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τηεοτοκοσ

THEOTOKOS
Terlengiz

La Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios


juntamente con la encarnación del Verbo, por disposición de la divina Providencia,
fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente
generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor.
Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el
Templo, padeciendo con su hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma
enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la
ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es
nuestra madre en el orden de la gracia.
Lg VIII, 61,

Este título de Madre de Dios, generó violentas


discusiones en la Iglesia Primitiva, en el concilio de Efeso, en
el año 431, fijó tras meses de agrias disputas, la doctrina de
la unión de las dos naturalezas en el Cristo, (divina y humana),
y la legitimidad de la expresión Theotocos, Madre de Dios.
Madre de Dios, en efecto, aquel que ella concibió como
hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho
verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo
eterno del Padre, la segunda persona de la santísima Trinidad.
( catecismo de la Iglesia Católica,495).

De los veintisiete escritos que forman el canon del Nuevo


Testamento, sólo en cuatro se la nombra por su nombre; María,
estos son los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, y el Libro de
los Hechos de los Apóstoles, el Evangelio de Juan, nos habla de
ella sin nombrarla, haciendo referencia a ella como su Madre o
la Madre de Jesús, en los veintidós restantes no hay ninguna
mención explícita, tan solo los ojos de la fe le han atribuido
pasajes que pueden hacer alguna referencia a ella.

1
Podemos deducir pues, que sobre María se cierne un manto de
silencio, poco o nada podemos saber de ella si nos atenemos a la
Sagrada Escritura, desde luego, si la leemos con los ojos de la
fe, claro que podemos entender muchos pasajes del Antiguo y
Nuevo Testamento como referidos a ella, para no alargarme, me
voy a centrar en lo que podemos leer sin apenas interpretar.
Marcos, posiblemente es el Evangelio más antiguo, el
primero en escribirse, recoge la Predicación del Apóstol Pedro,
es el más breve de los cuatro. No recoge nada de la infancia
de Jesús, sólo dos referencias a la Madre de Jesús, y llama la
atención el desapego de Jesús hacia su Madre, Mc 3,31-35, van a
buscarle, le dicen que su Madre le busca y responde que su Madre
y sus hermanos son los que hacen la voluntad de Dios.
En el segundo texto, Mc 6,1-3, el desapego viene de sus
vecinos, que comentan asombrados e incrédulos la sabiduría de
Jesús, sabiéndole hijo de José y Maria.

Mateo que escribe para otro público, se extiende más y


complica las cosas, insiste por ejemplo en el origen de Jesús
como hijo de David, poniendo al principio del Evangelio una
larga genealogía, pero hace algo realmente extraño, para los
judíos la genealogía, era muy importante, sólo los israelitas de
pura cepa, podían acceder a los cargos importantes tanto
religiosos como civiles, algo muy similar a lo que pasaba en
España a partir del siglo XV, más o menos, con lo de la pureza
de sangre. Pero hace algo inusual, introduce cuatro mujeres,
cosa que desde luego un israelita jamás haría, para rematar la
faena las cuatro son extranjeras, mala cosa para enorgullecerse
de pureza de sangre, volviendo al ejemplo de España es como si
uno al presentar el expediente de pureza de sangre, mencionara
que la madre de su abuela era judía, la madre de su Madre
morisca, etc. Mateo se carga de un plumazo los méritos de los
antepasados y el orgullo racial.
Y tiene otra lectura apasionante; el Mesías, hijo de David,
depositario de todas las promesas, se debe no sólo a sus
antepasados, sino también a los extranjeros y pecadores, y
también los extranjeros y pecadores tienen títulos de parentesco
que alegar sobre el Mesías.
Aquellas mujeres extranjeras, a las cuales se debe la
perpetuación del linaje de David según la carne, son
prefiguración de María; ajena también al linaje de David según
la carne, despreciada por los que se gloriaban de sus
genealogías. ([Link], la figura de María a través de los
evangelios).
De hecho Mateo se mete en un buen lío cuando presenta a
María como Virgen, la virginidad no era un valor en aquellos
días y en aquella cultura, una mujer sin hijos era despreciada,
mantenerse virgen era una maldición. Un Mesías hijo de una
virgen era una piedra de escándalo, por eso Mateo, se apoya
constantemente en el Antiguo Testamento, demostrando que las
viejas promesas se cumplen en Jesús.
Lucas, es el evangelista que escribe apoyado en los
testigos, y un testigo excepcional es María, que guardaba las
cosas en el corazón, (Lc 2,19). María es un testigo discreto

2
que pronto desaparece del texto, una vez cumplida su misión
discretamente se retira de escena.
Juan, nunca nombra a María por su nombre, evita
intencionadamente hacerlo, y en los dos pasajes en los que
presenta un diálogo entre Jesús y su Madre, lo hace de una forma
chocante, Jesús se dirige con dureza y distancia a su Madre, en
la escena de Caná, por ejemplo, Mujer, ¿qué hay entre tú y yo?,
otros traducen más dulcemente ¿Qué nos va a ti y a mí?, y en la
terrible escena de la crucifixión, le dice Mujer, ahí tienes a
tu hijo, que poco cariño, ¿no? Mujer, vaya forma de dirigirse a
su madre.
Sin embargo, Juan tiene un plan muy definido, sólo hace dos
referencias a María en su Evangelio, una, Caná da inicio a la
vida pública de Jesús, la otra en el Gólgota la cierra. Juan
nos dice que María está con Jesús de principio a fin.
En Caná, Jesús rechaza en principio la petición de su Madre,
argumentando que no ha llegado su hora, María insiste, no tienen
vino, hay un refrán judío que dice; “No hay fiesta, si no hay
vino”. Enmarcada en una fiesta de una alianza Matrimonial,
Juan pone en labios de Jesús y su Madre, una conversación entre
la nueva y la vieja alianza, la Antigua alianza es agua de
purificaciones rituales, que sale de la piedra de la
incredulidad y sólo lava lo exterior. La Nueva Alianza, que
brota de la Palabra de Cristo, trasforma esa agua en buen vino,
que alegra la fiesta desde el interior. La observación de
María, no tienen vino, encierra una discreta alusión a la
alegría de la Alianza Mesiánica, aún por llegar, y de la cual el
vino es el símbolo en la Escritura.
Y en el Gólgota, ( Jn 19,25-27 ), María al pie de la Cruz,
es entregada al discípulo como Madre, y desde siempre la Iglesia
ha visto en esa entrega a María como madre de todos los que
creerán en Jesús, como madre de la Iglesia que nace en el
calvario. Desde aquella hora, María es Madre de los
creyentes, de los que esperan, de los que sufren, de los que
mueren, de los que resucitan.

Poco más podemos encontrar el las Escrituras sobre María,


al menos poco, con fundamentos serios, por citar sólo un
ejemplo, todos hemos visto esos cuadros de Pentecostés con María
rodeada de los discípulos, recibiendo al Espíritu Santo.
Falsa escena, porque los discípulos eran judíos, y un
judío jamás, nunca, ni atado de pies y manos, se reuniría con
una mujer para orar, de hecho las sinagogas tienen un lugar
reservado a las mujeres, separado del destinado a los varones.
Y los discípulos siguieron siendo unos buenos judíos
observantes de la Ley bastante después de Pentecostés, es
reveladora a este respecto la escena en casa de Simón el
curtidor, cuando Pedro tiene un sueño, (Hch, 10). Cornelio le
ha ido a buscar, Pedro de suyo, jamás hubiera aceptado la
invitación, en el versículo 28, lo explica con claridad; no está
permitido por la Ley que un judío entre en casa de un
extranjero.

3
No está permitido por la Ley, por eso nunca se hubieran
juntado varones y mujeres a orar, como mucho lo harían en
habitaciones separadas, las mujeres en la cocina y los varones
en la sala de arriba, la confusión nace de que al inicio de los
hechos, Lucas nos cuenta que todos juntos perseveraban en la
oración, con algunas mujeres entre ellas la madre de Jesús y los
hermanos de éste. (Hch 1,14).
Pero que estuvieran juntos en la misma casa no implica que
oraran juntos, ciertamente lo harían cuando bendecían la mesa
por ejemplo, aunque no siendo esposos, lo normal es que mujeres
y varones comieran por separado.
Y de hecho no tenemos ninguna dificultad en explicar que
cuando habla Lucas de hermanos de Jesús, no se refiere a
hermanos, hijos de su madre, sino a parientes cercanos, primos o
sobrinos, basándonos en que entre los judíos el concepto de
hermano supera ampliamente el ámbito familiar que nosotros le
damos. Lo de orar juntos hay que ponerlo en la misma línea,
los judíos, son un poco raritos con esas cosas, bueno raritos
desde nuestro limitado punto de vista.

Pero nosotros no somos Judíos, por lo que no tenemos


problemas en orar junto a las mujeres, ni mucho menos en
reconocerles su dignidad, trabajo nos ha costado,
reconozcámoslo, que hasta hace cuatro días no éramos tan
distintos de los hebreos, todavía hay Iglesias que conservan las
puertas separadas una para varones y otra para mujeres y aún
quedan algunos que gruñen por lo bajo cuando una mujer reparte
la comunión o se acerca al presbiterio para hacer cualquier cosa
que no sea fregarlo o poner flores.
María justo un escalón por debajo de Jesucristo, y uno por
encima de los Santos, Madre y Maestra, intercesora, el concilio
Vaticano II, le da los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro,
Mediadora..( Lg 62).
Todo sin oscurecer la única mediación de Jesucristo,
porque la mediación de María depende enteramente de la acción
redentora de Cristo y se nutre de la eficacia de la misma (Lg,
61-62). En último término se funda en el hecho de que todos
los miembros son solidarios entre sí en el cuerpo de Cristo.
Según la concepción católica, la confianza en la mediación
intercesora de María expresa de una manera especial el misterio
de que Dios se sirve de determinados hombres para conducir a
otros hombres a la salvación.

Una dificultad que hoy en día se plantea a no pocos


creyentes es el tema de la virginidad, en otro tiempo tan
valorado y hoy tan despreciado.
Quizás lo primero que hay que decir es lo más obvio; la
Virginidad de María es un milagro, por tanto el problema no es
virginidad si o no, el problema es si creemos en Dios Padre
todopoderoso o no.
Esto no quiere decir que la fe deba de ir acompañada de la
mayor cantidad posible de milagros, ni tampoco que tengamos que
aceptar crédulamente cualquier relato de milagros. Los
milagros de Dios están al servicio de la venida de su reino.

4
En este sentido, el nacimiento virginal de Jesús es una señal
sensible de la nueva creación obrada por Dios. Una señal de
la impotencia e incapacidad del hombre para procurarse a sí
mismo la salvación.
El nacimiento virginal de Jesús, por otro lado, es también un
signo de la verdadera filiación divina de Jesús.

María es en sí misma un signo, una señal, porque en María


contemplamos lo que estamos todos llamados a ser, ella es el
único ser humano preservado del pecado, y en ella podemos
reconocer todos lo que un día seremos cuando Cristo lo sea todo
en todos.

Siguiendo el argumento de Juan Duns Scoto, franciscano, que


defendió la fiesta de la Inmaculada concepción frente a
personajes tan devotos de María como San Bernardo que estaban en
contra de esa fiesta, argumento que finalmente se incorporó al
Dogma y que por eso es bueno recordar;
“El acto de la redención se anticipa en María como preservación
del pecado. Esta acción anticipada tuvo también lugar en el
Antiguo Testamento, pero sólo de una manera incoada y como en
sombras, mientras que en María se realiza en toda su plenitud.
Al sí total de la fe en la plenitud de los tiempos le
corresponde la plenitud de la gracia redentora. María es, pues,
miembro de la humanidad necesitada de redención. En resumen, es
el caso perfecto, ejemplar y puro de la redención. En ella y
sólo en ella la Iglesia aparece sin mancha o arruga(Ef. 5,27),
ella es la primera criatura en que se realiza, ya desde ahora,
la esperanza escatológica. Por consiguiente, María es la
totalmente santa y, para nosotros pecadores, el signo de la
gracia que elige, llama y santifica”.

Por eso siguiendo al Concilio Vaticano II, debemos purificar


nuestro culto a María y darle el debido lugar, y quiero terminar
con una reflexión sobre el culto a la Virgen en la Renovación
Carismática.

La Renovación es una corriente de gracia centrada en


Cristo, por eso María está presente entre sombras, en nuestras
reuniones de oración acaso las terminemos rezando una oración y
no siempre es así, y poco más, esto no implica que María no nos
importe o que no le amemos, ni mucho menos y quien lo vea así
hay que decirle con cariño pero con firmeza que se quite las
legañas de los ojos, con el mismo cariño y firmeza que hay que
decir que no, rotundamente no, a los que pretenden introducir a
María con calzador en las reuniones, el Santo Rosario, que ha
sido frecuentemente recomendado por la Iglesia como una oración
que resume el Evangelio, una oración que bien hecha desarrolla
la oración contemplativa, de Alabanza y de súplica al mismo
tiempo, no cabe en una oración carismática, no tiene ningún
sentido mezclar churras con merinas, no porque no haya que
rezarlo, que no es mala idea hacerlo, cada uno en su casa o en
su parroquia, cada cosa en su sitio.

5
Lo mismo que no cabe el rezo de la liturgia de las Horas,
porque nosotros, la Renovación tenemos una vocación y una
obligación de ser fieles a la llamada que hemos recibido.
María nos enseña a alabar al Señor y cada vez que nuestra
alabanza brota en nuestro corazón y en nuestros labios, ella ora
con nosotros y alaba a su Hijo en nuestro corazón.
Y por eso no es necesario estar a todas horas hablando de
María, a ella se le honra, honrando a su Hijo, y siguiendo su
ejemplo.
María es la mujer del Silencio, de la oración callada, de la
obediencia sin reticencias, no sería malo que aprendiéramos de
ella estas cosas.

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Proclama mi alma la grandeza del Señor,


se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones, porque el Poderoso
ha hecho obras grandes por mi;
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo;


dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo,


acordándose de la misericordia
como había prometido a nuestros padres
a favor de Abrahán y su descendencia por
siempre.
Lc 1,47-55.

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