Formación de Discípulos Misioneros
Formación de Discípulos Misioneros
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• Segunda Celebración: Confirmación.
¿Qué puedo hacer para vivir en el Espíritu Santo? ------------------ 141
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ÍNDICE DE SIGLAS
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INTRODUCCIÓN
¡ Jesucristo lo es todo !
Esta proclamación cargada de fe, de alegría y firme decisión, es la
auténtica experiencia a la que todos los cristianos estamos llamados a
vivir desde lo más profundo de nuestro ser. Ella no nace de una bonita
idea sobre Dios, ni de determinadas formas de comportamiento exterior,
sino del encuentro con una Persona viva, que ilumina nuestra vida y la
hace nueva al llenarla de luz, verdad y orientación: Jesucristo nuestro
Señor.
Esta vida nació en cada uno de nosotros el día de nuestro bautismo,
cuando fuimos consagrados como discípulos misioneros de Jesucristo,
pero que por la vivencia de nuestro primer Encuentro amoroso con él,
nos hizo despertar a la fe y entonces pudimos descubrir nuestra identidad
más propia y verdadera: ¡somos suyos, sin él no somos nada!
Este encuentro personal, llega a ser una experiencia tan definitiva que
nos marca como buscadores incansables de otros encuentros nuevos y
revitalizadores de nuestra existencia. Jesucristo que se nos muestra tan
vivo y diverso en cada uno de ellos, nos va transformando: ¡ya nada
puede ser igual! Precisamente, a este irresistible deseo de seguir a
Jesucristo, abandonando al hombre viejo, la Iglesia le llama conversión.
De tal forma que del encuentro profundo con Jesucristo, la conversión
es el estilo más genuino de todo cristiano, nadie que diga que Jesucristo
lo es todo en su vida, puede dejar de lado su proceso de conversión
permanente que va modificando su manera de pensar, vivir, amar, desear,
convivir y esperar. Vivir en Cristo es caminar siempre, nadie que desee la
vida plena, puede dejar de ser seguidor de Jesucristo.
Pero Dios no ha querido salvarnos en solitario, sino como un
pueblo, una comunidad. Precisamente por esto, es urgente igualmente
experimentar un encuentro comunitario con Jesucristo, para vivir una
conversión pastoral, es decir, una transformación de la vida, instituciones
y estructuras de nuestra Parroquia, la casa común de los renacidos por
el bautismo. Ya que “ninguna comunidad debe excusarse de entrar
decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de
renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no
favorezcan la transmisión de la fe” (DA 365).
Las Parroquias son el lugar donde “viven y se forman los discípulos
misioneros de Jesucristo… Ellas son células vivas de la Iglesia y lugar
privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia
concreta de Cristo y la comunidad eclesial. Están llamadas a ser casa y
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escuela de comunión” (DA 170).
Sin embargo, esta tarea no es mágica, porque la Iglesia está formada
por gente real, laicas (os), religiosas (os), presbíteros y obispo y “todos
los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la
evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu
Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto
miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito
individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera,
así como ocurrió en Pentecostés” (cfr. Hch 2,1-13)” (DA 171).
“Desde la Parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo ‘hizo y
enseñó’ (Hch 1,1) mientras estuvo con nosotros. Su Persona y su obra son
la buena noticia de salvación anunciada por los ministros y testigos de
la Palabra que el Espíritu suscita e inspira. La Palabra acogida es salvífica
y reveladora del misterio de Dios y de su voluntad. Toda Parroquia está
llamada a ser el espacio donde se recibe la Palabra, se celebra y se expresa
en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del
discípulo misionero” (DA 172).
Este Catecismo que tienes en tus manos, manifiesta el deseo profundo
de formarnos como Verdaderos Discípulos Misioneros de Jesucristo; en
sus entrañas descubrirás sólo una ayuda para tu encuentro personal con
Jesucristo en comunidad. Está dividido en dos partes, que desean ser una
ayuda fundamental para enriquecer nuestro primer encuentro personal
con Él.
La Primera Parte tiene como título: La vida de Jesucristo resucitado,
en la vida del Verdadero Discípulo Misionero a través de los Sacramentos
de Iniciación. Esta parte, será una oportunidad de vivir el kerigma, que es
la sorprendente y estremecedora noticia de encontrarnos con Jesucristo
vivo, a través de la palabra y el testimonio de un bautizado enamorado
de él.
El Papa Pablo VI hablando del kerigma nos dice que: “la evangelización
debe contener siempre como base, centro y a la vez culmen de su
dinamismo una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios,
hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación de todos los
hombres, como don de la gracia y misericordia de Dios” (EN 27).
Y los Obispos de América Latina, reunidos recientemente en la ciudad
de Aparecida en Brasil, dicen que: “el kerigma no sólo es una etapa, sino
el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo
de Jesucristo. Sin el kerigma, los demás aspectos de este proceso están
condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos
al Señor. Sólo desde el kerigma se da la posibilidad de una iniciación
cristiana verdadera” (DA 278 a).
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En esta misma Asamblea, los Obispos nos indican que la conversión
personal nos conduce definitivamente a la conversión pastoral. Apuntan
que sin la primera, no podríamos maravillarnos de la vida y del Dios de
la vida que entra en diálogo personal con cada uno de nosotros; sin la
segunda, no podríamos alimentarnos y vivir como familia con Dios, ya
que es la vida eclesial por la que Jesucristo nos transmite su vida en los
Sacramentos.
Este kerigma parroquial, lo viviremos como un gran retiro donde
renovaremos los sacramentos de Iniciación en el seno de nuestra
Parroquia, por eso también le llamamos Reiniciación Cristiana, hasta
decidirnos libre y voluntariamente a ser seguidores de Jesucristo como
discípulos misioneros.
La Segunda Parte, tiene como título: El encuentro vivo del Verdadero
Discípulo Misionero con la Palabra del Maestro Resucitado. La
renovación de la Iglesia “exige que se deje iluminar siempre de nuevo
por la Palabra viva y eficaz” (DA 172); esta iluminación debe ser oración y
diálogo que brota de lo más profundo del corazón inquieto que lleva a
la transformación del ambiente social.
Cada vez somos más conscientes en la Iglesia que “entre las muchas
formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la
que todos estamos invitados: la Lectio Divina o ejercicio de lectura
orante de la Sagrada Escritura. En esta Lectura orante, bien practicada,
conduce el encuentro con Jesús-Maestro, al conocimiento del misterio
de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al testimonio
de Jesús-Señor del universo. Con sus [distintos] momentos, la lectura
orante favorece al encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos
personajes del Evangelio… [Quienes] no abrieron su corazón a algo del
Mesías, sino al mismo Mesías, camino de crecimiento en “la madurez
conforme a su plenitud” (Ef 4,13), proceso de discipulado, de comunión
con los hermanos y de compromiso con la sociedad” (DA 249).
Esta Lectura Orante, la haremos en la Pequeñas Comunidades de
Catequesis de Adultos que formaremos en los diferentes Centros de
Evangelización de nuestra Parroquia.
COLABORADORES
EDUARDO DE LA MORA RODRÍGUEZ
GRACIELA FERNÁNDEZ CERVANTEZ
RICARDO SÁNCHEZ RODRÍGUEZ
Pihuamo, Jal., 23 de octubre de 2010
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EL COMPROMISO COMUNITARIO
DEL DISCÍPULO MISIONERO
La vida cristiana es la gran experiencia de crecimiento integral, la
Iglesia nuestra madre y maestra, nos ofrece el tesoro más grande que
tiene: la vida y la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. Él es nuestro
Dios y Señor, porque desde su encarnación en nuestra historia nos ha
mostrado el auténtico camino de relación y amor al Padre Dios. En
Él todo se puede, todo se sana y todo se supera; sin embargo, como
personas humanas que somos, tenemos una historia con un proceso de
crecimiento, que nos hacen ser únicos y distintos.
El respeto a estas hermosas diferencias que tenemos y la necesidad
de sentirnos un cuerpo, una comunidad donde nos podamos ayudar a
crecer, nos exige asumir los siguientes compromisos comunitarios que
más que un reglamento interno, son más bien orientaciones para una
espiritualidad cristiana comunitaria, basada en el respeto y la libertad.
1. COMPROMISO DE AMOR INCONDICIONAL
No hay nada que hayas hecho o que puedas hacer que me impida
amarte. Puede ser que no esté de acuerdo con tus acciones, pero te
acepto como persona y haré todo lo posible por comprenderte sin
juzgarte por el infinito amor que Dios te tiene.
2. COMPROMISO DE DISPONIBILIDAD
Lo que tengo: tiempo, energía, conocimientos y lo que poseo están
a tu disposición si lo necesitas. Los pongo a tu disposición con la mayor
responsabilidad y deseo de servirte. Me comprometo a dedicar parte de
mi tiempo a mi comunidad y asamblea de oración y asistir puntualmente
a las actividades, con esto manifestaré el gran respeto que tengo por ti.
3. COMPROMISO DE ORACIÓN
Me comprometo a orar por ti todos los días, con la convicción de
que nuestro Padre amoroso desea que sus hijos oren unos por otros,
porque pidiendo por otros, Dios nos llena de bendiciones.
4. COMPROMISO DE FRANQUEZA
Prometo esforzarme en ser más abierto, participativo, descubriéndote
mis sentimientos, mis luchas, mis gozos y mis pesares de manera cada
vez más clara. En el grado en que haga esto, significa que no puedo
llevar mi carga sin tu ayuda, que te confío mis necesidades y que te
necesito. Esto constata el valor que tienes para mí como persona.
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5. COMPROMISO DE SENSIBILIDAD
Aún con el deseo y la necesidad que tengo de que me conozcas y
me comprendas, te prometo sensibilidad hacia ti y a tus necesidades.
Tratando de ponerte a ti como el más importante, como nos lo enseñó
Nuestro Señor Jesucristo. Haré siempre un esfuerzo por oírte, verte y sentir
tu presencia. Y si te encuentras en un pozo de desaliento, respetándote
siempre, me comprometo a sacarte de esa situación.
6. COMPROMISO DE HONESTIDAD
Trataré de hacerte ver con amor y respeto mis sentimientos y
sincera reacción a lo que me comunicas. Si esto llegase a producir
dolor a cualquiera de los dos, confío en que nuestras relaciones sean lo
suficientemente firmes, auténticas y maduras que permitan tomar este
riesgo, considerando que al hablar la verdad con amor, nos ayuda a
crecer en Cristo quien es la cabeza. Trataré de ser sincero y honesto
contigo, por eso me esforzaré en ser prudente y nunca buscar dañarte.
7. COMPROMISO DE CONFIDENCIA
Prometo completa discreción en todo lo que se diga en nuestras
pláticas para que de esa manera podamos crear una atmósfera de
confianza que invite y de nacimiento a la franqueza y a la libertad en
el espíritu. Por eso recordaré siempre que lo que aquí se dice, aquí se
queda.
8. COMPROMISO DE RESPONSABILIDAD
Comprendo que aquellos dones que Dios me ha dado para el bien
común deben ser donados para tu beneficio. Si llegase a descubrir que
en mi vida hay ciertas áreas de opresión o de heridas, que den lugar
a recelos y agresión, debido a mis propias acciones desordenadas o a
causa de otros, prometo buscar la fuerza liberadora de Cristo por medio
del Espíritu Santo, los Sacramentos, la dirección espiritual y por mis
hermanos de comunidad para así poder compartirte una vida más sana.
Mi responsabilidad contigo es la de ser lo que Dios quiere que yo sea
para ti: un servidor maduro y responsable.
9. COMPROMISO DE RESPETO A TU DIGNIDAD COMO
HIJO E HIJA DE DIOS
Dios nuestro Padre, en mi encuentro personal con él, me hizo
comprender que es el Padre amoroso y misericordioso de todos los seres
humanos y que a todos nos quiere por igual. Por el amor infinito que
le tengo, me comprometo en no hablar nunca mal de un hermano o
hermana, ya que comprendo que aparecerán tentaciones que pretenden
destruir la comunión y armonía. Por eso buscaré dialogar con amor y
total respeto con todos.
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Primera Parte
ANNIBALE CARRACCI,
Bautismo de Jesús, 1560-1609,
S. Gregorio, Bologna.
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EL KERIGMA PARROQUIAL O
REINICIACIÓN CRISTIANA
Por la fe sabemos que quienes seremos discípulos misioneros de
Jesucristo, ya lo buscamos (cfr. Jn 1,38), aunque no seamos plenamente
conscientes; pero es el Señor mismo quien nos llama “Sígueme” (Mc 1,14).
Si somos sinceros con lo que percibimos, debemos descubrir el sentido
más hondo de esta búsqueda, para propiciar el encuentro con Cristo que
da origen a la Iniciación cristiana, que consiste en el camino primero
para hacernos cristianos, aceptando desde lo más profundo a Dios Padre
como Único Dios Vivo y Verdadero, a Jesucristo como único Señor y
Salvador y al Espíritu Santo como única luz santificadora. Ya que hoy
“son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical,
ni reciben con regularidad los Sacramentos, ni se insertan activamente
en la comunidad eclesial… [Existimos] un alto porcentaje de católicos
sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una
identidad cristiana débil y vulnerable” (DA 286).
“La iniciación cristiana, que incluye el kerigma, es la manera
práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado”
(DA 288)
. Este camino se va confirmando con la celebración y vivencia
de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, que en su
conjunto son llamados Sacramentos de la Iniciación Cristiana.
En nuestros días somos muchos los cristianos que hemos recibido
estos sacramentos, pero esto no quiere decir que hayamos optado
decididamente por Cristo, su enseñanza y su vida comunitaria en el seno
de la Iglesia. Somos muchos los sacramentalizados (quienes recibimos
sacramentos), pero muy pocos evangelizados (quienes se arriesgan a
ser discípulos misioneros, valientes transformadores del mundo por la
justicia, la paz y el amor, a imagen de Jesucristo).
Por tal motivo, en esta primera parte titulada: La vida de Jesucristo
resucitado, en la vida del Verdadero Discípulo Misionero a través de
los Sacramentos de Iniciación; después de la vivencia del Encuentro
Misionero Parroquial, que nos ofreció la oportunidad de experimentar
la conversión personal a través de la predicación del kerigma, ahora
nos abrimos a una nueva experiencia kerigmática de mayor amplitud
y trascendencia, el kerigma parroquial, es decir, una conversión en
comunidad, que nos ayude a iniciar un proceso de conversión pastoral
que nos haga regresar como familia nueva y reconciliada a la casa del
Padre.
Este kerigma parroquial, nos guiará por el camino de los sacramentos
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de iniciación; esto no quiere decir que nos volveremos a bautizar, ni
confirmar, sino más bien, que tendremos la oportunidad de renovarnos
en ellos, ya que hemos convertido los sacramentos en un acto solitario
en la historia y abandonados en ese pasado; pero en realidad, no lo son,
puesto que como transmisores eficaces de la gracia divina que salva, son
vivos y actuales en todo momento.
Esta realidad nos hará vivir diariamente nuestro Bautismo, es decir,
experimentarnos con renovada novedad día a día el ser hijos de Dios y
liberados por Jesucristo de la soledad y el sin sentido, de esta manera
nos abre a la fe.
De igual forma viviremos nuestra Confirmación, es decir, nuestra
decisión libre, auténtica y arriesgada de ser testigos de Cristo en todo
lugar y circunstancia, sin duda que así estaremos abiertos a la esperanza.
También viviremos como hombres y mujeres eucarísticos, capaces
de donarnos para la vida del mundo y permanecer con las manos abiertas
a la gratitud por los regalos cotidianos que sólo vienen de Dios, como
la donación de su Hijo hecho alimento, abriéndonos decididamente al
amor que nos conduce al perdón que transforma nuestras estructuras de
explotación, violencia y desigualdad.
Haciendo el camino de la Iniciación cristiana, se llega a ser
Verdadero Discípulo Misionero de Jesucristo, es decir, hombres y mujeres
adultos en la fe; esto implica: “que tenga como centro la persona de
Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de
toda madurez humana y cristiana; que tenga espíritu de oración, sea
amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la
Eucaristía; que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social,
sea solidario en el amor y fervoroso misionero” (DA 292).
Sólo en la comunión de la Iglesia que Jesucristo ha rescatado
y alimenta, podremos tener vida, una “vida que sólo se desarrolla
plenamente en la comunión fraterna y justa” (DA 359).
Por eso una vida nueva sin la comunión en la Parroquia, es ficticia
y silenciosamente perjudicial para la vida de la fe, ya que “la vida se
acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De
hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad
de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. El
Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia
vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se
vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo:
‘Quien aprecie su vida terrena, la perderá’ (Jn 12,25). Aquí descubrimos otra
ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que
se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (DA 360).
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Porque es desde las Parroquias en este inicio del tercer milenio que
“hay que anunciar lo que Jesucristo ‘hizo y enseñó’ (Hch 1,1) mientras estuvo
con nosotros” (DA 172). La “comunidad parroquial se reúne para partir el
pan de la Palabra y de la Eucaristía y perseverar en la catequesis, en la
vida sacramental y la práctica de la caridad” (DA 175).
“La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación
cristiana y tendrá como tarea irrenunciable: iniciar en la vida cristiana
a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados: educar en
la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su
iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado
el kerigma, quieren abrazar la fe” (DA 293).
Esta primera parte del catecismo nos conduce hasta el lugar preciso
para crecer en la fe en el Dios Uno y Trino: la Parroquia, lugar donde
cada uno crece personalmente pero siempre con la responsabilidad de
la vida comunitaria.
Agradecemos a Dios y al trabajo de la hermana Diócesis de Querétaro,
quienes nos ofrecieron los cimientos del trabajo para esta primera parte
de nuestro Catecismo de Iniciación cristiana.
LOS DESTINATARIOS DEL KERIGMA PARROQUIAL SOMOS
TODOS
Las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de san Marcos, dan a
la evangelización que el Señor confía a sus Apóstoles, una universalidad
sin fronteras: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a
toda criatura” (Mc 16,15).
Al decir “todo el mundo”, se descubren diferentes desafíos, urgencias
y particularidades; realidades todas ellas que hay que conocer a fondo,
como una condición, para que se logre el encuentro permanente con el
Señor Jesús en comunidad, facilitando un nuevo estilo de vida a través
del proceso evangelizador.
Nuestra Diócesis abierta al espíritu de la Misión permanente
impulsada por la celebración de la V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano, reunidos en la ciudad de Aparecida en
Brasil, y por las dificultades de vivir una fe madura, desea iniciar este
proceso de conversión con la proclamación del Kerigma a todos los
bautizados, los cercanos, los lejanos y los indiferentes a la fe, para que
todos recomencemos desde Cristo (cfr. DA 41).
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INDICACIONES PRÁCTICAS PARA EL MANEJO DE ESTA
PRIMERA PARTE
Para la preparación de la Reiniciación cristiana o Kerigma
parroquial:
1. Se deberá formar un equipo de 6 catequistas, coordinado por
un sacerdote de la Parroquia que acompañe cada ciclo de Reiniciación
cristiana que dará inicio en cada Parroquia: Este grupo se puede integrar
por las personas que ya han vivido el Encuentro Misionero Parroquial,
así como por personas apostólicas de la comunidad y de los diversos
Movimientos existentes en la Parroquia y que desean recomenzar
la educación de su fe en una catequesis permanente de adultos en
profunda comunión con la Parroquia. Dentro del grupo de Reiniciación
cristiana se deberán formar pequeños grupos de 12 a 18 personas, con la
intención de que vaya integrando lo que al final de esta etapa serán las
Pequeñas Comunidades de Catequesis de Adultos quienes se reunirán
en los barrios de la Parroquia. Se sugiere que cada ciclo de Reiniciación
cristiana comience cada 4 meses.
2. El equipo, además de ver bien los encuentros kerigmáticos y de
preparar todo lo necesario para cada uno de ellos (lugar, cantos, signos,
etc.), debe ser consciente de que sin preparación espiritual (oración,
confesión, eucaristía y Lectio Divina), no puede ser buen instrumento
del Espíritu Santo, y menos se podrá ser testigo alegre y entusiasta de
Jesucristo vivo, que nos llama al cambio de vida y a asumir su proyecto
de vida nueva.
3. En relación con los participantes, hay que tener en cuenta que
la Reiniciación cristiana consta de 15 Encuentros Kerigmáticos y 3
Celebraciones, y que cada encuentro kerigmático o celebración exige
un tiempo de dos a tres horas. Es importante garantizar la puntualidad y
asistencia de los participantes, ya que los encuentros kerigmáticos son
como una cadena que no puede interrumpirse. Por eso, si alguien falta
a más de tres, puede decirse que ya no se garantiza la finalidad de la
Reiniciación cristiana. Para esto sugerimos estar al pendiente de animar
a algún integrante de su grupo que llegue a faltar, haciéndole una visita.
Para la realización de la Reiniciación cristiana o Kerigma
parroquial:
1. En cada encuentro kerigmático se necesitan dos horas
aproximadamente.
2. Las celebraciones están presentadas como “culmen y fuente”
de cada uno de los bloques de encuentros kerigmáticos relacionados
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con la iniciación cristiana, es decir: el Bautismo, la Confirmación y la
Eucaristía. Por esta razón consideramos que se podría faltar hasta dos
o tres temas, pero eso sí, a ninguna celebración, para poder entrar en
el proceso de conversión, comunión y solidaridad parroquial que se
pretende.
3. El primer bloque de encuentros kerigmáticos está centrado en
promover y suscitar la conversión personal y comunitaria, el segundo,
en la comunión y el tercero en la solidaridad. La idea es concluir el
Kerigma parroquial formando las Pequeñas Comunidades de Catequesis
de Adultos. En este sentido, los encuentros kerigmáticos doce, trece y
dieciséis son indispensables, ya que en ellos, además de presentar lo
que es y lo que hace la Iglesia, se presenta la propuesta concreta para
organizar y estructurar también los Centros de Evangelización en la
Parroquia.
4. Es importante repetir una vez más que el kerigma es una
proclamación ungida, testimonial y gozosa. No es enseñar ni instruir.
No es una investigación teológica o exegética, el Kerigma es la persona
misma de Jesús, el Evangelio de Dios con el que hay que encontrarse
y abrazarse. El Papa Juan Pablo II dice que es necesario llegar a un
“Encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y de corazón palpitante con
el Señor resucitado” (DSD, Mensaje).
5. Los pasos dos y tres de cada encuentro kerigmático (2. Escuchamos
y comprendemos la Palabra de Dios, 3. Descubrimos lo que nos dice
Dios a nuestra vida), tienen por lo menos dos finalidades que hay que
tener bien claras:
a). Son una herramienta para que el evangelizador prepare bien,
y en el momento 3, ya no lea, y pueda así, tener claras ideas y los
testimonios en la predicación.
b). Son un instrumento para que cada participante al Kerigma
parroquial, se lleve como tarea la lectura del tema y pueda hacer su
síntesis personal en clave de compromiso personal y comunitario.
Para después de la Reiniciación cristiana o Kerigma parroquial:
1. La Reiniciación cristiana cumple con su objetivo cuando después
de él, quedan establecidas las Pequeñas Comunidades de Catequesis de
Adultos (PCCA). Por eso el encuentro kerigmático 12 es indispensable y
merece un cuidado especial de los sacerdotes y del equipo de catequistas,
para ver su feliz aterrizaje dentro de los Centros de Evangelización de la
Parroquia.
2. Una vez establecidas las Pequeñas Comunidades de Catequesis
de Adultos se iniciará una experiencia de unificación e identificación
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comunitaria en torno a la familia o Iglesia doméstica. Es aquí donde
inicia la conformación de las Comunidades, al compartir nuestro camino
de vida con nuestra familia de origen y nuestra familia de opción. Una
experiencia que nos ayudará a descubrir el rostro de Dios en nuestra
familia y encontrar en nuestra comunidad una prolongación de la misma
Iglesia Doméstica - Iglesia comunitaria - Iglesia Parroquial, pues todos
formamos una familia al ser hijos de un mismo Padre.
3. Una vez concluida esta experiencia aprenderán a leer y a orar con
la Biblia a través de la Lectio Divina y recibirán su catequesis permanente a
través de la Lectio pastoralis. Estas Pequeñas Comunidades irán renovando
la organización parroquial de tal modo que se garantice el seguimiento,
la comunión y la participación de todos. De ahí la importancia de la
sectorización de la Parroquia en los Centros de Evangelización, donde
se debe realizar la programación de las actividades de acuerdo a las
necesidades surgidas del proceso parroquial y de cada Centro de
Evangelización.
3. De esta manera, puede nacer o fortalecer el proceso de
evangelización en la Parroquia, evitando el error de hacer catequesis sin
la base de la apertura del corazón, es decir, el kerigma; pero también
evitar proclamar el kerigma sin una continuidad en la catequesis
permanente.
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CATEQUESIS 1
VER:
Cada uno debe traer para la próxima semana un objeto de su casa,
debe ser algo que tenga tiempo en casa, que sea importante para ti, no
importa lo que sea (una olla, un mantel, un cuadro, una cuchara…)
Leamos juntos la parábola del vaso.
El vaso que habla
Existe un vaso de aluminio. De aquel antiguo, bueno y brillante. El
mango está roto pero le confiere un aire de antigüedad. En él bebieron
los 11 hijos, de pequeños a grandes. Acompañó a la familia en sus
muchas mudanzas. Del campo al pueblo; del pueblo a la ciudad; de la
ciudad a la metrópolis. Hubo nacimientos. Hubo muertes. El participó
en todo; vino siempre al lado. Es la continuidad del misterio de la vida
en la diferencia de situaciones vitales y mortales. El y ella permanecen.
Está siempre brillante y antiguo. Creo que cuando entró en casa ya debía
ser viejo, con esa vejez que es juventud, porque genera y da vida. Es la
pieza central de la cocina.
Cada vez que se bebe por él no se bebe agua sino la frescura, la
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dulzura, la familiaridad, la historia familiar, el recuerdo del niño ansioso
que se sacia tras la sed. Puede tratarse de cualquier agua. En este vaso
siempre será fresca y buena. En casa todos los que quieren matar la sed
beben por él y como en un rito exclaman: ¡Qué bien se bebe por este
vaso! ¡Qué buena es el agua de aquí! Y en realidad se trata del agua
que, según los periódicos, es tan mal tratada. Llega del río inmundo de
la ciudad, llena de cloro. Pero, gracias al vaso, el agua se convierte en
buena, saludable, fresca y dulce.
Un hijo regresa. Recorrió el mundo. Estudió. Llega, besa a la madre,
abraza a los hermanos. Se matan añoranzas sufridas. Las palabras son
pocas. Las miradas, largas y minuciosas: hay que beber al otro antes
de amarlo; los ojos que beben, hablan el lenguaje del corazón. Sólo
tras haber mirado, la boca habla de las superficialidades: ¡Qué gordo
estás! ¡Sigues igual de guapo! ¡Qué mayor te has hecho! La mirada no
dice nada de eso; habla lo inexplicable del amor. Sólo la luz entiende.
“Madre, tengo sed, quiero beber del vaso viejo”.
Y el hijo ha bebido de tantas aguas... Las aguas de Alemania, de
Inglaterra, de Francia, la buena agua de Grecia. Aguas de las fuentes
cristalinas de los Alpes, del Tirol, de las fuentes romanas, el agua de
S. Francisco. Tantas aguas... Pero ninguna es como ésta. Se bebe un
vaso. Y no para matar la sed corporal. Esa, la matan todas las demás
aguas. Para matar la sed de las raíces familiares, la sed de las tradiciones
paternos, la sed fraterna, antigua, de las raíces de donde llega la savia
de la vida humana. Esa sed sólo la puede matar el tanque. Se bebe un
primer vaso. Apresuradamente. Termina con un largo suspiro como de
quien se hundió y sale a superficie. Después bebe otro. Lentamente. Es
para degustar el misterio que contiene y significa ese vaso (Leonardo BOFF, Los
sacramentos de la vida, Ed. Sal Terrae, Santander, 2008, pp. 27-29).
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1. ¿Por qué el agua del vaso es buena y dulce, saludable y
fresca?
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✓✓ 3. ¿Qué relación crees que existe entre el vaso de la parábola,
el objeto que trajiste y los sacramentos?
ILUMINAR:
Lo material es lugar de encuentro entre el hombre y Dios
Para acércanos a la vida interior de los Sacramentos es necesario
tratar el mundo material que nos rodea con mucho respeto, porque
nuestro espíritu está en convivencia permanente con él. Este espíritu
es como un río subterráneo que alimenta los manantiales, y éstos a los
ríos que están en la superficie. No lo vemos, pero es lo más importante,
recordemos que “lo escencial es invisible a los ojos”, porque hace que
cualquier cosa material tome un valor como el vaso o el objeto que
trajiste de tu casa, pero no solo las cosas toman valor, sino que también a
nosotros nos humaniza para relacionarnos con las cosas de una manera
sana y responsable. Solo el espíritu puede detectar el sentido secreto
de todo lo que nos rodea, siempre y cuando escuchemos con respeto y
atención el mundo material que nos rodea.
El hombre es el único ser capaz de leer el mensaje del mundo y
logra interpretar su significado. En realidad vivir es leer e interpretar.
En lo pasajero puede leer lo permanente; en lo temporal, lo eterno; en
lo pequeño, lo inmenso, en el mundo, a Dios. De esta manera en lo
pasajero se deja entre ver la señal de la presencia de lo permanente; lo
temporal, es símbolo de la realidad de lo eterno; en el mundo el gran
sacramento de Dios. Todo lo material no es sino una señal. ¿Señal de
qué? De otra realidad, la realidad creadora de todas las cosas, de Dios.
Todas las cosas materiales en la medida en que nos familiarizamos con
ellas, se convierten en señales y símbolos del encuentro, del esfuerzo, de
la conquista, de la interioridad humana. Podríamos decir que los objetos
domesticados comienzan a hablar y a contar la historia de la convivencia
con el hombre. Seguramente en tu casa puedes encontrar un cuadro,
una imagen, una olla, un anillo, algo con lo que haz convivido por años
que te habla de una historia, al verlo, te hace recordar la vida a tal grado
que enriquece y actualiza la que estamos viviendo hoy. Podríamos decir
que se transfigura en sacramento.
Las cosas son portadoras de salvación y de un Misterio. Son portadoras
de Dios y lugar del encuentro de salvación. La materia es sacramental,
porque nos habla a través de ella de otra realidad aún más grande.
Ahora bien, si toda materia es sacramento de la acción de Dios, el
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lugar por excelencia del encuentro y la acción salvífica de Dios a favor
nuestro es Jesucristo, Sacramento Primerísimo de Dios. Con su ascensión
y desaparición a los ojos humanos, la densidad sacramental de Cristo
pasó a la Iglesia, que es el Sacramento de Cristo dándolo al mundo
a lo largo del tiempo. El sacramento universal de salvación que es la
Iglesia, se hace vivo y al alcance de nosotros en los diversos momentos
importantes de la vida, por eso los siete sacramentos, como veremos
más delante.
¿Qué es un sacramento?
El sacramento es, por esencia, recuerdo de un pasado y de un futuro,
vividos en un presente. Así lo material que tiene el sacramento dejó
de ser una simple cosa, convirtiéndose en una realidad viva, como el
vaso de la parábola. Habla. Podemos oír su voz y su mensaje. Poseen
un interior y un corazón. En otras palabras: son señales que contienen,
exhiben, rememoran, visualizan y comunican otra realidad diversa de
ellas, pero presente en ellas.
Sacramento significa, justamente, esa realidad del mundo que, sin
dejar el mundo, habla de otro mundo, el mundo humano de las vivencias
profundas, de los valores incuestionables y del sentido planificador de
la vida.
San Ireneo decía: “Ante Dios nada es vacío. Todo es una señal de Él”
(Adv. Haer. 4,21)
. De esta manera el hombre no es sólo hombre; es el mayor
sacramento de Dios, de su inteligencia, de su amor y de su misterio. Jesús
de Nazaret es más que el hombre de Galilea. Es el Cristo, el sacramento
vivo de Dios, encarnado en Él. La Iglesia es algo más que la sociedad
de los bautizados; es el sacramento de Cristo resucitado, haciéndose
presente en la historia. Así el sacramento no saca al hombre de su
mundo. Le exige a que mire con más profundidad dentro del corazón
del mundo.
Jesucristo el sacramento del encuentro con Dios
Dios marcó su encuentro con el hombre en todas las cosas que Él
había creado. En ellas el hombre puede encontrar a Dios. Sin embargo,
Jesucristo es el lugar de encuentro por excelencia: en Él Dios está de
forma humana y el hombre de forma divina. A través del hombre-Jesús
se llega a Dios y a través del Dios-Cristo se llega al hombre. Él es camino
y meta final del camino.
Ahora bien, si en la Iglesia todo es sacramento, ¿por qué entonces
los siete sacramentos? Porque si observamos con detenimiento, los siete
sacramentos traducen, al nivel ritual, los momentos fundamentales de la
vida humana. Son una especie de nudos vitales donde se entrecruzan
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las dos líneas decisivas del sentido de la vida humana: lo lejano (lo
que significa, lo que está en lo profundo) y lo cercano (lo que se ve,
se escucha y se siente). En estos nudos vitales el hombre siente que
la vida no se sustenta en sí misma. Él la posee pero como recibida.
Experimenta lo siguiente: Yo nunca vivo, sino que siempre con-vivo. En
estos siete momentos claves de la vida, se experimenta la participación
de una fuerza que nos rebasa pero que se manifiesta en nuestra vida, es
decir, de Dios. Los ritos exteriores de los sacramentos dan cuerpo a esta
experiencia profunda y quizás hasta inconsciente. Donde se experimente
profundamente la vida, allí se experimenta a Dios.
Los siete sacramentos desdoblan y subliman los momentos –
clave de la vida
El nacimiento es claramente un momento fuerte de la vida. Ha
llegado el niño. Es pura gratuidad. Depende de la buena voluntad de los
demás el que sea aceptado en la familia y sobreviva. El Bautismo eleva
esa dependencia en cuanto dependencia de Dios y la enaltece como
participación en la vida de Cristo.
Otro momento clave de la vida es aquel en que el niño, ya crecido y
libre, se decide. Ya maduró; entra en la sociedad de los adultos. Ocupa
su lugar en el mundo profesional. Se trata de un giro importante de su
vida en el que se juega, en parte, su destino. El hombre siente de nuevo
que depende de una fuerza superior; experimenta a Dios. El sacramento
de la Confirmación es el sacramento de la madurez cristiana. Entonces
se dice, Dios es verdaderamente importante en mi vida.
Sin alimento la vida no se mantiene. Cada comida permite al hombre
hacer la experiencia gratificante de que su ser está ligado a otros seres.
Por eso la comida humana va rodeada de ritos. La Eucaristía eleva el
sentido profundo del comer como participación de la misma vida divina.
Otro momento central lo constituye el matrimonio. El amor vive de
la gratuidad mutua. Los lazos que lo unen son frágiles porque dependen
de la libertad. Se hace una experiencia que escapa al hombre, la de la
garantía de la fidelidad. Depende e invoca la fuerza superior que es
Dios. El sacramento hace evidente la presencia de Dios en el amor.
La enfermedad puede amenazar la vida humana. El hombre es
conciente de su limitación. De nuevo experimenta su dependencia. El
sacramento de la Unción de los Enfermos expresa el Poder salvífico de
Dios.
Existe una experiencia profunda que realiza todo hombre: la
experiencia de la ruptura culpable con los otros y con Dios. Se siente
dividido y perdido. Anhela la redención y la reconciliación con todas las
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cosas. El sacramento del retorno (Reconciliación) articula la experiencia
del perdón y el encuentro entre el hijo pródigo y el Padre bondadoso.
Vivir un mundo reconciliado y no fracturado, poder realizar la
reconciliación universal y la paz: he ahí el secreto deseoso que inspira
la búsqueda de la felicidad. El sacramento del Orden sacerdotal unge
personas para que vivan la reconciliación y las consagra al servicio
comunitario para la construcción de la reconciliación.
¿Qué significa el número siete de los Sacramentos?
El concilio de Trento (1545 – 1563) definió: Los sacramentos son
siete, ni más ni menos. Hemos de comprender bien esta definición.
Lo esencial no es el número siete, sino los ritos contenidos en esta
enumeración. Hay que entender el número siete simbólicamente. No
como una suma del -1 -1, etc…, hasta siete, sino como el resultado de
3 + 4. La sicología profunda, el estructuralismo, pero ya antes la Biblia
y la Tradición, nos enseñan que los números 3 y 4 sumados forman
el símbolo específico de la totalidad donde conviven en armonía una
diversidad de realidades.
El 4 es símbolo del cosmos (los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y
aire), del movimiento y de la realidad concreta, presente (la inmanencia).
El 3 es el símbolo de lo Absoluto (Trinidad), del espíritu, del descanso
(la transcendencia). La suma de ambos, el número 7, significa la unión
de lo concreto, presente (lo inmanente) con lo totalmente otro, lo que
está más allá (lo transcendente), la síntesis entre movimiento y descanso,
y el encuentro entre Dios y el hombre, es decir, el Verbo encarnado de
Dios, Jesucristo. Con el número 7 queremos expresar el hecho de que la
totalidad de la existencia humana en su dimensión material y espiritual
está consagrada por la gracia de Dios.
Cada vez que penetramos a la profundidad de nuestra existencia,
ya sea asistiendo al nacimiento de nuestra vida, ya sea viéndola crecer,
conservarse, multiplicarse, consagrarse, recuperarse de las rupturas
demoledoras, no tocamos únicamente el misterio de la vida, sino que
penetramos en aquella realidad de Sentido absoluto que llamamos Dios
y en la de su manifestación en el mundo que llamamos gracia. En el
coincidir de la vida con la Vida se realiza el sacramento. La Vida vivifica
a la vida. Gracias al sacramento.
En resumen, el Sacramento es Jesucristo que nos comunica la vida
de Dios a través de un rito, verdadero encuentro que exige respeto y
apertura para llenarnos de ella.
ACTUAR:
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EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1. Después de lo reflexionado, escribe con tus palabras ¿qué es
un sacramento?
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PREGUNTAS A REFLEXIONAR (TAREA)
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees conviente
agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterior, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué son los sacramentos? y ¿Cuántos son
los sacramentos de la Iglesia?
✓✓ Expliquemos uno a uno a nuestros hijos los siete sacramentos
✓✓ Qué cosas tenemos en nuestra familia que podríamos llamar
sacramentos
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
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Encuentro Kerigmático 1
MICHELANGELO BUONARROTI, +
Adán, Particular de la Creación,
Capilla Sixtina, Roma.
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OBJETIVO:
Descubrir el valor que tengo como persona humana, por ser imagen
y semejanza de Dios, creado único e irrepetible, por amor, con amor y
para el amor, para amarme a mí mismo y así estar capacitado para amar
a Dios y a mis prójimos.
COMPROMISO DE RESPETO A TU DIGNIDAD COMO HIJO
E HIJA DE DIOS
Dios nuestro Padre, en mi encuentro personal con él, me hizo
comprender que es el Padre amoroso y misericordioso de todos los seres
humanos y que a todos nos quiere por igual. Por el amor infinito que
le tengo, me comprometo en no hablar nunca mal de un hermano o
hermana, ya que comprendo que aparecerán tentaciones que pretenden
destruir la comunión y armonía. Por eso buscaré dialogar con amor y
total respeto con todos.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: DIOS ESTA AQUÍ
ORAMOS: Salmo 139 (138).
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Y así sucesivamente. Respondiera ¿Qué sientes al mirarte a ti
lo que respondiera, no parecía mismo?
poder dar una respuesta
satisfactoria a la pregunta “¿quién
eres?”
-Soy cristiana.
“Te he preguntado quién eres, no
cuál es tu religión”.
Escribe cinco cosas que expresen
-Soy una persona que iba todos quién eres:
los días a la iglesia y ayudaba a los 1. __________________________
pobres y necesitados. 2. __________________________
“Te he preguntado quién eres, no 3. __________________________
lo que hacías”.
4. __________________________
Evidentemente no consiguió pasar 5. __________________________
el examen, porque fue enviada
de nuevo a la tierra. Cuando se
recuperó de su enfermedad, tomó
la determinación de averiguar
quién era. Y todo fue diferente.
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tú, por mucho que te le parezcas; esto supone entonces que cada uno
somos valiosos como cualquier otro. El primero en valorarte es Dios. Él
te ama tal como eres porque Él te creó así. Por lo tanto si Él te ama así,
¿por qué tú no te has de amar también?
2. Debes ser amigo de ti mismo
Pocos son los que se valoran a sí mismos y se sienten gustosos de sí
mismos. Recuerda cómo te sentiste ante tu imagen reflejada en el espejo.
La mayoría suele sentirse incómodo, a disgusto consigo mismo. Algunos
caen en la cuenta de que son ellos mismos sus críticos más constantes y
severos de todo tipo de detalles: forma de hablar, de caminar, de reír, de
comportarse ante los demás, etc. Señalan exclusivamente sus defectos,
como si fueran enemigos de sí mismos. Quienes hemos actuado como
enemigos de nosotros mismos, necesitamos pedirnos perdón y decirnos
a nosotros mismos: “De ahora en adelante trataré de ser tu amigo.
Me fijaré en tus cualidades y te las diré, sin desconocer también tus
debilidades. Me fijaré más en tus talentos y tu bondad que tus defectos
y limitaciones”.
3. Eres una obra bien hecha
Notemos que el texto bíblico remarca que nada de lo creado es malo
o defectuoso: “vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era
muy bueno” (v.31). Somos una obra bien hecha, aunque al entrar a la
historia es posible que nos desvirtuemos; hemos salido de las manos de
Dios bien hechos y eso es lo primero que nosotros deberíamos ver.
4. Llevamos un letrero en la frente
Es importante descubrir qué actitud hemos tenido hasta ahora para
con nosotros mismos, porque esa misma actitud colorea el modo como
vemos cada parte de la realidad: los demás, Dios, el mundo. La actitud
que tenemos para nosotros mismos funciona como unos lentes, de modo
que si nuestra actitud es favorable o desfavorable para con nosotros
mismos, también lo es para con todo lo demás. Cada uno de nosotros
proyecta su propia imagen.
Más aún, nuestra actitud hacia nosotros mismos determina también
la forma como los demás van a actuar con nosotros. El modo como nos
percibimos escribe un letrero para los demás, un letrero que llevamos en
la frente y nos anuncia e invita a los demás a reaccionar en esa forma.
Si mi letrero dice que yo no valgo mucho, conseguiré escasa atención,
poquito respeto y apoyo. Por el contrario, si el letrero escrito por mis
actitudes dice que soy una persona valiosa, conseguiré que los demás
me valoren, me respeten y me ayuden.
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5. Tus máscaras no logran ocultar lo que en realidad eres
¿Y en el caso de que alguien simule públicamente una personalidad?
No es posible ocultarnos totalmente; nuestras máscaras, muchas veces
transparentes, no logran tapar lo que en realidad somos. La gente
tenemos un sexto sentido que nos hace descubrir si la persona está
siendo genuina o si está adoptando una pose. Podríamos preguntarle a
esa persona que simula: “¿A quién estás tratando de convencer, a ti o a
nosotros?”.
6. Amarás a tu prójimo tanto cuanto te ames a ti mismo
Cuando el Evangelio nos dice que amar a Dios y a los demás requiere
renunciar a uno mismo, Jesús se refiere a renunciar al egoísmo, pues
un amor legítimo a uno mismo es imprescindible para amar a Dios y
al prójimo. Jesús dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como
a ti mismo” (Mt 22, 37-39). Si Jesús pide un amor a los demás como nos lo
tenemos a nosotros mismos, esto significa que si te amas poco, amarás
poco. Amarás tanto cuanto te amas a ti mismo. En otras palabras: “Ámate
a ti mismo y podrás amar a los demás”.
Es imprescindible un amor básico a uno mismo: alimentarnos,
vestirnos, cuidar nuestra salud, asearnos, descansar, convivir con los
demás, etc. Las mismas necesidades que tienen los demás las tienes
tú. Si por alguna razón comenzamos a descuidar este amor básico a
nosotros mismos, nuestra capacidad para amar se irá disminuyendo
proporcionalmente. Tener una pobre imagen de uno mismo nos hace
buscarnos más a nosotros mismos de forma enfermiza y nos permite
muy poca libertad para salir hacia los demás. En cambio, a medida que
nuestra actitud hacia nosotros mismos se hace más positiva, entonces ya
no estaremos centrados ansiando tener la aprobación o el afecto de los
demás, sino al contrario, de dar del nuestro a todos y servirlos.
Si no me amo a mí mismo, casi nada me podrá hacer feliz. Sentiré
que la crítica me despedaza, porque en secreto creo que me la merezco.
No seré capaz de aceptar los cumplidos, ni el ofrecimiento de amor que
me den los demás, porque pensaré: “Si de verdad me conocieras, no me
amarías”. Y esta imagen pobre de mí mismo distorsionará todo lo que
yo vea.
Hablando de este tema, decía san Bernardo: “¿Por cuánto tiempo
seguirás prestando tu atención a todo, menos a ti mismo? ¿Acaso eres
para ti mismo un extraño? Y si eres un extraño para ti mismo, ¿no serás
un extraño para los demás? En efecto, quien se porta mal consigo mismo
¿cómo puede ser bueno?”.
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7. Entre más te aprecies tendrás menos riesgos de ser egoísta
¿Puede una persona amarse a sí misma demasiado al grado de caer
en el egoísmo? No, porque el egoísmo es estar centrado en sí mismo. Y
el estar centrado en sí mismo es resultado del dolor, de un vacío interno
por falta de amor y valoración humilde y legítima de sí mismo entre otras
cosas.
Lo que en muchas personas parece exceso de amor a sí mismo, de
hecho manifiesta una ausencia de éste. El egoísmo y el amor verdadero
de sí mismo se oponen radicalmente. No pasa uno sin darse cuenta
desde el aprecio verdadero de uno mismo al egoísmo. En realidad,
cuanto mayor será el aprecio de uno mismo, menos peligro habrá de
caer en el egoísmo. La condición es tener y no perder la humildad. Pero
¿qué es la humildad?
8. Tienes verdadera humildad cuando reconoces tanto lo malo
como lo bueno
Hay quienes piensan que la persona humilde es la que tiene que
rechazar resueltamente cualquier cosa buena de sí misma y sólo
reconocer sus faltas y errores. Piensan que si reconocen sus cosas buenas
caen en el orgullo.
San Ambrosio, obispo de Milán en el siglo IV, propuso que la perfecta
expresión de la humildad se encontraba en el “Magnificat” de la Virgen
María: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi
Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me
llamarán dichosas todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas
grandes el Poderoso. Su nombre es santo” (Lc 1, 47-49).
En su cántico, María reconoce simultáneamente dos cosas: su
pequeñez y su grandeza, las “grandes cosas” que ha hecho en ella “el
que todo lo puede”. Reconoce sus dones, pero no como adquiridos por
sí misma, sino realizados por la acción divina del que todo lo puede.
La virtud de la humildad implica también un reconocimiento de que
estos dones son precisamente eso, “dones” “regalos”. Nuestros dones
proceden totalmente de la bondad de Dios y no de nuestros méritos.
Dios nos ha dotado a cada uno de nosotros con ciertos dones exclusivos.
9. Eres único y tienes una misión que Dios te confió en exclusiva
Dios nos dice a cada uno de nosotros:
“Tú eres único e individual. Exclusivamente tú desde toda la
eternidad; y en toda ella sólo habrá un tú a quien yo amo con amor
eterno. Tu imagen siempre ha tenido lugar acogedor y especial en mi
mundo. Yo te he otorgado un papel muy importante que realizar en mi
mundo. Tú tienes un mensaje único que transmitir; una canción única
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que cantar; un acto de amor único que entregar; un rostro único que
manifestar… Este mensaje, esta canción, esto acto de amor, este rostro,
te lo he confiado a ti, en exclusiva, a tu individual y único tú”.
10. Dios te ama como eres y tiene paciencia para hacer sus
maravillas en ti
Dios te ama tal como eres, y para ayudarte a crecer te pide que
comiences por creer en su amor. Por eso no tengas miedo de reconocer
tanto lo bueno como lo malo que hay en ti. La actitud saludable hacia
uno mismo reconoce y acepta la frágil condición humana. Jesús al venir
al mundo ha tomado nuestra fragilidad, para que caminemos por la
vida tomados de su mano, sintiéndonos contentos de ser lo que somos,
sabiendo que Él nos acepta y nos ama así como somos.
ORAMOS: El Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,
Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí,
Su nombre es Santo, y su misericordia llega a sus
Fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo,
Dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos y enaltece
A los humildes, a los hambrientos los
Colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia
Como lo había prometido a nuestros padres
A favor de Abraham y su descendencia por siempre.
REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ Compartirmos nuesta reflexión personal
✓✓ Comunica a tu pareja todos los dones que descubres en ella (él)
✓✓ Observen las cualidades de algún matrimonio conocido cuya
relación sea madura y afectiva. (¿Cómo le hacen?)
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: Somos diferentes pero valemos igual
✓✓ Cada miembro de la familia expresa con su
lenguaje y de acuerdo a su edad, sus ideas sobre estos tres
puntos:
✓✓ ¿En qué eres diferente a los demás (cuerpo, edad, gustos,
defectos, cualidades, sueños, etc ... )?
✓✓ ¿Piensas que en tu familia algún miembro vale más que los otros?
✓✓ Te sientes respetado, aceptado y tratado como persona en la
casa, en la escuela o en el trabajo?
B) Veamos que sucede en nuestro alrededor.
✓✓ Si hay alguna persona que nos ayude en la familia, ¿lo tratamos
con respeto y afecto como a alguien creado a imagen y semejanza
de Dios?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto.
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Encuentro Kerigmático 2
EDVART MUNCH,
El grito, 1893, Museo Munch, Oslo.
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OBJETIVO:
Tomar conciencia de que estamos en el mundo para realizarnos en el
amor a Dios y a los prójimos, ejerciendo un señorío sabio y responsable
sobre las cosas, para no tenerlas como fines sino usarlas como medios
al servicio del amor.
COMPROMISO DE RESPONSABILIDAD
Comprendo que aquellos dones que Dios me ha dado para el bien
común deben ser donados para tu beneficio. Si llegase a descubrir que
en mi vida hay ciertas áreas de opresión o de heridas, que den lugar
a recelos y agresión, debido a mis propias acciones desordenadas o a
causa de otros, prometo buscar la fuerza liberadora de Cristo por medio
del Espíritu Santo, los Sacramentos, la dirección espiritual y por mis
hermanos de comunidad para así poder compartirte una vida más sana.
Mi responsabilidad contigo es la de ser lo que Dios quiere que yo sea
para ti: un servidor maduro y responsable.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: OMNIPOTENTE Y BUEN SEÑOR
ORAMOS: Cántico de san Francisco de Asís.
1. Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyos son los loores, la gloria,
el honor y toda bendición.
A ti sólo, Altísimo, convienen y ningún hombre es digno de hacer de
Ti mención.
2. Alabado seas, mi Señor,con todas tus criaturas, especialmente el
hermano sol, el cual hace el día y nos da la luz.
Y es bello y radiante con grande esplendor, de Ti, Altísimo, lleva
significación.
3. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el
cielo las has formado claras, y preciosas, y bellas.
4. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento, y por el aire,
y nublado, y sereno y todo el tiempo por el cual a tus criaturas das
sustentamiento.
5. Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil,
y humilde, y preciosa y casta.
6. Alabado seas mi Señor, por el hermano fuego, con el cual alumbras
la noche y es bello, y alegre, robusto y fuerte.
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7. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana madre tierra, la cual
nos sustenta y nos gobierna, y produce diversos frutos con coloridas
flores y hierbas.
8. Alabado seas, mi Señor, por quienesperdonan por tu amor y
soportanenfermedad y tribulación.
9. Bienaventurados los que sufren en paz, pues de Ti, Altísimo,
coronados serán.
10. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar;¡Ay de aquellos que
mueran en pecado mortal!
Bienaventurados aquellos que acertaren a cumplir tu santísima
voluntad, pues la muerte segunda no experimentarán.
11. Alabad y bendecid a mi Señor,y dadle gracias, y servidle con
gran humildad.
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feliz. Con esto Jesús logra que el hombre caiga en la cuenta que no es
“haciendo” obras buenas, “cumpliendo” los mandamientos (por mero
cumplimiento), como se obtiene la felicidad y la vida eterna. El solo
esfuerzo humano, los méritos realizados, no son el camino para alcanzar
la felicidad y la salvación. Prueba de ello es la misma insatisfacción que
experimenta este hombre cumplidor. Jesús lo remite a los mandamientos,
porque vividos con amor y por amor, en ellos está la felicidad. Porque
aquel hombre sólo los cumple, no ama.
Entonces Jesús pasa a mostrarle el camino. San Marcos nos cuenta
que Jesús, percibiendo la autenticidad del hombre, “le amó”, y con esto
le mostró el verdadero tesoro, el amor a Dios, para luego indicarle lo
que le daría la felicidad completa. “Vende todos tus tesoros y comparte
con los pobres, que yo te daré un tesoro eterno y la felicidad completa al
seguirme”. En otras palabras, “despréndete de las perlas menos valiosas
para que así puedas adquirir la de más valor”.
San Mateo recoge un detalle más: Jesús le dijo: “Si quieres ser
perfecto” (Mt 19, 21), si quieres ser realmente feliz. Jesús no le obliga, le
propone, porque la felicidad no se logra obligado por un mandamiento
o norma exterior. La felicidad sólo se da si nace de dentro de la persona.
Jesús diría: “El tesoro escondido de gran valor que yo te ofrezco, no es
algo exterior, como tú has tenido los mandamientos. Se trata de una
fuerza interior que brota al experimentar mi amor”.
Al escuchar la propuesta de Jesús, el joven se tambaleó, porque
en eso que Jesús le pedía dejar, él había fundado su esperanza de
felicidad. La propuesta de Jesús no es injusta, porque le está ofreciendo
una felicidad mayor. Sólo queda tomar la decisión, arriesgarse al gran
negocio o dejarlo. El joven tomo la decisión conservadora y se marchó
triste, pues “era un hombre muy rico”.
El hombre escogió el camino antiguo. Prefirió la débil seguridad de
su dinero y la ley. No quiso arriesgarse. Prefirió seguir igual, aunque
insatisfecho; eligió la riqueza aunque toda su vida le fuera a faltar algo.
Se decidió por “tener” más que por “ser”. Había entendido perfectamente
los alcances y las exigencias del Evangelio; pero desgraciadamente se
fijaba más en lo que Jesús le pedía, y se olvidaba de lo que Jesús le
ofrecía.
Lo que Jesús pretendía no era dejarlo pobre, sino hacerlo libre, y
para ello era necesario hacer ese ejercicio de desprendimiento. Después
hubiera disfrutado eso y más, porque dice Jesús que el premio al
desprendimiento por seguirlo no es sólo para la otra vida, sino desde
ahora: Pues el que deje todo por mí y por el Evangelio, “recibirá en el
tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres,
37
hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida
eterna” (Mc 10, 30). La felicidad no consiste en el simple dejarlo todo, sino
en hacerse libre de todo para entregarse a Dios, verdadera riqueza y
fuente de toda riqueza, y hacer lo que Él nos pide hacer.
REFLEXIÓN PERSONAL
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: ¿Pára qué estoy en el mundo?
✓✓ Uno a uno, los miembros de la familia van
pasando y expresan cuales son sus más grandes sueños en esta
vida, lo que les dará la felicidad.
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✓✓ Después de haber compartido todos sus sueños, uno a uno
van haciendo un compromiso de ayudarse mutuamente para
alcanzar ese sueño.
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Conoces a álguien que se considere vacio o insatisfecho a pesar
de tener muchas virtudes?
✓✓ ¿Que personas conoces que han puesto a Dios como la clave de
su felicidad y que verdaderamente lo expresen con su alegría?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
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Encuentro Kerigmático 3
¿Quién es Dios?
Dios es tu Padre y te ama incondicionalmente
ANDREI RUBLEV,
Trinidad, 1411, Galería
Tetriakov, Moscú.
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OBJETIVO:
Descubrir que Dios nos ama incondicionalmente y quiere lo mejor
para nosotros, para abrirnos a su misericordia y gozar de su amor.
I. INTRODUCCIÓN
¿QUIÉN ES DIOS?
✓✓ 1. ¿Cuáles son los mejores y los peores recuerdos que tienes de
tu papá?
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✓✓ 2. ¿Cuáles son las experiencias principales que tienes de Dios?
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lo hace, prueba todo lo que ha pensado: placeres, vicios, mujeres…, y
termina vacío y sin dinero. Al buscar trabajo lo único que encuentra es
un trabajo repugnante, especialmente para un judío: cuidar cerdos, y
bajo las condiciones que le impone un patrón desconocido y en un país
extraño. Tan dura es la situación del hijo menor, que es comparada con
la de los cerdos y éstos salen ganando, pues éstos pueden saciarse con
las algarrobas, en cambio él ni eso puede hacer.
Encontrándose ante esa realidad desesperante, reacciona. Lo primero
que lo hace reaccionar es el hambre, es el verse sin dónde caer muerto:
“¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra…!”. No es que
le haya vuelto el amor a su padre, es la necesidad que está sufriendo.
De aquí pasa a una segunda reflexión: “pequé contra el cielo y contra
ti”. Esta segunda reflexión es muy importante porque reconoce que lo
que le sucede no es por casualidad o mala suerte; sino que ha sido él
mismo quien ha desordenado y arruinado su vida. Precisamente eso es
el pecado: destruir el proyecto de Dios para con nosotros “pequé contra
el cielo” y destrozar la relación con los prójimos “y contra ti”.
Consciente de su pecado, no se deja hundir en la desesperación,
sino que toma la mejor decisión: volver a su padre. Pero ¡con qué cara
se va a presentar a su padre! El pecado ha dejado una honda huella en
él, percibe en su interior la angustia de la ruptura que ha hecho con su
padre, ya no se siente hijo: “no merezco llamarme hijo tuyo…” de modo
que sólo aspira a la supervivencia como jornalero: “… trátame como a
uno de tus jornaleros”. Siente que ya no será como antes. Ignora lo más
importante: que la misericordia de su padre está muy por encima de su
pecado.
El hijo mayor
Ha trabajado siempre sin desobedecer una orden, pero no ha
disfrutado de un cabrito por lo menos; por eso mira con enojo a su
hermano, pues su hermano, que sólo ha derrochado, es festejado, ¡y no
con un cabrito, sino con el ternero más gordo! No es que el padre se
haya comportado diferente con él; el padre ha sido siempre el mismo,
pero el hijo mayor ha estado cerrado al amor; se ha engañado solo, ha
pensado que el amor se lo tiene qué ganar cumpliendo; la realidad es
que el amor del padre es gratuito, lo ama por el hecho de ser su hijo, y
si no ha tenido ni un cabrito es porque no ha querido: “todo lo mío es
tuyo”. La actitud del hijo mayor manifiesta una falta de amor a sí mismo,
ha tenido un padre bondadoso pero no se ha dejado querer. Esto le
impide entender la misericordia de su padre y rechazar a su hermano, a
quien sólo reconoce como “ese hijo tuyo”.
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El padre
“Su padre lo vio, y, profundamente conmovido”. Esta expresión
refleja la ternura de un amor maternal. Jesús tiene el mismo sentimiento
en varias ocasiones, por ejemplo, con la viuda de Naím ante el féretro
de su hijo (cfr. Lc 7, 14).
“Salió corriendo a su encuentro, lo abrazo y lo cubrió de besos”. La
amistad adulta entre dos hombres se expresaba, a menudo, mediante un
beso. Cuando Pablo parte de viaje, los discípulos de Éfeso lo despiden
con un beso (cfr. Hch 20, 37). Con este gesto el padre manifiesta a su hijo un
amor de amistad. Santo Tomás de Aquino decía que la amistad es la
forma privilegiada del amor, porque es una relación que brota de la
libertad. El padre es padre por naturaleza, pero se convierte en amigo
por opción.
Las siguientes actitudes manifiestan su amor paternal: “traigan en
seguida el mejor vestido y pónganselo; pónganle también un anillo
en la mano y sandalias en los pies. Tomen el ternero gordo, mátenlo y
celebremos un banquete de fiesta”, son signos con los cuales el padre
restituye a su hijo la dignidad perdida.
Al volver el hijo menor, descubre que el padre es muy diferente de la
idea que de él se había forjado, pues no lo trata como él pensaba que lo
trataría. El padre no le ha pedido explicaciones de su comportamiento
ni le ha reprochado su traición, sino que lo ha acogido como hijo,
con un amor maternal, paternal y de amistad. Este reencuentro es
verdaderamente un nuevo nacimiento: “este hijo mío estaba muerto y
ha vuelto a la vida”. Fuera de la casa paterna encontramos la muerte;
retornando al seno misericordioso del Padre, tenemos nueva vida y en
abundancia.
El hijo mayor ha estado siempre en la casa paterna pero se queja
de no haber recibido siquiera un cabrito. El premio de los discípulos es
disfrutar estar en la comunidad y ser lo que son dentro de ella. A muchos
esto les parece poco y, buscando algo más, se salen de la casa como el
hijo menor, o no disfrutan de estar en ella como el hijo mayor.
Pero, ni el egoísmo del mayor, ni la traición del menor, han podido
derrotar la fuerza del amor del Padre. Ambos tienen la oportunidad de
ser reengendrados y tener verdadera vida; el menor, siendo humilde, la
aprovecha; el mayor, por no doblegar su soberbia, no la aprovecha.
47
III. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA
1. Crisis de la figura paterna
Cuando oímos que Dios es Padre, cada uno pensamos en nuestro
propio padre; y las experiencias que tenemos al respecto son muy
diversas. En general, constatamos muchas deficiencias. Por eso decimos
que la figura del papá está en crisis.
Vivimos un tiempo en que se desconoce, se caricaturiza o se
descalifica la función del padre. Son muchos los que la sola palabra
“padre” o “paternidad” les produce rechazo y difícilmente llega hoy a
su corazón, porque no despierta ninguna resonancia feliz o liberadora.
La situación de deterioro es muy variada. Aumentan las familias
incompletas, los divorcios, la unión libre. La familia latinoamericana,
a pesar de la solidez relativa que la caracteriza, sufre también algunas
debilidades de origen que han repercutido hondamente en el modo en
que vive su fe.
El padre, en la mayoría de nuestras familias, es una figura muy débil;
debilidad que, por cierto, esconde detrás del machismo. El padre, sobre
todo a nivel popular, aparece como un dominador, y por lo mismo, no se
le considera como parte de la comunidad familiar, pues los verdaderos
lazos personales suelen darse sólo entre la mamá y los hijos, y entre los
hermanos. El padre es, hasta cierto punto, un extraño. Quizás por ello
sea mayor el festejo a la madre que al padre.
El padre suele estar ausente de casa durante el día y, en general,
carece dramáticamente de capacidad de diálogo personal con la esposa
y los hijos. Su función paternal tiende a reducirse a aportar dinero. Su
forma de trato es normalmente distante y dura, y, en muchos sectores
–agravado por el alcoholismo y la menor educación- llega a brutales
formas de violencia. El padre se convierte muchas veces en el terror de
la casa: en el que grita y pega, en el que termina con la paz cuando llega
por las tardes, en el hombre cruel que golpea a la madre, que es violento,
autoritario e injusto. En muchas familias llegan incluso al extremo de
violar a sus propias hijas. Indudablemente, para niños crecidos en un
ambiente así, la palabra “padre” no evoca ninguna buena noticia.
En otros sectores el padre es más bien el gran ausente del hogar, el
que “por amor a su familia” está siempre ocupado en “cosas importantes”
que no le dejan tiempo para los hijos. La palabra “padre” pasa entonces
a ser para muchos, una palabra que sólo evoca frustración y rebeldía. La
debilidad de la familia latinoamericana ha generado hombres con poca
48
sensibilidad para la grandeza de la paternidad, y ello ha repercutido, sin
duda, en su capacidad de acceso al misterio de Dios Padre, de quienes
se imaginan que es como su padre terreno. Así vivimos hoy una cultura
en “estado de fuga de la casa Paterna” como el hijo pródigo, huyendo o
siendo indiferentes a Dios. Decía un sacerdote: “tiempos sin padre son
tiempos sin Dios… como también, tiempos deseosos de paternidad son
tiempos deseosos de Dios”.
2. Caminos que nos llevan a encontrar el amor paternal de Dios
La experiencia familiar con nuestro padre natural facilita o dificulta
encontrarnos con el amor paternal de Dios, pero no nos determina
fatalmente. Es cierto que la gracia supone la naturaleza, pero también la
gracia tiene poder para sanarla y perfeccionarla.
De ahí que podamos constatar no sólo un camino, sino varios
caminos que Dios usa para ayudarnos a caminar hacia su corazón de
Padre.
El camino normal –que habría sido el único si no hubiera existido
pecado- consiste en que cada hombre aprenda a abrirse al misterio
de la paternidad de Dios a través de la experiencia gozosa del amor
de su propio padre. Este fue, de modo ejemplar, el camino de santa
Teresa del Niño Jesús, después de la muerte de su padre, cada vez que
rezaba “Padre nuestro que estás en el cielo…” sentía el gozo de estar
dirigiéndose, al mismo tiempo, a dos “padres” cuyo rostro siempre había
estado fundidos en su corazón.
Sin embargo, nuestras experiencias son muy diversas. De modo que
ante la falla, pequeña, grande o gigantesca del camino normal, Dios
recurre a otros caminos. Algunos de ellos son:
El camino de las vivencias compensatorias, Dios pone en su camino
otras personalidades paternales. Por ejemplo, un tío, un profesor, un
sacerdote, etc. Capaces de rescatar la verdadera imagen del padre,
dañada por las experiencias del propio hogar.
Otro camino podemos llamarlo el camino incomprensible: lo
recorren aquellas personas a quienes la ausencia de paternidad humana,
en lugar de convertirse en causa de frustración y rebeldía, genera un
hambre tan irresistible de paternidad, que es capaz de conducirlas con
increíble fuerza a Dios, cuando descubren en Él ese rostro de Padre que
con tanto afán han buscado.
Un camino más es el de la propia paternidad: consiste en el
descubrimiento del misterio y de la riqueza de la paternidad a través de
49
la propia experiencia de paternidad, carnal o espiritual. Para muchos
hombres que, a pesar de una triste infancia, han llegado a ser excelentes
padres, han sido los propios hijos (de la carne o del espíritu), los que
despertaron y plasmaron en ellos un corazón de padres. Y esta misma
experiencia gozosa del ejercicio de su paternidad se ha ido convirtiendo
–poco a poco- en el camino de acceso hacia el misterio de la paternidad
de Dios y el abandono filial en sus manos.
3. Dios te ama porque Él es amor
Cualquiera que sea tu experiencia, hoy yo te digo en nombre de
Dios, que Él te ama. Te ama porque Él es Amor, esa es su naturaleza y
esa es su definición: “Dios es amor” (1Jn 4,8).
De Él no puede brotar otra cosa más que amor. Por eso, aunque
hayas sido infiel y pecador, como alguno de los hijos de la parábola, Él
permanece fiel: Él es exactamente como el padre de la parábola. San
Pablo, refiriéndose a Jesucristo, presencia fiel de Dios Padre, dice en su
Segunda Carta a Timoteo: “Si somos infieles, él permanece fiel, porque
no puede contradecirse a sí mismo” (2Tim 2, 13).
El pueblo de Israel lo experimentó muchas veces. Fallaba una y otra
vez, y Dios le tenía paciencia y lo volvía a levantar. Cuando por dejar el
camino de Dios cayó esclavo de Babilonia, Dios no se olvidó de ellos,
los dejó un rato allá para que valoraran lo que era estar fuera de casa
–como hizo el padre de la parábola con su hijo menor- pero luego, por
medio del profeta Isaías les dice: “¿Acaso olvida una madre a su niño
de pecho, y deja de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se
olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15). Y Dios mismo los ayudó a regresar.
Dios no te pone ninguna condición para amarte. No importa lo que
hayas sido o seas en el presente: mentiroso, injusto, egoísta, infiel…, hijo
menor o hijo mayor. Dios te ama incondicionalmente, porque su amor
no cambia. El te ama porque eres su hijo, y si has estado fuera de casa,
te está esperando para demostrarte todo su amor, como al hijo menor.
Independientemente de que tú seas bueno o malo, Él te ama porque el
bueno es Él. Decía Jesús: mi Padre es bueno con todos: “hace salir el sol
sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5, 45).
Antes de que el hijo menor se decidiera a regresar, el padre salía
todos los días a mirar hacia el camino, buscando verlo. Y el día que
lo vio, fue corriendo a su encuentro. Dios está atento para cuando tú
decidas regresar. Más aún, antes de que tú lo busques, Él ya te anda
buscando.
Y cuando el hijo menor apenas se acercaba a la casa, se dio el
50
encuentro, de modo que el hijo ni siquiera tuvo tiempo de terminar
las palabras con las que había pensado presentarse; inmediatamente
el padre ya lo estaba colmando de muestras de amor. Lo primero que
Dios nos pide no es que le amemos, sino que nos dejemos amar por Él.
Por eso dice el apóstol san Juan: “El amor no consiste en que nosotros
hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su
Hijo como víctima por nuestros pecados” (1Jn 4, 10).
A veces nosotros buscamos a Dios y lo queremos amar. Pero nadie
puede amarlo si antes no ha experimentado su amor. Por eso, hoy te
invito a que reconozcas tu realidad de pecador y no esperes a ser bueno
para encontrarte con Dios. Simplemente haz lo que el hijo menor:
preséntate tal cual y déjate alcanzar por Él, que quiere colmarte de su
amor.
4. Ser niños ante nuestro Padre Dios, para poder ser padres,
madres, hermanos y amigos con los demás
El que ha sido alcanzado por el amor de Dios, podrá luego ser
portador de este mismo amor. Y para mantener vivo este amor, es
necesario el cultivo de una profunda actitud de hijo ante Dios Padre,
fuente y origen de toda paternidad, maternidad, filiación, fraternidad,
amistad, esponsalidad… Sin esta filiación, nadie puede poseer las
fuerzas necesarias para plasmar y servir la vida que ha sido puesta en
sus manos. Sólo el que se reconoce como hijo ante Dios, puede ser
buen padre, madre, hijo, hermano, amigo, cónyuge y, en relación con
el mundo, verdadero señor. De ahí el consejo y advertencia que Jesús
hace de ejercitar la actitud de niños: “les aseguro que el que no recibe
el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lc 18, 17).
Con mucho acierto alguien en la Iglesia ha dicho: “la mayor felicidad
para la humanidad actual consiste en que el mundo conquiste de nuevo
la actitud de hijo, porque sólo ésta hace posible que Dios ensanche
plenamente su actitud de Padre”.
El ser hijo ante Dios encierra dos cosas: por una parte, la experiencia
del amor misericordioso del Padre y del arraigo en su corazón, que
suscita confianza, seguridad y paz interior; y por otra parte, la entrega
total a su voluntad, a la misión que él nos confía a cada uno, la cual
implica obediencia, riesgo audaz, disponibilidad al sacrificio y entrega,
muchas veces en grado heroico. En este sentido, cabe imaginarnos cómo
habrá sido la vida del hijo menor posterior a la fiesta.
51
IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS
• En silencio recordamos los textos que hemos meditado.
• Respondemos las siguientes preguntas y compartimos las respuestas.
REFLEXIÓN PERSONAL
REFLEXIÓN CONYUGAL
52
✓✓ Comparte con tu pareja las respuestas del punto 4 y de manera
especial tu oración; exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ Comparte con tu pareja los momentos en que Dios nos ha hecho
sentir su presencia como esposos.
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: “La rosa”
✓✓ Estando todos reunidos como familia
contemplamos una rosa y nos la vamos pasando de mano en
mano y pedimos que cada quien le haga lo que desee, desde
arrancarle una hoja hasta darle una caricia. Terminada la
dinámica la contemplamos y reflexionamos:
✓✓ ¿Cómo estaba la rosa antes de iniciar la dinámica? ¿Cómo quedó
la rosa después de pasar por nuestras manos? ¿Por qué a pesar
de todo la rosa sigue siendo bella? ¿Qué mensaje nos deja?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué familias a nuestro alrededor consideramos que necesitan
sentir nuestro cariño y apoyo?
✓✓ ¿Qué defectos descubro en mis vecinos y cómo podemos hacer
para aceptarlos?
✓✓ ¿Qué cualidades vemos en ellos?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
53
Encuentro Kerigmático 4
MICHELANGELO BUONARROTI,
Adán, Particular de la expulsión del Paraíso,
Capilla Sixtina, Roma.
54
OBJETIVO:
Comprender que el pecado es el origen de nuestra infelicidad, pues
descompone nuestra relación con Dios, los demás, nosotros mismos y el
mundo, para convencernos que necesitamos un Salvador, que se nos ha
dado en Jesucristo, muerto y resucitado.
COMPROMISO DE HONESTIDAD
Trataré de hacerte ver con amor y respeto mis sentimientos y
sincera reacción a lo que me comunicas. Si esto llegase a producir
dolor a cualquiera de los dos, confío en que nuestras relaciones sean lo
suficientemente firmes, auténticas y maduras que permitan tomar este
riesgo, considerando que al hablar la verdad con amor, nos ayuda a
crecer en Cristo quien es la cabeza. Trataré de ser sincero y honesto
contigo, por eso me esforzaré en ser prudente y nunca buscar dañarte.
I. INTRODUCCIÓN
55
✓✓ 5. ¿Por qué sucede esto?
56
han caído en la cuenta de ello, quizás no con todo el convencimiento y
el arrepentimiento, pero se fueron retirando, comenzando por los más
viejos, quedando solos Jesús y la mujer.
Jesús no juzgó a sus oponentes, sólo los llevó a que fueran jueces de sí
mismos y aprendieran a tratar con misericordia a sus prójimos, sabiendo
que ellos también eran pecadores y necesitados de misericordia. Mucho
menos condenó a la mujer, pues él vino a salvar lo que estaba perdido.
Tanta misericordia no significa que Jesús justifique el pecado. Más bien
Jesús ve por separado el pecado y al pecador. Al pecador lo acoge y le
ofrece la oportunidad de recomenzar: “Tampoco yo te condeno. Puedes
irte”. Y ante el pecado, su actitud es de rechazo: “no vuelvas a pecar”.
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
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✓✓ Si hemos sido bendecidos por el amor de Dios, ¿por qué en
algunas ocasiones como pareja no experimentamos su amor?
✓✓ ¿Cómo hemos ido educando a nuestros hijos, en la libertad y
responsabilidad o en la Esclavitud, las amenazas y regaños?
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: ¿Cómo te sientes?
✓✓ En una reunión de todos, cada miembro de la
familia va expresando “cómo se siente” en el hogar y cuáles son
las cosas que le gustan y cuáles no le gustan de su familia.
✓✓ Al final de cada intervención tratemos de llegar a un compromiso:
¿qué puedo hacer YO para cambiar esas situaciones?
✓✓ ¿Qué podemos hacer como familia?
B) Veamos qué sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Cuáles son las “falsas ideas de libertad” que hay en nuestro
ambiente?
✓✓ ¿Cuáles son las situaciones de pecado que vemos a nuestro
alrededor? ¿Cuál es nuestra actitud al observarlas?
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CATEQUESIS 2
¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN?
Y ¿CÓMO SE HACE EL EXAMEN DE CONCIENCIA?
OBJETIVO:
Encontrarnos con la belleza del sacramento de la Reconciliación,
lugar del misterio curativo, consolador y del perdón de Dios, para
frecuentarlo. Aprender a realizar el examen de conciencia, lugar del
encuentro libre y respetuoso con la propia verdad, para arrepentirnos.
INTRODUCCIÓN:
La vida cristiana es guiada y alimentada por Dios mismo,
62
todo es gracia, en realidad. Esta cercanía, él la alimenta a través de
los sacramentos, que podríamos ubicar en 3 familias:
• La primera la forman los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo,
Confirmación y Eucaristía.
• La segunda, los sacramentos de curación: Reconciliación y Unción de
los enfermos. En estos dos sacramentos, Jesucristo se presenta como
médico de nuestro espíritu y de nuestro cuerpo.
• La tercera, los sacramentos de la vida social: Orden sacerdotal y
Matrimonio.
El sacramento de la Reconciliación es conocido con varios nombres,
expresando su profunda riqueza. Se le denomina sacramento de
conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la
conversión, la vuelta al Padre del que el hombre se había alejado por el
pecado.
También se le conoce como sacramento de la penitencia porque
consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento
y de reparación por parte del cristiano pecador.
Es llamado sacramento de la confesión por la declaración y confesión
de los pecados ante el sacerdote, elemento esencial de este sacramento.
En un sentido profundo este sacramento es también una “confesión”,
reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia
para con el hombre pecador.
Se llama sacramento del perdón porque, por la absolución
sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente “el perdón y la
paz”.
Finalmente se le conoce como sacramento de la Reconciliación
porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: “En nombre
de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios” (2Cor 5, 20). El
que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la
llamada del Señor “Ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 24).
VER:
✓✓ Explica con tus palabras qué es para ti el sacramento de la
Reconciliación
63
✓✓ ¿Qué es lo que se te hace más difícil del sacramento de la
Reconciliación?
ILUMINAR:
El sacramento de la Reconciliación lugar de encuentro con la verdad
Una de las pérdidas más trágicas que nuestra Iglesia ha sufrido en
la segunda mitad del siglo XX es la pérdida del Espíritu Santo en el
sacramento de la Reconciliación.
El sacramento de la Penitencia es el lugar privilegiado para profundizar
la identidad de todo auténtico seguidor de Cristo, quien está llamado a
hacer que él mismo y los hermanos se acerquen a la plenitud del amor
de Cristo.
En la oración sacerdotal, Jesús habla a nuestro Padre celestial de
esta identidad: “No te pido que los saques del mundo, sino que los
preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy
del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad” (Jn 17, 15-17). En
el sacramento de la Penitencia, se trata de la verdad en nosotros. ¿Cómo
es posible que no nos guste enfrentar la verdad?
Por eso debemos preguntarnos: ¿no hemos experimentado todavía la
alegría de reconocer un error, admitirlo y pedir perdón a quien hemos
ofendido? “Me levantaré e iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre,
pequé contra el cielo y contra ti” (Lc 15, 18). ¿No conocemos la alegría de
ver, entonces, cómo el Otro abre los brazos como el padre del hijo
pródigo: “su padre lo vio, y, profundamente conmovido, salió corriendo
a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos”?(Lc 15, 20)¿No podemos
imaginar, entonces, la alegría del padre, que nos ha vuelto a encontrar:
“Y comenzaron la fiesta”?(Lc 15, 24) Si sabemos que esta fiesta es celebrada
en el cielo cada vez que nos convertimos, ¿por qué, entonces, no nos
convertimos más frecuentemente?¿Por qué somos tan tacaños con Dios
64
y con los santos del cielo al punto de no dejarlos tan raramente celebrar
una fiesta por el hecho de que no nos hemos dejado abrazar por el
corazón de Papá Dios?
La Confesión nos enseña a dejarnos amar por lo que somos
Con estos comportamientos expresamos que no amamos este
perdón tan directo, como si nos diera miedo tanto amor para nosotros.
Y, sin embargo, Dios nunca se muestra tan claramente como Dios,
como cuando perdona. ¡Dios es amor! Amor es donarse en persona.
Ahora bien, el amor más grande es aquel amor que supera el obstáculo
principal del amor, es decir, el pecado. La gracia más grande es el ser
perdonados, y el don más precioso es el darse como perdón. A través
de los pecadores que experimentan la necesidad del perdón, podemos
conocer la profundidad del Corazón divino. El Señor lo subraya de
modo claro: “Pues les aseguro que también en el cielo habrá más alegría
por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que
no necesitan convertirse”(Lc 15, 7). ¿Cómo es posible que un sacramento,
que provoca tan gran alegría en el cielo, causa tanta antipatía sobre
la tierra? Esto se debe a nuestra soberbia, a la constante tendencia de
nuestro corazón a atrincherarse, a satisfacerse a sí mismo, a aislarse, a
cerrarse sobre sí. En realidad, ¿qué preferimos?: ¿ser pecadores, a los
que Dios perdona, o aparentar estar sin pecado, viviendo en la ilusión
de presumirnos justos, dejando de lado la manifestación del amor de
Dios? ¿Basta realmente con estar satisfechos de nosotros mismos? ¿Pero
qué somos sin Dios? Sólo la humildad de un niño, como la han vivido
los santos, nos deja comprender con alegría la diferencia entre nuestra
pequeñez y la grandeza de Dios.
El fin de la confesión no es que nosotros, olvidando los pecados, no
pensemos más en Dios. La confesión nos permite el acceso a una vida
donde no se puede pensar en nada más que en Dios. Dios nos dice en
el interior: “La única razón por la que has pecado es porque no puedes
creer que yo te amo lo suficiente, que estás realmente en mi corazón, que
encuentras en mí la ternura de la que tienes necesidad, que me alegro por
el mínimo gesto que me ofreces, como testimonio de tu arrepentimiento,
para perdonarte todo aquello que me traes en la confesión”. Sabiendo
de tal perdón, de tal amor, entonces seremos inundados de alegría y
de gratitud. De este modo, perderemos progresivamente el deseo del
pecado, y el sacramento de la Reconciliación se convertirá en una cita
fija de la alegría en nuestra vida. Ir a confesarse significa hacer un poco
más cordial el amor a Dios, sentir, decir y experimentar eficazmente, una
vez más que Dios nos ama; confesarse significa recomenzar a creer y, al
mismo tiempo, a descubrir que hasta ahora nunca hemos confiado de
65
modo suficientemente profundo y que, por eso, debemos pedir perdón.
Frente a Jesús, nos sentimos pecadores, nos descubrimos pecadores, que
significa que hemos dejado de lado lo que Dios esperaba de nosotros.
Confesarse significa dejarse elevar por el Señor a su nivel divino.
El arrepentimiento perfecto se alcanza confesándose
El hijo pródigo abandona la casa paterna porque se ha vuelto
incrédulo. Ya no tiene confianza en el amor del Padre, que lo satisface,
y exige su parte de herencia para resolver por sí sólo todo lo que a él
le interesa. Cuando se decide a volver y pedir perdón, su corazón está
aún muerto. Cree que ya no será amado, que ya no será considerado
hijo. Vuelve sólo para no morir de hambre. Esto es lo que llamamos
arrepentimiento imperfecto. Sin embargo, hacía tiempo que el padre lo
esperaba. Hacía tiempo que no tenía pensamiento que le diera más alegría
que el de creer que el hijo podría volver un día a casa. Tan pronto lo ve,
corre al encuentro, lo abraza, no le da tiempo ni siquiera para terminar
su confesión, y llama a los sirvientes para hacerlo vestir, alimentar y
curar. Y precisamente porque el padre le hace sentir un amor tan grande,
el hijo, en ese momento, comienza también a sentirlo nuevamente,
dejándose colmar. Un arrepentimiento inesperado le sobreviene. Este
es el arrepentimiento perfecto. Sólo cuando el padre lo abraza, él mide
toda su ingratitud, su insolencia y su injusticia. Sólo entonces retorna
verdaderamente, se vuelve a convertir en hijo, abierto y confidente con
el padre, reencuentra la vida: “Pero tenemos que alegrarnos y hacer
fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15, 32), dice el padre, al respecto,
al hijo que había permanecido en la casa.
El hijo mayor, “el justo”, ha vivido un cambio similar -así, al menos,
quisiéramos esperar que continúe la parábola. El caso de este hijo es,
sin embargo, mucho más difícil. ¡No se puede decir que Dios ama a los
pecadores más que a los justos! Una madre ama a su niño enfermo, al
que dirige sus cuidados particulares, no más que a los niños sanos, a los
que deja jugar solos, a los que expresa su amor, pero de modo diverso.
De igual forma, mientras las personas rechazan reconocer y confesar
los propios pecados, mientras siguen siendo pecadores orgullosos, Dios
prefiere a los humildes pecadores.
Sin dejar de tener paciencia con todos. El Padre tiene paciencia
también con el hijo que se ha quedado en la casa. Le ruega y le habla
con bondad: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo”
(Lc 15, 31)
. El perdón de la insensibilidad del hijo mayor no es expresado
aquí pero está supuesto. ¡Qué grande debe ser la vergüenza del hijo
mayor frente a tal clemencia! Había previsto todo pero no ciertamente
66
esta humilde ternura del padre. De repente, se encuentra desarmado,
confundido, cómplice de la alegría común. Y se pregunta cómo
pudo pensar en quedarse a un lado, cómo pudo, aunque por un solo
instante, preferir ser infeliz solo mientras todos los otros se amaban y se
perdonaban mutuamente. Afortunadamente, el padre está allí y lo trata
a tiempo. Afortunadamente, ¡el padre no es como él!, es mucho mejor
que todos los otros juntos.
Sólo Dios puede perdonar los pecados. Sólo Él puede realizar
este gesto de gracia, de alegría y de abundancia de amor. Por eso, el
sacramento de la Penitencia es la fuente de permanente renovación y de
revitalización de nuestra existencia cristiana.
De hecho, es en el sacramento de la Penitencia donde encuentro
al Padre misericordioso con los dones más preciosos que ha de dar el
perdón y la gracia. Pero cuando alguno, a causa de su falta de frecuencia
a la confesión, dice al Padre: “¡Ten para ti tus preciosos dones! Yo no
tengo necesidad de ti y de tus dones”, entonces deja de ser hijo porque
se aparta de la paternidad de Dios, porque ya no quiere recibir sus
preciosos dones. Y si ya no es más hijo del Padre celestial, entonces
no puede decirse cristiano, porque el seguidor de Cristo, a través del
bautismo, es antes que nada hijo del Padre.
La confesión es un encuentro entre tres personas
Una herida infectada en el cuerpo sólo puede sanar si puede sangrar
hasta el final. El corazón herido del hombre puede sanar sólo si puede
sangrar hasta el final, si puede desahogar todo. Y se puede desahogar sólo
si hay alguien que escucha, en la absoluta discreción del sacramento de
la Reconciliación. Para el confesor es importante, primero que nada, no
hablar sino escuchar.
Para poder lograr este diálogo es necesario un sacerdote que sepa
escucharnos, de aquí la importancia de orar por los sacerdotes siempre
y de manera especial antes de acercarse a la Reconciliación, para que
sea sensible a la gracia de Dios y se encuentre con Cristo a través de
nuestra confesión; ya que aquellos que entran en contacto con Cristo,
se vuelven “Cristo-activos”. Y si, entonces, el sacerdote, siendo “Cristo-
activo”, se pone en contacto con otras personas, éstas ciertamente serán
“invadidas” por su “Cristo-actividad”. Ésta es la misión, así como fue
concebida y estuvo presente desde el comienzo del cristianismo. La
gente se reunía en torno a la persona de Jesús para tocarlo, aunque sólo
fuera el borde de su manto. Y quedaban sanados incluso mientras Él
estaba de espaldas: “porque salía de él una fuerza que los sanaba a
todos” (Lc 6, 19).
Pidamos para que los sacerdotes tengan presentes estas preguntas
67
importantísimas en el momento de vivir el sacramento de la Reconciliación:
¿con quién entran en contacto cuando se ponen en contacto conmigo?
¿Con Jesucristo, en su infinito amor por la humanidad, o bien con alguna
privada opinión teológica o alguna queja sobre la situación de la Iglesia y
del mundo? Finalmente que se pregunten, a través de nosotros ¿entraron
en contacto con Jesucristo? Porque solamente así las personas tendremos
vida.
EJERCICIO DE ASIMILACIÓN
✓✓ De la reflexión anterior escribe 2 ideas de la que podrías decir:
Eso mismo es lo que yo siempre he pensado.
ACTUAR:
EXAMEN DE CONCIENCIA
Todos los seres humanos diariamente tenemos que estar eligiendo,
la experiencia nos hace comprender que la libertad de elección no debe
entenderse como arbitraria o como efecto de una libertad autosuficiente
o ilimitada, pues esa libertad humana tiene, también, como límites y
condiciones la “volunta de sentido”, por esta voluntad de sentido
comprendemos el afán por encontrarle a la propia vida el propio y único
sentido para vivirse con gallardía.
El ser humano siempre es libre y responsable ante “algo” y ante
“alguien” de las decisiones que toma y de las respuestas que da a la vida.
Este algo es, en primer lugar, la propia conciencia. Así mismo, la persona
también es responsable ante los demás de las respuestas que va dando
a su vida y con su vida a la sociedad, a la construcción de ese mundo
68
como comunidad más humana. Pero éstas no son las instancias últimas
ante las que el hombre y la mujer son libres y responsables. Detrás de la
conciencia personal está el misterio; está Dios, que es el “Alguien” final
ante el que somos libres y responsables.
La conciencia es la capacidad intuitiva de percibir el sentido singular
y único que se encuentra oculto en cada situación de vida de cada
persona.
Todo lo que hacemos o dejamos de hacer en la vida es orientado
por el sentido de la vida que es único para cada persona, quien lo tiene
que buscar guiado por su conciencia, ella en cualquier caso –teniendo
mayor o menor grado de claridad y certeza-, es como un “olfato” que
nos ayuda a descubrir con que finalidad ha sido creada cada hora que
vivimos y qué sería mejor hacer o dejar de hacer en cada momento.
Dios nos ha dotado nuestra propia conciencia para intuir, para
escuchar, además de los rumores de nuestro sentido único y singular
de vida, la voz que habla más allá del tiempo, la voz de Dios. Sólo la
conciencia es capaz de armonizar, por así decir, la ley moral “eterna”,
expresada universalmente, con cada situación concreta de una persona
concreta.
Vivir una vida guiada por la conciencia es siempre vivir una vida
absolutamente personal orientada a una situación absolutamente
concreta, a lo que puede importar a nuestra existencia singular y
peculiar, porque la conciencia incluye siempre el “aquí” concreto de mi
“ser” personal.
Tradicionalmente hemos aprendido en el catecismo que los pasos
para una buena Confesión son 5: examen de conciencia, dolor por
haber pecado, propósito de no volver a pecar, confesión y absolución y
cumplir la penitencia; esta buena tradición sin duda nos ayuda a celebrar
este sacramento con grandes beneficios.
Con frecuencia alrededor del sacramento de la Confesión llegamos
a decir: “Yo no tengo pecados…”, “no se qué decir…”, “siempre digo lo
mismo…”, “mejor usted pregúnteme…” Todas ellas tienen relación con el
examen de conciencia y desafortunadamente, traen como consecuencia
el ausentarnos del sacramento. Extrañamente, este abandono no se da
por el hecho de que nos sintamos buenos y sin pecado, sino más bien,
porque ignoramos con Quién y de qué forma nos encontramos a través
de este Sacramento.
También es causa de esta ausencia del sacramento el hecho de que la
mayoría de los cristianos jóvenes y adultos, no tenemos un tiempo estable
para acercarnos a confesarnos, acudiendo a él cuando nos sentimos
69
al límite de no poder más con la carga interior, el remordimiento, la
angustia, la desesperación, el sentimiento de culpa, que con frecuencia
llega a ser algo momentáneo, dejando escapar la oportunidad de que se
convierta en un crecimiento maduro de nuestra vida desde el interior. Ya
que el pecado nos quita la libertad y la claridad de la verdad, dejándonos
caminar a oscuras, sin rumbo, sin sentido, causándonos desanimo,
extravío interior y el gusto por la vida armónica.
El examen de conciencia nos ofrece la posibilidad de dialogo
con nosotros mismos con profundo respeto y libertad, condición
indispensable para el diálogo con Dios, que siempre nos espera y a la
vez nos motiva desde el interior para abrazarnos en su amor generoso,
vivificante, único, que nos abre a la luz de la verdad y de la libertad que
brota desde nuestro interior como fuentes de aguas vivas.
Por eso es un auténtico encuentro con la verdad de mi vida, tal y
como es, escapando al juicio desde las apariencias, sino más bien al
encuentro con la propia sinceridad interior; ella nos revela la forma en
que estamos viviendo, qué tanto estamos satisfechos o no con nuestra
forma de vivir nuestra vocación de hijos de Dios. También nos revela si
hay luz u oscuridad en nuestras actuaciones y sentimientos, cuales son
nuestras motivaciones internas, quién es realmente el que mueve nuestra
vida: Dios que nos libera o nuestra imagen personal que nos encadena
a cumplir determinados gustos o caprichos haciendo desaparecer la
alegría y la creatividad.
El examen de conciencia no consiste en someternos a un tribunal
despiadado, injusto, intransigente y sanguinario, eso en realidad no le
agrada a Dios, Él quiere que nos tratemos con respeto y amor, por eso
nos pide que nos amemos a nosotros mismos. Es más bien un encuentro
con nuestra persona, a la que Dios ama incondicionalmente. En él Dios
no pide nada, más bien nos busca con todo su amor devolviéndonos
la confianza de experimentarnos sus hijos de verdad y nosotros solo
necesitamos presentarnos tal y como somos de verdad
El examen de conciencia es oración y no recriminación y desprecio,
recordemos como el apóstol san Pablo nos conforta al recordarnos
que “cuanto más se multiplicó el pecado, más abundó la gracia” (Rom
5, 20)
. El pecado ya lo cometimos por nuestra humana debilidad, con el
examen de conciencia sincero, Dios nos restablece nuestra capacidad
de contemplar la sobre abundancia de su gracia que nos cobija.
En el examen de conciencia podríamos distinguir 5 momentos:
• Dar gracias a Dios.
• Pedir luz y gracia.
70
• Examinar mi vida.
• Diálogo con Dios.
• Llegar a acuerdos.
73
PUNTOS IMPORTANTES
Establece delante de Dios un tiempo para acercarte al sacramento de
la Reconciliación y una semana antes realiza tu examen de conciencia.
Puede ayudarte mucho si lo escribes.
Jesucristo nos ha dejado su Cuerpo y su Sangre para que quien lo
coma tenga vida eterna (cfr. Jn 6, 54). Por eso lo importante en la vida cristiana
es comulgar siempre que celebramos la Eucaristía. Si cometes un
pecado en el que experimentas que rompiste tu relación profundamente
con Dios, entonces busca lo más pronto posible el sacramento de la
Reconciliación. Y de ahí en adelante restablece el tiempo de tu próxima
confesión; si no sucede así por gracia de Dios, entonces continúa
comulgando y acercándote a la Reconciliación en el tiempo que haz
establecido con Dios.
Realiza tu examen de conciencia y acércate a la Reconciliación,
seguro experimentarás un profundo dolor por haber roto tu relación con
la Fuente de la vida, pero sobre todo te sentirás abrazado amorosamente
por el Padre y lo escucharás decir: “Tomen el ternero gordo, mátenlo y
celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío estaba muerto
y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 14, 23-24),
entonces te sentirás feliz de ser parte de la fiesta de tu Señor.
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es el sacramento de la Reconciliación?
74
y ¿Por qué necesitamos confesar nuestros pecados a un
Sacerdote?
✓✓ Compartimos uno a uno: ¿Cómo ha sido nuestra experiencia del
sacramento de la Reconciliación? Buena o Mala ¿Por qué?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
75
Encuentro Kerigmático 5
SALVADOR DALÍ,
Corpus Hypercubus, 1954,
Museo Metropolitano de Arte, New York.
76
OBJETIVO:
Descubrir que Jesucristo padeció y murió por nosotros en la Cruz,
Dios Padre lo resucitó, y ahora se nos manifiesta vivo y presente de
diversas maneras, para que, proclamándolo como Señor y Salvador
personal, encontremos el sentido de la vida y la salvación, y así lo
anunciemos al mundo.
COMPROMISO DE ORACIÓN
Me comprometo a orar por ti todos los días, con la convicción de
que nuestro Padre amoroso desea que sus hijos oren unos por otros,
porque pidiendo por otros, Dios nos llena de bendiciones.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: YO CREO EN TU RESURRECCIÓN (Hna.
Glenda)
ORAMOS: Porque es tarde
Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
Y se nubla el camino,
porque temo perder
Las huellas que he seguido,
no me dejes tan solo
Y quédate conmigo.
77
¿QUIÉN PUEDE SALVARME?
✓✓ 1. ¿Cuáles son los sufrimientos que me hacen sentir crucificado?
82
de tu vida, Jesús ha venido a caminar contigo, a acompañar tu
peregrinar, a explicarte las Escrituras. Seguramente has sentido
arder tu corazón, pídele a Jesús que se quede contigo y que sea
el Señor de tu vida.
ORACIÓN:
“Quédate conmigo, y sé el Señor de mi vida”
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo lo escrito en el cuadro del punto
4 y tu oración y medítalas detenidamente, si crees
conviente agrega lo que consideres le haga falta.
✓✓ ¿Soy auténticamente optimista o me dejo dominar por la tristeza
y la desesperación?
REFLEXIÓN CONYUGAL
83
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: La Veleta
✓✓ En un momento oportuno cada miembro de la
familia va compartiendo cuales han sido los momentos más
alegres de su vida y los más tristes, al terminar cada uno todos
como familia tratamos de descubrir la presencia de Dios en cada
uno de ellos.
✓✓ Luego todos juntos tratamos de ubicar el momento mas feliz que
hemos tenido como familia y el más dificil, tratando siempre de
descubrir la presencia de Dios en medio de ellos.
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Se sugiere observar en las familias con las cuales tenemos
contacto como son sus relaciones:
✓✓ ¿positivas o conflictivas?
✓✓ ¿Domina la comunicación o el silencio?
✓✓ ¿Cómo tienden a ser los rostros de las personas que nos
encontramos en la calla, reflejan felicidad y alegría o tristeza y
desesperanza?
84
Encuentro Kerigmático 6
ANÓNIMO
Crucifixión
85
OBJETIVO:
Experimentar el Encuentro con Jesucristo vivo, que vino a participarnos
del amor bondadoso de Dios y, a rescatar y salvar lo perdido, para vivir
y crecer en un proceso de conversión personal y social durante toda la
vida.
COMPROMISO DE FRANQUEZA
Prometo esforzarme en ser más abierto, participativo, descubriéndote
mis sentimientos, mis luchas, mis gozos y mis pesares de manera cada
vez más clara. En el grado en que haga esto, significa que no puedo
llevar mi carga sin tu ayuda, que te confío mis necesidades y que te
necesito. Esto constata el valor que tienes para mí como persona.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: QUE DETALLE
ORAMOS: Salmo 102 (101).
LA CONVERSIÓN DE CARLOS
La Conversión de Carlos de Foucauld a Dios y al Prójimo.
En una reunión familiar Carlos, brillante oficial del ejército francés,
relata dramáticas hazañas de su expedición en Marruecos. De pronto,
una sobrinita le pone una mano en las rodillas y le dice: Tío, has hecho
para Francia tantas cosas maravillosas. ¿Y para Dios, qué has hecho?
El gran explorador del desierto africano queda sin palabras, pensativo,
toda aquella tarde. La pregunta le ha quitado la paz. ¿Qué ha hecho para Dios?
Nada.
Al día siguiente, Carlos busca a un viejo amigo de estudios, el Padre
Huvelin; se confiesa y pide luz. Poco después deja su carrera militar y se
consagra a Dios. Carlos transcurre algunos años como huésped en varios
monasterios, orando y meditando.
Para imitar mejor a Cristo, llega a vivir en Nazaret. Un día, su
profunda oración es interrumpida por llantos y lamentos. En la casa de
junto, un musulmán muere en la más espantosa miseria.
Carlos de Foucauld compara su vida con la de Cristo, y se pregunta:
¿Tengo derecho a aislarme yo solo con Dios, mientras mis hermanos
mueren desesperados? Y decide convivir con los hermanos que lo
rodean, y ser el amigo de quienes no tienen amigos.
Pasó los últimos años de su vida en el desierto del Sahara, totalmente
86
identificado con los habitantes de la región llamada Hoggar. Imitando su
ejemplo, nacieron las “fraternidades el desierto” que viven mezclándose
con los más pobres.
Carlos de Foucauld ligó su propia vida a Dios y al prójimo y selló
su fidelidad con su propia sangre, cuando los Tuaregs lo asesinaron en
Tamanraset el 1° de diciembre de 1916.
¿QUÉ DEBO HACER PARA SALVARME?
✓✓ 1. ¿Qué significado le das al hecho de imponerte la ceniza y
decir “muero con Cristo para resucitar con Él”?
88
1. La exigencia inicial del Reino es la conversión
La conversión, (“metanoia”) significa en primer lugar cambio de
corazón. Primero hay que convertirse a Dios y descubrir su amor, para
después cambiar de vida, de actitudes, de obras; con proyección y
compromiso con el mundo.
La conversión es cambio total:
• Es dar la espalda, dejar atrás, abandonar todo lo que es
incompatible con Dios y su plan de amor para nosotros;
• Es romper con el pecado y los ídolos como rechazo y sustitución
de Dios,
• Es rechazar a Satanás como instigador para el mal y cortar sus
ataduras.
Convertirse es volverse a... lo cual supone, por el mismo hecho
volverse de... dos aspectos de un mismo movimiento: porque se encuentra
al Señor, se deja todo lo que es incompatible con Él, es decir, nuestros
ídolos. La conversión es pues, ante todo, un volverse a Dios, buscar su
Rostro, reconociendo su presencia y escuchando su voz que nos hace
un llamado personal a dejar el pecado como condición para entrar en su
Reino. Pecado es no aceptar el amor de Dios y su presencia en medio de
la vida y de la historia, es no agradar al Padre, es desconsolar al Espíritu
Santo que habita en nuestro corazón, es destruir la imagen de Dios en
nosotros.
El pecado se concretiza en un rechazo libre de la voluntad de Dios,
en una trasgresión consciente de sus mandatos. El pecado en último
término, es un rompimiento con El aunque el contenido material de
la acción o sus consecuencias trastornen las leyes de la creación y nos
dañan a nosotros mismos y a los demás. En el fondo de todo pecado hay
algo que ponemos en el lugar que corresponde a Dios.
El criterio para examinar y juzgar sobre el pecado se encuentra en
la mente de Dios Creador y está también grabado en nuestra propia
naturaleza, donde lo debemos descubrir, y en su Palabra, en la que nos
señala el camino, formando una recta conciencia.
2. Del encuentro con Jesucristo al amor solidario con el
prójimo
Zaqueo manifiesta su conversión diciéndole a Jesús: “Señor, voy a
dar...”. Jesús es el Señor. Después de este encuentro personal que ha
sido trascendental para la vida de Zaqueo, Jesús, ya no puede ser para
él un personaje famoso; ahora es el SEÑOR. Lo que ha convertido a
89
Zaqueo es la experiencia del señorío de Jesús, es decir, la aceptación
de la misericordia de Dios. El signo de la conversión de Zaqueo es:
“Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido
algo injustamente le devolveré cuatro veces más”. De esta forma Zaqueo
manifiesta que la conversión personal tiene que manifestarse también
como una conversión social, es decir, en la solidaridad, pues quien ha
recibido generosamente el perdón y la misericordia de Dios, no puede
menos que compartir lo que ha recibido, no pone límites al ejercicio
de la misericordia. Una sincera conversión debe cambiar la mentalidad
individualista en otra de sentido social y preocupación por el bien
común.
“Los cristianos no podemos resignarnos ante un mundo inhumano,
pervertido por el gran pecado de la injusticia” (Sínodo 1971). Esto significa
en la práctica: convertirnos de nuestra participación en la creación de
estructuras sociales injustas, del aprovechamiento por nuestra parte de
esas mismas estructuras ya existentes, y también de no haber hecho lo
que nos corresponde en la transformación de esas estructuras.
“Ante las realidades que vivimos, no se puede hoy en América Latina
amar de veras al hermano y por lo tanto a Dios, sin comprometerse a
nivel personal y en muchos casos, incluso, a nivel de estructuras, con el
servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales
más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se
siguen en el plano de las realidades temporales” (DP 327).
“Dirigimos a todos los cristianos, de manera apremiante, un
llamamiento a la acción. Los seglares deben asumir como tarea propia la
renovación temporal. Que cada uno examine lo que ha hecho y lo que
debería hacer. No basta recordar principios, subrayar injusticias y proferir
denuncia profética. Resulta demasiado fácil echar sobre los demás las
responsabilidades sobre las injusticias. En la diversidad de situaciones,
cada uno debe situar su responsabilidad y discernir en conciencia las
acciones en las que debe participar” (OA 48).
3. La conversión nos lleva a ser discípulos misioneros de
Jesucristo
El Evangelio nos revela la raíz de toda espiritualidad, y nos devuelve
la exigente simplicidad de la identidad cristiana. Nos enseña que ser
discípulo de Jesús es seguirlo, y que en eso consiste la vida cristiana. Ser
cristiano es seguir a Cristo por amor.
Hablar de conversión es hablar de ser discípulos de Cristo, de
superar los “apegos”, porque seguir a Jesús es seguir a Dios, el único
absoluto. La conversión es adecuarse a los valores que Cristo enseñó.
90
La conversión es el fundamento de toda fidelidad cristiana, en la vida
personal, en el apostolado o en los compromisos sociales, profesionales
y políticos. Ella nos arranca de nuestros “encierros” y nos conduce “a
donde no queríamos” para ser discípulos misioneros de Cristo. Hoy,
estamos llamados permanentemente al dinamismo de la conversión,
que depende radicalmente de una respuesta al llamado que Cristo te
hace al salir a tu encuentro, como a Zaqueo.
No hay sola una llamada de Cristo en la vida, hay varias, cada una
más exigente que la anterior, y envueltas en las grandes crisis de nuestra
vida para vivir en el éxodo de la fe y de ser conscientes de ser discípulos
de Jesús.
4. Convertirse en discípulo es compartir como misionero lo
que se ha recibido del Maestro.
Convertirse en discípulo, es caminar siguiendo las huellas del
Maestro, es compartir lo que se ha recibido, es transformar en obras
de misericordia el perdón que gratuitamente hemos recibido de Dios.
Zaqueo se convierte y comienza a traducir en misericordia el perdón:
“…Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a
alguno, le devolveré cuatro veces más” (v.8). Zaqueo muestra una gran
generosidad, pues quien ha recibido generosamente el perdón de Dios,
no pone límites al ejercicio de la misericordia. Jesús es el Señor que nos
trae la liberación mediante el ejercicio fiel de la misericordia.
La misericordia no es un concepto sino una realidad que se expresa
y se manifiesta con muchos rostros. El primer rostro de la misericordia de
Dios con los hombres es el perdón. El episodio de Zaqueo nos muestra la
misericordia de Dios convertida en perdón. Jesús no libera a Zaqueo por
casualidad. La vida de Jesús es la encarnación del proyecto liberador de
Dios entre los hombres; Jesús tiene que liberar al cobrador de impuestos,
porque para esta misión ha sido enviado. Hoy Jesús, viene a liberarte a ti
también. Jesús libera de un modo muy especial, él es el Hijo del Hombre
que nos trae la liberación de Dios convertida en servicio, humildad y
vida compartida.
Para eso, Jesús se hace presente inesperadamente en la vida de
Zaqueo y viene a su encuentro para perdonarlo, liberarlo y cambiar su
vida. Jesús ha encontrado a Zaqueo, le ha hablado y lo ha liberado.
Ahora Zaqueo puede contemplar el rostro de Jesús, porque la mirada
y las palabras de Jesús son de misericordia, de ternura, de liberación.
Jesús no condena, no recrimina nada. Jesús tiene un plan, un proyecto:
salvar a todos los hombres; por eso no es casualidad que se fije en este
hombre, que se fije en ti. Tú eres Zaqueo.
91
IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS
Respondemos y comentamos en grupo las siguientes preguntas:
✓✓ 1. ¿En qué cosas te identificas con Zaqueo?
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
✓✓ Revisa detenidamente en ¿qué cosas has cambiado a raíz de
tu encuentro? y ¿Qué cosas te falta cambiar en tu familia para
expresar firmemente tu deseo de seguir a Jesús?
REFLEXIÓN CONYUGAL
92
nuestro encuentro con Cristo?
✓✓ ¿Qué cosas nos hace falta cambiar como pareja para hacer
manifiesto nuestro deseo de seguir a Jesús?
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: La grandeza del hombre
✓✓ Compartimos con nuestro hijos el Pasaje de
Zaqueo, enfatizando como después de conocer a Jesús fue capaz
de cambiar radicalmente su estilo de vida.
✓✓ Compartimos cada uno: ¿Qué estamos dispuestos a cambiar
como Zaqueo para hacer manifiesto nuestro deseo de seguir a
Jesús?
✓✓ Ahora todos juntos acordemos ¿Qué vamos a cambiar como
familia para hacer manifiesto nuestro deseo de seguir a Jesús?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Se sugiere observar en las familias con las cuales tenemos
contacto:
✓✓ ¿De qué manera viven su fe?
✓✓ ¿Manifiestan con su vida ser verdaderos seguidores de Cristo?
✓✓ Pensemos en alguna familia que exprese en su vida el deseo de
seguir fielmente a Jesús
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
93
CATEQUESIS 3
INTRODUCCIÓN:
“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para
consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner
por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes
todos los días hasta el final de los tiempos”(Mt 28, 19-20).
94
Con estas solemnes palabras, Nuestro Señor Jesucristo se despide
de los Apóstoles momentos antes de su Ascensión a los Cielos. Les deja
encomendada nada menos que la salvación de la humanidad entera. Y
la Iglesia naciente, espera en Jerusalén con la Virgen María, la venida del
Espíritu Santo que les daría las luces y la fortaleza para emprender tan
grande obra.
VER:
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1. Para ti ¿qué es el Bautismo?
ILUMINAR:
Un rito muy antiguo
Dado que el agua naturalmente lava o purifica, en muchas culturas o
religiones antiguas ya desaparecidas o aún vigentes, se ha acostumbrado
realizar con agua un rito de“purificación”, simbolizando arrepentimiento
por las faltas cometidas. Actualmente, en la India por ejemplo, cientos
de miles de hindúes entran al Río Ganges en Benarés en ceremonias
impresionantes tanto por el número de los devotos y la intensidad de su
devoción como del entorno mismo en que se verifican los ritos.
En Palestina, en tiempos de Jesucristo, apareció Juan, el pariente del
Señor, bautizando en el río Jordán, invitando a los judíos a arrepentirse
de sus pecados:“Conviértanse, porque está llegando el reino de los
cielos… Yo los bautizo con agua para que se conviertan”(Mt 3, 2.11).
Pero aparte de las disposiciones personales de los que entran al río
Ganges o aquellos bautizados en el río Jordán por San Juan, solamente en
el agua, dichos ritos bautismales no tenían ni tienen en realidad eficacia
alguna para perdonar los pecados: eran y son a lo más una figura, una
95
preparación para el verdadero Bautismo Sacramental instituido por
Jesucristo.
El Bautismo sacramental
San Juan Bautista declaró:“El que viene detrás de mí es más fuerte
que yo, y no soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará con
Espíritu Santo y fuego”(Mt 3, 11).
Un día, entre la multitud que acudía a ser bautizada en el Jordán,
apareció Jesús y ante el asombro del Bautista, pidió también ser bautizado
“no porque hubiera tenido él necesidad de ser purificado –nos dice San
Agustín- sino para purificar las aguas bautismales con el contacto de
su carne divina y comunicarles la virtud de purificar a los que después
fueren Bautizados”.
Ese fue, según los Padres de la Iglesia, el momento en que el
bautismo que invitaba a la conversión, fue elevado al grado de Bautismo
Sacramental, con toda la eficacia que le confiere el poder del Espíritu
Santo.
LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN
El Bautismo forma parte de lo que la Iglesia llama Sacramentos de
Iniciación. Siguiendo la correspondencia de la vida natural, que tiene
un origen, un crecimiento y necesita un sustento, el cristiano nace a
la vida de la Gracia por el Bautismo, crece por la Confirmación y se
nutre y fortalece por la Eucaristía. Todavía faltan los demás Sacramentos
llamados de Curación y de Servicio a la Comunidad, que conforman en
plenitud la vida Cristiana.
¿Qué es el Bautismo?
El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 1213 define así al
Bautismo:“es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la
vida en el Espíritu y la puerta de acceso a los otros Sacramentos. Por el
Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios,
llegamos a ser miembros de Cristo y hechos partícipes de su misión”.
Bautizar es una palabra griega que significa “sumergir”, “introducir
en el agua” y, esta “inmersión” en el agua simboliza el acto de sepultar al
catecúmeno (quien se prepara para ser bautizado) en la muerte de Cristo
de donde sale para la resurrección con él como nueva criatura (2 Cor 5, 17).
Un nuevo nacimiento
La palabra clave de la definición es “regenerados” o sea, que somos
generados nuevamente, nacidos de nuevo. En efecto, cuando el fariseo
Nicodemo, de noche, visita a Jesucristo, recibe del Señor la siguiente
96
noticia: “Yo te aseguro que el que no nazca de lo alto no puede ver el
reino de Dios”(Jn 3, 3). Así como nacemos a la vida natural por medio de
los padres, nacemos a otra vida superior en el Bautismo. Cuando Jesús
dijo:“Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan
en plenitud”(Jn 10, 10), nos estaba prometiendo no la vida natural que se
adquiere por la unión conyugal, sino la Vida Divina que él tiene desde
la eternidad, como Hijo de Dios. Es designio eterno de Dios el que los
hombres lleguemos a participar de su Divinidad. Es lo que llamamos
Gracia Santificante.
Por encima de todo lo que nos proporciona el Bautismo, está el
prodigio de llegar a ser divinizados por el agua y el Espíritu Santo en el
sencillo rito del Bautismo. Es el momento más importante de nuestras
vidas. Si debemos agradecer a nuestros padres naturales el habernos
comunicado la vida humana, ¡cómo podremos agradecer a Dios el
comunicarnos su Vida Divina! La Gracia es evidentemente el don más
extraordinario y preciado del Cristiano.
Nos libera del pecado
La Gracia, Vida Divina en nosotros, no puede convivir con ninguna
clase de pecado. Al ser bautizados, somos liberados automáticamente
del pecado original o cualquier otro pecado, si el bautizado es adulto.
Normalmente se menciona mucho el perdón del pecado original (aunque
no se entienda bien que es) y se pasa por alto lo más importante que es
la divinización de nuestras almas.
Nos hace Hijos de Dios
Naturalmente no somos hijos de Dios: somos sus criaturas y entre
Dios y el hombre, existe una distancia Infinita. Aunque seamos la cúspide
de la Creación, no tendríamos el derecho de llamar a Dios “Padre”,
como un ser inferior, por ejemplo un animal, no tendría derecho de
llamar padre a una persona humana. Pero el Bautismo, al ser iluminados
de la Vida Divina, nacemos realmente de Dios, somos elevados sobre
la naturaleza humana y por eso también llamamos a la Gracia “Vida
Sobrenatural”. Esta vida sobrenatural es obra absoluta de Dios, un regalo
de su inmensa generosidad, y que la podemos recibir solo si estamos
abiertos con libertad por la fe a Jesucristo, así “a cuantos la recibieron, a
todos aquellos que creen en su nombre, les dio capacidad para ser hijos
de Dios. Estos son los que no nacen por vía de generación humana, ni
porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios”(Jn 1, 12-13). Por eso San
Juan emocionado nos dice: “Consideren el amor tan grande que nos ha
demostrado el Padre: hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en
verdad lo somos”(1 Jn 3, 1).
97
Esa es nada menos que la dignidad del cristiano: ser hijo de Dios. Si la
estirpe humana importa y puede ser motivo de legítimo orgullo, el tener
como Padre a Dios mismo, es el esplendor de nobleza, impensable para
un ser humano y a la que accedemos gratuitamente al ser bautizados.
Somos hermanos de Cristo
Las maravillas de la obra de Dios en nosotros vienen como en
cascada: al adoptarnos Dios como hijos suyos, también nos hace
automáticamente hermanos de Jesucristo. ¡Ser hermanos de Jesús! Es el
colmo del amor que Dios nos tiene.
Llamar a Cristo “hermano mío” suena a un atrevimiento tan solo
comparable al de llamar al Padre Eterno “papá”. Pero no es así, sino todo
lo contrario. Dios quiere que así nos relacionemos con Él.
Somos templos del Espíritu Santo
La divinización del hombre es obra del Espíritu Santo. No hemos
sido bautizados tan solo en agua, sino en agua y Espíritu Santo. El viene
a nosotros calladamente, sin luces celestes ni música angelical, porque
normalmente así actúa Dios, en el silencio de la Fe.
Por eso nuestros cuerpos son sagrados. San Pablo tiene que reprender
duramente a los Corintios que caían en toda clase de depravaciones.“¿No
saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el
templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes”(1Cor 3, 16-17).
Somos hijos de la Santísima Virgen María
Con mucha naturalidad y espontáneamente admitimos que María
Santísima es nuestra Madre del cielo, así como tenemos una mamá en la
tierra. Pero no es una ilusión o un mero título “de cariño” sino que al ser
hermanos adoptivos de Jesús por la Gracia, venimos a ser realmente hijos
adoptivos de su Madre. Precisamente por eso la Virgen de Guadalupe se
presento ante san Juan Diego diciéndole:“¿No estoy yo aquí, que soy tu
Madre? ¿No estás acaso en mi regazo?”.
Nos hace miembros de la Iglesia
Por el Bautismo, somos agregados al Pueblo de Dios, a la Asamblea de
los Santos, a la Iglesia Cuerpo Místico de Cristo, con todos los derechos
de un cristiano, por eso tenemos acceso a los demás Sacramentos y a
la participación en los tesoros espirituales de la Iglesia que consisten en
los méritos infinitos de Jesucristo y de todos los Santos del cielo y de la
tierra.
Al mismo tiempo de tan grandes beneficios, quedamos obligados
98
al cumplimiento de sus leyes, que siempre son, como la misma Ley de
Dios, para beneficio de los cristianos.
Imprime en el alma un carácter
El Bautismo solo puede conferirse una sola vez, como una sola
vez podemos nacer de nuestra madre. El alma queda marcada para
siempre con el carácter de hijo de Dios, aun si después renegáramos
de la “fe cristiana” o viviéramos en pecado mortal. El Bautismo es el
“sello del Señor con que el Espíritu Santo nos ha marcado para el día
de la redención”(San Agustín). Es en efecto, según San Ireneo, el “sello de
la vida eterna”. El fiel que guarde el sello hasta el fin, es decir, que
permanezca fiel a las exigencias de su Bautismo, podrá morir marcado
con el “sello de la Fe” en la espera de la visión bienaventurada de Dios
y de la resurrección al final de los tiempos.
Resumiendo:
El Bautismo, al comunicarnos la Vida de la Gracia, que no es otra cosa
que la Vida Divina, nos hace hijos de Dios Padre, hermanos de Jesucristo,
templos del Espíritu Santo e hijos de María Santísima, miembros de la
Iglesia y partícipes de sus méritos infinitos, imprimiendo en nuestras
almas un carácter imborrable. Pero aún hay más: el Bautismo nos hace
santos pues la santidad consiste precisamente en vivir en Gracia de Dios,
en llevar en nosotros la misma Vida Divina.“Ustedes sean santos, como
su Padre celestial es santo”(Mt 5, 48) es el deseo de Jesucristo.
Si un padre de familia conoce y valora los inmensos beneficios del
Bautismo, ¿podrá dejar que su hijo se bautice hasta que él lo decida?,
perdiéndose de tan santos e inalcanzables beneficios.
Excelencia del Bautismo
Después de estas consideraciones es fácil comprender la excelencia
de nuestro Bautismo. A partir del Don preciosísimo de la Gracia, que no
solamente limpia nuestra alma de todo pecado sino que nos comunica la
misma Vida Divina haciéndonos Santos, y nos da la posibilidad de gozar
después de la muerte, de la felicidad de Dios mismo, comprendemos que
el día más importante de nuestras vidas no fue el de nuestro nacimiento
natural que festejamos en los cumpleaños, sino nuestro nacimiento
por el Bautismo a una vida superior. Es por eso que muchos cristianos
festejamos el aniversario de nuestro Bautismo.
Si ciertamente la Sagrada Eucaristía es la cumbre de los Sacramentos
ya que nos da no solamente la Gracia sino al Autor mismo de la Gracia,
sin embargo es el Bautismo aún más necesario que ella, pues siendo
la Eucaristía el alimento supremo del alma, no podemos alimentarla si
antes no nacemos a la Vida Divina.
99
El Bautismo cambia por completo el valor de nuestras buenas obras,
pues cuando no estamos en Gracia de Dios, merecerían tan solo una
recompensa meramente humana, en cambio hechas en Gracia y con
la intención de agradar a Dios, recibirán, como lo dijo Nuestro Señor
Jesucristo, un premio eterno.
Este bendito Sacramento es el único necesario para la salvación,
pues podemos salvarnos sin haber recibido ningún otro de los demás
Sacramentos pero no sin haber sido bautizados ya que Jesucristo dijo:“Yo
te aseguro que nadie puede entrar en el reino de Dios, si no nace del
agua y del Espíritu” (Jn 3, 5).
El Bautismo de Adultos
Los adultos, lo mismo que todo aquel que ha llegado al uso de la
razón, para recibir el Bautismo válidamente, deben tener las disposiciones
siguientes: En primer lugar, la voluntad, el deseo de recibirlo, pues Dios
a nadie impone su Gracia, la concede generosamente a todo aquel que
la quiera y no ponga obstáculo a ella. Dice el gran San Agustín: “Dios,
que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es necesaria la libertad de la
persona adulta.
No se tiene pues, derecho de bautizar a nadie contra su voluntad,
ni a un adulto privado de sentido a no ser que hubiera anteriormente
manifestado la voluntad de ser bautizado; pero sí existe el derecho de
bautizar a un demente de nacimiento, privado sin remedio del uso de
la razón.
Pero además es necesario que el bautizando con uso de razón (niño
o adulto) tenga conocimiento suficiente de la Doctrina Cristiana, tanto
de las verdades contenidas en el Credo como de los Mandamientos de
Dios y de los medios de Santificación, principalmente los Sacramentos.
Es lo que la Iglesia llama el Catecumenado, que en tiempos antiguos
revestía suma seriedad y se podía prolongar por años. El Catecumenado
o formación de los catecúmenos, tiene por finalidad permitirles en
respuesta a la iniciativa divina y en unión con la comunidad eclesial,
llevar a madurez su conversión y su fe. Se trata de una formación
prolongada de la vida cristiana, en la que los discípulos se unen con
Cristo, su Maestro.
Por lo tanto, hay que iniciar adecuadamente a los catecúmenos en
el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas
y en los ritos sagrados introduciéndolos en la vida de fe, la liturgia y la
caridad del Pueblo de Dios (“Ad Gentes” del Concilio Vaticano II). La Iglesia los abraza
ya con amor, tomándolos a su cargo.
El drama del Catolicismo en nuestra Patria consiste en que todos
fuimos bautizados de niños y no fuimos catequizados adecuadamente ni
100
en la familia ni en la Parroquia y menos aún en la escuela laica oficial.
De ahí la urgencia de la reiniciación cristiana que precisamente estamos
haciendo ahora, para que siente las bases de una vida auténticamente
cristiana ya que nadie ama lo que no conoce.
Además, cuando hablamos de adultos, es necesario el
arrepentimiento, aunque fuera imperfecto, de sus pecados. El adulto que
habiendo cometido pecados mortales se hiciera bautizar sin el debido
arrepentimiento, recibiría válidamente el Sacramento, pero quedarían
en suspenso sus frutos (Gracia Santificante, perdón de todos los pecados)
hasta tanto se arrepintiera.
El adulto no necesita ni puede acudir al Sacramento de la
Reconciliación, pues por un lado el Bautismo le borrara sus pecados y
por otro lado los no bautizados no pueden válidamente recibir ningún
otro Sacramento.
Los Padrinos del Bautismo
Es tan importante garantizar el crecimiento en la Fe del bautizado,
que la Iglesia pide que los padres tengan él auxilio de los Padrinos, cuyo
papel puede llegar a ser de suma importancia. Estos deben ser personas
auténticamente católicas, capaces de dar un verdadero testimonio
cristiano ante sus ahijados. Por lo tanto quedan excluidas aquellas que
viven en amasiato o adulterio o las que de alguna manera serían un mal
ejemplo o motivo de escándalo.
El lenguaje mismo nos indica el bellísimo papel de los padrinos
ya que son “padres-con” y el bautizado viene a ser “ahijado” o sea
“como-hijo”. No conviene por lo tanto aceptar el padrinazgo de muchos
ahijados, siendo una responsabilidad tan grande.
Deben pues los padres y padrinos, cuidar la formación cristiana de
los niños proporcionándoles un ambiente sólidamente cristiano, siendo
capaces de ayudarlo en las diversas etapas de su vida, en el esclarecimiento
de sus dudas, en el acompañamiento de la vida sacramental, en la vida
de oración, etc.
ACTUAR:
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1. Escribe una idea que ya conocías sobre el sacramento del
Bautismo y te gustó volverla a escuchar y profundizar.
101
✓✓ 2. Escribe una idea nueva que no conocías sobre el sacramento
del Bautismo y consideras tan importante que todos los
cristianos deberían de saber.
102
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees conviente
agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es el bautismo? ¿Qué nos da el
bautismo? y ¿Qué compromiso adquirimos al ser bautizados?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
103
Primera Celebración 7
ANDREA DEL VERROCHIO
El bautismo de Cristo, 1472-75,
Galería de los Uffizi, Florencia.
104
OBJETIVO:
Renovar y celebrar el Sacramento del Bautismo como una experiencia
profunda de reconciliación consigo mismo, con Dios, con los demás y
la naturaleza; para poner las bases de una vida nueva que llegue a dar
frutos de comunión y solidaridad.
ORACIÓN PARA RECIBIR A JESÚS
• Ven Señor Jesús.
• Te necesito, te abro la puerta de mi corazón y de mi vida; te
acepto personalmente como mi Salvador.
• Concédeme experimentar tu amor, tu salvación, tu liberación;
dame tu vida en abundancia.
• Límpiame, purifícame, libérame, renuévame, transfórmame.
• Entra en mi corazón y en mi vida, y llénala de Ti.
• Haz de mí lo que quieres que sea.
• María, Madre del Señor y madre mía, llévame a Jesús y
enséñame a ser su fiel discípulo.
ORACIÓN DE LA PAZ.
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Donde hay odio, que yo ponga amor.
Donde hay ofensas que yo ponga perdón.
Donde hay discordia, que yo ponga unión.
Donde hay error, que yo ponga verdad.
Donde hay duda, que yo ponga fe.
Donde hay tinieblas, que yo ponga luz.
Donde hay tristeza, que yo ponga alegría.
Haz, Señor, que busque más que ser comprendido;
amar, más que ser amado.
Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí mismo, es como uno encuentra;
perdonando es uno perdonado,
muriendo se resucita a la vida eterna.
105
Encuentro Kerigmático 8
ANÓNIMO,
Jesús predica en la montaña.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: ESPÍRITU DE DIOS
Respondemos en orden:
1a vela: Que el don de Sabiduría reine en nuestra inteligencia.
2a vela: Que el don del Entendimiento nos ilumine.
3a vela: Que el don de Consejo nos guíe.
4a vela: Que el don de Fortaleza nos dé fuerza.
5a vela: Que el don de Ciencia nos instruya.
6a vela: Que el don de Piedad nos haga fervientes.
7a vela: Que el don de Temor de Dios nos guarde del mal.
Sabiduría
Entendimiento
Consejo
107
Fortaleza
Ciencia
Piedad
Temor de Dios
111
amor ya era un mandamiento en el AT; Jesús dice que nos da un nuevo
mandamiento. ¿En qué está lo nuevo? En que ahora a de ser como el
de Él: una donación continua, hasta la cruz. “Les doy un mandamiento
nuevo: ámense los unos a los otros. Como yo los he amado, así también
ámense los unos a los otros” (Jn 13, 34).
Amar como Jesús, muriendo todos los días a mis proyectos para
hacer los del Padre, sólo es posible por la acción del Espíritu Santo.
San Pablo lo dice de esta manera: “porque al darnos el Espíritu Santo,
Dios ha derramado su amor en nuestros corazones” (Rm 5, 5). Dios “nos
ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva, basada no en
la letra de la ley, sino en la fuerza del Espíritu; porque la letra mata,
mientras que el Espíritu da vida” (2Cor 3, 6).
Por lo tanto, podemos vivir la Ley de Dios de dos maneras: por
cumplimiento o por amor.
• La vivimos por cumplimiento cuando sólo nos basamos en la
letra, porque así está escrito, y tratamos de vivirla con nuestro
solo esfuerzo, como los fariseos. Esta manera mata.
• La vivimos por amor si nos mueve el Espíritu Santo, y nuestro
esfuerzo se encamina más bien a ser dóciles al Espíritu. Entonces
el Espíritu Santo nos da vida, nos da gozo a pesar de los sacrificios
realizados.
4. El Espíritu Santo hace la Iglesia
La nueva creación de Dios, nacida del Espíritu, es la Iglesia,
comunidad de los que creemos en Jesucristo. Como la Santísima Virgen
y el Espíritu Santo gestaron a Jesucristo, así ahora gestan a Cristo en
cada cristiano y lo congregan en la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo
Resucitado. Y el Espíritu Santo sigue convocando y santificando a los
hijos congregados, hasta que alcancemos la plenitud a la que hemos
sido llamados.
El Espíritu Santo nos lleva a la unidad
Todo ser humano al buscar la felicidad busca la unidad. Pero
generalmente la buscamos en base a nuestro propio proyecto. Más
aún, cada uno queremos ser el centro, y hacernos famosos, como en
Babel. Y al igual que en Babel, por este camino no puede surgir más que
confusión.
Por el contrario, el Espíritu Santo nos lleva, como en Pentecostés, a
la unidad que tiene como centro a Dios. Sólo cuando todos tendemos
hacia este “Uno” nos acercamos y nos encontramos entre nosotros. Al
respecto decía Santo Tomás que el amor centrado en uno mismo es
112
disgregativo, mientras que el amor centrado en Dios es congregativo.
Los apóstoles son ejemplo de ello. Antes de Pentecostés, cada uno
de ellos buscaba su propia supremacía, y discutían quién de ellos era el
más importante; así no reinaba entre ellos más que el malhumor y las
peleas. Después de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desplaza el eje
de sus pensamientos y los ha hecho humildes, les vemos formar entre sí
y con los demás discípulos “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32).
Toda comunidad natural necesita al Espíritu Santo para sostenerse y
consolidarse en la unidad que da el Espíritu: el matrimonio, la familia, las
comunidades parroquiales, etc. Así, gracias al Espíritu Santo, la oración
de Jesús se hace realidad: “que todos sean uno en nosotros” (cfr. Jn 17).
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
✓✓ ¿Cuáles son mis “dones” como persona? (Luces: cualidades,
fortalezas, carismas, características individuales, etc.)
✓✓ ¿Comparto con los demás los dones que Dios me dio,
principalmente con mi familia?
113
REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal;
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ Comunica a tu esposa(o) todas las dones que ves en ella (él).
✓✓ Hagan una lista de las características positivas que tienen como
matrimonio.
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: “Como lluvia fresca”
✓✓ En una reunión de familia, en un momento y una
hora adecuados, pasa un miembro al centro y los demás, uno
por uno, le van diciendo todo lo positivo que ven en él (ella)
(sólo lo positivo). Todos van pasando por turno.
✓✓ Hacer una lista de los dones y regalos que Dios ha hecho a la
familia. (Terminar con una oración de agradecimiento).
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué personas son victima de discriminación y no son valoradas
en su dignidad de personas?
✓✓ Ver en familia un capítulo de cualquier telenovela y luego
analizarlo juntos.
114
Encuentro Kerigmático 9
115
OBJETIVO:
Descubrir la acción del Espíritu Santo a través de la experiencia y la
doctrina de San Pablo, para conocer y seguir el camino que hoy quiere
realizar con nosotros en la Iglesia y, desde ella, en el mundo.
COMPROMISO DE SENSIBILIDAD
Aún con el deseo y la necesidad que tengo de que me conozcas y
me comprendas, te prometo sensibilidad hacia ti y a tus necesidades.
Tratando de ponerte a ti como el más importante, como nos lo enseñó
Nuestro Señor Jesucristo. Haré siempre un esfuerzo por oírte, verte y sentir
tu presencia. Y si te encuentras en un pozo de desaliento, respetándote
siempre, me comprometo a sacarte de esa situación.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: MUÉVETE EN MÍ
116
¿DÓNDE ESTARÁN LAS MANOS DE DIOS?
¿Por qué parece que Dios no interviene para remediar los males de
la humanidad?
Cuando observo el campo sin arar; cuando los instrumentos de
labranza están olvidados; cuando la tierra está quebrada y abandonada
me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?
Cuando observo la injusticia, la corrupción, el qué explota al débil;
cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del
pobre, del obrero, del campesino carente de recursos para defender sus
derechos, me pregunto; ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando contemplo a esa anciana olvidada; cuando su mirada es
nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la
abandonó, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando
observo a su pareja deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es
intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me
pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido
por la droga y el alcohol; cuando veo titubeante lo que antes era una
inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto:
¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar
su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando
sobrevivir se pinta la boca, se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo,
me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su
periódico, su miserable cajita de dulces sin vender; cuando lo veo
dormir en una puerta titiritando de frío; cuando su mirada me reclama
una caricia; cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía
de un perro callejero, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
¿DONDE ESTARÁN LAS MANOS DE DIOS?
✓✓ 1. Qué otras situaciones observas en tu realidad personal o
social que lleven a preguntarte: ¿Dónde estarán las manos de
Dios?
117
II. ESCUCHAMOS Y COMPRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS
1. Escuchamos la Palabra de Dios. Hch 9, 1-20
2. Comprendemos la Palabra de Dios.
El texto bíblico de Hechos 9,1-31 está dividido en tres partes:
• la conversión (v.1-9),
• el encuentro con la comunidad (v.10-19),
• el comienzo de la misión de Pablo (v.20-31).
119
IV. DESCUBRIMOS QUÉ NOS DICE DIOS A NUESTRA VIDA
1. El Espíritu Santo en la creación y la redención
El Espíritu Santo puso orden al universo creado; Dios ha soplado
su Espíritu en sus criaturas para darles vida y constantemente envía su
Espíritu que crea y renueva la faz de la tierra (cfr. Sal104, 30).
El Espíritu Santo ha manifestado su acción en todos los hombres de
todas las culturas. Nuestros obispos reunidos en Santo Domingo nos han
recordado esta verdad: “La acción de Dios, a través de su Espíritu, se da
permanentemente al interior de todas las culturas” (DSD 243).
En su plan de salvar al hombre, Dios quiso obrar de modo especial
en un pueblo escogido, en donde el Espíritu Santo habló por los profetas
de la Antigua Alianza; y cuando llegó la plenitud de los tiempos, formó
en el vientre purísimo de la Virgen María a Jesucristo.
El Espíritu Santo condujo a Jesús en toda su obra salvadora, desde su
nacimiento hasta su entrega en la cruz. Y una vez muerto y resucitado, el
Padre y Jesús lo derramaron en la Iglesia, cuerpo suyo, para hacer de ella
una nueva creación, y fermento de renovación de toda la humanidad.
2. El Espíritu Santo nos conduce hacia la conversión
Necesitamos la gracia de Dios para convertirnos: la conversión es
fruto de la acción del Espíritu Santo en nosotros: “La gracia del Espíritu
Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la
voluntad del Padre” (CATIC 1098). “...es el Consolador que da al corazón del
hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión” (CATIC 1433).
En este sentido, puesto que somos libres, unos le costamos más que
otros al Espíritu Santo. Sin embargo, Él busca y encuentra la forma de
actuar en nosotros. Así pasó con Saulo. Con la muerte de Esteban, primer
mártir de la Iglesia, el Espíritu Santo comenzó a derribar los esquemas
en los que Saulo se había montado, y lo llevó a una nueva luz. La
entereza con que Esteban hablaba y la fe con que murió perdonando a
sus verdugos, hicieron ver a Saulo que las seguridades que él tenía hasta
ese momento eran rebasadas por el don que poseía este cristiano que ni
la muerte lo inmutaba.
De esta manera el Espíritu Santo preparó el corazón de Saulo, para
que después Jesús se le revelara y él lo reconociera como Señor, lo
que vino a constituir el centro del anuncio que enseguida comenzó a
predicar: “Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que
Jesús es el Hijo de Dios” (v.20).
Posteriormente San Pablo dirá: “Por la gracia de Dios soy lo que soy,
y su bondad para conmigo no fue inútil. Lejos de eso, trabajé más que
120
todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Cor 15, 10).
La conversión inicial de Pablo no significa que ya no necesitó después
seguir luchando. La conversión permanente es ese diálogo ininterrumpido
entre la gracia de Dios y la naturaleza humana. La voluntad humana
se dispone a cooperar en clima de libertad con la gracia de Dios. La
opción personal de cada hombre y mujer, y la primacía de la iniciativa
de Dios en continua correspondencia en medio de la historia, dan como
resultado la obra de la santificación.
San Pablo considera que su logro es no haber dejado que la gracia
de Dios fuera inútil en él, para lo cual tuvo que trabajar. Ser cristiano es
vivir en permanente conversión, ser santos es camino de toda la vida.
“El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin
renuncia y sin combate espiritual” (cfr. 2Tim 4). El progreso espiritual implica
la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la
paz y el gozo de las bienaventuranzas” (CATIC 2015).
Esa fue también la experiencia de Pablo y ese es el itinerario por el
que el Espíritu Santo pretende llevarnos a todos los cristianos.
3. El Espírito Santo nos lleva a integrarnos a la comunidad-Iglesia
Saulo descubre que Jesús se ha identificado con la Iglesia,
constituyendo ésta su cuerpo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Preguntó él: ¿Quién eres tú, Señor? Y él respondió: Yo soy Jesús, a quien
tú persigues” (v.4-5).
A partir de entonces Pablo comprendió que la Iglesia es el Cuerpo
Místico de Cristo (cuerpo misterioso de Cristo) e instrumento de su
salvación. Precisamente Jesús lo envía a ella para que recobre la vista y
reciba el Espíritu Santo y el bautismo. En la Iglesia también será instruido
y respaldado:
“Saulo permaneció durante algunos días con los discípulos en
Damasco... Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les
contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino y cómo el Señor le
había hablado... Saulo empezó a convivir con ellos” (Hch 9, 19b. 27a. 28).
El mismo Pablo señala que fueron tres años los que pasó en la
provincia de Damasco antes de ir a Jerusalén para encontrarse con los
apóstoles (cfr. Gal 1, 18).
Sin embargo, como el Espíritu Santo le tenía prevista la misión de
ser apóstol de los gentiles, muy pronto comenzó esta tarea, siendo el
fundador de varias comunidades, a las cuales tendrá que guiar para que
sean fieles al Espíritu Santo recibido.
4. El Espíritu Santo nos santifica en el amor
121
Las comunidades surgidas de la predicación de Pablo, pasaron por
diversas experiencias. Pablo estuvo al pendiente de ellas, para que no se
desviaran y supieran ser fieles al Espíritu Santo.
San Pablo habla del Espíritu Santo como dispensador de los carismas,
los cuales son dados para edificación del cuerpo de Cristo que es la
Iglesia. Pero también lo identifica con el amor de Dios que se derrama
en nuestros corazones (cfr. Rm 5, 5) para darnos vida nueva; y señala que es
el don al que todos debemos aspirar y nunca perder, y por el cual los
demás dones y carismas mantienen su validez.
Hay algunos carismas, como el de profecía, que son más útiles e
importantes que otros, como el hablar en lenguas (cfr. 1Cor 14). Sin embargo,
cuando consideramos el conjunto global de la obra del Espíritu, el amor
es superior a los carismas, incluido el de profecía, porque la profecía
desaparecerá, pero el amor no acabará nunca (cfr. 1Cor 13). El “ser” en el
Espíritu es superior al “obrar” (sobre los demás) en el Espíritu. Hasta el
punto de que sin el amor el resto no servirá de nada.
La explicación que da san Agustín al respecto es que los carismas son
las partes, mientras que el amor es el todo: “Ten amor y lo tendrás todo;
porque si amas la unidad, cualquiera que tenga algo en ella, también tú
lo posees”. Cuando aspiramos al amor, el Espíritu Santo no infunde una
cosa, sino que se da a sí mismo.
Santo Tomás explica que con los carismas sólo producimos ciertas
disposiciones para la unión con Dios (son medios). En cambio, el amor
produce en nosotros la unión con Dios (que es el fin).
Más aún, el amor edifica tanto a la persona que lo posee como
a los otros; edifica a la persona y a la comunidad. Además, el amor
garantiza los carismas y les permite obrar, manteniendo a la persona en
humilde y constante contacto con Dios que es su fuente. Tender al amor
es tender a la santidad, y sin una constante tensión hacia ella, a través
del arrepentimiento y la conversión continúa, los carismas no resisten,
se corrompen pronto, y antes que para utilidad común, son fácilmente
utilizados para vanagloria y utilidad propia. Por eso personas con todo y
sus carismas pueden perder el cielo si no aman (cfr. Mt 7, 21-23).
Pablo corrige de esta manera las actitudes tomadas por muchos en la
comunidad de Corinto. Pero existe también el riesgo de estar cerrados
a los carismas, como en la comunidad de Tesalónica. Entonces Pablo
exhorta a “no apagar el Espíritu” y a “no despreciar las profecías”,
“Examínenlo todo y quédense con lo bueno” (cfr. 1Tes 5, 19-20).
5. El Espíritu Santo nos impulsa a la Misión
Inmediatamente que San Pablo se repuso del impacto de su
122
encuentro con Jesús y compartió con la comunidad de Damasco,
empezó a trabajar en la Misión. Y pronto el Espíritu Santo le manifestó
la Misión a la que debía ir junto con Bernabé. Nosotros también, si Dios
nos ha concedido el privilegio de conocerlo y nos ha dado su Espíritu,
no es sólo para provecho personal. Este privilegio conlleva al mismo
tiempo la responsabilidad de integrarnos en la misión evangelizados de
toda la Iglesia. Nuestra preocupación constante debería de ser la misma
de San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de
gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico
el Evangelio!” (1Cor 9, 16).
Todos dicen: “¿Dónde están tus manos Señor?... para luchar por la
justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la
juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados”.
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
123
✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal; exprésale ¿Por
qué pusiste eso?
✓✓ ¿Somos agradecidos con Dios por el preciosísimo don de
nuestros hijos?
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica: la pobreza
Respondemos todos juntos a estas preguntas:
✓✓ ¿Cuántos pobres hay en tu colonia? y ¿Por qué son pobres?
✓✓ Vemos el video “¿Dónde están las manos de Dios?” en youtube
o leemos el escrito como familia.
✓✓ Si nosotros somos las manos de Dios: ¿Cómo les podríamos
ayudar?
✓✓ Cada miembro de la familia responde y comenta según su edad
y en su lenguaje.
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor.
✓✓ ¿Conocemos alguna familia que esté participando en la solución
de algún problema social?
✓✓ ¿Qué organizaciones civiles hay en la localidad que ayuden a los
más necesitados?
✓✓ Al elegir una profesión, ¿pensamos solamente en ganar dinero y
realizarnos o también en servir a la sociedad?
124
Encuentro Kerigmático 10
ANNIBALE CARRACCI,
Cristo y la mujer samaritana en el pozo,
1560-1609, Pinacoteca de Brera, Milán.
125
OBJETIVO:
Convencernos que tenemos necesidad de revitalizar la presencia del
Espíritu Santo en nosotros, para que El sea realmente el Señor de nuestra
vida, y como Jesús, lleguemos a ser ríos que comunican su misma vida
a los demás.
COMPROMISO DE CONFIDENCIA
Prometo completa discreción en todo lo que se diga en nuestras
pláticas para que de esa manera podamos crear una atmósfera de
confianza que invite y de nacimiento a la franqueza y a la libertad en
el espíritu. Por eso recordaré siempre que lo que aquí se dice, aquí se
queda.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: SUMÉRGEME
ORAMOS: Salmo 42 (41).
¿QUE NECESITO HACER PARA LLENARME DEL ESPÍRITU
SANTO?
✓✓ 1. ¿Qué necesita la semilla de trigo para poder germinar?
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
punto 4 y tu oración y medítalas detenidamente, si
crees conviente agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
130
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: ¿Qué ha hecho..?
✓✓ Respondemos cada miembro de la Familia a las
siguientes preguntas:
✓✓ ¿Qué es el Espíritu Santo?
✓✓ ¿Qué ha hecho por mi el Espíritu Santo?
✓✓ ¿Qué ha hecho por nosotros como familia el Espíritu Santo?
✓✓ ¿Cómo podríamos involucrarnos mas ampliamente en la pastoral
de mi parroquia? ¿Qué podemos hacer?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Que personas conocemos de nuestra comunidad que a pesar
de su abanzada edad sirven con entuciasmo y alegría a la gente?
✓✓ ¿Qué familias conocemos que estén involucradas todos sus
miembros en la pastoral parroquial?
131
CATEQUESIS 4
OBJETIVO:
Conocer y valorar la Confirmación que hemos recibido, para
proclamar con valentia que somos discípulos misioneros de Jesucristo
en toda nuestra vida.
ORACIÓN: (Jesucristo, Palabra del Padre)
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica ardiente.
Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.
Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.
Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de
madre y reúne a sus hijos, los fieles,
para juntos poder esperarte.
Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino.
(Tradición Cristiana)
INTRODUCCIÓN:
La palabra confirmación procede del verbo latino “firmare”,
consolidar, confortar, afirmar, confirmar. La Confirmación conforta a
la persona en su ser de cristiano, le confía capacidad de mantenerse
por medio del Espíritu Santo, para que aprenda a ser fiel a sí mismo, a
encontrar su lugar en el mundo, con la fuerza de Dios. En el bautismo
132
nacemos de nuevo por el agua del Espíritu Santo. En la Confirmación
somos confortados, confirmados en nuestra existencia para que no nos
dejemos guiar por el espíritu del mundo sino por el Espíritu de Dios.
Contamos con la fuerza del Espíritu para trabajar por un mundo según
la voluntad de Dios.
Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación
constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana”, y
la unidad de ellos siempre se debe custodiar celosamente. Por lo tanto,
la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia
bautismal. En efecto, a los bautizados “el sacramento de la Confirmación
los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza
especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más,
como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus
palabras y sus obras”.
VER:
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1.¿Cómo se celebra el Sacramento de la Confirmación?
ILUMINAR:
1. La Confirmación en la historia de la salvación
En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del
Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cfr. Is 11, 2) para realizar su misión
salvífica (cfr. Lc 4, 16-22; Is 61, 1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su
Bautismo fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo
de Dios (cfr. Mt 3, 13-17; Jn 1, 33-34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu
133
Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total
con el Espíritu Santo que el Padre le da “plenamente” (Jn 3, 34).
Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer
únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo
mesiánico(cfr. Ez 36, 25-27; Jl 3, 1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta
efusión del Espíritu (cfr. Lc 12, 12; Jn 3, 5-8; 7, 37-39; 16, 7-15; Hch 1, 8), promesa que realizó
primero el día de Pascua (cfr. Jn 20, 22) y luego, de manera más manifiesta
el día de Pentecostés (cfr. Hch 2, 1-4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles
comienzan a proclamar “las maravillas de Dios” (Hch 2, 11) y Pedro declara
que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cfr.
Hch 2, 17-18)
. Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron
bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cfr. Hch 2, 38).
“Desde aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad
de Cristo, comunicaban a los recientemente bautizados, mediante
la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a
completar la gracia del Bautismo (cfr. Hch 8, 15-17; 19, 5-6). Esto explica por qué
en la carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros elementos de la
formación cristiana, la doctrina del Bautismo y de la imposición de las
manos (cfr. Hb 6, 2). Es esta imposición de las manos la que ha sido con toda
razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del
sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la
Iglesia, la gracia de Pentecostés” (Pablo VI, Const. apost. Divinae consortium naturae).
Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió
a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma).
Esta unción ilustra el nombre de “cristiano” que significa “ungido” y que
tiene su origen en el nombre de Cristo, al que “Dios ungió con el poder
del Espíritu Santo” (Hch 10, 38).
2. Los signos y el rito de la Confirmación
En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de la
unción y lo que la unción designa e imprime: el sello espiritual.
La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas
significaciones: el aceite es signo de abundancia (cfr. Dt 11, 14) y de alegría
(cfr. Sal 23, 5; 104, 15)
; purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad
(la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues
suaviza las contusiones y las heridas (cfr. Is 1, 6; Lc 10, 34) y el ungido irradia
belleza, santidad y fuerza.
Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran
en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los
catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos
expresa curación y consuelo. La unción del santo crisma después del
134
Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una
consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son
ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la
plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida
desprenda “el buen olor de Cristo” (2Cor 2, 15).
Por medio de esta unción, el confirmando recibe “la marca”, el sello
del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cfr. Gn 38, 18), signo de
su autoridad (cfr. Gn 41, 42), de su propiedad sobre un objeto (cfr. Dt 32, 34) –por
eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con
el de su señor-; autentifica un acto jurídico (cfr. 1Re 21, 8) o un documento (cfr.
Jr 32, 10)
y lo hace, si es preciso, secreto (cfr. Is 29, 11).
Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cfr. Jn 6, 27). El
cristiano también está marcado con un sello: “Y es Dios quien a nosotros
y ustedes nos fortalece en Cristo, el que nos ha ungido, nos ha marcado
con su sello y nos ha dado su Espíritu como garantía de salvación” (2Cor 1,
21-22; cfr. Ef 1, 13; 4, 30)
. Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total
a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la
promesa de la protección divina en la gran prueba del fin de los tiempos
(cfr. Ap 7, 2-3; 9, 4; Ez 9, 4-6)
.
La celebración de la Confirmación
Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo,
como es el caso en el rito romano, la liturgia del sacramento comienza
con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los
confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye
una prolongación del Bautismo. Cuando es bautizado un adulto, recibe
inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía (cfr. Código de
Derecho Canónico can. 866)
.
El obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto
que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y
el obispo invoca así la efusión del Espíritu:
“Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los
libraste del pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu
Santo Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de
espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y
cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor” (Ritual
de la Confirmación, 25)
.
Sigue el rito esencial del sacramento de la Confirmación, que “es
conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo
la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu
135
Santo” (Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae).
El saludo de paz con el que concluye el rito del sacramento significa
y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles (cfr.
San Hipólito Romano, Traditio apostolica, 21)
.
3. Los efectos de la Confirmación
De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de
la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue
concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.
Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad
a la gracia bautismal:
• nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos
hace decir “Abba, es decir, Padre” (Rm 8, 15);
• nos une más firmemente a Cristo;
• aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;
• hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia;
• nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir
y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos
testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de
Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz.
La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se
da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca
espiritual indeleble, el “carácter”, que es el signo de que Jesucristo ha
marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza
de lo alto para que sea su testigo (cfr. Lc 24, 48-49).
El “carácter” perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido
en el Bautismo, y el confirmado recibe el poder de confesar la fe de
Cristo públicamente.
4. Quién puede recibir este sacramento
Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el
sacramento de la Confirmación (cfr. Código de Derecho Canónico can. 889, 1). Puesto que
Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue
que “los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en tiempo
oportuno” (Código de Derecho Canónico, can. 890), porque sin la Confirmación y la
Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz,
pero la iniciación cristiana queda incompleta.
La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir
al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más
136
viva con el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin
de poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida
cristiana. Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por
suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la
Iglesia universal como a la comunidad parroquial. Esta última tiene una
responsabilidad particular en la preparación de los confirmandos.
Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia.
Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en
atención al don del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración
más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las
gracias del Espíritu Santo (cfr. Hch 1, 14).
Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los
candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.
Conviene que sea el mismo que para el Bautismo a fin de subrayar la
unidad entre los dos sacramentos (cfr. Código de Derecho Canónico can. 893, 1.2).
5. Los Dones del Espíritu Santo
Don de Ciencia, es el don del Espíritu Santo que nos permite acceder
al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe
del bautismo.
Don de Consejo, saber decidir con acierto, aconsejar a los otros
fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.
Don de Fortaleza, es el don que el Espíritu Santo concede al fiel,
ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural.
Don de Inteligencia, es el del Espíritu Santo que nos lleva al camino
de la contemplación, camino para acercarse a Dios.
Don de Piedad, el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni
indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la
piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas.
Don de Sabiduría, es concedido por el Espíritu Santo que nos permite
apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina.
Don de Temor de Dios, es el don que nos salva del orgullo, sabiendo
que lo debemos todo a la misericordia divina.
Resumen:
“Los apóstoles, que estaban en Jerusalén, oyeron que los habitantes
de Samaría habían recibido la palabra de Dios, y les enviaron a Pedro
y Juan. Estos bajaron y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu
Santo, pues aún no habían venido sobre ninguno de ellos; sólo habían
recibido el bautismo en el nombre de Jesucristo, el Señor. Entonces les
137
impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo”(Hch 8, 14-17).
La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento
que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la
filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido
nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y
ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada
de las obras.
La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano
un signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se
puede recibir una vez en la vida.
El candidato a la Confirmación que ya ha alcanzado el uso de razón
debe profesar la fe, estar en estado de gracia, tener la intención de recibir
el sacramento y estar preparado para asumir su papel de discípulo y de
testigo de Cristo, en la comunidad humana donde vive.
El Espíritu Santo nos comunica sus siete sagrados dones: Ciencia,
Consejo,Fortaleza, Inteligencia, Piedad, Sabiduría y Temor de Dios…
ACTUAR:
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1.Después de conocer la fuerza del Espíritu Santo que se te
ha infundido en la Confirmación para proclamar con valentía
que vivir según el querer de Dios es lo único que te ofrece vivir
con sentido verdadero, ¿qué consideras que te está haciendo
falta para transformar el mundo que te rodea según este
querer de Dios? ¿Qué piensas hacer para vivir la gracia de
este Sacramento que ya posees?
138
ORACIÓN: (Espíritu Santo transfórmanos)
Espíritu Santo transfórmanos,
Has de nuestra vida algo que valga la pena
algo que sea útil.
Queremos ayudar a los demás,
sembrar tu palabra, y extender el Reino,
Pero en tu ausencia, nuestros ideales
se han convertido en quimeras, nuestros
intentos en fracasos, y nuestros sueños
solo han engendrado desilusiones.
Espíritu Santo, amigo fiel, permítenos
contemplar tus maravillas, conocer tu poder,
apreciar tu intervención, creer en tus carismas,
para desearlos, para pedirlos, para ponernos
en tus manos con la humildad necesaria
para que, si Tú lo quieres, nos tomes como
instrumentos de tu poder, con Jesús para
la salvación del mundo. Amén.
(Ricardo Zimbròn Levy)
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees conviente
agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ ¿Comparte con tu pareja tu reflexión personal;
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ ¿Creén que con enviar a los niños al catecismo y una vez que
recibieron la confirmación, ya concluyeron con su formación
Cristiana?
REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es la Confirmación? ¿Qué nos
da la Confirmación? y ¿Qué compromiso adquirimos al ser
Confirmados?
139
PREGUNTEMOS A OTRAS PERSONAS
Con 5 personas de nuestra comunidad:
✓✓ ¿Qué es la Confirmación?
✓✓ ¿Qué nos da la Confirmación?
✓✓ ¿Qué compromiso adquirimos al ser Confirmados?
✓✓ Compartamos con ellos ¿Cómo nos sentimos al ser Confirmados?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
140
Segunda Celebración 11
ANÓNIMO,
Pentecostés.
141
OBJETIVO:
Crear un clima espiritual que propicie el encuentro de las personas
con la Santísima Trinidad, para que se consagren al Señorío de Jesús, y
reciban el Don del Espíritu.
143
Encuentro Kerigmático 12
¿Qué es la Iglesia?
Es la comunidad de los que habiendo creído en Jesucristo
muerto y Resucitado, viven, anuncian y celebran el Reino de
Dios
PAUL GAUGUIN,
El Cristo amarillo, 1889,
Museo General Purchase Funds
“Los que habían sido bautizados se dedicaban con
perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles,
vivían unidos y participaban en la fracción del pan y en las
oraciones” (Hch 2,42).
144
OBJETIVO:
Hacer de la conversión y la comunión fraterna, una experiencia
concreta de solidaridad dentro de una pequeña comunidad eclesial,
para vivir, anunciar y celebrar el Reino, como signo actual de la nueva
evangelización.
COMPROMISO DE RESPONSABILIDAD
Comprendo que aquellos dones que Dios me ha dado para el bien
común deben ser donados para tu beneficio. Si llegase a descubrir que
en mi vida hay ciertas áreas de opresión o de heridas, que den lugar
a recelos y agresión, debido a mis propias acciones desordenadas o a
causa de otros, prometo buscar la fuerza liberadora de Cristo por medio
del Espíritu Santo, los Sacramentos, la dirección espiritual y por mis
hermanos de comunidad para así poder compartirte una vida más sana.
Mi responsabilidad contigo es la de ser lo que Dios quiere que yo sea
para ti: un servidor maduro y responsable.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: AL PECHO LLEVO UNA CRUZ
ORAMOS: Oración de la comunidad.
Señor Jesús:
Tú has venido para anunciar e iniciar el Reino,y nos llamas a seguirte.
Pero no quieres seguidores individuales que vivan en solitario su
aventura.
Nosotros queremos ser Comunidad:
Ayúdanos a formar una comunidad viva,
en la que todos nos saludemos y nos queramos,
en la que nos sintamos todos evangelizados y evangelizadores,
en la que vivamos concretamente el misterio y la responsabilidad de
ser Iglesia.
Señor Jesús:
queremos ser seguidores tuyos,
para anunciar y construir el Reino ´
¡en comunidad! Ayúdanos. Amén.
145
¿COMO VIVO EN LA IGLESIA?
¿Qué sientes
¿De cuál me ¿Cómo podrás
Alimentos de que le falta a
alimento más? mejorar en
la comunidad tu vida de cada
Ordénalos del 1 al 4 todo?
alimento?
Comunión
(Cirio)
Palabra de
Dios (Biblia)
Oraciones
(Crucifijo)
Servicio-
caridad
(Plantita)
La comunidad modelo
¿Cómo debe ser una comunidad, para que sea signo de la vida
nueva? ¿Cómo debe ser la comunidad de los que han creído y siguen a
Jesucristo muerto y resucitado?
El Nuevo Testamento nos ofrece varios modelos. El álbum de la
Familia de Dios contiene muchas fotografías, por ejemplo; el Evangelio
de san Mateo presenta una propuesta en el discurso de la comunidad
(cfr. Mt 18, 1-35)
y otra en el Sermón de la montaña (cfr. Mt 5, 7). Marcos, describe
un proyecto de comunidad con una serie de episodios que revelan el
objetivo de la Buena Nueva en la vida del pueblo (cfr. Mc 1, 16-45). Lucas,
a su vez, propone un modelo cuando describe la vida de los primeros
cristianos; es un modelo sustentado en cuatro columnas, que son como
hemos dicho antes; el alimento básico del cristiano en comunidad.
Dice Hechos 2, 42: “Los que habían sido bautizados se dedicaban
con perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivían
146
unidos y participaban en la fracción del pan y en las oraciones”
Las cuatro columnas son los rasgos característicos y esenciales
de la Iglesia.
El acontecimiento de Pentecostés adquiere una proyección eclesial
en este “sumario” y cobra un carácter normativo al describir los rasgos
característicos y esenciales de la vida de la Iglesia naciente (cfr. Hch 2, 42); no
es un enunciado de principios teológicos abstractos, sino la descripción
de una “vida”, la “vida” de la Iglesia como un efecto de la presencia y
aliento del Espíritu Santo que, con la venida, manifiesta un “culto” en
el Espíritu, una “unidad” en el Espíritu, un “crecimiento” en él y por el
Espíritu,
Otro modo de ver estos cuatro elementos de la Iglesia naciente,
es considerarlos como las cuatro partes de la antigua liturgia cristiana
integrada, por lo que llamaríamos “Liturgia de la Palabra”, “Colecta de
los pobres”, “Liturgia Eucarística” y “Oraciones de acción de gracias”.
Así, la celebración litúrgica es imagen de toda vida comunitaria.
147
hace vida en nuestra historia su Reino de salvación universal. Por eso
la Iglesia debe expresarse como signo de la presencia en el mundo del
Reino de Dios:
• Como Reino vivido en la fraternidad y en la comunión como el
nuevo ideal de la vida comunitaria.
• Como Reino proclamado y testimoniado en el anuncio confesante
y liberador del Evangelio,asumiendo la Palabra de Dios como el
nuevo criterio y la nueva referencia de la comunidad.
• Como Reino celebrado en los ritos festivos y liberadores de la
liturgia,realizando principalmente el signo de partir el pan y la
oración comunitaria y personal como signos del amor supremo y
fuente nueva de la vida de la Iglesia.
• Como Reino realizado en el amor y en el servicio fraternoa todos
los hombres y mujeres.
2. Como Dios Trinidad, el pueblo en comunidad
La Iglesia como comunidad de bautizados “en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo”, tiene en la Santísima Trinidad las raíces
últimas de su vocación a vivir en comunión y participación (cfr. DP 211-212).
Así Dios-comunidad constituye a su imagen y semejanza a su
pueblo-comunidad, no solamente porque lo hace participar de su vida
sino porque esa participación es radicalmente comunitaria (cfr. LG 2. 3. 4).
Toda la riqueza de este misterio de la Iglesia, una, santa, católica y
apostólica, se hace presente en la Diócesis y, por ésta en las Parroquias,
en las pequeñas comunidades y en las familias, como la expresión
histórica de la presencia del misterio de Dios Trinidad, por medio del
misterio de la Iglesia (Carta pastoral delEncuentro con Cristo camino de comunión y solidaridad con todos,
133)
.
Por eso, “ante este mundo roto y deseoso de unidad es necesario
proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual llama a todos los hombres
a que participen en la misma comunión trinitaria” (EA 33).
En relación a la Iglesia como signo de comunión, nuestros obispos
latinoamericanos hacen una hermosa descripción, diciendo:
“Cada comunidad eclesial debería esforzarse por constituir para el
Continente un ejemplo de modo de convivencia donde logren aunarse
la libertad y la solidaridad. Donde la autoridad se ejerza con el espíritu
del Buen Pastor. Donde se viva una actitud diferente frente a la riqueza.
Donde se ensayen formas de organización y estructuras de participación,
capaces de abrir camino hacia un tipo más humano de sociedad. Y
148
sobre todo, donde inequívocamente se manifieste que, sin una radical
comunión con Dios en Jesucristo, cualquier otra forma de comunión
puramente humana resulta a la postre incapaz de sustentarse y termina
fatalmente volviéndose contra el mismo hombre” (DP 273).
En este sentido el Papa Juan Pablo II, también confirma y alienta la
experiencia de las pequeñas comunidades eclesiales, dice: “Se trata de
grupos de cristianos a nivel familiar o de ámbito restringido, los cuáles
se reúnen para la oración, la lectura de la Escritura, la catequesis, para
compartir problemas humanos y eclesiales de cara a un compromiso
común. Son un signo de vitalidad en la Iglesia, instrumento de formación
y de Evangelización, un punto de partida válido, para una nueva sociedad
fundada sobre la civilización de amor” (RM 51).
3. Las cuatro columnas o alimentos básicos de la comunidad
cristiana
Primera columna: LA COMUNIÓN ENTRE LOS HERMANOS
Indica el nuevo ideal de la vida comunitaria.
Como Dios trinidad, el pueblo en comunidad.
La comunión (Koinonía) nace del Padre (cfr. Jn 1, 3), del Hijo (cfr. 1Cor 1, 9)
y del Espíritu Santo (cfr. 2Cor 13, 13; Fl 2, 1), y se traduce en comunión fraterna
compartiendo los bienes.
Los primeros cristianos ponían todo en común de manera que no
había necesitados entre ellos (cfr. Hch 2, 44-45; 4, 32-34) así cumplían la ley que
decía: “No habrá pobres entre los tuyos” (Dt 15, 4). La comunión indicaba
la actitud de quien no se consideraba dueño de lo que poseía, sino que
era capaz de compartir sus bienes con los demás (Rm 15, 26; 2Cor 9, 13).
El ideal de la comunión era llegar a compartir no solo los bienes sino
los sentimientos y la experiencia de la vida hasta formar todos un solo
corazón y una sola alma (cfr. Hch 1, 14; 2, 46; 4, 32), llegar a una convivencia sin
secretos (cfr. Jn 15,15) que supere barreras provenientes de la religión, clase,
sexo y raza (cfr. Gal 3, 25; Col 3, 11; 1Cor 12, 13).
Esta comunión es sagrada y no debe profanarse; quien abusa de ella
en beneficio propio muere para la comunidad. Es la lección del episodio
de Ananías y Safira (cfr. Hch 5, 1-11).
La comunión es vivir el ideal de fraternidad, a través de signos
concretos de solidaridad, de ayuda a los necesitados, del propio entorno.
Es vivir la compasión que Jesús nos enseña y debemos expresar en signos
que hagan creíble el Evangelio en nuestro estilo de vida cristiana, que
nos debe impulsar, para construir la comunidad continuamente.
149
Segunda columna: EL TESTIMONIO DE LOS APÓSTOLES
Indica el nuevo cuadro de referencia de la vida comunitaria.
Esta enseñanza es la nueva interpretación de la vida y de la Biblia,
transmitida por los apóstoles a partir de la experiencia de la resurrección.
Como Jesús, los cristianos tuvieron la valentía de romper con la enseñanza
de los escribas.
En vez de seguir con la doctrina de los doctores de la época, siguen
ahora la doctrina de los doce (cfr. Hch 4, 13). Este liderazgo no vino de la
tradición, ni de la raza, ni del poder, ni de la fuerza; vino de los signos
realizados en la comunidad (cfr. Hch 2, 43; 4, 33; 5, 12), y de las “órdenes” dadas
por Jesús resucitado a la Magdalena, a los 12 apóstoles, a los 120
discípulos, a las mujeres y a la multitud en el monte de los olivos (cfr. Mt 28,
18-20; Mc 16, 15; Lc 24, 44-49)
.
Esta columna hace que la Palabra de Dios ilumine y fortalezca el
ser Iglesia promoviendo una vida de discípulos de Jesús, es decir, de
aprendices.
El Testimonio de los Apóstoles debe mantenerse:
• A través del contacto continuo con la Palabra de Dios, para
evangelizar permanentemente la realidad.
• A través de la catequesis que es la educación ordenada y
progresiva de la fe, para que se exprese en un estilo de vida
cristiana.
Tercera columna: LA CELEBRACIÓN DE LA FRACCIÓN DEL
PAN Y LA ORACIÓN
Indica la nueva fuente de la vida comunitaria.
La expresión tiene origen en las comunidades Judías, en las que el
padre compartía el pan con los hijos y con los que no tenían nada, la
fracción del pan recordaba las muchas veces que Jesús compartió el
pan con sus discípulos y con los pobres (cfr. Jn 6, 11); así mismo recordaba
el gesto que abrió los ojos a los discípulos de Emaús para descubrir la
presencia viva de Jesús en medio de la comunidad (cfr. Lc 24, 30-33).
Significaba sobre todo el gesto supremo del “amor hasta el fin”
(Jn 13, 1)
, la Eucaristía, “la comunión con Cristo” (1Cor 10, 16), la pascua del
Señor (cfr. 1Cor 11, 23-27), la memoria de su muerte y resurrección (cfr. 1Cor 11, 26)
que garantiza la vida a quienes la dan por los demás. Al principio, la
fracción del pan se hacía en las casas (cfr. Hch 2, 46; 20, 7), la casa era el lugar
de la liturgia en Espíritu y verdad (cfr. Jn 4, 23), sin embargo, en ocasiones la
realidad estaba por abajo del ideal: Pablo critica los abusos que ocurrían
150
en la comunidad de Corinto (cfr. 1Cor 11, 18-22; 29, 34).
Cuando una familia se reúne continuamente a compartir y orar
se mantiene unida. Promover la oración en la casa y en la Capilla es
fortalecerse, pues es un encuentro con Jesucristo vivo, con el Padre y el
Espíritu Santo, con María la Madre.
Cuarta columna: EL SERVICIO FRATERNO DE LOS HERMANOS
Indica la nueva condición de pertenencia a la comunidad del Señor
resucitado
El servicio de los que creen en Cristo se manifiesta en el amor, la
caridad, la promoción, la educación, la liberación, la solidaridad. Así se
convierte en un germen y anuncio de ese profundo deseo de encontrar
caminos nuevos para que la fraternidad y el amor sean para todos sin
exclusión.
A través de la vivencia del servicio fraterno se es testigo de que sí es
posible un nuevo modo de amar y de servir, por eso los cristianos tenemos
que educarnos con creatividad para hacernos expertos en humanidad,
capaces de entregarnos y comprometernos con cada persona y con la
comunidad y en especial por los más pobres y enfermos, de tal manera
que nos crean que anunciamos a un Dios que es amor y un reinado del
amor. Hasta que nos reconozcan que somos de Cristo por la manera
de cómo nos amamos, respetamos, ayudamos y somos felices. En los
primeros cristianos este nuevo ambiente irradiaba admiración y simpatía:
“gozaban de la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2, 47).
4. Aplicación de las cuatro columnas en la vida pastoral de las
Parroquias
Dimensión Animador
Columna Signo
Pastoral del Ministerio
La comunión Pastoral de la
De la
entre los El Cirio COMUNIÓN
coordinación
hermanos eclesial
Pastoral del
El testimonio de De la
La Biblia TESTIMONIO
los Apóstoles catequesis
eclesial
La celebración de Pastoral de la
El
la Fracción del CELEBRACIÓN De la oración
Crucifijo
pan y la oración eclesial
151
El servicio
La Pastoral del
fraterno de los De la caridad
Plantita SERVICIO eclesial
hermanos
• Los animadores de los ministerios de la caridad, de la
catequesis, y de la oración, se establecen por 3 meses y el
animador de la coordinación por un año mínimo y 2 años
máximo.
152
Momento para:
• Responder a la Palabra de Dios,
reflexionada en la catequesis:
• Promoviendo la comunión:
con testimonio, corrección
fraterna, revisión de vida,
discernimiento de la voluntad
Animador de
4. Solidaridad de Dios, etc.
la Caridad
• Promoviendo la solidaridad:
analizando la realidad y
haciendo concreta la caridad y
el compromiso social, etc.
• Podría ser alternando: una
semana comunión y otra
solidaridad.
Dimensión Animador
Columna Signo
Pastoral del Ministerio
Pastoral de la
La comunión entre
El Cirio COMUNIÓN
los hermanos
eclesial
Pastoral del
El testimonio de
La Biblia TESTIMONIO
los Apóstoles
eclesial
La celebración de Pastoral de la
la Fracción del El Crucifijo CELEBRACIÓN
pan y la oración eclesial
El servicio fraterno Pastoral del
La Plantita
de los hermanos SERVICIO eclesial
153
✓✓ ¿Qué opinas de formar parte de una comunidad en la que no
existe una sola cabeza, sino que son cuatro personas las que
animan la vida de comunidad?
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Leemos con nuestros hijos el pasaje de Hch
2, 42-47 y compartimos ¿Qué nos dice la palabra de Dios de
manera personal y después como familia?
✓✓ Explicamos a nuestros hijos brevemente cuales son los cuatro
alimentos o columnas de la vida de un cristiano
✓✓ Contestemos como familia el cuadro ¿Cómo vivo en la Iglesia?
✓✓ ¿Qué aspecto tenemos que fortalecer más en nuestra familia?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Observemos: ¿Qué aspecto de la vida cristiana trabaja mas la
mayoría de Cristianos y cuál descuidan más?
✓✓ Según el ambiente de nuestra comunidad parroquial ¿Qué
aspecto deberías fortalecer más?
154
Encuentro Kerigmático 13
155
OBJETIVO:
Tomar conciencia que quienes formamos la Iglesia tenemos la misión
de evangelizar a todos los pueblos, promoviendo y asumiendo los
ministerios que Dios y la realidad nos están pidiendo, para ser fermento
del Reino de Dios en el mundo, hasta que llegue su consumación.
COMPROMISO DE DISPONIBILIDAD
Lo que tengo: tiempo, energía, conocimientos y lo que poseo están
a tu disposición si lo necesitas. Los pongo a tu disposición con la mayor
responsabilidad y deseo de servirte. Me comprometo a dedicar parte de
mi tiempo a mi comunidad y asamblea de oración y asistir puntualmente
a las actividades, con esto manifestaré el gran respeto que tengo por ti.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: SOMOS DISCÍPULOS MISIONEROS
156
comían en un bosque grande y frondoso. En un claro del bosque sus
amigos les daban y servían comida en sus propios picos. Cuando los
pajaritos crecieron y se multiplicaron mucho, resultó una jaula muy
bonita y siempre abierta donde entraban todos a convivir, comer y cantar.
¡Cómo se llenaba de colorido y de música aquella jaula! Los pájaros
poco a poco, por gusto, necesidad o porque a veces los metieron, se
fueron acostumbrando a quedarse, a resguardarse en la jaula, a estar ahí
noche y día. Cuando algún pajarito salía al bosque y tardaba en regresar
no faltaban preocupaciones y hasta críticas. Y como algunos pájaros
quedaron fuera y no regresaron, mejor cerraron la puerta de la jaula.
Pasaron los años y la jaula se fue llenando de pájaros, pero encerrados.
Muchos ya ni conocían el bosque y para convivir bien fueron dando
leyes y se procuraban también buenos alimentos para poder sobrevivir
en la jaula. Sin embargo, la jaula se fue haciendo más silenciosa, menos
alegre. Quizá no sufrían tanto de los malos temporales: aguaceros,
lluvias... Pero les faltaba el sol, el aire fresco del bosque les quedaba
lejos...
Un día se abrió una ventana, y luego la puerta de la jaula volvió a
quedar abierta -como en los comienzos-. Pero la mayoría de los pájaros
quedaron dentro, encerrados: por miedo al bosque, porque las alas se les
habían atrofiado o al menos entumido y no querían o no se arriesgaban
a volar, a salir, a luchar, a vivir en el bosque.
158
parcial (cfr. Mt 10, 5-15). Sólo habían sido enviados “a las ovejas perdidas de
la casa de Israel”. Ahora son enviados a todos los pueblos de la tierra,
pues ha llegado la hora de formar un nuevo pueblo a través de quienes
acepten a Jesús como Señor y Salvador, tanto judíos como paganos.
“Vayan yhagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para
consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner
por obra todo lo que les he mandado” (v.19-20). El encargo que Jesús
encomienda a sus discípulos resume las dos fases de la iniciación
cristiana, tal como se realizaba en la comunidad de Mateo:
• La primera fase: “prebautismal” era la enseñanza para ser
discípulo. Su contenido eran las palabras de Jesús, que el
evangelista ha recogido y ordenado en cinco grandes discursos:
el auténtico discípulo ha de forjarse en base a esta Palabra.
• La segunda fase: “acompañamiento postbautismal” comenzaba
con el bautismo que sellaba la íntima vinculación del discípulo
con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y continuaba con la
enseñanza posterior para llevar al discípulo a fructificar en una
vida de amor, en base a la cual se advierte que será el juicio final
(cfr. Mt 25, 31-46)
.
“…y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de
los tiempos” (v.20). Anunciar a todos los pueblos la Buena Noticia, es una
tarea que sobrepasa la fuerza de cualquier discípulo misionero, pero
Jesús espera que la experiencia vivida les sirva para no confiar en sus
propias fuerzas, sino en Él, que les acompañará en todo momento. La
convicción de que Jesús acompaña a su Iglesia está expresada por san
Mateo también en otros lugares de su Evangelio: “La virgen concebirá
y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel. (que
significa: Dios con nosotros)” (Mt 1, 23); “Porque donde están dos o tres
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).
161
ministerios del anuncio: evangelizadores y catequistas de las distintas
áreas y niveles.
SERVIMOS esta vida en los frutos que brotan de ella: justicia, perdón,
respeto a la dignidad, promoción de los derechos humanos, acciones de
solidaridad, construcción de la paz, etc. Todos servimos, pero nos ayudan
a vivir estas acciones quienes se les han encomendado los ministerios de
la donación: Caritas, comedores, cooperativas, atención a los reclusos,
visita a los enfermos etc.
CELEBRAMOS esta vida, y en esta celebración se actualiza la
salvación, porque Dios hace Pascua con nosotros, es decir, pasa tocando
y transformando nuestra vida, llenándola nuevamente de fe, esperanza y
amor. Todos celebramos, pero especialmente nos ayudan a ello quienes
desempeñan los ministerios litúrgicos: Ministros del culto, equipos
litúrgicos, coros, etc.
En COMUNIDAD porque la naturaleza misma de la Iglesia es
comunitaria y no puede ser de otra manera, pues traicionaríamos el
designio de Dios, que quiere que vivamos como familia y construyamos
la familia universal. Quienes ejercen los ministerios de coordinación son
centro de comunión y nos ayudan a todos a vivirla: Obispo, sacerdotes,
coordinadores, responsables, etc.
Los distintos ministerios al servicio de la misión de la Iglesia
Lo que caracteriza a la comunidad cristiana es el servicio. Aunque
el término ministerio significa servicio, en la actualidad se hace una
distinción de acuerdo al tipo de servicio de que se trate. Por tanto,
se reserva el término ministerio y ministro para aquellas tareas que
respondan directamente a las necesidades de la misión evangelizadora
de la Iglesia, por ejemplo: el ministerio de la catequesis, de la caridad,
etc.; y servicio y servidor para aquellas tareas que contribuyen
indirectamente a la realización de la misión de la Iglesia, por ejemplo:
el servicio de limpieza, orden, etc.
A partir del mandato de Jesús y bajo la inspiración del Espíritu Santo,
surgieron y siguen surgiendo en la Iglesia las más diversas formas de
servicio y ministerio en las comunidades cristianas.
En la actualidad hablamos al menos de cuatro bloques de
ministerios:
MINISTERIOS DEL REINADO DE LA COMUNIÓN
MINISTERIOS DE LA PALABRA O DEL TESTIMONIO
MINISTERIOS DE LA LITURGIA O DE LACELEBRACIÓN
MINISTERIOS DE LA UNIDAD O DEL AMOR O SERVICIO
162
1. MINISTERIOS DE LA UNIDAD O DE COMUNIÓN
El ministerio de coordinación lo ejercen aquellos que en la Iglesia
hacen cabeza: son los apóstoles y quienes ellos delegan algún servicio
de coordinación. El Ministerio de los Doce es fundamental porque funda,
cimienta y coordina a todos los demás. Es fuente de otros servicios. Por eso
san Pablo los menciona siempre al principio (cfr. 1Cor 12, 28; Ef 4, 11).
De acuerdo a las necesidades que fueron surgiendo en la Iglesia, los
apóstoles delegaron a más miembros responsabilidades de coordinación.
Así los siete diáconos que al principio comenzaron sirviendo a las mesas,
llegaron a ser quienes coordinaron las comunidades helenistas (cristianos
que vivían en diversos lugares griegos). Los eligió la comunidad, y los
apóstoles les dieron el sello de su autoridad, porque toda misión viene
de Cristo a través de los apóstoles (cfr. Hch 6, 1-7).
En el NT, además de los 12 y de los 7, encontramos a otros dirigentes
de los hermanos como Judas y Silas (cfr. Hch 15, 23). Y a los mismos presbíteros,
que aún no ejercían el ministerio tal como lo desempeña el sacerdote
actual, sino que su función era ser coordinadores y animadores de las
comunidades, como los que ayudaron a Pablo en Éfeso (cfr. Hch 15, 3-7).
2. MINISTERIOS DE LA PALABRA O TESTIMONIO
Profeta es un término que designa a algunos de los responsables de
la Iglesia. San Pablo los menciona en segundo lugar, después de los
apóstoles (cfr. 1Cor 12, 28). Es un don del Espíritu. El profeta es aquel que se le
ha concedido hablar con autoridad en la Iglesia, para dar una palabra en
nombre de Dios o comentar la Sagrada Escritura en la situación presente.
El profeta es puente entre Dios y el pueblo. Es un portavoz que habla
anunciando y denunciando en nombre de Dios. Él conoce la realidad
en que vive, la asume y encara las crisis del pueblo desde el proyecto
de Dios a quien también conoce con mayor sensibilidad que los demás.
El servicio profético es un servicio penoso y penado, peligroso y
temido, reprimido y acallado. Cuando las autoridades civiles prohibieron
predicar a los apóstoles, ellos dijeron: “Por nuestra parte, no podemos
dejar de proclamar lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20).
La comunidad no sólo proclama la Palabra, sino que también la
escucha, por eso es discípula-misionera (cfr. Hch 2, 42). En la Iglesia, sea cual
sea nuestro ministerio, nadie debemos perder nuestra condición de
discípulos. Por eso los evangelios a los mismos apóstoles no dejan de
llamarlos discípulos.
163
3. MINISTERIOS DE LA LITURGIA O CELEBRACIÓN
Las acciones litúrgicas son:
• culto festivo en donde celebramos los hechos salvíficos que Dios
ha realizado en nosotros, por los cuales lo alabamos y le damos
gracias,
• y actualización de esta salvación, ya que en la celebración Él
viene a través de los signos sagrados a salvarnos y santificarnos
permanentemente.
164
asegurando la necesaria coordinación de iniciativas, en diálogo constante
con todos los miembros de la Iglesia” (DP 478).
Actualmente estas tareas son clasificadas en los siguientes
niveles:
Nivel Asistencial: “Dar el pescado”. “Las múltiples iniciativas para la
atención de los ancianos, los enfermos y de cuantos están necesitados
de auxilio en asilos, hospitales, dispensarios, comedores gratuitos y otros
centros sociales, son testimonio palpable del amor preferencial por los
pobres que la Iglesia en América lleva adelante movida por el amor a
su Señor y consciente de que Jesús se ha identificado con ellos (cfr. Mt 25,
”
31-46) (EA 18)
.
Nivel Promocional: “Enseñar a pescar”. “La promoción humana
implica actividades que ayudan a despertar la conciencia del hombre en
todas sus dimensiones y a valerse por sí mismo para ser protagonistas de
su propio desarrollo humano y cristiano” (DP 477).
Nivel de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos: “La Iglesia,
al proclamar el Evangelio, raíz profunda de los derechos humanos, no se
arroga una tarea ajena a su misión, sino, por el contrario, obedece a lo
esencial de su misión evangelizadora” (DSD 165).
Nivel Estructural: El Magisterio social de la Iglesia, “no se cansa de
invitar a la comunidad cristiana a comprometerse en la superación de
toda forma de explotación y opresión. En efecto, se trata no sólo de aliviar
las necesidades más graves y urgentes mediante acciones individuales y
esporádicas, sino de poner de relieve las raíces del mal, proponiendo
intervenciones que den a las estructuras sociales, políticas y económicas
una configuración más justa y solidaria” (EA 18).
Ministerio de unidad o
Comunión
Ministerios de la
Palabra o Testimonio
165
Ministerio de la liturgia
o Celebración
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo cuadro del punto 4 y tu oración y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.
✓✓ Escribe a nivel personal ¿Qué actividades podrías hacer en favor
de cada una de las cuatro columnas de tu vida cristiana?
166
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Compartimos con nuestros hijos la Historia de
los pajaritos, el bosque y la jaula.
✓✓ ¿Qué entendemos de esta comparación o parábola?
✓✓ ¿Qué representan el bosque, los pajaritos, la jaula...?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿En que se parece la historia anterior al ambiente de la sociedad
actual?
✓✓ Pensando en una educación a nivel promocional, pensemos
como familia ¿Hemos aprendido y enseñado a pescar?
167
Encuentro Kerigmático 14
PIETRO LORENZETTI,
La Última Cena, 1310-1320,
Basílica inferior de S. Francisco de Asís.
168
OBJETIVO:
Tomar conciencia de que el Sacramento de la Eucaristía contiene y
actualiza el Kerigma, para que, nutriéndonos de Él, crezcamos y demos
frutos para la Iglesia y el mundo.
COMPROMISO DE AMOR INCONDICIONAL
No hay nada que hayas hecho o que puedas hacer que me impida
amarte. Puede ser que no esté de acuerdo con tus acciones, pero te
acepto como persona y haré todo lo posible por comprenderte sin
juzgarte por el infinito amor que Dios te tiene.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: AQUÍ ANTE TU ALTAR, SEÑOR
ORAMOS: Salmo 22.
Contemplamos los signos y respondemos lo siguiente:
173
“comunión horizontal” (hacia los lados), esto es, con los hermanos.
El sacramento de la Eucaristía causa lo que significa. Muchos granos
de trigo y muchas uvas han formado un solo pan: el Cuerpo de Jesús; y
una sola bebida: su Sangre. Pues esto que expresan en el plano visible
los signos del pan y del vino, el sacramento lo realiza en el plano
interior y espiritual, aunque no de forma automática, sino con nuestro
compromiso.
Si me he acercado con sinceridad al sacramento de la Eucaristía,
ya no puedo desentenderme del hermano; no puedo rechazarlo sin
rechazar al mismo tiempo al Cuerpo de Cristo y separarme de la unidad.
Si decimos ¡AMÉN! al Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, igualmente
hemos de decir ¡AMÉN! a su Cuerpo Místico que es la Iglesia, y
concretamente, a los hermanos que están a nuestro alrededor,
especialmente a quien más nos cuesta aceptar, porque es con ese
hermano o hermana con el que nos falta hacer unidad. Esto implica
morir a nosotros mismos, morir con Cristo a nuestro orgullo. Cuando
comulguemos a Cristo, pensemos en ese momento en la persona que
necesitamos amar, y Jesús nos ayudará a comulgarla.
De las palabras de San Pablo a los corintios podemos deducir que
entre más comunión tengamos con el Cuerpo Místico, más bendiciones
recibiremos; y entre más división tengamos con los hermanos, más
desgracias: “Por esto hay entre ustedes muchos enfermos y débiles, y
son bastantes los que mueren por esta razón” (v.30).
4. La Eucaristía hace la Iglesia mediante la contemplación
“Hagan esto en memoria mía”
Estas palabras significan hagan lo que yo he realizado es decir, tanto
el signo como su significado. Pero ¿con qué finalidad? Entre otras, para
que al contemplar lo que Jesús hizo, hagamos nosotros lo mismo: Si el
contenido de esta memoria es la muerte de Cristo: “pues cada vez que
comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte
del Señor hasta que venga” (v.26), entonces “contempla lo que yo he
hecho y ofrécete tú también en sacrificio”.
Dice Jesús que de acuerdo a lo que tengamos dentro, en la memoria,
así hablaremos y actuaremos (cfr. Mt 15, 19-20). El contenido de esta memoria
que Jesús nos manda hacer es su muerte. Pero este memorial concierne
no sólo a nosotros en Sentido antropológico, sino también a Dios en
Sentido teológico.
• Sentido teológico. En la Misa invitamos a Dios a recordar
(anamnesis) todo aquello que Jesús ha hecho por nosotros y, por
su amor, alcancemos hoy su perdón y ayuda. Cuando el pueblo
174
de Israel necesitaba la ayuda de Dios, se dirigía a Él exclamando:
“Acuérdate de Abraham, de Isaac, de Jacob, de David” Nuestra
Misa equivale a esta oración, sólo que ahora le estamos diciendo:
¡Acuérdate de Jesucristo, tu Hijo, y de su sacrificio ofrecido por
nosotros! Pero además con la ventaja de que este sacrificio se
hace presente sacramentalmente sobre el altar.
• Sentido antropológico. En cuanto a nosotros, significa que nos
acordemos de Él. El recuerdo de una persona amada de algún
modo lo hace presente con todo lo que ello significa. San Agustín
escribió: “desde que te conocí, permaneces en mi memoria y
aquí te hallo cuando me acuerdo de ti y me deleito de ti” (Confesiones).
Así como el metal se transforma en el contacto continuo con el
fuego, así también la contemplación de Cristo, si es asidua, obrará
verdaderamente la transformación de nuestro corazón. ¡Quien se
contempla no contempla y quien contempla no se contempla!
5. La Eucaristía hace la Iglesia mediante el seguimiento
De la Liturgia a la vida
El evangelista San Juan, viendo que los demás evangelistas habían
relatado la institución de la Eucaristía en la última cena, prefirió ya no
hablar del signo, sino de su significado, con las consecuencias prácticas
que de él se derivan.
Esa noche, Jesús se despojó de sus vestiduras de Maestro, se ciñó un
delantal, vestidura de servidor, y se puso a lavar los pies de los discípulos.
Este hecho fue una verdadera parábola viviente. Desde entonces el
servicio: la diakonía, fue instituido como el estilo de vida y modelo de
todas las relaciones en la Iglesia.
Dice el apóstol Pedro: “Que cada cual ponga al servicio [diakonía]
de los demás, la gracia [carisma] que ha recibido” (1Pe 4, 10). Un carisma
que no se realiza como servicio, es como un talento enterrado que se
transforma en causa de condenación.
Hay que tener en cuenta que el servicio no es en sí mismo una virtud,
pues se puede servir por interés o por estar sometido. Para que sea virtud
debe brotar del amor, como lo hizo Jesús: “Habiendo amado a los suyos
que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). El servicio
cristiano debe ser manifestación del verdadero amor que no busca su
propio interés, sino el de los demás; que no está hecho de búsqueda
sino de donación; que beneficia gratuitamente. El servicio evangélico
es propio del que posee, de quien se le dio y a quien se le pedirá de
acuerdo a lo que recibió.
175
Otra gran característica del servicio cristiano es la humildad. Jesús
dijo una vez: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”
(Mt 11, 29)
. Su humildad se ha mostrado en que, siendo el Maestro, se ha
despojado de las ventajas de ser el Maestro y Señor, y ha descendido al
nivel del último servidor. La Eucaristía es memorial de este despojarse
para morir a manos de sus propias criaturas y ofrecerles el servicio de la
salvación.
En el lugar que ocupo en la Iglesia, ¿hago de mi vida una Eucaristía,
sirviendo con amor y humildad, a ejemplo de Jesús que no buscó su
propio agrado?
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo cuadro del punto 4 y tu oración y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
176
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia: La Eucaristía
✓✓ Busquemos participar activamente todos juntos
de la Eucaristía.
✓✓ Después en algún momento adecuado compartamos nuestra
experiencia de ir todos juntos a misa ¿Qué sentimos a nivel
personal? ¿Qué sentimos como familia?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué familias conoces que participan siempre juntas de la
Eucaristía?
✓✓ ¿Cómo nos verán las demás personas por la manera como hasta
ahora participamos de la Eucaritía? (Todos juntos, cada uno por
su lado, no vamos, etc).
177
Encuentro Kerigmático 15
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: DIJO QUE SI MARIA
ORAMOS: Como a Belén llegaste.
Como a Belén llegaste a dar a luz al Hijo,
del Padre la sustancia, de tu carne vestido,
al Tepeyac desciendes por engendrar al indio al
amor de una patria y a la fe en Jesucristo.
A prueba de unas rosas nacidas del invierno,
tú pides que se erija en la colina un templo,
de tu vientre nos naces a doble alumbramiento,
flor de patria mestiza y fruto de Evangelio.
Diego cree que en su ayate va una carga de rosas,
que a vista del obispo como argumento arroja,
sólo una Rosa impresa de tez morena asoma,
a pinceles pintada por Quien pintó la aurora.
Danos la paz y el trigo, Señora y Niña nuestra,
una patria que sume hogar, templo y escuela,
un pan que alcance a todos y una fe que se encienda
por tus manos unidas,
por tus ojos de estrella. Amén.
179
¿COMO PUEDO EN LA IGLESIA SER SIEMPRE FIEL?
✓✓ 1. Recuerda algunos hechos en los que tú has demostrado tu
fidelidad a tus compromisos.
181
enormes y pesadas tinajas de piedra son símbolo del mundo religioso de
la Antigua Alianza, que será transformada y perfeccionada por la Nueva,
simbolizada por el vino nuevo, excepcional en calidad y abundante.
“…Llenen los cántaros de agua” (v.7). Jesús se dirige a los sirvientes
que, por indicación de María, están dispuestos a ejecutar lo que Él diga.
Al mandar que llenen de agua las tinajas, Jesús está indicando que Él
va a ofrecer la verdadera purificación, pero no lo hará con un agua que
limpia externamente, sino con un vino que entra en el hombre y lo llena
de gozo. El vino es el amor y la alegría que brota de la fe en Jesús y
transforma al hombre para que sea capaz de solidarizarse con el prójimo
y así tener vida, la vida en abundancia que Él ha venido a traer.
“…Todo el mundo sirve primero el vino de mejor calidad, y cuando
los invitados ya han bebido bastante, saca el más corriente. Tú, en
cambio, has reservado el de mejor calidad hasta hora” (v.10). En estas
palabras del mayordomo, las autoridades reconocen que el proyecto
de Jesús es mucho mejor, pues forma comunidades con sensibilidad al
prójimo, que viven el amor, que son solidarias, que encuentran en el
amor y el servicio el sentido de la vida, y en las que las mujeres, con
María a la cabeza, realizan un aporte insustituible.
“…Así manifestó su gloría y sus discípulos creyeron en Él” (v.11). La fe
y obediencia de María, abrió a la fe y obediencia a los sirvientes, y la fe
y obediencia de María y de los sirvientes, propició el signo de Jesús que
abrió a la fe a sus discípulos.
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo cuadro del punto 4 y tu oración y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.
186
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Leemos todos juntos el pasaje de Jn 2,1-12
✓✓ ¿Qué nos dice este pasaje a nuestra vida de familia?
✓✓ ¿Nos consideramos una familia a la cual se le ha acabado el vino
o vivimos la alegría del nuevo vino de Cristo?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ ¿Qué rostro mostramos como Cristianos de alegría o de Tristeza?
✓✓ ¿Qué diferencia encontramos entre la alegría que nos ofrece el
mundo y la alegría que te otorga Cristo?
187
Encuentro Kerigmático 16
ENCUENTRO MISIONERO
188
OBJETIVO:
Queremos tomar conciencia de que el camino de seguimiento de
Jesucristo dura toda la vida y que ese camino tiene momentos o etapas
que nunca se superan totalmente, pero que van haciendo de nosotros
adultos que personalizan su propia fe.
COMPROMISO DE RESPETO A TU DIGNIDAD COMO HIJO
E HIJA DE DIOS
Dios nuestro Padre, en mi encuentro personal con él, me hizo
comprender que es el Padre amoroso y misericordioso de todos los seres
humanos y que a todos nos quiere por igual. Por el amor infinito que
le tengo, me comprometo en no hablar nunca mal de un hermano o
hermana, ya que comprendo que aparecerán tentaciones que pretenden
destruir la comunión y armonía. Por eso buscaré dialogar con amor y
total respeto con todos.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: ALMA MISIONERA
LLÉVAME DONDE LOS HOMBRES…
ORAMOS: Por mi Parroquia
Coro 1
Jesús, ésta es hoy mi oración:Gracias por mi parroquia.
¡Estoy recibiendo tanto de ella!¡Tengo tanto que agradecerle!
Coro 2
En ella te estoy descubriendo,en ella estoy aprendiendo a amarte y
a seguirte.
Desde ella escucho tu Buena Noticia,desde ella recibo el pan
necesario para el camino.
Coro 1
Cuando me canso, me deja su palabra de ánimo,cuando me caigo,
me entrega tu perdón.
Cuando me siento débil, ella me fortalece,cuando me duermo, ella
me despierta.
Coro 2
Gracias, Jesús, por mi parroquia,gracias por los niños y los jóvenes,
por los mayores y los ancianos.Todos, formamos tu comunidad, tu
Iglesia.
189
Coro 1
También hoy quiero pedirte por ella, Señor,por sus grupos y
actividades,por su gente.
¡Cuánto me ayudan!
Coro 2
Que seamos un rincón cálido,un lugar donde nos queramos y
respetemos,
un espacio donde vivamos como hermanos,donde, unidos, nos
esforcemos por tu Reino.
Coro 1
Y te ruego algo más,con la fuerza de que soy capaz.
Que mi parroquia no luche por si y por su causa.Se empeñe, más
bien, en Ti y en tu causa.
Coro 2
Que no destaquemos por hacer muchas cosas,por ser muchos e
importantes.
Que nos conozcan, Señor, por vibrar y soñar con lo que Tú vibraste
y soñaste.
Todos:
Jesús, te doy gracias por mi Parroquia.Jesús, te pido por mi Comunidad.
Ella es el camino, Tú, la meta y el horizonte. Amén
190
✓✓ 2. ¿En la Iglesia, todos nosotros podemos llegar a ser felices,
cómo crees que se puede lograrlo?
193
los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin
corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerigma
se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso, la
Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones”(DA 278 a).
2.- CONOZCO Y SIGO A JESUCRISTO (Acción catequética).
Comprende todo el conjunto de actividades dirigidas a aquellos que
se interesan por la fe y quieren convertirse o reconvertirse cristianos,
siguiendo el camino de la iniciación cristiana: acogida, acompañamiento,
catequesis de iniciación, catequesis mistagógica, ritos y sacramentos. La
acción catecumenal es una función esencial de la vida de la Iglesia,
expresión de su maternidad (cfr. DGC 48).
El seguimiento nos pone en la escuela de Jesucristo como discípulos
de Él. “La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y
seguimiento de Jesús Maestro, profundiza en el misterio de su persona,
de su ejemplo y de su doctrina. Para este paso, es de fundamental
importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que
fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros
puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión en medio del
mundo que los desafía” (DA 278 c).
3.- VIVO EN JESUCRISTO (Acción pastoral).
Es el ámbito tradicional del actuar dentro (“ad intra”) de la comunidad
eclesial, en el ejercicio de las bien organizadas funciones: culto,
celebraciones, sacramentos, predicación, catequesis, vida comunitaria,
servicio de caridad, etc.
Sin duda que todo este proceso nos hace constituirnos en una
comunidad consciente de ser el Cuerpo de Cristo resucitado, presente
en el mundo. Porque “No puede haber vida cristiana sino en comunidad:
en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las
comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos.
Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo
participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos,
viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria. También es
acompañado y estimulado por la comunidad y sus Pastores para madurar
en la vida del Espíritu” (DA 278 d).
4.- SIRVO POR JESUCRISTO (Presencia y acción en el mundo).
Este momento del proceso evangelizador merece una atención
particular, sobre todo porque muchas veces ha sido descuidada esta
normal desembocadura de la acción eclesial en las diversas maneras
de testimonio evangélico en la sociedad: promoción humana, acción
social y política, acción educativa y cultural, promoción de la paz,
194
compromiso ecológico, etc. Son ámbitos de presencia de la Iglesia, que
está llamada a salir de su recinto para ponerse decididamente al servicio
del Reino de Dios en el mundo.
Este momento constituye esencialmente la misión. “El discípulo
[consciente de que es parte de un cuerpo eclesial y], a medida que
conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con
otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo,
muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona
de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios. La
misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse
como una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de
diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de la
maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona” (DA 278 e).
4. Este proceso de evangelización se vive en la Parroquia
“Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los
discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son
células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría
de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión
eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión…” (DA 170).
“La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación
cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana
a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en
la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su
iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado
el kerigma, quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación
del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria
y un apoyo seguro”(DA 293).
Pero “teniendo en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias,
es aconsejable la sectorización en unidades territoriales más pequeñas
[que en la Diócesis llamamos “Centros de evangelización”], con
equipos propios de animación y coordinación que permitan una
mayor proximidad a las personas y grupos que viven en el territorio. Es
recomendable que los agentes misioneros promuevan la creación de
comunidades de familias que fomenten la propuesta en común de su fe
cristiana y las respuestas a los problemas” (DA 372).
Todas las parroquias deben vivir en comunión entre sí, para que
cumplan con su misión en relación a planes, programas y actividades.
La Zona Pastoral (que en la Diócesis son 6: Zona Montañosa, Zona
Transvolcánica, Zona Cañera, Zona Centro, Zona Tecomán y Zona
Manzanillo), será el espacio de ayuda, colaboración e integración.
195
Recordamos que los Coordinadores Zonales son los responsables de que
la Zona Pastoral sea un espacio de comunión y solidaridad. (Decreto Pastoral
60-76)
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las preguntas del punto 4 y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal y
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Respondemos con toda la familia a las preguntas
del principio del tema:
✓✓ ¿Qué te hacen pensar estos rostros?
✓✓ ¿En la Iglesia, todos nosotros podemos llegar a ser felices, cómo
crees que se puede lograrlo?
196
✓✓ ¿Crees que la fe se puede educar, qué pasos tendría que dar para
llegar a ser adulta?
✓✓ ¿Por qué muchos de nuestros hermanos en la Iglesia se ven
tristes?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Ver como familia la Pelicula de “El Padrecito” de Cantinflas y
comentarla todos juntos.
197
Encuentro Kerigmático 17
198
OBJETIVO:
Descubrir la espiritualidad de comunión como la identidad misma
de la Iglesia, para vivir y trabajar en una parroquia misionera que va en
búsqueda de los más alejados, de manera organizada siendo testigos
alegres, guiados e impulsados por el Espíritu Santo.
COMPROMISO DE HONESTIDAD
Trataré de hacerte ver con amor y respeto mis sentimientos y
sincera reacción a lo que me comunicas. Si esto llegase a producir
dolor a cualquiera de los dos, confío en que nuestras relaciones sean lo
suficientemente firmes, auténticas y maduras que permitan tomar este
riesgo, considerando que al hablar la verdad con amor, nos ayuda a
crecer en Cristo quien es la cabeza. Trataré de ser sincero y honesto
contigo, por eso me esforzaré en ser prudente y nunca buscar dañarte.
I. INTRODUCCIÓN
CANTAMOS: TODOS UNIDOS
ORAMOS: La Iglesia en camino hacia la unidad
Te damos gracias, Padre de bondad, y te glorificamos, Señor Dios del
universo, porque no cesas de convocar a hombres de toda raza y cultura,
por medio del Evangelio de tu Hijo, y los reúnes en un solo cuerpo, que
es la Iglesia.
201
motivos muchas veces de soberbia y desprecio hacia el cristiano que
no los poseía. Después aparecen los dones de lo práctico: asistencia y
gobierno, y finalmente, el don de lenguas, don vistoso y muy apreciado
por los Corintios. Así es la jerarquía de dones, así es la voluntad divina,
así es como la Iglesia necesita vivir al interno de su vida.
Como conclusión podemos decir que la unidad y la diversidad en
la Iglesia, son necesarias, ambas son dones del Espíritu, y poseer un
espíritu eclesial consiste en aceptar la unidad y la diversidad provocada
por el Espíritu, rechazar esta realidad significa estar cerrado a la acción
del Espíritu y la voluntad de Dios.
Por otra parte, el texto lleva a rechazar toda soberbia creyendo que
el cristiano más importante es aquel poseedor de los dones vistos (yo soy
ojo, tengo visiones; y soy oído, tengo grandes revelaciones), a costa de
menospreciar al cristiano servidor (yo soy pie, soy mano).
Cada cristiano debe vivir la verdad, nadie debe sentirse más por el
don que tiene y nadie debe sentirse menos por el servicio que desempeña
por sencillo que sea. Siempre con una actitud de servicio al cuerpo que
es la Iglesia.
205
IV. ASIMILAMOS Y CELEBRAMOS LA PALABRA DE DIOS
Teniendo en cuenta todo lo que hemos visto en este tema:
✓✓ 1. ¿Qué nos dice este signo que hemos creado entre todos?
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las preguntas del punto 4 y
medítalas detenidamente, si crees conviente agrega lo
que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
✓✓ Comparte con tu pareja tu reflexión personal y
exprésale ¿Por qué pusiste eso?
✓✓ ¿Traten de ubicar juntos como pareja en que parte del dinamismo
de la parroquia misionera se encuentran (Esquema 1)?
✓✓ ¿Qué encuentros o retiros existen por medio de los cuales
nuestros hijos pueden iniciar su proceso de fe? Ubicar el
encuentro y las edades a las que corresponde
✓✓ ¿Cuántos centros de evangelización existen en mi parroquia? Da
sus nombres
✓✓ ¿Por qué creén que hay tantos cristianos que gustan sólo de
servir en encuentros y no se involucran en la vida pastoral de su
parroquia?
206
✓✓ ¿Qué ventajas encuentras de reunirnos como misioneros en
nuestro centro de evangelización (Región) y no todos juntos
como un movimiento?
REFLEXIÓN EN FAMILIA
A) Dinámica en familia:
✓✓ Observen detenidamente el esquema 2 y traten
que ubicar en que parte del mismo se encuentra cada uno de los
miembros de nuestra familia
✓✓ Partiendo del Plano de nuestra Parroquia, tratemos de ubicar
nuestro centro de Evangelización (Región) y tratemos de
descubrir ¿qué actividades pastorales se realizan en mi región?
B) Veamos lo que sucede a nuestro alrededor
✓✓ Pensando en familias que hicieron el Encuentro Misionero
✓✓ ¿Qué familias conocemos que sólo se dedican a servir en
encuentros y no se involucran en la vida pastoral de su región?
✓✓ Qué familias conocemos que viven en comunidades de
misioneros, participan en los encuentros y tambien prestan
algún servicio pastoral en su región?
207
Esquema 1
208
Esquema 2
209
210
CATEQUESIS 5
211
canten tu excelsa gloria.
¡Jesús Eucaristía! ¡Tú eres mi Dios y mi todo! Amén.
(Tradición Cristiana)
INTRODUCCIÓN:
Estamos casi por concluir esta primera etapa de nuestra catequesis de
adultos, que le hemos llamado Reiniciación Cristiana, llegamos ahora al
sacramento central de la vida de la Iglesia, la Eucaristía.
Es central porque hacia ella corre y de ella mana como de una fuente
toda la vida de la Iglesia, porque nos encontramos viva e intimamente
con la persona de nuestro Señor Jesucristo.
Antes de renovarnos en la riqueza de este sacramento, reflexionemos
sobre algunos de sus aspectos principales, sin perder de vista que
“la mejor catequesis sobre la Eucaristía, es la misma Eucaristía bien
celebrada” asegura el Papa Benedicto XVI.
VER:
EJERCICIO DE UBICACIÓN
✓✓ 1. Para ti ¿qué es la Eucaristía?
ILUMINAR:
La Eucaristía el sacramento profetizado
La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del
vino en su Sangre, renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de
Jesucristo en la Cruz.
La eucaristía es sacrificio en cuanto se ofrece, y es sacramento
en cuanto se recibe. La Eucaristía es el sacramento en el cual,
212
bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y
substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su
divinidad. Es por eso, el más grande e importante de los sacramentos,
de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida
litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana. La Eucaristía
fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento.
Salomón en el libro de los Proverbios: “La sabiduría se ha edificado
una casa, ha labrado sus siete columnas; (los siete sacramentos), ha
sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Ha
enviado a sus criados a proclamar en los lugares más altos de la ciudad:
Vengan a comer de mi pan, beban del vino que he mezclado”(Prov 9, 1-5).
El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios
de la ley: “Desde donde sale el sol hasta donde pone es glorificado mi
nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece en mi honor un
sacrificio de incienso y una ofrenda pura”(Mal 1, 11ss).
La presencia real del Jesucristo en la Eucaristía
La verdad de la presencia real, corporal y substancial de Jesús en
la Eucaristía, fue profetizada por el mismo Señor antes de instituirla,
durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm, al día
siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y
de los peces. “Yo soy el pan de la vida… El que come de este pan, vivirá
para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida
del mundo” (Jn 6, 35.51). El pan y el vino consagrados, confiere la gracia,
como afirma el mismo Cristo: “El que come mi carne y bebe mi sangre
tiene vida eterna” (Jn 6, 54), o sea, la gracia, es garantía de vida eterna. Fue
instituido por Jesucristo en la Ultima Cena, como consta repetidamente
en la escritura: “Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la
bendición, lo partió y dándolo a sus discípulos dijo: Tomen y coman;
esto es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz y, después de dar gracias, lo dio
a los discípulos diciendo: Beban todos de él, porque ésta es mi sangre,
la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los
pecados”(Mt 26, 26-28).
La importancia de comulgar para la salvación
Sabemos que el único sacramento absolutamente indispensable
para salvarse es el bautismo: si un niño recién bautizado muere, se
salva, aunque no haya comulgado. Sin embargo, para un bautizado
que ha llegado al uso de razón, la Eucaristía resulta también requisito
indispensable, según las palabras de Jesucristo: “Si no comen la carne
del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”
(Jn 6, 53)
. No sería razonable que un hombre alcanzara la salvación que es
213
unión con Dios, sin tener en la tierra al menos el deseo de la Eucaristía,
que es también unión con Dios. También hay que comulgar cuando se
está en peligro de muerte. La Iglesia como madre desea que se reciba al
Señor con frecuencia, incluso diariamente. Lo que se realiza, pues, en
la Eucaristía es la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre
de Cristo, que es lo que llamamos la transubstanciación. Bajo cada una
de las especies sacramentales (pan y vino), y bajo cada una de sus partes
cuando se fraccionan, está contenido Jesucristo entero, con su Cuerpo,
su Sangre, su Alma y su Divinidad. Lo cual quiere decir que Cristo está
presente hasta en una migajita de la hostia.
La Eucaristía, Banquete Eucarístico
A la Misa se le llama banquete eucarístico. ¿Por qué se le ha dado
este nombre?
Jesús cuando hablaba del Reino de los Cielos lo comparaba con un
banquete. Y su Ultima Cena que fuera como un banquete, como un
festín, una comida entre amigos. Un banquete es una comida alegre.
Se colocan los manteles más bonitos, la mejor cristalería, luces y flores.
Hay música y canciones. Los corazones están llenos de alegría. Así es
la Misa.
Si hay un banquete es porque se celebra un acontecimiento importante.
Por eso cada banquete es la celebración de un acontecimiento, en cada
Misa se celebra el acontecimiento de nuestra salvación.
El banquete no lo hacemos solos. Nos encontramos con personas
que llegan de otras partes, venidos de distintos sitios y condiciones, y
allí nos sentimos unidos por nuestro común amor a Cristo y a su Iglesia.
Sentimos comunión de unos para otros.
En un banquete nos alimentamos con manjares escogidos. En la
Santa Misa Dios nos alimenta con el Pan bajado del cielo que es el
cuerpo de Cristo, del cual dijo el mismo Jesús: “El que come de este pan,
vivirá para siempre” (Jn 6, 51).
¿Es nuestra Misa una fiesta? ¿Participamos en ella con alegría? ¿Nos
sentimos más hermanos en cada celebración? ¿Comemos el Pan Celestial
comulgando? Sería muy triste que nos dijeran: “vengan a ver comer a
los demás”. Eso no sería un verdadero banquete para nosotros. Y si no
comulgamos en la Misa nos quedaremos así: viendo comer a los demás
mientras que nosotros seguimos desfallecidos de debilidad espiritual.
Jesús dijo: “Tomen y coman” y no solamente “Tomen y miren”. Quiere
que nos alimentemos con su cuerpo en la Eucaristía. Nos preparemos lo
mejor posible, pero no nos quedaremos sin comulgar. ¿Qué responder a
los que dicen: yo no comulgo porque soy pecador?
214
San Francisco de Sales respondía así: “Si eres débil debes comulgar
para volverte fuerte. Si has pecado mucho te conviene comulgar (después
de confesarte bien) para que la presencia de Jesucristo te traiga fuerzas
para no seguir pecando tanto. Si te domina el mal genio, al recibir en la
comunión al que es manso y humilde de corazón, Él te irá contagiando
de su bondad y su buen genio. Si tienes inclinación a la impureza y
al vicio, la presencia en tu alma de Cristo el Cordero Inmaculado que
jamás tuvo la más mínima mancha de pecado, te irá dando fortaleza
hacia todo lo que es impuro, y amor por la virtud. Si te vence el orgullo,
Jesús que es humilde te irá haciendo semejante a Él. No comulgas por
que ya eres santo, sino porque deseas llegar a la santidad. Y sin comulgar
no lo lograrías quizá jamás”.
ACTUAR:
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
✓✓ 1. Escribe una idea nueva que no conocías sobre el Sacramento
de la Eucaristía y consideras tan importante que todos los
cristianos deberían de saber.
REFLEXIÓN PERSONAL
✓✓ Lee de nuevo las respuestas a las preguntas del
VER y el ACTUAR y medítalas detenidamente, si crees
conviente agrega lo que consideres le haga falta.
REFLEXIÓN CONYUGAL
REFLEXIÓN EN FAMILIA
✓✓ Con base a lo que estudiamos en la catequésis
anterios, platiquemos con nuestros hijos y
reflexionemos sobre ¿Qué es la Eucaristía? ¿Qué recibimos
en cada Eucaristía? ¿Por qué es importante comulgar en todas
las Eucaristias en las que participamos? y ¿Qué compromiso
adquirimos cada vez que Comulgamos?
216
✓✓ ¿Qué nos da la Eucaristía?
✓✓ ¿Qué compromiso adquirimos cuando comulgamos?
✓✓ ¿Por qué es importante comulgar en cada Eucaristía?
ACCIONES SUGERIDAS
✓✓ Las acciónes sugeridas son la manera de ir pasando de las ideas a
la práctica, hacer vida lo que hemos reflexionado y descubierto
juntos.
217
Tercera Celebración 18
MOVIMIENTO “VIVIENDO POR JESÚS”
Sección de Niños, Pre-adolescentes,
Adolescentes y Jóvenes del “Encuentro Misioneros”.
218
OBJETIVO:
Agradecer y celebrar las maravillas que Dios ha hecho entre nosotros
durante el Retiro de Evangelización, para experimentar y asumir la
Santa Eucaristía como imagen, culmen y fuente de la vida cristiana en
comunidad.
INCORPORACIÓN A LA COMUNIDAD
Yo: _____________________________________________
Con la ayuda del Espíritu de Dios, quiero manifestar mi voluntad
de vivir con más intensidad mi Bautismo, uniéndome activamente a la
Comunidad en la plegaria, en la escucha de la Palabra, en la celebración
Eucarística y en la práctica de la caridad. Después de haber vivido
la reiniciación cristiana, deseo, con la ayuda de ustedes, continuar
profundizando mí fe para colaborar en la construcción del Reino de
Dios entre nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Sacerdote:
Oremos, hermanos y hermanas, a nuestro buen Padre Dios, por todos
los que ahora se empiezan a acercar más a Dios, y por todos los que los
acompañamos en su camino, diciendo: Escúchanos, Padre.
• Para que aumentes cada día su deseo de vivir con Cristo.
• Para que viviendo en la Iglesia encuentren en ella felicidad.
• Para que les concedas fortaleza y perseverancia en su proceso de fe.
• Para que tu amor aleje de ellos todo temor y desaliento.
• Para que el Señor lleve a buen término esta obra iniciada en nuestros
hermanos.
• Para que nuestra Comunidad siga creciendo en su capacidad de
testimoniar el Evangelio e incorporar a los que el Señor vaya llamando.
219
Catequesis de Adultos
Diócesis de Colima
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