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Tipos de Soledad y su Impacto en la Vida

Este documento analiza el concepto de soledad y aislamiento social. Explica que la soledad es una experiencia subjetiva vinculada a deficiencias en las relaciones interpersonales, mientras que el aislamiento social se refiere a la falta de contacto social. También describe cómo la soledad afecta principalmente a las personas mayores debido a factores como la viudedad y la pérdida de seres queridos.
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Tipos de Soledad y su Impacto en la Vida

Este documento analiza el concepto de soledad y aislamiento social. Explica que la soledad es una experiencia subjetiva vinculada a deficiencias en las relaciones interpersonales, mientras que el aislamiento social se refiere a la falta de contacto social. También describe cómo la soledad afecta principalmente a las personas mayores debido a factores como la viudedad y la pérdida de seres queridos.
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La soledad es una experiencia personal y subjetiva, que


puede acontecer en cualquier etapa del ciclo vital.

Es un constructo complejo, más fácil de describir que de definir, que incluye


aspectos psicológicos y sociales. Es un fenómeno natural, que puede
afectar a cualquier persona y que tiene lugar en cualquier etapa de la vida.
La soledad no es causada por vivir o estar solo. La soledad no es una
2
enfermedad, no es una disfunción psicológica (Nilsson, Lindstrom & Naden, 2006;
Tiwari, 2013).

La soledad, es un sentimiento subjetivo de tener menor afecto y


cercanía de lo deseado en el ámbito íntimo (soledad emocional), de
experimentar poca proximidad a familiares y amigos (soledad relacional) o
de sentirse socialmente poco valorado (soledad colectiva) (Cacioppo y Cacioppo,
2014; Nicholson, 2012; Ong, Uchino & Wethingtona, 2016).

La soledad emocional hace referencia al grupo de una


a 5 personas íntimas a las que podemos acudir en busca
de apoyo emocional en momentos de crisis. Esta
situación, muy vinculada a la viudedad, afecta tanto a
hombres como a mujeres.

La soledad relacional se produce en el grupo de 15 a 50


personas con las que simpatizamos. La falta de
contactos en este entorno produce soledad relacional
y afecta principalmente a mujeres.

La soledad colectiva, aparece cuando nos sentimos


socialmente poco valorados por el grupo de 150 a 1.500
personas con las que interactuamos a través de
asociaciones voluntarias. Este tipo afecta
principalmente a los hombres.
(Cacioppo, Crippo, London, Goossens & Cacioppo, 2015)
La soledad es un sentimiento subjetivo e interno que experimenta la
persona, por lo que es difícil conocer su incidencia real en la población. A
pesar de que contamos con numerosos estudios psicosociales, a nivel local,
nacional e internacional, se observa elevada discrepancia en los resultados,
fundamentalmente debido a cuestiones metodológicas y errores a la hora
de medir dicho sentimiento a través del uso de encuestas. En la gran
mayoría de los casos estas encuestas son de tipo telefónico y generalmente
aceptan participar personas que infravaloran o sobrevaloran su
sentimiento de soledad.
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Los esfuerzos para conceptualizar la soledad comenzaron en los años 50 del
siglo pasado desde el ámbito de la filosofía, quienes consideraban la
soledad como una experiencia inevitable asociada a la existencia humana.

La investigación empírica no se inició hasta los años 80, cuando desde la


perspectiva de las ciencias sociales y la psicología, Peplau y Perlman (1982)
conceptualizaron la soledad basada en la conjunción de tres enfoques, el
enfoque cognitivo, las necesidades de intimidad y el enfoque de refuerzo
social. Además, identificaron tres características comunes en relación a la
presencia del sentimiento de soledad en la persona:

⚫ Es resultado de deficiencias en relaciones interpersonales.

⚫ Es una experiencia subjetiva que contrasta con la evidencia objetiva


del aislamiento social.

⚫ Es una experiencia estresante y displacentera.

En resumen, para Peplau y Perlman, autores de referencia internacional en


el estudio de la soledad, definen ésta como:

una experiencia desagradable que tiene lugar cuando la red de


relaciones sociales de una persona es deficiente, tanto desde el
punto de vista cualitativo como cuantitativo.
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Figura 1 Entendiendo la soledad. Adaptado de Peplau y Perlman (1982)

En la actualidad, la soledad es entendida desde una perspectiva más


cognitiva, como un sentimiento subjetivo de discrepancia entre las
relaciones sociales que tiene la persona y las que le gustaría tener. La
soledad no es el resultado directo de la ausencia de relaciones, sino la
consecuencia de los sentimientos de insatisfacción con las relaciones
sociales existentes o la ausencia de las mismas (de Jong Gierveld, Broese van
Groenou, Hoogendoorn & Smit, 2009).

Esta discrepancia entre las relaciones sociales que se desean tener y las que
realmente se tienen produce una situación desagradable que implica o
conlleva un sufrimiento para quien la experimenta, y que puede tener
efectos perjudiciales sobre la salud y el bienestar físico, social y psicológico
(Cacioppo, Grippo, London, Goossens, & Cacioppo, 2015; Dykstra, 2009).

La soledad se considera como una de las preocupaciones presentes en


nuestra sociedad que tiene consecuencias muy negativas en la calidad de
vida de las personas como se ha puesto de manifiesto en diversas
investigaciones realizadas en los últimos años (Dahlberg, Agahi & Lennartsson,
2018; Gardiner, Geldenhuys & Gott, 2018).

El proceso de envejecimiento viene acompañado de muchos cambios


relacionados con eventos vitales que tiene lugar de forma habitual en esta
etapa de la vida. La soledad en las personas mayores es una realidad que
viene favorecida por diferentes factores. La primera causa es la retirada del
ámbito laboral, lugar donde el individuo se nutre de numerosas relaciones
sociales, y que requiere un reajuste en la vida de la persona. Pero, más que
la jubilación, es el fallecimiento del cónyuge el suceso más relevante en la
vivencia de soledad. La viudedad, para quien había contraído matrimonio o
vivía en pareja, suele ser, el principal desencadenante del sentimiento de
soledad en las edades avanzadas.
5
Otros factores asociados a la experiencia de soledad son la emancipación
de los hijos, la pérdida de amigos y familiares de la misma generación, el
divorcio o el fallecimiento de un/a hijo/a, o el diagnóstico de una
enfermedad grave de la pareja (de Jong Gierveld, 1998).

En definitiva, el sentimiento de soledad es un factor de vulnerabilidad en


las personas mayores. Debemos dirigir nuestro foco de atención hacia esta
realidad y analizar de manera global este fenómeno para llegar a un mejor
entendimiento sobre la experiencia de soledad de las personas mayores.
1
El aislamiento social hace referencia a la falta de
contacto social y la ausencia de apoyo social.

El aislamiento social es la medida objetiva de la soledad. Sin olvidar que la


soledad se define subjetivamente como una experiencia dolorosa
experimentada en ausencia de relaciones sociales, de sentimientos de
pertenencia o debida a una sensación de aislamiento (Hawkley & Capitanio, 2015;
2
Mushtaq et al., 2014).

Las relaciones sociales constituyen un componente fundamental de la


calidad de vida de las personas. La soledad es sólo uno de los posibles
resultados de la evaluación que hace la persona de la cantidad y calidad de
sus relaciones sociales.
Las relaciones sociales se describen a través de tres conceptos:

La red social (el tamaño, la frecuencia y la calidad de


contactos).

El apoyo social (en términos de dar y recibir).

La participación social (frecuencia y calidad de las


actividades formales e informales).
(Holt-Lunstad, Smith & Layton, 2010)

A medida que avanza la edad el tamaño de la red social disminuye y se


reduce la frecuencia de contactos más que por la red familiar, por motivos
relacionados con el declive en la salud y el funcionamiento (Ajrouch, Blandon &
Antonucci, 2005; Puga, 2007; Rodríguez-Rodríguez, Rojo-Pérez y Fernández-Mayoralas, 2017).
La reducción del tamaño de la red social viene dada por las pérdidas de
seres queridos que tienen lugar con el paso de los años, aunque algunos
teóricos defienden que, esta reducción se debe también a una actitud
proactiva, pues desde la adultez las personas se vuelven más selectivas al
formar sus redes sociales, manteniendo solamente contactos con las
personas que consideran emocionalmente significativas (Carstensen, Fung &
Charles, 2003). Las redes sociales de las personas mayores son más pequeñas,
los contactos son menos frecuentes, pero son de mayor calidad emocional.

El estudio de la composición de la red social en relación con la soledad


indica que, los individuos con una red social más homogénea formada
únicamente por contactos con familiares, son más vulnerables a vivir en
soledad (Dykstra, 1990). En cuanto a los miembros de la red familiar, la relación
“con” y el apoyo “de” los hijos son los que mayor bienestar producen.
Además, los contactos con amigos y vecinos se asocian con menores
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niveles de soledad que los contactos con hijos y otros familiares.

Pinquart y Sörensen (2001) indican que las relaciones con personas de fuera
del entorno familiar son más importantes para aquellas personas que no
están casadas, considerando que en las personas casadas, la pareja puede
aportar el apoyo emocional necesario. También señalan la importancia de
los vecinos en el afrontamiento de la soledad, entendiendo que, gracias a
la cercanía física, pueden ofrecer apoyo frecuente a las personas mayores,
así como ayuda en momentos de necesidad.

Diversos estudios han demostrado que la calidad de las relaciones predice


la soledad en mayor medida que los aspectos estructurales de la red social,
como el número y la frecuencia de los contactos (de Jong Gierveld, 1998; Kim,
1999).

Tener buenas relaciones con la familia y los amigos es uno de los


componentes fundamentales de la calidad de vida en la vejez. Arling (1976)
encontró que relacionarse con amigos amortigua la aparición del
sentimiento de soledad. En la misma línea, De Grâce (1987) encontró que
tener una red social pequeña y pocos contactos con los amigos correlaciona
con la aparición del sentimiento de soledad.

El apoyo social abarca tanto el contexto social en el que se dan las


relaciones sociales y que facilita un espacio para el intercambio tanto de
experiencias emocionales como de apoyo en cuestiones instrumentales
cotidianas. No solamente el hecho de recibir apoyo social de otros sino
también el dar apoyo o ser de ayuda a otros es beneficioso para las
personas mayores.
Las personas mayores que se sienten
más solas son aquellas que reciben más
apoyo del que ofrecen.

(de Jong Gierveld, Dykstra & Schenk, 2012).

La conjunción de un apoyo bajo de la red social y débiles lazos familiares,


pueden dar lugar a la aparición del sentimiento de soledad, y tener un
impacto negativo en el bienestar y la calidad de vida de la población mayor.
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La participación social en las personas mayores está determinada por


la que un individuo experimenta al menos veinte años antes, y hay una
relación directa entre la participación social y la soledad (Dahlberg, Agahi &
Lennartsson, 2016). La soledad no es un producto exclusivo del momento
actual, sino de la historia relacional de cada uno. Algunos estudios han
relacionado la soledad actual de la persona con su trayectoria vital (Aarstsen
y Jylhä, Magalhaes, Viola & Simoes, 2011).

Aunque bien es cierto que a medida que pasan los años se produce un
descenso de la participación social y el consecuente aumento del riesgo de
soledad. Algunos factores implicados en este hecho son la falta de
accesibilidad en el uso del transporte público, limitando la participación de
las personas mayores en actividades fuera de su casa (Ferreira-Alves, Magalhães,
Viola & Simões, 2014), la ausencia o la oferta limitada de actividades culturales
o de ocio, las limitaciones físicas y los problemas de salud de las personas
mayores (Neri & Vieira, 2013). En cambio, cuanto mayor es el apoyo social
percibido, mayor es la participación de las personas mayores en actividades
sociales.

Que las personas mayores puedan vivir solas supone un logro social para
los países desarrollados. Las condiciones de vida han permitido que lleguen
con independencia física, psíquica, funcional y económica a esa etapa de la
vida. Sin embargo, algunas circunstancias sobrevenidas como la pérdida de
autonomía física o psíquica, las barreras arquitectónicas en el hogar y el
vecindario, y la dificultad para seguir participando socialmente, pueden
conllevar al aislamiento de la persona mayor. Por tanto, que los mayores
vivan solos supone un reto tanto para la persona mayor como para la
sociedad.
Diversas investigaciones indican que las personas mayores son “más
felices” que las jóvenes (al menos estadísticamente, por ejemplo, en el
Eurobarómetro europeo). Existen múltiples evidencias científicas que
avalan la “paradoja de la felicidad en la vejez”, que surge para ofrecer una
explicación al fenómeno de que las personas según envejecen van
sufriendo una serie de pérdidas (la jubilación, los hijos se marchan del
hogar, surgen más problemas de salud, el fallecimiento de seres queridos,
la pérdida de la vitalidad física y el atractivo de la juventud y la madurez…)
contrario a lo que cabría pensar, son capaces de percibir su vida de forma
5
positiva (Carstensen, Fung & Charles, 2003).

Se han encontrado niveles más altos de bienestar subjetivo en los mayores


comparativamente a jóvenes (Carstensen, Pasupathi, Mayr y Nesselroade, 2000;
Mroczek y Kolarz, 1998). Labouvie-Vief, DeVoe & Bulka (1989), intentan dar una
explicación, planteando que con los años se va adquiriendo cierta madurez
emocional, lo que se asocia a una mejora en la revalorización cognitiva de
los sucesos. Además, se argumenta que en las personas mayores se ha visto
un mayor ajuste y flexibilidad ante los acontecimientos estresantes. Las
personas mayores en comparación con las jóvenes, presentan mejor
manejo de situaciones conflictivas, mayor distanciamiento de éstas y
capacidad de hacer una revalorización positiva de los hechos (Carstensen, Fung
& Charles, 2003).

Todos estos factores posiblemente explicarían por qué a pesar de las


múltiples pérdidas que se van dando con la edad, se encuentran altos
niveles de satisfacción personal y menos sentimientos de soledad que los
que cabría esperar desde el sentido común que en las personas jóvenes.
El envejecimiento es un proceso gradual que facilita la adaptación a los
cambios y permite vivir con satisfacción. La mayoría de las personas
mayores cuentan con recursos suficientes para adaptarse a nuevas
circunstancias, y será aquellas personas que tengan dificultades en ese
proceso de adaptación quienes requieran de una intervención especial.
Fuente:

Estudio realizado por encargo de la Dirección General de Mayores a la Universidad


Complutense de Madrid (N.º de expediente: 171/2019/01176).

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