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Formación de Discípulos Misioneros

Este documento presenta un catecismo para formar verdaderos discípulos misioneros de Jesucristo. Está dividido en dos partes, la primera trata sobre la vida de Jesucristo resucitado a través de los sacramentos de iniciación mientras que la segunda parte se enfoca en la vida comunitaria parroquial.

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Formación de Discípulos Misioneros

Este documento presenta un catecismo para formar verdaderos discípulos misioneros de Jesucristo. Está dividido en dos partes, la primera trata sobre la vida de Jesucristo resucitado a través de los sacramentos de iniciación mientras que la segunda parte se enfoca en la vida comunitaria parroquial.

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ÍNDICE

ÍNDICE DE SIGLAS ------------------------------------------------ 3


INTRODUCCIÓN ----------------------------------------------- 4
EL COMPROMISO COMUNITARIO DEL DISCÍPULO
MISIONERO ------------------------------------------------------------- 7
PRIMERA PARTE:
LA VIDA DE JESUCRISTO RESUCITADO, EN LA VIDA DEL
VERDADERO DISCÍPULO MISIONERO
EL KERIGMA PARROQUIAL O REINICIACION
CRISTIANA ---------------------------------------------- 10
1ª BLOQUE KERIGMÁTICO: Bautismo
1ª Catequesis ¿Qué son los sacramentos? ----------------------- 16
• ¿Quién soy? ----------------------------------------------------------------- 25
• ¿Para qué estoy en el mundo? -------------------------------------------- 34
• ¿Quién es Dios? ------------------------------------------------------------ 43
• ¿Por qué no siento el amor de Dios? ---------------------------------- 54
2ª Catequesis sobre el sacramento de la
Reconciliación ----------------------------------------- 62
• ¿Quién puede salvarme? --------------------------------------------------- 76
• ¿Qué debo hacer para salvarme? ---------------------------------------- 85
3ª Catequesis sobre el Bautismo ---------------------------- 94
• Primera celebración: El Bautismo.
¿Cómo puedo hacer públicamente este cambio de vida? --------- 104

2º BLOQUE KERIGMÁTICO: Confirmación


• ¿Basta con cambiar y proclamar a Jesús como salvador? ---------- 106
• ¿Qué hace el Espíritu Santo? ------------------------------------------- 115
• ¿Qué necesito hacer para llenarme del Espíritu Santo? ------ 125
4ª Catequesis sobre la Confirmación ----------------- 132

1
• Segunda Celebración: Confirmación.
¿Qué puedo hacer para vivir en el Espíritu Santo? ------------------ 141

3º BLOQUE KERIGMÁTICO: Comunión


• ¿Qué es la Iglesia? ------------------------------------------------ 144
• ¿Qué hace la Iglesia? -------------------------------------------- 155
• ¿Cómo puede la Iglesia crecer y dar frutos? ------------------ 168
• ¿Cómo puedo en la Iglesia ser siempre fiel? ------------------- 178
• ¿Cómo puedo llegar a ser un verdadero discípulo misionero? --------- 188
• ¿Cómo puedo vivir todo esto en mi parroquia? -------------- 198
5ª Catequesis sobre la Eucaristía ------------------------ 211
• Tercera Celebración: Eucaristía.
¡Encontré el sentido de mi vida! ¡Soy Feliz! ---------------------- 218

2
ÍNDICE DE SIGLAS

Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica, (15


CATIC
agosto 1997).

V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,


DA
Documento de Aparecida (2007).

III Conferencia General del Episcopado


DP
Latinoamericano, Documento de Puebla (1979).

IV Conferencia General del Episcopado


DSD
Latinoamericano, Documento de Santo Domingo (1992).

Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la


DV
Divina Revelación Dei Verbum, (18 de noviembre de 1965

Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal


EA Ecclesia in America, posterior al Sínodo de América (22
enero 1999).

Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi,


EN
sobre la Evangelización de los pueblos (8 diciembre 1975).

Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución


LG dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium (21 noviembre
1964).
Juan Pablo II, Carta Apostólica Nuovo Millennio
NMI Ineunte, al concluir el Gran Jubileo del año 2000 (6 enero
2001).
Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens,
OA en ocasión del LXXX aniversario de la Encíclica “Rerum
novarum”, (14 mayo 1971).
Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Presbyterorum
PO ordinis, sobre el ministerio y la vida de los Presbíteros (7
diciembre de 1965).
Juan Pablo II, Redemptoris Missio, sobre la permanente
RM
validez del mandato misionero, (12 julio 1990).

3
INTRODUCCIÓN
¡ Jesucristo lo es todo !
Esta proclamación cargada de fe, de alegría y firme decisión, es la
auténtica experiencia a la que todos los cristianos estamos llamados a
vivir desde lo más profundo de nuestro ser. Ella no nace de una bonita
idea sobre Dios, ni de determinadas formas de comportamiento exterior,
sino del encuentro con una Persona viva, que ilumina nuestra vida y la
hace nueva al llenarla de luz, verdad y orientación: Jesucristo nuestro
Señor.
Esta vida nació en cada uno de nosotros el día de nuestro bautismo,
cuando fuimos consagrados como discípulos misioneros de Jesucristo,
pero que por la vivencia de nuestro primer Encuentro amoroso con él,
nos hizo despertar a la fe y entonces pudimos descubrir nuestra identidad
más propia y verdadera: ¡somos suyos, sin él no somos nada!
Este encuentro personal, llega a ser una experiencia tan definitiva que
nos marca como buscadores incansables de otros encuentros nuevos y
revitalizadores de nuestra existencia. Jesucristo que se nos muestra tan
vivo y diverso en cada uno de ellos, nos va transformando: ¡ya nada
puede ser igual! Precisamente, a este irresistible deseo de seguir a
Jesucristo, abandonando al hombre viejo, la Iglesia le llama conversión.
De tal forma que del encuentro profundo con Jesucristo, la conversión
es el estilo más genuino de todo cristiano, nadie que diga que Jesucristo
lo es todo en su vida, puede dejar de lado su proceso de conversión
permanente que va modificando su manera de pensar, vivir, amar, desear,
convivir y esperar. Vivir en Cristo es caminar siempre, nadie que desee la
vida plena, puede dejar de ser seguidor de Jesucristo.
Pero Dios no ha querido salvarnos en solitario, sino como un
pueblo, una comunidad. Precisamente por esto, es urgente igualmente
experimentar un encuentro comunitario con Jesucristo, para vivir una
conversión pastoral, es decir, una transformación de la vida, instituciones
y estructuras de nuestra Parroquia, la casa común de los renacidos por
el bautismo. Ya que “ninguna comunidad debe excusarse de entrar
decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de
renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no
favorezcan la transmisión de la fe” (DA 365).
Las Parroquias son el lugar donde “viven y se forman los discípulos
misioneros de Jesucristo… Ellas son células vivas de la Iglesia y lugar
privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia
concreta de Cristo y la comunidad eclesial. Están llamadas a ser casa y
4
escuela de comunión” (DA 170).
Sin embargo, esta tarea no es mágica, porque la Iglesia está formada
por gente real, laicas (os), religiosas (os), presbíteros y obispo y “todos
los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la
evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu
Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto
miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito
individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera,
así como ocurrió en Pentecostés” (cfr. Hch 2,1-13)” (DA 171).
“Desde la Parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo ‘hizo y
enseñó’ (Hch 1,1) mientras estuvo con nosotros. Su Persona y su obra son
la buena noticia de salvación anunciada por los ministros y testigos de
la Palabra que el Espíritu suscita e inspira. La Palabra acogida es salvífica
y reveladora del misterio de Dios y de su voluntad. Toda Parroquia está
llamada a ser el espacio donde se recibe la Palabra, se celebra y se expresa
en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del
discípulo misionero” (DA 172).
Este Catecismo que tienes en tus manos, manifiesta el deseo profundo
de formarnos como Verdaderos Discípulos Misioneros de Jesucristo; en
sus entrañas descubrirás sólo una ayuda para tu encuentro personal con
Jesucristo en comunidad. Está dividido en dos partes, que desean ser una
ayuda fundamental para enriquecer nuestro primer encuentro personal
con Él.
La Primera Parte tiene como título: La vida de Jesucristo resucitado,
en la vida del Verdadero Discípulo Misionero a través de los Sacramentos
de Iniciación. Esta parte, será una oportunidad de vivir el kerigma, que es
la sorprendente y estremecedora noticia de encontrarnos con Jesucristo
vivo, a través de la palabra y el testimonio de un bautizado enamorado
de él.
El Papa Pablo VI hablando del kerigma nos dice que: “la evangelización
debe contener siempre como base, centro y a la vez culmen de su
dinamismo una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios,
hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación de todos los
hombres, como don de la gracia y misericordia de Dios” (EN 27).
Y los Obispos de América Latina, reunidos recientemente en la ciudad
de Aparecida en Brasil, dicen que: “el kerigma no sólo es una etapa, sino
el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo
de Jesucristo. Sin el kerigma, los demás aspectos de este proceso están
condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos
al Señor. Sólo desde el kerigma se da la posibilidad de una iniciación
cristiana verdadera” (DA 278 a).
5
En esta misma Asamblea, los Obispos nos indican que la conversión
personal nos conduce definitivamente a la conversión pastoral. Apuntan
que sin la primera, no podríamos maravillarnos de la vida y del Dios de
la vida que entra en diálogo personal con cada uno de nosotros; sin la
segunda, no podríamos alimentarnos y vivir como familia con Dios, ya
que es la vida eclesial por la que Jesucristo nos transmite su vida en los
Sacramentos.
Este kerigma parroquial, lo viviremos como un gran retiro donde
renovaremos los sacramentos de Iniciación en el seno de nuestra
Parroquia, por eso también le llamamos Reiniciación Cristiana, hasta
decidirnos libre y voluntariamente a ser seguidores de Jesucristo como
discípulos misioneros.
La Segunda Parte, tiene como título: El encuentro vivo del Verdadero
Discípulo Misionero con la Palabra del Maestro Resucitado. La
renovación de la Iglesia “exige que se deje iluminar siempre de nuevo
por la Palabra viva y eficaz” (DA 172); esta iluminación debe ser oración y
diálogo que brota de lo más profundo del corazón inquieto que lleva a
la transformación del ambiente social.
Cada vez somos más conscientes en la Iglesia que “entre las muchas
formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la
que todos estamos invitados: la Lectio Divina o ejercicio de lectura
orante de la Sagrada Escritura. En esta Lectura orante, bien practicada,
conduce el encuentro con Jesús-Maestro, al conocimiento del misterio
de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al testimonio
de Jesús-Señor del universo. Con sus [distintos] momentos, la lectura
orante favorece al encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos
personajes del Evangelio… [Quienes] no abrieron su corazón a algo del
Mesías, sino al mismo Mesías, camino de crecimiento en “la madurez
conforme a su plenitud” (Ef 4,13), proceso de discipulado, de comunión
con los hermanos y de compromiso con la sociedad” (DA 249).
Esta Lectura Orante, la haremos en la Pequeñas Comunidades de
Catequesis de Adultos que formaremos en los diferentes Centros de
Evangelización de nuestra Parroquia.

COLABORADORES
EDUARDO DE LA MORA RODRÍGUEZ
GRACIELA FERNÁNDEZ CERVANTEZ
RICARDO SÁNCHEZ RODRÍGUEZ
Pihuamo, Jal., 23 de octubre de 2010
6
EL COMPROMISO COMUNITARIO
DEL DISCÍPULO MISIONERO
La vida cristiana es la gran experiencia de crecimiento integral, la
Iglesia nuestra madre y maestra, nos ofrece el tesoro más grande que
tiene: la vida y la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. Él es nuestro
Dios y Señor, porque desde su encarnación en nuestra historia nos ha
mostrado el auténtico camino de relación y amor al Padre Dios. En
Él todo se puede, todo se sana y todo se supera; sin embargo, como
personas humanas que somos, tenemos una historia con un proceso de
crecimiento, que nos hacen ser únicos y distintos.
El respeto a estas hermosas diferencias que tenemos y la necesidad
de sentirnos un cuerpo, una comunidad donde nos podamos ayudar a
crecer, nos exige asumir los siguientes compromisos comunitarios que
más que un reglamento interno, son más bien orientaciones para una
espiritualidad cristiana comunitaria, basada en el respeto y la libertad.
1. COMPROMISO DE AMOR INCONDICIONAL
No hay nada que hayas hecho o que puedas hacer que me impida
amarte. Puede ser que no esté de acuerdo con tus acciones, pero te
acepto como persona y haré todo lo posible por comprenderte sin
juzgarte por el infinito amor que Dios te tiene.
2. COMPROMISO DE DISPONIBILIDAD
Lo que tengo: tiempo, energía, conocimientos y lo que poseo están
a tu disposición si lo necesitas. Los pongo a tu disposición con la mayor
responsabilidad y deseo de servirte. Me comprometo a dedicar parte de
mi tiempo a mi comunidad y asamblea de oración y asistir puntualmente
a las actividades, con esto manifestaré el gran respeto que tengo por ti.
3. COMPROMISO DE ORACIÓN
Me comprometo a orar por ti todos los días, con la convicción de
que nuestro Padre amoroso desea que sus hijos oren unos por otros,
porque pidiendo por otros, Dios nos llena de bendiciones.
4. COMPROMISO DE FRANQUEZA
Prometo esforzarme en ser más abierto, participativo, descubriéndote
mis sentimientos, mis luchas, mis gozos y mis pesares de manera cada
vez más clara. En el grado en que haga esto, significa que no puedo
llevar mi carga sin tu ayuda, que te confío mis necesidades y que te
necesito. Esto constata el valor que tienes para mí como persona.

7
5. COMPROMISO DE SENSIBILIDAD
Aún con el deseo y la necesidad que tengo de que me conozcas y
me comprendas, te prometo sensibilidad hacia ti y a tus necesidades.
Tratando de ponerte a ti como el más importante, como nos lo enseñó
Nuestro Señor Jesucristo. Haré siempre un esfuerzo por oírte, verte y sentir
tu presencia. Y si te encuentras en un pozo de desaliento, respetándote
siempre, me comprometo a sacarte de esa situación.
6. COMPROMISO DE HONESTIDAD
Trataré de hacerte ver con amor y respeto mis sentimientos y
sincera reacción a lo que me comunicas. Si esto llegase a producir
dolor a cualquiera de los dos, confío en que nuestras relaciones sean lo
suficientemente firmes, auténticas y maduras que permitan tomar este
riesgo, considerando que al hablar la verdad con amor, nos ayuda a
crecer en Cristo quien es la cabeza. Trataré de ser sincero y honesto
contigo, por eso me esforzaré en ser prudente y nunca buscar dañarte.
7. COMPROMISO DE CONFIDENCIA
Prometo completa discreción en todo lo que se diga en nuestras
pláticas para que de esa manera podamos crear una atmósfera de
confianza que invite y de nacimiento a la franqueza y a la libertad en
el espíritu. Por eso recordaré siempre que lo que aquí se dice, aquí se
queda.
8. COMPROMISO DE RESPONSABILIDAD
Comprendo que aquellos dones que Dios me ha dado para el bien
común deben ser donados para tu beneficio. Si llegase a descubrir que
en mi vida hay ciertas áreas de opresión o de heridas, que den lugar
a recelos y agresión, debido a mis propias acciones desordenadas o a
causa de otros, prometo buscar la fuerza liberadora de Cristo por medio
del Espíritu Santo, los Sacramentos, la dirección espiritual y por mis
hermanos de comunidad para así poder compartirte una vida más sana.
Mi responsabilidad contigo es la de ser lo que Dios quiere que yo sea
para ti: un servidor maduro y responsable.
9. COMPROMISO DE RESPETO A TU DIGNIDAD COMO
HIJO E HIJA DE DIOS
Dios nuestro Padre, en mi encuentro personal con él, me hizo
comprender que es el Padre amoroso y misericordioso de todos los seres
humanos y que a todos nos quiere por igual. Por el amor infinito que
le tengo, me comprometo en no hablar nunca mal de un hermano o
hermana, ya que comprendo que aparecerán tentaciones que pretenden
destruir la comunión y armonía. Por eso buscaré dialogar con amor y
total respeto con todos.
8
Primera Parte
   

ANNIBALE CARRACCI,
Bautismo de Jesús, 1560-1609,
S. Gregorio, Bologna.

La vida de Jesucristo resucitado,


en la vida del Verdadero Discípulo
Misionero a través de los
Sacramentos de Iniciación

9
EL KERIGMA PARROQUIAL O
REINICIACIÓN CRISTIANA
Por la fe sabemos que quienes seremos discípulos misioneros de
Jesucristo, ya lo buscamos (cfr. Jn 1,38), aunque no seamos plenamente
conscientes; pero es el Señor mismo quien nos llama “Sígueme” (Mc 1,14).
Si somos sinceros con lo que percibimos, debemos descubrir el sentido
más hondo de esta búsqueda, para propiciar el encuentro con Cristo que
da origen a la Iniciación cristiana, que consiste en el camino primero
para hacernos cristianos, aceptando desde lo más profundo a Dios Padre
como Único Dios Vivo y Verdadero, a Jesucristo como único Señor y
Salvador y al Espíritu Santo como única luz santificadora. Ya que hoy
“son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical,
ni reciben con regularidad los Sacramentos, ni se insertan activamente
en la comunidad eclesial… [Existimos] un alto porcentaje de católicos
sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una
identidad cristiana débil y vulnerable” (DA 286).
“La iniciación cristiana, que incluye el kerigma, es la manera
práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado”
(DA 288)
. Este camino se va confirmando con la celebración y vivencia
de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, que en su
conjunto son llamados Sacramentos de la Iniciación Cristiana.
En nuestros días somos muchos los cristianos que hemos recibido
estos sacramentos, pero esto no quiere decir que hayamos optado
decididamente por Cristo, su enseñanza y su vida comunitaria en el seno
de la Iglesia. Somos muchos los sacramentalizados (quienes recibimos
sacramentos), pero muy pocos evangelizados (quienes se arriesgan a
ser discípulos misioneros, valientes transformadores del mundo por la
justicia, la paz y el amor, a imagen de Jesucristo).
Por tal motivo, en esta primera parte titulada: La vida de Jesucristo
resucitado, en la vida del Verdadero Discípulo Misionero a través de
los Sacramentos de Iniciación; después de la vivencia del Encuentro
Misionero Parroquial, que nos ofreció la oportunidad de experimentar
la conversión personal a través de la predicación del kerigma, ahora
nos abrimos a una nueva experiencia kerigmática de mayor amplitud
y trascendencia, el kerigma parroquial, es decir, una conversión en
comunidad, que nos ayude a iniciar un proceso de conversión pastoral
que nos haga regresar como familia nueva y reconciliada a la casa del
Padre.
Este kerigma parroquial, nos guiará por el camino de los sacramentos
10
de iniciación; esto no quiere decir que nos volveremos a bautizar, ni
confirmar, sino más bien, que tendremos la oportunidad de renovarnos
en ellos, ya que hemos convertido los sacramentos en un acto solitario
en la historia y abandonados en ese pasado; pero en realidad, no lo son,
puesto que como transmisores eficaces de la gracia divina que salva, son
vivos y actuales en todo momento.
Esta realidad nos hará vivir diariamente nuestro Bautismo, es decir,
experimentarnos con renovada novedad día a día el ser hijos de Dios y
liberados por Jesucristo de la soledad y el sin sentido, de esta manera
nos abre a la fe.
De igual forma viviremos nuestra Confirmación, es decir, nuestra
decisión libre, auténtica y arriesgada de ser testigos de Cristo en todo
lugar y circunstancia, sin duda que así estaremos abiertos a la esperanza.
También viviremos como hombres y mujeres eucarísticos, capaces
de donarnos para la vida del mundo y permanecer con las manos abiertas
a la gratitud por los regalos cotidianos que sólo vienen de Dios, como
la donación de su Hijo hecho alimento, abriéndonos decididamente al
amor que nos conduce al perdón que transforma nuestras estructuras de
explotación, violencia y desigualdad.
Haciendo el camino de la Iniciación cristiana, se llega a ser
Verdadero Discípulo Misionero de Jesucristo, es decir, hombres y mujeres
adultos en la fe; esto implica: “que tenga como centro la persona de
Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de
toda madurez humana y cristiana; que tenga espíritu de oración, sea
amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la
Eucaristía; que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social,
sea solidario en el amor y fervoroso misionero” (DA 292).
Sólo en la comunión de la Iglesia que Jesucristo ha rescatado
y alimenta, podremos tener vida, una “vida que sólo se desarrolla
plenamente en la comunión fraterna y justa” (DA 359).
Por eso una vida nueva sin la comunión en la Parroquia, es ficticia
y silenciosamente perjudicial para la vida de la fe, ya que “la vida se
acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De
hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad
de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. El
Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia
vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se
vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo:
‘Quien aprecie su vida terrena, la perderá’ (Jn 12,25). Aquí descubrimos otra
ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que
se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (DA 360).
11
Porque es desde las Parroquias en este inicio del tercer milenio que
“hay que anunciar lo que Jesucristo ‘hizo y enseñó’ (Hch 1,1) mientras estuvo
con nosotros” (DA 172). La “comunidad parroquial se reúne para partir el
pan de la Palabra y de la Eucaristía y perseverar en la catequesis, en la
vida sacramental y la práctica de la caridad” (DA 175).
“La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación
cristiana y tendrá como tarea irrenunciable: iniciar en la vida cristiana
a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados: educar en
la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su
iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado
el kerigma, quieren abrazar la fe” (DA 293).
Esta primera parte del catecismo nos conduce hasta el lugar preciso
para crecer en la fe en el Dios Uno y Trino: la Parroquia, lugar donde
cada uno crece personalmente pero siempre con la responsabilidad de
la vida comunitaria.
Agradecemos a Dios y al trabajo de la hermana Diócesis de Querétaro,
quienes nos ofrecieron los cimientos del trabajo para esta primera parte
de nuestro Catecismo de Iniciación cristiana.
LOS DESTINATARIOS DEL KERIGMA PARROQUIAL SOMOS
TODOS
Las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de san Marcos, dan a
la evangelización que el Señor confía a sus Apóstoles, una universalidad
sin fronteras: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a
toda criatura” (Mc 16,15).
Al decir “todo el mundo”, se descubren diferentes desafíos, urgencias
y particularidades; realidades todas ellas que hay que conocer a fondo,
como una condición, para que se logre el encuentro permanente con el
Señor Jesús en comunidad, facilitando un nuevo estilo de vida a través
del proceso evangelizador.
Nuestra Diócesis abierta al espíritu de la Misión permanente
impulsada por la celebración de la V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano, reunidos en la ciudad de Aparecida en
Brasil, y por las dificultades de vivir una fe madura, desea iniciar este
proceso de conversión con la proclamación del Kerigma a todos los
bautizados, los cercanos, los lejanos y los indiferentes a la fe, para que
todos recomencemos desde Cristo (cfr. DA 41).

12
INDICACIONES PRÁCTICAS PARA EL MANEJO DE ESTA
PRIMERA PARTE
Para la preparación de la Reiniciación cristiana o Kerigma
parroquial:
1. Se deberá formar un equipo de 6 catequistas, coordinado por
un sacerdote de la Parroquia que acompañe cada ciclo de Reiniciación
cristiana que dará inicio en cada Parroquia: Este grupo se puede integrar
por las personas que ya han vivido el Encuentro Misionero Parroquial,
así como por personas apostólicas de la comunidad y de los diversos
Movimientos existentes en la Parroquia y que desean recomenzar
la educación de su fe en una catequesis permanente de adultos en
profunda comunión con la Parroquia. Dentro del grupo de Reiniciación
cristiana se deberán formar pequeños grupos de 12 a 18 personas, con la
intención de que vaya integrando lo que al final de esta etapa serán las
Pequeñas Comunidades de Catequesis de Adultos quienes se reunirán
en los barrios de la Parroquia. Se sugiere que cada ciclo de Reiniciación
cristiana comience cada 4 meses.
2. El equipo, además de ver bien los encuentros kerigmáticos y de
preparar todo lo necesario para cada uno de ellos (lugar, cantos, signos,
etc.), debe ser consciente de que sin preparación espiritual (oración,
confesión, eucaristía y Lectio Divina), no puede ser buen instrumento
del Espíritu Santo, y menos se podrá ser testigo alegre y entusiasta de
Jesucristo vivo, que nos llama al cambio de vida y a asumir su proyecto
de vida nueva.
3. En relación con los participantes, hay que tener en cuenta que
la Reiniciación cristiana consta de 15 Encuentros Kerigmáticos y 3
Celebraciones, y que cada encuentro kerigmático o celebración exige
un tiempo de dos a tres horas. Es importante garantizar la puntualidad y
asistencia de los participantes, ya que los encuentros kerigmáticos son
como una cadena que no puede interrumpirse. Por eso, si alguien falta
a más de tres, puede decirse que ya no se garantiza la finalidad de la
Reiniciación cristiana. Para esto sugerimos estar al pendiente de animar
a algún integrante de su grupo que llegue a faltar, haciéndole una visita.
Para la realización de la Reiniciación cristiana o Kerigma
parroquial:
1. En cada encuentro kerigmático se necesitan dos horas
aproximadamente.
2. Las celebraciones están presentadas como “culmen y fuente”
de cada uno de los bloques de encuentros kerigmáticos relacionados

13
con la iniciación cristiana, es decir: el Bautismo, la Confirmación y la
Eucaristía. Por esta razón consideramos que se podría faltar hasta dos
o tres temas, pero eso sí, a ninguna celebración, para poder entrar en
el proceso de conversión, comunión y solidaridad parroquial que se
pretende.
3. El primer bloque de encuentros kerigmáticos está centrado en
promover y suscitar la conversión personal y comunitaria, el segundo,
en la comunión y el tercero en la solidaridad. La idea es concluir el
Kerigma parroquial formando las Pequeñas Comunidades de Catequesis
de Adultos. En este sentido, los encuentros kerigmáticos doce, trece y
dieciséis son indispensables, ya que en ellos, además de presentar lo
que es y lo que hace la Iglesia, se presenta la propuesta concreta para
organizar y estructurar también los Centros de Evangelización en la
Parroquia.
4. Es importante repetir una vez más que el kerigma es una
proclamación ungida, testimonial y gozosa. No es enseñar ni instruir.
No es una investigación teológica o exegética, el Kerigma es la persona
misma de Jesús, el Evangelio de Dios con el que hay que encontrarse
y abrazarse. El Papa Juan Pablo II dice que es necesario llegar a un
“Encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y de corazón palpitante con
el Señor resucitado” (DSD, Mensaje).
5. Los pasos dos y tres de cada encuentro kerigmático (2. Escuchamos
y comprendemos la Palabra de Dios, 3. Descubrimos lo que nos dice
Dios a nuestra vida), tienen por lo menos dos finalidades que hay que
tener bien claras:
a). Son una herramienta para que el evangelizador prepare bien,
y en el momento 3, ya no lea, y pueda así, tener claras ideas y los
testimonios en la predicación.
b). Son un instrumento para que cada participante al Kerigma
parroquial, se lleve como tarea la lectura del tema y pueda hacer su
síntesis personal en clave de compromiso personal y comunitario.
Para después de la Reiniciación cristiana o Kerigma parroquial:
1. La Reiniciación cristiana cumple con su objetivo cuando después
de él, quedan establecidas las Pequeñas Comunidades de Catequesis de
Adultos (PCCA). Por eso el encuentro kerigmático 12 es indispensable y
merece un cuidado especial de los sacerdotes y del equipo de catequistas,
para ver su feliz aterrizaje dentro de los Centros de Evangelización de la
Parroquia.
2. Una vez establecidas las Pequeñas Comunidades de Catequesis
de Adultos se iniciará una experiencia de unificación e identificación
14
comunitaria en torno a la familia o Iglesia doméstica. Es aquí donde
inicia la conformación de las Comunidades, al compartir nuestro camino
de vida con nuestra familia de origen y nuestra familia de opción. Una
experiencia que nos ayudará a descubrir el rostro de Dios en nuestra
familia y encontrar en nuestra comunidad una prolongación de la misma
Iglesia Doméstica - Iglesia comunitaria - Iglesia Parroquial, pues todos
formamos una familia al ser hijos de un mismo Padre.
3. Una vez concluida esta experiencia aprenderán a leer y a orar con
la Biblia a través de la Lectio Divina y recibirán su catequesis permanente a
través de la Lectio pastoralis. Estas Pequeñas Comunidades irán renovando
la organización parroquial de tal modo que se garantice el seguimiento,
la comunión y la participación de todos. De ahí la importancia de la
sectorización de la Parroquia en los Centros de Evangelización, donde
se debe realizar la programación de las actividades de acuerdo a las
necesidades surgidas del proceso parroquial y de cada Centro de
Evangelización.
3. De esta manera, puede nacer o fortalecer el proceso de
evangelización en la Parroquia, evitando el error de hacer catequesis sin
la base de la apertura del corazón, es decir, el kerigma; pero también
evitar proclamar el kerigma sin una continuidad en la catequesis
permanente.

15
CATEQUESIS 1

¿QUÉ SON LOS SACRAMENTOS?


OBJETIVO:
Conocer la vida interior de los Sacramentos, para valorarlos y
celebrarlos como lugares privilegiados del encuentro vivificante de Dios.
ORACIÓN: (Adora y confía en Dios)
No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío
quiere tú lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un fracasado
si Dios te considera plenamente realizado…
plenamente a su gusto…
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí, tal como eres,
y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.
Piensa que estás en sus manos
tanto más fuertemente cogido
cuanto más decaído y triste te sientas
vive feliz, te lo suplico, vive en paz.
Que nada te altere que nada sea capaz de quitar tu paz
ni la fatiga psíquica, ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda, cuanto te oprime y te inquiete, es falso
te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso cuando te sientas apesadumbrado, triste
adora y confía en Dios.
(Teilhard de Chadin)
16
INTRODUCCIÓN:
Los Sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia invisible
de Dios a través de los cuales se nos comunica la vida divina. Fueron
instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia.
Ahora que iniciamos esta fascinante experiencia de una catequesis
de adultos a través de la Reiniciación Cristiana, tendremos la gran
oportunidad de renovar los tres sacramentos centrales de la vida nueva
en Cristo: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, junto con el sacramento
de la Reconciliación.
Como adultos no es suficiente saber el nombre de los sacramentos,
sino que deseamos conocer su significado, su vida interior, así los
podemos celebrar con mayores beneficios y nuestra relación con Dios
será más rica y confortante.
Esta primera catequesis es una introducción al mundo profundo
de los Sacramentos en general, descubriremos por una parte que nos
encontramos en un mundo sacramental, un mundo que nos habla
de otro mundo más grande. Dios nos habla a cada paso que damos.
Pero también nos encontraremos con la importancia y supremacía de
los 7 Sacramentos que la Iglesia nos ofrece, puesto que son lugares
privilegiados donde Dios nos comunica su vida divina de manera eficaz
y transparente en los momentos centrales de nuestras vidas.

VER:
Cada uno debe traer para la próxima semana un objeto de su casa,
debe ser algo que tenga tiempo en casa, que sea importante para ti, no
importa lo que sea (una olla, un mantel, un cuadro, una cuchara…)
Leamos juntos la parábola del vaso.
El vaso que habla
Existe un vaso de aluminio. De aquel antiguo, bueno y brillante. El
mango está roto pero le confiere un aire de antigüedad. En él bebieron
los 11 hijos, de pequeños a grandes. Acompañó a la familia en sus
muchas mudanzas. Del campo al pueblo; del pueblo a la ciudad; de la
ciudad a la metrópolis. Hubo nacimientos. Hubo muertes. El participó
en todo; vino siempre al lado. Es la continuidad del misterio de la vida
en la diferencia de situaciones vitales y mortales. El y ella permanecen.
Está siempre brillante y antiguo. Creo que cuando entró en casa ya debía
ser viejo, con esa vejez que es juventud, porque genera y da vida. Es la
pieza central de la cocina.
Cada vez que se bebe por él no se bebe agua sino la frescura, la

17
dulzura, la familiaridad, la historia familiar, el recuerdo del niño ansioso
que se sacia tras la sed. Puede tratarse de cualquier agua. En este vaso
siempre será fresca y buena. En casa todos los que quieren matar la sed
beben por él y como en un rito exclaman: ¡Qué bien se bebe por este
vaso! ¡Qué buena es el agua de aquí! Y en realidad se trata del agua
que, según los periódicos, es tan mal tratada. Llega del río inmundo de
la ciudad, llena de cloro. Pero, gracias al vaso, el agua se convierte en
buena, saludable, fresca y dulce.
Un hijo regresa. Recorrió el mundo. Estudió. Llega, besa a la madre,
abraza a los hermanos. Se matan añoranzas sufridas. Las palabras son
pocas. Las miradas, largas y minuciosas: hay que beber al otro antes
de amarlo; los ojos que beben, hablan el lenguaje del corazón. Sólo
tras haber mirado, la boca habla de las superficialidades: ¡Qué gordo
estás! ¡Sigues igual de guapo! ¡Qué mayor te has hecho! La mirada no
dice nada de eso; habla lo inexplicable del amor. Sólo la luz entiende.
“Madre, tengo sed, quiero beber del vaso viejo”.
Y el hijo ha bebido de tantas aguas... Las aguas de Alemania, de
Inglaterra, de Francia, la buena agua de Grecia. Aguas de las fuentes
cristalinas de los Alpes, del Tirol, de las fuentes romanas, el agua de
S. Francisco. Tantas aguas... Pero ninguna es como ésta. Se bebe un
vaso. Y no para matar la sed corporal. Esa, la matan todas las demás
aguas. Para matar la sed de las raíces familiares, la sed de las tradiciones
paternos, la sed fraterna, antigua, de las raíces de donde llega la savia
de la vida humana. Esa sed sólo la puede matar el tanque. Se bebe un
primer vaso. Apresuradamente. Termina con un largo suspiro como de
quien se hundió y sale a superficie. Después bebe otro. Lentamente. Es
para degustar el misterio que contiene y significa ese vaso (Leonardo BOFF, Los
sacramentos de la vida, Ed. Sal Terrae, Santander, 2008, pp. 27-29).

EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1. ¿Por qué el agua del vaso es buena y dulce, saludable y
fresca?

✓✓ 2. Observa ahora el objeto que haz traído y escribe los recuerdos,


las personas, los sentimientos, las palabras, las tristezas y las
alegrías, ¿qué te recuerdan?

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✓✓ 3. ¿Qué relación crees que existe entre el vaso de la parábola,
el objeto que trajiste y los sacramentos?

ILUMINAR:
Lo material es lugar de encuentro entre el hombre y Dios
Para acércanos a la vida interior de los Sacramentos es necesario
tratar el mundo material que nos rodea con mucho respeto, porque
nuestro espíritu está en convivencia permanente con él. Este espíritu
es como un río subterráneo que alimenta los manantiales, y éstos a los
ríos que están en la superficie. No lo vemos, pero es lo más importante,
recordemos que “lo escencial es invisible a los ojos”, porque hace que
cualquier cosa material tome un valor como el vaso o el objeto que
trajiste de tu casa, pero no solo las cosas toman valor, sino que también a
nosotros nos humaniza para relacionarnos con las cosas de una manera
sana y responsable. Solo el espíritu puede detectar el sentido secreto
de todo lo que nos rodea, siempre y cuando escuchemos con respeto y
atención el mundo material que nos rodea.
El hombre es el único ser capaz de leer el mensaje del mundo y
logra interpretar su significado. En realidad vivir es leer e interpretar.
En lo pasajero puede leer lo permanente; en lo temporal, lo eterno; en
lo pequeño, lo inmenso, en el mundo, a Dios. De esta manera en lo
pasajero se deja entre ver la señal de la presencia de lo permanente; lo
temporal, es símbolo de la realidad de lo eterno; en el mundo el gran
sacramento de Dios. Todo lo material no es sino una señal. ¿Señal de
qué? De otra realidad, la realidad creadora de todas las cosas, de Dios.
Todas las cosas materiales en la medida en que nos familiarizamos con
ellas, se convierten en señales y símbolos del encuentro, del esfuerzo, de
la conquista, de la interioridad humana. Podríamos decir que los objetos
domesticados comienzan a hablar y a contar la historia de la convivencia
con el hombre. Seguramente en tu casa puedes encontrar un cuadro,
una imagen, una olla, un anillo, algo con lo que haz convivido por años
que te habla de una historia, al verlo, te hace recordar la vida a tal grado
que enriquece y actualiza la que estamos viviendo hoy. Podríamos decir
que se transfigura en sacramento.
Las cosas son portadoras de salvación y de un Misterio. Son portadoras
de Dios y lugar del encuentro de salvación. La materia es sacramental,
porque nos habla a través de ella de otra realidad aún más grande.
Ahora bien, si toda materia es sacramento de la acción de Dios, el

19
lugar por excelencia del encuentro y la acción salvífica de Dios a favor
nuestro es Jesucristo, Sacramento Primerísimo de Dios. Con su ascensión
y desaparición a los ojos humanos, la densidad sacramental de Cristo
pasó a la Iglesia, que es el Sacramento de Cristo dándolo al mundo
a lo largo del tiempo. El sacramento universal de salvación que es la
Iglesia, se hace vivo y al alcance de nosotros en los diversos momentos
importantes de la vida, por eso los siete sacramentos, como veremos
más delante.
¿Qué es un sacramento?
El sacramento es, por esencia, recuerdo de un pasado y de un futuro,
vividos en un presente. Así lo material que tiene el sacramento dejó
de ser una simple cosa, convirtiéndose en una realidad viva, como el
vaso de la parábola. Habla. Podemos oír su voz y su mensaje. Poseen
un interior y un corazón. En otras palabras: son señales que contienen,
exhiben, rememoran, visualizan y comunican otra realidad diversa de
ellas, pero presente en ellas.
Sacramento significa, justamente, esa realidad del mundo que, sin
dejar el mundo, habla de otro mundo, el mundo humano de las vivencias
profundas, de los valores incuestionables y del sentido planificador de
la vida.
San Ireneo decía: “Ante Dios nada es vacío. Todo es una señal de Él”
(Adv. Haer. 4,21)
. De esta manera el hombre no es sólo hombre; es el mayor
sacramento de Dios, de su inteligencia, de su amor y de su misterio. Jesús
de Nazaret es más que el hombre de Galilea. Es el Cristo, el sacramento
vivo de Dios, encarnado en Él. La Iglesia es algo más que la sociedad
de los bautizados; es el sacramento de Cristo resucitado, haciéndose
presente en la historia. Así el sacramento no saca al hombre de su
mundo. Le exige a que mire con más profundidad dentro del corazón
del mundo.
Jesucristo el sacramento del encuentro con Dios
Dios marcó su encuentro con el hombre en todas las cosas que Él
había creado. En ellas el hombre puede encontrar a Dios. Sin embargo,
Jesucristo es el lugar de encuentro por excelencia: en Él Dios está de
forma humana y el hombre de forma divina. A través del hombre-Jesús
se llega a Dios y a través del Dios-Cristo se llega al hombre. Él es camino
y meta final del camino.
Ahora bien, si en la Iglesia todo es sacramento, ¿por qué entonces
los siete sacramentos? Porque si observamos con detenimiento, los siete
sacramentos traducen, al nivel ritual, los momentos fundamentales de la
vida humana. Son una especie de nudos vitales donde se entrecruzan
20
las dos líneas decisivas del sentido de la vida humana: lo lejano (lo
que significa, lo que está en lo profundo) y lo cercano (lo que se ve,
se escucha y se siente). En estos nudos vitales el hombre siente que
la vida no se sustenta en sí misma. Él la posee pero como recibida.
Experimenta lo siguiente: Yo nunca vivo, sino que siempre con-vivo. En
estos siete momentos claves de la vida, se experimenta la participación
de una fuerza que nos rebasa pero que se manifiesta en nuestra vida, es
decir, de Dios. Los ritos exteriores de los sacramentos dan cuerpo a esta
experiencia profunda y quizás hasta inconsciente. Donde se experimente
profundamente la vida, allí se experimenta a Dios.
Los siete sacramentos desdoblan y subliman los momentos –
clave de la vida
El nacimiento es claramente un momento fuerte de la vida. Ha
llegado el niño. Es pura gratuidad. Depende de la buena voluntad de los
demás el que sea aceptado en la familia y sobreviva. El Bautismo eleva
esa dependencia en cuanto dependencia de Dios y la enaltece como
participación en la vida de Cristo.
Otro momento clave de la vida es aquel en que el niño, ya crecido y
libre, se decide. Ya maduró; entra en la sociedad de los adultos. Ocupa
su lugar en el mundo profesional. Se trata de un giro importante de su
vida en el que se juega, en parte, su destino. El hombre siente de nuevo
que depende de una fuerza superior; experimenta a Dios. El sacramento
de la Confirmación es el sacramento de la madurez cristiana. Entonces
se dice, Dios es verdaderamente importante en mi vida.
Sin alimento la vida no se mantiene. Cada comida permite al hombre
hacer la experiencia gratificante de que su ser está ligado a otros seres.
Por eso la comida humana va rodeada de ritos. La Eucaristía eleva el
sentido profundo del comer como participación de la misma vida divina.
Otro momento central lo constituye el matrimonio. El amor vive de
la gratuidad mutua. Los lazos que lo unen son frágiles porque dependen
de la libertad. Se hace una experiencia que escapa al hombre, la de la
garantía de la fidelidad. Depende e invoca la fuerza superior que es
Dios. El sacramento hace evidente la presencia de Dios en el amor.
La enfermedad puede amenazar la vida humana. El hombre es
conciente de su limitación. De nuevo experimenta su dependencia. El
sacramento de la Unción de los Enfermos expresa el Poder salvífico de
Dios.
Existe una experiencia profunda que realiza todo hombre: la
experiencia de la ruptura culpable con los otros y con Dios. Se siente
dividido y perdido. Anhela la redención y la reconciliación con todas las

21
cosas. El sacramento del retorno (Reconciliación) articula la experiencia
del perdón y el encuentro entre el hijo pródigo y el Padre bondadoso.
Vivir un mundo reconciliado y no fracturado, poder realizar la
reconciliación universal y la paz: he ahí el secreto deseoso que inspira
la búsqueda de la felicidad. El sacramento del Orden sacerdotal unge
personas para que vivan la reconciliación y las consagra al servicio
comunitario para la construcción de la reconciliación.
¿Qué significa el número siete de los Sacramentos?
El concilio de Trento (1545 – 1563) definió: Los sacramentos son
siete, ni más ni menos. Hemos de comprender bien esta definición.
Lo esencial no es el número siete, sino los ritos contenidos en esta
enumeración. Hay que entender el número siete simbólicamente. No
como una suma del -1 -1, etc…, hasta siete, sino como el resultado de
3 + 4. La sicología profunda, el estructuralismo, pero ya antes la Biblia
y la Tradición, nos enseñan que los números 3 y 4 sumados forman
el símbolo específico de la totalidad donde conviven en armonía una
diversidad de realidades.
El 4 es símbolo del cosmos (los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y
aire), del movimiento y de la realidad concreta, presente (la inmanencia).
El 3 es el símbolo de lo Absoluto (Trinidad), del espíritu, del descanso
(la transcendencia). La suma de ambos, el número 7, significa la unión
de lo concreto, presente (lo inmanente) con lo totalmente otro, lo que
está más allá (lo transcendente), la síntesis entre movimiento y descanso,
y el encuentro entre Dios y el hombre, es decir, el Verbo encarnado de
Dios, Jesucristo. Con el número 7 queremos expresar el hecho de que la
totalidad de la existencia humana en su dimensión material y espiritual
está consagrada por la gracia de Dios.
Cada vez que penetramos a la profundidad de nuestra existencia,
ya sea asistiendo al nacimiento de nuestra vida, ya sea viéndola crecer,
conservarse, multiplicarse, consagrarse, recuperarse de las rupturas
demoledoras, no tocamos únicamente el misterio de la vida, sino que
penetramos en aquella realidad de Sentido absoluto que llamamos Dios
y en la de su manifestación en el mundo que llamamos gracia. En el
coincidir de la vida con la Vida se realiza el sacramento. La Vida vivifica
a la vida. Gracias al sacramento.
En resumen, el Sacramento es Jesucristo que nos comunica la vida
de Dios a través de un rito, verdadero encuentro que exige respeto y
apertura para llenarnos de ella.

ACTUAR:
22
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1. Después de lo reflexionado, escribe con tus palabras ¿qué es
un sacramento?

✓✓ 2.Saber que estás rodeado/a de un mundo sacramental ¿qué


significa ahora para ti la naturaleza y las cosas materiales que te
rodean? ¿A qué te invitan?

✓✓ 3. ¿Por qué son importantes para tu vida los 7 Sacramentos de


la Iglesia?

ORACIÓN: (Dios creador de todas las cosas)


¡Oh Señor!, tu has creado todas las cosas. Tu les has dado tu ser y las
has puesto en equilibrio y armonía. Están llenas de tu misterio, que toca
el corazón si es piadoso.
También a nosotros, ¡oh Señor!, nos has llamado a la existencia y nos
has puesto entre ti y las cosas. Según tu modelo nos has creado y nos has
dado parte de tu soberanía. Tú has puesto en nuestras manos tu mundo,
para que nos sirva y completemos en él tu obra. Pero hemos de estarte
sometidos, y nuestro dominio se convierte en rebelión y robo si no nos
inclinamos ante ti, el único que llevas la corona eterna y eres Señor por
derecho propio.
Maravillosa, ¡oh Dios!, es tu generosidad. Tu nos has temido por tu
soberanía al crear seres con poder sobre ellos mismos y al confiar tu
voluntad a su libertad. ¡Grande y verdadero rey eres tú!
Tú has puesto en mis manos el honor de la voluntad. Cada palabra
de tu revelación dice que me respetas y te confías a mí, me das dignidad
y responsabilidad. Concédeme la santa mayoría de edad, que es capaz
de aceptar la ley que tu guardas y de asumir la responsabilidad que tu
me transfieres. Ten despierto mi corazón para que esté ante ti en todo
momento, y haz que mi actuación se convierta en ese dominio y esa
obediencia a que tú me has llamado. Amén.
(Romano Guardini)

23
PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees conviente
agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterior, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué son los sacramentos? y ¿Cuántos son
los sacramentos de la Iglesia?
✓✓ Expliquemos uno a uno a nuestros hijos los siete sacramentos
✓✓ Qué cosas tenemos en nuestra familia que podríamos llamar
sacramentos

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


Con 5 personas de nuestra comunidad:
✓✓ ¿Qué son los sacramentos?
✓✓ ¿Cuántos y cuáles son los sacramentos?
✓✓ ¿Qué sacramentos han recibido?
✓✓ Expliquemos con nuestras palabrás a ellos ¿Qué son los
sacramentos?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

24
Encuentro Kerigmático 1

¿Quién soy yo?

Eres un ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios,


amado y elegido por Él eternamente.

MICHELANGELO BUONARROTI, +
Adán, Particular de la Creación,
Capilla Sixtina, Roma.

“Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de


Dios los creó; varón y mujer los creó” (Gn 1, 27).

25
OBJETIVO:
Descubrir el valor que tengo como persona humana, por ser imagen
y semejanza de Dios, creado único e irrepetible, por amor, con amor y
para el amor, para amarme a mí mismo y así estar capacitado para amar
a Dios y a mis prójimos.
COMPROMISO DE RESPETO A TU DIGNIDAD COMO HIJO
E HIJA DE DIOS
Dios nuestro Padre, en mi encuentro personal con él, me hizo
comprender que es el Padre amoroso y misericordioso de todos los seres
humanos y que a todos nos quiere por igual. Por el amor infinito que
le tengo, me comprometo en no hablar nunca mal de un hermano o
hermana, ya que comprendo que aparecerán tentaciones que pretenden
destruir la comunión y armonía. Por eso buscaré dialogar con amor y
total respeto con todos.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: DIOS ESTA AQUÍ
ORAMOS: Salmo 139 (138).

“¿QUIÉN SOY YO?”


Una mujer estaba agonizando. De Me llamo:
pronto tuvo la sensación de que
era llevada al cielo y presentada
¿Por qué no atinó la mujer la
ante el Tribunal. “¿Quién eres?”,
pregunta: ¿Quién eres tú?
dijo una Voz.
-Soy la mujer del presidente
municipal, respondió ella.
“Te he preguntado quién eres, no
con quién estás casada”.
-Soy la madre de cuatro hijos. ¿Qué piensas de ti mismo?
“Te he preguntado quién eres, no
cuántos hijos tienes”.
-Soy una maestra de escuela.
“Te he preguntado quién eres, no
cuál es tu profesión”.

26
Y así sucesivamente. Respondiera ¿Qué sientes al mirarte a ti
lo que respondiera, no parecía mismo?
poder dar una respuesta
satisfactoria a la pregunta “¿quién
eres?”
-Soy cristiana.
“Te he preguntado quién eres, no
cuál es tu religión”.
Escribe cinco cosas que expresen
-Soy una persona que iba todos quién eres:
los días a la iglesia y ayudaba a los 1. __________________________
pobres y necesitados. 2. __________________________
“Te he preguntado quién eres, no 3. __________________________
lo que hacías”.
4. __________________________
Evidentemente no consiguió pasar 5. __________________________
el examen, porque fue enviada
de nuevo a la tierra. Cuando se
recuperó de su enfermedad, tomó
la determinación de averiguar
quién era. Y todo fue diferente.

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. Gn 1, 26-2,4a.
2. Comprendemos la Palabra de Dios
El mundo, los seres humanos y todo cuanto existe somos obra de
Dios. Lo grandioso es que Dios te pensó dentro de su obra, tú eres
importante en esta obra. Dios hizo el día, la noche, el cielo, la tierra,
el mar; las hierbas, los árboles, el sol, la luna, la estrellas; los animales
acuáticos, las aves; los animales terrestres…, llamó todo a la existencia
con la sola fuerza de su Palabra; pero como coronación de todo, llamó a
la existencia al ser humano; te llamó a ti y a mí, y no solitarios, sino en
familia, en comunidad.
La obra culmen de la creación somos los seres humanos creados
como pareja, creados a imagen y semejanza suya. Tú y yo somos
imagen de Dios porque fuimos creados comunitarios, como Dios, que
es comunidad, familia: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Somos imagen suya porque somos capaces de amar, y Dios es Amor
y la fuente de todo amor y de toda capacidad de amar.
27
Somos imagen de Dios porque somos inteligentes, participamos de su
sabiduría infinita. Somos imagen de Dios porque somos libres, tenemos
la capacidad de decidir sobres muchas cosas. Sin embargo, no somos
del todo iguales a Dios, sólo somos semejanza suya, porque nosotros
somos criaturas y limitados, mientras que Dios es Creador y Ser perfecto.
En ese sentido nuestra libertad, inteligencia, capacidad de amar, no es
total, es a la medida de nuestro ser de criaturas humanas. Somos buenos
y perfectos a nuestro nivel de seres humanos: “Vio entonces Dios todo lo
que había hecho, y todo era muy bueno” (v.31).
Siempre ha habido dificultades para aceptar la igualdad entre el
hombre y la mujer. Hace algunos siglos, se decía que el varón era más
perfecto que la mujer. Pero la misma Palabra de Dios es muy clara: tanto
el varón como la mujer somos imagen y semejanza de Dios; nuestras
diferencias no nos hacen superiores ni inferiores, sino complementarios.
La diferencia entre los sexos fue establecida por Dios, y esa diferencia
es algo bueno, pues Dios pretendió con ello que no realizáramos como
seres sexuados, capaces de amar, vivir y dar la vida.
Más aún, haciéndonos así, Dios nos hizo partícipes de su obra
creadora y de su soberanía, y expresamente lo manifiesta al bendecirnos
para la fecundidad: “crezcan y multiplíquense” y al otorgarnos poder
sobre el resto de las creaturas: “llenen la tierra y sométanla”.
Los seres humanos, inteligentes, creados, sexuados, somos el
único signo, la única imagen viva de Dios en el cosmos. Nosotros
manifestamos todo lo que es Dios, excepto en cuanto seres limitados.
Dios hizo comprender al pueblo de Israel que la imagen más perfecta de
Él es el mismo ser humano, somos tú y yo, hechos a imagen y semejanza
suya. Por eso, en el pueblo de Dios, todo ser humano merece el más alto
respeto y valoración como reflejos vivos de su ser divino.

III. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Eres reflejo de Dios
Hay una razón por la cual te debes considerar valioso y amarte
a ti mismo. En su Palabra, Dios te lo acaba de decir: eres imagen y
semejanza suya. Todo ser humano, por el hecho de serlo tenemos una
riqueza divina. Por lo tanto nadie debe sentirse ni menos ni más que los
demás, ni por razón de raza, sexo, clase social o algún otro aspecto. Si
eres ser humano, eres valioso, porque posees una riqueza que Él te dio
como participación de la suya, riqueza que incluye los dones comunes
a todos los seres humanos, pero además, una riqueza propia, tuya, que
nadie más la tiene, porque eres único e irrepetible; no hay otro igual que

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tú, por mucho que te le parezcas; esto supone entonces que cada uno
somos valiosos como cualquier otro. El primero en valorarte es Dios. Él
te ama tal como eres porque Él te creó así. Por lo tanto si Él te ama así,
¿por qué tú no te has de amar también?
2. Debes ser amigo de ti mismo
Pocos son los que se valoran a sí mismos y se sienten gustosos de sí
mismos. Recuerda cómo te sentiste ante tu imagen reflejada en el espejo.
La mayoría suele sentirse incómodo, a disgusto consigo mismo. Algunos
caen en la cuenta de que son ellos mismos sus críticos más constantes y
severos de todo tipo de detalles: forma de hablar, de caminar, de reír, de
comportarse ante los demás, etc. Señalan exclusivamente sus defectos,
como si fueran enemigos de sí mismos. Quienes hemos actuado como
enemigos de nosotros mismos, necesitamos pedirnos perdón y decirnos
a nosotros mismos: “De ahora en adelante trataré de ser tu amigo.
Me fijaré en tus cualidades y te las diré, sin desconocer también tus
debilidades. Me fijaré más en tus talentos y tu bondad que tus defectos
y limitaciones”.
3. Eres una obra bien hecha
Notemos que el texto bíblico remarca que nada de lo creado es malo
o defectuoso: “vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era
muy bueno” (v.31). Somos una obra bien hecha, aunque al entrar a la
historia es posible que nos desvirtuemos; hemos salido de las manos de
Dios bien hechos y eso es lo primero que nosotros deberíamos ver.
4. Llevamos un letrero en la frente
Es importante descubrir qué actitud hemos tenido hasta ahora para
con nosotros mismos, porque esa misma actitud colorea el modo como
vemos cada parte de la realidad: los demás, Dios, el mundo. La actitud
que tenemos para nosotros mismos funciona como unos lentes, de modo
que si nuestra actitud es favorable o desfavorable para con nosotros
mismos, también lo es para con todo lo demás. Cada uno de nosotros
proyecta su propia imagen.
Más aún, nuestra actitud hacia nosotros mismos determina también
la forma como los demás van a actuar con nosotros. El modo como nos
percibimos escribe un letrero para los demás, un letrero que llevamos en
la frente y nos anuncia e invita a los demás a reaccionar en esa forma.
Si mi letrero dice que yo no valgo mucho, conseguiré escasa atención,
poquito respeto y apoyo. Por el contrario, si el letrero escrito por mis
actitudes dice que soy una persona valiosa, conseguiré que los demás
me valoren, me respeten y me ayuden.

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5. Tus máscaras no logran ocultar lo que en realidad eres
¿Y en el caso de que alguien simule públicamente una personalidad?
No es posible ocultarnos totalmente; nuestras máscaras, muchas veces
transparentes, no logran tapar lo que en realidad somos. La gente
tenemos un sexto sentido que nos hace descubrir si la persona está
siendo genuina o si está adoptando una pose. Podríamos preguntarle a
esa persona que simula: “¿A quién estás tratando de convencer, a ti o a
nosotros?”.
6. Amarás a tu prójimo tanto cuanto te ames a ti mismo
Cuando el Evangelio nos dice que amar a Dios y a los demás requiere
renunciar a uno mismo, Jesús se refiere a renunciar al egoísmo, pues
un amor legítimo a uno mismo es imprescindible para amar a Dios y
al prójimo. Jesús dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como
a ti mismo” (Mt 22, 37-39). Si Jesús pide un amor a los demás como nos lo
tenemos a nosotros mismos, esto significa que si te amas poco, amarás
poco. Amarás tanto cuanto te amas a ti mismo. En otras palabras: “Ámate
a ti mismo y podrás amar a los demás”.
Es imprescindible un amor básico a uno mismo: alimentarnos,
vestirnos, cuidar nuestra salud, asearnos, descansar, convivir con los
demás, etc. Las mismas necesidades que tienen los demás las tienes
tú. Si por alguna razón comenzamos a descuidar este amor básico a
nosotros mismos, nuestra capacidad para amar se irá disminuyendo
proporcionalmente. Tener una pobre imagen de uno mismo nos hace
buscarnos más a nosotros mismos de forma enfermiza y nos permite
muy poca libertad para salir hacia los demás. En cambio, a medida que
nuestra actitud hacia nosotros mismos se hace más positiva, entonces ya
no estaremos centrados ansiando tener la aprobación o el afecto de los
demás, sino al contrario, de dar del nuestro a todos y servirlos.
Si no me amo a mí mismo, casi nada me podrá hacer feliz. Sentiré
que la crítica me despedaza, porque en secreto creo que me la merezco.
No seré capaz de aceptar los cumplidos, ni el ofrecimiento de amor que
me den los demás, porque pensaré: “Si de verdad me conocieras, no me
amarías”. Y esta imagen pobre de mí mismo distorsionará todo lo que
yo vea.
Hablando de este tema, decía san Bernardo: “¿Por cuánto tiempo
seguirás prestando tu atención a todo, menos a ti mismo? ¿Acaso eres
para ti mismo un extraño? Y si eres un extraño para ti mismo, ¿no serás
un extraño para los demás? En efecto, quien se porta mal consigo mismo
¿cómo puede ser bueno?”.
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7. Entre más te aprecies tendrás menos riesgos de ser egoísta
¿Puede una persona amarse a sí misma demasiado al grado de caer
en el egoísmo? No, porque el egoísmo es estar centrado en sí mismo. Y
el estar centrado en sí mismo es resultado del dolor, de un vacío interno
por falta de amor y valoración humilde y legítima de sí mismo entre otras
cosas.
Lo que en muchas personas parece exceso de amor a sí mismo, de
hecho manifiesta una ausencia de éste. El egoísmo y el amor verdadero
de sí mismo se oponen radicalmente. No pasa uno sin darse cuenta
desde el aprecio verdadero de uno mismo al egoísmo. En realidad,
cuanto mayor será el aprecio de uno mismo, menos peligro habrá de
caer en el egoísmo. La condición es tener y no perder la humildad. Pero
¿qué es la humildad?
8. Tienes verdadera humildad cuando reconoces tanto lo malo
como lo bueno
Hay quienes piensan que la persona humilde es la que tiene que
rechazar resueltamente cualquier cosa buena de sí misma y sólo
reconocer sus faltas y errores. Piensan que si reconocen sus cosas buenas
caen en el orgullo.
San Ambrosio, obispo de Milán en el siglo IV, propuso que la perfecta
expresión de la humildad se encontraba en el “Magnificat” de la Virgen
María: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi
Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me
llamarán dichosas todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas
grandes el Poderoso. Su nombre es santo” (Lc 1, 47-49).
En su cántico, María reconoce simultáneamente dos cosas: su
pequeñez y su grandeza, las “grandes cosas” que ha hecho en ella “el
que todo lo puede”. Reconoce sus dones, pero no como adquiridos por
sí misma, sino realizados por la acción divina del que todo lo puede.
La virtud de la humildad implica también un reconocimiento de que
estos dones son precisamente eso, “dones” “regalos”. Nuestros dones
proceden totalmente de la bondad de Dios y no de nuestros méritos.
Dios nos ha dotado a cada uno de nosotros con ciertos dones exclusivos.
9. Eres único y tienes una misión que Dios te confió en exclusiva
Dios nos dice a cada uno de nosotros:
“Tú eres único e individual. Exclusivamente tú desde toda la
eternidad; y en toda ella sólo habrá un tú a quien yo amo con amor
eterno. Tu imagen siempre ha tenido lugar acogedor y especial en mi
mundo. Yo te he otorgado un papel muy importante que realizar en mi
mundo. Tú tienes un mensaje único que transmitir; una canción única
31
que cantar; un acto de amor único que entregar; un rostro único que
manifestar… Este mensaje, esta canción, esto acto de amor, este rostro,
te lo he confiado a ti, en exclusiva, a tu individual y único tú”.
10. Dios te ama como eres y tiene paciencia para hacer sus
maravillas en ti
Dios te ama tal como eres, y para ayudarte a crecer te pide que
comiences por creer en su amor. Por eso no tengas miedo de reconocer
tanto lo bueno como lo malo que hay en ti. La actitud saludable hacia
uno mismo reconoce y acepta la frágil condición humana. Jesús al venir
al mundo ha tomado nuestra fragilidad, para que caminemos por la
vida tomados de su mano, sintiéndonos contentos de ser lo que somos,
sabiendo que Él nos acepta y nos ama así como somos.

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ ESCRIBO MI MAGNÍFICATICAT ¿QUIÉN SOY YO?

ORAMOS: El Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,
Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí,
Su nombre es Santo, y su misericordia llega a sus
Fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo,
Dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos y enaltece
A los humildes, a los hambrientos los
Colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia
Como lo había prometido a nuestros padres
A favor de Abraham y su descendencia por siempre.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)


REFLEXIÓN PERSONAL
32
✓✓ Enumera los acontecimientos mas importantes de tu vida
✓✓ Piensa y enumera a lo menos 5 dones que Dios te ha dado para
compartirlos con tu familia

REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ Compartirmos nuesta reflexión personal
✓✓ Comunica a tu pareja todos los dones que descubres en ella (él)
✓✓ Observen las cualidades de algún matrimonio conocido cuya
relación sea madura y afectiva. (¿Cómo le hacen?)

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: Somos diferentes pero valemos igual
✓✓ Cada miembro de la familia expresa con su
lenguaje y de acuerdo a su edad, sus ideas sobre estos tres
puntos:
✓✓ ¿En qué eres diferente a los demás (cuerpo, edad, gustos,
defectos, cualidades, sueños, etc ... )?
✓✓ ¿Piensas que en tu familia algún miembro vale más que los otros?
✓✓ Te sientes respetado, aceptado y tratado como persona en la
casa, en la escuela o en el trabajo?
B) Veamos que sucede en nuestro alrededor.
✓✓ Si hay alguna persona que nos ayude en la familia, ¿lo tratamos
con respeto y afecto como a alguien creado a imagen y semejanza
de Dios?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓ Con los vecinos, en la escuela, en el
trabajo y en la calle, ¿respetamos de verdad la
dignidad y los derechos de todas las personas? ¿Por qué? ¿Qué
podemos hacer para que no pase eso?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto.

33
Encuentro Kerigmático 2

¿Para qué estoy en el mundo?

Estás en el mundo para ser feliz, relacionándote con Dios


como hijo(a), con los prójimos como hermano(a) y con el
mundo como Señor.

EDVART MUNCH,
El grito, 1893, Museo Munch, Oslo.

“Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida


eterna?” (Mc 10, 17).

34
OBJETIVO:
Tomar conciencia de que estamos en el mundo para realizarnos en el
amor a Dios y a los prójimos, ejerciendo un señorío sabio y responsable
sobre las cosas, para no tenerlas como fines sino usarlas como medios
al servicio del amor.
COMPROMISO DE RESPONSABILIDAD
Comprendo que aquellos dones que Dios me ha dado para el bien
común deben ser donados para tu beneficio. Si llegase a descubrir que
en mi vida hay ciertas áreas de opresión o de heridas, que den lugar
a recelos y agresión, debido a mis propias acciones desordenadas o a
causa de otros, prometo buscar la fuerza liberadora de Cristo por medio
del Espíritu Santo, los Sacramentos, la dirección espiritual y por mis
hermanos de comunidad para así poder compartirte una vida más sana.
Mi responsabilidad contigo es la de ser lo que Dios quiere que yo sea
para ti: un servidor maduro y responsable.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: OMNIPOTENTE Y BUEN SEÑOR
ORAMOS: Cántico de san Francisco de Asís.
1. Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyos son los loores, la gloria,
el honor y toda bendición.
A ti sólo, Altísimo, convienen y ningún hombre es digno de hacer de
Ti mención.
2. Alabado seas, mi Señor,con todas tus criaturas, especialmente el
hermano sol, el cual hace el día y nos da la luz.
Y es bello y radiante con grande esplendor, de Ti, Altísimo, lleva
significación.
3. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el
cielo las has formado claras, y preciosas, y bellas.
4. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento, y por el aire,
y nublado, y sereno y todo el tiempo por el cual a tus criaturas das
sustentamiento.
5. Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil,
y humilde, y preciosa y casta.
6. Alabado seas mi Señor, por el hermano fuego, con el cual alumbras
la noche y es bello, y alegre, robusto y fuerte.

35
7. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana madre tierra, la cual
nos sustenta y nos gobierna, y produce diversos frutos con coloridas
flores y hierbas.
8. Alabado seas, mi Señor, por quienesperdonan por tu amor y
soportanenfermedad y tribulación.
9. Bienaventurados los que sufren en paz, pues de Ti, Altísimo,
coronados serán.
10. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar;¡Ay de aquellos que
mueran en pecado mortal!
Bienaventurados aquellos que acertaren a cumplir tu santísima
voluntad, pues la muerte segunda no experimentarán.
11. Alabad y bendecid a mi Señor,y dadle gracias, y servidle con
gran humildad.

¿PARA QUÉ ESTOY EN EL MUNDO?


✓✓ 1. Haz una lista de las principales ofertas que se te presentan
hoy para ser feliz.

✓✓ 2. ¿Para qué estoy en el mundo?

✓✓ 3. Hasta hoy ¿hacia dónde he dirigido mi vida?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. Mc 10, 17-22
2. Comprendemos la Palabra de Dios
Un hombre que cumple la ley se acerca a Jesús para preguntarle
qué se necesita hacer para tener vida eterna. Jesús le dice que viva los
mandamientos. El hombre responde que los ha cumplido desde muy
joven; pero su pregunta deja claro que se siente insatisfecho, que no es

36
feliz. Con esto Jesús logra que el hombre caiga en la cuenta que no es
“haciendo” obras buenas, “cumpliendo” los mandamientos (por mero
cumplimiento), como se obtiene la felicidad y la vida eterna. El solo
esfuerzo humano, los méritos realizados, no son el camino para alcanzar
la felicidad y la salvación. Prueba de ello es la misma insatisfacción que
experimenta este hombre cumplidor. Jesús lo remite a los mandamientos,
porque vividos con amor y por amor, en ellos está la felicidad. Porque
aquel hombre sólo los cumple, no ama.
Entonces Jesús pasa a mostrarle el camino. San Marcos nos cuenta
que Jesús, percibiendo la autenticidad del hombre, “le amó”, y con esto
le mostró el verdadero tesoro, el amor a Dios, para luego indicarle lo
que le daría la felicidad completa. “Vende todos tus tesoros y comparte
con los pobres, que yo te daré un tesoro eterno y la felicidad completa al
seguirme”. En otras palabras, “despréndete de las perlas menos valiosas
para que así puedas adquirir la de más valor”.
San Mateo recoge un detalle más: Jesús le dijo: “Si quieres ser
perfecto” (Mt 19, 21), si quieres ser realmente feliz. Jesús no le obliga, le
propone, porque la felicidad no se logra obligado por un mandamiento
o norma exterior. La felicidad sólo se da si nace de dentro de la persona.
Jesús diría: “El tesoro escondido de gran valor que yo te ofrezco, no es
algo exterior, como tú has tenido los mandamientos. Se trata de una
fuerza interior que brota al experimentar mi amor”.
Al escuchar la propuesta de Jesús, el joven se tambaleó, porque
en eso que Jesús le pedía dejar, él había fundado su esperanza de
felicidad. La propuesta de Jesús no es injusta, porque le está ofreciendo
una felicidad mayor. Sólo queda tomar la decisión, arriesgarse al gran
negocio o dejarlo. El joven tomo la decisión conservadora y se marchó
triste, pues “era un hombre muy rico”.
El hombre escogió el camino antiguo. Prefirió la débil seguridad de
su dinero y la ley. No quiso arriesgarse. Prefirió seguir igual, aunque
insatisfecho; eligió la riqueza aunque toda su vida le fuera a faltar algo.
Se decidió por “tener” más que por “ser”. Había entendido perfectamente
los alcances y las exigencias del Evangelio; pero desgraciadamente se
fijaba más en lo que Jesús le pedía, y se olvidaba de lo que Jesús le
ofrecía.
Lo que Jesús pretendía no era dejarlo pobre, sino hacerlo libre, y
para ello era necesario hacer ese ejercicio de desprendimiento. Después
hubiera disfrutado eso y más, porque dice Jesús que el premio al
desprendimiento por seguirlo no es sólo para la otra vida, sino desde
ahora: Pues el que deje todo por mí y por el Evangelio, “recibirá en el
tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres,
37
hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida
eterna” (Mc 10, 30). La felicidad no consiste en el simple dejarlo todo, sino
en hacerse libre de todo para entregarse a Dios, verdadera riqueza y
fuente de toda riqueza, y hacer lo que Él nos pide hacer.

III. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Tienes el dominio o eres dominado
Dice el libro del Génesis que Dios nos dio todas las cosas del
mundo para dominarlas. Nos hizo “señores” de la creación. Nos dio la
creación para conocerla, investigarla, aprovecharla, gozarla, pues vio
Dios que todo estaba muy bien y se la entregó al hombre. Sin embargo,
descubrimos que este dominio no es fácil, al grado de que muchas veces
las cosas llegan más bien a dominarnos a nosotros.
Para librarse de este dominio, en la antigüedad muchos cristianos
optaron por huir del mundo; se retiraban a vivir en el desierto, apartados
de la gente y de muchas cosas. Esa fue la forma como ellos intentaron
vivir el Evangelio. Pero un cristiano de hoy, cuyo desafío señalado por
el Concilio Vaticano II, es la relación Iglesia-Mundo, ser fermento de
toda la realidad ¿cómo puede lograr ser señor del mundo sin huir de él?
¿Qué actitud hacia el mundo me daría la libertad para ser una persona
plenamente viva, plenamente feliz?
2. Eres capaz de compartir cuando reconoces a Dios como
Padre y a tus prójimos como hermanos
El problema no es poseer, sino qué se hace con lo que se posee.
Jesús le propone al hombre rico desprenderse de lo suyo para ayudar a
los pobres, y así entendiera que hay otra fuente de felicidad que consiste
en gastar lo que somos y tenemos en el amor a Dios y al prójimo. Sin
embargo no quiso hacer esto porque su amor lo había depositado en las
cosas.
¿Qué es lo que propone Jesús para que las cosas que poseemos no
lleguen a poseernos, y ser felices? Vive los mandamientos.
Y los mandamientos se resumen en dos: amar a Dios por sobre todas
las cosas, y amar al prójimo como a uno mismo. El hombre responde
que los cumple desde muy joven. Pero en realidad cumple, no ama,
por eso Jesús se lo propone de otra manera: “vende todo lo que tienes
y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y
sígueme” (Mc 10, 21).
En esta propuesta de Jesús están implicadas tres cosas:
1. Tener una relación con Dios como hijo, lo cual significa descubrir
38
su amor y amarlo por sobre todas las cosas; de ahí que por eso
Jesús le muestre su amor, para que él a su vez lo ame como a su
Dios por sobre todo y lo siga: “Ven y sígueme”.
2. Tener una relación con el prójimo como hermano: “comparte tus
riquezas con los pobres”. Aceptar a Dios como Padre conlleva
necesariamente aceptar a los prójimos como hermanos. Y aceptar
a los prójimos como hermanos implica tratarlos con justicia, más
aún, con amor.
3. Ejercer un señorío sobre las cosas: “vende todo lo que tienes”,
somos señores de las cosas si somos capaces de usarlas al servicio
de Dios y de los prójimos, desprendiéndonos de ellas para este
fin, porque si no, perdemos algo más valioso que es nuestra
libertad. Y ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde
la posibilidad de una vida plena, actual y futura? (cfr. Mt 16, 26).
La manera de no perder la libertad es desprendernos, es invertir
en una empresa sólida, segura, que no corra riesgo de quebrar. Y esta
empresa sólida y segura existe: es la empresa del amor, es la empresa del
Reino. Porque la realización del ser humano está en el amor, y las cosas
deben usarse conforme al amor total: conforme al amor legítimo a mí
mismo, a los prójimos y a Dios; si no, pierden su razón de ser.
3. Si amas a Dios y a las personas, aprenderás a usar las cosas
El hombre dice haber cumplido los mandamientos, que se resumen
en amar a Dios y al prójimo, pero lo ha cumplido exteriormente, no
desde un verdadero amor que, cuando se tiene, brota del interior mismo
del hombre, y se demuestra en usar las cosas al servicio de este amor. En
el mejor de los casos el hombre rico quizás tenía “algo” de amor a Dios
y al prójimo, pero era mucho mayor el amor a sus bienes, al grado de
que se niega a compartir con sus prójimos y seguir a Jesús.
Por eso Jesús nos advierte que nuestro corazón estará donde esté
nuestro tesoro. Incluso corremos el riesgo también de tener el corazón
en las cosas inmateriales: el prestigio, el poder, el éxito, el honor, la
buena reputación, la admiración pública, el placer de los sentido, el
triunfo sobre los demás, la conquista de los demás, etc. De modo que
nadie podemos decir: yo no soy rico, porque el corazón puede estar en
lo poco o mucho que tengamos, material o inmaterial, y no el amor.
Hay que guardar el corazón para amar solamente a Dios y a los
prójimos. Jamás le des tu corazón a una cosa, porque si lo haces, esa
cosa, sea lo que sea, se convertirá en tu dueño. Te traerá de aquí para allá
y te poseerá. Tu preocupación por ella te causará ansiedad y te espantará
el sueño. Y lo que es todavía peor, si le entregas tu corazón a una cosa,
39
pronto comenzarás a invertir tus valores.
4. Si amas las cosas, usarás a las personas y a Dios
Cuando alguien empieza a amar las cosas, comienza al mismo tiempo
a usar a las personas y a Dios para conseguir cada vez más abundantes
cosas. Tener dinero no es un mal, pero entregarle el corazón al dinero
es una tragedia. “Donde esté tu tesoro, ahí estará tu corazón” (Mt 6, 21).
Si entregas tu corazón a las cosas de este mundo, pronto empezarás a
competir con los que te rodean a ver quién tiene más. Este es el ancho y
transitado camino hacia la hipertensión y las úlceras, hacia la ansiedad
y la depresión. Si escoges este camino, vendrá un tiempo en que te
sentirás tentado a hacer fraude y hasta comprometer tu seguridad y la de
los tuyos. Usarás a los demás para tu provecho. Y también usarás a Dios,
por ejemplo con algunas prácticas “religiosas”, con el único fin de que
te ayude en tus negocios y tener más.
5. Eres dichoso cuando abres tus manos para desprenderte de
lo tuyo
La fuerza de dominio de las riquezas es un peligro tan real que no
cabe duda que es dichoso quien logra ser desprendido: “¡Dichosos los
pobres en el espíritu…!” (Mt 5, 3). Son verdaderamente dichosos aquellos
que abren sus manos y se desprenden de las cosas; aquellos que entregan
su corazón solamente al amor, y quienes entregan su amor solamente a
Dios y a las personas, porque Dios las llena más de su presencia y de su
amor, e incluso de bienes materiales (cfr. Mc 10, 29-30).
Pregúntate ahora: ¿He entregado mi corazón a alguna de esas
cosas materiales o inmateriales, que haya disminuido o aniquilado mi
capacidad para amarme a mí mismo, a mis prójimos y a Dios?

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


Compartimos las siguientes preguntas:
✓✓ 1. Hasta hoy ¿en qué habías puesto tu confianza para ser feliz?

✓✓ 2. Con Jesús la felicidad está garantizada, pero ¿qué ajustes de


tu vida tendrás que realizar?

• Lee nuevamente Mc 10, 17-22. Piensa que tú eres quien le pregunta


40
a Jesús ¿qué debo hacer para tener vida eterna? ¿Qué debo hacer
para ser feliz?
• Contempla a Jesús que te mira con amor, él sólo mira con amor, y
especialmente hoy te mira a ti.
• Después de mirarte con amor Jesús te da su respuesta: “Vende todo
lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro
en el cielo. Después, ven y sígueme”
✓✓ Escribe una oración con los sentimientos que la Palabra de Dios
ha despertado en tu interior.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL

✓✓ ¿En que ocaciones he experimentado vacios en mi corazón?


✓✓ ¿Cómo realizo las actividades diarias, con Amor o sin él?
✓✓ ¿Siento apego por las cosas materiales, dandoles mas importancia
que a Dios?
✓✓ ¿He realizado algo que valga la pena y por lo cual me recordarán
mis familiares y amigos?

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ ¿Despues de esta experiencia que han vivido, ¿Consideran que


Dios les da una nueva oportunidad para ser felices en su familia?
✓✓ Comparte con tu esposa(o) tus sueños que aparecen en tu
corazón de ahora en adelante
✓✓ Hagan un compromiso el uno con el otro expresando su
deseo de buscar mutuamente su felicidad: “Yo _________, me
comprometo a hacerte feliz...”

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: ¿Pára qué estoy en el mundo?
✓✓ Uno a uno, los miembros de la familia van
pasando y expresan cuales son sus más grandes sueños en esta
vida, lo que les dará la felicidad.

41
✓✓ Después de haber compartido todos sus sueños, uno a uno
van haciendo un compromiso de ayudarse mutuamente para
alcanzar ese sueño.
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Conoces a álguien que se considere vacio o insatisfecho a pesar
de tener muchas virtudes?
✓✓ ¿Que personas conoces que han puesto a Dios como la clave de
su felicidad y que verdaderamente lo expresen con su alegría?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS

✓✓¿Crees que la mayoría de la gente considere que


el dinero es la clave de la felicidad?
✓✓ ¿Qué opinan los jóvenes del “por qué están en el mundo”?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

42
Encuentro Kerigmático 3

¿Quién es Dios?
Dios es tu Padre y te ama incondicionalmente

ANDREI RUBLEV,
Trinidad, 1411, Galería
Tetriakov, Moscú.

“Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio,


y, profundamente conmovido, salió corriendo a su
encuentro,
lo abrazó y lo cubrió de besos” (Lc 15, 20).

43
OBJETIVO:
Descubrir que Dios nos ama incondicionalmente y quiere lo mejor
para nosotros, para abrirnos a su misericordia y gozar de su amor.

COMPROMISO DE AMOR INCONDICIONAL


No hay nada que hayas hecho o que puedas hacer que me impida
amarte. Puede ser que no esté de acuerdo con tus acciones, pero te
acepto como persona y haré todo lo posible por comprenderte sin
juzgarte por el infinito amor que Dios te tiene.

I. INTRODUCCIÓN

CANTAMOS: CRISTO LIBERTADOR

ORAMOS: Salmo 103 (102).

¿QUIÉN ES DIOS?
✓✓ 1. ¿Cuáles son los mejores y los peores recuerdos que tienes de
tu papá?

Los mejores recuerdos Los peores recuerdos

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✓✓ 2. ¿Cuáles son las experiencias principales que tienes de Dios?

II. ESCUCHEMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios.Lc 15, 11-32.
2. Comprendemos la Palabra de Dios
En la parábola que hemos escuchado, el personaje principal no es el
hijo menor sino el padre, porque viendo cómo actúa, en él descubrimos
la manera de ser de Dios.
Jesús refleja a Dios Padre
La gente que vivió en tiempos de Jesús pensaba que Dios trataba a
las personas de acuerdo a su conducta: a los buenos con benevolencia
y a los malos con el rigor de su justicia. Jesús, los desconcierta, pues
convive más con los malos (publicanos y pecadores) y parece tratarlos
mejor que a los que en ese entonces se consideraban buenos (escribas y
fariseos). Por eso murmuran diciendo: “Este anda con pecadores y come
con ellos” (Lc 15, 2).
Jesús aprovecha entonces para contar tres parábolas: la oveja
perdida, la moneda perdida y los hijos perdidos. También hay que
considerar al mayor como perdido, porque aunque está en la casa no la
disfruta, y al final, su soberbia lo lleva a negarse a entrar; es otra forma
de estar perdido, y mucho más grave, porque el menor (que representa
al publicano o pecador), después de lo que ha hecho, ya no le cuesta
reconocerse perdido; en cambio el mayor (escriba o fariseo), que se
considera irreprochable, no acepta estar perdido.
Pero lo más asombroso de estas parábolas es la actitud de los
personajes que representan a Dios: el Pastor que no se queda pasivo,
sino que sale en busca de su oveja; la Mujer, que con amor maternal,
paciencia y dedicación, busca la pequeña moneda; y el Padre, que
respetando la libertad de sus hijos, acoge siempre, espera siempre y
perdona siempre.
El hijo menor
Pide la herencia siendo muy joven y anticipándose a la muerte
de su padre, más aún, la exige: “dame la parte de la herencia que me
corresponde”. Piensa que en la casa no es feliz, y que yéndose lejos,
con dinero en la bolsa y gastándolo a sus anchas tendrá la felicidad. Así

45
lo hace, prueba todo lo que ha pensado: placeres, vicios, mujeres…, y
termina vacío y sin dinero. Al buscar trabajo lo único que encuentra es
un trabajo repugnante, especialmente para un judío: cuidar cerdos, y
bajo las condiciones que le impone un patrón desconocido y en un país
extraño. Tan dura es la situación del hijo menor, que es comparada con
la de los cerdos y éstos salen ganando, pues éstos pueden saciarse con
las algarrobas, en cambio él ni eso puede hacer.
Encontrándose ante esa realidad desesperante, reacciona. Lo primero
que lo hace reaccionar es el hambre, es el verse sin dónde caer muerto:
“¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra…!”. No es que
le haya vuelto el amor a su padre, es la necesidad que está sufriendo.
De aquí pasa a una segunda reflexión: “pequé contra el cielo y contra
ti”. Esta segunda reflexión es muy importante porque reconoce que lo
que le sucede no es por casualidad o mala suerte; sino que ha sido él
mismo quien ha desordenado y arruinado su vida. Precisamente eso es
el pecado: destruir el proyecto de Dios para con nosotros “pequé contra
el cielo” y destrozar la relación con los prójimos “y contra ti”.
Consciente de su pecado, no se deja hundir en la desesperación,
sino que toma la mejor decisión: volver a su padre. Pero ¡con qué cara
se va a presentar a su padre! El pecado ha dejado una honda huella en
él, percibe en su interior la angustia de la ruptura que ha hecho con su
padre, ya no se siente hijo: “no merezco llamarme hijo tuyo…” de modo
que sólo aspira a la supervivencia como jornalero: “… trátame como a
uno de tus jornaleros”. Siente que ya no será como antes. Ignora lo más
importante: que la misericordia de su padre está muy por encima de su
pecado.
El hijo mayor
Ha trabajado siempre sin desobedecer una orden, pero no ha
disfrutado de un cabrito por lo menos; por eso mira con enojo a su
hermano, pues su hermano, que sólo ha derrochado, es festejado, ¡y no
con un cabrito, sino con el ternero más gordo! No es que el padre se
haya comportado diferente con él; el padre ha sido siempre el mismo,
pero el hijo mayor ha estado cerrado al amor; se ha engañado solo, ha
pensado que el amor se lo tiene qué ganar cumpliendo; la realidad es
que el amor del padre es gratuito, lo ama por el hecho de ser su hijo, y
si no ha tenido ni un cabrito es porque no ha querido: “todo lo mío es
tuyo”. La actitud del hijo mayor manifiesta una falta de amor a sí mismo,
ha tenido un padre bondadoso pero no se ha dejado querer. Esto le
impide entender la misericordia de su padre y rechazar a su hermano, a
quien sólo reconoce como “ese hijo tuyo”.

46
El padre
“Su padre lo vio, y, profundamente conmovido”. Esta expresión
refleja la ternura de un amor maternal. Jesús tiene el mismo sentimiento
en varias ocasiones, por ejemplo, con la viuda de Naím ante el féretro
de su hijo (cfr. Lc 7, 14).
“Salió corriendo a su encuentro, lo abrazo y lo cubrió de besos”. La
amistad adulta entre dos hombres se expresaba, a menudo, mediante un
beso. Cuando Pablo parte de viaje, los discípulos de Éfeso lo despiden
con un beso (cfr. Hch 20, 37). Con este gesto el padre manifiesta a su hijo un
amor de amistad. Santo Tomás de Aquino decía que la amistad es la
forma privilegiada del amor, porque es una relación que brota de la
libertad. El padre es padre por naturaleza, pero se convierte en amigo
por opción.
Las siguientes actitudes manifiestan su amor paternal: “traigan en
seguida el mejor vestido y pónganselo; pónganle también un anillo
en la mano y sandalias en los pies. Tomen el ternero gordo, mátenlo y
celebremos un banquete de fiesta”, son signos con los cuales el padre
restituye a su hijo la dignidad perdida.
Al volver el hijo menor, descubre que el padre es muy diferente de la
idea que de él se había forjado, pues no lo trata como él pensaba que lo
trataría. El padre no le ha pedido explicaciones de su comportamiento
ni le ha reprochado su traición, sino que lo ha acogido como hijo,
con un amor maternal, paternal y de amistad. Este reencuentro es
verdaderamente un nuevo nacimiento: “este hijo mío estaba muerto y
ha vuelto a la vida”. Fuera de la casa paterna encontramos la muerte;
retornando al seno misericordioso del Padre, tenemos nueva vida y en
abundancia.
El hijo mayor ha estado siempre en la casa paterna pero se queja
de no haber recibido siquiera un cabrito. El premio de los discípulos es
disfrutar estar en la comunidad y ser lo que son dentro de ella. A muchos
esto les parece poco y, buscando algo más, se salen de la casa como el
hijo menor, o no disfrutan de estar en ella como el hijo mayor.
Pero, ni el egoísmo del mayor, ni la traición del menor, han podido
derrotar la fuerza del amor del Padre. Ambos tienen la oportunidad de
ser reengendrados y tener verdadera vida; el menor, siendo humilde, la
aprovecha; el mayor, por no doblegar su soberbia, no la aprovecha.

47
III. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA
1. Crisis de la figura paterna
Cuando oímos que Dios es Padre, cada uno pensamos en nuestro
propio padre; y las experiencias que tenemos al respecto son muy
diversas. En general, constatamos muchas deficiencias. Por eso decimos
que la figura del papá está en crisis.
Vivimos un tiempo en que se desconoce, se caricaturiza o se
descalifica la función del padre. Son muchos los que la sola palabra
“padre” o “paternidad” les produce rechazo y difícilmente llega hoy a
su corazón, porque no despierta ninguna resonancia feliz o liberadora.
La situación de deterioro es muy variada. Aumentan las familias
incompletas, los divorcios, la unión libre. La familia latinoamericana,
a pesar de la solidez relativa que la caracteriza, sufre también algunas
debilidades de origen que han repercutido hondamente en el modo en
que vive su fe.
El padre, en la mayoría de nuestras familias, es una figura muy débil;
debilidad que, por cierto, esconde detrás del machismo. El padre, sobre
todo a nivel popular, aparece como un dominador, y por lo mismo, no se
le considera como parte de la comunidad familiar, pues los verdaderos
lazos personales suelen darse sólo entre la mamá y los hijos, y entre los
hermanos. El padre es, hasta cierto punto, un extraño. Quizás por ello
sea mayor el festejo a la madre que al padre.
El padre suele estar ausente de casa durante el día y, en general,
carece dramáticamente de capacidad de diálogo personal con la esposa
y los hijos. Su función paternal tiende a reducirse a aportar dinero. Su
forma de trato es normalmente distante y dura, y, en muchos sectores
–agravado por el alcoholismo y la menor educación- llega a brutales
formas de violencia. El padre se convierte muchas veces en el terror de
la casa: en el que grita y pega, en el que termina con la paz cuando llega
por las tardes, en el hombre cruel que golpea a la madre, que es violento,
autoritario e injusto. En muchas familias llegan incluso al extremo de
violar a sus propias hijas. Indudablemente, para niños crecidos en un
ambiente así, la palabra “padre” no evoca ninguna buena noticia.
En otros sectores el padre es más bien el gran ausente del hogar, el
que “por amor a su familia” está siempre ocupado en “cosas importantes”
que no le dejan tiempo para los hijos. La palabra “padre” pasa entonces
a ser para muchos, una palabra que sólo evoca frustración y rebeldía. La
debilidad de la familia latinoamericana ha generado hombres con poca

48
sensibilidad para la grandeza de la paternidad, y ello ha repercutido, sin
duda, en su capacidad de acceso al misterio de Dios Padre, de quienes
se imaginan que es como su padre terreno. Así vivimos hoy una cultura
en “estado de fuga de la casa Paterna” como el hijo pródigo, huyendo o
siendo indiferentes a Dios. Decía un sacerdote: “tiempos sin padre son
tiempos sin Dios… como también, tiempos deseosos de paternidad son
tiempos deseosos de Dios”.
2. Caminos que nos llevan a encontrar el amor paternal de Dios
La experiencia familiar con nuestro padre natural facilita o dificulta
encontrarnos con el amor paternal de Dios, pero no nos determina
fatalmente. Es cierto que la gracia supone la naturaleza, pero también la
gracia tiene poder para sanarla y perfeccionarla.
De ahí que podamos constatar no sólo un camino, sino varios
caminos que Dios usa para ayudarnos a caminar hacia su corazón de
Padre.
El camino normal –que habría sido el único si no hubiera existido
pecado- consiste en que cada hombre aprenda a abrirse al misterio
de la paternidad de Dios a través de la experiencia gozosa del amor
de su propio padre. Este fue, de modo ejemplar, el camino de santa
Teresa del Niño Jesús, después de la muerte de su padre, cada vez que
rezaba “Padre nuestro que estás en el cielo…” sentía el gozo de estar
dirigiéndose, al mismo tiempo, a dos “padres” cuyo rostro siempre había
estado fundidos en su corazón.
Sin embargo, nuestras experiencias son muy diversas. De modo que
ante la falla, pequeña, grande o gigantesca del camino normal, Dios
recurre a otros caminos. Algunos de ellos son:
El camino de las vivencias compensatorias, Dios pone en su camino
otras personalidades paternales. Por ejemplo, un tío, un profesor, un
sacerdote, etc. Capaces de rescatar la verdadera imagen del padre,
dañada por las experiencias del propio hogar.
Otro camino podemos llamarlo el camino incomprensible: lo
recorren aquellas personas a quienes la ausencia de paternidad humana,
en lugar de convertirse en causa de frustración y rebeldía, genera un
hambre tan irresistible de paternidad, que es capaz de conducirlas con
increíble fuerza a Dios, cuando descubren en Él ese rostro de Padre que
con tanto afán han buscado.
Un camino más es el de la propia paternidad: consiste en el
descubrimiento del misterio y de la riqueza de la paternidad a través de

49
la propia experiencia de paternidad, carnal o espiritual. Para muchos
hombres que, a pesar de una triste infancia, han llegado a ser excelentes
padres, han sido los propios hijos (de la carne o del espíritu), los que
despertaron y plasmaron en ellos un corazón de padres. Y esta misma
experiencia gozosa del ejercicio de su paternidad se ha ido convirtiendo
–poco a poco- en el camino de acceso hacia el misterio de la paternidad
de Dios y el abandono filial en sus manos.
3. Dios te ama porque Él es amor
Cualquiera que sea tu experiencia, hoy yo te digo en nombre de
Dios, que Él te ama. Te ama porque Él es Amor, esa es su naturaleza y
esa es su definición: “Dios es amor” (1Jn 4,8).
De Él no puede brotar otra cosa más que amor. Por eso, aunque
hayas sido infiel y pecador, como alguno de los hijos de la parábola, Él
permanece fiel: Él es exactamente como el padre de la parábola. San
Pablo, refiriéndose a Jesucristo, presencia fiel de Dios Padre, dice en su
Segunda Carta a Timoteo: “Si somos infieles, él permanece fiel, porque
no puede contradecirse a sí mismo” (2Tim 2, 13).
El pueblo de Israel lo experimentó muchas veces. Fallaba una y otra
vez, y Dios le tenía paciencia y lo volvía a levantar. Cuando por dejar el
camino de Dios cayó esclavo de Babilonia, Dios no se olvidó de ellos,
los dejó un rato allá para que valoraran lo que era estar fuera de casa
–como hizo el padre de la parábola con su hijo menor- pero luego, por
medio del profeta Isaías les dice: “¿Acaso olvida una madre a su niño
de pecho, y deja de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se
olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15). Y Dios mismo los ayudó a regresar.
Dios no te pone ninguna condición para amarte. No importa lo que
hayas sido o seas en el presente: mentiroso, injusto, egoísta, infiel…, hijo
menor o hijo mayor. Dios te ama incondicionalmente, porque su amor
no cambia. El te ama porque eres su hijo, y si has estado fuera de casa,
te está esperando para demostrarte todo su amor, como al hijo menor.
Independientemente de que tú seas bueno o malo, Él te ama porque el
bueno es Él. Decía Jesús: mi Padre es bueno con todos: “hace salir el sol
sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5, 45).
Antes de que el hijo menor se decidiera a regresar, el padre salía
todos los días a mirar hacia el camino, buscando verlo. Y el día que
lo vio, fue corriendo a su encuentro. Dios está atento para cuando tú
decidas regresar. Más aún, antes de que tú lo busques, Él ya te anda
buscando.
Y cuando el hijo menor apenas se acercaba a la casa, se dio el
50
encuentro, de modo que el hijo ni siquiera tuvo tiempo de terminar
las palabras con las que había pensado presentarse; inmediatamente
el padre ya lo estaba colmando de muestras de amor. Lo primero que
Dios nos pide no es que le amemos, sino que nos dejemos amar por Él.
Por eso dice el apóstol san Juan: “El amor no consiste en que nosotros
hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su
Hijo como víctima por nuestros pecados” (1Jn 4, 10).
A veces nosotros buscamos a Dios y lo queremos amar. Pero nadie
puede amarlo si antes no ha experimentado su amor. Por eso, hoy te
invito a que reconozcas tu realidad de pecador y no esperes a ser bueno
para encontrarte con Dios. Simplemente haz lo que el hijo menor:
preséntate tal cual y déjate alcanzar por Él, que quiere colmarte de su
amor.
4. Ser niños ante nuestro Padre Dios, para poder ser padres,
madres, hermanos y amigos con los demás
El que ha sido alcanzado por el amor de Dios, podrá luego ser
portador de este mismo amor. Y para mantener vivo este amor, es
necesario el cultivo de una profunda actitud de hijo ante Dios Padre,
fuente y origen de toda paternidad, maternidad, filiación, fraternidad,
amistad, esponsalidad… Sin esta filiación, nadie puede poseer las
fuerzas necesarias para plasmar y servir la vida que ha sido puesta en
sus manos. Sólo el que se reconoce como hijo ante Dios, puede ser
buen padre, madre, hijo, hermano, amigo, cónyuge y, en relación con
el mundo, verdadero señor. De ahí el consejo y advertencia que Jesús
hace de ejercitar la actitud de niños: “les aseguro que el que no recibe
el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lc 18, 17).
Con mucho acierto alguien en la Iglesia ha dicho: “la mayor felicidad
para la humanidad actual consiste en que el mundo conquiste de nuevo
la actitud de hijo, porque sólo ésta hace posible que Dios ensanche
plenamente su actitud de Padre”.
El ser hijo ante Dios encierra dos cosas: por una parte, la experiencia
del amor misericordioso del Padre y del arraigo en su corazón, que
suscita confianza, seguridad y paz interior; y por otra parte, la entrega
total a su voluntad, a la misión que él nos confía a cada uno, la cual
implica obediencia, riesgo audaz, disponibilidad al sacrificio y entrega,
muchas veces en grado heroico. En este sentido, cabe imaginarnos cómo
habrá sido la vida del hijo menor posterior a la fiesta.

51
IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS
• En silencio recordamos los textos que hemos meditado.
• Respondemos las siguientes preguntas y compartimos las respuestas.

✓✓ 1. ¿Qué necesitas para experimentar la misericordia del Padre


en tu vida?

✓✓ 2. ¿Cómo descubrió el hijo menor el amor de su padre?

✓✓ 3. ¿Por qué el hijo mayor no descubrió el amor de su padre?

✓✓ 4. ¿Con cuál de los dos hijos te identificas tú y por qué?

✓✓ Escribe una oración a Dios Padre con los sentimientos que


suscitó en ti la reflexión de hoy

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL

✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del punto 4 y tu


oración y medìtalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

52
✓✓ Comparte con tu pareja las respuestas del punto 4 y de manera
especial tu oración; exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ Comparte con tu pareja los momentos en que Dios nos ha hecho
sentir su presencia como esposos.

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: “La rosa”
✓✓ Estando todos reunidos como familia
contemplamos una rosa y nos la vamos pasando de mano en
mano y pedimos que cada quien le haga lo que desee, desde
arrancarle una hoja hasta darle una caricia. Terminada la
dinámica la contemplamos y reflexionamos:
✓✓ ¿Cómo estaba la rosa antes de iniciar la dinámica? ¿Cómo quedó
la rosa después de pasar por nuestras manos? ¿Por qué a pesar
de todo la rosa sigue siendo bella? ¿Qué mensaje nos deja?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué familias a nuestro alrededor consideramos que necesitan
sentir nuestro cariño y apoyo?
✓✓ ¿Qué defectos descubro en mis vecinos y cómo podemos hacer
para aceptarlos?
✓✓ ¿Qué cualidades vemos en ellos?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS

✓✓En un momento oportuno visiten a sus vecinos y


compartan algún pequeño presente con ellos (puede ser un pan
o pastel), después expresemos nuestra alegría que sentimos al
tenerlos como vecinos, así como el deseo de tener una buena
relación con ellos

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

53
Encuentro Kerigmático 4

¿Por qué no siento el amor de Dios?

Porque eres pecador y estás necesitado de salvación


MICHELANGELO BUONARROTI,
Adán, Particular de la expulsión del Paraíso,
Capilla Sixtina, Roma.

“Tampoco yo te condeno. Puedes irte, pero no vuelvas a


pecar” (Jn 8, 11b).

54
OBJETIVO:
Comprender que el pecado es el origen de nuestra infelicidad, pues
descompone nuestra relación con Dios, los demás, nosotros mismos y el
mundo, para convencernos que necesitamos un Salvador, que se nos ha
dado en Jesucristo, muerto y resucitado.
COMPROMISO DE HONESTIDAD
Trataré de hacerte ver con amor y respeto mis sentimientos y
sincera reacción a lo que me comunicas. Si esto llegase a producir
dolor a cualquiera de los dos, confío en que nuestras relaciones sean lo
suficientemente firmes, auténticas y maduras que permitan tomar este
riesgo, considerando que al hablar la verdad con amor, nos ayuda a
crecer en Cristo quien es la cabeza. Trataré de ser sincero y honesto
contigo, por eso me esforzaré en ser prudente y nunca buscar dañarte.

I. INTRODUCCIÓN

CANTAMOS: GRACIAS, QUIERO DARTE

ORAMOS: Salmo 51 (50).


¿POR QUÉ NO SIENTO EL AMOR DE DIOS?
✓✓ 1. Esto que acabamos de ver por medio del signo sucede de
alguna manera en nuestros días ¿Por qué?

✓✓ 2. ¿Quiénes son ahora las personas o los grupos sociales que


son atados y condenados a muerte?

✓✓ 3. ¿Quiénes son ahora los que atan y condenan a muerte?

✓✓ 4. Tú, personalmente ¿te sientes atado o esclavizado?

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✓✓ 5. ¿Por qué sucede esto?

✓✓ 6. ¿Qué remedios o soluciones podemos encontrar?

Compartimos en plenario lo que creamos conveniente

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. Jn 8,1-11
2. Comprendemos la Palabra de Dios.
En este pasaje de la escritura son dos los acusados: la mujer adúltera
y Jesús. Pero a los acusadores les interesa más poner a Jesús como
culpable, pues de la mujer no hay duda, ya que fue sorprendida en el
acto.
Jesús está enseñando (cfr. Jn 8,20).y de repente es interrumpido por los
escribas y fariseos que intentan hacerlo quedar mal, pidiéndole que emita
su juicio sobre la mujer pecadora. Si declara que debe ser apedreada
hasta la muerte, como manda la Ley de Moisés, tendrá problemas con
los romanos que prohíben a los judíos aplicar la pena de muerte (cfr.
Jn 18,31)
, además de que se vendrá abajo su fama de misericordioso. Y
si declara que la deben dejar libre, quebrantará la Ley de Moisés que
ordenaba apedrear a los adúlteros (cfr. Lv 20,10; Dt 22,22).
Jesús se queda callado y se pone a escribir en el suelo. ¿Qué escribió?
No lo sabemos. Probablemente los pecados de los acusadores o incluso
sus nombres, recordándoles de ese modo un pasaje de Jeremías que
dice: “los que se apartan de ti bajarán al país de los muertos” (Jr 17,13).
O simplemente señaló a la tierra para que no se olvidaran que ellos
también eran de barro, es decir, débiles y pecadores. Pero como ellos
insistían, Jesús les dice: “el que esté libre de pecado, tire la primera
piedra” Con estas palabras los lleva a entrar en su propia conciencia que
los declaró pecadores. Ya en el Antiguo Testamento se afirma que todos
estamos en la misma situación: “¿Quién puede decir: soy puro, estoy
limpio de pecado?” (Prov 20,9).
Igualmente, en el Nuevo Testamento, San Pablo dice: “Porque todos
pecaron y todos están privados de la gloria de Dios” (Rm 3,23). Los acusadores

56
han caído en la cuenta de ello, quizás no con todo el convencimiento y
el arrepentimiento, pero se fueron retirando, comenzando por los más
viejos, quedando solos Jesús y la mujer.
Jesús no juzgó a sus oponentes, sólo los llevó a que fueran jueces de sí
mismos y aprendieran a tratar con misericordia a sus prójimos, sabiendo
que ellos también eran pecadores y necesitados de misericordia. Mucho
menos condenó a la mujer, pues él vino a salvar lo que estaba perdido.
Tanta misericordia no significa que Jesús justifique el pecado. Más bien
Jesús ve por separado el pecado y al pecador. Al pecador lo acoge y le
ofrece la oportunidad de recomenzar: “Tampoco yo te condeno. Puedes
irte”. Y ante el pecado, su actitud es de rechazo: “no vuelvas a pecar”.

III. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. El problema del hombre y la raíz de todos sus males es el
pecado
Dios mismo nos ha revelado en su palabra cómo comenzó la
enfermedad, cuáles han sido las consecuencias, quién es el Médico que
nos puede curar, cuál es su medicina y cómo hay que tomarla.
La enfermedad comenzó cuando el hombre dejó de confiar en Dios y
quiso ser él mismo su propio dios. Desde Adán y Eva hasta nosotros, los
hombres hemos creído, por provocaciones del enemigo, que podemos
alcanzar la felicidad y realización humana, saliéndonos del cauce que
Dios nos ha marcado. Pensamos que Dios no quiere nuestra felicidad,
que la felicidad está precisamente en comer del árbol prohibido, que
representa los límites que Dios nos marca para vivir en armonía con El,
los demás, la naturaleza y nosotros mismos.
Al no guardar esos límites, estamos ocupando el lugar de Dios.
Pensamos, como el hijo pródigo, que en la casa paterna nunca vamos a
ser felices. Hoy también el ser humano se deja engañar por el enemigo
que le dice: “Realízate como tú quieres, como a ti te nace, con tu razón,
con tu instinto, con tu libertad. ¿Por qué tienes que ponerte trabas?”
Es cierto que estamos hechos para lo grande, para una felicidad
inmensa, para alcanzar al mismo Dios, para ser divinizados; pero el
camino no es hacer a un lado a Dios y su plan, sino precisamente
manteniéndonos en nuestra condición de hijos ante Él.
Las consecuencias de desconfiar de Dios y creerle al maligno han
sido desastrosas; en el relato del Génesis se describen simbólicamente.
Se dieron cuenta que estaban desnudos y tuvieron miedo: esto significa
que se sintieron desprotegidos, desarropados, porque el que peca rompe
con Dios, fuente de vida y seguridad; pero Dios no deja de buscar al
57
hombre por el jardín de la vida.
No aceptaron su parte de culpabilidad: Adán culpa a Eva, Eva a la
serpiente. Cierto que el enemigo sugirió, pero no obligó; tampoco Eva
obligó a Adán. Sin embargo, Adán dice: “la mujer que me diste por
compañera me dio del árbol y comí” Es decir, si no me hubieras dado
esa mujer, yo no hubiera comido; ella es la pecadora, yo no; si quieres
mátala. Adán reacciona con un fuerte egoísmo.
En el Evangelio que estamos meditando han pecado dos, el adulterio
se comete entre dos; sin embargo, sólo aparece la mujer. Moisés
mandaba castigar a los dos: “Si se sorprende a un hombre acostado con
una mujer casada, morirán los dos, tanto la mujer como el que se acostó
con ella. Así harás desaparecer el mal de Israel” (Dt 22,22). ¿Qué sucedió
entonces? Lo mismo que con Adán. El pueblo de Israel había cargado
la culpa sólo a la mujer, sólo ella es culpable. Adán y Eva somos tú y
yo. La misma mentalidad está entre nosotros: El hombre sí puede tener
sus aventuras, la mujer debe ser siempre fiel, y si no, que se muera. Es
fácil ver el pecado en los demás, la paja en el ojo del prójimo, pero muy
difícil ver la viga que cada uno cargamos.
“Maldita sea la tierra por tu causa” (cfr. Gn 3,17-19). También la naturaleza
resintió el pecado del hombre y se rebeló contra él. La maldición no es
puesta directamente por Dios, sino consecuencia lógica del desorden
mismo que el pecado implica. Hoy vemos cómo el egoísmo y la ambición
humanas siguen ocasionando una serie de males a la naturaleza, que
se revierten en contra del mismo hombre: tala inmoderada de árboles;
contaminación de aire, tierra, ríos y mares; destrucción de la capa de
ozono, etc.
Todos los males que el hombre sufre tienen como raíz última el
pecado: “Roto así por el pecado el eje primordial que sujeta al hombre
al dominio amoroso del Padre, brotaron todas las esclavitudes. La
realidad latinoamericana nos hace experimentar amargamente, hasta
límites extremos, esta fuerza del pecado, flagrante contradicción del
plan divino” (DP 186).
En todos estos males que hoy padecemos, ¿quién está libre de
responsabilidad? ¿A quién tirarle las piedras? Hemos de reconocer, como
los acusadores de la mujer, nos guste o no, que todos somos pecadores
y tenemos una parte de responsabilidad; unos más, otros menos, por
acción o por omisión, y necesitamos una solución.
2. Falsas soluciones
El hombre no puede salvarse a sí mismo. Incluso cuando ha llegado
a ser consciente de lo bueno y de lo malo, hace el mal que no quiere y
58
no hace el bien que se propone: “No entiendo mis propios actos: Pues
no hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco. ¡Infeliz de mí!
¿Quién me librará de este cuerpo, que me lleva a la muerte?” (Rm 7,19.24).
Tampoco un hombre, a título propio, puede salvar a otro. Dice Jesús:
“Si un ciego guía a otro ciego, caerán ambos en el hoyo” (Mt 15,14).
Son muchas las soluciones que el mundo propone para la felicidad
del hombre. Unas de ellas son: dinero, poder, ciencia, técnica, fama,
sexo, etc. Estas cosas, en un recto orden, son buenas, pero cuando
suplantan a Dios, se convierten en ídolos que compiten con Él y son
obstáculo para participar en su Reino.
• Otros buscan la solución en: alcohol, droga, narcotráfico, pornografía,
libertinaje, violencia, guerra, terrorismo, injusticias, consumismo,
legalismo, etc.
• Otros más en: movimientos pseudo-religiosos, hechicería,
adivinación, astrología, esoterismo, ocultismo, satanismo, etc.
Pero ninguna de estas cosas logra dar al hombre la solución a su
problema.
3. En Jesús, muerto y resucitado, tenemos la solución
La solución tampoco es que mueran los más pecadores, porque
podemos equivocarnos como los acusadores de la mujer. Cierto que ella
no era inocente, pero su muerte y la libertad del hombre adúltero y de
todos los que la iban a apedrear, que también eran pecadores, hubiera
sido una injusticia. En todo caso, si todos eran pecadores, todos debían
morir.
De hecho, nuestra situación de pecadores nos condena a la muerte,
pues dice San Pablo: “el pago del pecado es la muerte” (Rm 6,23). Pero para
que no muriéramos, el único justo, prefirió morir en nuestro lugar, por
todos y cada uno.
Jesús libró de la muerte a la mujer adúltera, la perdonó y le dio la
posibilidad de recomenzar su vida con una vida nueva.
Los que deberíamos estar en el banquillo de los acusados somos
nosotros, más aún, deberíamos estar en la cruz, pues “¿Quién puede
decir: soy puro, estoy limpio de pecado?” (Prov 20,9). Sin embargo, el que
no cometió pecado, Dios lo hizo cargar los nuestros y clavarlos en la
cruz, a fin de quedar justificados. “A quien no cometió pecado, Dios
lo hizo por nosotros reo de pecado para que, gracias a él, nosotros nos
transformemos en salvación de Dios” (2Cor 5,21).
En Jesús tenemos la posibilidad de ser libres y felices, decía san Pablo:
“¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, o de esta muerte?”
59
Y enseguida se respondía: “¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo,
nuestro Señor!” (cfr. Rm 7,24-25).
Por el momento sólo enunciamos la solución; ahondaremos en ella
en el siguiente encuentro

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ 1. ¿Con quién te identificas más, con los acusados (pecadores)
o con los acusadores (limpios)? ¿Por qué?

✓✓ 2.¿Cuáles son tus principales esclavitudes que te llevan a hacer


lo que no quieres?

✓✓ 3. ¿Cuáles son tus sentimientos al escuchar a Jesús que te dice:


“Levántate y no vuelvas a pecar”?

✓✓ 4. Escribe una oración donde manifiestes a Jesús los sentimientos


que en este momento salen de tu corazón.

CANTAMOS: “Gracias, quiero darte”


PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Comparte con tu pareja las respuestas del punto 4 y de manera


especial tu oración; exprésale ¿Por qué pusiste eso?

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✓✓ Si hemos sido bendecidos por el amor de Dios, ¿por qué en
algunas ocasiones como pareja no experimentamos su amor?
✓✓ ¿Cómo hemos ido educando a nuestros hijos, en la libertad y
responsabilidad o en la Esclavitud, las amenazas y regaños?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: ¿Cómo te sientes?
✓✓ En una reunión de todos, cada miembro de la
familia va expresando “cómo se siente” en el hogar y cuáles son
las cosas que le gustan y cuáles no le gustan de su familia.
✓✓ Al final de cada intervención tratemos de llegar a un compromiso:
¿qué puedo hacer YO para cambiar esas situaciones?
✓✓ ¿Qué podemos hacer como familia?
B) Veamos qué sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Cuáles son las “falsas ideas de libertad” que hay en nuestro
ambiente?
✓✓ ¿Cuáles son las situaciones de pecado que vemos a nuestro
alrededor? ¿Cuál es nuestra actitud al observarlas?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Cuál crees que deba ser nuesta actitud como
familias ante el ambiente de maldad y pecado que
nos rodea?
✓✓ ¿Qué podemos hacer para que en nuestra colonia o barrio se
viva un ambiente mas sano y libre?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

61
CATEQUESIS 2
¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN?
Y ¿CÓMO SE HACE EL EXAMEN DE CONCIENCIA?
OBJETIVO:
Encontrarnos con la belleza del sacramento de la Reconciliación,
lugar del misterio curativo, consolador y del perdón de Dios, para
frecuentarlo. Aprender a realizar el examen de conciencia, lugar del
encuentro libre y respetuoso con la propia verdad, para arrepentirnos.

ORACIÓN: (Cántico de las criaturas)


Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la
gloria y el honor; tan sólo tú eres digno de toda bendición, y nunca es
digno el hombre de hacer de ti mención.
Alabado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el
hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, y
lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras,
que tu poder creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y
brillan en los cielos: ¡alabado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta,
humilde: ¡alabado, mi Señor! Por el hermano fuego, que alumbra al irse
el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡alabado mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre
tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, y
nos sustenta y rige: ¡alabado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor los males corporales
y la tribulación: ¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les
llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡alabado, mi Señor! Ningún viviente
escapa de su persecución; ¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación! Sírvanle con ternura
y humilde corazón. Agradézcanle sus dones, cántele su creación. Las
criaturas todas, alaben a mi Señor. Amén.
(San Francisco de Asís)

INTRODUCCIÓN:
La vida cristiana es guiada y alimentada por Dios mismo,
62
todo es gracia, en realidad. Esta cercanía, él la alimenta a través de
los sacramentos, que podríamos ubicar en 3 familias:
• La primera la forman los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo,
Confirmación y Eucaristía.
• La segunda, los sacramentos de curación: Reconciliación y Unción de
los enfermos. En estos dos sacramentos, Jesucristo se presenta como
médico de nuestro espíritu y de nuestro cuerpo.
• La tercera, los sacramentos de la vida social: Orden sacerdotal y
Matrimonio.
El sacramento de la Reconciliación es conocido con varios nombres,
expresando su profunda riqueza. Se le denomina sacramento de
conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la
conversión, la vuelta al Padre del que el hombre se había alejado por el
pecado.
También se le conoce como sacramento de la penitencia porque
consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento
y de reparación por parte del cristiano pecador.
Es llamado sacramento de la confesión por la declaración y confesión
de los pecados ante el sacerdote, elemento esencial de este sacramento.
En un sentido profundo este sacramento es también una “confesión”,
reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia
para con el hombre pecador.
Se llama sacramento del perdón porque, por la absolución
sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente “el perdón y la
paz”.
Finalmente se le conoce como sacramento de la Reconciliación
porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: “En nombre
de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios” (2Cor 5, 20). El
que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la
llamada del Señor “Ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 24).

VER:
✓✓ Explica con tus palabras qué es para ti el sacramento de la
Reconciliación

✓✓ ¿Qué es lo que más te gusta experimentar cuando vives el


sacramento de la Reconciliación?

63
✓✓ ¿Qué es lo que se te hace más difícil del sacramento de la
Reconciliación?

✓✓ ¿Tienes un tiempo estable para vivir el sacramento de la


Reconciliación? O ¿cuáles son los motivos por los que te
acercas a celebrarlo?

ILUMINAR:
El sacramento de la Reconciliación lugar de encuentro con la verdad
Una de las pérdidas más trágicas que nuestra Iglesia ha sufrido en
la segunda mitad del siglo XX es la pérdida del Espíritu Santo en el
sacramento de la Reconciliación.
El sacramento de la Penitencia es el lugar privilegiado para profundizar
la identidad de todo auténtico seguidor de Cristo, quien está llamado a
hacer que él mismo y los hermanos se acerquen a la plenitud del amor
de Cristo.
En la oración sacerdotal, Jesús habla a nuestro Padre celestial de
esta identidad: “No te pido que los saques del mundo, sino que los
preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy
del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad” (Jn 17, 15-17). En
el sacramento de la Penitencia, se trata de la verdad en nosotros. ¿Cómo
es posible que no nos guste enfrentar la verdad?
Por eso debemos preguntarnos: ¿no hemos experimentado todavía la
alegría de reconocer un error, admitirlo y pedir perdón a quien hemos
ofendido? “Me levantaré e iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre,
pequé contra el cielo y contra ti” (Lc 15, 18). ¿No conocemos la alegría de
ver, entonces, cómo el Otro abre los brazos como el padre del hijo
pródigo: “su padre lo vio, y, profundamente conmovido, salió corriendo
a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos”?(Lc 15, 20)¿No podemos
imaginar, entonces, la alegría del padre, que nos ha vuelto a encontrar:
“Y comenzaron la fiesta”?(Lc 15, 24) Si sabemos que esta fiesta es celebrada
en el cielo cada vez que nos convertimos, ¿por qué, entonces, no nos
convertimos más frecuentemente?¿Por qué somos tan tacaños con Dios

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y con los santos del cielo al punto de no dejarlos tan raramente celebrar
una fiesta por el hecho de que no nos hemos dejado abrazar por el
corazón de Papá Dios?
La Confesión nos enseña a dejarnos amar por lo que somos
Con estos comportamientos expresamos que no amamos este
perdón tan directo, como si nos diera miedo tanto amor para nosotros.
Y, sin embargo, Dios nunca se muestra tan claramente como Dios,
como cuando perdona. ¡Dios es amor! Amor es donarse en persona.
Ahora bien, el amor más grande es aquel amor que supera el obstáculo
principal del amor, es decir, el pecado. La gracia más grande es el ser
perdonados, y el don más precioso es el darse como perdón. A través
de los pecadores que experimentan la necesidad del perdón, podemos
conocer la profundidad del Corazón divino. El Señor lo subraya de
modo claro: “Pues les aseguro que también en el cielo habrá más alegría
por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que
no necesitan convertirse”(Lc 15, 7). ¿Cómo es posible que un sacramento,
que provoca tan gran alegría en el cielo, causa tanta antipatía sobre
la tierra? Esto se debe a nuestra soberbia, a la constante tendencia de
nuestro corazón a atrincherarse, a satisfacerse a sí mismo, a aislarse, a
cerrarse sobre sí. En realidad, ¿qué preferimos?: ¿ser pecadores, a los
que Dios perdona, o aparentar estar sin pecado, viviendo en la ilusión
de presumirnos justos, dejando de lado la manifestación del amor de
Dios? ¿Basta realmente con estar satisfechos de nosotros mismos? ¿Pero
qué somos sin Dios? Sólo la humildad de un niño, como la han vivido
los santos, nos deja comprender con alegría la diferencia entre nuestra
pequeñez y la grandeza de Dios.
El fin de la confesión no es que nosotros, olvidando los pecados, no
pensemos más en Dios. La confesión nos permite el acceso a una vida
donde no se puede pensar en nada más que en Dios. Dios nos dice en
el interior: “La única razón por la que has pecado es porque no puedes
creer que yo te amo lo suficiente, que estás realmente en mi corazón, que
encuentras en mí la ternura de la que tienes necesidad, que me alegro por
el mínimo gesto que me ofreces, como testimonio de tu arrepentimiento,
para perdonarte todo aquello que me traes en la confesión”. Sabiendo
de tal perdón, de tal amor, entonces seremos inundados de alegría y
de gratitud. De este modo, perderemos progresivamente el deseo del
pecado, y el sacramento de la Reconciliación se convertirá en una cita
fija de la alegría en nuestra vida. Ir a confesarse significa hacer un poco
más cordial el amor a Dios, sentir, decir y experimentar eficazmente, una
vez más que Dios nos ama; confesarse significa recomenzar a creer y, al
mismo tiempo, a descubrir que hasta ahora nunca hemos confiado de

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modo suficientemente profundo y que, por eso, debemos pedir perdón.
Frente a Jesús, nos sentimos pecadores, nos descubrimos pecadores, que
significa que hemos dejado de lado lo que Dios esperaba de nosotros.
Confesarse significa dejarse elevar por el Señor a su nivel divino.
El arrepentimiento perfecto se alcanza confesándose
El hijo pródigo abandona la casa paterna porque se ha vuelto
incrédulo. Ya no tiene confianza en el amor del Padre, que lo satisface,
y exige su parte de herencia para resolver por sí sólo todo lo que a él
le interesa. Cuando se decide a volver y pedir perdón, su corazón está
aún muerto. Cree que ya no será amado, que ya no será considerado
hijo. Vuelve sólo para no morir de hambre. Esto es lo que llamamos
arrepentimiento imperfecto. Sin embargo, hacía tiempo que el padre lo
esperaba. Hacía tiempo que no tenía pensamiento que le diera más alegría
que el de creer que el hijo podría volver un día a casa. Tan pronto lo ve,
corre al encuentro, lo abraza, no le da tiempo ni siquiera para terminar
su confesión, y llama a los sirvientes para hacerlo vestir, alimentar y
curar. Y precisamente porque el padre le hace sentir un amor tan grande,
el hijo, en ese momento, comienza también a sentirlo nuevamente,
dejándose colmar. Un arrepentimiento inesperado le sobreviene. Este
es el arrepentimiento perfecto. Sólo cuando el padre lo abraza, él mide
toda su ingratitud, su insolencia y su injusticia. Sólo entonces retorna
verdaderamente, se vuelve a convertir en hijo, abierto y confidente con
el padre, reencuentra la vida: “Pero tenemos que alegrarnos y hacer
fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15, 32), dice el padre, al respecto,
al hijo que había permanecido en la casa.
El hijo mayor, “el justo”, ha vivido un cambio similar -así, al menos,
quisiéramos esperar que continúe la parábola. El caso de este hijo es,
sin embargo, mucho más difícil. ¡No se puede decir que Dios ama a los
pecadores más que a los justos! Una madre ama a su niño enfermo, al
que dirige sus cuidados particulares, no más que a los niños sanos, a los
que deja jugar solos, a los que expresa su amor, pero de modo diverso.
De igual forma, mientras las personas rechazan reconocer y confesar
los propios pecados, mientras siguen siendo pecadores orgullosos, Dios
prefiere a los humildes pecadores.
Sin dejar de tener paciencia con todos. El Padre tiene paciencia
también con el hijo que se ha quedado en la casa. Le ruega y le habla
con bondad: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo”
(Lc 15, 31)
. El perdón de la insensibilidad del hijo mayor no es expresado
aquí pero está supuesto. ¡Qué grande debe ser la vergüenza del hijo
mayor frente a tal clemencia! Había previsto todo pero no ciertamente
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esta humilde ternura del padre. De repente, se encuentra desarmado,
confundido, cómplice de la alegría común. Y se pregunta cómo
pudo pensar en quedarse a un lado, cómo pudo, aunque por un solo
instante, preferir ser infeliz solo mientras todos los otros se amaban y se
perdonaban mutuamente. Afortunadamente, el padre está allí y lo trata
a tiempo. Afortunadamente, ¡el padre no es como él!, es mucho mejor
que todos los otros juntos.
Sólo Dios puede perdonar los pecados. Sólo Él puede realizar
este gesto de gracia, de alegría y de abundancia de amor. Por eso, el
sacramento de la Penitencia es la fuente de permanente renovación y de
revitalización de nuestra existencia cristiana.
De hecho, es en el sacramento de la Penitencia donde encuentro
al Padre misericordioso con los dones más preciosos que ha de dar el
perdón y la gracia. Pero cuando alguno, a causa de su falta de frecuencia
a la confesión, dice al Padre: “¡Ten para ti tus preciosos dones! Yo no
tengo necesidad de ti y de tus dones”, entonces deja de ser hijo porque
se aparta de la paternidad de Dios, porque ya no quiere recibir sus
preciosos dones. Y si ya no es más hijo del Padre celestial, entonces
no puede decirse cristiano, porque el seguidor de Cristo, a través del
bautismo, es antes que nada hijo del Padre.
La confesión es un encuentro entre tres personas
Una herida infectada en el cuerpo sólo puede sanar si puede sangrar
hasta el final. El corazón herido del hombre puede sanar sólo si puede
sangrar hasta el final, si puede desahogar todo. Y se puede desahogar sólo
si hay alguien que escucha, en la absoluta discreción del sacramento de
la Reconciliación. Para el confesor es importante, primero que nada, no
hablar sino escuchar.
Para poder lograr este diálogo es necesario un sacerdote que sepa
escucharnos, de aquí la importancia de orar por los sacerdotes siempre
y de manera especial antes de acercarse a la Reconciliación, para que
sea sensible a la gracia de Dios y se encuentre con Cristo a través de
nuestra confesión; ya que aquellos que entran en contacto con Cristo,
se vuelven “Cristo-activos”. Y si, entonces, el sacerdote, siendo “Cristo-
activo”, se pone en contacto con otras personas, éstas ciertamente serán
“invadidas” por su “Cristo-actividad”. Ésta es la misión, así como fue
concebida y estuvo presente desde el comienzo del cristianismo. La
gente se reunía en torno a la persona de Jesús para tocarlo, aunque sólo
fuera el borde de su manto. Y quedaban sanados incluso mientras Él
estaba de espaldas: “porque salía de él una fuerza que los sanaba a
todos” (Lc 6, 19).
Pidamos para que los sacerdotes tengan presentes estas preguntas
67
importantísimas en el momento de vivir el sacramento de la Reconciliación:
¿con quién entran en contacto cuando se ponen en contacto conmigo?
¿Con Jesucristo, en su infinito amor por la humanidad, o bien con alguna
privada opinión teológica o alguna queja sobre la situación de la Iglesia y
del mundo? Finalmente que se pregunten, a través de nosotros ¿entraron
en contacto con Jesucristo? Porque solamente así las personas tendremos
vida.

EJERCICIO DE ASIMILACIÓN
✓✓ De la reflexión anterior escribe 2 ideas de la que podrías decir:
Eso mismo es lo que yo siempre he pensado.

✓✓ Ahora escribe 2 ideas de las que podrías decir: Eso no lo había


pensado así y me gustó descubrirlo.

✓✓ ¿Por qué para la vida de un cristiano es tan importante la


celebración estable del sacramento de la Reconciliación?

ACTUAR:
EXAMEN DE CONCIENCIA
Todos los seres humanos diariamente tenemos que estar eligiendo,
la experiencia nos hace comprender que la libertad de elección no debe
entenderse como arbitraria o como efecto de una libertad autosuficiente
o ilimitada, pues esa libertad humana tiene, también, como límites y
condiciones la “volunta de sentido”, por esta voluntad de sentido
comprendemos el afán por encontrarle a la propia vida el propio y único
sentido para vivirse con gallardía.
El ser humano siempre es libre y responsable ante “algo” y ante
“alguien” de las decisiones que toma y de las respuestas que da a la vida.
Este algo es, en primer lugar, la propia conciencia. Así mismo, la persona
también es responsable ante los demás de las respuestas que va dando
a su vida y con su vida a la sociedad, a la construcción de ese mundo

68
como comunidad más humana. Pero éstas no son las instancias últimas
ante las que el hombre y la mujer son libres y responsables. Detrás de la
conciencia personal está el misterio; está Dios, que es el “Alguien” final
ante el que somos libres y responsables.
La conciencia es la capacidad intuitiva de percibir el sentido singular
y único que se encuentra oculto en cada situación de vida de cada
persona.
Todo lo que hacemos o dejamos de hacer en la vida es orientado
por el sentido de la vida que es único para cada persona, quien lo tiene
que buscar guiado por su conciencia, ella en cualquier caso –teniendo
mayor o menor grado de claridad y certeza-, es como un “olfato” que
nos ayuda a descubrir con que finalidad ha sido creada cada hora que
vivimos y qué sería mejor hacer o dejar de hacer en cada momento.
Dios nos ha dotado nuestra propia conciencia para intuir, para
escuchar, además de los rumores de nuestro sentido único y singular
de vida, la voz que habla más allá del tiempo, la voz de Dios. Sólo la
conciencia es capaz de armonizar, por así decir, la ley moral “eterna”,
expresada universalmente, con cada situación concreta de una persona
concreta.
Vivir una vida guiada por la conciencia es siempre vivir una vida
absolutamente personal orientada a una situación absolutamente
concreta, a lo que puede importar a nuestra existencia singular y
peculiar, porque la conciencia incluye siempre el “aquí” concreto de mi
“ser” personal.
Tradicionalmente hemos aprendido en el catecismo que los pasos
para una buena Confesión son 5: examen de conciencia, dolor por
haber pecado, propósito de no volver a pecar, confesión y absolución y
cumplir la penitencia; esta buena tradición sin duda nos ayuda a celebrar
este sacramento con grandes beneficios.
Con frecuencia alrededor del sacramento de la Confesión llegamos
a decir: “Yo no tengo pecados…”, “no se qué decir…”, “siempre digo lo
mismo…”, “mejor usted pregúnteme…” Todas ellas tienen relación con el
examen de conciencia y desafortunadamente, traen como consecuencia
el ausentarnos del sacramento. Extrañamente, este abandono no se da
por el hecho de que nos sintamos buenos y sin pecado, sino más bien,
porque ignoramos con Quién y de qué forma nos encontramos a través
de este Sacramento.
También es causa de esta ausencia del sacramento el hecho de que la
mayoría de los cristianos jóvenes y adultos, no tenemos un tiempo estable
para acercarnos a confesarnos, acudiendo a él cuando nos sentimos

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al límite de no poder más con la carga interior, el remordimiento, la
angustia, la desesperación, el sentimiento de culpa, que con frecuencia
llega a ser algo momentáneo, dejando escapar la oportunidad de que se
convierta en un crecimiento maduro de nuestra vida desde el interior. Ya
que el pecado nos quita la libertad y la claridad de la verdad, dejándonos
caminar a oscuras, sin rumbo, sin sentido, causándonos desanimo,
extravío interior y el gusto por la vida armónica.
El examen de conciencia nos ofrece la posibilidad de dialogo
con nosotros mismos con profundo respeto y libertad, condición
indispensable para el diálogo con Dios, que siempre nos espera y a la
vez nos motiva desde el interior para abrazarnos en su amor generoso,
vivificante, único, que nos abre a la luz de la verdad y de la libertad que
brota desde nuestro interior como fuentes de aguas vivas.
Por eso es un auténtico encuentro con la verdad de mi vida, tal y
como es, escapando al juicio desde las apariencias, sino más bien al
encuentro con la propia sinceridad interior; ella nos revela la forma en
que estamos viviendo, qué tanto estamos satisfechos o no con nuestra
forma de vivir nuestra vocación de hijos de Dios. También nos revela si
hay luz u oscuridad en nuestras actuaciones y sentimientos, cuales son
nuestras motivaciones internas, quién es realmente el que mueve nuestra
vida: Dios que nos libera o nuestra imagen personal que nos encadena
a cumplir determinados gustos o caprichos haciendo desaparecer la
alegría y la creatividad.
El examen de conciencia no consiste en someternos a un tribunal
despiadado, injusto, intransigente y sanguinario, eso en realidad no le
agrada a Dios, Él quiere que nos tratemos con respeto y amor, por eso
nos pide que nos amemos a nosotros mismos. Es más bien un encuentro
con nuestra persona, a la que Dios ama incondicionalmente. En él Dios
no pide nada, más bien nos busca con todo su amor devolviéndonos
la confianza de experimentarnos sus hijos de verdad y nosotros solo
necesitamos presentarnos tal y como somos de verdad
El examen de conciencia es oración y no recriminación y desprecio,
recordemos como el apóstol san Pablo nos conforta al recordarnos
que “cuanto más se multiplicó el pecado, más abundó la gracia” (Rom
5, 20)
. El pecado ya lo cometimos por nuestra humana debilidad, con el
examen de conciencia sincero, Dios nos restablece nuestra capacidad
de contemplar la sobre abundancia de su gracia que nos cobija.
En el examen de conciencia podríamos distinguir 5 momentos:
• Dar gracias a Dios.
• Pedir luz y gracia.
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• Examinar mi vida.
• Diálogo con Dios.
• Llegar a acuerdos.

1. DAR GRACIAS A DIOS POR LA VIDA


El primer momento de nuestra oración –examen de conciencia-,
consiste en volver a reconocer la presencia vivificante de Dios mi Padre,
que a pesar de mi pecado, el cual nos llevaría a una muerte irremediable
tanto moral como física (cfr. Gn 2,17), se muestra misericordioso ya que a
pesar de mi pecado, puedo empezar a ser consciente de que Dios es
mucho muy favorable con nosotros, pues a pesar que hemos roto en
realidad la relación de nosotros hacia Él, sin embargo, Él hacia nosotros
mantiene la relación de la vida, ofreciéndonos así la oportunidad de la
conversión.
Este momento se vive viendo con los ojos, oyendo con los oídos y
sintiendo con la piel; se trata de darse cuenta delante de Quién estoy, no
solamente de mi vida y mis faltas, sino que estoy en la presencia de Dios
mi Papá: el Dios vivo, el Viviente que participó de su propia vida a todos
los seres vivos. Las primeras palabras de la Biblia expresan esta realidad:
“Al principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gn 1,1). La acción creadora es
una participación del propio ser, y Dios es vida, por eso, todo lo que
tiene vida a mi alrededor es manifestación de la presencia de Dios.
Dios, tu Papá, está de tu parte, contempla con cuidado: ¿qué ves?,
¿qué oyes?, ¿qué sientes? Todo lo vivo nos habla de Dios, “en él vivimos,
nos movemos y existimos” (Hech 17, 28).
Dale gracias de todo lo que veas que tiene vida, todo lo que oigas
vivo, todo lo que sientas vivo y glorifica a Dios el Viviente, porque sigue
presente en tu vida con su vida abundante manifestada en todas las
creaturas. Siéntete en su presencia, estás rodeado de Dios tu Papá, que
manifiesta su gloria y su amor hacia ti a través de sus creaturas, todas
ellas han sido creadas para ti, para que pudieras sentirte a gusto y así
vivieras en la alabanza, adoración y servicio a Él tu único Dios y Señor.
2. PEDIR LUZ Y GRACIA
Nuestros sentidos nos hacen contemplar la vida de tantas creaturas
vivas y en ellas podemos sentir la cercanía de Dios que nos rodea, Él
está muy cerca de nosotros; pero no nos podemos engañar, el pecado
personal ha roto nuestra relación hacia Dios, por eso es difícil percibir la
presencia de su Persona Divina en nuestra vida, restaurar la comunicación
con Él no es fruto de nuestro voluntarismo, como si todo fuera fruto de
un esfuerzo humano y ya, claro que no, experimentar la presencia de
71
Dios es un regalo que sólo Él puede darnos, es Gracia.
Por eso, ahora necesitamos pedir, pedir porque no podemos tener lo
que queremos por nosotros mismos, somos limitados, somos criaturas.
Jesucristo nos dice que en este pedir, no nos deja solos, el Espíritu Santo
nos ayudará a hacerlo convenientemente delante del Padre (cfr. Rom 8,26).
Pidamos a Dios luz para conocer su presencia vivificante en nuestra
vida y así podamos conocer nuestro pecado. Que Dios ilumine nuestra
conciencia para conocer en qué, cómo, en quién, con qué hemos roto
voluntariamente nuestra relación con Él.
También pidámosle gracia para aceptar su presencia en todos
nuestros actos buenos y malos, así como para aceptar nuestros pecados
sin buscar justificación alguna, tal y como Él nos los muestre en la
conciencia.
3. EXAMINAR MI VIDA
Ahora sí, consciente de nuestra necesidad de sinceridad y de la
presencia amorosa y vivificante de Dios, nos detenemos a examinar
nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones. Pongamos atención
en lo que nuestra conciencia nos indique que ocasionamos engaño,
injusticia, destrucción, desilusión, desanimo, daño, etc.
Es muy importante que no tratemos de justificar nada, antes bien,
mostrémonos muy respetuoso de lo que nuestra conciencia nos señala
como pecado; porque si aparece en ella, seguro que lo es.
Todos los pecados tienen nombre propio, en ellos están involucradas
personas y situaciones concretas, nombrémoslas y nada más. Recordemos
que en nuestra oración nosotros mismos pedimos a Dios que nos indique
en nuestra conciencia donde hemos roto la relación con Él.
4. DIÁLOGO CON DIOS
Después de haber examinado la propia vida delante de la presencia
de Dios y no de nuestra imagen personal, sin duda surge la necesidad
de un diálogo libre y abierto de hijo a Padre, hay tanto de que hablar, no
propiamente qué le prometemos, ni qué vamos a hacer; sino cómo nos
sentimos, qué cosas nos ha hecho descubrir, qué futuro alcanzamos a ver
después de este encuentro con Él, qué planes tenemos, etc. Platiquemos
con Él, finalmente esta es la razón del examen de conciencia y del
sacramento de la Reconciliación, restablecer la confianza y la relación
filial con nuestro Papá Grande (cfr. Gn 3, 8).
5. LLEGAR A ACUERDOS
Al llegar al final del examen de conciencia es necesario llegar
a acuerdos. Un acuerdo es diferente a un propósito. Los acuerdos se
72
establecen entre 2 personas, de esta manera son dos libertades que
buscan lo mejor entre ellos, así se encuentra la voluntad de Dios que
quiere compartirnos su salvación y la nuestra que busca su mayor gloria.
Un acuerdo con Dios se puede formular de la siguiente manera:
esperar a que Él me diga qué quiere (esto nos lo hará saber en nuestra
historia, es decir, en lo que podemos percibir), y que a mí me parezca
conveniente para su gloria.
Dicho de otra forma, con preguntas:
¿Cómo me siento?
¿Por qué me siento así: por una idea nueva que me vino en mente,
por un afecto o un deseo?
¿Qué se me ocurre que tengo que hacer para glorificar a Dios en mi
vida? Porque “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva y la vida
del hombre consiste en la visión de Dios” (San IRENEO DE LYON, Tratado contra las herejías).
ORACIÓN:(Gracias Señor)
Señor Jesucristo, te damos gracias porque eres nuestro hermano.
Porque siendo Dios, quisiste hacerte uno como nosotros, igual en
todo, menos en el pecado.
Porque viviendo eternamente con el Padre, viniste al mundo, a
experimentar la vida humana con todas sus consecuencias. Y entre
nosotros sentiste la vida, la alegría, el dolor, la compasión, y el
amor…
Te hiciste humano como nosotros, para que nosotros nos acercáramos
a Ti.
Que bueno eres con tus hermanos, Jesús! Y por ello, te damos gracias
y te
pedimos que nos ayudes a asemejarnos a Ti, buen Jesús.
A imitarte a Ti, en la bondad, en la paciencia, en la alegría, en el
optimismo.
En la lucha decidida contra el pecado, personal y social.
Ayúdanos Señor Jesucristo, a vivir la unidad en la familia,
en la Iglesia y en la sociedad.
Ayúdanos Señor, a construir la paz ahí donde hace tanta falta,
ahí donde reina la discordia; danos tu paz para hacerla presente.
Danos tu gracia, Cristo, para que seamos tus testigos, y los hombres
crean en Ti.
Gracias Jesús por tu presencia en medio de nosotros,
gracias por tu amor que nos salva, Amén.
(Tradición Cristiana)

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PUNTOS IMPORTANTES
Establece delante de Dios un tiempo para acercarte al sacramento de
la Reconciliación y una semana antes realiza tu examen de conciencia.
Puede ayudarte mucho si lo escribes.
Jesucristo nos ha dejado su Cuerpo y su Sangre para que quien lo
coma tenga vida eterna (cfr. Jn 6, 54). Por eso lo importante en la vida cristiana
es comulgar siempre que celebramos la Eucaristía. Si cometes un
pecado en el que experimentas que rompiste tu relación profundamente
con Dios, entonces busca lo más pronto posible el sacramento de la
Reconciliación. Y de ahí en adelante restablece el tiempo de tu próxima
confesión; si no sucede así por gracia de Dios, entonces continúa
comulgando y acercándote a la Reconciliación en el tiempo que haz
establecido con Dios.
Realiza tu examen de conciencia y acércate a la Reconciliación,
seguro experimentarás un profundo dolor por haber roto tu relación con
la Fuente de la vida, pero sobre todo te sentirás abrazado amorosamente
por el Padre y lo escucharás decir: “Tomen el ternero gordo, mátenlo y
celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío estaba muerto
y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 14, 23-24),
entonces te sentirás feliz de ser parte de la fiesta de tu Señor.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)


REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas
del EJERCICIO DE ASIMILACIÓN y medítalas
detenidamente, si crees conviente agrega lo que consideres le
haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es el sacramento de la Reconciliación?
74
y ¿Por qué necesitamos confesar nuestros pecados a un
Sacerdote?
✓✓ Compartimos uno a uno: ¿Cómo ha sido nuestra experiencia del
sacramento de la Reconciliación? Buena o Mala ¿Por qué?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


Con 5 personas de nuestra comunidad:
✓✓ ¿Qué es el Sacramento de la Reconciliación?
✓✓ ¿Por qué necesitamos confesar nuestros pecados?
✓✓ Expliquemos con nuestras palabrás a ellos ¿Qué es el Sacramento
de la Reconciliación?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

75
Encuentro Kerigmático 5

¿Quién puede salvarme?


Jesucristo, muerto y resucitado, proclamado
y asumido como el Señor de la vida y de mi vida

SALVADOR DALÍ,
Corpus Hypercubus, 1954,
Museo Metropolitano de Arte, New York.

“Mientras hablaban y se hacían preguntas,


Jesús en persona se acercó
y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,15).

76
OBJETIVO:
Descubrir que Jesucristo padeció y murió por nosotros en la Cruz,
Dios Padre lo resucitó, y ahora se nos manifiesta vivo y presente de
diversas maneras, para que, proclamándolo como Señor y Salvador
personal, encontremos el sentido de la vida y la salvación, y así lo
anunciemos al mundo.
COMPROMISO DE ORACIÓN
Me comprometo a orar por ti todos los días, con la convicción de
que nuestro Padre amoroso desea que sus hijos oren unos por otros,
porque pidiendo por otros, Dios nos llena de bendiciones.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: YO CREO EN TU RESURRECCIÓN (Hna.
Glenda)
ORAMOS: Porque es tarde
Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
Y se nubla el camino,
porque temo perder
Las huellas que he seguido,
no me dejes tan solo
Y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde


y he buscado el peligro,
Y escudriñé curioso las cumbres
y el abismo,
Perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti


y en hambre de tu trigo
Ven, siéntate a mi mesa,
dígnate ser mi amigo.
¡Qué a prisa cae la tarde..!
¡Quédate conmigo! Amén

77
¿QUIÉN PUEDE SALVARME?
✓✓ 1. ¿Cuáles son los sufrimientos que me hacen sentir crucificado?

✓✓ 2. ¿Cuáles son las esperanzas que tengo en medio de mis


sufrimientos?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. Lc 24, 13-35
2. Comprendemos la Palabra de Dios
“...dos de los discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, que
dista de Jerusalén unos once kilómetros” (v.13). En Jerusalén suceden los
acontecimientos más importantes de la vida de Jesús, especialmente
su muerte y resurrección. Jerusalén es símbolo del sentido, lugar de la
revelación del Señor resucitado, de la presencia de Dios y su gloria. Para
los dos discípulos -antes de encontrarse con Jesús- es lugar de sufrimiento
y del que prefieren huir. Emaús, a diferencia de Jerusalén, es símbolo del
sin sentido, lugar de refugio por temor a enfrentar la realidad, por temor
a la cruz.
“Iban hablando de todos estos sucesos” (v.14). Lo que había ocurrido
es lo que menos esperaban: habían matado a quien ellos pensaban que
sería el libertador de Israel; los dos discípulos han caído en el desencanto
y desilusión de ver a su maestro muerto en una cruz. Y regresan a su
antigua aldea, a su anterior forma de vivir.
“Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús se acercó y se puso
a caminar con ellos” (v.15). Ellos han abandonado a Jesús porque piensan
que todo ha fracasado, pero Jesús no los ha abandonado a ellos y los
acompaña en ese momento de tinieblas por el que están atravesando.
El verdadero Dios no es el que sólo encontramos en los momentos
agradables de la vida, sino el que comparte toda nuestra vida: tanto si
vivimos momentos de luz como si pasamos por un tiempo de tinieblas,
tanto si en nuestra vida experimentamos la felicidad, como si nos toca
probar el dolor, allí está Dios, y está para sostenernos. Y si caminamos
hacia atrás, hacia Emaús, hacia el pecado, también allí está el Señor
caminando a nuestro lado. Jesús camina juntamente con los discípulos
78
de Emaús, para manifestarles que los perdona, pero además, para que
recobren el sentido de la vida y darles vida nueva.
ESTA ES LA GRAN NOTICIA, EL KERIGMA: EN JESÚS,
MUERTO Y RESUCITADO TIENES EL PERDÓN DE TUS PECADOS
Y VIDA NUEVA.
A lo más que habían llegado los discípulos de Emaús, había sido
reconocer a Jesús como Profeta poderoso en obras y palabras. Jesús
había sido para ellos otro “Mesías” como muchos que en su tiempo
habían surgido, rico en proyectos, pero escaso en realidades y nulo en
resultados.
“Y empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les
explicó lo que decían de él las Escrituras” (v.27). Jesús no sólo les citó los
textos que anunciaban su pasión, muerte y resurrección, sino también
todos los que mostraban que los designios de Dios se realizan pasando
por las pruebas y humillaciones. Los peregrinos de Emaús y la gente de su
tiempo esperaban un Mesías poderoso humanamente, no un derrotado
en la cruz. Jesús no es ese tipo de liberador esperado por la gente de su
tiempo, pero sí es el salvador anunciado en las Escrituras.
“Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo” (v.29).
Jesús les ha explicado las santas Escrituras. Es la misma Palabra de Dios
que ellos ya conocían, pero escuchada y recibida de manera nueva (sin
los prejuicios que tenían).
La Palabra de Dios no es algo, sino Alguien, es Jesús resucitado que
camina siempre junto a nosotros, y nos explica el sentido de nuestra vida
y los diversos acontecimientos que la van tejiendo, pero necesitamos
escucharla con actitud de discípulos, que aceptan ser tardos para
entender y se sitúan siempre en continuo aprendizaje y seguimiento.
“…tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos” (v.30). El
reconocimiento de Jesús culmina en el gesto del partir y compartir el
pan, que encierra dos cosas: la donación de lo que el Peregrino tiene, y la
donación de sí mismo. Es el gesto coherente de quien ha explicado que
la entrega del Mesías hasta la cruz ya estaba anunciada, y nuevamente
se entrega al compartir su camino peregrinando con ellos, al compartir
su interés por los sucesos que los afligían, al compartir su tiempo
quedándose con ellos, al compartir su pan material, y al compartirse a sí
mismo sacramentalmente.
Entonces “en ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron”.
Se les abrieron los ojos porque comprendieron el sentido de la cruz,
signo de muerte, pero desde que Jesús murió en ella, signo de vida y
esperanza.
79
“...pero Jesús desapareció de su lado” (v.31). Desapareció de su vista
pero se quedó en su corazón. Jesús deja de ser un simple modelo externo
que se debe imitar y se convierte en el eje, en el centro de gravedad,
en el motor de su vida y quien le da sentido. Jesús desaparece de su
vista como “profeta poderoso en obras y palabras” (v.19) y se queda en su
corazón para ser el verdadero Señor de la vida y de su vida.
“En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a
Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás”
(v.33)
. Habiendo experimentado a Jesús resucitado, aquellos discípulos
abandonan el camino del desencanto, vuelven a recuperar la dirección
auténtica de su vida y se reintegran a la comunidad (Iglesia) que habían
abandonado.
“…contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino
y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (v.35). En la comunidad
comparten la novedad, la gran experiencia transformadora de sus vidas.
Aquél que se ha encontrado con Cristo Vivo lo anuncia a los cuatro
vientos, se vuelve misionero de Jesús resucitado.

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Nuestro camino a Emaús
Todos nuestros pecados son un huir de Dios y de su proyecto de
salvación que pasa por la cruz. ¿Cuántas veces y en diversas circunstancias
habremos caminado hacia Emaús? Cuando nos desilusionamos de lo que
Dios nos propone en su Palabra y preferimos hacer una vida a nuestro
antojo -como el hijo pródigo- y abandonamos la casa paterna, o cuando
nos desilusionamos de Dios porque no nos cumplió lo que le pedimos,
o porque se llevó a un ser querido... Cuando nos desilusionamos de
la Iglesia, porque conocemos su lado humano, la flaqueza de sus
miembros... y la abandonamos. Cuando nos desilusionamos del cónyuge
porque empezamos a ver más sus defectos que sus cualidades... y lo
traicionamos o incluso lo abandonamos. Cuando nos desilusionamos
del grupo en el que participamos porque no marcha como quisiéramos
o aparece la crítica, la persecución y preferimos vivir “sin problemas”
y lo abandonamos. Cuando nos desilusionamos de nosotros mismos
y terminamos imitando la personalidad de otros, o en un vicio o
adicción para tener un poco de cierto “valor”. O cuando de plano,
se emprende un camino definitivo a Emaús yéndose hasta el suicidio.
Cuando cerramos los ojos a la realidad para no enfrentarla, sea cual sea,
caminamos a Emaús. En pocas palabras, nos desilusionamos de todo,
porque encontramos la cruz de por medio, es decir, el dolor, el tener
que padecer, el tener que morir a mí mismo, y a nadie nos gusta sufrir.
80
Lo que a todos nos haría felices es el amor, pero el verdadero amor
implica morir a mí mismo, implica exponerme, implica arriesgar, implica
dolor, y todos tenemos miedo al dolor, a perder la imagen, a humillarnos,
a sacrificar nuestros conceptos e ideas que, según nosotros, son las que
deben imperar. No somos capaces de aceptar la vida como es: con su
dosis de imperfección, para luego transformarla; ni a los demás como
son: tu mujer, tus hijos, tus vecinos, el pobre de la calle, tus compañeros
de trabajo..., mucho menos a quienes consideramos como enemigos,
siendo que Jesús nos pide también amarlos a ellos. La realidad es que no
está a nuestro alcance el verdadero amor. La realidad es que tú y yo nos
topamos con nuestra poca o mucha incapacidad de amar, y si hemos
intentado salir de esas aguas pero nos volvemos a hundir, entonces
concluimos como los discípulos de Emaús: ¡Regresemos a nuestra vida
de siempre! ¡No es posible otra!
Mucha gente hoy vive encerrada en su pequeña aldea, en su Emaús,
y sin embargo no es feliz; tiene su cónyuge, su casa, su carro, sus hijos...,
pero no es feliz pues choca con la imposibilidad de amar. Porque si
tú tienes tu familia, tus amigos, y dices amar por lo menos a ellos, en
realidad ni a ellos los amas, ya que sólo los amas hasta cierto punto,
mientras no te destruyan, mientras no hagan lo que te disgusta y te
destruye, mientras no repitan esos defectos que no soportas.
Y es que el pecado nos ha puesto en una situación de rompimiento
con Dios, con el prójimo, con la naturaleza y hasta con nosotros
mismos, y al igual que Adán y Eva se sintieron “desnudos”, es decir,
lejanos de Dios, desprotegidos de su amor, temiéndole, vacíos, en la
muerte -porque Dios es la vida y el rompimiento con Él es la muerte- así
nosotros, al pecar experimentamos la ausencia de Dios, la muerte, y por
tanto, la pérdida del sentido de la vida. Entonces nos volvemos idólatras,
porque comenzamos a buscar la vida en lo finito: el hombre cuando se
casa le pide la vida al matrimonio, hace del matrimonio un ídolo, “antes
de entrar tiene prisa por entrar, luego ya le anda por salir”. Otros le piden
la vida al trabajo que equivale al dinero, hacen dinero buscando en él
la felicidad; otros buscan la vida en el sexo, en una adicción o en lo que
sea, incluso en la estima de los demás, y ¿qué pasa? Que nadie se queda
satisfecho, porque Dios nos hizo para una felicidad mayor.
2. Nuestro camino de regreso a Jerusalén
La Buena noticia es que hay un Hombre que venció la muerte, está
resucitado y gracias a Él tienes el perdón de tus pecados, la reconciliación
con Dios, con los demás, con el mundo y contigo mismo; más aún, en
la fuerza de su gracia tú también puedes vencer tu muerte, la falta de
sentido de tu vida, tus miedos y cobardías, y regresar a Jerusalén, a tu
81
realidad, sin temer la cruz que allí estará siempre.
Nada de aquello que asustaba a la pareja de Emaús dejó de existir.
La realidad siguió tan brutal y asesina como antes. Y los que le habían
dicho al Peregrino que se quedara con ellos porque ya empezaba la
noche y el camino era peligroso, regresaron inmediatamente a Jerusalén
sin miedo a nada, ¡esa misma noche!
¿Qué sucedió para que su miedo, su tristeza, su desesperanza se
convirtiera en valor, alegría y esperanza? Lo que sucedió es que constataron
que Jesús estaba vivo y caminaba con ellos: cuando se encontraban con
el hermano peregrino, cuando escuchaban y comentaban las Escrituras,
cuando partían y compartían la oración, el pan material y la Fracción del
Pan; incluso, cuando caminaban hacia atrás abandonando su realidad
y huyendo de la cruz, en su pecado, pues constataron lo que dice san
Pablo: donde abundó el pecado, la gracia fue más fuerte; constataron el
amor incondicional de Dios.
El verdadero encuentro con Jesús nos lleva a superar los miedos
y demás ataduras que el maligno nos va tendiendo; el verdadero
encuentro con Jesús nos lleva a abandonar nuestra actitud pasiva frente
a la historia para encararla y volvernos constructores, junto con Dios, de
nuestra propia historia, la que entonces se vuelve verdadera historia de
salvación.

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


En pequeños grupos comenta los momentos de tu vida que te has
sentido como los peregrinos de Emaús en su camino de Jerusalén a
Emaús (tristes y derrotados); o de Emaús a Jerusalén (felices y realizados).

JERUSALÉN a Emaús EMAÚS a Jerusalén

✓✓ Redacta una oración, teniendo en cuenta que en este momento

82
de tu vida, Jesús ha venido a caminar contigo, a acompañar tu
peregrinar, a explicarte las Escrituras. Seguramente has sentido
arder tu corazón, pídele a Jesús que se quede contigo y que sea
el Señor de tu vida.

ORACIÓN:
“Quédate conmigo, y sé el Señor de mi vida”

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo lo escrito en el cuadro del punto
4 y tu oración y medítalas detenidamente, si crees
conviente agrega lo que consideres le haga falta.
✓✓ ¿Soy auténticamente optimista o me dejo dominar por la tristeza
y la desesperación?

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?
✓✓ En nuestro matrimonio ¿Nos hemos sentido en algun momento
como los discípulos de Emaús?
✓✓ ¿Somos agradecidos con Dios por todas las bendiciones que nos
ha consedido o tendemos a culparlo a él de nuestras desgracias?
✓✓ Como matrimonio ¿Somos optimistas en el futuro que esperamos
de nuestra familia o nos dejamos invadir por la tristeza y
desesperación?

83
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: La Veleta
✓✓ En un momento oportuno cada miembro de la
familia va compartiendo cuales han sido los momentos más
alegres de su vida y los más tristes, al terminar cada uno todos
como familia tratamos de descubrir la presencia de Dios en cada
uno de ellos.
✓✓ Luego todos juntos tratamos de ubicar el momento mas feliz que
hemos tenido como familia y el más dificil, tratando siempre de
descubrir la presencia de Dios en medio de ellos.
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Se sugiere observar en las familias con las cuales tenemos
contacto como son sus relaciones:
✓✓ ¿positivas o conflictivas?
✓✓ ¿Domina la comunicación o el silencio?
✓✓ ¿Cómo tienden a ser los rostros de las personas que nos
encontramos en la calla, reflejan felicidad y alegría o tristeza y
desesperanza?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Crees tú que hoy la sociedad está en crisis o
vive los momentos de mas plenitud en su historia?
✓✓ ¿Cuál es el modelo de la felicidad que presenta la sociedad
actualmente?
✓✓ ¿Crees que el modelo de vida que presenta la sociedad hace a la
gente verdaderamente feliz?
✓✓ ¿Dónde crees que esté actualmente la clave de la felicidad?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

84
Encuentro Kerigmático 6

¿Qué debo hacer para salvarme?


Cree y conviértete ya, proclamando a Jesucristo
como Salvador y Señor

ANÓNIMO
Crucifixión

“Jesús dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa...


El hijo del Hombre
ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,9-10).

85
OBJETIVO:
Experimentar el Encuentro con Jesucristo vivo, que vino a participarnos
del amor bondadoso de Dios y, a rescatar y salvar lo perdido, para vivir
y crecer en un proceso de conversión personal y social durante toda la
vida.
COMPROMISO DE FRANQUEZA
Prometo esforzarme en ser más abierto, participativo, descubriéndote
mis sentimientos, mis luchas, mis gozos y mis pesares de manera cada
vez más clara. En el grado en que haga esto, significa que no puedo
llevar mi carga sin tu ayuda, que te confío mis necesidades y que te
necesito. Esto constata el valor que tienes para mí como persona.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: QUE DETALLE
ORAMOS: Salmo 102 (101).
LA CONVERSIÓN DE CARLOS
La Conversión de Carlos de Foucauld a Dios y al Prójimo.
En una reunión familiar Carlos, brillante oficial del ejército francés,
relata dramáticas hazañas de su expedición en Marruecos. De pronto,
una sobrinita le pone una mano en las rodillas y le dice: Tío, has hecho
para Francia tantas cosas maravillosas. ¿Y para Dios, qué has hecho?
El gran explorador del desierto africano queda sin palabras, pensativo,
toda aquella tarde. La pregunta le ha quitado la paz. ¿Qué ha hecho para Dios?
Nada.
Al día siguiente, Carlos busca a un viejo amigo de estudios, el Padre
Huvelin; se confiesa y pide luz. Poco después deja su carrera militar y se
consagra a Dios. Carlos transcurre algunos años como huésped en varios
monasterios, orando y meditando.
Para imitar mejor a Cristo, llega a vivir en Nazaret. Un día, su
profunda oración es interrumpida por llantos y lamentos. En la casa de
junto, un musulmán muere en la más espantosa miseria.
Carlos de Foucauld compara su vida con la de Cristo, y se pregunta:
¿Tengo derecho a aislarme yo solo con Dios, mientras mis hermanos
mueren desesperados? Y decide convivir con los hermanos que lo
rodean, y ser el amigo de quienes no tienen amigos.
Pasó los últimos años de su vida en el desierto del Sahara, totalmente

86
identificado con los habitantes de la región llamada Hoggar. Imitando su
ejemplo, nacieron las “fraternidades el desierto” que viven mezclándose
con los más pobres.
Carlos de Foucauld ligó su propia vida a Dios y al prójimo y selló
su fidelidad con su propia sangre, cuando los Tuaregs lo asesinaron en
Tamanraset el 1° de diciembre de 1916.
¿QUÉ DEBO HACER PARA SALVARME?
✓✓ 1. ¿Qué significado le das al hecho de imponerte la ceniza y
decir “muero con Cristo para resucitar con Él”?

✓✓ 2. ¿Cuáles son los cambios más radicales que has hecho en tu


vida?

✓✓ 3. ¿Hoy, a qué quieres morir, para resucitar con Cristo?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios.Lc 19,1-10
2. Comprendemos la Palabra de Dios
Zaqueo quería ver cómo era Jesús
• Todos en Jericó señalaban a Zaqueo: ¿Será posible que un hombre
acostumbrado a los negocios sucios pueda convertirse? ¿Zaqueo
no merecería más el castigo de Dios que su misericordia?
• Zaqueo era cobrador de impuestos, pequeño de estatura,
excluido de las prácticas religiosas y temido por la mayoría de
la gente. Zaqueo sabe que es envidiado y odiado, pero no ha
perdido el sentido del bien.
• “…quería conocer a Jesús” (v.3), y como la gente se lo impedía,
“corriendo se adelantó y se subió a un árbol para verlo, porque
iba a pasar por allí” (v.4).
• Jesús demuestra que es guiado por el Espíritu, cuando mira a
Zaqueo entre tanta gente y le dice: “…Zaqueo, baja en seguida,
87
porque hoy tengo que hospedarme en tu casa” (v. 5)
, Lucas dice que
bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
• Este encuentro que tiene con Jesús, le obliga a manifestar todo lo
humano y lo bueno que tenía dentro. Después ya no le costaba
reparar todas sus maldades.
• La salvación que otorga Jesús realiza un cambio radical, opera la
metanoia, la conversión profunda, tanto la interna de la mente y el
corazón, como la externa que se expresa en las obras.
• Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: “…Señor, la mitad de mis
bienes se la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré
cuatro veces más” (v. 8).
• El ENCUENTRO con Jesús, provoca en Zaqueo muchas reacciones,
sobre todo, se siente dichoso por haber sido favorecido por Jesús
que le pide hospedarse en su casa a pesar de ser un pecador.
• Zaqueo es un ejemplo de la manera como el amor de Jesús, que
es el amor de Dios, cambia y transforma el corazón y la mente
del hombre y se manifiesta en un cambio radical de vida que lo
libera del dominio de las riquezas y de los bienes materiales, en
una palabra lo convierte. La vida de Jesús da plenitud al proyecto
de Dios en favor de los hombres, pues la mirada de Jesús y sus
palabras han devuelto la dignidad personal a Zaqueo. Le dice
Jesús: “…hoy ha llegado la salvación a esta casa” (v.9).
• Este texto es una invitación a descubrir en el Encuentro con
Jesucristo vivo el amor de Dios Padre, la bondad y el perdón de
Dios pues Jesús no teme juntarse con los pecadores, más bien los
busca.
Zaqueo, al final del proceso le dice a Jesús: “Señor”, así manifiesta
que después de este encuentro personal con Jesús, la persona de Jesús
viene a ser importantísima para él, ya no un personaje famoso sino que
ahora contempla a Jesús como el “Señor”, aquel que ha cambiado para
siempre su corazón, su modo de pensar. Zaqueo en adelante ya no
servirá más a los pequeños señores a los que daba culto: el dios soledad,
el dios dinero, el dios miedo. Zaqueo ha llegado a la fe y ha descubierto
a Jesús como el único Señor de su vida.

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA

El encuentro con Jesús lleva a la conversión

88
1. La exigencia inicial del Reino es la conversión
La conversión, (“metanoia”) significa en primer lugar cambio de
corazón. Primero hay que convertirse a Dios y descubrir su amor, para
después cambiar de vida, de actitudes, de obras; con proyección y
compromiso con el mundo.
La conversión es cambio total:
• Es dar la espalda, dejar atrás, abandonar todo lo que es
incompatible con Dios y su plan de amor para nosotros;
• Es romper con el pecado y los ídolos como rechazo y sustitución
de Dios,
• Es rechazar a Satanás como instigador para el mal y cortar sus
ataduras.
Convertirse es volverse a... lo cual supone, por el mismo hecho
volverse de... dos aspectos de un mismo movimiento: porque se encuentra
al Señor, se deja todo lo que es incompatible con Él, es decir, nuestros
ídolos. La conversión es pues, ante todo, un volverse a Dios, buscar su
Rostro, reconociendo su presencia y escuchando su voz que nos hace
un llamado personal a dejar el pecado como condición para entrar en su
Reino. Pecado es no aceptar el amor de Dios y su presencia en medio de
la vida y de la historia, es no agradar al Padre, es desconsolar al Espíritu
Santo que habita en nuestro corazón, es destruir la imagen de Dios en
nosotros.
El pecado se concretiza en un rechazo libre de la voluntad de Dios,
en una trasgresión consciente de sus mandatos. El pecado en último
término, es un rompimiento con El aunque el contenido material de
la acción o sus consecuencias trastornen las leyes de la creación y nos
dañan a nosotros mismos y a los demás. En el fondo de todo pecado hay
algo que ponemos en el lugar que corresponde a Dios.
El criterio para examinar y juzgar sobre el pecado se encuentra en
la mente de Dios Creador y está también grabado en nuestra propia
naturaleza, donde lo debemos descubrir, y en su Palabra, en la que nos
señala el camino, formando una recta conciencia.
2. Del encuentro con Jesucristo al amor solidario con el
prójimo
Zaqueo manifiesta su conversión diciéndole a Jesús: “Señor, voy a
dar...”. Jesús es el Señor. Después de este encuentro personal que ha
sido trascendental para la vida de Zaqueo, Jesús, ya no puede ser para
él un personaje famoso; ahora es el SEÑOR. Lo que ha convertido a

89
Zaqueo es la experiencia del señorío de Jesús, es decir, la aceptación
de la misericordia de Dios. El signo de la conversión de Zaqueo es:
“Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido
algo injustamente le devolveré cuatro veces más”. De esta forma Zaqueo
manifiesta que la conversión personal tiene que manifestarse también
como una conversión social, es decir, en la solidaridad, pues quien ha
recibido generosamente el perdón y la misericordia de Dios, no puede
menos que compartir lo que ha recibido, no pone límites al ejercicio
de la misericordia. Una sincera conversión debe cambiar la mentalidad
individualista en otra de sentido social y preocupación por el bien
común.
“Los cristianos no podemos resignarnos ante un mundo inhumano,
pervertido por el gran pecado de la injusticia” (Sínodo 1971). Esto significa
en la práctica: convertirnos de nuestra participación en la creación de
estructuras sociales injustas, del aprovechamiento por nuestra parte de
esas mismas estructuras ya existentes, y también de no haber hecho lo
que nos corresponde en la transformación de esas estructuras.
“Ante las realidades que vivimos, no se puede hoy en América Latina
amar de veras al hermano y por lo tanto a Dios, sin comprometerse a
nivel personal y en muchos casos, incluso, a nivel de estructuras, con el
servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales
más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se
siguen en el plano de las realidades temporales” (DP 327).
“Dirigimos a todos los cristianos, de manera apremiante, un
llamamiento a la acción. Los seglares deben asumir como tarea propia la
renovación temporal. Que cada uno examine lo que ha hecho y lo que
debería hacer. No basta recordar principios, subrayar injusticias y proferir
denuncia profética. Resulta demasiado fácil echar sobre los demás las
responsabilidades sobre las injusticias. En la diversidad de situaciones,
cada uno debe situar su responsabilidad y discernir en conciencia las
acciones en las que debe participar” (OA 48).
3. La conversión nos lleva a ser discípulos misioneros de
Jesucristo
El Evangelio nos revela la raíz de toda espiritualidad, y nos devuelve
la exigente simplicidad de la identidad cristiana. Nos enseña que ser
discípulo de Jesús es seguirlo, y que en eso consiste la vida cristiana. Ser
cristiano es seguir a Cristo por amor.
Hablar de conversión es hablar de ser discípulos de Cristo, de
superar los “apegos”, porque seguir a Jesús es seguir a Dios, el único
absoluto. La conversión es adecuarse a los valores que Cristo enseñó.

90
La conversión es el fundamento de toda fidelidad cristiana, en la vida
personal, en el apostolado o en los compromisos sociales, profesionales
y políticos. Ella nos arranca de nuestros “encierros” y nos conduce “a
donde no queríamos” para ser discípulos misioneros de Cristo. Hoy,
estamos llamados permanentemente al dinamismo de la conversión,
que depende radicalmente de una respuesta al llamado que Cristo te
hace al salir a tu encuentro, como a Zaqueo.
No hay sola una llamada de Cristo en la vida, hay varias, cada una
más exigente que la anterior, y envueltas en las grandes crisis de nuestra
vida para vivir en el éxodo de la fe y de ser conscientes de ser discípulos
de Jesús.
4. Convertirse en discípulo es compartir como misionero lo
que se ha recibido del Maestro.
Convertirse en discípulo, es caminar siguiendo las huellas del
Maestro, es compartir lo que se ha recibido, es transformar en obras
de misericordia el perdón que gratuitamente hemos recibido de Dios.
Zaqueo se convierte y comienza a traducir en misericordia el perdón:
“…Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a
alguno, le devolveré cuatro veces más” (v.8). Zaqueo muestra una gran
generosidad, pues quien ha recibido generosamente el perdón de Dios,
no pone límites al ejercicio de la misericordia. Jesús es el Señor que nos
trae la liberación mediante el ejercicio fiel de la misericordia.
La misericordia no es un concepto sino una realidad que se expresa
y se manifiesta con muchos rostros. El primer rostro de la misericordia de
Dios con los hombres es el perdón. El episodio de Zaqueo nos muestra la
misericordia de Dios convertida en perdón. Jesús no libera a Zaqueo por
casualidad. La vida de Jesús es la encarnación del proyecto liberador de
Dios entre los hombres; Jesús tiene que liberar al cobrador de impuestos,
porque para esta misión ha sido enviado. Hoy Jesús, viene a liberarte a ti
también. Jesús libera de un modo muy especial, él es el Hijo del Hombre
que nos trae la liberación de Dios convertida en servicio, humildad y
vida compartida.
Para eso, Jesús se hace presente inesperadamente en la vida de
Zaqueo y viene a su encuentro para perdonarlo, liberarlo y cambiar su
vida. Jesús ha encontrado a Zaqueo, le ha hablado y lo ha liberado.
Ahora Zaqueo puede contemplar el rostro de Jesús, porque la mirada
y las palabras de Jesús son de misericordia, de ternura, de liberación.
Jesús no condena, no recrimina nada. Jesús tiene un plan, un proyecto:
salvar a todos los hombres; por eso no es casualidad que se fije en este
hombre, que se fije en ti. Tú eres Zaqueo.

91
IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS
Respondemos y comentamos en grupo las siguientes preguntas:
✓✓ 1. ¿En qué cosas te identificas con Zaqueo?

✓✓ 2. ¿Qué detalle se te ha quedado grabado de este encuentro de


Jesús con Zaqueo?

✓✓ 3. Escribe alguna historia de tu vida que tenga un poco de


parecido con la de Zaqueo.

✓✓ 4. Haz una oración a Jesús, en la que manifiestes tu decisión


personal de cambiar como Zaqueo.

CANTAMOS: “Qué detalle”


PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
✓✓ Revisa detenidamente en ¿qué cosas has cambiado a raíz de
tu encuentro? y ¿Qué cosas te falta cambiar en tu familia para
expresar firmemente tu deseo de seguir a Jesús?

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?
✓✓ Pensemos en pareja ¿Qué cosas hemos cambiado a raíz de

92
nuestro encuentro con Cristo?
✓✓ ¿Qué cosas nos hace falta cambiar como pareja para hacer
manifiesto nuestro deseo de seguir a Jesús?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: La grandeza del hombre
✓✓ Compartimos con nuestro hijos el Pasaje de
Zaqueo, enfatizando como después de conocer a Jesús fue capaz
de cambiar radicalmente su estilo de vida.
✓✓ Compartimos cada uno: ¿Qué estamos dispuestos a cambiar
como Zaqueo para hacer manifiesto nuestro deseo de seguir a
Jesús?
✓✓ Ahora todos juntos acordemos ¿Qué vamos a cambiar como
familia para hacer manifiesto nuestro deseo de seguir a Jesús?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Se sugiere observar en las familias con las cuales tenemos
contacto:
✓✓ ¿De qué manera viven su fe?
✓✓ ¿Manifiestan con su vida ser verdaderos seguidores de Cristo?
✓✓ Pensemos en alguna familia que exprese en su vida el deseo de
seguir fielmente a Jesús

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Te consideras un discípulo de Jesús y comportes
su manera de entender la familia?
✓✓ ¿Consideras que todos los hombres y mujeres son tus hermanos
y hermanas?
✓✓ ¿Qué hacer para que los jóvenes no rechacen la fe sin conocerla?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

93
CATEQUESIS 3

¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO?


OBJETIVO:
Conocer y valorar el Bautismo que hemos recibido, para vivir con
mayor conciencia nuestra dignidad como hijos de Dios.
ORACIÓN: (La Paz de Dios)
Tú eres el Dios de la Paz,
precisamente por esto,
Señor del Amor y de la paz,
¡ queremos convertirnos a Tí!
No podemos engañarnos
con llegar a vivir bien,
en paz, sin tí.
No podemos pensar en superar
las inquietudes interiores
y nuestras guerras personales
si no nos volvemos a tí,
Señor de la Paz,
Jesucristo crucificado
y resucitado,
que haz padecido la muerte
para darnos paz.
¡Te pedimos aquella paz,
que supera todo proyecto
y posibilidad
y que puede fortalecer
nuestros pensamientos,
nuestras voluntades,
nuestros corazones. Amén.
(Carlo Maria Martini)

INTRODUCCIÓN:
“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para
consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner
por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes
todos los días hasta el final de los tiempos”(Mt 28, 19-20).
94
Con estas solemnes palabras, Nuestro Señor Jesucristo se despide
de los Apóstoles momentos antes de su Ascensión a los Cielos. Les deja
encomendada nada menos que la salvación de la humanidad entera. Y
la Iglesia naciente, espera en Jerusalén con la Virgen María, la venida del
Espíritu Santo que les daría las luces y la fortaleza para emprender tan
grande obra.

VER:
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1. Para ti ¿qué es el Bautismo?

✓✓ 2. ¿Consideras que es importante que lo reciban los niños, o


preferirías que fuese cuando sean adultos? ¿Por qué?

✓✓ 3. ¿Qué es lo que te da el Bautismo?

ILUMINAR:
Un rito muy antiguo
Dado que el agua naturalmente lava o purifica, en muchas culturas o
religiones antiguas ya desaparecidas o aún vigentes, se ha acostumbrado
realizar con agua un rito de“purificación”, simbolizando arrepentimiento
por las faltas cometidas. Actualmente, en la India por ejemplo, cientos
de miles de hindúes entran al Río Ganges en Benarés en ceremonias
impresionantes tanto por el número de los devotos y la intensidad de su
devoción como del entorno mismo en que se verifican los ritos.
En Palestina, en tiempos de Jesucristo, apareció Juan, el pariente del
Señor, bautizando en el río Jordán, invitando a los judíos a arrepentirse
de sus pecados:“Conviértanse, porque está llegando el reino de los
cielos… Yo los bautizo con agua para que se conviertan”(Mt 3, 2.11).
Pero aparte de las disposiciones personales de los que entran al río
Ganges o aquellos bautizados en el río Jordán por San Juan, solamente en
el agua, dichos ritos bautismales no tenían ni tienen en realidad eficacia
alguna para perdonar los pecados: eran y son a lo más una figura, una
95
preparación para el verdadero Bautismo Sacramental instituido por
Jesucristo.
El Bautismo sacramental
San Juan Bautista declaró:“El que viene detrás de mí es más fuerte
que yo, y no soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará con
Espíritu Santo y fuego”(Mt 3, 11).
Un día, entre la multitud que acudía a ser bautizada en el Jordán,
apareció Jesús y ante el asombro del Bautista, pidió también ser bautizado
“no porque hubiera tenido él necesidad de ser purificado –nos dice San
Agustín- sino para purificar las aguas bautismales con el contacto de
su carne divina y comunicarles la virtud de purificar a los que después
fueren Bautizados”.
Ese fue, según los Padres de la Iglesia, el momento en que el
bautismo que invitaba a la conversión, fue elevado al grado de Bautismo
Sacramental, con toda la eficacia que le confiere el poder del Espíritu
Santo.
LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN
El Bautismo forma parte de lo que la Iglesia llama Sacramentos de
Iniciación. Siguiendo la correspondencia de la vida natural, que tiene
un origen, un crecimiento y necesita un sustento, el cristiano nace a
la vida de la Gracia por el Bautismo, crece por la Confirmación y se
nutre y fortalece por la Eucaristía. Todavía faltan los demás Sacramentos
llamados de Curación y de Servicio a la Comunidad, que conforman en
plenitud la vida Cristiana.
¿Qué es el Bautismo?
El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 1213 define así al
Bautismo:“es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la
vida en el Espíritu y la puerta de acceso a los otros Sacramentos. Por el
Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios,
llegamos a ser miembros de Cristo y hechos partícipes de su misión”.
Bautizar es una palabra griega que significa “sumergir”, “introducir
en el agua” y, esta “inmersión” en el agua simboliza el acto de sepultar al
catecúmeno (quien se prepara para ser bautizado) en la muerte de Cristo
de donde sale para la resurrección con él como nueva criatura (2 Cor 5, 17).
Un nuevo nacimiento
La palabra clave de la definición es “regenerados” o sea, que somos
generados nuevamente, nacidos de nuevo. En efecto, cuando el fariseo
Nicodemo, de noche, visita a Jesucristo, recibe del Señor la siguiente

96
noticia: “Yo te aseguro que el que no nazca de lo alto no puede ver el
reino de Dios”(Jn 3, 3). Así como nacemos a la vida natural por medio de
los padres, nacemos a otra vida superior en el Bautismo. Cuando Jesús
dijo:“Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan
en plenitud”(Jn 10, 10), nos estaba prometiendo no la vida natural que se
adquiere por la unión conyugal, sino la Vida Divina que él tiene desde
la eternidad, como Hijo de Dios. Es designio eterno de Dios el que los
hombres lleguemos a participar de su Divinidad. Es lo que llamamos
Gracia Santificante.
Por encima de todo lo que nos proporciona el Bautismo, está el
prodigio de llegar a ser divinizados por el agua y el Espíritu Santo en el
sencillo rito del Bautismo. Es el momento más importante de nuestras
vidas. Si debemos agradecer a nuestros padres naturales el habernos
comunicado la vida humana, ¡cómo podremos agradecer a Dios el
comunicarnos su Vida Divina! La Gracia es evidentemente el don más
extraordinario y preciado del Cristiano.
Nos libera del pecado
La Gracia, Vida Divina en nosotros, no puede convivir con ninguna
clase de pecado. Al ser bautizados, somos liberados automáticamente
del pecado original o cualquier otro pecado, si el bautizado es adulto.
Normalmente se menciona mucho el perdón del pecado original (aunque
no se entienda bien que es) y se pasa por alto lo más importante que es
la divinización de nuestras almas.
Nos hace Hijos de Dios
Naturalmente no somos hijos de Dios: somos sus criaturas y entre
Dios y el hombre, existe una distancia Infinita. Aunque seamos la cúspide
de la Creación, no tendríamos el derecho de llamar a Dios “Padre”,
como un ser inferior, por ejemplo un animal, no tendría derecho de
llamar padre a una persona humana. Pero el Bautismo, al ser iluminados
de la Vida Divina, nacemos realmente de Dios, somos elevados sobre
la naturaleza humana y por eso también llamamos a la Gracia “Vida
Sobrenatural”. Esta vida sobrenatural es obra absoluta de Dios, un regalo
de su inmensa generosidad, y que la podemos recibir solo si estamos
abiertos con libertad por la fe a Jesucristo, así “a cuantos la recibieron, a
todos aquellos que creen en su nombre, les dio capacidad para ser hijos
de Dios. Estos son los que no nacen por vía de generación humana, ni
porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios”(Jn 1, 12-13). Por eso San
Juan emocionado nos dice: “Consideren el amor tan grande que nos ha
demostrado el Padre: hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en
verdad lo somos”(1 Jn 3, 1).

97
Esa es nada menos que la dignidad del cristiano: ser hijo de Dios. Si la
estirpe humana importa y puede ser motivo de legítimo orgullo, el tener
como Padre a Dios mismo, es el esplendor de nobleza, impensable para
un ser humano y a la que accedemos gratuitamente al ser bautizados.
Somos hermanos de Cristo
Las maravillas de la obra de Dios en nosotros vienen como en
cascada: al adoptarnos Dios como hijos suyos, también nos hace
automáticamente hermanos de Jesucristo. ¡Ser hermanos de Jesús! Es el
colmo del amor que Dios nos tiene.
Llamar a Cristo “hermano mío” suena a un atrevimiento tan solo
comparable al de llamar al Padre Eterno “papá”. Pero no es así, sino todo
lo contrario. Dios quiere que así nos relacionemos con Él.
Somos templos del Espíritu Santo
La divinización del hombre es obra del Espíritu Santo. No hemos
sido bautizados tan solo en agua, sino en agua y Espíritu Santo. El viene
a nosotros calladamente, sin luces celestes ni música angelical, porque
normalmente así actúa Dios, en el silencio de la Fe.
Por eso nuestros cuerpos son sagrados. San Pablo tiene que reprender
duramente a los Corintios que caían en toda clase de depravaciones.“¿No
saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el
templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes”(1Cor 3, 16-17).
Somos hijos de la Santísima Virgen María
Con mucha naturalidad y espontáneamente admitimos que María
Santísima es nuestra Madre del cielo, así como tenemos una mamá en la
tierra. Pero no es una ilusión o un mero título “de cariño” sino que al ser
hermanos adoptivos de Jesús por la Gracia, venimos a ser realmente hijos
adoptivos de su Madre. Precisamente por eso la Virgen de Guadalupe se
presento ante san Juan Diego diciéndole:“¿No estoy yo aquí, que soy tu
Madre? ¿No estás acaso en mi regazo?”.
Nos hace miembros de la Iglesia
Por el Bautismo, somos agregados al Pueblo de Dios, a la Asamblea de
los Santos, a la Iglesia Cuerpo Místico de Cristo, con todos los derechos
de un cristiano, por eso tenemos acceso a los demás Sacramentos y a
la participación en los tesoros espirituales de la Iglesia que consisten en
los méritos infinitos de Jesucristo y de todos los Santos del cielo y de la
tierra.
Al mismo tiempo de tan grandes beneficios, quedamos obligados

98
al cumplimiento de sus leyes, que siempre son, como la misma Ley de
Dios, para beneficio de los cristianos.
Imprime en el alma un carácter
El Bautismo solo puede conferirse una sola vez, como una sola
vez podemos nacer de nuestra madre. El alma queda marcada para
siempre con el carácter de hijo de Dios, aun si después renegáramos
de la “fe cristiana” o viviéramos en pecado mortal. El Bautismo es el
“sello del Señor con que el Espíritu Santo nos ha marcado para el día
de la redención”(San Agustín). Es en efecto, según San Ireneo, el “sello de
la vida eterna”. El fiel que guarde el sello hasta el fin, es decir, que
permanezca fiel a las exigencias de su Bautismo, podrá morir marcado
con el “sello de la Fe” en la espera de la visión bienaventurada de Dios
y de la resurrección al final de los tiempos.
Resumiendo:
El Bautismo, al comunicarnos la Vida de la Gracia, que no es otra cosa
que la Vida Divina, nos hace hijos de Dios Padre, hermanos de Jesucristo,
templos del Espíritu Santo e hijos de María Santísima, miembros de la
Iglesia y partícipes de sus méritos infinitos, imprimiendo en nuestras
almas un carácter imborrable. Pero aún hay más: el Bautismo nos hace
santos pues la santidad consiste precisamente en vivir en Gracia de Dios,
en llevar en nosotros la misma Vida Divina.“Ustedes sean santos, como
su Padre celestial es santo”(Mt 5, 48) es el deseo de Jesucristo.
Si un padre de familia conoce y valora los inmensos beneficios del
Bautismo, ¿podrá dejar que su hijo se bautice hasta que él lo decida?,
perdiéndose de tan santos e inalcanzables beneficios.
Excelencia del Bautismo
Después de estas consideraciones es fácil comprender la excelencia
de nuestro Bautismo. A partir del Don preciosísimo de la Gracia, que no
solamente limpia nuestra alma de todo pecado sino que nos comunica la
misma Vida Divina haciéndonos Santos, y nos da la posibilidad de gozar
después de la muerte, de la felicidad de Dios mismo, comprendemos que
el día más importante de nuestras vidas no fue el de nuestro nacimiento
natural que festejamos en los cumpleaños, sino nuestro nacimiento
por el Bautismo a una vida superior. Es por eso que muchos cristianos
festejamos el aniversario de nuestro Bautismo.
Si ciertamente la Sagrada Eucaristía es la cumbre de los Sacramentos
ya que nos da no solamente la Gracia sino al Autor mismo de la Gracia,
sin embargo es el Bautismo aún más necesario que ella, pues siendo
la Eucaristía el alimento supremo del alma, no podemos alimentarla si
antes no nacemos a la Vida Divina.
99
El Bautismo cambia por completo el valor de nuestras buenas obras,
pues cuando no estamos en Gracia de Dios, merecerían tan solo una
recompensa meramente humana, en cambio hechas en Gracia y con
la intención de agradar a Dios, recibirán, como lo dijo Nuestro Señor
Jesucristo, un premio eterno.
Este bendito Sacramento es el único necesario para la salvación,
pues podemos salvarnos sin haber recibido ningún otro de los demás
Sacramentos pero no sin haber sido bautizados ya que Jesucristo dijo:“Yo
te aseguro que nadie puede entrar en el reino de Dios, si no nace del
agua y del Espíritu” (Jn 3, 5).
El Bautismo de Adultos
Los adultos, lo mismo que todo aquel que ha llegado al uso de la
razón, para recibir el Bautismo válidamente, deben tener las disposiciones
siguientes: En primer lugar, la voluntad, el deseo de recibirlo, pues Dios
a nadie impone su Gracia, la concede generosamente a todo aquel que
la quiera y no ponga obstáculo a ella. Dice el gran San Agustín: “Dios,
que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es necesaria la libertad de la
persona adulta.
No se tiene pues, derecho de bautizar a nadie contra su voluntad,
ni a un adulto privado de sentido a no ser que hubiera anteriormente
manifestado la voluntad de ser bautizado; pero sí existe el derecho de
bautizar a un demente de nacimiento, privado sin remedio del uso de
la razón.
Pero además es necesario que el bautizando con uso de razón (niño
o adulto) tenga conocimiento suficiente de la Doctrina Cristiana, tanto
de las verdades contenidas en el Credo como de los Mandamientos de
Dios y de los medios de Santificación, principalmente los Sacramentos.
Es lo que la Iglesia llama el Catecumenado, que en tiempos antiguos
revestía suma seriedad y se podía prolongar por años. El Catecumenado
o formación de los catecúmenos, tiene por finalidad permitirles en
respuesta a la iniciativa divina y en unión con la comunidad eclesial,
llevar a madurez su conversión y su fe. Se trata de una formación
prolongada de la vida cristiana, en la que los discípulos se unen con
Cristo, su Maestro.
Por lo tanto, hay que iniciar adecuadamente a los catecúmenos en
el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas
y en los ritos sagrados introduciéndolos en la vida de fe, la liturgia y la
caridad del Pueblo de Dios (“Ad Gentes” del Concilio Vaticano II). La Iglesia los abraza
ya con amor, tomándolos a su cargo.
El drama del Catolicismo en nuestra Patria consiste en que todos
fuimos bautizados de niños y no fuimos catequizados adecuadamente ni
100
en la familia ni en la Parroquia y menos aún en la escuela laica oficial.
De ahí la urgencia de la reiniciación cristiana que precisamente estamos
haciendo ahora, para que siente las bases de una vida auténticamente
cristiana ya que nadie ama lo que no conoce.
Además, cuando hablamos de adultos, es necesario el
arrepentimiento, aunque fuera imperfecto, de sus pecados. El adulto que
habiendo cometido pecados mortales se hiciera bautizar sin el debido
arrepentimiento, recibiría válidamente el Sacramento, pero quedarían
en suspenso sus frutos (Gracia Santificante, perdón de todos los pecados)
hasta tanto se arrepintiera.
El adulto no necesita ni puede acudir al Sacramento de la
Reconciliación, pues por un lado el Bautismo le borrara sus pecados y
por otro lado los no bautizados no pueden válidamente recibir ningún
otro Sacramento.
Los Padrinos del Bautismo
Es tan importante garantizar el crecimiento en la Fe del bautizado,
que la Iglesia pide que los padres tengan él auxilio de los Padrinos, cuyo
papel puede llegar a ser de suma importancia. Estos deben ser personas
auténticamente católicas, capaces de dar un verdadero testimonio
cristiano ante sus ahijados. Por lo tanto quedan excluidas aquellas que
viven en amasiato o adulterio o las que de alguna manera serían un mal
ejemplo o motivo de escándalo.
El lenguaje mismo nos indica el bellísimo papel de los padrinos
ya que son “padres-con” y el bautizado viene a ser “ahijado” o sea
“como-hijo”. No conviene por lo tanto aceptar el padrinazgo de muchos
ahijados, siendo una responsabilidad tan grande.
Deben pues los padres y padrinos, cuidar la formación cristiana de
los niños proporcionándoles un ambiente sólidamente cristiano, siendo
capaces de ayudarlo en las diversas etapas de su vida, en el esclarecimiento
de sus dudas, en el acompañamiento de la vida sacramental, en la vida
de oración, etc.

ACTUAR:
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1. Escribe una idea que ya conocías sobre el sacramento del
Bautismo y te gustó volverla a escuchar y profundizar.

101
✓✓ 2. Escribe una idea nueva que no conocías sobre el sacramento
del Bautismo y consideras tan importante que todos los
cristianos deberían de saber.

✓✓ 3. Después de lo reflexionado, escribe como contándole a un


amigo ¿cómo te hace sentir el ser bautizado/a?

ORACIÓN: (Cara a cara)


Día tras día, Señor de mi vida,
quede delante de Tí
cara a cara.
De manos juntas, quedaré delante de Tí,
Señor de todos los mundos
cara a cara.
En este mundo que es tuyo,
en medio de las fatigas,
del tumulto, de las luchas,
de la multitud agitada,
he de mantenerme delante de Tí,
cara a cara.
Y, cuando mi tarea en este mundo
estuviera acabada,
oh Rey de Reyes, solo y en silencio,
permaneceré delante de Tí,
cara a cara. Amén.
(Ignacio Larrañaga)

102
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees conviente
agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es el bautismo? ¿Qué nos da el
bautismo? y ¿Qué compromiso adquirimos al ser bautizados?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


Con 5 personas de nuestra comunidad:
✓✓ ¿Qué es el bautismo?
✓✓ ¿Qué nos da el bautismo?
✓✓ ¿Qué compromiso adquirimos al ser bautizados?
✓✓ Compartamos con ellos ¿Cómo nos sentimos por ser bautizados?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

103
Primera Celebración 7

¿Cómo puedo hacer públicamente


este cambio de vida?
Renueva y celebra tu Bautismo


ANDREA DEL VERROCHIO
El bautismo de Cristo, 1472-75,
Galería de los Uffizi, Florencia.

“Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta,


porque este hermano tuyo estaba muerto y
ha vuelto a la vida,
estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15,32).

104
OBJETIVO:
Renovar y celebrar el Sacramento del Bautismo como una experiencia
profunda de reconciliación consigo mismo, con Dios, con los demás y
la naturaleza; para poner las bases de una vida nueva que llegue a dar
frutos de comunión y solidaridad.
ORACIÓN PARA RECIBIR A JESÚS
• Ven Señor Jesús.
• Te necesito, te abro la puerta de mi corazón y de mi vida; te
acepto personalmente como mi Salvador.
• Concédeme experimentar tu amor, tu salvación, tu liberación;
dame tu vida en abundancia.
• Límpiame, purifícame, libérame, renuévame, transfórmame.
• Entra en mi corazón y en mi vida, y llénala de Ti.
• Haz de mí lo que quieres que sea.
• María, Madre del Señor y madre mía, llévame a Jesús y
enséñame a ser su fiel discípulo.

ORACIÓN DE LA PAZ.
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Donde hay odio, que yo ponga amor.
Donde hay ofensas que yo ponga perdón.
Donde hay discordia, que yo ponga unión.
Donde hay error, que yo ponga verdad.
Donde hay duda, que yo ponga fe.
Donde hay tinieblas, que yo ponga luz.
Donde hay tristeza, que yo ponga alegría.
Haz, Señor, que busque más que ser comprendido;
amar, más que ser amado.
Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí mismo, es como uno encuentra;
perdonando es uno perdonado,
muriendo se resucita a la vida eterna.

105
Encuentro Kerigmático 8

¿Basta con cambiar y proclamar a Jesús


como salvador?
No, necesitas constituir a Jesús, como Señor de tu vida
y abrirte al don de su Espíritu Santo

ANÓNIMO,
Jesús predica en la montaña.

“...Conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes


en el nombre de Jesucristo, para que queden perdonados
sus pecados.
Entonces recibirán el don del Espíritu Santo” (Hch 2,38).
106
OBJETIVO:
Aceptar a Jesús como Señor y abrirnos al don de su Espíritu, para que
nos guíe y nos transforme, hasta alcanzar la salvación plena.
COMPROMISO DE DISPONIBILIDAD
Lo que tengo: tiempo, energía, conocimientos y lo que poseo están
a tu disposición si lo necesitas. Los pongo a tu disposición con la mayor
responsabilidad y deseo de servirte. Me comprometo a dedicar parte de
mi tiempo a mi comunidad y asamblea de oración y asistir puntualmente
a las actividades, con esto manifestaré el gran respeto que tengo por ti.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: ESPÍRITU DE DIOS
Respondemos en orden:
1a vela: Que el don de Sabiduría reine en nuestra inteligencia.
2a vela: Que el don del Entendimiento nos ilumine.
3a vela: Que el don de Consejo nos guíe.
4a vela: Que el don de Fortaleza nos dé fuerza.
5a vela: Que el don de Ciencia nos instruya.
6a vela: Que el don de Piedad nos haga fervientes.
7a vela: Que el don de Temor de Dios nos guarde del mal.

¡NECESITAS ABRIRTE AL DON DEL ESPÍRITU SANTO!


✓✓ ¿Cómo te imaginas al Espíritu Santo?

¿Cómo has ¿Qué dones


7 DONES experimentado cada don necesitas más?
del Espíritu Santo en tu
vida?

Sabiduría

Entendimiento

Consejo

107
Fortaleza

Ciencia

Piedad

Temor de Dios

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. Hch 2,1-18.36-41
2. Comprendemos la Palabra
“Al llegar el día de Pentecostés”(v.1)
Pentecostés es una palabra de origen griego y significa “cincuenta”.
Esta fiesta, en hebreo, es llamada la fiesta de las “semanas” ya que se
celebra siete semanas después de la Pascua hebrea. Entre los judíos
era originalmente una fiesta agrícola para celebrar la cosecha de
trigo (cfr. Ex 23,16). Posteriormente adquirió el sentido de celebrar el gran
acontecimiento de la Alianza de Dios con su pueblo en el monte Sinaí,
en donde Dios hizo el regalo de la Ley a su pueblo por medio de Moisés;
por eso en la fiesta de Pentecostés se renovaba la alianza con Dios.
En cuanto al sentido agrícola, el sacerdote ofrecía a Dios las primicias
(los primeros frutos) de la nueva cosecha (cfr. Lv 23,10). San Ireneo ve en
ello la figura de la cosecha conquistada por Jesucristo y que llevará a
su término el Espíritu Santo derramado. El Espíritu Santo congrega en
Pentecostés a personas de diversos pueblos, y, haciéndolos un solo
pueblo unido en la misma lengua, lo ofrece al Padre como “las primicias
de todas las naciones” redimidas por Cristo. La liturgia ve más bien la
primicia en el mismo Espíritu Santo, fruto de la resurrección de Jesús,
quien “envió al Espíritu Santo como primicia para los creyentes” (Anáfora 4ta).
Si Pentecostés era además la fiesta en que se conmemoraba la
Alianza pactada en el Sinaí, los cristianos comprendemos ahora que el
don del Espíritu Santo es el sello de la Nueva Alianza, ya que el propio
Espíritu es la Nueva Ley de esta Nueva Alianza, es decir, el Amor, pues
Dios es Amor y su Espíritu también, así que al ponernos bajo su influjo
e inspiración, nos capacita para vivir la Nueva Ley de la Nueva Alianza:
el amor, a la altura de Jesús.
108
“Entonces aparecieron lenguas como de fuego”(v.3)
No son lenguas de fuego, sino “como de fuego”. El “viento” y el
“fuego” son bien conocidos en las manifestaciones de Dios en el AT, y
aquí hacen alusión al siguiente texto: “El monte Sinaí entero humeaba,
porque Yahvé había bajado en medio del fuego” (Ex 19, 18). Estas imágenes
subrayan que el Espíritu Santo se hizo presente en cada uno de ellos.
“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a
hablar en lenguas extrañas”(v.4).
Al principio de la historia los hombres quisieron unirse en un
proyecto humano movidos por la soberbia: hacer una torre que llegara
hasta el cielo, y terminaron divididos y sin entenderse, hablando idiomas
diversos (cfr. Gn 11,1-8). Ahora Dios muestra que la unidad sólo se consigue
si se tiene humildad, y hacemos del amor el centro de nuestra vida,
poniéndonos al servicio de su proyecto divino que es conducido por el
Espíritu Santo.
Dice San Agustín: “Debido a los hombres soberbios, tuvo lugar la
división de lenguas; debido a los humildes apóstoles, se congregaron las
lenguas”.
“…cada uno los oía hablar en su propia lengua”(v.6).
Lo del idioma es el fenómeno más relevante en este pasaje bíblico.
Pero no se trata del famoso don de hablar lenguas desconocidas
(glosolalia), que tratan otros textos bíblicos. De hecho, el don de hablar
lenguas siempre debe ser seguido por el don de interpretarlas por parte
de alguno (cfr. 1Cor 14, 27-28), mientras aquí no hay necesidad de interpretación
alguna, porque el milagro consiste precisamente en el hecho de que
cada uno comprende inmediatamente lo que los apóstoles dicen, como
si los oyesen hablar en su propia lengua.
Se trata de una obra más grande y más difícil: que el Espíritu Santo
logró un mismo entender, un mismo querer y un mismo sentir, en esa
diversidad tan grande. “La multitud de los fieles tenía un solo corazón
y una sola alma” (Hch 4, 32), aún manteniendo las diferencias de lengua o
cultura. El Espíritu Santo llevó a la Iglesia naciente a integrar en su seno
gente de todas las razas, lenguas y culturas, que se entendieron entre
sí al participar del mismo Espíritu. Dios, que quiere salvar a todos los
hombres de todas las lenguas y culturas, al integrarnos en su Iglesia, la
presenta como signo visible de unidad en la diversidad de los miembros
del cuerpo de Cristo.
“… Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús” (v.36)
“Señor” es el nombre reservado exclusivamente a Dios. El Hijo al
109
venir al mundo no dejó de ser Dios, pero al asumir la condición de
hombre, hizo a un lado sus privilegios divinos. Es por su resurrección
que queda manifestado plenamente que Él es Dios “el SEÑOR, para
gloria de Dios Padre” (cfr. Flp 2, 5-11), que tiene todo poder en el cielo y en la
tierra (cfr. Mt 28,18), y que ha enviado a su Espíritu Santo: “Después de haber
sido exaltado a la derecha de Dios, ha recibido del Padre el don que
había prometido, me refiero al Espíritu Santo que acaba de derramar
sobre nosotros, como ustedes están viendo y oyendo” (Hch 2, 33).
Pentecostés tiene ahora un significado cristiano: es la fiesta en la
que celebramos la realización de la promesa que Dios hizo por su Hijo
Jesucristo: “Enviar al Espíritu Santo” (cfr. Lc. 24, 49; Hch 1, 5-8), acontecimiento
con el cual nos confirma como pueblo de la Nueva Alianza, hecha en su
Hijo, por medio de su Espíritu.
Es en esta fiesta que Dios manifiesta públicamente el cumplimiento
de su promesa y empieza una nueva etapa de su acción salvadora, la
última y definitiva en la historia. El protagonista principal de esta etapa
es el Espíritu Santo que llevará a su término la obra de la salvación de
los hombres.
La dimensión comunitaria es también importante en todo el pasaje:
un grupo recibe el Espíritu, un grupo lo anuncia y crea a su vez una
comunidad de convertidos. Se podría decir que con esta realidad nace la
Iglesia, o al menos nace pública y oficialmente, comenzando a anunciar
a Jesús y su significado para todos los hombres.

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


Acepta a Jesús como Señor y recibirás el don de su Espíritu
Jesús es el Señor independientemente de que lo aceptemos o no,
porque es el Hijo eterno de Dios, y Dios Padre lo ha manifestado
públicamente al resucitarlo. Pero su señorío respeta nuestra libertad,
de modo que podemos aceptarlo o, no aceptarlo, con la respectiva
consecuencia de tener o no tener parte con Él.
Además su señorío no es al estilo de los “señores” de este mundo.
La palabra “señor” es la traducción de la palabra latina “dominus” que
designa a la persona que es dueña y tiene dominio. Jesús, en cambio,
siendo el Maestro y Señor, vino a servir a todos. Para que los apóstoles
no lo olvidaran, Jesús les lavó los pies, como signo de que debían dejarse
servir por Jesús y servirse unos a otros.
Jesús es Señor de los que permiten que Él les lave los pies: “si no
te lavo no tendrás parte conmigo” (Jn 13, 8) y se ponen a hacer lo mismo
a sus prójimos, sirviéndolos: “también ustedes deben lavarse los pies
110
unos a otros” (Jn 13, 14). Reconocerlo como Señor es aceptar su servicio de
salvación y hacernos sus seguidores sometiéndonos a su voluntad de
servir a nuestros prójimos.
La voluntad del Señor es para nuestro bien, pues no busca otra
finalidad que hacernos tener parte con Él. Jesús es el “Siervo de Yahvé”;
“Servidora del Señor” ha sido el título predilecto de María; “servidor (a)
de Jesús” ha sido el título de todos los santos. Si tú aceptas que Jesús sea
tu Señor y dejas que te sirva y lo sirves, estarás en el mismo camino de
ellos.
Tener a Jesús como Señor es someter nuestra voluntad a la suya,
nuestros intereses a los suyos. Dejarnos lavar por Él es lo primero, que
nos lave de nuestros pecados. Pero estar perdonados y no cometer
pecados apenas es la mitad. Dios no nos pide sólo dejar de hacer el mal,
sino además hacer el bien. No sólo que no robes, sino que ayudes a tu
prójimo. No sólo que no mates, sino que procures que tenga una vida
digna.
Aceptar el Señorío de Jesús está en nuestras manos, vivirlo sólo es
posible con la ayuda del Espíritu Santo. Así lo expresamos en una de las
oraciones de la Misa “...y porque no vivamos ya para nosotros mismos,
sino para Él que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu
Santo como primicia para los creyentes” (Anáfora 4ª).
2. El Espíritu Santo inaugura la nueva humanidad
Después de su resurrección, Jesús se apareció a sus apóstoles y los
afianzó en la fe, de modo que lo reconocieron como el Señor y como
su Señor: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28), y recibieron la promesa del
Espíritu Santo. A partir de entonces, gracias al Espíritu Santo, pudieron
dejar de ser ellos su propio centro y salir a hacer la voluntad de su Señor.
La transformación de los apóstoles es muy notoria: antes eran cobardes
(cfr. Jn 20, 19)
, ahora abren las puertas y se enfrentan a la multitud (cfr. Hch 2, 14);
antes vivían conformes con la decisión del gobierno que mató a Jesús (cfr.
Lc 24, 40)
, ahora dicen: “Hay que obedecer á Dios antes que a los hombres”
(Hch 5, 29)
; antes Pedro negó a Jesús ante una sirvienta (cfr. Lc 22, 56), ahora da un
testimonio valiente delante de la muchedumbre (cfr. Hch 2, 32).
“Nadie puede decir: ‘Jesús es Señor, si no está movido por el Espíritu
Santo’” (1Cor. 12, 3). Ahora les digo que ninguno puede gritar; ¡Maldito sea
Jesús! Si el Espíritu es de Dios; y nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor!,
sino con el Espíritu Santo. (1Cor 12, 3).
3. El Espíritu Santo nos capacita para vivir la Nueva Ley
La Nueva Ley de la Nueva Alianza es el amor como el de Jesús. El

111
amor ya era un mandamiento en el AT; Jesús dice que nos da un nuevo
mandamiento. ¿En qué está lo nuevo? En que ahora a de ser como el
de Él: una donación continua, hasta la cruz. “Les doy un mandamiento
nuevo: ámense los unos a los otros. Como yo los he amado, así también
ámense los unos a los otros” (Jn 13, 34).
Amar como Jesús, muriendo todos los días a mis proyectos para
hacer los del Padre, sólo es posible por la acción del Espíritu Santo.
San Pablo lo dice de esta manera: “porque al darnos el Espíritu Santo,
Dios ha derramado su amor en nuestros corazones” (Rm 5, 5). Dios “nos
ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva, basada no en
la letra de la ley, sino en la fuerza del Espíritu; porque la letra mata,
mientras que el Espíritu da vida” (2Cor 3, 6).
Por lo tanto, podemos vivir la Ley de Dios de dos maneras: por
cumplimiento o por amor.
• La vivimos por cumplimiento cuando sólo nos basamos en la
letra, porque así está escrito, y tratamos de vivirla con nuestro
solo esfuerzo, como los fariseos. Esta manera mata.
• La vivimos por amor si nos mueve el Espíritu Santo, y nuestro
esfuerzo se encamina más bien a ser dóciles al Espíritu. Entonces
el Espíritu Santo nos da vida, nos da gozo a pesar de los sacrificios
realizados.
4. El Espíritu Santo hace la Iglesia
La nueva creación de Dios, nacida del Espíritu, es la Iglesia,
comunidad de los que creemos en Jesucristo. Como la Santísima Virgen
y el Espíritu Santo gestaron a Jesucristo, así ahora gestan a Cristo en
cada cristiano y lo congregan en la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo
Resucitado. Y el Espíritu Santo sigue convocando y santificando a los
hijos congregados, hasta que alcancemos la plenitud a la que hemos
sido llamados.
El Espíritu Santo nos lleva a la unidad
Todo ser humano al buscar la felicidad busca la unidad. Pero
generalmente la buscamos en base a nuestro propio proyecto. Más
aún, cada uno queremos ser el centro, y hacernos famosos, como en
Babel. Y al igual que en Babel, por este camino no puede surgir más que
confusión.
Por el contrario, el Espíritu Santo nos lleva, como en Pentecostés, a
la unidad que tiene como centro a Dios. Sólo cuando todos tendemos
hacia este “Uno” nos acercamos y nos encontramos entre nosotros. Al
respecto decía Santo Tomás que el amor centrado en uno mismo es
112
disgregativo, mientras que el amor centrado en Dios es congregativo.
Los apóstoles son ejemplo de ello. Antes de Pentecostés, cada uno
de ellos buscaba su propia supremacía, y discutían quién de ellos era el
más importante; así no reinaba entre ellos más que el malhumor y las
peleas. Después de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desplaza el eje
de sus pensamientos y los ha hecho humildes, les vemos formar entre sí
y con los demás discípulos “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32).
Toda comunidad natural necesita al Espíritu Santo para sostenerse y
consolidarse en la unidad que da el Espíritu: el matrimonio, la familia, las
comunidades parroquiales, etc. Así, gracias al Espíritu Santo, la oración
de Jesús se hace realidad: “que todos sean uno en nosotros” (cfr. Jn 17).

IV. ASIMILAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ 1. ¿Cuáles son los signos más sobresalientes del acontecimiento
de Pentecostés?

✓✓ 2. ¿Alguna vez tú has vivido algo parecido al acontecimiento de


Pentecostés? ¿Cómo fue?

✓✓ Escribe una oración, pidiendo humildemente al Señor Jesús que


te envíe su Espíritu, para comprometerte.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
✓✓ ¿Cuáles son mis “dones” como persona? (Luces: cualidades,
fortalezas, carismas, características individuales, etc.)
✓✓ ¿Comparto con los demás los dones que Dios me dio,
principalmente con mi familia?

113
REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal;
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ Comunica a tu esposa(o) todas las dones que ves en ella (él).
✓✓ Hagan una lista de las características positivas que tienen como
matrimonio.

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: “Como lluvia fresca”
✓✓ En una reunión de familia, en un momento y una
hora adecuados, pasa un miembro al centro y los demás, uno
por uno, le van diciendo todo lo positivo que ven en él (ella)
(sólo lo positivo). Todos van pasando por turno.
✓✓ Hacer una lista de los dones y regalos que Dios ha hecho a la
familia. (Terminar con una oración de agradecimiento).
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué personas son victima de discriminación y no son valoradas
en su dignidad de personas?
✓✓ Ver en familia un capítulo de cualquier telenovela y luego
analizarlo juntos.

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Se respetan los derechos humanos en nuestra
comunidad, localidad y sociedad?
✓✓ ¿Cómo se trata en la sociedad a los ricos y a los pobres? ¿A los
influyentes y a los ciudadanos comunes? ¿A los que saben y a
los ignorantes? ¿A los enfermos y a los discapacitados? ¿A los
jefes y a los subordinados? ¿Al competidor y al que tiene ideas
diferentes? ¿Al que es ateo o de otra religión?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

114
Encuentro Kerigmático 9

¿Qué hace el Espíritu Santo?

Nos dispone a la conversión, nos ayuda a reconocer a Jesús


como Señor, nos lleva a integrarnos a la Iglesia, nos santifica
en el amor y nos impulsa a la misión evangelizadora

Vitral del Espíritu Santo

“Hermano, Saulo. Jesús, el Señor, que se te apareció cuando


venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista
y quedes lleno del Espíritu Santo” (Hch 9,17).

115
OBJETIVO:
Descubrir la acción del Espíritu Santo a través de la experiencia y la
doctrina de San Pablo, para conocer y seguir el camino que hoy quiere
realizar con nosotros en la Iglesia y, desde ella, en el mundo.
COMPROMISO DE SENSIBILIDAD
Aún con el deseo y la necesidad que tengo de que me conozcas y
me comprendas, te prometo sensibilidad hacia ti y a tus necesidades.
Tratando de ponerte a ti como el más importante, como nos lo enseñó
Nuestro Señor Jesucristo. Haré siempre un esfuerzo por oírte, verte y sentir
tu presencia. Y si te encuentras en un pozo de desaliento, respetándote
siempre, me comprometo a sacarte de esa situación.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: MUÉVETE EN MÍ

ORAMOS: Espíritu Santo, necesitamos tu venida.


Espíritu de Jesús necesitamos que Tú vengas a nosotros,como en
Pentecostés a María y los Apóstoles. Necesitamos que vengas, para abrir
nuestras puertas, y salir a anunciar con valentía que Cristo vive con
nosotros hasta el final de los tiempos.
Queremos que vengas, para que nos lleves a la verdad completa, ya que
vivimos en la mentira o en la verdad a medias.
Queremos que nos recuerdes todo lo que Jesús ha dicho, porque muchas
veces cambiamos u ocultamos sus palabras.
Queremos que desde nuestro interior clames al Padre, pues no siempre
sabemos pedir lo que nos conviene.

Te necesitamos, Espíritu de Jesús, para que de todos nosotros formes una


comunidad que viva de la misma fe, que la anime la misma esperanza,
y dé testimonio del mismo amor que se ha derramado en nuestros
corazones.
Ya que formamos el mismo Cuerpo de Cristo, mantennos en comunión
unos con otros, que podamos ayudarnos y apoyarnos mutuamente,
abiertos a las necesidades del pobre y del desamparado.
Ayúdanos a construir el Reino cada día, y a renovar la faz de la tierra.
Amén.

116
¿DÓNDE ESTARÁN LAS MANOS DE DIOS?
¿Por qué parece que Dios no interviene para remediar los males de
la humanidad?
Cuando observo el campo sin arar; cuando los instrumentos de
labranza están olvidados; cuando la tierra está quebrada y abandonada
me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?
Cuando observo la injusticia, la corrupción, el qué explota al débil;
cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del
pobre, del obrero, del campesino carente de recursos para defender sus
derechos, me pregunto; ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando contemplo a esa anciana olvidada; cuando su mirada es
nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la
abandonó, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando
observo a su pareja deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es
intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me
pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido
por la droga y el alcohol; cuando veo titubeante lo que antes era una
inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto:
¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar
su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando
sobrevivir se pinta la boca, se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo,
me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su
periódico, su miserable cajita de dulces sin vender; cuando lo veo
dormir en una puerta titiritando de frío; cuando su mirada me reclama
una caricia; cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía
de un perro callejero, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
¿DONDE ESTARÁN LAS MANOS DE DIOS?
✓✓ 1. Qué otras situaciones observas en tu realidad personal o
social que lleven a preguntarte: ¿Dónde estarán las manos de
Dios?

✓✓ 2. Tú, qué piensas, ¿Dónde estarán las manos de Dios?

117
II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS
1. Escuchamos la Palabra de Dios. Hch 9, 1-20
2. Comprendemos la Palabra de Dios.
El texto bíblico de Hechos 9,1-31 está dividido en tres partes:
• la conversión (v.1-9),
• el encuentro con la comunidad (v.10-19),
• el comienzo de la misión de Pablo (v.20-31).

“…Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?” (v.4)


La conversión de Saulo no es la conversión de un hombre malvado,
sino de un hombre que pensaba que lo sabía todo, cuando en realidad
sólo contaba con un conocimiento inicial de la fe que en el plan de Dios
debía ser completado; y de un hombre que se sentía bueno, cuando en
realidad era un pecador porque, al perseguir a los cristianos, rechazaba
a ese mismo Dios a quien decía servir. En efecto, Saulo sintió desde
joven el deseo de consagrarse al servicio de Dios. Por eso fue a Jerusalén
para estudiar la ley, esto es, la religión, con los mejores maestros de la
época. A este joven digno de confianza, los judíos le confiaron la difícil
tarea de eliminar de sus comunidades la nueva y sospechosa doctrina de
los cristianos. Le encargaron la represión de los discípulos de Cristo, y él
lo hacía rigurosamente, por el bien de su religión.
La voz que escuchó en el camino a Damasco le dice: “¿por qué
me persigues?” Saulo debió pensar: ¿Quién es este Señor que me llama
perseguidor cuando no tengo otra ambición que la de servir a Dios?
Hasta este momento Saulo se sentía bien, como el fariseo de la parábola
(cfr. Lc 18, 9)
, daba gracias a Dios por haber hecho de él un creyente digno
y dinámico en su comunidad. Ahora, a la luz de Cristo, descubre que
sus méritos y servicios carecen de valor; su fe no es más que fanatismo;
su seguridad de creyente disimula mal su orgullo. Pablo se ve pecador,
violento y rebelde, pero al mismo tiempo comprende que Dios lo
acoge, lo elige y lo perdona; “este hombre es para mí un instrumento
excepcional” (v.15).
Al encontrarse con Cristo, Saulo ha dejado de ser el fariseo de la
parábola y ha pasado al lugar del publicano que se reconoce pecador
y pide a Dios su misericordia. En adelante tomará el nombre de Pablo,
que, aunque significa lo mismo, manifiesta que ha habido un cambio
radical en su vida. El Espíritu Santo iluminó su mente y su corazón para
reconocerse pecador, pues dijo Jesús que el Espíritu Santo vendría a
118
convencernos de que somos pecadores (cfr. Jn 16, 8).
“Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino
por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y quedes
lleno del Espíritu Santo”
El Espíritu Santo iluminó a Pablo para su conversión, pero aún no lo
poseía como don. Jesús pudo habérselo dado él mismo, sin embargo, lo
envía a la comunidad para que el sacerdote Ananías sea quien se lo dé.
Jesús ha dejado a su Iglesia y es por medio de ella que ordinariamente
comunica el don del Espíritu Santo.
“…y a continuación fue bautizado. Luego comió y recobró las
fuerzas”(v.18-19)
El bautismo es el signo de los que, habiendo acogido a Jesús, entran
a su Iglesia. Pablo es aceptado en la comunidad de Damasco y recibe
el bautismo. Ser cristiano no es algo meramente individual. El Espíritu
Santo congrega en la unidad y nos lleva a formar comunidad.
“Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús
es el Hijo de Dios” (v.20).
Pablo inicia su actividad evangelizadora predicando que el Jesús
terrestre, el hombre Jesús, es el mismo Hijo de Dios. Lógico que quienes
lo conocieron como perseguidor no les era fácil aceptarlo ahora como
hermano y apóstol. Es Bernabé quien lo presenta y lo respalda ante
los recelos que albergan los discípulos de Jerusalén, y será amigo y
compañero suyo a partir de este momento durante largo tiempo.
De todas maneras, la persecución a la Iglesia por parte de los de fuera
persiste, y ahora, el que fue perseguidor es perseguido, compartiendo la
misma suerte de los apóstoles y del propio Jesús. Pablo cuenta en una
de sus cartas la huida de Damasco que aquí se menciona (cfr. 2Cor 11, 32-33).
No siempre la confrontación directa es lo más oportuno. También
puede serlo la huida como en este caso. El Espíritu Santo es quien va
guiando a la Iglesia y la lleva hacia donde la voluntad divina quiere,
pues Él es el protagonista principal de la Misión. En la experiencia de
Pablo esto es muy claro y la comunidad lo constata cuando, reunidos
en oración, el Espíritu Santo manifiesta su voluntad respecto a Pablo y
Bernabé:
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu
Santo les dijo: “Sepárenme a Bernabé y a Saulo y envíenlos a realizar la
misión para la que los he llamado”, ayunaron e hicieron oraciones, les
impusieron las manos y los enviaron, (Hch 13, 2-3). La comunidad confirma
lo que el Espíritu Santo ha manifestado.

119
IV. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA
1. El Espíritu Santo en la creación y la redención
El Espíritu Santo puso orden al universo creado; Dios ha soplado
su Espíritu en sus criaturas para darles vida y constantemente envía su
Espíritu que crea y renueva la faz de la tierra (cfr. Sal104, 30).
El Espíritu Santo ha manifestado su acción en todos los hombres de
todas las culturas. Nuestros obispos reunidos en Santo Domingo nos han
recordado esta verdad: “La acción de Dios, a través de su Espíritu, se da
permanentemente al interior de todas las culturas” (DSD 243).
En su plan de salvar al hombre, Dios quiso obrar de modo especial
en un pueblo escogido, en donde el Espíritu Santo habló por los profetas
de la Antigua Alianza; y cuando llegó la plenitud de los tiempos, formó
en el vientre purísimo de la Virgen María a Jesucristo.
El Espíritu Santo condujo a Jesús en toda su obra salvadora, desde su
nacimiento hasta su entrega en la cruz. Y una vez muerto y resucitado, el
Padre y Jesús lo derramaron en la Iglesia, cuerpo suyo, para hacer de ella
una nueva creación, y fermento de renovación de toda la humanidad.
2. El Espíritu Santo nos conduce hacia la conversión
Necesitamos la gracia de Dios para convertirnos: la conversión es
fruto de la acción del Espíritu Santo en nosotros: “La gracia del Espíritu
Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la
voluntad del Padre” (CATIC 1098). “...es el Consolador que da al corazón del
hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión” (CATIC 1433).
En este sentido, puesto que somos libres, unos le costamos más que
otros al Espíritu Santo. Sin embargo, Él busca y encuentra la forma de
actuar en nosotros. Así pasó con Saulo. Con la muerte de Esteban, primer
mártir de la Iglesia, el Espíritu Santo comenzó a derribar los esquemas
en los que Saulo se había montado, y lo llevó a una nueva luz. La
entereza con que Esteban hablaba y la fe con que murió perdonando a
sus verdugos, hicieron ver a Saulo que las seguridades que él tenía hasta
ese momento eran rebasadas por el don que poseía este cristiano que ni
la muerte lo inmutaba.
De esta manera el Espíritu Santo preparó el corazón de Saulo, para
que después Jesús se le revelara y él lo reconociera como Señor, lo
que vino a constituir el centro del anuncio que enseguida comenzó a
predicar: “Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que
Jesús es el Hijo de Dios” (v.20).
Posteriormente San Pablo dirá: “Por la gracia de Dios soy lo que soy,
y su bondad para conmigo no fue inútil. Lejos de eso, trabajé más que
120
todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Cor 15, 10).
La conversión inicial de Pablo no significa que ya no necesitó después
seguir luchando. La conversión permanente es ese diálogo ininterrumpido
entre la gracia de Dios y la naturaleza humana. La voluntad humana
se dispone a cooperar en clima de libertad con la gracia de Dios. La
opción personal de cada hombre y mujer, y la primacía de la iniciativa
de Dios en continua correspondencia en medio de la historia, dan como
resultado la obra de la santificación.
San Pablo considera que su logro es no haber dejado que la gracia
de Dios fuera inútil en él, para lo cual tuvo que trabajar. Ser cristiano es
vivir en permanente conversión, ser santos es camino de toda la vida.
“El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin
renuncia y sin combate espiritual” (cfr. 2Tim 4). El progreso espiritual implica
la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la
paz y el gozo de las bienaventuranzas” (CATIC 2015).
Esa fue también la experiencia de Pablo y ese es el itinerario por el
que el Espíritu Santo pretende llevarnos a todos los cristianos.
3. El Espírito Santo nos lleva a integrarnos a la comunidad-Iglesia
Saulo descubre que Jesús se ha identificado con la Iglesia,
constituyendo ésta su cuerpo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Preguntó él: ¿Quién eres tú, Señor? Y él respondió: Yo soy Jesús, a quien
tú persigues” (v.4-5).
A partir de entonces Pablo comprendió que la Iglesia es el Cuerpo
Místico de Cristo (cuerpo misterioso de Cristo) e instrumento de su
salvación. Precisamente Jesús lo envía a ella para que recobre la vista y
reciba el Espíritu Santo y el bautismo. En la Iglesia también será instruido
y respaldado:
“Saulo permaneció durante algunos días con los discípulos en
Damasco... Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les
contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino y cómo el Señor le
había hablado... Saulo empezó a convivir con ellos” (Hch 9, 19b. 27a. 28).
El mismo Pablo señala que fueron tres años los que pasó en la
provincia de Damasco antes de ir a Jerusalén para encontrarse con los
apóstoles (cfr. Gal 1, 18).
Sin embargo, como el Espíritu Santo le tenía prevista la misión de
ser apóstol de los gentiles, muy pronto comenzó esta tarea, siendo el
fundador de varias comunidades, a las cuales tendrá que guiar para que
sean fieles al Espíritu Santo recibido.
4. El Espíritu Santo nos santifica en el amor
121
Las comunidades surgidas de la predicación de Pablo, pasaron por
diversas experiencias. Pablo estuvo al pendiente de ellas, para que no se
desviaran y supieran ser fieles al Espíritu Santo.
San Pablo habla del Espíritu Santo como dispensador de los carismas,
los cuales son dados para edificación del cuerpo de Cristo que es la
Iglesia. Pero también lo identifica con el amor de Dios que se derrama
en nuestros corazones (cfr. Rm 5, 5) para darnos vida nueva; y señala que es
el don al que todos debemos aspirar y nunca perder, y por el cual los
demás dones y carismas mantienen su validez.
Hay algunos carismas, como el de profecía, que son más útiles e
importantes que otros, como el hablar en lenguas (cfr. 1Cor 14). Sin embargo,
cuando consideramos el conjunto global de la obra del Espíritu, el amor
es superior a los carismas, incluido el de profecía, porque la profecía
desaparecerá, pero el amor no acabará nunca (cfr. 1Cor 13). El “ser” en el
Espíritu es superior al “obrar” (sobre los demás) en el Espíritu. Hasta el
punto de que sin el amor el resto no servirá de nada.
La explicación que da san Agustín al respecto es que los carismas son
las partes, mientras que el amor es el todo: “Ten amor y lo tendrás todo;
porque si amas la unidad, cualquiera que tenga algo en ella, también tú
lo posees”. Cuando aspiramos al amor, el Espíritu Santo no infunde una
cosa, sino que se da a sí mismo.
Santo Tomás explica que con los carismas sólo producimos ciertas
disposiciones para la unión con Dios (son medios). En cambio, el amor
produce en nosotros la unión con Dios (que es el fin).
Más aún, el amor edifica tanto a la persona que lo posee como
a los otros; edifica a la persona y a la comunidad. Además, el amor
garantiza los carismas y les permite obrar, manteniendo a la persona en
humilde y constante contacto con Dios que es su fuente. Tender al amor
es tender a la santidad, y sin una constante tensión hacia ella, a través
del arrepentimiento y la conversión continúa, los carismas no resisten,
se corrompen pronto, y antes que para utilidad común, son fácilmente
utilizados para vanagloria y utilidad propia. Por eso personas con todo y
sus carismas pueden perder el cielo si no aman (cfr. Mt 7, 21-23).
Pablo corrige de esta manera las actitudes tomadas por muchos en la
comunidad de Corinto. Pero existe también el riesgo de estar cerrados
a los carismas, como en la comunidad de Tesalónica. Entonces Pablo
exhorta a “no apagar el Espíritu” y a “no despreciar las profecías”,
“Examínenlo todo y quédense con lo bueno” (cfr. 1Tes 5, 19-20).
5. El Espíritu Santo nos impulsa a la Misión
Inmediatamente que San Pablo se repuso del impacto de su

122
encuentro con Jesús y compartió con la comunidad de Damasco,
empezó a trabajar en la Misión. Y pronto el Espíritu Santo le manifestó
la Misión a la que debía ir junto con Bernabé. Nosotros también, si Dios
nos ha concedido el privilegio de conocerlo y nos ha dado su Espíritu,
no es sólo para provecho personal. Este privilegio conlleva al mismo
tiempo la responsabilidad de integrarnos en la misión evangelizados de
toda la Iglesia. Nuestra preocupación constante debería de ser la misma
de San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de
gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico
el Evangelio!” (1Cor 9, 16).

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


¿QUE HACE EL ESPÍRITU SANTO?
✓✓ 1. ¿Dónde estarán las manos de Dios?

✓✓ 2. ¿Qué relación encuentras entre tus manos y lo que hace el


Espíritu Santo?

✓✓ 3. Escribe una oración en la que expreses tu compromiso para


ser las manos de Dios en tu vida y en tu trabajo.

Todos dicen: “¿Dónde están tus manos Señor?... para luchar por la
justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la
juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados”.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

123
✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por
qué pusiste eso?
✓✓ ¿Somos agradecidos con Dios por el preciosísimo don de
nuestros hijos?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: la pobreza
Respondemos todos juntos a estas preguntas:
✓✓ ¿Cuántos pobres hay en tu colonia? y ¿Por qué son pobres?
✓✓ Vemos el video “¿Dónde están las manos de Dios?” en youtube
o leemos el escrito como familia.
✓✓ Si nosotros somos las manos de Dios: ¿Cómo les podríamos
ayudar?
✓✓ Cada miembro de la familia responde y comenta según su edad
y en su lenguaje.
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor.
✓✓ ¿Conocemos alguna familia que esté participando en la solución
de algún problema social?
✓✓ ¿Qué organizaciones civiles hay en la localidad que ayuden a los
más necesitados?
✓✓ Al elegir una profesión, ¿pensamos solamente en ganar dinero y
realizarnos o también en servir a la sociedad?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Conoces algunos “personajes famosos”, como
la Madre Teresa, que sean ejemplo de compromiso
social?
✓✓ ¿Conoces algunas “personas no famosas” que sean ejemplo de
compromiso social?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

124
Encuentro Kerigmático 10

¿Qué necesito para llenarme


del Espíritu Santo?
Deséalo, arrepiéntete de tus pecados, pídelo en la oración
y ábrele sin reservas las puertas de tu corazón

ANNIBALE CARRACCI,
Cristo y la mujer samaritana en el pozo,
1560-1609, Pinacoteca de Brera, Milán.

“Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba como dice la


Escritura, de lo más profundo de todo aquél que crea en mí
brotarán ríos de agua viva” (Jn 7,37b-38).

125
OBJETIVO:
Convencernos que tenemos necesidad de revitalizar la presencia del
Espíritu Santo en nosotros, para que El sea realmente el Señor de nuestra
vida, y como Jesús, lleguemos a ser ríos que comunican su misma vida
a los demás.
COMPROMISO DE CONFIDENCIA
Prometo completa discreción en todo lo que se diga en nuestras
pláticas para que de esa manera podamos crear una atmósfera de
confianza que invite y de nacimiento a la franqueza y a la libertad en
el espíritu. Por eso recordaré siempre que lo que aquí se dice, aquí se
queda.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: SUMÉRGEME
ORAMOS: Salmo 42 (41).
¿QUE NECESITO HACER PARA LLENARME DEL ESPÍRITU
SANTO?
✓✓ 1. ¿Qué necesita la semilla de trigo para poder germinar?

✓✓ 2. ¿Cuáles son las principales necesidades que tienes tú en este


momento?

✓✓ 3. ¿Qué necesitas hacer tú, para llenarte del Espíritu Santo?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios.Jn 7, 37-39
2. Comprendemos la Palabra de Dios
La fiesta a la que se refiere el Evangelio es la fiesta de las tiendas. En
ella se daba gracias a Dios por la cosecha pasada y se pedía la lluvia
126
necesaria para la siembra próxima. Se leían las lecturas que anunciaban
la fuente que regeneraría todo y se hacía un ritual que conmemoraba
el milagro del agua en el desierto (cfr. Ex 17), el cual simbolizaba el don de
la Ley: para ello iban en procesión a la fuente de Siloé por agua, y al
regresar era derramada sobre el altar. Es en este momento cuando Jesús
se puso a gritar: “¡El que tenga sed, que venga a mí y beba!”
Jesús invita a ir a Él, como en el Antiguo Testamento hace la Sabiduría:
“Vengan a mí los que me desean, y sáciense de mis frutos” (Eclo 24, 19). San
Juan explica que lo que saldrá del seno de Jesús es el Espíritu Santo
que recibirán los que crean en Él. El agua simboliza al Espíritu Santo
que se esperaba para cuando apareciera el Mesías. Jesús anuncia que
este tiempo está llegando. El Espíritu entrará en acción cuando Jesús sea
glorificado, es decir, cuando llegue su pasión, muerte y resurrección.
Aún no se ha dado, es decir, aún no ha llegado el período del Espíritu,
porque Jesús no ha padecido, pero Jesús está por padecer y derramarlo.
Jesús nunca dice “yo soy el agua” es un término aplicado exclusivamente
al Espíritu, pero Él lo concede, y lo obtendrá quien con sed se lo pida

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Ten sed
El día de nuestro bautismo, recibimos el Espíritu Santo. Con nuestra
confirmación se acrecentó su presencia. Sin embargo, como dice San
Pablo, podemos apagarlo (cfr. 1Tes 5, 19): (“No apaguen el Espíritu”). Lo
apagamos cuando no seguimos sus inspiraciones o nos dejamos llevar
por nuestras debilidades y pecados. Entonces su acción en nosotros se
va restringiendo, por lo tanto, necesitamos revitalizar su presencia, y
para ello podemos pedir nuevamente su derramamiento, no porque no
lo tengamos, sino para darle mayor cabida, mayor margen de acción.
Los apóstoles, que ya habían recibido el Espíritu Santo en Pentecostés,
lo vuelven a recibir en repetidas ocasiones, especialmente cuando se
ponen en oración (cfr. Hch 4, 23-31).
Si nosotros nos sentimos vacíos del Espíritu, si tenemos sed de Él,
pidámoslo a Jesús. La primera condición para recibir una nueva efusión
suya es esta: “tener sed”; no son los méritos ni las virtudes, sino el deseo,
la necesidad vital, la sed. El hombre moderno tiene sed de muchas cosas,
menos de las cosas de Dios. Pero si Dios te ha llamado ahora a escuchar
su Palabra y te ha hecho ver que lo necesitas, si ha surgido en ti esa sed
de Él, pídeselo a Jesús, y recibirás una nueva efusión, porque Él prometió
dárselo a quien tuviera sed.
2. Arrepiéntete de tus pecados
127
Otra condición importante para ser llenados del Espíritu es el
arrepentimiento. Recordemos el pasaje de la mujer Samaritana. Jesús
llega cansado al pozo, tiene sed pero no tiene con qué sacar agua.
Entonces llega la mujer samaritana que sí tiene con qué sacarla. Jesús le
dice: “dame de beber” (Jn 4, 7). Ella se extraña de que un judío le dirija la
palabra. Jesús le dice que si supiera quién es Él, por el contrario, ella le
pediría del agua viva que Él tiene y con la cual ya no vuelve uno a tener
sed. Ella le dice: “Señor, dame de esa agua” (Jn 4, 15). Jesús le dice, sí, pero
primero tráeme a tu marido. Ella niega tener marido, pero Jesús le dice
que ha tenido cinco y ciertamente el actual no es su marido.
En otras palabras, Jesús le está pidiendo que se reconozca pecadora
y le presente sus pecados para que le sean perdonados y pueda recibir
el Espíritu Santo. La samaritana ha reconocido tener sed y pide el agua,
pero le cuesta aceptarse pecadora. Igualmente nosotros podemos tener
sed, pero, ¿estamos dispuestos a reconocer todas nuestras fallas y
entregárselas a Jesús? Hay veces que escondemos alguno de nuestros
amantes y no lo queremos dejar. Ante Jesús hay que ser sinceros y
entregarle todos nuestros amantes, es decir, reconocer todos nuestros
pecados y entregárselos. Por eso pregúntate: ¿Cuáles son mis amantes?
¿Estoy dispuesto a entregárselos a Jesús? Sigamos el consejo de san
Agustín que decía: “Derrama de ti el mal, ya que has de ser llenado del
bien. Si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel?”.
3. Pídelo en la oración
Dice Jesús, hablando de la necesidad de perseverar en la oración:
“si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡Cuánto
más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lc
11, 13)
. Y es que el Espíritu Santo es el regalo más bueno que Dios nos
puede dar, como fruto de la oración, para luego hacer frente a los
desafíos que nos plantea la realidad. Los discípulos en el Cenáculo
estaban en oración cuando recibieron el Espíritu Santo, y con su fuerza
e inspiración salieron a evangelizar. En el capítulo cuarto de los Hechos
de los Apóstoles encontramos a la comunidad reunida con Pedro y
Juan en oración, y son inundados con la presencia del Espíritu Santo,
que los fortalece para anunciar con valentía la palabra de Dios a pesar
de las amenazas recibidas. En la casa de Cornelio todos estaban en
oración cuando reciben la efusión del Espíritu. En Antioquía, mientras la
comunidad celebraba la liturgia, se manifestó el Espíritu y pidió enviar
como misioneros a Pablo y a Bernabé.
Es evidente que el resultado de toda oración fervorosa, será el don
del Espíritu Santo, que viene a capacitarnos para luego hacer frente a los
desafíos de la realidad. Él nos acompañará en el momento de la prueba
128
y nos capacitará para que, como Jesús, nos presentemos ante el mundo
como “ungidos” para llevar la Buena Noticia y, para que prosigamos la
obra en favor de los que necesitan toda clase de liberación, ya sea de
tipo material o espiritual.
4. Ábrele sin reservas las puertas de tu corazón
El problema práctico, acerca del Espíritu Santo, está precisamente
en que queremos que venga a nosotros pero que no entre muy adentro,
como el que recibe una visita, pero sólo le permite estar en la sala. Pero
si necesitamos que nos renueve a fondo, hay que dejarlo entrar a todas
las habitaciones de nuestro ser. En realidad muchas veces le tenemos
miedo, porque intuimos que va a modificar nuestra vida no solo en lo
que queremos, sino en todo. Y es que el Espíritu Santo no puede dejar
las cosas que encuentre mal sin modificar. Lo que el Espíritu Santo toca,
lo transforma. Nos puede pasar como a san Agustín cuando hacía su
oración antes de su conversión: “Sáname, Señor, sáname... pero no te
apresures” (Confesiones VIII, 7). También nosotros podemos decir: ven Espíritu
Santo, pero no entres tan adentro, ni me hagas hacer cosas que no quiero
hacer.
Si los Apóstoles hubieran podido elegir y decidir ellos mismos el
modo en que muy pronto habría de manifestarse el Espíritu, nunca jamás
habrían elegido ponerse a hablar en lenguas desconocidas, exponiéndose
a la burla de la gente y a que los tomaran por borrachos (cfr. Hch 2, 13). Y sin
embargo fue este modo como ocurrió. Así pues, pidámosle ante todo al
Espíritu Santo que nos quite el miedo que tenemos de Él. Abrámosle sin
reservas las puertas de nuestro corazón. Digámosle: “Ven Espíritu Santo,
ven. Ven ahora, ven como quieras. Somete, calienta, sana, riega, quema,
renueva”.
5. Deja que te comprometa en la evangelización
El Espíritu Santo impulsa a toda la Iglesia a evangelizar. Todos,
aportándo lo que tenemos, conocemos y sabemos hacer; estamos
llamados a colaborar en esta misión que es de todos, pues todos somos
la Iglesia de Jesús.
En esta tarea, dice el Papa Pablo VI, hay que actuar con dos
convicciones:
1ª Que la evangelización es un acto profundamente eclesial, aún
cuando se realice en el lugar más apartado, pues se enlaza mediante el
envío por parte de la Iglesia y por el vínculo de la gracia.
2ª Ningún evangelizador debe actuar como dueño absoluto de su
acción evangelizadora, sino en comunión con la Iglesia y sus pastores
(cfr. EN 60)
.
129
El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. “Él es quien explica a los
fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio.
El es quien, hoy, igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en
cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en
sus labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo
también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la
Buena Nueva y del reino anunciado. Las técnicas de evangelización son
buenas, pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción
discreta del Espíritu” (EN 75).

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ 1. Después de lo que hemos visto en este bloque, ¿Qué es para
ti el Espíritu Santo?

✓✓ 2. ¿Qué ha hecho y que hace en mí el Espíritu Santo?

✓✓ 3. Escribe una oración en la que manifiestes tu necesidad del


Espíritu Santo.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Respondamos ¿Qué ha hecho el Espíritu Santo por nosotros?


✓✓ ¿Cómo podemos comprometernos más en nuestra parroquia?
✓✓ ¿Cómo podríamos apoyar una pastoral familiar más amplia y
preventiva en nuestra Parroquia?

130
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: ¿Qué ha hecho..?
✓✓ Respondemos cada miembro de la Familia a las
siguientes preguntas:
✓✓ ¿Qué es el Espíritu Santo?
✓✓ ¿Qué ha hecho por mi el Espíritu Santo?
✓✓ ¿Qué ha hecho por nosotros como familia el Espíritu Santo?
✓✓ ¿Cómo podríamos involucrarnos mas ampliamente en la pastoral
de mi parroquia? ¿Qué podemos hacer?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Que personas conocemos de nuestra comunidad que a pesar
de su abanzada edad sirven con entuciasmo y alegría a la gente?
✓✓ ¿Qué familias conocemos que estén involucradas todos sus
miembros en la pastoral parroquial?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Cónsidera que por el hecho de ser bantizada y
haber recibido el Espíritu Santo en la confirmación
tiene algún compromiso en su parroquia?
✓✓ ¿Qué podría hacer usted para involucrarse más en la
evangelización de la gente y de sus hijos?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

131
CATEQUESIS 4

¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN?

OBJETIVO:
Conocer y valorar la Confirmación que hemos recibido, para
proclamar con valentia que somos discípulos misioneros de Jesucristo
en toda nuestra vida.
ORACIÓN: (Jesucristo, Palabra del Padre)
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica ardiente.
Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.
Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.
Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de
madre y reúne a sus hijos, los fieles,
para juntos poder esperarte.
Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino.
(Tradición Cristiana)

INTRODUCCIÓN:
La palabra confirmación procede del verbo latino “firmare”,
consolidar, confortar, afirmar, confirmar. La Confirmación conforta a
la persona en su ser de cristiano, le confía capacidad de mantenerse
por medio del Espíritu Santo, para que aprenda a ser fiel a sí mismo, a
encontrar su lugar en el mundo, con la fuerza de Dios. En el bautismo
132
nacemos de nuevo por el agua del Espíritu Santo. En la Confirmación
somos confortados, confirmados en nuestra existencia para que no nos
dejemos guiar por el espíritu del mundo sino por el Espíritu de Dios.
Contamos con la fuerza del Espíritu para trabajar por un mundo según
la voluntad de Dios.
Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación
constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana”, y
la unidad de ellos siempre se debe custodiar celosamente. Por lo tanto,
la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia
bautismal. En efecto, a los bautizados “el sacramento de la Confirmación
los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza
especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más,
como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus
palabras y sus obras”.

VER:
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1.¿Cómo se celebra el Sacramento de la Confirmación?

✓✓ 2.¿Por qué consideras que es importante el Sacramento de la


Confirmación en la vida cristiana?

✓✓ 3.¿Qué relación crees que tenga el Sacramento de la


Confirmación con la realidad de injusticia o de paz en la
sociedad en que vives? Si la encuentras, platica un ejemplo…

ILUMINAR:
1. La Confirmación en la historia de la salvación
En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del
Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cfr. Is 11, 2) para realizar su misión
salvífica (cfr. Lc 4, 16-22; Is 61, 1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su
Bautismo fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo
de Dios (cfr. Mt 3, 13-17; Jn 1, 33-34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu
133
Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total
con el Espíritu Santo que el Padre le da “plenamente” (Jn 3, 34).
Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer
únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo
mesiánico(cfr. Ez 36, 25-27; Jl 3, 1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta
efusión del Espíritu (cfr. Lc 12, 12; Jn 3, 5-8; 7, 37-39; 16, 7-15; Hch 1, 8), promesa que realizó
primero el día de Pascua (cfr. Jn 20, 22) y luego, de manera más manifiesta
el día de Pentecostés (cfr. Hch 2, 1-4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles
comienzan a proclamar “las maravillas de Dios” (Hch 2, 11) y Pedro declara
que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cfr.
Hch 2, 17-18)
. Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron
bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cfr. Hch 2, 38).
“Desde aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad
de Cristo, comunicaban a los recientemente bautizados, mediante
la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a
completar la gracia del Bautismo (cfr. Hch 8, 15-17; 19, 5-6). Esto explica por qué
en la carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros elementos de la
formación cristiana, la doctrina del Bautismo y de la imposición de las
manos (cfr. Hb 6, 2). Es esta imposición de las manos la que ha sido con toda
razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del
sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la
Iglesia, la gracia de Pentecostés” (Pablo VI, Const. apost. Divinae consortium naturae).
Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió
a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma).
Esta unción ilustra el nombre de “cristiano” que significa “ungido” y que
tiene su origen en el nombre de Cristo, al que “Dios ungió con el poder
del Espíritu Santo” (Hch 10, 38).
2. Los signos y el rito de la Confirmación
En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de la
unción y lo que la unción designa e imprime: el sello espiritual.
La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas
significaciones: el aceite es signo de abundancia (cfr. Dt 11, 14) y de alegría
(cfr. Sal 23, 5; 104, 15)
; purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad
(la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues
suaviza las contusiones y las heridas (cfr. Is 1, 6; Lc 10, 34) y el ungido irradia
belleza, santidad y fuerza.
Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran
en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los
catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos
expresa curación y consuelo. La unción del santo crisma después del
134
Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una
consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son
ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la
plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida
desprenda “el buen olor de Cristo” (2Cor 2, 15).
Por medio de esta unción, el confirmando recibe “la marca”, el sello
del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cfr. Gn 38, 18), signo de
su autoridad (cfr. Gn 41, 42), de su propiedad sobre un objeto (cfr. Dt 32, 34) –por
eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con
el de su señor-; autentifica un acto jurídico (cfr. 1Re 21, 8) o un documento (cfr.
Jr 32, 10)
y lo hace, si es preciso, secreto (cfr. Is 29, 11).
Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cfr. Jn 6, 27). El
cristiano también está marcado con un sello: “Y es Dios quien a nosotros
y ustedes nos fortalece en Cristo, el que nos ha ungido, nos ha marcado
con su sello y nos ha dado su Espíritu como garantía de salvación” (2Cor 1,
21-22; cfr. Ef 1, 13; 4, 30)
. Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total
a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la
promesa de la protección divina en la gran prueba del fin de los tiempos
(cfr. Ap 7, 2-3; 9, 4; Ez 9, 4-6)
.
La celebración de la Confirmación
Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo,
como es el caso en el rito romano, la liturgia del sacramento comienza
con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los
confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye
una prolongación del Bautismo. Cuando es bautizado un adulto, recibe
inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía (cfr. Código de
Derecho Canónico can. 866)
.
El obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto
que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y
el obispo invoca así la efusión del Espíritu:
“Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los
libraste del pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu
Santo Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de
espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y
cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor” (Ritual
de la Confirmación, 25)
.
Sigue el rito esencial del sacramento de la Confirmación, que “es
conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo
la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu
135
Santo” (Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae).
El saludo de paz con el que concluye el rito del sacramento significa
y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles (cfr.
San Hipólito Romano, Traditio apostolica, 21)
.
3. Los efectos de la Confirmación
De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de
la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue
concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.
Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad
a la gracia bautismal:
• nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos
hace decir “Abba, es decir, Padre” (Rm 8, 15);
• nos une más firmemente a Cristo;
• aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;
• hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia;
• nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir
y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos
testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de
Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz.
La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se
da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca
espiritual indeleble, el “carácter”, que es el signo de que Jesucristo ha
marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza
de lo alto para que sea su testigo (cfr. Lc 24, 48-49).
El “carácter” perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido
en el Bautismo, y el confirmado recibe el poder de confesar la fe de
Cristo públicamente.
4. Quién puede recibir este sacramento
Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el
sacramento de la Confirmación (cfr. Código de Derecho Canónico can. 889, 1). Puesto que
Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue
que “los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en tiempo
oportuno” (Código de Derecho Canónico, can. 890), porque sin la Confirmación y la
Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz,
pero la iniciación cristiana queda incompleta.
La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir
al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más

136
viva con el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin
de poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida
cristiana. Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por
suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la
Iglesia universal como a la comunidad parroquial. Esta última tiene una
responsabilidad particular en la preparación de los confirmandos.
Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia.
Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en
atención al don del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración
más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las
gracias del Espíritu Santo (cfr. Hch 1, 14).
Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los
candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.
Conviene que sea el mismo que para el Bautismo a fin de subrayar la
unidad entre los dos sacramentos (cfr. Código de Derecho Canónico can. 893, 1.2).
5. Los Dones del Espíritu Santo
Don de Ciencia, es el don del Espíritu Santo que nos permite acceder
al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe
del bautismo.
Don de Consejo, saber decidir con acierto, aconsejar a los otros
fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.
Don de Fortaleza, es el don que el Espíritu Santo concede al fiel,
ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural.
Don de Inteligencia, es el del Espíritu Santo que nos lleva al camino
de la contemplación, camino para acercarse a Dios.
Don de Piedad, el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni
indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la
piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas.
Don de Sabiduría, es concedido por el Espíritu Santo que nos permite
apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina.
Don de Temor de Dios, es el don que nos salva del orgullo, sabiendo
que lo debemos todo a la misericordia divina.

Resumen:
“Los apóstoles, que estaban en Jerusalén, oyeron que los habitantes
de Samaría habían recibido la palabra de Dios, y les enviaron a Pedro
y Juan. Estos bajaron y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu
Santo, pues aún no habían venido sobre ninguno de ellos; sólo habían
recibido el bautismo en el nombre de Jesucristo, el Señor. Entonces les
137
impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo”(Hch 8, 14-17).
La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento
que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la
filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido
nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y
ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada
de las obras.
La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano
un signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se
puede recibir una vez en la vida.
El candidato a la Confirmación que ya ha alcanzado el uso de razón
debe profesar la fe, estar en estado de gracia, tener la intención de recibir
el sacramento y estar preparado para asumir su papel de discípulo y de
testigo de Cristo, en la comunidad humana donde vive.
El Espíritu Santo nos comunica sus siete sagrados dones: Ciencia,
Consejo,Fortaleza, Inteligencia, Piedad, Sabiduría y Temor de Dios…

ACTUAR:
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1.Después de conocer la fuerza del Espíritu Santo que se te
ha infundido en la Confirmación para proclamar con valentía
que vivir según el querer de Dios es lo único que te ofrece vivir
con sentido verdadero, ¿qué consideras que te está haciendo
falta para transformar el mundo que te rodea según este
querer de Dios? ¿Qué piensas hacer para vivir la gracia de
este Sacramento que ya posees?

✓✓ 2.Escribe una idea nueva que no conocías sobre el Sacramento


de la Confirmación y consideras tan importante que todos los
cristianos deberían de saber.

✓✓ 3.Después de haber reflexionado en el Sacramento de la


Confirmación, ¿cuál consideras que sería la mejor edad para
recibirlo? ¿Por qué?

138
ORACIÓN: (Espíritu Santo transfórmanos)
Espíritu Santo transfórmanos,
Has de nuestra vida algo que valga la pena
algo que sea útil.
Queremos ayudar a los demás,
sembrar tu palabra, y extender el Reino,
Pero en tu ausencia, nuestros ideales
se han convertido en quimeras, nuestros
intentos en fracasos, y nuestros sueños
solo han engendrado desilusiones.
Espíritu Santo, amigo fiel, permítenos
contemplar tus maravillas, conocer tu poder,
apreciar tu intervención, creer en tus carismas,
para desearlos, para pedirlos, para ponernos
en tus manos con la humildad necesaria
para que, si Tú lo quieres, nos tomes como
instrumentos de tu poder, con Jesús para
la salvación del mundo. Amén.
(Ricardo Zimbròn Levy)

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees conviente
agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal;
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ ¿Creén que con enviar a los niños al catecismo y una vez que
recibieron la confirmación, ya concluyeron con su formación
Cristiana?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es la Confirmación? ¿Qué nos
da la Confirmación? y ¿Qué compromiso adquirimos al ser
Confirmados?
139
PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS
Con 5 personas de nuestra comunidad:
✓✓ ¿Qué es la Confirmación?
✓✓ ¿Qué nos da la Confirmación?
✓✓ ¿Qué compromiso adquirimos al ser Confirmados?
✓✓ Compartamos con ellos ¿Cómo nos sentimos al ser Confirmados?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

140
Segunda Celebración 11

¿Qué puedo hacer para vivir en el Espíritu


Santo?

Renueva y celebra tu Confirmación

ANÓNIMO,
Pentecostés.

“Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!


si no está movido por el Espíritu Santo” (1Cor 12,3).

141
OBJETIVO:
Crear un clima espiritual que propicie el encuentro de las personas
con la Santísima Trinidad, para que se consagren al Señorío de Jesús, y
reciban el Don del Espíritu.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL SEÑORÍO DE JESÚS,


PARA ABRIRSE AL DON DEL ESPÍRITU.
Jesús mi Salvador, impulsado por el Espíritu Santo, te reconozco
como el Señor, te acepto como mi Señor, te invito a mi corazón como
Señor, te proclamo como el Señor del universo, quiero que seas Señor de
mi vida, te entrego las llaves de toda mi vida. Quiero que seas:
• Señor de mi salud y enfermedad.
• Señor de mis penas y alegrías.
• Señor de mi tiempo.
• Señor de mi trabajo y mi descanso.
• Señor de mi dinero y posesiones.
• Señor de mi vida familiar (Señor de mi cónyuge, Señor de mis hijos,
Señor de mi noviazgo).
• Señor de mis relaciones, en mi escuela, en mi trabajo, con mis
familiares.
• Señor de mi vocación y misión.
• Señor de mi cuerpo, alma y espíritu.
• Señor de mi vida y de mi muerte.
• Me entrego totalmente a Ti.
• Ven Señor Jesús y toma posesión de lo que es tuyo.
• Por manos de María y a su ejemplo, hago consagración de mí ser y de
mi vida entera como una hostia viva, para gloria del Padre y salvación
del mundo.
• Para vivir este señorío tuyo, Jesús, yo no puedo solo. Necesito de tu
Espíritu.
• Padre bueno, derrama sobre mí el Don de tu Espíritu. Jesús, bautízame
en tu Espíritu.
• Espíritu Santo, ven sobre mí, lléname de ti. Dame un nuevo corazón
para conocerte, una nueva lengua para alabarte. Purifícame,
renuévame, libérame, úngeme. Da testimonio de Jesús en mi corazón.
Concédeme tu gozo y tu paz. Hazme testigo de Jesús.
142
• María, Madre del Señor, acompáñame y dispón mi corazón, para
recibir el Espíritu Santo.

ORACION PARA LA CONSAGRACION AL ESPIRITU SANTO


Espíritu Santo: Te consagramos nuestra Patria.
Intercede y vela por quienes vivimos en ella.
No nos dejes perdernos por caminos sin Dios, reoriéntanos al gozo
de la fe y la verdad.
Espíritu de paz, perdón y misericordia líbranos de la violencia
y la discordia y enséñanos a hablar las lenguas siempre nuevas de la
fraternidad.
Espíritu de alegría, consuelo y fortaleza sánanos del desánimo, el
miedo y la tristeza.
Espíritu de generosidad y de justicia, apártanos del egoísmo y la
avaricia e inspíranos acciones para crear condiciones que permitan a
todos vivir con dignidad.
Tú que eres la Fuente de la Vida rescátanos de la cultura de la muerte,
fecúndanos con tus dones, tus frutos y carismas.
Ilumina nuestra tierra, renueva las naciones, ven como en Pentecostés,
e incendia con tu fuego de amor los corazones. Amén
.

143
Encuentro Kerigmático 12

¿Qué es la Iglesia?
Es la comunidad de los que habiendo creído en Jesucristo
muerto y Resucitado, viven, anuncian y celebran el Reino de
Dios

PAUL GAUGUIN,
El Cristo amarillo, 1889,
Museo General Purchase Funds
“Los que habían sido bautizados se dedicaban con
perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles,
vivían unidos y participaban en la fracción del pan y en las
oraciones” (Hch 2,42).
144
OBJETIVO:
Hacer de la conversión y la comunión fraterna, una experiencia
concreta de solidaridad dentro de una pequeña comunidad eclesial,
para vivir, anunciar y celebrar el Reino, como signo actual de la nueva
evangelización.
COMPROMISO DE RESPONSABILIDAD
Comprendo que aquellos dones que Dios me ha dado para el bien
común deben ser donados para tu beneficio. Si llegase a descubrir que
en mi vida hay ciertas áreas de opresión o de heridas, que den lugar
a recelos y agresión, debido a mis propias acciones desordenadas o a
causa de otros, prometo buscar la fuerza liberadora de Cristo por medio
del Espíritu Santo, los Sacramentos, la dirección espiritual y por mis
hermanos de comunidad para así poder compartirte una vida más sana.
Mi responsabilidad contigo es la de ser lo que Dios quiere que yo sea
para ti: un servidor maduro y responsable.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: AL PECHO LLEVO UNA CRUZ
ORAMOS: Oración de la comunidad.
Señor Jesús:
Tú has venido para anunciar e iniciar el Reino,y nos llamas a seguirte.
Pero no quieres seguidores individuales que vivan en solitario su
aventura.
Nosotros queremos ser Comunidad:
Ayúdanos a formar una comunidad viva,
en la que todos nos saludemos y nos queramos,
en la que nos sintamos todos evangelizados y evangelizadores,
en la que vivamos concretamente el misterio y la responsabilidad de
ser Iglesia.
Señor Jesús:
queremos ser seguidores tuyos,
para anunciar y construir el Reino ´
¡en comunidad! Ayúdanos. Amén.

145
¿COMO VIVO EN LA IGLESIA?
¿Qué sientes
¿De cuál me ¿Cómo podrás
Alimentos de que le falta a
alimento más? mejorar en
la comunidad tu vida de cada
Ordénalos del 1 al 4 todo?
alimento?
Comunión
(Cirio)

Palabra de
Dios (Biblia)

Oraciones
(Crucifijo)

Servicio-
caridad
(Plantita)

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios.Hch 2, 42-47
2. Comprendemos la Palabra de Dios

La comunidad modelo
¿Cómo debe ser una comunidad, para que sea signo de la vida
nueva? ¿Cómo debe ser la comunidad de los que han creído y siguen a
Jesucristo muerto y resucitado?
El Nuevo Testamento nos ofrece varios modelos. El álbum de la
Familia de Dios contiene muchas fotografías, por ejemplo; el Evangelio
de san Mateo presenta una propuesta en el discurso de la comunidad
(cfr. Mt 18, 1-35)
y otra en el Sermón de la montaña (cfr. Mt 5, 7). Marcos, describe
un proyecto de comunidad con una serie de episodios que revelan el
objetivo de la Buena Nueva en la vida del pueblo (cfr. Mc 1, 16-45). Lucas,
a su vez, propone un modelo cuando describe la vida de los primeros
cristianos; es un modelo sustentado en cuatro columnas, que son como
hemos dicho antes; el alimento básico del cristiano en comunidad.
Dice Hechos 2, 42: “Los que habían sido bautizados se dedicaban
con perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivían
146
unidos y participaban en la fracción del pan y en las oraciones”
Las cuatro columnas son los rasgos característicos y esenciales
de la Iglesia.
El acontecimiento de Pentecostés adquiere una proyección eclesial
en este “sumario” y cobra un carácter normativo al describir los rasgos
característicos y esenciales de la vida de la Iglesia naciente (cfr. Hch 2, 42); no
es un enunciado de principios teológicos abstractos, sino la descripción
de una “vida”, la “vida” de la Iglesia como un efecto de la presencia y
aliento del Espíritu Santo que, con la venida, manifiesta un “culto” en
el Espíritu, una “unidad” en el Espíritu, un “crecimiento” en él y por el
Espíritu,
Otro modo de ver estos cuatro elementos de la Iglesia naciente,
es considerarlos como las cuatro partes de la antigua liturgia cristiana
integrada, por lo que llamaríamos “Liturgia de la Palabra”, “Colecta de
los pobres”, “Liturgia Eucarística” y “Oraciones de acción de gracias”.
Así, la celebración litúrgica es imagen de toda vida comunitaria.

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. La Iglesia es el signo de la salvación y del amor de Dios a
través de la historia
Dios es comunidad de amor, y nosotros somos imagen de Dios. Este
gran amor nos lo ha manifestado y lo sigue manifestando de muchas
maneras, sobre todo por medio de Jesucristo, su Hijo y, de la Iglesia
que Él mismo fundó (cfr. LG 5, 9), como sacramento universal y necesario de
salvación a través de la historia (cfr. LG 1; Mt 16,18).
Sobre esto, el Concilio Vaticano II nos da un hermoso resumen: El Padre
“estableció convocar a quienes creen en Cristo, en la santa Iglesia, que ya
fue prefigurada desde el origen del mundo; preparada admirablemente en
la historia del pueblo de Israel y en el Antiguo Testamento; constituida en
los últimos tiempos; manifestada por la efusión del Espíritu Santo y será
consumada gloriosamente al final de los tiempos” (LG 2).
Por eso, la Iglesia es inseparable de Jesucristo. No queda, pues a
nuestra discreción aceptarla o no; “Quien a ustedes escucha a mí me
escucha; quien a ustedes rechaza a mí me rechaza” dice Jesús a sus
Apóstoles (Lc 10, 16; cfr. PO 40; DP 223).
Se trata de un pueblo que, como sujeto comunitario, acoja y encarne
la verdad (profecía); que participe de su santidad (sacerdocio); que
trabaje para que esa verdad y esa santidad (Reino), sean el signo pleno
y universal de presencia salvífica y amorosa de Dios nuestro Padre, que

147
hace vida en nuestra historia su Reino de salvación universal. Por eso
la Iglesia debe expresarse como signo de la presencia en el mundo del
Reino de Dios:
• Como Reino vivido en la fraternidad y en la comunión como el
nuevo ideal de la vida comunitaria.
• Como Reino proclamado y testimoniado en el anuncio confesante
y liberador del Evangelio,asumiendo la Palabra de Dios como el
nuevo criterio y la nueva referencia de la comunidad.
• Como Reino celebrado en los ritos festivos y liberadores de la
liturgia,realizando principalmente el signo de partir el pan y la
oración comunitaria y personal como signos del amor supremo y
fuente nueva de la vida de la Iglesia.
• Como Reino realizado en el amor y en el servicio fraternoa todos
los hombres y mujeres.
2. Como Dios Trinidad, el pueblo en comunidad
La Iglesia como comunidad de bautizados “en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo”, tiene en la Santísima Trinidad las raíces
últimas de su vocación a vivir en comunión y participación (cfr. DP 211-212).
Así Dios-comunidad constituye a su imagen y semejanza a su
pueblo-comunidad, no solamente porque lo hace participar de su vida
sino porque esa participación es radicalmente comunitaria (cfr. LG 2. 3. 4).
Toda la riqueza de este misterio de la Iglesia, una, santa, católica y
apostólica, se hace presente en la Diócesis y, por ésta en las Parroquias,
en las pequeñas comunidades y en las familias, como la expresión
histórica de la presencia del misterio de Dios Trinidad, por medio del
misterio de la Iglesia (Carta pastoral delEncuentro con Cristo camino de comunión y solidaridad con todos,
133)
.
Por eso, “ante este mundo roto y deseoso de unidad es necesario
proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual llama a todos los hombres
a que participen en la misma comunión trinitaria” (EA 33).
En relación a la Iglesia como signo de comunión, nuestros obispos
latinoamericanos hacen una hermosa descripción, diciendo:
“Cada comunidad eclesial debería esforzarse por constituir para el
Continente un ejemplo de modo de convivencia donde logren aunarse
la libertad y la solidaridad. Donde la autoridad se ejerza con el espíritu
del Buen Pastor. Donde se viva una actitud diferente frente a la riqueza.
Donde se ensayen formas de organización y estructuras de participación,
capaces de abrir camino hacia un tipo más humano de sociedad. Y

148
sobre todo, donde inequívocamente se manifieste que, sin una radical
comunión con Dios en Jesucristo, cualquier otra forma de comunión
puramente humana resulta a la postre incapaz de sustentarse y termina
fatalmente volviéndose contra el mismo hombre” (DP 273).
En este sentido el Papa Juan Pablo II, también confirma y alienta la
experiencia de las pequeñas comunidades eclesiales, dice: “Se trata de
grupos de cristianos a nivel familiar o de ámbito restringido, los cuáles
se reúnen para la oración, la lectura de la Escritura, la catequesis, para
compartir problemas humanos y eclesiales de cara a un compromiso
común. Son un signo de vitalidad en la Iglesia, instrumento de formación
y de Evangelización, un punto de partida válido, para una nueva sociedad
fundada sobre la civilización de amor” (RM 51).
3. Las cuatro columnas o alimentos básicos de la comunidad
cristiana
Primera columna: LA COMUNIÓN ENTRE LOS HERMANOS
Indica el nuevo ideal de la vida comunitaria.
Como Dios trinidad, el pueblo en comunidad.
La comunión (Koinonía) nace del Padre (cfr. Jn 1, 3), del Hijo (cfr. 1Cor 1, 9)
y del Espíritu Santo (cfr. 2Cor 13, 13; Fl 2, 1), y se traduce en comunión fraterna
compartiendo los bienes.
Los primeros cristianos ponían todo en común de manera que no
había necesitados entre ellos (cfr. Hch 2, 44-45; 4, 32-34) así cumplían la ley que
decía: “No habrá pobres entre los tuyos” (Dt 15, 4). La comunión indicaba
la actitud de quien no se consideraba dueño de lo que poseía, sino que
era capaz de compartir sus bienes con los demás (Rm 15, 26; 2Cor 9, 13).
El ideal de la comunión era llegar a compartir no solo los bienes sino
los sentimientos y la experiencia de la vida hasta formar todos un solo
corazón y una sola alma (cfr. Hch 1, 14; 2, 46; 4, 32), llegar a una convivencia sin
secretos (cfr. Jn 15,15) que supere barreras provenientes de la religión, clase,
sexo y raza (cfr. Gal 3, 25; Col 3, 11; 1Cor 12, 13).
Esta comunión es sagrada y no debe profanarse; quien abusa de ella
en beneficio propio muere para la comunidad. Es la lección del episodio
de Ananías y Safira (cfr. Hch 5, 1-11).
La comunión es vivir el ideal de fraternidad, a través de signos
concretos de solidaridad, de ayuda a los necesitados, del propio entorno.
Es vivir la compasión que Jesús nos enseña y debemos expresar en signos
que hagan creíble el Evangelio en nuestro estilo de vida cristiana, que
nos debe impulsar, para construir la comunidad continuamente.

149
Segunda columna: EL TESTIMONIO DE LOS APÓSTOLES
Indica el nuevo cuadro de referencia de la vida comunitaria.
Esta enseñanza es la nueva interpretación de la vida y de la Biblia,
transmitida por los apóstoles a partir de la experiencia de la resurrección.
Como Jesús, los cristianos tuvieron la valentía de romper con la enseñanza
de los escribas.
En vez de seguir con la doctrina de los doctores de la época, siguen
ahora la doctrina de los doce (cfr. Hch 4, 13). Este liderazgo no vino de la
tradición, ni de la raza, ni del poder, ni de la fuerza; vino de los signos
realizados en la comunidad (cfr. Hch 2, 43; 4, 33; 5, 12), y de las “órdenes” dadas
por Jesús resucitado a la Magdalena, a los 12 apóstoles, a los 120
discípulos, a las mujeres y a la multitud en el monte de los olivos (cfr. Mt 28,
18-20; Mc 16, 15; Lc 24, 44-49)
.
Esta columna hace que la Palabra de Dios ilumine y fortalezca el
ser Iglesia promoviendo una vida de discípulos de Jesús, es decir, de
aprendices.
El Testimonio de los Apóstoles debe mantenerse:
• A través del contacto continuo con la Palabra de Dios, para
evangelizar permanentemente la realidad.
• A través de la catequesis que es la educación ordenada y
progresiva de la fe, para que se exprese en un estilo de vida
cristiana.
Tercera columna: LA CELEBRACIÓN DE LA FRACCIÓN DEL
PAN Y LA ORACIÓN
Indica la nueva fuente de la vida comunitaria.
La expresión tiene origen en las comunidades Judías, en las que el
padre compartía el pan con los hijos y con los que no tenían nada, la
fracción del pan recordaba las muchas veces que Jesús compartió el
pan con sus discípulos y con los pobres (cfr. Jn 6, 11); así mismo recordaba
el gesto que abrió los ojos a los discípulos de Emaús para descubrir la
presencia viva de Jesús en medio de la comunidad (cfr. Lc 24, 30-33).
Significaba sobre todo el gesto supremo del “amor hasta el fin”
(Jn 13, 1)
, la Eucaristía, “la comunión con Cristo” (1Cor 10, 16), la pascua del
Señor (cfr. 1Cor 11, 23-27), la memoria de su muerte y resurrección (cfr. 1Cor 11, 26)
que garantiza la vida a quienes la dan por los demás. Al principio, la
fracción del pan se hacía en las casas (cfr. Hch 2, 46; 20, 7), la casa era el lugar
de la liturgia en Espíritu y verdad (cfr. Jn 4, 23), sin embargo, en ocasiones la
realidad estaba por abajo del ideal: Pablo critica los abusos que ocurrían
150
en la comunidad de Corinto (cfr. 1Cor 11, 18-22; 29, 34).
Cuando una familia se reúne continuamente a compartir y orar
se mantiene unida. Promover la oración en la casa y en la Capilla es
fortalecerse, pues es un encuentro con Jesucristo vivo, con el Padre y el
Espíritu Santo, con María la Madre.
Cuarta columna: EL SERVICIO FRATERNO DE LOS HERMANOS
Indica la nueva condición de pertenencia a la comunidad del Señor
resucitado
El servicio de los que creen en Cristo se manifiesta en el amor, la
caridad, la promoción, la educación, la liberación, la solidaridad. Así se
convierte en un germen y anuncio de ese profundo deseo de encontrar
caminos nuevos para que la fraternidad y el amor sean para todos sin
exclusión.
A través de la vivencia del servicio fraterno se es testigo de que sí es
posible un nuevo modo de amar y de servir, por eso los cristianos tenemos
que educarnos con creatividad para hacernos expertos en humanidad,
capaces de entregarnos y comprometernos con cada persona y con la
comunidad y en especial por los más pobres y enfermos, de tal manera
que nos crean que anunciamos a un Dios que es amor y un reinado del
amor. Hasta que nos reconozcan que somos de Cristo por la manera
de cómo nos amamos, respetamos, ayudamos y somos felices. En los
primeros cristianos este nuevo ambiente irradiaba admiración y simpatía:
“gozaban de la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2, 47).
4. Aplicación de las cuatro columnas en la vida pastoral de las
Parroquias

Dimensión Animador
Columna Signo
Pastoral del Ministerio
La comunión Pastoral de la
De la
entre los El Cirio COMUNIÓN
coordinación
hermanos eclesial
Pastoral del
El testimonio de De la
La Biblia TESTIMONIO
los Apóstoles catequesis
eclesial
La celebración de Pastoral de la
El
la Fracción del CELEBRACIÓN De la oración
Crucifijo
pan y la oración eclesial

151
El servicio
La Pastoral del
fraterno de los De la caridad
Plantita SERVICIO eclesial
hermanos
• Los animadores de los ministerios de la caridad, de la
catequesis, y de la oración, se establecen por 3 meses y el
animador de la coordinación por un año mínimo y 2 años
máximo.

Puntos a tratar Actividades Responsable


Momento para:
1. Ambiente • Arreglo del lugar de la reunión. Animador de la
fraterno • Presentar tema, objetivo, canto Coordinación
y oración inicial.
Momento para:
• El encuentro con la Palabra de Animador de
2. Catequesis Dios, según el itinerario, nivel, Catequesis
criterios, materiales elegidos,
etc.
Momento para:
• Retomar todo lo vivido y
compartido en la reunión de
comunidad. Animador de
3. Celebración
la Oración
• Celebrar la vida y el trabajo.
• Vivir la experiencia de la
oración como culmen y fuente.

152
Momento para:
• Responder a la Palabra de Dios,
reflexionada en la catequesis:
• Promoviendo la comunión:
con testimonio, corrección
fraterna, revisión de vida,
discernimiento de la voluntad
Animador de
4. Solidaridad de Dios, etc.
la Caridad
• Promoviendo la solidaridad:
analizando la realidad y
haciendo concreta la caridad y
el compromiso social, etc.
• Podría ser alternando: una
semana comunión y otra
solidaridad.

Dimensión Animador
Columna Signo
Pastoral del Ministerio
Pastoral de la
La comunión entre
El Cirio COMUNIÓN
los hermanos
eclesial
Pastoral del
El testimonio de
La Biblia TESTIMONIO
los Apóstoles
eclesial
La celebración de Pastoral de la
la Fracción del El Crucifijo CELEBRACIÓN
pan y la oración eclesial
El servicio fraterno Pastoral del
La Plantita
de los hermanos SERVICIO eclesial

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)


REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ ¿Cuáles son los cuatro alimentos fundamentales
de un Cristiano?
✓✓ Analiza de nuevo las respuestas del cuadro “¿Cómo vivo en la
Iglesia?

153
✓✓ ¿Qué opinas de formar parte de una comunidad en la que no
existe una sola cabeza, sino que son cuatro personas las que
animan la vida de comunidad?

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Comparte las respuestas de tu reflexión personal con tu pareja


✓✓ Contesten como pareja el cuadro de ¿Cómo vivo en la Iglesia?
✓✓ ¡Qué aspecto tenemos que fortalecer más en nuestra vida de
matrimonio?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Leemos con nuestros hijos el pasaje de Hch
2, 42-47 y compartimos ¿Qué nos dice la palabra de Dios de
manera personal y después como familia?
✓✓ Explicamos a nuestros hijos brevemente cuales son los cuatro
alimentos o columnas de la vida de un cristiano
✓✓ Contestemos como familia el cuadro ¿Cómo vivo en la Iglesia?
✓✓ ¿Qué aspecto tenemos que fortalecer más en nuestra familia?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Observemos: ¿Qué aspecto de la vida cristiana trabaja mas la
mayoría de Cristianos y cuál descuidan más?
✓✓ Según el ambiente de nuestra comunidad parroquial ¿Qué
aspecto deberías fortalecer más?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓Tratemos de explicar brevemente la idea de los
cuatro alimentos fundamentales del cristiano.
✓✓ Preguntemos: ¿Qué aspecto considera que has descuidado más?
✓✓ ¿Qué podría hacer para vivir tu fe de una manera más equilibrada?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto.

154
Encuentro Kerigmático 13

¿Qué hace la Iglesia?


Continúa la obra de la salvación por medio de la
evangelización integral

VINCENT VAN GOGH,


El buen samaritano,
1890, Museo Kröller Müller, Otterlo, Holanda.

“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19a).

155
OBJETIVO:
Tomar conciencia que quienes formamos la Iglesia tenemos la misión
de evangelizar a todos los pueblos, promoviendo y asumiendo los
ministerios que Dios y la realidad nos están pidiendo, para ser fermento
del Reino de Dios en el mundo, hasta que llegue su consumación.
COMPROMISO DE DISPONIBILIDAD
Lo que tengo: tiempo, energía, conocimientos y lo que poseo están
a tu disposición si lo necesitas. Los pongo a tu disposición con la mayor
responsabilidad y deseo de servirte. Me comprometo a dedicar parte de
mi tiempo a mi comunidad y asamblea de oración y asistir puntualmente
a las actividades, con esto manifestaré el gran respeto que tengo por ti.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: SOMOS DISCÍPULOS MISIONEROS

ORAMOS: Dame Señor, un corazón grande


Oh Cristo, para poder servirte mejor, dame un noble corazón.
Un corazón fuerte para aspirar por los altos ideales y no por opciones
mediocres.

Un corazón generoso en el trabajo, viendo en él no una imposición


sino una misión que me confías.

Un corazón grande en el sufrimiento, siendo valiente soldado


ante mi propia cruz y sensible cirineo para la cruz de los demás.

Un corazón grande para el mundo, siendo comprensivo ante


sus fragilidades pero inmune a sus máximas y seducciones.

Un corazón grande con los hombres, leal y atento con todos,


pero especialmente servicial y dedicado a los pequeños y humildes.

Un corazón nunca centrado sobre mí, siempre apoyado en Ti,


feliz de servirte y servir a mis hermanos, ¡Oh mi Señor!, todos los
días de mi vida. Amén.

HISTORIA DE LOS PAJARITOS, EL BOSQUE Y LA JAULA


Había una vez unos “pajaritos” que vivían, volaban, cantaban,

156
comían en un bosque grande y frondoso. En un claro del bosque sus
amigos les daban y servían comida en sus propios picos. Cuando los
pajaritos crecieron y se multiplicaron mucho, resultó una jaula muy
bonita y siempre abierta donde entraban todos a convivir, comer y cantar.
¡Cómo se llenaba de colorido y de música aquella jaula! Los pájaros
poco a poco, por gusto, necesidad o porque a veces los metieron, se
fueron acostumbrando a quedarse, a resguardarse en la jaula, a estar ahí
noche y día. Cuando algún pajarito salía al bosque y tardaba en regresar
no faltaban preocupaciones y hasta críticas. Y como algunos pájaros
quedaron fuera y no regresaron, mejor cerraron la puerta de la jaula.
Pasaron los años y la jaula se fue llenando de pájaros, pero encerrados.
Muchos ya ni conocían el bosque y para convivir bien fueron dando
leyes y se procuraban también buenos alimentos para poder sobrevivir
en la jaula. Sin embargo, la jaula se fue haciendo más silenciosa, menos
alegre. Quizá no sufrían tanto de los malos temporales: aguaceros,
lluvias... Pero les faltaba el sol, el aire fresco del bosque les quedaba
lejos...
Un día se abrió una ventana, y luego la puerta de la jaula volvió a
quedar abierta -como en los comienzos-. Pero la mayoría de los pájaros
quedaron dentro, encerrados: por miedo al bosque, porque las alas se les
habían atrofiado o al menos entumido y no querían o no se arriesgaban
a volar, a salir, a luchar, a vivir en el bosque.

¿QUE HACE LA IGLESIA?


✓✓ 1. ¿Qué entendemos de esta comparación o parábola?

✓✓ 2. ¿Qué representan el bosque, los pajaritos, la jaula...?

✓✓ 3. Según tu modo de pensar ¿qué significado le das al reloj?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios.Mt 28,16-20
2. Comprendemos la Palabra de Dios
157
Los apóstoles han vivido la experiencia más difícil desde que
comenzaron a seguir a Jesús: su pasión y muerte. Esta experiencia ha
servido de prueba para que se manifiesten los verdaderos discípulos. El
resultado ha sido que sus seguidores más cercanos son los que más se
han tambaleado: uno lo traicionó, otro lo negó y el resto lo abandonó.
En contraste, otros discípulos, que no son del grupo de los doce, lo
acompañan hasta el final (Por ejemplo: las mujeres (cfr. Mt 27, 55-56. 61); José
de Arimatea (cfr. Mt 27, 57-61), e incluso algunos no discípulos comienzan a
reconocerlo: los soldados (cfr. Mt 27, 54).
“Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los
había citado” (v.16). Antes de su muerte, Jesús los había citado en Galilea
(cfr. Mt 26, 32)
, ya resucitado, en sus apariciones les vuelve a recordar el
encuentro por medio del ángel y las mujeres. Cuando llega el momento
del encuentro, ven al mismo Jesús que conocieron en Galilea, pero
resucitado. Ellos están arrepentidos, y sobre todo se sienten apenados.
Lo que hace Jesús es acogerlos para manifestarles que los perdona. Es
en Galilea, donde tantas experiencias habían vivido a su lado, donde
nuevamente Jesús viene a invitarlos a retomar su seguimiento.
“Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado” (v.17). En varias
ocasiones Jesús los catalogó como “hombres, de poca fe”. Pero ahora han
tenido la experiencia de encontrarse con Él, resucitado. Esta experiencia
borra sus dudas, los fortalece y los capacita para ir a anunciar la Buena
Noticia.
“…Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra” (v.18). Cristo
resucitado es ahora quien tiene y ejerce, tanto en el cielo como en la
tierra, el poder sin límites que ha recibido del Padre. Jesús hace partícipes
a sus discípulos de este poder, y lo ejercerán en nombre de Él:
• por medio de la Palabra “que tiene poder para salvarlos” (St 1, 21):
“Vayan y hagan discípulos”.
• por medio de los sacramentos, comenzando por el Bautismo, por
el que somos arrancados del poder de las tinieblas e injertados
en Jesucristo resucitado, para llevar en adelante una vida nueva;
(cfr. Rm 6, 1-11)
“Bauticen”, es decir consagrarlos en el amor de la
Santísima Trinidad y
• por medio del amor concretizado en el servicio (cfr. Mt 20, 28), para lo
cual enseñarán a poner en práctica la Palabra “y enseñen, todo lo
que yo les he encomendado” (Mt 28, 20); es decir, enséñenles a que
pongan en práctica el amor.
“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (v.19). Jesús ya había
hecho un envío de sus discípulos confiándoles una misión, pero en forma

158
parcial (cfr. Mt 10, 5-15). Sólo habían sido enviados “a las ovejas perdidas de
la casa de Israel”. Ahora son enviados a todos los pueblos de la tierra,
pues ha llegado la hora de formar un nuevo pueblo a través de quienes
acepten a Jesús como Señor y Salvador, tanto judíos como paganos.
“Vayan yhagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para
consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner
por obra todo lo que les he mandado” (v.19-20). El encargo que Jesús
encomienda a sus discípulos resume las dos fases de la iniciación
cristiana, tal como se realizaba en la comunidad de Mateo:
• La primera fase: “prebautismal” era la enseñanza para ser
discípulo. Su contenido eran las palabras de Jesús, que el
evangelista ha recogido y ordenado en cinco grandes discursos:
el auténtico discípulo ha de forjarse en base a esta Palabra.
• La segunda fase: “acompañamiento postbautismal” comenzaba
con el bautismo que sellaba la íntima vinculación del discípulo
con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y continuaba con la
enseñanza posterior para llevar al discípulo a fructificar en una
vida de amor, en base a la cual se advierte que será el juicio final
(cfr. Mt 25, 31-46)
.
“…y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de
los tiempos” (v.20). Anunciar a todos los pueblos la Buena Noticia, es una
tarea que sobrepasa la fuerza de cualquier discípulo misionero, pero
Jesús espera que la experiencia vivida les sirva para no confiar en sus
propias fuerzas, sino en Él, que les acompañará en todo momento. La
convicción de que Jesús acompaña a su Iglesia está expresada por san
Mateo también en otros lugares de su Evangelio: “La virgen concebirá
y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel. (que
significa: Dios con nosotros)” (Mt 1, 23); “Porque donde están dos o tres
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).

IV. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Jesús nos une y nos reúne en su Iglesia para vivir en
fraternidad
Al morir Jesús, los apóstoles se dispersaron, de modo que se cumplió
la escritura que Jesús les había citado: “…heriré al pastor y se dispersarán
las ovejas. Pero después de resucitar, me encontraré de nuevo con ustedes
en Galilea” (Mc 14, 27-28). Al resucitar sucede lo anunciado: se encuentran
en Galilea. Jesús los llama nuevamente y ellos experimentan su amor
159
que los acoge, los perdona y los envía. Entonces comprenden aquellas
palabras que Jesús les había dicho antes de su pasión: “Como el Padre
me ama a mí, así los amo yo a ustedes” (Jn 15, 9). El que experimenta el
amor del Padre manifestado en Jesús, puede amar a los prójimos como
hermanos y formar Iglesia: comunidad, (común unidad). La unidad es
esencial en la Iglesia de Jesús quien oró por ello insistentemente: “…
Padre Santo, protege en tu nombre a los que me has dado para que sean
uno, como tú y yo somos uno” (Jn 17, 11). Y esta Iglesia, que vive en unidad
y fraternidad, es la que es enviada: “Yo los he enviado al mundo, como
tú me enviaste a mí” (Jn 17, 18).
2. Jesús nos envía para ser signo y fermento del Reino de Dios
en el mundo
Al enviar Jesús a sus apóstoles por todo el mundo, hizo de la Iglesia
el instrumento que introduce el Reino de Dios entre los hombres para
impulsarlos hacia su meta definitiva (cfr. DP 227).
Ella “ya constituye en la tierra el germen y principio de ese Reino” (LG
5)
. Germen que deberá crecer en la historia, bajo el influjo del Espíritu,
hasta el día en que “Dios sea todo en todos” (1Cor 15, 28). Hasta entonces, la
Iglesia permanecerá perfectible bajo muchos aspectos, permanentemente
necesitada de auto-evangelización, de mayor conversión y purificación
(cfr. DP 228)
.
En esto consiste el misterio de la Iglesia: es una realidad humana,
formada por hombres limitados y pobres, pero penetrada por la
insondable presencia y fuerza del Dios Trino que en ella resplandece,
convoca y salva (cfr. DP 230).
Jesús comenzó su Iglesia con los apóstoles, hombres débiles y
pecadores, y la seguimos integrando personas débiles y pecadoras, pero
que trabajamos por vivir y anunciar el proyecto de Jesús, conscientes de
que Él es fiel a su promesa de acompañarnos todos los días hasta el fin
del mundo.
3. El servicio evangelizador que Jesús nos encomienda lo
realizamos a través de los distintos ministerios.
La misión al interior de la Iglesia
En el encuentro anterior vimos que la vida de la Iglesia se nutre de
cuatro alimentos: la comunión, el testimonio predicado, el servicio, la
celebración de la fracción del pan y la oración. De acuerdo al documento
de Juan Pablo II sobre la Misión de Cristo Redentor, esto equivale a lo que
el Papa llama: atención pastoral de la Iglesia. Es para las “comunidades
cristianas con estructuras eclesiales adecuadas y sólidas; tienen un gran
160
fervor de fe y de vida; irradian el testimonio del Evangelio en su ambiente
y sienten el compromiso de la misión universal. En ellas se desarrolla la
actividad o atención pastoral de la Iglesia” (RM 33).
Cuando la Iglesia lleva esta misma vida a los demás, se encuentra
con dos realidades: personas que definitivamente desconocen por
completo a Jesucristo y la salvación que nos trae, y personas que siendo
bautizados, no tienen o han perdido el sentido vivo de la fe. Así surgen
dos cauces de la misión de la Iglesia:
• La misión al exterior de la Iglesia o misión “Ad Gentes”. Dice
el Papa: si se trata de “pueblos, grupos humanos, contextos
socioculturales, donde Cristo y su Evangelio no son conocidos,
o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras
como para encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a
otros grupos. Esta es propiamente la “Misión ad gentes” (Ibídem)
La misión a los gentiles.
• La misión para un cambio de época o “Nueva Evangelización”.
Si nos referimos a esa situación que se da, especialmente en los
países de antigua cristiandad, pero a veces también en las Iglesias
más jóvenes, donde grupos enteros de bautizados han perdido el
sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros
de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su
Evangelio. En este caso es necesaria una “nueva evangelización”
(cfr. RM 33)
, en una “misión permanente” (cfr. DA 213).
La Iglesia, viviendo la vida que le ha comunicado el amor del Padre,
la gracia de Jesucristo y la riqueza del Espíritu Santo, transmite esa
misma vida a quienes aún no la viven: “la vida íntima -vida de oración,
la escucha de la palabra y de las enseñanzas de los apóstoles, la caridad
fraterna vivida, el pan compartido- no tiene pleno sentido sólo cuando se
convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace
predicación y anuncio de la Buena Nueva. Es así como la Iglesia recibe la
misión de evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye
algo importante para el conjunto” (EN 15).
Por eso decimos que Evangelizar es TESTIMONIAR, SERVIR y
CELEBRAR en COMUNIDAD, la misma vida que vivimos al interior de
la Iglesia.
TESTIMONIAMOS el amor del Padre, manifestado en la obra de
Cristo, comunicado por la vida nueva que nos da su Espíritu Santo.
Este anuncio implica palabra y obras, por tanto, anuncio explícito
y testimonio de vida. Este anuncio lo hacemos todos, pero de forma
explícita y sistemática lo realizan quienes se les han encomendado los

161
ministerios del anuncio: evangelizadores y catequistas de las distintas
áreas y niveles.
SERVIMOS esta vida en los frutos que brotan de ella: justicia, perdón,
respeto a la dignidad, promoción de los derechos humanos, acciones de
solidaridad, construcción de la paz, etc. Todos servimos, pero nos ayudan
a vivir estas acciones quienes se les han encomendado los ministerios de
la donación: Caritas, comedores, cooperativas, atención a los reclusos,
visita a los enfermos etc.
CELEBRAMOS esta vida, y en esta celebración se actualiza la
salvación, porque Dios hace Pascua con nosotros, es decir, pasa tocando
y transformando nuestra vida, llenándola nuevamente de fe, esperanza y
amor. Todos celebramos, pero especialmente nos ayudan a ello quienes
desempeñan los ministerios litúrgicos: Ministros del culto, equipos
litúrgicos, coros, etc.
En COMUNIDAD porque la naturaleza misma de la Iglesia es
comunitaria y no puede ser de otra manera, pues traicionaríamos el
designio de Dios, que quiere que vivamos como familia y construyamos
la familia universal. Quienes ejercen los ministerios de coordinación son
centro de comunión y nos ayudan a todos a vivirla: Obispo, sacerdotes,
coordinadores, responsables, etc.
Los distintos ministerios al servicio de la misión de la Iglesia
Lo que caracteriza a la comunidad cristiana es el servicio. Aunque
el término ministerio significa servicio, en la actualidad se hace una
distinción de acuerdo al tipo de servicio de que se trate. Por tanto,
se reserva el término ministerio y ministro para aquellas tareas que
respondan directamente a las necesidades de la misión evangelizadora
de la Iglesia, por ejemplo: el ministerio de la catequesis, de la caridad,
etc.; y servicio y servidor para aquellas tareas que contribuyen
indirectamente a la realización de la misión de la Iglesia, por ejemplo:
el servicio de limpieza, orden, etc.
A partir del mandato de Jesús y bajo la inspiración del Espíritu Santo,
surgieron y siguen surgiendo en la Iglesia las más diversas formas de
servicio y ministerio en las comunidades cristianas.
En la actualidad hablamos al menos de cuatro bloques de
ministerios:
MINISTERIOS DEL REINADO DE LA COMUNIÓN
MINISTERIOS DE LA PALABRA O DEL TESTIMONIO
MINISTERIOS DE LA LITURGIA O DE LACELEBRACIÓN
MINISTERIOS DE LA UNIDAD O DEL AMOR O SERVICIO

162
1. MINISTERIOS DE LA UNIDAD O DE COMUNIÓN
El ministerio de coordinación lo ejercen aquellos que en la Iglesia
hacen cabeza: son los apóstoles y quienes ellos delegan algún servicio
de coordinación. El Ministerio de los Doce es fundamental porque funda,
cimienta y coordina a todos los demás. Es fuente de otros servicios. Por eso
san Pablo los menciona siempre al principio (cfr. 1Cor 12, 28; Ef 4, 11).
De acuerdo a las necesidades que fueron surgiendo en la Iglesia, los
apóstoles delegaron a más miembros responsabilidades de coordinación.
Así los siete diáconos que al principio comenzaron sirviendo a las mesas,
llegaron a ser quienes coordinaron las comunidades helenistas (cristianos
que vivían en diversos lugares griegos). Los eligió la comunidad, y los
apóstoles les dieron el sello de su autoridad, porque toda misión viene
de Cristo a través de los apóstoles (cfr. Hch 6, 1-7).
En el NT, además de los 12 y de los 7, encontramos a otros dirigentes
de los hermanos como Judas y Silas (cfr. Hch 15, 23). Y a los mismos presbíteros,
que aún no ejercían el ministerio tal como lo desempeña el sacerdote
actual, sino que su función era ser coordinadores y animadores de las
comunidades, como los que ayudaron a Pablo en Éfeso (cfr. Hch 15, 3-7).
2. MINISTERIOS DE LA PALABRA O TESTIMONIO
Profeta es un término que designa a algunos de los responsables de
la Iglesia. San Pablo los menciona en segundo lugar, después de los
apóstoles (cfr. 1Cor 12, 28). Es un don del Espíritu. El profeta es aquel que se le
ha concedido hablar con autoridad en la Iglesia, para dar una palabra en
nombre de Dios o comentar la Sagrada Escritura en la situación presente.
El profeta es puente entre Dios y el pueblo. Es un portavoz que habla
anunciando y denunciando en nombre de Dios. Él conoce la realidad
en que vive, la asume y encara las crisis del pueblo desde el proyecto
de Dios a quien también conoce con mayor sensibilidad que los demás.
El servicio profético es un servicio penoso y penado, peligroso y
temido, reprimido y acallado. Cuando las autoridades civiles prohibieron
predicar a los apóstoles, ellos dijeron: “Por nuestra parte, no podemos
dejar de proclamar lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20).
La comunidad no sólo proclama la Palabra, sino que también la
escucha, por eso es discípula-misionera (cfr. Hch 2, 42). En la Iglesia, sea cual
sea nuestro ministerio, nadie debemos perder nuestra condición de
discípulos. Por eso los evangelios a los mismos apóstoles no dejan de
llamarlos discípulos.

163
3. MINISTERIOS DE LA LITURGIA O CELEBRACIÓN
Las acciones litúrgicas son:
• culto festivo en donde celebramos los hechos salvíficos que Dios
ha realizado en nosotros, por los cuales lo alabamos y le damos
gracias,
• y actualización de esta salvación, ya que en la celebración Él
viene a través de los signos sagrados a salvarnos y santificarnos
permanentemente.

“La liturgia es anuncio y realización de los hechos salvíficos”


(cfr. SC 6; DSD 35)

La liturgia “es encuentro con Dios y con los hermanos;... fiesta de


comunión eclesial, en la cual el Señor Jesús, por su misterio pascual,
asume y libera al pueblo de Dios, y por él, a toda la humanidad, cuya
historia es convertida en historia salvífica, para reconciliar a los hombres
entre sí y con Dios” (DP 918).
“La liturgia es también fuerza en el peregrinar, a fin de llevar a cabo,
mediante el compromiso transformador de la vida, la realización plena
del Reino, según el plan de Dios” (DP 918). Quienes ejercen los diversos
ministerios litúrgicos han de ser testigos de esto y ayudar a toda la
comunidad a vivenciar el paso salvífico de Dios entre su Pueblo.
4. MINISTERIOS DEL REINADO DEL AMOR O SERVICIO
El Papa y nuestros obispos nos han recordado con mucha claridad las
tareas sociales que brotan del seguimiento de Cristo.
“Nuestra fe en el Dios de Jesucristo y el amor a los hermanos tiene
que traducirse en obras concretas. El seguimiento de Cristo significa
comprometerse a vivir según su estilo. Esta preocupación de coherencia
entre la fe y la vida ha estado siempre presente en las comunidades
cristianas. Ya el apóstol Santiago escribía: ¿De qué sirve, hermanos míos,
que alguien diga: Tengo fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa
fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento
diario, y alguno de ‘ustedes les dice: vayan en paz, caliéntense y coman,
pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también
la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (St 2, 14-17. 26)” (DSD 160).
“Para lograr la coherencia del testimonio de la comunidad cristiana
en el empeño de liberación y de promoción humana, cada país y cada
Iglesia Particular organizará su pastoral social con medios permanentes
y adecuados que sostengan y estimulen el compromiso comunitario,

164
asegurando la necesaria coordinación de iniciativas, en diálogo constante
con todos los miembros de la Iglesia” (DP 478).
Actualmente estas tareas son clasificadas en los siguientes
niveles:
Nivel Asistencial: “Dar el pescado”. “Las múltiples iniciativas para la
atención de los ancianos, los enfermos y de cuantos están necesitados
de auxilio en asilos, hospitales, dispensarios, comedores gratuitos y otros
centros sociales, son testimonio palpable del amor preferencial por los
pobres que la Iglesia en América lleva adelante movida por el amor a
su Señor y consciente de que Jesús se ha identificado con ellos (cfr. Mt 25,

31-46) (EA 18)
.
Nivel Promocional: “Enseñar a pescar”. “La promoción humana
implica actividades que ayudan a despertar la conciencia del hombre en
todas sus dimensiones y a valerse por sí mismo para ser protagonistas de
su propio desarrollo humano y cristiano” (DP 477).
Nivel de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos: “La Iglesia,
al proclamar el Evangelio, raíz profunda de los derechos humanos, no se
arroga una tarea ajena a su misión, sino, por el contrario, obedece a lo
esencial de su misión evangelizadora” (DSD 165).
Nivel Estructural: El Magisterio social de la Iglesia, “no se cansa de
invitar a la comunidad cristiana a comprometerse en la superación de
toda forma de explotación y opresión. En efecto, se trata no sólo de aliviar
las necesidades más graves y urgentes mediante acciones individuales y
esporádicas, sino de poner de relieve las raíces del mal, proponiendo
intervenciones que den a las estructuras sociales, políticas y económicas
una configuración más justa y solidaria” (EA 18).

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


¿QUÉ HACE LA IGLESIA?
Troncos comunes Ministerios que hay Ministerios que
de Ministerios en mi parroquia hacen falta

Ministerio de unidad o
Comunión

Ministerios de la
Palabra o Testimonio

165
Ministerio de la liturgia
o Celebración

Ministerio del reinado


del amor o Servicio

Ahora, contemplando nuevamente el reloj y los signos, elijamos uno


o dos Ministerios en los que nos gustaría trabajar y los anotamos como
se indica abajo.
Ministerio(s):

Fecha: _____________ Firma: __________________________________

✓✓ Finalmente, escribe una oración en la que manifiestes tus


sentimientos en este momento de hacer tu compromiso.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo cuadro del punto 4 y tu oración y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.
✓✓ Escribe a nivel personal ¿Qué actividades podrías hacer en favor
de cada una de las cuatro columnas de tu vida cristiana?

166
REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?
✓✓ Cómo pareja ¿En que sentido hemos promovido la educación de
nuestros hijos en el servicio: a nivel asistencial, promocional, de
defensa o Estructural?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Compartimos con nuestros hijos la Historia de
los pajaritos, el bosque y la jaula.
✓✓ ¿Qué entendemos de esta comparación o parábola?
✓✓ ¿Qué representan el bosque, los pajaritos, la jaula...?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿En que se parece la historia anterior al ambiente de la sociedad
actual?
✓✓ Pensando en una educación a nivel promocional, pensemos
como familia ¿Hemos aprendido y enseñado a pescar?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Creés que como ciudadanos estámos
verdaderamente comprometidos ante las
necesidades que vivimos como sociedad?
✓✓ Explica brevemente los cuatro niveles de formación en el servicio
✓✓ ¿En que sentido hemos sido formados en el servicio: a nivel
asistencial, promocional, de defensa o Estructural?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

167
Encuentro Kerigmático 14

¿Cómo puede la Iglesia crecer y dar


frutos?

Celebrando la Eucaristía como culmen y fuente de la vida


cristiana

PIETRO LORENZETTI,
La Última Cena, 1310-1320,
Basílica inferior de S. Francisco de Asís.

“Esto es mi cuerpo entregado por ustedes;


hagan esto en memoria mía” (1Cor 11,24b).

168
OBJETIVO:
Tomar conciencia de que el Sacramento de la Eucaristía contiene y
actualiza el Kerigma, para que, nutriéndonos de Él, crezcamos y demos
frutos para la Iglesia y el mundo.
COMPROMISO DE AMOR INCONDICIONAL
No hay nada que hayas hecho o que puedas hacer que me impida
amarte. Puede ser que no esté de acuerdo con tus acciones, pero te
acepto como persona y haré todo lo posible por comprenderte sin
juzgarte por el infinito amor que Dios te tiene.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: AQUÍ ANTE TU ALTAR, SEÑOR
ORAMOS: Salmo 22.
Contemplamos los signos y respondemos lo siguiente:

Así nos lo mandó Jesús Así nos lo mandó Jesús

“Tomen y coman todos de


Él, porque este es mi Cuerpo que
será entregado por ustedes...”

“Tomen y beban todos de


Él, porque este es el cáliz de mi
sangre, que será entregada por
ustedes...”

“Hagan esto en memoria


mía...”

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios.1Cor 11,17-34
2. Comprendemos la Palabra de Dios
Lo primero que encontramos en este texto es que la Eucaristía se
celebra en el contexto de una comida. El disgusto de Pablo es grande
169
cuando se entera que “porque cada cual empieza comiendo su propia
cena, y así resulta que, mientras uno pasa hambre, otro se emborracha”
(v.21)
. Se disgusta porque allí hay de todo menos fraternidad y comunión.
Esta situación sólo sirve para que se vea quiénes son verdaderos
cristianos y quiénes no (v.19), porque algunos tienen un comportamiento
tan anticristiano que Pablo no puede menos que denunciarlo con toda
energía.
San Pablo enfrenta el problema recordando el dato tradicional de
la institución de la Eucaristía, porque el significado que encierra la
Eucaristía es precisamente una vida de amor, servicio y entrega hasta la
muerte, contrapuesta a la actitud egoísta de aquellos corintios.
Efectivamente, las palabras de Jesús: “Tomad y comed, esto es mi
cuerpo… Tomad y bebed, esta es mi sangre” expresan lo que ha sido
toda su vida: una entrega constante de su Cuerpo y Sangre hasta el
extremo; por eso estas palabras pronunciadas en la víspera de su pasión,
anuncian el sentido de su muerte, con la que culmina esta entrega: “por
ustedes” para su salvación. Esto es lo que hace un verdadero cristiano al
reunirse a celebrar la Cena del Señor, y mantiene esa misma actitud en
la vida cotidiana.
En el relato de San Pablo a los corintios aparecen todos los
aspectos de la Eucaristía:
• La presencia real del Señor resucitado en el pan y vino consagrados.
• La actualización sacramental de la muerte y resurrección de Jesús.
• La anticipación del encuentro o comunión definitiva en la última
venida.
Pero sobre todo:
• La comunión eclesial, es decir, que al participar del único Pan
Vivo bajado del cielo, formamos un solo Cuerpo: la Iglesia, y,
• La consecuencia práctica o moral que de ello se desprende: la
exigencia de la vivencia fraternal.
Siendo este el sentido original de la Eucaristía, San Pablo echa en
cara a los corintios el que hayan convertido sus reuniones en verdaderas
“anti-eucaristías”. Porque la Eucaristía
• es participar todos del mismo pan, y allí cada uno come de lo
suyo;
• es compartir todos la misma mesa, y allí cada uno organiza su
mesa particular;
170
• es sentarse todos al lado de todos sin fijarse en categorías, y allí
los pobres son tremendamente discriminados.
La consecuencia moral de la Eucaristía es salir a practicar en la vida
cotidiana lo mismo que se ha celebrado, es decir, la vivencia fraternal.
Nosotros igualmente hoy debemos unir la celebración con nuestra
vida, pues si lo separamos, estamos profanando el Cuerpo del Señor;
como dice San Pablo: lo come indignamente “…quien coma el pan o
beba el cáliz del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre
del Señor”(v.27).
El Cuerpo de Cristo no es sólo el Señor eucarísticamente presente,
sino todos los hermanos que lo comulgamos y formamos la Iglesia, su
Cuerpo Místico. Por eso Cristo te pide que estés en comunión con todos
tus hermanos, que los comulgues a todos, y te conviertas tú mismo en
una Eucaristía, entregando tu cuerpo y sangre por los demás.
Nuestras Eucaristías tienen que vivirse con las actitudes de Jesús,
donde nadie quede excluido:
• Eucaristías en las que se comparta todo con todos, en las que
haya lugar especialmente para los pequeños, los sencillos, los
marginados, los pecadores.
• Eucaristías que nos lleven a unir nuestra suerte con la de todos
estos “pobres de la tierra”.
• Eucaristías que sean vividas por nosotros en toda su radicalidad
de don y de entrega por parte del Señor, pero también en toda
su radicalidad de entrega y de servicio a la comunidad por parte
nuestra, valorando como conviene el Cuerpo del Señor.
San Pablo nos asegura que si procedemos así, ni Dios ni los hombres
tendrán algún reproche qué hacernos.

IV. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Si la Iglesia es la levadura del mundo, la Eucaristía es la
levadura de la Iglesia.
La Eucaristía siendo el culmen y fuente de la vida de la Iglesia, la
construye, la teje como un vestido. Hay dos sacramentos que hacen la
Iglesia de un modo particular: el Bautismo y la Eucaristía. El Bautismo
(con todo y su débil preparación) la hace crecer en cantidad, mientras
que la Eucaristía la hace crecer en intensidad y en calidad, porque la
transforma a imagen de Cristo, su Cabeza.
La Eucaristía se parece a la levadura de la que habla el Evangelio.
171
Jesús la ha puesto en la masa de harina que es su Iglesia, para que la
“levante” y la haga fermentar; haga de ella un “pan de vida” a semejanza
suya. Si la Iglesia es la levadura del mundo, la Eucaristía es la levadura
de la Iglesia.
Esta transformación se realiza de distintos modos:
• mediante la consagración,
• la comunión,
• la contemplación, y
• la imitación.
2. La Eucaristía hace la Iglesia mediante la consagración
Veamos cómo la Eucaristía hace la Iglesia mediante la consagración.
“Partió el pan”
Para celebrar de verdad la Eucaristía es necesario hacer también
nosotros lo que Jesús hizo. ¿Qué hizo Jesús aquella noche? Ante todo
realizó un gesto: partió el pan. Tanto es así, que la Eucaristía tomó muy
pronto el nombre de “Fracción del Pan”.
Aquel gesto tenía un significado sacrificial; no indicaba solamente
repartición, sino también inmolación. No indicaba sólo dar algo, sino
darse. El pan es el propio Jesús; al partir el pan, se “partía” a sí mismo
para borrar nuestros pecados y darnos verdadera vida.
A nosotros nos parece un acto duro, cruel, y en cambio, es el acto
supremo de amor y de ternura que nunca antes se había realizado o
pueda llegar a realizarse alguna vez en la tierra. Fue el acto supremo
de amor y obediencia en el que su voluntad humana se entregaba por
completo al Padre, venciendo toda resistencia.
Para hacer también yo lo que hizo Jesús aquella noche, debo ante
todo “partirme” a mí mismo, es decir, hacer a un lado todo tipo de
resistencia ante Dios, toda rebelión hacia él o hacia mis hermanos;
debo someter mi orgullo, doblegarme y decir “sí” hasta el final, sí a todo
aquello que Dios me pide.
“Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo…”
Jesús ofrece su Cuerpo, pero este Cuerpo nos incluye a nosotros, su
Iglesia; por tanto, Jesús nos ha unido a Él en la acción más sublime y
santa de la historia, para que nos ofrezcamos como víctima unidos a Él.
La Iglesia somos simultáneamente sacerdote y víctima, para ofrecernos
a Dios en el servicio a nuestros hermanos. De este modo podemos decir
como San Pablo: “Ahora me alegro de padecer por ustedes, pues así voy
172
completamente en mi existencia terrena, y a favor del cuerpo de Cristo,
que es la Iglesia” (Col 1, 24).
¿Qué faltó a Cristo? Lo que faltó a Cristo es nuestra entrega en la
misión que nos dejó a cada uno, para que su salvación se extienda en la
Iglesia y en el mundo.
Debemos saber qué significan “cuerpo” y “sangre” para saber lo que
ofrecemos.
• “Cuerpo” en el lenguaje bíblico designa al hombre entero en
cuanto que vive su vida en un cuerpo. “Cuerpo” indica, pues,
toda la vida. Jesús nos entregó toda su vida llena de amor, servicio
y sacrificio.
• Si cuerpo indica toda la vida, ¿qué añade con la palabra “Sangre”?
¡Añade su muerte! Después de habernos dado la vida, nos da
también el culmen de su entrega: su muerte. Si la “Sangre” se
entendía como el lugar de la vida, su derramamiento es el signo
de la muerte.
3. La Eucaristía hace la Iglesia mediante la comunión
Comulgando a Jesucristo en la Eucaristía, el cristiano se va
transformando en lo que come. Decía San León Magno: “Nuestra
participación en el Cuerpo y Sangre de Cristo no tiende a otra cosa que
a convertirnos en aquello que comemos”.
Jesús lo expresó así: “Como el Padre que me envió posee la vida y
yo vivo por él, así también, el que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). Esto
significa que como Jesús vive del Padre y para el Padre, así también, al
comulgarlo, nosotros vivimos de Jesús y para Jesús.
Por lo tanto, no hay momento alguno o experiencia de la vida de
Jesús que no podamos revivir y compartir. Si él “se despojó de sí mismo”
(cfr. Flp 2, 7)
también yo puedo hacerlo, muriendo a mí mismo y a hacer mí
voluntad.
Al comulgar con Jesús, Él nos da su Espíritu. El Espíritu Santo y la
Santísima Virgen María dieron a Jesús al mundo. Cuando Jesús murió, Él
dio el Espíritu Santo (cfr. Jn 19, 30) y a su Madre al mundo. De forma similar
ocurre con la Eucaristía: en la consagración, el Espíritu Santo nos da a
Cristo; en la comunión, Cristo nos da al Espíritu Santo.
De la comunión con Cristo a la comunión con su Cuerpo
Místico: La Iglesia
La Comunión con Cristo, y por Él, con el Padre y el Espíritu Santo,
“comunión vertical” (de abajo hacia arriba), implica e impulsa a la

173
“comunión horizontal” (hacia los lados), esto es, con los hermanos.
El sacramento de la Eucaristía causa lo que significa. Muchos granos
de trigo y muchas uvas han formado un solo pan: el Cuerpo de Jesús; y
una sola bebida: su Sangre. Pues esto que expresan en el plano visible
los signos del pan y del vino, el sacramento lo realiza en el plano
interior y espiritual, aunque no de forma automática, sino con nuestro
compromiso.
Si me he acercado con sinceridad al sacramento de la Eucaristía,
ya no puedo desentenderme del hermano; no puedo rechazarlo sin
rechazar al mismo tiempo al Cuerpo de Cristo y separarme de la unidad.
Si decimos ¡AMÉN! al Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, igualmente
hemos de decir ¡AMÉN! a su Cuerpo Místico que es la Iglesia, y
concretamente, a los hermanos que están a nuestro alrededor,
especialmente a quien más nos cuesta aceptar, porque es con ese
hermano o hermana con el que nos falta hacer unidad. Esto implica
morir a nosotros mismos, morir con Cristo a nuestro orgullo. Cuando
comulguemos a Cristo, pensemos en ese momento en la persona que
necesitamos amar, y Jesús nos ayudará a comulgarla.
De las palabras de San Pablo a los corintios podemos deducir que
entre más comunión tengamos con el Cuerpo Místico, más bendiciones
recibiremos; y entre más división tengamos con los hermanos, más
desgracias: “Por esto hay entre ustedes muchos enfermos y débiles, y
son bastantes los que mueren por esta razón” (v.30).
4. La Eucaristía hace la Iglesia mediante la contemplación
“Hagan esto en memoria mía”
Estas palabras significan hagan lo que yo he realizado es decir, tanto
el signo como su significado. Pero ¿con qué finalidad? Entre otras, para
que al contemplar lo que Jesús hizo, hagamos nosotros lo mismo: Si el
contenido de esta memoria es la muerte de Cristo: “pues cada vez que
comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte
del Señor hasta que venga” (v.26), entonces “contempla lo que yo he
hecho y ofrécete tú también en sacrificio”.
Dice Jesús que de acuerdo a lo que tengamos dentro, en la memoria,
así hablaremos y actuaremos (cfr. Mt 15, 19-20). El contenido de esta memoria
que Jesús nos manda hacer es su muerte. Pero este memorial concierne
no sólo a nosotros en Sentido antropológico, sino también a Dios en
Sentido teológico.
• Sentido teológico. En la Misa invitamos a Dios a recordar
(anamnesis) todo aquello que Jesús ha hecho por nosotros y, por
su amor, alcancemos hoy su perdón y ayuda. Cuando el pueblo
174
de Israel necesitaba la ayuda de Dios, se dirigía a Él exclamando:
“Acuérdate de Abraham, de Isaac, de Jacob, de David” Nuestra
Misa equivale a esta oración, sólo que ahora le estamos diciendo:
¡Acuérdate de Jesucristo, tu Hijo, y de su sacrificio ofrecido por
nosotros! Pero además con la ventaja de que este sacrificio se
hace presente sacramentalmente sobre el altar.
• Sentido antropológico. En cuanto a nosotros, significa que nos
acordemos de Él. El recuerdo de una persona amada de algún
modo lo hace presente con todo lo que ello significa. San Agustín
escribió: “desde que te conocí, permaneces en mi memoria y
aquí te hallo cuando me acuerdo de ti y me deleito de ti” (Confesiones).
Así como el metal se transforma en el contacto continuo con el
fuego, así también la contemplación de Cristo, si es asidua, obrará
verdaderamente la transformación de nuestro corazón. ¡Quien se
contempla no contempla y quien contempla no se contempla!
5. La Eucaristía hace la Iglesia mediante el seguimiento
De la Liturgia a la vida
El evangelista San Juan, viendo que los demás evangelistas habían
relatado la institución de la Eucaristía en la última cena, prefirió ya no
hablar del signo, sino de su significado, con las consecuencias prácticas
que de él se derivan.
Esa noche, Jesús se despojó de sus vestiduras de Maestro, se ciñó un
delantal, vestidura de servidor, y se puso a lavar los pies de los discípulos.
Este hecho fue una verdadera parábola viviente. Desde entonces el
servicio: la diakonía, fue instituido como el estilo de vida y modelo de
todas las relaciones en la Iglesia.
Dice el apóstol Pedro: “Que cada cual ponga al servicio [diakonía]
de los demás, la gracia [carisma] que ha recibido” (1Pe 4, 10). Un carisma
que no se realiza como servicio, es como un talento enterrado que se
transforma en causa de condenación.
Hay que tener en cuenta que el servicio no es en sí mismo una virtud,
pues se puede servir por interés o por estar sometido. Para que sea virtud
debe brotar del amor, como lo hizo Jesús: “Habiendo amado a los suyos
que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). El servicio
cristiano debe ser manifestación del verdadero amor que no busca su
propio interés, sino el de los demás; que no está hecho de búsqueda
sino de donación; que beneficia gratuitamente. El servicio evangélico
es propio del que posee, de quien se le dio y a quien se le pedirá de
acuerdo a lo que recibió.

175
Otra gran característica del servicio cristiano es la humildad. Jesús
dijo una vez: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”
(Mt 11, 29)
. Su humildad se ha mostrado en que, siendo el Maestro, se ha
despojado de las ventajas de ser el Maestro y Señor, y ha descendido al
nivel del último servidor. La Eucaristía es memorial de este despojarse
para morir a manos de sus propias criaturas y ofrecerles el servicio de la
salvación.
En el lugar que ocupo en la Iglesia, ¿hago de mi vida una Eucaristía,
sirviendo con amor y humildad, a ejemplo de Jesús que no buscó su
propio agrado?

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ 1. ¿En qué momentos puedo decir que “he entregado el cuerpo”
y me he sacrificado por los demás?

✓✓ 2. Haz una oración en la que manifiestes tu compromiso por


vivir y promover la Eucaristía como culmen y fuente de la vida
cristiana

CANTAMOS: “Aquí ante tu altar, Señor”.


PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo cuadro del punto 4 y tu oración y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?
✓✓ Pensemos como pareja ¿En qué momentos podemos decir que
“he entregado el cuerpo” y nos hemos sacrificado por los demás?

176
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: La Eucaristía
✓✓ Busquemos participar activamente todos juntos
de la Eucaristía.
✓✓ Después en algún momento adecuado compartamos nuestra
experiencia de ir todos juntos a misa ¿Qué sentimos a nivel
personal? ¿Qué sentimos como familia?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué familias conoces que participan siempre juntas de la
Eucaristía?
✓✓ ¿Cómo nos verán las demás personas por la manera como hasta
ahora participamos de la Eucaritía? (Todos juntos, cada uno por
su lado, no vamos, etc).

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Creés que es bueno ir todos como familia a
misa?
✓✓ ¿Cómo participas de la Eucaristía dominical?
✓✓ ¿Podrías hacer algo para participar más activamente de la
Eucaristía?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

177
Encuentro Kerigmático 15

¿Cómo puedo en la Iglesia


ser siempre fiel?
Acoge a la Virgen María como madre
y educadora de tu vida

SANTA MARÍA DE GUADALUPE

“La madre de Jesús dijo entonces a los que estaban


sirviendo:
Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5).
178
OBJETIVO:
Queremos tomar conciencia de que la Virgen María, es nuestra madre
y educadora en el camino de la fidelidad en la Iglesia, para acogerla
en la Virgen de Guadalupe como un gran ejemplo de evangelización
perfectamente inculturada.
COMPROMISO DE FRANQUEZA
Prometo esforzarme en ser más abierto, participativo, descubriéndote
mis sentimientos, mis luchas, mis gozos y mis pesares de manera cada
vez más clara. En el grado en que haga esto, significa que no puedo
llevar mi carga sin tu ayuda, que te confío mis necesidades y que te
necesito. Esto constata el valor que tienes para mí como persona.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: DIJO QUE SI MARIA
ORAMOS: Como a Belén llegaste.
Como a Belén llegaste a dar a luz al Hijo,
del Padre la sustancia, de tu carne vestido,
al Tepeyac desciendes por engendrar al indio al
amor de una patria y a la fe en Jesucristo.
A prueba de unas rosas nacidas del invierno,
tú pides que se erija en la colina un templo,
de tu vientre nos naces a doble alumbramiento,
flor de patria mestiza y fruto de Evangelio.
Diego cree que en su ayate va una carga de rosas,
que a vista del obispo como argumento arroja,
sólo una Rosa impresa de tez morena asoma,
a pinceles pintada por Quien pintó la aurora.
Danos la paz y el trigo, Señora y Niña nuestra,
una patria que sume hogar, templo y escuela,
un pan que alcance a todos y una fe que se encienda
por tus manos unidas,
por tus ojos de estrella. Amén.

179
¿COMO PUEDO EN LA IGLESIA SER SIEMPRE FIEL?
✓✓ 1. Recuerda algunos hechos en los que tú has demostrado tu
fidelidad a tus compromisos.

✓✓ 2. Recuerda algunos hechos en los que la Virgen María demostró


su fidelidad a sus compromisos.

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. Jn 2,1-12
2. Comprendemos la Palabra de Dios
El relato de las bodas de Cana es un pasaje riquísimo en detalles y
profundo en su significación: “Tres días después, hubo una boda”. A los
tres días de haberse encontrado con Natanael; que sumados a los cuatro
anteriores donde Jesús se ha manifestado a los primeros discípulos, nos
da un total de siete. Esto nos recuerda la semana de la creación y nos
habla de que Jesús inaugura la nueva creación, el nuevo tiempo que deja
atrás las purificaciones del Antiguo Testamento y da paso al vino nuevo,
la vida nueva y abundante traída por Él.
De la boda no se nos indican los nombres de los novios ni otros
detalles. La boda representa la Antigua Alianza de Dios con su pueblo
Israel, en la cual la esposa (Israel), ha sido muchas veces infiel (con
excepción de un pequeño resto), pero Dios se propone reconquistarla
y efectuar una nueva y definitiva boda: “Yo te desposaré conmigo para
siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y
compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé”
(Os 2, 21-22)
.
En este simbolismo, María representa a los israelitas que han
conservado la fidelidad a Dios y la esperanza en sus promesas. La madre
de Jesús es consiguientemente la figura femenina que corresponde a la
masculina de Natanael, el “Este es un autentico israelita, en quien no hay
doblez alguna” (Jn 1, 47).
“Ya no tienen vino”. El vino es signo de la alegría que brota del
auténtico amor: “He entrado en mi huerto, hermana y novia mía, a
cosechar mi mirra y mi bálsamo, a comer de mi miel y mi panal, a beber
180
de mi vino y de mi leche” (Cant 5, 1), símbolo de felicidad en una boda, y
en los profetas, es símbolo de la felicidad futura que se alcanzará en
los tiempos del Mesías. María le hace notar a Jesús esta carencia en la
boda con la intención de que Él haga algo. María, que representa a la
comunidad de los pobres de Israel, percibe que la antigua alianza no
aporta ya vida a las personas, mucho menos en ese momento histórico
en que las autoridades judías han hecho de la religión un motivo de
explotación y opresión, y la han justificado con la misma ley. María
le presenta a su Hijo la aflicción de Israel, le habla de la situación de
pobreza, sufrimiento y vacío de los hijos de Israel.
“…Mujer, no intervengas en mi vida; mi hora aún no ha llegado” (v.4)
Jesús cuestiona a su Madre porque su hora no ha llegado (su muerte y
resurrección, acontecimiento que traerá vida abundante y salvación),
entonces María, reacciona como la gran creyente que siempre ha sido y
deja la decisión a Jesús para que Él actúe como mejor crea conveniente.
Jesús, tanto en este pasaje inicial como en el final de la cruz, llama a su
Madre “Mujer” como es llamada Eva en el relato del Génesis (cfr. Gn 3, 15).
Con este término Jesús está indicando que María es la nueva Eva. Si la
antigua Eva colaboró con Adán para el pecado, María colabora con Él, el
Nuevo Adán, para la redención. María es su compañera y colaboradora
en la empresa de la evangelización, lo está siendo en ese momento y
Jesús le pedirá que lo sea después de su muerte, al decirle desde la cruz
con respecto al discípulo amado: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27).
“…Hagan lo que Él les diga” (v.5). Con estas palabras María ha dejado
la decisión a Jesús, y con ello está mostrando que cree en Él, que es
consciente de que Jesús es el Mesías y que puede remediar esa situación
y cualquier otra. Ante tal fe, Jesús se ve movido a actuar. La fe de María
ha sido decisiva para ayudar a que llegue a feliz término la boda. Al
mismo tiempo que ha manifestado su fe, con estas mismas palabras está
abriendo también a los sirvientes a la fe y obediencia a la Palabra de su
Hijo. Ella no sabe exactamente lo que hará su Hijo, pero afirma que hay
que aceptar su programa sin condiciones y estar preparados para seguir
cualquier indicación suya.
“Había allí seis cántaros de piedra, de los que utilizaban los judíos
para sus ritos de purificación, de unos ochenta o cien litros cada uno” (v.6).
Las tinajas servían para las purificaciones de los judíos. La purificación
dominaba la vida religiosa de los judíos: con una observancia muy
rigurosa, hacían muchos rituales de purificación, lavando partes de su
cuerpo lo mismo que las cosas que entraban en contacto más íntimo
con ellos, como eran los utensilios de comida y los mismos alimentos.
Con esto creían obtener un estado de limpieza a los ojos de Dios. Las

181
enormes y pesadas tinajas de piedra son símbolo del mundo religioso de
la Antigua Alianza, que será transformada y perfeccionada por la Nueva,
simbolizada por el vino nuevo, excepcional en calidad y abundante.
“…Llenen los cántaros de agua” (v.7). Jesús se dirige a los sirvientes
que, por indicación de María, están dispuestos a ejecutar lo que Él diga.
Al mandar que llenen de agua las tinajas, Jesús está indicando que Él
va a ofrecer la verdadera purificación, pero no lo hará con un agua que
limpia externamente, sino con un vino que entra en el hombre y lo llena
de gozo. El vino es el amor y la alegría que brota de la fe en Jesús y
transforma al hombre para que sea capaz de solidarizarse con el prójimo
y así tener vida, la vida en abundancia que Él ha venido a traer.
“…Todo el mundo sirve primero el vino de mejor calidad, y cuando
los invitados ya han bebido bastante, saca el más corriente. Tú, en
cambio, has reservado el de mejor calidad hasta hora” (v.10). En estas
palabras del mayordomo, las autoridades reconocen que el proyecto
de Jesús es mucho mejor, pues forma comunidades con sensibilidad al
prójimo, que viven el amor, que son solidarias, que encuentran en el
amor y el servicio el sentido de la vida, y en las que las mujeres, con
María a la cabeza, realizan un aporte insustituible.
“…Así manifestó su gloría y sus discípulos creyeron en Él” (v.11). La fe
y obediencia de María, abrió a la fe y obediencia a los sirvientes, y la fe
y obediencia de María y de los sirvientes, propició el signo de Jesús que
abrió a la fe a sus discípulos.

III. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Los cristianos del tercer milenio ya no tenemos vino
La situación actual que vivimos en todos los ámbitos (económico,
político, sociocultural, religioso) y en todos los niveles (personal, familiar,
eclesial, nacional, continental, mundial) pone en evidencia que también
a nosotros se nos ha terminado el vino. Tanto el Papa como nuestros
obispos nos han hecho notar la trágica realidad que hoy enfrentamos:
“...las guerras, el terrorismo, la droga, la miseria, las opresiones e
injusticias, la mentira institucionalizada, la marginación de grupos
étnicos, la corrupción, los ataques a la familia, el abandono de los niños
y ancianos, las campañas contra la vida, el aborto, la instrumentalización
de la mujer, la depredación del medio ambiente, en fin, todo lo que
caracteriza una cultura de muerte” (DSD 9).
Los cambios sociales y culturales de la modernidad como son: la
urbanización, la pobreza y marginación, el materialismo, la invasión de
las sectas y propuestas religiosas de distintos orígenes (cfr. DSD 26).
182
La urbanización, ese éxodo constante del campo a la ciudad, entre
cuyas causas sobresale principalmente la pobreza y el subdesarrollo
de las zonas rurales, donde con frecuencia faltan los servicios, las
comunicaciones, las escuelas y los hospitales. “La ciudad, además,
con las características de diversión y bienestar con que la presentan los
medios de comunicación social, ejerce un atractivo especial para las
gentes sencillas del campo” (EA 21).
“...hombres y mujeres bautizados que viven sin energía el cristianismo,
han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como
miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su
Evangelio” (DSD 26).
“Entre nuestros mismos católicos el desconocimiento de la verdad
sobre Jesucristo y de las verdades fundamentales de la fe es un hecho
muy frecuente y, en algunos casos, esa ignorancia va unida a una pérdida
del sentido del pecado” (DSD 39).
“Frecuentemente la religiosidad popular, a pesar de sus inmensos
valores, no está purificada de elementos ajenos a la auténtica fe cristiana,
ni lleva siempre a la adhesión personal a Cristo muerto y resucitado” (DSD
39)
.
“Muchos jóvenes son víctimas del empobrecimiento y de la
marginación social, de la falta de empleo y del subempleo, de una
educación que no responde a las exigencias de sus vidas, del narcotráfico,
de la guerrilla, de las pandillas, de la prostitución, del alcoholismo, de los
abusos sexuales, muchos viven adormecidos por la propaganda de los
medios de comunicación social y alienados por imposiciones culturales,
y por el pragmatismo inmediatista que ha generado nuevos problemas
en la maduración afectiva de los adolescentes y de los jóvenes” (DSD 112).
“En la fe encontramos los rostros desfigurados por el hambre,
consecuencia de la inflación, de la deuda externa y de las injusticias
sociales; los rostros desilusionados por los políticos, que prometen pero
no cumplen; los rostros humillados a causa de su propia cultura, que no
es respetada y es incluso despreciada; los rostros aterrorizados por la
violencia diaria e indiscriminada; los rostros angustiados de los menores
abandonados que caminan por nuestras calles y duermen bajo nuestros
puentes; los rostros sufridos de las mujeres humilladas y postergadas;
los rostros cansados de los migrantes, que no encuentran digna acogida;
los rostros envejecidos por el tiempo y el trabajo de los que no tienen lo
mínimo para sobrevivir dignamente. ...los que se encuentran en carencia
espiritual, moral, social y cultural” (DSD 178).
Toda esta situación a la que llamamos realidad nos hace comprender
que se nos ha terminado el vino, pero “¿Qué es esta ‘realidad’? ¿Qué
183
es lo real? ¿Son ‘realidad’ sólo los bienes materiales, los problemas
sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente el gran error
de las tendencias dominantes en el último siglo, errores destructivos,
como demuestran los resultados tanto de los sistemas marxistas como
incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto de realidad con la
amputación de la realidad fundante y por esto decisiva, que es Dios.
Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de ‘realidad’
y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con
recetas destructivas” (Discurso inaugural de Benedicto XVI en Aparecida 3). Por eso necesitamos
con urgencia el vino nuevo. Jesús lo tiene, él nos lo dará si con María y
como María creemos y nos lanzamos a hacer lo que Él nos diga.
2. El vino se termina cuando se debilita, enferma o muere la fe
Podemos enumerar muchas causas de la situación caótica que hoy
vivimos, de esta falta de vino, de esta falta de amor, justicia, alegría,
paz... Pero la causa última radica en que tenemos una fe débil, enferma
o incluso muerta; una fe débil o enferma se manifiesta por ejemplo,
cuando los cristianos seleccionamos las partes del Evangelio que nos
gustan más y hacemos a un lado las que no nos gustan o son más difíciles
de vivir, como es el perdón y el amor a todo prójimo que encontramos
en nuestro camino, especialmente el que necesita de nuestro afecto y
solidaridad; otros cristianos hemos reducido la religión a sólo prácticas
rituales o devocionales, al estilo de muchos judíos en tiempos de Jesús,
y muchos definitivamente ya no creen, aunque digan lo contrario, es
decir, somos gente sin fe, no en la cabeza sino en los hechos, por eso
alguien dijo hace algunos años: “la humanidad ha perdido su centro de
gravedad” ¿Y cuál es ese centro de gravedad? El Dios vivo y el proyecto
que Él diseñó para todos y para cada uno.
Efectivamente, muchos no han dejado a Dios en la teoría, pero sí
en la práctica; incluso muchos lo dicen expresamente: “yo sólo soy
creyente, no practicante” o también “yo voy con Dios cuando me nace”.
En realidad esa fe está muerta, porque la fe auténtica -dice el apóstol
Santiago- es la que fructifica en buenas obras: “La fe, si no tiene obras,
está realmente muerta” (St 2, 17). A esta situación también la llamamos
DIVORCIO: siendo sinceros, hemos de reconocer que nuestra “fe” está
divorciada de nuestra vida, y en la medida que se divorcia de la vida, se
muere; y una fe muerta, en la práctica, equivale a no vivir según la fe.
3. Por María de Guadalupe el milagro de Caná se repitió en
México
Al llegar los conquistadores a nuestras tierras y no comprender
las bondades de la fe que tenían nuestros antepasados, la catalogaron
184
de diabólica y se propusieron acabar con ella, destruyendo todas sus
manifestaciones. Los conquistadores tenían el convencimiento de traer
la verdadera fe. Efectivamente traían la verdadera fe, pero sin entenderla
del todo ellos mismos, y sin practicarla en lo esencial, es decir, en el
amor al prójimo, aunque existieron también sus honrosas excepciones.
Nunca se imaginaron que Dios, en su providencia, había pensado que
de este encuentro salieran evangelizadas ambas culturas.
Para nuestros antepasados indígenas, la religión era lo más importante
en la vida y lo que le daba su sentido. Aunque practicaban los sacrificios
humanos y daban la impresión de tener muchos dioses, tenían una idea
de Dios más cristiana que la de sus evangelizadores. Los españoles
anunciaban más a un Dios que hay que alabar, reverenciar y servir, que
al Dios que, despojándose de sus privilegios divinos, vino a servirnos
hasta dar su vida por nosotros, como bien lo enseña San Pablo: Pues
Dios, no necesitando de nada por tenerlo todo, de todo se privó y vino a
este mundo para dar su sangre por amor nuestro (cfr. Flp 2, 1-11).
Efectivamente, la religión indígena concuerda más con esta
enseñanza de San Pablo, pues siempre habló del hombre como producto
del sacrificio de sus dioses: el mundo en que habita, el alimento que lo
nutre, la sangre que corre por sus venas, todo es de ellos y de ellos nació,
porque por él inmolaron su vida y le dieron su sangre, la palabra misma
“Hombre”, “Macehualli” eso significa: “Merecido por la penitencia”. De
este modo, el ofrecer ellos su vida en sacrificio era un honroso privilegio
y acto de noble reciprocidad.
En efecto, sabiéndose merecidos por la penitencia, los indígenas
ofrecían el sacrificio de vidas humanas con un sentido religioso noble
de corresponderles de la misma manera, alimentándolos con su
propio don, el chalchíhuatl, la joya líquida. Los españoles, en cambio,
mataban e hicieron que los mismos grupos indígenas se mataran entre
sí. Así que los españoles, predicando al Dios del amor, con “los hechos
demostraban apabullantemente que eran sin comparación más tiránicos
y sanguinarios que todos sus antiguos dioses juntos”.
Si la fe de los indígenas daba el sentido a toda su existencia, “los
indios vivían una muerte peor que la muerte, y eso explica más que de
sobra no sólo que se desbocasen en masa a ahogar su desesperación en el
pulque, sino que, también en masa, se lanzasen a un auto genocidio sin
precedentes en la historia” Llegaron a un acuerdo de no tener relaciones
con las mujeres y las embarazadas malparieran, para que ya no vinieran
más hijos suyos a sufrir la tragedia por la que estaban pasando. ¿Para
qué querían vivir quienes todo lo habían perdido con la muerte de su fe?
En esa situación desesperada, llegó la Santísima Virgen María a traer
185
el vino nuevo, para que nuestros antepasados recuperaran la alegría
perdida. Ante el Evangelio anunciado por la Virgen, “la respuesta de
los mexicanos fue inmediata y arrolladora: Hasta entonces relativamente
pocos se habían convertido, y muchos sólo por miedo u oportunismo, a
esa extraña nueva fe, que veían tan degradante y contraria a sus valores;
mas ante el Evangelio Náhuatl de la Señora, la abrazaron en masa y
para siempre”. Más aún, los frailes ya no necesitaron esforzarse en
convencer, pues los mismos mexicanos evangelizaban a sus hermanos
y los presentaban ante los frailes para que les dieran los sacramentos.
Hoy hemos de redescubrir el tesoro escondido en el acontecimiento
guadalupano, y con María, lanzarnos a llevar el Evangelio del Vino
Nuevo a nuestra patria y al mundo entero.

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ 1. ¿Qué te llama más la atención de lo sucedido en las bodas
de Cana?

✓✓ 2. ¿Qué relación encuentras entre el papel de la Virgen en las


bodas de Cana y la Virgen de Guadalupe en México?

✓✓ 3. Finalmente, escribe una oración en forma de compromiso,


que después pasarás detrás de la estampita de la Virgen de
Guadalupe.

CANTAMOS: “La Guadalupana”

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo cuadro del punto 4 y tu oración y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.

186
REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal y tu oración;


exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ ¿Qué aporta la lectura del milagro de las bodas de Caná a
nuestra relación de pareja?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Leemos todos juntos el pasaje de Jn 2,1-12
✓✓ ¿Qué nos dice este pasaje a nuestra vida de familia?
✓✓ ¿Nos consideramos una familia a la cual se le ha acabado el vino
o vivimos la alegría del nuevo vino de Cristo?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué rostro mostramos como Cristianos de alegría o de Tristeza?
✓✓ ¿Qué diferencia encontramos entre la alegría que nos ofrece el
mundo y la alegría que te otorga Cristo?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓¿Cómo cristiano vives en la tristeza o en la
alegría que otorga la esperanza cristiana?
✓✓ ¿Qué haces cuando vives algún momento en el que consideras
que has perdido la alegría de vivir?
✓✓ Entabla un diálogo sobre la alegría que sólo otorga Cristo y
comparte un poco de tu testimonio y tu alegría tras el encuentro
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

187
Encuentro Kerigmático 16

¿Cómo puedo llegar a ser un verdadero


discípulo misionero de Jesucristo?

Tomando como propio un proceso adulto de educación


de mi fe en mi comunidad parroquial a través del Proceso de
Evangelización.

ENCUENTRO MISIONERO

“Sepan que yo estoy con ustedes


todos los días hasta el fin de los tiempos”(Mt 28,20)

188
OBJETIVO:
Queremos tomar conciencia de que el camino de seguimiento de
Jesucristo dura toda la vida y que ese camino tiene momentos o etapas
que nunca se superan totalmente, pero que van haciendo de nosotros
adultos que personalizan su propia fe.
COMPROMISO DE RESPETO A TU DIGNIDAD COMO HIJO
E HIJA DE DIOS
Dios nuestro Padre, en mi encuentro personal con él, me hizo
comprender que es el Padre amoroso y misericordioso de todos los seres
humanos y que a todos nos quiere por igual. Por el amor infinito que
le tengo, me comprometo en no hablar nunca mal de un hermano o
hermana, ya que comprendo que aparecerán tentaciones que pretenden
destruir la comunión y armonía. Por eso buscaré dialogar con amor y
total respeto con todos.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: ALMA MISIONERA
LLÉVAME DONDE LOS HOMBRES…
ORAMOS: Por mi Parroquia
Coro 1
Jesús, ésta es hoy mi oración:Gracias por mi parroquia.
¡Estoy recibiendo tanto de ella!¡Tengo tanto que agradecerle!
Coro 2
En ella te estoy descubriendo,en ella estoy aprendiendo a amarte y
a seguirte.
Desde ella escucho tu Buena Noticia,desde ella recibo el pan
necesario para el camino.
Coro 1
Cuando me canso, me deja su palabra de ánimo,cuando me caigo,
me entrega tu perdón.
Cuando me siento débil, ella me fortalece,cuando me duermo, ella
me despierta.
Coro 2
Gracias, Jesús, por mi parroquia,gracias por los niños y los jóvenes,
por los mayores y los ancianos.Todos, formamos tu comunidad, tu
Iglesia.
189
Coro 1
También hoy quiero pedirte por ella, Señor,por sus grupos y
actividades,por su gente.
¡Cuánto me ayudan!
Coro 2
Que seamos un rincón cálido,un lugar donde nos queramos y
respetemos,
un espacio donde vivamos como hermanos,donde, unidos, nos
esforcemos por tu Reino.
Coro 1
Y te ruego algo más,con la fuerza de que soy capaz.
Que mi parroquia no luche por si y por su causa.Se empeñe, más
bien, en Ti y en tu causa.
Coro 2
Que no destaquemos por hacer muchas cosas,por ser muchos e
importantes.
Que nos conozcan, Señor, por vibrar y soñar con lo que Tú vibraste
y soñaste.

Todos:
Jesús, te doy gracias por mi Parroquia.Jesús, te pido por mi Comunidad.
Ella es el camino, Tú, la meta y el horizonte. Amén

Presentamos el signo y reflexionamos Rostros

¿CÓMO PUEDO LLEGAR A SER UN VERDADERO DISCÍPULO


MISIONERO DE JESUCRISTO?
✓✓ 1. ¿Qué te hacen pensar estos rostros?

190
✓✓ 2. ¿En la Iglesia, todos nosotros podemos llegar a ser felices,
cómo crees que se puede lograrlo?

✓✓ 3. ¿Crees que la fe se puede educar, qué pasos tendría que dar


para llegar a ser adulta?

✓✓ 4. ¿Por qué muchos de nuestros hermanos en la Iglesia se ven


tristes?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE LA


IGLESIA
1. Escuchamos la enseñanza de los Obispos de América Latina:
Documento de Aparecida 276 -277.
“La vocación y el compromiso de ser hoy discípulos y misioneros de
Jesucristo…, requieren una clara y decidida opción por la formación de
los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados,
cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia… Con [Jesucristo]
podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y
formar discípulos misioneros. Con perseverante paciencia y sabiduría,
Jesús invitó a todos a su seguimiento. A quienes aceptaron seguirlo, los
introdujo en el misterio del Reino de Dios, y, después de su muerte
y resurrección, los envió a predicar la Buena Nueva en la fuerza de
su Espíritu” (DA 276). “El discípulo es alguien apasionado por Cristo,
a quien reconoce como el Maestro que lo conduce y acompaña” (DA
277).

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE LA IGLESIA A NUESTRA VIDA


1. La Iglesia sólo existe para evangelizar a todos
Quienes aceptan con sinceridad la Buena Nueva, se reúnen en el
nombre de Jesucristo para buscar juntos el Reino de Dios, construirlo
y vivirlo. Estas personas forman una comunidad que se evangeliza (que
se alimenta de la vida del Evangelio) a su vez es evangelizadora (que
comunica el Evangelio). La Iglesia es así, porque cumple con el mandato
191
de Jesucristo: “Vayan por todo el mundo y anuncien el evangelio”. Estas
palabras de Jesucristo son para todos los cristianos, los de ayer y los de
hoy, cada uno recibe la vida del Evangelio, forma parte de la comunidad
eclesial y debe salir a compartirlo con quienes no lo conocen.
Cada bautizado y toda la comunidad debe hacer suyas las palabras
del Apóstol san Pablo dirigidas a los Corintios: “Porque anunciar el
evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que
tengo, ¡y pobre de mí si no anunciara el evangelio!” (1Cor 9, 16).
El Papa Pablo VI en el hermoso documento Evangelii Nuntiandi nos
recuerda que la Iglesia “existe para evangelizar, es decir, para predicar y
enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con
Dios...”
Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Noticia a todos
los ambientes de la humanidad y con su servicio libre, comprometido
y desinteresado transformar todo desde dentro, renovar la misma
humanidad. Pero no hay humanidad nueva, si no hay en primer lugar
hombres y mujeres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida
según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es el cambio interior
que busca convertir, al mismo tiempo, la conciencia personal y colectiva
de la humanidad, las actividades en que ella está comprometida, su vida
y ambiente concreto.
Pablo VI también nos dice en el mismo documento: “el que ha sido
evangelizado evangeliza a su vez. He ahí la prueba de la verdad, la
piedra de toque de la evangelización: es imposible que un hombre que
haya acogido la Palabra y se haya entregado al reino sin convertirse en
alguien que a su vez da testimonio y anuncia”.
Ahora bien, esta última enseñanza del Papa no se puede lograr
mágicamente, al contrario, solo puede ser real a través de un proceso
gradual y permanente que haga del cristiano una persona evangelizada
que vive y anuncia el Evangelio.Analicemos cada uno de los pasos de
este proceso evangelizador que está estructurado en etapas o momentos
importantes:
2. El proceso para hacernos discípulos misioneros de Jesucristo
Sostenidos en el patrimonio pastoral de la Iglesia, el proceso de
formación de discípulos misioneros que todos utilizaremos en la Diócesis
será el que nos ha indicado el Directorio General para la Catequesis y el
Documento de Aparecida ha presentado como camino necesario.
“El proceso evangelizador, por consecuencia, está estructurado
en etapas o ‘momentos esenciales’: la acción misionera para los no
creyentes y para los que viven en la indiferencia religiosa; la acción
192
catequético-iniciatoria para los que optan por el Evangelio y para los
que necesitan completar o reestructurar su iniciación, y la acción
pastoral para los fieles cristianos ya maduros, en el seno de la comunidad
cristiana” (DGC 49). He aquí un camino seguro que, completado con la
inclusión de la “presencia y acción en el mundo”, describe y las etapas
o momentos de la educación permanente de nuestra fe.
En la Diócesis hemos llamado a estos cuatro pasos del proceso de
evangelización de la siguiente manera:
• Me Encuentro con Jesucristo (Acción misionera),
• Conozco y sigo a Jesucristo (Acción catequética),
• Vivo en Jesucristo (Acción pastoral),
• Sirvopor Jesucristo (Presencia y acción en la Iglesia y en el
mundo).
3. El camino para ser discípulo misionero hoy
“La vocación y el compromiso de ser hoy discípulos y misioneros de
Jesucristo…, requieren una clara y decidida opción por la formación de
los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados,
cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia… Con [Jesucristo]
podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y
formar discípulos misioneros. Con perseverante paciencia y sabiduría,
Jesús invitó a todos a su seguimiento. A quienes aceptaron seguirlo, los
introdujo en el misterio del Reino de Dios, y, después de su muerte y
resurrección, los envió a predicar la Buena Nueva en la fuerza de su
Espíritu”(DA 276). “El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien
reconoce como el Maestro que lo conduce y acompaña”(DA 277).
Dicho proceso de evangelización constituye el camino eclesial
para la iniciación cristiana, puesto que “o educamos en la fe, poniendo
realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no
cumpliremos nuestra misión evangelizadora” (DA 287). Ya que la iniciación
cristiana, “que incluye el kerigma, es la manera práctica de poner en
contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado” (DA 288).
1.- ME ENCUENTRO CON JESUCRISTO (Acción misionera).
Es el primer paso en el proceso de la evangelización. Se dirige a los
no creyentes y a todos aquellos que viven en la indiferencia religiosa (cfr.
DGC 49)
, y toma diversas formas: presencia, servicio, diálogo, testimonio,
hasta el kerigma, primer anuncio explícito del Evangelio.
El kerigma no sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un proceso
que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo. Sin el kerigma,

193
los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin
corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerigma
se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso, la
Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones”(DA 278 a).
2.- CONOZCO Y SIGO A JESUCRISTO (Acción catequética).
Comprende todo el conjunto de actividades dirigidas a aquellos que
se interesan por la fe y quieren convertirse o reconvertirse cristianos,
siguiendo el camino de la iniciación cristiana: acogida, acompañamiento,
catequesis de iniciación, catequesis mistagógica, ritos y sacramentos. La
acción catecumenal es una función esencial de la vida de la Iglesia,
expresión de su maternidad (cfr. DGC 48).
El seguimiento nos pone en la escuela de Jesucristo como discípulos
de Él. “La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y
seguimiento de Jesús Maestro, profundiza en el misterio de su persona,
de su ejemplo y de su doctrina. Para este paso, es de fundamental
importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que
fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros
puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión en medio del
mundo que los desafía” (DA 278 c).
3.- VIVO EN JESUCRISTO (Acción pastoral).
Es el ámbito tradicional del actuar dentro (“ad intra”) de la comunidad
eclesial, en el ejercicio de las bien organizadas funciones: culto,
celebraciones, sacramentos, predicación, catequesis, vida comunitaria,
servicio de caridad, etc.
Sin duda que todo este proceso nos hace constituirnos en una
comunidad consciente de ser el Cuerpo de Cristo resucitado, presente
en el mundo. Porque “No puede haber vida cristiana sino en comunidad:
en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las
comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos.
Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo
participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos,
viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria. También es
acompañado y estimulado por la comunidad y sus Pastores para madurar
en la vida del Espíritu” (DA 278 d).
4.- SIRVO POR JESUCRISTO (Presencia y acción en el mundo).
Este momento del proceso evangelizador merece una atención
particular, sobre todo porque muchas veces ha sido descuidada esta
normal desembocadura de la acción eclesial en las diversas maneras
de testimonio evangélico en la sociedad: promoción humana, acción
social y política, acción educativa y cultural, promoción de la paz,

194
compromiso ecológico, etc. Son ámbitos de presencia de la Iglesia, que
está llamada a salir de su recinto para ponerse decididamente al servicio
del Reino de Dios en el mundo.
Este momento constituye esencialmente la misión. “El discípulo
[consciente de que es parte de un cuerpo eclesial y], a medida que
conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con
otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo,
muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona
de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios. La
misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse
como una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de
diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de la
maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona” (DA 278 e).
4. Este proceso de evangelización se vive en la Parroquia
“Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los
discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son
células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría
de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión
eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión…” (DA 170).
“La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación
cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana
a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en
la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su
iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado
el kerigma, quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación
del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria
y un apoyo seguro”(DA 293).
Pero “teniendo en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias,
es aconsejable la sectorización en unidades territoriales más pequeñas
[que en la Diócesis llamamos “Centros de evangelización”], con
equipos propios de animación y coordinación que permitan una
mayor proximidad a las personas y grupos que viven en el territorio. Es
recomendable que los agentes misioneros promuevan la creación de
comunidades de familias que fomenten la propuesta en común de su fe
cristiana y las respuestas a los problemas” (DA 372).
Todas las parroquias deben vivir en comunión entre sí, para que
cumplan con su misión en relación a planes, programas y actividades.
La Zona Pastoral (que en la Diócesis son 6: Zona Montañosa, Zona
Transvolcánica, Zona Cañera, Zona Centro, Zona Tecomán y Zona
Manzanillo), será el espacio de ayuda, colaboración e integración.

195
Recordamos que los Coordinadores Zonales son los responsables de que
la Zona Pastoral sea un espacio de comunión y solidaridad. (Decreto Pastoral
60-76)

IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS


✓✓ 1. ¿Qué etapa estamos viviendo ahora? ¿Qué acciones sugieres
para misionar en nuestra parroquia?

✓✓ 2. ¿Qué necesitamos para perseverar en el camino?

✓✓ 3. ¿Cuáles serían las amenazas más grandes que tendríamos para


caminar por el camino angosto del seguimiento de Jesucristo?

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las preguntas del punto 4 y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal y
exprésale ¿Por qué pusiste eso?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Respondemos con toda la familia a las preguntas
del principio del tema:
✓✓ ¿Qué te hacen pensar estos rostros?
✓✓ ¿En la Iglesia, todos nosotros podemos llegar a ser felices, cómo
crees que se puede lograrlo?

196
✓✓ ¿Crees que la fe se puede educar, qué pasos tendría que dar para
llegar a ser adulta?
✓✓ ¿Por qué muchos de nuestros hermanos en la Iglesia se ven
tristes?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Ver como familia la Pelicula de “El Padrecito” de Cantinflas y
comentarla todos juntos.

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓Que significa para ti las palabras de san Pablo:
“Porque anunciar el evangelio no es para mí un
motivo de gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si
no anunciara el evangelio!” (1Cor 9, 16).
✓✓ ¿Creés que estás cumpliendo con esta obligación como cristiano?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

197
Encuentro Kerigmático 17

¿Cómo puedo vivir todo esto


en mi Parroquia?
Viviendo y trabajando en la Espiritualidad de Comunión y
participación

PARROQUIA DE SANTO SANTIAGO APÓSTOL EN PIHUAMO,


Asamblea Parroquial 2006.

“Del mismo modo que el cuerpo es uno


y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo,
por muchos que sean, no forman más que un solo cuerpo, así
también Cristo” (1 Cor 12,12).

198
OBJETIVO:
Descubrir la espiritualidad de comunión como la identidad misma
de la Iglesia, para vivir y trabajar en una parroquia misionera que va en
búsqueda de los más alejados, de manera organizada siendo testigos
alegres, guiados e impulsados por el Espíritu Santo.
COMPROMISO DE HONESTIDAD
Trataré de hacerte ver con amor y respeto mis sentimientos y
sincera reacción a lo que me comunicas. Si esto llegase a producir
dolor a cualquiera de los dos, confío en que nuestras relaciones sean lo
suficientemente firmes, auténticas y maduras que permitan tomar este
riesgo, considerando que al hablar la verdad con amor, nos ayuda a
crecer en Cristo quien es la cabeza. Trataré de ser sincero y honesto
contigo, por eso me esforzaré en ser prudente y nunca buscar dañarte.

I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: TODOS UNIDOS
ORAMOS: La Iglesia en camino hacia la unidad
Te damos gracias, Padre de bondad, y te glorificamos, Señor Dios del
universo, porque no cesas de convocar a hombres de toda raza y cultura,
por medio del Evangelio de tu Hijo, y los reúnes en un solo cuerpo, que
es la Iglesia.

Esta Iglesia, vivificada por tu Espíritu, resplandece como signo de unidad


de todos los hombres, da testimonio de tu amor en el mundo y abre a
todos las puertas de la esperanza.

De esta forma se convierte en un signo de fidelidad a la alianza, que has


sellado con nosotros para siempre...

Señor, Padre de misericordia, derrama sobre nosotros el Espíritu del


amor, el Espíritu de tu Hijo.

Haz que nuestra Iglesia diocesana de Colima se renueve constantemente


a la luz del Evangelio y encuentre siempre nuevos impulsos de vida,
consolida los vínculos de unidad entre los laicos y los pastores de tu
Iglesia,
entre nuestro Obispo y sus presbíteros y diáconos; entre todos los
Obispos y el Papa..
199
Que tu Iglesia seamos, en medio de nuestro mundo, dividido por las
guerras y discordias, instrumento de unidad, de concordia y de paz.

Acuérdate también, de nuestros hermanos difuntos, cuya fe sólo tú


conociste;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la
vida en la resurrección.

Y cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos


también a nosotros en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de
la plenitud eterna de tu gloria.

En comunión con la Virgen María, los apóstoles y los mártires,


y todos los santos, te invocamos, Padre, y te glorificamos, por Cristo,
nuestro Señor. Amén.

LOS CUATRO SIGNOS DE LA IGLESIA Y LOS LISTONES DE


COLORES
✓✓ 1. ¿Con qué color me identifico? ¿Qué es mejor, que haya
muchos o pocos colores?

✓✓ 2. ¿En qué se parece esto a tu parroquia?

✓✓ 3. ¿Qué se necesita hacer para que más personas se integren en


la vida de la parroquia?

II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS


1. Escuchamos la Palabra de Dios. 1Cor 12, 12-31
2. Comprendemos la Palabra de Dios
Pablo se dirige ahora a su comunidad para dar buen orden a las
asambleas cristianas de Corinto. Esta comunidad paulina llena de dones
200
y carismas, ha llevado no pocas veces a sus miembros a la presunción y
desprecio de los demás. Pablo, como todo buen misionero, ha tomado
en sus manos la defensa del verdadero sentido cristiano de los dones.
Primero explica la diversidad de los dones que el Espíritu distribuye y
explica los criterios para armonizar todos estos dones en la comunidad.
Para ello se vale de una figura bastante clara como es el cuerpo humano.
El primer criterio para el ejercicio de un don por parte de un miembro
de la comunidad es la Unidad, así como el cuerpo es uno; cada acción y
todo lo que se haga, será para hacer la unidad y la armonía del cuerpo.
La base de esta unidad la da el Espíritu por medio del bautismo.
El segundo criterio es la necesidad que cada miembro tiene de
los demás. Un miembro solo no es suficiente, necesita de los otros,
su naturaleza y función depende de los demás, no hay miembros
autosuficientes, cada miembro necesita sentirse parte del cuerpo y
necesita de los otros.
El tercer criterio consiste en que no hay miembros más importantes
que otros, todos son necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo.
No hay en el cuerpo diferencias, ni preferencias de los miembros del
cuerpo, todos son indispensables a pesar de su debilidad y de lo poco
significativo que parecieran. Sin embargo, cada miembro es diferente a
los otros, y cada miembro tiene funciones diversas. Por lo tanto, su servicio
al cuerpo es muy particular y necesario. Así cada miembro cumple una
función que sólo a él le toca desempañar. Hay una preocupación de
unos por otros, de modo especial por los más débiles; por lo cual, se
hace necesaria una preocupación mutua.
El cuarto criterio está fuertemente definido por la solidaridad en los
miembros y en la capacidad de compartir entre ellos. Si uno sufre, todos
sufren; y si uno goza, todos gozan con él. Se hace necesaria, pues, una
unidad en el compartir experiencias.
Todo esto está organizado de acuerdo a la voluntad de Dios, así Dios
los puso y los quiso. De modo que cumplir la voluntad de Dios consiste
en aceptar la propia función y la de los demás y, así colaborar dentro
del cuerpo.
La jerarquía de los miembros viene dada también como parte de
la voluntad de Dios. En primer lugar..., en segundo lugar..., en tercer
lugar..., luego..., así lo quiere él.
Hay que destacar que los tres primeros lugares los ocupan los dones
de la palabra: apóstoles, profetas y maestros, lo cual indica que la
comunidad se construye primeramente con la Palabra. Luego vienen los
dones vistosos: milagros, curaciones; tan queridos para los Corintios,

201
motivos muchas veces de soberbia y desprecio hacia el cristiano que
no los poseía. Después aparecen los dones de lo práctico: asistencia y
gobierno, y finalmente, el don de lenguas, don vistoso y muy apreciado
por los Corintios. Así es la jerarquía de dones, así es la voluntad divina,
así es como la Iglesia necesita vivir al interno de su vida.
Como conclusión podemos decir que la unidad y la diversidad en
la Iglesia, son necesarias, ambas son dones del Espíritu, y poseer un
espíritu eclesial consiste en aceptar la unidad y la diversidad provocada
por el Espíritu, rechazar esta realidad significa estar cerrado a la acción
del Espíritu y la voluntad de Dios.
Por otra parte, el texto lleva a rechazar toda soberbia creyendo que
el cristiano más importante es aquel poseedor de los dones vistos (yo soy
ojo, tengo visiones; y soy oído, tengo grandes revelaciones), a costa de
menospreciar al cristiano servidor (yo soy pie, soy mano).
Cada cristiano debe vivir la verdad, nadie debe sentirse más por el
don que tiene y nadie debe sentirse menos por el servicio que desempeña
por sencillo que sea. Siempre con una actitud de servicio al cuerpo que
es la Iglesia.

III. DESCUBRIMOS QUE NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA


1. Eclesiología y Espiritualidad de comunión
En el itinerario espiritual que nos traza la exhortación apostólica
Ecclesia in America y que retoma la Carta pastoral del Episcopado
Mexicano: Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos,
el punto central es la comunión. En efecto, la obra salvífica de Cristo
se realiza en la comunión, pues fue voluntad divina salvarnos no
individualmente y como por separado, sino formando un sólo pueblo,
una comunidad de salvación llamada Iglesia. Iglesia quiere decir los
llamados a la comunión de la familia. El encuentro con Cristo es para
llevarnos a la comunión y, si ésta es verdadera, a la solidaridad y a la
misión.
La comunión es el proyecto magnífico de Dios (cfr. LG 1). La Iglesia
es el pueblo, es la comunidad llamada a vivir en comunión (koinonía)
teniendo como base, fundamento y exigenciala vida de la Santísima
Trinidad, perfecta comunidad.
Sin embargo, vivimos en un mundo roto y dividido: la falta de diálogo
entre cristianos, el terrorismo, la corrupción, las guerras que desangran
la humanidad, las injusticias, las exclusiones sociales, las dificultades
al interior de la familia, etc. Todo esto reclama con urgencia un mayor
espíritu de comunión. Esas son precisamente “las profundas esperanzas
del mundo” que el Papa Juan Pablo II nos pide escuchar.
202
2. Rasgos principales de la Espiritualidad de Comunión
Antes que todo hay que proponerla como un principio educativo,
dice el Papa: “Antes de programar iniciativas concretas, hace falta
promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndolo como
principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre
y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas
consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y
las comunidades” (NMI 43).
La espiritualidad de comunión es entre otras cosas: la capacidad de
ver el misterio de la Trinidad que habita en nosotros. Espiritualidad de
la comunión significa, ante todo, una mirada del corazón sobre todo
hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de
ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro
lado (cfr. NMI 43):
• Es la capacidad de ver a los demás como hermanos. Espiritualidad
de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano
de fe en la unidad profunda del Cuerpo de Cristo, en el que “las
partes más débiles” son las más necesarias, ya que Dios tuvo más
atención por lo que era último (cfr. 1Cor 12, 22-26) (cfr. NMI 43).
• Es la capacidad de ver ante todo lo positivo que hay en el otro
para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un “don para mí”
(cfr. NMI 43)
.Significa además, reconocer las diversidades culturales
de nuestros pueblos como una gracia de Dios, y como una
peculiaridad de sus identidades que bien pueden enriquecer la
espiritualidad cristiana.
• Es saber dar espacio al hermano llevando mutuamente la carga
de los otros (cfr. Gal 6, 2) y rechazando las tentaciones egoístas
que continuamente nos acechan y engendran competitividad,
desconfianza y envidia (cfr. NMI 43).
Por lo tanto, la comunión debe convertirse en eje transversal de la
vida de la Iglesia y de su acción evangelizados, de tal manera que se
multipliquen los espacios de solidaridad y participación en todos los
niveles de las comunidades parroquiales.
3. Un solo corazón y una sola alma
La comunión expresa el misterio mismo de la Iglesia, su esencia más
profunda, según lo enseña el Papa Juan Pablo II. Otro aspecto importante
en que será necesario poner un decidido empeño programático, tanto en
el ámbito de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares, es el
de la comunión (koinonía), que encarna y manifiesta la esencia misma
203
del misterio de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de
aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama
en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cfr. Rm 5, 5), para hacer
de todos nosotros un solo corazón y una sola alma (Hch 4, 32). Realizando
esta comunión de amor, la Iglesia se manifiesta como sacramento, o sea,
como signo e instrumento de íntima unión con Dios y de unidad del
género humano (cfr. NMI 42).
4. El gran desafío: Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la
comunión.
Lo dice expresamente el Papa: Hacer de la Iglesia la casa y la escuela
de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en
el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y
responder también a las profundas esperanzas del mundo (cfr. NMI 43). Y en
la homilía de la misa de clausura del X Sínodo General Ordinario de los
Obispos, dijo: “la fuerza de la Iglesia está en la comunión, su debilidad
en la división y en el enfrentamiento”.
5. Un dinamismo de comunión en la Parroquia evangelizada y
evangelizadora.
Vivir y trabajar en la Espiritualidad de Comunión y Participación,
exige una Iglesia en proceso permanente de evangelización, una Iglesia
evangelizada que escucha, profundiza y encarna la Palabra y, una Iglesia
evangelizadora que testimonia, proclama y celebra esa Palabra de Dios
(cfr. DP 1305)
.
6. Dinamismo de una Parroquia misionera
La vida humana es un camino constante, san Agustín ha expresado
en su oración: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto, hasta que descanse en ti”. Si caminamos hacia Dios vamos
haciendo que nuestra vida tenga sentido y “descanse el corazón”; pero si
tomamos cualquier otro camino, permaneceremos siempre “inquietos”,
insatisfechos, perdidos, vacíos, sin dirección y sin felicidad para la que
fuimos hechos.
La Iglesia como Madre y Maestra, quiere acompañarnos en este
camino, para que nuestra vida tenga sentido, esto se logra con el
abandono de la situación de soledad e insatisfacción a la que el profeta
Oseas llama “No-mi-pueblo”, para ser insertados en una familia
reconciliada en la libertad y en el amor a la que llama hermosamente
“Tu-mi-pueblo”.
Lograr este paso exige un camino perseverante, valiente que vaya
formando una fe adulta, no es un acontecimiento “mágico”, exige
libertad, verdad y amor.
204
Ninguna persona puede darse la fe por sí misma. La recibimos de
otros y la transmitimos a otros; los otros nos sostienen a nosotros y
nosotros a los otros. Por eso este camino inicia por la vida de la Iglesia
expresada en nuestras Parroquias (1). Y es a través de ellas que nos
llega la fe, precisamente cuando más experimentamos la soledad, la
desesperación y el sin sentido, entonces es cuando nos invita a tener un
Encuentro personal con Jesucristo vivo (2), en él descubrimos que no
estamos solos, que Dios nos trata como sus hijos amados, es en verdad
una maravilla de la que tu y yo somos testigos.
Para prolongar este maravilloso encuentro que vivifica, Dios ha
dejado a su Iglesia los sacramentos, principalmente los de la Iniciación
Cristiana (3) (Bautismo, Confirmación, Eucaristía), los recibimos cuando
éramos niños y han sido eficaces, pero ahora tendremos la bendición
de ser conscientes de la gracia que nos trasmiten y al recomenzar desde
Cristo nuestra vida, podemos revitalizarlos con una fe adulta.
Después formaremos las Pequeñas Comunidades de fe y vida (4), ellas
serán el lugar donde pueda ser conocido, valorado, guiado, aceptado,
amado, perdonado y sostenido, porque “donde dos o más se reúnen en
mi nombre…”, allí vive el Señor. Estas Pequeñas Comunidades son la
Iglesia de las casas donde se inicia a conocer y valorar la propia persona,
así como la vida y el misterio de Dios a través del estudio y meditación
de su Palabra, por medio de la Lectio divina.
Pero una Pequeña Comunidad no puede estar sola, caería en el
orgullo, el aislamiento y la muerte, necesita de otras y también de dar
vida responsable a otros, sin dejar de formarse siempre. Esto se logra solo
si estamos integrados en un Centro de Evangelización de la Parroquia
(6), donde cada uno según sus habilidades y dones sirve con amor y
de manera organizada a los hombres y mujeres que viven junto a él sin
distinción. Claro, sin dejar la Pequeña Comunidad donde seguiremos
la catequesis permanente (5) para continuar esculpiendo una fe adulta,
libre, amorosa y con sentido.
Así seremos luz y sal del mundo (7), enriqueciendo a nuestra
Parroquia como auténticos discípulos misioneros que desean que otros
conozcan, amen y sigan a Jesucristo nuestro Dios y Señor, por la fuerza
del Espíritu Santo y así sus vidas tendrán sentido y felicidad como las
nuestras.
Por los demás, Dios nos marcará el camino que no conocemos, pero
que de su mano toda esperanza es ganancia.

205
IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS
Teniendo en cuenta todo lo que hemos visto en este tema:
✓✓ 1. ¿Qué nos dice este signo que hemos creado entre todos?

✓✓ 2. Después de haber reflexionado en el esquema anterior.


Imagina que le escribes una carta a un amigo, ¿Cómo se lo
explicarías?

✓✓ 3. Escribe una breve oración en la que manifiestes tu compromiso


de ser agente de comunión y servicio en tu parroquia.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las preguntas del punto 4 y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal y
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ ¿Traten de ubicar juntos como pareja en que parte del dinamismo
de la parroquia misionera se encuentran (Esquema 1)?
✓✓ ¿Qué encuentros o retiros existen por medio de los cuales
nuestros hijos pueden iniciar su proceso de fe? Ubicar el
encuentro y las edades a las que corresponde
✓✓ ¿Cuántos centros de evangelización existen en mi parroquia? Da
sus nombres
✓✓ ¿Por qué creén que hay tantos cristianos que gustan sólo de
servir en encuentros y no se involucran en la vida pastoral de su
parroquia?
206
✓✓ ¿Qué ventajas encuentras de reunirnos como misioneros en
nuestro centro de evangelización (Región) y no todos juntos
como un movimiento?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Observen detenidamente el esquema 2 y traten
que ubicar en que parte del mismo se encuentra cada uno de los
miembros de nuestra familia
✓✓ Partiendo del Plano de nuestra Parroquia, tratemos de ubicar
nuestro centro de Evangelización (Región) y tratemos de
descubrir ¿qué actividades pastorales se realizan en mi región?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Pensando en familias que hicieron el Encuentro Misionero
✓✓ ¿Qué familias conocemos que sólo se dedican a servir en
encuentros y no se involucran en la vida pastoral de su región?
✓✓ Qué familias conocemos que viven en comunidades de
misioneros, participan en los encuentros y tambien prestan
algún servicio pastoral en su región?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


✓✓Pensando en esas personas que sólo se dedican
a servir en los encuentros, trata de entablar un
diálogo con ellos y explicarles la importancia de la vida de
comunidad y de entrar en un proceso de evangelización
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

207
Esquema 1
208
Esquema 2
209
210
CATEQUESIS 5

¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA?


OBJETIVO:
Reflexionar sobre la Eucaristía con la finalidad de profundizar en su
misterio y celebrarla con mayor provecho personal y social.
ORACIÓN: (Jesús Eucaristía)
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo!
Y por eso en estos momentos quiero
profundizar en esta trascendental verdad.
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo!
Sé que muchas cosas me sobran
y quiero prescindir libremente de ellas
pero de ti, es absolutamente imposible
que yo pueda abstenerme... porque
Tú eres el Señor de mi vida, el dueño
absoluto de mis aspiraciones y demás
sentimientos, el ideal y la razón cabal
de toda mi existencia.
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo!
Háblame en lo más profundo de mi ser.
Revélame tu amor y tu misterio.
Comunícame tu luz y tu verdad suprema
hazme experimentar viva y poderosamente
que Tú solamente tú
eres lo único necesario en mi vida.
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo!
Tú eres el motivo de mi contemplación,
el anhelo constante de todos mis
pensamientos, la meta de todas mis
acciones, el objetivo de todas mis aspiraciones.
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo!
Que la creación te glorifique,
los volcanes proclamen tu poder,
la tempestad tu omnipotencia,
los ríos y las praderas tu suavidad
y armonía, los cielos y los espacios

211
canten tu excelsa gloria.
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo! Amén.
(Tradición Cristiana)

INTRODUCCIÓN:
Estamos casi por concluir esta primera etapa de nuestra catequesis de
adultos, que le hemos llamado Reiniciación Cristiana, llegamos ahora al
sacramento central de la vida de la Iglesia, la Eucaristía.
Es central porque hacia ella corre y de ella mana como de una fuente
toda la vida de la Iglesia, porque nos encontramos viva e intimamente
con la persona de nuestro Señor Jesucristo.
Antes de renovarnos en la riqueza de este sacramento, reflexionemos
sobre algunos de sus aspectos principales, sin perder de vista que
“la mejor catequesis sobre la Eucaristía, es la misma Eucaristía bien
celebrada” asegura el Papa Benedicto XVI.

VER:
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1. Para ti ¿qué es la Eucaristía?

✓✓ 2.¿Por qué se dice que la Eucaristía es un sacrificio?

✓✓ 3. Si la Eucaristía es una celebración, ¿qué propones para


mejorar la forma de celebrar?

ILUMINAR:
La Eucaristía el sacramento profetizado
La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del
vino en su Sangre, renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de
Jesucristo en la Cruz.
La eucaristía es sacrificio en cuanto se ofrece, y es sacramento
en cuanto se recibe. La Eucaristía es el sacramento en el cual,

212
bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y
substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su
divinidad. Es por eso, el más grande e importante de los sacramentos,
de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida
litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana. La Eucaristía
fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento.
Salomón en el libro de los Proverbios: “La sabiduría se ha edificado
una casa, ha labrado sus siete columnas; (los siete sacramentos), ha
sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Ha
enviado a sus criados a proclamar en los lugares más altos de la ciudad:
Vengan a comer de mi pan, beban del vino que he mezclado”(Prov 9, 1-5).
El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios
de la ley: “Desde donde sale el sol hasta donde pone es glorificado mi
nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece en mi honor un
sacrificio de incienso y una ofrenda pura”(Mal 1, 11ss).
La presencia real del Jesucristo en la Eucaristía
La verdad de la presencia real, corporal y substancial de Jesús en
la Eucaristía, fue profetizada por el mismo Señor antes de instituirla,
durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm, al día
siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y
de los peces. “Yo soy el pan de la vida… El que come de este pan, vivirá
para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida
del mundo” (Jn 6, 35.51). El pan y el vino consagrados, confiere la gracia,
como afirma el mismo Cristo: “El que come mi carne y bebe mi sangre
tiene vida eterna” (Jn 6, 54), o sea, la gracia, es garantía de vida eterna. Fue
instituido por Jesucristo en la Ultima Cena, como consta repetidamente
en la escritura: “Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la
bendición, lo partió y dándolo a sus discípulos dijo: Tomen y coman;
esto es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz y, después de dar gracias, lo dio
a los discípulos diciendo: Beban todos de él, porque ésta es mi sangre,
la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los
pecados”(Mt 26, 26-28).
La importancia de comulgar para la salvación
Sabemos que el único sacramento absolutamente indispensable
para salvarse es el bautismo: si un niño recién bautizado muere, se
salva, aunque no haya comulgado. Sin embargo, para un bautizado
que ha llegado al uso de razón, la Eucaristía resulta también requisito
indispensable, según las palabras de Jesucristo: “Si no comen la carne
del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”
(Jn 6, 53)
. No sería razonable que un hombre alcanzara la salvación que es
213
unión con Dios, sin tener en la tierra al menos el deseo de la Eucaristía,
que es también unión con Dios. También hay que comulgar cuando se
está en peligro de muerte. La Iglesia como madre desea que se reciba al
Señor con frecuencia, incluso diariamente. Lo que se realiza, pues, en
la Eucaristía es la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre
de Cristo, que es lo que llamamos la transubstanciación. Bajo cada una
de las especies sacramentales (pan y vino), y bajo cada una de sus partes
cuando se fraccionan, está contenido Jesucristo entero, con su Cuerpo,
su Sangre, su Alma y su Divinidad. Lo cual quiere decir que Cristo está
presente hasta en una migajita de la hostia.
La Eucaristía, Banquete Eucarístico
A la Misa se le llama banquete eucarístico. ¿Por qué se le ha dado
este nombre?
Jesús cuando hablaba del Reino de los Cielos lo comparaba con un
banquete. Y su Ultima Cena que fuera como un banquete, como un
festín, una comida entre amigos. Un banquete es una comida alegre.
Se colocan los manteles más bonitos, la mejor cristalería, luces y flores.
Hay música y canciones. Los corazones están llenos de alegría. Así es
la Misa.
Si hay un banquete es porque se celebra un acontecimiento importante.
Por eso cada banquete es la celebración de un acontecimiento, en cada
Misa se celebra el acontecimiento de nuestra salvación.
El banquete no lo hacemos solos. Nos encontramos con personas
que llegan de otras partes, venidos de distintos sitios y condiciones, y
allí nos sentimos unidos por nuestro común amor a Cristo y a su Iglesia.
Sentimos comunión de unos para otros.
En un banquete nos alimentamos con manjares escogidos. En la
Santa Misa Dios nos alimenta con el Pan bajado del cielo que es el
cuerpo de Cristo, del cual dijo el mismo Jesús: “El que come de este pan,
vivirá para siempre” (Jn 6, 51).
¿Es nuestra Misa una fiesta? ¿Participamos en ella con alegría? ¿Nos
sentimos más hermanos en cada celebración? ¿Comemos el Pan Celestial
comulgando? Sería muy triste que nos dijeran: “vengan a ver comer a
los demás”. Eso no sería un verdadero banquete para nosotros. Y si no
comulgamos en la Misa nos quedaremos así: viendo comer a los demás
mientras que nosotros seguimos desfallecidos de debilidad espiritual.
Jesús dijo: “Tomen y coman” y no solamente “Tomen y miren”. Quiere
que nos alimentemos con su cuerpo en la Eucaristía. Nos preparemos lo
mejor posible, pero no nos quedaremos sin comulgar. ¿Qué responder a
los que dicen: yo no comulgo porque soy pecador?
214
San Francisco de Sales respondía así: “Si eres débil debes comulgar
para volverte fuerte. Si has pecado mucho te conviene comulgar (después
de confesarte bien) para que la presencia de Jesucristo te traiga fuerzas
para no seguir pecando tanto. Si te domina el mal genio, al recibir en la
comunión al que es manso y humilde de corazón, Él te irá contagiando
de su bondad y su buen genio. Si tienes inclinación a la impureza y
al vicio, la presencia en tu alma de Cristo el Cordero Inmaculado que
jamás tuvo la más mínima mancha de pecado, te irá dando fortaleza
hacia todo lo que es impuro, y amor por la virtud. Si te vence el orgullo,
Jesús que es humilde te irá haciendo semejante a Él. No comulgas por
que ya eres santo, sino porque deseas llegar a la santidad. Y sin comulgar
no lo lograrías quizá jamás”.

ACTUAR:
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1. Escribe una idea nueva que no conocías sobre el Sacramento
de la Eucaristía y consideras tan importante que todos los
cristianos deberían de saber.

ORACIÓN: (La Eucaristía en la vida diaria)


Ven Señor, Jesús, entra en mi corazón,
Tú, el Crucificado, que nos diste la vida,
que amas, que eres fiel, veraz, paciente y humilde,
que has tomado sobre ti una lenta y pesada vida
en un rincón del mundo, negado por los tuyos,
poco amado por tus amigos,
traicionado por ellos, sujeto de la ley
juguete de la política desde un principio
niño refugiado, hijo de obrero,
una creatura que encontró obstáculos y
superficialidades como resultado
de sus trabajos, un hombre que amó y no encontró
la respuesta del amor, Tú demasiado exaltado,
para que te comprendieran los que te rodeaban.
215
Te dejaron desolado hasta el punto de que te sentiste
abandonado por Dios, Tú que sacrificaste todo,
que te encomendaste en las manos del Padre y gritaste:
“Dios mío, Padre mío”¿Por qué me has abandonado?
Te recibiré como eres, y te haré ley y regla de mi vida,
como la carga y la fuerza de mi vida;
cuando te recibo, acepto la vida
de todos los días como ella es.
No necesito palabras sublimes para decírtelo.
Puedo poner delante de ti mi vida cotidiana simplemente como es,
porque la recibo de Ti, cada día con su luz interior,
cada día con su significado, cada día con la virtud para soportarlo,
la pura familiaridad con esto llega a ser la eternidad de tu Vida en mí.
Amén.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)

REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
VER y el ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees
conviente agrega lo que consideres le haga falta.

REFLEXIÓN CONYUGAL

✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por


qué pusiste eso?

REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es la Eucaristía? ¿Qué recibimos
en cada Eucaristía? ¿Por qué es importante comulgar en todas
las Eucaristias en las que participamos? y ¿Qué compromiso
adquirimos cada vez que Comulgamos?

PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS


Con 5 personas de nuestra comunidad:
✓✓ ¿Qué es la Eucaritía?

216
✓✓ ¿Qué nos da la Eucaristía?
✓✓ ¿Qué compromiso adquirimos cuando comulgamos?
✓✓ ¿Por qué es importante comulgar en cada Eucaristía?

ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.

217
Tercera Celebración 18

¿Encontré el sentido de mi vida!


¡Soy Feliz!
Ahora renueva y celebra tu vida y tu
trabajo en la Santa Eucaristía


MOVIMIENTO “VIVIENDO POR JESÚS”
Sección de Niños, Pre-adolescentes,
Adolescentes y Jóvenes del “Encuentro Misioneros”.

“Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19).

218
OBJETIVO:
Agradecer y celebrar las maravillas que Dios ha hecho entre nosotros
durante el Retiro de Evangelización, para experimentar y asumir la
Santa Eucaristía como imagen, culmen y fuente de la vida cristiana en
comunidad.

INCORPORACIÓN A LA COMUNIDAD

Yo: _____________________________________________
Con la ayuda del Espíritu de Dios, quiero manifestar mi voluntad
de vivir con más intensidad mi Bautismo, uniéndome activamente a la
Comunidad en la plegaria, en la escucha de la Palabra, en la celebración
Eucarística y en la práctica de la caridad. Después de haber vivido
la reiniciación cristiana, deseo, con la ayuda de ustedes, continuar
profundizando mí fe para colaborar en la construcción del Reino de
Dios entre nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Sacerdote:
Oremos, hermanos y hermanas, a nuestro buen Padre Dios, por todos
los que ahora se empiezan a acercar más a Dios, y por todos los que los
acompañamos en su camino, diciendo: Escúchanos, Padre.
• Para que aumentes cada día su deseo de vivir con Cristo.
• Para que viviendo en la Iglesia encuentren en ella felicidad.
• Para que les concedas fortaleza y perseverancia en su proceso de fe.
• Para que tu amor aleje de ellos todo temor y desaliento.
• Para que el Señor lleve a buen término esta obra iniciada en nuestros
hermanos.
• Para que nuestra Comunidad siga creciendo en su capacidad de
testimoniar el Evangelio e incorporar a los que el Señor vaya llamando.

219
Catequesis de Adultos
Diócesis de Colima

220

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