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Inaplicabilidad Artículo 248 CPP Chile

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0000305

TRESCIENTOS CINCO

2022

REPÚBLICA DE CHILE
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
____________
Sentencia
Rol 11.697-2021

[13 de octubre de 2022]


____________

REQUERIMIENTO DE INAPLICABILIDAD POR


INCONSTITUCIONALIDAD RESPECTO DEL ARTÍCULO 248, LETRA
C), DEL CÓDIGO PROCESAL PENAL

SOCIEDADES INVERSIONES E INMOBILIARIA QUEPE LIMITADA Y


BODELÓN Y COMPAÑÍA LIMITADA
EN EL PROCESO PENAL RUC N° 2010053637-5, RIT N° 2331-2020, SEGUIDO
ANTE EL JUZGADO DE LETRAS Y GARANTÍA DE QUINTERO, EN
CONOCIMIENTO DE LA CORTE DE APELACIONES DE VALPARAÍSO BAJO ROL
DE INGRESO 1747-2021 (REFORMA PROCESAL PENAL)

VISTOS:
Con fecha 21 de agosto de 2021, Sociedades Inversiones e Inmobiliaria Quepe
Limitada y Bodelón y Compañía Limitada, deduce requerimiento de inaplicabilidad
por inconstitucionalidad respecto del artículo 248, letra c), del Código Procesal Penal,
para que ello incida en el proceso penal RUC N° 2010053637-5, RIT N° 2331-2020,
seguido ante el Juzgado de Letras y Garantía de Quintero, en conocimiento de la Corte
de Apelaciones de Valparaíso bajo Rol de Ingreso 1747-2021 (Reforma Procesal Penal).

Preceptos legales cuya aplicación se impugna


Los preceptos impugnados disponen lo siguiente:

“Código Procesal Penal


(…)
“Artículo 248.- Cierre de la investigación. Practicadas las diligencias
necesarias para la averiguación del hecho punible y sus autores, cómplices o
encubridores, el fiscal declarará cerrada la investigación y podrá, dentro de los diez
días siguientes:
(…)

1
0000306
TRESCIENTOS SEIS

c) Comunicar la decisión del ministerio público de no perseverar en el


procedimiento, por no haberse reunido durante la investigación los antecedentes
suficientes para fundar una acusación.”.

Síntesis de la gestión pendiente y del conflicto constitucional


sometido al conocimiento y resolución del Tribunal
Indica la parte requirente que la gestión pendiente su sustancia ante el Juzgado
de Letras y Garantía de Quintero, en que dedujo querella por delito de usurpación con
violencia. Refiere que, en dicho contexto, el Ministerio Público solicitó audiencia para
comunicar decisión de no perseverar en el procedimiento. En contra de lo anterior
interpuso recurso de apelación para ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso.
Explica la actora que la aplicación de la norma cuestionada al caso específico
deviene, concretamente, en vulneración a los derechos garantizados en la
Constitución. Indica que se conculca su garantía de tutela judicial reconocida en el
artículo 19 Nº 3, incisos primero y segundo, de la Constitución, que se traduce,
esencialmente, en el derecho de toda persona para acudir a los tribunales justicia en
reclamo de la protección de los derechos afectados.
Añade a lo anterior que se contraviene lo establecido en artículo 83, inciso
segundo, de la Constitución, que reconoce al ofendido el derecho a ejercer la acción
penal, el que será ilusorio si el Ministerio Público se niega a formalizar y,
consecuentemente, se le niega al querellante la posibilidad de forzar la acusación
debido a la imposibilidad de cumplir con el principio de congruencia. Así, señala, sin
derecho a la acción no hay debido proceso.

Tramitación
El requerimiento fue acogido a trámite por la Primera Sala, a fojas 92, con fecha
15 de septiembre de 2022.
A fojas 97, en presentación de 30 de septiembre de 2021, evacuó
traslado la parte de Gladys Álvarez Trujillo, solicitando la declaración de
inadmisibilidad del requerimiento.
Expone que el requirente yerra al enumerar las normas en las que se
fundamenta el requerimiento, puesto que debió haberlo hecho basándose
específicamente en el artículo 19 Nº 3 inciso quinto que señala, y específicamente el
derecho a recurrir, lo que hace en forma vaga, imprecisa y poco fundamentada,
limitándose a contrastar la norma legal con las de la Constitución. De hecho, añade, el
libelo alude al artículo 19 N° 3, incisos primero y segundo, en circunstancias que en la
página 1 alude al inciso quinto, es decir, no se entiende realmente cuales normas
constitucionales están siendo supuestamente vulneradas, dejando a su parte en la
indefensión. Tampoco explica cómo se vulneraría el artículo 83, inciso segundo, de la
Carta Fundamental.
Añade que no es suficiente, por tanto, que el requerimiento exponga en
abstracto una supuesta contradicción entre una norma legal y una constitucional,
debe además especificarse y explicarse concretamente la forma en como la aplicación
de la norma legal genera un efecto contrario a la Constitución y en este caso, el
requerimiento no lo explica.

2
0000307
TRESCIENTOS SIETE

Agrega la parte requerida que la Constitución no señala expresamente en qué


consiste el debido proceso ni hace un listado de requisitos de éste. El Código Procesal
Penal faculta al Ministerio Público para comunicar el cierre de la investigación. La
norma cuestionada es constitucional, toda vez que se ha aplicado por parte del juez
previo debate de todas las partes del proceso, en audiencia respectiva en la que se
respetó la bilateralidad de la misma y después de un año de presentada la querella por
el propio requirente.
Explica que el requirente interpuso recurso de apelación en contra de la
resolución que rechazaba la reapertura de la investigación, es decir, el derecho a
recurrir no ha sido afectado, es más, ha sido ejercido válidamente por el requirente.

Posteriormente el requerimiento fue declarado admisible a fojas 110, por


resolución de 7 de octubre de 2021, confiriéndose traslados de estilo, sin evacuarse
presentaciones.
A fojas 117, en resolución de 5 de noviembre de 2021, se trajeron los autos en
relación.
A fojas 120, en presentación de 14 de marzo de 2022 se hizo parte el Ministerio
Público y solicitó dejar sin efecto el decreto que ordenó traer los autos en relación. Por
resolución de Pleno que rola a fojas 124, de 15 de marzo de 2022, verificándose que el
persecutor penal público no fue emplazado en autos, se ordenó retrotraer el proceso
conforme se indica en dicha resolución.
A fojas 155, por resolución de 22 de abril de 2022, posterior a la anotada
resolución de Pleno, el requerimiento fue declarado admisible y se confirieron
traslados de fondo.
A fojas 162, evacuó traslado el Ministerio Público y solicitó el
rechazo del requerimiento. Expone que en la gestión pendiente invocada, en
audiencia de 2 de agosto de 2021, se rechazó una solicitud de reapertura de la
investigación, y luego se tuvo por comunicada la decisión contemplada en la norma
cuestionada. La parte querellante y requirente de inaplicabilidad interpuso recurso de
apelación a esta decisión que denegó la reapertura de la investigación, el que fue
concedido para ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso.
En consecuencia, indica que el Ministerio Público ya comunicó su decisión de
no perseverar en una audiencia convocada al efecto lo que se tuvo presente por el Juez
de Garantía, existiendo un recurso de apelación ejercido por la parte requirente de
inaplicabilidad que fue concedido respecto de la resolución que denegó la reapertura
de la investigación. En esas condiciones, el artículo 248 letra c) del Código Procesal
Penal es un precepto que ya fue aplicado, cuya crítica ha perdido oportunidad, desde
que lo pendiente es un recurso ejercido para ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso
por el que se busca incidir sobre la revisión de lo ocurrido en la mencionada
audiencia, lo que coloca al proceso constitucional ya no en el ámbito de la
inaplicabilidad, sino, en el de la revisión de la aplicación de reglas que ya ha tenido
lugar.
Añade que el precepto impugnado no produce resultados contrarios a la
Constitución. Indica que éste recoge una de las tres opciones que surgen para el Fiscal
del Ministerio Público una vez que ha cerrado la investigación, consistente en la
comunicación de su decisión de no perseverar en el procedimiento por no haberse
reunido durante la investigación los antecedentes suficientes para fundar una

3
0000308
TRESCIENTOS OCHO

acusación. Las otras dos alternativas son las de acusar y solicitar el sobreseimiento
definitivo o temporal de la causa.
Agrega que el artículo 83 de la Constitución, al señalar que le corresponde al
Ministerio Público tanto la investigación de los hechos que determinen la
participación punible como aquellos que acrediten la inocencia del imputado,
establece condiciones para el ejercicio de sus funciones, recogidas por el artículo 3º de
la Ley Nº 19.640 que, a su vez, consagra el principio de objetividad. Cuando la
Constitución señala que al Ministerio Público le corresponde el ejercicio de la acción
penal en su caso, ello está reflejado en el nivel legal precisamente en el artículo 248 del
Código Procesal Penal.
Precisa el Ministerio Público que la regla de la letra b) del artículo 248 del
Código Procesal Penal, norma que, una vez cerrada la investigación, el fiscal podrá
formular acusación, cuando estimare que la investigación proporciona fundamento
serio para el enjuiciamiento del imputado contra quien se hubiere formalizado la
misma. La regla analizada, así, argumenta, impone al Ministerio Público la obligación
de verificar si la investigación que dirige en forma exclusiva proporciona fundamento
serio para el enjuiciamiento, toda vez que le corresponde sostener la acción penal de
acuerdo a la Constitución, en su caso, y sin perjuicio de las opciones que el
ordenamiento otorga al ofendido por el delito.
Desarrolla que determinar si existen o no fundamentos serios para formular
una acusación es una actividad que fue retirada del ámbito de competencias de la
judicatura a resguardo de la imparcialidad del juez y el predominio del principio
acusatorio. Luego, en tanto el ejercicio de una acusación pende de la obtención de
fundamentos serios para el enjuiciamiento del imputado, proporcionados por la
investigación, es que la regla que recoge esta última hipótesis, del artículo 248 letra b)
del Código Procesal Penal, abarca igualmente la hipótesis en la que la investigación no
entrega tales fundamentos, en cuyo caso, no procede que el fiscal presente acusación.
Esto último, agrega no se opone al texto constitucional que autoriza al
Ministerio Público para ejercer la acción penal en su caso y en la forma prevista por la
ley y le entrega el mandato de averiguar no sólo los hechos constitutivos de delito y los
que determinen la participación, sino, también, aquellos que acreditan la inocencia del
imputado.

Vista de la causa y acuerdo


En Sesión de Pleno de 10 de agosto de 2022 se verificó la vista de la causa,
oyéndose la relación pública y los alegatos los abogados Matías Robertson Cortés, por
la parte requirente; de José Luis Luengo Mai, por la parte de Gladys Álvarez Trujillo;
y de Hernán Ferrera Leiva, por el Ministerio Público, adoptándose acuerdo con igual
fecha según certificación del relator.

Y CONSIDERANDO:

I. REFERENCIAS RELEVANTES EN RELACIÓN CON EL CASO


CONCRETO

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0000309
TRESCIENTOS NUEVE

1. Matías Allan Robertson Cortés, abogado, en representación de la Sociedad


de Inversiones e Inmobiliaria QUEPE LIMITADA, deduce requerimiento de
Inaplicabilidad por inconstitucionalidad del artículo 248, letra c), del Código Procesal
Penal, pues a su juicio, su aplicación en la gestión pendiente que conoce la Ilustrísima
Corte de Apelaciones de Valparaíso bajo el ROL Nº 1747-2021, produciría efectos
contrarios a lo establecido en los artículos 19 Nº 3 inciso 5º y 83 inciso 2º de la
Constitución Política de la República.
2. Que, en este sentido, como consta a foja 91, la Ilustrísima Corte de
Apelaciones de Valparaíso certificó, entre otras cosas, que con fecha 10 de agosto del
2021 ingresó a tramitación la causa Rol IC 1747-2021 de la Reforma Procesal Penal,
que incide en la causa RIT Nº 2331-2020 del Juzgado de Letras y Garantía de
Quintero, caratulado “Inversiones e Inmobiliaria Quepe Limitada / Gladys Marina
Álvarez Trujillo”. En cuanto al estado procesal de la causa, precisa que fue acogida a
tramitación y con fecha 06 de septiembre de 2021 se suspendió el decreto que ordenó
traer los autos en relación.
3. El requirente sostiene que, en el contexto de la acción penal deducida, cuya
tramitación se sigue bajo el RIT 2331-2020, ante el Juzgado de Letras y Garantía de
Quintero, con fecha 15 de julio del 2021, el Fiscal adjunto de Quintero, solicitó tener
por comunicado el cierre de la investigación a partir del mismo día, mes y año, y fijar
audiencia a fin de comunicar la decisión de no perseverar, en conformidad con lo
previsto en el artículo 248, letra c) del Código Procesal Penal. A reglón seguido, el actor
precisa que mediante resolución de fecha 02 de agosto del 2021, dictada en audiencia,
el Tribunal rechazó la petición de reapertura de la investigación y, en la misma
oportunidad, tuvo por comunicada la decisión de no perseverar.
En tal contexto, el requirente de autos señala que se dedujo recurso de
apelación – ROL ICA 1747-2021- el cual sirve como gestión pendiente a la acción de
Inaplicabilidad impetrada.
4. En este sentido, el requirente, a fs. 06, sostiene que el Ministerio Público ha
hecho un ejercicio irracional de la facultad de no perseverar, toda vez que no ha
agotado la investigación, pues no ha dado lugar a la práctica de diligencias que son
esenciales para la investigación de los hechos constitutivos de delitos y para la
determinación de la participación punible de la querellada.

II. ACERCA DEL CAMBIO DE LÍNEA JURISPRUDENCIAL


5. No puede preterirse que el control de inaplicabilidad es de carácter concreto
y de efectos inter partes, de lo cual deriva que para acoger un requerimiento es
presupuesto necesario el acreditar un potencial efecto inconstitucional derivado de la
aplicación del precepto cuestionado a la gestión pendiente, lo cual ha de ser evaluado
en mérito de los elementos de hecho y derecho del caso concreto, en función de su
estado procesal específico. De ello redundará que en función de los elementos del caso
concreto un mismo precepto legal puede resultar inaplicable en algunos casos y en
otros no.
6. A su vez, las necesidades de certeza jurídica y de igualdad ante la ley y ante la
Constitución hacen relevante que las líneas jurisprudenciales de este Tribunal gocen
de un nivel de homogeneidad consolidación que las haga reconocibles, cuestión que
empalma con el derecho de todo justiciable a la igual protección por el sistema jurídico

5
0000310
TRESCIENTOS DIEZ

en el ejercicio de sus derechos (artículo 19, numeral 3°, inciso primero, de la


Constitución vigente).
7. En tal orden, el precepto legal cuestionado es parte de aquellos que
reiteradamente han sido sometidos a control de inaplicabilidad por
inconstitucionalidad, con resultados disímiles a lo largo de la historia de este Tribunal.
En tal sentido, este tribunal fijó doctrina y estándares de rechazo de las
inaplicabilidades del artículo 248, letra c) del Código procesal penal, en la sentencias
Rol 1341-09, con criterio reiterado en la sentencias roles N°s 1394-09 y 1404-09
(registrándose además resoluciones de rechazo por empate en los procesos roles 2561-
13 y 2680-14), “evolucionando desde una posición original que consideraba que los
derechos de la víctima estaban por sobre las facultades del fiscal, hasta una postura
más atenuada, que establece ciertos criterios a través de los cuales se logra un
equilibrio entre los derechos de ésta y las facultades de aquél” (sentencia Rol N° 1341,
cons. 10), lo cual “puede apreciarse en la dictación, en orden cronológico, de las
siguientes sentencias: STC rol Nº 815 de 19-08-2008, que se pronuncia sobre la
supuesta inaplicabilidad por inconstitucionalidad del artículo 230 CPP; STC rol Nº
1244 de 02-06-2009, cuyo requerimiento impugnaba los artículos 229, 230 y 237
CPP; STC rol Nº 1337, de 20-08-2009, donde se cuestiona la supuesta
inconstitucionalidad de los artículos 230 y 186 CPP; STC rol Nº 1380 de 3-11-2009,
que se pronuncia sobre los mismos artículos del fallo anterior; STC rol Nº 1467 de 29-
12-2009, en que se cuestionaba el artículo 230 del CPP; STC rol Nº 1535 de 28-01-
2010, donde se cuestionaba la imposibilidad del querellante de apelar frente a la
exclusión de ciertas pruebas que establece el artículo 277 del CPP; y la STC rol Nº
1445, de 29-01-2010, donde se impugnaba, entre otros aspectos, la suspensión
condicional del procedimiento simplificado en el CPP” (id. ant.).
8. A su vez, recién desde octubre de 2019 se registran sentencias estimatorias
de inaplicabilidad respecto del artículo 248, letra c), siempre en votación dividida, en
una suerte de retorno a lo razonado y resuelto en la sentencia Rol N° 815, del año 2008,
que deja sin efecto la línea jurisprudencial fijada a partir de la sentencia Rol N° 1341.
Este retorno a los estándares de la sentencia Rol N° 815 durará aproximadamente 2
años y medio, en la que se registran, entre otras, las sentencias Roles N°s 5653-18,
6718-19, 7237-19, 8060-19, 8142-20, 8161-20, 8798-20, 8887-20, 8925-20, 9239-20,
9266-20, 9835-20, 9853-20, 10112-21, 10166-21, 10826-21, 10953-21, 11442-21,
11603-21 y 11526-21.
9. En esta oportunidad, y tras cambios recientes de integración, esta
Magistratura modificará la línea jurisprudencial que fue determinada por mayoría del
Pleno desde octubre de 2019 hasta inicios del presente año, sin dejar de tener presente
que en materia de Derecho Procesal Constitucional, uno de los más preclaros y
reconocidos autores de nuestro continente ha sostenido que “dentro de las distintas
cualidades deseables de los sistemas jurídicos en los Estados democráticos está la
predicción y coherencia de las decisiones judiciales. Los ciudadanos esperan que, en
todo caso, ante la existencia de asuntos análogos en sus hechos jurídicos relevantes,
los jueces otorguen decisiones igualmente similares. No basta, por ende, que se esté
ante la estabilidad y coherencia de las reglas del derecho legislado, sino también ante
la ausencia de arbitrariedad en las decisiones judiciales” (Osvaldo Alfredo Gozaíni
(2014), Tratado de Derecho Procesal Constitucional Latinoamericano, Tomo III, Ed.
Thomson Reuters La Ley, Buenos Aires, p. 604). Es en ese orden que esta sentencia
anuncia expresamente un cambio de línea jurisprudencial respecto del control de la

6
0000311
TRESCIENTOS ONCE

preceptiva cuestionada, y no solamente una variación de criterio respecto de la


presente causa.
10. Adicionalmente, a propósito del valor de lo que se suele denominar
“precedente”, no puede preterirse alguna reflexión a la cuestión de si este Tribunal
Constitucional está obligado o no a seguir la línea jurisprudencial que emana de sus
sentencias previas (el auto precedente o auto vinculación), la cual generalmente es
invocada por las partes que recurren a él, o si existe la posibilidad de que efectúe un
cambio jurisprudencial a pesar de la igualdad sustancial de los supuestos del caso.
Entendemos que la dificultad se plantea especialmente cuando dicha jurisprudencia
constituye una doctrina reiterada que establece esta Magistratura al decidir causas que
tienen elementos de derecho similares, doctrina que ha supuesto seleccionar un
determinado significado atribuido a las normas que interpreta descartando otros. En
tal sentido, deben señalarse varias cuestiones.
11. En primer lugar, siendo la inaplicabilidad un control de carácter concreto,
como ya se especificara, no puede pretenderse una repetición automática, mecánica y
ciega de sentencias por el solo hecho de plantearse una cuestión sobre las mismas
normas de manera reiterada.
12. En segundo lugar, ni la ley orgánica de esta Magistratura ni la Constitución
vigente establecen ni regulan en ninguna parte un sistema de precedentes
jurisprudenciales ni de extensión de efectos de sentencia extra proceso en el control de
inaplicabilidad, que además tiene solo efectos particulares y se refiere solo al caso
concreto.
13. En tercer lugar, que despejado el carácter concreto del control de
inaplicabilidad, debe tenerse presente que lo que sí merecería una lectura
posiblemente más allá del caso específico es el estándar de constitucionalidad que se
fije como parámetro de control, en la medida que ello se traduce en determinar el
sentido, alcance y significado de normas constitucionales, cuya eficacia -no obstante el
efecto inter partes de la sentencia- es abstracta y erga omnes.
14. Que, en tal sentido, la labor del intérprete constitucional es eminentemente
fijadora de sentido dentro de un abanico de posibilidades hermenéuticas, debiendo
tenerse presente que “El legislador no es un ejecutor de la Constitución, sino un poder
que actúa libremente en el marco de ésta y está libre actuación requiere en muchos
casos (aunque no, claro es, en todos) que el enunciado de sus preceptos
Constitucionales permita un ancho haz de interpretaciones diversas. No de
interpretaciones jurídicas, sino de interpretaciones políticas, es decir, de maneras
diversas de entender el texto Constitucional cuyos enunciados han de construirse, por
tanto, con conceptos de valor de un alto grado de abstracción” (Francisco Rubio
Llorente, “La interpretación Constitucional”, en “La Forma del Poder, estudios sobre
la Constitución”, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1997, pag. 573 y sigs.).
En el mismo sentido, no puede preterirse que la interpretación constitucional se hace
con una finalidad: resolver conflictos teniendo como estándar el significado de la
norma que recoge los valores y principios fundamentales para estructurar en cohesión,
unión y paz la convivencia de los miembros de una sociedad diversa en un momento
histórico determinado, por lo cual es una innegable necesidad la evolución de la
interpretación de la Constitución para entender su rol en los paradigmas culturales,
jurídicos y sociales actuales, pues se usa para resolver conflictos hic et nunc, aquí y
ahora. En tal orden la doctrina señala que “la actividad interpretativa no puede
desligarse de las condiciones generales que conforman el ordenamiento jurídico y del

7
0000312
TRESCIENTOS DOCE

desarrollo histórico a que éste se ve sometido” (María Luisa Balaguer Callejón,


“INTERPRETACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN Y ORDENAMIENTO JURÍDICO”, ED.
Tecnos, Madrid, 1997). Así, por ejemplo, los conceptos de la cláusula constitucional de
la dignidad humana y la igualdad como valor supremo en el artículo 1 de la
Constitución felizmente no tienen el mismo significado hoy, año 2022, que el que se le
asignaba en el año 1980, aunque su texto y literalidad puedan ser los mismos.
15. De tal manera, el recurso a la jurisprudencia como referente y elemento de
juicio no puede significar la petrificación del derecho a los estándares de una época
pretérita y superada, ni tampoco puede significar la negación de la necesaria
interpretación evolutiva de las normas constitucionales. En ese sentido, no puede
olvidarse que la Ley de reforma constitucional N° 19.519 fijó las bases constitucionales
de un sistema penal acusatorio para Chile, introduciendo al Ministerio Público como
órgano constitucional autónomo, junto al principio de oficialidad en la persecución
penal, encarnado en este órgano del poder estatal, que como tal en un Estado de
Derecho representa a la comunidad en el interés público comprometido en el conflicto
penal. Este punto no puede ser pasado por alto, pues configura un elemento de avance
y guía hermenéutica, cual es la superación a nivel constitucional del viejo sistema
inquisitivo del Código de Procedimiento Penal, que tras el naufragio de la creación de
los promotores fiscales entregaba en las normas no solo la investigación sino también
el impulso procesal a los jueces del crimen en los delitos de acción pública, impulso
procesal que frente a la saturación de un sistema regido por la inexcusabilidad
terminaba de facto entregado al querellante, ya que solo avanzaban aquellas causas en
las que el querellante asumía el impulso, deviniendo en una regresiva, arcaica y
retrógrada privatización del conflicto penal, en una era en la que el mundo occidental
ya asumía que el conflicto penal es de orden e interés público y que en él es parte
primordialmente la comunidad por su relevancia y dañosidad social.
16. De tal forma, es regresivo y no es constitucionalmente correcto sostener
una interpretación que tienda a la privatización del conflicto penal o a preterir el
principio de oficialidad que deriva del interés público involucrado en él, a pretexto de
profundizar de manera extensiva la acción penal de la víctima que establece el inciso
segundo del artículo 83 de la Constitución, la cual no puede ser interpretada en
analogía a los poderes del Ministerio Público, pues éstos no se refieren solo al ejercicio
de la acción, sino que anteriormente a la dirección de la investigación, su gestión y la
evaluación de su mérito y resultado, en el entendido que un sistema acusatorio es por
definición selectivo y no universal respecto de qué causas se formalizan, y en cuáles de
ellas se acusa para determinar si irán o no finalmente a etapa de juicio oral, marco en el
cual además es ineludible como estándar mínimo el deber de correlación o
congruencia, en tanto elemento inexcusable del debido proceso penal y del derecho a la
defensa.

II. CRITERIOS INTERPRETATIVOS


17. Que, el dilema constitucional a sistematizar en el conflicto concreto motivo
del presente fallo, es un cuestionamiento de la constitucionalidad de la norma
impugnada por infracción a los artículos 19, Nº 3, incisos 6º , 76, inciso 2º y 83 inciso
2º, de la Constitución Política de la República, dado que, a juicio del requirente, la
aplicación que está haciendo el Ministerio Público de la facultad establecida en el
artículo 248, letra c) del Código Procesal Penal, contraviene, en su aplicación, el

8
0000313
TRESCIENTOS TRECE

derecho constitucional a ejercer la acción penal y, en consecuencia, la exigencia


constitucional de racionalidad y justicia del procedimiento.
18. Que, para abordar el cuestionamiento jurídico antes señalado, resulta
pertinente en dicho análisis considerar lo expresado en el motivo 13 de la sentencia de
este Órgano, de 23 de junio de 2002 (Rol N°325-01, c. 13º), cuando señala que: “Los
principios hermenéuticos aplicables para interpretar la Constitución son más amplios
que los que rigen para las leyes. La Constitución, a diferencia de las leyes ordinarias,
“es una super-ley, es una ley fundamental; de aquí la necesidad de establecer con
exquisito rigor, su preciso sentido, ya que las exigencias de certeza y seguridad
jurídicas son mucho más exigibles en la interpretación del estatuto jurídico de la
convivencia política, que establece no sólo quienes son los órganos legisladores y los
procedimientos seguidos para producir las leyes, sino el conjunto de afirmaciones
sociales que hacen posible la inserción del individuo en el Estado. En este sentido, la
Constitución es la expresión jurídica fundamental del Estado de Derecho.”
19. Que, complementado lo anterior, la hermenéutica ha considerado la
“presunción de legitimidad” o “interpretación de conformidad a la Constitución”, que
el Tribunal ha aplicado de manera reiterada. De sus fallos se infiere que los preceptos
que le corresponde controlar deben estimarse, en principio, constitucionales, válidos o
legitimados y que sólo deben declararse inconstitucionales, una vez que el análisis
depurado de ellos lleve a los sentenciadores a la íntima convicción, más allá de toda
duda razonable, que no es posible armonizarlo con la preceptiva de la Carta
Fundamental (Valenzuela Somarriva, Eugenio, Criterios de Hermenéutica
Constitucional Aplicados por el Tribunal Constitucional, Cuaderno N° 31, Tribunal
Constitucional de Chile, 2006, p.35);
20. De tal modo, esta Magistratura ha utilizado el criterio de la razonabilidad,
como método resolutivo sobre la constitucionalidad de una o más normas, de forma
que la fundamentación de la convicción de los magistrados sobre la legitimidad o
invalidez de un determinado precepto jurídico dentro de nuestro ordenamiento
constitucional, hace palpable que la llamada “razonabilidad técnica” configure una
especie de principio general, situación que en el caso que nos ocupa se traduce en una
apropiada adecuación entre los fines postulados por la ley procesal penal y los medios
que se planifican para lograr el objetivo. En otras palabras, la existencia de una
correspondencia o vínculo entre las obligaciones que la norma impone y los propósitos
que la ley quiere alcanzar se expresa en un método que requiere de una justa
adecuación entre los fines perseguidos por la norma superior y los medios empleados
por la de inferior jerarquía para lograrlos.

III. LA PROGRESIÓN DEL SISTEMA PROCESAL PENAL


CHILENO
21. Que, conforme ha sido considerado previamente por este Excelentísimo
Tribunal Constitucional, el sistema procesal penal chileno, tras la última reforma
procesal, ha abandonado la fórmula del proceso penal inquisitivo, procediendo a
desconcentrar las funciones que ejercía el juzgador y reservar la labor investigativa de
forma exclusiva a un ente público, distinto del juez, instaurando para dichos efectos el
Ministerio público. Así ha sido consignado en fallos anteriores de esta judicatura,
donde se expresa: “la naturaleza del nuevo sistema penal y las formas en que los
sistemas de persecución penal han ido cambiando a través de la historia se condicen
con los objetivos alcanzados por la justicia penal. En un primer momento se aplicó el

9
0000314
TRESCIENTOS CATORCE

sistema de venganza o justicia privada. El sistema de venganza privada fue sustituido


por un sistema de justicia pública, en el cual se castiga al culpable por un mal similar al
que él ha causado. Es en la Edad Media tardía en que surge un nuevo modelo de
proceso penal conocido como “Proceso Inquisitivo”. Se trata de un proceso de
investigación controlado e impulsado oficialmente, en donde el proceso penal pierde el
carácter adversarial y antagónico entre ofensor y ofendido que tenía en su origen, para
pasar a constituirse en una relación “bipolar” entre el juez y acusado. De esta evolución
histórica se puede subrayar que el derecho procesal penal pasó de manos de los
particulares a manos del órgano jurisdiccional. El sistema inquisitivo era el que
imperaba en nuestro ordenamiento hasta la Reforma Procesal Penal. Esta última
modificó tanto la concentración de funciones como el principio de legalidad procesal
(STC 1341 cc. 17 a 20) “;
22. Analizada la basta jurisprudencia de este Excelentísimo Tribunal
Constitucional, resulta claro que mediante la Reforma Procesal Penal se establecieron
las instituciones necesarias para lograr, entre otras cosas, un sistema de juzgamiento a
través del cual se garantizaría la imparcialidad e independencia del juzgador respecto
del querellado. De este modo, para alcanzar dichos objetivos, se separó en distintos
órganos la investigación y el juzgamiento, y para evitar cualquier objeción de
constitucionalidad. Para ello se llevó a cabo una reforma constitucional, posicionando
al Ministerio Público con un rol protagónico dentro del proceso penal, pues en
adelante será el órgano que dirigirá la investigación de forma exclusiva, a fin de
propender a alcanzar uno de los objetivos de la Reforma Procesal Penal, separar en
distintos órganos las facultades jurisdiccionales y las propiamente administrativas.
23. Que, en tal orden, el nuevo Sistema Procesal Penal chileno, vino a
reemplazar una arcaica estructura de enjuiciamiento inquisitiva y, en lo que importa al
caso concreto, a evitar que los casos que no terminaran en la imposición de condena
fueran sobreseídos temporalmente en etapas avanzadas del procedimiento -como
ocurría en el contexto del Código de Procedimiento Penal, en aplicación de su artículo
409 Nº 2-, con el consecuente uso de recursos públicos y tiempo destinado a la
investigación, que a posterior podría ser declarada inconducente. De este modo,
mediante la Reforma Procesal Penal, el legislador promovió salidas “expeditas” de
investigaciones que no serán objeto de sanción penal, por no existir antecedentes
suficientes para fundar la acusación, incorporando en el Ordenamiento Jurídico
mecanismos para definir criterios de oportunidad en la investigación, dotando al
Ministerio Público a fin de entregarle facultad discrecional para lograr salidas
desjudicializadas a conflictos penales que no tienen perspectiva de éxito, por el motivo
ya aludido, intentando maximizar los recursos y reducir el plazo de las investigaciones,
todo ello en beneficio del querellado y la víctima. Así, el artículo 248 letra c), del Código
Procesal Penal, se establece como uno de aquellos mecanismos con los que cuenta el
Ministerio Público, para no continuar con investigaciones que, al final del proceso,
igualmente, serían declaradas “inconducentes”.

IV. PERTINENCIA CONSTITUCIONAL DE LA NORMA


PROCESAL PENAL CUESTIONADA
a. La atenuación del principio de legalidad en el nuevo proceso
penal chileno
24. Que, el principio de legalidad en su faz procesal “enuncia que el Ministerio
Público está obligado a iniciar y sostener la persecución penal de todo delito que llegue

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0000315
TRESCIENTOS QUINCE

a su conocimiento, sin que pueda suspenderla, interrumpirla, hacerla cesar a su mero


arbitrio”. El proceso penal inquisitivo se estructuraba en base a cierta concepción del
principio de legalidad: se debían perseguir y sancionar todas las situaciones delictivas.
Dicho principio así comprendido, sin embargo, fue atenuado por la Reforma Procesal
Penal. En ese sentido, se ha otorgado al Ministerio Público amplias facultades para
dirigir la investigación y decidir sobre el curso de esta, facultades en las cuales puede
actuar con cierta discrecionalidad. En los modelos con esta dosis de discrecionalidad,
“la facultad de selección de casos aparece como una excepción del principio de
legalidad. Dicha discrecionalidad se justifica en el principio de racionalidad del uso
de los recursos públicos, en virtud del cual éstos deber ser usados de manera eficiente.
Permitirle al Ministerio Público organizar la persecución penal bajo criterios de
eficiencia y racionalidad, tiene un sustento lógico. La persecución penal que lleva
adelante el Ministerio Público se caracteriza por ser una persecución penal pública,
en que los órganos encargados de la persecución penal forman parte del aparato
estatal. Sólo en una persecución penal de este tipo tiene sentido hablar de selección de
casos y de aplicación del principio de eficiencia en el uso de los recursos” (STC 1341 cc.
27 a 33);
25. Es en tal sentido deben ser entendidas instituciones como el principio de
oportunidad y la decisión de no perseverar, y es por ello que son atribuciones del ente
persecutor.

b. La facultad de no perseverar
26. Que, esta forma de cerrar el procedimiento es facultativa, es decir, el Fiscal
decide si la aplica o no, y es una de sus facultades discrecionales que el sistema le
entrega al Ministerio Público en el proceso de dirección de la investigación. Para que el
Ministerio Público pueda ejercer la facultad de no perseverar en la investigación, es
necesario que se cumpla una serie de requisitos previos. Estos son los elementos
reglados de la potestad que se le otorga, sin perjuicio de que en ellos existan elementos
discrecionales. (a) En primer lugar, es imprescindible que el fiscal haya practicado
todas “las diligencias necesarias para la averiguación del hecho punible y sus autores,
cómplices o encubridores”, de acuerdo con el artículo 248 en análisis. (b) Como
segunda condición, es necesario que el fiscal haya cerrado la investigación y que se
pronuncie dentro de los 10 días siguientes a dicho cierre. (c) Como tercera condición,
es preciso que, habiendo realizado las diligencias necesarias para la averiguación del
hecho punible y sus autores, cómplices o encubridores, el Fiscal llegue a la conclusión
de que los antecedentes reunidos no son suficientes para fundar una acusación. (d) En
cuarto lugar, es necesario que la facultad de no perseverar se comunique en una
audiencia convocada especialmente con ese objeto por requerimiento del fiscal. La
decisión de no perseverar en el procedimiento no está sometida a la aprobación del
juez de garantía. Dicha característica tiene relación con la naturaleza investigativa de
la facultad de no perseverar y con la lógica de la Reforma, es decir, separar funciones
administrativas y jurisdiccionales en distintos órganos. Durante la tramitación
legislativa se consideró́ que la existencia o no existencia de un mérito probatorio que
permitiera fundar una acusación era una cuestión cuya determinación correspondía
esencialmente al órgano encargado de la investigación penal no constituía, en cambio,
materia de pronunciamiento jurisdiccional. La víctima respecto de la cual se ejerce la
facultad de no perseverar, no queda en la indefensión, ni tampoco la aplicación de
dicha facultad por parte del Ministerio Público vulnera su derecho a la defensa, su
derecho a la acción penal, el principio de esencialidad de los derechos ni la obligación

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0000316
TRESCIENTOS DIECISEIS

del Ministerio Púbico de investigar” (STC 1341 cc. 45 a 56, 61 a 63 y 86) (En el mismo
sentido, STC 1394 cc. 19 a 24 y 27 a 29, STC 1404 cc. 19 a 24, STC 2026 cc. 14 a 20, STC
2697 c.14);

c. Contexto de la investigación penal. La posición de la víctima


tras la reforma procesal penal
27. Que, es indudable que el proceso penal es la vía que tiene la víctima para
obtener la reparación frente a la infracción de los más importantes bienes jurídicos
protegidos por el Ordenamiento Jurídico Penal, que se reconocen en su doble faz,
como derechos y garantías de los derechos inherentes a las personas, y que se
encuentran, incluso, en un estadio superior a los propios intereses que pueda poseer el
Estado en determinadas materias.
28. Que, como sostienen los profesores Maturana y Montero “un proceso
racional y justo no sólo debe resguardar los intereses del imputado, sino que, en la
misma jerarquía, los derechos de las víctimas de gozar de garantías equivalentes y
efectivas en orden a acceder a la justicia, entendida como el derecho al ejercicio de la
jurisdicción (…)” (Cristián Maturana, Raúl Montero. Derecho Procesal Penal, tomo I.
Tercera edición actualizada, 2017, editorial librotecnia, p. 416). Derecho que ha sido
reconocido por éste Excelentísimo Tribunal Constitucional, ya desde larga data.
29. Que, a pesar de que la víctima tiene diversos derechos en el proceso penal
(1. Derecho a ser atendida; 2. Derecho a denunciar el delito; 3. Derecho a ser
informada; 4. Derecho a solicitar protección; 5. Derecho a obtener reparación; 6.
Derecho a ser escuchada; 7. Derecho a interponer querella; 8. Derecho a participar en
el proceso; 9. Derecho a reclamar; 10. Derecho a contar con asesoría y defensa
gratuita) no se puede afirmar que esta tenga directamente un derecho a que se
investigue. La víctima no sustituye al Ministerio Público en su labor de investigar, sin
perjuicio de que excepcionalmente, ella pueda forzar la acusación y solicitar
diligencias de investigación. En otras palabras, los intereses de la víctima no son
vinculantes ni para el Fiscal, en sus labores investigativas, ni para el juez en su función
jurisdiccional, sin perjuicio de los derechos ya precisados.
30. De tal forma, la estrategia de investigación que lleva adelante el Ministerio
Público no es “pautada” por la voluntad de la víctima o querellante, lo que significará
que ésta no pueda someter sus derechos en cualquier tiempo y lugar, sino que en la
forma que la ley lo establezca. De modo tal que, se establecen resguardos en favor del
ejercicio de sus derechos, pues si el Ministerio Público, por ejemplo, evitara llevar
adelante la investigación por razones arbitrarias, estaríamos ante una infracción
normativa, lo que no debe ser confundido con la violación de un derecho subjetivo de
los sujetos procesales ya referidos, ni a la condena del supuesto culpable del delito.

d. La dirección exclusiva de la investigación penal por parte del


Ministerio Público
31. Que, el legislador y el constituyente han depositado en este nuevo actor del
sistema la confianza necesaria como para que éste pueda actuar con libertad y
eficiencia dentro de las labores que le han sido encomendadas. Dirigir la investigación
de los hechos de modo exclusivo significa que “ninguna otra persona ni órgano puede
asumirla ni interferir en su dirección”. El constituyente decidió́ de manera clara e
inequívoca entregar el monopolio investigativo del proceso penal al Ministerio

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0000317
TRESCIENTOS DIECISIETE

Público. En el proceso de dirección de la investigación del Ministerio puede actuar


ejerciendo potestades configuradas con elementos que pueden calificarse como
discrecionales, que convocan a su estimación o juicio subjetivo (STC 1341 cc. 34 a 44)
(En el mismo sentido, STC 1394 c. 14, STC 1380 CC. 6 Y 7, STC 2680 c.16, STC 2702
c.14);
32. Que, en tal sentido, al estar en presencia de un sistema acusatorio, resulta
necesario y evidente que la decisión de determinar por qué, cuando y bajo qué estándar
se formaliza la investigación se refiere a un examen del mérito de la misma, de la
viabilidad proyectiva de sostener una acusación y de la posibilidad futura de sostener
un juicio oral. Tales decisiones son propias de la dirección de la investigación y a partir
del mérito y resultado de la misma, de la decisión de ejercer o no la acción por el
Ministerio Público en tanto titular de poderes públicos. En tal sentido, es de toda lógica
de un sistema acusatorio que el Código Procesal penal disponga en la no cuestionada
letra b) de su artículo 248 que es atribución del fiscal “Formular acusación, cuando
estimare que la investigación proporciona fundamento serio para el enjuiciamiento
del imputado contra quien se hubiere formalizado la misma”, estableciendo la
formalización de la investigación como presupuesto de la acusación y limitándola a
quienes hayan sido formalizados, además de establecer un verdadero examen de
mérito para determinar si otorga o no sustento para ir a etapa de juicio oral. A la luz de
dicha norma es evidente que la inaplicabilidad pretendida en estos autos no puede ni
podría jamás habilitar a que sea acusado quien no fue objeto de formalización de la
investigación, bastando tal constatación para rechazar el requerimiento, sin perjuicio
de lo cual se razonará sobre la base de otros elementos de juicio adicionales en la
presente sentencia, en particular acerca del deber de correlación o congruencia.
33. Que, por otra parte, el poder de dirección de investigación, de
formalización y de acusación no son ilimitados no menos omnímodos, pues en una
república democrática dotada de Estado de Derecho, bajo la óptica de los principios de
servicialidad y responsabilidad (artículos 1, 4, 6 y 7 de la Constitución Política) no es
extraño, sino que es necesario, que el Ministerio Público tenga sus potestades
limitadas y que deba responder por su ejercicio. En efecto, el artículo 5° de la Ley N°
19.640, Orgánica Constitucional del Ministerio Público dispone en su inciso primero
que “El Estado será responsable por las conductas injustificadamente erróneas o
arbitrarias del Ministerio Público”, regulando responsabilidad patrimonial y
eventualmente personal del fiscal en los incisos siguientes, de tal forma que queda
claro que el acto de imputar formalizando la investigación y acusando no es de carácter
misceláneo, infundado, ni menos inofensivo, debiendo estar dotado de justificación y
mérito suficiente como para después no ser calificado de arbitrario ni
injustificadamente errado, cuestión en la cual el poder público compromete
responsabilidad. En efecto se registran líneas jurisprudenciales claras respecto a
concluir que puede hacerse efectiva la responsabilidad estatal por actos del Ministerio
Público, bastando ver las sentencias de la Corte Suprema Roles Nºs 12.505-2019;
38.096-2017; 4.739-2017; 52.932-2016; 30.956-2016; 16.978-2016; 7.726-2016;
28.901-2015; 16.527-2015 y 8.095-2015; 2.765-2009.
34. Que, además de lo expresado, el principio de responsabilidad aludido es
indisociable de lo dispuesto por el artículo 3° de la Ley Orgánica Constitucional del
Ministerio Público, en orden a que “En el ejercicio de su función, los fiscales del
Ministerio Público adecuarán sus actos a un criterio objetivo, velando únicamente
por la correcta aplicación de la ley. De acuerdo con ese criterio, deberán investigar
con igual celo no sólo los hechos y circunstancias que funden o agraven la

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0000318
TRESCIENTOS DIECIOCHO

responsabilidad del imputado, sino también los que le eximan de ella, la extingan o la
atenúen” cuestión que redunda en que la formalización de la investigación y la
acusación no pueden depender solamente de la intención u opinión de denunciantes y
querellantes, debiendo verificarse un examen de mérito y consistencia para
determinar si se verifican o no tales actos de imputación por el ente persecutor, y no
existiendo el pretendido deber de formalizar investigación a todo evento.
35. Que, ni en el requerimiento deducido ni en los alegatos de estrados la parte
requirente se hace cargo de las cuestiones planteadas precedentemente, y que
redundan en el necesario rechazo del requerimiento.

e. El artículo 186 del Código Procesal Penal no entregó la tutela


al imputado, sino a los jueces de fondo, para que estos controlen el
monopolio del Ministerio Público, respecto del avance del proceso penal
36. Que, el artículo 186 del Código Procesal Penal relativo al control previo a la
formalización, constitucionalmente interpretado, no admite circunscribir su alcance a
la sola tutela del imputado. De esta manera, es un mecanismo que el legislador ha
otorgado al juez en miras a impedir que la aplicación de las normas relativas a la
formalización de la investigación confiera al Ministerio Público un monopolio
arbitrario del avance del proceso penal que afecte el derecho conferido a la víctima por
el artículo 83, inciso segundo, de la Constitución (STC 138 c.18) (En el mismo sentido,
STC 2510 c.20, STC 2680 cc. 54 y 55);
37. En este sentido, sin perjuicio de lo señalado precedentemente, la
interpretación que debe darse al procedimiento penal debe ser siempre lógica y
garantista, siendo esencial para mantener vigente un procedimiento penal que existan
antecedentes ciertos que le permitan avanzar, no siendo lógico por ello, que para
adoptar decisiones que conducen a su cierre por falta de antecedentes como ocurre en
la decisión de no perseverar en el procedimiento, deba exigirse que previamente se
adopten decisiones que sí importen la existencia de determinados antecedentes como
acontece en la formalización de la investigación; y que, además, se fuerce por el Juez al
Ministerio Público a ejercer una facultad que se ha considerado en cuanto a su ejercicio
como una atribución facultativa y exclusiva del Ministerio Público y no del órgano
jurisdiccional.
Por lo demás, como sostienen Maturana y Montero “semejante interpretación
de imposibilidad de aplicar la decisión de no perseverar en el procedimiento nos
llevaría al absurdo que producida la intervención del juez de garantía, sin que se
hubiere formalizado la investigación, ella podría no terminar nunca al no poderse
aplicar ninguna de las tres situaciones previstas en el artículo 229 del CPP” (Op. Cit.
Tomo II, página 904).

f. La facultad de investigar, que corresponde a los fiscales, no es


un acto arbitrario.
38. Desde larga data, este Excelentísimo Tribunal Constitucional ha sido
consistente en resolver que “las facultades de investigar y, luego de formalizar, no
pueden ser entendidas como actos discrecionales y aislados, ya que forman parte y
constituyen la fase de iniciación del nuevo proceso penal. Por tal motivo, concurriendo
los presupuestos procesales que las sustentan, los Fiscales tienen el deber de
practicarlas” (STC Rol 815, c. 3);

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0000319
TRESCIENTOS DIECINUEVE

39. La decisión de no perseverar, al tratarse de una prerrogativa exclusiva del


Ministerio Público, con un criterio de procedencia específico, es decir, estar ante
“casos en los cuales el ente persecutor no logró reunir antecedentes probatorios
suficientes para fundar una acusación”, se concluye sobre la base de un análisis
probatorio que debe ser razonado.

V. OTRAS CUESTIONES
40. Que, la Constitución ha optado por garantizar el derecho al racional y justo
procedimiento e investigación, regulando, además, elementos configurativos del
debido proceso. En primer lugar, que toda sentencia de un órgano que ejerza
jurisdicción ha de fundarse en un proceso previo legalmente tramitado. En segundo
lugar, que corresponderá al legislador establecer las garantías de un procedimiento
racional y justo (STC 821 c.8) (En el mismo sentido, STC 2702 c.30);
41. Que, la víctima podrá “ejercer igualmente la acción penal” (artículo 83,
inciso segundo, parte final, de la Constitución), por lo que el sistema la dota de diversos
instrumentos en todo el contexto del proceso penal (presentar denuncia o querella;
solicitar la realización de diligencias de investigación y obtener pronunciamiento de
éstas; oponerse a la solicitud de sobreseimiento definitivo; oponerse a la suspensión
condicional del procedimiento; acusar de forma análoga o diversa a la pretensión
fiscal; impetrar la dictación de medidas cautelares reales o personales; recurrir
respecto de la sentencia; entre otras).
La opción del legislador procesal penal chileno, para la doctrina, “fue coherente
con la Constitución. La acción penal privada vigente permite la actuación de un actor
particular que defiende un interés público –el que subyace a la creación del tipo
penal, antes definido por el legislador- pero que se acota a su interés privado. Así́, a la
víctima se le dota de persecución penal, mas no de un poder público (Horvitz Lennon,
María Inés y López Masle, Julián, Derecho Procesal Penal Chileno, t. I., Editorial
Jurídica de Chile: Santiago de Chile, 2004, p. 288.)” (STC 5653, c. 15º, disidencia);
42. Que, de este modo es posible inferir que el precepto que se intenta inaplicar
se aviene con la constitución y el modelo determinado por el legislador, mediante la
Reforma Procesal Penal, vigente en Chile desde el año 2000.

 Las facultades del Ministerio Público se deben interpretar a


la luz del respeto a la Constitución y a la Ley, la cual contiene la atribución
exclusiva de investigar los hechos constitutivos de delitos.
43. Que, el Ministerio Público tiene la exclusividad de dirigir la investigación
penal, lo que además reviste una garantía de control judicial sobre la misma: ”...la
Constitución Política exige que la investigación efectuada por el Ministerio Público
sea racional y justa y que se ha convocado al legislador a garantizarla, es
comprensible que la exclusividad con que este organismo dirige la investigación
penal, no impida el control de sus actuaciones, sino que, por el contrario, requiera de
mecanismos legales de control que aseguren que la actividad persecutoria se someta
a aquella exigencia. Más aún, la consagración de la aludida exclusividad de la
investigación penal tuvo por objeto facilitar el control judicial y de otros organismos
respecto de las actuaciones del Ministerio Público. En efecto, como sostuvo la
Ministra de Justicia de la época, ”buscamos concentrar las funciones investigativas
en un solo ente estatal, con el objeto de que sea posible diseñar una política de

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TRESCIENTOS VEINTE

persecución penal coherente que responda a un conjunto único de criterios que


resulten por lo tanto más fáciles de controlar y fiscalizar por parte del Poder Judicial
y de otros órganos llamados a supervisar la labor de los fiscales, según se explicita en
la reforma propuesta y, desde luego, en el futuro Código de Procedimiento Penal.
Todo lo anterior -o sea el conjunto de mecanismos de fiscalización- no se logra si las
facultades de investigación se diseminan en diferentes entidades, con integraciones
disímiles y con sistemas de controles diferenciados”. Concluyendo que, por lo
mismo, ”los diversos mecanismos de control diseñados (...) entre ellos la existencia de
jueces de control de instrucción que acompañarán permanentemente al fiscal para
velar por las garantías de las personas, lo cual nos parece fundamental en un sistema
democrático, y que actualmente también estamos impulsando en el régimen procesal
penal, permiten que, no obstante la exclusividad con que se reviste el Ministerio
Público en materia de investigación criminal, existan sistemas de revisión e
impugnación ante los órganos judiciales respecto de las decisiones adoptadas por el
Ministerio Público. Vale decir, si este último se ha excedido o ha cometido un acto
arbitrario, podrá recurrirse a través de las instancias correspondientes ante el Poder
Judicial en contra de dicha decisión, situación que es efectiva desde el punto de vista
de la investigación de los delitos, pero, al mismo tiempo, preserva las garantías de las
personas. Por ello, la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia, en la cual
participaron Senadores y Diputados integrantes de los respectivos organismos
técnicos de ambas ramas del Congreso, determinó -por las razones que acabo de
explicar- la exclusividad de tal decisión en el Ministerio Público.” (Senado, discusión
particular, 3 de junio de 1997); (STC 1445 cc. 14°);

 La facultad del Ministerio Público es discrecional, pero no


arbitraria
44. Que, las facultades privativas del Ministerio Público son discrecionales
pero no arbitrarias: ”...si bien el Código Procesal Penal ha otorgado al Ministerio
Público el ejercicio discrecional de diversas prerrogativas, ello no importa permitir
la arbitrariedad en su desempeño pues, como bien ha señalado este sentenciador,
“esta hipótesis se encuentra excluida por el conjunto de disposiciones contenidas en
dicho cuerpo legal y en la Ley Orgánica Constitucional del Ministerio Público, que
reglan sus potestades y que establecen el control jerárquico y jurisdiccional de su
actuación” (sentencia Rol Nº 1.467);” (STC 1445 cc. 15°);
45. Que, además debe recordarse lo razonado por este tribunal en orden a que
el fundamento de un acto, a la luz del artículo 8 de la Constitución, es aquello en que se
basa; la razón principal o el motivo para decidir en un sentido determinado. Son los
documentos, los testimonios, las observaciones, los informes. Estos son los datos que
en sede administrativa la autoridad debería tener en cuenta al momento de resolver en
(artículos 17 y 18, Ley N° 19.880), en la medida que los procedimientos que se utilicen
para la dictación de un acto administrativo constituyen el conjunto de reglas que
configuran un método o sistema que conlleva a un órgano del Estado a adoptar una
decisión que se traduce en un acto jurídico administrativo o, bien, en la ejecución de un
acto determinado. (STC 2379 c. 43) (En el mismo sentido, STC 2870 c. 15, STC 2871 c.
15, STC 2982 c. 45). En tal orden, debe tenerse presente además que, en materia
jurisdiccional, la obligación de motivar las sentencias judiciales no tiene consagración
expresa en nuestra Constitución, pero sí puede inferirse de la aplicación conjunta y
sistemática de varios preceptos. Así el artículo 76 se refiere a los "fundamentos" de las
resoluciones judiciales; el artículo 8° destaca la publicidad de los actos y resoluciones

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0000321
TRESCIENTOS VEINTIUNO

de los órganos del Estado, así como de sus fundamentos; el artículo 19, N° 3, señala que
toda sentencia debe "fundarse" en un proceso previo, y el artículo 6° establece
implícitamente la exigencia de argumentar las decisiones jurisdiccionales. Esta
obligación o principio, según la jurisprudencia de este Tribunal sí encuentra
consagración en nuestra legislación procesal. (STC 1837 cc. 6 y 7) (En el mismo
sentido, STC 2898 cc. 4 y 5, STC 2873 cc. 4 y 5, STC 2971 cc. 5 y 6, STC 3042 cc. 5 y 6,
STC 3008 cc. 5 y 6, STC 2988 cc. 5 y 6, STC 3116 cc. 33, STC 3883 c. 8, STC 4376 c. 3,
STC 4397 c. 3, STC 4398 c. 3, STC 4989 c. 3) lo cual es plenamente predicable respecto
del ejercicio de la atribución de no perseverar establecida en la letra c) del artículo 248,
por la vía de la publicidad establecida en el artículo 8° constitucional, que presupone la
fundamentación de decisiones, de manera tal que para ser ajustada a tal norma debe
fundamentarse específica y expresamente.

 Las facultades exclusivas de dirección de la investigación se


materializan en el principio de eficacia, donde la nueva concepción de la
reforma procesal penal faculta al Ministerio Público para conducir la
investigación de forma exclusiva.
46. Que, las facultades exclusivas de dirección de la investigación materializan
el principio de eficacia, la nueva concepción de la legalidad que introduce la reforma
procesal penal y la facultad de conducir la investigación de manera exclusiva: “...en el
proceso de dirección de la investigación el Ministerio Público puede actuar ejerciendo
potestades configuradas con elementos discrecionales, que convocan a su estimación o
juicio subjetivo.
En ese sentido, le corresponde ejercer la acción penal (artículo 166, CPP);
además, puede decidir sobre el archivo provisional en los términos del inciso primero
del artículo 167 del CPP; por otra parte, está facultado para no iniciar investigación, de
acuerdo al artículo 168 del CPP; asimismo, en los casos en que el hecho de que se
tratare no comprometiere gravemente el interés público, se autoriza a los fiscales a no
iniciar la persecución penal o abandonar la ya iniciada (artículo 170, CPP); del mismo
modo, le corresponde al fiscal formalizar y decidir la oportunidad para la
formalización (artículo 230, CPP); en el mismo sentido, puede solicitar la suspensión
condicional del procedimiento (artículo 237, CPP); puede declarar el cierre de la
investigación (artículo 248, CPP); y puede formular acusación cuando estimare que la
investigación proporciona fundamento serio para el enjuiciamiento del imputado
contra quien se hubiere formalizado la misma (artículo 248, letra b), CPP).
Como se observa, estas facultadas materializan el principio de eficacia, la nueva
concepción del Principio de Legalidad que introduce la reforma procesal penal y la
facultad de conducir la investigación de manera exclusiva; dentro del marco de sus
facultades investigativas, del monopolio que tiene sobre la dirección de la
investigación y de la discrecionalidad con la que puede actuar en el proceso de
investigación, es que el Ministerio Público está facultado para no perseverar en la
investigación. Dicha facultad es, una expresión más del rol que le corresponde ocupar
en el proceso penal; (STC 2680-14 c. 3° N°12°);

VI. CONCLUSIONES
47. Que, el artículo 83 constitucional define al Ministerio Público como un
órgano autónomo y jerarquizado, cuya misión es la dirección exclusiva de la

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0000322
TRESCIENTOS VEINTIDOS

investigación de los hechos constitutivos de delito, la participación de los involucrados


o en el evento la inocencia del imputado, lo cual redunda, en el ejercicio de la acción
penal. Es mas, la Ley 19.640, en su artículo 3° consagra el Principio de Objetividad, de
forma tal la regla del artículo 248 letra b) del Código Procesal Penal fija la regla que
una vez cerrada la investigación el Fiscal podrá formular acusación, cuando lo
estimare que la investigación tiene fundamento para el enjuiciamiento, obligación que
importa que dicha determinación para formular la acusación escapa a la competencia
de la judicatura a fin de inmunizar la imparcialidad del juez y en el contexto del
Principio Acusatorio que ilumina el sistema procesal penal, vigente;
48. Que en nada afecta el texto constitucional el ejercicio exclusivo de
investigar los hechos punibles y la participación, como tampoco que el Ministerio
Público para ejercer la acción penal de manera que respete el Principio de Legalidad
penal, sea depositario del mandato de averiguar no solo los hechos constitutivos de
delito, sino también aquellos que acrediten la inocencia del imputado;
49. Que, en el proceso hermenéutico conducido por el Fiscal, tanto la decisión
de acusar como la de no perseverar, tienen idéntico fundamento, que exista una
investigación y que la apreciación lleve a la conclusión de tener suficientes
antecedentes para acusar en un juicio, todo en virtud del mandato constitucional que
le permite al Ministerio Público dirigir la investigación.
50. Que, al confrontar las variables del principio acusatorio y el fin de separar
la función investigativa de aquella de naturaleza jurisdiccional, la revisión, la
valoración y la ponderación de los antecedentes emanados de la investigación nos
conduce indefectiblemente a la exclusividad en la dirección que la indagatoria de
imputaciones penales en la constitución quedó en manos del Ministerio Público;
51. Que, del mismo modo “imputar e investigar” los hechos punibles y la
participación se engarzan con el principio acusatorio el cual corre aparejado con el
derecho a ser Juzgado por un Tribunal imparcial.
52. Que, la falta de prueba incriminatoria, genera el medio consagrado en el
artículo 248, letra c) del Código Procesal Penal, donde al evaluarse al tenor de lo
dispuesto en el artículo 19, N°3, de la Carta Fundamental invocándose tutela judicial y
control jurisdiccional del cometido del Ministerio Público, esta Magistratura ha
concluido de “la decisión de no perseverar como una salida autónoma del procesal
penal, que el Ministerio Público ejerce facultativamente y que no se integra por
elementos reglados y otros discrecionales, en todo caso, no autorizan la
arbitrariedad” (STC ROL N°2680-15 Y 2858-15 de data junio de 2016);
53. Que, el estatuto de la víctima debe interpretarse en armonía con el
conjunto de derechos que el proceso penal atribuye a la víctima durante el desarrollo
del enjuiciamiento penal y además, en el proceso investigativo, entre los cuales destaca
la petición al Fiscal de aquellas diligencias pertinentes y útiles, para establecer la
verosimilitud de los hechos indagados, y en el evento de una negativa se podrá
reclamar al tenor del artículo 183 del Código Procesal Penal; asistir a actuaciones y
diligencias propias de la investigación según el artículo 184 del Código Procesal Penal y
las vías especiales de los artículos 186 y 257 del mismo cuerpo legal, en el sentido de
poder ejercer el derecho a asistir e intervenir en las distintas instancias y la solicitud de
reapertura de la indagatoria a fin de realizar diligencias.

18
0000323
TRESCIENTOS VEINTITRES

Y TENIENDO PRESENTE lo preceptuado en el artículo 93, incisos


primero, N° 6°, y decimoprimero, y en las demás disposiciones citadas y pertinentes
de la Constitución Política de la República y de la Ley N° 17.997, Orgánica
Constitucional del Tribunal Constitucional,

SE RESUELVE:

I. QUE SE RECHAZA EL REQUERIMIENTO DE


INAPLICABILIDAD POR INCONSTITUCIONALIDAD
DEDUCIDO A FOJAS 1. OFÍCIESE.
II. ÁLCESE LA SUSPENSIÓN DEL PROCEDIMIENTO
DECRETADA EN AUTOS. OFÍCIESE.
III. QUE NO SE CONDENA EN COSTAS A LA PARTE
REQUIRENTE POR ESTIMARSE QUE TUVO MOTIVO
PLAUSIBLE PARA LITIGAR.

DISIDENCIA

Los Ministros señores CRISTIÁN LETELIER AGUILAR, JOSÉ IGNACIO


VÁSQUEZ MÁRQUEZ y MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, estuvieron por
acoger el requerimiento, por las siguientes razones:

I. PRECEPTO LEGAL IMPUGNADO


1°. Que, en estos autos, se ha ejercido acción de inaplicabilidad por
inconstitucionalidad, impugnándose el artículo 248, letra c), del Código Procesal
Penal, cuyo texto señala: “Artículo 248. Cierre de la investigación. Practicadas
las diligencias necesarias para la averiguación del hecho punible y sus autores,
cómplices o encubridores, el fiscal declarará cerrada la investigación y podrá, dentro
de los diez días siguientes: (…) c) Comunicar la decisión del ministerio público de no
perseverar en el procedimiento, por no haberse reunido durante la investigación los
antecedentes suficientes para fundar una acusación.”;

II.-LA GESTIÓN PENDIENTE DE AUTOS. SUS HECHOS


FUNDAMENTALES (A) Y EL CONFLICTO CONSTITUCIONAL
PLANTEADO (B)
(A) HECHOS FUNDAMENTALES DE LA CAUSA SUBLITE
2°. Que, para brindar claridad a la presente disidencia, se pasa a exponer,
brevemente, los hechos que resultan relevantes de la causa sublite:
 Con fecha 08.08.2020, las requirentes presentaron querella en contra de
Gladys Marina Álvarez Trujillo y en contra de todos los que resultaren
responsables por el delito de usurpación con violencia.
 Con fecha 15.07.2021, el Ministerio Público solicitó audiencia para comunicar
decisión de no perseverar.

19
0000324
TRESCIENTOS VEINTICUATRO

 Con fecha 02.08.2021, el Juzgado de Garantía tiene por comunicada la


decisión de no perseverar en el procedimiento.
 Con fecha 08.08.2021, la requirente recurre de apelación para ante la Corte de
Apelaciones de Valparaíso, respecto de la resolución que tuvo por comunicada
la decisión de no perseverar en el procedimiento.
 Con fecha 15.09.2021, el Tribunal Constitucional suspendió el procedimiento;

3°. Que, entonces, la gestión pendiente consiste en un proceso penal en que el


requirente detenta la calidad de querellante, persiguiendo la responsabilidad penal de
los querellados el delito de usurpación con violencia.
El Ministerio Público no formalizó la investigación – siendo este elemento de
hecho trascendente, como se dirá - y solicitó la fijación de audiencia para comunicar su
decisión de no perseverar en el procedimiento, posibilidad que le es reconocida por el
artículo 248, letra c), al persecutor estatal.
El Juzgado de Garantía fijó audiencia para efectos de la referida comunicación,
y realizada ésta, se tuvo por comunicada tal decisión. La requirente apeló la resolución
que tuvo por comunicada la decisión de no perseverar, apelación que se encuentra
pendiente de fallo, atendida la suspensión decretada por nuestra Magistratura;

(B) CONFLICTO CONSTITUCIONAL PLANTEADO


4°. Que, en síntesis, la requirente sostiene que la aplicación del artículo 248,
letra c), del Código Procesal Penal, vulneraría – en el contexto de la gestión pendiente
descrita en la consideración precedente – los artículos 19 N° 3 y 83; ambos de la
Constitución Política;
III.- LAS SENTENCIAS PREVIAS DE ESTA MAGISTRATURA Y SU
FUNDAMENTO EN EL DERECHO QUE LA CONSTITUCIÓN ASEGURA AL
OFENDIDO POR EL DELITO PARA EJERCER IGUALMENTE LA ACCIÓN
PENAL (ARTÍCULO 83, INCISO 2°, DE LA CONSTITUCIÓN).
5°. Que, cabe señalar que la impugnación ahora planteada, no es novedosa
para nuestra Magistratura, pues ya ha conocido y acogido, requerimientos semejantes
al presente. Así se ha venido haciendo desde la STC Rol N° 5.653. En el mismo sentido,
STC Roles N° 6718, 7237, 8142, 8798, 8925, 8887, 9266, 9239 y 10.953.
En todos estos pronunciamientos que han analizado la inaplicabilidad del
artículo 248, letra c), del Código Procesal, a veces como única norma impugnada, en
otras en conjunto con otros preceptos del mentado cuerpo legal, siempre desde la
perspectiva de los artículos 83, inciso segundo, y 19, N° 3°, inciso sexto, de la
Constitución;
6°. Que, en dicho sentido, nuestra Magistratura, a partir del Rol N° 5.653, ha
venido declarando la inaplicabilidad del artículo 248 letra c) del Código Procesal
Penal, en ocasiones conjuntamente con otros preceptos del mismo cuerpo legal, en lo
medular, porque su aplicación “(…) viola el derecho establecido en el artículo 83,
inciso segundo, de la Constitución y, también, como consecuencia de aquello, el
derecho a un procedimiento racional y justo (contenido en el artículo 19
constitucional, N° 3°, inciso sexto) que brinde protección al derecho a “ejercer
igualmente la acción penal” (c. 6°, Rol N° 8.887), en relación con su inciso tercero -
modificado en 2011-, al tenor del cual “las personas naturales víctimas de delitos

20
0000325
TRESCIENTOS VEINTICINCO

dispondrán de asesoría y defensa jurídica gratuitas, a efecto de ejercer la acción


penal reconocida por esta Constitución y las leyes”.
Entendiendo, por ello, que “(…) la Constitución no le otorga al órgano persecutor la
potestad para, sin un control tutelar efectivo por parte de la judicatura, hacer
prevalecer, sin más, decisiones de mérito que impliquen perjudicar la pretensión
punitiva de la sociedad y de la víctima. Existiendo un querellante privado, la facultad
exclusiva para investigar que tiene el Ministerio Público y que le es reconocida
constitucionalmente, no le confiere a aquel una posición prevalente respecto del
querellante privado en el ejercicio de la acción penal. En este sentido, el actuar del
órgano persecutor e investigador siempre tendrá como límite el reconocimiento de
que la víctima es titular del derecho a la acción penal. Lo anterior exige que el
legislador contemple las medidas de control judicial que, limitando un eventual
actuar arbitrario del Ministerio Público, hagan factible la interposición de una
acusación por parte del querellante privado” (c. 13°, Rol N° 8.887);

IV.- INAPLICABILIDAD DEL ARTÍCULO 248, LETRA C) DEL


CÓDIGO PROCESAL PENAL.
7°. Que, en esta oportunidad, luego de realizada la vista de la causa y
habiéndose oído al efecto los alegatos de las partes, se acordó rechazar el
requerimiento inaplicabilidad deducido, decisión que estos Ministros disidentes no
comparten, en tanto entienden que la aplicación del precepto reprochado viola el
derecho establecido en el artículo 83, inciso segundo, de la Constitución y, también,
como consecuencia de aquello, el derecho a un procedimiento racional y justo
(contenido en el artículo 19 constitucional, Nº 3º, inciso sexto) que brinde protección
al derecho a “ejercer igualmente la acción penal”;
8°. Que, antes de fundamentar nuestra disidencia, es menester señalar que,
para decidir así, no hemos entrado a calificar la idoneidad de la investigación
desformalizada que ha llevado el Ministerio Público, ni tampoco se ha detenido a
evaluar la suficiencia de los motivos que ha tenido para no perseverar en ella. Es obvio,
por cierto, que una decisión como ésa -cualquiera sea la naturaleza que se le atribuya-
debe alcanzar estándares de justificación a la altura de las actuales exigencias que el
Estado de Derecho impone a las actuaciones de todos los órganos del Estado. Pero no
nos corresponde, en esta sede o, al menos, en los términos en que se encuentra
formulado el requerimiento, analizar o verificar que ese estándar se haya cumplido.
Igualmente, hacemos presente que tampoco está dentro de la atribución de
control de constitucionalidad de preceptos legales, al tenor de la acción de
inaplicabilidad intentada en estos autos, examinar la resolución judicial que ha tenido
presente la comunicación de la decisión de no perseverar o la resolución que se
pronuncie acerca de los recursos impetrados en su contra;
9°. Que, despejado el punto anterior, en las consideraciones siguientes, estos
disidentes harán referencia, en primer lugar, al derecho a la acción penal que tiene el
ofendido por el delito, a sus fuentes constitucionales y algunas precisiones sobre su
alcance (A).
Luego, se demostrará que el ejercicio de la facultad de no perseverar tiene una
repercusión negativa en el anterior derecho del querellante (B), no existiendo
resguardos – en el orden legal – que resulten suficientes y compatibles con el ejercicio

21
0000326
TRESCIENTOS VEINTISEIS

del mismo (C). Dicha norma representa un obstáculo al ejercicio del mentado derecho.
Finalmente, se expondrá una breve conclusión (D);

A.- EL OFENDIDO POR EL DELITO Y LA TITULARIDAD CONSTITUCIONAL DEL


DERECHO A LA ACCIÓN PENAL. FUENTES CONSTITUCIONALES DE ESTE DERECHO Y
ALGUNAS PRECISIONES SOBRE SU ALCANCE.

10°. Que, respecto de la titularidad del ofendido por el delito – víctima –


respecto del derecho a la acción penal, cabe considerar en primer lugar que el artículo
83, inciso segundo, de la Constitución establece que tanto “el ofendido por el delito y
las demás personas que determine la ley podrán ejercer igualmente la acción
penal” (énfasis agregado).
En consonancia con lo anterior, y con la finalidad de asegurar materialmente
dicho derecho, el artículo 19, N° 3°, inciso tercero, de la Constitución - modificado por
la reforma constitucional de fecha 11 de julio de 2011 - establece que “las personas
naturales víctimas de delitos dispondrán de asesoría y defensa jurídica gratuitas, a
efecto de ejercer la acción penal reconocida por esta Constitución y las
leyes.” (Énfasis agregado). Pertinente resulta destacar que en la discusión de la
reforma aludida, se hizo hincapié en que “la ubicación de esta propuesta en el capítulo
III disiparía toda duda y quedaría claro que sería un derecho del ofendido accionar
penalmente” (Cámara de Diputados, Segundo trámite constitucional, Informe de la
Comisión de Constitución, p. 13).
La jurisprudencia, por su parte, ha destacado que a la víctima se le reconoce “la
posibilidad de ejercer la acción penal, derecho consagrado a nivel constitucional a
raíz de la modificación introducida al artículo 19 Nº 3 de la Carta Fundamental por
la Ley Nº 20.516.” (Corte Suprema. Rol N° 12.908-14, de 12.08.2014);
11°. Que, de la correlación de antecedentes señalados en el considerando
precedente, resulta claro que el ejercicio de la acción penal, por parte de un sujeto
distinto al Ministerio Público, está garantizado por la Constitución tanto en su artículo
19, Nº 3°, inciso sexto, como en el artículo 83, inciso segundo;
12°. Que, por supuesto, la existencia del anterior derecho no implica
desconocer que el Ministerio Público tiene la potestad constitucional para dirigir en
forma exclusiva la investigación (artículo 83, inciso primero, de la Constitución).
Sin embargo, la labor investigativa propiamente tal no puede confundirse con
actividades que, en la práctica, impiden el ejercicio de la acción penal por la víctima y,
por consiguiente, tienen una implicancia directa sobre un asunto más propiamente
jurisdiccional: la resolución del conflicto. No ha de perderse de vista que el sentido y
alcance de la facultad del Ministerio Público de dirigir en forma exclusiva la
investigación dice relación con la determinación de la orientación de la investigación,
pero no con una supuesta – más bien inexistente - facultad de ponderar, sin control
judicial, el grado de suficiencia de las pruebas para desvanecer o no la presunción de
inocencia del investigado o del imputado.
Cabe precisar que el derecho a ejercer la acción penal por el ofendido por el
delito no implica reconocer la existencia de un derecho subjetivo de la víctima que
implique, como contrapartida, una obligación del Ministerio Público respecto del
ofendido. En realidad, el derecho que emana del inciso segundo del artículo 83 de la
Constitución resulta exigible en relación al legislador, con el fin de que éste contemple

22
0000327
TRESCIENTOS VEINTISIETE

un derecho a que, mediando un debido control judicial, el querellante pueda llevar


adelante la persecución penal;
13°. Que, igualmente, cabe precisar que reconocimiento del antedicho derecho
no significa que el querellante tenga un derecho a obtener un resultado exitoso, en el
sentido de lograr la condena del supuesto culpable.
El derecho del querellante – ofendido por el delito - es a ejercer dicha acción
penal, independiente del resultado. En este sentido, implica la posibilidad de
perseverar en la pretensión punitiva - por la vía de la acusación adhesiva o autónoma -
con independencia de la decisión unilateral del Ministerio Público. Lo anterior,
obviamente, sin perjuicio de las determinaciones jurisdiccionales que respecto de la
pretensión penal ejercida adopten los jueces y tribunales de justicia;
14°. Que, además, menester es señalar que es evidente que el ofendido por el
delito no interviene en la misma forma que el persecutor estatal – Ministerio Público –
en el proceso penal. Sin embargo, aquello no puede importar que el derecho que tiene
la víctima a ejercer igualmente la acción penal, en cuanto a la posibilidad de acusar,
quede supeditado enteramente a la actividad del órgano público.
Si bien la potestad investigativa del Ministerio Público marca una diferencia
respecto del ofendido, víctima o querellante en cuanto a la forma de intervención en el
proceso penal, el adverbio “igualmente” que emplea la Constitución en el inciso
segundo del artículo 83 nos lleva a considerar que la posibilidad del ofendido de
ejercer la acción penal por medio de una acusación autónoma – o también adhesiva -
no puede dejarse sin efecto, en términos teóricos ni prácticos, por una decisión del
Ministerio Público que carezca de control judicial suficiente.
La Constitución le exige al legislador, quien así lo ha dispuesto, contemplar
modalidades para que la víctima acuse o pueda participar de la acusación penal -
autónoma o adhesiva- lo cual legitima implícitamente el interés de la víctima, tanto
individual como social en tanto miembro de una comunidad, en que se haga justicia;
15°. Que, además, es necesario precisar el derecho de la víctima a ejercer –
igualmente - la acción penal no se reduce únicamente a que la ley contemple vías para
que los ofendidos puedan, en algunas oportunidades y bajo ciertas condiciones,
acusar, sino que comprende el derecho a que el legislador le posibilite recibir tutela de
parte de la judicatura cada vez que el Ministerio Público realice conductas que hagan
cesar la pretensión punitiva.
Si la señalada garantía de control judicial no existe, como ocurre en el caso de
marras, la posibilidad de acusar del querellante devendría en enteramente
dependiente de la actividad del Ministerio Público, quien podría disponer a su solo
arbitrio de la acción penal.
Entonces, la exclusividad constitucional de que goza el Ministerio Público para
investigar no puede significar la ausencia – aun parcial - de tutela judicial de los
intereses de aquel ofendido que aspira a que se persevere en la pretensión punitiva.
Este Tribunal no cuestiona la constitucionalidad de que el Ministerio Público pueda
disponer de la pretensión punitiva en virtud del principio de oportunidad, pero sí de
que éste se ejerza al margen de la intervención tutelar contralora del Poder Judicial;

16°. Que, en virtud de todo lo anterior, estos Ministros consideran en definitiva


que la Constitución no le otorga al órgano persecutor la potestad para, sin un control

23
0000328
TRESCIENTOS VEINTIOCHO

tutelar efectivo por parte de la judicatura, hacer prevalecer, sin más, decisiones de
mérito que impliquen perjudicar la pretensión punitiva de la sociedad y de la víctima.
Existiendo un querellante privado, la facultad exclusiva para investigar que
tiene el Ministerio Público y que le es reconocida constitucionalmente, no le confiere a
aquel una posición prevalente respecto del querellante privado en el ejercicio de la
acción penal. En este sentido, el actuar del órgano persecutor e investigador siempre
tendrá como límite el reconocimiento de que la víctima es titular del derecho a la
acción penal. Lo anterior exige que el legislador contemple las medidas de control
judicial que, limitando un eventual actuar arbitrario del Ministerio Público, hagan
factible la interposición de una acusación por parte del querellante privado;
17°. Que, asimismo, estos disidentes consideran que el ofendido por el delito sí
puede representar el interés público que implica llevar adelante la pretensión punitiva
a través de la acusación particular. La ley procesal penal, por derivación
constitucional, así lo reconoce. Lo anterior en el contexto de que el diseño legal del
nuevo sistema procesal penal chileno no constituye un modelo puro de carácter
adversarial sino que, por el contrario, aquel puede ser caracterizado como híbrido. En
efecto, la existencia de la figura del querellante y, más evidentemente, la institución del
forzamiento de la acusación es una demostración fehaciente de lo anterior;
18°. Que, en vista a las consideraciones formuladas previamente, estos
Ministros consideran que la posibilidad que contempla el Código Procesal Penal de
que el querellante pueda forzar la acusación es realmente una exigencia constitucional
que se desprende de la facultad conferida al ofendido para ejercer igualmente la acción
penal.
También, resulta ser una derivación de la facultad conferida por la
Constitución al ofendido por el delito, que el control judicial de la eventual aspiración
del Ministerio Público de disponer o hacer cesar por completo la persecución punitiva
constituye un requerimiento constitucional, lo cual, sin embargo, no es reconocido
siempre por la ley procesal. En efecto, mientras que para solicitar el sobreseimiento
definitivo o temporal de la causa el Ministerio Público requiere de aprobación judicial -
artículo 248, inciso primero, letra a - para comunicar la decisión de no perseverar en el
procedimiento - artículo 248, inciso primero, letra c - no se necesita de la
homologación jurisdiccional;
19°. Que, además, resulta indiscutible que el querellante (ofendido) puede
detentar el control de la acción penal pública en el juicio, el cual puede ser de carácter
absoluto y exclusivo.
La víctima sí puede representar el interés público, conclusión ésta que deriva
lógicamente de la titularidad de la acción penal que por mandato de la Constitución
tiene el ofendido.
La legislación procesal penal así lo entiende y la doctrina también lo reconoce.
En efecto, se afirma que “El querellante podrá solicitar al juez que lo faculte para
ejercer el mismo derecho anterior en el caso de que el ministerio público comunique
su decisión de no perseverar en el procedimiento conforme lo dispuesto en el artículo
248 c) CPP. En estos casos, el querellante detenta el control absoluto y exclusivo de la
acción penal pública en el juicio. La privatización de la persecución penal
pública es total y, como resulta evidente, excede el marco de la
satisfacción del interés privado para constituirse en vehículo de

24
0000329
TRESCIENTOS VEINTINUEVE

aplicación de una pena que cumple funciones públicas.” (Énfasis agregado).


(Horvitz, M. I., y López, J., 2002, “Derecho Procesal Penal Chileno”, T.1, p. 296).
Luego, a propósito del derecho del querellante de poder forzar la acusación -
artículo 258 del Código Procesal Penal – que como se ha dicho ya en esta sentencia es
manifestación principal del derecho constitucional a ejercer la acción penal que tiene
el ofendido ex artículo 83, inciso 2°, de la Constitución, la doctrina se ha pregunta si:
“¿es legítimo el forzamiento de la acusación en contra de una decisión de
mérito del órgano de persecución penal? ¿A quién corresponde hacer la ponderación
de si los antecedentes de la investigación proporcionan fundamento serio para el
enjuiciamiento y condena del imputado? ¿Puede la víctima, a través de este
procedimiento, representar el interés público que implica la imposición coactiva de la
pena a una persona imputada de un delito? Pareciera que la discusión se encuentra
zanjada a nivel constitucional con la norma contemplada en el artículo 80
A (sic) inciso 2º CPE, que consagra al ofendido por el delito “y las demás personas
que determine la ley” como titulares del derecho al ejercicio de la acción penal.
BASCUÑAN advierte que esta norma constitucional configura “un horizonte
normativo enteramente nuevo”. Según este autor, la consagración del citado derecho
constitucional obliga a preguntarse sobre su alcance práctico en el proceso. “La
pregunta ya no puede consistir en determinar hasta dónde el legislador está
dispuesto a reconocer al querellante particular una posición relevante en el proceso,
sino más bien hasta dónde el legislador puede desconocer de modo relativo esa
posición, al establecer reglas cuya finalidad sea la de asegurar la posición prevalente
del ministerio público” (Horvitz y López (2002), T.1, pp. 296-297);

B.-EL EJERCICIO DE LA FACULTAD DE NO PERSEVERAR Y SU


REPERCUSIÓN NEGATIVA EN EL DERECHO DEL QUERELLANTE A LA
ACCIÓN PENAL. EL PRECEPTO IMPUGNADO CONSTITUYE UN ÓBICE
AL EJERCICIO DE DICHO DERECHO.
20°. Que, en general, la facultad de no perseverar contemplada en la letra c) del
artículo 248 del Código Procesal Penal constituye una decisión administrativa del
Ministerio Público que pone término a la acción penal, sea que existan o no diligencias
pendientes, sea que haya o no querellantes en el proceso penal.
Dadas las características del actual sistema procesal penal, y como se
profundizará a continuación, el ejercicio de esta facultad no resulta inocuo para la
víctima o querellante en cuanto a su derecho a la acción penal reconocido por la
Constitución;
21°. Que, el ejercicio de la función que el artículo 83 inciso primero de la
Constitución confiere al Ministerio Público para dirigir en forma exclusiva la
investigación de los hechos constitutivos de delito, más allá de cualquier consideración
doctrinaria o jurisprudencial al respecto, ha venido adoptando dos modalidades
diversas.
Por una parte, aquellas investigaciones donde el Persecutor ejerce la atribución
conferida en el artículo 229 y la formaliza, comunicando al imputado, en presencia del
juez de garantía, que desarrolla actualmente la indagatoria en su contra respecto de
uno o más delitos determinados; y, de otra, las investigaciones donde no se ha
formalizado;

25
0000330
TRESCIENTOS TREINTA

22°. Que, en cada una de estas dos hipótesis, tanto las potestades del
Ministerio Público como las atribuciones del Poder Judicial y la situación de
imputados y víctimas es diversa por variados motivos.
Uno de ellos dice relación con la concreción del derecho a la acción que la
Constitución reconoce a los querellantes, en caso que el Ministerio Público comunique
su decisión de no perseverar, pues -cuando se trata de una investigación formalizada-
el querellante puede solicitar al juez que lo faculte para formular acusación, conforme
a lo dispuesto en el artículo 258 incisos tercero y cuarto del Código Procesal Penal, en
tanto que -cuando no ha mediado formalización- el querellante queda desprovisto de
este derecho, sin que pueda resolverse en sentido contrario por autoridad judicial
alguna, quedando a merced de la decisión adoptada por el Persecutor Fiscal. Máxime
si, conforme a la aplicación que la jurisprudencia de nuestros Tribunales Superiores ha
venido adoptando en esta materia, de acuerdo con lo prescrito en el artículo 370 del
mismo cuerpo legal, al fin y al cabo, carece de recursos para impugnar lo así decidido;

23°. Que, en tanto la decisión que adopta el Ministerio Público, de no


perseverar en el procedimiento no resulta inocua para el ofendido por el delito y su
derecho a ejercer igualmente la acción penal, cuando se trata, como en caso sub lite, de
una investigación desformalizada.
Desde luego, pues aquella hace cesar la posibilidad de accionar penalmente,
impidiendo a la víctima el acceso a un procedimiento racional y justo seguido ante un
órgano jurisdiccional, vulnerando, fundamentalmente, el derecho a la acción penal
consagrado en el artículo 83, inciso segundo, de la Constitución.
En relación a lo anterior, ha de remarcarse que dentro del actual sistema
procesal penal, no se contempla la posibilidad de control judicial que permita al resto
de los intervinientes objetar la pertinencia de la decisión administrativa de no
perseverar en la investigación. En este sentido, dicho Código se refiere siempre a la
facultad de no perseverar como una “decisión” del Ministerio Público que se
“comunica” al juez de garantía. En consecuencia, la acción penal y “no sólo la
persecutoria del Ministerio Público” culmina con la sola decisión del órgano
administrativo, sin posibilidad de una revisión judicial, propiamente tal.
Igualmente, cabe agregar que el Ministerio Público puede declarar su voluntad
de no perseverar aun existiendo diligencias pendientes que puedan significar nuevos
antecedentes suficientes para fundar una acusación. Dichas diligencias pendientes no
sólo pueden ser de utilidad para el Ministerio Público, sino también para la parte
querellante en el proceso.
Finalmente, la decisión de no perseverar por parte del Ministerio Público
puede imponerse, incluso, a la convicción del juez de garantía de que no procede
declarar el sobreseimiento de la causa - solicitado por la defensa del imputado-
respecto del delito en cuestión;
24°. Que, de las anteriores consideraciones fluye, en definitiva, que no se
satisface el mandato constitucional del artículo 83, inciso segundo, de la Constitución,
referido al derecho a la acción penal por parte del ofendido, cuando el Ministerio
Público puede – sin mediar control judicial de fondo - decidir el término de la acción
penal, consistiendo el efecto de esta voluntad en impedir que la víctima y el querellante
continúen con la acción penal ante la judicatura;

26
0000331
TRESCIENTOS TREINTA Y UNO

C.-NO HAY RESGUARDOS PROCESALES SUFICIENTES Y COMPATIBLES CON


EL EJERCICIO DEL DERECHO A LA ACCIÓN POR PARTE DEL QUERELLANTE.

25°. Que, según se ha expuesto previamente, el ejercicio de la facultad que el


artículo 248, letra c), del Código Procesal Penal, confiere al Ministerio Público se
encuentra exenta de un control judicial efectivo.
Con ello se vulnera el derecho que al ofendido por el delito confiere el artículo
83, inciso segundo, de la Constitución, constatación que conlleva necesariamente la
declaración del de inaplicabilidad de aquel, por ser la fuente legal de la referida
facultad para el caso concreto;
26°. Que, no obstante lo clara que resulta la conclusión anterior, es menester
referirse a algunos preceptos a los que en sentencias desestimatorias previas se les ha
atribuido la condición de constituir resguardos para la víctima, para evitar un actuar
arbitrario del Ministerio Público que le perjudique.
Habiéndose acudido a aquellos como uno de los motivos para desestimar los
requerimientos, resulta necesario demostrar la insuficiencia de aquellos pretendidos
resguardos de cara al conflicto constitucional – ya explicado – que produce la
aplicación del precepto reprochado en el caso de autos;

27°. Que, en las sentencias señaladas en el considerando precedente, se alude


en los términos señalados, a los siguientes “resguardos” que tendría la víctima frente a
un actuar arbitrario del Ministerio Público:
(1) El artículo 5° de la Ley N° 19.640, Orgánica Constitucional del Ministerio
Público, dispone que “el Estado será responsable por las conductas injustificadamente
erróneas o arbitrarias del Ministerio Público”;
(2) El artículo 7° de la misma ley establece que “las autoridades y jefaturas,
dentro del ámbito de su competencia administrativa y en los niveles que
corresponda, ejercerán un control jerárquico permanente del funcionamiento de las
unidades y de la actuación de los funcionarios de su dependencia”. Dicho control se
extiende “tanto a la eficiencia y eficacia en el cumplimiento de los fines y objetivos
establecidos, como a la legalidad y oportunidad de las actuaciones”;
(3) El artículo 32 b) de la Ley N° 19.640 señala que “corresponderá al Fiscal
Regional: (...) b) Conocer y resolver, en los casos previstos por la ley procesal penal,
las reclamaciones que cualquier interviniente en un procedimiento formulare
respecto de la actuación de un fiscal adjunto que se desempeñe en la Fiscalía Regional
a su cargo.”;
(4) La procedencia de la reapertura de la investigación (artículo 257 del Código
Procesal Penal);
(5) La posibilidad de forzar la acusación en los términos del artículo 258 del
Código Procesal Penal; y
(6) El control judicial anterior a la formalización de la investigación del artículo
186 del Código Procesal Penal;
28°. Que, como se demostrará a continuación, los mecanismos aludidos en los
fallos previos a que se ha hecho referencia resultan insuficientes para asegurar el
derecho de la víctima a una acción penal. Lo anterior, ya sea por su improcedencia o
bien pues resguardan intereses distintos de la acción penal;

27
0000332
TRESCIENTOS TREINTA Y DOS

(1) El artículo 5° de la Ley N° 19.640.


29°. Que, dicha norma apunta a perseguir la responsabilidad administrativa
del Estado ante errores o arbitrariedades injustificables. Aquella no resarce ni apunta
al resguardo del interés de la víctima en hacer efectiva la responsabilidad penal del
imputado.
Entonces, si la acción penal no se ejerce por parte del Ministerio Público, pese
al interés del querellante o la víctima en accionar, el derecho a la acción penal de la
persona víctima de un delito, deja de existir. En aquel supuesto nacería una acción
contra el Fisco por dicha conducta. Sin embargo, el resarcimiento patrimonial que
puede requerir del Estado por la conducta negligente de sus funcionarios mira a un fin
distinto al que pretende la víctima: la sanción penal por el acto reprochable que
padeció y que, en último término, repercute en toda la sociedad;

(2) El artículo 7° de la Ley N° 19.640.


30°. Que, respecto de esta norma, cabe advertir que otorga al superior
jerárquico del órgano persecutor la responsabilidad disciplinaria en las actuaciones de
los funcionarios a su cargo.
Nuevamente, resulta patente la imposibilidad de asimilar la pérdida de la
acción penal por parte de la víctima contra el imputado de un delito, con la
responsabilidad disciplinaria que emana de la conducta funcionaria del fiscal a cargo.
Lo anterior, pues la acción penal busca la aplicación de la sanción establecida en la ley
a una persona por su participación en un hecho ilícito y las acciones disciplinarias
jerárquicas buscan la sanción al servidor público que ha incumplido con un deber
funcionario, con el fin de restituir el orden interno del órgano público. De allí que este
objetivo, de naturaleza disímil a la que busca resguardar el derecho a la acción penal,
hace imposible considerarlo como un resguardo efectivo suficiente a los derechos de la
víctima en un proceso judicial;

(3) El artículo 32 b) de la Ley N° 19.640.


31°. Que, sobre esta norma, cabe consignar que aquella establece que será el
Fiscal Regional quien conozca de las reclamaciones sobre actuaciones de los fiscales a
su cargo.
Sin embargo, el Oficio del Fiscal Nacional N° 60, de enero de 2014, sobre
“Instrucción General que imparte criterios de actuación aplicables a la etapa de
investigación en el Proceso Penal”, obliga a que cada ejercicio de la facultad de no
perseverar sea consultado y aprobado previamente por el Fiscal Regional. Es decir,
quien debiese conocer la reclamación por la actuación del fiscal a cargo en orden a no
perseverar en la investigación, ya conoció de ella, e incluso aprobó dicha actuación.
De lo anterior se sigue que la disposición en examen no constituya un
resguardo a los efectos del ejercicio de la facultad de no perseverar, porque en la
práctica quien debiese resolver una reclamación administrativa contra el fiscal por el
ejercicio de la facultad de no perseverar es el mismo quien debe autorizar previamente,
por escrito, dicha actuación en el proceso.

28
0000333
TRESCIENTOS TREINTA Y TRES

Del mismo modo, y sin perjuicio de lo anterior, aun cuando la existencia de una
doble conformidad entre el Fiscal Regional y el Fiscal Adjunto en el ejercicio de la
facultad de no perseverar efectivamente reduce la arbitrariedad en su aplicación, no
permite que la víctima pueda continuar ejerciendo su acción penal
independientemente, en la condición de igualdad que establece el artículo 83, inciso
segundo, de la Constitución;
(4) La procedencia de la reapertura de la investigación (artículo 257 del
Código Procesal Penal).
32°. Que, por su parte, cabe señalar que esta disposición permite al
querellante reiterar su solicitud de diligencias de investigación al Ministerio Público,
en caso que la haya realizado oportunamente y cuando el ente persecutor la hubiere
rechazado o respecto de la cual no se hubiere pronunciado.
Como es obvio, la facultad mencionada no constituye mecanismo de resguardo
alguno, debido a que, dado los antecedentes de la gestión judicial pendiente, no ha
habido controversia respecto de la necesidad o no de nuevas diligencias;

(5) El forzamiento de la acusación (artículo 258 del Código Procesal Penal).


33°. Que, en el caso concreto, el efecto inconstitucional de la decisión de no
perseverar se acentúa al impedirse al querellante el ejercicio de la facultad del artículo
258, inciso cuarto, del Código Procesal Penal, esto es, el forzamiento de la acusación.
Lo anterior, al no haberse formalizado previamente la investigación por el
Ministerio Público. Es decir, aun cuando se alegue que el Código Procesal Penal
permite forzar la acusación si el órgano persecutor ha comunicado la facultad de no
perseverar, en el caso concreto el querellante está vedado de realizar esta solicitud al
juez de garantía por una causa que depende, nuevamente, de la sola voluntad del
Ministerio Público, quien legalmente está autorizado para formalizar
“cuando [lo] considerare oportuno” (artículo 230 del Código Procesal Penal);
34°. Que, el problema que se sigue ante la inexistencia de formalización por
parte del ente persecutor fue acertadamente ilustrado por el diputado Araya durante la
discusión de la reforma constitucional que creó un nuevo párrafo en el artículo 19, N°
3º, de la Constitución:
“Hoy, no sacamos nada con que las víctimas tengan un abogado pagado por
el Estado, una vez que entre en vigencia la reforma constitucional en estudio o con la
modificación legal que el ministro de Justicia anunció que se hará a las
corporaciones de asistencia judicial, si el Ministerio Público sigue teniendo el control
de la investigación en forma absoluta. Si durante una investigación dicho ministerio
decide no formalizar a un sujeto que presumiblemente cometió un delito, ahí termina
tal investigación. Por mucho que la víctima de un delito violento cuente con un
abogado por alguna de esas vías o con un querellante en forma particular, no podrá
hacer absolutamente nada, porque actualmente la formalización es una verdadera
cortapisa del Ministerio Público para que los abogados particulares o querellantes
particulares puedan participar eficazmente en el juicio penal. Hoy, si se produce la
formalización, éste puede plantear una teoría del caso; pero, llegado el momento, el
Ministerio Público puede decidir no perseverar en la investigación o buscar una
salida alternativa. (Cámara de Diputados, Segundo trámite constitucional, Discusión
en general, Legislatura N° 358, Sesión N° 111, p. 23);

29
0000334
TRESCIENTOS TREINTA Y CUATRO

35°. Que, abonando la insuficiencia de este pretendido resguardo, cabe señalar


que en el Oficio del Fiscal Nacional N° 60, de enero de 2014, sobre “Instrucción
General que imparte criterios de actuación aplicables a la etapa de investigación en el
Proceso Penal”, se instruye a los fiscales que “[a] juicio de este Fiscal Nacional, la
decisión de no perseverar puede comunicarse aún en caso de investigaciones no
formalizadas” (p. 74). Demostrándose como la no formalización no implica obstáculo
alguno para el Ministerio Público, pero sí para los querellantes en su derecho a ejercer
la acción penal por medio del forzamiento de la acusación, se sostiene, también, que
“[a] juicio de este Fiscal Nacional, la formalización de la investigación constituye un
requisito indispensable para el forzamiento de la acusación” (p. 78).
Esta situación, descrita por la Instrucción General del Fiscal Nacional,
reconoce la imposibilidad del querellante de ejercer la facultad del artículo 258, inciso
cuarto, del Código Procesal Penal, si se ejerce la facultad de no perseverar sin existir
previa formalización por parte del ente persecutor;

(6) Control judicial anterior a la formalización de la investigación (artículo


186 del Código Procesal Penal).
36°. Que, respecto de esta disposición, cabe tener presente que tampoco
resulta aplicable a este caso. La norma exige que exista una persona “afectada por una
investigación que no se hubiera formalizado judicialmente”, que ciertamente no es el
caso de la gestión pendiente. El querellante no se vio afectado, propiamente tal, por la
investigación “desformalizada” del Ministerio Público, toda vez que el ente persecutor
no rechazó la posibilidad de decretar diligencias. La oportunidad en que puede tener
una incidencia negativa la falta de formalización es al momento de haberse ejercido
por el Ministerio Público la facultad de no perseverar.
A lo que ha de agregarse que tanto la jurisprudencia de nuestros juzgados
penales de primera instancia como de los tribunales superiores de justicia han
restringido la aplicación del artículo 186 del Código Procesal Penal de forma tal de
excluir de su beneficio a los querellantes. Así, por ejemplo, la sentencia de 15 de julio de
2014 de la Corte de Apelaciones de La Serena, confirmando esta interpretación
realizada por el Juzgado de Garantía de Ovalle, señaló que: “El precitado
artículo [186], al referirse a una persona "que se considere afectada por una
investigación", está considerando a quienes han sido objeto de una medida intrusiva
o cualquier acto de investigación que -objetivamente- pueda producirles el temor de
ser imputados en una pesquisa criminal, pero que sin que los mismos puedan
calificarse como actos de atribuirle participación en un hecho criminal, conforme al
inciso 1° del artículo 7° del Código Procesal Penal, o bien a quienes por dichos o actos
públicos de agentes de la Policía o de persecución penal se les atribuya alguna
responsabilidad, sin que se realicen en su contra actos que le otorgan la calidad de
imputado y con ello los derechos y garantía indicados en el artículo 93 del Código
Procesal Penal. Entonces, claro está que la norma aludida privilegia los derechos de
los imputados frente a la persecución penal, la transparencia y publicidad, y por ello
ni en razón ni efectos es aplicable a los intervinientes y al querellante, por lo que, en
tal virtud, lo dispuesto en el citado artículo 186 no es aplicable a favor del
querellante apelante; (énfasis agregado). (Sentencia de la Corte de Apelaciones de
La Serena, rol N° 243-2014, considerando segundo).
En el mismo sentido, la Corte de Apelaciones de Santiago, en sentencia de 28 de
septiembre de 2012, también confirma la misma interpretación de la norma, esta vez

30
0000335
TRESCIENTOS TREINTA Y CINCO

del 2° Juzgado de Garantía de Santiago, señalando que: “ el legislador empleó el


artículo 186 del Código Procesal Penal a favor del imputado y otorgó al
querellante, para el ejercicio de sus derechos como víctima, los que consagra el
artículo 78 del mismo código, entre éstos, la posibilidad de pedir al Ministerio Público
que, facilitándole su intervención en el procedimiento, realice las diligencias que
considerare pertinentes, de acuerdo a la facultad de proposición de diligencias que le
entrega el artículo 183, atinente en la especie, entre éstas, solicitar la formalización
de la investigación en contra de la persona imputada; por lo que, si en la oportunidad
procesal la querellante pudiendo ejercer tal derecho no lo hizo, cerrándose luego la
investigación sin que en ella hubiera imputado formalizado, no resulta posible que la
parte querellante pueda ejercer las facultades del artículo 258 del mismo cuerpo
legal, al haber manifestado el Ministerio Público su decisión de no perseverar, pues,
el supuesto de esa disposición es que haya habido previamente formalización de la
investigación en contra de persona determinada a la cual se pueda
acusar.” (énfasis agregado). (Considerando quinto, sentencia rol N° 2230-2012,
Corte de Apelaciones de Santiago).
En la misma línea de la conclusión anterior, cabe consignar que el ex Fiscal
Nacional del Ministerio Público, Guillermo Piedrabuena sostiene que “se ha entendido
por la doctrina y las sentencias de los tribunales ordinarios que “la persona afectada
por una investigación” se refiere exclusivamente al posible imputado”. Citando a la
profesora Marta Herrera, el ex Fiscal Nacional señala: “Insistimos, cualquier otro
interviniente, léase víctima o querellante, podrán estar interesados en los resultados
que arroje una determinada investigación pero no se encuentran afectados por la
misma.” En conclusión, y sin lugar a dudas, estamos hablando única y
exclusivamente del sujeto procesal “imputado” y su respectivo representante en esta
materia, vale decir, su defensor. Cualquier manifestación que provenga de otro
sujeto procesal debería ser rechazada de plano por el órgano jurisdiccional”.
(Piedrabuena, G., “Control judicial anterior a la formalización de la investigación”, en
Revista de Derecho del Consejo de Defensa del Estado, N° 23, junio de 2010, p. 19);
37°. Que, además de la interpretación del artículo 186 que ha sostenido la
doctrina y la jurisprudencia, en el sentido que es una herramienta sólo en beneficio del
imputado y no del querellante, el Ministerio Público ha señalado que la aplicación del
artículo mencionado no le impone obligación alguna en cuanto al plazo para ejercer su
facultad discrecional de formalización. Esto último se puede apreciar en la Instrucción
General N°060, del Fiscal Nacional del Ministerio Público, de 2014, en la que se
recalca que el artículo 186 “tiene carácter excepcional puesto que implica una
intromisión del órgano jurisdiccional en una actividad que se enmarca dentro de la
dirección exclusiva de la investigación que corresponde al Ministerio Público”. (p.
27). Asimismo, se afirma que “la fijación de un plazo para que el fiscal formalice la
investigación no implica una carga procesal para el organismo. Por ello, la
inobservancia de dicho plazo por parte del Ministerio Público no tiene ningún efecto
preclusivo respecto de su facultad de no formalizar” “[y] no existe desacato en caso
que el fiscal respectivo no observe el plazo fijado.” (p. 28, el destacado es del texto
original);

D. ALCANCES FINALES
38°. Que, luego de todo lo que ha sido expuesto en orden a la estimación del
presente requerimiento de inaplicabilidad, estos disidentes consideran que

31
0000336
TRESCIENTOS TREINTA Y SEIS

corresponde reiterar que cabe abordar el sistema procesal penal no desde el complejo
normativo de rango legal, sino a partir de las normas constitucionales y los que efectos
que ellas producen en las normas inferiores. Estas normas constitucionales son
artículos 19 N° 3, 76 y 83.
De tal forma que, existe para todos los intervinientes, en todos los casos, el
derecho a acceder a la justicia y a que se tutelen sus derechos fundamentales. Ello es
garantizado con la posibilidad de acceder a los tribunales mediante el ejercicio de
acciones, pero no debe olvidarse que también existe un derecho a que el querellante
pueda poner en conocimiento y provoque finalmente el juzgamiento de sus
pretensiones. De lo anterior se deriva que existe un derecho que conlleva la obligación
correlativa de los tribunales de ejercer la jurisdicción.
Por ello, es posible concluir que la existencia de una audiencia en la que el
Ministerio Público comunica al Tribunal su voluntad de no perseverar, no resulta
suficiente a fin de considerar que la pretensión está ejecutoriada. Esto pues no hay
sentencia judicial firme que se pronuncie respecto al acto administrativo del
ministerio público. Entonces, no es suficiente la alegación del Ministerio Público
consistente en que este Tribunal está vedado de acoger la inaplicabilidad, fruto de la
eventual pérdida de la lógica sistémica del Código Procesal Penal, toda vez que, como
se ha dicho, el sistema procesal penal ha de ser constatado a partir de las normas
constitucionales, y no al revés;
39°. Que, es en la línea de lo anterior, que cabe entender que la aplicación que
se ha venido haciendo del artículo 248, letra c), del Código Procesal Penal, pugna,
efectivamente, con el derecho que la Carta Fundamental confiere a la víctima, pues el
ejercicio de la acción no se satisface sólo cuando es posible iniciarla -querellándose-,
sino que supone continuarla y poder desplegar los derechos que ella integra a lo largo
del proceso para que sea cabal y oportuna la tutela judicial efectiva, a menos que
sobrevengan actuaciones o hechos que le pongan término (como el abandono, el
desistimiento o su desestimación por resolución judicial), pero no cabe admitir que
ello pueda producirse por la decisión -no susceptible de ser controlada y,
eventualmente, revertida por el Poder Judicial- del Ministerio Público;

40°. Que, igualmente, estos disidentes consideran importante destacar que no


se trata, como pudiera erróneamente entenderse, de retrotraer la decisión de no
perseverar comunicada por el Ministerio Público, forzándolo a una indagatoria que,
cabe asumir seriamente, estima inconducente desde su perspectiva persecutora o
situándolo, como se ha sostenido en estrados, ante la disyuntiva -eventualmente,
improcedente, a su entender- en orden a formalizar como acto meramente
instrumental o, incluso, a plantear el sobreseimiento.
La inaplicabilidad del artículo 248 letra c) no busca esos objetivos, pues no se
trata de un control abstracto, sino que de un examen en el caso concreto donde, por
aplicación de ese precepto legal, se vulnera el derecho que la Constitución confiere al
requirente a proseguir su acción, acusando y, por ende, lo que la sentencia estimatoria
debe alcanzar, lejos de revertir la opción del Ministerio Público -órgano
constitucionalmente autónomo, entre otras cuestiones, para resolver si procede
perseverar o no en una investigación-, es que se garantice y lleve a cabo el derecho a la
acción del querellante en su faz acusatoria, a pesar de las decisiones que el Ente
Persecutor adoptó en orden a no formalizar y a no perseverar;

32
0000337
TRESCIENTOS TREINTA Y SIETE

41°. Que, no resulta un obstáculo a lo anterior, el derecho del imputado a


conocer por qué se lo ha investigado (desformalizadamente) y de qué se lo acusa,
debiendo respetarse -sin duda- el principio de congruencia entre los términos de la
querella, la acusación y la sentencia, ya que, si bien “[s]e podrá invocar como
obstáculo para que el querellante pueda acusar, la falta de formalización, aduciendo
que al no haber formalización no se produciría la congruencia que requiere el
artículo 259 inciso final del Código Procesal Penal, entre ésta y la acusación. Sin
embargo, expresamente el artículo 248 inciso final del Código Procesal Penal,
creemos, resuelve en parte el tema, al establecer como uno de los efectos de la decisión
de no perseverar, precisamente, que “se dejará sin efecto la formalización de la
investigación”. Por consiguiente, siempre que se apruebe la decisión de no
perseverar, nunca existirá formalización y en consecuencia, el principio de
congruencia se limita, en este caso, al que deberá existir entre la acusación particular
y la sentencia definitiva, como lo exige el inciso primero del artículo 341 del Código
Procesal Penal” (Nicolás Orellana Solari: “Comentarios sobre la Procedencia de
Comunicar la Decisión de No Perseverar por parte del Ministerio Público, sin que la
Investigación esté Cerrada y Formalizada de acuerdo a lo establecido en el Artículo 229
del Código Procesal Penal Chileno”, Ars Boni et Aequi, N° 5, 2009, p. 76);

42°. Que, en suma, la tesis estimatoria de estos Ministros, si se hubiera acogido


por el Pleno, conduciría a inaplicar el artículo 248 letra c), por lo que -a pesar de la
comunicación del Ministerio Público- quedaría subsistente la investigación llevada a
cabo desformalizadamente para que el querellante pueda, dentro de plazo y conforme
a los requisitos legales, acusar, por lo que, al inaplicarse ese precepto legal, debe
proseguirse conforme al orden consecutivo legal, de tal manera que “(…) la querellante
puede forzar la acusación, debiendo tenerse como hechos que servirán de base a los
cargos que formule aquellos en que sustenta su querella” (c. 2°, Rol N° 1.615-2012 de
la Corte de Apelaciones de Santiago);

43°. Que, en razón de lo argumentado a lo largo del presente voto disidente,


para estos Ministros no cabía sino concluir que la aplicación del artículo 248, letra
c), del Código Procesal Penal, impide a la víctima el acceso a un procedimiento
racional y justo seguido ante un órgano jurisdiccional, vulnerando,
fundamentalmente, el derecho a la acción penal consagrado en el artículo 83, inciso
segundo, de la Constitución, motivo por el debió ser inaplicado y así declarado;

El Ministro señor MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ GONZÁLEZ concurre a la


disidencia, pero sólo para acoger parcialmente, atendidas las siguientes razones:
1°. Que, esta Magistratura, a partir del Rol N° 5.653, declaró, en varias
oportunidades, la inaplicabilidad del artículo 248 letra c) del Código Procesal Penal,
en lo medular, porque su aplicación “(…) viola el derecho establecido en el artículo 83,
inciso segundo, de la Constitución y, también, como consecuencia de aquello, el
derecho a un procedimiento racional y justo (contenido en el artículo 19
constitucional, N° 3°, inciso sexto) que brinde protección al derecho a “ejercer
igualmente la acción penal” (c. 6°, Rol N° 8.887), en relación con su inciso tercero -
modificado en 2011-, al tenor del cual “las personas naturales víctimas de delitos

33
0000338
TRESCIENTOS TREINTA Y OCHO

dispondrán de asesoría y defensa jurídica gratuitas, a efecto de ejercer la acción


penal reconocida por esta Constitución y las leyes”.
2°. Que, por ello, “(…) la Constitución no le otorga al órgano persecutor la
potestad para, sin un control tutelar efectivo por parte de la judicatura, hacer
prevalecer, sin más, decisiones de mérito que impliquen perjudicar la pretensión
punitiva de la sociedad y de la víctima.
Existiendo un querellante privado, la facultad exclusiva para investigar que
tiene el Ministerio Público y que le es reconocida constitucionalmente, no le confiere
a aquel una posición prevalente respecto del querellante privado en el ejercicio de la
acción penal. En este sentido, el actuar del órgano persecutor e investigador siempre
tendrá como límite el reconocimiento de que la víctima es titular del derecho a la
acción penal. Lo anterior exige que el legislador contemple las medidas de control
judicial que, limitando un eventual actuar arbitrario del Ministerio Público, hagan
factible la interposición de una acusación por parte del querellante privado” (c. 13°,
Rol N° 8.887).
3°. Que, en consecuencia, la objeción de constitucionalidad que se ha
advertido en aquellos pronunciamientos estimatorios o en esta disidencia, dice
relación con la falta de control judicial respecto de la decisión de no perseverar,
adoptada por el Ministerio Público en una investigación no formalizada, lo que
redunda en que, sin dicho control, se inhibe el ejercicio pleno de la acción penal por
parte del querellante, conforme a lo dispuesto en el artículo 83 inciso tercero de la
Constitución.

1. Investigaciones formalizadas y no formalizadas


4°. Que, el ejercicio de la función que el artículo 83 inciso primero de la
Constitución confiere al Ministerio Público para dirigir en forma exclusiva la
investigación de los hechos constitutivos de delito, más allá de cualquier
consideración doctrinaria o jurisprudencial al respecto, ha venido adoptando dos
modalidades diversas. Por una parte, aquellas investigaciones donde el Persecutor
ejerce la atribución conferida en el artículo 229 y la formaliza, comunicando al
imputado, en presencia del juez de garantía, que desarrolla actualmente la indagatoria
en su contra respecto de uno o más delitos determinados; y, de otra, las
investigaciones que se llevan a cabo de manera desformalizada.
5°. Que, en cada una de estas dos hipótesis, tanto las potestades del Ministerio
Público como las atribuciones del Poder Judicial y la situación de imputados y
víctimas es diversa por variados motivos. Uno de ellos dice relación con la concreción
del derecho a la acción que la Constitución reconoce a los querellantes, en caso que el
Ministerio Público comunique su decisión de no perseverar, pues -cuando se trata de
una investigación formalizada- el querellante puede solicitar al juez que lo faculte para
formular acusación, conforme a lo dispuesto en el artículo 258 incisos tercero y cuarto
del Código Procesal Penal, en tanto que -cuando no ha mediado formalización- el
querellante queda, finalmente, desprovisto de este derecho, sin que pueda resolverse
en sentido contrario por autoridad judicial alguna, quedando el ejercicio de la acción
que la Constitución confiere a la víctima a merced nada más que de la decisión
adoptada por el Persecutor Fiscal. Máxime si, conforme a la aplicación que la
jurisprudencia de nuestros Tribunales Superiores ha venido adoptando en esta

34
0000339
TRESCIENTOS TREINTA Y NUEVE

materia, de acuerdo con lo prescrito en el artículo 370 del mismo cuerpo legal, incluso,
carece de recursos para impugnar lo así decidido.

2. Competencia del Tribunal Constitucional y objetivo de la


inaplicabilidad
6°. Que, siendo así, lo que a esta Magistratura compete, conforme al
requerimiento intentado en estos autos, cuando se impugna el artículo 248 letra c), en
una investigación desformalizada, no es examinar la idoneidad de dicha indagatoria ni
evaluar tampoco la suficiencia de los motivos que ha tenido para no perseverar en ella
o si el cuestionamiento que formula el querellante debe o no ser atendido. Es obvio,
por cierto, que una decisión como ésa -cualquiera sea la naturaleza que se le atribuya-
debe alcanzar estándares de justificación a la altura de las actuales exigencias que el
Estado de Derecho impone a las actuaciones de todos los órganos del Estado. Pero no
nos corresponde, en esta sede o, al menos, en los términos en que se encuentra
formulado el requerimiento, analizar o verificar que ese estándar se haya cumplido.
Tampoco está dentro de la atribución de control de constitucionalidad de
preceptos legales, al tenor de la acción de inaplicabilidad intentada en estos autos,
examinar la resolución judicial que se ha dictado o que vaya a pronunciarse
simplemente teniendo presente la comunicación de la decisión de no perseverar o la
que se pronuncie acerca de los recursos impetrados en su contra.
7°. Que, lo que debemos revisar es si la aplicación que se da, en la gestión
pendiente, al artículo 248 letra c), en cuanto pone fin a la investigación del Ministerio
Público y, al mismo tiempo, clausura el ejercicio de la acción penal del querellante, sin
que exista control judicial que pondere la suficiencia de aquella decisión, resulta o no
contrario a la Constitución en sus artículos 83 inciso segundo y 19 N° 3° incisos tercero
y sexto.
8°. Que, desde esta perspectiva y sin perjuicio que pueda debatirse en torno de
la constitucionalidad de una alternativa, como la decisión de no perseverar, en cuanto
coarta el ejercicio de la acción al querellante y, al mismo tiempo, deja al imputado
sometido a un proceso penal abierto, al menos hasta que opere la prescripción, el
cuestionamiento que ha planteado esta Magistratura, en definitiva, dice relación con
que una decisión de esa naturaleza no puede quedar entregada al solo arbitrio del
Ministerio Público, sin que sean suficientes los requisitos y resguardos internos que
pueda adoptar el Persecutor Estatal (v. gr., Oficio FN N° 060/2014), pues, al carecer
de control judicial efectivo, pugna con el derecho que la Carta Fundamental confiere a
la víctima, ya que el ejercicio de la acción no se satisface sólo cuando es posible
iniciarla -querellándose-, sino que supone continuarla y poder desplegar los derechos
que ella integra a lo largo del proceso para que sea cabal y oportuna la tutela judicial
efectiva, a menos que sobrevengan actuaciones o hechos que le pongan término (como
el abandono, el desistimiento o su desestimación por resolución judicial), pero no
cabe admitir que ello pueda producirse por la sola decisión -no susceptible de ser
controlada y, eventualmente, revertida por el Poder Judicial- del Ministerio Público.
9°. Que, la autonomía constitucional del Ministerio Público -es cierto- puede
alcanzar para sustentar que sea esa Institución la que resuelva no perseverar, por no
haber reunido durante la investigación los antecedentes suficientes para fundar una
acusación, porque, como señala la sentencia, es al Persecutor a quien corresponde
dirigir la investigación, pero ello no alcanza, a juicio de este Juez Constitucional, para

35
0000340
TRESCIENTOS CUARENTA

situar fuera de la órbita de control judicial la decisión de no perseverar que se adopta,


luego de la indagatoria, y ya con efectos en el ámbito jurisdiccional y no puramente
investigativo, pues, entre otros efectos, reanuda la prescripción de la acción penal y
deja al imputado sometido a un proceso penal abierto en tanto ella no se verifique.
Más aun, si “(…) en la práctica, la comunicación de la decisión de no perseverar
representa de facto, en la inmensa mayoría de los casos en los cuales se ha hecho uso
de tal decisión, el término efectivo de la investigación y del procedimiento penal,
asimilándose a este respecto al antiguo sobreseimiento temporal del CdPP. Aquellos
casos en los cuales la investigación es reabierta, generándose una salida distinta de
la DNP (sentencia definitiva o sobreseimiento definitivo) representan,
estadísticamente hablando, una proporción ínfima del total” (Carlos Correa Robles:
“Uso y abuso de la decisión de no perseverar en el procedimiento penal”, Revista
Chilena de Derecho, Vol 47 N° 1, 2020, p. 177), esto es, entonces, una decisión de
evidente naturaleza jurisdiccional que exige ser atentamente examinada por el Juez de
Garantía, al tenor de la frase final contenida en el artículo 83 inciso primero de la
Constitución.
10°. Que, el sistema diseñado por el legislador en el Código Procesal Penal, el
principio de oficialidad de la investigación o el predominio del Ente Persecutor en un
procedimiento acusatorio no alcanzan para justificar una posición prevalente -y
excluyente del control judicial- del Ministerio Público, atendido lo preceptuado en el
artículo 83 inciso segundo de la Constitución, en relación con su artículo 19 N° 3°
inciso tercero, debiendo coincidirse con el entonces senador Harboe, en cuanto a que
la reforma introducida a este último, mediante Ley N° 20.516, en 2011, en virtud de la
cual las personas naturales víctimas de un delito dispondrán de asesoría y defensa
jurídica gratuitas “a efecto de ejercer la acción penal reconocida por esta
Constitución y las leyes”, buscó un cambio de concepción, “(…) Es decir, estamos
dando protección constitucional a las personas naturales víctimas de delito” ( Diario
de Sesiones del Senado, 17 de mayo de 2011, Boletín N° 5.408-07), lo que no se
concreta sólo cuando se admite su participación, como querellante en el proceso, sino
que es menester el examen judicial de las decisiones que puedan cuestionar, obturar,
coartar o extinguir ese derecho a lo largo de su prosecución.
11°. Que, en efecto, la naturaleza acusatoria del proceso no alcanza el extremo
propuesto por mis colegas de la mayoría, como surge, por ejemplo, del caso alemán,
donde “[e]l procedimiento para compeler a la promoción de la acción pública
(172/177) le da la posibilidad al ofendido de que un tribunal independiente examine
el cumplimiento del principio de legalidad por parte de la fiscalía. A pesar de que la
fiscalía, en principio, no está vinculada a la jurisprudencia de los tribunales
superiores (ver supra 10, A, III, 4) y, en sus funciones oficiales, es independiente de
los tribunales (150 GVG), excepcionalmente se la puede obligar, de este modo, a
promover una acusación que se opone a su propia convicción” (Claus Roxin: Derecho
Procesal Penal, Buenos Aires, Editores del Puerto s.r.l., 2000, p. 341).

3. Naturaleza y extensión de la decisión de no perseverar


12°. Que, en este sentido, de las tres alternativas contenidas en el artículo 248,
la que se contempla en su letra c) es la única que carece de control judicial, no obstante
que, durante la tramitación del Código Procesal Penal, como constituía una de las
hipótesis de sobreseimiento temporal, también se encontraba sujeta a examen por
parte del juez, lo que desapareció, cuando, al eliminarse aquel sobreseimiento, se la

36
0000341
TRESCIENTOS CUARENTA Y UNO

singularizó en el literal c) (Juan Pablo Novoa: “Análisis de la Facultad del Ministerio


Público de No Perseverar en la Investigación”, Revista Procesal Penal, N° 27, 2004)
pp. 15 ss.).
13°. Que, por ello, el sentido de la jurisprudencia estimatoria de esta
Magistratura y del Juez Constitucional que suscribe esta disidencia, no persigue
retrotraer la decisión de no perseverar comunicada por el Ministerio Público,
forzándolo a una indagatoria que, cabe asumir seriamente, estima inconducente
desde su perspectiva persecutora ni podría situarlo, ante la disyuntiva -
eventualmente, improcedente, a su entender- en orden a formalizar como acto
meramente instrumental o, incluso, a plantear el sobreseimiento.
Asimismo, la inaplicabilidad de los artículos 248 letra c) tampoco persigue que
el proceso penal continúe, automáticamente, con la sola acción del querellante, pues
ello debe ser resuelto por el Juez, conforme a las exigencias que respecto de dicha
acción impone el Código Procesal Penal, especialmente en sus artículos 113, 258
incisos tercero y cuarto y 261 letra a).
14°. Que, la inaplicabilidad solicitada no busca esos objetivos, pues no se trata
de un control abstracto, sino que de un examen en el caso concreto donde, por
aplicación de ese precepto legal, se vulnera el derecho que la Constitución confiere al
requirente a proseguir su acción, acusando, a raíz de haberse adoptado la decisión de
no perseverar sin que ella sea susceptible de ser revisada por el Juez y, por ende, lo que
la inaplicabilidad debe alcanzar, lejos de revertir la opción del Ministerio Público -
órgano constitucionalmente autónomo, entre otras cuestiones, para resolver si
procede perseverar o no en una investigación-, es que se garantice y lleve a cabo el
derecho a la acción del querellante en su faz acusatoria, conforme a la ponderación
que el Juez haga de la decisión que el Ente Persecutor adoptó en orden a no formalizar
y a no perseverar.
15°. Que, desde esta perspectiva, este Ministro ha constatado que los
pronunciamientos previos estimatorios de inaplicabilidad no logran el pleno respeto
de la Constitución, ya sea porque el Persecutor Fiscal mantiene su decisión de no
perseverar o porque la Judicatura, atendido el marco legal que rige el proceso penal,
deja incólume esa decisión, sin ponderar sus antecedentes ni evaluar si se ha adoptado
justificadamente o no, es decir, conforme a Derecho, manteniendo simplemente la
resolución de tener presente la comunicación que ha efectuado el Ministerio Público.
16°. Que, así las cosas, las sentencias estimatorias de inaplicabilidad no han
posibilitado que el Juez, en la gestión pendiente, se pronuncie, sustantivamente, sobre
la decisión de no perseverar, dejando sólo a esa alternativa, en el artículo 248, exenta
de control judicial, obturando, por ende, sin evaluación de la Judicatura de Fondo, el
ejercicio de la acción por el querellante, no obstante lo dispuesto en el artículo 83
inciso tercero de la Constitución, y facilitando -con o sin razón, en cada caso concreto-
que se cuestione, per se, la decisión adoptada por el Ministerio Público, en el contexto
actual de elevado reproche por parte de la ciudadanía, en el ámbito de la seguridad
pública, provocando, como expresa, Carlos Correa Robles, “(…) las (muchas veces
indeseadas) consecuencias sociales que dicha decisión genera en términos de la
percepción de eficacia del sistema persecutorio (…)” (p. 167).

4. Solución armónica

37
0000342
TRESCIENTOS CUARENTA Y DOS

17°. Que, en ese entendido, estuve por acoger el requerimiento de


inaplicabilidad accionado a fs. 1, pero sólo parcialmente.
18°. Que, el artículo 248 letra c) dispone que, “[p]racticadas las diligencias
necesarias para la averiguación del hecho punible y sus autores, cómplices o
encubridores, el fiscal declarará cerrada la investigación y podrá, dentro de los diez
días siguientes:
(…)
c) Comunicar la decisión del ministerio público de no perseverar en el
procedimiento, por no haberse reunido durante la investigación los antecedentes
suficientes para fundar una acusación (…)”, lo que, pese a los pronunciamientos de
inaplicabilidad adoptados en causas precedentes, no ha impedido que esa decisión se
concrete, sin que el Juez de la causa examine los fundamentos que ha tenido el
Persecutor Estatal para adoptarla, dejando a merced de su sola decisión el ejercicio de
la acción que la Constitución asegura a la víctima, en su artículo 83 inciso tercero, y
permitiéndole mantener al imputado sometido al proceso penal en tanto no opere la
prescripción.
En efecto, “(…) en el modelo ideado por el legislador, la decisión de no
perseverar en el procedimiento ostenta un puro carácter administrativo y no se
encuentra sujeta a revisión o control judicial sobre su mérito, sino solo en cuanto a
sus presupuestos adjetivos, esto es, que la investigación se encuentre cerrada y que
se adopte dentro del término de 10 días desde dicha clausura. Desde esa perspectiva,
es más bien la comunicación de una decisión ya adoptada administrativamente y no
una solicitud de pronunciamiento judicial sobre la misma, pues el Fiscal no está
obligado a motivarla, y el tribunal tampoco puede cuestionarla o revisarla,
conclusión en la que parece converger nuestra doctrina, al igual que nuestros
tribunales superiores” (Manuel Rodríguez Vega: “Análisis de la (In)eficacia del
Principio de Obligatoriedad en el Ejercicio de la Acción Penal en la Etapa Intermedia
del Proceso Penal Chileno”, Revista de Derecho, Vol. XXVIII N° 1, 2015, p. 229).
19°. Que, siendo el objetivo de este pronunciamiento radicar en el Juez, tal
como sucede en los literales a) y b), la potestad para revisar la decisión del Ministerio
Público, con las consecuencias que de ello se deriven, pero ahora sí, respetando la
Constitución, estuve por acoger parcialmente la acción intentada por el requirente, en
cuanto a inaplicar la frase “Comunicar la decisión del ministerio público de”,
contenida en el literal c), de tal manera que, con ello, subsiste la atribución del
Ministerio Público, en el marco de la autonomía constitucional, para no perseverar en
el procedimiento, por no haberse reunido durante la investigación los antecedentes
suficientes para fundar una acusación, pero inaplicando la comunicación, de tal
manera que el ejercicio de aquella atribución sea evaluado por el Juez ante quien se
realice la audiencia contemplada en el artículo 249, en la cual “(…) el fiscal deberá
formular su requerimiento al juez de garantía, quien citará a todos los intervinientes
a una audiencia”.
20°. Que, así, el Juez de Garantía estará en situación, como sucede también en
el caso de los literales a) y b), de ponderar la decisión adoptada por el Ministerio
Público, permitiéndoles a los intervinientes sostener su posición al respecto en la
mencionada audiencia y, en definitiva, resolver con todos los elementos de juicio si
acceder a la decisión de no perseverar o rechazarla y, en el evento que la admita,
pronunciarse, asimismo, acerca del derecho que el artículo 258 inciso cuarto confiere
al querellante “(…) debiendo tenerse como hechos que servirán de base a los cargos

38
0000343
TRESCIENTOS CUARENTA Y TRES

que formule aquellos en que sustenta su querella” (c. 2°, Rol N° 1.615-2012 de la Corte
de Apelaciones de Santiago).

Redactó la sentencia el Ministro señor RODRIGO PICA FLORES. La disidencia fue


escrita por el Ministro señor CRISTIÁN LETELIER AGUILAR, y el voto particular, por el
Ministro señor MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ GONZÁLEZ.

Comuníquese, notifíquese, regístrese y archívese.


Rol N° 11.697-21-INA

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0000344
TRESCIENTOS CUARENTA Y CUATRO

Nancy Adriana Yáñez Fuenzalida


Fecha: 14/10/2022

Cristián Letelier Aguilar José Ignacio Vásquez Márquez


Fecha: 13/10/2022 Fecha: 14/10/2022

María Pía Silva Gallinato Miguel Angel Fernández González


Fecha: 17/10/2022 Fecha: 13/10/2022

Rodrigo Pica Flores Daniela Beatriz Marzi Muñoz


Fecha: 13/10/2022 Fecha: 14/10/2022

Manuel Antonio Núñez Poblete


Fecha: 19/10/2022

Pronunciada por el Excmo. Tribunal Constitucional, integrada por su Presidenta,


Ministra señora Nancy Adriana Yáñez Fuenzalida, y por sus Ministros señor
Cristian Omar Letelier Aguilar, señor José Ignacio Vásquez Márquez, señora
María Pía Silva Gallinato, señor Miguel Ángel Fernández González, señor
Rodrigo Patricio Pica Flores, señora Daniela Beatriz Marzi Muñoz y Suplente de
Ministro señor Manuel Antonio Nuñez Poblete.

Autoriza la Secretaria del Tribunal Constitucional, señora María Angélica Barriga


Meza.

María Angélica Barriga Meza


Fecha: 18/10/2022

A4CA7C20-6526-4623-B29F-06A4BA5E3548
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