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Mat. Lectura Unidad #3

Este documento introduce conceptos clave de la ética como la diferencia entre ética y moral, el objeto formal y material de la ética, y las principales teorías éticas de figuras como Sócrates, Platón, Aristóteles y Kant.

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Mat. Lectura Unidad #3

Este documento introduce conceptos clave de la ética como la diferencia entre ética y moral, el objeto formal y material de la ética, y las principales teorías éticas de figuras como Sócrates, Platón, Aristóteles y Kant.

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PROBLEMÁTICA FILOSOFICA

MATERIAL DE LECTURA
7° U – 7° IV – 7° V Ciclo Superior Técnico
Electrónica – Electromecánica Año 2023

UNIDAD N° 3
Introducción a la ética- Ética y Moral. Naturaleza y objeto -
principales características. Objeto formal y material de la ética. El
acto humano y dimensión moral. Principales teorías éticas: La ética
socrática; Platón y la ética; La ética de Aristóteles; La ética kantiana.
Ética y política. Ejercicio de la ética profesional. Deontología,
Códigos deontológicos.
Desarrollo

Introducción a la ética-
De una manera u otra en nuestra vida cotidiana, todos utilizamos palabras como
ética, moral, valores y principios, o frases como, los políticos no tienen ética, en esta
época ya no hay moral, yo aprecio a mis amigos por que tienen principios, etc.
En todo momento un gran porcentaje de personas pasa horas discutiendo si estuvo
bien, lo que hizo o lo que decidirá hacer con su libertad, mientras que el porcentaje
restante de los individuos la culpa a esta de irresponsabilidad.
- En contexto filosófico, la ética y la moral tienen diferentes significados. La ética
está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el
comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres,
normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad.
Estos términos tienen diferente origen etimológico:
La palabra "ética" viene del griego "ethos" que significa "forma de ser" o "carácter".
La palabra "moral" viene de la palabra latina "morales", que significa "relativo a
las costumbres".
Si queremos expresar con precisión, debemos aplicar el término “Ética”
exclusivamente a una parte de la Filosofía que analiza y sistematiza los actos que
quedan comprendidos en la moral.

La ética
Es un conjunto de conocimientos derivados de la investigación de la conducta
humana al tratar de explicar las reglas morales de manera racional, fundamentada,
científica y teórica. Es una reflexión sobre la moral.
Por otra parte, está encargada de hacer teorías sobre esas acciones, analizar “por
qué” aplicamos el calificativo, “bueno o malo”, cuando lo utilizamos, pensar
“que” es un valor o principio moral, reflexionar sobre “cuando” respetamos o

1
explicar “por qué” a veces no la cumplimos con lo que sabemos que debemos hacer,
etc.
La moral
Es el conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y todos los ciudadanos las
utilizan continuamente, nos referimos a las acciones que comprenden la acción
intersubjetiva, acción que involucra directo o indirectamente a más de un sujeto y
todo aquello que una sociedad ha establecido para que sea posible la convivencia, sin
que se hay escrito, por ejemplo, en códigos civiles.
Estas normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo
que es moral o inmoral, correcto o incorrecto, bueno o malo.
En un sentido práctico, el propósito de la ética y la moral es muy similar. Ambas son
responsables de la construcción de la base que guiará la conducta del hombre,
determinando su carácter, su altruismo y sus virtudes, y de enseñar la mejor manera
de actuar y comportarse en sociedad, ayudándonos a formar un criterio como para
tomar decisiones de manera acertada, comprometida y libre.

Naturaleza y objeto de la ética

Se define la ética:
Como la ciencia que se refiere al estudio filosófico de la acción y la conducta humana,
considerada en su conformidad o disconformidad con la recta razón (razón que se
dirige a la verdad). O, dicho de otro modo, la ciencia que ordena los actos libres del
hombre en cuanto se encamina a su fin último, que es la felicidad.
Por recta razón entendemos el medio a través del cual se descubre la moralidad.
Pero, ¿a través de qué medio conocemos si una acción es o no conforme al verdadero
bien de la naturaleza humana? La respuesta es la inteligencia, en cuanto es quién
advierte lo adecuado o inadecuado de una acción en orden al verdadero bien de la
naturaleza humana.
Si la inteligencia alcanza esa comprensión sin error, se le denomina recta razón.
Así, la ética estudia la moralidad en cuanto a la cualidad del acto humano que le
pertenece de manera exclusiva por proceder de la libertad en orden a un fin último;
determinando, por tanto, que se le considere bueno o malo.
La ética, entonces, refiere al acto perfecto en cuanto conviene al hombre como
hombre y en cuanto lo conduce o no a realizar su último fin.
El fin último del hombre es el deseo natural de ser feliz, es el bien perfecto
Por felicidad Aristóteles sostenía que es la obtención estable y perpetua del bien
totalmente perfecto, amable por sí mismo, que sacia todas las exigencias de la
naturaleza humana y calma todos sus deseos.
Es decir, felicidad equivale a conseguir el fin último y perfecto, después del cual no
queda nada por desear ni alcanzar (se distingue, así, del placer, que es una
satisfacción pasajera, originada por la posesión de un bien particular).

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Todos tenemos experiencias de satisfacción o remordimiento frente a determinadas
acciones realizadas. A partir de ellas es que surge la pregunta acerca de la calificación
de la conducta. ¿Qué es el bien y qué es el mal? ¿Por qué esto es bueno y aquello
malo?
Precisamente, la respuesta a estas interrogantes es lo que nos lleva al estudio
científico de los actos humanos en cuanto buenos o malos, estudio que denominamos
ética.
Así, resulta aquella parte de la filosofía que estudia la moralidad del obrar humano;
es decir, considera los actos humanos en cuanto son buenos o malos.

Objeto formal y material de la ética

Toda ciencia tiene un objeto material y un objeto formal. Objeto material es


aquello que estudia la ciencia de que se trate; objeto formal es el punto de vista
desde el cual se estudia el objeto material.
Así, el objeto material de la ética son las acciones humanas en cuanto obrar y/o
actuar.
Ahora bien, dado que no todo lo que el hombre hace ni lo que en él ocurre modifica
su ser, es necesario determinar qué tipo de acciones son correctamente objeto de la
ética.

La distinción básica es entre actos humanos y actos del hombre.


Los actos humanos
Son aquellos que el hombre es dueño de hacer o de omitir, de hacerlos de un modo
o de otro. Son actos libres y voluntarios en los que interviene la razón y la voluntad.
Ejemplos: hablar, trabajar, golpear. Si un acto no es libre (por ignorancia, por
mandato, etc.) no es susceptible de calificación ética, es decir, de ser bueno o malo
Los actos del hombre
Son aquellas acciones que no son libres ya sea porque falta el necesario conocimiento
o voluntariedad (como los actos de un demente) o porque son procesos sobre los que
no se posee un dominio directo (el desarrollo físico, la circulación de la sangre, la
digestión, etc.).
En el acto humano el hombre tiene conciencia de ser él mismo el autor: la causa de
tal o cual acontecimiento soy yo; yo soy el agente activo y responsable. En el acto del
hombre, el sujeto tiene conciencia de que algo ocurre en él, pero es simplemente un
sujeto del cambio.
De lo anterior se concluye que sólo las acciones libres de la persona humana, sólo
aquellas que presuponen la actuación de la razón y voluntad –es, decir los actos
humanos—son objeto material de la ética.
Por su parte, el objeto formal de la ética tiene que ver con el punto de vista desde
el cual se estudian los actos humanos, que en su caso refiere a la rectitud o moralidad

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(a su bondad o maldad). Es decir, la ética estudia los actos humanos en cuanto a si
éstos están o no conformes al verdadero bien de la naturaleza del hombre y, por
tanto, de su fin último que es la felicidad.
El objeto formal de la ética es aquello según lo cual los actos humanos, considerados
formalmente en cuanto tales (y no desde un punto de vista particular o con relación
a una finalidad restringida, como los actos de un artista o un pianista), son
calificados como buenos o malos.
A su vez, la moralidad no se identifica formalmente con las cualidades naturales que
pone en juego la persona al momento de obrar, como serían la mera astucia mental,
la habilidad o la fuerza física, puesto que éstas son neutras y se pueden utilizar tanto
para bien como para mal. Así, por ejemplo, la astucia mental la podemos utilizar para
planear un robo como para proponer la verdad de un modo convincente.
Por tanto, los calificativos morales se reservan para enjuiciar los actos de la voluntad
deliberada por los que la persona se auto determina hacia el bien o el mal; y no se
confunden con las cualidades que pueden tener ciertas acciones humanas con
relación a una finalidad restringida, como sería la perfección técnica en la
consecución de objetivos particulares o en la realización de determinadas obras.
El sentido común distingue el uso técnico del uso ético, aplicando para el primero el
calificativo de perfecto y para el segundo el de bueno. Así, por ejemplo, la
habilidad de un artesano se dice que es una perfección relativa, es decir, que el
artesano es perfecto como artesano, pero no necesariamente es bueno como persona,
pues aquella perfección no lo implica.
El bien y el mal moral afectan a la persona en cuanto tal y en su totalidad; es decir,
hacen al hombre bueno o malo en su totalidad, sin restricciones.
Esta referencia al bien integral de la persona, considerada en su unidad y
totalidad, distingue la dimensión propiamente moral de la artística o mecánica, y
explica que ésta sea juzgada por aquélla. Por ejemplo: Todos nos hemos arrepentido
alguna vez de ejecutar un proyecto operativo que, con todo, resultó eficaz. Nos
remuerde la conciencia y nos arrepentimos no por deficiencias técnicas sino porque,
aunque se alcanzó con éxito el objetivo prefijado, su consecución nos significó más
una pérdida que una ganancia, reconociendo que nos habíamos puesto como fin algo
que sólo aparentemente era un bien.
A un nivel más profundo, lo anterior se explica porque la atracción que ciertos bienes
nos producen aquí y ahora no coinciden con un “algo” que necesaria, irrenunciable
y permanentemente deseamos, advirtiendo que una acción realizada en pos de ellos
no es congruente, en definitiva, con ese algo mucho más precioso y querido.
A partir de Aristóteles, la filosofía ha llamado a este algo el fin último, vida feliz o
felicidad, y que alude al ser perfecto de la persona: a la plenitud de sentido de la
condición humana.

4
El ACTO HUMANO Y SU DIMENSIÓN MORAL

El hombre tiene una naturaleza racional y libre, y es un ser que está siempre en
movimiento: posee potencias operativas que requieren ser actualizadas.
Se define potencia como lo que puede llegar a ser (la capacidad para ser algo que
todavía no se es). Acto, por su parte, en sí mismo lo que es.
El hombre tiene potencias que necesita actualizar. En el movimiento de las mismas,
en su actualización, busca un fin que puede identificarse como un bien. Ejemplo:
Esta actuación o perfeccionamiento es consciente y libre. Lo específico de la persona
humana es obrar consciente y libremente por un fin: predeterminar consciente y
libremente los bienes que ha de conseguir con su propio obrar. Lo que quiere decir,
en otras palabras, que el hombre no actúa ciegamente.
En cada una de las acciones humanas, lo primero que se concibe en el pensamiento
es el fin, lo que se quiere conseguir. Pero como dicho fin es lo que mueve a actuar,
desde el punto de vista operativo es lo último que se consigue.
El fin también debe entenderse como oposición a medio, es decir, la voluntad
siempre ordena lo que actualmente quiere a un bien posterior y más apreciado. Así,
por ejemplo, tomamos una medicina para recuperar la salud o adquirimos una
preparación profesional para ser útiles a los demás. En ambos casos, la medicina y
la preparación profesional son medios respectos de los cuales la salud y la ayuda a
los demás son fines.

Resumen “El acto humano y su dimensión moral”:


El hombre es racional y libre siempre en movimiento, con potencias
operativas que deben ser actualizadas.
Se define potencia como la capacidad de ser algo que todavía no se es; y acto
como lo que se es. El hombre tiene potencias que necesita actualizar, y en la
actualización se persigue un fin identificado como un bien: este determina
consciente y libremente los bienes ha conseguir con su obrar (el hombre no actúa
ciegamente)
En cada acción humana primero se define el fin (que es lo que se quiere
conseguir), lo que nos lleva a actuar para obtenerlo en consecuencia.
La voluntad siempre ordena lo actualmente quiere a un bien posterior. Así por
ejemplo, tomamos pastillas para recuperar la salud, donde la salud es el fin.

Características del fin último


Dios creó la naturaleza humana de una determinada manera porque pensó en un fin
para el hombre. Puesto que el fin de algo es como su razón de ser, las características
de la naturaleza humana están determinadas por aquel fin que Dios asignó al
hombre.

5
Poseemos una naturaleza racional y libre es porque Dios nos creó destinándonos a
un fin concreto.
Todo ser ha sido creado para algo, por algo, por un fin; y en orden a ese fin es que
está dotado de ciertas características concretas. Así, las plantas y los animales se
distinguen del hombre básicamente porque fueron creados con y para un fin distinto.
El hombre, por su naturaleza, está dotado de dos capacidades concretas: conocer y
amar. Por ello, su fin último debe tener tales características que le permitan saciar
ambas capacidades de manera infinita y sin límites, es decir, deben colmar esa
capacidad suya de amar y de conocer.
Así, la inteligencia aspira a la verdad absoluta, que sacia la facultad de conocer. Y
la voluntad aspira al amor absoluto que sacia las facultades de amar.
Un ser que sea Amor Absoluto y Verdad Absoluta debería entonces, por lógica, ser
nuestro fin último o felicidad.
Santo Tomás de Aquino lo explica de la siguiente manera: “La felicidad humana
consiste en la contemplación de Dios, que es la verdad suma y altísima, a la que sigue
un amor y gozo perfectísimo de Dios como sumo y supremo bien”.
Ningún bien finito –riqueza, placer, honor, salud y fortaleza corporal—puede ser
objeto de la felicidad humana porque es incapaz de saciar las tendencias principales
y más propias del hombre. |
Para que la felicidad humana sea definitiva y colme todos sus anhelos, es preciso un
conocimiento y un amor de Dios perfectos e interminables, de modo que no quede
nada por desear ni alcanzar y que el temor de perderlos no ensombrezca la dicha de
su posesión.
Esta situación no se da en la vida presente. En ella tenemos un conocimiento de Dios
imperfecto, que además no nos libra de los males y penalidades que nos aquejan. Sin
embargo, cabe en esta vida una felicidad imperfecta, porque aquí ya podemos
conocer y amar a Dios de alguna manera. Esta felicidad será tanto mayor cuanto más
pleno y continuado sea nuestro conocimiento y amor de Dios. La contemplación de
Dios nos acerca a la eternidad ya en esta vida, dándonos una serenidad y gozo
interior que los sucesos de la fortuna no pueden dar ni quitar. Por el contrario,
cuando el hombre se aleja de Dios y se encierra en los bienes terrenos, nunca está
satisfecho y de todo se hastía.

Resumen “Características del fin último”:


Dios creo al hombre con un fin, con una razón de ser, y nuestras
características humanas están ligadas a ese fin.
Poseemos una naturaleza racional y libre, fuimos dotados con dos
capacidades concretas: conocer y amar. Por ello, nuestro fin ultimo debe saciar
ambas capacidades. Por eso apuntamos a la verdad absoluta, que sacia el conocer,
y el amor absoluto, que sacia el amor. Con lo que un ser que sea amor absoluto y
verdad absoluta será nuestro fin último.

6
El acto humano como acto libre. Su calificación moral
La moralidad es propia y exclusiva del obrar humano: es el único ser que puede
cumplir libremente con sus actos, con el fin último u orden moral que le corresponde.

Lo más característico del acto humano es que es libre


✓ El acto humano se caracteriza por ser libre.
La libertad es la capacidad de la voluntad de moverse por sí misma al bien que la
razón le presenta. O, dicho de otra manera, es la indeterminación intrínseca de la
voluntad para querer o no querer algo, o querer esto o aquello.
El hombre puede o no cumplir su fin pues es el único dueño de sus actos: actúa
libremente mientras el resto de los seres son llevados a hacerlo. Así el animal, que es
movido por lo que se llama instinto.
✓ El acto humano procede de la inteligencia y de la voluntad.
Desde el punto de vista operativo, primero es la inteligencia, pues es la que conoce
el fin y lo muestra a la voluntad quien, en segundo lugar, elige alcanzarlo o no. El
papel de la voluntad es moverse a lo que la inteligencia le muestra.
Por ello si los actos humanos proceden directamente de la voluntad se llaman
elícitos.
Por ejemplo: un afecto, sentir cariño por alguien, etc.
Si provienen de la voluntad indirectamente o de otra facultad que no sea la voluntad,
se llaman imperados.
Por ejemplo, recordar; voluntariamente se quiere recordar.
Tanto elícitos como imperados son actos humanos; pero los imperados actúan sobre
otras facultades.
a) El influjo del conocimiento del acto humano se llama advertencia.
b) El influjo de la voluntad del acto humano se llama el consentimiento.
c) Por medio de la advertencia nos damos cuenta qué es “matar” y cuál es su
moralidad, esto es, si es bueno o malo.
La moralidad de un acto supone primero conocer ese mismo acto para poder saber
si es bueno o malo.

Resumen “Características del acto humano”:


La moralidad es exclusiva del obrar humano, este actúa según su fin último y
según su orden moral.
✓ El acto humano se caracteriza por ser libre: La libertad es la voluntad de
moverse al bien que la razón le presenta (querer o no querer algo, querer esto,
querer aquello).
El acto humano procede de la inteligencia y de la voluntad: Desde el punto de vista
operativo, la inteligencia conoce el fin y lo muestra a la voluntad quien elige
alcanzarlo o no. Si los actos humanos proceden directamente de la voluntad se

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llaman elícitos (un afecto, sentir cariño). Si provienen de la voluntad
indirectamente o de otra facultad que no sea la voluntad, se llaman imperados
(recordar voluntariamente). Ambos, elícitos e imperados, son actos humanos que
actúan sobre otras facultades: Sobre el conocimiento del acto (advertencia) y sobre
la voluntad del acto (consentimiento).

La advertencia
La advertencia puede ser:
✓ Actual: En el mismo momento que se realiza la acción la inteligencia
capta se es bueno o malo.
✓ Virtual: Cuando la inteligencia capta la moralidad de un acto en un
momento anterior a ser realizado. Esta advertencia es suficiente para que el
acto sea humano y sea moral.
Ejemplo de lo anterior es lo siguiente: Dar una limosna es actual, porque sé que en
el momento de realizar la acción estoy pensando en un acto bueno. Si se sigue
ayudando a los demás sin tener esa atención actual, se dice que la advertencia es
virtual, porque se está bajo el influjo de la advertencia actual que se tuvo en actos
anteriores.
Por su parte, y atendiendo al grado de intensidad, la advertencia puede clasificarse
en:
✓ Advertencia Plena:
Cuando se conoce perfectamente lo que se está haciendo y la moralidad de lo que se
está haciendo. El acto es perfectamente humano.
✓ Advertencia Semiplena:
Cuando el conocimiento que se posee del acto encuentra un obstáculo,
disminuyéndose el grado de voluntariedad. Ejemplo: Realizar algo en estado de
ebriedad o de somnolencia.

Resumen “La advertencia”:


Cuando sabemos lo que estamos haciendo y comprendemos las posibles
consecuencias de nuestras acciones, somos precavidos al tomar decisiones (estamos
advertidos). La advertencia puede ser:
✓ Actual: En el momento de realizar la acción la inteligencia capta si es bueno
o mal.
✓ Virtual: Cuando la inteligencia capta la moralidad de un acto antes de ser
realizado.
Según el grado de intensidad, la advertencia puede ser:
✓ Advertencia Plena: Cuando sabemos perfectamente lo que estamos
haciendo y la moralidad de ese acto.
✓ Advertencia Semiplena: Cuando no sabemos plenamente lo que estamos
haciendo, disminuyendo el grado de voluntariedad (ej, actuar borracho).

8
El consentimiento
La voluntad es advertida por la inteligencia, mas es ella quien consiente o rechaza.
Este consentimiento puede estar sobre la acción misma o sobre la causa que
desencadena la acción.
Si la voluntad quiere esa acción misma se llama acto voluntario directo, pues se
está buscando el efecto que produce ese acto. Por ejemplo, en el acto de robar, mi
voluntad quiere directamente apoderarse de algo que no me pertenece.
Por su parte, si la voluntad simplemente permite un acto, como efecto secundario
previsto y ligado a lo que directamente se quiere, se habla de acto voluntario
indirecto.
Por ejemplo, quien lee un libro para preparar un examen previendo que de esa
lectura se derivarán tentaciones contra la honestidad de las costumbres. Esa persona
quiere, indirectamente, esas tentaciones; y es responsable de ellas. De ahí la
obligación de evitar esa lectura, o al menos tener cautela.

Resumen “El consentimiento”:


Cuando una persona toma una decisión o elige hacer algo por su propia
voluntad, se le llama "consentimiento". Este consentimiento puede ser sobre la
acción o sobre la causa de la acción. Si la voluntad quiere esa acción se llama acto
voluntario directo. Si la voluntad permite un acto como efecto secundario de lo
que se quiere se habla de un acto voluntario indirecto.

La voluntariedad del acto puede ser destruida por la violencia.


- Acto violento es el que procede de un principio exterior y es contrario a la
voluntad del sujeto que padece la coacción.
Los actos internos de la voluntad no pueden estar sujetos a la violencia, porque se
trata de una facultad espiritual y libre. De ahí que jamás resulten inimputables y las
personas siempre sean responsables de ellos, aunque padezcan violencia exterior. En
cambio, los actos externos pueden ser causados por la violencia porque la coacción
puede ejercerse sobre el organismo físico del que proceden inmediatamente esos
actos. Para ilustrar la diferencia, digamos que, por ejemplo, puede ponerse a alguien
de rodillas ante un ídolo (acto externo), pero jamás podrá hacérsele adorarlo o
venerarlo (acto interno).

Resumen “Acto violento”:


La voluntariedad del acto puede ser destruida por la violencia.
➢ Acto violento es el que procede del exterior y es contrario a la voluntad del
coaccionado. Sin embargo, los actos internos no están sujetos a la violencia
porque son de raíz espiritual y libre, mientras que los actos externos son
causados por la violencia física que pueden ejercer sobre uno para actuar.

9
Conciencia Moral y Virtud
Desde niños, en la ignorancia de nuestros actos, son los padres o adultos los que nos
indican lo que debemos hacer,” compartí tus juguetes, devolve´ el autito, no le
pegues a Juan”, puesto que aún no sabemos poner un límite entre lo que deseamos
y lo que debemos hacer, somos heterónomos, pero a medida que vamos aprendiendo
nos volvemos más autónomos puesto que desarrollamos la “conciencia moral”,
que se nutre con las normas y los valores que rigen nuestra sociedad.

La conciencia moral
Si cometemos un error, mentimos, pero de igual manera salimos airosos de aquella
situación, sin juzgamiento alguno de la sociedad, nos damos cuenta que de igual
manera nos sentimos mal por lo que hicimos, y nos preguntamos “por qué”, la
respuesta está impresa en nuestra conciencia puesto que hay una norma que dice
que no hay que mentir y lo hicimos.
Como es una norma interna seremos culpables o responsables por no haberla
respetado independiente del juzgamiento o los ojos de los demás.

Planteamientos Éticos

Desde tiempos remotos estos temas fueron de profundo interés para los seres
humanos, desde obras literarias como la “Ilíada y la Odisea”, donde se presentan
personajes actuando y decidiendo en base a lo que les parece mejor.
Los primeros filósofos los podemos ubicar en Grecia hacia el siglo VI a C.
preocupados primeramente por los problemas de la naturaleza y el mundo, sentando
las bases para el estudio y desarrollo posterior de la ética y el actuar.
Heráclito de Éfeso y Demócrito de Abdera, se abocaron al estudio del obrar humano,
otros como Sócrates, fundamentaron su estudio filosófico sobre la ética y el actuar
de los seres humanos.

La ética socrática
Este filósofo vivió en Atenas durante el siglo V a C., no dejo manuscrito alguno de su
autoría puesto que consideraba que la filosofía era un ejercicio que debía realizarse
en una situación donde quienes reflexionan se encuentren reunidos. Debatiendo y
analizando juntos y que, si se lo escribiese, se perdería la posibilidad de discutir e
intercambiar realmente las ideas que es el fin principal del ejercicio filosófico, los
testimonios que tenemos de él fueron transcriptos por discípulos suyos.

Sócrates, fundamenta su estudio en dos afirmaciones trascendentales, “La virtud


es conocimiento y nadie obra mal voluntariamente”

10
- Afirma que cualquier individuo que sabe lo que es el bien, es decir, conoce los
valores que deben seguir nuestras acciones, necesariamente actúa bien.
En este planteo, nos dice que, que la voluntad sigue ciegamente a lo que la razón o la
inteligencia ha decidido hacer. No puede suceder que, aunque yo sepa que algo es
malo, lo realice.
- En segundo lugar, “¿Que ser humano es capaz de obrar mal sabiendo que
eso va a perjudicarlo?”
Obramos acorde a lo que pensamos que lo que hacemos es lo mejor, que, aunque no
estemos totalmente convencidos de lo que hacemos, es lo que haríamos en
condiciones ideales, si es lo mejor, dentro de las posibilidades que tenemos.
Agregando además que hacer un mal a otro implica siempre también hacerse un mal
a sí mismo.
Para Sócrates, así cuando nos excedemos con la comida y la bebida, porque hace mal
al cuerpo, cuando mentimos o robamos nos sentimos mal porque le hacemos mal a
otro o a nuestra propia alma.

Platón y la ética
Este filosofo referencio su estudio en lo que llamo; “Teorías de las ideas” en esta
nos propone la existencia de dos mundos;
- Mundo sensible: es el mundo en el que vivimos, donde las cosas son materiales,
cambian, nacen y mueren.
-Mundo inteligible o de las ideas: que está constituido por ideas, las que
constituyen la esencia de la justicia, de la piedad, de la valentía, del bien, etc.
- Por lo tanto, a través del mundo inteligible tenemos acceso de manera pura y
perfecta a estas y otras virtudes y valores que se encuentran allí.
Cuenta a modo de mito, que antes de nacer nuestra alma contemplo esas ideas pero
que, al nacer, pasamos por un rio que se llama Leteo (olvido) y olvidamos lo que
vimos antes, y que, sin embargo, al presenciar situaciones justas o buenas, en este
mundo sensible, recordamos aquellas ideas que experimentamos antes de nacer,
ellas siempre nos sirven como modelos en nuestra vida.
Para Platón la verdad es una sola y la hemos conocido alguna vez, pero ahora no la
recordamos, esta justamente en el mundo inteligible, que nos provee de la idea del
bien, fuente de nuestro obrar bien.
Las personas que han recordado bien el conocimiento, de los valores y de las ideas
deben guiar a los demás hombres para que sigan su camino o, si no pueden, para que
al menos compartan con ellos lo que ahora saben.

Mundo Inteligible: Mundo sensible:


Ideas - Ideas de Objetos – Copia de
bien ideas

11
La Ética de Aristóteles
Este filósofo fue el primero en escribir un tratado específicamente dedicado a
analizar cómo debemos actuar, el libro se llama “Ética Nicomaquea”,
aparentemente dedicada a su hijo Nicómaco.
Generalmente cuando nos interrogan solemos afirmar que hacemos esto o aquello
con una determinada finalidad.
En él libro nos dice que, si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que en realidad
no son fines realmente, sino que son medios para conseguir otras cosas, puesto que
el único fin que es realmente un fin último en nuestra vida, es la felicidad, porque
todas las respuestas van a tener que asumir que, en última instancia, hago lo que
hago para ser feliz.
“¿Cómo llegamos a ser felices? - ¿Cómo alcanzamos la felicidad?”
Nos dice Aristóteles que alcanzamos la felicidad realizando aquello que nos es
esencial, es decir, lo que nos hace ser lo que somos, significando como esencial a la
racionalidad, tenemos razón o pensamiento.
Seremos felices si podemos ejercitar al máximo nuestra razón y nos dedicamos
cuanto nos es posibles a la vida teórica o contemplativa. Pero como somos humanos
y nos distraemos, nos dice que además de las virtudes intelectuales (virtudes
dianoéticas) como se la sabiduría y la comprensión, tenemos otras virtudes éticas
(relativas a la acción) que guarda relación con la acción y más especialmente con la
acción que involucra a otros hombres.
Nos expresa además no podemos considerar que alguien es virtuoso solo porque una
vez en su vida obro bien, la virtud se consigue con el hábito, con la practica
constante de la buena acción.
La virtud, nos dice que se trata de elegir el término medio entre dos posibilidades
extremas que son vicios. La valentía por ejemplo consiste en saber mantenerse entre
la actitud cobarde y la temeraria.
El virtuoso es aquel que, mediante una práctica constante, logra elegir el término
medio y evita el exceso (la exageración) y el defecto (la carencia).

La ética kantiana
Todos los hombres, dijeron, deben ser valorados por igual, así yo seré respetado
también. Al hacer una acción me pregunto;” ¿Puedo querer que otros en esta misma
situación hagan lo mismo que yo?” si respondo en forma afirmativa, entonces, y solo
entonces, mi voluntad fue buena y mi acción es correcta.
Immanuel Kant filósofo alemán del siglo XVIII, pensaba de esta forma,
argumentando que el adjetivo bueno solo puede aplicarse correctamente a la
voluntad cada vez que el sujeto persiga el bien con su acción.

12
En este planteo el deber es fundamental, cuando se actúa de manera
aparentemente bien, pero en realidad uno tiene otra intención, son los que
llamamos conformes al deber, pero no se hacen en pos del deber mismo y por
lo tanto no hacen buena a la voluntad. Solo cuando realices lo que se debe hacer, es
decir, cuando hagas lo que quieras que hagan otros seres humanos y realices la
acción por deber, tu voluntad será buena.
Nos dice Kant: “el deber se impone sin más, porque todo deber es absoluto.”
¿Qué hacer? - ¿Cómo tomar la mejor decisión?
Haz esto, no hagas aquello, nos dice la voz de la conciencia, Kant nos habla de un
mandato o una orden que nos damos a nosotros mismos y a los que llama
imperativos, nombrándolos en:
- Imperativos hipotéticos
“No debo matar, si no quiero ir preso” en estos hay una condición (no quiero ir
preso), la acción depende de esa condición que se impone en mi desde afuera,
entonces no soy totalmente libre para elegir puesto que dependo de afuera (por lo
tanto, es hete romano).
- Imperativos categóricos
Este es incondicional, objetivo y autónomo. Es la que me permite decidir que no se
debe matar más allá de las consecuencias que me traiga esa acción después, por lo
tanto, es propia de una voluntad autónoma.
La voluntad está determinada por el deber y la acción cumple cabal y completamente
lo que se debe hacer.

ETICA Y POLITICA
Acción Política y Ciencia Política
La Ciencia Política estudia los fenómenos del acontecer político. El político es un
actor de esos fenómenos.
Sin duda que para el político las enseñanzas de la experiencia que recoge la Ciencia
Política no pueden ser indiferentes.
Constituyen un aporte importante para la determinación de su conducta.
Demuestran cómo se han desenvuelto procesos políticos que en un momento
determinado tienen lugar en un país, cómo se han desarrollado en otros. Y aun
cuando cada país tiene su propia realidad y cada circunstancia histórica es distinta,
así como ningún ser humano puede construir su vida sobre la base de imitar la de
otro, esas experiencias enseñan, al mostrar –al menos- algunas cosas que deben
evitarse y caminos que abren perspectivas, o señalar otros que conducen a fracasos.
En los últimos años, la realidad de los países de Latinoamérica ha incentivado una
gran preocupación de la Ciencia Política por el análisis de los procesos de transición
desde regímenes dictatoriales o autoritarios a la democracia, tanto en nuestro
continente como en la vieja Europa y otras zonas de la tierra.

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Esos estudios han sido -sin duda- útiles a quienes actuamos en el quehacer político,
para sacar consecuencia y, de alguna manera, guiar nuestra conducta.

Conducta política y poder


Debo decir francamente que más que aprovechar las experiencias y lecciones de
1aCienciaPolítica para determinar la conducta de un político en funciones de
gobierno, pienso que lo fundamental es tratar de concordar la conducta política con
los valores éticos fundamentales en los cuales se cree y que la sociedad comparte.
Quiero por eso reflexionar sobre la ética y la política.
La política es una actividad que tiene mala fama. El hombre común la mira con
reticencia, con desconfianza. A los políticos los cree demasiado habilidosos o a veces
demasiado pillos.
Maquiavelo aconsejó al Príncipe a "aprender a no ser bueno", con lo cual, sin duda,
dio una orientación que justifica o da pábulo a esa desconfianza ética del común de
los mortales respecto de la actividad política.
El descrédito moral del hombre político ha sido recogido por pensadores ilustres a
través de la historia, tal vez esto tenga que ver con aquella vieja y tan repetida frase
de Lord Acton: "El poder tiende a corromper, y el poder total corrompe
absolutamente".
La historia de la política y los políticos se vincula, generalmente, al ejercicio del
poder. El poder seduce y los hombres, por llegar al poder y por conservarlo, suelen
incurrir en muchas claudicaciones y cometer, también, muchos abusos. Tal vez de
allí derive este descrédito generalizado de la acción política, que -a mi juicio- es
injusto.

La política maquiavélica
¿Es cierto que la política escapa a la moral?
El filósofo Maquiavelo, no rechaza los valores morales, no llama bien al mal ni mal
al bien. Simplemente niega a los valores morales toda aplicación en la política, con
lo que legitima la inmoralidad política. Para él lo importante en la política es la
eficacia, obtener el resultado que se quiere. Y el principal resultado a que ha de
aspirar el Príncipe debe ser mantenerse en el poder y acrecentar su poder. Ese fin
justifica todos los medios, sin consideraciones de orden ético, que no rigen en ese
campo.
Más que inmoral, el político sería -y es lo que sostiene Ortega y Gasset en su trabajo
sobre Mirabeau- amoral. Las reglas morales que rigen para el común de los mortales
no se aplicarían en la acción política.
En su obra expresa, creo que esta concepción deriva de un error básico: que el fin de
la actividad política sea el poder: conquistarlo, ejercerlo y conservarlo. En verdad,
esta es sólo una cara de la medalla. La política es, antes que nada, una actividad
humana, es una actividad que se ejerce por las personas y como tal está regida por la

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moral, que regula la conducta humana en cuanto al bien y al mal que cualquier
conducta humana entraña.

La actividad política
La política se ocupa del gobierno de las naciones.
¿Quiénes hacen política? Hacen política los gobernantes; hacen política los
ciudadanos. Cuando los ciudadanos eligen gobernantes o parlamentarios, hacen
política. Hacen política los funcionarios del aparato estatal que desempeñan
funciones de autoridad o que cumplen cometidos estatales en los distintos ámbitos
del quehacer social. Hacen política los dirigentes sociales, los dirigentes de las
distintas organizaciones o comunidades que forman la sociedad. Hacen política los
dirigentes de los partidos políticos. Hacen política los medios de comunicación
social, que no se limitan a informar, sino que informan desde el ángulo de sus propias
concepciones, porque cada uno ve las cosas según el color del cristal con que las mira
y porque, según esas mismas concepciones, procuran orientar a la opinión pública
para ir formando criterios que conduzcan a la acción.

¿Cuál es el fin de esta actividad de gobernar a los países?


El fin de la actividad de gobierno no puede ser otro que realizar el bien común de la
sociedad, generar las condiciones que hagan posible, a los hombres, a las familias y
a las asociaciones, el logro de su propia perfección, mejorar la vida humana; que
posibiliten el pleno desarrollo de todas las personas.
Quien lucha en la vida política, lucha según sus propias concepciones por lograr para
su país el mayor bien posible, bien colectivo y bien individual, bien-como dice
Maritain- común al todo y a las partes, a la colectividad como conjunto y a cada uno
de los seres humanos que conforman esa colectividad.
Autoridad y poder
Queda así en claro que el poder no es el fin de la actividad política; es, simplemente,
un medio de que dispone la política y el político para cumplir el fin de lograr el bien
común, de realizar el bien común. Y este poder adquiere dos formas de expresión:
autoridad y poder propiamente tal.

La autoridad
Es un concepto moral, es el derecho a dirigir y a ordenar, a ser escuchado y a ser
obedecido. El poder es un concepto sociológico, es la fuerza de que disponemos para
obligar a otros a escuchar y a obedecer.
Maritain dice: "El justo, privado de poder, acrecienta su autoridad. El tirano, el
gánster, el terrorista, ejerce un poder sin autoridad".
La autoridad se funda en la razón. El poder se funda en la fuerza. El poder es atributo
de la autoridad, pero no es la fuente de la autoridad.

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El que funda su autoridad sólo en la fuerza que es capaz de usar, carece de verdadera
autoridad; no ejerce una influencia natural sobre las conciencias. Puede vencer, pero
no convencer.
Sólo el que tiene autoridad obtenida por el respaldo de la colectividad como legítima,
es quien ejerce una verdadera influencia directiva y tiene capacidad de conducción.
En la democracia la autoridad se funda en la voluntad del pueblo, y el poder de esa
autoridad en el sistema institucional que lo consagra. La autoridad supone, en la
democracia, el consentimiento de aquellos sometidos a ella. Como ha dicho, con
razón, Burdeau, lo distintivo de la democracia es que integra el concepto de libertad
con el de autoridad. La libertad se concilia con la autoridad -al parecer conceptos
contrapuestos- desde el momento en que la autoridad del gobernante se funda en el
consentimiento libre de los gobernados.
Esa autoridad democrática supone una relación de confianza entre gobernantes y
gobernados. Sólo en la medida en que el gobernante cuente con un respaldo de
confianza colectiva, tiene verdadera autoridad. Y esa relación de confianza,
indudablemente, sólo se puede construir sobre bases morales. Estas bases morales
son la verdad, la honradez, la justicia, la solidaridad.

Bases éticas de la acción política


"La transparencia'-,
Es una de las condiciones necesaria para una convivencia colectiva pacífica. No hay
convivencia pacífica ni en el seno del hogar ni en el seno de la nación ni en la
comunidad internacional, allí donde impera la mentira.
La mentira suscita la desconfianza. Al que se le sorprende mintiendo, o al que no se
le cree, se desconfía de él. La desconfianza suscita la odiosidad; la odiosidad suscita
la violencia.
Se da, así, lo que planteó Solyenitsyn en su carta a la Academia de Estocolmo,
agradeciendo el premio de que fue objeto: "La mentira y la violencia están
indisolublemente ligadas en la historia". Para que haya convivencia pacífica, para
que haya credibilidad, es indispensable que todos procuremos vivir en la verdad,
conforme a la verdad, respetando la verdad. Que los gobernantes seamos
escrupulosos en decir siempre la verdad y que los opositores no recurran a apartarse
de la verdad para procurar combatir al gobierno.
Además de la anterior, nos indica sobre la necesidad de la honestidad, de la
honradez, que son también elementos esenciales de la confianza colectiva.
Baste recordar el viejo aforismo de los romanos: "La mujer del César no sólo
necesita ser honrada, sino que debe también parecerlo". Es fundamental
en la actividad pública, para contar con la confianza indispensable para ejercer la
autoridad, ser escrupuloso en materia de honestidad.
Pero aparte de estos valores, indispensables a toda conducta humana y naturalmente
a la conducta política, la acción política requiere de otras dos virtudes: la virtud de

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la justicia y la virtud de la solidaridad, empleando la palabra más usada en nuestros
días para referirse al amor cívico, al amor al prójimo, la caridad en el sentido
cristiano.
La acción política se achata, se empequeñece, sin verdad, sin honestidad, sin justicia,
sin el afán de darle a cada uno lo que es suyo, sin el afán de proceder rectamente, no
sólo aplicando la letra de la ley, sino que yendo al derecho más que a la ley.
La búsqueda del bien común exige buscar condiciones de justicia en las relaciones
sociales. Y sin solidaridad, que significa la disposición de ayudarnos los unos a los
otros, especialmente de ayudar los más fuertes a los más débiles, los que están en la
buena a los que están en la mala, de modo que todos puedan sentirse miembros de
una misma comunidad, no hay política verdaderamente humana. Verdad,
honestidad, justicia, solidaridad, son piedras angulares de carácter ético sobre las
cuales se construye la acción política.

La política, el poder y el éxito


El poder es un medio de que se vale el político para procurar realizar estos valores
en la práctica, en la contingencia de una sociedad. Para lograr eficacia en la
realización del proyecto de sociedad más justa y más solidaria -según la imagen que
cada cual tenga del bien común- se necesita del poder como instrumento.
Por eso, el triunfo político consiste en ganar y conservar el poder, pero no puede
agotarse en eso. ''¿Qué saco -dirá algún con servir al pueblo si pierdo el
poder?' Pero a esa pregunta cabe contestar: "¿Cuál es el verdadero éxito,
conservar el poder a cualquier precio o satisfacer las aspiraciones
colectivas de bienestar, de justicia, de libertad, de progreso del
pueblo?"
Maritain analiza ese tema en un ensayo que tituló "El fin del maquiavelismo", y dice
que la historia nos enseña que quienes en algún momento aparecieron como grandes
triunfadores, que lograron el poder total, que lo ejercieron por largo tiempo, que lo
conservaron durante años y decenios, terminaron siendo destruidos por su propia
maquinaria; la maquinaria del poder los devoró, los destruyó, sumiendo a sus países,
las más de las veces, en grandes catástrofes, en dolores o sufrimientos indecibles,
generalmente en guerras.
Por eso, para juzgar el éxito en la vida política se necesita, según Maritain la
dimensión del tiempo. No hay que juzgar en función del éxito inmediato. El
verdadero éxito es el que perdura, el que se traduce en un mejoramiento efectivo de
las condiciones de vida, de las posibilidades de un pueblo. El verdadero éxito es el
que se traduce en la realización del bien común, aun cuando quien lo ejerce termine
perdiendo el poder.
El mérito de la democracia es que permite que el pueblo vaya distribuyendo el
ejercicio de la autoridad y del poder mediante la alternativa. El que es hoy gobierno,
mañana puede ser oposición; el que es hoy oposición, mañana puede ser gobierno. Y

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eso debe inducir al gobernante a no abusar de su poder, porque quien lo suceda
podría hacer lo mismo con él. Pero eso también debe inducir al opositor a no pedirle
al gobernante cosas que él después no vaya a ser capaz de realizar.

Las limitaciones del poder


Y esto nos lleva al tema de las limitaciones del poder. Quien juzga simplemente,
puede imaginar que cuando se llega al gobierno se puede hacer desde allí todo lo que
se quiere. Y la verdad es que la acción del político se compone, por una parte, de las
nobles aspiraciones que lo inspiran, las metas que busca, los valores en que cree y
que trata de convertir o encarnar en la realidad y, por otra parte, de la realidad que
lo limita, que lo limita por falta de recursos, por falta de instrumentos jurídicos, por
falta de medios económicos, por falta de consenso colectivo, o por mil variadas
circunstancias.
Es bueno tener siempre presente que gobernar no es hacer lo que se quiere, sino que
es hacer lo que se puede de lo que se quiere. Por eso se ha dicho que la "política es el
arte de lo posible". Esto, a veces, nos encajona en situaciones en que ninguna
alternativa es verdaderamente buena, o ninguna es tan buena como se quisiera; las
circunstancias exigen escoger entre alternativas que todas aparecen malas, o apenas
regulares. Entonces, lo correcto, lo ético, lo corajudo, es escoger el mal menor y no
simplemente levantar las manos o intentar a toda costa una solución perfecta, ideal,
pero imposible en la realidad.
Es aquí donde entra en juego la virtud de la prudencia. El gobernante, el político, ha
de tener coraje, valor, audacia, para luchar por aquello en que cree, por ser fiel a sus
convicciones.
Pero ha de tener también prudencia para no embarcarse en aventuras, para no
precipitar al país en caminos que conduzcan a desastres o a males mayores.
De esto se ha hablado cuándo se ha hecho el distingo entre lo que Max Weber llama
la ética de la convicción o el testimonio y la ética de la responsabilidad.
Todos quisiéramos ser esencialmente fieles a nuestras convicciones. Todos
quisiéramos morir con la bandera al tope, dando testimonio de nuestra lealtad a los
principios, a los valores, a los ideales en los cuales creemos. Pero no siempre esto es
lo que mejor sirve a la sociedad, lo que conduce al bien común.
Y en la lealtad a nuestros principios y valores debemos tener siempre en cuenta los
condicionamientos que surgen de las consecuencias que nuestros actos puedan
producir, porque un hermoso testimonio no pasaría a ser más que eso, y puede ser
dañino en vez de beneficioso si conduce a una situación negativa desde el punto de
vista social.
La política es una actividad regida por la ética, y creo que la democracia es, como ha
dicho Maritain, el camino para obtener una "racionalización moral de la vida
política", o como lo señalaba Montesquieu, es "el régimen basado en la virtud".

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DEONTOLOGÍA PROFESIONAL:
La dimensión ética de la profesión
La dimensión ética de la profesión resulta necesaria para entender las relaciones de
la profesión como grupo, con la sociedad, con la organización, y entre los
profesionales como individuos. Frankel define la profesión como una comunidad
moral cuando sus miembros se distinguen, como individuos y como grupo, por unas
metas, unas creencias y unos valores que comparten y marcan sus relaciones entre
ellos mismos y entre otros. La profesión se transforma en un gran marco de
referencia, en donde estos valores y creencias definen una conducta que sirve como
práctica individual para aquellos que forman parte de ella, ya que la profesión nace
y se desarrolla socialmente a través del comportamiento individual de sus miembros.
El principio de autonomía refuerza la dimensión moral de una profesión. Parte de la
autonomía individual, como actitud auto controladora de decidir por sí mismo en
cada situación, libre de manipulaciones e influencias, aunque entendido como un
privilegio de garantía social, no como un derecho de la profesión. En este sentido,
podemos hablar de una autonomía profesional cimentada en una persona como fin
en sí misma, pero con un ineludible compromiso con los demás. La autonomía
personal corresponde al ámbito de la vida privada mientras la autonomía
responsable corresponde al ámbito de la vida pública, ya que ser responsable
significa tener que dar respuestas a uno mismo y a los otros.
El principio de responsabilidad sustenta al principio de autonomía debido a su doble
dimensión: una dimensión personal, como ser individual y una dimensión social,
como ser con vocación comunitaria. Frankel recuerda que la dimensión moral de una
profesión pertenece al colectivo y el excesivo énfasis en lo individual no puede hacer
olvidar la importancia de la estructura social que mantiene al individuo consciente
de su comportamiento, propicia una correcta transmisión de las normas y establece
una correcta relación con los usuarios. La profesión, como grupo, cobra fuerza,
visibilidad, estabilidad, duración en el tiempo, y responsabilidad moral colectiva de
forma independiente a la postura ética de cada uno de sus miembros, ya que la
responsabilidad ética de una profesión está cualificada por los valores y deberes de
la profesión.
A los principios de autonomía y responsabilidad debemos añadir el concepto de
conciencia profesional como característica de la dimensión ética de la profesión.
Definimos conciencia como la propiedad que tiene el espíritu humano de aplicar
juicios normativos espontáneos e inmediatos sobre el valor de ciertos actos
individuales determinados. En opinión de Vázquez Fernández, la conciencia
psicológica y la conciencia moral pertenecen a la dimensión individual de una
persona. Por la conciencia psicológica somos dueños de nuestros actos y a través de
la conciencia moral establecemos la voluntad de distinguir entre el bien y el mal fruto
de la educación y el aprendizaje a lo largo de nuestra vida, a partir del conocimiento
de los principios y valores morales, la aplicación de éstos a una acción en una

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situación concreta, y la decisión de la voluntad de aceptar o rechazar la acción. La
conciencia profesional, sin embargo, corresponde al ámbito de las relaciones
interpersonales, y este autor la define como,
“una dimensión esencial de la conciencia individual que se manifiesta en un
comportamiento social responsable acerca de los deberes específicos de una
profesión, después de haber internalizado, asumido y personalizado un código
ético, mediante un proceso de socialización, y de poseer una madurez y equilibrio
personal suficientes para estudiar, aplicar y resolver problemas profesionales con
la mejor competencia y rectitud posibles”.

LOS CÓDIGOS DEONTOLÓGICOS


CONCEPTO
La deontología o teoría deontológica se puede considerar como una teoría ética que
se ocupa de regular los deberes, traduciéndolos en preceptos, normas morales y
reglas de conducta, dejando fuera de su ámbito específico de interés otros aspectos
de la moral.
El término deontología fue acuñado por primera vez por Jeremy Bentham, que la
define como la rama del arte y de la ciencia cuyo objeto consiste en hacer en cada
ocasión lo que es recto y apropiado.
Cuando esta teoría se aplica al estricto campo profesional hablamos de deontología
profesional y es ella, en consecuencia, la que determina los deberes que son
mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad.
Estos deberes, es habitual que se plasmen en códigos, códigos de ética que rigen la
actuación de los representantes de la profesión (colegiados) con el fin de que a través
del buen hacer se obtengan resultados deseables.
La principal función de un código es servir de guía o advertencia para la conducta en
situaciones específicas. Un código debe ser diseñado fundamentalmente para
inspirar, dar coraje y apoyar a los profesionales éticos, pero también para servir de
base para proceder contra los que actúan mal. En contraposición con los códigos
legales, los deontológicos no deben sólo prohibir conductas, sino que deben tener un
énfasis positivo, apostando por modelos deseables de conducta profesional.

DIFERENCIAS ENTRE ÉTICA PROFESIONAL Y DEONTOLOGÍA


ÉTICA PROFESIONAL DEONTOLOGÍA PROFESIONAL
Orientada al bien, a lo bueno Orientada al deber (el deber debe estar en
contacto con lo bueno)
No normativa Normas y códigos
No exigible Exigible a los profesionales
Propone motivaciones Exige actuaciones
Conciencia individual predominantemente Aprobada por un colectivo de profesionales

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Amplitud: se preocupa por los máximos Mínimos obligatorios establecidos
Parte de la ética aplicada Se ubica entre la moral y el Derecho

Una de las diferencias cuando hablamos de "ética" y "deontología" es que la primera


hace directamente referencia a la conciencia personal, mientras que la segunda
adopta una función de modelo de actuación en el área de una colectividad.
En definitiva, cuando nos refiramos a una profesión determinada, podemos hablar
de la existencia de una ética y de una deontología determinada. La primera se podría
centrar en determinar y perfilar el bien de una determinada profesión (aportación al
bien social) y la deontología, por su parte, se centraría en definir cuáles son las
obligaciones concretas de cada actividad.
NATURALEZA DE LOS CÓDIGOS
Como ha señalado, tales normas determinan obligaciones de necesario
cumplimiento por los colegiados y responden a las potestades públicas que la Ley
delega en favor de los colegios para, "ordenar... la actividad profesional de los
mismos, velando por la ética y dignidad profesional y por el respeto debido a los
derechos de los particulares"

JUSTIFICACIÓN
Existen buenas razones para justificar los códigos y es la propia necesidad que tienen
los profesionales de ajustar sus relaciones internas y las relaciones con los clientes a
unas pautas de conducta.
Lo que sí es cierto es que cualquier código es un híbrido jurídico-moral. Su articulado
responde:
- A la concreción de normas jurídicas generales
- A la especificación de normas jurídicas propias
- A la formulación de valores éticos que han de presidir la investigación y la
intervención.

Los papeles que desempeña un código deontológico son:


- Inspiración y guía
- Apoyo a quienes actúan éticamente
- Disuasivo y disciplinario
- Educativo y de entendimiento mutuo
- Contribuyen a la credibilidad y a la imagen pública de la profesión
- Promueven el interés general
Los principales objetivos que persigue un código deontológico son:
- Determinar las responsabilidades profesionales
- Promover el incremento de los conocimientos científicos y técnicos

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- Definir el comportamiento correcto del profesional con sus clientes y con otros
profesionales
- Evitar la competencia desleal
- Mantener el prestigio de la profesión
- Perseguir un constante perfeccionamiento en las tareas profesionales
- Atender al servicio público
- Servir de base para la aplicación de medidas disciplinarias.
CARACTERÍSTICAS DE LAS NORMAS DEONTOLÓGICAS
Autorregulación
La exigencia de la autorregulación tiene que ver con el principio de autonomía
colegial que choca después, inevitablemente, con el principio de legalidad.
Los profesionales tienen la responsabilidad permanente de autorregularse. La
función autorreguladora implica una constante actividad crítica y evaluadora.
Legalidad
Exigencia en tanto han sido sancionadas, tienen cualidad de ley para los colegiados,
de ley de obligado cumplimiento.

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Publicidad
Exigencia de difusión.
La adecuada publicación de las distintas normas adoptadas por el colegio, en
término que garantice su conocimiento, su autenticidad y su constancia, y que
además permita la impugnación en un proceso declarativo acerca de su validez,

Tipicidad
El principio de tipicidad se refiere a la ineludible necesidad de la predeterminación
normativa de las conductas ilícitas y sanciones correspondientes.

PROCESO DE ELABORACIÓN

→ El proceso para la elaboración de un código deontológico constaría de las


siguientes fases:
- Primera fase: análisis profundo de la realidad de la organización y su entorno.
- Segunda fase: redacción de una primera propuesta para discutirla con
profesionales de prestigio y los órganos de gobierno del colectivo profesional.
- Tercera fase: redacción definitiva del código.
- Junto a estas tres fases creemos que se debe desarrollar una fase transversal de
sensibilización y formación.
→ Pautas básicas:
- Los colegios profesionales deben ir a una codificación, una ordenación de normas,
y evitar la dispersión.
- Hay que modernizar las normas deontológicas y modificar estatutos y reglamentos
que el tiempo ha sobrepasado.
- Hay que establecer buenos principios generales, pero también introducir
modificaciones, reflejando la realidad profesional y la praxis profesional.
- Hay que proceder a revisiones continuas, para adecuar las normas a la realidad.
- Hay que dotarlas de suficiente publicidad
- Hay que tener un buen fair play en el procedimiento sancionador

- - La deontología: es uno de los fundamentos de la existencia misma de los


colegios profesionales pues es el instrumento del que se sirven para procurar la
excelencia profesional y controlar y evitar malas prácticas.
Esta excelencia profesional supone una garantía para el colegiado, el usuario, y en
definitiva la sociedad en general.

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