Acceso a la Revista Teoría & Derecho
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COMITÉ CIENTÍFICO:
María José Añón Roig Javier de Lucas Martín
Catedrática de Filosofía del Derecho Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política
de la Universidad de Valencia de la Universidad de Valencia
Ana Cañizares Laso Víctor Moreno Catena
Catedrática de Derecho Civil Catedrático de Derecho Procesal
de la Universidad de Málaga de la Universidad Carlos III de Madrid
Jorge A. Cerdio Herrán Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Catedrático de Derecho Penal
Instituto Tecnológico Autónomo de México de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
José Ramón Cossío Díaz Angelika Nussberger
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional
y miembro de El Colegio Nacional en la Universidad de Colonia (Alemania)
Carmen Domínguez Hidalgo Miembro de la Comisión de Venecia
Catedrática de Derecho Civil Héctor Olasolo Alonso
de la Pontificia Universidad Católica de Chile Catedrático de Derecho Internacional
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot de la Universidad del Rosario (Colombia) y
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Luciano Parejo Alfonso
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Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid
de la Universidad de Yale (EEUU) Consuelo Ramón Chornet
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Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED y Relaciones Internacionales de la Universidad de Valencia
José Luis González Cussac Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho Penal Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
de la Universidad de Valencia de la Universidad de Valencia
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Catedrático de Derecho Constitucional Magistrado de la Sala Primera (Civil)
de la Universidad Carlos III de Madrid del Tribunal Supremo de España
Ángel M. López y López Elisa Speckmann Guerra
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla Directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM
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Catedrática de Historia del Derecho Catedrática de Ciencia Política
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SUMARIO
DEBATE
Presentación. ¿Cómo elegir buenos jueces?..................................................................... 10
Rosario Serra Cristóbal
Cristina García Pascual
¿Qué juez?...................................................................................................................... 14
Perfecto Andrés Ibáñez
El acceso a la carrera judicial de acuerdo con la Ley Orgánica del Poder Judicial españo-
la.................................................................................................................................. 34
Elena Martínez García
Raquel Borges Blázquez
La imprescindible función de la Escuela Judicial en la capacitación de juezas y jueces
democráticos.................................................................................................................. 66
Miryam Rodríguez-Izquierdo Serrano
Mirar hacia fuera para vernos bien. El sistema español de acceso a la judicatura a la luz
del modelo italiano......................................................................................................... 88
Cristina García Pascual
El acceso a la judicatura en Francia. El primordial rol de la ENM para garantizar la
igualdad de oportunidades en el acceso, la eficiencia en la selección y la calidad de la
formación....................................................................................................................... 108
Iñaki Esparza Leibar
El acceso a la judicatura en Alemania.............................................................................. 132
Walter Perron
Helmut Perron
La selección de jueces en Estados Unidos: la singularidad de un modelo dual y diverso.... 152
Rosario Serra Cristóbal
Proponer y nombrar a los jueces. Lord Chancellor (LC), Lord Chief Justice (LCJ) y la
Judicial Appointments Commission (JAC)......................................................................... 182
Rosa M.ª Fernández Riveira
ESTUDIOS
Derechos de las personas mayores y discriminación en las residencias geriátricas durante
la pandemia de COVID-19............................................................................................ 206
Fernando Flores Giménez
Algunos problemas conceptuales y epistemológicos de la definición del consentimiento
sexual en la llamada ley de «solo sí es sí»......................................................................... 230
José Antonio Ramos Vázquez
La participación en el proceso penal de la víctima menor de edad. El ejercicio de la dis-
pensa de la obligación de declarar................................................................................... 256
Jesús Bonilla
Repensando el delito de falsificación documental a la luz del principio de ne bis in
idem........................................................................................................................... 282
Pablo Hernández-Romo Valencia
TEMAS DE HOY
Las leyes penales, la irracionalidad y el consenso............................................................. 300
Gonzalo Quintero Olivares
SUMMARY
DEBATE
Presentation. How to choose good judges?..................................................................... 10
Rosario Serra Cristóbal
Cristina García Pascual
Which judge?................................................................................................................. 14
Perfecto Andrés Ibáñez
Access into the judiciary power in Organic Law of the Spanish Judiciary........................ 34
Elena Martínez García
Raquel Borges Blázquez
The essential role of the Spanish Judiciary School in training and qualification of demo-
cratic judges................................................................................................................... 66
Miryam Rodríguez-Izquierdo Serrano
Looking outwards to look good. The Spanish system of access to the judiciary in the light
of the Italian model........................................................................................................ 88
Cristina García Pascual
Access to the judiciary in France. The primary role of the ENM in ensuring equal oppor-
tunities in access, efficiency in selection and quality of training...................................... 108
Iñaki Esparza Leibar
Access to the judiciary in Germany................................................................................. 132
Walter Perron
Helmut Perron
Judiciary Selection in the United States: its unique dual and diverse model.................... 152
Rosario Serra Cristóbal
Nominating and appointing british judges. Lord Chancellor (LC), Lord Chief Justice (LCJ)
and the Judicial Appointments Commission (JAC)............................................................ 182
Rosa M.ª Fernández Riveira
STUDIES
Older people’s rights and discrimination in care homes during the COVID-19 pande-
mic................................................................................................................................. 206
Fernando Flores Giménez
Some conceptual and epistemological problems with the definition of sexual consent in
the so-called «only yes means yes» law............................................................................ 230
José Antonio Ramos Vázquez
The participation in the criminal proceedings of the minor victim. The exercise of the
dispensation of the obligation to testify.......................................................................... 256
Jesús Bonilla
Rethinking the offence of document forgery in the light of the principle of ne bis in
idem............................................................................................................................... 282
Pablo Hernández-Romo Valencia
TODAY’S TOPIC
Criminal Law, irrationality and consensus...................................................................... 300
Gonzalo Quintero Olivares
DEBATE
Presentación. ¿Cómo elegir buenos jueces?
Rosario Serra Cristóbal
Cristina García Pascual
¿Qué juez?
Perfecto Andrés Ibáñez
El acceso a la carrera judicial de acuerdo con la Ley Orgánica del Poder
Judicial española
Elena Martínez García
Raquel Borges Blázquez
La imprescindible función de la Escuela Judicial en la formación y en
la capacitación de juezas y de jueces democráticos
Miryam Rodríguez-Izquierdo Serrano
Mirar hacia fuera para vernos bien. El sistema español de acceso a la
judicatura a la luz del modelo italiano
Cristina García Pascual
El acceso a la judicatura en Francia. El primordial rol de la ENM para
garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso, la eficiencia en
la selección y la calidad de la formación
Iñaki Esparza Leibar
El acceso a la judicatura en Alemania
Walter Perron
Helmut Perrron
La selección de jueces en Estados Unidos: la singularidad de un mode-
lo dual y diverso
Rosario Serra Cristóbal
Proponer y nombrar a los jueces británicos. Lord chancellor (LC), Lord
chief justice (LCJ) y la Judicial Appointments Commission (JAC)
Rosa María Fernández Riveira
Presentación
¿CÓMO ELEGIR BUENOS JUECES?
HOW TO CHOOSE GOOD JUDGES?
Rosario Serra Cristóbal
Cristina García Pascual
DOI: [Link]
PRESENTACIÓN.
¿CÓMO ELEGIR
BUENOS JUECES?
El dosier de artículos que aquí presentamos gira en torno a la pregunta de cómo de-
berían formarse y reclutarse los mejores jueces en un Estado de Derecho. No cabe duda
de que se trata de un tema crucial, si partimos de que el orden jurídico-político en el que
se asienta la democracia no solo necesita buenas leyes y una Administración ágil y garan-
tista, sino también juristas de diferente extracción social capaces de interpretar y aplicar
las normas debidamente y de realizar cada una de las complejas actividades que exige la
labor de juzgar en las sociedades plurales. Los ciudadanos aspiramos legítimamente a que
quienes ejerzan la función jurisdiccional lo hagan con independencia e imparcialidad, pero
también con un profundo conocimiento del ordenamiento, con dotes de prudencia, con
aptitudes de flexibilidad, con facultades de argumentación jurídica, con capacidad para
resolver casos complejos y con habilidades para transmitir al justiciable las razones de su
decisión, entre otras aptitudes.
No debe olvidarse, en este sentido, que el contenido de la tutela judicial se presenta a
menudo como la cláusula de cierre del entero sistema político, como ese instrumento de
garantía final de los derechos que siempre precisa para su concreción del elemento huma-
no, de jueces independientes y responsables —como mandata la Constitución— a los que
cabe exigir conocimientos, pero también aptitudes y capacidades.
La cuestión de cómo seleccionar a los mejores jueces y conforme a qué criterios viene
discutiéndose desde hace años y ha suscitado un interesante debate, aunque nunca se ha
alcanzado un consenso sobre las mejoras que deberían introducirse en el sistema de selec-
ción de jueces en España. El hecho es que, a pesar de las grandes transformaciones que
desde que se constituyó en democracia ha conocido nuestro país en los ámbitos social eco-
nómico, político y jurídico por efecto, entre otras razones, de su presencia internacional,
por el momento ninguno de estos cambios parece haber afectado lo más mínimo al modo
tradicional de reclutamiento de nuestros jueces. Si el sistema español sigue anclado en un
inmovilismo ajeno a los tiempos, este monográfico pretende ser un revulsivo para impulsar
de nuevo el debate y mantener vivo el proyecto de una transformación que consideramos
2023, Nº 34, PÁGS. 10-13
necesaria.
Con esté impulso se inicia el dosier, encabezado con el análisis que del sistema español
realiza Perfecto Andrés Ibáñez, que fue durante muchos años magistrado del Tribunal Su-
premo. No se trata de una presentación de la cuestión complaciente; la mirada crítica del
magistrado ofrece a una buena base para valorar las fallas de nuestro sistema, a la vez que
suscita nuestra curiosidad por conocer los métodos de reclutamiento puestos en práctica
en otros países que pudieran resultar operativos en el nuestro. Las profesoras de Derecho
TEORDER
procesal Elena Martínez y Raquel Borges también repasan el sistema español haciendo
hincapié en la cuestión de género y mostrando que en este punto todavía queda un gran
trecho por recorrer. Asimismo, el monográfico se detiene en la segunda fase de acceso a la
carrera judicial en España, que es la que se lleva a cabo tras el paso por la Escuela Judicial,
que, más que una fase de selección judicial, se ha convertido en una fase de formación ace-
lerada. El estudio de esta cuestión corre a cargo de la profesora de Derecho constitucional
Miryam Rodríguez-Izquierdo.
Lo que se tuvo claro desde el comienzo en la preparación de este monográfico es que
seguramente no hay un solo sistema idóneo para seleccionar buenos profesionales del De-
recho o buenos jueces. En no pocas ocasiones, echar una mirada a las fórmulas ensayadas
en otros Estados ofrece la posibilidad de repensar nuestro propio sistema. Los diferentes
métodos de reclutamiento de jueces dentro de la Unión Europea y fuera de ella ofrecen un
abanico de posibilidades que vale la pena analizar de manera crítica siempre en busca de
los sistemas que han dado los mejores resultados. El Derecho comparado permite valorar
mejor nuestro sistema y a la vez nos suministra modelos a imitar —o desechar— cuando
nos planteamos su reforma.
Así, este dosier ha querido incluir la perspectiva del Derecho comparado mediante un
recorrido por los sistemas de reclutamiento y primera formación de los jueces de países
como Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña y EE. UU.
Con la mirada puesta en las deficiencias de los mecanismos a través de los cuales se
accede a la función judicial en España, el artículo de la profesora de Filosofía del Derecho
Cristina García Pascual se detiene en el análisis del sistema italiano, un sistema que, como
recuerda la autora, ha inspirado instrumentos tan relevantes como la Carta europea sobre
el estatuto del juez y otros del Consejo de Europa y que ha despertado, en no pocos mo-
mentos, la admiración de los juristas españoles.
El sistema francés, analizado por el profesor de Derecho procesal Iñaki Esparza, ofrece
un examen de un modelo de selección de jueces que contiene elementos interesantes y
originales, entre ellos un modo de selección más igualitario, y una formación temprana en
competencias, habilidades específicas y contenidos a los candidatos a juez, componentes
reforzados por la garantía de que el proceso de aprendizaje tendrá valor en sí mismo, es
decir, resultará útil incluso para aquellos que finalmente no sean seleccionados.
La formación temprana de los candidatos a juez y la reiteración de pruebas por fases
12 para ir cribando a los mejores son también los objetivos del modelo vigente en Alemania.
El profesor de Derecho Penal Walter Perron, de la Universidad de Freiburg, y Helmut
TEORDER
los criterios a los que ambos países recurren para seleccionar a sus jueces también puede
contribuir repensar el modo mediante el que elegimos a los nuestros y conocer la forma-
ción con la que ocupan sus primeros destinos. El análisis del sistema inglés ha corrido a
cargo de la profesora de Derecho constitucional Rosa María Fernández, y el sistema esta-
dounidense ha sido abordado por la profesora de Derecho constitucional Rosario Serra.
Mirarnos en el espejo de alguno de estos modelos tal vez nos permita extraer alguna
reflexión, alguna lección, alguna propuesta para mejorar el sistema de selección de nuestros
jueces en pro de un buen ejercicio de la jurisdicción y una más elevada cultura jurídica.
13
¿QUÉ JUEZ?
WHICH JUDGE?
Perfecto Andrés Ibáñez
Magistrado emérito de la Sala Segunda de lo Penal
del Tribunal Supremo
RESUMEN
El ejercicio de la función judicial, por su carácter cognoscitivo, se justifica y legitima por la cali-
dad de la verdad en la fijación de los hechos y por el rigor en la aplicación del Derecho. Por ello,
reclama una adecuada formación de los jueces en ambos planos que, lamentablemente, no es la
que propicia el sistema actualmente vigente en España en la materia.
PALABRAS CLAVE
Jurisdicción, selección-formación de los jueces, quaestio facti, interpretación, motivación, deci-
sión.
ABSTRACT
The exercise of judicial functions, based on its cognitive nature, is justified and qualified by the
quality of the truth in the adjudication of facts and by the rigour in the application of the law.
For this reason, it also requires an appropriate judicial training covering both areas. Unfortuna-
tely, this is not promoted by the system of judicial recruitment and training currently in place
in Spain.
KEY WORDS
Jurisdiction, recruitment and training of judges, quaestio facti, interpretation, reasoning, deci-
sion.
DOI: [Link]
¿QUÉ JUEZ?
1. PRELIMINAR
Mejor que articular una reflexión en abstracto, será tomar, como punto de partida, una
experiencia concreta y abordarla críticamente. En este caso, la del tipo (nada ideal) de juez
que ha prevalecido durante más de un siglo en nuestro país (aunque no solo), recibido del
Estado liberal, hijo del sistema napoleónico de organización y de su cultura jurídica de
soporte, la del positivismo ideológico1.
Una adecuada comprensión del modelo —que en modo alguno ha perdido toda su
vigencia y subsiste, en particular, en los mecanismos propios de la carrera, allí y en la
medida en que esta funciona— exige prestar atención a los cuatro momentos en los que
esencialmente se concreta. A saber, el del acceso al ejercicio de la función, con sus distintas
implicaciones; el representado por la modalidad del encuadramiento orgánico de los pro-
fesionales; el de su estatus como tales; y, en fin, el constituido por la dimensión cultural en
sus dos vertientes: la formación técnico-jurídica y los valores deontológicos promovidos y
profesados.
ya implicaría por sí solo el disfrute de un cierto nivel de renta; más aún cuando el acceso
comenzó a producirse de un modo generalizada mediante examen, con la correspondiente
exigencia de dedicación en exclusiva de un tiempo a su preparación. Sobre este presu-
puesto de partida incidiría luego otro fenómeno bien constatado e igualmente selectivo:
el del carácter en buena medida endogámico de los cuerpos de destino, el judicial y el del
Ministerio Público.
Como es bien sabido, en el acceso a la judicatura en España, tiene ya una vigencia más
TEORDER
TEORDER
Curiosamente, la respuesta disciplinaria por las malas prácticas o el incumplimiento
de los deberes profesionales, es decir, aquellos que —sin interesar al decoro o al prestigio
corporativos— ocasionaban indudables perjuicios a los justiciables, fue siempre inexistente
o sumamente tenue. Al extremo de que, con toda verdad, ha podido denunciarse la exis-
tencia de una suerte de pacto no escrito dirigido a garantizar la impunidad de los jueces
frente al exterior a cambio de obediencia y sumisión dentro del sistema corporativo. La
mejor prueba de ello es la histórica tolerancia con actitudes teñidas de diversas formas de
falta de profesionalidad en el trato de los justiciables, en llamativo contraste con la dureza
en la respuesta a las actitudes extraprofesionales consideradas impropias, producidas, por
ejemplo, en terrenos como el de la opinión o en ámbitos de vida privada que carecen de
relevancia en el concreto ejercicio de la función.
El estatus de tales peculiares empleados públicos de la jurisdicción es sin duda con-
tradictorio, pues, aunque supuestamente funcional al valor de la independencia, resulta
objetivamente negado de manera frontal en los entresijos del complejo organizativo.
En efecto, porque, según ha podido verse, la que tendría que ser una ideal relación del
juez con la ley7, sin mediaciones perturbadoras en la perspectiva del caso, resulta regular-
mente interferida por factores precisamente dirigidos a condicionarla en el sentido más
favorable a las posiciones de poder. De este modo, la proyección social del aparato judicial
ha sido, por tradición, claramente selectiva, a tenor de la calidad del destinatario de sus
prestaciones: de garantía para los intereses dominantes, y de control social puro y duro
para un sector ampliamente mayoritario de la población. Durante un largo periodo (el del
Estado monoclase), porque las necesidades y expectativas de aquel carecían del menor re-
flejo en el ordenamiento. Después, porque los derechos y garantías lenta y trabajosamente
acogidos en este bajo el impulso del sufragio universal, se vieron con harta frecuencia en
dificultades con los jueces. Tan es así que puede decirse que no hay derecho fundamental
que no las haya sufrido.
De otra parte, en aquellos se ha dado siempre una circunstancia que sugiere cierta in-
clinación en quienes ocupan puestos jerárquico-judiciales a mantener relaciones (siempre
peligrosas) con los lugares del poder, propensión que, al mismo tiempo, constituye un refle-
jo de la tendencia a establecer distancias con otros ambientes sociales.
Expresión genuina de esa relación de contigüidad con las instancias de poder político
es la notable facilidad de acceso a ellas de los miembros de la judicatura, registrable con
frecuencia en distintos países, a través de algún expediente legal ad hoc destinado a facilitar
17
el tránsito, con movimientos de ida y vuelta, y sin pérdida de antigüedad, cuando no con
2023, Nº 34, PÁGS. 14-33
24): «Está lejos el tiempo en que los gobernantes, para obtener de los jueces sentencias
favorables, se veían constreñidos a ponerlos en prisión. Ahora basta corromperlos; y des-
de que el juez se ha convertido en funcionario del Estado, no hay medio más eficaz para
su corrupción que el consistente en disponer de sus promociones». Y Jean-Marc Varaut9
ha venido a introducir un matiz ciertamente relevante en este asunto: «No basta que un
magistrado no pueda ser transferido sin su consentimiento; es también necesario que
esté a salvo de las debilidades de la ambición legítima», debilidades estimuladas por la
articulación jerárquica.
La dimensión cultural, en el caso de la magistratura, debe ser objeto de breve considera-
ción en dos vertientes: la estrictamente jurídica, relativa al modo de aplicar y entender el
Derecho, y la, ciertamente cargada de implicaciones de carácter ético-deontológico, referi-
da a los valores profesados y a la forma de vivirlos y plasmarlos realmente en las prácticas
profesionales.
Situándonos en el primero de los planos aludidos, resulta inevitable partir de la senten-
ciosa afirmación de Montesquieu (1972: 176) de acuerdo con la cual los jueces son «la boca
que pronuncia las palabras de la ley»10, que fue a encontrar eco en Beccaria (2011: 121),
cuestionador de su legitimación para interpretar las leyes «por la misma razón de que no
son legisladores». Dos asertos movidos por una actitud claramente prescriptiva, animada
en aquel momento histórico por el afán ingenuamente garantista de poner coto al arbitrio
incondicionado de los jueces, sobre todo en materia de Derecho criminal. La idea fue teo-
rizada por la escuela de la exégesis, inspirada en el dogma de la plenitud del ordenamiento,
razón del deber del juez de mantenerse, a ras de letra, en el ámbito estricto del Derecho po-
sitivo. Luego, este, concebido sub specie de code, como instancia neutral, generador para el
juez de una obligación moral de obediencia acrítica, sería además completo en sus previsio-
nes y susceptible de una fácil aplicación meramente técnica y, así, espontáneo generador de
certeza en el tratamiento jurisdiccional de la conflictividad social objeto de enjuiciamiento.
A esto se añade una prácticamente generalizada concepción banalizadora de la quaestio
facti en la que esta no existiría como problema. También, en el caso de la jurisdicción pe-
nal, debido a un modo de entender la inmediación que, al producir en el juez esa suerte de
«convicción íntima», siempre acertada, contribuiría decisivamente a darle el trabajo hecho
en la materia.
En lo relativo a los valores profesados por los jueces, expresión del modelo que se
examina, hay que decir que han girado tópica, pero solo formalmente, en torno al prin-
18
cipio de independencia, postulado de un modo netamente ideológico como informador
TEORDER
sentido autocrático de la libre convicción —abierto al uso de una incontrolada discrecio-
nalidad máxima— y en un entendimiento silogístico del modo de resolver, con natural
prolongación en el decisionismo inmotivado presente en las resoluciones. A todo ello
cabe añadir el uso extremadamente generoso de la prisión preventiva y, en fin, la obse-
cuencia hacia los centros de poder.
Estas actitudes —como, en general, la forma de integración de los jueces en contextos
como los aludidos y el modo de desenvolverse en ellos— están, además, directamente
asociadas a la falaz autoconvicción de ser titulares de una función exclusivamente téc-
nica y avalorativa que, por eso, haría posible un ejercicio políticamente asexuado como
efecto, también, de cierta carismática predisposición a la neutralidad de la que estarían
investidos11. Lo razonado acerca de las particularidades organizativas del modelo y de la
clase de cultura de que se nutre desmiente con eficacia este tópico. Y, en los innumerables
escenarios en que aquel se proyecta, resulta por demás fácil rastrear datos de experiencia
sumamente elocuentes, acreditativos de la efectiva integración subordinada de los jueces en
la política en acto bajo la ideología de esa supuesta asepsia en la materia.
régimen de riguroso aislamiento15. Esta sigue siendo una durísima experiencia personal
gestionada por el propio interesado bajo la dirección de un preparador, por lo general un
juez o fiscal experimentado de su elección, que desempeñará ese papel mediante precio.
En lo esencial, su cometido consistirá en escuchar dos veces por semana la exposición de
algunos temas —de «cantar» se habla en el argot del medio— cronómetro en mano, ya
que el tiempo del examen habrá de distribuirse proporcionalmente entre los cinco que
componen cada ejercicio oral.
El desarrollo del programa se concreta en un amplio elenco de nociones-píldora debi-
damente esterilizadas en cuanto desprovistas de cualquier apunte no ya crítico, sino incluso
de algún nivel doctrinal16, integradas, esencialmente, por el contenido de los textos legales
de cada disciplina, con descarte de todo lo demás y el resultado de una presentación esque-
mática y atomizada de las distintas instituciones, inmersas en una suerte de inmovilidad
atemporal y aproblemática. Ello es así porque están concebidas para ser asimiladas —o
mejor, almacenadas17— memorísticamente mediante una tediosa repetición machacona,
imprescindible para fijarlas y poder recitarlas luego de manera mecánica18. Aunque sería
más propio decir dispararlas, dada la velocidad en la dicción que impone el tiempo dispo-
nible19, en exámenes presididos, además, por la exigencia de literalidad20, en particular, en
la reproducción del Derecho positivo, que, como se ha dicho, constituye el núcleo y lo que
realmente se valora de cada una de las materias.
Lo único que ciertamente propicia el sistema es la ejercitación de la memoria21. Esto
permite dudar, con el mejor fundamento, de que el bagaje así obtenido, por sí solo, y
de no mediar un esfuerzo esencialmente personal a cargo del ya juez en ejercicio, pueda
conferir la habilitación necesaria para afrontar los problemas propiamente jurídicos en
su frecuente complejidad. No digamos ya los de método y de técnica argumentativa que
suscita el tratamiento de la quaestio facti, por completo ausentes del programa de forma-
ción inicial y tampoco bien tratados en la jurisprudencia. Este es un dato de particular
relevancia negativa porque refleja una incomprensible indiferencia o ignorancia de la
dimensión epistémica del enjuiciamiento. Es algo que, como opción cultural, equivale a
apostar por un modelo de juez que, en gran medida, seguiría siendo el mismo de las leyes
decimonónicas, libérrimo decisor en conciencia íntima22. En esta clave hay que entender
la práctica desatención de asunto tan relevante de la actividad decisoria como la moti-
vación, a la que el programa dedica un quinto de tema en el caso de la sentencia civil y
apenas un octavo en el de la penal.
20
Semejante planteamiento acoge, entre sus raíces, una concepción estrechamente positi-
TEORDER
un después en el análisis teórico del modo jurisdiccional de operar, como Derecho y razón.
Teoría del garantismo penal, de Luigi Ferrajoli, y La prueba de los hechos, de Michele Taruffo,
dedican cientos de páginas al estudio de la dimensión epistémica del enjuiciamiento… y
no hablan de Derecho.
A la luz de estas y otras consideraciones que cabría hacer, es de todo punto evidente la
necesidad de llenar ese vacío formativo de los jueces, pues el adecuado manejo de las prue-
bas y sus aportaciones no puede seguir siendo abordado cual si fuera una cuestión de olfato
librada a la intuición del juzgador; porque para saber de hechos y acceder mediante pruebas
a un conocimiento empírico de calidad hay un método, el hipotético-deductivo, de inelu-
dible aplicación. Dicho de otro modo, redactar una sentencia, pero también plantear una
demanda, poner una denuncia o formular una acusación, son actuaciones que, más allá de
sus dimensiones jurídicas, se concretan en el planteamiento de una hipótesis sobre la pro-
ducción de hechos jurídicamente relevantes que, primero, hay que fijar probatoriamente
como tales, antes de hacerlos objeto de la aplicación del Derecho.
Así las cosas, me parece muy preocupante el hecho de que el Plan docente de formación
inicial24 que rige actualmente en la Escuela Judicial sitúe en el punto de partida de su de-
sarrollo la afirmación de que «[…] las juezas/ces deben poseer un profundo conocimiento
sobre las instituciones jurídicas que conforman la base de su trabajo», aserción que da por
descontado que «cuando se incorpora[n] a la Escuela Judicial» ya lo tienen, si bien «desde
una perspectiva eminentemente teórica»25, que es lo que, se entiende, proporcionaría la
asimilación mecánica de nociones de pésima calidad más que cuestionable que nutren las
contestaciones como respuesta a lo que demanda el programa rector de las oposiciones y la
clase de pruebas en las que se concretan.
El resultado ofrece buenos motivos para la preocupación. Obliga a concluir que el
tipo de formación propiciado por la memorización de contenidos con semejante grado de
esquematismo resulta francamente inadecuado a la naturaleza de la función, pues hace
que la enseñanza impartida posteriormente en la Escuela Judicial sea, en realidad, de una
práctica desprovista de teoría, es decir, reductivamente burocrática, en cuanto cifrada, al fin,
en la mera transmisión de las rutinas de esta índole propias del oficio en su versión más
tradicional y tópica26. En efecto, porque, además, las nociones de partida, en materias tan
centrales como las fuentes y la interpretación27 cuentan como referente con un tipo de
ordenamiento jurídico muy distinto al actualmente en vigor en nuestro país: multinivel,
potencialmente conflictual en la interrelación de sus diversos planos normativos, con los
21
consiguientes efectos en el inevitable incremento de la dificultad de la tarea interpretativa,
2023, Nº 34, PÁGS. 14-33
aplicación de normas preexistentes, ya listas para ser trasladadas a la práctica con este fin.
Esta es la conclusión que se sigue de la llamativa pobreza del espacio y de los enunciados de
aquel dedicados a la interpretación28, pero antes, de la del propio modelo de formación en
Derecho y de jurista que subyace al planteamiento de las pruebas, según los cuales bastará
saber de memoria para dar una respuesta adecuada a la infinidad de cuestiones problemá-
ticas que se presentan ante la jurisdicción en busca de respuesta.
A tenor de las precedentes consideraciones, puede muy bien concluirse que la limita-
ción de las facultades que potencia el modo de aprendizaje de los temas y la (escasa) calidad
del conocimientos que propicia la preparación de los exámenes de acceso, más que a dotar
al juez de una formación intelectual y jurídica de calidad, estaría dirigida a generar cierta
disposición a la pasividad y a la aceptación acrítica de todo lo que pueda llegarle de una
fuente investida de autoridad, a despecho de la naturaleza de los contenidos. Como se ha
dicho, esta predisposición difícilmente podría ser luego removida por una docencia como
la que autoriza a presumir el planteamiento del programa y se postula en el Plan de forma-
ción inicial.
TEORDER
fuerte tensión hacia la excelencia en el modus operandi.
La cuestión organizativa plantea problemas que, obviamente, aquí no cabe abordar.
Pero sí hay que decir que el modelo asumido debería propiciar las mejores condiciones
posibles para que la prestación jurisdiccional pueda llevarse a cabo con efectiva indepen-
dencia, presupuesto inexcusable de la necesaria imparcialidad, que, aquí, como bien ad-
virtió Norberto Bobbio (1971: 270), juega, en el orden cognoscitivo, idéntico papel que
la neutralidad en el caso del científico. En este punto, resulta imprescindible desterrar las
posiciones de poder administrativo de unos jueces sobre otros para que sus relaciones sean
estrictamente jurisdiccionales. Esto reclama idealmente una forma de articulación horizon-
tal en la que no exista más jerarquía que la propia de la cadena de instancias, que es el ám-
bito estrictamente jurisdiccional (y no el jerárquico-administrativo, al fin político) del que,
en el juego de los recursos, deberá brotar la jurisprudencial coherencia-unidad de criterios.
Para hacer esto posible, será preciso que la gestión del estatuto judicial y, en general,
el gobierno de los jueces radiquen en un órgano externo con un estatuto constitucional
dotado de la necesaria autonomía29.
Como se ha visto, el sistema tradicional, largamente vigente en los países de la Europa
continental y en los de su área de influencia, se ha caracterizado —y, en la medida en que
en muchos casos mantiene su vigencia, se caracteriza— por la organización de los jueces en
carrera, con el efecto perverso de superponer a cada momento jurisdiccional otro político-
administrativo. Como consecuencia, en la relación del juez con la ley se interpone un
diafragma que no tiene nada que ver con esta y que enturbia una conexión entre jueces que
tendría que discurrir limpiamente en el aludido marco jurisdiccional y de Derecho estricto.
En lo que hace a los principios constitucionales de la jurisdicción, es preciso señalar
que no viven del aire ni descienden sobre los jueces en su plenitud, de una vez por todas, en
el acto formal de la investidura del rol. Por el contrario, tienen directamente que ver con
el compromiso personal de cada uno de ellos en su asunción. Que ello es así lo acredita la
diversidad de sensibilidades apreciables al respecto en los diferentes ejercicios profesionales
por parte de sujetos que cuentan esencialmente con el mismo bagaje, operan en el mismo
marco normativo y soportan una similar carga de trabajo. Y es que se trata de valores que
no se autoalimentan, sino que tienen un imprescindible soporte cultural, que, como tal,
debe ser atendido y estimulado primero en la formación inicial y después a lo largo de todo
el desarrollo profesional.
23
En este punto, merece una consideración especial el principio de independencia, dada
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que debe ser especialmente tutelado. Giuseppe Borrè (2001: 235) escribió que la exclusiva
obediencia a la ley prescribe a los jueces, antes aún que la fidelidad a esta, «la desobediencia
a lo que no es la ley», en particular «al passoliniano “palazzo”», es decir, a las sugestiones
procedentes de las posiciones y los lugares del poder, sea este formal o informal, político
o económico, porque se trata de ambientes donde prevalecen contravalores (como los que
rigen el tráfico de las más diversas influencias) abiertamente contrarios a las exigencias de
principio de que se trata. Por eso es importante que, con respecto a esta la materia, en los
medios de los profesionales de la Justicia se estimule una permanente reflexión colectiva,
desde la ética30, acerca de aquellas conductas susceptibles de plantear dudas fundadas sobre
su compatibilidad con tales exigencias.
La independencia, entendida como garantía de garantías que, se ha dicho ya, es esen-
cialmente funcional y precondición de la imparcialidad con la que comparte la aludida
centralidad en el desempeño de la función. Podría incluso decirse que, al fin, situados ya
dentro del proceso, la imparcialidad es el núcleo de los rasgos que deben caracterizar el
ejercicio de la jurisdicción. La independencia tampoco le viene dada al juez con la entrega
del título o con la imposición de la toga: es un valor que ha de trabajarse y que depende
directamente del respeto de los derechos de los justiciables en el marco del proceso. Tan es
así que puede decirse que no habrá juez imparcial sino allí donde estos estén efectivamente
garantizados, de modo que pueda darse una contradicción efectiva ante un juzgador equi-
distante. Y es que el espacio del proceso y el del juicio no son elásticos, de modo que lo que
pudiera ocupar de más una de las partes (normalmente con la activa o pasiva complicidad
del juzgador) será de menos para la otra.
La presencia de la imparcialidad se juega, pues, en el marco procesal, pero no solo.
También, incluso antes, en la actitud del juez en la relación consigo mismo, con sus pro-
pias inclinaciones y los valores profesados, que han de ser necesariamente colocados entre
paréntesis para evitar que su influencia pueda sesgar el sentido de las decisiones. Dicho con
Foschini (1965: 336): se trata de que aquel realice un positivo esfuerzo para la «tenden[cial]
eliminación del yo de la ratio decidendi» de sus resoluciones.
La independencia y la imparcialidad, junto al resto de los valores informadores del rol,
integrarían, por decirlo de algún modo, la plataforma desde la que luego tendría lugar el
ejercicio profesional propiamente dicho, el consistente en la aplicación de la ley al caso
concreto.
24
5. POR UNA SELECCIÓN-FORMACIÓN A LA ALTURA DE
TEORDER
el solo complemento de la adquisición de algunas habilidades de orden práctico.
Pues bien, se trata de una clase de formación presentada como solución en el discurso
institucional, pero en la que, creo, existe un gravísimo problema de planteamiento, dado
que el modo de aproximación al ordenamiento es el propio de quien concibe su aplicación
como una actividad aproblemática, cuando lo cierto es que, como bien se sabe, el trabajo
interpretativo (en ordenamientos multinivel y notablemente complejos como los actuales)
tiene un alto grado de complejidad, el propio de una tarea en la que la atribución de sig-
nificado tiene mucho peso, pues la norma aplicable, por lo general, no está ya dada y es,
más bien, el resultado que el presupuesto de la interpretación. Algo tan cierto como que la
Constitución (art. 163) impone al juzgador («planteará») la promoción de la cuestión de
inconstitucionalidad cuando, como resultado de una lectura crítica de la disposición legal,
advierta una posible contradicción sustancial de esta con el texto fundamental31, previsión
que indica que el modo de relación con este no tiene nada que ver con el propio del juez
fonográfico al que se ha hecho referencia.
El perfil de la función jurisdiccional resultante de la propia naturaleza del ordenamien-
to y del tipo de ejercicio de su función que demanda del jurisdicente, exigen a este no ya
el saber fundado en nociones esclerotizadas y atomizadas que propician las contestaciones,
sino algo cualitativamente distinto. Dicho brevemente: la alta capacidad de operar con
conocimientos de las distintas disciplinas, bien articulados en la imprescindible red con-
ceptual, tejida a partir de una consistente Teoría del Derecho necesaria para propiciar una
aproximación competente a las distintas instituciones en su interrelación; esto es, no como
figuras fosilizadas, sino como organismos vivos —que es como se presentan en la experien-
cia— dentro de un sistema. Tal será la única formación jurídica de carácter teórico digna
de ese nombre, que nada tiene que ver con la que la preparación del programa de referencia
brinda al opositor estándar.
Ahora bien, si la convencional preparación propiamente jurídica está aquejada de las
deficiencias reseñadas, hay una dimensión de lo jurisdiccional, la relativa al tratamiento de
la cuestión de hecho, en la que el problema no radica en un defecto de planteamiento, sino
en la existencia de un riguroso vacío de consideración.
En efecto: la dimensión epistémica del enjuiciamiento (la conciencia de cuya importan-
cia no fue ajena al pensamiento ilustrado), tras dos siglos de vigencia del sentido intimista
de la convicción judicial a la que, se supone, llegaría el juez en uso de la inmediación,
entendida como una vía de acceso cuasi místico a la verdad fáctica, ha estado rigurosa-
25
mente desterrada de la formación no solo de los jueces, sino también —o, mejor dicho,
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antes— de la de los juristas, un déficit que ha tenido efectos demoledores, entre otros, en
el plano de la motivación de las decisiones, de imposible justificación en cuanto basadas
en impresiones.
Por lo general, los hechos como tales no están, ni siquiera en el supuesto de que hubie-
ran existido en algún momento. Por ello, no son susceptibles de constatación y tampoco
de recreación experimental. Solo son accesibles por comprobación, es decir, mediante la
realización de actos idóneos para ofrecer información sobre ellos en un marco presidido
TEORDER
por la contradicción, porque es una verdad elemental que la luz surge de la discusión. Esa
información habrá de ser debidamente contrastada y tratada según máximas de experiencia
de validez acreditada para evaluar su rendimiento.
Todo ello debe estar dirigido a la formación de un cuadro probatorio, una especie de
registro de las fuentes de prueba examinadas y del rendimiento de cada una de ellas en
elementos de prueba para hacer de estos, primero, objeto de una evaluación analítica, a la
que deberá seguir un cruce de toda la información relevante que servirá para confirmar o
declarar carente de fundamento a la hipótesis o a las hipótesis en presencia.
Se trata, por tanto, de llevar a cabo una racionalización del tratamiento (de todo) el
material probatorio con vistas a una tendencial objetivación del juicio de hecho, que habrá
de quedar fijado con el necesario rigor en la sentencia, como punto de partida de la impres-
cindible motivación. De este modo, la decisión del juez dejará de pertenecer a una suerte
de arcano para adquirir la debida transparencia.
Mas no solo, porque, en una perspectiva ex post, la motivación de las decisiones se
resuelve en la justificación de estas para las partes; pero, en una ineludible perspectiva ex
ante, requiere la asunción intelectualmente honesta del deber de motivar, que servirá de
guía al juzgador para descartar las pulsiones subjetivas de imposible explicación, y lo que
le permitirá mantener racionalmente controlado todo el curso de su iter decisional, algo
ciertamente esencial, pues, dicho con Iacoviello (2022: 19), «no todo lo que es decidible
es motivable».
La disciplina constitucional del proceso, tal y como fue acogida en un primer momento
en la Constitución italiana de 1948 y luego asumida en otros textos fundamentales y en
distintos instrumentos internacionales, tiene la particularidad implícita de que, al dotar a
las garantías procesales del carácter esencial de la condición de derechos fundamentales,
no se limita a introducir reformas puntuales en el modo jurisdiccional de operar, sino que
realmente postula un distinto modelo de juez.
Esta es una consideración que deberá estar en el punto de partida de cualquier abordaje
de los problemas relativos a la formación del bagaje jurídico-cultural de los actuales y futu-
ros administradores de justicia.
Situados en este plano, creo que el esfuerzo institucional a cargo del Estado destinado
a cumplir ese cometido, antes de pensar en la selección de los aspirantes al ejercicio de esa
función, habrá de ocuparse activa y conscientemente de la selección de formadores, cues-
26 tión que que no puede dejarse a la improvisación.
Después, la preparación de los futuros profesionales no puede quedar confiada, en
TEORDER
de las manidas rutinas burocráticas. El acceso a ese centro tendrá que estar precedido de
alguna prueba selectiva, pero que será más bien de valoración de aptitudes y capacidades,
por lo que la preparación debería poder ser relativamente breve, no más allá de la propia
de un curso universitario.
Hay países en los que el proceso selectivo comprende también alguna suerte de test
psicológico. El procedimiento, quizá sugestivo en una primera impresión, tiene sus riesgos,
ya que puede implicar alguna forma de invasión de la intimidad del candidato analizado y
porque confiere un poder a quien lo pilota de difícil control, que no estará exento de sesgos
en su ejercicio. Diría que, si se trata, como se trata, de evaluar aptitudes para evitar que su-
jetos con personalidades problemáticas o aquejados de algún tipo de desequilibrios accedan
al ejercicio de función tan delicada, nada mejor que la observación cuidadosa a cargo de un
plural cuadro de profesores auxiliados por el asesoramiento técnico que en algún momento
fuera preciso para la detección de esos perfiles.
Hay un dato de interés sociológico, bien constatable en las carreras judiciales tradicio-
nales, al que la se ha aludido: la exclusiva pertenencia de sus integrantes a estratos sociales
de cierto nivel económico y la tendencia a la endogamia. Pues bien, el pluralismo, como
valor constitucional de primer rango tiene que estar bien presente en el medio judicial, lo
que exige habilitar formas de acceso al alcance de quienes no disfruten de una posición
económica desahogada.
NOTAS
1. En el caso de España, es el juez que pasó también por la experiencia de la dictadura franquista, de la
que, obviamente, no pudo salir indemne. Pero esto, básicamente, en el plano cultural, porque el régimen
organizativo no debió experimentar cambios esenciales por su demostrada funcionalidad a las necesida-
des de un poder autoritario. Por otra parte, el juez medio no tuvo, como profesional, una implicación
directamente política, ya que los puestos en los tribunales de tal carácter se cubrieron con funcionarios
judiciales seleccionados ad hoc por su perfil. De este asunto me he ocupado con cierto detalle en Andrés
Ibáñez (2015: 93 ss.).
2. La Ley Orgánica de Poder Judicial de 1870 previó una vía de acceso directo a la magistratura en las
categorías de magistrado de Audiencia y del Tribunal Supremo, por designación libre del Gobierno. Esto
dio lugar al llamado «cuarto turno», luego recogido y ampliado por la Ley Adicional a la Orgánica de
1882. Tras distintas vicisitudes producidas a lo largo de los años, que aquí no cabe abordar, actualmente
esa vía de acceso a las categorías de magistrado del Tribunal Supremo y de magistrado está abierta a juris-
tas de reconocida competencia (arts. 301,5, 311,1 y 343 de la vigente Ley Orgánica del Poder Judicial). 27
3. Aun sin ser crítico con el sistema, García González (1927: 62) lo calificó de «procedimiento menos
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malo».
4. Mediante el sistema de «informes reservados» por parte del superior inmediato, de cadencia anual cuyo
conjunto constituiría una especie de currículum, secreto para el interesado, determinante de sus vicisi-
tudes profesionales. Según el art. 36 del Reglamento de la Inspección de Tribunales de 1953, aquellos
debían versar sobre «[…] las condiciones de probidad, inteligencia, laboriosidad, aptitud profesional,
tacto, discreción, conducta pública y privada del personal, y muy singularmente respecto a sus dotes de
mando, cuando se trate de funcionarios que desempeñen o hayan de desempeñar cargos de esta índole».
TEORDER
28
11. Para De Miguel Garcilópez (1963: 266), el ingreso en la carrera judicial «[…] imprime al selecciona-
TEORDER
(2018: 61): «Solo un magistrado independiente, libre de un sofocante control jerárquico, puede poner
en discusión las leyes».
14. En concreto, las pruebas son tres. Una primera, a realizar en dos horas y cuarenta y cinco minutos,
consistente en dar respuesta por escrito a un cuestionario-test compuesto de cien preguntas (de constitu-
cional, civil, penal y procesal), con cuatro alternativas de las cuales solo una es válida. Una segunda, oral,
de exposición en sesenta minutos de cinco temas (uno de constitucional, dos de civil y dos de penal). Y
una tercera de exposición también de cinco temas, igualmente en sesenta minutos (dos de procesal civil,
uno de procesal penal, uno de mercantil y uno de administrativo o laboral).
15. Es por lo que sigue teniendo sustancial validez la «sentencia» de Ríos Sarmiento (1956: 15) dirigida
al neo-opositor: «Encerrado en casa sin salir más que a misa los domingos y demás fiestas de guardar,
hasta nueva orden».
16. Los manuales redactados específicamente para la preparación de las oposiciones se conocen como
contestaciones, denominación que se corresponde bien con el estilo casi catequístico y el esquematismo y
ausencia de rigor de las respuestas a las preguntas del programa. Para ilustrar esta afirmación bastará una
referencia a lo que, en las contestaciones, masivamente utilizadas que giran bajo el acrónimo CARPERI,
se dice en materia tan decisiva para el ejercicio de la función jurisdiccional como la probatoria. De la
prueba, se afirma que está destinada a formar «la convicción psicológica del juez», es decir, a generar una
especie de pálpito intimista, un algo que le ocurriría a este en el contacto con los elementos del cuadro
probatorio, de cuya elaboración, análisis y evaluación ni siquiera se habla. En efecto, la apreciación de
la prueba (relativa al proceso civil) se resume en una mera alusión a la «valoración en conciencia» como
alternativa al sistema de prueba tasada. Para concluir, literalmente: «La jurisprudencia sostiene que las
pruebas deben valorarse de forma integrada y conjunta, poniendo a cada una en relación con las demás,
en lugar de realizar un análisis descompuesto y fraccionado de los diferentes indicios». En otro lugar se
lee: «El sistema de libre valoración implica que el juez valorará la prueba según su criterio, pero sin que
ello implique una valoración arbitraria o inmotivada, sino que deberá basarse en las reglas de la sana crí-
tica». Como es de ver, vaguedades infraculturales y con una pésima redacción como vehículo.
17. La expresión es de Beceña (1928: 312).
18. Ninguna descripción mejor de este método que la ofrecida por Oliet y Serena (1948: 5): «La oposi-
ción es sustancial e inevitablemente, por tanto, la ejecución en el acto del examen de los “discos” previa-
mente impresionados en el cerebro del opositor con arreglo al programa». Ya antes Gómez Morán (1939:
79) se había servido, críticamente, de la misma metáfora: «El opositor […] al leer en la papeleta tema
37, debe traducir directamente disco 37» y «[…] no precisa ya otra cosa que aguardar a que las palabras
vayan saliendo».
19. Beceña (1928: 313) habló, también expresivamente, de «[…] ejercicio de velocidad y nada más».
20. Ocurre que la falta de literalidad puede ser motivo bastante para que el presidente de la comisión
examinadora invite al examinando a levantarse de la silla. Precisamente, para el control de esa calidad, es
29
lo más frecuente que los componentes de aquella sigan la exposición de los temas con los códigos o las
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tratamiento de esta no pueda ser revisado en vía de recurso por quien no habría disfrutado del «privilegio»
de la inmediación.
23. En el ámbito procesal penal, del que, desde luego, en el plano teórico, había sido desterrada con el
proceso inquisitivo, la «verdad material» ha conocido recientemente una insólita rehabilitación en la obra
de Laudan, que ha acuñado incluso la impactante categoría de sujetos «materialmente culpables» (2013:
295), para referirse a los que lo serían en virtud de una conclusión, al parecer, dotada de certeza obtenida
informalmente, al margen de las reglas, mediante un impreciso, peligroso procedimiento de comproba-
ción extraprocesal; me he ocupado, críticamente, de este asunto en Andrés Ibáñez (2021b).
24. Publicado por el Consejo General del Poder Judicial para el curso de la Escuela Judicial de 2022-
2023.
25. Ibíd.: 25. Con anterioridad se ha hecho hincapié en que en el periodo formativo ha de prevalecer
«una perspectiva eminentemente práctica»; puesto que «[…] en una Escuela Judicial ya no se trata tanto
de transmitir conocimientos como, sobre todo, de aplicarlos, desarrollando las necesarias competencias
y habilidades» (Ibíd.: 18). Dando por descontado, por cierto, con patente falta de fundamento, que esos
conocimientos teóricos son los que proporciona el programa en vigor, a partir de textos de tanta preca-
riedad conceptual como los aludidos.
26. Para una reciente apología del sistema de selección-formación inicial de los jueces en nuestro país,
carente de sustento argumental, puede verse Gómez Garrido (2020: 251-252).
27. El tema dedicado a las primeras articula en los siguientes epígrafes: «Las fuentes del derecho. La
costumbre. Los principios generales del derecho. La jurisprudencia. La Jurisprudencia emanada del Tri-
bunal Europeo de Derechos Humanos y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea». El relativo a la
segunda, en los cinco siguientes: «Teoría de la interpretación: las diferentes concepciones. La aplicación
e interpretación de las normas jurídicas. La integración del principio de igualdad y el enfoque de género
como informador del ordenamiento jurídico en la interpretación y aplicación de las normas jurídicas. La
aplicación analógica. La equidad». Como es de ver, el tratamiento de asuntos tan relevantes no puede ser
más convencional, más esquemático ni más plano, sin contar con que, metodológicamente, se encuentra
ubicado dentro de la disciplina Derecho civil y tiene destinados doce minutos de exposición.
28. El tema dedicado a la interpretación de la ley, en general, integrado dentro de los de Derecho civil,
acoge los siguientes contenidos: «Teoría de la interpretación: las diferentes concepciones. La aplicación
e interpretación de las normas jurídicas. La integración del principio de igualdad y el enfoque de género
como informador del ordenamiento jurídico en la interpretación y aplicación de las normas jurídicas. La
aplicación analógica. La equidad».
29. Es la idea, afortunada en su planteamiento, a la que responde la creación del Consejo Superior de la
Magistratura introducida por la Constitución italiana de 1948, de la que lo tomó la española de 1978
al incorporar el Consejo General del Poder Judicial, que, lamentablemente, en la experiencia española,
30 puede decirse que es hoy una institución fallida (Andrés Ibáñez, 2021a).
30. La aproximación deontológica al tratamiento de los deberes profesionales del juez ha adquirido en un
TEORDER
32. En realidad, y en contra de lo que suele afirmarse, no es que la preparación del programa de opo-
siciones propicie una formación solo teórica. Es que el exclusivo ejercicio de la memoria, en régimen de
aislamiento, durante los años de la preparación, dedicados, además, a la asimilación de contenidos de
la falta de rigor teórico que se ha dicho, más que auténtica formación produce una efectiva deformación
intelectual. Todo un lastre no fácil de superar y que no podrá dejar de ser condicionante de la calidad del
ejercicio de la función.
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TEORDER
32
EL ACCESO A LA CARRERA JUDICIAL DE ACUERDO CON LA
LEY ORGÁNICA DEL PODER JUDICIAL ESPAÑOLA*
ACCESS INTO THE JUDICIARY POWER IN ORGANIC
LAW OF THE SPANISH JUDICIARY
Elena Martínez García
Catedrática de Derecho procesal
Universitat de València
RESUMEN
Este trabajo trata de ofrecer una visión amplia y omnicomprensiva del acceso a la carrera judicial
española. A tal efecto, ahondaremos en los principios que rigen el acceso a la función pública.
Una vez analizados los principios de mérito, capacidad e igualdad, damos un paso más allá y los
enmarcaremos en la realidad social actual. Solamente mediante este ejercicio de contextualiza-
ción podremos comprender el verdadero alcance de aquellos principios y valorar si la igualdad
tanto en el acceso como en el plan de carrera es real o si, por el contrario, se dan discriminacio-
nes de partida que deben ser suplidas por el legislador. Finalizamos el trabajo con una reflexión
relativa a los modos de acceso y el temario que deben estudiar los aspirantes.
PALABRAS CLAVE
Judicatura, igualdad, mérito, capacidad, pruebas de acceso.
ABSTRACT
This paper aims to offer a broad and all-encompassing vision of access to the Spanish judiciary
power. To do so, we will delve into the principles governing access to the civil service. Having
studied the principles of merit, capacity, and equality, we go a step further and contextualise
them in the current social reality. Only by contextualizing them will we be able to understand
the true scope of the principles and assess whether equality both in access and in the career plan
is real. We conclude the paper with a reflection on the methods of access and the syllabus to be
studied by applicants.
KEY WORDS
Judiciary, equality, merit, hability, admission tests.
DOI: [Link]
* Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto PID 2021-123170OB-I00, «Claves para una justicia digital y
algorítmica con perspectiva de género».
EL ACCESO A LA
CARRERA JUDICIAL DE
ACUERDO CON LA LEY
ORGÁNICA DEL PODER
JUDICIAL ESPAÑOLA
1. INTRODUCCIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN
DE LA FUNCIÓN JURISDICCIONAL
De acuerdo con el artículo 117.3 de la Constitución Española (CE)1, la función ju-
risdiccional consiste en juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. A tal fin, nuestra Constitución
estableció que los jueces y magistrados tendrán un estatuto orgánico que garantice su in-
dependencia e imparcialidad, a saber, la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) aprobada
en 1985. Esas normas garantizan a jueces y juezas su condición de poder independiente
en el ejercicio de su función frente a las injerencias de los otros poderes del Estado y de sus
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TEORDER
OBJETIVO Y TRANSPARENTE A LA FUNCIÓN PÚBLICA
Estos principios son enunciados en diversos textos internacionales, entre ellos el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP)7. Si descendemos a la legislación
nacional, los encontramos en el Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) donde el
legislador ordinario desarrolla los artículos 23.2 CE8 —que reconoce a los ciudadanos
el derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones públicas— y 103.3 CE9
—que dispone que una ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, así como su
acceso «de acuerdo con el mérito y la capacidad».
Los textos nacionales e internacionales plasman los tres principios que desarrolla tam-
bién el artículo 301 LOPJ: mérito, capacidad e igualdad. La cuestión es que, dependiendo
del modo en que entendamos el concepto de «igualdad de oportunidades», el mérito y la
capacidad pueden sufrir ligeras variaciones, como la obligación de reserva de un 5 % de las
plazas de aspirantes a judicatura para personas con discapacidad del 33 % o superior (301.
8 LOPJ). Compartimos con García García (2008: 132-133) la idea de que solo es posible
comprender los artículos 23.2 CE y 103.3 CE si los dos preceptos son interpretados y
aplicados conjuntamente. Además, junto a estos criterios el EBEP recoge otros principios
aplicables al proceso de selección, a saber, la transparencia, la imparcialidad y la profesio-
nalidad de aquellos miembros que forman los órganos de selección, así como la adecuación
del contenido de los procesos selectivos y la objetividad. Pero, continúa la autora, el mérito
y la capacidad son los únicos que dan contenido al principio de igualdad «[…] y así el
Tribunal Constitucional ha tenido ocasión de señalar que el principio de igualdad se rom-
pe cuando se tienen en cuenta otros valores en el acceso a la función pública distintos de
los anteriores, como pueden ser las situaciones de desempleo, las cargas familiares u otros
familiares» (García García, 2008: 133)10.
Sin embargo, una interpretación del artículo 1411 de nuestra Constitución en conexión
con el artículo 3.1 del Código Civil (CC) obliga a repensar estas sentencias. Aunque este
artículo ya estaba en vigor cuando nuestro TC interpretó el mérito y la capacidad en abs-
tracto, sin tener en cuenta desigualdades de partida que, inevitablemente, dificultaban el
acceso al empleo público, la realidad social ha cambiado. En el caso de las oposiciones a
judicatura, la forma óptima para su preparación es el estudio único y exclusivo del temario
durante una media de 4-5 años. En una sociedad ideal, todos los individuos que quisieran
optar por la carrera judicial deberían disponer metafóricamente de su habitación propia12,
metáfora con la que Virginia Woolf reclamaba un espacio para aquellos/as que quisieran
37
ser novelistas y, particularmente, para las mujeres, es decir, una habitación donde aislarse
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del mundo exterior y medios económicos para mantenerse durante la preparación. Esto
mismo necesita la persona opositora a judicatura, pero las desigualdades materiales de par-
tida existentes en nuestra sociedad hacen que no todas las economías domésticas puedan
permitírselo.
Una interpretación conjunta del artículo 14 y los arts. el 9.2 CE13 y 3.1 CC14 solo
puede llevarnos a concluir que el mérito y la capacidad no pueden ser valorados sin tener
en cuenta las desigualdades existentes porque, como afirma Michael Sandel, «[…] el pri-
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mer problema de la meritocracia es que las oportunidades en realidad no son iguales para
todos»15.
La sociedad actual reclama una mayor inclusión de diversos colectivos y demanda al
legislador que aplique el 14 junto con 9.2 CE para incluir otros parámetros que, en cierto
modo, afectan al mérito y a la capacidad. Son los poderes públicos los que deben remo-
ver los obstáculos que dificulten la igualdad de oportunidades de los individuos y, consi-
guientemente, el mérito y la capacidad no pueden ser estudiados como compartimentos
estancos. Una desventaja de partida debe poder ser suplida. No en vano, el artículo 3.1 CC
dispone que las normas deben interpretarse de acuerdo con la realidad social. Y aunque es
cierto que la inclusión de otros valores acabaría con el mérito y la capacidad en el acceso en
sentido estricto, la sociedad actual, mucho más inclusiva que la de hace casi 25 años, ha re-
nunciado en cierto modo al mérito y la capacidad —como criterios exclusivos y excluyen-
tes— y ha incorporado diversas medidas de acción positiva para construir una judicatura
más plural y representativa del sentir de la sociedad en su conjunto, como veremos en los
próximos apartados. La cuestión es si este principio de igualdad de oportunidades debería
ser integrado de manera más profunda. Sin desmerecer los avances en la materia, a lo largo
del trabajo expondremos datos y estudios que demuestran que la igualdad de oportunida-
des no ha sido completa, dado que existen múltiples desigualdades de partida que resultan
complicadas de corregir si se mantiene el método de acceso a la función pública actual,
consideración particularmente pertinente en lo que hace a la desigualdad económica, que
es la que, a nuestro juicio, tiene mayor peso y desequilibra la balanza.
El resto de los principios aplicables al proceso selectivo dotan a la judicatura de la in-
dependencia necesaria para el adecuado cumplimiento del mandato del del 117.3 CE y
legitiman el mantenimiento del sistema de oposición actual pues «[…] el mantenimiento
de la oposición memorística tradicional ha sido posible gracias a la fuerte implantación de
la idea de que la oposición es el mejor (o el menos malo) de los sistemas posibles»16. Ha-
blamos de la objetividad y la transparencia en el acceso.
La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la objetividad en estos términos:
«Principio complementario al de imparcialidad que exige actuar atendiendo a criterios ob-
jetivos, es decir, relacionados con el objeto sometido a consideración y nunca con los suje-
tos interesados ni con el sentir personal de quien actúa». Tomando como punto de partida
esta definición, deviene necesario comprender qué es un criterio objetivo. Esta palabra es
definida en su primera acepción como sigue: «Perteneciente o relativo al objeto en sí mis-
38 mo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir». García Costa observa
que no son muchos los estudios doctrinales sobre la objetividad y la imparcialidad que se
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medios personales de la Administración en el ejercicio de sus funciones» (Parejo Alfonso,
1989: 2). Además, resulta más sencillo definir la objetividad en términos negativos, es
decir, haciendo referencia a aquello que no debiera permitirse (García Costa, 2011: 25).
Con respecto a la transparencia, la RAE la define en su primera acepción como «cua-
lidad de transparente». De nuevo, es necesario abundar en el significado de la palabra
«transparente», que en la cuarta acepción se define en estos términos: «Claro, evidente,
que se comprende sin duda ni ambigüedad». Nuestro Tribunal Supremo ha reiterado en
numerosas ocasiones que la transparencia es necesaria para garantizar la efectividad de los
principios de igualdad, mérito y capacidad en el acceso al empleo público. Entre otras,
STS de 20 de octubre de 2014 declara que «[…] ese principio de publicidad en su formu-
lación más genérica está ligado a otros mandatos constitucionales como lo son el derecho
fundamental a la tutela judicial efectiva del artículo 24 de la Constitución y el principio
de objetividad que para toda actuación de la Administración pública dispone el artículo
103.1 del propio texto constitucional. Y por eso mismo conlleva, entre otras cosas, tanto
la necesidad de que toda actuación administrativa sea transparente en los hechos, criterios
y razones que determinen sus decisiones, pues solo así es posible el control que demanda
el derecho a la tutela judicial efectiva; como también que esos criterios estén establecidos
con anterioridad a su finalización cuando de procedimientos competitivos se trate, porque
de esta manera es como queda conjurado con las debidas garantías el riesgo del favoritis-
mo individual (contrario al principio de objetividad) que se producirá si los criterios de
valoración de los aspirantes fuesen definidos una vez realizadas esas pruebas competitivas».
La objetividad y la transparencia son, así, conceptos que deben entenderse y estudiarse
conjuntamente porque, como indica el Tribunal Supremo, la transparencia evita el riesgo
de favoritismo, ya que obliga a los tribunales a ser objetivos en sus criterios de valoración
de sus aspirantes y que podrán ser controlados por medio de la publicidad, garantía de la
transparencia. Objetividad, neutralidad, transparencia y publicidad deben, por tanto, ser
los principios rectores en el acceso a la función pública. Más adelante veremos cómo se
garantizan en el acceso a la judicatura en sus diferentes formas.
más talentos, más capacidades, más conocimientos y más idoneidad técnica. Estos son los
factores que los modelos meritocráticos pretenden medir, y por eso están asociados a los
concursos conformados por diferentes tipos de pruebas y exámenes. Sin embargo, lo que es
más difícil es que puedan tener en cuenta las condiciones en las cuales llegan los aspirantes
a presentar estas pruebas y exámenes» (Rodríguez Villalbona, 2019: 5). Precisamente, para
tener en cuenta estas situaciones nuestro legislador ha incorporado, entre otras, el cupo que
debe ser cubierto por personas con discapacidad que superen las pruebas selectivas y que,
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nunca he visto, sé detectar en la voz el estado de una persona, y también, probablemente,
la mentira»24.
Es más, el propio aspirante reconoce los avances que ha hecho la Administración los úl-
timos años. Treinta y un años antes, Mariano Ruiz, invidente, se presentó a las oposiciones
a fiscal y aprobó el primer examen, pero antes de pasar la segunda prueba fue apartado del
proceso por razón de su discapacidad25. 26 años después, la consulta que realizó Gabriel
Pérez Castellanos determinó que, aunque existen fuentes de prueba que solo son aprecia-
bles mediante la vista, esta circunstancia no puede ser motivo suficiente para denegar el
acceso a la carrera, pues la Administración debe adoptar los mecanismos necesarios para
que estas desigualdades de partida no supongan una discriminación en el acceso al empleo.
En relación con el número de jueces/as que acceden a la carrera a través del cupo,
el CGPJ no facilita estadísticas. Si acudimos al último informe sobre la estructura de la
carrera judicial, fechado el 1 de enero de 202226, encontramos la distribución porcentual
por sexo, por edad, por el modo de acceso a la carrera y por comunidades, pero no hay
ninguna referencia específica a la cuestión de discapacidad. Para obtener datos al respecto,
es preciso recurrir a estudios doctrinales sobre la materia27, a los acuerdos del CGPJ y a las
entrevistas realizadas a jueces/as con discapacidad que se han prestado a contar su historia
de vida. En este sentido, se ha dicho que «[…] por el momento, conocer los datos exactos
de cuántos jueces con discapacidad hay en España no es posible, porque el CGPJ no tiene
acceso a cuántos jueces o magistrados adquieren una discapacidad con el paso de los años
tras haber iniciado su carrera, al tiempo que se trata de una información privada y total-
mente personal» (Martínez Menayo, 2022: 220). Pero, continúa el mismo autor, «[…]
según la información recabada a partir de los datos recopilados por el CGPJ y solicitados
para la realización de esta investigación, entre 2004 y 2019 han aprobado la oposición de
libre acceso a la carrera fiscal y judicial 3.154 personas en España, de las que únicamente
23 lo han hecho por el turno reservado para personas con discapacidad igual o superior al
33 %» (Ibíd.: 220).
conduzca a la meritocracia28.
La introducción de un primer examen tipo test para realizar el cribado garantiza, sin
duda, la objetividad de la prueba pues asegura que solo aquellos que, efectivamente, cono-
cen todo el temario serán los que cantarán los temas y reduce, en cierto modo, el azar o la
suerte que eventualmente puedan beneficiar al aspirante. La transparencia queda garantiza
de dos formas: 1) publicando la prueba y sus respuestas y 2) realizando los exámenes pú-
blicamente para que cualquiera que esté interesado/a pueda tener conocimiento del modo
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de evaluar a los/as distintos aspirantes. Además, la meritocracia a la que hemos hecho re-
ferencia trata de garantizar la igualdad en sentido amplio (Rodríguez Villalbona, 2019: 5).
La objetividad y la transparencia serán abordadas con mayor profundidad en el apartado de
acceso a la carrera judicial por turno libre, con respecto al cual es necesaria la explicación
del examen de acceso.
Debemos cuestionarnos si, en la sociedad actual, la objetividad y transparencia van de
la mano de la igualdad en el acceso. Como es sabido, el artículo 9.2 CE dispone: «Corres-
ponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad
del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstácu-
los que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos
en la vida política, económica, cultural y social».
La realidad social choca con las loables aspiraciones del artículo 301 LOPJ: la judicatu-
ra tiene género —como se verá en los próximos apartados—, pero también tiene clase. No
todos los aspirantes pueden estudiar cuatro años más después de terminar la carrera porque
no todas las economías domésticas pueden permitírselo. Actualmente, disponemos de un
sistema de becas para el acceso, pero la cuestión es si son efectivas.
Consciente de esta situación, el legislador indica en la Orden JUS/377/2022 de 27 de
abril, por la que se establecen las bases reguladoras de la concesión de ayudas económicas
para la preparación de oposiciones para el ingreso en las Carreras Judicial y Fiscal, en el
Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia y en el Cuerpo de Abogados del Es-
tado, que, con el objetivo de hacer reales los principios de igualdad, mérito y capacidad
en el acceso de la ciudadanía a la función pública, el mandato del artículo 9.2 CE obliga
a los poderes públicos a remover los obstáculos que impiden su consecución. Así, a través
de la concesión de becas para la preparación de oposiciones, se busca que esta igualdad
sea real y, sobre todo, efectiva. Al respecto, el legislador agrega:«La concesión de las becas
vendrá determinada, en gran medida, por el nivel de renta de las personas solicitantes, con
la finalidad de atraer talento hacia las profesiones jurídicas indicadas, eliminando barreras
socioeconómicas que afecten a los principios de igualdad, mérito y capacidad, y limiten el
acceso a estos cuerpos».
La dotación para el año 2022 fue la siguiente: 1.143.880,00 euros (173 becas para la
preparación de oposiciones a las carreras judicial y fiscal), con un importe individual de
6611 euros anuales (550,90 euros mensuales)29, siendo el coste medio de la preparación de
unos 300 euros mensuales30. Estas becas tienen una periodicidad anual, pero no se aprecia
42
impedimento en solicitarla diversos periodos consecutivos. De hecho, entre los requisitos
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del mismo modo que hace en otros preceptos como puede ser en el acceso a la asistencia
jurídica gratuita.
El mayor problema para que esta acción tenga el efecto que el legislador buscó lo en-
contramos en los requisitos que se solicitan a los beneficiarios, en concreto, el cuarto:
«4. Estudiar la oposición bajo la dirección de un centro especializado, o de uno o varios prepara-
dores o preparadoras. Se considerará centro especializado aquel que se dedique públicamente a
la preparación de las oposiciones a las que se dirigen estas becas, y preparadores, quienes dirijan
el proceso de preparación, no sean familiares directos en primer grado, por consanguineidad ni
afinidad de la persona solicitante, y sean miembros de la carrera judicial o fiscal, del cuerpo de
letrados de la Administración de Justicia o del cuerpo de abogados del Estado, o bien juristas cuya
trayectoria profesional les haga solventes para llevar a cabo esta actividad».
sus conocimientos a coste cero a fin de que su profesión sea más inclusiva.
Sin desmerecer el encomiable intento del legislador de garantizar la igualdad en el acce-
so, consideramos que el requisito de clase no puede corregirse con estas becas. El necesario
apoyo económico por parte del núcleo familiar comporta que la carrera judicial está con-
formada por un colectivo mayoritariamente conservador y, como mínimo, bien posiciona-
do cuyos integrantes están, muchas veces, alejado de la realidad práctica cuando empiezan
a trabajar. ¿Cómo valorar la dificultad inherente del acceso al empleo de una etnia si nunca
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hemos vivido una discriminación así?, ¿qué hacer con una custodia de un menor de edad
donde la balanza tiene que inclinarse hacia un progenitor que ofrece mucho tiempo con
el/la menor pero poca estabilidad económica y otro que ofrece mayor estabilidad, pero
muy poco tiempo para los cuidados? Esta situación de ventaja «de partida» se da en la gran
mayoría de oposiciones grupo A, y es tal vez más llamativa en el caso de la judicatura por
las decisiones a las que deben enfrentarse sus miembros. A este respecto, podemos valorar
positivamente el curso como toma de contacto con la realidad práctica antes de disponer
de su propio juzgado, así como los diversos esfuerzos que viene haciendo el CGPJ en la
formación de los jueces para que sean capaces de identificar y reconocer discriminaciones.
No obstante, tal y como indicaba Saiz Arnaiz hace ya 15 años, la reforma en el sistema de
selección requeriría de «[…] un amplio debate social, académico, político y entre las aso-
ciaciones de jueces y magistrados […] inexistente y que no parece figurar en la agenda de
los próximos años» (Saiz Arnaiz, 2007: 42).
44
3.2. FORMAS DE ACCESO
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3.2.1. Oposición libre
El artículo 301.3 LOPJ dispone: «El ingreso en la carrera judicial por la categoría de
juez se producirá mediante la superación de oposición libre y de un curso teórico y práctico
de selección realizado en la Escuela Judicial». Es este el sistema básico de ingreso y el más
numeroso. En palabras de Escudero Moratalla, se trata del «[…] sistema menos ineficiente
de acceso a la carrera judicial porque garantiza mejor que ningún otro la igualdad en el
acceso a la carrera judicial. El problema es que se necesitan al menos tres o cuatro años para
estar preparado y además es costoso (preparación y tiempo invertido). Por ello es preciso
potenciar aún más el sistema de becas y otras medidas que faciliten a todos el acceso a la
preparación» (Escudero Moratalla, 2021).
Finalizada la carrera de Derecho (previamente licenciatura, actualmente grado), se ini-
cia la andadura del/a opositor/a a judicatura. El artículo 302 LOPJ establece los requisitos
para presentarse a la oposición en estos términos: «Para concurrir a la oposición libre de
acceso a la Escuela Judicial se requiere ser español, mayor de edad y licenciado en Derecho,
así como no estar incurso en alguna de las causas de incapacidad que establece la ley».
Estas previsiones deben ser complementadas con las del 303 LOPJ: «Están incapacitados
para el ingreso en la Carrera Judicial los impedidos física o psíquicamente para la función
judicial37; los condenados por delito doloso mientras no hayan obtenido la rehabilitación;
los procesados o inculpados por delito doloso en tanto no sean absueltos o se dicte auto de
sobreseimiento, y los que no estén en el pleno ejercicio de sus derechos civiles».
El procedimiento requerirá la superación de tres ejercicios. Diversas fuentes señalan
que, en la actualidad, el/la aspirante invierte una media de cinco años para aprobar, estu-
diando entre 8 y 10 horas diarias de lunes a sábado, sin ingresos ni vacaciones38. Es, pues,
un duro camino en el que la constancia y la fuerza de voluntad deberán imponerse a los
miedos e inseguridades ante un futuro incierto que hace que no todo el alumnado pueda
(resulta prácticamente incompatible con un trabajo) o quiera acometer la preparación de
la oposición.
Cuando el/la aspirante a judicatura comienza el procedimiento, debe saber que, en caso
de superar todos los exámenes, tardará una media de tres años en disponer de su propio
juzgado39. La primera fase durar un año y la conforman tres ejercicios teóricos. La segunda
fase, ya en la Escuela Judicial, dura aproximadamente dos años.
45
La primera fase está formada por tres ejercicios. El primero, un test eliminatorio que
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
garantiza la objetividad, ya que únicamente podrán pasar al sistema de cantes aquellos aspi-
rantes que demuestren un manejo del temario completo. El test dura 2 horas y 45 minutos
y consta de 100 preguntas sobre las materias de Derecho constitucional (10), Derecho civil
(40) y penal (30) sustantivo y Derecho civil y penal procesal (20, de las cuales 13 son de
proceso civil y 7 de proceso penal). La propia página del CGPJ cuelga el histórico de con-
vocatorias para facilitar así la preparación de la prueba y dotarla de transparencia.
Superado el test, el aspirante se enfrentará a dos exposiciones orales (o cantes) de una
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hora cada una y en audiencia pública para garantizar la transparencia. La primera consta
de cinco temas —uno de constitucional, dos de civil sustantivo y dos de penal sustantivo.
La segunda está compuesta por otros cinco temas —dos de procesal civil, uno de procesal
penal, uno de mercantil y uno de administrativo o laboral—. Considerando el tiempo del
que dispone el aspirante, no podrá dedicarle más de 15 minutos a cada uno de los temas.
Aquellos aspirantes que superen esta primera fase teórica y memorística acceden, en
una segunda fase, a la Escuela Judicial, en la que su formación que se divide de nuevo en
tres periodos. El artículo 307.1 LOPJ dispone: «La Escuela Judicial, configurada como
centro de selección y formación de jueces y magistrados dependiente del Consejo General
del Poder Judicial, tendrá como objeto proporcionar una preparación integral, especializa-
da y de alta calidad a los miembros de la carrera judicial, así como a los aspirantes a ingresar
en ella» y continúa en el siguiente numeral: «El curso de selección incluirá necesariamente:
un programa teórico de formación multidisciplinar, un período de prácticas tuteladas en
diferentes órganos de todos los órdenes jurisdiccionales y un período en el que los jueces y
juezas en prácticas desempeñarán funciones de sustitución y refuerzo. Solamente la supe-
ración de cada uno de ellos posibilitará el acceso al siguiente».
Trascurridos los primeros doce meses, deberán superar un curso teórico-práctico en la
Escuela Judicial, sita en Barcelona. El último año de preparación se divide en dos nuevos
periodos. El primero es una fase de prácticas (aproximadamente de seis meses) en la que
realizarán funciones de auxilio y colaboración con los titulares de los órganos judiciales,
que deberán tutorizarlos. En el último periodo (aproximadamente de cinco meses) se dedi-
carán a tareas de sustitución y refuerzo en órganos judiciales, pero esta vez ya con idéntica
potestad que los titulares.
En la primera fase, la objetividad está garantizada porque se basa en una tarea memorís-
tica, mecanismo no exento de críticas. Actualmente resulta imposible estudiar todo el or-
denamiento jurídico debido a los acelerados cambios que experimenta, si bien la judicatura
dispone de bases de datos y de acceso a la legislación actualizada en todo momento. Tam-
poco el legislador español de los últimos años ayuda, dado que el populismo punitivo y las
múltiples reformas legislativas ralentizan el aprendizaje memorístico del/la opositor/a, que
debe actualizar y modificar el temario continuamente. Muchas veces la ley va por detrás
de la realidad social y, en determinados sectores, queda obsoleta al poco tiempo de nacer.
Sin intención de desmerecer el sistema de acceso actual, la nueva realidad social invita a
que nos plantearnos si el sistema sigue teniendo sentido o si, en cambio, podría dotarse a
46 las oposiciones de un talante más práctico donde los/as aspirantes deban, desde el primer
momento, contextualizar e integrar la norma en un mundo cambiante y adaptarla a la
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(erradas o no, esta es otra cuestión) se orientan claramente a la priorización de elementos
como la personalización, la igualdad, la colaboración, la comunicación, el aprendizaje no
memorista y las relaciones comunitarias como habilidades imprescindibles en una sociedad
globalizada y en constante transformación. Pretender que un candidato se enfrente a un
ejercicio esencialmente retentivo de más de trescientos temas que ignoran en gran medida
las tendencias científicas y dogmáticas del Derecho actual, en un ecosistema preparatorio
de aislamiento más propio de un anacoreta, y todo ello después de haber sido educado en
un proyecto didáctico, social y tecnológico radicalmente opuesto al ludismo jurídico que
se le va a exigir, es como si a un atleta entrenado durante años para los 60 metros vallas,
se le inscribe finalmente en la maratón. Fracasará, se frustrará y así, llegará el día en que
la brecha entre el bagaje vital y académico del aspirante y la configuración de la prueba de
acceso sea tan abisal, tan ayuna de la imprescindible koiné, que no tendremos quien nos
juzgue, nos acuse, nos proteja, nos asesore, nos registre o nos dispense fe pública en esta
vida» (Cancio Fernández, 2022: 284). De nuevo, Boix Palop y Soriano Arnanz son muy
críticos con el acceso memorístico al empleo público40.
Esta reflexión enlaza precisamente con la segunda parte formativa, en la que deberán
demostrar que son capaces de poner en práctica los conocimientos memorizados durante la
primera. Es posible suspenderla y se permite repetir la formación teórico-práctica (artículo
309 LOPJ).
En el acto de apertura de los tribunales de 1872, Montero Ríos declaró: «Sois inamo-
vibles. Pero entendedlo bien: sois inamovibles en vuestro cargo porque sois responsables
de vuestros actos» (Montero Ríos, 1872: 9). Y no le faltaba razón: la objetividad que pre-
tende el sistema actual busca garantizar la independencia judicial necesaria para juzgar en
conciencia y aplicar el Derecho de una forma justa, acorde con la Constitución, las leyes,
los principios generales del Derecho, la realidad social en la que debe ser aplicado (artículo
3.1 CC), ampliamente marcada por los acuerdos internacionales de los que España forma
parte. El acceso a la función pública de la forma más meritocrática que, hasta ahora, he-
mos encontrado hace que la independencia y la sumisión exclusiva de los juzgadores a la
ley sean refrendadas por la garantía de la inamovilidad reconocida en nuestra CE41. Pero,
como advierte el propio articulado de la LOPJ, la inamovilidad no es absoluta, ya que po-
drían ser separados (artículo 379 ss. LOPJ) o suspendidos (art. 383 LOPJ) por las causas
tasadas en la ley. En el discurso al que se ha hecho referencia arriba, Montero Ríos apeló a la
responsabilidad individual en estos términos: «Si queréis, pues, conservar la inamovilidad,
velad vosotros mismos incesantemente por el cumplimiento de la responsabilidad judicial,
47
anticipándoos al ciudadano, que podrá ejercer la acción popular que la Constitución le
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
El concurso de méritos está regulado en el artículo [Link] LOPJ. A través del mismo
se busca «captar talento» ajeno en una cuarta parte de las plazas de la categoría de magistra-
do42. Estos profesionales entrarían en el segundo escalafón de la carrera judicial tras haber
acreditado una serie de méritos y después de superar un curso de formación en la Escuela
Judicial (301.5 LOPJ). Estos profesionales pueden ser profesores de universidad, abogados,
funcionarios de otros cuerpos… El proceso selectivo constará de cuatro partes43:
i) una primera valoración de méritos basada en la documentación aportada por el
aspirante;
ii) una segunda fase en la que elaborarán un dictamen escrito que deberán leer en
audiencia pública;
iii) una tercera parte compuesta por una entrevista personal donde se debatan los
méritos del candidato y quede acreditado que dispone de la formación jurídica y
la capacidad necesarias para ingresar en la escuela judicial; y
iv) una cuarto periodo formativo teórico-práctico que consta de una primera fase
de estancia la Escuela Judicial y una segunda fase en órganos jurisdiccionales del
orden jurisdiccional donde tomará posesión.
Si no superase alguna de las fases, el aspirante repetirá el curso en su totalidad, y dis-
pondrá de un total de dos intentos.
Para garantizar la transparencia y la objetividad, los acuerdos a través de los cuales se
convocan los procesos selectivos indicarán qué méritos serán evaluables y en qué medida.
Además, los dictámenes de años anteriores son públicos y pueden encontrarse en la propia
página del CGPJ44.
No quisiéramos finalizar este apartado sin comentar el último apartado, que prevé que
aquellas comunidades autónomas con idioma cooficial y/o Derecho civil propio dispon-
drán de provisiones específicas. Este último apartado sitúa en la balanza el derecho del
ciudadano a comunicarse en la lengua que decida de entre las dos que sean cooficiales en
su comunidad; y la búsqueda del mérito y la capacidad mediante la elección de los y las
mejores. En una oposición nacional a priori no cabría restringir por requisito idiomático.
Ahora bien, dado que esta es una vía supletoria de entrada, el legislador ha considerado que
sí que puede evaluarse el conocimiento del idioma y del Derecho civil propio para valorar
la adecuación al puesto del candidato.
48
3.2.3. Designación por el CGPJ
TEORDER
10 años de ejercicio profesional (artículos 330.4 y 331 LOPJ);
ii) las Salas del TS donde una de cada cinco plazas se provee por el CGPJ entre abo-
gados y juristas de reconocido prestigio con más de quince años de antigüedad
(artículos 343, 345 y 347 LOPJ); y
iii) el nombramiento de los 2 magistrados del TC a propuesta del CGPJ, tal como
dispone el artículo 159 CE (Esparza Leibar, 2022: 156).
Finalizadas las tres formas de acceso que traen consigo el ingreso en la judicatura, tra-
taremos brevemente dos formas que implican acceso a la jurisdicción de forma temporal
como juez/a de paz o de forma puntual como jurado de un caso concreto.
49
3.2.5. Sorteo para ser miembro del Tribunal del Jurado
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
y se hace desde el dato indiscutible de que, desde el primer esbozo de 1820 hasta su suspen-
sión en el año de 1936, pocas instituciones jurídicas han padecido —y, por tanto, han sido
enriquecidas— con una depuración crítica tan acentuada como el Tribunal del Jurado, lo
que ha permitido extraer la masa ingente de datos sueltos, experiencias y precedentes que
han facilitado la captación íntegra de la Institución».
Los mayores problemas que presenta la institución del Tribunal del Jurado son los si-
guientes: 1) la falta de arraigo social que requeriría la institución, carencia que se refleja; en
el hecho que la mayoría de las personas escogidas para ser juradistas intentan excusarse y 2)
la dificultad reconocer y calificar correctamente algunos de los delitos que se han asignado
al Tribunal del jurado. Para muestra, un botón: entre los delitos de su competencia el artí-
culo 1 de la LO 1/1995 establece que se encuentran los «d) Delitos de omisión del deber
de socorro», ilícitos en los que el jurado deberá ser capaz de decidir sobre la imputación de
una condena basada en un no hacer.
TEORDER
judicial para aquellas personas que presenten necesidades de conciliación de la vida
personal, familiar y profesional (embarazo, parto, etc.).
– Desarrollo, con participación de la Escuela Judicial y la Comisión de Igualdad, de
las adaptaciones curriculares adecuadas durante la fase de formación teórico-prác-
tica de la Escuela Judicial para las personas aspirantes a acceder a la carrera judicial
que presenten necesidades de conciliación de la vida personal, familiar y profesional
(embarazo, licencia por nacimiento de hijos, lactancia, etc.).
– Garantía de la participación equilibrada de mujeres y hombres en todas y cada una
de las actividades de formación inicial que se lleven a cabo en la Escuela Judicial.
No nos consta como accesible el desarrollo de todas estas exigencias y compromisos
adquiridos, aunque sí disponemos de ciertos datos, tales como el número de hombres y
mujeres en la carrera según tramo de edad:
Rango de edad
Edad Antigüedad
25 31 41 51 61 más de media Media
Total
a 30 a 40 a 50 a 60 a 70 70
Rango de edad
25 31 41 51 61
más de 70 Total
a 30 a 40 a 50 a 60 a 70
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Como se observa, se trata de un colectivo profesional altamente feminizado desde hace
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
unos años. Sin embargo, aunque que su base está feminizada, no ocurre lo mismo en el
ascenso en la carrera profesional. Nos encontramos, pues, con el denominado techo de
cristal. «Las posibilidades de la mujer magistrada para acceder a los órganos superiores
todavía está condicionada de alguna manera por la existencia entre algunos sectores de la
magistratura que continúan prefiriendo varones para dichos puestos, y en ocasiones por los
condicionantes que conlleva la necesidad de conciliar vida familiar y carrera profesional»
(Gómez-Bahillo, Elboj-Saso y Marcén-Muñío, 2016: 217).
TEORDER
52
2. Promover la remoción del déficit de presencia equilibrada de mujeres en los cargos
TEORDER
la promoción profesional, el haber hecho uso de derechos de conciliación, aunque
implicasen una situación de excedencia.
5. Actualización permanente de los datos desagregados por género en la página web
del poder judicial.
6. Realización de investigaciones o estudios con la finalidad de conocer las modifica-
ciones del déficit de solicitudes y presencias de cargos de mayor responsabilidad en
la carrera judicial a fin de proponer medidas reglamentarias y legales para alcanzar
la paridad».
El plan de igualdad ha introducido las herramientas para poder asegurar el ascenso en la
carrera en igualdad de condiciones para mujeres y hombres. La conciliación y corresponsa-
bilidad en judicatura es la asignatura pendiente que hay que trabajar y asegurar, dado que
los datos son los siguientes:
L.O. 373.7 REGLTO 223. a) Lactancia de un hijo menor de doce meses 0,3 0,1 0,2
53
NÚMERO DE DÍAS DE PERMISO Y LICENCIAS DISFRUTADOS
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
TEORDER
5. BREVES CONSIDERACIONES A PROPÓSITO DEL
TEMARIO DE LAS PRUEBAS SELECTIVAS
En el mismo acuerdo en el que se convocan las pruebas selectivas para el acceso a la
carrera judicial se publica el Anexo relativo al temario de las pruebas selectivas, que abarca
las áreas principales del Derecho, a saber, Derecho constitucional, Derecho civil, Derecho
penal, derecho procesal civil, Derecho procesal penal, Derecho mercantil, Derecho admi-
nistrativo y laboral. Respecto a estos temas, poco podemos traer a reflexión en estas líneas,
más allá de que, a pesar de ser un temario muy extenso, peca de fragmentario. Conside-
ramos que debería ofrecer una formación más integral a sus aspirantes, incluyendo áreas
—entre ellas, la criminología, la sociología, la pedagogía y la psicología— que, aunque no
son puramente jurídicas, necesariamente van a formar parte de la interpretación de deter-
minados preceptos jurídicos.
Fruto del Pacto de Estado contra la Violencia Machista, la LOPJ ha incorporado la
obligación de que el temario para el acceso a la carrera, la formación en la Escuela Judicial
y la formación continua de juzgadores incorporen tema relativos a la Igualdad de la mujer,
la prohibición de discriminación y la erradicación de la violencia de género. Junto a esta
formación destinada a incorporar la perspectiva de género y la comprensión de la realidad
de la mujer en el contexto actual, también se ha introducido la perspectiva de protección
de intereses de los menores y la infancia53 no solo para el acceso a la carrera judicial, sino
también para la promoción de la categoría de juez a magistrado54.
Nada se dice sobre la formación en el tercer pilar clave para la transformación sostenible
de la vida que nos pide la ONU y una interpretación multinivel del Derecho internacional
(en sus facetas hard y soft law), a saber, la naturaleza y el planeta como sujeto y objeto de
derechos y de tutela, así como sobre el papel de la tecnología en las relaciones jurídicas y
los conflictos que llegarán a la mesa de los jueces y las juezas. Alguno de estos aspectos se ha
relegado a un segundo momento de formación, es decir, una vez incorporados a la carrera
judicial, a través del servicio de formación continua del Consejo55.
55
6. CONCLUSIONES
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
La Agenda 2030 es una hoja de ruta política que ha creado las Naciones Unidas para
que los Estados transformen ad intra y ad extra sus instituciones, su cultura y sus políticas y,
por tanto, para que la ciudadanía y el tejido social y empresarial puedan ser también actores
de cambios en el sentido que allí se define. En materia de Justicia, hay dos Objetivos de
Desarrollo Sostenible relativos a la función jurisdiccional. Se trata del ODS 16, destinado
a promover sociedad justas, pacíficas e inclusivas56 y del ODS 10, por el que aboga por
la reducción de la desigualdad57. Con ello, se pide a la judicatura que tome conciencia
TEORDER
56
Como vemos, el legislador va por detrás de la realidad y no por ello la judicatura puede
NOTAS
TEORDER
1. «El ejercicio de la potestad jurisdiccional en todo tipo de procesos, juzgando y haciendo ejecutar lo
juzgado, corresponde exclusivamente a los Juzgados y Tribunales determinados por las leyes, según las
normas de competencia y procedimiento que las mismas establezcan».
2. Disponible en: <[Link]
formacion-general/>.
3. La realidad es que hoy hay, como mínimo, 6 ejes para repensar la Justicia y la forma en la que se im-
parte atendiendo a los retos que tenemos por delante en este siglo que promete ser complejo y cambiante:
1) Parece que llegamos al fin del humanismo y la modernidad y de todos los valores que trajo consigo, muchos de
ellos todavía no alcanzados y este es el verdadero problema: innovar sobre una base de derechos constitucionales
todavía no consolidados. Pensemos, a título de ejemplo, en casi todas las vertientes de la igualdad. La posmoder-
nidad trae consigo una idea de libertad falsa sin asegurar con carácter previo derechos básicos de las personas y
ello lleva aparejado un constante conflicto entre libertad e igualdad de la mujer.
2) Asistimos al declive del androantropocentrismo e iniciamos los primeros pasos hacia el transhumanismo,
algo que parece íntimamente unido a la identidad como concepto en construcción. La realidad es que no hemos
logrado la igualdad y el respeto hacia las mujeres y los animales no humanos, por ejemplo y, sin embargo, se
pretenden poner en el centro el transhumanismo y el posthumanismo como formas de garantizar la felicidad a
través del uso de la tecnología en nuestros cuerpos, creando, como se verá, una brecha biológica, de género y de
pobreza. Felicidad versus Estado del bienestar.
3) La revolución tecnológica y la inteligencia artificial (IA) van a generar nuevos derechos y la revisión de con-
tenidos de otros derechos tradicionales, hecho íntimamente vinculado a los otros parámetros citados. Hay que
tener cuidado porque la transformación que va a traer consigo afectará mucho a las personas, al funcionamiento
del capital y a la redistribución de la riqueza y, en este nuevo barbecho, los populismos van a tener una buena
coartada para penetrar en la sociedad, especialmente en la sociedad de la desinformación y del entretenimiento
en la que vivimos, donde la libertad parece que lo justifica todo. La tecnología y la IA son meros instrumentos
y no fines en sí mismos y deben someterse a los principios de la ética y del garantismo jurídico. Como sociedad,
nos enfrentamos a un reto, pues los datos sobre los que se está construyendo esta realidad son sesgados y están
lejos de respetar los contenidos establecidos por el art. 14 de la CE. Además, las carreras orientadas a la creación
y desarrollo de IA presentan un enorme déficit de mujeres —como estudiantes y profesionales—, por lo que la
realidad de las mujeres y su visión no estará presente en un futuro si no superamos la brecha de género en las
denominadas carreras STEM (Science, Engenieering, Technical and Maths).
57
5) La naturaleza y los recursos de nuestro planeta son bienes limitados. El modelo extractivo y productivo que
mantiene nuestra vida, tal y como la hemos diseñado, es insostenible. Somos ecodependientes. Urge una transi-
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
ción hacia un modelo económico que integre como valor principal los cuidados de las personas y de la vida en
el planeta. Estos parámetros se sostienen sobre la premisa de que es preciso reconocer, por fin, que hay bienes de
naturaleza común no privativa, bienes demaniales, de pertenencia al Estado —o, mejor dicho, a la humanidad—
que actuarán como límites a los poderes públicos y a la ciudadanía como los derechos fundamentales.
6) Este cambio de modelo requiere un cambio cultural que acepte lo que aquel conlleva en democracia. Necesi-
tamos tomar distancia, pensar y consensuar democráticamente estos cambios que traen, con toda seguridad, un
nuevo «contrato social» entre las personas, el Estado y el sector asociativo y empresarial.
TEORDER
58
16. En este documento, Juezas y Jueces para la Democracia nos anima a repensar el acceso a la carrera
TEORDER
dientes en la forma que se determine reglamentariamente. El ingreso de las personas con discapacidad en
las carreras judicial y fiscal se inspirará en los principios de igualdad de oportunidades, no discriminación
y compensación de desventajas, procediéndose, en su caso, a la adaptación de los procesos selectivos a las
necesidades especiales y singularidades de estas personas, mediante las adaptaciones y ajustes razonables de
tiempos y medios en los procesos selectivos. Asimismo, una vez superados dichos procesos, se procederá a
las adaptaciones y ajustes razonables para las necesidades de las personas con discapacidad de cualquier tipo
en los puestos de trabajo y en el entorno laboral del centro o dependencia pública donde desarrollen su
actividad». Cursivas nuestras.
18. Disponible en: <[Link]
,Real%20Decreto%20Legislativo%201%2F2013%2C%20de%2029%20de%20noviembre%2C,de%20
03%2F12%2F2013>.
19. Esta preocupación del legislador es pareja a la de la investigación doctrinal. En los últimos años se
han realizado diversas investigaciones sobre la materia. Vid., por todas, Rueda Monroy (2021); Polonio
de Dios (2016); y Bascón Marín (2022).
20. Marrades Puig señala que, si bien el término «discapacidad» cada vez tiene voces más críticas que
proponen utilizar términos como «diversidad funcional» o «personas con diversidad funcional» que «ex-
presa mejor el sentir de este colectivo, sus necesidades y sus reivindicaciones», la ley optó por mantener el
término de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (2006) (Marrades Puig, 2015:
266). Así, el autor afirma: «Ajustes razonables: son las modificaciones y adaptaciones necesarias y adecua-
das del ambiente físico, social y actitudinal a las necesidades específicas de las personas con discapacidad
que no impongan una carga desproporcionada o indebida, cuando se requieran en un caso particular de
manera eficaz y práctica, para facilitar la accesibilidad y la participación y para garantizar a las personas
con discapacidad el goce o ejercicio, en igualdad de condiciones con las demás, de todos los derechos».
21. Disponible en: <[Link]
ga-aprueba-por-primera-vez-las-oposiciones-a-las-Carreras-Judicial-y-Fiscal->.
22. Disponible en: <[Link]
que-los-avances-existentes-en-europa-se-proyecten-en-todo-el-mundo->.
23. Disponible en: <[Link]
24. Disponible en: <[Link]
[Link]>.
25. Disponible en: <[Link]
trados-candidatos-al-tc-en-el-pleno-de-22-de-diciembre/>.
26. Disponible en: [Link]
mes/>. [Consulta: 07/03/2023.]
59
27. Vid., entre otros, Cancio Fernández (2009); y Martínez Menayo (2022).
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
28. «Es más que dudoso que un proceso de selección basado sustancialmente en el recurso a las oposicio-
nes clásicas para la selección de los puestos funcionariales más sensibles (o concursos-oposición para los
demás), por mucho que sea cierto que sí supone un indudable aprendizaje de determinados contenidos
durante el mismo, aporte los conocimientos, destrezas y habilidades que son requeridos para el óptimo
ejercicio de las funciones públicas. El caso del acceso tradicional a los grandes cuerpos jurídicos (judicatu-
ra, fiscalía, notarías, registros, abogacía del Estado, etc.), que es también el que se emplea para la selección
de los empleados públicos valencianos de primer nivel, basado fundamentalmente en la realización de
pruebas de tipo memorístico, es paradigmático en este sentido. La preparación de los contenidos de las
TEORDER
pruebas de selección aporta, indudablemente, unos conocimientos teóricos de un enorme valor a los
seleccionados y contienen elementos que deberían ser conservados y tenidos en cuenta, por su indudable
valor, pero que aun pudiendo ser importantes no lo son en la forma en que se están llevando a cabo»
(Boix Palop y Soriano Alba, 2020: 7).
29. Disponible en: <[Link]
Resoluci%C3%B3n%20convocatoria%20becas%20CEJ%[Link]>.
30. Disponible en: <[Link]
cios>.
31. Disponible en: <[Link]
32. «Octavo.3. Documentación económica que justifique la actividad de preparación: facturas de compra
de materiales de estudio, pago de tasas para participar en el proceso selectivo correspondiente y admisión
al mismo, facturas de desplazamiento y alojamiento para pruebas selectivas, o facturas de preparación,
por ejemplo».
33. Disponible en: <[Link]
proyecto-de-jjpd-para-preparar-de-forma-gratuita-a-opositores-sin-recursos/>.
34. Vid. Acuerdo de Juezas y Jueces para la Democracia y la Unión Progresista de Fiscales, por el que se
convocan plazas para la preparación al acceso a las carreras judicial y fiscal para el ejercicio 2022. Dis-
ponible en: <[Link]
[Link]>.
35. Disponible en: <[Link]
36. Disponible en: <[Link]
perfiles/carrera-judicial>.
37. Respecto a la incapacidad, ya tratada previamente, indica que no debe ser un impedimento para la
función judicial y si esta se puede desarrollar lo que deberá hacerse es adaptar las funciones (301.8 LOPJ).
38. Disponible en: <[Link]
ml [Link]
si%20est%C3%A1s,la%20cantidad%20de%20plazas%20convocadas>.
39. Esta información está disponible en: <[Link]
categoria-de-Juez-a/Informacion-general/>.
40. «Las pruebas de selección no prestan la más mínima atención a la identificación de capacidades y
potencialidades que sí van a tener una relación directa con el desempeño en el puesto de trabajo: flexibi-
lidad, capacidad de aprendizaje, creatividad, aptitudes para el trabajo en equipo […] cada vez más nece-
60 sarias y sobre las que, por esta razón, y a justo título, los procesos de selección en el sector privado hacen
creciente hincapié. En definitiva, las Administraciones españolas no solo es que seleccionen a su personal
TEORDER
42. Artículo [Link] LOPJ. «La cuarta vacante se proveerá por concurso entre juristas de reconocida
competencia y con más de diez años de ejercicio profesional que superen el curso de formación al que se
refiere el apartado 5 del artículo 301. A su vez, una tercera parte de estas vacantes se reservará a miem-
bros del Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia de primera o segunda categoría. Por este
procedimiento solo podrá convocarse un número de plazas que no supere el total de las efectivamente
vacantes más las previsibles que vayan a producirse durante el tiempo en que se prolongue la resolución
del concurso. En las Comunidades Autónomas en las que exista más de una lengua oficial o tengan De-
recho Civil propio se aplicarán, para la provisión de estas plazas, las previsiones establecidas a tal efecto
en la presente Ley».
43. «Cuarto Turno, Guías Jurídicas», La Ley. Disponible en: <[Link]
Content/[Link]?params=H4sIAAAAAAAEAMtMSbF1jTAAAUMjQ0sLtbLUouLM_Dx-
bIwMDCwNzA7BAZlqlS35ySGVBqm1aYk5xKgC6o4dENQAAAA==WKE#:~:text=Se%20entien-
de%20por%20cuarto%20turno,diez%20a%C3%B1os%20de%20ejercicio%20profesional>.
44. Disponible en: <[Link]
do-a/Historico-de-convocatorias/>.
45. Artículo 101. 1. «Los Jueces de Paz y sus sustitutos serán nombrados para un periodo de cuatro años
por la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia correspondiente. El nombramiento recaerá en
las personas elegidas por el respectivo Ayuntamiento. 2. Los Jueces de Paz y sus sustitutos serán elegidos
por el Pleno del Ayuntamiento, con el voto favorable de la mayoría absoluta de sus miembros, entre
las personas que, reuniendo las condiciones legales, así lo soliciten. Si no hubiere solicitante, el pleno
elegirá libremente. 3. Aprobado el acuerdo correspondiente, será remitido al Juez de Primera Instancia e
Instrucción, quien lo elevará a la Sala de Gobierno. 4. Si en el plazo de tres meses, a contar desde que se
produjera la vacante en un Juzgado de Paz, el Ayuntamiento correspondiente no efectuase la propuesta
prevenida en los apartados anteriores, la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia procederá a
designar al Juez de Paz. Se actuará de igual modo cuando la persona propuesta por el Ayuntamiento no
reuniera, a juicio de la misma Sala de Gobierno y oído el Ministerio Fiscal, las condiciones exigidas por
esta ley.5. Los Jueces de Paz prestarán juramento ante el Juez de Primera Instancia e Instrucción y toma-
rán posesión ante quien se hallara ejerciendo la jurisdicción».
46. Disponible en: <[Link]
Justicia/TSJ_Cataluna/Organos_judiciales/Organos_judiciales_en_Cataluna/Juzgados_de_Paz>.
47. Disponible en:<[Link]
o+JUSTIPROP+%282%[Link]/9e02bc3f-c6f3-45ad-a79e-f7fe899b76b4?t=1649071254748>.
48. «Los ciudadanos podrán ejercer la acción popular y participar en la Administración de Justicia me-
diante la institución del Jurado, en la forma y con respecto a aquellos procesos penales que la ley deter-
mine, así como en los Tribunales consuetudinarios y tradicionales».
61
49. Disponible en: <[Link]
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
milia-en-el-sector-legal:-asi-es-el-perfil-de-juez-de-la-nueva-promocion/>.
50. Basta con una búsqueda rápida en Google imágenes insertando las palabras «judicatura España» para
observar que las primeras imágenes que nos devuelve el buscador son de hombres jueces, normalmente
coincidiendo con la apertura del año judicial.
51. Información estadística disponible en: <[Link]
dicial/Estadistica-por-temas/Estructura-judicial-y-recursos-humanos--en-la-administracion-de-justicia/
Magistrados-y-jueces-de-carrera/Permisos--licencias--excedencias-y-salidas-Magistrados-y-jueces-de-
TEORDER
carrera>.
52. En cambio, si fijamos el punto de mira en las licencias por estudios, son ellos los que más las solicitan
de acuerdo con las estadísticas ofrecidas por el CGPJ:
L.O. 373.3 REGLTO 231 Licencia por estudios en general o relacionados con la función
0,8 0,9 0,9
judicial
L.O. 373.3 REGLTO 231 Licencia por estudios en general o relacionados con la función
0,5 0,9 0,7
judicial que se realicen fuera de España (internacionales)
53. Artículo 310 LOPJ. «Todas las pruebas selectivas para el ingreso y la promoción en las carreras judi-
cial y fiscal contemplarán el estudio del principio de igualdad entre mujeres y hombres, incluyendo las
medidas contra la violencia de género, y su aplicación con carácter transversal en el ámbito de la función
jurisdiccional. El temario deberá garantizar la adquisición de conocimientos sobre el principio de no
discriminación y especialmente de igualdad entre mujeres y hombres y, en particular, de la normativa
específica dictada para combatir la violencia sobre la mujer, incluyendo la de la Unión Europea y la de
tratados e instrumentos internacionales en materia de igualdad, discriminación y violencia contra las mu-
jeres ratificados por España. Asimismo, las pruebas selectivas contemplarán el estudio de la tutela judicial
de los derechos de la infancia y la adolescencia, su protección y la aplicación del principio del interés su-
perior de la persona menor de edad. El temario deberá garantizar la adquisición de conocimientos sobre
normativa interna, europea e internacional, con especial atención a la Convención sobre los Derechos del
Niño y sus observaciones generales».
54. Artículo 312.1 LOPJ. «Las pruebas selectivas para la promoción de la categoría de juez a la de magis-
trado en los órdenes jurisdiccionales civil y penal se celebrarán en la Escuela Judicial, y tenderán a apreciar
el grado de capacidad y la formación jurídica de los candidatos, así como sus conocimientos en las dis-
tintas ramas del derecho. Podrán consistir en la realización de estudios, superación de cursos, elaboración
de dictámenes o resoluciones y su defensa ante el Tribunal, exposición de temas y contestación a las
observaciones que el Tribunal formule o en otros ejercicios similares. 2. Las pruebas de especialización en
los órdenes contencioso-administrativo y de lo social y en materia mercantil y de violencia sobre la mujer
tenderán además a apreciar, en particular, aquellos conocimientos que sean propios de cada especialidad.
3. Sin perjuicio de lo establecido en el artículo 310, para acceder a las pruebas selectivas o de especiali-
zación será preciso acreditar haber participado en actividades de formación continua con perspectiva de
género. 4. Las normas por las que han de regirse estas pruebas, los ejercicios y, en su caso, los programas
se aprobarán por el Consejo General del Poder Judicial».
55. «La institucionalización de los principios de igualdad, mérito y capacidad en el texto constitucional
no determina su aplicación exclusivamente en el procedimiento de acceso a la función pública, sino que
prolonga su vigencia a lo largo de la vida funcionarial» (García García, 2008: 142)
62
56. 16.1 Reducir significativamente todas las formas de violencia y las correspondientes tasas de morta-
TEORDER
organizada.
16.5 Reducir considerablemente la corrupción y el soborno en todas sus formas.
16.6 Crear a todos los niveles instituciones eficaces y transparentes que rindan cuentas.
16.7 Garantizar la adopción en todos los niveles de decisiones inclusivas, participativas y representativas
que respondan a las necesidades.
16.8 Ampliar y fortalecer la participación de los países en desarrollo en las instituciones de gobernanza
mundial.
16.9 De aquí a 2030, proporcionar acceso a una identidad jurídica para todos, en particular mediante el
registro de nacimientos.
16.10 Garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de confor-
midad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales.
16.a Fortalecer las instituciones nacionales pertinentes, incluso mediante la cooperación internacional,
para crear a todos los niveles, particularmente en los países en desarrollo, la capacidad de prevenir la
violencia y combatir el terrorismo y la delincuencia.
16.b Promover y aplicar leyes y políticas no discriminatorias en favor del desarrollo sostenible.
57. 10.1 De aquí a 2030, lograr progresivamente y mantener el crecimiento de los ingresos del 40% más
pobre de la población a una tasa superior a la media nacional.
10.2 De aquí a 2030, potenciar y promover la inclusión social, económica y política de todas las personas,
independientemente de su edad, sexo, discapacidad, raza, etnia, origen, religión o situación económica
u otra condición.
10.3 Garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad de resultados, incluso eliminando
las leyes, políticas y prácticas discriminatorias y promoviendo legislaciones, políticas y medidas adecuadas
a ese respecto.
10.4 Adoptar políticas, especialmente fiscales, salariales y de protección social, y lograr progresivamente
una mayor igualdad.
10.5 Mejorar la reglamentación y vigilancia de las instituciones y los mercados financieros mundiales y
fortalecer la aplicación de esos reglamentos.
10.6 Asegurar una mayor representación e intervención de los países en desarrollo en las decisiones adop-
tadas por las instituciones económicas y financieras internacionales para aumentar la eficacia, fiabilidad,
rendición de cuentas y legitimidad de esas instituciones.
63
10.7 Facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas,
2023, Nº 34, PÁGS. 34-65
10.c De aquí a 2030, reducir a menos del 3 % los costos de transacción de las remesas de los migrantes y
eliminar los corredores de remesas con un costo superior al 5 %.
58. Vid. García Amado (2008).
59. El artículo 4 del Convenio de Estambul («Las partes adoptarán las medidas legislativas necesarias para
promover y proteger el derecho de todos, en particular de las mujeres, a vivir a salvo de la violencia tanto
en el ámbito público como en el privado») lo define como un derecho de las mujeres a vivir una vida sin
violencia de género, en condiciones de igualdad y sin discriminación. En su artículo 5, bajo el epígrafe
«Obligaciones del Estado y Diligencia debida», el Convenio de Estambul establece, consecuentemente, la
responsabilidad del Estado de modificar la legislación (civil, penal, administrativa y laboral) y de aprobar
una normativa adecuada para transformar esta sociedad y proteger a la mujer frente a la discriminación
y la violencia, previendo sanciones adecuadas para las personas que no cumplan, así como la responsa-
bilidad del Estado en su dimensión individual (obligaciones destinadas a proporcionar protección a las
víctimas que sufren una concreta violencia por su pareja o expareja).
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65
LA IMPRESCINDIBLE FUNCIÓN DE LA ESCUELA JUDICIAL EN LA
CAPACITACIÓN DE JUEZAS Y JUECES DEMOCRÁTICOS
THE ESSENTIAL ROLE OF THE SPANISH JUDICIARY SCHOOL IN
TRAINING AND QUALIFICATION OF DEMOCRATIC JUDGES
Miryam Rodríguez-Izquierdo Serrano
Profesora Titular de Derecho constitucional
Universidad de Sevilla*
RESUMEN
La adecuada formación y capacitación de quienes ejercen uno de los tres poderes del Estado,
el poder judicial, constituye una exigencia vinculada a la separación constitucional de pode-
res y al derecho a la tutela judicial efectiva. En España, la fase institucional de esa formación
específica corre a cargo de la Escuela Judicial del Consejo General del Poder Judicial, con sede
en Barcelona. Este artículo realiza un análisis de las exigencias formativas para la capacitación
de los jueces y las juezas en sentido democrático y pone de relieve la gran importancia que, en
el proceso formativo de un juez, tiene la formación profesional que estos han de seguir en la
Escuela Judicial.
PALABRAS CLAVE
Función jurisdiccional, juez democrático, poder judicial, Escuela Judicial, formación de jueces.
ABSTRACT
There is a great concern in an adequate training and qualification of those who shall wield one
of the State´s power, the judicial power. Such concern is related to the constitutional separation
of Powers and to effective judicial protection. In Spain, there is an institutionalized and specific
training for judges in the Judiciary School of the General Council of the Judicial Power in Bar-
celona. This work makes an analysis of the requirements for a democratic training of judges. It
emphasizes the relevance of the professional training that Spanish judges must follow at the
Judiciary School.
KEY WORDS
Jurisdiction, democratic judge, judicial power, Judiciary School, judges professional training.
DOI: [Link]
* Exprofesora de Derecho Constitucional y de la Unión Europea de la Escuela Judicial del Consejo General del Poder
Judicial. ORCID: 0000-0001-8051-2345. Con motivo de la publicación de este trabajo quiero expresar mi agrade-
cimiento a los que fueron mis jefes y compañeros de claustro durante mis años de trabajo en la Escuela Judicial de
Barcelona, muy en especial a Rafael Bustos Gisbert y a Tais Deus Ramos.
LA IMPRESCINDIBLE
FUNCIÓN DE LA
ESCUELA JUDICIAL
EN LA CAPACITACIÓN
DE JUEZAS Y JUECES
DEMOCRÁTICOS
1. INTRODUCCIÓN
Resulta sintomático que, sobre todo en la literatura científica, las reflexiones sobre
el papel del poder judicial en el Estado constitucional español aún repitan, a modo de
mantra, que la constitucionalización y la europeización del ordenamiento jurídico han
transformado radicalmente la función que la judicatura venía realizando en las etapas
previas al actual Estado democrático. La aparente necesidad de reiteración lleva a pensar
que se desconfía o que cuesta creer que la función del poder judicial en el Estado constitu-
2023, Nº 34, PÁGS. 66-87
cional español sea distinta de la de tiempos anteriores. Quizás ese escepticismo sea lógico
y provenga de la constatación de la falta de una cultura constitucional sincera por parte de
nuestra sociedad política, constatación que, en el peor de los casos, se cruza con percep-
ciones sobre la probablemente incompleta adaptación democrática de la comunidad de
juristas. No obstante, si tales carencias fueran descartables como motivos de la repetición
antes referida, aquella podría achacarse, con un ánimo más indulgente, al hecho de que las
transformaciones en el ejercicio de la función jurisdiccional continúan —es decir, siguen
TEORDER
TEORDER
el tránsito de aquella judicatura, la de los años del franquismo, hacia una nueva judicatura
constitucional y democrática. Aun a riesgo de hacerlo sesgadamente, se esbozarán algunos
de esos aspectos.
Por una parte, el mandato constitucional de 1869 y su desarrollo por la ley de 1870
antecedieron tanto al impulso de la codificación, en materia civil, penal y de procesos,
como a la del Derecho administrativo, que introdujo el control judicial de la actividad
administrativa (Fioravanti, 2004: 27). En ese contexto, con el principio de legalidad como
el eje de una idealizada separación de poderes, y la motivación de las sentencias como obli-
gación judicial, avanzaron los principios de unidad jurisdiccional y, bien con un sentido
no asimilable al actual, independencia y responsabilidad de los jueces y magistrados (Solla
Sastre, 2007). En ese contexto, depurando disensiones en la aplicación de la ley, la fun-
ción del juez se profesionalizó y circunscribió, en mayor medida que en etapas anteriores
o posteriores, a la labor aplicativa de disposiciones escritas de carácter general, dentro de
un orden normativo estructurado sobre la base de la codificación y del sistema de fuentes
establecido en el Código Civil.
Por otra parte, aquella ley del XIX había consolidado una figura determinada de juez,
funcionario estable, sometido a la ley y a una serie de incompatibilidades o limitaciones
en el ejercicio de derechos propios de cualquier ciudadano y con un perfil que, a pos-
teriori, se ha definido como de juez meritorio y de calidades (Solla Sastre, 2007: 438).
Esa figura de juez, que no llegaría a ser la de un poder del Estado, se consolidaría como
autoridad al servicio del aquel. El juez sería, pues, esa autoridad estatal vinculada a un
texto legal que permanecería, a pesar de las turbulencias, en medio de las vicisitudes,
radicalidades y cambios, casi siempre dramáticos, en las formas del Estado español: de
aquella Constitución monárquica y democrática de 1869 a la subsiguiente de la I Repú-
blica, difuminada en las décadas de la Restauración; desde la decadencia de esta y de su
monarquía constitucional a la II República, con su fin sangriento; de la Guerra Civil,
finalmente, a la dictadura.
En conclusión, la figura de juez de la ley de 1870, referente para la judicatura durante
más de un siglo, no pudo borrarse sin más y tampoco pudo transferirse sin cambios al
nuevo sistema constitucional nacido en 1978. Aceptando la herencia, se requería tanto
la adaptación del cuerpo de jueces y magistrados real como la renovación de la figura que
sirviera de referente, a cuyo fin la formación y capacitación de los integrantes del poder ju-
dicial deberían ser las armas no secretas. De autoridades judiciales al servicio de un Estado
mutante tendrían que pasar a ser jueces democráticos, depositarios y ejercientes de un po-
69
der constitucional en un Estado con vocación de permanencia. A la de administrar justicia,
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la función del juez democrático sumaría la de hacer valer las normas de la Constitución
(artículos 9.1, 107 y 117.1 CE) también frente al resto de poderes, siendo, ante todo, ga-
rante de los derechos fundamentales individuales (arts. 24 y 53.2 CE) y de la adecuación
constitucional de las leyes (art. 163 CE).
La Constitución de 1978 tuvo que aceptar herencias y su actualidad es el resultado de
las transformaciones de más de cuatro décadas. En esa actualidad, el juez democrático tiene
una función cuya complejidad no es equiparable a la del aplicador de leyes Su cometido
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sea en ámbitos distintos al de la judicatura. Se trata de una experiencia que es obligada en
el acceso por el llamado cuarto turno y que, aunque en ocasiones pueden haber adquirido
quienes accedan a la carrera judicial por el sistema de libre oposición, no es algo genera-
lizado para estos últimos. Por fin, y en un tercer lugar de importancia extrema, una apor-
tación esencial vendrá de la conciencia que cada jueza y cada juez concretos desarrollen
en relación con los muy diversos aspectos del desempeño de la función judicial (Cancio
Fernández, 2022: 565). En la forja de esa conciencia serán importantes las actitudes y
aptitudes de los aspirantes.
Cuanto mayor sea el desarrollo y perfeccionamiento de esa conciencia, siempre relativa
al ámbito de lo profesional, mayor y mejor será la capacitación. Esta aquí llamada concien-
cia funcional se integraría sobre la base de diversos componentes, abarcando aspectos como
los siguientes: conciencia del hecho de que su función es ejercicio de un poder público; de
la repercusión de sus decisiones en los destinatarios, particularmente en las partes de una
controversia y, con visión amplia, en la comunidad jurídica y, por qué no, la sociedad; en
relación con esto, concienciación del impacto de su proceder sobre la consideración general
de la acción del poder judicial, base de la legitimidad de su ejercicio, y el efecto reflejo de
tal consideración en la opinión pública, a cuyo escrutinio, como poder del Estado que es,
también está sometido (Lucas Murillo de la Cueva, 2017: 365); conciencia de los compo-
nentes éticos de su responsabilidad, diferenciándolos de los jurídicos, y dentro de ellos en
especial de los disciplinarios; y conciencia de la necesaria protección de su independencia,
no como independencia externa, garantizada por las leyes y la Constitución, sino como
independencia interna, de criterio, pensamiento y juicio, orientada a la elaboración de un
discurso propio (Arsuaga Acaso, 2017: 140). No se trata, pues, de aspectos relativos a la
vida privada del individuo-juez, sino a los que se refieren a su condición de integrante de
un poder del Estado4.
Dentro de esos parámetros, los conceptos normativos de responsabilidad e indepen-
dencia judicial adquieren una significación reforzada y se vinculan, como exigencias éticas,
al proceso de formación del juez democrático (CGPJ, 2007: 127). Así, la capacitación
del juez democrático solo se produciría como resultado de una formación integral, cuyo
primer presupuesto habilitante, el conocimiento del sistema normativo vigente, no será
presupuesto único, sino que concurrirá con otros contenidos formativos y desarrollo de ha-
bilitades de signo diverso. Tal concurrencia llevaría a que aflorase la autonomía propia del
juez, no como sujeto individual, sino como titular y agente del poder público democrático
(Andrés Ibáñez, 2001: 19).
71
Ese arquetípico proceso de formación integral para el arquetípico juez democrático
2023, Nº 34, PÁGS. 66-87
tendría como objetivo la cualificación del candidato, el desarrollo de las habilidades ne-
cesarias para la aplicación de normas jurídicas a situaciones fácticas que, además, resulta-
rán determinadas por otra serie de reglas, también jurídicas, entre las que destacarán las
atinentes a la obtención y valoración de la prueba. La formación del juez democrático,
entendida como proceso de capacitación, habría de completarse con la adquisición de
habilidades que culminen esa transformación fundamental: de conocedor del Derecho a
través del estudio académico —y, en su caso de la preparación de la oposición— a recons-
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72
4.1. LOS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS EN DERECHO
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la titulación académica, y no una determinada formación jurídica, es, por tanto, el requi-
sito, depositando realmente en el temario de la oposición la carga formativa que se exige,
como mínima, para el acceso a la función jurisdiccional.
Más allá de esto, en estas páginas tampoco se pretende analizar la calidad y adecua-
ción concreta de las actuales enseñanzas universitarias de grado en Derecho a las necesi-
dades formativas de un juez. Los planes de estudio, que han de superar la acreditación y
evaluaciones de la ANECA, incluyen unánimemente una aproximación a las disciplinas
jurídicas en un sentido generalista y, dependiendo del plan en concreto, a determinadas
áreas de especialización. A partir de ahí, los métodos docentes y de evaluación son los que
decantarán la formación de los egresados bien hacia un conocimiento fundamentalmente
memorístico del sistema normativo y de la doctrina, bien hacia uno más comprensivo y de
enfoque práctico. Por conocimiento comprensivo se entiende aquel que integre el de las
relaciones internas, dentro del propio sistema normativo, y la externas, del sistema con la
sociedad en la que se inserta. De nuevo, sin menospreciar el conocimiento memorístico,
se entiende que una metodología docente tendente a lo comprensivo y práctico favorecerá
en mayor medida el desarrollo de las habilidades argumentativas y aplicativas que puedan
aportarse, como bagaje formativo previo, a la capacitación posterior de cualquier profesio-
nal del Derecho6.
En relación con la fase universitaria de formación para las distintas profesiones jurídi-
cas, se ha discutido sobre la inconveniencia de que otros operadores jurídicos, en concreto
abogados y procuradores, deban cursar un postgrado oficial o máster que los habilite para
el ejercicio de abogacía y procuraduría7, requisito que no se exige a los aspirantes a jueces y
fiscales. Resolviendo la discusión, recientemente se ha implementado un máster específico,
el Máster Oficial para el Ejercicio de la Función Jurisdiccional, que se integra en la forma-
ción inicial en la Escuela Judicial. En el epígrafe correspondiente al análisis de la formación
inicial en la Escuela Judicial se harán las oportunas referencias a esta formación específica
como postgrado universitario, a la que solo pueden acceder quienes hayan superado la
oposición libre de acceso a la carrera judicial.
haya una disposición similar en la Constitución de 1978, las herencias del método de selec-
ción, que venía funcionando desde hacía un siglo, se aceptaron como algo natural. Su me-
jora o sustitución es un tema clásico de los debates académicos y de los del propio ámbito
profesional sobre la conformación de la judicatura en España, como puede comprobarse en
el correspondiente análisis que sobre esta cuestión acoge este número de la revista.
La aportación formativa es la vinculada a la preparación y estudio de los temarios que se
vienen exigiendo para la superación de los distintos exámenes. Por tanto, esa fase de forma-
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dría que entrenarse, se añadiría como elemento formativo y medidor de la aptitud básica
del candidato para ejercer la función jurisdiccional.
Pero, volviendo a la suficiencia, no parece que la diferencia que la prueba práctica pu-
diera añadir a la preparación del opositor sería capaz de convalidar los contenidos formati-
vos necesarios de su capacitación de cara al ejercicio de la función judicial. En definitiva, a
falta de ese calentamiento práctico, el momento de esos contenidos y habilidades empieza
en la Escuela Judicial. Es ahí donde se forma a los preseleccionados para ser jueces o juezas
y se les orienta hacia un ejercicio concreto del Derecho, el de un poder del Estado (Blasco
Gascó, 2000: 18). La Escuela Judicial sigue un programa de formación y capacitación que
quiere cubrir, en tres etapas y en lo posible, todo ese espectro de lo formativo que no ha
estado presente en esa necesaria, pero insuficiente, base común.
75
No se es juez ni magistrado sin la fase de la Escuela. De hecho, la LOPJ prevé en su
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artículo 309 la posibilidad de que, quien no la supere, pueda repetirla, pero por una sola
vez. Esa obligatoriedad confirma el doble objetivo de la programación de los referidos
cursos: formación para la capacitación. Así se predetermina en las normas que rigen el
funcionamiento de la Escuela, empezando por el artículo 307 LOPJ, que en su apartado
1 le atribuye la función de «[…] proporcionar una preparación integral, especializada y
de alta calidad a los miembros de la carrera judicial, así como a los aspirantes a ingresar
en ella».
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En la fase de formación inicial empieza propiamente la capacitación para el ejercicio de
la función judicial, con un apretadísimo programa de trabajo divido en tres fases y orien-
tado, fundamentalmente, a la práctica. Se diría, pues, que es una formación profesional y
técnica en la que solo la primera de las tres fases incluye una programación docente referida
a contenidos normativos, pero que, incluso en esa fase, son impartidos con orientación
eminentemente práctica. Se trata, en definitiva, de tres etapas orientadas a la futura labor
de las juezas —que, progresivamente, se han ido haciendo mayoría11— y los jueces en
prácticas.
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Derechos Humanos. Sobre la base de casos, a través del análisis aplicado de la jurispruden-
cia de los tribunales europeos, el TEDH y el TJUE, se les presentan situaciones de conflicto
de normas y se les solicita una respuesta conforme con el sistema de fuentes que salvaguar-
de tanto los derechos de los particulares, si estuvieren en juego, como las obligaciones del
Estado español frente a la Unión Europea y el Consejo de Europa.
Por otra parte, se les sitúa ante supuestos críticos, de esos que obligan al juez a adoptar
decisiones relativas a la salvaguarda de derechos fundamentales sustantivos. Se hace hin-
capié en la faceta de la imparcialidad judicial como derecho vinculado a la tutela judicial
efectiva sin indefensión, así como en los derechos de libre expresión e información que
rodean a los procesos judiciales. En conexión con los ámbitos de la jurisdicción civil y
penal, se enfocan las controversias entre los derechos de la personalidad y las libertades
de comunicación pública, así como la confrontación de estas con la frontera del discurso
discriminatorio y la incitación al odio. El principio de igualdad y las prohibiciones de
discriminación, con especial atención a la perspectiva de género, constituyen otro pilar
que, específicamente desde el Derecho constitucional y, transversalmente, en el resto del
programa de trabajo en la Escuela, se intenta apuntalar para reforzar la visión crítica de los
jueces ante situaciones contrarias a esos parámetros constitucionales.
La formación específica en Derecho constitucional y de la Unión Europea se com-
pleta con otras actividades adicionales, encaminadas a desarrollar habilidades como el
manejo de bases de datos de jurisprudencia constitucional y europea o el seguimiento de
los pormenores del procedimiento legislativo, aspecto básico para la interpretación de la
ley. En otra línea, la Escuela Judicial realiza un esfuerzo especial por acercar a las juezas y
los jueces en prácticas a las instituciones de la Unión Europea y del Consejo de Europa.
Cuando ha sido posible, esta actividad se ha desarrollado presencialmente y, cuando no lo
ha sido, especialmente durante la fase de encierro y cierre de fronteras por la pandemia,
se han ideado las formas para que, mediante conferencias en remoto, pudieran lograrse
parte de los objetivos de ese contacto institucional: la concienciación de los participantes
como jueces europeos.
Las tres áreas básicas, por último, no son compartimentos estancos: bajo la coordi-
nación de la jefatura de estudios, y con la revisión continua del progreso del curso por
parte del claustro de profesores, se aspira a una coordinación de contenidos y tiempos
que incluye ciertas actividades formativas de carácter transversal. Pueden señalarse, en los
últimos años, las dedicadas a cuestiones relativas a infancia y adolescencia, a la sociedad
79
de la información, con sus riesgos, complejidades y oportunidades, o al fenómeno de la
2023, Nº 34, PÁGS. 66-87
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necesariamente indicados en las normas jurídicas. Entre ellos, destaca por su importancia
crítica el del desarrollo de habilidades lingüísticas, empezando por las del español. Con
tal propósito, a lo largo de todo el curso participan en un taller de escritura jurídica que
comienza con análisis críticos de resoluciones judiciales ajenas, pero que progresa hacia
otros, no menos críticos, sobre las que los mismos aspirantes hayan redactado como ma-
terial evaluable para las distintas pruebas de docencia ordinaria. En el curso de todo este
proceso, se insiste en la atención al lenguaje inclusivo y a las adaptaciones necesarias para
la comprensión de lo que se diga o escriba cuando la destinataria sea, principalmente, una
persona con discapacidad.
No se olvidan, ni mucho menos, las lenguas autonómicas, si bien, por su especificidad,
su estudio y perfeccionamiento tienen carácter opcional. La Escuela facilita la formación
en lenguas oficiales y la realización de exámenes de nivel. En conexión con ello, también
oferta formación en Derecho foral, dado que esa doble habilitación, acreditada, puede
contar como mérito para los aspirantes a la hora de seleccionar sus destinos. En cuanto a
la lengua de la cooperación internacional, el inglés, también se imparten clases adaptadas
al nivel previo de cada aspirante.
En este afán por detallar las herramientas con las que la formación inicial quiere dotar
a los aspirantes, se concluye apuntando a otros dos elementos: el estudio práctico de una
disciplina tan básica, y tan ajena a los estudios de grado en Derecho, como la contabilidad;
y el entrenamiento en una técnica tan necesaria, intuitiva para algunas generaciones y difi-
cultosa para otras, como la informática.
La evaluación de esta fase del curso teórico-práctico se realiza en la Escuela Judicial a
partir de los resultados de las pruebas y los ejercicios. La evaluación exige la superación de
las de cada área docente y hay un apartado reservado a las actitudes —dedicación, parti-
cipación y compromiso— que, por pequeño que sea, no deja de ser significativo: se exige
una actitud proactiva y un alto grado de responsabilidad a quienes van a decidir sobre
cuestiones determinantes en la vida de personas y en el funcionamiento de la sociedad.
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cética formación de la Escuela obtengan un título equiparable al que se exige para otros
profesionales del ámbito de los juzgados, en concreto los abogados y los procuradores. En
muchos sentidos, esa formación durante muchas promociones ya había sido un máster
sin título de tal, por lo que tiene pleno sentido la convergencia lograda con el apoyo de
la universidad.
83
6. CONCLUSIONES
2023, Nº 34, PÁGS. 66-87
Este trabajo partía de una serie de reflexiones sobre la singularidad del perfil de juez
democrático que exige la compleja realidad actual. En el caso del Estado español, ese juez
democrático se ha construido sobre la base de la judicatura existente en la Transición, pero
tanto sus funciones como su perfil profesional se han visto profundamente transformados.
Conseguir un cuerpo judicial formado y entrenado, en el sentido que en inglés tiene la
palabra training en relación con la capacitación profesional es una prioridad del sistema
democrático y, por ello, es lógico que el esfuerzo institucional que se desarrolle en torno
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a esa formación sea ingente. También es lógico que, por lo que respecta a los contenidos
y habilidades a desarrollar por el juez, esa formación tenga un componente fuertemente
jurídico y técnico, pero no es menos lógico que se extienda también hacia otros campos
de conocimiento y capacitación que completen el perfil del juez democrático. En ese em-
peño, el de la capacitación de los aspirantes a juez para ser, más que autoridades, poderes
democráticos, la Escuela Judicial tiene una importancia crucial: si hasta su ingreso en ella,
los aspirantes tienen la misma formación que los integrantes de otros cuerpos jurídicos del
Estado, a partir de ese momento tendrán una responsabilidad muy particular y una forma-
ción que aspira a cubrir sus exigencias.
La formación inicial impartida en la Escuela Judicial que deben seguir quienes superen
la oposición libre pone el acento en esa necesaria transformación. No se trata de una ca-
pacitación moral ni meramente técnica. Su ambición es bastante más elevada, entre otros
motivos porque no pretende uniformizar personas o personalidades, sino capacitar a juezas
y jueces democráticos que provienen de —y regresan a— la sociedad plural en la que ac-
tuarán en el ejercicio de la función jurisdiccional. La densidad y diversidad del programa
formativo de la Escuela Judicial así lo atestiguan. Se trata, dicho sintéticamente, de una
capacitación integral para el ejercicio de la función jurisdiccional y de una concienciación
del sentido democrático de esa tarea: ser auténticos garantes de los derechos fundamen-
tales y sólidos depositarios del ejercicio de un poder del Estado. Tal concienciación lleva
aparejada la asunción de las repercusiones que sus decisiones tendrán sobre las partes de
los procesos de los que conozcan, así como sobre la propia integridad del sistema consti-
tucional, también en su conexión con los compromisos supranacionales e internacionales
del Estado español.
NOTAS
1. La longeva Ley provisional sobre organización del Poder judicial, de 15 de septiembre de 1870, se
revisó por la Ley 42/1974, de 28 de noviembre, de Bases, Orgánica de la Justicia, si bien su derogación
solo se ultimó a través de la Ley Orgánica 6/1985 de 1 de julio, del Poder Judicial.
2. Algo más concreto que esa estructura en red, la del Derecho postmoderno que define François Ost y
a la que alude Manuel Atienza, dentro de la cual la función del juez se caracterizaría como comunicativa
(1998: 36)
3. No puede llegar a considerarse como control judicial de la ley, que sí previó la Constitución de 1931
84 en su artículo 100 para la II República española, aquella consulta judicial de inconstitucionalidad que
posteriormente, en su desarrollo legislativo, se condicionó a la acción del Tribunal Supremo (Cruz Villa-
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la Ley Orgánica del Poder Judicial, por el que se convocan pruebas selectivas para la provisión de plazas
de alumnos y alumnas de la Escuela Judicial, para su posterior acceso a la carrera judicial por la categoría
de juez, y plazas de alumnos y alumnas del Centro de Estudios Jurídicos, para su posterior ingreso en la
carrera fiscal por la categoría de abogado fiscal (BOE, núm. 263, de 2 de noviembre de 2022).
6. Por ello, desde el Consejo de Europa, por ejemplo, se recomienda que la formación universitaria en
derechos humanos se incorpore «como materia horizontal a todas las disciplinas jurídicas» (Bustos Gis-
bert y Pastrana, 2018: 528).
7. Ley 34/2006, de 30 de octubre, sobre el acceso a las profesiones de abogado y procurador.
8. Advierte Solla Sastre (2007: 443-447) que lo que en 1869 se entendía por oposición no se corresponde
con el sistema orientado a la comprobación del saber jurídico del juez, a su vez orientada al desarrollo de
una aptitud técnica como aplicador de normas, sino a la evaluación del mérito, como aptitud moral, muy
vinculada a la reputación social, y del saber práctico.
9. Sobre las características del curso obligatorio para el acceso en el «cuarto turno», vid. el apartado D
de la disposición séptima de la última convocatoria habida (BOE núm. 283, de 26 de octubre de 2020).
10. En la reforma de la LOPJ que realiza la Ley Orgánica 16/1994, de 8 de noviembre.
11. Pueden consultarse las estadísticas publicadas en la página de la Escuela Judicial sobre el alumnado
de las sucesivas promociones y comprobar el aumento, progresivo e imparable, del número de juezas
sobre el de jueces en prácticas. Información disponible en: <[Link]
Escuela-Judicial/Formacion-Inicial/Estadisticas/>. [Consulta: 13/12/22.]
12. Acuerdo de 22 de diciembre de 2020, de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder
Judicial, por el que se publica el Convenio de colaboración con la Universidad Nacional de Educación
a Distancia para la obtención de un título oficial de máster relacionado con el ejercicio de la función
jurisdiccional de los alumnos/as de la Escuela Judicial (BOE núm. 8, de 9 de enero de 2021).
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ATIENZA, Manuel (1998): «Virtudes judiciales. Selección y formación de los jueces en el Estado de
Derecho», Claves de razón práctica, 86, 32-42.
85
BLASCO GASCÓ, Francisco de Paula (2000): «Sobre la necesidad de formación de los jueces», Jueces
2023, Nº 34, PÁGS. 66-87
86
MIRAR HACIA FUERA PARA VERNOS BIEN. EL SISTEMA ESPAÑOL DE
ACCESO A LA JUDICATURA A LA LUZ DEL MODELO ITALIANO*
LOOKING OUTWARDS TO LOOK GOOD. THE SPANISH SYSTEM OF
ACCESS TO THE JUDICIARY IN THE LIGHT OF THE ITALIAN MODEL
Cristina García Pascual
Catedrática de Filosofía del Derecho
Universitat de València
«Un rimedio […] sarebbe quello di far fare ad ogni magistrato, una volta
supérate le prove d’esame e vinto il concorso, almeno tre giorni di carcere
fra i comuni detenuti, e preferibilmente in carceri famigerate come
l’Ucciardone o Poggioreale. Sarebbe indelebile esperienza, da suscitare
acuta riflesione e doloroso rovello ogni volta que si sta per firmare un
mandato di cattura o per stilare una sentenza» .
(Sciascia, 1989: 75)
RESUMEN
Las distintas formas en que se articula el acceso a la judicatura, junto con la primera formación
que reciben los jueces, reflejan una manera de entender el Derecho y la función de la juris-
dicción en el Estado constitucional. En este artículo se expone y analiza el sistema italiano de
selección y formación inicial de jueces y magistrados y, utilizando la metodología del Derecho
comparado, se extraen críticas y propuestas para el sistema español de acceso a la judicatura.
PALABRAS CLAVE
Jurisdicción, acceso a la judicatura, pruebas de acceso, formación de jueces.
ABSTRACT
The different ways in which access to the judiciary is articulated together with the first training
that judges receive reflect a way of understanding what law is and the role that jurisdiction has
in the constitutional State. In this article, the Italian system of selection and initial training of
judges and magistrates is presented and analyzed and, using the methodology of comparative
law, criticisms and proposals are drawn for the Spanish system of access to the judiciary.
KEY WORDS
Jurisdiction, entrance examinations, recruitment, training of judges.
DOI: [Link]
* Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de I+D financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación
«Tiempos y espacios de una justicia inclusiva. Derechos para una sociedad resiliente frente a los nuevos retos. IN_
JUSTICE». Ref. PID2021-126552OB-I00.
MIRAR HACIA FUERA
PARA VERNOS BIEN.
EL SISTEMA ESPAÑOL
DE ACCESO A LA
JUDICATURA A LA LUZ
DEL MODELO ITALIANO
patología, como un retroceso, como una expresión, una más, de la crisis de los Estados de
Derecho, de la política y, finalmente, de la democracia.
Ambas percepciones podrían ser certeras. El Estado de Derecho canaliza el conflicto a
través de la ley, transforma los enfrentamientos políticos y sociales en debates jurídicos, en
disquisiciones ante los tribunales, en disputas en nombre del Derecho y sobre el Derecho1.
Coherentemente, las constituciones contemporáneas reservan a la instancia judicial un
lugar privilegiado en la estructura de los poderes del Estado, en la que no solo el tribunal
constitucional es el guardián de la norma fundamental, sino también cada uno de los jue-
ces individuales, obligados a interpretar todo el ordenamiento conforme a ella. La centrali-
dad de la jurisdicción se acompaña, así, de una mayor complejidad de la tarea del juzgador.
En las socialmente heterogéneas democracias modernas, los jueces se ven obligados a con-
cretar el sentido de los principios, valores y derechos que el texto constitucional reconoce
y que, por definición, no son siempre precisos ni están exentos de ambigüedad. Al mismo
tiempo, los jueces son los últimos garantes de los derechos de los individuos incluso frente
al propio legislador. A los tradicionales y temidos poderes del juez —entre ellos, el poder de
enviar a un ciudadano a prisión provisional o de liberarlo, de condenarlo o de absolverlo,
de decidir sobre su honor, su patrimonio y su libertad— se suma en el Estado constitucio-
nal la responsabilidad de conferir coherencia al entero sistema jurídico en garantía de los
derechos los derechos fundamentales. Parafraseando a Gustavo Zagrebelsky, la unidad del
ordenamiento no es hoy, para el juez ni para el jurista, un dato, sino un problema, y para
intentar resolverlo se precisa de una noción del Derecho más profunda que la que ofrece el
formalismo legalista (1992: 48).
Pero la complejidad de la función de juzgar y la expansión creciente del papel de la ju-
risdicción no son solo las consecuencias de una alteración de los presupuestos normativos
bajo los que el poder judicial ejerce su función, sino también de la transformación de las
circunstancias en el que esta se desarrolla. Aquí nos enfrentamos tal vez a lo patológico. De
un lado, asistimos a la ya apuntada judicialización de la vida social, es decir, a ese fenómeno
que hace que cada conflicto que se produce en la sociedad parece poder concretarse o ca-
nalizarse en una pretensión ante el juez2. De otro lado, nos enfrentamos a la judicialización
de la política, expresión del aumento incontrolado de la discrecionalidad de los poderes
públicos3 y de los frecuentes enfrentamientos entre partidos políticos que, fuera de su sede
de debate natural (el parlamento), recurren a los juzgados y tribunales como escenario de
confrontación para dirimir sus disputas4.
Sin duda, también deberíamos situar en el campo de lo patológico las luchas por el
control del gobierno de los jueces. En el contexto español, la situación del CGPJ habla
por sí sola. Las dificultades generadas para la renovación de sus miembros y la consecuente
paralización de numerosos nombramientos ofrece una imagen de una Justicia instrumen-
talizada, violentada desde instancias políticas. La gravedad de la situación parece catalizar
en nuestro país todos los problemas del poder judicial5 y oculta o posterga otros debates
extremadamente relevantes para lograr un buen funcionamiento de la Administración de
90 Justicia o un adecuado ejercicio de la función jurisdiccional.
Tanto la politización de la Justicia como la judicialización de la política y de la vida
2006 y 2022, se exigió a los candidatos una serie de requisitos formativos suplementarios
tales como un diploma obtenido en una Scuola di Specializzazione delle Professioni Legali
(SSPL), que sería el equivalente a un título de un máster profesionalizante; un doctorado;
la autorización para ejercer como abogado, que en Italia requiere la superación de un exa-
men; la realización con éxito de prácticas en oficinas judiciales o un período de prácticas
profesionales de dieciocho meses en la Avvocatura dello Stato11.
El establecimiento de una «oposición de segundo grado» para la judicatura, es decir, no
accesible a meros titulados universitarios, fue introducido en su momento para reducir el
número de aspirantes, que había experimentado un aumento considerable y había puesto
en crisis toda la mecánica organizativa de la oposición. También se pretendió inaugurar,
mediante las escuelas de especialización para las profesiones jurídicas de nueva creación,
y emulando el sistema alemán, una formación común y de calidad para los licenciados en
Derecho con intención de convertirse en abogados, notarios o magistrados (Mercadante,
2022: 21).
El pasado 16 de septiembre de 2022, a través del artículo 33 del Decreto Aiuti ter, todos
estos requisitos de acceso, añadidos al más básico y constante en el tiempo, el grado o la li-
cenciatura en Derecho, quedaron eliminados por diversas razones. Durante los años en que
estuvo vigente el concurso de segundo grado, las escuelas de especialización para las profe-
siones jurídicas no fueron, en sentido estricto, centros de formación generales para todas
las profesiones jurídicas (abogados, notarios y jueces) ni se convirtieron en competidores
efectivos de los centros privados de preparación para la oposición a la judicatura, que son
muy comunes en Italia. De hecho, la mayoría de los concursantes que superan la oposición
se preparan asistiendo a estos centros privados capaces, si no de formar buenos jueces, sí de
preparar a los aspirantes con eficacia para aprobar los distintos exámenes. Como denuncia
el magistrado Daniele Mercadante, finalmente el único resultado significativo de la experi-
mentación de la «oposición de segundo grado» consistió en una prolongación injustificada
del tiempo necesario para que los recién licenciados pudieran presentarse a la oposición,
sin ninguna garantía de remuneración, o incluso de reembolso de los gastos efectuados du-
rante ese tiempo y con muy pocas perspectivas de que ese periodo adicional de desempleo
o precariedad fuese al menos parcialmente compensado con un título o formación de valor
reconocido (2022: 22).
Podría decirse, como tantas otras veces, aquí también, que la ley era bienintencionada,
dado que pretendía seleccionar a los candidatos a jueces con mayor preparación, pero que
su implementación fue insuficiente o no que tuvo los efectos esperados. Con la regulación
actual se eliminan lo que muchos, como Mercadante, consideraron obstáculos injustifica-
dos para el acceso a la judicatura, pero se deja sin resolver el grave problema de la masifi-
cación de las pruebas12. Tampoco se ordena una oferta clara de formación pública para el
acceso a la función judicial. Cabe esperar, en este sentido, nuevas iniciativas y reformas13
en torno a ese sustrato inalterable a través del tiempo que es la estructura de las pruebas o
ejercicios que vertebran la oposición.
94
Estructura de la oposición a judicatura
que exige su preparación, resulta relevante atender a los muchos listados de recomenda-
ciones dirigidas a los opositores que pueden encontrarse tanto en las páginas web de las
escuelas privadas de preparación como en la página oficial del CSM. En estos documentos,
a menudo se anima a los concursantes a partir de los textos utilizados en la universidad y a
ampliar la información con otros libros tal vez más profundos o especializados. Se propone
que cada materia se estudie en dos o incluso más textos, puesto que «[…] ningún libro, por
muy bien escrito y completo que esté, puede abarcar un tema de forma exhaustiva; siempre
habrá zonas grises». Como regla general, se aconseja que se estudie bien un texto que debe
conocerse perfectamente y luego utilizar uno o más textos para ampliar o consultar los
temas más importantes.
Resulta interesante esta remisión a los textos generales utilizados durante los estudios
del grado en Derecho, teniendo en cuenta que los concursantes acudirán a las pruebas
escritas con sus propios códigos, jurisprudencia y legislación. El proceso de selección se di-
rige, así, a individualizar en los candidatos la correcta capacidad de identificar, comprender
e interpretar las normas, el dominio de las instituciones jurídicas, la capacidad argumen-
tativa, de expresión oral y de redacción escrita, competencia, esta última, que se considera
especialmente valiosa para ejercer la tarea de juez.
Así, si en Italia los exámenes de los estudios de Derecho se realizan generalmente me-
diante pruebas orales18 y, por tanto, la buena capacidad de expresión oral es una caracte-
rística central del sistema educativo italiano en general, en la oposición a judicatura prima
la expresión escrita, atendiendo a que esta es la forma de expresión por excelencia de los
jueces y magistrados. Un juez habla a través de sus escritos, a través de sus sentencias. La
oposición se adapta a esta circunstancia y exige a los candidatos un buena y argumentada
redacción en torno a problemas o cuestiones jurídicas. Para una correcta preparación de
la oposición a la judicatura, no basta entonces la simple memorización del Derecho po-
sitivo —parte del cual, como he señalado, el concursante llevará consigo al examen— ni
el conocimiento de los manuales y otros textos recomendados, sino que es necesario, en
el aspecto teórico, realizar estudios de mayor profundidad que permitan problematizar lo
aprendido desde una aproximación reflexiva al Derecho, mientras que, en el aspecto prác-
tico, es necesario conseguir una técnica de redacción de escritos y un método de análisis de
las cuestiones jurídicas sin descuidar aspectos tan básicos como el buen uso del lenguaje y
de las construcciones gramaticales.
Para ilustrar esa doble exigencia, formal y material, que la preparación de la oposición
requiere, sirvan de ejemplo las consideraciones del pleno del tribunal de la última oposi-
ción a judicatura convocada en Italia19, en las que puede leerse:
«[…] a fin de garantizar la formación de juicios objetivos y uniformes en la corrección, una prueba
individual puede considerarse idónea si:
A) presenta una forma italiana correcta desde el punto de vista terminológico, sintáctico y grama-
tical y revela un adecuado dominio de la terminología jurídica y suficiente claridad expositiva,
requisitos todos ellos indispensables para la correcta redacción de las resoluciones judiciales;
96
B) presenta un tratamiento pertinente, coherente y exhaustivo del tema asignado y demuestra el co-
Con exigencias como estas, los opositores que hayan conseguido superar las pruebas
asumirán la condición de magistrados ordinarios en prácticas, siendo designados por el
acrónimo MOT (magistrati ordinari in tirocinio), y deberán realizar un período de forma-
ción, de dieciocho meses de duración en total, en el que recibirán cursos teórico-prácticos
y realizarán prácticas en juzgados u oficinas judiciales.
Los cursos teóricos se imparten en la Scuola Superiore della Magistratura, institución
creada por el Decreto Legislativo en 2006 y en funcionamiento desde 201320. Las prac-
ticas comprenden una primera fase, el llamado período de prácticas genérico, en el que
los MOT asisten a todas las oficinas judiciales del distrito asignado, trabajando junto a
magistrados en activo en el desempeño de funciones judiciales, y una segunda fase, el lla-
mado período de prácticas específico, en el que los magistrados centran su formación en las
funciones que realmente desempeñarán cuando obtengan su destino21. El MOT no ejerce
funciones judiciales.
Al final del período de prácticas, y sobre la base de los informes elaborados por los
magistrados responsables en las oficinas judiciales y por los tutores de la Scuola Superiore
della Magistratura relativos a la actividad desarrollada durante el período de prácticas, el
Consiglio Superiore della Magistratura evaluará la aptitud del magistrado para ejercer fun-
ciones judiciales. Si la evaluación es positiva, se le conferirán funciones judiciales y se le
asignará un lugar de servicio. Si la primera evaluación es negativa, el magistrado ordinario
es admitido a un nuevo periodo de prácticas de un año. Cualquier segunda evaluación ne-
gativa determina la extinción de la relación laboral del magistrado ordinario en prácticas22.
Con independencia de la formación inicial de los futuros magistrados, la Scuola Supe-
riore della Magistratura también se ocupa del llamado curso permanente de actualización
profesional dirigido a todos los magistrados en activo, de la formación específica para la
atribución de cargos directivos y de la formación de magistrados honorarios23.
(art. 301.2).
Mérito, capacidad e igualdad presiden, en el Estado de Derecho, el ingreso a la función
pública y, en lo que aquí interesa, a la carrera judicial por cualquiera de las tres categorías
que en España la componen: jueces, magistrados y magistrados del Tribunal Supremo.
El ingreso en la judicatura puede materializarse por oposición libre, por concurso de
méritos o por designación por el CGPJ. La LOPJ también prevé las figuras del magistrado
suplente (art. 201) y de juez sustituto (art. 213), que constituyen vías de entrada a la fun-
ción judicial temporales y justificadas por la excepcionalidad de los picos de trabajo o por la
falta de magistrados o jueces profesionales en situaciones coyunturales. Los suplentes y los
sustitutos ejercerá la jurisdicción con idéntica amplitud que si fuesen titulares del órgano
judicial.
Ciertamente, la vía de acceso más numerosa, y en la que nos vamos a centrar en estas
páginas, es la oposición libre abierta a candidatos jóvenes que no cuentan necesariamente
con méritos derivados de un historial profesional relacionado con la práctica del Derecho.
Tal y como está regulada en la actualidad, la oposición se compone de dos fases: en la
primera, el candidato debe superar tres exámenes, y en la segunda fase deberá superar un
curso teórico-práctico de formación realizado en la sede de la Escuela Judicial en Barcelo-
na, al que le seguirán un período de prácticas en diferentes órganos de todos los órdenes
jurisdiccionales y una etapa final en la que los jueces en prácticas desempeñarán funciones
de sustitución y refuerzo (art. 301.3 LOPJ).
La primera fase de la oposición se estructura en tres exámenes o ejercicios. El primero
tiene una duración de dos horas y 45 minutos y consiste en la superación de un test de cien
preguntas sobre Derecho constitucional, Derecho civil, Derecho penal y Derecho procesal.
El test opera como un primer filtro y constituye la antesala de las pruebas orales sobre las
que descansa todo el peso del proceso de selección.
El segundo ejercicio, de una hora de duración, consiste en una exposición oral en au-
diencia pública de cinco temas elegidos aleatoriamente: uno sobre Derecho constitucional,
dos sobre Derecho civil y dos sobre Derecho penal. El tercer ejercicio repite el esquema del
segundo, variando el contenido de los temas a examen. A lo largo de una hora, el candidato
deberá exponer en audiencia pública cinco temas, esta vez, dos sobre Derecho procesal ci-
vil, uno sobre Derecho procesal penal, uno sobre Derecho mercantil y uno sobre Derecho
administrativo o laboral.
Basta, creo, esta escueta descripción del tipo de pruebas en que consiste la primera fase
de la oposición —la brevedad del tiempo del que se dispone para realizar los ejercicios
orales, dos horas, combinada con la exigencia de exponer diez temas de orden jurídico,
doce minutos por tema— para que emerjan serias dudas sobre la racionalidad de lo que se
demanda al candidato. Parece evidente que la oposición en España exige a los aspirantes
mucho más que estudio, a saber, un entrenamiento en la técnica de exponer rápidamente
contenidos jurídicos para la que se precisa una preparación personalizada de la que tradi-
98 cionalmente se han encargado los propios jueces. Todo opositor contará, así, con la figura
de un preparador, es decir, de un magistrado experimentado, figura imprescindible para
sistema de selección cuenta con una buena masa de defensores tanto en la academia, que
parece haber renunciado a su rol formativo en relación con las grandes profesiones jurídi-
cas, como en la propia judicatura. De hecho, como observa el magistrado Carlos Gómez
«[…] los jueces tienden a olvidar que deben su puesto, también, a factores que nada tienen
que ver con su esfuerzo personal y que, en el mejor de los casos, podemos calificar como
“aleatorios”, desvinculados de criterios de una selección adecuada» (2017: 4). La oposición
es, mientras se prepara, objeto de crítica, pero cuando se supera constituye factor de auto-
legitimación en el ejercicio de la función jurisdiccional.
Sea como fuere, con el bagaje de la superación de una durísima oposición que los ha
tenido aislados durante años, los jóvenes candidatos ingresan en la Escuela judicial. Creada
en 1997, esta institución, principal aportación de la democracia al sistema de reclutamien-
to y formación de los jueces, tiene como objetivo «[…] proporcionar una preparación
integral, especializada y de alta calidad a los miembros de la carrera judicial, así como a los
aspirantes a ingresar en ella» (art. 307.1 LOPJ).
En el ámbito de la Escuela Judicial, organismo dependiente del CGPJ, los ganadores de
la oposición realizarán un curso del que la LOPJ solo nos dice que deberá ser multidiscipli-
nar y que «[…] incluirá el estudio en profundidad de las materias que integran el principio
de no discriminación y la igualdad entre hombres y mujeres, y en particular de la legisla-
ción especial para la lucha contra la violencia sobre la mujer en todas sus formas. Asimis-
mo, incluirá el estudio en profundidad de la legislación nacional e internacional sobre los
derechos de la infancia y la adolescencia»27. Pueden encontrarse ulteriores concreciones so-
bre esa formación inicial en la Escuela las en la página web del CGPJ. Allí se insiste en una
formación orientada a la práctica, bajo la llamada metodología del caso y bajo la premisa,
como puede leerse en la misma página web del Consejo, «[…] de que en la Escuela Judicial
no se trata tanto de transmitir conocimientos que se suponen ya adquiridos, sino sobre
todo de aplicarlos». Como se supone que los jóvenes candidatos ya conocen el Derecho
(parece que se entiende por «Derecho» el contenido de los manuales de contestaciones y
por «conocimiento» la capacidad de repetir mecánicamente lo allí escrito), solo queda ejer-
citarse en lo más práctico. Al curso en la Escuela Judicial de una duración de once meses le
siguen ocho meses de prácticas tuteladas y cinco meses como juez sustituto o de refuerzo.
A partir de ahí, superadas todas las pruebas y de acuerdo con el artículo 433 bis de la
LOPJ, los nuevos miembros de la carrera judicial recibirán a lo largo de su vida laboral una
oferta de formación continuada.
102
sido construido tras años de estudio y que será incrementado tras el paso por la Escuela de
en casos), pierden parte de su razón de ser si el destinatario de esa formación ha sido edu-
cado en la confusión entre teoría y repetición memorística, si cree conocer el Derecho, pero
carece de esa cultura jurídica general tan valorada en el sistema italiano, de esa capacidad
de argumentar —oralmente o por escrito— y de encuadrar cualquier problema jurídico en
el marco sistemático y teórico del Derecho. Desgraciadamente, sobre un terreno cultivado
durante años en todas esas carencias, el trabajo de la Escuela puede resultar poco fértil.
La centralidad y la complejidad de la jurisdicción, con todas sus patologías y derivas,
exige a los jueces un conocimiento profundo, reflexivo y problematizado del Derecho. La
oposición en España, valorada ante el espejo italiano, evidencia fuertes debilidades: no
capacita, no prepara para el ejercicio de la función judicial, es más de-formativa que for-
mativa. Tras décadas de democracia, nuestro sistema de acceso a la judicatura sigue siendo
la expresión de un formalismo ramplón, de una visión del derecho paleopositivista que
proyecta una imagen del juez como funcionario gris destinando a tareas mecánicas, como
correa de transmisión entre la norma y la realidad, es decir, alguien que, en lugar de ser un
jurista —o, si se quiere, un «soldado del Derecho»—, se limita a declamar el Derecho sin
analizarlo, interpretarlo o cuestionarlo. La comparación con las formas en que se reclutan
a los jueces en otros países o, como en este artículo, con el sistema italiano, solo evidencia
el anacronismo, la excepcionalidad y la miseria cultural del sistema español.
Leonardo Sciascia, el gran escritor italiano, formuló en los años ochenta del pasado
siglo una propuesta pedagógica imaginativa: que cada juez, una vez aprobada la oposición,
estuviera tres días en prisión entre presos comunes. La breve estancia en la cárcel —propo-
nía no sin ironía— sería una forma despertar la conciencia de la gran responsabilidad que
deberá asumir el juez en su vida profesional, una forma directa de potenciar el contacto
con la realidad sobre la que sus decisiones incidirán. Desde luego, a la luz de nuestro pobre
modelo de formación y reclutamiento de los jueces, no constituye una propuesta descabe-
llada. Sin duda, resultaría más formativa que la suspensión del ejercicio de pensar, que la
repetición irreflexiva de normativas cultivada en aislamiento durante largos años.
NOTAS
ción del número de candidatos y la introducción de una cuarta prueba escrita; incrementar las garantías
de imparcialidad de los tribunales, revisar la organización de los estudios de Derecho como contribución
a una recalificación de las profesiones jurídicas (2022: 20).
14. Art. 4 d) Ley del 17/06/2022, n.º 71.
15. La Ley del 17/06/2022. n.º 71, en el art. 4.e) ordena una reducción del número de materias objeto
de la prueba oral (manteniendo, al menos, Derecho civil, Derecho penal, Derecho procesal civil, Derecho
procesal penal, Derecho administrativo, Derecho constitucional, Derecho de la Unión Europea, Derecho
del trabajo, Derecho mercantil y concursal) pero este aspecto está hoy todavía por concretar.
16. Art. 4. comma 2, lett. c de laLley n.º 71/2022.
17. Son los mismos requisitos que se exigen para realizar prácticas en fiscalías, juzgados y tribunales, es
decir, una media de al menos 27/30 en los exámenes de Derecho constitucional, Derecho privado, Dere-
cho procesal, Derecho civil, Derecho mercantil, Derecho penal, Derecho procesal penal, Derecho laboral
y Derecho administrativo, o una nota de graduación no inferior a 105/110.
18. A menudo, en Italia se critica la descoordinación entre la formación recibida durante años en la
universidad, volcada en la oralidad —que puede conllevar incluso una pérdida gradual del hábito de
escribir—, y la exigencia de una buena expresión escrita, como prueba de capacidad reflexiva y argu-
mentativa —que se demanda en las pruebas de acceso a la judicatura y que pone en serios aprietos a los
jóvenes aspirantes a jueces cuando se inician en la preparación de la oposición—.
19. Tribunal de la oposición para 310 plazas de magistrado ordinario convocada por orden ministerial
de 29 de octubre de 2019.
20. La gestión la Scuola Superiore corresponde a un comité directivo cuyos miembros, magistrados, pro-
fesores universitarios y abogados, son nombrados en parte por el CSM y en parte por el ministro de
Justicia. Este comité será el encargado de elaborar cada año, con la contribución del CSM, el plan de
formación. Reforzando así el rol del propio CSM «[…] como garante de la autonomía e independencia
de la magistratura, precisamente por el estrecho vínculo existente entre la formación y la independencia
del magistrado». Disponible en: <[Link]
so-professionale>.
21. Interesantes propuestas de mejoras en la orientación de la formación que ofrece en la SSM se pueden
encontrar en Bruti Liberati y Civinini (2021).
22. Artículo 22 del Decreto Legislativo 26, de 2006.
23. También están previstas iniciativas de formación de carácter internacional, de hecho, el Consiglio
Superiore della Magistratura y la Scuola Superiore della Magistratura son miembros de la Red Europea
de Formación Judicial (REFJ) La REFJ es una institución cuya misión es fomentar el diálogo entre los
Estados miembros sobre el funcionamiento de sus sistemas judiciales y para ello organiza programas de
formación destinados a conocer los sistemas judiciales de los Estados miembros de la Unión Europea.
24. En una página web especializada en la distribución de manuales para preparar la oposición puede
leerse esta significativa descripción del camino que emprende el opositor: «Como ya sabrás si estás aquí, la
oposición a juez y fiscal se tarda años en preparar y aprobar —los aprobados tardan una media de 4 años
y 8 meses (56 meses), aunque dependerá de la cantidad de plazas convocadas. Tu primera oportunidad
real de aprobar llegará cuando hayas consolidado todos los temas del programa (325 temas) de modo que
puedas cantar 12 minutos de media por tema (deberás retener un mínimo de 3.900 minutos de exposi-
106 ción en tu memoria). Para eso, tendrás que estudiar el temario que escojas y, luego, cantar para ver cómo
de largo queda, resumir y recortar y volver a cantar, resumir y recortar, hasta quedarte en 13 minutos por
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107
EL ACCESO A LA JUDICATURA EN FRANCIA. EL PRIMORDIAL ROL DE LA ENM
PARA GARANTIZAR LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES EN EL ACCESO,
LA EFICIENCIA EN LA SELECCIÓN Y LA CALIDAD DE LA FORMACIÓN
ACCESS TO THE JUDICIARY IN FRANCE. THE PRIMARY ROLE OF
THE ENM IN ENSURING EQUAL OPPORTUNITIES IN ACCESS,
EFFICIENCY IN SELECTION AND QUALITY OF TRAINING
Iñaki Esparza Leibar*
Catedrático de Derecho procesal
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
RESUMEN
Este es un buen momento para afrontar una reflexión sobre el sistema de acceso a la judicatura
en España con la finalidad de elevar la calidad del Estado de Derecho. La superación de pruebas
objetivas es, seguramente, el mejor modo hasta ahora ideado para ello, por lo que no plantea-
mos su sustitución, sino su mejora para garantizar la igualdad de oportunidades, la eficiencia en
el procedimiento de selección y la calidad en la formación del personal jurisdiccional. Francia
proporciona un interesante ejemplo en todos estos aspectos.
PALABRAS CLAVE
Estado de Derecho y poder judicial, ingreso en la carrera judicial, pruebas de acceso, prepara-
ción, formación integral.
ABSTRACT
This is a good time to face the debate on the system of access to the judiciary in Spain, with the
aim, ultimately, of raising the quality of the rule of law. The passing of objective tests is surely
the best way so far devised for this, so we do not propose its replacement but its improvement
to ensure equal opportunities, efficiency in the selection procedure and quality in the training of
judicial personnel. France provides us with an interesting example of all this.
KEYWORDS
Rule of law and judiciary, acceptance and access system, preparation, integral training.
DOI: [Link]
* Miembro del Consejo Consultivo de la Agencia Vasca de Protección de Datos/DBEB, como experto en derechos
fundamentales. Miembro del Grupo de Investigación Consolidado del «Sistema Interuniversitario Vasco», Título
del Proyecto: «Derechos Fundamentales y Unión Europea. Especial referencia al espacio de libertad, seguridad y
justicia de la Unión Europea». Miembro del grupo de investigación del Proyecto: «Trata de seres humanos y escla-
vitud: investigación, enjuiciamiento y protección procesal de las víctimas», financiado por el Ministerio de Ciencia,
Innovación y Universidades.
EL ACCESO A
LA JUDICATURA
EN FRANCIA. EL
PRIMORDIAL ROL
DE LA ENM PARA
GARANTIZAR LA
IGUALDAD DE
OPORTUNIDADES EN EL
ACCESO, LA EFICIENCIA
EN LA SELECCIÓN
Y LA CALIDAD DE
LA FORMACIÓN
Iñaki Esparza Leibar
Catedrático de Derecho procesal
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
Las declaraciones realizadas por la ministra de Justicia, Pilar Llop, en mayo de 2022 no
sorprendieron mucho ni generaron especial controversia. Y ello pese a la contundencia con
la que afirmó: «Tenemos un sistema judicial obsoleto, es un modelo agotado que ya ha sido
superado. Estamos trabajando en tres leyes de eficiencia para conseguir la Justicia 2030 y
lograr esa justicia ágil que deseamos».
Lo que subyace a esta indiferencia es que desde hace bastantes años nos hemos acos-
tumbrado a escuchar afirmaciones parecidas —la hemeroteca de fe de ello—, declaraciones
de numerosos responsables y autoridades incluso incardinadas en el poder judicial o que
colaboran con el mismo. Muy especial y significativamente, me refiero a las afirmaciones
del presidente del CGPJ, Carlos Lesmes, y, últimamente, a las consideraciones que vertió
antes de la apertura del año judicial 2022-2023, el 7 de septiembre de 2022, que fueron el
prólogo de su dimisión el 10 de octubre. Todo ello evidencia una gravísima crisis institu-
cional, sin precedentes, que hoy sigue abierta.
La relación de personas especialmente cualificadas que han opinado de forma análoga
a las ya mencionadas incluye a presidentes de diversos TTSJ, decanos de colegios profesio-
nales y otros operadores jurídicos de ámbito nacional o autonómico, que invariablemente
emiten mensajes que incorporan las palabras colapso —esta de manera harto frecuente,
hasta el punto de banalizarla— sobrecarga, falta de medios y recursos, es decir, palabras o
expresiones que evocan problemas endémicos, graves y estructurales.
Dado que no son capaces de alcanzar grandes acuerdos clave en los que cimentar polí-
ticas de Estado, la desesperanza es un sentimiento generalizado, un estado de las cosas que,
existiendo previamente, ya ha sido verbalizado y metabolizado.
En este contexto confluyen, además, otras circunstancias, más puntuales, pero también
negativas, derivadas de la ilegítima y partidista intromisión de la política, que conlleva el
cuestionamiento de la independencia del poder judicial, los bloqueos en la renovación de
instituciones nucleares, etc. Se trata de cuestiones persistentes que son mediáticamente
bien aireadas —y deben serlo—, aunque no siempre de manera constructiva.
Todo lo dicho indica de forma meridiana que los propios responsables perciben que la
situación es indiscutiblemente negativa y que es necesaria la puesta en práctica de políticas
concretas que la mejoren para garantizar correctamente los derechos fundamentales de los
ciudadanos y, muy en particular, el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva del
art. 24 CE, un enorme y valioso activo en el patrimonio jurídico de cada ciudadano de
un Estado de Derecho que está a la altura, v. gr., del derecho al sufragio (art.23 CE) o del
derecho a la educación (art. 27 CE).
Naturalmente, este estado de cosas no es ajeno a los ciudadanos, que prácticamente
no pueden adoptar posiciones críticas con respecto a un servicio esencial que el Estado
debe proporcionar y que sienten que no funciona bien. Los ciudadanos lo perciben así, en
muchos casos, y nadie es capaz de demostrarles, o simplemente de explicarles, que están
equivocados; por el contrario, sus temores se confirman persistentemente.
110
En nuestra opinión, esta lamentable situación es, a medio plazo, letal para el correcto
profesional de, por lo menos, 4 años. En cualquier caso, corresponde al ministro de Justicia
establecer anualmente el número de plazas que corresponden a cada modalidad.
Dentro del organigrama de la ENM, la Dirección de la formación inicial está radicada
en Burdeos, donde durante 31 meses, 10 de formación en la ENM y 21 de stage o periodo
de prácticas —a lo largo de todo el territorio nacional, principalmente en órganos jurisdic-
cionales, pero también en la estructura del Ministerio Fiscal, en servicios de investigación,
en bufetes de abogados, etc.— integralmente supervisado por la ENM. Los miembros de la
promoción en curso podrán, así, confrontar la teoría y la metodología que han aprendido
con la práctica profesional y la realidad social, económica y humana.
114
3. EL SISTEMA DE RECLUTAMIENTO DE MAGISTRADOS EN
español, el italiano o el árabe. En todas estas pruebas, cualquier calificación inferior a 5/20
será eliminatoria25.
Una vez expuestas tanto la composición de la comisión que examinará a los aspirantes
a acceder a la ENM como la naturaleza y formato de las pruebas de las que consta el con-
curso que estos deberán superar, haremos referencia a la procedencia de los candidatos. Es
conveniente recordar en este momento que el número concreto de plazas que se ofertarán
para su cobertura por medio de los concursos que estamos analizando será anualmente de-
terminada por el ministro o ministra de Justicia en función de la previsión de necesidades
de personal jurisdiccional y de las disponibilidades presupuestarias.
4. LA FORMACIÓN EN LA ENM34
4.1. EL PROGRAMA PEDAGÓGICO
En palabras de uno de sus antiguos directores, el objetivo pedagógico de la ENM, su
misión como institución, es la «[...] formation de techniciens impeccables et d’humanistes
éclaires»35. Para alcanzarlo, la formación, su estructuración y duración han ido variando
y adaptándose progresivamente a las necesidades emergentes, desde la crucial reforma de
2008 hasta la más reciente de 2019. En esencia, el programa pedagógico se estructura en
dos grandes fases articuladas en torno a 8 ejes claramente definidos.
Para su implementación, la ENM dispone en su sede de Burdeos de un claustro perma-
nente de 25 formadores coordinadores. De ellos, 23 son magistrados adscritos a la ENM
durante un máximo de seis años, lo que garantiza una óptima correspondencia entre la
formación teórica y las prácticas profesionales. Un letrado jefe y un profesor de lengua
completan el equipo. La ENM dispone, además, de una cincuentena de docentes asociados
—magistrados y profesionales tales como abogados, médicos, investigadores o docentes—
que contribuyen con sus conocimientos a la docencia. En definitiva, cada año más de 750
intervinientes aportan a cada promoción sus conocimientos especializados en Derecho,
historia, sociología, psicología, psiquiatría, medicina legal o criminología.
119
Para que la formación sea integral y garantice, además, la permanente actualización de
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 108-131
los magistrados se ha estructurado en dos fases bien diferenciadas. La primera fase la cons-
tituye un periodo de «formación inicial» que se imparte en Burdeos tras superar las pruebas
de acceso a la ENM. Durante este periodo, se trabaja en grupos de unos 20 alumnos, y la
formación culmina con los exámenes de nivel, determinantes en función del mérito (las
calificaciones obtenidas) del primer destino. En esta etapa formativa se combinan clases
teóricas y stages (prácticas) en órganos judiciales, fiscalías, etc.; además, paralelamente se
imparten una serie de materias obligatorias y otro tipo de formación, constituida en mó-
dulos cuyo contenido es más diverso, ya que depende de las necesidades coyunturales de la
sociedad, que son también cambiantes36.
Los dos primeros años de la formación (phase généraliste) son comunes al conjunto del
alumnado y están dirigidos a la adquisición de las competencias esenciales correspondien-
tes a la profesión de magistrado, que cada alumno aplicará en las numerosas prácticas pro-
gramadas. Los seis meses finales de la formación se consagran a la especialización —teórica
en la ENM y práctica en diferentes ubicaciones del foro— en la función que cada alumno
ha elegido y que es previa a la toma de posesión del destino37.
En suma, la duración del primer periodo formativo es, desde 1991, de 31 meses en la
ENM, en aplicación de su programa pedagógico de formación inicial38.
Con el principal objetivo de fomentar las capacidades consideradas esenciales para el
óptimo desempeño de las tareas propias de un magistrado —evidentemente, la competen-
cia técnica, es decir, los conocimientos jurídicos, «se les suponen»—, entre ellas el trabajo
en equipo, la motivación correcta de las decisiones, la adaptación a contextos cambiantes
o la adopción de decisiones adecuadas a las circunstancias, se han formulado ocho ejes o
polos de formación (pôles de formation)39 que regirán la capacitación en las dos fases a las
que se ha hecho referencia anteriormente, constituyendo la columna vertebral de la forma-
ción. Veamos, sintéticamente algunos de los contenidos o materias —algunas de ellas con
vocación de transversalidad— más relevantes agrupados en torno a los mencionados ocho
ejes, tal y como se recogen en el programa pedagógico 202240.
i) Processus de décision et de formalisation de la Justice civile, en el que, entre otros
contenidos, figuran los principios rectores del proceso civil, el análisis de un expe-
diente y la adopción de resoluciones. También la resolución amigable de conflic-
tos.
ii) Processus de décision et de formalisation de la justice pénale, en el que destacan la
ordenación de las actuaciones de instrucción y enjuiciamiento, así como la ejecu-
ción integralmente considerada y, en general, la metodología del enjuiciamiento
penal.
iii) Humanités judiciaires, en el que se trabajan aspectos éticos y deontológicos, ade-
más de las expectativas de los justiciables. También se profundiza en el rol social de
la Justicia, la independencia judicial y las nuevas tecnologías41.
iv) Communication judiciaire, en el que hallamos la capacidad de escuchar al justi-
120 ciable y de empatizar con él o la gestión constructiva de conflictos y emociones.
También comprende todos los aspectos relativos a la esencial comunicación insti-
5. CONCLUSIONES
La concepción del poder judicial no es, en lo esencial, sustancialmente distinta en Fran-
cia y en España. Se trata, en ambos casos, de un poder estatal diferenciado de los poderes
ejecutivo y legislativo, poderes que configuran un modelo que responde a la estructura de
un Estado social y democrático de Derecho perfectamente integrado en la UE. También
en Francia el poder judicial está formado por personal jurisdiccional, jueces y magistrados,
que son funcionarios públicos independientes e inamovibles, imparciales y responsables en
su función esencial de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado.
El mecanismo diseñado para el acceso a la carrera judicial es prácticamente idéntico en
ambos países, ya que se trata de una oposición que, de ser superada, franquea el acceso a la
Escuela Judicial —ENM en el caso de Francia—, en la que, tras la adquisición y posterior
acreditación de determinada formación específica y reglada, se obtiene el acceso pleno al
estatus de juez.
La oposición basada en los principios ya clásicos de capacidad, mérito e igualdad es,
seguramente, el mejor sistema de acceso a la función pública, en general, y a la carrera judi-
cial en particular, en lo que concierne a la categoría que integra la base, es decir, la de juez.
Los mencionados principios, poco controvertidos y generalmente aceptados, pueden
constituir la base de diferentes sistemas concretos, v. gr., el español o el francés actual. Es
decir, pueden materializarse y desarrollarse de maneras muy diferentes, como hemos mos-
trado en este estudio.
El propósito que nos ha animado en todo momento es la mejora del sistema actual de
acceso a la carrera judicial en España, sin alterar los mencionados principios y ganando en
objetividad y transparencia, objetivo cuyo logro, creemos, es factible sin excesiva dificultad.
En este marco propositivo, formulamos las siguientes conclusiones que recogen aspectos ya
plasmados en el sistema francés, que hemos analizado y que nos sirven como inspiración,
aunque no renunciamos a ir incluso más allá en el salto cualitativo que el sistema español,
en nuestra opinión, necesita con urgencia.
Primera. Por lo que respecta a la fase de preparación para el acceso a la Escuela Judicial,
que es —a nuestro juicio— la que más atención precisa, y tomando como ejemplo el sis-
tema francés, se trataría de avanzar en aspectos tales como la igualdad de oportunidades,
la transparencia, el reconocimiento y la eficiencia. Proponemos, en este sentido, que el
acceso se realice través de una preparación de duración, condiciones y contenido reglados y
122
verificables, en definitiva, un acceso más atractivo, menos incierto y que, en consecuencia,
profesionales de la Justicia.
Incorporar el Derecho de la Unión, incluida la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE,
en las actividades de formación sobre legislación nacional y, cuando proceda, organizar formacio-
nes específicas sobre el Derecho de la Unión.
Ofrecer formación para mejorar la sensibilización y las capacidades sobre digitalización e inteli-
gencia artificial, y sobre el uso eficiente de los procedimientos y registros judiciales digitalizados.
Garantizar una formación eficaz sobre los nuevos desarrollos en el Derecho de la Unión y la
jurisprudencia de la UE, incluidos los instrumentos de cooperación judicial transfronteriza y la
Fiscalía Europea.
Centrar la formación en la protección de los derechos de las personas en el espacio digital (por
ejemplo, protección de datos, privacidad, no discriminación, protección contra la violencia de
género en línea, Derecho contractual y derechos del consumidor) y los derechos de grupos espe-
cíficos (por ejemplo, los menores, personas con discapacidad y víctimas de violencia de género,
racismo y discriminación).
Realizar un seguimiento de las necesidades de formación y adaptar los planes de estudio a los
nuevos desafíos».
Cuarta. La reflexión a la que debería conducirnos la lectura de este trabajo y las pro-
puestas concretas con las que concluye no puede extenderse de forma ilimitada y fluida
en el tiempo. Ya es hora de activar políticas públicas de Estado decididamente dirigidas a
mejorar el sistema judicial español —que atraviesa horas bajas— y, en particular, a hacer
más eficiente y justo el sistema de selección y acceso, y de mayor calidad la formación del
personal jurisdiccional.
NOTAS
16. A este respecto, desde la perspectiva de la necesidad de construcción de un espacio europeo de justicia
que sea capaz de garantizar el Estado de Derecho, y proteger así de forma eficiente los derechos funda-
mentales de sus ciudadanos, es muy interesante el trabajo de Marcos González (2016).
17. Vid., ENM, Programme pédagogique formation initiale. Promotion 2009. Dicha promoción ingresó
en la ENM para el inicio de su capacitación el 24 de agosto de 2009. Es interesante constatar el dato de
que el 75,85 % del alumnado de la promoción de 2009 fueron mujeres. En 2021 lo han sido el 76,4 %.
18. La cifra de alumnos admitidos en la promoción de 2009 evidencia una sostenida tendencia a la baja
en el ingreso en la ENM a partir del año 2006 —recordemos que corresponde al ministro de Justicia
fijar cada año el número de plazas de magistrado que deben ser cubiertas—. Así, en 2005 fueron 287
los integrantes de la promoción, en 2006 fueron 289, en 2007 la promoción la integraron 252 alumnos,
mientras que en 2008 fueron 207 auditores, frente a los 137 de la promoción de 2009. Los últimos datos
oficiales de los que disponemos, de 2021 y 2022, muestran que la tendencia se invierte.
19. Vid., École Nationale de la Magistrature, Profil de la promotion. Des auditeurs de justice issus des trois
concours et du recrutement sur titres. Promotion 2022. De los 261 auditeurs que componen la promoción
de 2022, 151 provienen del primer concurso (57,8 %), 35 provienen del segundo concurso (13,4 %),
10 del tercer concurso (3,8 %), y 65 provienen del reclutamiento sur titres (24,9 %). De los 335 que
componían la promoción de 2021, las cifras y porcentajes desglosados, fueron los siguientes respectiva-
mente: 196 provenían del primer concurso (58,5 %), 48 lo hicieron del segundo concurso (14,3 %),
8 del tercer concurso (2,3 %), mientras que 83 provenían del reclutamienrto sur titres (24,7 %). Hasta
2007 el número de candidatos que ingresaban como máximo sur titres era de un 20 % (1/5), de manera
que se ha querido ampliar dicho cauce. El Décret n° 2019-99, relatif aux concours d’accès à l’Ecole nationale
de la magistrature de 13 de febrero de 2019, se aplicó para la promoción de en 2020, y se refiere a los 3
tipos de concurso de acceso a la ENM. Su principal objetivo es el de actualizar los programas formativos,
así como privilegiar las pruebas que permitan verificar la capacidad de razonamiento de los candidatos.
También busca atraer cierta diversidad de currículos universitarios por medio de las diversas opciones
que los candidatos pueden realizar en el momento de la inscripción, de la misma forma que dar mayor
consideración al estatus de profesionales en ejercicio como candidatos a los concursos 2º y 3º.
20. De no cumplirse dicho compromiso, el auditeur de justice deberá reembolsar el salario percibido.
Durante el periodo de formación los auditeurs de justice tienen asignada una remuneración promedio de
algo más 1700 € mensuales brutos más dietas
21. Están igualmente previstas otras formas de acceso a la magistratura. Son las formas excepcionales que
complementan al concurso-oposición y que dotan al Ministerio de un instrumento de reclutamiento
más flexible, que en un momento dado puede ser necesario utilizar, v. gr., los concours complémentaires
organizados puntualmente, orientados a personas de más de 35 años y una experiencia profesional de 10
años. Dan acceso a una formación condensada de 7 meses, en lugar de la ordinaria de 31, recrutement sur
titres, magistrats à titre temporaire, etc.
22. Hasta 2009, la composición del jurado era de 13 miembros, con un perfil jurídico absolutamente
mayoritario, v. gr., no había ni un psicólogo ni un experto en materia de recursos humanos o funciona-
miento sostenible de la administración. Con la ampliación, cualitativa, de la composición del jurado se
pretende favorecer una visión transversal o cruzada de los candidatos. Se trata de incorporar una perspec-
tiva externa que no adolezca de la visión «deformada» o clónica, limitada en todo caso, que las personas
de igual formación y ejercicio profesional puedan tener, es la «mirada de Cándido», la que se pretende
incorporar. La ENM propone al ministro de Justicia, quien la acuerda para cada periodo, la lista de
miembros del jurado. Está igualmente previsto que examinadores especializados puedan auxiliar, como
126 asesores, a los miembros del jurado, participando con voz en las deliberaciones. En el caso de España, la
vigente versión del art. 304 de la LOPJ establece al respecto: «1. El Tribunal que evaluará las pruebas de
18 %, mínimo, y el 25 %, máximo, reservado para los candidatos del segundo concurso, y, finalmente,
entre el 5 %, mínimo, y el 10 %, máximo, para los candidatos del tercer concurso.
27. La fecha establecida para el cómputo de la edad (y demás requisitos temporales) es, en todos los casos,
el primero de enero del año del concurso. Vid., art. 17, Décret nº 2017-894 du 6 mai 2017, relatif à l´École
nationale de la magistrature.
28. Cada uno de los años 2018, 2019 y 2020, se ofrecieron 250 plazas de acceso a la ENM, y las reser-
vadas al primer concurso de acceso, en cada uno de dichos ejercicios, fueron 192, lo que constituye un
76,8 %.
29. Sobre la presencia de hombres y mujeres en la promoción 2022, y la evolución de la feminización de
las promociones desde 1984, vid., École Nationale de la Magistrature, «Profil de la promotion. Des auditeurs
de justice issus des trois concours et du recrutement sur titres”. Promotion 2022, op. cit., p. 13.
30. Ídem.
31. Ídem.
32. En España es clásica y ha sido central la figura del preparador que, habiendo cumplido un impor-
tante papel, en nuestra opinión y en la actualidad presenta algunos déficits, no siendo el menor de ellos
el excesivo coste económico que para el candidato supone, que debe dedicarse en exclusiva y durante no
menos de tres años, frecuentemente más, a la preparación de la oposición. Es cierto que existen becas,
concedidas por instituciones públicas cuya finalidad es precisamente sufragar dicha necesidad haciendo la
situación económicamente viable, y que las universidades públicas, desde hace algunos años, han comen-
zado a coordinar y organizar la preparación de las oposiciones, facilitando las cosas a los candidatos. No
obstante, nuestra valoración es que el sistema es, particularmente en este punto, bastante desmotivador
para quienes, en muchos casos movidos por la vocación, se plantean acceder a la carrera judicial, y muy
en particular por el excesivo tiempo (más de 3 años de media, para tener alguna garantía de éxito), sin
mencionar la completa y exclusiva dedicación, que requiere en la actualidad la preparación de dichas
oposiciones. Por fin, la falta de reconocimiento alguno (v. gr., académico) del duro trabajo realizado de
forma sostenida, abnegada y disciplinada, en el caso de no superación de la oposición, se nos antoja un
obstáculo insuperable para muchos candidatos con potencial para ser buenos jueces y juezas.
33. Cerca del 60 % de los candidatos a acceder a la ENM recurrieron hasta 2008 a una preparación, total
o parcialmente, privada (más o menos nuestro preparador) que tiene un costo de en torno a 3000 € por
año. El porcentaje se reduce progresivamente hasta menos del 40% en 2022. Por lo que a la preparación
pública se refiere, las llamadas classes préparatoires, la primera experiencia se lleva a cabo a partir de enero
de 2008, en la sede parisina de la ENM con 15 alumnos y alcanza unos alentadores resultados que están
a la altura de las expectativas. Posteriormente, en 2009, se habilitan clases preparatorias también en Bur-
deos y Douai, y en 2021 se añaden a la lista Lyon y Orléans. Todas ellas se constituyen con grupos de 18
alumnos. Tradicionalmente se han ocupado además de la preparación de los candidatos el Instituto de
Estudios Judiciales/Institut d´Études Judiciaires/IEJ y el Instituto de Estudios Políticos/Institut d´Études
Politiques/IEP, en sus diversas sedes de la mayor parte de las Facultades de Derecho de universidades
públicas francesas, aunque en este caso cada curso tiene un número elevado de alumnos que puede llegar
hasta varios cientos, de tal manera que la dinámica pedagógica queda condicionada, siendo radicalmente
distinta a la pretendida con las clases preparatorias, lo que finalmente tiene un reflejo en los resultados.
Todo ello evidencia que sea deseable una armonización en el sistema de preparación de las oposiciones, en
lo relativo a cuestiones como: Tamaño de grupos, número de becas e importe de las mismas, alojamiento,
etc. Para ello, desde 2017 la ENM desarrolla estrategias regionales en colaboración con centros de forma-
ción superior, con el objeto de ampliar y diversificar el reclutamiento de jueces y fiscales en condiciones
128
de igualdad de oportunidades. Es el caso del convenio entre la ENM e instituciones judiciales territoria-
129
44. Sobre el procedimiento de evaluación, la composición de la comisión, la estadística de decisones
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 108-131
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131
EL ACCESO A LA JUDICATURA EN ALEMANIA
ACCESS TO THE JUDICIARY IN GERMANY
Walter Perron
Catedrático emérito de Derecho penal, procesal penal y comparado
Universidad Freiburg im Breisgau
Helmut Perron
Presidente del Tribunal Regional (Landgericht) de Heidelberg
RESUMEN
En la República Federal de Alemania, el acceso a la judicatura viene determinado por un entra-
mado de normas jurídicas (Ley Fundamental, leyes federales, leyes de los estados federados) y
diferentes modalidades prácticas debidas a la estructura federal. El sistema actual se desarrolló
esencialmente en Prusia en los siglos XVIII y XIX y se adaptó a las necesidades del Estado consti-
tucional moderno después de la Segunda Guerra Mundial. La gran mayoría de las plazas de juez
son de competencia de los estados federados, mientras que el Gobierno federal solo es respon-
sable de los tribunales supremos y del Tribunal Constitucional Federal. El punto de partida es
el consenso ampliamente extendido de que la legitimidad democrática del nombramiento de
jueces con carácter vitalicio solo está garantizada si lo llevan a cabo de forma decisiva repre-
sentantes de los poderes legislativo y ejecutivo, mientras que el propio poder judicial puede
participar en estas decisiones, pero sin contar con una mayoría decisiva. Sobre esta base, se han
desarrollado diferentes sistemas a nivel federal y en los estados federados, que, salvo algunas
excepciones, transfieren las decisiones más importantes al ejecutivo, mientras que el poder ju-
dicial solo suele tener una función consultiva. Las demandas de reformas profundas han sido
rechazadas en repetidas ocasiones, la última en 2022.
PALABRAS CLAVE
Acceso a la judicatura, formación jurídica, legitimación democrática del poder judicial, poder
judicial y federalismo, nombramiento de jueces.
ABSTRACT
In the Federal Republic of Germany, access to the judiciary is determined by a network of legal
regulations (Constitution, federal laws, laws of the Federal States) and different practices due to
the federal structure. The current system was essentially developed in Prussia in the 18th and
19th centuries and adapted to the needs of the modern constitutional state after the Second
World War. The vast majority of judgeships are filled by the Federal States, while the Federal
Government is only responsible for the supreme courts and the Federal Constitutional Court.
The starting point is a widespread consensus that the democratic legitimacy of the appointment
of judges for life is only guaranteed if it is decisively carried out by representatives of the legis-
lative and executive branches, while the judiciary itself may be involved in these decisions but
may not have a decisive majority. On this basis, different systems have developed at the federal
level and in the Federal States, which, with a few exceptions, transfer the most important deci-
sions to the executive, while the judiciary usually only has an advisory function. Demands for
far-reaching reforms have been repeatedly rejected, most recently in 2022.
KEY WORDS
Access tot he judiciary, legal training, democratic legitimization oft he judiciary, judiciary and
federalism, appointment of judges,
DOI: [Link]
EL ACCESO A LA
JUDICATURA EN
ALEMANIA
Walter Perron
Catedrático emérito de Derecho penal, procesal penal y comparado
Universidad Freiburg im Breisgau
Helmut Perron
Presidente del Tribunal Regional (Landgericht) de Heidelberg
1989: 513 ss.). El Sacro Imperio Romano de las Naciones alemanas no fue un Estado con
un poder gubernamental central, sino una asociación de numerosos Estados individuales
y unidades políticas pequeñas en la que convivían muchos sistemas jurídicos y judiciales
diferentes. El desarrollo en Prusia fue decisivo para el Imperio Alemán, fundado en 1871
y, tras la Segunda Guerra Mundial, también para la República Federal de Alemania. Desde
finales del siglo XVIII se creó en Prusia un sistema muy especial de formación jurídica y
reclutamiento de jueces, que sigue vigente hasta hoy. Prusia también surgió de una multi-
tud de Estados más pequeños que tuvieron que unificarse con dificultad a lo largo de varios
siglos. Un pilar de apoyo de este proceso de unificación fue el funcionariado prusiano, al
cual también pertenecieron los jueces. El Código Judicial prusiano de 1815 no solo sentó
los fundamentos de la judicatura prusiana, sino que se convirtió también en el fundamento
de toda la formación jurídica alemana. Desde entonces, la «cualificación para ser juez» es el
objetivo de la formación jurídica al que aspiran casi todos los estudiantes de Derecho, aun-
que no quieran trabajar como jueces. En otras palabras, desde entonces, toda la formación
jurídica alemana se orienta al ejercicio de la profesión de juez.
El primer requisito fue una formación universitaria de tres años en Derecho. Sin em-
bargo, la conclusión de este ciclo académico no tenía una importancia especial, pues los
graduados en Derecho debían aprobar un riguroso examen de acceso a la judicatura como
requisito para ingresar en la carrera judicial, que comenzaba con un período de prueba y
observación de un año, al final del cual había un segundo examen. Tras la obtención del
aprobado, el aspirante seguía un período de formación práctica de cuatro años en los tri-
bunales (Referendariat) que concluía con el «gran examen de Estado», es decir, un tercer
examen. Del resultado de este examen dependía la profesión a la que podían dedicarse
los candidatos: los mejores se convertían en funcionarios administrativos, los siguientes
ejercían la profesión de juez, en tercer lugar se situaba la abogacía, y el resto —los no apro-
bados— se desempeñaban en profesiones más sencillas como secretarios o archiveros. Esto
significa que todas las profesiones jurídicas tenían que seguir la misma formación uniforme
en la judicatura y, solo al final, los resultados del «gran examen de Estado» decidían a qué
profesión podían acceder los candidatos. En este examen prevalecía un estricto principio
de rendimiento, de modo que la pertenencia a una clase social privilegiada no constituía
una ventaja inmediata mientras se concedió poca importancia a la calidad de los estudios
y títulos universitarios.
En el Imperio Alemán de 1871, Prusia no pudo implantar plenamente su propio siste-
ma, sino que tuvo que concertar con los estados alemanes del sur, pero los elementos esen-
ciales se mantuvieron. El § 2 de la Ley de Constitución de Tribunales de 1877 estableció:
«La capacidad para ser juez se obtiene mediante la aprobación de dos exámenes. El primer exa-
men debe estar precedido de tres años de estudios de Derecho en una universidad. De los tres
años, al menos tres semestres deben dedicarse a estudios en una universidad alemana.
Entre el primer y el segundo examen debe transcurrir un período de tres años, que debe dedicar-
se al servicio de los tribunales y de los abogados, y también puede ser utilizado parcialmente al
servicio de la fiscalía.
134
En cada uno de los estados federados puede estipularse que el período designado para los estudios
Al mismo tiempo, la Ley de la Abogacía estipuló que la admisión como abogado tam-
bién requería la «cualificación para ser juez». Así fue creado el sistema del jurista uniforme
alemán que rige hasta hoy, sistema que, básicamente, exige la misma formación para todas
las profesiones jurídicas. En primer lugar, estudios de Derecho en una universidad, que,
sin embargo, no concluyen con un examen universitario, sino con un primer examen
de Estado organizado por los ministerios de Justicia, en el que intervienen, además de
los profesores de las universidades, profesionales de la praxis del Derecho (jueces, fiscales,
funcionarios administrativos y abogados). Tras el examen, el aspirante sigue una formación
práctica de tres años —actualmente, de dos años— en tribunales, fiscalías, administracio-
nes y abogados que concluye con un segundo examen de Estado, también realizado por los
ministerios de Justicia, y en el que solo actúan como examinadores profesionales de la pra-
xis jurídica. De los resultados de estos dos exámenes depende la profesión jurídica a la que
puede acceder un graduado en Derecho; no están previstos otros exámenes ni concursos
estatales para el acceso a las distintas profesiones jurídicas. Para la judicatura, esto significa
que los órganos responsables de los nombramientos iniciales (ministerios de Justicia, tribu-
nales regionales superiores, comités de selección de jueces) se guían principalmente por los
resultados de los dos exámenes estatales.
2. REGULACIÓN LEGAL
2.1. La regulación legal vigente del acceso a la magistratura alemana está plasmada
en tres niveles diferentes. En primer lugar, el Derecho constitucional, concretamente las
disposiciones de la Ley Fundamental (Grundgesetz) sobre el poder judicial, el acceso a los
cargos públicos y sobre los jueces de los tribunales federales. En segundo lugar, el Derecho
federal, específicamente la Ley alemana de la Magistratura (Deutsches Richtergesetz), que
regula la posición jurídica personal de los jueces y también los presupuestos generales del
acceso a la judicatura, así como las leyes sobre la elección de los jueces de los tribunales
federales supremos y del Tribunal Constitucional Federal. En tercer lugar, las legislaciones
de los 16 estados federados (Länder) que, para la gran mayoría de los tribunales y su per-
sonal, determinan con mayor detalle, entre otros aspectos, el procedimiento de nombra-
miento como juez —por ejemplo, en Baden-Württemberg, la Ley sobre Jueces y Fiscales
(Landesrichter- und -staatsanwaltsgesetz BW)—. Especialmente en este último nivel, existen
diferencias nada desdeñables entre los distintos estados federados, por lo que no es posible
ofrecer aquí una visión de conjunto completa, sino solo señalar algunos ejemplos a título
ilustrativo.
135
Aunque la estructura de los tribunales en Alemania está regulada uniformemente a
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 132-151
universitarios (duración de cuatro años y medio, materias troncales de Derecho civil, De-
recho penal, Derecho público y Derecho procesal como asignaturas obligatorias, etc.); el
§ 5b de la misma ley establece los requisitos del servicio de preparación (duración de dos
años, estancias obligatorias en un tribunal civil, una fiscalía o un tribunal penal, una auto-
ridad administrativa y un despacho de abogado(s)); y el § 5d contiene los requisitos de los
exámenes (en particular, examen escrito y oral, establecimiento de una escala uniforme de
calificaciones y puntos a nivel federal). En todos estos ámbitos, la regulación de los detalles
se deja en manos de los estados federados, que han hecho uso de las facultades conferidas
por la norma de formas muy distintas.
Según el § 9 de la Ley alemana de la Magistratura, el nombramiento como juez requiere
que el interesado haya adquirido la cualificación para ser juez, que sea alemán de acuerdo
con lo que a este respecto estipula de la Ley Fundamental, que garantice que abogará en
todo momento por la justa aplicación del ordenamiento jurídico fundamental, democráti-
co y libre de acuerdo con la Ley Fundamental y que tenga la competencia social necesaria.
Los jueces son nombrados normalmente con carácter vitalicio; antes, deben haber supera-
do un período de prueba de tres años en el servicio judicial (§§ 10 y ss. Ley alemana de la
Magistratura). A los jueces a prueba se les puede denegar el nombramiento vitalicio cuan-
do no sean aptos para ejercer la función jurisdiccional o cuando un comité de selección de
jueces los rechace (§ 22 Ley alemana de la Magistratura). Sin embargo, la Ley alemana de la
Magistratura no prevé quién contrata a los jueces a prueba, qué criterios rigen la selección
ni quién decide su nombramiento como jueces vitalicios. Esto es muy importante porque
hay muchas más personas que obtienen la cualificación para el cargo de juez que plazas de
juez disponibles: entre 2010 y 2020, unas 8000 personas cada año obtuvieron la cualifica-
ción para ser juez2. Existen leyes federales especiales que regulan el acceso a los puestos de
juez en los tribunales federales (para los tribunales federales supremos, la Ley de Elección
de Jueces; para el Tribunal Constitucional Federal, la Ley sobre el Tribunal Constitucional
Federal). En el caso de los tribunales de los estados federados existen leyes específicas en
dichos estados. Los §§ 74 y 75 de la Ley alemana de la Magistratura solo exigen a los esta-
dos federados que, en cada uno de ellos, y en cada orden jurisdiccional de los tribunales de
cada Estado se forme un «consejo presidencial» compuesto por jueces —al menos la mitad
de los cuales deben ser elegidos por la judicatura—, y que este consejo presidencial esté
facultado para emitir un dictamen sobre la idoneidad profesional y personal del aspirante
antes de su nombramiento como juez para cargos superiores. Sin embargo, no se exige la
intervención de los representantes de los jueces en la contratación de los jueces a prueba ni
en el primer nombramiento como juez vitalicio.
2.4. En el ámbito de los estados federados, existe una gran diversidad de normas
(Wittreck, 2006: 336 ss.). Todos los estados federados tienen una constitución que con-
tiene disposiciones relativas al Tribunal Constitucional del estado federado (a excepción
del Estado de Schleswig-Holstein, que no tiene tal tribunal; Ibídem: 493 ss.) y sobre la
posición jurídica de los jueces. Además, en los estados federados existen leyes sobre sus
tribunales constitucionales y sobre sus jueces, así como leyes y decretos sobre la forma-
138
ción y el examen de los juristas y los requisitos concretos para la obtención de la «cua-
Superior para ocupar el puesto y declararla «apta» o «no apta»; en algunos estados federa-
dos, sin embargo, también tienen derecho a presentar una contrapropuesta mediante la
que pueden declarar que otras personas del grupo de aspirantes son más aptas (por ejem-
plo, en Baden-Württemberg, de conformidad con el § 43 inciso 5 de la Ley sobre Jueces
y Fiscales). Si no hay acuerdo entre el Ministerio y el consejo presidencial, en la mayoría
de los estados federados prevalece el Ministerio; solo en Sarre, Sajonia-Anhalt y Baden-
Württemberg toma la decisión una comisión de conciliación independiente o un comité
de elección de jueces (Ibídem: 369 ss.).
22, n 4). La base para valorar la aptitud de los aspirantes a jueces en todos los estados
federados es una evaluación profesional, que, por ejemplo, en Baden-Württemberg, para
los jueces a prueba, debe llevarse a cabo cada seis meses durante el primer año y medio y
que, por lo general, después de este período, cada 12 meses (§ 5 inciso 4 de la Ley sobre
Jueces y Fiscales) corre a cargo de su superior inmediato, es decir, del presidente del tribu-
nal en el que trabaja el juez a prueba. Esta práctica de evaluación se considera problemá-
tica porque el presidente del tribunal puede ejercer una fuerte influencia en la actividad
judicial, especialmente en el caso de los jueces a prueba, y, de ese modo, puede poner en
tela de juicio su independencia constitucionalmente garantizada; sin embargo, a falta de
alternativas, suele aceptarse como un mal necesario porque el principio de rendimiento,
también exigido por la Constitución federal, no podría realizarse de otro modo (Wittreck,
2020/2022: 44 y ss.; vid., también, más abajo, 4.3).
De acuerdo con la legislación del correspondiente estado federado, es competente para
decidir sobre el nombramiento como juez vitalicio bien únicamente el ministro de Justicia
(o el ministro de otro departamento interesado), bien el ministro de Justicia junto a un
comité de selección de jueces (Wittreck, 2006: 414 ss.). Según el § 75, inciso 2, de la Ley
alemana de la Magistratura, el consejo presidencial también puede intervenir como órgano
de representación de los jueces con dictámenes sobre la idoneidad personal y profesional
de los interesados, como ocurre, por ejemplo, en Baden-Württemberg de conformidad con
el § 32 de la Ley sobre Jueces y Fiscales. La decisión de destituir a un juez a prueba y de no
nombrarlo juez vitalicio está sujeta a control del Tribunal de la Magistratura (§§ 62, 78 de
la Ley alemana de la Magistratura).
diente debe emitir un dictamen sobre la idoneidad personal y profesional de los candidatos
propuestos, que, sin embargo, no es vinculante para el comité de elección. El comité de
elección decide por mayoría simple, y el ministro federal competente debe aprobar la elec-
ción (§§ 12 y 13 de la Ley de Elección de Jueces). En la práctica (Tschentscher, 2006: 327
ss.; y Wittreck, 2006: 308 ss.), los estados federados elaboran listas de nombres y, luego,
los partidos políticos acuerdan en el comité de elección los cupos de los estados federados y
los de los partidos, que frecuentemente tienen mucho que ver con la proximidad partidista
y poco con la cualificación profesional de las personas propuestas (Wittreck, 2020/2022:
150). Sin embargo, generalmente se respeta la opinión del consejo presidencial de los
concernientes tribunales federales supremos en la mayoría de los casos (sobre excepciones,
cfr. Tschentscher, 2006: 331 ss.), de modo que, de facto, tienen una especie de derecho de
veto (Wittreck, 2020/2022: 49 ss.). En la práctica, se da preferencia a las personas que han
trabajado anteriormente como asistentes de investigación en el tribunal respectivo y se han
adaptado a su dinámica.
4.3. El procedimiento de selección de los aspirantes a ocupar cargos de jueces superio-
res en los estados federados (y no solo en ellos) se considera, en principio, problemático,
pero indispensable en cuanto al fondo (Tschentscher, 2006: 305 ss.; y Wittreck, 2006:
419). El ascenso a un cargo de judicial superior generalmente está vinculado a una influen-
cia considerable en el poder judicial (Tschentscher, 2006: 305) porque los nombramientos
conciernen bien a la presidencia de una sala —integrada por varios jueces profesionales—,
bien a la dirección de todo un tribunal. Por eso, por un lado, debe garantizarse de manera
muy especial que, en la asignación de estos puestos se respeten los principios de aptitud,
rendimiento y de igualdad, y que se seleccione a los mejores candidatos. Por otro lado, sin
embargo, siempre existe el peligro de una intromisión en la independencia judicial, dado
que, mediante la no consideración de una solicitud, puede castigarse a los jueces poco
convencionales y, a través del otorgamiento preferente de los puestos a los jueces que se
han adaptado a las expectativas del ministro, puede beneficiarse a estos últimos. Debido al
amplio margen de valoración en la evaluación del rendimiento judicial, el procedimiento
solo puede objetivarse parcialmente, de modo que las preferencias personales de las perso-
nas implicadas en la decisión también desempeñan un papel importante y frecuentemente
el procedimiento es percibido como poco transparente o incluso injusto por los solicitantes
que no son tenidos en cuenta (Wittreck, 2020/2022: 36, 45 ss.)3.
Independientemente del diseño concreto del procedimiento, en todos los estados fe-
derados son decisivos para la elección, en especial, dos mecanismos informales que solo
están regulados parcialmente en prescripciones legales o administrativas internas: por un
lado, las evaluaciones oficiales de los aspirantes por parte de jueces de rango superior y,
por otro lado, la prueba para tareas superiores a través de la adscripción temporal a un
tribunal superior o ministerio (Wittreck, 2006: 421 ss.). Las evaluaciones oficiales solo
están reguladas legalmente en algunos estados federados, e incluso allí la concreción solo
tiene lugar en decretos y directrices administrativas (Ibídem: 437 ss.). Por ejemplo, en
Baden-Württemberg, el § 5, inciso 2 N.º 1, de la Ley sobre Jueces y Fiscales, vigente
144
desde mayo de 2022, establece que los jueces vitalicios deben ser evaluados oficialmente
5. PRÁCTICA
5.1. La profesión de juez es, ahora como antes, muy demandada. Los jueces y fiscales
recientemente contratados proceden, por lo general, de la mitad superior —a veces incluso
únicamente del tercio superior— de todos los aprobados del segundo examen estatal. Las
razones de este atractivo se exponen aquí desde la perspectiva subjetiva de un presidente de
un tribunal regional que mantiene conversaciones con numerosos jueces y evalúa repetida-
mente a los jueces más jóvenes.
Los principales motivos para la elección de la profesión son la alta responsabilidad del
cargo y la independencia judicial. La actividad es considerada significativa e importante
en la sociedad. La libertad de todas las instrucciones profesionales, tanto en la organiza-
ción de los procedimientos como en la toma de decisiones, se percibe como un privilegio
del juez.
Por el contrario, el salario no puede ser el factor decisivo. La mayoría de los jueces
recién contratados podrían trabajar como abogados en grandes bufetes, que ahora pagan
sueldos iniciales de hasta 160.000 € al año. En cambio, un recién incorporado (soltero y
sin hijos) en Baden-Württemberg percibe un sueldo inicial de unos 58.000 €. Si se calcula
la pensión de juez gratuita y la participación en las prestaciones médicas con un recargo del
30 %, sigue dándose el caso de que el juez joven gana solo la mitad que el abogado de un
gran bufete. Con los niveles de experiencia, a partir de los 50 años los jueces de los niveles
R1 y R2 suelen tener sueldos anuales cercanos a los 90.000 y 100.000 €, respectivamente,
a los que se suman las prestaciones de jubilación y asignaciones para gastos médicos. Un in-
dicio del atractivo del cargo es el hecho de que muy rara vez un juez abandona su profesión
para convertirse en abogado o trabajar en el sector del mercado. Por otra parte, los jóvenes
abogados deciden con frecuencia convertirse en jueces, normalmente después de uno o dos
años. Si se les pregunta por los motivos, a menudo responden que, si bien el trabajo había
sido interesante, no querían centrar toda su vida profesional en los intereses de los clientes.
La buena compatibilidad entre familia y profesión también hace atractiva la judicatu-
ra. Así, en Baden-Württemberg, los jueces que se ocupan de niños o padres necesitados
de cuidados pueden determinar libremente la secuencia y el ritmo de su trabajo (y, por
tanto, también su salario) de 0,3 hasta 1,0. La introducción del expediente electrónico,
el equipamiento con ordenadores móviles y el acceso seguro a través de Internet, así
como la introducción de la tecnología de vídeo —no solo para los juicios, sino también
para las consultas internas— facilitan el trabajo judicial desde casa o en los viajes. Ante
la evolución de la demografía, los grandes bufetes de abogados también han percibido
la necesidad de facilitar el acceso al trabajo a las personas que se encuentren en estas
146
situaciones. Sin embargo, tras las conversaciones mantenidas con los representantes de
los ministerios, los órganos judiciales de codeterminación deberían tener una influencia
efectiva.
Queda por ver si estas exigencias, más bien marginales, serán asumidas y puestas en
práctica por los políticos. En cualquier caso, no hay indicios de que vayan a producirse
cambios fundamentales en un futuro próximo.
NOTAS
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WITTRECK, Fabian (2006): Die Verwaltung der Dritten Gewalt, Tubinga: Mohr Siebeck.
151
LA SELECCIÓN DE JUECES EN ESTADOS UNIDOS: LA
SINGULARIDAD DE UN MODELO DUAL Y DIVERSO
JUDICIARY SELECTION IN THE UNITED STATES:
ITS UNIQUE DUAL AND DIVERSE MODEL
Rosario Serra Cristóbal
Catedrática de Derecho constitucional
Universitat de València
RESUMEN
El interés por el análisis del sistema judicial estadounidense reside en que cada uno de los cin-
cuenta estados de la Unión tiene su propio y particular modelo judicial, distinto, además, del sis-
tema federal, lo cual lo hace muy peculiar y atractivo para el estudioso del Derecho. Este trabajo
aborda el estudio del federalismo judicial dual que presenta este país y que se manifiesta en una
diversidad de métodos de selección de los aspirantes a ingresar en la judicatura o de acceso de
los que ya son jueces a puestos judiciales vacantes. Se analizarán las ventajas y desventajas de
los diferentes modelos de selección de jueces implementados en Estados Unidos para invitar
a reflexionar sobre los elementos que, de un modo u otro, pudieran ser puestos en práctica en
nuestro sistema.
PALABRAS CLAVE
Federalismo judicial, poder judicial en Estados Unidos, elección de jueces, selección judicial,
jueces federales.
ABSTRACT
The interest in the analysis of the USA judicial system lies in the fact that each of the fifty States
of the Union has its own judicial model, different from the federal system, which makes it very
peculiar and attractive for the law scholar. This paper deals with the study of the dual judicial
federalism that this country presents and that is manifested in a diversity of methods of selec-
tion of judges to join the judiciary or to access to judicial vacancies. The advantages and disad-
vantages of the different models of selection of judges experienced in the United States will be
analyzed for the purpose of inviting reflection on the elements that, in one way or another, could
be implemented in the Spanish system.
KEY WORDS
Judicial federalism, judiciary in the United States, judges’ elections, judiciary selection, federal
judges.
DOI: [Link]
LA SELECCIÓN
DE JUECES EN
ESTADOS UNIDOS:
LA SINGULARIDAD
DE UN MODELO
DUAL Y DIVERSO
extrapolarse, como trataré de mostrar en este trabajo, al poder judicial y al sistema de ac-
ceso a la judicatura.
Hablar del sistema judicial estadounidense es hablar de 51 sistemas judiciales (50 es-
tatales y uno federal), es abordar un sistema federal judicial creado siguiendo la senda del
propio federalismo del país. El modelo judicial adoptado en Estados Unidos es el resultado
del establecimiento de una dualidad jurisdiccional —la federal y la estatal— que se tra-
duce en el hecho de que el poder judicial esté compuesto por dos niveles jurisdiccionales
independientes, un sistema de selección de jueces también distinto en uno y otro ámbito
jurisdiccional y una diversidad de sistemas de elección de los jueces en cada uno de los
estados que conforman los Estados Unidos de América.
Para comprender esa dualidad y la diversidad del sistema de selección de los jueces —así
como la trascendencia de recurrir a uno de los múltiples sistemas existentes— es necesario,
como mínimo, realizar un brevísimo recorrido por la organización jurisdiccional estadou-
nidense.
de los jueces, incluso en un país acostumbrado a unos jueces cercanos al juego político e
incluso a la competición electoral para acceder a la judicatura.
sucede en South Carolina, las recomendaciones sobre posibles candidatos proceden de los
colegios de abogados locales, de jueces de tribunales locales, y de los legisladores del distrito
donde se ha producido la vacante. De tal modo que, si un abogado quiere ser juez, deber
conseguir los mayores apoyos y contactos con todos ellos (Rudlin, 2008-2009: 477-478).
Muchos legisladores, tanto demócratas como republicanos, también han creado sus pro-
pias comisiones locales de ciudadanos para promover a posibles candidatos para cargos de
jueces de tribunales de circuito y de distrito.
Una vez elegidos, los jueces quedan sometidos a una renovación en el cargo por la
asamblea legislativa por periodos más o menos largos dependiendo el nivel jurisdiccional
del cual estemos hablando21.
tana, Nevada, Dakota del Norte, Oregón, Washington, Virginia Occidental y Wisconsin)
(Tuskai, 2021: 32).
169
A pesar de los posibles aspectos negativos, está considerado uno de los sistemas menos
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 152-181
politizados y, por ello, en unos tiempos en los que se busca una judicatura con connota-
ciones de imparcialidad, es el modelo más extendido en Estados Unidos. Como decíamos,
más de la mitad de los Estados utilizan este sistema para la selección de todos o algunos de
sus jueces. Al menos el sistema da una apariencia de una judicatura más alejada de los in-
tereses políticos. Aunque, si lo que pretende el sistema de méritos es expulsar a los partidos
políticos del proceso de selección de jueces, desde luego no puede decirse que tal objetivo
haya sido alcanzado.
tar varios ejemplos que ilustran lo que venimos diciendo. Con anterioridad a unas retention
elections de Tennesse en 1996 el Tribunal Supremo del estado había adoptado una decisión,
por una mayoría muy ajustada, en la que se mantenía la condena a un convicto, pero se le
libraba de la pena capital. En reacción a dicha sentencia, la Tennessee Conservative Union
inició una campaña en contra del juez que había decantado la mayoría a favor de librar al
convicto de la pena capital que hizo que, en ese mismo año, que le tocaba ser reelegido,
perdiera su puesto (Goldberg, 2007: 75).
Por otro lado, también se ha observado en las últimas décadas una tendencia a la politi-
zación de las elecciones de confirmación. Al igual que en ocasiones determinados grupos de
interés tienen interés en que tal juez no continúe en el cargo, también los partidos políticos
tienen sus preferencias al respecto. Por ello, no es de extrañar que inviertan esfuerzos en
potenciar una imagen positiva ante el electorado de aquellos jueces que prefieren seguir
manteniendo en el estrado, o creando publicidad negativa respecto de aquellos que han
tomado decisiones contrarias a la filosofía del partido.
En todo caso, las elecciones de confirmación tienen resultados muy positivos para los
candidatos. Según indican las estadísticas, desde 1964 —que es cuando comenzaron a
realizarse este tipo elecciones en algunos estados—, el porcentaje medio de votos a favor
del mantenimiento del juez en el cargo, teniendo en cuenta la media de los resultados elec-
torales de todos los estados de la Unión, ha oscilado entre el 84,9 % en los primeros años
y el 69,4 % en la década de los 90 (Aspin, 2007). Y en estos últimos años el porcentaje
medio interestatal de votos confirmatorios del cargo judicial ha rondado el 75 %. Lo cual
demuestra que las expectativas de continuar ejerciendo la función jurisdiccional no son
nada despreciables. Entre otras cosas ello es así porque, como se decía, se trata de elecciones
no competitivas.
Cierto es que se brinda la posibilidad a la ciudadanía de participar directamente en
la conformación del poder judicial, pero tendríamos que preguntarnos si se trata de una
participación que tenga considerable valor. Sobre todo, si tenemos en cuenta que dichos
votantes toman parte en estos comicios sin demasiada información, la motivación para ir
a votar es muy baja y existe una tendencia natural a emitir un voto afirmativo de confir-
mación.
Por ello, con la finalidad de dotar de mayor sentido al voto del ciudadano y mejorar
el sistema de acceso a la judicatura, algunos estados que aplican el sistema de méritos han
adoptado lo que se denomina Judicial retention evaluation programs. Este sistema consiste
en la creación de unas comisiones que evalúan diversos aspectos de los candidatos. La
evaluación sobre los candidatos se hace pública antes de las elecciones de confirmación
o mantenimiento del puesto para que tengan más información a la hora de votar en un
sentido u otro. Lo que se evalúa de los jueces es su habilidad legal, su integridad, su tempe-
ramento judicial, sus habilidades de comunicación y sus cualidades de gestión. Sobre estas
cuestiones se pregunta a abogados, jueces, no jueces, etc. manteniéndose el anonimato de
las respuestas.
172
El primer estado en adoptar un programa de este tipo fue Alaska en 1976 y le han se-
la independencia de los jueces federales fue el derecho a percibir una retribución que no
disminuirá mientras continúen en el cargo. Porque, además de la permanencia en el cargo,
nada puede contribuir más eficazmente a la independencia de los jueces que proveer de
forma estable a su remuneración. Sin embargo, pensar que con ello los jueces federales
escapan a las tendencias ideológicas que pesaron en su elección es una ilusión. Hemos visto
más arriba cómo ha crecido el interés de los presidentes por nombrar a jueces cercanos a su
propia ideología, porque se ha demostrado que, allí donde la ley deja un margen interpre-
tativo, las sentencias dictadas por los jueces siguen mayoritariamente el perfil ideológico
del Gobierno que los nominó.
En los estados se optó en un primer momento por copiar el modelo federal de selec-
ción y control de los jueces. Así, en los primeros tiempos, los diferentes estados seleccio-
naban a los jueces mediante nombramientos realizados a instancias de los gobernadores
o las legislaturas estatales. Esta práctica fue contestada en la era de la democracia jackso-
niana, dominada por la idea de expansión del sufragio, el control popular de todos los
cargos electos del estado y la demanda de la elección directa de los jueces. Junto al interés
por garantizar la independencia del poder judicial surgió una nueva necesidad: la de ha-
cer participar a los ciudadanos en el proceso de conformación de la judicatura y, como
consecuencia, hacer a los jueces responsables ante aquellos. De ahí que se establecieran
con éxito sistemas de elección popular de jueces en muchos estados. Ello abrió las puertas
sin tapujos a los partidos políticos, y con ello, como no es de extrañar, a la inyección de
dinero para potenciar a los jueces del partido, a las presiones posteriores sobre los mismos
y otras implicaciones negativas. En lugar de que ese método directo de elección de los jue-
ces por los ciudadanos se elevara por encima del resto, con los años surgieron argumentos
contra su práctica frente a las razones que se habían esgrimido a su favor39 (Pozen, 2008:
278; y Tuskai, 2021: 33) y fueron imponiéndose sistemas de elección de jueces de carácter
no partidistas, dando lugar al acceso de jueces de mayor calidad profesional, según se ha
defendido empíricamente (Ash y MacLeod, 2021). En todo caso, la excesiva politización
que conllevaba la elección de jueces a través de campañas electorales, partidistas o no
partidistas, condujo a la aparición de nuevas fórmulas de carácter mixto que trataron de
atender en mayor medida a la carrera jurídica y calidad de los posibles candidatos, al no
dejar al ejecutivo o a los ciudadanos la libertad absoluta sobre la designación de candida-
tos, sino permitiéndoles la elección de jueces de entre los candidatos incluidos en listas
elaboradas por comisiones de selección judicial (sistema de merit plans). A pesar de ello,
como ha podido verse en este trabajo, el sistema de selección de jueces a través de estos
sistemas mixtos no ha escapado a las influencias de carácter político y ha recibido también
sus críticas.
En la idea de elegir a los jueces o de votar sobre su permanencia en el cargo (retention
elections) parece anidar una contradicción difícilmente resoluble y entendible en nuestro
continente. ¿Cómo puede asegurarse que los jueces, después del paso por una campa-
ña electoral, realicen sus funciones con el más estricto respeto a los principios de inte-
gridad, independencia e imparcialidad? ¿Cómo garantizar que un juez cuya campaña ha
174
sido financiada por determinada asociación de abogados no favorezca posteriormente a
prácticas, pero queda muy lejos de la experiencia profesional que se exige a un juez esta-
dounidense. De todos modos, no se trata ahora de realizar un estudio comparado de ambos
sistemas, pues ni era este el objetivo ni, como decíamos, es fácil establecer la comparación
entre dos países con sistemas judiciales tan distintos. Basta con reconocer las diferencias
significativas en la forma de seleccionar a los jueces estadounidenses respecto de nuestro
sistema, así como los pros y los contras de cada una de ellas, y seguir reflexionando sobre la
«mejor» forma de seleccionar a nuestros jueces en el futuro.
NOTAS
1. Art. III Constitución EE. UU. «Se depositará el Poder judicial de los Estados Unidos en una Corte
Suprema y en los Tribunales inferiores que el Congreso instituya y establezca en lo sucesivo. Los jueces,
tanto de la Corte Suprema como de los Tribunales inferiores, continuarán en el ejercicio de sus funciones
mientras observen buena conducta y recibirán en periodos fijos una remuneración por sus servicios que
no será disminuida durante el tiempo de su nombramiento».
2. Fue la Judiciary Act de 1789 la que estableció la existencia de dos niveles de tribunales federales: Dis-
trict Courts y Circuit Courts. Y, a partir de 1891, empezó a crearse el Circuit Courts of Appel, un sistema
de tribunales de apelación, que sustituyó a las Circuit Courts. Al limitado número de tribunales federales
existentes durante las primeras décadas ha de añadirse el escaso papel del Gobierno federal antes de la
Guerra Civil, lo que limitó más aún el poder de aquellos. La judicatura federal fue aumentando con el
tiempo, experimentando un crecimiento mucho más notable tras la Segunda Guerra Mundial.
3. La jurisdicción federal recae sobre las controversias en las que son parte: a) los diplomáticos extranje-
ros; b) la federación; c) dos o más estados; d) un estado y los ciudadanos de otro; e) ciudadanos de estados
diferentes; f ) ciudadanos del mismo estado que reclamen tierras en virtud de concesiones de diferentes
estados; y g) un estado o los ciudadanos del mismo, por un lado, y por el otro, estados, ciudadanos o
súbditos extranjeros. Al igual que aquellos casos relativos a la aplicación de determinadas leyes federales
como las antimonopolio, patentes y copyright, quiebra, Derecho marítimo y delitos contra la propiedad
federal.
4. Los nombres utilizados para denominar a estos tribunales de nuevo varían según el estado. Por ejem-
plo, en Alabama y Oklahoma se denominan Court of Civil Appeals y Court of Criminal Appeals, en India-
na Court of Appeals y Tax Court, en Nueva York Appellate Division of Supreme Court y Apellate Terms of
Supreme Court, en Pennsylvania Superior Court y Commonwealth Court, etc.
5. Muchos tribunales intermedios de apelación tienen también competencia para revisar actuaciones de
agencias estatales en relación con los deberes del poder ejecutivo.
6. Este sistema responde a la idea de James Madison de establecer «[…] una concurrencia de dos autori-
dades en la cual por un lado el pueblo y por la otra los estados puedan verse representados».
7. Históricamente ha habido presidentes que durante su mandato no han podido nombrar a ningún
juez del Tribunal Supremo. En contraste, algunos batieron récords, entre ellos George Washington, que
nombró a 11, o F. Roosevelt, que nombró a 9. Más recientemente, Clinton nominó a 2, G.W. Bush a 2,
Obama a 2 y Trump a 3 nuevos miembros de la Corte Suprema.
176
8. La media de tiempo empleado entre que se produce la vacante y se publica la propuesta de nombra-
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181
PROPONER Y NOMBRAR A LOS JUECES. LORD CHANCELLOR (LC), LORD
CHIEF JUSTICE (LCJ) Y LA JUDICIAL APPOINTMENTS COMMISSION (JAC)*
NOMINATING AND APPOINTING BRITISH JUDGES. LORD CHANCELLOR (LC), LORD
CHIEF JUSTICE (LCJ) AND THE JUDICIAL APPOINTMENTS COMMISSION (JAC)
Rosa M.ª Fernández Riveira
Profesora Titular de Derecho constitucional
Universidad Complutense de Madrid
RESUMEN
El modelo judicial del Reino Unido ha sido prácticamente rediseñado tras la Constitucional Re-
form Act de 2005 (CRA). Por un lado, en 2006 se creó un órgano público independiente de los
poderes legislativo, ejecutivo y judicial, la Judicial Appointments Commission (JAC), que es la
instancia decisiva en el proceso «profesionalizado» y burocrático de nombramientos judiciales.
Y, por otro, en 2009 se creó un Tribunal Supremo, que diseña un proceso especial ante la JAC
para nombrar a sus nueve jueces. La figura de Lord Chancellor (ministro de Justicia), queda ahora
restringida a competencias en el seno del ejecutivo. Los viejos nombramientos oscuros, opacos
y sin ruidos, basados en el tap on shoulder se han erradicado, pero la JAC, convertida en el órgano
público más decisivo en cuanto a nombramientos judiciales sigue concediendo excesivo poder a
la senior Judiciary, sigue ajustando y reajustando mecanismos que sean capaces de construir una
judicatura más diversa, más legítima, más representativa y más responsable.
PALABRAS CLAVE
Nombramientos, JAC, Lord Chancellor, Lord Chief Justice, rendición de cuentas, diversidad.
ABSTRACT
The judicial model in the United Kingdom has been practically redesigned following the Cons-
titutional Reform Act of 2005 (CRA). On the one hand, a public body independent of the legis-
lative, executive, and judicial powers, the Judicial Appointments Commission (JAC), was created
in 2006 as a decisive body in the «professionalized» and bureaucratic process of judicial ap-
pointments. On the other hand, a Supreme Court was created in 2009, which designed a special
process before the JAC to appoint its nine judges. The figure of the Lord Chancellor (Minister of
Justice) is now restricted to powers within the executive. The old obscure, opaque and noiseless
appointments based on tap on shoulder have been eradicated, but the JAC, having become the
most decisive public body in terms of judicial appointments, continues to grant excessive power
to the senior Judiciary, continues to adjust and readjust mechanisms that can build a more diver-
se, more legitimate, more representative, and more accountable judiciary.
KEY WORDS
Appointments, Judicial appointments commission, Lord Chancellor, Lord Chief Justice, accoun-
tability, diversity.
DOI: [Link]
*
El presente artículo se enmarca en el Proyecto ELI-MOUNT SCOPUS European Standards of Judicial Independence
CD/2021-8, March 2021-April 2023. Disponible en: <[Link]
current-projects/current-projects/eli-mt-scopus/>. También se desarrolla en el seno del proyecto PR44/21-29917,
SANTANDER-UCM, sobre Nombramientos de Jueces: modelos comparados, en especial, en España y Reino Unido,
2022-23.
PROPONER Y
NOMBRAR A LOS
JUECES. LORD
CHANCELLOR (LC),
LORD CHIEF JUSTICE
(LCJ) Y LA JUDICIAL
APPOINTMENTS
COMMISSION (JAC)
1. INTRODUCCIÓN
Para ser nombrado juez y acceder a determinado puesto dentro del poder judicial en
el Reino Unido es necesario, básicamente, haber superado la formación universitaria per-
tinente, contar con cierta experiencia en el ejercicio de las profesiones jurídicas (solicitor,
barrister, fellow of Chartered Institute of legal executives…), conseguir cierta credibilidad en
la profesión —avalada, en cierto modo, por la senior Judiciary—, sortear exitosamente un
proceso competitivo ante la JAC (Judicial Appointments Commission) y/o, finalmente, ser
nombrado por ciertas autoridades judiciales del sistema (Lord Chancellor, Lord Chief Justi-
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 182-203
ce, o Senior president Tribunals/Courts) para ocupar una concreta plaza judicial.
¿Cuánto hace falta de cada requisito? Dependerá del tipo y rango jerárquico de la plaza a
cubrir y de la jerarquía del órgano en el que se ubique la plaza. La diversidad, la represen-
tatividad, la pertenencia a minorías étnicas, la rendición de cuentas, el mérito (entendido
en sentido vivo y versátil) son otros factores que, en el modelo británico, al igual que en
otros —entre ellos, el español—, siguen siendo pending challenges.
En el Reino Unido hay diversos sistemas de nombramientos judiciales. El de Escocia es
distinto al del norte de Irlanda, y este difiere, a su vez, del modelo vigente en Inglaterra y
Gales. En este trabajo se expondrán algunas reflexiones sobre los nombramientos judiciales
en Inglaterra y Gales. Las especificidades de Escocia y del norte de Irlanda, cada una con
sus respectivos órganos de nombramientos judiciales, fueron diseñadas en 2002 y en 2003
respectivamente (Judicial commission for Northern Ireland y Judicial appointments board for
Scotland)1.
Tras la reforma constitucional británica de 2005 (Constitutional reform Act, CRA), los
nombramientos judiciales son el resultado de un steady drip de ajustes y reequilibrios entre
el viejo modelo de Lord Chancellor (tap on the shoulder…) y del nuevo escenario post CRA
inaugurado por la creación de la Judicial Appointments Commission (JAC) en 2006.
Es este un órgano público e independiente ubicado en el Ministerio de Justicia que no
nombra a los jueces. Solo realiza un trabajo «profesionalizado» de búsqueda de candidatos
y propuesta de los mejores para cubrir cada vacante dentro de la judicatura británica. Con
un ingrediente añadido: en sus modos de trabajo desempeñan un papel importante los
jueces senior, juristas profesionales y lay members, esto es, miembros no juristas, ajenos al
mundo del Derecho y con experiencias y backgrounds muy diversos que, sumados a los
miembros de la judicatura, inyectan nueva sabia, nueva legitimidad y desde luego, aportan
nuevas voces a los procesos de nombramientos judiciales.
Una vez seleccionados por la JAC, los candidatos que se proponen a las vacantes judi-
ciales deberán después ser seleccionados por las autoridades de nombramiento.
Pero, al margen de la descripción del nuevo modelo —cuestión a la que dedicaremos
varias páginas—, en nuestro análisis subyace una reflexión presente en el caso británico
y también en el español: ¿cómo diseñar un procedimiento para nombrar los jueces de
un poder judicial que permita elegir a los mejores en términos de mérito, capacitación,
representatividad (legitimidad dinámica) e idoneidad (en un determinado momento social,
político y cultural)?
Para construir este procedimiento será necesario un juego de equilibrios que combine
política y ley, un ajuste armónico de la presencia del ejecutivo, la judicatura, las necesidades
y sensibilidades ciudadanas en su «justa» proporción y el impedimento de la politización
de los nombramientos, aceptando, no obstante, con honestidad el componente político
de estos; pero no cualquier política, sino una política abierta, equilibrada, legítima, trans-
184 parente, representativa, eficiente, rendidora de cuentas, diversa, apropiadamente dotada
de recursos económicos y empática con el justiciable. Como han señalado Gee, Hazell,
propio presidente).
El modelo orgánico arriba descrito se integra por jueces que también ocupan distintas
posiciones jerárquicas. Hay jueces que pueden formar parte de varios órganos judiciales y
conocer de asuntos en materia civil y penal al mismo tiempo. Y jueces que prestan sus ser-
vicios de manera temporal y, en consecuencia, son remunerados solo por tales prestaciones
o jueces que ejercen con dedicación completa y exclusiva y son, por tanto, remunerados
como profesionales estables.
Part-time Judges
El primer escalón en la judicatura inglesa está formado por los part-time (fee-paid) jud-
ges. Esta figura se integra por jueces que actúan de manera parcial y, por tanto, cobran sus
salarios con relación al periodo de tiempo para el que son llamados. El resto de su tiempo,
de manera un tanto sorpresiva y paradójica (para los modelos occidentales de Civil Law),
pueden ejercer otras actividades profesionales legales. Este tipo de jueces representan alre-
dedor de dos tercios de la judicatura en Inglaterra y Gales10. No disfrutan de una plaza per-
manente y el Lord Chancellor (LC) (ministro de Justicia) podría decidir no renovarles en el
cargo. Estos jueces han generado —y generan en la actualidad— una importante preocu-
pación debido a su permanente inestabilidad y, consecuentemente, a los efectos negativos
que ello provoca en el ejercicio de sus funciones jurisdiccionales y en su imparcialidad11.
Masters
Seguidamente se encuentra la figura de los masters, que son «jueces procesales» que
conocen en primera instancia de todos los asuntos del proceso hasta que el asunto está listo
para ser juzgado por un juez de la High Court. Solo actúan en la Queen’s bench divison y en
la Chancery división.
legislativo y judicial.
Además, el 8 de septiembre de 2003 la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa
emitió un informe13 sobre el papel de Lord Chancellor en el sistema constitucional del
Reino Unido en el que, de manera bastante crítica, solicitaba al país una que aprobara una
reforma legislativa orientada a recuperar la separación de poderes, profundamente dañada
antes de 2005.
La denuncia de la Asamblea parlamentaria era nítida, el Reino Unido no puede con-
centrar en una única institución, (Lord Chancellor)14 tres cargos: las funciones ejecutivas
(es decir, ser el ministro de Justicia del Gobierno con un papel central en materia de
nombramientos judiciales), ser el speaker de la Cámara de los Lores (con las consiguientes
responsabilidades y funciones legislativas que comporta la presidencia de esta Cámara) y,
en tercer lugar, ser la cabeza máxima de la judicatura y juez en activo que preside dos ór-
ganos muy importantes: el Appellate committe of the House of Lords y el Judicial Committee
of the Privy council.
Semejante concentración suponía un peligroso solapamiento de los poderes legislativo,
ejecutivo y judicial y una fuente de constantes «conflictos de intereses», tal como denun-
ciaba insistentemente el informe.
Junto a los miembros de la judicatura descrita (categorías), existen una serie de puestos
de naturaleza personal y de elevado rango jerárquico que, de manera individual, desempe-
ñan competencias específicas dentro de la «alta judicatura». Tales cargos son: Lord Chan-
cellor (LC) que es el ministro de Justicia, Lord Chief Justice (LCJ) que es el presidente de la
Sala de lo Penal de la Corte de Apelación (Court of Appeal) además de la primera autoridad
y cabeza del poder judicial y, en segundo lugar, Master of the Rolls, que es el presidente de
la sala de lo civil.
Junto a ellos figuran los presidentes de las tres salas de la Corte Suprema (High Court):
president of the Family Division, president of the Queen’s bench division y Chancellor of the
High Court.
190
En palabras de Le Seur, la reforma no se llevó a cabo de modo tranquilo, consensuado
ller vs. State Secretary, 2016)21, provocaron la defensa firme e inmediata de la entonces
Lord Chancellor (Liz Truss)22.
En definitiva, sería precisamente esta enraizada y compleja relación entre los poderes
ejecutivo y judicial lo que la reforma constitucional de 2005 debía reformar. ¿Existía sepa-
ración de poderes? La apariencia y su diseño institucional evidenciaban que la respuesta era
negativa.
Las medidas más prácticas que facilitaron los cambios fueron las siguientes: i) Se creó
un nuevo Ministerio de Justicia con nuevos miembros y nuevas competencias. Al frente
de ese órgano estaría el Lord Chancellor, que ya no sería la cabeza de la judicatura y que
ya no ostentaría las viejas competencias de nombramientos judiciales. El Lord Chief Justice
(LCJ) sería ahora la cabeza del poder judicial como institución separada e independiente.
ii) Se creó un órgano público e independiente, aunque ubicado en del Ministerio de Jus-
ticia dedicado a realizar (más bien, proponer e informar) los nombramientos judiciales, la
Judicial Appointments Commission (JAC) 2006. iii) En 2009 se creó el Tribunal Supremo
como máximo órgano judicial, que sustituiría al antiguo Appellate committe of the House of
Lords y que tendrá su sede fuera del Palacio de Westminster (House of Lords) para traladarse
al palacio de Middlesex Guildhall.
Ahora, el artículo 3(6) de la CRA, de 2005, establece como obligaciones de Lord Chan-
cellor: i) la defensa de la independencia judicial, ii) el apoyo necesario a la judicatura para
permitir a esta ejercer sus funciones y, iii) la garantía de que el interés público con respecto
a los asuntos relacionados con el poder judicial esté debidamente representado en las deci-
siones que afectan a esos asuntos.
Esta nueva regulación normativa diferenciaba por primera vez, y de manera expresa, el
«interés general» y los intereses particulares de los jueces. Cuestiones como los sueldos, la
jubilación, las condiciones laborales de la judicatura o los nombramientos judiciales debe-
rán regularse de acuerdo con el «interés general»
Estas medidas, en cuanto tangibles y concretas, serían más fáciles de asumir y respetar.
El problema estaría en las otras, también necesarias, menos identificables, profundamente
diluidas en hábitos, prácticas, usos y/o cultura de una judicatura cuyo ADN era y se desa-
rrollaba al abrigo del poder ejecutivo.
Tras la CRA de 2005, el Lord Chancellor debía seguir defendiendo la independencia ju-
dicial en dos grandes ámbitos competenciales. Por un lado, respecto del sistema judicial en
su totalidad y en su actividad diaria dentro de los órganos judiciales, de ahí sus importantes
funciones de apoyo y supervisión sobre cualesquiera nombramientos judiciales. Por otro,
aquilatando y velando por una sana, equilibrada y adecuada relación entre el ejecutivo y
el judicial.
192
4. LA CREACIÓN DE LA JUDICIAL APPOINTMENTS COMMISSION EN
cualificación profesional, conocido con Queen’s Consel (QCs) o Silk (1900 son QCs de
entre todos los barristers y solo en 2021 fueron nombrados 101 barristers como tales).
Las clásicas diferenciaciones y la idiosincrasia de ambas profesiones jurídicas han ido di-
luyéndose y cambiando a consecuencia de muchos factores (entre ellos, la aprobación de la
Courts Legal Service Act de 1990 y la Acces to Justice Act de 1999) que han ido introduciendo
poco a poco la posibilidad de que también los solicitors disfruten del derecho de litigar en
Highs Courts mediante la obtención de la pertinente cualificación a fin de homologar los
derechos y las competencias de ambas categorías profesionales25.
Los cambios y reajustes que han ido sucediéndose han tratado de garantizar la arti-
culación de un sistema sólido y plural en la prestación de servicios legales sin descuidar
la excelencia y la máxima cualificación que asegure también la máxima representatividad
social. Una norma que refleja tales avances es la Legal Service Act de 2007.
Hoy en día, las características y problemas (desigualdad en el acceso a la cualificación,
manipulación del mercado de servicios legales y falseamiento de la competencia, injusta
y desigual representatividad femenina y de colectivos étnicos minoritarios, excesiva espe-
cialización, parcialidad en la promoción, brechas salariales, etc.) que afectan a solicitors y
barristers preocupan sin duda al ejecutivo y al poder judicial.
Malleson y Moules26 consideran que la alta judicatura (High Courts y órganos judiciales
superiores hasta el Tribunal Supremo) continúa nutriéndose básicamente de barristers, de
ahí que reproduzca de manera mimética los problemas que aquejan a esta categoría pro-
fesional.
lay members. Determinar cuál es el rol apropiado que los jueces deben jugar en la
selección de otros jueces no es tarea fácil. Se ha definido la capacidad de los jueces
de influir en los panels de selección de la JAC como conduct-shaping. Se acepta y se
entiende que, para determinados puestos específicos, que requieren conocimientos
y capacitaciones jurídicas de muy alto nivel y se precisa de la voz cualificada de
otros jueces senior que sean capaces de identificar y proponer a los candidatos más
aptos. No obstante, la influencia del rol judicial en los procesos de selección de
largo alcance, context-shapping, con efecto más amplio y perseverante ante la opi-
nión pública largoplazista puede arrinconar (de manera indeseada) la legitimidad
necesaria que también aportan los lay members. En definitiva, es un debate abierto
que no concita demasiados consensos.
vii) El papel de aire fresco que juegan los lay commissioners en los procesos de selección de
la JAC. Esta novedosa herramienta nos pone ante el dato de que el presidente de la
JAC durante dos mandatos centrales —renovado, por tanto, en el cargo— ha sido
Lord Ajay Kakkar, un prestigioso cirujano ajeno al mundo jurídico. La importan-
cia de este elemento en los nombramientos estriba en la legitimidad añadida que
representa. Un órgano de composición heterogénea y plural tiene enfrente a unos
justiciables heterogéneos y plurales que demandan unos jueces excelentes, pero a
la vez, representativos. De los tres órganos de nombramientos de jueces (NIJAC
Northern Ireland Judicial appointments commission, JABS Judicial appointments
commission board for Scotland y la JAC), la judicatura se mostró especialmente
contraria a la introducción de miembros ajenos al mundo del Derecho (lay mem-
bers commissioners) en los procesos de selección de jueces en Escocia32.
viii) El eterno problema de la apuesta por la diversidad. Tras la CRA de 2005 y con la
publicación de la CCA (Crime and Court Act) de 2013, el debate en torno a la
diversidad en la judicatura inglesa se centró en las cifras que analizaban si los por-
centajes entre hombres y mujeres, o entre las distintas minorías étnicas (BAME:
black, african minorities ethnics) tenían cierto reflejo y representación en el poder
judicial. Antes de 2005, pero también después y, en gran medida, se nutrió del
modelo oxbridge (hombres blancos formados en Oxford y en Cambridge, de clases
sociales conservadoras y favorecidas), un poder judicial que Lady Hale describió
como de otro planeta33. Hoy, los logros en materia de diversidad no son muy sig-
nificativos. Además, se debate y reflexiona no solo sobre cifras y porcentajes, sino
también sobre códigos éticos, valores y posicionamientos personales, que son los
que realmente construyen en la sociedad de nuestros días, la «diversidad».
198
6. ÚLTIMAS IDEAS DENTRO DE UN LARGO PROCESO:
NOTAS
1998), se resolvieron en cierto modo y de manera no premeditada con la creación de la Corte de Justicia
para tales países en 2005 (Caribbean Court Justice). Disponible en: <[Link]
judicial-committee/>.
4. Disponible en: <[Link]
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5. Department for Constitutional Affairs Jury research and impropriety, Consultation paper on jury
research (January 2005). Disponible en: <[Link]
[Link]>.; y Matthews, Hancock y Briggs (2004).
6. The Secret Barrister (2018); The Secret Barrister (2022).
7. «In 2020, magistrates’ courts in England and Wales received 1.13 million cases and disposed of 1.04
million.4 Of the cases received, 74 % were for summary offences or breaches, which can be resolved in
a magistrates’ court without the need for a trial. Most of the remaining cases (258.000 or 23 %) were
triable-either-way, meaning they could proceed to trial at the Crown court. Around 3% (29.000) were
initial hearings for indictable offences which can only be resolved by trial at the Crown court. In the
same year, Crown courts received 97.000 cases and disposed of 78.000. Two thirds (65%) of cases re-
ceived were trials, 30 % were cases sent from the magistrates’ court for sentencing, and 5% were cases of
appeals against decisions in the magistrates’ court». Disponible en: <[Link]
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8. Hale (2021: 219 ss.).
9. «Our constitution, unlike that of, for example, the United States, is not built on the principle that the
legislative, the executive and the judicial should be separate and equal […]» (Mackay, 1991: 257 ss.);
«There are, however, several potential weaknesses with the model. First, it assumes that a single court is
fit to determine both ordinary civil and criminal appeals and also constitutional questions. Secondly, a
supreme court would arguably be a “centralising” institution at a time when the process of devolution
in the UK suggests a different approach is desirable. There is also no need for symmetrical treatment of
the three legal systems (asymmetry is a feature of the 1998 devolution settlement» (Le Sueur y Cones,
2001: 78 ss.).
10. Disponible en: <[Link]
2021-to-2022>.
11. Hyde (2022); y Woolf (2001).
12. Mackay (1991).
13. Resolution 1342 (2003), Standing committee, Parliamentary Assembly, Council of Europe: «Office
of the Lord Chancellor in the constitutional system of the United Kingdom»
14. Underhill (1978); y Schuster (1949).
15. Woodhouse (2007).
16. Fernández Riveira (2019).
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18. HL Constitution committee, «Memorandum by Lord Irvine of Lairg», The Cabinet office and the
Centre of government (2009), 30; y Gee, Hazell, Malleson y O’Brien (2015: 38 ss.).
200
19. Charles Clarke (Home Secretary) issued an invitation in 2005 to the Law Lords to discuss detention
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203
ESTUDIOS
Derechos de las personas mayores y discriminación en las residencias
geriátricas durante la pandemia de COVID-19
Fernando Flores
Algunos problemas conceptuales y epistemológicos de la definición del
consentimiento sexual en la llamada Ley de «solo sí es sí»
José Antonio Ramos Vázquez
La participación en el proceso penal de la víctima menor de edad. El
ejercicio de la dispensa de la obligación de declarar
Jesús Bonilla
Repensando el delito de falsificación documental a la luz del principio
de ne bis in idem.
Pablo Hernández-Romo Valencia
DERECHOS DE LAS PERSONAS MAYORES Y DISCRIMINACIÓN EN LAS
RESIDENCIAS GERIÁTRICAS DURANTE LA PANDEMIA DE COVID-19
OLDER PEOPLE’S RIGHTS AND DISCRIMINATION IN CARE
HOMES DURING THE COVID-19 PANDEMIC
Fernando Flores Giménez
Profesor Titular de Derecho constitucional
Universitat de València
RESUMEN
Como en muchos otros países, la crisis sanitaria que irrumpió a principios de 2020 provocó en
España miles de muertes entre las personas mayores. Muchas de ellas tuvieron lugar en residen-
cias geriátricas. Numerosos estudios e informes han consignado una serie de acciones y omisio-
nes que podrían haber contribuido, cuando no provocado directamente, la grave vulneración de
derechos fundamentales de los ancianos residentes. El derecho a la vida, el no sometimiento a
tratos inhumanos o degradantes, la libertad de circulación, el derecho a la intimidad personal y
familiar, el trato igual con el resto de la ciudadanía, y otros derechos que, si bien no pueden ser
considerados fundamentales desde la perspectiva jurídico-constitucional, sí lo son por configu-
ración legal, entre ellos el derecho a la salud o aquellos derivados de la Ley de Dependencia.
Con apoyo en los informes del Defensor del Pueblo y de la Fiscalía, así como en investigaciones
realizadas por organizaciones civiles y periodistas de investigación, este artículo aborda las dis-
criminaciones y abusos más relevantes que durante la crisis sanitaria se han producido en la
debida provisión de cuidados a las personas mayores en las residencias.
PALABRAS CLAVE
COVID-19, derechos fundamentales, residencias.
ABSTRACT
As in many other countries, the health crisis that erupted in the early 2020s led to thousands of
deaths among the elderly in Spain. Many of them took place in nursing homes. Numerous studies
and reports have recorded a series of actions and omissions that may have contributed to, if not
directly caused, the serious violation of fundamental rights of elderly residents. The right to life,
freedom from degrading treatment, freedom of movement, the right to personal and family pri-
vacy, equal treatment, and other rights which, although they cannot be considered fundamental
from a legal-constitutional perspective, were considered so by legal configuration, among them
the right to health or those derived from the Dependency Law. With the support of the reports
of the Ombudsman and the Public Prosecutor’s Office, this article addresses the most relevant
discrimination and abuses that have occurred during the health crisis in the provision of care for
the elderly in nursing homes.
KEY WORDS
COVID-19, fundamental rights, nursing homes.
DOI: [Link]
DERECHOS DE LAS
PERSONAS MAYORES
Y DISCRIMINACIÓN
EN LAS RESIDENCIAS
GERIÁTRICAS DURANTE
LA PANDEMIA
DE COVID-19
212
Por último, es preciso hacer referencia a las condiciones de empleo en las residencias.
protocolo de actuación sanitaria por la concurrencia de una discapacidad […] por la edad
[…] salvo que razones médicas debidamente acreditadas así lo justifiquen».
A pesar del carácter claramente antidiscriminatorio y proactivo de toda esta normativa,
la pandemia ha supuesto un grave cuestionamiento de los principios de dignidad y de
igualdad material en la base del principio del cuidado, la garantía del derecho a la salud.
Este cuestionamiento se habría materializado en la decisión protocolizada por parte de
algunos gobiernos autonómicos (especialmente, los de Madrid y Cataluña) de no derivar
a los hospitales a personas mayores o en diferentes situaciones de discapacidad contagiadas
en las residencias. Atendiendo al caso más grave, concretamente, entre el 25 y el 30 de
marzo fallecieron 1364 residentes en Madrid, de los que solo el 13 % había sido trasladado
previamente a un hospital. Un porcentaje indeterminado de los que murieron sin asisten-
cia sanitaria fue víctima de una serie de protocolos aprobados por el gobierno autonómico
de esa comunidad en los que se restringía al máximo la posibilidad de trasladar enfermos
desde los geriátricos a los hospitales. Entre los criterios utilizados para decidir quién podía
ir al hospital y quién era obligado a permanecer en la residencia figuraban los que medían
el nivel de dependencia o la discapacidad intelectual del mayor (en profundidad, Rico,
2020; y Dalli, 2022).
En aplicación del criterio del valor social de las personas —prejuicio capacitista, que
gradúa la consideración hacia la persona en función de las capacidades que posea en cada
momento—, se determinó que las personas de cierta edad y con discapacidades quedaban
automáticamente excluidas de la asistencia (De Montalvo y Bellver, 2020: 319). Y median-
te resoluciones que no cumplirían el mínimo nivel de jerarquía normativa exigible para
determinar la limitación de derechos fundamentales, se les excluyó de la titularidad del
derecho a la salud reconocido en la Constitución y en las leyes (HelpAge, 2021: 119-120).
Esta práctica discriminatoria habría seguido el criterio de la Sociedad Española de Me-
dicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias, que en su documento «Recomendacio-
nes éticas para la toma de decisiones en la situación excepcional de crisis por pandemia
COVID-19 en las unidades de cuidados intensivos» establecía criterios como este: «En
personas mayores se debe tener en cuenta la supervivencia libre de discapacidad por encima
de la supervivencia aislada», con lo que «[…] cualquier paciente con deterioro cognitivo,
por demencia u otras enfermedades degenerativas, no serían subsidiarios de ventilación
mecánica invasiva». Pero habría dado la espalda al ordenamiento jurídico —constitucional,
legal, reglamentario, convencional— citado más arriba, a las (entre otras) Recomendacio-
nes de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) sobre decisiones éticas
e ingreso en UCI en situación de crisis COVID-19, y a un doble compromiso del Minis-
terio de Sanidad: por una parte que «[…] las medidas que se adopten estarán presididas
por los principios de equidad, no discriminación, solidaridad, justicia, proporcionalidad y
transparencia, entre otros»; y por otra, que si la escasez de recursos, temporal o duradera,
exigiera el establecimiento de criterios de priorización de acceso a los mismos, ello se haría
con base en criterios objetivos, generalizables, transparentes, públicos y consensuados (vid.
216
Dalli, 2022; Ministerio de Sanidad, 2020; y Ministerio de Derechos Sociales y Agenda
mientras que para los menores de esa edad el número de horas era de 7 (desde las 6:00 hasta
las 10:00 a. m. y desde las 20:00 hasta las 23 p. m.).
En este punto, Presno Linera (2020) llama la atención sobre el hecho de que unos días
antes se había publicado la Orden SND/370/2020, de 25 de abril, sobre las condiciones en
las que deben desarrollarse los desplazamientos por parte de la población infantil durante la
situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. Y que, en ella, justificadamente,
se recogieran las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones
Unidas para evitar los efectos negativos, físicos, psicológicos y emocionales en la infancia
a consecuencia de la pandemia, dando lugar a que el número de horas de desplazamiento
alcanzara a la de los adultos menores de 70 años (7 horas). Habida cuenta del demostrado
impacto negativo que produce la falta de movimiento sobre la salud física y mental de las
personas mayores durante el aislamiento (Ministerio de Derechos Sociales, 2020), es lícito
pensar que la asignación de 4 horas menos al día para pasear no se sostenía en ningún ar-
gumento que no fuera edadista, discriminatorio y contrario al artículo 14 CE.
En relación con las prohibiciones de salir de los centros y a las restricciones en los
horarios de visita, la Orden SND/380/2020, ya citada, consideraba en su preámbulo la
importancia de la actividad física de las personas mayores «para mantener una adecuada
funcionalidad». Sin embargo, añadía poco después que «[…] en esta fase no se contem-
pla la práctica de la actividad física prevista en esta orden —que considero ya de por sí
discriminatoria para los mayores de 70 años— por parte de los residentes en los centros
sociosanitarios de mayores». De modo que, en este punto, la normativa estableció una
prohibición absoluta de realizar actividad física, y de circular libremente, que afectó sin
excepción a todos los residentes, tuvieran o no diagnosticado el COVID-19. El argumento
genérico que fundamentaba la restricción general —la protección de un grupo vulnera-
ble— no puede compensar la grave intromisión en el principio de autonomía y la libertad
de circulación de las personas, y contradice el principio según el cual la aplicación de me-
didas de aislamiento, confinamiento, pérdida de rutinas, de actividad física, etc., cuando
son de inevitable aplicación, deben mantenerse solo por el tiempo que sea estrictamente
necesario (Ministerio de Derechos Sociales, 2020). Por todo ello, nos encontramos ante
una prohibición que debe considerarse desproporcionada (Presno, 2020) y, por tanto, con-
traria a la Constitución.
En fin, por lo que se refiere al régimen de las visitas, la Orden SND/414/2020, de 16 de
mayo, para la flexibilización de determinadas restricciones de ámbito nacional, determinó
la competencia de las comunidades y ciudades autónomas sobre la realización de visitas a
viviendas tuteladas y centros residenciales de personas con discapacidad y de personas ma-
yores, subrayando el carácter excepcional (supuestos del final de la vida) para este último
caso. Además, las visitas se sujetaron a un protocolo estricto (cita previa, un visitante por
residente, uso de equipos de protección adecuados…) y quedaron excluidas en todo caso
las visitas a los «[…] centros residenciales de personas mayores en los que haya casos confir-
mados de COVID-19, o en los que algún residente se encuentre en período de cuarentena
218
por haber tenido contacto estrecho con alguna persona con síntomas o diagnosticada de
219
El derecho a la verdad apareció en el marco del Derecho internacional de los derechos
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 206-229
humanos en relación con las graves violaciones de derechos y con la concreta problemática
de las desapariciones en conflictos armados (Rodríguez, 2017), pero con el tiempo ha ido
proyectándose en otros ámbitos En la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, el derecho a la verdad aparece como elemento integrante del aspecto procesal
de los derechos del Convenio Europeo de Derechos Humanos, relativo a la obligación po-
sitiva de los Estados de realizar la adecuada investigación de las circunstancias de una vio-
lación de derechos a efectos de proporcionar una adecuada reparación a la víctimas (López
Guerra, 2018). La explicación radica en que la protección de los derechos fundamentales
abarca tanto las acciones de prevención orientadas a evitar su vulneración como la reacción
cuando esta se produce; y esta reacción, la que conduce a la garantía jurisdiccional, exige la
investigación rigurosa de los hechos.
Más allá de la problemática técnico-jurídica que plantea el derecho a la verdad —por
ejemplo, respecto a la legitimación, ámbito en el que surgen cuestiones tales como quié-
nes son sus titulares, o quiénes pueden invocarlo en el curso de un proceso (las víctimas
y sus familiares exclusivamente, o la «colectividad»)—, lo cierto es que la ausencia de una
investigación adecuada y suficiente para determinar las responsabilidades de una posible
vulneración de derechos determina la ineficacia del derecho en cuestión. Para el TEDH, si
se trata del derecho la vida o a la integridad física, «la verdad» debe configurarse como un
derecho autónomo, de tipo procesal, con una serie de características: la investigación ha de
ser pronta (para evitar la desaparición de pruebas con el paso del tiempo), debe llevarse a
cabo por un órgano con la suficiente independencia y, en su caso, contar con la presencia
y con participación de las víctimas o sus familiares y allegados directos. Si bien el Tribunal
Europeo de Derechos Humanos ha exigido el cumplimiento de estos requisitos en casos
relativos a las detenciones secretas, desapariciones forzadas y deportaciones ilegales (caso
Husayn (Abu Zubayda) c. Lituania, 2018: par. 608), no hay argumento sólido que desplace
ese derecho en otros casos de violaciones graves en los que la dificultad para obtener prue-
bas viene determinada por la colusión de intereses público-privados, como es el caso de las
residencias geriátricas durante la pandemia.
Dicho esto, como el propio TEDH ha declarado en varias sentencias, frente a la com-
plejidad de las circunstancias de un caso (los obstáculos o las adversidades que impidan el
progreso de una investigación), la respuesta adecuada de las autoridades es esencial para
preservar la confianza de la ciudadanía en el respeto del principio de legalidad y evitar
cualquier apariencia de complicidad o tolerancia en relación con los actos ilícitos. Por las
mismas razones, el público debe tener un derecho suficiente de seguimiento de la inves-
tigación o de sus conclusiones, de forma que se garantice, tanto en la teoría como en la
práctica, la depuración de responsabilidades (Masri c. Macedonia, 2014; y López Guerra,
2018: 21-22).
De ahí que, en relación con lo ocurrido en las residencias de ancianos durante la cri-
sis sanitaria, produzca extrañeza la ausencia generalizada de investigaciones exhaustivas y
eficaces del Ministerio Fiscal, especialmente si se toma en consideración su función cons-
220 titucional, a saber, «[…] promover la acción de la Justicia en defensa de la legalidad, de los
derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición
la asistencia defectuosa a los residentes, la falta de organización del servicio debida a una
ineficaz gestión de los medios materiales y personales de los centros, y la falta de informa-
ción a los familiares de los residentes sobre el estado de salud de estos.
También, desde marzo de 2021, las fiscalías comenzaron a recibir denuncias que re-
clamaban contra el rechazo a admitir las hospitalizaciones de residentes, negativas basa-
das en criterios generales y no personalizados (los protocolos). Los criterios ordinarios
deberían haber sido, por ejemplo, la agudización de mal estado de salud del residente, la
imposibilidad de prestar la asistencia en su propio entorno, la posibilidad de recupera-
ción, la tolerancia a los recursos que debía proporcionarle el hospital y el mayor beneficio
del paciente.
Sin embargo, la mayor parte de las diligencias de investigación han sido archivadas.
Entre los motivos por los que se han sobreseído estas denuncias, la fiscalía de Barcelona,
por ejemplo, señaló que los perjudicados habían acudido directamente a los tribunales, que
los hechos ocurrieron en otras demarcaciones, que directamente se consideró que no había
hechos punibles o que la tipificación planteada en la denuncia no era la adecuada. En estos
casos, la Fiscalía analizaba si la conducta desarrollada por las residencias era constitutiva de
algún delito de omisión del deber socorro, denegación de asistencia sanitaria u homicidio
imprudente, concluyendo que aquállas no hicieron «[…] una dejación de su deber de cui-
dado y asistencia médica», sino que adecuaron su proceder «[…] al marco normativo y a la
realidad material a la que se enfrentaban en el momento de los hechos».
A pesar de lo declarado por la Fiscalía, la lectura de los decretos que acordaron el ar-
chivo de muchas de las denuncias muestra que numerosas decisiones de archivo no fueron
el resultado de una verdadera investigación, sino que se basaron, fundamentalmente, en
los informes (naturalmente exculpatorios) de las propias residencias. En este sentido, debe
recordarse que, si bien en el citado auto de 18 de diciembre de 2020 el Tribunal Supremo
declaró que resultaba «[…] necesario que existan datos objetivos que permitan imputar los
concretos resultados lesivos producidos en cada caso y sobre cada persona afectada» —es
decir, que exista (como argumenta la Fiscalía en sus decretos de archivo) una «[…] relación
de causalidad directa, completa e inmediata, eficiente y sin interferencias entre el hecho
denunciado y su pretendida consecuencia»—, no es menos cierto que también exigió una
«[…] evaluación, aunque sea provisional, de las circunstancias concretas en la que estos
resultados se produjeron».
Debe recordarse que la Fiscalía y de la Administración están obligadas a colaborar en
la investigación de una forma más intensa que el ciudadano particular, pues la facilidad
probatoria en manos de aquellas está muy por encima de la de este. Así se deduce del art.
217.7 de la LECiv (disponibilidad y facilidad probatoria que corresponde a cada una de
las partes del litigio), y de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, que se ha pronun-
ciado al respecto en estos términos: «Cuando las fuentes de prueba se encuentran en poder
de una de las partes del litigio, la obligación constitucional de colaborar con los tribunales
en el curso del proceso (artículo 118 C.E) conlleva que dicha parte es quien debe apor-
222
tar los datos requeridos, a fin de que el órgano judicial pueda descubrir la verdad» (STC
políticas públicas de mirada larga; y la regulación que debe proteger sus derechos más allá
de reclamaciones morales.
Así, en primer lugar, la gestión de la pandemia ha mostrado sin velos la verdadera re-
presentación y el valor social que realmente tienen las personas mayores en nuestro mun-
do. Tanto por el escenario estructural de sus cuidados en el que irrumpió la pandemia
como por algunas de las decisiones políticas discriminatorias llevadas a cabo (Ribotta,
2022; y Naciones Unidas, 2020). Como afirma Ribera (2020: 307), «[…] la crisis del
coronavirus ha sido el caldo de cultivo para el edadismo», en su manifestación social e
institucional. En este sentido, es urgente poner los medios necesarios para transformar
una cultura basada en estereotipos, prejuicios y discriminaciones edadistas y construir
una sociedad libre de ellos.
En segundo lugar, el impacto de la pandemia sobre las personas mayores y sobre las
personas con discapacidad ha puesto en cuestión no solo el actual modelo de residencias
para personas en situación de dependencia, sino también el sistema de cuidados de larga
duración implantado en España en diciembre de 2006. Se exige un cambio que, en re-
sumen, debe «[…] caminar hacia un modelo de atención y de cuidados centrados en la
persona» (Mesa Estatal por los Derechos de las Personas Mayores, 2020; y Marbán et al.,
2021: 160), es decir, «[…] un cambio en profundidad del modelo de alojamientos para
personas mayores o personas con discapacidades que precisan apoyos para continuar con
sus proyectos de vida. Es preciso que las alternativas de alojamiento que dispensen cuida-
dos e intervenciones profesionales se orienten desde una atención centrada en las personas
y no desde objetivos de mera custodia».
Este cambio necesario exige asumir la centralidad del principio de equidad en la aten-
ción a la población de personas mayores vulnerables (Zunzunegui, 2022), un enfoque que
encaja con dificultad en la creciente mercantilización de los cuidados. Así, el rechazo a los
macrocentros residenciales, las habitaciones individuales como derecho (porque la inti-
midad personal es un derecho fundamental), la sustitución del modelo institucional (sin
retroceder al institucional hospitalario) por otro en el que nuevos diseños arquitectónicos
y de organización favorezcan unos cuidados en los que primen la autonomía, la historia
de vida y los deseos de las personas mayores… (HelpAge, 2021a; y Pinazo, 2020a) son
exigencias que compatilizan mal con la idea de grandes beneficios económicos. Esta es la
razón de que el acuerdo auspiciado por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030
para fijar los nuevos requisitos mínimos que deben cumplir todos los servicios de la depen-
dencia en España, entre ellos, las residencias de mayores, haya sido objeto de una «rebaja»
considerable después de que la patronal de las residencias y algunos gobiernos regionales
expresaran su oposición al mismo (Sosa y Cué, 2022). Ahora bien, como se ha comentado
en distintos foros especializados, si realmente quiere propiciarse una transformación en el
sector residencial y de cuidados —promoción de la vida independiente y atención centrada
en la persona en el entorno comunitario—, van a ser necesarias una mayor financiación,
una valentía política que hasta ahora ha sido casi inexistente y una mirada que vaya más
224 allá del período que transcurre entre elecciones.
Por último, la necesaria reforma del sector residencial y de los cuidados debe ir acom-
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228
Fecha de recepción: 14 de febrero de 2023.
229
ALGUNOS PROBLEMAS CONCEPTUALES Y EPISTEMOLÓGICOS DE LA DEFINICIÓN
DEL CONSENTIMIENTO SEXUAL EN LA LLAMADA LEY DE «SOLO SÍ ES SÍ»*
SOME CONCEPTUAL AND EPISTEMOLOGICAL PROBLEMS WITH THE DEFINITION
OF SEXUAL CONSENT IN THE SO-CALLED «ONLY YES MEANS YES» LAW
José Antonio Ramos Vázquez
Profesor titular de Derecho penal
Universidade da Coruña
RESUMEN
Tras muchos debates, académicos y mediáticos, el año pasado se aprobó la llamada «Ley de
solo sí es sí» y, por primera vez en la historia del Derecho penal español, se define en ella el
consentimiento sexual. Este trabajo analiza algunos problemas conceptuales de dicha definición
(qué es el consentimiento, qué clase de modelo plasma la Ley y cuáles son sus dificultades) y,
también, problemas de tipo epistemológico (cómo tener certeza del consentimiento de una per-
sona, cómo valorar los eventuales criterios al respecto, etc.). La conclusión es que un cambio de
paradigma como este puede suponer que el error de tipo adquiera una relevancia que antes no
tenía, siendo una vía de salida para el previsible choque entre nuestra actual cultura sexual y la
pedagogía social que la Ley pretende.
PALABRAS CLAVE
Agresión sexual, consentimiento, epistemología, criterios, error de tipo.
ABSTRACT
After much debate, both academic and in the media, last year the so-called «Law of only yes is
yes» was passed and, for the first time in the history of Spanish criminal law, sexual consent is
defined in it. This paper analyzes some conceptual problems of this definition (what is consent,
what kind of model does the Law imply and what are its problems) and epistemological pro-
blems (how to be certain of a person’s consent, how to assess the eventual criteria in this regard,
etc.). The conclusion is that such a change of paradigm can mean that the type error acquires
a relevance that it did not have before, being a way out of the foreseeable clash between our
current sexual culture and the social pedagogy that the Law intends.
KEY WORDS
Rape, sexual consent, epistemology, criteria, defence of mistake.
DOI: [Link]
*
Esta publicación es parte del proyecto de I+D+i «Impacto de la “tuiterización” de la opinión pública sobre el Derecho
penal y consecuencias para el debate en torno a su democratización» (referencia: PID2021-125730OB-I00), finan-
ciado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033/ y por «FEDER. Una manera de hacer Europa». IP: Fernando Miró
Llinares.
ALGUNOS PROBLEMAS
CONCEPTUALES Y
EPISTEMOLÓGICOS DE
LA DEFINICIÓN DEL
CONSENTIMIENTO
SEXUAL EN LA
LLAMADA LEY DE
«SOLO SÍ ES SÍ»
ginal, que ha comportado la revisión a la baja de cientos de condenas por delitos sexuales,
todo lo que ha rodeado a la llamada «Ley de solo sí es sí» ha estado caracterizado por la
polémica.
No es objeto de este trabajo ninguna de las polémicas que han jalonado el recorrido
legislativo, dado que, por una parte, creo que ya se han agotado los argumentos a favor y
en contra de la pertinencia de la ley y los debates sobre si esta supone un avance o un retro-
ceso en la protección de la libertad sexual, y, por otra, la (aún escasa) experiencia aplicativa
de la norma impide realizar un juicio ponderado sobre el impacto que pueda tener tanto
desde el punto de vista de la prevención de la violencia sexual como del respeto a principios
fundamentales del sistema penal, señaladamente el de presunción de inocencia, principio
que, de acuerdo con el sector crítico con la norma, estaría en alto riesgo de ser vulnerado
por esta.
El hecho cierto es que la Ley Orgánica 10/2022 ha reconfigurado la manera en que
la legislación penal española venía abordando los delitos sexuales y es, por ello, necesario
análizar los muchos aspectos de la reforma que previsiblemente van a suponer un quebra-
dero de cabeza para intérpretes y aplicadores de la norma. In primis, la propia definición de
consentimiento que ofrece la nueva redacción del artículo 178 del Código Penal y que reza
así: «Solo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente
mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la
voluntad de la persona».
Como he señalado, la Ley Orgánica 10/2022 fue denominada desde el inicio «Ley de
solo sí es sí», y el propósito confesado del Ministerio que la impulsó fue «poner el con-
sentimiento en el centro» de la regulación de los delitos sexuales. Naturalmente, el con-
sentimiento ya era el punto neurálgico de la anterior regulación, de modo que esa puesta
en el centro habría de consistir, sobre todo, en definir el consentimiento, y hacerlo con
unos contornos legales que cumpliesen con las expectativas generadas en el movimien-
to feminista —o, mejor dicho, en gran parte de este: como indicaré más adelante, hay
sectores del feminismo que creen que el consentimiento es, cuando menos, una noción
problemática para aplicarlo a las relaciones (hetero)sexuales—, esto es, definirlo en unos
términos que garantizasen la existencia de una toma de decisión activa por parte de las
mujeres (en su preámbulo, la LO 10/2022 incide reiteradamente en que está pensando,
sobre todo, en las mujeres como víctimas de la violencia sexual —y el legislador tiene, sin
duda, buenas razones para ello—) para poder ser considerado un consentimiento válido
a efectos legales. En suma, intentando atajar el problema de fiarlo todo a si se expresó
o no claramente una negativa o si hubo o no resistencia al avance sexual, el objetivo era
construir una definición legal que exigiese la existencia de un consentimiento claro y
positivo por parte de la mujer.
El objeto de este trabajo es, precisamente, la definición final a la que se llegó, la que
encontramos en el art. 178 del Código Penal. Y mi objetivo será mostrar que «consenti-
miento» es un concepto complejo que provoca más de un problema a la hora de asentarlo
232
conceptualmente, y que, además, puede conducir a un problema de tipo epistemológico
domesticable de lo que parece a simple vista. De entre esas complejidades, en este trabajo
voy a centrarme solo en una, quizás la más crucial de todas ellas: en el trabajo antes men-
cionado de Chamallas (1998: 795), esta autora señala que en toda definición de consenti-
miento aparecen elementos que son ajenos a los meros deseos subjetivos de los partícipes
en la conducta que se analiza. Y esto nos da una señal de que la auténtica matriz de mu-
chos de los problemas al manejar la noción de consentimiento es su propia naturaleza: ¿es
el consentimiento un acto íntimo, puramente interno? ¿o es un «algo más»? (en ese caso,
¿qué más?) o, incluso, ¿puede que el consentimiento no sea en absoluto un acto interno?
Podemos tomar como punto de partida, por ejemplo, la Circular de la Fiscalía General
del Estado 1/2023, de 29 de marzo, sobre criterios de actuación del Ministerio Fiscal tras
la reforma de los delitos contra la libertad sexual operada por la Ley Orgánica 10/2022, de
6 de septiembre, documento en el que puede leerse que «[…] el consentimiento se genera
en el fuero interno de los individuos, en su psique, lugar donde puede permanecer oculto
para terceros» (Fiscalía General del Estado, 2023: 16). Desde esta perspectiva, por tanto,
el consentimiento es un arcano de la mente que surge en el interior de la persona y que es
susceptible de permanecer allí dentro sin ser exteriorizado nunca. Congruentemente con
esta visión, la Circular señala que «[…] son concebibles supuestos en los que concurre el
consentimiento a pesar de no existir una exteriorización del mismo. En definitiva, es nece-
sario distinguir entre la existencia del consentimiento y la forma en la que este se expresa o
manifiesta externamente» (Fiscalía General del Estado, 2023: 16).
El consentir sería, desde este punto de vista, un estado mental, una determinada dispo-
sición interna de una persona respecto de las acciones o pretensiones de otra. Quien con-
siente sabe que ha consentido, mientras que los demás conocemos ese asentimiento interno
a la situación o bien a través de la propia manifestación de quien consiente (si nos informa
sobre lo sucedido a nivel interno), o bien a través de una inferencia, a la luz de las eventua-
les manifestaciones externas de dicho consentimiento. Esta visión es la que Vera Bergelson
llama «actitudinal» (Bergelson, 2014: 172) y que yo, sencillamente, llamaría «cartesiana».
En efecto, una visión del consentimiento como la antedicha se basa en una antropolo-
gía cartesiana en la que cuerpo y mente están escindidos: los seres humanos tenemos una
mente inaccesible a los demás, en la que habitan, por así decirlo, nuestras sensaciones,
nuestros sentimientos, nuestras intenciones, etc. Este mundo es privado y solo nosotros
podemos conocerlo: solo quien, v. gr., tiene un dolor puede saber que lo tiene. Los demás
solo podemos, en cambio, suponer que alguien está experimentando dolor. Exactamente lo
mismo sucedería con el consentimiento.
En su magnífico trabajo sobre el consentimiento, Tanya Palmer señala algunas de las
muchas consecuencias perniciosas de la comprensión del consentimiento de un modo car-
tesiano. En primer lugar, dice la autora, la visión del cuerpo como una mera propiedad
material en la que habita el yo y la autonomía entendida como un proceso cognitivo de
reflexión y elección racional oscurecen papel central que juegan en las decisiones humanas
las sensaciones y las emociones, lo que es más grave aún en un ámbito marcado por ellas,
234 como es el de la sexualidad (Palmer, 2017: 13). Es más, como añadiría Eva Illouz, «[…]
la ética del consentimiento enfatiza —e, incluso, demanda— una atención a la voluntad
una persona. Efectivamente: aunque haya criterios para afirmar que alguien tiene un dolor
o que ha consentido una relación sexual, si aquellos son refutables, si no puedo tener la
certeza de que así ha sido, ¿de qué nos sirven?
La cuestión radica en que la certeza no es una y absoluta, por así decirlo, sino que «[…]
el género de certeza es el género del juego de lenguaje» (Wittgenstein, 1988: 513), de suer-
te que «[…] puedo estar tan seguro de lo que siente el otro como de cualquier hecho. No
obstante, no por ello resultan ser las proposiciones “está muy deprimido”, “25 X 25 = 625”
y “tengo 60 años de edad” instrumentos semejantes. Es natural la explicación: la seguridad
es en cada caso de distinto género. —Esta parece señalar una diferencia psicológica. Pero la
diferencia es lógica» (Wittgenstein, 1988: 511-513, cursiva en el original). Asimismo, olvi-
damos que el juego de lenguaje de la duda es también ciertamente peculiar: en particular,
que la duda necesita fundamentos (Wittgenstein, 21991: §458), que la duda presupone el
dominio de un determinado juego de lenguaje (Wittgenstein, 21991: §310-315) y que. si
se plantea fuera de un juego de lenguaje o si viene referida a un juego de lenguaje en su con-
junto, carece de sentido (Wittgenstein, 21991: §450). Olvidamos demasiado a menudo, en
suma, que la duda presupone certeza (Wittgenstein, 21991: §115).
Podríamos preguntar: «¿Por qué operamos con conceptos así de extraños y flexibles?
«por qué no jugar un juego más simple, basado en pruebas claras y criterios rígidos?»
(Johnston, 1998: 205). La respuesta breve es que la flexibilidad de nuestros conceptos con-
cuerda con la diversidad que rige nuestro comportamiento. Unos conceptos rígidamente
delimitados —señala Wittgenstein— demandarían uniformidad en el comportamiento
(Wittgenstein, 1996b: §682), cuando, por el contrario, «[…] la vida humana es como es:
diversa, mudable, impredecible. Como no podemos someterla a disciplina militar, le echa-
mos la culpa a eso tan elusivo que es lo interno» (Valdés Villanueva, 1996: xxviii).
«Un “proceso interno” necesita criterios externos» (Wittgenstein, 1988: 363): con esta
frase (en la que, de nuevo, el filósofo austriaco entrecomilla «proceso interno» para hacer
ver su sedicente carácter interno) se quiere poner de manifiesto que existen criterios que
nos proporcionan una justificación para nuestras atribuciones de estados mentales y esta
justificación es, en las circunstancias adecuadas, condición suficiente para sustentar una
alioadscripción de estados mentales. Es posible, por tanto, saber, teniendo en cuenta la
existencia de determinados criterios, cuándo alguien tiene un estado mental, siempre que
se tenga claro qué tipo de certeza cabe en este ámbito: una certeza no irrefutable, una cer-
teza cuya aparente fragilidad —lejos de la actitud de rechazo que suscita en quien desee una
certeza científica o una seguridad inatacable— esconde algo tan profundo como nuestra
propia vida en sociedad y nuestro modo de concebirnos a nosotros mismos y a los otros
seres humanos.
Es aquí donde retomo la cuestión del consentimiento: de acuerdo con mi visión del
asunto se trata de uno de esos «procesos internos» que Wittgenstein entrecomillaba; es
decir, no es en absoluto de un arcano de la mente, sino que existen criterios de adscripción
totalmente externos, si bien, como todos los criterios (máxime en un mundo tan profun-
238 damente simbólico como el de la sexualidad), no son ni 100 % claros ni irrefutables. Y
me parece, en ese sentido, que la definición que ofrece el artículo 178 del Código Penal se
a mantener una actitud pasiva» (Fiscalía General del Estado, 2023: 22). En suma, excluye
como criterio de consentimiento la simple no oposición.
Dicho lo anterior, es decir, que la definición de consentimiento del artículo 178 del
Código Penal es, naturalmente, susceptible de críticas, pero no, en mi opinión, por razones
técnicas o de inconstitucionalidad, sino, sobre todo, por divergencias sobre si es deudora de
un modelo de regulación excesivamente duro o exigente, a continuación, expondré cuál es,
en mi opinión, el auténtico punto ciego (por así decirlo) de la definición.
citado arriba, hay expresiones que se dan de un modo característico, pero difícilmente
especificable.
Sin duda, esas sutilezas casan mal con una definición que pretende ser exigente y, mu-
cho peor, en un proceso penal, donde la comunicación es complicada. Como indica —a
mi juicio acertadamente— Susan Ehrlich en su monografía sobre narrativas y expresiones
lingüísticas en procesos por violación, la coerción institucional en la que ambos (acusado
y víctima) se encuentran declarando, hace que su testimonio difiera en su narrativa al que
prestarían en otro contexto. Es decir, «[…] fuera de esa configuración institucional, si no
estuviesen afectados por las limitaciones ideológicas y discursivas que permean esos contex-
tos (por ejemplo, si estuviesen realizando otro tipo de actividad o práctica social), el hom-
bre que se defiende y la mujer que acusa podrían contar sus narrativas de un modo bastante
diferente» (Ehrlich, 2001: 10). Un juicio penal no es, por consiguiente, un contexto de
expresión normal y lo que, en un ámbito cotidiano, podríamos afirmar como criterio de
consentimiento (o de su ausencia), es posible que sea considerado irrelevante o que, direc-
tamente, la persona que ha presenciado ciertos hechos omita por sí misma algunos detalles
o los relate de un modo más ajustado a la situación en la que se encuentra.
En suma, es evidente que hay criterios para entender que una relación sexual ha sido
consentida o no, pero no funcionan siempre, el contexto no es siempre claro y no tienen
por qué ser «ponderables», por usar la terminología wittgensteiniana. Si sumamos a estas
dificultades la coerción institucional de la que habla Ehrlich, que provoca que los relatos
de las partes y de los testigos en el proceso tiendan a ser encorsetados y virados hacia la
consecución de un objetivo (la condena, la absolución, la mayor precisión posible para no
incurrir en falso testimonio, evitar las preguntas sobre aspectos íntimos que no se quieren
revelar, etc.), el resultado un panorama comunicativo tendencialmente confuso.
En este sentido, la definición del artículo 178 del Código Penal pretende poner orden
en un fenómeno que, de suyo, es sumamente informe, más aún cuando, además, luego
deriva en una sucesión de relatos en sede institucional. Por ello, es altamente probable que,
en segundo lugar, plantee un problema epistemológico, un problema de comprensión y de
mutua inteligibilidad entre quienes interactúan sexualmente.
En efecto, como señala Malón Marco, «[…] cada uno de esos tres planos en los que
descomponer el proceso del consentimiento —el estado interno de la mujer, su expresión
interna, la interpretación que de ella hace el hombre— y ese cuarto relativo a la interpre-
tación que harían unos hipotéticos observadores externos o jueces a posteriori, presenta sus
propios problemas que nos pueden llevar a complejas disquisiciones sobre la existencia de
la falsa conciencia, las dificultades y errores de la comunicación y el lenguaje, el concepto
de culpa y responsabilidad o la influencia de los prejuicios y creencias sociales con las que
interpretamos la realidad […] Toda negociación sexual está sometida, además, a numero-
sos elementos contextuales, desde los más lejanos de la cultura, hasta los más cercanos de
las personas implicadas, que pueden impedir o dificultar una comunicación clara […] Y
si la comunicación puede ser confusa, entonces puede dar lugar a confusiones en el que
244 la tiene que interpretar. El hombre, por su parte, está también influenciado por creencias,
prejuicios y convenciones sociales que no solo le llevan a interpretar de una determinada
nas ignoran todas las posibilidades de interacción, salvo las predominantes en sus propias
subculturas específicas de género, y no realizan elecciones de interacción reales, sino que
actúan simplemente como esponjas pasivas que absorben identidades de género. No nega-
mos que la separación de sexos en la infancia pueda dar lugar a la diferenciación de algunos
intereses, estrategias y valores sociales en la edad adulta y que dicha diferenciación de sexos
pueda pasar desapercibida o que su desconocimiento pueda causar malentendidos. Pero el
énfasis en la separación, y la ignorancia resultante, pasan por alto la participación activa
de las personas en la reproducción o la resistencia a los roles de género […] Cuando un
hombre interpreta el “no” de una mujer como un “sí”, explota activamente su “compren-
sión” del estilo femenino como diferente del suyo, como indirecto en lugar de directo. Su
lectura es posible no porque su subcultura le haya enseñado a alentar y dar la bienvenida
a las insinuaciones sexuales fingiendo su rechazo, sino porque se dice a sí mismo que esa
timidez forma parte de la “feminidad”, un modo de ser que considera significativamente
diferente del suyo» (Eckert y McConell-Ginet, 1992: 466).
En suma, no se trata de justificar el comportamiento de los hombres que, conducidos
por su rol de género, consideran que hay consentimiento donde, en realidad, no lo hay. Su
permeabilidad a ciertas ideas sobre el significado de consentir, en perjuicio de la autonomía
sexual de las mujeres, no es inevitable ni algo a lo que jurídicamente deba, en mi opinión,
dársele relevancia. Con todo, sin embargo, hay que traer a primer plano la cuestión del
error, en la medida en que, de hecho, se da con más frecuencia de la que parece. Incluso
un autor como Schulhofer, a quien Anderson apoda nada menos que «el arquitecto del
modelo de solo sí es sí» (Anderson, 2005: 1405) ha podido señalar que «[…] la comuni-
cación sexual es habitualmente tan indirecta y contradictoria que es un milagro que no se
produzcan errores más a menudo. Lo que parece seguro es que la falta de comunicación
sobre los deseos sexuales es totalmente habitual. Si tenemos en cuenta el comportamiento
real de la gente que nos rodea, los errores sobre el consentimiento, incluidos los errores
sobre el significado del “no”, son sin duda frecuentes» (Schulhofer, 1998: 65).
Los problemas comunicativos a los que he aludido antes, por tanto, pueden —de he-
cho, así lo hacen— conducirnos al callejón del error, a situaciones en las que el hombre cree
que hay actos de la mujer que significan un sí y actúa honestamente convencido de ello.
Me gustaría ser lo más claro posible en este punto: en absoluto me refiero a que interprete
un «no» como algo distinto a lo que, incontrovertidamente, significa un «no», una nega-
tiva. Creo que hay que superar el debate que parte de premisa de acuerdo con la cual «los
hombres pueden interpretar un “no” como un “sí”». No, no pueden. Ni el significado de
nuestras prácticas sociales ni el sentido normal de las palabras avala algo semejante. Tam-
poco me refiero a las situaciones que muchos autores plantean (lo recurrente del ejemplo
me resulta, personalmente, perturbador) de penetrar a tu propia pareja mientras duerme
sobre la base de una presunción de consentimiento. No sé qué posible criterio de haber
obtenido un sí a una interacción sexual puede incluir a una persona dormida, sea pareja o
sea quien sea (y ello con independencia de que vaya a denunciar o no los hechos, y demás
disquisiciones al respecto). Tampoco me refiero a las típicas situaciones que suelen usarse
246
para caricaturizar los roles de género y nuestra mutua comprensión (llevar determinadas
na, que simpatizaron hasta el punto de que, antes de separarse y siguiendo lo acordado,
se intercambiaron los teléfonos, haciéndole el acusado una llamada perdida para que le
quedara grabado.
En el curso de dicha madrugada, ambos grupos coincidieron en al menos dos ocasiones
más, durante los cuales se hizo más evidente la buena sintonía que entre ambos había, a
modo de atracción mutua, hasta el punto de que uno de los del grupo que iban con el
acusado, les dijo que “ya que hablaban los dos solos, por qué no se iban a la playa”, como
dando a entender que allí tendrían más intimidad para lo que quisieran.
Con posterioridad a dichos encuentros y entre las 4:20 horas y las 6:16 horas, entre
ambos se hicieron hasta 16 llamadas telefónicas. A consecuencia de esas últimas llamadas,
quedaron ambos en verse a continuación en las proximidades de las cabinas de aseos que,
debidamente separados los de hombres y los de mujeres, y cerca de las puertas de acceso y
salida, estaban instalados en el interior del indicado recinto. Una vez allí, el acusado la invi-
tó a entrar con él en una de las previstas para los hombres, lo que Bibiana, a sabiendas de las
intenciones de índole sexual que Juan Pablo le había dejado entrever a lo largo de aquella
noche, aceptó, de modo que, una vez dentro, el acusado, pensando que por la atracción
mutua que se habían demostrado, por las insinuaciones de tipo sexual trasmitidas, y por el
hecho de haber aceptado entrar con él donde estaban, que, en este tipo de festivales multi-
tudinarios, suele ser un sitio utilizado por los asistentes para mantener relaciones sexuales,
tras quitarse la camisa, fruto de la excitación sexual que tenía, comenzó a manosearla por
todo el cuerpo, llegando a meter la mano por la falda pantalón que vestía hasta llegar a su
sexo e introducirle los dedos, bajándose luego los pantalones intentando que le hiciera una
felación, de lo que desistió al no consentirlo ella, hasta que, en un determinado momento,
una vigilante de seguridad que, dado lo avanzado de la hora, estaba controlando que dichas
cabinas estuvieran vacías, abrió la puerta, encontrándose al acusado, que es una persona
de alta estatura, de espaldas y desnudo, sin llegar a ver a Bibiana y escuchando lo que le
pareció un gemido, por lo que pensado que estaban manteniendo relaciones sexuales, cerró
la puerta y tocando la misma les pidió que salieran.
Al ser sorprendidos por dicha vigilante, el acusado le puso la mano en la boca diciéndo-
le a Bibiana que no dijese nada, y como no saliesen de inmediato, la vigilante, que estaba
esperando a que lo hicieran, volvió tocar la puerta insistiendo en que lo hicieran, lo que
verificaron apenas trascurridos 30 segundos, primero el acusado y luego Bibiana, a quien,
para ayudarla a hacerlo, tendió la mano el acusado que fue rechazada por esta, quien se
dirigió hacia la vigilante que allí estaba esperando diciéndole “me ha violado”, tras lo que se
puso a llorar, lo que provocó que dicha vigilante llamara a sus compañeros, que retuvieron
al acusado hasta la llegada de la Guardia Civil».
Lo que acaba de describirse son los hechos declarados probados. La versión del acusado
fue idéntica, pero omitió el hecho de que hubiese introducido los dedos en la vagina de
la mujer, algo que sí había dicho en instrucción (seguramente, su asistencia letrada quería
evitarle una ulterior agravante por introducción de miembros corporales). Declaró que
248 creía que el hecho de que, tras haber estado hablando y viéndose una y otra vez, mediando
insinuaciones sexuales, a lo largo de la noche, ella aceptase entrar en un baño individual
noche y no se ha puesto de manifiesto motivo espurio alguno para referirse de esa manera
a lo ocurrido, puede llevar a pensar que lo sucedido no fue deseado por ella. Mas, por
todas las circunstancias que rodearon los hechos, a las que hemos hecho mención, desde
el punto de vista de un observador imparcial, puede considerarse razonable entender que
el acusado, en ese trance, pensara lo contrario y actuara en consecuencia, lo que nos lleva
a absolverlo del delito del que se le acusa» (FJ 2).
Como puede apreciarse, la decisión pasa por considerar acreditado el no consentimien-
to (en la medida en que nada hay en la víctima que lleve al tribunal a sospechar que tiene
alguna razón para mentir), pero también que el error del autor es razonable y que un ob-
servador imparcial también habría pensado lo contrario. No indica el tribunal si el error es
vencible o invencible, pero, al no existir una modalidad imprudente de agresión sexual, el
resultado es idéntico: la absolución del acusado.
He elegido este caso porque considero que está en esa zona de penumbra de la que antes
hablaba. Creo muy difícil sostener que ella realmente consintió esa relación sexual (de ser
así, habría que entender que mintió cuando rompió en llanto y afirmó haber sido violada).
Creo también que el comportamiento de ella no fue, inequívocamente, de consentimiento:
meterse en una cabina de baño con un hombre con el que se ha tonteado —por usar la
expresión del tribunal— no es un permiso abierto para que aquel inicie una relación sexual
(podría, sin más, haber preguntado si a ella le apetecía —y qué le apetecía—). Por último,
y sentado lo anterior, creo que difícilmente puede negarse que, en todo caso, el acusado
sí tenía razones para creer que ella consentía. Y esas razones no son las que suelen ponerse
como ejemplo de conductas y señales que los hombres interpretan a su modo y que una
mujer interpretaría de una manera distinta. Ni el hombre razonable ni la mujer razonable
(por usar tanto el estándar usual en el Common Law como el propuesto por un sector fe-
minista) podrían sorprenderse de que ella, una vez dentro de la cabina, hubiese mantenido
con toda tranquilidad una relación sexual.
Con la regulación actual, tanto del consentimiento como del error de tipo, mi impre-
sión es que situaciones como esta se van a multiplicar: las fricciones entre la claridad pre-
tendida por la definición y el acopio de razones que una persona puede tener para pensar
(erróneamente) que la otra consiente van a suponer más de una absolución. Podría decirse
que esa posibilidad ya existía con la anterior regulación, pero el estándar actual es más
riguroso y exige actos claros. En mi opinión, esta elevación del rigor en la definición (en
realidad, la propia existencia de una definición) va a suponer que el error pueda cubrir un
espacio de impunidad que quizás los impulsores de la norma no esperaban, convirtiendo
alegaciones que antes eran residuales en la defensa por excelencia.
Si se hubiese introducido un tipo imprudente en la regulación de las agresiones sexua-
les, al menos cabría el recurso a una condena por error vencible, pero, al no haber aquel, lo
máximo a lo que la víctima puede aspirar en estos casos es a ver resarcida la responsabilidad
civil (artículo 118.2 CP). Así, Lascuraín Sánchez señala que «[…] el legislador debería ha-
ber procedido a la cobertura de una importante laguna de nuestro Código Penal: la sanción
250
de ciertos atentados sexuales imprudentes, los que se derivan de un error vencible del autor
Esta regulación del error, que exige al acusado dar pasos razonables para cerciorarse del
consentimiento de la otra persona, es, sin duda, más exigente que la de nuestro Código
Penal, que alude, simplemente, a la existencia de dicho error, a las circunstancias del he-
cho y a las personales del autor. Por otra parte, como puede apreciarse, el consentimiento
afirmativo se recoge en materia de error, lo que demuestra, a mi juicio, la estrecha rela-
ción entre la definición de consentimiento y la institución del error, pues, en realidad, el
consentimiento y sus criterios distan mucho de ser elementos que puedan ser apreciados,
definidos y comprendidos de un modo claro e inequívoco.
Parca victoria parece para una ley, en todo caso, que el fenómeno que pretende com-
batir se acabe dirimiendo en materia de error (o, en su día, limitando las posibilidades de
alegación de este).
251
6. CONCLUSIONES: EL CONSENTIMIENTO COMO
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 230-255
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253
traveta, D.I. Carpio Briz y C. Castellví Montserrat (dirs.), Una perspectiva global del Derecho Penal: libro
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 230-255
255
LA PARTICIPACIÓN EN EL PROCESO PENAL DE LA VÍCTIMA MENOR DE EDAD.
EL EJERCICIO DE LA DISPENSA DE LA OBLIGACIÓN DE DECLARAR
THE PARTICIPATION IN THE CRIMINAL PROCEEDINGS OF THE MINOR VICTIM.
THE EXERCISE OF THE DISPENSATION OF THE OBLIGATION TO TESTIFY
Jesús Bonilla
Letrado de la Administración de Justicia
RESUMEN
Las últimas reformas procesales obligan al análisis de la actuación en el proceso penal de la
víctima cuando se trata de una persona menor de edad. Su capacidad para declarar, la aporta-
ción de datos al proceso y su participación directa son cuestiones que no se deben equiparar. ¿A
qué edad es capaz el menor de aportar información fiable al proceso penal? ¿qué método debe
seguirse para comunicarse con un menor? La ciencia de la psicología nos dice que, a partir de los
tres años, y a través de un experto con un método especial, una persona puede aportar informa-
ción fiable al proceso. Además, esta capacidad no debe confundirse con el ejercicio de derechos,
con una participación en el proceso, lo que exige una cierta madurez por parte de la víctima.
Esto último nos conduce al estudio del ejercicio de la dispensa de la obligación de declarar
en el proceso penal, ya sea por el menor, si tiene madurez, como por sus progenitores, si no la
tiene, y sus consecuencias. ¿Cómo y quién valora la madurez? ¿Qué sucede si la capacidad para
entender el alcance de su declaración surge en la fase de juicio de forma dispar a la ejercitada
por el representante legal? ¿Puede el menor acogerse en esta fase a la dispensa cuando había
renunciado a su derecho en la fase de investigación?
PALABRAS CLAVE
Menor de edad, proceso penal, capacidad del menor para declarar, dispensa de un menor a la
obligación de declarar.
ABSTRACT
The latest procedural reforms make it necessary to analyze the actions of the victim in criminal
proceedings when the victim is a minor. Their capacity to testify, the provision of information to
the process and their direct participation are issues that should not be equated. At what age is a
minor capable of providing reliable information to criminal proceedings? What method should
be used to communicate with a minor? The science of psychology tells us that provided that the
minor is at least three years old, and the interrogation is conducted by an expert applying an
appropriated method, then the information obtained should be considered reliable. Moreover,
this capacity should not be confused with the exercise of rights, with active participation in the
process, which requires a certain maturity on the part of the victim. The latter leads us to the stu-
dy of the exercise of the exemption from the obligation to testify in criminal proceedings, both
by the minor, if he or she is mature, and the possible exercise by his or her parents, if he or she is
not, and its consequences. How and by whom is maturity assessed? What happens if the capacity
to understand the scope of his or her statement arises in the trial phase in a different way to that
exercised by the legal representative? Can the minor avail himself or herself of the waiver in this
phase when he or she had waived his or her right in the investigation phase?
KEY WORDS
Minor, criminal proceedings, capacity of the minor to testify, waiver of a minor from the obliga-
tion to testify.
DOI: [Link]
LA PARTICIPACIÓN EN
EL PROCESO PENAL DE
LA VÍCTIMA MENOR DE
EDAD. EL EJERCICIO
DE LA DISPENSA
DE LA OBLIGACIÓN
DE DECLARAR
Jesús Bonilla
Letrado de la Administración de Justicia
1. PLANTEAMIENTO
La LO 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia
frente a la violencia, volvió a incidir en la protección de unas víctimas muy concretas: las
personas menores de edad, y modificó la ley procesal penal con la intención de materializar
esta tutela en el ámbito del proceso. Esta reforma constituye una oportunidad para anali-
zar, en primer lugar, la capacidad del menor para ser testigo en el proceso penal, su aptitud
para suministrar información sobre los hechos y, en segundo lugar, el derecho del menor a
participar en el proceso penal. Se trata de cuestiones completamente diferentes que no pue-
den ser objeto de un tratamiento unitario. Es preciso determinar, de una parte, si la edad
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 256-281
influye de alguna manera en esta capacidad de aportar información al proceso —es decir,
si existe una capacidad natural de la persona— o si, por el contrario, la edad es un factor
relevante para excluir a una persona a la hora de prestar declaración porque no cumple los
requisitos necesarios para aportar una información fiable. De otra parte, las leyes no han
dejado de ampliar la capacidad de actuación del menor: nuestro legislador es un firme par-
tidario de atribuir facultades al menor para la gestión de sus intereses en atención a su gra-
do de madurez. La consecuencia de esta ampliación es una posible de participación directa
de la persona menor de edad en el proceso penal cuando tiene un cierto grado de madurez.
Común a ambas cuestiones es el trato que debe dispensarse al menor en el proceso.
Debe tenerse en cuenta que el hecho de proporcionarle unas habilidades necesarias para
afrontar con unas mínimas garantías su andadura por las dependencias judiciales no forma
parte de nuestra cultura procesal. De ahí la importancia del auxilio de expertos para sol-
ventar ambas cuestiones.
Además, su participación en el proceso conduce al ejercicio de la posibilidad de dispen-
sa de la obligación de declarar. Esta cuestión había generado una falta de unanimidad en
nuestros tribunales, de modo que la responsabilidad de concretar los supuestos fue asumi-
da por legislador. En lo que respecta al menor, el legislador exige el requisito de la madurez,
siguiendo una postura jurisprudencial consolidada, si bien en ocasiones, en atención a la
edad y contexto, la determinación de la madurez se torna difícil. ¿Quién y cómo debe
valorar si un menor es capaz a efectos de la dispensa? Además, junto con la edad, puede
haber otros factores relevantes como el tipo de delito. Es más, la prolongación del proceso
en el tiempo posibilita que durante la tramitación de la causa el menor adquiera la madurez
exigida o que se pretenda ejercitar la dispensa en el acto del juicio cuando esa opción había
sido rechazada durante la fase de investigación. Incluso cuando no se aprecie madurez,
habrá que determinar si el ejercicio de la dispensa puede ser ejercitado por los progenitores.
nomina la credibilidad subjetiva en atención a esas circunstancias personales, entre las que
debe incluirse la edad de la víctima-testigo, pues la credibilidad subjetiva también tiene
que ver con su capacidad física y psíquica para percibir lo que posteriormente es narrado10.
Factores como el miedo, la ansiedad, el temor a una posible venganza, el sentimiento de
culpa, el temor al enfado o la tendencia a la búsqueda de aprobación, entre otros, deben
tenerse en cuenta en este tipo de declaraciones. Estas circunstancias, junto con la capacidad
de percepción, la codificación de datos, la memoria y la expresión deben atemperarse para
adaptar el testimonio de un niño/a de tan corta edad. A ello hay que añadir el estrés que
genera en el niño/a debido al paso por los tribunales. Normalmente, todos estos factores no
solo reducen la capacidad de la víctima para aportar información, sino también la calidad
de su relato11.
Precisamente porque la cuestión aquí abordada es la posibilidad de que una persona
menor de edad que tiene la condición de testigo-víctima aporte información al proceso
penal, en el ámbito de la UE está admitida esta capacidad del menor como una capacidad
natural12. En Europa, el cuidado de la víctima-menor se considera un valor de la justicia,
por lo que debe universalizarse, dado que lo que es positivo desde el punto de vista ético
debería ser percibido de igual manera en cualquier país de la Unión.
Ahora bien, el hecho de que esa persona menor esté en condiciones de aportar informa-
ción implica que el Estado debe adoptar todas las medidas que sean precisas para evitar un
sufrimiento emocional a la víctima menor. No pueden admitirse insuficiencias procesales
en este sentido. La victima ya ha sufrido un daño como consecuencia del delito que ya es
inevitable: lo que puede y debe evitarse es que su sufrimiento sea el resultado de las defi-
ciencias institucionales. Solo el derecho de defensa tiene entidad para marcar líneas rojas en
esa protección. Su paso por el proceso no puede verse como tributo a la imposición de una
pena al culpable. Por esta razón, el proceso penal debe tratar de garantizar la estabilidad
emocional de la víctima-menor a la hora de aportar información, respetando el derecho
de defensa.
Las dificultades para conseguir la información, la fragilidad del sujeto y de su testi-
monio y complejidad para evaluar su declaración hacen preciso un método y un tipo de
análisis que escapan a los juristas, ya que se precisan unos saberes sobre las ciencias del
conocimiento que aquellos no poseen13. El art. 449 ter LECrim ya plantea la posibilidad
de recurrir a expertos en una prueba, todavía testifical, para que elaboren un informe que
dé cuenta del desarrollo y resultado de la audiencia del menor.
Dadas las condiciones subjetivas de la edad de la víctima, lo que se propone en estas
líneas es la objetivación de esta prueba, ahora testifical, mediante la presencia, directa o
indirecta de las partes, de una pericial en la que un psicólogo forense, dotado de unos
conocimientos especiales en la comunicación, escuche e interprete los silencios aplicando
una metodología y unos criterios científicos, y que, en atención a la vulnerabilidad de la
víctima y rendimiento de la prueba, no solo obtenga información relacionada con el objeto
del proceso, sino que elabore un informe científico de valoración. Esto supone abandonar
260
el interrogatorio tradicional y transformarla en una prueba pericial, que es una diligencia
Justicia y participar en las mismas condiciones que los demás15. El dolor y el sufrimiento
causado por las instituciones no deben motivar que la víctima rechace su participación en
el proceso. Por el contrario, lo que debe procurarse es la eliminación de ese dolor y sufri-
miento institucional.
Precisamente, para ejercitar sus derechos de manera adecuada a su edad y para que sea
capaz de comprender la actuación que está llevando a cabo en el proceso, debe haber perso-
nas que le ayuden. Son facilitares, especialistas encargados de transmitir el apoyo necesario
para que los menores que participan en el proceso lo hagan en condiciones de igualdad, lo
que constituye no solo una garantía para este tipo de víctimas que genera una sensación
de seguridad, sino también para el propio proceso, en la medida en que contribuye a la
realización de cualquier diligencia que se lleve a cabo con la persona menor, al rendimiento
de la prueba, y a la seguridad y tranquilidad que brinda al resto de los operadores jurídicos
que intervienen16.
La instauración en la práctica y los fines del proceso de un mejor trato a la víctima no
solo requiere una buena regulación legal, sino también la detección de la situación concre-
ta de cada persona, por edad, circunstancias personales, naturaleza del delito, efectos del
delito en la víctima, contexto familiar y social, etc., para abordar de manera adecuada cada
situación y decidir si la víctima menor de edad está en condiciones de ejercitar los derechos
personales que le atribuye el procedimiento y comprender su alcance.
El corolario del derecho a la participación directa en el proceso penal por parte de las
víctimas menores que tengan determinadas condiciones de madurez es la posibilidad de
ejercer del derecho a la dispensa de la obligación de declarar, previsión regulada en el art.
416 LECrim que ha sido objeto de nueva redacción por la LO 8/2021, de 4 de junio, de
protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia.
les ha ido otorgado mayor campo de actuación. Así, nuestro TC declaró inconstitucional el
art. 1.1 de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la men-
ción relativa al sexo de las personas, únicamente en la medida que incluía en el ámbito sub-
jetivo de la prohibición a los menores de edad con «suficiente madurez» y que se encuentren
en una «situación estable de transexualidad». El Tribunal tuvo en cuenta, entre otros argu-
mentos, que también las personas menores de edad son titulares de derechos fundamentales
y se les debe reconocer la posibilidad, cuando existe esa madurez, de defender los intereses
que afecten a su esfera personal. No se trata tanto de limitar el ejercicio de la patria potes-
tad cuanto de permitir a la persona menor de edad la posibilidad gestionar y decidir sobre
aquellos asuntos que le son propios22. La Ley 41/2002, de 14 de noviembre, reguladora de
la autonomía del paciente, es otro ejemplo de la exigencia legal del requisito de la capacidad
intelectual del menor para que pueda dar su consentimiento a una intervención quirúrgica.
Y es que el respeto de la autonomía del individuo, aunque sea menor de edad, ha sido una
condición ética de nuestra sociedad contemporánea que, como veremos, impone una obli-
gación de información exhaustiva, así como el aseguramiento de que el menor se encuentra
en unas condiciones que le permitan prestar libremente el consentimiento.
Pese a todo, si bien es cierto que la relevancia jurídica de las manifestaciones de las per-
sonas menores mediante las que decide —oponiéndose o accediendo— sobre una injeren-
cia en un derecho fundamental propio tiene ya una cierta consolidación temporal, como
puede apreciarse en la STC 154/2002, que analizaba las manifestaciones de un niño de 13
años para decidir sobre derechos fundamentales como la integridad física y la libertad reli-
giosa, lo cierto es que el legislador no es nada claro a la hora de fijar una edad para validar
con certeza el consentimiento.
El Tribunal Supremo también recurrió al argumento de la madurez para resolver sobre
la cuestión de la dispensa en los menores —tanto para otorgarla, cuando apreciaba la ma-
durez en el menor, como para denegarla, cuando esta no concurría—. Para ello, partió de
la legislación en materia de protección jurídica de los menores, LO 1/1996, de 15 de enero,
que, a su juicio, sugería que la dispensa de la obligación de declarar no estaba supeditada
a la mayoría de edad, por lo que, con independencia de la dificultad de fijar una edad
para establecer una presunción de madurez, y más allá de la falta de una uniformidad del
tratamiento de la minoría de edad en el ordenamiento jurídico español, lo que no admitía
duda era la obligación legal de oír a los menores en todos aquellos asuntos que sean de su
interés, así como tomar en consideración su opinión en función de su edad y madurez23.
En consecuencia, esta advertencia a la dispensa no debe supeditarse a la mayoría de
edad, sino que deberá tenerse presente tanto la edad como su grado de madurez, extremo,
este último, que exige inevitablemente un estudio individualizado, sin que quepan fórmu-
las apriorísticas. En el caso en que se aprecie suficiente madurez, la advertencia se efectuará
sobre el propio menor24. El artículo 3 e) de la LO 8/2021, de 4 de junio, de protección
integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, establece como fin de las dispo-
siciones de la Ley25 robustecer el ejercicio del derecho a ser oídos y a que sus opiniones sean
264 tenidas en cuenta en contextos en los que se ha ejercido violencia contra ellos.
Con estos antecedentes judiciales, la nueva redacción dada al art. 416 LECrim por la
Tras la reforma, por tanto, la dispensa no rige, entre otros casos, cuando por razón de
la edad el testigo no comprenda su alcance.
En relación con la nueva redacción del art. 416 LECrim, el preámbulo de la ley solo
indica que «[…] se establecen una serie de excepciones a la dispensa de la obligación de
declarar, con el fin de proteger en el proceso penal a las personas menores de edad o con
discapacidad necesitadas de especial protección». Sin embargo, esta finalidad, la protección
del menor en el proceso penal, que es clara en los números 1 y 2, no lo es tanto en el caso
del número 3; es más, el problema se asemeja más a una cuestión relativa al consentimiento
del menor, a la capacidad del menor para gestionar sus intereses, en este caso, ejercitar un
derecho que le reconoce la ley, el de la dispensa de declarar; derecho que el legislador le
niega cuando, por la edad o discapacidad, el testigo no alcanza a comprender el significado
de la dispensa. En los números 4 y 5, por último, resuelve el debate jurisprudencial sobre
la interpretación de la dispensa plasmado en la sentencia del Tribunal Supremo de 10 de
julio de 202026.
Ahondando en la dispensa en atención a la edad del menor, «comprender el sentido»
significa ser capaz de entender, apreciar o juzgar algo. Aunque el legislador no habla de
madurez, es seguro que se refiere a ella, pues el término «madurez» significa capacidad
de comprender y evaluar las consecuencias de un asunto. Los niveles de comprensión no
están ligados de manera uniforme a la edad cronológica; la educación, la información, la
experiencia, el entorno, las expectativas sociales y culturales y el nivel de apoyo contribuyen
al desarrollo de la capacidad del niño/a y a la progresión de la aptitud de entendimiento y
racionalidad de la persona menor. Por ese motivo, tiene que evaluarse mediante un examen
caso por caso27.
Aunque es complicado señalar una edad, nuestros tribunales han sugerido que la hor-
quilla puede situarse, en principio, entre los 12 y los 14 años28. Para ello, parten de dis-
tintas leyes, entre otras la LO 8/2021 de protección integral a la infancia y la adolescencia
frente a la violencia, que establece como uno de sus objetivos reforzar el ejercicio del de-
recho de los menores a ser oídos en juicio en contextos en que se ha ejercido o se ejerce 265
violencia contra ellos, al tiempo que modula la dispensa del art. 416 LECrim en relación
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 256-281
416 LECrim suprime la posibilidad de dispensa cuando el testigo es uno de los progeni-
tores de la víctima menor de edad; el objetivo, según el preámbulo, es la protección de la
víctima menor. El motivo es el mismo: el posible regreso de la niña/o a un entorno tóxico,
inadecuado para su desarrollo personal.
Además, debe tenerse presente la dinámica criminal de este tipo de delitos, por cuanto
el progenitor se vale de una confianza, autoridad y ascendencia que no solo facilita la comi-
sión del delito, sino que incluso es capaz de generar en la víctima temor, vergüenza, descon-
cierto, etc.; en fin, una serie de consecuencias negativas en la edad temprana enmarcadas
en una relación familiar muy perjudicial para la víctima y no solo reprobable socialmente,
sino abiertamente repugnante.
Un factor más que debe tenerse en cuenta es el secretismo en el que se lleva a cabo el
abuso, dado que el progenitor se vale de la intimidad familiar para ejecutar su conducta
criminal con sus consecuencias: el autor puede asimismo valerse de su condición de pro-
genitor para generar temor en la víctima si desvela los hechos o infundir en la víctima una
sensación de desprotección si los llega a contar —diciéndole, por ejemplo, que no le van
a creer por ser una niña—. Hay que considerar el choque psicológico que supone en la
víctima el hecho de que la persona que tiene que protegerle y a quien se le ha dicho que
debe acudir para pedir ayuda esté realizando este tipo de comportamientos. Incluso puede
hablarse de la facilidad para que el progenitor ejerza una suerte de adoctrinamiento sobre
la víctima. Todo lo anterior pone de manifiesto una serie de circunstancias que conllevan a
que la víctima asuma y acepte una situación disonante en su mente.
Por todas estas razones, en estos casos el interés de la víctima menor de edad debe
valorarse de una manera especialmente cuidadosa, y la gestión de sus intereses debe rea-
lizarse teniendo en cuenta el interés del menor y la situación por la que ha atravesado en
la dinámica criminal. De ahí que para valorar la posibilidad de dispensa en atención a la
suficiente madurez deban ponderarse todas laa incidencias que permitan dilucidar si el
consentimiento para acogerse a la dispensa pueda estar viciado por encontrarse en un con-
texto psicológico inapropiado y sea consecuencia de la situación de abuso. No solo debe
analizarse la madurez del menor, sino también si el consentimiento es libre y válido. Es
más, tratándose de una excepción a la regla general, debe interpretarse restrictivamente33.
Estas cautelas implican que el auxilio de profesionales no sea una mera posibilidad,
sino una necesidad tanto en la toma de declaraciones del menor y también en la determi-
nación de si está en condiciones de acogerse a la dispensa. Nos encontramos ante cuadros
psicológicos en los que no cabe presumir una normalidad psíquica. Debe analizarse si esa
capacidad está ejercitada de manera inducida por unos comportamientos ilícitos prece-
dentes o incluso por un contexto que ha podido dar lugar a una decisión condicionada o,
de alguna manera, impuesta. No parece que el reconocimiento del derecho a la intimidad
familiar impacte de igual manera en quienes se encuentran asimétricamente posicionados
en el núcleo familiar. La intimidad, por tanto, no debe servir para ocultar una patología
valorativa basada en una convivencia tóxica o en una influencia —porque de ninguna
268 manera puede llamarse educación— socialmente degradada. El auxilio de profesionales
expertos debe considerarse como algo más que una recomendación. En atención a unos
tipo de traba para la persecución y castigo de este tipo de delitos, máxime cuando uno de
los autores en el progenitor, y la posibilidad de dispensa en estas situaciones, que no dejan
de ser aberrantes, debe calificarse como una traba.
Todas estas consideraciones me llevan a las siguientes conclusiones: de un lado, en los
abusos por debajo de una franja de edad, 13 años, no debería concederse posibilidad de
dispensa a la víctima por razón de parentesco; de otro, no solo debe determinarse la capa-
cidad intelectual y la madurez para comprender el alcance de la dispensa, sino que también
debe analizarse si esa decisión es libre y voluntaria, si el consentimiento, por las especiales
circunstancias, no presenta ningún vicio, y para todo ello se requiere el trabajo de un es-
pecialista, concretamente un psicólogo forense. La presencia de estos especialistas en este
tipo de procesos debe ser preceptiva, y su informe sobre la comprensión del alcance de la
dispensa ha de ser obligatorio.
Pero junto a las cuestiones que suscita la madurez de la víctima menor de edad, deben
considerarse todos aquellos casos en los que la persona menor no tiene esa madurez exigi-
da, del mismo modo que, cuando pueda determinarse que su consentimiento no es libre,
hay que plantearse si la dispensa puede ser ejercitada por quien tenga la representación
legal del menor
declarado— y en el acto del juicio pretenden acogerse a la dispensa de no declarar del art.
416 LECrim.
El TS no era ajeno a esta complejidad, y fruto de esta había dictado dos Acuerdos no
Jurisdiccionales, uno de 24 de abril de 2013 y otro de 23 de enero de 2018. En ambos se
trataba de delimitar el contenido del art. 416 LECrim.
El primero de los Acuerdos establecía lo siguiente «La exención de la obligación de
declarar prevista en el art. 416.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal alcanza a las perso-
nas que están o han estado unidas por alguno de los vínculos a que se refiere el precepto.
Se exceptúan: a) la declaración por hechos acaecidos con posterioridad a la disolución del
matrimonio o cese definitivo de la situación análoga de afecto, y b) los supuestos en que
el testigo esté personado como acusación en el proceso». En virtud del primer criterio se
delimita de manera temporal la posibilidad, mientras que en virtud del segundo se acude
a la actuación que haya tenido la víctima desde el punto de vista procesal; en este caso, la
personación como acusación particular equivaldría a ir contra sus propios actos.
El segundo Acuerdo, de fecha 23 de enero de 2018, sobre la dispensa de la obligación
de declarar del art. 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, establecía que: «1. El acogi-
miento, en el momento del juicio oral, a la dispensa del deber de declarar establecida en el
rt. 416 de la LECrim impide rescatar o valorar anteriores declaraciones del familiar-testigo,
aunque se hubieran efectuado con contradicción o se hubiesen efectuado con el carácter
de prueba preconstituida. 2. No queda excluido de la posibilidad de acogerse a tal dispensa
(416 LECrim) quien, habiendo estado constituido como acusación particular, ha cesado
en esa condición». Ello supone que el derecho a la dispensa no se perdía, aunque se hubiese
renunciado a él con anterioridad, de manera expresa, declarando, o de forma tácita, perso-
nándose como acusación particular.
Lo cierto es que la meritoria labor de los tribunales a la hora de interpretar la ley no
debe desbordar la necesidad de que el legislador, ponderando los intereses en juego, deli-
mite los contornos de la dispensa, dotando de calidad democrática y certeza a un derecho
constitucional que debe ser desarrollado legislativamente. Es más, esta ley debe ser lo su-
ficientemente precisa como para generar seguridad y previsibilidad en los destinatarios de
la dispensa41.
Pues bien, la nueva redacción del art. 416 LECrim aborda la cuestión en los puntos 4.º
y 5º, que disponen, respectivamente: «Cuando el testigo esté o haya estado personado en
el procedimiento como acusación particular», y «Cuando el testigo haya aceptado declarar
durante el procedimiento después de haber sido debidamente informado de su derecho a
no hacerlo», suprimiendo la posibilidad de dispensa.
Es preciso señalar que el análisis se limita a aquellos supuestos en los que el menor,
comprendiendo el sentido de la dispensa, ha declarado en la fase de instrucción. Quedan
excluidos aquellos casos en los que la exploración del menor se ha producido sin que este
haya decidido sobre la dispensa por carecer de madurez suficiente para el ejercicio de ese
272 derecho, puesto que en este último supuesto no ha existido una renuncia a la dispensa.
[Link]. Acerca de la posibilidad de acogerse en el acto del juicio a la dispensa
4. CONCLUSIONES
El proceso penal debe ser especialmente respetuoso con un tipo de víctimas, las perso-
nas menores de edad. Incluso dentro de este grupo, cuanta menos edad tenga la víctima,
más intensa debe ser la protección. La víctima, por ser menor de edad, no puede ser ex-
cluida del proceso penal, será su madurez y circunstancias las que determinen su forma de
participación, de manera directa o a través de sus representantes.
La edad influye de manera diferente en la víctima, y es preciso distinguir, de un lado,
la capacidad a la hora de aportar información sobre el objeto del proceso y, de otro, la
posibilidad de tener una participación activa mediante el ejercicio de derechos procesales.
La psicología ha situado a partir de los tres años la horquilla de edad de la víctima-testigo
menor para poder aportar datos al proceso. Factores como la capacidad de captación de
datos, su fijación o memoria, su exteriorización y la sugestión hacen que con menos de esa
edad los datos que pueda aportar el niño/a no sean fiables. Por el contrario, para el ejercicio
de los derechos procesales por la persona menor de edad se exige una madurez mental en
la medida en que se están gestionando unos intereses, lo que requiere una valoración: la
capacidad de gestión se cifra en una edad cercana a los 14 años. En la LO 8/2021, nuestro
legislador incide nuevamente en la posibilidad de autogestión por parte de los menores de
edad con suficiente madurez.
Las exigencias de respeto a la participación y a su dignidad, así como la finalidad de mi-
nimizar los efectos traumáticos del proceso penal en este tipo de víctimas, imponen la mo-
dulación de algunos aspectos del procedimiento. Entre ellas se encuentra la participación
de profesionales expertos para la determinación tanto de la capacidad de estas víctimas-
testigos como de la capacidad de ejercicio de los derechos procesales. Esta colaboración
de expertos es fundamental por motivos victimológicos, entre los que se encuentran sus
conocimientos para interactuar con menores, y porque afectan al rendimiento y eficacia de
la prueba, pues su metodología y experiencia les dotan de una mejor posición para obtener
la información que puedan aportar los menores sobre el objeto del proceso. El hecho de
que el legislador les haya otorgado esa capacidad de gestión no significa que no se tengan
en cuenta sus circunstancias personales en el ejercicio de sus derechos.
Las condiciones subjetivas de la edad de la víctima, los avances científicos en las ciencias
del conocimiento, el rendimiento de la prueba y las razones victimológicas hacen conve-
niente que la declaración de la víctima menor de edad, en determinados casos, se practique
276 como prueba pericial y no como testifical.
La reforma de 2021 concede a la víctima menor de edad la posibilidad de ejercitar
NOTAS
guaje en las pruebas testificales con menores en una franja de edad entre tres y seis años.
9. Juárez López y Sala Berga (2011: 14-68) analizan todos aquellos factores, tanto cognitivos como
psicosociales, que influyen en el testimonio de los niños/as en edad preescolar: la memoria, el lenguaje,
el pensamiento, la sugestionabilidad y el desarrollo moral y la mentira. Vid., también, Ripollés García
(2022: 5-10).
10. STS 596/2022.
11. Andrés Joven (2022: 4).
12. Sentencia del Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea de 16 de junio de 2005. Caso Pupino.
13. STS 179/2014 y 690/2021: «La valoración del testimonio del menor presenta ciertas peculiaridades
respecto de otro tipo de testimonios. Los estudios psicológicos sobre la materia arrojan unas conclusiones
y unos cánones y criterios de valoración que no pueden ser despreciados: debe propiciarse la entrada de
esos elementos periciales de valoración de la credibilidad del testimonio de menores, mediante peritajes
de psicólogos que, sin suplantar la función judicial, coadyuven con la misma».
14. Andrés Joven (2022: 20)
15. Todo ello en atención a lo dispuesto en el art. 13 de la Convención sobre los derechos de las personas
con discapacidad, hecho en Nueva York el 13 de diciembre de 2006. Ratificado por España el 23 de
noviembre de 2007 (BOE 96, de 21 de abril de 2008).
16. Sobre esta cuestión, Endara Rosales (2022). El autor lleva a cabo un estudio sobre las barreras de ac-
ceso a la Justicia que tienen todas aquellas personas con determinados déficits que les impiden participar
en condiciones de igualdad en el proceso. También, Ripollés García (2022: 2).
17. STS, Pleno, 389/2020 (Marchena, 62016). A partir de la página 1030, el autor recoge la jurispruden-
cia de la Sala II sobre este extremo.
18. STS, 485/2021.
19. Fernández (2022: 1-2); y Andrés Joven (2022: 17).
20. STS 486/2016.
21. La STS 699/2014, Pleno, señala: «[…] conviene proclamar como punto de partida que la previsión
del art. 416 LECrim es una garantía establecida para el testigo y no para el imputado. No es un derecho
de este, sino de aquel». Vid., también, Fernández (2022: 2); y Andrés Joven (2022: 20).
22. STC, Pleno, 99/2019, de 18 de julio, sobre cuestión de inconstitucionalidad 1595-2016. Planteada
por la Sala de lo Civil del TS respecto al artículo 1 de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la
rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas. «[…] también los menores de edad
son titulares de los derechos fundamentales. Es abundante el acervo doctrinal que afirma, como “parte
del contenido esencial del art. 24.1 CE”, el derecho de cualquier menor, con capacidad y madurez sufi-
ciente, a ser oído en vía judicial en la adopción de medidas que afectan a su esfera personal […] Por su
parte, la STC 154/2002 […] ha reconocido que el ámbito de autodeterminación sobre decisiones vitales
—el rechazo de una transfusión de sangre a pesar de conllevar peligro para su vida— no solo se predica
del mayor de edad sino igualmente de quien es menor de edad, menor que aparte de titular pleno de la
libertad de creencias debe, cuando se trata de opciones personalísimas como la decisión vital de aceptar
o rechazar una transfusión sanguínea por razón de creencias y se dispone de madurez suficiente que le
278 habilite, reconocérsele la responsabilidad del ejercicio del derecho fundamental».
23. STS 209/2017: «El estatuto jurídico del menor conformado a partir del Código Civil y la LO
41. Sentencia Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 21 de octubre de 2013. Sentencia Del Río
Prada.
42. STS 389/2020, Pleno.
43. Sobre las consecuencias de la denuncia con relación a la dispensa, vid. Ortega (2021).
44. Magro (2021).
45. En contra, Rodríguez (2021). Para esta autora, partiendo de lo declarado en uno de los votos parti-
culares de la sentencia, entiende que el derecho de dispensa no surge en bloque y que, por tanto, puede
ejercitarse en cada momento en el que se preste declaración, pues la posibilidad de dispensa solo afecta a
la concreta declaración en que se ha realizado, sin ninguna consecuencia futura.
REFERENCIA JURISPRUDENCIAL
Tribunal Constitucional
STC, 31/1981, de 28 de julio.
STC, 300/2005, de 21 de noviembre.
STC, Pleno, 99/2019, de 18 de julio, sobre cuestión de inconstitucionalidad 1595-2016. Planteada por
la Sala de lo Civil del TS respecto al artículo 1 de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la recti-
ficación registral de la mención relativa al sexo de las personas.
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Valoración de capacidades para testificar, Madrid: Dykinson.
281
REPENSANDO EL DELITO DE FALSIFICACIÓN DOCUMENTAL
A LA LUZ DEL PRINCIPIO DE NE BIS IN IDEM
RETHINKING THE OFFENCE OF DOCUMENT FORGERY IN THE
LIGHT OF THE PRINCIPLE OF NE BIS IN IDEM
Pablo Hernández-Romo Valencia*
Abogado postulante**
RESUMEN
El delito de falsificación de documentos no puede considerarse como un delito autónomo, toda
vez que siempre formará parte de un delito principal o delito fin. Si se entiende que todo el que
falsifica y/o utiliza un documento falso lo hace para engañar, es claro que en todos aquellos de-
litos en los que se utilice el documento falso formará parte del iter criminis del delito principal.
Entonces, no puede fragmentarse un delito principal y crear distintos tipos que siempre forma-
rán parte del delito principal, toda vez que se vulnerará el derecho fundamental al bis in idem.
Analizado lo anterior, concluyo que no puede existir un bien jurídico en la falsedad documental,
ya que la conducta forma parte del delito principal; en caso contrario, se sancionará dos veces
por el mismo hecho.
PALABRAS CLAVE
Bis in idem, falsificación documental, iter criminis, delito autónomo, bien jurídico.
ABSTRACT
The crime of forgery cannot be considered as an autonomous crime since it will always be part
of a main or final crime. If it is understood that everyone who forges and/or uses a false docu-
ment does so to deceive, all those crimes in which a false document is used will necessarily
form part of the iter criminis of the main crime. Then, a principal crime cannot be fragmented to
create different crimes that will always be part of the main crime, since the fundamental right to
double jeopardy will be violated. Analyzing the above, I conclude that there’s no social harm in
the crime of forgery, since the only possible social harm is found in the main crime; otherwise, a
person will be sanctioned twice for the same act.
KEY WORDS
Bis in idem, forgery, iter criminis, autonomus crime, social harm.
DOI: [Link]
*
Quiero dejar patente el enorme agradecimiento a mi hijo Pablo Hernández-Romo Merodio, estudiante de la Univer-
sidad de Bayreuth, Alemania, por su ayuda para la traducción de los libros germanos citados en este trabajo.
**
Master of Laws, Northwestern University, Chicago, IL, EE. UU. Doctor en Derecho por la Universidad de Alicante, Espa-
ña. E-mail: pablohrv@[Link]
REPENSANDO
EL DELITO DE
FALSIFICACIÓN
DOCUMENTAL A LA
LUZ DEL PRINCIPIO
DE NE BIS IN IDEM
1. INTRODUCCIÓN
El delito de falsificación documental se comete con tanta frecuencia que difícilmente
podríamos hacernos una idea de su asiduidad. En la sociedad actual, el deseo de tener más
o de sacar provecho de distintas circunstancias hace que el engaño sea el medio adecuado
para lograr esos propósitos. Siempre que se falsifica un documento y/o se utiliza, la finali-
dad es engañar. La víctima del engaño puede ser una autoridad o a un particular, pero en
cualquier caso lo que se busca es hacer que esta persona crea que algo falso es verdadero y,
de esta forma, sacar provecho ilícitamente del engaño.
La obtención ilícita de un beneficio puede materializarse de diversas formas: entrar en
un país siendo consciente de que la legislación doméstica no lo permite, utilizar un pasa-
porte falso, conducir en un país con una licencia falsificada teniendo conciencia de que es
requisito indispensable con una licencia auténtica para poder conducir, hacerse ilícitamen-
te con una suma de dinero aportando datos falsos a través de un documento; engañar a la
autoridad para obtener determinados permisos exigidos para iniciar una construcción, etc.
Si en la mente de quien falsifica y/ o utiliza un documento falso está siempre y en todo
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 282-297
momento la voluntad de engañar, por sí o a través de otra persona, surge la siguiente duda:
¿debe sancionarse la falsificación de un documento por utilizarlo o por conseguir el prove-
cho ilícito, o por todas estas conductas? Igual que en otros países, en opinión de la doctrina
mayoritaria y del poder judicial español, el bien jurídico en cada uno de estos delitos es
distinto y, por lo tanto, deben ser sancionados.
No obstante, a mi juicio, y por las razones que expondré a lo largo de este estudio,
sancionar todos estos delitos constituye una violación de los derechos fundamentales, par-
ticularmente del principio de bis in idem, toda vez que se está sancionado un mismo hecho
que ha sido fragmentado y respecto del cual se han creado diversos tipos penales.
El delito de falsificación documental ha sido exhaustivamente analizado en varios países
de Europa, ente ellos Alemania, España e Italia. En estos tres países se ha llegado, de una u
otra forma, a la misma conclusión, a saber, que este delito protege uno u otro bien jurídico,
mismos a los que haré referencia infra. En México, país en el que vivo, se han adoptado las
ideas principalmente de Italia y de España.
Es necesario adelantar que, a mi juicio, todo lo que se ha dicho sobre el bien jurídico
que se protege en dicho delito constituye una mera ideación1 que vulnera pilares funda-
mentales del Derecho penal, y que, por lo tanto, no existe razón alguna para que se sancio-
nen las conductas subsumibles en ese tipo penal.
De afirmación anterior surgen los siguientes cuestionamientos: ¿es constitucional san-
cionar autónomamente el delito de falsificación de documentos y su uso? ¿Qué es lo que se
protege en este delito? ¿Acaso la falsificación de documentos no es un acto preparatorio y,
en no pocas ocasiones, el uso de estos la tentativa de un delito fin?
Trataré de dar respuesta estos cuestionamientos y explicaré por qué razón no puede
existir un bien jurídico en el delito de falsificación de documentos y uso de documento
falso respecto de un delito fin, al ser siempre la falsificación fragmento del delito fin y, en
muchas ocasiones, la segunda conducta también será un fragmento del delito principal.
2. FALSIFICACIÓN DOCUMENTAL
Muchas personas creen que falsificar consiste únicamente en poner una firma que no
es de alguien como si fuera de este; cambiar la fecha de un documento; cambiar unas pala-
bras por otras, etc. No obstante, poca gente sabe que falsificar también puede consistir en
asentar como ciertos hechos falsos para hacerlos constar.
El primer supuesto mencionado en el párrafo anterior constituye lo que se conoce en
la doctrina como falsificación material. El segundo se conoce como falsificación ideológica.
La falsificación documental consiste en la alteración o mudamiento de la verdad que
trae como consecuencia la creación de una apariencia que no corresponde a la realidad.
284
Cuando se habla del delito de falsificación de documentos, este debe entenderse como
285
«Falsificar tiene siempre una finalidad; la falsificación por la falsificación no tiene sen-
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 282-297
tido jurídico penal, aunque pudiera tenerlo psicológico y personal […] De suerte que,
falsificar tiene naturaleza de simple medio, esto es, tan solo valor instrumental: se falsifica
para obtener una ventaja ilícita, conseguir un provecho ilegal, etc.»12.
La falsificación puede consistir en crear una «identificación falsa» para un amigo que
es menor de edad y no puede consumir bebidas alcohólicas; crear pasaportes falsos para
personas que desean entrar ilegalmente a otros países; o fabricar boletos para un con-
cierto de música en el que ya están agotadas las entradas. La falsificación también puede
consistir en alterar o modificar material o fundamentalmente un documento existente.
El castigo de la falsificación documental implica una anticipación en la intervención del
Derecho penal13. Esto es, estamos en presencia, de hecho, de un acto preparatorio punible,
en el que se aprecian actos externos y materiales. Pero no solo eso, la falsedad solo tiene
sentido en la medida en que sea utilizada con posterioridad a su realización14. No debe
pasar inadvertido que los actos preparatorios punibles únicamente pueden ser aquellos
expresamente castigados por la ley, a saber, la conspiración, la proposición y la provocación
para delinquir15; ahora bien, estos actos son meramente verbales.
La realidad es que el legislador está sancionando conductas que no deberían sancio-
narse, toda vez que las mismas no afectan absolutamente nada16. Tal como ya se ha dicho,
estamos en presencia de un delito de mera conducta.
Sostengo que no afecta absolutamente nada, toda vez que a nadie afecta que alguien
falsifique un documento, siempre y cuando no lo utilice. Piénsese, por ejemplo, en cual-
quier clase de falsificación. Si el documento falsificado se guarda o se destruye, nadie habrá
sufrido perjuicio alguno.
Castigar esta clase de conductas equivale a castigar cualquier conducta que pueda ser
objetivamente peligrosa objetivamente, por ejemplo, portar un machete, comprar un arma
de fuego o llevar una botella de vidrio en la mano. Las dos primeras conductas pueden ser
sancionadas tanto por el ordenamiento español como por el mejicano, aunque no necesa-
riamente impliquen peligro alguno.
Una vez sentado que el delito de falsificación de documentos es un acto preparatorio,
surge la siguiente duda: ¿por qué razón no se sancionan específicamente todos los actos
preparatorios posibles respecto de todos los delitos?
Lo primero que he de decir es que considero que los actos preparatorios no deberían
sancionarse, toda vez que no existe peligro alguno —o que este muy remoto— como para
que se considere necesario que dicha conducta sea elevada al rango de ilícito penal.
No se sabe qué criterio utiliza el legislador para decidir qué delitos de peligro abstracto
deben sancionarse y cuáles no.
286
3. EL BIEN JURÍDICO EN LA FALSEDAD DOCUMENTAL
287
Es decir, no porque el legislador decida crear normas penales estas necesariamente vul-
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 282-297
neran algún bien jurídico; puede que sean concretamente inofensivas31. Es necesario que se
analicen las diversas figuras delictivas y se razone sobre si, en realidad, puede existir algún
bien jurídico, o si, por el contrario, no puede existir bien jurídico alguno, toda vez que
esa conducta forma parte de otro tipo o resulta ser completamente inocua. Sabido es que
resulta constitucionalmente ilegítimo el castigo de conductas que no pueden considerarse
lesivas.
Como he señalado, el delito de falsificación documental se considera un delito de in-
tención; siempre que se falsifica se falsifica para algo, ese «algo» es, siempre, engañar. No
existe otra razón por la cual se falsifique un documento y se use.
Entonces, si se entiende que, cuando se falsifica un documento, es para realizar cual-
quier otro delito que comprenda el engaño a alguien, entonces puedo afirmar que esa
conducta forma parte del iter criminis de un delito principal.
Entendido lo anterior, surge la duda: ¿pueden existir diversos bienes jurídicos en un iter
criminis respecto de un solo delito?
A mi juicio, la respuesta es en sentido negativo, ya que de lo contrario se estaría vulne-
rando el derecho humano al non bis in idem. En efecto, nótese que para castigar un mismo
hecho por distintos delitos bastaría fragmentar las conductas y argumentar la lesión de
distintos bienes jurídicos para, de esta forma, castigar una misma conducta, pero fragmen-
tada, lo cual es contrario a los derechos fundamentales.
De lo anteriormente expuesto surge otra duda: ¿hasta qué punto cabe fragmentar una
conducta, que tiende a un concreto y preciso fin, configurando así varios tipos delictivos?
Para poder comprender todo lo previamente dicho, es necesario recordar el iter criminis.
4. EL ITER CRIMINIS
Los diferentes hechos constitutivos de delitos siguen una secuencia de estadios o fases,
atraviesan un camino. Ese itinerario —desde la ideación criminal hasta su completa reali-
zación— se denomina iter criminis.
Conocidas las fases del iter criminis —fase interna y fase externa—, me centraré en
la fase externa, toda vez que, a efectos de este estudio, es la que cobra mayor relevancia.
Esta fase comienza a partir de la exteriorización de la voluntad, desde la que el proceso
de realización del delito puede proseguir a través de la preparación y la ejecución hasta la
consumación.
En el caso que nos ocupa, la falsificación documental constituye un acto preparatorio
de un delito fin, toda vez que es uno de los primeros pasos del mismo, que siempre con-
sistirá en engañar a alguien. En este primer momento, no se sabrá cuál pueda ser el delito,
pero los hechos posteriores darán la pauta.
288
El uso del documento falso podrá constituir el acto ejecutivo del delito fin. Esto es, en
Nótese que, entonces, para saber si se está en presencia de bis in idem, habrá que estar
a lo que diga la doctrina o el poder judicial; esto es, lo que ellos consideren que es el bien
jurídico, hecho que deja en estado de indefensión a cualquier persona, ya que dependerá
de cuál se considere el bien jurídico para, de esa forma. sancionar dos veces por el mismo
hecho.
290
Aquí conviene recordar las múltiples posturas respecto al bien jurídico en el delito de
6. CONCLUSIONES
Primera. Quien falsifica un documento y lo usa siempre lo hace para engañar a otra
persona.
Segunda. Sancionar por falsificar un documento por su uso y por el delito fin implica
una violación del bis in idem, toda vez que estas conductas forman parte del iter crimins y
que se está sancionando un mismo hecho que ha sido fragmentado y respecto del cual se
han creado diversos tipos.
291
Tercera. No pueden existir diversos bienes jurídicos respecto del iter criminis de un
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 282-297
delito principal o delito fin, aunque se fragmente este, toda vez que el único bien jurídico
será el del delito principal. De lo contrario, podrán crearse tantos bienes jurídicos como a
alguien se le ocurra, hipótesis que, ciertamente, es contraria al principio de ofensividad, así
como al derecho humano al bis in idem.
Cuarta. No puede existir un bien jurídico respecto del delito de falsificación documen-
tal.
NOTAS
1. En sentido similar, desde hace muchos años, vid. Carnelutti (2004: 21-22).
3. En este sentido, en Italia, Carnelutti (2004: 55), para quien «[…] no se falsifica solamente para enga-
ñar sino para obtener mediante el engaño aquello que sin este no sería posible tomar»; y Fiandaca y Musco
(21997: 567). De otra postura, Casas Barquero (1984: 150), para quien «[…] sin duda alguna debe
admitirse que la falsedad es delito en sí mismo considerado y que, aunque en gran número de ocasiones
la falsificación tienda a lesionar ulteriores intereses, ello en modo alguno obstaculiza que la misma se
presente con perfecta autonomía, agotándose y perfeccionándose sin que cualquier otro bien o interés
sea dañado».
12. Cobo del Rosal (1995: 438). En idéntico sentido, en Italia, vid. Antolisei (111995: 61).
16. En sentido similar, Queralt Jiménez (1996: 499), para quien «[…] la falta de sustantividad de estos
delitos».
292
18. Jiménez Asenjo (1958: 473), para quien el bien jurídico protegido era la verdad documental con rigor,
19. Ferrer Sama (1948: 325-326); Camargo Hernández (1957: 530); Cuello Calón (141975: 255); Bustos
Ramírez (21991: 337); Muñoz Conde (71988: 475-476), para quien «[…] la fe pública que se protege por
el Estado en cuanto es necesaria para el tráfico jurídico y puede servir como medio de prueba o autenti-
cación»; Cobo del Rosal (1995: 439); Bacigalupo (1999: 4); Escobar Jiménez (32001: 2217); Calderón y
Choclán (2004: 860); y Navarro Frías (22022: 676).
20. Ranieri (1962: 587 ss.); Manzini (51986: 501-503); Maggiore (22000: 542-543); y Piffer (62001:
1628).
21. En México, la doctrina casi unánime considera que en el delito de falsificación de documentos el
bien jurídico protegido es la fe pública. Vid. Jiménez Huerta (1985: 206); Díaz de León (2001: 1213);
González de la Vega (2003: 78); Reynoso Dávila (2003: 459 y ss.), autor que primero hace referencia a la
fe pública, pero que posteriormente alude la «veracidad de los documentos»; Pavón Vasconcelos y Vargas
López (2004: 58); y López Betancourt (22008: 322). Algún autor consideró que el bien jurídico era «la
veracidad de los documentos» (González de la Vega,101992: 363).
22. Rodríguez Devesa (101987: 977); Morillas Cueva y Portilla Contreras (1994: 477); Queralt Jiménez
(1996: 500); Orts Berenguer (1996: 1738-1739; 32010: 675); Gordillo Álvarez-Valdés (2001: 523);
Serrano Gómez (2002: 725); Conde-Pumpido Ferreiro (2004: 1155); Quintero Olivares (72008: 1539);
y Fraile Coloma (2015: 81).
23. Mezger (1959: 300); Roxin, Arzt y Tiedemann (1989: 104), que sostienen: «El falsificador atenta
contra la colectividad en tanto que lesiona el interés público por la veracidad de los medios de prueba en
el tráfico jurídico»; Hassemer y Muñoz Conde (71988: 109), para quienes «[…] las falsedades documen-
tales no como delitos contra la seguridad del tráfico jurídico, sino como delitos contra la totalidad de los
participantes en ese tráfico y, por tanto, de los interesados en los medios probatorios»;. Jakobs (2011: 37);
Heine y Schuster (302019: 2792); y Rengier (212020: 312).
25. García Cantizano (1994: 134; 1997: 40 y ss.); Lascuraín Sánchez (1997: 1062); Echano Basaldúa
(1998: 768-769); Villacampa Estiarte (1999: 94-95); Jaén Vallejo (2004: 1011); Rodríguez Mourullo et
al. (2004: 2175); Silva Sánchez (2006: 289-290); Gómez Martín (2011: 855); Morillas Cueva (42021:
1184); y Muñoz Conde (202015: 625-626).
293
31. Ibídem: 96).
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 282-297
33. Ejemplos de esos delitos en México son la falsificación de moneda (artículo 234 del Código Penal
Federal); el tipificado en el artículo 246 del Código Penal Federal, el allanamiento de morada (artículo
285 del Código Penal Federal) y el despojo (artículo 395 del Código Penal Federal), entre otros.
35. Hecho que no sucede en México, donde se impone la misma pena para el delito de falsificación de
documentos y para el uso de estos, como puede apreciarse en los artículos 243 y 246, ambos del Código
Penal Federal. La pena para quien falsifique documentos públicos es de cuatro a ocho años de prisión y
multa y, si se trata de documentos privados, la pena es de seis meses a cinco años y multa.
No obstante, el artículo 251 del Código Penal Federal establece que, si se utilizan los documentos falsos,
se acumulará la falsificación y el delito que por medio de ella hubiere cometido el delincuente. Esto es, el
legislador está estableciendo que entre la falsificación y el delito fin siempre se estará en presencia de un
concurso de delitos. Si se cometiera el delito de fraude utilizando documentos falsificados, en México la
pena más alta podría ser de tres a doce años de prisión y multa. Ahora bien, de conformidad con el artícu-
lo 63 del Código Penal Federal, al responsable de la tentativa punible podrá aplicársele hasta dos terceras
partes de la sanción que se le debiera imponer de haberse consumado el delito que quiso realizar, salvo
disposición en contrario. Esto es, se le podría aplicar una pena de hasta ocho años. Nótese el absurdo.
36. Principio que en México se encuentra regulado en el artículo 22 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos.
37. Esto se aprecia en México en la Ley General de Responsabilidades Administrativas, en sus artículos
59, 60, 63, 69. Especialmente absurdo es el último de los artículos mencionados. Lo trascribiré para que
el lector pueda apreciarlo. El artículo 65 de esa ley establece que los actos de particulares previstos en el
Capítulo III se consideran vinculados a faltas administrativas graves, por lo que su comisión será sancio-
nada en términos de esa ley.
Artículo 69. «Será responsable de utilización de información falsa el particular que presente documenta-
ción o información falsa o alterada, o simulen el cumplimiento de requisitos o reglas establecidos en los
procedimientos administrativos, con el propósito de lograr una autorización, un beneficio, una ventaja o
de perjudicar a persona alguna […]».
41. Esto sucede en México, como se puede apreciar en el artículo 108 del Código Fiscal de la Federación.
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TEMAS DE
HOY
Las leyes penales, la irracionalidad y el consenso
Gonzalo Quintero Olivares
LAS LEYES PENALES, LA IRRACIONALIDAD Y EL CONSENSO
CRIMINAL LAW, IRRATIONALITY AND CONSENSUS
Gonzalo Quintero Olivares
Catedrático de Derecho Penal y Abogado
DOI: [Link]
LAS LEYES PENALES,
LA IRRACIONALIDAD
Y EL CONSENSO
exigir no es tanto que sea racional, sino que sea comprensible por los ciudadanos, que goce
de un mínimo consenso que lo respalde, consenso que, claro está, ha de alcanzar al derecho
penal en sus diferentes manifestaciones: creación de normas, aplicación jurisdiccional y
ejecución.
Claro está que el consenso depende de factores muy diferentes, que comienzan por
la percepción de utilidad del sistema, de que no es invasivo, ni aleatorio, ni desigual, ni
tampoco un campo de pruebas para que cada partido pueda ir colocando lo que le parezca
adecuado. La experiencia de las reformas legales frecuentes y sectarias, como las que se ven
en España, y no solo en la última legislatura no contribuye a fomentar esas positivas con-
secuencias, y es entonces cuando más desnuda queda la irracionalidad.
Como he dicho antes, no se puede prescindir del derecho penal, y tampoco hay que
escandalizarse por la acusación de falta de racionalidad, pues el de la racionalidad es un
problema permanente en la filosofía del derecho y no voy a entrar en ese ámbito, sin per-
juicio de traer a colación muestras patentes de irracionalidad de las leyes penales.
nas que se señalan a cada uno de ellos son expresión de la retribución, doctrina abandonada
en lo esencial, aunque se conserven a veces algunos de sus efectos, pero que no ha podido
oponerse a las doctrinas de la prevención general o especial, y ha sido así precisamente a
causa de la irracionalidad de su idea básica, a saber: que la pena señalada es la que expresa
la exacta medida del mal causado por el delito, y, además, no necesita de explicaciones
adicionales porque la pena es un fin en sí misma. Considerar a la pena como algo que no
tiene nada que ver con el futuro, ni tampoco como algo que ha de variar en función de las
características del sujeto que la sufre es absurdo.
Podemos aceptar que en el siglo XXI no puede merecer la calificación de “respuesta ra-
cional” una pena que se explique como manifestación del ius puniendi, esto es, como pura
expresión del derecho de castigar que no requiere ni explicaciones ni justificaciones. Eso
explica que hayan ganado aceptación las doctrinas de la prevención, sea de la prevención
frente a un individuo concreto o sea frente a todos, procurando la disuasión por medio de
la amenaza. Estas ideas, particularmente la segunda, en tanto que coloca en lugar priorita-
rio los intereses de la comunidad, y, por lo tanto, eso es lo que finalmente habrá de decidir
un castigo que, en buena medida, no guarda relación ni con el hecho ni con su autor, lo
cual nos devuelve al terreno de la irracionalidad, y hace comprensible la tradicional crítica
anti-prevencionista y utilitarista de los retribucionistas, con Kant a la cabeza.
Además, la confianza en la bondad del prevencionismo da lugar a otra perversión: la
constante petición de incremento de la dureza de las penas según sea el temor hacia una
clase de delitos. Eso, que puede llevar a castigar con graves penas un pequeño hurto, por
ejemplo, es un fenómeno habitual cuando menos en la realidad española, pero esa frecuen-
cia no lo hace racional.
No merece mejor calificación la prevención especial en sus diversas versiones, porque,
en todo caso, y, exceptuando lo que sería un inamisible sistema que no determinara la pena
en modo, ni clase ni cantidad, lo cual sería considerado incompatible con el principio de
legalidad, el pretendido ajuste de la respuesta punitiva a la completa personalidad del reo
y a la totalidad de sus circunstancias, nunca se producirá, pues el delito tendrá necesaria-
mente asociado un marco penal, fijado con abstracción de quien pueda ser el transgresor, y
la valoración de esas circunstancias solo tendrá lugar en el estrecho margen que ese marco
conceda a los Tribunales. Podremos decir, como lenguaje para iniciados, que la decisión
última sobre la pena o medida a adoptar obedece a criterios de prevención especial, pero
sabremos que eso es válido solo en una pequeña medida, insuficiente para calificar de ra-
cional el sistema en su conjunto.
personas muchas veces desconocidas, que han vertido en el texto sus personales ideas sor
la cuestión de que se trate. Pretender que lo que después acabe siendo Ley merezca la
calificación de “expresión de la voluntad mayoritaria de la ciudadanía representada en el
Congreso de los Diputados es, simplemente, absurdo, y, en todo caso, no es el modo ra-
cional de legislar.
El problema se agrava porque, además, hay un hecho constatado: si cambia el Partido
que gobierna ha de cambiar el Código penal, por poco que sea el tiempo transcurrido desde
la última reforma, y esa regla no escrita la han seguido tanto el Partido Socialista como
el Partido Popular, que por estas fechas ya está anunciando la amplia reforma del Código
penal que ha de emprender en cuanto alcance el Poder.
311
8. CONCLUSIÓN: LAS DIFÍCILES SOLUCIONES
TEORDER 2023, Nº 34, PÁGS. 300-313
Todos esos ejemplos sobre reglas del derecho positivo y modos de utilizar el derecho
penal son solo eso: muestras de una realidad en la que la irracionalidad circula libremente
y con la tácita aceptación de todos. Parece que el derecho penal sea un juego al que se le
han dado unas reglas de uso y aplicación. Esas reglas pueden tener un sentido compren-
sible, y en la medida que lo tengan perderán irracionalidad, pero para poder alcanzar una
suficiente grado de consenso en torno al sistema penal se precisan alguna condiciones más.
Como es lógico, el ideal de contar con un derecho penal que no sea irracional, así como
que esté lejos de las tentaciones de utilizarlo sectariamente para imponer ideas políticas o
morales, tendría que ser un anhelo compartido. Pero posiblemente no es así porque los que
trabajan con el derecho penal han asumido como normal lo que no lo es, llevados por una
inercia que empuja a no entrar en complicadas disquisiciones que con alta probabilidad no
conducen a ningún cambio significativo.
No hay, así las cosas, otros camino que el de la resignación asumiendo la necesidad del
derecho penal a pesar de sus defectos. Pese a lo cual, en un Estado de Derecho que aspira a
progresar es obligado reivindicar algunos cambios necesarios y tenerlos como condiciones
imprescindibles para el avance y mejora de un derecho penal que realmente quiera acercar-
se al ideal del derecho penal mínimo y garantista (en el que pocos creen) partiendo, además,
de la premisa de que no es posible expulsar completamente la irracionalidad, si por ello
entendemos que solo es racional una regla cuando es necesaria y es la única posible. Eso no
es obligado, pues basta con que las proposiciones y reglas jurídicas sean comprensibles y no
conduzcan a resultados desproporcionados o contradictorios.
En todo caso hay que salir al paso del perceptible abuso del recurso al derecho penal,
deseo que comparten los penalistas con la misma unanimidad con la que lo ignora o des-
precia la clase política, lo mismo que desprecia al derecho científico, que no solo se consi-
dera capacitada para decidir lo que se ha de castigar sino también cómo hay que hacerlo, y
en la memoria conservamos suficientes experiencias.
Pero todo proyecto de mejora de las leyes penales pasa por una condición, la más di-
fícil de todas, y que atañe a la génesis y calidad de las leyes penales y que pasa, en primer
lugar, por la preparación de proyectos o proposiciones de ley con rigor técnico-jurídico, y,
en segundo lugar, por la profundización del debate parlamentario, para que sea riguroso
y documentado, y eso, como ya he dicho antes, es vana esperanza mientras no cambie el
sistema electoral por listas cerradas y sea reemplazado por otro en el que los legisladores se
responsabilicen de su deber y hagan algo diferente de asentir a lo que marque el Partido
como intervención necesaria.
No creo que lo veamos, pues ni nuestra clase política está por la labor ni hay Partido
que quiera renunciar al sistema de lista cerrada, herramienta insustituible para lograr el
pensamiento único.
312
NOTAS
313
NORMAS DE
EDICIÓN DE
LA REVISTA
[Link]
I. CRITERIOS GENERALES PARA LA PRESENTACIÓN DE ARTÍCULOS A
Los originales deben ser enviados por correo electrónico a la dirección: [Link]@[Link]. Los
autores deben mandar dos archivos diferenciados en formato Word o compatible. El primero de ellos
será el texto original que deberá estar completamente cegado y no contener ninguna referencia que
permita al revisor/a conocer su autoría. En este mismo deberá aparecer el título, resumen y palabras
clave en español e inglés. Asimismo, deberá suprimirse cualquier propiedad del archivo que haga re-
ferencia al autor o autora. El segundo documento debe contener título del texto, nombre y apellidos
del autor, institución de origen, puesto que se ocupa en la actualidad, dirección de correo electrónico,
así como los agradecimientos y referencias a proyectos de investigación en los que se enmarque la
investigación del artículo.
Adjunto a los anteriores debe remitirse cumplimentado el formulario relativo a la gestión y pro-
tección de los datos personales por parte de la editorial de acuerdo con la normativa vigente. Dicho
formulario puede encontrarse en la web de la revista: [Link].
También pueden remitirse por correo postal (copia impresa y en soporte digital) a la siguiente
dirección: Revista Teoría & Derecho. Editorial Tirant lo Blanch, C/ Artes Gráficas 14, entresuelo,
Valencia 46010.
318
Tanto en el texto principal como en la bibliografía se utilizarán las comillas angulares o latinas
319
VI. ÍNDICES DE CALIDAD Y BASES DE DATOS
TEORDER 2022, Nº 33, PÁGS. 314-325
Cumple todos los criterios de calidad de revistas establecidos por el Comité 9 CNEAI (sexenios)
Journal Scholar Metrics. Revistas Españolas de Derecho
[Link]
order=h5_index&sort=DESC&related=T&country=es
ERIH PLUS (European Index for de Humanities and the Social Sciences) La revista Teoría y
derecho ha sido incluida en este índice en febrero de 2017.
[Link]
Google Scholar Metrics (2011-2015), Índice H de las revistas científicas españolas. La revista es
la 81 de 148 posiciones.
CARHUS PLUS : valorada como A
RESH (Revistas españolas de ciencias sociales y humanidades).
Incluida en revistas jurídicas interdisciplinares. La mejor valorada por los expertos
[Link]
DICE (Difusión y calidad editorial de las revistas españolas de humanidades y ciencias sociales y
jurídicas) [Link]
LATINDEX: cumple 33 criterios, sobre 33.
ISOC: Sumarios Derecho
CIRC: Calificada como B
320
I. GENERAL CRITERIA FOR SUBMISSIONS TO THE JOURNAL TEORÍA &
321
III. CORRESPONDENCE WITH THE JOURNAL
TEORDER 2022, Nº 33, PÁGS. 314-325
322
Books: Author’s or Authors’ Surname / s, Name (at least the first), year of publication (with
V. COPYRIGHT NOTICE
The authors of submitted texts agree to assign their copyright and reproduction rights to the
Journal. Therefore, the Journal will have exclusive rights to authorize the reproduction public dis-
play and / or distribution of the work. The authors authorize the Journal to make the work available
and to share its content in scientific databases, in which the Journal is indexed, in order to make
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324
NORMAS
ÉTICAS Y
DECLARACIÓN
DE BUENAS
PRÁCTICAS
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NORMAS ÉTICAS Y DECLARACIÓN DE BUENAS PRÁCTICAS
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