Mat. Lectura Unidad #3
Mat. Lectura Unidad #3
MATERIAL DE LECTURA
7° U – 7° IV – 7° V Ciclo Superior Técnico
Electrónica – Electromecánica Año 2023
UNIDAD N° 3
Introducción a la ética- Ética y Moral. Naturaleza y objeto -
principales características. Objeto formal y material de la ética. El
acto humano y dimensión moral. Principales teorías éticas: La ética
socrática; Platón y la ética; La ética de Aristóteles; La ética kantiana.
Ética y política. Ejercicio de la ética profesional. Deontología,
Códigos deontológicos.
Desarrollo
Introducción a la ética-
De una manera u otra en nuestra vida cotidiana, todos utilizamos palabras como
ética, moral, valores y principios, o frases como, los políticos no tienen ética, en esta
época ya no hay moral, yo aprecio a mis amigos por que tienen principios, etc.
En todo momento un gran porcentaje de personas pasa horas discutiendo si estuvo
bien, lo que hizo o lo que decidirá hacer con su libertad, mientras que el porcentaje
restante de los individuos la culpa a esta de irresponsabilidad.
- En contexto filosófico, la ética y la moral tienen diferentes significados. La ética
está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el
comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres,
normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad.
Estos términos tienen diferente origen etimológico:
La palabra "ética" viene del griego "ethos" que significa "forma de ser" o "carácter".
La palabra "moral" viene de la palabra latina "morales", que significa "relativo a
las costumbres".
Si queremos expresar con precisión, debemos aplicar el término “Ética”
exclusivamente a una parte de la Filosofía que analiza y sistematiza los actos que
quedan comprendidos en la moral.
La ética
Es un conjunto de conocimientos derivados de la investigación de la conducta
humana al tratar de explicar las reglas morales de manera racional, fundamentada,
científica y teórica. Es una reflexión sobre la moral.
Por otra parte, está encargada de hacer teorías sobre esas acciones, analizar “por
qué” aplicamos el calificativo, “bueno o malo”, cuando lo utilizamos, pensar
“que” es un valor o principio moral, reflexionar sobre “cuando” respetamos o
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explicar “por qué” a veces no la cumplimos con lo que sabemos que debemos hacer,
etc.
La moral
Es el conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y todos los ciudadanos las
utilizan continuamente, nos referimos a las acciones que comprenden la acción
intersubjetiva, acción que involucra directo o indirectamente a más de un sujeto y
todo aquello que una sociedad ha establecido para que sea posible la convivencia, sin
que se hay escrito, por ejemplo, en códigos civiles.
Estas normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo
que es moral o inmoral, correcto o incorrecto, bueno o malo.
En un sentido práctico, el propósito de la ética y la moral es muy similar. Ambas son
responsables de la construcción de la base que guiará la conducta del hombre,
determinando su carácter, su altruismo y sus virtudes, y de enseñar la mejor manera
de actuar y comportarse en sociedad, ayudándonos a formar un criterio como para
tomar decisiones de manera acertada, comprometida y libre.
Se define la ética:
Como la ciencia que se refiere al estudio filosófico de la acción y la conducta humana,
considerada en su conformidad o disconformidad con la recta razón (razón que se
dirige a la verdad). O, dicho de otro modo, la ciencia que ordena los actos libres del
hombre en cuanto se encamina a su fin último, que es la felicidad.
Por recta razón entendemos el medio a través del cual se descubre la moralidad.
Pero, ¿a través de qué medio conocemos si una acción es o no conforme al verdadero
bien de la naturaleza humana? La respuesta es la inteligencia, en cuanto es quién
advierte lo adecuado o inadecuado de una acción en orden al verdadero bien de la
naturaleza humana.
Si la inteligencia alcanza esa comprensión sin error, se le denomina recta razón.
Así, la ética estudia la moralidad en cuanto a la cualidad del acto humano que le
pertenece de manera exclusiva por proceder de la libertad en orden a un fin último;
determinando, por tanto, que se le considere bueno o malo.
La ética, entonces, refiere al acto perfecto en cuanto conviene al hombre como
hombre y en cuanto lo conduce o no a realizar su último fin.
El fin último del hombre es el deseo natural de ser feliz, es el bien perfecto
Por felicidad Aristóteles sostenía que es la obtención estable y perpetua del bien
totalmente perfecto, amable por sí mismo, que sacia todas las exigencias de la
naturaleza humana y calma todos sus deseos.
Es decir, felicidad equivale a conseguir el fin último y perfecto, después del cual no
queda nada por desear ni alcanzar (se distingue, así, del placer, que es una
satisfacción pasajera, originada por la posesión de un bien particular).
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Todos tenemos experiencias de satisfacción o remordimiento frente a determinadas
acciones realizadas. A partir de ellas es que surge la pregunta acerca de la calificación
de la conducta. ¿Qué es el bien y qué es el mal? ¿Por qué esto es bueno y aquello
malo?
Precisamente, la respuesta a estas interrogantes es lo que nos lleva al estudio
científico de los actos humanos en cuanto buenos o malos, estudio que denominamos
ética.
Así, resulta aquella parte de la filosofía que estudia la moralidad del obrar humano;
es decir, considera los actos humanos en cuanto son buenos o malos.
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(a su bondad o maldad). Es decir, la ética estudia los actos humanos en cuanto a si
éstos están o no conformes al verdadero bien de la naturaleza del hombre y, por
tanto, de su fin último que es la felicidad.
El objeto formal de la ética es aquello según lo cual los actos humanos, considerados
formalmente en cuanto tales (y no desde un punto de vista particular o con relación
a una finalidad restringida, como los actos de un artista o un pianista), son
calificados como buenos o malos.
A su vez, la moralidad no se identifica formalmente con las cualidades naturales que
pone en juego la persona al momento de obrar, como serían la mera astucia mental,
la habilidad o la fuerza física, puesto que éstas son neutras y se pueden utilizar tanto
para bien como para mal. Así, por ejemplo, la astucia mental la podemos utilizar para
planear un robo como para proponer la verdad de un modo convincente.
Por tanto, los calificativos morales se reservan para enjuiciar los actos de la voluntad
deliberada por los que la persona se auto determina hacia el bien o el mal; y no se
confunden con las cualidades que pueden tener ciertas acciones humanas con
relación a una finalidad restringida, como sería la perfección técnica en la
consecución de objetivos particulares o en la realización de determinadas obras.
El sentido común distingue el uso técnico del uso ético, aplicando para el primero el
calificativo de perfecto y para el segundo el de bueno. Así, por ejemplo, la
habilidad de un artesano se dice que es una perfección relativa, es decir, que el
artesano es perfecto como artesano, pero no necesariamente es bueno como persona,
pues aquella perfección no lo implica.
El bien y el mal moral afectan a la persona en cuanto tal y en su totalidad; es decir,
hacen al hombre bueno o malo en su totalidad, sin restricciones.
Esta referencia al bien integral de la persona, considerada en su unidad y
totalidad, distingue la dimensión propiamente moral de la artística o mecánica, y
explica que ésta sea juzgada por aquélla. Por ejemplo: Todos nos hemos arrepentido
alguna vez de ejecutar un proyecto operativo que, con todo, resultó eficaz. Nos
remuerde la conciencia y nos arrepentimos no por deficiencias técnicas sino porque,
aunque se alcanzó con éxito el objetivo prefijado, su consecución nos significó más
una pérdida que una ganancia, reconociendo que nos habíamos puesto como fin algo
que sólo aparentemente era un bien.
A un nivel más profundo, lo anterior se explica porque la atracción que ciertos bienes
nos producen aquí y ahora no coinciden con un “algo” que necesaria, irrenunciable
y permanentemente deseamos, advirtiendo que una acción realizada en pos de ellos
no es congruente, en definitiva, con ese algo mucho más precioso y querido.
A partir de Aristóteles, la filosofía ha llamado a este algo el fin último, vida feliz o
felicidad, y que alude al ser perfecto de la persona: a la plenitud de sentido de la
condición humana.
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El ACTO HUMANO Y SU DIMENSIÓN MORAL
El hombre tiene una naturaleza racional y libre, y es un ser que está siempre en
movimiento: posee potencias operativas que requieren ser actualizadas.
Se define potencia como lo que puede llegar a ser (la capacidad para ser algo que
todavía no se es). Acto, por su parte, en sí mismo lo que es.
El hombre tiene potencias que necesita actualizar. En el movimiento de las mismas,
en su actualización, busca un fin que puede identificarse como un bien. Ejemplo:
Esta actuación o perfeccionamiento es consciente y libre. Lo específico de la persona
humana es obrar consciente y libremente por un fin: predeterminar consciente y
libremente los bienes que ha de conseguir con su propio obrar. Lo que quiere decir,
en otras palabras, que el hombre no actúa ciegamente.
En cada una de las acciones humanas, lo primero que se concibe en el pensamiento
es el fin, lo que se quiere conseguir. Pero como dicho fin es lo que mueve a actuar,
desde el punto de vista operativo es lo último que se consigue.
El fin también debe entenderse como oposición a medio, es decir, la voluntad
siempre ordena lo que actualmente quiere a un bien posterior y más apreciado. Así,
por ejemplo, tomamos una medicina para recuperar la salud o adquirimos una
preparación profesional para ser útiles a los demás. En ambos casos, la medicina y
la preparación profesional son medios respectos de los cuales la salud y la ayuda a
los demás son fines.
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Poseemos una naturaleza racional y libre es porque Dios nos creó destinándonos a
un fin concreto.
Todo ser ha sido creado para algo, por algo, por un fin; y en orden a ese fin es que
está dotado de ciertas características concretas. Así, las plantas y los animales se
distinguen del hombre básicamente porque fueron creados con y para un fin distinto.
El hombre, por su naturaleza, está dotado de dos capacidades concretas: conocer y
amar. Por ello, su fin último debe tener tales características que le permitan saciar
ambas capacidades de manera infinita y sin límites, es decir, deben colmar esa
capacidad suya de amar y de conocer.
Así, la inteligencia aspira a la verdad absoluta, que sacia la facultad de conocer. Y
la voluntad aspira al amor absoluto que sacia las facultades de amar.
Un ser que sea Amor Absoluto y Verdad Absoluta debería entonces, por lógica, ser
nuestro fin último o felicidad.
Santo Tomás de Aquino lo explica de la siguiente manera: “La felicidad humana
consiste en la contemplación de Dios, que es la verdad suma y altísima, a la que sigue
un amor y gozo perfectísimo de Dios como sumo y supremo bien”.
Ningún bien finito –riqueza, placer, honor, salud y fortaleza corporal—puede ser
objeto de la felicidad humana porque es incapaz de saciar las tendencias principales
y más propias del hombre. |
Para que la felicidad humana sea definitiva y colme todos sus anhelos, es preciso un
conocimiento y un amor de Dios perfectos e interminables, de modo que no quede
nada por desear ni alcanzar y que el temor de perderlos no ensombrezca la dicha de
su posesión.
Esta situación no se da en la vida presente. En ella tenemos un conocimiento de Dios
imperfecto, que además no nos libra de los males y penalidades que nos aquejan. Sin
embargo, cabe en esta vida una felicidad imperfecta, porque aquí ya podemos
conocer y amar a Dios de alguna manera. Esta felicidad será tanto mayor cuanto más
pleno y continuado sea nuestro conocimiento y amor de Dios. La contemplación de
Dios nos acerca a la eternidad ya en esta vida, dándonos una serenidad y gozo
interior que los sucesos de la fortuna no pueden dar ni quitar. Por el contrario,
cuando el hombre se aleja de Dios y se encierra en los bienes terrenos, nunca está
satisfecho y de todo se hastía.
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El acto humano como acto libre. Su calificación moral
La moralidad es propia y exclusiva del obrar humano: es el único ser que puede
cumplir libremente con sus actos, con el fin último u orden moral que le corresponde.
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llaman elícitos (un afecto, sentir cariño). Si provienen de la voluntad
indirectamente o de otra facultad que no sea la voluntad, se llaman imperados
(recordar voluntariamente). Ambos, elícitos e imperados, son actos humanos que
actúan sobre otras facultades: Sobre el conocimiento del acto (advertencia) y sobre
la voluntad del acto (consentimiento).
La advertencia
La advertencia puede ser:
✓ Actual: En el mismo momento que se realiza la acción la inteligencia
capta se es bueno o malo.
✓ Virtual: Cuando la inteligencia capta la moralidad de un acto en un
momento anterior a ser realizado. Esta advertencia es suficiente para que el
acto sea humano y sea moral.
Ejemplo de lo anterior es lo siguiente: Dar una limosna es actual, porque sé que en
el momento de realizar la acción estoy pensando en un acto bueno. Si se sigue
ayudando a los demás sin tener esa atención actual, se dice que la advertencia es
virtual, porque se está bajo el influjo de la advertencia actual que se tuvo en actos
anteriores.
Por su parte, y atendiendo al grado de intensidad, la advertencia puede clasificarse
en:
✓ Advertencia Plena:
Cuando se conoce perfectamente lo que se está haciendo y la moralidad de lo que se
está haciendo. El acto es perfectamente humano.
✓ Advertencia Semiplena:
Cuando el conocimiento que se posee del acto encuentra un obstáculo,
disminuyéndose el grado de voluntariedad. Ejemplo: Realizar algo en estado de
ebriedad o de somnolencia.
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El consentimiento
La voluntad es advertida por la inteligencia, mas es ella quien consiente o rechaza.
Este consentimiento puede estar sobre la acción misma o sobre la causa que
desencadena la acción.
Si la voluntad quiere esa acción misma se llama acto voluntario directo, pues se
está buscando el efecto que produce ese acto. Por ejemplo, en el acto de robar, mi
voluntad quiere directamente apoderarse de algo que no me pertenece.
Por su parte, si la voluntad simplemente permite un acto, como efecto secundario
previsto y ligado a lo que directamente se quiere, se habla de acto voluntario
indirecto.
Por ejemplo, quien lee un libro para preparar un examen previendo que de esa
lectura se derivarán tentaciones contra la honestidad de las costumbres. Esa persona
quiere, indirectamente, esas tentaciones; y es responsable de ellas. De ahí la
obligación de evitar esa lectura, o al menos tener cautela.
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Conciencia Moral y Virtud
Desde niños, en la ignorancia de nuestros actos, son los padres o adultos los que nos
indican lo que debemos hacer,” compartí tus juguetes, devolve´ el autito, no le
pegues a Juan”, puesto que aún no sabemos poner un límite entre lo que deseamos
y lo que debemos hacer, somos heterónomos, pero a medida que vamos aprendiendo
nos volvemos más autónomos puesto que desarrollamos la “conciencia moral”,
que se nutre con las normas y los valores que rigen nuestra sociedad.
La conciencia moral
Si cometemos un error, mentimos, pero de igual manera salimos airosos de aquella
situación, sin juzgamiento alguno de la sociedad, nos damos cuenta que de igual
manera nos sentimos mal por lo que hicimos, y nos preguntamos “por qué”, la
respuesta está impresa en nuestra conciencia puesto que hay una norma que dice
que no hay que mentir y lo hicimos.
Como es una norma interna seremos culpables o responsables por no haberla
respetado independiente del juzgamiento o los ojos de los demás.
Planteamientos Éticos
Desde tiempos remotos estos temas fueron de profundo interés para los seres
humanos, desde obras literarias como la “Ilíada y la Odisea”, donde se presentan
personajes actuando y decidiendo en base a lo que les parece mejor.
Los primeros filósofos los podemos ubicar en Grecia hacia el siglo VI a C.
preocupados primeramente por los problemas de la naturaleza y el mundo, sentando
las bases para el estudio y desarrollo posterior de la ética y el actuar.
Heráclito de Éfeso y Demócrito de Abdera, se abocaron al estudio del obrar humano,
otros como Sócrates, fundamentaron su estudio filosófico sobre la ética y el actuar
de los seres humanos.
La ética socrática
Este filósofo vivió en Atenas durante el siglo V a C., no dejo manuscrito alguno de su
autoría puesto que consideraba que la filosofía era un ejercicio que debía realizarse
en una situación donde quienes reflexionan se encuentren reunidos. Debatiendo y
analizando juntos y que, si se lo escribiese, se perdería la posibilidad de discutir e
intercambiar realmente las ideas que es el fin principal del ejercicio filosófico, los
testimonios que tenemos de él fueron transcriptos por discípulos suyos.
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- Afirma que cualquier individuo que sabe lo que es el bien, es decir, conoce los
valores que deben seguir nuestras acciones, necesariamente actúa bien.
En este planteo, nos dice que, que la voluntad sigue ciegamente a lo que la razón o la
inteligencia ha decidido hacer. No puede suceder que, aunque yo sepa que algo es
malo, lo realice.
- En segundo lugar, “¿Que ser humano es capaz de obrar mal sabiendo que
eso va a perjudicarlo?”
Obramos acorde a lo que pensamos que lo que hacemos es lo mejor, que, aunque no
estemos totalmente convencidos de lo que hacemos, es lo que haríamos en
condiciones ideales, si es lo mejor, dentro de las posibilidades que tenemos.
Agregando además que hacer un mal a otro implica siempre también hacerse un mal
a sí mismo.
Para Sócrates, así cuando nos excedemos con la comida y la bebida, porque hace mal
al cuerpo, cuando mentimos o robamos nos sentimos mal porque le hacemos mal a
otro o a nuestra propia alma.
Platón y la ética
Este filosofo referencio su estudio en lo que llamo; “Teorías de las ideas” en esta
nos propone la existencia de dos mundos;
- Mundo sensible: es el mundo en el que vivimos, donde las cosas son materiales,
cambian, nacen y mueren.
-Mundo inteligible o de las ideas: que está constituido por ideas, las que
constituyen la esencia de la justicia, de la piedad, de la valentía, del bien, etc.
- Por lo tanto, a través del mundo inteligible tenemos acceso de manera pura y
perfecta a estas y otras virtudes y valores que se encuentran allí.
Cuenta a modo de mito, que antes de nacer nuestra alma contemplo esas ideas pero
que, al nacer, pasamos por un rio que se llama Leteo (olvido) y olvidamos lo que
vimos antes, y que, sin embargo, al presenciar situaciones justas o buenas, en este
mundo sensible, recordamos aquellas ideas que experimentamos antes de nacer,
ellas siempre nos sirven como modelos en nuestra vida.
Para Platón la verdad es una sola y la hemos conocido alguna vez, pero ahora no la
recordamos, esta justamente en el mundo inteligible, que nos provee de la idea del
bien, fuente de nuestro obrar bien.
Las personas que han recordado bien el conocimiento, de los valores y de las ideas
deben guiar a los demás hombres para que sigan su camino o, si no pueden, para que
al menos compartan con ellos lo que ahora saben.
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La Ética de Aristóteles
Este filósofo fue el primero en escribir un tratado específicamente dedicado a
analizar cómo debemos actuar, el libro se llama “Ética Nicomaquea”,
aparentemente dedicada a su hijo Nicómaco.
Generalmente cuando nos interrogan solemos afirmar que hacemos esto o aquello
con una determinada finalidad.
En él libro nos dice que, si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que en realidad
no son fines realmente, sino que son medios para conseguir otras cosas, puesto que
el único fin que es realmente un fin último en nuestra vida, es la felicidad, porque
todas las respuestas van a tener que asumir que, en última instancia, hago lo que
hago para ser feliz.
“¿Cómo llegamos a ser felices? - ¿Cómo alcanzamos la felicidad?”
Nos dice Aristóteles que alcanzamos la felicidad realizando aquello que nos es
esencial, es decir, lo que nos hace ser lo que somos, significando como esencial a la
racionalidad, tenemos razón o pensamiento.
Seremos felices si podemos ejercitar al máximo nuestra razón y nos dedicamos
cuanto nos es posibles a la vida teórica o contemplativa. Pero como somos humanos
y nos distraemos, nos dice que además de las virtudes intelectuales (virtudes
dianoéticas) como se la sabiduría y la comprensión, tenemos otras virtudes éticas
(relativas a la acción) que guarda relación con la acción y más especialmente con la
acción que involucra a otros hombres.
Nos expresa además no podemos considerar que alguien es virtuoso solo porque una
vez en su vida obro bien, la virtud se consigue con el hábito, con la practica
constante de la buena acción.
La virtud, nos dice que se trata de elegir el término medio entre dos posibilidades
extremas que son vicios. La valentía por ejemplo consiste en saber mantenerse entre
la actitud cobarde y la temeraria.
El virtuoso es aquel que, mediante una práctica constante, logra elegir el término
medio y evita el exceso (la exageración) y el defecto (la carencia).
La ética kantiana
Todos los hombres, dijeron, deben ser valorados por igual, así yo seré respetado
también. Al hacer una acción me pregunto;” ¿Puedo querer que otros en esta misma
situación hagan lo mismo que yo?” si respondo en forma afirmativa, entonces, y solo
entonces, mi voluntad fue buena y mi acción es correcta.
Immanuel Kant filósofo alemán del siglo XVIII, pensaba de esta forma,
argumentando que el adjetivo bueno solo puede aplicarse correctamente a la
voluntad cada vez que el sujeto persiga el bien con su acción.
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En este planteo el deber es fundamental, cuando se actúa de manera
aparentemente bien, pero en realidad uno tiene otra intención, son los que
llamamos conformes al deber, pero no se hacen en pos del deber mismo y por
lo tanto no hacen buena a la voluntad. Solo cuando realices lo que se debe hacer, es
decir, cuando hagas lo que quieras que hagan otros seres humanos y realices la
acción por deber, tu voluntad será buena.
Nos dice Kant: “el deber se impone sin más, porque todo deber es absoluto.”
¿Qué hacer? - ¿Cómo tomar la mejor decisión?
Haz esto, no hagas aquello, nos dice la voz de la conciencia, Kant nos habla de un
mandato o una orden que nos damos a nosotros mismos y a los que llama
imperativos, nombrándolos en:
- Imperativos hipotéticos
“No debo matar, si no quiero ir preso” en estos hay una condición (no quiero ir
preso), la acción depende de esa condición que se impone en mi desde afuera,
entonces no soy totalmente libre para elegir puesto que dependo de afuera (por lo
tanto, es hete romano).
- Imperativos categóricos
Este es incondicional, objetivo y autónomo. Es la que me permite decidir que no se
debe matar más allá de las consecuencias que me traiga esa acción después, por lo
tanto, es propia de una voluntad autónoma.
La voluntad está determinada por el deber y la acción cumple cabal y completamente
lo que se debe hacer.
ETICA Y POLITICA
Acción Política y Ciencia Política
La Ciencia Política estudia los fenómenos del acontecer político. El político es un
actor de esos fenómenos.
Sin duda que para el político las enseñanzas de la experiencia que recoge la Ciencia
Política no pueden ser indiferentes.
Constituyen un aporte importante para la determinación de su conducta.
Demuestran cómo se han desenvuelto procesos políticos que en un momento
determinado tienen lugar en un país, cómo se han desarrollado en otros. Y aun
cuando cada país tiene su propia realidad y cada circunstancia histórica es distinta,
así como ningún ser humano puede construir su vida sobre la base de imitar la de
otro, esas experiencias enseñan, al mostrar –al menos- algunas cosas que deben
evitarse y caminos que abren perspectivas, o señalar otros que conducen a fracasos.
En los últimos años, la realidad de los países de Latinoamérica ha incentivado una
gran preocupación de la Ciencia Política por el análisis de los procesos de transición
desde regímenes dictatoriales o autoritarios a la democracia, tanto en nuestro
continente como en la vieja Europa y otras zonas de la tierra.
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Esos estudios han sido -sin duda- útiles a quienes actuamos en el quehacer político,
para sacar consecuencia y, de alguna manera, guiar nuestra conducta.
La política maquiavélica
¿Es cierto que la política escapa a la moral?
El filósofo Maquiavelo, no rechaza los valores morales, no llama bien al mal ni mal
al bien. Simplemente niega a los valores morales toda aplicación en la política, con
lo que legitima la inmoralidad política. Para él lo importante en la política es la
eficacia, obtener el resultado que se quiere. Y el principal resultado a que ha de
aspirar el Príncipe debe ser mantenerse en el poder y acrecentar su poder. Ese fin
justifica todos los medios, sin consideraciones de orden ético, que no rigen en ese
campo.
Más que inmoral, el político sería -y es lo que sostiene Ortega y Gasset en su trabajo
sobre Mirabeau- amoral. Las reglas morales que rigen para el común de los mortales
no se aplicarían en la acción política.
En su obra expresa, creo que esta concepción deriva de un error básico: que el fin de
la actividad política sea el poder: conquistarlo, ejercerlo y conservarlo. En verdad,
esta es sólo una cara de la medalla. La política es, antes que nada, una actividad
humana, es una actividad que se ejerce por las personas y como tal está regida por la
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moral, que regula la conducta humana en cuanto al bien y al mal que cualquier
conducta humana entraña.
La actividad política
La política se ocupa del gobierno de las naciones.
¿Quiénes hacen política? Hacen política los gobernantes; hacen política los
ciudadanos. Cuando los ciudadanos eligen gobernantes o parlamentarios, hacen
política. Hacen política los funcionarios del aparato estatal que desempeñan
funciones de autoridad o que cumplen cometidos estatales en los distintos ámbitos
del quehacer social. Hacen política los dirigentes sociales, los dirigentes de las
distintas organizaciones o comunidades que forman la sociedad. Hacen política los
dirigentes de los partidos políticos. Hacen política los medios de comunicación
social, que no se limitan a informar, sino que informan desde el ángulo de sus propias
concepciones, porque cada uno ve las cosas según el color del cristal con que las mira
y porque, según esas mismas concepciones, procuran orientar a la opinión pública
para ir formando criterios que conduzcan a la acción.
La autoridad
Es un concepto moral, es el derecho a dirigir y a ordenar, a ser escuchado y a ser
obedecido. El poder es un concepto sociológico, es la fuerza de que disponemos para
obligar a otros a escuchar y a obedecer.
Maritain dice: "El justo, privado de poder, acrecienta su autoridad. El tirano, el
gánster, el terrorista, ejerce un poder sin autoridad".
La autoridad se funda en la razón. El poder se funda en la fuerza. El poder es atributo
de la autoridad, pero no es la fuente de la autoridad.
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El que funda su autoridad sólo en la fuerza que es capaz de usar, carece de verdadera
autoridad; no ejerce una influencia natural sobre las conciencias. Puede vencer, pero
no convencer.
Sólo el que tiene autoridad obtenida por el respaldo de la colectividad como legítima,
es quien ejerce una verdadera influencia directiva y tiene capacidad de conducción.
En la democracia la autoridad se funda en la voluntad del pueblo, y el poder de esa
autoridad en el sistema institucional que lo consagra. La autoridad supone, en la
democracia, el consentimiento de aquellos sometidos a ella. Como ha dicho, con
razón, Burdeau, lo distintivo de la democracia es que integra el concepto de libertad
con el de autoridad. La libertad se concilia con la autoridad -al parecer conceptos
contrapuestos- desde el momento en que la autoridad del gobernante se funda en el
consentimiento libre de los gobernados.
Esa autoridad democrática supone una relación de confianza entre gobernantes y
gobernados. Sólo en la medida en que el gobernante cuente con un respaldo de
confianza colectiva, tiene verdadera autoridad. Y esa relación de confianza,
indudablemente, sólo se puede construir sobre bases morales. Estas bases morales
son la verdad, la honradez, la justicia, la solidaridad.
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la justicia y la virtud de la solidaridad, empleando la palabra más usada en nuestros
días para referirse al amor cívico, al amor al prójimo, la caridad en el sentido
cristiano.
La acción política se achata, se empequeñece, sin verdad, sin honestidad, sin justicia,
sin el afán de darle a cada uno lo que es suyo, sin el afán de proceder rectamente, no
sólo aplicando la letra de la ley, sino que yendo al derecho más que a la ley.
La búsqueda del bien común exige buscar condiciones de justicia en las relaciones
sociales. Y sin solidaridad, que significa la disposición de ayudarnos los unos a los
otros, especialmente de ayudar los más fuertes a los más débiles, los que están en la
buena a los que están en la mala, de modo que todos puedan sentirse miembros de
una misma comunidad, no hay política verdaderamente humana. Verdad,
honestidad, justicia, solidaridad, son piedras angulares de carácter ético sobre las
cuales se construye la acción política.
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eso debe inducir al gobernante a no abusar de su poder, porque quien lo suceda
podría hacer lo mismo con él. Pero eso también debe inducir al opositor a no pedirle
al gobernante cosas que él después no vaya a ser capaz de realizar.
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DEONTOLOGÍA PROFESIONAL:
La dimensión ética de la profesión
La dimensión ética de la profesión resulta necesaria para entender las relaciones de
la profesión como grupo, con la sociedad, con la organización, y entre los
profesionales como individuos. Frankel define la profesión como una comunidad
moral cuando sus miembros se distinguen, como individuos y como grupo, por unas
metas, unas creencias y unos valores que comparten y marcan sus relaciones entre
ellos mismos y entre otros. La profesión se transforma en un gran marco de
referencia, en donde estos valores y creencias definen una conducta que sirve como
práctica individual para aquellos que forman parte de ella, ya que la profesión nace
y se desarrolla socialmente a través del comportamiento individual de sus miembros.
El principio de autonomía refuerza la dimensión moral de una profesión. Parte de la
autonomía individual, como actitud auto controladora de decidir por sí mismo en
cada situación, libre de manipulaciones e influencias, aunque entendido como un
privilegio de garantía social, no como un derecho de la profesión. En este sentido,
podemos hablar de una autonomía profesional cimentada en una persona como fin
en sí misma, pero con un ineludible compromiso con los demás. La autonomía
personal corresponde al ámbito de la vida privada mientras la autonomía
responsable corresponde al ámbito de la vida pública, ya que ser responsable
significa tener que dar respuestas a uno mismo y a los otros.
El principio de responsabilidad sustenta al principio de autonomía debido a su doble
dimensión: una dimensión personal, como ser individual y una dimensión social,
como ser con vocación comunitaria. Frankel recuerda que la dimensión moral de una
profesión pertenece al colectivo y el excesivo énfasis en lo individual no puede hacer
olvidar la importancia de la estructura social que mantiene al individuo consciente
de su comportamiento, propicia una correcta transmisión de las normas y establece
una correcta relación con los usuarios. La profesión, como grupo, cobra fuerza,
visibilidad, estabilidad, duración en el tiempo, y responsabilidad moral colectiva de
forma independiente a la postura ética de cada uno de sus miembros, ya que la
responsabilidad ética de una profesión está cualificada por los valores y deberes de
la profesión.
A los principios de autonomía y responsabilidad debemos añadir el concepto de
conciencia profesional como característica de la dimensión ética de la profesión.
Definimos conciencia como la propiedad que tiene el espíritu humano de aplicar
juicios normativos espontáneos e inmediatos sobre el valor de ciertos actos
individuales determinados. En opinión de Vázquez Fernández, la conciencia
psicológica y la conciencia moral pertenecen a la dimensión individual de una
persona. Por la conciencia psicológica somos dueños de nuestros actos y a través de
la conciencia moral establecemos la voluntad de distinguir entre el bien y el mal fruto
de la educación y el aprendizaje a lo largo de nuestra vida, a partir del conocimiento
de los principios y valores morales, la aplicación de éstos a una acción en una
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situación concreta, y la decisión de la voluntad de aceptar o rechazar la acción. La
conciencia profesional, sin embargo, corresponde al ámbito de las relaciones
interpersonales, y este autor la define como,
“una dimensión esencial de la conciencia individual que se manifiesta en un
comportamiento social responsable acerca de los deberes específicos de una
profesión, después de haber internalizado, asumido y personalizado un código
ético, mediante un proceso de socialización, y de poseer una madurez y equilibrio
personal suficientes para estudiar, aplicar y resolver problemas profesionales con
la mejor competencia y rectitud posibles”.
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Amplitud: se preocupa por los máximos Mínimos obligatorios establecidos
Parte de la ética aplicada Se ubica entre la moral y el Derecho
JUSTIFICACIÓN
Existen buenas razones para justificar los códigos y es la propia necesidad que tienen
los profesionales de ajustar sus relaciones internas y las relaciones con los clientes a
unas pautas de conducta.
Lo que sí es cierto es que cualquier código es un híbrido jurídico-moral. Su articulado
responde:
- A la concreción de normas jurídicas generales
- A la especificación de normas jurídicas propias
- A la formulación de valores éticos que han de presidir la investigación y la
intervención.
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- Definir el comportamiento correcto del profesional con sus clientes y con otros
profesionales
- Evitar la competencia desleal
- Mantener el prestigio de la profesión
- Perseguir un constante perfeccionamiento en las tareas profesionales
- Atender al servicio público
- Servir de base para la aplicación de medidas disciplinarias.
CARACTERÍSTICAS DE LAS NORMAS DEONTOLÓGICAS
Autorregulación
La exigencia de la autorregulación tiene que ver con el principio de autonomía
colegial que choca después, inevitablemente, con el principio de legalidad.
Los profesionales tienen la responsabilidad permanente de autorregularse. La
función autorreguladora implica una constante actividad crítica y evaluadora.
Legalidad
Exigencia en tanto han sido sancionadas, tienen cualidad de ley para los colegiados,
de ley de obligado cumplimiento.
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Exigencia de difusión.
La adecuada publicación de las distintas normas adoptadas por el colegio, en
término que garantice su conocimiento, su autenticidad y su constancia, y que
además permita la impugnación en un proceso declarativo acerca de su validez,
Tipicidad
El principio de tipicidad se refiere a la ineludible necesidad de la predeterminación
normativa de las conductas ilícitas y sanciones correspondientes.
PROCESO DE ELABORACIÓN
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