.
E=1/83.333
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Burel & Vernette Cambios de nivel del mar en el Cuaternario de la Región de Cartagena
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E' REFERENCIAS
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....... -o
o / -... To
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Bol. Geol. Univ. Ind. Santander, No. 4, pp. 19-44, 2 Fig. los 800 m, bajó hasta alturas que variaban de 2.800 a 4.000 m s.n.m., en dependencia de la altura del
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to del Caño de Loro mediante aguas subterránea. Comp. Est. Geol. ofic. col. T8, pp. 33-66, 2 The characteristics, spatial pattern and distribu ton of landforms of glacial erosion and deposition
in both cordilleras indicate a similar pattern of glacier fluctuations from the Holocene to Illinoian
Fig. 2 Map. Bogotá.
periods. Three groups of bare, sparsel y vegetated and well vegetated moraines within 0.5 2 km and 6
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Wisconsin advances; an older, partly eroded early Wisconsin limit was tater invaded by glaciers of only
Univ. Ind. Santander, No. 4, pp. 45-50, 2 Fig.
slightly smaller size which deposited the fresher moraines of the late Wisconsin. Within the late
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altitude of the piedmont west of the cordilleras. Two tills older than Illinoian age exist near La Paz,
Bolivia, the lower of which is older than 3.27 Myr. No tills older than Illinoian have yet been found
in Peru and even the Bolivian sequence is probably incompleta for the Late Cenozoic as a whole.
INTRODUCTION
The Cordillera Blanca of Peru and the Cordillera Real of Bolivia are two mountain
massifs of similar dimension and altitude and both are aligned north-west to south-east.
93
92
Clapperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real. Bolivia
Separated by about 6- of latitude within the tropics and a horizontal distance of appro- GLACIAL LANDFORMS
ximately 1100 km they seemed to offer scope for a interesting comparison of Quaternary
glacial history. It was assumed that tectonic elevation of these massifs during the Quater-
nary may not have been sufficiently differential to make any comparison of glaciation Landforms of glacial erosion: the most conspicuous landforms of glacial erosion in
invalid, but such an assumption could be wrong. the two Cordilleras are cirques, troughs (glacial valleys) and ice-scoured surfaces. As in
The Cordillera Blanca (Fig. 1) is a magnificent range of mountains extending as a unit all Alpine environments glacial cirques, abandoned or occupied by glaciers, are a distinc-
of topography over a distance of 200 km and with a width varying from 15-35 km. Rising tive element of the topography. They vary widely in scale from small incipient features
to a maximum altitude of 6,768 m in Huascaran the highest summit, more than 10 peaks at low altitudes (c.4,200 m) and where there has been insufficient space for development
exceed 6,000 m and many more reach to over 5,500 m. In this way the Cordillera Blanca to vast amphitheatres 2,000 m deep and over 5 km wide as on the west side of iivascaran.
dominates adjacent parallel ranges which do not presently support glaciers: the Cordillera A detailed analysis of cirque altitudes is still incomplete but generally speaking some
Negra whose crest line lies no more than 25 km to the east and rises to just over 5,000 cirque thresholds lie as low as 3,800 m on the eastern sides of the mountains but seldom
m at its highest point nevertheless contains many abandoned cirques and moraines. The descend below 4,200 on the western sides. The remarkable dimensions of many cirques —
Cordillera Blanca is a large batholith composed of coalescent granodiorite plutons of such as those in the Huascaran-Huandoy massif of the Cordillera Blanca suggest that the
upper Tertiary age (c.6-9 Myr, Wilson et al 1967); it is flanked on the west by Tertiary process of cirque development has been in progress for a very long time, perhaps millions
volcanic rocks and on the east by Jurassic sedimentary strata. On the western flank of
of years rather than only hundreds of thousands.
major faults separate the batholith and the volcanics and give rise to an impressively
steep western face to the Cordillera Blanca. Mountains such as Huandoy and Huascaran Glacial troughs are particularly notable in the Cordillera Blanca (Fig. 2) because of
rise precipitously for over 4,000 m aboye the Rio Santa in the Callejon de Huaylas. The their length and distribution, extending virtually right through the massif from north-
eastern side of the range is less well defined from lower parallel anticlines of sedimentary east to south-west. The Quebradas de Santa Cruz, de Paron, de Llanganucos, de Ulta
rocks but slopes descend steeply to deeply incised tributarles of the upper Amazon and de la Honda are most impressive features 10-20 km long and more than 400 m deep.
system. Presumably as a result of tectonic tilting of the mountainblock the principal The typical cross profile showing a glacial "U" incised into a fluvial "V" indicates glacial
watershed is situated well to the eastern side of the range thereby providing long valleys deepening of a pre-glacial river valley system. Most of the troughs narrow quite conspi-
and large drainage systems flowing south-westwards into the Rio Santa. The latter cuously at their exits from the massif and the majority descend into the Callejon de
occupies a graben located between the Cordillera Negra and the Cordillera Blanca, a Huaylas as rock steps, thereby leaving their floors hanging at a hither altitude. The
corridor of low lying ground declining north-westwards from 4,000 to 2,500 m a.s.l. consistent regular alignment of the troughs a right angles to the strike of the batholith
The Cordillera Real (Fig. lb) also extends as a prominent massif of high mountains suggests that erosion has perhaps exploited lines of structural weakness; e.g. the straight
over a distance of about 200 km and with a width commonly from 15-20 km. Rising to middle section of the Quebrada de Santa Cruz follows a prominent fault (Wilson et al
a maximum altitude of 6,580 m in Ancohuma at least seven other peaks exceed 6,000 m 1967). Only very short troughs are present on the eastern side of the Cordillera. Although
and many others are over 5,500 m. Whereas the western flank of the range descends less spectacular and shorter, troughs are also impressive glacial landforms in the Cordillera
steeply along major faults to the tectonic depression occupied by Lago Titicaca and the Real where they are well developed on the western side of the watershed. The troughs
northern Altiplano of Bolivia the eastern side drops more irregularly to easterly flowing occupied by the Rio Chachacomani, Laguna Khara Kkota and Laguna Alka Kkota are the
river systems such as the Unduavi, Zongo and La Paz. The Cordillera Real consists mainly most conspicuous, extending 10-15 km in length and reaching depths in excess of 400 m.
of folded Palaeozoic rocks (marine shales, siltstones and sandstones of lower Ordivician, The overall trend of troughs in the Cordillera Real is also at right angles to the structural
Silurian and Devonian age) which have been extensively intruded by granitic and grano- strike of the batholith, but possibly because the batholith is less homogeneous than that
dioritic plutons. In places these have coalesced to form a continuous batholith but some of the Cordillera Blanca, evolving more discontinuously over a longer period of time, the
separate plutons underlie outliers of spectacular topography such as Illimani. Although structural lines and the pattern of troughs are less regular. The existence of such troughs
the intruded sedimentary rocks and the intrusive plutons (Triassic-Miocene) are older indicates the former presence over both massifs of substantial bodies of temperate-based
than their equivalents in the Cordillera Blanca the overall tectonic framework and result- glacier ice, probably in the form of mountain ice caps.
irtg topography are strikingly similar. It thus seemed that a comparison of the glacial
Bedrock scoured by glacial erosion into bare rocky hummocks and basins is wides-
history of these massifs would be interesting and could highlight any differences in the
pread in both Cordilleras and is of considerable value in detecting the former extent and
two controlling variables — climate as related to latitude and longitude and uplift in
direction of movement of previous ice masses. Such landforms are present on the shoul-
relation to differential tectonic activity associated with lithospheric plate segments.
ders of mountains aboye the glacial troughs (Fig. 3) and are abundant across interfluves
The bulk of both areas has been studied in detail from stereoscopic examination of
vertical air photographs; this will lead to the production of glacial geomorphological and high passes at the heads of troughs. Much more significant is their widespread
maps for the two areas in the near future (c.f. Clapperton 1971,.Clapperton and Sugden, occurrence over presently ice-free lower ground (c.4,800 m) situated between higher ice-
1980 for the sub-Antarctic). Also field studies were made in selected transects of both covered parts of the mountains; for example, at the southern end of the Cordillera Blan-
massifs during 1975 and 1976 permitting ground checking of landforms, the field analysis ca near Laguna Queroccocha and in two cols at the southern end of the Cordillera Real
of some sediments and the collection of others for later laboratory work. The areas near Laguna Zongo and El Cumbre. To cover such areas of lower watershed with ice
involved are so large, however, that this paper is very much the outcome of what must be flowing away from the present watershed (former ice shed) in opposite directions requires
regarded as a reconnaissance and more selective detailed work, particularly for datable the former presence of an ice cap nourished over this topography. At these localities
material, is planned for the near future. The account which fol lows refers mainly to the roches moutonne-es and striated bedrock surfaces indicate a divergent ice movement
western sides of the two cordilleras where the glacial landforms and sediments are most outwards from the present watershed. In the Cordillera Blanca erosional evidence indica-
clearly observed. It will be concerned principally with the nature, characteristics, distribu- tes that the ice shed was centred over the eastern part of the massif thereby discharging
tion arad significance of glacial landsforms since these are fundamental in establishing the long ice streams westwards; but in the Cordillera Real, the ice sheet was located in the
extent of late Quaternary glacier systems. The landsforms may be conveniently discussed central part of the massif. Erosional forms suggest that ice thickness must have been in
in two categories, those of erosion and of deposition. excess of 800 m in both Cordilleras.
94 95
Clapperton Cluaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
77050'W
r Sorato
(Olomou
9°S
• Ancohurna
— 16°S
s •Achocorh.
• 1 Cumbre--/-
Laguna "Out, .0*
ec
—16°30'S
O LAGUNA QUEROCCOCHA
O PRINCIPAL ICE FIELDS
tHUARA PASC A U • •:1 LAND OVER 4500m
s '. POSSIBLE EXTENT OF ILLINOIAN DEPOSITS
c WISCONSIN TERMINAL MORAINE LIMIT
o O 40km
-1005
Lima
PERU 68°30'W 68°W
SOLIVIA
Fig. 113
Logo Ce, 1'1
PACIFIC Ti tic oca
OCEAN Figure 1 — Lination maps showing places mentioned in text and approximate limits of Wisconsin and
O 400km .1.<0 Poz
I llinoian glaciations. A. Cord. Blanca, B Cord. Real.
750 W I AGUNA CONOCOCHA
40km
Fig. 1A
96 97
Clapperton 1 Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
Traditionally the extent and sequence of glacial events in Perú and Bolivia have been
discussed in terms of the glacial sediments. Accounts by Broggi 1943, Oppenheim 1945,
Oppenheim and Spann 1946, Heim 1947, Kinzl 1949, Tricart 1965, Hastenrath 1967,
Clapperton 1972 and Lliboutry et a/ 1977 are probably the most useful for the Cordille-
ra Blanca while those by Gregory 1913, Troll 1929, Troll and Finsterwalder 1935, and
Ahlfeld 1954 preceded the classic work of Dobrovolny (1962) on glacial deposits in the
Cordillera Real. The main emphasis of this paper is to describe and compare the morpho-
logy of the glacial deposits in both cordilleras and to discuss their absolute and relative
ages where possible. In order to sustain a comparison between the two massifs the discus-
sion will begin with existing glaciers and follow successively older moraine groups down-
valley from them.
Mass balance data is lacking for both cordilleras but some estimates put the equili-
brium line at an altitude of about 5,000 m (Hastenrath, 1967): since the snouts of many
glaciers terminate at about 4,88 — 5,000 m this estimate should not be too far out.
Twentieth Century moraines: the majority of glaciers in the Cordillera Blanca and
the Cordillera Real have reced from terminal moraines evidently constructed earlier this
century (Clapperton 1972). The moraines and spreads of morainic debris contained
within their walls are typically composed of a mixture of coarse angular rock-fall detritus
and abraded subglacially derived clasts contained in a fine till matrix. As many as 20-30
or more ridges 1 m high mark recessional positions of the ice front at many glaciers, but
at others a single large composite ridge has been built. These moraines are ice-cored in
many places but are ice-free in others. The surface stones are normally bare of lichens,
mosses and other vegetation, show little evidence of frost disturbance and are often a
conspicuous light grey colour. Documentary evidence (Broggi 1943, Oppenheim and
Spann, 1946, Kinzl 1949) and historical recollection (Delgado pers. comm.) indicate
that the main phase of glacier recession from these moraines took place after the 1930's,
a trend which continued at least until the end of the 1960's. The magnitude of the
advance which led to the outermost terminal moraine was small, generally less than one
kilometre and lowering the glacier snouts by 100-300 m of altitude. Recession from the
advanced positions was widespread in both massifs during the three decades from 1940-
1970, thus in harmony with a global trend of this period (Sugden and John 1976).
Recent studies at the Quelccaya ice cap in southern Peru suggest that at least one sobe is
presently advancing (merced et al 1975) and in the Cordillera de Raura only 100 km
south-east of the Cordillera Blanca the writer observed virtually no change in the snout
positions of glaciers between 1970 and 1976. At one glacier marker stakes planted in the
proximal moraine 4 m from the ice edge during the dry (August) season of 1975 liad been
bulldozed out of position and were incorporated into the moraine three metres to one
side by August 1976. This suggests a seasonal advance and retreat of the glacier snout to
and from the nearest moraine over a distance of about 5 m. Thus it is possible that the
widespread recession of the mid 20th century has now slowed down or ceased in some
parts of the Andes.
Little Ice Age moraines: contiguous with the 20th century moraines is a second
distinctive set which extends only a short distance beyond them in both cordilleras. This
group of moraines is distinguished from the former by a more complete cover of veteta-
tion a greater degree of lichen cover on boulders and a more obvious amount of distur-
bance by frost action. In some places there is a very sharp junction between the two
groups of deposits but in many others it is less obvious and it is possible that there is
more of a continuum between the two groups. It has not yet been possible to accurately
date this moraine group but on the basis of their freshness and relative position they may
98 1 99
▪
Clapperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
be inferred to be the product of the Little Ice Age. In the Cordillera Blanca outwash from
this moraine in the Quebrada Llanganuco overlies a 30 cm layer of peat, the base of
which gave a radiocarbon age of 4,287±90 yr (SRR-996) and in the Cordillera de Raura
100 km farther south a radiocarbon age of 1,014±45 (SR R-994) was obtained from peat
incorporated into the moraines of this group. Since the Little Ice Age has been such a
global feature in terms of glacier advance, affecting glaciers even in the sub-Antarctic
(ClaPPerton et al 1978) and southernmost South America (Mercer 1976), it seems
plausible to assign such an age to moraines in Peru and Bolivia occupying similar relative
positions with respect to the present glaciers.
Neoglacial moraines: Farther down-valley from moraine groups of the last few
centuries a group of conspicuous older moraines is consistently present in the two cordi-
lleras. Commonly located approximately 6 km beyond the present glaciers this group
normally terminates at between 4,200 and 4,400 m a.s.l. The number, size and morpholo-
gical characteristics of the moraine ridges varíes greatly according to the glaciological and
topographical characteristics of the catchment. For example in the Cordillera Blanca the
main highway from Recuayto Chavin follows the valley containing Laguna Queroccocha
and crosses at least 33 terminal moraines of this group over a distance of 6km; but in
other valleys such as the Quebrada Llaca only a single, perhaps composite ridge may be
present. In the Cordillera Real the most accessible moraines of this group can be seen on
Ir '2
the road leading north-eastwards from La Paz to Laguna Milluni and the Rio Zongo
c valley. On the south-west side of the watershed clusters of moraines are located 6 kin
o
II a, from present glaciers at 4,500 m whereas on the north-east side four conspicuous lateral
»••■
-494 •el. • '‘,1: -O ,
ridges (Fig. 4) terminate at 4,250 m below a spectacular rock step 400 m high. Similar
2 o moraines are abundt on the south-west flank of Ancohuma where they commonly termi-
12 nate at c.4,350 m in the valley leading to Sorata.
en
• Examination of vertical air photographs of both cordilleras and work elsewhere in
Perú (Clapperton 1972) shows that this moraine group is consistently present in most
valleys presently containing glaciers and also in some cirques which no longer support
permanent ice and snow. The size and complexity of the moraines and the altitude to
c "js which they descend indicate that they were formed by a more extensive glacier advance
-a o than that of the Little Ice Age. The multiple nature of the moraines in many valleys is
-3
very similar to that of the more recent moraines and probably formed in the same way as
a result of seasonal (or longer) oscillations during recession. There is little direct evidence
E 3 -,;;
o " e of the age of this moraine group but it is clearly separated by at least 5 km of distance
.c
• o 3 from the younger moraines and is completely covered with mature mountain grassland
vegetation. However, the base of a peat bed growing within the limits of this moraine in
.6
1.8 Quebrada Llanganuco, Cordillera Blanca, gave a radiocarbon age of 4,287±90 yr (SSR-
T:11
FIGURE3
996); the moraine is most likely to be older than this. Small moraines in a similar relative
Co
2
0 .E position in the Cordillera Vilcanota in southern Perú have been dated as older than
2 Eo 2,830 radiocarbon years by Mercer and Palacios (1977) and appear to have been formed
15,
by a glacier readvance which terminated just below 4,400 m. Thus there is some reason to
suggest that this group of moraines represents, at least in part, glacier readvances of the
Neoglacial period more than 3,000 years ago. As such it is of similar magnitude to Neo-
glacial advances which occurred in North America, Europe and southern South America.
Wisconsin moraines: down valley from the Neoglacial moraine group fresh glacial
deposits continue for between 5 and 15 km, depending on the dimensions of the glacier
catchment area. The deposits are fresh in that the morphology of lateral and terminal
moraine ridges is sharply defined, surface layers of the constituent till and fluvioglacial
sediments show little sign of weathering and soil development and surface boulders are
unpitted (although some have been frost shattered). The limit of these deposits is nor-
mally well marked by an enormous lateral/terminal moraine commonly with contiguous
100 101
Claaperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
outwash fans located on foothills beyond the faulted edge of the mountains (Fig. 5).
The lowest altitudinal limit of the deposits inte the Cordillera Blanca varíes from about
3,000 — 3,400 m in the central part (Callejón de Huaylas) to between 3,600 — 3,800 m
in the south (on the Altiplano). In Bolivia this group of deposits commonly terminates at
between 4,000 and 4,100 m on the Altiplano east of Lago Titicaca as for example at the
exits of the three valleys containing Lago Khara Khota, Lago Taypi Chaka-Sora Kkota
and Laguna Tuni. The deposit is also present at 4,000 — 4,100 m in the Rio Kaluyo valley
which is deeply incised into older Quaternary deposits on the northern fringe of La Paz.
The morphology of the deposit is complex, consisting of morainic forms varying
from low broad lobes of ridged and hummocky till pitted with kettle holes to massive
lateral-terminal ridges more than 100 m high (Fig. 6) In most places however the morpho-
logy indicates the following common features. The outermost complex appears to have
been cut into by a readvance of similar but always smaller magnitude; the moraine surface
of the former is smoother and less sharp than that of the latter and has been eroded by
CC
outwash channels leading away from the latter. Inside the limits of the younger moraine It
conspicuous terminal ridges curve across the valley floors within the first 6 km up-valley
in both cordilleras; three large moraines are commonly present, some of which impound o
large lakes and smaller moraines also occur in places. The larger moraines seem to be
most clearly developed and well spaced apart where the former glaciers terminated on
5
gently sloping ground merging into the Altiplano whereas on steeply sloping land, as in
the Callejon de Huaylas, the moraines are closely bunched against the principal end mo- c
o
raine. Nevertheless, the consistent occurrence of these "inner" moraines suggest that N
o
glaciers in both cordilleras responded similarly to mass balance changes and either advan-
ced or experienced still-stands on at least three occassions following their more advanced
u
positions at the limits of the large "fresh" terminal moraines. 3
c
The altitudinal limits of the large fresh moraines and their position beyond the edges
of the two cordilleras indicate a glacial advance of substantial proportions. Reaching
It
between 15-20 km beyond the present glaciers the expanded ice masses must have been o
E
at least 300-400 m thick in some valleys and were nourished by mountain ice caps in loca-
lities where only bare ice-scoured cols presently exist (e.g. Queroccocha-Chavin and Huara
Pasea cols in Cordillera Blanca; El Cumbre and zongo cols, Cordillera Real). lo
co
Deposits associated with these fresh moraines have not yet been accurately dated.
Dobrovolny (1962) showed that peat was growing in a basin within the moraines near La o
Paz 9,200±200 14 C years ago before being vuried by 4 m of loamy silt. In southern Peru
Mercer and Palacios (1977) have shown that in the vicinity of the Vilcanota/Quelccaya
ice cap glaciers formed sharp crested moraines sometime between 28,000 and 14,000
B.P. They concluded that this glacial episode was broadly synchronous with the late
Wisconsin/Weichsel glaciation. Shrinkage of the Quelccaya ice cap was subsequently
interrupted by readvances, one before 12,240 B.P. and a later one culminating at about
11,000 B.P.
The following working hypothesis is suggested for the fresh moraines of the Cordi-
llera Blanca and Cordillera Real. The slightly less sharp but most extensive outer moraine
could be interpreted as the limit of an early Wisconsin advance culminating round about
75,000 B.P. whereas the sharper moraine of almost equal extent but which truncates the
former may be the late Wisconsin limit culminating sometime between 20,000 and
18,000 B.P. It is worth noting that Dobrovolny on the basis of stratigraphic evidence in
the La Paz area concluded that there were two separate advances during the last (Wiscon-
sin) glaciation separated by a period of valley erosion during an intervening "sub-stage"
(i.e. interstadial). The three (or more) conspicuous terminal moraines within the limits of
these deposits may mark readvances or stillstands during recession from the late Wisconsin
maximum and possibly represent oscillations such as those dated by Mercer and Palacios
102 103
Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
Clapperton
in southern Peru. The scale of glaciation indicated by these readvance'stillstand moraines
seems much too large for the Neoglacial stages which in most parts of the owrld were
only slightly more extensive than the Little Ice Age readvance.
Pre-Wisconsin moraines: Beyond the Wisconsin moraines on the western flank of
both cordilleras lie extensive deposits of an older larger scale glaciation. In many places
they comprise hummocky or ridged topography mostly lacking any clear spatial pattern.
Kettle holes, some still waterlogged and others partially infilled with sediment, are
commonly present. Abandoned outwash channels leading from the Wisconsin moraines
have eroded these older deposits and wide areas have been totally buried by the vast
coalescent outwash fans from the Wisconsin glaciers. At the exits of some valleys the
older.moraines still appear to retain their original morphology for it is olear that some of
the massive lateral moraines in excess of 400 m high surrounding the Wisconsin deposits
are in fact a combination of pre-Wisconsin and Wisconsin deposition. In fact their exis-
tence as pre-Wisconsin features controlled the path of the smaller Wisconsin glaciers
within their walls. This situation is particuarly clear in the valleys east of Recuay in the
southern Cordillera Blanca and along foothills of the Cordillera Real north-west of La
Paz. The outer slopes of such lateral moraines and the surface of contemporary deposits
have been intensely affected by periglacial solifluction. Patterned ground phenomena are
widespread in the form of non zorted stripes, circles and lobes, while stone stripes and
stone runs similar to those of the Falkland !stands (Clapperton, 1975) are also present.
Surface blocks of granodiorite on the crests of lateral moraines on the south side of Que-
brada Qeroccocha have been strongly weathered; residual nodules indicate that at least
35 cm depth of some boulders has disintegrated, leaving a carpet of grus on the surround-
ing ground (Fig. 3) No such phenomena occur on the younger (Wisconsin) moraines. The
till of this pre-Wisconsin glaciation has been weathered (oxidized) to a bright red colour
i n the vicinity of Huaras in the Cordillera Blanca where up to 6 m have been affected; the
majority of surface stones in the same area have been shattered by frost action and where
exposed in section are aligned downslope in surface layers showing the parallel bedding
fissility associated with solifluction.
This glacial deposit is therefore considerably older than that assigned to the Wiscon-
sin period, having experienced much more weathering, frost activity and morphological
degradation (Fig. 2). The limits of the deposit are difficult to trace with much degree of
accuracy in most places. However, in the southern Cordillera Blanca the deposits extend
onto or up against the western flanks of the Cordillera Negra, and on the western side of
the Cordillera Real the deposits extend at least to the highway between La Paz and Acha-
cachi and as far as Lago Titicaca itself in the vicinity of Puerto Acosta. Exposures near
Huaras show 1-70 m of this till but it is up to 400 m thick in the lateral moraines of Que-
brada Queroccocha. At least 100 m of the till is exposed beneath the Altiplano surface in
the vicinity of La Paz (Milluni till of Dobrovolny 1962).
It is always difficult to assign a particular time scale to weathering residuals and
weathered deposits because of the unknown principal variable, the vate at which weather-
ing processes operate. However, because weathering has not totally reduced the boulders
to dust and has penetrated only 5m (maximum observed) into the till and because the
morainic morphology is partially preserved contiguous with Wisconsin deposits, this
pre-Wisconsin glacial deposit is most likely of Illinoian age. The time interval since its
Figure 5 — Sharp morphology typical of Wisconsin moraines, Quebrada Shallpa, southem Cordillera generally accepted culmination (c.128,000 BP) does not seem unreasonable to achieve
Blanca. ' the order of weathering observed compred with the insignificant amount that has affected
late Wisconsin deposits during the last 18,000-16,000 years.
Pre-Illinoian deposits: Glacial deposits older than the presumed Illinoian till are
clearly exposed in the valley of La Paz Bolivia and have been described by Dobrovolny
(1962) but detailed examination of Quaternary sediments exposed in the upper Rio Santa
105
104
Clapperton Cluaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
liara Blanca.
0.1
CC
8
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Figure 6A — Landforms typical of glacial valleys opening onto A ltiplano west of the sout
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106 107
Clapperton Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
Valley, Peru have yet to be undertaken. Near La Paz the following sequence of deposits TABLE 1
Jescribed by Dobrovolny (1962) can be observed beneath the Illinoian 50-245 rn SEQUENCE OF GLACIAL DEPOSITS AND THEIR APPROXIMATE ALTITUDINAL LIMITS
IN THE CORDILLERA BLANCA (PERU) AND THE CORDILLERA REAL (BOLIVIA)
outwash gravels and sands capped by 2m of peat which gave an infinite radiocarbon age,
up to 85m of till oxidized in upper layers and interbedded in places with 2-6m of fluvio- Altitudinal range of lower limit
glacial gravels, a bed of ignimbrite 1-15m thick dated at 3.27 Myr (Clapperton, 1979), 7m Age Deposit lapprox.)
of till well oxidised in places, then finally the top of the Pliocene conglomerates known Cord. Blanca Cord Real
as the La Paz formation. It is unlikely that this sequence represents the entire suite of lwest) (west)
glacial, fluvioglacial and interglacial weathering formations of the late Cenozic, parti-
20th century Terminal/lateral moraines 4600-4800m 4700-4900m
cularly since the ocean core record and oxygen isotope studies indicate many more pro- single/multiple ridges
bably global ice ages during the last 3.5 Myr. and also in view of the number of glacial Little Ice Age 4400-4600m 4600-4800m
episodes discovered by Mercer (1976) in southernmost South America. It is possible that lending late 19th century)
much of the complete late Cenozoic sequence has been eroded away between or during Neoglacial 4200-4400m 4300-4500m
late Wisconsin readvances lateral/terminal ridges 3400-4300m 4250-4450m
glacial advances or may lie buried beneath the younger accumulations.
late Wisconsin maximum 3100-4200 4100-4200m
early Wisconsin maximum
DISCUSSION AND CONCLUSIONS and hummocky/kettled
lobate moraine 3000-4100 4000-4100
In the Cordillera Blanca and the Cordillera Real the spatial distribution and morpho- Illinoian lateral moraines, hummocky
MI, Oil sheet, buned
logical characteristics of glacial deposits indicate the broadly comparable record of glacier
Oil layer 2800-3900 3800-4100
fluctiations presented in Table 1. Within each group of deposits the number and spatial c3700-3100
2 buried Oil layers,
pattern of terminal moraines varíes considerably from place to place; this is to be outwash sedimenta
expected in such a mountain environment where there is such a range in the size, topo-
graphy and aspect of glacier catchments. Thus some of the Holocene moraine groups America Mercer (1975) concluded that during the Wisconsin glaciation glaciers were
may be represented either by a single large composite moraine or by a large number of largest sometime before 56,000 14 C years ago and that a smaller readvance culminated
small discretely spaced terminal moraines spread over 1-2 km. Although most of the about 19,500 14 C years ago. This was followed by an interstadial when glaciers halved
20th century and Little Ice Age moraines can be clearly identified, considerable uncerta- in length before readvancing again round about 13,000 14 C years ago. In Peru and Bolivia
inty still exists in deciding the exact number and significance of Neoglacial moraines. the two apparently Wisconsin terminal moraine stages and the three (or more) large
At least one moraine group of this period occurs in most valleys and where an age may moraines marking readvance/stadial positions following the late Wisconsin maximum
be inferred from 14 C dates it seems to indicate a substantial glacier advance probably equate quite well with Mercer's picture for the southern Andes and possibly with the
more than 4,000 years ago. Mercer (1975, 1976) concluded that possibly the first and sub-Antarctic (Clapperton 1971, Clapperton et al. 1978). Even in North ímerica
largest Neoglacial advance in the southern Andes took place between 4.500-4,200 14 C successively smaller readvances of the Lake Michigan lobe of the Laurentide ice sheet
years ago and that a smaller Neoglacial readvance culminated about 2,500 14 C years ago. following the late Wisconsin maximum are remarkably similar to the Andean pattern
Glacier fluctuations during the Neoglacial are known to have occurred in northern Europe described here and dat from the period between 11,000 - 14,500 14 C years ago (Evenson
and North America at about 2,800 and 5,300 years ago following an older readvance et al 1976).
date at about 7,800 BP and there is growing evidence for cold global climatic fluctuations Prior to the Wisconsin glacial age a period of fluvial dissection cut into older glacial
with a periodicity of 2,500 years or less (Denton and Karlen 1973, Imbrie and Imbrie deposits creating canyons that are particularly well developed in the valleys of the Rio
1979, Hojn 1979); such periodicity can be related to the ultimate control on the Earth's Santa (Peru) and the Rio La Paz (Bolivia). The older glacial deposits are more extensive,
climate — receipt of solar energy, which is known to fluctuate at various time scales. more weathered and lack sharp morphology compared with the Wisconsin deposits. They
Since the glaciers of high tropical mountains are likely to be very sensitive to global may be of Illinoian age but a more accurate and confident statment about their age can
temperature trends then we must expect to find evidence of climatic fluctuations repre- not yet be made.
sented in the relict glacial deposits. The Neoglacial moraine group described in this paper During the Wisconsin glaciation expanded valley glaciers, which were really outlet
may therefore be the result of more than one phase of glacier expansion and retreat and glaciers from mountain ice caps, spread just beyond the western flanks of both massifs.
could be more complex. These piedmont outlet glaciers did not merge into one large mass of coalescent ice but
The lateral—terminal moraine complexes of the Wisconsin glaciation are one of the retained their individual identity in most places. During the preceding Illinoian glaciation
most impressive groups of landforms on the western flanks of both cordilleras. Two however, it seems that the outlet glaciers coalesced to form a continuous ice mass in the
probable Wisconsin advances have been identified in this reconnaissance study; an older, piedmont zone of both cordilleras. At such a time the ice must have been at least 800 m
marginally more extensive phase within whose moraine the smaller younger advance was thick over the deeper troughs of the Cordillera Real and in excess of this in parts of the
confined. Closely spaced terminal moraines within 2 km of the younger Wisconsin Cordillera Blanca. The ice edge therminated more than 20 km distance from the present
advance suggest that recession from the latter limit was punctuated by at least three watershed (former ice shed) in the Cordillera Blanca and between 25-30 km from the
successively smaller readvances. No data has yet been found to indicate an age for there former ice shed over the Cordillera Real. The lowest altitudinal limit of the ice edge
readvances but all of the late Wisconsin moraines are exceptionally sharp and well pre- appears to have been influenced by the piedmont topography. For example on the
served, contrasting with the older Wisconsin and earlier deposits. In southern South western side of the Cordillera Blanca glacial deposits occur as low as 2,800 m in the
108 109
Quaternary glaciations in the Cordillera Blanca, Perú and the Cordillera Real, Bolivia
Clapperton
deeply incised Callejon de Huaylas whereas only 85 km farther south, in the vicinity of 8, No. 79, p. 275-290.
Mercer, J.H., 1976 - Glacial historv of southernrnost South America Quaternary Research 6. p
Laguna Conococha where the Altiplano surface does not descend below 4,000 m, the ice
125-166.
edge terminated at that altitude. Similarly, glaciers could not expand below about 3,900
Mercer, J.H. and Palacios, 0., 1977 - Radiocarbon dating of the last glaciation in Peru. Geology 5,
m west of the Cordillera Real but glacial deposits occur as low as 3,400 m in the Rio
P. 600-604.
Zongo valley on the deeply dissected eastern side of the massif. Thus the relative parts Mercer, J.H. and Others, 1975 - Peru's Quelccaya ice cap: glaciological and glacial geologicai studies.
played by topographic as well as by climatic parameters in influencing the altitudinal 1974. Antarctic Journl. U.S. 10. p. 19-24.
limits of glaciation in Andean topography must be carefully considered. Oppenheim, V , 1945 - Las glaciones en el Perú. Boletín de la Sociedad Geológica del Perú, Tom. 18,
p. 37-43.
Prior to the Illinoian glaciation mountain ice caps of similar dimension developed
Oppenheim, V. and Spann, H.J., 1946 - Investigaciones glaciológicas en el Perú 1944-1945. Boletín
over the Cordillera Real on at least two previous occasions. Since the earliest so far dated del Instituto Geológico del Perú, 5.
ocurred before 3.27 Myr. ago it suggests that the Cordillera Real was in existente as a Sugden, D.E. and John, B.S., 1976 - Glaciers and landscape. Edward Arnold, London.
high mountain range by that time and that global ice age conditions had begun. Tricart, J., 1965 - Ohservations on the Ouaternary firn line in Perú. Journal of Glaciology 5, No. 42,
Although there may be local and regional variations, it is finally concluded that P. 857-863.
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Pomabamba, Carhuaz y Huari. República del Perú, Servicio de Geología y Minería Boletín No.
ACKNOWLEDGEMENTS
16.
1 thank the Natural Environment Research Council of Great Britain for a research
grant, Ingos. Marino Zamora, Benjamin Morales and Manuel Delgado for field assistance
in Peru and Ingos. Alvaro Fernández and Antonio Michel for field assistance in Bolivia.
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111
110
REVISTA CIAF VOL 6 11-31, 113 114 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
ABSTRACT
The present tectonic framework of northwestern South America (northern Ecuador, Colombia
and northern Venezuela) has evolved through a complex Phanerozoic history of orogenic activity.
This evolution is the result of the interaction of three tectonic plates: Caribbean, Nazca and South
American. Previous tectonic models of northwestern South America (Dewey, 1967; Molnar and Sykes.
1969; Malfait and Dikelman, 1972; Jordan, 1975, Irving, 1977; and Case and Holcomb, 19781
described the paleotectonics, but fail to relate the tectonic framework to the present tectonic activity.
Furthermore, compilation of new geologic and seismologic data necessitate revision of the older
models. Combining concepts from earlier models with new data, a new tectonic model is proposed to
explain Quaternary plate boundaries, intraplate fault activity and regional uplift. This model, which
was developed as part of the seismic hazard studies being done by I nterconexión Eléctrica, S.A. (ISA),
suggests that a new crustal unit, referred to as the northern Andean block, lies between the Caribbean,
South American and Nazca plates.
The northern Andean block includes the Andes mountains of northern Ecuador and Colombia,
ther Mérida Andes of Venezuela, the Pacific and Caribbean coastal ranges, and the lowlands in bet-
ween. The block probably evolved after the collision of the Carnegie ridge on the Nazca plate with
the South American plate. The collision may have altered the regional stress regime giving risa to a
much broader zone of deformation north of the Amotape cross. This zone of deformation is the
northern Andean block.
The northern Andean block consista of crystalline basement, miogeosynclinal, and eugeosynclinal
rocks that are locally intruded by volcanic and plutonic rocks. These rocks are mostly fragmented
slices of the ancestral, South American and Pacific plates that have gradually accreted since Cretaceous
time to form the northern Andean block. The interaction of the northern Andean block with the
platas has produced deformation at the plate boundaries and within the block. The intraplate deforma-
tion is unique in that it is not restricted to the narrow zones near the plate boundaries, but rather is
spread across the entire block;Itherefore, the block acts as a kind of buffer between mejor plates. The
Quaternary deformation Within the block occurs along ancient fault and shear zones. For Example,
the Romeral and Cauca fault zones, which have been active in the Quaternary, are superimposed on
the wide Dolores shear zone, a Cretaceous aged subduction zone.
The boundaries of the northern Andean block are as follws. The boundary between the Nazca
plate and the northern Andean block is along the Ecuador-Colombia trench off the western coast of
Colombia and northern Ecuador. In early Tertiary time the Ecuador-Colombia trench and the Peru-
Chile trench were probably one, but the collision of the Carnegie ridge with the South American plate
• Woodward Clude Consultants, 3 Embarcadero Center, San Francisco, California 94111, U.S.A.
• • Universidad Nacional de Colombia, Medellín - Colombia.
113
Cielo et al
divided the trench and altered the rates of subduction between the two trenches (Molnar and Sykes,
1969). Active subduction of the Nazca plate under the northern Andean block from Manizales and
south is evidenced by seismicity along the Benioff zone, active volcanoes, and other features typical REVISTA CIAF VOL. 6 11.3), 115- 116 (1981) — @ CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
of subduction. North of Manizales subduction of the Nazca piale under the northern Andean block is
less evident. The lack of volcanism, varied fault trends and poor evidente of a Benioff zone suggest
a very slow rate or termination of subduction.
QUATERNARY ACTIVITY ON THE ROMERAL AND CAUCA FAULTS,
The Colombia-Venezuela overthrust zone is believed to be the boundary between the northern NORTHWEST COLOMBIA
Andean block and the Caribbean plate. At the fault, which is in the Caribbean Sea, the block is thrust
to the north over the Caribbean plate. Une, K.M.*, Page, Gillam, M.L.*, Cluff, L.S.*, Arias, L.A.**, Benalcázar, L.G.**,
Based on suggested directions of plate movement, right-slip movement may also be occuring
López, J.H.**
along this fault. To the east the overthrust is terminated by a northdrending sub-oceanic graben (Case,
1978) east of Caracas. This graben is the easternmost boundary of the northern Andean block. To
the west the overthrust trends southwest, toward the Golfo de Urabá. A linear zone of seismicity in
RESUMEN
the Darien of Panamá and Colombia may representan active wrench fault that connects the Ecuador-
Colombia trench with the Colombia-Venezuela overthru st. Cerca de Armenia (Quindio) y entre Bolombolo e 'nango (Antioquial, el estudio de riesgos sis-
The southwest boundary between the northern Andean block and the South American plata
micos adelantado por Interconexión Eléctrica S.A. IISAI ha permitido descubrir desplazamientos
occurs along the San Sebastián and Boconó faults in Venezuela, and along the frontal fault along the ocurridos en el Cuaternario tardío en las fallas Romeral y Cauca, antes consideradas como inactivas
base of the eastern slope of the Cordillera Oriental. Right slip movement has been demostrated along
durante el Cuaternario. Estas zonas de fallas, con rumbo norte, se superponen a la antigua zona de
hoth the San Sebastián and Boconó faults. Both right-slip and east directional overthrusting is
debilidad de la corteza conocida como zona de cizallamiento de Dolores. Esta última es una zona de
suggested for the frontal fault system.
subducción cretácica, que sutura las rocas sedimentarias y basálticas oceánicas al oeste con los grani-
The Amatope cross of central Ecuador represents the southern boundary of the northern Andean
tos y metasedimentos continentales al este.
block. The cross is defined by an east-trending zone of seismicity between south of the Carnegie ridge
La zona de falla Romeral se extiende desde el Ecuador, por más de 800 km hacia el norte, gene-
and Puyo, east of the Cordillera Oriental. The cross may represen t pre-Tertiary suture joining northern
ralmente a lo largo de la parte oriental de la zona de cizallamiento de Dolores. Cerca de Armenia, la
and southern South America. The seismicity may represent renewed tectonic activity along this oíd
falla Romeral posee un rumbo N 100E y una serie de ramales en una faja ancha de 20 km (Calad et al.
suture, brought on by the collision of the Carnegie ridge with the South American plate.
1976). Un desplazamiento cuaternario fue encontrado sobre dos fallas, la falla Montenegro, larga de
In summary, obligue subduction of the Nazca plate is sumad over a broad zone beneath the 20 km y la falla Aeropuerto, de 10 km.
northern Andean block. The northern part of the block, moreover, is being thrust over the Caribbean En ambos casos, los flujos de lodo volcánico afectados muestran hundimiento hacia el oriente,
plate with a right lateral component. and the eastern part of the block is being thrust over the South con un máximo de 64 m en la falla Montenegro. Entre Amaga e Ituango la zona de falla Romeral
American plate. The uplift of the northern Andes including the Sierra Nevada de Santa Marta, and presenta un rumbo N 50E y consta de varios segmentos ramificados y anastomosados que se extien-
subsidence of parts of the north-trending Magdalena, Cauca and San Juan-Atrato basins along the den a lo largo de la vertiente occidental de la Cordillera Central, con un buzamiento vertical o incli-
Caribbean coast as well as folding are the most dramatic expression of Quaternary deformation within nado hasta de 500 hacia el Este. El ancho de la zona es de 15-20 km al sur de Liborina y de 2 km al
the block. norte, donde la falla es llamada Sabanalarga. Las fallas cuaternarias tienen entre 1 y 25 km de largo
de 1 a 50 m de ancho. Segmentos de cinco fallas (Heliconia, Aurra, Sopetrán, Córdoba, y Sabanalarga)
muestran una expresión geomórfica y evidencia estratigráfica de desplazamiento durante el Cuaterna-
rio tardío. Estos segmentos indican un deslizamiento smistral y un hundimiento hacia el Este. Las
fallas Aurra y Sopetrán afectan, cerca de San Jerónimo, abanicos mixtos de aluviones y flujos de
lodo. En el caso de la falla Aurra el desplazamiento es de 19 m . El sentido oblicuo del movimiento
es confirmado por el análisis de componentes (focal plana solutions) en microsismos relacionados con
las fallas (v. Hutchings et al, este volumen).
La falla Cauca se extiende desde el Ecuador hasta el norte del río Ituango, generalmente siguien-
do la parte occidental de la zona de cizallamiento de Dolores. Comprende varias fallas ramificadas y
anastomosadas. Entre Bolombolo y Santa Fé de Antioquia, los ramales se presentan en una faja de
2 a 5 km de ancho a lo largo del río Cauca, con rumbo hacia el Norte. Las fallas son verticales o con
fuertes buzamientos hacia el Este o el Oeste. Cerca de Santa Fé, la falla se desvía hacia el Oeste y la
zona se estrecha al unirse con las fallas Buriticá y Peque. Aunque la mayoría de los ramales no alcan-
zan los 20 km de longitud, la falla Cauca occidental se extiende desde el sur de Bolombolo hasta el
norte de Santa Fé, donde bien podría estar uniéndose con la falla Romeral. En ella se observa un des-
plazamiento cuaternario tardío, el cual afecta flujos de lodo y aluviones hundidos de 6 m hacia el
Oeste en la Roque y probablemente de más de 10 m cerca de Santa Fé. Sin embargo, los mecanis-
mos de fallamiento, determinados por el análisis de componentes de microsismos, aparecen idénti-
cos a los de la falla Romeral (Hutchings et al, este volumen) y de dirección opuesta a la que se obser-
vó en los flujos de lodo.
El grado de actividad dela falla Romeral es bajo a moderado: las tasas de fallamiento en los rama-
les individuales cerca de Armenia son de 0,2 a 0,6 mm/año y de 0,2 mm/año cerca de San Jerónimo.
En cuanto a la falla Cauca, su grado de actividad es muy balo a bajo, con una tasa menor de 0,1
mm/año en la falla occidental.
• Woodward Clyde Consultants, 3 Embarcadero Center, San Francisco, California, 9411 - U.S.A.
•• Integral Ltda. - Apartado Aéreo 3036, Medellín - Colombia.
114 115
Cline et al
ABSTRACT
Prior to Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) seismic hazard investigation, the Romeral and Cauca REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 117 (19811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
faults had been considered inactive in Quaternary time. During ISA's study however, evidence has
been found of late Quaternary displacement. The study area is near Armenia, Qu indio, and between
QUATERNARY ACTIVITY ON THE PALESTINA FAULT ZONE,
Bolombolo and Ituango, Antioquia.
The Romeral and Cauca fault zones trend north, and are supperimposed on the old zone of
■1ORTHWESTEHN COLOMBIA
crustal weakness known as the Dolores shear zone. The Dolores shear zone is a Cretaceous subduction
zone that sutures oceanic basaltic and sedimentary . rocks on the west to continental metasediments Collins, D.E.•, Benalcázar, Gabriel", Page, W.D.•
and granitic on the east.
The Romera) fault zone extends north from Ecuador for over 800 km, generally along the eastern
part of the Dolores shear zone. Near Armenia, the Romeral fault zone trends NIDE and has a number
of strands in a zone 20 km wide, (Calad and others, 1976). Quaternary displacement was found on
RESUMEN
two faults, the Montenegro fault which is 20 km long, and the Aeropuerto fault which is 10 km long.
These faults displace volcanic mudflows down to the east. The maximum displacement is 64 m on the
La zona de falla de Palestina se extiende sobre 350 km a lo largo del flanco oriental de la Cordi-
Montenegro fault.
llera Central, atravesando principalmente rocas metamórficas e ígneas de edad precámbrica hasta cre-
Between Amaga and Ituango, the N5W-trending Romeral fault zone consists of several branching
tácica. Hay evidencia para desplazamiento en el Cuaternario a lo largo de un segmento de 200 km a
and anastomosing strands extending along the western slope of the Cordillera Central. They dip
partir de su terminación sur en el volcán -Ruiz, tal como (1) depósitos volcánicos cuaternarios despla-
vertically or to the east, some as low as 500 . The width of the zone is 15-20 km south of Liborina and
zados; (21 desplazamiento aparentemente sinistral (?) de drenajes; -13) depresiones y crestas en las lade-
2 km to the north where the fault is called the Sabanalarga fault. The Quaternary faults are from 1 to
ras; (4) "shutter ridges"; (5) manantiales alineados y lineamientos topográficos en aluviones recientes,
25 km long and 1 to 50 m wide. Segments of five faults (Heliconia, Aurra, Sopetrán, Córdoba and
16) desplazamiento de una superficie de erosión disectada.
Sabanalargal have geomorphic expression and stratigraphic evidence of late Quaternary displacement
La superficie de erosión se extiende de lado a lado a través de la Cordillera Central. Al Este, buza
These segments indicate a left-slip component and a down-to-the-east vertical component. The Aurra
por debajo del Valle del Magdalena como una inconformidad en sedimentos del Cenozoico tardío que
and Sopetrán faults displace alluvium-mudflow fans near San Jerónimo. The amount of displacement
rellenan el valle. Se estima la edad de la superficie entre 1 y 4 millones de años; está hundida hacia el
onthe Aurra fault is 19 m. The obligue-slip sense of motion is confirmed by focal plane solutions of
Oeste, aproximadamente 335 m. Se estima el promedio a largo plazo de la tasa vertical del desplaza-
microearthquakes related to the faults (Hutchings and others, 1980, this volume).
miento cuaternario entre 0.06 y 0.4 mm/año.
The Cauca fault extends from Ecuador to north of the Río Ituango, I t generally follows the El desplazamiento de buzamiento hacia el Oeste y los componentes sinistrales del fallamiento son
western part of the Dolores shear zone. The Cauca fault consists of several anastomosing and contrarios al fallamiento terciario en la falla de Palestina. Investigaciones anteriores indicaron un total
branching faults. Between Bolombolo and Santa Fé de Antioquía the strands strike north along the de 28 km de desplazamiento dextral con un hundimiento subordinado hacia el Este. Sin embargo, el
Cauca River in a zone 2-5 km wide. The faults are vertical or dip steeply east or west. Neer Santa Fé sentido del desplazamiento es consistente con la tectónica actual de la región, basada sobre datos sís-
the fault shifts westward and the zone narrows into the Buriticá and Peque faults. Although most micos y geológicos nuevos de las zonas de falla del Cauca y de Romeral en Colombia occidental, don-
strands are less than 20 km long, the west Cauca fault is long extending from south of Bolombolo to de hay fuertes indicios de cambios similares de desplazamiento dextral a desplazamiento sinistral.
north of Santa Fé where it mas/ join the Romeral fault. Late Quaternary displacement is found on the Los esfuerzos tectónicos que afectan la zona de falla de Palestina aparentemente han sufrido
west Cauca fault. Alluv ium-mudffows at La Roque are displaced down to the west 6 m, and probably una reorientación importante en algún momento del Cenozoico tardío.
are also displaced more than 10 m near Santa Fe. Fault mechanism solutions based on microearthqu a-
kes, however, are identical with those for the Romeral fault (Hutchings and others, 1980, this volumel ABSTRACT
and opposite to the direction observed on the mudflows.
The degree of activity of the Romeral fault is low to moderate: the faulting retes on individual The 350 km-long Palestina fault zone extends along the eastern flank of the Cordillera Central,
strands near Armenia are 0.2 to 0.6 mm/yr and near San Jerónimo are 0.2 mm/yr. The degreee of primarily within metamorphic and igneous rocks of Precambrian to Cretaceous age. Evidente for
activity of the Cauca fault is very low to low: the fulting rete on the west Cauca fault is less than 0.1 quaternary displacement along a 200 km-segment beginning at ots southern terminus at Volcan Ruiz
mm/yr. includes displaced Quaternary volcanic deposits, apparent left (?) lateral shift of drainages, 3)
hillside troughs and ridges, 4) shutter ridges, 5) spring lines and topographic lineaments in younger
alluvium, and 6) displacement of a dissected erosion su rface.
The erosion surface extends across the Central Cordillera. On hte east, it dips beneath the Magda-
lena Valley as an unconformity in late Cenozoic sediments that fill the valley. The surface is estimated
to be between 1 and 4 million years old and is displaced about 335 m down to the west. The average
long-term vertical rete of Quaternary slip is estimated to be between 0.06 and 0.4 mm/year.
The dip-slip to the west and left (?1-lateral components of faulting are oppsite to the Tertiary
faulting on the Palestina. Earlier investigations had shown a total of 28 km of right-slip with minor
downthrow to the east. The sense of younger displacement, however, is consistent with current
tectonics of the region basad on new geologic and seismic data on the Cauca and Romeral fault zones
in western Colombia, where similar changas from right-slip to left-slip is strongly suggested.
Tectonic stresses affecting the Palestina fault zone apparently have experienced a mejor reorienta-
tion sometime during late Cenozoic time.
116 117
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 119 - 176 (19811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
Luego de una amplia exploración que cubrió el Valle del río Cauca y la Sabana de Bogotá, exca-
vaciones recientes dentro del plan de estudios "Medio ambiente pleistocénico y el hombre prehistóri-
co en Colombia—, permitieron el hallazgo por primera vez en nuestro territorio de evidencias cultura-
les precerám ices asociadas a fama pleistocénica.
Las investigaciones aquí resumidas se adelantaron por el Instituto de Ciencias Naturales-Museo de
Historia Natural-Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, con el apoyo financiero
de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República.
ABSTRACT
At the archaelogical site TIBITO 1, Sabana de Bogotá, there have been found for the first time in
Colombia stone and bone artifacts associated with the ramains of mastodon (Haplomastodon sp.;
cuvieronius hyodonl, horse (Equus Amerhippus sp. and deer (Odocoileus Virginianusl.
Bone fragments datad by the 14C process gave an age of 11.740 ± 110 y BP. (Late Pleistocene).
NOTA: El texto completo e ilustraciones de este trabajo han sido objeto de la publicación: Correal,
G. 1981 — Evidencias Culturales y Megafauna Pleistocénica en Colombia, Publ. Fund. Invest.
Arq. Nac. No. 12, Arco, Bogotá, 148 p. 48 ilustraciones.
119
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
tacan algunos accidentes orográficos como el cerro de Tibitó, cuya máxima altura es de
2.900 m.
Las principales fuentes hidrográficas en este sector son el río Bogotá y sus afluentes
el Tibitó y Teusacá.
1.1. GEOLOGIA
se recolectó cerámica que incluye algunos de los tipos descritos anteriormente para la
sabana de Bogotá. En lo que se refiere a hallazgos paleontológicos en el área de TIBITO,
debemos señalar que sobre el hallazgo de molares de mastodonte durante los trabajos de
construcción de la Urbanización de TIBITO, existían datos antecedentes, de acuerdo
_._ ._._
con información que gentilmente suministraron el doctor Luis Duque Gómez, Director
del Museo del Oro del Banco de la República (1980) y el doctor Enrique Sarmiento; por
la misma época estos hallazgos motivaron la ejecución de un perfil estratigráfico y diagra-
CONVENCIONES :
con la colaboración de la Dra. Marianne Cardale de Schrimpff, incluye desechos de talla
l
3.1. TECNICA DE EXCAVACION
w o u m 4
Tomando como modelo el perfil norte de la cuadrícula A/5, y el este de las cuadrícu-
' Con la colaboración del doctor Manuel del Llano del Departamento de Biología de la Universidad
Nacional.
122 123
Evidencias culturales asociadas a megatauna durante el Pleistoceno tardio de Colombia
Correal
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125
124
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
las D/1 y E/1 podemos diferenciar la siguiente secuencia estratigráfica con algunas varia-
ciones locales en el conjunto de la excavación (Fig. 2 y 3).
I. Capa vegetal (Horizonte A); 0-14 cm, en la cuadrícula A/5.
II. Negro arcilloso (Horizonte B); 14-60 cm, en la cuadrícula A/5.
III. Horizonte franco arcilloso, gris, 60-80 cm en la cuadrícula A/5.
IV. Estrato 3A, arenoso hasta limoso, gris amarillento (espesor promedio 20 cm),
tota l unida d
0
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-,.. o
• E . Z■ Unidad estratigráfica I (capa vegetal, Fig. 2 y 3). Presenta textura franca, con
estructura granular débilmente desarrollada y color que varía de pardo grisáceo
1111 .„,.: 111111 o
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..- r\--'!IliIi' IIN , — '1 ' -...— — muy oscuro (10 YR 3/2) en húmedo, a gris oscuro (10 YR 4/1) en seco. Esta
o
unidad muestra gran abundancia de raíces y mediana cantidad de materia orgá-
D CC 0 a: i-: _i H ‘1CS z ± ± ± ± CON VENCIONES nica.
_i j _i _i _i CC CC Cr cé ti cc li Cij ci pH: 6.5.
Corresponde en términos generales al horizonte A.
El mineral predominante es el feldespato, seguido por el cuarzo (Tabla 1).
In Ti- 1 I Tt 141 re) I - 1.-
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Estratos 1 2 3 4
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_J _I _l _I -J CC CC cr cc 4.: cc a. a. c.) C3 Cl Ca
Turmalina TR - TR -
o sany
503 411 s0430;apv
$04314844;4 Vidrio volcánico No detect. No detect.
Especies opacas TR TR TR TR
e..
Fragmentos I íticos Cuarzo Cuarzo Cuai zo
* Plagioclasa y Potasio 40
" Plagioclasa principalmente
." Cuarzo feldespaticos frecuentes
126 1 127
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
El estudio del perfil textura( y físico-químico presenta en este estrato los siguien-
C.E. 2.3; SNa 11.3; Clase: límite.
tes valores: arena 26%, limo 38% y arcilla 36'2.. Materia orgánica C -/, 4.42; P Esta unidad recubre casi toda la excavación, en niveles comprendidos entre los
(p.p.m.) 5; pH (1:1) 6.5. Complejo de cambio (m.e./100 g):
45 y 50 cm, la totalidad entre 50 y 70 cm y parcialmente hasta 80 cm donde co-
C C C 20.6; BT 16.2; Ca 12.2; Mg 2.1; K 0.1; Na 1.8 mienza a ser substitu ido por los estratos 3A y 4.
Saturaciones ( %):
Aunque no se diferencian eneel conjunto de esta unidad estructuras de acomoda-
ST. 78.6; SCa 59.2; SMg 10.2; SK 0.5 miento o áreas localizadas de fogón o talleres, se registraron dentro de este estrato
Salinidad:
artefactos líticos, restos óseos de mastodonte (Cuvieronius hyodon), caballo
C.E. 2.1: SNa 8.7; clase: límite.
(Equus (A)), venado y zorro, siendo estos últimos con una mínima proporción,
Esta unidad carece de elementos arqueológicos y paleontológicos.
parcialmente referidos al sector oeste de la excavación y un poco al este junto a la
roca central (Foto 2a). En esta unidad estratigráfica solamente se obtuvo un arte-
II. Estrato negro arcilloso (horizonte B, Fig. 2 y 3). Corresponde a un subsuelo arci-
facto de hueso (cuchillo raspador).
lloso, con notable estructura de bloque subangular. Su color en húmedo es negro
Por sus características morfológicas y por sus contenidos palinológicos, esta uni-
(7.5 YR 2/0) y en seco gris muy oscuro (10 YR 3/1), a negro (10 YR 2/1). Este
dad estratigráfica se puede correlacionar con la zona Vb del Abra, y unidades co-
subsuelo es rico en humus, contiene mediana abundancia de raíces secas, y algu-
rrespondientes a la zona de ocupación 1 del Tequendama siendo entonces posible
nos guijarros de chert.
asignar una edad aproximada para este estrato, entre 11.000 y 10.000 años antes
En el perfil textural y físico-químico se pudieron determinar para esta unidad los
del presente.*
siguientes valores:
Arena 24%, limo 32%, arcilla 44%; materia orgánica C% 2.90; P (p.p.m.) 5; pH
(1:1) 6.6.
Complejo de cambio (m.e./100 g):
CCC 23.6; BT 20.3; Ca 16.2; Mg 1.7; K 0.1 Na 2.3
Saturaciones
ST 86.0; SCa 68.6; SMg 7.2; Sk 0.4
Salinidad:
C.E. 2.4; SNa 9.7; clase: I ímite
Este estrato, que presenta espesores variables en toda la excavación (v. perfiles),
abarca una amplia área de ésta, entre los niveles comprendidos entre 30 y 40 cm
y sólo parte de su sector oeste y norte hacia los 40 cm.
Los únicos vestigios zoológicos correspondientes a vertebrados en este estrato son
dos huesos metacarpianos: uno perteneciente a Bos Tauros L. y otro a Equus
Caballus L. que proviene de la cuadrícula D/4, N 45 cm con carácter aparentemen-
te intrusivo desde la unidad 1.
II I. Unidad estratigráfica 3 (horizonte franco arcilloso gris). Muestra espesores varia-
bles como puede apreciarse en los respectivos perfiles estratigráficos (Fig. 2 y 3).
Corresponde esta unidad a un suelo franco-arcilloso, de color gris muy oscuro
Foto 2 - al Nomenclatura de las diferentes cuadrículas en el corte Tibitó 1 y situación
(10 YR 3/1) en húmedo, hasta gris a gris claro (5 YR 6/1) en seco.
de los depósitos 1-2-3 en al estrato 3A,
Contiene materia orgánica escasa, pero abundantes raíces muertas, formando ra-
yones verticales negros como lápices en lugar de canal ículos, revestidos de mate-
IV. El Estrato 3A, arenoso hasta limoso, gris amarillento, se puede reconocer local-
riales fibrosos descompuestos.
mente como quedó anotado sobre la pared este de la cuadrícula D/1 , con un espe-
Se pueden reconocer, también, manchas blanquecinas por razón de algunos nichos
sor máximo sobre ésta de 20 cm (v. Fig. 3), y en un área muy localizada de la
de materiales parentales más claros.
excavación desde una profundidad de 80 cm, en los sectores oeste, este y un poco
La consistencia es muy dura en seco.
al norte de la roca central. El color de este estrato, corresponde a gris amarillento
pH 6.8
parduzco (10 YR 7/1) en húmedo, y a gris amarillento claro (5 YR 7/1) en seco.
El estudio del perfil textual y físico-químico, muestra los siguientes valores:
Este horizonte tiene una textura arenosa y no da reacción al HCL.
Arena 26%, limo 44%, arcilla 30%; materia orgánica C 0.28; P (p.p.m.) 48; pH
Su estructura es masiva y su consistencia es blanda en seco, su contenido de mate-
(1:1) 6.8
ria orgánica y de raíces es muy bajo. El material parental predominante en esta
Complejo de cambio (m.e./100 g):
unidad es arena cuarcífera.
CCC 15.9; BT 12.2; Ca 8.2; Mg 2.1; K 0.1; Na 1.8
Saturaciones %:
• Un estudio más amplio, incluye planos superpuestos de todos los niveles excavados, con la desig-
ST 76.7; SCa 51.6; SMg 132; SK 0.6
nación de las diferencias estratigráficas, y el registro de las frecuencias de restos óseos y arte-
Salinidad: factos.
128
129
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
D/1-E/1 y F/1, desde niveles entre aproximadamente 90 hasta 110 cm. En esta
unidad estratigráfica no se registraron elementos arqueológicos ni paleontológicos.
El color de este estrato corresponde a gris amarillento parduzco (10 YR 7/1) en
húmedo, y a gris parduzco claro (7.5 YR 7/1) en seco. Este horizonte arenoso
fino, no reacciona al HCL, presenta estructura masiva y consistencia blanda, en
seco. El contenido de materia orgánica en esta unidad es muy pobre y consiste
en trocitos aislados de leña turberizada con algunas raicillas y materia orgánica en
partículas crudas.
VI. El estrato 4, franco limoso amorfo, gris, presenta espesores variables, como puede
apreciarse en los perfiles respectivos (v. Fig. 2 y 3). Consta de un material de color
gris (10 YR) en húmedo y gris rosado (7.5 YR 7/2) en seco.
Muy pobre en raíces y materia orgánica, con nichos de material parental más
claro. Presenta consistencia floja en húmedo y dura en seco. pH 69.
Además de la profundidad y espesor, anteriormente señalado para este estrato en
el perfil norte de la cuadrícula A/5, debemos agregar que este estrato cubre la casi
totalidad de la excavación (a excepción del área cubierta por 3A), desde niveles
comprendidos entre 80 hasta 110 cm, profundidad hasta donde se detectaron y en
la cual solo se ve reducido hacia el norte por la presencia del estrato 5. El perfil
Foto 2 — b) Detalle del depósito No. 1 (estrato 3A) muestra restos de Haplomastodon, textural y físico-químico de esta unidad, tiene los siguientes valores: Arena 40%,
Equus Amerhippus fragmentos de arenisca y utensilios. limo 52%, arcilla 8%.
En esta unidad estratigráfica no se registraron elementos arqueológicos ni paleon-
Este estrato, cuyo material parental predominante es arena cuarcífera, rellena tres
tológicos.
depósitos identificados en la excavación como dep. 1-2-3 (Foto 2a, b), los dos pri-
meros de forma definidamente oval y el tercero de forma aproximadamente elíp-
VII. La unidad estratigráfica 5 (Fig. 2 y 3) corresponde a un horizonte arcilloso fran-
tica; estos depósitos abarcan la casi totalidad o parte de las siguientes cuadrículas
co, de color gris parduzco (7.5 YR 4/1) en húmedo y gris amarillo parduzco
y dentro de las profundidades anotadas así:
(10 YR 6/1) en seco. No reacciona al HCI. Su estructura es masiva y su consisten-
cia en seco es dura.
Depósito Cuadrícula Profundidad Estrato
El contenido de materia orgánica y de raíces es abundante, y hay presencia de
material turboleñoso.
No. 1 B62, B/3, B/4, C/3 110-130 cm 3-A
El material parental dominante es de constitución mineral y orgánica.
No. 2 C/2 110-130 cm 3-A Esta unidad que pudo determinarse en la cuadrícula A/5, de control estratigráfico
y drenaje, carece de elementos arqueológicos y paleontológicos.
No. 3 B/4, (sector W) 100-130 cm 3-A
B/4, D/4, E/4 VIII. La unidad estratigráfica 6, muestra textura franco-arcilloso-limoso-humífera (Fig.
2). Representa un paleosuelo de color gris parduzco muy oscuro (7.5 YR 3/1)
En esta unidad estratigráfica se registran las más amplias frecuencias de artefactos en húmedo a gris parduzco (7.5 YR 5/2) en seco. Este horizonte determinado
I íticos, restos óseos de mastodonte que incluyen Cuvieronius hyodon con una den- sobre las paredes de la cuadrícula A/5, no muestra vestigios arqueológicos ni
sidad mínima, Haplomastodon con una mayor frecuencia, junto con restos de paleontológicos.
Equus (A), y venado. Es importante anotar que la denominación de los depósitos La estructura de esta unidad es masiva, su consistencia en seco es muy dura, y no
se basó en la particular disposición asociativa de los elementos en ellos acumulados reacciona al HCI.
dentro de la constante molares y defensas de mastodonte (Haplomastodon), acu- El contenido de materia orgánica en estado coloidal es muy alto, y presenta trozos
mulación de piedras areniscas irregulares, cremación (3) y la misma configuración pequeños de turba leñosa sin presencia de raíces vivas. El material parental que
definida de las depresiones que contienen estos elementos. domina es el orgánico, seguido del mineral.
Una fecha de 14 C obtenida sobre restos óseos recolectados dentro de esta unidad
(cuadrícula B/3 nivel 110 cm parte alta del depósito No. 1), permitió la obten- IX. La parte inferior de la secuencia obtenida en el corte Tibitó 1, corresponde a un
ción de una fecha de 11.740 ± 110 B.P. Muestra col. 275 Grn 9375. material limoso gris a carmelito (estrato 7), el cual se obtuvo mediante barreno de
mano en la cuadrícula A/5 (Fig. 2); carece también esta unidad estratigráfica, de
El estrato 3B, arenoso, como fué anotado en la descripción preliminar, presenta elementos arqueológicos y paleontológicos.
sobre el perfil este de la cuadrícula D/1, un espesor promedio de 21 cm (Fig. 3) En el corte adicional, cuadrícula H de 2 x 2 m (v. levantamiento topográfico) se
y puede diferenciarse en el sector oeste de la excavación en las cuadrículas C/1- obtuvo idéntica secuencia estratigráfica, aunque el estrato 3 no mostró evidencias
130 131
Correal iciadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
La descripción practicada por E.B. Alexander y L. Mejía C. sobre el perfil No. C-09
situado a 4 km al NW de Tocancipá 00' , latitud N, 730 56' longitud W presentada por
(t) cuc hillo raspador (sobre asta ); (u ) raspado r de hueso; (y ) a rte facto de
Carrera (1968, p. 74), también recuerda los rasgos señalados para la secuencia estratigrá-
fica del corte Tibitó 1, lo mismo que el análisis de laboratorio del perfil No. C-09 repre-
sentativo.
4. — SINTESIS PALINOLOGICA*
Basados en polendiagrama practicado por el Doctor Thomas van der Hammen (1953)
y en la lectura de una serie de placas obtenidas de las muestras de la excavación realizada
E
para el presente estudio, con la colaboración de los doctores Hernando Dueñas (INGEO-
MINAS) y María Teresa Murillo (Instituto de Ciencias Naturales-Museo de Historia Na-
tural), podemos resumir los resultados palinológicos así:
En la unidad estratigráfica 2, entre otros taxa fue posible identificar Quercus (roble),
Compositae, Barrerá, Podocarpus y Hedyosmum, vegetación que nos recuerda las zonas
VI, VII y VIII del ABRA (van der Hammen 1978, p. 161), y que nos está indicando la
expansión del bosque ocurrida durante el Holoceno. u
rO>
En la Unidad estratigráfica 3, algunos taxa como Compositae, Calamagrostis, Jame-
sonia, Isoetes, Hypericum, Valeriana tipo Stenophylla y Alnus, nos muestran elementos
palinológicos ya identificados para el estadial del ABRA, zona V b, (van der Hammen •,
u
1978, p. 161) y serie Tarragona, zona Y (Dueñas 1977, p. 7), siendo entonces predomi-
nante una vegetación de sub-páramo.
En la Unidad estratigráfica 3A, algunos taxa como Compositae, Gramineae, robles
(Quercus), trompetos (Bocconia), Jamesonia, Isoetes, Hypericum, Valeriana tipo Steno-
phylla y Alnus, nos muestran elementos palinológicos ya identificados para el interesta-
dial de GUANTIVA (van der Hammen 1978, p. 184).
La Unidad estratigráfica 4, también nos revela vegetación del bosque andino, enceni-
llos (Weinmannia), roble (Quercus), Aliso (Alnus), y también la presencia de medio palu-
dal durante la época en que se depositó esta unidad.
5. — VESTIGIOS ARQUEOLOGICOS
En Tibitó 1, se pudo reconocer una serie de 156 artefactos líticos que incluyen tipo-
logías anteriormente establecidas en la Sabana de Bogotá, dominando como técnica la
percusión simple, a excepción de un raspador aquillado cuadrícula D/4 (N80-90 cm), que
muestra finos retoques superficiales y un retocado hacia sus bordes obtenido por técnica
de presión.
La materia prima utilizada en su elaboración es el CHERT, presente en afloramientos
próximos al sitio de nuestra excavación (Cretácico superior del cerro Tibitó); este material
básicamente corresponde a sílice microcristalina.
Las categorías tipológicas (Foto 3) corresponden a:
132 133
b c ch d e
J k II
1 t
C rn I 2 3 4 5
m
ñ q
r rr m
o
o
E
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cr>
o.
01
o.
a7
2
t u y o
e
a.
o.
Foto 3 — Artefactos líticos TIBITO 1: (a-e) Lascas retocadas; (j-i) Lascas prismáticas; (j-m) Lascas triangulares; (n) Núcleo; ñ-p) raspadores latera-
les; (g-r) raspadores terminales; (rr) raspador aquillado. o
S
Artefactos de hueso y asta: (s) raspador (sobre fragmento de costilla); (t) cuchillo raspador (sobre asta); (u) raspador de hueso; (y) artefacto de 3
cr
hueso; (w) perforador de hueso; Ix) cuchillo (sobre asta).
r Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
a d b
1 Cfri 2 3 4 5
20 x
Foto 4 —
a) Raspador aquillado.
b) Cuchillo raspaaor
d) punzón
c) microfotografía superficie posterior del
cuchillo raspador (20x).
135
Correal
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Lascas usadas
En el artefacto reconocido como raspador (D.:4 40-50), existen evidentes señales
11 Lascas retocadas
de uso en su borde lateral, que presenta retoque, desgaste y líneas de desgaste perpendi-
I II Lascas concoidales
culares a este.
IV Lascas prismáticas
En el perforador registrado (D/5 100-110) puede diferenciarse un extremo aguzado
V Lascas triangulares
proximal con lineas de fuerza longitudinales al eje del artefactc (Foto 3w), el que fue ola-
VI Raspadores laterales
boado utilizando asta de venado.
VII Raspadores terminales
Las señales de uso son más claras en el punzón de hueso (Foto 4d) (E/4 N-100-1101,
VIII Raspador aquillado
asociado al depósito 3 y en un cuchillo raspador registrado (C/2 N-110-120) dentro del
IX Raspador discoidal
depósito 2 (Foto 4b). En este artefacto, la micro-fotografía muestra líneas de uso obli-
X Fragmentos de núcleo
cuas a su borde de utilización (Foto 4c), otras líneas de desgaste pueden indicar su uso
subsidiario como raspador; en estos dos últimos ejemplares también es indudable su aso-
Además de los criterios morfológicos y funcionales usados para clasificación en tra-
ciación con los restos de fauna (Equus (A) Lasallei y Haplomastodon) contenidos en los
bajos antecedentes (Tequendama, el Abra), Nemocón, Suesca, se recurrió al estudio
depósitos referidos.
microfotográfico de los artefactos, para lograr una clasificación más sólida basada en las
Otro artefacto (C/2 - 100-110 III A), elaborado también sobre asta, muestra un bor-
características de micro-desgaste (Foto 4C) de acuerdo con los criterios más reciente-
de lateral vivo de utilización como estudio constante (Foto 3x).
mente expuestos (Semenov, 1957). La ausencia de puntas de proyectil en el sitio Tibitó
Un instrumento de hueso, recuerda tipos anteriormente descritos en las series del Te-
1, no excluye su utilización por parte de los cazadores superiores en el área, ni la eventual
quendama 1; presenta bordes convergentes de la base hacia la punta, en extremo agudo y
utilización de materiales perecederos como la madera y el hueso.
huellas de uso.
Las categorías tipológicas anteriormente descritas concuerdan en términos generales,
Un fragmento de costilla muestra una escotadura lateral, bordes convergentes bicera-
con las ya definidas en los sitios precerámicos del Abra (Hurt, van der Hammen, Correal,
dos y la forma de desgaste parece mostrar su utilización como raspador.
1976) y Tequendama (Correal y van der Hammen, 1977), razón por la cual no se harán
descripciones tipológicas individualizadas para cada uno de los artefactos que integran las
6. — RESTOS DE FAUNA EN EL CORTE TIBITO 1
respectivas categorías remitiendo, al lector, a los textos antes citados.
136
137
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
Foto 5 — a )Cráneo de Equus (A ). Lasalle Daniel. Holotipo ex hibido en el Museo de la Un iversidadde La Sa lle.
por hacer antes de poder dominar el grupo. Los demás Equidos, Hippidion y Onohippi-
dium s. I. (incl. Parahiparion), derivan aparentemente de otra inmigración más tempra-
na, pero mal conocida; se diferenciaron en América del Sur y tuvieron siempre una exten-
sión limitada hacia el norte. Al aparecer Hippidion no llegó a penetrar en el noroeste del
continente. En cuanto a Onohippidium s. I., la pieza ecuatoriana representa el punto más
septentrional alcanzado; parece que era un animal de regiones relativamente frías, que
vivía esencialmente en alturas o en llanuras australes".
En el sitio Tibitó 1.
139
138
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
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Correal
r Evidencias cultu rales asociadas a inegafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
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Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
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144 145
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Las frecuencias registradas en la unidad 3 son bajas (Fig. 5) y solo incluyen piezas
dentarias (9) de las cuales solo 2 son identificables como premolar y molar (Cuadro 3),
una mandíbula inferior fragmentada, coxales, un fragmento de tibia y uno de omoplato.
Ti - ‘- .- .- cn .- o .- •- .- N N C1 r7 •.- N I--. C1
r1
5 En el estrato 3A, las frecuencias son más significativas; es considerable la densidad de frag-
I-
mentos de costilla y coxales en toda la unidad 3A y particularmente en el depósito 3 en
U - .- ni
z donde también aparecen un gran metacarpiano y gran metatarsiano. Es alta la frecuencia
O a de piezas dentarias de Equus en esta unidad 3A; sobre un total de 34, corresponden al
2 - ,- (1 -. .- N. ._ .-- Cn ,— ti
depósito 2 (cuadrícula C/2 110-120) 17 piezas dentarias (Cuadro 2). La frecuencia de
il - ,- N vértebras en el depósito 2 es también alta.
1 z
N .- r- cc
Inferior Izquierda
Dentición superior
Tr
o. Tanto molares como premolares superiores presentan las características definidas por
n-i - - Hoffstetter (1952, p. 62), para el sub-género Amerhippus: en ellas el pilar interno o
Ci-
protocono es muy disimétrico y está un poco más desarrollado posteriormente (Foto 5b).
N .- .- N
6. La morfología dentaria superior concuerda con los rasgos descritos por de Porta (1960,
o M
i.0 p. 68) para E (A) /ase/leí Daniel. Al comparar la serie de Tibitó con el ejemplar del Museo
2
-o de La Salle se encontró parastilo y mesostilo simples con ausencia de surco longitudinal,
N - .- r, ,n
Inferior Der echa
o Los caracteres de P3, son también similares a los señalados por de Porta (1960, p. 5)
-a N N ,-
O. para Equus (A) lasallei Daniel; así el protocono está mucho más desarrollado posterior-
u C1 mente, y estas piezas son más anchas que largas y presentan una giba en el borde poste-
c 2
rior externo, mesostilo simple y redondeado, fosetas largas y estrechas con bordes inter-
Izquierda
Superior
u cv - - - - N
nos bastante rectilíneos y la muralla que une el parastilo y mesostilo es redondeada (Foto
u_
in '- 5). M1 y M2, al igual que en las piezas descritas por de Porta, no muestran variaciones
o. 2
-o ni ..d: muy significativas.
el- c►
El último molar (Foto 5b), como en Equus (Amerhippus) lasellei (de Porta 1960,
in r., ni
p. 69) presenta un protocono más comprimido, hipostilo muy desarrollado hacia atrás y
Superior
Derecha
- - separado del metastilo por un surco profundo. Por otra parte las dimensiones absolutas
i5 2
de las piezas dentarias de E (A) de Tibitó presentan valores cercanos a los de E. (A)
2 - - lasallei obtenidos por de Porta.
o Dentición inferior
in
"
o csi a. En los incisivos inferiores, han desaparecido los cornetes externos; en la misma forma
o.
que en E. (A) /asal/ei Daniel, practicamente no existe el surco longitudinal, el esmalte
1 periférico es más grueso en la parte anterior y se adelgaza notablemente hacia el borde
.o - Cl N .- ,- ,- N
o.
o posterior. Otros rasgos similares E (A) lasallei Daniel, son identificables en P2 en el que el
0
protocónido, es más desarrollado que el hipocónido y tiene forma redondeada (Foto 6-a-
Nivel Cuadr ícula
c-h). Caracteres también concordantes con los descritos por de Porta, son la presencia de
Lo in cr L,, "Zr cr cr c•i cv rq cr N el
C12
N
entocónido redondeado.
B3
O O O O .-- N
r. co co -
.-- ,- O metacónido es más redondeado que el metastílido (Foto 6-a-ch). El golfo posterior tam-
o ó ó ó O b
up r-.. co o .- ..i,1' bién en el ejemplar de Tibitó es largo y muy estrecho y en el borde postero - interno se
146
147
Correal adas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Porta 1960, p. 76). En los molares también concuerdan los rasgos generales descritos por
de Porta (1960, p. 76-77) para Equus (A) Lasallei Daniel.
El estudio comparativo de las dimensiones absolutas obtenidas en piezas correspon-
dientes a la dentición inferior en la serie de Tibitó también nos muestra valores similares
a E. (A) Lasallei Daniel (Cuadro 5).
Huesos coxales
Como rasgos particulares en los huesos coxales de la serie de Tibitó, podemos señala'
la amplitud de la cavidad cotiloidea (65 mm) (ejemplar D/4 100-110), superficie articular
notoriamente más ancha que en Equus s.s. (Foto 7-a-b). La porción articular, que rodea
el trasfondo de esta cavidad, es también más ancha que en los caballos modernos, de
acuerdo con las comparaciones que pudimos hacer con ejemplares de la Facultad de Medi-
cina Veterinaria de La Universidad Nacional de Colombia. La altura del trasfondo a la ceja
cotiloidea corresponde a 30.2 mm. El agujero obturador o agujero isquiopúbico, no pre-
senta variaciones significativas, siendo su contorno de forma definidamente oval. Una
fuerte musculatura se manifiesta en la foseta cotiloidea externa, en la depresión del ten-
dón interno del recto femoral, en la eminencia ileopectinea y demás lineas de inserción
muscular.
148 149
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1 1 1 1 iiiii 1
Icml 2 3 4 5 6 7 E/ 9 10
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1 5 1 5
lem I 2 3 4 5
Foto 7 — a-b) Huesos coxales fragmentados de Equus (A) de TIBITO 1, mostrando calcinación sobre la cavidad acetabular; c) Vértebra de
Equus (A) de TIBITO 1; ch) Extremidad distal de tibia de Equus (A), de TIBITO 1;d-e) Fragmento metatarso Equus (A); f) Metacarpo de
Equus (A); g) Omoplato de Equus (A); h) Superficie articular de omoplato de Equus (A); i) Fragmento de omplato mostrando ruptura.
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
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Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
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o co oi u5 U) 03 N 03 10
6.1.9. Huesos largos
Metacarpianos
Metoconido
e
Dos grandes metacarpianos provenientes del depósito 3, difieren entre otros caracte-
3 O N C7) 10 (O N 0 IN N
-e cc; o5 al n cid u5 id (a rió res de Equus s.s. en la presencia de doble foseta anterior más marcada que en los caballos
o y que los sitúa en la línea de los Amerhippus (Foto 7f).
Estos ejemplares se encontraron incorporados a la unidad estratigráfica 3A, cua-
o drículas C/4 - 110-120 y D/4 - 110-120; en este último, parcialmente roto, los rasgos de la
Metastilido
:12e
N 1- O N N 1-- O cr o cara dorsal, no difieren de los definidos por Sisson y Grosman (1970, p. 79), para Equus
CC O ri oi M ri
o
o
e Caballus L. en efecto, esta es lisa, convexa transversalmente y casi recta en su longitud.
Aunque la extremidad superior está parcialmente rota, no se observa surco para el liga-
mento suspensario. La extremidad distal, muestra los cóndilos relativamente bien conser-
01 0) N 0 (O O 0) 03 co co o O vados, separados por la cresta sagital; el cóndilo medial es notoriamente más ancho. La
O ori cri c
cresta sagital es bien marcada. El ejemplar, corresponde a un individuo joven (Foto 7f).
Las dimensiones correspondientes al metacarpiano en referencia son las siguientes:
-e -o
e r-- cr N CO 0) 01 N 0 CO a 11- Longitud total (aprox.) 201 mm
e e ri ci ó c5 al ai al 'CC o5 ai o5
o Longitud medial 355 mm
o-
Espesor medio (diáfisis) 26.6 mm
Longitud sobre los tubérculos latero distales 3
45
4 :0
5 mm
7
O — O . cv N (O 0 10 cv U)
C0 cri ci5 Ti cd n tai rl Longitud distal
ro ro cm r) N N el CM N N r)
Espesor distal 40.5 mm
Daniel
E (Amerhippus)Lasallei
"rg O 0 r- N 111 o TI. 0 CV Sobre un tercer metatarsiano reconstruido sobre fragmentos del depósito 3, se pue-
í al r cd al ci cc5 V (ti 0.1
e N 1- den también diferenciar algunos de los caracteres dados por Hoffstetter (1952, p. 278)
para el sub-género Amerhippus, como la presencia en la cara plantar de canales muy mar-
cados para los estiletes y la forma de las fosetas articulares laterales para M - IV y II, prác-
0 CO 11 N O) M CO N rs CV el
CII
oi CV ci n p ci ai ri Ti ri ticamente perpendiculares a las superficies de articulación tarsiana (Foto 7-e-d).
O 0 N el N N el N N N el
Las dimensiones obtenidas, para ete metatarsiano, son las siguientes:
0,1
Largo proximal 54 mm
Longitud media 39 mm
Espesor proximal 43 mm
152 153
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
En los restos tibiales registrados en Tibitó 1, solo se pueden apreciar surcos articula-
res amplios y profundos, cresta itermedia mucho más gruesa que en Equus s.s. y maleolo
medial no muy protuberante con borde anterior notoriamente engrosado (Foto 7 ch).
Húmero
Solamente pudieron identificarse dos fragmentos (extremidades proximales), asocia-
das a la unidad estratigráfica 3A, cuadrícula C/2 (120-130) depósito 2; los fragmentos co-
rrespondientes a cóndilos no permiten determinar los caracteres métricos de los segmen-
Cuadro 6 — Frecuencia y Distribución de Huesos Coxales de Equus (A)
tos humerales.
en el corte TIBITO 1
Iliacos Ilíacos
Omoplato
Estrato Nivel Cuadrícula Depósito Derechos Izquierdos Total
Dos fragmentos y un omoplato parcialmente roto (Fotos 7-g-h-i), permiten diferen-
ciar en el ángulo glenoideo, una superficie articular muy amplia y redondeada en compa-
B/4 1 1
ración con Equus s.s. (Foto 7h); sus diámetros son amplios: por encima de la porción pos-
1A
50-60
3
tero externa de la superficie articular, se aprecia un tubérculo muy prominente, para el
C/4 1 1
tendón del músculo redondo menor.
La distribución de estos restos es la siguiente:
04 1 1
70-80
E/4 1 1
Cuadrícula Nivel Unidad Frecuencia
ESTRATO 3A
C/2 120-130 3A (dep. 2) 1 (fragmento) B/4 3 1 1
C/5 70-80 3 1 (fragmento) C/2 2 1 1
C/2 120-130 3A (deo. 2) 1 (ext. articular) 100-110 D/2 1 1
D/4 3 3 2 5
Como rasgo particular en el fragmento obtenido en el depósito 2 (C/2 120-130), se E14 3 1 1 2
puede pareciar una fractura de forma paroximadamente oval con diámetros de 22 x 17
mm, ésta afecta la tabla externa intruyéndola dentro del tejido esponjoso (Foto 7i). No 110-120 B/3 1 1 1 2
se observa cicatrización del borde de ruptura; por estas características, es lógico pensar
C/2 2 2 2
que la ruptura no fué ocasionada por agentes naturales y pudo derivar del impacto con 120-130
C/4 3 1 1
elemento punzante, dirigido con fines de cacería hacia la región toráxica.
Vértebras GRAN TOTAL 19
En el corte Tibitó 1 se obtuvo una serie de 17 vértebras de Equus,. esta serie incluye
3 cervicales, 1 dorsal, 9 lumbares y 3 no identificables por su estado de deterioro (Cuadro
7), aunque el estado de estos elementos y la parcial ruptura de sus apófisis transversas y
espinosas así como el deterioro de los cuerpos vertebrales, no permite llegar a determina-
ciones morfológicas amplias (Foto 7c) es notoria en varios casos la solidez de las propor-
ciones de estos,elementos. Es interesante el hecho de que a excepción de 2, todas las vér-
tebras se encuentran asociadas a la unidad estratigráfica 3A y sus depósitos 1-2-3.
Costillas
La serie paleontológica de Tibitó, incluye entre los restos pleistocénicos de Equus,
64 fragmentos de costilla (Cuadro 8); la frecuencia y distribución de estos elementos, nos
muestra también, como en los restos óseos anteriormente estudiados, su asociación a la
unidad estratigráfica 3A y su mayor densidad en los depósitos 1-2-3, hecho que refuerza
el carácter selectivo de las acumulaciones de restos óseos en éstos.
Las mayores frecuencias, se registran en el depósito 3 (Cuadro 8). El estado de frac-
154 155
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Tota l
N ni' •zr 1--.
u:
Estrato Nivel Cuadrícula Depósito Frecuencia Total
Lumbares
3A 8/2 1
N .— .-- ..- ,— Cl
3A 80-90 C/2 1
3A D/5 1 3
Dorsales
3A C/4 4
3A 90-100 E/4 1
3A E/4 3 8
al 3A 8/3 1 2
71,
u IN .—
.1 100-110 C/2 2 6
1 C/4 3 3
U
3A D/2 5 28
D/4 3 11
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O 8/3 1 1
B/4 1 1
Cuadr ícula
3A 110-120 C/2 2 4
N N r1 .7 el' N cr r) N C/4 3 6
u 05 CO 02 I:0 (3 .) 55 u D/4 3 4 16
8/3 1 1
120- 130
o o
o — e4
T o — — 120-130 B/4 1 2
.1 á ci
2 á o — C/2 2 6 9
o
GRAN TOTAL 64
Estrato
VE 01E1111E3
156 157
Correal
Y Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
tura de las costillas, no permite determinar la totalidad de sus caracteres morfológicos ni viejos hay a veces tendencia al desgaste en doble serie de tréboles, siendo lo corriente
sus dimensiones correspondientes. Las superficies de inserción denotan amplios desarro- que éstos se formen sólo en el lado en que las cúspides son más grandes y que las del otro
llos de los músculos intercostales, y las tuberocidades son marcadamente protuberantes lado se desgasten en forma de elipse o de losange".
si se las compara con las del caballo actual. De acuerdo con este mismo autor, sus restos más antiguos corresponden a las capas
Todos los restos óseos anteriormente descritos, se pueden referir tentativamente a de Eden, en el sur de California considerados por Osborn (1922) como correspondientes
Equus Amerhippus lasallei Daniel, dada su indudable asociación con los elementos denta- al Plioceno Medio y parece que este género pudo estar distribuido por toda la parte occi-
rios, donde las características son más concluyentes, si se las compara con el Holotipo dental de ambas América.
existente en las colecciones del Museo de la Universidad de La Salle. Hoffstetter (1952, p. 185) citando a Osborn (1936), señala que la especie más anti-
gua de este género sería Cuvieronius Edensis del Plioceno Medio de California.
6.2. RESTOS DE MASTODONTE EN EL SITIO TIBITO 1 Es interesante subrayar, que de acuerdo con Hoffstetter (1970, p. 963) (Act. IV
Congreso Latin Zool. Vol. II, pp. 955-969) "Cuvieronius hyodon (sentido convencional)
6.2.1. Generalidades es muy escaso y mal datado en los Andes ecuatorianos (de donde procede su tipo), mu-
cho más común en los Andes del sur del Perú y de Bolivia, presente también en la faja
Como bien se sabe aparte de Paraelephas columbi cayennensis de la Guyana France- litoral de Chile. Aparentemente no aguantaba los climas cálidos. Pero sus antecesores no
sa, y molares de este mismo hallados en Tequizquiac, México (Cabrera 1929, p. 61.144), debían tener las mismas exigencias, ya que el género es un inmigrante de origen Norte-
todos los proboscídeos suramericanos son mastodontes y pertenecen a la familia americano".
Gomphotheriidae; esta familia corresponde a los mastodontes bunolofondontes en los En américa del sur la especie fundamental de este género es C. hyodon Fisher 1814
cuales las cúspides de los molares pueden formar colinas sucesivas. (también nombrada Cuvieronius Andium por otros Autores).
Como anota Hoffstetter (1962, p. 180) "en América del Sur los probocidios son Características del Género Haplomastodon
inmigrantes recientes venidos desde el norte, y no se les conoce más que durante el pleis- Genotipo: Masthodon chimborazi Proaño 1922.
toceno". Los lejanos orígenes de los mastodontes deben buscarse en las elementales for- Las características diagnósticas, señaladas por Hoffstetter (1952, p. 191) para este
mas aparecidas en el Oligoceno de Fayun (Egipto), y que son hoy conocidos con el nom- género son las siguientes: "Mastodontes con cráneo elevado de tipo elefantoide. Sínfisis
bre de Moeriterium, especímen en el cual C. W. Andrees del British Museum, señaló desde mandibular corta. Atras desprovisto de foramen transversarium, incisivos inferiores ausen-
1908 afinidades con los proboscidios (los mastodontes) (Daniel, 1947 p. 377). tes. Incisivos superiores definitivos con sección oval, casi derechos en los jóvenes, recurva-
dos hacia lo alto en los adultos, sin torción elicoidal; las defensas tienen generalmente en
6.2.2. Los mastodontes suramericanos estado juvenil una estrecha banda de esmalte que desaparece durante la edad adulta. Mola-
res bunolofodontes; semi-colinas opuestas o mostrando una ligera tendencia a una dispo-
Hoffstetter (1953, p. 184) divide los géneros y sub-géneros de mastodontes surameri- sición alternante, sobre todo en M3; desgaste en tréboles simples, algunas veces dobles tré-
canos así: boles rudimentarios en los dientes muy usados. Molares intermedios trilofodontes; mola-
Mastodonte sud-americano (Gomfhotheriidae brevirostris) subfamilia Cuvieroniinae. res posteriores tetra o pentafodontes".
Género único Cuvieronius Osborn 1923 Los remotos antepasados del Haplomastodon, se encuentran también en Norte Amé-
Sub-familia Anancinae. rica, desde donde se desplazó durante el Pleistoceno hacia nuestro Sub-continente; en
Género Haplomastodon Hoffstetter 1950, nuevo rango cuanto a su distribución Suramericana, Hoffstetter (1970, p. 963) anota: "El mastodonte
Sub-género Haplomastodon Nov Haplomastodon ocupaba prácticamente toda la zona intertropical sudamericana, tanto en
Género Stegomastodon pohlic 1912 tierras bajas como en alturas. No se conoce su exacta distribución estratigráfica. De todos
Sub-género no denominado modos, es peligroso postular que todos sus representantes pertenecen a la especie H.
Sub-género Notiomastodon Cabrera 1929 waringi (Holland) del Brasil, tanto más que este nombre, inicialmente un nomen nudum,
Sub-género Stegomastodon pohlic 1912 no fue validado sino en 1957 por Simpson y Paula Couto, y que su tipo es totalmente ina-
De los anteriormente mencionados, nos interesa dar las características de los géne- decuado (véase al respecto Hoffstetter 1955)".
ros Cuvieronius y Haplomastodon ya que se encontraron directamente relacionados con La bibliografía referente a los mastodontes es considerable, entre ella se cuentan tra-
los especímenes de Tibitó. bajos magistrales como los de H. F. Osborn (1936); en los que concierne a los géneros
Características del Género Cuvieronius suramericanos es conveniente mencionar los estudios de P. W. Lund (1935), F. Ameghino
De acuerdo con el diagnóstico de Cabrera (1929, p. 80) los caracteres diferenciales (1899), M. Boule y A. Trevenin (1920), A. Cabrera (1929), H. F. Osborn (1923, 1926)
del género Cuvieronius Osborn pueden resumirse así: "Mastodontes con el cráneo depri- y, especialmente, Hoffstetter (1952).
mido; la sínfisis mandibular corta; los incisivos superiores provistos de una banda de
esmalte en toda su longitud, ligeramente encorvados hacia abajo en el joven, en el adulto 6.2.3. Los mastodontes en Colombia
divergentes y cada uno de ellos retorcido sobre su eje, de modo que la banda de esmalte
describe un espiral alrededor del diente, y las muelas bunolofondontas, con doble serie Entre las más remotas referencias relativas a la existencia de grandes restos fósiles en
de conos opuestos entre sí, los de un lado (el interno en las superiores y el externo en la Sabana de Bogotá, debemos mencionar lo anotado por Zerda (1972, p. 195):
las inferiores) más fuertes que los del otro y provistos de cónulos accesorios, los cuales "De regreso de la excursión al Tequendama, al llegar al pueblo de indios llamados
en el lado opuesto, faltan o son muy pequeños, de modo que sólo en ejemplares muy Soacha, es muy natural consagrar un recuerdo a la fábula chibcha de la raza de gigantes
158 159
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
que en otro tiempo habitaron esta sabana; sus restos fósiles fueron hallados muy superfi-
O
cialmente sea al labrar los indios sus sementeras, y por esto fue llamado el 'Campo de gi-
gantes'. Los antiguos habitantes de estas comarcas no pudieron conocer ni conservar re-
cuerdos tradicionales respecto de la naturaleza de raza de gigantes a la cual pertenecieron
o
re) estos restos antediluvianos; pero Humbolt hizo este magnífico descubrimiento paleonto-
o lógico en 1802, con el cual la ciencia de Cuvier i estauró el mastodonte angustidents, o de
o dientes angostos que pobló el continente americano en épocas muy remotas".
.7)
ión de los restos de mastodonte (Haplomastodon y Cuv ieronius hy odon)en el corte Tibitó
Subraya el mismo autor que el hallazgo de "restos de la fauna gigantesca antediluvia-
na en diferentes sitios de América d ió origen a fábulas semejantes"; así, la refiere entre las
tribus del Canadá, hasta el tiempo de la llegada de los primeros conquistadores, y señala
la conservación de esta tradición entre los indígenas de Santa Helena un poco al norte de
Guayaquil, hasta tiempos relativamente recientes. Zerda (1972, p. 195) citando a Cieza
de León, afirma que éste, durante su estadía allí en 1550 encontró huesos de grandes di-
mensiones, y un molar cuyo peso total sería de más de media libra.
De Porta (1961, p. 99), en su estudio "Algunos problemas estratigráfico-faunísticos
de los vertebrados en Colombia", señala que todo el material por él estudiado hasta el mo-
mento de la mencionada publicación, corresponde al género Haplomastodon que está
bien representado por series dentarias y otras partes del esqueleto como húmero, fémur,
coxal y escápula. Este mismo autor considera que algunos de los restos del Museo de La
Salle, podrían corresponder a Cuvieronius. El estudio en referencia, presenta una amplia
o bibliografía comentada, sobre los hallazgos de restos de mastodonte en territorio colom-
2 biano (de Porta 1960, pp. 100-104). Un estudio más reciente (Bombin y Huertas, este
volumen), luego- de estudiar las colecciones paleontológicas de mastodontes del Institu-
to de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, de INGEOMINAS y del Museo de
c La Salle, señala que en este material, "están representados los caracteres, y probablemen-
o
te basados en las combinaciones de ellos, correspondientes a lo que las últimas revisiones
o
o del grupo asignan a Cuvieronius, Stegomastodon, Haplomastodon y no a Tiomastodom"
o (Bombin y Huertas, este volumen). Señala este mismo estudio, que la forma más común
E 11111111
o en el área de la sabana de Bogotá, corresponde a la combinación no descrita, que pre-
o c O.
o senta defensas no espiraladas con banda de esmalte y molares sin postritos treboliformes"
o o
Total unida d 3
160 1 161
idas a megatauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
M1 M2
Pérdida de peso a 105°C 4.77% 4 02% a
Materia orgánica 9.52%, 8.46%,
74.97% 74.82% a>
Fosfato de Calcio (Ca3 (PO4)2) a
Carbonato de Calcio (CaCO3) 6.37% 5.07%
Oxido de Calcio (Cap) 7.48%,
c
o
Comparando-los resultados obtenidos, se puede deducir lo siguiente: o
El contenido de fosfato de calcio (Ca3(PO4)2) es igual en las dos muestras. .c
2. La pérdida de peso de las muestras determinadá a 105°C representa la humedad física
adquirida por la exposición al medio ambiente. Por esta razón los contenidos de hu- E
medad en las dos muestras son similares, no obstante suponer que una de ellas fue 3
calcinada.
3. El contenido de materia orgánica de la muestra M1 es mayor que el de la muestra
M2. Esta diferencia (1.06%), permite determinar que la muestra M2 pudo haber sido
sometida a un proceso parcial de calcinación.
4. El contenido de anhídrido carbónico (CO2) de la muestra M1 es mayor que el de la
muestra M2, de lo cual se deduce el mayor contenido de carbonato de calcio
(CaCO3) de la muestra M1. Esta diferencia (1.30%) conduce a la misma suposición
anterior, de conformidad con la ecuación química:
162 163
1 1 1 I 1 1
Icml 2 3 4 5
I cm 2 3 4 5
Foto 8 — a-b) Molares de mastodonte Cuvieronius hyodon vista superior lateral; c) Fragmento de costilla de mastodonte mostrando inci-
siones oblicuas hacia uno de sus bordes.
Cr
41. Icrni 2 3 4 5
o o a
Foto9—a-b-c-ch) Molares demastod onte Haplomastodonsp.
vistasu periory lateral .
9 tt, a a Sol
r t vi II
Foto 10. a) Detalle de la cuadrícula B/3 N-110-120 lestrato 3A) muestra posición de las defensas de restos de mastodonte (Haplomasto-
don), caballo Equus (A), venado (asta), artefactos y arenisca; obsérvese calcinación'
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
o
iñ
E
o
Tg.
12)
o
o
Foto 10. b-c )Deta lles de de fe nsas fragmentadas de Haplomastodon mostra ndo la ca racter íst ica ba nda de esmalte.
o
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165
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
166 167
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Cuadro 10 — Frecuencia y distribución de defensas fragmentadas de Haplomastodon Cuadro 12 - Frecuencia y distribución de Microfragmentos Oseos TIBITO 1
en el corte TIBITO 1
AT
110-120 B/3 1 3
A/4 4
110-120 B/4 1 1 4 60-70 8/4 59
110-120 D/4 3 1 D/2 70
120-130 B/3 1 9 F/4 3
70-80 D/4 2
TOTAL. 34 4 38 E/4 7
F /4 24
80-90 C/2 50
C/3 27
Cuadro 11 - Frecuencia y Distribución de fragmentos de costilla de Mastodonte E/4 5
F/4 4
ESTR AT O3 A
90-100 C/4 2 3 D/2 172
E/4 28
B/3 1 1 E/5 24
F/2 17
100-110
ESTRATO3 A
8/4 3 1
B/4 3 1 3 100-110 8/4 93
C/2 84
8/3 1 1 C/4 62
110-120 C/4 3 1 2 D/1 6
D/2 76
B/3 1 3 D/4 185
120-130 B/4 E/4 29
3 1
C/2 2 1 6 110-120 C/2 2 473
C/3 1 _ C/4 3 147
120-130 8/3 1 31
14
TOTAL 1.923
168
169
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
6.2.8. Costillas
ES TR ATO 3 A
C/4 3 4
te, megaterio y caballo americano. Algunos de los huesos estaban quemados, otros mos-
100-110 D/2 8
traron huellas de cortaduras hechas por la mano del hombre o habían sido rotos para
extraer la médula". D/4 3 2
E/2 1
Con relación a los hallazgos de Tagua-Tagua (Chile central) Schobinger (1969, p.
E/4 3 1 17
177), al referirse a los restos de caballo y mastodonte encontrados en sedimentos de una
antigua laguna asociados a artefactos, anota: "La acción del hombre sobre estos animales C/2 2 32
se comprueba por las marcas de instrumentos en huesos de caballo y por la forma en que 110-120 C/4 3 3
los huesos han sido dispersados lo que sólo es explicable por la acción humana, ya que no ID/4 3 1 36
hay indicios que permitan pensar en un arrastre por agua o el traslado de ellos por otro
B/3 1 1
[
agente". 120-130
TOTAL 64
6.3. OTRAS ESPECIES ANIMALES
170
1 171
Correal Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Esta particular disposición de los huesos sesamoideos en el depósito No. 2, induce a te). Se ha hecho referencia anterior a la presencia en los depósitos de huesos calcinados,
considerar que dichos elementos no se depositaron allí por la simple acción de agentes incisiones y omoplato perforado, elementos éstos asociados a artefactos líticos y de hue-
físicos, sino como una acumulación selectiva. sos y piedras areniscas irregulares.
Esta nueva situación, así como la ausencia de huesos completos de las extremidades
6.4. INTERPRETACION DE LOS RESTOS OSEOS DEL SITIO TIBITO 1 de Equus y ausencia total de extremidades de mastodonte, obliga a considerar el carácter
de los depósitos 1-2-3 dentro de un contexto cultural mucho más amplio que transcien-
Aveleyra (1955, p. 17) distingue tres tipos fundamentales de asociación entre fauna de de la simple actividad de matanza y despresamiento de piezas de cacería El hecho más
extinta e implementos de origen humano: significativo, en apoyo de esta hipótesis, es la ya referida colocación de defensas de
"a) En depósitos aluviales en los que los artefactos fósiles han sido transportados a Hap/omastodon pertenecientes a individuos diferentes, dentro del depósito 1 con las ca-
cierta distancia de su yacimiento original. En estos casos el arrastre por las aguas ha des- racterísticas asociativas antes señaladas.
truido completamente la relación anatómica de los restos óseos y se encuentran mezcla-
dos huesos aislados de diferentes animales. Estas asociaciones se localizan generalmente 7. - SINTESIS Y CONSIDERACIONES FINALES
en los bancos laterales de barrancas de erosión, abanicos aluviales, etc. Como ejemplo tí-
pico puede citarse el célebre yacimiento fosilífero de Tequixquiac, al norte de la cuenca Basados en las evidencias arqueológicas y paleontológicas anteriormente resumidas,
de México. podemos reconocer en el sitio Tibitó 1 hacia el décimo segundo milenio antes del presen-
b) En antiguas hoyas, abrevaderos y demás sitios estratégicos en los que se congrega. te, cuando se depositó la unidad estratigráfica 3A, un escenario ecológico caracterizado
ban periódicamente gran número de animales, el hombre prehistórico llevaba a cabo ma- por la presencia de bosques alternando con áreas abiertas. Esta vegetación que incluye
tanzas colectivas ("butchering.grounds" o meat-kills de los arqueólogos norteamericanos). entre otros taxa A/nus (Aliso), Quercus (roble), Bocconia (trompeto) y Compositae alter-
En estos casos se encuentran verdaderas masas de huesos fósiles, muchos de ellos rotos, en nando con praderas de Graminae, principalmente, constituyó medio propicio para la pro-
completo desorden y pertenecientes a docenas de mamíferos cazados. Las especies repre- liferación de especies como el caballo y el mastodonte que a juzgar por la abundancia
sentadas suelen ser diversas y los artefactos asociados muy abundantes. Como ejemplos de sus restos fueron presas apetecidas por el hombre prehistórico de nuestra altiplanicie.
de este tipo de asociación se cuentan algunos de los yacimientos más célebres en América El conjunto de condiciones aquí esbozadas, y los resultados cronológicos (11.740 ± 110
(Lindenmeier, Colorado; Plainview, Texas; Folson, Nuevo México, Scottsbluff, Nebraska, B.P.) permiten situar estos acontecimientos dentro del interestadial de Guantiva y la zona
etc.). palinológica EL ABRA 5A; como bien se sabe, la precipitación fue mayor ocasionando
c) En sitios en que se dió caza y muerte aislada a un solo animal y en los que, gracias un aumento en el nivel de aguas (van der Hammen 1978, p. 161).
a condiciones geológicas especiales, la ausencia de posteriores arrastres o remociones arti- Este hecho es revelado también en el sitio de Tibitó por la presencia de polen de algas
ficiales o naturales ha permitido conservar los restos tal como fueron abandonados por con Botryoccocum,. siendo entonces inundados algunos sectores del área como ocurre
los cazadores. La ventaja que proporciona este último tipo de asociación sobre los dos con frecuencia aún en la actualidad.
anteriores es evidente, pues puede ilustrar acerca de las costumbres cinegéticas del hom- Aunque en los abrigos inmediatamente próximos al sitio Tibitó 1, no aparecen evi-
bre prehistórico en aspectos tan importantes como la selección de los puntos vulnerables dencias de ocupación masiva, la densidad de artefactos en el sitio Tibitó 2 situado a unos
del animal en los que, con preferencia, se le hería con los dardos arrojadizos, las partes 500 m al NW del sitio de la excavación y en terrazas aledañas, permite identificar una po-
de la presa especialmente buscadas para la alimentación, las diversas técnicas de desolla- blación precerámica densa. Las concentraciones de restos óseos de Equus (A), de masto-
miento, descarnado, desarticulación, etc.". donte (Cuvieronius hyodon y Haplomastodon) y en menor escala de venado (Odocileus
Aunque la densidad de restos óseos no es muy alta, en la unidad estratigráfica 3 están virginianus) junto con artefactos en la periferia de la roca central, permiten identificar el
representadas especies diversas como el caballo (Equus Amerhippus), el mastodonte sitio como una estación de matanza y ubicar este complejo arqueológico dentro de la
(Cuvieronius hyodon) y el zorro (Cerdoyon thous Linnaeus), asociadas con algunos arte- etapa paleoindia (lítico superior) aunque no se hallaron puntas de proyectil. La caren-
factos, que incluyen lascas usadas y retocadas, lascas triangulares, raspadores, fragmentos cia de éstas, no excluye su manufactura por los cazadores de este período, como tampo-
de núcleo y un raspador de hueso. co excluye el uso de materiales perecederos como la madera y el hueso.
Estas características permiten ubicar este sitio como lugar de matanza clasificado Son muy significativas las características de los depósitos 1-2-3 incorporados a esta
dentro de la segunda categoría (b) dada por Aveleyra. unidad; es evidente en ellos, la acumulación selectiva de restos de fauna: caballo, masto-
La interpretación de los elementos encontrados dentro de la unidad 3A es más com- donte y venado, junto con artefactos. Este hecho sumado al registro de restos parcialmen-
pleja; con ella se encuentran también especies diversas: Mastodontes (Cuvieronius hyodon te calcinados, partículas de carbón, presencia de huesos con fracturas longitudinales pro-
y Haplomastodon), cabillo (Equus Amerhippusl, y venado (Odocoileus virginianus), y bablemente con fines de extracción de la médula, el registro de hueso con incisiones y
•junto con estos elementos se encuentran artefactos asociados, que incluyen además de en un caso mostrando aparentes señales de ruptura ocasionada por arma punzo contun-
las categorías dadas para la unidad 3, lascas concoidales prismáticas y triangulares y un dente, y la acumulación de fragmentos de roca arenisca, muestra la relación de estas evi-
artefacto (raspador aquillado) que muestra una técnica más minuciosa de elaboración. dencias con actividades de cacería.
Los artefactos de hueso incluyen un cuchillo, un punzón y un perforador; en términos ge- Este conjunto de resultados sumados a la ausencia de evidencias similares en las zan-
nerales podría también clasificarse el conjunto de la unidad 3A dentro de la segunda cate- jas exploratorias y el corte adjunto (Cuadrícula H), descartan en amplio grado la posibili-
goría de Aveleyra, pero tenemos que enfatizar nuevamente en la particular disposición se- dad de acarreo. Apoya también estas premisas la concordancia tipológica de algunos arte-
lectiva de los restos en los depósitos 1-2-3, sitios en donde es evidente la asociación de factos con series ya estudiadas anteriormente en la Sabana de Bogotá.
molares IP rincipalmente) y algunos restos de esqueleto post-craneal, (caballo y mastodon- Si bien estas actividades pueden representar la simple respuesta a necesidades básicas
172 173
Evidencias culturales asociadas a megafauna durante el Pleistoceno tardío de Colombia
Correal
de subsistencia (tasajeo, limpieza y preparación, descuartizamiento y cocción), no se des- mienzos del Holoceno se nota una disminución de la población en esos abrigos rocosos he-
carta, que dado el carácter de las acumulaciones en los depósitos, éstos representen conte- cho que debe tener relación con el cambio climático ocurrido al finalizar el Pleistoceno,
nidos culturalmente más elaborados que se manifiesten en superestructuras de carácter presión ecológica que debió determinar el desplazamiento o la adaptación del hombre a las
ritual, como lo podría indicar la acumulación selectiva y calcinación en los depósitos nuevas circunstancias. Posteriormente, en las áreas de Tequendama en la zona de ocupa-
ción II (9.500 a 8.500 B.P.), se puede identificar una población mayor adaptada a las
1-2-3.
Aunque resulta difícil interpretar el origen de los depósitos relacionados a la unidad nuevas circunstancias; no se trata ya de cazadores superiores especializados, sino de caza-
3A, es lógico suponer que el hombre prehistórico pudo encontrar en el sector de la perife- dores de especies menores como el venado y los roedores; para este período también la
ria de la roca, depresiones naturales del terreno, ocasionadas por erosión antecedente, abundancia de restos de caracoles indica actividades de recolección.
situación que pudo aprovechar en beneficio de sus propias actividades de cazador especia- En estos mismos sitios fuera de Tibitó, hacia 8.500 años B.P. al principio del hipsiter-
lizado. mal, el carácter más denso de los bosques y la reducción de las áreas abiertas pantanosas
Aunque entre los pocos artefactos asociados a esta unidad estratigráfica 3A, predo- debió conducir a una nueva disminución de la población de algunas áreas de la Sabana
minan elementos del tipo Abriense, siendo mayor la frecuencia de fragmentos de núcleo, de Bogotá (Tequendama, El Abra, etc.).
y lascas con señales de uso, que corresponden básicamente a instrumentos cortantes, que Una población más densa se registra en el lapso entre 7.000 y 6.000 años, marcándo-
representan el 41% de los artefactos obtenidos en esta unidad, un cuchillo (raspador) y se una nueva disminución hacia el 5.000 B.P. hasta donde se ha podido seguir la secuen-
un raspador aquillado, muestran el uso de una cierta tecnología, por lo menos en este últi- cia precerámica de nuestra altiplanicie; durante este último lapso cronológico (van der
mo, hecho que permite asimilarla a la zona de ocupación 1 del Tequendama. Hammen, 1978) se registró un período de fuerte sequía (ocurrido cerca de 5.000 años
Las evidencias paleontológicas, muestran una densidad más alta de restos de Haplo- 3.P.) que se pudo reconocer por medio de diagramas de polen, no solo en la Sabana de
Bogotá, sino también en las planicies de clima tropical de los Llanos Orientales.
mastodon y en menor proporción restos de Cuvieronius hyodon y venado, durante la
época en que se depositó la unidad estratigráfica 3A. Las evidencias palinológicas de Tibitó 1 muestran que mientras se depositaba la uni-
Durante la época en que se depositó la unidad estratigráfica 3, las evidencias palino- dad 2, la vegetación incluía los tipos reconocidos en el bosque andino (Quercus, Dickso-
lógicas revelan un descenso de la temperatura; la vegetación que incluye Gramineae, nia, Podocarpus, Cyatheaceae).
La ausencia de registros paleontológicos y arqueológicos, puede indicar que el sector
Geranium, Lophosoria y Valeriana entre otros taxa, indica la presencia de una zona de
sub-páramo. Esta situación concuerda con estudios antecedentes adelantados en la Saba- de nuestra investigación perdió importancia, durante la época en que se extinguieron espe-
na de Bogotá, que permiten situar esta unidad estratigráfica frente al estadial del Abra cies como el mastodonte y el caballo; por otra parte el carácter anegadizo de estos terre-
(van der Hammen 1979, p. 161) y cronológicamente entre 11.000 y 10.000 años antes nos, y la falta de abrigos rocosos suficientemente amplios, no garantizaba la presencia
estacionaria del hombre adaptado a las nuevas condiciones del sitio Tibitó 1.
del presente.
Aunque durante esta época de ocupación no se registran estructuras de acomoda- Se cierra aquí un pequeño capítulo de nuestra prehistoria, con la espectativa de que
miento o áreas de fogón o de taller con una localización específica, nuevamente se regis- futuras investigaciones permitan ampliar la información sobre evidencias culturales aso-
tran concentraciones de restos óseos y de artefactos en el sector de la perifieria de la roca ciadas a Megafauna durante el Pleistoceno en el territorio colombiano.
pero especialmente al W. Los artefactos de este período son del tipo Abriense desapare-
ciendo instrumentos con finos retoques; continúan predominando fragmentos de núcleo
o instrumentos cortantes y disminuye también la frecuencia de lascas retocadas hecho
que podría indicar una decadencia en las técnicas del trabajo de la piedra. 8. - AGRADECIMIENTOS
La disminución de las frecuencias de los artefactos y de los restos óseos en la unidad
estratigráfica 3 en comparación con la 3A, indicaría una disminución de la actividad de Además de expresar nuestra gratitud a los colaboradores que hicieron posible la
cacería especializada en esta área. ejecuci¿n del presente trabajo, queremos expresar nuestra gratitud a la Fundación de
La ausencia de restos de Haplomastodon concuerda con los cambios ecológicos ocu- Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República y a la Universidad Nacional de
rridos durante este período. La carne utilizada en la alimentación como lo denotan los Colombia Facultad de Ciencias (especialmente al Decano Dr. Jorge Brieva B. y al Direc-
restos óseos, era provista por proboscidios y, en menor escala, por venados. Al igual que lo tor del Instituto de Ciencias Naturales-Museo de Historia Natural Dr. Polidoro Pinto E.);
que ocurre durante la primera licupación, en el período en que se depositó la unidad 3, és a los directivos de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (particularmen-
notoria la mínima densidad de huesos largos. Esta situación no excluye el carácter del te al Dr. Francisco Wiesner S.). Nuestra especial manifestación de gratitud al Dr. Luis Du- •
sitio como estación de tasajeo y preparación de elementos obtenidos durante actividades que Gómez por el apoyo y consejo en nuestra investigación arqueológica y a la Señorita
de cacería (huesos rotos y en algunos casos cremación). Ivone Hatty de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas por su permanente estímu-
Aunque en el estado actual de la investigación se carece de fecha de "C para la uni- lo a nuestros trabajos. Al Profesor Roberto Jaramillo por su colaboración. A los Dres.
dad estratigráfica 2, por correlación con otros sitios de la Sabana de Bogotá, se sabe que Germán Amaya, Pablo Henao y Alejandro Ortiz de la Facultad de Medicina Veterinaria
tanto ésta como la parte más alta de la secuencia, se sitúan en el Holoceno. Como tam- de La Universidad Nacional, por permitirnos estudiar las colecciones de la Facultad,
bién se sabe que hacia el comienzo de éste, hace unos 10.000 años B.P., el clima comen- trabajar en el anfiteatro y por suministrarnos bibliografía.
zó a mejorar en forma definitiva (Correal, van der Hammen 1977, p. 168) quedando la A todos los colegas del Instituto de Ciencias Naturales por su permanente y desinte-
Sabana de Bogotá en la zona del propio bosque andino. No se registran evidencias arqueo- resada colaboración y estímulo a nuestros trabajos investigativos, y a los trabajadores que
lógicas ni paleontológicas de esta unidad estratigráfica (2) en el sitio Tibitó 1. Es intere- compartieron nuestras arduas tareas durante el proceso de excavaciones en el sitio TIBI-
sante señalar, que simultáneamente en los sitios de Tequendama y el Abra, para los co- TO 1.
174 1 175
Correal
9. - REFERENCIAS
r
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different soils at first sight would seem to be at random, certain regulatiries may be discovered in the
tura Chibcha). University of Arizona Bulletin. Vol. 24, No. 2 Tucson.
occurrence of the soils, which, according to Jenny's postu lates, of two different kinds:
Hno. Daniel. 1948. Nociones de Geología y Prehistoria de Colombia. Bedout, Medellín.
1. Similar soils may be encountered in different regions
Hoffstetter, R. 1952. Les Mammiféres PleiStocénes de la République de l'Equateur. Memoires de la
2. Different soils may be grouped one after another in sequences in such a way that their properties
Société Géologique de France, (París), No. 66, pp. 1.391, pl. I a VIII (Publié avec le concours de
vary systematically.
la Casa de la Cultura Ecuatoriana).
According to Jenny, the genetical and geographical relationships between soils can be expresed
Lund, P.W. 1935. Memorias Scientificas. Bibl. Mineira de Cultura, Bello Horizonte.
conveniently in this way:
Mier Restrepo, J. 1930. Nota sobre un équido fósil de la Sabana de Bogotá, Rey. Soc. Col. Cienc.
Nat. No. 106 pp. 123-127. Bogotá.
s= f (cl, o, r, p, t)
Osborn, H.F. 1923. New Subfamily, Generic and Specific Stages in the evolution of the probocidea.
Amer. Mus. No. 99. New York.
In which s stands for any soil property such as colour, pH, nitrogen, lime-or clay content, f
1926. Aditional New Genera and species of the Mastodontoid proboscidea. Amer. Mus.
indicates that the property is a "function of" the soil forming factors which appear between the
No. 238. New York.
parentheses as the following symbols:
. 1936. Proboscidea 1: Moeritherioidea, deisnor-theiroidea, Mastodontoidea, XL. New
cl = air climate (environment climate)
York, Amer. Mus.
o = species of organisms (flora and fauna)
Porta, J. de. 1960. Los équidos fósiles de la Sabana de Bogotá Bol. de Geol. Univ. Ind. Santander, No.
r = relief, including some hydrological charactetistics
4, pp. 51-78. Bucaramanga.
p = parent material, defined as the state of the soil in stage zero of soil formation
1961. Algunos problemas estratigráficos-faunísticos de los vertebrados en Colombia.
t = time of formation (soil age)
Bol. de Geol. Univ. Ind. de Santander, No. 7, pp. 83-104. Bucaramanga.
Jenny uses this equation in two different ways: in a qualitative sense to indicate that soils are
. 1961. La posición estratigráfica de la fauna de mamíferos del Pleistoceno de la Sabana
influenced by climate, living organisms, topography, parent material and time. The second way of
de Bogotá, Boletín de Geología. Universidad Industrial de Santander. Bucaramanga.
interpretation deals with the soil forming factors as independent variables which define the state of
Sarmiento, R. 1953. The Geology Tibitó Hill. Survey done for the Acueducto Municipal de Bogotá.
the soil system. By this approach the individual soil forming functions and factors may be studied
Bogotá.
in the following way.
Semenov, S.A. 1973. Prehistoric Technology and experimental study of the oldest tools and artefacts
Time functions or chronofunctions in which soil properties can be related with time or age of
from traces of manufacture and wear. Adams & Dant. Great Britain.
the soil, under constant conditions of climate, organisms, relief and parent material.
Schobinger, J. 1969. Prehistoria de Suramérica. Nueva Colección Labor. Barcelona.
Parent material functions or lithofunctions, in which the soil properties are related to parent
Stirton, R.A. 1953. Paleontology and stratigraphy, Colombia. Bulletin of the Geological Society of
material, while cl, o, r, t remain constant; here organic soils may be included.
. America. Vol. 64 No. 6. Baltimore.
Topographic functions or topofunctions, in which the soil properties are related to terrain charac-
van der Hammen, T. & González, E. 1963. Historia de clima y vegetación del Pleistoceno de la Saba-
teristics and drainage; cl, o, p, t being constant;
na de Bogotá. - Boletín Geológico. Vol.. 11, Nos. 1-3. Servicio Geológico Nacional. Bogotá.
Climatic functions or climafunctions, in which the soil properties are related to climatic variables
van der Hammen, T. 1978. Stratigraphy and environments of the upper Quaternary of the El Abra
under constant conditions of o, r, p, t.
Corridor and Rock Shelters (Colombia). Paleogeography, Paleoecology, 25: 179-190. Elsevier
Scientific Publishing Company. Amsterdam.
Zerda, L 1972. El Dorado, Tomo 1. Biblioteca Banco Popular. Bogotá, p. 195. • Universidad Nacional de Colombia, Bogotá (Colombia).
• Instituto Geográfico "Agustín Codazzi", Carrera 30 No. 48-51, Bogotá (Colombia).
176 177
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
Functions of organisms or biofunctions, in which the soil properties depend on organic species. s =f (cl, o, r, p, t) (1)
These functions deal vvith the relations between soil properties when c, r, p and t remain constant. donde la letra s indica cualquier propiedad del suelo como puede ser el color, el pH,
Moreover, the soil forming factors c, o, r, p, t are multiple factors and generare groups of el contenido de nitrógeno, de calcio, o de arcilla; en tanto que la letra f significa que la
functions, as soils have many properties: si, 52, 53, s4. All the soil properties taken togehter form a
propiedad es "función de". En cambio, las letras entre paréntesis representan los factores
collection, and the total is the soil itself. Consequently, all functions of s together are designated as
de formación del suelo; los símbolos específicos denotan lo siguiente:
(s)
cl = clima del aire (clima ambiental).
Soil =2. (s) = f lc, o, r, p, t,) o = especies de organismos (flora, hombre y fauna).
r = relieve, que incluye ciertos rasgos hidrológicos.
Just as each property s is a function of the soil forming factors, the whole set vvill also depend
P = material parental, el cual se define como el estado del suelo, en el estadio cero
on c, o, r, p, t. In practice, the variations of the whole by set are recognized as profiles, soil types and
soil series, and may receive proper names. de formación.
According to the five pedological functions the sets may be organized in five sequences: trono-, r tiempo de formación (edad del suelo).
lito-, topo-, clima- and bio-sequences. As opposed to the first equation, the second one is qualitative, Jenny emplea la ecuación anterior de dos maneras. En sentido cualitativo, para indi-
as no simple numerical value can be assigned to the entity "soil".
car que los suelos son afectados por el clima, los organismos vivientes, la topografía, el
Some examples of quaternary soil sequences in Colombia are included.
material parental y el tiempo. La segunda forma de interpretación trata los factores de
formación del suelo como variables independientes que definen el estado del sistema
1. INTRODUCCION
suelo. Esta aproximación permite estudiar funciones y factores individuales de formación
edáfica que se pueden presentar de la siguiente manera:
En el presente escrito, hemos querido divulgar más ampliamente entre algunas ramas
Funciones de tiempo o cronofunciones, en que las propiedades del suelo se pueden
de las ciencias humanas y de la tierra, el pensamiento de nuestro profesor Hans Jenny de
relacionar con el tiempo o con la edad del mismo, bajo condicionés constantes de clima,
la Universidad de California, sobre la historia, la distribución geográfica y las más estre-
organismos, relieve y material parental.
chas relaciones de los suelos, con el medio que los rodea, como son el clima, los organis-
Para este fin escogimos como ejemplos, dos Grupos o"familias" (Cortés, 1976) de
mos, la topografía, los materiales parentales y la edad, todo lo cual tiene implicaciones
con el manto geológico, con las excavaciones arqueológicas y con las formas terrestres, suelos bien diferentes en sus características morfológicas impartidas por la edad. Por un
principalmente cuaternarias, que nos han dado el alimento durante milenios y que han lado, los suelos alfisólicos o planosólicos de terraza con horizonte 8 oscuro, como es el
sido testigos de nuestro andar sobre la tierra y de la evolución de la familia humana. A de Tibitó, que fué examinado por el primer autor por invitación gentil del Doctor Gonza-
tal fin, nos hemos permitido dar algunos ejemplos colombianos sencillos de relaciones lo Correal en sus excavaciones arqueológicas a 50 kilómetros al norte de Bogotá, donde
ecológicas suelo-ambiente, con el ánimo de abrir el horizonte de este fructífero campo, este investigador encontró por primera vez en Colombia, artefactos I íticos y óseos asocia-
en un momento en que el estudio cuidadoso de los ecosistemas terrestres y la ecología dos a evidencias culturales paleoindias y a megafauna del Pleistoceno tardío que incluye:
del suelo empiezan a abrirse paso como disciplinas de avanzada (del Llano, 1954), porque restos de mastodonte (Hapiomastodon sp.; Cuvieronius Hyodon); caballo (Equus
es evidente que la subestimación del estudio de la génesis del suelo está frenado el acele- (Amerhippus) sp.) y venado (Odocoileus Virginianus).
rado progreso que exigen la arqueología, la geomorfología y la minería del cuaternario, En este viejo perfil, cuya datación en la base alcanza a 11.740 ± 110 A. P. (Correal:
fuente ésta última del oro de aluvión de décadas pasadas, que debemos cambiar por el comunicación personal), Del Llano extrajo al disectar la calicata, un pequeño molar de
aluvión que sostiene y por el aprovechamiento de los minerales que nosotros llamaríamos Hapiomastodon en el nivel comprendido entre 65 y 75 cm de profundidad.
humildes, como son las arcillas y algunas minas de bauxita y de hierro que se forman a Por otro lado, los Entisoles juveniles desprovistos de horizonte 8 oscuro y escleroza-
la par que el suelo. do que ocupan principalmente las posiciones fisiográficat más bajas, bordean y erosionan
a pocos metros de desnivel las terrazas de paisaje más antiguo que fueron testigo de las
Este anhelo lo transmitimos a ustedes como una prolongación del pensamiento de cacerías del hombre primitivo de la sabana en el antiguo río Tibitó. Para información adi-
dos eminentes pedólogos, amigos y compañeros nuestros: el Doctor Servio Tulio Benavi- cional, remitimos al lector al texto y al Apéndice adjunto.
des y el Doctor Pablo Schaufelberger. Funciones del material parental o litofunciones, donde las propiedades edáficas son
relacionadas con el carácter del material parental bajo condiciones constantes de c/, o, r,
2. GENERALIDADES t, sin excluir los suelos orgánicos o Histosoles.
La comparación de dos unidades de suelos bien conocidos del Quind ío cafetero, deri-
Si damos un vistazo al paisaje cuaternario de Colombia con enfoque pedológico, po- vados de distintas clases de rocas ígneas, nos pueden servir de ejemplo: en primer lugar to-
demos notar que el país alberga en su interior centenares de suelos con perfiles diferentes mamos un granito con 66% de SiO2 que nos dá por meteorización física lenta, la llamada
(del Llano, 1976). Sin embargo, a pesar de que la distribución de las diferentes tierras pa- Unidad Violeta de textura franco arenosa, con 8,2 me/100 g y fertilidad baja. En segun-
rece hecha al azar, se descubren con ingenio ciertas regularidades en la distribución de los do lugar, un basalto, con 42 a 45%de SiO2 que por meteorización química, dá la Unidad
suelos, la cual según los postulados de Jenny (1950) son de dos clases: Parnaso, de textura arcillosa, con 19,1 mé./100 g y fertilidad alta (Véase texto y Apéndi-
Primero: Suelos semejantes pueden encontrarse en diferentes regiones. ce).
Segundo: Suelos diferentes pueden agruparse uno tras otro en secuencias, de tal ma- Funciones topográficas o topo funciones, donde las propiedades del suelo son relacio-
nera que sus propiedades varían de manera sistemática. nadas con los rasgos del relieve terrestre, la geomorfología y el drenaje, en constancia de
Para Jenny, las relaciones genéticas y geográficas entre los suelos pueden expresarse los factores de formación c/, o, p, t,
convenientemente de la siguiente manera: Para ilustrar este punto escogimos las cercanías de Facatativá, en una loma empinada
178 179
Del Llano & Pichott
La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
sin influencia de aguas freáticas y en constancia del resto de los factores de formación,
60 - 85 cms IBC). Franco arcilloso; de color gris muy oscuro 10 YR 3;1 hasta gris claro 5 YR 6
,1 en
dos suelos en diferente topografía. En la pendiente del 46'1, se describió un suelo sencillo seco. Materia orgánica escasa, pero abundancia de raíces muertas formando gruesos rayones ver-
de 44 cms. de profundidad, en tanto que en la pendiente del 55%, se encontró un suelo de ticales de color negro en canal iculos revestidos de materiales vegetales fibrosos. Manchas blanque-
150 cms. de profundidad con mayor número de horizontes. Esta es una secuencia pura. cinas por la ocurrencia de nichos de material parentai más claro. Entre 65 y 75 centímetros apa-
reció una
Pero cuando se presenta la influencia de aguas freáticas, la secuencia recibe el nombre de pieza molar de Haplomastodon. La consistencia del material es muy dura en seco.
pH 6.8.
catena (véase el dibujo adjunto, la morfología y los análisis en el Apéndice). 85 - 100 cms (2C). Material franco limoso
amorfo; de color gris 10 YR en húmedo a gris rosado 7.5
Funciones climáticas o climofunciones, donde las propiedades edáficas son relaciona- YR 7/2 en seco. Muy Pobre en raices y en materia orgánica; con nichos de material parental más
das con las variables climáticas bajo condiciones constantes de o, r, p, t. claros. Consistencia floja en húmedo y duran en seco. pH 6.9.
En este caso, hemos escogido dos suelos secundarios aluviales en los extremos climáti- Entre 210 y 260 centímetros de profundidad fueron encontrados niveles turbosos.
cos de Colombia, valga decir en la Guajira subdesértica cerca a Maicao y en la selva plu-
El perfil textura) y físico -químico tiene los siguientes valores:
vial del Pacífico, Municipio de Quibdó. Tanto la morfología, como los datos analíticos
son elocuentes en lo que toca a la influencia del factor climático aislado en la génesis del Entre O y 20 cm,de profundidad, el suelo es franco así:
suelo. Basta con mencionar aquí la presencia de carbonato libre con pH 8.3 a los 70 cms. Arena 26%, limo 38%, arcilla 36%.
de profundidad en el suelo guajiro y ausencia de carbonatos y reacción 5.5 a la misma Materia orgánica C% 4.42. P (p.p.m.1 5, pH (1:11 6.5
Complejo de cambio lm.e./ 100 g):
profundidad en el suelo de la selva pluvial.
CCC 20.6, BT 16.2, Ca 12.2, Mg 2.1, K 0.1, Na 1.8
Funciones de organismos o bio funciones; donde las propiedades del suelo dependen Saturaciones % ;
de la influencia de especies orgánicas. Estas funciones tienen que ver con las relaciones ST 78.6, SCa 59.2, SMg 10.2, SK 0.5
entre las propiedades edáficas en constancia de cl, r, p, r.•Ejemplo: el suelo forestal de Salinidad:
una "mata" entre la sabana. C.E. 2.1 mmhos/cm, SNa 8.8, Clase: límite.
Entre 20 y 60 cm, el suelo es arcilloso así:
Así mismo, los factores de formación del suelo c/, o, r, p, t, son factores múltiples y
Arena 24%, limo 32%, arcilla 44%.
dan lugar a grupos de funciones, pues los suelos poseen muchas propiedades: si, s2, s3,
Materia orgánica C% 2.90, P (p.p.m.) 5, pH 11:1) 6.6
sq . Las propiedades tomadas en conjunto forman una colección y su totalidad consti- Complejo de cambio (m.e./100 91:
tuye el suelo. Consecuentemente, si el conjunto de valores s, se designa por el símbolo CCC 23.6, BT 20.3, Ca 16.2, Mg 1.7, K 0.1, Na 2.3
Saturaciones %
E (s),
ST 86.0, SCa 68.6, SM9 7.2, SK 0.4
Suelo = E (s) = f (cl, o, r, p, t) (2)
Salinidad:
Así como cada propiedad s es función de los factores de formación del suelo,
C.E. 2.4 mmhos/cm, SNa 9.7, Clase: limite.
todo el conjunto dependerá también de cl, or, r, p, t. En la práctica, las variaciones del Entre 60 y 85 cm, el suelo es franco arcilloso así:
conjunto se reconocen como perfiles, Grandes Grupos y Series de suelos que pueden Arena 26%, limo 44%, arcilla 30%
recibir nombres propios. De acuerdo con las cinco funciones pedológicas, los conjuntos Materia orgánica C% 0.28, P (p.P.m.) 48, pH (1:11 6.8
Complejo de cambio lm.e./100 gl:
pueden arreglarse en cinco secuencias: Crono-, Lito-, Topo-, Climo- y Bio-secuencias. En
CCC 15.9, BT 12.2, Ca 8.2, Mg 2.1, K 0.1, Na 1.8
contraste con la primera ecuación, la segunda es cualitativa, ya que el ente "suelo" no Saturaciones %
puede recibir un valor numérico simple. ST 76.7, SCa 51.6, SMg 13.2, SK 0.6
Salinidad:
3. EL FACTOR TIEMPO Y LAS CRONOSECUENCIAS C.E. 2.3 mmhos/cm, SNa 11.3, Clase: límite.
Entre 85 y 100 cm, el suelo es franco limoso así:
Arena 40%, limo 52%, arcilla 8%.
Para ilustrar el caso de una cronosecuencia cuaternaria, el mejor ejemplo que pode-
Materia orgánica C% 0.27, P (p.p.m.) 12, pH (1: 1) 6.9
mos ofrecer — por contar con la datación del perfil — es la del suelo de Tibitó descrito en Complejo de cambio Im.e./100 g(:
compañía del Doctor Gonzalo Correal en sus excavaciones arqueológicas y paleontoló- CCC 25.6, BT 5.4, Ca 13.6, Mg 1.6, K 0.04, Na 0.2
gicas, en un paisaje de llanura aterrazada que hace parte de la formación Sabana, a 2.590 Saturaciones %
ST 93.6, SCa 64.2, SMg 28.6, SK 0.7
m de altitud, la cual se encuentra respaldada hacia el sur por cerros abruptos compues-
Salinitad:
tos por las formaciones Guadalupe y Guaduas y limitada al norte por estrecha planicie
C.E. 3.9 mmhos/cm, SNa 3.5, Clase: limite
de inundación bien definida y algo más baja, todo ello dentro de una planicie de fondo
lacustre como unidad geomorfológica (13).
Teniendo en cuenta los cuatro niveles y horizontes mencionados anteriormente entre
El suelo de Tibitó que ocupa la posición fisiográfica más alta, muestra el perfil si-
O y 100 cm de profundidad, el análisis mineralógico dió los siguientes resultados:
guiente:
1 2 3
O - 20 cms (Ah). Suelo de textura franca, con estructura granular débilmente desarrollada; de color 4
grisáceo muy oscuro 10 YR 3/2 en húmedo y gris oscuro 10 YR 4/1 en seco. Abundancia de Cuarzo
37 % 60% 70%
raíces y mediana cantidad de materia orgánica. pH 6.5. Anfibol 82%
7 3 2
20 - 60 cms (Bt11. Arcilloso, con estructura notable de bloque subangu lar y películas de arcilla sobre Biotite 2
tz tz
las caras de los peds; color negro 7.5 YR 2/0 en húmedo y gris muy oscuro 10 YR 3/1 a negro 10 Zircón tz tz
YR 2/1 en seco, con abundancia de raíces muertas, rico en humus. Presencia de algunos cherts. pH 6.6. Epidota tz tz 2 tz
180
181
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
y horizonte Bs que no alcanza a Cámbico, permite encajar la mayoría de estos perfiles en tes, por un lado rocas graníticas y por otro basálticas, notaremos que al meteorizarse, esos
los Entisoles. Las variantes deben asimilarse a los Fluvaquents y a los Tropic Fluvaquents grupos transmiten características diferentes de textura, estructura, fertilidad, etc. a los
a nivel de subgrupos, pero los que muestran características aéricas, encajarían en los suelos derivados. En el granito por ejemplo, la intemperización descompone primero la
Aeric-Tropic Fluvaquents, pudiendo encontrarse ejemplos de Aeric Tropaquept por razón hornblenda y la mica y luego el feldespato, para dejar entero el cuarzo, el cual, si es abun-
dante dará suelos arenosos de alta permeabilidad y fácil lixiviación. En cambio, rocas
de sus características cromáticas. Creemos que el suelo de la terraza lacustre de Tibitó
basálticas de edad semejante - en cuanto a su tiempo de exposición - originarán suelo de
pasó algún día por este estado.
De todas maneras, consideramos que se puede hablar de una cronosecuencia entre los textura fina y más fértiles que resisten mejor la erosión externa e interna.
perfiles Tibitó y alguno de los suelos del río Bogotá estudiados por los autores mencio- En las unidades derivadas de materiales metamórficos (Federación Nacional de Cafe-
teros, 1975), un buen ejemplo es el de la Unidad Villeta, la cual está caracterizada por un
nados.
color oscuro, impartido por pirita finamente diseminada, donde existen diferentes secto-
Un perfil de la Serie Río Bogotá, descrito por Pichott en 1967, a 2600 m de alt., en
topografía plana y sobre arcillas aluviales es el siguiente: res bien conocidos, unos por el alto contenido de pirita, otros por pirita y yeso y los res-
tantes por el hecho de ser calcáreos y seleníferos (suelos de peladero). Geográficamente,
O - 16 cm. (A ig). Arcilloso, de color gris oscuro 10 YR 4/1 en húmedo; estructura de bloque sub- estos fenómenos ocurren en los departamentos de Cundinamarca, Tolima y Santander,
angular. Consistencia dura en seco; en mojado plástico y pegajoso; presencia de macroorganis-
entre unos 1.000 y 1.700 m de altitud, donde los esquistos ricos en pirita y muy ácidos
mos y raicillas. pH 4.95.
16 - 55 cm (ABg ). Arcilloso; de color gris oscuro 5 YR 4/1, con 40% de manchas de color rojo 2.5 se meteorizan más rápidamente, dando suelos con pH menor de 5, con manchas rojizas
YR 4/6, sin estructura. Consistencia dura en seco y en mojado, plástico y pegajoso. Regular abun- que indican la presencia de hierro. Los estratos calcáreos en cambio, ostentan un color
dancia de macroorganismos y raicillas. pH 4.55.. homogéneo, son de buen espesor y reaccionan fuertemente al ácido clorhídrico en suelos
55 - 90 cm (Big ). Arcilloso, de color gris 5 YR 5/1 a pardo rojizo 5 YR 4/1 en húmedo. Estructura
básicos rendzínicos con pH mayor de 7. Finalmente, los estratos que contienen Pirita y
masiva; consistencia dura en seco, en mojado, plástico y pegajoso. Sin macroorganismos ni raici-
yeso dan suelos pardos, algo cascajosos y erodables, pero de buenas condiciones físicas,
llas. pH 4.65
97 - X cm . Capa freática. Las manchas aumentan con la profundidad de los horizontes y el color se con pH comprendido entre 5.2 y 5.5. Hay que aclarar que por encima de los 1.700 m de
torna grisáceo. altitud, estas comparaciones no pueden hacerse, debido a la presencia de una cubierta de
182 183
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
cenizas volcánicas que cubre la formació geológica, borrando de esta manera las diferen- Migración de los Complejos Orgono- Minerales
cias existentes anotadas para los distintos materiales parentales.
Como se puede apreciar, las litosecuencias y las litofunciones se originan por el cam-
Horizontes con Arcillos Migrado
bio de los materiales parentales, tomando como constantes el clima, los organismos, el
relieve y la edad. Pero el factor topográfico no es tan simple como se piensa, porque inclu-
ye además, el grado de la pendiente del suelo, su longitud y forma, la exposición y ciertos
rasgos hidrológicos relacionados con el drenaje (Véase cuadro correspondiente en el
Apénd ice).
Las litosecuencias son notorias a lo largo de las carreteras que atraviesan la mayoría
de las zonas de vida y afectan los perfiles, principalmente en lo que toca a su profundidad
efectiva y composición química y mineralógica. P- 2
Debemos tener en cuenta que el factor topográfico o del relieve es complejo, porque
P-1
abarca, además del grado de la pendiente, la exposición a la luz solar, su forma, longitud
y ciertos aspectos relacionados con el avenamiento del suelo.
Una secuencia pura, sin influencia de aguas freáticas se muestra en el dibujo adjunto
donde, sobre una loma de areniscas y liditas, recubierta por cenizas volcánicas cerca a
Facatativá, los perfiles de suelos aparecen variando en su espesor y en el número de hori-
zontes, con relación a la forma de la pendiente (Fig. 1). Véanse perfiles 1 y 2 y análisis co-
rrespondientes en el Apéndice.
Además, en la base del lomerío se forman frecuentemente suelos muy profundos de
origen coluvial que hacen parte del piedemonte, como pueden verse en Bonza (Boyacá) y
Mulaló, (Valle). Son perfiles "páchicos".
La combinación de pendientes y secuencias hidromórficas viene llamándose catena
desde Bushnell (1944). Como ejemplos destacados de catenas en diferentes regiones y
paisajes edáficos colombianos tenemos:
En los "páramos": suelos humiferos hasta rankeriformes en pendientes de areniscas
bien drenadas, rematados en el fondo por suelos orgánicos histosólicos.
En los bosques húmedos premontanos: suelos muy meteorizados sobre rocas meta-
mórficas básicas, rodeados por suelos lateríticos bajos e hidromórficos y ocasionalmen-
te por tierras negras de terrazas fluviales como en la Facultad de Agronomía de Medellín,
Antioquía. / / /
En los bosques secos tropicales: suelos altos muy meteorizados sobre basaltos y // / / / / / //////
diabasas, seguidos de tierras negras vertisólicas de valle, como en Palm ira (Valle) y la Cos- //"/
/ // // 1</ / / /
. _ / // / / / // /
ta de Marfil (Africa). Fenómenos semejantes suceden cuando las lomas secas adyacentes //////////////
1 1 1 1 1 4 1 ‘/
son calizas, como en Mulaló, (Valle). Pero cuando las rocas ultrabásicas con intrusiones 1411111 /11
serpentínicas en los cerros antiguos forman corazas lateríticas de denudación, pueden 11114 /1111111 //
' ,'', 11111411141111
estar asociadas a llanuras circundantes con paisaje de aspecto ultisólico como en Cerro-
111141111114111461
matoso, Córdoba. 111111111411111144111
En los Llanos Orientales, Mejía y Buol (1975) han establecido las características de 111111401111141101011
11/111011111111114111111
una toposecuencia común. Taxonómicamente, todos los suelos de la toposecuencia y ca- 4 4 4 ta ,4,± /14 4
tena en ambos lados del estero deben considerarse, según ellos, como una secuencia con- 1,/1,1%5A(1 ,145_41?;5_ ,1
tinua de intergrados entre Plintic Umbraquox y Tropeptic Haplustox, debiéndose las di- 4 4 1. 1 1? 1 1 4 111 _1111Q14?,_ '11
/1/111 1 1111111111 _
ferencias básicas de perfil a perfil al régimen de humedad y a la profundidad en que se 11 _ .111 . 111111111111_11
presentan esas características asociadas a la presencia de agua. Y- 4- 1114 1111411111111111111111
Finalmente, en las regiones áridas, al lado de ejemplares de Aridisoles altos, bien dre-
nados, se pueden ver los suelos salados y algunos Vertisoles planos o deprimidos, donde
Figura 1 — Evolución de los suelos en función de la topografía. Corte de una cantera del barrio Barranquilla
la presencia de aguas freáticas parece ser esencial a su formación. de Facatativa (Cundinamarca).
184 185
La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
Del Llano & Pichott
8. AGRADECIMIENTOS
6. EL CLIMA Y LAS CLIMOSECUENCIAS
Para ilustrar este punto, hemos escogido dos suelos de los extremos climáticos del Los autores agradecen de la mejor manera a los Doctores Carlos Luna Zambrano,
país. El primero de ellos corresponde a un Natric Camborthid de vega en la llanura baja Beatriz Motta de Muñoz y Jairo Marulanda Salazar del Laboratorio de Suelos del Institu-
de la Guajira (Apéndice, perfil 3 para morfología y análisis). El segundo, es un Typic to Geográfico Agustín Codazzi, por los análisis de los perfiles Tibitó y Facatativá.
Dystropet de terraza fluvial en la llanura del bosque pluvial tropical del pacífico (Apén- A la Señora Helena Restrepo de Del Llano, por su ayuda y colaboración.
dice, perfil 4 para morfología y análisis).
Franzmeier y Cortés (1972) presentaron en el II Panel sobre Suelos Volcánicos de
9. REFERENCIAS
América Latina, reunido en la Universidad de Nariño, una climosecuencia de suelos deri-
vados de cenizas volcánicas en la Cordillera Central de Colombia, entre Mariquita y Le-
Buol, S.W., Hole, F.D., McCracken, R.J., 1973. Soil Genesis and Classification. The lowa State Univer-
tras, que ofrece gran interés. sity Press, Ames. 360 pp.
La dificultad de establecer secuencias climáticas en las cliseries de altitud, estriba en Carrera, E., Pichott, J. y Atexander, E.B., 1968. Estudio general de Clasificación de los Suelos de la
la variación de la precipitación de los diversos pisos, lo cual quizás se puede obviar con Cuenca Alta del Río Bogotá para Fines Agrícolas. Bogotá, Colombia. Instituto Geográfico Agus-
la utilización de índices de aridez aplicados a localidades seleccionadas a propósito, to- tín Codazzi, V. 4, No. 1, 200 pp.
Córdoba, H. et al. 1978. Estudio General de Suelos de la Alta y Media Guajira. Departamento de la
mando como constante el resto de factores de formación.
Guajira. Bogotá, Colombia. Instituto Geográfico Agustín Codazzi. 577 pp.
Cortés, A., 1976. Aptitud de Uso de los Suelos de la Sabana de Bogotá y sus Alrededores. Bogotá,
7. EL FACTOR BIOTICO Y LAS BIOSECUENCIAS Colombia. Instituto Geográfico Agustín Codazzi. 26 pp.
Espinal, L.S. y Montenegro, E., 1960. Formaciones Vegetales de Colombia. Bogotá, Colombia. Institu-
Jenny (1941) considera el suelo como un material esencialmente anisotrópico, en to Geográfico Agustín Codazzi. 221 pp.
Franzmeier, D.P. and Cortés, A., 1972. Climosecuencia de Suelos Derivados de Cenizas Volcánicas en
donde la distribución espacial de sus características no es randomizada, sinó dependien-
la Cordillera Central de Colombia. II Panel sobre Suelos Volcánicos de América. Universidad de
te de la dirección. Así, si se extiende una línea desde la superficie hasta el centro de la
Nariño. I ICA, OEA, Pasto, Colombia, 139-152 pp.
Tierra (eje Z), la secuencia de las propiedades edáficas difiere profundamente de aquellas Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, 1975. Manual de Conservación de Suelos de Ladera.
a lo largo de la superficie; en otras palabras, el suelo posee propiedades vectoriales o, lo Cenicafé, Chinchiná, Colombia. 267 pp.
que es lo mismo, posee un perfil y agrega: los suelos son aquella porción de la corteza te- Galvis, C.E. y Valencia, H.A., 1975. Efecto Edáfico de la Hormiga Arriare ATTA LAEVIGATA en
Suelos de la Orinoquia Colombiana. Tesis de grado presentada como requisito parcial para optar
rrestre, cuyas propiedades varían con los factores de formación. En eso se distinguen de
al título de Biólogo. Universidad Nacional. Bogotá.
los materiales estrictamente geológicos. Jenny, H., 1941. Factor of Soil Formation. McGraw Hill, New York.
Lo dicho acerca de las propiedades vectoriales del suelo nos sirve para distinguir un Jenny, H. 1950. Conferencias de Clase. Universidad de California, Berkeley. 17 pp.
perfil edáfico organizado, con horizontes paralelos a la superficie, y un basurero de origen López, M., Guerrero, R., 1978. Caracterización y Clasificación de Suelos de la Serie Río Bogotá. Bo-
antrópico que se encuentra a la entrada de un antiguo abrigo habitado. Si en éste, hay gotá, Colombia. Revista Instituto Colombiano Agropecuario. Vol. XIII. No. 3. 8 pp.
Llano, M. del., 1954. Clasificación Filogenética y Ecológica de los Suelos del Mundo. Anales del Con-
acumulación de humus y de fosfatos por el antiguo aporte de basuras de origen orgánico,
greso Internacional de la Ciencia del Suelo. París.
el corte o perfil nos puede servir de ejemplo de biosecuencia con el suelo local. En este Llano, M. del., 1955. La Ciencia del Suelo al Servicio de la Arqueología. Medellín, Colombia. Bole-
momento, los autores adelantan un estudio al respecto. tín del Instituto de Antropología. Vol. 1, No. 3., 265-273 pp.
Galvis y Valencia (1975) evaluaron el efecto edáfico de la hormiga arriera Atta Laevi- Llano, M. del., 1970. Mapa Geomorfológico de Colombia. Revista Colombiana de Geología. No. 7.
Universidad Nacional de Colombia. 4 pp.
gata (F. Smith) en las propiedades del suelo, en la pureza de las unidades cartográficas de
Llano, M., 1976. Conttibution a L'Etude des Relations Climats-Sols-Végétation en Colombie. The se
los mapas de suelos y en las características de la vegetación asociada a los hormigueros
présentés devant l'Un iversité Paul Sabatier de Toulouse, pour obtenir le Grade de Docteur
en la sabana abierta de Gaviotas, Comisaría del Vichada. Aquí se puede establecer una d'Université, Toulouse, France. 193 pp.
biosecuencia de suelos, teniendo en cuenta los lugares colonizados recientemente por la Mejía, L. and Buol, S.W., 1975. Characteristics of a Common Toposequence of the Llanos Orientales
hormiga y aquellos que están actualmente libres de su influencia. Los autores encontra- of Colombia. Agronomic-Economic Research on Tropical Soils. Annual Report for 4975: Soil
Science Department North Carolina State University. Raleigh, N. C.
ron en primer lugar, que las hormigas mantienen un equilibrio dinámico dentro del eco-
Morelo, J., et al., 1974. Estudio Detallado de Suelos del Centro de Desarrollo Integrado "Las Gavio-
sistema regional. Los hormigueros favorecen los núcleos de colonización vegetal que con-
tas". Comisaría del Vichada. Bogotá Colombia. Instituto, Geográfico Agustín Codazzi. 273 pp.
trastan con la sabana abierta, que muestra menor productividad de plantas. Las especies Rocha, O., et al., 1977. Estudio General de Suelos, del Municipio de Quibdó. Departamento del Cho-
dominantes, Miconia rufescens y Pa/icourea rigida, desplazan a Andropogon sp. y a Cura- có. Bogotá, Colombia. Instituto Geográfico Agustín Codazzi. 214 pp.
te/la americana, que son propias de la sabana. Por otro lado, la morfología de los suelos Soil survey Staff., 1975. Soil Taxonomy, Washington. Soil Conservation Service U.S. Department of
Agriculture. Agriculture Handbook No. 436. 754 pp.
es afectada seriamente por la acción de las hormigas, sobre todo los horizontes Ah y los
Van der Hammen. T. y González, E., 1963. Historia del Clima y Vegetación del Pleistoceno Superior
AB, lo mismo que la parte superior del horizonte Oxico, siendo las propiedades más so-
y del Holoceno de la Sabana de Bogotá. Boletín Geológico 5 (21. Bogotá, Colombia.
bresalientes en la acción biótica, la estabilidad estructural y la humedad aprovechable. La
densidad aparente es menor en perfiles y horizontes con mayor actividad biológica, sien-
do significativa la incorporación de materia orgánica. Los mencionados autores deducen APENDICE
de lo anterior, que la hormiga arriera ocupa una posición dominante como organismo
integrante del ecosistema de la región mencionada que corresponde al bosque seco tro- Comparación de dos Unidades de Suelos Derivados de Distintas Rocas Igneas. Adaptadas de A.
Grisales (19751.
pical de la Orinoquia.
187
186
Del Llano & Pichott
La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
GRANITO BASALTO
Roca Ignea intrusiva Roca Ignea efusiva Suelo: Lithic Udic Haplustalf. Localización: Cundinamarca, Facatativá,
Roca ácida (más 66%de SiO2) Roca básica (42-45% SiO2) Colectores: Del Llano y Pichott (Cartagenita), 2.660 m alt.
Composición: Silice, Feldespato (ortosa), mica Composición: compleja No. Campo: p 2 Nos. Laboratorio: 2-23.894 896
Estructura: Diaclasas Estructura: compacta
188 189
Del Llano & Pichott La ordenación funcional y arreglo de secuencias en suelos de Colombia
cm,
canal ícu los rellenos de deyecciones de macroorganismos, de color oscuro. Abundan-
0-20 Color pardo 10 YR 5/3 en seco, con manchas pardo grisáceo oscuras 10 VR 4/2; tex-
cia de poros finos y raicillas blanquecinas aplastadas.
tura franca; estructura en bloques subangulares medianos y débiles. Consistencia
Ah friable en húmedo, ni pegajosa ni plástica. pH 5.2. Limite: gradual y plano.
73 - 95 Color 7.5 VR 5/6 en húmedo con manchas dendríticas de 7.5 YR 3/2. Arcilloso. Es-
tructura de bloques subangulares medios, moderadamente desarrollados. Consisten-
20 - 70 Color pardo rojizo 5 YR 4/4 en seco, con abundantes manchas rojo-amarillentas
B t3 cia ligeramente dura en húmedo. Poros escasos y finos, con pocas raíces. Limites:
5 YR 4/8; textura franca; estructura de bloques subangulares medianos, débiles; con-
clara y plana.
Bs sistencia en estado mojado, pegajoso y plástica; concreciones de manganeso. pH 5.3.
Límite: difuso.
95 -.110 Color 5 VR 3/4 que corresponde á pardo rojizo oscuro en húmedo, con manchas.
Franco arcilloso en textura. Estructura de bloques angulares moderadamente desa-
70 - 110 Color pardo 7.5 YR 5/4; textura arcillosa y sin estructura; material pegajoso y plás-
2Bt4 rrollados. Consistencia firme en húmedo. Cutanes gruesos sobre la cara de los peds y 2C 1 tico en húmedo; concreciones de carbonatos. pH 8.3. Límite: gradual y plano.
en el interior de los poros medianos y tubulares. Antigua actividad de organismos y
raíces muy escasas. Límites: clara y plana. 110 - 140 Color pardo fuerte 7.5 YR 5/6 en seco, con abundantes manchas pardas de 7.5 VR
2C 2 5/4; textura franco arcillosa y sin estructura, siendo pegajoso y plástico el material
110 - 120 Color 10 VR 5/3 en húmedo, con pequeñas manchas 7,5 VR 3/2 que se extienden
en mojado; concreciones de manganeso y carbonatos. pH 8.1. Límite Claro y plano.
por el interior de los canal ículos. Pequeños nódulos de óxido de hierro de color par-
2Bt5 do fuerte 7.5 YR 5/8. Ausencia de organismos con 20% de manchas pardo pálido 140 - 160 Color rojo amarillento 5 YR 4/6 en seco con frecuentes manchas pardo amarillentas
10 YR 6/3 y otro 20% de manchas pardo rojizas 5 YR 4/3. Textura franco arcillosa
10 YR 5/6; textura franco arcillosa sin estructura; consistencia pegajosa y plástica
y consistencia friable. Cutanes en los poros y fisuras; gravilla en forma de pedotú- 2C 3 en mojado; presencia de carbonatos y manganeso. pH 8.4.
bulos.
cent
16.0 7.6 0.3 0.5 52.3 24.8 24.8 1.0 0.8 0.1 62.2 44.9 8.2 8.2
30.6 7.6
10.3 8.2
d ci
38.0 17.0 8.0 0.2 0.8 44.7 21.1 21.1 0.5 5.2 2.0 0.6 79.6 50.5 19.4 3.9
8.0
17.7 (22.4) (8.4) (4.8) 8.8 - - 2.3
28.0 13.8 5.5 7.3 0.4 0.6 49.3 19.6 26.1 1.4
11.3 (15.6) (3.2) (3.2) 8.8 - - - 3.5
20.9 11.2 5.2 5.2 0.4 0.4 53.6 24.9 24.9 1.9
15.4 (26.4) (13.7) (3.21 9.1 - - - 2.6
10.7 7.0 3.3 2.9 0.6 0.2 65.4 30.8 27.1 5.6
P205 Al Salinidad
C% M.O. Kg/Ha me/100 C.E. SNa Clase
PERFIL No. 3
1.26 2.10 263 0.6 - - , -
Clasificación: NATA IC CAMBORTH ID 0.70 1.26 122 0.6 - - -
Localización: Guajira, Maicao, (Suelo Calabacito). 0.20 0.34 21 8.0 49.7 S2Na
Posición Fisiográfica: Terraza en llanura baja. 0.20 0.34 11 11.4 77.9 S2Na
Material Parental: Sedimentos heterogéneos de acarreo. 0.20 0.34 14 12.1 59.1 S2Na
Topografía: Relieve plano, pendiente O a 1%.
Drenaje: Aceptable, con nivel freático profundo.
Colectores: Ospina y Gallego. V-71.
Vegetación: Guayacán, guamacho, cardón, espino, palma amarga.
190 191
Del Llano & Pichott
PERFIL No. 4
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 193 - 199 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Clasificación: TYPIC DYSTROPEPT
Localización: Chocó, Municipio de Quibdó.
Posición fisiográfica: 50 m sobre el nivel del mar. Terraza fluvial. VEGETATION-CLIMATIC RELATION OF COLD-PHASE
Material parental: Sedimentos de acarreo.
PALEOSOLS IN THE COLOMBIAN ANDES
Topografía: Con relieve relativamente plano.
Drenaje: Bueno.
Colectores: I.G.A.C., O. Rocha. H. Fálster*
Vegetación: Rastrojo en bosque pluvial tropical.
RESUMEN
cm
0-12 Color pardo oscuro 10 YR 4/2 en seco; arcilloso; estructura de bloques subangulares
Se estudiaron suelos paleosólicos desarrollados en el Pleniglacial medio y superior del Cuaterna-
Ah moderados, de medianos a finos; consistencia friable, ligeramente plástico y pegajoso.
rio tardío, situados en la Cordillera Occidental y Central, en las cercanías de Cali y en la Cordillera
Abundancia de cantos rodados. pH 5.1.
Oriental, al Oeste y Noroeste de Bogotá. La edad de los suelos fue determinada con carbono marca-
do y tefracronologia comparativa. La morfología de dichos suelos difiere de la de los del Holoceno,
12 - 26 Color pardo fuerte 7.5 YR 5/6 en húmedo: textura arcillosa: bloques subangulares
pudiéndose también observar cambios entre los correspondientes al Pleniglacial medio y al Pleniglacial
851 medios y moderados; friable, pegajoso y plástico. Manchas de materia orgánica a lo
superior. Los paleosoles más antiguos son suelos hidromórficos, blancos a grises, con horizontes A l
largo de los canaliculos; presencia de cantos rodados. Limite: gradual e irregular
poco profundos pero con láminas basales de hierro muy desarrolladas (Placaquept). Estos suelos se
pH 4.9.
formaron antes y alrededor de 30.000 años B.P., aparentemente bajo bosques de Polylepis. La segun-
da generación de paleosoles se formó durante la transición al Pleniglacial superior y se caracterizan
26 - 70 Color rojo amarillento 5. YR 5/8 en húmedo, con manchas de color gris oliva claro
por poseer horizontes A loscuros y profundos y láminas basales de hierro (placic Humitropept). Se
5 Y 5/2 arcilloso. Estructura de bloques subangulares moderados, de medianos a
considera que este cambio morfológico refleja la importancia creciente de las gramineas dentro de la
BS2 gruesos; friable, pegajoso y plástico; manchas de materia orgánica a lo largo de cana-
vegetación. Por otro lado, la presencia de láminas basales de hierro puede estar relacionada con la baja
1 ículos. Límite: gradual y ondulado.
evapotranspiración durante este periodo, lo cual habría permitido un marcado flujo lateral de agua a
lo largo de límites texturales. Por el contrario, los suelos del Holoceno (Dystrandepts o Humitropepts)
70 - 125 Color rojo amarillento 5 VR 4/6, con manchas gris oliva claro 5 Y 5/2 poco con-
carecen de dichas láminas de hierro.
trastadas y otras de color rojo 2.5 YR 4/8 conspicuas y claras. Arcilloso, con estruc-
C1 tura de bloques subangulares y presencia de superficie de presión. Límite: claro y
ABSTRACT
suave. pH 5.0.
Late Quaternary paleosols from the Middle to Upper Pleniglacial have been studied in the
125 - 150 Pardo fuerte 7.5 YR 6/8 con manchas de color gris oliva claro 5 Y 6/2 y otras rojas
Western and Central Cordillera around Cali, and the Eastern Cordillera W and NW of Bogotá. They
2.5 VR 4/6. Arcilloso y sin estructura, con presencia de superficie de presión; friable,
were dated by radiocarbon analysis and comparative tephrachronology. The morphology of the
pegajoso y plástico con delgada banda rica en material petroférrico.
paleosols differs from that of the Holocene soil, and also shows a change from Middle to Upper
Pleniglacial. The older paleosols are white to grey hydromorphous soils with weak A1-horizons but
well developed basal iron pans (Placaquept). The formed before and around 30.000 years B.P.,
apparently under Polylepis woodland. A second generation of paleosols formed during the transition
towards Upper Pleniglacial and are characterized by a deep black Al-horizon and a basal iron pan
Suelo: Typic Dystropept Localización: Chocó, Quibdó. 50 m alt. (placic Humitropept). This morphological change is considerad to reflect the growing importante of
Colector: I.G.A.C. Gramineae in the vegetation. The basal iron pan of the cold-phase soils on the other hand, can be
No. Campo: Nos. Laboratorio: related to the lower evapotranspiration during this time which resultad in higher lateral spring flow
along textural boundaries. The Holocene soils (Dystrandepts or Humitropepts) lack the basal iron pan.
Prof. Granulometría pH C M.O. P Al
cm A L Ar Tex 1:1 e
9 Kg/Ha me/100
The paper summarizes observations on paleosols from the Western and Central Cor-
Ah 0.12 62 20 18 FA 4.1 4.14 5.27 16 4.9 dillera around Cali - Palmira, and from the Eastern Cordillera W and NW of Bogotá
BS 1 12-26 42 24 32 FAr 4.8 1.88 2.39 9 3.8
(Foister, et al., 1977; Folster and Hetsch, 1978). All sites are located between 1500
BS 2 26-70 36 22 42 Ar 5.5 1.40 1.78 7 3.8
Cl 70-125 34 20 46 Ar 1.68 2.14 4 6.30
and 3000 m altitude and receive between 1000 and 2500 mm anual rainfall. Most paleo-
5.3
C2 125-150 36 20 34 FArA 5.3 0.38 0.44 7 5.9 soils developed on volcanic ash (andesitic-dacitic) or slope deposits with strong admixture
of ash though paleosoils have also been found on other material.
Completo de Cambio - me/100 g Saturaciones - % Dating and stratigraphic correlation of paleosols has been greatly facilitated by
CCC BT Ca Mg K Na ST SCa SMg SK the fact that tephra activity apparently concentrated within comparatively few phases
AAA(...)4> '
and provided a rather homogeneous parent material of soil formation in the whole arca.
cr) im ils O in
192 193
-
and associates provided the time Trame for the dating of the paleosols between 30.000
and 10.000 years B.P.
During this time span, one can observe a distinct change in morphological character Neusa
in the paleosols as well as a similarily distinct difference to the Holocene soil of the area. 2 2a 5
This fact will be demonstrated by two series of paleosol sections from the Eastern Cordi-
llera.
Wid
•
Neusa (Fig. 1, 13 km N of Zipaquirá)
The recent soil is a Dystrandept with a thick black Al-horizon covering all (in 150
other sites only part) of the ash deposit. In some sections, this recent soil is disturbed
/ 'V
by what appears to be recent erosion and redeposition. 11 • • I.
Between the recent soil and the youngest paleosol, a slope deposit of ash and I II •
transported A1-material, sometimes also a stone line or a mixed material of ash and basal
weathering material occurs indicating widespread geomorphic activity. .11
The first paleosol appears to be very similar to the recent soil in regard to the thick,
black Al-horizon but is also characterized by a basal iron pan, a placic horizon (placic E.c1:„ 15;h* elIII 1
el 1E11
e iron pan
Humitropept). In 3 of the sections in Fig. 1, two paleosols of this type are encountered n
- on 'ash c ay
1 "o " iron mottling
separated by a stone line or a mixted slope deposit. The humus filtrates of there two gravel
ash
paleosols (at the site of Neusa 2) provides 14 C-dates of 19 450 and 23 750 years B.P. Ah - horizon • charcoal
respectively. ® transported
The next older paleosol is exposed only in Neusa 2 and 2a. It is also characterized by El grey hydromorphous paleosol
an iron pan but its main solum shows a quite different morphology: Here, the deep,
Figure 1 — Paleosol sequences from Neusa, Eastern Cordillera.
black Al-horizon of the younger paleosol type is replaced by a greyish white hydro-
Bogota Bogota 10
morphic horizon. Al-horizons are not preserved at this site. The soil can be classified
as Placaquept; a radiocarbon date of >30.000 years B.P. (37.450, charcoal) shows it to 12 + m 6 t
be of Middle Pleniglacial age. 2
3
50
Bogotá 12, 13 (Fig. 2)
5
Two more sequences of similar character are shown in Fig. 2. They are located on 100 -
the road Mosquera—La Mesa W of Bogotá. Again, we encounter a basal Placaquept 9 \ 100
derived from volcanic ash, a gleyed white, mottled soil with hard or soft placic horizon >
11"fil(
12 1)1,S.,7)y I
and, in Bogotá 12, a thin A1-horizon. This soil was disturbed by erosion. Charcoal related
whtíé 150
to this event provided a 14 C-date of 30.100 years B.P. 14
In Bogotá 13, another thin Placaquept follows with grey rather than white colora- 200 /
,white
tion, and a placic horizon which developed within the lower Placaquept. 17 .200
Aboye this soil, we encounter a paleosol of the younger generation, i.e. a deep,
black Humitropept with placic horizon. lts age is indicated by the 14 C-date of the yellow c ay
Ah - horizon
charcoal found on its surface which is 23.750 years B.P.
J Ah material redistributed
In the parallel section of Bogotá 12, we also find the white and the grey Placaquept. áá
gravel friable ash
But intervening between them, two paleosols occur with a morphology similar to that
"No iron pan grey white hydromorphous soil
of the younger paleósol generation (placic Humitropept).
diffuse iron mottling material
These paleosol sections may suffice to indicate
clays of none - ash origine
that from Middle Pleniglacial to Holocene, there hal been a gradual change of the • charcoal
environmental conditions which govern the soil formation process, and Figure 2 — Paleosol sequences from the road Mosquera — La Mesa, W of Bogotá, Eastern
that this change was not a straight forward process but followed alternating fluctua- Cordillera.
tion.
Discussing the type of environmental changes as indicated by the changing paleosol
morphoiogy, we have to follow two lines of thought:
a) Firstly, there are the hydromorphous features, the white to grey mottled coloration
194 195
FiSister Vegetation-climatic relation of cold-phase paleosols in the Colombian Andes
and the placic horizon. The latter cannot be considered spodic horizons but have to year tephra pollen
periods soil formatron
be interpreted as products of lateral redistribution of iron. The iron oxide precipi- BP layers diagram
tates along planes of preferential lateral water movement (spring flow horizons or Dystrandept deep,
aquifers). Such planes coincide mostly with structural or textural boundaries (e.g. Holocene black Al
layer boundaries). In the Holocene soil mantle, such iron pans can be found only warm, humid, high ET
locally, mostly under humid Paramo vegetation (Zóttle, 1974; Hetsch, 1976; Felster
and von Christen, 1977).
The morphological change in the Middle Pleniglacial to the Holocene soils, 10 000
then, has to be related to decreasing hydromorphism. The higher humidity during
Middle and early Upper Pleniglacial has already been inferred by van der Hammen
erosion, no soil formation
(1968) from Quaternary fluctuations of lake levels, and may have resulted from
cold, dry
lower evapotranspiration during the glacial temperature depression rather than
from higher rainfall.
upper
Reduced evapotranspiration would increase the mean water saturation of the
20 000
soil to a level where aquifers would be active during prolonged periods of the year. Humitropept with iron
pan
b) Secondy, there is a definite change in the humus dynamics of the subsequent soil
generations. The oldest paleosol type apparently never developed more than a
Pleni- L
glacial
thin Al-horizon though it may have been covered by an organic surface layer. The
Alternotion of Aquept
younger paleosol type, on the other hand, formed a deep Al-horizon with 8-10'1,1 of and Humitropept
stable humus. As both soils developed an the same andesitic-dacitic ash, the L
difference in humus morphology has to be related to a specific vegetational influence 30 000
middle grey - white Aquept
rather than to an inorganic factor. In pedological experience, such melanizing effect
with iron pan
— i.e. the development of a thick, black A1-horizon is normally associated with
cold, wet, low ET
grasses and their high subterranean turnover of root biomass. The same melanization
operates today in the cloud forest zone, when the forest is replaced by grassland.
The soil looses its organic surface layer while the Al-horizon increases in thickness Figure 3 Simplified diagram showing changes in pollendeposition and soil formation
from Middle Pleniglacial to Holocene.
and become richer in organic matter.
If this interpretation is correct, the succession from the older to the younger paleosol as did the widespread recent land use as grassland. It thus becomes virtually
type may be taken to indicate a change from woodland to predominant grassland vegeta- impossible to separate the pedological impact of these different vegetation
tion. This conclusion can be supported by the palynological evidence collected by van
influences.
der Hammen and associates (Fig. 3) tries to summarize the palynological and the pedolo- In the Central and Western Cordillera around Cali—Palmira, we so far only found
gical sequence in a simplified manner: paleosols of the older generation (Placaquept). Fig. 4 shows some examples. In three
1) From Middle to Upper Pleniglacial, the pollen diagram shows a gradual replacement sections, two subsequent Placaquepts occur: In Sevilla 1, both are younger than 33.000
of a Polylepis-dominated woodland by a more open vegetation with increasing contri-
years B.P., in Barragan one is older and one younger than 33.760 years B.P.; the paleosol
tution of Gramineae. This change correlates with a corresponding pedological change
in Amaime C 22 is older than 27.800 years B.P. In Barragan, the older Placaquept is
from greyish-white Placaquept to black placic Humitropept.
white, mottled while the younger one has a grey, finely mottled appearance. A thin
Al-horizon has been preserved locally in the lower soil.
2) In the Fuquene pollen diagram (van Getl and van der Hammen, 1973), at least one
The lack of paleosols with deep black Al-horizon may just mean that sites where
major phase of reestablished Polylepis-woodland has been observed (pollen zone W
they occur, have not yet been found. However, as our search for paleosols has been
II). Similarily, we find in the section of Bog. 13 (Fig. 2) an alternation between the
more intense in this region than in the Eastern Cordillera, one has also to consider the
two types•of paleosols. According to the 14 C-dates of this section, this alternation other alternative that the 'Middle Pleniglacial woodland vegetation persisted longer
occurred between 30.000 and 24.000 years B.P. throughout the early upper Pleniglacial in the Western and Central Cordillera, which have
3) Between 24.000 and 19.000 years B.P. (according to our 14 C-dates), only the black
a more humid climate than the Eastern Cordillera.
placic Humitropept is encountered as paleosol, and after this follows an time lack
Such hypothesis may also be supported by the type of change which the paleosols
of 6 - 8.000 years without soil relicts, a period which appears to have been domi- underwent at the onset of the drier climate of the Upper Pleniglacial. Before being
nated by erosion. subjected to erosion and, later, fossilization by the youngest ash deposit, the upper
4) In regard to the transition Upper Pleniglacial/Holocene, pollen evidence provides paleosol in the Barragan section was subjected to conspicuous shrinking. This process
a much more detailed picture than does pedological evidence. The Holocene soil
is known to occur in uniformely wet Andosols (Hydrandepts) on drying. The shrinkage
formed in a tephra deposit for which a series of radiocarbon dates suggest an age gaps were later filled with younger ash and structural fragments of the paleosol.
of about 10.000 years B.P. The early Holocene drier phase with its vegetation domi- Such shrinkage fragments are frequently found in the lower part of the youngest
nated by Gramineae may have stimulated the formation of thick black Al-horizon,
ash layer, usually associated with fragments of iron pan, even at sites where the paleosol
196 197
Fóleter Vegetation-ehimatie relation of coid-phase paleosols in the Colombian Andes
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-160
pale yellow ash IIII 111 1 1 1 1i
1 1.
60
m. w
140
250
24 -
a •
•
yen ow clayey SS
• • -1-
ye llow
clayey Sedimen
198 199
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 201 214 11981) - O CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
ABSTRACT
201
Gómez
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarca)
The ancient morphology delimited by the actual cretaceous hills, with peripherical trend between
Facatativá and Madrid related to Facatativa'and Salsillas Faults, make us think about the evolution of
a tectonic basin or semirestricted contour. The Checua river which possibly flowed finto Subachoque
river, North of Madrid, was defected toward the South-east (capture) carrying very fine material in
the su b-basin.
The stratigraphy of thirteen percussion drills and ten by-hand drills, the lithological correlation
on several longitudinal and transversal sections, the lithological description of four outcrops, the
physical and chemical analisis, and the study of five petrographic thin sections lays the ground to
confirm the occurrence of a predominant limolitic srliceous sequence with alternation of diatomites,
volcanic ashes, and very fine sandstones; the last ones are found in very thin layers. All this mixed
sedimentary sequence belongs to the new Herrera Formation which belongs chronologically to Pleis-
tocene and could be corresponding to Sabana Formation (Hubach 1957, Van der Hammen 1958).
This new squence presents moreover levels with puzolanic characteristics, and they are going
to be used in the cement industry: the average content of Si02 is 68%; of A1203, 17%; of Fe203,
4.4%; of CaO, 1.2% and Mgo, 0.7%.
1. INTRODUCCION
El presente estudio reporta parte de los resultados, sobre la investigación de una se-
cuencia sedimentaria subhorizontal compleja, de origen "mixto", con características de
puzolanas, que presenta sus mejores afloramientos al oeste de la Laguna de la Herrera,
cerca de la población de Bojacá en la Sabana de Bogotá, como se observa en el Mapa Geo-
lógico General y de Localización (Fig. 1).
La investigación del área la inició el autor en 1979, e incluye el mapeo general, la '1104
2. PROPOSITO DE LA INVESTIGACION
202 203
Gómez Secuencia sedimentaria compleja en &nace y Madrid (Cundinamarca)
La supuesta subcuenca se generó posiblemente según los siguientes eventos: Finalmente Riezebos (1977) realiza el estudio petrográfico y mineralógico de algunas
Cuando la sedimentación plio-pleistocena comenzó, el sobrelevantamiento princi- capas de ceniza volcánica y su significado estratigráfico, basado en tres perforaciones, en
1.
pal de la Cordillera Oriental no se había iniciado, pero las rocas antiguas ya habían la Laguna de Fúquene.
formado una morfología montañosa a ondulada (Van der Hammen, 1973) que deter- A pesar de que no se ha reportado vulcanismo reciente o subreciente en la Sabana
minaba la cuenca lacustre de la Sabana de Bogotá. de Bogotá, gran parte de su superficie fue cubierta por material volcánico fino provenien-
Durante la depositación de los sedimentos lacustres y el levantamiento gradual del te de erupciones de los volcanes de la Cordillera Central. De acuerdo a Bürgl (1957) y
2.
área en el Pleistoceno (Van der Hammen, 1973) se activó la Falla de Facatativá, Soeters (1976), durante el Holoceno hubo reactivación del vulcanismo en la Cordillera
desarrollándose un umbral con dirección aproximada N 35° W. El Río Checua- Central, generándose seis niveles en el Valle del Magdalena. Riezebos anota la presencia
Andes que posiblemente desembocaba al Río Subachoque, antes de Madrid fue de 15 niveles o capitas de ceniza volcánica en la Sabana, y Elbersen (1972) y Elbersen y
capturado y cambió su curso hacia la depresión del sur en Bojacá. Niuwenhuis (1974) comprueban la presencia de cenizas volcánicas en los suelos de los
3. Las fallas de Moyano y Balsillas modelaron la subcuenca en los sedimentos de la Llanos Orientales. Debido al carácter montañoso de los alrededores de la Sabana, las
Formación Guadalupe y sobre la cual se depositaron discordantemente los sedimen- cenizas rara vez se encuentran puras: siempre se encuentran mezcladas con materiales
tos de la nueva Formación Herrera con espesor mayor de 25 m. autóctonos como diatomitas o limolitas después de sufrir retransporte y cambios en
4. La subcuenca lacustre semirrestringida de Bojacá estuvo alimentada predominante- composición debido a procesos de meteorización y actividad orográfica del área.
mente por materiales finos a muy finos que rebosaron el umbral .(antes de que el Herd (1974), quien estudió el complejo volcánico Ruiz-Tolima, muestreo varias ca-
Río Bojacá tuviera su curso actual) durante las épocas de máxima inundación, con- pas de ceniza y "lapilli" y por el análisis mineralógico correlacionó su composición mi-
secutivamente. Las "liditas" o "plaeners" de las estribaciones cretácicas de la sub- neralógica con tres fases eruptivas correspondientes a los Nevados del Ruiz, Tolima y
cuenca que se encontraban cerca de superficie se transformaron en caolín, debido a Cerro Bravo: de acuerdo con su trabajo, ocurrieron varias erupciones piroclásticas hace
una meteorización muy fuerte durante un tiempo muy largo, cuando reinaba en la cerca de 13.800 años.
región un clima tropical a subtropical (van der Hammen, 1957). Estos caolines El autor reporta la presencia de 10 capitas de ceniza volcánica puras a mezcladas, en
fueron transportados, en parte hacia la subcuenca, debido a la escorrentía superfi- el afloramiento tipo al sur de la casa de la Hacienda La Herrera.
cial fuerte en los períodos interpluviales. Las cenizas volcánicas generadas por reac-
tivación del vulcanismo en la Cordillera - Central durante el Holoceno, aportaron 4. AFLORAMIENTOS, SONDEOS Y CORRELACIONES L I TO LOG ICAS
material directa o indirectamente durante varias fases. Cuando el carácter de la
subcuenca era altamente silícico, durante ciertas épocas, se generó la proliferación Aunque el área estudiada presenta una morfología de "escalones" o terrazas produ-
de diatómeas, dando lugar a bancos puros interestratificados o mezclados con las cidas por erosión, los afloramientos son•escasos: su ubicación se aprecia en el Mapa Geo-
cenizas volcánicas, o limolitas. lógico Preliminar y Ubicación de Sondeos. Se observaron cinco así:
5. El ambiente lacustre restringido exhibe en este caso un amplio intervalo de condicio- Afloramiento No. 1.— Se insinúa morfológicamente sobre una posible terraza de
nes caracterizadas por poca profundidad, corrientes débiles, cambios de niveles esta- erosión, 400 m al SW de la Casa Galindo (Hacienda Herrera). Presenta 1,50 m de sedi-
cionales y subsidencia o hundimiento suave de la subcuenca. Hubo alternancia de mentos visibles sobre una lomita. en el techo predominan limolitas habanas; en la parte
períodos de sequía y lluvia: estos dieron lugar a la intercalación de los estratos media diatomitas mezcladas con.cenizas volcánicas y hacia la base se intercalan horizon-
descritos, enriquecidos individualmente o mezclados. tes limoníticos, de 1 a 2 centímetros, poco consistentes, con algo de turba en trazas.
Afloramiento No. 2.— Ubicado en la Hacienda La Planicie; presenta secuencia lito-
6. Finalmente la subcuenca desaguó hacia el Río Balsillas por un boquete formado
lógica visible de 5,00 m con la siguiente descripción litológica del techo hacia la base:
por el Río Bojacá, dejando como último remanente la actual Laguna de la Herrera
de 0,00 a 0,20 m, suelo gris mezclado con ceniza volcánica; de 0,20 a 0,50 m, suelo
y gran cantidad de cerros testigos cretáceos. Actualmente el área está sometida a
orgánico; de 0,50 a 2,50 m, limolitas arcillosas grises intercaladas con cenizas volcánicas
un período de erosión debido a levantamiento regional lento como lo atestigua el
en capas de color claro; de 2,50 a 5,00 m, secuencia discordante de "plaeners" disgrega-
afloramiento de la sección tipo con más de 15 m al sur de la casa de la Hacienda de
dos como material de ladera, sobre los cuales descansa la secuencia anterior.
La Herrera.
Afloramiento No. 3.— Ubicado 250 metros al sur de la casa de la Hacienda La Herre-
ra, muestra una secuencia de más de 15 metros de espesor a partir del lago artificial. Pre-
3. TRABAJOS PREVIOS
senta del techo hacia la base una sucesión de estratos de limolitas sil íceas predominantes
intercaladas con estratos de diatomita y ceniza volcánica, puras, a veces mezcladas. El
Hubach (1957), Bürgl (1957) y Van der Hammen (1957) describen la estratigraf ía
espesor de los estratos varía entre 15 y 30 centímetros. Parte de la secuencia yace dis-
del área de la Sabana de Bogotá. Van der Hammen y Parada A. (1958) realizan investi-
cordante angularmente sobre las areniscas grises de la Formación Guadalupe, cuya actitud
gaciones de algunos importantes yacimientos de diatomita, caolín y arcillas de la Sabana
allí es 320° / 45 SW. Del techo hacia la base tenemos la siguiente sucesión: 1.— Suelo re-
de Bogotá. Van der Hammen (1960, 1961) discute sobre la tectónica de los Andes lo
sidual mixto negro a gris: 0,20 m. 2.— Toba limolítiea, gris, redepositada y compacta,
mismo que Irving (1971); Julivert (1963) describe las estructuras tectónicas del área de
edafológicamente "duripan": 0,50 m. 3.— Limolita arcillosa, habana, algo diatomácea
la Sabana de Bogotá.
hacia la base: 0,50 m. 4.— diatomita pura, gris, con trazas de óxidos de hierro: 0,30 m.
Van der Hammen y González (1964) y Van der Hammen (1966) publicaron nue-
5.— Diatomita mezclada con ceniza volcánica: 0,55 m. 6.— Diatomita pura en láminas:
vos datos sobre la secuencia del Plioceno y Cuaternario. Van der Hammen y otros (1973)
0,60 m. 7.— Arcillolita caolinitica, algo diatomác9a: 0,20 m. 8.— Limolita diatomácea
describen la secuencia palinológica del sobrelevantamiento de los Andes que es un estudio
mezclada con capitas de ceniza volcánica: 0,30 M. 9,— Ceniza volcánica mezclada con
del Plioceno y Cuaternario inferior de la Cordillera Oriental Colombiana.
205
204
sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarcal
Gómez
MUESTRAS
Sondeo No. 4
Sondeo No. 5
diatomita: 0,25 m. 10.- Limolita caolinítica y capas de diatomita: 0,25 m. 11.- Ceniza
volcánica intercalada con diatomita: 0,40 m. 12.- Diatomita gris pura en bancos de hasta
30 centímetros, intercaladas con cenizas volcánicas y limolitas: 1,10 m. 13.- Diatomita
mezclada con ceniza volcánica en capitas: 0,35 m. 14.- Limolita caolinítica habana: CON VE
0,35 m. 15.- Limolita mezclada con material volcánico; 0,30 m. 16.- Limolita caoli- TOPOGRA FICAS
PRODUCTORA DE MINERALES S. A.
nítica intercalada con capitas de ceniza volcánica y diatomita hacia la base: 0,45 m. "-‘0.500,..‘• Une de nivel.
17.- Horizonte de cenizas volcánicas mezcladas con arena gris muy fina (muestra para PROYECTO CHIVO NEGRO
analizar): 0,10 m. 18.- Arenisca tobácea gris muy fina: 0,15 m. 19.- Ceniza volcánica 05edra
pura: 0,10 m (muestra para analizar). 20.- Diatomita limosa habana: 0,20 m. 21.- Cu- A se mole • MAPA GEOLOGICO PRELIMINAR
bierto: 1,80 m. 22.- Alternancia de limolitas, diatomitas y capitas de ceniza volcánica Miente. Y UBICACION DE SONDEOS
BEOLOW ilemAN econz m
Lobato.
con espesor aproximado de unos 6 metros. IMC11• .
Carredem. DIBUJO:
MELENA C MANTILLA J A 03570 DE 1.11110
Afloramiento No. 4.- Está ubicado sobre el lado opuesto de la lomita en que aflora Correle•Me. REVISALO: 11 jumo+ 115 6
-,
el No. 3. Presenta unos 7,00 m. Demi ne. APROBADO: QualalmilLREY. ARCHIVO'. .•
II
Ceno,,, clon.
206 207
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarca)
207
Secuencia sedimentaria compleja en Bojacá y Madrid (Cundinamarcal
Molienda No. 1 5,50 14,10 19,82 5,94 2,66 48,60 1,09 1,40
Molienda No. 2 4,60 16,80 10,60 5,57 2,63 48,35 1,01 1,44
Molienda No. 3 7,00 17,80 18,00 4,96 2,44 47,23 0,87 1,37
Molienda No. 4 7,50 15,00 20,00 4,72 2,48 47,05 1,01 1,37
Molienda No. 5 7,10 17,20 18,60 4,77 2,43 46,98 0,80 1,27
Molienda No. 6 8,70 11,60 23,00 5,14 2,26 46,42 0,72 1,23
Molienda No. 7 7,70 19,20 16,40 4,94 2,26 46,42 0,87 1,23
Molienda No. 8 7,90 16,60 18,60 4,96 2,44 46,48 1,08 1,23
Molienda No. 9 8,40 18,40 16,20 4,63 2,57 46,67 1,23
Molienda No. 10 8,40 16,40 18,60 4,56 2,44 46,36 1,06 1,23
Molienda No. 11 8,30 19,40 15,60 4,76 2,44 46,28 1,23 1,209
Sondeo No. 4
Molienda No. 1 4,30 12,20 21,40 6,47 2,53 49,00 1,75 1,23
Molienda No. 2 4,80 19,00 17,00 5,24 2,36 48,75 1,45 0,80
Molienda No. 3 5,30 19,00 16,20 5,01 2,59 48,69 1,34 1,10
Molienda No. 4
Sondeo No. 5
Molienda No. 1 5,70 13,80 19,60 6,16 2,44 48,97 1,61 1,16
Molienda No. 2 4,72 19,00 16,80 5,36 2,44 48,75 1,51 0,94
Molienda No. 3 5,06 16,92 18,48 5,16 2,44 49,00 1,41 1,03
Molienda No. 4
Molienda No. 5
Afloramiento No. 5.- Presente en la parte superior del Caño Chivo Negro, permite
apreciar una secuencia subhorizontal de sedimentos discordantes sobre los "plaeners"
de la Formación Guadalupe Superior cuya actitud allí es 350° / 35 NE. Su espesor es de
5,00 m y del techo hacia la base presenta 0,40 m de suelo gris oscuro; de 0,40 a 0,90 m,
limolitas silíceas con intercalaciones de cenizas volcánicas; de 0,90 a 1,20 m, suelo gris
mezclado con cenizas; de 1,20 a 2,50 m, limolitas sil íceas mezcladas con material detr (-
tico; de 2,50 a 5,00 m, limolitas arcillosas habanas.
En el área se han realizado 13 sondeos de percusión con profundidad variable entre
6,50 m y 23,00 m y 10 sondeos manuales, la mayoría con longitud total de 8,30 m.
Su objetivo fue el de conocer las características litológicas, químicas y de actividad
puzolánica. Con estos resultados se elaboraron correlaciones longitudinales y transver-
sales que muestran variaciones verticales y laterales de los estratos y del yacimiento.
Los análisis químicos cuantitativos correspondientes muestran un contenido de
SiO2 variable entre 64,20% y 72,20%; de A1203 entre 13,80% y 21,88%; de Fe2O3 entre
3,71% y 5,12%; de CaO entre 0,36%y 1,09%. (Tablas 1 y 11).
5. PETROGRAFIA
1. Placa A-3.- Ceniza tobácea híbrida. Muestra tomada del afloramiento tres, a 5,30 cristalinovitreas derivadas de magmas dacítico-andesíticos, provenientes de las erupcio-
m del techo hacia la base. Presenta matriz devitrificada, alterada y sericitizada con nes piroclásticas de los tres volcanes del Tolima, Ruiz y Cerro Bravo.
fragmentos de roca en un 55%: cuarzo 35%, feldespato potásico 8%, hornblenda Además existen varios cambios en la composición mineralógica de las cenizas volcá-
5%, plagioclasa 4% y biotita 3%, en cristales subhedrales de diferente tamaño; 45 nicas, debido principalmente a tres fenómenos que son: 1. Alteración post-deposicional
de diatomitas alargadas, redondeadas y ovaladas. Se observan granos de polen (?) y desintegración de algunos minerales especialmente los silícicos. 2. Contaminación con
2. Placa 1-1.- Ceniza tobácea híbrida. Muestra tomada del Sondeo 1 entre 1,35 y uno o más minerales o sedimentos biogénicos (diatomitas), en el sitio y tiempo de depó-
1,40 m de profundidad. Matriz vítrea parcialmente devitrificada, 70t, de sericita, sito o durante subsecuente redepósito. 3. Cambio en la composición físico-química del
bandas de oxidación y plagioclasa cloritizada. Cristales subhedrales de cuarzo 10, medio ambiente sedimentario, y aporte directo de cenizas.
feldespato potásico 8%, plagioclasa 4% y biotita 2%; fragmentos de roca volcánica Riezebos (1977) reportó cerca de Bojacá la presencia de una posible capa de ceniza
moderadamente alterados. Diatomitas alargadas, tubulares embebidas en la matriz, volcánica, a 60 cm de la superficie, debajo de un suelo negro, cuya composición mine-
con estructura interna. Granos de polen con sílice secundaria y óxidos parcialmen-
ralógica está de acuerdo con las capitas de ceniza volcánica encontrada en el Sondeo
te alterados.
Fúquene III entre 3,40 m y 7,65 m y cuya datación radiométrica no es mayor de 20.000
3. Placa 1-2.-- Limolita tobácea híbrida. Muestra tomada del Sondeo 1 entre 1,45 y años.
1,50 m de profundidad. Matriz vítrea, devitrificada compuesta por material detrí-
tico predominante con cristales fracturados anhedrales a subhedrales: cuarzo 45, 6. FORMACION HERRERA
feldespato 3/, biotita 1 Se observa polen tipo Clusia y Apocynaceae (?) corres-
pondientes a la Sección Facatativá 13? (Van der Hammen y otros, 1973, pp. 105,
Se propone informalmente como Formación Herrera, a la secuencia sedimentaria
116 y 1171; diatomitas en menor proporción que en las secciones anteriores.
compleja que se desarrolló en la subcuenca lacustre semirrestringida al sur de Madrid
4. Placa 111-1.- Limolita tobácea. Muestra tomada del Sondeo 3, entre 2,50 y 2,55 (teniendo como posible umbral las rocas cretácicas de la Formación Guadalupe Supe-
ni de profundidad. 40%, de matriz vítrea altamente devitrificada, arcillosa, con dia- rior), que a partir de los 2.580 m. s.n.m. presenta un espesor comprobado con perfo-
tomitas de diversas formas. 55 de cuarzo y 5/ de feldespato potásico anhedral raciones, de más de 25 m, siendo éste variable hacia los bordes de la subcuenca: en el
subhedral, subredondeado, de diverso tamaño, indican diferencias en la energía de 1 área se observan cerros testigos (F. Guadalupe), como vestigios de la morfología preexis-
depositación. tente.
5. Placa IV-1.- Limolita tobácea. Muestra tomada del Sondeo 4 entre 10,20 y 10,25 La Laguna de la Herrera es uno de los principales remanentes del relleno pleistoceno
m de profundidad. 60/ de matriz altamente devitrificada, arcillosa, con gran conte- de la Sabana y se considera que los 10 metros superiores de la sección tipo descrita en el
nido de diatomitas, óxidos de hierro en venas irregulares. 40% cristales de cuarzo afloramiento No. 3, que muestra capitas de ceniza volcánica con espesor variable hasta
anhedrales de diferente tamaño y feldespato potásico parcialmente alterado. 10 cm, fueron identificadas por el autor como cenizas volantes, por su color, consisten-
Para estudiar las cenizas, Wilcox (1965), recomienda investigar el índice de refracción cia, estructura y modo de ocurrencia. Aunque los estratos subyacentes no fueron iden-
del vidrio volcánico, los fenocristales, el índice de refracción de los mismos y la compo- tificados inmediatamente como asociados con depositación de ceniza volcánica, algunos
sición química. Como limitaciones, él menciona que el índice de refracción puede variar ensayos de actividad puzolánica y secciones petrográficas comprueban su presencia al
debido a la hidratación secundaria y falta de homogeneidad en el material, siendo dif í- encontrarse mezclados o intercalados.
cil la distinción entre fenocristales y material detrítico. Parte de la sección tipo está presente 300 m al sur de la casa de la Hacienda La He-
Las investigaciones microscópicas y descripción macroscópica de la secuencia des- rrera, en el afloramiento No. 3 a partir de la cota 2.570 m.
crita, así como los ensayos químicos de laboratorio, comprueban que los 10 m superiores El Sondeo No. 1, con profundidad de 16 m se presenta a continuación por ser el
de la Formación Herrera contienen capitas de ceniza volcánica pura a impuras, mezcladas más representativo de toda la sección, a partir de la cota 2.572 m s.n.m.
o alteradas con diatomitas y limolitas: están presentes vidrio volcánico, feldespato prin- 0,0
cipalmente, plagioclasa, anfiboles, mica y cuarzo en proporciones variables. Capa de materia orgánica.
Comparando a grosso modo la secuencia superior de la Formación Herrera con la 0,27
descripción petrográfica de los sondeos de la Laguna de Fúquene estudiada por Riezebos Capa de materia orgánica negra.
(1977) existe alguna similitud en la composición mineral, redepositación, alteración 0,45
post-deposicional y contaminación con material detrítico de las cenizas. Adicionalmente Ceniza gris volcánica mezclada con limolita.
por los resultados de laboratorio (para comprobar la actividad puzolánica), posiblemente 0,90
en estas cenizas existe también el fenómeno de hidratación o superhidratación producida Limolita gris clara; sales de Ca y Mg; películas de óxidos de Fe.
por la meteorización del agua de infiltración (Ross y Smith, 1953), jugando un papel im- 1,35
portante la temperatura del ambiente y la alta evapotranspiración del área de Bojacá que Limolita arcillosa-caolinítica, pardo verdosa; manchas de óxido de Fe.
ha tenido un microclima especial y una tabla de agua muy profunda. 1,80
La gran diferencia con la secuencia de la Laguna de Fúquene estriba en la presencia y Diatomita gris intercalada con cenizas volcánicas grises a habanas.
mezcla de diatomitas asociadas con cenizas y limos muy finos, que determinan una alta 2,25
superficie específica al material, convirtiéndolo en una puzolana de óptima calidad. Por Diatomita limosa habana, blanda plástica; láminas delgadas de ceniza volcánica.
analogía con el estudio petrográfico de las cenizas de Fúquene (Riezebos, 1977), los 2,35
materiales volcánicos de la Herrera posiblemente deben estar representados por cenizas Ceniza volcánica gris verde, friable, algo mieácea.
210 211
nr"
2,70 7.2 Esta secuencia denominada Formación Herrera se depositó discordantemente sobre
Diatomita habana con capitas de ceniza volcánica manchada de amarillo. la superficie preexistente de las areniscas y "plaeners" de la Formación Guadalupe,
3,00 rellenando la subcuenca y dejando cerros testigos. Aunque su espesor comprobado
Ceniza volcánica gris verdosa friable. es variable en base a afloramientos y sondeos, se considera que puede sobrepasar los
3,65 30 metros.
Intercalación de limolitas diatomáceas, habanas verdosas algo volcánicas. 7.3 Las descripciones litológicas, secciones petrográficas delgadas, análisis físicos, quími-
3,80 cos y ensayos de laboratorio, permiten comprobar el aporte mixto y selectivo de ma-
Diatomita habana, blanda plástica, manchas de amarillo ocre; láminas de ceni- teriales hacia la cuenca de acuerdo al modelo del medio sedimentario propuesto.
za volcánica. 7.4 Los intervalos de la secuencia sedimentaria compleja en origen presentan caracterís-
4,55 ticas puzolánicas, siendo su porcentaje promedio de SiO2 68, A1203 17%, Fe2O3
Intercalación de limolitas, cenizas volcánicas y láminas de arenisca gris muy CaO 1,27 y Mg0 9,7%, de acuerdo a las Tablas 1 y II.
fina con cuarzo y mica. 7.5 De acuerdo al Afloramiento No. 3, la sección estratigráfica tipo descrita, presenta
5,80 10 niveles o capitas de ceniza volcánica pura a mezclada.
Diatomita habana, plástica blanda; limolita amarilla clara, algo de ceniza volcá- 7.6 La parte superior de esta secuencia propuesta informalmente como Formación He-
nica intercaladas: relleno de fracturas por óxidos de Fe. rrera, podría corresponder litológica y petrográficamente a la parte superior de la
6,50 secuencia estudiada por Riezebos (1977) en la Laguna de Fúquene.
Suelo orgánico fósil, con limo y ceniza volcánica hacia la base. 7.7 Se comprueba la existencia de cambios en la composición mineralógica, química y
6,70 de actividad puzolánica de la parte superior de la secuencia, debido a tres factores:
Limolita diatomácea habana, volcánica; óxidos de Fe. 1) Alteración post-deposicional y desintegración de algunos minerales especialmen-
6,90 te los sil ícicos. 2) Contaminación con uno o más minerales o sedimentos biogénicos
Diatomita habana; limolita en la base. Trazas de turba y óxido de Fe. (diatomitas), en el sitio y tiempo de depósito o durante subreciente redepósito.
7,50 3) Cambio en la composición físico-química del medio ambiente sedimentario y
Diatomita limosa habana con ceniza volcánica. aporte directo de cenizas.
8,35 7.8 Al este de Bojacá, Riezebos reporta la presencia de una capa de ceniza volcánica
Diatomita interestratificada con ceniza volcánica. a 60 m de la superficie, cuya edad no es más antigua de 20.000 años. Finalmente
8,50 las secciones delgadas muestran presencia de polen fósil, siendo identificados por
Limolita diatomácea mezclada con ceniza volcánica gris verdosa: trazas de arena el autor, Clusia y Apocynaceae (??).
fina y óxidos de Fe. 7.9 El área y la secuencia litológica descrita como Formación Herrera, que descansa
9,25 discordantemente sobre la Formación Guadalupe, debe ser estudiada con más deta-
Diatomita habana clara, pura, algo de óxido de Fe. lle por los científicos y polinólogos, ya que puede aportar datos invaluables que con-
10,15 tribuirían a completar las investigaciones sobre el Cuaternario de la Sabana.
Limolita parda clara algo diatomácea (?) con fragmentos esporádicos de chert de
hasta 3 cm. En la parte media un horizonte de oxidación. 8. AGRADECIMIENTOS
11,00
Limolitas diatomáceas pardo claro; esporádicamente fragmentos de chert y are- Quiero agradecer de manera especial ísima a las directivas de Productora de Minera-
nisca de 1,5 cm; hacia la base óxidos de Fe. les S.A. y Cemento Samper S.A. por la oportunidad de adelantar la investigación y pre-
13,00 parar este trabajo. A los geólogos Alberto Lobo-Guerrero por su apoyo en la idea origi-
Limolita diatomácea idem 10% de clastos. nal, Leopoldo González O y Gloria Rodríguez por el estudio petrográfico de las seccio-
13,50 nes delgadas y toma de las microfotografías. A los químicos Ignacio Maya y Charles De
Diatomita mezclada con ceniza volcánica: hacia la parte media 20% de clastos Wilde del Laboratorio Químico de La Siberia por sus ensayos y análisis. A la señorita
de chert hasta de 1,5 cm. Alba Pérez A. por la mecanografía del manuscrito. Finalmente a todas aquellas personas
15,50 que intervinieron en la realización e investigación del trabajo hasta llevar el material
Limolita arcillosa habana. puzolánico a una etapa de explotación industrial.
16,00
REFERENCIAS
7. CONCLUSIONES
Calleja, J., 1969 — Las Puzolanas. Curso sobre Adiciones y Materiales Puzolánicos para Cementos,
lección 5.
7.1 Al Suroeste de Madrid, Cundinamarca, se presenta una secuencia litológica sedimen-
Chamberlin, C.T., 1897 — The Method of Multiple Working Hypothesis. Journal of Geology, Vol.
taria, subhorizontal, compleja, compuesta por limolitas, diatomitas y capitas de are-
V., pp. 837-868.
nisca muy fina y cenizas volcánicas, interestratificadas o mezcladas, depositadas en
De Porta, J., 1961 — La Posición Estratigráfica de la Fauna de Mamíferos del Pleistocenos de la Saba-
una subcuenca lacustre semirrestringida, de origen tectónico. na de Bogotá. Bol. Geol. U.I.S., No. 7, pp. 37-54.
212 213
í
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261-315, 8 fs., 45 Is, Leidse. A partir de materiales derivados de areniscas y de cenizas volcánicas, intensos fenómenos de
Van der Hammen, Th., y Parada, F.A., 1958 — Investigaciones de Algunos Importantes Yacimientos transformación de la fracción mineral permitieron el desarrollo de suelos de tipo ferrisol (Ultic Humi-
de Diatomita, Caolín y Arcillas de la Sabana de Bogotá. Serv. Geol. Nal., Inf. No. 1271 (Inédito), tropept). Estas características pedológicas se han conservado en la parte superior de la toposecuencia
Bogotá, Bol. Geol. analizada. En las partes media y baja se observa la superposición progresiva, en el tiempo y el espacio,
de fenómenos que permitieron la formación de planosoles (Natric Haplustalf). Se distinguieron esen-
cialmente procesos de empobrecimiento y lixiviación de los productos organo-minerales, acompaña-
dos por el truncamiento del horizonte eluvial en relación con factores climáticos particulares. La
datación global de la materia orgánica indica que la pedogénesis se inició hace aproximadamente
20.000 años BP, pero sólo estudios sobre las fracciones más resistentes incluidas en la humina podrían
suministrar datos acerca de la edad de los distintos fenómenos y fases de diferenciación.
ABSTRACT
Starting from those materials derivated of sandstones and volcanic ashes, very intensive
phenomena of transformation of the mineral fraction allowed the development of ferrisol-type soils
(Ultic Humitropept). These pedological characteristics have been preserved in the upper part of the
analysed topo-sequence, while in its medium and lower parts, a progressive superposition is observed,
through time and space of phenomena which permitted the formation of planosols (Natric Haplustalf).
Eluviation and leaching of the organo mineral products were eesentially distinguished, accompanied
by the truncation of the eluvial horizon in relation with particular climatic factors. The global dating
of the organic matter indicates that the pedogenesis was initiated approximately 20.000 years BP,
but only studies on the most resistant fractions, included in the humin, could eventually supply data
about the various phenomena and phases of differentiation.
1. INTRODUCCION
Los suelos que se encuentran en los flancos y en los fondos de los valles interandinos
son frecuentemente organizados en secuencias, relacionadas esencialmente con las varia-
ciones climáticas observadas en unidades morfológicas, independientemente de la altura:
las zonas de alturas relativas más bajas, que tienen un clima con tendencia a la sequedad y
contrastes de humedad bien marcados, están a menudo ocupadas por suelos con perfiles
fuertemente diferenciados, planosólicos, que poseen un horizonte argílico cuyo color
oscuro se debe a revestimientos órgano-arcillosos. En las alturas intermedias se encuen-
tran, en transición, suelos con ciertas tendencias isohúmicas, más o menos lixiviados, que
progresivamente ceden el paso a suelos con baja saturación de bases, poco o no diferencia-
dos: Ferrisoles hum íferos =Tropepts, o Andosoles (Faivre, 1977).
2. MATERIALES
Los suelos presentados en este trabajo fueron descritos en el flanco occidental del
valle de GUASCA - GUATAVITA. Ellos se desarrollaron a partir de una mezcla de pro-
215
214
Gu illet & Faivre Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundinamarca
ductos piroclásticos y de arenas procedentes de las areniscas que ocupan las partes altas
y medias de esta región, incorporándose a la nueva pedogénesis suelos terral íticos anti-
guos, especialmente en los niveles intermedios de la secuencia.
La vertiente correspondiente a esta secuencia es irregular y constitu ida por una suce-
sión de planos débilmente inclinados. La parte inferior se determina por un glacis de algu-
nos centenares de metros de largo, en donde existen perfiles más diferenciados.
La variación altitudinal entre la base y la cumbre de la secuencia es de aproximada-
mente 250 m (2.600-2.850 m).
Se describieron los siguientes perfiles:
— GUASCA 8: Altura 2.850 m — Ultic HUMITROPEPT.
Formado por una capa hum ífera espesa de 85 cm que descansa sobre un horizonte 13
rojizo, más rico en arcillas, en el cual existen algunos revestimientos delgados y disconti-
nuos de color negro (foto 1).
El contenido de carbono es aproximadamente de 3%, en los horizontes humíferos,
pero no excede 1% en el B subyacente.
La tasa de saturación de bases es baja en todo el perfil (de 20 a 30%) y el magnesio
domina netamente al calcio.
— GUASCA 7. Altura 2.780 m — Alfic HUMITROPEPT
Este perfil presenta una mol fología semejante al procedente (foto 2) pero se caracte-
riza por:
— un horizonte humífero de espesor menor (0-35 cm) que tiene todavía un color
oscuro.
— un horizonte Bth de acumulación de productos órgano-arcillosos que correspon-
den con un contraste textural nítido y revestimientos órgano-minerales negros, abundan-
... tes pero discontinuos, sobre la superficie de los elementos estructurales.
— una actividad macroorgánica (lombrices) muy importante; responsable de la exis-
Foto 1 — Perfil GUASCA 8: Ultic Humitropept Foto 2 — Perfil GUASCA 7: Alfic Humitropept
tencia de numerosos pedotúbulos en los horizontes Ay By de una estructura granular
(2850 m s.n.m.). (2/80 ni s.n.m.).
totalmente construída en A.
— El contenido de carbono es del mismo orden que en el perfil GUASCA 8. En cam-
bio, la saturación de bases es netamente más alta, acercándose al 40% en todo el perfil.
El magnesio es todavía importante pero no dominante sobre el calcio.
— GUASCA 6: Altura 2.670 m — HAPLUSTALF
La diferencia morfológica del perfil es todavía más acentuada (foto 3).
— El horizonte superficial (0-30 cm) tiene una textura gruesa. El color se vuelve mu-
cho más claro, grisáceo, mientras la estructura sufre una degradación a pesar de una activi-
dad biológica todavía intensa.
— El contraste textural entre este horizonte y el horizonte Bth arcilloso subyacente
se revela muy importante. El límite entre ambos horizontes es abrupto y plano.
Los elementos estructurales del Bth, prismáticos o blocosos angulares, están cubier-
tos por revestimientos órgano-minerales espesos (2-4 mm) y continuos, que persisten en
todo el perfil, adelgazándose hacia abajo.
— El contenido de carbono es relativamente bajo en todo el perfil (cercano al 1,5%).
Existe una curva de distribución relativamente homogénea, con un incremento ligero en
la parte superior del horizonte B de acumulación (3045 cm).
— La tasa de saturación de bases es muy alta, acercándose al 50% en el horizonte
eluvial y aumentando progresivamente para alcanzar casi 100% en la base del perfil.
— GUASCA - GUATAVITA: Altura 2.650 - 2.600 m — Natric HAPLUSTALFS
Estos perfiles ocupan la parte inferior de la vertiente, especialmente los glacis termi-
-° nales y prácticamente todas las posiciones geomorfológicas que existen en el fondo del
Foto 3 — Perfil GUASCA 6: Haplustalf Foto 4 — Perfil GUASCA 2: Natric Haplustalf valle, con excepción de la llanura de inundación y terraza más baja (Botero, 1972). La
(2670 m s.n.m.). (2650 m s.n.m.). diferenciación morfológica del perfil es máxima (foto 4):
216 217
Guillet & Faivre r Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundinamarca
centelleo (HASSKO et al., 1974). Los tiempos promedios de residencia (TMR) se calcula-
- El horizonte superficial E, eluvial (no existe horizonte A bien definido), con espe-
ron con base en un período de T-5568 años, tomando 95%de la actividad del ácido oxá-
sor de 25 cm, tiene un color blanco. Las partículas arcillosas han desaparecido casi total-
lico NBS como estandar moderno. La determinación se efectuó sobre el carbono global
mente del horizonte (menos de 4i de arcillas).
del suelo. El carbono orgánico fue dosificado con el aparato CARMOGRAPH (Wasthoff
- El horizonte Bth sub-yacente, al contrario, es muy arcilloso (aproximadamente
8) y la relación C/N determinada con el analizador CHN + O (Carlo Erba) sobre muestras
70% de arcillas), separado del superior por un contacto abrupto y plano. La estructura
homogeneizadas y molidas.
es muy desarrollada, blocosa o poliédrica, con elementos cubiertos por revestimientos ne-
gros, espesos y continuos que penetran a través del perfil hacia la profundidad en forma
4. RESULTADOS
muy intensa. En el caso del perfil GUATAVITA, existe una incorporación de los cutanes
con la matriz, debido probablemente a la existencia de movimientos vérticos en el hori-
Como en el caso de la mayoría de los suelos (Scharpenseel, 1973; Guillet, 1979), los
zonte.
perfiles aquí estudiados tienen un tiempo promedio de residencia (TM R) que crece en for-
- Existe una nueva disminución del contenido en carbono en relación con los perfi-
ma regular hacia la profundidad. Este gradiente de TMR aparece como la consecuencia de
les anteriores (menos de 1%), con un incremento notorio en Bt.
las variaciones del ciclo biológico (turn - over) de la materia orgánica. En los horizontes
- La saturación de bases es muy elevada (siempre superior a 75%), exceptuando en
superficiales el ciclo es más rápido que en los horizontes profundos, en razón de la llegada
el horizonte superficial. El magnesio y el calcio desarrollan un papel equivalente entre sí.
de materia fresca procedente de la rizosfera o de las partes aéreas de los vegetales, lo que
El sodio es a menudo abundante (casi 10/1, no obstante, presenta un pH cercano a la
tiene como consecuencia "edades aparentes" más recientes hacia la superficie que hacia la
neutralidad.
profundidad. Sin embargo el examen de los datos (Cuadro 1) conduce a dos clases de ob-
Desde el punto de vista mineralógico, los productos observados varían poco a poco
servaciones:
a lo largo de toda la secuencia. Las fracciones arenosas están constitu idas casi exclusiva-
mente de productos sil íceos (cuarzo). Los productos arcillosos también son poco varia-
bles; los minerales 1/1 son casi exclusivos, con una fracción mal cristalizada (mezcla de CUADRO 1 - ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LOS SUELOS Y RESULTADOS
caolinita y metahaloisita). En la parte alta de la secuencia (GUASCA 7 y 8), estos minera- DE LOS ANALISIS 14 C
les están asociados con un poco de gibsita, que se presenta bajo la forma de pequeños nó-
dulos irregulares blancuscos o amarillentos, de algunos milímetros de diámetro. Tiempo promedio de
La variación más sensible en la naturaleza de los constituyentes del suelo aparece al Arcillas C Capa de suelo residencia de la mate-
nivel de la fracción orgánica. La relación C/N de la materia orgánica global del suelo dis- Horizonte % 'á C/N datada (cm) ria orgánica (anos BP)
minuye con la altura de modo muy sensible. Los estudios especiales por fraccionamiento
de la materia orgánica muestran que la humina, que constituye una fracción importante, 3,5 13,5 12 - 18 Moderno
GUASCA 8 Ah1 65
tiene una evolución bastante semejante, particularmente a nivel de los horizontes B. Esto 3,1 13,5 37 - 43 2 250 ± 65
Ultic Hurnitropept Ah? 61 2.9 16,5 57 - 62 3 060 - I: 80
indica que fa evolución de los perfiles por lixiviación está acompañada por una estabiliza-
(Caohnita - Haloisital Bt h 77 1,6 17,0 85 -- 95 10 560 ± 100
ción preferencial de productos ricos en nitrógeno en la humina de los horizontes Bt,
C 70 0,6 n.d. 120 - 125 16 945 ± 280
como consecuencia de procesos de reorganización biológica y de fenómenos de adsorción
sobre las arcillas. GUASCA 7 Ah1 50 4,4 13,5 8 - 15 620 ± 75
En conclusión, la evolución pedológica en esta secuencia se traduce por: Alf ic Hurnitropept Ah? 61 3,7 15,0 25 - 30 2 930 ± 80
- Una diferenciación morfológica cada vez más acentuada cuando la altura disminu- (Caolinita • Haloisita • B th 60 2,7 21,0 38 - 43 6 605 ± 95
Gibsital Bt2 60 1,3 21,0 55 - 65 12 070 it 135
ye como consecuencia de una redistribución en el perfil de los productos órgano-minera-
Bt3 66 0,7 22,0 70 - 120 19 700 ± 280
les, en relación probable con el cambio de los factores climáticos.
- Sin embargo, esta evolución progresiva de los perfiles no corresponde a una evolu- GUASCA 7 A 25 1,0 16,0 5 - 15 840 ± 75
P
ción mineralógica diferente, sino a una organización diferente de las constituyentes. sol planosolique Ah 28 1,1 16,0 20 - 27 n.d,
- La saturación de bases aumenta de modo considerable a medida que la altura dis- Haplustall Bth 50 1,8 17,0 40 - 45 4 430 ± 85
(Caolinita - Halo sita) El t 2 49 0,9 18,0 52 - 65 12 920 ± 120
minuye y que el clima se torna más seco.
Bt/C 48 0,4 n.d. 70 - 80 n.d.
- En relación con la materia orgánica, esta diferenciación pedológica se acompaña
con un enriquecimiento en productos ricos en nitrógeno, particularmente sensible en la GUASCA 2 E2 4 0,5 11,0 15 - 22 n.d.
humina. planosol Bth 66 1,4 13,0 33 - 40 4 635 ± 85
Natric Haplustalt 6t 2 50 -0,5 23,0 50 - 60 n.d.
(Caolinita • Haloisita) 8t3 54 0,4 16,0 60 - 90 n.d.
3. METODOS
según el método de centelleo I íqu ido, que implica una combustión de la materia orgánica
con oxígeno y transformación por catálisis del CO2 en C6H6, que sirve de solvente de n.d. = no determinado
218 219
Guillet & Faivre
Tiempo promedio de residencia de la materia orgánica en suelos de Cundinamarca
a) Estimación de la edad de las formaciones piroclásticas. El alto valor (19700 ± 280
estructurales entre la base y la cima del horizonte.
AP) suministrado por la base del horizonte Bt del perfil GUASCA 7, permite sugerir que
De otro lado, la integración de los argilanes en la matriz puede explicarse por la ex is-
los perfiles de la parte alta de la secuencia (GUASCA 8-7-6) se desarrollaron a partir de
tencia de procesos ve' ticos, cuya existencia induce generalmente una ausencia de gradien-
un material depositado hace más de 20.000 años.
te de edad (Scharpenseel y Pietig, 1971).
Se puede admitir que las cenizas volcánicas, que desarrollan un papel muy importan-
te en este material, pueden corresponder con una o las dos fases de depositación fecha-
5. CONCLUSIONES
das por Van Geel y Van der Hammen (1973) en 33000 - 26000 años y 23000 - 21000
años BP.
— Los materiales piroclásticos mezclados con los productos arenosos autóctonos
b) Relación entre el TMR de la materia orgánica global del suelo y la pedogénesis.
fueron depositados hace aproximadamente 20000 años.
— El suelo presente en la parte superior de la secuencia (GUASCA 8) tiene un ho-
— Estos materiales se meteorizaron y los productos de alteración fueron mejor con-
rizonte Ab1 biológicamente muy activo: la materia orgánica global es muy joven
servados en las partes altas de las secuencias.
cf 14C =+ 10,9%) y la relación C/N, relativamente baja. En la base del horizonte hu-
— Las pedogénesis que ocurrieron en el curso de los 20000 últimos años condujeron
mífero, aumenta progresivamente el TMR, indicando una buena estabilidad biológica y
a fenómenos intensos de transformación de la fracción mineral, que puede inducir suelos
físico-química de los compuestos orgánicos fijados en la superficie de los minerales arci-
de tipo ferrisoles (Ultic HUMITROPEPTS) que dominan actualmente en las alturas supe-
llosos, especialmente de los que tienen grandes superficies específicas (haloisita). Al nivel
riores.
del horizonte Bth el TM R aumenta en forma considerable (10560 ± 100 BP).
— Es probablemente a partir de un material pedológico semejante, anteriormente
— El perfil intermedio (GUASCA 7), muestra fenómenos de lixiviación más marcados
meteorizado, que se diferenciaron los perfiles planosólicos descritos en las alturas inferio-
que se traducen por una disminución importante de la cantidad de minerales arcillosos
res de la secuencia, así como lo demuestran los estudios mineralógicos y micromorfológi-
presentes en el horizonte superficial Ah (0-20 cm). Este suelo presenta cierta semejanza
cos (Faivre y Jamagne, 1979). L•s estados intermedios de diferenciación tienen caracte-
con el perfil anterior, es decir, contenido relativamente alto en carbono (4,4%) con un
rísticas semejantes a los suelos isohúmicos.
decrecimiento regular y progresivo hacia la profundidad en relación con una actividad
— La última fase pedogenética que conduce a la formación de los planosoles, se debe
macrobiológica intensa, relación C/N baja, características que traducen un ciclo biológi-
a fenómenos de empobrecimiento y lixiviación de los productos órgano-minerales, acom-
co activo. En consecuencia es algo sorprendente encontrar un TMR tan elevado
pañados por un truncamiento del horizonte eluvial en razón de la existencia de factores
(620 ± 75 BP) desde la superficie. Estas contradicciones suponen un origen complejo de
climáticos particulares.
la materia orgánica: una fracción es reciente y lábil, mientras la otra, fuertemente estabi-
— La formación de los planosoles se sobrepone en el tiempo y en el espacio a pedoge-
lizada sobre la materia mineral, es más antigua. La actividad macrobiológica puede sumi-
nesis anteriores. Los fenómenos de diferenciación disminuyen en intensidad con la altura,
nistrar parcialmente una explicación; sin embargo, es necesario tener en cuenta la dismi-
es decir que los suelos presentan evoluciones pedológicas menos complejas con un núme-
nución de espesor del horizonte superficial, debido a los fenómenos de lixiviación y un
ro de fases evolutivas más reducidos.
empobrecimiento acompañado por un truncamiento correlativo que acerca a la superficie
En el contexto bioclimático actual, es en la parte media de la topo-secuencia, donde
las capas profundas, con una materia orgánica necesariamente más antigua.
se perciben mejor los términos transicionales de evolución entre suelos con características
— Una hipótesis parecida puede ser propuesta para el horizonte Ap del suelo plano-
vecinas a los suelos isohúmicos y planosoles (GUASCA 7 - GUASCA 6).
sálico GUASCA 6. El tiempo promedio de residencia (840 ± 75 BP) integra el origen
— Los estudios de datación global de la materia orgánica no permiten precisar la edad
complejo de la materia orgánica. En consecuencia es muy probable que la diferenciación
exacta de los fenómenos de diferenciación. Sin embargo, un fraccionamiento de la mate-
morfológica del perfil sea acompañada también con un truncamiento de la parte superior
ria orgánica y la datación de las fracciones más resisientes, incluirlas en la humina, po-
del perfil.
drían suministrar más datos al respecto.
— En la parte inferior de la secuencia, el planosol de GUATAV ITA muestra una dife-
renciación textura! óptima. El horizonte E, a pesar de ser eluviado en arcilla y en materia
6. REFERENCIAS
orgánica, es biológicamente muy activo (C/N = 10,5). La fracción orgánica global es muy
joven cr 14C = m El contenido máximo de materia orgánica se sitúa a nivel del
horizonte Bth en donde los compuestos húmicos iluviales están estrechamente ligados Botero, P.J. 11972) — Soils of Guatavita (Colombia). 127 p., mapa, I.T.C., Enschede.
Faivre, P 11977) — Sols á perfil différencié planosolique á horizon Bt noir de Colombie. Bull AFES -
con las arcillas. Estos productos de translocación constituyen cutanes, que se integran
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progresivamente en la matriz. Los valores altos del TMR de la materia orgánica de este Faivre, P. & Jamagne, (1978) — Micromorfológia de algunos suelos con perfiles fuertemente diferen-
horizonte Bth (6250 ± 95 y 6710 ± 95 años AP) nos indican que los procesos de migra- ciados de los Andes Colombianos. Suelos ecuatoriales, No. 1, p. 31-38.
ción empezaron hace mucho tiempo. Guillet, B., (1979) — Etude du renouvellement des matiéres organiques des sois par les radioisotopes -
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Hassko, B., Guiller, B., Jaegy, R. & Coppens, R., (1974) — Nancy natural radiocarbon measurements.
puede encontrar dos explicaciones:
III. Radiocarbon, 16 (1), p. 118-138.
— La ausencia al nivel del Bth de raíces cuya penetración es impedida por una capa en- Scharpenseel, H.VV., (1972) — Natural Radiocarbon measurement of soil and organic matter fractions
durecida, ubicada en la base del horizonte E, a la diferencia de los otros perfiles en donde and on soils profiles of different pedogenesis. Proceed. 8th Int. Conference on radiocarbon
existe un aporte decreciente de materia orgánica rizosférico fresca hacia la profundidad. dating - Wellington, New-Zealarrd, p. 382-393.
— Por otra parte, existe una iluviación, cuya intensidad es casi igual en todo el horizon- Scharpenseel, HSJ & Pietig, F., (1971) — University of Bonn natural radiocarbon measurements IV.
Radiocarbon, 13, (2), p. 189-212.
te, y que se traduce morfológicamente por la ausencia de variaciones en los rasgos micro-
220
221
REVISTA CIAF VOL 6 11-31, 223 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
La cuenca del Río Grande, en la zona central de Antioquia, presenta un conjunto de característi-
cas que permiten el estudio, en un área relativamente reducida, de problemas de la evolución morfoge-
nética de zonas tectonicamen te activas en el trópico húmedo: litología simple a escala global, formada
por cuerpos extensos de anfibolitas y metasedimentos del Paleozoico, rocas graníticos del Batolito
Antioqueño, del Cretáceo, y sedimentos cuaternarios; estructura posiblemente generada por una tec-
tónica de tensión que permitió el desplazamiento vertical de grandes bloques; clima tropical durante
los últimos períodos con alternancia de periodos pluviales e interpluviales y geoformas heredadas.
El análisis geomorfológico de esta cuenca da lugar a hacer una generalización interesante: en
zonas tectónicamente activas en el trópico húmedo el principal proceso morfogenético consiste en
amplios movimientos de masa, producto de la coexistencia de relieves elevados, regolitos profun-
dos, condiciones de humedad tales que aseguran su saturación y. posiblemente, actividad sísmica:
donde el relieve es bajo, los movimientos de masa son menores y llegan a predominar las formas
heredadas. Finalmente, los elementos de análisis aportados por el estudio geomorfológico de la cuen-
ca permiten avanzar en la hipótesis de un origen parcialmente tectónico para el Valle del Río Mede-
llín - Porce.
ABSTRACT
In the Basin of Río Grande, Central Zone of Antioquia, have been taken under study the
problems of morphogenetic evolution of those areas which are tectonically active, in the humid
tropics, and where the mass movements are predominant in the first place, being followed by
inhentated forms. The hypothesis of a partially tectonic origin is suggested for the Valley of the Mede-
llín - Porce River.
223
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 225 - 242 11981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Leonor Herrera*
RESUMEN
ABSTRACT
225
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Caquetá
Herrara
insufficient to indicate whether or not the chernical composition of the anthrosol was alterad inten-
tionally by the Indian.
227
226
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cagueta
Herrara
10 YR 3/2
40 carmelito amarillento
oscuro
50 10 YR 4 /4
60
70
rojo amarillento
80 10 YR 5/6
a
90 carmelito amarillento
claro
carmelito griseso 10 YR 6/4
muy oscuro 100
10 YR 3/2
110
cm
Figura 3 — Coloración de los Suelos (de acuerdo con Munsell Soil Color Charts).
Zona de areniscas
IJ
Superficie de
materiales arcilleSos
Terrazas y zona
aluvial
ca a la superficie y disminuyen hacia abajo. más soluble (1977. p. 1328). Efectivamente, como ya se anotó, el Sitio La Sardina esta
A partir del comienzo del suelo propiamente dicho y hasta llegar a la roca madre se sobre la terraza de inundación mientras que el de La Pista de Aterrizaje está a casi un
encuentran pequeñas manchas de carbón y abundante material cerámico cuya concentra- centenar de metros sobre el nivel del río. Por otro lado, el fósforo utilizable es volatil y
ción mayor se da entre los 50 y los 70 cm de profundidad. sufre variaciones estacionales según R. Eidt (comunicación personal) y como hubo un lap-
En las inmediaciones del sitio arqueológico hizo M. Eden varios pozos de sondeo so de casi dos meses, durante la época de transición invierno-veranillo, en la recolección
para obtener información comparativa. Los inceptisoles adyacentes son franco a franco- de las muestras de los dos sitios, este hecho pudo haber influido también.
arcillo-arenosos y tienen una coloración que va del carmelito grisoso muy oscuro (10 YR En cuanto al contenido de carbono orgánico no hay mayores diferencias entre el
3/2) al carmelito amarillento oscuro (10 YR 4/4). El subsuelo (entre los 70 y los 100 suelo arqueológico de La Sardina y los Inceptisoles de terrazas adyacentes (Fig. 4),
cm de profundidad) es de color rojo amarillento (10 YR 5/6) a carmelito amarillento pero sí de estos dos con la generalidad de los suelos de la región, cuyo contenido es
pálido (10 YR 6/4) presentando así un marcado contraste con los suelos arqueológicos usualmente de 0.5%. Para el suelo arqueológico fluctúa entre 2.2% en el estrato superfi-
en los cuales la coloración oscura persiste hasta una mayor profundidad (Fig. 3). cial y 1.2% en el estrato inferior. Estas cantidades son suficientes para darle al suelo una
Otra diferencia importante entre los Inceptisoles y el suelo arqueológico está en el coloración oscura (R. Eidt, comunicación personal).
contenido de fósforo utilizable (medido por el método Bray), que en los Inceptisoles Otras diferencias se dan con el contenido de calcio utilizable, que es de 8 ppm para
está entre los 11 y los 24 ppm (para muestras tomadas en los primeros 10 cm), mientras el nivel 5-15 cm en el suelo arqueológico y de hasta 5 ppm para la superficie de los Incep-
que en el suelo arqueológico alcanza los 36 ppm a una profunfidad similar, lo cual indi- tisoles. Esta diferencia podría deberse, según C. Domínguez (comunicación personal), a
ca actividad humana (Fig. 4). la concentración de huesos de pescado, lo cual sería muy lógico en un sitio privilegiado
para la pesquería. Según R. Eidt (comunicación personal), el hidróxido de apatita que
contienen los huesos y que en ciertas condiciones perdura por períodos prolongados (en
términos arqueológicos) en suelos tropicales, explicaría el alto contenido de calcio en un
Fósforo Carbono Calcio suelo ácido. Por otro lado también los huesos de pescado podrían, a través del fosfato
utilizable orgánico intercambiable pH de calcio haber contribuído al alto contenido de fósforo utilizable.
(l3F)m) 5's (PPm) También hay diferencias en la acidez, menor en los suelos arqueológicos que en. los
Inceptisoles (Fig. 4); según C. Domínguez (comunicación personal) esto podría deber-
Suelo arqueológico se a las cenizas producidas por el moqueado de pescado, ya que son basificantes. El
5-15 36 2.2 8 4.7 fosfato de calcio de los huesos y la materia orgánica contribuirían también a subir el
pH.
75 — 100 cm. 15 1.2 4 4.5
Se puede decir que la fertilidad de los suelos arqueológicos es superior a la de otros
suelos de la región, inclusive los suelos coluviales, debido al contenido más elevado de
Suelos minerales
fósforo, calcio y materia orgánica.
(terrazas)
Tres características fundamentales del suelo arqueológico en la Sardina (extensión,
0 - 10 11/24 2.3/3.5 3/5 4.0/44 profundidad y persistencia a través de ésta de una coloración oscura, así como asocia-
ción con material cerámico) permiten asimilar estos suelos con las terras pretas de indio
descritas para varios lugares de la Amazonía Brazileña. Allí ocurren en lugares planos y
en áreas relativamente pequeñas, de menos de 1.000 m2 (Salgado Vieira et. al, 1971;
Figura 4 — Características Químicas de los Suelos Sombroek 1966).
Salgado Vieira (op. cit. p. 30) ha hecho análisis de suelos de este tipo en el estado
El contenido de fósforo utilizable es, sin embargo, relativamente bajo aquí por com- de Pará; comparando sus datos con los nuestros se nota que las terras pretas allí tienen
paración con el Sitio Pista de Aterrizaje de Araracuara (Fig. 1), en donde también se un mayor contenido de carbono, que puede alcanzar hasta 7.95 g/100 g. El mismo autor
desarrolló un suelo negro de características y extensión muy similares a los de La Sardi- califica estos suelos como de buena fertilidad y dice que hoy en día son frecuentemente
na, pero sobre un material parental diferente, o sea el macizo de arenisca de la escarpa utilizados para cultivos anuales sin fertilización artificial o prácticas agrícolas especiales.
de Araracuara, en el área en donde el Río Caquetá se encañona profundamente (Fig. 2). Aunque no se descarta la posibilidad de que las terras pretas hubieran existido pre-
Allí el fósforo utilizable es de 17 ppm para los 75-80 cm, y de 71 ppm para los prime- viamente a la ocupación humana y que sus características hubieran atraido ésta, las evi-
ros 10 cm. dencias parecen indicar que se trata de antrosoles, definidos por R. Eidt como suelos cu-
En la comparación de los resultados en estos dos sitios hay un punto oscuro, ya que yas características químicas han sufrido una alteración significativa debido a la actividad
el Sitio Pista de Aterrizaje tiene una menor concentración de material cultural y una me- humana (1.966: 1327). Es posible afirmar que se encuentran yacimientos arqueológicos
nor profundidad de éste, de manera que lógicamente el contenido de fósforo debería en suelos que no son terras pretas, pero que las terras pretas tal como han sido analiza-
ser mayor en La Sardina. das por Salgado Vieira, Sombroek, Eden y otros autores, siempre tienen material cultural.
Aquí pueden haber influido, según M. Eden (comunicación personal), factores como Para Colombia las dos áreas estudiadas constituyen, tal vez, las primeras ocurrencias
edad diferente de los sitios o variaciones en el proceso de lixiviación posteriores al aban- de terra preta de que se tiene noticia, pero por otro lado las investigaciones arqueológi-
dono de los sitios. Según R. Eidt el contenido de fósforo utilizable puede disminuir en cas en la Amazonía Colombiana han sido sumamente escasas. E. von Hildebrand, quien
suelos iriundables por reducción del fosfato férrico a ferroso, que no es cristalino y es hace unos años excavó en La Pedrera (población a orillas del Río Caquetá cerca a la
231
230
Herrero
frontera con el Brasil), dice que el suelo allí está compuesto por arcillas amarillo-rojizas
donde aparecen manchas negruzcas; en sus pozos de sondeo menciona que el estrato su-
perficial es de 40 cm de profundidad y consiste de tierra negruzca, seguida por un estra-
to de greda amarillenta (1976, p. 151). Teniendo en cuenta que los suelos no arqueoló-
gicos de La Sardina tienen también una coloración oscura es difícil llegar aqui a una con-
clusión.
Por otro lado, L. Mejía y otros agrólogos hicieron en 1980 un perfil para análisis de
suelos en un lugar cercano al Sitio Pista de Aterrizaje y encontraron un suelo negro de
1.50 m de profundidad que denominaron Conjunto Fosforita. El contenido de fósforo
utilizable (medido por el método Bray) varía allí entre 260 y 430 ppm, lo que permite
pensar que éste haya podido ser la parte central del asentamiento arqueológico, aunque
ellos no pueden precisar si había material cerámico. Consideran muy fértil este suelo y
recomiendan transportarlo a otros lugares y mezclarlo con otros para mejorarlos (L.
Mejía, comunicación personal).
En cuanto a la edad de las terras pretas, para el Sitio de la Sardina no hay fechas
de 14 C, pero las características del material cerámico permiten establecer comparaciones
con otros sitios mejor definidos temporalmente.
En el Sitio Playa, localizado a la orilla del Río Caquetá frente al asentamiento de
Araracuara, se excavó un basurero de 40 cm de profundidad claramente estratificado en
dos fases de deposición (Bray et al. 1977: 9-12). En los niveles inferiores (A3 y A4) se
encontró una cerámica sencilla pero competentemente elaborada y con baño de pigmen-
to rojo como único detalle decorativo, que se denominó Camani. En el nivel A2 la cerá-
mica se caracteriza por formas elaboradas y la presencia de decoración por acanaladuras
que limitan áreas de pintura roja o roja y blanca, formando complejos diseños de líneas
y meandros. Se llama Nofurei a esta cerámica.
En el Sitio de La Sardina no se da una división nítida en dos períodos de ocupación,
sino una mezcla muy notoria en los estratos intermedios, de materiales de las dos fases
definidas en el Sitio Playa; esto puede deberse en gran parte a la acción de insectos y
otros animales y raíces, durante el largo tiempo en que el sitio ha estado deshabitado
después de su abandono (recuérdese que hoy está cubierto por vegetación de selva
antigua).
En los dos pozos excavados se profundizó por niveles arbitrarios de 10 cm. En el
pozo A se encontró el nivel freático a los 55 cm. El pozo B se excavó hasta la roca madre
a los 1.08 — 1.20 m de profundidad. En ambos pozos hay en todos los niveles una alta
proporción de material cerámico muy similar al de la ocupación Nofurei en el Sitio Pla-
ya, pero más barroco. En el pozo A aparece material diagnóstico Camani a partir de los
40-50 cm de profundidad, mientras que en el pozo 13 comienza a aparecer desde el nivel
0-10 cm.
Las siguientes son las características generales de la cerámica Nofurei y las particula-
ridades que asume en el Sitio La Sardina.
Como desgrasante se utilizaron dos materiales: caraipé (corteza de árboles ricos en
sílice, quemada y triturada) y carbón, individualmente o mezclados. Ocasionalmente apa-
recen inclusiones de algo así como diminutas peloticas de arcilla rosada o habana, que
podrían ocurrir naturalmente en la greda o haber sido agregadas intencionalmente. El
desgrasante de tiesto molido ocurre muy raramente. 5 Cm
Se hicieron recipientes en una variedad de formas, que se han reconstruido sobre
papel a partir de fragmentos, como los ejemplos de la (Fig. 6). La mayor frecuencia de
bordes la tienen los evertidos en ángulo recto; vienen en diferentes anchos, simples
(Fig. 5g, Lámina I) y engrosados (Fig. 5f, h, i), a veces cóncavos, o con recortes ovala-
dos o escalonados (Lámina IV c) o con muescas. Estos bordes corresponden a formas
que van desde el recipiente globular con cuello restringido (Lámina I), pasando por las
232
Herrera Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cequeta
J)
1 f
236 237
Ocupación prehispánica y suelos negros en la cuenca del río Cequetá
.
Herrero
vasijas de boca ancha (Fig. 6e, f) hasta llegar a los cuencos pandos con cuerpo biselado
(Fig. 6c, e). Una característica de forma queparece ser exclusiva para el material de la
Sardina son los biseles o ángulos no muy marcados, en la parte media del cuerpo de vasi-
jas globulares o semiglobulares. Se encuentran fragmentos de platos pandos (Fig. 5a, b)
frecuentemente con impresiones de hojas en la base. Hoy en día en la Amazonía se uti-
liza el budare, en manufactura y forma muy similares a los ejemplares arqueológicos,
para cocer el pan de yuca brava. Los budares eran colocados sobre soportes cilíndricos o
en forma de reloj de arena, también elaborados en barro cocido.
El grueso de las paredes de las vasijas se agrupa entre los 5 y los 7 mm. Los diámetros
en el borde varían entre 15 y 60 cm, pero se agrupan entre 25 y 50 cm.
Los recipientes fueron quemados a temperaturas bajas, pues con frecuencia se pre-
b sentan núcleos grises y el sonido de la cerámica al ser golpeada es sordo. Los colores de
las superficies varían entre el gris oscuro y claro al habano claro, al rosado y finalmente
al habano rojizo.
Aproximadamente una cuarta parte del material recogido ha perdido por erosión su
superficie original. El tratamiento más frecuente de la superficie es el alisado en diversos
grados, que van desde el más somero, hasta pulimento que refleja la luz.
La técnica decorativa más frecuente es el baño de pigmento rojo en toda la superfi-
cie exterior, o zonificado a partir de cierta parte del borde. Las vasijas que reciben baño
rojo están atemperados con desgrasante más fino que el promedio para las vasijas que
solo recibieron aislamiento.
En La Sardina hay una técnica decorativa que se da con más frecuencia sobre vasijas
de baño rojo y consiste en bandas de pastillaje que rodean el borde o el cuerpo de la vasi-
ja (Fig. 5i, j; Lámina IV a) y terminan con una parte de la banda sobrepuesta a la otra
d (Lámina IV b). También se logra un efecto similar, de bandas anchas en alto relieve, por
técnica de modelado.
Sigue en importancia una técnica decorativa, que consiste en dibujar sobre la super-
ficie fresca de la vasija, utilizando un instrumento de punta roma, para lograr acanaladu-
ras. Los motivos son curvilineales: espirales de forma rectangular con bordes curvos, que
terminan en puntos o se amplían en crestas escalonadas (Láminas I, II, I I I ). Las acanala-
e duras o el espacio delimitado por éstas se rellenaron con pintura roja formando así áreas
contrastantes. Algunos fragmentos muestran rastros de pintura blanca (Lámina II) que
desaparece muy fácilmente con el agua o simplemente al tacto; es posible que una buena
cantidad de fragmentos hubiera tenido esta pintura blanca, que desapareció totalmente.
Esta es la decoración que se coloca dentro de la Tradición Polícroma Amazónica.
Otra forma de decoración muy característica es la de finas líneas incisas delimitando
áreas rellenas con puntos también finos (Lámina V e); el desarrollo de los motivos mues-
f tra cierta similitud con los de la cerámica acanalada y pintada, arriba descrita. Este tipo
de decoración al parecer se aplicó únicamente sobre una forma de vasija: cuencos de
borde evertido en ángulo recto y biselado fuerte junto a la base, (Fig. 6 d) y con más
frecuencia sobre la base del recipiente: si éste se invierte se transforma de cuenco en tapa
y probablemente se usó en las dos maneras.
Una minoría de fragmentos tiene conjuntos de líneas incisas finas o anchas que se
encuentran para formar triángulos (Lámina- V d). Otra forma de decoración es por hileras
9 de impresiones hechas con un instrumento de punta afilada o roma (Lámina V c).
Dos formas de decoración que tampoco son muy frecuentes, son específicas para el
o 5 10cm material de la Sardina; en primer lugar están el ondulado de la pared exterior de la vasi-
ja en una o varias franjas paralelas al borde (Fig. 5 k; Lámina V a), efecto que se logra
con técnica de modelado; en segundo lugar, las hileras de incisiones hechas con un ins-
trumento de punta gruesa, que rodean la vasija en el borde, cerca al labio (Lámina V b).
En cuanto a la cerámica Camani, la greda y el desgrasante usados son muy similares
Figura 6 — Reconstrucción de Formas de Vasijas. Budares: a, b; Cerámica Nofurei c - g.
239
238
Herrera
a los de la Nofurei. La cocción fue más completa y no son frecuentes los núcleos grises.
El color de las superficies varía entre habano claro y habano rojizo. Las paredes son más
delgadas y el tamaño promedio de las vasijas es menor.
Las formas más frecuentes son las vasijas semiglobulares con cuello ancho, y los
cuencos. Los bordes son sencillos: redondeados, afilados, o casi planos; algunos tienen
una pestaña abajo del labio, otros un ligero engrosamiento de la parte externa de éste
(Fig. 5 i-e). Sudares y soportes también se encuentran en esta cerámica.
Las superficies con frecuencia se alisaron cuidadosamente hasta lograr una sensación
jabonosa al tacto, más marcada cuando la cerámica está mojada. Como único detalle
decorativo se usa el baño de pigmento rojo y a veces carmelito rojizo.
Las características dominantes de la cerámica Camani son sobriedad y sencillez. Cro-
nológicamente puede ser anterior a la Nofurei, pero es difícil pensar que las formas pesa-
das y barrocas de ésta sean una secuela, en términos de evolución o decadencia, a partir
de aquélla. Muy probablemente se trató de dos oleadas de gentes distintas con ideas muy
diferentes sobre cómo elaborar cerámica, qué significado, además del meramente fun-
cional, porta ésta y qué requisitos estéticos debe cumplir.
Aparentemente se encuentra una menor cantidad de cerámica Camani que de Nofurei
en las excavaciones y recolecciones superficiales en el Sitio La Sardina, pero aquí habría
que tener en cuenta dos hechos: la dificultad en diferenciar las dos cerámicas por la pasta
y por otro lado el que los fragmentos no diagnósticos y erosionados de la cerámica Cama-
ni pueden confundirse fácilmente con las variantes más finas de la cerámica Nofurei. En el
basurero del Sitio Playa estas cerámicas son distinguibles y válidamente cuantificables por
su posición estratigráfica.
La estratigrafía del sitio Playa presenta una imagen clara de una sucesión de ocupa-
ciones y su posición cronológica, pero el análisis del material de otros sitios excavados
durante la misma temporada probablemente le restará nitidez a esta imagen. El Sitio La
Sardina, por ejemplo, con su mezcla de materiales sobre todo en los estratos intermedios
y sus variantes en la cerámica Nofurei presenta los primeros problemas: la posibilidad de
b un translapo más que de una sucesión o una interrupción en las ocupaciones del área y
la relación cronológica entre la cerámica Nofurei de ambos Sitios. A pesar de ésto, hay
bases suficientes para que las correlaciones cronológicas entre los dos Sitos sean válidas.
Mientras que la Cerámica Camani parece no tener precedentes en otra área distinta
a la de Araracuara (teniendo en cuenta aquí el estado de las investigaciones), la de la fase
Nofurei pertenece a la Tradición Polícroma que se encuentra desde el oriente del Ecua-
dor y siguiendo más o menos el curso del Amazonas llega hasta las bocas de éste. Según
P.P. Hilbert temporalmente se extiende entre los años 600 y 1.300 de nuestra era (1968:
271).
Para el Sitio Playa de Araracuara tenemos varias fechas de radiocarbono obtenidas
sobre muestras de carbón. El nivel A3 con cerámica Camani tiene una fecha de (1 AN
113) 1800 ± 85 B.P. o sea alrededor de 200 años A.D.. La transición entre el nivel A3 y
el A2 que tienen cerámica Nofurei, dió una fecha de (Beta 1507) 1.145 ± 80 B.P. o sea
d aproximadamente 700 años A.D.. El tope del nivel A2, que marca el final de la ocupación
Nofurei, tiene una fecha de (Beta 1506) 705 ± 60 B.P. o sea hacia el año 1.200 A.D..
5Cm Podemos inferir a partir de las fechas anteriores una ocupación prolongada también
para la terra preta en La Sardina. Sobre la forma de ésta no sabemos mucho, en buena
Lámina V. Cerámica Nofurei: a. decoración de la pared de la vasija; b. decoración de incisiones
parte debido a que el objetivo y la escala de las excavaciones no estuvieron dirigidos a
guresas alrededor del borde; c. decoración por hileras de impresiones; d. decoración por líneas
resolver este problema. Casi se puede descartar que allí hubieran existido por tiempo pro-
incisas; e. decoración por líneas incisas finas delimitando zonas punteadas.
longado chacras tal como las hay hoy en día entre los grupos indígenas de la región,
pues éstas no propician la formación de terras pretas. El sitio puede haber sido de habita-
ción; por la cantidad de cerámica encontrada, la densidad de la población y permanen-
cia de ésta hubieran sido muy altas en comparación con las actuales en el área y aún con
240
241
Narren'
las históricas (Whiffen, 1915). Una combinación de recursos fluviales, forestales y agríco-
las hubiera permitido ésto. REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 243- 256 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Hoy día en las malocas (viviendas de estilo tradicional) de la región, el interior y
los alrededores se mantienen limpios de basuras, pues éstas se botan a cierta distancia, por MICROSEISMICITY ALONG AND NEAR THE DOLORES SHEAR ZONE
ejemplo hacia el río. En términos de hallazgos para la Arqueología del futuro los sitios de IN ANTIOQUIA, COLOMBIA
habitación actuales producirían huellas de poste, de fogones, tumbas bajo el piso de la vi-
vienda y sobre éste desechos que accidentalmente escaparon a la limpieza estricta que HutchIngs, L.., Turcotte, T.*, McBride, J.*, and Ochoa, H.**
allí se hace; en los alrededores de la construcción habría un basurero. Asentamientos
como éstos tampoco propiciarían la formación de terras pretas. RESUMEN
La Sardina pudo haber sido el sitio de un campamento estacional de pesca, utilizado
a lo largo de mucho tiempo y por gente que vivía tierra adentro, sobre terrenos menos su- A partir de la actividad microsismica se han determinado las características del fallamiento activo
jetos a las inundaciones. observable cerca y dentro de la zona de cizallamiento de Dolores. El estudio muestra una correlación
Finalmente, como lo sugiere T. van der Hammen (interpelación durante el Semina- notable entre tal actividad microsísmica y los rasgos geológicos conocidos. La microsismicidad fue
usada para extender la comprensión de la geología superficial a la de la corteza y manto superior. El
rio) también pudo tratarse de un suelo intencionalmente transformado por alguna razón,
área considerada se sitúa entre 50 50' y 70 30' lat. N y entre 750 20' y 760 05' Long. W. Dos dispo-
es decir, de un suelo antropogénico. sitivos de registro microsismico, uno con ocho estaciones y otro con siete, se establecieron en las por-
ciones sur y norte del área, respectivamente. Cada dispositivo funcionó durante un periodo de once
AGRADECIMIENTOS semanas, entre el 11 de Junio y el 28 de Noviembre de 1979. Anteriormente, a partir del 20 de Enero,
dos o tres de estos aparatos funcionaron en el sector sur y después del mencionado periodo, cinco
instrumentos se quedaron para un registro a largo plazo. Entre Enero de 1979 y Jumo de 1980 se pro-
Estoy especialmente en deuda con los Doctores Michael Eden y Colin McEwan: el
dujeron 94 sismos en el área. De ellos, 54 entre los mejor localizados fueron seleccionados para estu-
primero muy gentilmente me autorizó para usar su material inédito sobre los suelos de dios de fallas. Se pudo determinar así que el fallamiento a lo largo de las zonas de fallas Romeral
Araracuara y La Sardina, el segundo tuvo, dentro del trabajo de grupo, la mayor parte y Cauca, en la zona de cizallamiento de Dolores, es de tipo sinistral y con hundimiento hacia el Este;
de la responsabilidad en la recolección del material arqueológico de La Sardina y con que se produce según planos de falla casi verticales, de rumbo hacia el norte; y que se extiende hasta
mucha generosidad me permitió el análisis y publicación de éste. El Dr. Warwick Bray una profundidad de 36 km. Al este de la zona de cizallamiento de Dolores, hasta la falla Espíritu San-
to e incluso en ésta, el fallamiento es significativamente diferente. Aquí es de tipo sinistral con movi-
dirigió el análisis del material arqueológico y amablemente suministro las fechas de
miento de deslizamiento inverso y hundimiento hacia el Oeste, a lo largo de fallas con rumbo hacia el
"C. El Dr. Robert Eidt me hizo observaciones muy útiles sobre la interpretación de Norte e inclinadas de 450 hacia et Este. Esta descripción concuerda con las observaciones geológicas,
los análisis de suelos, lo mismo que el Dr. Camilo Domínguez. Los Doctores Julio Morelo las cuales indican que el área incluida entre las fallas se presenta en subsidencia. Debajo de la zona de
y Leonidas Mejía me dieron datos importantes y el último me ayudó con la traducción cizallamiento de Dolores, entre 36 y 48 km de profundidad, el fallamiento parece cambiar brusca-
y uso de términos técnicos en pedología. El Instituto Colombiano de Antropología me mente, pasando a un movimiento oblicuo sinistral con deslizamiento normal, según un plano de falta
con rumbo hacia el noreste e inclinación de 500 hacia el Sureste. Este cambio en el mecanismo focal,
brindó la oportunidad de trabajar en Araracuara y la Expedición Colombo-Británica
cerca de 36 km de profundidad, se consideró como una base para definir el limite entre la corteza y
Amazonas 77 financió y dio apoyo logístico para las investigaciones. el manto. El fallamiento en el manto parece cambiar nuevamente a partir de 48 km pero el tipo de mo-
vimiento no fue determinado. Este nuevo cambio de mecanismo focal bien podría estar ocurriendo
REFERENCIAS en la superficie de la placa subducida de Nazca, la cual, según las estimaciones, debe de encontrarse
a esta profundidad en el área de estudio.
Bollan, Charles. (1972). An archaeological survey of the Trapecio of Amazonas, Colombia. Paper pre-
ABSTRACT
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Eden M..1., Mc Gregor D.F. M., Morelo J. A. Estudio Preliminar de la Geomorfología de la Parte Me-
lies between latitudes 5°50' and 7°30'N, and longitudes 75020' and 76°05W. Two microearthquake
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243
242
Hutch ings et al Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia
description agrees with geologIcal obseryations. which indicate that the area between the faults is
subsiding. Beneath the Dolores shear zone. from 36 to 48 km depth, taulting apparently changes
dramatically to obligue left lateral and normal slip on a fault {llene stnking northeast and dipping 500
to the southeast. This change in focal mechanism near the 36-km depth is taken to define the crust-
mantle boundary. Faulting in the mantle beneath 48 km apparently changes again, but the type of
CARIBBEAN S-ta9411 PL ATE
motion is undetermined. The change in focal mechanism near the 49 km depth may be at the top of
the subducted Nazca plate, estimated to be near this depth below the study area.
Sao
Oco„ anSebowjz. F
os"` Lake
V°6 Maracaibo
INTRODUCTION C.111 CARACAS
10°—
'?
The Dolores shear zone is a Cretaceous subduction zone that separates oceanic basal-
t.
tic and sedimentary rocks to the west from continental metasediments and granitic rocks o
to the east. This feature is a major geologic boundary that extends through most of Ecua-
dor and Colombia. Since Cretaceous time, the subduction process has migrated to the sif
west and is currently occurring west of the Pacific coast of Colombia. For this study, o
microearthquakes were evaluated in Antioquia, Colombia along and near the Dolores
.1lEDELLIN
shear zone, in an area approximately bounded by latitudes 5°50' and 7°30'N and longi- 40
tudes 75°20 and 76°05'W (Figure 1). A remarkable correlation is shown between micro- . 1
o ‘t- 5°—
earthquake activity and known geologic features, and microseismic activity is used to 000QT A
apply the understanding of near-surface geology to that of the crust and upper mantle.
Faults that are sources of large earthquakes can also be sources of microearthquakes. 2
C •O'
In the vicinity of the Dolores shear zone, microseismic activity is associated, in the crust, I.,
C..0°,
..0 ., ...
with the Romeral and Cauca fault zones, Espiritu Santo fault, and the Santa Rita block; 9 4-
and, in the mantle, with the subduction of the Nazca plate. The currently active north- C R. • 4.?
0 4' ,,........–__, • 1\
trending Romeral and Cauca fault zones are superimposed on the Dolores shear zone. c
li
1
Midway through the study area, the Espiritu Santo fault extends to the northeast from 4., ePAST0
u 2-
o .--3
the Dolores shear zone. This is a Quaternary fault and is not part of the Dolores shear /
u
zone. Between the Espiritu Santo fault and the Dolores shear zone lies the Santa Rita / • - ". ;71
-----f-•-, ,•J 00_
i:, /* ■
o
block of pre-cretaceous metamorphosed continental sediments (Cline and others, 1980b). CZ4
U10
1
/
At present, the Nazca plate is subducted beneath the South American plate at estimated
depths of 50 to 70 km in the study area (Cline and others, 1980a). Corneige Il
Plage
MICROSEISIIIC STUDIES
e
Although microearthquakes are too small (generally having magnitudes of less than
Arnotope Cross
3 on the Richter scale) to be perceptible to humans, they can be recorded by sensitive
5 0_
instruments. The study of microearthquakes includes an accurate calculation of their
hypocentral location and of focal mechanism solutions. This information is used to 80° 0 1000 2000 1000 4730 `000tm 70°
associate earthquake activity with faults and to establish the direction of slip along these
faults. Because microearthquakes occur far more frequently than larger earthquakes, and o,
• Volcanoes
because they have many of the characteristics of the larger earthquakes, an assessment
of the nature of the faulting can be made in a relatively short time. Faults
Two microearthquake recording arrays, one having eight stations and one having
Nortnern ondean block
seven, were established in the southern and northern portions of the study area, respecti-
vely. Each array was operated for an 11-week period between 11 June and 28 November
1979. Prior to this period, since 20 January 1979, two to three instruments were operat-
ing in the southern portion of the study area; alter this period, five instruments were left TECTONIC MODEL OF NORTHWEST COLOMBIA Figure 1
in the study area to provide continuing long-term recording. Plate 1 lists station locations
and site geology. Sprengnether MEQ-800 recorders were used in conjunction with Mark
products L4C one—hertz vertical seismometers.
From January 1979 to June 1980, 94 events of magnitude ML O to 3.5 were located;
244 245
ty along and near the Dolores shear zone in Antioquía
Hutch lege et el
they are Usted in Plate 1 and 2... Of these events, 54 that were recorded by several ins-
truments occurred sufficiently near the arrays to have their hypocenters located with
good lateral control; these events are plotted on Figure 2 and are indicated by asterisks
in 'Plate 1 and 2. These 54 events and horizontal and vertical location errors of less than
4 km or occurred within the perimeter of the array and had horizontal and vertical 3.00o
location errors of less than 6 km. Most earthquakes were located either in or beneath the
Dolores shear zone at depths from 5 to 55 km. Several events could be associated with
the geomorphologically prominent Espiritu Santo and faults within the Santa Rita block.
Events that occurred in the crust are plotted with solid circles in Figure 2.
To locate the estimated hypocenter of these events, the observed seismic wave arrival
times at each recording station are fitted to the travel times computed from a layered
seismic velocity model representing the crust and upper mantle. The computer program
HYPOINVERSE (Klein, 1978), which operates on an LSI-11 portable mini-computer,
was used to calculate the earthquake locations. The seismic velocity model for the Dolo-
res shear zone and the adjacent metamorphosed continental sediments of the Santa Rita
block in the study was developed from models of a similar tectonic environment to the
south, near latitude 4°N (Meissner and others, 1977; Ocola and others, 1977; and Meyer
and others, 1977). Events were initially located by using the various models. However,
these models had to be modified to suit the study area because of the travel time residuals
and local geology.
To modify the models, travel time residuals of well-located events at varying distan-
ces from the array were used. Well-located shallow events within the array showed a travel
time residual bias that indicated a 6.0 km/sec near-surface seismic velocity. Travel tigjes
from events located at increasing distances outside the study area indicated two compres-
sional wave refraction velocities of 6.5 and 6.8 km/sec. Velocities from mantle material
were not recorded in this study; the mantle velocities used in this study are from Ocola
and others (1977). Meissner and others (1977) hypothesized an interbedding of continen-
tal and oceanic structures, which resulted in a velocity inversion for their model under
the Dolores shear zone near latitude 4°N, south of the study area. This velocity inversion
was deduced from seismic refraction and gravity data. Travel time residuals from well- - AT 6• 13' N
located microearthquakes do not support a similar velocity inversion in the study area.
The compressional wave velocity model that best fits the available information and had
the minimum earthquake location residuls was: for the crust 6.0 km/sec, O to 3 km ver (<.)
depth; 6.5 km/sec, 3 to 15 km depth; and 6.8 km/sec, 15 to 35 km depth; and for the Se error <41<m. enmonta' and vertiere
mantle 8.0 km/sec, 35 to 45 km; and 9.1 km/sec, 45 to 55 km depth. The ratio of if erige.
compressional wave velocity (Vp) to shear wave velocity (Vs) was calculated to be near
1.76 for most events. ge
idsoard-Clyd• Consulting 1979, data
dono for the Interconesión Electric° S. A.
Focal mechanism solutions were constructed by plotting the pattern of first ground
motions produced by the seismic waves. To form a composite focal mechanism solution,
first wave motions from several microearthquakes are usually combined because one
event does not provide enough information. The hypocentral location of the earthquake
and the direction that the wave travels to the recording station are presented on a stereo-
graphic projection. From that, two orthogonal planes that separate alternating quadrants
of first motions are selected as a focal mechanism solution. The focal mechanism solution
represents the spatial orientation of the fault plane and an auxiliary plane, and the direc-
tion of relative motion across these planes. The directions of maximum and minimum
IOUAKES M SOUTHERN MEA Platal
principal tectonic stresses are assumed to be in a plane orthogonal to both these planes,
at an angle of 45° to both the fault and auxiliary planes.
• Sets enclosure
246 247
Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquía
41 lb
• • • o'em'. .;ce;« ' •
. •
marás22322 ■ 2.. r
••■■
•■ • •
0.17,101:11•I _
A _
km
121 1113.
oo
CROSS SECTION A - AT r 13'N
20 ha
LEGE ND:
Catalog moral« PI
oocentem
tova
5C•LE
35 ha
247
Hutchings et al
t 9.
.0
.0.
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• •
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... ... ,,j F49,14'°'
....... ... •• •,, ,., s_Ity•'..
.0 , flt:,*--
072 A ...."
71000' ea
• 57 •
R10 SAN JORGE FAULT
o63 ........
.... ...- 0"
.
• 79• 81
•
EXPLANATION
Af 4A. Croes meten (figures) BY
4
,B (figure 7)
Feuit, deshed "Mere approaimatelr loccted
• Saismograpb location; lettere indicate "mon
NOTE:
• Epicenters of events in crust (Member' refer to robles) Figure modifiee from Woodeford- Clyde Consultants 1980, doto from Ituanao
project done for Interconexión Eléctrico S A and Integral Ltda .
O Epicenters of events m mentle (14umbert refer to nobles)
89 Dant °cerrad 2 Km from Stotion V D2
WELL LOCATED MICROEARTHIGUAKES IN THE CANAFISTO ANO ITUANGO AREAS Figure 2
248
Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquta
The 54 well-located microearthquakes were associated with faults and then used to
characterize the faulting. This process provided remarkable detail of different faulting
?atterns in the crust and upper mantle of the study area.
AA The method used to associate microearthquakes with faults consists of systema-
'
tically selecting groups of events and examining the relationship between the events by:
,AA 1) comparing their hypocentral location in plan view and in cross-section; and 2) exa-
/
/ 10;1
/l./ mining composite focal mechanism solutions. If a group of events provides a consistent
• / 110 /1 & composite focal mechanism solution, then these events can be assumed to have been
•
072 A generated by tye same fault, or by parallel faults that are subject to the same principal
• 57 RIO SAN JORGE FAULJT
tectonic stresses. Groups of events located in the crust that had a consistent composite
063 focal mechanism solution and plotted along the projection of the plane of a fault mapped
044 at the surface are assumed to be associated with that fault. In the following discussion
66• C 610 •
• ~"•" 051
faults in the study area are associated with and characterized by the 54 microearthquakes.
" ._ 69
65• -- 50C. 087 t'41. L T
R 1 b,
Romeral and Cauca Fault Zones
78 es-
BAR
,BAR
►LOM ---— — All well-located events that occurred along the Romeral and Cauca faults in the
-k Is' -- study area were systematically grouped and examined. Events from the northern and
F.4ULT
s R "" 17;J:— southern portions of the study area that had depths of less than 36 km formed two con-
A s. -------- rry,
.. a— sistent composite focal mechanism solutions (Figure 3). However, events having depths
46#, PAVO' jetween 36 and 48 km from both the northern and southern portions had a different
• VLL focal mechanism solution (Figure 4). This change in focal mechanism solution with depth
*86
suggests a crust-mantle boundary near 36 km that has different stress fields in the crust
•S• .faz ...
UMA ... than in the mantle.
\...
• ----,S4/r7a fi},•r4 .... Faulting aboye 36 km, along the Romeral and Cauca fault zone, as defined by the
• 45• ...-- -94 ....
4115). ..... composite focal mechanism solutions and in accordance with the surface geology, strikes
• 47 .* 4 near north and dips near vertical. The fault displacement is oblique left lateral and down
FRA • -°'cl..
. i rá S2 . Z s
BO' ... 71‘7. . to the east. This faulting description agrees with surface geologic observation, except in
8 9)82 .... s . , the southern study area some faults of the Cauca and Romeral fault zones show a steep
93
▪ A' dip to the east. The faulting below 36 km (in the mantle) is either oblique left lateral
55 with normal slip, down to the southeast, on a fault plane striking northeast or alterna-
VD2> • tively, right lateral with a vertical component, down to the west, on a plane striking
20 Km 89
near north. Although the actual fault plane cannot be selected without supporting geolo-
gic evidente, the second solution is an unlikely choice since it would imply almost
opposite fault motion across the crust-mantle bundary. The first of these two possible
79 81
solutions is more consistent with what would be expected aboye an easterly subducting
plate. Clearly, either of these possibilities is defining a distinctly different fault regime
in the mantle, at a depth ranging from 36 to 48 km, than is found aboye 36 km in the
crust.
The change in focal mechanisms from events in the crust to those in the mantle
appears to occur over a remarkably short depth range. Events with depths of 36 and 35
litied from Woodward- Clyde Consultante 1980, data from Ituango km fit the focal mechanism of events in the crust; while events with depths of 37 and
ano for Interconexión Elíctrica S.A and Integral Ltda. 38 km fit the focal mechanism of events in the mantle. However, the change may occur
over a slightly greater depth range than indicated as these events have a possible error in
depth of nearly 2 km.
DCATED MICROEARTHQUAKES IN THE CANAFISTO AND ITUANGO ÁREAS Figure 2
Espíritu Santo Fault and Santa Rita Block
Faults mapped east of the Dolores shear zone (Espíritu Santo fault and faults of the
249
• e
Hutchings et al Microseismicity along and near the Dolores shear zone in Antioquia
se
a
<18
o SV
O e" Ses<
ev 46 4
.88 @S • s i vzr
fl esa 4 76 so• so sei
se
O • 50 -64 8,
65 CM .44 fea 0-50
4 76 15 A
se 88 a 4 61
dee jr Events along Romeral and Cauca fault 408,447
864 Events in mantlis (36<h<48 km)
.50
4 69 iones Northernsludy atea (ti< 36 km) Strike N 70°E, Dip 50°W, Slip
85 Strike N2°E, Dip 80°W, Slip vector 44 72 4161 05V vector rake 42°S
85 727
rake 45°N . e jz
b
9 .72
57 72
21
+18
P 5V
0
a le
s R
• Te3e
B
te •
• Possible events in subduction
aal le Zone ( h 48 km)
4 54 te Events on Romerol and Cauca fault
•
90 tO 270 tones in southern study cree (h <36k4
Strike N6°E, Dip 136°W, Slip vector
rake 44°N.
tl U"
+35
o
•24 25 —14
le
• t4 te e a A as
se
—la
25-
•
,424 0 Maximun and m1708188 principal stress direction estimule.
Lower hemisphere, equal orea stereogrophlc projection.
360 0 Maximun andminimun principal stress direction estomas
Lomo' hernisphere, equol oreo stereoqraphic projection.
FOCAL MECHANISM SOLUTIONS FOR EVENTS IN MANTLE AND SUBDUCTION ZONE Figure 4
251
250
Hutchings et al Mieroseismieity along and near the Dolores shear zona in Antioquia
Santa Rita block) show a change in strike and are older than the Romeral and Cauca
faults. As shown on Figure 2, microearthquake activity is occurring along these faults.
The locatiOns of events in the crust along these faults were examined separately from
N other events in order (1) to assess if the current activity is occurring as a result of the
same stress that is causing faulting in the Dolores shear zone to the west; and (2) to
94
estimate the orientation of these faults at depth.
89 A reliable focal mechanism calculated for these events (Figure 5) is significantly
03
se 15+
P es • el \ 181 different from the solution obtained for events to the west. The focal mechanism solution
e a"
83 ;
7 es for events along the Espíritu Santo fault and faults of the Santa Rita block show a change
in strike toward the east and a significant change in dip and fault displacement. The dip
4e
changes from 80° west to about 46° east, which was also observed in the surface geology.
93 A The fault displacement changes from down-to-the-east to down-to-the-west but still
al 93 A dee ea Events along Santa Rita and Espiritu Santo
• • faults (h< 36 km), Strike N 13°E, displays obligue left lateral with reverse slip.
04 Dip 46° E, Slip vector rake 42° S. The fact that fault displacement occurring east of the Romeral displays west side
•
a46
down, whereas fault motion along the Romeral and Cauca fault zones displays east side
OT down, indicates that the Santa Rita block is subsiding. This premise also agrees with
geologic observations. The principal stress direction for faulting along the Dolores shear
zone fault systems and faults to the east, including the Espiritu Santo fault is essentialy
09v identical: all have northwest principal compressive stress axes. The nature of the faulting
in the upper mantle under the Santa Rita block could not be assessed because of the
lack of sufficient data and the number of inconsistencies in the available data. However,
r data on events occurring at deeper depths fit fairly well the mechanism shown for data on
s
• Compression with microeorf hguake nonti« (+when less reliable) the events occurring at shallower depths. The implication is that faulting in this area
á Di 'Clon with microeorf hguoke number (- when lees reliable) extends into the mantle layer or, more likely, that the crust is thicker in the Santa Rita
Jlock.
se
e Sardinas Fault
Events that occurred along the Sardinas fault had first motions that did not fit the
focal mechanism solutions for either the Romeral and Cauca fault zones to the west or
20 faults of the Santa Rita block and Espiritu Santo faults to the east (Figure 51. Because
B the Sardinas fault is the easternmost fault of the Romeral fault zone and is at the geo-
48
First motion plot for events along logic boundary between the eastern and western geologic zones in the study area, it may
Ituango and Sardinas faults
represent a transition between the two zones. Indeed, geologic studies show that this
fault dips to the east. At present, data are not sufficient to obtain a focal mechanism
for the Sardinas fault.
Earthquakes along the Dolores shear zone having depths greater than 48 km may
show a second change in focal mechanism with depth. While events in the upper mantle
having depths between 36 and 48 km combine to form a consistent focal mechanism
Maximum and rninimun principal direction siliarnara. solution and express normal faulting due to near-horizontal tension, first motions from
Lamer hemisphers, squal aran stsreographic projadion.
events deeper than 48 km clearly do not fit this focal mechanism solution (Figure 4).
This second change in focal mechanism occurs at depths of the anticipated subduction
FOCAL MECHANISM SOLUTIONS ON SANTA RITA, zone. However, data are presently not sufficient to define the deeper mechanism.
ESPIRITU SANTO, ITUANGO AND SARDINAS FAULTS Figure 5
CROSS—SECTIONS
252 253
Microseismicity along and near the Dolores show zone in Antioquia
Hutchings et el
Meyer, R.P., Mooney, W.D.. Hales, A.L., Helley, C.E., Woolard, G.P., Hossong, D.M., and Ramírez,
tion between microearthquake activity adn faulting in the study area. J.E., 1977. - Refraction observation across a leading edge, Malpelo Island to the Colomban
Well-located microseismic events in the crust were projected along the strike of the Cordillera Occidental. The Ocean- Continent Transitan in S.W. Colombia, project Nariño, 1977,
mapped faults to a cross-section at 6°10'N (Plate 1) for events located by the southern P. 83-136.
Ocala, L.C., Aldrich, L.T., Gettrust, J.F., Meyer, R.P., and Ramírez, J.E., 1977. — Project Nariño 1:
array, and at 7°N (Plate 2) for events recorded by the northern array. Observed surface
fault dips are shown projected onto these figures (Cline and others, 1980b). The loca- Crustal structu re under southern refraction data. The Ocean- Continent Transition in southwest
Colombia, project Nariño, 1977, p. 47-70.
tions of these events fit well with faults mapped at the surface when the dip predicted by
the focal mechanism solution is projected to the surface. These fault dips fit well with
surface geologic observations. This projection is taken to indicate that the faults mapped
at the surface are active and that displacement is occurring as indicated by the focal
mechanism solution.
All events located in the mantle are plotted at the 7°N cross-section (Table 2).
Events having depths between 36 and 48 km were projected' at the cross-section along
northeast-striking planes, as indicated by their composite focal mechanism solution, and
not along the strike of faults mapped at the surface. The northeast-striking solution of
the composite focal mechanism was selected as the fault plane and the north-striking
solution as the auxilary plane because it is more consistent with what would be expected
for faulting aboye an east-dipping subduction zone. Events having depths greater than 48
km were projected along north-south planes, perpendicular to the direction of subduc-
tion. The hypothesized subduction zone is shown on Table 2.
TECTONICS
The relative motions of the Nazca, South American, and Caribbean plates provide
principal stress directions consistent with the focal mechanism solutions for the crust.
Reverse obligue faulting having a left-lateral component of horizontal motion is found
through the estire thickness of the crust in an older, preexiststing zone of wekness. The
relative motion between the subducting Nazca plate and the westward-moving South
American plate appears to result in a tensional regime in the wedge of upper mantle
material located between 36 and 48 km beneath the study area.
ACKNOWLEDGMENTS
This work was carried out in cooperation with Interconexion Eléctrica S.A. (ISA)
and Integral Ltda., Medellín, Colombia, as part of geotechnical studies for the proposed
Cañafisto and Ituango dam sites on the Cauca River. This work would not have been
possible without the cooperation and support of many people from both agencies. We
especially wish to thank Rodrigo Velezquet, Director of Microearthquake Studies for
ISA, and Fabio Villegas, Director of Geotechnical Studies for Integral. Field work was
carried out under the able supervision of Alfredo Lenes and Hugo Ochoa.
REFERENCES
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Colombia. Primer Seminario Sobre El Cuaternario de Colombia, Bogotá, Colombia. Revista
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Meissner, R.O., Flueh, E.R., Stibane, F., and Berg, E., 1977. — Dynamics of the active plata boundary
in southwest Colombia according to recent geophysical measurements. The Ocean—Continent
Transition in S.W. Colombia, project Nariño, 1977, p. 157-168.
255
REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 257 292 11981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Jack Khobzi•
RESUMEN
En las regiones de la Peninsula de la Guajira, relativamente seca, del Bajo Magdalena y de los
Llanos de la Orinoquia, más húmedas hoy dia, se extienden vastos campos de dunas estabilizadas,
salvo excepciones, que indican una mayor eficiencia de los alisios de NE durante ciertos periodos
del Cuaternario.
Las dunas son principalmente del tipo parabólico pero se describen ejemplos de la mayoría de
las formas eólicas en régimen unidireccional. Se analiza la posición estratigráfica de los depósitos
eólicos en relación con las acumulaciones aluviales presentes en las bes áreas y se propone una co-
rrelación general con base en consideraciones pedológicas, indicios de antiguos niveles litorales y con-
frontación con los conocimientos disponibles acerca de las paleoclimas regionales. Se distinguen cua-
tro o cinco fases áridas, las cuales se hubieran producido durante el Holoceno medio, el último Gla-
cial superior e inferior, el penúltimo Glacial y probablemente el antepenúltimo también, respectiva-
mente.
La orientación de las dunas no muestra diferencias significativas en comparación con la direc-
ción de los vientos actuales durante la estación seca, o sea el invierno del hemisferio norte. La persis-
tencia de una situación meteorológica similar durante períodos anuales más largos bien podría expli-
car la extensión observada de los fenómenos eólicos desde la Costa Caribe hasta 5°20 y, localmente
4°20 Lat. N en las llanuras de la Orinoquia.
ABSTRACT
In the dry Gua¡ira Peninsula and also in the more humid lower Magdalena and the Orinoco Low-
lands, there are vaste fields of aeolian sand dunes, which indicate periods of more efficiént trade-winds
during the Quaternary. 'The dunes are rnostly parabolic but almost all the aeolian forms in the uni-
directional wind regime can be encountered.
The stratigraphic relations with the alluvial deposits in the regional contexts are discussed and a
general correlation is proposed on account of pedological considerations, old sea-level features and
available regional data about palaeoclimates. Four or five arid phases may have occurred during the
middle Holocene, upper and lower last Glacial, penultimate Glacial and also, probably, antepenulti-
mate Glacial, respectively.
The orientation of the sand dunes is very similar to that of the present wind during the dry
season, i.e. the winter of the northern hemisphere. The persistence of such meteorological conditions
during longer periods in the year may explain that the dune fields extend from the Caribbean Coast
to 5°20 and, at places, 4°20 Lat. N in the Orinoco plains.
1. INTRODUCCION
Aún en sus regiones más secas, la parte septentrional del continente suramericano
no muestra indicios de actividad eólica importante, con excepción de ciertos sectores
costeros (Lecarpentier et al., 1977). No obstante, se conocen grandes campos de dunas
estabilizadas en ambientes ahora relativamente húmedos, en el litoral caribe de Colom-
257
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Loca l izac ión de los campos de dunas de Co lom bia y Venezu e la.
\ \ \ o
(á 1 h
\ t ■
,u
2. PRESENTACION DE LAS REGIONES ESTUDIADAS
I
, il 11,1 N ,
Este análisis no pretende ser exhaustivo, aunque trata de abarcar la mayor parte de
las áreas en las cuales se conocen formas de origen eólico en la comarca. Se ha profundi-
zado en tres regiones: I) los Llanos Centro-Occidentales de Venezuela, entre Calabozo
y San Fernando de Apure, 2) la planicie central de la Guajira, entre la Serranía de Peri- .1E
1. E
já y el Macizo Guajiro y 3) la planicie al oeste del río Magdalena inferior, entre Ponedera 4.---'.1..\ o •
lo
y Barranquilla (Fig. 1). En el primer caso, las descripciones y discusiones se extendieron
,4 ,i. .1 .'.1 1 i• `t • ti
al conjunto de los Llanos de la Orinoquia colombiana y venezolana. En el segundo, se o - =0
Z
fl 7' . 1 l'> . _o
utilizaron también observaciones relativas al extremo NE de la península y a la planicie ti \ -;_-
I, '1. \ ' o .
0
oriental. No se intentó una comparación con los demás sectores del "Cinturón Arido Peri-
° .. C o7' 12°
caribeño" (Ochsenius, 1980 a, b; Danielo, 1974 a, b; Danielo y Maitre, 1975), debido a E '. ii ■ (: '=•. \ \ á
2 / '\ •i \.. .,, '',,l , : li.
la escasez de formas eólicas, salvo en la región de Coro, y a la falta de documentación al ■
::: ■
. ,.
: • , , , o
. e ....„ . .
respecto. La última región se presenta bien delimitada; si bien se conocen fenómenos eóli- 1 o° o
2 N -:-
cos en sus alrededores inmediatos (Wokittel y Parada, 1957), no se incluyeron por razo- 111 N ' '
-...
nes similares. ,¿. "1..
---„.
Todas estas regiones muestran una topografía plana, sin obstáculos, a menudo sobre
distancias considerables. Son igualmente cálidas pero presentan diferencias marcadas en
1 .)
Figura 1
cuanto a precipitaciones y coberturas vegetales (v. Cuadro 1). Sin embargo, considerando
que las formas eólicas estudiadas son en su mayor parte paleoformas, no se insistirá en el ).---
i
análisis de esos factores. En cuanto a los vientos, se admite en general (p.e. Raasveldt y
e
1972; Reineck y Singh, 1973; Bloom, 1978). Se comentarán los aspectos morfológicos
y genéticos sólo cuando las observaciones logradas puedan contribuir a aclarar ciertos
258 259
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Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
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atrás hacia el primer plano. A la derecha, la pista de aterrizaje ocupa la cima de una duna. A la al. N O> CM O> N N
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izquierda, en la depresión interdunal arcillosa y húmeda se observan numerosos termiteros. El
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contraste de humedad o/y de vegetación, facilita el reconocimiento de las formas eólicas sobre o 'U .' E
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261
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi
263
262
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
tan sin limitación, pero es por mera coincidencia que las arenas invaden áreas húmedas,
con vegetación a veces densa, situadas a proximidad del litoral. En contextos similares
también pueden formarse barjanes (Foto 7) y dunas parabólicas crecen en ambientes
desérticos. Tampoco sería sistemático, aunque sí frecuente, el que la acumulación se
produzca a muy corta distancia del sector de deflación (Tricart, 1969). Son numerosos
los casos de dunas parabólicas con "colas" muy largas que señalan la distancia recorrida,
a veces de varios kilómetros (Fig. 2).
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461-*
14°
- /21 "11.klálor"
Foto 5 — Sebkra de Kasimesh, alrededores del Cabo de La Vela (Guajira): viento de izquierda a
derecha (v. Fig. 8).
k144. Figura 2 — Dunas parabólicas y longitudinales de la fase Casanare al sur del río Ariporo.
Foto 6 — Detalle del cordón marginal transversal de la sebkra de Kasimesh (v. foto 5).
— dunas longitudinales, del tipo sed- (sif), largas filas paralelas sobre varias decenas de
kilómetros en ciertos desiertos, separadas por corredores anchos y despejados, represen-
tarían una evolución, irreversible, a partir de dunas parabólicas, por desaparición del cuer-
po central durante la formación misma de ésta o a raíz de su degradaciónposterior
265
264
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
(Verstappen, 1972). En los Llanos de Casanare, especialmente al sur del río Ariporo, se
encuentran dunas que corresponden con esa descripción y evolución (Fig. 2), pero no
muestran la regularidad que caracteriza la altura y, sobre todo, el intervalo entre las du-
nas de tipo seif.
— barjanes, formas migratorias muy comunes en los desiertos pero no exclusivas de
ellos (Foto 7), son excepcionales en las áreas estudiadas aquí. Lo mismo ocurre en cuanto
a las dunas transversales, que no son más que bar¡anes unidos (Foto 8). Sólo se encontra-
ron ejemplos aislados en el litoral caribe (IGAC, C-1358, Foto 304) y en los Llanos cen-
trales de Venezuela (DCN, M-172 - H 14, Fotos 5866 y 5883). El último ejemplo (Fig. 3)
muestra una yuxtaposición de barjanes y dunas parabólicas aproximadamente contempo-
ráneas, sobre un piso muy uniforme en cuanto a la topografía y vegetación. No se encon-
traron indicios que apoyaran la idea de una "secuencia reversible" barján-duna parabólica,
postulada por Verstappen (1972). Cuando ambas formas se presentan ¡untas, una de ellas
parece ser sólo una fuente de material para la otra, como podría serlo cualquier otra for-
mación arenosa, aluvial o litoral, por ejemplo.
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Foto 7 — Dunas litorales cerca de Fortaleza, en el Nordeste brasileño. A partir de las acumula-
ciones de playa se forman, sombras de arena y dunas parabólicas. Una remoción secundaria de
los materiales eólicos origina barjanes que progresan sobre los alrededores semi-áridos de la
costa: viento de derecha a izquierda.
200 500m
Dunas recientes (Los Bejucos)
Areas de deflociOn
Talud frontal de barjdn
Piso
Trazas arenosas recientes
Figura 3 — Dunas parabólicas y barjanes en los Llanos Centrales de Venezuela, 20 km al oeste del rio
Manapire. Nótese la diferencia de orientación entre las dos generaciones de dunas y, al contrario, la
constancia en la dirección del viento durante cada fase eólica.
Las huellas largas dejadas por barjanes durante su migración forman líneas muy
similares, a primera vista, a largas sombras de arena o dunas en lengua, aunque en el
detalle se pueden observar los arcos de las posiciones sucesivas: la "punta de la lengua"
se presenta a sotavento cuando la duna se ha ido "desvaneciendo" por falta de material
durante su progresión (DCN, M 172 - H 14, Foto 5866) y a barlovento cuando, al con-
trario, el tamaño ha aumentado con la migración (Figura 3). Eso podría generar errores Foto 8 — Campo de dunas transversales en la costa del Nordeste brasileño al norte de Fortaleza:
en la interpretación de la dirección del viento a partir de formas aisladas o sobre docu- viento de derecha a izquierda.
mentos a pequeña escala.
— formas complejas en estrella o pirámide no se observaron, lo que, hasta cierto pun-
to, confirmaría la poca variabilidad en la orientación de los vientos efectivos.
266 267
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
No se han encontrado muchos cortes en las formas antes descritas, pero no hay ra-
zón para suponer que su estructura interna difiera de las descripciones clásicas (p.e.,
Bagnold, 1973; McKee, 1966; Reineck y Singh, 1973). Por otra parte, la poca altura de
las acumulaciones permite suponer que, en la mayoría de los casos salvo en las dunas
activas o muy recientes, la bioturbación ha borrado las estratificaciones originales. Estas
sólo han podido observarse, en un médano de más de 10 m de altura, a partir de aproxi-
madamente 4 m debajo de la superficie (Foto 9); tales profundidades son muy escasas en
la mayoría de las dunas de la Guajira y de la Orinoquia. Por lo tanto, es difícil esperar
que se pueda utilizar el grado de conservación de la estratificación interna como criterio
de datación relativa.
4. ASPECTOS ESTRATIGRAFICOS
No existe todavía una síntesis de los estudios que cubren la casi totalidad de esta vas-
ta región. Sin embargo, la unidad de criterios geomorfológicos y pedológicos aplicados
en el sector venezolano (Zinck y Urriola, 1970; Comerma y Luque, 1970; Danielo, 1974c
4 y Maitre, 1974; Padilla y Stagno, 1977; Khobzi, 1978; Aubert, en prensa) permitió pro-
poner un cuadro de correlaciones (Khobzi, 1978, p. 80), el cual parece aplicable, en tér-
Foto 9 — Estratificación en una duna parabólica de la fase Malambo 1,5 km al oeste de Santo
minos generales, a los Llanos de Casanare y Meta (v. F.A.O., 1965; Goosen, 1971; Arévalo
Tomás (v. Fig. 10): viento de derecha a izquierda. En la parte superior, homogenización por
et al. 1976)2 y más al sur todavía (Khobzi et al., 1980), al menos en algunos de sus ren-
bioturbación.
glones.
a) Formas fluviales
Siguiendo la nomenclatura utilizada en los Llanos Centro-Occidentales de Venezuela
(Fig. 4) y generalizando, se distinguen, empezando por la más antigua:
— una planicie aluvial (Q4) que corresponde con la superficie de acumulación alu-
vial de gravas y arenas arcillosas de la Formación Mesa (Léxico Estratigráfico de Venezue-
la, 1956; 1970) y conforma la mayor parte de los Llanos Orientales y Centrales hasta el
río Guariquito al Oeste y el río Orinoco al Sur. Después de una interrupción importante,
de oriegen tectónico (Goosen, 1971; Tricart, 1974b), reaparece al sur del río Meta, en
donde ha recibido el nombre de Altiplanicie (F.A.O., 1965, Goosen, 1971). Son escasas
las áreas relativamente bien conservadas y se han descrito pequeñas fallas en varios secto-
res (Zinck y Urriola, 1970; Danielo, 1974 c; Maitre, 1974; Khobzi, 1978). Los suelos, a
menudo truncados, se clasifican en los Ordenes Oxisol y Ultisol (U.S.D.A. 1975), con
frecuentes encorazamientos ferruginosos en el sector venezolano y, en menor grado, en
el norte del Vichada (Khobzi et al., 1980; IGAC, en preparación).
— una planicie 1031, que puede subdividirse en áreas de glacis de ablación (pedimen-
tos) en los Llanos Centro-Occidentales y Centrales de Venezuela, anteriores o contempo-
ráneos con explayamientos aluviales areno-arcillosos, en gran parte sepultados por depó-
sitos más recientes en los Llanos Occidentales, pero todavía extensos al sureste el río
Arauca hasta poco más al sur del río Meta (v. IGAC, en preparación). Esta distribución
también sugiere un conrol tectónico importante. Los suelos pertenecen al Orden Ulti-
sol y los encorazamientos son escasos.
Foto 10 — Dunas activas en los Llanos de Apure entre los ríos Capanaparo y Sinaruco (Vene-
zuela). Foto E. Ruiz. 2. No fue posible consultar las publicaciones recientes del Programa Inventario Na-
cional de Tierras (M.A.R.a.FI. Maracay-Caracas) pero se tuvo conocimiento de
algunos estudios durante su realización (Llanos Orientales, Llanos de Apure, Lla-
nos Centro-Orientales).
268 269
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi
taica, explica la situación relativa de las acumulaciones sucesivas, las cuales ocupan (V. t Estudio de
las depresiones dejadas por las anteriores. Con base en características geomorfológicas suelos de los
Llanos Centrales
y pedológicas, se han separado, desde la más antigua hasta la actual, las siguientes fases: Maracay,
no consultado)
(Q2) con huellas apenas interpretables como ejes (cauces) de sedimentación, suelos del
(V. Aubert, Estudio
Orden Alfisol con muy bajas tasas de saturación de bases en el horizonte Br rubeficado geomorfológica de los Obten.
y otros con significado más bien local (influenciade pantanos, Vertisoles marrón-rojizos); Llanos Occidentales, Meditas
no consultado) y
/c9 3 con antiguos cauces imperfectamente rellenados y, por lo tanto, nítidos en ge- Padilla y Stagno
neral y asociación de Alf 'soles con altas tasas de saturación de bases sobre los diques
aluviales y Vertisoles pardo-amarillentos en las cubetas marginales; /Dm), con ejes igual-
mente nítidos, pero de sinuosidades meándricas menos amplias que las anteriores y aso-
ciación de Inceptisoles en los diques con Vertisoles en las cubetas; (O /b 4, a menudo
difícil de separar de la anterior, morfo- y oedológicamente, con Mollisoles o Inceptiso-
les sobre los diques e Inceptisoles vérticos en las cubetas; finalmente, las acumulaciones
más recientes y actuales (Qoa), con Inceptisoles y Entisoles, son también de difícil deli-
mitación, salvo cuando la llanura de inundación se presenta ligeramente encajonada den-
tro de las formaciones más antiguas.
Las características referidas se presentan en forma relativamente independiente de
las variaciones mineralógicas, bioclimáticas, topográficas y granulométricas (menos en el
caso de los Vertisoles, obviamente). Los matices introducidos por cambios en esos facto-
res no alteran el esquema general, especialmente en el caso de los niveles más antiguos,
por lo cual puede considerarse que éste constituye un conjunto de cronosecuencias equi- Llanuras de desborde y
valentes (v. Del Llano y Pichott, 1980; Zinck, 1973). Esto se debe a la relativa homoge- terrazas aluviales
neidad de los ambientes estudiados, al menos en los sectores donde se presentan las cober-
turas eólicas y que son los que se han considerado aquí. kai Q4 ( fin mesa )
3. ay. en los estudios originales (Aubert, en prensa: Khobzi 19781. Corozo Pando
4. Subdividido en ala y (lob en el Estudio geomorfológico de los Llanos Occi- Los Andreurns
5
dentales (Aubert, en prensa) donde, por otra parte, la secuencia pedológica pre- 1
Km
senta ciertas diferencias.
5. Para mayor comodidad se designarán las distintas generaciones de dunas con Figura 4 — Mapa geomorfológico generalizado del sector Calabozo-Camaguán (Llanos Centro-Occi-
nombres de sitios donde han sido observadas. En ciertos casos se establecerá dentales de Venezuela). Nota: para el sector oriental, los límites son esquemáticos.
una subdivisión (p. ej.: Corozo Pando 1 y Corozo Pando 2), pero se seguirá
usando la denominación básica (p. ejj.: Corozo Pando) para referirse bien sea al
conjunto o bien a una de las fases, no identificada en el sitio.
271
270
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
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273
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
aplicable para diferenciar esta generación de la más antigua, pero una comprobación pre-
via es necesaria.
— fase Los Bejucos y fenómenos activos: son remociones menores de arena que se
han señalado en varios sectores. Se observan erosiones en "calderas" en dunas antiguas, Cauce mayor y terrazas
como cerca del caño Los Bejucos, entre el río Guachiría y el caño La Hermosa (Casanare)
y acumulaciones correlativas sobre distancias variables (IGAC, M 1314, Foto 31533), con Talud de terrazo
formas muy frescas (Fig. 3). En algunos sitios, especialmente en los Llanos de Apure, se
encuentran dunas con cierta movilidad actual (Foto 10). Sin embargo, los fenómenos acti- Bancos de arena del cauce menor
vos (Goosen, 1971; Padilla y Stagno, 1977) parecen relacionarse sólo con degradaciones
antrópicas locales (cortes de caminos o carreteras, préstamos) y las quemas no son sufi-
Canal de estiaje
cientes, en general, para propiciar la deflación, aún en las dunas mismas.
c) Origen de las arenas de dunas
Cjr3 Sabana quemada
de su material. Tricart considera que las dunas se han formado en el sector de la llanura
donde los aluviones tenían la granulometría apropiada. En realidad, los depósitos aluvia- Direccion del viento
les son demasiado arcillosos y limosos desde cortas distancias a partir del piedemonte,
como lo recalca Goosen. Comerma y Luque (1971) precisan que los depósitos recientes
no tienen relación con los médanos y Tricart indica que las dunas son más antiguas que
los aluviones "holocénicos" (1974 a).
El origen de las arenas parece ser diverso, según la generación de dunas y el sector
considerado. En el Oriente de Venezuela, la Formación Mesa (Q4) es la fuente más pro-
bable y a menudo la única posible, para la deflación directa o la remoción de materiales
a partir de los aluviones de las corrientes autóctonas. Más al suroccidente, se habrían en-
contrado diferencias mineralógicas que excluirían una procedencia desde las "Mesas"
Figura 6 — Croquis fotogeomorfológico de un sector aledaño al río Meta en los limites del departa-
orientales. En este caso, la única fuente posible sería la planicie aluvial relativamente are-
mento del Meta y de la Comisaría del Vichada.
nosa 03, lo que concuerda muy bien con la situación en los Llanos de Apure, Casanare,
Meta y Vichada en el caso de la generación de dunas de Corozo Pando, la más antigua. Nótese la ausencia de dunas, pese a la exposición de bancos arenosos del cauce del río durante el estia-
Los médanos de las fases Casanare y probablemente Los Andreseros parecen haberse ali- je. Por otra parte, en a, la quema señala un cambio local en la dirección general del viento.
274 275
Khobsi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
276 277
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi
aproximadamente esa generación, la más importante de la región, en la secuencia estra-
tigráfica regional.
— dunas de Carraipía, acumulaciones eólicas voluminosas al este del río Carraipía,
reduciéndose a una serie densa de dunas longitudinales y parabólicas, más bajas, a barlo-
vento. No se observa un desarrollo pedológico marcado en esa secuencia y el hecho de
que, localmente, las arenas cubran las terrazas recientes, hasta el borde del cauce mayor,
es otro argumento para considerarlas como mucho más recientes que las dunas Maicao.
Sin embargo, como las terrazas se encuentran en general despejadas, podría señalarse
una progresión en dos etapas, una anterior (Carraipía 1) y la otra, local, posterior a las
fases aluviales (Carraipía 2). En otros lugares pueden observarse también médanos esta-
bilizados pero de formación reciente. En el litoral norte, cerca de El Pájaro, antiguos pla-
yones situados a menos de 10 m sobre el nivel del mar (probablemente unos 4 a 6 m),
muestran dunas alargadas, bajas y estrechas, que no se prolongan sobre los playones de-
jados por la transgresión de + 1 a 3 m. Cerca de la Punta de la Vela, al oeste de El Pájaro,
otras acumulaciones atribu ídas a la fase Carraipía y compuestas por arenas rosadas, reto-
madas de las dunas rojas, son cortadas por el litoral de + 1 a 3 m.
— dunas de Punta de la Vela: en algunos sitios, sin embargo, se observa que estas
dunas han progresado nuevamente sobre este litoral (Fig. 9). Actualmente están relativa-
mente estabilizadas (Foto 11).
IGAC-C 1358,1010170
1Km
Piso
Litoral • 1 o 3m
Lagunas (playones I
Taludes
Complejo aluvial
— fenómenos eólicos recientes y actuales, han dejado huellas locales en las áreas
Nivel a. 5 m (abrasión))
poco protegidas por la vegetación, naturalmente o a consecuencia de la intervención hu-
Se bk ra
Nivel ♦3 rn (acumulación) mana, la cual es probablemente antigua en la región (Ochsenius, 1980 b). Los más im-
Cordones marginales enlicos
portantes se presentan en el ambiente litoral de la Alta Guajira (Foto 4). La costa norte,
Niveles ♦ la 3m y actual
por su orientación a sotavento, no permite la acumulación del material desplazado. La
Dunas litorales activa* Explayamientos actuales planicie oriental es también un sitio árido de importante actividad eólica, tanto por de-
(nebkas y sombras de arena )
flación en las formaciones superficiales como por remoción de los aluviones de los arro-
Figura 8 — Croquis geomorfológico de los alrededores del Cabo de La Vela (Guajira). yos (Foto 12), pero no se forman dunas apreciables.
c) Origen de las arenas
279
278
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Aquí la situación se complica por las posibles influencias litorales. Se observa que las
dunas activas de la costa noreste, en Colombia, presentan una proporción importante de
arenas calcáreas. Picard (1977) anota que la fracción biogénica de las dunas actuales de
Cocinetas alcanza hasta 501, del total; dunas más antiguas (Holoceno) presentan una me-
nor cantidad de tales fragmentos pero su piso se encuentra cementado por carbonatos,
que podrían tener cierta relación con el material eólico.
El hecho de que las dunas de Maicao y Carraipía sean cuarzosas y totalmente despro-
vistas de material calcáreo no permite considerar, con absoluta seguridad, que esta situa-
ción sea original, ya que la evolución pedológica bien podría haber sido una causa de
eliminación de los carbonatos, inclusive sin formación correlativa de horizontes cálcicos.
El caso de las dunas de Carraipia, más recientes (v. parágrafo 5), incitaría, sin embargo,
a creer que se trata de una característica congénita y que el material corresponde a la
remoción de acumulaciones aluviales, probablemente sobre la plataforma continental,
descubierta durante una regresión marina. Una interpretación similar podría aplicarse
también al sistema de Maicao; éste se presenta muy homogéneo, con áreas que, por su
posición a sotavento del Macizo Guajiro no pueden haber tenido influencia de material
litoral, por lo cual se consideraría que los demás sectores, morfo— y pedológicamente
idénticos, tampoco la tuvieron durante este período.
Esta región ha sido estudiada con menor precisión en cuanto a la estratigrafía de las
formaciones cuaternarias, pero se dispone de algunas informaciones (IGAC, 1959; Bueno,
1970), completadas por trabajos inéditos (IGAC, 1970; 1980), suficientes para esbozar
Foto 11 — Dunas relativamente estabilizadas en el litoral caribe cerca de la Punta La Vela (Gua-
un esquema similar a los anteriores, para et sector en donde ocurren fenómenos eólicos.
jira): viento de derecha a izquierda (v. Fig. 9).
Pueden distinguirse (Fig. 10):
a) Formas de origen aluvial y litoral
— mesas, algo disectadas, deformadas por la tectónica cuaternaria, que corresponden
con las calizas superiores de la Formación La Popa, de edad plio-pleistocénica (Bueno,
1970).
— niveles de gravas silíceas de Rotine (o Rotinet) y otros sectores en el departamen-
to del Atlántico (Link, 1927), que pueden ser más antiguos o contemporáneos con los
de Cascajal y Martillo, al oeste del sector estudiado.
planicie litoral con arcillas arenosas amarillento-verdosas, y arenas calcáreas loca-
les, quizás relacionadas con las gravas de Cascajal, las cuales podrían corresponder con el
límite de una transgresión de nivel + 30 m aproximadamente o de sólo + 10 a 15 m si,
en realidad, se alcanza a definir un segundo nivel con inclinación suave hacia el Noreste.
— un fondo de laguna costera, con depósitos arcillosos ricos en sodio, encajonado
dentro de la planicie anterior, con un límite occidental a + 5 m aproximadamente.
— un complejo aluvial, que corta y cubre la parte sur de la laguna desecada, al norte
de Ponedera, y tiene equivalentes en la planicie terminal de los demás arroyos afluentes
del río Magdalena. Se sugiere distinguir dos fases imbricadas, caracterizadas por asocia-
ciones de Alfisoles con Vertisoles y de Inceptisoles con Vertisoles respectivamente (IGAC,
1970; 1980). Además, depósitos recientes sin evolución pedológica marcada (Entisoles)
bordean los cursos actuales o recién abandonados.
— depósitos deltaicos del río Magdalena con una fase antigua y otra reciente y ac-
tual, observándose que la primera recubre la parte inferior inclinada de los abanicos alu-
Foto 12 — Remoción eólica de los aluviones de un arroyo en la planicie oriental de Guajira.
viales, laterales, relacionados con un nivel de base inferior al actual.
b) Formas eólicas
— dunas de Malambo, designadas con el nombre de los suelos que las caracterizan
280 281
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
(IGAC, 1959), pero con mayor densidad al oeste de Santo Tomás. Son formas parabóli-
cas a reticulares, de tamaño importante (Foto 9), con suelos amarillento-rojizos algo más
claros que en las dunas Maicao de la Guajira y sólo entre 1,5 y 3 m de profundidad. Des-
cansan sobre la planicie litoral y relieves más antiguos hacia el Oeste hasta Polo Nuevo,
donde bien podrían recubrir dunas aún más viejas, por lo cual tentativamente se contem-
pla la posibilidad de una subdivisión en Malambo 1 para éstas y Malambo 2 para las antes
descritas. Por otro lado, han sido recortadas por la transgresión de nivel + 5 m.
— dunas de Pa/mar de Varela, trazas longitudinales de dimensiones pequeñas, sobre
el fondo de l aguna conservado en este sector. No se observó su continuación, a sotavento,
sobre el complejo aluvial.
7. de San-
Wokittel 11957) señala la presencia de dunas al sur de la Ciénaga Grande
ta Marta, cerca de Media Luna, con granos calcáreos que su gieren una fuente
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(0
litoral.
282 283
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi
ciones ambientales favorables a la migración de tan importantes masas arenosas. Al respec- chada en Colombia. Debe notarse, sin embargo, que este movimiento puede también
to, la fase más antigua, Corozo Pando, por su extensión y densidad, a pesar de las degra- interpretarse, en parte, como la canalización de los alisios de NE por la topografía de
daciones sufridas, implicaría un cambio mucho mayor, todavía, que los siguientes. Sin mayor relevancia. Lo propio ocurre en el sector caribe estudiado.
embargo, deben considerarse también las influencias dinámicas, la eventual interacción Raasveld y Tomic (1958) observaron una discrepancia de orientación entre las dunas
entre la sedimentación arenosa Q3 y la formación del campo de dunas (v. Tricart, 1969; antiguas y las recientes o los vientos actuales en el litoral caribe, sugiriendo que ello po-
1974 a, b, c), posibilidad que existió sólo en el caso de esa generación. A pesar de las di- dría tener aplicación en la diferenciación cronológica de las formas eólicas. En los Llanos
ferencias de ambiente pedogenético, cierta similitud, como la intensa rubefacción, podría de la Orinoquia también se encuentran fenómenos similares pero los ángulos son muy ce-
indicar una relativa contemporaneidad de las dunas con su piso. rrados. La desviación reciente es diestra en el sector nororiental (Fig. 3) y pasaría a ser
En la Guajira y en el Bajo Magdalena la situación es comparable ya que las fases eóli- ligeramente siniestra, o más generalmente nula en Casanare (Figs. 2 y 5). Dada la influen-
cas antiguas, Maicao y Malambo, son más desarrolladas que las otras. No obstante, la cia de modificaciones de orientación del viento en relación con la topografía local (v.
posición de esas regiones introduce una variable adicional, la influencia posible de un Fig. 6), sólo un análisis estadístico permitiría sacar conclusiones al respecto. El corres-
ambiente litoral, que reduciría el significado climático de estos campos de dunas. En lo pondiente cambio en la ubicación de los centros de presión atmosférica no parece haber
sucesivo se optará, con base en la argumentación presentada (v. parágrafo 4), por la hipó- sido importante, de todas maneras. Sin conocer el significado preciso de la orientación de
tesis según la cual las dunas Melca°, Malambo y Carraipía 1 también habrían requerido, las pistas de los aeropuertos, a falta de datos específicos, es prematuro afirmar que tam-
de todas maneras, condiciones ambientales relativamente áridas para su desarrollo; éste poco haya una gran diferencia con los vientos actuales. Tricart (1974, b) recuerda cómo
hubiera sido contemporáneo con niveles marinos relativamente bajos. Falta mucho, sin él había sugerido que importantes modificaciones en la circulación atmosférica regional y
embargo, para tener amplia seguridad en cuanto a ambas aseveraciones. La manera como aún general, durante los glaciales, podrían explicar numerosos fenómenos geomorfológi-
progresan las dunas costeras, por cierto de otro tipo, en el Nordeste brasileño semi-árido cos en el área. En tal caso, debería orientarse la investigación más bien hacia la época en
(Fotos 7 y 8) es un ejemplo que obliga a mantener la duda. que se produce el período húmedo del año, el cual podría haber sido reducido en impor-
La extensión observada de los campos de dunas podría considerarse como la fiel tancia por la permanencia de células de alta presión en latitudes relativamente bajas. De-
representación del área afectada por tal grado de aridez en los períodos correspondien- safortunadamente, no se dispondría para ello de una señal clara, equivalente a la que de-
tes, siempre y cuando se pueda comprobar que no existe limitación alguna para el desa- jaron los campos de dunas en el paisaje. Por otra parte, la importancia relativa de cada
rrollo de los fenómenos eólicos. En el caso de la Orinoquia, el relieve del Macizo Guaya- fase eólica no varía siempre de acuerdo con las diferencias climáticas actuales, especial-
nés representa un obstáculo para la acción del viento, por lo cual es apenas lógico que mente en el caso de las dunas Casanare que parecen representar un episodio más mar-
las acumulaciones eólicas no se presenten más allá de sus estribaciones, sin que pueda cado en el centro de la Orinoquia que en el Caribe, actualmente más seco. De ser así,
afirmarse que una sequía marcada no haya alcanzado latitudes más bajas (v. van der la igual predisposición de ambas regiones, en cuanto a vientos y materiales se refiere,
Hammen 1979). El sector occidental, al pie de las cordilleras andinas, se encuentra obligaría a suponer también variaciones regionales en el esquema mismo de la circula-
cubierto por depósitos finos más recientes que las dunas más desarrolladas, por lo cual ción atmosférica durante los períodos secos (v. Rognon, 1976).
la extensión original de éstas hacia el Oeste se desconoce; las fases recientes no pudieron El incremento de la sequía hasta las latitudes señaladas parece obedecer a una modi-
expresarse por falta de material apropiado. No se conocen depósitos eólicos en el piede- ficación estacional de la circulación atmosférica. En este caso, la zona ecuatorial que se
monte, aunque no existe imposibilidad topográfica ni sedimentológica para ello. Por lo presenta a continuación hacia el Sur no necesariamente hubiera sido afectada por el cam-
tanto, las modificaciones del clima en el sentido examinado no deben de haberse amplia- bio de manera tan drástica, salvo si éste fuera además acompañado por una disminución
do mucho más al oeste del límite reconocido. Al sur del río Meta no se presenta tampo- general de las precipitaciones mismas (Van der Hammen, 1979). En la Amazonia y en la
co impedimento para que las arenas de las formaciones pliopleistocénicas de Vichada Guayana, la selva parece haber retrocedido ante la extensión de las sabanas, reduciéndose
(v. Khobzi et al., 1980), retrabajadas por los ríos locales o andinos, hayan alimentado los a refugios (Haffer, 1969; Muller, 1973; Prance, 1978; Hoogmoed, 1979; Van der Ham-
procesos eólicos en condiciones similares a las del Oriente venezolano. Siendo el relieve men, 1979) pero argumentos pedológicos, como la aparente escasez de encorazamientos
favorable también, puede concluirse que, aquí, el límite del campo de dunas fue esencial ferruginosos, incitan a no exagerar la extensión o duración de tan importantes cambios
mente bioclimático, con transición en cortas distancias a un ambien algo más húmedo, y bioclimáticos (Khobzi et al. 1980). En tal caso, el contraste entre los paisajes de la Orino-
un incremento en la erosión hídrica descrita por Tricart (1974 a, b, c). También podría quia y Amazonia hubiera sido aún mayor que actualmente, pasándose de ambientes semi-
admitirse que la disección de la Altiplanicie no se había iniciado todavía. áridos con erosión eólica a un medio selvático, en cortas distancias con terrenos ocupados
En el área del Caribe, desde la Guajira hasta el Bajo Magdalena, la brusca termina- por sabanas más o menos abiertas según las condiciones edáficas locales.
ción de los campos de dunas no corresponde con limitantes topográficos ni sedimentoló-
gicos evidentes, por lo cual debe de obedecer también a factores bioclimáticos. A conti- 5.2 CORRELACIONES
nuación del área de mayor aridez, se observan ahora condiciones también relativamente
secas (Lecarpentier et al., 1975), que bien pueden haber sido más acentuadas en el pasa- La correlación de las distintas fases eólicas y de las formaciones aluviales intercaladas
do, pero sin llegar al extremo de permitir acciones eólicas. se expresa en el Cuadro No. 2. Estos resultados pueden luego confrontarse con las obser-
b) Organización geográfica y aspectos meteorológicos vaciones y dataciones obtenidas de otros fenómenos geográficamente relacionados con los
Pese a la existencia de frecuentes hiatos, es fácil seguir, mediante las orientaciones campos de dunas estudiados y las áreas aledañas (Cuadro No. 3). Algunos comentarios se
locales, el sentido general de las corrientes eolianas a nivel del suelo sobre toda la región. imponen al respecto:
Así se reconoce, en la Orinoquia, una trayectoria con carácter anticiclónico al Oriente, a) Correlación de los fenómenos eólicos
pasando a ciclónico a partir de los Llanos Centro-Occidentales de Venezuela hasta el Vi- Salvo en el caso de la fase Malambo 1, para la cual no existe todavía indicio alguno
285
Khobzi
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
CUADRO No. 2
COR R E LACION TENTATIVA DE LAS SECUENCIAS REGIONALES
DE DEPOSITOS CUATERNARIOS Y SUELOS ASOCIADOS
Cuadro No. 3 — Cronología tentativa de los eventos eólicos cuaternarios en los Llanos de la Orinoguta
y la Costa Caribe (Colombia y Venezuela)
ORINOQUIA GUAJIRA BAJO MAGDALENA
Ho lstein - Yorinouth
I N TE RGLACI AL
INTERGL ACIAL
W isconsin- W lirm
Llanura inund. Qoa delta R. Ranchería delta R. Magdalena
HOL OC E NO
GL ACIAL
GL ACI AL
GL ACI AL
We ic hse l
CRONO-
LOS BEJUCOS PUNTA LA VELA SOLEDAD
delta ant. R. Magdalena ESTRATIGRAFIA
(Mol., Inc., Ent.) delta ant. R. Ranchería
Planicie aluvial Qia terraza mar. +1 a 3 m Terr. mar. + 3 m
CI
.
C
( Ver Cuadro 2 I N.
1111».
<o a>
LOS ANDRESEROS CARRAIPIA 1 PALMAR DE VARELA
o c
Sequía clima co
terraza mar. + 5 m a' E =
? terraza mar. + 5 a 8 m deducida de EE
sabana/bosque
c
(Alf. úl., Vert., Rub.) (Alf., Arg., Rub.) 161
Planicie aluvial Q2 Explayamiento aluvial
Nivel de lagunas
COROZO PANDO 2 MAICAO 2 MALAMBO 2
15)
? terraza mar. + 10 a 15 m terraza mar. +10 a 15m?
Recarga de
COROZO PANDO 1 MAICAO 1 MALAMBO 1 aqu itero,
(Ult.) (Alf., Arg., Rub.) (4)
Planicie aluvial 03 explayamiento aluvial
Pedimento inferior
% CO3Ca en
)
Sedimentos marinos
? margas y arcillas gravas de Cascajal + 30 m
de la Planicie Central? y arcillas arenosas? (31
Temperatura
deducido
Fm. Mesa inferior Gallinas y S. José beds Fm. La Popa de la relación
pcirorno/ bosque
(1)
NOTA: en MAYUSCULAS, fases eólicas; en negrilla, niveles transgresivos; entre paréntesis, suelos
(Ent. = Entisoles; Vert. =Vertisoles; Inc. =Inceptisoles; Cid. =Camborthids: Alf =Alfisoles; Años 8Px 10 3 e
Arg. =Argids; Alta =Alfisoles últicos; Ult, =Ultisoles; Cor.Fe =corrazas ferruginosas; Rub.
=rubefacción).
286
287
Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
Khobzi
que incite a distinguirla, todas y cada una de las generaciones de formas eólicas reportadas californiano, edades 14 C entre 20.000 a 43.000 BP (Malpica Cruz et al., 1978) pasarían
en las regiones estudiadas se diferencian por una o varias características, siendo la más a 65.000 (7), 80.000, 105.000 y 120.000 BP (Ortlieb, 1979) con el método Th/U. Por
significativa de éstas la que se refiere a la posición estratigráfica. En esas condiciones y lo tanto, deben aceptarse con cierta reserva las fechas obtenidas, para el nivel + 5 a 8
por débil que sea la argumentación en ciertos casos, es llamativa la correspondencia inter- m y sus probables equivalentes, en las Antillas Holandesas con 31.300 ± 500 y 39.550 ±
regional, no sólo en el número de eventos eólicos sino también en cuanto se refiere a la 1.700 BP (Buisonje, 1974, citado por Ochsenius, 1980) y en el sector del Cabo de la Vela,
secuencia geomorfológica global (Cuadro No. 2). Desde luego, se presentan muchas dife- con aproximadamente 25.000 añosa . En caso de ser confirmadas, tales fechas apoyarían
rencias ya que los contextos locales no son similares, tanto desde el punto de vista de la la tesis de un importante levantamiento tectónico, ya que no existe acuerdo general en
actividad fluvial como en torno a la evolución pedológica. En el primer caso, no pueden cuanto a una transgresión interestadial preflandriana de esta edad.
compararse los depósitos, muy especiales por su dinámica casi deltaica, de la cuenca del Las fases regresivas, en cambio, no se observan en el paisaje. Será en relación con
Orinoco con los explayamientos de los arroyos guajiros o las pequeñas corrientes que dre- el correspondiente cambio en la dinámica del curso inferior de los ríos que aumentó la
nan áreas de mínima extensión y elevación del Bajo Magdalena; para ello, sólo el núme- sedimentación terrígena en la Cuenca de Colombia, frente a la desembocadura del río
ro de fases de sedimentación puede ser significativo, aunque no están completamente de- Magdalena en el mar Caribe, o a consecuencia de un incremento en la erosión de la cuen-
finidos los papeles de las causas bioclimáticas ni de las influencias tectónicas y glacio- ca superior durante fases climáticas más agresivas (Prell 1978)? La coincidencia de ambas
eustáticas. En el segundo caso, a juzgar por la situación actual, el ambiente bioclimático posibles causas en el período anterior a 13.000 BP no permite escoger entre esas interpre-
tampoco es uniforme, dificultándose las comparaciones de pedogénesis; no obstante, las taciones. Prell concede cierta importancia al factor climático, pero lo considera como
tendencias observadas no son incompatibles con el ordenamiento cronológico propuesto. secundario respecto al entalle de los ríos y remoción de los sedimentos de la platafor-
Finalmente, la correlación de los niveles litorales requiere estudios específicos cuya ca- ma continental. La manifestación de acumulaciones terrígenas muy importantes du-
rencia es una fuerte limitación para tales interpretaciones. rante fases regresivas anteriores, con clima húmedo en los Andes (van Geel y van der
b) Correlación general Hammen, 1973), apoyaría tal interpretación.
En los últimos años se ha ahondado mucho en el conocimiento de las modificacio- Por lo tanto, las diferentes fases eólicas podrían situarse en la escala estratigráfi-
nes bioclimáticas de regiones aledañas a las estudiadas aquí. Van der Hammen (1974, ca general de la manera expresada en el Cuadro No. 3.
1979) y Ochsenius (1980) han presentado útiles recopilaciones de datos, a partir de La existencia, determinada por varios métodos, de un período de sequía bastante
los cuales puede intentarse situar los períodos de actividad eoliana en la cronología cua- generalizado entre 20.000 y 13.000 BP permite, de acuerdo con el marco estratigráfico
ternaria (Cuadro No. 3). regional, atribuirle la fase eólica Casanare y sus equivalentes. Los fenómenos localizados
Estos eventos, inclusive en el caso de los más intensos, no deben de representar más Los Bejucos corresponderían entonces con los episodios .secos detectados en el Holoceno
que cortas fracciones de las fases secas detectadas a partir de otros fenómenos. Por otra medio. Por otro lado, las dunas más antiguas se hubieran formado antes del período hú-
parte, su intercalación entre períodos de incremento en la acumulación aluvial está clara- medo del último Glacial o sea a principios de éste en cuanto a la fase Los Andreseros y
mente establecida en muchos casos pero, en otros, existe la posibilidad de cierta simul- antes de la transgresión (+ 5 m) del último Interglacial para la fase Corozo Pando 2 y
taneidad con los depósitos fluviales o litorales presentados como anteriores en el Cuadro equivalentes. Las dunas rojas Corozo Pando 1 y Maicao 1, si realmente son distintas de
las anteriores y se formaron antes de la transgresión del penúltimo Interlgacial, serían
No. 2 (Corozo Pando 1; Casanare - Ponedera - Carraipía 2; Los Bejucos - Soledad - Punto
entonces muy antiguas, lo que explicaría su escasa conservación.
La Vela). Por lo tanto, es difícil todavía interpretar el papel de los cambios climáticos en
la sedimentación aluvial, la cual podría corresponder, ora con períodos más húmedos
6. CONCLUSION
(02, id, ora con fases más secas (03, 1b)• Además la reacción de las cuencas no debe
ser comparable, en vista de sus grandes diferencias de vegetación y suelos. En el sector
caribe, sólo un aumento de la frecuencia de los aguaceros puede explicar el incremento Los campos de dunas principalmente parabólicas de la franja litoral caribe y de los
de la sedimentación aluvial. En las cuencas de los ríos llaneros, la degradación de la cober- Llanos de la Orinoquia son policíclicos. Cuatro o cinco fases, tentativamente correlacio-
tura vegetal durante períodos más secos pudo haber sido el factor más importante; el tipo nadas, se intercalan entre sedimentos litorales y/o aluviales. Los períodos de clima más
de acumulación refleja ante todo la subsidencia tectónica y, aún cuando corresponde con seco que correspondieron con estos fenómenos eólicos hubieran ocurrido durante el Ho-
caudales líquidos importantes, dificulta una interpretación paleo-climática. Por otra parte, loceno, el último Glacial superior e inferior, el penúltimo Glacial y quizás el anterior tam-
la correlación de las acumulaciones aluviales con los estadios glaciales (Royo y Gómez, bién.
1956; van der Hammen, 1980; Ochsenius, 1980) merece ser estudiada más a fondo. Efec- La distribución de las dunas parece ser un indicio confiable de la extensión geográfi-
tivamente la dinámica de los glaciares tropicales no favorece el escurrimiento fluviogla- ca del área relativamente árida, que abarcó regiones ahora muy húmedas pero con una
ciario, de carácter estacional, como en las montañas de latitudes más altas; en los casos estación seca marcada. Hay indicios de que el régimen de vientos, o sea la posición de
donde se ha demostrado la simultaneidad de los dos fenómenos, se trataría más bien de los principales centros de presión atmosférica, no ha cambiado significativamente a lo
la influencia del clima general sobre la dinámica fluvial, hecho que sería extensivo a regio- largo del período considerado, durante la estación seca. Las modificaciones climáticas
nes sin glaciares (como la Cordillera de la Costa en Venezuela); de acuerdo con ello, no a deducidas debieron entonces afectar la cantidad de precipitaciones recibidas durante
todos los estadios glaciarios hubieran sido asociadas acumulaciones fluviales, ya que sus el resto del año, posiblemente a raíz de una permanencia prolongada de la situación me-
características climáticas fueron diversas (van Geel y van der Hammen, 1973). teorológica anterior.
Los niveles marinos antiguos poco han sido estudiados en Colombia y una compara-
ción con los del litoral caribe de Venezuela debe complicarse por muy probables defor-
8. R. Bartels, comunicación verbal 11980).
maciones tectónicas de cierta importancia (v. Graf, 1972; Macsotay, 1973). En el litoral
288 289
Khobzi Los campos de dunas del norte de Colombia y de los Llanos del Orinoco
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R. Pardo por las fotografías; G. Beltrán y F. Gabanzo por la mecanografía del texto, Hoang, Ch.T., Ortlieb, L. y Weisrock, A. 1978 - Nouvelles datations 230Th/234U de terrasses mari-
nes "ouljiennes" du sud-ouest du Maroc et leurs significations stratigraphique et tectonique
así como al Dr. L.I. Olarte, por la revisión del manuscrito, es muy placentero poder ex-
C.R.Aced. Sc. (Paris), 286, D,: 1759-1762.
presar nuestros sinceros agradecimientos. IGAC 1959 - Mapa de suelos del Departamento del Atlántico Bogotá 4 pl (1:50 000).
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291
Khobzi
292 293
Kroonenberg et al Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
2. LA ALTILLANURA IGNIMBRITICA
de distinguir las rocas que la constituyen. La altillanura está profundamente disectada, Estratovolcán apagado
hasta más de 400 m, por los ríos principales que la atraviesan, a saber los ríos Loro,
Aguacatal, Moscopán y Salado en la cuenca del río de La Plata, y en la cuenca del río Laguna del Conos pequeños
magdalena
Magdalena el mismo río de este nombre, y sus afluentes Bordones, Granates y Mazamo-
rras (Fig. 2). Caldera
El carácter volcánico de esta altiplanicie ya ha sido reconocido por Grosse (1935),
que incluye las rocas constituyentes en el Neoterciario, unidad que abarca tanto derra- Extensión aproximada
de las ignimbritas
mes de lavas y varios tipos de tobas, como los sedimentos volcanogénicos antes designa-
dos como Grupo Mesa y Honda. Dentro del parágrafo sobre derrames volcánicos, Grosse
describe "La roca interesante de Peñaseca" en las cabeceras del Magdalena entre San An- Caldera El LI
tonio y Quinchana. Esta roca "no es una lava uniforme, sino que tiene carácter brechoso
aglomerático, lo que hace pensar a primera vista que se trata de una toba aglomerática.
Argumentos en contra de lo anterior son, sin embargo, la estructura columnar y el hecho
de que el desarrollo brechoso parece que se encuentra sólamente en la salbanda, mientras
que hacia el interior del derrame, la lava se vuelve más homogénea". Clasifica esta roca
294 295
Igninthritas pliopleistocenicas en el suroeste del Huila
La Plata
Macizo de la Plata
o so%oo Quo
SO. Vicente
Purace
Pan de Azucar
Rró Otrecir,
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Cs, Nio E] Extensión aproximada
, 1 5 , •• de las ignimbritas
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Caldera El Letrero 20 sal
295
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
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297
Kroonenberg et al Ignimbritas pliopleistocánicas en el suroeste del Huila
299
298
Kroonenberg et al r Ignimbritas pliopleistocinleas en el suroeste del Huila
así un aspecto aglomerático (Fig. 5). Es común encontrar en las ignimbritas arenosas ma-
terial vegetal carbonizado, y además fragmentos de roca alóctona, principalmente de es-
quisto micáceo y andesita. Estos depósitos podrían corresponder a ''oleadas piroclásti-
cas" (pyroclastic surges; Fisher, 1979).
Tipo 2: Ignimbrita vitrofírica. En las secciones cerca de la vereda Cachipay (río
Aguacatal) y cerca de la confluencia de la quebrada Arrayán con el río Moscopán (Fig. 6),
se ha encontrado, en la base de secuencias ignimbríticas espesas (200 m aproximadamente
en ambos casos), una capa de algunos metros de vitróf ido, caracterizado por una matriz
negra vítrea, fragmentos alóctonos, fenocristales de feldespato, biotita y cuarzo, y lente-
citos delgados de obsidiana (fiamme) (Fig. 7). En la Q. Arrayán muestra un lajamiento ho-
rizontal marcado, y contiene comparativamente pocos fragmentos alóctonos. Cerca de
Cachipay, los fragmentos alóctonos alcanzan 5 cm en tamaño. Cerca de Oporapa se
encontraron bloques sueltos de vitrófido, cuya posición relativa en el depósito ignimbr I-
tico se desconoce.
Tipo 3: Ignimbrita gris-rosada común. Los dos tipos descritos antes sólo constituyen
una fracción muy pequeña del volumen total de las ignimbritas. El tipo más común es
una roca homogénea gris clara, a menudo con tinte morado o violáceo claro, con fenocris-
tales de feldespato, biotita y cuarzo y cantidades variables de fragmentos alóctonos, regu-
larmente distribuidos. Sólo raramente se nota unas fiamme blancas poco conspicuas.
Aunque la roca es bastante consolidada, es fácilmente desmenuzable, de fractura áspera y
bien porosa y permeable. Presenta un diaclasamiento grueso e irregular, que tiende a una
estructura columnar. En algunos sitios, como la cantera a la salida oriental de San Agustín
y cerca del puente sobre el río Loro a La Argentina, se presentan en bancos gruesos de oi
300
301
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
Kroonenberg et al
Figura 9 — Ignimbrita arenosa (1) cubre una paleotopografía ondulada (marcada con Figura 12 — Fotomicrografía de ignimbrita arenosa no-soldada, no-devitrificada. Muestra
punteado). Contacto marcado pOr capa de ceniza caída (2) Y paleosuelo (3) 1 km N de SK 40, impregnada con resina Vestopal ("Matriz" sucia). Luz polarizada. 1 km N de Guaca-
Guacacallo. callo.
302 303
Kroonenberg et al Ignimbritas pliopleistocénwas en el suroeste del Huila
ml. Además, las ignimbritas, que tienen aquí un espesor de 10 m aproximadamente, es-
tán cubiertos a su vez por un depósito orto-conglomerático grueso.
En las fotografías aéreas los conglomerados post-ignimbrita se diferencian difícil-
mente de las ignimbritas, por presentar el mismo tipo de morfología ondulada. En el
campo se destacan más que todo por la profusión de grandes bloques sueltos en la superfi-
cie. Otras secciones con conglomerados por debajo de las ignimbritas se encuentran en
la Quebrada El Salado y la Quebrada el Arrayán. En este último lugar, los depósitos
pre-ignimbríticos comprenden además lahares y arcillas delgadas. La irregularidad de la
distribución de los conglomerados pre-ignimbríticos requiere considerarlas como relle-
nos de paleovalles, los cuales no parecen haber coincidido con los valles actuales.
Hay indicios de que las ignimbritas han sido afectadas por un tectonismo, posterior-
mente a su depositación. En partes de la sección 1 km al norte de Guacacallo, el contac-
to entre las ignimbritas y los conglomerados inferiores está afectado por fallas (Fig. 11).
Entre La Argentina y el río Loro una secuencia de conglomerados gruesos, ignimbritas
delgadas y cenizas volcánicas caídas está basculada hacia el este. Los conglomerados por
debajo de las ignimbritas en la Quebrada el Salado están atravesados por fallas, que han
fracturado los cantos individuales. Finalmente, en las fotografías aéreas se notan varios
lineamientos importantes, que atraviesan la altillanura ignimbrítica.
4. PETROGRAFIA Y COMPOSICION
Figura 13 — Fotomicrografía de vitrófido, soldado, no-devitrificado. En la parte superior un En sección delgada los tres tipos de ignimbrita distinguidos tienen mucho en común,
fragmento de pómez. Muestra SK 35, Oporapa. Luz polarizada. pese al aspecto macroscópico tan divergente. Todos los tres tipos tienen fenocristales de
biotita, plagioclasa y cuarzo principalmente, fragmentados alóctonos similares, y todos
poseen una matriz compuesta de fragmentos de vidrio con un tamaño promedio de 0.1 a
0.5 mm. Las diferencias residen en las estructuras presentadas por los fragmentos de vi-
drio en la matriz.
De los fenocristales, el cuarzo se presenta en cristales bipiramidales hasta 1 mm en ta-
maño, con aristas redondeadas y embahías de corrosión profundas. La plagioclasa tam-
bién forma fenocristales euhedrales o subhedrales hasta 1 mm en tamaño, y de composi-
ción andesina - oligoclasa, con una zonación normal no muy marcada. Ambos minerales
félsicos también ocurren como fragmentos a menudo triangulares, que representan fano-
cristales rotos. La biotita forma escasos fenocristales euhedrales, siendo visibles sus con-
tornos hexangulares ya macroscópicamente. Presenta un pleocroismo marrón-rojizo. En
la ignimbrita vitrofírica de Oporapa se encontraron unos pocos fenocristales de hornblen-
da verde parida. En una ignimbrita arenosa, con muchos fragmentos alóctonos cerca a La
Argentina, se observaron unos pocos cristales de feldespato potásico. El mineral acceso-
rio más común es el circón. Los fragmentos comunes de piedra pómez serán considera-
dos más adelante.
La matriz del tipo arenoso consta de fragmentos de vidrio frágiles de formas curva-
das, triangulares y en forma de Y, cóncavas por todos lados, representando las paredes de
burbujas de gas reventadas (Fig. 12). Algunas burbujas han quedado intactas, especialmen-
te en los fragmentos de piedra pómez que abundan en la roca. Este tipo es tan poco
consolidado que sólo se ha podido producir una sección delgada de la muestra después
.1 mm de haberlo impregnado con la resina poliester Vestopal-H. El vidrio es completamente iso-
. • trópico.
• 1,,,rs,
fr A.1,t st. kr. La matriz de la ignimbrita vitrofírica igualmente consiste de fragmentos de vidrio iso-
Figura 14 — Fotomicrografía de ignimbrita rosada común, soldada y devitrificada. Muestra trópico, en las cuales todavía se puede reconocer que representan las paredes de burbujas
SK 33 1 km N de Guacacallo. Luz polarizada reventadas, pero ahora muy deformadas y achatadas (Fig. 13). Las partículas de vidrio
achatadas, presentan una orientación preferencial, dándole una laminación fina a la roca
que a veces es visible ya macroscópicamente (estructura eutax ítica). Los fragmentos de
304 305
Kroonenberg et a Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
piedra pómez ya no tienen burbujas redondas, sino muy achatadas, y a veces reducidas a te. En tal caso resulta difícil de relacionar un depósito ignimbrítico con un determinado
meras rayitas o lentes de obsidiana. Es claro que la coherencia de esta roca vítrea, y la centro de erupción y por eso sólo podemos presentar algunas sugerencias al respecto.
baja porosidad se deben a la soldadura de los fragmentos de vidrio cuando todavía esta-
ban calientes y plásticos y, por consiguiente, fácilmente deformables y maleables. Esta 5.1 LA SIERRA DE LOS COCONUCOS
roca, por lo tanto, se podría llamar una "toba soldada".
La matriz de las ignimbritas grises rosadas también tiene la estructura de la "toba En el sector de la Cordillera Central donde nacen los ríos Loro (Cuenca de la Plata)
soldada", con fragmentos de vidrio deformados y achatados (aunque menos que el tipo y Bordones (afluente del Magdalena), se encuentra una serie de volcanes alineados en una
2), pero en este caso el vidrio ya no es isotrópico, sino en gran parte devitrificado. La dirección NO—SE (Fig. 15), de los cuales el más occidental, el Puracé de 4646 m s.n.m.
devitrificación se manifiesta por el crecimiento de hilos y agujas muy finas de materiales todavía es activo. Los otros volcanes principales, el Pan de Azúcar (4670 m) y el Paletará
birrefrigentes desde los bordes de las partículas hacia adentro (estructura axiolítica o pec- (4482 m) ya están apagados. Las lavas y piroclásticas emitidas son de composición ande-
tinada) (Fig. 14). Sólo en los núcleos de los fragmentos más grandes se ha conservado algo sítica y dacítica (Megyesi, 1962, Ramírez, 1975, París y Marín, 1979; Kuroda y Paris,
del vidrio isotrópico. La devitrificación parece restringida a aquellas partes de los flujos 1978). Aunque no se han encontrado ignimbritas en las cercanías inmediatas de los vol-
ignimbríticos que no han podido enfriarse rápidamente por el contacto con el subsuelo canes, el probable mecanismo de extrusión hace factible que flujos ignimbríticos, que ba-
jan de la Sierra de los Coconucos, puedan repartirse entre las cuencas del Bordones y de
frío.
La Plata, divididas por la Serranía de Las Minas, y sólo se depositen mucho más abajo,
La composición de los magmas, que produjeron los flujos de ceniza ignimbríticos,
entre 2500 y 1400 m. En las fotografías aéreas no se han encontrado grandes estructuras
solamente se puede definir mediante análisis químicos de las ignimbritas. En la ausencia
de hundimientos, pero una antigua caldera bien podría haber sido obliterada por eventos
de tales datos el índice de refracción del vidrio y la composición de los fenocristales pue-
volcánicos posteriores: de igual manera ha desaparecido gran parte de los circos glacia-
den dar una indicación. Se han determinado los índices de refracción del vidrio isotrópi-
rios, a partir de los cuales deben haber bajado los glaciares pleistocénicos, cuya acción to-
co de seis muestras, uno del tipo 1, uno del tipo 2 y cuatro del tipo 3. Todos dieron va-
davía queda bien evidenciada más abajo. La presencia de ignimbritas muy similares al
lores entre 1.485 y 1.495, correspondientes con contenidos de SiO2 aproximadamente
entre 70 y 75% (v. Williams et al., 1968, Fig. 7, p. 38). Considerando que estas rocas cons- occidente de La Sierra de los Coconucos, entre el pueblo de Puracé y Popayán, (compá-
tan de 70-90% de vidrio, y tomando en cuenta la composición sádica de la plagioclasa y rese París y Marín, 1979) respalda el origen de las ignimbritas en este sector de la Cordi-
la casi exclusividad de la biotita como mineral ferromagnesiano, las ignimbritas deben llera Central.
306 307
--
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
K roonen bora et al
las lavas de la zona de la Laguna del Magdalena y del Páramo El Letrero son andesitas
hornbléndicas.
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5.4 FUENTES FISURALES N
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Para muchos depósitos ignimbríticos voluminosos, sin una directa relación con un
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• 7.--
centro de erupción, se han sugerido posibles fuentes fisurales, cubiertas ahora por las mis- t7 3
mas ignimbritas. Indicaciones para tal caso serían series de volcanes post-ignimbríticos N ID-
•E
alineados a lo largo de tales fisuras hipotéticas. En el Huila no se dispone todavía de evi- .2
z
dencia concreta para respaldar tal hipótesis. Sin embargo, el alineamiento de los volcanes
Puracé-Paletará y Sotará-Letrero podrían indicar la presencia de fisuras. También los vol-
5 g
canes post-ignimbríticos de San Agustín y San José de Isnos (v. par. 6) muestran un cier- - :=
to alineamiento. El lago profundo de La Laguna, en el corregimiento del mismo nombre,
entre los ríos Bordones y Magdalena se encuentra en la intersección de dos lineamientos g >.
que atraviesan las ignimbritas, pero su posición topográficamente mucho más bajo (1200 2
m) que la mayoría de los depósitos ignimbríticos, y el declive general de la altillanura ig-
O —I
nimbr ítica hacia La Laguna, impiden considerarlo como fuente única de estas rocas, como Áw
sugieren Pastana y Pessoa (1979). 2 12
2 ,°,,›
I co
6. VOLCANISMO BASALTICO POST-IGNIMBRITICO in U
En la zona de San José de Isnos - San Agustín, se encuentran, por lo menos 13 pe- en
LL c
queños centros de erupción, más o menos alineados en dirección SO—NE. Cinco de éstos,
a saber el Alto de Santa Mónica al SW de San Agustín, Altos de Purutal y La Pelota y
W y NW de San Agustín en la orilla derecha del Magdalena, y el Alto de las Guacas y el
Alto de La Horqueta cerca de San José de Isnos en la orilla izquierda del Magdalena (Fig.
1), ya han sido descritas por Tello y Hernández (1976) y Hernández y Tello (1978).
Fuera de éstos hay otro centro cerca de San Agustín, y cerca a San José de Isnos hay
otros siete cuerpos volcánicos, incluyendo el mismo Alto de los ¡dolos. Todos estos cen-
tros tienen en su base un diámetro de 1 - 2 km, y sin excepción se encuentran en un esta-
309
308
Kroonenberg et al
Ignimbritas pliopleistocénicas en el suroeste del Huila
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Huila, Colombia Mem. 2ndo. Congr. Latinoam. de Geol. Bol. (Caracas) Publ. Esp. No. 7, 2,
para el verano del hemisferio norte durante los últimos 230.000 años.
556-566. Los cambios en porcentaje de CaCO3 en el corazón RC 15-94 corresponden aproximadamente a
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314 315
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 317 - 318 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
317
-
Los fenómenos pedológicos sobresalientes son los argilanes y pápulas en los horizontes 2 y 3Btb
y la dinámica del Fe conformando moteados, nódu los, concreciones y plintita.
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 319 - 328 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
El estudio del Proceso de Induración referido a la dinámica del Fe se llevó a cabo macrornorfolo•
gica, micromorfológica, mineralógica y quimicamente, constatándose el efecto óxido-reductwo asocia-
do con la alternancia estacional, las discontinuidades litológicas, niveles freáticos y dinámica del Fe SUBSIDENCIA Y GEOMORFOLOGIA DE LA DEPRESION INUNDABLE
como causales interrelacionadas. El proceso fue definido en sus etapas sucesivas postulándose la rela- DEL RIO MAGDALENA
ción hematita: goetita como criterio evolutivo del mismo, aumentando en grado acorde con su valor
nu mérico.
Aramís Martínez G.
ABSTRACT
Through a detailed study of eleven profiles of sous, plinthic and petroferric materiais of Llanos
Occidentales of Estado de Apure in Venezuela, the research suhmits an hypothesis for explaining the RESUMEN
source of aluvial and acopan sediments, grounding their finding statements un the minetalogy of
light and heavy sand fractions. Likewise, with base on the detailed mineralogy and rnicromorphology El análisis litoestratigráfico y dataciones 14C de muestras obtenidas en ocho perforaciones hasta
50-60 m de profundidad, permitieron estudiar la subsidencia activa que afecta la Depresion Inunda-
analysis, it becomes evident the climatic changes and relative dating.
ble del Magdalena, en la cual se distinguen tres grandes unidades geomorfológicas con sus respectivas
subdivisiones. Las conclusiones del estudio sirven de base para un programa de control de inunda-
ciones.
ABSTRACT
The lithostratigraphic analysis and 14 C dating of samples, which were obtained in 8 different
borings up to depths as much as 50 and 60 m, permitted the study of an active subsidence which
affects the flood basin of the Magdalena Rwer. Three geomorphologic units with theg- relative sub-
divisions are clearly distinguished. The conclusions of this study serve as a base for a program directed
towards controling the Magdalena River tlooding.
1. INTRODUCCION
2.1. LITOLOGÍA
318 319
Martínez geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena
al Terciario en las que alternan areniscas, arcillolitas y calizas (Irving, 1971; Duque,
1971).
— Las rocas de la margen izquierda están representadas fundamentalmente por rocas
de la formación Lisana, en la que también se presentan areniscas, arcillolitas y cali-
zas, en facies diferentes de las anteriores.
— La Parte Central de esta área, que corresponde a la zona inundable de los ríos Mag-
ARCHIVO :
TEC TONICADELO S A LREDEDORES
Y ADECUACION DETIE RRAS
arenas, limos y arcillas.
G EOL OGI A
00.000 1
Entro de 1977
trional de la Cuenca (de Honda hacia el Norte), es la más fuertemente afectada, por lo
cual se analiza detenidamente este fenómeno. Las principales fallas longitudinales son:
Santa Marta-Bucaramanga, Sabanalarga-Bolívar y Bagre-Palestina. Las dos primeras son
1~ '-.,
ESC AL A
laterales (bordes de la Cuenca) y la tercera es central. Entre las principales fallas transver-
FECHA:
1
sales se encuentran Romeral, Cimitarra, Otú, Colorado, Ayapel y Chicagua (estas dos úl- EME -
timas son interpretativas). A excepción de Romeral, ellas son cortas y unen entre sí las
longitudes extensas. Se observa en la disposición de las fallas un marcado paralelismo
Rocas metamórficas
(Fig. 1 ). o
a)
El resultado de la acción de estas fallas es la individualización de una serie de bloques u o
E
que se levantan (Cordillera Central) o se hunden (Zona Inundable) en forma diferencial o
o. E
y que parecen afectar el zócalo. El análisis de la zona hundida en la que se desarrolla la o
W .0
depresión inundable, muestra que existe un bloque central entre las fallas Ayapel-Chica- C
.0.0
= o
gua (interpretativas) y Romeral, que forma un graben, mientras que los bloques laterales
o
son basculados hacia el SW y el NE. Estas acciones explican dos fenómenos: por una parte .=
Fa lla comprobada
radiométricos al NE (Plato-Sierra Nevada) presentaron edades de 1.300 millones al
Falla n ivelada
Sur (Serranía de San Lucas).
— Sobre estas rocas reposan depósitos de edad Primaria y Secundaria, de espesor y lito-
logía desconocidos (Formación Girón?).
- La parte central de la depresión (zona Sucre-Boquillas) presenta sedimentos de 7000
metros de espesor, con edad que oscila entre 20 y 25 millones de años. Estos sedi-
mentos parecen reposar aquí directamente sobre las rocas precedentes; sin embargo,
esta hipótesis no ha sido confirmada. Se trata de sedimentos terciarios marinos, cuya
edad fue determinada con base en foraminíferos contenidos en ellos.
— En el borde NW de la zona, sedimentos turbidíticos inferiores dieron, por el mismo o
método, edades que fluctuan entre 10 y 20 millones de años (Terciario Medio y Su-
Figura 1
perior).
- Estudios geotécnicos posteriores muestran que el último levantamiento regional ocu-
rrió durante la transición del Plioceno al Pleistoceno (entre 3 y 2 millones de años),
periodo en el cual el fenómeno más importante es el levantamiento con basculamien-
321
320
Subsideneieygeomorf ol ogíade la depresió ninundable del río Magdalena
CONVENCIONES
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323
Martínez Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del río Magdalena
o o
to que acentuó el hundimiento (subsidencia) en la actual Zona Inundable, así como
o
el levantamiento (solevantamiento) de sus márgenes Ilrying, 1971).
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a- 2
3. SUBSIDENCIA RECIENTE
Las pérforaciones han permitido determinar que los 40-50 metros más superficiales
—1.500 de sedimentos, formados por capas de gravilla, arena, arcilla y limos, intercalados o en
alternancia, fueron acumulados durante los últimos 11.000 años y muestran variaciones
500 locales considerables (Fig. 21. Correlativamente con el solevantamiento de sus márgenes,
la zona inundable se encuentra afectada por subsidencia (hundimiento geológico), lo
cual, sumado a la compactación de los materiales acumulados y al peso de éstos, acre-
cienta el fenómeno.
Esta subsidencia afecta la zona inundable desde hace por lo menos 20- 25 millones
9.50 m. de años y es correlativa con el último mayor levantamiento de las márgenes, que se ini-
2 500—
.000 nos
JP
99 1 1-2 500
ció en el período que forma la transicion entre el Plioceno y el Pleistoceno 12 -3 millones
Ft= 6 3 mm. no de años). La tasa de acumulación de sedimentos en esta zona es considerada equivalente al
, 11 00 hundimiento más la compactación. Dataciones realizadas con I4 C, han ofrecido los si-
guientes resultados:
- Los últimos 26-25 metros cn promedio se han acumulado en 7500 años, con una
130 tasa total de hundimiento máximo promedio de 3,82 mm/año.
- Dado que el hundimiento de la zona no se presenta uniforme, la subsidencia fue de
tipo diferencial. Se encuentra que entre 7.500 y 5.000 años la tasa promedia tue
2.500i:15os
de 3,10 mm/año; entre 5.000 y 2.500 de 3,25; entre 2.500 y 1.500 de 6,10 y entre
R. 3.25 mm./año
5 000— —5.000 1.500 y hoy de 2,92. Estos datos muestran una fuerte disminución de la sedimenta-
ción y de la subsidencia en los ultimos 1 500 años, asi como una rápida sedimenta-
ción y hundimiento en los años anteriores (v. Fig. 3).
El aspecto diferencial de la subsidencia es temporo-espacial. Es así como se han po-
dido distinguir 3 áreas diferentemente afectadas: Palmitas-Sucre, Sucre-Boquillas y Boqui-
llas-Monpós. En 7.500 años se acumularon 25 metros en Palmitas, 28 en Sucre, 30 en Bo-
—7.500 quillas y 22 en Mompós. Las tasas promedias acumuladas para cada sitio dan, en su orden.
valores de 3,4; 4,3; 4,1 y 3,3 mm/año, de donde se deduce que la zona más fuertemente
afectada es la comprendida entre Sucre y Boquillas.
El análisis de los datos precedentes, permiten concluir que:
- La subsidencia en esta área se manifiesta como un fenómeno extremadamente
rápido, que afecta diferencialmente el área.
- Se han encontrado que las áreas en que se localizan las poblaciones de Mompós,
Palmitas, Boquillas y Sucre, pueden ser consideradas representativas del efecto dife-
rencial de la subsidencia y de sistemas de acumulación fluvial o fluvio-lacustre que les
son propios, los cuales producen unidades geomorfológicas acordes con los sistemas
de acumulación inducidos por la combinación de la dinámica de subsidencia con las
dinámicas fluvial y fluvio-lacustre.
324 325
Subsidencia y geomorfología de la depresión inundable del rio Magdalena
Martínez
4.1 ESTRECHAMIENTO PLATO-CALAMAR Estos fenómenos son similares a los descritos para el Delta del Magdalena. En ambos
casos se trata de inundaciones causadas por rompederos (Nechi para el Cauca, El Piñon
En la zona que separa estas dos poblaciones, el Valle del río Magdalena es angosto para el Delta) en las partes altas de estas unidades.
(500-700 m de ancho), comparándolo con el gran ensanchamiento de la planicie inunda-
ble (hasta 20-25 km). El fondo del valle está constituido por el lecho mayor, un dique 4.4 DEPRESION CENAGOSA DEL RIO MAGDALENA Y EL RIO SAN JORGE
bien desarrollado (antiguo), interrumpido; posteriormente aparece una angosta depresión
inundable, casi toda ocupada por ciénagas. Este estrechamiento es morfológicamente el Recibe esta denominación una unidad bien definida de la planicie que bordea, a
responsable del ensanchamiento que corresponde a la Planicie Inundable, por el gigan- cada lado, los cursos de agua principales (Magdalena, San Jorge y Cauca). Es la parte de
tesco "efecto de remanso" que provoca aguas arriba de su iniciación en el área de Plato- mayor concentración de ciénagas (80/, del área). De forma cóncava, alcanza cuatro a seis
Pinto. Este efecto de remanso, a su vez, explicaría las altas tasas de acumulación detecta- metros de profunfidad y su distribución longitudinal la convierte en el más grande reser-
das en el estudio de la suusidencia. Correlativamente, el creció 'v en wi i" (.1Luc vorio y en la mayor trampa de sedimentos de la planicie inundable: en algunas zonas del
aguas abajo de la terminación del estrechamiento en Calamar, favorece también altas tasas brazo Chicagua se acumularon más de un metro de sedimentos por los desbordamientos
de acumulación, representadas por el "cono-delta" del Magdalena, entre Calamar y Ba- de 1973 (observaciones personales de campo).
rranquilla. La génesis de esta gran depresión, al igual que la de las islas mencionadas, está direc-
tamente relacionada con el cambio de curso del río Magdalena; las islas corresponden al
4.2 ISLA DE MOMPOS cauce abandonado, la zona lacustre corresponde a un nuevo cauce. Los diques naturales
y el lecho mayor están en proceso de formación, lo cual explica que los niveles de agua
El fenómeno fluviátil más significativo del río Magdalena en el interior de la Planicie, de desbordamiento sean más altos que las crestas de los diques. Este fenómeno explica,
en los últimos 100 años, es el cambio de su curso a partir de Campo Pallares. El antiguo a su vez, la existencia de gran cantidad de ciénagas que permiten denominarla "Depre-
curso corresponde al ocupado por el Brazo de Morales, caño Elvira, caño Lázaro, el brazo sión Cenagosa". La forma cóncava y la profundidad de la zona se explican por la erosión
de Mompós y caño Guataca-caño Guacamayo. Se observó en todos los casos un lecho que ocasionaron las aguas antes de que el lecho de Loba-Quitasol estuviera completamen-
mayor amplio bordeado por dos diques bien desarrollados. La isla formada por los brazos te definido: las aguas que circulaban por la superficie, facilitaron la erosión hasta el mo-
de Mompós y Loba-Quitasol, presenta características similares a las de Mompós y Papayal mento en que se formó el cauce. A partir de este momento, el área se convirtió en una
unidas. El brazo de Mompós presenta en su margen izquierda, un dique natural bien desa- zona de acumulación de materiales de desborde.
rrollado, apoyado en algunos restos de colinas que lo hacen más resistente. La isla presen-
ta, en su parte central, un tramo del del Niagdaier.a; on 5. CONCLUSIONES
cidental, está afectada por el brazo Quitasol que forma una depresión donde las aguas
de desbordamiento pueden alcanzar niveles hasta de cuatro metros. La zona inundable del valle medio del río Magdalena, limitada por una serie de fallas
longitudinales y transversales, corresponde a un bloque hundido (graben), que continúa
4.3 EL CONO DEL RIO CAUCA hundiéndose en la actualidad (subsidente).
Los primeros 40-50 m de sedimentos corresponden al Holoceno, es decir a los últi-
Es una acumulación de 100 km de largo entre Nechí-Pinillos y 75 km de ancho entre mos 11.000 años.
Caimital y Cecilia, que ocupa el 90% del área de la Planicie Inundable en esta zona. Es Dataciones con 14 C, realizadas en los 30 m superficiales, a partir de materia orgánica
atravesada de sur a norte, por su lado oriental, por el río Cauca; presenta forma triangu- contenida en ellos han permitido detectar dos tipos de variaciones diferenciales en las
lar (de cono), con tres pendientes principales NS, SW-NE y SE-NW, seguidas por los prin- tasas de acumulación de sedimentos.
cipales cursos de agua. Estas pendientes y la dirección del drenaje muestran que se trata La sedimentación es de tipo diferencial por áreas:
de un relieve plano-convexo con diferencia altitudinal del orden de 14 m entre Nechí y - en las Palmitas, se acumularon en promedio 3,4 mm/año.
Pinillos. Los bordes del cono constituyen la zona menos inclinada (0,15 cm/km aproxi- - en la isla de Mompós se acumularon en promedio 3,3 mm/año.
madamente) y terminan contra la depresión cenagosa del Magdalena y del San Jorge, per- - en la zona de Sucre-Boquillas, se acumularon en promedio 4,2 mm/año.
mitiendo que los desbordamientos de estos ríos, más el bloqueo de los afluentes, provo- La sedimentación también es de tipo diferencial en el tiempo:
quen un remanso que ha labrado depresiones inundables extensas a lo largo de los fluen- - Entre 7.500 y 5.000 años, la tasa promedia fue de 3,1 mm/año.
tes, dejando zonas menos inundables entre ellos. Estos fenómenos dan al paisaje una apa- - Entre 5.000 y 2.500 años, la tasa promedia fue de 3.2 mm/año.
riencia digitada con partes menos inundadas que llegan hasta muy cerca del San Jorge y - Entre 2.500 y 1.500 años, la tasa promedia fue de 6.1 mm/año
el Magdalena. - Entre los últimos 1.500 años, la tasa promedia fue de 2,9 mm/año.
El área del cono se encuentra dividida en tres zonas: una superior, una intermedia El promedio máximo de acumulación anual es de 3,8 mm y puede ser tomado, con
y otra inferior, descritas en el parágrafo anterior. Cuando el Cauca desborda por rompe- reserva, como valor del hundimiento máximo (subsidencia) de la depresión inundable.
deros, el agua transita a través de las dos primeras zonas por "lechos de desbordamien- Aunque esta tasa de subsidencia pueda parecer alta, dado que los valores calculados
tos" que las conducen hacia el San Jorge y el Magdalena. Debido a la convexidad de su en otras partes del mundo escasamente alcanzan 1 mm/año, es necesario tener en cuenta
perfil transversal, el cono del Cauca sólo es fuertemente inundado en sus márgenes, lo que el levantamiento de los Andes fue uno de los más acelerados, lo cual podría imprimir
cual lo hace apto para el fácil control de los desbordamientos, de tal forma que con di- cierta lógica a los resultados preliminares que aquí se presentan.
ques relativamente cortos y poco elevados se pueden proteger grandes áreas. El estudio geomorfológico de la Depresión Inundable y la elaboración de un mapa
327
Martínez
329
328
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario
Los estudios realizados en estas últimas tienen esencialmente relación con las dife-
7501 47' 75°145' 10°15' — rentes especies de corales encontradas (Pfaff, 1969), o tratan de la descripción del bioto-
r —r po actual (Werding y Sánchez, 1977).
1 \
' Con base en la topografía arrecifal encontrada en las Islas del Rosario, el presente tra-
1 I. TESORO -'• bajo se enfocó en estudios de zonación coralina, características sedimentológicas del fon-
) do, así como en la distribución de las especies más típicas de foraminíferos bentónicos.
en ./
\ /
\ 1. LOCALIZACION
\ ..- ,- /
El archipiélago del Rosario está formado por pequeñas islas, ubicadas al Sur del Mar
Caribe, a unas 20 millas al Suroeste de Cartagena, Colombia. ,
La posición geográfica central es 10° 10' N y 75°44' W (Fig. 1). Las islas están espar-
cidas en dirección Este-Oeste a unas 2 millas de la costa (Punta Barú).
2. CLIMA
Por su proximidad a las Islas del Rosario, se consideraron los datos obtenidos en el
Aeropuerto de Crespo (Cartagena), para establecer las características del clima.
r .... El archipiélago está sometido a un clima tropical (promedio anual de las tempera-
.." ...--- "'• r turas diurnas superior a 22°C), con 2 estaciones bien marcadas. Una seca de Diciembre
B 1 ,—, ..., 1
L a Mayo (promedio de lluvia inferior a 2 mm durante Febrero y Marzo) y otra lluviosa
C de Junio a Noviembre (promedio superior a 200 mm en el mes más lluvioso de Octubre).
Los vientos alisios, procedentes del N-NE soplan con gran regularidad durante el
período seco; en período lluvioso la dirección y la fuerza del viento son mucho más varia-
bles. La frecuencia de los vientos alisios alcanzan a representar el 70% de los vientos que
x\ I / soplan durante el año.
- r1 / /
i 1 .... --- "'• ) (
Los vientos del sector S-E a N-W son casi inexistentes. Los vendavales son muy esca-
.., — —/
r r . s.._,-,...
•''
sos y se desconocen los huracanes en esta región.
■ r r^1
. .... , /
_ .../ ( .—• \
\ / \ 3. DATOS OCEANOGRAFICOS
ROSARIO / I 1 1 /
/ ,- ( /
r t ( \
Los datos oceanográficos obtenidos durante los años 1977 y 1978, indican las carac-
.... .) /
( ..- 1 terísticas siguientes:
) / \ / / / / ....'
a) La Marea
... 101 t /_ ( _ 1 / t ........
En esta zona sur del Mar Caribe, las mareas son mixtas y de poca amplitud. El mareó-
/ / grafo de Castillogrande (Cartagena) indicó valores extremos de + 0.57 m y - 0.28 m al
ARENA ‘\ ./
/ ....- nivel de referencia M.L.W. (Mean Low Water).
8AR Oleaje
b)
Generado por los vientos alisios del N-NE, el oleaje actúa obviamente con mayor fre-
...
-... /. -.. .... cuencia y fuerza en el lado Norte (Barlovento) que en el lado Sur del Archipiélago.
ISLAS DEL ROSARIO -,, _.., ...
\ __ -... c) Corriente
Las Islas del Rosario están sometidas a la contracorriente del Golfo, dirigida hacia
10 BRAZAS el Norte; por lo tanto, se encuentra con frecuencia oleaje hacia el Sur, generado por los
vientos alisios, mientras la corriente entre las islas y los cayos sigue hacia el Norte.
TRA N SECTO d) Salinidad
DE La salinidad de las aguas superficiales del archipiélago presenta generalmente valores
ESTUDIO
poco superiores al 35%. En la parte Sur, se encuentran a veces salinidades entre 30 y 359%,
que tienen explicación probable en la llegada de agua desde la Bahía de Barbacoas ubi-
cada, en el continente al Suroeste del conjunto arrecifal y donde desembocan 2 brazos del
Figura 1 - Mapa de localización. Canal del Dique.
Esta salinidad, un poco inferior al promedio, se establece en la época de lluvia de
330 331
Martínez & Vemette El complejo arrecifel de las Islas del Rosario
332 333
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las islas del Rosario
N
e por especies del género Agaricia. Se notaron además grandes especímenes de Montastrea
PLANO BAJO LAGUNA CRESTA
INTERNO INTERNA NORTE cavemos. M. annu/aris, Siderastrea sp. y Mycetophillia sp.
t- SUR
La base del talud presenta esparcidos en los fondos arenosos, grandes montículos de
so'
Montastrea annu/aris y unos ejemplos del género Agaricia.
b) La barrera arrecifal Norte está cubierta esencialmente por las formaciones de
Acropora palmata.
La parte externa de la barrera presenta, además, extensas manchas de Acropora cer-
oo' vicornis, que alternan con Porites porites. El límite entre la parte externa de la barrera y
ESCALA el talud está marcado a veces por escombros coralino.
En el plano arrecifal interno, se notaron sucesiones de Porites porites, Acropora
pies
cervicornis, Mil/epora a/cicornis y M. squarrosa, estas dos últimas alcanzando en algunas
120m
ocasiones la superficie.
c) La laguna interna presentó una diversidad de corales más grande. Se encontraron
numerosos ejemplares de corales hemisféricos tales como, Montastrea annu/aris, Side-
rastrea siderea, Porites astreoides, aislado y pequeñas muestras de Favia fragum, desarro-
Figura 2 — Perfil batimétrico del transecto.
llada sobre un sustrato de roca calcárea.
Los bajos internos presentan corales de morfología foliar, como Agaricia sp., Millepo-
ra squarrosa y algunos meandroides como Diploria sp., mezclados con el alga calcárea
Halimeda. Algunas partes de estos bajos tienen fondo arenosos cubierto por Tha/assia,
P ARCH ES DE LA LAGUNA I NTERNA
que abrigan unos ejemplares de Manicina aerolata y bolas pequeñas (unos 5 cm de diáme-
o
3 d) El plano arrecifal Sur presenta también una gran variedad de corales con un creci-
>
P ARC HE SDELPLANOSUR
< miento aparentemente más vigoroso. El área se caracteriza por un aumento progresivo en
"1110TU RG ACIONN E N LOS
D E TH AL ASS I A
el tamaño de las colonias en comparación con la laguna interna. Así, se encontraron es-
a parcidos en fondo arenoso, voluminosos parches de Sideratrea sp., Montastrea cavernosa
1- -J
a y Porites astreoides, así como grandes colonias de corales meandroides; Diploria sp.,
tut o a.
Meandrina meandrites y la especie hemisférica Dichocoenia stokesü. Se notaron, también,
O NT AST RE A
rc <
ILL EPOR A
El estudio del cubrimiento coralino del fondo se realizó según la metodología experi-
ESCALA
IO Silbe
mental de Porter (1972), extendiendo una cadena metálica sobre el fondo coralino y con-
T tando el número de eslabones sobre el coral vivo.
120 fu
Debido al fuerte oleaje presente durante el buceo, no se pudo realizar el estudio de cu-
brimiento en la cresta norte. No obstante, las observaciones visuales permitieron apreciar
Figura 3 — Zonación coralina. que en ciertas áreas el cubrimiento por Acropora pa/mata se acerca al 100%.
334 335
Martínez & Vernet% El complejo arrecifel de las Islas del Rosario
6. CARACTERISTICAS SEDIMENTOLOGICAS
En ausencia de estudios anteriores sobre los sedimentos de las Islas del Rosario, se
enfocó esta parte del trabajo sobre las características básicas, que son los índices granulo-
métricos, la morfología y distribución cualitativa de las partículas constitutivas, así como
el porcentaje en Carbonato de Calcio de los sedimentos.
336 337
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario
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DIAMETRO MEDIO ( 0 50) G r GRUESO \ / \ /
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F r FINO \ \ ,...„ _ x/
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0— X''' ."`x 20- / Figura 6 — Relación entre zonación y constitución del sedimento.s."s.
Figura 5 — Relación entre zonación y granulometría. . X/
339
338
Martínez & Vemette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario
2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 22 24
Las características morfológicas y la distribución cualitativa de las partículas consti-
tutivas del sedimento, se obtuvieron con base en el estudio de la fracción B (160u a
500u), por ser la más representativa del tamaño promedio del sedimento recolectado.
Las diferentes asociaciones presentes, se agruparon según las denominaciones
A rticulino
siguientes:
— Residuos coralinos: partícula calcárea de color amarillo claro a blanco y sin forma
definida. M i liolinela
— Alga calcárea: partícula que proviene de las diferentes especies de algas calcáreas.
La forma y la visible constitución interna de las partículas rotas permiten diferen-
ciarlas de los residuos coralinos.
Moluscos: biodetritos que incluye bivalvos y gasterópodos.
j r.
Spiroloculino
Bigenerino
Foram in íferos: foraminíferos tanto pelágico como bentónico.
Otros organismos: se incluyó bajo este término a los demás biodetritos encontrados
(equinodermos, anélidos, crustáceos, biozoarios, ostrácodos, espículas de esponja, O scorbis
1111 1 1 111111
etc.).
— Calcita: partícula blanca a translúcida, de cristalización aparente y de forma geomé- Cri boelphidium
trica a pseudo-geométrica.
Indeterminados: se sumaron en este grupo todas las partículas que no se pudieron
Amonia
identificar por estar muy deterioradas.
Hay que anotar la parte aleatoria de la identificación de los residuos coralinos debi-
do a la ausencia frecuente de características visibles.
a) Residuos coralinos ~- P I a nulina
"riffif ,
Los residuos coralinos representan 20 a 30% del sedimento total; este porcentaje no Triloculina
tiene gran variación al pasar de una a otra zona del complejo arrecifal.
b) Alga calcárea
En cuanto al biotopo, las algas calcáreas no son tan abundantes como las numerosas Planorbulina
especies de corales que construyen el arrecife; a pesar de ésto, el porcentaje en algas cal-
cáreas de los sedimentos es grande y a veces superior a los residuos coralinos. T ex talarla
Además, el intervalo de variación del porcentaje, según su ubicación en la forma-
ción arrecifal, es más amplio para las algas calcáreas (del 15 al 40%) que para los resi-
duos coralinos (del 20 al 30%).
Es el género Halimeda, que participa de manera muy preponderante en la sedimen-
tación en comparación con las demás algas calcáreas.
Estos detritos vegetales calcáreo son más abundantes en los parches y en la cresta
FAMILIAS
Norte que en los lugares profundos o en las zonas someras de los bajos cubiertos de are-
nas, presentando figuras de rizadura.
Hay que anotar para esta última zona la dificultad general que aparece al estudiar M I LIOLI DAE PLA NO RSULI N IDAE
el sedimento, debido al grado de erosión de las partículas.
c) Biodetritos
El porcentaje en biodetritos es, generalmente, inferior al 20%. La distribución en las
ROTALII DAE 1111111111 N ONION IDAE
zonas establecidas en este estudio está repartida de manera bastante equitativa entre mo-
luscos, foraminíferos y otros biodetritos. T E X TULARID AE F19
- ANONA LI DAE
Se nota un porcentaje promedio de biodetritos mayor en los sitios profundos (fondo
de la laguna interna, pie de los taludes arrecifales), es decir, en donde la fracción inferior
a 63u del sedimento es más importante.
Las partículas minerales de cuarzo, mica y minerales pesados, no están representadas F igura 7 — Abundancia de los principales géneros de foraminíferos.
340 341
Martínez & Vernette El complejo arrecifal de las Islas del Rosario
en esta sedimentación calcárea, lo que confirma la poca influencia de los aportes conti-
nentales en las Islas del Rosario, tanto directamente procedente del continente (Canal
a del Dique, que desemboca en la Bahía de Barbacoas), como indirectamente por deriva
AS ETALUDNOR TE
FO NDOARE NOSO leRIPPLE
z
AS ETAL UDS UR
L AGUNAINTE RNA
C RE ST ANORTE
litoral.
LANOSU R
o
P A RC HE S
P ARC HE S
o
B
6.3 CARBONATO DE CALCIO
•
Z ONADET H
fti
En estos sedimentos, la concentración en Carbonato de Calcio es obviamente muy
1 - grande (superior al 80%). Los valores inferiores al 90% se encontraron en las zonas pro-
o
fundas o sea en la base de los taludes arrecifales y en el fondo de la laguna interna.
•
P
7. LOS FORAMINIFEROS BENTONICOS
En los sedimentos del sector estudiado en las Islas del Rosario se encontraron 51
géneros diferentes de foraminíferos (Tanatocenosis). La gran mayoría tiene una capa-
razón calcárea (93%). De estos géneros se identificaron 175 especies, de las cuales un
88% corresponden a formas calcáreas y 12% arenáceas.
Los géneros presentes en mayor frecuencia (Fig. 7) en el transecto (Fig. 8) fueron
OTROS GENERO* los siguientes:
- Quinquelocu/ina (22.6%). Es el género dominante, con individuos de regular tama-
ño que proliferan en todo el sector y, especialmente, en la cresta Norte.
- Textularia (8.2%). Género encontrado principalmente en la laguna interna y asociado
con Planorbulina, Spiroloculina y Miliolinela. Dentro de los géneros dominantes,
Textularia y Bigenerina son los dos únicos que tienen caparazón arenácea.
- Planorbulina (7.8%). Encontrado a lo largo de todo el transecto de estudio, este gé-
nero tiene su mayor abundancia tanto en la laguna interna como en la zona de par-
B
ches.
- Triloculina (5.9%). Ubicado principalmente en los bajos arenosos internos, este géne-
ro se asocia en mayor frecuencia con Peneroplis y Spiroloculina.
- Planu/ina (5.3%). Es el género más representativo de la base del talud Sur y, con
Bigenerina se encontró esencialmente en las zonas profundas del transecto.
- Ammonia (4.7%). Al contrario del género precedente, este género asociado con
Articulina y Peneroplis es más característico de los fondos someros e inclusive los
cubiertos por pradera de Thalassia.
- Criboe/phidium (4.3%). Es el género más típico de los fondos sometidos a la "bio-
turbación".
- Discorbis (3.7%). Está presente en todas las estaciones a excepción del plano Sur y
aparece asociado con Planorbulina y Spiroloculina.
- Bigenerina (3%). Este género se presentó únicamente en las zonas de mayor pro-
fundidad: base de los taludes y laguna interna.
— Spiroloculina (2.3%). La mayor abundancia de este género corresponde a la zona de
CONCLUSION
Figura 8 — Distribución relativa de tos principales géneros de foraminíferos. Los intervalos de temperatura y salinidad de las aguas del complejo arrecifal de las Is-
342 343
El complejo arrecifal de las Islas del Rosario
Martínez & Vernette
las del Rosario, están dentro de los intervalos que se dan como condiciones óptimas para de Ha/imeda, explican la dominancia de la familia Miliolidae (Tinoco, 1978). La presen-
el buen desarrollo de los corales (Kinsman, 1964). cia del género Bigenerina con aglutinaciones calcáreas en el caparazón arenáceo, confirma
Las características morfológicas y la zonación de los corales en estas formaciones la ausencia de cuarzo en el sedimento y por lo tanto la poca influencia continental en el
arrecifales, son del mismo tipo que las descritas en numerosos trabajos anteriores realiza- área de las Islas del Rosario.
dos en la zona del Caribe (Vaugham, 1918; Newell et al., 1951; Milliman, 1973; Goreau
y Land, 1974; Stoddart, 1976). REFERENCIAS
En cuanto a la morfología de la cresta arrecifal, hay que anotar la diferencia que
existe entre el lado Norte y el lado Sur; aquél presenta realmente una cresta bien desarro- Bathurst, R. 1975 — Carbonate sediments and their diagenesis. Oxford. Elsevier Scientific Publishing
Company. 658 PP.
llada, cubierta por grandes ejemplares de Acropora pa/mata, típicas de esta zona Battistini, R. et al. 1975 — Elements de terminologie récifale indopacifique. Téthys 711): 1-111. Fig.
(Bathurst, 1975; Stoddart, 1976). El lado Sur corresponde, más bien, a un plano arrecifal 1-77.
situado a unos 4 m de profundidad y caracterizado por la ausencia de A. palmara. . Boltovskoy, E. 1965 — Los foraminíferos recientes, Buenos Aires, Editorial Universitaria. 510 pp.
Tal distribución, observada en otros sitios por varios autores (Guilcher et al., 1969; Glynn, P.W. 1973 — Aspects of the ecology of coral reefs in the western Atlantic region. In Biology
Wyedert, 1973; Glynn, 1973) es, generalmente, atribuida a una dinámica diferente en and Geology of corals reefs. New York. Edited by O.A. Jones and R. Endean. New York Acade-
mie press. Vol. 2: 271-324.
las masas de agua. En las Islas del Rosario los vientos alisios dominantes que soplan del
Goreau, T.F. 1959 — The ecology of Jamaican reefs. Species composition and zonation. Ecology.
N-NE, generan olas que actúan con mayor fuerza y frecuencia en el lado Norte, dejando 40: 67-90.
el lado Sur con aguas menos agitadas y sometida inclusive a la contra corriente del golfo Goreau, T.F. y Land, L.S. 1974 — Fore-reef morphology and processes, nos,th Jamaica. Tu lsa. Special.
procedente del Sur. Publ. Econ. Pal. V1iner. 18: 77-89.
Gu licher, A. et al. 1969 — Les récifs et lagons coralliens de Mopelia et de Bora-Bora lilas de la Socié-
La poca extensión del plano arrecifal interno en las Islas del Rosario, es caracterís-
tél. Mémoires ORSTOM Paris. 38: 1-195, 34 Fig., 1- ph.
tica de los arrecifes del Caribe al contrario de las formaciones Indopacíficas en donde
Kinsman, D.J. 1964 — Reef coral tolerante of high temperatu res and salinities. Nature, 202:
esta zona es más extensa (Battistini et al., 1975; Stoddart, 1976). Esta diferencia puede 1280-1282.
tener una explicación en la poca amplitud de la marea en el Mar Caribe. Lesueur, P. y Vernette, G. 1978 — Etude sédimentologique de la bale de Cartagena (Colombie). Bull.
Montastrea y Diploria son descritos por varios autores como característicos de los ta- I nst. Geol. Bassin d'Aquitaine (Bordeaux). 24: 71-84.
Mesolella, K.J. et al. 1970 — Facies geometries within Pleistocene reefs of Barbados west Indies.
ludes arrecifales externos (Goreau, 1959 en Jamaica; Mesolella et al., 1970 en Barbados).
Bull. Amer. Assoc. Petrol. Geol. 54: 1899-1917.
Respecto a esta distribución, aparece cierta diferencia en el transecto estudiado en las
Milliman, J.D. 1973 — Caribbean coral reefs. In biology and geology of coral reefs. New York. Edited
Islas del Rosario, donde los taludes externos, y especial el del lado Sur, están cubiertos by Jones O.A. and Endean. R. Academic Press. Vol. 1: 1-50.
en su mayoría por especies del género Agaricia.
Newel, N.D. et al. 1951 — Shoal-water geology and environments eastern Andros Island. Bahamas.
Puesto que, tanto el sustrato plio-pleistoceno como las formaciones actuales, son del Bull. Amer. Mus. Nat. Hist. No. 97: 1-30.
tipo arrecifal, la sedimentación encontrada en el archipiélago del Rosario es básicamente Pfaff, R. 1969 — Las Scleractinia y Milleporina de las Islas del Rosario. Santa Marta. Mitt. Inst. Col-
calcárea. Alem. Inv. Cient. No. 3: 17-24.
Porter, J.W. 1972 — Ecology and species diversity of coral reefs on oposite sides of the Isthmus of
Los detritos coralinos, como los procedentes de organismos y algas calcáreas, están
Panama. Wash. Bull. Biol. Soc. W-sh. 2: 89-116.
sujetos no solamente a la abrasión marina, sino también a la destrucción biológica por
Stoddart, D.R. 1969 — Ecology and morphology of recent coral reefs. Cambr. Biol. Rev. Camb.
parte de un amplio intervalo de organismos (equinodermos, bivalvos, algas incrustantes, Philos. Soc. No. 44: 433-498.
esponjas, peces, etc.). Por lo tanto, y como lo anota Bathurst (1975), no hay siempre una Stoddart, D.R. 1976 — Structure and ecology of Caribbean coral reefs. Simposio sobre adelantos en
relación directa entre la energía del agua y el diámetro medio del sedimento. las investigaciones marinas en el Caribe y regiones adyacentes. Caracas 12-16 Julio de 1976, FAO.
La relación puede ser directa cuando la dinámica del agua actúa de manera tan fuerte Informes de pesca No. 200, FIR /R200 (E/ES).
Tinoco, I. 1978 — Foraminíferos bentónicos de la plataforma contienental del Norte y Nordeste del
que no deja apreciar las demás acciones erosivas: es el caso observado en los sedimentos
Brasil: una síntesis. Memorias del Seminario sobre Ecglogía bentónica y sedimentación de la
arenosos gruesos y bien seleccionados de la cresta Norte. plataforma continental del Atlántico Sur. Mayo 1978, UNESCO,Montevideo, p. 217-224.
El mismo tipo de relación compleja se encuentra en el índice de dispersión; inclusive Vaughan, T.W. 1918 — Corals and the formation of coral reefs. Ann. Rep. Smithsonian I nst. 189-238.
los fenómenos de erosión y sedimentación que se realizan casi en los mismos sitios, no Werding, B. y Sánchez, H. 1977 — Informe preliminar sobre la situación ecológica general en las Islas
permiten generalmente la selección progresiva por tamaño de las partículas y explica el del Rosario. INVEMAR Santa Marta (Colombia). 61 pp.
Weydert, P. 1973. Morphologie et sédimentologie de la partie méridionale du grand récif de Tuléar
gran índice de dispersión (óeS superior a 1.0) de la mayoría de los sedimentos.
(Madagascar). Thétys Supl. 5: 133-156.
RESUMEN
347
Mégard & Sébrier
El Cuaternario de la costa del Perú central, unos 150 km más al sur-oeste, se correlaciona con el
de la cuenca del Mantaro. En la costa se presentan también cuatro niveles mayores de acumulación
de material acarreado desde los Andes (Sébrier y Macharé, en oreo.); el más antiguo es muy potente y REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 349 - 363 (1981) - CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
está 100 a 170 m encima del fondo e los valles actuales: sus elementos son también a menudo muy
alterados, sobre todo los de material ígneo o volcánico.
PETROLOGIA Y PETROQUIMICA EN LAVAS RECIENTES
Si aceptamos la relación glaciación-terraza fluvial, parece lógico correlacionar, a más larga distan-
cia, respectivamente las e (y 91, t" (y 9-1, t"' g-) y ti" del Perú central con las glaciaciones Cho-
DE ALGUNOS VOLCANES EN COLOMBIA
queyapu, Sorata, Kaluyo y Calvario definidas por Servant 11977) en el área de La Paz (Bolivia). Luego,
basándonos en el sincronismo casi perfecto de los acontecimientos mayores de la última parte de la Luis Armando Murcia Leal• y Pedro Antonio Marín Rivera •
glaciación g' en los Andes centrales (Mercer y Palacios, 1977) con los del Wurm de Europa y del
Wisconsin de N. A. podríamos muy hipotéticamente proponer un esquema de correlación entre:
RESUMEN
y Wurm - Wisconsin
Análisis efectuados en lavas Cuaternarias de algunos volcanes colombianos de tipo escudo y estra-
y Riss - Illinois
tovolcán, presentan en general un carácter calcoalcalino y son principalmente latiandesitas cuarzosas,
y Glaciación del Cuaternario medio
cuarzoandesitas, latiandesitas, andesitas cuarzosas y dacitas. Los volcanes están siempre asociados a
y Glaciación del Cuaternario antiguo
tectónica de fallamiento regional y están relacionados con un margen continental activo, producto de
la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Suramericana. Se nota un aumento en dirección su r-
Es poco probable que una coincidencia tan perfecta exista y además, la definición y la cronolo-
norte de los contenidos de Si, K y Rb con una disminución de FeO' y TiO2 en la misma dirección,
gía de las grandes etapas de glaciación en Europa deja mucho que desear especialmente en lo que res-
relacionados con una mayor profundidad de la zona de Benioff o un mayor espesor de la corteza.
pecta a las más antiguas. Sin embargo, la hipótesis de trabajo del sincronismo entre las glaciaciones
El magma primario se interpreta como fusión parcial en la zona de Benioff con introducción de
entre las zonas templadas y tropicales nos parece la más adecuada hasta conseguir mayores precisio-
agua en el manto intracortical que está sobre la placa oceánica que subduce, lo que produce una mez-
nes. En esta cronología, la formación Jauja aparecería como un lacustre antiguo posiblemente Plio-
cla de magmas que luego se homogeniza y sube a la superficie, sufriendo cristalización fraccionada.
ceno. Puede haber contaminación donde hay corteza continental siálica.
ABSTRACT
ABSTRACT
Chemical analysis of Quaternary lava flows from several strato and shield type-volcanoes from
The study u ndertaken in the Central Zona of Perú has been directed to explam severa' aspects
Colombia exhibits a calc-alkaline trend and they are quartz-latiandesites, quartz-andesites, latiandesi-
relative to the stratigraphy of the Quaternary of the Basin of the Mantaro River, in order to correlate
tes and dacites. The volcanoes are associated with a large scale fault zone and are related with an active
afterwards this stratigraphy with other of the Central Andes. The hypotehsis of a glaciation
continental margin produced by the subduction of the Nazca Plate beneath the South American Piale.
cynchronism between the tempered zone and the tropical zone, is considered.
Toward north exists an increment of Si, K, Rb with a decrease of • and TiO2 wich possibly
correlate with the depht to the Benioff zone or differents thickness of the crust.
The parental magma is interpretad as being produced by partial melting in the Benioff zone with
introduction of water in the intracrust mantle aboye the subducted plate producing a magma mixing.
The new magma become homogeneous, ascends to the surface and undergoes fractional cristallization.
Contamination is probable due to the presence of continental crust in the northern volcanoes.
1. INTRODUCCION
2. ESTUDIOS ANTERIORES
349
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín
isotópicos, la petrogénesis de las lavas del Nevado del Ruiz. Otros trabajos importantes
son los realizados por Jaramillo (1976) en el Nevado del Ruiz y Kuroda y París (1978)
en el volcán Puracé, los cuales contienen análisis petrográficos y químicos. Existen otros
trabajos donde hacen referencia a los focos volcánicos entre los cuales se pueden citar
PLACA DEL CARIBE los de Boussingault (1833), Von Humboldt (1858), Karsten (1885), Hubach y Alvarado
(1932), Grosse (1935), Royo y Gómez (1942), Bueno (1948), Oppenheim (1950), Ra-
dp mírez (1969) y Herd (1974). Este es, pues, el primer trabajo que trata de hacer una co-
rrelación petrológica y petroquímica en lavas de diferentes volcanes Colombianos.
os
c.,o`'
op JQ 3. RESUMEN GEOLOGICO
351
Murcia & Marín Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
un nuevo metamorfismo regional asociado al emplazamiento de grandes batolitos sobre- 5. VOLCANES ESTUDIADOS
saliendo el Batolito Antioqueño. Las rocas del "trench" son acrecionadas al continente
cambiando su isostacia, iniciándose el salto de la zona de subducción hacia el oeste (Pa- En el presente trabajo se estudiaron las lavas de 8 volcanes situados en la Cordillera
rís y Marín, 1979 y Murcia, 1980). Durante el Mioceno-Plioceno se efectúa un nuevo Occidental, en el límite depresión interandina-Cordillera Central y Cordillera Central. Es-
plutonismo y en el límite Terciario-Cuaternario se desarrolla un fuerte vulcanismo en la tos volcanes están situados en una región de gran sismicidad, están relacionados con tectó-
cresta de la Cordillera Central de composición original dacítica pero pasa a ser andesíti- nica de fallamiento y se localizan muy al este del actual margen continental (Fig. 1).
ca en su período final. La historia geológica y la composición litológica de la Cordillera Aunque no se tienen dataciones radiométricas de ninguna de las lavas estudiadas,
Central es muy similar a lá de la Cordillera Occidental en los Andes de Perú, Bolivia y algunas se recogieron en lugares con actividad eruptiva conocida mientras que otras se
Chile. muestrearon cerca a los cráteres, ya que dado su carácter de estratovolcanes, permiten
La Cordillera Occidental en la parte norte de los Andes (Ecuador, Colombia y Pana- inferir la edad más joven.
má) se presenta como una cadena montañosa independiente de los Andes iniciándose En este trabajo se utiliza el término lavas recientes a aquellas de edad Cuaternario
en el Golfo de Guayaquil, limitada al este por la falla de Romeral y entrando a Panamá y para su clasificación se utilizó el doble triángulo de Streckeinsen (1974).
por el "tapón del Darién". Está compuesta por el denominado Complejo Igneo Básico A continuación se describen brevemente las características generales de los volcanes
(Murcia, 1980) que consta de rocas volcánicas de afinidad toleítica con intercalaciones siguiendo un orden sur-norte.
sedimentarias, depósitos tipo flysch y rocas ígneas máficas y ultramáficas asociadas, de Volcán Cumbal
edad Cretáceo-Terciario. Al efectuarse la aeración del "trench" al continente, la zona de Estratovolcán cubierto de nieve, tiene una altura de 4.764 m s.n.m. y está localizado
subducción migró al oeste y se conformó el "trench"del Atrato-Sinú (Duque, 1977) du- en la parte meridional de la Cordillera Occidental, siguiendo una línea tectónica con los
rante el Terciario y debido a su actividad originó el solevantamiento de la Cordillera Occi- volcanes Chiles y Azufral que coincide con la falla del Cauca-Patía; ostenta varios cráte-
dental presentándose movimientos verticales en el Sistema de Fallas de Romeral ocasio- res secundarios con bastante actividad de fumarolas, sus lavas son de composición lati-
nando la sedimentación de la molara terciaria en la cuenca Cauca-Patía. Por ese mismo andesita cuarzosa y latiandesita y no registra historia eruptiva.
período, y como consecuencia directa de la interacción de las placas oceánica y conti- Volcán Azufral
nental, se efectuó el proceso de imbricación emplazando en superficie rocas del manto, Estratovolcán con actividad fumarólica y de solfatara alcanza una altura de 4.070 m
esquistos de glaucofana y metamorfismo en el Grupo Dagua. Asimismo el magmatismo s.n.m., se encuentra localizado en la Cordillera Occidental siguiendo la misma línea del
Mioceno-Plioceno en esta Cordillera se considera como un producto directo de esta zona Chiles, Cumbal y falla del Patía. Tiene una caldera principal con un extenso cráter en
de subducción. cuyo fondo está la famosa laguna Verde; la composición de sus lavas varía de dacita a
Según Sillitoe (1978) y Murcia (1980), y como esta Cordillera presenta una historia latiandesita.
geológica y composición litológica muy diferente al resto de los Andes, pudo haberse for- Volcán Galeras
mado más al sur y haber sido transportada por la falla de Romeral con un movimiento Estratovolcán de 4.262 m s.n.m., está localizado en el límite depresión Patía-Cordi-
de rumbo y dextral hasta su posición actual, movimiento que posiblemente se reflejó llera Central, tiene una caldera compuesta principal, sus lavas son latiandesitas cuarzosas,
en la Cordillera Central mediante la falla de La Palestina con un movimiento también cuarzoandesitas y latiandesitas, presentan xenolitos de metamorfitas de afinidad migmatí-
dextral y que se desprendió de la falla de Romeral a la altura del páramo de Cumbarco, tica y xenocristales de olivino y está localizado en el trazo de la falla de Romeral (Murcia
al noreste de Barragán. y Cepeda, en prep.). Además de las lavas, presenta ignimbritas, lahares y lluvia de cenizas
y su actividad volcánica reciente es conocida donde se destacan los sucesos de 1785, 1865
y 1944 (Ramírez, 1969). Su última emisión de cenizas ocurrió hace 10-15 años.
4. VULCANISMO CENOZOICO Volcán Morasurco
Estratovolcán inactivo, tiene 3.500 m s.n.m., está localizado hacia la Cordillera Cen-
De acuerdo a los estudios realizados por Kennett, Mc Birney and Thunell (1977) se tral, al norte de Pasto. Tiene una caldera principal semidestruída y no tiene actividad his-
han establecido dos eventos volcánicos importantes en el Cenozoico, en la región cir- tórica conocida. Se encuentra en la línea tectónica de la falla de Buesaco, satélite de la
cumpacífica, uno de edad Mioceno Medio con algunos episodios en el Mioceno Tardío- falla de Romeral. Sus lavas son latiandesitas y latiandesitas cuarzosas y presenta desarro-
Plioceno Temprano y el otro de edad Plio-Pleistoceno con actividad reciente. El evento llo de lahares.
del Mioceno Medio está registrado a ambos lados de la Cordillera Central, pues en su Volcán Bordoncillo
flanco occidental y en el graben del Cauca-Patía se observa que en las formaciones Esmita Estratovolcán inactivo de 3.700 m s.n.m., está localizado en la Cordillera Central al
y Combia, de edad Mioceno Superior, existen cantos de dacitas, andesitas y basaltos mien- W de la laguna de La Cocha. Se encuentra alineado con la falla de El Mojón de dirección
tras que en el flanco oriental, en el Grupo Honda, de edad similar, se encuentran clastos NE, paralela a la falla de cabalgamiento Afiladores-La Cocha, la cual muestra pequeños
de porfiritas dacíticas, fragmentos de basaltos, traquita y riolita (Van Houten, 1976). volcanes asociados. Una lava analizada se clasificó como latiandesita.
El volcanismo de edad Mioceno Medio es sinorogénico y está asociado a la Orogenia Volcán Doña Juana
Andina, cuando la zona de subducción saltó al occidente, lo que dió lugar a una disminu- Estratovolcán situado a 4.250 m s.n.m., con un gran cráter, está asociado a otros vol-
ción en la rata de expansión del piso oceánico. Posteriormente hubo una "aceleración" canes como el Petacas, Tajumbina y Animas, que ocupan el eje de la Cordillera Centro-
en esa velocidad que inició el volcanismo post-orogénico del Plio-Pleistoceno. Se nota, Oriental. Tiene una actividad histórica bien conocida donde se destaca el suceso de 1900
pues, una relación entre las variaciones de las ratas de expansión, zonas de subducción cuando murieron 60 personas, las llamas del volcán no se apagaron en un mes y las lavas
y vulcanismo. se extendieron por varios km a la redonda (Ramírez, 1969). Sus lavas son latiandesitas y
352 353
Murcia & Marín
Petrolog ia y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Serie Alcalina
ción de lavas y lodos dejan un saldo de 1.000 muertos , los peces en varios ríos mueren
por la elevada temperatura de las aguas y cientos de reses fueron ahogadas por el lodo o
calcinadas por la lava ardiente (Ramírez, 1969). X •el
De acuerdo con Jaramillo (1980), las lavas del Nevado del Ruiz se componen de
basaltos y andesitas porfiríticas, presentan xenocristales de cuarzo, xenolitas félsicos y
xenolitos máficos que corresponden a rocas metamórficas de alto grado (granulitas).
6. PETROLOGIA Y PETROQUIMICA CO
Elementos Mayores
7. O z >f + O zD N
En el apéndice I aparecen los resultados de los análisis efectuados en roca total de
28 lavas pertenecientes a los 8 volcanes estudiados. De estos resultados 12 corresponden
a este trabajo y los otros fueron tomados de Jaramillo (1980), Hórmann (1979) y Kuroda
o ■
0
//
y París (1978). —o en
o 7 O
Para tener una idea del grado de alteración y/o migración química producida por in- .0 O O N I-
O
cs,- > 3
E 0 <I)
temperismo o metamorfismo en las lavas, se plotearon sus porcentajes de álcalis en el = 0 0 I ...:
r...)
diagrama Na20/K20 vs Na20 + K20 (Fig. 2) el cual representa los campos de rocas volcá- 2 1
I> I o
L
al O ., . -
nicas Cenozoicas frescas y alteradas propuesto por Miyashiro (1975) donde la línea V-V' 0 .0 '11: .:
S. O 3
o E
W
,..9 o
indica el límite superior de la relación Na20/K20 para rocas volcánicas frescas y se puede : ei
o C — r•-- O - Y
-
E
jj g
c., ca. ' a
E 0
apreciar que todas las muestras están bajo este campo con un rango entre 1.5 (volcán OO OO O 2
C-.) 2• C., > e O 9) Ni 2 1 ?
Puracé al norte) y 3.5 (volcán Azufral al sur) lo que permite tener cierta seguridad con
respecto a su "no alteración" debido al intemperismo o metamorfismo.
Es bien conocido que las rocas volcánicas de acuerdo con su composición química El
+ Z3ce
o
o.
o -F- 'g 3E o
1 a 12
-
c., T. 8 CO.
pueden tener un carácter alcalino o subalcalino, dependiendo de su contenido en álcalis
y sílice lo que implica una petrogénesis bastante diferente. Dickinson (1975) estableció
• 2 -2tó2Y°''):
que las lavas aumentan su contenido de K a medida que se alejan.del "trench", o sea que
*Sao r> ,;,'1 Z-3 rc,.,"
-C
— 10 11: > ca -
son más alcalinas a medida que seprofundiza la zona de Benioff y Déluelle (1978) afir- .1' 0.• 1 ' z 2
4111
ma que en los Andes Sur y Andes Centrales hay un aumento de K con respecto a la dis- 111
tancia del "Manch" en rocas volcánicas Plio-Cuaternarias. Esta relación implica que la + C5 1 : I
i Z 2
composición química de las rocas volcánicas y su tren geoquímico está relacionado en I t 1 I 1 N o Eo 8o.
O 0 f el- r> cu E -o
profundidad con la zona sísmica inclinada y que se generan magmas más alcalinos a gran-
=
E, g 11
des profundidades.
02 >1 /0Z ; u_ _ E o
354 355
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín
En la Fig. 3 se observa la variación composicional de Na20 + K20 vs SiO2 y se nota Fe203, Fe0./Mg0 indica la relación de enriquecimiento en Fe y la línea a trazos represen-
que las muestras pertenecen a la serie subalcalina y están situados bajo el límite estableci- ta el límite entre las series calcoalcalina y toleítica definida por Miyashiro (1974). Las
do por Schwarzer y Rogers (1974) lo cual concuerda con los valores K20/Na20 < 1 que lavas pertenecen en su mayoría a la serie calcoalcalina y se observa en el lado tole ítico un
fueron definidos por Jakes and White (1972) para rocas subalcalinas; en las lavas estudia- alineamiento paralelo al límite de las 2 series con un decrecimiento de Si02 y Fe0./Mg0
das estos valores varían entre 0.31 (volcán Azufral) y 0.58 (Nevado del Ruiz). Se aprecia, del volcán Puracé al volcán Cumbal, lo que indica una composición de las lavas más bási-
además, que dentro de esa serie subalcalina los volcanes del norte (Puracé y Nevado del cas hacia el sur relacionada con un menor espesor de la corteza y explicaría la presencia
Ruiz) presentan en general valores más altos en Na, K y Si que los del sur, lo que permi- de xenocristales de olivino en lavas del Galeras y las tobas granatíferas, eclogitas y piro-
te suponer una composición más básica en estos últimos, lo cual está apoyado por una xenitas asociadas al volcán Doña Juana.
disminución en Fe(/' y TiO2 en dirección Sur-Norte y aumento de los valores de Rb en Algunos autores como Osborn (1962) han explicado la presencia de estas 2 series
la misma dirección (Fig. 6). por la fugacidad del oxígeno que, cuando es alta, precipita magnetita lo que hace que el
La serie subalcalina ha sido dividida en calcoalcalina y toleítica dependiendo del magma se vuelva más silíceo dando una composición calcoalcalina mientras que en caso
grado en el avance de la cristalización fraccionada que puede ser medido por el incre- contrario, las rocas tienden a ser toleíticas. Estudios realizados por Miyashiro (1975) de-
mento de la relación Fe0* /Mg0. La serie toleítica típica muestra un enriquecimiento mostraron la afinidad del Vanadio con la magnetita y en la Fig. 8 se observa que los vol-
inicial en Fel)* y TiO2 mientras que en la serie calcoalcalina es común el decrecimiento canes del norte (Puracé) presentan una menor concentración de Vanadio lo que permite
de Fe0* y Ti02. Esta división es importante ya que las rocas de la serie calcoalcalina ocu- pensar en que además de la fugacidad del oxígeno se debe tener presente alguna contami-
rren principalmente en cinturones orogénicos tales como arcos de islas y márgenes conti- nación, dada seguramente por un mayor espesor de corteza.
nentales activos mientras que la serie toleítica se encuentra en casi todos los ambientes En el diagrama AFM de la Fig. 5 se puede apreciar un mayor enriquecimiento de Fe
tectónicos (Miyashiro, 1975). en los volcanes del sur mientras que el Puracé y el Nevado del Ruiz tienden a ser más ricos
en álcalis. Existen algunas lavas de composición dacítica en los volcanes del sur (Azufral)
En la Fig. 4 se observa el diagrama Si02 vs Fe0'/Mg0 donde Fe0 * = Fe0 + 0.9
que en el diagrama muestra valores altos en Na y K.
Elementos Traza
Las concentraciones en p.p.m. de los elementos traza de las lavas estudiadas, aparecen
Serie calcoalcalina
en la Tabla 1 y fueron obtenidos en roca total por métodos de absorción atómica (Rb y
70 —
A Sr) y análisis espectrográfico completo (Cr, V, Y, Zr, Ni y Ba) a excepción de los del
á Nevado del Ruiz que fueron realizados por activación de neutrones (Jaramillo, 1980).
De acuerdo con el contenido de Rb (Tabla 1), se pueden dividir las lavas en 2 grupos:
Tabla 1 - Variación del contenido de K20 y elementos traza en lavas subalcalinas en volcanes colombianos
65 — ❑
K20 Rb Sr Rb Sr Cr V Y Zr Ni Ba
VOLCAN 1%) (1,11(1 ) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm) (ppm)
X +
o
o o Cumbal 1.33 48 492 0.097 150 100 15 70 50 500
357
356
Murcia & Marín Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
y Cumbal 0.200 1
Fe0 +0.9 Fe20
/
▪ Morasurco /
o Purace /
/
A Azufral /
/
x Bordoncillo /
0.150
• Galeras /
/
+ Doña Juana
❑ Nevado del Ruiz
• I1
••■
•■■
0.050
1(
40 50 60 70 80 90 100
Rb (ppm)
Figura 7 — Variación en la concentración de Rb vs la relación Rb/Sr. El
campo inferior izquierdo indica valores de 87Sr/ 86Sr < 0.7040 y el
Na20+ K20 Mg0 superior derecho valores > 0.7040, dados por Kistler and Peterman
(1973).
Figura 5 -- Diagrama AFM mostrando el enriquecimiento en Fe de las lávas subalcalinas.
90
o
80
o
^ 70
E
— 60
50
o o o o
o o o
40 2
400 500 600 700 800 900 Cr (ppm)
358 359
Petrolog la y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
Murcia & Marín
uno con concentraciones entre 40 y 55 p.p.m. que corresponde a los volcanes del sur y Los bajos valores de s7 Sr/86 Sr y la presencia de olivino y espinela (cromífera) per-
otro con valores entre 75 y 83 p.p.m. que pertenecen a los volcanes del norte (Fig. 6). miten descartar como origen directo de los magmas primarios la fusión parcial de corteza
El contenido de este elemento en los volcanes del sur de Colombia es parecido al de continental (Jaramillo, 1980). Para la formación de las lavas calcoalcalinas, en este traba-
la Andesita promedio de Taylor (1969) y al de las lavas de la parte Sur de la cadena Andi- jo se presenta un modelo (Fig. 9) en el cual se asume que hay fusión parcial de la Placa
na (sur de Chile) mientras que el de los volcanes de la parte norte (Puracé y Nevado del de Nazca que está subduciendo e introduce agua en el manto intracortical que está sobre
Ruiz) se asemeja al de las lavas de los Andes Centrales (norte de Chile). la placa descendente, lo que, a su vez, origina fusión de la envuelta peridotítica y se for-
Los valores altos de Rb en el Puracé y Nevado del Ruiz coinciden con el aumento en ma una mezcla de líquidos que luego se homogeniza dando el magma andesítico prima-
dirección sur-norte de Si y K. Es bien conocida la afinidad del Rb y K debido a su seme- rio. Posteriormente este magma en su ascenso sufre cristalización fraccionada a bajas
janza cristaloquímica y es común encontrarlo (Rb) en líquidos residuales debido a su baja presiones lo que da diferenciados más sil íceos y aprovecha las zonas de debilidad dadas
energía de enlace (Alvarez, 1979). La concentración de Rb sirve como marcador de am- por la tectónica de fallamiento para llegar a la superficie. Hacia la parte norte donde exis-
bientes tectónicos debido a su afinidad con el K que define la profundidad de la zona de te corteza continental con mayor espesor, sufre contaminación lo que hace que se enri-
Benioff y algunos autores como Jakes and White (1972) encontraron que a medida que quezca en álcalis Si y Rb y tenga un pequeño aumento en el contenido de Sr radiogénico.
aumentan los valores de Rb, Sr y Ba, más alcalina se va haciendo una serie de rocas vol- Murcia (1980) concluye que el vulcanismo Mesozoico de la región occidental es de
cánicas. carácter toleítico y Alvarez (1979) demostró que los cuerpos intrusivos y subvolcánicos
Con respecto al contenido de Sr, en los volcanes del sur no se encuentra ningún pa- Cenozoicos del graben del Patía y parte de la Cordillera Occidental son calcoalcalinos, lo
trón definido con respecto al Rb y al Ca, caso contrario de las lavas del Puracé y Neva- que permite pensar en una evolución en tiempo y espacio del vulcanismo que se hace más
do del Ruiz donde se nota una relación lineal Sr-Ca que debe estar dada por el desarrollo alcalino hacia el este y que actualmente está relacionado con un margen continental
de facies más porfiríticas con fenocristales de plagioclasa. activo.
Las relaciones 87 Sr/86 Sr son muy importantes en la petrogénesis de las lavas estu-
diadas y solo se conocen las reportadas por Jaramillo (1980) en el Nevado del Ruiz que
son 0.7041 y 0.7042. Se ha establecido que 0.7040 es el valor típico de las andesitas en
arcos de islas (James, Brooks and Cuyubamba, 1976) y por eso se ha adoptado el diagra- VCP
ma de la Fig. 7 para tener indirectamente una idea del contenido de Sr radiogénico. El FP
campo superior derecho fué establecido para rocas con 87 Sr/86 Sr > 0.740 y el inferior CW
izquierdo para valores < 0.740, en rocas gran íticas mesozoicas de California (Kistler and
Peterman, 1973). Como se puede observar en la Fig. 7 son los volcanes del norte los que
presentan valores más altos de Rb/Sr y por ende mayor Sr radiogénico lo cual coincide
con los valores reportados por Jaramillo (1980).
En general las relaciones Rb/Sr y 87 Sr/ 86 Sr son bajos y se asemejan a los valores de
la parte sur del Cinturón Andino reportados por Klerk, Deutsch, Pichler and Zeil (1977)
en el sur de Chile, los cuales son más bajos que los de los Andes Centrales (op. cit.).
La variación en los contenidos de V y Cr se observa en la Fig. 8 y se nota un aumen-
to de V en los volcanes del sur especialmente en los volcanes Bordoncillo y Doña Juana,
relacionado con altos valores de Fe0* y TiO2 mientras que hacia el norte ocurre lo con-
trario. Esta apreciación está de acuerdo con las observaciones de Miyashiro (1975) quien CV,- Cordillera Occidental
plantea que en las series calcoalcalinas hay decrecimiento de V mientras que en las series CC - Cordillera Central
toleíticas típicas hay incremento inicial seguido de un decrecimiento. GB - Geosinclinal de Bolívar
En cuanto al Cr, se observan contenidos bajos tanto en los volcanes del norte como
VCP- Valle Cauca Patía VRM- Valle Rio Magdalena
en los del sur (Puracé y Bordoncillo) pero relacionados con algunos valores altos de Fe0 */
MgO, típico en el avance de la cristalización fraccional de series toleíticas y calcoalcali-
FCP- Falla Cauca Patio FR - Falla de Romeral
nas (Miyashiro, 1975). FP- Falla de Palestina PC - Placa Continental
PO - Placa Oceánica
7. DISCUSION
Figura 9 — Bloque diagrama generalizada mostrando el ambiente tectónico y la forma-
Con base en los resultados obtenidos, se observa un aumento en dirección sur-norte ción de los volcanes estudiados.
del contenido de Na20 + K20, Si02, Rb y 87 Sr/86Sr (inferido) asociado a una disminu-
ción en Fer, TiO2 y Cr, lo cual puede ser correlacionable con un cambio en la profun-
didad de la zona de Benioff y un cambio en el espesor y composición de la corteza lo AGRADECIMIENTOS
que explicaría la presencia de los xenolitos del manto en los volcanes del Sur (Galeras y
Doña Juana) y de los xenolitos de granulitas, rocas metamórficas de alto grado, en las Los autores desean expresar sus agradecimientos al geólogo José María Jaramillo,
lavas del Nevado del Ruiz. por sus valiosas discusiones.
360 361
Petrología y petroquímica en lavas recientes de algunos volcanes en Colombia
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Claudio Ochsenius•
RESUMEN
ABSTRACT
A vvide strip of arid and semi-desertic area spreads from La Guajira Peninsula in northeastern
Colombia, to the Paria Peninsula in northeastern Venezuela. In the present study, the principal ecolo-
gical factors during the last glaciation period are analysed in this specific geographical context.
Likewise, they are confronted with the available data from northern parí of South America. Based on
many aspects, such as the extent of the glacio-eustatic regression, fluvial and aeolian sedimentation,
evolution of the aquifers, flora, fauna and human settlements, it is evident that the existence of a
desertic, arid climate in this region has been prevalent for at least the last 20.000 years.
366
Ochsenius Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido pericaribeño
do aislada la importante cuenca del Lago de Maracaibo, ambiente que sólo ha podido su- En la Península de Paraguaná, los agentes de sedimentación han alcanzado una muy
perar las perturbaciones climáticas impuestas por la aridez, gracias al extraordinario débil significación, toda vez que las condiciones áridas reinantes no han permitido el desa-
efecto de predominio ejercido por la glaciación que en el mismo momento afecta de rrollo de amplias formaciones detríticas. Por tal motivo, las I itofacies cuaternarias más im-
modo intenso a los Andes Venezolanos y parcialmente a la Sierra de Perijá. portantes han evolucionado a expensas del ambiente marino. No debe descartarse, sin em-
Las nuevas llanuras expuestas han debido alcanzar un aspecto similar al que hoy bargo que bajo el mismo monto pluviométrico existieran cambios evidentes de facies vege-
muestra el extenso Golfete de Coro durante el período de bajas mareas. A una escala me- tacional debido, de un lado, a la distribución local de las lluvias y, del otro, a variables de
nor pero de igual significación, las playas y plataformas orientales y nororientales de Para- orden edafogénico especialmente en sectores donde afloran amplias formaciones marinas
guaná y la Goajira, han ganado miles de kilómetros cuadrados en extensión dejando inclu- ricas en sales; compárese por ejemplo la Formación Urumaco en el Estado Falcón y su
so abierta la comunicación con la Isla de Aruba (12°30'N — 70°00'W), a través de un extensivo paisaje de tierras malas. Este fenómeno puede también ser comprobado en el
puente de tierra firme (vide mapa in Ochsenius 1979d). perímetro Muaco—Taima-Taima—Cucuruchú (NE Coro), donde, a pesar de las condicio-
La regresión para-würmiana (WVisconsin) y su impronta geográfica en el nuevo espa- nes de humedad actuales más favorables, el suelo se comporta totalmente inhóspito a la
cio de las tierras emergidas, fornecerán sólidas pruebas en favor de la comunicación de la colonización biológica en general.
Isla de Paraguaná (ibidem Alta Goajira) y el borde continental, factor que independiente- A pesar de los antecedentes analizados supra, varios autores, entre ellos Rouse et
mente de la actividad tectónica y de l a constitución de los istmos respectivos ha sido sufi- Cruxent (1959), Royo y Gómez (1960), Hester (1966), Patterson et Lanning (1967),
ciente para abrir paso a la fauna y a las bandas de cazadores tempranos hasta el último Bryan (1973, 1979), Canby (1979) y Gruhn (1979), apoyan, sin ofrecer evidencias con-
bastión de tierra firme del continente. 1-la sido igualmente esta regresión la que ha secado cretas, la existencia de un clima húmedo correlativo de densas selvas. Teniendo en cuenta
el Golfo de La Vela, permitiendo así la transferencia de miles de metros cúbicos de are- la carencia de estudios paleopalinológicos confiables, nosotros hemos refutado tal hipó-
nas finas hacia el sector occidental de Coro, y donde frenado el transporte por el micro- tesis desde hace bastante tiempo (Ochsenius 1977: 245 MS). Desde otro ángulo, las úni-
relieve preexistente, ha comenzado la evolución definitiva del imponente campo de cas evidencias paleobotánicas estudiadas en la región y fechadas en más de 14.000 años
barkhjanes que hoy admiramos, así como del Istmo de Paraguaná sensu lato. (Ochsenius 1979), revelan un acentuado neoendemismo de parte de varios elementos
La evolución geomorfológica que muestran hoy numerosos ejes fluviales sobre el típicos de la flora actual (Poligonaceae: Coccoloba uvifera, Portulacaceae: Portulaca ole-
piedemonte costero, ha llevado a varios autores a sostener para este ambiente regional, la racea,. Portulaca venezualensis así como un discreto número de espinas afines a Prosopis,
existencia de un clima mucho más húmedo, incluso para el último avance glacial. En Caesalpinia y Cercidium). Consecuentes con estos vestigios del xeromorfismo glacial, res-
efecto a primera vista el examen de las fotos aéreas indica una serie de cursos hoy total- tan analizar otros de no menor importancia tales como los de orden paleoclimáticos, sedi-
mente secos, a la vez que acumulaciones deltaicas de gran extensión. Sin embargo es pre- mentológicos, hidrogeológicos y paleomastozoológicos; entre los primeros cabe mencio-
ciso señalar que dicho patrón morfogénico no guarda necesariamente relación con un nar la influencia de la Corriente Fría de Las Canarias que ha hecho descender sensible-
período más lluvioso en vista que la gran mayoría de los regímenes importantes que cru- mente las temperaturas medias del dominio litoral (confer ibídem Van der Hammen et al.,
zan la planicie son de carácter exótico, es decir que provienen fundamentalmente de las 1967; Emiliani 1961). A través del hinterland, el Cinturón Anido Pericaribeño principal-
altas cabeceras del Macizo de San Luis o de la Cordillera de Buena Vista (Sistema Co- mente en su sector occidental ha recibido influencia de la onda de frío propiciada por la
riano), la que por su altura y su posición respecto a los alisios del NE constituyen un intensa glaciación de valle que asola in extensum a todos los Andes Venezolanos (Och-
ambiente bioclimático mucho más húmedo que vendrá a otro nivel a originar los prime- senius 1980). Entre los testimonios sedimentológicos y pedogenéticos, cabe distinguir la
ros refugios azonales de la región xeromórfica Centro-Occidental (refugios forestales de presencia de médanos antiguos estabilizados y subyacentes a formas modernas en activi-
San Luis, Santa Ana y Macuria). dades, particularmente en la desembocadura de los valles, istmos y costas de barlovento.
Quienes hayan conocido la eficiencia de las lluvias, del transporte fluvial (incluyendo Con la excepción de algunas escasas evidencias de pedogenización proveídas por los car-
los conglomerados) y de la erosión en un medio árido estarán de acuerdo en aceptar que bonatos de calcio derivados de la desintegración de conchas marinas, no existen fenóme-
el agua corriente representa el vector principal de morfogénesis (Ochsenius 1977 MS). El nos de alteración correlativos de climas más húmedos. Sobre este mismo ambiente toman
factor litológico también ha coadyuvado a este proceso, al proveer formaciones marinas posición extensas salinas y sebkhas intralitorales, las cuales acusan sin reparo las severas
fácilmente erosionables a lo largo de toda la costa. condiciones de climas áridos predominantes más allá de la última glaciación, es decir, a lo
Visto de esta manera el fenómeno, las huellas morfológicas dejadas por el drenaje largo de todo el Holoceno. Concurrentes con estos indicadores de aridez aparecen los
intermitente actual y heredado representan, de un lado, la acción de cortas pero torren- registros hicirogeocronológicos (Tamers 1966b, 1966c); ellos demuestran que importantes
ciales lluvias en el sector costero con una gran importancia de los mantos de crecientes acuíferos de la Península de Paraguaná no han experimentado recarga desde por lo menos
(sheet flood); y del otro, el brutal mensaje de humedad de montaña a través de regímenes el último interestadial (21.400 ± 1.070 13.P.). Fechas radiocarbónicas análogas ostentan
torrenciales y crecidas espasmódicas. varios acuíferos confinados en la región de Maracaibo con edades hasta de 35.000 B.P. A
Las diversas quebradas que descargaban y hoy desaguan en el Mar Caribe (Golfo de medida que se avanza desde la costa hacia el interior, la edad de los acuíferos disminuye
Venezuela, Golfete de Coro, Golfo de La Vela y Golfo de Cariaco), muestran señales de de un lado, debido a la recarga secular propiciada por las actividades agrícolas y del otro
crecidas grandiosas. Las acumulaciones fluviales de llanura presentan estratificación cru- a la retroalimentación natural auspiciada por las montañas húmedas cercanas; así por
zada; no obstante, carecen de restos macroscópicos vegetales acordes con un cambio im- ejemplo los pozos testados en la Formación San Luís en la sierra del mismo nombre indi-
portante de las actuales condiciones ecológicas. En efecto, no aparecen allí los clásicos can una recarga permanente a lo largo de todo el Cuaternario Reciente.
remanentes fósiles de bosques galería tan comunes en otras regiones áridas y semiáridas No obstante lo establecido anteriormente, los mejores indicadores de este paleoclima
del trópico sudamericano, especialmente de las formaciones del Cerrado brasileño y del están dados por el análisis ecológico y biogeográfico de las faunas extintas. En efecto, en
Desierto de Atacama (Cf. Ochsenius 1977: 249 MS). el seno del fragmentario y casuístico panorama vertebradológico venezolano, los yaci-
366 367
Ocheenius Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido pericaribeño
mientos paleontológicos del Cinturón Anido Pericaribeño emergen sin lugar a dudas como cial para poder explicar la presencia de mastodontes, por no mencionar la presencia tri-
los mejores referenciales acerca de la paleoecología regional. Su rango geocronológico polar de megaterios en Muaco, Taima-Taima y Cucuruchú. No obstante pese el aspecto
indiscutible y varias veces reevaluado (Tamers 1966a, 1969, 1971; Gryan, Casamiquela, monumental y torpeza que le atribuimos a estos mamíferos,la biogeograf la de los Gomp-
Cruxent, Gruhn et Ochsenius 1978; Ochsenius et Gruhn 1979f) así como su amplia diver- hoteridios señala por el contrario su adaptación a las más diferentes condiciones ambien-
sidad específica que supera cualquier espectativa para un territorio equivalente, permiten tales, que oscilan entre los casi desiertos del Nordeste Brasileño, las extensas sabanas her-
incluso una amplia correlación paleomastozoológica a nivel sudamericano. No menos de báceas del dominio pampeano subtropical, las altas y frías mesetas andinas (hasta 4000
17 familias y 27 géneros otorgan una coyuntura espléndida para el estudio del intercam- m) hasta la esfera húmeda y templada del Bosque Valdiviano. Un ejemplo viviente y
bio faunístico entre el Nearrópico y el Holártico, así como para las investigaciones inhe- correlativo nos lo otorgan actualmente los elefantes africanos, así por ejemplo Loxodonta
rentes al arribo de las bandas de cazadores tempranos a Sudamérica. Una edad absoluta africana depende mucho menos que otras megafaunas (p•e. Ceratotherium simun, Diceros
media para esta fauna y las evidencias de caza asociadas superior a los 13.000 B.P. (Och- bicornis o Hippopotamus amphibius) de un habitat específico, extendiéndose de manera
senius 1979g), así como sus rasgos taxonómicos permiten establecer una clara equivalen- indiferente a través de estepas arbustivas xerófitas, sabanas herbáceas, selvas o zonas mon-
cia entre el Corianense y el Lujanense de Argentina, taxón biogeocronológico que junto tañosas, alcanzando con éxito su desarrollo y a pesar de sus cuantiosos requerimientos
al Ensenadense (Plieistoceno Medio) y al Uquiense (Pleistoceno Inferior), representan la tráficos.
división más aceptable del Pleistoceno mamalífero en Sudamérica (Patterson et Pascual Junto a la función de bebederos obligados, los manantiales alimentados por la lenta
1967). Al mismo momento faunístico corresponderían también los elencos estudiados migración de los acuíferos fósiles en dirección de su nivel de base general, el mar; han
en Minas Gerais (Brasil), los cuales han sido atribuídos por Paula Couto (1975) al Luja- servido de baños preferidos para las grandes bestias. En efecto, no olvidemos que el agua y
nense. También, aunque con algunas reservas, el Corianense podría correlacionarse con luego el barro constituyen para estos animales una necesidad de primer orden a fin de eli-
la fauna de la costa pacífica, específicamente con los repertorios exhumados en Talara y minar los parásitos e insectos. Cuando las charcas y los talweg en las bocas de los ríos se
asignado por Lemon et Churcher (1961) al Pleistoceno Superior y con el Carolinense secaron, obligando a muchas otras especies a migrar temporalmente, los Gomphoteridios
ecuatoriano estudiado por Hoffstetter también correspondiente a la última glaciación han debido excavar los cauces con sus defensas hasta dar con la arena húmeda, aguardan-
(18.000 ±600 B.P. sensu Patterson et Lanning 1967). do en forma paciente el rebalse del pozo. En ejemplos africanos comparativos estos llegan
Visto el Corianense respecto de su dinámica zoogeográfica, aparece como un elenco a medir hasta un metro de profundidad, permitiéndoles sobrevivir en las regiones azotadas
claramente en equilibrio, descubriendo una rica mezcla de elementos norteamericanos por las sequías y salvando de paso a otras especies condenadas a la sed (Laves, Parker et
y formas autóctonas (Haplomastodon, Stegomastodon, Eremotherium, Toxodon, Macrau- Johnston 1975).
chenia, Hippidion, Glossotherium, Arctodus, Felis, Glyptodon, Palaeolama, Canis, Cone- Superado el problema de las disponibilidades de agua durante las sequías interanua-
patus, Geochelone, Odocoileus, etc.), al punto de mostrarnos la fase culminante de inter- les, resta abordar la oferta de recursos alimenticios. Como hemos indicado, el estrato ar-
cambio a nivel de megamamíferos. Del mismo modo esta relación espacio-tiempo permite bóreo que integra los espinares y cardonales del CAPC poseen la clara propiedad de ser
establecer que el elenco actual del Cinturón Anido Pericaribeño representa en gran medida phreatófito, es decir asociaciones capaces de sobrevivir durante varios años sin lluvias va-
la herencia biológica del último glacial, conservando todavía numerosas especies endémi- liéndose únicamente de la captación de agua o humedad subterránea e independientes de
cas (Didelphis, Dasypus, Myrmecophaga, Bradypus, Tapirus, Hidrochoeris, Coendou, la carencia de un drenaje superficial. Son estas bombas de agua junto a las cactáceas sucu-
Dasyprocta, Conepatus, Felis, Odocoileus, Mazama, Cerdocyon, etc.). Ambas dimensiones lentas capaces de almacenar grandes cantidades de agua y de retenerla a pesar de la inten-
de la fauna regional han debido resistir junto al hombre el rigor periódico de las sequías, sa radiación solar, las que han permitido entre otros la presencia biológica y cultural del
toda vez que los diversos factores selectivos impuestos por la aridez en sus más distintas hombre y otras especies en los más conocidos desiertos del globo, incluyendo aquí al más
manifestaciones. seco y mineral de todos éllos, el Atacama en el Norte de Chile (Ochsenius 1979a). Para
Su localización ad portas al Puente Panameño permite evaluar por vez primera la comparar la relación pastoreo/biomasa vegetal disponible en el CAPC sirvámonos de
magnitud de las migraciones de la megafauna autóctona, demostrando una vez más los otro ambiente limitante cuyo desarrollo mamalífero es bien conocido; me refiero al casi
amplios ejes de penetración que han auspiciado los climas secos en el corazón del trópi- desierto frío de la Puna sobre las mesetas del Altiplano de Bolivia. Allí al igual que en
co suramericano durante la última glaciación. Ello nos lleva a sostener no sólo un inter- el N de Sudamérica han abundado las manadas de desdentados durante la última glacia-
cambio, sino el ascenso de elementos a través de la Hylea, región hasta ahora no tomada ción (incluyendo los mastodontes) los cuales han sido paulatinamente relevados por el
en consideración por los estudios paleontológicos y biogeográficos dedicados al estudio monismo de los auquénidos (Lama y Vicugna) también de especiación intrapleistocénica y
del Pleistoceno (Ochsenius 19781. los cuales aún dominan la región después de haberse extinguido en su primitivo centro
La polarización de fauna fósil sobre áreas ricas en manantiales ascendentes que aún de origen (Hemisferio Norte). Allí la biomasa vegetal carente de piso arbóreo es clara-
funcionan a lo largo de la costa, tales como Muaco, Taim . a-Taima, La Guadalupe o Cucu- mente inferior a' la dispuesta por los cardonales y espinares pericaribeños, mostrando
ruchú, confirma que los "mataderos" correspondieron a los últimos recursos de agua su- nuevamente el grado de adaptabilidad que pueden desarrollar ciertas poblaciones. Con
perficial y que fueron frecuentados tanto por las bestias como por el hombre. Su organi- esto no estamos negando el legítimo empobrecimiento cualitativo y cuantitativo genera-
zación geográfica en nada difiere al de otras localidades del dominio tropical y subtropi- do por las presiones impuestas por la aridez, de no producirse migraciones hacia ambien-
cal, mostrando un fenómeno muy semejante al estudiado en el NE del Brasil, región en la tes más favorables, pero sí insistir que no debemos interpretar estas presiones como un
que ayer y hoy han predominado la extrema aridez y el tapiz xeromórfico del tipo supravector de extinción faunística. Como una evidencia suplementaria en favor de este
caatinga, allí al igual que en el CAPC los hallazgos múltiples de vertebrados han sido re- paleoclima de estilo árido así como de la erraticidad de las lluvias, resta destacar el perfil
cuperados de estanques, pantanos y casimbas fósiles. sociológico de los diversos yacimientos. En efecto, la gravitación en un mismo lugar de
Como ya lo señaláramos, varios arqueólogos reclaman un cambio florístico sustan- vertebrados múltiples con variadas etologías (Macrauchenia versus Panthera; Glyptodonte
368 369
Ochsenius Ecología del Pleistoceno tardío en el Cinturón Anido pericaribeño
versus Arctotherium plus Equus versus Felis), evidencian la necesidad imperativa de agua Emiliani, C., 1961 — Cenozoic clirnatic changes as indicated by the stratigraphy and chronology of
y su dificultad por conseguirla. La gravitación sobre manantiales puntuales, difíciles de deep-sea cores of Globigerina-zone facie. In: Ann. New York Acad. of Sciences, 95: 521-536,
New York.
localizar sin un desarrollado instinto confirman el carácter dominante de las sequías entre
Hester, J., 1966 — Late Pleistocene Environments and Early Man in South America. In: The American
los últimos 12.000 y 14.000 años. Naturalist, 100 1914): 377-388 with 4 figs., Lancaster.
Entre las consecuencias paleogeográficas más notables de la última glaciación y direc- Laws, R., 1. Parker et R. Johnstone, 1975 — The Ecology of Elephant in North Bunyoro, Uganda. 380
tamente vinculadas al biodinamismo regional del CAPC es preciso señalar el establecimien- p. + 21 plates, Oxford University Press, Oxford.
to de varios puentes de tierra (Continente-Paraguaná, Continente-Alta Goajira, Paraguaná- Lemon, R.R.H. et C.S. Churcher, 1961 — Pleistocene Geology and Paleontology of the Talara Region,
Northwest Peru. In: Amer. Jour. of Science, 259: 410-429.
Aruba, Paria-Trinidad). Su ' principal punto de apoyo lo hallamos en el carácter de la
Ochsenius, C., 1972 — Contribución a la Ecología y Paleoecologia de la Puna de Atacama, Chile. 96
paleofauna y fauna actual existente en las "cabezas de puente". En Paraguaná el hallazgo pp., Tesis, Universidad de Chile, Santiago.
de restos de mastodontes refuta la teoría de que ha sido una isla a lo largo de todo el Ochsenius, C., 1977 — El Pleistoceno en el Desierto de Atacama. 640 pp. + figs. (with English sum-
Pleistoceno. En Curaçao, la presencia de Paulucnus petrifactus, Hidrochoeris hidrochaeris maryl. Doctoral Thesis, Sao Paulo University, Sao Paulo.
Ochsenius, C., 1978 — The Neotropical Biogeography of Owen's Macrauchenia Genus and the relative
y de Geochelone (una tortuga terrestre) también hace pensar lo mismo. En la isla de Aru-
effect of Amazonia Biota as ecological berrier durng Upper Quaternary. In: Abstracts of Fifth
ba, la presencia de Crotalus durissus unicolor conspecífica de Crotalus durissus cumanen- Bienial Meeting of American Quaternary Association, AMQUA, September, 2-4, 1978: 245-249,
sis demuestra que los ofidios continentales han podido cruzar en algún momento de la Edmonton, Alberta, Canadá.
última gran transgresión la distancia que actualmente los separa del continente, para dar Ochsenius, C., 1979 — Paleoenvironment. In: Taima-Taima: Final Reports of 1976 Excavations.
origen a una subespeciación insular. En Trinidad, los hallazgos notables de mastodontes Edited by C. Ochsenius and R. Gruhn, Caracas lin pressl.
Ochsenius, C., 1979a — Ecología del Cuaternario en el Desierto de Atacama, Trópico de Capricornio.
(Cuvieronius hyodon), de megaterios (Megatherium americanum) y de roedores gigantes
450 pp., Monografía Científica No. 1, Programa CIPICS, Universidad Francisco de Miranda,
afines a las capivaras continentales confirman la existencia de un puente entre el extremo
Coro (in pressl.
occidental de la Península de Paría y el territorio trinitario, hoy apenas testimoniado por Ochsenius, C., (Ed.) 1979b — Quaternary Ecology in The Peri-Caribbean Arid Balt, Corlan Region,
los islotes de Los Monos. Northernmost South America. Scientific Monographs Nr. 2, CIPICS Program, Francisco de Mi-
Con relación a las poblaciones humanas costeras cabe llamar la atención sobre la randa University, Coro lin pressl.
ausencia casi total, en las excavaciones, de organismos marinos, particularmente de mo- Ochseruus, C., 1979c — Palinología en Sudamérica. Occasional paper No. 4, 53 pp. + 1 fig., CIPICS
Program, Francisco de Miranda University, Coro.
luscos. Esto sería un argumento más en favor de la extensa regresión marina que ha deja-
Ochsemus, C., 1979d — Ancient beaches and biogeographic landbridges resulting from Pleistocene
do fuera del alcance del cazador-recolector este preciado alimento. La existencia de exten- Neotectonism and Glacioeutatism. vide refer. Ochsenius, 19796.
sos conchales asociados a niveles recientes de estacionamiento del mar (Paraguana shell Ochsenius, C., 1979e — Dry Climates in Northern South America during the Last Glacial Period. vide
mounds) demuestran el rol importante en la alimentación de las poblaciones post-glacia- refer. Ochesenius, 19796.
les, sin embargo sobre su consumo en la dieta paleo-india no existe evidencia positiva algu- Ochsemus, C. et R. Gruhn lEds.), 1979f — Taima-Taima: Final reports of 1976 Excavations, Northern-
most South America. Scientific Monographs Nr. 3. CIPICS Program, Francisco de Miranda Uni-
na, a no ser que los primitivos sitios de colecta y apilamiento hayan quedado paulatina-
versity, Coro lin pressl.
mente bajo las aguas con el advenimiento in crescendo del último ciclo transgresivo y que Ochsenis, C., 1979g — Late Pleistocene Faunas from the Corlan Reglan, Venezuela, Northern South
después de inundar aproximadamente la mitad de la plataforma hacia los 14.000 años, lle- America. vide refer. Ochsenius, 19796.
vará las aguas vivas a su actual posición hacia los 6.000 B.P., circunstancia aunque lógica, Ochsenius, C., 1979h — En torno a la Conquiliología del Istmo de Paraguaná y su relación con la reco-
lección humana, Región Coriana, Norte de Sudamérica. 1 Strombidae et Veneridae. vide refer.
prácticamente indemostrable (Ochsenius 1979, 1979h). Antes de concluir esta breve sín-
Ochsenius 1979b.
tesis en torno a la paleoecología regional del Cinturón Anido Pericaribeño creemos nece-
Ochsenius, C., 1979i — El Glacioeustatismo y las rutas biogeográf ices principales en el poblamiento
sario situar dicho paleoclima en una perspectiva continental. Para tal efecto postulamos e intercambio faunttico del Continente Sudamericano. Nota preliminar. vide refer. Ochsemus
que este paisaje endémico ha sido contemporáneo de la expansión de los climas secos no 1979b.
sólo de las cuencas del Amazonas y Orinoco o las extensas chapadas del Sertao del Nor- Ochsenius, C., 1979j — The Present Environment of the Corlan Region. vide refer. Ochsenius 1979b.
Ochesenius, C., 1979k — A Mastodon recent finding in the Corlan Region, Northern Venezuela. 5 pp.
deste, sino también con las islas de sabanas phreatófitas de los desiertos del Pacífico que
-I- 2 ficus., CIPICS Program, Francisco de Miranda University, Coro (umpublished).
itineraron desde el Ecuador hasta el Atacama. Ochsenius, C , 19791 — Paleoindian Researches in Northernmost South America (1945-1979). vide
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La carretera que une los municipios de Timbío, Roas y La Sierra presenta asentamientos, agrie-
tamientos y averías graves en la banca. Estos fenómenos son, principalmente, consecuencia de activa-
mientos recientes de fallas regionales que aparecen en el área, las cuales son la prolongación del deno-
minado Sistema de Fallas de Romeral que pone en contacto rocas de afinidad oceánica de la placa Pa-
cífica con rocas de afinidad continental de la placa Suramericana. Deslizamientos recientes, agrieta-
mientos en las casas y daños en las obras civiles localizados a lo largo de las líneas de fallas principales,
posiblemente, son evidencias de que ellas son fallas activas.
ABSTRACT
The highway that connects Timbío, Rosas and La Sierra has deformations, settlements, crackings
and failu res in the subgrade. These geologic problems are the consequence of the activation of regional
faults that cross the area. These faults belong to the Romeral Faults System which contacts oceanic
rocks from the Pacific plata and continental rocks from the South American plata. Modero slippings,
crackings of the houses and failu res of the road which are located n the main fault line can be consi-
derad proofs, that they are active faults.
1. INTRODUCCION
1.2 LOCALIZACION
Las poblaciones de Timbío, Rosas y La Sierra (Fig. 1) están ubicadas hacia la parte
central-oriental del departamento del Cauca, en las estribaciones occidentales de la Cor-
dillera Central.
372 373
Orrego & Marín
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REPUBLICA DE COLOMBIA
375
374
Orrego & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
esta Cordillera y su borde oriental están conformados por rocas tipo macizo pertenecien-
los esquistos se presentan lentes de cuarcitas de 5 cm hasta 2 m de espesor y raras veces
tes al Escudo Guayanés, representados por neises cuarzo-feldespáticos, anfibolitas y mig-
estos espesores llegan a los 12 m. La roca está compuesta por cuarzo, materia carbonácea
matitas. Esta unidad está recubierta por metasedimentos paleozoicos, cuerpos intrusivos
(grafito?), moscovita, biotita y en menor proporción clorita y minerales opacos, epidota
y volcánicos del Jurásico (Estrada, 1972; Jaramillo, 1962; Barrero y Vesga, 1976, y Al-
y plagioclasa. La materia carbonácea (grafito?), le da el color negro a la roca. La estruc-
varez, 1979). Su flanco occidental está conformado por secuencias Mesozóicas con meta-
tura es lepidoblástica en los esquistos y pizarrosa en las cuarcitas. En la figura 2, las meta-
morfismo tipo bárico que están en contacto tectónico contra conjuntos metasedimenta-
mórf itas se encuentran en contacto tectónico, al occidente, contra un conjunto de esquis-
rios del Paleozoico, los cuales han sido denominados Grupo Cajamarca (Nelson, 19621
tos verdes y metasedimentarios del Mesozoico y el contacto oriental está fuera del área,
Orrego et al., 1977 y Núñez y Murillo, 1978). Allí también existen rocas intrusivas de
pero se infiere que sea gradacional con rocas metamórficas de más alta temperatura con
composición intermedia a ácida del Cretáceo Temprano y del Mioceno. Una cadena de
base en algunos rodados que exhiben un mineral similar a Cordierita. La edad es discuti-
volcanes del Terciario-Cuaternario, asociados a fallas regionales, ocupa las partes más
da por París y Marín (1979) y ellos concluyen una edad tentativa Paleozoica.
altas de la Cordillera. Estos volcanes han dado el modelaje morfológico actual con sus
actividades efusivas lávicas y piroclásticas. Algunos rasgos geomorfológicos demuestran
3.2 ROCAS MESOZOICAS
que hubo eventos de glaciación, lagunares, fluviales y fenómenos de solifluxión acompa-
ñados por neolevantamientos y reactivación de las fallas, lo cual ayudó a la gran denuda-
Estas rocas aparecen como bloques tectónicos asociados a la zona de falla de Rome-
ción Cuaternaria de dicha Cordillera (Bürgl, 1961, 1967; Irving, 1971 y Shlemon, 1979).
ral y forman una franja alargada de un ancho máximo de 4 km. Son rocas de afinidad
Tectónicamente la Cordillera Central está limitada hacia el occidente por el Sistema de
oceánica y se presentan en el área como una mezcla o mélange cartografiadas como dos
Falla de Romeral y al oriente por fallas transversales en el sector norte y falla inversa de
secuencias:
ángulo alto en el sector sur (Alvarez, 1979). La falta de un mayor recubrimiento de carto-
grafía geológica, así como la carencia de fósiles, dataciones radiométricas y estudios pe-
3.2.1 Secuencia de esquistos verdes y metasedimentatis (K?ev)
tográf icos han hecho que aún se tengan muchas incógnitas acerca de la estratigrafía y de
la evolución tectónica de esta Cordillera. Sin embargo, existen trabajos geológicos locales
Ocupan la parte más oriental de la franja mesozoica y buenos afloramientos se en-
y algunos regionales donde se han planteado hipótesis sobre su evolución tectónica y su
cuentran en los ríos Quilcacé, Esmita, San Pedro y la quebrada Urayaco. Los esquistos
estratigrafía (Barrero et al., 1969; Irving, 1971; Toussaint y Restrepo, 1976; Barrero,
verdes son más comunes hacia el contacto tectónico occidental. Presentan estructuras ban-
1974, 1976; Orrego et al., 1977; Duque, 1977; Núñez y Murillo, 1978; Alvarez, 1979 y
deadas macizas a ligeramente esquistosa y venas de cuarzo. Las metasedimentitas son me-
París y Mar ín, 1979).
tapelitas, metaareniscas, esquistos negros, cuarcitas, metabrechas y metaconglomerados y
La Depresión Cauca-Patía que aparece al oeste de la Falla de Romeral está confor-
conllevan texturas sedimentarias reliquias como gradación y estratificación rítmica. Al-
mada principalmente por rocas sedimentarias de las molasa Terciaria, cortadas por cuer-
gunas metabrechas contienen, entre otros, cantos de rocas verdes. Los caracteres de esta
pos ígneos intrusivos del Mioceno, y un depósito volcánico sedimentario Cenozoico. El
secuencia sugieren que ella pudo haberse depositado en un paleotrench. La roca está com-
basamento se compone de bloques tectónicos de rocas mesozoicas de afinidad oceánica
puesta por anfíbol, epidota, clorita, micas blancas, plagioclasa, calcita, aragonito?, cuarzo,
con metamorfismo regional, principalmente de tipo bárico (Orrego et al., 1976 y París y
stilpnomelana? y cloritoide?. El anfíbol presenta un pleocroismo amarillo claro a azul
Marín, 1979). Esta depresión está separada, al occidente, de la Cordillera Occidental por
verdoso con tenues visos violetas. Los contactos de la unidad son tectónicos y sus simili-
intermedio del Sistema de Fallas del Cauca y ha sido asociada a un paleotrench (Duque,
tudes litológicas y estructurales que presenta con la de alta presión de Jambaló (Orrego
1977 y Barrero, 1979) o paleofosa. En el área que cubre este trabajo aparecen rocas paleo-
et al., 1977; 1980) hacen pensar que ellas sean correlacionables y en este trabajo, tentati-
zoicas, mesozoicas y cenozoicas y los diferentes eventos geológicos observados hacen
vamente, se le asigna al Cretáceo Temprano.
pensar en una actividad geotectónica comprendida, principalmente, entre el Triásico-Jurá-
sico hasta el Cuaternario reciente.
3.2.2 Secuencia de rocas ultramáficas y volcanico-sedimentarias (Kmuvs)
3. ESTRATIGRAFIA
En la figura 2, ocupan la parte más Occidental de la franja moasozoica y se obser-
van buenos afloramientos en el tramo de la carretera Panamericana entre el río Piedras y
3.1 ROCAS PALEOZOICAS
Rosas y en el carreteable Rosas y La Sierra. Las rocas ultramáficas se definen aquí como
secuencias ofiolíticas incompletas, las cuales se componen de rocas ultramáficas serpenti-
3.1.1 Metamorfitas correlacionables al Grupo Cajamarca (pKe)
nizadas, gabros talcosos, (posiblemente troctolíticos), diabasas almohadilladas y flujos
básicos. Estas afloran al Sur de La Sierra, en el área de Sapongo, río Esmita y en el En-
Rocas similares al Grupo Cajamarca (Nelson, 1962) y de afinidad continental apare-
canillo. La roca se compone de minerales de serpentina, antigorita, crisotilo, picrolita,
cen al oriente de la zona de Falla Romeral; afloramientos muy frescos se encuentran sobre
bastita?, clorita, olivino, clinopiroxeno, plagioclasa, carbonatos y cuarzo. Algunas veces
los ríos Piedras, Quilcacé y Esmita (Fig. 2). Allí se distinguen los siguientes conjuntos
presentan prehnita-pumpellita?, pero en general los piroxenos y plagioclasa se encuentran
litológicos: esquistos negros, esquistos cuarzo-micáceos y cuarcitas.
como minerales relictos, lo cual indica que no hubo una recristalización completa durante
Los esquistos negros y cuarzo-micáceos son rocas finamente laminadas en espeso-
el metamorfismo. Algunas diabasas exhiben textura porfirítica y entre las almohadillas
res de 1 a 8 mm, muy replegadas y con venas de cuarzo lechosos de 0.5 cm hasta de 60
existe una capa de vidrio (hialoclastita) brechoide. Las diabasas son de color verde. Las
cm de espesor concordantes a la foliación y que en general se acomodan paralemamente
rocas con afinidad ofio1(tica se encuentran muy cizalladas, cataclizadas Y ellas fueron
a la forma de los pliegues o en ocasiones estas venas cortan la foliación. Intercaladas con
emplazadas tectónicamente entre la secuencia volcánica-sedimentaria.
376 377
Orrago & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
5. METAMORFISMO
380 381
Orrego & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
bién contienen un anfíbol azul verdoso, micas blancas y posiblemente ¡adeita. Con base
Rioacha en lo anterior se piensa que las rocas mesozoicas han sufrido un metamorfismo bárico a
las facies esquistos verdes y ceolitas (prehnita-pumpellita) en el sentido de Miyashiro
Sta Marta (1973) con una edad posiblemente Jurásico-Cretáceo.
./ 3.- Metamorfismo de Contacto. En el área se encuentran varios cuerpos ígneos intru-
G1 arremetí Ila ( sivos que localmente han generado cornubianista de edad Cretáceo o Terciario.
4.- Metamorfismo cataclástico. Generado en la zona de Falla de Romeral, el cual ha
) sido estudiado por González (1977). En el área de este trabajo el ancho de la zona de
Montería cataclasis puede variar entre 1 a 2 km, donde el metamorfismo dinámico incluye brecha-
•
,; e
Medellín últimos períodos de actividad de la falla.
6
4Pereira
( o BOGOTA 6. GEOLOGIA ESTRUCTURAL
Armenia/ <,
lbogue
El tren regional de las estructuras en el área es aproximadamente norte-sur. Las ro-
cas con metamorfismo regional presentan pliegues cilíndricos, similares, angulosos
(chevron folds), estructuras de 'boudinage" y en las mesozoicas la foliación es casi para-
lela a la paleoestratificación. Las metamorfitas similares al Grupo Cajamarca presentan
14 II dos direcciones por crenulación, lo cual indica que hubo al menos dos deformaciones me-
\N. "13 tamórficas.
Pasto
382 383
Orrego & Marín Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
recen en el área de estudio y para ello se tiene en cuenta los elementos fisiográficos del Melange
vulcanismo básico en el trench y hacia el lado del ridge del Pacífico (East Pacific Rise). N1, Grupo Cajamarca m Intrusivos Triésico -Jurásico
Al lado de la Cordillera Central hubo posiblemente plutonismo y vulcanismo ácidos. En
Esquistos de Glaucofano Vulcanismo Triasico-Jurásico
este período se inició el proceso de acreción continental del material depositado en el
Jurísico y el salto de una nueva zona de subducción hacia el Oeste (Fig. 5). Es muy pro-
bable que parte de las rocas originadas tanto en el ridge este del Pacífico así como los Cordillera Central
la Falla de Romeral y generación de nuevas megafracturas como la del Cauca y del Cho- pbun Grupo Cajamarca M.2 Magmatismo Básico
có. A esta última existen cuerpos ultramáficos asociados a lo largo de su rumbo (Estrada, + 4-
Esquistos de Glaucotana Intrusivos Jurásicos
1972; Guarín y Alvarez, 1977 en Alvarez, 1979 y León, 1980, comunicación oral). Este
último autor reporta un cuerpo ultramáfico en el río Nembí al occidente de la Cordillera s s s sl Rocas de Alta Temperatura y Bajo Presión VVVV
Intrusivo Cretaceo Temprano
Occidental en el departamento de Nariño. Es muy posible que el vulcanismo básico (Mur-
cia, 1980) en la Cordillera Occidental y la sedimentación turbidítica (Duque, 1971 y
CEE Sedimentación Miogeosinclinal Vulcanismo Jurásico
Orrego, 1975), en el paleotrench del Valle del Cauca, hubieran continuado hasta el Ter-
ciario Temprano. Los rasgos más importantes durante el Terciario Tardío y Cuaternario
son: Levantamiento de las Cordilleras Central y Occidental (Orogénica Andina), actividad Figura 5 Evolución Geológica del Suroccidente Colombiano (Modificado de Paris v Marin 19791
384 385
Orrego & Marín
Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
Edel Cauca
Nivel del Mor
Nivel del Mor
Cordillera Occidental
Corteza Oceánica x
Corteza Intermedia
Antiguas zonas de subducción
00000
Sedimentación Miogeosinclinal Molas« Terciaria
Figura 6 — Evolución Geológica del Suroccidente Colombiano (Continuación).
Sedimentación de mar abierto
Ei Magmatismo Básico
386
Orrego & Marín
Problemas geológicos de la Carretera Panamericana
Cordillera Central
Cordillera Occidental a 8. CONCLUSIONES
389
Orrego & Marín
391
Padilla Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental
2. LOCALIZACION
MAR CARIBE
El área de estudio cobija unos 5.000 km 2 , en las cuencas de los ríos Calima-Río-
bravo, Dagua y Anchicayá sobre la Cordillera Occidental, al oeste del Valle del Cauca,
en la sección geológica entre las ciudades de Cali y Buenaventura (Fig. 1).
LASO
En sentido general, puede decirse que la sección comienza en Cali a 1.000 m, sobre MARACAI
el nivel del mar, asciende, hacia el occidente, hasta los 2.000 m, para pasar por un tra-
yecto que llama la atención por su forma de planicie alargada (Nelson, 1962, p. 89); pos-
teriormente desciende en forma notoria hacia la planicie costera de 30 km hasta llegar al VENEZUELA
puerto de Buevaventura.
3. ESTRATIGRAFIA
392 393
Padilla le posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental
■
Formación Confites.— Hubach-Alvarado (1934), definieron así una enorme secuen-
cia de turbiditas (Orrego, 1975; Padilla, 1978) de 3.000 m o más, depositadas en aguas
muy profundas constitu ídas por materiales provenientes de la Cordillera Occidental.
Edad: Cretáceo superior, Paleoceno (van der Hammen, 1958; Orrego, 1975; Padi-
Illk :1191ill
lla, 1978).
Formación Guachinte.— Orrego (1975) propuso el nombre para involucrar una se-
cuencia de areniscas blancas de cuarzo, mantos de carbón, limolitas y arcillolitas verduz- ..-;
cas y arcillolitas negruzcas laminadas con un espesor total de 650 m. Su mineralogía sugie-
re que la principal fuente de aporte fué la Cordillera Central y en menor proporción la
Cordillera Occidental (Orrego, 1975; p. 66). 7-...,. •
Edad: Eoceno medio-Oligoceno (?) (Padilla, 1978). ág:1
Formación Ferreira.— Orrego (1975), definió así una secuencia de unos 500 m, com-
puesta por conglomerados blancos de cuarzo, mantos de carbón, limolitas y arcillolitas
fosilíferas, y arcillolitas negruzcas laminadas, que tuvo como principal fuente de aporte
ir CUENCA
4if
VALLE _ PATIA
la Cordillera Central (Orrego, 1975; p. 75).
Edad: Oligoceno-Mioceno inferior a medio (Padilla, 1978).
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Formación Esmita.— Definida por León et al. (1973), está compuesta por una
secuencia de unos 350 m de arenisca blancuzca, arcillolitas y limolitas calcáreas fosilífe-
. . ••
ras y en el tope conglomerados con fragmentos de basaltos, diabasa y porfiritas. ...
Edad: Mioceno inferior a medio (?) (León et al., 1973).
Kd .• '..
Formación Galéon.— Van der Hammen (1958) y León et al, (1973) definieron así
un conjunto de unos 250 m de aglomerados y tobas volcánicas (Fig. 3), levemente plega-
dos, que afloran típicamente en el área del Patía. x.
Edad: Plioceno (?) (León eta al., 1973).
Formación Popayán.— Hubach-Alvarado (1934) agrupan con este nombre una se-
cuencia de hasta 500 m de espesor de aglomerados, tobas y piroclastos asociados (Fig.
3), provenientes de los focos volcánicos de la Cordillera Central; se encuentra amplia-
mente extendida en la hoya del Cauca-Patía.
394 395
Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental
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4
Cuadro general:
397
Padilla Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental
medio (?). El posterior ajuste isostático, elevó aún más la cordillera, remarcándose la
destrucción de la paleotopograf la. Se labraron geoformas características de un estado
de rejuvenecimiento morfológico, predominantes en la parte alta de la Cordillera Occi-
VANDER CORDILLERA CUENCA dental en la cuenca de los ríos Dagua-Calima-Riobravo-Anchicayá.
HAMMEN OCCIDENTAL CAUCA- PAT1A
1 1960 I 1 PADILLA (19n) Cretáceo Superior-Paleoceno.— Los hechos observados (Stutzer, 1926; Hubach-
14-*I
I. CUENCA ATRATO- SAN JUAN Alvarado, 1974; Nelson, 1957; otros) confirman la idea expuesta por Lloyd (1961, in:
tales específicas para un primer período de laterización (Keizer, 1954; Keizer, 1954) y
necesarias para la mezcla de faunas terrestres entre Centro y Suramérica (Nygren, 1950;
Bandy, 1968; Duque, 1971); se ratifica así el hiato regional Cretáceo superior-pre- Eoceno
medio (Fig. 3) establecido en el occidente colombiano (Duque, 1971).
I
TRUANDO l
Eoceno medio (?) - Oligoceno - Mioceno inferior.— Por esta época el mar invadió nue-
GRUPO
vamente la cuenca de Atrato-San Juan y avanzó aún hasta la del Cauca-Patía, conforman-
do cuencas someras y estables (Duque, 1971; I rving, 1971) sobre las que se desarrollaron
facies carbonatadas (Fig. 3), representadas, en el occidente, por la base del ciclo de El
I
1
Carmen (Duque, 1971) y en el oriente por las calizas de la formación Vijes (Hubach-
alvarado, 1934; Van der Hammen, 1958; Schwin, 1960); la sedimentación continuó con
amplios depósitos de arcillas y carbones, presentes en la parte media del ciclo de El Car-
men y buena parte del grupo del Cauca (Hubach-Alvarado, 1934; Orrego, 1975; Keizer,
1954; Padilla, 1978). La anterior sedimentación, en las cuencas laterales, se llevó a cabo,
sin duda, en un período de relativa estabilidad tectónica, durante el cual la Cordillera
Occidental, como área positiva siguió sometida a intensos procesos de erosión y posteior-
mente la meteorización, paulatinamente, conformó extensos y gruesos depósitos de late-
ritas en un paisaje topográficamente bajo y ondulado (Keizer, 1954).
El carácter posiblemente peneplanizado durante esta época, esta apoyado además en
la evidencia de que el aporte de material a la cuenca Cauca-Patía durante este lapso, pro-
venía de la Cordillera Occidental (León et al., 1973; Orrego, 1975; Padilla, 1978).
FIGURA N2 3
Mioceno inferior (?) a medio (?).— Rota la anterior estabilidad tectónica, debido a
movimientos que concuerdan con los inicios de la orogenia Andina (Irving, 1971), conco-
mitante con una intensa actividad magmática de tipo cuarzo-diorítico, generada en la
Padilla Geomorfología de posibles áreas peneplanizadas en la Cordillera Occidental
zona de subducción de Atrato-San Juan (Barrero, 1979), se propiciaron relieves que, unos 1.000 m deja ver secuencias lateríticas de unos 100 m de espesor. El continuo lava-
sometidos a gran erosión, favorecieron el rápido depósito de nuevos flujos turbidíticos, do de la cubierta concentró en placeres los minerales pesados como oro y platino, fuentes
presentes en el tope del ciclo de El Carmen (cf. grupo Pacífico, Van der Hammen, 1960; de ingresos de habitantes hacia la costa Pacífica; la destrucción de zonas de lateritas
grupo río Salado, Duque, 1971) y posiblemente en la parte alta del río Cauca (Fig. 3). baux íticas ferr iferas o niquel íferas continuó (Hall et al., 1972).
La continuación del magmatismo y de los movimientos tectónicos de la orogenia Andina,
causaron metamorfismo regional, acortamiento cortica] y por ende, el plegamiento y fa- 5. CONCLUSIONES
Ilamiento, generalmente de tipo normal, de la Cordillera Occidental (Barrero, 1979). La
posible penillanura que hasta este momento constituía una inmensa zona de relieve ondu- La evolución de la Cordillera Occidental presenta, como otros cincurones tectónicos
lado sobre rocas de diferente naturaleza, como lo son el grupo Dagua y el grupo Diabási- activos del mundo (Thornbury, 1965), un largo período de estabilidad durante el cual
co, fué desplazada relativamente, 1.000 o más metros a lo largo de la falla normal Dagua- extensas áreas fueron reducidas hasta un nivel de control próximo al nivel base.
Calima (Barrero, 1979), como puede observarse al sur y norte de la localidad del (hiere- La correlación estratigráfica en las cuencas Atrato-San Juan y Cauca-Patía presenta
mal y al norte del Darien. un marco sedimentario similar y posiblemente sincrónico, desarrollado sobre las cuen-
En las cuencas laterales la sedimentación había cesado, fenómeno manifiesto por la cas laterales de un arco de islas.
existencia del hiato regional Mioceno medio a superior (?) (Duque, 1971), consolidándose La erosión y meteorización redujeron y laterizaron paulatinamente la Cordillera
entonces áreas continentales (Keizer, 1954), en todo el Occidente Colombiano, que favo- Occidental, en el área de las cuencas de los ríos Dagua-Calima-Anchicayá-Riobravo, hasta
recieron la mezcla de faunas terrestres de Centro y Suramérica (Nygren, 1950; Bandy, una superficie bala y ondulada, posiblemente peneplanizada, durante el lapso de tiempo
1968; Duque, 19711. comprendido entre el Cretáceo superior-Paleoceno (?) y el Mioceno inferior (?).
Mioceno Superior -Plioceno.— Posteriormente a la orogenia Andina, las aguas marinas La peneplanicie fué desplazada a lo largo de la falla normal Dagua-Calima durante la
invadieron nuevamente las cuencas Atrato-San Juan y Cauca-Patía, conformando zonas orogenia Andina, facilitando la conservación de extensas regiones planas laterizadas posi-
pantanosas y de aguas salobres, dándose así comienzo a un período de sedimentación blemente peneplanizadas.
(Fig. 3) representada por facies de carbonatos en el ciclo de Tubará (cf. Formación Naya, El rejuvenecimiento post-orogenia Andina fijó un nuevo nivel base de erosión, mer-
Van der Hammen, 1960) y en la formación Esmita, la cual posee desarrollos calcáreos ced al cual las corrientes fluviales han constru ído valles angostos, profundos con sección
(León er al., 1973). en "V" muy acusada y con tributarios en cascada, meandros encajonados, saltos ("nick-
Durante este aparente período de relativa estabilidad tectónica (Duque, 1971), la point") y capturas.
cordillera ya solevantada fué sometida a un rejuvenecimiento morfológico debido al esta- El río Calima drenaba, posiblemente hasta el Plioceno, a la cuenca del río Cauca.
blecimiento de un nuevo nivel base de erosión; las corrientes continuaron la destrucción Su curso fué desviado posiblemente durante el Pleistoceno, por captura, hacia el Océano
de las antiguas áreas posiblemente peneplanizadas, labrando valles que profundizándose Pacífico.
paulatinamente, acortaban los límites intercuencas. Partes extensas de la paleo-penilla- El lavado y redeposición de la cubierta meteorizada de la antigua paleomorfología,
nura, que cobijan la actual zona de cuencas Dagua-Calima, al quedar tectónicamente ubi- ha permitido la concentración de minerales pesados como el oro y platino, especialmen-
cados en un bloque fallado "hundido", se vieron resguardadas y por ende mejor conserva- te hacia el océano Pacífico.
das. Es muy probable que a lo largo de la Cordillera Occidental se encuentren zonas de
Pleistoceno.— En la cuenca Cauca-Patía se depositaron enormes cantidades de pro- historia geomorfológica similar a la aquí brevemente presentada, y su exploración
ductos volcánicos, expelidos de focos sobre la Cordillera Central, representados por las demuestre la existencia de placeres de minerales pesados o de lateritas bauxíticas o ferro-
formaciones Galeón y Popayán (Fig. 3). Al tiempo la posible penillanura sobre la Cordi- niquel íferas como las de Morro Pelón y Ure en Antioquia.
llera Occidental efa destruída, especialmente en las partes altas de las cuencas de los ríos
Anchicayá y Riobravo, creando geoformas rejuvenecidas con valles angostos, profundos,
empinados, con tributarios en cascada y sección en "V" muy acusada, cursos con mean- 6. REFERENCIAS
400 401
Padilla
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Hubach, E., 1957 — Contribución a las Unidades Estratigráficas de Colombia. Inst. Geol. Nal. Int No. SOILS DEVELOPED ON A SEQUENCE OF ALLUVIUM-MUDFLOW
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W.D. Page*
Keizer, J., 1954 — Geología del flanco oriental de la Cordillera Occidental en la Región de San Anto-
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Keizer, J., 1954 — Estudios Geológicos en la Región Carbonífera de Jamundi, entre los ríos Guachin-
RESUMEN
te y Jordán. Inst. Geol. Nal. inf. No. 1064.
León, L.A., Padilla, L.E., Marulanda O., N., 1973 — Geología Recursos Minerales y Geoquímica de
Materiales aluviales y flujos de lodo se presentan bajo la forma de abanicos o restos de los mis-
la parte N.E. del Cuadrángulo 0-5, el Bordo, Departamento del Cauca. Ingeominas inf. No. 1652.
mos, cerca de Santa Fé de Antioquia, especialmente en la confluencia del rio Tonusco con el rio
Nelson, H.W., 1962 — Contribución al conocimiento de la Cordillera Occidental, sección carretera
Cauca.
Cali-Buenaventura. Int Geol. vol. X No. 1-3. pp. 81-108.
Las terrazas más jóvenes del rio Tonusco, antes relacionadas con inclinación tectónica y falla
Nygren, W.E., 1950 — The Bolivar Geosyncline of Northwestern South America. Assoc. Petrol. Geol.
miento, serían más bien el resultado de la acumulación en tres lagos originados por deslizamientos,
Bull., vol. 34. No. 10.
como las terrazas del rio Cauca (Olaya, San Niclás y Obregón). A mayores altitudes se presentan
Orrego L., A., 1975 — Geología y Ocurrencias minerales de la parte oeste del Cudrángulo N-6, Popa-
los tres abanicos aluviales de Santa Fé, relativamente bien conservados y, más arriba aún, el material
yán. Ingeominas inf. No. 1690. de por lo menos otros dos abanicos, en las cimas de colinas y lomas, especialmente en la zona Juan
Padilla, L.E., 1978 — Carácter Cíclico del Terciario Hullero del Valle y Cauca. Memorias del II Con-
Blanco.
greso Col. de Geol., Bogotá D.E. Se describen las características topográficas, sedimentológicas y pedológicas correspondientes a
Sawckins, F.J., Chase, C.G., Darby, D.G., Jr., 1974 — The Evolving Earth. Macmillan Publishing Co. cada uno de estos depósitos. La edad del depósito de San Nicolás es de 1.500 años y la del depósito de
Inc., N.Y. Obregón de 3.100 años BP, según fechas 14C.
Scwin, W., 1969 — Guide Book of the Valle del Cauca Basin Colombian Soc. of Petrol. Geol. and Para las otras acumulaciones se propone las siguientes edades: 100.000 años para el abanico infe-
Geoph., Tenth Field Trip. rior de Santa Fé, 150.000 a 200.000 para el medio, 300.000 para el superior y unos 700.000 para el
Stutzer, 0., 1926 — Acerca de la geología de la Cordillera Occidental entre Cali y Buenaventura. de Loma Blanco. Tales estimaciones se basan en la altitud relativa y posición respectiva, grados de
Comp. Est. Geol. Ofic. de Col. Tomo II. desarrollo de los suelos y mediciones paleomagnéticas.
Thornburry, W., 1965 — Principies of Geomorphology. John Wiley and Sons Inc. N.Y. Actualmente, la región de Santa Fé posee un clima tropical cálido y seco, con dos estaciones secas
Van der Hammen, Th. 1958 — Estratigraf la del Terciario y Maestrichtiano Continentales y Tectogéne- y dos lluviosas, de unos 3 meses cada una. Las precipitaciones anuales alcanzan un total de 900 mm
sis de los Andes Colombianos. Boletín Geológico vol. VI No. 1-3. aproximadamente, los cuales caen en forma tanto de lluvias penetrantes poco intensas, como de agua-
ceros cortos y violentos. La temperatura en Santa Fé es de 27°C. La vegetación es xeromórfica: mato-
rrales, hierbas y cuctus, con bosques de galería. Los suelos de los depósitos inferior, medio y superior
de Santa Fé presentan indicios de haberse desarrollado en condiciones de precipitaciones más eleva-
das: colores rojos, horizonte 8 grueso, costras ferro-manganésicas en superficie y formación de un
saprolito muy elaborado. Por otro lado, los suelos holocénicos de las terrazas-abanicos de San Nicolás
y Obregón son poco evolucionados, así como es de esperarse de los suelos formados bajo las condi-
ciones climáticas presentes. La secuencia de suelos fue estudiada como una base de correlación entre
los suelos delos abanicos de Tonusco y los que se formaron sobre otros depósitos aluviales cerca de
Santa Fé. Los resultados demostraron su utilidad para tal propósito y permitieron estimar las edades
de estos otros depósitos aluviales.
ABSTRACT
Numerous alluvium-mudflow fans and fan remnants are found adjacent to the Río Cauca near
Santa Fé de Antioquía. Particularly clear are the deposits at the mouth of the Río Tonusco because
topographic relationships and numerous exposures. These deposits were studied as part of the seismic
hazard investigation for the proposed Cañafisto dam done for the Interconexión Eléctrica (ISA).
Alluvial fans and terrace fans ranging from Holocene to middle Pleistocene flank the lowest
6 km-segment of the R io Tonusco. The youngest Tonusco terraces are nearly horizontal. The shallow
slopes on the terraces previously attributed to tectonic tilting and faulting (Vergara, 1976) are, we
believe, caused by deposition into three landslide-caused lakes (Page and Mattson, 1980), since the
su rfaces of these terrace fans are coincident with the three prominent lake terraces of the Río Cauca:
the Olaya, San Nicolás, and Obregón terraces. Higher than these terrace fans are three alluvial fans that
retain some original topographic form: the lower, ~die, and upper Santa Fé fans. Higher than the
Santa Fé fans are two or more alluvial fan deposita that stand in reversed topography, capping bilis
and ridges; the most prominent of these is the Loma Juan Blanco deposit.
Woodward Clude Consultants, 3 Embarcadero Center. San Francisco, California 94111 - U.S.A.
403
Paye
Soil developed on a sequence of alluvium-mudflow deposita
San Nicolás Terrece Fan - The most extensive terrace fan of the Rio Tonusco forms a fíat,
lmplications - At present Santa Fé has a warm, dry, tropical climate marked by two dry seasons
undissected surface 1/2 to 1 km Wide. Near the Tonusco bridge it is 16 m aboye the Tonusco and
and two rainy seasons. each is about 3 months long. The total yearly rainfall is approximately 900
consists of loose, rounded grave) in a sandy matrix and, in its upper part, thin interbeds of silt. The
mm. The ralo comes both as gen tle soaking ralos and as short down pou rs. The temperature at Santa
soil on this terrace deposit has weak development. The B-horizon Ion silt parent material) is 35 cm
Fé is 27°C. The present vegetation is xeric. brush, yrass and cactus with trees along the water courses.
thick, dark yellowish brown, and has few, very thin clay skins. The C horizon Ion grave) parent
The soils on the lower, iniddle and upper Santa Fe deposrts have characterisecs of naving formeo
material) has 10 percent grave) clasts that are iron stained.
under higher rental!: red coiors. thick B horizon,lron-manganese hardpan at the surface, and extreme
saprolite weathering. In addi Toon the soils developed on the Holocene San Nicolás and Obregón terrace
Obregón Terrace Fan - A dissected terrace tan of the Río Tonusco projects to the Obregón
fans are weakly developed, as would be expected to forro under present chmate conditions.
terrace about 50 m aboye the RAD Cauca. The deposits were not exposed, but equivalent deposits on
quebrada silts and gravels 1.5 km northwest of the Santa Fé airport have a moderately weak soil The soil sequence was investigated as a correlation tool for companng sods developed on the
development. The B horizon Ion silt parent material) is 75 cm thick, very dark grayish brown to Tonusco fans with sois on other alluvial deposits near Santa Fé. They proved usefu I in (tus purpose
dark yellowish brown, and has few thin clay films. The C horizon is developed on grave), and iron and allowed estimating the ages of those other alluvial deposits.
oxide stains the clasts in the deposit the quartzdiorite and greenstone clasts have weathering rinds as
thick as T mm. Approximately 5 percent 01 the clasts are easily picked apart.
Lower Santa Fé Fan - The center of Santa Fé is built on an alluvial fan that is approximately
35 m aboye the Río Tonusco. The fan retains much of the original surface sloping 3 to 4 degrees
to the southeast. The deposit consists of more than 10 m of coarse cobble grave) in a sandy matrix and
local interbeds of sands up to 1 m thick. The soil on the deposit las exposed in a road cut 50 m
southeast of the Santa Fé cementery) is well developed. The B horizon is 3 m thick, dar, red to
yellowish red, and has thick, continuous clay films. The grave) clasts in the upper part of the C
horizon are highly weathered; 80 to 90 percent are easily picked apart and have descomposed to the
silt and clay of a saprolite.
Middle Santa Fé Fan - The higher, northeast part of Santa Fé is built on an alluvial fan that is
approximately 75 m aboye the Río Tonusco. The fan has been estensively eroded, but the remaining
part of the original surface is flat sloping 3 degrees to the east, with shallow troughs as deep as 1 m.
The deposit, more than 30 m thick, consists of a cobble grave) in a sandy matrix, and has been highly
weathered. The soil on this deposit exposed on the north side of Santa Fé along the trail to Olaya is
very highly developed. The B horizon is 2 to 3 m thick, brown to pale yellow, and has very thick,
continuous clay films. In the upper part of the C horizon, all but the siliceous grave) clasts are
weathered to saprolite. A doscontinuous iron-manganese hard pan occurs on the surface.
Upper Santa Fé Fan - Approximately 2 km northeast of Santa Fé are remnants of an alluvial fan
that is approximately 100 m aboye the Río Tonusco. The fan has been severely eroded and only
narrow remnants having fíat surfaces occur along some ridge tops. These surfaces sope 3 degrees to
the east. the deposit consists of approximately 20 cm of cobble gravel in a sandy matrix and has been
intensely weathered. The soil on this deposit (exposed in a stream cut 1 km east of Santa Fé) is
extremely developed. The clay B horizon is 5 m thick, yellowish red to pale yellow and dark red, and
has very thick, continuous and extensive clay skins. In the upper part of the C horizon, 95 percent of
the clasts are weathered to saprolite; this extensive weathering is continuous to a depth of 15 m where
the degree of weathering begins to decrease. A discontinuous iron-manganese hardpan and nodules
are found at the surface.
This fan deposit overlies approximately 25 m of interfinger alluvial grave) channel deposits of the
ancient Río Cauca, mudflow deposits, and a white, bedded, volcanic ash. The ash deposit, and a silt
bed within the alluvial gravels have normal paleomagnetic direction, indicating that these deposits
are younger than 690,000 years.
Loma Juan Blanco Fan - Two km southwest of Santa Fé a remnant of a mudflow fan caps the
ridge, Loma Juan Blanco. This fan deposit is approximately 300 m aboye the Río Tonusco and,
though standing in reversed topography, the eroded top has an accordance that dips approximately
3 degrees to the southeast. The soil on this deposit was not exposed.
Ages of the deposita - The ages of the San Nicolás deposit is 1.500 years and the Obregón
deposit 3.100 yrs B.P. based on radiocarbon dates. Estimated ages for the other deposits are as
follows: the lower Santa Fé fan about 100.000 yrs; the middle Santa Fé fan 150.000 to 200.000 yrs;
the upper Santa Fé fan about 300.000 yrs;and the Loma Blanco fan about 700.000 yrs. These esti-
mates are basad on the position of the deposit aboye the river, relative position to each other, relative
soil development, and paleomagnetic measurements.
REVISTA CIAF VOL. 6 11-3), 407 - 419 119811 — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
W. D. Page*, K. M. Cline*
RESUMEN
Con el fin de evaluar adecuadamente el riesgo sísmico en una zona particular, es necesario evaluar
el grado de actividad de fallas en dicha región. En el noroeste de Colombia, zona tropical montañosa,
las tasas de erosión son altas, los deslizamientos comunes, la selva cubre parte de la región y los depó-
sitos útiles del Cuaternario son escasos. Bajo estas condiciones, la evaluación del grado de actividad de
una falla debe hacerse cuidadosamente ya que el proceso que degrada el relieve en los trópicos produce
características diferentes a las que se encuentran en las zonas templadas. La erosión puede destruir las
características geomorfológicas que ocasionan las fallas o, mediante erosión diferencial generar a lo
largo de anchas zonas de cizallamiento rasgos causados por fallas tales como colinas aisladas, corrientes
desplazadas y largos lineamientos. Los deslizamientos, que comunmente ocurren a lo largo de rocas
meteorizadas de una zona de fallas, ocultan la falla y producen escarpas, superficies rayadas por ciza-
Ilamiento, brechas, y otras características producidas por fallas. Pese a que no son muy extensos, los
depósitos de flujo de lodo o aluviales, los abanicos y las terrazas aluviales se prestan para evaluar el
fallamiento Cuaternario proporcionando relaciones estratigráficas en los lugares donde se superponen a
una falla. En estos depósitos se pueden ver escarpes de falla, si dichos escarpes son tales que no se pres-
ten a ser confundidos con los escarpes causados por erosión de corrientes. Se reconocen con más facili-
dad dos tipos de escarpes: escarpes de fallas evidentes cuando interceptan corrientes y se levantan en
la parte aguas abajo, y escarpes de colinas que se levantan al lado del valle. También son útiles en la
evaluación de fallas la erosión por desplazamiento o las superficies de deposición; sin embargo, si los
mapas existentes no son de la escala adecuada, es necesario hacer estudios topográficos de nivel a tra-
vés de la falla en la superficie de erosión.
ABSTRACT
In order to properly assess the seismic hazard in a particular area, the degree of activity of faults
in the region needs to be evaluated. In tropical, mountainous northwest Colombia erosion rates are
high, landslides are common, jungle covers part of the area, and useful Quaternary deposits are few.
Under these conditions evaluating the degree of activity of a fault must be done carefully because the
processes that degrade the landscape in the tropics produce features different from those found in
temperate zones. Erosion can either destroy the fault-caused geomorphic features or through differen-
tial erosion along wide shear zones can create features similar to fault causad shutter ridges, offset
streams and long lineaments. The landslides, which commonly occur along the weathered rocks of a
fault zone, obscure the fault and produce scarps, slickensides, breccia, and other features similar to
fault causad features. Although not extensive, alluvial-mud flow fill, fans, and alluvial terraces are
useful in evaluating Quaternary faultin, by providing stratigraphic relationships where they overlie a
fault. Fault scarps in these deposits can be evident, if the scarps are such that they are not confused
with the scarps caused by stream erosion. Two types of scarps are most readily recognized: fault scarps
are evident when they occur transversa to streams on the clown stream sida and hillside scarps that are
up on the valley sida. Displaced erosion or depositional surfaces are also useful in fault evaluation; if
however, the existing maps are not of the proper scale, a level survey needs to be made across the fault
on the erosion surface.
• Woodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center, San Francisco, California 94111 (U.S.A.)
407
Paga & Cline Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
INTRODUCTION
RECOGNITION OF FAULTS
—J
Before the degree of fault activity can be established through application of Quater-
U- nary geologic techniques, the bedrock geology, type of fault, location, width, tength, and
a so forth should be known. This preliminary information localizes where to investigate
>O 1
uj i 1 ..... IL the fault in more detall and where stratigraphic relationships and geomorphic features
i-- Ua
< a 9114100r O
... ct
.. ......._.. .. ri 91H 11 can be asessed to determine the degree of activity.
‘ —9.. 2 11 w
,
.............
HelH ,11.1,5/91111X_-:
w The Quaternary stratigraphy and geomorphology of northwest Colombia, as distinct
a •4 <
7 z _ La.7
w from that of temperate zones, presents the Quaternary geologist with special challenges.
0 .rx rt -
I0
o kt.1 a
-2 0 IN30430V1dSla First, although dramatic fault-related geomorphic features are sometimes evident the area
2 a cc w is covered in part by thick jungle and forest which masks the more subtle geomorphic
tal SI C1
features and Quaternary deposits (Fig. 2). Second, much of the area has very steep slopes
and consequently very high erosion rates; this erosion rapidly destroys geomorphic
features of active faults. Third, high weathering rates increases erosion rates and tend
to obscure fault features in weathered Quaternary deposits. Fourth, because active
faults commonly are superimposed on older, shear zones (Sykes, 1978), rapid differential
erosion along these shear zones not only removes active fault features, but also creates
long prominent lineaments that mask more subtle features (Fig. 3). Fifth, the most
409
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
Page & Cline
common Quaternary deposits in this region are landslides that are not useful for evalua-
ting faults because they can cover active fault features and produce features such as
breccia zones and slickensides which are similar to features made by active faults. Sixth,
the useful Quaternary deposits, particularly alluvial terraces and alluvial-mudflow fills,
are restricted in distribution to small areas and may not overlie faults. And seventh,
relatively few of the Quaternary deposits in northwest Colombia have been studied or
dated, limiting the data available.
The most reliable evidente in determining degree of fault activity is stratigraphic:
fault displacements can be verified by exposing stratigraphic units that overlie a fault
zone (Fig. 4). This can be done by cleaning existing outcrops or by excavating trenches in
the deposits over the fault zone, a technique commonly used in temperate zones. The
amount of displacement is measured, the age of the deposit estimated, and the average
rete of displacement calculated. The two typesof deposits in northwest Colombia which
have proven useful for this are alluvial-mudflow deposits (Page and James, 1980) and
alluvial terraces, particularly where the deposits have thin interbeds of siltstone. These
deposits are not reliable when they are thick, gravelly deposits because the faults can be
dispersed between the gravel clasts (Fig. 5), or the faulting is spread over a wide zone with
no visible shearing. The surface of these deposits may be useful in locating faults by
Figure 2 — Mutata fault in jungle (near Dabeibal. The prominent lineaments are mostly caused
showing an anomalous break in slope or a flexure. by erosion. In this area evidente of fault activity on this moderately active fault is obscured by
The clearest examples of active faulting are fault scarps in alluvial terraces or alluvial- jungle and rapid erosion retes.
mudflow deposits. Helicopter reconnaissance and analysis of low-sun-angle air-photo are
particularly useful in locating these features. Two types of fault scarps are readily recog-
nized. The first, is on a hillside where the scarp parallels the val ley and where the displace-
ment is valley-side up making a side-hill saddle (Fig. 6). The second, is a scarp that crosses
a valley where the displacement of alluvial deposits in the valley is up-on-the downstream
part (Fig. 7, 8, and 9). Other scarps are harder to recognize because they can be confused
with erosional scarps. Fault scarps on hillsides with the valley side down create
oversteepened slopes that promote landsliding that obscures the scarp; reverse faults
commonly have this topography. Similar scarps on oversteepened slopes can be caused by
erosion into the slopes by streams or landslides. Scarps that cross a valley, down-on-the-
valley side, or scarps that traverse along the valley can be confused with. ordinary erosio-
nal scarps along terraces; some however are easily recognized (Fig.10 and 11). Terrace
deposits that do no show anomalies have not had displacements since the formation of
the terrace (Fig. 12); very small displacements might not be evident, however. Field
mapping and trenching are generally required to evaluate the type of faulting, once
possible fault scarps have been located.
Another feature used to recognize active faults are displaced erosion or depositional
surfaces when viewed parallel to the fault. (Fig. 13). This is generally done from a
helicopter and from profiles made from topographic maps or from level surveys. The
rate of faulting can be calculated using the displaced erosion surfaces because the displa-
cement can be measured and the age of the erosion surface estimated.
Other geomorphic features, although less useful than the previously described
features because faulting retes generally cannot be determined from them, can be used to
locate active faults. These features are commonly associated with lateral faulting. In areas
where faulting retes exceed erosion retes, such geomorphic features include shutter
ridges, side-hill saddles (Fig. 6), sagponds (Fig. 10), low ridge-crest saddles, offset ridges,
Figure 3 — Peque fault (near Peque). The prominent
and offset streams (Fig. 7). Where faulting rates are less than erosion retes, comparisons lineament that goes from the lower right through the
of possible faulting must be made with erosional features in nearby areas. Features similar upper center of the photo is almost completely caused
to those caused by active faulting could have been caused by a number of different by differential erosion along an older shear zone (the
Dolores hear zone) in which this, low activity fault is
mechanisms: by differential erosion along old, easily eroded fault zones (Fig. 3); by
located.
landslides which can simulate fault-caused sagponds and side hill saddles; by stream
411
410
Page & Cline Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
Figure 7 — Offset stream and displaced alluvial-mudflow fill along the Abriaqui fault. The
Figure 5 — Cauca West fault in the Anza Member of Combia Formation (near Anza). The fault alluvial mudflow to the left of the fault is approximately 4 m higher than the one on the right.
shears that pass below and to left of the pick are difficult to locate in this coarse gravely deposit. The low ridge in the middleground that borders the valley also has displaced alluvial-mudflow
deposits on its crest.
412 413
Page & Cline Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
Figure 8 — Displaced alluvial-mudflow fans along the Aurra fault (near San Jeronimo). The fault scarp
follows the zone of trees in the middle of the photo. Note the fan is higher to the left of the trees than
to the right. In the middleground the Sopetran fans show a similar displacement toward the right side
of the photo. This is along the same fault. Figure 10 — Fault scarp in alluvial fill along the Urrao fault (near Urrao). This scarp, which crosses
the ridge in the middle foreground, is displaced to its down valley side, but is not confused with an
erosional scarp here because there is a sag pond and it trends perpendicular to the valley.
Figure 9 — Displaced alluvial-mudflow terrace along the Cauca West fault (neer Quebrada La Noque
Figure 11 — Sag pond and fault scarp on alluvial fill (near Urrao). Close-up photo of Figure 10.
near Santa Fe de Antioquia). The ridge (actually a terrace remnant) in the foreground shows a displa-
cement of several meters near its right side. The fault passes through the center of the hill top in the
distance and displaces alluvial fan remnants there as well.
414 415
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
EXPLANATIONS
Barbosa
Geologie units: •
Caracol;
Alejandría •
Guaternary ()al Recsnt diluviara.
Guatape
Cretaceous Late Cvetaceous, Intrusive quartx diorlte; Antioquion bathollth. Morindlo •an Carlos
Rion•grój
•
Santuario A
F•ld•spothle alininou* anales.
Son Luis Sotl'°2:■
.°
•
Ouortzite with biotite and sericite. y
La Unión
Polaoroic • ..-/1,
Pee Cluart: sericite *chiste with chlorite and amanita.
Pto Triun
Marble. Me:apotornio
Geomorphic units:
Symbols
Fault
Contact 50 t9D 70 90 90 100 km.
E ration *Mace levet
SCALE
West Eaet
- 1200n,
BOO
e —
-- - 3- —
•00
Oal
. •
Pnf • 'Fria Pm Paf \k Pnf Paf Paf Prid
So Lel
en
-400
Jetudo wat fault.
\-Cocorna Sur fault. \--Palestina watt feult. Palestino wat fault.
2915 25 20 15 i0 5
DISPLACED EROSION SURFACE OVER PALESTINA FALILT SYSTEM (Near San Carlos) Figura 13
417
Recognition of active faults in tropical, montainous Northwest Colombia
piracy which can cause stream patterns to appear similar to offset streams.
In addition, where erosion rates are high prominent fault caused features in one area
(Fig. 7) can be observed or destroyed in nearby areas leaving only a I ineament (Fig. 14)
with no distinctive evidence of Quaternary faulting.
CONCLUSIONS
Active faults are generally not easily recognized in mountainous tropical regions
where erosion rates are high. This is particularly true for faults with low to moderate
activity. Careful analysis of geomorphic features and Quaternary deposits is required
before assessing the degree of activity of a fault suspect of Quaternary activity.
ACKNOWLEDGEMENTS
We wish to thank the other geologists who worked with us in Colombia particularly
Alberto Arias, Lloyd Cluff, Dan Collins, Mary Gillam and Mike James. 'd'Ye also thank
Interconex ion Eléctrica S.A. (ISA) and Integral for their cooperation in allowing the data
used in this paper to be published.
REFERENCES
Cluff, L.F., 1978 — Geologic considerations on seismic microzonation. Proc. 2nd Int. Conf, on Micro-
zonation, Safer Construction-Research and Application, San Francisco, vol. I, p. 135-152
Page, W.D. & M.E. James, 1980 — Landslides and mudflows, mejor contributors to the landscape in
northwest Colombia. I Sem. Cuat. Col., Bogotá.
Sykes, L.R., 1978 — Intraplate seimicity, reactivation of preexisting iones of weakness, alkaline
magmatism and other tectonism postdating continent fragmentation. Rev. Geoph. and Space
Phys., vol. 16 (4) p. 621-688.
419
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 421 -454 (1981) — CIAF, BOGOTA. COLOMBIA
RESUMEN
ABSTRACT
Near Medellín the Cordillera Central takes the form of highlands with relatively minor relief as
compared to the adjacent deep canyons along the Río Magdalena and Río Cauca. These highlands are
a relict landscape that formed at lower elevations and were uplifted to their present position. Two
erosion surfaces, the Cordillera Central and the Río Negro, are prominent in the highlands. The
su rfaces are believed to be Miocene and Pliocene in age. They are dated two ways: 1) through proba-
ble correlation to the Magdalena Valley where these surfaces are buried by sediments of the Honda
and the Mesa formations, and 2) through paleomagnetic analysis of terraces and alluvial deposits on
the highlands. Most of the highland deposits are older than 730,000 years; in the Río Negro area,
where eitht terraces are present, the paleomagnetic data indicates that the oldest terrace is at least
2.5 and is possibly more than 5 mill ion years old.
Assuming that the paleomagnetic analysis is correct, denudation rates on the highlands since
the middle Miocene are similar to those since the early Pliocene, 0.01 to 0.04 mm/yr. Terrace su rfaces
• Woodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center - San Francisco, Calif. 94111 (U.S.A.)
'• Integral Ltda. - Apartado Aéreo 3036 - Medellín, Colombia
421
Page & James ntiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
have much lower denudation rates, 0.004 to 0.007 mm/yr. The five volcanic ashes which cover tne
highlands are 11,000 to 25,000 years old. They are relatively uneroded, conf irming that the low
denudation retes continued through the Holocene. These low rates probably resulted both from a
complete and thick vegetation cover that was nourished by the relatively high rainfall (1500 to 2800
2
mm/yr), and from Jack of vertical incision by streams.
The shape of the erosion su rfaces across the Cordillera Central provides a measure of the tectonic
deformation during the orogenies that uplifted the Andes. First, the Miocene uplift was relatively
small when compared to the Pliocene-Quaternary uplift. In a north-south direction from Sonson to
Cu iva the erosion surface shows that uplift was nearly horizontal; in an east-west direction, the surface
ra O
11.
indicates that the uplift tilted the east side of the Cordillera eastward, but kept the central part of the
range nearly horizontal. Faulting associated with the uplift was restricted to relatively small displace-
ments along older fault zones. These were primarily the Palestina-Jetudo fault system on the east tL
side of the range and the Romeral-Cauca fault system on the west side of the range.
4 O3
INTRODUCT ION
Near Medellín the Cordillera Central, or middle range, of the northern Andes moun-
tains is a plateau, or highlands (Figure 1). The low relief on the highlands is a relict
landscape, preserved because of low erosion rates after late Cenozoic uplift. We assessed
the age of the two prominent erosion surfaces by correlating them to deposits on the
west side of the Magdalena Valley. The terrace deposits in the highlands were dated
through paleomagnetic analysis. The antiquity of the erosion surfaces and the terraces
(Miocene to late Quaternary) implies unexpectedly low erosion rates in this tropical,
mountainous part of Colombia. The features also record the tectonic uplift, warping and
faulting that occurred suring the formation of the Cordillera Central.
Previous studies of the Quaternary of the highlands include Durango (1975) and
Hermelin (1978 and 1980) who defined the basic geomorphic setting in Río Negro area
and López (1973) who studied the clay deposits in the adjacent La Unión basin.
Schlemon (1970) analyzed the landslides east of Medellín in the Aburra Valley and
Camilo Rojas of SUMICOL (oral communication, 1980) studied the clay deposits of the
Llano de Ovejas. Page (1980) presented the results from the early part of this study as a
field guide trip book. W.D. Page, K.M. Cline, A. Arias, M. Guillam, M. James, and D.
loso °
Collins (of Woodward-Clyde and Integral, Ltda.) mapped Quaternary deposits in areas
adjacent to the highlands: the Río Cauca area wast of Medellín and the San Carlos area
east of Medellín (Woodward-Clyde Consultants, 1979, 1980a, 1980b). In the Cordillera
Oriental, palynological data from the late Cenozoic deposits at the Sabana de Bogotá
provide background data on the tectonic uplift of the Cordillera Oriental and climatic
change in this part of the tropics during the last few mill ion years (see for example; van
der Hammen and others, 1973, and 1980).
We studied the geomorphology of the highlands through aerial reconnaissance and
examination of late Cenozoic deposits in road cuts, stream banks and quarries. We corre-
lated deposits using the regional setting, height aboye the river, and degree of weathering
4
E X PL AN ATIO N:
(color, intensity of oxidation, clay formation, and gravel clast hardness). General topo-
o
graphic maps from the Instituto Geografico Agustín Codazzi (1:100,000 and 1:25,000) r-
o
and the topographic map along the Medellín - Bogotá Highway in the Río Negro area o
(1:10,000) aided in making cross sections. Two dating methods were usad. Six wood o
u
and charcoal samples were analyzed for radiocarbon at Geochron in Massachussetts. One
hundred and nineteen samples of silt, clay, and magnetite-bearing sand were analyzed
14.4
for paleomagnetism at the Woodward-Clyde laboratory in California. Excluding the
laboratory analysis, approximately 14 man-weeks were spent in the study, primarily in
the Río Negro and La Unión basins, during the period from April, 1979, through October
1980.
422 423
75^ 74°F
76°E
8°N
C OL OMBIA
7° N
60
0
beim1 I •
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o 4
ce
EXPL ANAT ION:
o
o
Cordillera Central
Lr highlands
o
c.)
Cross Section
3
1 : (Piafes 1 and 2)
A
The Cordillera Central north and south of Medellín consists of mountainous high-
lands, or plateaus, that range in elevation between 2000 and 3000 m. The highlands
extend from near Sonson on the south to Yarumal and Santa Rita de Ituango on the
north covering approximately 11,000 square kilometers in area (Figure 1). The highlands
contain shallow valleys and wide basins. The relief is generally between 200 and 400 m;
locally the relief exceeds 500 m where the highlands have been deeply dissected as in the
Aburra Valley at Medellín. The perimeters of the highlands are generally marked by
steep slopes along the headwaters of streams tributary to the Río Cauca and the Río
Magdalena.
The climate of the highlands is cool, humid, and tropical. The mean annual tempera-
ture varíes with the altitude, ranging between 14 and 20 degrees C: the cooler tempera-
tures are at the higher elevations (3000 m). The rainfall is 1500 to 2800 mm per year and
occurs throughout the year; there is a marked dry season between January and March,
and a lesser dry season between July and October.
The vegetation of most of the relatively fíat areas and some of the slopes in the
highlands is cultivated crops (corn, vegetables) or grazing land. These areas have been
converted from Andean forest in the past few hundred years by cutting and burning. The
steeper slopes remain covered with patches of original and second-growth forest.
Approximately two thirds of the area is underlain by granitic bedrock and one third
by medium-grade metamorphic rocks. The metamorphic rocks are typically amphibolite,
gneiss, graphitic schist and greenschist, all Paleozoic in age. Locally serpentinite and
meta-diorite occur. Intruding these are middle to late Cretaceous granodiorite of the
Antioquenian batholith and other, smaller, granitic intrusions.
The Cordillera Central has had three major uplifts since the Cretaceous (see for
example, van der Hammen, 1975; González, 1978). Uplift of the ancestral cordillera in
the late Cretaceous was accompanied by intrusion of the Antioquenian batholith. After
extensive erosion reduced these mountains to a low plain, uplift in the Miocene raised
the proto-cordillera. After another period of erosion, uplift in the Pliocene and Quater-
nary formed the present mountains. Volcanism that accompanied these uplifts generally
was restricted to the mountains south of the highlands. Extensive volcanic deposits from
this volcanism in the Cauca and Magdalena Valleys are interstratified with non-volcanic
Tertiary sediments; these deposits have been useful in the dating of the repeated uplift-
erosion cycles.
One small area northeast of Belmira is the only example of Pleistocene glaciation in
the Cordillera Central highlands (Alberto Arias 1980, oral communication). This is in
contrast to the Cordillera Oriental, which was heavily glaciated (see for example, van der
Hammen and others, 1973 and 1980; Brunnschweiler, 1980), and the Cordillera Occi-
dental, which had some local glaciation, as in the Páramo Frontino (Zuluaga and Matts-
son, 1980). The elevation of the mountains of the Cordillera Central remained generally
below the limit of Pleistocene glaciers at this latitude. We can assume, however, that
during glacial periods, the upper parts of the highlands were colder and subjected to peri-
glacial processes, since the climatic and vegetation zones in the Andes at this latitude
were lower during glacial times; in addition during the Pleistocene the highlands probably
underwent periods both wetter and dryer than at present (van der Hammen and others,
1973 and 1980).
Much of the relief on the highlands is controlled by rock type. The metamorphic
425
Page & James tiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita
rocks in the region are more resistant to erosion than the granitic rocks, so they weather
more slowly and degrade into larger blocks; the granitic rocks break down into sand-size
"grus" that is easily transported by streams. As a result, the hills are commonly under-
lain by metamorphic rocks. Where the amount of dissection has been low, shallow basins
and wide valleys with terrace deposits are characteristic. Where the dissection has been
deep, steep sided, V-shaped valleys and canyons are typical; numerous landslides and
mudflows are found on the sides of these canyons. Weathering of all rocks has been
intense, producing deep saprolite.
Erosion Surfaces
In the northern part of the Cordillera Central three erosion surfaces and two erosion
stages are found (Plates 1 and 2). (An erosion stage is an incomplete development of an
erosion surface.) The oldest erosion surface is the pre-Cordillera Central surface, into
which is cut the most extensive, the Cordillera Central erosion surface. The youngest is Santo Rosa termos dsposd
the Río Negro erosion surface. A third stage of erosion is evident on the eastern front A'
of the Cordillera and in the deeper canyons. Present base level, to which the major
drainages have partly cut, is the fourth erosion stage. NORTH
Pre-Cordillera Central Erosion Surface (Pre-S-I ) — Remnants of the highest erosion
• .1 • o
surface in the Medellín area occur as very small, fíat areas on top of the highest moun-
Elevabon Red ond pallad grondoc sasraide
tains in the highlands. These fíat areas stand a few hundred meters aboye the Cordillera
Central erosion surface (Plates 1 and 2). In a few places, such as east of Belmira and in the
3 00041
Llanos de Cuiva, the Cordillera Central erosion surface cuts into the slopes below the ,§
higher, Pre-S-I surface. The Pre-S-I surface probably formed in the early Tertiary.
2 000
1
2 600 • •
Cordillera Central Erosion Surface (S-I) — Remnants of the ancient Cordillera Central
2 400
erosion surface occur as flat-topped hills and mountains near Medellin, as for example,
2 200
the Morro la Tablazona. These form a prominent accordance of mountain tops and flat-
topped ridges when viewed from the same level as the surface (Figure 2). Near the axis of 2 000
the range, where it is better preserved than elsewhere, remnants are found extending 1800
1 600
r
from near La Unión on the sou th to the Llanos de Cuiva on the north (Plate 1). Perpen-
dicular to the axis of the cordillera, the accordance of ridge tops extends from the rim of 400
the Cauca canyon on the west to the "breaks," or area of more rapid descent into the 1 200
Magdalena Valley, near El Peñol on the east (Mate 2). East of these breaks, the S-I surface 1 000
is recorded as very few, scattered fíat or gently rounded hilltops and ridges that have 800
accordant crests dipping gently to the east. The surface projects to the edge of the Mag-
dalena Valley (Mate 2), where it is buried by sediments of the Honda formation and is
faulted by the Palestina-Jetudo fault system (Woodward-Clyde Consultants, 1980b).
In this area the buried surface, called the pre-Honda surface, extends along the margin
of the Magdalena Valley from near Barrancabermeja on the north to south of Ibagué
(Soeters, 1980). 1 90
The Cordillera Central erosion surface is generally underlain by metamorphic rocks
that have been deeply weathered to an extreme saprolite and near the Llanos de Cuiva to es _ / intru•Iv•s
bauxite (Schleman, 1970). Where exposed in roadcuts near Medellín, the saprolite is tens 5 - if
of meters deep. At least some of this saprolization occurred prior to the deposition of the OoI r-a
Honda formation: near Ibagué, a weakly developed saprolite, a few meters deep, underlies -
The S-I surface is believed to have formed near sea level before uplift of the proto-
Qom Guate". Plate lA
Cordillera, 22 to 18 million years ago (see for example, Irving, 1975; Khobzi and Ussle-
mann, 1974). The age of the surface is Oligocene to early Miocene. It probably correlates
to a similar surface in the Magdalena Valley (Plate 2) that is covered by fossiliferous N0Rin to Cuiva.
Honda sediments (van Houten and Travis, 1968; Soeters, 1980). In addition, in the Río
Negro area, extrapolation of the rete of stream incision using paleomagnetic and palyno-
logical data from terrace deposits found below the Río Negro erosion surface indicates
426 427
The antiquity of the granan audaces and late cenozoic deposita
pre S.:1?)
NORTH + 4.
.e .
4- • a • a
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1800
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400
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000
o
800
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130 ■
20 110
1
L
NORTH-SOUTH CROSS SECTION A-A• OF THE CORDILLERA CENTRAL HIGHLANDS --La Unión to Cuiva.
427
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
4. 4 • • -5
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• • • •
Red and pella. grambo saprolite
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• Valle de Aburra
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Pa
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• •
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NOTE.
G•ology modified from Alvarez and otees, 1970
and Botero, 1963
Plate 1B
Vertical acole t 5s MOII/0/001 state
429
The antiquity of the erosion su rfaces and late cenozoic deposits
A
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• • + • • 4
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Plato 1C
The andquity of the eroaion sudases and late eenozoic deposits
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CRETACEOUS
(" Volcanic sedimente intercalated with some balsalt and diabase flows
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Km Gabbro and amphibolitic gabbro.
K um Ultramatic rocks, peridorite and serpentinized peridorite.
o
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1 1
Plate 2B
435
•
The antiquity of the erosion surf aces and late cenozoic deposits
EROSION S U R FACE S
S - I Cordillera Central erosion surface
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5-I
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Plate 2C
437
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NOTES".
1 See figure 1 for location.
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Cocorra Sur Fault Palestina Fault
Plate 2D
439
T The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita
that the surface may be older than 20 million years (Figure 3)*
Río Negro Erosion Surface (S- II) - The Río Negro erosion surface near Medellín
occurs along the axis of the Cordillera Central and forms separate basins inset 200 to 400
m below the S-I surface (Plates 1 and 2). Although it is better preserved than the Cordi-
llera Central surface, it is less extensive. It is primarily found in basins underlain by
granitic bedrock, but is locally underlain by metamorphic rocks. The survace appears as
an accordance of rounded and flat-topped hills that have been dissected by small streams
(Figures 4 and 5). The Río Negro basin and the Llano de Ovejas "basin" are the best
examples of this surface. The S-II surface commonly terminates in steep slopes that
extend up several hundred meters into the adjacient mountains. This edge area is genera-
Ily underlain by metamorphic bedrock that is covered by a series of overlapping, dissected
alluvial-mudflow fans. Near the Llanos de Cuiva, however, the surface extends more
gradually up to the higher hills (in part, the S-I and pre-S-I (?) surfaces) that are underlain
by granitic bedrock. The bedrock below the S-II surface has been weathered to a deep
saprolite where all but the quartz minerals have been weathered to silt and clay. The
saprolite is over 50 m thick in the Río Negro area (M. Hermelin, 1979, oral communica-
tion ).
East of El Peñol, the remnants of this surface are fewer and less clearly evident.
Projections along remnants of the surface to the western edge of the Magdalena Valley
(Plate 2) indicate that it merges with the younger erosion stage III and has been faulted
along the Palestina-Jetudo fault system (Woodward-Clyde Consultants 1980b). To the
south the surface is evident and extends as flat-topped ridges and locally shallow valleys
along the eastern margin of the Cordillera Central.
In the Líbano and Ibagué areas probable correlations of this surface are covered by
the volcanic sediments of the Mesa formation; in that area it is called the pre-Mesa surface
(Soeters, 1980). The age of the pre-Mesa surface, and hence the Río Negro erosion surfa-
ce, is late Miocene and Pliocene. It formed between 18 and about 5 million years ago
and was covered by the Pliocene Mesa formation. In the Río Negro area many of the
terrace deposits below the surface are older than 730,000 years. Projection of the rate
of stream incision indicates that the S-II surface is 3 to 5 million years old (Figure 3).
Erosion Stage III (S-/II) - A third erosion event is found along the east flank of the
Cordillera Central. Near El Peñol the surface is 250 m below the S-II erosion surface, but
at the edge of the Magdalena Valley it merges with the S-II surface. It is expressed as an
alignment of ridge shoulders in the deeper canyons in the region and as wide valleys that
hang 200 to 500 m aboye the main rivers between the edge and the breaks of the Magda-
lena Valley (Plate 2). The Río Guatape aboye the Punchina Dam is an example of a
hanging valley. Erosion stage III did not reach the highlands.
Erosion stage III formed after the Andean orogeny that occurred 3 to 4.5 million
years ago (Irving, 1975). However, it must be older than the time it takes to incise rivers
200 to 500 m, approximately 0.5 to 1.5 million years (200 to 500 -3 mm/yr; see Rice,
1977, Larson and others, 1975, and Page and Noryko, 1977, for general rates of river
incision).
Erosion Stage IV - Erosion stage IV is the present base level of erosion for the area
(Plate 2). It has been reached on the east side of the Cordillera Central where the lower
reaches of larger rivers, such as the Río La Miel and the Río Cocorná, both tributaries
to the Magdalena, have downcut to base level. The valleys of these major tributaries are
deep V-shaped canyons, 50 to 500 m below the erosion stage III valleys. Erosion stage
IV has only penetrated eastward a few tens of kilometers into the east flank of the Cor-
dillera Central. On the west side of the cordillera the rivers are several hundred meters
• See enclosure
441
Page & James The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposita
aboye base level. None of the streams !fa the highlands has reached erosion stage IV.
Most of the late Cenozoic deposits in the area are found as terraces cut below the
Río Negro erosion surface. Some other deposits probably related to the Cordillera Cen-
tral erosion surface are found along the drainage divide at the Llanos de Cuiva, and
possibly at La Unión and Las Palmas. The terraces and alluvial deposits for this study
were investigated mostly in the Río Negro and La Unión basins.
The age of the deposits on the highlands is difficult to determine because they
cannot be dated by the usual techniques: they are generally beyond the range of carbon
14 and they do not contain volcanic ash in discrete layers usable for other radiometric
dating techniques. Even though we are aware of the problems associated with using
paleomagnetism when applied to highly-weathered, surficial deposits, we found a paleo-
magnetic analysis helpful in dating the deposits. Of 119 paleomagnetic samples taken,
111 were demagnetized using an alternating magnetic field, and 8 were demagnetized
thermally. The samples generally had both detrital remanent magnetism (DRM) and
chemical remanent magnetism (CRM) which had been overprinted on the DRM. For
our evaluation we used demagnetization curves, Zeiderfeld diagrams, and stereographic
demagnetization plots to separate CRM from DRM to arrive at the magnetic polarities
at the time of depositon and during weathering. We assumed that, in this equatorial area -
for the past few million years the magnetic directions have either been north or south and Figure 2 — Cordillera Central erosion su rface (skyline) and Río Negro erosion surface (horizontal area
that both inclination and declination were less than 30 degrees: during normal paleomag- in left middle ground) at Ovejas. View is toward southeast looking across the Llano de Ovejas and the
netic epochs here in this latitude, the north compass needle pointed within 30° of north Aburra Valley at Medellin (between the Llano de Ovejas and the skyline) from the Cauca canyon.
Nota: Figure 3, (ver plano fuera de texto).
and during reversed epochs, the needle pointed within 30° of south. The latest paleo-
magnetic time sale (Berggren and others, 1980) based on world-wide data, indicates that
only minor excursions fo the earth's magnetic field have occurred in the past 730,000
years (Figure 3). Hence, any deposit that contains a strong magnetic reverse direction
must be older than 730,000 years. Because there is no way to tell one paleomagnetically
reversed deposit from a normal one, the stratigraphic sequence of deposits must be
known in order to date deposits older then 730,000 years. This is commonly done by
extrapolation of depositional rates, but in our case, we extrapolated from the rate of
stream incision. Our control points were the present and the time of the first paleomag-
netic reversal; we estimated the other ages from this rate. Because the paleomagnetic
interpretations of these deposits are complicated, a detailed analysis of the paleomagne-
tism will be presented separately (Page, Packer and James, manuscript in preparation).
Volcanic Ash
Before discussing individual deposits it is important to mention the volcanic ash that
blankets most of the highlands. This ash layer decreases in thickness from 1.5 m near
La Unión, to 20 cm at Llanos de Cuiva. It is actually five or more separte ashes that accu-
mulated between 25,000 and 11,000 years ago (Hermelin, 1978, and 1980; Page, 1980).
The ash is important because it helps date the younger alluvial deposits. lts preserva-
tion also indicates that erosion rates in the area are low.
Río Negro Basin Deposits
One of the most extensive and complete sequences of late Cenozoic alluvial deposits
near Medellín is in the Río Negro basin near Ríonegro. This sequence of deposits typi-
cally changes from the edge of the basin toward the center. Alluvial mudflows, also
known as debris flows, are found along the margin of the basin below steeper slopes. In Figure 4 — Río Negro erosion surface (middle ground) and the higher Río Negro terraces of a tribu-
places these form a gently-sloping, dissected surface that projects to the highest terraces tary near El Carmen de Viboral (foreground to middle ground). The Cordillera Central erosion surface
is the skyline. View is looking northwest toward Río Negro (not visible) from near El Carmen de
in the basin. Locally, younger, lower alluvial-mudflow fans project and merge with
Viboral.
lower terraces at the magins of the basin. Toward the center of the basin, the smaller
442 443
The antiquity of the erosion audaces and late cenozoic deposits
streams are bordered by narrow terraces that rice in steps to the low ridges of rounded
hills between the streams (Figures 4, 5, 6). These hills have accordant tops that are
remants of the Río Negro erosion surface.
Durango (1975) and Hermelin (1978) recognized five terraces aboye the Río Negro
near Ríonegro and speculated that there were more. We confirmed their speculation,
identifying eight terrace levels. There may be even more. For. this study we chose to
follow the traditional numbering system used in North America, calling the first terrace
aboye the flood plain terrace 1. Because the terrace teights vary in the basin, we present
the heights near the confluence of the Quebrada La Mosca with the Río Negro (Table 1).
Hear the town of Ríonegro the terraces tend to parallel the river. Downstream the
slopes diverge and the terraces end at the canyon (a water gap), 14 km northwest of
Ríonegro;upstream of Ríonegro they converge and in the tributaries many merge together
(F igure 7► *. The large number of terraces combined with their convergences create some
confusion so the correlations in this study should be considered tentative.
Terrace 8. (The water tower terrace) — The highest terrace found in the Río Negro
basin is terrace 8. It differs from the lower terraces in that it is nearly horizontal and does
not parallel the present river system (Figure 7). The terrace occurs as shoulders and fíat
ridges below the S-II surface (Figure 5) throughout the Río Negro basin at an elevation
of about 2,150 m. The deposits of the terrace are thick, over 20 m in places, and consist
of light gray to red to yellow-brown silty clay, and sandy clay intercalated with minor,
thin quartz gravels. Near the margin of the basin, as at El Carmen, highly weathered
alluvial mudflow deposits interfinger with the terrace deposits. Toward the northeast,
the deposits are thinner and gravels are more prominent. The fine sediments at the top
Figure 5 — Río Negro erosion surface (intermediate skyline) and terraces of the Río Negro near Mari-
nilla. View is looking northwest from La Granja Roman Gómez G. The Río Negro is not visible but of the deposit are massive and deep yellow-brown with gibbsite nodules (Michel Herme-
is in the valley in the middle ground (4 km north of Marinilla). lin, 1980, oral communication). Quartz gravel clasts are highly weathered and more
than 50% are easily crushed (Table 1). The deposits overlie granodiorite saprolite.
Twelve paleomagnetic samples from 4 locations indicate that terrace 8 sediments
were deposited during a reversed (?) epoch and weathered during normal and reversed
paleomagnetic epochs. The intensity of the normal CRM is much higher than samples
from the younger terraces, indicating that the sample probably underwent a long period
of weathering during a normal epoch prior to weathering in a reversed epoch. Two paleo-
magnetic samples of an iron oxide filling in a landside fracture within the terrace 8
deposits indicate that the deposition of the iron oxide in the fracture occurred primarily
during a reversed epoch. Because the fracture filling must be older than 730,000 years,
the terrace deposit has to be even older, enough older to allow dissection and landsliding
of the deposit and deposition of the iron oxide in the fracture. Because normal CRM is
so strong for this deposit compared to the younger ones, the deposit is probably older
than 3.0 and possibly older than 5.3 mill ion years.
Terrace 7 (Granja Román Gómez terrace) — The seventh terrace is most prominent
downstream from R íonegro, where it occurs as dissected terrace remnants that have some
fíat surface form. In many places it appears as gently-sloping rounded ridges and
shoulders below terrace 8. Deposit thickness varíes from 2 to 6 m. Where seen in one
exposure, the deposits are highly weathered gravel overlain by sandy silt. Many of the
quartz clasts are easily crushed (Table 1). No paleomagnetic samples were taken.
Terrace 6, (Llano Grande terrace) — The sixth terrace occurs as an extensive, some-
what dissected, planar terrace southwest of Ríonegro. Elsewhere the terrace is more
dissected, occurring as smaller remnants. Terrace 6 deposits consist of interbeds of sand,
Figure 6 — Río Negro terraces at the confluence of the Quebrada La Mosca (enters Río Negro from silt and gravels 2 to 4 m thick. Well-rounded quartz gravel clasts are easily fractured and
left). View is looking east from near the town of Ríonegro. The Medellín-Bogotá highway is in the many are easily crushed (Table 1). The finer sediments are moderately indurated and in
foreground; the Río Negro flows through center of photo.
part cemented by iron oxides. Where drainage has been poor, as at the site of the new
Figura 7 (Fuera de texto).
Medellín airport, the sediments are gray and leached of iron. In this region the deposit
• See enclosure
444 445
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
Pega & James
consists of more than 25 m of silt and clay with a few lenses of sand less than 10 cm
thick. In this area the deposit is probably lacustrine in origin.
Six paleomagnetic samples from 3 different sites indicate that the terrace was depo-
sited during a normal epoch (?) and was weathered during normal and reversed paleomag-
netic epochs. The terrace must be older than 880,000 years (the first normal epoch alter a
i — , C1 .4' N N
the first reversed epoch). Because the strenght of the reversed paleomagnetism from
o
weathering is great, the terrace may be older than 2.5 million years. o
irtz Weathering
P.
Terrace 5 (Guarne goldmine terrace) — The fifth terrace is the most extensive terrace
ickCrush
remnant along the Quebrada La Mosca but is much less prominent along the Río Negro. o) N 1
1 In { gr)) oc u")
It occurs as a broad, gently sloping, dissected and locally gold-mined surface in the
upper part of the La Mosca Valley and as smooth, well-defined remnants downstream.
ietisr
remnant that occurs throughout the Río Negro basin, The terrace deposits, as exposed _E
;...
.. o
innumerous roadcuts, consist of 2 to more than 8 m of quartz gravels and sands with _c
z z z cr ce
lenses of silt and clay up to 2 m thick (Figure 8). The terrace deposit is highly weathered T + + + + 4- e
12 la:X CC z z z z CO
and locally oxidized to bright red. The quartz gravel is moderately weathered (Table 1).
o
The granodiorite saprolite beneath the deposit is red an yellow-brown in color. o
o
u
Analysis of 11 paleomagnetic samples from 4 localities indicates that the deposition ro
occurred during a normal (?) epoch and weathering occurred during reverse and normal 1 1T 1 2 2 Z '. Z Z o
epochs. Therefore, the deposit is older than 880,000 years.
T.)
Terrace 3. (Coltepunto terrace) — The third terrace occurs as a broad well-defined
Coltepunto terrace
U
in yellow-gray arkosic sand. This is overlain by 2 m of coarsely-bedded sands, silts and ro
Corduroy terrace
Name
clays which become finer upward. Quartz clasts are low to moderately weathered (Table
First te rrace
_o
Flood plain
1). Yellowish granitic saprolite underlies the deposit.
Eleven paleomagnetic samples from 2 locations of this terrace appear to have been •-•
0
‘'
deposited during a normal (?) epoch and weathered during normal and possibly during E
E 1E 2
reversed epochs. The samples are not consistent, so the interpretation of the age as
older than 730,000 years is tentative.
Height
Durango's A boye
River
E
=C.)
(ml
E
80
13
65
29
53
44
8
22
5
2
Terrace 2. (Corduroy terrace) — The second terrace occurs as narrow, dissected Ti o
remnants along the margin of the flood pláin. The deposits, as exposed in a stream cut 't?
tá 13 E
5 km upstream from Ríonegro, are 3.5 m thick and consist of alluvial sands interbedded
Number
(1975)
with lenses of light-colored clay and silt. The deposit is moderately weathered and
T- 1
T-3
T-2
T-5
T-4
E E É
eroded. Two paleomagnetic samples did not give definitive results. 0)
Terrace 1. — Near Ríonegro the first terrace occurs as a dissected series of interchan- ni
Number
0 • •
nel ridges and as low terrace remnants along the flood plain margin, Below Marinilla it s "- • •
S-II
I-1
t-8
t-5
t-6
t-3
t-2
t-7
t-4
fp
forms a more conspicuous terrace, but exposures of the terrace deposits are rare. A CC CC
O c_)
roadcut near the Río Negro, 3 km downstream of the confluence of the Quebrada La
Mosca, exposes one meter of yellow-brown silty sands overlain by volcanic ash. Another
exposure at the junction of the Río Negro and the Río Pereira consists of loose yellow-
brown sands. Six paleomagnetic samples from these two localities indicate that this
447
Page & James
The antiquity of the erosion aurfaces and late cenozoic deposite
terrace was deposited and weathered during a normal paleomagnetic epoch. The deposit
is less than 730,000 years.
Flood Plain — The flood plain is an extensive surface along the major streams in the
basin. It is absent only at nickpoints, valley constrictions, and in canyons. The flood
plain deposit, as exposed in some gravel pits near the mouth of the Quebrada La Mosca,
consists of 2 m of clean, light-gray quartz sands and gravels that are locally stained by
iron oxide. These coarse deposits are overlain by brown, massive to chaotic silt and
lesser silty sand. Wood from a peat between the gravels and the silt was dated.-by the
14 C method at 18,075 ± 490 years B.P. Because this date is the same as the date for the
prominent volcanic ash at the Ruiz-Tolima complex (Thoret 1980, oral communication),
the silts are probably volcanic ash. They may however, be considerably younger than the
underlying sands and gravels.
Six paleomagnetic samples of sand and silt from these gravel pits and from 'the La
Mosca flood plain were taken as a calibration of the present, normal paleomagnetic
epoch. Analysis confirms that they were deposited and weathered in a normal epoch.
Clearly the deposit is less than 730,000 years.
Age of the Terraces — Combining paleomagnetic information from the Río Negro
terraces with the stratigraphic relationships and terrace heights, the ages of the deposits
can be estimated using Figure 3. Because the data for terrace 3 is ambiguous and because
paleomagnetic information cannot identify specific epochs, the analysis produces several
possible solutions. Each solution assumes a uniform, but different, downcutting rate of
the Río Negro (Figure 3). We realize that a uniform downcutting rete is probably not true
to fact, but is allows for an approximation that without more information is better than
Figure 8 — Terrace deposits of Río Negro terrace 4 in a road cut 0.5 km south of the town of R Ione- other possible assumptions of downcutting curves. If terrace 4 is older than 730,000
gro. This is a Typical exposure of terrace deposits: granitic saprolite (below Mike's waist) is overlain
years (a likely assumption since it has the first unambiguous CRM reversal, then terrace
by quartz gravels and interbedded silt an clay that in turn is capped by volcanic ash (dark layer at the
8 is about 2 million years oíd. If terrace 4 had been deposited in a normal epoch, as is
top).
likely, then terrace 8 is 2.5 million years oíd, If terrace 3 is older than 730,000 hears,
then terrace 8 is older than 3.5 millions years. If terrace 3 had been deposited in a normal
epoch, as is possible, then terrace 8 is older than 4 or 5 million years.
Several factors tending to confirm the antiquity indicated by the paleomagnetic
analysis include the high degree of weathering of the quartz clasts in the terrace deposits
(Table 1), the deep incision of such major rivers as the Cauca below the erosion surfaces,
and the lack of Alder (Alnus) pollen in the La Fe 30 m terrace (discussed later). The
o
similarity in topographic form between the La Fe 30 m terrace and the Río Negro terrace
8 indicates that they are about the same age.
La Unión Basin
The La Unión basin is twenty kilometers south of Ríonegro, and is 200 m higher in
elevation than the Río Negro basin. It drains opposite from the Río Negro toward the
southwest into the Río Piedras Blancas and the Río Cauca. Compared to the Río Negro
basin, the La Unión basin is much smaller, and contains only a few, low terraces (Píate
1). These terraces are a few meters aboye the present streams and are poorly defined.
Relatively wide valleys in the basin are separated by hills with accordant tops, 10 to 20 m
aboye the valleys. Alluvial deposits are exposed in the clay mines located on the these
hills. The deposits of white clays interbedded with white sands are 2 to over 4 m thick.
We can see that some of the clays are derived from oíd volcanic ash deposits because they
contain bipyramidal quartz and kaolinite pseudomorphs of euhedral mica (López, 1973).
The deposits overlie granitic saprolite that is over 100 m deep (López, 1973) and is
generally a white (locally red) to creamy clay with residual quartz. The contact with the
Figure 9 — Alluvial—mudflow fans (middle ground) and terrace (foreground) of the Llano de Ovejas.
saprolite is marked commonly by a quartz stoneline.
The pre-Cordillera Central erosion surface (?) is the top of the mountain in upper night. View is
looking southwest from near Ovejas (see also Figure 2). López (1973) proposes that to form the clays in the ancient alluvial deposits, the
weathering processes required excessive moisture and high concentrations of organic
448 449
Paga & James The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
acids typical of a swamp environment. He suggests that depressions and drainages filled topped shoulder of terrace (?) 4. The two deposits below terrace 4 are exposed in the
slowly under a humid, low energy runoff. The high acidity was maintained by decaying road cut 1 km northeast of Cuiva. Two meters of red sands, white clays and clayey sands
vegetation in poorly drained areas. Since then, the topography has reversed, leaving the of the older deposit underlie the 1 m of bedded yellow-brown sands of the younger
stream deposits capping the hills. deposit. Two paleomagnetic samples from the lower of these two deposits have both nor-
Paleomagnetic analysis of six samples from both the sand and the white clays indica- mal and reversed components and hence the surface 4 must be older than 730,000 years.
tes deposition din ing a normal epoch and weathering during normal and reversed epochs.
Based on the position of the deposits near the Cordillera Central erosion surface (S-I), IMPLICATIONS
the reversed topography, the highly weathered state of the deposits (including the white-
colored granitic saprolite) and the presence of only a weakly reversed paleomagnetic The preservation of the Cordillera Central and Río Negro erosion surfaces and the
component on the samples, the sediments were probably deposited and weathered during oíd terrace deposits in the highlands near Medellín records a slow rate of denudation of
the Gauss or and earlier normal epoch, possibly Epoch 5. This implies that the deposits the landscape and provides a measure of the tectonic history of the area.
are probably older than 2.4 and possibly older than 2.4 and possibly older than 5.3 Denudation rates
millon years. If extrapolation of the down-cutting rate of the Río Negro is used, the Assuming that our analysis of the ages of the erosion surfaces and the alluvial depo-
deposits may be as oíd as middle Miocene (Figure 3). sits in the highlands is correct, we calculate the following rates.
Deposits in Other Areas After the uplift of proto-Cordillera Central between the formation of S-I and S-II
Terrace deposits similar to those in the R ío Negro basin and oíd alluvial deposits on surfaces, the denudation rate of granitic rocks in the Río Negro basin was 0.01 to 0.02
divides occur in a number of other places in the highlands. These deposits are also very mm/yr (1200 to 400, the difference in elevation) ± (22 minus 3.5 million years)(. The
oíd. We analyzed some of them paleomagnetically, but the stratigraphic sequences were rate since the formation of terrace 8 has been between 0.01 and 0.02 mm/yr (65 m ÷ 3
not complete enough to warrant more than a brief mention of our results here. to 5 my). The rate since terrace 4 deposition was 0.01 to 0.03 mm/yr (22 m 0.88 to
Several terraces occur near La Fe, 15 km west of R íonegro, in a separate basin that is 1.7 my). The lack of erosion of the late Pleistocene volcanic ash which drapes over the
tributary to the Río Negro. The 16 m high terrace consists of weathered sands and gravels landscape (with near-equal thickness on the fíat terraces, hilltops and hillslopes) lends
a few meters thick. Two paleomagnetic samples indicate that the terraces was deposited support to these low denudation rates. If the ash has eroded 50 cm (a liberal estimate),
during a normal epoch and weathered during a reversed epoch. The alluvial fill of the the erosion rate in the past 11,500 years in 0.04 mm/yr. If it has been eroded 25 cm in
terrace 30 m aboye the river is well exposed in the roadcut near Fizebád. It consists of the past 15,000 years (a more reasonable estimate), the erosion rate is 0.02 mm/yr.
interbedded sands, silts and peat layers. Six paleomagnetic samples indicate that it was These erosion rates (0.01 to 0.04 mm/yr) are low when compared to worldwide
deposited in a reversed (?) epoch and weathered during normal and reversed epochs. rates for mountainous areas of normal to steep relief (0.05 to 2.0 mm/yr; Young, 1969)
When the information from the two terraces is taken together and using the age of the particularly when one considera the high rainfall in the higlands. We believe that the low
16 n terrace as older than 880,000 years, the age of the 30 m terrace is older than 1.7 denudation rate is maintained by two (actos: 1) continuous and complete vegetation
million years; it may be older than 3.4 million years (Figure 3). The peats of the 30 m cover on the highlands from middle-Miocene time and 2) lack of ability for streams to
terrace do not contain Alder pollen (Alnus) (H. Dueñas, 1981, oral communication) and downcut and deeply incise into the highlands. Near the highlands where streams have
hence they are older than about 1 million years (van der Hammen, 1973). This is an inde- downcut and have steep gradients, as in the nearby Cauca canyon, erosion rates are
pendent confirmation of the paleomagnetic results. probably 2 orders of magnitude higher (approximately 1-2 mm/yr; Woodward-Clyde
In the Llano de Ovejas, 20 km north of Medellín, swamp and alluvial fan deposits Consultants, 1979).
(Figure 9) consist of sand, clay, and interbedded peat and gravel. These deposits were It is also apparent that certain parts of the landscape in the highlands have undergone
seen in exposed clay mines and stream cuts. Six paleomagnetic samples indicate that the even lower rates of erosion: the hilltops and fíat surfaces of the terraces and of the
deposits were strongly weathered, both during a reversed and normal paleomagnetic erosion surfaces have maintained their fíat form for hundreds of thousands to millions of
epochs. They are at least as oíd as 730,000 years. years. For example, we estimate that Río Negro terrace 8, where it remains relatively
Probably the oldest late Cenozoic deposits in the Cordillera Central highlands occur undissected, has not been eroded more than 2 m, giving a rate of 0.004 to 0.007 mm/yr
at the Llanos de Cuiva (Píate 1) between Santa Rosa de Osos and Yarumal. The are lies (2 m -1" 3 to 5 my). This rate is one to two orders of magnitude less than the rate in the
along the 2,400 to 2,700 m-high divide between the Río Grande, Río Nechí, and Río adjacent valleys in the highlands.
San Andrés. The area is underlain by granitic saprolite. The Cordillera Central erosion Tectonic History
surface follows the divide. The landscápe along the divide is gentle with a series of The present shape and position of the erosion surfaces on the highlands provide
terraces and hillside shoulders or flats that step up from the shallow valleys to fíat ridges insight into the tectonic history of the northern Cordillera Central. The occurrence of the
and hilltops. Although at least seven terraces and surfaces of unknown origin are present, two prominent erosion surfaces with their 200 to 400 m difference in elevation, confirms
we only studied the highest terrace (t-4) and probable Cordillera Central erosion surface for the Medellín area what Soeters (1980) found to the south: after a very long period of
deposits and hence, and can only partially analyze the reference. The deposit S-I (?) is quiescence that formed the extensive Cordillera Central erosion surface, a small uplift of
well exposed in a deep roadcut 3.5 km north of Cuiva. The beds of sand, gravel and silty a few hundred meters occurred. After another period of quiescence, this one 10-15
clay are more than 20 m thick (possibly 40 m) and are highly weathered. Six paleomag- million years long and during which the Río Negro surface (S-II) formed, the present
netic samples of this deposit were indeterminate, but appear to have both normal and Cordillera Central was uplifted. This uplift was probably simultaneous with the uplift of
reversed paleomagnetic directions. We think the deposit may be Miocene in age because it the Cordillera Oriental which occurred between 3 and 4.5 million years ago (van der
appears to be remnants of deposits of the S-I surface. Cut into this S-I deposit is the flat- Hammen and others, 1973 and 1980) and with the uplift of the Cordillera Occidental.
450 451
-
-
The antiquity of the erosion surfaces and late cenozoic deposits
Pega & James
ACKNOWLEDGMENTS
The development of erosion stage III began about 3 million years ago and ended about
1 million years ago with the initiation of the present, ongoing uplift.
Our work was done as part of seismic hazard evaluations for three hydroelectric
The end results of these uplifts is seen on Plates 1 and 2. The form of the surfaces
projects in northern Colombia: Cañafisto, San Carlos, and Ituango. We wish to thank
show that the uplift was uniform and near horizontal in a north-south direction between
the Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) and Integral, Ltda., the designers of these projects,
La Union and the Llanos de Cuiva. In the east-west direction, however, it was near hori-
for allowing us to publish this information. It was through their foresight and cooperation
zontal only along the broad crest of the range; in the Río Negro area it appears to have
that this study was possible. Dr. Duane Packer of Woodward-Clyde did the paleomagnetic
tilted slightly west because Río Negro terrace 8 is slightly west tilting, opposite to the
measurements and assisted in the interpretation of the paleomagnetic data. Dr. Michel
present flow of the Río Negro (Figure 7) . Some of this tilting probably occurred before
Hermelin (Universidad Nacional de Medellín), Jorge Durango (ingeominas), and Jorge
the deposition of Río Negro terrace 8, because Terrace 8 deposits are thicker toward the
López (Airecos S.A.) critically discussed the field problems with us and shared their
west. The Cordillera Central and Río Negro erosion surfaces are flexed or bent along a
data on the deposits and the volcanic ash in the region. Dan Collins of Woodward-Clyde
north-south hinge that passes near El Peñol. East of the hinge the surfaces slope east into
Consultants kindly reviewed the manuscript.
the Magdalena Valley. Faulting associated with the uplifts was generally restricted to Nora Dávila translated the abstract and Luz Stella Jiménez drafted the figures. We
older fault zones along the margins of the range: the Romeral-Cauca system to the east
thank all these people for their help.
and the Palestina-Jetudo system on the east (Woodward-Clyde Consultants 1979, 1980a,
1980b). Post erosion-surface faulting within the highlands is also limited: the Espíritu
Santo fault (Woodward-Clyde Consultants 1980a) and the Cisneros fault (Woodward- REFERENCES CITED
Clyde Consultants, 1980b) are the only ones recognized so far.
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H-8 (Yarumal) y parte del cuadrángulo H-7 (I tuango), Colombia: Instituto Nacional de Investiga-
The cause of the terraces in the highlands is not known, but with the data available
ciones Geológico-Mineral, Ministerio de Minas y Petróleos, Bogotá.
in the Río Negro area certain speculations can be made. Although Quaternary terraces are
Barrero, D., and Vesga, C., 1976, Mapa geológico del cuadrángulo K-9 (Armero) y parte sur del J-9
commonly attributed to climatic fluctuations, and such fluctuations presumably occurred (La Dorada); INGEOMINAS, Bogotá; scale 1:100,000.
in t,he Cordillera Central as they did in the Cordillera Oriental (van der Hammen and Botero, G., 1963, Contribución al conocimiento de la geología de la zona central de Antioquía, Co-
others, 1973, 1980) and elsewhere in Colombia (Khobzi and Usselmann, 1974), the terra- lombia: Universidad Nacional Fac. de Minas, Medellín, Anuales No. 57, 101 p.
ces in the Río Negro area are too widely spaced in time to be caused solely by climatic Berggren, W.A., Burckle, L.H., Citu, M.B., Cooke, H.B.S., Funnell, B.M., Gartner, S., Hays, J.D.,
Kennet, J.P., Opdyke, N.D., Pastouredt, L., Shackleton, N.J., and Takayanogi, Y., 1980, Towards
fluctuations. Moreover, the flood plain of the Río Negro has not changed significantly
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in the last 18,000 years, indicating that the lates world-wide climatic change from a cold Brunnschweiler, ID., 1980, Glacial and periglacial form systems of the Colombian Quaternary
(glacial) period to a warm (interglacial) period did not form a terrace. (abstract), in Resúmenes, Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia, Bogotá, p. 26-28.
The terraces may be caused by lowering of base level as the Río Negro cut down into Durango, J., 1975, Erosión y formación de terrazas fluviales en climas tropicales: Terrazas del Río Ne-
the highlands. However, if this is the primary cause, what caused the river to periodically gro y sus afluentes: tesis de grado, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, p. 56.
González, H.I., 1978, Geología de las hojas 167 (Sonson) y 187 (Salamina) del mapa geológico de
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Colombia: INGEOMINAS, Informe No. 1760, 262 p.
unknown mechanism. The solution to the origin of the terraces awaits future work.
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From this stratigraphic-geomorphic study the following conclusions can be drawn: Khobzi and Ussleman, 1974, Problemas de geomorfología en Colombia: Bull. Institut Francais
Paleomagnetic analysis can be used for age-dating surficial deposits, even though d'Etudes Andines, III, No. 4, p. 59-86.
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they have been highly weathered.
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The terraces in the Río Negro area and similar deposits elsewhere in the highlands Larson, E.E., Bradley, W.C., Ozima, M., 1975, Development of the Colorado River system in north-
are old. They are at least early Quaternary and may be as old as Miocene. western Colorado during the late Cenozoic: Four Corners Geological Society Guidebook, 8th
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are much less, probably 0.004 to 0.007 mm/yr.
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trending hinge near El Peñol. East of the hinge, the range is a broad eastward-tilted
plus figures.
block; west of the hinge, it is a near-horizontal block.
453
452
Page & James
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bia, se descubrió que gran parte del terreno estaba cubierto por deslizamientos y flujos de lodo. En
Colombia: report to Integral, Ltda., and ISA, S.A., Medell in, 152 p. plus figures and appendices.
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Carlos Project, Colombia: report to Integral, Ltda., and ISA, S.A., Medellín, 82 O. plus figures.
fología produciendo patrones distintos de terreno.
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Las escarpadas laderas de la región presentan numerosos deslizamientos los que parecen ser el
Zuluaga, E., y Mattsson, L., 1980, Glaciaciones en la Cordillera Occidental de Colombia, Páramo de
proceso dominante que erosiona las pendientes. Es probable que no sea fácil reconocer los desliza-
Frontino, Departamento de Antioquia: Informe Regional de Medellín, No. 40, 30 p.
mientos más grandes o grupos de deslizamientos debido a su gran tamaño (algunos tienen más de 10
km cuadrados de área). Algunos deslizamientos pueden deberse en parte a procesos expansivos en las
montañas o "sackung".
Los depósitos de lodo aluviales son mezcla de alluvium y escombros o depósitos de flujo de lodo
y ocurren por debajo de vertientes empinadas a manera de rellenos de valle y abanicos. Oscilan entre
20 y más de 100 m de espesor. Comúnmente la fuente de materiales para estos rellenos son los desli-
zamientos aguas arriba. Una vez formados dichos depósitos son estables y controlan las corrientes a lo
largo de sus márgenes. Esto genera drenajes paralelos y produce una topografía invertida.
Las tierras altas de la Cordillera Central presentan una topografía de colinas subyacida por un sa-
pronto profundo. En dicha zona los flujos de tierra forman un terreno que semeja "cookie-cutter
landscape".
ABSTRACT
1NTRODUCTION
During the course of seismic hazard studies for Interconexión Eléctrica S.A. (ISA),
the authors were struck by the preponderance of landslides and mudflows in northwest
Colombia and their effect on the landscape. In the Cordilleras Central and Occidental
455
Page & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia
such deposits cover 20-50% of the surface in areas of steep topography and 10-20% of the
mountainous area as a whole.
The altitude of the area under study ranges between near sea level to 3500 m. Yearly
rainfall varíes in the region generally increasing with elevation: in the Cordillera Central
for example, 900 mm of rain comes to Santa Fe de Antioquia, 1400 mm to Medellín,
and 3000 mm near R íonegro. The geomorphology of the Cordilleras is dominated by
two types: steep-sided V-shaped valleys with rapidly dciwn-cutting streams and highlands
with broad shallow valleys and gentle hills with slowly down cutting streams. Mass
movement deposits can be lumped into three groups: landslides, alluvial-mudflows, and
"cookie-cutter landscape".
As part of road construction and maintenance, building foundations, and so forth,
many engineers and geologists worked on the problems of specific landslides and debris
or mudflows in the region. Their work, unfortunately, has not been published. Other
studies that discuss slides and mudflows are few. Schlemon (1971) investigated the
slides in the Aburrá Valley near Medellín and a few students at the Universidad Nacional
in Medellín have analysed several drainages basins in the region, but they did not concen-
trate on slides (see Vergara, 1976; Hoyos, 1980; Pineda, 1980).
Landslides
Landeslides are deposits that have moved down slope, more or less in mass, either
slowly or catastrophically. Landslides are common in the areas of steep topography in
Cordillera Central and Occidental and range in size from very small (a few tens of square
Figure 1 — Landslide Topography (near Heliconia, west Medellin). Almost all the landscape is under-
meters) to extremely large (many square kilometers). Most of the smaller, younger slides
lain by slides of various ages.
can be recognized by their distinctive topography, particularly when the light from the
sun strikes the slide from a low angle, accenting their hummocky nature (Fig. 1). In the
Cauca Canyon the Guasimo slide (Fig. 2) near Sabanalarga and the Playas Negras slide
(Fig. 3) at the Puente Pescadero (near Ituango) are examples of two larger slides with
distinctive topography.
Very large slides or groups of slides (some over 10 sq km in area), such as the Giraldo
slide in the upper Tonusco valley west of Santa Fe de Antioquia, may not be recognized
because they are larger than generally considered probable, and in fact could be confused
with ordinary mountain slopes. Another example of a hard to recognize slide is the large
Pasquita slide (Fig. 4), located 15 km east of Ituango. In this slide, the slide scarps occur
on the opposite nide of the ridge from the main slide mass, creating, in part, a graben •
form on top of the ridge. This slide may be in part a sackung, a type of mountain or
ridge top spreading where there is little evidence of a toe for the slide (Beck, 1967;
Radbruch-Hall and others, 1976).
Older slides that have been modified or partly destroyed by erosion are difficult
to identify; exposures of the deposit, however, may show the typically mixed and broken
nature of a landslide, or in places materials that appear like highly fractured bedrock
(Fig. 5).
Landslides can affect stream patterns by "pushing" streams or rivers to the opposite
sides of their valleys, causing a bowed pattern. Some of the irregular riverpatterns in the
region are probably inherited from old slides now long since removed by erosion. Fill
terraces may form upstream of the slide, if a slide dams a river for sufficient time, as did
the Guasimo slide (Page and Mattsson, 1980). Moreover, fill terraces or large alluvial
cones commonly form downstream of a slide through rapid alluviation of a valley below Figure 2 — El Guasimo Landslide (near Sabanalarga). The Río Cauca in foreground about 50 m
456 457
Paga & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia
Figure 3 — Playas Negras Landslide (near Ituango). There is a smaller slide at the bridge that is super-
imposed on the larger slide that extends from the road up to the right side of the photo. The Río
Cauca and the Puente Pescadero are in the foreground.
Figure 4 — Pascuita Landslide Olear Ituango). The scarps on the left indicate that the whole hillside,
including the town of Pascuita, is sliding to the right. These scarps may be in part a sackung.
458 459
Page & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia
Figure 7 — Alluvial-mudflow fans Olear Sabanalarga). The town of Barbacoas and the Río Cauca are
in the foreground.
460 461
Landslides and mudflows, in Northwest Colombia
Page & James
:"11. .1:011" • •
Figure 10 — Modern alluvial-mudflow (near San Carlos) This alluvial-mudflow fill was caused by road
construction upstream and is burying the old channel. Note the dead trees in the center.
463
462
Page & James Landslides and mudflows, in Northwest Colombia
Figure 12 — Alluviai-mudflow fill in reverse topography. (Quebrada Santa Maria, Near Toledo).
Figure 14 — "Cookie cutter landscape" (near Santa Rosa de Osos). Soil flows in saprolite are causing
the amphitheaters in the ridge.
valleys. Another kind of mudflow, called a soilflow, is composed almost entirely of finer older than Holocene and they are probably much older because they are wholly or in
materials (sands, silts, and clays). part weathered to saprolite. Those in the Río Negro area slope to the highest terraces
In northwest Colombia, a very common type of mudflow is the alluvial-mudflow in the Río Negro basin which are believed to be older than 730,000 years based on
(many are actually alluvial-debris flows, but in this paper we are lumping them all into paleomagnetic analysis (Page, 1980a). Schlemon (1971) attributes the cause of the older
the term alluvial-mudflow► . Alluvial modflows commonly occur as valley fills in small and slides in the Aburra valley to earthquakes. We believe, however, that climate was a signi-
moderate sized valleys in steep mountainous terrain (Fig. 6), and as fans where smaller ficant cause, because the region appears to have been significantly wetter during parts
drainages discharge into larger valleys (Fig. 7). Greatly increased sediment influx to the of the Pleistocene (Page, 1980b).
streams, generally originating from landslides or mudflows on steep slopes upstream
(Fig. 8) chokes the stream with both alluvium and mudflows (Fig. 9, 10). The debris CONCLUSIONS
is deposited as a valley fill, and deposition continues until the slopes that are the source
of the debris stabilize. The deposits can form in a few Lens of years and can be over 100 These preliminary observations on the ubiquity of landslides in the region suggest
m thick. They typically have weak stratification and poor sorting (Fig. 11), but can be that careful attention should be paid to landslides and mudflows in the siting and cons-
composed of marked alternations of debris flow deposits and alluvium. Once deposited, truction of major civil engineering works. Active slide and debris or mudflow areas should
the alluvial-mudflow is resistant to further erosion because of its low slope angle be avoided and care taken not to reactivate otherwise stable old slides, or to expose large
(generally less than 10 degrees) compared to adjacent slopes, high percentage of large areas to erosion, thereby causing alluvial-mudflows downstream.
rock clasts which the streams cannot move under normal conditions, and the binding
properties of the silt and clay materials in the deposit. As a result streams commonly flow ACKNOWLEDGEMENTS
along the margins of the valley fills and two parallel streams may form, one on each nide
of the valley fill. This resistance to erosion in places causes a central ridge in the valley We thank Alberto Arias, Gabriel Benalcázar, Michael Cline, Daniel Collins, Mary
(Fig. 12, 13) and over a period of time leads to reversed topography where mudflows Gillam, Humberto Londoóo and Leonardt Mattson for sharing their observations with us
cap long ridges and hill tops. The loma Juan Blanco near Santa Fe de Antioquia is such a and discussing the implications of sliding and the origin of alluvial-mudflows. We also
ridge. thank Integral and ISA for permitting this data to be published.
Stream patterns can be changed by alluvial-mudflows because the valley filling can
divert a stream across a divide into an adjacent valley. The flow can also cause the forma- REFERENCIES CITED
tion of parallel drainage pattern as mentioned aboye.
The fans that flank parts of the Aburrá valley near Medellín (mapped as talus by Beck, A.C., Gravity faulting as a mechanism of topographic adjustment: New Zealand Journal of
Botero, 1963) and described by Schlemon (1971), probably have been built up by a Geology and Geophysics, V. II, No. 1, p. 191-199.
series of fluid landslides or mud-flows (M. Hermalin, 1978, oral communication) and Botero, Arengo G., 1963. Contribución al conocimiento de la Geología de la zona central de Antio-
quia: Medellín, Anales de la Facultad de Minas. No. 57,101 pag.
hence have a similar origin to the alluvial-mudflow valley fills. Because the deposits are
Hoyos, P., 1979, Condiciones actuales y potenciales de erosión en la cuenca del curso inferior del
not confined to valleys, they have spread to form fans and aprons of coalescing fans río Grande: Tesis de Grado, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, 77 p.
below areas of metamorphic bedrock. Similar deposits are seen in the Río Negro basin to Page, W.D., 1980a, Guía excursión Ríonegro — Santa Fe de Antioquia: Primer Seminario sobre el
the south of Medellín. These fans do not form below slopes underlain by granitic rocks. Cuaternario de Colombia, Bogotá; 16 p.
Cookie-Cutter Landscape Page, W.D., 1980b, Soils developed on a sequence of alluvium-mudflow deposits near Santa Fe de
Antioquia, abstract: Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia, Bogotá, p. 33-35.
The highland near Medellín and particularly near Santa Rosa de Osos, is an ancient
Page, W.D. and Mattsson, L., 1980, Landslide Lakes near Santa Fe de Antioquia, Primer Seminario
erosion surface with deep saprolite weathering (over 50 m near Ríonegro). Soilflows sobre el Cuaternario de Colombia. Resúmenes, p. 32-33.
occur in the soft silty deposits at the heads of tributary streams in the partially dissected Pineda Montoya, A., 1980, Geomorfología de la Porción Nororiental del Valle de Aburra. Universi-
erosion surface and create a "cookie cutter landscape" (Fig. 14). dad Nacional, Fac. de Minas, Medellín, 1979.
This landscape is characterized by hills and flat-topped ridges that have a network Radbruch-Hall, D.H., Varnes, D.J., and Savage, W.Z., 1976, Gravitational spreading of steep-sided
ridges ("Sackung") in Western United States: Bulletin of Engineering Geology, V. 14, p. 23-35.
of streams, 10-50 m below the hill tops; high water table; stream valleys that are flat-
Schleman, R.J., 1971, Landslide terrane near Medellín, Colombia: University of California, Berkeley,
bottomed and moderately wide and terminate in amphitheaters at the heads of most of Office of Navel Research Contract No. N00014-69-A-0200, Project 1-483911-25886-3 77 p. plus
the tributary streams; and soil flows and slumps along the margins of the valleys. The figu res.
effect on the landscape is as if someone had cut cookies out of rolled dough. Vergara S., Heyley, 1976, Genesis de las terrazas del Río Tonusco e introducción a la geometría y
Age of Mass Movements geomorfología de la cuenca: Tesis de Grado, Fac. de Minas, Universidad Nacional de Colombia,
Medellín.
The landslides and alluvial-mudflows in the steep sided valleys and canyons, such as
the Río Cauca and its tributaries, have slides and alluvial-mudflows that are Quaternary
and Holocene in age. In this area many small slides and small alluvial-mudflows are
occurring at the present time, particularly where slopes have been steepened or vegetation
removed by man. A number of large slides, such as the Guasimo slide (Page and Matsson,
1980), are Holocene, but others appear to be older based on their smoother topographic
expression.
The large alluvial-mudflow fans in the Aburra valley and the Río Negro basin are
466 467
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 469 - 478 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
W. D. Page* • L. Manasen**
RESUMEN
A lo largo del río Cauca, cerca a Santa Fé de Antioquía 40 km al noroeste de Medellín, Colom-
bia, se presentan tres terrazas horizontales. Estas terrazas, conocidas como terrazas de Olaya, San Ni-
colás y Obregón, son terrazas de relleno separadas, compuestas principalmente por limos estratificados
y arena fina, y por grava gruesa cerca a las corrientes tributarias. Dichas terrazas, horizontales, oscilan
en altura sobre el río Cauca desde pocos metros en la zona aguas arriba hasta más de 100 metros en
la zona aguas abajo. Según varias dataciones por radiocarbón, en carbón proveniente de los depósitos,
la terraza Obregón se formó hace unos 3100 años BP., la terraza de San Nicolás hace cerca de 1500
años y la de Olaya hace unos 800 años.
Se cree que un gran deslizamiento, el Deslizamiento del Guásimo, ubicado cerca a Sabanalarga
en el cañón inferior del río Cauca. represó este río, creando grandes lagos. En estos lagos las terrazas
son rellenos de sedimentos. En el punto de deslizamiento, el lago Obregón era de 80 km de largo por
más de 140 m de profundidad; el lago San Nicolás de 60 km de largo por 110 m de profundidad; el
lago Olaya de 50 km de largo por 100 m de profundidad. Las terrazas más jóvenes están superpues-
tas dentro de las más antiguas indicando que el deslizamiento ocurrió por lo menos tres veces en el
Pasado: una hace cerca de 3500 años, otra hace unos 1500 años y una tercera hace cerca de 800 años.
ABSTRACT
Three horizontal terraces occur along the Río Cauca near Santa Fe de Antioquía, 40 km north
west of Medellín, Colombia. These terraces, called the Olaya, San Niclás and Obregón terraces, are
separate fill terraces composed primarily of bedded silt and fine sand, and, near tributary streams, of
coarse gravels. The terraces, because they are horizontal, range in height aboye the Rio Cauca from
a few meters on their upstream parts to over 100 meters in their dovvnstream parts. Based on several
radiocarbon dates on charcoal from the deposits, the Obregón terrace formad about 3100 years BP,
the San Nicolás terrace about 1500 years ago, and the Olaya terrace about 800 years ago.
A large landslide, the Guásimo landslide, located near Sabanalarga in the lower Cauca Canyon,
is believed to have dammed the Río Cauca to form several large lakes. The terraces are sediment fills
1 in these lakes. Lake Obregón was 80 km long and more than 140 m deep at the slide; lake San Nicolás
was 60 km long and 110 m deep at the slide; lake Olaya was 50 km long and 100 m deep at the dicte.
Because the younger terraces are inset into the older terraces, the slide moved at least three times in
the past: once about 3500, once about 1500, and once about 800 years ago.
INTRODUCTION
During seismic hazard studies that we were doing to evaluate two hydroelectric
projects for Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), the authors discovered evidence that
three prominent, horizontal terraces of the Río Cauca (Píate 1; Fig. 1) near Santa Fe
de Antioquia (west of Medellín) were formed by in-filling of landslide—caused lakes.
According to this hypothesis, each time the hube Guásimo landslide sud and dammed
the Río Cauca, a lake and one of these fill terraces formed. The terraces are called the
Olaya, the San Nicolás, and the Obregón. The sediments deposited in the lakes were
generally of two'types: silt and fine sand from the Río Cauca and coarse grave) and sand
from the tributary streams.
VJoodward-Clyde Consultants Three Embarcadero Center, San Francisco, Cal if. 94111.
• • Western Geophysical Company Bogotá (Vinculado anteriormente a Integral Ltda. Medellín)
469
▪
Page & Mattsson Landslide lakes neer Santa Fa de Antioquia
Besides our work on the Quaternary geology along the Río Cauca in this area which
was directed at evaluating Quaternary faulting (Woodward-Clyde Consultants, 1979,
1980), only one other Quaternary study has been done in the area: Vergara (1976)
A AI
investigated the Río Tonusco terraces at Santa Fe de Antioquia. We are continuing our —T
study of the landslides and the lake deposits in order to determine sedimentation rates ••„I
of the Río Cauca in the late Holocene. • 4.„ I••
• .1
TERRACES •• • . I.
*.
Olaya Terrace — The Olaya terrace extends northward from the Quebrada Cañavera-
• • .000
les near the San Nicolás where it is 9 m aboye the Río Cauca to north of the Quebrada
••.« •
Juan García where it is 35 m aboye the river. The deposit is a fill ranging to more than
.••••
•!
35 m thick. The terrace occurs as infillings in smaller tributary valleys adjacent to the Río
Cauca and along the margin of the Cauca upstream from the Puente Occidente. Where
• •
preserved, it commonly has a fíat, undissected surface; however, many small streams • *". . r.
have deeply incised the deposit, forming small, vertical canyons. A number of other . • • •ae.
small streams however remain blocked by the terrace deposit causing swampy areas •
Roo Couea •
between the terrace that borders the Río Cauca and the lower part of the tributary. •
The deposit is made of many layers of graded bedding (like thick varves) of fine sand,
silt, and clay (Fig. 2). Near Sucre, the layers are each 20 to 30 cm thick. In places the
Olaya terrace silts overlie a paleosol developed on older terrace silts (Fig. 3). Upstream
the Río Tonusco, the deposit has a gravel facies. The Río Tonusco has a narrow, alluvial ecos
3000
ego
terrace fan, the downstream projection of which is approximately 14 m aboye the Cauca, r4OK ILINICTI•011
less than 5 percent of the clasts are iron stained. 9 15 pproximate location boto on obe•ryation• :meg
EOELLIN
Iwwolars and hand levet.
The San terrace is about 1500 years old, based on two radiocarbon dates on SELLO
scene
charcoal: 1715 ± 195 and 1345 ± 145 years BP. The first sample was from a silt bed near UP
Quebrada Noque, the later from a paleosol buried by varved silts in the arroyo of the
Quebrada Batea near the Puente Occidente.
Obregón Terrace — The Obregón terrace is found from south of the Quebrada No-
ANTIOQUIA
que to the Quebrada Juan García. Near the Quebrada Noque, the terrace is 34 m aboye ¡Lie to QClara) Plata 1
the Río Cauca; near the Quebrada Juan García, it is 75 m. The deposit is a silt fill that
ranges to more than 75 m thick, similar to the Olaya and San Nicolás terrace deposits.
470 471
•
LL17
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Dr
Figure 1 -- The Three Fill Terraces (between the Puente Nuevo and the Puente Occidente). The three
terraces are in the middleground, the Río Cauca in the foreground. View looking to east.
473
Page & Mattsson Landsiide lakes near Santa Fé de Antioquia
Figure 3 — Olaya silt deposits overlying Obregon (? ) silt deposit (near Olaya; on west bank of Río
Cauca). The contact between them is the line that angles downward from right to left.
Figure 4 — San Nicolás and Obregon Terraces (near the Santa Fe airport). The photo is tilted. The
flood plain is in the left foreground; the San Nicolás terrace is the extensive fíat terrace extending
into the quebrada and is the first terrace aboye the flood plain. The Obregon terrace is behind the
cliff in the right foreground and the dissected terrace in the left middleground.
474 475
Pape & Mattsson Landslide lakes neer Santa Fé de Antioquía
The deposit has been extensively eroded by the Río Cauca and the major tributary
streams. Remnants occur as "shoulders" on the divides between small quebradas, as
isolated flat-topped hills when protected by a cap of quebrada grave) (Fig. 4), and as more
extensive dissected surfaces south of the Puente Occidente. Where protected by grave!, it
has a fíat undissected surface; where the silt is at the surface, it is dissected so that only
the tops of the deposit al ign to form a fíat surface.
The deposits consists of brown, iron-stained silt and sand that occur in coarse layers
and which locally interfinger with angular to subrounded grave! deposits the nearby
streams (Fig. 6). An eroded, narrow remnant of a terrace fan of the Río Tonusco projects
to the Obregón terrace about 50 m aboye the Río Cauca.
The silt deposits of the Obregón terrace have a moderately weak soil development.
The B horizon is 75 cm thick, very dark grayish brown to dark yellowish brown, and has
few, thin clay films. Weathering has caused iron oxide stains on the grave), which occur
in tenses in the deposit; the quartz diorite and greenstone clasts have weathering rinds as
thick as 1 mm. Approximately 5 percent of the clasts are easily picked apart.
The upper part of the Obregón terrace is 3115 ± 200 years old, based on a radio-
carbon date on charcoal taken 12 m below the top of the terrace, 1.5 km north of the
Santa Fe airport.
Other Silt Terraces — A possible fourth silt terrace, older than the Obregón terrace,
is found at the west Quebrada Seca near Obregón. An alluvial-mudflow gravel deposit,
which is 74 m aboye the Río Cauca, caps a silt deposit at least 4 m thick. The surface of
the terrace is only a few hundred square meters and it is fíat; it is the only remnant
observed at that elevation.
Origin of the Silt Terraces — We believe that the Olaya, San Nicolás, and Obregón
terraces were formed by damming of the Río Cauca by the El Guásimo landslide near
the Quebrada Clara, west of Sabanalarga (Fig. 7). The slide is 3 km long, 1 1/2 km wide,
and 1/2 km high. Outcrops and the topography of the slide indicate that it slumped into
Figure 6 -- Obregon terrace deposits (near Santa Fe airport; same the canyon of the Cauca as a large block or group of large blocks with relatively small
place as in Fig. 4). Quebrada gravels are capping bedded silt depo-
displacements between blocks. Thick silt deposits (of the Olaya and Obregón terraces)
sits.
occur in the Cauca canyon in protected spots upstream from the slide, and not down-
stream. The landslide apparently first fell into the canyon approximate)y 3500 years
ago, perhaps triggered by an earthquake. It created a large lake, "Landslide Lake Obre-
gón" that was more than 80 km long and more than 140 m deep at the sude. The slide
was large enough and resistant enough to downcutting of the Río Cauca to allow the
lake to fill with sediment, predominantly fine sand, silt, and clay, to the leve) of the dam,
creating the Obregón terrace. It orobably took 200 to 400 years to fill, if two varves,
each 20 to 30 cm thick, were deposited in each of the two yearly rainy seasons.
Alter forming the Obregón terrace, the river cut through the landslide and eroded
much of the Obregón terrace deposit. The slide was reactivated about 1500 years BP,
possibly by another earthquake. It dammed the Cauca and formed "Landslide Lake
San Nicolás". This lake was 60 km long and 110 m deep at the landslide. It probably
filled in 200 to 300 years, using the same reasoning as aboye, forming the San Nicolás
terrace.
Alter formation of the San Nicolás terrace, the river either cut through the slide
and eroded much of the San Nicolás terrace deposit or partially cut through the slide.
The slide was reactivated about 800 years ago, and again damed the Cauca to form
"Landslide Lake Olaya". This lake was 50 km long and 100 m deep at the slide. It
Figure 7 — El Guásimo Landslide (near Sabanalarga). The Río Cauca in the foreground is about 50 probably filled in about 200 years. The Río Cauca cut through the slide and eroded much
m wide. of the Olaya terrace deposits before the arrival of the Spaniards 500 years ago.
476 477
Page & Mattsson
ACKNOWLEDGEMENTS
REVISTA CIAF VOL. 6 '1-3), 479 - 485 11981) — ® CIAF, BOGOTA . COLOMBIA
We thank our assistant, Humberto Londoño, for his help in the field and Integral
Ltda. and ISA for their cooperation in releasing the data for publication.
SUPPLEMENTARY EVIDENCE FROM QUATERNARY COLOMBIAN
ASHES FOR THE SOURCE AREA OF THE L LAYER (PANAMA BASIN)
REFERENCES CITED
P.A. Riezebos"
Vergara S., H., 1976, Génesis de las terrazas del Río Tonusco e introducción a la geometria y geo-
morfología de la cuenca: Tesis de Grado, Fac. de Minas, Universidad Nacional de Colombia,
Medellín..
Woodward-Clyde Consultants, 1979, Phase I, preliminary seismic hazard study for the Cañaf isto dam
RESUMEN
sites, Cauca River Hydroelectric Project, Colombia: Report to Integral Ltda. and ISA; 97 p,
plus tables and figures. Las numerosas cenizas volcánicas que se depositaron en el centro de colombia durante el ultimo
Woodward-Clyde Consultants, 1980, Phase I, preliminary seisniic hazard study for the Ituango dam millón de años, muestran distintas distribuciones frecuenciales de los índices de refracción de las Par-
site, Cauca River Hydroelectric Project, Colombia: Report to Integral Ltda. and ISA; 152 p. tículas de vidrio. Con un maximo obvio entre 1,499 y 1,507 los valores modales son similares a los
plus appendices, tables and figures. obtenidos en la bien conocida capa L 11,503 a 1,505), analizada en 7 corazones del Basin del Pana-
má y cuya edad es de 230.000 años. Estos valores comparables sugieren una fuente común y apoyan
la hipótesis, anteriormente emitida, de que la capa L proviene de un volcán situado en Colombia o
Ecuador.
ABSTRACT
A great number of volcanic ashes found in central Colombia and ranging age mainiy through
the last million years, displays distinct modal and bimodal frequency distributions of the refractive
indices of associated shards. A frequency — refractive index plot of these modal values yields an
obvious maximum between 1,499 and 1,507. A similar determtnation of shards from the weil-knovvn
L layer lage: 230,000 yearsl recovered from 7 Panama Basin cores shows modes between 1 503 and
1.505. These closely comrnon source and support the eartier hipothesis that the L layer was derived
from a voicano in Colombia or Ecuador.
INTRODUCTION
One or more volcanic ash layers occur in numerous deepsea sediment cores from
the eastern equatorial Pacific off Central America and northern South America. Bowles
et al., (1973) identified and correlated these layers over wide areas of the sea floor by
means of trace and minar element analysis. The D and L layers are the most widely
distributed ashes occupying areas of 400.000 km 2 and 300.000 km:respectively (Fig. 1).
The L layer was dated at approximately 220,000 years while the D layer was considered
to have en age of about 54,000 years. On the basis of minar and trace element contents
the Tecpán-Chimaltenango basin in the Guatemalan Highlands was thought to be the
source area of the D layer. Recent studies (1"..exler et al., 1980) have confirmed the
source area of the D layer, but an age of about 84,000 years is presently assigned to the
ash. The L layer was presumed to have been produced by eruptions in the volcanically
active regions of Ecuador and Colombia (Bowles et al., 1973).
Later work on the L layer by Ninkovich and Shackleton (1975) gave more data
about its distribution, composition and stratigraphic position and yielded, by severa)
independent methods, an age of 230,000 years. Some volcanoes in northern Ecuador and
southern Colombia are suggested as a possible source of this ash. A diagram showing the
average refractive index of the shards associated with the L ash in 16 cores is given in
the present study (see inset Fig. 1).
478 479
Riezebos Supplementary evidence from quatemary Colombien *ches
Within the framework of a research project on the Quaternary of Colombia (van der RESULTS AND DISCUSSION
Hammen, 1973) volcanic materials intercalated in deposits of geologically rather young
age, and mixed with soils at the present and earlier land surfaces are being studied. Most Measured samples are available from 18 localities situated in an elliptically shaped
of the volcanogenic material consists of fine-grained airborne ashes found as separate area extending from Laguna de Tota in the Cordillera Oriental to the vicinity of Espi-
laminae, globules, or lavers in core sections and exposures. But also the finer constituents nal in the Río Magdalena Valley (Fig. 1). The area partiy includes the Ruiz-Tolima
of dispersed, coarse pyroclastic material exposed in gullies and road cuts of terrace-like complex which is the northernmost portion of the volcanic arc of Colombia and Ecua-
or fan-like landforms are studied. dor. Each locality is a core section or an exposure representing one or more samples
in which mode and spread of the r.i. values of the shards could be determined. The
METHODS
oldest ash measured is about 4.106 years old (van der Hammen et al., 1973) but the
Accurate measurements of the refractive index (r.i.) of the associated glass particles majority of ashes probably covers the last million years.
constitute an essential part of this work (Riezebos, 1978), since within a single Inspection of the r.i. values and their spreads shows that four types of frequency
petrographic province or magmatic suite the examination of this property may be a distribution curves can be distinguished in the Colombian materials (Fig. 2). The first
simple and rapid means of determining affinities or differences between isolated or asso-
ciated ash occurrences. With the exception of the samples from soils and rather deep core 20
sections (> 160 m), the pyroclastic materials generally contain sufficient shards to
15. Type 1
establish mode and spread of their r.i. values. Only occasionally is the measurement
seriously interfered with, or even completely prevented, by devitrification or other
10-
alteration phenomena of the shards.
100 95 90° 85' 80' 75'
15- Type 11
10-
15° CARIBEAN SEA
0
15- Type M
15- Type
•5
V21-214. 10.
PACI FI C Y(39-106P V17-42 •
• COLOMBIA
V19-25•
V17-43.
refractive index
equ ator Figure 2 — Common types of frequency distribution curves of r.i. values of shards in Colombian
ECUADOR ashes.
.3
V19-28
•
• RC13-140 •
V15-32 has a rather narrow spread, although often thin "tails" may be present, and a very
obvious modal value. The second type exhibits clearly two modes having approximately
PERU equal amplitudes. The third is likewise bimodal but the modal values have an evidently
OCEAN unequal amplitude. The last type is multipeaked with low amplitudes or lacks clear
• peaking and usually has a rather wide spread.
In Fig. 3 the frequency of modal values found in the distribution curves of type 1
.10'
101 has been plotted against the refractive index, and also those modes established in the
1000 km bimodal distribution curves (type II and III). Hence the figure demonstrates the regional
compilation of all discerned modal values from the distribution curves- I, II, and III. The
100° 95° 90° 85» 80' ;5°
frequency curves of type IV have not been used.
Figure 1 — The area) distribution of the L layer (solid line) and the D layer (dashedl. Dots
indicate the core sections from which shards associated with the L layer have been measured in Though modes up to and including 1.535 have been measured, most are confined
this study. The shaded region in Colombia represents the area from which the Colombian to values between 1.499 and 1.507, As the cites in the Colombian area represent a
refractive index (r,1,) are derived. The inset displays the refractive index diagram of Ninkovich random data set, as far as the r.i. values of the Shards are concerned, this indicates that
and Shackleton (19751.
480 481
Supplementary evidence from quaternary Colombian ashes
Riezebos
ashes and other pyroclastic materials with glass showing modes ranging principally Ul C.11 tnin u",
O o o o • o o ro ro co
o rD • a o N O ro CO 0)
between these limits were produced in or nearby this area. It strongly suggests that during
the Quaternary Period volcanic sources in this area remained active and erupted mainly
products with shards showing this narrow range of r.i. values. This suggestion is supported
10
12
Exposure in fluvial terrace dispersed pyroclastic mat 20
10 7500 W depth grab sample ca 35m
(15 N 10
Figure 3 — Regional compilation of modal r.i. values derived from the distribution curves I, II,
and III.
Exposure in terrace dispersed pyroclastic mat 20
7(49 W depth grab sample ca 3m
4'06 N 10
by the fact that almost identically shaped r.i. frequency distribution curves of the shards
have been established not only at very different depths in a single core section, but also
at localities tens or hundreds of kilometers appart (Fig. 4).
A direct comparison of the results shown in Fig. 3 with the average histogram of
Figure 4 — Examples of similarly shaped r.i. frequency distributions of shards obtained from
Ninkovich and Shackleton (see inset Fig. 1) is not possible. Fortunately the Lamont- Colombian ashes in temporally and spatially different positions.
Doherty Geological Observatory Core Laboratory made available for measurement
samples of the L layer from 7 deep-sea cores. An ash sample from the Panama Basin core
the results in F ig. 5 were determined from the 74 -44, m size fraction of 7 core samples;
Y60-106P with a presumed age of about 260.000 years, was made available by Dr. T.C.
the measurement procedure, temperature, and other conditions were different.
Moore Jr. of the University of Rhode Island, Kingston.
However, comparison with the Colombian data is possible as the latter have been
The results of the r.i. measurements of the shards from these samples are shown in
determined from similar size fractions (74-44 ir m and 75-5011 m) and under equal
Fig. 5. With exception of the measurement obtained from core V 17-43, the curves
measurement conditions. The L layer modes are fully encompassed by those previously
demonstrate a good mutual resemblance in modal and spread value. The modes vary
established for most of the Colombian volcanic products, and on the basis of this a
between 1.503 and 1.505. For several reasons these results equally can not be compared
similarity between the L ash layer and a considerable portion of the ashes and other
directly with the histogram of Ninkovich and Shackleton; these authors measured the 350
puroclastic materials occurring in the central part of Colombia may be inferred.
-63At m size range of the L layer samples from 16 cores in the Panama Basin whereas
483
482
Riezebos Supplementary evidence from quatemary Colombian asiles
30
1974). But in spite of this, it seems natural to assume that the Ruiz-Tolima volcanoes still
V19-25 made important contributions to the ash sequence found east of the Cordillera Central.
20 _
Lat 2'28-N
Long 181'42'W These contributions possibly occurred only or mainly during the northernmost displace-
1 " Depth + thIckness: 779 -791cm ments of the doldrums.
1 \ In the latest work on the L ash (Ninkovich and Shackleton, 1975), isopach and grain-
1.510 1.500 size analysis of the L layer constituted arguments for its origin in Colombia and/or Ecua-
3 dor. By using a diagram of equal K20 vs. Si02 values for equal depth to the 3enioff zone,
-. V69 -106P Ninkovch and Shackleton tried to limit the source area in the volcanic arc of these coun-
2
Lat : 2.59'N tries more precisely and mentioned as a first approximation some volcanoes in Ecuador
Long.: 86'33' W
' Depth + ttuckness: 505 -510 cm and South Colombia.
. However, in view of the parallelism of the Ecuatorian and Colombian volcanic arc to
I
1510 1500 the Perú-Chile trench, a northward extension of the possible source zone indicated by
2 _ V17-43
Lat. : 1.52'N Ninkovich and Shackleton (1975) seems obvious. Such an extension will comprise most,
_ Long.. 82.37-W
Depth + thickness: 815 -825 cm 31<1.497 if not all, of the remaining Colombian volcanoes, including those of the Ruiz-Tolima
3% 1.514
complex which also exhibit a certain linear alignment (Herd, 1974).
1.510 1.500
■
-
CONCLUDING REMARKS
V21-214
2 ,_
Lat. :3'50'N
Long.. 80.58'W
The results reported here support the hypothesis that the L layer was derived from
' Depth + thIckness: 962 -966 cm the volcanic arc in Ecuador and Colombia, but they do not provide evidence for an
accurate definition of the source area. On the contrary, they suggest that volcanic vents
,
1.510 1.500
3 ■
- in the northernmost portion of the arc equally well might have produced the L ash.
1- V17-42
2
Lat. : 3.32'N ACKNOWLEDGEMENTS
Long.: 81'11'W
Depth + thickness: 772-777 cm
Supported by the Netherlands Foundation for Tropical Research (WOTRO). Dr.
.. . 1
1.510 1.500 F.W. McCoy (Lamont-Doherty, Columbia University) and Dr. T.C. Moore Jr. (School
1-
of Oceanography, University of Rhode Island) are gratefully acknowledged for making
V15 -32
2 1- available the deep-sea samples. Mr. A.J. van Geel drew the figures and Mrs. M.C.G. Keijzer
Lat :3.15'S
Long .82.30'W typed the manuscript. The assistance of Ing. H.P.M. Stoltenberg with the optical work is
1" Depth + thickness:604 -612 cm gratefully appreciated. Appraisal is also extended to Prof. Dr. T. van der Hammen and
1 1 , prof. Dr. S.C. Porter who critically read the manuscript.
1.510 1.500
3 1-
V19-28 REFERENCES
2
Lat. :2'22'5
Long.: 84.39'W
1 1" Depth + thickness: 875 - 877 cm Bocales, F.A., Jack, R.N. and Carmichael, I.S.E., 1973. Investigation of deep-sea volcanic ash layers
from Equatorial Pacific cores. Geol. Soc. of America Bull., 84, p. 2371-2388.
I I Drexler, J.W., Rose Jr., W.I., Sparks, R.S.J., Ledbetter, M.T., 1980. The Los Chocoyos Ash, Guate-
1.510 1.500
3 I- mala: A Major Stratigraphic Marker in Middle America and in Three Ocean Basins. Quaternary
I _ RC13 -140 Research, 13, p. 327-345.
2 Herd, D.G., 1974. Glacial and volcanic geology of the Ruiz-Tolima volcanic complex, Cordillera Cen-
Lat 2'51'S
Long.- 87'45' W tral, Colombia, Unpublished Ph.D. dissertation, University of Washington, Seattle, Washington.
/-- Depth + thIckness. 830- 835 cm Ninkovich, D. and Shackleton, N.J. 1975. Distribution, stratigraphic position and age of ash layer
"L" in the Panama Basin region. Earth and Planetary Science Letters, 27, p. 20-34.
1 y •
1.510 1.500 Riezebos, P.A. 1978. Petrographic aspects of a Sequence of Quaternary Volcanic Ashes from the
refractive index Laguna de Fúquene Area, Colombia, and their Stratigraphic Significance. Quaternary Research,
10, p. 401-424.
Figure 5 — Frquency distribution curves of the r.i. values of 74-447 m shards from the L layer
Van der Hammen, T., 1973. The Quaternary of Colombia: Introduction to a research project and a
in 8 deep-sea localities.
series of pu bl ications. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 14, p. 1-4.
At present eastern tropospheric winds are dominant in the equatorial belt. They Van der Hammen, T., Werner, J.H. and van Dommelen, H., 1973. Palynological record of the upheaval
apparently predominated also during the Pleistocene, as is indicated by a westward of the northern Andes: A study of the Pliocene and lower Quaternary of the Colombian Eastern
Cordillera and the early evolution of its high-Andean biota. Review of Palaeobotany and Palyno-
rising Pleistocene snowline in the Ruiz-Tolima complex and by a greater thickness and
logy, 16, p. 1-122.
coarser character of postglacial pyroclastic units west of the volcanoes in that area (Herd,
484 485
REVISTA CIAF VOL 6 (1-3), 487 - 503 (1981) @ CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
ABSTRACT
The Colombian Institute of Hydrology, Metereology and land Adaptation (HIMAT) arranged
to carry out a study about the morphological and hydrological characteristcs of the section of the
Magdalena river, between San Pablo and Badillo, as these pertain to flood control and navigational
su itability.
In order to achieve the objectives, the geology, hydrology, climatology, geomorfology and
other aspects of the area were studied and analyzed. Aerial photographs, radar and satellite imagery
were usad, wich permitted the identification of the principal morphological units, with posterior
field verification.
The section studied a strecht of 63 km from the Magdalena river between the aboye mentioned
settlements. At the foot of the Central Cordillera some Tertiary geological formations had been
identified, and toward the east were found Cuaternary deposits which conform the so callad Magda-
lena formation.
Samples were taken from 27 perforations drilled with a Duch auger. Granulometric and mor-
phoscopic analysis revealed the genesis and evolution of each morphological unit, as well as their
ch arac teriz ati on s.
INTRODUCCION
487
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
Los planes trazados por HIMAT, de sectorizar el río Magdalena, para optimizar los
estudios de tramos que, aunque contiguos, funcionan corno unidades morfológicas y
fluviales independientes, permitieron continuar hacia aguas abajo estudios anteriores,
para lo cual se seleccionó el tramo San Pablo-Badillo, cuyo límite superior lo establece
el estrechamiento de San Pablo, donde el río no se desborda y el límite inferior el estre-
chamiento de Badillo.
Los principales objetivos perseguidos fueron:
— Estudiar las características morfológicas e hidrológicas del tramo del Río Magdalena
comprendido entre los estrechamientos de San Pablo y Badillo.
Determinar la composición, génesis y comportamiento hidrodinámico de los dos
OCE
estrechamientos y del ensanchamiento que los separa.
- Identificar y caracterizar las unidades morfológicas menores que se desarrollan en
cada una de las tres unidades morfológicas mayores nombradas.
- Determinar la morfología del cauce (por batimetría), así como la composición de
los materiales acumulados y los transportados.
Conocer y comprender la génesis de los fenómenos de erosión que han causado el
ensanchamiento.
La metodología seguida, es básicamente la misma desarrollada en el estudio geo-
morfológico de la Cuenca Magdalena-Cauca, con las adaptaciones y ajustes necesarios para
un estudio como el que aquí se presenta.
FORMAS DESARROLLADAS
OC E ANO
El sector de estudio está limitado por dos estrechamientos importantes: uno en el
PACIFICO
cual se localiza la población de San Pablo y otro en la población de Badillo. Las unidades
geomorfológicas identificadas son las siguientes:
Esta unidad corresponde al área localizada al Oeste del Río Magdalena, la cual aflo-
ra hacia el río en el municipio de San Pablo limitada por un talud de forma vertical que
puede alcanzar hasta unos 12-13 metros. Sin embargo, ese espesor disminuye hacia el
Norte desapareciendo en la confluencia de los ríos Bogue y Santo Domingo. En general
ECUADOR. BRASIL
esta unidad tiene topografía plana inclinada ligeramente hacia el Oeste y disectada por
algunos cursos de agua procedentes de la Cordillera Central que confluyen con el Río
Santo Domingo, cuyas aguas corren en dirección S-N. Geológicamente aparece identifi-
cada con la formación Mesa (de edad Plioceno).
Los materiales que constituyen esta terraza, son fundamentalmente, clastos de can-
tos rodados embebidos en una matriz areno-arcillosa entre los que se identificaron: cuar-
citas, lutitas, areniscas poco compactadas, cuarzo, etc.
PERU
HIMAT La comparación de perfiles estratigráficos de esta unidad, permitió identificar la pre-
PROYECTO SAN PAULO-CADILLO sencia de varios estratos y una disposición ordenada de los materiales en sentido vertical,
- LOCA L 12 A C10
I N- de tal forma que los de mayor tamaño se ubican hacia la base, en frecuente contacto con
50 9 59 100 20011 el nivel de las aguas del Río Magdalena.
FIG.N9 I La organización selectiva de los clastos y el carácter de redondez que los caracteriza,
son indicio de transporte en medio fluviatil, de mayor capacidad de carga y mayor com-
petencia que el actual cuya acumulación evolucionó hacia la terraza presente.
Análisis morfoscópicos efectuados sobre varias muestras de sedimentos demostra-
ron sin embargo, que los de San Pablo han sufrido mayor transporte que los que confor-
man el subsuelo de los alrededores de la finca del Edén. Por otra parte, aunque los mate-
riales son generalmente clastos de cantos rodados en matriz areno-arcillosa, los clastos
489
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
analizados en "El Edén" son generalmente de menor tamaño que los de San Pablo. tradas en Vijagual confirman la existencia de antiguos lechos de ríos afluentes del Magda-
Si se tiene en cuenta que se trata de una misma unidad morfológica, se infiere que la lena cuyos materiales provienen de la Cordillera Oriental.
diferencia en tamaño de los granos es explicable por la ausencia de estratos superiores en
San Pablo, los cuales fueron erodados por un proceso fluviatil posterior a la depositación, DEPRESIONES INUNDABLES
que dió origen a dos niveles.
La morfología plana de la unidad, su posición longitudinal respecto al curso de agua Estas unidades se desarrollan en ambas márgenes del Río Magdalena en sentido lon-
y la característica de no ser inundable, aún en las épocas de crecida permite afirmar que gitudinal a éste y corresponden a unidades menores (subordinadas) de la planicie aluvial.
se trata de una terraza encajonada cuyo nivel superior se localiza en las cercanías de la Depresión al Este del Río Magdalena
finca El Edén. Como se dijo anteriormente, se trata de una interrupción (concavidad) de la planicie
aluvial del Magdalena-Lebrija. Las mayores concavidades se ubican al Sur del caserío de
2. PLANICIE ALUVIAL Chingalé dando origen a ciénagas de considerable extensión como la de Colorado, Luna
y Chocoa. Hacia el Norte el terreno es un poco más plano (menos cóncavo) dividido por
Esta unidad morfológica se desarrolla en el pie de la Cordillera Oriental y desciende el caño Grande que corre paralelo al Lebrija (ver mapa anexo). Los materiales son general-
hasta cercanías de la Cordillera Central, inclinada en esa dirección. Su inclinación hacia el mente limos y arcillas.
Oeste (Cordillera Central), es inducida por efectos de las acciones tectónicas que afectan Esa presencia de limos aclara que se trata de sedimentos depositados a causa de una
el valle del Río Magdalena en esa área. pérdida en la competencia del curso de agua que los transportó, y que son por tanto pro-
Se presenta como una amplia zona plana, sobre la que se desarrollan los valles de los ducto de la acumulación por desbordamientos del Magdalena. Las arcillas son a su vez
Ríos Magdalena y Lebrija, los cuales circulan en dirección (S-N) transversal a la acumula- el resultado de la decantación por procesos fluviolacustres bajo un régimen de aguas
ción. A consecuencia de los desbordamientos de los ríos y de la doble pendiente que pre- tranquilas.
senta (una transversal y una longitudinal al Magdalena) se ha formado entre las dos una Estos sedimentos de desbordamiento, al instalarse sobre la margen derecha del río
amplia depresión inundable. impiden el paso de cursos de agua menores, procedentes de la Cordillera Oriental, los
Para lograr su caracterización se efectuaron siete perforaciones (apiques) a profundi- cuales ante la imposibilidad de correr e infiltrarse dan origen a las ciénagas mencionadas,
dades entre tres y siete metros, sobre la margen derecha del Río Magdalena; de Chingalé favorecidos además por los efectos tectónicos enunciados. En tales condiciones, las aguas
hacia el Norte. de exceso, procedentes del Magdalena a través de caños durante las crecidas que no pue-
Aguas abajo del caserío de Vijagual se encontró el siguiente perfil estratigráfico: den ser contenidas por las ciénagas corren entonces en dirección S-N por caños subpara-
lelos al curso de agua principal.
— 10 cm Limos de color gris claro con manchas ocre, poco compactados. — Depresión al Oeste del Río Magdalena
10 — 90 cm Limos gris claros dominantes con algo de arenas finas y buen conte- Está dividida en tres secciones: la primera en cercanías de San Pablo, limitada al
nido de mica blanca (muscovita) poco compactados. Oeste por los materiales de la terraza de San Pablo y al Este por un dique de unos siete
90 — 170 cm Arcillas dominantes con limos de color gris oscuro y buena compac- kilómetros de longitud. Es una concavidad de unos tres kilómetros de ancho que recibe
tación. las aguas de desbordamiento del Río Magdalena y en ella se encuentra la ciénaga de
170 — 200 cm Arenas Piñas de color pardo oscuro sin compactar. Canaletal. La segunda es una faja angosta de unos 25 kilómetros de longitud entre Cana-
200 — 220 cm Arenas finas predominantes con algo de arcillas de color pardo pre- letal y el caño Barbú (ver mapa anexo) con adecuada pendiente longitudinal que permite
dominantemente compactadas. la evacuación de aguas lluvias y de desbordamiento. La tercera, que divide longitudinal-
220 — más Aparecen gravillas con arena gruesa de color gris oscuro sin compac- mente la terraza, es más ancha hacia el Norte, donde son comunes pequeñas ciénagas,
tar. entre ellas Burgos, Pita y otras. Esta tercera sección está limitada lateralmente por los di-
Se observa que los primeros 90 cm de este perfil están constituídos por limos y are- ques formados por los Ríos Magdalena y Santo Domingo.
nas finas, a partir de los cuales aparecen arcillas intermezcladas con limos y arenas finas La primera depresión sobre la que se halla la ciénaga de Canaletal se explica como
hasta una profundidad de 220 cm. Finalmente y hasta terminar el apique gravillas en una consecuencia de una desviación del curso de agua, hacia el Este, y de la instalación de di-
matriz de arenas gruesas. ques en el borde actual del lecho del Río Magdalena. Al igual que se explicó en las ciéna-
Estas gravillas fueron localizadas por Aram ís Martínez en el Proyecto Sabana de To- gas del Este, al rebasarse la capacidad de almacenamiento natural, se produce la evacua-
rres a una profundidad de 150 cm lo que parece indicar la continuidad de una terraza ción de excesos en dirección S-N por intermedio de caños subparalelos al Magdalena
fosil izada. que se forman a causa del basculamiento anotado en la misma dirección (segunda depre-
La comparación con los demás perfiles de las perforaciones de esta unidad permitie- sión).
ron establecer que la distribución en capas de los materiales, la predominancia de limos La tercera depresión sobre la que se hallan las ciénagas de Burgos y otras, se formó al
y arenas finas en los primeros horizontes, de arcillas a continuación, excepcionalmente de quedar interrumpidos los valles de ríos procedentes de la Cordillera Central por diques
turbas, y de gravillas en el fondo permiten aseverar que los materiales depositados confor- que han sido formados por el Magdalena.
man una planicie de acumulación de tipo fluviatil sustentada además por su ubicación
geográfica respecto al curso del agua. 3. EL LECHO
Limos y arenas finas son et producto de los desbordamientos del Río Magdalena, en
tanto que las arcillas son el resultado de decantaciones fluviolacustres y las gravillas encon- Se distinguen dos tipos de lecho: lecho menor o de aguas bajas y lecho mayor o
490 491
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
de aguas altas, cada uno de los cuales está limitado en sus márgenes por diques natura-
les que ha dejado el desbordamiento de las aguas altas.
ocOe n
Son dos bandas aproximadamente paralelas que sirven de límite entre el lecho ma- w
.'.1D,,
' O •Gi 17o
yor y las unidades anteriormente mencionadas (ver mapa anexo), por encima de los cua- o c) Clá):0
I I
FIGUR A N 22
les, al desbordarse las aguas altas, facilitan la acumulación de materiales (limos y arenas Ir r.7?°; 9.0. 0
0. 0 '-o• 'D O
finas) que contribuyen a aumentar su espesor. O• o
En perfil transversal tiene forma levemente convexa, sus materiales se distribuyen en
.b 0 O :o <1
capas o estratos que regularmente están conformados por limos, arenas finas dominante- Cr
(.9
conforma un solo canal por donde circulan las aguas altas y bajas en una sección trans-
a
versal de 1.750 m en tanto que en Badillo el ancho es de 2.000 m. Entre estos dos estre- 2
14.o(
chamientos (ver mapa anexo) la parte central es la de mayor sección transversal (4.000 ,•
O
metros en la isla La Tigrera) donde son frecuentes brazos e islas. e
4
En general el fondo del lecho mayor presenta una disposición hetereogénea de los
materiales debido a la permanente divagación del lecho menor dentro de él. Cada posi- o
ción del lecho menor permite la depositación de gravillas en el fondo que son cubiertas
de materiales de menor tamaño a medida que se produce disminución en la capacidad e
de carga y la competencia. E Z
r°3,"
jc j
3.4 LECHO MAYOR EXCEPCIONAL 2
OOE
3.5 LECHO MENOR
OM
Es el canal conocido como "el río" por el cual circulan las aguas bajas y probable- 001
mente medias, por que las aguas altas, después de desbordarlo circulan por el Lecho
Mayor. O 17 N o LL
In O In e
CORTES ESTRATIGRAFICOS
Del conocimiento de cada una de las unidades hasta aquí alcanzado, se pudo por
extrapolación de las columnas de cada apique llegar a obtener cortes transversales y longi-
492 493
Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
Rivera & Granados
tudinales que permiten observar la composición, las variaciones y la evolución de los ma-
teriales. Para ello se utilizaron las mediciones topográficas y batimetrías realizadas en el
estudio.
Corte transversal del estrechamiento de San Pablo
En la gráfica de la (Fig. 2) se presenta el corte transversal correspondiente al estre-
chamiento en San Pablo.
Este corte, muestra la siguiente disposición granulométrica y estratigráfica:
— Hacia el W se localizan los elementos constituyentes de la terraza de San Pablo, los
FIGU R A N 93
cuales se organizan selectivamente en horizontes, ubicándose los de mayor tamaño
!
fondo del lecho del río que está conformado por un banco de arenas gruesas poco
cr compactadas cuya disposición es ondulada, presentándose más delgado hacia el
cr
o fondo.
o o
Corte transversal del estrechamiento en Badillo
Este corte de la (Fig. 3), muestra la siguiente composición granulométrica y estrati-
fica:
Una capa superficial de unos 50 cm de espesor de limos y arcillas poco compactadas,
interrumpidas por el curso de agua.
— Esta capa reposa sobre un estrato de arcillas y arenas finas, de grosor variable; entre
los 50 cm y 200 cm se hace más angosta haciá el Este mostrando una pequeña incli-
nación en la misma dirección.
- Debajo del estrato anterior se encuentra una capa de arcillas cuyo espesor varía entre
E
los 50 cm en la margen derecha (Este) y 150 cm hacia la margen izquierda (Oeste)
del río, en donde se encuentra la mayor profundidad.
- Un poco más hacia abajo y entrando en forma de cuña, aparece una capa de turba
9
de unos 50 cm actualmente localizada solo en el costado W y E del gráfico, la cual
9•0 JOE se halla interrumpida por el curso del agua.
9 9 00-1'
• 9 e•-9 a • Suprayaciendo al anterior horizonte, hay una capa de arenas gruesas cuyo mayor es-
- 001
°
9 :o1.
pesor lo adquiere hacia el apique 20, disminuyéndose y encontrándose a menor pro-
fundidad en el apique 19; es horizontal, con una pequeña inclinación hacia el Oeste.
• e tO
• • • 1. I' A 05 A Siguiendo la misma inclinación, aparece después, un estrato de arenas gruesas y algo
de arcillas cuyo espesor aumenta hacia el apique 20 (200 cm). Este estrato se ve
cortado por el Río Magdalena en el fondo del lecho del canal principal y el brazo de-
recho del mismo río.
- En el fondo aparece, probablemente, un banco de arenas gruesas y gravillas siguiendo
la misma orientación de los estratos superiores.
Corte transversal del ensanchamiento
Este corte corresponde a la sección transversal ubicada aguas abajo del caserío de
Chingalé y cuya distribución granulométrica y estratigráfica presentada en la (Fig. 4)
muestra:
495
494
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
FI GU RA NE4
mo espesor (100 cm) el cual continúa hacia el caño Barbú.
- Debajo de la capa de arcillas con limos aparece un horizonte de unos 120 cm de espe-
sor (apique 23) constituido por arcillas poco compactadas, cuyo espesor disminuye
LA TIGR ER A
agua.
1-
- En dirección W-E y debajo de los estratos anteriores se localiza una capa de arena
fina y otra de arena gruesa las cuales entran en forma de cuña cortadas por el Magda- 2
- Una capa superior que se extiende desde el apique 3 hasta el apique 19 y está cons-
tituída esencialmente por limos y arenas finas en un espesor máximo de 100 cm
el cual disminuye hacia el Sur (apique 3) a unos 300 cm.
La primera capa superficial descansa (entre los apiques 3 y 10), sobre un banco de
arenas finas que entran en forma de cuña cerrando en el apique 10 cuyo espesor varía
entre unos 200 cm y 50 cm en donde adquiere una forma ondulada, y entre los
apiques 10 a 19 sobre un estrato de arcillas poco compactadas cuyo espesor es muy Ijl II
oscilante, (ondulado).
- Debajo de las arenas finas y de las arcillas poco compactadas, se encuentra una capa
de arcillas bien compactada, la cual se extiende desde el apique 3 hasta el apique 17
donde se ve interrumpida por un montículo de gravillas, apareciendo luego hacia el
Norte de este apique y hasta el apique 19. El techo de esta capa presenta unas bolsas
o
(ondulaciones) que han sido rellenadas con material de turba (Apiques Nos. 11 y 19). o •o e ou 0 0 0 e N O
o e e e e e
- Sirviéndole de base a todos los estratos anteriores se encuentra una capa de arenas
medias y otra de gravillas. Las primeras discurren en forma ondulante desde el apique
y
3 hasta el 11 donde desaparecen son reemplazadas por gravillas que irrumpen sobre
las arcillas bien compactadas conformando dos altos: el de Mi Lucha y el de Vijagual
(apiques Nos. 10 y 17 respectivamente). Estas gravillas en los apiques 3 a 7 no apare-
cen, debido a que posiblemente se localizan a mayor profundidad.
Se observan depresiones en los apiques Nos. 3 (depresión de Villa Marqueza), 9 (de-
497
Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Rodillo
Rivera & Granados
GENESIS Y EVOLUCION
FIGU R ANº5
una de ellas, a su caracterización y comprobación mediante análisis de laboratorio y a su
• •• z o
11.111~1111M111 I Id1111a111111141C.t.. presentación en el mapa de morfología fluvial, se trata ahora de establecer el origen (géne-
I y
sis) y los cambios (evolución) a que han sido sometidas en por lo menos los últimos
.
4
11.000 años (Holoceno).
11111111~1111NUM'1
11;':. Terraza de San Pablo, los elementos que conforman esta unidad (Formación Mesa),
constan de varias capas superpuestas constitu ídas en proporciones variables de clastos
de cantos rodados embebidos en una matriz areno-arcillosa de color rojizo, deposita-
dos durante el Plioceno (finales del Terciario) y los cuales han sido entallados por el
gilft~lbelamm.
tiliSiIMMINMIUNIUM11111111~ Magdalena en forma de Terraza como se demostró inicialmente.
bill~111H111
k ,eaf11111111~11,11~~~
La disminución en el tamaño de los clastos hacia los horizontes superiores del subsue-
lo y la organización en capas de los materiales indican que se produjo una pérdida progre-
11 I1 siva en la competencia del curso de agua que los acumuló (Río Magdalena en el Plioceno
I 1 1 11
j 1 1 1
111111 que era sin duda varias decenas de veces más caudaloso que el actual).
11 Después de la sedimentación, las acciones tectónicas produjeron un basculamiento
_
1 1 11 1 11 1 111111 11 1 1 1 que hundió el bloque en la proximidad de los ríos Bogue y Santo Domingo y levantán-
a k uRnall/1111~111M111111111111111A11111us, dolo hacia el municipio de San Pablo. A esas acciones tectodinámicas se debe la diferencia
en altura de los sedimentos de la terraza en comparación con las acumulaciones cuaterna-
rias de la planicie.
El hecho de haber sido localizados restos de esos materiales al pie de la Cordillera
Central, en la isla de Cantagallo y su aparición al Este, en cercanías de la Cordillera Orien-
tal, así como el tamaño y características confirman una intensa actividad fluviatil en la
o
aJ
que los fenómenos de competencia y capacidad de carga permitieron su transporte y pos-
terior acumulación.
La disminución en el nivel de las aguas, ayudada por la doble inclinación de toda la
unidad al Oeste y al Norte explica no solo la dirección que toman los cursos de agua, que
corren subparalelos al Magdalena, sino que después del basculamiento, se inició el entalle
E
z ¿í de esos materiales denudando en algunas partes los estratos superiores y originando la
r
k forma escalonada de la Terraza actual.
- Planicie aluvial. Los materiales de esta unidad se describieron como sedimentos del
cuaternario (Formación Magdalena) constituidos por capas superpuestas de arcillas,
limos, arenas finas, medias y gruesas que se depositaron sobre gravillas, después del
entalle que dio origen a la terraza bajo las acciones fluviátiles de finales del Plioceno
y principios del Pleistoceno (Terciario - Cuaternario).
a — 9
Pero la acumulación en capas en la forma anotada es el resultado de una fluctuación
—
• en el nivel de las aguas que ha producido la sedimentación diferencial existente.
u, _ Z
La presencia de limos y arenas finas en superficie, indica que se trata de materiales
aluviales depositados por los desbordamientos del río, superpuestos sobre arenas gruesas
de valles fosilizados o de arcillas provenientes de la decantación en un medio fluvio-
lacustre.
Los fenómenos tectónicos de finales del Terciario que produjeron el basculamiento
hacia el Oeste, permitieron el desarrollo de un entalle en las gravillas por antiguos cursos
de agua afluentes del Magdalena y procedentes de la Cordillera Oriental, los cuales dieron
origen a las depresiones de Villa Marqueza (apique 3), Paturia (apique 9), Bocas del
499
498
▪
Rivera & Granados Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
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en el perfil estratigráfico de la (Fig., 5). '- D i, D D.
La disminución progresiva de los niveles tanto del río Magdalena como de sus afluen- O -4-N -1- '
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tes dio origen a las primeras acumulaciones Cuaternarias de arcillas que vinieron a rellenar - ——.. •," !
los valles de los afluentes. ---- :.
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Una posterior erosión de esas arcillas por nuevos cursos de agua provenientes de la ,st, „.
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Cordillera Oriental (apiques 11, 16 y 19) permitió la formación de nuevas depresiones O o o ,,- O
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que fueron ulteriormente colonizadas por materiales vegetales. Durante este tiempo se
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produjo un bloqueo del Magdalena que facilitó una segunda acumulación de arcillas las
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que al instalarse sobre las depresiones de los cursos de agua existentes hasta entonces, ° 7
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fosilizaron el material vegetal dando origen a turbas. OOX331~0
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Las depresiones de Villa Marqueza y Paturia, una vez bloqueadas por arcillas fueron OO j
rellenadas por arenas finas y medias bajo la acción del Río Magdalena. • k
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Los desbordamientos más recientes del río han permitido hasta la fecha la acumula- g
ción de limos y arenas finas con algo de arcillas en superficie. 2 7
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Morfología fluvial del río Magdalena en el sector San Pablo-Badillo
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501
Morfología fluvial del río Magdalena en el lector San Pablo-Badillo
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503
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 505 - 523 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Elías Ruiz*
RESUMEN
Se estudia en este trabajo las características del medio natural de la región de Garzón—Gigante,
en el Alto Magdalena (Colombia), zona de fuertes contrastes climáticos, topográficos, litológicos
consecuencialmente de vegetación, suelos y procesos morfogenéticos. Se hace énfasis en la descripción
de las formas del relieve y especialmente de las características del material y de los suelos de los dife-
rentes depósitos cuaternarios: los más antiguos se localizan sobre el borde del Macizo cristalino y su
cobertura sedimentaria truncada, formando vigorosos conos. Los niveles más recientes, progresiva-
mente más encajonados, de E a W, van siendo menos alterados a medida que se acercan al fondo del
valle, en donde las condiciones climáticas son más secas y cálidas. Las estructuras sedimentarias pre-
cuaternarias se localizan principalmente a lo largo del rio Magdalena, en su margen izquierda y en la
zona central de la región estudiada y se caracterizan por fuertes plegamientos y fracturas. Están sepa-
radas del Macizo por un sistema de fallas que han afectado, directamente o por erosión diferencial, el
aspecto del relieve y la repartición de los depósitos cuaternarios.
Se exponen algunos aspectos de la evolución geomorfológica cuaternaria y se discute la evolu-
ción pedológica, comparando las características de una serie de perfiles representativos de una secuen-
cia de suelos descritos en dirección EW, desde el Macizo de Garzón hasta el fondo del valle. Se subra-
ya que las condiciones pedogenéticas de la zona oriental han conducido a desarrollar suelos distrófi-
cos, profundamente alterados, en contraste con las características evolutivas observadas al Occidente,
en donde dominan los suelos eutróficos, cada vez menos diferenciados en su perfil, a medida que las
condiciones climáticas se hacen más secas y los materiales parentales menos ácidos.
Finalmente se discute el papel de la tectónica y de las condiciones bioclimáticas en la evolución
del relieve y de los suelos; se establece una cornología relativa de los depósitos cuaternarios, explican.
do la dificultad y precauciones que se han tenido para hacer correlaciones.
ABSTRACT
The studied area comprises a part of the high Magdalena bassin in the Department of Huila,
300 km SW from Bogotá and 100 km from the origin of the river. It is a strongly climatic, topograp-
hic and lithologic contrasted zone, with a wide variety of vegetation, soils and morphogenetic
processes. It descends from 3000 m at the top of the Garzón Massif to 400 m a.s.l. in the lowlands of
the Magdalena Valley, in a distance of only 15 km.
To the East of Garzón and Gigante, at the border of the Massif and its truncated sedimentary
cover, there are huge foothillis of plio-quaternary and probably sintectonic deposits. The younger
levels are progressively more entrenched to the west and seem to correspond to denudation glacis or
this accumulations of detrital heterometric, less altered materials from the igneous and metamorphic
rocks of the Garzón Massif, deeply dissected after tectonic uplift.
The quaternary formations located to the West of the Magdalena River are of sandstone and
igneous debris from the Central Cordillera. Some dominant landscapes are denudation glacis highly
dissected by the short and sporadical rivers that flow finto the Magdalena river. The central belt of the
tectonic depression of the Magdalena has been beveled to low hills on the Pliocene table tuffs of the
Gigante (Mesa) Formation.
On both sides of the Magdalena River, there are very recent deposits, which are mainly formed
by fine and light piroclastic materials from the volcanoes of the Central Cordillera. These materials
cover recent terraces and little fans in the valley bottom.
505
Ruiz
El Cuat io de la región de Garzón-Gigante (Atto Magdalena)
The sedimentary and prequaternary structures located along the left margin of the Magdalena
River are characterized by strong folds and fractures. The are separated from the Garzón Massif by
a system of faults which have modified, directly or by means of differential erosion, both the lands
MAPA GEOMORFOLOGICO cape, and the distribution of the quaternary deposits. The oldst quaternary deposits have been
DE LA CUENCA SUPERIOR ORIENTAL DEL RIO MAGDALENA deformad by the reactivation of these faults, on the other hand, the entrenchement of the Magdalena
River may well be related to tectonics.
SECTOR GARZON-GIGANTE
Pedological evolution is in accordance to this variety of characteristics. The soil climatic
CONVENCIONES
sequences are shown in a E-W cross section which indicates to the east the realm of the dystrofic,
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very evoluted acid soils (Haplorthox, Tropudult) and to the west the eutrofic, less evoluted, neutral
to alcaline soils (Eutropept, Haplustoll).
es worr maartm.
; Bruna, con el•••••■
1 — PRESENTACION DE LA REGION
4114 1 .1naz os y conglornelodol
°∎.aceno
mecho a mona TOM rae•nsca., amerad.
Bogotá (coordenadas extremas 2° 7 ' y 2° 30 ' latitud Norte; 77° 26 ' y 75° 43' longitud
Plreeena sup•elor blesier.• .1.neu-en•i•mia.1,
Oeste de Greenwich). Forma parte del valle del Alto Magdalena, en el sector compren-
La altitud dentro del perímetro cartografiado varía desde 540 m en el fondo del
° valle, hasta 2.000 m en el Macizo de Garzón, puntos distantes unos quince kilómetros en
° ° ,°°
línea recta y en dirección Oeste-Este. Es también una región de grandes contrastes litoló-
abeil (exparno7W
gicos, climáticos y geomorfológicos y, en consecuencia, de variada vegetación natural y
del Macizo de Garzón; el Intermedio, o parte comprendida entre las estribaciones de las
con más de 2.500 mm de precipitación anual y una vegetación selvática todavía poco in-
tervenida; las partes más altas están ocupadas por un bosque primario, de clima templado
muy húmedo, conocido con el nombre de "selva nublada ", con especies de los géneros
Weinmannia, Podocarpus, Polylepis, Alnus, entre otros, en tanto que las áreas más acce -
sibles, entre los 1.500 y 1.800 m s.n.m., permanecen con especies de bosque secundario,
granitos, fue incorporado a la Cordillera Oriental durante la orogénesis andina. Estas rocas
CONMICIONes, t.nnnuactón) estudio, en donde la espesa capa de alteritas ha desaparecido por la denudación causada
7 0.,º^..•••• por fenómenos ligados, en gran parte, a la acción antrópica por tala y quema del bosque.
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Sus vertientes son largas y rectas, de fuertes pendientes y están profundamente entalladas
litko• II•tien•• *o*.
por numerosos ríos que descienden en dirección Este-Oeste, siguiendo algunos de ellos
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líneas de fallas.
El Valle del Magdalena, a una altura promedia de 700 m, recibe menos de 700 mm
506
507
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
con algunos cultivos en las vegas. Entre el Macizo y esta fosa se localiza la Zona Interme-
dia que se caracteriza por un ambiente de transición entre los extremos anterioremente de-
finidos.
El clima es menos húmedo que en el Macizo y se hace más seco a medida que se
aproxima al fondo del valle. Es notable el hecho de que, a lo largo de una línea imaginaria O O E
O o O O
§ O
paralela a la cota de 1.200 m, se marca el límite entre las zonas húmeda y seca, situación
+ r a la o
que parece haber existido desde tiempo muy antiguo en el Cuaternario a juzgar por las
características pedológicas asociadas con el clima, que se observan contrastantes si se
comparan las zonas separadas por este límite (Fig. 9).
WW
Es la parte más importante del estudio, debido a su extensión y a la presencia en
ella de la mayoría de las formaciones cuaternarias. Corresponde al área comprendida entre o
la Cordillera Oriental (Macizo de Garzón) y las estribaciones de la Cordillera Central (mar-
gen izquierda del río Magdalena). Se inicia al E, con los depósitos más antiguos localiza-
dos al pie del Macizo y se extiende a lo largo de éste, más o menos paralelamente a un sis-
tema de fallas que se encuentran en dirección NE - SW, aproximadamente a 1.500 m de
altitud (Fig. 2). Más al Occidente y ocupando la parte céntrica del estudio, ocurre el anti-
clinal denominado de la Petrolera, cuyas rocas aflorantes son arcillolitas, areniscas miocé-
nicas y tobas pliocénicas en estratos fuertemente deformados por la tectónica. Los ríos
están aquí muy profundamente encajonados y algunos de ellos (Río Loro) han dejado res-
tos de terrazas suspendidas a más de 100 m encima del nivel de su cauce actual.
Al Sur, todavía en este sector Intermedio, las rocas que dominan son tobas pliocéni- 3.
Eá
cas, con estructura tabular característica. Sólo se presentan deformadas, con buzamientos E
fuertes, en una área cercana a la falla del Magdalena, lo mismo que en proximidades del
1
sinclinal de Río Loro — Gigante y del anticlinal de la Petrolera. El límite Occidental :
o e
del sector Intermedio lo forman estructuras miocénicas que aparecen en dirección paralela o8
al curso del Magdalena, correspondientes al Sector Occidental (v. Fig. 1). .`1 a
Con este nombre se designan unas formas de relieve ligeramente onduladas, locali-
zadas al pie del Macizo de Garzón, a 1.500 m s.n.m. Estas superficies marcan la inicia-
508 509
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Ruiz
ción del ascenso de los relieves de este Macizo. Sobre la superficie se observan numerosas
depresiones de diferentes tamaños, desde unos pocos metros (Fig. 3) hasta 2 km de longi-
tud (Fig. 4); son depresiones cerradas que han sido denominadas alvéolos (Tricart, 1965) •11 •11111 *- •••. XIMEZ ,JVC17111~ Mai
y depresiones seudokársticas (Khobzi, 1972).
No es fácil definir con certeza el tipo de material que ha dado origen a estas formas,
debido principalmente a un alto grado de meteorización. Bien puede tratarse de las rocas
ígneo-metafórmicas in sin, del Macizo, como de rocas sedimentarias terciarias o también
del material detrítico ígneo-metamórfico de la Formación Gigante (Howe, 1969), prove-
niente del Macizo de Garzón, que predomina en toda la parte oriental del área estudiada.
Estas formas se encuentran afectadas por fallas, especialmente al sur de Zuluaga y del
Seminario. Es importante observar que varias depresiones cerradas se localizan precisa-
mente a lo largo de las fallas (Fig. 3), las cuales seguramente favorecen en muchos casos
los fenómenos de subsucción relacionados con las génesis de las depresiones.
Estos conos están localizados al pié del Macizo Cristalino de Garzón, entre 1.500 y
1.700 m de altitud (Fig. 5). El material que los forma está representado por bloques y
cantos de granito y gneiss, hetereométricos, con matriz arenosa. Son materiales que han
sufrido una intensa meteorización pero, sin embargo, menor que en la superficie del Anti-
guo Seminario. La disposición caótica de este material, lo mismo que su magnitud, sugie-
ren que su origen está relacionado con los eventos tectónicos durante el solevantamiento
de la Cordillera Oriental; además, casi todos estos depósitos se encuentran afectados por
fallas.
Al Sur de Cachaya se han modelado algunas explanadas (glacis), sobre este mismo
tipo de depósito. Son superficies inclinadas, fuertemente disectadas por incisión profun-
da de los ríos y caños.
Un poco más al occidente de estas formas aparecen otras, análogas, localizadas entre Figura 3 — Biestereograma. Fotos IGAC: C-1282 No. 062 y 063. Escala 1:30.000. Super-
Río Loro y la Quebrada Honda, a sólo 720 m de altitud, que han sido modeladas sobre ficie del Antiguo Seminario de Garzón. Altitud 1.557 m.— 1) Depresiones pseudokársti-
tobas y areniscas tobáceas del Plioceno Inferior. cas y alvéolos sobre las alteritas de esta superficie plio-pleistocénica.— 2) Sistema de fa-
llas que gu ían la ocurrencia de algunas de las depresiones cerradas.— 3) Areniscas y tobas
del Plioceno inferior en estratos con buzamiento fuerte.
2.2.2. Características pedológicas
La evolución pedológica en estas formas ha tenido lugar bajo clima húmedo; sin em-
510 511
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Figura 5 — Biestereograma. Fotos IGAC: C-1282 - 059 y 06-, Escala 1:30.000. Zona de
Figura 4 — Biestereograma. Fotos IGAC: C-1282 - 061 y 062; Escala 1:30.000 - Superfi- la Aurora 1.500 m.s.n.m.— 1) Escarpa de falla tectónica que afecta los depósitos del Cua-
cie del Antiguo Seminario de Garzón. Altitud 1.557 m.— 1) Depresiones pseudokársticas ternario Antiguo.— 2) Cono de deyección del Cuaternario Antiguo, relativamente bien
y alvéolos de la superficie Plio-Pleistocénica del Seminario de Garzón.— 2) Escarpes de conservado.— 3) Estribaciones del Macizo de Garzón. Obsérvese la intensa red de disec-
falla que afectan esta superficie antigua.— 3) Niveles de glacis de denudación muy y pro- ciones y la dinámica de solifluxión de sus vertientes.— 4) Depresiones pseudokársticas so-
fundamente disectados, del Cuaternario Medio. Obíervese la incisión del Río Majo. bre los depósitos ígneo metamórficos del Cono de Deyección.
512 513
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Figura 6 — Biestereograma. Fotos IGAC: Nos. C-1282 - 083 y 094; Escala 1:30.000. Zo- Todas estas formasse encuentran entre 700 y 1.000 m s.n.m., a un nivel más bajo que
na El Pescado, 1.500 m.s.n.m. Pié del Macizo de Garzón.— 1) Prolongación de la falla de las anteriormente descritas. La mayoría son superficies de denudación modeladas sobre
Garzón que afecta los depósitos Plio-Cuaternarios de la superficie del Seminario y ha materiales detríticos de naturaleza granito-gnéisica, similares a los citados anteriormente,
obligado al Río Loro a cambiar la dirección de su curso a corta distancia de este lugar.-
pero menos alterados. La talla de los bloques es de aproximadamente 30 cm, los cantos
2) Restos del Cono de Deyección del Cuaternario Antiguo, disectado por los riachuelos
rodados también son abundantes y presentan sobre la superficie una película ferruginosa
que descienden del Macizo.— 3) Depósitos de materiales detríticos ígneo-metamórficos
del Cono de Deyección del Cuaternario Medio.— 4) Estribaciones del Macizo de Garzón. de varias décimas de milímetro de espesor; el material matriz es arenoso. En la margen
Obsérvese la profunda disección de sus vertientes y la poca vegetación arbórea, conse- izquierda del río Magdalena se encuentran numerosos restos de glacis modelados sobre
cuencia de la acción antrópica. areniscas, conglomerados y más frecuentemente sobre arcillas rojas terciarias. Todas estas
formas están profundamente disectadas (Fig. 6).
514 515
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Ruiz
Estos depósitos se localizan entre los 700 y 900 m de altitud, a niveles más bajos
que los de El Pescado-Sartenejo, antes descritos, y ocupan una importante extensión del
área de estudio.
El material de estos depósitos no es muy grueso: arenas y cantos de pequeñas dimen-
siones y poco alterados. Estas formas aparecen relativamente bien conservadas ya que la
disección se limita a los entalles de los ríos.
516 517
Ruiz El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
rillonita, illita y vermiculita. Sin embargo, la naturaleza de las arcillas que se han encon-
trado al interior de los perfiles es variable y muchas veces es difícil saber si se trata de
productos heredados o de neoformación.
— características genéticas y clasificación:
El clima, más cálido, hace aumentar la meteorización, pero la humedad menor en
estas zonas no permite una alteración completa de los minerales. Lo mismo ocurre con
la eliminación de los productos solubles por lixiviación, que es relativamente escasa. La
evolución e incorporación de la materia orgánica en el perfil, es muy particular en este
medio de clima contrastado; cuando los suelos son ricos en bases se forman complejos
arcillo-húmicos muy resistentes. De acuerdo con estas características, es posible clasificar
estos suelos en los Grandes Grupos de los Haplustolls (perfil PZ-88) y de los Ustropepts
(PZ-215), subgrupos vértico y típico respectivamente.
Figura 8 — Biestereograma. Fotos IGAC: No. C-1277 - 116 y 117. Confluencia de la Dada su reciente depositación, estos materiales sólo presentan, como desarrollo pe-
Quebrada Rioloro en el Río Magdalena: 700 m.s.n.m.— 1) Relictos de Glacís de denuda- dogenético, una ligera alteración de algunos minerales y fenómenos de óxido-reducción
ción, muy disectados, formados a partir de arcillas terciarias.— 2) Barra conflomerática, por efecto de las fluctuaciones del nivel freático en las partes bajas del fondo del valle.
entallada por el R io Magdalena en una garganta epigénica.— 3) Colinas disectadas forma-
El perfil pedológico es de tipo AC, sin otro horizonte de diagnóstico diferente a un
das por areniscas y tobas volcánicas pliocénicas, ligeramente deformadas por la tectónica.
epipedón ócrico, de escaso espesor y de colores claros; con frecuencia se observan capas
de concentración de sales solubles, producto de la alteración de los materiales piroclásti-
cos. A nivel del Gran Grupo, estos suelos se clasifican entre los Tropofluvent.
518 519
El Cuaternario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
Ruiz
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CO N 3.1. ASPECTOS GEOMORFOLOGICOS
•.- - - .zcz • • • (5)- "9 - • • • 1 i ' NI 1
co er o o ° O o
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o or o o ro o Valle del Magdalena, lo cual plantea el problema de determinar si esta situación resulta
o. o O o ° O °
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o o o
O o o o de una deformación tectónica o de la sola disección durante el Cuaternario.
"C;
".• La zona denominada aquí como Superficie del Antiguo Seminario de Garzón, elabo-
7
co rada en los diversos tipos de rocas y cuyas características morfológicas y pedológicas ya
O
1 1,1,1)1 J-1,1 , eleva el bloque oriental en varias centenas de metros, afectando el Plioceno medio, lo
cual permite correlacionar esta deformación con la anterior, completando así la imagen
N
,1 44 1 Foi II .4-1 1
o. NI I ri 1 de una serie de bloques gradualmente elevados hacia el Este, desplazando el fondo de la
O
00 0 fosa tectónica hacia el curso actual del Río Magdalena y más acentuado en el sector Sur
co ; que en el Norte, donde se cierra la depresión y el río se encajona por antecedencia y/o
O 7c, sobreimposición a partir de los sedimentos pliopleistocénicos. Durante esta evolución,
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° rr ° >1 I O aparentemente dominada por el factor tectónico, los afluentes del Río Magdalena dejaron
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o 1 IL,J Ni 1 I o varios niveles de terrazas, a menudo poco encajonados, lo cual refuerza la hipótesis de
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que la incisión y disección tuvieron un papel secundario en la diferenciación topográfica.
o o
4 ir; o
El nivel representado por los conos y glacís de la Aurora y Cachaya se presentan a
O o
•. og unos 10 a 50 m por debajo de la superficie del Seminario, mientras que el nivel descrito
O I I as. 1 11„, -c como los conos y glacís de Gigante, El Pescado, Sartenejo y Quebrada la Turbia se presen-
CONV ENCIONE S.
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O.
1,1 ,2 1 1 11,,,„ 1 oE
2 ta sin mayor diferencia de altitud abajo del anterior. En la región de El Pescado este nivel
u parece truncar (Fig. 1) o cubrir con una delgada capa de sedimentos, restos del nivel supe-
o
O O rior algo disectado, mientras que en la región de Sartenejo parece ocurrir como una abla-
o
o o
• bn o ción generalizada de los depósitos heterométricos del Plioceno Superior y una acumula-
O O o
o
o ción algo más potente hacia abajo, al NE de Garzón.
O o
• Se observan fallamientos que afectan en varios lugares, los abanicos antiguos que
LL: N
o.
o
salen del Macizo de Garzón, pudiéndose así determinar, de manera relativa, la edad de
u una importante fase tectónica. Por otra parte, el nivel correspondiente a los conos de Gar-
zón, Rioloro y la Quebrada el Rodeo, que domina el cauce actual del Río Magdalena en
unos pocos metros, presenta en algunos casos un fuerte declive general que ha permitido
521
520
Ruiz El Cuatemario de la región de Garzón-Gigante (Alto Magdalena)
el transporte de los aluviones gruesos hasta el Valle del Magdalena para formar abanicos. se organizó la disección del paisaje, especialmente en el sector cercano al Río Magdalena,
Este mismo nivel se observa en la margen izquierda del río, bordeando la llanura aluvial en donde el ambiente seco ha permitido el desarrollo de formas calcadas sobre los con-
reciente inundable. Lo recubren parcial o totalmente los depósitos subactuales fluvio- trastes litológicos. El volumen de material erodado es probablemente menor de lo que
volcánicos, relacionados con erupciones recientes ocurridos en la Cordillera Central. Una aparecería si no se tuviera en cuenta la importancia del desnivel de origen tectónico.
serie de niveles de erosión en este depósito marca el entalle progresivo del Río Magdale- Los varios niveles esstudiados señalan los pasos sucesivos del entalle de los ríos en
na, como ya fué explicado anteriormente. este contexto tectónico y litológico complejo. Estos niveles se diferencian topográfica y
pedológicamente; sin embargo la variación del clima y la vegetación entre el Macizo y el
3.2. ASPECTOS PEDOLOGICOS Valle del Magdalena, dificulta las correlaciones Este-Oeste. Esta misma dificultad se pre-
senta para las correlaciones con otras regiones del país, sin contar con las variaciones pe-
Basándose en las características de los suelos, es notable observar que en esta región trográficas que introducen una variable adicional.
se puede establecer groso modo: que el Oriente, a partir de la cota 1.200 aproximadamen- No obstante, con toda prudencia se propone una cronología relativa de los diferentes
te, es el dominio de los suelos de complejo desaturado, ácidos, caracterizados por una depósitos, con el apoyo de observaciones geomorfológicas, pedológicas y demás caracte-
evolución avanzada en el sentido de que presentan una fuerte alteración de los materiales rísticas expuestas en este trabajo, datación algunas veces mencionada anteriormente y
y una neoformación arcillosa de tipo caolinítico; mientras que al Occidente, es decir a que se sintetiza como sigue:
altitudes menores de los 1.200 m, los suelos son de complejo de cambio cada vez más - Plio-Pleistoceno: Superficie del Antiguo Seminario de Garzón y formas comparables.
saturado, de reacción neutra a ligeramente alcalina y de evolución menos intensa, ya que Cuaternario Antiguo: Los conos de la Aurora y Cachaya.
sus materiales están cada vez menos alterados y los perfiles menos diferenciados; la neo- Cuaternario Medio: Los conos y glacis de Gigante, el Pescado, Sartenejo y Quebrada
génesis arcillosa se caracteriza por la formación de arcillas tipo 2: I: montmorillonitas, La Turbia.
i I I itas y vermicu I itas. — Cuaternario Reciente: Los conos de Garzón, Ríoloro y Quebrada El Rodero.
Estas tendencias pedogenéticas se explican principalmente por las características Sub-Atctual: Los depósitos aluviales de cineritas del Magdalena y sus afluentes.
paleoclimáticas: en efecto, al Oriente el clima es más húmedo. La vegetación ha sido más
densa, aunque en el presente la acción antrópica ha influido mucho en el reemplazo pro-
gresivo que se observa del bosque por las gramíneas. Las variaciones a nivel del perfil del
suelo son explicables por los cambios litológicos y topográficos que caracterizan esta se-
cuencia y que sólo aparecen al clasificar los suelos a niveles inferiores en la pirámide taxo- 4. — AGRADECIMIENTOS
nómica (subgrupos, familias, series).
En la zona de transición climática, en donde existen períodos secos que alternan con El presente trabajo fue realizado con la participación de los ingenieros de la Sub-
los meses lluviosos y cuando los materiales y la topografía son favorables, ocurren proce- dirección Agrológica del Instituto Geográfico "Agustín Codazzi", Bogotá y la asesoría
sos de traslocaciones de arcillas y se forman suelos con horizontes argílicos característicos de los Drs. Pierre Faivre y Jack Khobzi para los aspectos pedológicos y geomorfológicos
(perfil PZ 116: Tropudalf; perfil PZ-502: Haplustalf, Fig. 9). respectivamente. A todos se dirigen nuestros agradecimientos por su valiosa ayuda.
Del punto de vista de una posible cronosecuencia en relación con los diferentes depó-
sitos cuaternarios, se ha encontrado que, tratándose del mismo material (granito) y climas 5. — REFERENCIAS
análogos (húmedos), los suelos desarrollados en las superficies más antiguas son los más
evolucionados, de complejo desaturado y de muy baja capacidad de intercambio (arcillas Faivre, P. 1976. Sois a profil différencié, planosoliques, á horizon Bt noir de Colombie. Bull. A.F.E.S.
(París) No. 3.4.
caoliníticas), del gran grupo delos Haplorthox o Tropudult (de acuerdo a las variaciones
Howe, M.W. 1969. Geologic studies of the Mesa Group (Pliocene?), Upper Magdalena Valley, Colom-
locales del relieve y del clima). bia. Princeton Univ. doctoral dissertation.
En los sectores en donde dominan los materiales tobáceos, la evolución tiende hacia Khobzi, J. 1969. El estudio de las acumulaciones continentales cuaternarias: contribución al análisis
la formación de Molisoles y cuando el clima es muy seco, como sucede en el fondo del de las variaciones climáticas en Colombia. Bogotá. Primer Congreso Colombiano de Geología.
Valle del Río Magdalena, la evolución tiende hacia la formación de Inceptisoles (vertic Memoria. pp. 155-171.
. 1972. Erosión chimique et mécanique dans la génése de dépressions "pseudo karstiques",
Ustropept). souvent endoréiques. Rev. de Géomorphologie Dynamique (París). XXI (2) pp. 57-70.
En los depósitos recientes de piedemonte, igualmente, se localizan los suelos poco Lecarpentier, C. 1970. El Cuaternario de los alrededores de Campoalegre (Huila-Colombia). Geología
evolucionados, ácidos, unas veces de perfil AC, otras ABC (PZ-117), en cuya génesis ha Colombiana (Bogotá). No. 7, pp. 115-133.
intervenido mucho el tipo de material (granitos y gneiss), para dar por resultado la forma- Ruiz, E. 1977. Estudio morfopedológico de la cuenca superior del Alto Valle del Magdalena, sector
Garzón-Gigante. Tesis doctorado Univ. Strasbourg.
ción de un Ustic Dystropept (Fig. 9).
Tricart, J. 1965. Le Modelé des régions chaudes. Traité de Géomorphologie, t. 5. SEDES. París.
U.S.DA. 1974. Soil taxonomy. A basic system of soil classification for making and interpreting soil
3.3. ENSAYO DE DATACION su rvey s.
Van Houten, F.B. & Travis, R.B. 1968. Cenozoic deposits, Upper Magdalena Valley, Colombia. The
La evolución de esta región se caracteriza por la influencia dominante del levantamien- Amer. Assoc. of Petroleum Geologists Bul., Vol. 52 No. 4, pp. 675-702.
to tectónico del Macizo de Garzón, solevantamiento que parece haberse prolongado a tra- Van der Hammen, T. 1957. Las terrazas del río Magdalena y la posición estratigráfica de los hallazgos
de Garzón. Rev. Col. Antr. (Bogotá) 6:261-270.
vés del Cuaternario. La superficie del Seminario, elaborada probablemente en el Plioceno
. 1963. Historia del clima y vegetación del Pleistoceno Superior y del Holoceno
Superior o en el Pleistoceno Inferior, habría sido fuertemente deformada. A partir de ella de la Sabana de Bogotá. Bol. Geol. (Bogotá) II (1-3): 189.766 (informe 1322, Serv. Geol. Nal.).
522 523
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 525 - 528 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Robert Soeters"
RESUMEN
ABSTRACT
Two erosion surfaces, wfuch are respectively fossilized by Miocene (Honda Group) and Plio-
Pleistocene (Mesa Group) deposits, are clearly distinguished in the region of Ibagué-Armero. The first
one seems to desappear toward the North, in such a way that the large landscapes of this type which
are observed within the Department of Antioquiawould belong to the most recent surface
1. — INTRODUCCION
525
Sosten
Edad de dos superficies de erosión en la Cordillera Central de Colombia
Netamente se trata de una superficie de erosión, la cual sube desde el valle con
una pendiente aproximada de 15° y que se extiende en la zona de Ibagué hasta una altura En la base de los sedimentos, la facies es a veces la de derrubios y se hallan troncos de
madera igualmente impregnados con los residuos de petróleo. El contenido de arcillas en
de alrededor 1500 m. En esta altura se observa un cambio muy abrupto en la pendiente
el saprolito es tanto, que regionalmente se utiliza para alfarería. En una altura de 1100
y una superficie de características similares, pero con una pendiente mucho más suave
(7-10° ) sigue hacia arriba. Hallándose sobre esta superficie uno fácilmente olvida que se m se halla el truncamiento con la superficie de erosión más joven que en este sitio es
particularmente claro cuando uno mira desde la carretera hacia el otro lado del valle del
encuentra en la majestuosa Cordillera de los Andes cuando considera el relieve suave y
redondeado en sus alrededores. río Lagunillas. Enseguida se encuentra, al lado derecho de la carretera, una pequeña can-
tera de gravas. Estos sedimentos se correlacionan con la base del Grupo Mesa porque se
Parece que el primer nivel, el más antiguo, está truncado por un segundo, parecido
encuentran exactamente en la misma posición que los sedimentos en las cercanías de
pero más joven. Este truncamiento es particularmente claro en la región de Armero, don-
Falán, 15 km más hacia el Norte. En Falán estos sedimentos constan de gravas y conglo-
de se encuentra a una altura de 1100 m y forma, visto desde el valle, la línea del horizon-
te. Más hacia el Norte esta línea va bajando y parece que la superficie más antigua desapa- merados cubiertos por sedimentos fluviátiles (?) pero con muy alto contenido de material
rece por debajo de los sedimentos más recientes cerca de La Dorada. Por lo tanto, la volcánico y se describe como la base de la Formación Mesa (hoy día Grupo Mesa; Léxico
superficie de erosión que se halla en el departamento de Antioquia representaría la super- Estratigráfico de Colombia).
fice más joven. Más adentro de la cordillera, en la dirección de Libano, ya no se encuentran otros
En cuanto a la edad de las dos superficies de erosión, se encuentran las mejores evi- restos de sedimentos más recientes, pero la carretera sigue por la superficie de erosión.
dencias y afloramientos en tres lugares, a saber:
— la carretera de Armero y Líbano y los afloramientos de Falán 3. — LA REGION AL SUR DE ROVIRA
la región al sur de Rovira
- Continuando desde Rovira hacia el Sur, poco después de la divisoria de aguas entre
el lado este del bloque de Payandé (entre otros en las cercanías de la cantera de
caliza). los ríos Luisa y Cucuana, se tiene una bella vista sobre el semi-graben entre el bloque
de Payandé (prolongación sur) y las estribaciones de la Cordillera Central. Esta depre-
sión estructural está rellenado por sedimentos del Grupo Honda que forma un sinclinal
asimétrico. En el flanco oriental los sedimentos fueron afectados por la falla del bloque
2. — LA REGION DE ARMERO
de Payandé y buzan hacia el Oeste, mientras al otro lado transgresan sobre la superficie
de erosión y debido al basculamiento de esta superficie los sedimentos buzan hacia el
En el valle del Magdalena se encuentran los sedimentos del Grupo Honda, caracteri-
Este (Fig. 2).
zados litológicamente por una alternación de areniscas mal sorteadas y de poca madurez
con lodolitas abigarradas. Hacia la Cordillera y en las estribaciones de ella, en la carretera
de Armero a Líbano, se observa cómo los sedimentos cambian hacia areniscas gruesas,
gravillas y conglomerados de un ambiente típicamente fluviatil. Estos sedimentos se en-
Oeste Este
cuentran en su base fuertemente impregnados con asfalto y descansan sobre un saprolito
correspondiente con la antigua superficie. Más hacia arriba se encuentran todavía varias 3
veces restos de sedimentos del Grupo Honda siempre con el suelo rojo por debajo (Fig. 1). Bloque de
• • • Payandé
Pendiente de la superfioie de erosion • • 2
. Sedimentos del Gr.Honda Los sedimentos constan de arcillas abigarradas y areniscas, aumentando el porcentaje
de areniscas hacia la base. En un sitio, una pequeña quebrada erosionó a través de los
2. Sedimentos del Gr.Mesa sedimentos. La base del Grupo Honda consta aquí de conglomerados mal sorteados, que
3. Perfil profundamente meteorisado descansan sobre las rocas subvolcánicas porfiríticas asociadas con el batolito de Ibagué.
Saliendo del valle los mismos sedimentos van descanzando sobre la superficie de erosión
Figura 1 — Un perfil al oeste de Armero, a lo largo de la carretera a Líbano.
que se elaboró en este sitio en el mismo batolito de Ibagué en vista de la textura que local-
mente todavía se observa en la roca profundamente meteorizada.
526
527
Subiendo por la escarpa de falla (p.e. en el camino al norte de Rovira) se hallan conti-
nuamente afloramientos frescos hasta llegar a la culminación de la escarpa y del bloque de
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 529 - 536 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
Payandé. Allá se encuentran de nuevo los perfiles profundamente meteorizados y, en don-
de la roca infrayaciente es caliza, se hallan bellos ejemplos de karstificación. Esto parece
CONTRIBUCION SOBRE EL DESARROLLO DE LA PARTE ALTA DEL
indicar que la superficie de erosión se formó antes de la falla y tenía su continuación
VALLE DEL RIO MAGDALENA EN EL CUATERNARIO
sobre el bloque de Payandé.
Robert Soeters•
4. — LOS ALREDEDORES DE PAYANDE
Aunque los afloramientos en los alrededores de Payandé no son tan claros como en
RESUMEN
los casos anteriores, se observa una vez más, sobre todo mediante la fotointerpretación,
como los sedimentos terciarios del Grupo Honda van rellenando una vieja topografía, ubi- El desarrollo geomorfológico del Alto Magdalena durante el Cuaternario se realizó balo las in
cándose en depresiones y transgresando sobre una superficie de erosión. La expresión de fluencias superpuestas de movimientos tectónicos, fases de actividad volcánica y de sedimentaciones
esta superficie ya es menos evidente por un mayor grado de rejuvenecimiento, pero toda- aluviales asociadas, en condiciones paleoclimáticas variadas. En las cuencas de Neiva y Girardot, que
forman la parte sur de la depresión tectónica que separa la Cordillera Central de la Oriental desde el
vía se distingue el nivel de cimas que corresponde invariablemente con rocas fuertemente
solevantamiento final de éstas en el Plio-Pleistoceno, se presentan restos de niveles de erosión (glacis)
meteorizadas. También el patrón de drenaje muestra todavía las características de alta ma-
o de acumulación (abanicos y terrazas fluviales) con diversos grados de meteorización y pedogénesis.
durez siempre y cuando no fué afectado por fallamientos posteriores. En el presente intento de correlación se distinguen dos grandes períodos de pedimentación, subdivi-
diéndose el más reciente en dos fases sucesivas separadas por entalles fluviales lineales; influencias tec-
5. — CONCLUSIONES tónicas explicarían las diferencias observadas en la evolución geomorfológica de las dos cuencas.
ABSTRACT
En la región de Ibagué- Armero se diferencian dos superficies de erosión en la Cordi-
llera Central. La más antigua correspondería con una superficie sobre la cual se deposita- The geomorphic development of the Alto Magdalena during the Quaternary period took place
ron sedimentos del Grupo Honda en vista de los afloramientos en Armero, Rovira y Pa- under influences of superposed tectonic movements, phases of volcanic activity, associated with
yandé. Por lo tanto su edad sería aproximadamente del Mioceno Inferior. Parece que esta aluvial sedimentation under various paleo climatic conditions.
Within the Basins of Neiva and Girardot, which conform the southern part of the tectonic
superficie desaparece hacia el Norte por debajo de sedimentos más recientes.
depression that separates the Central from the Oriental Cordillera, since their final uprising during
La segunda superficie se encuentra cubierta por sedimentos del Grupo Mesa (Falán, the Plio-Pleistocene, there are some relicts of erosion levels (glacis) or accumultion ones (fans and
carretera Líbano) y tendría entonces una edad del Plioceno. Esta superficie se extiende fluvial terraces) which present varied grades of wethering and pedogenesis. In the present trial of
hacia el Norte cubriendo la mayor parte de la Cordillera Central en el departamento de correlation, two great periods of pedimentation are distinguished, from which the most recent one
subdivides itself in two sucesivve phases, that, in turn, separate from each other by means of fluvial
Antioquía. lineal cuttings; tectonic influences would explain the difrerences observed under the geomorphic
evolution of the two Basms.
6. — DOCUMENTACION
529
528
Desarrollo de la parte alta del Valle del río Magdalena en el Cuaternario
Sosten
2. — EL DESARROLLO GEOLOGICO regional puede influir en el desarrollo de las diferentes superficies. Por tales razones, se
tratará en primer lugar el desarrollo en las cuencas por separado y posteriormente se hará
Posterior a la regresión marina al final del Cretáceo, se acumularon varios miles de un intento de correlación.
metros de sedimentos terrestres en una cuenca marginal subsidente al este de la Cordillera
Central. Movimientos tectónicos repetidos produjeron una secuencia de conglomerados, 3.1. LA CUENCA DE NEIVA
limolitas y areniscas líticas y posteriormente arcósicas, quedando en claro el ambiente
molásico. Origen, tipo de sedimentación e implicación tectónica han sido descritos exten- La cuenca de Neiva se extiende desde el Arco de Natagaima hasta Pitalito en el Sur,
samente por Anderson (1972), Wellman (1970), Howe (1974), Van Houten y Travis pero en este trabajo se considerará únicamente la parte septentrional. El glacis superior
(1968) y Van Houten (1976). Al final del Oligoceno o al principio del Mioceno también ocurre en remanentes pequeños, a lo largo del valle en sus márgenes. La evidencia más
se inició el solevantamiento de la Cordillera Oriental (Irving, 1971; informe interno clara se halla cerca de Tello y Baraya en donde un remanente de este nivel más alto se
CIAF), restringiendo la sedimentación del Grupo Honda a la parte proximal de la cuenca encuentra limitado por un glacis inferior (Jungerius, 1976). Además, se hallan restos al
marginal andina. este de Paicol, en ambos lados del río Páez, en el área de Iquirá y a lo largo de la carretera
Con el solevantamiento final de las Cordilleras Andinas, en el PI io-Pleistoceno, se for- de Hobo a Gigante. Entre Villavieja y Neiva se hallan al lado derecho del Magdalena dos
mó el complicado valle estructural del río Magdalena. Movimientos en bloques, con im- cerritos que, según sus características, parecen pertenecer al mismo nivel. Generalmente,
portantes desplazamientos verticales, fueron predominantes en esta fase, aunque el valle este glacis se encuentra fuertemente erosionado, pero siempre muestra todavía sus suelos
también fué afectado por fallas transversales. Los movimientos verticales en el basamento profundamente rojos, los cuales se originaron aparentemente por una meteorización en
rígido indujeron una tectónica de epidermis y de gravedad en los sedimentos cretácicos un clima tropical húmedo. En todos los casos se trata de un glacis de erosión, desarrolla-
y terciarios, resultando en un plegamiento asimétrico en los márgenes del valle. Movimien- do en rocas del Cretáceo (Paicol), Terciario Inferior (Iquirá) o Terciario Superior (Tello
tos diferenciales entre los bloques acentuaron la subdivisión existente del valle en las y Gigante). Con la excepción de Paicol, la superficie jamás se encuentra cubierta por
cuencas de Honda, Girardot y Neiva, separadas entre sí por el Alto de Gualanday-Piedras bloques erráticos, fenómeno tan típico en el nivel inferior. En Paicol, los bloques se rela-
y el Arco de Natagaima. Una continuación de los movimientos tectónicos durante el Cua- cionan con un flujo de lodo de origen volcánico gigante (véase también Van Houten,
ternario tuvo como efecto un desarrollo diferencial en las tres cuencas durante este pe- 1976). Este flujo de lodo es relativamente bien cimentado y cubre todo el glacis, dándo-
ríodo. le una resistencia relativamente grande contra la erosión y explicando así su extensión
Las fases pos-magmática de la Orogen a Andina se manifiesta por un volcanismo en esta zona. Un flujo de lodo similar cubre también el glacis superior en el sitio de la
andesítico-dacítico desde el Oligoceno (Van Houten, 1976). Un flujo de lodo volcánico carretera de Hobo a Gigante. Esta zona es ligeramente más alta que el glacis de valle en
subyacente a los sedimentos del Grupo Honda en un afloramiento en la carretera de los alrededores de Gigante, el cual posiblemente se correlaciona con el glacis inferior que
Armero a Líbano parece confirmar esta datación. El Miembro Baraya de la Formación encontramos en Hobo.
Villavieja representa posiblemente la actividad volcánica en el Mioceno (Wellman, 1970) Y Respecto de los flujos de lodos, es interesante observar que al norte de Aipe, en la
el Grupo Mesa del Plioceno consta principalmente de sedimentos fluvio-volcánicos. La zona de Natagaima, encontramos algunos sitios en donde los sedimentos del Grupo Hon-
actividad volcánica continúa durante todo el Cuaternario dejando importantes acumula- da se encuentran todavía cubiertos en sus partes más altas por sedimentos de color rosa-
ciones de sedimentos en varias partes del valle. do, que también parecen ser derivados de flujos de lodo volcánicos.
En una relación directa con este glacis, se halla dentro de las montañas de ambas
3. - LOS GLACIS EN EL VALLE DEL MAGDALENA Cordilleras, una superficie de denudación relativamente suave y ondulada. Esta superfi-
cie se caracteriza también por su meteorización profunda con suelos rojos y se halla
Varios autores definieron el término glacis y una evaluación de estos trabajos de- muy bien desarrollada sobre las rocas porfiríticas y graníticas del Jurásico. Posterior a
muestra claramente que existen diferentes opiniones sobre lo que es un glacis y sobre su formación, el glacis fué afectado por movimientos tectónicos y aunque ya no se en-
su modo de formación. Sin querer entrar en tal discusión, es necesario definir lo que se cuentran muchas evidencias, por la poca extensión de este glacis, se encuentran al este de
entiende por glacis en este trabajo. El autor utilizará glacis en el sentido como fué defi- Neiva entre el pueblo Caguán y el valle del río Fortacillas, dos pequeños remanentes del
nido por Tricart et al. (1972), quien dice que un glacis es una superficie de aplanamien- glacis que limitan al Oeste por una falla de dirección Norte-Sur.
to con un perfil longitudinal cóncavo que baja del frente de las montañas hacia la llanu- El segundo glacis tiene una extensión considerable en esta parte del Valle del Magda-
ra y sin limitación alguna respecto al clima. lena, ocupando la mayor parte de la Cuenca de Neiva al norte de la ciudad con el mismo
Los varios remanentes de glacis que se hallan a lo largo del valle del Magdalena en nombre. En la carretera a Aipe la línea del horizonte está formada varias veces por este
ambos márgenes, han sido cartografiados en las hojas geológicas de INGEOMINAS como glacis y se extiende de un lado del valle hasta el otro lado.
diferentes niveles de terrazas (Q1 a, Q1b, etc.). No obstante que encontramos en las hojas El área al este de Neiva ha sido afectado por tectonismo; sin embargo, podemos
símbolos idénticos, no existe entre estos niveles una correlación confiable en las diferen- seguir el glacis hasta Caguán. Desde allí hasta Hobo el glacis fué erosionado por completo,
tes hojas. Parece que la diferencia de altura con el nivel de erosión local fué el criterio pero reaparece al sur de Hobo, en los alrededores de Yagüará y cerca del Tesalia. Además,
principal para la clasificación de estas terrazas. Un estudio en el terreno demuestra rápi- se observa como un glacis de valle en la zona montañosa al sur de Yagüará.
damente que existen grandes diferencias entre los niveles y, una correlación de los glacis En la parte norte tenemos un típico glacis de erosión, desarrollado en los sedimentos
a lo largo del valle es muy difícil, por la falta de continuidad entre las tres cuencas en las del Tertiario Superior, aunque en el corte de la carretera al Sur de Tello se observa aproxi-
cuales el valle se divide geológicamente. Además, movimientos tectónicos diferenciales madamente cuatro metros de sedimentos aluviales con unos depósitos típicos de lecho
entre las cuencas y movimientos locales complican la situación. También el volcanismo del río,
530 531
Desarrollo de la parte alta del Valle del río Magdalena en el Cuaternario
Saetera
En la parte sur, se tiene un glacis mixto, encontrando zonas tanto con acumulación 3.2. LA CUENCA DE GIRARDOT
como erosión. En este aspecto se debe anotar que el glacis parece estar cubierto en algu-
nos sitios por sedimentos fluviales en su parte baja. Una situación similar se halla al En cuanto al desarrollo de la Cuenca de Girardot, el autor quiere en primer lugar
norte de Neiva, donde el glacis se entrelaza o está cubierto por gravas gruesas del Mag- hacer referencia al artículo que sobre esta zona apareció en la Revista CIAF (Soeters,
dalena. 1976), por lo cual se limitará aquí a una descripción breve de la secuencia de los sucesos.
Las superficies de erosión más antiguas que se encuentran en esta zona, se hallan en
Muy notorio es el glacis de erosión al oeste del Magdalena a la altura de Yagüará, las estribaciones de la Cordillera Central y en el Bloque de Payandé. Se trata de superficies
donde está erosionado en el monoclinal formado por los sedimentos del Grupo Honda. exhumadas por la erosión reciente y tienen una edad Miocénica y Pliocénica (pre Grupo
En contraste con el nivel superior, se encuentra sobre el glacis suelos pardo-rojizos, Honda y pre Grupo Mesa). Es posible que al Oeste de Payandé, cerca de la cantera de cali-
los cuales no son muy meteorizados y profundos. Al otro lado, la cobertura con cantos zas, se encuentra todavía un pequeño remanente de sedimentos del Grupo Mesa que, por
gruesos subredondeados es característica en muchas partes. Estos cantos, normalmente lo demás, están ausentes en toda la región.
de color muy oscuro, constan principalmente de areniscas derivadas del Cretáceo (Fm. El glacis más antiguo de la región tiene un amplio desarrollo en la Cordillera Oriental,
Guadalupe y Caballos) y fueron posiblemente depositados contemporáneamente con y su exponente más conocido se encuentra en el glacis de Fusagasugá. Este nivel se extien-
la formación del glacis (Lecarpentier, 1971). Considerando que bloques y cantos simila- de desde arriba de la población de Fusagasugá, a través del estrecho de Boquerón, forma-
res se encuentran en casi cada perfil en el glacis, su presencia actual en la superficie se do por las areniscas de la Fm. Guadalupe, hacia la planicie de Tolemaida. Desde allí se le
debe a una erosión difusa selectiva en períodos más recientes (Soeters, 1975). El color puede seguir hasta el propio valle del Magdalena en donde se encuentran pequeños restos
oscuro de los cantos se debe a una mayor concentración de óxidos de hierro que se que- cerca de Girardot y más hacia el sur, entre El Espinal y El Guamo. Aparte de ésto, se
da en la superficie o cerca de ella después de la evaporación del agua de los poros. encuentra el mismo nivel al sur de Cunday y aún más hacia el sur en la Cordillera Central.
Al norte de Neiva el glacis se desarrolló sobre sedimentos del Terciario Superior, La extensión de este nivel en la Cordillera Central es mucho más limitada.
mientras en la zona entre Yagüará y Tesalia se erosionó en sedimentos que van desde el En la carretera de Ibagué a Rovira se halla un pequeño remanente cerca del sitio en
Cretáceo Inferior hasta el Terciario Superior. donde el río Coello sale de la Cordillera Central. Más hacia el norte, afuera de la Cuenca
El glacis fue disectado por los mismos ríos que primero lo formaron. En el área de de Girardot propiamente dicha, se hallan también unos restos pequeños en el flanco de la
Baraya y Tello, los ríos entrelazados formaron valles anchos, mientras el río Neiva y sus Cordillera Central y es probable que también el abanico de La Sierra se correlaciona con
tributarios erodaron el glacis casi por completo, dejando un remanente cerca del pueblo este nivel. Mucho más al sur se encuentra un nivel comparable en el glacis de erosión de
de Caguán. Más hacia el sur, en los alrededores de Hobo, Yagüará y Tesalia, la erosión no Chaparral (Jungerius, 1976).
fue tan fuerte, así que únicamente los ríos mayores se encajonaron. El río Yagüará, con En todos los sitios, el glacis se caracteriza por un perfil hidromórfico con suelos de
su cauce trenzado, formó un valle ancho, mientras el río Páez y el Magdalena formaron un color rojo que viene más intenso a alturas menores. Considerando que se pueden corre-
valles antecedentes con meandros angostos y profundamente incisados (Lecarpentier, lacionar todos los remanentes a un nivel, se observa que se trata de un glacis mixto, te-
1971). La razón por la cual existe una diferenciación tan notable entre el estado de ero- niendo una acumulación impresionante de sedimentos de un ambiente torrencial en los al-
sión del glacis, en diferentes partes de la cuenca, no es muy clara, pero se puede imaginar rededores de Fusagasugá y una erosión, sobre todo en sedimentos fácilmente erosionables
que movimientos tectónicos focales, que afectaron también el glacis son al menos parcial- del Cretáceo o Terciario, como se encuentra en Chaparral, Tolemaida, Carretera a Rovira
mente responsable por esta erosión diferencial (Jungerius, 1976; Lecarpentier, 1971). y parcialmente en los alrededores de La Sierra.
Después de la degradación casi complete de este glacis en el valle del Magdalena, se
Después de este período de inestabilidad y de una erosión fluvial predominante, si- desarrolla, básicamente desde la Cordillera Central, un glacis de acumulación conocido
guió una nueva fase de pedimentación, aunque sus efectos no fueron tan pronunciados como la Llanura de Ibagué que rellena por completo la depresión entre Ibagué y la barre-
como el anterior. En la zona de Hobo-Caguán se formó un glacis de acumulación policí- ra de Gualanday, formada por las rocas de la formación homóloga. Además, el glacis se
clica (Lecarpentier, 1971). Este glacis consta principalmente de abanicos coalecentes de extiende hacia el noreste en la Cuenca de Honda y llega en el Sur al valle del Magdalena
dos generaciones. Los primeros, con un gradiente algo superior, y los siguientes con el en el Abanico de El Guamo. Consta principalmente de material obtenido por la erosión
ápice entre los primeros y más altos, mientras cubren a éstos en las partes más bajas. A en la cordillera y abundan los cantos de composición andesítica, mezclados con cantos
lo largo del río Magdalena este nivel se une a la terraza, que se encuentra particularmen- metamórficos y graníticos. Una nueva fase erosiva causó una erosión regresiva que avanzó
te bien desarrollada en la orilla, directamente al sur de Neiva. En la zona de Tello se for- rápidamente a lo largo del río Coello, que por entonces desembocaba cerca de El Guamo
mó en los valles indicados anteriormente un glacis de valle (glacis terrazas según Tricart, en el río Magdalena. El Coello se encajó profundamente en el glacis de Ibagué, llegando
1972). Una fase de erosión de suelo originó en este glacis de valle las primeras tierras hasta las rocas consolidadas de épocas geológicas anteriores.
malas, pero después de una estabilización de la erosión en cárcavas, se desarrolló un paisa- Una fuerte actividad volcánica, posiblemente relacionada con explosiones del volcán
je suavemente ondulado con un nivel de cimas que coincide claramente con el glacis infe- Mach ín, hizo cambiar por completo la relación de erosión y sedimentación. La abundan-
rior. En vista de la similitud de los eventos, el autor piensa qué este desarrollo coincide cia de material volcánico transportado por el río Coello llenó rápidamente el valle encajo-
con la formación del glacis policíclico, al sur de Caguán. nado entre los sedimentos de la llanura de Ibagué. La sedimentación ocurrió muy rápido
Finalmente, se inició, une nueva fase de erosión en flujo concentrado, originando y a menudo en forma catastrófica, como lo demuestran los frecuentes lodos volcánicos
tierras malas en toda la cuenca, pero sobretodo en el área de Aipe y Villavieja y hasta que se encuentran en la secuencia estratigráfica. A partir del punto donde el valle fué
afuera de la cuenca sobre el Arco de Natagaima. Muy posiblemente la colonización y, por rellenado por completo, los sedimentos nuevos se esparcen sobre los más antiguos, ente-
consiguiente, la deforestación, iniciaron este período de erosión acelerada. rrando el antiguo, originado por la erosión regresiva. Este fenómeno queda particular-
533
532
Soaters Desarrollo de la parte alta del Valle del río Magdalena en el Cuaternario
mente claro sobre el Abanico de El Guamo. Tabla 1 — Posible correlación de los glacís en las Cuencas de Neiva y Girardot
A continuación, pero todavía durante el período en que los ríos aportaron grandes
cantidades de material volcánico, se rompió la barrera de Gualanday. La ruptura de esta
barrera natural tiene como consecuencia la construcción, por parte del río Coello, del CUENCA DE NEIVA CUENCA DE GIRARDOT
Abanico de El Espinal, que se forma casi exclusivamente de material volcánico' en el que Erosión acelerada
abundan los clastos de piedra pomez. Al mismo tiempo, empieza por un cambio del régi- Formación de tierras malas
men fluvial la degradación del Abanico de El Guamo. La edad del evento de la ruptura de
la barrera de Gualanday ha sido datada por 14 C, encontrado en un paleosol cerca de Chi- Erosión fluvial
Encajonamiento del rio Mag-
coral y enterrado por el material volcanoclástico, en 3780 ± 95 años A.P. (Jungerius,
dalena y sus principales afluen-
1976). Cuando disminuyó el aporte del material volcánico, el río Magdalena empezó a tes.
incisarse lo cual provocó una erosión regresiva sobre el Abanico de El Espinal, mientras
Terrazas inferiores del Magda- Llanura de inundación de Gi-
perduraba esta forma de erosión sobre el Abanico de El Guamo. Sin embargo, la incisión lena rardot.
del Magdalena no duró mucho tiempo; sedimentos aportados por el mismo Magdalena se
depositan en los pequeños valles erosionados en los abanicos y en las cercanías de Girar- Caguan polyciclic glacis Estabilización erosión acelera- Abanico volcanoclástico de El
dot logran cubrir por completo los sedimentos del Abanico de El Espinal, que en el puen- da Tello glacis de valle. Espinal
te de Girardot afloran a aproximadamente dos metros por debajo de los sedimentos flu-
viales.
La secuencia de eventos se termina con una nueva incisión de los ríos mayores de Valles anchos trenzados (Te- Erosión fluvial Valles profundos (Coello), ero-
1101 sión regresiva (El Guamo).
una forma bastante rápida, de tal manera que ellos se encuentran actualmente encajona-
dos dentro de sus propios sedimentos. Igual que en la zona de Neiva se observa que una
Tello-Baraya-Yagtiará-Hobo Ibagué-El Guamo Glacis
erosión de flujo no concentrado se inicia con la deforestación en los tiempos de coloni-
glacis
zación, aunque la erosión no llegó a estas formas severas como más hacia el Sur. Sin em-
Erosión fluvial
bargo, se observan muchas evidencias de erosión de suelos, en el terreno y sobre las foto- Erosión fuerte y degradación
grafías aéreas más antiguas en áreas que todavía no estaban cultivadas en el momento de casi completa de niveles ante-
la toma de las fotografías. riores en el propio valle del
Magdalena.
4. — UN INTENTO DE CORRE LACION DE LOS SUCESOS
Páez-lquirá-Tello glacis Fusagasugá - Tolemaida - Gi-
rardot glacis.
Hasta la fecha se carece casi por completo de datos exactos para permitir una corre-
lación de los hechos en las dos cuencas. Las dataciones radiométricas hechas por Van
Houten (1976) fueron realizadas exclusivamente en materiales volcánicos y reflejan,
por consiguiente, la actividad volcánica cuaternaria, pero tienen poca relación con la sedi-
corresponden también a este nivel.
mentación del material volcanoclástico (véase también tabla 2 y Fig. 12 de Van Houten).
Respecto al segundo nivel, se puede decir que es el nivel que más amplia distribución
La datación de 14 C hecho por van der Hammen sobre un paleosol cerca de Chicoral que tiene en el valle del Magdalena. La gran diferencia entre las dos cuencas está en que en
subyace a la formación de El Espinal, sorprendre por su edad reciente (3780 años antes
Girardot se trata de un típico glacis de acumulación construído por abanicos coalecentes
del presente), pero es una observación aislada y, por no disponer de otros datos, carece de
del río Coello, Combeima y sus afluentes, mientras que en la Cuenca de Neiva se manifies-
mayor valor para fines de correlación. Llama la atención la gran diferencia entre la edad
ta principalmente como un glacis de erosión. Es posible que un tectonismo regional fuera
de material de la Fm. de El Espinal obtenida por Van Houten (1.3 m.a.) y la edad registra-
la explicación de tal fenómeno. Sin embargo, se observa en ambos lados del Arco de Nata-
da por van der Hammen. gaima una transición gradual del nivel del glacis en las cuencas hacia un cierto nivel de
Los criterios utilizados para la posible correlación (tabla 1) se basan en primer lugar,
cimas, erodado en los sedimentos del Grupo Honda sobre el Arco de Natagaima.
sobre la posición de los diferentes glacís con respecto a la erosión progresiva en el valle
Los suelos sobre este nivel no muestran los colores rojos, son más bien pardo-marrón
del río Magdalena, observando, además, puntos como similitudes en el desarrollo de los y mucho menos profundos. Muy frecuente se encuentran campos llenos con cantos y
hechos y los suelos encontrados sobre los diferentes niveles. bloques sobre este glacis, posiblemente originado por una erosión selectiva.
La correlación del nivel superior en las dos cuencas parece'justificarse, en primer En el desarrollo posterior se observa, a un lado, un paralelismo en el desarrollo, mani-
lugar, por su posición en el terreno. En el valle del Magdalena, fué erosionado en su mayor festándose en fases de erosión fluvial y períodos de pedimentación o acumulación (glacis
parte y los remanentes se hallan básicamente en las estribaciones de las cordilleras en policíclico de Caguán/glacís del valle — erosión acelerada — nueva estabilización en
donde se observa su prolongación en una antigua superficie de erosión. Entre las dos cuen- Tello/erosión regresiva — estabilización en El Guamo), mientras que la actividad volcánica
cas se halla el mismo nivel también en la depresión de Ataco-Coyaima, conocido como el da lugar a la forma exclusiva del Abanico de El Espinal en la Cuenca de Girardot. Esta
de glacis de Chaparral. En todos los sitios el nivel se caracteriza por un suelo hidromórfico fase volcánica no se manifiesta en los alrededores de Neiva. pero es posible que los flujos
con un color rojo vivo. En este aspecto, es posible que los puntos más altos sobre el Arco Je lodo volcánico que cubren la terraza del Magdalena, en los alrededores de Tarqui, son
de Natagaima, que también muestran este perfil, aunque en fuerte estado ue degradación, del mismo período (van Houten, 1976).
534 535
Soeters
5. CONCLUSIONES
REVISTA CIAF VOL. 6 (1-31, 537 - 586 (1981) — CIAF. BOGOTA, COLOMBIA
Dentro del área de estudio se diferencian dos períodos distintos de pedimentación.
De la primera fase, se encuentran los remanentes principalmente en las estribaciones de LAS ALTERACIONES DE LOS GRABADOS RUPESTRES EN EL ATLAS
las cordilleras, tar to dentro como fuera de la zona de trabajo. Después de su formación, SAHARIANO (ARGELIA) Y SU INTERES PARA EL ESTUDIO DE LOS
se desarrolló sobre ella un suelo hidromórfico. Una fuerte fase erosiva la erodó casi por PROCESOS GEJMORFOLOGICOS ELEMENTALES**
completo en el valle, donde se desarrolló posteriormente el glacís de mayor extensión
actual. Este glacis es, principalmente, de tipo erosivo en la Cuenca de Neiva y de acumu- Francois Soleilhavoup.
lación en la Cuenca de Girardot. Una continuación del levantamiento tectónico en la
Cuenca de Neiva podría explicar la diferenciación. Una renovación de la erosión fluvial
profundizante disectó este glacís o la erodó (Caguán).
RESUMEN
La fase posterior (según los datos de van der Hammen, en el Holoceno) se caracterizó
por una alternación de dos períodos de estabilidad y tendencia de pedimentación y dos de
El estudio de numerosos grabados rupestres neolíticos de varios estilos, en las montañas que limi-
una erosión fluvial predominante. A la última se junta, posiblemente en tiempos de colo- tan hacia el norte el desierto del Sahara, suministra, mediante la observación de los fenómenos de alte-
nización, una erosión acelerada debido a la deforestación intensiva de toda la zona. ración, datos que pueden aplicarse a la comprensión y cuantificación de los procesos geomorfológicos
elementales de origen climático y paleoclimático. En la acción de líquenes, la fisuración y fragmenta-
ción mecánica de las rocas y en los derrumbes, pueden evaluarse influencias específicas como las de la
6. — BIBLIOGRAFIA
insolación, exposición e inclinación de las paredes. De manera reciproca, la cronología de los grabados
puede aclararse hasta cierto punto con el estudio de las alteraciones (degradaciones, patinas) que los
Anderson, T.A. 1972. Paleogene Nonmarine Gualanday Group, Neiva Basin, Colombia, and Regional afectan. Se presenta una reseña de los fenómenos observados, con indicación del contexto geomorfo-
development of the Colombian Andes. Geol. Soc. of Am. Bull. v. 83, pp. 2423-2438. lógico y petrográfico de su desarrollo. Se describe y recomienda el uso de técnica del "estampado a
Howe, W.M., 1974. Nonmarine Neiva Formation (Pliocene?), Upper Magdalena Valley, Colombia: ciegas" para el estudio de las superficies grabadas y sus alteraciones.
Regional Tectonism. Geol. Soc. of Am. Bull. v. 85, pp. 1031-1042.
Irving, E.M., 1971. La evolución Estructural de los Andes mas Septentrionales de Colombia. Bol. Geol. ABSTRACT
Vol. XIX No. 2.
Jungerius, P.D. 1976. Quaternay Landscape development of the Río Magdalena Basin between Neiva In the northern mountains that limit the desert of Sahara a thorough study has been conducted
and Bogotá (Colombia). Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology Vol. 19 pp. 89-137. on the numerous Rupestrian Neolithic sketches of various styles, which provides an opportunity to
Lecarpentier, C. 1971. Sur le Quaternaire des environs de Neiva (Colombie). Bull. de l'Assoc. Fr. pour observe the alteration phenomena. The valuable data accomplished this way, could be applied to the
l'étude du Quat. pp. 21-32. comprehension and quantification of the geomorphologic elementary processes of climatic and paleo-
Soeters, R. 1976. El desarrollo geomorfológico de la región Ibagué-El Guamo-Girardot. Revista CIAF climatic origin. The specific influences such as those of insolation, exposition and inclination of the
1976. walls, which show fissuration and mechanic fragmentation of their rocks due to the action of lichens,
Van der Hammen, T. and González, E. 1963. Historia de clima y vegetación del Pleistoceno superior could be well evaluated. Likewise, in a reciproca' way, the chronology of the sketches could be well
y del Holoceno de la Sabana de Bogotá, Colombia. Bol. Geol. Vol. XI No. 1-3 pp. 189-260. clarified to a certain point, by means of the study of those alterations (degradation, patinas), by
Van Houten, F.B. and Travis, R.B. 1968. Cenozoic Deposits, Upper Magdalena Valley, Colombia. Am. which the walls are affected.
Assoc. Petr. Geol. Bull. Vol. 52 No. 4, pp. 675-702. Herein a summary of the observed phenomena is presented, with an indication of the petrograp-
Van Houten, F.B. 1976. Late Cenozoic volcanoclastic deposits, Andean foredeep, Colombia. Geol. hic and geomorphologic context of their relative development. The application of the technique of
Soc. of Am. buil. Vol. 87 pp. 481-495. copy by "blind tracing" is described and recommended, for studying the engraved surfaces and their
wellman, S.S. 1970. Stratigraphy and Petrology of the Nonmarine Honda Group (Miocene), Upper relative alterat ion s.
Magdalena Valley, Colombia, Geol. Soc. of Am. Bull. Vol. 81, pp. 2353-2374.
1. — INTRODUCCION
Se conoce el Arte Rupestre Norteafricano desde finales del Siglo XIX. Su descubri-
miento progresivo y su estudio hasta ahora han tenido sobre todo como objetivo un co-
nocimiento mejor de las poblaciones prehistóricas del Neolítico, de sus relaciones interre-
gionales y de su sucesión en el tiempo (Fig. 1). El período colonial en Argelia permitió a
prehistoriadores franceses esclarecer los difíciles problemas de las capas culturales y de su
extensión geográfica y sobre todo los encadenamientos cronológicos de estas culturas. Se
debe a investigadores como Vaufrey, Salout, Camps, el haber establecido un marco lógi-
co y coherente para la prehistoria norteafricana; se debe a Lhote (1970) el haber defini-
do una sucesión cronológica relativa de las principales culturas del Neolítico en Argelia y
537
536
▪ •
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
en el Sahara. Hasta el día de hoy se ha estudiado el arte rupestre como tal, desatendien-
do más de las veces la búsqueda de las relaciones que pueden existir entre el medio natu-
ral y las obras rupestres. La gran variedad de los tipos de emplazamiento y estaciones con
-o grabados rupestres del Atlas Sahariano incita a que nos preguntemos en qué medida este
0 arte está ligado, más o menos estrechamente, al medio ambiente bioclimático y morfoló-
E gico. Es seguro que aislando una obra rupestre de su medio ambiente para interesarse sólo
o por su significado social, cultural o espiritual, se hace abstracción de cierto número de
o o
elementos naturales que precisamente podrían ayudar a comprender mejor la representa-
ción y su finalidad.
Para el geomorfólogo, el estudio de los medios naturales en que aparece el Arte Ru-
o
o pestre puede revelarse sumamente fructífero en el plano de la búsqueda de las causas,
2
del desarrollo y de los efectos de los procesos elementales de erosión de las superficies
o
o rocosas. La observación atenta de los grabados rupestres, la medida de los deterioros
u_ naturales que pueden sufrir, la comparación de los medios microclimáticos y geomorfo-
lógicos que los rodean, permite precisar los mecanismos de los procesos de erosión de
o VI en
o las superficies; y es precisamente porque se poseen algunos datos cronológicos relativos
;± sobre los grabados rupestres por lo que se puede esperar razonar sobre bases sólidas.
•o 1.4
Veremos que la génesis de ciertos procesos de alteración puede así ser "fechada" y que
o se puede seguir en sus grandes líneas el desarrollo de estos procesos.
cm
E In
Es importante, por ejemplo, poder definir la lentitud o la rapidez de un mecanis-
• mo bioclimático de erosión, o también saber si tal o cual proceso es actual, subactual
o antiguo. En el mismo orden de ideas, el estado de conservación de un grabado rupes-
111
-2 sn: tre puede dar información sobre la agresividad de ciertos factores paleoclimáticos o cli-
2• 2< máticos. Por ejemplo, se puede constatar que muchos grabados se hallan sobre bloques
c u
desprendidos de cornisas, sobre collados testigos o sobre cuestas. Si actualmente el retro-
• -g
ceso de las cornisas o abruptos de erosión es prácticamente nulo en la vertiente sur del
h• atlas Sahariano, hay que considerar que fue bastante importante en ciertos períodos del
1,1 • ee =
<
Neolítico, en tiempos en que la helada invernal debía ser mucho más activa. Del mis-
Tu
•• c
o o mo modo, las fases lluviosas del Neolítico han dejado huellas importantes sobre las pare-
• E des grabadas, huellas que se pueden medir y que dan buena información sobre los derra-
o • •
mes lluviosos peliculares. Aunque a menudo los indicios paleoclimáticos relevados son
• • •
• e bastante imprecisos, no dejan de ser muy útiles para reconstituir encadenamientos de
e • •
• O
'' I; fases húmedas o secas, o de fuertes heladas invernales, etc. En otros casos, la alteración
•
e •
del Arte Rupestre del Atlas Sahariano Argelino dará indicaciones sobre ciertos aspectos
• •
e• del clima actual, ahí donde la dinámica de los procesos puede ser medida en el tiempo.
oso 4- its
„ En los fenómenos de bio-deterioración es sobre todo donde se tendrán buenos elemen-
tos de apreciación de la agresividad actual del clima.
• a Los daños sufridos por el Arte Rupestre grabado del Atlas Sahariano pueden por
5- • 1
•• d. tanto servir como buenos indicadores para estudiar la evolución geomorfológica de las
• O superficies rocosas. Por extensión, se podrán utilizar los resultados obtenidos sobre las
.03; 41 15
paredes grabadas para caracterizar la evolución de otros sectores carentes de arte rupestre.
c
Lr. La utilización del Arte Rupestre grabado como base de apreciación de la evolución
.8 --`;
0
• -1 morfológica y climática de una región no puede ser más que un medio entre otros muchos
ÑO
para reconstruir el pasado y comprender el presente de una región. Pero este medio puede
13 8
o permitir la unión y asociación de dos cargos de investigación científica — la arqueología
y la geomorfología — para obtener nuevos e interesantes resultados.
;10
o 123 2. — COMPENDIO DE LOS GRABADOS NEOLITICOS DEL ATLAS SAHARIANO
LL CZ
EN ARGELIA
Se ha creído que las fechas absolutas de los grabados rupestres se podrían deducir de
538 539
•
•
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup
1 áá
distintos de los yacimientos de los primeros. Los grabados del piso bubalino de grandes — CO
dimensiones están realizados en grandes superficies rocosas: frentes de cuestas, grandes
-s - o
-
E
6-
• co
bloques (montículos testigos), pórticos de desfiladeros, etc. Las pátinas suelen ser muy
ó E
oscuras y las facies de las areniscas de grano grueso. Los grabados del piso bubalino de =-
pequeñas dimensiones, por el contrario, están situados en bloques o tocones rocosos aisla-
dos en llanuras o en regs, entre los conjuntos montañosos. Las faices de las areniscas son LL PI ON
mucho más homogéneas: rocas muy coherentes, de grano fino y de color rojizo más de
las veces. El estilo de los grabados es muy característico: son a menudo animales muy
estilizados, con miembros desmedidamente alargados o acabados en punta; los trazos
están pulimentados, con perfil en U o en V rebajado y estrecho, de anchura variable, con
un acabado a menudo perfecto y con tal regularidad que no subsiste marca alguna de la
541
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
picadura previa, hasta tal punto que se puede uno preguntar Si existió alguna vez. Se ha
tomado por costumbre designar con el nombre de "Escuela de Tazina" a este estilo de
grabados porque los ejemplares más bellos se hallan en la región de Aín-Tazina, al este-
noreste de Aín-Sefra (Fig. 3).
Los trazos están picados bastante groseramente, formando contornos anchos e irre-
gulares; se trata a veces de una simple picadura en línea. Cuando hay pulido, es grosero
e irregular. La pátina no es nunca tan oscura como en los dos grupos precedentes.
La picadura es bastante irregular, con puntos más o menos juntos; la pátina es gene-
ralmente de color claro (Fig. 5).
Están ejecutados la mayoría de las veces con una técnica de percusión y la pátina es
siempre más clara que la de los grupos precedentes (Fig. 6 y 7).
542 543
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup
Las areniscas del Atlas Sahariano presentan facies y propiedades sumamente variadas
(más adelante se describirán), de lo que resulta una gran diversidad de aspectos, de color,
de espesor y de resistencia mecánica de las pátinas. Por otra parte, es muy probable que,
según la composición química de una arenisca, su contenido en óxidos metálicos, su poro-
sidad y su permeabilidad, la pátina se formará más o menos fácil y rápidamente. La ma-
yor o menor proporción de hierro o de manganeso en ella, producirá coloraciones más
o menos rojizas o negras y con edad idéntica, las dos pátinas podrán presentar, pues,
colores bastante diferentes; se puede pensar por tanto que una pátina oscura no es nece-
sariamente más antigua que otra, ya que el color es debido a la composición química.
Del mismo modo, el espesor de una pátina oscura no es un criterio absoluto de su anti-
güedad. Además de los caracteres climáticos que han provocado la movilización de los
elementos y que varían de un sitio a otro, la variabilidad de los caracteres físicos de la
arenisca, la porosidad, en particular, debe permitir una formación y un espesor más o me-
nos rápidos de la pátina.
En resumen, parece lógico obrar con la mayor prudencia al tratar de evaluar la edad
relativa de un grabado utilizando la pátina como criterio. Paradójicamente, la utilización
de los estilos de las representaciones parece más objetiva y más segura para definir una
cronología.
En ciertos casos, el grado de alteración de la pátina de un panel grabado puede dar
indicaciones útiles sobre la antigüedad del proceso de alteración y sobre todo cuando se
pueden observar varias fases de formación de pátina (Fig. 9). Sólo en tales casos se puede
establecer una cronología segura de las pátinas y, al mismo tiempo, tener una idea sobre
Figura 5 — Grabado del estilo sub-naturalista decadente. Se observa un león, cuyps rasgos son pi-
las perturbaciones climáticas. En efecto, la formación de las pátinas necesita cierta esta- queteados groseramente y cuya pátina es clara. Kheneg-El-Kelba, alrededores Nade El-Abiodh-Sidi-
bilidad climática, en el régimen pluviométrico particularmente. Inversamente, la destruc- Cheikh. Foto SOLE I LHAVOUP, 1980.
ción de una pátina por fisuración, y después por descamación, no podrá verificarse sino
en condiciones particularmente agresivas del clima: diferencias fuertes de temperatura,
heladas invernales, etc. Ciertos grabados presentan varios planos de descamación de las
pátinas, lo que permite a la vez apreciar la antigüedad de las obras e imaginar las trans-
formaciones climáticas que sufrieron desde su creación.
545
544
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Soleihavoup
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
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Figura 7 -- Grabado I íbico - berebere mostrando un caballo montado por un jinete armado. La superficie o
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endoperigráfica está pulida, lo que recalca muy bien el grabado sobre el fondo granuloso de la roca. Dayet i:
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Figura 8— Inscripción árabe de carácter religioso (islámico) del período histórico (sub-actual). ir. — rí es sr In us r-
546 547
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
rada clásicamente como mucho más joven (Mio-Plioceno), esta formación puede comen- lugar de culto y los grabados que adornan las paredes (corderos con esferoides, animales
zar en el Senonés. Se termina por un amplio caparazón calizo, accidente climático de diversos, personajes) podían representar objetos de culto. Si bien en algunos casos la
extensa repartición geográfica, probablemente de edad Pliocénico (Cornet, 1952). configuración del emplazamiento permite comprender la finalidad de las obras rupestres
La casi totalidad de los grabados rupestres del Atlas Sahariano está realizada sobre que lo adornan, es desgraciadamente muy difícil explicar la localización de gran número
areniscas pertenecientes a la serie infracretácico. Las areniscas son por lo común bastante je obras grabadas o pintadas. Una vez más, hay que mencionarlo, la elección de un empla-
duras, de matiz claro en el interior, con pátina de color pardo oscuro o negro brillante zamiento no se hacía nunca en función de las posibilidades eventuales de una buena con-
al exterior. Son principalmente los asientos del complejo continental Barremiano - servación de los grabados. El estado actual de la mayoría de las obras lo demuestra muy a
Apliano - Albiano los que constituyen las rocas soporte del Arte Rupestre de la Argelia menudo.
no sahariana. En el detalle, ya se indicó, la variabilidad de las facies de areniscas es muy La visita y el estudio de numerosos emplazamientos, estaciones y paredes con graba-
grande, lo que provoca grandes diferencias en las condiciones de conservación de los gra- dos rupestres nos permite establecer la lista de los principales tipos morfológicos.
más ligada con la topografía que con la estratigrafía de los conjuntos de arenisca. Una
clasificación de los tipos de estaciones rupestres es posible pero apenas puede proporcio- Estas superficies rocosas constituyen la mayor parte de las estaciones de arte rupestre
nar elementos propios a demostrar la influencia de la morfología sobre la alterabilidad de del Atlas. Están situadas en emplazamientos diversos: rebordes de cuestas (Fig. 10 y 11)
los grabados: por el contrario, al nivel de las paredes, de su orientación, de su exposición, o de crestas rocosas (delaas, en árabe), estratos superiores de montículos testigos (F ig. 12),
"puertos" o pasos (kheneg) en las montañas (djebe/) o cortes, desfiladeros, boquerones.
etc. es como se podrá apreciar la resistencia de los grabados a la erosión.
Una proporción bastante importante de grabados se encuentra por lo tanto en los puntos
El estudio de los emplazamientos rupestres puede ayudar a comprender mejor las
altos de la topografía y en esos casos las obras sufrirán ciertas categorías de alteraciones
motivaciones que incitaban a los artistas prehistóricos a escoger las superficies por gra-
específicas: descamaciones de origen termoclástico, desprendimientos, gelifracciones. Mu-
bar. En numerosos casos diríase que la elección de una superficie o de una exposición
chos grabados se hallan también en posición baja: abruptos verticales de afloramiento al
particular no estaba muy bien definida para los artistas neolíticos o más recientes. A lo
borde de ríos, caras de tocones rocosos esparcidos por las llanuras o en los regs. Se tendrá
sumo se puede constatar que determinadas paredes grabadas están situadas en lugares
entonces una nueva categoría de alteraciones de las paredes, ligada en particular con la
que permiten una estancia bastante prolongada (corredores, cabidades) y es probable
presencia de un suelo a sus pies (efectos de capilaridad, eflorescencias salinas, corrosión
que existieran campamentos al aire libre, al pie o en las cercanías inmediatas de las
eoliana, entre otros). No es aún posible actualmente clasificar las representaciones rupes-
paredes verticales grabadas; numerosos fogones o depósitos de útiles líticos así lo ates-
tres de estos emplazamientos por escuelas o por épocas precisas, por falta de observacio-
tiguan.
nes en número suficiente; a lo sumo podemos indicar que hay una gran cantidad de graba-
El problema de los motivos que incitaban a los artistas prehistóricos a que utili-
dos del piso bubalino de grandes dimensiones, quizás a causa de la necesidad de escoger
zaran tal superficie rocosa en vez de otra está lejos de comprenderse claramente. En la
grandes superficies rocosas, lo bastante homogéneas para realizar las obras. Y precisamen-
mayoría de los casos se puede constatar que los artistas no se preocupaban en modo
te en los emplazamientos cuyo repertorio acabamos de hacer es donde e encuentran tales
aluno por las condiciones de conservación de sus obras. La evolución de las superficies
condiciones.
grabadas ha mostrado que las obras a veces se hallaron bien conservadas, pero que la
mayoría de las veces sufrieron las agresiones del clima. En los casos en que la superficie
3.2. LOS BLOQUES ROCOSOS AISLADOS
inicial era demasiado desigual y difícil de grabar, los artistas la preparaban puliéndola
y ejecutaban después sus grabados. Esto demuestra bien que no buscaban. sistemáticamen-
Por las dimensiones más reducidas de las superficies disponibles, los grabados son
te las bellas superficies lisas y de grano fino.
aquí necesariamente de tamaño más pequeño. Se encuentran pues, en mayoría, obras del
Se ha evocado el problema de la elección de las estaciones rupestres entre los neolí-
piso bubalino de pequeñas dimensiones, del piso bubalino decadente y del piso bóvido,
ticos (Soleilhavoup, 1979) para los abrigos de pinturas del Tassili-n-Ajeer; en el Hoggar,
aunque son muchas las excepciones.
Maitre (1971) intentó también cuantificar este problema, basándose en las orientaciones
En la casi totalidad de los casos, los bloques aislados se sitúan en los puntos bajos de
privilegiadas de las obras rupestres neolíticas y postneolíticas. Se constataron las diferen-
la topografía, bajo diversos aspectos: bloques grandes desprendidos en la base de las pen-
cias pero sin más.
dientes (djebe/, fiara, de/aas), losas o afloramientos rocosos en posición inclinada u hori-
El estudio de la colocación de las representaciones rupestres en un emplazamiento,
zontal, o también grupos de rocas de dimensiones métricas, o escasas veces decamétricas,
une estación o sobre una pared puede sin embargo proporcionar indicaciones muy útiles
que soportan la mayoría de las veces grabados de la "Escuela de Tazina" (Fig. 13). Tiene
sobre el contexto sociocultural y espiritual de las poblaciones prehistóricas. Se puede pen-
uno a veces la sorpresa de descubrir bellos grabados en un bloque perdido en medio de la
sar, y con razón, que, por ejemplo, representaciones rupestres situadas en lugares de difí-
llanura, a kilómetros de distancia de un macizo rocoso importante, en un lugar en que
cil acceso o disimuladas a las miradas indiscretas podrían tener un fin de iniciación o
nunca se hubiera pensado que se encontraría arte rupestre.
mágico-religioso. En otros casos, como se puede observar en el Atlas Sahariano, los em-
plazamientos fueron escogidos en razón de sus propiedades acústicas particulares (alrede-
3.3. LOS CORREDORES Y LAS CAVIDADES O GRUTAS PSEUDOCARSICAS
dores de El-Richa, Valle del Río Noureme, Djebel Amour; Semmouta, alrededores de
Aín-Sefra, montes de los Ksours, etc.). Se trata de lugares cuya morfología permite a un
En el Atlas Sahariano estos tipos de emplazamientos rupestres son mucho menos
público eventual (¿fieles?, ¿adoradores?) oír un discurso perfectamente sin que el "pre-
frecuentes que los descritos más arriba. Se encuentran grabados de épocas relativa-
dicador" tenga que alzar la voz. Es probable que tales "recintos acústicos" sirvieran de
549
548
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup
550 551
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
,›7'.rn
,,,------, ....,, - Temperaturas en 'C, pluviometria en mm.
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Máxima
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Amplitud
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17,3 12 22,35 192
E L.13AYADR 15 6.9 20,5 38.9 16.7 10.4 21.3 326
EL.ABIODIASIDI CHE110-1 7,2 10.2 75.3 43 17,2 13 22.05 129
DJELFA
329.7
Y.
La humedad relativa del aire es netamente más fuerte en el Atlas que en el Sahara:
Figura 12 — No es raro encontrar grabados rupestres sobre las capas de la cima de montículos-
es de 60% aproximadamente a las 7 a.m., de 30 a 35% a la 1 p.m. y de 35 a 40% a las 6
testigos, lugares estratégicos para los hombres prehistóricos o, también, sobre bloques dispersos
p.m.
desde la cima hasta la base de estos cerros. Cerro con grabados de Ras-el-Ahmar (inédito) en los Estas características generales del clima en el Atlas permiten concebir que las paredes
alrededores de Ain-Naga, región de Djelfa. Foto SO LE I LHAVOUP, 1980. con grabados están sometidas a condiciones bastante severas, sobre todo a causa de la plu-
viosidad y de las heladas invernales, por lo que pueden desarrollarse alteraciones impor-
tantes: gelifracción, fisuración, fragmentación, descamación, desconchadura, entre otras.
La complejidad de los fenómenos naturales viene del hecho de que hay acción mutua
permanente entre ellos. Para la claridad de la ponencia se analiza separadamente los pro-
cesos, pero no habrá que perder nunca de vista que están imbricados y que los efectos de
degradaciones visibles en las paredes resultan de sus acciones, a veces sucesivas, otras veces
simultáneas, pero casi siempre acumulativas.
552 553
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup
554 555
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
juntas (Fig. 18). Este fenómeno es muy frecuente, sobre todo en altitud.
Otro aspecto muy notables de la deteriorización mecánica de las paredes grabadas
está ligado a la actividad sísmica de la región. Hay que saber que el borde sur de las cor-
dilleras del Atlas es cruzado por una red compleja de fracturas y de fallas, a nivel de lo
que queda convenido llamar "el accidente sudatlásico". El contacto Sahara-Atlas, es
brutal: las capas del Atlas más reciente (Cenomaniano, Turoniense) se hunden bajo los
depósitos saharianos según una flexura brutal que puede ir hasta la falla o que pueden
rematar accidentes secundarios. En esta zona, las sacudidas sísmicas no son raras y algu-
nas rupturas que afectan ciertos grabados pueden ser provocadas por ellas. Una estación
con grabados, a 21 km de Aflou, hacia el oeste, ofrece un ejemplo de tales perturbaciones.
Una pared vertical, de unos diez metros de largo por unos dos metros de alto, está total-
mente decorada con bellos grabados de estilo naturalista de pequeñas dimensiones. Esta
pared, que corresponde al frente de un estrato macizo, primero fue fisurada y después
fracturada en tres bloques principales muy probablemente por terremotos. A estas ruptu-
ras verticales (desplazamiento de los bloques del orden de 1 cm) se han añadido movi-
mientos de deslizamiento hacia adelante de algunos bloques (del orden de 3 a 4 cm): los
grabados no sólo fueron cortados en dos sino que los fragmentos de representaciones han
resultado desplazados sobre varios planos (Fig. 19).
Se puede pensar, finalmente, que la sismicidad local es la causa de la caída de blo-
ques, de derrumbamientos y de desprendimientos.
- le El desarrollo de las fisuras, de las rupturas, las caídas de bloques y sus reajustes pos-
s 111,
— "54 teriores no representan sino accidentes más o menos fortuitos, pero estos fenómenos
Figura 16 — Gran desplome al pie de una pared vertical, generado por la existencia de una junta de estratifica- reflejan no obstante caracteres climáticos particulares, algunos de ellos más agresivos que
ció') horizontal (visible todavía en la parte izquierda de la foto). Gran Pared del Djebel El Hasbaia, N de los actuales. En los casos en que el establecimiento de una cronología en relación con los
Laghouat. Foto SO LEI LHAVOUP, 1976. grabados es posible, estos fenómenos cobran un interés cierto porque así se les puede co-
locar en un marco paleoclimático, subactual o actual.
Estudios recientes han permitido conocer mejor las pátinas de oxidaciones metálicas
que se desarrollan sobre las superficies rocosas en el Atlas y en el Sahara (Haberland,
1975). Tricart (1977, p. 583-584) hace un informe detallado y muy claro de los trabajos
de Haberland. Propiamente hablando, no se pueden considerar las pátinas como formas
de alteración de las rocas, se trataría más bien de acumulaciones superficiales de produc-
tos de oxidaciones metálicas que tenderían a proteger las superficies rocosas y que serían
generadas por las condiciones áridas propias de los desiertos, en particular las precipita-
ciones escasas, pero que permiten la imbibición de las superficies desnudas y una evapora-
ción intensa.
Las pátinas son microencostramientos superficiales resultantes de procesos de micro-
migraciones en el seno de las rocas coherentes que contienen minerales solubles o altera-
bles. La génesis de las pátinas es función, por una parte, de la porosidad de la roca y, por
otra parte, de los cationes movilizables. El mecanismo de formación es sencillo en cuanto
a su principio: cuando la roca está empapada de agua, ésta penetra hasta cierta profundi-
dad. A proximidad del frente de humectación, se forman después geles, bajo la influencia
de la desecación. Estos geles emigran entonces en función de las alternancias desecación-
humectación. Algunos permanecen en profundidad, lo que genera secuencias de microho-
rizontes sucesivos, otros, particularmente óxidos de hierro y manganeso, alcanzan la su-
perficie. Ciertos trabajos permiten contemplar el papel, en la formación de las pátinas,
Figura 17 — Detalle de la foto 16. Al nivel del quiebre, los grabados han sido cortados. Una parte importante
de microorganismos que viven en las pequeñas cavidades de la roca y que serían respon-
del panel ha sido destru ida así. Foto SU LE I LHAVOUP, 1976.
sables de la movilización del hierro y del manganeso. Scheffer, Meyer y Kulk (1963) han
mostrado que algas azules encuentran en los suelos áridos, condiciones propias a su desa-
557
556
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
rrollo al contacto de las piedras; pueden movilizar el hierro y varios otros metales, parti-
cularmente el manganeso, que bajo ciertas condiciones pueden concentrarse en la super-
ficie de las piedras en una película de óxidos deshidratados que sufren después un enve-
jecimiento con una nueva cristalización gradual. Los iones liberados por las algas azules
se difundirían después a lo largo de la superficie de las piedras, bajo el efecto de las alter-
nancias de humedad y de desecación. Progresivamente éstas últimas eliminan los elemen-
tos orgánicos de los complejos y permiten la cristalización de productos puramente mi-
nerales. Esta teoría se funda sobre observaciones realizadas en el desierto Mohave y sobre
el estudio de muestras procedentes del Sahara y de la alta montaña alpina; en este último
contexto, las pátinas son frecuentes y se forman, parece ser, mucho más rápidamente que
en las regiones secas, a juzgar por las observaciones de 011ermann (1963) (en: Tricart,
1969).
Según Haberland (1975), las pátinas se formaron en condiciones climáticas análogas
a las actuales, pero con aguaceros esporádicos que penetraron hasta cierta profundidad en
la roca. La tendencia actual de las pátinas a destruirse sería la consecuencia de un acre-
centamiento de la aridez, lo que sobreentiende, a lo menos en ciertas regiones, que las
pátinas ya no se forman, sin embargo los autores creen que, en las regiones con bastante
lluvia, tales como el Atlas Sahariano, la formación de las pátinas sigue en la actualidad.
En el espacio de cuatro o cinco años, se ha podido constatar por ejemplo que un trazo
grabado en una arenisca tierna pasaba de un matiz blanco amarillento a un tono rojizo,
quizás por nueva formación de pátina.
En su artículo, Haberland hace además una descripción muy minuciosa de las páti-
nas que muestreó en Libia y en el Tchad: estos microencostramientos están siempre
estratificados, con un horizonte de acumulación superficial que puede alcanzar 1 mm, Figura 18 — Cuando la arenisca es de tipo mal cementa-
duro, denso, a veces brillante, a menudo hendido, siempre oscuro (pardo más o menos do y, además, posee una estratificación oblicua, la desa-
negro o más o menos rojo). Debajo del horizonte superficial, un horizonte de partida, gregación granular aliada con la corrosión eoliana ocasio-
nan graves daños en los grabados, recalcando la estructura
descimentado, claro, a veces arenoso, se presenta en contacto generalmente gradual con
de la roca. En este documento puede adivinarse el contor-
el precedente. El horizonte de acumulación tiene siempre un contenido de plasma eleva-
no vago de un carnero con esferoide, roído más que a me-
do (más de 90%) que crece hacia la base mientras va disminuyendo la proporción de dias por esos procesos. Safiet-Bou-Renan. Foto SOLEI L-
esqueleto. Este horizonte muestra siempre mucho menos poros que la roca matriz: la HAVOUP, 1977.
formación de una pátina provoca pues una auto-impermeabilización de la superficie roco-
sa en que se desarrolla; es por tanto un fenómeno limitado en el tiempo y se puede agre-
gar la hipótesis de que si una pátina se degrada actualmente, no significa ésto necesaria-
mente que no pueda volver a formarse en otro sitio.
Las observaciones más antiguas de Flamand (1921, p. 279-285) sobre pátinas de gra-
bados neolíticos y Ubico-bereberes concuerdan con los trabajos actuales: relevemos de
paso la excelente calidad de las observaciones y la gran minucia de los estudios de este
autor.
Una lámina delgada efectuada en un grabado neolítico de la estación de Djorf-el-
Meharra, al norte de Aih-Tazina, en la región del noreste de Ai'n-Sefra, ha mostrado por
una parte una roca sana constituida de arenisca del Albiano con feldespatos, plagioclasas
y con cemento sílico-ferruginoso, de color muy oscuro, pardo rojo y localmente negro.
Flamand (1921, p. 280) distinguió al microscopio dos zonas diferentemente coloreadas
en las que predomina el óxido de hierro hidratado (Fig. 20A). Las playas más oscuras de
la figura (en negro) corresponden con acumulaciones importantes de óxido de hierro de
la pátina-caparazón primitiva. Esta ha sido casi totalmente eliminada por los instrumentos
en silex de los artistas neolíticos durante el grabado de los trazos. La pátina del grabado
Figura 19 — El Atlas Sahariano es una zona de seismicidad relativamente importante. En las arenis-
es menos intensamente coloreada, pues se formó después de la desaparición de la páti-
cas, las sacudidas sísmicas producen roturas, fallas y deslizamientos de bloques. Es el caso aquí: el
na-caparazón (playas grises punteadas sobre la Fig. 20A). Está conformada por una relati- conjunto del panel ha sitio fragmentado en cuatro bloques, separados por hendeduras ensanchadas
vamente grande cantidad de granos de cuarzo recubiertos sólo con una capa ferruginosa, con tronzamiento de los grabados. Nótese además que los dos bloques de la derecha se han desliza-
esta capa puede presentarse bajo la forma de puntuaciones que se adhieren, por do en profundidad de unos 6 cm, lo que indica desplazamientos en dos direcciones. Carretera de
Aflou a El Bayadh, km 21. Foto SE LEI LHAVOUP, Junio 1980.
558 559
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
ción, al mineral subyacente. El espesor de la pátina del grabado varía entre 0,1 y 3 mm.
Otro ejemplo característico estudiado por Flamand es una pátina de grabado I ibico-
berebere (Fig. 206) sobre una arenisca cenomaniana de la estación de Gara-Zmila (cerca-
nías de Ghardaía). Al microscopio, el autor observó un agregado de granos de cuarzo
empastados en un cemento sílico-calcáreo-ferrug inoso. El cuarzo, muy denso en las zonas
interiores de la preparación, se enrarece hacia la periferie que está invadida por el encos-
o O tramiento sílico-ferrug inoso de la pátina (horizonte de acumulación).
31:)
2 7, En resumen, el examen de unas 200 láminas delgadas de pátinas permitió a Flamand
c.u'• 2 d istinguir dos grandes tipos de pátinas:
9 cr .8I — pátinas antiguas, neolíticas o anteriores, de 2 a 3 mm de espesor.
Ei 2 •-,z
pátinas recientes, I ibico-bereberes o posteriorees, de 0,08 mm de espesor, en prome-
c dio
tc a a
1, N Flamand y otros prehistoriadores después de él, utilizaron el espesor de las pátinas
< Ó 1
03 N<
Ó1 E como criterio para la determinación de fechas relativas de los grabados.
b (.7 Cuando se visitan estaciones de grabados rupestres en el Atlas Sahariano, se impone
u,
mtri — •
inmediatamente una constatación: las viejas pátinas por lo general están mucho más alte-
«
c,
1 11
:6 radas que las pátinas recientes. Esto puede parecer evidente, pero en los casos en que una
E
ro cu
cEo E 92 pátina reciente sufre una alteración (fisura o desconchadura) se puede uno preguntar si
m -0 :-
0E2 `" hay formación actual de pátina en ciertos grabados. En algunas estaciones se puede cons-
.73 ,, en <5 tatar que una pátina nueva se forma en los lugares de donde se despegaron placas de páti-
O -oZ, u 9_ na antigua. Tricart (1969, p. 113-114) describe así la evolución de pátinas-costras en las
,13 a areniscas del Sahel sudanés.
c CD• z
j, 17:', N Las alteraciones sufridas por las pátinas son relativamente variadas en sus aspectos,
a á a ‘— ea 1
ro
co0 pero las rige un pequeño número de causas. La pátina desarrollada en la superficie de una
6 N
,- 2
2
pared posee propiedades diferentes de las de la oca subyacente. Esta corteza sufre com-
O
O
S ry pulsiones mecánicas mucho más importantes que la roca bajo el efecto de la amplitud tér-
2 2 15, p.; 8 mica y tiene por tanto tendencia a fisurarse a raíz de la repetición de los ciclos dilatación-
8 -d, El contracción. Se ven desarrollarse redes de fisuras de aspecto poligonal en las paredes o en
;,-• • a 91
5É °: 1, los pedruscos con pátina (Soleihavoup, 1976; Coutard et al., 19791.
a lzá r N
8 3 Sabido es que los cambios de temperatura en seco pueden tener cierta acción sobre las
O. O rocas (Tricart, 1969, p. 101-102). Provocan alternancias de dilatación y de contracción
_, .0 que fatigan las rocas (termoclastismo). La influencia de la amplitud térmica cotidiana va-
ñz
C1
u. 2
c < _o -
-1 6
1 ría de una roca a otra. El coeficiente de dilatación volumétrico de la arenisca es de 5 a 20,
según Brinkmann (1956). La dilatación superficial de la roca bajo la acción del recalenta-
TD
• 47; 1.7
1"- miento diurno provoca efectos mecánicos en profundidad (menos de 10 cm para las rocas
8 -5• - I 8o-8 malas conductoras) y estos se refuerzan cuando interviene el agua de imbibición (hidro-
ro
-2 5- 5 -á clastismo). Una bajada de temperatura venida del exterior provoca una compresión en la
151 ro, 11 1-7, masa de la roca y una tracción en su superficie. La roca se rajará pues según los planos de
co o 7
J 2 o distorsión máxima, los cuales hacen con la dirección del esfuerzo un ángulo de 45° - /2
3 -1
a (siendo Ce el ángulo de fricción interna, constante física de la roca). Hay dos formas po-
o ria •
•— r• sibles de ruptura: la primera es debida a la compresión y tiende a cortar la roca en polie-
'`C.' > dros, y la segunda, debida a la tracción superficial, provoca descamaciones, astillas de
1.) .
roca, cuya longitud, anchura y espesor alcanzan algunos milímetros. Por el contrario, si
o :0
6(2
5 - "I-
co la temperatura se eleva en la superficie de la roca, habrá una tracción en la masa y com-
227 25 z.
presión en superficie. De manera general la resistencia de las rocas es mayor en compre-
E< ro sión que en tracción; por lo tanto la roca se romperá preferentemente bajo la influencia
de la tracción. Pese a esto las descamaciones se forman mejor cuando hay una bajada de
temperatura. Por otra parte, como las rocas son todas más o menos conductoras de calor,
la ruptura será tanto más fácil cuanto más rápidos sean los intercambios térmicos entre
la roca y el medio ambiente. Pero esta rapidez es en realidad limitada. Esta explicación,
inspirada por Bertouille (1972), permite contemplar el importante papel de las variaciones
561
560
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihevoup
de la temperatura atmosférica, sin intervención del agua, lo que se podría llamar "termo-
clastia seca".
Se puede establecer una clasificación de estas formas de alteración. Según las propie-
dades físicas, la estructura y el espesor de las pátinas tendremos:
— desconchados sobre grandes superficies, en los casos en que la pátina es espesa (del
orden del centímetro), lo que provoca una fuerte erosión del horizonte subyacente fuer-
temente descimentado de la roca. Estas descamaciones por placas se efectuan más bien a
partir de la parte superior o de los bordes laterales de los bloques o de las paredes (Fig. 21
y 22). Es probable que las aguas de infiltración pluviales encuentran un camino privilegia-
do, desde la cumbre, en la zona de arenisca descimentada subyacente a la pátina (v. más
adelante); el hielo, después, contribuye a desolidarizar paulatinamente la capa endurecida
de la roca matriz, creando soluciones de continuidad, fisuras paralelas a la pared, cavida-
des, que generan hinchazones de la pátina. Se producen, entonces, agrietamientos que pro-
vocan la caída de fragmentos de pátina. Trozo por trozo, la totalidad del panel sufre esta
descamación. Muchos grabados han sido mutilados gravemente de esta manera o incluso
totalmente destruídos. En Kheneg et Tayeb, cerca de Asla, no queda más que la parte
inferior de un búbalo. En los demás sitios, la capa de pátina, con fisuras, suena hueco,
como un enlosado o un revestimiento de argamasa a punto de despegarse de una pared.
Es evidente que los grabados que puede haber sobre esta pátina están irremediablemente
condenados a desaparecer.
— descamaciones peliculares en pastillas o en elementos poligonales. En estos casos
el espesor de la pátina es mucho más reducido (de 1/10 de mm hasta 1 mm). Diríase que Figura 21 — La descamación en láminas de pátina gruesa conlleva la destrucción de los grabados. El
a veces esta forma de descamación está ligada a la propia estructura de la pátina. En efec- proceso está vinculado con acciones termo-hidroclásticas (v. texto). Cronologías relativas pueden
to, si la pátina presenta una microestratificación, las hojas superficiales podrán despegarse, intentarse comparando las pátinas sucesivas (espesores, coloraciones). Feidjet-El-Leben, región de
Djelfa. Foto SOLEILHAVOUP, Junio 1980.
sin afectar el conjunto de la pátina. En Gouiret 3ent Saloul (Fig. 23 y 24), el pecho del
personaje parece sufrir de un tipo de descamación con resquebrajadura en pastillas, ligado
a la microestructura de la pátina. La coalescencia de las pastillas descamadas forma un
verdadero puzzle y se llega así a la puesta al desnudo del panel. Este modo de desapari-
ción de la pátina no provoca obligatoriamente la destrucción de los grabados; todavía
se pueden adivinar los trazos de grabado pero están en ese caso obliterados; esto mues-
tra bien que la pátina no está destru (da en todo su espesor. En otros casos las descama-
ciones peliculares tendrán un aspecto mucho más desordenado, formando elementos de
contornos pol igonales.
— accidentes en la superficie de la pátina granos gruesos de cuarzo, micro fisuras,
etc.) pueden originar una destrucción multidireccional de la pátina, en pleno centro de un
panel. En cuanto salta una desconchadura de pátina, la roca subyacente es sometida a una
erosión acelerada por un conjunto de procesos conjugados: desagregaciones granulares,
acción de los líquenes, etc.
— descamaciones de las superficies pulimentadas. A menudo los artistas neolíticos
prepararon la superficie rocosa antes de hacer el grabado, pulimentándola, o, tras realizar
el grabado, pulimentaron parte o la totalidad de la superficie endoperigráfica, lo que con-
fiere generalmente a la obra grandes cualidades técnicas y estéticas. La observación de
estas superficies artificialmente pulimentadas suele mostrar descamaciones peliculares ge-
neralmente inferiores al milímetro y de contornos irregulares (Fig. 25 y 26), a veces sobre
varios planos. Parece que el origen de esta alteración está ligado con la misma técnica de
pulimentación. En efecto, el frotar mucho tiempo una superficie provoca una transfor- Figura 22 — Detalle de la foto 21. La progresión del frente de descamación ocurre en todas las
direcciones del plano, ahí donde microfisuraciones de la pátina se desarrollan. La roca descamada
mación de su estado y de sus propiedades mecánicas (limado de los granos, perturbaciones
presente se cubre progresivamente con una pátina más clara. Foto SOLEILHAVOUP, Junio 1980.
de la textura de la roca, etc.). Una superficie pulimentada puede, pues, adquirir una sensi-
bilidad particular a los agentes meteóricos.
— descamaciones en láminas de superficies finamente estratificadas aparecen en algu-
nos casos, ahí donde los grabados fueron efectuados sobre paneles lisos de láminas de se-
562 563
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Figura 25 — Las superficies endoperigráficas pulidas sufren descamaciones peliculares generadas por
el tratamiento mecánico de rozamiento de esas superficies, las cuales adquieren una estructura espe-
cial. La roca subyacente así expuesta puede entonces ser afectada por otros procesos de alteración
(descamaciones, desagregación granular, acción de microorganismos, etc.). Bou-Sekkine, región de
Djelfa. Foto SO LE I LHAVOUP, Mayo 1980.
Figura toma a
menudo un aspecto de resquebrajadura en pastillas más o menos
coalescentes, en puzzle. Cuando los trazos de grabado son delga-
dos, esta forma de erosión es extremadamente degradante. Es po-
sible cuantificar la importancia del proceso y medir la rapidez de
su actuación (v. fig. 38). Gouiret-Bent-Saloul, 4o. Gara, región de
Ain-Sefra. Foto SO LE I LHAVOUP mayo 1980.
Figura 25 — Las superficies endoperigráficas pulidas sufren descamaciones pelicu tares generadas por
el tratamiento mecánico de rozamiento de esas superficies, las cuales adquieren una estructura espe-
cial. La roca subyacente así expuesta puede entonces ser afectada por otros procesos de alteración
(descamaciones, desagregación granular, acción de microorganismos, etc.). Bou-Sekkine, región de
Djelfa. Foto SO LE I LHAVOUP, Mayo 1980.
dimentación. A veces los grabados están cortados por la caída de láminas, otras veces
están ejecutados sobre láminas aparentemente bastante estables como se puede ver en
Arn-Naga, al noroeste de Messad, en la región de Djelfa. Hay que señalar que este tipo de
Olb 01 C alteración es poco frecuente: los artistas parecen haber querido evitar este tipo de super-
Ola
ficies frágiles.
— alteraciones de los trazos de grabado: los trazos de grabado sufren a menudo alte-
raciones importantes. Ahora se conoce bien la tipología (Fig. 27) de los trazos de graba-
do (Lefevre, 1970) y se constata que en muchos casos la morfología de los trazos es trans-
formada por alteraciones diversas. Los trazos grabados están roídos, sus bordes sufren
microdescamaciones y deformaciones a veces muy importantes. Un proceso de altera-
ción, que parece frecuente en los trozos grabados, puede resumirse así: aparece una fisu-
02 ra en el eje del trazo, en el fondo; esta fisura puede persistir mucho tiempo pero basta
072 con un accidente cualquiera en el trazo (punto singular, microdeformación de la pátina,
D °o`-' 0‘-' 00 0 000,uO U L) 0 O U l
etc.) para que salte una pequeña esquirla: es entonces el punto de partida de una micro-
o 000 000000J ° o Do 00(
0°03 o r 000 0 0,100000 0000 desconchadura generalizada de la pátina del trazo (Fig. 28 y 29) y ésta desconchadura
0 0 0o 4 000000 0 0 0
Do o o c'0 o° O o° 0 0000 00 0 0 00 0 0 permite el desarrollo de una microflora algácea, bacteriana o fúngica, así como la apari-
ción de colonias de líquenes cuyo papel degradante es muy importante (v. más adelante).
03 Hay que subrayar ya que los líquenes se desarrollan casi siempre en los grabados con pá-
tina. Cuando los grabados fueron efectuados sobre arenisas coherentes, duras, sin pátina,
las colonias de líquenes son pocas o no existen. Es por lo tanto posible que la presencia
de pátinas de oxidaciones metálicas favorezca el desarrollo de organismos vivos. Esto
confirmaría además la presencia y el papel de ciertas bacterias en la movilización y la fi-
07 b
jación de sales de hierro, de manganeso y a veces de fósforo.
04a 04 b
La utilización de la alteración de las pátinas para plantear una cronología relativa
E de los procesos y por lo tanto de las acciones paleoclimáticas suele ser delicada. En algu-
nos casos en que, sobre una misma superficie grabada, se pueden distinguir varios pla-
nos de descamación que tienen cada uno una pátina de color diferente (que conviene
codificar mediante una carta de los colores); es posible distinguir períodos climáticos
"activos" con fuertes termohidroclastia y crioclastia, correspondientes a descamaciones,
y períodos subáridos bastante estables que permiten la formación y el desarrollo de las
pátinas. De todos modos, tanto para el prehistoriador de arte como para el geomorfó-
logo, es preciso hacer estudios físicos, químicos, micromorfológicos y de reparticiones
geográficas de las pátinas, de manera sistemática, en todos los tipos climáticos en que
pueden hallarse.
Uno de los aspectos más frecuentes de la alteración de las paredes con grabados ru-
08
pestres del Atlas Sahariano es la presencia casi general de rastros oscuros, grisáceos, par-
duzcos, rojizos o verdosos, verticales o ligeramente oblicuos, más o menos anchos (de
unos cuantos centímetros a dos metros o más), más o menos espaciados regularmente
o como verdaderas colgaduras, que son huellas de la penetración de las aguas pluviales
(Fig. 30). Es fácil comprender la gravedad de las alteraciones que pueden sufrir los gra-
05 bados cuando se encuentran en el paso de tales chorros. Lo más grave no es tanto el des-
plazamiento pelicular del agua o el chorreo sobre las paredes como la proliferación de
líquenes o de musgos en estas zonas en las que la humedad es más fuerte y se renueva
periódicamente.
El hecho que en estas paredes se noten chorreos aparentemente antiguos y aún acti-
vos actualmente, muy oscuros, mientras el resto de la superficie permanece indemne,
parece atestar que las aguas de lluvia tienen recorridos "obligados" a causa de la topo-
05 09 E.'3E
567
566
los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup Alteraciones de
grafía del emplazamiento que orienta la reunión y el fluir de las aguas. Esto puede indi-
car también una transformación morfológica de la roca, por ejemplo por erosión de su
remate, en el caso en que tales chorreos de aguas vertientes pasan por el medio de una
pared grabada: no parece lógico que los artistas prehistóricos hubieran decorado la roca
precisamente en el lugar en que estaba sucia y degradada. Esto nos lleva a pensar que esta
forma de alteración de las paredes es actual o subactual. Es posible, por fin, que los gra-
bados fueran realizados en un período seco, en que la pluviosidad era particularmente
poca, que las paredes no hubieran tenido chorreos y que sólo posteriormente los graba-
dos sufrieran estas alteraciones.
En las chorreras de aguas vertientes y de ambos lados se pueden observar colonias
de líquenes, a veces musgos, si la pared presenta huecos que permiten la adhesión de limos
eólicos, a veces también sarro, revestimientos calcáreos (Soleilhavoup, 1978). En el Atlas
el desarrollo es muy importante.
Se sabe (Ozenda y Clauzade, 1970, p. 991 que en el conjunto del Sahara la flora de
los líquenes es muy pobre, ya que las especies no pasan de un centenar (Faure y Col.). Y
además la mayoría de esas especies sólo son corrientes en las márgenes subdesérticas o en
los altos macizos como el Hogar o el Tibesti en los cuales el carácter desértico se atenúa
con la altitud. Para la región estudiada aquí, la inmensa mayoría de la población está for-
mada por líquenes de talo crustáceo, es decir estrechamente adheridos al soporte y ha-
ciendo cuerpo con él, de tal modo que casi siempre hay que sacar un fragmento de subs-
trato cuando se quiere tomar una muestra. El talo está, bien sea enteramente incluido en 11=
Figura 28 — A de los bordes de trazos de grabados. El ensanchamiento del trazo inicial re-
lteración
el substrato o bien fijado sólo por su base y forma entonces una costra más o menos zsualatadedegruanbaadce„na de procesos (v, texto). Las deformaciones pueden volver irreconocibles los tra-
saliente. Hay que recordar que un liquen es la asociación simbiótica de una alga azul y zos o la línea de espalda de este carnero con esferoide sufren una alteración
por descamaciónLa cabeza y • n granular y por desarrollo de colonias de líquenes
de un hongo. El alga lleva el pigmento asimilador y nutre el liquen. El hongo asegura la patina, por desagregacio
de la pátina,
en las zonas • ' de El-Abiodh-Sidi-Cheikh. Foto SOLEILHAVOUP,
protección, la adhesión y la humedad; pertenece casi siempre a una especie que no se en- alteradas.
das. Dar-Boucherrt,• región
Mayo 1980.
cuentra nunca en estado aislado: se ha vuelto tributario del alga. Biológicamente los líque-
nes tienen un interés capital. Son ellos los que, con los "Procaristas" (bacterias, "Cinofi-
rros"), se instalan en lugares donde nunca se había fijado vida alguna. Con ellos se acumu-
la un poco de arena y de humus y, merced a ellos, las hierbas pueden vegetar. Son los
primeros en tomar posesión de la roca desnuda. Los líquenes por fin son excelentes indi-
cadores de contaminación: no pueden desarrollarse sino en ambientes perfectamente pre-
servados de todas las contaminaciones producidas por las actividades humanas.
Los principales géneros de líquenes crustáceos que se encuentran en el Atlas Saharia-
no son los siguientes: Verrucaria, Dermatocarpor, Heppia, Acarospora y Lecanora; estos
cinco géneros representan la mitad de la totalidad de los líquenes saharianos. Todos estos
líquenes tienen un metabolistmo, y en particular una nutrición, que provoca degradacio-
nes de su soporte. Las sales minerales son bastante abundantes en la roca y el agua de llu-
via que circula en el interior, al tener inicialmente ciertos elementos como magnesio y
potasio, se carga de nitratos y de fosfatos (excrementos o restos de animales). Microanáli-
sis sobre fragmentos de talos han mostrado que los líquenes absorben rápidamente sales
minerales (las algas prefieren nitratos; los hongos, fosfatos). La nutrición mineral de los
líquenes está ligada a la actividad biológica de los dos simbiontes: por ejemplo, el ataque
mecánico de la roca provoca una liberación parcial de los productos minerales y facilita
su utilización metabólica. Estudios hechos sobre piedras de monumentos (Templo de
Angkor, en la India) o sobre vidrieras de iglesia (Catedral de Chartres, Francia) han mos-
trado que este ataque parece hacerse a la vez mecánica y químicamente. En las rocas car-
bonatadas, el carbonato de calcio es disociado en parte por la acción del gas carbónico
emitido por la respiración y esto hace a los líquenes calcícolas todavía más agresivos ---maamil~.
29 — o. líquenes,,, al desarrollarse en las Microcavidades de erosión subyacentes a la pátina
(Souchon, 1971, p. 63-64). A veces ciertas rocas presentan perforaciones que forman gerasba
descarnada,
amdas,aa,zriet-fu
-- esta última Y generan fuertes deformaciones de los trazos
alvéolos de cuello a veces angosto debidas a líquenes de talo endolítico. Ozenda y Clauza- coornrzac la descamación de
este Bóvido. Djebel-El-Hasbaía, región de Laghouat.
de (1970) describen de este modo el proceso de perforación: "Para penetrar en la roca Foto SOLEILHA l' aqptill ,9n7i.a oreja drecha de
e7
VOu
568 569
Soleihavoup
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
(estos líquenes) no se limitan a utilizar las fisuras preexistentes; pueden atacar la piedra,
incluso cuando está absolutamente intacta. El anhídrico carbónico y los otros productos
ácidos excretados por los hongos deben reaccionar sobre los carbonatos con formación
de sales como el carbonato ácido de calcio soluble. Pero además ciertas substancias I iqué-
nicas como el ácido lecanórico tienen en sus moléculas radicales —OH y —COOH situa-
dos a proximidad: entonces pueden, sin que haya formación de sal, destruir minerales,
quitándoles, por el fenómeno de "quelación", sus cationes metálicos, por ejemplo Ca y
Mg. El hecho de que las rocas carbonatadas sean atacables mucho más fácilmente expli-
ca que la mayoría de los líquenes de talo endolítico se hallan sobre estas rocas. Pero tam-
bién pueden existir sobre rocas silíceas y, sobre todo, silicatadas". Estos líquenes pueden
así colonizar paredes rocosas o superficies de guijarros. La profundidad de las perforacio-
nes varía entre 0,2 y 4 mm y puede incluso alcanzar a veces 10 mm (Brochier, 1976, p.
53).
Muchos líquenes son capaces de acumular en sus membranas celulares numerosas
substancias y en particular compuestos minerales extraídos de la roca: óxido e hidróxido
férrico. Finalmente, todos sueltan productos (más de 200 diferentes) al exterior de sus
células. Dada la gran variedad de familias químicas a las que pertenecen estos productos
Figura 30 — Los regueros de escurrimiento pluvial y sobre todo los desarrollos microbiológicos aso-
y aunque muchos de ellos son ácidos, se les ha dado el nombre de substancias liquénicas.
ciados originan alteraciones importantes sobre numerosos grabados. La parte delantera de este bello
Se consideran estas substancias como productos de excreción, pero es posible que algu-
antílope-búbalo ha sido degradada por una chorreadura de agua e incrustación calcárea (sarro) co-
rrelativa. Es probable que tales alteraciones no existían todavía cuando fueron grabadas la mayoría nas actúen como antibióticos contribuyendo a asegurar en los líquenes una protección
de las obras. Hadira-Mohotma, región de Djelfa. Foto SOLE I LHAVOUP, Mayo 1980. contra el ataque de los microorganismos y de los mohos y a limitar así el crecimiento de
los otros organismos vivos sobre el mismo substrato (por ejemplo el ácido úsnico, muy
corriente en los líquenes, actúa sobre las bacterias Gram positivo).
Las poblaciones de líquenes son densas en las amplias paredes, grabadas o no, del
Sahara septentional. Se encuentra concentraciones importantes en los chorreos de aguas
vertientes o a proximidad, y es probable que, al provocar el crecimiento de los talos las
alteraciones que acabamos de definir, contribuyan a degradar las superficies en fuertes
proporciones. Se han podido establecer curvas de velocidad de crecimiento para ciertos
líquenes, a partir de fotografías o de trazados de superficies hechos por medio de calcos
para talos crustáceos, y también para el estudio de las piedras sepulcrales y otros monu-
mentos enlosados. Se ha determinado así que, la mayoría de las veces, este crecimiento
es muy lento (en los líquenes crustáceos el crecimiento anual del talo varía entre menos
de 1 mm y 6 mm) y está condicionado por la edad del líquen y los factores del medio
ambiente que permiten su actividad metabólica. En los casos precisos de paredes particu-
larmente amenazadas por la proliferación de los líquenes, estas medidas serían quizás
interesantes para apreciar la rapidez de progresión de las alteraciones.
Sobre las paredes grabadas, los líquenes pueden actuar de dos maneras diferentes:
— En la superficie de las pátinas no degradadas se puede observar el desarrollo de
talos crustáceos pero su su acción degradante es débil por causa de la gran cohesión de la
pátina; en cambio, el desarrollo de líquenes a lo largo de finas redes de fisuras de la pátina
permite la preparación de los procesos de descamación por desolidarizaciones progresivas
de las placas de pátina.
— En los trazos de grabado alterados en que la pátina ha sufrido una desconchadura
que ha puesto al desnudo la roca subyacente, la colonización liquénica provoca una ero-
sión acelerada de los bordes del trazo (Fig. 28 y 29) ya que los tales se desarrollan debajo
de la pátina, destruyendo la roca, y la pátina resulta entonces extremadamente fragilizada
por la desaparición de su substrato. Gran número de bellos paneles grabados han sido así
Figura — La desagregaci granular es la responsa e •e la o•lite- totalmente destruidos por la acción casi exclusiva de los líquenes debajo de la pátina
racción de algunos grabados, sobre todo cuando actúa conjuntamen- (Fig. 29).
te con la corrosión eólica. Este grabado fuertemente degradado sufre
Cuando la excavación de las superficies rocosas puestas al desnudo por la desapari-
una desagregación intensa, tanto más cuando la arenisca es tierna y
la pátina delgada y frágil. Djebel-El-Hasbaiá, N de Laghouat. Foto ción dela pátina es bastante pronunciada, pueden formarse, en las cavidades, adhesiones
SO LE I LHAVOUP, 1977.
570 571
Soleihavou p Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia!
de limos eólicos, lo que permite entonces el desarrollo de musgos. Se sabe que la activi- granos y del cemento, zona débil por excelencia, sometida además a los esfuerzos máxi-
dad de los rizoides de estos vegetales y, de manera general, su metabolismo, provocan mo- mos: es lo que se llama la descimentación, y la cantidad de granos liberados es tanto
dificaciones químicas del substrato. Es por lo tanto probable que colonicas de briofitas mayor cuanto menos resistente sea el cemento. Es lógico que la desagregación granular
desarrolladas en cavidades y fisuras de la pátina o de la roca pueden originar degradacio- ataque en primer lugar a las zonas de la roca menos cementadas. La estructura de la roca,
nes no despreciables. Pero en realidad el fenómeno parece limitado: sólo los líquenes tie- de un acantilado o de un estrato, desempeña un papel fundamental en el desarrollo de
nen un gran desarrollo sobre las superficies rocosas, lo que los hace muy agresivos. las desagregaciones granulares. En las areniscas de estratificaciones oblicuas o entrecruza-
das, un verdadero cincelado subraya las estratificaciones. Se creía que la puesta en eviden-
4.4. LAS DESAGREGACIONES GRANULARES cia de los planos estructurales de la roca o que la excavación de alvéolos de 2 a 5 cm de
ancho, generalmente alineados, eran la consecuencia de la corrosión eólica, pero no es el
En el Atlas Sahariano_ como se ha visto. la única roca soporte de. los grabados es una caso: el viento se contenta con evacuar los fragmentos pero la erosión es debida a una
arenisca perteneciente al Continental Intercalar (Eocretácico que comprende principal- desgregación mecánica, quizás reforzada por el hielo.
mente los pisos Albiano y Barremiano). Según los emplazamientos y las paredes grabadas, En el caso de grabados ejecutados sobre areniscas bastante tiernas en que la cohesión
la litología de las areniscas es sumamente variable, unas veces muy duras, con cemento si- del cemento es débil, es frecuente constatar que los bordes de los trazos grabados tienen
líceo y comportándose como verdaderas cuarcitas, otras veces muy tiernas y de fácil desa- un perfil característico en "V" ensanchada, con las puntas muy redondeadas (Fig. 27 y
gregación; según las paredes, también, las pátinas de oxidación metálica están más o 29). El examen de numerosos perfiles, tipos de trazos (Fig. 27) muestra que un trazo que
menos desarrolladas y son más o menos espesas. La morfología de los trazos de grabado ha sufrido una desagregación granular en sus bordes posee solo un perfil totalmente carac-
dependerá por tanto muy estrechamente de la presencia o no de la pátina y de la mayor terístico y único. Basta con haber examinado una vez un trazo alterado por la desagrega-
o menor cohesión de la roca. ción para reconocer fácilmente esta forma de alteración. A veces, y esto refuerza el diag-
La granulometría de las areniscas del Atlas es también muy variable. En una misma nóstico, al pasar los dedos por los bordes del trazo, se despegan unos granos. Cierto núme-
sección, de abajo arriba, se puede pasar de areniscas muy heterométricos de pequeños ro de grabados tienen así trazos fuertemente ensanchados, con los bordes muy embotados
guijarros y gránulos de cuarzo ("areniscas de grajeas" de los geólogos saharianos), a facies y, si bien se conserva el diseño general, el grabado inicial ya no existe.
groseras con estratificaciones oblicuas o entrecruzadas, luego a otras muy finas y muy mal A veces, la desagregación granular ataca toda una pared grabada provocando la oblite-
cementadas y finalmente a areniscas ferruginosas muy duras, muy coherentes (pseudo- ración progresiva de los grabados. Ciertos paneles del Djebel El Hasbaía (Fig. 31 y 32),
cuarcitas). Es evidente que sobre soportes tan distintos los grabados rupestres tendrán por ejemplo, sólo muestran sus grabados, muy embotados, casi borrados, cuando la luz
mayor o menor firmeza y que su conservación dependerá esencialmente de las propieda- es completamente rasante. Resulta como si la superficie inicial de la roca se hubiera des-
des qu ímicas, físicas y mecánicas de las rocas. plazado varios milímetros (o centímetros), desde que se ejecutaron los grabados. Este
Se puede definir la desagregación granular (según George, 1970, p. 127) como la fenómeno de ablación por desagregación granular ha sido objeto de estudios, de medidas
separación sobre todo mecánica de los minerales de una roca, en particular cuando está y de extrapolaciones. Tricart (1969, p. 192) menciona que para ciertos grabados saharia-
constituida por minerales diferentes, por ejemplo areniscas o conglomerados con cemen- nos, de 5000 a 6000 años de antigüedad, la ablación no ha pasado de 0,2 mm desde el
to calizo, granitos, etc. La desagregación es una microfragmentación que libera sobre todo origen, lo que significaría una ablación media de 0,04 mm por milenario. En este caso,
pedazos de pequeño tamaño, salvo en el caso de los conglomerados gruesos. de seguro, la obliteración de los grabados es ínfima, pero Tricart no da indicación alguna
Entre las areniscas del Atlas Sahariano, es el tipo constituido por granos de cuarzo sobre la litología de las areniscas afectadas. Es cierto que un grabado sobre una pátina
hialino con cemento silíceo o sílicoferruginoso el que domina de lejos (Flamand, 1921, manganoferruginosa, de varios milímetros de espesor, se conservará intacto durante un
p. 245). Cuando los granos de cuarzo elementales están fuertemente reunidos por un ce- período muy largo, mientras que grabados sobre una arenisca tierna con pátina muy del-
mento silíceo, las areniscas se acercan litológicamente a las verdaderas cuarcitas y, a raíz gada sufrirán una desagregación activa que provocará el retroceso sensible de la pared.
de la gran cohesión de los elementos de las mallas del cemento, se vuelven rocas casi ho- Es por lo tanto peligroso acordar un valor absoluto a cifras puntuales y sacar de ahí argu-
mogéneas; entonces, la dureza considerada en los elementos mismos y la dureza tomada mentos corno lo han hecho algunos autores, para demostrar "la excelente conservación
en masa son idénticas y alcanzan ordinariamente el grado siete (cuarzo cristalizado) de la de los grabados rupestres del Sahara". Estos datos cifrados (Mortensen, 1956, hasta ha
escala de Mohs; estas rocas son muy duras y no pueden sufrir desagregación granular por calculado por extrapolación un retroceso de las paredes rocosas de 30 cm desde el Plio-
la fuerte consistencia del cemento que une los granos. Pero en la mayoría de los casos, ceno!) no parecen tomar en consideración parámetros tan importantes como la naturale-
con una asociación de elementos semejantes, granos de cuarzo y cemento silíceo, por za petrográfica variable de las rocas soporte, las propiedades mecánicas y la cohesión de
causa de una cohesión generalmente inferior, existente entre ellos, la dureza relativa de las rocas, que difieren mucho, las variaciones climáticas en el transcurso de los últimos
la roca tomada en masa desciende a los grados 6,5 - 6, hasta 5,5 de la escala de Mohs, Son milenarios, etc.
estas rocas (y evidentemente todas las otras areniscas más tiernas) las que sufrirán de La desagregación granular representa un peligro grave para muchos bellos grabados
modo más fuerte los efectos de la desagregación granular. en el Atlas Sahariano. Este proceso pernicioso, por ser lento y poco perceptible a primera
El proceso propiamente dicho combina varios factores. En rocas heterogéneas, las va- vista, parece difícil de detener ya que está ligado a la naturaleza misma de las rocas.
riaciones térmicas, las variaciones hídricas, la intervención eventual de organismos vivos
(bacterias, líquenes, musgos) son capaces de despegar fragmentos irregulares calcados 4.5. LOS SUELOS, LOS EFECTOS DE CAPILARIDAD, LAS CORROSIONES DE LA
generalmente sobre la textura de la roca, cuyas irregularidades han localizado la ruptura. BASE DE LAS PAREDES
En la arenisca, por ejemplo, cuando el cemento no tiene el mismo color que los granos
de cuarzo, los efectos de ruptura mecánica se localizan en el punto de contacto de los En las estaciones rupestres en que los grabados están ejecutados a proximidad inme-
572 573
Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihrwoup
diata del suelo o cuando éstos han sido enterrados a consecuencia de una sedimentación
posterior, lodazales, depósitos de las pendientes, aportes fluviales, depósitos eólicos, etc.,
se pueden observar a menudo fenómenos de corrosión ligados a la existencia de tales
materiales sueltos junto a las paredes. En las descripciones de ciertos prehistoriadores se
alude a veces a las degradaciones que sufre la base de los grabados por causa de la presen-
cia durante un tiempo más o menos largo de un suelo arcilloso o arcillo-arenoso. Es el
caso, notablemente, de los grabados de la estación de Daiet-Es-Stel, al norte de Djelfa,
en donde un hombre de tamaño natural y un cordero han sido medio roídos por proce-
sos químicos y físico-químicos que dominan en un suelo que ocultaba en parte el panel
grabado. Es probable que cierto número de grabados estén así tapados por el desarrollo
de los suelos y, en este caso, estén desapareciendo sin que nadie se haya dado cuenta. Es
cierto que el número de grabados al aire libre es suficiente para que sea relativamente
poco interesante el tratar de desenterrar los que estén escondidos. Tiene sin embargo
su interés el estudio de los grabados parcial o totalmente hundidos: se pueden tener
así indicios sobre las velocidades de sedimentación o de formación de los suelos desde
la ejecución de los grabados, y tanto más cuanto que a veces los suelos al pie de las pare-
des grabadas contienen capas arqueológicas con industrias líticas. Es el caso particular-
mente en Aih-Naga (noreste de Messad, región de Djelfa) donde Grebenart (1969) estu-
dió minuciosamente un bello yacimiento capsiense. Las correlaciones parecen pues posi-
bles (o por lo menos las relaciones de cronología relativa) entre las paredes grabadas, los
suelos que se han desarrollado a sus pies y las industrias que se encuentran en ellos. En
cierto modo entonces las degradaciones de los grabados enterrados podrían servir como
marcadores para los prehistoriadores.
Depósitos antiguos de arenas eólicas cubren la base de ciertas paredes. Si la arena se
mantiene seca, los grabados no han de sufrir mucho de este enterramiento. Pero si la duna
queda fijada por la vegetación, la acción ácida de las radículas, traza en la superficie de la
arenisca con pátina, redes más claras. Es el caso en particular del grabado de liebre de la
estación de Sidi Maamar en los Arbaouat.
Figura 32 — La desagregación granular genera un ensanchamiento
A veces, finalmente, se pueden observar revestimientos, incrustaciones de calcita
importante del borde de los trazos de grabado. El embotado resul-
blanca (sarro) en los grabados, cuando los cubrió durante un lapso bastante considerable
tante es muy característico (v. fig. 27/091. Djebel-El-Hasbaiá, N de
una capa de depósitos detríticos. Entonces los grabados están encostrados; es el caso de Laghouat. Foto SO LE IHAVOUP 1977.
un búbalo inédito de Garet-et-Dba, cerca de Aih-Sefra. Los desarrollos de calcinas son
sin embargo poco frecuentes en las paredes rupestres del Atlas Sahariano. En cambio se
ha visto (Soleilhavoup, 1978) que son muy frecuentes en las paredes pintadas en Tassili-n-
Ajjer (remítase el lector a ese trabajo para la descripción y el estudio genético de las calci-
nas en el Sahara).
Dubief (1963) ha mostrado que las regiones más afectadas por los vientos de arena
son los bordes norte y sur del Sahara. Por vientos de arena se entienden los vientos capa-
ces de levantar partículas de 0,1 a 1 mm a alturas de 0,10 a 1 m. La base de muchas pare-
des grabadas presenta estrías horizontales, ranuras, alvéolos aislados o coalescentes que
son indicios manifiestos de acciones eólicas. Se puede observar bastante a menudo que
ciertos grabados han sido dañados más gravemente hacia la parte baja: por ejemplo las
s. 5
patas de muchos animales están gastadas o truncadas. Es seguro que el picoteo intenso alk",a .1 •
de los granos de arenas proyectados violentamente contra el bajo de las paredes produce •.■
una destrucción de la roca o refuerza considerablemente la acción de la desagregación gra- f* 11 4_ a•
Figura 33 — Estación de Garet-El-Baadj, región de Boussemghoum, alrecfedorcs de Aih-
nular. Por encima de 1 a 1,5 m, los grabados no son afectados por la corrasión, cualquie- Sefra, Este. Gran parte de esta pared presenta muy numerosas cavidades cavadas por una
ra sea su posición en relación con el nivel del suelo. La estación de El-Richa (sur de abeja (Odynerus bidentatus, Lepeletier). En el centro de la foto, un grabado se ve muy
Aflou) muestra un buen ejemplo de corrasión en los grabados, citado por Roubet (1976, afectado por la coalescencia de varios alvéolos. Nótese que varias figuras se extienden "en
estrella" a partir de esta cavidad. Foto F. COMINARDI.
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Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Soleihavoup
p. 248). Se trata de un "orante" del que sólo la parte superior se ha librado: toda la base
de este grabado está en efecto roída por el impacto de las partículas minerales.
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Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
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Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Hay por lo tanto aquí un espléndido campo de investigación para el estudio de los proce-
sos.geomorfológicos elementales.
Hay que considerar finalmente que toda acción degradante resulta de la intervención
aislada o simultánea de los cuatro elementos siguientes: el agua, los seres vivos, la tempe-
ratura y el viento. En condiciones particularmente favorables, se establece un equilibrio
entre estos elementos y se asegura cierta estabilidad de la superficie en el contacto roca-
atmósfera; pero casi siempre uno de los factores (el agua en general), sometido a variacio-
nes a veces muy fuertes, origina el cambio o la perturbación de los demás y aparece en-
tonces un desequilibrio: una forma de alteración resultará obligatoriamente. De no haber
estudiado previamente con cuidado las características de las paredes y fas condiciones que
rigen sea su equilibrio, sea el desarrollo de alteraciones diversas, el hombre puede crear o
acentuar desequilibrios y provocar así daños irreparables.
Se han utilizado varios procedimientos para levantar, estudiar y archivar los graba-
dos rupestres; algunos de ellos, que utilizan látex, son bastante degradantes para las obras
porque no sólo dejan marcas blancuzcas sobre las paredes sino que también, en ciertos
casos, arrancan granos de ellas. Desde hace algunos años, en la región de Aln-Sefra, J.
lliou y F. Cominardi han perfeccionado una técnica muy sencilla en su principio y que
permite un levantamiento sumamente fiel de las superficies grabadas. Este procedimiento,
llamado por sus autores "calque en pochoir inversa" (calco de tampón invertido) y que
a continuación se llamará para mayor comodidad "estampación" consiste en apricar sobre
la pared un papel (cuyo espesor y resistencia varían según la naturaleza de la superficie)
por medio de cinta adhesiva y, después de embadurnar los cuatro lados de un tampón de
fieltro con pastel graso, frotar la totalidad de la superficie del papel. No sólo los trazos
de grabado aparecerán con notable fidelidad sino que quedarán marcadas las imperfeccio-
nes y las principales alteraciones. Según los fines que se proponga uno, la estampación al
pastel obtenida así podrá utilizarse bien sea para el estudio de los grabados, o bien para el
estudio de las zonas alteradas al interior y alrededor de los grabados. Para esto, se aplica
una hoja de papel calco de formato equivalente a la estampación y se precisa, primero con
lápiz, después con tinta china, el contorno de los trazos grabados y de las zonas alteradas
(Fig. 36 hasta 40). El resultado obtenido, reflejo fiel de la superficie apuntada, permitirá
por ejemplo medir con el planímetro la superficie de las zonas descamadas, la longitud (y
la anchura) de las redes de fisuras que afectan los grabados, la extensión de los alvéolos
de desagregación granular, el ensanchamiento de los trazos grabados a consecuencia de
las alteraciones de sus bordes, etc., etc. Este procedimiento muy sencilla y sobre todo
muy exacto permite pues cuantificar con precisión los daños sufridos por una obra
rupestre grabada y enunciar los resultados en porcentaje de superficies alteradas en rela-
ción con la superficie sana. Es de notar que se puede del mismo modo aplicar este méto-
do al estudio de obras de arte del mismo tipo: elementos de decoración de bajos relieves,
estelas funerarias, etc. Por ejmplo, el apunte de las estelas precolombianas de la civiliza-
ción de Monte Alban en México (Fig. 41 y 42) podría ventajosamente efectuarse de esta
manera, así como muchos bajos relieves Mayas o Aztecas.
Figura 38 — En numerosos casos es posible medir la importancia de las degradaciones que afectan un
grabado rupestre. Esta figura muestra muy claramente las relaciones entre superficies sanas y alteradas. CONCLUSION
Las áreas fueron medidas con planímetros, con grande precisión. También puede captarse la progresión
de las zonas alteradas, mediante control periódico por fotografías macroscópicas de porciones bien se- No creemos que, hasta ahora, los prehistoriadores y los arqueólogos hayan verdadera-
ñaladas de la pared. Este procedimiento es usado comúnmente por el Laboratoire de Recherches des
Monuments Históriques de Champs-Sur-Marne (Francia). Hombre de Gouiret, Gouiret-Ben-Saloul, 4o.
mente tratado de inventariar las alteraciones que afectan los grabados rupestres que ellos
Gara, región de El-Abiodh-Sidi-Cheikh, Según F. COMINARDI, 1980, Fig. 53. levantan y estudian, y, menos aún, que hayan intentado comprender los procesos que las
581
580
Soleihavoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
Figura 39 — Fotografía del estampado de la cabeza de un Asno (Djebel-El-Hasbaia, región de Figura 40 — Esquema de interpretación de la Figura 39: Después de reconstruir el trazado inicial len ne-
Laghouat). Así se pueden apreciar las deformaciones del trazo provocadas por múltiples procesos: gro) por interpolación de los trazos conservados sanos, las zonas alteradas aparecen claramente y su super-
descamaciones de la pátina, corrosión por líquenes, etc. (v. esquema de interpretación, Fig. 401. ficie puede medirse con plan ímetro. En este caso también puede estudiarse la progresión de las alteracio-
nes.
582 583
Soloihwoup Alteraciones de los grabados rupestres en el Atlas Sahariano (Argelia)
generan. Como se ha tratado de mostrar en las páginas que preceden, ser ía del mayor inte-
rés que los prehistoriadores de arte consideraran estas alteraciones de los grabados como,
por una parte, muy preocupantes para la conservación de un arte único en el mundo y,
por otra parte, útiles para intentar establecer relaciones entre los períodos de grabados y
los diversos tipos de climas que han sucedido desde el principio del Neolítico.
En este artículo no se h; podido abordar el estudio exhaustivo de los contextos
geomorfológicos de las estaciones rupestres, ni el estudio petrográfico completo de las
rocas soportes; del mismo modo, las alteraciones naturales de los grabados que se han
descrito sumariamente no representan sino una parte del abanico sumamente variado
de las degradaciones bio-climáticas de las superficies rocosas en clima continental subári-
do. En consecuencia, el presente trabajo se considera como un punto de partida pues mu-
chas observaciones quedan por ejecutarse: Un muestreo sistemático de las rocas y de las
pátinas; análisis físicos, químicos y petrográficos de estas muestras; experiencias de labo-
ratorio, entre otras, que permitirían, quizás, que las hipótesis formuladas y los resultados
obtenidos por los autores, se vean confirmados.
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en el páramo (reptación heredada) o en el subandino inferior, que no parece inestable, a pesar de ser
el más colonizado y cultivado. El problema planteado es el origen de estas herencias morfodinámicas,
tal vez paleoclimático y ligado a una humedad mayor.
ABSTRACT
The morphodynamic phenomena along the slopes of the Central Cordillera (4030' • 6°N - 740.
760W) were grouped according to the mechanisms and agents of movement: small and simple gravas/.
induced movements; larger and abrupt gravity-induced movements; combined gravity- and water
induced movements; plastic and liqu id solifluction. Basad on this classification, we may distinguish
two altitud final levels characterized by high humidity and high present and recent slope unstableness,
between 1800 and 2500 m. i.e. an upper subandean and a lower andean level. In this humid ~die
andean zone, present and inherited solifluction is the most important morphodynamic mechanism,
which is associated with combined gravity-and water-induced processes on longer slopes. In the super-
páramo, present unstableness generally appears to be less important than the potential and inherited
one, and is restricted to superficial periglacial slope morphodynamics, which is never catastrophical.
The hot lower andean zone does not seem to be unstable, in spite of being the most cultivated and
colonizad level. It is not certain if the former higher lack of stability is related to paleoclimatological
changes, for instante to a more humid period.
587
Thouret & Pérez
un transecto que abarca el Parque Natural de los Nevados, las laderas andinas del Tolima
hacia El Líbano, de Risaralda hacia Pereira y de Caldas hacia Manizales, así como las estri-
baciones subandinas hacia los valles del Cauca y del Magdalena.
En el presente artículo se presenta en primer lugar la clasificación de los pisos y sub-
pisos bioclimátices y luego una descripción de las formas y de los mecanismos geodiná-
micos en cada piso o subpiso, para terminar con un ensayo de explicación geomecánica
y de clasificación genética de todos los elementos morfodinámicos.
A. OBJETIVOS
B. rvlETODOLOG IA
• Las alturas citadas son aproximadas y varían según la disimetría biocl matice entre las vertien.
tes oeste y este (200 m más bajo al este).
588
Geodinám ica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
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589
Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
a) Los nevados actuales (El Ruiz, 5400 m, El Tolima, 5400 m y El Santa Isabel, 5200
m), cubiertos por hielo y nieve permanentemente.
b) Los nevados temporales, deglaciados hace menos de 25 años, pero que se cubren
de nieve efímera durante los inviernos fuertes* (El Quindío, El Páramo de Santa Rosa, El
Cisne).
2.— El piso de los páramos fríos alti-ecuatoriales
Este se extiende notablemente en la cumbre de la cordillera y se divide en dos sub-
pisos, según criterios a la vez fitogeográficos y morfoclimáticos.
a) Los superpáramos (subpiso periglaciar o subnival alti-ecuatorial), encima de 4200
m, coinciden con aquellas áreas cubiertas por los glaciares desde los siglos XVII-XVIII
hasta mediados del siglo XIX y, por consiguiente, están muy poco colonizados por la ve-
getación.
b) Los páramos clásicos de Espe/etia spp. (CUATRECASAS) Y de bosques enanos,
en proceso de degradación debida al pastoreo, entre 3800 m y 4200 m.
Se trata de los bordes de la cordillera que dominan las tierras cálidas y bajas hacia los
591
Thouret & Pérez Geodinemica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
valles del Magdalena y del Cauca. Se disciernen dos grandes unidades. de la última pulsación glaciar histórica "Ruiz" (Thouret, van der Hammen, 1980).
a) El superpáramo alto es el verdadero subpiso periglaciar alti-ecuatorial, sobre los
7.— Piso subandino bajo o (sub)ecuatorial cálido
El piso subandino bajo está representado por dos medios naturales diferentes, en la 4400 m. En este medio subnival con vegetación muy esparcida o ausente, actúan los pro-
vertiente occidental y oriental: cesos crionivales diurnos, la geliflucción localizada, el escurrimiento nivel y la torrenciali-
a) El borde criental empinado y relativamente seco hacia el Magdalena, entre 1200 dad pro-glaciar canalizada. Se observan formas de tamaño pequeño en general: pipkrakes,
y 700 m. suelos estriados, taludes de micro-gelifractos (de dacitas) y de "arenales", vascos (cubetas
b) Las laderas suaves y relativamente menos secas que se dirigen hacia el Cauca, entre de disolución) y seudo-lapies en andesitas (disolución química, orgánica y crionival),
lógica de cuatro etapas: seco y húmedo. Cabe recalcar que el superpáramo bajo disminuye bajo la colonización de
dillera Central. un piso morfoclimático (entre 3800 y 4200 m), caracterizado básicamente por modelados
heredados, de origen glaciar reciente, y con una geodinámica actual más discreta que en
A. LOS NEVADOS Y LOS SUPERPARAMOS los superpáramos. Actualmente domina el proceso de la reptación, de dimensión y conse-
cuencias reducidas, el cual puede acelerarse con la tendencia general a la degradación de la
Se agrupan los nevados y los superpáramos porque los medios periglaciares alti-ecua- cobertura vegetal por el pastoreo hasta arriba de los 4000 m. En ciertos casos localizados
toriales tienen un régimen bioclimático y muestran una facies morfodinámica en estrecha se presentan fenómenos actuales bastante reducidos, causados por un mecanismo de soli-
relación genética y espacial con los nevados. flucción líquida, ayudado por condiciones particulares del medio paramuno.
1.— Los glaciares y sus márgenes pro-glaciares (geodinámica superficial y muy locali- 2.— Cárcavas y/o barrancos.- un fenómeno morfodinámico heredado preponderante
zada). a) Una geoforma linear regida por la "soliflucción líquida". A una altura idéntica
a) en los casquetes glaciares, que cubren hoy en día unos 40 km2 en el área estudia- de 3900-3950 m en todo el Parque de los Nevados, se observan cárcavas lineares (longitud
.
da, no se aprecia la evolución reciente y actual de las masas de hielo con precisión, puesto pluri-decamétrica), estrechas, profundas y paralelas entre sí, denominadas barrancos. Las
que se desconoce por completo el balance alimentación/ablación de aquellas. Sólo se cárcavas muestran una corona en nicho de desprendimiento circular, con una pared de
observa un receso general de los casquetes glaciares de los nevados, desde hace unos dece- 4-5 m, un fondo casi plano, pero irregular, estrecho (10 m y menos), entre dos paredes
nios, y una lengua del Ruiz, hacia el oeste (La 011eta), ha retrocedido varios metros desde menos altas y una colada de barro de 10-20 m a la salida. El movimiento afecta toda la
1978, después de haber dejado una pequeña morrena de empuje; también la lengua mayor secuencia estratigráfica, y desde luego es un fenómeno reciente, pero ahora casi no fun-
del Ruiz, hacia el sureste (río Recio), muestra masas de hielo "muerto" entre los 4250 y ciona y está colonizado por vegetación arbustiva alto-andina. Estos barrancos están ubi-
4500 m. cados a la misma altura y especialmente sobre las mismas morrenas laterales, altas y largas,
b) Las márgenes pro-glaciares, bastante reducidas en las cercanías de las lenguas gla- de edad tardiglaciar (del sistema "Otún"), siguiendo una línea de fuentes que aparecen en
ciares, están recubiertas por formaciones glacio-torrenciales (conos pro-glaciares, terrazas el contacto entre el material morrénico alterado (en la base) y la secuencia de tefras y
de kame históricas y contemporáneas). Las laderas cercanas constituyen el dominio de la suelos superpuestos. Además, en la pared de las cárcavas se nota que en la base de la
crionivación y de la geliflucción, que engendran formas de tamaño reducido y de exten- secuencia estratigráfica existe un nivel arcilloso con hidromorfia nítida debajo de capas
sión limitada, como los pipkrakes diurnos, los suelos estriados o los arroyuelos de escu- de lapilli y cenizas mucho más porosas.
rrimiento de fusión diurna sobre las morrenas contemporáneas. b) Cuál es el origen de estas herencias?
2.— Los superpáramos (dominio de los fenómenos periglaciares diurnos superficiales). El origen de estas cárcavas heredadas en el páramo se puede atribuir a dos períodos
Los superpáramos se pueden dividir en altos y bajos, en función de la presencia de co- de crisis morfogénicas o de rhexistasis. Podrían corresponder al período de tala del bos-
munidades vegetales pioneras, cuya repartición está estrechamente ligada a la distribución que alto-andino por el hombre pre-colombino, o más bien al final del Holoceno medio
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Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
(después de 5000 BP), cuando murió la vegetación alto-andina (Compuestas) que había b) Un fenómeno original de rejuvenecimiento de una herencia paleomorfodinámica
subido en altura, durante el óptimo bioclimático del Holoceno medio (un poco más hú- Cerca de La Esperanza (Caldas), a 3400 m, se observa un fenómeno catastrófico loca-
medo), al producirse unos cortos pero fuertes episodios fríos (reavances del estadio lizado, causado por una colada de barro rápida y mortífera, que se produjo el 23 de octu-
"Santa Isabel": ver diagramas palinológicos, Thouret y van der Hammen, 1980, Fig. 5). bre de 1979 durante un episodio de fuertes lluvias y que se inició dentro y arriba de una
En ambos casos, a esta altura, de 3900-3950 m, el límite del bosque era un límite ecoló- cárcava antigua colonizada por el bosque alto-andino. En la corona de la forma, se nota
gico frágil, donde los cambios paleoclimáticos dejaron en el modelado el testimonio de también una línea de fuentes, en el contacto entre una capa turbosa impermeable, en la
tales barrancos. base, y una secuencia de 3 m de lapilli y suelos fosilizados. Este ejemplo revela cómo vuel-
3.— Los fenómenos morfodinámicos actuales, localizados y reducidos ve a funcionar una herencia geodinámica (talvez holocénica?) en condiciones excepciona-
a) Otras formas análogas, de tipo circos de sufosión y/o deslizamientos circulares les, bajo una crisis pluviométrica que activa el papel de la soliflucción líquida, breve en el
y poco profundos, pero actuales, más pequeños (infra-decamétricos) Y localizados, como tiempo.
en el valle de San Carlos (3850 m), señalan el paso, excepcional hoy en día, del proceso 2.— El piso andino propiamente dicho del bosque de niebla
de la reptación dominante al de la soliflucción líquida, más limitada. Estas pequeñas for- a) Una geodinámica actual muy discreta.
mas se ubican sobre pendientes suaves (15 a 20°), hasta débiles (5-7° ), pero sobre una En el piso andino cubierto por el bosque de niebla densa, la geodinámica actual es
línea de fuentes también y dentro de una secuencia estratigráfica parecida, con una dis- muy discreta. Sólo existen algunos arrastres lineares, ligados a la gravedad, sobre escarpes,
continuidad de permeabilidad entre una cobertura piroclástica y u na base arcillosa de alte- por ej. obre las laderas muy empinadas del Valle del Totaré entre 3500 y 2900 m. El escu-
ración de una morrena tardiglaciar. La sufosión, en tales condiciones estratigráficas, pue- rrimiento linear no es favorecido, puesto que los suelos bajo bosque (de tipo ándico)
de también ayudar al fenómeno observado. llevan un humus espeso protector (de 30 a 50 cm).
b) En casos excepcionales, a éstos procesos se añade una condición geomorfológica: b) Una inestabilidad potencialmente problemática
el paralelismo entre la pendiente y un plano estructural del sustrato volcánico (estratifica- Los claros recientes en el bosque andino sugieren que la geodinámica de las vertientes
ción por ej.), que conduce al desprendimiento por cizallam lento mecánico de la cobertura podría volverse problemática. En efecto, cuando se tala el bosque, por ej. en la ladera
piroclástica poco espesa (1 rn) y a su deslizamiento sobre una pendiente promedia de 30"- ; oeste del Páramo de Santa Rosa de Cabal, entre 3500 y 2500 m, los modelados muestran
estos deslizamientos superficiales por paquetes son muy escasos, (por ej. arriba de Muri- amplias ondulaciones y lentes de soliflucción generalizada por deformación plástica lenta,
llo), y son testigos también del paso de la reptación a un fenómeno más rápido, en condi- sobre pendientes medianas (15° a 25°), dentro de una espesa cobertura de cenizas altera-
ciones excepcionales. jas y sobre todo dentro de una alterita arcillosa de un material volcánico detrítico anti-
guo. El origen de este modelado es un problema aún sin resolver (herencia holocénica o
C. EL PISO ANDINO más antigua?), pero la deformación sigue actuando hoy en día aunque lentamente, bajo el
bosque y en equilibrio aparente con él. La tala del bosque desencadena el escurrimiento
El piso andino está cubierto por el bosque de niebla, sobre todo en la vertiente occi- lineal y una soliflucción laminar en terracetas debida al pisoteo del ganado.
dental de la cordillera; en la vertiente oriental, el bosque está mucho más intervenido. Su
3.— El subpiso andino inferior inestable
morfodinámica se puede resumir en dos puntos: el piso no muestra en general una inesta-
a) El peso preponderante de las herencias morfodinámicas
bilidad real fuerte hoy en día, pero si' potencial; en las dos franjas extremas altitudina-
En las áreas inferiores del piso andino, por debajo de 2900 m, la geodinámica de las
les, la alto-andina y sobre todo la andina inferior, existen manifestaciones apreciables de
vertientes es actualmente lenta, pero se lee nítidamente el papel de las herencias de la soli-
fenómenos solifluidales, a la vez heredados y actuales.
flucción plástica a gran escala en el paisaje morfológico; la deformación plástica sigue
1.— El subpiso alto-andino
actuando ahora a una escala mucho menor y localizada, acelerada superficialmente por el
El subpiso alto-andino, originalmente boscoso, corresponde hoy a uno de los fren-
pastoreo. Así, sobre pendientes medianas a suaves (de 25° a 10°), de espesas secuencias
tes más recientes de la colonización agrícola. Sin embargo, hasta ahora, las formas diná-
estratigráficas de suelos sepultados y depósitos piroclásticos, el modelado es blando, on-
micas son pocas y localizadas, ligadas a condiciones excepcionales (de pendiente sobre
dulado, con sistemas de pendientes convexas largas y cóncavas cortas asociadas. Las am-
todo).
plias ondulaciones agrupan lomas, una gran cantidad de nichos circulares de deslizamien-
a) Las formas dinámicas esparcidas actuales, causadas por la gravedad o por el escurri-
tos o de derrumbes heredados de tamaño pluri-decamétrico con burletes frontales de cola-
miento linear.
da de barro al pié, casi nunca funcionales (por ej. en el área este de Manizales).
La gravedad es favorecida por las pendientes muy empinadas de los escarpes subverti-
cales de las coladas de lava (al lado izquierdo del río Azufrado por ej., de 3900 a 3500 m), b) La deformación plástica sigue actuando lentamente
donde se producen derrumbes epidérmicos (ladera sur del río Combeima a 3500 m). Un Hoy en día, la actividad morfodinámica continúa paulatinamente traduciéndose lo-
fenómeno original único es visible en los alrededores del Cerro Bravo, en el "Páramo de calmente por una soliflucción laminar dentro de nichos, con escurrimiento linear limita-
Letras" entre 3600 y 3400 m de altura: allí se desarrolla un modelado de cárcavas (bad do, y sobre todo en las coladas. También, puede jugar un papel limitado y localizado la
lands) muy ramificadas, en parte colonizadas por la vegetación, a veces reactivadas, den- gravedad "asistida" (procesos hidrogravitarios) en caso de inviernos fuertes, como en
tro de la cobertura espesa (hasta 10 m) de lapilli y pómez que cubre las laderas del vol- noviembre 1979, bajo lluvias intensas y durables. Al borde de la carretera Manizales-
cán, principalmente hacia el N y el S. Numerosos desprendimientos por paquetes se pro- Letras (Caldas),se produjeron entonces algunos derrumbes y desprendimientos por pa-
ducen en las paredes de estos depósitos piroclásticos sin cohesión alguna y el carcavamien- quetes decamétricos en la cobertura piroclástica gruesa y espesa sobre vertientes empi-
to profundo por escurrimiento linear muy concentrado predomina en estas formaciones nadas. Los lapilli y pómez macro-porosos y sin cohesión se desprenden de las arenas
muy permeables. más finas y humectadas de las grano-dioritas a unos 2 o 3 m de profundidad.
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Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
D. EL PISO SUBANDINO muy arcillosa, muestra límites de Atterbeg altos (por ej. en Palo Cabildo, Lp 35, LI 71) Y
un índice de plasticidad alto (Ip 36).
1.— Un piso original y potencialmente inestable Además, se observó en el campo, en invierno y en verano, que la humedad in situ
a) Un potencial geoquímico considerable y una colonización agrícola antigua e era siempre más alta a partir de 50 cm y muy alta en profundidad (3-4 m) en la alterita de
intensa los esquistos, lo que indica una discontinuidad de permeabilidad entre aquella y la cober-
En el piso subandino existe un conjunto de factores favorables a la inestabilidad
tura más porosa y con alto poder de desecamiento.
morfodinámica de las vertientes. Entre otros, se deben citar dos elementos mayores. El
— La deformación plástica en el subsuelo es intensa, lo que acarrea (indirectamente)
subandino se ubica bajo el óptimo pluviométrico (más de 2,5 m al este, más de 3 m al la deformación de la cobertura suprayacente, rompiéndola •. En la mayoría de los casos,
oeste de la cordillera) y, junto con el incremento del calor (promedio anual de 18 a 24°), las amplias ondulaciones traducen en superficie esta remoción en masa profunda, con
implica un potencial de alteración geoquímica fuerte. Además, el subandino es el piso de velocidad baja. En algunos casos catastróficos, la velocidad de la deformación aumenta
los cultivos intensos, de pancoger y especulativos; es el área más intensamente afectada (humedad más elevada originada por episodios pluviométricos fuertes, ruptura de la
por la colonización agraria actual y reciente, y a menudo sufre cambios socio-económicos extensibilidad lineal causada por cizallamiento mecánico, sobre un plano estructural empi-
y ecológicos importantes, por ej. en la zona cafetera, a raíz de la introducción del café nado y lubricado); entonces, se produce un desgarrón o un desprendimiento que pasa a
caturra. un deslizamiento, cuando surge un impulso hidro-gravitario complementario.
2.— El subpiso subandino superior es el más inestable c) Algunos movimientos compuestos actuales y catastróficos
De todas las unidades estudiadas en la Cordillera Central, el subpiso superior es el Excepcionalmente, se ponen en marcha grandes movimientos compuestos pluri-
único que agrupa las manifestaciones de inestabilidad actual declarada y los índices de hectométricos, como en San Rafael (Tolima) o abajo de Manizales (carretera a Chinchi-
inestabilidad potencial y heredada; es el más afectado por los procesos morfodinámicos ná), sobre pendientes medianas a fuertes (30° y más).
actuales y recientes, relacionados con la deformación plástica a gran escala y con los En Manizales, se asocian y se aceleran ahora los procesos solifluidales e hidro-gravita-
procesos hidrogravitarios asociados o combinados con ella. rios en un mega-carcavamiento largo (1 km), ancho (300 m) y profundo (más de 100 m
a) Las grandes laderas deslizadas en masa, en su mayoría heredadas en el centro); en la corona, con anchura de 500 m, a 1950 m de altura, abundan los hun-
Cabe destacar la importancia en volumen y tamaño de las grandes laderas desliza- dimientos por paquetes y los desprendimientos altos en la cobertura rojiza, alterada y
das en masa, que pertenecen a los subpisos andino inferior y subandino superior (entre espesa; luego siguen los arrastres profundos lineares y las cárcavas profundas y coalescenl
2500 y 1800 m aproximadamente); ellas padecen de una soliflucción plástica considera- tes, que cogen una nueva fuerza en el subsuelo de shales negros (metasedimentario-volcá-
ble, a una escala desde pluri-hectométrica hasta kilométrica y parecen en su mayoría he- nico), blandos y muy friables; al pié se extiende sobre más de 1 km, a 1200 m de altura,
redadas, aunque también están funcionando actualmente a una escala más reducida y a un cono de deyección grueso que se construye por lavas torrenciales sucesivas en invierno,
una velocidad más baja. creando playas detríticas anchas en los terruños cafeteros.
Tres áreas muestran tales mecanismos actuando sobre pendientes medianas a débiles 3.— El subpiso subandino inferior parece penestable u homeoestable
(menos de 20° ): arriba de Manzanares (Viejo Caldas), arriba de Salento (Quindío) y aba- Aunque la inestabilidad potencial se adivina fácilmente, este medio natural no mues-
jo de Santa Isabel hacia San Rafael (Tolima). En estos casos, la cobertura espesa de ceni- tra la misma geodinámica de vertientes que el anterior, y los fenómenos actuales son esca-
zas alteradas (3 a 5 m) se deforma sobre el subsuelo metamórfico muy alterado y arcillo- sos y combatidos por una recolonización vegetal rápida.
so (esquistos y filitas), el cual se mueve por remoción en masa (feriaje). a) Los escasos fenómenos catastróficos actuales
b) Los fenómenos solifluidales e hidro-gravitarios continúan hoy en día a una escala Al norte del Llano sobre una vertiente muy empinada (40°) aparecen algunos arras-
mediana tres epidérmicos, estrechos y lineares, que dañaron algunas parcelas de caturral. Sin em-
Los fenómenos solifluidales plásticos causan amplias ondulaciones, lentes y depresio- bargo, éstos fueron re-colonizados por la vegetación en un tiempo breve. En El Chuzo (ca-
nes; los hidro-gravitarios producen todos los tipos de deslizamientos. Empero, en Manza- rretera Manizales-Arauca, Caldas, a 1400 m de altura) se produjo un movimiento de pre-
nares, Salento o San Rafael, aquellos, combinados con éstos, constituyen una cadena mor- sión-rotación ("rotational-slipping"), hectométrico y profundo, dentro de una alterita
fodinámica y en parte genética, gracias a las grietas de ruptura de la cobertura arcillosa, espesa, por presión y rotación a lo largo de una superficie de ruptura cóncava, en el con-
a los nichos de desprendimientos o de deslizamientos por paquetes. Ellos pueden pasar tacto de una capa espesa de arcillas con fuentes. Allí también, la re-colonización fue rá-
a un deslizamiento profundo, con la ayuda de un plano de cizallamiento mecánico sobre pida, aunque siguieron actuando unos fenómenos solfluidales líquidos limitados dentro de
cualquier plano estructural (especialmente cuando es subparalelo a la pendiente), o pasan las arcillas (colada de lodo, grietas).
a un golpe de cuchara, cuando la pendiente es menos suave y mayor el espesor y la hume- — Hasta ahora, la introducción reciente del caturral, por ej. en el sector del Líbano
dad del material deformado. (desde 1976), no acarreó formas dinámicas visibles; pero sí se debe tener en cuenta la
c) Algunos movimientos compuestos actuales y catastróficos ablación química, que no se ha medido aún. Sólo ocurre algún escurrimiento difuso al
— Las características mecánicas de la cobertura y del subsuelo son opuestas. En la co-
talar el bosque, cuando se cambia el destino de una parcela, pero sin consecuencias catas-
bertura de cenizas alteradas, pero bastante porosas (textura areno-limosa), los contenidos
tróficas.
de agua no sobrepasan los límites de Atterberg (no se obtuvo índice de plasticidad en los
b) La inestabilidad potencial: elemento notable del equilibrio interno del medio sub-
experimentos de límites líquido y plástico ► •. Además, las arcillas de estas cenizas más o andino inferior boscoso
menos alteradas pertenecen a la familia de kaolinita (metahaloisita), que no son expendi-
bles en general *. En cambio, la alterita de los esquistos verdes micáceos o de las filitas,
•• Nótese que en estas condiciones, la soliflucción de tipo líquido tiene poca oportunidad de produ-
• Ver la tercera parte (mecanismos e hipótesis). cirse.
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Thouret & Pérez
Geodinemica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
— Cuando el bosque subandino es talado para construir carreteras o para introducir — El escurrimiento difuso ocurre sobre todo durante los aguaceros y en áreas areno-
el café, se observa nítidamente un modelado de amplias ondulaciones y lentes decamétri-
sas, por ej. en las llanuras de desborde recientes del río Magdalena (sector Vile-Ambale-
cos. Empero, este modelado parece homeoestable, esto es, se desarrolla en "equilibrio in-
ma), o sobre los afloramientos rocosos desnudos de las colinas mencionadas. En este últi-
terno" relativo con el bosque y se auto-regula; la deformación plástica casi nunca llega a mo caso, se reconoce escasamente en el modelado el papel del escurrimiento concentrado,
su punto de ruptura, y si llega a suceder, el sistema se reconstituye rápidamente, gracias a pero sin consecuencias importantes.
la fácil recoloninción vegetal y pedológica. — El escurrimiento difuso se hace más importante en algunos sectores limitados, don-
En el caturral, no continuarán forzosamente tales procesos de deformación plástica de, por tala, quema y sobre-pastoreo de ovinos, se extienden formaciones arbustivas xero-
(sino a una escala muy reducida), porque el sistema de raices del Arabica caturra no lleva f íticas muy degradadas, sobre arenas y planosoles. En tales casos, por ej. en el municipio
el agua de lluvia hacia la profundidad, lo que mantenía el mecanismo anterior, gracias a de Ambalema, en las vegas del río Magdalena, se forman unas playas arenosas finas, acu-
las raíces de los árboles. Además, una buena cobertura de paja o de gramíneas sobre el muladas por escurrimiento lateral "en napa" o "sheet-wash", este proceso debió haber
suelo en pendiente fuerte evita la concentración del escurrimiento. tenido mayor extensión y fuerza anteriormente (Cuaternario reciente?), puesto que se
encuentran en el modelado índices de glaciplanación sobre llanuras y conos de la depre-
E. EL PISO SUBANDINO BAJO O SUBECUATORIAL sión del Magdalena.
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Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
inestabilidad actual, sobre todo originadas por la soliflucción plástica, e índices de inesta- B. CLASIFICACION GENETICA DE LOS MECANISMOS MOR FODINAMICOS
bilidad potencial, cuyo origen es problemático y cuyas consecuencias son previsibles, si se
sigue talando el bosque de niebla al ritmo actual. En primer lugar se propone una clasificación de los principales fenómenos morfodi
— De otro lado, los procesos morfodinámicos son compuestos (y no solamente ele- námicos, con base en sus mecanismos, esto es, en el "modo" como se producen los movi
mentales, como an la montaña alta), lo que traduce una mayor complejidad y un mayor mientos.
número de relaciones entre los factores físicos responsables (morfológicos, climatológicos, 1.— Tipos geomecánicos de movimientos morfodinámicos
pedológicos, etc.). a) Movimientos pequeños y sencillos
a) En el piso andino boScoso, la inestabilidad actual es discreta, "escondida" bajo la - Motor o agente líquido (velocidad media): actúa en el escurrimiento difuso y/o con-
"protección" del bosque de niebla, y localizada en los sectores donde la gravedad se vuel- centrado (p. ej., en la baja montaña andina), en el transporte en solución y en el escu-
ve imperiosa. En cambio, la inestabilidad potencial sí es muy notable, puesto que se reco- rrimiento hipodérmico (p. ej. en la baja y media montaña andina).
noce un modelado suave de amplias ondulaciones y arrugas, producto de una intensa de- Motor o agente gravitatorio, a veces hidrogravitatorio, pero de acción a velocidad
formación plástica en profundidad, en alteritas espesas y suelos alterados arcillosos. Sin muy lenta. Es causa del "creep", la reptación, la saltación biológica o pluvial (p. ej.
embargo, este modelado, lentamente deformado, parece estar en "relativo equilibrio" en el páramo donde la reptación pasa a veces de un flujo viscoso y lento de pequeña
con la selva actual, porque las cicatrices de los escasos fenómenos catastróficos son muy dimensión a un flujo líquido y rápido).
rápidamente colonizados, lo que permite calificar este medio como homeoestab/e, al igual b) Movimientos gravitatorios, rápidos y brutales
que la parte inferior del piso siguiente. - Motor gravitatorio (mecánico) sólo (gravedad y energía cinética): es causa de los de-
b) El piso subandino es potencialmente muy inestable, pero las formas dinámicas rrumbes "secos" y de los desplomes (sobre escarpes del piso subandino, p. ej.).
catastróficas, originadas por procesos solifluidales e hidrogravitarios combinados, no son Motor gravitatorio "asistido" (por agente líquido): es causa de los derrumbes de satu-
abundantes. ración hídrica (en taludes muy pendientes de formaciones detríticas, p. ej.).
c) Movimientos combinados (de velocidad media)
— En los mosaicos subandinos de bosque y/o de cultivos tradicionales o modernos, Se producen por impulso inicial de la gravedad y por lubricación hidromecánica varia-
abundan los índices de inestabilidad potencial (amplias ondulaciones, lentes y arrugas,
ble, como los deslizamientos en plancha y múltiples variantes (p. ej. en el piso sub-
deformación plástica lenta y profunda), pero las formas dinámicas actuales son localiza-
andino superior).
das, aunque profundas y a veces catastróficas. Los procesos dominantes son combina-
d) Movimientos en masa.
dos: soliflucción líquida breve (golpe de cuchara con el "feriaje" debido a la alterita arci-
Se trata de los movimientos regidos por la soliflucción, desencadenados por el conte-
llosa rojiza subyacente y ruptura de los suelos de cobertura) e hidro-gravitarios (desliza-
nido de agua. Se pueden distinguir:
miento profundo con desprendimiento de un material rocoso fracturado, por gravedad
Soliflucción sin cizellamiento basal: deformación lenta y flujo plástico (con traspaso
y cizallamiento apoyado por circulación de agua).
del límite plástico), a velocidad baja, como por ejemplo en el área de cabalgamiento
la
— La zona superior del subandino, así como la inferior del andino, es sin duda de la margen superior del piso subandino y la margen inferior del andino).
más inestable, tanto ahora como recientemente, y el riesgo potencial de catástrofe es aquí
— Soliflucción con cizallamiento basal (superficie cóncava de ruptura): velocidad lenta
más elevado que en los demás medios estudiados. Las formas dinámicas originadas por la
y luego alta brutalmente, como en los golpes de cuchara y deslizamientos rotaciona-
soliflucción plástica a gran escala se desarrollan en un ambiente donde convergen todos
les del piso subandino.
los factores favorables a la inestabilidad: pendientes medianas a fuertes, humedad mayor
Soliflucción líquida: flujo viscoso con traspaso del límite líquido, de dimensiones
del óptimo pluviométrico, temperaturas bastante elevadas (de 15 a 22° ), potencial geo-
medianas (en la actualidad), rápido y progresivamente más líquido, como es el caso
qu ímico de alteración, espesor de los suelos y de las alteritas, discontinuidad de permea-
en las coladas de barro y lavas torrenciales (muy escasas en la Cordillera Central).
bilidad y de comportamiento geomecánico en los materiales superpuestos, tala antigua
2.— Dos ejemplos de comportamiento geomecánico, a partir de experimentos rheo-
y actual del bosque, pastoreo degradante, líneas de fuentes, etc. Por lo general, los proce-
lógicos sobre los materiales.
sos sol ifluidales son lentos y no catastróficos. Sin embargo, en algunos casos de gran ta-
Se ha creído necesario destacar en dos casos, la discontinuidad observada en los
maño, se producen unos movimientos de remoción en masa, donde las propiedades de los
comportamientos geomecánicos de materiales superpuestos y deformados.
materiales sobrepasan los umbrales de equilibrio geomecánico.
a) En los páramos, ciertos fenómenos actuales, así como heredados son de tipo
3.— En la baja montaña andina cálida, las geoformas y los procesos son de nuevo bas- solifluidal viscoso de velocidad lenta y luego, escasamente muy rápida por traspaso del
tante discretos y elementales límite líquido; a su vez los deslizamientos circulares, cortos, son ayudados por una super-
Los procesos de ablación, que actuaron en aquellas áreas durante todo el Pleistoceno, ficie de ruptura en el contacto entre dos materiales de textura y de permeabilidad dife-
han dejado modelados heredados, en gran mayoría denudados y ásperos, donde los proce- rente.
sos elementales de escurrimiento linear y/o difuso superan a los demás. — La mayor parte de la cobertura está constituída por capas piro-clásticas alternadas,
— En el subandino bajo, el escurrimiento concentrado supera los pocos casos de sol i- gruesas (lapilli, pómez > 2 mm), porosas (porosidad toal 59 a 68%, macro-poros 10 a
flucción laminar o de procesos hidro-gravitarios, sobre pendientes medianas a fuertes del 22%, micro-poros 43 a 50%), muy poco densas (densidad aparente 0,51 a 0,64), permea-
borde de la cordillera. bles (K = 10 a 10' cm/s), poco coherentes (0,1 a 0,5 kg/cm2 ), con un ángulo de frota-
— En las llanuras cálidas y secas del valle del Magdalena, a veces se encuentran zonas miento interno alto (± 30°) y desde luego una cierta resistencia al cizallamiento y un
de escurrimiento difuso, especialmente donde las coberturas vegetales tropófilas han sido coeficiente fuerte de extensibilidad lineal; además, no son plásticas, ni líquidas (no se pu-
degradadas por el ganado y luego reemplazadas por matorrales xerof íticos. do obtener valores en laboratorio para estos límites). Geotécnicamente este material se
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Thou ret & Pérez
cm/s), bastante coherente (más de 1 kg/cm 2 ), con un ángulo de frotamiento interno me-
dio a bajo (inferior a 24° ), y desde luego una menor resistencia al cizallamiento y un coe-
ficiente medio de extensibilidad lineal; se trata de una arcilla plástica (Lp 35 a 45) y muy
poco líquida (LI alrededor de 70), que se clasificaría como "arcilla inorgánica de fuerte ae
o
plasticidad", según el abaco de Casagrande, (v. Fig. 3). o
-- Cabe recalcar que el perfil hídrico es siempre contrastado en el año: la humedad
es baja hasta media en la parte superior (30-40% a 50-70 cm) y alta en la parte inferior
4
de la secuencia (65 a 80%), a veces muy alta (superior a 100%, por ej. en abril 1979) a o
o
100-120 cm. Estos datos, correlacionados con el índice de plasticidad alto, explican )
Arc illas in
- J'J _1
de f úer te
Las deformaciones plásticas se producen aprovechando la superposición de: 33311
— Una cobertura piroclástica bastante fina (limosa), poco densa (0,60 a 0,80), porosa — r-
o Ir a) 11 O
(porosidad total 62 a 71%, macro-poros 20 a 26%, micro-poros 40 a 52%), poco permeable «nrrnrr
(10 -6 a 10 -8 cm/s), poco coherente (0,2 a 0,5 kg/cm 2 ) y con un ángulo de frotamiento %09 r. 1M El tr3NI
a. a. O. a.
31
interno de 24 a 30° (una cierta resistencia al cizallamiento); no es ni líquida ni plástica, se U.
N°.3Armero— So n Pe dr o 1200n1 8s 85 c m
e
E
— Una alterita del subsuelo arcillosa, densa (densidad aparente igual o superior a 1),
—-1
Además, se nota en los suelos del subandino superior y del andino inferior, que la ma-
N° 4Liban° 13 00m
N°. 5Líbano 1300m
cro-porosidad disminuye rápidamente hacia abajo, al contrario de la micro-porosidad, y „„ ;
„o
rcillosos
que la humedad es más contrastada que en el medio anterior, dentro de un perfil estrati- 2 g
„ 1
e e
gráfico, todo el año. o o s
Ej. LIBANO arriba, 1800 m: ••• 2a
E
_?
• „ a«
Zz á -
Diciembre 78 Abril 79 Agosto 79 o o
Z z
o o o o o o
Humedad de Campo a 20 cm 97 ° 77.5 % 80 % S en e en nl
En efecto, aparecen unos tres niveles superpuestos: uno superficial húmedo y varia-
ble en el año, uno intermedio relativamente menos húmedo y menos variable y uno pro-
fundo permanentemente más húmedo. Este resultado se puede correlacionar con los tipos
de deformaciones observados: una deformación plástica intensa y relativamente lenta en
e
603
602
Thouret & Pérez Geodinárnica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
profundidad, dentro de un material más alterado, con un índice de plasticidad alto; unas
rupturas en la parte intermedia, menos plástica, muy poco líquida y menos coherente;
una deformación viscosa, tixotrópica, menos intensa, pero menos lenta en superficie,
especialmente sobre suelos andosólicos (sin índice de plasticidad medible), fácilmente FIG. No.4
compresibles por al pisoteo del ganado. Esta diferenciación vertical explica los fenómenos
ENSAYO DE APRECIACION CUALITATIVA DEL GRADO DE INESTABILIDAD
nos de flujo plástico observado en superficie y de "feriaje" en profundidad. Tales contras-
ACTUAL POTENCIAL Y HEREDADA POR PISOS Y SUBPISOS MORFOCLIMATICOS
tes verticales en el comportamiento geomecánico intervienen directamente en el desenca-
pisos poodintimicos
denamiento de los deslizamientos eventuales: flujo viscoso, hundimientos y terracetas por
paquetes en el nivel superior; rupturas por desgarrones y desprendimientos en el segundo VII III IV V 1 II VI VIII
nivel: remoción en masa en el tercer nivel por "feriaje". Además, la ubicación de las rup-
turas mayores en el segundo nivel explica que los deslizamientos por lo general no están
muy profundos en la zona, y ocurren cuando existe otro factor mecánico de impulso.
MUYFUERTE
LOS PISOS Y SUBPISOS
a ltura a. n. m.
2.— Tendencia geodinámica y evolución de las unidades morfodinámicas
La Fig. 4 es un resumen de la tendencia geodinámica actual, heredada y potencial
de las unidades aquí contempladas. Aparecen nítidamente dos subpisos con una tenden-
cia geodinámica actual hacia una inestabilidad desde mediana hasta muy fuerte (zona I
y II): la franja superior del subandino y la inferior del andino y luego los superpáramos. e
o o S o -c; 0 00
Luego vienen en orden el alto-andino, el subandino, el andino, el páramo, el sub-ecuato- o 8 I° 0 o 0 O o
o 1. 2 tl o E
• — e. a o
rial, y finalmente las llanuras cálidas y secas.
SUPER- PANANO ALTO SUPERIOR INFERIOR SUPERIOR INFERIOR SUB LLANURAS 9
La comparación de las tres curvas permite sacar algunas conclusiones interesantes PARAMO ANDINO ECUATORIAL ECUATORIALES
NEVADOS PARAMOS ANDINO SUBANDINO
sobre las tendencias:
ALTA MONTAÑA ANDINA MEDIA MONTAÑA ANDINA BAJA MONTAÑA ANDINA
— La inestabilidad actual es generalmente menos fuerte que la potencial y que la he-
ESCALONAMIENTO DE LOS PISOS Y SUBPISOS BIOCLIMATICOS
redada. a
— Las tres curvas se encuentran bastante juntas en el área I, más afectada por la geo- o
o
INESTABILIDAD REAL ACTUAL INESTABILIDAD POTENCIAL
dinámica actual y reciente. INESTABILIDAD HEREDADA
o
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Thouret & Pérez Geodinámica actual y reciente de las vertientes de la Cordillera Central
piso subandino, el más afectado por la colonización antrópica. do la glaciplanación en el borde este de la cordillera. Actualmente, estos procesos y meca-
3.— La inestabilidad potencial, escala de apreciación del grado de "riesgo" en un me- nismos se han reducido considerablemente en tamaño, velocidad y consecuencias.
De lo anterior se plantea el problema agudo del origen de estas herencias. Se puede
dio natural en vía de antropogenización.
La Fig. 4 muestra una clasificación rápida, de los medios escalonados, cuya inestabili- afirmar que es sobre todo paleoclimático. Las descripciones anteriores y otros análisis
dad potencial es riás o menos fuerte. La media montaña, a este respecto, aparece con un palinológicos y paleo-morfológicos (v. Thouret y van der Hammen, 1980) dejan sugerir
el papel determinante de los cambios paleoclimáticos recientes hacia una mayor humedad,
grado de riesgo mayor de "catástrofes" morfodinámicas, y especialmente la parte superior
que favorecerían una mayor inestabilidad, como el del Holoceno medio a inferior o el del
del subandino, así corno el andino propiamente dicho.
Cuaternario reciente (Pleniglacial superior) (?).
Pero esta clasificación debe desarrollarSe con respecto al impacto humano, sobre todo
3.— Pisos "neutros" y pisos "activos".
debido al aprovechamiento agrícola. Así que, a pesar de presentar una inestabilidad
Finalmente, a través de este estudio, según un escalonamiento a la vez morfoclimáti-
potencial elevada, el piso andino propiamente dicho, cubierto por el bosque andino de
co y morfodinámico, y desde el punto de vista de la geodinámica actual y reciente, se
niebla, no muestra (todavía) un alto grado de riesgo; en cambio, el subpiso alto-andino,
puede hacer una división entre medios "neutros" y medios "activos".
cuya inestabilidad potencial es bastante fuerte, sí revela un grado de riesgo alto, porque
constituye entre otras cosas una zona muy reciente y actual de colonización antrópica. El Así la baja montaña es actualmente poco inestable o "neutra", especialmente en las
subpiso subandino inferior, por ser un medio ya antiguamente colonizado y en transfor- llanuras ecuatoriales; la neutralidad se ha podido adquirir por extinción de los procesos
mación actual, indica que, aún si las condiciones morfodinámicas heredadas no son muy y mecanismos antiguamente funcionales o por haber sido "neutralizados" por otros fac-
graves, la inestabilidad actual puede convertirse rápidamente (aunque localmente todavía) tores físicos, como por ejemplo en el piso andino el bosque de niebla. Al contrario, el sub-
en una geodinámica catastrófica (v. Fig. 4). piso andino superior y el andino inferior es "activo" por la asociación entre la inestabili-
dad potencial y la actual. El páramo bajo es "re-activado" por el regreso local a las condi-
CONCLUSION ciones o a los fenómenos heredados. El subpiso alto-andino y sobre todo el subandino es
"activado" por el incremento actual del impacto antrópico. Actualmente, existe un esca-
lonamiento interrumpido de la actividad morfodinámica en la Cordillera Central. Sería
Es conveniente destacar tres enseñanzas aportadas por este estudio:
de sumo interés mostrar que este escalonamiento morfodinámico debió desplazarse en el
1.— La franja subandina superior-andina inferior es la más inestable
tiempo, por factores paleo-bioclimáticos, para formar una escala de la actividad morfodi-
a) La descripción y la explicación de todos los elementos morfodinámicos permite
námica menos inerrumpida, o con otros límites y frentes de re-activación ( p. ej. en los
destacar la importancia del área comprendida entre los 1800 y 2500 m, en la media mon-
páramos durante el Holoceno Medio).
taña andina, donde se combinan actualmente la inestabilidad efectiva y potencial. Allí
la conjunción de los factores físicos favorables a la inestabilidad de las vertientes es la
más completa y compleja (óptimo pluviométrico, potencial geoquímico de alteración,
pendientes, deformaciones geomecánicas, uso de la tierra, etc.).
b) El mecanismo más importante en la Cordillera Central es la deformación plástica,
como lo muestra nítidamente la media montaña andina.
Estas constataciones permiten insistir sobre el papel determinante, en los fenómenos
y mecanismos morfodinámicos, de las variaciones de la humedad. En la Fig. 4, si se traza
una curva pluviométrica en la Cordillera Central, se observa un paralelismo bastante inte-
resante con la curva de la inestabilidad actual y potencial. En la Cordillera Central, como
en los Andes Colombianos, las variaciones térmicas juegan un papel secundario a este res-
pecto, a no ser en la alta montaña andina, en los superpáramos, donde la amplitud diurna
rige los procesos periglaciares. Pero el superpáramo no es muy original, porque presenta
una facies morfodinámica semejante a la de varias montañas altas del mundo bajo latitu-
des ecuatoriales (Africa del este) y subtropicales (Himalaya central). En cambio, la origi-
nalidad de la montaña andina media es muy grande, desde un múltiple punto de vista, a su
vez b iocl imático, morfocl imático, morfodinámico, etc.
2— El papel de las herencias en los modelados andinos y en los fenómenos morfodi-
námicos es sobresaliente
Hoy en día, por lo general, la geodinámica de las vertientes no es catastrófica (escasa.
mente) y la evolución morfodinámica es lenta. El ejemplo de la facies morfodinámica de
los páramos así como el área subandina-andina más afectada actualmente, suministró la
prueba de la importancia determinante de las herencias morfoclimáticas y morfodinámi-
cas. Otro ejemplo es proporcionado por las llanuras ecuatoriales o por el piso subecuato-
rial, actualmente bastante estable, donde los modelados de ablación han sido preponde-
rantes, mediante el escurrimiento concentrado (piso subecuatorial, modelado de disec-
ción), el escurrimiento difuso y la ablación areolar ("sheet-wash"), que produjo a menu-
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REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 609 - 634 (1981) — CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
En la cumbre de la Cordillera Central (4035' - 50N; 75010' - 75035' W) sobresalen las siguien-
tes manifestaciones glaciales y volcánicas:
- Holoceno Superior: "neoglaciación Ruiz" (siglos XVI - XIX), erupciones históricas y prehistó-
ricas, enfriamiento corto (2690 BP), erupción explosiva del Cerro Bravo (3620 ± 70 BP) y fenó-
menos volcánicos asociados en el área del río Otún.
- Holoceno Medio: estadio glacial corto y fuerte "Santa Isabel tardío" (4750 BP); óptimo biocli-
mático con una subida de límite del bosque aproximadamente de 400 m; avance glacial corto y
violento del estadio "Santa Isabel temprano" (alrededor de 6050 BP).
- Holoceno Inferior: estadio "Santa Isabel temprano" (alrededor de 7400 BP), erupciones de 7500
a 9000 BP, estadio "Otún tardío" (10-11.000).
- Tardiglacial: erupciones (11000-11500 BP); interestadial Guantiva (11500-12250 BP); estadio
"Otún temprano" mayor de 12.250 BP; interestadial Susacá, alrededor de 13500 BP.
- Pleniglacial Superior: dos estados glaciales, "Murillo tardío" mayor de 14000 BP y "Murillo tem-
prano", tal vez mayor de 20.000 BP, acompañados por pequeñas erupciones.
ABSTRACT
On the highest part of the Central Cordillera (4035' - 50N - 75010' - 75035' W), we may
recognize the following glacial and volcanic sequence:
- Late Holocene: "neoglaciation Ruiz" (XVI-XIXth century); historical and pre-historical
eruptions; short and cold period (2690 BP); explosiva eruptions from Cerro Bravo (3620 ± 70 BP)
and associated volcanic phenomena in the río Otún área.
- Middle Holocene: short but strong "Late Santa Isabel" glacial stage (4750 BP); bioclimatic
optimum with an upper timber-line 400 m higher than today; short but severa second "Early
Santa Isabel" glacial advance (about 6050 813).
- Early Holocene: first "Early Santa Isabel" glacial stage (about 7400 BP); eruptions between
7500 and 9000 BP; "Late Otun" glacial stage (10-11.000 BP I.
— Late Galcial: eruptions (11.000-11.500 BP); Guantiva interstadial (11.500-12.250 BP); "Early
Otun" glacial stage older than 12.250 BP and Susacá interstadial at about 13.500 BP.
— Upper Pleniglacial: two glacial stages, "Late Murillo" older than 14.000 BP and "Early Murillo",
may be older than 20.000 BP, meanwhile several small eruptions occurred.
INTRODUCCION
dos por sondeos en la orilla de la laguna del Otún a 3950 m (L.o.i), en las lagunas del • flosooi
Otún superior a 4100 m (L.o.$) y del Mosquito a 3850 m (L.M) así como del pantano del ocs-
Bosque a 3600 m: éstos están indicados por un • sobre las Fotos 1 y 2.
,•Folán
I — OBJETIVOS Y METODOLOGIA /
95 0 4h10/10
( vi •
A. OBJETIVOS
La finalidad general del estudio es conocer el funcionamiento de los ecosistemas del Guoyabol
medio natural alto-andino y paramuno de la Cordillera Central.
La finalidad específica de la presente ponencia es exponer una parte de la historia TOLIMA o
reciente, especialmente holocénica, de estos sistemas naturales con miras a correlacionar-
• Armero
la con los datos ya conocidos en la Cordillera Oriental. (
B. METODOLOGIA
• 00..
II — RESULTADOS
76+
75•50 74.1 50' 74' 40'
Se presentan dos tipos de resultados, de valor regional de una parte y detallado de
otra:
un esquema geomo.rfológico expone las relaciones temporo-espaciales de los prin-
cipales sistemas glaciares recientes, junto con los acontecimientos mayores de la Pa
última actividad volcánica (Fig. 4);
te
una secuencia crono-estratigráfica representativa, a partir de dos ejemplos escogidos
610 611
Una secuencia holm:ónice y tardielacial en la Cordillera Central de Colombia
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Les noms impar tants dans le texte apporaissent soulígnés sur la corte
611
Thouret & van der Hammen
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612
Una secuencia holocimica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
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-Ansermonjlvo, Sordo Roca Nevados actuales Nevados temporales, deglaciados después de 1945
? ' 10 Nevados actuels Nevados temporels, deglacés apres 1945
RISARALDA
Estadio glaciar del "Ruiz" (siglos XVII-XIX)
El Nolchnt Stade glaciakre du "Ruiz" (XVII - XIXe s)
c X441 ~peaue
Estadio glaciar del "Santa Isabel' (Holoceno medio a inferior)
Stade glaciaire de Santa Isabel (Holocene moyen a inferieur)
•Lorogoso • uno*
Estadio glaciar del "Ottln temprano' (Tardiglacial, 12500-13500 1SP)
Stade glaciaire du "Otén ancien" (Tardiglaciaire. 12500 - 13500 BP)
• rucw/i *roano., 4•
NEVADO DEL
„0— VALLE DEL CAUCA / TOL!VAA Grandes morrenas laterales del estadio "Murillo" (PlenIglaclal superior) 40'
QUINDIO Grandes moraines laterales du stade "Murillo' (pleniglockal supérkeut)
Solonlo • tf," 15:111-Flu7os de lave mixtos del Otún, de la Leona y del Totarito (Holocena medio)
• Chlabboya •Ciroasla
1 Cauletes de lave mistes d'Ottín de la Leona y du Totarito (Holocene magan)
PIC
Jun.— -
75• 50 75. 40 75'1 30' 75'120* 75.x 10 75•'00 74 50' 74° 1 40
614
Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
en los alrededores de la laguna del Otún y del río Totarito (valle San Carlos) respecti-
vamente, sobre la vertiente oeste y este del Nevado de Santa Isabel (Fig. 3). Estos
suministran una clasificación estratigráfica relativa mediante la sucesión de suelos
(rankers andosólicos, andosoles húmicos, suelos ándicos y pardos ándicos) y depó-
sitos piroclásticos (cenizas y lapillis); así mismo, se induce una cronología tanto de
MAR-LAVA OTUN OTUN SAN las erupciones principales y fenómenos asociados, así como de los avances y retroce-
UN TAMO TEMPRANO CARLOS
00 m 5 3950 m. 6 37TO on 7 3$30 m. 8 sos glaciares. Finalmente, se presentan algunas hipótesis acerca del ambiente paleo-
bioclimático, de las condiciones paleo-pedogenéticas y de sus cambios recientes, así
\\ , como de los factores externos (volcanismos, glaciarismo) e internos (ecológicos) que
contribuyeron a alterarlo.
000000
o o. o ' o o
7O- 0O-¿;11 En esta área ha sido posible reconocer cinco estadios principales, a saber:
-94_ 9 0 9
- un estadio histórico: el "Ruiz".
— un estadio holocénico medio: el "Santa Isabel" (ambos pueden dividirse en dos
subestad ios);
0000 A. A
O 000 0 0 - un estadio holocénico inferior: el "Otún tardío";
O 0000
go in eled
O 00000
O 0000
- un estadio tardiglacial: el "Otún temprano";
O 00000
O 00 00 - un estadio ante-tardiglacial o pleniglacial superior: el "Murillo" (con dos subesta-
O 0000 4 4
00000 dios también: "Murillo tardío" y "Murillo temprano").
00000
O 00000
O 0000 a) El estado histórico del "Ruiz" (equivalente al "Bolívar" de Raasveldt, 1957 o al
O 00000
O 0000 "Corralitos" de van der Hammen, 1980).
O 00000
4_4 _4_1 4311. _
\0\00\° \O Es visible en el superpáramo en los alrededores de los Nevados del Ruiz, Santa Isa-
bel y Tolima, entre 4300 m y el límite de las nieves (4600 m). Es posible distinguir dos
subestadios, uno externo de reavance y uno interno de retroceso.
El externo "Ruiz" temprano" consta de arcos morrénicos nítidos a 4300 m aproxi-
madamente (a veces hasta 4250 m). Sobre las morrenas externas apenas se nota un suelo
muy delgado (20 cm), tipo ranker AC, sin cenizas. Ya Herd (1974) señaló que éstas mo-
• * 141_
rrenas no llevaban cenizas, lo que sugiere que se extendieron después de la última gran
erupción del Ruiz (1595). Deben de pertenecer entonces a la "neoglaciación" (Herd,
1974), o Pequeña Edad Glaciar, entre 1600 y 1850 OC (detrás de un arco morrénico
externo, en el SW del Nevado de Santa Isabel, se obtuvo una fecha de 1850 DC, en la ba-
se de una turba).
TICAS DEL AREA El segundo subestadio "Ruiz tardío" es un conjunto de pequeñas orlas morrénicas
UES DE LA 7EGION a una altura mayor, entre 4300 y 4600 m, que señalan un retroceso progresivo desde
1850 hasta hoy. No presentan ningún suelo ni cenizas, tan solo un criosol ligado a los pro-
cesos periglaciares de gelifluxión diurna que rigen el superpáramo.
b) El estadio holocénico del "Santa Isabel" (equivalente al "Bocatoma" de Van der
Hammen, 1980).
615
Thouret & van de. Hammen Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
Estas morrenas laterales son las más destacables en el páramo, aguas arriba de los
<o
valles glaciares más anchos, entre 3800 y 4000 m.
Las morrenas laterales y latero-frontales largas y altas atestiguan un estacionamiento
amplio (hasta 3800 m en la vertiente Oeste y 200 m más abajo en la vertiente Este); otras o
o
morrenas laterales más pequeñas encajonadas en las anteriores señalan luego un estadio de
—
o —.
retroceso. -o
Las morrenas del "Otún tardío" llevan una secuencia de 2 m que consta de cuatro 1 .1 0,
•1;
conjuntos (Fig. 2, perfil No. 6 y más detalles en la Fig. 3 que se analizarán luego); un o. <3
ranker andosólico sobre una capa de lapilli, un suelo ándico espeso, un andosol fosilizado, to
c
un conjunto de cenizas y lapilli y en la base, arenas que descansan sobre la morrena. O sea 13-
que las morrenas del "Otún tardío" llevan ya un suelo fosilizado y unas capas piroclásti- %
U
cas además de lo reconocido sobre las morrenas del "Santa Isabel". (si
co •
o -o D
Las morrenas latero-frontales del "Otún temprano" (Fig. 2, perfil No. 7) muestran
—
una secuencia superior idéntica, pero además una formación de clima periglaciar origina- o c
z
da por crioclastia y crionivación estacional: unos derrubios ordenados de 1 m por lo me- co
nos, con una capa de cenizas interestratificadas (por ej. en la carretera del Ruiz al Otún, Z.} _?
en Potosí). Oc
1
3 9
d) El estadio ante-tardiglaciar de "Murillo": estadios "Murillo", Thouret (1978),
O
equivalente (?) al "Mamancanaca" de Raasveldt (1957) o al "Río Cóncavo" de Van der
Hammen (1980). < 1:3
•
• °
-2
Los sistemas morrénicos más importantes en volumen y tamaño pertenecen a este
estadio "Murillo" que se prolonga fuera del área del Parque de los Nevados del presente .0., _
trabajo, a lo largo de los grandes valles glaciares, hasta 3400 m de altura aproximada-
ct:o ea
616 617
Thou ret & van dor Hammen Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
Ha sido establecida sobre la morrena lateral del lado derecho de la laguna del Otún,
a una altura de 3950 m cerca a la cabaña de las Empresas Públicas de Pereira (Foto 1 y 3).
a) El primer suelo actual y subactual es un ranker andosólico húmico bastante espe- • o
so (50 cm) que muestra una acumulación repetida de lapilli, poco disgregable aún por .7c1
erupciones históricas y contemporáneas. El conjunto debe tener unos 2600 años (según -c t
o
una datación obtenida en la laguna del Mosquito: ubicación del sondeo en la Foto 1 y en -3›
la Fig. 1). • O
<13
b) Sigue una capa de lapilli recubierta por algunas cenizas de 10 a 20 cm de espesor: ,t.
-o
una datación mediante 14 C, a partir del carbón vegetal, en la parte superior de la capa dió
una fecha de 3620 ± 70 BP (a 44 cm). •- E
•cú
■- -o
c) Este conjunto recubre una capa espesa de cenizas de 60 a 120 cm de profundidad, 15 2
en cuyo interior se desarrolla un suelo más alterado, de tipo ándico, con hidromorfía níti- E :2
da en la base y color moteado por manchas abundantes de hierro. A 85 cm, en un hori- u
zonte humífero más oscuro, una datación mediante 14 C a partir del carbón vegetal dió Q
vi 2
una fecha de 6050 BP. Esta fecha podría relacionarse con un enfriamiento que provocó w)
la desaparición de las formaciones vegetales de entonces, que correlacionamos con la • -0
pulsación tardía del estadio Santa Isabel (perfil No. 2, Fig. 1); el mismo enfriamiento se U 2
al E
encontró y se fechó en 6200 años BP en el páramo de Sumapaz. -o .2.2
Tu o
s
d) Luego sigue un suelo de tipo andosol húmico que está fosilizado entre 120 y 150
E
cm de profundidad. En la parte superior en las cenizas a 113 cm, dentro de las cuales se Z
ro 2
desarrolla el horizonte Bfg del segundo suelo, una datación mediante 14 C a partir del car-
7
bón vegetal dió una fecha de 7440 BP que parece ligada a una erupción importante, ya Cr .
que está en la base de una capa de cenizas de 90 a 120 cm de profundidad. 717
-0 7,
<
O 6
e) Este conjunto recubre una capa alternada de lapilli y cenizas más delgadas, poco
oa
alteradas, entre 150 y 195 cm de profundidad que señala una fase de erupciones extensas.
Ella descansa sobre arenas de origen proglaciar que han podido ser sedimentadas por escu-
oo
rrimiento lateral a partir del glaciar de entonces, cuando empezó a retirarse. EE
c
f) En la base, a 195 cm, se observa el contacto con la morrena del "Otún tardío", a la 0) o
cual se atribuye una edad aproximada de 10.000 años BP, según la correlación practicada
con la secuencia de San Carlos (ver las fechas mediante 14 C de la Fig. 3). C 0
5
U e
2.— Crono-secuencias de SAN CARLOS (v. Fig. 3 y Foto 4)
0
-o 7,
El perfil se ubica a 3830 m, en el valle San Carlos, afluente del río Totarito, en una E
depresión pantanosa y detrás de un arco morrénico del sistema Otún temprano (Fig. 1, • `°8
o E Lo
Foto 2). La primera parte de la secuencia se correlaciona fácilmente con la del Otún: E o
o o
a) El primer suelo es también un ranker andosólico de O a 40 cm, con hidromorfía Zr rsi ,n
o
de origen estacional (pantano) y acumulación de lapilli, producto de sucesivas eupciones.
Una capa de lapilli, entre 40 y 70 cm, corresponde a la que tiene una fecha de 3620
-o c
BP y recubre: una alternación rápida de capitas de cenizas, lapilli y horizontes humíferos -1'
delgados que representan aquí los dos suelos, el intermedio y el inferior, de la secuencia Tu E
• '
del Otún tardío (de 6050 BP y de 7440 BP), entre 70 y 120 cm de profundidad. .N
Cl
b) Continúa una capa gruesa de lapilli con arena volcánica inter-estratificada entre O Ce N
5
120 y 163 cm de profundidad. Ella descansa sobre una turba espesa, interrumpida por O o ti
u_ u 7.
capitas de arcillas grises (de posible origen proglaciar), de 163 a 313 cm de profundidad.
En la parte superior, a 163-167 cm, se obtuvo una datación mediante 14 C de 11500
BP y, en la parte inferior de esta turba, a 310-313 cm, una fecha de 12250 BP. En la base
unas capas arenosas de origen proglaciar recuben la morrena del valle San Carlos.
c) Esta crono-secuencia permite abstraer la siguiente sucesión de acontecimientos
Thouret & van der Hammen Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
o e
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Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
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625 624
Una secuencia holocénica y tardiglacial en la Cordillera Central de Colombia
Thouret & van der Hammen
Foto 8 — Perfil estratigráfico del "Otún tardío", sobre las morrena lateral de la laguna del Otún
(ver Figura 3); véase el primer ranker andosólico, el nivel de lapilli de 3620 BP aproximadamen-
te; el segundo nivel de carbón vegetal se ubica a la altura de la manija de la pala; el tercer nivel
de carbón vegetal se localiza en la parte superior del suelo oscuro fosilizado (a la mitad del cabo Foto 9 — Perfil estratigráfico de la secuencia "Otún temprano" en el valle San Carlos (ver Figu-
de la pala). ra 3). La fecha 11.500 BP se obtuvo en los 4 cm superiores de la turba (a la base del martillo);
la fecha 12.250 BP a la base de la turba (extremo inferior del metro).
626 627
Foto 9 — Perfil estratigráfico de la secuencia "Otún temprano" en el valle San Carlos (ver Figu-
ra 3). La fecha 11.500 BP se obtuvo en los 4 cm superiores de la turba (a la base del martillo);
la fecha 12.250 BP a la base de la turba (extremo inferior del metro).
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FIGURA 5 FIGURE 5
DIAGRAMAS POILINOLOGICOS DE LOS SONDEOS DEL ÁREA DE OTUN
DIAGRAMMES PALYNOLOGIMES DES SONOAGES DE LA REGION OTUN
628
crono-estratigráficos en relación a la secuencia del "Otún tardío";
— Ciertas erupciones considerables tuvieron lugar de 11500 a 11000 BP (cuyo testi-
monio existe también en la Cordillera Oriental en los corazones de los sondeos de la lagu-
na de Fúquene). Desde luego, es posible deducir por correlación, que la morrena del siste-
ma Otún tardío tiene una edad inferior al 11000 BP (ver los perfiles de la Fig. 3) y que es
equivalente del sistema morrénico del "Lagunillas tardío" en la Sierra Nevada del Cocuy
(van der Hammen, 1980); él se extendía durante el período frío, conocido en la Oriental
bajo el nombre del estadio El Abra, entre 10000 y 11000 BP.
— La turba espesa representa un interestadial "San Carlos" que corresponde crono-
estratigráficamente al interestadial Guantiva de la Cordillera Oriental (van der Hammen,
1980) y que tiene aquí una edad comprendida entre 11500 BP y 12250 BP.
— Desde luego la morrena del estadio Otún temprano tendría una edad un poco supe-
rior a 12250 BP y correspondería al estadio glaciar del "Lagunillas temprano" (Sierra Ne-
vada del Cocuy, van der Hammen, 1980), durante el estadial Siega que dura desde 12500
hasta 13500 BP aproximadamente.
— Se cree que los derrubios ordenados (crioclastos) que a menudo descansan sobre las
morrenas del estadio Otún temprano (por ej. al oeste del Nevado Santa Isabel) deben
señalar un período frío y seco durante el estadial El Abra de 10000 a 11500 BP. Durante
este tiempo, el glaciar dejaba las morrenas de retroceso del estadio Otún tardío en donde
una erupción considerable, de más o menos 10000 BP, dejó cenizas interestratificadas en
aquellos derrubios ordenados.
A estas tendencias regionales del paleo-bioclima, se trata de relacionarlas con los tipos
de pedogénesis inferidos de los conjuntos de suelos fosilizados en las secuencias anterior-
mente descritas.
En general domina el vidrio volcánico; las micas están mucho menos representadas
que los piroxenos (puede deducirse entonces una edad reciente, inferior a 20000 BP, a
partir de las correlaciones establecidas en Fúquene en la Cordillera Oriental por Riezebos).
Si se comparan los espectros mineralógicos de las cenizas del Holoceno Medio e Infe-
rior con las del Holoceno Superior, se deduce:
a) En la parte inferior, existe menos piroxeno que en la parte superior (clinopiroxe-
no) y menos vidrio volcánico, lo que está en relación con la alteración mayor de las ceni-
zas;
b) Si se comparan los índices de refracción entre los dos conjuntos (Riezebos), apare-
cen dos índices de refracción en la parte inferior. Esto indica que las cenizas podrían pro-
venir de dos fuentes diferentes, una de origen menos ácido (index entre 1.5130 y 1.5155)
en la parte inferior, mientras que en la parte superior, las cenizas no tienen sino un solo
index de refracción cerca de 1.5040 a 1.5000. Ahondando aún más sobre este problema
se podría plantear la hipótesis siguiente: en el Holoceno Superior dominan las erupciones
del Cerro Bravo, a partir de un magma ácido riodacítico, mientras que en el Holoceno
Inferior se mezclan aquellas con las erupciones de unos magmas menos ácidos de compo-
sición andesítica tales como las de los volcanes del Ruiz o del Tolima.
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Murillo tardío
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Murillo temprano
FIGURA 6 FIGURE 6
CRONO-ESTRATIGRAFIA REGIONAL (TOLIMA-RUIZ, CORDILLERA CENTRAL) Y CORRELACION
CON LA CORDILLERA ORIENTAL.
CHRONO-STRATIGRAPHIE REGIONALE (TOLIMA- RUIZ, CORDILLERE CENTRALE) ET CORRELA-
TION AVEC LA CORDILLERE ORIENTALE.
una gran cantidad de lapilli situados a la base de todos los suelos subactuales del Parque,
por encima de los 3800 m de altura.
— Flujo de lava y lahar del Otún; represamiento de la laguna del Otún (4700-5000
BP); enfriamiento corto y fuerte de 4750 BP (estadio del Santa Isabel tardío).
— Cenizas y suelo ándico de 6050 BP - óptimo bioclimático y formaciones vegetales
de subpáramo que implican una subida del límite superior del bosque alto-andino de 300
m aproximadamente.
— Un poco antes de 6050 BP, enfriamiento corto y violento: estadio Santa Isabel
temprano (reavance y formas de convergencia como el flujo-lahar del Totarito);
— Erupción notable entre 6050 y 7400 BP; flujos-lahares de la Leona y del Totarito
(un poco antes de 6050 BP);
Suelo de tipo Andosol húmico bajo cobertura de gramíneas de páramo bajo, frío y
húmedo, con subpáramo cercano (7440 BP):
— Enfriamiento: estadio del Santa Isabel temprano, alrededor de 7500 BP.
— Erupciones importantes de 7500 a 9000 BP aproximadamente;
— Estadio Otún tardío: Holoceno Inferior (estadio "Lagunillas tardío" en la Sierra
Nevada del Cocuy), durante el estadial de El Abra (10000 a 11000 BP).
V — REFERENCIAS
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sequence in Valle de Lagunillas, Sierra Nevada del Cocuy. Colombia. Leidas Geol. Mededel.
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Thouret J.C. (1978). Algunos aspectos y problemas geomorfológicos en la Cordillera Central de los
Andes colombianos; geomorfología volcánica, glaciar y dinámica del Parque Natural Nacional
de los Nevados. II Congreso Colombiano de Geología, diciembre 1978, Bogotá.
Van der Hammen, T., J. Barelds, H. de Jong and A.A. de Veer (1980). Glacial sequence and environ-
mental history in the Sierra Nevada del Cocuy (Colombia). Palaeogeography, Palaeoclimatology,
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REVISTA CIAF VOL. 6 (1-3), 635 - 638 (1981) — ® CIAF, BOGOTA, COLOMBIA
RESUMEN
Glaciaciones (morrenas) en los Andes Colombianos las conocemos únicamente del último glacial.
De glaciaciones anteriores solamente tenemos datos indirectos. Este hecho se debe principalmente a
erosión posterior y falta de conocimientos, ya que sin lugar a duda se pudieron registrar muchos glacia-
les, con un clima por lo menos muy frío.
Los sedimentos de lagunas de la Sabana de Bogotá permitieron conocer la historia de vegetación y
clin-ka de los últimos 3 millones de años, con entre 20 y 30 glaciales e interglaciales, fechados aproxi-
madamente con "Potasio/Argón" y "Fission tacks". Litoestratigráficamente se pueden distinguir local-
mente en los altiplanos de la Cordillera Oriental varias formaciones: Formación Subachoque, Forma-
ción Sabana, Formación Mondoñedo.
El último glacial y su(s) glaciación (es) correspondientes) son conocidos mucho mejor que los
anteriores, y ya es posible establecer una buena cronoestratigrafia.
La extensión mayor de los glaciares tuvo lugar, probablemente en el período entre 45.000 A.P.
y 25.000 A.P. (contrario a la glaciación del hemisferio norte, que llegó a su máximo alrededor de
18.000 A.P.). El clima en ese período fué bastante húmedo, y las lagunas de las altiplanicies tuvieron
varias veces un nivel muy alto. El límite del bosque estaba aproximadamente 800-1.000 m más bajo
que hoy dia, y durante la época de mayor extensión del hielo, glaciares y bosques pudieron haber
estado localmente en contacto, y la zona de páramo era angosta y húmeda, con abundante Polylepis
en las partes bajas.
Entre 21.000 y 14.000 A.P., la extensión del hielo fue mucho menor, el límite del bosque más
bajo y el clima más seco, resultando en una zona de páramo relativamente ancha y seca. Las lagunas
de las altiplanicies tenían un nivel muy bajo.
Cronothratigráficamente se pueden diferenciar una serie de interestadiales y estadiales, en la
historia glacial estadios, etc.
El tardiglacial tuvo nuevamente un clima más húmedo, pero en general sube la temperatura me-
dia anual, y hay dos "estadios". Hay indicios claros de una "Neoglaciación" en todos los Nevados, y
después de 1850 A.D. principia un retiro muy notable de los glaciares.
ABSTRACT
In the Colombian Andes, only glaciations which correspond to the Last Glacial are known,
from
which it is feasible to establish a good chronostratigraphy. The mejor extent of the glaciers took place
in the period between 45.000 and 25.000 A.P. and the minor one occurred between 21.000 and
14.000 A.P. During the first period, a wet climate prevailed, while in the second period took
predominante a dry one. A humid climate though, reappeared during the Late Glacial period. There
are strong evidentes of a "Neoglaciation" in all the Nevados and an outstanding retreat of glaciers
after 1850 A.D.
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RESUMEN
El área del Páramo de Frontino forma parte de la Cordillera Occidental y se localiza al oeste del
río Cauca, entre las ciudades de Urrao y Frontino. La parte más alta alcanza algunos 4.000 m sobre el
nivel del mar. En la actualidad, el macizo presenta cuatro zonas ecológicas diferentes, desde bosque
muy húmedo premontano hasta bosque pluvial mon tano.
El Páramo de Frontino es un Stock intrusivo de edad miocena y composición diorítica, el cual
está intruyendo la secuencia sedimentaria del Grupo Cañasgordas denominada Formación Penderisco,
de edad Cretáceo superior a Terciario inferior. La parte superior del macizo está cubierta por un com-
plejo volcánico de edad terciaria.
Parcialmente, este estudio es cuantitativo ya que se mapean algunos fenómenos glaciales como es-
triaciones, morrenas, circos,. De otro lado, la parte cualitativa del estudio muestra que el Páramo de
Frontino ha recibido más de una glaciación. Evidencias de dos períodos de glaciación son el cruce de
estriaciones y dos morrenas yuxtapuestas. La morrena inferior es dura (tillita) y sus fragmentos de roca
están comunmente meteorizados. La superior está todavía blanda con fragmentos de roca frescos. Se
indica una edad de 10.000 años para la última glaciación ya que se ha encontrado ceniza volcánica en
la morrena superior.
ABSTRACT
The "Páramo de Frontino" area is part of the Western Cordillera and it's localized to west of the
Cauca river, between Urrao and Frontino cities. The highest peak reaches some 4.000 m. aboye sea-
level. At the present, the massif shows four different ecological zones, from very wet forest premoun-
tainous to pluvial forest - mountainous.
The Páramo de Frontino is an intrusive stock of miocene age and dioritic compsition, which is
intruding the sedimentary secuence of Grupo Cañasgordas denominated Formación Penderisco, of
late cretaceous to early tertiary age..The upper part of the massif is covered by a volcanic complex
of tertiary age.
Partially, this study is quantitative because it is mapping some glacial phenomena like striations,
moraines, cirques. On other hand, the part qualitative of the study shows that the Páramo de Fronti-
no has recieved more than one glaciation period. Evidences for two glaciations periods are giving
by crossing of striations and two juxtaposed moraines. The lower moraine is hard Itillitel and her
rockfragments are commonly weathered. The superior one is still soft with fresh rockfragments. An
age of 10.000 years old is suggested for the latest glaciation because volcanic ashes are found in the
supericir moraine.
1. INTRODUCCION
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ESCALA
da con el nombre de Páramo de Frontino.
Interesados en el problema se adelantó la presente investigación, con el ánimo además
de participar en el Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia. Consideramos
que la mayor importancia del trabajo consiste en que por vez primera se mapean y descri-
ben depósitos y fenómenos glaciares sobre la Cordillera Occidental, aunque es muy proba-
ble que otras regiones en la misma Cordillera hayan recibido glaciación durante el Cuater-
nario.
1.1 LOCALIZACION
El Páramo de Frontino está ubicado a unos 40 km al oeste del río Cauca, entre los
municipios de Urrao al sur y Frontino al norte, sobre las planchas 129-IV-C y 129-IV-D
a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Agustín Codazzi —IGAC— (Fig. 1). El acceso
más fácil se hace por el municipio de Urrao, a donde se llega desde Medellín bien sea por
vía aérea o por carretera
1.2 CLIMA
2. GEOLOGIA
El Stock del Páramo de Frontino está emplazado sobre la Cordillera Occidental se-
gún se anotó, cubriendo un área aproximada de 30 km 2 . El plutón intruye la Forma-
ción Penderisco del Grupo Cañasgordas, afectando principalmente al Miembro Urrao,
ya que se desarrolla sobre los sedimentos areno-arcillosos una aureola de contacto de unos
300 m de espesor, con formación de cornubianitas por efectos térmicos.
La composición del intrusivo es predominantemente diorítico a monzonítico, y se
le ha asignado una edad de 11 m.a. por K/Ar en biotita (Botero, 1975) correspondiente
al Mioceno.
Encima del Stock en la parte sur y del sedimentario en la parte norte del macizo,
se encuentra una unidad de rocas volcánicas representada por basaltos, andesitas, andesi-
tas pordíticas, aglomerados y tobas principalmente. No se conoce aún con certeza la edad
de estas rocas pero parece que son post-Penderisco ya que los aglomerados volcánicos
engloban parcialmente bloques de la unidad sedimentaria, y pre-intrusivo ya que la uni-
dad volcánica en parte se observa asimilada por el plutón (E. Alvarez, comentario oral,
1980). Esto sugiere que el volcanismo es claramente Terciario, probablemente de origen
continental. Fundamentamos esta última hipótesis en algunas observaciones como son:
formas columnares en lavas andesíticas, sucesión rítmica en estratos alternantes de lavas
efusivas y material piroclástico, y por su composicón petrográfica y mineralógica, a pesar
de que no se dispone en este momento de análisis químicos que indiquen con claridad su
posible ambiente de formación.
En las partes más altas del Páramo, principalmente sobre el complejo ígneo terciario,
se localizan los depósitos glaciares cuaternarios que constituyen el objetivo central de la
investigación (Fig. 3).
En cuanto a la tectónica, es evidente que las fallas mencionadas de Herradura y San
Ruperto no afectan al complejo ígneo que constituye el Páramo.
Es posible, que estas fallas tengan alguna implicación o estén íntimamente relaciona-
das a la aparición del volcanismo terciario continental, el cual fue seguido por el plutonis-
mo Mioceno que intruyó y levantó finalmente las rocas preexistentes, siendo el evento
magmático en su conjunto el gran responsable de la morfología exótica del macizo ígneo
que se levanta en medio de una extensa formación sedimentaria.
En el Páramo propiamente predomina una tectónica de fracturas sin desplazamiento
aparente en la roca, con direcciones dominantes NE y EW. Este hecho tiene gran impor-
tancia en el desarrollo de la morfología glaciar durante el cuaternario ya que aquella se
halla influenciada y en parte controlada por la tectónica y las estructuras litológicas.
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ciaciones, ya que parecen correlacionables las de Suramérica con las del hemisferio norte
(P. Van Gijzel, et. al. 1967).
Las evidencias más claras en favor de la hipótesis de las glaciaciones son: varias direc-
ciones de estrías glaciares cruzadas entre sí, más antiguas unas y recientes las otras, obser-
vables en varios sitios (Foto 1). Además dos morrenas diferentes: una superior joven y
otra inferior más antigua.
La morrena superior es blanda, de un color pardo — pardo amarillento, de bloques
y cantos frescos y subredondeados principalmente, de composición diorítica, dentro de
una fracción más fina limosa-arenosa con tendencia a limosa. Su límite inferior es de unos
2.700 m y a este nivel los bloques están naturalmente poco labrados por el glaciar (Foto
2). En los niveles más inferiores y donde la pendiente lo permite; la morrena joven tiene
espesores grandes, pero en zonas de fuerte pendiente no se permite ni acumulación ni
reposo para depósitos blandos. En la parte alta del macizo el espesor de la morrena supe-
rior o joven disminuye, y en algunas partes no hay cubrimiento de ella (Foto 3). La
fuente de sus materiales son principalmente el cuerpo ígneo intrusivo y la morrena anti-
gua para su fracción fina. Relacionada con la morrena superior se tomó una muestra de
turba en la zona de Puente Largo la cual podrá indicar el momento de desaparición de
la última glaciación si es posible datarla por "C.
La morrena inferior se encuentra ya endurecida (tillita), de color gris pardo com-
puesta de cantos heterogéneos petrográficamente, en su mayoría meteorizados, con una
fracción fina de limo-arena. El límite inferior para esta morrena es de 3.000 m y se loca-
liza en sitios que han ofrecido abrigo contra la erosión de la última glaciación, o sea en el
costado de sotavento de los pequeños montículos (Foto 4). La fuente de sus materiales
son predominantemente las rocas volcánicas de la parte alta del macizo, tales como tobas,
andesitas y aglomerados. Esta variedad en la composición petrográfica es una de las ma-
yores diferencias entre las dos morrenas.
El sitio de mejor exposición para estudiar las dos morrenas y la relación entre ellas
es el valle glaciar de Churrumblún. Allí se encuentran superpuestas con un suelo enterra-
do que las separa (Foto 5). El espesor del paleosuelo es mayor que el del suelo actual, lo
que sugiere un período más largo o un clima más cálido durante su formación. Proba-
blemente ambos factores son posibles, en cuyo caso el período interglaciar sería relativa-
mente largo y caracterizado por un mejoramiento del clima.
En cuanto a la morfología glaciar, el páramo puede dividirse en cuatro zonas altitu-
dinales:
Esta zona está comprendida entre los 4.000 y 3.300 m. Se caracteriza principalmente
por la gran cantidad de circos glaciares, campos de drumlins, zonas de pantanos y lagos,
valles en forma de U etc. (Fotos 6-7-8). Estas son indicaciones de que las glaciaciones reci-
bidas son de tipo alpino, con la acumulación de un casquete de hielo en la cima del maci-
zo y con lenguas glaciares que partían de la cima por los valles hacia abajo.
Parece que el centro de glaciación fué el área de las lagunas de Puente Largo, en
donde se presenta un típico paisaje de hielo muerto. La topografía suavizada en esta parte
alta del Páramo, puede indicar que al menos una de las glaciaciones llegó a cubrirla y a
erodarla posteriormente (Foto 9). En la actualidad la zona de Puente Largo presenta un
gran espesor de morrenas, lo mismo que abundancia de lagos pequeños, redondeados y
profundos. Estas evidencias, lo mismo que la morfología de los cerros y el labrado glaciar
en las rocas sugieren un gran centro de glaciación en esta zona.
Otro fenómeno bien interesante encontrado en Puente Largo fue el hallazgo de ceni-
zas volcánicas formando parte de la morrena reciente. Si la última lluvia de cenizas pro-
Foto 1 — Estrías en vanas direcciones.
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1977), el hecho da una datación indirecta cercana al último evento glaciar. Además, si
sólo en esta parte se halla morrena derivada o asociada con ceniza volcánica, ello satisfa-
ce la idea que éste fue el único sitio donde el glaciar todavía existía al momento de
la caída de las cenizas, ya que en ninguna otra parte se encuentran trabajadas por el hielo.
Esta zona está comprendida entre los 3.300 y 2.700 m. Se caracteriza principalmente
por la erosión y depositación por parte de las lenguas glaciares, las cuales se extendieron
en dos direcciones. Una es por donde desemboca el valle glaciar de Churrunblún al Noro-
este y la otra hacia el Sur. En estas zonas el hielo bajó en forma de lenguas hasta un nivel
aproximado de 2.700 m, según lo indican algunas morrenas terminales localizadas en las
cercanías de El Quince. El área comprendida en esta zona presenta una topografía más
variada ya que el glaciar ha profundizado los valles por donde corrió, sin cubrir las partes
aledañas. De este modo la erosión tiende a aumentar el relieve al contrario de la primera
zona descrita. Por otra parte muchos valles en esta zona ya no albergan glaciar. En este
caso serían valles de erosión fluvial controlados en tramos de debilidad por rocas más
blandas, fracturamiento tectónico, etc.
Esta zona está comprendida entre los 2.700 y 2.400 m. Se caracteriza por depósitos
de morrenas inicialmente depositadas más arriba, pero que han sido desplazadas por movi-
mientos de pendiente hacia abajo. Esta zona aunque presenta morrenas no ofrece ningu-
na morfología glaciar.
Esta zona esta comprendida entre los 2.400 y 2.000 m. Se caracteriza por depósitos
producidos principalmente por solifluxión en la época de ablación del glaciar. En este
estado la morrena se satura de agua y fluye como un líquido viscoso desde la cima del ma-
cizo hasta la base. A este tipo de depósitos pertenecen las terrazas del río Urrao localiza-
das en la base del macizo y que han sido mapeadas como deriva glaciar estratificada. En
la parte superior de las terrazas se encuentra ceniza volcánica que ha sido lavada y llevada
allí por el mismo proceso. La zona en algunas partes presenta el aspecto de una morrena,
además de la presencia de pantanos debido a la poca permeabilidad del material, pero a
este nivel ya no se encuentran depósitos glaciares propiamente dichos (Foto 10).
4. DISCUSION
AGRADECIMIENTOS
REFERENCIAS
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