Índice
Prólogo
Los retorcidos Steel
Tony y yo
Follar
Todo está mejor ahora
Rudo
Mi decisión
Encontrarte
Saint Johns
Fester
Encontrada
Frenesí
Ardiendo
Sin Control
Nudos
Quédate en donde estás
La familia es importante
Ebrio
Pajaritos
Que comience la pelea
Palanca de cambios
Libre
Irse
Tiempo
Las despedidas apestan
Despegando
Superándolo
Hogar
Steel para Siempre
Epílogo
Próximamente en Steel…
Zandor
Boletín Informativo
Acerca de la Autora
Prólogo
Cyrus
Verdad.
Sé quién soy. Soy Cyrus Steel; hijo, hermano, tío y amigo
para las personas que elijo traer a mi vida.
Verdad.
Puedo follar con quien yo quiera.
Verdad.
No puedo cambiar el pasado, pero ahora yo elijo cómo vivir.
Verdad.
Me gusta follar y le hago el amor a las tías como nunca antes
se los habían hecho. Duro y salvaje. No más de tres noches.
Sin expectativas, así nadie sale lastimado. Mientras que la
piba esté de acuerdo… que comience el juego.
Uno de mis tatuajes favoritos está encima de mi V abdominal
y dice Verdad.
Un constante recordatorio de quién era y de quién soy ahora.
Tara
No estaba segura de cómo o si siquiera debía confesarle que
no había nadie que me amara. Tony fue la última persona en
decirme esas palabras, y no las decía en serio. Él solo quería
usarme.
Eso es lo que hoy me había demostrado este hermoso
hombre debajo de mí. Él no me había usado. Ni siquiera me
conocía. Pero pensaba que era hermosa y era dulce conmigo.
Tony se equivocaba respecto a él, e incluso si no quería
volver a verlo jamás, me gustaría poder decirle lo equivocado
que estaba.
¿Es posible alterar la verdad? ¿Es posible ver la verdad aun
cuando se han construido muros para protegerte del mundo
exterior? ¿Es posible que años de duda y dolor nublen dos
corazones en su camino a encontrar su propia verdad?
Los retorcidos Steel
N unca me había gustado cuando comenzaba a
disminuir la temporada de turistas en la costa.
Significaba que había menos trabajo en la tienda y más
tiempo libre en mis manos. Las mentes ociosas son el parque de
diversiones del diablo… eso es lo que Ma Joe solía decir.
Supongo que es justo por eso que comenzamos con Steel
para Siempre. Claro, nos dejaba más dinero que el
restaurante, especialmente en estas épocas del año. Yo
entendía eso – pero, con cuatro chicos, estaba jodidamente
seguro que también tenía mucho que ver con cómo manejar
nuestras cabezas ociosas. También estaba bastante seguro de
que la idea surgió cuando pillaron a Zandor con la esposa de
nuestro vecino. Esa mierda era graciosa, mirar a Ma Joe
persiguiendo a ambos desde el garaje con una escoba.
Los pantalones de Zandor estaban en sus tobillos y él salió
corriendo mientras las tetas de la señorita Betty volaban en
el aire. Ella todavía tenía los pantalones puestos, así que yo
estaba confundido… neh – más bien, sentía curiosidad por
saber lo que REALMENTE había ocurrido en nuestro garaje
esa noche. Eso fue hasta que Jase y yo escuchamos a Ma Joe
sermoneando a Zandor respecto a lo mal que estaba tener
sexo con una mujer casada. Ella estaba despotricando en
parte en italiano y en parte en inglés, las manos disparando
en todas direcciones. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
«Ma, no tuve sexo con ella. Ella estaba haciendo una
felación».
«¡¿En dónde aprendes palabras como esa, Aleszandor?!».
«En los libros, Ma. Es hermoso – adorar el cuerpo de
alguien y ser adorado. La señorita Betty estaba mostrándome
las obras de arte que acababa de hacerse, y…».
«¡ZANDOR STEEL! ¡La señorita Betty tiene el gnomo de
los cereales tatuado en esos pechos falsos! ¡Eso no es arte!
Ahora, ¿hay algo en tu pene que ella necesitara adorar?».
«Ma, no es por ser presumido, pero mi pene ES una obra
de arte».
Jase y yo estábamos encorvados de la risa cuando ella
atravesó la puerta y nos cogió por la oreja. Tan solo para
dejarlo claro, ya estábamos algo grandes para esa mierda,
pero cuando tu mamá es Josephina Steel – eso no importaba
en lo absoluto. Nos arrastró de la oreja hasta la mesa y nos
sentó para que escucháramos uno de esos ‘sermones’. Xavier
volvería a casa en cualquier momento; de hecho, ya se le
estaba haciendo tarde, pero convencimos a Ma de que le
había dicho que podía llegar después de las nueve, no a las
nueve.
Yo estaba meciéndome en mi silla y miré por la ventana
mientras Xavier corría a través del patio trasero,
abrochándose los pantalones mientras se despedía de la hija
mayor de la señorita Betty. Me reí a carcajadas y Ma me
arrojó una mirada fulminante. Jase también lo vio y él se
estaba muriendo. No cabía duda de que estaba drogado. En
ese entonces, Jase era un puto desastre al perder a Charlee y
después a pequeña Bella. Xavier nos guiñó un ojo cuando
entró a la casa y Zandor chocó palmas con él.
Inmediatamente supe que esos gilipollas habían planeado
todo. Él entretendría a la madre mientras Xavier finalmente
se comía ese culito de la puerta contigua. Sally, la hija de
Betty, era la reliquia de la colonia. ¿Conoces ese tipo de tía?
Jodidamente sexi pero demasiado buena para cualquier
imbécil a la redonda. Xavier se sentó y Ma caminó en círculos
alrededor de la cocina, gritando y suplicando; incluso lloró.
Bueno, eran lágrimas falsas, pero puso todo de sí en la
actuación. No se merecía un Óscar, pero quizás sí un Emmy.
Zandor le arrojó a Xavier una mirada que preguntaba
¿cómo te fue? y Zandor le guiñó un ojo. Ma estaba de espaldas
cuando Xavier estiró la mano para restregar su dedo bajo la
nariz de Zandor. ¡Un puto cerdo! Zandor le echó una miradita
de aprobación y Xavier continuó con su juego de pantomimas
sexuales, contándonos lo que había sucedido. Se chupó los
dedos y Zandor le preguntó tan solo usando los labios ¿rico?
Él asintió y se recargó en el respaldo de la silla. Zandor hizo
un círculo con la mano y con la otra mimetizó el coito. Xavier
dijo con los labios mañana. Jase se rio entre dientes, hizo un
gesto mimetizando sexo oral y agitó la cabeza. Jase susurró:
«Ella me hizo uno».
Tanto Zandor como Xavier jadearon y Ma se volvió y
continuó despotricando.
Para el final de todo eso, ya todos habían apostado quien
lo conseguiría primero y yo aposté todo sobre la mesa. Iba a
conseguir a ambas… al mismo tiempo.
A la noche siguiente Ma estaba en el restaurante
ayudando a Papá a cerrar. Me quedaba un día antes de volver
a ser desplegado; así que me llevé una botella de scotch junto
con una disculpa para la señorita Betty por el
comportamiento de mi madre. Sally vino a casa, y bebimos
unos cuantos chupitos. Una cosa llevó a la otra y, bueno,
digamos que gané la puta apuesta.
Más tarde esa noche compartí la información con mis
hermanos. Sally no era tan pura como le hacía creer a todos.
Betty, mucho menos. Xavier se enfadó conmigo. Siendo
completamente honesto, no esperaba eso, de ser así juro que
siquiera me habría molestado en esforzarme tanto. Yo ya
había tenido suficiente de todo eso. A mí también me habían
roto el corazón, una vez, pero eso no volvería a suceder en
toda mi puta vida. ¿Para qué carajos quería una relación en
donde tendría que preocuparme por los sentimientos, las
citas, toda esa mierda de flores y corazoncitos tan solo para
hacerle el amor a una piba? ¡A la mierda con la galantería! Mi
nueva regla personal, desde entonces, era: tres noches, y eso
era todo. Así nadie se hacía ideas incorrectas – ya sabían de
qué iba la cosa. Te follaré duro y salvaje, probablemente te
arruinaré para cualquier otra persona, pero eso será todo lo
que obtendrás. ¿Quieres subirte a este tren? Trae los
condones y vamos; si no, ya puedes marcharte. Seamos
honestos aquí – las conversaciones sucias, sudorosas,
azotando culitos hermosos, el sexo oral húmedo y
descuidado que termina con mi eyaculación encima de toda
su cara; todo eso, era mucho mejor que corazoncitos y
flores… en cualquier puto día de mi existencia.
Ma casi tuvo un infarto al escuchar por accidente
conversaciones que verdaderamente no debería haber
escuchado jamás. Escucharme explicando eso a Xavier…
carajo. Ma ni siquiera podía mirarme a los ojos después de
eso.
«Eso, tu padre se encargará de ello». Ma fue a su
habitación y cerró la puerta.
La conversación con mi padre es una de la que jamás me
olvidaré. Intentó enfadarse conmigo, enserio lo hizo, pero al
final me dijo que su esposa, mi madre, no debería haber
escuchado toda esa mierda. Me dijo que yo ya era un hombre,
volviendo a la Edad Media en mi segunda ronda turística, y
que él no podía pedirme actuar diferente, sin embargo, me
prohibió que Ma volviera a escucharme. Él no había sido
diferente hasta que la conoció, su para siempre. Mi padre me
dijo que cuando yo conociera a alguien así – entonces lo
entendería.
Acepté siempre estar alerta de Ma Joe antes de soltar la
lengua, pero esa mierda de para siempre estaba por verse.
Jamás quería tener ese tipo de para siempre, yo solo quería
follar.
Mientras estaba en el mediterráneo, mis padres vendieron
la casa. Las cuotas de los abogados los estaban matando,
pero la familia es la familia y por conseguir algún tipo de
permiso para visitar a Bella, yo también lo habría hecho.
Dos años después yo iba y venía de casa, listo para firmar
mi vida fuera por cuatro años más, cuando Sandy devastó
nuestra familia y la comunidad en la que vivíamos. Jamás me
perdonaré por necesitar jugar el papel de puto héroe otra
vez; si Papá no hubiera ido a buscarme, él no habría muerto.
Jamás me recuperé de ello. Nuestro restaurante familiar
estaba destrozado y yo necesitaba arreglar toda la mierda. No
los abandonaría, no después de todo lo que habían hecho por
mí.
A la siguiente semana, Sandy era su propio huracán. Jase
estaba perdido en su propio mundo, el chico estaba enfocado
en arreglar mierda: a ratos ayudando a los dueños de las
tiendas vecinas, a ratos sacando mierda de la nuestra con
nosotros. La compañía de seguros no fue rápida, en lo
absoluto, y la Agencia Federal de Manejo de Emergencias…
bueno, tan solo digamos que también era un chiste. Sin Chris
Christie, nuestro gobernador, hubiéramos estado jodidos por
muchísimo más tiempo. Él era una puta roca, joder, un buen
hombre. Las pérdidas físicas que causó la tormenta eran
inmensurables. El daño emocional, aún peor.
Yo tenía una colección de tinta en mi brazo izquierdo, del
hombro hasta la parte superior del codo, todos en negro
como recordatorio del lugar en el que luché por nuestro país.
Ma se había molestado un tanto al verlos, pero le expliqué
que cada imagen significaba algo para mí. Recuerdos que
llevaba en el corazón… y, a pesar de que yo no era alguien
que compartía fotos o historias de los lugares a los que había
ido, mostraría un poco con los tatuajes. La tinta capturada en
mi brazo era mi historia, para mí; un recuerdo visual de lo
que era y es la vida. Jamás le diría a alguien el tipo de
infierno, devastación o dolor había experimentado o causado.
Pero podía mostrarles con esto. Podía hacerme sonar como
que yo era un marica, pero era la cobertura de mis brazos.
Les gustara o no – me importaba un carajo; era mi arte,
parte de mí, para siempre.
Me quedé de pie en la costa, mirando al agua. Solía amar
este sitio. Ningún otro cuerpo de agua olía igual. El atlántico
tenía un aroma muy salado; plantas de mar, sal y quizás un
poco de yodo. No suena tan intoxicante, pero lo era, su
aroma familiar era un hogar para mí. Era cuatro de julio y
había fuegos artificiales y fogatas en la costa, había amigos
surfeando y pasando el rato. Era el muelle Lucy Leo’s and
Gillian’s Wonderworld, así que tuvimos un picnic familiar,
juegos de voleibol de playa e hice parasailing con mis padres
y hermanos. Habiendo viajado por el mundo, honestamente
podía decir que no había otro sitio como este. Pero esa
mierda ahora me dolía.
No supe por cuánto tiempo me quedé ahí de pie, pero
volví a la realidad cuando Jase me dio un codazo en las
costillas. «¿Estás bien?».
«Estoy bien, hombre». Lo miré y me reí. «Deja esa
pregunta para ti; tu eres el que se está casando aquí».
«Sí, lo sé. Tan solo buenas memorias a partir de aquí. Y es
por eso que te interrumpí. ¿Podrías hacerme un favor?».
«Cualquier cosa hombre – lo sabes». Y así era; justo
como yo sabía que Jase siempre me cubriría la espalda.
«Saca a todos de aquí, quiero follar con mi esposa en la
tabla de surf en el agua, sin una audiencia».
No pude evitar reírme. «Tu esposa».
«La señorita Steel, hombre. La señorita Steel y yo
necesitamos bautizar a esa tabla de surf. He estado
esperando una eternidad para follarla».
«En tu noche de bodas».
«Joder, sí. Mierda… cuando te cases, yo también me la
follaré ahí».
«Eso no va a pasar».
«Lo sé – solo puedes coger el tren tres veces y toda esa
mierda – pero justo ahora, necesito estar dentro de mi
esposa. ¿Ayudarías a tu hermano?».
«Estás jodidamente vapuleado, ¿lo sabías?». No estaba
bromeando; Jase era como una pequeña puta adicta al crack
con Carly.
«No me importa, sácalos de aquí».
Me encantaba hacerlo enfadar y, bueno… era un don, así
que para qué desperdiciarlo, ¿no? «Los fuegos artificiales
saldrán disparados de ese pequeño chocho». Su cara estaba
poniéndose roja como tomate, así que ¿para qué detenerme
ahora? «Seguro que no quieres que yo…».
Jase me empujó y yo me reí. «¿Vas a hacer lo que te pedí,
o necesitas que te pateé el culo?».
«Tú y yo sabemos que es mejor que no lo hagas,
hermanito». Justo ahora, Jase estaba al borde, y yo ya no
estaba cien por ciento seguro de mí mismo. «Por supuesto,
ve por la señorita Steel».
***
Todos estaban abandonando la costa y Carly estaba
tomándose su tiempo para agradecer a todos. Ella era
bastante guay – para ser una tía. Amaba a mi hermano, sin
dudas, y ahora… bueno, ahora también tenía una hermana; lo
cual no era guay porque ahora había una mujer más que
agregar a la lista de quienes debía cuidar, justo después de
Ma Joe y pequeña Bella. ¿Por qué? Porque se lo prometí a mi
padre y no estaba dispuesto a romper esa promesa.
Abe y yo bajamos al club por un par de tragos. Había
jugado con la idea de arrojar una fiesta en la playa, pero
Nickey D. estaba entreteniendo a la pieza de culo de este mes y
yo no quería arruinarle eso. Era un viaje en tren bastante
largo, no un camino de tres paradas. Este era un festival del
amor de un mes. A él le gustaba estar con la misma piba por
un poco más de tiempo que a mi… tenía algo que ver con el
sexo anal, me confesó estando borracho una noche. Le
tomaba más tiempo construir confianza con su pareja para
poder satisfacerla por delante y por detrás. Yo no necesitaba
escuchar toda esa mierda; Nickey era mi chico y todo, pero a
veces me preguntaba qué pasaba por su cabeza. Justo ahora,
yo estaba pasando el rato en un bar mientras mi chico,
Nickey, estaba follando con la señorita Septiembre. Ella
había estado sentada en el sitio de honor (entre mis piernas)
hace dos noches, cuando Carly y Jase aparecieron con ese
pajarito de cinco pies de altura, cabello oscuro y ojos verdes.
Me senté recargando la espalda en el respaldo, bebiendo
de mi Jack Daniels con jengibre. Iba a coger un taxi esta
noche, ¿así por qué carajos no conseguir una? Darles propina
a algunas en honor a mi camarada caído, quien ahora estaba
follando con su esposa en el puto atlántico.
«¿Cómo te está yendo con toda esta mierda del
matrimonio?», le pregunté, pues estaba observando a dos
pibas restregándose una contra otra en la pista de baile.
«Es genial. El matrimonio es una buena institución…».
«Si quieres estar institucionalizado».
«Tus padres estuvieron casados por años, Cyrus, no
entiendo por qué estás tan en contra de él».
Tuve que reírme. «Mira alrededor, hombre. ¿Puedes
imaginarte comiendo putos Cheerios todos los días cuando
puedes tener un poco de filete y huevos un día, después
salchichas con salsa el siguiente? Debes mantenerte abierto a
las opciones».
«¿Cómo crees que la vaya a Jase comiendo Cheerios todos
los días?». Abe estaba comenzando a enfadarse. Él amaba a
Carly, y yo estaba seguro que le preocupaba que se hubiera
casado con mi hermano.
«Hizo un compromiso y lo cumplirá». Y así sería – yo
estaba jodidamente seguro de ello.
«¿Piensas que está sentando cabeza? ¿Piensas que hay
alguien mejor allá afuera para Jase, alguien mejor que
Carly?». Vale, él estaba más que enfadado; la vena en su
cuello palpitaba un poco.
«Estarán bien, Abe. No me malentiendas, creo que Carly
es genial. Ella y Jase son como el aceite y el vinagre, se
mantienen a la raya mutuamente, o se matan en el intento.
Simplemente no es lo mío».
Me senté y miré alrededor. Intentando pensar en lo que
quería esta noche, un filetito, una pequeña pasta… joder,
quería ambos. «¿Estás interesado en esas dos de ahí,
hombre?».
Abe negó con la cabeza. «No es lo mío».
«Guay». Me puse de pie y me abrí camino hacia el bar, en
donde ordené tres Jack Daniels con jengibre.
Me detuve y entregué un trago a las chicas morenas que
estaban bailando juntas. Me miraron y sonrieron. Chocamos
los vasos y bebimos el contenido de golpe. La más alta le dio
su vaso a su amiga y después cogió el mío e hizo lo mismo.
Cogió mi mano y se dio la vuelta, presionando su espalda
contra mi pecho. Colocó mi mano en su cintura, bastante
abajo. Su mano se estiró para coger mi espalda, y entonces
cogió mi trasero con fuerza. Guay.
Miré a su amiga, quien estaba caminando hacia nosotros
y, sin pena alguna, susurré en su oído «¿Estáis dispuestas a
hacer algo duro y salvaje?».
Ella no respondió, pero se volvió y me acarició por encima
de los pantalones mientras su amiga estaba de pie junto a mí.
Le envolví los hombros con el brazo, colocando mi mano
sobre su culo.
«¿Crees que puedes lidiar con ambas?». Me frotó con
más fuerza, mientras yo masajeaba el sexi culo en mi mano.
«¿Vosotras sois algo?». Ella negó con la cabeza. «No
estoy buscan nada más que pasar un buen rato, ¿lo
entendéis?».
Bailamos, bueno, nos restregamos entre los tres por un
rato. Mi polla palpitaba y las cuatro tetas que me rodeaban
eran jodidamente excitantes. La música se volvió más lenta y
yo abracé a cada una con un brazo. Me incliné para besar a
una y ella se acercó, yo aparté la cabeza y provoqué a la otra
de la misma manera. Levanté la cabeza, me humedecí los
labios y miré a Abe para hacerle saber que me marchaba.
Él estaba hablando con alguien y riendo. Entonces vi a ese
puto gilipollas de las píldoras caminar y coger a la chica por
el codo. Oh, joder – ¡no puede ser!
Le entregué a las chicas unos billetes. «¿Otra ronda?».
Me di la vuelta para caminar hacia Abe y una de ellas me
sujetó con fuerza. «No te vayas muy lejos».
Le sonreí y me incliné para susurrarle al oído. «No lo
haré».
Levanté la mirada y observé esos ojos verdes jodidamente
hermosos mirándome, mientras era arrastrada hacia el bar.
La observé mirar atrás por un momento, antes de
sentarse en el bar. Las chicas volvieron con bebidas y
comenzamos a bailar otra vez. Yo ya no estaba mentalmente
involucrado en el juego, ni un poco. Cada vez que levantaba
la mirada, ella se volteaba y eso estaba jodiendo conmigo.
Brindé con ellas. «Lo siento señoritas, parece que estoy
seco. Continúen – volveré».
Como si la suerte estuviera de mi lado, el gilipollas fue a
la parte trasera del bar y el banco a un lado suyo estaba vacío.
Me senté y ella me miró nerviosamente por el rabillo del ojo.
«Bueno, hola ahí, Pajarito». La miré; era jodidamente
hermosa y yo, sin dudarlo por un segundo, hubiera cambiado
a aquellas dos morenas por esta.
«Eres…».
«Sí, y tú sigues saliendo con ese gilipollas. ¿Por qué un
pequeño pájaro como tú está con esa mierda?». Sabía que mi
tono era algo agresivo, pero no podía evitarlo. Yo no era un
santo y algunos incluso podrían decir que era hipócrita el
hecho de que yo no tuviera problema con la gente fumando
un poco de marihuana aquí y allá, pero, al mismo tiempo,
estaba vehementemente en contra de todas las demás
drogas; el punto es que no me importaba un carajo lo que los
demás pensaran de mí.
«Deberías marcharte». Miró nerviosamente a la parte
trasera del bar.
«Pajarito, no tengo miedo de tu chico».
«No lo conoces. Le gusta pelear».
No pude evitar reírme. Cogí su barbilla y giré su cabeza,
para forzarla a mirarme. Dios, su piel era tan jodidamente
suave. Sí, estaba borracho; acaricié su barbilla y debajo de
ella con el pulgar. Definitivamente quería acariciar más
abajo, pero estaba disfrutando de la lenta persecución.
«Mírame, Pajarito, y dime que ves a un hombre que
escaparía de una pelea».
De un tirón, apartó su cabeza de mi mano, como si yo
fuera una puta enfermedad contagiosa. Podía haberle hecho
notar que esa reacción hubiera tenido un mejor efecto si no
me hubiera permitido sostener su cara por al menos quince
segundos antes de apartarse, pero no lo haría – no todavía,
de cualquier manera.
«Por favor, vete».
«Dilo como si realmente lo quisieras, Pajarito, y mírame
mientras lo haces».
No quería marcharme. La quería esta noche, casi tanto
como quería que ella dejara a ese mierda gilipollas.
«Lo digo enserio», dijo con voz cortante y me miró a los
ojos. «Por favor».
Podía jurar que esta vez vi un toque de miedo en sus ojos.
«Pajarito, si estás en…».
«¡Por favor, solo déjame sola!».
«Es un espacio público, Pajarito, no me iré a ningún
lado».
Ordené dos tragos y miré la pista de baile mientras
recargaba la espalda en la barra del bar, cerca de esta
pequeña criatura que estaba capturando mi atención por más
tiempo del que normalmente habría permitido, sin saber a
dónde nos dirigíamos.
«Él va a volver».
«De nuevo, Pajarito, no tengo miedo de ese pequeño…».
«¿A dónde fuiste?», me preguntó la morena más alta.
«Una pregunta bastante estúpida, pues estoy justo frente
a ti, ¿no lo crees?».
Pajarito soltó una risita y yo no pude evitar sonreírle.
«Dijiste que nos traerías un trago y, bueno… nos gustaría
marcharnos pronto»
Miré a Pajarito nuevamente y ella estaba tratando no
sonreír, lo cual hacía que se le formara el hoyuelo más lindo
en la mejilla. «Pajarito…».
«Me llamo Tara».
«Pajarito», comencé de nuevo. «Tú y yo, salgamos de
aquí».
«Estás ebrio». Apartó la mirada.
«Bueno, es tu noche de suerte. Cuando bebo whiskey
aguanto más tiempo».
«Bueno, entonces, vosotros podéis tener una noche
interesante». Ella ya no estaba enfadada. Estaba sonriendo
y, joder, eso me hacía desearla aún más. «Tengo novio…».
«Bueno, ¿por qué no hacemos un intercambio? Él puede
quedarse con estas dos y yo te llevaré conmigo. Te prometo
que volverás a casa antes de…».
«¿Todo bien, Tara?».
«El mierda gilipollas». Tara me arrojó una mirada y yo
dejé de hablar. «Neh, no hay ningún problema aquí. Solo
estaba diciéndole a Pajari… a Tara, que su amiga, Carly, se
casó hace un par de horas».
Tara sonrió. «¿Lo hizo?».
«Estúpido, ¿cierto? Eso es lo que intenté decirles,
pero…». Ella me dio un zape y se rio. Le devolví la sonrisa.
Sabía muy bien que era una sonrisita estúpida, lo sabía
tan bien como el hecho de que no me metería debajo de esa
falda esta noche. Para el pájaro exótico, estaba en la friend
zone. Incluso había jugado la carta de Carly. ¿Qué carajos
estaba sucediendo?
El barista dejó los tragos sobre la barra y yo los cogí. Se
los entregué a las dos chicas más suertudas del recinto y le di
otro trago a Pajarito.
«Carly es algo nueva aquí». Cogí el móvil de Tara que
estaba sobre la barra y marqué al número de Carly. «Le
encantaría escuchar de ti».
El mierda gilipollas estaba follando con la mirada a mi
diversión de esta noche, mientras me esperaban.
Me incliné y susurré, «Cuando sea que estés lista para
aceptar mi oferta, Pajarito, Carly puede darte mi número.
Dímelo y le patearé el culo a ese mierda para demostrarte lo
que es que te follen de verdad».
Aparentemente, lo dije demasiado fuerte, pues el mierda
gilipollas sintió como si pudiera ponerme las manos encima.
«Vas a perder esas manos, imbécil».
El maricón me soltó. «Vete con cuidado».
«No puedes odiar a un hombre por intentar». Asentí a las
chicas y cada una me cogió por un brazo. Salimos del bar los
tres juntos, codo a codo.
Tony y yo
T res personas. En estos momentos de mi vida, ese es el
número de personas que eran amables conmigo sin
ninguna razón. Cuatro, si contaba a Tony. Después de todo,
él me amaba y debía ser amable conmigo. Había un silencio
sepulcral en el coche mientras él conducía para llevarme de
vuelta a mi piso. Yo quería volver con él a su apartamento,
pero él me dijo que era demasiada tentación. Que
arruinaríamos todo por lo que habíamos estado trabajando
durante estos meses.
Conocí a Tony hace un año, cuando fui suficientemente
mayor como para salir del sistema. Me agradaba la familia
con la que estaba viviendo en ese entonces, la primera vez
que eso ocurría desde la muerte de mis padres. Ellos se
habrían quedado conmigo, pero debido a mi edad, ya no
recibirían más servicios sociales en mi nombre. No había
forma de poner una etiqueta a una tía como yo. Incluso
intenté reprobar algunos de los exámenes. Pero la verdad es
que al no tener nada más que una maleta, dos pares de
calcetines, tres pares de pijamas, cuatro atuendos y, con
suerte, cinco pares de ropa interior, lo único que poseía y que
jamás perdería era lo que aprendí en la escuela y el programa
vespertino de la YMCA. Ya no tenía problema en olvidarme de
los regalos de Navidad y de cumpleaños de la forma en que
hice durante mi primera colocación. Los Matiline’s lo habían
intentado y yo lo apreciaba. Sabía que ellos necesitan la
habitación para el nuevo chico que estaba por llegar. Quería
decirles que yo estaba perfectamente dispuesta a quedarme
en el sofá, tal como lo había hecho durante los últimos seis
meses. Pero sabía que Johny pronto también terminaría ahí,
tarde o temprano. Él cumpliría dieciocho en un año, y
entonces la familia también tendría que reemplazarlo.
A pesar de todo, yo aún los respetaba, incluso cuando
Tony decía que eran una basura por hacerme eso. Lo que él
no entendía es que su casa era el primer hogar en el que yo
había vivido desde que tenía cinco años en donde podía
dormir toda la noche sin temer que alguien pudiera hacerme
daño.
Él lo sabía ahora. Es por eso que yo pensaba que él me
amaba, porque yo era especial. Yo era suya, su suerte. Cuando
nos conocimos, yo estaba viviendo en el sótano de un edificio
en ruinas en Harlem. Él y un montón de chicos también
estaban buscando un sitio en dónde pasar la noche. Después
me dijo que ellos realmente no eran sus amigos y que la
policía estaba buscándolos por vender drogas. Él era el más
guapo, fuerte y amable de todos. Actuaba de forma
protectora conmigo. Me sostuvo en brazos aquella primera
noche. Me hacía preguntas y escuchaba. Esa noche, le conté
todo cuanto pude. Cuando desperté al día siguiente, todos se
habían marchado. Entonces pensé que se había tratado de un
sueño o de un ángel. Cuando salí del edificio cargando mi
mochila, pues había dejado mi maleta para Johnny, Tony
estaba afuera recargado sobre un coche sosteniendo una
bolsa con comida de McDonald’s.
Me alimentó esa mañana y esa noche, y entonces yo le
dije todo lo demás; le conté de mis padres, de todas las casas
en las que viví y todo lo que me había sucedido. Dormimos en
el coche esa noche. Cuando nos despertamos, me llevó a la Y
– la universidad – y me dijo que volvería en cuanto pudiera.
Me dijo que encontraría un trabajo y un sitio para nosotros.
Para nosotros.
Él y sus amigos aparecieron una semana después en el
edificio de Harlem. Tony tenía una bolsa repleta de comida y
yo comí hasta vomitar. Sus amigos se rieron de mí. Él les dijo
que se marcharan de una puta vez. Tony había encontrado un
motel que rentaba por semana y tenía dinero suficiente para
pagarlo por un mes. Él cuidó de mí. Tan solo me tomó unos
días para ser capaz de volver a comer sin vomitar, y eso se
sentía bien.
Yo iba a la Y mientras él trabajaba, y, de hecho, conseguí
mi primer empleo de paga. Trabajaba doce horas limpiando
las duchas y los baños. Tenía acceso para utilizar las
instalaciones y veía las clases de gimnasia y algunas de baile.
Practicaba cuando el gimnasio estaba abierto, justo como
había hecho durante los programas vespertinos.
Tony estaba feliz cuando le mostré mi primera paga. Gané
dinero suficiente para pagar que ambos tuviéramos
televisión por cable y comida, incluso unos dólares extras
para un nuevo atuendo. Tony estaba tan feliz cuando le
regalé una nueva playera. Esa fue la primera vez que me
besó.
No sabía cómo explicar la forma en que me hacía sentir,
porque aún no estaba segura. Pero sabía que se sentía
realmente bien cuando sus manos se deslizaban por mi
playera y acariciaban mis pechos. Yo confiaba en él. Se
recostó en la cama y dio unas palmaditas al sitio que había a
su lado, pidiéndome que me recostara con él. Encendió la
televisión y me envolvió en sus brazos. Cogió mi mano y la
puso sobre su polla.
«¿Sientes eso que provocas, Tara?». Yo estaba nerviosa.
«Me haces sentir realmente bien». Envolvió mi mano entre
la suya y la deslizó dentro de sus pantalones. «Sé que aún no
sabes cómo hacer esto; déjame enseñarte».
Tony envolvió mi mano alrededor de él. Era una sensación
extraña. Se sentía dura como roca y suave como terciopelo y
la punta estaba húmeda. Se bajó los pantalones con la otra
mano y me pidió que la besara, así que lo hice. Me quitó la
playera por encima de la cabeza y tiró de mí de forma que
estuviera sobre él, entonces cogió mis pechos con la boca,
besándolos y succionándolos. Se sentía bien, realmente bien.
«¿Qué pasa Tara, no te gusta?», me preguntó mientras
me empujaba ligeramente hacia un lado.
«Me gusta», recuerdo sentir mi cara ardiendo de
vergüenza.
«Relájate, voy a hacerte sentir bien». Su boca estaba
alrededor de mis pechos, succionando y dando tironcitos a
mis pezones hasta que me comenzaron a doler.
Tony se sentó, encendió la luz y me miró. Parecía un poco
enfadado, pero aún más confundido. «Tara, ¿qué está mal
contigo?».
No sabía que responderle, sentí las lágrimas llenándome
los ojos.
«No, no llores, joder. Tan solo dime, ¿siempre están así
de planos?».
Estaba hablando de mis pezones, y sí, lo estaban. Yo no
sabía por qué eso estaba mal.
Tony utilizó el dinero de mi transporte para comprar una
película porno y así poder enseñarme. Jamás había visto algo
así. Tony tenía una erección y sus ojos parecían pesados.
«Mira, Tara, mira sus tetas. Eso es a lo que estoy
acostumbrado».
Cogió mi mano y la colocó sobre su polla. «Te verías tan
sexi como ella si pudieras hacer eso. ¿Crees que puedes
intentarlo?».
Lo hice. Usé mi boca justo como ella y él hacía mucho
ruido, justo como el chico del porno. Esa fue la primera vez
que Tony se corrió en mi boca, y sus cumplidos me hicieron
tan feliz. «Lo hiciste muy bien, Tara. Demasiado bien».
Vimos esa película cada noche durante la siguiente
semana. Me hacía decirle las mismas cosas mientras me
instruía. «¡Somos mucho mejores en esto que ellos!», gritó
mientras me llenaba la boca con su semen.
La noche siguiente, quisimos intentar algo. Tony trajo
lubricante a la casa y me hizo embadurnarlo con él. Me hizo
desvestirme y recostarme en la cama. Me abrió de piernas y
me besó. «Demasiado vello, necesita desaparecer. Estás de
acuerdo con eso, ¿verdad? Quieres ser igual de hermosa que
la chica en la película, ¿verdad?».
No discutí, de hecho, se sentía muy bien que finalmente
me tocara entre las piernas. Fue sumamente cuidadoso
mientras me rasuraba. Cuando terminó, frotó su dedo
alrededor de un punto que era tan sensible que me hizo
gemir.
«¿Te gusta eso?».
«Sí, mucho». Cogió mi mano y me llevó de vuelta a la
cama y me dijo que me recostara. Se sentó en mi cabeza y me
pidió que le chupara la polla. Estaba encima de mí mientras
embestía profundamente mi boca, su lengua lamía ese punto
y yo sentía como si tuviera fuego entre las piernas. Mientras
él continuaba embistiendo mi boca, no paraba de lamerme
hasta que se corrió.
A Tony le gustaba mucho esa película y a la semana
siguiente, con mi dinero extra, compró otra.
Una noche, después de llenarme la boca con su semen, le
pregunté si podríamos hacer la parte del coito, y él me dijo
que aún no. Me dijo que yo era demasiado especial. Y me
hacía sentir de esa manera. Cuando besaba mi cuerpo y me
lamía, me sentía mucho más hermosa que la mujer en la
película. Y me decía que lo era. Esa noche utilizó su móvil
para filmarme mientras se la chupaba. Se corrió en mi cara y
después me mostró el video, diciéndome: «Así de bien me
haces sentir, Tara».
Tony estaba trabajando en un club de strippers y me
consiguió un empleo ahí. Yo no quería bailar, pero podía
servir bebidas. Me prometió que cuidaría de mí. Un día, el
propietario me llamó; cuando llegué con él, Tony estaba ahí
también. Aparentemente Tony le había mostrado el video en
su móvil y él quería saber qué tan talentosa era. Me sentí
avergonzada en un principio, pero él me aseguró que se
trataba de una opinión meramente profesional. Entonces
Tony me pidió hacerlo ahí, frente a él. Le dije que no y él se
enfadó. «¿Acaso te avergüenzas de lo que hacemos, Tara?».
«No, es solo que…».
«¿Me amas, Tara?».
Asentí con la cabeza.
«Entonces demuéstramelo. No se lo ocultes más a nadie,
Tara. Muéstrale a Larry cuánto me amas».
Me hicieron tomar un par de chupitos para relajarme.
Aparentemente eso es lo que las mujeres en las películas
hacían, y funcionó.
«Solo somos tú y yo, Tara. Chúpame la polla, tía».
Cuando terminé, Larry me mostró el video que filmó sin
que yo lo supiera. Utilizó su computadora para cambiar
algunas cosas, haciendo que se viera justo como la película
que Tony y yo mirábamos. Me veía justo como ella – o
incluso mejor. Eso es lo que me dijo Tony. Esa fue la primera
noche que me dijo que me amaba y que siempre lo haría.
También fue la noche en que me dijo que quería que
hiciéramos una película de verdad. Para mostrarle al mundo
que me amaba. Él estaba feliz y muy orgulloso de mí. Yo no
estaba segura de hacerlo, pero sí sabía que quería ver a Tony
así de feliz siempre. Ver el amor en sus ojos tal como lo hacía
ahora, por siempre.
Me mudé a un apartamento con algunas de las tías con las
que trabajaba porque él quería ahorrar algo de dinero para
los costos de producción. Él quería que la película fuera
hermosa, justo como nuestro amor. Él se mudó con algunos
amigos y yo me mudé a un piso de dos habitaciones con otras
siete tías. La renta era barata. Tan solo cien dólares a la
semana por cada una de nosotras. Tony me dijo que era un
buen trato ya que Larry era el dueño del edificio. Esa era una
de las ventajas de ser una de sus chicas especiales.
He vivido ahí durante tres meses y, a pesar de que es
seguro, no es mi sitio favorito para estar.
***
«¿Por qué estás tan callada?», Tony estaba agitado.
Lo sabía porque durante los últimos diez minutos había
estado tamborileando con los pulgares en el volante.
«Tan solo estaba pensando».
«¿En ese tío?».
«No, de hecho, estaba…».
«¡No me vengas con putas mentiras, Tara! ¿Eso es lo que
quieres? ¿Qué te folle un musculoso descerebrado?».
«No, Tony. Estaba pensando que…».
«Bueno, pues no pienses, joder», Cogió mi mano y la
apretó con fuerza. «Estás pensando en él, carajo». Intenté
apartar mi mano, pero él la sujetó con aún más fuerza.
«¡¿Acaso lo quieres a él?!».
«¡NO! Tony, me lastimas».
Una vez más, intenté apartar la mano y él me retuvo.
Tony pisó a fondo los frenos y aparcó el coche junto a la
acera.
«¡¿Acaso es el mismo gilipollas de la otra noche?!».
«Sí, pero…».
«¡¿Follaste con él?!».
«Por supuesto que no».
Desde su asiento, Tony se estiró para abrir mi puerta y me
empujó fuera. «¡Jódete, puedes caminar!».
¿Qué acaba de suceder? No tenía idea de qué se le había
metido a Tony en la cabeza. Pero no podía quedarme aquí de
pie sola, pues terminaría asaltada, violada o muerta.
Comencé a caminar, y después a correr. Asustada – estaba
tan asustada. Cuando doblé en la esquina, Tony estaba de pie
recargado en su coche, le palpitaba el pecho y no me miró.
«¿Aún quieres lo nuestro?».
«Tony, por supuesto…».
«Demuéstramelo, Tara. ¡Demuéstrame que eres mía!».
Tenía una mirada salvaje en los ojos. Jamás lo había visto
así. «Lo que sea, Tony. Lo sabes».
Abrió la puerta del coche y me subí. Encendió el coche e
hizo una vuelta en U, conduciendo de vuelta a la costa. Nos
aparcamos frente al sitio en donde me había perforado las
tetas. Tony se bajó del coche y abrió mi puerta.
«Sigue abierto durante una hora más, Tara. Quiero ser
tuyo. Quiero mi nombre en tu cuerpo cuando esas cámaras
estén filmando para que los hombres, como ese gilipollas, no
piensen que pueden tenerte».
«Vale», trague saliva con dificultad.
Me senté dentro de un estudio mirando el suelo mientras
Tony le decía al hombre lo que quería – el símbolo celta de
pureza, un círculo con algo que parecía un signo de adición
en el centro. Me recosté cubierta en una manta mientras el
hombre dibujaba en mi estómago, justo debajo de mi
ombligo. Tony me sonreía, estaba feliz. Yo tenía miedo,
mucho miedo.
Cuando comenzaron a trabajar con las líneas, sentí como
si un gato me estuviera rasguñando muy lentamente. Dolía
tanto que sentía mis ojos ardiendo, así que miré a Tony. Él
sostuvo mi mano mientras miraba. El tatuaje no era tan
grande y no tomó mucho tiempo. Casi al final, estaba
comenzando a acostumbrarme a la sensación. El artista
habló de todo el tiempo que tardaría en hacer las sombras y
pensaba que quizás yo necesitaba un descanso. Tony sacó un
fajo de billetes. Más dinero del que jamás había visto antes.
«Ella estará bien, ¿o no, Tara?».
Yo quería detenerme – enserio quería hacerlo – pero me
quedé ahí, recostada, mientras intentaba concentrarme en la
vibración. Cuando el tatuaje estaba listo, intenté sentarme.
«Espera, algo más». Tony acarició mi hueso pélvico con
el dedo. «Justo ahí debe decir De Tony, 28 de septiembre».
«¿Por qué?», estaba confundida.
«Esa es la fecha, Tara. No puedo esperar más que eso.
Quería decírtelo antes, pero, bueno, ya lo sabes. ¿Estás de
acuerdo, Tara? ¿Estás lista para ser mía, de verdad?».
«Si piel está bastante sensible ahora, hombre,
deberíamos esperar un par de…».
«No. ¡Hazlo ahora!». Tony le arrojó doscientos dólares
más.
«Tony, enserio me duele, ¿podemos esperar tan solo un
par de días, por favor?».
Sus ojos se convirtieron en hielo. Cogió el dinero y se lo
metió en el bolsillo. «Vámonos».
El artista me dio instrucciones de cuidado mientras Tony
caminaba de un lado a otro. Nos marchamos después de
pagar.
Tuve que caminar rápido para mantener su ritmo. Ya
estaba arrancando el coche cuando abrí la puerta
apresuradamente y me subí. Comenzó a conducir sin decir
nada.
Finalmente, fui lo suficientemente valiente como para
decir algo. «Se siente como una quemadura de sol».
Tony no respondió.
«Tony, por favor, no estés enfadado conmigo».
«¡¿Por qué no quieres mi nombre en tu piel, Tara?!».
«Es solo que… yo… me duele, Tony. Me lo haré en un par
de días, ¿vale?».
«¡Y qué pasa si no tengo el puto dinero en un par de días,
Tara!».
«Me parece que tienes suficiente, estaremos…».
«¿Qué se supone que significa eso? ¡Yo trabajo!».
«Tony, sé que trabajas, ambos…». Volvió a frenar a fondo
y, una vez más, se estiró para abrir mi puerta. «Por favor
no… por favor».
«¿Tienes miedo, Tara? ¿Quién te protege? ¿Quién te
cuida? Antes de comenzar a pensar en ese gilipollas, piensa
primero en eso. Él no te querrá por más de una noche, él no
te regalará un año de su vida para convertirte en algo más».
Quería calmar a Tony, pero jamás lo había visto así.
«Estamos bien, Tony. Tú y yo estamos bien. No quiero a
nadie más, solo quiero saber si te encuentras bien».
«¡No empieces! ¿Crees que estoy vendiendo drogas?
Bueno, pues no eran mías, Tara», escupió mientras gritaba.
Yo no supe qué decir; me quedé congelada, e
inmediatamente supe por qué Tony estaba actuando de esa
manera.
Follar
M e desperté con un nudo en el pecho y la boca llena
de algodón. Me dolía tanto la cabeza que no quería
moverme. Por un minuto creí que llegaría tarde al trabajo,
pero entonces recordé que era sábado. Me permití relajarme
un poco más en mi cama hasta que escuché a alguien gemir,
ohh, esta mierda. Abrí los ojos y vi dos cuerpos desnudos
desparramados en mi cama, nada jodidamente mal.
Me quité un brazo del pecho y giré sobre mi costado para
pasar por encima de cualquiera que sea su nombre. Estaba
justo sobre ella; mi barra de acero mañanera se deslizó
encima de sus tetas y ella abrió los ojos, sonriendo.
«¿Necesitas que alguien se encargue de eso?».
Así de bien como podría haberse sentido una mamada
mañanera, me negué. «Neh, debo orinar».
Caminé por el pasillo mientras la señorita Septiembre
estaba saliendo de la habitación de Nickey. «Buenos días».
Caminé a un lado de ella plenamente consciente de que
estaba desnudo, y ella pudo echar un vistazo a todo mi
material erecto. Me detuve y la observé mirado con atención,
boquiabierta, asegurándome de que tuviera suficiente tiempo
para apreciarlo todo, y, siendo honesto, había demasiado que
apreciar. Cuando volvió a cerrar la mandíbula, solté una
risita y pensé en cubrirme. Pero en lugar de ello, cogí mi
polla y deslicé la mano por ella una vez antes de desaparecer
dentro del baño. Apuesto a que ahora se arrepentía de
haberse bajado del barco.
Oriné y se sintió bien. Descargarse por las mañanas
siempre se sentía bien. Cogí un vaso de agua, esperando
deshacerme del algodón en mi boca antes de llamar a un taxi
para las tías. Ellas no se quedarían aquí – fue divertido y
todo, pero no lo suficiente como para tenerlas en casa el día
entero.
Después de ducharme entré a mi habitación y cogí su
ropa. «El taxi estará aquí pronto, señoritas».
Una sonrió. «¿Nos echas así de rápido?».
«Neh, debo ir a trabajar», mentí, pues la verdad las
habría hecho enfadar y yo estaba seguro de que aún no había
utilizado mis tres billetes de viaje con ninguna de estas dos
pibas. La próxima vez sería una a la vez; al menos que
también follaran entre ellas. De otra forma era demasiado
trabajo asegurarme que ambas se corrieran, dos veces.
Cuando caminé con ellas fuera de mi habitación, Nickey
estaba a punto de preparar el desayuno para la señorita
Septiembre, así que le arrojé una mirada esperando que
captara mi indirecta y no las invitara para quedarse a comer.
«El taxi está aquí señoritas, gracias por la noche». Abrí la
puerta antes de que se volvieran para decir adiós y la cerré.
Me sentía hecho mierda y quería volver a la cama. Tenía
tres días libres de Industrias Steel y planeaba pasar esos tres
días divirtiéndome en la tienda.
***
Mi móvil sonó, despertándome de un sueño
verdaderamente caliente con cierto pequeño pajarito. Me
estiré y cogí mi móvil. La identificación de llamada decía que
venía de la tienda. Miré la hora, pues no me esperaban hasta
después de mediodía y apenas eran las diez; la tienda apenas
había abierto.
«¿Qué pasa?», contesté.
«Alguien jodió la fachada de la tienda», era Kat.
«¿Qué quieres decir, Kat?».
«La vandalizaron, con pintura de spray. Ya sabes, ese tipo
de cosas».
«Voy para allá ahora mismo». Este tipo de mierda nunca
había sucedido antes.
Me puse algo de ropa encima y cogí una gorra. Cuando salí
de mi habitación, Nickey y la señorita Septiembre estaban
sentados en el sofá, acurrucados acogedoramente.
«¿Tu papá está en labor hoy?», el papá de Nickey era
policía; un tío muy guay.
«Sí, eso creo. ¿Qué pasa?».
«Kat acaba de llamar. Aparentemente alguien vandalizó
la tienda. Llámalo para que vaya a buscarme», dije mientras
me calzaba los zapatos.
«Iré contigo, hombre». Nickey comenzó a ponerse de
pie.
«Neh, tengo todo bajo control». Estaba fuera de la casa y
montado en mi motocicleta en menos de un par de segundos.
Alguien había jodido con mi tienda, y eso me hacía arder por
dentro.
Esperaba vidrios rotos, quizás algo de pintura, pero eso
no es lo que obtuve. La ventana frontal estaba
completamente garabateada. Símbolos y signos que yo no
reconocía.
Nicholas DeAngelo apareció, aparcó el coche y se bajó. El
papá de Nickey se veía exactamente como él, pero con la piel
más clara. Nickey era mitad negro y mitad DeAngelo.
«Gracias por venir, Nick».
«¿Tienen problemas con los Latinos en el área?».
«No, ninguno».
«Son signos de pandilla», resaltó Nick. «Esta mierda es
de la pandilla sudamericana. Barrio dieciocho».
«¿Pintan mucha mierda como esta, Nick?», estaba
intentando mantenerme tranquilo. Nick era la clase de tipo
que resolvía las cosas siguiendo las reglas del libro, mientras
que yo era más bien el chico que se encargaba de la mierda
inmediatamente.
«No, esta es la primera vez». Seguí a Nick mientras él
tomaba algunas fotografías. Se detuvo frente un símbolo y lo
estudió por un minuto. «Esto es celta».
«Así que tenemos a los latinos y a los irlandeses
enfadados con nosotros, ¿eh?». Necesitaba esclarecer la
situación o iba a explotar, joder.
Pasamos los siguientes treinta minutos caminando
alrededor y tomando fotografías.
«No rompieron ni robaron nada, Cyrus. Levantaré un
reporte e informaré a los policías de la zona, pero eso es todo
lo que podemos hacer».
Nick buscó huellas y echó un vistazo alrededor antes de
que Kat y yo abriéramos la puerta para entrar a la tienda.
Todo estaba intacto por dentro.
Encendí el computador en la parte trasera y descargué las
fotos. Pasé las siguientes tres horas ahí. Quería llamar a Jase
para informarle de lo sucedido. Pero probablemente estaba
follando con su esposa.
«¿Sabes qué hora es?», Zandor respondió a mi llamada.
«Las nueve de un sábado por la noche en Italia, Z. ¿Has
estado durmiendo todo el día?».
«No, espera», Zandor cubrió el teléfono, pero aun así lo
escuché hablar. «Quédate justo en donde estás. Considera esto
una advertencia, ¿entiendes? ¡No te muevas ni un milímetro!».
«¿Qué pasa?».
«¿Acaso interrumpo algo?», no pude evitar reírme, pues
sabía jodidamente bien que ese era el caso.
«Sí».
Zandor estaba siendo jodidamente cortante y yo estaba
jodidamente abrumado. «Echa un vistazo a tu correo
electrónico y dime si reconoces alguno de estos símbolos».
«Te devolveré la llamada en una hora…».
«Vandalizaron la tienda anoche. Llamaría a Jase, pero
probablemente está celebrando su matrimonio y…».
«¡Su qué! ¿Nosotros que? Cyrus, estás jodiendo conmigo.
Te juro por Dios en el cielo que…».
«Me importa un carajo, no empieces. ¿Qué carajos está
mal contigo? Suenas como un…».
«¡Jase se casó, joder!».
«Sí… fue algo de último momento, solo ellos dos en la
playa», mentí un poco, pues no quería que Zandor se
sintiera mal. «Planean hacerlo en grande en Italia, una vez
que Charlotte estire la pata».
Zandor se rio entre dientes. «Esperar a que se muera la
madre de tu ex antes de…».
«Sí, lo sé, abre tu puto correo electrónico».
«¡Está cargando, imbécil!».
«La primera fotografía es un signo de pandilla latina y la
siguiente es algún tipo de símbolo celta…».
Rico se asomó en la oficina. «¿Tienes un minuto?».
«Claro, hombre. Siéntate, terminaré la llamada en un
momento. Zandor – ¿sigues ahí?».
Zandor se rio. «El símbolo celta es uno utilizado en el
mundo del sadomasoquismo».
«Z, saca la cabeza de tu puta cloaca. Es un signo de
pureza».
Rico se asomó por encima de mi hombro para mirar la
pantalla.
«Créeme, Cyrus. Es un símbolo que representa completa
disposición a la sumisión», se rio entre dientes y escuché la
estática en el la línea del teléfono.
«¿Sigues ahí, Z?».
«Sip, tan solo te he mandado pruebas».
Esperé que llegara su mensaje y, joder macho, el mismo
símbolo estaba dibujado en el trasero de una chica amarrada
en una posición que se veía sumamente incómoda.
«Ni siquiera quiero saber qué está pasando ahí,
hombre». ¡Zandor era un puto depravado!
«Bueno, esto es lo que estás interrumpiendo», Zandor
susurró.
«¡De ninguna puta manera!».
«Oye, ¿Cyrus?», Rico se veía como si hubiera visto a un
fantasma.
«¿Qué pasa?».
«Hice un tatuaje anoche. Una pareja vino una hora antes
de cerrar. Ese es el símbolo que ella se tatuó».
«¿Estás seguro de eso?».
«Cien por ciento. Ella estaba jodidamente callada y él
actuó como un gilipollas. Intenté convencerla de que no lo
hiciera, pero ella parecía estar de acuerdo. Se supone que
volverán para que ella se tatúe el nombre del tío y una fecha.
Veintiocho de septiembre, sí, eso era».
«¿Él pagó con tarjeta?».
«No – efectivo».
«¿Tienes su nombre?».
«Tony, eso es lo que se supone que debía tatuar en ella.
Tammy, Tonya…».
«¿Tara?». Juro por Dios que sentí cómo el corazón me
daba un vuelco.
«Sí…».
«Cabello castaño. Una cosa pequeñita. Ojos jodidamente
verdes. ¿Un hoyuelo en la mejilla cuando sonríe?».
«Joder, Cyrus – ¡suenas como una puta perra!», Zandor
se rio.
Siendo honestos, me olvidé de que Zandor estaba ahí –
pero no me importaba un carajo. «Jódete, hablamos des…».
«Cyrus, ni siquiera se te ocurra ir tras…».
«¡Jodió la tienda, Zandor!», me sentía lívido. Mi cuerpo
entero estaba en tensión y ENSERIO necesitaba romper
alguna mierda.
«Tara qué, ¿Cyrus?», Zandor preguntó.
«¡Qué! No tengo puta idea, pero…».
«¿Tony y Tara? Busca en Google esa mierda ahora
mismo, hombre».
Lo hice, y lo que vi no es lo que esperaba de Pajarito.
Videos de principiantes de ella chupándosela a Tony. «No
puede ser ella».
«Cabello castaño. Una cosa pequeñita. Ojos jodidamente
verdes. Un hoyuelo en la mejilla cuando sonríe». Joder,
Zandor estaba haciéndome enfadar.
«Cállate Z, ¡o te patearé el culo!».
«La forma en que le dispara semen en la cara es algo
sexi», continuó diciendo. «Oh, guay, hay algún tipo de
cuenta regresiva para un espectáculo virtual en vivo. ¿Cómo
conoces a esta piba? Aquí dice que es virgen».
«Eso es mierda. Es una stripper con los pezones
perforados, Z». Quité ese video de mierda. No podía mirarlo.
Ese video me hacía enfadar más que el hecho de que la tienda
estuviera vandalizada.
Mi llamada con Zandor ahora estaba en altavoz. Le
preguntó a Rico cuáles habían sido los daños y Rico le dijo
que ya habían limpiado todo. «Fue bastante fácil».
«Cyrus, ¿has intentado conquistar a esta tía?».
«Z – ella apareció en mi casa cuando Jase y Carly
aparecieron en la fiesta que hice hace unas cuantas noches,
después se marcharon a las Hermanas de Sororidad. Ella
estaba con ellos. Aparentemente, a Carly le agrada».
«Espera ahí. ¿Acabas de decir que Jase y Carly fueron a un
club de strippers… juntos?». La voz de Zandor era una octava
más alta, lo cual me hizo reír.
«Sí – fue su idea». Esperé su respuesta.
«Joder, eso sí que mola». Sonaba verdaderamente
perplejo. «Creo que amo a Carly. Quiero decir, enserio la
amo. Apuesto a que es…».
«Hombre, estás hablando de tu cuñada, tu nueva
hermana. Mi hermana – así que cállate».
«Volveré la próxima semana. Me estoy perdiendo de
demasiadas cosas. Jase está casado con una pervertida
ratoncita de biblioteca. A ti te rechazan las strippers. Alguien
de nosotros debe arreglar toda la mierda que está pasando
por allá. Esperen un poco. No hagan nada estúpido hasta que
yo esté ahí con ustedes. ¿Lo prometes, hermanito?».
«Vale, sí». Pajarito era alguien en quien necesitaba dejar
de pensar. Ciertamente ella no era lo que yo esperaba. ¡Joder!
La tienda se veía bien. Completamente limpia y estábamos
ocupados. Muchas citas de último momento. Yo estaba feliz
porque una rubia de piernas largas que conocí en mi fiesta
apareció para hacerse su primer tatuaje. Me sentí mucho más
feliz cuando me solicitó hacerle una pequeña y dulce nota
musical justo encima del pezón. Y me sentí aún más feliz
cuando, al trabajar con las líneas, ella jugueteaba con su otro
pezón.
«¿Cómo se siente eso?», le pregunté mientras ella
pellizcaba su pezón izquierdo.
«¿Quieres probar?».
Ostias, sí que quería hacerlo. «No mientras trabajo. No
me gustaría que la primera vez que folle contigo sea aquí».
Ella gimió un poco.
Comencé con el tatuaje y ella se mordió el labio. También
tenía unos labios bastante lindos. «Escucha, este es el
trato…».
«Sé cuál es tu trato. Tres noches es el límite, tres viajes,
duro y salvaje. Estoy dentro, mientras que tú también lo
estés».
«Nunca nos diremos cositas lindas. Lo único malo es que
no podré prestarle atención a este», continué trabajando
mientras ella continuaba yaciendo ahí. Juro que podía oler su
excitación y su humedad. ¡JODER!
Cuando terminé, me excusé mientras ella se volvía a
poner la playera. Ma Joe estaba en la parte trasera de la
tienda, enfadada por el vandalismo. Le dije que Nicholas
incrementaría el número de policías alrededor de la zona y
que no era mucho problema. Realmente ya no quería hablar
más del asunto. Me hacía pensar en ella. Esa mierda ya no
sucedería, no después de que ella se la chupara todo el
tiempo a ese gilipollas. Tony, él no iba a salirse con la suya.
No jodas con lo que es mío – nunca. Pero esperaría un poco,
porque si lo encontraba ahora, juro que lo mataría. De verdad
lo haría pedazos, joder.
***
Me estaba muriendo de hambre. No había comido en todo
el día. Nos dimos una vuelta por el bar para tomar una bebida
y algo de comer. Yo no tenía citas y esta mierda era bastante
cercana a eso, pero estaba bien. Aparentemente, Savannah
creía que podía beber más que yo. Por un rato, nos la
pasamos bebiendo chupito tras chupito. Aproximadamente
media hora después, ella estaba lamiendo sal de mi cuello en
la esquina del fondo, y yo estaba lamiendo sal de su pequeño
y erecto pezón. Después de demasiados chupitos, mi dedo
estaba profundamente hundido en ella en la esquina del bar.
Ella apretó las piernas alrededor de mi mano y gimoteó. Debo
decir que me encantan los asientos de cabina, los manteles
largos y las faldas cortas. Le abrí las piernas y hundí otro
dedo dentro de su caliente y húmedo coño, y ella perdió el
control. Savannah estaba sujetando mi mano contra ella
mientras mecía sus angostas caderas hacia adelante y hacia
atrás, follando mi mano y mis dedos como un puto conejito.
Ebrio de whiskey, me la puse encima y la inserté en mí.
«Espera, solo…».
«Voy a follarte justo aquí. Sujétate… porque va a ser un
viaje salvaje».
La follé duro hasta llegar al infierno y ella gimió en mi
cuello mientras yo continuaba meciéndola de arriba abajo
hasta que estuve listo para correrme.
«Joder», gimoteó contra mí.
Tenía razón; joder. Le sonreí y me senté recargando la
espalda contra el asiento. «Vamos, bájate. No quiero que nos
pillen ahora que hemos terminado».
Ella gimió cuando se me quitó de encima. Me quité el
condón y lo envolví en una servilleta y lo dejé sobre un plato
vacío. Ella se rio.
Salimos del bar.
Estaba llamando a un taxi cuando mi móvil comenzó a
sonar. «Oh, joder. Savannah, gracias por la noche. Tengo
mierda que hacer».
El taxi se detuvo frente a nosotros y ella se subió. Me
incliné y le di al taxista un billete de veinte dólares.
«Llévala a casa a salvo».
Le di un beso rápido a Savannah y después cerré la puerta
del taxi.
«¿Qué pasa, Jase?».
Estaba caminando a la tienda mientras Jase despotricaba
en mi contra por no decirle lo que ocurrió en la tienda y por
contarle a Zandor que se casó.
«Guárdate todo eso, hermano. Estás gastándote tu
mierda conmigo ahora mismo. Estoy ebrio y de verdad que
no me importa un comino…».
Un golpe en la nuca me tiró al suelo. Eran tres de ellos y
apenas alcancé a levantarme, tambaleante, cuando uno ya se
abalanzaba sobre mí. No estaba en posición de estar
haciendo esta mierda ahora mismo, pero logré coger a uno.
Lo derribé de un golpe y los otros dos fueron por mí. Gracias
a Dios, logré quitármelos de encima y entonces escuché
sirenas. Me levanté y me recargué en la pared de ladrillos,
tratando de erguir la espalda.
«¿Estás bien, Cyrus?».
Era Nicholas DeAngelo.
«Sí, hombre. Estoy bien». Pero no lo estaba. Estaba
jodido. Me dolía el corazón y quería mi revancha. Ahora
mismo.
Nicholas me llevó a casa y caí dormido casi
inmediatamente.
***
Era bastante tarde cuando finalmente me desperté con
una terrible jaqueca. Jase estaba caminando arriba y abajo a
los pies de mi cama, y cada paso que daba era como una
punzada en mi cabeza.
«Por un demonio, ¿podrías callarte, Jase?».
«¡¿Y tú quieres decirme qué carajos está pasando?!».
«¿Quieres dejar de gritar, carajo, hermanito?». Me
coloqué la almohada sobre la cabeza, esperando que su culo
desapareciera de mi habitación.
Jase dejó de caminar y yo me senté lentamente. «Jase,
solo voy a decir esto una vez porque esta mierda tan solo ha
pasado una vez. No volverá a pasar ni una puta vez más».
Jase estaba de pie con las manos en las caderas, justo como
Ma Joe. Quería reírme, pero no lo hice. «Creo que hay mierda
jodidamente mala sucediendo ahora mismo». Hice una
pausa para agregar un poco de dramatismo y volví a mirar a
Jase. «Estoy bastante seguro de que tengo a una pandilla de
putos duendes latinos tras de mí, hombre».
Jase se puso colorado. «¡Esta mierda no es graciosa! ¡La
tienda fue vandalizada y te dieron una golpiza, Cyrus!
¿Quieres decirme qué carajos está pasando?».
«Pajarito».
«¿Quién carajos es Pajarito?».
«La amiga stripper de Carly. Así que no te hagas el
remolón conmigo».
«¿Tara?».
«Sí. Le perforaste las tetas. Carly fue a un club de
strippers. Yo empujé a un puto gilipollas abusivo. Rico le hizo
un tatuaje. La tienda y mi cabeza se llevaron toda la mierda.
Así que no vengas aquí jodidamente…».
«¿Follaste con ella?».
«No, ¡no follé con ella! Ostias, Jase».
«Permíteme reformular eso, ¿la has vuelto a ver?».
«Una vez, fue muy breve». Jase me miró; yo
simplemente me abrí y le conté toda la puta historia. La
verdad es que me comporté como un perfecto caballero.
«Vístete, vamos a descubrir cuál es su problema».
«No, hombre, no vamos a hacer eso. Zandor y yo iremos
cuando él vuelva». Jase se miró en silencio. «No juegues al
chico malo conmigo, eres el papá de pequeña Bella». Apartó
la mirada. «Además, eres un puto coño húmedo, y necesito a
alguien que realmente tenga su propio par de bolas de pie
junto a las mías».
«Trágate toda esa mierda – yo también iré».
«Entonces iremos juntos. Los tres, Jase. ¿De acuerdo?».
«Sí. Simplemente no llames la atención hasta entonces,
¿vale? Me sacaste un puto susto anoche».
«¿Ves a lo que me refiero? Te estás ablandando, Jase».
Todo está mejor ahora
D espués de dos días, estaba hambrienta, cansada y sin
dinero. La batería de mi móvil estaba vacía y ya no
tenía opciones; caminé diez millas de vuelta hasta mi
apartamento. Estaba oscuro, sabía que todas mis compañeras
de piso seguirían en el trabajo, o en alguna fiesta, celebrando
el día del trabajo.
La primera cosa que hice fue tomar una ducha, y me dolió.
Me lavé en todos lados, excepto en el área sensible en donde
Tony me había arrancado el piercing, haciendo realidad una
de las cosas que más temía en la vida. Nunca me habían
golpeado antes. No quería que alguien lo volviera a hacer. Y
tampoco quería volver a poner mi fe en otro ser humano,
jamás. Es demasiado decepcionante darte cuenta de que
siempre estuviste equivocada.
Mientras sacaba un ungüento antibiótico del gabinete de
medicinas, me pregunté si era demasiado tarde para evitar
una infección. Me envolví en una toalla y me lavé los dientes
mientras miraba mi ojo en el que aún había un enorme
morete.
Después de vestirme, busqué algo de comer en el
frigorífico. Sabía que no debía atiborrarme de comida
después de solo ingerir dos pequeñas comidas desde anoche.
Bebí un vaso de leche y preparé algo de pan. Sabía tan bien.
Fui a mi habitación y miré mi cama. Alguien había
dormido en ella, pero no me importaba. Aún tenía un
edredón, dos mantas, tres almohadas, cuatro libros bajo mi
cama, cinco pares de ropa interior, seis sujetadores, siete
vestidos, ocho pares de pantalones cortos, nueve playeras y
diez pares de calcetines. Más de lo que jamás había tenido en
toda mi vida.
Me puse mi pijama, volteé las almohadas y me recosté,
prometiéndome a mí misma que no me escondería. Estaría a
salvo aquí. Estaré a salvo.
Me desperté cuando escuché a alguien llorar. Me di la
vuelta lentamente en la cama y vi a Tony hincado junto a mí.
Se veía como el infierno.
Sus ojos estaban enrojecidos e hinchados cuando me miró
y susurró: «Por favor perdóname, Tara».
No dije nada; en parte porque estaba asustada y en parte
porque mirarlo de esa manera me daba tristeza.
«Arreglemos esto. Permíteme demostrarte cuánto te
amo. Yo…».
Cassidy se tambaleó a través de la puerta y lo vio. «¿Acaso
es una puta broma?».
«Sal de aquí», le gritó Tony.
Ahora yo estaba asustada, muy asustada.
«¿Le vas a decir que has estado follando en su cama
durante dos días, Tony? O te vas a quedar ahí sentado como
un pequeño…».
«¡SAL DE AQUÍ!», se puso de pie y caminó hacia ella. Yo
no podía ver el rostro de Tony, pero vi la expresión de
Cassidy y puedo jurar que se estremeció. «A menos que
quieras tener que buscarte otro empleo y un nuevo sitio en
donde vivir, ¡saca tu culo de esta habitación ahora mismo,
Cassidy!».
«Pero, creí que…».
Tony me miró. «Tara, follé con Cassidy en tu cama. Vale,
Cassidy – ahora lo sabe. Estaba ebrio y la extrañaba. Vine a
su cama, necesitando estar cerca de ella. Pretendí que tú eras
ella, no es como que le haya sido infiel. Te follé pretendiendo
que eras la tía que yo amo. Ahora tengo la esperanza de que
ella me perdone y, también, espero que pueda superarlo,
porque ella y yo somos un equipo. Si ella quiere que te vayas
al carajo del apartamento, sabes jodidamente bien que yo
puedo hacerlo. Estás caminando en fuego, perra. ¡Tara es la
dueña del espectáculo ahora y tú te puedes ir a la mierda!».
Cundo Cassidy salió de la habitación, Tony se acercó a mí
y volvió a arrodillarse junto a mi cama. Me prometió una y
otra vez que sería un mejor hombre, por mí.
«Estoy muy cansada».
«¿En dónde estabas, Tara? Te busqué por todas partes.
Incluso volví a Harlem. Me quedé en el edificio, el mismo del
que te rescaté. ¿Lo recuerdas? Bueno, me quedé ahí el día
entero».
«Dormí en la playa».
«¿Sola?».
«Por supuesto».
«Gracias a Dios. Sabía que volverías. Lo nuestro es único
en el mundo…».
Cuando intentó tocarme, me aparté.
«No volveré a hacerte daño nunca más. Te daré un par de
días para perdonarme. Yo ya te perdoné, Tara. Tan solo me
tomó dos días».
Se recostó en mi cama junto a mí y sostuvo mi mano con
dulzura. «Duerme, Tara. No permitiré que nadie te haga
daño. Te mantendré a salvo, justo como lo he hecho
siempre».
Yo seguía despierta cuando él salió de la habitación.
Escuché el agua de la ducha correr. Lo cual era algo bueno.
Estaba bastante segura de que él tampoco se había duchado
en los últimos dos días.
Su móvil estaba junto a mi cama. Bueno, el colchón en el
suelo sobre el que yo dormía. Vibró y vi que tenía un mensaje
de Larry.
L : Acabo de hablar con un cliente que preguntó por ti. Será
mejor que no arruines esto o te irás directo a la mierda.
Trae a Tara esta noche, habrá mucho trabajo y tú tienes una tarea
que cumplir
D ejé su móvil justo en donde estaba cuando el agua de
la ducha paró de correr. Me recosté sobre mi costado
y pretendí dormir.
Tony siseó cuando leyó el mensaje y caminó un poco de
arriba abajo antes de recostarse a mi lado y envolverme con
su brazo.
«Tara, ¿estás despierta?».
«Sí».
«¿Quieres trabajar esta noche? Larry nos necesita ahí.
Necesito ir – le debo algo de dinero. Le pedí prestado
después de nuestro corte de vídeo. Nos conseguí un piso, un
piso súper guay. Podemos mudarnos ahí en un par de
semanas. Tara, tiene una cocina enorme y un baño enorme.
Dos baños, dos con bañeras. La bañera de la habitación
principal es suficientemente grande como para los dos». No
respondí; no sabía qué decir. Nunca había tenido un
apartamento propio. Nunca había tenido una bañera en la
que pudiera sumergirme. «Tara, ¿me escuchaste?».
Sacudí la cabeza y comencé a llorar. Tony se inclinó sobre
mí y me limpió las lágrimas. «Somos un equipo, Tara.
Seremos geniales juntos. Nunca pasarás hambre. No tendrás
que bailar, a menos que quieras hacerlo».
«¿Estás vendiendo drogas?». No pensaba decir eso en
voz alta, pero si iba a perdonar a Tony, necesitaba saberlo.
«A veces las transporto, pero nunca las vendo». Me miró.
«No quiero hacerlo, Tara. Pero necesitamos el dinero para
que yo pueda dejar de hacer esas cosas. Por favor, dime que
puedes tolerarlo un par de semanas más, y después
terminaremos con todo esto».
***
Entré al club; Cassidy se alejó de mí rápidamente.
«Si ella te mira mal, dímelo. Vamos por un trago para que
te relajes un poco. No puedo esperar a verte esta noche,
Tara».
Tony me consiguió un trago y me llevó de vuelta a la
oficina de Larry.
«Me alegra que estés de vuelta», Larry sonrió. «Quiero
que mires el vídeo que tenemos. Tan solo para que lo sepas,
Tara, eres una puta estrella».
Miré el video de mí chupándosela a Tony. Se veía mejor
que el primero que grabamos. Tony me miraba y estaba feliz.
«Míranos». Tony me besó. «Tú y yo».
Aún me sentía algo tímida y sucia respecto al vídeo. Pero
ambos me aseguraron que nadie lo sabría jamás. Yo no tenía
una familia y no decepcionaba a nadie.
«Te amo. Ahora, salgamos de aquí». Tony se puso de pie.
«Una cosa más, Tara». Larry caminó a la pequeña
habitación detrás de su oficina y volvió con una bolsa con un
atuendo. «Esto es para ti. Ninguna otra chica aquí tiene este
tipo de trato. Tú no eres una chica más, eres una estrella».
Tony y yo caminamos a la parte trasera y él abrió la bolsa.
Me miró mientras yo observaba el atuendo.
«Te verás genial, Tara».
Me saqué la playera por la cabeza y me quité el sujetador.
Tony se estremeció cuando vio lo que me hizo.
«¿Te duele?». Asentí con la cabeza. «No volveré a
hacerlo. No volveré a lastimarte jamás».
Había dolor en sus ojos, así que le creí. Cogió unas
banditas del cajón. «Debemos cubrirlo. Y mañana
conseguiremos medicina».
Cuando estuve vestida, Tony me dio una vuelta mientras
yo me miraba en el espejo de tamaño completo. «Te ves tan
hermosa, Tara».
Por primera vez en mi vida, yo estaba de acuerdo.
Rudo
M e duché y estuve sin hacer nada durante todo el día,
tratando de curarme la resaca y una jodida jaqueca.
Ma me visitó y me dio suficiente comida como para
alimentarme por una semana y Motrin porque, por supuesto,
Jase le contó lo que había sucedido. Ma Joe estuvo aquí
durante horas. Sabía que Ma necesitaba ver que yo estaba
bien. También sabía que no me haría la limpieza o lavaría mi
ropa (estoy hablando de lavar las toallas y toda esa mierda),
porque mi apartamento no estaba sucio. Ma simplemente
estaba aquí asegurándose de que yo tuviera los pies en la
tierra.
Nickey y la señorita Septiembre volvieron y Ma se
marchó. Miré un poco de televisión a todo volumen para
amortiguar los sonidos que provenían de su habitación e
intenté no pensar en patearle el culo a ese puto gilipollas
punk y sus dos adláteres.
Cuando la señorita Septiembre se marchó, Nickey se
recostó en el sofá esbozando una puta amplia sonrisa. No
pude evitar reírme del bastardo engreído. Él sabía que mi
cuota del día no había sido satisfecha del todo.
«Nickey, salgamos de aquí».
«Son las once y estás castigado, hermano».
«¿Castigado?».
«Se supone que no debes salir. Ya sabes, una prohibición
de familia…».
«Con que prohibición de familia, ¿eh?».
«Ma Joe me llamó. Te embriagaste y te patearon el culo.
Lo cual, por cierto, encuentro bastante histérico».
«Necesito follar. Vamos».
Me coloqué un gorro casi encima de los ojos y una
sudadera.
«¿Qué carajos tienes puesto?», Nickey se rio cuando me
subí a su coche.
«Ma Joe no me reconocerá».
«¿A dónde vamos?».
«Al club de strippers. Son una noche de diversión
asegurada, ¿o no?».
«Cyrus, tan solo míranos. Somos una noche de diversión
asegurada».
***
Más temprano en el día, ya había visitado el club
preguntando por esa perra, Tony. Sí – justo después de que
Jase se marchara. Afortunadamente, volví a casa antes de que
Ma Joe viniera a verme. No iba a quedarme sentado sin hacer
nada, esperando a todos mis hermanos. Sabía la importancia
de un equipo. Fui un puto MARINO durante cuatro años. Pero
ver gente morir también me había enseñado la importancia
de mantener a las personas a salvo. Especialmente a las
personas que amo. Esa era mi cruz. No iba a hacer nada esta
noche. Simplemente quería ver si el puto gilipollas se
aparecería. Aparentemente él y Pajarito estaban libres
durante el fin de semana.
La sangre me burbujeaba en cuanto entramos a las
Hermanas de Sororidad. Nos sentamos muy en el fondo
dentro del club. En el sitio directamente opuesto al bar.
Decidí contarle a Nickey lo que tenía planeado. Esperé que se
enfadara un poco conmigo, pero le aseguré que no
comenzaría ninguna mierda, sino que tan solo quería
recopilar tanta información interna como me fuera posible.
Él insistió en que hablara con su padre y yo prometí que lo
haría tan pronto como obtuviera algunas respuestas.
Yo no estaba bebiendo, tan solo en caso de que algún
gilipollas intentara golpearme de nuevo. No volvería a actuar
como una perra indefensa a la que cualquiera puede joder. Vi
a Tony salir del baño cuando la música cambió. Entonces la
vi a ella vestida con lentejuelas color esmeralda. Pequeños
triángulos de lentejuela le cubrían los pezones. Incluso desde
aquí podía ver lo jodidamente redondas que eran sus tetas.
De verdad quería follar con esa tía. Una corta y transparente
falda con una división en el centro revelaba otro parche de
lentejuelas esmeralda cubriéndole los rincones más
indispensables. La forma en que bailaba me embelesó
jodidamente rápido. Sin restregarse o golpetear contra el
tubo. Ella se movía con ondulaciones y flotaba. En las dos
ocasiones que me había topado con ella actuaba con timidez,
pero ese no era el caso cuando bailaba. Era como si sus alas
finalmente fueran libres. La forma en que se montaba en el
tubo me provocó una erección. Me encantaría que me
montara de esa manera. Sí, me fascinaría, joder.
Nickey y yo estábamos sentados demasiado al fondo como
para ver sus ojos. Pero ella no estaba sonriendo; el hoyuelo
en su mejilla era inexistente. Su tatuaje atrajo mi atención
inmediatamente. También me trajo de vuelta al aquí y ahora.
«Cuando termine, quiero un baile privado. Nickey,
¿podrías ver al padrote de ahí para arreglarlo?», le arrojé
unos cuantos billetes. «También consíguete uno para ti».
Nickey volvió a la mesa. «Espero que valga la pena, C. Me
conseguí a la rubia sexi de ahí por treinta minutos por la
mitad de lo que tú pagaste por ella».
Esperamos a que el padrote asintiera en nuestra dirección
y nos mostró los cuartos detrás del bar. Me aseguré de que
gilipollas pedazo de mierda no me viera.
Cuando ella entró en el cuarto oscuro, habló
inmediatamente. «Estoy nerviosa. Nunca he hecho esto
antes».
«No lo estés», mi voz era más grave de lo normal, pues
no quería que ella descubriera quién era. Por ahora, tan solo
quería mirarla.
«¿Prefieres que solo baile o que baile en tu regazo?».
«Ambas».
«¿Las luces encendidas o…?».
«Así está bien».
La iluminación era suficientemente tenue como para
mirarla a la perfección desde donde estaba sentado,
especialmente si ella se acercaba lo suficiente. Ahora sí podía
ver esos ojos.
Ella estaba flotando cada vez más cerca de mí y mi
corazón latía como un puto tambor gigante. Estaba duro
como roca cuando ella se dio la vuelta y miró por encima de
su hombro. «¿Así está bien?».
«Pajarito, así está perfecto».
Tuve que cogerla por la cintura para evitar que saliera
corriendo del cuarto.
«¿Estás demente?», me susurró.
«Noup. Esto es casi tan jodidamente bueno como me
imagino que sería follarte». Ella jadeó. «Eres una stripper,
Pajarito. Cualquier hombre allá fuera que tenga un par de
ojos funcionales quiere follarte después de verte bailar.
Quizás incluso desde antes».
«¿Tienes idea de lo que él hará si…?».
«Pajarito, ¿qué carajos te pasó en el ojo? ¡Date la vuelta y
mírame!».
«Si guardas silencio, lo haré», me dijo con voz cortante
y, aún sentada en mi regazo, levantó una pierna por encima
de mi cabeza, de forma que ahora estada en mis piernas
mirándome de frente. Juro por Dios que me habría corrido en
los pantalones si no hubiera estado preocupado por el
moretón en su ojo y mandíbula.
Ella estaba tan solo a unas pulgadas de mi cara y
meciéndose en mi regazo cuando vi las marcas. Tuve que
cerrar los ojos e intentar calmarme antes de hablar o iba a
perder la compostura.
«¿Te golpeó?». Tragué saliva con fuerza.
«No».
«Pajarito, no nos mentimos el uno al otro, ¿entiendes? Si
vamos a ser amigos no podemos mentirnos».
Ella me miró con curiosidad. «No somos amigos».
Ella tenía razón, pero lo seríamos, joder. «Carly es mi
cuñada. Mi hermana. Ella te considera una amiga; así que,
por default, somos amigos».
Ella aceptó mi argumento y asintió. «Tuvimos una
discusión sobre ti».
«¿Sobre mí?».
«Si».
«Vas a venir conmigo, ¿lo entiendes?».
«No, no lo haré».
«Entonces no me marcharé. No te dejaré para que te
golpeé un jodido traficante de drogas gilipollas, Pajarito. Los
amigos no hacen eso».
«Él está mejor ahora. Me prometió que no volvería a
hacerlo».
«¿Te gusta que te traten así? ¡Te gusta esa mierda!»,
sabía que el tono de mi voz se estaba elevando, pero no podía
evitarlo.
«Por favor», me cubrió la boca con su mano y joder,
quería lamerla tan solo para saborear su piel.
«Sabes, esa cosa en tu estómago no solo es un signo de
pureza. Es un símbolo de propiedad. Diciendo que te entregas
a él, Pajarito. ¿Estás diciendo que todo eso está bien
contigo?».
«¿No es eso lo que hacen las personas cuando se aman?».
La forma en que lo dijo fue tan jodidamente infantil.
«Supongo, pero…».
«¿No es eso lo que hicieron Jase y Carly?».
«Nadie debería poseer a otra persona, Pajarito».
«Las personas se casan todos los días».
«Él te golpeó…».
«¿Todo bien ahí dentro?». Era él.
«Sí». Ella se puso de pie y caminó hacia él. «Todo está
bien».
«Si necesitas algo…».
«¿Interrumpen con frecuencia los bailes de regazo?». Yo
estaba enfadado.
«Tan solo verificando. No volverá a suceder».
Así es, pequeño gilipollas. «Será mejor que no».
Me puse de pie y caminé hacia ella. «Será mejor que
bailes, Pajarito». Hice un gesto hacia la cámara y ella la vio.
Me empujó contra la silla y comenzó a mover las caderas.
«No puedes volver aquí».
«¿Lo dejarás?».
«No, él me ama», frunció el ceño y apartó la mirada de
mí.
«Eso no es amor, Pajarito». No la clase de amor que yo
había visto hasta ahora.
Ahora estaba en mi regazo y cuando arqueó la espalda vi
que había algo cubriendo su pezón. «¿Por qué está
cubierto?». Cogí la oportunidad para acariciar la bandita con
mi dedo y sus ojos se abrieron como platos. Y no de la forma
en que deberían. «¿Aún te duelen?». Ella negó con la cabeza.
«Eso es mierda, Pajarito. Estas cosas pueden infectarse.
Déjame ver».
Ella volvió a negar con la cabeza enérgicamente. La
acerqué a mí nuevamente y, joder, qué bien se sentía tenerla
meciéndose encima de mí.
«Pagué por media hora contigo. No espero mierda de ti,
pero sí espero que me digas si algo que mi tienda hizo te está
lastimando. Si está infectado, Pajarito, necesitamos que
alguien lo revise».
Ella aún se mostraba reticente, pero me permitió mirar.
No estaba infectado. Estaba desgarrado. «¿Te atoraste en
algo?».
Ella asintió y apartó la mirada.
«Ostias, ¿ese gilipollas te hizo esto cuando al
golpearte?».
Iba a matarlo. No me importaba un carajo todo lo que
podía perder.
Intenté poderme de pie y ella me empujó contra la silla,
colocando sus brazos alrededor de mis hombros. «Él no
quería hacerlo. Lo lamenta. Pero si tú…».
«Esto no es amor, esto es enfermizo… ¿qué diría tu
familia? Ellos no permitirían que esta mierda te sucediera,
¡¿o sí?!».
Ella se encogió de hombros y me miró. «Lo amo y esto no
es asunto tuyo. Quiero que cuando esto termine, salgas de
aquí y me dejes en paz».
«Te gusta esa mierda, ¿chupársela y que te follen en el
internet? Que te golpeé un traficante de drogas gilipollas. ¿Te
gusta esa mierda? Porque a mí me pareces más inteligente
que eso – y mejor que eso». Ella estaba enfada y a mí no me
importaba un carajo. «A mí no me pareces una prostituta».
Eso dolía y yo lo sabía. Carly se enfadaría conmigo si
descubría lo que acababa de decirle a esta tía. Pero el daño
estaba hecho, sin importar qué – no podía retirar mis
palabras, así que las acepté. Me aseguré de mirarla
profundamente a los ojos, sin pestañear.
«Hay cámaras mirándote, Pajarito. Eres un animal
enjaulado aquí. Poseída por un hombre que le hace daño a tu
cuerpo. Un hombre que te comparte con el mundo, ¿y te hace
creer que te ama? Te prometo que no lo hace. No cuando
puede hacerte esta mierda así de fácil».
«No es asunto tuyo. Quiero que te vayas».
«No estoy listo para hacerlo». Y no lo estaba. «Pagué por
un baile, y pagué bastante bien. Dos veces más de lo que pagó
mi amigo por la rubia. ¿Cuánto ganas tú de esos trescientos
dólares?». Ella apartó la mirada otra vez. «Eso es lo que
pensé. Él vende vídeos en línea de ti chupándosela por dos
dólares la vista y hay preventas por veinte dólares del día en
que te va a follar en vivo. ¿Cuánto ganas tú por todo eso?».
Ella me miró, sus labios se movieron ligeramente, pero no
dijo nada. No había expresión alguna en su rostro. «Quizás
la próxima vez que te venda en línea, estará dándote una
paliza…».
«¡Él no haría eso!», me gritó y yo la vi llorar.
No iba a detenerme ahí, no podía. «¿Te gusta que te
golpeen?».
«¡NO!».
«¡Pero se supone que debo dejarte aquí sabiendo que un
puto traficante de drogas gilipollas te va a golpear,
Pajarito!».
«¡No es asunto tuyo!», gritó y la puerta se abrió de golpe.
Me puse de pie y le sonreí al pequeño bastardo y sus
amigos. «Largo de aquí».
«Tony, yo no…».
«¡No quiero escuchar nada eso, Tara!», el desprecio por
Tara en su voz habría asustado a cualquier hombre
promedio; pero yo no era un hombre promedio.
«Cagón de mierda, golpeador de mujeres, traficante de
drogas, padrote wannabe. ¿Ahora trajiste a tus perras para
que me saquen?».
«Sal de este club de una puta vez. Ahora».
«No hasta que ella venga conmigo». Me quedé de pie,
erguido y orgulloso. No iba a marcharme hasta que ella
estuviera conmigo.
Dos tipos vinieron hacia mí y me cogieron por los brazos y
yo los dejé hacerlo. «Vámonos, Pajarito».
«¡No!».
«¡Va a golpearte de nuevo!», grité por encima del
hombro, luego hice una pausa y continué. «¡No mereces que
te golpeen!».
«¡Él no quería hacerlo!».
El puto bastardo sonrió mientras atraía a Tara hacia su
pecho. «Eso es, Tara. Somos un equipo».
«¡Eres una puta mierda!».
Tony soltó a Tara mientras los dos tipos me sostenían por
los brazos. Tony me golpeó la cara con el dorso de la mano.
Yo le escupí y me reí. Me quedé ahí, completamente inmóvil
y sin defenderme; simplemente permití que Tony me
golpeara.
«¿Esto te parece bien, Tara? ¡¿Esto está bien?!».
Ella se veía horrorizada, por lo que cerró los ojos y
comenzó a murmurar por lo bajo. Yo no sentía nada, estaba
adormecido. Quería que ella lo viera.
«¡Mírame, joder!».
Sus ojos se abrieron mientras yo continuaba aceptando
los golpes de Tony y Tara comenzó a temblar.
«¡Duele mirar! ¡¿No es así, Pajarito?! Se supone que…»,
joder, ese dolió. Quería quitarme a estas mierdas de encima,
pero sabía que esto ayudaba a que Tara lo entendiera.
«¡Para! ¡Por favor, para!», lloró.
No pararon. «Se supone que te dejé aquí, sabiendo que
esto va a pasar…», otro golpe agudo a la mandíbula y caí
sobre mis rodillas. Tara volvió a gritarles que se detuvieran y
se cubrió la cara. «Ven conmigo».
Una patada en el estómago fue lo último que sentí antes
de escucharla gritar: «Vale».
Me forcé a ponerme de pie y derribé a ambos tipos. Cogí a
Tony por la garganta y lo sostuve contra la pared. «Si
vuelves a tocarla, te mataré».
Lo solté y él cayó al suelo, dando grandes bocanadas para
respirar.
Cogí la mano de Tara y salí del cuarto hacia el club. Nickey
estaba ahí de pie, negando con la cabeza. «Llama a tu
papá».
«Ya lo hice», dijo mientras salíamos por la puerta del
club.
***
Aparcamos el coche. Abrí la puerta, sosteniendo la mano
de Tara mientras lo hacía. Estaba temblando como una
pequeña hoja, pero me siguió al interior.
La llevé directamente al baño y la hice sentarse en la
encimera. «Quítatelo». Ella negó con la cabeza y yo supe
que tenía miedo. «Quiero limpiarlo, Pajarito».
Ella se quedó sentada mientras yo la limpiaba y, joder, su
otro pezón se endureció. Sonreí cuando lo vi y ella se dio
cuenta, así que bajó la mirada y se puso adorablemente roja
de vergüenza.
«Vamos a mantener un poco de temperatura en él hoy
para drenar la infección. Sanarás bien». Jodidamente bien.
Apreté la mandíbula, pues realmente quería succionar y
saborear ese pequeño guijarro.
Ella cogió la toalla y comenzó a limpiar la sangre en el
costado de mi boca. Yo la miré directamente a los ojos
mientras ella continuaba haciéndolo. «Siento mucho que te
golpeara».
«Yo siento mucho que te golpeara a ti».
Ella bajó la toalla y me acarició el labio inferior con el
pulgar. «¿Te duele?».
«En este momento, no. ¿Quieres dejar que este se
cierre?», apunté a su pezón.
«¿Debería?». Ella bajó la mirada, hacia sus pechos. «¿Se
ve muy mal si solo me dejo un piercing?».
«No, Pajarito». Se me secó la boca y tragué con fuerza.
«¿Quieres algo de beber?».
Necesitaba algo de espacio y me di la vuelta para salir de
ahí, tan rápido como fuera posible.
«Necesito… quiero decir… ¿Tienes ropa o algo que pueda
usar? Te la devolveré tan pronto como pueda».
Volví a mirarla mientras se bajaba de la encimera.
«Encontraremos algo».
Cogí una botella de Jack y una de Ginger Ale y pasé
caminando junto a Nickey. Él estaba hablando por teléfono
con su papá. Me guiñó un ojo cuando pasé a su lado.
Abrí la puerta del baño y ella estaba mirándose en el
espejo. «Vamos, Pajarito».
Ella levantó la mirada, sonrió y yo caminé a mi
habitación.
Cogí la botella y le di un trago. «¿Quieres un poco?».
«Sí, por favor».
Después de que ella tomó varios tragos, volvió a
preguntarme. «¿Tienes algo que pueda usar?».
«De verdad no estoy seguro si justo ahora quiero que uses
algo diferente». Cogí la botella y bebí otro trago.
«¿Te gusta esto?».
«Es jodidamente sexi».
Ella intentó no sonreír y sus pequeñas caderas se
movieron de adelante hacia atrás mientras ella veía su
minifalda hondear.
«De verdad quiero follarte, Pajarito». Mi polla estaba tan
dura que ni siquiera un gato podría rasguñarla.
«¿Me dejarás marcharme después?».
«Cuando sepa que estás segura, sí. No me perteneces. Y
yo tampoco te pertenezco».
La cogí por las caderas y la coloqué sobre mi cama, en el
centro. «Sin embargo, tengo reglas. Te follaré cómo nunca
nadie lo ha hecho. Duro y salvaje, Pajarito. No más de tres
veces. Tres viajes. ¿Lo entiendes? Así nadie sale lastimado.
Sin expectativas, ¿vale? Si fuera un mejor hombre, esperaría
a que volvieras a ponerte de pie, pero no lo soy. Mientras que
ambos sigamos las reglas, podemos seguir siendo amigos.
Joder, Carly se enfadará conmigo, Pajarito, pero necesito
follarte».
Ella asintió con la cabeza, su pecho se elevaba y bajaba de
forma acelerada. La manera en que inclinaba la cabeza me
provocó pensamientos jodidamente calientes. Pajarito
chupándome la polla… joder, pero qué delicia.
«Puedo oler que tú también lo necesitas y yo quiero
saborearte. Vas a venirte en mi boca y después yo me vendré
en toda la tuya».
Ella tragó saliva con fuerza. Sabía que ella estaba dentro
del juego, conmigo. Iba a follar con ella por un tiempo
jodidamente largo.
«También voy a arreglar esto, Pajarito», lamí a través de
su abdomen, señalando su tatuaje. «Esta no eres tú».
Se estremeció en cuanto tiré de los diminutos tirantes de
sus bragas y los dejé caer sobre su piel, para después besar
sus ardientes, desnudos e hinchados labios. «Sabes tan
bien». Y era verdad – era dulce como un caramelo y
lengüeteé su coño como un gatito bebiendo leche. Mi lengua
se deslizó dentro de ella. La lamí con un poco de más fuerza,
después más arriba de forma que mi lengua casi tocó su
clítoris y después volví a bajar. Pajarito se humedecía cada
vez más y sus reacciones se volvían cada vez más verbales.
Una vez más lamí hacia arriba, después en movimientos
circulares y succioné su clítoris. Ella gimió y me cogió por el
cabello. «Dime cómo se siente, Pajarito», la penetré con la
lengua más profundamente y saboreé cada centímetro de sus
labios húmedos. Joder, pero sí que sabía bien.
«Oh se siente bien, demasiado bien… creo que… oh… creo
que…», comenzó a gritar mientras sus rodillas me apretaban
la cabeza.
Estaba hambriento – estaba jodidamente hambriento por
saborear su dulce leche. La arrastré al borde inferior de la
cama y coloqué sus rodillas sobre mis hombros. Ella se sentó
y cogió mi cabello con sus manos, empujando su cálido y
húmedo coño contra mi rostro.
Ella estaba tomando el control, lo cual me parecía
bastante sexi. Pero ahora era mi turno de dominar esta
mierda. Envolví los brazos alrededor de sus piernas,
levantando ese pequeño culo en forma de durazno. Ella se
sostuvo a mí con fuerza mientras yo la follaba con la lengua,
succionando su pequeño clítoris hasta que ella gritó y me
arañó la espalda. Su cuerpo temblaba mientras yo continuaba
y entonces comenzó a suplicarme piedad. Me restregué su
coño caliente y húmedo por toda la cara, frotando mi barbilla
contra sus muslos y entonces nos deslizamos lentamente
hasta el suelo. Ella estaba sentada sobre mí.
«Dios mío», jadeó.
«Pajarito, eso fue solo una probadita». Y jamás había
probado algo tan jodidamente dulce en mi vida.
Me arranqué la camiseta y sus ojos escudriñaron mi
cuerpo completo. Por un momento, se me olvidó que ella
jamás me había visto el abdomen desnudo. Y joder, sí que
tenía un cuerpo fenomenal, pero ella estaba admirando el
arte. Sus pequeños dedos se deslizaron por la pieza en mis
costillas y entonces me miró. «¿Duele?».
No podía pensar o hablar o tener ningún deseo de explicar
simplemente cuán terrible era el dolor; no ahora. Quizás
nunca.
«Un poco, pero ¿sabes qué me haría sentir mejor?»,
sujeté su pequeño culo entre mis manos y me puse de pie.
Volví a sentarla sobre la cama y yo me bajé los pantalones.
Sus ojos se abrieron como platos cuando miró mi polla
dura. Sí, eso es, una puta bestia. Y joder, no lo digo por mera
arrogancia – es la verdad. Justo como decía el tatuaje encima
de mi V abdominal. Tara también recorrió esa pieza con el
dedo, dibujando el contorno de las letras, totalmente
embelesada y atónita.
«Pajarito, ¿vas a jugar con mi tinta, o me darás un
poquito de eso que deseo?»
Una sonrisa le inundó el rostro mientras me miraba. Yo
no estaba dispuesto para hacer esta mierda y cursilería. Esta
curiosidad… no es verdad que mata al gato, sino que mata la
erección en mi polla.
«Es realmente grande», ella la cogió justo por debajo de
la cabeza y yo gemí en cuanto la electricidad de su mano fue
transferida a mí.
«¿Quieres saludarla?».
«Quiero besarla».
«Si estás esperando mi consentimiento, ya lo tienes. Haz
con ella lo que quieras».
Pajarito estaba matándome con los movimientos de su
mano, deslizándose arriba y abajo por mi polla. Ella me miró
y su lengua salió de su boca, dirigiéndose directamente a mis
bolas, recorriendo después toda mi polla casi hasta la cabeza
y nuevamente hacia abajo. Yo no era ninguna perra, pero
estaba bastante jodidamente seguro de que gritaría como una
si Pajarito no me lamía la punta de la polla pronto.
Ella volvió a mirarme a los ojos y sonrió. «Sabes tan
bien».
Y ahora iba a correrme encima de toda su cara; una
palabra más y perdería el control.
«Chúpame la polla, Pajarito». Y ella lo hizo.
Su lengua trazó círculos alrededor de la punta de mi polla
y yo me hinqué en el borde de la cama, frente a ella. Sus ojos
verdes no se apartaron de mí ni un segundo. Cuando
comenzó a succionar y sus mejillas se contrajeron mientras
ella gemía, me aparté porque no estaba listo para correrme
ahora. Quería penetrarla.
Empujé a Pajarito hacia atrás para que se recostara y
succioné su teta izquierda mientras acariciaba su cálido y
húmedo chocho. Lentamente, ella presionó las caderas
contra mi mano y yo deslicé un dedo dentro de ella. Joder, iba
a tener que trabajar mucho en esto. Era tan estrecha. Inserté
otro dedo y ella gimió. «Sí».
Sus caderas comenzaron a mecerse adelante y hacia atrás.
«Bésame. Por favor, bésame».
«Joder, sí». Miré sus tetas y lentamente me abrí camino
hacia sus clavículas. Recorrí con los labios el borde de su
mandíbula mientras mis dedos continuaban trabajando su
coño. Su estrechez comenzaba a ceder, humedeciendo y
succionando mi puta mano. No podía esperar a ponerme su
coño como collar alrededor de la polla.
Ella me miró de frente y acarició mi rostro con su nariz.
Levanté la mirada y cogió mi labio entre sus dientes. Abrí la
boca y su lengua, cálida y dulce, acarició mis labios. Me
aparté y envolví sus labios entre los míos, succionándolos
lentamente y saboreándola. Joder, joder, joder. Su boca era
tan dulce como su chocho. Estaba lamiendo el interior de su
boca, degustándola de la misma manera que ella me
saboreaba a mí.
No estaba del todo preparado cuando ella bajó la mano y
comenzó a jalármela. Besarla me ponía jodidamente caliente
y no quería detenerme. Giré sobre la cama para ponerme de
espaldas, trayendo a Pajarito conmigo. Ahora ella estaba
encima de mí. Cogí su nuca con una mano y continué
saboreándola. Rebusqué los condones en el cajón de mi
mesita de noche. Me lo puse sin romper el sello entre
nuestros labios.
Volví a poner a Pajarito de espaldas contra la cama, con
cuidado de no aplastarla bajo mi peso y, a regañadientes,
aparté mi boca de la suya. Quería escucharla gritando mi
nombre en cuanto la penetrara. Encima de ella, sosteniendo
mi peso con los brazos, comencé a frotar mi polla contra la
calidez de su vagina. Presioné suavemente. Tenía que
trabajar con su coño mucho más, joder. Pero, así como yo me
esforzaba por penetrarla, Pajarito también trabajaba en sus
pequeños labios. Sus ojos estaban cerrados con fuerza y se
mordía los labios.
Me incliné y la besé, penetrándola lentamente, moviendo
las caderas suavemente para ayudarla a relajarse. Sus manos
se sujetaron con fuerza a mi cabeza y Pajarito gimoteó
dentro de mi boca. No sabía durante cuánto tiempo más
podría controlarme antes de simplemente comenzar a
embestirla salvajemente. Pajarito hizo una mueca de dolor y
me aparté ligeramente, pero no demasiado – estaba
jodidamente seguro de que no me rendiría ahora. Metí la
mano entre nosotros y sentí su pequeño coño convertido en
una bola de nervios y comencé a masajearlo suavemente. Ella
presionó la pelvis contra mi mano y juro por Dios que estaba
perdiendo el control de mí mismo; cuando Pajarito comenzó
a mecer las caderas, era simplemente demasiado. Ella
gimoteó en mi oído, «acuéstate».
Yo no era el tipo que enloquecía por estar abajo, pero
tener su pequeño culo encima de mí era algo a lo que no me
podía negar.
Pajarito estaba encima de mí y yo estaba tan dentro de
ella… era fenomenal. Mirarla meciéndose y rebotando con los
ojos cerrados era simplemente hermoso. Pajarito bailaba
sobre mi polla, moviendo las caderas a su ritmo; absorta en
el momento. Su mano sujetó la base de mi polla y colocó la
planta de los pies sobre la cama. Comenzó a subir y bajar;
meciéndose, bailando y succionándome la vida. Su mano
liberó mi polla y comenzó a hacerse camino a través de mi
cuerpo. Era jodidamente caliente; la embestí más
profundamente y ella se mordió los labios, abriendo los ojos,
y me sonrió mientras yo sujetaba sus caderas con las manos.
Se inclinó sobre mí y me besó suavemente. La puse de
espaldas contra la cama y con delicadeza acepté sus besos
mientras embestía con fuerza y lentitud, cada vez más
profundo dentro de ella. Su coño se contraía mientras
Pajarito siseaba y gimoteaba contra mi mejilla, sujetando mi
cuerpo contra ella. No podía contenerme más; ni yo, ni ella.
Comencé a follarla duro y salvaje, tal como le prometí. Me
corrí con tanta fuerza que sentí que jamás volvería a
correrme en mi vida. Estaba vacío – seco.
Me recosté sobre la cama y la arrastré conmigo. Acaricie
su espalda mientras ella estaba encima de mí y ambos
jadeábamos. Cuando finalmente abrí los ojos, ella estaba
recostada contra mi pecho trazando en el aire las líneas de
tinta en mi piel, sin tocarme.
Ella sonrió y me miró. «Son hermosos».
«Tú eres hermosa». Ahí lo tienes. Estaba perdiendo mi
arte.
«¿Eso crees?».
«Sí, lo creo, Pajarito. Además… jamás traería a una piba
fea a mi casa». Sonreí, intentando recuperar mis bolas del
agujero de cursilería en el que parecía que estaban cayendo, y
ella se rio.
Ella se sentó con las piernas envolviendo mi torso y me
miró. Me miró de verdad. «Ya no me das miedo».
«Pajarito, acabas de liberar mi lado más depravado. Te
juro que realmente me tendrás miedo la próxima vez que
esté dentro de ti».
Ella sonrió. «Dos veces más, dos viajes ¿verdad?».
«Bueno, ¿qué tal si les llamamos visitas? Si nos
quedamos dormidos y cuando despiertes estoy dentro de ti,
sigue siendo el mismo viaje, ¿entiendes?».
Su sonrisa se intensificó. «Así que, si sigo aquí en la
mañana, este seguirá siendo el primer viaje».
«Vamos a estar ocupados». Y sí, joder, me encantaría
estar ocupado encima y dentro de ella, pero esa mierda no
era posible. «Debemos asegurarnos de que estés a salvo.
Después te llevaré de vuelta con la gente que te ama».
Mi decisión
N o estaba segura de cómo o si siquiera debía
confesarle que no había nadie que me amara. Tony
fue la última persona en decirme esas palabras, y no las decía
en serio. Él solo quería usarme.
Eso es lo que hoy me había demostrado este hermoso
hombre debajo de mí. Él no me había usado. Ni siquiera me
conocía. Pero pensaba que era hermosa y era dulce conmigo.
Tony se equivocaba respecto a él, e incluso si no quería
volver a verlo jamás, me gustaría poder decirle lo equivocado
que estaba.
Me gruñó el estómago y recordé que no había comido
nada en bastante tiempo.
«¿Tienes hambre, Pajarito?», realmente quería saber por
qué me llamaba así, pero decidí que le preguntaría en alguna
otra ocasión, no ahora.
«Un poco», admití.
«¿Qué te parece si te quedas aquí mientras nos preparo
algo?», su voz era profunda y áspera y me encantaba. De
verdad me encantaba. Era extraño, pero me hacía sentir
segura. Él era fuerte y sin miedos; dos cosas que me a mí
misma me gustaría ser algún día.
Me senté. «Necesito usar el baño».
«¿Recuerdas en dónde está?».
«Eh, sí. Necesito mi ropa».
Él se sentó y cogió mi tanga desgarrada y se la restregó
por la nariz. «Creo que esto es suficiente». Me reí y negué
con la cabeza. «Vale, Nickey no necesita ver el premio que
acabo de conseguir». Me arrojó su sudadera y yo me la metí
por la cabeza. Las mangas casi llegaban al suelo y la banda de
la cintura casi tocaba mis rodillas. Él se rio. «Ostias,
Pajarito, apenas te puedo ver debajo de mi sudadera. Ve al
baño mientras busco algo más que puedas usar».
«¿Puedo darme un baño?».
Él me miró con extrañeza. «Por supuesto».
***
No puedo creer que le pregunté eso. Qué burdo de mi
parte, pero no me había dado una ducha verdadera desde… el
motel.
Entré a la bañera y se sentía tan bien. Estaba segura de
que tenía mucho que ver con el hecho de que aún sentía
cosquillas por todo el cuerpo. Quiero decir, mi coño se sentía
algo irritado, pero este ligero ardor valía la pena por la
manera en que él me había hecho sentir. Valía mil veces la
pena. Me sentía como después de bailar. No en el club, sino
cuando bailaba para mí misma.
Estuve mucho tiempo en la bañera, remojándome y
frotándome el cuerpo. Se sentía muy – muy bien. Creo que
me recordaba a cuando tomaba baños de niña. Jugaba con
crayolas y podía escribir en las paredes, operaciones
matemáticas – siempre matemáticas.
Escuché su voz en el pasillo. Estaba discutiendo y yo
estaba segura de que reconocía a la segunda voz.
«¡Acaso eres idiota, joder, Cyrus!», sonaba enfadado –
realmente enfadado.
Cyrus, me sentí realmente mal al pensar en que era la
primera vez que escuchaba su nombre. Le sentaba bastante
bien – oscuro y poderoso.
«¡No necesito esta mierda ahora, Jase!».
«Necesitas una llamada de advertencia, hombre. ¡Tú eres
el imbécil con la regla de las tres folladas, los tres viajes o lo
que sea! Bueno, acabas de mandar eso al carajo, ¡¿o no?!».
«¡Ella lo entiende, joder!».
«¡Tan solo mira en tu puta cama, Cyrus!».
«¡Lárgate!».
«¡Eres más inteligente que esto!».
«No hablaré más de esta mierda. Si quieres discutir sobre
algo más, soy todo oídos. Este no es tu puto problema, ¡es el
mío! Yo me encargaré. Vete a casa».
Me tapé los oídos con los dedos. No me gustaban las
discusiones y no me gustaba cuando se trataban sobre mí.
Había sobrevivido los últimos quince años cediendo para no
discutir.
Me hundí dentro de la bañera de forma que el agua me
cubriera completamente, a excepción de mi nariz y labios. De
esta manera, al menos podía escuchar mis propios
pensamientos. «Una manta, dos sábanas, tres almohadas,
¿cuatro pantalones? Oh, joder».
Mi respiración se aceleró. Sentí la ansiedad creciendo y
me asusté; tan solo un poco, no mucho. Sentí una vibración,
abrí los ojos y me incorporé.
Él estaba mirándome de una forma distinta. Iba a decirme
que tenía que marcharme. Sabía que eso es lo que iba a
suceder; ya me lo esperaba.
«Cyrus», se me escapó como un susurro. Era la primera
vez que pronunciaba su nombre.
Él no dijo ni una sola palabra, simplemente se bajó los
calzoncillos. Cerré los ojos y lo escuché meterse a la bañera
conmigo.
«Birdie, ¿estás con la regla?».
«¿No?», abrí los ojos y él estaba sentado con las rodillas
flexionadas, recargando los codos en ellas mientras me
miraba.
«Estás sangrando», me miró un tanto enfadado.
«No lo sabía».
«Por favor, dime ahora mismo que toda la mierda que me
está pasando por la cabeza es mentira, Pajarito… no solo te
quedes ahí sentada haciéndome pensar que – ¡joder!».
Bajé la mirada e intenté no enfadarme.
«¿Así que esa mierda en internet es verdad? Nunca antes
habías…».
Negué con la cabeza.
«¿Te puedo preguntar por qué no te tomaste la molestia
de mencionar esa mierda?».
«No preguntaste».
«Asumí que una stripper que hace mamadas para todo el
puto internet…».
Me puse de pie. «Me llevaré tu camiseta y un par de
pantalones cortos. Me voy. Lamento las molestias que…».
El tiró de mí y caí de culo en la bañera, haciéndome
salpicar agua por todas partes.
«¡Dime por qué, maldita sea!».
«¿Por qué?», ahora estaba algo asustada, más bien
avergonzada.
«¡Tara!».
«Ahora él ya no puede tener mi virginidad», susurré,
pues sabía lo mal que se escuchaba. «Ya no vendrá a
buscarme».
Cyrus se quedó boquiabierto. «¿Me usaste?».
Su voz sonó como un graznido, literalmente. Lo miré e
intenté no sonreír. Asentí con la cabeza.
«¿Y crees que es gracioso, Tara? ¡Yo no follo con pibas
que son vírgenes! ¡Joder macho, yo no hago ese tipo de
mierda!».
«Quiero advertirte una vez más que ya no me das miedo.
También sé que no vas a lastimarme. Así que quizás hasta
discuta contigo». Esta era la primera vez en mi vida que
sentía que podía hablar libremente. «Además, tenía que
pasar tarde o temprano, ¿o no?».
«¿Cuántos años tienes?».
«¿Cuántos años crees que tengo?».
«Sin juegos, Tara…».
«Quince».
Después de que desapareció la sensación de shock, Cyrus
se puso de pie y yo lo cogí de la misma manera que él hizo
conmigo antes. Cuando el volvió a estar en la bañera, me
senté en su regazo.
«Basta. Lo siento mucho, Tara. Ostias, me pudriré en
puto el infierno. Por favor, quítate de encima». Lo abracé.
«¡Joder!».
Ya no podía seguir haciéndole esto, pues a pesar de lo
cómoda que me sentía con él, realmente no sabía si debía
sentirme así de tranquila.
Cogí su rostro entre mis manos y lo obligué a mirarme.
«Estoy jodiendo contigo». No me parecía que esto lo hiciera
sentirse menos incómodo. «Estoy a punto de cumplir
veintiuno».
«¿Estás a punto de cumplir veintiuno? ¿Así que ahora follo
con vírgenes Y ADEMÁS menores de edad?», explotó. Intenté
no sonreír. «No es gracioso, Tara».
«No estoy tratando de hacerte enfadar. Pero, la verdad,
fuiste todo un caballero. Fue mi decisión».
«No soy un caballero», gruñó.
«Fuiste más caballeroso que cualquier otra persona que
haya conocido hasta ahora», me incliné para besarlo y él se
apartó, sacudiendo la cabeza lentamente.
«No puedo». Cyrus cerró los ojos.
«Vale». Me salí de la bañera y me sequé el cuerpo.
«Esto no significa que te marchas; aún debo arreglar ese
tatuaje y necesitamos asegurarnos de que estés a salvo».
Cyrus se cubrió al salir de la bañera y entonces se me puso
el rostro colorado; estaba tan avergonzada de mí misma.
«¿Cyrus?», susurré su nombre y él me miró.
En su rostro no había rastros de su mirada seductora y
llena de autosuficiencia; tan solo podía distinguir retazos de
emociones crudas. Despecho, enojo, dolor… y yo era la
culpable.
«¿Qué pasa, Tara?». Se envolvió en una toalla, cubriendo
su poderoso cuerpo y me miró.
Me era difícil ver que le había hecho daño a alguien. Yo
nunca lastimaba a los demás, nunca.
«Quiero marcharme», sujeté con fuerza la toalla que me
envolvía. De pronto me sentía fea y quería esconderme;
desaparecer.
«Eso no va a suceder ahora mismo». Él cerró los ojos y
me dio la espalda. «Iré a conseguirte algo de ropa».
Cuando volvió, llamó a la puerta y me entregó la ropa sin
abrir la puerta por completo.
Salí del baño y él estaba de pie en la cocina, de espaldas.
«Siéntate, te he preparado algo de comer. Estará listo en
unos minutos».
Tenía puestos unos pantalones deportivos negros y una
camiseta blanca. La tinta negra en su brazo izquierdo se
detenía justo encima de su codo.
Entré a la cocina y me detuve a su lado. «Puedo ayudar».
Él me miró por unos instantes y apartó la mirada
rápidamente. «Sé preparar sopa y queso a la parrilla, Tara».
Suspiré ruidosamente y él volvió a mirarme.
«Te gusta la sopa de tomate y el queso a la parrilla,
¿verdad?».
«Sip». Sentí mis emociones abultándose en mi garganta.
«Pero la verdad es que no tengo hambre».
«Necesitas comer, Tara».
«Estoy cansada». Caminé a través de la habitación y me
senté en el sofá. No quería estar aquí.
Él se acercó a mí unos minutos después y me dio un tazón
con sopa y un emparedado de queso. «Ya lo he
preparado…».
«No tengo hambre». Sentí las lágrimas aproximarse y
entonces me invadió la ansiedad. Intenté ponerme de pie y él
me lo impidió.
«Por favor muévete, quiero marcharme ahora». No podía
llorar frente a él.
«¡Siéntate! Come el emparedado. Son las tres de la puta
mañana. Fue una puta noche de mierda y…».
«Una almohada, dos sábanas, tres camisetas, cuatro…».
«¿De qué carajos hablas?», Cyrus me miró como si
tuviera tres cabezas, entonces me di cuenta de que estaba
hablando en voz alta.
Negué con la cabeza.
«Joder, Pajari… Tara, por favor, solo come». Me miró,
exhausto y frustrado.
Cogí la mitad del emparedado y lo comí.
«Quiero irme a la cama ahora». Me puse de pie y él
retrocedió un paso.
«Adelante». Él señaló con una mano en dirección a su
habitación.
«Quiero dormir aquí. Tan solo debo usar el baño». Estaba
quejumbrosa, exhausta y a punto de romper en llanto.
Él me miró por dos segundos y volví a atisbar el dolor en
sus ojos. «Duerme en la cama. Yo me quedo con el sofá».
«Es tu cama».
El gruñó audiblemente, levanté la mirada y caminé
alrededor de él. «¡Voy a dormir en el maldito sofá!».
Me escondí en el baño durante todo el tiempo que pude.
Escuché a Cyrus caminar de un lado a otro en el pasillo.
Cuando finalmente salí, se detuvo.
«Ve a la cama, Tara». Señaló hacia su habitación y yo
caminé rápidamente ahí.
Cerré los ojos al entrar. «Las sábanas… son otras».
«Había sangre». Cyrus cogió una almohada y caminó al
closet para coger una manta. «Si necesitas algo, estaré allá
fuera. Buenas noches, Tara».
«¿Cyrus?», tuve que tragarme las lágrimas. No podía
llorar. «Lamento… lamento haberte hecho enfadar».
Él asintió y salió de la habitación.
Miré la cama; había una manta, dos sábanas, cuatro
almohadas. Cogí una y la coloqué en el piso, junto a la cama.
Tres almohadas, cuatro… necesitaba cuatro de algo. Miré
alrededor de la habitación y vi una fotografía sobre su
escritorio, en donde se retrataban cuatro chavales, un
hombre y una mujer. La cogí y me di cuenta de que él y Jay
eran parte de los chavales. Cyrus tenía tres hermanos. Cinco
es el número que menos me gusta. Cinco minutos para llorar.
Me senté en la cama sosteniendo la fotografía; tenía que
hacer que esto tuviera sentido. Había un sol, dos padres,
tres… tres hermanos que yo no conocía, cuatro chavales,
cinco minutos para llorar, seis personas en total en la familia
de Cyrus, siete…
Sentí la ansiedad incrementar mientras miraba alrededor
de la habitación. Siete fotografías en blanco y negro colgadas
en la pared. Ocho, bostecé y miré la fotografía una vez más.
Ocho botes en el fondo. Nueve era el número de pájaros
volando en el cielo de la foto. Diez, la suma de su familia con
las otras cuatro personas que están en la playa dentro de la
foto.
«Un sol, dos padres, tres hermanos que no conozco,
cuatro hermanos en total, cinco minutos para llorar, seis
personas en la familia de Cyrus, siete fotografías en la pared,
ocho botes en el fondo, nueve pájaros y diez personas en
total en la foto. Vale, ahora tiene sentido; duerme, Tara
Gardner, duerme».
Encontrarte
Y a había tenido suficiente. ¿Cómo te recuperas de
mierda como esta? Simplemente decidí salir una
noche para despejar la cabeza y follar, entonces de alguna
manera terminé con una stripper que resulta ser virgen y
apenas tiene veinte años. No lo podía creer, joder. Sin
mencionar el hecho de que estaba tocada de la cabeza; la pillé
hablando consigo misma en más de una ocasión. No
simplemente hablando, sino contando del uno al diez y
mierda de ese tipo.
Salí de la habitación cuando ella terminó de hablar porque
tenía que hacerlo – si no lo hacía, había dos posibilidades.
Una era que me acercaría a ella para preguntarle si había
enloquecido, o dos, me abalanzaría sobre su perfecto cuerpo.
Loca o no, era una pequeña delicia y necesitaba saborearla
por completo. Y la regla de los tres viajes no me sería
suficiente para el fenomenal pajarito que ahora dormía en mi
cama.
Cuando me desperté, había silencio. Cogí mi móvil del
piso y le envié un mensaje a Jase diciéndole que no estaría
disponible hoy. Tenía mierda que hacer. La puerta de mi
habitación seguía cerrada y yo me alegré de ello. No tenía
idea de qué iba a decirle después de lo que sucedió.
Me di una ducha, me puse mis pantalones deportivos
nuevamente y respiré profundamente antes de volver a
entrar a mi habitación. Cogí mi camiseta y me la metí por la
cabeza; anoche Tara había tenido mucha curiosidad por el
arte en mi piel y, por laguna razón, eso también tenía cierto
efecto sobre mí. No podía, ni quería, tolerar esas emociones
otra vez.
«Tara, voy a preparar el desayuno y después tenemos
muchas cosas que hacer».
Ella no respondió, así que me acerqué a la cama para darle
una palmadita en la cabeza. «Ohh – ¡puta mierda!».
Nickey entró corriendo a mi habitación. «¿Qué pasa?».
«¡Se ha marchado, joder!».
Nickey se rio hasta que vio la expresión en mi rostro. Esta
mierda no era graciosa.
«Nickey. Ese gilipollas la está buscando. Necesito
encontrarla primero».
«No puede haberse ido muy lejos, hombre. Tranquilízate.
No tiene dinero, ni ropa…».
Interrumpí a Nickey a mitad de la oración y miré dentro
de mi armario. Vi mi cartera abierta con una nota junto a ella.
Cyrus,
Cogí un poco de dinero prestado. No soy una ladrona. Te lo
devolveré.
Sé dónde vives. Te enviaré de vuelta los ciento veintitrés
dólares tan pronto como me haya establecido.
Lamento haberte echo enfadar.
Tara
L a leí en voz alta y quizás no debería haberlo hecho.
Nickey realmente se estaba esforzando por no
reventar en carcajadas.
«No es gracioso, Nickey».
«Neh, hombre, sí que es gracioso. Una stripper le robó a
Cyrus Steel. Es jodidamente gracioso».
Nickey se estaba ganando una patada en el culo. Me
incliné y cogí algo del suelo. «Hermano, ¿se llevó la
fotografía de esto?».
Y entonces Nickey reventó en carcajadas.
«Quizás en otro momento creería que toda esta mierda es
graciosa, pero justo ahora necesito encontrarla. Llama a tu
papá, dile que… Nickey, ¡este no es el momento! Llama a tu
padre…».
«¿Cómo se llama?».
«Tara». Cogí mi chaqueta de cuero y las llaves de mi
motocicleta.
Me tomó un minuto. «Creo que dijo Tara Gardner anoche
cuando estaba hablando consigo misma…». Nickey chasqueó
la boca con una risilla. «Tara Gardner, tiene veinte años. Eso
es todo lo que sé, Nickey, pero esta mierda no es graciosa.
Ese tío tan solo trae consigo noticias jodidamente malas».
«Vete. Te llamaré en cuanto sepa algo. Y, Cyrus, llamaré a
Jase».
No tenía sentido discutir. Ahora mismo estaba metido en
un puto lío con los Latino Leprechauns, y lo sabía.
«Dile que iré a la tienda».
***
Conduje de un lado a otro por una puta infinidad de calles,
buscando a Tara y esperando alguna información de Nick,
esperando el inminente argumento con Jase debido a toda
esta mierda. No tenía ni puta idea de qué hacer o en dónde
buscar. Todo lo que sabía es que ella estaba en algún sitio,
sola.
Me detuve frente a la tienda y Jase ya estaba dentro,
caminando de un lado a otro. Me quité el casco y entré.
«El club abre a mediodía. Iremos juntos».
«Sí, vale. Jase, no quiero escucharte diciendo mierda en
estos momentos».
«Y lo entiendo, pero más te vale que, lo que sea que estés
haciendo, sea por una buena puta razón. Te lo juro por Dios,
Cyrus, más te vale».
«Vale, ¡¿qué carajos se supone que significa eso?!».
«Te gusta esta piba».
«No, hombre, quería follar con ella. Nada más ni nada
menos. Y luego ocurrió toda esta mierda y, joder, resulta que
es…».
«Puedes decirte a ti mismo todo lo que quieras, Cyrus,
pero respóndeme esto: ¿Qué harás cuando la encuentres?».
«¡Voy a patearle el culo!». Y no estaba bromeando. De
verdad quería hacerlo.
Jase sacudió la cabeza. «Tal como lo dije».
«Cállate de una puta vez, Jase».
Nuestra conversación fue interrumpida por mi móvil; era
Nicholas DeAngelo. «Qué pasa… si, sé que no han pasado
veinticuatro horas. Tan solo quería que quedara registro para
que… Bueno, si no puedes reportarla como desaparecida,
intenta con algo diferente. Cogió algo de dinero de mi
cartera… Sí, levanta cargos si eso te ayuda a buscarla más
rápido. No quiero que los cargos permanezcan… No puedo
prometer eso. Puedo asegurarte que no iré solo… Vale. Sí,
envíame por correo electrónico lo que sea que hayas
encontrado».
Finalicé la llamada y Jase chasqueó con la boca. «¿Cogió
dinero?».
«Cogió algo de efectivo prestado. Dejó una nota diciendo
que me lo enviaría de vuelta en cuanto estuviera
establecida», respondí.
Jase intentó esconder su puta sonrisa de autosuficiencia.
«También cogió una fotografía, la que tenemos en la
playa de cuando éramos unos chavales», continué. «Se
supone que recibiré un correo electrónico de DeAngelo. Me
aseguró que visitaría su domicilio y el sitio en donde trabaja
para verificar si está ahí. Puedes volver. Ya la encontraré y
hablaré con ella. Solucionaré toda la mierda».
«Vale. Pero ni siquiera pienses en ir solo, Cyrus».
«Lo prometo».
Jamás me había sentido tan mierda en mi vida. Bueno,
quizás sí, una vez. Esa era la razón por la que ya no hacía este
tipo de cosas. Terminaba jodiendo a las personas,
rompiéndolas y lastimándolas. No podía volver a hacerlo.
Tampoco podía permitirme divagar por mis recuerdos hasta
el pasado. Necesitaba encontrar a Tara. Asegurarme de que
estaba bien antes de devolverla con su familia.
Esperé a que el computador se iniciara y me pregunté si
quizás Tara era una fugitiva o estaba desaparecida. Me
pregunté respecto a su familia, qué clase de personas eran y
qué carajos le harían después de descubrir sus vídeos en
internet.
Ingresé a la bandeja de entrada de mi correo electrónico y
abrí el mensaje de Nicholas. Era una carpeta comprimida, así
que supe que había mucho que leer, lo cual me asustó.
El primer documento fue como una bofetada que me dejó
rendido en el piso. Tara Sippora Gardner era huérfana desde
hace quince años. Sus padres murieron en un accidente
automovilístico mientras ella dormía en el asiento trasero.
Tanto los padres de Amy como los de Theodore Gardner, es
decir, los abuelos de Tara, se negaron a tomar su custodia,
por lo que Tara terminó dentro del sistema de familias
adoptivas de Nueva York.
Me recosté en el respaldo de la silla, sintiendo que me
faltaba el aire – apenas y podía creerlo. No podía concebir
que pequeña Bella perdiera a Jase y nadie la ayudara,
permitiendo que se convirtiera en una protegida del Estado.
Tara vagó de una familia adoptiva a otra durante años.
Cuando se graduó a los diecinueve años, era legalmente
responsable de sí misma. El hogar en donde permaneció más
tiempo fue el último, tres años. Me parecía que el promedio
de permanencia era de un año. En sus primeros dos hogares
se quedó poco más de dos años.
Imprimí quince años de información de hogares
temporales y metí los papeles en un enorme sobre de papel.
No tenía récords de arresto y sus notas de la escuela eran casi
perfectas.
Llamé a Jase y le pedí que mantuviera el club vigilado.
Estaba bastante seguro de que Tara era suficientemente
inteligente como para no volver ahí, pero eso no significaba
que ese gilipollas no la encontraría y la arrastraría de vuelta.
Llamé a George, quien trabajaba en el departamento de
informática y le pedí que buscara sus videos en línea.
«Quiero que los elimines».
Le prometí a Tara que le ayudaría a estar a salvo, y eso es
lo que haría.
Identifiqué algunos de los domicilios, con la esperanza de
que ella estaría en algún sitio familiar, algún sitio seguro.
Cogí las llaves de mi motocicleta y salí de la tienda.
Cerré la puerta detrás de mí y le puse seguro. La tienda no
abriría oficialmente sino hasta dentro de un par de horas.
«¿En dónde carajos está?», me di la vuelta y me encontré
a Tony de pie a mis espadas.
«Ese no es asunto tuyo. ¡Ahora aleja tu puto culo de mi
tienda!». Estaba jodidamente enfadado, sin embargo,
también me alegraba que Tony no supiera en dónde estaba
Tara. Yo no iba a decírselo, pues tampoco lo sabía.
«La gente la estará buscando. Firmó un contrato.
Recibimos dinero por adelantado por el video; necesita volver
conmigo».
«Tara no te debe un carajo. Estoy bastante seguro de que
ella no vio ni un puto céntimo de ese dinero. Una vez más –
aleja tu culo de aquí y apártate de mi camino».
Y así lo hizo el maricón. Caminó hacia un coche, abrió la
puerta y se alejó conduciendo. Así que ese bastardo conducía.
Llamé al móvil de Nicholas y le dicté los números de la placa.
Él se encargaría de ello.
Estaba en Bronx, intentando encontrarla. Ella debía estar
en algún sitio, quizás asustada, quizás enfadada y herida por
mi culpa. Ella no tenía a nadie. No tenía padres, hermanos,
abuelos – nadie a excepción de las familias con las que había
vivido durante los últimos años.
Tom y Rosie White vivián en el primer piso de un enorme
apartamento en Bronx. Cuando abrieron la puerta, Rosie me
miró como si intentara reconocerme. «Soy amigo de Tara
Gardner. Me preguntaba si ella está aquí».
Ella sonrió. «No, de hecho, no hemos vuelto a escuchar
de Tara desde que se marchó, hace poco más de un año.
¿Cómo está?».
Escaneé la sala con la mirada. Era una mescolanza de
muebles y había cuatro chavales de menos de cinco años
jugando con bloques de construcción y dos chavales más
dentro de un corral. Era como una granja de niños pequeños.
«Estoy seguro de que está bien. Tan solo quería ponerme
al tanto con ella. ¿Tienes alguna idea de dónde podría estar?
¿Alguien a quien pudiera visitar? ¿Sitios que suele
frecuentar?».
«Lo siento, pero…», ella miró a sus espaldas cuando uno
de los niños dentro del corral comenzó a llorar. «No escuché
tu nombre».
Ella estaba incómoda y yo podía notarlo. «Me llamo
Cyrus, señora. Tara es una amiga mía y podría estar en
problemas. Me parece que se ha enredado con gente
realmente mala. Tan solo quiero recolectar información…».
«¿Tara? ¿Tara Gardner? No está en problemas. Ella nunca
fue problemática aquí. Siempre fue una niña muy dulce e
inteligente».
«¿Entonces por qué…?», me forcé a dejar de hablar.
«Estuvo aquí hasta que se graduó. Es lo que pasa con el
sistema. Hacemos lo que podemos. En cuanto la encuentres,
¿podrías decirnos que se encuentra bien?».
***
Nicholas DeAngelo me llamó para decirme que habían
detenido a Tony por manejar bajo la influencia de narcóticos.
Podían retenerlo durante veinticuatro horas, eso era todo.
Tenía a George trabajando para descubrir quién carajos era el
propietario de los videos, para al menos poder solucionar esa
mierda. George también tenía a una persona preparada para
ir detrás del bastardo de Tony mientras que yo no encontrara
a Tara.
Estuve dando vueltas en la motocicleta hasta pasada la
medianoche. Ya no podía continuar llamando más puertas;
ya había visitado cuatro sitios alrededor de la ciudad. Ocurrió
lo mismo cada vez. Hogares llenos de niños. Ninguno se veía
sospechoso o ninguna mierda de ese tipo, pero simplemente
yo no lo comprendía. Arrojé las llaves de mi motocicleta
sobre el mostrador y cogí una cerveza de la nevera.
Cuando entré a la sala, vi a mi cuñada dormida en el sofá.
Inmediatamente se incorporó y me abrazó con fuerza.
«Carly, ¿qué estás haciendo aquí?».
Después de un minuto le di unas palmaditas en la espalda.
«Vale, ya puedes soltarme».
«No». Me pareció que Carly estaba llorando. «Si lo hago,
voy a darte una bofetada».
«¿Jase sabe en dónde estás?», le pregunté.
Ella finalmente retrocedió un paso, asintió con la cabeza y
se limpió los ojos. «¿La encontraste?».
«Todavía no».
Me senté en el sofá y bebí mi cerveza. Carly estaba
mirándome. «¿Necesitas que te lleve de vuelta a casa, C?».
«No, Jase está durmiendo aquí en la habitación de
invitados. Creímos… creímos que la encontrarías».
«Lo haré».
«Así que, ¿te gusta?».
«Es una chica guay».
«¿Qué quieres decir con guay? Cyrus… ¡tuviste sexo con
ella!».
«He tenido sexo con muchas pibas, Carly, eso…».
«Pero te gusta Tara. Y no solo porque es guay».
«Oye – alto ahí. Tengo reglas, Carly. Yo NO TENGO
relaciones amorosas».
«¿Por qué, Cyrus?».
Realmente no quería tener esta conversación con ella.
«Estoy cansado, C. Tengo un día largo mañana. Traeré a
tu amiga de vuelta a casa», me puse de pie para ir a mi
habitación.
«George me habló sobre ella, Cyrus. Me lo dijo todo. Las
mujeres son emocionales, por si no lo sabías. La salvaste,
ella…».
«¡Ella se marchó, joder! Yo estaba intentando ayudarla.
No sabía nada de esa mierda, Carly».
«¿Acaso le preguntaste – ¡imbécil!? Antes de follar con
ella, ¿siquiera te molestaste en preguntar?».
«Le hablé de mis reglas, Carly. ¡Ella estaba más que
dispuesta! Cuando la confronté al respecto, ella estaba
jodidamente feliz de haber tomado la decisión. Feliz de que
ese enfermo gilipollas ya no…».
«¿Qué carajos está pasando aquí?», Jase entró a la sala,
frotándose los ojos.
«Tu hermano…».
«Tu esposa…».
Carly y yo comenzamos a hablar al mismo tiempo. Nos
miramos el uno al otro y nos detuvimos.
«Permítanme explicaros algo a los dos. Yo no voy por la
vida buscando pibas menores de edad para follar. ¡Por un
demonio, es una stripper! ¡Esta mierda de la que ambos me
culpáis no está bien! Estoy intentando encontrar a Tara. Le
dije que la mantendría a salvo. Me encargaré de la puta
marca que Tony le puso en el cuerpo y de sanar la herida que
le causó ese animal al arrancarle uno de los piercings. ¡Yo no
pedí nada de esta mierda, pero me encargaré de resolverla!
Ostias».
«Sí la pediste, Cyrus. Tú fuiste quien salió a buscar a
Tara. Justo después de decirnos que te mantendrías al
margen…».
«¡Fui ahí después de que Tony jodió con nuestra tienda,
Jase! Vino aquí con ella y le puso una puta marca en el
cuerpo. Me lo restregó en el rostro…».
«Porque tú te acercaste a ella en el bar». La voz de Carly
pronunciando ese argumento me pareció tan fastidioso como
si alguien rasguñara una pizarra. «Tú la pusiste en esta
situación…», continuó diciendo.
«¿Oh, no me digas, C?», le dije con sarcasmo. «Voy a
solucionarlo. Ya intenté solucionarlo. ¡Ella se marchó!».
«Vale, ¡ahora mira lo que has hecho! ¿Tienes idea de lo
que alguien como ella debe estar sintiendo en estos
momentos? ¿Alguien que ha vivido su vida? ¡Se supone que te
preocupas por ella! ¡Se supone que la protegerías, Cyrus!».
«¡Tan solo quería follar con ella, Carly! Y lo hice…».
«¿Por qué no simplemente lo admites?».
«Vale, bebé, creo que es suficiente…», comenzó a decir
Jase.
«¡No, Jase! ¡No!».
Observé a Jase mientras abrazaba a su nueva esposa
contra su pecho mientras ella lloraba. Me miró y cerró los
ojos mientras la envolvía en sus brazos. La reconfortaba.
Me dolía ver esta mierda. «Ambos sabéis en dónde está la
salida. Necesito dormir un par de horas antes de salir a
buscarla otra vez. Soy un hombre de palabra, Carly. La
encontraré y la ayudaré. Pero yo no tengo relaciones
amorosas, y esta es la razón. No volveré a herir a nadie en mi
puta vida».
Entré al baño y fui directamente a la ducha. No quería
estar en esta bañera, o en esta puta casa. Pero qué carajos
podía hacer ahora, ¡joder!
Cuando salí, Jase estaba de pie frente a la puerta abierta.
«Sé que la encontrarás. Y te ayudaré de cualquier manera en
que pueda».
Miré a la puerta. Carly estaba afuera esperando a Jase. Ella
me miraba de una manera un tanto distinta y eso me hizo
enfadar. «Más te vale no haberle contado ni una palabra,
hermano. Esa mierda es mía».
«Lo que pasó en el pasado no fue…».
«Lo digo en serio, Jase. Mi pasado es mi problema. Si se
lo cuentas, más te vale asegurarte de que mantenga la boca
cerrada». Entré a mi habitación y azoté la puerta. Programé
una alarma.
En tres horas necesitaba levantarme para planear mi
siguiente paso.
***
Los siguientes dos días evité a Jase y Ma Joe. Visité al
menos una docena de sitios. En todos me topé con lo mismo;
Tara Gardner era una buena chica, nunca causaba problemas
y sí tenía alguno, se lo guardaba para sí misma. Quise
preguntar en demasiadas jodidas ocasiones por qué nunca la
hicieron parte de su familia. De verdad estaba comenzando a
cansarme de mirar todos esos ojitos llenos de esperanza en
los hogares que visitaba, pues sabía que más de la mitad de
esos chavales terminaría perdido y solo algún día; justo
como Tara.
Cuando finalmente volví a casa, habían pasado tres días
desde la última vez que sentí algún tipo de paz. Tres días
desde la última vez que supe que Tara estaba a salvo. Tres
días desde la última vez que fui capaz de mirarme en el
espejo y ver al hombre que quería ser; el hombre que le
prometí a mi padre que me convertiría. Ahora mi reflejo
relucía vacío, enfadado y lleno de autodesprecio.
Me di una ducha y pensé en lo que me dijo George. «Tony
no la tenía. Quizás ella solo necesita estar sola».
Ella ya había estado sola por quince putos años, y yo sabía
bastante bien que no podía ofrecerle más que una amistad,
pero al menos me aseguraría de que estuviera a salvo. Me
sequé el cuerpo y fui a mi habitación. Nickey no estaba en la
casa a menudo. Asumí que estaba en casa de la señorita
Septiembre, para darme un poco de espacio. Él sabía que yo
no estaba pasando por días fáciles y yo me sentía realmente
agradecido por ello. No necesitaba escucharlos follar todo el
día… pensar en esto me recordó la última vez que yo follé.
Estaba seguro que después de solucionar toda esta mierda,
comenzaría a verificar los antecedentes de cualquier culito
en el que se me ocurriera posar la mirada dos veces.
Pajarito, ¿quién carajos eres?, era la pregunta que me venía
a la mente una y otra vez. Al menos cinco veces en un
minuto. Necesitaba saber que Tara estaba bien. Después de
encontrarla, juré que recobraría los tres días que había
pasado sin tener sexo desde que ella desapareció. No lo haría
con ella, pero apuesto mi culo a que mientras follara con una
piba cualquiera, pensaría en esos ojos verdes
resplandeciendo mientras Tara bailaba encima de mi polla.
¡Joder!
Me dejé caer sobre mi cama y miré al techo. Deslicé la
mano entre mis piernas para recomponerme y se sintió
jodidamente bien. Doblé las rodillas, colocando las plantas de
los pies sobre la cama. Cogí mi polla y lentamente me
masturbé de arriba abajo. Utilicé mi otra mano para frotar la
punta; se sentía tan bien. Palpé más abajo y comencé a
masajear mis bolas. Pajarito, enserio estás jodiendo conmigo.
Comencé a mover las manos más rápido y mi agarre se volvió
más firme mientras imaginaba su pequeño y estrecho coño
estrangulando mi polla, justo como hace tres noches.
Comencé a mover las caderas y dejé que mis rodillas cayeran
a los costados mientras pensaba en Pajarito encima de mí;
follándome, saltando arriba y abajo con mi polla dentro de
ella.
Necesitaba lubricante. Estaba masturbándome en seco,
pero no quería detenerme. No ahora que podía verla con
tanta claridad dentro de mis recuerdos. Escupí en mi mano
mientras continuaba masturbándome. Cambié de mano en
cuanto comenzó a dolerme la muñeca. Continué
masturbándome con una mano mientras que con la otra me
masajeaba las bolas, dándoles un apretujón de vez en
cuando.
Mi cuerpo se tensó. Los músculos en mis piernas y culo se
tensaron mientras masturbaba mi polla arriba y abajo cada
vez con más fuerza, apretando mis dedos alrededor de ella.
Podía ver esos ojos verdes; escuchaba sus gemidos en mi
cabeza. Juro que un destello resplandeciente comenzaba a
inundarme el cuerpo. Se me formaron gotitas de sudor en la
frente y tuve que apretar los dientes para evitar pronunciar
su nombre. Me senté rápidamente, masturbándome con más
fuerza y más rápido hasta que me corrí tan una manera tan
jodidamente violenta que mi semen salió disparado encima
de todo mi pecho. Disminuí la velocidad, saboreando cada
movimiento y me recosté para recobrar el aliento.
Cuando mi respiración se normalizó, de mi mesita de
noche cogí pañuelos de papel y limpié el desastre.
¡Joder, maldito Pajarito!
Comencé a incorporarme para desechar los pañuelos
cuando alguien llamó a mi puerta.
«¿Sí?».
¿Hay algo peor que escuchar la voz de tu madre cuando
tienes un montón de pañuelos cubiertos de semen y el pecho
pegajoso después de masturbarte? Bueno, sí lo hay. La voz de
tu cuñada.
«Cyrus, encontraste…».
La puerta se abrió de repente y apenas tuve tiempo de
cubrirme y esconder la evidencia.
«Carly, dame un minuto, ¿quieres?».
Carly salió corriendo de mi habitación y si yo no hubiera
estado desnudo cubriéndome con una jodida almohada, la
hubiera perseguido hasta la puerta de entrada.
Me vestí y salí como un trueno de mi habitación; Carly
estaba de pie con las manos en las caderas. «¡Estabas
teniendo sexo con ella!».
Oh, joder. «No, Carly. Estaba…».
«¡Así que Tara está desaparecida y tú estás aquí follando
con cualquier otra piba! ¿Al menos te importa que…?».
La interrumpí. «Lo diré solo una vez, Carly. No estaba
teniendo sexo con nadie. Nadie está aquí…».
«¿Te parece que soy estúpida? Estabas desnudo y… ya
sabes… cubriendo… eso».
«Joder, ¡estaba masturbándome!».
Carly se llevó la mano a la boca y se veía tan incómoda
como yo.
«¿Ya terminamos, Carly?».
Carly intentó recomponer la compostura. «Te gusta…».
«No vamos a tener esta discusión de nuevo, Carly».
«Sabes que no fue tu culpa. Lo que le pasó a…».
No quería enterarme de que mi hermano había
traicionado mi confianza. «Alto ahí, porque si él te contó
algo, ya no es mi…».
«Te ama, Cyrus. Quiere que seas feliz».
«¡Suficiente!».
Carly se sobresaltó cuando grité, lo cual me hizo sentir
como un mierda, pero joder, estaba tan cabreado.
«Cyrus, te conozco desde…».
«No me conoces, Carly. No sabes un carajo sobre mí. Ya
tuve suficiente. Casi no he dormido en tres días, estoy
estresado, abrumado y no tengo ni puta idea de a dónde iré
mañana. He visitado cada sitio en el que Tara ha vivido
durante los últimos quince años…».
«¿A dónde vas, Cyrus? Cuando estás buscando respuestas
a preguntas que ni siquiera tú mismo puedes comprender, ¿a
dónde vas?».
Debo haberla mirado como si tuviera tres cabezas, pues
apartó la mirada.
«Escucha, Carly. Llama a Jase y ve a casa. Este es mi
problema…».
«Te preocupas por ella, Cyrus…».
«No. Soy un hombre de palabra. Le dije que la ayudaría.
Nada más, nada menos».
«No. La estás buscando desesperadamente. Has dado
vueltas por toda la ciudad buscándola. Tú…».
«¡Por un carajo, Carly! Quería follar con ella, ¿entiendes?
Yo no tengo relaciones amorosas. Vete de aquí con toda esa
noción de romanticismo que te inunda la cabeza, joder».
«Mereces amor, Cyrus. Lo que ocurrió no fue tu culpa.
Mereces amor».
Me abrazó mientras yo estaba cabreado a más no poder.
Un acto valiente como el infierno, pero me hizo enfadar.
Entonces Carly salió por la puerta.
No podía amar a nadie después de lo que le hice a mi
novia, hace tantos años. No quería volver a sentirme de esa
manera jamás.
Me desperté preguntándome si realmente había dormido.
Pero no importaba, tenía mierda que resolver. Me di una
ducha, me vestí y miré a través de la ventana. Salí de mi
habitación hacia el balcón y me recargué en la barandilla,
mirando el océano.
¡Maldita sea, Carly! Como si me dieran un zape, me di
cuenta del sitio en donde debía buscar a continuación.
Saint Johns
N o sé durante cuánto tiempo estuve de pie frente a la
casa que apenas y recordaba en Red Hook, Nueva
York. Mis recuerdos no estaban documentados en un lindo
libro de bebé color rosa o un mono álbum de fotografías
como los que tenían todos los niños biológicos de las casas
en las que llegué a vivir. No estaba segura si todo lo que me
resultaba familiar realmente eran recuerdos o algo que leí en
mi expediente.
Pero tenía certeza de que siempre recordaría las brillantes
luces y el ensordecedor ruido de metal y vidrio al
destrozarse. Siempre recordaría despertarme adolorida y
asustada en la sala de emergencias en el hospital, con una
mujer desconocida sentada a mi lado. Leí que ella respondió
a la llamada de emergencia en una fría noche de invierno,
hace quince años. Lo único que sé es que se quedó conmigo.
Era una mujer negra, probablemente en sus años veinte. Era
muy hermosa, pero tenía una sonrisa triste, ojos tristes y un
abrazo muy cálido y reconfortante.
Se quedó conmigo en el hospital. Me explicó que estuve en
un accidente, que me había roto un brazo y me habían dado
algunos puntos. Recuerdo que me dijo que mis padres me
amaban. Con frecuencia me pregunto cómo es que ella podría
saberlo. Como alguien podría saber lo que verdaderamente
era el amor.
La casa era más pequeña de lo que yo recordaba. Parecía
como si hubiera estado vacía por mucho tiempo. Si entraba,
estaba segura de que nadie se daría cuenta, pero no me
parecía correcto. Después de aproximadamente una hora,
durante la cual ni un solo coche pasó por esta calle
suburbana, tan alejada de todo, comenzó a llover. Yo había
cogido la sudadera de Cyrus, la cual había estado usado de
manta durante las últimas dos noches mientras dormía en
un pequeño parque en las afueras de la ciudad. Me la metí
por la cabeza para mantenerme seca y cálida. Hasta ahora no
me había atrevido a entrar a la casa, temiendo que alguien
me pillara o se enfadara conmigo. Sin embargo, ahora mi
fuente de calor (la sudadera) se estaba mojando.
Caminé alrededor de la casa, a la parte trasera, y me senté
bajo las tablas viejas de lo que en algún momento constituyó
el garaje. La verdad es que no era un buen refugio, pero era
mejor que estar directamente bajo la lluvia. Durante el día
todo estaba bien, pero las noches estaban volviéndose cada
vez más frías. Flexioné las rodillas contra mi pecho,
intentando mantener el calor.
Si me hubiera quedado en Nueva Jersey, probablemente
habría vuelto a la ciudad para quedarme en alguna casa
abandonada; no estaba segura de por qué sentía que eso no
estaba bien, pero así era. Tony probablemente me habría
encontrado. Ahora le tenía miedo, me sentía avergonzada de
mí misma por permitir que me convenciera para creer que
todo eso que me hizo hacer estaba bien y tenía vergüenza de
volver a ver al hombre que finalmente me había mostrado
una escapatoria. Un hombre que quería llevarme de vuelta
con las personas que me amaban.
Cyrus era un buen hombre, a pesar de que ahora estaba
enfadado conmigo. Yo entendía por qué. Él no confiaba en mí
y, siendo honesta conmigo misma, yo tampoco confiaba en
mí. Al menos no en su cercanía. Era demasiado cómodo y me
sentía demasiado segura. Ya era suficientemente difícil
mantenerme alejada de Tony, a pesar de que me había
lastimado. Tony me había mostrado más amor que nadie – al
menos nadie que yo recordara. Él quería que yo fuera exitosa.
Hasta hace unos días, pensé que eso era porque Tony me
amaba. Pero ahora sabía que era diferente.
El viento comenzó a cobrar fuerza y también la lluvia.
Tenía frío, estaba cansada y empapada. Giré el pomo de la
puerta y no tenía seguro. Cogí mi mochila y abrí la puerta, la
cual me dio la bienvenida con un fuerte crujido. Entré a la
cocina e inmediatamente me di cuenta de que nadie vivía
aquí. Y también tuve la certeza de que nadie volvería aquí
pronto. Intenté encender la luz y, por supuesto, no funcionó.
Había una pequeña tabla cubierta en años de polvo. Miré
alrededor y cerré los ojos con fuerza. Imaginé que nada había
cambiado. Imaginé que tenía cinco años y que ellos seguían
aquí conmigo.
Caminé de habitación en habitación. Sabía que estaba
imaginando cosas como si fuese una niñita de cinco años,
pero se sentía bien estar aquí, como en casa. El primer sitio
en el que me sentía en casa después de muchos, muchos
años. Miré las escaleras y la precaución se apoderó de mí. Si
los peldaños cedían bajo mi peso y caía, nadie me
encontraría jamás. Pero la opresión en mi pecho aunada con
las abrumadoras emociones de estar aquí, en mi único hogar
verdadero, hicieron que no me importara en lo absoluto. Si
caía y yacía llena de sangre, moribunda, el dolor
desaparecería y eventualmente me quedaría dormida. La
mujer desconocida en el hospital me dijo que me amaban,
mis padres me amaban. Estaría con ellos, o dormida, así que
no importaba.
Subí las escaleras, suprimiendo mi miedo. Estaba
preparada para confrontarme al final, ya no tenía miedo de
nada. Cuando llegué al segundo piso sin problema alguno,
miré las tres puertas cerradas frente a mí y continué
caminando. No miré al suelo, pues la verdad ya no me
importaba lo que había bajo mis pies.
La primera puerta era una enorme habitación que se
sentía familiar, pero una vez más – sé que ese sentimiento
era meramente lo que yo quería sentir. La siguiente
habitación era un baño con una enorme bañera. Cerré los
ojos y me vi riendo y escribiendo sobre las paredes de la
ducha. Alguna vez fueron blancas y relucientes, pero ahora
estaba oscurecidas por los años de abandono y rechazo. Esa
imagen era un recuerdo, no me cabían dudas.
La siguiente habitación sería la más difícil de ver, pues era
la habitación en la que yo estaba segura que había dormido
durante mis primeros cinco años de vida. Había replicado la
imagen en mi cabeza todos los días. Amarillo, mariposas
color amarillo pálido y nubes pintadas en el techo. Era la
habitación en la que me refugiaba cuando contar no
funcionaba para calmar la ansiedad. Tenía cinco años y
vestía unos cálidos pijamas mientras estaba recostada bajo
un acolchado edredón hecho por mi madre. Entonces ella y
mi padre me arroparían, me besarían y me leerían una
historia cada noche. Después rezarían conmigo y me darían
un último beso, un último Te amo antes de que yo me
quedara profundamente dormida; feliz, cálida y sintiéndome
amada.
Estaba de pie frente a esa puerta cerrada, controlando el
impulso de abrirla. Si me equivocaba, si detrás de esta puerta
no estaba la habitación que veía en mis pensamientos y
recuerdos, sabía que jamás podría volver a visualizar esas
hermosas imágenes con mis padres. Sabía que, si me
equivocaba, las veces en las que contar no funcionaba
significarían no volver a dormir, no tener paz o serenidad.
Quince años de descubrir cómo tranquilizarme o
reconfortarme a mí misma habrían sido un mero deseo y no
un recuerdo. Si era así, no estaba segura de que tendría algo
más a lo que aferrarme.
Volví al baño y coloqué dentro de la bañera la mochila que
me compré en la tienda de baratijas, para usarla de
almohada. Me quité la sudadera y la colgué en uno de los
percheros de madera para las toallas, esperando que se
secara lo suficiente como para usarla mañana. Me metí a la
bañera y me senté, abrí la mochila y saqué una bolsa de
nueces; un regalo para mí misma, suficiente como para
mantenerme andando hasta llegar a la ciudad.
Me comí la mitad de la bolsa mientras vaciaba mi
mochila. Había comprado una mochila, dos playeras, tres
pares de ropa interior y cuatro pares de calcetines. Alineé mis
pertenencias lo mejor que pude. Tenía cinco… bolsas de
comida, seis – ¡oh no!
Sentí cómo mi rostro comenzaba a calentarse y juro que
podía escuchar mi corazón golpeteando contra mi pecho.
Cogí la fotografía que me había llevado de la habitación de
Cyrus. La foto que algún día debía devolver.
Respiré profundo, «Un sol, dos padres, tres hermanos
que no conozco, cuatro hermanos en total, cinco minutos
para llorar, seis personas en la familia de Cyrus, siete… es el
número de la suerte, ocho botes en el fondo, nueve pájaros y
diez personas en total en la foto. Ahora duerme, Tara
Gardner, duerme».
***
La casa estaba a casi dos kilómetros del centro de la
ciudad. Me tomó treinta y cuatro minutos caminar hasta ahí
porque estaba sumamente cansada. No había ningún
gimnasio que pudiera utilizar para tomar una ducha, como
solía hacer en YMCA en la ciudad.
Fui a un pequeño restaurante y usé el baño para lavarme
lo mejor que pude. Compré un cepillo dental, dentífrico,
toallitas de bebé y desodorante. Me cepillé el cabello, los
dientes, me lavé y puse desodorante en las axilas.
Me senté en una mesa en la esquina y ordené un vaso de
leche, dos huevos, tres salchichas y dos piezas de pan
tostado; las cortarían por la mitad, entonces tendría cuatro
piezas en total. Me tomé mi tiempo para comer, temiendo
vomitar. Cogí una servilleta y envolví dos salchichas y tres
piezas de pan para después.
Fui a la pequeña librería y busqué los nombres de
Theodore y Amy Gardner. Me tomó un tiempo, pero los
encontré y después me senté mientras leía fragmentos de las
noticias. Un artículo hablaba del accidente y uno del sepelio.
Cuando vi sus fotografías, comencé a temblar. No había visto
una fotografía de ellos en quince años. Nunca me dieron
fotografías de ellos. No tenía ningún colguije en forma de
corazón con una fotografía de mis padres dentro, tampoco
un álbum color rosa de mi infancia, ni un álbum familiar.
Tenía que salir de aquí ahora mismo; me estaba rompiendo
por dentro. Ni contar hasta el infinito podría ayudarme a
eliminar el abrumador dolor que me inundaba ahora mismo.
Me dolía tanto, los extrañaba demasiado.
Caminé por el parque, me senté y me forcé a comer el
resto de las nueces. Cogí el mapa de la ciudad que había
conseguido gratis del mostrador del pequeño restaurante.
Cuando terminé de comer las nueces, encontré un bote de
basura y deseché el envoltorio.
***
Caminé a través de los senderos del cementerio Saint
John’s. Era viejo, pero se veía en buenas condiciones. Me
detuve y miré las lápidas, abriéndome camino a través de los
nombres, lentamente leyendo las inscripciones de las piedras
que estaban más al fondo.
Fester
C onduje mi motocicleta hasta el antiguo hogar de
Carly. Jase dejó ahí su Jeep, a pesar de que todos se
habían mudado a su casa después de la boda. Saqué la llave
del piso y abrí la puerta. El lugar estaba vacío, a excepción de
los muebles. Ningún objeto personal, lo cual era bueno.
Rebusqué entre los cajones hasta que encontré las llaves
del Jeep. No sabía si ella volvería a Jersey, pero sabía que no
podía pedirle que recorriera el camino detrás de mí en mi
motocicleta – ni siquiera estaba cien por ciento seguro de
que la encontraría.
Apenas llevaba media hora fuera de la ciudad cuando Jase
me llamó.
«¿Estás en el Jeep?».
«Sí, no quise despertarte».
«Bueno, será mejor que lo hagas la próxima vez.
Seguridad me llamó diciéndome que alguien había entrado.
¿Encontraste a Tara?».
«Aún no, pero lo haré».
«Carly quiere saber si te diriges a…».
«Red Creek. Aparentemente creció ahí. Tan solo pensé
que quizás…».
Lo escuché cubrir el móvil para hablar con Carly.
«Oye, Jase, necesito concentrarme en esto. ¿Algo más que
quieras decirme?».
«Carly piensa que Tara debería quedarse en el
apartamento. Si ella vuelve contigo y tú no quieres una
relación seria…».
«Agradece a Carly de mi parte. Es una buena idea. Os
llamaré en cuanto la encuentre».
***
Conduje hacia el último domicilio registrado de Theodore
y Amy Gardner y encontré una casa en ruinas. Obviamente
estaba abandonada, pero necesitaba saber si el pequeño
pajarito podía estar ahí. Jamás lo admitiría, pero cuando me
siento devastado, voy a nuestro viejo hogar. Nunca he
entrado, pero si he llegado a pasar tiempo sentado frente a la
casa en la que solíamos vivir cuando las cosas estaban bien.
Subí por los peldaños de la entrada principal e intenté
abrir la puerta. Estaba cerrada por dentro, así que pensé en ir
a la parte trasera de la casa. Vi huellas en la suciedad,
marcadas gracias a la lluvia. Me puse en cuclillas para
mirarlas más de cerca. Pies pequeños, un pie izquierdo y un
derecho del mismo tamaño. Estaba seguro de que Tara había
estado aquí.
Seguí las huellas que se dirigían a la parte trasera y
encontré la puerta sin seguro. Entré a la casa y me moví con
lentitud. No había nada en el piso inferior. Subí
cuidadosamente por las escaleras, bastante seguro de que
eran lo suficiente resistentes; sin embargo, pisé
cuidadosamente los extremos de cada peldaño, tan solo
como precaución.
Arriba, una de las puertas estaba abierta y al atravesar el
umbral me encontré en un baño. Miré las paredes y vi marcas
de dedos en la suciedad. Al mirar más de cerca, vi los
números del uno al diez escritos una y otra vez.
Pajarito, ¿en dónde carajos estás?
Caminé por el pasillo y abrí una puerta que dirigía a una
habitación de tamaño bastante decente. Nada en particular,
así que fui a la siguiente. Obviamente esta solía ser la
habitación de un chaval. Aún tenía una cama, un guardarropa
y un baúl. Estaba más limpio que las otras habitaciones y
cuando miré alrededor noté que las paredes estaban pintadas
con murales. Tuve la certeza de que en algún momento eran
hermosos, pero ahora estaban desgastados. Miré al techo, el
cual se encontraba en la misma situación. Sin embargo, la
escena allá arriba me miró y me carcomió al grado de que no
podía permanecer más tiempo en la habitación sin darle
vueltas a toda esta jodida situación.
Mientras comenzaba a marcharme, la curiosidad se
apoderó de mí, así que abrí el baúl. Dentro había recuerditos,
ya sabes, de esos que las chicas recolectan. Un par de
muñecas y algunas mantas en bolsas de plástico, como si
alguien estuviera preservándolas.
Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí,
haciéndome camino escaleras abajo. Debí estar dentro de la
casa por mucho tiempo, pues ahora podía ver el sol
descendiendo en el cielo. El cielo estaba teñido de un color
naranja intenso; tenía que ser uno de los atardeceres más
bonitos que me había detenido a observar desde hace mucho
tiempo.
Salí al aire fresco y me sacudí el polvo de la ropa. Me senté
dentro del Jeep y miré el sobre que contenía la
documentación completa de la vida de Tara Gardner desde
que ella tenía cinco años.
Cogí mi móvil e ingresé ciertos datos para leer las
informaciones de la casa. Necesitaba saber quién era el
propietario. Eso sería lo primero que averiguaría mañana por
la mañana. Bajé por la colina, hacia la ciudad.
Me detuve en una estación de gas y compré una taza de
café y un tipo de comida rápida de mierda y me senté en una
mesa junto al mostrador. Se suponía que era un burrito, pero
no tenía mucho mejor sabor que la basura que solía comer en
el campo de batalla.
Volví a sentarme en el Jeep, intentando descubrir qué
hacer a continuación. Era un viaje demasiado largo como
para volver a casa para pasar la noche, y, de cualquier
manera, no estaba dispuesto a hacerlo. No cuando sabía que
Tara estaba tan cerca de mí.
Miré a través de la calle y vi una casa funeraria. Este día
simplemente continúa poniéndose más y más bizarro.
Había un timbre junto a la puerta, así que lo oprimí y
esperé. Juro por Dios que quien apareció detrás de la puerta
era el mismísimo tío Fester Addams. Le expliqué que estaba
buscando información para una amiga que necesitaba de mi
ayuda.
Él me llevó a su oficina, me senté y él se tomó su tiempo
caminando alrededor de su enorme escritorio hasta que
finalmente se sentó. Comenzó a escribir algo en el teclado de
su computador, un clic a la vez, con lentitud. Yo mismo no
era muy bueno en esto de escribir en el computador, pero
juro por Dios que iba a morirme de viejo antes de que Fester
terminara de escribir lo que sea que le cruzaba por la jodida
cabeza, y entonces decidí que quizás ese era su plan. Fester
iba a matarme por meter las narices en asuntos que no me
incumbían.
Él recargó la espalda en el respaldo y sonrió, juntó los
dedos de las manos mientras esperaba a que su computador
terminara de cargar. A juzgar por su aspecto, el computador
no era mucho más joven que Fester. Él tan solo se sentó ahí,
observándome. Yo no aparté la mirada en ningún momento.
No porque estuviéramos jugando a ver quién parpadeaba
primero, sino porque yo era consciente de que él controlaba
las cosas aquí y este sitio era algún tipo de puta casa
embrujada.
Así que sí, tan solo había un par de cosas en la vida que
realmente me asustaban. Jamás lo admitiría frente a alguien,
pero las películas de terror me daban pánico. En las zonas de
guerra yo era impasible, sin miedos, en situaciones con
rehenes podía mantener la calma por completo, si me
arrojaban a los lobos yo sería el único superviviente. Pero
nadie podía esperar que yo viera una película con pequeñas
muñecas diabólicas, o payasos asesinos – esas cosas eran
demasiado jodidas.
Fester, aquí frente a mí, comenzaba a hacer que me
preguntara a mí mismo si el resto de la familia Addams
estaba en la habitación contigua, esperando a que Fester me
llevara hasta mi muerte.
Me sobresalté un poco cuando comenzó a funcionar la
impresora a mis espaldas, y puedo jurar que los labios de
Fester esbozaron una sonrisilla casi imperceptible.
«Detrás de ti encontrarás todo lo que tengo respecto a los
Gardners».
«Muchas gracias por tu tiempo».
Tan pronto como la impresora se detuvo yo ya estaba de
pie y caminaba hacia la salida. Tampoco iba a mirar atrás.
***
Aparqué el Jeep frente al cementerio Saint John’s y me
quedé sentado dentro del coche. Estaba comenzando a
oscurecer y sabía que tan solo necesitaba saber si realmente
este era el sitio en donde los padres de Tara descansaban en
paz. Yo odiaba los cementerios y no porque les tuviera
miedo; después de todo, las personas aquí estaban muertas.
¿Por qué carajos me darían miedo? La verdad es que no había
puesto un pie dentro de un cementerio desde que papá
murió, y realmente no estaba en mis planes hacerlo – al
menos hasta ahora.
Cogí el poncho que tenía dentro de la guantera. Ya sabes,
uno de esos ponchos amarillos desechables que puedes
conseguir en las tiendas junto a las estaciones de gas. Sí, Jase
tenía un par de ellos en la guantera. O, más bien, Carly.
Apuesto a que en su infancia fue una niña scout. Cada
vehículo de la familia ahora tenía un botiquín de primeros
auxilios y todo lo que pudieras necesitar en cualquier tipo de
situación. Carly era una mujer jodidamente fenomenal.
La lluvia era bastante intensa ahora y la luz del día
comenzaba a desaparecer.
Salí del coche y me puse el poncho. La lluvia, la puta
lluvia. El desagüe del océano.
Las gotas de lluvia tamborileaban contra el suelo de
piedra mientras yo caminaba por el cementerio. El rítmico
sonido le otorgaba una especie de latido a este sitio de
muerte. Cerré los ojos y pensé en todos los lugares que
extrañaba. Los lugares que me hacían amar la vida otra vez.
Extrañaba tomar fotografías y viajar. Pero con nuestra nueva
vida en Industrias Steel, viajar ya no era algo que podía hacer
por placer.
¿Qué tan jodido era que en estos momentos me sentía más
vivo que hacía mucho tiempo? Necesitaba encontrar a
Pajarito. Y después tomarme un descanso antes de perder la
cabeza por completo.
Caminé de arriba abajo por filas y filas de lápidas en la
sección indicada en la hoja impresa que me entregó Fester.
De pronto, escuché un sonido por encima del tamborileo.
Eran unos suaves sollozos. Continué caminando a través de
los altos monumentos familiares hasta la última fila de
lápidas y la vi inclinada sobre una de las piedras. El corazón
se me detuvo por unos momentos mientras la observaba
acariciando la roca. Las lágrimas del cielo bailaban con las de
ella, las gotas de lluvia escurriéndole por los contornos del
rostro.
Me quedé petrificado y eso jamás me había ocurrido
antes. Necesitaba darle un momento, un puto momento para
enfrentarse al duelo de su pérdida. La observé mientras sus
dedos trazaban el contorno de los nombres de sus padres,
con amor, y lloró cada vez más fuerte. Se cubrió el rostro y
sus hombros comenzaron a temblar violentamente. Se puso
de pie, miró al cielo, levantó las manos y comenzó a gritar.
El sonido de su llanto me hizo pedazos por dentro, no
podía soportarlo más. Sus manos seguían en el aire y sus ojos
permanecían cerrados. Abrió la boca y lloró a todo pulmón
una vez más.
«Pajarito», no dije su nombre en voz alta, pues no quería
asustarla. Ella no me escuchó. Volví a llamarla, un poco más
fuerte, mientras caminaba hacia ella, sin poder contener el
deseo de reconfortarla.
Ella abrió los ojos, sobresaltada, y se limpió el rostro con
desesperación. «No – Cyrus, ¡NO!», la abracé y la sujeté
entre mis brazos con fuerza mientras ella comenzaba a
temblar. «Por favor, lo siento. Solo – necesito dejar de
llorar, ¡por favor!».
No podía dejarla ir; no lo haría. «No, Pajarito. Llora,
joder. Solo llora».
Ella se aferró a mi poncho, estrujándolo con firmeza entre
sus dedos mientras su cuerpo temblaba a causa del llanto.
Con cariño, hice que sus dedos soltaran el poncho; rasgué el
cuello para hacerlo más grande y se lo pasé por encima de la
cabeza, para cubrirnos a ambos de la lluvia. Entonces
Pajarito se aferró a mi camiseta. Sentí su cuerpo temblar y
sujeté su cabeza contra mi pecho.
No sé durante cuánto tiempo estuvimos ahí de pie bajo la
lluvia, pero estaba casi completamente oscuro cuando ella se
apartó de mí. Me miró y sus ojos se asemejaban a la Navidad;
verde y rojo. Se cubrió el rostro y se frotó los ojos.
«¿Cansada?», ella asintió con la cabeza. «Déjame sacarte
de aquí».
«No puedo».
«Tara, estás empapada – estamos empapados. Te traeré
de vuelta, lo prometo».
Ella no se movió, así que la cogí en mis brazos y la
levanté. Ella se sujetó de mi cuello. Caminamos a través de la
oscuridad hasta el Jeep.
Rasgué el resto del poncho, abrí la puerta y dejé a Tara
sobre el asiento. Caminé alrededor del coche y entré. Cuando
encendí el motor del Jeep, ella temblaba como una hoja. Me
estiré hasta el asiento trasero y cogí una sudadera. «Ponte
eso, Pajarito. Quítate lo que traes y ponte esto».
Miré hacia la ventana para darle algo de privacidad. Podía
escucharla tiritar.
«Olvidé mi mochila. Oh, no, tu fotografía…».
«Quédate aquí y pon seguro a la puerta. Ya vuelvo».
No fue fácil encontrar su mochila, pero lo hice. Cuando
me acerqué al Jeep, me di cuenta de que ya no estaba ahí.
Intenté abrir la puerta, pero estaba cerrada por dentro. Me
asomé por la ventana y Pajarito estaba hecha un ovillo en el
suelo. Di unos golpecitos a la ventana y ella me abrió la
puerta.
«Vi a Tony y Larry en el coche de Larry. Pasaron por aquí
dos veces. No debería esconderme. No debería…».
«Lo hiciste muy bien. Ajústate el cinturón», cogí mi
móvil de la guantera. Tenía numerosas llamadas perdidas y
mensajes.
«George, ¿qué pasa?».
Me dijo que este tío nos había seguido hasta Red Hook.
Dejé que George continuara mientras yo conducía hasta la
avenida principal. Cuando finalicé la llamada, miré a Tara. Se
veía asustada y exhausta.
«Duerme. Te llevaré a un sitio seguro, Tara».
«Quiero ir a casa». Estaba temblando y moviéndose con
nerviosismo. Podía escucharla hablar en susurros.
Conduje hasta un hotel que me topé en el camino hacia el
cementerio y entré al aparcamiento. Tara continuaba
susurrando. No tenía ni puta idea de lo que estaba hablando;
pero ella se veía como un completo desastre. Abrí la puerta y
le desabroché el cinturón de seguridad.
«Vamos».
Me miró frunciendo el ceño y no se movió, así que me
acerqué para levantarla nuevamente. Tan pronto como la
toqué, se aferró a mí y comenzó a llorar otra vez. Las
lágrimas brotaban sin control de sus ojos y estaba
empapándome la ropa. Tenía más de una razón para
sentirme un poco nervioso de llevarla dentro. Una razón era
Tony y Larry, pues necesitaba mantenerla lejos de ellos. La
segunda era porque no sabía cómo carajos mantenerla
tranquila mientras nos reservaba una habitación.
«Necesitamos entrar». Ella negó con la cabeza. «Allá
dentro no hace frío, Pajarito. Vamos. Por favor, te dije que te
ayudaría y lo haré. Pero no puedes desaparecer de nuevo,
joder. Y necesitamos entrar – ahora».
No esperé por su consentimiento – la levanté nuevamente
y la llevé en mis brazos hasta la entrada. La puse de vuelta en
el suelo y le levanté la barbilla para que me mirara a los ojos
mientras le limpiaba las lágrimas. «Mantén la calma un par
de minutos más. Después podrás darte un baño, ¿vale? Te
gusta usar la bañera, ¿cierto?».
Sus ojos se humedecieron mientras respiraba
entrecortadamente. Sabía que estaba completamente
destrozada por dentro y sabía que yo no era lo que ella
necesitaba en estos momentos. Ella necesitaba a alguien que
fuera capaz de cuidarla.
Le rodeé los hombros con el brazo y ella se hundió en mi
costado. Reservé una habitación para los dos y rápidamente
fuimos al ascensor. Ella no se apartó de mi lado y, siendo
honesto – no quería que lo hiciera. El trayecto en el ascensor
no duró lo suficiente. Sabía que tan pronto como llegáramos
a la habitación tenía que soltar a Tara. Debíamos ser solo
amigos.
Dios, ayúdame.
Encontrada
Q uería correr. No quería que él estuviera más
decepcionado de mí de lo que yo ya sabía que
estaba. Yo misma estaba decepcionada de mí. Le
había robado. Tenía la intención de devolverle todo lo que
había tomado, pero realmente no estaba preparada y no era
capaz de hacerlo pronto.
No quería estar aquí. Me hubiera gustado pasar la noche
en el cementerio. Se sentía bien llorar, se sentía bien estar
cerca de ellos, y quería hacerlo nuevamente. Lo necesitaba.
«Vamos». Él me arrastró fuera del ascensor y
caminamos hacia la puerta de la habitación. No recuerdo
nunca haber estado en un sitio como este.
Él abrió la puerta y me llevó con él al interior de la
habitación. Me sujetaba con tanta fuerza que casi me hacía
daño, pero si me soltaba sabía que me desmoronaría y
rompería en mil pedazos.
Cuando su agarre sobre mis hombros se suavizó, yo me
aferré con más fuerza a su costado, llena de miedo. Tenía
miedo de mirarlo, tenía miedo de atisbar dolor o enojo en sus
ojos, por mi culpa. También tenía miedo de que él me viera.
Esa versión de mí que había creado a través de los años de
terror que había vivido; me daba miedo decepcionarlo o ser
una carga, o ser vista en mis momentos más crudos, o…
«Vamos, Tara». Cyrus me llevó al baño y abrió el agua
para llenar la bañera. Después se recargó en el lavabo, sin
dejar de sujetarme.
«Vale, entra. Bajaré al Jeep para coger mis cosas y las
tuyas. Vuelvo enseguida. No puedo creer que las olvidé».
Cyrus resopló, algo nervioso. «Ni se te ocurra escapar
porque juro que te encontraré de nuevo. Te prometí que te
ayudaría, ahora debes permitírmelo».
Asentí con la cabeza. Tenía miedo de hablar, pues sentía
que volvería a llorar otra vez, y si lloraba… – simplemente no
podía llorar. Cyrus me abrazó una vez más antes de
marcharse.
Ahora sí podía llorar, al menos por unos cuantos minutos.
Cinco minutos para llorar.
Estaba en la bañera cuando él abrió la puerta. Cerró los
ojos con fuerza y apretaba las manos en forma de puño.
Sus ojos seguían cerrados cuando finalmente exhaló.
«Gracias», le dije.
Me enjuagué la cara, esperando que no pudiera ver las
lágrimas.
«No te miraré, Pajarito, ¿vale? Pero tampoco te dejaré
sola».
Todavía no podía responderle; todavía no podía hablar.
Terminé con mi baño y comencé a ponerme de pie. Cyrus me
dio la espalda, aún con los ojos cerrados, y me entregó una
toalla.
Me envolví en ella y finalmente carraspeé para
despejarme la garganta. «¿Me podrías dar mi mochila?».
«Sí, por supuesto». Cyrus salió del baño, dejando la
puerta abierta y cogió mi mochila de la habitación.
«Gracias», dije mientras la habría. Rebusqué en ella y
cogí el dinero. «Eh, Cyrus, lamento haber hecho esto, pero
aquí está el resto del dinero. Te pagaré; quiero decir, gasté
cuarenta y tres dólares. Lo prometo…».
«Está bien, Pajarito. ¿Tienes ropa? Necesitas…».
«No, tengo una sudadera, dos – oh, oh, Dios mío, lo
siento…». Estaba comenzando a hacerlo frente a él y ahora
estaba comenzando a llorar frente a él, otra vez.
Él vació mi mochila sobre el tocador y cogió ropa interior,
unos calcetines y una camiseta. «Vamos, pie izquierdo».
Cyrus estaba en cuclillas frente a mí, sujetando mis
bragas como si estuviera vistiendo a una chavala. Yo hice lo
que me pidió. Después me metió la camiseta por la cabeza y
cogió otra toalla y mi mano. Me arrastró detrás de él hasta
donde estaba la cama.
«Siéntate», me dijo apuntando a la cama. Me dio un
cepillo de cabello y cogió el menú de la mesita de noche
después de abrir el edredón de la cama. «Ven aquí, estarás
más cálida».
Me senté con la espalda recargada en la cabecera y me
envolví en las mantas. Su móvil comenzó a sonar y él dejó el
menú sobre mi regazo. «Debo contestar; elije algo para
cenar».
Cyrus contestó la llamada y caminó a través de la puerta
hacia la otra habitación.
«Sí, la encontré… no, ella está bien, creo… Jase, ni
siquiera he hablado con ella aún… Acaba de darse un baño y…
Oh, por un demonio, ¡NO!», lo escuché sisear. «Se siente
jodidamente abrumada, vale. No soy tan jodidamente
imbécil… vale. Tú mismo puedes decírselo después de que
logre que coma algo. Te llamaré… no ahora, Jase. Sí, llama a
George de nuevo. Dile que se encargue de ello. Quiero
deshacerme de esos bastardos y, créeme, haré las cosas a mi
manera si no llegan a un puto acuerdo… No, Jase, hoy ella
comerá algo y se irá a la cama. Mañana tengo un par de cosas
que… Dos días, vale. Estaré de vuelta en dos días».
Miré a través de la puerta mientras Cyrus levantaba el
móvil en el aire, como si quisiera arrojarlo a la pared. Estaba
caminando y maldiciendo por lo bajo, cabreado, sumamente
cabreado – por mi culpa.
Se detuvo, se puso en cuclillas y se restregó el cuero
cabelludo con las manos. Me despejé la garganta y él se puso
de pie y me miró. Intentó recobrar la compostura y entró
nuevamente a la habitación en donde yo estaba.
«¿Ya sabes qué quieres comer?».
«Eh», negué con la cabeza. «¿Estás bien?», le pregunté.
Él exhaló con fuerza y asintió. «Hambriento, ¿y tú?».
No respondí inmediatamente. «Cansada, muy cansada».
«Primero debes comer algo». Cyrus se recostó contra la
pared a mi lado, tranquilizándose. «¿Un emparedado de
queso a la parrilla y sopa de tomate? Oh, es verdad, eso no te
gusta, ¿cierto?».
«Lo siento».
«Es una broma». Cyrus me miró y observó el menú en mi
regazo. «Dime qué quieres».
«¿Sopa de pollo? ¿Quizás un par de galletas saladas?».
Él continuó mirándome y entrecerró sus ojos marrones
ligeramente. «Deberías ordenar algo más que eso. ¿Cuándo
fue la última vez que comiste?».
«Esta mañana. Lo siento, es solo que tengo tanto frío y
estoy tan cansada…».
Cyrus cogió el teléfono de la habitación y ordenó la
comida. Me hundí en la cama y él sonrió. Se veía cómodo,
pero fue tan solo por una fracción de segundo antes de volver
a ponerse en movimiento. «Me daré una ducha, descansa. Te
despertaré cuando la comida esté aquí».
Él comenzó a marcharse.
«Cyrus». Se dio la vuelta y me miró. «No tenías que
venir. Lamento… lamento ser un problema».
«Ciertamente eres un dolor en el culo, pequeño
Pajarito». Desapareció en el baño.
Me recosté y estaba casi dormida cuando el móvil de
Cyrus comenzó a sonar. Lo cogí y vi el nombre Jase en la
pantalla. Temiendo que fuese una llamada importante, salí
de la cama y caminé hasta el baño.
La puerta estaba ligeramente abierta y el agua de la ducha
caía rítmicamente. Entré y me quedé petrificada al mirarlo.
Cyrus, el hombre que, por alguna razón necesitaba
salvarme, era realmente hermoso. Era alto, muy muy alto y
de espalda ancha. Su complexión corporal perfectamente
podría estar entre la de un fisiculturista y un modelo de ropa
interior. Sus manos estaban apoyadas contra la pared de la
ducha y tenía la cabeza inclinada hacia abajo, mirando el
suelo mientras el agua caía sobre su nuca. Su cabello,
bastante oscuro de por sí, se veía como el azabache mientras
el agua lo empapaba y le recorría la línea de la mandíbula.
Cyrus levantó la barbilla, con los ojos cerrados, y movió la
cabeza ligeramente hacia la izquierda y después a la derecha,
permitiendo que el agua escurriera sobre cada rincón de su
rostro. Lo observé mientras el agua se deslizaba por su pecho
y continuaba por su costado en donde tenía escrito con tinta
negra Steel para siempre. El agua le besaba las estrechas
caderas y continuaba descendiendo hasta su musculoso culo.
Cyrus se irguió, aún con los ojos cerrados y se enjabonó las
manos, dándose la vuelta para frotarse el cabello, el rostro y
el cuello. Cogió la esponja, le puso más jabón y se limpió las
axilas y el pecho, después su bien definido torso y más abajo.
Mis ojos siguieron el camino de jabón que Cyrus trazaba
sobre su cuerpo. Incluso en las pocas películas que había
visto con Tony, jamás había visto un pene tan magnífico.
Caía, grueso y macizo, frente a las piernas de Cyrus. Era
largo, ancho y en perfecta proporción con su musculoso
cuerpo. Cyrus se lo lavó con la esponja lo levantó para lavarse
el escroto. Con una mano sujetaba su pene mientras
masajeaba sus bolas gentilmente. El sonido que escapó de la
garganta de Cyrus mientras se lavaba lentamente provocó
algo dentro de mí. Sentí mi cuerpo tensarse, una sensación
de hormigueo y espasmos me recorrieron la entrepierna,
como si supiera lo que quería.
Cyrus se tomó su tiempo. Cada vez que se masajeaba hacía
que la temperatura en mi cuerpo incrementara.
«Pajarito», lo escuché susurrar y comenzó a masturbarse
con más fuerza. Él sentía lo mismo que yo. La evidencia
estaba en sus manos.
No podía moverme. Estaba maravillada por Cyrus. Me
mojé y cada vez me resultaba más difícil respirar. Me
propuse retroceder, pues sabía que estaba mal observarlo en
estos momentos. Tenía tantas ganas de tocarlo y sentía la
necesidad de que él me tocara. Cada paso que daba,
alejándome de él, me resultaba increíblemente doloroso. Lo
deseaba tanto, mi cuerpo estaba hambriento de Cyrus.
Me recosté en la cama intentando olvidar lo que acababa
de ver, intentando concentrarme en algo que no fuera Cyrus
desnudo bajo la ducha. Pero las pulsaciones entre mis
piernas tan solo se volvían cada vez más potentes y la
necesidad de que Cyrus me llenara por dentro me hizo abrir
las piernas, casi inconscientemente. Mis pechos se volvieron
más pesados y arqueé la espalda. Imaginando sus manos,
cogí uno de mis pechos. Perdiendo el control de mí misma,
permití que mi otra mano se deslizara hasta mi entrepierna
mientras mi mente viajaba de vuelta a la imagen de ese
hombre fenomenal bajo la ducha. Me toqué con suavidad y
fue como si me hubiera atravesado un rayo. Permití que mis
dedos bailaran alrededor de mi clítoris mientras pensaba en
Cyrus masturbando su enorme polla. Abrí la boca mientras el
placer necesitaba escapar de mi interior, de alguna manera.
Me froté el coño con más fuerza, más rápido, olvidándome
por completo de mis inhibiciones; consumida por la
necesidad y el deseo de satisfacer mi sed. Inserté un dedo
dentro de mi chocho, intentando llenar el vacío que exigía a
Cyrus a gritos. Con cada penetración, su nombre comenzó a
escapar de mis labios. Un susurro, una súplica. Un deseo
puro.
Pero eso no era suficiente.
Necesitaba más.
Lo necesitaba a él.
Necesitaba que Cyrus me llenara.
Completamente.
Frenesí
L e di una propina al joven que nos trajo las bandejas
con comida y las dejó sobre la mesita, frente al sofá.
Esperaba con todo mi ser que ella estuviera dormida cuando,
tan solo envuelto en una toalla, caminé hacia la habitación
para coger mi mochila. Entonces miré a la cama.
Oh, joder, Pajarito. Me pareció escuchar sus gimoteos.
Tenía las mejillas coloreadas y retenía los sonidos que
escapaban a través de sus labios hinchados. Me hubiera
encantado que el edredón de la cama se cayera para revelar lo
que yo sabía que estaba sucediendo debajo. Las mantas se
movieron y supe que ella estaba cerrando las piernas. Su
cuerpo tembló, abrió la boca y escuché mi nombre deslizarse
a través de su boca.
Sentí mi polla irguiéndose, dura, y en ese momento supe
que iba a echar todo a la mierda.
«Pajarito». Ella abrió los ojos mirando alrededor
confundida, perdida, herida. «No puedes hacerme esto», le
dije.
Ella se puso jodidamente colorada y se cubrió el rostro.
«Lo siento, oh Dios, lo siento tanto. Te vi en la ducha y eres
hermoso, y…».
Me senté a su lado en la cama, a pesar de que sabía que no
estaba bien. «Bueno, entonces yo lo siento».
«Por favor, no. Estoy tan avergonzada. Yo…».
No habría podido esconder mi polla, aunque hubiera
querido, así que ni siquiera lo intenté. La toalla no cubría
demasiado. «No lo estés. ¿Tienes hambre?».
Pajarito puso esos ojos verdes en blanco por un segundo e
hizo una mueca. «De ti – lo siento, es solo que… tenemos
dos viajes más, ¿no es cierto?».
«Pajarito, no deberíamos. Podemos ser amigos. Acabas de
experimentar demasiadas cosas». Estaba sorprendido por mi
propia habilidad para decir algo que era completamente
opuesto a lo que sentía en realidad. Me sorprendí aún más
cuando Tara apartó rápidamente el edredón y las mantas
para abalanzarse sobre mí. Con una mano comenzó a
masturbarme.
Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, mi mano se
abrió camino hasta su pequeño y caliente coño y mi boca
envolvió uno de sus pezones. «Solo dos viajes más.
Prométeme que esto no lastimará a nadie. Amigos, Pajarito,
así es como debe ser». No quería escuchar su respuesta, así
que besé su boca con fuerza y me recosté con la espalda en la
cama, trayendo a Pajarito conmigo. No podía tener suficiente
de ella. Era imposible. «Pajarito, tus tetas son tan
jodidamente perfectas».
Succioné con fuerza su pezón izquierdo, evitando el
derecho. Vete al infierno, Tony. Sus pezones se endurecieron
como dos pequeños guijarros y ella gimoteó mientras
continué masajeando y succionando su pequeña teta. De
verdad eran perfectas y yo no quería detenerme.
Sentí su mano jugando con mi polla y restregándola
contra su coño caliente; yo todavía no estaba listo para eso.
Yo no tenía una fascinación especial por las tetas, pero las
suyas… joder. Las tetas de Pajarito eran hermosas.
Ella me miró, arqueando la espalda, esperando por más.
Yo quería darle más; más de todo.
Me la quité de encima y coloqué su espalda en la cama.
Retiré su mano de mi polla y sujeté sus manos por encima de
su cabeza mientras yo la chupaba y saboreaba. Sus gemidos y
gimoteos me impulsaban. Me suplicaban que continuara.
Aparté la cabeza de su coño y la penetré con una mano
mientras recorría con la lengua el piercing en su teta. Lo
saboreé con movimientos circulares y después le di un
tironcito. Ella gritó mi nombre y sus caderas comenzaron a
moverse. Succioné con más fuerza su pezón, mientras ella
gritaba una y otra vez. Hice que Pajarito se corriera mientras
succionaba su teta.
Ella se quedó en la cama, jadeando, incapaz de detenerse.
Solté sus manos y me dirigí a su cuello; besándola,
succionando su piel, mordiéndola.
«Joder, Pajarito. Puedo oler tu deseo. Voy a hacerlo lento
contigo. Voy a demostrarte cómo debería haber sido la
primera vez».
Mi boca, mis labios y lengua recorrieron cada milímetro
de su torso. Quizás yo era un mujeriego, pero justo ahora le
demostraría lo que era ser apreciada como un ser sexual. No
solo ser follada como una puta o vendida como una
prostituta… a pesar de la necesidad de mi polla por
descargarse ahora mismo.
Me hice camino hacia sus caderas. Ese jodido tatuaje
mirándome a los ojos, le di pequeños mordiscos. En mi
mente, estaba removiendo la marca que ese gilipollas le
había dejado sobre la piel. Pero poco importaba; después de
todo, él no había tenido la oportunidad de tocar a Tara de
esta manera. Ella eligió entregarse a mí, y yo iba a darle todo
de mí una vez más. Quizás yo no fuera un buen hombre, pero
iba a demostrarle lo que se merecía una tía como ella. Justo
ahora, iba a ser el mejor hombre que Tara jamás haya
conocido.
Lamí el interior de sus muslos, lentamente haciéndome
paso hacia su pequeño y húmedo coño. La besé suavemente y
antes de llegar ahí, fui hacia el otro muslo; succionando,
mordiendo suavemente y luchando para tomarme mi tiempo
con ella, justo como se lo merecía. Era como esquivar balas
con los ojos vendados en una habitación a oscuras.
Forzándome a mí mismo a ir lento, conteniéndome, hasta
que ella montó sus piernas sobre mis hombros y cogió mi
cabeza para acercarla justo a dónde ella quería que estuviera.
Acaricié su calor con la nariz y ella jadeó. Mi lengua recorrió
los labios de su coño y Tara gritó. Sus piernas presionaron mi
cabeza, cogí sus piernas con los brazos y las abrí de par en
par.
«Eres jodidamente hermosa, Pajarito. Tu pequeño coño
es hermoso».
«Por favor», suplicó, levantando las caderas hacia mi
cara.
«Calma, Pajarito. Te lo daré, tan solo permíteme…».
«¿Qué pasó con duro y salvaje?», gruñó, lo cual me tomó
jodidamente por sorpresa. «Cyrus, por favor, estoy…».
«Mereces algo mejor que eso, Pajarito».
«Cyrus, por fav…».
No pude contenerme. Abrí sus piernas y la lamí sin más,
comenzando lentamente e incrementando el ritmo en
cuestión de segundos. Chupé su pequeño coño, lamiendo y
succionando cada vez más. Ella presionó sus caderas contra
mi cara y gritó una y otra vez.
Necesitaba estar dentro de ella. Tenía tanta necesidad de
correrme que dolía – aún no. La penetré con un dedo y su
cuerpo me envolvió. No podía esperar a que mi polla
estuviera ahí también. La penetré cada vez más fuerte y
profundo y ella se cubrió el rostro.
«No, quiero verte. Quiero ver cuando te corras, Pajarito».
Ella no apartó sus manos y yo la penetré con otro dedo.
Gimió y apartó las manos de su rostro para coger con fuerza
las sábanas detrás de ella. Tara estaba tan tensa y al límite.
Arqueó la espalda y contuvo la respiración. Sentí la pulsación
de su coño. Su pequeño cuerpo envolviendo mis dedos.
No podía contenerme más. Estaba comenzando a perder el
control. De pronto la necesidad se apoderó de mí. Me coloqué
encima de ella, soportando mi peso con los brazos y froté mi
polla contra su coño. Tara abrió la boca y sus ojos se
humedecieron – sus ojos se humedecieron, joder. Bien podría
correrme ahora mismo.
«¿Duro y salvaje, Pajarito?».
«Sí, oh, por favor, ¡sí!», su súplica me dejó rendido y la
penetré con fuerza. Con tanta jodida fuerza, pues ya no podía
controlarme más.
Ella se aferró a mi cuello y levantó su cuerpo para
acercarse al mío. Yo no podía moverme hacia adelante o
hacia atrás; ella envolvió su cuerpo alrededor del mío y
comenzó a follarme. Me senté, llevando a Tara conmigo
mientras ella continuaba moviéndose arriba y abajo.
Perplejo, me perdí en el sexo. Su boca estaba en mi cuello y
literalmente me estaba comiendo. Nunca nadie antes había
estado encima de mí de esta manera. Tara estaba envuelta en
un frenesí total y, hasta antes de mí, nadie la había tocado.
Levanté sus caderas y lentamente las presioné más contra
mí, sujetándola con fuerza para recuperar el control.
«Eres tan jodidamente sexi, Pajarito. Tan jodidamente
estrecha». Me di cuenta de que mi voz temblaba y ella colocó
su rostro contra el mío, mirándome a los ojos mientras
movía las caderas en círculos.
No dijo ni una sola palabra, pero sus ojos no se apartaron
de los míos. Estaba intentando enseñarme algo; enseñarme
algo que yo no podía aceptar. La levanté, recuperando el
control. Ella se detuvo por un momento y yo la sujeté
mientras me ponía de pie. Aún con mi polla dentro de ella, el
sudor recorriendo nuestros rostros, caminé con Tara al baño.
Le quité la camiseta, abrí el agua de la ducha y entré.
Saqué mi polla de Pajarito y ella plantó los pies en el
suelo. Entonces le di la vuelta, de forma que Tara estuviera
de frente a la pared.
«Espera, Pajarito», le advertí mientras rápidamente la
penetraba con mi polla desde atrás.
Sujeté su cintura con las manos y salvajemente comencé a
embestirla, una y otra y otra vez, hasta que estaba a punto de
correrme. Saqué la polla rápidamente y ella gimió y jadeó,
intentando recuperar el aliento mientras se daba la vuelta
para mirarme mientras yo me corría como nunca antes.
Cuando terminé, abrí los ojos y ella estaba recargada
contra la pared de la ducha, buscando mi mirada. Sin
pensarlo, la cogí en mis brazos y la abracé.
«¿Estás bien?».
Ella levantó la mirada y me sonrió.
«Sí». Cerró los ojos, su sonrisa se amplió y comenzó a
chuparse los labios.
«Esto no es la razón por la que vine…».
«Sí, ya me has dicho la razón. Eres un hombre de
palabra», comenzó a dibujar con el dedo el tatuaje en mis
costillas, justo debajo de mi corazón. «¿Me hablarás de
esto?».
Cogí la barra de jabón, me enjaboné las manos y masajeé
sus tetas. «¿Qué tal si nos lavamos?».
«Es un garabato, pero parecen clavos. ¿Son clavos,
Cyrus?».
Estaba bastante impresionado de que ella lo viera, pero
disimulé y le resté importancia. «Sí, son clavos».
Cogí la esponja y froté su entrepierna. Ella entreabrió los
labios y yo sentía tanto deseo de seguir frotando, para hacer
que se corriera una vez más. «¿Tienes hambre?».
Ella sonrió. «¿Es el mismo viaje?».
«Neh, Pajarito. Hablo de comida real».
Ella entrecerró los ojos. «Quizás un poco».
«Buena niña». Tan pronto como las palabras se
deslizaron de mis labios, recordé que era una jodida niña.
Tenía veinte años y yo era demasiado jodidamente mayor
para ella.
Me enjuagué el cuerpo y rápidamente salí de la ducha.
¡Joder!
«Las toallas están aquí. Cogeré tu ropa».
Cuando Tara salió del baño miró alrededor, respiró
profundamente y entonces caminó hacia el sofá.
«Siéntate y come. Necesito decirte un par de cosas». Ella
se sentó y le acerqué un emparedado de queso a la parrilla.
Ella comenzó a mordisquearlo y yo olvidé por completo lo
que tenía que decirle.
Ella me miró. «¿Te gusta el queso a la parrilla?», me
preguntó.
Yo asentí. «Sí».
«Está muy rico, gracias». Dejó el emparedado y cogió el
tazón de sopa, sopló suavemente antes de comer un poco. Me
senté en el sofá y la observé cerrar los ojos mientras tragaba.
Ella levantó el tazón. «No es tomate, pero también está
rica».
«No lo sé, pero parece que realmente lo estás
disfrutando».
¿Qué carajos estaba mal conmigo? Estaba actuando como
Carly después de un puto trago. Las palabras tan solo
escapaban de mi boca, sin pensarlo.
«Escucha, Tara…».
«¿Por qué me llamas Pajarito?».
Comencé a hablar y entonces me detuve, intentando hilar
mis pensamientos. Ella inclinó la cabeza ligeramente, como
un cachorrito cuando llaman su nombre e intenta
comprender qué es lo que necesitas.
«La forma en que bailas. Lo recuerdas, ¿con Carly, en mi
casa? Me pareció que te veías como un pájaro». Aparté la
mirada, cogí un cuchillo y tenedor y comencé a cortar el
filete que ordené. Comí un poco y miré a Tara, para darle un
poco. Ella se inclinó hacia a mí mientras se sostenía el
cabello. Abrió la boca y, sí, le di de comer en la boca.
Ella sonrió mientras masticaba. «También está
delicioso».
«¿Quieres más?». Yo sí quería. Quería más de ella. ¿Tan
solo un viaje más? ¡Joder!
«No, gracias. Quizás enferme. Estoy satisfecha».
Se recargó en el respaldo del sofá y continuó comienzo su
sopa mientras yo comía. «¿Cansada?».
«Sí». Tara flexionó las rodillas contra su pecho. «Te
esperaré».
«Ve a la cama. Debo hacer una llamada». Y, además, no
necesitaba dormir en la cama junto a ella, a pesar de que eso
ciertamente me habría ayudado a no quitarle los ojos de
encima. «Escucha, a pesar de lo bien que estuvo eso de
allá…».
«Estuvo fenomenal», me dijo mientras miraba el tazón
de sopa.
Joder, ¿de verdad? Quería preguntarle, pero no podía.
«Tara, no quiero que las cosas se pongan extrañas entre
nosotros. Ambos tenemos muchas cosas que solucionar».
Ella asintió y dejó el tazón sobre la mesa. «No será así,
Cyrus. Buenas noches».
La observé mientras caminaba rápidamente hacia la
habitación.
Desde donde estaba sentado, la vi subirse a la cama y
envolverse en las mantas.
Me senté, comí y la escuché murmurar. Cuando terminé,
me acerqué más a la puerta para poder escuchar lo que
estaba diciendo. Estaba contando las cosas en la habitación.
Entré y ella se detuvo. «¿Estás bien?», le pregunté.
«Estás enfadado». Tara se cubrió con el edredón hasta la
barbilla y me miró y sus ojitos reflejaban su corazón roto.
¿Cómo se supone que debía responder a eso?
«Estoy cansado. Estoy enfadado conmigo mismo.
Mereces algo diferente, algo mejor».
«Lo siento…».
«Pajarito, no te disculpes conmigo jamás, ¿vale?
Simplemente… necesitas… ¡joder!».
«Un… sol, dos…».
«Para, joder», me senté a su lado. «¿Por qué haces
eso?».
Hubiera preferido que me abofetearan a que Tara me
mirara de la manera en que lo hizo. No estaba seguro lo que
era; miedo, dolor, enojo… pero fue como si me diera una
puñalada en el corazón.
«Quiero dormir…».
«Escucha, lo siento, Pajarito. Lamento que… Te dije que
no soy un buen hombre. No debería haber permitido que esto
volviera a suceder. Si hubiera sabido que nunca habías tenido
sexo, esto ni siquiera habría sucedido la primera vez, ¿vale?
Si hubiera sabido que eras…». Ni siquiera podía decirlo. «Si
hubiera sabido, Pajarito, si hubiera sabido todo, hubiera sido
tu amigo, pero no…».
«¿Qué sabes?». Sus manos comenzaron a moverse
nerviosamente y yo odiaba hacerla sentir de esta manera.
Cogí sus manos. «Tengo tres hermanos, Pajarito».
«Y una mamá y un papá y van juntos a la playa…».
Estaba comenzando a temblar. «Yo no… joder – escucha,
soy un gilipollas, ¿vale? Tan solo vivo para mí mismo. Hago
lo que quiero cuando quiero. No traigo gente nueva a mi vida,
tan solo tengo a quienes han estado desde el principio, y
entonces Carly… bueno, te llevó a mi casa…».
«Lo siento…».
«¡NO!», vociferé y ella se sobresaltó. «Ostias. Eras tan
jodidamente única, diferente al resto de las mujeres que
siempre me rodean. No fuiste – recíproca. Me dijiste que no
cuando te ofrecí sentarte en mi regazo. Esa mierda no
sucede; no conmigo. Eso no es a lo que estoy acostumbrado.
Fue un reto, Tara. Luego lo que sucedió en la tienda… en ese
momento supe que estabas rodeada de gente mala. Le
agradas a Carly, ella no tiene amigos… qué carajos. Enserio,
¡solo salisteis juntas una vez! ¡Una puta vez y esa es mi
jodida excusa! Te dije que no soy un buen hombre, así
que…».
«Lo siento…».
«Por una mierda, Pajarito. ¡No es tu culpa!», estaba
ahogándome. Odiaba todo este sentimentalismo de mierda.
«Hace mucho tiempo tomé la decisión de no jugar a esto
nunca más. No lastimar a nadie nunca más. Vivir una vida sin
arrepentimientos y reírme cada día porque no tengo ni puta
idea de lo que sucederá después».
«Sin responsabilidades», ella susurró.
«Ninguna». Cerré los ojos y sentí cómo Tara sujetaba mi
mano con fuerza. O al menos con tanta fuerza como eran
capaces esas pequeñas manitas…
«¿Por qué alguien te lastimó en el pasado?», me
preguntó. Comenzó a trazar con sus dedos el contorno del
tatuaje sobre mi pecho. «Un espejo roto».
No tenía idea de cómo sabía lo que era, así que miré sus
ojos verdes. Me sentía lleno de duda y preocupación, listo
para defenderme. No quería tener a Tara dentro de mi mente.
No quería que nadie estuviera dentro de mi mente. Abrí la
boca justo para decirle eso, pero no pude hacerlo. No podía
hacerle daño.
«No necesitas contármelo», susurró y bajó la mirada,
observando la tinta en mi piel. No dije nada, ¿cómo se
supone que debía responder a eso? «Sé lo que es
simplemente desear que los demás piensen que eres
normal».
Ella me miró por un instante y volvió a apartar la mirada.
«No me importa lo que piensen los demás. No me
importa si me ven lleno de tinta o si me ven en un puto traje.
Sé quién era en el pasado, sé quién soy y en quien quiero
convertirme. Lo siento. Sé cosas de ti que quizás no quieres
que sepa. Jamás fue mi intención rebuscar en tu pasado,
Tara. Tan solo quería asegurarme de que estuvieras a salvo».
Ella parecía más tranquila ahora y yo también me sentía
así. Me recargué contra la cabecera de la cama y la miré, pues
ella seguía inspeccionando el arte en mi cuerpo.
«Has dicho que no puedes volver a hacerle eso a nadie
nunca más, pero… después de todo lo que sabes… ¿aún
quieres ser mi amigo?», su voz sonó como un graznido y me
miró a los ojos.
«Realmente me gustaría serlo. Estoy seguro de que Carly
también quiere ser tu amiga».
«Vale». Intentó sonreír, pero falló miserablemente. Soltó
mi mano y se cubrió el rostro.
No pude evitar sonreír. «Gracias».
Ella se descubrió el rostro. Por un breve instante pareció
confundida, pero después recobró la compostura. «Así que,
si somos amigos, ya sabes… dime, ¿qué sabes de mí?».
«Sé que la vida no ha sido fácil para Tara Gardner. Sé que
tus padres murieron cuando eras una chavala…».
«Cinco», dijo bajando la mirada. Frunció el ceño, respiró
hondo y forzó una sonrisa. «Tenía cinco años».
«Sí, lo sé».
«Vale, así que ahora tú cuéntame algo».
«¿Acaso estamos jugando a algo?».
«Bueno pues, somos amigos, creo», se detuvo y soltó
una risilla. «Realmente nunca tuve amigos. Quiero decir,
Tony lo era, o eso creía. ¿De qué hablan tú y tus amigos?».
«Bueno, de nada que pueda decirte ahora». Era cierto,
pues ya había estado dentro de ella, encima de ella.
«Así que hablan de sexo. ¿Eso es lo único de lo que hablas
con tus amigos?».
«Sí, prácticamente. Es triste, ¿no? Lo ves, necesitas un
par de Carlys». Ella se recostó sobre el costado y se acercó
más a mí.
«Creo que me agrada Cyrus. Háblame de este», me dijo
trazando el borde de un barco.
No sé si fue a causa del cansancio o por qué razón, pero le
conté que había estado en la marina y que eso era lo que
representaba el tatuaje.
«¿El espejo tenía seis piezas?».
«Por favor, no hablemos de ese». No podía hablar de eso
– no con ella, ni con mi familia, ni con nadie. Nunca.
«¿Y este?», dijo apuntando al garabato de clavos.
Sujeté su mano contra mis costillas, frenando su pequeña
exploración por mi piel. «No esta noche. Ya te he hablado de
uno. Si descubres lo que representan todos, quizás ya no
quieras ser mi amiga, Pajarito».
Ella soltó una risilla. «Estoy bastante segura de que eso
no es verdad».
«¿Fuiste a tu vieja casa?», le pregunté. Ella me miró con
los ojos entrecerrados. «Estaba intentando encontrarte, ¿lo
recuerdas?». Ella asintió. «Era tu casa, ¿o no?», continué.
«Hace mucho tiempo», respondió colocando su cabeza
sobre mi pecho y yo la envolví con un brazo, acercándola
más a mí. Eso hacen los amigos, ¿verdad?
«Así que, la pequeña habitación amarilla, ¿era tuya?».
Ella tragó saliva con fuerza. «No entré»
«Pajarito, necesitas verla», le dije acariciando su brazo.
«Me da miedo que, si no es exactamente como en mis
recuerdos, entonces todos se convertirá en una mera
fantasía… y entonces me quedaré sin nada», susurró.
«Entonces dime, ¿por qué fuiste ahí?».
«No – no tenía otro sitio a dónde ir», su voz se quebró y
yo no quería presionarla.
«Vale, ahora duerme. Mañana hablaremos de cómo
mantenerte a salvo y planearemos qué hacer, Pajarito. El
cielo es el límite».
«Vale». Tara se puso cómoda a mi lado. Sabía que debía
ser un buen hombre, ponerme de pie y marcharme. Dejarla
dormir sola. Pero yo no era un buen hombre.
Ardiendo
M e desperté temblando. Frío, tenía tanto frío. Me
puse de pie, caminé al baño y be serví agua del
grifo. Cuando salí, vi a Cyrus dormido en el sofá con su
móvil, una libreta y un bolígrafo sobre su pecho.
Me acerqué y alcancé a leer lo que había escrito:
Los derechos del video, cuánto cuestan
Casa, a quién le pertenece, por qué está abandonada
Cementerio, flores y esa mierda
Llevarla a casa
¿Trabajo? ¿Escuela?
Descubrir cómo mantener a ese gilipollas lejos, ¡y hacerlo!
Arreglar ese PUTO Y JODIDO tatuaje
Mantenerla a salvo y ser amigos
Misión cumplida
yrus abrió los ojos. «¿Estás bien, Pajarito?», me preguntó.
«Tengo frío. Estaba intentando descubrir cómo encender
C la calefacción».
Se puso de pie y caminó hacia el termostato de la
habitación.
«Estamos a veinticinco grados aquí, ¿segura que te
encuentras bien?», me dijo palpándome la cabeza.
«Pajarito, estás ardiendo. Vamos, ven a la cama».
Me recosté, refunfuñando. «Hace frío».
«Vale». Cyrus se recostó a mi lado, atrayéndome a su
costado. «Calor corporal».
No podía dejar de temblar y él me sujetó con fuerza.
«Tienes fiebre, Pajarito. No te muevas, ahora vuelvo».
Tan pronto como Cyrus se apartó, sentí como si estuviera
desnuda sobre una cama de nieve.
Me cubrí con las mantas hasta la cabeza y Cyrus volvió.
«Vale, nos traerán algo de Tylenol a la habitación»,
Cyrus apartó la manta de mi rostro y yo hundí la cara en el
colchón. Él se recostó encima de mí mientras yo temblaba
descontroladamente. «Estarás bien. La medicina llega en
menos de diez minutos. Tú puedes con esto, ¿vale?».
Estaba tiritando. «Enfermarás si te quedas aquí», le dije.
Cuando era una chavala y vivía en hogares provisionales,
si alguno de nosotros enfermaba nos hacían hacer
cuarentena. Nos encerraban en nuestra habitación hasta que
nos sentíamos mejor.
Cyrus se rio. «Pajarito, si enfermo, no tendrá nada que
ver con esto. Y estoy bastante seguro que me habría
contagiado antes. Intenta dormir y dime si te aplasto con mi
peso».
«Estás calentito», alancé a pronunciar.
«Tú también estás jodidamente caliente, Pajarito».
Me desperté con Cyrus acariciándome la espalda. «Vale,
pequeño Pajarito. Siéntate por un minuto. Tienes fiebre de
treinta y ocho grados. El Tylenol te ayudará».
No quería moverme, pero tampoco quería decirle que no a
Cyrus, pues estaba siendo amable conmigo.
Me senté y el sostuvo frente a mí un vaso con una pajita.
«Abre la boca y bebe», me ordenó. Hice lo que me indicó y
comencé a temblar inmediatamente. «Vale, acuéstate para
que pueda calentarte».
Cyrus volvió a despertarme una vez más e hizo lo mismo.
«Cada seis horas, ¿vale? Lo lamento».
«Gracias». Volví a recostarme e inmediatamente lo sentí
recostado encima de mí, cálido, cómodo y haciéndome sentir
segura.
***
Me incorporé; la habitación seguía a oscuras.
«Sí, está bastante enferma… no tengo idea… noup, no la
traeré de vuelta aún, haré que descanse y coma algo… Carly,
en cuanto se sienta mejor, ¿vale? …lo entiendo. No, gracias
por el consejo… de verdad que eres un dolor en el culo… No lo
sé, déjame ver», lo vi coger mi mochila y rebuscar dentro de
ella.
«Dice talla catorce en sus bragas… no – Jesús, tú la viste…
no lo sé… joder, C, tiene veinte años… ¿Cómo carajos se
supone que sepa eso? Quizás sea talla de niña o talla
europea… Te juro por Dios que yo me encargaré de eso, tan
solo… vale, joder te encanta el papel de mamá
sobreprotectora, ¿o no? …Sí, lo sé… talla S, la camiseta dice
S… Carly, no tenía un sujetador con ella… no, sus tetas no son
pequeñas, son como del tamaño de mi mano… ¡Ostias, si tú
has preguntado! Zapatos… espera… cinco, dice talla cinco…
Una cosa más, ¿podrías por favor comprarle ropa de adulto?
No es una niña… Te juro por Dios C que cuando te vea… Sí, sí,
sí, te agradeceré por todo… Ella y yo vamos a ser amigos,
buenos amigos, C, no me… No, no quieres conocer la
respuesta a eso… ni a eso… Dios, C, tampoco a eso… sí,
hablamos pronto».
Cyrus finalizó la llamada, se recostó en el respaldo del
sofá y se pasó las manos por el cuero cabelludo. Yo podría
haberme quedado aquí sentada mirándolo todo el día, pero
necesitaba orinar.
Salí de la habitación y él se sobresaltó. «¿Te sientes
mejor?».
«Eso creo. Necesito usar el baño».
Cuando salí, Cyrus tenía algo en las manos. «Ven, Tara.
Debo tomar tu temperatura».
Cyrus sostuvo el dorso de mi mano mientras introducía el
termómetro en mi oreja. «Treinta y siete, mucho mejor que
antes. ¿Tienes hambre?».
No pude evitar soltar una risilla. «Comes muchísimo».
Cyrus me sonrió de vuelta. «Debo mantener mi escultural
figura. Ahora, vete a la cama. ¿Te gustan los huevos y el
tocino? ¿Qué te apetece?».
«Realmente no…».
«Sí que eres complicada, Pajarito. Dime o yo elegiré por
ti», me dijo levantando las cejas, como si me retara.
«No quiero emparedados de queso ni sopa de tomate»,
respondí levantando la barbilla.
«¿Avena?».
«Si eso es lo que quieres, está bien». Me recosté en la
cama y me cubrí con las mantas.
***
Cuando desperté, miré al reloj. Eran las nueve y media.
Cyrus estaba sentado en una silla al otro extremo de la
habitación; sus codos descansaban sobre sus rodillas y
miraba su móvil. Supongo que estaba leyendo algo.
Me senté y él me miró. «Tienes suerte de que haya un
microondas aquí. El pan tostado seguramente sabrá a
mierda, pero los huevos, el tocino y la avena se calentarán
bien. ¿Quieres comer aquí?».
Cyrus abandonó la habitación en cuando respondí:
«Claro».
Me senté en la cama sintiéndome satisfecha, incluso
podría decir que feliz. Cerré los ojos para pensar en algún
recuerdo en donde me haya sentido así, o al menos en algún
tiempo imaginario. No estaba segura si se trataba de un libro
que mis padres solían leerme o si era porque cuando viví con
los Todd su hijo veía la película de El Lórax una y otra vez,
pero sabía que me encantaba esa historia y que me hacía
sentir como si todo, en algún momento, estaría bien. Me
hacía sentir que algún día podría respirar suficiente aire
como para llenar mis pulmones con regocijo.
Abrí los ojos y vi a Cyrus entrar con una bandeja. Sentí el
calor en mis ojos, pues sabía que este era un sentimiento al
que no podía acostumbrarme. Cada vez que lo había
experimentado en el pasado, eventualmente había llegado a
su fin. El divorcio de los Todd, cuando los Green se mudaron
fuera del Estado, los problemas de salud de la familia
Steinberg, la crisis financiera de los Shaw cuando perdieron
su hogar, la muerte de Solomon Goodwin seguida de la
ruptura emocional de su esposa Helen… la historia
simplemente se había repetido una y otra vez.
«Pajarito, háblame. Ahora somos amigos, ¿o no? Dime
qué te abruma», me dijo. Cyrus era tan amable conmigo, era
un buen hombre.
Intenté sonreír y suspiré. «Tan solo estoy pensando,
creo».
Sostuvo una cuchara frente a mi boca. «Come un poco y
dime».
«No quiero hablar de ello y de verdad no tengo hambre»,
dije y volví a tragarme las lágrimas. «Por favor, no ahora».
«Si comes, no volveré a preguntarte nada», dijo. Acepté
la cucharada con comida. «Está rico, ¿no?».
Sonreí, a pesar de que realmente tan solo quería hacerme
un ovillo en la cama y llorar. No sabía qué era más difícil:
saber que todo en algún momento se desmoronaría y saber
que por ahora esto era tan solo una falsa sensación de
seguridad, o esperar a que todo se cayera en pedazos cuando
realmente yo no quería que fuera así.
Comí un poco más y Cyrus me acercó el tocino. «Voy a
vomitar».
«¿Eres vegetariana?».
«No, no he comido mucho en los últimos días y lo
vomitaré todo si me doy un atracón», sonreí. «¿Cuándo
debemos marcharnos?».
La manera en que Cyrus me miraba no me permitía saber
si estaba enfadado o disgustado, pero me hacía sentir
completamente incómoda.
Suspiró profundamente. «¿Te sientes preparada para
hacer el viaje de vuelta o prefieres descansar hasta que te
sientas mejor?».
Me senté con la espalda recargada en la cabecera de la
cama y abracé mis piernas mientras respiraba
profundamente. «Porque… a dónde… no tengo idea de a
dónde iré. No tengo idea de por qué haces esto por mí. Todo
lo que sé es que estoy agradecida y realmente me gustaría
que tú me dijeras cuándo te marcharás para que yo pueda
intentar descifrar qué…».
«Escúchame una vez más, Tara. Somos amigos y no estoy
aquí con un itinerario. Mi única misión es que estés a salvo.
Prometí que te llevaría de vuelta al cementerio, podemos
hacer eso hoy. También quiero volver a la casa en la que
creciste y después, si te sientes segura, podemos volver a
Jersey. Carly y Jase viven juntos ahora que están casados. El
apartamento de Carly está vacío, te quedarás ahí. Es seguro,
cálido y está amueblado. Cuando estemos de vuelta, podrás
decidir qué quieres hacer. Y yo te ayudaré a hacerlo. Eso es
todo; fácil y sencillo. ¿Quieres quedarte en ese apartamento
por siempre? Juntos descubriremos cómo».
«Pero no tengo trabajo». Las lágrimas se acumularon en
mis ojos. «No quiero llorar».
«Si quieres un trabajo, encontraremos uno. Y, Tara, por
lo que entiendo, es perfectamente natural que las tías lloren.
Como tu amigo, es mi trabajo que te sientes cómoda
haciéndolo. Así que hazlo, Pajarito, llora. Solo no
desaparezcas otra vez, pues necesito saber que estás bien».
Comencé a llorar y él me abrazó. «Te recompensaré,
algún día».
«Lo sé, pero ahora mismo, Pajarito, tan solo
asegurémonos de que te recuperes».
Sabía que Cyrus no solo se refería a recuperarme
físicamente, sino también emocionalmente. También sabía
que podía confiar en él; si eso era una creencia real o
imaginaria, en estos momentos no me importaba. «Ya
terminé», dije limpiándome los ojos y me levanté de la
cama. «Podemos marcharnos».
«¿Quieres pasar en el hotel esta noche?», me preguntó
Cyrus, también poniéndose de pie.
«No, necesito seguir adelante».
***
Cyrus se detuvo en una esquina en una tienda para
comprar algunos snacks. Me dijo que tenía hambre. Este
hombre sí que comía; ese pensamiento hizo que se me
pusieran rojas las mejillas. Estaba perdida en esa idea cuando
Cyrus le dio unos golpecitos a la ventana.
«¿Quieres dejarme entrar?».
Oprimí el botón para levantar los seguros de las puertas y
el entró al Jeep. «Lo siento».
Me entregó un ramo de flores. «Estas son para la tumba
de tus padres, no para ti como agradecimiento por lo de
anoche». Estoy segura de que el rostro se me puso aún más
colorado. «Lo siento, quiero decir, lo entiendes ¿o no? Es
una broma».
«Sí, gracias. Es muy amable que hayas pensado en esto».
Lo miré y él me regaló una sonrisita.
«Esto si es por lo de anoche», me dijo entregándome
unos caramelos y se rio.
«¿Razzles?».
«Sí, solía fumar después del sexo, un hábito asqueroso.
Así que decidí que adquiriría una manía menos peligrosa. Son
ricos», explicó. Yo no estaba segura de por qué compró tres
bolsas de caramelos, a menos que… «Pajarito, estoy
bromeando. Otra vez».
Me quedé boquiabierta y él estiró el brazo para cerrarme
la boca. Estaba ahí sentada, sin tener idea de qué decir y
agradecida del momento en que Cyrus comenzó a hablar
nuevamente.
«Vale, hago bromas cuando estoy nervioso. Y no soy
gracioso, lo cual me pone mucho más nervioso. No estoy
diciendo que no disfruté cada segundo de lo que hicimos
anoche, porque sí lo hice. Tan solo quiero asegurarme de que
podamos ser amigos; estar cómodos el uno con el otro».
«Vale».
«Anoche me preguntaste de mi tatuaje».
«No necesitas decírmelo».
«Bueno, ya que sé todo sobre ti, pensé que quizás podría
compartir algo más contigo. Mi padre murió hace algunos
años. En el escuadrón de voluntarios durante el huracán para
la que me enlisté… él insistió en acompañarme. Eso es lo que
ese tatuaje representa».
Me acerqué a él y cogí su mano, justo de la misma manera
en que él hacía conmigo cuando me sentía abrumada. «Lo
lamento».
«Yo también, Pajarito, yo también. Sé lo que es perder a
alguien que amas. Pero lo peor de toda esta mierda es que si
yo no hubiera ido, él tampoco lo habría hecho. Así que todos
estos años me he culpado a mí mismo…».
«No es tu…».
«Eso es lo que todos me dicen. Pero aún así apesta,
¿sabes?».
Cyrus estaba abriéndose conmigo, revelándome sus
secretos. «La muerte apesta».
Condujimos en silencio durante unos minutos.
«Oye Pajarito, llegamos», dijo aparcando el Jeep y
mirándome. «Entramos, les dices lo que tienes para decirles,
lloras si eso quieres y… después seguimos adelante», me
dijo. No esperó a mi respuesta, estiró una mano y me palpó la
frente. «Sigues caliente, así que debemos apresurarnos.
Puedes volver al cementerio una vez que te hayas instalado
en algún sitio. Vamos».
Antes de que pudiera desabrocharme el cinturón, Cyrus ya
estaba a mi lado abriéndome la puerta y sujetando mi mano.
Seguí sus grandes zancadas a través del cementerio. Se
detuvo frente a la tumba y me esperó. Me arrodillé y coloqué
las flores frente a la lápida. No era un monumento muy
grande y no era realmente elegante – pero era el sitio en
donde mis padres descansaban en paz.
Con los dedos tracé las letras de sus nombres y la fecha,
quince de noviembre.
No me había dado cuenta de que Cyrus estaba de rodillas a
mi lado hasta que cogió mi mano y trazó con ella las palabras
Amados padres. «Te amaban, Pajarito».
Intenté respirar, intenté contar, intenté ser valiente y no
llorar, pero no pude y Cyrus me cogió en sus brazos
nuevamente. «¿Cómo puedes saberlo?».
«Por lo que entiendo, ellos te miran desde arriba. Yo te
conozco desde hace poco más de una semana y ya siento la
necesidad de ser tu amigo. Ellos te conocen desde siempre, te
miran siempre. Así que créeme, te aman».
Cyrus se puso de pie y me ayudó a hacer lo mismo. Sentí
sus brazos alrededor de mí mientras me presionaba con
fuerza contra su cuerpo y me daba un beso en la cabeza.
«Están contigo todos los días. En donde sea que estés. En
este sitio solo descansan sus cuerpos, no su alma».
Él me ayudó a recomponerme mientras yo temblaba y
lloraba.
Su móvil vibró y se lo sacó del bolsillo mientras
continuaba abrazándome con un brazo.
«Sí… cuánto tiempo… vale… no, ya vamos de vuelta, solo
nos falta una parada… gracias por mantenerme al tanto»,
finalizó la llamada. «Debemos marcharnos».
Me enjugué los ojos y abracé a Cyrus una vez más.
«Gracias».
Sentí sus labios en mi mejilla y después volvió a
levantarme para llevarme en sus brazos. «De verdad
debemos marcharnos».
Antes se saberlo, ya estaba sentada dentro del Jeep otra
vez.
Condujimos en silencio hasta la casa de mi familia y
cuando aparcamos el coche frente a la fachada me sentí
enferma. Cogí la mano de Cyrus cuando él se dispuso a bajar
del coche. «No puedo».
«Pajarito, hay cosas que debes confrontar», me dijo
cogiendo mi cabeza entre sus manos. «Tú puedes con esta
mierda».
«No, de verdad no puedo», aparté la cabeza de sus
manos. «No es mi casa, estuvo mal venir aquí desde el
inicio…».
Él me miró como si esperara que cambiara de opinión y yo
aparté la mirada. «Pon seguro a las puertas, Pajarito. Ya
vuelvo».
Se marchó por unos cuantos minutos y después volvió.
Subió al coche, conectó su móvil para recargar la batería y
encendió el motor.
Sin Control
T ara estaba en silencio y yo agradecía que no estuviera
llorando, pues me hacía sonar como una perra cuando
intentaba reconfortarla. No podía soportar el llanto, y no era
porque fuera un gilipollas insensible; simplemente me
destrozaba por dentro. Juro por Dios que mis bolas se
estaban encogiendo tanto que necesitaría una lupa para
encontrarlas.
Miré a su asiento y Tara estaba dormida. Volví a palpar su
frente, simplemente para verificar el estado de su fiebre.
Entre sueños, ella colocó su pequeña mano encima de la mía.
Podía imaginarme a mí mismo follando con esta tía más de
tres veces. Pero si lo hacía, no me sería fiel a mí mismo.
Tenía esa mierda tatuada como un recuerdo de quien era,
quien soy y quien sería siempre. Y, joder, sí, necesitaba llevar
el recordatorio en el cuerpo. Soy esa clase de tío. Me caliento
con tan solo pensar en tetas y coños. Cuando como una
banana en el desayuno pienso en una piba chupándome la
polla. Veo los caramelos Razzles e inmediatamente pienso en
pezones – duros, redondos, deliciosos –. Pienso en los
pezones de Tara y la manera en que se endurecían ante mi
tacto, mi boca, mi persona. Y entonces, ¿qué había hecho?
Hablé de sexo con una tía que estaba destrozada por dentro,
febril como el infierno y a quien había follado OTRA VEZ, aun
cuando dije que no lo volvería a hacer. Aunque… podría
hacerlo una vez más y continuar siendo fiel a mí mismo.
Pero, ¿cuánto daño le haría eso a Pajarito?
Ella tenía la cabeza recargada sobre el hombro y su mano
aún sujetaba a la mía. En una hora más finalmente estaría en
un sitio seguro, un sitio solo para ella. Ahora simplemente
tenía que descubrir cómo solucionar el resto de toda la
mierda. Necesitaba hacerlo pronto, pues la verdad es que –
quería follar con esta tía. Ni siquiera tenía que ser duro y
salvaje. Estar dentro de ella era suficiente para hacerme
sentir como si fuera a perder la cabeza.
Tara subió las piernas al asiento y se hizo un ovillo,
acercándose más a mí. Su rostro estaba caliente nuevamente,
pero sus manos se sentían frías como el hielo. Incrementé la
temperatura de la calefacción en el Jeep, a pesar de que yo
me estaba rostizando, pero el pequeño pajarito tenía frío.
Nos faltaban a lo mucho treinta minutos para llegar al viejo
apartamento de Carly. Ahí podría mantener cálida a Pajarito.
La noche anterior me hizo mierda la cabeza. La encontré y
el mundo mejoró. La llevé a un sitio seguro y me di una
ducha… y ella me vio. Ni siquiera tuve que preguntarle
exactamente qué es lo que vio, pues era obvio que me pilló
pensando en ella. Algunos tíos podrían avergonzarse de que
los pillen en el acto, pero a mí no me importaba un carajo.
Después de mirar cómo Tara se tocaba, perdí el control.
Necesitaba hacer que ella se corriera casi tanto como yo
necesitaba correrme. La verdad es que ella necesitaba esa
liberación y el sentimiento de alivio que viene después.
Podría haberle hablado mientras ella se masturbaba hasta
correrse… joder, esa es una idea fenomenal, entonces eso no sería
parte de los tres viajes y esa mierda sería jodidamente sexi de ver.
Casi recé pidiendo al cielo una oportunidad como esa. Sin
embargo, era una petición desperdiciada, no el tipo de
súplica que encabeza la lista de Dios todopoderoso allá
arriba, ni tampoco el tipo de petición que verdaderamente
me gustaría enviar al cielo.
Aparqué el Jeep frente al apartamento de Carly, más bien,
el apartamento de Tara y ella abrió los ojos. «Hogar dulce
hogar», le dije.
Vi lágrimas en sus ojos mientras temblaba.
«Tengo frío, puedo… ¿podrías llevarme contigo a casa
otra vez? No quiero estar sola».
Bajé del Jeep y abrí su puerta. «Me quedaré contigo hasta
que te sientas mejor, vamos».
Cogí nuestras pertenencias y su mano. Joder, sus
pequeñas garritas estaban hechas hielo.
Entramos y observé a Tara mirar alrededor. «Jamás podré
pagar esto».
«Bueno, primero que nada, es parte del paquete de
empleo de Carly, así que ya está pagado. En segundo lugar,
estarás bien, Tara. Si no te agrada…».
«No, es hermoso. Es solo que…».
«Vamos a llevarte a la cama. No más discusión al
respecto hasta que te sientas mejor».
Subí con ella por las escaleras y miré sus ojos, observando
todo como si quisiera asegurarse de que se sentía bien estar
aquí. Abrí la puerta al final del pasillo y encendí la luz.
Era una habitación exquisita. Suelo de madera clara y
paredes color lavanda. La cama era enorme, cubierta con un
edredón púrpura oscuro y una multitud de almohadas y
cojines. Tara miró alrededor y yo me di cuenta de que se
sentía abrumada.
«Aquí está el baño», caminé con ella hasta el baño.
«Mira la bañera, Pajarito».
«Es hermosa». Su voz sonó miserable.
«Vale, toma un baño. Sumérgete en el agua, relájate. Iré
por algo de Motrin y verificaré si Carly te compró algo de
ropa».
Ella me detuvo antes de que yo saliera del baño.
«Gracias».
«No es problema».
***
Tara estaba en la bañera cuando volví a entrar. «¿Toallas
y esponja?», le pregunté colocando los utensilios junto a la
bañera, intentando lo mejor que podía no ver sus pequeños
Razzles… pero lo hice y ella se dio cuenta. «Estás sanando
bien», dije. Ella bajó la mirada a sus pezones y asintió.
«¿Aún te duele, Pajarito?».
«No, pero todo mi cuerpo duele. Tengo frío, Cyrus».
Cogí una toalla. «Sal de ahí. Vamos a secarte y vestirte.
Puedes pasar el rato aquí cuando te sientas mejor».
Envolví al pequeño pajarito y caminamos fuera del baño.
«Carly te compró algunas cosas. Vendrá aquí tan pronto
como pequeña Bella esté en su clase de baile».
«¿Pequeña Bella?».
Cogí una sudadera y se la metí por la cabeza. «Creo que a
Carly le gusta cómo te ves de verde», le dije. Tara sacó su
cabello húmedo de detrás de la sudadera. «Primer pie».
Ella bajó la mirada y me miró sujetando sus bragas y
entonces abrió mucho los ojos. Yo no estaba seguro de por
qué hasta que miré dos veces las bragas de encaje que estaba
sujetando para ella. Iba a matar a Carly. Tara se puso las
bragas de encaje color verde y joder, yo estaba intentando lo
mejor que podía no arrancárselas con los dientes a Pajarito y
arrojar su pequeño culito a la cama para comerme todo lo
que acababa de cubrir. Me estaba moviendo bastante lento
cuando escuché a Tara respirar profundamente.
Joder, ¡recupera la compostura!, me grité a mí mismo
mentalmente. Le subí las bragas hasta las caderas y ella dejó
caer su toalla. Tenía el coño más hermoso y todo dentro de
mí estaba ardiendo como el puto infierno, ese pequeño coño
era mío. Estaba frente a frente con esos labios y quería
besarlos, chuparlos y succionar los pétalos desnudos.
Inconscientemente respiré profundo y sus esbeltas piernas
temblaron.
Sentí la garganta pesada, llena de deseo, al igual que mi
polla. Volví a ponerme de pie rápidamente. «Ve a la cama,
Pajarito».
Ella subió a la cama y respiró profundamente un par de
veces mientras yo estaba de pie ahí, tratando de esconder lo
que era bastante obvio. Le entregué el Motrin y una botella
de agua. «Lo siento», me dijo.
«Deja de disculparte, Pajarito», cerré los ojos.
«Podemos hacerlo una vez más, ¿verdad? – un último
viaje».
«Cerré los ojos. «No estoy seguro que eso sea una buena
idea»
«Pero has dicho que…».
«Pajarito, estás enferma. Primero debes recuperarte,
¿vale? Hasta entonces…».
«¿Puedo vestirme a mí misma?».
Me reí y ella también. «Sí, creo que esto de ser amigos no
va a funcionar si continúo viéndote desnuda, Pajarito».
«¿Por qué?», me preguntó recostándose y yo la arropé.
La envolví con las mantas y el edredón, cubriéndola hasta
la barbilla y esperando con todo mi ser que, si no podía ver ni
un centímetro de su cuerpo, entonces no sentiría la
necesidad de follar con ella. «Mis amigos son tíos, Pajarito,
no mujercitas sexis como tú. Quizás podrías, no lo sé… ¿ser
fea?».
Ella me regaló una sonrisita y cerró los ojos. «Piensas que
soy bonita», dijo casi como si cantara.
«Pienso que eres jodidamente hermosa, así que voy a
trabajar en no querer follarte y tú vas a trabajar en ser fea,
¿trato hecho?».
Ella se rio nuevamente y comenzó a temblar. «Eres
gracioso. Y tengo frío».
«Buscaré más mantas».
Volví a entrar a la habitación y Pajarito estaba dormida,
¡gracias a Dios! Subí a la cama y me recosté a su lado,
exhausto, y me quedé dormido.
Me desperté con su dedo palpando mis costillas. Al abrir
los ojos, la vi observando el arte con intensidad en los ojos,
como si supiera que, si alguien podía descifrar el significado
de todos mis tatuajes, era ella. Yo aún seguía perplejo de que
haya descubierto que el garabato representaba unos clavos.
Ella me miró con ojos tristes. «¿Qué hay de este?».
Bajé la mirada, a pesar de que sabía jodidamente bien a
qué tatuaje se refería. «Un espejo roto».
«¿Mala suerte?», susurró y las yemas de sus deditos
acariciaron mi tatuaje.
No respondí. Simplemente estaba disfrutando de su tacto
sobre mi piel, la forma en que acariciaba los contornos de
tinta con sus deditos que ahora ardían.
«Tú traes buena suerte, Cyrus, no mala suerte», me dijo
bostezando. Incluso su aliento estaba increíblemente
caliente. «Estoy cansada».
«Entonces duerme». No quería que Pajarito se apartara
ni un milímetro de mí.
«¿Seguirás aquí cuando despierte?».
«Sí, Carly, ¿lo recuerdas? Ella vendrá mañana», me
recosté en la almohada y cerré los ojos.
«¿Pequeña Bella?».
«Mi sobrina, la hija de Jase», respondí.
«¿Y Carly?».
«Carly es como su mamá. Así que sí. Duerme, Pajarito. Tú
y Carly podrán hablar de eso pronto».
Ella hizo lo que le pedí, pero ¿sabes lo que es realmente
jodido? Me gustaba verla dormir, y me gustaba que durmiera
justo a mi lado. Estoy seguro de que es porque así puedo
asegurarme de que está a salvo.
Me desperté con sus deditos explorando mis tatuajes
nuevamente, esta vez la manga en mi brazo. Desde el
hombro hasta encima de mi codo, se retrataban los
diferentes lugares que había visitado cuando estuve en la
marina. Cuatro viajes en cuatro años, comenzando cuando
cumplí dieciocho.
«¿Me hablarás de estos?».
«¿Te sientes mejor?», pregunté palpando su frente y ella
cerró los ojos.
«Sí. De hecho, sí». Se sentó, colocó mi brazo sobre su
regazo y continuó trazando la tinta.
«¿Tienes hambre?».
Ella negó con la cabeza. «Yo cuento».
«¿Disculpa?». Ambos estábamos teniendo una
conversación bastante dispersa, pero simplemente perdí el
hilo con esas palabras.
«Para calmarme, cuento cosas. ¿Qué es esto?».
Me di cuenta de lo que estaba haciendo: me confesó algo,
esperando que yo hiciera lo mismo. «¿Qué parece?», le
pregunté.
Tara me miró y asumí que era porque creía que yo estaba
actuando como un completo imbécil. «De verdad me
gustaría saber lo que piensas», continué.
«Parecen monedas, ¿quizás son medallas? Has dicho que
estuviste en la marina. ¿Te dieron medallas ahí?».
«¿Segura que no tienes hambre?».
«Solo he llorado una vez en quince años», ella bajó la
mirada y esperó.
«Lo siento, Pajarito. De verdad lo siento».
Las lágrimas se acumularon en sus ojos y ella forzó una
tierna sonrisa mientras se limpiaba con el dorso de la mano
una gota que logró escapar de su lagrimal. Después habló
apenas en un susurro: «Por favor, dime algo. Me siento
como una idiota».
«No eres una idiota, eres hermosa. Todo va a estar bien,
lo prometo».
Sin pensarlo, le aparté un mechón de su oscuro y grueso
cabello del rostro y limpié una lágrima en su mejilla.
Ella me miró y suspiró. «¿Las personas sufren de una
crisis existencial a los veintes?».
Yo me reí, ella sonrió y se mordió el labio inferior para
contener la risa; yo quería hacer lo mismo. Sentí cómo mi
sonrisa desaparecía y mi rostro se calentaba, al igual que
todo mi cuerpo. Apreté la mandíbula, ella cerró los ojos con
fuerza y dejó escapar el suspiro que estaba conteniendo
dentro de su garganta.
Me di cuenta de que mi mano aún estaba sobre su mejilla
y la acaricié con el pulgar. Su piel era tan jodidamente suave.
Pajarito abrió los ojos y me hipnotizaron. Me chupé los labios
rápidamente y acerqué su rostro hacia mí. Ella colocó sus
manos sobre mis hombros y su respiración se volvió más
pesada. Estaba tratando de contenerme, pero joder, no podía
hacerlo.
Nudos
E staba segura de que Cyrus iba a besarme otra vez y yo
deseaba tanto que lo hiciera. Su boca aterrizó
suavemente en mi quijada. Con los labios abiertos, rodeando
mi mandíbula, apenas tocándome, acariciándome. Su aliento
me calentó mientras sus labios se movían lentamente de
arriba abajo. El ligero gruñido que provenía de su garganta
también estaba calentándome. Mis tetas se sintieron pesadas
y mis pezones rígidos. Mis manos lentamente se abrieron
paso alrededor de sus hombros, hacia su grueso y musculoso
cuello, subiendo hasta su cabeza.
Su boca viajó descendiendo por mi cuello y yo incliné la
cabeza a un lado, dándole espacio para darme más:
Dios, yo quería más. Dejé escapar un profundo y lujurioso
suspiro mientras él me acariciaba el cuello con la nariz.
«Pajarito, tú – joder».
Volví a erguir la cabeza para mirar a Cyrus. Sus ojos
estaban llenos de calor y autocontrol. Lo besé y él gimió en
mi boca. Giré el cuerpo hacia él, cogí sus manos y las envolví
alrededor de mí. No podía tener suficiente de su tacto, de sus
besos, de él.
No recuerdo jamás haberme sentido tan cómoda con
alguien, tan segura. Cyrus me hacía sentir así y yo conocía
las reglas. Sus reglas.
Él se apartó. «Pajarito, no puedo… no puedo hacerte
esto».
Asentí como si estuviera de acuerdo, pero realmente no
sabía por qué. «Lo sien…».
Cyrus cogió mi cara, no con fuerza, pero sí con firmeza.
«No más lo siento, Pajarito. Tú y yo necesitamos ser amigos,
y los amigos no se disculpan todo el tiempo, ¿vale? Tenemos
muchas cosas que resolver y si continúo con el deseo de
follarte… simplemente no lo lograremos, ¿entiendes?».
Asentí nuevamente y Cyrus se puso de pie. Tenía una
erección y yo sentí el deseo de chupársela otra vez. Saborear
a Cyrus, sentirlo.
«Voy a preparar algo de comer. Tú comerás y después, si
te sientes con ánimos, idearemos un plan».
«Gracias».
Cyrus abandonó la habitación rápidamente y yo me dejé
caer sobre la cama. Podía olerlo encima de mí, en todas
partes. Me envolví en las mantas y las abracé con fuerza.
Tony… él no olía como Cyrus. Él tampoco me miraba de la
misma manera en que Cyrus hacía. Jamás lo haría.
Necesitaba encontrar un empleo, quizás uno que me ayudara
a pagar la universidad. Ya había tomado mis exámenes y
había obtenido buenas notas. Podría vivir en los dormitorios,
un dormitorio solo de tías, preferentemente con mi propia
habitación privada. Bueno… tener una habitación sería
genial, privada o no.
Deseé haber entrado en esa habitación. Estaba segura de
que era mi habitación. «Una habitación, dos padres, tres
personas en mi familia inmediata, cuatro…». Oh Dios mío,
¡cómo desearía tener esa fotografía! Miré alrededor de la
habitación. «Cuatro puertas, la puerta de la habitación, la
puerta del baño, dos puertas más – probablemente del
armario, cinco… oh dios, ¡odio ese número! Cinco…
almohadas». Me senté y caminé al baño y conté siete
bombillas alrededor del espejo. «Siete bombillas en el
espejo, ocho… ¡joder, joder, joder, joder!». Abrí el armario
del baño. «Ocho toallas, nueve, oh Dios, por favor…». Salí
del baño y abrí el armario. «Nueve… nueve… nueve
percheros. Diez…».
Sentí las lágrimas acariciándome las mejillas. Estaba
llorando – otra vez. «Diez, solo diez, eso es todo lo que
necesito».
Cuando cerré el armario y me di la vuelta para mirar
alrededor de la habitación, Cyrus estaba de pie con un plato
en las manos. «Lo sien…».
«Siéntate, Pajarito».
Lo hice. Dios, ahora debe pensar que estoy loca. Yo misma
llegaba a pensarlo en ocasiones.
Cyrus se sentó junto a mí sujetando el plato. «Es una
tortilla con espinaca y queso».
Asentí y me limpié las lágrimas de los ojos mientras
observaba a Cyrus cortar la tortilla.
«¿Cuántas rebanadas quieres, Pajarito?».
Conté con los ojos cerrados, aliviada y avergonzada.
«Quizás te parezca que estoy tocada, incluso a veces yo
misma llego a pensarlo, pero te prometo que no».
«Hay diez piezas de tortilla, ¿vale? Y comerás todas. Si
después de eso ya no puedes encontrar diez algo,
simplemente recuerda que están dentro de ti. Abre».
Lo hice.
No sabía que decir, me sentía extremadamente incómoda.
Cyrus cogió otra pieza con los cubiertos y la comí.
«Tenías razón respecto a las medallas. Más o menos»,
me dijo mientras sostenía el tenedor frente a mi boca y yo
exhalaba suavemente. «Vas a comer las diez piezas, Pajarito,
¿vale? Y yo hablaré». Asentí. «Mi última misión en el
extranjero no terminó muy bien – siete de mi equipo
murieron. Yo no, y me dieron una estúpida y jodida medalla
por eso», comenzó a contarme mientras sujetaba otro
bocado para mí y yo abría la boca. «Quería asegurarme de
que todos volvieran a casa, no quería dejar a nadie atrás»,
Cyrus suspiró y me dio un bocado más. Realmente yo no
quería comerlo, pero deseaba que Cyrus continuara hablando
así que abrí la boca una vez más. «Cuando volví a casa,
estaba enfadado por haber sobrevivido y ellos no. Arrojé la
puta medalla al océano. Porque para mí era simplemente
metal, nada más. Tengo siete tatuajes, cada uno
representando a cada uno de mis compañeros. Come más,
Pajarito».
Cyrus debió haberse dado cuenta de que vacilé, pues sus
labios esbozaron una sonrisilla apenas perceptible. «¿Estás
satisfecha?», me preguntó y yo sonreí. «Vale, cortaré este
bocado en rebanadas muy pequeñas y entonces seguirán
siendo diez, ¿de acuerdo?».
Cuando terminé de comer, Cyrus parecía mucho más
tranquilo. «Gracias, Cyrus».
«¿Por revelarte un secreto?».
«Sí».
«Confío en que no se lo dirás a nadie», dijo y me miró a
los ojos. Por primera vez, en su mirada había un atisbo de
vulnerabilidad.
«Lo prometo».
Nos sentamos mirándonos a los ojos, sin decir nada. Su
expresión era más suave, más gentil. Cyrus ya no estaba a la
defensiva. Después de un minuto, negó con la cabeza y se
puso de pie.
Estiró una mano para palpar mi frente. «Aún tienes
temperatura», dijo cogiendo mis manos. «Estás volviendo a
enfriarte. ¿Sabías que cuando tus manos se enfrían el resto
de tu cuerpo se calienta y actúas como si estuvieras
sufriendo? Cuando tus manos están cálidas, tu cabeza no se
siente tan caliente», me dijo y se rio de sí mismo. «Creo que
ya lo comprendo». Se metió una mano en el bolsillo y sacó
una botella de Motrin. «Toma esto porque estoy seguro de
que sigues con fiebre. Si no mejoras mañana, veremos a un
doctor. Duerme, descansar te hará bien. Después
continuamos charlando, ¿vale?».
«Gracias», dije y Cyrus comenzó a marcharse. «Cyrus»,
le llamé.
Se dio la vuelta y me miró. «¿Sí, Tara?».
«Me alegra que hayas vuelto a casa». Cyrus inclinó la
cabeza ligeramente a un lado y me miró con confusión. «No
me sentiría segura ahora mismo si no lo hubieras hecho. Me
alegro mucho de que hayas vuelto a casa».
«Yo también, Pajarito», se dio la vuelta y se marchó.
«Diez bocados en mi estómago».
***
Me desperté y decidí darme un baño. Estaba empapada en
sudor, lo cual supongo que era una buena señal. Mientras
dormía, había sudado hasta que la enfermedad abandonó mi
cuerpo.
Llené la bañera, esperando que Cyrus no se apareciera
hasta que yo hubiera terminado. Y después, en el fondo,
esperé que entrara al baño mientras aún estaba sumergida
en el agua. Quizás después me ayudaría a vestirme una vez
más; me tocaría una vez más. Dios, él era fenomenal. Sabía
que solo podía tenerlo una vez más. Un último viaje. Yo
estaba de acuerdo con eso, bueno… tenía que estar de
acuerdo, ¿o no? Después de todo, esas eran las reglas de
Cyrus.
Después de lavarme y que Cyrus no entrara en el baño,
salí de la bañera e inmediatamente me sentí mucho mejor.
Me sequé y caminé hasta la habitación. Había un juego de
ropa sobre la cama. Un pijama.
Me vestí y bajé las escaleras. Cuando doblé en la esquina,
Carly caminaba hacia mí. Me abrazó con fuerza y la escuché
sorberse la nariz. Retrocedí un paso y la miré.
«Lo siento, Tara. Estaba tan preocupada por ti», Carly
volvió a abrazarme.
Supongo que ese abrazo debía sentirse extraño, pues
realmente tan solo había visto a Carly una vez y ambas
estábamos ebrias… sin embargo, sus brazos alrededor de mí
se sentían sumamente familiares. Me agradaba Carly, era tan
dulce conmigo.
«Estoy bien, gracias».
«Escucha, espero que podamos ser amigas. Quiero decir,
ya lo somos. ¿Tú crees que lo somos? Es decir, si no quieres
ser mi amiga y estoy asustándote – como sea, tan solo
dímelo. Vayamos por una taza de té y hablemos al respecto»,
me dijo y finalmente respiró. «Lo siento – hablo de más
cuando esto nerviosa y a veces incluso cuando no lo estoy».
No pude evitar reír un poco. Ella me miró e hizo lo mismo.
Nos sentamos en la mesa y Carly me miró. «Lamento que
Tony sea un… gilipollas».
«Yo también», dije y bebí un trago. «Pero espero que
podamos ser amigos».
«Muy bien. Tara, ¿te gusta leer?».
«Bueno, me gusta, pero supongo que estoy acostumbrada
a ver películas. Me encantaría retomar la lectura. ¿Hay
alguna librería por aquí?», dije y me detuve, pues de pronto
me di cuenta de que no sabía lo que estaba haciendo con mi
vida. Lo más extraño es que realmente eso nunca me había
importado; después de todo, jamás podía llevar a cabo mis
planes.
«¿Tara?», Carly interrumpió mis pensamientos.
Levanté la mirada y sonreí. «¿Sí?».
«Todo va a estar bien».
Oh, por favor no llores, no llores. Iba a llorar.
Cerré los ojos con fuerza y Carly me abrazó.
***
Estaba bastante segura de que lloré al menos por una hora
antes de dormir por dos horas más. Cuando desperté, Carly
ya se había marchado y había otra mujer sentada en el sofá a
los pies de la cama.
«Te sientes mejor?».
No tenía idea de quién era, pero estaba segura de que
Carly no me dejaría sola con alguien en quien no pudiera
confiar. Sin embargo, no podía estar completamente segura.
«¿En dónde está Cyrus?».
Ella me sonrió. «Mi hijo tenía algunas cosas que hacer.
Tara, soy Joe Steel y voy a quedarme aquí un poco».
«Por favor, no pienses que necesito una niñera».
Ella se rio. «No pienso eso; sin embargo, mi hijo parece
sentir que necesitas alguien aquí ya que no te sientes muy
bien».
«La verdad es que estoy mejor, puedes…».
«Noup. Te prepararé algo de comer y tú vas a dormir. Si
no mejoras, iremos con un doctor en la mañana».
«Vale, pero no tengo hambre, así que no necesitas…».
«Tonterías, al menos puedes comer algo de sopa».
Ella se puso de pie, me arropó en las mantas, me palpó la
frente y se marchó. Tenía los ojos de Cyrus, marrón claro con
motas doradas. De alguna manera me hacía sentir cómoda, lo
cual me hacía sentir extrañamente incómoda.
Me sentía terrible de estar postrada en cama mientras
todos me atendían. No quería esto, en lo absoluto. Todos
eran tan amables conmigo, pero en cuanto se cansaran de
cuidarme… una manta, dos almohadas, tres personas que
cargan con el peso de protegerme, cuatro fotografías
enmarcadas sobre la pared, cinco… oh no, esto no estaba
nada bien. Me puse de pie y caminé hacia la ventana. Estaba
oscuro – había dormido todo el día. Necesitaba encontrar
otra manera de calmarme.
«¿Quieres algo de beber?», me di la vuelta y ella estaba
de pie en el umbral de la puerta.
«No, por favor, no te sientas como si debieras cuidarme.
Realmente puedo dormir hasta que la fiebre pase y mañana
iré… Mañana. Hace cinco días», cinco, odio el número cinco,
«La verdad es que puedo cuidarme sola. Por favor, estoy
segura de que tienes…».
«Siéntate, Tara», me dijo e hice lo que me pidió.
«Aunque no lo creas, esto también es un descanso para
mí. Me estás haciendo un favor al permitirme estar aquí en
casa contigo…».
«Pero no es mi casa…».
«Bueno, sí, lo es. Tara, sé que no me conoces, pero le
agradas a mis chicos y a mi nueva cuñada, así que ahora eres
parte de la familia. Ahora, si necesitas tomarte un descanso
de nosotros, por favor dínoslo. Podemos ser algo
sobreprotectores con aquellos que acogemos dentro de la
familia. Debo terminar la sopa y tú necesitas descansar,
porque mañana irás en busca de un doctor si continúas
enferma o de un trabajo, si ya estás mejor».
Me recosté y ella se marchó a la cocina. No podía dormir,
al menos no ahora. Me levanté y caminé hasta la cocina
también.
«¿Te puedo ayudar en algo?».
Ella sonrió y asintió. «Lávate las manos primero, por
favor».
«Huele delicioso», dije mientras me lavaba las manos
«Perfecto, porque Cyrus dice que comes como un
pajarito», me dijo mientras sonreía y amasaba una masa.
«Él… no entiendo cómo yo», me interrumpí. «Tu hijo
luce exactamente como tú. También es muy amable, como
tú».
«Cyrus es amable?», dijo soltando una risilla. La miré,
esperando a que continuara hablando. «Mis chicos son
chicos. Pero los cuatro son maravillosos, gracias».
«Bueno, hiciste un gran trabajo al educarlos».
Ella se rio. «Ellos también me educaron a mí. Estaba por
cumplir diecinueve cuando nació Cyrus, mi primer hijo. Y
muchas gracias, Tara. No hay mejor cumplido para una
madre que el que acabas de hacerme».
Sonreí y la miré cortar tiras de masa. «¿Quieres ayudarme
darles forma?», me dijo y yo la miré con curiosidad mientras
me sonreía. «Así». Joe me explicó cómo hacer su receta de
nudos de ajo.
«Son muchísimos», le dije.
«Oh, sí. Tengo cuatro hijos que comen como caballos. Es
difícil cocinar cantidades más pequeñas, pero está bien.
Podemos congelar algunos y después puedes calentarlos
cuando tengas hambre».
«No es necesario…».
«Shh… quiero hacerlo. Me encanta cocinar. Y la vida a
veces se pone tan ocupada. Hablando de eso, Tara, ¿cuál es tu
trabajo ideal?».
«Eh…, la verdad es que no lo sé. Pero puedo trabajar, no
sé si…».
«¿Has tenido algún trabajo antes, Tara? Además de…
bailar».
Sentí cómo se me coloreaba el rostro. Odiaba que ella
supiera eso, pero no sabía por qué. Entonces comencé a
hablar de golpe. «No es algo que alguna vez aspiré ser. Eso
simplemente – esa no es la persona que soy. La verdad es
que no sé quién se supone que soy. Siempre…».
«No quiero que te sientas incómoda. Uno hace lo que es
necesario hacer».
Tragué saliva con fuerza. Necesitaba un minuto. «¿Me
disculparías, por favor?».
Caminé rápidamente al baño y cerré la puerta. Estuve ahí
por un rato hasta que la escuché hablar. La escuché decir su
nombre. Inmediatamente sentí como si todo fuera a estar
bien, entonces abrí la puerta y me di cuenta de que Cyrus no
estaba aquí. Joe estaba hablando en el móvil.
«Cyrus, está en el baño… Creo que está un poco
abrumada… ¡No, Cyrus! Tomaste decisiones con esta chica y
ahora necesitas retractarte si eso es realmente lo que quieres.
Pero no te lo creo, Cyrus… Soy tu madre y me escucharás…
Harás todo lo que dijiste que harías, hombre terco. Asegúrate
de que esté a salvo y después apártate – si eso es lo mejor
para ella… ¿Amigos? Cyrus Steel, no eres un hombre
estúpido… No, esos sentimientos no son amistad… No, haz lo
que te digo… ¿darle qué?... Vale… no, haré lo que me pidas,
pero ahora tú cumplirás tu palabra de lo que quieres para
ella. Buenas noches, Cyrus».
Esperé unos minutos y estaba a punto de salir del baño
cuando escuché otra voz.
«¿Bella está dormida?».
«Sip. Estoy aquí para pasar la noche. ¿Te llamó Cyrus?».
«Sí, es tan terco. Un hombre muy terco».
Carly se rio. «Jase solía ser igual. Ya aprenderá».
«Has domado a Jase».
«Yo no diría que está domado».
Escuché a Carly reír y Joe también lo hizo. «Los hombres
son criaturas extrañas».
Salí del baño y ambas dejaron de hablar y me miraron. Me
aclaré la garganta y me obligué a sonreír. «Estoy algo
cansada».
Joe y Carly inmediatamente caminaron hacia mí, se
acercaron para palpar mi frente y se rieron, lo cual, de cierta
manera, hizo que me sintiera menos preocupada.
«Primero debes comer algo, Tara», Joe rio mientras
volvía a entrar a la cocina.
«Será mejor que la escuches, o te meterás en
problemas», Carly sonrió y yo la seguí al interior de la
cocina.
Nos sentamos en la mesa y el móvil de Carly comenzó a
sonar. «Hola… sí… sí… vale. Tara, es para ti».
Joe miró a la mesa y frunció el ceño mientras yo cogía el
móvil.
«¿Hola?», quise llorar tan pronto como escuché su voz y
después, por segunda vez, dijo mi nombre.
«¿Estás ahí, Pajarito?».
«Ajá», logré decir.
«Genial. ¿Te sientes mejor?».
«Eso creo», respondí en voz baja.
«¿Necesitas algo? Medicina…».
«No, simplemente quiero marcharme. Soy un adulto».
«Eres un ser humano. Has vivido demasiada mierda,
Pajarito…».
«Se supone que hablaríamos de lo que haríamos a
continuación y te marchaste. No puedo. No. Ya no quiero ser
el problema de alguien más. Me marcho. Yo…».
«¡Joder, ni siquiera lo pienses!».
«Muchas gracias por todo…».
«¡Ni se te ocurra mover el culo de donde estás, Pajarito!
Estoy solucionando mucha mierda aquí. Ya eliminamos tu
puto video de internet, ahora sigue el gilipollas de tu
exnovio. Estoy haciendo toda la mierda que dije que haría –
¡así que tú te quedas en donde estás, joder!».
Quédate en donde estás
N o estaba diciendo ni un carajo, pero tampoco había
finalizado la llamada. «¿Estás ahí, Pajarito?».
«Mi nombre es Tara Gardner. Cumpliré veintiuno en unos
días. Soy una mujer adulta…».
«Una vez más, Pajarito, quédate en dónde estás o te
perseguiré y te amarraré el culo con tanta fuerza que jamás
podrás volver a escapar».
«¿¡No te pertenezco!?», había un tono de pregunta en su
declaración, lo cual hizo que se me ardieran los tímpanos.
«No, Pajarito…».
«¡Tara!».
Joder, el pequeño Pajarito estaba enfadado, jodidamente
enfadado. Y bueno, así como soy, su voz me estaba
provocando una erección. «Vale, Tara. Tara, quédate en
donde estás».
Ella no dijo nada. Ni una sola palabra.
«No puedes marcharte», volví a decir.
«¿Cuándo podré hacerlo, entonces?», juro que la escuché
sorberse la nariz.
«No llores, Pajarito», le dije. Ella se mantuvo en silencio.
«¿En dónde estás?».
Tragó saliva con fuerza, supuse que para contener las
lágrimas. «En el baño».
«¿En la planta baja?».
«Sí».
Oh joder, Pajarito. «¿Cuántas ventanas hay ahí?».
«Una».
«¿Ya diste un recorrido por la casa?».
«No», su voz sonó como un graznido y yo de verdad
estaba a punto de hacer esta mierda de locos.
«Hay una cocina, Pajarito, y debería haberte dado un
recorrido por la casa antes de marcharme, pero estabas
dormida; no quise despertarte. Hay una cocina. ¿Sabes
cuántos baños hay?».
«Dos».
«No, tres, pero hay dos habitaciones vacías».
La escuché suspirar, abrumada.
«Ayúdame con esto, Pajarito. Una cocina, tres…».
«Debes contar en orden».
¿Qué carajos estoy haciendo? «Vale. Una cocina, dos
habitaciones para huéspedes, tres baños, cuatro…».
«Cuatro puertas en la habitación principal».
«Genial, Pajarito, ahora permíteme ayudarte; ¿cuál es el
cinco?».
«Odio el cinco», susurró.
«Vale, pues hay cinco personas que conoces y que se
preocupan mucho por ti, ¿vale? Así que el cinco no es del
todo malo, Pajarito».
«¿Quién…?».
«No, vamos a continuar – seis… dame un seis».
«Seis… no lo sé, Cyrus, simplemente no lo sé».
«Puedes hacerlo mejor. Seis qué, Pajarito. Mira
alrededor», le dije. Ella no respondió. «Vale, en el pasillo de
arriba hay seis puertas. Entonces, siete…», continué
hablando y la escuché abrir un cajón.
«Siete toallas de baño».
«Muy bien, ¿y ocho?».
«Ocho… ocho diferentes tipos de jabón aromatizado. Eso
es mucho jabón…».
«No puedes detenerte aquí, Pajarito», le dije, notando
que se escuchaba mucho mejor que antes, gracias a Dios.
«Nueve… hay nueve habitaciones en TU NUEVO
apartamento», dije haciendo énfasis en mis palabras, con la
esperanza de que así Tara ya no deseara marcharse. «Y diez,
Pajarito, ¿recuerdas qué es el diez?».
«Diez bocados en mi estómago», dijo y casi podía
escuchar la sonrisa en su voz.
«Eso es. Hoy te preparé diez bocados de tortilla».
«Desayuno en la cama», me dijo con la misma voz llena
de felicidad. «Es la primera vez que lo hago, creo».
«Apuesto a que lo has hecho antes. Apuesto a que tu
mamá te daba el desayuno en la cama».
«Sí, tal vez».
Nos sentamos en silencio por unos minutos. «¿Te sientes
mejor?».
«Sí, pero…».
«Sin peros, Pajarito. Tan solo relájate, recupérate y
recuerda que estás en casa». Oh, Dios mío… estaba actuando
como una perra. «Lo que significa que, si Carly o Ma Joe te
molestan de más, puedes darles una patada en el culo».
«No me atrevería a hacerlo», me dijo con una risita.
«Sí, yo tampoco», me reí.
«Gracias».
«¿Nos vemos pronto?».
«¿Cuándo?».
«No estoy seguro, tienes planes para mañana. Quizás
pasado mañana».
«Vale», susurró.
«Escucha lo que voy a decirte, ¿vale? Si vuelves a alterarte
de esa manera, recuerda que hay una cocina, dos
habitaciones para huéspedes, tres baños, cuatro puertas en
tu habitación, cinco personas que son tus amigos, seis…».
«¿Quiénes?».
«Oh, Pajarito, me interrumpiste y había recordado todo a
la perfección», le dije y ella se rio, lo cual me hizo sonreír.
«Seis puertas en el pasillo de arriba, siete toallas…».
«Toallas de baño, seis jabones de diferentes olores…».
«Espera, lo tengo. Nueve habitaciones en tu nueva casa y
diez… ¿qué, Pajarito?».
«Bocados de tortilla que comí en el desayuno».
«Eso es. Oye – tu mochila está en el estudio y también la
mía. Debo volver por ella pronto. Mi – cepillo de la suerte
está ahí. Ahora ve y haz cosas de chicas por ahí».
«Buenas noches, Cyrus».
Dios mío, su voz… ¡joder! «Dulces sueños, Pajarito».
***
Miré alrededor de la habitación y todo estaba empacado
en cajas. Necesitaba ser jodidamente cuidadoso en cómo
abordaría todo esto con ella. Joder, pero sí que era una
situación descabellada.
«¿Necesitas un pañuelo?».
«¿Disculpa?».
«Bueno, pensé que necesitabas un abrazo, pero después
me pareció que te perdiste en tus pensamientos. Así que
podía ofrecerte un pañuelo o una palmadita en la vagina.
¿Qué carajos pasó contigo? Actúas como una perra».
«Jódete, Zandor – coge una caja y vámonos. Tengo
mierda que resolver».
«¿Cómo qué? Ir al salón de belleza, hacerte una
manicura. ¿Ir a comprar algo de encaje rosa para cubrirte el
coño?».
«Sigue con eso y caminarás de vuelta a Jersey», cogí la
última caja y nos marchamos.
***
Zandor se quedó dormido después de joderme un poco
más, gracias a Dios, pues de lo contrario iba a matarlo.
Fue un día jodidamente largo. Después de recoger a
Zandor del aeropuerto, nos dirigimos al viejo apartamento de
Tara y recogimos todas sus cosas. Zandor tuvo que
contenerse bastante. Mi hermano en un pequeño
apartamento lleno de strippers… bueno, era una escena
interesante. Realmente mantuvo la compostura, más de lo
que haría normalmente, pero a una piba la folló tan duro con
la mirada que pensé que la tía se correría en las bragas.
Entramos y salimos del apartamento con todas las
pertenencias de Pajarito.
Descubrí quien era el propietario de su viejo apartamento
y obtuve permiso para recoger las cosas de Tara. Era una
dulce viejecilla y yo no aguantaba poder contarle las buenas
noticias a Pajarito. Sí, Pajarito, cinco personas que se preocupan
por ti. Mucho.
Ahora conducían de vuelta a ese puto club para
encontrarme con Tony y su depravado jefe gilipollas. Me la
pasaría bien pateándole el culo. Que se joda él y cualquier
otra persona que alguna vez haya siquiera pensado en usar a
Pajarito de la misma manera en que Tony lo hizo. Iba a matar
al gilipollas si no hacía justo lo que estaba por pedirle.
Después de todo, Tara estaría mucho mejor con Tony muerto
y yo detrás de las rejas. Al menos así yo ya no podría hacerle
daño a Tara.
Me reí porque en el fondo sabía que Tara se enamoraría de
cualquiera que le diera su tiempo durante un día. Tara caería
por cualquiera que le mostrara, por primera vez, un poco de
compasión humana.
***
Entramos al club Hermanas de Sororidad y Zandor se rio.
«Este es el mejor sitio del área y es una mierda. Cuando te
vuelva a crecer la polla, necesitas venir a Italia».
«Dime cuándo quieres comparar tamaños de polla y lo
hacemos, hermanito. Pero por ahora hay que terminar con
esta mierda».
No tuve que esforzarme demasiado para convencer a ese
pequeño bastardo de vender los derechos del video;
aparentemente, el idiota debía dinero a varias personas y,
joder, ese puto imbécil actuó como si quisiera ser mi amigo.
El tío seguramente me habría chupado la polla si se lo
hubiera permitido. Un ser humano patético.
Zandor y yo nos sentamos en el bar, esperando a que
Larry leyera los papeles de su abogado. Zandor había
cambiado y eso estaba bien. Me pilló observándolo y me
guiñó un ojo mientras continuaba viendo a la tía que bailaba
cerca de él.
«Mira esto», me dijo sosteniendo veinte dólares. La tía
vestida de rojo sonrió y comenzó a bailar en su dirección.
Zandor no mostró emoción alguna mientras ella
acariciaba su brazo con los dedos. Cuando intentó tocar su
cara, Zandor se apartó y negó con la cabeza. La tía
inmediatamente se puso nerviosa. El brillo en sus ojos se
apagó y miró alrededor con nerviosismo. Zandor levantó una
ceja y después bajó la mirada.
Yo estaba a punto de ahogarme de risa mientras veía la
manera en que ella reaccionaba ante Zandor. La tía le
desabrochó los pantalones y lo miró a los ojos. Él volvió a
negar con la cabeza, ella bajó la mirada y estaba a punto a
sacarle la polla de los pantalones cuando Zandor le dijo que
no. Y después le pidió que se marchara. Ella estaba
confundida. Zandor le dio cincuenta dólares y con un ademán
de mano le pidió que se esfumara.
Cuando la tía estaba fuera de nuestra vista, Zandor me
miró y comenzó a reír. «Lindo, ¿eh?».
«Sí, vaya que molas, Zandor».
«Necesitas salir más conmigo, aprender ciertas cosas. A
menos que se te esté cayendo la puta polla, por supuesto».
***
No estoy muy seguro de cómo o de qué carajos sucedió,
pero terminé con los derechos de todos los asquerosos
videos. Todos recibieron lo que les correspondía; nadie
volvería a ver esa mierda en el internet nunca más y, antes
de salir ebrio del club, le rompí la nariz a ese gilipollas y le
dije que lo mataría si alguna vez lo volvía a ver. El puto
maricón lloró como un bebé y me prometió marcharse de la
ciudad.
Jase nos recogió y me dijo que de ninguna manera
volveríamos a casa de Tara; yo le dije que de ninguna manera
volvería a mi casa sin decirle a Pajarito que ahora estaba a
salvo. Ella estaba salvo, finalmente, joder.
Jase no objetó, lo cual era genial, pues el imbécil siempre
discutía en cuestiones como esta.
Jase abrió la puerta y entramos.
«Quiero la llave», le dije.
Jase me miró con extrañeza. «¿Disculpa?».
«Justo lo que escuchas – no puedes entrar para divertirte
sin permiso, Jase. Quiere que te mantengas alejado de la tía
que tiene sus bolas y él…», comenzó a decir Zandor.
«Jódete, Z. Simplemente no quiero que se sienta como si
este no fuera su hogar, porque lo es».
«Tienes miedo de que huya de casa otra vez y…».
«Zandor, será mejor que cierres la boca de una puta
vez…».
Jase y Zandor se rieron y yo enfurecí.
«Después de que le cuente a Pajarito las buenas noticias,
vosotros dos gilipollas podéis llevarme a casa. No es lo que
vosotros pensáis – así que cerrad la puta boca».
La familia es importante
D espués de terminar mi llamada con Cyrus, me sentí
mejor. Sabía que él estaba intentando ayudarme, pero
simplemente yo no estaba acostumbrada a todo esto. Me
hacía sentir como si ahora estuviera en deuda con él y yo no
tenía nada; nada que me perteneciera, ni siquiera ropa
interior.
«Así que, Carly», comenzó a decir Joe Steel mientras se
sentaba en el sofá a mi lado. «Cómo es… ¿cómo es vivir con
Jase? Quiero decir, sé que yo vivo ahí, pero ¿es lo que
esperabas?». Carly se puso colorada y Joe rio. «Esos cuatro
chicos eran tan divertidos cuando estaban creciendo».
Observé a Joe mientras servía una copa de vino. Le
entregó una a Carly y entonces me miró. «¿Te sientes
mejor?», estiró una mano y me palpó la frente.
«Sí, gracias».
«Te ofrecería una copa también, pero estás enferma»,
me dijo acariciando mi cabeza y recostándose en el respaldo
del sofá para beber de su vino. «Así que… mis chicos.
¿Debería contaros algunas historias?».
Carly y yo asentimos.
«Debéis prometer que no repetiréis ni una sola palabra»,
nos dijo y Carly se inclinó hacia Joe. Yo hice lo mismo.
«Mi esposo y yo nos conocimos y en menos de una
semana estábamos casados». Debo haber jadeado,
asombrada, pues Joe me miró y sonrió. «Cuando es el
indicado, simplemente lo sabes».
«Lo siento, no quería…».
«No, créeme, también fue un shock para mi familia. Mis
padres me desheredaron y entonces me marché de Italia con
mi alto y extremadamente apuesto soldado. Jamás me
arrepentí de casarme con Jonathon Steel. Casi
inmediatamente me embaracé de Cyrus. Era el bebé más
hermoso que jamás haya visto en mi vida. Estaba tan
asustada de no ser capaz de darle los cuidados que merecía y
Jonathon, oh dios – Jonathon era fenomenal. Él cuidó de
ambos, leía los mismos libros que yo y siempre que tenía
complicaciones, él era tan fuerte. Recuerdo que, cuando era
niña, en mi familia todos se unían más cuando había un
nuevo bebé. Todas las mujeres ayudaban a las madres
primerizas, y ya que yo ya no tenía una familia, estaba
segura de que Cyrus sufriría. Pero os aseguro que pronto
descubrí que Jonathon era cuanto yo necesitaba. Cyrus era un
bebé tan feliz. No lloraba a menos que necesitara comer o
que le cambiara el pañal. Después de tres meses y medio,
Jonathon salió en labor. Yo ya no tenía miedo de estar lejos
de él. No hasta cinco meses después, cuando descubrí que
tenía dos meses de embarazo. Jovanni, o Jase, nació una
semana después de que Jonathon volvió de altamar. Era una
locura y también era maravilloso. Parecía que cada vez que
Jonathon se marchaba, yo estaba embarazada, pero… estaba
bien. Él siempre volvía a casa antes de que diera a luz».
«¿Lo extrañas?», le preguntó Carly sujetando su mano.
«Todos los días», Joe bebió un trago de su vino y se
aclaró la garganta. «Jonathon amaba a nuestros chicos tanto
como me amaba a mí. A veces era tan difícil manejarlos a los
cuatro y cuando yo me frustraba – como cuando Jase
provocaba a Cyrus porque era más grande y terminaban
peleando en el patio. O cuando pillé a Zandor masturbándose
una y otra vez…», Carly y yo nos reímos a carcajadas y Joe
también. «No se burlen, los chicos están sumamente
interesados en sus penes. Aparentemente, es natural. Una
vez simplemente rompí en llanto después de una ducha
sumamente fría. En cierto punto, los chicos estaban tomando
duchas de treinta minutos cada una. Jonathon cogió mi mano
y me llevó a la habitación y me lo explicó todo.
Aparentemente, los chicos deben descargarse o de lo
contrario despiertan con sábanas húmedas y asquerosas. Mi
esposo me dijo que durante la pubertad incluso el
pensamiento de una mujer hermosa provoca que los chicos
necesiten descargarse. Después me dijo que cada vez que me
miraba se sentía de la misma manera que cuando tenía trece
años. Incluso me dijo que era bueno que se marchara durante
meses de vez en cuando, de lo contrario, cada mañana
tendría dificultades para caminar».
Carly se rio. «Las amigas de mamá dirían que eso es muy
crudo y grosero».
Joe se rio. «¿Y qué diría Carly?».
«Bueno, si la madre de mi esposo no estuviera aquí
sentada, diría que es genético. Al menos, en mi experiencia
con Jase».
Ambas me miraron y después apartaron la mirada
rápidamente. Y entonces sentí como si mi rostro estuviera en
llamas.
Joe cambió de tema rápidamente. «Extraño a mi esposo
todos los días».
«Lamento mucho tu pérdida», dijo Carly con tristeza.
«Todos perdemos a alguien, Carly. Tú perdiste a tu
madre», Joe la miró fijamente y después a mí, con la misma
expresión en los ojos. «Tú perdiste a tus padres».
«No los recuerdo», dije y me forcé para no llorar.
«Los míos también se han ido. Nuestra relación nunca
estuvo bien y me arrepiento todos los días», Joe dejó escapar
una lágrima y Carly la abrazó. «No digáis a mis chicos, por
favor, ellos nunca me ven así. No me han visto llorar desde el
funeral de su padre. No entiendo por qué su pérdida fue más
fácil de sobrellevar», dijo bebiendo un sorbo de su vino y
sonrió. «Me tomó una eternidad comprenderlo, pero ahora
lo hago. El amor de Jonathon fue inevitable, sin preguntas ni
condiciones. Al igual que su muerte. Si él no hubiera estado
ahí… ese día – habría sido yo. Cuidamos de aquellos que
amamos, incondicionalmente. Nunca volví a mirar atrás
desde aquel día en que me aparté de mi familia. No tenía
razón para hacerlo. Sin embargo, ahora lo entiendo. Fue
difícil, pero lo entiendo. Si no hubiera sido por Jonathon, me
habría casado con quien mi familia ya había determinado que
formaría una familia, y entonces nunca habría concebido a
mis cuatro hermosos muchachos», dijo y miró a Carly.
«Acero retorcido convertido en algo hermoso».
Carly se rio. «Absolutamente».
Ambos me miraron como si esperaran que yo dijera algo.
«No sé qué decir porque no los recuerdo».
«No necesitas decir nada, mi querida Tara. Ya no mires
atrás, tan solo adelante», Joe sujetó mi mano y sonrió.
«Me gustaría tener respuestas», dije y sentí como si
fuera a llorar.
«Decidirás seguir adelante cuando estés lista para
hacerlo. Tan solo permíteme recordarte que estamos aquí
para ti. Es el destino, justo como Jonathon y yo nos
encontramos, al igual que Carly y Jase…».
«No, Cyrus es mi amigo, no somos así. Él no tiene…».
«Cyrus está recorriendo su propio camino personal. Debo
decirte que es igual a su padre, en todos los aspectos. Fuerte,
demasiado fuerte, para cuidar de todos los que le rodean.
Simplemente necesita superar ciertas cosas», miró a Carly.
«Lo siento, cariño, Jase también tiene esas cualidades, sin
embargo, también tiene mi espíritu».
«Jase es perfecto tal y como es», se rio Carly.
«Ahora, Zandor… oh, mi Zandor. Siempre ha sido mi
talón de Aquiles», dijo Joe y se rio. «Él es el chico de mamá.
Simplemente lucha tanto. Siempre ha sido el más difícil;
desde pequeño. El más difícil de tranquilizar, el más difícil de
enseñar ir al baño, el más difícil de apartar de mí cuando lo
dejaba en la guardería el primer día de clases… y
definitivamente el más difícil de comprender».
Carly se rio. «Por favor, cuéntanos más de Zandor».
Joe se rio y me miró. «¿Puedo confiar estos secretos
familiares contigo, Tara?». Asentí con la cabeza. «Bien,
vale. Un día mientras Jonathon estaba en altamar, yo tenía a
mis cuatro muchachos limpios y listos para ir a la iglesia. Yo
estaba buscando desesperadamente mi único sujetador
blanco, ya que los demás serían visibles a través de mi blusa.
En aquellos tiempos eso no era muy bien visto,
especialmente en la iglesia. Bueno, tres de mis muchachos
estaban viendo a Zandor mientras él tenía la mirada clavada
en el suelo. En un principio estaba confundida, hasta que una
pequeña sonrisita se formó en sus labios y entonces me miró.
‘Ma, si te digo en dónde está, ¿prometes no enfadarte conmigo?’,
me preguntó. Yo asentí y entonces él se puso de pie y cogió
mi mano. ‘No es mi culpa, Ma; las mujeres son criaturas
hermosas, suaves y delicadas’, me dijo mientras caminaba
conmigo hacia su habitación y sacaba una caja de debajo de
su cama. En el interior estaba mi sujetador, un par de bragas
que hasta ahora no sé a quién pertenecen, y revistas. Muchas
revistas». Carly comenzó a reírse y yo también. «Estaba
mortificada y Zandor podía notarlo. ‘Ma, prefiero a las rubias.
Fantaseo con este sujetador cuando… miro las revistas; rubias con
tetas grandes; entre más grandes, mejor. Ma, me encantan las
tetas grandes, hermosas y…’, yo ya no podía escuchar más
cuando los otros tres entraron a la habitación, ahogados en
carcajadas. Cogí mi sujetador y salí rápidamente de la
habitación». Las tres nos reímos. «Probablemente me
habría reído con ellos, pero eso los habría impulsado a
seguir. Me superaban en número y, joder, tenía que ser la
autoridad, mamá y papá al mismo tiempo, pues mi enorme y
hermoso esposo de acero retorcido estaba fuera, no solo
protegiendo a mi país, sino a muchos otros más. No podía
mostrar debilidad alguna ante mis muchachos. Tenía que ser
fuerte para proteger a toda mi familia».
Carly se rio. «Recuerdo la primera vez que lo conocí».
«Yo recuerdo la primera vez que viste a Cyrus», le dijo
Joe a Carly con una risilla.
«Le di un zape en la cabeza», dijo Carly y se rio.
«Y él te aventó al océano».
«¿Eso hizo?», pregunté, pues no podía imaginarme a
Cyrus haciendo tal cosa.
«Oh sí, lo hizo», dijo Joe y se rio.
«Y en otra ocasión, yo estaba enfadada con Jase e
intentaba alejarme de él cuando Cyrus me arrojó sobre su
hombro y me cargó hasta el coche, me arrojó al asiento del
pasajero y me dijo que era mejor que no me moviera o
entonces… ya no recuerdo bien, pero sé que le di otro zape.
Entonces Cyrus gruñó, me miró y dijo ‘Hazlo otra vez – más
fuerte’».
Me reí y Joe también. «Ya veo».
Joe cogió mi mano. «Es un buen hombre que ha
sobrellevado muchas cosas. Pero es fuerte, valiente y está
lleno de amor».
Asentí.
Alguien llamó a la puerta y yo di un brinco. Joe me dio una
palmadita en la rodilla. «Yo abro».
Llena de nervios, me quedé sentada en el sofá y escuché a
Joe reírse.
Carly sonrió. «Zandor está en casa y ella no lo sabía».
«¿El niño-sujetador?», susurré.
«¿El qué?», escuché una voz. Levanté la mirada y me
topé con un hombre sumamente atractivo e inmediatamente
supe quién era.
«Zandor».
«Así es. Tú debes ser Tara», dijo y caminó hacia mí,
cogió mi mano y la acercó a él para besar el dorso.
Rápidamente miré alrededor de la habitación hasta que
Cyrus entró. Cerré los ojos y tragué saliva con fuerza. Zandor
sonrió y soltó mi mano. «Siento como si ya te conociera,
hermoso y exótico Pajarito».
Cyrus me miró; en sus ojos había una expresión más
suave. Tenía puestos pantalones de mezclilla ajustados, un
cinturón negro y una camiseta negra. Sentí mis mejillas
sonrojarse y mi cuerpo inmediatamente se inundó de una
sensación de tranquilidad y calidez.
Carly se despejó la garganta. «Así que, Zandor, es bueno
verte». Él levantó a Carly y la besó en los labios mientras la
hacía girar en el aire.
«Alto ahí, Z», le advirtió Jase.
«¿Qué? Pero si estoy extremadamente feliz de ver a mi
cuñada, a mi nueva hermana. Carly, bienvenida a la familia y
Jase, ella es mi hermana… ya ni siquiera tiene tetas o vagina.
Lo cual es una pena…».
«Zandor», Joe lo reprendió.
«¿Me extrañaste, Ma Joe? Oh, vino», Zandor cogió la
copa de Joe y lo vació de un trago.
«Por su apariencia, me parece que ambos ya bebieron
suficiente esta noche», Joe se rio y todos se sentaron.
Cyrus me miró mientras yo seguía recargada contra la
pared. «Hola, Tara».
El mero hecho de escucharlo decir mi nombre me hizo
sonreír, lo cual hizo que él también sonriera. «Hola, Cyrus».
«Ven y siéntate conmigo, Tara». Miré a Zandor y él me
guiñó un ojo.
«Necesito, eh… agua», caminé hacia a cocina y miré
dentro de todas las repisas, buscando un vaso.
«¿Todavía no sabes en dónde están las cosas?», Cyrus se
inclinó sobre mí y abrió una de las puertas. Instintivamente,
retrocedí para acercarme más a él. Miré por encima de mi
hombro y sus suaves ojos brillaron. «¿Estás bien?», me
preguntó.
Me palpó una mejilla y sostuve su mano contra mi rostro.
«Lo estoy ahora».
Cyrus no retiró la mano y cerró los ojos. «Estoy un poco
ebrio, Pajarito».
«Lo puedo ver», me di la vuelta y lo abracé.
Dios, se sentía tan bien, tan cómodo.
«Somos amigos, ¿verdad?», su aliento cálido me acarició
el cuello y su respiración comenzó a acelerarse.
«Sí», me aparté. «Lo siento, estar contigo simplemente
es – cómodo».
Las comisuras de sus labios esbozaron una sonrisita.
«También contigo, Pajarito».
Volví a darle a espalda a Cyrus y me estiré para coger un
vaso, pero no lo conseguí. Sentí sus manos envolver mi
cintura y dejó escapar un sonido gutural mientras sus dedos
subían el cierre de mi falda. Cyrus deslizó su dedo adelante y
hacia atrás en mi costado, y yo me retorcí y reí un poco.
Él chasqueó la boca y sonrió. «Eres cosquilluda», me dijo
y entonces mis pies dejaron de tocar el suelo. «Coge dos
vasos, Pajarito».
Cogí dos vasos de la repisa y entonces Cyrus me volvió a
dejar sobre el suelo.
Le sonreí tan pronto como me volví para mirarlo de
frente. «¿Qué tal estuvo tu día?».
«Fue un día largo pero muy fructífero». Cyrus cogió los
vasos y abrió la nevera. «¿Qué te apetece?».
Tú.
Me apeteces tú, quería responder. «Agua está bien».
«¿Qué tal algo de leche, Pajarito?».
«No, demasiado…».
«¿Comiste hoy?», me miró con el ceño fruncido.
«Cyrus, tu madre está aquí».
Cyrus chasqueó la boca. «Sí, tienes razón. Estoy seguro de
que te alimentó bien».
«¿Tienes hambre?», le pregunté y el me miró. No estaba
segura de lo que significaba su expresión y entonces me di
cuenta de que se estaba esforzando por no sonreír.
Abrí más los ojos y él se rio. «Sí, ¿qué tienes por aquí?».
Caminó hacia mí, estaba increíblemente cerca y sentí mis
pezones endurecerse. Bajé la mirada para asegurarme de que
no eran visibles. Cyrus gruñó y se despejó la garganta.
«¿Todavía te duele la herida?».
Quería decir que sí; quería que Cyrus me tocara. «No,
simplemente no entiendo…».
«Les agrado», dijo con una sonrisa y me entregó un vaso.
Cyrus abrió la nevera y cogió unos nudos de ajo. «Voy a
calentarlos y te comerás uno conmigo».
En sus palabras no había pregunta, tan solo una
afirmación, una orden, y yo no iba a discutirle. Estaba
sentada observándolo. Encendió el horno. «Hay un
microondas», le dije.
Él sonrió. «No es lo mismo, confía en mí».
Se agachó para abrir un cajón y yo me incliné hacia
adelante para verlo mejor. Desnudo, era increíble observarlo.
Vestido, era igual de genial.
Aparté la mirada cuando Jase y Zandor entraron a la
habitación con una sonrisita en los labios. Cerré los ojos con
fuerza y ambos se rieron.
«También queremos un poquito de eso», se burló
Zandor.
«Será mejor que estés hablando de los nudos con ajo,
gilipollas-diota», Cyrus se puso de pie y miró a sus
hermanos.
«Cyrus, cuida esa boca», levanté la mirada y vi a Carly y
Joe entrando a la cocina.
El móvil de Jase vibró, él lo cogió y vi la expresión en su
rostro cambiar radicalmente. Carly estaba a su lado en menos
de un segundo. Jase le mostró el mensaje en pantalla y Carly
le acarició la espalda.
«Ma, debemos irnos ahora».
«¿Qué? ¿Sin pijamada? Estaba por…», comenzó a decir
Joe.
«Es Charlotte, no se encuentra nada bien».
Carly me miró. «Lo siento, ¿en otra ocasión?».
Asentí y miré a Cyrus, quien estaba observándome.
Entonces miró a Jase y le preguntó: «¿Me necesitas?».
«No, estoy seguro de que pequeña Bella está dormida,
pero eso significa… ¡joder!».
«Jase, debemos irnos. Esto ha pasado antes, quizás no sea
nada», Carly se acercó a mí y me abrazó.
Joe abrazó a Zandor y después se acercó a mí y se puso en
cuclillas de forma que nuestros rostros estuvieran a la misma
altura. «Volveré en cuanto pueda. Pide mi número telefónico
a Cyrus y llámame si necesitas algo. Lo que sea, Tara. Cuando
dije que cuando admitimos a alguien en la familia nos es
difícil dejarlo ir, lo decía enserio. De hecho, nos es
imposible».
Joe abrazó a Cyrus y le susurró algo al oído. Entonces se
marcharon.
Zandor miró a Cyrus. «Así que, ¿finalmente estiró la
pata?».
«¡Joder, Zandor!», Cyrus lo miró, sorprendido.
«Bueno, la verdad – ya es jodidamente anciana, se ha
estado muriendo por algunos años, y…».
No sé qué es lo que se apoderó de mí, pero comencé a
reírme. Tanto Cyrus como Zandor me miraron. Zandor sonrió
y Cyrus estaba sorprendido.
«Lo siento, no quería… lo siento», me cubrí la boca y
Zandor se rio. Una vez más, no sabía lo que estaba pasando
conmigo, pero cogí la mano de Zandor y comencé a reírme a
carcajadas con él.
Escuché un golpe sordo y vi a Cyrus azotando la bandeja
del horno contra la estufa. Zandor y yo paramos de reír y
Cyrus puso los ojos en blanco.
Me puse de pie y caminé hacia Cyrus; le acaricié la espalda
y él se tensó. «Lo siento, no sé lo que me pasó. Lo siento
mucho».
«N op, no lo sientas. Pero pequeña Bella, ¡joder!», Cyrus
salió de la habitación.
Zandor se puso de pie y me dio unas palmaditas en la
cabeza. «Él no es tan bueno en mierda como esta».
«Normalmente yo tampoco lo soy», dije, retirando los
nudos de pan de la bandeja para que no se quemaran.
«Jamás se lo confesaría a alguien, Tara, pero yo tampoco.
Pero la gente se muere, no puedes traerlos de vuelta…
simplemente debes admitirlo y seguir adelante», Zandor
estiró su brazo por encima de mi hombro y cogió un nudo de
ajo. «¿Quieres?». Asentí y mordí el bollo que tenía en la
mano. «Muy bien, chavala», me dijo.
Escuché una puerta azotarse y me sobresalté. Zandor salió
por la puerta de la cocina.
Miré a través de la ventana y Cyrus estaba en el Jeep.
Caminaba de un lado a otro y parecía como si Zandor se
estuviera riendo de él; también me parecía que Cyrus estaba
comenzando a cabrearse.
Lo observé hablar por teléfono y después finalizar la
llamada. Se deslizó las manos por el cuero cabelludo y pateó
el neumático del Jeep. Zandor se rio de él nuevamente. Cyrus
empujó a Zandor con fuerza y después miró a la ventana.
Estoy segura de que me vio observándolos.
Ebrio
«L lama a un taxi. Yo puedo pasar aquí la noche».
Zandor estaba haciéndome enfadar, intencionalmente.
«Ella está fuera de tu alcance», Zandor se rio de mí otra
vez y yo lo empujé. «Joder, no estoy bromeando, Z».
«Ya follaste con ella una vez, está fuera del juego.
Establecimos eso hace años. Deja de comportarte como una
perra y entra a la casa», Zandor me devolvió el empujón.
«Todo esto está muy jodido. Estoy jodidamente ebrio ¿y
ahora se supone que debo entrar a la casa y comer putos
nudos de ajo con ella? ¿En qué carajos estaba pensando?».
«Ya le he dado algo de comer, ¿acaso no es por eso que
estás haciendo tu ridícula rabieta?».
«Jódete». Estaba cansado, desgastado y, de verdad, no
podía pensar en nada más que una ducha caliente e irme a la
cama para dormir durante las siguientes ocho horas… con
ella.
Entré a la casa y me dieron la bienvenida un par de ojos
verdes, llenos de terror. Ella miró a Zandor con la misma
expresión horrorizada. «Puedo… me iré a la cama – si eso
les parece bien».
«Sí, nosotros también debemos pasar aquí la noche, ¿te
molesta?».
Ella pareció asustada y aliviada al mismo tiempo, y
después asintió. «Puse la comida en el microondas y lavé la
vajilla. Me iré a la cama. Buenas noches».
Subió por las escaleras y escuché una puerta cerrarse.
Cogí nuestras mochilas y también subí por las escaleras
para mostrarle a Zandor la habitación de invitados. «¿En
dónde dormirás tú?».
Negué con la cabeza. «No tengo idea – nos vemos en la
mañana».
Caminé hasta la habitación principal y Pajarito estaba
acurrucada en la cama. «¿Te molesta si tomo una ducha
aquí?».
Ella levantó la cabeza ligeramente y me miró. «¿Estás
enfadado conmigo?».
«No, Pajarito. Estoy ebrio y exhausto y… si fuera un buen
hombre, no estaría aquí ahora mismo, pero no lo soy. Voy a
darme una ducha y después vendré aquí a vestirme. Me
recostaré, te abrazaré y te contaré mi día. Después voy a
seguir abrazándote hasta que duermas».
No esperé ninguna respuesta o comentario, estaba
completamente ebrio y ahora mismo nada me importaba un
carajo; nada que no involucrara abrazar a Pajarito. Sí, sabía
que estaba mal, pero, como dije antes, yo no era un buen
hombre.
Después de mi ducha entré a la habitación, ella seguía en
el mismo sitio. «¿Estás bien?», le pregunté.
«Sí», ella respiró profundo y me miró. «¿Estás enfadado
conmigo? ¿Acaso hice algo que te molestara?».
Oh, joder, Pajarito. «No», la miré – hambriento, estaba
jodidamente hambriento de ella. «Quiero estar en esta cama
contigo. Quiero besarte, mucho. Sujetar tu cuerpo contra el
mío, olerte, te deseo con tanta jodida intensidad. Te deseo
demasiado, Pajarito, pero no te tomaré otra vez. No ahora,
mientras estoy ebrio. ¿Te parece?».
Ella se mordió los labios, cerró los ojos y asintió
lentamente.
Me recosté en la cama y la atraje hasta mi pecho e inhalé
profundamente, respirando su esencia. Quería saber
exactamente qué era, ese olor que me hacía querer follarla
con tanta intensidad. Si tan solo lo supiera, embotellaría su
aroma y lo conservaría para siempre.
Presioné mi boca contra la suya, pero tan solo por un
momento. «Joder me excitas tanto, Tara. Cada vez que
pienso en ti quiero tocarte».
Ella gimió y yo solté su cara, envolví su torso con las
manos y la atraje hacia mí. Todavía sujetando sus caderas,
comencé a moverla de arriba abajo. «¿Sientes lo duro que me
pones, Pajarito? ¿Sientes mi polla dura contra ti?».
Su gemido fue respuesta suficiente y reuní todas mis
fuerzas para controlarme y no arrancarle las bragas. No
podía hacerle eso de nuevo. No ahora.
En cambio, sujeté su trasero con firmeza y la presioné
contra mí. «Pajarito, no estoy acostumbrado a desear a
alguien tan desesperadamente. Pero necesito más de ti.
Necesito que seas mi amiga cuando terminemos con toda
esta mierda. Debes pedirme que me detenga si esto no está
bien… pero, ahora mismo, nada se siente mejor».
Mordisqueé suavemente su mejilla con los dientes y ella
gimoteó mientras yo lamía su cuello. Ella levantó la cabeza.
Aún tenía los ojos cerrados y yo succioné su cuello de la
misma manera que quería hacer con su clítoris. Deslicé mi
lengua por encima de su garganta, saboreando su piel de la
misma manera en que quería saborear su coño. Sentí sus
caderas comenzar a frotarse contra mí.
«Oh, joder Pajarito. Eso se siente tan bien».
«Sí», ella gimoteó y yo apenas y podía con la excitación
en mi interior.
Mis manos se abrieron camino a su pecho y sentí sus
pequeños y duros pezones, erectos. Yo estaba completamente
desnudo y ella estaba en su ropa de dormir, y así es como
debíamos permanecer.
La coloqué de espaldas sobre la cama y mi boca se
encontró con su cuello nuevamente. No podía parar de
succionarla – saborearla. Me deslicé hasta su boca caliente,
la cual me esperaba con paciencia, y la atraje con fuerza
hacia mí. Su pierna descansaba encima de mis caderas y mi
polla palpitaba mientras me frotaba contra ella. Pajarito
gimió y yo tomé la oportunidad para deslizar mi lengua
dentro de su boca. Moví la lengua alrededor de la suya, lamí
sus labios y después los mordisqueé suavemente con los
dientes. Quería comerme a Pajarito, así que le di mordiscos
suaves, lentos, resistiendo la urgencia de devorar todo de
ella. La succione, la lamí y la besé, esperando que esto fuera
suficiente para sacarme al pequeño pajarito de la cabeza.
Pero no fue así.
Volví a su cuello, dándole tiempo para respirar y después
me hice camino hacia sus clavículas. Mi boca tocó cada
centímetro de ellas; tuve que contenerme para no subirle la
blusa de un tirón y coger sus tetas con la boca.
Necesito calmarme. Mi cabeza daba vueltas mientras
acariciaba su trasero, estrujándolo con fuerza mientras hacía
que Pajarito se frotara contra mí. Cada parte de mi cuerpo
ardía como si estuviera en llamas y yo estaba luchando –
luchaba con tanta jodida fuerza contra mi deseo de
arrancarle la ropa.
No podía pensar. No podía detenerme. «Te deseo, Pajarito
– más de lo que jamás he deseado a nadie en toda mi puta
vida».
Succioné sus labios con más fuerza, lamí su cuello y su
rostro. Ella tiraba de mi cabello mientras se frotaba contra
mi cuerpo, diciéndome lo mismo que yo a ella, pero no con
palabras, sino con sus movimientos. Y era una locura, era
magnífico. Entonces juré que me estaba enamorado de esta
mujer.
***
Desperté ardiendo en una cama vacía. Desnudo y
temblando como una hoja. Miré el reloj y vi que eran las
cuatro de la mañana. Había una toalla a mi lado y un trapo
húmedo descansaba sobre frente. Lo cogí y me limpié la cara.
Me quité las sábanas de un tirón y juro que el fuego en mi
cuerpo se convirtió en hielo. Necesitaba vestirme. Comencé a
incorporarme.
«Oye, no te muevas», Pajarito estaba entrando a la
habitación vestida en una sudadera y pantalones deportivos.
«Estás enfermo. Supongo que es mi culpa. Levanta los
brazos».
«Puedo hacer eso», dije tiritando. Ella sacudió la cabeza.
No me opuse, no tenía fuerzas para hacerlo, así que
Pajarito se arrodilló a mi lado y me metió una camiseta por la
cabeza. Inmediatamente me sentí jodidamente cálido.
«Se siente bien, ¿eh?».
«Sí. Gracias, Pajarito».
«La lavé, es la que cogí la primera noche cuando escapé,
así que ya la tienes de vuelta», me dijo y sonrió con tristeza.
«Vale, ahora recuéstate».
Hice lo que me pidió y ella levantó mis pies para ponerme
un par de calcetines. Y después cogió los pantalones
deportivos que estaban a mi lado.
«Creo que puedo…».
«Nop. Recuéstate, mete los pies por las piernas y levanta
las pompis».
Pajarito le llamó pompis a mi culo. Eso me hizo reír. Ella
me miró y sonrió.
«¿Qué?».
«Nada».
Levanté las pompis y Tara me subió los pantalones
deportivos hasta las caderas. Sentí como si estuviera
restregándole la polla en la cara y juro que ella hizo lo mejor
que pudo por ignorarlo.
Me entregó un par de comprimidos de Motrin y un vaso
con agua.
«Toma eso y duerme».
Todavía tenía frío. «¿Está prendido el calefactor?».
«Sí, te sentirás mejor en unos veinte minutos. Lo
prometo. Intenta dormir un poco».
Pajarito se sentó en la cama y se acercó a mí, cogió el
trapo y me limpió la cara, haciéndome temblar.
«Joder, está frío Pajarito».
«Lo siento».
Cogí el trapo y lo arrojé sobre la mesita de noche y atraje a
Pajarito encima de mí.
«Así está mejor». Ella suspiró ruidosamente. «¿Esto está
bien?».
«Por supuesto». Sus manitas acariciaron mis mejillas.
«Lamento haberte hecho enfermar, Cyrus».
«Estoy seguro de que no fue intencional».
***
Volví a despertar, giré sobre mi costado y palpé la cama
buscando a Pajarito, aún con los ojos cerrados. Me dolía la
cabeza y podía decir que ya había luz afuera. Acaricié su
espalda y joder, sí que tenía mucha ropa encima.
«¿Estás enferma otra vez, Pajarito?».
«No tigre, pero si sigues acariciándome así espero que
me hagas una buena mamada después».
Aparté la mano rápidamente. «Zandor – ¿qué carajos
haces aquí en la cama conmigo?».
«Bueno, el pequeño Pajarito se fue volando hace unas
horas con Carly y le prometí que no te dejaría solo. Quería
asegurarse de que alguien cuidaría de ti».
Abrí los ojos. «¿A dónde carajos se fueron?».
«Aparentemente, a algunos lugares para dejar CVs».
«Yo dije que la ayudaría».
«También dijiste que no follarías con ella otra vez, y que
no estabas interesado en una relación».
Lo miré y fruncí el ceño. «Anoche estaba ebrio y le dije…
joder, le dije que no haríamos eso».
«¿Así que no follaron?».
«No – creo que no. Joder, Z. No lo recuerdo».
«Bueno, a juzgar por su cuello esta mañana, estoy
bastante seguro de…».
«¿De qué estás hablando, Z?».
«Bueno, vamos a decirlo así. Es puto septiembre y ella
traía puesta una bufanda. La cual Carly le dijo que iba
bastante bien con su estilo y combinaba con sus ojos y la –
muy corta – minifalda que traía puesta cuando se
marcharon».
«¡¿Le hice un puto chupetón?!».
«Cyrus, le hiciste el puto collar completo».
Zandor se estaba riendo y yo me sentí como un mierda.
«Volveré a dormir después de que me digas lo que pasa
con Charlotte».
«Está en el hospital. Las cosas no se ven bien. Jase y Ma
Joe están ahí. Carly vino por tu novia…».
«Es mi amiga», lo corregí.
«Lo que sea. Bueno, Carly vino por Pajarito después de
dejar a Bella en la escuela. Se supone que yo debo darte estos
comprimidos y se supone que tú debes cerrar la puta boca y
dormir».
No refuté; no tenía la energía para hacerlo. Pero sí me
pregunté respectó a lo que ocurrió anoche, pues había
demasiados huecos en mi memoria. Recuerdo los besos,
muchos besos y frotarnos el uno contra el otro. De verdad me
pregunté si me habría despellejado la polla a causa de la
fricción, sin embargo, ahora mismo estaba jodidamente
cansado. No tenía la energía para verificar.
***
Me desperté para orinar. Estaba sudando como loco. Me di
la ducha más rápida y caliente que jamás he tenido en mi
vida. Y, no, no me había arrancado la piel de la polla – sí, en
esta ocasión lo verifiqué.
Esta mierda apestaba. Yo nunca enfermaba. No desde que
era un adolescente y me dio mononucleosis. Me envolví en
una toalla y salí del baño para encontrar mi mochila.
Me puse un par de pantalones deportivos y, sin camiseta,
bajé por las escaleras. Para mi sorpresa, Ma, Bella, Zandor y
Tara estaban sentados en la sala.
«Tío Cyrus, ¿te sientes mejor?», Bella sonrió con su
enorme y cómica sonrisa sin dientes y yo me reí.
«¿Cuándo te van a salir los dientes, Bella?».
Ella se rio. «¿Cuándo aprenderás a vestirte?».
Ella corrió hacia mí y me abrazó con fuerza. Al menos con
toda la fuerza de la que es capaz una chavala de diez años. Le
devolví el abrazo de manera breve y después le dije: «Creo
que será mejor que no te me acerques mucho. Traigo un
bicho raro dentro y no quiero que lo pilles».
«Me parece una excelente idea», concordó mamá. «Ven
aquí, Bella».
«Solo una cosa». Sé lo que quería Bella, así que me puse
en cuclillas frente a ella y ella encontró la campanita en mi
tatuaje que representaba a cada una de las personas que
amaba.
Bella tocó mi brazo. «Sigue ahí».
«Nunca se va», le dije guiñándole un ojo y ella se rio.
Miré a Tara. Ella sonrió y bajó la mirada.
«Vale, pondré mi tinta a dormir». Levanté la mirada y no
sé por qué, pero miré a Tara unos cuantos segundos de más y
ella se sonrojó. «Iré a buscar una camiseta».
Tara se puso de pie. «Lavé la ropa de tu mochila. Siéntate,
te traeré una», dijo y desapareció en el pasillo.
«Ve a la cocina y siéntate, hice sopa», dijo Ma Joe.
«Gracias, Ma».
Todos estábamos sentados en la cocina cuando Tara me
trajo mi camiseta de manga larga que, en el pasado, solía ser
blanca. «Eh, no sé cómo pasó esto…».
Bella se rio a carcajadas como una tonta mientras miraba
la camiseta rosa que Tara sostenía en sus manos. Los
hermosos ojos verdes de Tara se abrieron como platos.
«¿Había algo rojo en la mezcla de ropa, Tara?», le
preguntó Ma y no pudo evitar comenzar a reír también.
«Bueno, me parece que no, pero…».
«Los hombres de verdad también usan rosa, ¿o no,
pequeña Bella?», Zandor se rio.
«Al menos no los que yo conozco».
Los pequeños labios de Tara se movieron como si quisiera
decir algo. Yo sabía que se sentía avergonzada y
probablemente quería comenzar a contar.
«Bueno, ahora conoces a uno. Dame esa camiseta, Tara».
Ella me la entregó y yo le guiñé un ojo mientras me la
metía por la cabeza. «Apuesto a que hago que el rosa luzca
bien, ¿o no, Bella?».
Ella se rio de mí y también Tara. Se disculpó y yo estaba
seguro de que estaba a punto de perder el control de la
situación.
Me senté y comí un cuenco de sopa mientras Bella me
ponía al corriente respecto a su abuela, quien estaba en
hospital. Me dijo que pasaría la noche con Zandor aquí o en
mi casa, pues Ma Joe debía volver al hospital.
Utilicé la ridícula excusa de ‘necesito usar el baño’ después
de que Bella me dijo todo lo que necesitaba saber. Subí por
las escaleras y abrí la puerta de la habitación y Tara dio un
brinco, sobresaltada, mientras sostenía algo entre las manos.
«¿Estás bien?».
Ella asintió y después negó con la cabeza mientras ponía
los ojos en blanco.
«¿Escondes algo?».
Ella dejó escapar un suspiro exasperado y me senté en el
borde de la cama.
«Encontré algo que quizás me ayude cuando me
siento…».
«¿Ansiosa?».
Ella asintió y se rio. «Sé que son buenas personas, pero
simplemente es extraño para mí».
«Sí, relativamente». Le sonreí y la manera en que me
miró me pedía que le explicara mis palabras con más detalle.
«Sé que siempre ha sido diferente para ti, Tara. Sé que estoy
agradecido con ellos, los amo, incluso cuando en ocasiones
quisiera ahorcarlos. Pero se entrometen en cada aspecto de
tu vida. Y en ocasiones simplemente quieres respirar».
«Y a veces no hay suficiente oxígeno en el mundo».
No supe cómo reaccionar a sus palabras, así que
simplemente la miré. Estaba comenzando a tener frío otra
vez.
Ella bajó la mirada y respiró profundamente.
«Clasificar».
«¿Razzles?», le sonreí.
«Un rojo, dos verdes…».
«Bien», me incliné para coger uno y ella los cubrió con
ambas manos.
«De ninguna manera».
«¿Uno?». Al principio me refería a los Razzles, y
después… Dios mío, la quería a ella – otra vez, ¡joder! Ella
cerró los ojos.
«Me haces sentir tan… Cyrus». Me incliné hacia ella y
cogí su mano.
«Dime qué pasó anoche. Pajarito, muéstrame tu cuello»,
estiré la mano y aparté la bufanda. Vi las marcas. «Por favor
dime que no te lastimé».
«No lo recuerdas», susurró.
«Pajarito, recuerdo algunas cosas, pero…».
«Nos besamos mucho».
«¿No crucé ningún límite?».
«No, Cyrus, nada – somos amigos».
Ella comenzó a clasificar los caramelos y no se me ocurrió
nada que hacer más que ayudarla, así que lo hice.
Cuando terminamos de clasificar todos los colores, ella
sonrió. «Hoy conseguí un empleo».
«¿De verdad?». Vale, calma, eso es justo lo que querías
que pasara Cyrus, ¡joder!
«En un gimnasio. Creo que es cerca de donde trabaja
Carly, ella está inscrita ahí. Es un lugar agradable».
La miré hablar, miré sus labios. Dios, amaba esos labios.
«Tienes frío».
Miré sus ojos y después mis brazos. Tenía la piel de
gallina.
«¿Cyrus?». Ma Joe entró en la habitación y se veía
atormentada.
«¿Todo bien?».
«No, es Charlotte». Lágrimas le cubrieron los ojos y yo
me puse de pie, caminé hacia ella y la abracé.
«¿Murió?».
«Aún no, pero debo marcharme. ¿Estás seguro de que te
sientes bien? No quiero dejarte solo. Cuando estás enfermo
digamos que… bueno, no lo manejas muy bien».
«Tenía quince años, Ma».
«Tuviste alucinaciones».
Sonreí. «Sí, eso fue muy loco. Pero estaré bien, ve con
Charlotte».
Bajé por las escaleras con ella y Zandor estaba en la
puerta. «Puedo conducir yo misma».
«Sí, lo sé Ma, pero yo también puedo conducir».
«¿Y Bella?».
Ma era tan parecida a mí cuando se trataba de cuidar de sí
misma.
«Yo cuidaré de ella, Ma», dije abrazándola.
«Tú estás enfermo».
«Yo puedo quedarme con ella». Tara estaba detrás de
nosotros sujetando la manita de Bella.
«¿La abuela Charlotte ya se va al cielo?».
«Oh, Bella. Aún no tenemos nada seguro».
«Entonces podrá ver a mi mamá», dijo Bella sonriendo.
«Estará mucho mejor allá».
Miré a Tara, quien veía a Bella, atónita. El amor se
escurría de sus hermosos ojos verdes. La escena me
conmovió. Bella y ella.
«Ma, estaremos bien aquí».
Ella asintió y se marchó con Zandor.
«Tío Cyrus, deberías estar en la cama. Tara, ¿te gustan
las películas?».
«Oye, a mí también me gustan las películas. Me encantan
las películas», le sonreí a Bella y la levanté en mis brazos.
«Será mejor que no me pases tus gérmenes, amigo», se
rio mientras le hacía cosquillas.
«Vale», le dije bajándola. «Me sentaré en el sillón.
Ustedes usen el sofá».
¿El Lórax? Sí, me gustaban las películas, pero no este tipo
de mierda. Sonreí y me senté en el sillón reclinable. Bella y
Tara fueron por bebidas a la cocina y escuché pequeños
estallidos. Palomitas de maíz de microondas,
definitivamente nada guay. No tengo idea de dónde viene mi
desprecio por la comida de microondas, pero supuse que
tendría que tolerarla esta noche.
Tara y Bella desarmaron el sofá y crearon un fuerte. Tara
era tan amable y paciente con Bella.
«No es justo», refunfuñé y Bella sacó la cabeza de entre
los cojines.
«¿Qué no es justo?».
«Vosotras dos os estáis divirtiendo en grande y yo estoy
aquí marginado en el sillón reclinable».
Tara gateó fuera del fuerte para ir al baño.
«¿Va a morir?».
No estaba seguro de cómo responder a eso. «Pequeña
Bella, la verdad es que no lo sé».
«A veces ya no me recuerda». Joder, ¿qué carajos debía
responder a eso?
«Te recuerda, Bella. Eres bastante difícil de olvidar».
Bajé el reposapiés para inclinarme hacia adelante, apoyando
los codos en las rodillas. «Lo que le dijiste a Ma Joe antes,
que la abuela Charlotte podrá ver a tu mamá, a Charlee… creo
que esa es la manera en que debes pensar siempre. Ahora
sabes que tendrás tres ángeles en el cielo cuidando de ti. Y
eso es bastante genial, ¿no lo crees?».
«Cuatro. El abuelo Jonathon también», Bella levantó
cuatro deditos y me hizo sonreír.
Por supuesto, en esos tres ángeles yo ya lo incluía, no a
ese gilipollas de papá que Charlee tenía. Lee mantuvo a Bella
lejos de Jase. Lee hizo que toda mi familia viviera en un
infierno… así que, ¿un ángel? Bueno, yo no soy quién para
juzgar.
«Cuatro es un número genial. Un número perfecto, de
hecho».
«¿Duele morir? Quiero decir, cuando la abuela va al
hospital, se ve como si sufriera. Ya no quiero que sienta
dolor».
Negué con la cabeza y levanté la mirada para ver a Tara,
quien miraba a Bella con tristeza. «¿Perdiste a tu mamá?».
«Sip. Murió justo después de que nací. No la recuerdo».
Tara se sentó. «Mis padres murieron cuando yo tenía
cinco años, tampoco los recuerdo. Pero, a veces, me parece
recordarlos como si estuvieran sufriendo. Creo que es un
dolor diferente al que imaginamos. Creo que tan solo duele
mucho porque no quieren dejarnos atrás. Necesitan que
seamos fuertes, por ellos. Para que así puedan ir… al cielo».
Tara apretó la mano de Bella. «Tu tío tiene una horrible
enfermedad que le causa dolor; vamos a conseguirle algo de
beber y medicina. Luego, cuando se duerma, tú y yo podemos
continuar viendo esta película. ¿Qué te parece?».
Salieron de la sala y yo cerré los ojos. Estaba comenzando
a tener escalofríos nuevamente y me sentía jodidamente feliz
de que Tara estuviera aquí para lidiar con las inocentes
preguntas de pequeña Bella, pues yo conocía el verdadero
sonido de la muerte. No tengo nada bueno que decir al
respecto. No hay versión infantil para toda la mierda que yo
he vivido.
Pajaritos
S e veía como si intentara ser fuerte. Pero podía imaginar
que realmente no se sentía así. He visto a muchos
niños que han perdido a sus padres, y nunca es fácil para
ellos. También he visto a muchos adultos que también han
perdido a sus padres, y sigue siendo igual de difícil. La
muerte nunca es fácil de aceptar. La muerte simplemente nos
arranca una parte de nosotros, una parte que atesoramos,
una parte que amamos.
Bella sacó un libro de colorear y crayones de colores y
volvió a nuestro fuerte de cojines. Abrió el libro para
mostrarme múltiples dibujos de hadas.
«¿Quieres colorear?».
«Me encantaría». La observé mientras pasaba las
páginas de dibujos ya coloreados, intentando encontrar el
ideal.
«Hago que mis tíos coloreen conmigo. Cyrus hizo este»,
me dijo señalando un hada verde. «Siempre me dice que son
pájaros, no hadas, y yo le digo que son ángeles. ¿Tú qué
piensas que son?».
Sonreí y de reojo vi a Cyrus cubriéndose la cara, mientras
negaba con la cabeza de un lado a otro. «Estoy bastante
segura de que dice Hadas en la portada del libro. Pero, siendo
honesta, parecen más ángeles que pájaros».
Ella sonrió y le sacó la lengua a Cyrus. Él no la miró de
vuelta.
«Deberías colorear un hada como tu mamá. Eso es lo que
yo hago. ¿Aún la extrañas?».
«Por supuesto, a ella y a papá. Solo que, realmente es
difícil recordarlos después de quince años».
«Deberías mirar sus fotografías. Eso es lo que yo hago.
Después imagino como si la visitara. Saltando en las nubes,
montada en su espalda. Sé que suena infantil, pero me
ayuda».
De alguna manera, me pareció tierno que dijera que
sonaba infantil pues, en realidad, ella seguía siendo una
niña. «Haré la parte de la imaginación, pero no tengo
fotografías».
Ella miró a Cyrus y después a mí. «¿Las fotografías en el
Jeep no son tuyas? Mamá Carly dijo que te pertenecían».
Cyrus se incorporó rápidamente. «Oye, Bella», comenzó
a decir. Estaba teniendo dificultades para encontrar las
palabras adecuadas, pero se veía como si acabara de ver a un
fantasma. «¿Me quieres traer un cuenco con palomitas de
maíz de la cocina?».
«No te gusta la comida de microondas», dijo riendo y se
puso de pie.
«Sí, pero tengo un poco de hambre». Los ojos de Cyrus
no se apartaron de los míos en ningún momento.
«Vale».
La puerta principal se abrió y Zandor entró a la casa.
Cyrus se puso de pie y caminó hacia él, susurró algo, Zandor
cerró los ojos por un momento y negó con la cabeza antes de
entrar a la cocina.
«Oye, Tara, necesitamos hablar», me dijo cogiendo mi
mano. Me ayudo a ponerme de pie y me arrastró detrás de sí
a través del pasillo, hasta el baño.
Una vez dentro, cerró la puerta a sus espaldas y me hizo
un ademán para que me sentara.
«Iba a decirte esto anoche, pero…».
«Solo dime ahora». Sentí el estómago revuelto.
«Fui a tu viejo apartamento y traje tus pertenencias.
Después fui a Red Hook. La mujer que ahora es propietaria de
la casa era amiga de tus padres. De hecho, ella intentó
obtener tu custodia, al menos eso es lo que dijo su hijo.
Supongo que eran tus vecinos cuando eras más pequeña».
Cyrus hizo una pausa y me miró profundamente antes de
continuar.
«Ella tenía varias deudas antes de morir. Tara, falleció
hace dos días. Su hijo, Mitch, estaba intentando encontrar la
manera de conservar la casa y pagar las cuentas médicas, y,
bueno…».
«¿Cómo sabes todo esto?», le pregunté. Sé que soné
enfadada, pero esa no era mi intención.
«Tuve suerte, creo. Fui a la oficina de la ciudad y
pregunté».
«¿Por qué?».
«La habitación, Tara – tu habitación».
Me dio un par de minutos para digerir todo y después
continuó.
«En resumen – la señora McGregor quería conservarla
para ti. Aparentemente Mitch y tú eran amigos y pasaron
mucho tiempo en la casa del otro. Ella y tu mamá eran
amigas cercanas. Tara, tu habitación estaba jodidamente
limpia a comparación del resto de la casa. Había un baúl con
fotografías, muchas fotografías, y unas cuantas otras cosas.
Eso es de lo que Bella está hablando. Traje todo eso conmigo.
Creí que quizás te gustaría verlo; ver tus recuerdos».
No quería hacerlo. «Lo aprecio mucho, Cyrus, pero no
quiero hacerlo».
«No ahora, no – y lo entiendo. Pero algún día, quizás».
Estaba sujetando mi mano, acariciando el dorso con dulzura.
Yo estaba enfadada con él, pero sabía que era una tontería.
Sabía que era a causa de mis inseguridades. «Háblame,
Pajarito».
Tragué saliva con fuerza para contener las lágrimas.
«Qué tal si todos esos recuerdos a los que me he aferrado no
son reales. ¿Qué tal si todos mis sueños son una invención
que me he hecho durante quince años? Cuando tengo esos
sueños, mis días son mejores al despertar. No quiero
arruinar eso».
«Vale, entiendo que no estás lista, de verdad. Pero sí
tengo algo más que decirte».
Asentí, pues las lágrimas no me permitían hablar.
«Como dije, la casa tenía deudas. Mitch tiene una familia
y no pudo pagar todo para conservarla, así que tú, Tara, eres
la dueña de la propiedad. Todo el papeleo debería estar listo
hoy».
«¿Cómo es eso posible? Yo no tengo dinero – Cyrus, ¿qué
has hecho?».
«Escucha, fue bastante barata y viene con ocho hectáreas
de bosque. Puedes explotar la leña y probablemente pagarte
la universidad o reparar la casa. Tiene una estructura fuerte,
Pajarito. Puede ser tu hogar, si eso es lo que quieres. Si no –
puedes venderla. No es como que tuve tiempo de hablar de
esto con nadie. Mitch iba a vender la propiedad a un
promotor de viviendas y tenía la cita agendada para la
siguiente semana. Yo simplemente le arrojé una oferta, un
poco más de lo que el promotor pedía y él aceptó. Mitch
estaba jodidamente aliviado de que serías tú quien se
quedaría con la propiedad. Dijo que ese era el deseo de su
madre».
Me senté por un minuto sin decir palabra. Me sentía
agradecida por todo lo que Cyrus había hecho por mí. De
verdad lo estaba, pero toda mi vida había sentido como si
estuviera en deuda con alguien. Estaba en deuda con tantas
personas por haber cuidado de mí. La verdad es que no era
un sentimiento agradable. Pero, ahora mismo, él estaba
enfermo por mi culpa y su familia estaba pasando por una
crisis. Quería estar sola, pero no podía, porque estaba en
deuda con cada uno de ellos.
«Tara, escucha, fue barata…».
«¿Cuánto?».
«No te preocupes por eso, no es mucho proble…».
«Cyrus, para mí, es mucho problema, ¿vale? Toda mi vida
he sido el problema de alguien más. Puedo mencionar a todas
las familias temporales que tuvieron que soportarme…».
«Escucha – visité a cada una de esas familias hace menos
de una semana».
«¿Qué? ¿Por qué?».
«Te hice una promesa, Pajarito, y yo no rompo mis
promesas. A esas familias no les debes ni un carajo, ¿vale?
Cada una de ellas habló de lo maravillosa que fuiste cuando
viviste ahí. Dijeron que jamás les diste una pizca de
problemas he hiciste más de lo que alguien haría en los
hogares que reciben dinero por cuidar de ti, Tara. No les
debes ni una mierda, ¿lo entiendes?».
Cyrus estaba ocultando su enfado y yo hacía lo mismo.
«Fueron buenos conmigo».
«¿Cómo podrían no serlo, Tara?».
Quería estar sola, tan solo por cinco minutos, pero ¿cómo
puedes pedirle eso a un hombre como él? Un hombre que
sacrificó tanto para cuidarte y protegerte. Un hombre del que
yo sabía que me estaba enamorando. Un hombre que, en la
calentura de anoche, me dijo que se estaba enamorando de
mí. Un hombre que no recuerda que dijo esas palabras a una
tía como yo, una tía que desesperadamente deseaba que esas
palabras fueran reales.
«Jamás estaré enfadada con ninguna de esas familias.
Tienen razones para tomar las decisiones que tomaron,
Cyrus. Tu madre ha dicho lo mismo ayer. Todos hacemos lo
que debemos hacer. Por favor, no estés enfadado con ellas».
«Claro que estoy jodidamente enfadado con ellas. Por
unos días estuve furioso. Pero sí, lo entiendo. Te
mantuvieron a salvo. No, Tara, no puedo estar enfadado por
siempre. Pero lo que me hace cabrear, lo que me destroza, es
que cuando estuviste en apuros – no tenías a dónde ir. Nadie
en quien recaer. No me hace enfadar, sino que me enfurece,
Tara…».
«No sientas lástima por mí, Cyrus. No puedo aceptar
eso».
«No es lástima, Pajarito», se detuvo a sí mismo y nos
miramos a los ojos por un largo e incómodo momento.
«¿Cuánto?».
Cyrus levantó una ceja, mirándome con esos ojos que
probablemente intimidaban a la mayoría de las personas,
pero no a mí. No después de todo lo que había vivido con él.
«No te tengo miedo».
Su expresión se suavizó y después esbozó una sonrisita.
«Estás sacando a tu chica ruda interior, ¿eh?».
No pude controlar a mis manos, que cogieron su cara
mientras intentaba mirarlo con mi propia mirada
amenazante. «Y también estoy encontrando a mi perra
interior. Así que dime, ¿cuánto fue?».
«Estaba pidiendo veintisiete grandes. Le di cuarenta».
«Pero qué desesperado».
Cyrus me atrajo hacia él.
«Si le dices a alguien, patearé ese pequeño culo tuyo».
«Te pagaré de vuelta por todo».
«Nah, mejor invierte ese dinero en ti, Pajarito».
«Es mucho dinero. ¿Cómo es posible que tengas esa
cantidad de dinero alrededor de ti, como si nada? Debes
hacer muchos tatuajes».
«Eso es simplemente un pasatiempo, Pajarito. Tengo un
trabajo de verdad».
«¿Estarás en problemas por perder tanto tiempo?».
«Noup, estoy bastante bien».
«Sí, lo estás».
Cyrus cogió mis hombros y me sostuvo frente a él para
mirarme a los ojos, divertido y con sorpresa. «¿Acaso estás
coqueteando conmigo, Pajarito?».
Negué con la cabeza y sonreí.
«Los amigos no hacen ese tipo de mierda, tía». Cyrus me
besó en la cabeza y después miró la bufanda, suspirando. «O
eso. Debes mantenerme a raya ahora que eres una chica
ruda, Pajarito».
«Claro. Lo intentaré».
La puerta se abrió y pequeña Bella asomó la cabecita,
riendo. «Ups… lo siento – pero necesito hacer pipí».
Era tan adorable, tan dulce. Me parecía extraño que,
después de todas las pérdidas que había sufrido, siguiera
siendo tan feliz. «Eres una pequeña niña hermosa».
Ella sonrió y después se rio. «Voy a hacerme pipí en los
pantalones».
Cyrus se rio y finalmente me soltó los hombros.
«No queremos que eso pase, ¿o sí? Vale, Bella… Tara y yo
te daremos algo de privacidad».
Estaba volviendo a colocar el sofá en orden cuando el
móvil de Cyrus comenzó a sonar. Él miró la pantalla y respiró
hondo antes de responder. «¿Qué pasa, Jase?».
Abandonó la habitación y Bella salió del baño. «¿Vas a
mirar las fotografías y las cosas?».
Parecía emocionada y yo no quería decirle que no lo haría,
por lo menos no por ahora.
«Todavía no soy lo suficiente valiente como para hacerlo,
Bella. Han pasado quince años».
Ella me miró pensativa y entonces Cyrus volvió a entrar
en la sala.
«Oye, pequeña Bella, papá quiere hablar contigo».
Ella me miró y pude ver cierto dolor en sus ojos. Me senté
y ella se dejó caer en mi regazo.
«Hola papi… vale… ¿puedes decirle que la amo?». Sus
ojos, Dios mío – sus ojos estaban tan llenos de dolor. «No,
papi, no soy lo suficiente valiente como para hacer eso… Por
favor no me hagas hacerlo… Lo pensaré… vale… no, quiero
que Mamá Carly y Ma Joe se queden con ella… no quiero que
tenga miedo y es mejor si todos están ahí con ella… vale,
papi… lo intentaré… yo también te amo».
Le devolvió a Cyrus su móvil y envolvió sus pequeños
brazos alrededor de mí. Su cuerpo temblaba. La abracé con
fuerza mientras Cyrus miraba y escuchaba a Jase al otro lado
de la llamada.
«Neh, está bien… estamos bien… Nosotros nos
encargaremos… Lo lamento mucho, Jase… Te amo,
hermanito… nos vemos».
Cyrus finalizó la llamada y se puso en cuclillas frente a
Bella y mí. «Sabes que puedo llevarte, si eso quieres». Ella
negó con la cabeza y cerró los ojos. «Mírame, pequeña Bella.
Eres la niña más valiente que conozco. Puedes hacerlo. Yo
estaré ahí, papá estará ahí, y Zandor también estará ahí.
Somos familia…».
«Soy una chavala, no quiero ser valiente todo el tiempo.
¿Verdad, Tara?».
Y justo ahí me di cuenta de lo que había hecho. Le dije que
yo no era valiente y eso hizo que Bella tuviera miedo de algo
que no había temido antes.
«Sí, pero ¿es porque yo te dije que no era valiente?». Ella
se encogió de hombros. «Sabes, no ha habido una noche en
la que, antes de dormir, no desee poder decirles buenas
noches a mis padres una vez más».
Sus ojos se entristecieron y se inclinó más sobre mí. «No
quiero decir adiós».
«No, estoy segura de que no quieres hacerlo». Dios, esto
dolía demasiado. «Todos los días hay muchas cosas que las
personas no quieren hacer y muchas veces es por miedo,
Bella. El miedo nos detiene. Estoy segura de que eres una de
las niñas más valientes en todo el mundo y estoy segura de
que, sin importar lo que decidas, estarás bien. Pero quizás
puedes intentarlo. Tan solo piensa en todo lo bueno de
volverla a ver».
«Si yo lo intento, ¿tú también lo harás?».
«Claro, Bella». La abracé contra mi cuerpo y acaricié su
espalda.
Levanté la mirada y Cyrus sonrió. Se veía cansado,
increíblemente cansado. Estiré una mano para palpar su
frente.
«Estoy bien, Tara, ¿Tú lo estás?».
«Sí». Bajé la mirada al pequeño angelito que tenía entre
mis brazos.
«¿Estás bien, Bella?».
«Estoy bien. ¿Podemos ver tus cosas que están en el
Jeep?».
«Pequeña Bella, pueden hacerlo cuando Tara esté lista.
No la presiones».
Suspiré hondo y Zandor salió de la sala. «¿Qué te parece
si tu y yo vamos a dormir un poco, pequeña Bella?».
«Quiero ser valiente por Tara».
Miré su pequeña y sonriente carita, y no había forma de
que pudiera decirle que no. No podía esperar que una niña
hiciera algo de lo que yo misma era incapaz. «Vale. Pero
prométeme que, si hago esto, al menos tú lo intentarás
mañana, ¿vale?».
Ella sonrió y asintió. Miró a Cyrus. «Ve por las cosas».
Cyrus y Zandor salieron de la casa y yo abracé a pequeña
Bella con fuerza. No podía decirle lo asustada que me sentía.
No podía decirle que tenía miedo de perder todos esos
recuerdos que me mantenían andando día a día. No podía
decirle que, si esos recuerdos no eran verdaderos, si no eran
tal cual los imaginaba, iba a caerme en pedazos. Y no podía
hacer eso, no podía desmoronarme enfrente de ella. O de
nadie más.
Que comience la pelea
«C reo que es una puta mala idea». Miré a Zandor y él se
encogió de hombros. «No, hermano, no lo entiendes. Quizás
se ponga histérica o entre en pánico, y entonces, ¿qué?».
«Está haciendo esto por Bella, una niña. Estoy seguro de
que lo manejará bien».
«No, Z – No sé si sea capaz de hacerlo, y después ¿qué?».
«Escucha, sigues mirándola como si fuera una tía débil y
necesitada. No lo es, esa piba es jodidamente fuerte, Cyrus».
Vale, eso me hizo enfadar. «¡No la conoces!».
«Conozco a las mujeres, C. Tara es fuerte».
«Yo también conozco a las mujeres, Z, y no lo es», lo
contradije. ¡Fanfarrón gilipollas!
«Pues me parece que estás ciego con esta mujer…».
«¿Qué se supone que significa eso?».
«Escucha, hoy te sientes bastante mierda, Estás de un
humor insoportable y te estás desquitando conmigo. Tara
estará bien. Cuando haya terminado de mirar sus cosas y
Bella esté lista para irse la cama, entonces puedes ayudarla a
digerir todo lo que está por descubrir. Eso es lo que quieres
para ella, así que hazlo, joder».
«¡Qué carajos se supone que significa eso!».
«Escucha, ella no es mi problema, es tuyo – pero, si me
preguntas, me parece como si te estuvieras enamorado de
ella».
Yo estaba seguro como el infierno de que no confirmaría
sus sospechas. Joder, tampoco iba a negarlas, pero la verdad
es que nada de eso importaba. «Ni en sueños, hermanito».
Cuando volvimos a entrar a la casa, Pajarito estaba
tratando de ocultar la ansiedad que yo podía ver envolviendo
cada centímetro de su cuerpo. Jamás quise hacerla pasar por
toda esta mierda.
«Tara, ¿me darías un minuto?». Dejé la caja en el suelo y
caminé a la cocina.
Ella caminó detrás de mí y me miró. Sus ojos verdes
estaban vidriosos.
«Te va a doler. Pero no hay nada más que amor en esa
caja, Pajarito, ¿vale?». Ella asintió con la cabeza. «Debería
mentir y decirte que no vi todo, pues decirlo en voz alta me
hace sonar como una perra chilletas, pero lo hice. Tu infancia
fue un sueño, Tara Gardner. Tus padres te amaban, y si crees
la mitad de la mierda que Bella y yo creemos de los ángeles,
tienes dos hermosos guardianes allá arriba que te han estado
cuidado todos estos años».
Ella cerró los ojos con fuerza y agitó la cabeza. Una
pequeña lágrima le escurrió por la mejilla y fue como una
avalancha en mi corazón. «Escucha, tienes amigos, Tara.
Amigos que quieren lo mejor para ti. No estúpidos gilipollas
falsos como Tony, sino amigos verdaderos. Tan insoportable
como me puede resultar Carly, esa tía te aprecia desde el
momento en que te conoció». Le limpié la lágrima del rostro.
«Incluso cuando pensó que Jase había jugado con tus tetas,
Carly pudo ver todas las cosas buenas que hay en ti. Desde el
primer momento ella supo que valía la pena darte una
oportunidad dentro de su pequeño círculo. Ninguno de
nosotros te dejará caer. Estamos aquí para cuidarte ahora y,
créeme, algunos días te despertarás desesperada porque
siempre están ahí, pero hoy, aquí y ahora mientras mires
todos esos recuerdos, bien si está pequeña Bella o no –
déjanos sostenerte. Déjate caer en nuestros brazos». La
verdad es que quería decir mis brazos, pero no podía hacerle
eso a Tara otra vez – nunca más.
Ella respiró profundamente, apretó los labios y dejó
escapar el aire lentamente. «Vale, hagamos esto».
Sonrió y se tronó el cuello de la misma manera en que
haría un luchador dentro del ring de pelea y yo me reí.
«¿Estás lista para ganar la pelea, Pajarito?».
«Lo estoy».
Levanté los puños y ella hizo lo mismo, chocándolos
contra los míos como hacen los luchadores antes del
encuentro. «Así es como se hace, tía».
Le pasé un brazo por encima de los hombros y caminamos
hacia la sala. Zandor me echó una miradita y de verdad
espero que captara el veneno en mis ojos al mirarlo de vuelta.
«Iré a la tienda a comprar algo para el desayuno. ¿Qué te
apetece cocinarme en la mañana, Tara?».
Y estaba de vuelta, ese fanfarrón gilipollas. Gracias a Dios,
pues esta mierda estaba poniendo el ambiente bastante
tenso.
«Lo que sea que te apetezca está bien», dijo con los ojos
clavados en las cajas.
Miré a Zandor, sabiendo en lo que estaba pensando. Una
sonrisita traviesa se dibujó en sus labios, después se dio la
vuelta y se marchó. Gracias a Dios, nuevamente, pues si
volvía a pensar en Tara de esa manera, iba a descuartizarlo.
Joder.
«Vamos». Bella cogió la mano de Tara y la hizo sentarse
en el sofá, frente a las tres cajas que Zandor y yo habíamos
traído.
«¿Comenzamos aquí?», dije poniendo frente a ella la caja
más grande. «Vamos en orden».
Saqué la pila de álbumes de fotografías.
Bella se sentó en su regazo, gracias a Dios era bastante
pequeña para su edad, pues Pajarito tampoco era demasiado
grande.
Bella cogió uno de los libros de mi mano. «Bella, quizás
ella quiere…».
«Está bien, Cyrus, de verdad». Tara miró por encima del
hombro de Bella mientras ella abría la tapa color rosa bebé
del álbum.
«Pesabas solo dos kilos y tres g. ¿Qué es g?».
Tara se río. «Gramos».
«Eras pequeña. Oh, ¡y tu cumpleaños es en tres días!
¡Debemos hacer una fiesta!».
Bella estaba tan emocionada.
Tara sonrió mientras miraba por encima de su hombro.
Era casi como si se estuviera escondiendo detrás de ella. No
pude evitar acercarme más a ella. Ella se recargó en mi
cuerpo y, joder, su cercanía sí que se sentía bien. No como si
me estuviera causando una erección masiva, sino
simplemente bien. Hombre, ¡sí que era un completo gilipollas
pensando en erecciones en un momento como este!
Vimos el primer libro con velocidad récord. No estoy
seguro de que Tara tuvo oportunidad de digerirlo todo, pero
no estaba seguro de que eso era lo que ella quería en este
momento, y tampoco podía preguntarle, no enfrente de
Bella. Pero qué situación tan jodidamente difícil. ¿Lo ves,
joder? ¡Las mujeres sí que causan problemas!
Bella comenzó a coger otro libro.
«Mira las portadas, Bella. Todas tienen números, vamos
a verlos en orden».
El siguiente libro estaba lleno de fotografías de ella y su
familia. Toneladas de retratos con su papá, lo cual no era
algo inusual.
«Las mamás raras veces aparecen en este tipo de cosas.
Ellas siempre están detrás de la cámara».
Ella me sonrió y rápidamente regresó la mirada al álbum.
No era muy diferente a los que nosotros teníamos en los
libreros en casa. Había fotografías de sus primeras
vacaciones, primer cumpleaños y primer viaje. La familia de
Tara parecía estar en una playa, pero realmente era un lago.
Cuando llegamos al álbum número cuatro, nos
encontramos con fotografías de ella en Disney.
«¡Fuiste a Disney!».
Se le humedecieron un poco los ojos. «Sí, supongo que lo
hice».
Pasamos poco más de una hora viendo los libros y cuando
Bella estaba bostezando y a punto de abrir una caja de cartas
y otras fotos que encontré, intervine. Tara debía estar
exhausta; yo también lo estaba.
«Oye, Bella, es una vida entera de cosas aquí. Vamos a
dormir. Mañana iremos al hospital para visitar a la abuela
Charlotte. Si Tara se siente lista y quiere compartir más, lo
hará, ¿vale?».
«¿Me estás chantajeando para que vaya?».
«Un trato es un trato, pequeña Bella». Zandor entró a la
sala y levantó a Bella en sus brazos. «Vamos a dormir. Tara,
espero que no te moleste, pero tomé prestada una blusa de
dormir para Bella».
Bella se rio cuando Zandor levantó un blusón de pijama de
seda color verde esmeralda.
Tara también se rio. «Sí, está bien».
Zandor me miró intentando contener su sonrisa,
jodidamente consciente de que esa mierda me hacía enfadar.
Bella abrazó a Tara. «Lo hiciste bien. Lo ves – eres
valiente».
Tara le devolvió el abrazo. «Tú también lo eres, señorita
Bella».
Bella se abalanzó sobre mí y me besó en los labios y
después se rio.
«Bella, qué demonios… ¿a qué viene esto?».
«Si me enfermo, no necesito ir. Si los gérmenes tardan un
par de días en invadir mi cuerpo, puedo faltar a la escuela un
par de días y pasar más tiempo con vosotros».
Tara se rio de Bella y ella corrió escaleras arriba.
«Es una niña muy dulce». Tara comenzó a ponerse de
pie, pero de un tirón hice que volviera a sentarse. Utilicé más
fuerza de lo esperado, así que su culo aterrizó sobre mi
regazo.
«Lo siento, no quería hacer eso. Pero, bueno – ¿quieres
hablar?».
«La, de verdad me gustaría ir arriba, darme un baño y
dormir. Tengo dos días antes de comenzar mi nuevo trabajo
y me gustaría… oh, Dios. Eso fue demasiado».
Se cubrió el rostro y sus hombros comenzaron a temblar.
Atraje su espalda contra mi cuerpo. «Pero fue bueno,
Pajarito. Te amaban».
«Los amo. Los recuerdo», me dijo. Se incorporó y se puso
de pie, se limpió los ojos y comenzó a marcharse. Se detuvo y
se dio la vuelta para mirarme mientras yo me ponía de pie.
«¿Te sientes bien?».
Volvió a caminar hacia mí y me palpó la frente. «Estoy
bien, Pajarito».
«Estás caliente», dijo apartando la mano.
«Estaré bien, ve a tomar un baño. Yo calentaré algo de
sopa y…».
«No, siéntate». Me dijo empujándome hacia el sillón
reclinable. «Yo te traeré un poco».
«Pajarito, primero cuida de ti misma».
«Quiero cuidar de ti primero». Tara no esperó mi
respuesta, sino que se dio la vuelta y caminó hacia la cocina.
Estaba bastante seguro de que ella necesitaba tiempo, y,
también estaba bastante seguro de que me estaba haciendo
sentir como un chaval de nueve años que no se sabe limpiar
el culo, pero me quedé sentado y no dije nada más.
***
Debo haberme quedado dormido por un momento, pues
me desperté con Tara palpándome la frente nuevamente.
«Estoy bien, Pajarito».
«Vale, aquí esta tu sopa. No la calenté en el microondas».
«Gracias». Sabía que la estaba mirando fijamente y ella
se sentía incómoda. «Ve a darte un baño, Pajarito. Te
prometo que puedo encontrar una cuchara solo».
Se inclinó sobre mí y me acarició la cabeza. «No sé qué
hice para merecerte dentro de mi vida. No sé si mis padres le
suplicaron a Dios que alguien me salvara, o si simplemente
fue suerte. Pero, Cyrus, sé que todo este tiempo me han
estado observando y han visto muchas cosas de las que no
están orgullosos. Y también sé que desde ahora los haré
sentirse orgullosos. Muchas gracias por todo lo que has
hecho – por mí».
Cogió mi barbilla entre sus manos y me besó. Sus labios se
sentían tan suaves como imaginaba que serían las alas de un
ángel. No se apartó. Apretó sus labios contra los míos y dejó
escapar un suave y dulce suspiro antes de marcharse.
Una puta vagina, ¡vagina, vagina! De verdad estaba
preocupado de que mis bolas estuvieran desapareciendo y,
¿sabes qué? A veces necesitaba asegurarme de que seguían
ahí, así que sí, revisé el interior de mis pantalones y ¿qué
crees? Mis bolas seguían ahí. Gracias. A. Dios.
***
Comí y dejé el tazón en el lavabo de la cocina. Cogí un
vaso, lo llené con agua y lo bebí de golpe. Hidratación, eso
me ayudaría a sentirme mejor. Una vez que me sintiera
mejor, quizás podría retroceder y ver toda esta situación de
la forma en que debería estar haciéndolo. Con la cabeza
despejada, no con putos pajaritos trinando todo el tiempo.
Abrí la puerta de una de las habitaciones de invitados.
Bella estaba hecha un ovillo, profundamente dormida. Abrí la
siguiente puerta y Zandor estaba haciendo lo mismo. Me
sentí como puto Ricitos de Oro buscando la cama ideal
dentro de la cabaña de los osos. Pero la verdad es que yo
sabía muy bien en dónde quería estar.
Abrí la puerta y ella aún no estaba en la cama. Escuché el
agua de la ducha correr e inmediatamente temí que Tara
hubiera resbalado. Habían pasado veinte minutos desde que
subió las escaleras. Lo sé porque desde entonces no aparté la
mirada del puto reloj, asegurándome de contar los minutos
en que le daba espacio para estar sola.
Entré al baño y ella estaba agazapada en la ducha con una
toalla mojada envuelta alrededor de su cuerpo, llorado. Cerré
la llave de agua helada de la ducha y cogí su mano.
«Pajarito, creí que te relajarías con un baño».
«Todavía no estoy lista».
Cogí una toalla limpia y la envolví con ella. «Dime qué
pasa».
«Estoy confundida». Sacudió la cabeza de un lado a otro.
«Estoy feliz y triste, aliviada y preocupada. Es una locura.
Completamente».
La arrastré conmigo hasta la habitación. Ella estaba
temblando y joder, yo también me congelaba por dentro.
«Estás temblando, Cyrus».
«Tú también. Ven, entra a la cama».
Ella se subió y yo me quité la camiseta, optando por su
calor corporal.
Fue un instante. Tan pronto como me recosté en la cama
ella ya estaba envuelta alrededor de mí, haciendo esos
ruiditos mientras se aferraba a mí con fuerza.
«Habla conmigo». Acaricié su espalda y ella comenzó a
dibujar con el dedo mi tatuaje de espejo.
«Habla tú. Esta noche he hablado más de lo que he hecho
en años».
Bajé la mirada y vi que ella estaba profundamente absorta
en ese tatuaje. Estaba acariciando el contorno de arriba
abajo, una y otra vez.
«Pajarito, ¿qué haces?». Coloqué mi mano encima de la
suya para detener sus movimientos.
«Borrándolo», dijo y me miró. «Me gustaría poder
hacerlo, ¿sabes? Borrarte esto».
«Eso jamás desaparecerá. Me mira todos los días».
«Bueno, pero me gustaría poder hacerlo. Quizás si lo
enfrentas, tal como yo lo hice hoy, te sientas mejor».
«Pajarito, no solo es ahí, ¿vale?».
«Eso que ves en ti, no es verdad». Comenzó a
inspeccionar mis tatuajes más abajo, cerca de mi V
abdominal.
«Oye, Pajarito, quizás no deberías hacer eso». Y lo decía
enserio. Se sentía bien, demasiado bien.
Ella levantó la mano y me la colocó en el pecho. «Verdad
debería estar aquí, Cyrus. Tu corazón dice la verdad».
Ahora sus pequeñas manitas estaban acariciando mi
corazón y mis pezones. Ahora, Jase tenía problemas con los
pezones, le encantaba que jugaran con ellos, lo suficiente
como para perforárselos. Por otra parte, a mí jamás me había
parecido algo especial, al menos no hasta este momento…
reuní todas mis fuerzas, pues esta noche no iba a hacer
mierda con Tara, tan solo abrazarla. Cuidar de mi amiga. Mi
amiga desnuda como un pajarito, quien me envolvía con su
cuerpo y me acariciaba el pecho.
Ella se dio cuenta de mi frustración y yo tiré de su pierna
para que se aferrara con más firmeza alrededor de mí. Joder
– ¡sí que me hacía perder la cabeza!
«Cuéntame, por favor».
«Un espejo roto con seis piezas. Ma Joe, papá, Jase,
Zandor, Xavier y…», no podía creer que estuviera a punto de
confesarle esta mierda. «Julie».
«Oh». La mayoría de las chicas se arrepentirían al
escuchar el nombre de otra tía y no el de ellas, pero Tara
continuó dibujando el contorno del espejo.
Me estaba congelando otra vez y el cuerpo de Tara me
daba calor, así que permití que continuara.
Bajé la mirada, intentando ver su expresión y ella me
miró. Me besó. Ella. Me. Besó. Yo no fui el que comenzó esta
vez. Y, gracias a Dios, se apartó. Después me besó en la
mejilla y en la nariz. ¿A qué carajos venía eso?
«Lo siento mucho. Muchísimo».
***
Me desperté y me mucho sentía mejor. Abrí los ojos;
apenas eran las seis y media. Inmediatamente pensé que
mencionar a Julie había llevado a Tara al límite. Corrí
escaleras abajo y ella estaba frente a la estufa.
Tenía el cabello recogido en un moño. Adorable como el
infierno, pero lo que era aún mejor era ese ajustado top y mis
putos calzoncillos cubriendo su hermoso culo, ceñidos a su
cuerpo en el costado con un elástico de cabello. Sí, estaba
jodidamente excitado. Una erección espectacular. Y, ¿qué
pasó después…?
«¡Tío Cyrus!». Bella saltó en mi espalda y yo choqué
contra Tara.
Rápidamente me sostuve a ambos lados de la estufa para
no empujarla más de lo que ya había hecho. Ella se dio la
vuelta rápidamente y juro que en ese momento yo ya estaba
muriendo. Tara bajó la mirada para ver qué demonios estaba
sucediendo. Se quedó boquiabierta por unos instantes, luego
se obligó a cerrar la boca y apretó los ojos, lo cual me hizo
reír un poco. Entonces me miró, abriendo los ojos como
platos.
«Hola Bella, buenos días», dije mirando por encima del
hombro. La pequeña se estaba riendo.
«¿Qué están preparando?».
Como si se hubieran puesto de acuerdo, Zandor entró a la
cocina y comenzó a canturrear: «Hanging ‘round. In the
kitchen by myself and I had not enough time to eat it all up by
myself and there she was like double cherry pie. Yeah, there she
was, like disco superfly – ¿acaso huelo a panquecas y
calcetines?».
«¿Panquecas y calcetines?», Bella se rio y corrió hacia
Zandor.
«Oh, ¿quizás no son calcetines? Quizás es tu aliento,
vamos a lavarte los dientes». Zandor le guiñó un ojo y
ambos salieron por la puerta.
No me moví. Tara volvió a bajar la mirada, después miró
al techo y dejó escapar un lento y constante suspiro.
«¿Te sientes mejor?».
Hice un chasquido con la boca. «¿Yo?».
Tara esbozó una sonrisita y se mordió los labios.
«¿Estamos haciendo panquecas o quemándolas?».
«Yo estaba muy bien hasta que tú – interrumpiste», me
dijo con una risita y se dio la vuelta.
«Yo también hasta muy bien hasta que te vi con mis
calzoncillos puestos».
«Me desperté a las cinco para lavar la ropa. Eché todo
dentro de la máquina y no tenía ropa limpia».
«Oh, ya veo. Así que toda esa ropa que Carly te compró ya
está sucia. Tara, no necesitas inventar excusas, lo entiendo
completamente. Pero esta cosa de amigos no va a funcionar si
sigues apareciendo una y otra vez, tan dura».
Tara soltó una risilla. «¿Dura? ¿Yo? Si tú fuiste el que casi
me apuñala por la espalda».
Sonreí. «Yo no digo mierda como esa».
Tara cortó un trocito de panqueca y con un tenedor lo
llevó hasta mi boca. «Entonces no hagas mierda como esa»,
me sonrió y yo abrí la boca. «Ahora come».
Joder, la manera en que me veía era jodidamente sexi.
Respiré profundo y casi me ahogo.
«Se supone que primero debes masticar», se rio y me
sirvió un vaso con agua. «Ahora bebe. No están limpios
hasta que los lave», se dio la vuelta y yo me recargué en la
barra mientras la veía darles la vuelta a las panquecas.
No tenía idea de qué estaba hablando. Lo único que sabía
es que esos pequeños Razzles estaban jodidamente alerta.
Cuando levanté la mirada, vi que ella estaba negando con
la cabeza. Me pilló mirándole las tetas. Quemado.
«Les agrado».
«Por supuesto que les agradas».
Bella y Zandor volvieron a la cocina. Zandor miró mi polla
erecta y murmuró por lo bajo «Saca esa mierda de aquí».
«Tomaré una ducha», dije y salí de la cocina sin ser
detectado por ningunos ojitos curiosos.
De verdad esperaba que fuera rápido. Joder, necesitaba
correrme de una puta vez.
Palanca de cambios
E staba lavando los platos cuando él finalmente bajó.
«¿En dónde están todos?».
«¿Quieres café?».
«Sí, ¿queda algo?». Se sentó en la mesa y me miró.
Saqué un plato del horno. «Siguen calientes y sin
microondas. Así que, te marchaste un buen rato. Eh, Zandor
recibió una llamada y le dijeron que llevara a Bella
inmediatamente. Estaba nerviosa y dejé que viera otra de mis
cajas. Encontró una manta rosa y me dijo que la hacía sentir
valiente».
«Debería marcharme…».
«Noup, hablé con Carly. Me dijo que debes quedarte y
mejorar. Dormir un día más, porque aparentemente te
necesitarán. Carly vendrá en un par de horas para enseñarme
a conducir. Le dije que realmente no lo necesito, pero…».
Cyrus levantó las cejas. «¿Ella va a enseñarte? Joder, no.
Yo te enseñaré».
«Bueno, creo que ella también necesita un descanso…».
«No, de ninguna manera. Yo te enseñaré y vas a aprender
con una palanca de cambios».
Cyrus engulló su desayuno y después bebió el café de
golpe. Café caliente, cabe añadir. Inmediatamente se puso de
pie y corrió al lavabo para echarse agua fría en la boca. Tenía
que inclinarse bastante para colocar la boca debajo del grifo.
Era alto. Musculoso y su culo era tan jodidamente bonito. Se
veía casi tan bien en esos pantalones de mezclilla como
cuando estaba en cueros. No sabía cuál era mi problema,
pero Cyrus era como un helado de chocolate en el día más
caliente de julio.
Se dio la vuelta y me miró. «Sube a alistarte, voy a
enseñarte a conducir».
«Carly y yo vamos a…».
«De ninguna manera», me dijo por encima del hombro
mientras salía de la cocina.
***
«Vale, asegúrate de que esté fuera de marcha. Embrague
a fondo, mantén el freno y gira la llave. Es sencillo, tú
puedes».
Cyrus era profundamente paciente, pero yo no. Me limpié
las palmas de las manos sudorosas en los pantalones de
mezclilla e hice lo que me indicó.
«Cambia a primera marcha, ahora suelta el embrague y
acelera suavemente. Lento y con calma, Tara, tómate tu
tiempo. Siéntelo. No hay prisa. Escucharás al motor hablarte,
¿de acuerdo?».
Oh, Dios mío. No soy capaz de hacer esto con él. No podía
sentir el motor, tan solo escuchaba la voz de Cyrus y sus
órdenes. Pero estaría perdida si no lo intentaba.
«Eso es, Tara, lo estás haciendo muy bien. Vale, ahora,
conduce hacia la calle…».
«¿QUÉ?». El Jeep dio trompicones hacia adelante y atrás
y después se detuvo.
Él se rio. «Mantén la calma, Pajarito. Tú puedes».
«No, no puedo. Se supone que manejaríamos en un
aparcamiento para practicar, Cyrus. Ni siquiera tengo mi
permiso de conducir».
«En este momento no estas jugando con las niñas,
Pajarito. Vamos, quítate la faldita y hagamos esto».
Estiró la mano y colocó el coche en neutral mientras
tocaba mis piernas. «Sé delicada con él, no hagas
movimientos bruscos. Lento y con paciencia».
«No quiero hacerlo». Cuando Cyrus chasqueó la boca, me
di cuenta de que estaba haciendo pucheros.
Dejé de escuchar a Cyrus, conduje alrededor del
aparcamiento sintiendo el Jeep. Él tenía razón,
aparentemente, no quería molestarme, sino que realmente
me estaba instruyendo de la manera adecuada.
«¿Te agrada Carly?».
«Confío en ella».
«Me alegra». Se recargó en el respaldo.
«¿Tú confías en ella?».
Me miró de una manera extraña. «Claro. Con algunas
cosas, por supuesto».
Iba a entrar más en detalle en ese tema, lento y con
paciencia, de la misma manera en que ahora conducía el
Jeep.
«¿Confiabas en Julie?».
Cyrus se movió en el asiento y yo lo miré. «Los ojos al
frente, en el camino. Un coche puede ser un arma. Es una
enorme responsabilidad así que concéntrate, Pajarito».
Estaba evadiendo el tema y yo no quería presionarlo, sin
embargo, quería saber.
«¿Amabas a Julie?».
«Tara, no hablaré de eso».
«¿Por qué está bien que tu sepas todo de mí y yo sepa tan
poco?».
«Está en el pasado, ¿vale?».
«Carly me dijo que es tu exnovia».
«¿Eso dijo?».
«Sí».
«¿Qué más te contó?».
«Que ella… que te culpas a ti mismo de que ella se
drogara».
«Tara, no es algo que me importe discutir».
«Pero aún te duele».
«No. La verdad es que no».
Se rio, pero yo sabía la verdad. Lo sabía, pues así de difícil
como había sido la vida, había ciertos momentos. Cosas
pequeñas en los ojos de las personas, una película, una
canción, o una conversación con un niño. Momentos que nos
cambiaban para siempre.
No iba a presionarlo, pero yo sabía que tan pronto como él
pudiera ver lo que yo veía en él, lo que todos a su alrededor
podían ver… Cyrus tendría ese momento. Pero sería cuando
él mismo estuviera listo para ello.
«Vale, Tara. Salgamos de aquí».
Lo hice – conduje hacia la calle, en donde había otros
coches. No era abrumador. No tuve que contar para disminuir
mi ansiedad.
Nos detuvimos en una luz roja y yo miré sus manos.
Estaba frotándolas arriba y abajo de sus piernas, lentamente.
Una y otra vez.
«Pajarito, luz verde».
No me había dado cuenta. Estaba viéndolo a él, a sus
manos.
Me reí y él me sonrió, chasqueando la boca. «Vamos».
Debo haber puesto la marcha incorrecta, pues el coche
comenzó a dar brincos y Cyrus intentó ayudarme a presionar
los pedales correctamente utilizando sus manos sobre mis
rodillas. Nos detuvimos en seco y yo no podía para de reír y
él tampoco. Se inclinó sobre mí y me besó.
Posesivamente, sostuvo mi cabeza contra la suya. Su boca
cubrió la mía y yo sostuve su cabeza entre mis manos.
Necesitando respirar, hice la cabeza hacia atrás. Necesitaba
que todo dejara de dar vueltas.
Mis manos acariciaron sus rodillas, justo de la misma
manera en que él había estado haciendo antes. Lo deseaba
tanto. Mis manos se deslizaron hasta su entrepierna, y no me
detuve ahí. Lo sentí. Duro, tan duro. Casi podía sentir la
temperatura emanando de su cuerpo.
Una de sus manos estaba detrás de mi cabeza, la otra
dentro de mi playera. Pellizcando, masajeando y acariciando
mis pechos. Se apartó de mí y se veía enfadado, frustrado y
absolutamente, positivamente hermoso. Era el hombre más
sexi que jamás haya visto en toda mi vida. Tan solo su rostro
podía encender el deseo que burbujeaba en mi interior,
haciendo que me recorriera el cuerpo como si fuese un
líquido caliente. Atraje su mano a mi entrepierna y me froté
contra ella. Él apretó los dientes y juro que yo estaba
empapada, húmeda.
«Cyrus». No me importaba en dónde estábamos. Mis
inhibiciones habían desaparecido.
No me importaba que él estuviera mirándome. Quería que
me viera, a mí y lo que me hacía.
«¡Joder, Pajarito! Necesitamos volver. Vas a correrte aquí
y yo quiero estar encima de ti, dentro de ti; quiero escucharte
gritar mi nombre. Quiero sentir tu coño húmedo y caliente
deslizándose alrededor de mí. Quiero…».
Se detuvo e intentó apartar la mano.
«No, por favor».
«Pajarito, tenemos a la policía acercándose a tu ventana.
No digas un carajo y asiente a todo lo que yo diga, ¿vale?».
Ella asintió y se sentó erguida. «Baja la ventana».
Cyrus se inclinó encima de mí y plantó su enorme y fuerte
mano entre mis piernas. Su dedo me penetró mientras cubría
mi cuerpo con el suyo.
«Tienes un coche detenido – deberías encender tus luces
intermitentes», dijo el policía mirando al interior y yo
sonreí.
«Lo siento, oficial». Después de eso intenté no moverme
o respirar, pues estoy bastante segura de que gemí.
«¿Puedo ver su licencia y registro, por favor señorita?».
«Sí, justo hablábamos de eso. Olvidó su bolso en casa. ¿Es
posible tan solo registrar su nombre? Carly Smythe Steel. Soy
su esposo, Jase Steel». Cyrus estiró su mano libre y sacudió
la del oficial.
«Un placer conocerlo, señor Steel. ¿Es usted el dueño de
Industrias Steel?».
«Bueno, mi familia entera es la propietaria, pero ahora
mismo yo soy el egocéntrico que está a cargo. ¿No es así,
bebé?».
Sonreí y asentí con la cabeza. Él continuó penetrándome
con el dedo y yo no me atrevía a hablar, no cuando sabía que
iba a despotricar en contra de Cyrus por mentirle a un oficial
de la ley.
«Permítame verificar este nombre en las placas, señor
Steel».
«Jase Steel», Cyrus lo corrió.
«De acuerdo. Un momento».
«¡Eso no está bien!», siseé a Cyrus.
«Noup, nada bien».
No tenía idea de qué tenía planeado, pero parecía como si
tuviera intención de hacer algo.
Cyrus se bajó del Jeep y lo vi caminar alrededor de él,
hasta la parte trasera. El oficial salió de su coche y, a través
del espejo retrovisor, los observé conversar. Cyrus se rio y
después también el oficial. Entonces estuve segura de que no
habíamos metido a Carly en problemas. Gracias. A. Dios.
Cyrus volvió a abrir la puerta. «Carly,
desafortunadamente, tu licencia aún tiene tu nombre de
soltera. Te pedí que lo cambiaras, bebé». Abrí la boca y el me
la cubrió con la mano. «Él lo entiende, no es mucho
problema. Simplemente debemos arreglar eso. Yo
conduzco». Cyrus sacudió la mano del oficial por última vez
y subió al Jeep.
«No puedo creer lo que acaba de pasar. ¿Han multado a
Carly?».
«Así es». Cyrus estaba intentando no sonreír, pero falló
miserablemente.
«¿Por qué? ¿Por qué le harías eso?».
Cyrus dejó de reír y puso en marcha el Jeep. «Lo tiene
bien merecido».
«¿Porque me contó de Julie?».
«Esa mierda está en el pasado y no voy a revivirla».
Cyrus estuvo en silencio por un rato y después me miró.
«¿Quieres arreglar eso hoy?».
«¿Arreglar?».
«El tatuaje».
«Oh, ¿estás seguro que quieres hacerlo?», dije estirando
la mano para palpar su frente.
«Estoy bastante seguro de que fue una enfermedad de
cuarenta y ocho horas, al igual que la tuya».
«Vale, entonces sí. Pero, ¿no deberíamos… verificar si
alguien de tu familia te necesita?».
«Jase y Zandor llamarán si necesitan algo. No puedo estar
sentado alrededor de ellos todo el día».
«Lo sé, tan solo no estoy segura de qué podría hacer para
cubrirlo».
Cyrus sonrió. «Eso es fácil», dijo y yo lo miré. «¿Confías
en mí?».
«Más que a nadie en el mundo».
Libre
L a tienda seguiría cerrada por una hora más, así que
teníamos suficiente tiempo para hacer lo que tenía
planeado. Tara se veía un poco nerviosa.
«¿Estás bien?».
«Sí. Me emociona un poco deshacerme de esto, pero la
verdad no me gusta el dolor», me dijo, sonriendo un poco.
«Pero valdrá la pena. Al fin me desharé de esa parte de mi
vida, para siempre».
«Genial. ¿Hay algo en específico que te gustaría
tatuarte?».
Encendí la luz de mi estudio y ella miró alrededor,
observando todas las fotografías en blanco y negro de las
paredes. «¿Tú las tomaste?».
«Por supuesto, son los lugares a los que he ido. Vale,
Pajarito, quítate los pantalones». De verdad me gustaba
decirle eso. Mucho. Quizás demasiado.
Ella me miró por un instante y después volvió a bajar la
mirada para mirar sus dedos mientras se desabrochaba los
pantalones. Hizo un pequeño puchero con los labios y
después se bajó los pantalones hasta los tobillos. Y, sí, quería
que mi polla estuviera dentro de ella en cuanto miré su piel
desnuda, pero no, este no era el momento ni el lugar para
pensar en eso.
«¿Necesitas ayuda?».
Ella se rio mientras daba pequeños saltitos en un pie,
intentando liberar su otra pierna de los pantalones. «No,
creo que puedo hacerlo sola».
La verdad es que yo enserio quería ayudarla, joder. Sus
pequeñas bragas de encaje color azul era tan malditamente
sexis, al igual que su otro conjunto verde, al igual que
cualquier cosa que cubriera el coño más caliente y delicioso
que jamás haya tocado en toda mi vida. Era eso, ¿o no?
Estaba completamente vuelto loco por ese pequeño, húmedo
y delicioso coño, no por la tía… y podía tolerar eso. Podía
aceptar el sentir tanta fascinación por un chocho.
«¿Cyrus?».
Levanté la mirada lentamente. Ni siquiera iba a intentar
ocultar que la había estado mirando, ¿para qué?
«Sí, Pajarito. Hagamos esto. Trae ese hermoso culito a la
mesa».
Ella esbozó una sonrisita. «Si vamos a ser amigos, ¿crees
que deberías hablarme así?».
«Se supone que tu intentarías ser fea. No puedo cumplir
mi parte del trato si no te esfuerzas».
«Sí», ella sonrió y apartó la mirada.
«Ahora acuéstate, Pajarito. Voy a mostrarte lo que te
tatuaré».
Ella se recostó y yo cogí una sábana del cajón para
cubrirla, y no – la verdad es que no quería hacerlo.
Cogí una pequeña pizarra blanca y un plumón y dibujé un
círculo y un signo de adición. «Esto es con lo que estamos
trabajando. Quiero hacer una jaula, pequeña y delicada, como
tú. Lo que apesta es que debo rellenar el círculo. Pensaba no
hacerlo completamente, pero con espirales, así, más gruesas
encima del signo de adición y más delgadas alrededor. La
puerta de la jaula debe estar abierta y, en algún punto del
futuro, probablemente no sea hoy, un pájaro volando fuera
de la jaula. ¿Qué opinas?».
Ella tragó saliva y me sonrió. «Creo que es perfecto».
«Voy a apresurarme para terminar esto antes de que Kat
y los demás estén aquí. ¿Qué tipo de música te gusta?».
«Eh, lo que sea. Todo. La verdad es que no importa».
«Oh, pero sí que importa: metal, rock, pop. Vamos, debes
tener una opinión al respecto, Pajarito. ¿Qué te gusta? ¿Qué
te mueve?».
Sabía que estaba un poco al límite. Vale, muy al límite,
pero también estaba por cumplir todo lo que le había
prometido a Tara. Ahora tenía una casa, trabajo, una vida en
donde ella tenía control y decisión sobre su destino. Estaba a
salvo, a pesar de que aún no se daba cuenta de cuánto. Tony
había desaparecido, la última vez que le pregunté a George
sobre su paradero, me dijo que el gilipollas estaba en el
medio oeste de Missouri. Ahí es de donde venía Tony, antes
de escapar de casa a los dieciséis años. Era una historia
bastante jodida, y a pesar de lo mucho que yo odiaba al
bastardo, genuinamente esperaba que pudiera arreglar su
vida. Me causan repulsión los idiotas débiles que permiten
que las drogas tomen el control de sus vidas. Y, por último,
arreglaría el tatuaje de Pajarito. Todas mis promesas estaban
cumplidas. Buen trabajo, soldado.
«Oye, ¿me escuchas?», Pajarito se sentó y me miró.
«No, lo siento. Estaba pensando».
Ella sonrió. «Pensar es bueno, ¿o no? ¿Por qué te
disculpas?».
«Música, Pajarito. Elige ahora».
«Rock».
«Perfecto».
Encendí la música y cogí mis utensilios.
«Hagamos esta mierda», dije aplaudiendo con las manos
y frotando las palmas rápido y con fuerza, para así generar
calor entre ellas. «¿Tienes frío?».
«Noup. Terminemos con esto».
Tara estaba nerviosa y era jodidamente tierno mirarla así,
sin embargo, yo quería que fuera fuerte, valiente. No quería
que nada volviera a enjaularla nunca más. Quería que fuera
libre.
Comencé a tatuarla al mismo tiempo que comenzaba la
canción Voices de Alice in Chains. Me encantaba esa canción.
Definitivamente ideal para concentrarme en algo diferente,
pues las voces en mi cabeza sonaban como un adolescente
pervertido. Estos días incluso me había estado masturbando.
Pero qué carajos.
La canción terminó y miré a Pajarito. «¿Cómo va el
dolor?».
«Bien, ¿te gusta esa canción?».
«Sí, mucho».
La canción Tired de Stone Sour estaba sonando en mi
cabeza hasta que Pajarito soltó una risita.
Me senté erguido y la miré. «¿Te hace cosquillas?».
«No, pero en la canción, ¿han dicho pulling down my little
penis?».
«¿Qué?».
Ella se estaba riendo a carcajadas, y ahora yo también.
«Estoy segura de que el cantante ha dicho pulling down
my little penis».
«Neh, Pajarito, pulling down a little piece», lo cual era
igual de malo, pues lo único en lo que podía pensar ahora era
en mi little penis, desapareciendo lentamente porque me
estaba convirtiendo en una perra. «¿Puedes controlarte para
que no arruine esto?».
«Claro, lo intentaré». Ella sonrió y volvió a recostarse.
Estuvimos en silencio por unos cuantos minutos y
después suspiró profundamente.
«¿Estás bien?».
«¿Puedo hablar?».
«Habla, pero no te rías. ¿Qué pasa?».
«Al principio de la canción dijeron tu nombre».
«Oh, ¿sí?».
«Sip».
«Sirens, Pajarito. Se llama Sirens».
«Noup, han dicho Cyrus».
«Vale, Pajarito, hace poco hablamos de una canción en la
que han dicho que debería jalarme mi little penis y ¿ahora esta
dice mi nombre?».
«Sí, pero de ninguuuuuna manera hay alguna relación
entre las dos», me dijo comenzando a reír y yo paré de
tatuarla. Ella levantó el torso apoyándose sobre los codos y
me miró. «No hay conexión».
«¿Podrías acostarte, dejar de mover el culo y permitirme
terminar esto? Joder, hoy estás tan energética».
«No, solo estoy feliz».
«Ah, ¿sí?».
«Así es, mi buen amigo Sirens», hizo una pausa y se rio a
carcajadas. «Bueno, Cyrus hizo las cosas más dulces por
mí».
«Él no es dulce», le recordé, pues Pajarito obviamente no
estaba entendiendo esto. Yo era un idiota.
«Como sea, me siento libre. Tu sobrina también jugó un
papel muy importante. Si ella puede sonreír, y reír, y ser
feliz… entonces yo también. Alguien me amó en el pasado.
Dos personas me amaron».
«Por supuesto que lo hicieron, Pajarito. Aún lo hacen».
Tuve que apartar la mirada de esos ojos verdes
inmediatamente, pues quizás diría cosas de las que me
arrepentiría después o lloraría como la perra en la que me
estaba convirtiendo. La verdad es que incluso me ardía el
puto pecho. Quería salir de mi estudio, necesitaba un minuto,
pero no podía dejarla sola.
«Me arrepiento profundamente por no haber confiado en
mis sentimientos respecto a Tony. Sentir que lo necesitaba…
bueno, no importa, ya es pasado. Todo eso está en el pasado,
gracias a ti. Anoche, cuando te quedaste dormido, miré el
contenido de las cajas. Todas, y recordé muchas cosas». Las
lágrimas se acumularon en sus ojos. «Los sueños que tengo
por las noches, Cyrus, son reales; no son producto de mi
imaginación. Ahora sé que papá solía llevarme de pesca.
Trabajaba en un centro para jóvenes, y recuerdo
acompañarlo cuando él jugaba básquetbol los domingos.
Mamá bailaba. Bueno, los sábados, daba clases de baile y
solía bailar conmigo todo el tiempo. Me llevaba el desayuno a
la cama, ¿lo sabías?».
«Sí, Pajarito, vi la fotografía. Ambas tenían coronas
puestas».
«Era el día de las madres. Lo recuerdo porque quería
llevarle el desayuno a la cama y darle una carta que había
hecho en la escuela, pero ella preparó el desayuno primero.
Este día debemos festejarlo ambas, Tara. Soy mamá gracias a ti.
Recuerdo que me dijo eso».
Me acerqué y le limpié las lágrimas con una mano y ella se
rio. Ella debió darse cuenta de mi nerviosismo, pues me dijo
que no eran lágrimas de tristeza, sino de felicidad.
La liberación del océano, yo lo entendía.
La canción Wait for me estaba sonando mientras limpiaba
el estudio. Ella se miraba en el espejo de la pared, girando
sus hermosas caderas de un lado a otro para admirar el
tatuaje desde todos ángulos. Estaba feliz.
«Me encanta», dijo. La miré. «Ni siquiera es posible ver
el anterior».
«Estoy feliz de que estés feliz», respondí. Y ella me
abrazó y me dio un beso en la nariz.
«¿Por qué carajos me besaba la nariz últimamente? ¿Y
por qué carajos me hacía sentir como si fuera un niño
pequeño
«Vamos por algo de comer», cogí su mano y salimos de
mi estudio justo cuando Kat estaba entrando a la tienda.
«¿Sigues vivo?», Kat hizo su mejor esfuerzo por sonreír.
«Sí, pero Charlotte no está nada bien. ¿Me harías un
favor? Busca alguien para cubrir los turnos de Ma, Jase y
míos esta semana», solté la mano de Pajarito y encendí el
computador. «Kat, esta es Tara. Tara – Kat».
«Con gusto», me dijo Kat asintiendo.
«Dolor», Tara también asintió.
«¿Disculpa?», dijo Kat con tono un poco hosco, y yo
levanté la mirada del computador.
Tara soltó una risilla, como si la hubieran pillado saliendo
de su escondite.
«Acaban de arreglarme un tatuaje. Has dicho con gusto, y
lo único que se me ha ocurrido es dolor», Tara le sonrió.
«Oh, eres la tía que han estado buscando».
«Kat, cuidadito con tus palabras», le advertí.
«¡¿Qué se supone que significa eso?!», me espetó.
Miré más allá de Kat. «Tara, diría que no está tratando de
comportarse como una perra, pero obviamente lo hace. Hizo
la misma mierda con Carly la primera vez que la conoció. Si
la ignoras, se marchará».
«Oh, ¿así que también vamos a conservar a esta?».
«Es una amiga de la familia, Kat. Si eso es lo que
insinúas», le hice un ademán para que se acercara a ver la
pantalla. «Son cerca de veinte horas por cubrir, ¿crees que
puedes resolverlo?».
«Necesitamos más gente, últimamente mi visión artística
está cayendo en la mierda. Estamos cansados, Cyrus».
«Vale, Zandor está en casa por un tiempo… Estoy seguro
de que estará feliz de jugar un poco por aquí. Después de
hablar con él me pondré en contacto contigo».
«Joder tío, ¿por qué se toman tantas molestias para
conservar este lugar? No es como que lo necesiten – ¿por qué
no lo venderlo?».
«Esta es nuestra tienda, Kat, y siempre lo será. Si quieres
hablar de cansancio, hagámoslo. Yo dedico más de sesenta
horas a Industrias Steel. Mis fines de semana y algunas
noches entre semana estoy aquí, al cien por ciento. Así que
no vengas a quejarte de estar cansada conmigo. Entiendo que
quizás te desgastes artísticamente, pero si ya no quieres
esto, es tu decisión. Tan solo dilo».
«Escucha, Cyrus…».
«No, deberías sentirte perfecta hoy, tuviste el viernes y el
sábado de descanso. Si estás hablando mierda simplemente
porque saliste de farra demasiado, está bien, pero ese tipo de
decisiones no se hacen aquí. Mira el puto letrero allá fuera,
Steel para Siempre, Kat. Te lo repito, haz lo que puedas para
cubrir las horas. Envíame un correo electrónico con lo que
necesitamos para hacerlo. Hablaré con Ma Joe al respecto y
volveré antes de que cierres».
***
Joder, Kat sí que me hacía enfadar. Cogí la mano de
Pajarito y me dispuse a caminar a través de la puerta, cuando
Tara me detuvo.
«¿Son tuyas?».
Levanté la mirada y vi la pequeña habitación que Ma
había dedicado al arte de nosotros, sus hijos.
«La mayoría de las mamás cuelgan mierda en el
frigorífico. Pero Joe Steel creó un mini museo. Larguémonos
de aquí antes de que haga algo de lo que me arrepienta
después».
Sin pensarlo, abrí la puerta frente a Tara y ella hizo una
elegante referencia.
«Muchas gracias, caballero».
Encendí el motor del Jeep y la canción Wait for me de Kings
of Leon comenzó a sonar. Tara se acercó al estéreo y subió el
volumen, reclinó el asiento del copiloto y subió los pies al
tablero. Se levantó la blusa para abrirse los pantalones y
comenzó a rascarse alrededor de la gasa.
«¿Tienes picazón?».
«Un poco», me miró y sonrió. «Gracias, de verdad me
gusta».
«¿De verdad?».
«Sí, de verdad. Es hermoso».
«Kings of Leon», tenía que decir algo para cambiar el
tema.
Ella se rio y finalmente se cubrió para volver a sentarse
con la espalda erguida. «¿Qué?», me preguntó.
«Todavía no he escuchado su nueva canción. Me encanta
esa banda».
Ella simplemente sonrió y asintió.
Pajarito, eres jodidamente hermosa.
Sabía lo que necesitaba hacer por ella, pero iba a ser real y
jodidamente difícil.
Irse
E n el camino de vuelta, Cyrus estaba extrañamente
silencioso hasta que comenzó a sonar su móvil. El
cogió la llamada utilizando el bluetooth del Jeep.
«Habla Cyrus. Estás en altavoz».
«Se ha ido, hombre». Sabía que era Jase.
«¿Qué necesitas que haga?».
«No estoy seguro, tan solo quería decírtelo. ¿Puedes
trabajar mañana? ¿Te sientes mejor?».
«Me siento como nuevo, Jase. Estaré en Steel mañana por
la mañana, tómate el tiempo que necesites. Escucha, no
quiero agobiarte con esto ahora, pero Kat se está
sobresaturando y estoy seguro de que los demás también.
Quiero hacer nuevas contrataciones, ¿estás de acuerdo?».
«¡Joder, sí! Estamos jodidamente ocupados. Pero creí que
te volverías loco si yo lo mencionaba. Arregla esa mierda y
todo lo que necesites. Zandor está en casa, así que puede
ayudarte con las entrevistas. Que comience el juego. Tan solo
ten en cuenta que tendremos algunas llamadas importantes
y un funeral en un par de días».
«Ahí estaré».
«Sé que lo harás. ¿Cuándo hablaste con Kat?».
«Acabo de marcharme hace unos minutos. Se comportó
como una perra con Tara. Quizás fui algo duro con ella. De
cualquier manera, necesita poner los pies en la tierra; es
jodidamente talentosa, pero, dios mío».
«¿Le arreglaste el tatuaje?».
Jase sonaba un tanto distraído
«Sí, hombre, lo hice», Cyrus imitó el tono de voz de Jase.
«Vale, hermano, piénsalo bien…».
«¡Jase! Hablamos luego», lo interrumpió Cyrus.
Jase se rio. «Vale, hablamos luego».
«Oye», me sentí algo extraña por irrumpir en su
conversación, pero no pude evitarlo. «¿Cómo está Bella?».
Jase se rio. «Está excelente, Tara. Aparentemente, tiene
una manta mágica…».
«Oh, sí». Me sentía feliz de que mi manta le haya
ayudado. «Y Carly y Joe, ¿cómo están?».
«Son mujeres, Tara. Están llorando… mucho. Tuve que
salir de ahí, por supuesto. Pero las dejé en buenas manos, mi
pequeña Bella y Zandor se ocuparán de ellas por unos
minutos».
Cyrus se rio. «¿Esos dos están cuidando de Ma y Carly?».
«Así es». Jase dejó escapar un largo y áspero suspiro.
«Termina todas tus cosas, Cyrus, y Tara, buena suerte
mañana. ¿De verdad el uniforme son shorts y un top sin
mangas?».
«Así es, y muy ajustado. Me pregunto quién está en cargo
de elegir el uniforme. Incluso cogí una talla más grande
porque me sentía casi obscena».
Jase se rio a carcajadas. «Seguramente un tío».
«Debe ser, seguramente un viejo pervertido».
Jase graznó de la risa y yo también. Miré a Cyrus y vi que
no había expresión en su rostro.
«Si Bella necesita un sitio en dónde pasar el rato, estoy
disponible».
«Gracias, Tara. Quizás te tome la palabra».
***
Cyrus aparcó el coche en la acera y me miró.
«¿Cuál es tu puesto ahí, exactamente?».
«Entrenadora, algo que jamás he hecho, pero ellos
parecen pensar que tengo lo necesario. En realidad, solicité el
puesto de recepcionista, pero supongo que este otro también
estaba disponible. Cuando estudiaba el colegio en la YMCA,
Fui instructora en varios clubs deportivos para los más
jóvenes, así que dijeron que sería perfecta para la posición de
entrenadora en el gimnasio».
«¿Carly estaba contigo?».
«Sí, pero estaba haciendo ejercicio mientras me
entrevistaban. Me parece gracioso que me contrataran en el
primer sitio al que me presenté. Pero estoy feliz. Es como el
trabajo de mis sueños. Creo que dijeron algo respecto a una
matriculación después de un periodo de prueba de noventa
días. Así que quizás incluso pueda ir a la escuela también».
«¿Escuela de qué?».
«No lo sé. Quizás nutrición, quizás psicología», me reí.
«Quizás me convierta en psicóloga nutricional».
Cyrus me estaba mirando de una forma extraña, así que le
sonreí. «¿Qué?».
«¿Cuál es tu horario?».
«¿En mi trabajo?».
«Sí, Tara, en tu trabajo».
Vale, estaba actuando como un completo gilipollas. «De
siete a cuatro, de lunes a viernes. Si quiero ganar más dinero
puedo hacer horas extras. Pero creo que primero debo
entender las actividades completamente antes de hacer
entrenamientos privados».
Cyrus apretó la mandíbula y entrecerró los ojos. «Sí, por
supuesto que deberías tomarte algunos meses para
entender… lo que sea».
Sonreí. «¿Todo bien?».
«Sip, todo en orden».
Me bajé del coche y lo miré. «Oye, Cyrus, deberías entrar
y decirme más de ti. Apenas hoy descubrí que eres tienes tu
propia empresa y…».
«Te acompañaré hasta la puerta».
Hombre, pero sí que estaba siendo cortante. Cuando se
acercó a mí, estiré la mano para palpar su frente y él se
apartó.
«Estoy bien».
No iba a permitir que su mal humor arruinara el mío. Iba
a continuar feliz. Agradecida por lo que tuve en mi infancia y
lo que tenía ahora.
Cuando finalmente levanté la mirada, Cyrus me observaba
fijamente.
Le sonreí y aparté la mirada.
«Tara, tienes las llaves ¿cierto?».
«Oh, sí. Tengo la llave», me metí la mano al bolsillo y no
estaba ahí. «No, no la tengo. Debe haberse caído».
Cyrus apretó los dientes y puso los ojos en blanco.
«Probablemente están en el Jeep, Cyrus».
Él sacó las llaves de su bolsillo. «Las dejaste en el piso, en
la tienda. No puedes ser así de jodidamente descuidada con
mierda como esta, Tara. ¿Qué crees que pasaría si alguien
más las encuentra?».
«Bueno, ¿quizás me las devolverían?», dije por lo bajo
mientras él insertaba la llave en la puerta y la abría.
«No puedes ser así de ingenua. Debes ser cuidadosa, no
descuidada».
Pasé a su lado y caminé hacia la cocina. Saqué las sobras
de la sopa del frigorífico y unos bollos de ajo congelados y
quería meterlos al microondas, tan solo para hacerlo enfadar
de la misma manera en que él hacía conmigo, pero no lo hice.
Él continuó hablando.
«Necesitas ponerlas dentro de una mochila o algo,
¿tienes un bolso? Quizás podríamos cambiar el cerrojo de la
puerta por uno con código digital, para que así no puedas
perder las putas llaves… ¿Qué habrías hecho, Tara? Si
hubieras perdido las llaves, ¿qué habrías hecho?».
Puse una cacerola en la estufa y los bollos en el horno.
Cyrus estaba siendo borde y yo estaba intentando ignorarlo.
«¿Vas a responder?».
Negué con la cabeza e intenté pasar a su lado.
El me cogió por la cintura y me hizo mirarlo de frente.
Cyrus me miró a los ojos con enfado. Dios mío, estaba tan
furioso. Yo no quería llorar, pero tampoco iba a responder a
sus preguntas.
«Habrías estado jodida, Tara. No tienes móvil, ni coche,
habrías estado aquí fuera ¡sola! ¡Necesitas pensar, Tara!».
Aparté sus manos y me marché al baño, intentando
recomponerme. Escuché la puerta cerrarse con un fuerte
golpe.
Salí del baño y apagué la estufa y el horno. Miré a través
de la ventana; Cyrus se había marchado y, ahora mismo, me
alegraba que lo hubiera hecho.
Llevé mis cajas arriba. Mis cajas con pertenencias que
Cyrus había traído de mi viejo apartamento y mi casa en Red
Hook.
Me dolía que estuviera enfadado conmigo. Sin importar
qué camino había recorrido durante quince años, ese camino
me había traído hasta aquí; había traído a Cyrus en mi vida y
me había ayudado a dar cierre al dolor que me había
perseguido durante tanto tiempo. Así que me dolía el hecho
de que Cyrus estuviera enfadado conmigo, pues él era la
razón por la que sentía toda esta nueva alegría.
Debo haberme quedado dormida, pues estaba oscuro
cuando desperté. Escuche gente en la planta baja – dos voces
distintas, Cyrus y Bella.
Fui al baño y me lavé los dientes antes de bajar las
escaleras.
«¿Estás despierta?».
«¿Están aquí?».
Bella me abrazó con fuerza y yo le devolví el abrazo.
«Debemos marcharnos pronto, pero Bella quería
saludarte». Cyrus ni siquiera me miró.
«No, no es cierto. Mañana ni siquiera iré a la escuela y
Mamá Carly dijo que podía recogerme cuando fueran a casa
después del funeral».
«Estoy seguro de que Tara tiene cosas que hacer, Bella»,
le dijo Cyrus guiñándole un ojo. Él estaba actuando de
manera completamente normal con Bella, pero
definitivamente estaba siendo frío conmigo.
Bella y yo coloreamos un rato mientras Cyrus estaba
sentado en el sofá, absorto en su iPad. Cada vez que lo veía,
él desviaba la mirada. Estaba caminando de un lado a otro
cuando su móvil comenzó a sonar. Salió de la casa para coger
la llamada.
Bella me preguntó si podíamos ver una película. Yo le
pregunté si quería hablar, pero dijo que no.
«Si alguna vez quieres hacerlo, estoy aquí para
escucharte. Siempre».
Bella era un genio con el comando. Encontró la película de
El Lórax y me miró con una sonrisita cuando comenzó. Le
pregunté si quería palomitas y dijo que no. Se recostó en el
sofá y en diez minutos ya estaba dormida.
Me encantaba su cabello suave, tan oscuro y lleno de
nudos. Sonreí y lo desenredé con los dedos, con gentileza,
intentando no darle tirones bruscos. Definitivamente había
sido un día largo para ella.
Cyrus volvió a entrar a la casa y vio la cabeza de Bella en
mi regazo y mis dedos acariciándola.
«¿Está bien?».
«Está cansada. Yo también me enredaba el cabello cuando
me sentía enfadada. Creo que es lo mismo que ella ha hecho.
Estoy intentando deshacer los nudos un poco».
«Era Jase. Llevaré a Bella conmigo esta noche para que
ellos puedan descansar un poco hoy».
Asentí.
«¿Debería dejarla dormir un rato?», me dijo mirando su
móvil y después a mí.
Yo quería decir algo para hacer las cosas menos
incómodas, pero no tenía idea de qué decir.
Después de aproximadamente treinta minutos, Cyrus se
puso de pie y salió de la casa. Me puse de pie cuidadosamente
para no despertar a Bella y fui al baño. Cuando salí, Cyrus
estaba de pie en la cocina. La verdad es que estaba
considerando marcharme sigilosamente sin que él me viera,
pero entonces se dio la vuelta.
«Tengo este móvil para ti, nada elegante. Pero tiene el
número de Carly en los contactos…».
«¿Y el tuyo?». Oh, no quería preguntarle, pero lo hice.
«¿Quieres mi número aquí?», me dijo frunciendo el ceño
mientras registraba su número.
«Cyrus, escucha, no voy a pretender que no estoy
confundida por todo este asunto de la llave. Tampoco voy a
pretender que no me enfada que me espetes las cosas así.
Alguna vez tuve un móvil, un apartamento y un trabajo. No
era un piso como este y mi trabajo era como camarera de
cócteles. Tan solo bailé tres veces, una de las cuáles tú
pagaste. No soy la mente maestra detrás de ese video, yo
nunca quise hacerlo…».
«Lo siento, Tara. No estoy juzgándote…».
Respiré profundo. «Olvidé las llaves. Fue un accidente».
«Estoy lidiando con mucha mierda ahora, Tara. Me
desquité contigo, no es culpa tuya».
«Bueno, entonces dime qué es».
Él negó con la cabeza. «Simplemente demasiado con lo
que lidiar».
«¿Estás seguro de que te sientes bien? Quiero decir, no
has sido tú mismo. Bueno, no ese tú que he llegado a –
conocer. Cyrus, si esto es porque traje a ella en la
conversación, quiero que sepas que no fue para lastimarte».
«No pienso eso, Tara».
Cyrus estaba volviendo a comportarse frío conmigo… y era
mi culpa.
«Vale. Lo siento».
«Escucha, voy a darte algo de dinero para la semana.
Puedes devolvérmelo o no, no es mucho problema».
«No, Cyrus, ¿para qué necesito dinero? Puedo caminar,
pues el trabajo es cerca, y tengo comida y ropa. Estaré bien.
Ahora solo necesitas cuidar de ti mismo y de todo con lo que
debes lidiar».
«Mañana iré a trabajar a las siete y media. Te llevaré al
trabajo».
«He sido capaz de caminar por algunos años», intenté
bromear con él.
«Voy a despertar a Bella, ¿quieres despedirte?».
«Por supuesto que quiero».
Después de despedidas y abrazos somnolientos de Bella,
miré a Cyrus e inmediatamente me sentí emocionalmente
abrumada. Me obligué a sonreír y cerré la puerta a sus
espaldas.
Me recosté en el sofá y vi el resto de El Lórax mientras
lloraba por lo que sea que yo haya hecho para enfadar a
Cyrus.
***
Me desperté, me di una ducha y me vestí. Me peiné y me
puse un poco de maquillaje por primera vez en casi una
semana. Me miré en el espejo y me di cuenta de que era
evidente la perforación en mi pezón que aún conservaba.
Miré el reloj y eran las seis con quince minutos. Iba a
tratar de marcharme antes de que Cyrus apareciera. No
quería que ninguno de los dos comenzara el día sintiéndose
torturado. Bueno, al menos, así es como yo me sentía.
Me levanté la camiseta mientras bajaba las escaleras y me
bajaba el sostén para examinar uno de mis pechos,
intentando descubrir la forma de quitarme el arete. Con paso
acelerado, caminé al baño y choqué contra el hombre más
sexi que jamás haya visto, vestido en un traje gris oscuro.
Me tambaleé hacia atrás y el me cogió por los brazos,
evitando así que cayera de culo al suelo.
«¿Qué carajos estás haciendo?».
Bajé la mirada a mis pechos.
«Creo que puedo preguntarte lo mismo, Cyrus», estaba
segura de que mi voz sonó como un graznido y me cubrí los
pechos rápidamente.
Él cerró los ojos y apartó la mirada. Al parecer, no iba a
comenzar mi día sintiéndome contenta.
Cyrus bajó la mirada y escudriñó mi ajustado top blanco,
el cual exhibía mis hombros. «Eso está muy ajustado».
Puse los ojos en blanco. «Es el uniforme». Caminé
alrededor de él para entrar al baño. «Soy consciente de que
está muy ajustado. Buenos días, por cierto».
Lo escuché caminar de arriba abajo por el corredor.
«Apresúrate y te llevaré a desayunar».
«No tengo hambre y realmente me gustaría caminar,
pero gracias».
«Escucha, te llevaré a desayunar y al trabajo. Incluso te
recogeré del trabajo y te traeré de vuelta a casa. Hasta que
tengas un coche, tendrás que aceptar eso».
«Un día, tan solo un día, Cyrus, fui feliz. Tú me hiciste
feliz, me ayudaste a sanar mi corazón de quince años de
dolor y yo no sé qué hice. Pero seguramente te destrozó por
dentro, y lo siento mucho. No fue mi intención hacerlo. Así
que, por favor, déjame caminar, déjame respirar,
perdóname, reconfórtame, permíteme reconfortarte, pero no
hagas esto, por favor, porque me duele demasiado».
Respiré varias veces antes de apartar la mirada. Cyrus se
veía destrozado. Yo no quería lastimarlo.
Me permitió salir del baño. «Olvidas tu móvil».
«No es mío, Cyrus, ¿vale? No es mío».
«Si no puedo llevarte al trabajo, al menos déjame… lleva
el puto teléfono contigo, ¿vale? Cambié la cerradura de tu
puerta. Te enviaré un mensaje con el código de entrada, si
quieres cambiarlo también puedes hacerlo».
«Por favor, basta. Deja de cuidar de mí, ¿está bien? Cuida
de ti mismo, porque ahora mismo es evidente que lo
necesitas más que yo».
***
Corrí al trabajo, con el móvil en la mano, y recorrí casi
cinco kilómetros en media hora. Tenía diez minutos libres,
perfecto.
Cuando entré al gimnasio, había cuatro personas. No
conocía a ninguna. Había otras dos tías, ambas con excelente
condición física. Músculos sumamente definidos y las dos
vestidas con el mismo atuendo que yo. Ninguna me pareció
especialmente amistosa, pero tampoco todos eran personas
mañaneras, como yo. Los dos tíos estaban vestidos con
camisetas de licra ajustadas y pantalones deportivos. Uno de
ellos quizás podría ser pariente del increíble Hulk. Me sonrió
y me saludo con un breve asentimiento de cabeza antes de
continuar calibrando las máquinas. El otro tío tenía el cabello
color arena recogido en un moño y brillantes ojos azules.
Buen cuerpo, pero no tan musculoso como el otro tío. Me
sonrió y caminó hacia mí.
«¿Tara?».
«Sí, soy Tara Gardner».
«Genial, soy tu nuevo mejor amigo, Christo George. Oh,
y el gerente de cinco a dos. Voy a enseñarte cómo funcionan
las cosas por aquí y por favor dime que esa hermosa sonrisita
se va a quedar en tus labios, querida; estos tres son geniales
y todo, pero tienen la personalidad inestable de un puto
cachorrito. Ahora, ni se te ocurra repetir eso que acabo de
decir». Cogió mi mano y me arrastró con él hacia la sala de
empleados. «Tu casillero es el número sesenta y nueve, que,
por cierto, es una de mis posiciones favoritas. Pero no te
asustes, dulzura, porque definitivamente no eres mi tipo».
No pude evitar reír; gracias, a Dios, me reí… iba a ser un
buen día.
«¿Tan solo vas a reír tía, o me dirás por qué te ves tan
jodidamente triste?».
«Christo George, gracias por hacerme reír. Lo único que
te pediré es que me hagas trabajar como un perro».
«Oh, creo que necesitas algo de tiempo para confiar en
mí, pero lo harás».
«Sé que lo haré».
Me mostró todo y trabajamos duro por muchas horas.
Supe que no tardaría mucho en ser amiga de Christo George
y que me encantaría mi nuevo trabajo.
Cuando llegó la hora para el descanso del almuerzo, me di
cuenta de que no había traído nada. Lo cual inmediatamente
me hizo pensar en Cyrus. Decidí sentarme afuera en una de
las mesas de picnic para disfrutar el sol de la tarde.
La puerta trasera del gimnasio se abrió. «Oye dulzura,
odio hacer esto el primer día, pero hay algunas políticas
nuevas que debo explicar a todos; la buena noticia es que el
almuerzo corre por cuenta del gimnasio».
Entré al edificio y me senté en la cafetería, esperando a
los demás. La puerta se abrió y tres personas entraron con
bandejas de comida y bebidas.
Miré a los demás mientras se sentaban. Christo George
entró y se detuvo frente a la cabecera de la mesa.
«Vale, la administración ha enviado algunas políticas
nuevas que deben ser implementadas a partir de mañana. La
primera es…», se detuvo y rio. «¿Una jornada laboral de
siete horas? ¡Joder macho! La paga es la misma y también los
descansos. Dice aquí que han hecho algunos estudios y
sienten que necesitamos permitir que nuestros cuerpos
descansen más, pues trabajarlos tan duro como hacemos
ahora – y vaya que sí trabajamos duro – no es beneficioso
para nuestra salud, lo cual tiene un impacto directo en
nuestro desempeño y la manera en que manejamos a
nuestros clientes. Después se habla de nuestros clientes. Dice
que no tienen problema en que hagamos entrenamientos
personalizados, pero estos deben ser aprobados por ellos.
Debemos enviar un correo electrónico con los formularios
debidamente completados antes de que el entrenamiento
comience. Los empleados que hayan superado exitosamente
su tiempo de prueba y entrenamiento son eligibles para
realizar este tipo de trabajos. Aparentemente, es una
cuestión de responsabilidad. El uniforme: debido al cambio
en el clima, se nos solicita utilizar pantalones largos de
ciclismo o pantalones deportivos. Los tops sin mangas tan
solo serán utilizados durante el verano; en otoño, invierno y
primavera debemos usar las nuevas camisetas del uniforme,
las cuales deberían llegar hoy para el final del día. También
nos enviarán ropa de invierno. El seguro médico y asistencia
de estudios estará disponible al final de la primera semana
para todos los empleados. Política de no fraternización», se
rio y me guiñó un ojo. «Vale, también tenemos derecho a
una comida en la cafetería por cada turno de cinco horas que
trabajemos, además de bebidas con electrolitos. Los
empleados nuevos trabajarán en la recepción por al menos
dos semanas para conocer a los clientes y deben actuar de
manera profesional, siempre. El nuevo programa de
préstamos para empleados comenzará al final de la semana a
través de una cooperativa con un banco de bajo interés,
disponible para todos los empleados que aprueben la
verificación. La deducción de la nómina puede ser utilizada
semanalmente para pagar cosas como coches y casa».
Christo George levantó la mirada. «La verdad no sé qué
decir al respecto. Ya miré el calendario y no es el día de los
inocentes, así que supongo que todo esto es verdad. Dulzura,
destapa esas bandejas, creo que el almuerzo es filete y
langosta a las hiervas finas».
Levanté una de las tapas de las bandejas que estaba frente
a mí. «Casi. Emparedado de queso y sopa de tomate», dije.
Todo mundo se rio y comenzaron a comer.
Christo George se quedó en el gimnasio una hora
después de su turno, enseñándome a utilizar el sistema en el
computador. Levanté la mirada cuando escuché a alguien
entrar. Era Carly.
Sonreí. «Bienvenida a Fit Forever».
«Necesito ejercitar el culo por al menos una hora». Carly
se rio mientras deslizaba su tarjeta de miembro a través del
lector.
«Bueno, has venido al sitio correcto. Aquí nos encantan
los culos», dijo Christo , sonriendo.
«¿Eres nuevo aquí?», le preguntó Carly, riendo.
«No, tan solo le enseño a nuestra newbie cómo funcionan
las cosas. Mi turno terminó hace una hora», Christo le
sonrió a Carly, exhibiendo sus dientes perfectamente
alineados y blancos como perlas.
«¿Te llevo a casa cuando termine?».
«Bueno, acabamos de conocernos, pero eres una mujer
hermosa», Christo le entregó una botella de agua. «Ve a
ejercitar ese culo».
Carly estaba roja como tomate cuando me miró y yo no
pude evitar reír.
«Creo que hablaba conmigo, Christo ».
«Pero uno puede soñar, ¿o no? Ya que todo ha sido
aclarado, me llevaré mi corazón roto a casa. ¿Nos vemos
mañana?».
«No puedo esperar. Muchas gracias, Christo », me
despedí. El me besó en la mejilla y desapareció por la puerta.
Carly finalmente cerró la boca. «¿Quién es ese?».
«Mi nuevo jefe. Creo que lo amo».
«¿Acaso no hay reglas o algo para este tipo de cosas?», el
rostro de Carly se puso aún más rojo.
«Sí hay, pero no soy su tipo – tú tampoco lo eres».
«Oh… ohhh, qué bien. Quiero decir, no está muy bien,
porque es hermoso y si quisieras salir con él, bueno…».
Volví a reír y utilicé mi mejor acento sureño. «Vaya a
ejercitar ese culo, señorita Steel».
Cuando salimos del gimnasio, Cyrus estaba saliendo de un
coche, no el Jeep, sino una especie de coche deportivo color
negro.
Su expresión cambió un poco cuando me vio con Carly.
«¿Se supone que volverás a casa con él?».
«Honestamente no tengo idea, Carly».
«Buenas tardes, señoritas», Cyrus nos saludó con una
sonrisa y yo se la devolví. «¿Te llevo a casa, Tara?».
«Eh, bueno, Carly…».
«¿Te llevo a casa yo, Tara?».
«Debo apresurarme para recoger a Bella, así que no te
preocupes, puedes ir con Cyrus. Vendré al gimnasio
mañana».
«Vale, gracias Carly. Saluda a Bella de mi parte».
Cyrus observó a Carly mientras entraba en su coche y se
marchaba. Ni siquiera me miró cuando me abrió la puerta del
coche. «¿Lista?».
Tiempo
H ay ocasiones en las que es necesario hacer algo
porque es lo correcto, a pesar de no ser lo que
realmente quieres hacer. Bueno, esta era una de esas
ocasiones. «¿Quieres conducir?».
Tara estaba mirando a través de la ventana, evitándome,
pero podía verla sonreír. «No, gracias».
Encendí el motor del coche. «Vale
Me senté y miré a Tara por el rabillo del ojo. «¿Estás
segura? Es un coche bastante guay para conducir».
«¿Le dijiste a Jase de la multa?», me dijo mirándome por
unos segundos antes de volver a apartar la mirada.
«Noup. Tú tampoco le dijiste a Carly, ¿o sí?».
«Lo olvidé por completo, hasta ahora».
«Prométeme que no lo harás».
«Ella no quería lastimarte».
«Lo sé, escucha, ayer – lamento mucho lo de ayer,
Tara», hice una pausa, esperando a que Pajarito me mirara,
pero no lo hizo.
«Yo también».
«Tú no hiciste mierda, solo… escucha, necesitamos
hablar. Las cosas se están complicando aquí y no he podido
dedicarle le tiempo que necesito, pero los dos debemos tener
una conversación seria. Tú ya me has confiado demasiadas
cosas. Simplemente me confundes muchísimo. Mi tinta
siempre ha sido mía. Y tú la miras y ves mierda que siempre
ha sido mía; mis problemas, mierda que por nada del mundo
estoy listo para compartir. Quizás nunca lo esté. Eres
jodidamente dulce, hermosa como el demonio y una persona
increíblemente buena. Llevo una semana durmiendo en la
misma cama que tú. Despertándome para mirarte
observándome, intentando descifrarme, y no puedo permitir
eso. Hice una promesa contigo y conmigo, y, al arreglar ese
tatuaje, ya he cumplido con cada una de las cosas que dije
que haría. Me comporté como un gilipollas porque no quería
terminar. Fui un imbécil cuando ocurrió lo de las llaves. Creo
que estaba intentado convencerme de que no estás lista para
estar sola, de que aún no puedes cuidar de ti misma. Así que
intenté hacerte sentir como si fuera tu culpa. Eso no es algo
que haría un amigo, joder, simplemente es enfermizo. Soy
malo, Pajarito; te dije que no soy un buen hombre, y ni
siquiera soy un buen amigo». Tara se limpió las lágrimas y
yo quería abrazarla. Justamente por eso es que todo esto
debía terminar.
«¿Puedes mirarme?», pregunté. Ella negó con la cabeza.
«Vale, me lo merezco. Escucha, eres una de las personas
más fuertes que conozco. Has vivido cosas terribles y aún
tienes un corazón jodidamente enorme; lleno de vida y
abierto a recibir felicidad genuina. Eso es lo único que quiero
para ti, ¿entiendes?».
Tara se limpió las lágrimas una vez más y finalmente me
miró. «También quiero eso para ti, eres un buen hombre,
Cyrus…».
«Por favor, no hagas esto… escucha, debo ir a la tienda y
entrevistar a los solicitantes toda la puta noche, y mañana
después del trabajo haré lo mismo. El miércoles
enterraremos a Charlotte. Después del funeral, quiero
llevarte a cenar y decirte aguas cosas, ¿vale? Después, el
jueves iré a Italia por un tiempo para dar mantenimiento al
equipo de seguridad del casino en el que Zandor ha estado
trabajando durante un año».
Tara abrió los ojos como platos y levanté su barbilla con
mis dedos. «Cuando vuelva, ¿quizás podamos salir de vez en
cuando?».
Ella me miró con enfado, dolor, confusión… y después
sonrió. Una sonrisa jodidamente falsa, pero, a fin de cuentas,
una sonrisa.
Aparqué el coche frente a su casa y Tara estaba fuera del
coche y subiendo las escaleras incluso antes de que yo
cerrara la puerta. Ella estaba buscando en sus bolsillos y me
detuve a su lado. Hubo un par de segundos de silencio antes
de que Tara comenzara a llorar.
«¿Has olvidado el código?».
«Lo siento, debo haber olvidado… el móvil en el trabajo.
Lo siento mucho».
Oprimí los botones adecuados y abrí la puerta. «Son los
últimos cuatro dígitos de tu número social, Pajarito».
Ella entró a la casa y me miró. Sus labios temblaban y
tenía lágrimas en las mejillas. «Ni siquiera sé cuál es. ¿Ves?
Aún te necesito».
Sus pequeños brazos rodearon mi cintura y continuó
llorando; así que, sí, la abracé. «No, Pajarito, estarás bien.
Tienes todo bajo control».
Pasaron cinco minutos hasta que finalmente me soltó. Se
levantó el top para limpiarse la cara. «Tienes entrevistas que
hacer. Tienes razón, estaré bien. Gracias por traerme a casa y
todo».
Prácticamente me empujó por la puerta. «¿Te llevo al
trabajo mañana?».
Ella negó con la cabeza y yo asentí.
«Vale, sí. Por favor. Vete, Cyrus, llegarás tarde».
Me subí al coche y cuando encendí la radio comenzó a
sonar la canción Sirens de Pearl Jam. Necesitaba irme de aquí,
joder.
***
Entré a Steel para Siempre y la sala de espera estaba
abarrotada. Ni siquiera había mencionado lo que estábamos
buscando. Zandor me miró y me hizo un gesto para que me
acercara a él.
«¿En dónde carajos anunciamos?».
«The Inked Boys, una página de Facebook que le gusta a
Kat», Zandor se rio.
«¿Pidieron ayuda en una página de fanáticos?».
«Pero funcionó, hombre. Algunas de estas personas son
jodidamente talentosas», Zandor cogió un cuaderno y me lo
restregó en la cara. «Intenta verte más como un propietario
que piensa Me importa lo que pasa aquí y menos como un
perrito con el corazón roto, hombre».
«Jódete, Zandor».
«¿Qué? Estás huyendo de casa, hermano. Esa mierda no
es normal en ti, mucho menos por un poco de coño».
«Concentrémonos en las entrevistas, idiota».
Zandor me guiñó un ojo y se rio a carcajadas.
Y Zandor tenía razón, había muchísimo talento.
Estuvimos realizando las entrevistas por cerca de cuatro
horas. Cada persona dibujó un diseño de algo que les
inspirara y todos nos enseñaron algo de tinta. Sí, vimos
muchísimas tetas esta noche, y para mí, ningunas eran tan
atractivas como las de Pajarito.
Estábamos limpiando cuando una rubia explosiva se
acercó al escritorio, corriendo en sus zapatillas de tacón.
«Lamento el retraso, me he perdido en el camino».
Miró a Kat con una amplia sonrisa. «Vuelve mañana», le
dijo.
«Mañana tengo una entrevista importante para realizar
una estancia, ¿puedes encontrarme un espacio hoy? Prometo
que las molestias valen la pena conmigo».
«Apuesto a que sí», me dijo Zandor dándome un
empujoncito en las costillas y yo puse los ojos en blanco.
«¿Cuál es tu nombre, gatita?», preguntó Zandor caminando
hacia ella.
«Mi nombre es Bekah, Bekah George».
«Bueno, hermosa Bekah George, por favor dime de dónde
viene esta fina criatura», Zandor estaba mirándola de arriba
abajo descaradamente.
«Gainesville, Carolina del Norte, dulzura», le dijo
guiñándole un ojo.
«Te daré un minuto. Y puedo darte una hora después, si
estás de acuerdo», le dijo Zandor besando su mano.
Mirar a Zandor entrevistando a Bekah era como ver
porno, y ella no era nada diferente a él. Se follaron
mutuamente con palabras.
«Ella se queda», dijo Zandor mientras ella salía de la
tienda y se daba la vuelta para mandarle un beso por el aire.
«Z, no es tan fenomenal».
«¿Viste esas tetas, Cyrus? ¿Y ese culo? Joder – podría
hundirme ahí por horas. Si cierro los ojos con fuerza y me
concentro, puedo ver y sentir mis bolas chocando contra ese
culo regordete. Ya aprenderá, y aprenderá mucho más de lo
que jamás haya imaginado».
«Acoso sexual, hombre. No podemos arriesgarnos, Z».
«Son entidades diferentes, totalmente, Cyrus. Este sitio
es intocable. Créeme – pasé por el entrenamiento… dos
veces. Steel para Siempre es mi jardín de juegos; siempre lo ha
sido. Voy a trabajar duro a ese pequeño e insolente culito
sureño. Voy a domarla, Cyrus».
«Vale, está bien, como sea. Es tu problema, Z».
«Así que estás fuera del puto juego en cuanto llegues a mi
casa en Italia».
Zandor se rio y salió por la puerta.
***
A la mañana siguiente, cuando salí conduciendo por mi
calle, recibí un mensaje. Ella iba a correr. Me enviaría un
mensaje cuando estuviera ahí, a salvo.
El día me pareció difuso. Documentos de viaje, citas,
asegurarme de que George tuviera todo lo que necesitaba.
Asegurarme de que George se encargara de todo lo que yo
necesitaba que hiciera. No iba a dejar a Tara desprotegida.
Pero no podía joderla aún más de lo que ya había hecho.
Conduje frente a Fit Forever justo a tiempo para verla salir
de las instalaciones en compañía de Carly. Aminoré la
marcha y esperé a que ella se diera cuenta de mi presencia.
No lo hizo, pero yo estaba jodidamente seguro de que
Pajarito pensaba en mí, pues miré cómo Carly la abrazaba
mientras sus rodillas temblaban. Tara estaba temblando,
llorando, y yo estaba bastante seguro de por qué. Esa es
justamente la razón por la que debía marcharme. Ella era una
tía jodidamente buena y merecía más de lo que yo podía
ofrecerle.
Me di la vuelta y conduje hacia la tienda.
Realizamos tres horas más de entrevistas y nos sentamos
en la mesa analizando la pila de candidatos. No quería
contratar a ningún mierda donnadie. La tienda tan solo
tomaría a lo mejor de lo mejor, pues eso es lo que Steel para
Siempre merecía.
Rico y Kat se alternarían los fines de semana de descanso,
con lo cual ambos estaban satisfechos. Hasta ahora, tan solo
tenían un fin de semana libre al mes y podían escoger entre
el sábado o el domingo, a menos que pidieran más.
Seleccionamos a tres universitarios jodidamente talentosos
para que trabajaran un par de noches y los fines de semana.
Los cuatro concordamos en que necesitábamos a un
empleado más de tiempo completo para cubrir nuestros días
más bulliciosos: jueves, viernes y sábados. Yo voté por este
tío llamado Toad y Zandor no quería desistir de la curvilínea,
rubia y sureña piba.
«Hermano – la señorita Daisy Duke no tiene experiencia.
Toad es una pieza de mercadotecnia andante para la tienda.
El hecho de que la mayoría de sus tatuajes sean hechos por sí
mismo es prueba de su escandaloso talento».
«Bekah puede dibujar. Será fenomenal».
«Sí, quizás con algunos años de experiencia, Zandor».
«Necesita comenzar en algún sitio. Yo personalmente…».
«Apuesto a que sí». No pude evitar reír y Rico hizo lo
mismo; Kat – no demasiado.
«Compromiso… ella puede manejar la recepción en la
noche y cuando no estemos ocupados puede tatuar
sombreados. Le daremos piezas fáciles».
«¿Dos posiciones más de tiempo completo? ¿Te has
vuelto loco?».
«No, para nada. Los primeros dos años en Steel para
siempre éramos cinco más Kat y Rico. La gente agenda con
meses de anticipación, esperando a que tengamos tiempo
libre…».
«Nos están esperando, Z, a nosotros», le recordé.
«No es verdad. Rico, los clientes para piezas grandes que
agendan contigo, ¿con cuánto tiempo de anticipación lo
hacen?».
«Seis meses, simplemente no podemos mantener el
ritmo, Cyrus. Lo estamos intentando, de verdad». Rico se
acarició sus largos rizos castaños. «Joder, ni siquiera puedo
ir a hacerme un corte de cabello, tío».
«Cyrus, siempre hemos demostrado a nuestros clientes
que confiamos en nuestros empleados; en esta ocasión no
será diferente. Tendremos más ganancias. Estos dos han sido
muy leales, y merecen más…».
«Kat, necesitas ser más agradable, ¿quizás puedas
aprender a sonreír?», fui un poco borde, aunque en realidad
no era mi intención.
«¿Qué hay de ti?», me respondió.
«Vale, chavales, basta. Danos a Rico, Kat y a mí tiempo
para hacer esto, Cyrus. Tú estás por marcharte, de cualquier
manera».
«Vale, tú lidia con Ma Joe. Me voy a casa».
Salí de la tienda y atravesé la calle. Me detuve en la playa y
miré el atardecer hasta que el sol estaba total y
completamente escondido detrás del horizonte. Las cosas
estaban a punto de cambiar; todo estaba a punto de cambiar.
Joder. De verdad tenía que ser así.
Las despedidas apestan
H abía evadido exitosamente toparme con el hombre
del cual sabía que me había enamorado. Un hombre
que, en cada oportunidad posible, me dijo que no era bueno.
Que era un tío malo, y que realmente él mismo se lo creía. Lo
que me parecía difícil era que, durante estas dos últimas
semanas de mi vida, él había sido el mejor hombre que jamás
haya conocido. Me obligó a mirarme a mí misma de manera
diferente. Me sacó de mis horas más oscuras, lloriqueando y
pataleando. Me reconfortó y habló conmigo del enojo y el
dolor, y siempre me escuchó… todo eso son cosas que jamás
haría un tío malo.
Estuve cerca de un año con un hombre que me
manipulaba. Tony hizo que continuara necesitándolo y me
hizo pensar que no sería nada sin él. Me usó para su propio
beneficio. Me arruinó emocionalmente con la intención de
aparentar ser mi héroe. Tony también me lastimó
físicamente. Sin embargo, nada de eso fue suficiente para
marcharme. Con frecuencia me preguntaba por qué las
mujeres golpeadas nunca se iban. Pensaba que eran débiles,
más débiles que yo. No fue hasta el día en el club cuando
Cyrus Steel, una tormenta de hombre, llegó y me salvó de lo
que ahora reconozco como algo peor que el abuso físico.
Abuso emocional, palabras y sentimientos impuestos, esas
fueron las cosas que realmente me hicieron pedazos.
Recuerdo la rima infantil: los palos y las piedras pueden
romperme las caderas, pero las palabras jamás me harán daño.
Quienquiera que haya inventado esa frasecilla, tenía buenas
intenciones. Podía imaginar al autor de la canción
intentando empoderar a los niños para ser más fuertes de lo
que cualquier persona debería ser. Una afirmación que dicta
que puedes ser más fuerte que las palabras, más grande que
el dolor que ocasionan esas palabras. Ser acosada, ser
emocionalmente abusada y manipulada por Tony – fue peor
que cualquier golpiza que me haya dado. Honestamente no
recuerdo ese dolor físico, pero jamás olvidaré el dolor que
sentí cuando me llamaba con nombres insultantes, o cuando
me manipulada con facilidad para hacer cosas que, ni en un
millón de años, habría hecho. Cosas de las que realmente no
tenía idea. Pero con Tony, vi a alguien que en ocasiones me
miraba como si yo fuera importante. Me aferré a esa
desesperación en mi pecho. La verdad es que habría hecho
cualquier cosa con tal de no estar sola. Pero estar sola era
mejor que sentirme así cada día de la semana.
Cyrus Steel era, visiblemente, el hombre más hermoso y
fuerte que jamás haya visto. Pero ahora, incluso mirarlo me
dolía. Lo amaba y lo que había hecho por mí. Él se
preocupaba por mí, yo sabía que era así. Podría superar
fácilmente ese sentimiento: el amar a alguien por lo que te
ha dado o hecho… eso se puede evaporar con el tiempo. Pero
yo amaba a Cyrus por su corazón, su tacto y la sutil manera
en la que él me amaba. Al principio, yo quería amarlo
desesperadamente, y eso estaba bien, pero ahora… no me
estaba permitido. Y era precisamente porque amaba a Cyrus
que haría justo lo que él me había pedido: dejarlo ir.
Demostrarle que yo era fuerte, que él me había hecho fuerte
e intentaría, algún día, ser su amiga. Era justamente porque
amaba a Cyrus lo suficiente como para no lastimarlo, que
evitaba topármelo a toda costa. Porque sabía que, si lo veía,
simplemente desearía caer rendida en sus brazos para
amarlo de la misma manera en que él me amaba.
Christo George me llevó a la ceremonia de Charlotte
después del trabajo. Carly mencionó que debería asistir, y yo
sabía que era porque él estaría ahí. Carly lo amaba como a un
hermano. Hablamos de eso el lunes, después del trabajo.
Carly sabía que Cyrus se preocupaba por mí y deseaba que él
pudiera admitirlo, que algo ocurriera para que él dejara de
ser, en sus palabras, un terco gilipollas.
No pude mirar a la mujer, Charlotte, descansando en su
sarcófago, pero hice un esfuerzo por estar de pie frente a la
caja color cereza oscuro tanto como me fue posible. Bella era
fuerte y yo también lo sería, por ella. La abracé, ella me
devolvió el abrazo con mucha fuerza. Di mis respetos y
condolencias y firmé el libro antes de marcharme.
Christo era realmente increíble y me sentía agradecida
de tenerlo en mi vida. Sentía como si lo conociera desde
antes, como si él y yo fuéramos viejos amigos de hace mucho
tiempo.
Él se sentía de la misma manera y me dijo que estaba
bastante seguro de que su orientación sexual lo hacía un
amigo ideal para pequeñas criaturas desconfiadas como yo.
«Así son las cosas, dulzura», me dijo guiñándome un
ojo,
¿Ves?, él ni siquiera me conocía; ni siquiera conocía mi
historia. Simplemente sabía algunas cosas, pero no me
presionaba a que le dijera más. Él era mi nuevo mejor amigo,
al menos eso es lo que él me decía todo el tiempo, y, después
de tan solo tres días, debo admitir que yo misma lo creía.
Tanto él como Carly me hacían sentir sumamente cómoda y
amada. Las cosas simplemente debían continuar así.
Hoy era mi cumpleaños número veintiuno. Celebrar mi
cumpleaños no me parecía necesario, como a la mayoría de
las personas. Christo George intentó hacerme salir de farra,
pero yo no quería hacerlo; le prometí que lo haríamos el
sábado por la noche.
Me senté en mi cama mirando el iPod que me había dado
mi jefe como regalo de cumpleaños. Christo George y mis
demás colegas me regalaron una tarjeta de iTunes. Sí,
tuvieron que enseñarme cómo funcionaba la maldita cosa,
pero yo era una galletita inteligente y aprendí bastante rápido.
Me solté el cabello y me recosté. Ya había comprado un
par de canciones así que me coloqué los pequeños audífonos
y escuché la música. Yo era una tía estúpida, muy estúpida.
Repetí las canciones una y otra vez y lloré hasta quedarme
dormida.
***
«Tara», debía estar soñando, pues podía escucharlo,
olerlo, y ya no había música. No quería despertarme, así que
giré para recostarme sobre el costado e intenté volver a
Cyruslandia.
«Tara», alguien tocó mi espalda, me sobresalté y me
puse de pie de un brinco. «Tranquila, Pajarito».
«Lo siento, pensé que… ¿todo bien?», le pregunté antes
de sentarme y cubrirme.
«Sí, iba a llevarte a cenar por tu cumpleaños, ¿lo
recuerdas? Feliz cumpleaños, Tara Gardner».
Me entregó una botella de vino y sonreí.
«Vamos a cenar», Cyrus cogió mis manos para ayudarme
a ponerme de pie y yo me petrifiqué. «¿Te sientes bien?».
«¿Has estado bebiendo?», le pregunté. Podía oler el
alcohol.
«Bebí un par de copas después de la ceremonia».
«No deberías manejar ebrio. ¡NO! No iré a ningún lado
contigo. ¿Podrías cuidar mejor de ti mismo, Cyrus?».
«Oye, tranquilízate», se inclinó para tomar mi mano y yo
corrí escaleras abajo en busca de su móvil para pedirle un
taxi. «Tara, tranquilízate, ¡Jesucristo! ¡Es tu puto
cumpleaños!».
«Así que piensas que está bien… esperas que sea… dame
las llaves y llama a un taxi».
Intenté meter la mano en su bolsillo y él se congeló.
«Pajarito, joder».
Podía sentirlo, y yo también me congelé.
«Hay un coche afuera esperando para llevarnos a cenar
por tu cumpleaños, Tara».
Cerré los ojos y negué con la cabeza.
«Bebí un par de tragos, Pajarito – qué tal si sacas tu
mano de mis pantalones y subes a vestirte».
Lo miré. «Quiero que… seas cuidadoso. No quería decirte
qué hacer». Sus ojos estaban vidriosos y, por más imposible
que me pareciera, su polla creía y se endurecía aún más.
«Te perdono». Su aliento siseó.
«No quiero ir a cenar». Comencé a frotar su polla desde
el interior de su bolsillo y él no me detuvo.
Cyrus se metió la mano en el otro bolsillo para sacar su
móvil y digitó un número en la pantalla táctil. «Cancela las
reservaciones, te llamaré si te necesito».
Cyrus me miró. «Yo no vine por esto».
«Me prometiste tres viajes y es mi cumpleaños».
«Pero no vine por esto, ¿lo entiendes?». Su voz era
profunda y áspera. Yo asentí. «Me marcho mañana por la
mañana, ¿lo entiendes?».
«Sí», dije sacando la mano de su bolsillo y le deshice el
nudo de la corbata. Cyrus se inclinó ligeramente para que
pudiera sacársela por la cabeza.
«Puedes parar esto en cualquier momento que quieras,
Pajarito».
«No quiero», comencé a desabrochar su camisa y
después simplemente la abrí de golpe.
Los botones volaron en todas direcciones y sus manos
cogieron mi culo. Cyrus me atrajo con fuerza hacia él. Su
boca se encontró con la mía y podía sentir su aliento caliente,
deseoso, contra mi boca mientras subíamos las escaleras.
«Es tu cumpleaños, Pajarito. ¿Estás segura de que quieres
esto?», me preguntó mientras me hacía sentarme en la
cama.
Vi los audífonos en mi cama. «¿Quieres bailar conmigo
primero? Solo una canción».
Él asintió mientras le desabrochaba el cinturón y dejé que
sus pantalones cayeran al suelo. Me puse de pie en la cama y
me quité mi camiseta y la ropa interior. Cogí el iPod y lo
encendí en modalidad aleatoria. Me coloqué un audífono en
una oreja y caminé hacia Cyrus, quien me sostuvo por las
caderas una vez que estuve lo suficientemente cerca. Le
coloqué el otro audífono inalámbrico en la oreja y él cerró los
ojos; sus manos guiaban mis caderas al ritmo de la canción.
Cyrus me empujó cuidadosamente a la cama y me recostó
en ella. Levantó mi pierna y la colocó encima de su hombro.
Me sostuve de sedoso y negro cabello mientras él me besaba
suavemente, cubriendo el tatuaje que me había hecho hace
cuatro días. Su lengua hizo círculos alrededor de él y
comenzó a besarme cada vez más abajo, a lamerme más
abajo, a succionarme.
Sostuve sus hombros, presionando mis coño húmedo y
caliente contra su boca mientras él sujetaba mi culo,
masajeándolo. Con su otra mano levantó mi otra pierna y se
puso de pie. Me incliné, me sujeté de su espalda mientras
disfrutaba del calor que incrementaba rápidamente en mi
entrepierna, consumiéndome. Cyrus no se detuvo cuando me
corrí. Continuó, succionándome salvajemente, follándome
con la lengua hasta que me corrí por segunda vez.
Cyrus me bajó cuidadosamente, deslizándome por su
cuerpo lentamente hasta que envolví su cintura con mis
piernas.
La canción cambió y él sujetó mi cabeza contra su hombro
mientras yo intentaba recuperar el aliento. La canción Sirens
sonaba en nuestros oídos y él comenzó a moverse
lentamente al ritmo de la música.
«¿Esto se siente bien, Pajarito?».
«Perfecto». Me aferré con más fuerza a su cuello.
Finalmente me recosté y le quité sus sexis calzoncillos
negros. Froté su polla y sentí la húmeda punta de su polla
dura mientras él continuaba moviéndose al ritmo de la
canción. Metí la mano entre nosotros para colocar su polla
dentro de mi chocho empapado y comencé a moverme al
mismo ritmo. Tenía el iPod en la misma mano con la que me
sujetaba al cuello de Cyrus.
Al ritmo de la música, presioné mis caderas contra su
pelvis, intentando sentir y frotarme más contra la roca que
tenía Cyrus entre las piernas. Me incliné hacia atrás mientras
él sujetaba mis caderas, me sujeté de sus antebrazos y miré
cómo estábamos conectados de la manera más íntima
posible. Miré a Cyrus, mirándome, y después a nuestros
cuerpos mientras yo me mecía y hacía círculos con las
caderas, al ritmo de la música.
Cuando la canción terminó, me atrajo con fuerza hacia él
y se sentó en el borde de la cama, sentándome con firmeza
encima de él. Me hinqué y comencé a montar a Cyrus, duro y
rápido.
«Maldita sea, Pajarito, ¡joder! Sí, justo así».
«¡Dios mío!».
«No te detengas Pajarito, nunca te detengas». Miré a
Cyrus y vi su mirada clavada en nuestra conexión. Sujetaba
mis caderas con firmeza contra su cuerpo mientras
comenzaba a embestirme. Sus caderas se encontraban a las
mías con cada golpe.
Me corrí otra vez y él me puso de espaldas en la cama.
Tiró de mí para colocarme al borde de la cama y me penetró
incluso más profundo de lo que creí posible.
Redujo el ritmo, sacó su polla de mi interior y me levantó
con los brazos.
«Necesitamos terminar esto en la ducha, Pajarito. No
traje un condón. No esperaba esto. Pero estoy jodidamente
feliz de que me lo hayas pedido una vez más».
Estábamos en la ducha. Besándonos, sintiéndonos y
satisfaciendo el uno al otro.
«Las manos en la pared, Pajarito».
Hice lo que me pidió y él me penetró una y otra y otra vez.
Me corrí por cuarta vez y él llegó a su clímax conmigo,
corriéndose encima de toda mi espalda.
«¿Estás bien?», me preguntó mientras me envolvía con
una toalla y caminaba conmigo hacia la cama.
«Sí». Aún no recuperaba el aliento.
«Bien, necesito decirte algunas cosas. ¿Puedo recostarme
a tu lado?».
Sonreí. «¿Me estás pidiendo permiso después de lo que
hemos hecho?».
«Sí, así es. También te he pedido permiso antes de lo que
hemos hecho, ¿recuerdas?».
«Por supuesto que lo recuerdo».
«Vale, no sé por dónde comenzar. Bueno, sí lo sé, pero
quiero encontrar las palabras correctas. Siempre me
preguntas respecto a mi tatuaje de espejo roto. Es una
historia dolorosa; me es difícil ir atrás y recordarla. Ahora
soy una persona completamente diferente. Pero, antes,
cuando me miraba en el espejo, podía ver toda la devastación
que dejé a mis espaldas. Perdí a mi cuadrilla. Volví a casa de
la guerra, directamente a los brazos de una tía que había
terminado conmigo porque me uní a la marina. Una tía que
continuaba escribiéndome y diciéndome cómo es que
habíamos jodido las cosas y lo mucho que me amaba. Una tía
que sabía que yo volvería a casa, lo tenía escrito en piedra.
Necesitaba que ella me reconfortara, habían sido seis meses
de vivir en un infierno latente y la necesitaba. Cuando volví
ella no estaba en casa, sino en una fiesta. Fui a buscarla y me
la topé inhalando líneas de cocaína. Jamás creí que ella, por
encima de cualquier otra persona, se drogaría.
«Cuando me volví loco, Jase apareció y me sacó de ahí.
Me dijo que ella había estado haciendo drogas durante meses
y que la pequeña estúpida lo hacía con su novio. Crecimos
juntos, fuimos amigos antes de acostarnos. Esa noche no fue
diferente. Fue a buscarme y follamos. Me dijo que lo sentía y
me explicó que comenzó a drogarse para calmar su ansiedad
y preocupación y que Jase mentía al decir que ella tenía algo
con Jerry. Julie se quedó conmigo en una habitación de hotel
durante una semana y hablamos de casarnos. Hablamos de
tener hijos y toda esa mierda. Sabía que yo había puesto
mucha presión en ella y me sentía como un mierda. Dos
semanas antes de que yo tuviera que volver a marcharme,
estábamos juntos en una fiesta y ella se escabulló al baño, en
donde la pillé inhalando líneas, otra vez. Yo estaba furioso;
me sentía a punto de explotar cuando vi a Jerry escondido
detrás de la cortina de la ducha. Fui a otra fiesta y me follé a
una tía en el baño. Julie me siguió. Me pilló y se volvió loca.
Nos despertamos al día siguiente y me dijo que jamás podría
ser quien le prometí que sería y que hacía drogas para
mantenerse fuerte, para mí. Pasaron seis meses más, nos
enviamos cartas y todo eso. Compré un anillo, volví a casa y
cuando fui a buscarla, la encontré follando con Jerry. Julie
tiró a la basura cualquier cosa que, en algún momento, había
sentido por mí. Me hizo darme cuenta qué clase de tío
egoísta y gilipollas podía llegar a ser, y cómo mis acciones la
llevaron a hacer todas esas cosas malas. Al principio, yo
estaba bastante jodidamente seguro de que Julie tan solo
estaba tratando de culparme, y después papá murió,
intentando ayudar a los demás. Mi necesidad de enmendar
mis errores, me había llevado a lastimar a mucha gente. Soy
un pedazo de mierda…».
«No lo eres…».
«Lo era. Lo era, demasiado, Tara, esa es la verdad. Si me
permito creer lo contrario, hago mierda a la gente. Se llama
ser autoconsciente».
No sabía qué decirle. Simplemente se equivocaba. Total, y
completamente.
«¿Preguntas?».
No se me ocurría nada que no ocasionaría una pelea.
«¿Qué representan las piezas?».
«Las vidas que jodí y que no puedo devolverles lo que les
he arrebatado. Ma Joe, Jase, Zandor, Xavier, Bella y Julie».
«Amas profundamente a cinco de esas personas, Cyrus.
La otra es un pedazo de mierda y si alguna vez me la topo,
voy a patearle el…».
«Pajarito, ya he aceptado mi responsabilidad. Sé de lo que
soy capaz».
«Ella te hizo esto. ¡Ella sigue haciéndote esto!».
Cyrus comenzó a incorporarse, pero lo detuve. No quería
que se marchara, no enfadado, no ahora, no nunca más.
«Este, ¿qué significa este?».
Cyrus exhaló profundamente y volvió ya recostarse.
«Familia, toda mi manga. Cada uno de ellos está
representado y escondido entre las llamas».
«Protegiéndolos. Amándolos, Cyrus».
«Siempre».
Podía ver que Cyrus estaba listo para marcharse tan
pronto como le fuera posible, así que lo besé y me llevé sus
manos a mis caderas. «Te deseo, otra vez».
«Pajarito, yo no…».
«Es el mismo viaje, tigre – esas son tus reglas, no mías».
Lo sentí sonreír contra mi boca.
«Tigre, ¿eh?».
Me recosté y me moví contra su polla, la cual se endurecía
a cada segundo. «Oh, espera, más bien eres como un
caballo».
«Bueno, entonces Pajarito, ¿por qué no te montas?».
Ambos nos reímos, cogí su polla con la mano y
lentamente la inserté en mi coño.
«Arre, vaquero».
Volvimos a terminar en el baño, otra vez.
«Vamos a ser las personas más limpias del mundo para el
final de la noche».
Él se rio mientras me secaba la espalda. «Tienes planes
para mí, ¿o no?».
«Sí, de hecho, sí. Pero primero quiero dormir. Te
despertaré cuando quiera más».
«¿Qué mosca te picó, Pajarito? Joder». Su boca se
deslizaba por mi cuello.
«No puedo creer que tengas que preguntar qué mosca me
picó».
Él sonrió. «¿No? ¿Por qué?».
«Es medianoche, ya no es mi cumpleaños».
«Oh, eso es jodidamente bueno, porque vas a chupármela
la próxima vez».
Cyrus se dejó caer en la cama y yo a su lado. Él me atrajo
hacia su cuerpo.
«Oye, Cyrus. Realmente me la estoy pasando bien contigo
esta noche, y no sé si cuando despierte seguirás aquí…».
«Mi vuelo es en la mañana. No planeo marcharme sin
despedirme de ti. Ese es tu estilo, no el mío».
Me senté y lo miré. «Aún quiero tener la oportunidad de
decir algunas cosas, ¿vale? Quizás… ¿sin que te enfades?».
Él no respondió, simplemente me miró a los ojos.
«No me desagrada chupar pollas cuando estoy contigo.
De hecho, me gusta». Eso lo hizo sonreír. «Cuando Tony me
hacía chupársela, me hacía ser una puta…».
«No eres una puta, Pajarito».
«Ahora lo sé. Me ayudaste a darme cuenta de que puedo
ser quien quiera ser, Cyrus. Le pueden pasar cosas malas a la
gente buena. Julie simplemente te ha convencido de…».
Él comenzó a moverse, incómodo, y yo le di una palmada
a ese puto tatuaje de espejo roto. «Ella te ha convencido de
que eres un mal hombre, pero no eres malo. De hecho, eres el
hombre más increíble y hermoso que jamás he conocido en
toda mi vida».
«Tara, esta mierda no debería terminar con alguno de
nosotros enfadado».
«Si yo no estoy enfadada…».
Él se incorporó e intentó apartarse de mí, pero me aferré a
él con más fuerza. «Como tu amiga, debo hacerte saber
cuándo te equivocas. Tu familia lo sabe, pero, debo decir que
tienen miedo de hacerte enfadar».
«Suéltame, Tara».
«Como tu amiga, Cyrus, te estoy diciendo que eres el
hombre más fuerte, inteligente y cariñoso que jamás he
conocido. Y como la tía que te ama», Cyrus se congeló al
escuchar estas palabras. «Como la tía que te ama, necesito
hacerte ver lo mucho que vales».
«¡Suficiente!». Se puso de pie mientras yo continuaba
aferrándome a él.
«¡No, maldita sea! Cyrus, confío en cada aspecto de ti. Te
amo. Tú hiciste posible que – no, tú me hiciste entender que
está bien soñar con los ojos abiertos. Quiero hacer lo mismo
por ti. Quiero ser tuya, Cyrus, no solo ahora, pero…».
«¡Ya te he dicho quién soy, joder! Y, como también te he
dicho, nadie, nunca, debe ser tu dueño. No debes
pertenecerle a nadie…».
«Entonces sé mío, Cyrus. Déjame cuidar de ti. Déjame
amarte y escucharte y enseñarte lo que tú me has
enseñado».
«¡Para, ahora! Joder, Tara».
Me bajé de la cama y caminé detrás de él. «Sé que tú
sientes lo mismo».
«¡Joder! No, Tara. Yo no te amo de esa manera…».
«Hace cinco días me dijiste que te estabas enamorando
de mí».
Él se detuvo, me miró y sacudió la cabeza. «Soy
exactamente quien te he dicho que soy. Esto simplemente lo
comprueba. Gracias por ayudarme a ver lo que ya sabía».
Bloquee la puerta, para que no se marchara. «No puedes
dejarme, de verdad te necesito».
«No, Tara, estarás bien. Estás bien. Debería haber
mantenido la distancia, joder. Lamento haberte hecho esto».
«No te marches, por favor. Qué tal si algo pasa, y te
marchas enfadado, y nunca más vuelvo a verte, y… por favor,
no te marches. Te necesito».
«Tara, eres una mujer fuerte, valiente y hermosa. Estarás
bien. Y algún día encontrarás a alguien que te merezca».
Cyrus abrió la puerta y desapareció. Grité a sus espaldas:
«¡YA LO HE HECHO!».
Despegando
E nvié dos mensajes de texto ates de abordar el avión,
uno a Jase explicándole respecto a la multa de tránsito
que recibiría por correo electrónico, y otro a Carly pidiéndole
que por favor cuidara de Tara.
Estaba con una resaca fatal. Nickey D y yo estuvimos
bebiendo, pues al menos así logré olvidar por unos
momentos la manera en que había jodido la noche con Tara…
la noche que había planeado simplemente para hacer mi
partida menos difícil para ella. La noche que había
comenzado con el sexo más caliente de toda mi vida y
terminó con dejar a una tía llorando a mis espaldas. Sí… ese
era yo, un gilipollas, y esa era la Verdad.
Dormí durante todo el vuelo y después fui al puto
apartamento de Zandor y dormí aún más. Necesitaba parar
de beber.
Cuando me desperté, tenía un mensaje de Tara.
Tara: Un… buen viaje. Espero que hayas llegado bien. Tara
l casino era absolutamente fenomenal, la cosa más hermosa
E que haya visto en mi vida. El trabajo artesanal en cada
pieza de mueblería era de otro mundo, al igual que la
escenificación de cada habitación. Tomé muchísimas
fotografías. Simplemente había demasiado que debía ser
retratado.
Estaba sentado frente a mi computador, descargando las
fotos, cuando recibí otro mensaje.
Tara: Dos… días desde la última vez que hablamos. Discúlpame
por lastimarte
E staba bastante seguro de que podía controlarme para
no responder.
El día siguiente lo pasé en la sala de seguridad del hotel,
buscando errores en el sistema del computador. Encontré
algunos, así que este viaje iba a durar un poco más de lo
esperado.
Me recosté, listo para dormir, y la pantalla de mi móvil se
iluminó.
Tara: Tres… cosas que quiero decirte. Siempre me preocuparé por
ti. Siempre estaré agradecida contigo. Jamás me perdonaré por
haberte lastimado. De verdad no quería hacerlo
oder, eso me dolió. No podía responderle, por más
jodidamente difícil que fuera, y puedo asegurar una cosa –
me sentía como una perra que sufre por amor y necesita a
J alguien que la consuele. Era la primera vez que pasaba
tantos días sin ver a Tara. Y, sí – eso estaba mal, en
muchos sentidos. Había conocido a la tía apenas hace
dos semanas, ¡joder macho, esto sí que era enfermizo!
A la noche siguiente, otro mensaje de texto.
Tara: Cuatro… el número de personas que veo todos los días y me
hacen detenerme en seco, forzándome a mirar otra vez, pues en el
fondo espero que seas tú
A la noche siguiente esperé su mensaje. Nada.
Cyrus: Cinco… han pasado cinco días, Tara. Apenas recibo tus
mensajes, me tomó tiempo descifrar la contraseña del Wifi
S olamente envié ese mensaje porque sé cómo se siente
Tara respecto al número cinco. Joder, siempre se
detiene en él. Y sí, intentar convencerme a mí mismo de por
qué respondía a sus mensajes era bastante patético.
Tara: Seis… seis minutos completos que sonreí porque sé que estás
bien. Por cierto, ahora me duelen las mejillas
A la noche siguiente intenté concentrarme, pero lo
único en lo que podía pensar era en que había sido
una semana jodidamente cansada. Las cosas marchaban
bien, y después, joder, me di cuenta de que ni siquiera estaba
intentando superar mi pasado ¡y por qué carajos estaba
pensando en eso ahora!
Cyrus: Siete… han pasado siete días desde que estuve en casa – si
ves a Bella, dile que el helado italiano es lo mismo que el gelato y
que yo tenía razón
T uve el día para tomar más fotografías y después me
reuní con algunos colegas y sí, una de ellas intentó
traerme de vuelta a su cama, pero me negué. ¿Por qué?
Porque la última tía con la que había follado se enamoró de
mí y la Verdad es que yo estaba fuera del juego, al menos por
un tiempo. Arrojé la cámara a mi lado, en la cama, y cogí mi
móvil.
Tara: Ocho… ¿Sabías que en los rodeos es muy importante montar
al animal durante ocho segundos? Tan solo piensa en lo
decepcionantes que pueden ser ocho segundos. Al menos, eso
pensé repentinamente hoy en el trabajo, mientras tenía la típica
charla de chicas. Así que al menos ahora sé que estoy
honestamente agradecida de que, cuando te monté, ¡duré más de
ocho segundos!
E sa mierda era graciosa, pero no respondería porque
entonces sabía que debería enseñarle lo que era el
sexo por videollamada. Joder, sí, quería eso una vez más.
¡Móntame, Pajarito!
Comencé a masturbarme y, ¿quieres saber algo
completamente loco? Me corrí en tan solo ocho minutos.
Necesitaba encontrar algo para divertirme o iba a ser el
payaso del rodeo en la siguiente ocasión que mi polla
encontrara un hoyo para satisfacerse. Era momento de seguir
adelante, ¿o no? Joder, no. Estaba aquí para trabajar y
superar a la tía que me enviaba mensajes aún después de que
me había comportado como un completo gilipollas porque,
como siempre, ella podía ver a través de todos mis
problemas de mierda.
En este punto estaba jodidamente cansado, pero todos los
errores del sistema de seguridad habían desaparecido. Ahora
simplemente estábamos verificando las cámaras de
seguridad y yo insistía en usar detectores de metal y
seguridad de más alto nivel. Todos pensaban que estaba loco,
pero este casino era el sueño de cualquier terrorista.
Compañía estadounidense establecida en el extranjero. Sí,
continuaría presionando hasta conseguir lo que quería.
Cogí mi móvil.
Cyrus: Nueve… nueve días de estrés. ¿De quién fue la idea?
Recibí una respuesta inmediatamente.
Tara: ¿Estás bien?
Cyrus: Sip, tal vez solo estoy pensando de más. Ve a dormir,
Pajarito
I mbécil, se llamaba Tara, no Pajarito. ¡Estúpido gilipollas!
Tara: ¿Cuándo volverás a casa? ¿Podemos hablar cuando vuelvas?
Cyrus: No estoy seguro, hay muchas cosas que hacer aquí
Tara: Ya veo, perdona. Cuídate
N ota para mí mismo: no enviar mensajes cuando estás
exhausto.
A noche siguiente, Tara volvió a escribirme.
Tara: Diez… diez días y entiendo lo que necesitas. Diez es mi
último número, así que no debes responder mañana. Estoy bien,
fuerte y feliz, y también tú. Espero que algún día veas que sin
importar lo que yo haga y sin importar cuánto tiempo pase,
siempre te consideraré mi amigo
erfecto, justamente lo que querías, Cyrus.
Pasó otra semana y yo comenzaba a obtener lo que quería
P de todos. Debería haberme sentido como el gilipollas
más afortunado de todo el puto mundo. La seguridad
estaba siendo renovada en todo el casino y el resort, y
Tara Gardner había parado de enviarme mensajes de texto.
Estaba orgulloso de ella por ser tan fuerte como yo sabía que
era capaz.
Pero, ¿era el gilipollas más afortunado del puto mundo? –
joder, ¡por supuesto que no! Estaba exhausto, trabajando
dieciocho horas sin parar y cayendo como tabla en mi cama
para dormir cada noche y… extrañaba demasiado a ese
pequeño Pajarito. Iba a rendirme y llamar a mi cuñada para
preguntar cómo estaba.
«¿Hola?».
«Hola Carly, ¿cómo va todo?».
«¿Cyrus? ¿Todo bien?».
«El mismo. Todo espectacular».
«¿Sabías que son las dos de la mañana?».
«Oh joder, lo siento. ¿Tienes un minuto?».
«Eh, sí, claro».
«¿Cómo está Tara?».
«Bueno, descubrió que Steel es dueño de Fit. Estaba
bastante disgustada cuando me devolvió el móvil que le diste.
Intenté explicarle todo y fue amable, pero cortante.
Probablemente no confía en mí. Así que no está bien, Cyrus,
en lo absoluto».
«Vale, sé que puedes solucionar eso. ¿Tiene amigos,
sonríe? Vamos Carly, dime más».
«Ella y Christo George son bastante cercanos. Hacen
muchas cosas juntos».
«¿QUIÉN?».
«Un colega, es realmente amistoso…».
«¿Acaso no hay una política de no fraternización?».
«Sí, aparentemente muchas políticas cambiaron justo el
día que ella comenzó a trabajar. Cyrus, tú…».
«¡Yo qué! Ella necesitaba estar a salvo, y…».
«Necesitas controlarte. Justamente eso es lo que hizo que
Tara ya no confíe en ti o en mí».
«¿Qué más?».
«Está vendiendo la casa de sus padres para devolverte el
dinero…».
«¿Cuál es su número?».
«No te diré eso. Ella no quiere que lo tengas. Me dijo que
te ama, Cyrus. Intentó hacerte ver la verdad sobre ti mismo y
tú no la escuchaste…».
«¡Cuál es su puto número!».
Estaba comenzando a enfadarme y, aparentemente,
también Carly. «¡No es de tu puta incumbencia!».
Joder, ¡Carly dijo una mala palabra! Lo cual me hizo reír a
más no poder.
«Hermano, ¿por qué carajos le llamas a mi esposa?».
Escuché una puerta azotarse y a Jase al otro lado de la línea.
«¿Escuchaste lo que acaba de salir de su boca?».
«Sí, lo hice. Está jodidamente enfadada».
Escuché otra puerta cerrarse y Jase también se rio a
carcajadas. «Escucha, si quieres saber cosas sucias, llámame
a mí, no a mi esposa. Está bastante enfadada contigo».
«Sonaba como la tía del exorcista, hombre». Jase y yo
nos reímos. «¿Acaso estás caliente?».
«Joder, sí, pero ella insiste en embarazarse y yo no estoy
listo para esa mierda», Jase se rio. «Así que ahora se niega a
follar conmigo».
«Mastúrbate frente ella, eso funcionará».
«Joder, no. Ella hará lo mismo. ¿Recuerdas el ratoncito y
las bolas chinas, Cyrus? Bueno, había un puto vibrador en esa
caja también, y eso sí que me fastidia».
«¿Los juguetes sexuales te fastidian?».
«Así es. Es mi polla o nada».
«¿Tienes miedo de que se muera, hombre? Porque si es
así, supéralo. Lo que le pasó a Charlee no le pasará a ella».
«Cyrus, si vas a seguir dándome consejos que ni siquiera
tú puedes seguir, vete a un puto espectáculo de payasos».
«Te extraño, hombre».
«La piba de la que estás enamorado sale todo el tiempo
con un tío sureño bastante bien parecido. La trata bastante
bien. ¿Vas a permitir que esa mierda suceda?».
«Debo marcharme. Hablamos pronto».
Vale, eso es justamente lo que querías, Cyrus, deja que las
cosas sucedan. Un tío que la trata bien. Sí, eso es justamente lo
que quería… aun así, esa mierda me dolía como el infierno.
George enlazó una transmisión en vivo del gimnasio a una
cuenta privada, solo para mí. Me encantaba que él nunca
hacía preguntas, pero odiaba que nunca me decía mierda a
menos que yo preguntara. Yo nunca preguntaba.
Durante dos semanas miré como ella y Ken, con el cabello
en un puto moño, bailaban y reían alrededor de la sala de
empleados durante el trabajo. Me encantaría que el bastardo
se comportara así durante las grabaciones del propio
gimnasio, ¡imbécil! Odiaba al bastardo, un movimiento en
falso y perdería su trabajo. Y yo sabía que así sería, pues los
tíos siempre arruinaban todo.
A la semana siguiente, Tara ya había vendido su casa,
pues me depositó todo el dinero que podría haberme debido y
un poco más. Le pedí a George que le devolviera el dinero que
me pagó de más. También observé esa transacción, le pedí a
George que lo hiciera en el gimnasio para que me fuera
posible verlo. Ella le dio un apretón de manos y sonrió, pero
tan pronto como George se marchó, se sentó, se cubrió el
rostro con las manos y comenzó a temblar. Yo ya no podía
soportarlo, no por mucho más tiempo. Entonces vi a ese
gilipollas Ken levantar a Tara en sus brazos y sentarse en el
sofá con ella en el regazo, abrazándola mientras lloraba.
Cuatro días después, finalmente cayó la gota que derramó
el vaso. Jase me llamó y me dijo que Tara se mudaría con
Ken. Yo ya había tenido suficiente. De ninguna manera iba a
permitir que esa mierda ocurriera. No sin una pelea. ¡Tara
estaba jodiendo todo! Necesitaba ser fuerte por sí misma, ¡no
a espaldas de un gilipollas que usaba medias en el trabajo!
Con la sangre hirviendo, me las arreglé para dejar todo en
orden en el casino. Apenas y dormí, pero no me importaba,
iba asegurarme de que esta tía… iba a asegurarme de que
Tara sopesara mejor sus opciones. Era una semana antes del
primero de noviembre y yo iba a detener toda esta mierda.
Superándolo
H ace algunas semanas ocurrió algo que me cambió.
Había intentado hacer que desapareciera, pero no
podía. Estaba estancado dentro de mí. Cyrus me consumía, y
él ni siquiera estaba aquí. Estaba al otro lado del océano, en
otro continente, y yo continuaba caminando en círculos
mientras intentaba descifrar cómo era posible sentir algo
que no era real.
Cuando Cyrus trajo mis álbumes de casa, comencé a
confiar en mis instintos. No se trataba de sueños, sino de
recuerdos. Ahora sabía por qué todo se sentía mal con Tony.
Lo supe desde antes, pero, en cierto punto, creí que estaba
siendo una perra prejuiciosa; no tenía derecho a pensar que
yo estaba por encima de él o las personas que él traía a mi
vida.
Intenté convencerme de que amaba a Cyrus porque él
había hecho mucho por mí, pero sabía que eso no era verdad.
Ya no le debía absolutamente nada, bueno, no ahora que todo
estaba fuera de la casa de mis padres y había vendido la casa.
Yo no tenía muchas pertenencias. Lo que sí tenía era un
coche decente, mi licencia, algunas plantas, ropa y mis
álbumes de fotografías y recuerdos. Todo eso cabía dentro de
mi coche, y me gustaba que fuera así.
Mi coche era un Toyota Highlander. Christo George, mi
nuevo mejor amigo, me ayudó a escogerlo. Tenía tracción
integral y sería seguro para viajar, lo cual él y yo habíamos
planeado hacer. A él le encantaba esquiar y a mí me
encantaba intentar cosas nuevas; al menos ahora era así.
Esta noche tuvimos que interrumpir nuestra concurrente
tarde de chicas sabatina para asistir a la fiesta de Halloween
organizada por Industrias Steel. Yo no quería ir, de hecho, no
iba a hacerlo hasta que cierta personilla hizo una pataleta y
me rogó que lo hiciera… entonces le prometí a Christo
George que lo consideraría. Cuando me recogió del trabajo
me preguntó si iríamos disfrazados de Campanilla y Peter
Pan o Robin Hood y uno de los lobos arqueros… así que tuve
que ceder.
Nos decidimos por Campanilla y Peter Pan, y la verdad es
que nos veíamos fantásticos caminando hacia el vestíbulo del
hotel, codo a codo. Llegamos elegantemente tarde – es decir,
cinco minutos después de la hora acordada. Lo cual era
perfecto, pues me sentía como una idiota y esperaba que
todos estuvieran suficientemente ebrios como para pasarme
por alto.
Entramos e inmediatamente vi a Dorothy. Carly se veía
increíble. Zandor era el león, Jase el Espantapájaros y tenían
un cachorro de verdad. Cuando me vieron, corrieron hacia mí
y me abrazaron.
«¿Tienes un cachorro?», me hinqué para acariciarlo.
«Sí, aparentemente esto es para suprimir mi deseo de
embarazarme».
«¿Quieres un bebé?».
«Quiero diez. Pero Jase es un dolor en el culo», ambos
nos reímos. «Escucha, quizás debería habértelo dicho…».
«Ya hemos pasado por esto, Carly. Lo entiendo, es
familia».
«No, es amor… lo que sea, te lo advierto, el Hombre de
Hojalata…».
«Ven bebé, baila conmigo». Jase la arrastró consigo y ella
se volteó para mirarme. Con la boca gesticuló: HOMBRE DE
HOJALATA.
Miré mientras Carly intentaba mantener su distancia y
Jase continuaba sujetando sus caderas. Ese par de verdad me
hacía reír. Ahora miraba a Jase con el ceño fruncido. Él bajó
las manos, agachó la cabeza e hizo pucheros. Carly sonrió y
comenzó a hacer el movimiento de baile cupid shu e… sola, y
la canción ni siquiera estaba sonando.
«¿Enserio?», Christo se rio y me miró.
«Sí. Vamos», lo arrastré detrás de mí y fuimos a bailar
con ella.
Jase retrocedió un paso y la miró, los ojos desbordando de
amor.
«¿Estás ebria, Carly?».
«Sí, lo estoy. Los hombres en esta familia me vuelven
loca. Especialmente este de aquí», dijo apuntando a Jase y él
sonrió y le guiñó un ojo. «¡Maldito hoyuelo encantador!».
Jase se rio y yo lo miré, estaba de pie con el resto del
elenco de El mago de Oz. «¿Y la pequeña?».
«Ella y sus amigos de la escuela se reunirán el jueves.
Tara, el Hombre de Hojalata es…».
«Un imbécil sin corazón». Yo conocía esa voz y comencé
a alejarme de la pista de baile. «Pajarito, espera». Cogió mi
mano y yo intenté zafarme de su agarre. «¿Me darías un
minuto?».
Tenía la mirada clavada en el suelo.
«¿Todo bien, dulzura?».
«Está bien», su voz era casi un gruñido.
«Ella puede hablar por sí sola perfectamente, ¿o no?»,
Christo envolvió mis hombros con su brazo y Cyrus no
soltó mi mano.
«Ella me dará un minuto de su tiempo y tú vas a
apartarte y permitirle hacerlo». Cyrus estaba enfadado.
Miré a Christo y sonreí. «No tardaré».
«Vale, si eso dices. Pero recuerda que no me dan mierda
los tíos grandotes». Se inclinó y me plantó un enorme beso
en la mejilla y susurró: «No me dan miedo, me calientan».
Me reí y él se marchó.
Cyrus se dio la vuelta para salir del vestíbulo,
arrastrándome detrás de él. Finalmente me zafé de su agarre.
«Pajarito, no. Por favor, tan solo confía en mí».
Negué con la cabeza y el rostro de Cyrus adquirió una
expresión de profundo dolor.
«Vale, si quieres hacerlo aquí, por mí está bien. Pero…
maldita sea – máximo diez minutos y si después aún quieres
volver con Ken o Peter o quien sea, no te lo impediré
¿vale?», me dijo y yo lo miré. «No cuentes, Pajarito. Todo lo
que necesitas hacer es escuchar. Necesito que escuches».
«No estoy contando».
«Vale». Cyrus apuntó al ascensor. «¿Diez minutos?».
Caminé frente a él y me detuve frente a los ascensores.
La puerta se abrió en el último piso. Cyrus se quitó los
guantes y caminó a través del pasillo. Deslizó su llave y abrió
una puerta. Se quitó el sombrero de embudo y la chaqueta en
forma de lata. Cogió toallitas húmedas y se limpió la cara. Se
paró enfrente de mí, vestido en pantalones grises y una
camiseta negra. Aparté la mirada.
«Vamos a sentarnos». Me senté en el sofá y él se sentó a
mi lado. «Te ves genial».
«¿Gracias?».
«Escucha, la he cagado. No te escuché y ahora estás con
este payaso…».
«Christo es un muy buen amigo mío, Cyrus».
«Christo quiere follarte, Pajarito… o le gusta hacerlo.
¡Joder!». Cyrus se puso de pie y caminó de un lado a otro.
Cuando finalmente se detuvo, se puso en cuclillas frente a
mí y cogió mis manos. «No te mudes con él. No lo ames. No
hagas una puta cosa con él».
Cerré los ojos. No podía ver sus ojos claros color chocolate
y ser fuerte. No ahora.
«Vale, está bien, no debes responder – pero al menos
escúchame, ¡maldita sea! Abre los ojos, Tara, y escúchame.
Gracias. Algo sucedió cuando me di cuenta de que ya había
cumplido todo lo que te prometí. Tú ya lo sabes. La última
noche que estuvimos juntos, tomé una decisión, y cuando
tomo decisiones siempre me mantengo firme a mi palabra.
Nunca me retracto y no permito que nadie me haga cambiar
de opinión. Me aparté de ti porque me prometí, y a mi padre,
que respetaría a las mujeres. Prometí no llevar a ninguna
mujer más allá de lo que pudieran manejar. Contigo fui
mucho más allá. Bueno, no la primera vez que te vi… debería
haberme aferrado a ese sentimiento. Te desee desde la
primera vez; me hechizaste. Esa noche yo no quería que te
marcharas, sentí… como si debiera protegerte. Me odiaste. Lo
cual… bueno, me hizo desearte aún más, de cierta forma. Esa
noche algo cambió en mí, fue como si se abriera una puerta,
una puerta que había cerrado hace años. La ignoré, lo mejor
que pude. Desde entonces, la maldita puerta no se ha vuelto a
cerrar porque hay algo deteniéndola. Ese algo eres tú. Hay
esta atracción… incluso cuando no estás en la misma
habitación, te siento. Estoy al otro lado del mundo y te
siento, Tara. Cuando estamos en la misma habitación,
mantenernos lejos es como intentar atrapar un relámpago
con las manos. Es imposible. Cuando me pasa algo,
insignificante o no, quiero contártelo. Inmediatamente.
Pretendo hablar contigo, joder. No quiero que estés con él.
Quiero que estés conmigo».
«Si hablo voy a llorar y tengo demasiado maquillaje
encima como para llorar».
Él sonrió. «Dios, es tan bueno escucharte, Pajarito. Es
jodidamente bueno».
Se inclinó hacia mí y me besó. Me sentí mareada por su
beso, por su cercanía. Él se apartó y recargó su frente contra
la mía.
«Eres tan hermosa».
Froté mi nariz contra la suya, moviéndome lentamente de
izquierda a derecha.
Él cogió mi cara entre sus manos y la sostuvo con dulzura.
«¿Estás enamorada de él?».
Negué con la cabeza. «Él tampoco está enamorado de
mí».
«Vale, ¿te acuestas con él?».
«No». Antes de siquiera tener oportunidad de decirle
algo más, su boca cubrió la mía y succionó mis labios; su
mano sostuvo mi nuca y me besó con más fuerza.
Refunfuñó cuando me aparté. «No puedo respirar».
«Lo siento».
Mi cuerpo ardía. Siendo honesta, era como si cada fibra de
mi ser repentinamente fuera consciente de la presencia de
Cyrus. Sin escrúpulos ni protección.
Estaba volviendo a la vida.
Hogar
«¿M e puedes dar unos cuántos minutos más?», le
pregunté. Ella asintió y yo le limpié las lágrimas.
«Uno es mi corazón, solo tengo uno, Pajarito. Dos somos
tú y yo. Tres es el número de veces que he hecho el amor en
toda mi vida, todas contigo. Cuatro, después volveré a este».
Puse mis manos sobre sus labios cuando Tara intentó
hablar, pues sabía que si decía una palabra yo no sería capaz
de terminar esto.
«Cinco es el número de veces que me preocupo por ti
cada minuto del día. Seis es el número de semanas que han
pasado desde que te conocí. Siete es el número de horas que
he estado dentro de ti. Ocho es el número que me recuerda a
ti, por más extraño que sea. Tus pequeñas curvas, y dos
círculos combinados. Nueve son las veces que deseo en
sueños que seas mía. Y diez son el número de vidas que
necesitaría para superarte si me rechazas. Volviendo al
cuatro, four, forever, Pajarito… quiero que seamos tú y yo para
siempre. Y tú lo sabes. Once…».
Se limpió las lágrimas d ellos ojos. «Debemos parar en el
diez, Cyrus».
«No esta vez. Once es el número de veces que te patearé
el culo si se te ocurre mencionar que dije toda esta cursilería.
Soy un hombre, Pajarito, posesivo, celoso, controlador a más
no poder. Eso no cambiará, nunca. También sé que necesitas
que sea así. Así que, somos tú y yo, Pajarito, atrapados en
una jaula juntos por el resto de nuestras vidas, ¿lo
entiendes?». Ella asintió y yo respiré profundo. «Te amo».
Tara me abrazó con muchísima fuerza y, de hecho, lo
sentí…
«Pajarito, necesito follarte ahora mismo».
Ella se reclinó hacia atrás para mirarme y sonrió, no con
precaución, no de manera recatada, no nada más que la
sonrisa más hermosa del mundo. Una sonrisa que yo
planeaba mantener en su rostro por el resto de nuestras
vidas.
La levanté en mis brazos y caminé al baño de la
habitación, mis labios estaban pegados a su cara, a su cuello,
a su cuerpo.
Le arranqué ese ajustado y pequeño vestidillo verde y le
sonreí. «Creo que me gustan tus alas».
«Creo que me gustaría hacer cualquier cosa que me pidas
en este momento. Creo que te extrañé demasiado».
«¿Cualquier cosa?».
«Absolutamente cualquier cosa, Cyrus».
«Genial, llama a ese gilipollas y dile que eres mía y que
no te mudarás con él». Ella sonrió, se cubrió la cara y rio a
carcajadas. «Esta mierda no es graciosa, Pajarito. Si no lo
haces, yo lo haré».
«Voy a mudarme con él…».
«No, no lo harás. Te mudarás conmigo».
«Cyrus…».
«No estoy abierto a negociaciones. Accediste ser mía…».
«Cyrus, ¿qué tal si tienes otra crisis emocional?».
Joder, Tara no acabas de decir eso.
«Oye, Pajarito – ¿recuerdas cuando dije que te amo, hace
dos minutos?».
Ella frunció el ceño. «Sí».
«Bueno, recuerda que, a pesar de que te amo, eso no
significa que no tendremos desacuerdos, ¿vale? Pero sí
significa que yo soy el hombre y tú la mujer, así que harás lo
que yo diga».
Ella sonrió y se rio, lo cual me hizo sonreír.
Me rodeó con sus brazos y susurró: «Eso jamás
sucederá».
«Ya tendremos tiempo para esta discusión; como mi
mujer, tendrás que lavar y planchar la ropa, cocinar, y
ponerte las alas otra vez».
Ella sonrió. «¿Las alas?».
«Sí, las alas, quiero follarte con las alas puestas».
La levanté y le arranqué las bragas mientras ella se
quitaba el sujetador.
«Joder, me encantan esos Razzles».
Ella me desabrochó los pantalones y sujetó mi polla con
las manos. «Me encanta».
Metí la mano entre sus dulces y delicadas piernas. «A mí
me encanta tu pequeño coño caliente».
«Tú me encantas. Te amo». Se inclinó, cogió las alas y se
las puso. «¿Esto es lo que quieres?».
«Quiero todo eso».
«Me agrada saberlo, pues justamente eso es lo que te
daré». Se hincó encima de mí, tomando el sitio de honor. Yo
estaba en el paraíso.
Pellizqué sus pequeños pezones y me senté con la espalda
erguida. Mi polla estaba hundida en Tara y ella gemía. Estaba
montándome duro y salvaje.
«Más lento, Pajarito, o esa mierda de los ocho segundos
ya no será un chiste».
Ella no me escuchó, estaba follándome tan duro, su
cabeza escondida en mi cuello, que tuve que levantar su culo
con las manos para detenerla. La recosté sobre su espalda y
cuando dejé de mirar su húmeda y pequeña vagina, vi que se
estaba limpiando más lágrimas de las mejillas. «Pajarito, no
hagas eso».
«Te amo».
«Yo también te amo».
«No te detengas».
«Soy un hombre de palabra, Pajarito, y no pude
detenerme aun cuando intenté hacerlo. Y sí que lo intenté.
Voy a lamerte hasta que te corras. Y después voy a follarte».
«Hazme el amor».
Comencé en los dedos de sus pies y los lamí, subiendo por
sus piernas hasta que finalmente tenía la boca en su coño. No
podía parar de succionar sus labios. Tara se corrió
ruidosamente mientras tiraba de mi cabello. Estaba goteando
de lo mojada que estaba, y yo estaba jodidamente feliz de
deslizarme dentro de ella y hacerle el amor. Besé sus labios
perfectos y acaricié sus sexis y hermosas tetas. Cuando
estaba listo para correrme, saqué mi polla de su interior y
dejé mi semen caer en la cama.
Nos quedamos ahí, abrazados, jadeando. Tara me miró.
«Fueron más de diez minutos».
«Joder, claro que fue más».
«Seguramente nos extrañan allá abajo».
«Vas a quedarte aquí conmigo esta noche».
Ella se rio y yo la miré. «Quiero hacerlo», me dijo.
«Bien, porque te amarraría a la cama si intentas escapar.
Voy a darme una ducha. Me encanta oler a ti, pero no quiero
que cualquier otro gilipollas de allá abajo se dé ideas. Yo no
comparto a mi Pajarito».
«Jamás lo haría».
«Lo sé».
Cuando salí de la ducha, Tara se había marchado y había
una nota sobre la cama.
–Ven a buscarme… con amor, Tara.
Me vestí lo más rápido que pude y bajé las escaleras con
mi disfraz puesto. Bueno, todo menos el maquillaje.
Ella estaba bailando con Carly y ese tío. Tara se detuvo
cuando me miró y me recibió con una espléndida sonrisa.
Carly me miró y comenzó a aplaudir.
Steel para Siempre
C yrus estaba caminando hacía mí. Se veía tan sexi.
«Me ama».
«Ya lo sabía», Carly cogió un trago y Jase rodeó su
cintura con el brazo.
«Yo te amo», le dijo dándole un beso en la mejilla.
«Pruébalo», dijo Carly y comenzó a reír mientras Jase
besaba su cuello. «Será mejor que pares, no estoy tomando
anticonceptivos, tío».
«Puedo continuar». Jase comenzó a susurrarle algo al
oído y el rostro de Carly se coloreó como tomate. Jase la miró
y le guiñó un ojo. «Cuando sea que estés lista. Tan solo
golpea tres veces esas zapatillas de rubí y estaré feliz de
llevarte a casa».
Cyrus se abrió camino a través de la multitud, cogió mi
mano y me miró fijamente.
Le sonreí. «Me encontraste».
«Sí, lo hice. ¿Recuerdas lo que dije que haría si te
marchabas?», me dijo arqueando una ceja y yo me reí. «No
era una broma».
«¿Por qué crees que lo hice?», le respondí arqueando una
ceja y ahora él se rio.
«Te amo más ahora de lo que hacía antes».
Jase y Carly se rieron. «¿La amas? Vaya, te tomó bastante
tiempo darte cuenta».
«Jódete, Jase. ¿Cuánto tiempo te tomó a ti?».
«Vale – tú ganas».
Lo vi mirando a Christo .
«Soy el novio de Tara. Se va a mudar conmigo, no
contigo», le dijo.
Me quedé boquiabierta y Christo se rio a carcajadas. «Lo
siento tanto, Christo . Cyrus, eso fue muy grosero».
«No, Pajarito, es la verdad».
«Así que verdad, ¿eh?», dijo Christo frotándose las
palmas. «Dime lo que piensas, o siéntete con la libertad de
hacerlo», comenzó a decir. Yo abrí los ojos como platos.
«He escuchado mucho de ti, señor Steel. Por cierto, muchas
gracias por el aumento de sueldo y el uniforme que
finalmente nos cubre el cuerpo durante el trabajo, y…».
«Ya casi es invierno, les conseguiré ropa para la nieve»,
Cyrus lo miró con frialdad.
«Dulzura, ¿tu macho alfa estuvo en la marina?».
«Puedes hablar conmigo, estoy justo aquí».
«Lo voy a poner fácil: creí que vosotros los tíos de la
marina podían identificar a los tíos como yo a kilómetros de
distancia».
«¿Eres gay?».
«Bueno, no realmente», respondió Christo y se rio. Yo
lo miré, confundida. «Solo dije que no eras mi tipo,
dulzura».
«Entonces ¿cuál carajos es tu tipo?».
«Cyrus – de verdad no es de tu incumbencia».
«No, está bien. Tú eres mi tipo», dijo Christo y le
sonrió a Cyrus.
Jase escupió su bebida en el suelo y se rio a más no poder.
«Oye, amiguito, no hay razón para reírse – también tú
eres mi tipo. Me gustan los chicos malos, machos alfa, tíos
musculosos y las mujeres fuertes y dominantes con la figura
de…», miró alrededor y finalmente encontró a alguien.
«Ella».
«¿Kat?», Carly se rio a carcajadas.
«¿Así que eres bisexual?», pregunté.
«Sexual, sí, pero si debo ponerme una etiqueta diría que
mi sexualidad tiene TDAH o bipolaridad; depende de mi
estado de ánimo. Pero no, esta pequeña dulzura de aquí no es
mi tipo».
Abracé a Christo George y me reí. Él se rio de la
expresión en el rostro de Cyrus.
«No te preocupes, tu musculoso y hermoso culo está a
salvo. Solo porque me gusta follar y a veces que me follen no
significa que esté confundido respecto a mi orientación
sexual, solamente tengo sexualidad TDAH, como dije».
«O con bipolaridad», le recordé. Nos reímos otra vez y
miré a Cyrus.
«No me importa un carajo lo que seas o lo que tengas.
Tara se mudará conmigo».
«Bueno, entonces, Tara, ¿vas a decirle por qué tu saliste
corriendo como un pequeño potro para contármelo todo o
vas a seguir torturándolo un poco más?».
«Adelante».
«Sabes, incluso voy a imitarte».
«Sabes, eso es justo lo que he estado esperando que
hagas», dijo Cyrus.
«Esta pequeña dulzura llegó corriendo e hizo este
bailecillo mientras cantaba Dijo que me aaaaaama, quiere vivir
conmiiiiiiigo, ¿estás de acuerdo, Christo ? Porque también te amo
a ti y después sacudió ese pequeño culo así».
De verdad me estaba divirtiendo con la actuación de
Christo , pero cuando vi a Cyrus, noté que su rostro
continuaba igual de inexpresivo que al principio de la
conversación. «¿Ya terminaste?».
«Cyrus, vamos a tener serios problemas si te molestan
este tipo de cosas…».
«Pajarito, no me importa quién le mete la polla o en
dónde la mete él mientras no sea en ti».
Christo se rio y me miró. «Tienes suerte de que te ame,
dulzura, porque si no fuera así, iría detrás de esta criatura.
Qué sexi. Cyrus», Christo lo miró levantando las cejas.
«Tan solo tengo una cosa más que agregar a esta
conversación. La lastimaste una vez. Si viene llorando a mí
porque has sido un gilipollas de nuevo, mis sureños
músculos harán que te arrepientas».
Cyrus gruñó por la nariz. «¿Estás intentando proteger lo
que es mío?».
«Lo he hecho durante siete semanas. Es mi amiga. Joder,
probablemente me veas en tu boda si Tara te dice que sí
cuando le propongas matrimonio. Tú y yo podemos ser
conocidos cordiales, incluso amigos, pero ni se te ocurra
lastimarla».
Esperé, anticipando lo que ocurriría a continuación.
Cyrus extendió su mano y Christo aceptó el apretón.
«Bien».
«Bien». Christo me miró. «Ahora, vuelve a donde sea
que te hayas escabullido para arruinarte el maquillaje de
Campanilla de tal manera. Llámame mañana y cuéntame los
detalles».
Cyrus cogió mi mano y me arrastró fuera del vestíbulo del
banquete, hacia los ascensores.
«¿Siempre van a actuar así?».
«Sip».
Lo seguí hasta el interior de la cabina del ascensor y las
puertas metálicas se cerraron. Él me atrajo contra su pecho y
reposó su barbilla sobre mi hombro.
Su mano se deslizó por mi espalda baja y en cuestión de
segundos su dedo estaba enterrado dentro de mí.
«Esta es la razón. Te encanta, Tara, y a mí me encanta
que te guste tanto». Sacó su mano y se lamió los dedos.
«Jodidamente sexi».
No pude contener la estúpida sonrisa que se extendió por
mi rostro mientras Cyrus me besaba la mejilla. «Te amo,
Pajarito, y se siente jodidamente bien».
«Yo también te amo, y no podría decirlo de mejor
manera».
Epílogo
V ivir con mi Pajarito era un sueño. Uno que jamás creí
que desearía. Definitivamente era la tía más increíble
del planeta. Todo era genial. Nos despertábamos y nos
duchábamos juntos, follábamos en la ducha, nos lavábamos
los dientes codo a codo. Conducíamos juntos al trabajo y de
vuelta. A veces Tara me chupaba la polla en el camino a casa,
y con la misma frecuencia yo la follaba con el dedo.
Cocinábamos juntos. Hacíamos absolutamente todo juntos.
Los sábados por la noche ella entrenaba a algunas
personas, y con mucha frecuencia, yo llevaba mi estúpido
culo a la tienda, simplemente porque no quería parecer una
perra.
Zandor estaba ahí todo el tiempo rondando a la belleza
sureña de talentos escondidos y era bastante divertido mirarlo.
El idiota pensaba que era todopoderoso cuando se trataba de
controlar a las mujeres. En estos momentos, yo realmente
dudaba esa mierda.
***
Decidimos conducir de vuelta a Red Hook, pues Tara
quería dejar flores en el cementerio. Yo quería volver a la
habitación del hotel, esperando con todo mi ser poder volver
a verla jugueteando consigo misma otra vez. Sé que podría
haberlo hecho en casa. Nuestra casa, por cierto. Pero
necesitaba que Tara me enseñara algo diferente.
Nos marchamos del cementerio y Tara cogió mi mano
mientras me sonreía. Dios, amaba a esta mujer y se sentía
genial saberlo, aceptarlo y seguir adelante. Necesitaba esto
tanto como ella, y ambos nos necesitábamos el uno al otro
más que a nada en el mundo.
***
«¿A dónde vamos?».
«Ni se te ocurra tocar la venda que tienes en los ojos
Pajarito, o te patearé el culo». Ella sacudió la cabeza y se
levantó la camiseta.
«Empieza aquí».
¿Mencioné que Tara era mi igual en todo? Era perfecta
para mí y yo estaba jodidamente seguro de que yo también
era perfecto para ella. Así que sí, jugueteé con sus tetas
durante todo el camino.
«Vale, no te muevas». Me bajé del coche y caminé
alrededor del Highlander para abrirle la puerta. «Tengo una
sorpresa para ti».
Le quité la venda de los ojos y ella miró a la casa y después
a mí. ¿Mencioné que cuando Tara se veía confundida, me
provocaba una erección? Bueno, eso fue justo lo que sucedió.
«¿Por qué estamos aquí?».
«Bueno, estoy jodidamente exhausto de correrme fuera y
quiero comenzar a hacer bebés contigo. Quiero una casa llena
de bebés. Quiero verte descalza y embarazada, y quiero
formar una familia aquí. Bueno, también en Jersey… pero
cuando no estemos ocupados, quiero estar aquí».
Ella apartó la mirada. «La vendí, así es como te devolví el
dinero. Lo siento…».
«Sé que lo hiciste. Y yo la compré – otra vez».
Ella sonrió y bajó la mirada. «¿Quieres tener muchos
bebés conmigo?».
«Quiero todo contigo, Pajarito. Pero dime que esto está
bien, dime que quieres tener bebés conmigo también. Vamos,
quiero escucharte decirlo».
Ella levantó la mirada. «Quiero tener bebés contigo.
Muchos bebés, Cyrus Steel».
«Bien, ahora que lo hemos aclarado, ¿me harías el honor
de convertirte en mi esposa?», me arrodillé frente a ella e
hice todo el espectáculo. Papá estaría orgulloso de mí. Saqué
un anillo de mi bolsillo y ella sonrió y asintió
energéticamente con la cabeza.
«Dilo».
«Sí, quiero ser tu esposa, más que nada en el mundo,
Cyrus».
Coloqué el anillo en su dedo, de la misma manera que
deslizaría mi polla dentro de su coño muy, muy pronto.
«¿Por qué aquí?».
«Tenía que pedir tu mano a tus padres». La levanté del
suelo y besé sus pequeños y perfectos labios.
«¿Y qué dijeron?», me preguntó riendo.
«Tu papá me dijo que me matará si la cago».
Tara me besó y comenzó a juguetear con mi cabello.
«¿Steel para siempre, Pajarito?».
«Steel para siempre».
Fin
Próximamente en Steel…
Zandor
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Zandor
Zandor
E ntré a la habitación trasera de la tienda. Ya casi era
hora de cerrar. Había sido una noche jodidamente
bulliciosa; todos teníamos gente esperando para finalmente
hacerse sus tatuajes o perforaciones. La mejor parte de la
noche es que tuvimos una tonelada de piercings de pezón. No
estoy seguro de dónde carajos venía todo esto, pero yo no soy
alguien que se aburre de jugar con tetas durante tres horas.
Me encantan estas cosas, joder.
Como sea que las llames: tetas, pechos, senos, bongos,
cubos de Picasso, chichis, lolas, las gemelas Olsen, las
albondiguillas, bollos; para mí todas son tetas.
Tetas – me encantan, jodidamente demasiado.
Aumentadas, curvas, en forma de berenjena, como huevos
estrellados, en forma de pera, suaves, pequeñas, firmes,
grandes – tan solo por mencionar algunas. Ningún par de
tetas es igual, ni siquiera las tetas postizas.
No puedes tener tetas sin pezones, y debo admitir que
esos me encantan también. Pezones: planos, hinchados,
diminutos, largos, eso tampoco me importa un carajo. Me
fascina tocarlos, succionarlos, morderlos y follarlos. Me
encanta pellizcarlos y después soltarlos. Si son pequeños,
puedes sujetarlos y hacer que se pongan duros, erectos y
jodidamente sensibles. Me encanta dejar caer cera caliente
en ellos y me encanta arrancarles la cera caliente,
mordisqueando con mis dientes alrededor de la aureola. Me
encanta frotar la punta de mi polla encima de ellos y adoro
correrme encima.
Me. Encantan. Las. Tetas. Jodidamente. Demasiado.
«¿Qué carajos estás haciendo?», escuché a Cyrus
preguntar mientras entraba la sala de empleados.
«Limpiando la cafetera». Sí, eso estaba haciendo, aunque
probablemente me había tardado más tiempo del necesario,
distraído por mis pensamientos de tetas. «…y pensando en
tetas».
Cyrus soltó un graznido. «Vimos demasiadas hoy».
«Joder, jodidamente hermosas…».
Dejé de hablar cuando Bekah entró. «No te detengas por
mí; yo estaba ahí, ¿lo recuerdas?».
Ella sonrió y caminó hacia el ropero para coger su abrigo.
«Sí, Z. Hablemos de tetas», Cyrus se rio. «¿Cuál es tu
tipo de tetas favorito, hermanito?».
Lo miré y puse los ojos en blanco. «Las tuyas – tus tetas
son mis favoritas, Cyrus. ¿Cuándo me vas a dejar
perforártelas?».
«Después de ti, hermano».
Joder, ¿por qué no? «Oye, Bek – ah». Me encantaba decir
su nombre.
«Sí, ¿qué pasa?», me preguntó mientras se echaba su
abrigo de gabardina negra encima de los hombros y metía los
brazos por las mangas.
Los abrigos de gabardina son jodidamente sexis. Justo encima
de la rodilla, sería genial si tuviera puestas unas zapatillas de
tacón, mallas y…
«¿Zandor?», Bekah me miró con curiosidad.
«Vas a perforarme un pezón».
Ella comenzó a caminar fuera de la habitación. «Eh, no
creo que…».
«No es una pregunta, vamos». Entré a mi estudio, me
quité la camiseta y me recosté.
Bekah entró con los ojos abiertos como platos y tragó
saliva con fuerza. «¿Crees que estoy lista?», me preguntó.
Levanté la mirada y Cyrus estaba de pie en el marco de la
puerta, con una sonrisa de bastardo engreído pintada en el
rostro.
«Me has visto hacer diez en las últimas cuatro horas.
Diez personas, veinte pezones, puedes hacerlo».
«¿Qué tal si…?».
«Bekah, ¿puedes seguir instrucciones?».
Ella asintió con la cabeza y yo sabía que ella podía hacerlo.
Bekah definitivamente podía seguir mis instrucciones. Había
estado entrenándola durante dos semanas.
«Ve por los utensilios, Bekah. Alcohol, una toalla, aguja
calibre catorce, guantes. Quiero un anillo, no una barra,
pinzas y un paquete de hielo».
Ella asintió con la cabeza nerviosamente, cogió una
bandeja y la esterilizó. Colocó todos los utensilios en ella y yo
noté que sus manos temblaban ligeramente.
«No estés nerviosa. Sé que puedes hacerlo, de lo
contrario, no te pediría que lo hicieras. ¿Lo entiendes?».
Ella asintió y dejó la bandeja a mi lado. «Muy bien. Ahora,
límpiame».
Me recosté y miré a Cyrus, quien estaba intentando con
todo su ser no explotar en carcajadas. Le guiñé un ojo y ya no
pudo contenerse.
Bekah se sobresaltó y tiró la bandeja al suelo. «Oh, Dios,
lo siento, no quería…».
«Para. Respira. Comienza de nuevo. Cyrus, tú y los demás
pueden marcharse. Cerraré cuando terminemos aquí».
Bekah miró rápidamente a la puerta y después a mí otra
vez. «Quizás él debería…».
«Para. Respira. Comienza de nuevo. Si no te creyera
capaz, no estarías haciendo esto».
Bekah tragó saliva con fuerza e hizo lo que le pedí, como
una buena gatita.
Se tomó su tiempo para limpiarme y, de alguna manera,
me gustó. «¿Ambos, o solo uno?».
«¿Qué opinas?».
«Bueno, son tus te… pezones», su rostro se coloreó de
rojo y me pareció algo gracioso.
«El izquierdo».
Me puse las manos bajo la nuca y me puse cómodo.
Ella me sujetó el pezón con las pinzas, exhaló lentamente
y me miró.
«Lo estás haciendo bien. Ahora, mete la aguja y no la
tuerzas, simplemente atraviesa en una línea recta, ¿vale?».
Ella asintió. «Buena chica, Bekah. Sé que puedes hacerlo,
siempre miras cuidadosamente cuando te enseño».
Bekah contó: «Uno, dos, tres», y me penetró con la
aguja.
«Ahora el anillo. Sigue la línea de la aguja, movimientos
suaves y ya está. Lo estás haciendo genial».
Ella hizo exactamente lo que le indiqué.
Sonrió, irguió la espalda y se limpió la frente. «Joder».
Sostuve el paquete de hielo contra mi pecho y me
incorporé.
«¿Te dolió?».
«No», respondí y me puse de pie.
«¿Ni un poco?».
«Quizás un pequeño pinchazo, pero un poco de dolor a
veces es algo bueno».
Bekah me miró. Cuando no me reí, se aclaró la garganta y
se dio la vuelta.
La observé mientras limpiaba los utensilios. «Aquí,
¿recuerdas en dónde van las toallas?».
Ella cogió la toalla y frunció el ceño por instante, lo cual
me pareció gracioso.
«¿Algo más?», me dijo saliendo de mi estudio.
«Necesitas aprender a cerrar. Sígueme». Puedo jurar que
la escuché suspirar ruidosamente a modo de protesta, pero
cuando me di la vuelta, me obsequió la misma dulce y sureña
sonrisilla que mantenía a salvo su puesto en la tienda.
«¿Tienes algo más que hacer, Bekah?».
«Eh, no, sí…».
«Bueno, ¿qué es?», me detuve de golpe, me volteé y
Bekah chocó contra mí. La cogí por el codo para evitar que
cayera de espaldas y ella me miró. Sus ojos azules eran una
tormenta cristalina.
Bekah se zafó de mi agarre y apartó la mirada. «Quedé
con amigos para ir por unas copas».
«Oh».
Le mostré el sistema de alarma y todo el proceso para
cerrar la tienda.
Una vez más la escuché refunfuñar.
«¿Te gusta tu trabajo aquí?».
Bekah carraspeó y me miró. «Sí». Su voz fue casi un
graznido.
Permití que digiriera mi pregunta por un minuto. «Me
alegra. ¿En dónde aparcaste tu coche?».
«Atrás».
«Vale, te acompaño. Está oscuro por aquí».
Volví a explicarle el funcionamiento del sistema de alarma
y ella escuchó con atención.
Caminamos hacia el aparcamiento, encendí el motor de
mi coche y éste ronroneó como un felino salvaje.
«Lindo coche».
«Ella es una belleza» y mi bebé.
«¿Ella?», me preguntó Bekah con una risilla.
«Sí, ella. Es una Cougar sesenta y ocho, completamente
reformada y mala como el infierno». Bekah volvió a reírse y
la miré. «¿Qué?».
«Te gusta mucho tu coche».
«No, Bekah. Amo mi coche».
«Los tíos y sus coches», dijo por encima del hombro y se
subió en su pequeño Honda. «Buenas noches».
Yo me subí en mi bebé y esperé a que Bekah encendiera el
motor para marcharse. Vi su boca moverse y estaba bastante
seguro de que estaba maldiciendo. Me miró y después azotó
la cabeza contra el volante.
Me bajé del coche y ella bajó el cristal de la ventana.
«¿Todo bien?», le pregunté.
«No, ELLA es una perra y ELLA no quiere arrancar».
«Vamos, probablemente está enfadada contigo. Déjame
intentar».
Me senté en el coche, jodidamente pequeño, por cierto, e
intenté encender el motor. «Vamos bebé, puedes hacerlo».
Intenté tres veces y no sucedió nada.
Miré el tablero. «¿Dejas las luces encendidas?».
«Noup, probablemente algo con el alternador. Necesito
reemplazarlo y no he tenido tiempo».
«¿Segura?», me bajé del coche y le entregué las llaves.
«Probablemente», suspiró.
«Deja tu coche aquí hasta mañana. Te llevo».
Bekah me siguió a mi coche; abrí la puerta para ella y la
cerré a sus espaldas. Sí, puedo ser un caballero. Ma Joe no
crio a una bola de gilipollas.
Después de que me subí a mi bebé, Bekah sonrió.
«Gracias, y perdón por las molestias».
Miré hacia atrás y descansé mi mano en el reposacabezas
del asiento mientras conducía en reversa para salir del
aparcamiento.
«¿A dónde te llevo?».
«Bueno, supongo que a casa».
«¿Creí que saldrías con tus amigos? Puedo llevarte».
«No, no es mucho problema. Ha sido un día largo y
mañana necesito llevar a mi perra al mecánico».
«Por eso te da tantos problemas, llamarle nombres
obscenos no es buena idea».
Bekah sonrió. «¿Así que debería hablarle bonito a mi
coche?».
«Noup, pero cuídalo. Dale mantenimiento y cuando te
subas para conducir, lleva a tu perra al límite», pisé el
acelerador a fondo y el ronroneo de mi bebé se convirtió en
un rugido salvaje.
Bekah se rio a carcajadas.
Me detuve frente a su casa y ella miró fuera de la ventana.
La escuché balbucear algo. «¿Casa equivocada?», pregunté.
«No, pero mal momento. Aparentemente, Ti tiene
compañía».
«¿Eso es malo?», aparqué a mi bebé y miré a Bekah.
«Sí… no…».
«Te es difícil decidirte, ¿eh?».
«No, gracias por traerme». Bekah palpó la puerta del
coche y rebuscó la manija para abrir.
«Permíteme», me estiré encima de Bekah y abrí la
puerta, después lenta, muy lentamente, volví a mi asiento.
Miré su rostro y sus ojos estaban abiertos como platos.
«Gracias por traerme». Se bajó del coche de un salto y
corrió hacia la puerta delantera, la cual, asumí, llevaba a su
departamento, encima de la panadería.
Estaba oscuro, la luz neón con el nombre de la panadería
estaba apagada, pero aun así podía leer jodidamente bien el
pequeño letrero sobre la puerta: Se hornean bollos calientes
todos los días.
Mmm Mmm Mmm, me encantan los bollos calientes.
Bollos…
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Acerca de la Autora
MJ Fields es una autora de bestsellers en USA Today con su
novelas contemporáneas y novedosos romances para adultos.
Vive en Nueva York con su hija y Newfie de cara esponjada,
Theo. Cuando no está encerrada en su cueva, disfruta de
pasar tiempo con la familia, escuchar música en vivo, ver el
teatro, cantar desentonada, bailar a su propio ritmo,
escuchar audiolibros y leer – por supuesto.
¡Steel para siempre!
XOXO,
MJ