TRIMESTRAL FILOSOFÍA
1. Moral Y Ética
● Moral: La moral se refiere a un conjunto de valores y normas compartidos socialmente que guían
la conducta humana. Estos valores y normas varían entre diferentes comunidades y a lo largo del
tiempo. Por ejemplo, en la antigua Esparta era considerado moral matar a los niños recién
nacidos con alguna discapacidad, mientras que en la India era moral la segregación por castas. A
lo largo de la historia, prácticas como la esclavitud fueron consideradas morales, pero en la
actualidad valores como la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la protección de los
individuos son considerados morales, como se establece en la Declaración Universal de Derechos
Humanos. Se considera moralmente bueno a aquellos que siguen estos valores y normas, mientras
que se considera inmoral o malo a aquellos que no lo hacen. Es importante destacar que no
existen seres humanos amorales, es decir, sin un código de conducta, excepto en casos raros como
los niños que no han sido socializados adecuadamente.
● Ética: La ética, también conocida como filosofía moral, se centra en reflexionar sobre la
moralidad humana. Mientras que la moral es un hecho humano, la ética se encarga de analizar
este hecho. Se cuestiona por qué consideramos ciertos comportamientos como buenos y otros no,
investiga los valores que subyacen a las normas morales, compara diferentes sistemas morales y
busca establecer principios universales de comportamiento moral. Además, la ética tiene una
perspectiva normativa, es decir, busca orientar la acción moral. La reflexión ética surge cuando hay
conflictos entre normas o valores de diferentes sistemas morales. Por ejemplo, en la sociedad se
defiende tanto el valor de la vida como el derecho a no sufrir, lo que plantea dilemas morales,
situaciones conflictivas donde se debe tomar una decisión. El grado de desarrollo moral de una
persona se refleja no solo en la decisión que toma, sino también en las razones que presenta para
justificar su elección.
3. Tipos De Éticas
Cuando realizamos acciones morales, siempre nos basamos en algún criterio: actuamos para alcanzar algo
que deseamos o porque creemos que es lo correcto. Esto da lugar a dos grandes grupos de éticas según el
modo en que justifican los actos: aquellas que sostienen que el ser humano actúa moral o inmoralmente
dependiendo de si alcanza o no la finalidad que busca, y aquellas que consideran que el ser humano actúa
moralmente solo cuando lo hace por deber. Estas éticas se conocen como teleológicas, del griego "telos", que
significa 'fin', y deontológicas, del griego "deon", que significa 'deber'. Las primeras se centran en los fines,
mientras que las segundas se centran en el procedimiento.
3.1. ÉTICAS TELEOLÓGICAS
En el ámbito ético, las éticas teleológicas se centran en el resultado o las consecuencias de las acciones
para determinar su moralidad. Aquí, el bien moral se define en función de si una acción logra o no su fin
deseado. Veamos tres perspectivas importantes dentro de este enfoque:
● Aristotélica o eudaimonista (del griego eudaimonia; felicidad): según Aristóteles,
todas nuestras acciones están intrínsecamente vinculadas a esta búsqueda de la felicidad. Sin embargo,
definir la felicidad puede ser una tarea compleja y multifacética. Aristóteles argumenta que la
verdadera felicidad está intrínsecamente ligada al ejercicio pleno de nuestras capacidades humanas
superiores, como la razón y la conciencia moral. La felicidad no se reduce a la mera satisfacción
de deseos o la búsqueda de placeres temporales, sino que implica una realización profunda y
duradera que surge de vivir una vida plenamente humana. Para Aristóteles, la felicidad se alcanza a
través de la práctica de la virtud y la moderación. La virtud desempeña un papel crucial en la
consecución de la felicidad, especialmente la prudencia, que guía nuestras acciones hacia el término
medio entre los extremos de los excesos y las deficiencias. La moderación y la prudencia nos
permiten cultivar un carácter virtuoso y desarrollar hábitos que nos conduzcan hacia una vida de
excelencia moral y bienestar. En este sentido, la educación desempeña un papel fundamental en la
formación del carácter virtuoso. Aristóteles sostiene que los padres, los educadores y las leyes de la
sociedad tienen la responsabilidad de inculcar virtudes morales en los individuos desde una edad
temprana, cultivando así una sociedad basada en la razón, la virtud y la armonía.
● Hedonista: se centra en la búsqueda del placer y la evitación del dolor como los principales
objetivos de la vida humana. Según Epicuro, la felicidad consiste en obtener placer y estar libres de
dolor. Epicuro argumenta que todos los seres humanos buscan el placer y tratan de evitar el dolor a
través de sus acciones. Por lo tanto, una acción es considerada buena si produce placer y mala si
causa dolor. Sin embargo, Epicuro reconoce que esta búsqueda del placer no es tan simple, ya que
ciertos placeres pueden llevar a dolores prolongados, mientras que algunos dolores pueden conducir
a placeres más intensos en el futuro. Por lo tanto, sugiere que debemos elegir las acciones que nos
brinden el mayor placer a largo plazo y minimicen la cantidad de dolor experimentado. Es
importante destacar que Epicuro distingue entre dos tipos de placeres: los placeres materiales y los
placeres del alma. Mientras que los placeres materiales están relacionados con las sensaciones físicas,
como comer, beber o tener comodidades materiales, los placeres del alma están asociados con
experiencias más profundas y emocionales, como la amistad, la tranquilidad mental y la satisfacción
espiritual. Epicuro no aboga por renunciar a ningún tipo de placer, pero enfatiza la importancia de
ordenarlos y subordinarlos al placer máximo, que él llama "ataraxia" - un estado de serenidad y
equilibrio alejado de preocupaciones y molestias.
● Utilitarista: es una corriente ética que se centra en las consecuencias de nuestras acciones
para determinar si son correctas o incorrectas. Según esta perspectiva, una acción es buena si
produce felicidad o placer y es mala si produce infelicidad o dolor, independientemente de
las intenciones detrás de ella. John Stuart Mill, uno de sus
principales defensores, argumenta que el objetivo último de la moralidad es maximizar la felicidad y
el placer para el mayor número posible de personas. Esto significa que, frente a dos acciones
posibles, la correcta es aquella que genera la mayor cantidad de felicidad para el mayor número
de personas. A diferencia de otras teorías éticas que se enfocan en la perfección individual, el
utilitarismo se centra en el bienestar social. Esto significa que busca maximizar la felicidad y
minimizar el sufrimiento en la sociedad en su conjunto. Mill distingue entre dos tipos de placeres:
los superiores y los inferiores. Los placeres superiores están relacionados con la virtud y la
cooperación entre las personas, lo que contribuye a la armonía social y al respeto mutuo. Por otro
lado, los placeres inferiores están vinculados a la satisfacción egoísta y personal.
3.2. ÉTICAS DEONTOLÓGICAS
Immanuel Kant fue el primer filósofo en introducir la perspectiva deontológica en la moral. Contrario a las
éticas teleológicas, Kant argumenta que estas no pueden proporcionarnos normas de acción absolutas, ya que
siempre dependen de si se ha logrado el fin propuesto, sin considerar si este fin es intrínsecamente bueno
o universalmente aceptado.
Para establecer un mandato absoluto, Kant propone una regla formal independiente de los hechos o los bienes
materiales que cada individuo persigue. Esta regla se basa en la buena voluntad, que es la disposición a
actuar correctamente, sin estar condicionada por resultados específicos o intereses personales. En otras
palabras, una acción es moralmente buena si se realiza por deber y con la intención de hacer el bien,
independientemente de las consecuencias que pueda tener.
Según Kant, el deber no se origina en fuerzas externas como las costumbres o la legalidad establecida,
sino en la propia razón. Es una obligación moral que surge del respeto a la ley moral en sí misma. Por lo
tanto, la moralidad de una acción radica en la intención del agente y su compromiso con actuar
conforme a la ley moral, sin importar las consecuencias.
La diferencia fundamental entre las éticas teleológicas y la deontología kantiana radica en la naturaleza de
los mandatos morales.
● En las éticas teleológicas, los mandatos morales se expresan en forma de imperativos hipotéticos,
lo que significa que están condicionados por los fines que se buscan alcanzar. Por ejemplo, "haz X
si quieres obtener Y". Aquí, la acción moral está ligada al logro de ciertos resultados deseables,
como la felicidad o el placer. Sin embargo, para Kant, estos no constituyen los mandatos propios de
la moral, ya que la acción estaría condicionada por la recompensa esperada.
● En cambio, Kant propone los imperativos categóricos, que son mandatos morales que se postulan
como acciones buenas en sí mismas, sin depender de ningún fin ulterior. Estos imperativos
buscan ser leyes universales que guíen la conducta humana en cualquier circunstancia y bajo
cualquier condición. Kant propone dos formulaciones principales de estos imperativos:
○ "Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida por tu voluntad en ley
universal de la naturaleza": Esta formulación implica que debemos actuar de manera
que nuestras acciones puedan convertirse en principios universales de conducta, es decir,
debemos tratar a los demás como nos gustaría ser tratados a nosotros mismos.
○ "Debemos actuar de tal modo que tratemos a la humanidad, ya sea en nuestra propia
persona o en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un
medio": Esta formulación destaca la importancia de respetar la dignidad inherente de
cada ser humano, reconociendo que no deben ser utilizados como simples instrumentos
para lograr nuestros propios objetivos.
La ética propuesta por Kant se distingue por ser autónoma, es decir, somos nosotros mismos quienes nos
imponemos las normas morales. Esto se opone a la ética heterónoma, donde las normas son impuestas por
otros, como la sociedad o la religión. En la ética kantiana, la razón es la suprema legisladora, y la ley moral
se encuentra en la propia razón, manifestada en el imperativo categórico, el principio para actuar
correctamente.
La dignidad del ser humano y la universalidad de la ley son los fundamentos que deben respetar todas las
acciones morales según Kant. No proporciona preceptos concretos, sino que establece el principio de actuar
según el deber. ¿Cómo saber qué es lo que debemos hacer entonces? Kant nos dice que actuemos de manera
que podamos desear que nuestra acción se convierta en una ley universal, teniendo en cuenta el valor
intrínseco de cada ser humano.
Actuar autónomamente implica actuar racionalmente, en contraposición a ser controlados por nuestras
pasiones (heteronomía), y de manera universalizable, es decir, queriendo que nuestra forma de actuar sea
válida para todos. Así, el deber se presenta como la obediencia a una ley que es válida para todos los seres
racionales, sin excepciones. Esta ley se basa en la libertad o autonomía del individuo moral y en la creencia
de que la racionalidad es el criterio superior en relación con los principios morales.
3.3. ÉTICAS COMUNICATIVAS O PROCEDIMENTALES
Las éticas comunicativas o procedimentales, representadas por filósofos como Habermas y Apel, ofrecen una
visión renovada de la ética, donde el imperativo moral no proviene de la razón autónoma del individuo,
sino del propio lenguaje utilizado en la comunicación humana. Esto implica que, para que un diálogo sea
verdaderamente moral, es necesario respetar ciertas normas básicas:
a) Igualdad de participación: Todos tienen el mismo derecho a expresarse y participar en la
conversación.
b) Acceso equitativo a la información: Todos deben tener la misma oportunidad de acceder a la
información relevante sobre los temas discutidos.
c) Argumentos universalizables: Los argumentos presentados deben aspirar a ser válidos
universalmente, sin privilegiar intereses particulares, y deben ser intercambiables entre los
participantes.
Estas normas, presentes en el uso cotidiano del lenguaje, sirven para determinar la validez moral de una
acción. Por ejemplo, ciertas prácticas culturales que limitan la participación de las mujeres en la discusión
pública no cumplirían con estas normas.
La norma moral surge del diálogo entre iguales, en lo que se llama mediación consensual argumentativa.
Es un diálogo donde se respetan los principios de igualdad, acceso a la información y argumentación
universal. Las normas resultantes son intersubjetivas, producto de un consenso entre todos los afectados.
Lo crucial en estas éticas es el procedimiento para determinar las normas morales, más que el resultado
específico del diálogo. Las normas son consideradas morales si surgen del consenso de todos los individuos
afectados y son aceptadas mediante el procedimiento de la mediación consensual argumentativa.
5. Éticas Aplicadas
Las éticas aplicadas surgieron en la segunda mitad del siglo XX para abordar problemas morales como la
guerra, la defensa de los derechos humanos y la pobreza, entre otros, que requerían una respuesta colectiva.
Estas respuestas se construyen a través de un proceso deliberativo que busca unificar las diversas
sensibilidades y valores presentes en las sociedades modernas.
5.1. LA POBREZA:UN GRAVE
PROBLEMA ÉTICO-ECONÓMICO
La pobreza puede definirse como un estado de vulnerabilidad en el que las personas carecen de ingresos
suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, como atención médica, alimentos, vivienda, ropa y
alimentación. Estas privaciones afectan directamente la dignidad y autoestima de las personas, y limitan o
eliminan su capacidad para participar en los procesos de toma de decisiones que les afectan.
Existen dos grandes niveles de pobreza:
● Pobreza absoluta: Se refiere a aquellas personas cuyos ingresos totales son insuficientes
para cubrir las necesidades básicas de subsistencia. Esta forma de pobreza afecta
aproximadamente al 10% de la población mundial, lo que equivale a unos 610 millones de
personas. Además, se estima que hay otros 1.200 millones de personas que viven con solo
dos dólares al día, lo que suma casi un tercio de la población mundial.
● Pobreza relativa: Se define en relación al nivel de ingresos promedio de cada país.
Incluso aquellas personas que ganan más de dos dólares al día pueden considerarse
pobres si sus ingresos no les permiten acceder a los productos básicos en su lugar de
residencia.
5.2. UNA REFLEXIÓN ÉTICA SOBRE LA GUERRA
La guerra, un conflicto sociopolítico que ha estado presente desde los albores de la humanidad, sigue siendo
uno de los temas más graves en la sociedad contemporánea. Aunque hay consenso en que la guerra conlleva
el uso de armas y resulta en muertes y destrucción, no existe un acuerdo universal sobre cómo abordar este
fenómeno. La reflexión ética sobre la guerra presenta tres enfoques distintos:
● Carl von Clausewitz, un experto en temas militares, dijo que "la guerra es solo otra forma de hacer
política". Esto significa que la guerra no es solo pelear por pelear, sino que tiene objetivos políticos
detrás. Cuando un país está en guerra, todos sus recursos se utilizan para luchar, y la guerra
continúa hasta que se vence al enemigo. Es básicamente usar la fuerza para hacer que el otro lado
haga lo que uno quiere.
● Hay una opinión más detallada que defiende la idea de una guerra justa: aunque valoramos la
paz, a veces es necesario luchar. Por ejemplo, cuando un país se defiende de un ataque o cuando se
protege a las personas dentro de un país. Michael Walzer, en su libro Reflexiones sobre la guerra,
menciona un caso en Ruanda en 1994, donde hubo un intento de exterminio de la gente tutsi por
parte de la gente hutu, con mucha violencia y crueldad. En ese caso, él cree que usar la fuerza
para detener esas matanzas sería una guerra justa.
● La tercera postura es la del pacifismo, que es quizás la más profunda en su defensa de mantener la
paz entre las naciones utilizando todos los medios necesarios, como la objeción de conciencia, la
diplomacia y la no violencia activa. Esta postura considera que la guerra es una excepción en una
situación normal caracterizada por la paz.
5.3. ÉTICA AMBIENTAL O ECOÉTICA
La ética ambiental, también conocida como ecoética, surge de la reflexión sobre nuestro impacto en el
medio ambiente y nuestra responsabilidad hacia él. Se trata de una rama ética que busca aplicar
principios morales a nuestra interacción con la naturaleza. En este enfoque, el ser humano no se considera
como un ente separado de la naturaleza, sino como parte integral de ella, siendo corresponsable de su
estado. La ecoética nos insta a comprender que estamos interconectados con la biosfera y que nuestras
acciones afectan directamente al medio ambiente. Problemas como la deforestación, la acumulación de
residuos y la contaminación son consecuencias de la actividad humana y representan una amenaza tanto
para el planeta como para nosotros mismos.
5.4. ÉTICA APLICADA Y DERECHOS HUMANOS
Los derechos humanos representan un punto clave donde convergen la ética, el derecho y la política. Son
las condiciones fundamentales que garantizan la protección de la dignidad humana y sirven como puente entre
las normas éticas y legales. En muchos países, las leyes se basan en los derechos humanos con el objetivo de
establecer un orden social y político más justo que promueva la paz, la convivencia y el respeto hacia todas
las personas.
Estos derechos tienen su origen en la idea de derechos naturales, que son aquellos que se derivan de la
naturaleza misma del ser humano, anteriores, superiores e independientes al derecho escrito y que pueden
ser comprendidos mediante la razón. Para pensadores como John Locke, ejemplos
de derechos naturales incluyen el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. La legitimidad de las leyes se
basa en su conformidad con estos derechos, lo que sugiere que las leyes que no los respetan no son justas o
legítimas. Muchos filósofos argumentan que negar los derechos naturales implicaría contradecir la propia
naturaleza humana.
Karel Vasak dividió los derechos humanos en tres generaciones, reflejando las diferentes necesidades y
preocupaciones históricas:
● 1ª generación: protege los derechos civiles y políticos, como la libertad de expresión y el derecho
a participar en la vida política.
● 2ª generación: protege los derechos sociales, económicos y culturales, como el derecho a la
educación y a un nivel de vida adecuado.
● 3ª generación: incluye los derechos de solidaridad, que abordan cuestiones globales como el
medio ambiente y los problemas alimenticios y demográficos, requiriendo cooperación a nivel
mundial para su realización.
5.5. LA ÉTICA DEL CUIDADO
La ética del cuidado reconoce la fragilidad inherente al ser humano y se centra en responder a las
necesidades de quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. En lugar de preguntar "¿qué es justo?", se
pregunta "¿cómo podemos cuidar a los demás?". Este cuidado puede manifestarse como una actitud natural de
ayuda, como una responsabilidad profesional (por ejemplo, en el caso de un enfermero) y como un
compromiso moral.
Desde una perspectiva moral, el cuidado implica ser conscientes de la vulnerabilidad del otro y estar
dispuestos a atenderlo tanto a nivel físico como emocional. Esto implica una comunicación personal y una
consideración activa de las necesidades individuales de la persona que necesita cuidado.
Nel Noddings, una defensora de esta ética, sostiene que lo que nos impulsa no son principios racionales
universales, sino sentimientos hacia los demás. El cuidado natural surge de manera espontánea, mientras que
el cuidado ético es aquel en el que actuamos por deber, incluso cuando no sentimos una inclinación natural
hacia ello.
5.6. LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES
La Declaración Universal de los Derechos de los Animales, promulgada en 1978 por la Liga Internacional
de los Derechos del Animal y respaldada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), plantea una
cuestión ética fundamental: ¿los animales pueden tener derechos? Si bien esta declaración reconoce la
importancia de proteger a los animales y promover su bienestar, muchos juristas y filósofos tienen dudas al
respecto.
Uno de los principales argumentos en contra de otorgar derechos a los animales es que no son sujetos de
deberes legales. Por ejemplo, si un perro muerde a una persona, no se juzga al perro, sino a sus dueños,
quienes son considerados responsables de la educación y el comportamiento del animal. Desde esta
perspectiva, los animales son tratados como propiedad de los humanos, no como individuos con derechos
propios.
Sin embargo, es innegable que muchos animales son capaces de sentir dolor, sufrir ansiedad y experimentar
emociones. Esta capacidad de sufrimiento ha llevado a la promulgación de leyes de protección animal en
muchos países, aunque en la mayoría de ellos los animales siguen siendo considerados legalmente como
"cosas". No obstante, esta visión está cambiando gradualmente en algunos lugares.
Por ejemplo, en países como Alemania, Portugal y España, se reconoce cada vez más a los animales como
seres sintientes, lo que significa que se les otorga ciertos derechos y protecciones legales adicionales. Incluso
en sistemas judiciales de países como Argentina y Estados Unidos, se ha otorgado personalidad jurídica a
ciertos simios, lo que implica que son tratados como sujetos legales con capacidad para contraer
obligaciones y derechos.