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3
STAFF
Miry

Miry Madhatter Fatiimaecg


-queen-ari- Valentine Rose valS
Umiangel Julie NnancyC
Andi Beatrix Gesi
Gisenid Val_17 mely08610
Zara1789 Anna Karol IsCris
Nickie Leidy Vasco Dannygonzal
AnnyR' Dakya Joselin

4
Florpincha Itxi
Naaati Anna Karol
AmpaЯo Ailed
Valentine Rose

Julie Bruja_Luna_
ÍNDICE
Sinopsis Capítulo 18
Prólogo Capítulo 19
Capítulo 1 Capítulo 20
Capítulo 2 Capítulo 21
Capítulo 3 Capítulo 22
Capítulo 4 Capítulo 23
Capítulo 5 Capítulo 24
Capítulo 6 Capítulo 25
Capítulo 7 Capítulo 26
Capítulo 8 Capítulo 27
Capítulo 9 Capítulo 28
Capítulo 10 Capítulo 29
Capítulo 11 Capítulo 30
Capítulo 12 Capítulo 31
5 Capítulo 13 Capítulo 32
Capítulo 14 Capítulo 33
Capítulo 15 Epílogo
Capítulo 16 Closer to the Edge
Capítulo 17 Sobre la Autora
SINOPSIS
—Me desgasté como a un camino. Hice todo lo que dijiste. Me
desgasté hasta dejarme de rodillas. Hice todo lo posible por complacer.
Austin Conrad nunca se ha tomado en serio su vida personal.
Como SEAL de la marina, se pasa todo su tiempo en situaciones
peligrosas y potencialmente mortales. La única manera de dejar atrás los
horrores que ha visto a lo largo de su carrera es apagándolo cuando llega
a casa. Es demasiado mujeriego para establecerse; incluso si encontrara
una mujer con la que pudiera estar más de una noche, nunca mancharía
su vida con los demonios de su pasado.
Cuando su mejor amigo y miembro del equipo SEAL, Brady
Marshall, le pide que vigile a su hermanita, Gwen, Austin cree que será
un paseo por el parque. Lo único que le gusta más que coquetear hasta
meterse bajo la piel de una mujer hermosa, es alejarse con una sonrisa
en su rostro. Austin nunca espera que la madre soltera y su hija pequeña
sean las que se metan debajo de su piel.
Gwen Stratford sabe muy bien lo que es vivir en una pesadilla.
Después de recoger a su hija y huir de su marido abusivo a mitad de la
noche hace varios meses, ha trabajado duro para volver a encauzar su
6 vida y olvidarse del hombre que intentó doblegarla. Tras crecer bajo el
férreo control de sus padres y seguir adelante con un hombre que
gobernaba su matrimonio con sus puños, Gwen por fin puede respirar y
vivir su vida como quiere.
Cuando a Gwen y a su hija les empiezan a ocurrir cosas
espeluznantes y misteriosas, se da cuenta de que nunca se puede dejar
atrás el pasado; siempre tiene una forma de ponerse al día contigo.
Mientras lucha con el deseo de mantener su nueva independencia, sabe
que no podrá protegerse a sí misma y a su hija sola. Tendrá que apoyarse
en el único hombre que la vuelve loca.
¿Puede Gwen confiar realmente en un hombre que cree que la vida
es una gran broma, o solo será un hombre más en su vida que trata de
desgastarla?
Playing With Fire, #3
PRÓLOGO
Traducido por Miry
Corregido por Florpincha

No puedo creer lo tonta que he sido. Bajé la guardia por primera


vez en meses, y ahora pagaré el precio más alto: la única persona de mi
mundo, a la que amo más que a mi propia vida, me será arrebatada en
un abrir y cerrar de ojos debido a mi estupidez. Hice todo lo que pude
para mantener a Emma a salvo; me escondí, mentí y trabajé hasta el
cansancio, pero todo fue en vano. A este pequeño y precioso ser, que llegó
llorando a mi mundo hace seis años y me dio una razón para respirar
todos los días desde entonces, le fallé.
Miro con horror cómo mi bebé lucha por respirar entre las lágrimas
y la gruesa cinta plateada sobre su boca. Sus gemidos amortiguados son
como un cuchillo que atraviesa mi corazón y lucho con todo lo que tengo
dentro de mí para liberarme de las ataduras que me mantienen quieta.
Grito y lloro con un dolor que nunca sentí, mientras trato de liberarme.
Las cuerdas me cortan las muñecas y los tobillos cuando doy vueltas, me
7 retuerzo, golpeo y peleo. Necesito acercarme a ella, necesito rodearla con
mis brazos y calmar sus miedos, decirle que todo va a estar bien, pero no
puedo. ¿Cómo una madre se queda sentada atada a una silla al otro lado
de la habitación de su hija y la observa sufrir como si nada? Los años de
abuso mental y físico, huesos rotos y espíritu destrozado no son nada en
comparación a esto.
—No podías dejar las cosas en paz, ¿verdad? Se suponía que
éramos una familia y lo arruinaste todo.
Un puño conecta contra mi mejilla y por un momento, cierro los
ojos para evitar el dolor. Sin embargo, no tengo tiempo para revolcarme
en mi propia autocompasión. Parpadeo para enfocarme y mi mirada se
dirige en seguida a mi pequeña al otro lado de la habitación, mirándome
con ojos muy abiertos. Mi dolor no significa nada ahora; lo único que me
importa es asegurarme de que Emma esté bien. Solo hemos sido nosotras
dos contra el mundo desde hace meses. Tenía a mi hermano y tenía a
Austin, pero no es lo mismo. El amor de ellos ni siquiera se compara con
el amor entre madre e hija. Hay una parte de mi corazón que vive y respira
fuera de mi cuerpo, durante seis años ha sido el milagro más increíble al
verla crecer y cambiar. Ahora, me doy cuenta cuán frágil es esa parte de
mi corazón; no puedo protegerla y no puedo salvarla. No quiero que vea
lo asustada que me siento, pero no puedo hacer nada para evitar que se
escapen los sollozos.
El miedo y la tristeza que veo en el bello y perfecto rostro de mi hija
hacen que me duela el estómago, que duela más que cualquier golpe que
haya sufrido en mi cuerpo. Ya estoy acostumbrada a la humillación y la
agonía del abuso. Aprendí a cerrar mi mente y mi corazón, fingir que no
me sucedía a mí, pero se suponía que Emma nunca sería testigo de este
horror. Se suponía que nunca supiera lo débil que realmente soy. Hice
todo lo que pude para protegerla de este horror. Hui en mitad de la noche
sin nada más que ropa en nuestras espaldas. Hice una nueva vida para
nosotras y llené a mi niña con el amor suficiente para compensar el del
padre desaparecido.
Debí darme cuenta de que nunca podría escapar del pasado. Él
siempre tiene una forma de ponerse al día contigo. Mi pasado y mi
presente han colisionado y nada será capaz de sanar las heridas de esta
devastación.
Por un breve momento, desearía que Austin estuviera aquí. Intenté
con todas mis fuerzas no amarlo, no confiar en él, pero fue imposible. Él
se encontraba lleno de vida y me hizo querer cosas que sabía que nunca
podría tener. Me hizo promesas que debí saber que no cumpliría y me
hizo querer cosas con las que no soñé. Debí saber que huiría a la primera
oportunidad que tuviera. Siempre confiaba en las personas equivocadas
y eso siempre regresaba para morderme el trasero.
—Me quitaste todo. Yo tenía un plan. Sería perfecto.
Mientras nuestro torturador cruza la habitación hacia Emma, grito
y lloro tan fuerte que estoy segura de que alguien debe oírme, pero nadie
me oye. Nadie me escucha nunca. Emma y yo nos hallamos solas en esta
8 pesadilla. Tendré que sentarme aquí, atada a esta silla, con hematomas
marcando cada centímetro de mi cuerpo, y mirar cómo me quitan a mi
hija.
—¡Por favor, no hagas esto! La amas, sé que la amas. Lamento que
las cosas que hice te lastimaran, pero por favor, no te desquites con ella.
Puedo sentir que capas de mi piel se rompen en pedazos mientras
continúo usando cada gramo de fuerza que me queda para liberarme. La
sangre gotea por mis palmas y de las puntas de los dedos para estancarse
en el suelo mientras el monstruo con el que pasé mi confiada vida apunta
un arma al pecho de Emma.
Oh Dios, esto no puede estar pasando. No puedo vivir en un mundo
donde ella no exista.
El clic de una bala siendo liberada en la cámara del arma hace eco
en toda la habitación. —Ahora es tu turno de perderlo todo.
Sostengo la mirada asustada de Emma con la mía y trato de decirle
con los ojos cuánto la amo y cuánto lo siento. Con una sensación de
terror que me produce náuseas, sé que se nos acaba el tiempo. No hay
nada que pueda hacer ahora más que rezar para que la muerte ocurra
rápida y sin dolor para mi niña hermosa, y que este imbécil muestre un
poco de misericordia y me saque de mi desdicha poco después.
La explosión del arma se dispara sin previo aviso y dejo escapar un
grito espeluznante.

9
1
Dos meses antes…
Traducido Miry
Corregido por Florpincha

Austin
—Acabo de recibir tu correo de voz. Um, ¿estás seguro de que
quieres que te supla en la oficina? No creo que a tu hermana le vaya a
gustar mucho eso —dije por teléfono.
Aseguré la puerta principal detrás de mí y salí a la brillante luz de
la mañana, para deslizarme detrás del volante de mi coche alquilado.
10 Volví a Estados Unidos hace cinco horas desde Afganistán. Después de
seis días en el desierto haciendo vigilancia y los vuelos de quince horas
hacia y desde el país, me sorprendió saber siquiera qué jodido día es. Tan
pronto como llegué a la casa de alquiler que llamé hogar durante el último
mes, me desmayé boca abajo en la cama durante unas horas antes de
revisar mis correos de voz. La única razón por la que no dormiré durante
todo el día es porque mi hermano SEAL me necesita.
—Sí, estoy seguro de que quiero que me suplas en la oficina. Gwen
tiene algunos asuntos personales, y no quiero que ella maneje cualquier
caso sola en mi ausencia —me explica Brady.
Puedo escuchar fuertes sonidos de respiración y besos a través de
la línea telefónica mientras salgo de la entrada y me dirijo hacia el centro
de Nashville. Me río para mí mismo y sacudo la cabeza. Hace unos meses,
Brady fue contratado para ayudar con la seguridad de una de las más
grandes estrellas del pop en el país: Layla Carlyle. Sabía que la primera
vez que me llamó maldiciendo y quejándose de ella, no pasaría mucho
tiempo antes de que fuera al lado oscuro como nuestro otro miembro del
equipo, Garrett McCarthy. Ambos idiotas abandonaron la vida de soltero
en un abrir y cerrar de ojos. Por los sonidos del otro lado de la línea, creo
que la decisión de Brady de ir de gira con Layla ha sido una buena idea.
—Está bien, pero no digas que no te advertí. Esa chica se enojará
cuando me vea cruzar la puerta —respondo con una sonrisa.
Hay más arrastre de pies a través de la línea y estoy bastante
seguro de que acabo de escuchar un jadeo.
Maldito bastardo suertudo.
—Austin, tengo que irme. Solo recuerda una cosa: no folles a mi
hermana.
La llamada termina abruptamente y me río otra vez cuando tiro el
teléfono al asiento del pasajero. No puedo ofenderme por las palabras de
despedida de Brady. He convertido mi misión en la vida en atormentar a
mujeres hermosas, y Gwen Marshall es una hermosa jodida mujer.
También tiene una actitud tremenda y seguramente me arrancará
la cabeza y la escupirá si alguna vez la follo. Para ser justos, no nos
encontramos exactamente en las mejores circunstancias hace un mes.
Brady me llamó cuando Layla desapareció y lo dejé todo, conduje hasta
la puta Tennessee y le ayudé a recuperar a su mujer. Gwen y yo hablamos
por teléfono unas cuantas veces antes de venir aquí y digamos que esas
llamadas fueron uno de mis mejores trabajos. En cuanto oí su voz ronca,
hermosa y llena de actitud por teléfono, me di cuenta que me gustaría
meterme debajo de su piel. Mis intentos de coqueteo fueron rechazados
como una mosca doméstica. Pero soy un SEAL, no nos rendimos con
facilidad.

—Soy Gwen, la hermana de Brady Marshall. Tu amigo Garrett me


dio tu número. Necesito ayuda para encontrar información para un caso en
el que trabajamos.
11 Sabía que Brady tenía una hermana; habló sobre ella una o dos
veces. Supuse que aún asistía a la escuela preparatoria. La voz al otro
extremo de la línea definitivamente pertenecía a una mujer.
—¿Prefieres panqueques o huevos? —respondí con indiferencia.
—No, me gusta... ¿qué?
La confusión en su voz me hizo reír.
—Bueno, creo que, ya que necesitas un favor mío, lo menos que
puedo hacer es prepararte el desayuno a la mañana siguiente cuando me
pagues.
El silencio en el otro extremo de la línea duró tanto que me quité el
teléfono de la oreja para asegurarme de que la llamada no se cortó.
—Tienes problemas. ¿Puedes ayudarme a obtener la información
que necesito o no? —preguntó finalmente con sarcasmo.
—Puedo conseguirte todo lo que necesites, cariño.
La escuché suspirar molesta y eso solo hizo que quisiera presionarla
aún más.
—Necesitamos todo lo que puedas encontrar de una mujer llamada
Eve Carlyle. Nadie nos da nada.
Sonreí para mí mismo. A ella no se la ponía nerviosa fácilmente; me
gustaba eso en una mujer.
—Siempre puedo hacer que una mujer hable. Tengo este truco que
hago con mi lengua donde la arremolino...
—Vale, lo entiendo. Deja de hablar —interrumpió—. Solo envíame un
correo electrónico con lo que sea que encuentres.

No es como si realmente me acostaría con ella. Es la hermana de


mi mejor amigo. Hay reglas en el Manual de Chicos de que nunca jodes
con la hermana de tu amigo. O follas a la hermana de tu amigo. Brady
sabe que no soy del tipo que sienta cabeza, y estoy seguro de que su
hermana, con el palo gigante en el culo, es el tipo de mujer que querría
la valla blanca y nueve millones de niños mocosos corriendo mientras
fastidia al pobre bastardo que se case con ella día tras día. No, gracias.
Una noche es todo lo que puedo soportar con cualquier mujer.
Se necesitaría a una mujer lo bastante fuerte para soportar a un
hombre como yo y el tipo de trabajo que tengo, por lo que siempre es fácil
escabullirse a la mañana siguiente y nunca volver a llamarlas. No he
conocido a ninguna mujer que pudiera adaptarse a esa factura. Soy un
SEAL de la marina de por vida. Puedo recibir una llamada a mitad de la
noche y estar en otro país con un arma en la mano y un insurgente en
mi punto de mira antes de que la señorita incluso tuviera su primera taza
de café. Vivo y respiro el trabajo. Es lo que me obligaron a hacer, y aunque
algunas de las misiones me han dejado cicatrices físicas y mentales que
12 nunca podré eliminar, todavía me encanta cada segundo. Me encanta la
emoción, lo desconocido y el peligro. Asisto a cada misión sabiendo muy
bien que quizás no regrese a casa, como muchos de mis hermanos SEAL.
No hay mujer viva que entienda esa dedicación y la necesidad que tengo
de correr riesgos tan peligrosos con mi vida.
Nunca he tenido una familia, así que no es como si supiera lo que
me pierdo. Para decirlo amablemente, mi madre era una puta. Trató de
criarme sola, ya que no tenía ni idea de cuál de los muchos hombres
perdedores en su vida era mi padre, pero después de cinco años, se dio
cuenta de que tener un hijo estorbaba con sus fiestas. Me entregó al
Estado y nunca la volví a ver. Me pasaron de un hogar de crianza a otro,
cada uno un poco peor que el anterior, hasta que tuve dieciocho años.
Sabiendo que no tenía otra opción, me alisté de inmediato en la marina
y nunca miré atrás. Nunca tuve padres con un matrimonio maravilloso
al que admirar y nunca tuve hermanos con quienes relacionarme. Tengo
mis hermanos SEAL y eso es todo lo que importa. Incluso si fuera el tipo
de hombre para establecerse, no sabría qué diablos hacer con una esposa
e hijos.
Mientras conduzco por el centro de Nashville, me pregunto si la
Reina de Hielo se ha derretido un poco desde la última vez que la vi.
Cuando dije que sabía que Brady tenía una hermana, ese era el grado de
conocimiento que tenía de ella hasta que la conocí hace un mes. Brady
nunca fue el tipo de hombre que se abría sobre sí mismo o sobre su vida
familiar. Sabía que ella existía y sabía que era más joven que él. Sabía
que venía de una familia muy acomodada y que, igual que yo, tan pronto
como cumplió los dieciocho, se fue de ahí. Como Gwen era más joven, se
quedó atrás y hasta hace poco, no tenían mucho contacto. Brady nunca
habló sobre sus razones para dejar toda esa riqueza atrás y yo nunca le
pregunté. Cada hombre tiene esqueletos en su armario y, a veces, esos
pequeños bastardos deben permanecer donde están.
Luego, hablé con Gwen por teléfono y pude conocerla en persona
mientras ayudaba a rastrear al hombre loco que se llevó a Layla. No estoy
acostumbrado a una chica que prácticamente me odia a primera vista,
pero así fue como sucedió. Pasamos unos días juntos antes y después de
que Layla fue secuestrada, y me sorprende que todavía no puedas ver las
heridas de arma blanca que su maldita actitud dejó en mi ego. Entonces,
¿por qué diablos me siento más entusiasmado con esta tarea que la que
hicimos hace dos años cuando cerramos una red de contrabando de
drogas en Cuba? Buena pregunta. Llámenme un glotón del castigo.
Al mencionar a Gwen teniendo algunos “asuntos personales” en su
vida, inmediatamente me pregunté qué demonios podría estar pasando.
Lo único que sé de ella es que apareció de repente en la vida de Brady
hace unos meses, que ha vivido con él en su departamento y ha trabajado
para él en su agencia de Investigación Privada. El poco tiempo que pasé
rastreando a Layla demostró que era decidida y trabajadora. También
probó que todo lo que yo decía o hacía realmente la fastidiaba.
Estaciono el auto alquilado frente a la oficina de Brady, sonrío para
13 mis adentros y me dirijo a la puerta de vidrio. Gwen no estará feliz de
verme en absoluto, especialmente sabiendo que su hermano me llamó y
cree que necesita un guardián. Ya puedo imaginar el humo saliendo de
sus oídos y las maldiciones saliendo de su boca.
Con una sonrisa engreída firmemente en su lugar, abro la puerta y
entro desenfadadamente.
Oh, sí, esto será divertido.
2
Traducido por –queen-ari-
Corregido por Florpincha

Gwen
Colgando el teléfono, anoto algunas cosas acerca de un nuevo caso
en el bloc de notas frente a mí. Es extraño estar aquí sola en la oficina,
pero se siente bien. Es bueno saber que mi hermano confía en que yo
maneje su negocio mientras está de gira por el país con Layla. Él dudaba
en dejarme sola, sobre todo cuando le dije que por fin había mordido la
bala y solicitado el divorcio. Después de algunas semanas con nada más
que noticias positivas de mi abogada de que William no está impugnando
nada y que está siendo muy cooperativo, empujé a Brady por la puerta y
le aseguré que llamaría si había algún problema.
14 La campana suena por encima de la puerta principal y no levanto
la vista de mis notas, pero le echo un vistazo al reloj del teléfono de
escritorio. Se suponía que una de nuestras clientas habituales, Allison
Kinter, estaría aquí hace cuarenta y cinco minutos para una reunión de
seguimiento. No soporto a la mujer. Cada dos semanas viene a quejarse
de que su marido la está engañando. Y cada dos semanas, no hallamos
absolutamente nada que respalde esa afirmación, para su enojo. Ella es
agresiva, condescendiente y me recuerda mucho a mi madre.
—Llegas tarde —le digo con fastidio, garabateando una última cosa
en la página.
—Lo siento, cariño. Si hubiese sabido que estabas aquí esperando
ansiosamente mi llegada, habría venido antes.
Mi cabeza se levanta al sonido de la voz grave y masculina con un
leve toque de acento sureño que en circunstancias normales haría que se
derritiera mi interior. Por desgracia, esa voz pertenece a un hombre cuyo
ego es muy superior a su buena apariencia. El caballero sureño no lo es.
—Vete —exijo, poniéndome de pie de mi silla y cruzando mis brazos
frente a mí.
Austin apoya su cadera en el borde de mi escritorio y me sonríe.
—No seas así. Sé que me has echado de menos.
Pongo los ojos en blanco por su audacia. Es triste que un hombre
tan guapo sea un idiota tan pomposo. Tiene fácilmente un metro noventa,
y cien kilos de músculo atlético. Su cabello castaño tiene un corte militar
y sus brillantes ojos azules resplandecen mientras me sonríe.
—Te he extrañado casi tanto como he extrañado a la clamidia —le
digo secamente.
Él se ríe y mira hacia otro lado, ojeando algunos de los archivos en
mi escritorio. No sé qué tiene este hombre que me convierte en una perra.
Oh, un segundo, sí, lo sé. Solo estuve tres días con él hace un mes, pero
aprendí lo suficiente en esos pocos días como para hacer que quisiera
quedarme lejos. Sus descarados intentos de coqueteo y el encanto que
resuma tan obvio que me da dolor de cabeza apestan a arrogancia y a un
hombre acostumbrado a conseguir siempre lo que quiere. Pasé diez años
infelices con un hombre así y no volveré a cometer el mismo error. William
también era encantador y coqueto, hasta que algo le hizo estallar y mi
cuerpo se convirtió en un saco de boxeo.
Sacando la cabeza del culo, aparto la mirada de los músculos que
se flexionan en el bíceps de su brazo, que está usando para sostenerse
en mi escritorio. Me acerco, le doy un golpe en la mano y recojo todos los
archivos. Los meto rápidamente en el cajón de arriba, lo cierro de golpe y
lo miro fijamente.
¿Qué diablos está haciendo aquí? Lo último que escuché de Brady
fue que salió en medio de la noche para una misión de emergencia y no
tenía ni idea de cuándo regresaría a Estados Unidos. Esperaba, después
de nuestros pocos encuentros, que fuera víctima de un ataque de camello
15 rabioso en Siberia o a donde diablos fuera.
—Brady no está aquí. Ya puedes irte.
Alejándome de él, me acerco a la pequeña encimera de la cocina al
otro lado de la oficina y me sirvo una muy necesaria y fuerte taza de café.
—Bueno, suerte para ti, no estoy aquí para ver a Brady. Estoy aquí
por ti.
La forma en que dice esas palabras me tensa el intestino. No estoy
segura de si es molesto o lujurioso. Cualquiera de las dos ideas me enoja.
Mi historial con hombres, bueno, un hombre, está plagado de miseria y
dolor. Solo la idea de que quisiera a alguien, sobre todo a alguien como
Austin Conrad, es suficiente para que apile un millón de ladrillos más en
la pared sólida con la que me he rodeado. Es absolutamente absurdo que
encuentre cualquier cosa sobre él remotamente atractiva.
Acunando la taza caliente en mi mano, me doy vuelta y me apoyo
contra la encimera. —No hay ninguna razón para que estés aquí por mí.
Entonces, como dije, ya puedes irte.
Austin se aleja de mi escritorio, se mete las manos en los bolsillos
delanteros de sus pantalones y se acerca casualmente a mí. No se detiene
hasta que nuestros dedos de los pies se tocan y puedo oler solo un toque
de su picante loción de afeitar. Los pliegues en las comisuras de sus ojos
se destacan cuando me sonríe. Si pudiera alejarme de él, lo haría. Pero
tal como está, el borde de la encimera ya está presionando duramente
contra mi espalda. Está demasiado cerca, es demasiado grande y huele
demasiado bien.
—Lo siento pero no puedo hacerlo. Tu hermano me dijo que te cuide
durante su ausencia, así que eso es lo que voy a hacer.
La ira me atraviesa y aprieto con tanta fuerza la taza de café que
me sorprende que no se rompa en mi mano impregnando a los dos con
un líquido hirviendo. Hasta aquí llegó que Brady confiara en mí para que
dirigiera el negocio y me cuidara sola.
—No necesito que tú ni nadie me cuide. Soy una mujer adulta,
madura y puedo manejar las cosas sola por mi cuenta —le digo con furia
apenas oculta.
Austin se acerca tanto como puede con mis manos sosteniendo la
taza de café entre nosotros. Puedo sentir el calor de su cuerpo y tengo
que aplacar la necesidad de soltar la taza y tocarlo.
Jesús, ¿qué demonios me sucede? Este hombre está fuera de los
límites, y no solo porque es un idiota.
—Oh créeme, es bastante obvio lo madura que estás —me dice en
voz baja, recorriendo con sus ojos la parte delantera de mi cuerpo.
Es repugnante y sucio. Y me debilita las rodillas.
¡Dios, maldita sea, contrólate, Gwen!
Deslizándome por el borde de la encimera, me alejo de él y regreso
16 a mi escritorio. Necesito distancia de este hombre exasperante. Parece
imposible que él hable en serio por un segundo.
—Brady está ciegamente enamorado y obviamente no pensaba con
claridad cuando te llamó. No te preocupes, le diré que has venido. Ahora
vete. Tengo trabajo que hacer.
Escucho que Austin suspira detrás de mí y espero que finalmente
haya captado la indirecta de que no lo quiero aquí. O sea, ¿en serio tengo
que deletreárselo? Necesita irse antes de que haga algo estúpido. Firmar
esos documentos de divorcio me quitó un gran peso de encima. El hecho
de que William no me persiga ni me amenace como lo hacía en el pasado
me ha dado una falsa sensación de seguridad. Me ha hecho sentir que
por fin podría seguir adelante y volver a ser feliz. Por supuesto, el primer
hombre con el que he tenido un contacto real desde que dejé a William
en mitad de la noche hace tantos meses, aparte de mi hermano o un
cliente, tenía que ser este hombre exasperante que se mete bajo mi piel.
—Gwen, sabes cuánto me excita cuando eres tan exigente. —Se
ríe—. Vamos a declarar una tregua aquí, ¿de acuerdo? Mi mejor amigo
me pidió un favor y nunca le digo que “no” a uno de mis hermanos. Estoy
descansando de misiones y nada me gustaría más que vigilarte.
Austin refleja mi postura anterior y apoya su espalda contra el
borde de la encimera, mirándome.
—Escucha, entiendo que los SEALS de la marina sean un grupo
determinado y eso es encantador, muy útil para las personas que lo
necesitan. Pero no eres necesario ni querido aquí. Fin de la historia —le
digo.
La mirada burlona en sus ojos se va inmediatamente, reemplazada
por una pizca de molestia.
—Mira, princesa, no sé qué tipo de mierda trivial tienes en tu vida
y francamente, no me importa. Pero tu hermano parece estar preocupado
por ti. El trabajo que haces aquí puede ser peligroso. Deberías saber eso.
Aunque tu actitud podría cortar a un hombre por las rodillas, una mujer
soltera y vulnerable como tú no necesita estar a menos de tres metros del
peligro.
El hecho de que me haya llamado princesa ya es suficiente para
ponerme los pelos de punta, pero que luego agregara la parte sobre mi
“mierda trivial” me lleva al límite. Mujer soltera y vulnerable... ¿es una
broma? No tiene ni puta idea de cómo ha sido mi vida ni del peligro que
he corrido y al que he sobrevivido. Sin previo aviso, un recuerdo muy
escalofriante sale a la superficie y mis manos empiezan a temblar.

Puse los toques finales de mi maquillaje y me examiné en el espejo.


El vestidito negro que William me compró la semana anterior me queda
como un guante y muestra mis curvas. Me he recogido elegantemente mi
cabello largo y rubio, como a él le gusta. Echando un vistazo al reloj en
nuestra mesita de noche, veo que estoy lista en un tiempo récord y me
17 apresuro a salir de nuestra habitación y bajar las escaleras. William y yo
no hemos tenido una sola velada juntos en bastante tiempo. A pesar de
que esta es una función de trabajo para él, sigue siendo agradable vestirse
bien y salir a la ciudad con mi esposo. Había estado tan estresado en el
trabajo y nervioso desde que nació el bebé, que creo que será bueno para
nosotros.
Cuando bajé del último escalón, William levantó la vista de la mesa
en el vestíbulo, donde revisaba el correo del día. La sonrisa en mi cara se
borró cuando vi la mirada en sus ojos.
—¿Qué diablos estás usando? —preguntó enojado.
Me miré nerviosamente, revisando para asegurarme de que no tenía
ningún polvo de maquillaje en la parte delantera del vestido y que llevaba
zapatos a juego. Desde que di a luz a Emma hace tres meses, estaba un
poco despistada.
—Es... es el vestido que me compraste. ¿No te gusta? —le pregunté.
Arrojó el correo sobre la mesa y se acercó a mí. —Prácticamente
estás mostrando los pechos. ¿Quieres que todos mis colegas crean que eres
una puta? Dios, a veces es como si ni siquiera tuvieras un maldito cerebro.
Con una mano temblorosa, extendí la mano y presioné mi palma
sobre el escote minúsculo que se podía ver asomándose desde la parte
superior del vestido.
Siempre era mejor no decir nada cuando William estaba en uno de
esos estados de ánimo. Ya debía saberlo, pero no pude evitarlo. Necesitaba
saber por qué estaba tan enojado.
—No estoy mostrando mucho. Este vestido es muy conservador en
comparación con lo que usarán las otras esposas.
El golpe en mi estómago fue rápido y me dejó sin aliento. Luego de
inclinarme, agarré mis manos por mi cintura y luché para que entrara aire
en mis pulmones mientras trataba de no llorar. William odiaba cuando yo
lloraba.
—Sube las escaleras y cámbiate. Hazlo rápido. Llegaremos tarde por
tu culpa.

—Gwen. ¡Oye, GWEN!


El sonido de mi nombre me aleja del pasado y pestañeo hacia el
objetivo. Austin se ha movido de su lugar apoyado contra la encimera y
está de regreso en mi espacio personal. La preocupación en su rostro es
evidente y miro mis manos cuando siento algo caliente y húmedo sobre
ellas.
El café. Mierda, derramé el café.
Austin extiende la mano suavemente y saca la taza ahora medio
vacía de mis manos temblorosas, colocándola en mi escritorio.
—¿A dónde fuiste hace un momento? —me pregunta en voz baja,
sacando pañuelos de papel de la caja de mi escritorio y limpiando lo
18 derramado de mis manos.
Miro con asombro mientras acaricia suavemente mis manos. Ha
pasado tanto tiempo desde que alguien me cuidó. También ha pasado un
tiempo desde que tuve uno de esos horribles recuerdos. Los eché a todos
tan pronto llegué a la casa de Brady esa noche hace tantos meses. No me
dejaba pensar en ellos. Estaba lo suficientemente destrozada; pensar en
todas las formas en que yo era una tonta empeoraría las cosas.
Cinco minutos en la compañía de Austin y revivo el pasado. Con
enojo, quito mis manos de la suya propia y termino de limpiar mis manos
por mi cuenta.
—Está bien. No necesito tu ayuda.
Alejándome de él, me acerco al cubo de basura y tiro los pañuelos.
—Te distrajiste y te volcaste encima el café caliente. Deja de ser tan
tercamente obstinada —responde.
Antes de que se me ocurra un buen insulto que lo hará dejarme en
paz, la campana sobre la puerta vuelve a sonar y la única palabra que
hace que todo sea mejor se grita desde el otro lado de la habitación.
—¡Mamá!
3
Traducido por Umiangel
Corregido por Naaati

Austin
No debería haberla llamado princesa. Eso fue una actitud de idiota,
pero me está haciendo enojar. ¿Por qué es tan difícil para ella aceptar el
hecho de que Brady me quiere aquí y que no voy a ir a ninguna parte?
Quién sabe qué carajo la hizo perder el control, le temblaron las manos
y se derramó el café caliente encima. Toda esa irritabilidad embotellada
en su diminuto y bien dotado cuerpo probablemente haya provocado un
cortocircuito en su cerebro. Tengo que recordar no volver a insultarla. La
próxima vez podría tirarme la taza a la cabeza.
Antes de que pueda volver a intentar razonar con ella, mis ojos se
19 abren de par en par por la sorpresa de una versión en miniatura de Gwen
que entra corriendo en la oficina y se lanza sobre la mujer cuyo culo había
estado mirando cuando se agachó para tirar el kleenex.
—¡Hola, bebé! ¿Cómo estuvo tu día? —le pregunta Gwen a la niña
a la vez que la toma en sus brazos y le da besos en la cara.
Una mujer mayor, de la que no me he percatado que iba detrás de
la niña, se sitúa a un lado con una mochila rosa en las manos.
—¡Te hice un dibujo en casa de la señorita Karen y pude ver una
película de princesas! —responde la niña con entusiasmo.
Gwen la abraza con fuerza y luego se vuelve hacia la mujer.
—Gracias por traerla, Karen.
—No hay problema. Te veré mañana —responde la mujer antes de
dejar la mochila en el suelo—. ¡Adiós, Emma!
La niña gira en brazos de Gwen y se despide. —¡Adiós, señorita
Karen!
Cuando la mujer se va, Gwen deja a la niña e inmediatamente se
acerca a mí.
—¿Quién eres tú? —pregunta, mirándome.
—Iba a preguntarte lo mismo.
Miro a Gwen con mi ceja levantada. ¿Cómo demonios Brady nunca
mencionó que su hermana tuvo un hijo? No me gustan los niños. Son
pequeños y ruidosos.
—Este es el señor Austin. Ya se iba —dice Gwen, mirándome fijo.
Sí, no lo creo.
—Austin es la capital de Texas. ¿Te gusta el rosa? Mi color favorito
es el rosa.
Agachándome para ver mejor a la pequeña mocosa, veo que tiene
exactamente los mismos ojos grises que su madre, las mismas pecas
sobre su nariz y el mismo cabello castaño oscuro. Gwen, sin embargo, se
agregó algunos mechones azules y morados, y no voy a mentir, se ve muy
sexy.
—Eres muy inteligente para ser pequeña. ¿Cuántos años tienes,
doce o algo así?
Al levantar la vista, veo que Gwen me da una muy mala mirada.
—Eres gracioso —dice Emma con una sonrisa—. Tengo seis. Mi
mamá dice que soy muy inteligente. ¿Eres inteligente? ¿Tienes trabajo?
Gwen resopla y ahora es mi turno de echarle un vistazo antes de
mirar a Emma. —Soy muy inteligente. Y también soy de la marina, lo que
me hace un jodido genio.
Emma extiende su mano frente a mí y golpea su pie contra el suelo.
—Un dólar, por favor.
20 Poniéndome completamente de pie, la miro con confusión. —Este,
¿un dólar para qué?
—Un dólar para el frasco de groserías. Dijiste una mala palabra.
Cada vez que mi madre dice una mala palabra, consigo un dólar para mi
fondo universitario —responde Emma sin perder el ritmo.
Ay, mierda. Vale. Se supone que no se debe decir groserías delante
de los niños.
Con un suspiro, busco en mi bolsillo trasero y saco mi billetera,
pagando cinco. —Toma, guarda el cambio. Estoy seguro de que te llevaré
a la universidad en poco tiempo.
Emma arrebata el billete de mi mano y corre hacia Gwen. La
señorita perfecta probablemente nunca maldice delante de su hija. Y
ahora tiene algo más que añadir a su interminable lista de razones por
las que me odia y no me quiere aquí.
—¡Mira, mamá! Tengo cinco dólares. Eso hace un total de...
Observo mientras Emma intenta calcular en su cabeza, frunciendo
el ceño y pensándolo mucho. Sería lindo si pensara que los niños son
hermosos. Pero no. En absoluto.
—Eso te da un total de sesenta y dos dólares —dice Gwen en voz
baja.
No puedo evitar la carcajada que explota de mí. —Bien, bien, bien.
Parece que alguien tiene la boca muy sucia.
Gwen resopla, quitándole los cinco dólares a Emma y metiéndolos
en el bolsillo delantero de sus jeans. —Estás olvidando que vivimos con
mi hermano. El tío Brady no está acostumbrado a vivir con una niña
pequeña, ¿verdad, Emma?
Emma se ríe y niega con la cabeza. —La semana pasada me diste
veinte dólares cuando intentabas arreglar la fuga debajo del fregadero de
la cocina. Y la semana anterior me diste diez dólares cuando dejaste caer
un libro en tu dedo del pie. Y el día antes de eso…
Gwen la interrumpe colocándole la mano sobre la boca. Creo que
podría cambiar de opinión sobre los niños. Mirando a Gwen desafiante,
espero a que me explique.
Suspira. —Han sido un par de semanas malas. Emma, ¿por qué no
llevas tu mochila a la trastienda y empiezas tu tarea?
Gwen quita su mano de la boca de Emma y la niña me sonríe antes
de recoger su mochila y salir corriendo a la habitación de atrás.
Cuando Emma se va, observo como Gwen juega nerviosamente con
cosas en el escritorio de Brady. Reordena una taza llena de bolígrafos,
traslada una libreta a la esquina opuesta y endereza el calendario de
escritorio, que no necesita enderezarse, cualquier cosa que pueda hacer
para evitar mirarme.
Después de unos minutos, decido romper el silencio. —Tienes una
21 hija muy linda.
Finalmente se da vuelta para mirarme y desaparece la irritación
que ha existido desde que entré por la puerta. De repente parece pequeña
y vulnerable. Parece que por fin he encontrado la única cosa, o persona,
que puede derretir el corazón de piedra de esta mujer.
—¿Dónde está el padre? —pregunto con curiosidad.
Sé que Gwen vive con Brady y que no tiene un anillo en su dedo,
así que obviamente no hay un hombre en la foto.
—No es asunto tuyo —responde arrogantemente.
El pobre tipo probablemente no pudo soportar estar cerca de su
mala actitud por más de una noche; siento su dolor.
—Oye, solo estoy tratando de hacer conversación. Vamos a trabajar
juntos, así que es mejor que nos conozcamos —digo con una sonrisa.
—No hay nada que necesites saber sobre nosotras. ¿Y cuántas
veces te tengo que decir que no te quiero aquí? —pregunta enojada.
—Mira, me importa un bledo si me quieres aquí o no. Me quedo, fin
de la historia. Tu hermano está preocupado y debe ser por una buena
razón. No se trata solo de ti de lo que hablamos aquí. Tienes una niña,
para mi sorpresa. Si eres demasiado terca para dejar que cuide de ti, al
menos puedo vigilar a tu hija.
Observo cómo la ira enciende sus ojos ante la mención de Emma.
Sus manos se juntan en puños a sus costados y su respiración se acelera,
su pecho se agita con furia apenas oculta. —Puedo cuidar bien a mi hija
sin tu ayuda. Es mi responsabilidad y la mantendré a salvo sola, tal como
lo hecho durante toda su vida. Así que, aléjate.
Jesucristo, nunca he conocido a miembros de Al Qaeda que fueran
tan molestos.
Al menos tiene una cosa a su favor: es constantemente una perra.
Puedo soportar a la perra Gwen. Toda esa escena con ella enloqueciendo
y derramando café está fuera de mi zona de confort. Parecía muerta de
miedo e impotente. Tuve que hacer todo lo posible para no abrazarla y
decirle que todo estaría bien. Solo por eso debería salir corriendo como si
me quemara el culo. No me gustan las cosas sensibleras y reconfortantes.
Es bueno saber que parece ser el tipo de persona que preferiría masticar
su propio brazo antes de aceptar el consuelo de otra persona.
—Cariño, me puedes decir que me vaya hasta que te pongas azul.
No iré a ninguna parte hasta que Brady llegue a casa, así que quítate ese
palo del culo y acostúmbrate —digo, sentándome en la silla del escritorio
de Brady y juntando las manos detrás de la cabeza.
Con un gruñido frustrado, se da vuelta y sale corriendo hacia la
habitación de atrás.
Mientras miro su trasero con esos vaqueros ajustados hasta que
desaparece de mi vista, no me puedo evitar preguntar cuál es su maldito
problema. ¿Cómo es posible que alguien tan pequeña esté llena de tanta
22 arrogancia? Al menos algo bueno saldrá de que sea tan zorra: no tendré
la tentación de acostarme con ella en breve. Prefiero que una mujer use
su lengua conmigo para el placer, no para hacerme sentir miserable con
sus latigazos verbales.
4
Traducido por Andi
Corregido por Naaati

Gwen
—Vamos, idiota, dame el dinero.
Miro fijamente a través del zoom de mi cámara al señor Bradford,
de pie en el aparcamiento de un concesionario de Harley Davidson. El
hombre, un capataz de cincuenta y dos años de edad en una planta local
de fabricación de automóviles, “se resbaló y se cayó” en el trabajo y ha
estado cobrando la indemnización del trabajador durante las últimas
cuatro semanas. Supuestamente, la caída que sufrió en el lugar, le afectó
dos discos en la espalda que le causaron un dolor extremo. Es extraño
que alguien que supuestamente sufre tanto dolor que no puede trabajar,
23 esté pensando en comprarse una moto.
Bajo circunstancias normales, el simple hecho de comprarse una
motocicleta no sería motivo de alarma, pero si este idiota se sube a ella y
se marcha, es pan comido. Mientras espero que el señor Bradford negocie
con un vendedor, no puedo evitar pensar en el día anterior en la oficina.
No puedo creer que Brady haya tenido el descaro de enviar a Austin a
vigilarme sin decírmelo. Lo voy a matar. Entiendo por qué lo hace, ha
estado nervioso desde que le dije que iba a pedir el divorcio, pero esta no
era la manera de calmar sus nervios. Si William no ha intentado ponerse
en contacto conmigo a estas alturas, dudo que lo haga alguna vez. Que
Austin me esté vigilando todos los días hasta que Brady regrese solo va a
empeorar las cosas. No sé qué tiene él que me pone tan nerviosa y no me
gusta. No me gusta que un minuto desee quitarle la mirada de suficiencia
de la cara y al siguiente, besarlo. Está muy bueno, eso es innegable. Su
cuerpo parece tallado en piedra y me hormiguean los dedos por tocar los
músculos de su pecho. Estos sentimientos contradictorios me enojan y
no puedo evitar ser una zorra total a su lado para que se vaya y no tenga
que preocuparme por lo que siento. No tengo nada que hacer con ningún
hombre, y menos con un amigo de mi hermano.
No pude evitar sentirme un poco herida cuando supe que Austin
no tenía idea de mi hija. No puedo creer que Brady nunca se lo hubiese
mencionado. Supongo que no debería sorprenderme tanto, ya que Brady
ni siquiera lo supo hasta que me presenté en su apartamento hace unos
meses. Que le haya dado la espalda todos esos años cuando se fue a la
marina le había dolido profundamente, pero yo fui la que se quedó atrás
para lidiar con nuestros padres día tras día. Yo fui la que cargó con todas
las expectativas en ausencia de Brady. No pude huir como él, no hasta
que tuve una hija propia y supe que haría lo que fuera necesario para
mantenerla a salvo.
En realidad, no me sorprendió la mirada de Austin cuando Emma
entró corriendo en la oficina. Los hombres como él los hay por docenas.
Intentan seducirte hasta que se enteran de que eres una madre soltera y
entonces se largan. Y sin embargo, Austin se tomó el tiempo para hablar
con Emma. Estoy segura de que era una táctica para engatusarme y que
accediera a dejarle quedarse en la oficina.
Emma tenía un millón de preguntas para mí después de dejar a
Austin, y esas preguntas llevaron a preguntas sobre su padre. Por qué
no llama ni viene de visita, si la echa de menos, si puede escribirle una
carta... Desde que dejé a William, no he hecho más que cuestionar mi
decisión. A pesar de que hizo todo lo posible para destrozarme, siempre
fue un padre decente para Emma. Nunca le puso una mano encima y
hasta la noche en que me fui, siempre se aseguró de que nunca estuviera
cerca cuando su ira se salía de control.
Tal vez haya pasado suficiente tiempo... tal vez el hecho de que no
esté impugnando el divorcio sea prueba suficiente de que le parece bien
que lo dejara y pueda volver a formar parte de la vida de Emma. Nunca
quise alejarla de él, pero no sabía qué más hacer. No podía sobrevivir un
24 día más con él. Sabía que si pasaba incluso una hora más en la misma
casa que él, no quedaría nada de mí.
Mi teléfono móvil suena y, sin apartar la cámara de mi cara, meto
la mano a ciegas en la consola central y contesto.
—Hola, Gwendolyn.
El sonido de la voz suave y culta de mi madre me hace sentarme
derecha para no estar encorvada. Incluso después de meses de haberme
alejado de su presencia, mi respuesta automática a su voz sigue siendo
la misma.
—Madre, esto es una sorpresa. No esperaba saber de ti hasta la
próxima semana —digo.
Aunque me fui de la ciudad sin decir nada a nadie y nunca les dije
a mis padres adónde iba, durante el último mes, más o menos, me puse
en contacto con mi madre. Decir que Brady se enojó es un eufemismo.
No se fiaba de ellos en absoluto. Cuando se enteraron de que él quería
entrar en el ejército en lugar de seguir los pasos de nuestro padre y
convertirse en abogado, prácticamente lo repudiaron y no ha vuelto a
hablar con ellos. Por muy disgustada que esté con ellos por haberme
empujado hacia William y por no haber creído nunca mis acusaciones de
abuso, siguen siendo mis padres. Necesitaba al menos hacerles saber que
Emma y yo nos encontrábamos vivas, aunque no pudiera decirles dónde
estábamos.
—Lo sé, pero quería darte algunas noticias —contesta mi mamá—.
Creo que es hora de que pongas fin a esta tontería y vuelvas a casa. Aquí
suceden cosas que debes solucionar.
Hay una razón por la que hablo con mi madre cada dos semanas.
Solamente puedo soportar cierta parte de su culpabilidad y su negativa
a comprender la vida que dejé atrás.
Ignoro su demanda de volver a casa.
—¿Qué sucede?
Suspira y si estuviera en la misma habitación, estoy segura de que
estaría sentada en la isla en la cocina con los dedos en las sienes, como
si lo que me tiene que decir le estuviera causando un gran problema de
estrés.
—Lamento ser quien te diga esto, pero William está saliendo con
alguien.
Hace una pausa dramática y estoy segura de que espera que me
ponga a llorar o me enfurezca por la injusticia de todo esto. Al escuchar
la noticia, no siento nada. Absolutamente nada. Definitivamente no estoy
triste. En todo caso, me siento revivida. El hecho de que me haya dejado
en paz todo este tiempo ahora tiene más sentido.
—¿Me oíste, Gwendolyn? Te dije que William está saliendo con otra
persona —reitera.
25 —Te escuché, madre. No estoy muy segura de lo que esperas que
diga. He solicitado el divorcio. Es libre de salir con quien quiera —le
recuerdo, apartando la cámara de mi cara y apoyando mi cabeza en el
respaldo del asiento.
—Ya has dejado claro tu punto de vista. Los dos tuvieron algunos
problemas y te fuiste. Comprensiblemente le duele tanto que necesitaba
consuelo. Es hora de que vuelvas a casa y resuelvas las cosas. Tienes que
dejar de pensar en ti de una vez y recomponer tu familia —dice.
Respiro profundamente para calmarme antes de responder. No voy
a conseguir nada gritándole. No importa cuántas veces intente explicarle
las cosas, nunca me escucha; nunca me oye. Está tan enamorada de la
idea de que estoy casada con uno de los mejores cirujanos de Nueva York
y del prestigio que conlleva, que ni siquiera le importa que su única hija
haya pasado año tras año en su propio infierno privado.
—Si así es como van a ir nuestras conversaciones cada vez que
hablamos, entonces no veo la necesidad de seguir aguantando esto cada
dos semanas. Ya sabes por qué me fui; pero no lo quieres aceptar. No voy
a regresar a casa, madre. Y si quieres continuar en la vida de tu nieta,
respetarás mis deseos y dejarás de intentar hacerme sentir culpable.
Odio usar a Emma contra ella, pero a estas alturas, es la única
forma de hacerle ver la razón.
—No hay necesidad de ser así, Gwendolyn. Por supuesto que quiero
estar en la vida de Emma y en la tuya también. Simplemente no entiendo
todas estas tonterías —responde con un suspiro.
—Y aquí radica nuestro problema. Que tu marido te humille con
sus palabras y sus puños durante diez años no es una tontería. Mira,
tengo que irme. Le diré a Emma que te llame la semana que viene.
Termino la llamada antes de que pueda decir nada más, arrojando
el móvil con rabia sobre el asiento del copiloto y acercando de nuevo la
cámara a mi cara. Aparto las palabras de mi madre de mi mente cuando
veo al señor Bradford pasar su pierna sobre el asiento de una flamante
Harley. El clic del disparador resuena en mi coche a la vez que le saco
más de cincuenta fotos arrancando la moto, saliendo del concesionario y
marchando a toda velocidad por la calle.
Una vez que lo pierdo de vista, alejo la cámara de mi cara y reviso
rápidamente las fotos. Deberían ser lo suficientemente buenas como para
que la fábrica las lleve a su abogado y ponga fin a sus pagos semanales
al señor Bradford. Un hombre con tantos problemas y con tanto dolor no
debería poder conducir una Harley.
No hay nada como la sensación de cerrar un caso. Cuando Brady
me pidió por primera vez que ayudara en la oficina, no tenía ni idea de lo
que estaba haciendo. Ahora, salgo a trabajar y hago investigaciones por
mi cuenta. William nunca me dejó tener un trabajo. Se empeñó en que
me quedara en casa y estuviera a su disposición. Poder ir y venir a mi
antojo y tener un trabajo que me gusta es la mejor sensación del mundo.

26 Dejo la cámara en el asiento del copiloto, arranco el coche y manejo


unas manzanas hasta la tienda de comestibles para comprar unas cosas
antes de que Emma vuelva del colegio. Mientras camino por los pasillos,
echando cosas al azar en el carro, me detengo en el pasillo de las sopas
cuando algo hace que se me erice el vello de la nuca. La abrumadora
sensación de ser observada me invade y giro la cabeza con nerviosismo.
Soy la única en el pasillo. Sacudo la cabeza por mi insensatez y me doy
la vuelta, empujando mi carro hacia el siguiente pasillo. La sensación de
que me siguen persiste y me froto la piel de gallina de los brazos, mirando
por encima del hombro cada pocos minutos.
Posiblemente sea por la conversación que he tenido con mi madre.
Pensar en William siempre me deja inquieta. Que haya tenido que poner
mi paradero en los papeles del divorcio no significa que él vaya a venir a
buscarme. Mi abogada me aseguró que aceptó el divorcio sin rechistar y
dijo que haría todo lo que yo le pidiera para que las cosas sucedieran sin
problemas y sin difusión. Es consciente de que, en cualquier momento,
podría delatarlo ante sus colegas como un maltratador. Su reputación
nunca se recuperaría.
Dejando a un lado los nervios, cargo el coche con las bolsas de la
compra y me dirijo a casa con Emma. Otra llamada a mi abogada para
asegurarme de que William sigue en Nueva York no estaría de más.
5
Traducido por Gisenid
Corregido por Naaati

Austin
Hace unos meses, Brady me entregó una llave extra en caso de
emergencia. Nunca imaginé lo feliz que estaría de tenerla. Pero llegar a la
oficina una hora antes que Gwen tenía sus beneficios, como, por ejemplo,
husmear entre sus archivos. No quería saber solo en qué trabajaba Brady
sino ver qué tipo de “problemas personales” tenía su hermana. Estaba
seguro de que no guardaba una lista de dichos problemas en el cajón de
su escritorio. Aunque nunca se sabía.
Mi celular vibró, haciendo que se desplazara por el escritorio. Me
apresuré a cogerlo.
27 —Hola, idiota. ¿Qué tal la vida de campo?
Me reí cuando escuché la voz de Cole Vargas al otro lado de la línea,
el cuarto miembro de nuestro equipo SEAL. Luego de nuestra misión en
República Dominicana el año pasado, se tomó una licencia obligatoria
para curar sus heridas. Fuimos allí para ayudar a Garret, otro hermano
del ejército, a rescatar al amor de su vida y su mejor amiga, Parker. Fue
raptada por un asqueroso hijo de perra, y cuando llegamos se encontraba
muy mal herida. Mientras estuvo en el hospital, se hizo amiga de una de
las enfermeras llamada Olivia. Cole y la susodicha se enamoraron y se
fueron a vivir a California donde todavía trabaja como enfermera.
Aunque disfruta de su vida en Cali junto a su mujer, nunca ha sido
el mismo luego de nuestra incursión en República Dominicana. Presenció
el asesinato de dos de sus mejores amigos de la Academia Naval. Ha dado
la imagen de estar feliz con su nueva y pacifica vida de playa. Pero lo
conozco bien. Sé que nunca va a ser feliz hasta que las personas que
mataron a sus amigos estén tres metros bajo tierra. Las pocas veces que
traje a colación el tema, terminamos discutiendo fuertemente. Entonces,
por ahora fingimos que no es un problema. Sin embargo, uno de estos
días, va a dejar salir todo lo que lleva acumulado en su interior.
—No estoy en el medio del desierto a cuatro mil grados con una
mochila a mi espalda y con una M-16 en las manos, pero servirá —admito
con una risita.
—No puedo creer que renunciaras a una misión de reconocimiento
en Irak solo para ser la niñera de la hermana de Brady. ¿El estado de
Tennessee te ha cortado un trozo de tu pequeño cerebro?
Ignorando la pulla de Cole, me pregunto cómo demonios sabe que
debía ir a Bagdad y que, en cambio, rechacé la orden para tomarme un
descanso.
—¿Te importaría decirme cómo es que tu trasero civil sabía lo de
Irak? —pregunto reclinándome en el asiento de Gwen y poniendo los pies
sobre el escritorio.
—Puede que haya hablado o no con Risner el otro día.
Oír que Cole habló con nuestro capitán es más que sorpresivo. Lo
último que supe es que quería olvidarse de la marina y disfrutar de su
mujer. Sabía que solo sería cuestión de tiempo antes de que volviera.
—¿Y qué tiene que decir Olivia al respecto? —pregunto.
Sinceramente, Olivia Laferriere es la mujer más agradable que he
conocido. Además, no aguanta tonterías de nadie y se las arregla sola en
una habitación llena de SEALS, pero sé que es la razón principal de la
baja de Cole. No le gusta la idea de que su hombre vaya a lo desconocido
y que posiblemente nunca vuelva a casa.
—Olivia no lo sabe —responde Cole después de unos momentos de
28 silencio.
Bueno, eso lo explica todo.
—Suficiente de mí. En serio, ¿qué rayos haces en Tennessee?
Exhalando un suspiro, le explico que recibí una llamada telefónica
de Brady.
—Eh… ¿y eso es todo? ¿Se supone que solo tienes que sentarte y
vigilar a Gwen? De repente, estar sentado en el muelle mirando el océano
es mucho mejor comparado con lo que estás haciendo —se ríe.
—Púdrete. Hablando de Gwen, ¿qué sabes de ella?
Cole y Brady fueron al mismo instituto. Nunca se me ocurrió hasta
ahora que probablemente debería haberle preguntado qué pasaba con
ella. Brady solo me diría lo que necesito saber y es obvio que Gwen no va
a dar su brazo a torcer.
—Hace tiempo que no la veo. Era unos años menor que nosotros
así que nunca nos relacionamos —explica—. Era muy callada y tímida.
Tenía el cabello rubio y tan largo que le llegaba al trasero. Hacía todo lo
que le decían sus padres. Se casó con un médico importante en Nueva
York y se convirtió en la socialité que su madre siempre quiso que fuera.
¿Estamos hablando de la misma persona? La Gwen que conozco
tiene mechones de cabello de color morado y azul, un piercing en la nariz
y una boca de camionero. Eso está muy lejos de ser una escaladora social
lameculos.
—Me sorprendió escuchar que dejó la ciudad con su hija hace unos
meses y no le dijo a nadie —continúa Cole—. Definitivamente, no es algo
que haría la Gwen que conozco.
Jesucristo, ¿en qué rayos me ha metido Brady? Aunque le quiero
hacer una infinidad de preguntas, se siente mal fisgonear en la vida de
Gwen sin su consentimiento. Preferiría que ella me dijera que demonios
está pasando. Termino la llamada con Cole, haciéndole prometer que me
avisará en cuanto decida qué demonios piensa hacer con su vida.
Cuarenta y cinco minutos más tarde, después de ordenar todos los
expedientes de los clientes en el escritorio de Gwen, me aburro de estar
sentado esperando a que venga a trabajar, así que me dirijo a la sala de
atrás, donde sé que Brady tiene un saco colgado del techo y una pila de
pesas libres.
Me envuelvo las manos con la cinta de boxeo que Brady ha dejado
en el suelo junto a las pesas y descargo mis frustraciones en el saco,
dándole una paliza hasta que empiezo a sudar. Estuvo bien volver a
hablar con Cole, pero hacerlo siempre me trae malos recuerdos que es
mejor dejar enterrados. Con cada golpe al saco, escenas del pasado pasan
por mi mente.
—Vargas, hombre, están muertos. ¿Tenemos que dejarlos?
29 Puñetazo.
—Tienes que recomponerte. ¡Tenemos que largarnos de aquí!
Puñetazo. Puñetazo.
—No puedes salvarlos. Ambos recibieron una bala entre los ojos. No
voy a dejar que eso te pase a ti, así que levántate de una puta vez y
vámonos.
Puñetazo. Puñetazo. Puñetazo.
Apartando los recuerdos, golpeo la bolsa con tanta fuerza que me
escuecen las manos y me arden los músculos de los brazos, pero no
importa. El dolor de mi cuerpo me quita el dolor de mi corazón al ver a
uno de mis mejores amigos totalmente perdido en el campo, acunando el
cuerpo muerto de uno de sus amigos hacia él y meciéndose de un lado a
otro aturdido. Necesito la distracción de estar aquí, ayudando a Brady,
para poder olvidar cómo uno de los SEAL más fuertes que he conocido se
derrumbó y no ha vuelto a ser el mismo desde entonces.
—¿Qué rayos haces aquí?
Al oír la pregunta enojada de Gwen, mi brazo se detiene a mitad de
dar un golpe. Ni siquiera la he oído entrar. Joder, me estoy volviendo loco.
Soy un SEAL, se supone que la gente no puede acercarse sigilosamente
a mí. Es como una maldita ninja.
—Estuve trabajando y me aburrí de esperarte —respondo, mirando
mi reloj—. Llegas quince minutos tarde.
Deja su bolso sobre la mesa junto a la puerta y se acerca al otro
lado del saco pesado. Lleva su uniforme habitual de vaqueros y una
camiseta de manga larga que le ciñe el cuerpo. Por una vez me gustaría
verla con algo escaso que muestre un poco de piel y mucho escote.
Mierda, necesito echar un polvo.
—¿Cómo demonios entraste aquí? —pregunta con enojo mientras
empiezo a quitarme la cinta de las manos.
Ignoro su pregunta.
—He pasado la mañana poniéndome al día. Tienes buenas fotos de
Bradford en la Harley.
Me mira y sonrío.
—Creí que acordamos que me dejarías en paz —se queja, cruzando
los brazos sobre su pecho.
—No acordamos nada. Mantuve la boca cerrada para que dejaras
de fastidiarme. Si lo prefieres, puedo ir a recoger a tu hija al colegio y
enseñarle algunas palabras nuevas.
Ella grita de frustración y sale de la habitación. Tiro la pila de cinta
adhesiva a la papelera y la sigo hasta su escritorio.
—¿Revisaste mis archivos? —pregunta con irritación, hojeando las
carpetas en su escritorio.
30 —Ya que voy a trabajar aquí, tengo que ver lo que estás haciendo.
Don Bradford es un mentiroso de mierda, April Marcum es una puta infiel
y Chris Speedman gana suficiente dinero para empezar a pagar por fin la
manutención de su mujer.
Me ignora, apilando y volviendo a apilar todos los archivos ya que
obviamente no los he vuelto a colocar tan perfectamente como los dejó,
así que continúo: —También revise el calendario. Parece que hoy tenemos
una vigilancia para atrapar a otro cónyuge infiel. ¿Quieres conducir tú o
lo hago yo?
Gwen finalmente deja de jugar con los archivos y resopla.
—No vas a ir conmigo.
Le sonrío. —Bien, te acompañaré a tu cita en la peluquería para
asegurarme de que no haces algo estúpido como volver a ser rubia.
Uy. Se supone que no sé eso.
Levanta la cabeza y me mira con los ojos muy abiertos.
—¿Cómo carajos sabes que era rubia?
Me encojo de hombros. No tiene sentido explicarle que Cole reveló
algunos de sus secretos. Prefiero que asuma que estoy detrás de ella.
—Es una corazonada. Que conste que me gusta el azul y el morado.
Es sexy y te hace ver como si pudieras patear algunos traseros. Parecerías
una esposa de Stepford si fueras rubia —digo con una risa, esperando
que el comentario la haga admitir algo del pobre tipo que dejó en Nueva
York.
Sus hombros pierden la tensión y me pregunto si está bajando la
guardia. Ladea la cabeza y me mira fijamente con esos preciosos ojos
grises y se pasa los dedos por el pelo oscuro hasta los hombros, cohibida.
Mi polla se pone en guardia cuando pienso en cómo se sentiría ese pelo
rozando mis muslos.
Oh, ¡no! No habrá nada de esa mierda. Es hora de echarle un poco
de agua fría a todo.
—Ya sabes que mi trabajo es averiguar cosas, ¿verdad? Sé que te
escapaste de Nueva York con el rabo entre las piernas y que te has
escondido aquí con tu hermano. ¿Qué ha pasado? ¿Mamá y papá no te
prestaron suficiente atención? O tal vez el tipo que dejaste atrás decidió
finalmente que no valías la pena y te echó a la calle.
La suavidad de sus ojos desaparece inmediatamente y es sustituida
por el dolor. Tengo un momento de arrepentimiento por haber dicho lo
que dije, pero no tengo tiempo para estas tonterías. Podemos seguir con
este estúpido jueguito o ella puede decirme qué coño está pasando y por
qué estoy aquí en lugar de salir en una misión donde hay un peligro real.
En lugar de lanzarme un comentario sarcástico como suele hacer,
Gwen se aparta de mí y se dirige a la puerta.
31 —Tengo que hacer unos recados. Puedes sentarte en el escritorio
de Brady y revisar sus archivos hasta que llegue la hora de salir dentro
de unas horas.
Y así, sin más, me excluye. Supongo que debería haber seguido mi
primer instinto y continuar interrogando a Cole sobre ella. Habría sido
mucho más fácil que intentar sacarle la verdad a Gwen.
6
Traducido por Zara1789
Corregido por Naaati

Gwen
Después de una hora de pasear por el centro de Nashville evitando
a Austin por un rato, por fin decido tomar coraje y regresar a la oficina
para enfrentarlo. Por un momento es un arrogante, pero al siguiente está
elogiando mi pelo y haciéndome sentir especial. Luego vuelve a ser un
imbécil al hacer ese comentario sobre “mamá y papá” y la pulla sobre mi
relación con William. Fui tonta al creer que no miraría mis antecedentes
y que podría echarle fácilmente. Al menos no lo sabe todo. Tal vez se lo
debería decir, eso ciertamente lo callaría. Contarle que hasta la noche en
que me fui, mi esposo solo me golpeaba en lugares donde nadie podía ver
los hematomas, informarle que a mis padres no les importa lo que ese
32 pobre hombre me hizo pasar, siempre y cuando yo vuelva a casa para que
no se vean mal frente a sus amigos.
Por mucho que quiera borrar esa mirada petulante de la cara de
Austin, no quiero verla reemplazada por piedad. Cada día que me miro al
espejo me preocupa lo que ve la gente, lo que ve mi hija. Quiero que esté
orgullosa de mí por las decisiones que tomé y quiero ser fuerte para ella.
No puedo hacer eso si estoy rodeada de gente que siente pena por mí. Es
por eso que nunca le he contado a Brady todo lo que sucedió. Aparecer
en su casa en medio de la noche con la mandíbula y las costillas rotas, y
un brazo destrozado era más que suficiente verdad.
Cuando estoy a una manzana del edificio, mi teléfono vibra en mi
mano. Al comprobar la pantalla, veo que es Karen.
Brady me presentó a Karen, que vive al otro lado del pasillo de su
apartamento en el mismo edificio, justo después de que Emma y yo nos
mudáramos. Es una viuda jubilada de unos sesenta años que crió a seis
hijos que ahora están dispersos por todo el país. Emma se encariñó de
inmediato y Karen aprovechó la oportunidad para cuidarla durante el día
mientras trabajamos con Brady. La mayoría de los días se niega a aceptar
mi dinero y me dice que Emma la mantiene joven y alivia su soledad, lo
que es suficiente pago. Karen fue un salvavidas cuando trabajaba como
camarera luego de que llegué aquí y apenas tenía donde caerme muerta.
—Hola, Karen, ¿qué pasa? ¿Emma se encuentra bien? —pregunto
mientras espero en el paso de peatones para que cambie el semáforo.
—Hola, querida, Emma está bien. Acabamos de llegar a casa de
unas pocas horas agotadoras en el parque. La pobre se durmió tan pronto
como se sentó en mi sofá —me cuenta con una sonrisa.
El semáforo cambia y miro a ambos lados antes de cruzar la calle,
sonriendo cuando me imagino a Emma hablando a la oreja de Karen y
luego quedándose frita a mitad de la frase.
—Odio preocuparte, pero te prometí que te haría saber si sucedía
algo extraño mientras Emma estaba conmigo —dice Karen, y todo el buen
humor desapareció de su voz.
Me detengo en el medio de la acera y mi mano agarra el teléfono
con fuerza. Karen me vio varias veces en el pasillo de nuestro edificio de
apartamentos justo después de que apareciera en la puerta de Brady en
el medio de la noche. Vio los hematomas y el yeso, pero no hizo ninguna
pregunta. Cuando aceptó cuidar a Emma un mes más tarde, tomó mis
manos entre las suyas y me dijo que no siempre sería tan difícil. Me dijo
que nunca fisgonearía en mi vida personal, pero si alguna vez necesitaba
a alguien con quien hablar, siempre estaría disponible. Pero por mucho
que quisiera confiarle mis secretos, no podía. Ya fue muy difícil confiar
en otra persona con mi hija. Sin embargo, sí le pedí que me avisara si
ocurría algo extraño cuando estaba con Emma. No importaba si era un
detalle o si parecía que no era nada, me lo debía decir enseguida. Karen
estuvo de acuerdo sin preguntar. Con cada día que la conozco más, deseo
que mi madre pudiera mostrar incluso la mitad de la compasión que ella.
33 —¿Qué pasó? —pregunto con voz temblorosa.
Suspira. —Al principio creí que no era nada. Emma jugaba en los
columpios y yo estaba a unos metros en un banco mirándola. Después
de un rato vino corriendo y me dijo que un hombre la observaba. Cuando
me señaló la ubicación, no había nadie allí. Me limité a atribuirlo a su
pequeña imaginación enloquecida y la mandé de vuelta a jugar. Cuando
volvíamos a casa, noté que un coche avanzaba lentamente por la calle.
No pensé que fuera nada hasta que el auto pasó rozándonos otra vez y
me di cuenta de que había visto el mismo coche estacionado cerca del
parque cuando llegamos allí.
No puedo evitar que me tiemblen las manos.
—¿Viste quién conducía?
—No distinguí si era un hombre o una mujer, llevaba gorro y gafas.
No estoy segura de que sea la misma persona que Emma vio en el parque,
pero pensé que sería mejor decírtelo —responde Karen.
Es un milagro que pueda hablar sin llorar, pero logro agradecérselo
y decirle que llegaré a casa temprano del trabajo. En este momento solo
puedo pensar en llegar a casa con mi bebé y abrazarla. Odio hacerle esto
a Emma, pero por el momento, tendrán que suspenderse los viajes al
parque. Puede que sea solo una coincidencia, pero no puedo arriesgarme.
Respirando hondo y elevando la barbilla, me tomo unos momentos
para calmar mi corazón acelerado, abro la puerta de la oficina y entro,
aquietando mis nervios alterados por la llamada telefónica de Karen y
preparándome para enfrentar cualquier cosa que me arroje Austin. Me
detengo en seco cuando veo la oficina vacía. Sin embargo, la habitación
desocupada no es lo que hace que mi corazón se acelere y me tiemblen
las manos. En el borde de mi escritorio, hay cinco tazas de café, cada una
dada vuelta para que sus asas estén orientadas en la misma dirección.
Esas tazas no estaban en mi escritorio cuando me fui hace una hora, e
incluso si lo estuvieran, nunca las colocaría así una al lado de la otra. Me
siento como una tonta por estar aquí entrando en pánico por un par de
tazas, pero es imposible no hacerlo cuando pienso en un día en particular
hace tantos años...

Cuando terminé de vaciar el lavavajillas, caminé hacia la nevera y


saqué los ingredientes para un sándwich. Supuse que como hoy William
trabajaba desde casa, le haría el almuerzo y se lo llevaría arriba a su
oficina. Encendí la radio conectada debajo de uno de los armarios de la
cocina y empecé a tararear la música mientras preparaba su plato favorito:
salchichón a lo suizo con mostaza.
No me había dado cuenta de que William había entrado en la cocina
hasta que escuché el ruido de un vaso rompiéndose contra la encimera de
la cocina. Salté y me giré, dejando caer el cuchillo cubierto de mostaza al
suelo.
—¿Qué diablos es este desastre? —preguntó William, sosteniendo la
34 puerta del armario junto al microondas abierto.
Rápidamente me incliné para recoger el cuchillo y lo tiré al fregadero
mientras me dirigía hacia él para ver por qué estaba tan enojado. Miré los
estantes del armario, llenos de tazas de café.
—A-acabo de vaciar el lavavajillas, están todos limpios —dije en voz
baja, confundida de que tal vez uno sucio estuviera allí por error.
En un instante, su mano me rodeó la nuca en un apretón doloroso
mientras empujaba mi cara más cerca de los estantes.
—Las asas no están orientadas hacia afuera. ¿Cuántas malditas
veces te tengo que decir que todas las asas deben estar orientadas de la
misma manera? —grita.
Una vez bromeó sobre ello. Una vez, cuando nos casamos, preguntó
si era demasiado trabajo dar la vuelta a las tazas de café para poder coger
las asas. Nos reímos. Aquí mismo, en este mismo lugar, nos reímos de su
TOC a las tazas de café y luego hicimos el amor en el suelo de la cocina.
Antes de que pudiera responder, me apartó de un empujón y empezó
a girar todas las tazas para que las asas estuvieran orientadas en la
misma dirección.
—Lo siento. Pensé que estabas bromeando —susurré.
Estaba tan confundida por sus acciones que apenas tuve tiempo de
reaccionar cuando su mano se envolvió en una de las tazas, se giró y la
lanzó contra mí. Protegí rápidamente mi rostro con mis manos y la taza de
cerámica golpeó mi mano, dándome con la suficiente fuerza para que grite
de dolor cuando ésta se estrelló contra el suelo en una pila de pedazos
rotos. Me mordí el labio para evitar que cayeran mis lágrimas mientras me
quedaba en la cocina en estado de shock y acuné mi mano dolorida contra
mi pecho. Observé a William mientras giraba todas las tazas de café en el
armario para que estuvieran en una fila uniforme.
—La próxima vez, no seas tan estúpida. Todas las asas deben mirar
en la misma dirección.

Antes de siquiera saber lo que sucede, camino sigilosamente por la


oficina y deslizo mi mano sobre la parte superior de mi escritorio. Lanzo
las tazas volando al suelo, cada una choca contra las baldosas mientras
me quedo allí temblando de furia, observando el desastre que acabo de
hacer.
—Solo porque estés enojada conmigo no significa que tienes que
desquitarte con las tazas de café.
Me doy vuelta y la sonrisa en la cara de Austin desaparece cuando
me ve.
—¿Pusiste esas tazas en mi escritorio? ¿Por qué las pusiste así? —
le pregunto frenéticamente mientras me alejo y empiezo a recoger los
pedazos destrozados.
35 Lo escucho caminar detrás de mí, pero lo ignoro.
—Las asas no pueden estar orientadas hacia afuera, no pueden —
me susurro a mí misma.
Se me hace un nudo en la garganta y parpadeo para contener las
lágrimas a la vez que recojo cada una de las piezas, apilándolas en mis
manos y sin prestar atención a los pequeños cortes que estoy haciendo
en mi piel mientras agarro fuertemente los fragmentos rotos.
Salto cuando siento las manos de Austin sobre mis hombros.
—Oye, vamos, solo son un par de tazas.
Su voz es suave y reconfortante, debería hacerme sentir mejor, pero
no es así. Sé en mi mente que no me estoy comportando racionalmente,
pero no puedo parar. Me encojo de hombros y me levanto rápidamente,
arrojando los puñados de vidrio en la papelera al lado de mi escritorio.
Miro la pila en el fondo de la papelera como en un trance y aparto con
enojo una lágrima que cae por mi mejilla. Cuando retiro la mano de mi
cara, los puntos de sangre en mi palma llaman mi atención. Extiendo mis
manos y miro sin parpadear los cortes.
—No vuelvas a hacer eso, las tazas no deben estar así —murmuro,
a la vez que un pequeño río de sangre baja hasta el borde de mi mano.
De repente, Austin se para frente a mí sosteniendo suavemente mis
mejillas con sus manos, levantando mi cabeza para que lo mire a los ojos.
Su cara se ve llena de confusión mientras observa mi rostro en busca de
respuestas. —Gwen, ¿qué diablos? No hice nada con las tazas, solo salí
a buscar café.
Echo un vistazo a mi escritorio y veo un vaso de papel de Starbucks
en el borde. Sus manos se deslizan hacia abajo de mi cara y las envuelve
alrededor de mis dos muñecas, llevándome gentilmente hacia él.
Me encuentro demasiado ocupada pensando en el pasado y en los
recuerdos que desearía poder borrar para siempre de mi mente como
para preocuparme por el hecho de que me toque.
—Dios, estás sangrando —murmura mientras deja caer una de mis
manos y pasa su brazo alrededor de mi cintura.
Mis piernas se mueven mecánicamente mientras me lleva hacia el
fregadero que hay contra la pared trasera de la oficina. No me dice una
palabra mientras sostiene mis manos bajo la corriente constante de agua
hasta que toda la sangre se ha ido por el desagüe. En silencio saca una
toalla del cajón superior al lado del fregadero y me seca suavemente las
dos manos. Observo lo que hace y tengo que contener las lágrimas.
¿Qué demonios me está pasando?
No puedo hacer esto. No puedo desmoronarme así, mucho menos
con Austin. No puedo ser esta persona débil y patética con él porque se
va a aprovechar de la situación. Ya no soy esa mujer. No me desmorono
en un abrir y cerrar de ojos y no permito que la gente me pisotee. Tal vez
36 puso esas tazas en mi escritorio como una broma, sin darse cuenta de lo
que me haría, o tal vez no lo hizo. De cualquier manera, no puedo dejar
que me cuide como si fuera un animal herido. He luchado mucho estos
últimos meses para dejar de ser una persona insegura y cobarde. Puedo
cuidarme sola.
Aparto mis manos de su agarre, me alejo y regreso a mi escritorio.
—Gwen, qué diablos acaba…
Cortándolo, levanto mi bolso y me dirijo hacia la puerta.
—Si vienes conmigo, vámonos. Tengo que estar en el motel Sunset
en veinte minutos si quiero sacar una buena foto de Connor Anderson
con su amante.
Seguro que espera una explicación de lo que acaba de suceder, pero
no va a conseguirla. Aún no entiendo qué diablos ocurrió. ¿Me asusté con
las tazas porque esa llamada de Karen me puso nerviosa, haciendo que
me pregunte si William no planea dejarnos ir tan fácilmente? ¿Y si fue él
el que siguió a Emma y Karen? ¿Qué pasa si de alguna manera descubrió
dónde trabajo y entró aquí en ausencia de Brady para meterse conmigo?
Parece absurdo que llegara a tales extremos, pero no me sorprendería.
Mientras salgo a la luz del sol de la tarde y me dirijo hacia mi coche,
espero que Austin decida quedarse en la oficina en lugar de cumplir con
su estúpida promesa a Brady de vigilarme. Necesito pasar un tiempo a
solas para llamar a mi abogada y aclarar mi mente sin que Austin me
mire como si fuera un bicho bajo el microscopio.

37
7
Traducido por Nickie
Corregido por Naaati

Austin
Hemos estado en el auto de Gwen, afuera del motel Sunset durante
veinte minutos y ninguno de los dos ha dicho una palabra. Finge que
nada pasó, pero que me condenen si sigo dejando que me aparte. Es obvio
que mi encanto y delicadeza habituales no van a funcionar. Tendré que
usar otra táctica. ¿El único problema? No sé nada sobre comunicarme
con una mujer a menos que estemos desnudos y le esté diciendo que me
folle más duro. En general obligar a alguien para que me hable en el
trabajo involucra que estén amarrados a una silla con una pistola en la
cabeza. Algo me dice que no responderá bien a ninguna de esas opciones.
38 ¿Cómo es ese viejo dicho? ¿Se atrapa más moscas con miel o una
mierda así? Tal vez si le doy un poco de mí, me dará algo de sí. ¿Acaso
esa mierda de infancia conmovedora no funciona generalmente con las
chicas?
—Este motel me recuerda a uno en el que solía vivir cuando tenía
trece. Apuesto a que incluso tienen la misma alfombra verde y manchas
de orina en el piso del baño.
Bajo la vista al asiento del pasajero y ella continúa mirando por la
ventana al balcón del segundo piso con la cámara apoyada en su regazo.
—Mi mamá adoptiva de ese entonces lo dirigía —continúo— En
realidad, fue el único lugar en el que viví que me gustaba.
Cierra los ojos durante un segundo y se da la vuelta para mirarme
lentamente. —¿De verdad viviste en un motel?
Me encojo de hombros y bajo la cabeza para mirar por el parabrisas
hacia la habitación donde Connor Anderson se encuentra actualmente
disfrutando de su chica de la semana. —Durante aproximadamente un
mes hasta que llegó el momento de mudarme a otro lugar. Le tenía que
ayudar a limpiar las habitaciones para ganarme el sustento. Ahí aprendí
todas mis estelares habilidades de limpieza.
Recostándome en mi asiento, le sonrío y me devuelve el gesto. No
le cuento la parte sobre cómo me golpeaban la cabeza si no doblaba las
sábanas correctamente o me pateaban la pierna si olvidaba poner nuevos
rollos de papel higiénico debajo de los lavabos del baño. No tenía sentido
arruinar el momento.
—Mi mejor amiga, Ellie Larson, creció en un hogar adoptivo, pero
se quedó con la misma familia hasta que al final la adoptaron —dice.
—Bien por ella. Eso es bastante raro, en realidad. La mayoría de
los chicos van de un lugar a otro, especialmente si son mayores cuando
entran al sistema. Tenía cinco, así que técnicamente no era grande, pero
mayor de lo que quería la mayoría de la gente. Todos desean un bebito
perfecto, no un niño bocón que anhela atención.
Gwen se recuesta contra su asiento y me mira. Me pregunto que
piensa. No quiero que se sienta mal por mí porque tuve una infancia de
mierda. Estoy seguro de que no sabe nada sobre crecer con personas a
las que no les importas un comino y solo se preocupan por sí mismas.
—¿Fue muy malo para ti? O sea… ¿te lastimaron? —pregunta en
voz baja.
Imito su pose y me apoyo en mi asiento. —Nada que no pudiera
soportar. En la mayoría de los casos, aprendí a no molestar y quedarme
callado, me dejaron en paz.
No puedo creer que realmente le esté contando esa mierda. Aunque
no mencioné los detalles sangrientos, estoy dando más información de la
que le he dicho alguna vez a una mujer.
39 Me estudia intensamente durante unos segundos antes de posar
su mirada en un punto sobre mi hombro, sin pestañear y observando la
nada. —A veces cuando estás tan callado que puedes desaparecer, es
cuando más te lastiman.
Suena tan natural que al instante quiero levantarla del asiento a
mis brazos y decirle que todo estará bien. No me gusta lo familiar que se
ve con ese tema. Me consume la furia al pensar que alguna vez sintió un
poco del dolor que pasé al crecer. Me siento tan conmocionado por su
confesión que me quedo sentado en silencio como un idiota en vez de
pedirle que se explique. El momento se va muy pronto y ella sale de su
aturdimiento, acercándose rápidamente la cámara al ojo.
—Ahí está. El señor Anderson está saliendo de su habitación —dice
en voz alta, sosteniendo la cámara con firmeza mientras presiona el botón
en el lateral para hacer un acercamiento.
La observo trabajar, sacando fotos silenciosamente mientras el tipo
sale al balcón con la chaqueta del traje colgada de un brazo. Una rubia
alta y de piernas largas, que definitivamente no es la señora Anderson,
viene de detrás con un vestido de cóctel negro muy corto. Se apoya contra
el marco de la puerta e intercambian unas palabras antes de que el señor
Anderson se incline, la besa y agarra su trasero.
—¡Bingo! Te atrapé, bastardo infiel —murmura Gwen.
Sonrío para mis adentros al ver su rostro iluminarse de emoción a
la vez que continúa tomando fotos de la escena a plena luz del día. Se ha
ido la mirada atormentada en su rostro de hace unos momentos y me doy
cuenta que Brady fue un hombre inteligente por poner a su hermana a
cargo de sus negocios durante su ausencia. Es buena en lo que hace y
obviamente le encanta. Me hace preguntarme que hacía antes de esto,
que clase de trabajo tenía, que tipo de vida llevaba. Gracias a Cole sé que
estaba casada con un cirujano y el tipo seguramente tenía un montón de
dinero. Es probable que no necesitara trabajar, pero no me parece el tipo
de persona para ser ama de casa, solo quedándose sentada ahí jugando
con sus pulgares.
—¿Y qué hacías para ganarte la vida antes de mudarte aquí? —
pregunto mientras aparta la cámara de sus ojos y mira la pantalla digital.
Se aclara la garganta de manera incomoda y por un minuto creo
que me va a ignorar. Tarda un rato antes de responder. —En realidad, no
trabajaba. Es decir, estaba ocupada; Hice muchas cosas para caridad y
actividades parecidas, pero no tenía un trabajo remunerado. Dios, eso
me hace sonar terrible.
Sacude la cabeza con irritación mientras revisa las imágenes que
acaba de fotografiar, y aunque quiero hacer un comentario acerca de que
es una consentida, mantengo la boca cerrada. Poco a poco me doy cuenta
que hay más de lo que creí originalmente y no quiero arruinar el momento
siendo un idiota.
Terrible, lo sé.

40 —Me doy cuenta de que no tienes una opinión muy buena de mí y


crees que soy una niña mimada. No es que no quisiera trabajar. Solo…
no podía —termina.
—¿No podías? ¿Tienes una pierna de madera o una lobotomía que
desconozco? —pregunto, riendo.
—Ja, ja. Eres chistoso —dice antes de poner en marcha el auto—.
Tenemos que volver a la oficina para que pueda imprimir estas imágenes
y mostrárselas a Anderson.
Y así como así, se termina el momento de compartir.
Cuando llegamos a la oficina, mientras está ocupada imprimiendo
las fotos y llamando al señor Anderson para programar una reunión, me
voy afuera y saco mi teléfono.
Brady contesta al primer llamado.
—¿Qué está pasando, hay algún problema? —me pregunta con voz
preocupada.
—No, señor viajero por el mundo, no pasa nada. ¿Cómo te trata la
vida de autobús de gira?
—Confinada, comida de mierda y no se duerme mucho, pero bien.
A Layla le está yendo genial. Todas las localidades están agotadas —dice
con admiración.
Miro por la ventana y veo a Gwen hablando por teléfono de espaldas
a mí. —Oye, necesito preguntarte algo sobre tu hermana.
Se queda callado así que continúo rápidamente. —¿Qué le sucede?
Me tienes que contar porque estoy aquí y que pasa realmente. Es algo
más que el hecho de que ella tenga un pequeño “drama personal” y tú
quieras asegurarte de que tu negocio funcione bien, ¿no es así?
Deja escapar un profundo suspiro y espero su explicación.
—Mira, posiblemente solo soy un hermano mayor protector y estoy
seguro de que está enojada conmigo, pero tienes razón. No tiene nada
que ver con el negocio. Sé que es perfectamente capaz de dirigir el lugar
con los ojos cerrados —admite.
—¿Entonces qué es? ¿Qué mierda pasa? —exijo.
—Solo tienes que confiar en mí, amigo. Ella… Digamos que no se
fue de Nueva York en las mejores circunstancias. No sé todo, pero sí lo
suficiente. Fue malo, Austin, muy malo. Te lo diría si pudiera, pero no le
puedo hacer eso. Es su historia. Ha sufrido suficiente y me costó mucho
hacer que vuelva a confiar en mí. No la puedo traicionar contando todos
sus secretos. Estoy seguro de que nada va a suceder en mi ausencia, pero
prefiero no arriesgarme mientras estoy tan lejos.
Continúo mirándola a través del vidrio, odiando el hecho de que
hay tantas piezas faltantes en el rompecabezas que es Gwen. Me estoy
comenzando a preocupar y sentir mal por ella. No tengo el tiempo o el
deseo de preocuparme por nadie, pero nunca rompo una promesa.

41 —No tienes que preocuparte, no me iré a ningún lado. Y por cierto,


gracias por decirme que tu hermana tiene una hija —me quejo.
Brady se ríe. —¿Así que conociste a Emma? ¿Ya te ha hecho cantar
alguna de las canciones de Layla?
—No, y estoy muy seguro de que tu hermana no me va a dejar
acercarme a menos de tres metros. Aumenté su fondo para la universidad
a los diez segundos de conocerla.
—No dejes que Gwen te diga que ese estúpido tarro está totalmente
lleno por mi culpa. Tiene la boca de un marinero —admite—. Mira, de
verdad aprecio que hagas esto por mí. Sé que es difícil cuando no tienes
idea en lo que te estás metiendo.
Termino la llamada con la promesa de cantarle a Emma al menos
una de las canciones de Layla la próxima vez que la vea; y teniendo más
preguntas que respuestas.
8
Traducido por AnnyR’
Corregido por Naaati

Gwen
Al crecer, cada película o programa de televisión que miraba en el
que se abusaba de una mujer siempre me hacía sacudir la cabeza con
irritación. ¿Quién en su sano juicio se quedaría y soportaría eso una y
otra vez? ¿Acaso estas mujeres no tenían cerebro? Sabía de hecho que,
si un hombre alguna vez me ponía las manos encima, lo echaría, patearía
su culo a la acera y nunca miraría hacia atrás.
Siempre es fácil juzgar a otras personas cuando no tienes idea de
qué tipo de vida tienen a puertas cerradas, cuando nunca has caminado
un paso en sus zapatos o cuando nunca le has dado tu corazón a un
42 hombre en quien creíste cuando te dijo que nunca volvería a suceder.
Conocí a William en una función de caridad que mi madre estaba
organizando. Acababa de terminar su residencia médica y se aseguró un
puesto de tiempo completo en el hospital Mount Sinai. Era el hombre más
encantador que había conocido y el primer hombre en hacerme reír desde
que mi hermano se fue a la marina cuando tenía dieciséis. A los veintidós
años, mis padres me comenzaron a presionar cada vez más para que
hallara un marido y sentara cabeza. No es que fuera una niña salvaje o
algo así, pero a sus ojos, ya era hora de que encontrara a alguien para
poder impresionar a sus amigos con una boda lujosa y darles nietos de
los que pudieran jactarse. Con el paso de los años, intentaron juntarme
con alguno de los hijos de sus amigos y cada uno fue peor que el anterior.
Se parecían demasiado a mis padres superficiales y quería más. Quería
a un hombre que me dejara ser quien yo quería ser y no quien mis padres
pensaran que debería ser.
Todavía recuerdo la noche que lo conocí como si fuera ayer. Estaba
parada en el bar con una copa de champán en la mano deseando estar
en cualquier otro lugar que no fuera allí.
—No te encorves, Gwendolyn —regañó mi madre por la comisura de
su boca cuando sonrió y saludó a alguien que conocía al otro lado de la
habitación.
Suspiré y me enderecé, tomando un pequeño sorbo de mi champán.
Deseé que Brady estuviera aquí. Estaría de pie en la esquina riéndose de
todas las personas pretenciosas en el salón, incluidos nuestros padres y
haciéndome reír. Es triste que ni siquiera pudiera recordar la última vez
que reí. Mi vida se ha convertido en la película “Día de la marmota”: un día
se destiñe en el siguiente, las mismas cosas una y otra vez hasta que estoy
tan aburrida que puedo llorar.
—Voy a buscar a tu padre y empezar a recorrer todas las mesas.
Asegúrate de sonreír y agradecer a las personas por venir —dijo de forma
distraída mientras se alejaba.
Se necesitó todo de mí para no poner los ojos en blanco a su
retroceso. Debí haberle dicho que no me sentía bien y haberme quedado en
casa esta noche, pero entonces no habría podido mostrarme a todos sus
amigos alardeando sobre cómo me gradué en la cima de mi clase con un
título en negocio. Un título que no quería, pero el único que haría felices a
mis padres. Quería estudiar trabajo social, pero mis padres pensaron que
era un desperdicio frívolo y uno que no me haría ganar dinero en el futuro.
Como siempre, hice lo que me indicaron.
—¿Es esta la fiesta más aburrida en la que has estado o solo soy
yo?
Una voz junto a mí en el bar me sacó de mis pensamientos. Me volví
43 para ver a un hombre con un esmoquin negro que me sonreía, con hoyuelos
en cada una de sus mejillas que le daban un aspecto juvenil. Podría ser
unos años mayor, pero su sonrisa amistosa y el brillo en sus ojos verdes
lo hicieron parecer más joven.
—Bueno, mis padres son los anfitriones de la fiesta, así que creo que
debo decir que la estoy pasando muy bien —respondí con una sonrisa.
—¿Eres la hija de Beth y Karl? —preguntó en estado de shock.
Asentí, tomando otro sorbo de mi bebida.
—Perdóname si esto es un poco atrevido, pero no tenía idea de que
su hija era tan increíblemente hermosa —dijo en voz baja.
A lo largo de los años, había escuchado suficientes elogios triviales
y frases para ligar de hombres en el círculo social de mis padres que podía
llenar un libro completo. Pero la forma en que lo dijo este hombre, con tanta
honestidad y tranquilidad, no resultó ser más que genuino.
—Mi nombre es William Stratford el tercero. Me doy cuenta de que
eso me hace sonar como un idiota arrogante y me disculpo. Pero si no digo
a la gente que soy el tercer William Stratford, mi padre me dirá que soy
desagradecido y tendré que agachar mi cabeza avergonzado. Así que, en
realidad lo deberías culpar por eso —dijo con una sonrisa.
Me tendió su mano para que la sacudiera y cuando nuestras palmas
se tocaron, no quería nada más que aferrarme a él por el resto de la tarde.
Su mano grande y suave se envolvió alrededor de la mía y mi corazón dio
un vuelco.
—Mi nombre es Gwen Marshall, pero si mi madre está cerca, será
mejor que me llames Gwendolyn o pensará que eres un hombre común que
no tiene habilidades sociales —informé.
William echó la cabeza hacia atrás y se río, y no pude evitar unirme.
Su risa fue contagiosa y me hizo olvidar por un momento cuánto odiaba mi
vida.
—Pues, Gwen Marshall, ¿qué dices si desafiamos a los dos padres?
Permitiré que me llames Billy si me dejas llevarte a la pista de baile y
mostrarte mis movimientos.

William me invitó a una cita durante nuestro tercer baile esa noche
en el evento de caridad. Pasé los siguientes dos años enamorándome con
locura y pensando que mi vida por fin se estaba moviendo en la dirección
correcta. Alentaba mi deseo de volver a la escuela para el trabajo social,
era reflexivo y romántico, siempre podía hacerme sonreír sin importar el
día que estuviese teniendo. Mis padres lo adoraban, sobre todo porque se
estaba convirtiendo rápidamente en uno de los cirujanos más solicitados
de Nueva York y su éxito se reflejaba en ellos desde que salíamos juntos.
No me importaba si les gustaba o no; no importaba nada excepto el hecho
de que, por primera vez desde que mi hermano se fue, había encontrado
44 a un hombre que me entendía y amaba por mí y no por quiénes eran mis
padres o la cantidad de dinero que tenían.
La primera vez que William me golpeó, se sintió como un sueño. De
la clase en la que estás flotando sobre tu cuerpo y puedes ver todo lo que
te sucede. Intentas gritarte y cambiar lo que pasa justo delante de tus
ojos, pero tu voz no se escucha. Estuvimos casados por seis meses. Seis
meses increíbles donde cada día era mejor que el anterior. William honró
los deseos de mis padres y no vivimos juntos hasta que nos casamos,
para mi enojo. No me importaba nada más que pasar cada momento
despierta con el hombre que amaba. No podía esperar para dormirme en
sus brazos todas las noches y despertar con su sonrisa. Al recordarlo
ahora, me pregunto si hubiera visto la verdadera naturaleza de William
si hubiéramos desafiado a mis padres y nos hubiéramos mudado a su
casa antes de recorrer el pasillo.
En nuestro aniversario de bodas de seis meses, tuvimos nuestra
primera pelea. Empezó con algo pequeño, algo tonto donde bromeábamos
sobre llegar a casa tarde del trabajo y de cómo la cena se había enfriado.
Hice un comentario improvisado sobre encontrar otro marido que supiera
cómo decir la hora. Tenía la intención de ser graciosa, la intención de
hacerlo poner los ojos en blanco, besarme en la punta de la nariz como
le gustaba hacer y reírse diciéndome que nunca más llegaría tarde. Me
acuerdo que le sonreí, esperando que se uniera a mí y lo poco preparada
que estaba para la punzada de su palma contra mi mejilla.
Las lágrimas de conmoción me recorrieron la cara y él comenzó a
llorar de inmediato junto a mí, estrechándome en sus brazos, alejando
las lágrimas con besos y jurando que preferiría morir antes que hacerme
daño otra vez. Me conmocionó más ver a este hombre fuerte y seguro de
sí mismo desmoronarse delante de mí que el hecho de que me golpeara y
le perdoné inmediatamente.
Fui tan tonta.
Cuando abro la puerta del departamento que compartimos con
Brady, Emma deja caer su mochila en el medio del piso y corre hacia su
habitación. Cuando oigo que se cierra la puerta y estoy segura de que no
puede oírme, tiro el correo en la encimera de la cocina y saco mi teléfono
celular. Después de unos pocos tonos, mi abogada, Michelle, responde.
—Gwen, estaba a punto de llamarte —dice.
—¿En serio? Tenía la intención de llamarte hace unos días, pero he
estado ocupada —digo a la vez que reviso la pila de correspondencia—.
¿Sabes si William sigue en Nueva York?
Me siento tonta al preguntarle esto, pero confío en Michelle. Hablé
con cinco abogados antes de decidirme por ella. Cada uno me dijo que
debería regresar inmediatamente a Nueva York y manejar las cosas de la
manera adecuada. Me dijeron que estaba cometiendo un error al huir y
que solo causaría problemas a largo plazo. Sabía que tenían razón, pero
no me importaba. Lo único que me importaba era mantener a Emma a
45 salvo. La primera vez que hablé con Michelle, me dijo que me quedara y
que se encargaría de todo. Me confió que estuvo en una relación abusiva
cuando era más joven y que sabía exactamente por lo que pasaba.
—Por lo que sé sí, pero puedo verificar por ti. ¿Por qué? ¿Pasó algo?
¿Necesitas que vaya? Ahora que tu ubicación ha sido divulgada, podemos
presentar una orden de restricción. ¿Quieres que llame a la policía?
No puedo evitar reírme de su exuberancia. —Cálmate allí, bulldog.
Estoy segura de que no es nada, probablemente solo sea mi imaginación
hiperactiva. Sin embargo, me sentiría mejor sabiendo que él estaba donde
se supone que debe estar.
—Hecho. Llamaré a su abogado en cuanto colguemos. Oh, la razón
por la que iba a llamarte: una amiga tuya se puso en contacto conmigo.
Quería hablar contigo, pero no quise darle tu nuevo número de móvil
hasta asegurarme de que estaba bien. Se llama Ellie Larson.
Sonrío en cuanto escucho el nombre. Abandonar a William también
significó dejar atrás a mi mejor amiga. Alguien que sabía algo de lo que
estaba pasando y que finalmente me convenció de dejarlo. Sabía que no
podría tener ningún contacto con ella hasta que pudiera averiguar qué
hacer, pero eso no lo hacía más fácil. Ellie siempre ha sido mi roca y la
he echado de menos.
Le digo que le dé mi número y cuelgo el teléfono sintiéndome un
poco menos loca por lo que está pasando últimamente. Ordeno el correo
y miro con curiosidad una carta dirigida a Emma. Brady le prometió que
le enviaría una tarjeta postal de cada ciudad que visitara y hasta ahora
ha recibido siete. Debe de haber decidido enviar algo más esta vez. Abro
el sobre cerrado, saco la cartulina rosa doblada y la abro.
Jadeo cuando veo lo que contiene. El papel se me escapa de las
manos y cae al suelo. Inmediatamente corro por el pasillo hacia la
habitación de Emma, gritando su nombre con miedo mientras avanzo.
Ahora estoy segura de que nada de esto es mi imaginación.

46
9
Traducido por MadHatter
Corregido por Naaati

Austin
—No te pediría esto si tuviera otra opción, pero estoy en un apuro.
La niñera de Emma salió de la ciudad a visitar a la familia durante el fin
de semana. Solo será por unas pocas horas.
Probablemente me voy a arrepentir de esto, pero que Gwen me pida
un favor es demasiado bueno para rechazarlo. Incluso si eso significa que
tengo que estar a solas con una niña toda la noche.
Gwen muerde la uña de su pulgar con nerviosismo y estiro la mano,
sacándole el dedo de su boca. —Está bien, lo puedo hacer, no es la gran
cosa.
47 Me sonríe y se siente como si alguien me hubiera dado un puñetazo
en el estómago. ¡Diablos! ¿Por qué tiene que ser tan hermosa y vulnerable
cuando sonríe? Soy un idiota.
—Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Tienes una cita caliente o algo
así? —pregunto, fingiendo que el hecho de pronunciar esas palabras no
me da ganas de golpear una pared. ¿Qué me importa si tiene una cita?
Ni siquiera me gusta.
Mierda.
—Apenas. ¿Recuerdas a esa amiga mía de la que te hablé, Ellie
Larson? Está en la ciudad y vamos a cenar. Normalmente me llevo a
Emma conmigo, pero no quiero estar tan tarde con ella —explica Gwen.
—¿Tengo que, alimentar a la niña, llevarla a caminar o algo así? —
pregunto aterrorizado.
Gwen se ríe y niega. —Me aseguraré de que esté alimentada y que
camine antes de que vengas. Te das cuenta de que es una persona y no
un cachorro, ¿verdad?
Estoy empezando a pensar que esta podría no ser una buena idea.
¿Qué diablos sé sobre niños? ¿Qué pasa si comienza a llorar o algo así?
Gwen extiende su mano y la apoya en mi brazo. —Todo lo que
tienes que hacer es sentarte allí y asegurarte de que no empiece ningún
incendio ni corra con tijeras. Estoy bastante segura de que lo puedes
manejar.
Mi mirada se mueve de su rostro al lugar en donde su mano me
está tocando. Es suave y cálida, de repente me pregunto cómo se sentiría
envuelta en mi pene. Pienso en esa mano deslizándose por la delantera
de mis pantalones y su lengua saliendo para humedecer sus labios. Sin
siquiera pensar en lo que hago, me acerco hasta que puedo sentir el calor
de su cuerpo contra el mío. Su mano se clava en mi bíceps como si tratara
de mantenerme en el lugar y su boca se abre, su respiración sale un poco
más rápido. Sus labios son llenos y hermosos, apuesto a que saben aún
mejor. Puedo sentir sus pechos apretados contra el mío y quiero deslizar
mi mano debajo de su camisa y sentir su plenitud en mi palma.
Alzando mi mano, aparto su cabello de un hombro con la punta de
mis dedos solo para poder tocarla. Echando un vistazo a la piel desnuda
de su clavícula, veo una cicatriz marcando su piel. Es una cicatriz vieja,
descolorida y apenas visible, pero está allí. Es una línea delgada de unos
siete centímetros de largo que va desde la clavícula hasta el hombro,
desapareciendo debajo del borde de la camisa. He visto cicatrices como
esa antes; tengo cicatrices como esta, todas como resultado de estar en
el extremo receptor de una cuchilla. Miro con fascinación la marca y me
pregunto qué diablos hace con algo así en su cuerpo.
Al no ser capaz de evitarlo, paso mi dedo hacia atrás y adelante
sobre la cicatriz y pregunto: —¿Te metiste en una pelea con cuchillo o
48 algo así?
No puedo ocultar el humor en mi voz porque la idea de que Gwen
participe en cualquier tipo de pelea es divertida. No porque no pudiera
manejarla, sino porque quien decidiera pelear con ella probablemente ya
no respiraría en la superficie. Les patearía el culo y haría que lamentaran
haberse cruzado en su camino. Incluso me asusta un poco la castración
estando tan cerca de ella, pero me encuentro demasiado hipnotizado por
la suavidad de su piel bajo las yemas de mis dedos como para proteger a
los chicos de su inminente ira.
Los ojos de Gwen parpadean confundidos y aparta la vista de mí
para estirar el cuello y mirar fijamente la mancha de su piel que todavía
estoy tocando. Observo cómo la suavidad en su rostro desaparece cuando
rápidamente se aleja un paso de mí. Cualquier pequeño momento que
tuvimos hace solo unos segundos se ha ido. Se agarra el cabello y lo tira
hacia la parte delantera de su hombro antes de darse la vuelta, agarrar
su bolso y dirigirse a la puerta.
—Entonces, ¿te veo esta noche en el departamento de Brady? A las
siete en punto debería estar bien.
Con eso, sale por la puerta y me quedo aquí de pie, con mis dedos
todavía ardiendo por la sensación de su piel, preguntándome qué diablos
acaba de pasar.
De nuevo.

***

—¿Puedo ponerte lápiz labial rosa?


—No.
—¿Qué pasa con el esmalte de uñas rosa?
—No.
—Creo que un lazo rosa se vería muy bonito en tu cabello.
—No.
Emma resopla y se cruza de brazos, tan parecida a su madre que
me dan ganas de reír. —¿No quieres hacer algo divertido?
Metiendo mis manos en los bolsillos delanteros de mis vaqueros,
miro alrededor de su habitación el jodido mar de rosa. Juguetes de color
rosa, mantas rosadas, animales de peluche rosa: parece que explotó una
botella de Pepto y está empezando a darme urticaria.
—¿No es hora de que te vayas a la cama? —pregunto.
—Son solo las siete y media.
Me encojo de hombros. —¿Y?
—Y no me acuesto hasta las nueve.
49 Jesucristo. ¿En qué demonios pensaba al ofrecerme para cuidar a
la hija de Gwen? No sé cómo jugar con niños. Mierda, ni siquiera sabía
cómo jugar cuando era niño. Mi primera madre adoptiva era dueña de
una cafetería y me puso a trabajar a los seis años. Tuve que aprender a
lavar y a secar los platos en el jardín de infantes.
—Um, ¿qué tal si jugamos a los SEAL de la marina?
Me mira como si estuviera loco. Probablemente lo estoy.
Arrodillándome para estar más cerca de su nivel, miro alrededor de
la habitación con cautela y hablo en voz baja: —Esa Barbie de allí con el
vestido rosa escondiéndose detrás del perro de peluche es un insurgente
de alto nivel. ¿La capturamos o la matamos, soldado?
Emma me mira con los ojos muy abiertos por un momento y me
pregunto si esta es la idea más estúpida de la historia. Luego, mira a la
Barbie en cuestión, dobla sus rodillas y me susurra al oído. —Creo que
tenemos que capturarla. Hacerla hablar.
Sofocando una risa, rápidamente me pongo de rodillas sobre el
borde de su cama, indicándole que me siga con la mano. Corre detrás de
mí y los dos miramos alrededor de la esquina de su edredón rosa con
volantes.
—¿Qué hacemos ahora? —susurra detrás de mí, apoyando sus
manos pequeñas en mis hombros.
—No la queremos asustar. Vamos a hacerlo lento y con calma, no
hagas ningún movimiento hasta que te lo diga —le digo, mirándola por
encima del hombro.
Asiente, con una mirada feroz de concentración en su rostro.
—Vamos a necesitar armas. Ella parece una luchadora. ¿Trajiste
armas, soldado?
Emma saca rápidamente un cocodrilo de peluche de su cama. Es
rosa, naturalmente. —Tengo este cocodrilo. Su nombre es Ally y muerde.
Asiento y hago un gesto para que vaya delante de mí. —Vas primero
con el cocodrilo. Dile que no negociamos con terroristas que usan rosa.

***

Mis párpados se encuentran tan pesados que se siente como si


tuvieran ladrillos pegados. ¿Quién hubiera sabido que una hora y media
de jugar a los SEAL de la marina con una niña de seis años podría ser
tan agotador?
—¿Oye, señor Austin?
Lucho por abrir mis ojos cuando escucho la voz adormilada de
Emma y levanto la cabeza del respaldo del sofá para mirarla, acurrucada
50 junto a mí con la cabeza apoyada contra mi costado.
—¿Qué pasa, renacuajo?
Me mira y bosteza. —¿Conoces a mi papá?
De repente estoy completamente despierto y me siento un poco más
recto, con cuidado de no empujarla demasiado. —Mmm no. No conozco
a tu papá. ¿Es amable?
Bosteza de nuevo, apartando la vista de mí para esconderse más
cerca de mi costado. —Siempre me compraba regalos. Y me llamaba
princesa. Pero no era amable con mamá.
La inquietud se extiende a través de mi cuerpo ante sus palabras
suavemente pronunciadas. —¿Qué quieres decir con que no fue amable
con mamá?
Probablemente soy el idiota más grande del mundo al interrogar a
una niña, pero en este momento no me importa. Necesito información
sobre Gwen y las divagaciones soñolientas de Emma parecen ser el lugar
idóneo para conseguirla. Por alguna razón, naturalmente supuse que
Gwen se fue de Nueva York por culpa de sus padres, al igual que Brady.
Obviamente, me equivoqué.
Emma permanece callada durante unos minutos y asumo que se
ha quedado dormida, pero murmura a mi lado: —Él gritaba mucho. La
insultaba. Si hubiéramos tenido una jarra de malas palabras, entonces,
habría tenido que poner mucho dinero en ella.
Trago saliva, apoyando la palma de mi mano sobre su cabeza.
—Extraño a mi papá, pero hacía llorar a mamá. Ya no quiero que
llore mi mamá —admite suavemente antes de quedarse dormida.
Alcanzando la manta que cubre el respaldo del sofá, la saco con
cuidado y cubro a Emma. Mi cabeza cae al respaldo del sofá y observo el
techo, las cosas lentamente encajan en mi cerebro. Gwen no tuvo ningún
contacto con Brady por años, apareció en su casa en la mitad de la noche
hace unos meses, las “cosas personales” por las que está pasando en su
vida, la forma en que se distancia de vez en cuando y me doy cuenta que
piensa en algo que le molesta, el comentario que hizo en el auto el otro
día sobre personas que te lastiman... todo comienza a tener sentido.
Ese hijo de puta la lastimó. Me pregunto si Gwen sabe cuánto se
preocupa Emma por ella. Una niña no debería tener que preocuparse de
que alguien haga daño a su madre, especialmente cuando ese alguien es
su propio padre. Solo la idea de que un imbécil haga sentir a Gwen como
una mierda me hace querer encontrarlo y golpear su lamentable culo. Sé
que ella no quiere hablar de su pasado, menos conmigo, pero si Brady se
preocupó lo suficiente como para que yo viniera a vigilarla, este imbécil
podría seguir siendo una amenaza. Puede que yo no sea el tipo de hombre
que se establece con una esposa y un hijo, pero eso no significa que vaya
a dejar que le pase algo a Gwen o a su hija.

51
10
Traducido por Valentine Rose
Corregido por AmpaЯo

Gwen
Observo con nerviosismo mi reloj mientras espero sentada en una
cabina del restaurante. No porque Ellie esté atrasada unos minutos, sino
porque me pregunto si Austin sobrevivirá a solas con mi hija. Le mentí
cuando le dije que Karen no estaba el fin de semana. Después de que esa
maldita carta llegara al correo el otro día, el incidente con la taza de café
y lo que pasó en el parque, no iba a dejar a Emma sola en casa sin estar
absolutamente segura de que estaría a salvo. Karen es tierna y adora a
Emma, pero no es del ejército. Por mucho que Austin nuble mi juicio y
provoque un caos en mi cabeza, sé que no hay mejor persona para que
mantenga a mi hija a salvo.
52
Esa maldita carta: un dibujo a crayón de una madre, un padre y
una pequeña. Era un dibujo tosco y, a primera vista, asumí que un niño
lo había hecho… hasta que vi las palaras garabateadas al final del papel:
Las familias permanecen unidas.
Fue estúpido que creyese que William retrocedería y no haría nada
después de irme, pero rebajarse a actuar con un comportamiento tan
infantil era patético. Michelle me llamó temprano cuando iba camino al
restaurante para informarme que William se encontraba en Nueva York
durante un par de semanas, y el único viaje programado sería para una
conferencia médica en Chicago. Aquella noticia no me sentó muy bien. El
incidente con la taza podría apuntarse a mi hiperactiva imaginación, y la
persona en el parque simplemente pudo haberse tratado de un extraño,
pero no cabe duda de que aquella carta era real. No voy a permitirle que
nos haga esto a ninguna de las dos. Por mucho que no quiera, tendré que
contarle a Austin lo que está ocurriendo. Dejó todo para cuidarnos como
favor a mi hermano, sin saber en qué tipo de desastre iba a meterse. Es
justo que le explique la situación. No hay forma efectiva en la que pueda
protegernos si no sabe de qué nos protege. Detesto depender de alguien
más, pero no voy a ser negligente en cuanto a la seguridad de mi hija. El
dinero e influencia de William son transcendentales, y no es un hombre
con quien quiera enfrentarme sola. Sería una historia diferente si tan solo
tuviera que preocuparme de mi propio bienestar. No tendría problemas
siendo igual de terca que siempre y lidiando con las cosas sola, pero tengo
que considerar a Emma. No voy a dejar que mi orgullo se entrometa en
la mejor manera de protegerla.
La puerta principal del restaurante se abre y los pensamientos de
William salen volando de mi mente cuando veo a Ellie entrar y escanear
el lugar. Con lentitud, salgo de la cabina y la miro impresionada. Luce
tan diferente. La mujer que camina hacia mí con una gran sonrisa en su
rostro no se parece en nada a la mujer que dejé en Nueva York. La última
vez que vi a Ellie tenía una larga cabellera castaña y tenía unos cuantos
kilos extra de los que se quejaba por querer bajarlos durante años. Nunca
fue de usar ropa que acentuara alguna parte del cuerpo, sino ropa que
fuera cómoda como vaqueros y camisetas. Apenas reconozco a la mujer
que estoy mirando. Fácilmente perdió al menos diez kilos, y un vestidito
negro acentúa su figura delgada y hermosas curvas. Su usual cabello
castaño apagado ha sido teñido rubio miel y cae sobre sus hombros en
un corte liso y brillante. Luce maravillosa.
Luce exactamente como yo hace tres meses.
—¡Gwen! Ay, Dios mío, ¡me alegra tanto verte! —exclama Ellie,
arrojándose a mí y envolviéndome en un fuerte abrazo.
Tras unos segundos, se aleja un paso y sacudo la cabeza,
asombrada.
—Ellie Larson, ¿seguro que eres tú? Mierda, apenas te reconocí.
Se sonroja, echándose un vistazo. —Lo sé, gran cambio, ¿eh? Y
53 hablando de cambios, ¿tu cabello es azul y morado?
Paso los dedos por mi cabello ondulado, y río. —Pensé que, si iba
a dejar el mundo de mis padres atrás, sería mejor hacerlo por completo.
Se ríe y vuelve a abrazarme. —Te he extrañado mucho, Gwenny.
Sus suaves palabras susurradas y el apodo que me puso cuando
éramos niñas me hacen parpadear para impedir las lágrimas, y la abrazo
con fuerza por unos segundos más antes de soltarla. Tomamos asiento
frente a la otra, y extiendo las manos para agarrarle las suyas.
—No tienes idea de lo feliz que estuve de saber de ti, Ellie. Debí
haber contactado contigo antes, pero las cosas han estado frenéticas —
explico.
—Está bien, no hay necesidad de disculparse. Me alegra que estés
feliz. Te ves tan bien, Gwen. Mucho mejor que la última vez que te vi. Te
ves feliz. ¿Eres feliz? —me pregunta con suavidad.
Los padres adoptivos de Ellie eran los mejores amigos de los míos.
Cuando se fue a vivir con ellos a los cuatro años, nos hicimos mejores
amigas de inmediato. Ella era la única persona que sabía lo mucho que
detestaba ser hija de Beth y Karl Marshall. Era la única que sabía que
quería más de mi vida que ser la ricachona mimada que se le entregaba
todo en bandeja de plata. También fue la única que se enteró el tipo de
monstruo en el que se convirtió William cuando nos casamos. Me abrazó
cuando lloré la primera vez que rompió uno de mis huesos, y durmió en
una silla junto a mi cama la primera vez que él me dejó en el hospital.
Era mi confidente y lo más cercano a una hermana. Dejando de lado su
nueva apariencia, estar sentada aquí con ella ahora se siente como los
viejos tiempos; como si no hubiésemos estado separadas por tres meses.
Sin importar donde nos encontráramos o qué hacíamos, es bueno saber
que siempre podíamos retomar las cosas desde donde lo dejamos, como
si el tiempo no hubiese pasado.
—Estoy llegando a serlo. Con suerte, el divorcio estará terminado
pronto y podré dejar todo esto en el pasado. Es solo que no sé qué hacer
en cuanto a las visitas con Emma. Es tan difícil saber cuál es la decisión
correcta cuando hay un niño en medio —admito.
Ellie suelta mis manos y se recuesta en el asiento, llevándose la
servilleta consigo y arrancando pequeños pedacitos. Se queda en silencio
y antes de que pueda preguntarle qué ocurre, la mesera nos interrumpe
y toma la orden. Luego de alejarse, Ellie sigue destrozando la servilleta
con nerviosismo. Me estiro y coloco mi mano sobre la suya para lograr
detenerla.
—Está bien, habla. ¿Qué te ocurre?
Suelta un suspiro y me mira con una triste expresión en su rostro.
—No te llamé solo porque te extrañaba. O sea, sí te extraño, todos los
días. Pero hay algo más. Algo que necesito contarte y no sé cómo vas a
tomarlo.

54 —Si te refieres al hecho de que él está saliendo con alguien más,


no te preocupes. Mi mamá ya se te adelantó —le digo soltando una risita.
Cuando no se ríe conmigo y, en cambio, veo lágrimas formándose
en sus ojos, mi sonrisa se desvanece y me inclino hacia adelante. —Ellie,
comienzas a asustarme. ¿Qué sucede?
Toma lo que quedó de su servilleta y se seca los ojos. —Debes
prometerme que no te molestarás. Solo… escúchame antes de decir algo,
¿vale?
Asiento, confundida, sin decirle nada. Ellie siempre ha sido una
persona sensible, siempre preocupándose de no dañar los sentimientos
del resto. Tiene un corazón de oro, y me duele verla tan angustiada sobre
algo.
—Soy yo —susurra, rehusándose a mirarme.
—¿Eres tú qué?
Traga saliva con dificultad, arrugando la servilleta y arrojándola a
la mesa frente a ella.
—Soy quien sale con William.
Por fin alza la vista para mirarme, y cuando las lágrimas comienzan
a caer incesablemente de sus ojos, sé que la mirada en mi rostro no debe
ser comprensiva.
Incluso si pudiera encontrar las palabras adecuadas ahora mismo,
no sabría por dónde empezar. A pesar del hecho de que es mi mejor amiga
y que técnicamente él sigue siendo mi esposo, sabe el tipo de hombre que
es. Es consciente de lo que es capaz; vio los moretones y las cicatrices, y
la confusión emocional que me hizo tragar la mayoría de mi vida adulta.
—Por favor, no te enojes conmigo, Gwen. Me mataría si supiera que
estás enfadada. No tenía intención que pasara, lo juro —llora.
Sacudo la cabeza, recostándome en mi asiento mientras intento
procesar las palabras que salen de su boca.
—No estoy enfadada, nunca podría estar enfadada contigo. Es solo
que… no lo comprendo. ¡Santo cielo, Ellie! Sabes cómo es él. Tienes que
alejarte —exijo.
Enojarme por las cosas que William me hizo no es nada comparado
con la ira que siento al saber que podría estar haciéndole las mismas
cosas a mi mejor amiga. Ella es tierna y amable, y él lo sabe. Lo sabe, y
haría todo lo que estuviera en su poder para aprovecharse de su bondad.
No puedo permitir que pase, no lo haré. Ya la vistió como una Barbie para
parecerse a mi antigua yo, ¿qué más la está obligando hacer? ¿Hizo que
me llamara? ¿Vino con ella a Nashville? ¿Se enteró Ellie de la carta que
le envió a Emma? No quería creer que Ellie sería parte de algo que podría
herirnos, pero tampoco creí que se acostaría con ese bastardo luego de
haber visto todo lo que me hizo pasar. William obviamente sabe lo mucho
que me importa Ellie, y está decidido a usarla para acercarse a mí. Es
enfermo y asqueroso, y no puedo creer que ella no pueda verlo.

55 —No lo entiendes, Gwen. Es diferente ahora desde que te fuiste. Ha


cambiado —implora.
Me mofo y pongo los ojos en blanco. —Sí, claro que ha cambiado.
Justo como cada vez que juró que cambiaría cuando me tiraba por las
escaleras o me rompía un hueso. Maldita sea, Ellie, ¡eres más inteligente!
Retrocede en el asiento, y por un momento me siento terrible por
la forma en que le estoy hablando, pero no puedo evitarlo. Tiene que ver
lo malo que es esto. Prácticamente la está convirtiendo en una réplica
caminante de cómo solía ser yo. ¿Por qué no puede darse cuenta?
—Ya no es la misma persona. Buscó ayuda para sus problemas de
ira, está calmado y ahora es un hombre mejor. Quiere ser un buen padre
para Emma. Quiere que confíes en él, así puede tenerla otra vez en su
vida. Si tan solo hablaras con él, verías lo diferente que está —explica.
Tan diferente que envía dibujos hostiles y psicópatas al correo de
su hija de seis años y fuerza a mi mejor amiga a que venga aquí para
defender su caso.
Ahora mismo, ni siquiera puedo soportar mirar a Ellie. Temo por
ella y me siento traicionada. Es más que evidente que William la incitó a
hacer esto, y me enferma.
—Sabes qué, creo que he perdido el apetito —murmuro, arrojando
mi propia servilleta a la mesa, agarro mi bolso y me levanto.
Salgo del restaurante y me alejo de mi mejor amiga, con la duda de
si seré capaz de volver a confiar en alguien.

56
11
Traducido por Julie
Corregido por Valentine Rose

Austin
El sonido de alguien abriendo y cerrando la puerta me despierta.
Echo un vistazo detrás del sofá para ver a Gwen arrojando con enojo su
cartera en la encimera y dirigiéndose a la cocina. Abre la puerta de la
nevera con tanta fuerza, que ésta golpea contra la mesa que hay detrás.
Parece que alguien no tuvo una buena cena. Espero que tenga
ganas de hablar porque tengo algunas preguntas que hacerle. Me quedé
dormido en el sofá junto a Emma pensando en todas las cosas posibles
que Gwen ha pasado antes de mudarse aquí, y ninguna de ellas me dejó
con una buena sensación.
57 Aparto ligeramente a Emma, me levanto y vuelvo a colocar la manta
a su alrededor mientras suspira y se da la vuelta. Una sensación extraña
oprime mi corazón cuando la miro meter las manos debajo de su mejilla.
Es tan pequeña, tan vulnerable y confiada. Obviamente ha visto algunas
cosas no tan buenas en sus cortos seis años y, sin embargo, está feliz y
llena de vida. Cree, sin lugar a dudas, que las personas que la aman van
a cuidar de ella y la mantendrán a salvo. Se merece tener una infancia
sin preocupaciones y sin cicatrices, muy diferente a la mía. Tengo un
impulso antinatural de rodearla con mis brazos y nunca soltarla, para
asegurarme de que nada nunca le haga daño y protegerla a toda costa.
Dios, ¿qué demonios me ocurre? NO sería un buen padre. Ni siquiera
tío.
Ya que no me gusta la dirección de mis pensamientos, me aparto
del sofá y de la niña durmiente, y me dirijo hacia la cocina.
Llego justo cuando Gwen cierra la puerta de la nevera, destapa una
botella de cerveza y se toma la mitad.
Apoyado casualmente en el marco de la puerta, levanto mis cejas
cuando se gira hacia mí. —¿Se quedaron sin postre en el restaurante o
algo parecido?
Me estudia en silencio durante unos segundos antes de bajar la
botella sobre la encimera y avanzar hacia mí, con determinación brillando
en sus ojos.
Levanto mis manos en señal de rendición.
—Solamente estaba bromeando con el pos…
Sus manos me agarran la parte delantera de la camiseta y me jala
hacía sí, llevando mis labios a los suyos. Cuando me quedo totalmente
inmóvil por la sorpresa, va más lejos, abriendo su boca contra la mía lo
suficiente como para deslizar la punta de su lengua en mi labio inferior.
Cada pensamiento en mi cerebro se dirige hacia el sur, directo a mi
pene. Me olvido de las preguntas que estoy decidido a hacerle responder
y todas las razones por las que esta es la peor puta idea en todo el mundo.
Rodeo su cintura con mis brazos y la acerco a mí, deslizando mi lengua
en su boca cálida y húmeda, y gimo cuando la pruebo. Nuestras lenguas
se enredan de inmediato, empujando y arremolinándose, compitiendo por
la dominación mientras ambos nos ponemos más rudos con el otro. Ella
suelta mi camiseta, subiendo las manos para agarrar mechones de mi
cabello, y mis palmas se deslizan por la parte trasera de su blusa hasta
que siento la piel suave y caliente.
Esto es una idea tan estúpida. Lleva escrito malas noticias por
todos lados, pero no puedo apartarme. La boca de Gwen es lo más dulce
que he probado, y quiero más. Sin romper el beso, la giro y la presiono
contra el frente de la nevera, donde una de sus piernas se engancha de
inmediato alrededor de mi muslo para sostenerme cerca. Metiendo más
58 profundo mi lengua, doblo las rodillas y presiono mi erección contra su
entrepierna. Siempre estoy en un estado de semi-dureza cada vez que me
encuentro en la misma habitación con ella, pero la necesidad que invadió
mi cuerpo tan pronto como sentí sus labios contra los míos es algo
incalculable.
Lloriquea en mi boca y mueve las caderas, frotándose contra mí
hasta que estoy muy seguro de que me voy a correr en mis vaqueros como
un maldito quinceañero. Los sonidos que hace, la calidez de su cuerpo y
la forma en que se deja llevar con abandono me vuelve loco.
Desde el primer momento que me dijo idiota, supe que besarla sería
como una explosión de fuego, ninguno sobreviviría sin quemarse. Ella es
contestona y terca, pero hay una vulnerabilidad enterrada en su interior
que me hace querer cuidarla, consumirla y protegerla a cualquier costo.
Manteniendo mi mano debajo de su camiseta, la muevo sobre su
caja torácica y sigo así hasta que tengo en mi mano el pecho cubierto de
encaje. Sentir el peso en mi palma hace que me palpite el pene y quiero
enterrarme al instante dentro de ella. Sin romper el beso, arquea un poco
su espalda, presionándose contra mi palma, deseando más. Usando las
puntas de mis dedos, tiro del borde de la copa hacia abajo hasta que mi
mano cubre su pecho desnudo. Paso mi pulgar hacia atrás y adelante
sobre su pezón hasta que siento que se endurece, luego lo rodeo con el
dedo, una y otra vez hasta que la oigo gemir en mi boca una vez más.
Sus caderas siguen moviéndose contra mí, ahora con más rapidez
y más dureza. Chupo con suavidad su lengua en mi boca, usando mis
dedos pulgar e índice para pellizcar su pezón, rodándolo entre mis dedos.
Me trago sus gritos de placer, llevando mi mano libre hasta su culo para
ayudarla a moverse contra mí. Quiero echar mi cabeza hacia atrás y verla
correrse. Quiero observar cómo su rostro se sonroja con la liberación y
sus dientes presionan en la suave piel de sus labios mientras monta su
orgasmo. Quiero ver todo, pero no puedo dejar de besarla. Sujeto su culo
firmemente y la ayudo a frotarse contra mi pene, que increíblemente se
pone más duro cada vez que hace un sonidito de placer en el fondo de su
garganta. Sigo acariciando sus senos y deslizándome contra ella hasta
que me doy cuenta por la forma en que sus manos se aferran a mi pelo y
sus caderas se mueven más rápido contra mi pene que se encuentra a
segundos de desmoronarse, tensa por la liberación.
—Mami, ¿qué estás haciendo?
Gwen y yo nos congelamos, apartando nuestros labios, pero mis
manos continúan sujetando sus tetas y su culo. Me parecería perfecto
dejarlas allí durante un rato más, pero ella recupera la función normal
del cerebro mucho más rápido que yo y saca mi mano de debajo de su
blusa antes de alejarme con un leve empujón.
Manteniendo mi espalda a Emma para que mi pene puede volver a
su tamaño de no cachondo, Gwen me rodea y se dirige rápidamente hacia
su hija.
—Cielo, no deberías estar despierta, ya es tarde. Ven aquí, mamá
va a llevarte a la cama.
59 Mirando sobre el hombro, veo como Gwen levanta a una durmiente
Emma en brazos y sale de la cocina sin una sola mirada en mi dirección.
Una vez que se han ido, suelto el aliento que estuve conteniendo desde
que la voz de Emma echó un balde de agua fría a mi pene. Avanzando
hacia el mesón, apoyo las manos y dejo caer la cabeza entre mis hombros.
¿Qué diablos fue eso?
Llega aquí enojada por algo y sin siquiera decir nada, me arrastra
hacia ella y me besa. Por supuesto, fui un participante equivalente una
vez que desapareció la sorpresa, ¿pero qué diablos fue eso? ¿Qué le hizo
decidir repentinamente que era digno de su afecto en lugar de su ira?
Esta mujer va a ser mi puta muerte, pero todavía puedo saborearla
en mis labios y siento la pesadez suave de su pecho en la palma de mi
mano, y el único pensamiento en mi mente es que sin duda esa sería una
gran manera de morirse. Dándome vuelta, me apoyo contra la encimera
y mantengo la mirada fija en la puerta donde se fue Gwen, repasando
estadísticas de béisbol en mi cabeza hasta que por fin puedo moverme
sin la sensación de que mi pene va a explotar.
Gwen regresa a la cocina unos minutos más tarde y se detiene en
la puerta. Nuestros ojos se encuentran y por unos segundos incómodos,
me doy cuenta de que recuerdo cada momento de lo que acaba de ocurrir
en esta habitación antes de que Emma nos interrumpiera. Veo que sus
mejillas se sonrojan y no sé si es porque se está excitando nuevamente o
porque se avergüenza. Aunque deseo mucho una repetición de lo que
acaba de suceder, esta vez preferiblemente sin ropa, tenemos que hablar.
Necesito saber acerca de su ex esposo y qué tipo de amenaza representa.
—Mira, tenemos que…
Me interrumpe de inmediato. —Ya es tarde y mañana tengo que
levantarme temprano. Gracias por cuidar a Emma, te lo agradezco.
Sin otra palabra, se da vuelta y se dirige hacia la puerta. No me
queda nada más que seguirla. Cuando entro a la habitación, se encuentra
de pie con la puerta abierta, mirando hacia sus pies como si fueran las
putas cosas más interesantes en el mundo.
Intento otra vez que hable conmigo. —Gwen, tenemos que hablar.
—Escucha, ha sido una larga noche. No estoy muy de humor para
revivir cosas. Estaba molesta cuando llegué a casa y eso... no debió haber
ocurrido —me dice, gesticulando hacia la cocina—. No va a volver a pasar,
así que olvidémoslo.
Tiene que ser una jodida broma.
No soy una chica. No necesito hablar de mis sentimientos y discutir
los pros y los contras de lo acabo de hacer en la cocina. Cuando tengo mi
lengua en la garganta de una mujer y sus tetas en mi mano, no necesito
sentarme a discutirlo. Por lo menos estamos en la misma página en una
sola cosa: nunca debería haber sucedido.
60 Así que ¿por qué demonios me molesta tanto que me eche? Tengo
que preguntarle sobre su ex, pero lo único que puedo pensar es en lo
indiferente que parece sobre lo que sucedió.
Bien, vete a la mierda.
No me gusta la tonelada de emociones que me hacen sentir sus
palabras, entre ellas el rechazo, así que la castigo sin siquiera pensar lo
que estoy diciendo.
—Diría que fue bueno para mí, pero... pues, no lo fue. Y no tienes
que preocuparte de que repita ese error, cariño. Prefiero a una mujer que
no sea una jodida histérica.
Ignorando la mirada dolida de Gwen, agarro la manija de la puerta,
y la cierro de golpe en mi salida.
12
Traducido por Beatrix
Corregido por AmpaЯo

Gwen
—Por favor, baja la voz. Emma podría oírte.
Mis súplicas cayeron en oídos sordos cuando William apretó su
agarre en mi brazo y me jaló bruscamente más cerca de él.
—¡No me digas qué hacer! Tal vez ya es hora de que nuestra hija
descubra lo puta que es su madre —gritó, con los labios curvados en un
gruñido enojado.
Solía amar esos labios. Solía pasar mis dedos sobre ellos cuando
nos acostábamos en la cama por la noche.
61 Miré sus labios mientras su mano se apretaba alrededor de mi brazo
con tanta fuerza que supe que quedaría un hematoma con la forma de sus
dedos. No sería la primera vez y sabía que no sería la última. De repente,
la idea de pasar el resto de mis días caminando sobre cáscaras de huevo,
ocultando hematomas y usando ropa que cubriera cicatrices parecía un
destino peor que morir.
William me empujó bruscamente lejos de él y me tambaleé hacia
atrás, mis pies se enredaron el uno con el otro y mi cadera golpeó la
esquina de su escritorio.
—Hijo de puta —susurré, haciendo una mueca de dolor.
El insulto se deslizó por mis labios sin pensarlo conscientemente a
la vez que presionaba mi mano contra la tierna piel de mi cadera. A William
no le gustan las mujeres que maldicen. Debería haber sido más cuidadosa.
Me atacó y tuve el tiempo justo para prepararme contra el puño que
conectó con mi mejilla. La fuerza del golpe alejó mi cuerpo del suyo y me
llevó contra la parte superior de su escritorio, mis brazos volaron para
atrapar mi caída. Libros de medicina, registros de pacientes, su portátil y
una taza llena de bolígrafos cayeron al suelo. No me había golpeado en la
cara desde la primera vez. Demasiadas personas cuestionaron lo que me
sucedió y no podía correr el riesgo de que alguien lo descubriera. Después
de eso, tuvo cuidado de infligir su dolor solo a lugares donde nadie vería,
mis muslos, mi estómago, mi espalda, mis brazos... por lo que su falta de
preocupación por el moretón que seguramente me agravaría la mejilla me
asustaba hasta la muerte.
Su mano agarró un puñado de mi largo cabello rubio en mi nuca y
me arrastró hacia arriba desde el escritorio, tirando mi cabeza hacia atrás
hasta que miré su cara furiosa.
Me palpitaba la mejilla por el golpe y parpadeé para contener las
lágrimas mientras mis manos se alzaban ciegamente detrás de mi cabeza
para intentar que me soltara.
—¿El tipo que has estado follando a mis espaldas habla así? —me
preguntó enojado.
—William, no hay nadie más, te lo juro —sollocé; mis ojos llenos de
lágrimas le suplicaban que me creyera.
Con los brazos en alto, aferrándome a su mano en la nuca, había
dejado mi cuerpo expuesto para él sin querer. Su puño se estrelló contra
mis costillas, robándome el aliento mientras un dolor agudo me recorría el
costado. Su puño en forma de bola conectó con el mismo punto una y otra
vez hasta que la negrura nadó en el borde de mi visión y oí el chasquido
de una costilla al romperse.
Volvió a apartarme de él y no pude hacer otra cosa que derrumbarme
en el suelo, el dolor en el costado era tan intenso que sabía que iba a
vomitar. Las náuseas se agolparon en mi estómago mientras me llevaba
las manos a las costillas, mi aliento salía en breves ráfagas, cada una de
las cuales enviaba un ardor por el costado de mi cuerpo hasta que me
62 quedé sin aliento.
—Eres una mentirosa y una puta. He hecho todo por ti ¿y así es como
me lo pagas? —gritó, parado sobre mí.
Quería decirle que no gritara, que Emma se iba a despertar y vería
lo qué pasaba, pero no pude formar las palabras. El dolor en mis costillas
era tan malo que sabía que iba a desmayarme pronto.
Estaba tan ocupada luchando por respirar boca abajo en la alfombra
de su oficina que ni siquiera lo vi echar su pierna hacia atrás. No vi su pie
cubierto con zapatos de vestir que venía hacia mí hasta que noté el crujido
de hueso en mis bíceps.
—¡Eres una jodida histérica! No me extraña que dejes que alguien
más te folle.

Me levanto de golpe en la cama, con mi cuerpo cubierto de sudor y


mi corazón acelerado. Me rodeo de manera inconsciente con los brazos,
recordando el dolor de las costillas rotas y los golpes en mi cuerpo por la
última paliza, la última vez que permití que William me hiciera daño. Le
echo un vistazo al reloj en mi mesita de noche, las luces rojas brillantes
dan las tres y cuarto, y sé que no podré volver a dormir. Las engreídas
palabras de Austin de esa noche juegan en un bucle en mi cabeza.
Jodida histérica, jodida histérica, jodida histérica.
Sé que no quiso decirlo de la misma manera que William. Sé que
solo me dijo eso porque lo aparté. Llegué a casa después de cenar con
Ellie y no podía pensar con claridad. Abrumada por el miedo y alterada
hasta el centro por su traición, solo quería olvidarme de todo lo que Ellie
me contó y del cúmulo en que se había convertido mi vida, aunque fuera
por un momento. Lo usé sin pensar en lo que hacía, simplemente quería
hacer algo para borrarlo todo. No quería pensar en William, en Ellie o en
lo traicionada que me sentía por mi mejor amiga. No tenía idea de que
besar a Austin llenaría mi mente con más dudas y confusión. No pensé
que alguna vez quisiera volver a ser tocada por otro hombre, pero con su
cuerpo contra el mío, sintiendo su necesidad entre mis piernas... hizo que
todo desapareciera hasta que solo fue él. No debería haberlo alejado como
lo hice, pero tenía que hacerlo. Si Emma no hubiera venido a la cocina,
no le habría impedido ir más allá. Me hubiera desnudado y habría visto
todas mis cicatrices, física y mentalmente. Es mejor de esta manera. No
soy buena para él ni para ningún hombre. Estoy dañada y siempre será
así. Debajo de ese carácter de sabelotodo hay un hombre apasionado,
generoso, protector y que se entrega al cien por cien. No tengo el cien por
cien de mí misma para dar a nadie más que a Emma.
Cuando llegue a la oficina dentro de unas horas, le contaré todo.
Se compadecerá de mí y me mirará como a una víctima, pero al menos
comprenderá por qué no puedo hacer esto con él o con cualquiera.
Salgo de la cama, me dirijo al baño para ducharme del sudor y los
sentimientos de ansiedad que el sueño dejó tras de sí. Cuando termino,
63 me meto en silencio en la habitación de Emma y me siento suavemente
en el borde de su cama. Observo su pecho subiendo y bajando con las
profundas respiraciones somnolientas y deslizo suavemente el dorso de
mis dedos por su mejilla.
Todos los días desde que salí de la casa que compartíamos William
y yo con una sola bolsa llena, con tantas cosas mías y de Emma como
cabían dentro, he cuestionado mi decisión. ¿Qué clase de madre aleja a
una hija de su padre? William siempre quiso un varón y la decepción
cuando descubrimos que teníamos una niña fue evidente. Nunca pasaba
tiempo a solas con ella, nunca le leyó un cuento antes de acostarse, ni
hizo otras cosas especiales que un padre debería hacer con su hija, pero
todavía la amaba a su manera. Me lastimó, me golpeó y me destrozó.
Cuando salí del hospital justo tres días después de esa noche, lo único
que podía pensar era: ¿y si me hubiera matado? Emma estaría a solas
con él. ¿Y si decidía usarla como su saco de boxeo en mi ausencia? Sabía
que si me quedaba, eventualmente me mataría y no podría soportar la
idea de dejarla a su merced.
Emma suspira en sueños, rueda hacia mí y esconde su rostro más
profundamente en su almohada. Me trago las lágrimas a la vez que me
deslizo lentamente en la cama junto a ella y descanso mi cabeza en su
almohada, envolviendo su cuerpito con mi brazo y acercándola más a mí.
Inhalo el aroma del champú para bebés de Johnson que se queda en su
cabello y me recuerdo que hice lo que tenía que hacer. Hice lo que pensé
que era correcto para mantener a mi bebé a salvo, y lo haría todo de
nuevo si tuviera la oportunidad.

***

Un golpe en la puerta me despierta a las seis y me quito el sueño


de los ojos, mirando hacia abajo para ver que Emma sigue dormida a mi
lado. Con un beso en la cabeza, salgo de la cama con cuidado, cierro la
puerta detrás de mí y me dirijo a la sala de estar.
Mirando por la mirilla, no veo a nadie allí. Me invade una sensación
de inquietud cuando pienso en la carta que llegó por correo y en cómo
William sabe dónde estoy ahora. El edificio de apartamentos de Brady es
pequeño, pero es seguro. Nadie puede subir a un apartamento sin que le
abran antes. Sintiéndome como una idiota por estar nerviosa cuando
probablemente sea solo el conserje que deja la factura del alquiler, quito
la cadena de la puerta, abro el cerrojo y abro la puerta lentamente.
Mirando el suelo del pasillo, se me hiela la sangre y me llevo la
mano a la boca para contener un sollozo. En fila, como soldaditos que
custodian la puerta, hay tres jarrones de cristal, rebosantes de ramos de
orquídeas moradas. Su aroma especiado y avainillado inunda el pasillo,
abrumando mis sentidos hasta que siento que voy a vomitar. Cierro la
puerta de golpe y me tiemblan las manos, así que me cuesta tres intentos
poner la cadena y asegurar el cerrojo. Una vez que la puerta está cerrada,
64 retrocedo, mirando fijo la puerta como si fuera a abrirse en cualquier
momento y mi peor pesadilla estuviera delante de mí. Sigo caminando
hacia atrás hasta que mi culo choca con la pared junto al televisor y me
deslizo hasta el suelo, subiendo las rodillas hasta el pecho y rodeándolas
con los brazos.
Me encantaban las orquídeas moradas. Al crecer, mi madre tenía
jarrones con ellas en todas las habitaciones. Es el único buen recuerdo
que tengo de pequeña: ir a la floristería con ella todos los domingos y
comprar orquídeas para llenar la casa. Elegíamos las plantas con las
flores más hermosas y los pétalos más suaves, luego me llevaba a comer
al club de campo, las dos solas. No me regañaba para que me sentara
erguida, para que cuidara mis modales o para que actuara como una
dama. Hablábamos de las flores hermosas y de lo bien que olía la casa
en cuanto llegábamos a casa.
Me golpeo la cabeza contra la pared y aprieto los ojos para intentar
que no se me caigan las lágrimas al pensar en lo mucho que me gustaban
las orquídeas y los domingos a solas con mi madre.
Las amaba hasta que mi madre le dijo a William que eran mi flor
favorita. Las amaba hasta que él me las compraba cada vez que me hacía
daño como una forma de absolverse del dolor que me infligía, como si un
ramo de flores pudiera borrar lo que había hecho.
El olor de las flores en el pasillo se aferra a mi nariz y mi cuerpo se
estremece con el recuerdo de todas y cada una de las veces que recibí un
jarrón de esas flores.

65
13
Traducido por Val_17
Corregido por Valentine Rose

Austin
Está retrasada para el trabajo y no responde el teléfono. ¿Es así
como “olvida” lo que pasó entre nosotros, ignorándome y sin venir a
trabajar?
Eso es genial.
El teléfono de la oficina ha estado sonando durante la última hora
y media, y a pesar de que me he familiarizado con los casos actuales de
Brady, no sé qué demonios se supone que debo hacer con los nuevos que
se presentan.

66 La campanilla sobre la puerta suena y alzo la vista para ver entrar


a un tipo. Él lleva puesto un traje negro y gafas de sol oscuras, todo su
aspecto grita “guardia de seguridad”. Quitándose las gafas, me mira con
confusión.
—¿Dónde está Gwen?
Ignorando el timbre del teléfono, me encojo de hombros.
—Sacándome de quicio. ¿Quién eres tú?
—Dylan Callahan. Soy un amigo de Gwen —dice con una sonrisa,
estirando su mano para estrechar la mía.
No me gusta la forma en que dice su nombre, como si estuviera
completamente familiarizado con ella. Quema un agujero en mi estómago
y me dan ganas de darle un puñetazo para quitar la sonrisa de su rostro.
Maldita sea. Un beso de esta mujer y ya me siento como un imbécil celoso.
Estrecho su mano de mala gana y la sacudo, apretándola con
mucha fuerza solo porque puedo. —Austin Conrad. Estoy reemplazando
a Brady.
Suelta mi mano y mete las gafas de sol en el bolsillo delantero de
su chaqueta. —Brady mencionó algo sobre que estarías aquí. Trabajaba
como guardaespaldas de Layla antes de que él decidiera sacar la cabeza
de su culo y profesarle su amor eterno —explica Dylan con una sonrisa.
Ahora lo recuerdo. Brady me contó cómo la noche en que regresó
por Layla, ella se encontraba a dos segundos de besar a este idiota. A
pesar de que Brady ideó un plan con él antes de tiempo para poder pasar
un tiempo a solas con Layla, Dylan se descarriló un poco para ponerlo
celoso.
Sabía que había una razón por la que odié a este tipo de inmediato.
—¿Para qué necesitas a Gwen? —le pregunto, levantándome del
escritorio y caminando hacia el frente.
—Los conozco a ella y a Brady desde la secundaria. Cuando le conté
que iba a estar en la ciudad, Gwenny me dijo que pasara por acá para
que pudiéramos ponernos al día.
¿Gwenny? Voy a golpear a este hijo de puta.
—Bueno, no está aquí, así que la cita tendrá que esperar —le digo,
sin molestarme en ocultar la irritación en mi voz.
No es de extrañar que Gwenny estuviera tan ansiosa por olvidar lo
que pasó entre nosotros. Tiene a este idiota esperando su turno.
—Bueno, ¿puedes avisarle que pasé por acá? Estaré en Nashville
unas dos semanas, así que tendremos bastante tiempo para reunirnos —
me informa, sacando las gafas de su chaqueta y poniéndoselas—. Ella
tiene mi número. Solo dile que me llame.
Sí, haré exactamente eso.
Dylan se da vuelta y sale de la oficina justo cuando el teléfono
comienza a sonar nuevamente.
67
Qué se joda esta mierda.
Agarrando mis llaves del escritorio, me dirijo rápidamente hacia la
puerta, bloqueándola detrás de mí. Si Gwenny quiere “ponerse al día”
con el Señor Guardaespaldas, me parece bien. Ella puede traer su trasero
a la oficina y recibir sus propios malditos mensajes.

***

No puedo creer que de verdad vaya a volver a la “escena del crimen”


para decirle a Gwen que su cita la buscaba; sin embargo, aquí estoy. Ella
se apresuró a descartar lo que pasó entre nosotros y tampoco es como si
quisiera charlar sobre el tema, pero ahora parece que vamos a tener que
hacer justo eso si es que quiero restaurar algo de paz entre nosotros para
que pueda llevar su trasero de regreso al trabajo.
Es bueno que Brady no solo me diera una llave para su oficina,
sino también para la puerta principal de su edificio y su apartamento.
Preferiría no tener que tocar el timbre de Gwen para que me dejara pasar,
pues estoy bastante seguro de que también ignoraría eso teniendo en
cuenta que ha ignorado los diez mensajes que ya he dejado en su maldito
celular.
Al bajar del ascensor, inmediatamente veo tres jarrones de flores
en el piso frente a la puerta del apartamento.
Ese hijo de puta de Dylan Callahan.
Supongo que las flores son de su parte, a menos que Gwen tenga
una fila de otros pobres idiotas pisándole los talones.
Ignorando las flores por las que tengo un impulso antinatural de
patear por el pasillo, llevo mi mano a la puerta y golpeo. Cuando no hay
respuesta, lo hago otra vez y grito: —¡Gwen! ¡Abre la puerta!
Mi llamado no recibe respuesta, así que hago lo más maduro y trato
de gritar de nuevo.
—¡Gwen, abre la maldita puerta!
Justo en ese momento, la puerta del otro lado del pasillo se abre y
Karen asoma la cabeza. —¿Hay algún problema?
Pego una sonrisa en mi cara y finjo que no me encontraba a punto
de derribar la puerta a patadas. —Solo trato de encontrar a Gwen. No
vino a trabajar esta mañana. ¿Alguna idea de dónde está?
Karen abre la puerta un poco más y sale al pasillo.
—Se suponía que hoy tenía que cuidar a Emma, pero me llamó en
la mañana y dijo que no me necesitaba. Supongo que decidió tomarse el
día libre y hacer algo con su hija.
68 Agradeciéndole a Karen por su ayuda, espero hasta que regresa a
su apartamento antes de sacar las llaves de mi bolsillo. Vi el auto de
Gwen en el estacionamiento, por lo que sé que está aquí. ¿Qué demonios
sucede?
Desbloqueando la puerta, la empujo con lentitud y paso sobre los
jarrones, cerrándola silenciosamente detrás de mí. Oigo el débil sonido
de un televisor viniendo del pasillo, así que me dirijo en esa dirección. Me
detengo en seco cuando veo a Gwen sentada en el suelo fuera de una de
las habitaciones con las rodillas pegadas a su pecho, mirando fijamente
la pared frente a ella.
—Bueno, hola allí, vaga. En caso de que te lo preguntes, hoy abrí
la oficina por ti y manejé todas tus llamadas.
No me reconoce, solo sigue mirando al frente. Acercándome, veo
que ha estado llorando. Sus ojos y nariz se ven hinchados y enrojecidos,
y hay rastros de lágrimas marcando sus mejillas. Mis pensamientos van
inmediatamente a Emma y me pregunto si le ocurrió algo.
—¿Dónde está Emma?
Finalmente habla, con su boca temblorosa mientras trata de no
llorar. —Está en su cuarto, viendo una película.
Todavía no me mira y su voz es tan silenciosa, que tengo que
esforzarme para oírla. Arrastrándome más cerca, me pongo en cuclillas
junto a ella, apartando algunos mechones de cabello que se le pegaron a
la mejilla por las lágrimas.
—Le dije que se quedara allí dentro. Si se encuentra allí, sé dónde
está y sé que está a salvo.
He estado cerca de suficientes personas en estado de shock para
saber que eso es exactamente lo que pasa con Gwen en este momento.
Algo la asustó lo suficiente como para esconderse en su apartamento y
no dejar que Emma desapareciera de su vista.
—Oye, mírame —le digo suavemente.
Cuando no responde, me estiro y ahueco su barbilla en mi mano,
girando suavemente su cara hacia mí. Cuando sus ojos llorosos hallan
los míos, contengo el aliento y estoy agradecido de no estar de pie en este
momento o mis rodillas podrían haber cedido. Ella ya no es la luchadora
con la que he lidiado en los últimos días; en este momento está muerta
de miedo y a unos dos segundos de quebrarse.
Deslizando mis brazos alrededor de su cintura, la atraigo hacia mí.
Viene sin luchar y me dejo caer sobre mi trasero, subiéndola en mi regazo
y sosteniéndola. Se sienta de costado sobre mis muslos, envolviendo sus
manos alrededor de mi bíceps y enterrando su rostro en mi pecho. Me
recuesto contra la pared, paso la palma de mi mano por la cima de su
cabeza y la abrazo, escuchando los sonidos de sus sollozos ahogados,
sabiendo lo que se siente tener un cuchillo atravesado en mi corazón.
69 Llora hasta que no le queda ninguna lágrima y estoy agradecido de
que a Emma le gusten tanto las películas que no ha salido al pasillo. No
sé cómo le explicaría por qué su madre ha estado llorando en mi regazo,
sobre todo después de que la chica me dijo anoche que no quiere que su
mamá llore más.
—Dime lo que está pasando, Gwen.
Aparta su rostro de mi pecho y me mira, nuestras narices se tocan
prácticamente, su cálido aliento humedece mis labios.
Jesucristo, soy un idiota. La mujer acaba de llorar en mis brazos y
estoy pensando en besarla de nuevo.
Sin decir una palabra, se aparta de mi regazo, bajando su mano
para ayudar a ponerme de pie. Todavía se aferra a mi mano cuando me
levanto, se da la vuelta y se dirige hacia el pasillo, llevándome con ella a
un dormitorio.
Cuando llegamos a la cómoda, suelta mi mano para abrir el cajón
superior, moviendo las camisetas y los calcetines hasta que llega al fondo.
Saca una gruesa carpeta manila, llevándola a su pecho y abrazándola
durante unos segundos antes de voltearse para enfrentarme. La observo
mientras traga saliva antes de pasarme el archivo. Recibo la carpeta y se
aleja de mí para sentarse en el borde de la cama. La miro durante unos
segundos mientras se inclina, apoyando los codos en las rodillas y la
cabeza entre las manos. No dice nada, así que me volteo y abro la carpeta.
La foto a color en la parte superior me quita la respiración de los
pulmones y mi corazón martillea en mi pecho. Es una foto de Gwen… la
vieja Gwen. Justo aquí a todo color se encuentra la mujer que solía ser:
largo cabello rubio, sus ojos grises llenos de tristeza y dolor. Sin embargo,
no es el pelo rubio lo que me conmociona, es el ojo negro, el labio partido
y otras contusiones variadas que estropean la hermosa piel pálida de su
rostro.
Le echo un vistazo en busca de una explicación, pero todavía tiene
la cabeza entre las manos, negándose a mirarme. No quiero mirar este
archivo, pero tengo que hacerlo. Me está dando todas las respuestas,
justo aquí en esta habitación y tengo que saberlo.
Volviendo mi rostro al archivo, volteo lentamente cada página. Hay
por lo menos veinte imágenes de Gwen en diversos estados de lesiones,
desde costillas rotas y huesos fracturados hasta cortes e incisiones en
varias áreas de la piel que requirieron puntos de sutura. Entre las fotos
se hallan las notas del doctor, detallando cada “accidente” que abarca
desde una caída de las escaleras hasta ser asaltada. Cada página que
giro me deja sintiéndome enfermo y furioso. Mis manos tiemblan para el
momento en que llego a la última página. Después de lo que Emma me
dijo, simplemente asumí que el ex de Gwen era verbalmente abusivo. Eso
de por sí hizo que quisiera matarlo, pero al ver este archivo y todos los
daños que le provocó, hace que quiera destrozarlo miembro por miembro.
—Mi nombre era Gwen Stratford.
70 Levanto la vista del archivo para ver a Gwen estudiándome.
Stratford… todas estas notas fueron firmadas por el doctor William
Stratford. Obviamente no es una coincidencia.
—Dios —susurro, tirando el archivo sobre la cómoda y caminando
hacia ella.
—No, pero a veces él pensaba que lo era —me dice con una sonrisa
triste.
La cicatriz que noté en su hombro el otro día una vez más se asoma
por el borde superior de su camiseta. Me acerco, extendiendo la mano
para pasar mis dedos por encima de la marca. No se aleja esta vez,
simplemente cierra los ojos y suspira.
—A él no le gustaron las nuevas sillas que compré para el comedor,
así que rompió una. Al pedazo con el que me golpeó le sobresalía un clavo.
Alejo mi mano de su piel y doy un paso atrás, apretando las manos
a mis costados. Estoy tan furioso en este momento que tengo miedo de
lo que haré, lo cual podría ser entrar en mi auto y conducir hasta Nueva
York para poner una bala en la cabeza de ese hijo de puta.
14
Traducido por Anna Karol
Corregido por AmpaЯo

Gwen
Austin ha estado paseándose de un lado a otro en la sala de estar,
haciendo llamadas telefónicas sosegadas desde que le mostré el archivo.
Nunca le he mostrado a nadie el contenido de esa cosa, incluido Brady.
Solo quería que Austin lo entendiera. Quería que viera por qué estoy tan
trastornada y por qué razón lo rechacé. Ese archivo ni siquiera contiene
la mitad del daño que me hicieron durante los años, solo lo peor. La noche
que me fui, me metí sigilosamente en la oficina de William para sacar algo
de dinero de la caja de seguridad que tenía allí para emergencias. Nunca
esperé ver ese archivo en medio del dinero, bonos de ahorro, pólizas de
seguro de vida y nuestros testamentos. Agarré el archivo y lo metí en mi
71 bolso antes de despertar a Emma, la saqué de su cama y hui de la casa
en la que había vivido durante diez años. Nunca volví a mirar el archivo
después de esa noche. Llegué a lo de Brady y lo enterré en el fondo de mi
cajón; fingí que no existía. No necesitaba mirarlo para recordar cada
fotografía y la nota de cada médico. Los contenidos se puntean en mi
cerebro y veo las cicatrices cada vez que me miro en el espejo.
Cuando tenía que ir al hospital, William me colaba por la puerta de
atrás y me llevaba a una sala no utilizada en una parte más antigua del
hospital. Me cosía, vendaba mis cortes o reintegraba mis huesos rotos y
ponía una escayola. Todo el tiempo que hacía estas cosas, me aseguraba
cuánto me amaba. Mientras insertaba suavemente una aguja en mi piel
para adormecer el dolor o secaba las heridas con gasas, me contaba
historias sobre la primera vez que me vio en la abarrotada sala de la cena
benéfica o la primera vez que me dio un beso. Hablaba con tanto amor y
devoción entretanto reparaba el daño que me había hecho. Ni siquiera
recuerdo que él tomara las fotos mientras estábamos en el hospital. El
hecho de que lo haya hecho, y que las haya conservado, me enferma.
—Acabo de hablar con la floristería. No tienen idea de quién ordenó
las flores. Fue un día ocupado y la orden se pagó en efectivo. Ni siquiera
recuerdan si fue un hombre o una mujer quien las ordenó —me dice
Austin, empuja su teléfono en su bolsillo y se sienta a mi lado en el sofá.
Austin me preguntó si las flores de la puerta principal eran la razón
por la que no había ido a trabajar esta mañana y por el estado en que me
encontró cuando llegó aquí. Cuando le conté que William siempre me
daba orquídeas luego de lastimarme, salió corriendo al vestíbulo, recogió
los tres jarrones a la vez y los arrojó al depósito de basura al final del
pasillo, asegurándose de conservar la tarjeta con el nombre de la florista.
—Esas eran las jodidas flores más feas que he visto, de todos
modos —me dijo cuando regresó.
—Es él. Sé que es él. Se supone que todavía está en Nueva York —
murmuro para mí en el sofá, pensando en el recado que decía: Espero
que estas flores traigan todos los recuerdos de nuestro tiempo juntos.
Austin pone su brazo alrededor de mis hombros y me apoyo en su
comodidad por solo unos minutos.
—Quizás no está aquí. Podría hacer que alguien hiciera su trabajo
sucio por él. En este punto, es solo una entrega de flores y nada más ha
sucedido —me tranquiliza.
Cierro los ojos y agacho la cabeza. —No son solo las flores. También
han pasado otras cosas —admito.
Sintiendo su brazo apretarse a mi alrededor, miro hacia arriba para
ver sus fosas nasales expandiéndose y una mirada fría y dura en sus
ojos.
—¿Qué más? —pregunta, apretando los dientes, en voz baja.
Respiro profundo y le cuento sobre las tazas de café, el parque y el
72 dibujo. Cuando termino, se levanta rápidamente del sofá y comienza a
pasear por la habitación, frotándose la nuca con una mano.
De repente se detiene y me mira. —¿Por qué demonios no me dijiste
nada de esto? Se supone que debo protegerte. ¿Cómo diablos se supone
que debo hacer esto si no eres sincera conmigo?
Sin responder, me levanto y paso por su lado hacia la cocina, sin
querer despertar a Emma. Está por ponerse ruidoso aquí y no necesita
escuchar nada de eso.
Odio que esté enojado conmigo por no decirle lo que pasaba y odio
que me moleste. Esta es mi vida, estos fueron mis secretos y ahora lo
sabe todo. Ya fue bastante difícil aceptar su ayuda en la oficina, y mucho
menos admitir todos mis errores. ¿Cree que es pan comido admitir ante
otra persona lo estúpida que fuiste y depender de alguien más cuando
todos los demás te decepcionaron?
Me acerco al fregadero y apoyo mis manos en el borde, mirando el
desagüe.
—Deberías haberme dicho —dice detrás de mí; su voz es mucho
más tranquila que hace unos minutos.
—No quería que supieras —le digo, volteándome para mirarlo.
Me mira, confundido. —¿Por qué demonios no querrías que supiera
sobre esto? Puedo ayudarte. Puedo mantenerte a salvo.
—¡No necesito que un héroe venga a mi jodido rescate! —le digo,
indignada.
—Vi lo que ese bastardo te hizo durante todos esos años y no voy
a dejar que vuelva a suceder —argumenta—. No trato de ser un héroe,
Gwen. Este es mi trabajo, para lo que estoy entrenado.
Ignoro el dolor que siento por sus palabras. No quiero ser solo
un trabajo para él.
—Maldita sea, ¿no te das cuenta? ¡Odio que hayas tenido que ver
ese archivo! Odio que me mires como en este momento, como si fuera
una persona débil y patética que esperó diez años antes de finalmente
salir de ese infierno. Pero, sobre todo, ¡odio que sea verdad! Me odio cada
maldito día por no irme antes —admito, en tanto las lágrimas amenazan
con caer.
Paso las palmas de las manos por mis ojos para mantenerlas a raya
antes de dejar caer los brazos a los lados y continuar: —Odio a la persona
que solía ser y me esforcé tanto por dejar atrás. Cambié la forma en que
me vestía, me cambié el cabello... Cambié todo sobre mí, pero no puedo
cambiar el pasado. No puedo hacer que los recuerdos desaparezcan y me
asusta muchísimo. No quiero...
Las manos de Austin enmarcan mi rostro y sus labios están en los
míos, interrumpiéndome a mitad de la oración como yo hice la otra noche.
A diferencia de ese otro beso, este es suave y lento. Se toma su tiempo en
73 engatusarme para que abra mis labios antes de deslizar suavemente su
lengua por mi boca, frotando con sus pulgares suavemente mis mejillas
mientras sostiene mi rostro entre sus manos. Me olvido de todo excepto
la sensación de su boca sobre mí y la manera en que su lengua gira
lentamente alrededor de la mía. Me hace olvidar por qué tengo miedo y
me hace olvidar por qué tengo que ser fuerte por mi cuenta. Mis manos
se mueven hacia arriba para cubrir las suyas a cada lado de mi cara y
dejo que me lleve lejos con su beso. Floto hacia un lugar donde no hay
cicatrices ni miedo, donde no tengo que mirar por encima del hombro
cada segundo del día y puedo ser quien quiera. Me permito dejarme llevar
y solo gustar de este hombre, memorizando la suavidad de sus labios y
el sabor de su lengua mientras la mueve en mi boca, dolorosamente lento.
Austin se detiene demasiado pronto, colocando un último suave
beso en mis labios antes de apartar su cabeza, aún sosteniendo mi cara
con sus manos.
—Vamos a aclarar una cosa aquí, nunca pensé que fueras débil o
patética, y estoy seguro de que no lo creo en este momento. Ni siquiera
puedo imaginarme la mitad de la mierda por la que pasaste. He visto
SEALS quebrarse por mucho menos. Hiciste lo que tenías que hacer por
ti y por Emma, y eso es todo lo que importa.
Cerrando los ojos, inclino mi cabeza hacia adelante y él apoya su
barbilla en la parte superior.
—Ahora vas a dejar de ser tan tercamente obstinada y dejarme
ayudarte. Vamos a rastrear a este bastardo y arrojar su puto trasero a la
cárcel.
El sonido de unos pasos en el azulejo de la cocina me hace alejarme
de Austin para ver a Emma de pie allí con una gran sonrisa en su rostro.
—Ooooh, dijiste la grandeeee. Eso serán de diez dólares, por favor
—le dice con un gesto de su mano.
Sonrío por primera vez desde que abrí la puerta del apartamento
esta mañana y vi las flores. Austin suspira, buscando en su bolsillo
trasero y sacando su billetera.
—Ya sabes, renacuajo, voy a estar en la quiebra pronto —le dice,
arrimando un billete de diez dólares en su mano estirada.
Emma se encoge de hombros, metiendo el dinero en el bolsillo
delantero de sus pantalones. —Bueno, entonces, deberías dejar de decir
malas palabras.
Austin se ríe y niega con la cabeza, inclinándose y tomándola en
sus brazos. Emma chilla y ruega piedad mientras le hace cosquillas.
El teléfono en la pared en la cocina suena y todavía estoy sonriendo
cuando me acerco para contestar. —¿Hola?
Hay silencio al otro lado de la línea, así que vuelvo a intentarlo:
74 —¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
Me alejo de Austin y Emma pasando por la puerta y me esfuerzo
por escuchar a través de la línea. Creo escuchar algo, así que acerco más
mi oreja y escucho con más intención.
—Lo siento, no puedo oírte. ¿Qué fue eso?
Los sonidos de Austin y Emma riendo desaparecen cuando escucho
las palabras silenciosas y susurradas al otro lado de la línea: —No puedes
esconderte por siempre.
Rápidamente retirando el receptor como si fuera una serpiente lista
para atacar, lo golpeo contra su base tan fuerte que ésta se rompe.
Miro el teléfono y escucho que Austin habla con Emma. —Oye,
renacuajo, qué tal si vuelves a tu habitación y eliges una película para
que la veamos juntos, ¿está bien?
—¿Podemos ver The Pretty Pink Princesses? —pregunta Emma.
Austin gime. —¿Por qué no pueden ser azules o amarillas? Bien,
The Pretty Pink Princesses será.
Emma sale corriendo de la habitación y Austin se acerca a mí.
—¿Quién diablos era?
Envuelvo los brazos a mi alrededor y froto la piel de gallina que se
formó tan pronto como escuché las palabras susurradas. —Creo que fue
él. No lo sé, no podría asegurarlo. Habló en un susurro y apenas pude
escucharlo. Dijo que no podría esconderme para siempre.
Solo repetir las palabras en voz alta me llena de miedo.
—Hijo de puta. Llamaré a un policía amigo mío que vive en Nueva
York. Puede averiguar cuándo este imbécil salió de la ciudad y luego
ponerme en contacto con la policía local aquí en Nashville —dice Austin.
En ese momento, el sonido estridente del teléfono llena la cocina
una vez más. Inmediatamente me alejo del teléfono, sin querer tener nada
que ver con eso ahora. Austin me rodea, saca el auricular del teléfono y
grita furioso: —Te juro por Dios que si vuelves a llamar aquí, pedazo de
mierda cobarde, voy a arrancar... Oh, mi error. Perdón por eso, espera
solo un segundo.
Austin se da vuelta y me pasa el teléfono. —Lo siento, es esa amiga
tuya, Ellie.
Decir que me sorprende es una subestimación. No esperaba saber
de Ellie otra vez poco después de nuestra desastrosa reunión de la otra
noche. No estoy segura de si todavía estoy enojada con ella o no. Ahora
mismo, sin embargo, tengo miedo por ella. Si William intenta llegar a mí,
la atrapará en el medio y no importa cuán enojada o decepcionada esté,
no quiero que salga lastimada.
Extiendo la mano lentamente, tomo el teléfono de Austin y lo llevo
a mi oído.
75 —Ellie, no pensé que...
Los sonidos de sus sollozos al otro lado de la línea me detienen.
—Gwen, oh Dios, lo siento mucho. No sé qué hacer. Nunca quise
que esto sucediera y ahora está loco. Está tan enojado.
Comienza a llorar más fuerte y miro a Austin, sin saber qué hacer.
—Ellie, cálmate. ¿Qué pasó? ¿Dónde estás?
Respira entrecortadamente y me rompe el corazón. —Todavía en
Nashville. Me siguió hasta aquí, Gwen. Estoy tan asustada.
No importa lo que pasó entre nosotras, Ellie sigue siendo mi amiga
más antigua y querida. No voy a dejar que le pase lo mismo a ella que a
mí.
—Dime dónde estás. Voy a buscarte.
15
Traducido por Beatrix
Corregido por Itxi

Austin
Me estoy encariñando. Joder, me estoy encariñando con estas dos
chicas y me está haciendo hacer estupideces como volver a besar a Gwen
y mudarlas a ella y a Emma conmigo.
El beso puede explicarse fácilmente: odiaba la manera en que se
degradaba. Es la jodida mujer más fuerte que he conocido después de la
mierda que pasó y no estaba dispuesto a pararme allí y dejar que pensara
lo contrario. Fue lo único que pude hacer para que dejara de sentirse mal
consigo misma.
¿La cosa de mudarse? Obviamente tenía que hacerlo. Ella y Emma
76 no podían quedarse en el departamento de Brady cuando ese imbécil con
el que se casó sabe dónde vive y podría ir tras ella en cualquier momento.
No es que signifique nada ni sea algo permanente. Vivo en una casa de
alquiler; no me quedaré aquí para siempre y las chicas regresarán a su
propio lugar cuando todo esto termine y yo pasaré a lo siguiente. Soy un
SEAL; es mi trabajo proteger a las personas sin importar quiénes son.
Por supuesto que no quiero una familia ya hecha, y estoy seguro
de que lamentaré tenerlas en mi espacio personal en muy poco tiempo.
Me gusta estar solo, estoy acostumbrado a eso y a no tener que responder
a nadie, y en todo caso, las dos con su mierda femenina de color rosa por
todas partes harán que sea más fácil alejarse cuando esto termine.
Claro, sigue diciéndote eso, amigo.
—¿De verdad necesitabas traer todas las Barbies y todos sus
atuendos? —le pregunto a Emma mientras coloca todas sus muñecas
contra los cojines de mi sofá.
—No podía dejarlas allí, estarían tristes solas —explica Emma a la
vez que saca la última muñeca de su bolso y la coloca en la mesita de
café, lejos de las demás.
—¿Hay alguna razón por la que esa Barbie está pegada con cinta
adhesiva a una silla Barbie? —pregunta Gwen, entrando a la sala de estar
después de hacer otra llamada a Ellie.
Ellie insistió en que no fuera a buscarla. Temía por la seguridad de
Gwen y no quería que estuviese cerca del hotel en el que se hospedaba,
por si William volvía. Eso me pareció bien. No es como si fuera a dejar ir
a Gwen sola a buscarla de todos modos.
La miro y finjo que no me parece bien tenerla en mi casa.
—Ella es insegura, mamá. El señor Austin y yo intentábamos que
hablara —responde Emma.
Gwen me mira confundida y me río. —Es insurgente, renacuajo. Y
sí, esa Barbie se descarriló, así que tuvimos que tomar medidas extremas.
Gwen niega con la cabeza y me voy hacia la cocina, indicándole que
me siga. —Volveremos enseguida, renacuajo. Sigue trabajando en Barbie
y avísame si cede.
Cuando entramos en la cocina, fuera del alcance del oído de Emma,
le pregunto sobre Ellie. —Entonces, ¿qué está pasando?
Suspira y se sienta en la mesa. —Todavía no me deja ir a buscarla.
Me prometió que se mudaría a otro hotel y que me llamaría tan pronto
como llegara allí. Le dije que se asegurara de que no la siguieran; irá por
muchas calles laterales, dará algunos giros incorrectos y mirará por el
espejo para asegurarse de que no la siguen. Debería llamarme en unos
minutos y luego la recogeré, le guste o no.
77 Doblando los brazos sobre mi pecho, la miro. —No vas a ir a ningún
lado. Cuando vuelva a llamar, iré a buscarla.
Abre la boca para discutir y levanto una de mis manos. —No. Que
ni siquiera se te ocurra, cariño. No pienso dejarte ir a ninguna parte sola
cuando existe la posibilidad de que ese imbécil pueda estar allí. No sabe
dónde estás y lo mantendremos de esa manera.
Gwen resopla, pero no vuelve a discutir, gracias a Dios.
Media hora más tarde, después de que Emma convirtió mi sala de
estar en su propia casa de ensueño Barbie, Gwen recibe la llamada de
Ellie. Llegó a otro hotel y le aseguró que no la siguieron. Con mis firmes
instrucciones a Gwen para que no abra la puerta a nadie y una respuesta
sarcástica de que no es estúpida, cierra la puerta detrás de mí y me dirijo
a recoger a su amiga.
De camino allí, llamo a mi amigo de las fuerzas en Nueva York.
—Hola, Mark, soy Austin Conrad.
—¡Bueno, mierda, mucho tiempo sin hablar! ¿Qué estás haciendo
llamándome? ¿No deberías estar en algún lugar en medio de la nada
siendo un tipo duro y salvando el mundo? —me pregunta.
Mark y yo fuimos a la escuela secundaria juntos y nos hemos
mantenido en contacto a lo largo de los años, intercambiando favores el
uno al otro.
—Eh, estoy haciendo un trabajo para un amigo en Nashville en este
momento. Oye, necesito que investigues a alguien para mí, un tipo con el
nombre de William Stratford. Es médico en la ciudad de Nueva York —le
digo.
—Sí, conozco al hombre. Bueno, he oído hablar de él. En realidad,
no nos mezclamos en los mismos círculos sociales —dice Mark con una
risa—. Stratford es un cirujano importante en el Mount Sinai, dona un
montón de dinero a las organizaciones benéficas, incluso le da una gran
parte al evento de la policía cada año. Un buen hombre, todos lo aman.
Estoy bastante seguro de que está programado para la santidad o alguna
mierda.
Estupendo. Genial. Este imbécil abusivo ha engañado a todos.
—¿Tienes algún tipo de contacto con el departamento de policía de
Nashville? —pregunto.
—Sí, he hablado con ellos un par de veces. ¿Por qué, qué pasa?
Me detengo, inseguro de cuánto quiero contarle a Mark. Confío en
él, pero no quiero que se sepa que estoy preguntando por William, por si
se entera y lo asusta. No podré darle una paliza si desaparece.
—Necesito que los llames y les digas que estén atentos a Stratford.
Diles que no está en problemas, que solo lo buscan para interrogarlo o
78 algo así. No me importa lo que tengas que decirles, solo asegúrate de que
lo hagan.
Guarda silencio durante unos largos segundos.
—Austin, ¿qué carajo sucede? ¿Y cómo sabes que Stratford está en
Nashville?
—Es una larga historia. Te prometo que te la contaré en cuanto
pueda, solo dime que lo harás por mí.
Mark suspira cuando llego al estacionamiento del hotel donde se
mudó Ellie. —Bien, no hay problema. Pero voy a controlar un poco esto,
¿sabes? No bromeo cuando digo que todos aman al tipo. El dinero habla
por aquí y es uno de los mayores contribuyentes a la fuerza policial.
Claro que sí. ¿Qué mejor manera de hacer que la gente mire hacia
otro lado cuando le da una paliza a su mujer?
Mark promete llamarme cuando haya hablado con la policía de
Nashville y yo termino la llamada, saliendo del coche y dirigiéndome a la
habitación de Ellie. Me aseguro de comprobar si hay algo sospechoso en
el aparcamiento. Por suerte, se encuentra bastante vacío y no veo a nadie
merodeando.
Me acerco a la habitación uno-quince y llamo a la puerta. —¿Ellie?
Soy Austin Conrad.
Gwen le dijo por teléfono a Ellie quién era yo y le hizo saber que
sería yo quien vendría a buscarla para que me esperara. Unos segundos
después, la puerta se abre lentamente y una mujer de pelo largo y rubio
asoma la cabeza, mirando nerviosa detrás de mí hacia el aparcamiento.
Abre la puerta un poco más y, cuando el sol entra en la habitación,
puedo ver mejor su cara. Tiene el labio roto y ensangrentado, y un corte
pequeño en la mejilla izquierda que empieza a amoratarse.
Hijo de puta.
—¿Necesitas un doctor? —le pregunto suavemente.
Sacude la cabeza, recoge su bolso del suelo, sale y cierra la puerta
detrás de ella. No me dice una palabra mientras caminamos hacia mi
auto y tengo la sensación de que está avergonzada. Pienso en todas esas
fotos de Gwen en ese archivo y tengo que frotarme un dolor en el pecho.
Gwen era esta persona no hace mucho tiempo. Estaba magullada y rota,
muerta de miedo y sin saber a quién acudir o en quién confiar. Al pensar
en la actitud que tiene ahora y en la determinación y el fuego que hay en
sus ojos, sé que haré lo que sea necesario para asegurarme de que nunca
tenga que volver a ser como es Ellie ahora.
El viaje de vuelta a mi casa es tranquilo y dejo a Ellie tranquila,
esperando a que esté con Gwen para averiguar qué demonios ha pasado.
Probablemente no es fácil para ella estar cerca de un tipo que no conoce
cuando alguien en quien creía que podía confiar le hizo eso en la cara.
Desbloqueo la puerta principal, la mantengo abierta y dejo que Ellie
entre primero.
79 —¡Tía Ellie! —grita Emma emocionada, corriendo por la habitación
y arrojándose contra sus piernas.
—¡Dios mío, mira lo grande que estás! —le dice Ellie, hablando por
primera vez desde que la recogí.
Levanta a Emma en sus brazos y la abraza fuertemente. Emma se
detiene y mira su cara confundida. —¿Por qué tienes heridas en la cara?
Ellie coloca la palma de su mano sobre el corte en su mejilla y le
sonríe. —Oh, acabo de tener un pequeño accidente. Estoy bien.
Gwen entra a la habitación desde el pasillo y las dos mujeres se
miran fijamente sobre la cabeza de Emma. Puedo ver la angustia en los
ojos de Gwen mientras observa el corte en el labio de su amiga y el rápido
hematoma en su mejilla.
—Emma, cariño, ¿por qué no agarras tus Barbies y las instalas en
tu habitación? La tía Ellie irá a visitarte después de que tengamos la
oportunidad de hablar.
Ellie deja a Emma y corre hacia el sofá, llenando sus brazos con
todas las muñecas que puede llevar antes de correr junto a Gwen hacia
uno de los dormitorios traseros.
Después de que Emma se va, Gwen camina lentamente hacia Ellie.
—Él te hizo esto.
Es una declaración, no una pregunta. Ellie asiente y sus ojos se
llenan de lágrimas. Gwen no duda antes de atraerla a sus brazos.
—Shhh, está bien, todo va a estar bien.
Emma abraza a Gwen por los hombros. —Me siento una tonta. Vi
lo que te hizo durante todos esos años. Pensé que había cambiado. Soy
tan estúpida.
Gwen se detiene y mira a Ellie. —No eres estúpida. Pensaste que
podías confiar en él y se aprovechó de eso. No puedes culparte; es él quien
hizo algo malo, no tú. Todo va a salir bien, te lo prometo.
Ellie se limpia las lágrimas y se dirige al dormitorio de atrás para
jugar con Emma. Cuando se va, Gwen se vuelve para mirarme.
—Me siento tan mal por haberle gritado la otra noche en la cena.
Cuando me dijo que estaba saliendo con William, perdí la cabeza. Debería
haber hecho más para convencerla de que se alejara de él —me dice con
tristeza.
Me acerco a ella, la rodeo con mis brazos y la atraigo hacia mí.
—Creo que es hora de que empieces a seguir tus propios consejos.
No puedes culparte por las acciones de otras personas. Ellie sabía en lo
que se metía al salir con William. Tomó sus propias decisiones y no hay
nada que pudieras haber dicho o hecho que cambiara las cosas.
Mientras me aferro a Gwen y escucho las risas de Emma que vienen
80 del fondo del pasillo, me doy cuenta de que estoy bien jodido.
Alejarme de ellas va a ser imposible.
16
Traducido por Leidy Vasco
Corregido por Itxi

Gwen
De pie en la entrada de la habitación de invitados, miro en silencio
mientras Austin se acuesta en la cama junto a Emma y le cuenta una
historia antes de dormir. Es una historia elaborada sobre unas princesas
atacando un castillo y tomando como rehenes a las personas; tengo que
sofocar mis risas para que no me noten. Algo me retuerce el corazón al
ver a los dos juntos y estoy agradecida por la vibración de mi celular en
mi bolsillo que me aleja de la escena que tengo delante.
Es estúpido estar tan ahogada de emoción por mirar a Austin con
Emma. Lo más que William hizo con ella era acariciarla en la cabeza o
81 asentir distraídamente cuando le contaba algo.
Al salir a la sala de estar, saco mi teléfono de mi bolsillo y respondo.
—Gwendolyn, soy tu padre.
No he hablado con mi padre desde dos semanas antes de dejar a
William. Mi madre dejó muy claro cuando hablamos que se siente muy
decepcionada con mis decisiones. Escuchar su voz en este momento es
extraño. Debería estar contenta de que finalmente esté acercándose a mí,
pero tengo la sensación de que esta no será una conversación agradable.
Por un momento, sin embargo, me pregunto si algo le pasó a mi madre.
Esa sería probablemente la única razón por la que alguna vez me llamaría
por su cuenta.
—Papá, ¿está todo bien? —pregunto con nerviosismo.
Por supuesto, mis padres y yo no tenemos la mejor relación, pero
eso no significa que no me molestaría si algo le sucediera a uno de ellos.
—Tu madre está bien. Esa no es la razón por la que estoy llamando.
Hoy recibí una llamada muy inquietante del jefe de policía —dice.
Cerrando los ojos, respiro profundo, sabiendo exactamente de qué
se trataba esto. Austin ha estado llamando a algunos de sus contactos
todo el día intentando averiguar dónde se encuentra William. Parece que
las noticias viajan rápido. Debería haber advertido a Austin que mi padre
juega al golf con el jefe de policía.
—Me han avisado que hay una especie de cacería humana para
William —continúa mi padre.
—Papá, no es una cacería humana. Intentamos averiguar dónde
está, eso es todo.
Mi explicación cae en oídos sordos.
—¿Tienes alguna idea de lo embarazoso que es esto para mí y para
William? El jefe Jackson me llamó por cortesía, imaginando que ya estaba
al tanto de qué se trataba, considerando que es mi propia hija la que ha
involucrado a la policía en sus tonterías infantiles.
No debería sorprenderme que mi padre siga del lado de William. No
importa cuántas veces traté de pedir ayuda a mis padres, no quisieron
escuchar. No querían creer que el chico de oro que amaban más que a su
propio hijo sería un monstruo. Todavía me duele escuchar a mi padre
descartar descaradamente mis problemas.
—Lamento que pienses que haber sido abusada durante diez años
por tu esposo sea una tontería infantil. Pero oye, no te preocupes por tu
nieta ni por mí; solo sigue preocupándote por ti y por tu puta reputación.
Me ocuparé sola de mi hija y de mí misma, como siempre —le respondo
con enojo.
—Ya ni te conozco, Gwendolyn. No entiendo por qué haces esto;
por qué te convertiste en una persona tan enojada y malhablada. Debes
82 detener esta tontería de una vez por todas. William es un hombre bueno
y trabajador, y fue un maravilloso esposo y padre. Él ha estado destruido
desde que lo dejaste, y ahora esto. Si sale a la luz, le arruinará. Su carrera
habrá terminado. ¿De verdad quieres hacerle eso?
Se va la ira que sentí correr por mis venas hace un momento. Las
palabras de mi padre me resbalan y de repente no siento nada. Me cansé
de tratar de defender mi caso a las personas que deberían apoyarme sin
importar que. Siempre pensé que mis padres me apoyarían y protegerían.
Y luego, cuando más los necesitaba, me dieron la espalda. Ya es hora de
que yo haga lo mismo.
—Adiós, papá —le digo en voz baja.
—¿Vas a detener todo este asunto? Sabía que, si hablaba contigo,
te haría entrar en razón —me informa altivamente.
—No, quiero decir, adiós. Nunca me vuelvas a llamar. Si no puedes
defender a tu propia hija, entonces te puedes ir al infierno.
Me quito el teléfono de la oreja y termino la llamada antes de que
pueda decir algo en respuesta. Lanzando mi teléfono en el sofá, me dirijo
hacia el pasillo para ver a Austin saliendo de puntillas de la habitación
de invitados, cerrando la puerta suavemente detrás de él.
—Ya se durmió, ¿quién iba a decir que las niñas se emocionarían
tanto escuchando una historia sobre princesas con AK-47 y animales de
peluche que vuelan por los aires con granadas propulsadas? —me dice
Austin con una risa tranquila—. Lavé las sábanas de la cama. Puedes
dormir allí, yo usaré el sofá.
Sacudo la cabeza con firmeza. —Oh diablos, no. No dormirás en el
sofá de tu propia casa. Me parece perfecto dormir en el sofá o con Emma.
—Esta ni siquiera es mi casa, es un alquiler —argumenta.
—Qué pena. No te echaré de tu habitación —digo, caminando hacia
el armario de la ropa blanca al final del pasillo. Cuando se fue para dejar
a Ellie en su hotel hace un rato, encontré que el armario estaba lleno de
almohadas y mantas para cualquiera que alquilara el lugar.
Llenando mis brazos con dos mantas y dos almohadas, cierro la
puerta con la cadera y, cuando paso junto a él, Austin menea la cabeza
con frustración.
—Eres demasiado terca para tu propio bien —dice mientras giro la
esquina al final del pasillo y me dirijo al sofá.
Emma es una monopolizadora de camas por lo que sé que, a los
diez minutos de acostarme con ella, me agarraré al borde tratando de no
caerme, así que será el sofá.
Sé que soy testaruda y que me gusta salirme con la mía. He pasado
tanto tiempo haciendo lo que los demás me exigían que me siento bien al
ponerme firme y hacer lo que quiero, incluso si es algo tan tonto como
dormir en el sofá cuando hay una cama perfectamente buena justo al
final del pasillo con un hombre muy atractivo en ella.
83
***

A las dos de la mañana, lamento profundamente la idea de dormir


en el sofá. Es duro e incómodo y he estado dando vueltas desde que me
acosté, pero sé que eso no tiene nada que ver con el por qué el sueño me
está eludiendo. La llamada telefónica de mi padre ha estado resonando
una y otra vez en mi cabeza toda la noche. Traté de bloquearlo, de olvidar
lo hirientes que eran sus palabras, pero no pude. ¿Por qué siempre confío
en las personas equivocadas? Mirando al otro lado del salón oscuro y por
el pasillo, mis ojos se ajustan gradualmente a la negrura y veo el contorno
de la puerta de Austin. ¿Confío en él? Sé qué hará todo lo que pueda para
mantenernos a salvo a Emma y a mí. Confío en él con nuestras vidas,
pero ¿qué hay de mi corazón? Cada vez que estoy con él, siento que me
estoy debilitando con respecto a él. Lo deseo, pero quiero más y me asusta
muchísimo. Ya me he acostumbrado a que las personas de mi vida me
decepcionen. Incluso Brady, en quien confiaba más que en nadie en el
mundo, me dejó sola y nunca miró atrás, nunca se preocupó lo suficiente
como para enterarse de mi vida o del infierno por el que estaba pasando.
Entiendo por qué lo hizo; tenía que alejarse y hacer una ruptura limpia,
irse antes de que nuestros padres lo convirtieran en alguien que nunca
quiso ser: ellos. Entenderlo no disminuye el dolor, pero ha hecho todo lo
posible para compensarme y lo amo por ello.
Austin se está metiendo rápidamente en mi corazón y no sé qué
hacer al respecto. No puedo alejarme de él por mucho que lo intente. La
forma en que me besó en la cocina esta mañana no se parece a nada que
haya sentido antes. Sé que no es el tipo de hombre que querría sentar
cabeza con una madre soltera y me siento como una tonta por haberlo
pensado. No quiero ni necesito otro hombre en mi vida que me complique
las cosas, pero soy una mujer adulta y tengo necesidades que mis propios
dedos ya no pueden satisfacer. Sé que me desea; puedo verlo en sus ojos
cada vez que me mira y ya he sentido la evidencia de su necesidad entre
mis piernas dos veces. Solo de pensar en la noche en la cocina de Brady,
cuando Austin me empujó contra la nevera, siento un cosquilleo de deseo
entre las piernas. Frotando mis muslos, pienso en lo cerca que estuve de
correrme.
Metiendo mi mano debajo de la manta, presiono mis dedos sobre
mi clítoris por encima de mi ropa interior y cierro los ojos, recordando la
invasión de su lengua dentro mi boca y la dureza de sus vaqueros contra
mí. Me toco con pensamientos de las manos y la boca de Austin en mí,
pero después de unos minutos, retiro la mano con frustración. No es lo
mismo y no me sirve.
Sin pensar en lo que estoy haciendo, me quito la manta de encima
y me levanto del sofá. Rápidamente, camino descalza por el pasillo sin
más ropa que mi camiseta de tirantes y mis pantalones cortos de encaje,
dejando mis pantalones de yoga colgados en el brazo del sofá. Cuando
84 llego a la puerta, dudo con la mano en el pomo. Si abro la puerta, todo
cambiará. Austin me rechazará y será un gran error, o me dará lo que le
pido... y seguirá siendo un gran error.
A la mierda.
17
Traducido por AnnyR’
Corregido por Itxi

Austin
No puedo dormir.
Y no es porque sé que Gwen está a solo unos metros durmiendo en
mi sofá, aunque eso no ayuda. Pasar el rato con una niña últimamente
me ha hecho pensar en el pasado. No es algo en lo que haya pensado de
manera voluntaria.
Había pasado por quince hogares de acogida para cuando cumplí
los dieciocho años y pude largarme. Ni una sola vez nadie me leyó un
cuento para dormir, ni jugó conmigo, ni me trató con algo que no fuera
indiferencia. Observo a Emma y pienso en lo que pasó Gwen y me quedo
85 maravillado. Emma es feliz y dulce... para ser una niña. Gwen se aseguró
de que ninguno de los horrores por los que pasó tocara a su hija y la sacó
de esa casa antes de que pudiera hacerlo.
Ojalá a alguien le hubiera importado de niño y hubiera hecho algo
parecido. Tener a Emma durmiendo en mi habitación libre y a Gwen
deambulando por la casa hoy me hace desear cosas que nunca pensé que
querría. Me hace estar cansado de estar siempre solo y de no tener nunca
a nadie con quien volver a casa después de una misión agotadora. Gwen
nunca estaría satisfecha con un hombre que se fuera y viniera todo el
tiempo; se merece un hombre que la quiera y esté ahí para ella en todo
momento. Soy un idiota por siquiera entretener estos pensamientos.
El chasquido de la puerta de mi habitación me saca de mi fiesta de
compasión y la luz de la luna que entra por la ventana de mi habitación
ilumina la habitación lo suficiente como para que distinga a Gwen de pie
en la puerta. Tiene las piernas desnudas y la camiseta blanca de tirantes
que lleva prácticamente brilla en la oscuridad. Veo cómo se ciñe a su
pecho mientras mis ojos la recorren de pies a cabeza.
Contengo la respiración y no me muevo, mirándola mientras cierra
silenciosamente la puerta detrás de ella y se acerca a la cama. Vacila por
un momento en el borde y me pregunto si se va a volver y salir corriendo
de la habitación. No tengo idea de qué carajo hace aquí, pero no puedo
formar palabras para preguntarle. Mi lengua está pegada a mi paladar y
mi pene palpita en tanto la observo parada junto a mi cama usando casi
nada. La escucho respirar profundo y la veo morderse el labio inferior.
Poco a poco, para no asustarla, levanto el borde de las sábanas; una
invitación silenciosa para que se una a mí.
Gwen se desliza rápidamente en la cama y se aleja de mí mientras
la cubro con las mantas. Me doy la vuelta a mi lado y deslizo mi brazo
alrededor de su cintura, rozando con mi palma la piel desnuda de su
estómago donde su camiseta se ha subido.
Ella se desliza hacia atrás hasta que su culo se acurruca contra mi
pene y su espalda se aprieta contra mi torso. Nos quedamos así durante
varios minutos tranquilos. Justo cuando comienzo a preguntarle qué está
pasando, presiona su palma contra el dorso de mi mano y comienza a
llevarla hacia abajo. Contengo la respiración mientras guía mi mano por
su estómago tenso y se detiene cuando estoy ahuecando el encaje y el
calor entre sus piernas.
Cierro los ojos y agacho la cabeza hasta que queda enterrada en el
cabello de Gwen. Sostiene mi mano por completo aún a pesar de que me
mata no tocarla más, mover su ropa interior hacia un lado y sentirla
desnuda.
—¿Qué estás haciendo? —susurro finalmente.
Mueve sus caderas y presiona más fuerte mi mano. —No sé. Ya no
sé nada. Solo necesito sentir algo más que miedo. Solo quiero olvidarme
de todo por un rato.
86 Por mucho que me duela, retiro mi mano de entre sus piernas y la
muevo hacia su cadera. —No vamos a hacer nada solo para que puedas
olvidar lo que está pasando. Cuando todo esté dicho y hecho, toda esa
mierda seguirá esperando a que lidies con ella y llevar más lejos lo que
sea que haya entre nosotros solo va a complicar más las cosas.
Gira la cabeza sobre la almohada para mirarme sobre su hombro.
—Deja de ser tan obstinado, Austin.
Gwen me devuelve mis palabras y me reiría si no me sobrecogiera
la necesidad de escucharla decir mi nombre otra vez.
Soy un jodido debilucho cuando se trata de esta mujer.
—Me casé con William nada más salir de la universidad. Nunca
había tenido sexo con nadie antes ni después de él. Olvidé lo que es que
un hombre me toque sin tener miedo de decir o hacer algo malo.
Su tranquila admisión me destruye. ¿Cómo diablos puedo negarle
algo? Ha estado en el infierno y ha vuelto, y ahora mismo, solo quiere que
lo aleje todo. Puede que no tenga potencial de marido o padre, y sé que
no soy el hombre para Gwen, pero puedo hacer esto. Puedo darle lo que
necesita aquí mismo, en este momento. Puedo hacer esto por ella y no
tiene que significar nada… no puede.
Sin quitarle los ojos de encima, vuelvo a deslizar la mano entre sus
piernas, esta vez metiendo los dedos por debajo de la cintura de encaje
de su ropa interior. Observo cómo su boca se abre con un grito ahogado
cuando mi mano baja y mis dedos se deslizan por los labios de su coño.
Suelto un gemido al sentir lo mojada que está. Deslizando mi mano hacia
atrás, dejo que las puntas de mis dedos rodeen su clítoris lentamente.
Gwen cierra los ojos y empieza a apartar la cabeza de mí y yo aquieto mis
dedos.
—Abre los ojos y mírame.
Gwen parpadea y vuelve a mirarme a los labios mientras empiezo
a mover los dedos otra vez. —Mantén tus ojos en mí. Cuando te corras,
quiero que sepas que soy yo quien hace esto contigo.
Gimotea cuando meto mi dedo medio dentro de ella y usa mi pulgar
para frotar su clítoris. La sensación de ella cubriendo mis dedos y los
sonidos entrecortados que hace mientras bombeo el dedo dentro y fuera
de ella me dan ganas de enterrarme en su interior. Quiero sentir ese calor
envolviendo mi pene. Quiero sentir su coño palpitando a mi alrededor
cuando pierda el control.
El brazo de Gwen vuelve a colocarse detrás de ella y me rodea el
cuello con la mano, atrayéndome hacia su boca. Añado un segundo dedo
al primero y me deslizo fácilmente dentro y fuera de ella, con mi lengua
recorriendo su boca al mismo ritmo.
Sus caderas empiezan a moverse contra mi mano, empujándome
más profundamente mientras cabalga sobre mis dedos y me ayuda a
87 darle placer. Justo cuando su respiración se acelera y sé que está a punto
de correrse, separa su boca de la mía y su mano libre se aferra a la mía,
deteniendo mis movimientos.
—Para. No quiero acabar sin ti dentro de mí —susurra, mirándome
a los ojos.
Sus palabras se disparan directamente a mi pene y ahora estoy tan
duro que siento que podría romper hasta el maldito cristal. Se suponía
que se trataba de ella, de complacerla e ignorar las malditas necesidades
que pudiera tener. Mueve sus caderas, empujando ambos dedos por su
humedad y estoy perdido.
Rápidamente saco la mano de debajo de la suya y empujo mis
calzoncillos hasta el fondo, enseguida agarro su ropa interior de encaje y
se la bajo de un tirón para que ella pueda quitársela por completo.
Gwen levanta una de sus piernas y la engancha sobre mi rodilla,
abriéndose a mí. Envuelvo mi mano alrededor de mi pene y lo guío entre
sus piernas desde atrás, deslizando la punta a través de su humedad
hasta que encuentro su entrada. Vuelvo a rodear su cintura con el brazo
hasta que mis dedos encuentran de nuevo su clítoris, haciendo un círculo
con las yemas de los dedos y abriéndome paso lentamente dentro de ella.
Abre más la pierna, su cuerpo se estira para adaptarse a mí y jadea
suavemente mientras me abro paso en su interior. Me tomo mi tiempo,
entrando un poco y saliendo antes de empujar un poco más que antes,
una y otra vez hasta que llego a lo más profundo.
—Cielos, te sientes bien —murmuro, bajando mi cabeza a un lado
de su cuello y mordiendo su piel.
Me responde tirando de sus caderas hacia adelante hasta que mi
pene casi se le resbala, luego rápidamente empuja su trasero contra mí
hasta que estoy enterrado profundamente de nuevo, y ambos gemimos al
unísono.
Me quedo quieto, sabiendo que si no sigo así de lento, la lastimaré
con la fuerza de mi necesidad por ella. Está demasiado cálida, demasiado
mojada y tan apretada que quiero llorar como un jodido bebé.
—¿Estás bien? —respiro contra su cuello mientras mi pene palpita
en su interior.
Vuelve la cabeza hacia mí y me besa, su lengua sale rápidamente
para rozar mi labio inferior antes de susurrar contra mi boca: —Estaría
mejor si comenzaras a moverte.
Dios, amo su boca inteligente.
Apoyándome en mi codo para mirarla, echo mis caderas hacia atrás
y rápidamente la embisto, incapaz de controlarme por más tiempo. Mis
dedos comienzan a moverse sobre su clítoris otra vez mientras bombeo
dentro y fuera de ella, una y otra vez hasta que su cuerpo se desliza arriba
y abajo de la cama con la fuerza de mis embestidas. Ya sé que debería
disminuir la velocidad; saborear este momento y tomarme mi tiempo con
88 ella, pero no puedo.
Sabía que follármela sería mi muerte. Quiero permanecer dentro
de ella para siempre y nunca salir a tomar el aire. Quiero eliminar todo
el equipaje de mierda que ambos tenemos hasta que no importe nada
más que lo que estamos haciendo ahora.
Sus caderas se mueven contra mi mano y uso dos dedos para frotar
su clítoris. Embisto en su cuerpo una y otra vez hasta que no queda nada
en mis pensamientos más que lo bien que se siente estar dentro de ella.
El sonido de nuestros cuerpos al chocar y los gemidos bajos y guturales
de Gwen llenan la habitación y me excitan aún más. Es tan pequeña que
por un momento temo partirla por la mitad con la fuerza de mi necesidad,
pero sus caderas se mueven conmigo, recibiendo todo lo que tengo para
dar.
Su aliento sale en suspiros y sé que está cerca de acabar. Agradezco
a Dios por eso porque no voy a poder aguantar mucho más. Muevo los
dedos más rápido y la follo más duro.
—Oh joder… joder, me vengo. Austin… oh, Dios mío…
Sus maldiciones susurradas contra la boca y la forma en que gime
mi nombre me llevan al límite. Acaba contra mi mano y empiezo a follarla
más fuerte hasta que exploto, mi orgasmo sale de mí con la fuerza de un
tren de carga. Me vengo en su interior mientras su cuerpo tiembla en mi
contra.
La embisto con mis caderas un par de veces más, prolongando mi
liberación hasta que colapso detrás de ella, ambos sudados y jadeando.
Cuando por fin puedo recuperar el aliento, salgo de ella con una mueca
de dolor, envolviendo mis brazos a su alrededor y atrayéndola hacia mí.
Escucho el sonido de su respiración cuando se duerme y el único
pensamiento en mi mente es que no usé condón.
Mierda.

89
18
Traducido por Dakya
Corregido por Itxi

Gwen
Me despierto en la cama boca abajo, con la sensación de una mano
deslizándose por mi espalda. Parpadeando para abrir mis ojos, miro por
la ventana frente a mí y veo que el sol está saliendo. Me lleva un minuto
recordar dónde estoy, pero el dolor entre mis piernas trae todo de vuelta.
Girando la cabeza sobre la almohada, veo a Austin sentado contra
la cabecera. Trago saliva espesamente cuando le echo un vistazo a su
pecho desnudo. Anoche estaba tan oscuro en la habitación que apenas
pude verlo. Su pecho es suave, está marcado con músculos, y tiene un
tatuaje sobre su pectoral izquierdo.
90 Miro las palabras durante unos segundos antes de leerlas en voz
baja. —Todos dieron algo, pero algunos dieron todo.
La mano de Austin se inmoviliza sobre mi espalda y me mira leer
los nombres que figuran debajo de la cita. Hay dos nombres de hombres:
su nombre, apellido y su rango militar.
—Tu trabajo es peligroso. —Es una declaración, no una pregunta.
Cuando me di cuenta de que Brady no iba a ofrecer ninguna información
voluntaria sobre su trabajo con los SEALS, intenté preguntarle algunas
veces, pero siempre cambiaba de tema. A menudo me preguntaba si no
quería hablar porque era algo súper secreto que se suponía que yo no
debía saber, o si había cosas que sucedieron que él no quería recordar.
Una nube pasa encima de la cara de Austin y me doy cuenta de
que esto último es probablemente la verdad.
Con la misma rapidez, la mirada atormentada en sus ojos se va,
reemplazada por una sonrisa torcida. —Soy un SEAL, cariño. Vivimos
por el peligro.
Pongo los ojos en blanco y me doy vuelta en la cama, tirando de la
sábana conmigo mientras me arrastro hasta la cabecera junto a él.
—Puedes cortar con el coqueteo y la sonrisa letal. Soy inmune a
tus encantos, Austin Conrad.
Se ríe, extendiendo la mano y deslizando la sábana hasta que mis
senos quedan expuestos. Coloca la palma de su mano sobre un pecho,
su pulgar se mueve hacia adelante y hacia atrás sobre mi pezón hasta
que se endurece.
—Inmune, ¿eh? —susurra, alzando una ceja.
Aparto su mano, subiendo la sábana para cubrirme el pecho. En el
proceso, tengo que alejarme de él y mi brazo derecho ya no está apoyado
contra el suyo. Demasiado tarde me doy cuenta de que todo lo que pasó
entre nosotros anoche se hizo bajo la protección de la oscuridad. El sol
ya está arriba y la luz entra por las ventanas. Rápidamente trato de cubrir
la cicatriz de mi brazo con la mano izquierda, pero Austin estira la mano
y me detiene.
—Por Dios —susurra, mirando la larga cicatriz roja que va desde
mi codo hasta la mitad de mi brazo.
Aparto la mirada de él, parpadeando para contener las lágrimas.
Por eso debería haber seguido mi instinto y no haber hecho esto con él.
Tengo cicatrices que marcan tantas partes diferentes de mi cuerpo, pero
esta es la peor. Cada marca en mi piel me recuerda lo cobarde que fui
durante mucho tiempo y ahora Austin puede verlas todas. Me dijo que
no era débil ni patética, pero eso fue antes de que viera la evidencia de
que sí lo soy. Muy bien podría destruir sus ilusiones para siempre.
—Esto fue de la última noche que dejé que me tocara —comienzo
en silencio, bajando la vista a mis manos en mi regazo—. William siempre
estaba inseguro y celoso, acusándome de acostarme con todos, desde uno
91 de sus colegas cirujanos hasta con el mensajero de UPS. Me decía que
era una puta, que coqueteaba con todos, luego rompió mi hueso húmero
por tres lugares. Me desgarró el nervio radial y tuvieron que operarme
para recomponerlo todo, y ahora tengo un maravilloso recordatorio de lo
idiota que fui para mirar todos los días.
Austin coloca su mano sobre mi brazo y acaricia con su palma la
cicatriz que requirió veinte grapas para mantenerla cerrada.
—¿Cuántas veces tengo que pedirte que cortes con esa mierda? Tus
cicatrices no te definen. Son una insignia de coraje y deberías sentirte
orgullosa de ti misma por sobrevivir. Sigues viva, Emma sigue viva y, por
lo que veo, has hecho un trabajo tremendo asegurándote de que ninguna
de estas mierdas la tocara. Todos tenemos cicatrices, Gwen, algunas de
las tuyas solo están en el exterior.
Apoyando mi cabeza contra la cabecera, extiendo la mano y paso
los dedos sobre el tatuaje en su pecho. —¿Es esta una de tus cicatrices?
De repente me doy cuenta de que no sé mucho sobre el pasado de
Austin. Siempre es tan seguro de sí mismo y arrogante, pero sé que ha
visto cosas que desearía poder olvidar. Ha estado en guerra y ha estado
en países donde cosas horribles suceden frente a uno, además ha perdido
amigos con los que tenía tanta confianza que los conmemora en su piel
para siempre. Me dijo que creció en un orfanato y que no fue nada lindo,
pero nunca llegó a dar más detalles. Él sabe ahora todo sobre mí, todos
mis más profundos y oscuros secretos del pasado y apenas sé nada sobre
él. ¿Por qué se unió al ejército? ¿Qué sucedió con sus padres? ¿Por qué
nunca se asentó ni tuvo hijos? Para mi gran asombro, ha sido maravilloso
con Emma. Es paciente con ella, la hace reír y parece que lo adora. Hay
más que la sonrisa arrogante y la actitud engreída, y quiero saber qué lo
convirtió en la persona que es.
Trazo cada nombre en su piel y espero a que responda. Después de
unos segundos, refleja mi postura con la cabeza contra la cabecera y
suspira.
—No, no es una cicatriz, solo es una manera de honrar a algunos
hombres que dieron sus vidas sin pensarlo dos veces —dice.
Austin aparta mi mano de su pecho y se la lleva a la boca, dándole
la vuelta y besando la palma de mi mano antes de volver a apoyar las dos
en su cálida piel. —Este trabajo, significa todo para mí. Esos hombres
son mi familia y no hay nada que no haría por todos y cada uno de ellos.
Nunca puedo darles la espalda y nunca puedo decepcionarlos.
Es tan fuerte en sus convicciones que no puedo evitar preguntarme
si trata de transmitirme algo más a través de estas palabras. Aunque no
tengo idea de qué es esto entre nosotros y no tengo idea de lo que depara
el futuro, espero que sepa que nunca le pediré que renuncie a algo tan
importante para él. No sé si esto fue algo de una sola vez o si es algo más.
Diablos, ni siquiera sé si quiero algo más. Sé el tipo de persona que es;
sé que su trabajo es su vida y no importa si esto termina ahora o si sigue
después de que se aclare el lío de mi vida, nunca trataría de convertirlo
92 a él en algo que no es. Tengo demasiada experiencia con eso como para
hacérselo a alguien más.
Antes de que pueda intentar poner mis pensamientos en palabras,
suena el teléfono celular de Austin en la mesita de noche. Suelta mi mano
y se acerca para responder.
Mientras escucho la conversación unilateral, me levanto de la cama
y saco la ropa interior del suelo, enterrada bajo las sábanas. Me acerco a
la puerta y la abro lentamente, escuchando a Emma. Cuando me aseguro
de que sigue dormida, salgo de puntillas al pasillo y voy a la sala de estar,
agarrando mis pantalones de yoga del sofá donde los dejé anoche y me
los pongo. El suave palpitar entre mis piernas mientras me los coloco me
trae recuerdos de todo lo que sucedió anoche. Nunca he hecho algo tan
loco. Nunca he arrojado la precaución al viento y suplicado a un hombre
que me dé placer. Al principio, William era el que tenía experiencia, así
que siempre tomó la iniciativa cuando tuvimos relaciones sexuales. Luego
de casarnos, perdí la voz y todos mis deseos se hicieron a un lado para
dar paso a lo que William quería, lo que necesitaba.
En cuanto Austin me tocó, supe que algo estaba cambiando entre
nosotros y siento una punzada de inseguridad al preguntarme si es algo
unilateral. Fui una tonta al pensar que podía acostarme con él solo para
rascar una picazón. No soy esa persona. Solo me he acostado con otro
hombre en toda mi vida y lo hice porque lo amaba. No me entrego a nadie
fácilmente y apenas lo pensé antes de hacer eso con Austin.
Él sale de la habitación unos minutos más tarde con un par de
pantalones vaqueros y una camiseta justo cuando termino de doblar las
mantas y apilarlas con la almohada en el extremo del sofá.
—Ese fue mi contacto en la estación de policía en Nueva York. Hizo
algunas investigaciones y descubrió que William estaba registrado para
una conferencia en Chicago, pero nunca apareció. Nadie ha visto ni oído
de él en una semana —explica.
—Mi abogada me habló de la conferencia cuando la llamé para
comprobar su paradero después de que Karen me llamara aquel día en
el parque —explico—. Seguro que alguien descubre algo pronto. Se corre
la voz muy rápido por allí. Mi padre llamó anoche y no le hizo mucha
gracia que el jefe de policía le llamara y le dijera que estaba organizando
una especie de “cacería humana” para William.
Austin maldice y niega con la cabeza. —Maldita sea, le dije a Mark
que fuera discreto cuando preguntase por ahí. Lamento eso.
Me encojo de hombros. —No pasa nada. No habría esperado nada
menos de mi padre. Mis padres nunca han estado de mi lado en esto.
Están convencidos de que William fue un esposo y padre modelo, y que
debería poner fin a todas estas tonterías.
—Dios —murmura—. ¿Cómo saliste tan normal?
Me río y me voy a la cocina para ver si Austin tiene alimentos para
93 el desayuno. Emma se va a levantar pronto y quiero prepararle algo rico.
Después, voy a llamar a Ellie para ver cómo está e intentar convencerla
de que se quede aquí con nosotros hasta que encuentren a William.
—No sé si me consideraría normal —digo, abriendo la nevera. Miro
dentro y me sorprende ver que está lleno de comida. Creí que un hombre
soltero, sobre todo uno que viaja para ganarse la vida, tendría mostaza y
queso vencido aquí. Saco huevos, leche, tocino, jugo de naranja y queso
cheddar, apilando todo en la encimera.
Me vuelvo para ver a Austin mirándome con una expresión extraña
en su rostro.
—¿Qué? —pregunto confundida.
Me mira por unos segundos más antes de negar con la cabeza para
aclarar sus pensamientos. —Nada. Solo… tengo que hacer más llamadas.
Estaré en el dormitorio si me necesitas.
Se da vuelta y sale de la cocina, y yo me ocupo de hacer tortillas,
olvidándome de su expresión y de la forma en que se apresuró a salir de
la cocina y alejarse de mí.
19
Traducido por Fatiimaecg
Corregido por Itxi

Austin
—Bien, entonces, tienes tu 9mm, tu .22, tu .38 Special, y tu .357.
Probablemente no puedas manejar nada más que eso, así que elige.
Cruzando los brazos delante de mí, doy un paso atrás mientras
Gwen busca a través del cristal de la pantalla del campo de tiro un arma
que le guste. Después de lo que pasó ayer, no voy a correr ningún riesgo
con su seguridad. Probablemente Brady me matará por enseñarle a su
hermanita a usar un arma, pero es una maldita pena. Le he dejado varios
mensajes y no me ha llamado.
Dado su desagradable carácter, armar a Gwen probablemente no
94 sea la mejor idea, pero necesitaba una distracción que solo el campo de
tiro puede proporcionar. Tengo que borrar la imagen de Gwen de pie en
mi cocina sacando los ingredientes para el desayuno de mi nevera como
si perteneciera ahí. Empecé a pensar en las mañanas ociosas de domingo
y en acurrucarme en el sofá con mis dos chicas a la vez que comíamos
tortitas.
Y ese es el jodido problema. No son mis chicas.
Incluso así, los domingos ociosos serían pocos y muy espaciados.
Habría dos chicas sentadas solas en casa, preguntándose cuando carajo
llegaría a casa de cualquier misión en la que estuviera.
Hora de pensar en algo más, idiota.
Llevamos treinta minutos en la sala de exposiciones de la armería,
que está unida al campo de tiro. He repasado cada arma de fuego en
detalle diez veces, y si no escoge una pronto, voy a dar una rabieta como
nunca ha visto una mujer con un hijo.
—Quiero una rosa, Austin —dice finalmente Gwen, levantando la
vista de la vitrina y dirigiéndola hacia mí.
—Lo siento, ¿qué?
Resopla irritada y copia mi pose con los brazos cruzados.
—Dije que quiero una rosa. ¿Dónde están las rosas?
Me muerdo el labio para no decir algo completamente irracional
como: “¿Me estás tomando el pelo con esta mierda rosa? Escoge una puta
pistola de una vez”. Respiro profundamente y doy un paso más hacia ella.
—Esto es una tienda de armas. Un lugar donde la gente viene a
elegir armas mortales y luego sale a la parte de atrás a practicar el tiro a
personas mortales. El rosa no es mortal.
Gwen también se acerca un paso más hasta que está justo frente
a mí con las manos en las caderas y el sutil aroma de su perfume me
hace cosquillas en la nariz y me dan ganas de lamerla. Mi mente se llena
de inmediato con los sonidos de su orgasmo de anoche hasta que quiero
arrastrarla a la habitación más cercana como un cavernícola y follarla de
nuevo. Por desgracia, el recuerdo de que no utilicé condón ensombrece
todos esos maravillosos pensamientos. No usé un puto condón. ¿En qué
demonios pensaba?
Que nada más importaba en ese momento que entrar dentro de ella.
Dios mío, ¿y si está embarazada? Fantasear con tenerlas a ella y a
Emma en mi vida para siempre está muy lejos de que ocurra de verdad,
y con un bebé gritando a cuestas. De repente hace calor aquí y tengo que
limpiarme una gota de sudor de la frente.
—Quiero. Una. Pistola. Rosa —dice en voz baja, enunciando cada
palabra con un brillo feroz en sus ojos.
Es tan pequeña que podría agarrarla con un brazo y probablemente
95 llevarla en mi bolsillo, pero aquí, de pie, tan decidida, con las manos en
las caderas y pura actitud en su expresión, parece de tres metros. Si no
le doy lo que quiere, va a encontrar una maldita pistola rosa y me va a
disparar en las pelotas.
—¿Qué tal si solo elegimos una negra, bonita y brillante para hoy,
y cuando terminemos, te pediré una pistola rosada? Incluso te pediré una
pistolera rosa con brillos —le ruego.
Normalmente, podría pasarme todo el día en la armería hablando
de armas con el dueño y probando nuevos artículos. Usar las palabras
“rosa” y “brillos” en la misma frase en una maldita tienda de armas me
da ganas de vomitar un poco.
—¡Oooh, brillos! Mamá, ¡deberías comprar una pistola con brillos!
Los dos nos giramos y miramos a Emma, de pie a unos metros de
nosotros, cepillando el pelo de otra maldita Barbie en su mano. Vaya
donde vaya, no puedo escapar de las Barbies. Es como si estuviera en el
infierno de las Barbies.
—¡Buena idea, cariño! ¿Puedo tener una pistola rosa con brillos
también? —pregunta Gwen.
—¡Por Dios… SÍ! Podemos encandilar cualquier puta cosa de esta
tienda que quieras, ¡solo tienes que elegir una! —gruño.
—Paga, señor Austin. —Emma se acerca a mí.
Maldito infierno.
Bajo la mirada y ella extiende su mano, con la palma hacia arriba,
esperando su pago. Saco mi billetera del bolsillo trasero y retiro un billete
de veinte.
—Toma, renacuajo, tengo la sensación de que tu madre me va a
costar mucho dinero hoy —digo mientras coge el billete de mi mano y lo
mete en el bolsillo delantero de sus jeans.
—De acuerdo, vale —dice Gwen con un suspiro—. Supongo que me
quedo con esta negra plateada de ahí.
Me inclino sobre su hombro y veo que señala una Kel-Tec 9mm.
—Buena elección —digo con un movimiento de cabeza mientras
señalo al propietario para que pueda sacarla de la vitrina.
Gwen gira su rostro hacia mí y nuestras narices prácticamente se
están tocando. Puedo sentir su aliento en mi cara y sé que, si no me alejo,
voy a estar duro como una roca en dos segundos. Esta mujer me vuelve
jodidamente loco, pero también es caliente como el infierno y la persona
más fuerte que he conocido, teniendo en cuenta cómo ha sido su vida.
Aunque últimamente no me gusta la dirección de mis pensamientos en
lo que concierne a Gwen, no hay nada que esta mujer haga que no pueda
excitarme.
—Como no puedo usar una pistola rosa, ¿puedo ponerme un par
de esas orejeras para el ruido de color rosa? ¿Y tienen esas con brillos?
96 Retiro lo dicho.
—Si quieres probarla, mi esposa está en la habitación de atrás con
un plato de galletas recién horneadas. Estoy seguro de que le gustaría
una pequeña compañía —dice el dueño, haciendo señas en dirección de
Emma.
En ese momento, una mujer amable y mayor de unos cincuenta,
sale de la habitación con una cálida sonrisa en la cara. —Me encantaría
algo de compañía. No puedo comer todas estas galletas sola.
Emma mira a Gwen con una mirada suplicante en su rostro.
—Está bien, pero solo por unos minutos. Y no demasiadas galletas
o no vas a cenar —dice Gwen.
Emma corre alrededor del mostrador y la mujer le sonríe a Gwen.
—Estaremos aquí cuando hayas terminado, tómate tu tiempo.
Gwen le da las gracias y recojo su arma nueva del mostrador, así
como una caja de balas. Con un guiño, el propietario le da a Gwen un
par de orejeras rosadas y salimos por la puerta trasera hacia el campo de
tiro. Nos encuentro en un puesto vacío y caminamos hacia el mostrador,
abriendo la caja de balas y cargando la pistola.
—La primera vez que aprietes el gatillo, te va a asustar. Esta pistola
es pequeña, pero tiene mucho retroceso al disparar. No trates de apuntar
con el primer disparo, simplemente aprieta el gatillo y acaba con ello —le
explico mientras termino de cargar el arma y se la entrego después de
que termine de ponerse las orejeras de tiro.
—¿Este es el disparador? —pregunta, señalando el seguro.
—No, cariño. Eso hace que no le dispares a alguien en la cara por
accidente —digo con voz apaciguadora.
Por eso no paso mucho tiempo con las chicas después de acostarme
con ellas.
—¿Puedes enseñarme a sujetar esta cosa? No sé cómo tengo que
pararme —se queja.
Caminando detrás de ella, la agarro por los codos y le pongo los
brazos por delante. Deslizo las manos por sus brazos hasta sujetar sus
muñecas para mantenerlas firmes.
Inclino la cabeza hacia abajo hasta que mi boca está justo al lado
de su oreja cubierta. —Ahora, abre las piernas solo un poco.
Ella hace lo que le digo y su culo roza mi entrepierna. Me obligo a
pensar en bebés llorando y pañales de mierda, y por qué volver a tener
sexo con ella es una mala idea cuando se reclina contra mí.
Envolviendo mis manos alrededor de las suyas, la ayudo a apuntar
con el arma al objetivo a nueve metros de distancia.
—Ese papel parece tan lejano. Nunca voy a ser capaz de acertar —
97 se queja Gwen.
No me molesto en decirle que puedo dar en la diana todas las veces
a veinticinco metros de distancia; no quiero hacerla sentir mal.
—Estarás bien. Respira hondo y aprieta el gatillo cuando sueltes el
aire —digo.
Mantengo mis brazos alrededor de ella, tratando de mantener sus
brazos firmes para que pueda concentrarse en disparar. Manteniendo
una mano alrededor de la de ella, muevo lentamente la otra a la parte
superior de la pistola y tiro hacia atrás el deslizador para soltar una bala
en la cámara. Moviendo mi mano hacia ella, espero que apriete el gatillo.
Siento que respira hondo y luego el arma se dispara, y el cuerpo de
Gwen se estremece contra el mío. Los dos bajamos los brazos y miramos
fijamente el blanco. No hay ningún agujero en el papel, lo que significa
que ha fallado por completo.
—Está bien. Tampoco atiné al objetivo la primera vez que disparé
un arma. Solo necesitas un poco más de práctica —digo.
—Quiero volver a intentarlo —dice.
—¿Quieres que te ayude? —le pregunto, acercándome y apoyando
mis manos en sus caderas.
Apuntando el arma al suelo, rápidamente tira del deslizador hacia
atrás como una profesional y carga otra bala antes de volver a colocar el
arma en frente de ella. Me mira por encima del hombro y sonríe. —No,
creo que lo tengo controlado.
Doy un paso atrás y me cruzo de brazos, preguntándome cómo
diablos ha sido capaz de tirar del gatillo de forma tan perfecta la primera
vez; esos desgraciados pueden ser difíciles. Coloca las piernas a la altura
de los hombros, respira hondo y dispara, y la bala atraviesa la diana roja
del centro.
Me quedo con la boca abierta y mis manos caen a los lados a la vez
que ella introduce rápidamente otra bala en la recámara, apunta el arma
y dispara una vez más.
Al igual que antes, la bala da en la diana, esta vez a un centímetro
del primer agujero. Tira del gatillo una vez más y dispara un tercer tiro,
el agujero de la bala florece entre los otros dos.
—Cielos —murmuro a la vez que deja el arma en el mostrador, se
quita las orejeras rosadas y se da la vuelta para mirarme—. Me acabas
de engañar, ¿verdad? —pregunto con asombro.
Gwen se ríe, se acerca a mí y me da una palmadita en el hombro.
—¿De verdad creías que Brady no me habría enseñado a usar un arma
cuando llegué aquí? Mi color favorito es el rosa, pero eso no significa que
no pueda disparar una puta pistola.
Y así, sin más, se me pone el pene duro. Otra vez.

98 Se aleja de mí con una sonrisa en la cara y lo único que puedo


hacer es sacudir la cabeza.
20
Traducido por vals
Corregido por Itxi

Gwen
Después de impresionar a Austin en el campo de tiro, volvimos a
su casa y llamé a Ellie para saber cómo estaba. Me alegro de que haya
decidido quedarse en Nashville hasta que sepamos dónde está William;
la quiero cerca para que no le pase nada más.
Ellie vino antes a casa de Austin y traté de convencerla durante la
cena de que se quedara con nosotros hasta que encontraran a William.
Se empeñó en decir que ya había causado suficientes problemas al traerlo
de nuevo a mi vida y que no quería estorbar. Austin se puso firme y le
dijo que se quedaba, fin de la historia. Emma estaba encantada y decidió
99 que ella y su tía iban a celebrar una fiesta de pijamas en su habitación
esta noche. Las oigo hablar y reír por el pasillo mientras limpio los platos
de la cena en la cocina.
Austin está un poco raro desde que llegamos a casa. He vuelto a
intentar burlarme de él sobre el campo de tiro y ha asentido de manera
distraída en lugar de unirse a mí en un combate verbal como haría casi
siempre. Cuando Emma y Ellie desaparecieron en el cuarto, me acerqué
a él en el salón, donde observaba por la ventana delantera, y le rodeé la
cintura con mis brazos. Inmediatamente se apartó y dijo que tenía que
hacer algunas llamadas telefónicas. Desde entonces no ha salido de su
habitación.
No me encuentro acostumbrada a su frialdad y no sé qué pensar.
¿Se arrepiente de haberse acostado conmigo anoche? Tal vez decidió que
todo mi equipaje es demasiado para él. Odio sentirme tan conflictiva e
indecisa por un hombre. He pasado demasiados años así y estoy molesta
conmigo misma por seguir un camino que juré no volver a recorrer.
Ya tengo suficientes cosas en mi vida como para añadir esto a la
lista de lo que tengo que preocuparme en este momento. Austin se mete
en mi cabeza y me hace olvidar el mundo real y no puedo permitirme eso
ahora mismo por mucho que lo desee.
—Acabo de colgar el teléfono con Cole —dice, entrando en la cocina
e interrumpiendo mis pensamientos—. Le he hecho buscar manifiestos
de vuelo para William. Resulta que nunca reservó un vuelo a Chicago
para esa conferencia médica ni uno para venir aquí. Lleva una semana
fuera del radar.
Oír esto no me hace sentir mejor; solo significa que va a ser incluso
más difícil de localizar. También consolida el hecho de que no tengo que
preocuparme por lo que pasa en la cabeza de Austin cuando hay cosas
más importantes de las que preocuparse como mantener a Emma a salvo.
—Probablemente viajó en auto. ¿Puede la policía poner un boletín
para buscar su matrícula o algo así? —pregunto, dándome la vuelta para
mirarle.
—A Mark le costó bastante convencerlos de que lo buscaran, ya
que el tipo no está buscado por ningún tipo de conducta delictiva, aunque
debería estarlo. No hay forma de que pongan una orden de búsqueda
para su coche sin una orden judicial. Joder, ojalá lo hubieras denunciado
en algún momento —se queja pasándose la mano por el pelo, frustrado.
No puedo evitar la rabia que me invade. ¿Cuántas veces me he
maldecido a lo largo de los años por no haber hecho exactamente eso? No
necesito que me lo echen en cara.
—¿De verdad crees que no lo sé? ¿Crees que no he repasado cada
momento de los últimos diez años una y otra vez y que he deseado haber
hecho las cosas de otra manera? No tienes ni idea de cómo fue. Hubo
muchos momentos buenos mezclados con los malos, momentos en los
100 que se comportó como el hombre del que me enamoré —le explico—.
Decidir alejarse de lo único que has conocido no es algo fácil. Yo soy la
que tiene que vivir con esos errores y no necesito que me lo recuerden,
mucho menos tú.
Me muevo para salir de la habitación y Austin me agarra del brazo
para detenerme. —Maldita sea, no quería decir nada con eso. Solo estoy
frustrado con la situación.
Como si yo no lo estuviera. Es la vida de mi hija la que está en
juego. Me he abierto a este hombre más que a cualquier otro. Le he
contado cosas que nunca quise que nadie supiera de mí porque pensé
que podía confiar en él.
Me libero de su agarre y me dirijo a la sala de estar.
—Gwen, vamos. Lo siento. No debería haber dicho eso. —Me paro
en el umbral de la puerta y me giro para mirarlo mientras él continúa—:
Todo esto es un gran lío y no estoy acostumbrado. Estoy acostumbrado
a entrar en una situación, idear un plan y lograr las cosas. No ayuda que
no pueda dejar de pensar en lo de anoche y preguntarme si la hemos
cagado.
—Vaya, no me había dado cuenta de que acostarse conmigo se
consideraría una cagada —le digo con sarcasmo.
—¡Maldita sea! Una vez más, no es eso lo que quería decir. Esto
está saliendo mal. Acostarme contigo no fue una cagada ni mucho menos.
Me refiero al hecho de que no usáramos ningún tipo de protección.
Oh, tiene que ser una broma. ¿Ese es su problema?
—Pues para tu información, tengo un DIU, así que no tienes que
preocuparte de que ocurra una cagada como esa —le digo enfadada.
—No quise sonar como un imbécil. Es que no soy esa persona —
admite.
—Lo siento, ¿qué persona?
Levanta las manos en el aire, exasperado. —El tipo de persona que
hace toda la mierda doméstica. Ese no soy yo. No soy un padre y no soy
un marido.
Sacudiendo la cabeza hacia él, me doy la vuelta y salgo de la sala.
—No recuerdo haberte pedido que lo seas.
Me llama mientras me alejo. —Gwen.
Pongo los ojos en blanco y sigo caminando. —Vete a la mierda.

***

Pasé el resto de la noche en el dormitorio de invitados con Ellie y


Emma viendo una película de Disney en el televisor de la cómoda. Ni
101 siquiera me molesté en salir al salón a dormir; no quería encontrarme
con Austin por miedo a que le dijera todo lo que estaba pensando.
Es el típico hombre que asume con naturalidad que después de
acostarse con una mujer ella querrá más. ¿Qué me importa si piensa que
no tiene potencial de marido o padre? De todas formas no es que quiera
eso para mí otra vez. Le asustó tanto la posibilidad de que me quedara
embarazada luego de la última noche que menospreció por completo lo
que compartimos. Significó algo para mí, maldita sea. Entré en su cuarto
solo queriendo una liberación, solo queriendo olvidar y salí de allí a la
mañana siguiente deseando ser una persona diferente, deseando tener
más para dar porque pensaba que él se lo merecía. Lo mejor para mí sería
olvidar lo que pasó. Mi única preocupación ahora es mi hija y hacer lo
que pueda para darle una buena vida.
Me duermo pensando en las decisiones que he tomado, sabiendo
que eran las mejores que pude tomar en ese momento.

Corrí por la habitación, metiendo todas las cosas que pude en la


bolsa de lona azul marino que encontré en el fondo de nuestro armario.
Tener un brazo escayolado y dos costillas rotas me hacía casi imposible
apresurarme, pero tenía que hacerlo. Era mi única oportunidad. Cuando
salí del hospital antes, el médico me dio órdenes estrictas de que debía
quedarme en cama durante la siguiente semana y curar los daños que me
provocó el “accidente de coche”.
Después de que William me dejara acurrucada en el suelo hace tres
días para jugar al póquer con sus amigos, sabía que no me llevaría al
hospital para curarme él mismo. Después de llamar a Ellie para que viniera
a cuidar a Emma, me dirigí a un hospital del condado vecino, uno en un
mal barrio con fama de no hacer nunca preguntas, y en el que esperaba
que William nunca me encontrara.
Por desgracia, cuando William volvió de jugar al póquer y encontró a
Ellie en la casa, la amenazó con hacer de su vida un infierno si no le decía
dónde estaba yo. No tuvo más remedio que darle el nombre del hospital;
en ese momento, le temía tanto como yo. Cuando a la mañana siguiente
me lo encontré inclinado sobre mi cama con una sonrisa enfermiza, supe
que se me acababa el tiempo. Si no me alejaba de él inmediatamente, se
aseguraría de alejarme de Emma para siempre.
Cuando el médico me dijo que había tenido suerte de que pudieran
reparar el daño de mi brazo y que no era seguro que pudiera volver a usarlo
correctamente, supe que hasta aquí llegaba. Sabía que nunca podría seguir
viviendo así. El día que volví a casa del hospital, hallé una nota de William
en la que decía que le habían llamado para una operación de urgencia que
duraría casi toda la noche. No tuve tiempo de pensar ni de dudar: era ahora
o nunca.
Cuando terminé de hacer la maleta, me arrastré hasta la habitación
de Emma y añadí algo de su ropa, unas cuantas Barbies y un peluche.
Intenté no derrumbarme ante la idea de alejar a mi pequeña de todo lo que
102 conocía y amaba.
—Nena, despierta —le dije suavemente, pasándole la mano por la
cabeza.
Refunfuñó en su sueño y abrió lentamente los ojos. —Hola, mami.
Sonreí, quitándole las sábanas y la ayudé a sentarse. —Lo siento,
cariño, tenemos que ir a un sitio. Te prometo que podrás volver a dormir en
un rato.
Ella bostezó y se levantó de la cama, frotándose el sueño de los ojos.
—¿Nos vamos de viaje?
Intenté no hacer una mueca de dolor mientras me arrodillaba para
ayudarla a quitarse el pijama y ponerse unos leggings y una camiseta.
—Sí, nos vamos de viaje y tenemos que darnos prisa para llegar a
tiempo.
Me rompió el corazón mentirle, pero no había forma de decirle que
teníamos que darnos prisa y salir de aquí antes de que su padre llegara a
casa de su operación de urgencia.
—Está bien, mami. Puedo vestirme yo sola, ya que te has hecho daño
en el coche —me dijo, cogiendo el conjunto de mi mano y desvistiéndose.
Tragué a través del nudo en la garganta pensando en todas las
medias verdades que le dije a lo largo de los años. En su mayor parte, iban
de la mano de todas las notas médicas que William rellenaba: Me caí, me
tropecé, me lastimé cortando verduras, tuve un accidente de coche... Ella
siempre me creyó sin rechistar y se quedaba cerca, ayudándome en lo que
necesitara hasta que me curara.
Se lo compensaré aunque sea lo último que haga. Nunca más le
mentiré.
Cuando terminó de vestirse, le entregué su abrigo, puse la bolsa
sobre el hombro de mi brazo bueno y tomé su mano.
—¿Papá viene con nosotras? —me preguntó, mientras bajábamos
las escaleras y nos dirigíamos a la puerta.
Me detuve en el vestíbulo, me agaché para estar a su altura y rodeé
su cuerpito con el brazo. —No, cariño. Papá no va a venir con nosotros;
tiene mucho trabajo. Solo estaremos tú y yo.
Se lo pensó un momento y luego me sonrió, poniendo su mano en mi
mejilla. —Está bien. Me gusta cuando estamos solos tú y yo.
Se me aguaron los ojos y me pregunté cómo había tenido tanta suerte
de tener a esta increíble personita en mi vida. —Te amo, pequeña.
Me rodeó el cuello con sus brazos y me dio un fuerte abrazo. —Yo
también te amo, mami. Vamos a hacer nuestro viaje. ¿Podemos ir al mar a
ver delfines? ¿O a un castillo de princesas?
Me levanté de nuevo y le cogí la mano, echando un último vistazo a
103 mi alrededor antes de abrir la puerta. —Bueno, vamos a visitar a tu tío
Brady en un lugar llamado Nashville. No creo que tengan delfines, pero
tienen caballos y vaqueras.
Mientras nos adentrábamos en la noche, Emma charlaba sobre su
deseo de tener un caballo blanco como una princesa de verdad. Solo
esperaba que algún día pudiera compensarla y darle todo lo que deseaba
su corazón.
21
Traducido por NnancyC
Corregido por Itxi

Austin
Han pasado dos días desde que Gwen y yo peleamos en la cocina,
dos largos días dándome el tratamiento del silencio y solo hablándome
cuando Emma está cerca. No debería haber sido así de imbécil, pero ella
necesitaba saber mi postura sobre el tema. Necesitaba entender que lo
que sea que pasaba entre nosotros no podía ser permanente. La forma
en que me mira cuando estamos en la misma habitación me lleva a creer
que captó el mensaje alto y claro. Desearía poder ser esa persona para
ella. Más que nada desearía que las cosas fueran diferentes, pero no lo
son. No tengo recuerdos felices de la niñez para transmitir a una niña y
no puede haber vacaciones familiares o promesas de unión sobre las
104 festividades porque nunca sé cuándo voy a estar fuera del país.
Solo tengo que seguir recordándome lo que le dije a Gwen ayer: no
soy esa persona.
Caminando a la sala de estar, la veo sacar las llaves de su bolso y
dirigirse a la puerta.
—¿Adónde demonios vas? —exijo.
Se detiene y da la vuelta. —Al trabajo. Tengo una reunión con la
señora Anderson para mostrarle las fotos de su esposo en el motel.
Cuando se da la vuelta y abre la puerta, me apresuro tras ella,
golpeando una mano contra la madera y cerrándola de golpe.
—No vas a ir a ningún lado.
Se gira con ira en sus ojos, pero hace una pausa cuando ve cuán
cerca estamos. Mi mano sigue en la puerta y la estoy atrapando. Puedo
sentir su aliento en mi cara y quiero alzar su cuerpo contra mí y besarla
hasta borrar cada cosa de mierda que ha sucedido entre nosotros.
Sacude la cabeza para aclarar sus pensamientos y me mira. —No
puedes mantenerme aquí. Tengo un negocio que manejar y ya he hecho
esperar a estos clientes bastante tiempo. En caso de que lo olvides, tengo
un arma y sé cómo usarla.
Sé que tiene razón, pero eso no significa que sea más fácil dejarla
salir por la puerta, sin saber si se encaminará directo al peligro.
—No quiero que nada te suceda —admito en voz baja.
Observo mientras la ira deja su cara y cierra los ojos por un par de
segundos antes abrirlos y mirarme de nuevo. Analiza mi cara y me doy
cuenta de que trata de ver si le digo la verdad. Odio que no confíe en mí,
pero es mi maldita culpa.
—Estaré bien. Tengo mi pistola, voy a ir directamente a la oficina y
volveré directamente después de reunirme con la señora Anderson —
promete.
—Iré contigo.
Sacude la cabeza y suspira. —Tienes que quedarte aquí con Ellie y
Emma. Bajo circunstancias normales, a Ellie le encantaría quedarse aquí
sola con ella, pero está asustada. Te dirá que está bien, pero la conozco.
No va a querer quedarse sola. Te prometo que llamaré si no me siento
cómoda.
Tiene razón y no hay nada que pueda hacer más que dejarla ir. Es
inteligente, es fuerte y una sobreviviente. Tengo que confiar en que se
cuide; no estaré aquí para siempre para vigilarla.
Mientras doy un paso atrás y abro la puerta para ella, la veo irse y
ruego a Dios que nada suceda o nunca seré capaz de perdonarme.

***
105
—¡Maldita sea! ¿Por qué mierda no contesta su teléfono? —grito a
la vez que zigzagueo en el tráfico a alta velocidad.
Ellie se encuentra en el asiento trasero con mi teléfono celular en
la mano, intentando repetidamente llamar a Gwen, y Emma está en su
regazo, llorando histéricamente.
Echo un vistazo por el espejo retrovisor y mi corazón se hunde
hasta mi estómago cuando veo la sangre bajando por el costado del rostro
de Emma.
Estaba en mi cuarto hablando por teléfono con Cole cuando oí un
ruido sordo en la sala de estar, seguido de inmediato por el sonido del
llanto de Emma. Nunca me moví tan rápido en mi maldita vida. Cuando
llegué a la sala, vi a Emma en el suelo junto a la mesita de café con una
mano sobre su cabeza mientras la sangre se filtraba entre sus dedos.
Ellie estaba agachada junto a ella intentando quitar la mano de su
cabeza para ver la herida. —Se tropezó y se golpeó la cabeza en la esquina
de la mesa. Intenté atraparla, pero no fui lo suficiente rápida.
Con la sensación de náuseas en mi estómago, me dirigí hasta el
medio del cuarto, alcé a una sollozante Emma en mis brazos y la metí
junto con Ellie en el asiento trasero.
Mientras me apresuro hacia el hospital, Emma continúa llorando
y pidiendo por su mamá. Estoy intentando no asustarme debido a que
Gwen no contesta el teléfono, he tenido suficiente de qué preocuparme,
como asegurarme que Emma no se desangre en la parte trasera del auto
antes de que lleguemos al hospital.
Llego en tiempo récord y estaciono junto a la entrada de la sala de
emergencia. Aparco el coche, salgo y abro la puerta trasera rápidamente,
inclinándome hacia adentro y alzando a una sollozante Emma en mis
brazos.
—Está bien, renacuajo, el médico va a mejorarlo todo, ¿de acuerdo?
—le digo en tanto atravieso rápidamente las puertas.
Llego a la recepción y de repente se me ocurre que ni siquiera sé si
Gwen tiene seguro médico para Emma, pero sí sé con seguridad que no
la trataran sin un padre presente.
—Oh, no, parece que hiciste un rasguño —dice la enfermera de
recepción a Emma, en una voz tranquilizante mientras se para y se
inclina sobre el mostrador para mirar de cerca.
—Se golpeó la cabeza con la mesita de café —le explico—. No nos
permite verlo así que no estoy seguro de que tan malo es, pero no deja de
sangrar.

106 La enfermera le sonríe a Emma mientras saca el sujetapapeles de


una pila y lo coloca sobre el mostrador. —Las heridas de cabeza siempre
sangran un montón, incluso si no son tan malas. La llevaremos a una
sala de examen de inmediato y un doctor la revisará. ¿Son sus padres?
Me doy cuenta de que la enfermera mira a mi lado y me doy la
vuelta para ver a Ellie parada allí.
Cielos, olvidé que se encontraba siquiera en el auto. Qué maldito
buen protector estoy resultando ser.
Ellie envuelve un brazo alrededor de mi cintura y le sonríe a la
enfermera. —Sí, soy su madre y este es su padre.
Miro nerviosamente a Emma para ver si va a contradecir a Ellie,
pero todavía llora suavemente con su cara presionada en mi pecho y no
parece darse cuenta.
—Sí, soy su padre —le digo a la enfermera en voz baja y continúo
mirando a Emma.
Trago para pasar el nudo en mi garganta cuando digo aquellas
palabras y levanto la vista a la vez que Ellie agarra el sujetapapeles del
mostrador. —Nos mudamos aquí por el traslado de trabajo de mi marido
y su seguro todavía no se ha activado. ¿Está bien si pagamos en efectivo
por los servicios que necesita mi hija?
Habla tan naturalmente, como si hubiera practicado este discurso
por una semana. Al menos uno de nosotros tiene su cabeza en orden en
este momento.
La enfermera le dice que está perfectamente bien y entonces nos
lleva a uno de los cuartos de examen. Cuando comienzo a dejar a Emma
en la mesa, sus manos se aferran a mi camisa, agarrándome fuertemente
y sacudiendo la cabeza de un lado al otro.
—No quiero sentarme aquí. ¿Puedo quedarme contigo, Austin? —
suplica Emma.
Le beso la cima de la cabeza y me muevo lejos de la mesa, yendo
por una de las sillas contra la pared. Me siento con Emma en mi regazo
y mantengo los brazos seguramente envueltos alrededor de ella mientras
Ellie llena el papeleo en la silla junto a nosotros y esperamos que entre el
médico.
Cuarenta y cinco minutos, tres puntos, seiscientos dólares y dos
paletas después, Emma está suturada y sentada en el asiento trasero de
mi auto junto a Ellie, felizmente mirando por la ventana y conversando
sobre su emocionante día.
Paro en el apartamento de Brady y cuando no veo el auto de Gwen,
me doy cuenta de que no intenté volver a llamarla una vez que llegamos
al hospital. Mientras Ellie y Emma salen del asiento trasero, casualmente
reviso mi teléfono, sin querer alertarlas de mi pánico.
De inmediato veo un texto de Gwen disculpándose por tardar tanto
tiempo y explicando que los señores Anderson aparecieron en la reunión
107 y se desató todo el infierno cuando Gwen le mostró a la señora Anderson
las fotos de su marido engañándola. Decía que va a estar en casa en diez
minutos e imaginé que no tendría sentido llamarla ahora y asustarla.
Podría esperar hasta que llegue a casa para decirle qué sucedió.
Ellie lleva a Emma al cuarto del fondo para ponerla el pijama y voy
a mi dormitorio y cierro la puerta. Camino hacia la cómoda y me miro en
el espejo, mis ojos viajando por la longitud de mi pecho y la mancha de
sangre que dejó Emma. La mancha está justo sobre mi corazón. Estiro
una mano y paso mis dedos sobre ella, preguntándome por qué demonios
me siento tan mal. Emma se lastimó, pero no fue tan malo. La llevé al
hospital y ahora está bien.
Con la mano todavía sobre mi corazón, recuerdo la forma en que
se aferró a mí en la sala de examen y la sonrisa que me dio cuando el
médico le dijo que podría tener dos paletas por ser tan valiente. Me aparto
del espejo y sacudo la cabeza con enojo.
¿Qué demonios me sucede?
He visto a hombres con disparos entre los ojos y he puesto mis
manos sobre muñones ensangrentados cuando una pierna fue volada por
una granada propulsada y nunca sentí que perdería la cabeza con la
preocupación. Se trataba de una niña con un pequeño corte, que no es
gran cosa teniendo en cuenta la mierda que he visto en mi carrera.
Alcanzando el dobladillo de mi camisa, la arranco bruscamente de
mi cuerpo y la arrojo a la basura junto a la cómoda. Mientras busco en
uno de los cajones una camisa limpia, escucho la puerta del apartamento
abrirse y cerrarse.
Me doy la vuelta y salgo rápidamente del dormitorio, queriendo
encontrar a Gwen antes de que entre al dormitorio y vea a Emma.
Cuando llego a la sala, Gwen levanta la mirada, deteniéndose en el
proceso de sacarse los zapatos cuando ve mi pecho desnudo. Me detengo
y pongo las manos en mis caderas y flexiono, solo un poco.
Dios, soy tan imbécil.
Parpadea y finalmente aparta la mirada, pateando sus zapatos y
arrojando su bolso en el sofá. —Ni siquiera quieres saber la clase de día
que tuve. Casi tuve que llamar a la policía por aquellos dos idiotas. Se
gritaban tan fuerte que creo que me explotaron uno de mis tímpanos.
Cundo no digo nada, me mira y su sonrisa desaparece. —¿Qué está
pasando? ¿Qué sucedió?
Antes de que pueda explicar, Emma viene corriendo por el pasillo
a la sala. —Mami, ¿adivina qué? ¡Fui una chica grande hoy y me dieron
dos paletas!
Emma corre hasta ella y levanta la paleta que aún no ha comido.
Gwen se agacha de cuclillas y mira la venda blanca en su frente justo en
la línea de su cabello.
—Nena, ¿qué le sucedió a tu cabeza? —pregunta mientras traza el
108 vendaje con la punta de sus dedos.
—Me caí y me golpeé con la mesa. ¡Austin me cargó al auto como
si él fuese Superman! Fuimos muy rápido al hospital y me dispararon en
la cabeza y luego me cosieron —le dice Emma felizmente.
Espero a que Gwen se dé la vuelta, me grite y me diga que soy la
peor persona en el mundo por dejar que algo le suceda a su hija. En su
lugar, la escucho reírse por lo bajo. —No creo que te hayan disparado en
la cabeza, sino que te pusieron una inyección en la cabeza. ¿Todavía te
duele?
Emma sacude la cabeza de un lado a otro y Gwen la estrecha en
sus brazos y le besa la cima del vendaje. —Siento tanto no haber estado
allí, nena. Mami lidiaba con personas locas y no debió haber escuchado
el teléfono.
Imaginando que Gwen solo espera hasta que Emma se vaya de la
habitación antes de maldecirme, me quedo allí y espero por mi castigo.
Lo merezco. Nunca debería haber dejado a Emma fuera de mi vista.
—Está bien, mamá. Austin me dio un montón de besos y cuidó bien
de mí. Cuando me lastime de nuevo, ¿puede Austin llevarme al hospital?
—pregunta Emma.
Gwen abraza a Emma una última vez y entonces se aparta para
mirarla. —Bueno, por supuesto que te cuidó bien, Austin es bueno en
cuidar de las personas. Vamos a esperar que no tengas que ir al hospital
de nuevo pronto.
Le da un último beso sobre el vendaje y entonces la envía de vuelta
a su dormitorio. Se para y camina hacia mí y tengo un repentino impulso
de cubrirme las bolas.
—Vamos, tenemos que hablar —dice antes de darme la espalda y
caminar por el pasillo.
Por esto nunca debería ser padre. Simplemente arruinaré todo.

109
22
Traducido por AnnyR’
Corregido por Itxi

Gwen
Me siento fatal de que Emma se haya hecho daño, precisamente
hoy que yo no estaba, pero al menos Austin y Ellie se encontraban aquí
para cuidarla. Austin parecía que iba a vomitar todo el tiempo que estuve
agachada hablando con Emma mientras ella explicaba lo que le pasó.
Cuando él me sigue a su habitación y cierro la puerta, casi juraría que
este duro SEAL de la marina me tiene un miedo atroz.
Dios mío, solo quería darle las gracias por cuidar de Emma, no
arrancarle la cabeza. Sé que los últimos días han sido difíciles y que he
sido una zorra con él desde que sacó esas estúpidas conclusiones sobre
110 mis “expectativas”, pero ¿de verdad cree que después de lo que ha pasado
hoy voy a seguir guardándole rencor por eso?
Austin se queda en medio de la habitación con las manos en los
bolsillos y la cabeza gacha, mirando al suelo.
Le dejo reflexionar un rato, pensando que se merece unos segundos
más de sufrimiento después de la mierda que hizo la otra noche.
Cuando es evidente que no puede soportar más el silencio, lanza
un gran suspiro y me mira. —Adelante, dame mi merecido.
Me acerco un paso más a él, apoyando mis manos en su pecho, y
le miro a la cara. —Gracias.
Entorna los ojos hacia mí, confundido. —¿Por qué demonios me
das las gracias? Se suponía que tenía que proteger a Emma y se lastimó
en mi guardia. Deberías estar dándome una paliza.
Sacudo la cabeza en señal de desacuerdo. —Ser padre no consiste
en mantenerlos en una burbuja para que nunca les pase nada malo. Los
accidentes ocurren; no puedes evitarlos todos. Lo único que puedes hacer
es estar a su lado cuando ocurren, que es exactamente lo que has hecho.
Puede que pienses que no tienes potencial de padre, pero estoy segura de
que la mayoría de los padres del mundo no estarían de acuerdo contigo
ahora mismo, y yo estoy ahí con ellos.
Cierra los ojos y baja la cabeza, así que sigo. Es mejor exponerlo
todo para que no haya más confusión entre nosotros. —Sé que no crees
que esto sea algo que se te dé bien y no tengo ni idea de por qué. Aunque
discrepo mucho con la opinión que tienes de ti mismo, me parece bien.
Lo que dije el otro día iba en serio: nunca te pedí que asumieras ningún
tipo de papel en nuestras vidas. No necesito eso de ti.
Austin finalmente abre los ojos para mirarme de nuevo.
—¿Qué necesitas? —pregunta suavemente.
Con mis ojos todavía fijos en los suyos, deslizo mis manos por su
pecho, alrededor de sus costillas y sobre sus caderas hasta llegar a sus
manos. Entrelazando nuestros dedos, camino hacia atrás, tirando de él
conmigo. Cuando llegamos al baño principal anexo a su habitación, nos
meto dentro y cierro la puerta tras él. Le suelto las manos y me dirijo a
la ducha, girando los grifos hasta que el agua sale a borbotones. Dejo que
se caliente, me doy la vuelta y empiezo a desvestirme.
Sus ojos no se apartan de los míos y lo veo tragar con fuerza en
tanto me desnudo delante de él, dejando caer mi ropa en un montón junto
a mis pies hasta que estoy delante de él completamente desnuda.
Cuando el vapor comienza a llenar la pequeña habitación y mi
corazón empieza a latir más rápido, me abro un poco más a él.
—Ahora mismo, solo te necesito —admito en voz baja.
Austin suelta un gemido y sus brazos me rodean inmediatamente,
atrayendo mi cuerpo desnudo contra él antes de que su boca se funda
111 con la mía. Le abro los labios y dejo escapar mi propio gemido suave
cuando siento su lengua contra la mía. Solo han pasado dos días desde
la última vez que sentí sus labios en los míos, pero parece que ha sido
una eternidad.
Mientras nos seguimos besando, meto la mano entre nosotros y le
desabrocho y bajo la cremallera de los vaqueros, empujándolos, junto con
los calzoncillos, por encima de sus caderas. Austin se aparta el tiempo
suficiente para quitárselos hasta el final y patearlos hacia un rincón con
mi propia pila de ropa.
—Jesús, eres tan hermosa —susurra.
Hay convicción y asombro en su voz mientras mira cada centímetro
de mi cuerpo. Por primera vez en años, no siento la necesidad de taparme,
de ocultar mis cicatrices o de apartar la mirada por vergüenza: me siento
hermosa con Austin.
Acorta la distancia entre nosotros, me rodea con sus brazos y me
levanta contra él. Cuando mis pies abandonan el suelo, me aferro a sus
hombros, rodeo sus caderas con las piernas y dejo que nos lleve a la
ducha.
El agua caliente cae en cascada por mi espalda mientras él cierra
la puerta de cristal. Dejo caer la cabeza hacia atrás y permito que el agua
me empape el pelo y la cara antes de volver a levantarla para mirarle. Con
una mano en mi culo, que me mantiene pegada a él, lleva su otra mano
a mi nuca y acerca mi boca a la suya. El chorro de la ducha cae sobre
nuestras caras mientras nuestras lenguas se enredan. Aprieto los muslos
en torno a él cuando se gira y empuja mi espalda contra la fría pared de
azulejos, sacando su mano de mi nuca para rozar la parte delantera de
mi cuerpo mojado. Su palma se desliza por mi clavícula y desciende hasta
mi pecho, levantándolo en su mano mientras su pulgar frota de un lado
a otro mi pezón.
Su mano grande y áspera combinada con el agua tibia que fluye
sobre mi piel crea una necesidad salvaje dentro de mí y me aferro más a
él, intentando acercarnos lo más posible.
Austin quita bruscamente su mano de mi pecho, aparta su boca de
la mía y me permite deslizarme por su cuerpo mojado hasta que estoy
parada frente a él.
—¿Por qué te detuviste? —le pregunto sin aliento, dejando que mis
manos se deslicen hacia los duros y húmedos planos de su pecho.
—Oh, no tengo intención de parar, cariño —dice con una sonrisa
torcida mientras se pone de rodillas en el piso de la ducha.
Desliza sus manos por el interior de mis muslos, colocando besos
contra mi piel a medida que avanza. Mirándolo, paso mis dedos por su
pelo mojado una y otra vez hasta que desliza sus pulgares por mi sexo y
me abre a él.
Mis manos se aferran inmediatamente a mechones de su pelo en
tanto él mantiene su boca a un centímetro, su cálido aliento mezclándose
112 con el agua que se desliza entre mis piernas.
Quiero traerlo contra mí; quiero empujar mis caderas hacia delante
para llevar su boca donde la necesito, pero me mantengo perfectamente
quieta mientras él mira fijamente lo que está haciendo entre mis piernas.
Sus pulgares se mueven en círculos lentos, abriéndome a él una y otra
vez hasta que no puedo más. Siento que voy a correrme solo de verlo.
—Por favor, Austin —gimo.
Tan pronto como las palabras salen de mi boca, se inclina y pasa
la lengua por mi centro. Suelto un gemido mientras cierro los ojos y dejo
caer la cabeza contra la pared de la ducha. Su lengua es firme y caliente
cuando se desliza sobre mí, rodeando con la punta mi clítoris antes de
chuparlo en su boca.
Me rodea con las manos para agarrarme el culo y me atrae con más
fuerza contra su boca mientras me lame y chupa, devorándome hasta
que todo pensamiento coherente abandona mi mente y no puedo hacer
otra cosa que gemir y maldecir mientras me acerca cada vez más al límite.
Austin gime contra mi sexo y siento las vibraciones de su boca en
el interior. Necesito verlo. Necesito ver lo que me hace. Abro los ojos, lo
miro y gimo, empujándome contra él mientras su lengua se hunde en mi
interior antes de volver a subir a mi clítoris. No hay nada más excitante
que ver a un hombre arrodillado entre tus piernas, llevándote al clímax.
Me pasa la lengua rápidamente por el clítoris, una y otra vez, hasta
que siento que el calor de mi orgasmo empieza en los dedos de los pies y
va subiendo por las piernas hasta que explota. Sujeto la cabeza de Austin
contra mí y muevo mis caderas más rápido contra su lengua a la vez que
mi liberación roba el aliento de mis pulmones.
Con unos cuantos cosquilleos de mi orgasmo todavía en marcha,
Austin se para, me levanta contra él y empuja dentro de mí de una vez.
Los dos soltamos un gemido cuando la humedad de mi orgasmo y el agua
que empapa nuestros cuerpos hacen que se deslice dentro de mí todo lo
que puede en la primera embestida.
Austin entierra su cara en un lado de mi cuello cuando se retira e
inmediatamente vuelve a introducirse en mí, la fuerza de su embestida
me empuja contra la pared de la ducha.
—Joder —gime Austin contra mi hombro—. ¿Qué diablos me estás
haciendo, Gwen?
No respondo porque no tengo respuesta. No sé por qué nuestros
cuerpos encajan tan bien juntos y no sé por qué lo deseo más de lo que
jamás creí posible, simplemente lo deseo.
Envolviendo mis brazos alrededor de sus hombros, lo abrazo y
muevo mis caderas contra él, haciéndole saber que lo necesito; que quiero
todo lo que tiene que dar.
Uno de sus brazos se desliza alrededor de mi espalda para evitar
que me estrelle contra la pared y su otra mano se aferra a uno de mis
muslos envuelto en su cadera. Me besa por el cuello hasta llegar a mi
113 boca, rozando sus labios contra los míos sin besarme. Me mira fijamente
a los ojos mientras se retira de mí y vuelve a introducirse. Gimo contra
su boca y él lo hace de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, cada golpe de su
pene dentro de mí me empuja hacia otro orgasmo.
El agua de la ducha se enfría rápidamente, goteando de nuestras
narices y mezclándose con nuestros besos, pero el calor de nuestros
cuerpos nos mantiene calientes. Austin se impulsa dentro de mí una y
otra vez hasta que los dos jadeamos y le araño los hombros.
—Cielos, me estás matando, Gwen. Podría follarte para siempre —
murmura contra mis labios mientras entra y sale de mí.
Sus palabras me llegan directamente al centro y exploto a su
alrededor, gritando su nombre mientras me corro.
No tarda en seguirme, penetrándome tan profundo como puede,
manteniéndose quieto mientras explota dentro de mí. Maldice una y otra
vez, agarrándome el muslo con fuerza mientras se libera, con su pene
palpitando dentro de mí.
Nos quedamos envueltos el uno en el otro hasta que nuestros
corazones, que laten salvajemente, se ralentizan y la fría temperatura del
agua empieza a hacernos temblar.
Sin decir nada, Austin me suelta la pierna, sale de mí y se estira
para cerrar el agua. Salimos de la ducha y él coge dos toallas, se rodea la
cintura con una y me rodea los hombros con la otra, y me frota con las
manos los brazos sobre la toalla para calentarme.
Terminamos de secarnos y salimos del baño, sin que ninguno de
los dos diga una palabra sobre su desliz, hablando de siempre.

114
23
Traducido por Beatrix
Corregido por Itxi

Austin
—Podría follarte para siempre.
Maldita sea. ¿En qué demonios pensaba al decirle algo así? En este
momento, culpo a mi pene. Ese cabrón toma todas mis decisiones por mí
cuando estoy enterrado dentro de esta mujer. Gwen nunca comentó
nada, así que tal vez no me escuchó.
Después del mejor sexo en la ducha que he tenido en mi vida, joder,
el mejor sexo que he tenido en mi vida, Gwen fue a ver a Emma y a Ellie
y todavía no ha salido de la habitación. Decido llamar a Cole y pedirle
115 disculpas por haberle colgado antes cuando Emma se lastimó.
Cole responde en el primer tono. —Amigo, ¿qué diablos? Un minuto
te estás quejando de las mujeres obstinadas y lo siguiente que sé es que
la llamada termina.
—Sí, lo siento por eso. La hija de Gwen tuvo un accidente y tuve
que llevarla al hospital —explico, sentándome en el borde de mi cama.
—Cielos, ¿está bien? —pregunta Cole.
—Sí, está bien, solo se golpeó la cabeza y le pusieron un par de
puntos. Fue como un soldado —le digo, explicándole cómo dulcemente
convenció al médico para que le diera una piruleta extra.
—Vaya, vaya, vaya, escúchate —dice Cole con una sonrisa.
—¿Qué?
Se ríe de nuevo a mi costa. —Austin Conrad está hablando sobre
una niña como si fuera un padre orgulloso. Nunca pensé que vería el día.
Me burlo de él y pongo los ojos en blanco. —Sí, no lo creo, imbécil.
Los dos sabemos que sería el peor padre del mundo.
—Puede que pienses que no tienes potencial de padre, pero estoy
segura de que la mayoría de los padres del mundo no estarían de acuerdo
contigo ahora mismo, y yo estoy ahí con ellos.
Las anteriores palabras de Gwen resuenan en mi mente, así como
el momento en el hospital cuando le dije a la enfermera que era el padre
de Emma y como me hizo sentir. Estoy tan perdido en mis pensamientos
que no me doy cuenta de que Cole continuó hablándome.
—...mencionaste algo sobre Dylan Callahan —termina.
Me encuentro confundido por un minuto hasta que recuerdo que
le pregunté si conocía al hombre de la escuela y le colgué antes de que
pudiera responder.
—Entonces, ¿lo conoces? —le pregunto, fingiendo que he estado
escuchando todo el tiempo.
Aún no le he dicho a Gwen que pasó por la oficina; primero quería
conseguir información sobre el tipo. Mantenerlo alejado de ella no tiene
absolutamente nada que ver con el hecho de que podría haber estado un
poco celoso.
Bien, sigue diciéndote eso.
—Sí, lo conozco. Vale, lo conocía. No lo he visto en años. No fuimos
a la misma escuela secundaria, pero era amigo de Brady y luego salió con
Gwen por un tiempo, por lo que siempre estaba allí —explica Cole.
Bueno, mierda. Ahora sé que no podré fingir que no estoy celoso
porque lo único en lo que puedo pensar en este momento es en Gwen
comiéndole la cara a ese cabrón y en cómo hizo planes para reunirse con
él mientras estaba en la ciudad.
Hijo de puta.
116 —Amigo, fue algo intenso. Gwen rompió con él después de unos
meses, pero el chico no la dejaba en paz. Le enviaba flores todo el tiempo,
notas en el correo diciéndole que deberían estar juntos siempre… ese tipo
de mierda. La asustó mucho hasta que tuve que hablar con él.
Ante la mención de las flores y las notas en el correo, un escalofrío
recorre mi columna vertebral. ¿Y si William no es el que le ha hecho esta
mierda a Gwen últimamente? Odio darle a ese imbécil el beneficio de la
duda, pero tengo que ser inteligente. No puedo ir tras un tipo solo porque
sé lo que ha hecho en el pasado. Tengo que mirar todas las variables y,
ahora mismo, el hecho es que, aparte de Ellie, nadie ha visto a William
por la ciudad ni ha sabido de él en una semana. ¿Podría ser Dylan el que
está detrás de las flores y la carta que Gwen recibió por correo? Tal vez
fue él a quien Karen vio observándolas aquel día en el parque.
Sin embargo, sigue sin tener sentido que William viniera hasta aquí
desde Nueva York, maltratara a Ellie y luego se marchara de nuevo sin
intentar ponerse en contacto con Gwen o con su hija. Puede que Dylan
haya tenido tendencias acosadoras en el pasado, pero William es un hijo
de puta malvado y no voy a bajar la guardia y permitir que haga daño a
mis chicas.
Ahí voy de nuevo con la mierda de “mis chicas”.
—Por “hablar”, ¿asumo que le diste una paliza? —le pregunto.
Se ríe. —Obviamente.
—Entonces, ¿por qué carajo lo contrataría Brady para cuidar a
Layla? —cuestiono.
—Brady no sabía todo lo que pasó. Gwen acudió a mí porque sabía
que eran amigos y no quería arruinar su amistad. Me hizo prometer que
no se lo contaría. Brady y Dylan mantuvieron el contacto durante años
y, según Brady, el tipo es el mejor en su trabajo de seguridad privada.
Veinte años es mucho tiempo para aferrarse a una obsesión del instituto.
No me importa que hayan pasado noventa años, sigo sin fiarme de
su culo.
—¿Puedes hacerme un favor y buscar en sus registros? Está aquí
en la ciudad y pasó por la oficina de Brady para ver a Gwen cuando ella
no estaba. Quiero asegurarme de que está limpio antes de dejar que se
acerque a ella —le digo.
Cole es el hacker informático de nuestro equipo y si alguien puede
encontrar los trapos sucios de este tipo, será él. Quizá tengamos suerte
y el tipo haya sido detenido por acoso en algún momento de los últimos
veinte años.
—No crees que Callahan sea el que está detrás de la mierda que
pasa con Gwen, ¿verdad? —pregunta.
—No tengo ni puta idea, pero no voy a cometer ningún error cuando
se trata de esto.
Ya puedo oír a Cole haciendo clic en su ordenador al otro lado de
117 la línea. —Estoy en ello. Te llamaré en cuanto encuentre algo.
Le doy las gracias y cuelgo el teléfono, dejándolo a mi lado en la
cama. Oigo las risas femeninas procedentes del dormitorio del otro lado
del pasillo, seguidas de los chillidos de Emma, y no puedo evitar sonreír,
lo que me molesta inmediatamente. Borrando la sonrisa de mi cara, me
tumbo de nuevo en la cama.
Me resulta extraño estar tanto tiempo en un mismo sitio. Estoy
acostumbrado a regresar a casa después de una misión, descansar unos
días y volver a salir para hacerlo todo de nuevo. Cuando estoy en casa,
los únicos sonidos que oigo son los del evento deportivo que miro en la
televisión o el tráfico en el exterior. Me gusta mi intimidad; me gusta mi
tranquilidad. Me gusta poder caminar por mi propia casa desnudo. Me
gusta estar soltero y no tener ataduras ni nadie a quien responder. Es lo
que soy y lo que siempre he sido.
—Nunca te pedí que asumieras ningún tipo de papel en nuestras
vidas. No necesito eso de ti.
Con un gruñido de frustración, me froto la cara con las manos,
recordando las palabras de Gwen. Ha dejado claro que no espera más de
mí. Parece estar de acuerdo con lo que sea que estemos haciendo sin
hacerme sentir culpable por no poder darle más.
Debería alegrarme por ello. Significa que cuando todo esto termine,
podré salir de aquí con la conciencia tranquila y seguir adelante.
Entonces, ¿por qué carajo me molesta saber que no hay una parte
pequeña de ella que quiere que me quede?

118
24
Traducido por Gesi
Corregido por Itxi

Gwen
Emma se durmió al pie de la cama unos minutos después de la
pelea de cosquillas. No quiero interrumpirla todavía moviéndola, así que
Ellie y yo nos quedamos donde estamos en lo alto de la cama, apoyadas
en el cabecero hablando de nada.
—¿Te gusta trabajar con tu hermano como investigadora privada?
—pregunta Ellie.
—Me encanta. Es emocionante. William nunca me dejó tener un
trabajo, como sabes, así que es lindo ser capaz de hacer algo.

119 Suspira y continúa: —¿Es una oficina grande?


—No, es bastante pequeña. Hay un viejo restaurante al lado que
lleva abandonado algunos meses así que Brady quiere comprarlo cuando
tengamos dinero extra. Tiene una bodega grande en el sótano que sería
perfecta para una sala de archivos, pero Brady parece pensar que debería
ser un gimnasio —digo, poniendo los ojos en blanco—. Ahora tiene una
bolsa colgada en nuestra pequeña habitación de archivos que usa todo el
tiempo y Austin ya la ha puesto en uso, así que tal vez sea una buena
idea.
Está callada por algunos minutos y la miro.
—Te gusta mucho Austin, ¿verdad? —pregunta suavemente para
no despertar a Emma.
Siento que mi cara se calienta cuando pienso en lo que acaba de
suceder en la ducha, su cabeza entre mis piernas, su boca en mí…
—Um, sí, me gusta. Es un buen hombre —admito, apartando los
pensamientos del sexo en la ducha de mi cabeza.
—Estás enamorada de él, ¿verdad? —pregunta, sonriéndome.
Me burlo y pongo los ojos en blanco. —Apenas. No lo he conocido
tanto como para estar enamorada de él y, además, no estoy disponible
para el amor. Mis manos están llenas con esta pequeña.
Ambas miramos al pie de la cama justo cuando Emma suspira y se
enrosca más en las mantas. Omito el hecho de que he estado obsesionada
con lo que Austin me dijo en la ducha desde que salí de su habitación.
Estoy segura de que no quiso decir nada y solo fue algo que se le escapó
en medio de la pasión.
No es como si quisiera estar con él para siempre. Eso es tonto. ¿No
es cierto? Enciende en llamas mi cuerpo y eso es suficiente para que
cualquier mujer cuestione su juicio, pero él también cuida de Emma y no
tiene miedo de mis cicatrices o de lo que me ha hecho mi pasado. Es
protector y confiable, y me hace sentir viva.
No estoy enamorada de él, no es posible.
Decido que es tiempo de cambiar de tema antes de que lo piense
demasiado y me vuelva loca.
—Así que, ¿cómo estás tú?
Ellie se encoge de hombros y recoge algunas pelusas de su suéter.
—No lo sé. Me siento idiota. No quería decir nada, pero me ha llamado
un montón de veces en los últimos días. —La miro en estado de shock y
rápidamente continúa—: No te preocupes, no he respondido ninguna de
sus llamadas. Las dejo ir directamente al buzón de voz y ahora solo tengo
mi teléfono apagado.
Parte de mí quiere decirle que encienda su teléfono y hable con él,
que descubra donde está para que podamos acabar con esto de una vez
por todas, pero entonces pienso en como sonaría para ella, como si no
me preocupara por su seguridad, solo la mía.
120 —No eres más idiota de lo que fui yo. Cometiste un error y confiaste
en la persona equivocada. Solo tengo que saber cómo sucedió. ¿Cómo
siquiera comenzaste a hablar con él?
Suspira y echa la cabeza hacia atrás. —Vino a mi casa buscándolas
a ti y a Emma unos días después de que se fueran. Le preocupaba que
alguien te hubiera secuestrado. Tanto como lo odiaba por lo que te hizo,
me encontré sintiéndome mal por él. Se sentó en mi sillón y lloró durante
horas. Me dijo que era un monstruo y que necesitaba ayuda. Se sentía
avergonzado de sí mismo por lo que hizo y me preguntó si lo ayudaría a
mejorar. Quería ser una mejor persona antes de contactarte. Al principio,
lo hice como una forma de asegurarme de que se mantuviera alejado de
ti y no intentara encontrarte. Comencé a ir con él a clases de manejo de
ira dos veces a la semana. Después de un mes, empezamos a tomar café
luego de las clases. Solo nos quedábamos sentados allí hablando durante
horas y me hacía reír, me hacía sentir especial.
Escucharlo me hace sentir enferma. William también solía hacerme
reír. Solía hablarme durante horas y decirme que era la persona más
importante en su mundo. Me hizo sentir amada y querida… hasta que ya
no.
Viendo el rostro de Ellie, veo más que vergüenza en sus ojos, veo
tristeza. Creyó verdaderamente que William había cambiado. Pensó que
se estaba enamorando de un hombre que buscó ayuda y se convirtió en
una mejor persona. Me asusta pensar que tal vez podría perdonarlo por
lo que le hizo. Conozco bien ese sentimiento. Te dices que nunca dejaras
que vuelva a suceder, que nunca volverás a ser tan tonta… y luego viene
a casa con flores en sus manos, lágrimas en los ojos y te recuerda tanto
al hombre del que te has enamorado. Te sostiene como si fueras lo más
precioso en el mundo y te hace promesas que estás segura que esta vez
cumplirá. Se transforma en un ciclo de nunca acabar, hasta que un día,
han pasado diez años y estás herida en el piso de su oficina, sollozando
de dolor y deseando morir porque sabes que es la única forma en que vas
a ser libre de él.
No puedo dejarla cometer los mismos errores que yo. Tengo que
contarle lo que ha estado sucediendo. No ha preguntado porque Emma y
yo nos hemos estado quedando con Austin y es evidente que asume que
somos una pareja. No tiene idea de que estoy aquí porque el hombre que
cree amar ha estado aterrorizándome.
—Tengo que decirte algo —comienzo, estirándome por su mano y
sosteniéndola en la mía—. Emma y yo nos estamos quedando con Austin
porque últimamente han estado sucediendo cosas extrañas.
Sus cejas se fruncen e inclina la cabeza. —¿A qué te refieres con
cosas extrañas?
—Como, por ejemplo, que alguien vigilaba a Emma cuando estaba
con su niñera y las siguió hasta la casa, una carta espeluznante que llegó
por correo, llamadas colgadas y tres ramos de orquídeas violetas que me
dejaron en la puerta —le digo.
121 Ellie sabe todo sobre las orquídeas. Después de un tiempo, ella se
deshacía de ellas cuando su olor me producía náuseas.
Sus ojos se ensanchan en conmoción. —Oh por Dios, ¿lo dices en
serio? Gwen, ¿por qué no me contaste esto?
Suspiro y aprieto su mano. —Porque has tenido demasiado de lo
que preocuparte estos últimos días. No quería abrumarte con la idea de
que William ha estado acosándome y no quiere dejarme ir.
Aparta su mano de la mía. —Te dejó ir hace meses, Gwen. Siguió
adelante. Estoy segura de que no ha sido él quien ha estado haciéndote
estas cosas.
Estoy confundida por su repentina ira, pero no por el hecho de que
esté defendiéndolo. Yo solía hacer exactamente lo mismo con ella cuando
me decía que lo dejara.
—Ellie, mira lo que te hizo. ¿Vino hasta Nashville solo para decirte
que estaba enojado porque me contaste sobre ustedes dos? Escúchate,
eso no tiene sentido —discuto.
—Oh, ¿pero tiene mucho sentido que no te haya superado y quiera
que vuelvas? —pregunta sarcásticamente—. Incluso si hizo esas cosas,
no significa que no pueda dejarte ir. Tal vez es su manera de decir que lo
siente. Realmente quiere que Emma vuelva a su vida y tal vez no sabe
cómo hablarte de ello.
Me doy cuenta rápidamente de que no puedo discutir con ella en
este momento. Está herida, confundida y enojada. Ambas vamos a decir
cosas que no podremos retirar si sigo adelante. Tiene la cabeza tan liada
ahora que no piensa con claridad y lo entiendo perfectamente. Entiendo
cómo se siente, y por eso la dejo en paz por ahora.
—Sabes qué, se está haciendo tarde —le digo, bajándome de la
cama—. Siento haberte enfadado. Descansa un poco y hablaremos más
en la mañana.
Me acerco al extremo de la cama y subo las mantas hasta el hombro
de Emma antes de inclinarme hacia abajo y besarla en la mejilla.
Ellie no dice nada hasta que cruzo la habitación y mi mano está en
el pomo de la puerta.
—Lo siento, Gwen.
Miro hacia atrás sobre mi hombro a mi mejor amiga y le doy una
sonrisa. —Lo sé. Está bien.
Dejo la habitación y cruzo el pasillo hacia el dormitorio de Austin,
viéndolo tumbado de espalda en la cama con sus piernas colgando del
borde y con sus brazos sobre los ojos. Cierro la puerta detrás de mí y me
arrastro hasta la cama.
Trepando por su cuerpo, Austin no abre los ojos hasta que estoy a
horcajadas sobre sus caderas. Inclinada sobre él, apoyo las manos en la
122 cama a ambos lados de su cara, con el pelo cayendo a nuestro alrededor
como una cortina. Levanta una mano y me aparta el pelo, colocándolo
detrás de una oreja. Sin decir nada, me pone las manos en las caderas y
me aprieta contra la erección que noto en sus pantalones. Le sonrío antes
de apoyarme en los muslos y subirme la camiseta por la cabeza.
Se sienta rápidamente, envolviendo sus brazos a mi alrededor para
que no me caiga al piso. No se mueve, solo se queda allí en el borde de la
cama con mis piernas a horcajadas mientras me mira fijamente a los ojos.
Se ve triste y me pregunto por qué. Sus brazos se aprietan a mi alrededor
como si tuviera miedo de soltarme. Justo cuando comienzo a preguntarle
que le sucede, se inclina hacia adelante y me besa.
Me besa suavemente y sus manos acarician cada milímetro de mi
cuerpo antes de que se ponga de pie y me coloque parada en el suelo.
Termina de desvestirme, haciendo un rápido trabajo con su ropa antes
de tirar las mantas y meterse en la cama, llevándome sobre él.
Nos tomamos nuestro tiempo saboreando y tocando cada milímetro
de la piel desnuda del otro antes de que Austin me ruede sobre mi espalda
y entre en mi interior lentamente. Se mece suavemente dentro de mí, sin
dejar de mirarme. Le rodeo la espalda con los brazos y subo las piernas
a ambos lados para que pueda penetrar más profundamente, amando la
forma en que se siente en mi interior.
Acerco su cuerpo al mío hasta que su pecho se aprieta contra mí y
siento los latidos de su corazón. Nuestros ojos permanecen conectados
durante mi liberación y la suya mientras me aferro a él con fuerza, sin
querer que esta sensación termine nunca.
Cuando sale de mí y se acurruca contra mi espalda con su brazo
alrededor de mi cintura, no tardo en oír las respiraciones profundas y
uniformes que indican que está dormido. Solo entonces admito que Ellie
probablemente tenga razón.
Estoy enamorada de Austin.

123
25
Traducido por Umiangel
Corregido por Itxi

Austin
Gwen va a matarme.
Debería sentirme mal por lo que acabo de hacer, pero no puedo.
Los últimos dos días han sido increíbles: pasar el rato con Gwen y Emma,
trabajar juntos en algunos de los documentos para sus casos que trajo
consigo, jugar a los SEAL de la marina con Emma antes de acostarse y
pasar todas las noches besando cada centímetro del cuerpo de Gwen,
mostrándole lo que no me atrevo a decirle. No puedo lamentar la elección
que hice esta noche mientras Gwen y Ellie le daban un baño a Emma.
Cuando me vaya, necesito saber que las dos están a salvo y que nada les
124 sucederá nunca más. La única manera de asegurarse de que eso ocurra
es poner a William Stratford tras las rejas por mucho tiempo.
—¿Tienes todas las páginas que te envié por correo electrónico? —
pregunto, mientras camino de un lado a otro en mi habitación.
Puedo escuchar a Mark moviendo papeles al otro lado de la línea.
—Sip, tengo todo: veinte fotos y quince páginas de notas. Por Dios, este
tipo es un imbécil.
Cierro los ojos y hago algo que nunca he hecho. Rezo para que
Gwen me perdone por violar su privacidad. Cuando se hallaba ocupada
empacando las cosas de Emma para venir a quedarse aquí conmigo, entré
en su dormitorio y saqué el expediente que documentaba sus abusos de
su tocador y lo metí en la cintura de mis vaqueros contra la espalda y
bajo la camisa.
Volver a mirar todas esas fotos mientras las escaneaba y se las
enviaba a Mark, me convenció de que estaba haciendo lo correcto. Ella
nunca debería tener que mirar por encima del hombro y yo necesito saber
que nunca habrá otra foto que añadir a ese montón cuando me haya ido.
La única forma en que podré salir por esa puerta es sabiendo que está
protegida; que ella y Emma pueden vivir una vida larga y feliz.
—Empezaré a presentar el informe contra Stratford esta mañana,
pero ya sabes que Gwen tendrá que pasar por la comisaría de Nashville
y firmarlo. Me aseguraré de enviarles una copia, así que tendrás que
convencerla de que esto es lo mejor para ella y llevarla allí lo antes posible
—me recuerda Mark.
—Lo sé, me ocuparé de eso cuando llegue el momento.
Oigo una voz amortiguada al otro lado de la línea y Mark le dice
que espere antes de volver conmigo. —Mierda, tengo que irme, hay una
llamada en la otra línea que tengo que atender.
Le doy gracias por toda su ayuda y termino la llamada justo cuando
suena un golpe en mi puerta. Abriendo, bajo la mirada para ver a Emma
parada allí mirándome con una sonrisa.
—¿Puedes arroparme, Austin?
Sacando la cabeza de mi habitación, miro hacia el pasillo y luego a
ella. —¿Dónde está tu mamá?
Emma toma mi mano y comienza a llevarme al otro lado del pasillo.
—Se está bañando y tengo sueño. La tía Ellie ya se durmió.
Sonrío mientras tira de mi mano con más fuerza, siguiéndola hasta
el dormitorio. Trepa en su cama y se mete debajo de las sábanas.
Me mira expectante y estoy perdido. ¿Qué diablos se supone que
debo hacer ahora? ¿Cómo se arropa a alguien?
Inclinándome sobre ella, subo la manta hasta su mentón. —Uhm,
entonces... qué tengas una buena noche.
Comienzo a levantarme cuando ella se ríe. —¡Austin! Tienes que
125 sentarte a mi lado hasta que me duerma. Eso es lo que mamá siempre
hace.
Rascándome la cabeza y mirando detrás de mí hacia la puerta, me
pregunto cuánto tiempo tardará Gwen en el baño.
Emma saca un brazo de debajo de las mantas y acaricia la cama a
su lado. Con un suspiro, me siento en el borde de la cama. —Entonces,
¿cuánto tiempo te lleva quedarte dormida?
Se ríe y niega con la cabeza. —No sé, tonto. Acomódate y estira las
piernas.
Pensando que podría hacer lo que dice o será la medianoche antes
de que finalmente se duerma, estiro mis piernas. Emma se aleja de mí y
golpea su almohada con la mano, indicándome que me acueste a su lado.
Una vez que estoy acostado bocarriba, se acerca a mí, agarrando
mi brazo y alzándolo. Lo sostengo en el aire con una mirada confundida
en mi rostro hasta que se desliza más cerca y descansa su cabeza en el
hueco de mi hombro. Bajo mi brazo a su alrededor y me pregunto por
qué se siente como lo más natural del mundo. La miro a la cara mientras
cierra los ojos y me pregunto cómo será cuando tenga diez, quince, veinte
años… Me pregunto si todavía será tan dulce y confiada. Me pregunto si
Gwen se habrá vuelto a casar para entonces y si el bastardo afortunado
apreciará cada momento con estas dos mujeres. Me pregunto si Emma
recordará al hombre con quien vivió durante una semana cuando tenía
seis años y le enseñó cómo se debía crear una distracción para sacar a
las inocentes Barbies del peligro.
Una risa triste brota de mí cuando pienso en cómo Emma gritó a
todo pulmón que el sofá estaba en llamas para que yo pudiera coger las
muñecas y arrojarlas a la cocina. Gwen entró corriendo en la habitación
con un vaso de agua del baño en la mano, gritando que iba a apagar el
fuego. Emma y yo caímos al suelo riéndonos hasta que no pudimos
respirar y Gwen salió de la habitación dando pisotones, enfadada, cuando
descubrió que era una falsa alarma.
Emma se desplaza a mi lado para intentar ponerse más cómoda y
sube su mano para apoyarla en mi estómago. No puedo evitarlo; rodeo
su pequeña mano con la mía y la agarro con fuerza.
—Te amo, Austin. ¿Puedes arroparme todas las noches? —susurra
Emma somnolienta.
Cerrando los ojos, no digo nada a cambio. Me temo que, si abro la
boca, lloraré como un jodido bebé.
Una hora más tarde, la sensación de mi teléfono vibrando en el
bolsillo me despierta. Me deslizo lentamente de la cama, intentando no
empujar demasiado a Emma. Ni siquiera se mueve cuando le quito el
brazo de encima. Salgo rápidamente de la habitación y saco el teléfono,
sin sorprenderme en absoluto cuando veo quién llama. Él aprobó que me
tomara un tiempo libre personal, pero sabía que no sería paciente por
mucho tiempo.
126 —Conrad, ¿cómo va la vida civil? —pregunta el capitán Risner.
—Está bien, señor.
Va directo al grano. —Sé que dijo que me llamaría cuando las cosas
terminaran, pero tenemos una emergencia en Kuwait en la que podría
ayudar. Necesito saber ahora si cuento con usted.
Me apoyo contra la pared y agacho la cabeza. —¿Que tan pronto?
—Tiene que ser informado antes de volar, así que lo necesito aquí
en Virginia para el miércoles a las ochocientas horas.
En dos días.
—Señor, las cosas aún no han terminado aquí. No estoy seguro de
si podría llegar a Virginia a tiempo —digo.
Es imposible que deje a Gwen y Emma antes de que Stratford esté
tras las rejas.
—Bien, termínelo, Conrad. Si esta misión va bien, podré aprobar la
documentación de teniente que puso en mi escritorio hace tres meses.
Mierda. Me olvidé de todo eso. Es por lo que he estado trabajando
tanto, lo único que siempre he querido: estar a cargo de mi propio equipo.
Cole era nuestro teniente hasta que decidió pedir una excedencia y Risner
me aseguró que el puesto sería mío si mantenía la cabeza en el juego y
continuaba haciendo lo que siempre he hecho: vivir, comer y respirar el
ejército.
—Lo entiendo, señor. Me aseguraré de estar allí —le digo antes de
finalizar la llamada.
Sabía que este momento iba a llegar, pero no esperaba que fuera
tan pronto. Me he estado preparando para dejarlas desde el momento en
que llegué aquí. Este es el único sueño que he tenido y, en serio, no puedo
creer que esté aquí en el pasillo deseando otra cosa, algo que nunca podré
tener.
Sin pensarlo, hago otra llamada a Mark, diciéndole que ponga una
orden de búsqueda en Stratford inmediatamente. Esto tiene que acabar
ya para que pueda seguir con mi vida como siempre había planeado.
Mañana hablaré con Ellie para que me aconseje sobre cómo darle
la noticia a Gwen de que he violado completamente su confianza y he
entregado su expediente personal a la policía sin que ella lo supiera.
Mañana, desconectaré todo y me obligaré a recordar para qué estoy aquí:
para hacer un trabajo.
Pero ahora mismo, voy a pasar una última noche abrazando a mi
chica y memorizando cómo se siente en mis brazos.

127
26
Traducido por Mely08610
Corregido por Itxi

Gwen
Mientras estoy tumbada en la cama esperando a Austin, pienso en
la escena que vi hace media hora cuando venía hacia aquí y se me encoge
el corazón: mi niña, acurrucada junto a Austin, el brazo de él rodeándola,
abrazándola con fuerza. Ella le dijo que lo amaba. Nunca le dijo esas
palabras a su propio padre, siempre manteniendo las distancias con él,
como si supiera instintivamente qué clase de hombre se escondía bajo el
pelo perfectamente peinado, los trajes de tres piezas y los regalos caros
con los que la colmaba semana tras semana, intentando compensar el
hecho de que no sabía nada de ser padre. En solo una semana, confió
más en Austin que en el hombre con el que vivió durante seis años.
128
Espero por Dios que Austin se dé cuenta de la magnitud de lo que
le dijo. Sé que le dije que no esperaba nada de él, pero a estas alturas,
¿cómo no hacerlo? Se metió en nuestros corazones y me temo que nunca
seremos las mismas si se va. No puedo pedirle que se quede; nunca le
pondría en esa situación. Sé que tiene un trabajo que es muy importante
para él y lo respeto. Sin embargo, sería bueno saber que quiere quedarse;
sería bueno saber que, aunque tuviera que marcharse, tal vez volvería
con nosotras. Austin cree que no sabe nada de cómo ser padre, pero no
tiene ni idea de que ya es el doble de padre que William.
He pasado todo este tiempo luchando contra los sentimientos que
tengo por él porque tenía miedo de que intentara cambiarme como hizo
William. La idea de perder la independencia que acabo de recuperar y no
tener control sobre mi propia vida me petrifica. Austin es protector, pero
nunca me frenaría. Quiere que sea fuerte y que sea quien quiero ser. Me
da una fuerza que no sabía que tenía. Solo espero ser lo suficientemente
fuerte para dejarle marchar si eso es lo que decide hacer.
Al cerrar los ojos y respirar el aroma de Austin en sus almohadas
y mantas, oigo una voz apagada en el pasillo. Me duermo esperando que
Austin pueda ver lo que tiene delante.
***

Al estirarme en la cama, mi mano toca una sábana fría en lugar de


un cuerpo caliente. Al abrir los ojos y echar un vistazo a la habitación,
veo que estoy sola. Sentí que Austin llegaba a la cama en algún momento
de la noche, deslizándose a mi lado y atrayendo mi cuerpo contra el suyo.
Me dormí de inmediato y tuve un sueño en el que Austin me besaba el
costado del cuello y me susurraba al oído que lo sentía y que me amaba.
Fue un sueño maravilloso, pero es triste saber que solo fue eso.
Al oír a Austin y a Ellie hablar en la parte principal de la casa, salgo
de la cama y me pongo unos vaqueros y un jersey. Anoche, Ellie durmió
en el sofá cuando vio a Austin y a Emma acurrucados en la cama. Luego
de bañarme, intenté volver a hablar con ella mientras se hallaba ocupada
haciendo la cama en el salón, pero me ignoró. Volvió a disculparse por
haberse enfadado, pero me di cuenta de que no lo decía en serio. No me
miró a los ojos y cambió inmediatamente de tema. Solo quería hablar de
Emma, de lo guapa que se había puesto, de lo mucho que había crecido,
de la suerte que tenía de tenerla. Sé que necesita tiempo para procesar
todo y no quiero presionarla. Solo quiero que esté segura; no quiero que
cometa los mismos errores que yo.
Cuando llego al salón, echo un vistazo a la cocina y veo a Emma
sentada en la mesa comiendo un bol de cereales, a Ellie en el sofá con la
cabeza entre las manos y a Austin paseando de un lado a otro frente a
ella.

129 —¿Qué pasa?


Austin se gira al oír mi voz y Ellie levanta la vista de su sitio en el
sofá. Me acerco a él y le cojo las manos, pero él las mete rápidamente en
los bolsillos delanteros de sus vaqueros. —Acabo de recibir una llamada
de Mark del departamento de policía de Nueva York. El departamento de
Bowling Green, Kentucky, ha encontrado a William y lo tienen detenido.
Me quedo con la boca abierta por la sorpresa. —Sus padres viven
en Bowling Green. ¿Qué pasa ahora? ¿Ha confesado todo?
No puedo creer que lo hayan encontrado y lo hayan traído. Una
parte de mí se preguntaba si tenía tantos contactos en Nueva York que
volvería allí y no saldría nada. Ha estado pagando a la ciudad de Nueva
York durante tanto tiempo que, a estas alturas, no me extrañaría que lo
dejaran pasar.
—No lo sé. Todo lo que sé es que pusieron una orden de búsqueda
y un policía lo detuvo a las afueras de la ciudad y lo trajo —explica Austin.
—Espera, ¿cómo pudieron poner una orden? Creía que dijiste que
había que presentar cargos contra él o algo así para que pudieran hacer
eso —pregunto confundida.
Ellie resopla desde el sofá y miro alrededor de Austin para ver que
se levanta y cruza los brazos delante de ella. —Sí, Austin, ¿por qué no le
dices cómo pudo traerlo la policía?
Austin aprieta las manos en puños a los lados y flexiona la
mandíbula.
—¿Por qué no le dices que has violado su confianza? —añade Ellie.
Miro de un lado a otro entre los dos y me decido por Austin. Ellie
lo mira como si fuera a arrancarle la cabeza y siento que podría sacarle
una respuesta más directa.
—Austin, ¿de qué está hablando?
Me acerco un paso y él da otro hacia atrás. Está poniendo distancia
entre nosotros y eso empieza a ponerme nerviosa. Me alegra que hayan
detenido a William, pero tengo miedo de lo que pueda pasar después. Solo
quiero que sus brazos me rodeen, asegurándome que todo estará bien.
—Le conté a Ellie algo esta mañana mientras aún dormías. Quería
que me ayudara a convencerte de que era lo correcto, pero obviamente
ha cambiado de opinión —me dice Austin, echando una mirada de enfado
a Ellie por encima del hombro.
—¡Oh, por favor! No pensabas en nada más que en ti mismo. Solo
querías ser el héroe para poder pasar a algo más grande y mejor —acusa
Ellie.
Austin se gira para mirarla. —¿Sabes qué? Ya me he cansado de...
—¿Quieren dejarse de tonterías? —los interrumpo—. ¡Díganme qué
demonios está pasando! —grito.
—Esto debe ser bueno —murmura Ellie.
130 —Ellie, ¿puedes llevar a Emma al dormitorio, por favor? —le pido.
Me mira irritada como si le hubiera dicho que atropellara a un gato.
—¡Tienes que estar bromeando!
—Por favor, Ellie. Solo unos minutos —le ruego.
Levanto las cejas y le suplico en silencio que lo entienda. Necesito
que Austin hable conmigo y no se va a sentir cómodo haciéndolo con Ellie
en la habitación, ya que es evidente que está enfadada con él por algo.
Después de unos segundos, Ellie resopla enfadada, levantando las
manos en señal de irritación. —Bien. Lo que sea.
Entra en la cocina y levanta a Emma en brazos, cogiendo el bol de
cereales y llevándola por el pasillo hacia la habitación.
Cuando por fin estamos solos, lo intento de nuevo. —Vale, ya se ha
ido, así que no tienes a nadie que se queje de ti. Ahora dime de qué
hablaba y por qué está tan cabreada.
Austin no muestra ningún tipo de emoción en tanto se pone delante
de mí. No hay una sonrisa arrogante, ni suavidad en su rostro... nada.
Es como si se hubiera puesto una coraza en el rostro para no dejarme
entrar. —Tienes razón, la policía no podía traer a William por sospechar
que te acosaba. Necesitaban pruebas de actividad delictiva.
Lo miro confundida durante unos minutos hasta que encaja en su
sitio. Pruebas de actividad delictiva. Solo hay una cosa que podría pasar
por eso: mi expediente.
—Dios mío, ¿se lo diste?
Austin no dice nada, solo sigue de pie mirándome fijamente.
—¡Era mi información personal, no tenías derecho a compartirla
con nadie! —grito enfadada.
Sé que estoy siendo irracional, pero no puedo evitarlo. Ya fue muy
difícil para mí mostrarle esas cosas, y ahora Dios sabe cuántas otras
personas las verán. William es un asunto muy importante en Nueva York;
la policía no va a poder mantenerlo en secreto durante mucho tiempo.
Pronto, todo el mundo verá esas fotos: mis padres, Brady... todos los que
he conocido verán todo lo que dejé que William me hiciera durante tantos
años.
—¿Cómo lo conseguiste, regresaste a la casa de Brady desde que
llegamos? —exijo.
Sacude la cabeza y finalmente habla: —Lo recogí cuando estabas
preparando a Emma antes de que llegáramos aquí.
Lo dice tan despreocupadamente, como si no hubiera violado por
completo mi intimidad y mi confianza al coger ese archivo y dárselo a otra
persona. Me alejo de él, sin querer mirar su cara, tan fría y profesional.
—No puedes enfadarte por esto, Gwen, había que hacerlo para que
se quedara encerrado mucho tiempo, y no había otra forma.
131 Me doy vuelta de nuevo, enfadada. —¿Qué tal si primero hablabas
conmigo de esto? No es algo que asumes porque crees que estás haciendo
lo correcto. Es mi vida, mi pasado y ahora va a ser difundido por todas
partes para que todo el mundo lo vea. ¡Oh, Dios mío, Emma podría verlo!
¿Pensaste en eso cuando lo entregaste?
Al mencionar a Emma hace una mueca de dolor, pero eso no le
impide tratar de defender su caso. —Gwen, este es mi trabajo, lo sabes.
Hago lo que sea necesario para llevarlo a cabo, incluso si eso significa
enojar a algunas personas.
Sus palabras son como un puñetazo en mi corazón. Ahora solo soy
una “persona” para él. Tal vez eso es lo que he sido todo el tiempo.
—Bueno, por suerte para ti parece que el trabajo está terminado y
puedes seguir adelante para ayudar a más personas.
Su rostro permanece como un trozo de piedra: ninguna emoción ni
reacción. —Sabías que esto iba a suceder desde el principio. Sabías que
me iría tan pronto como esto terminara. No soy el tipo de persona que se
queda en un lugar mucho tiempo o que tiene una familia.
—¡Maldita sea, estoy harta de que siempre vuelvas a eso! No eres
el tipo de hombre que es padre, no eres el tipo de hombre que es marido...
¿se te ocurrió alguna vez que eres EXACTAMENTE ese tipo de persona,
pero estás demasiado asustado para admitirlo? He visto cómo eres con
Emma, he sentido cómo eres conmigo. ¿Cómo puedes no verlo?
Austin se burla y me sacude la cabeza. —No lo entiendes.
Aunque quiero estrangularlo, me acerco. —Tienes razón, no lo
entiendo, así que dímelo.
Se limita a negar con la cabeza.
—¡Te he dado TODO! Cada parte de mí que pensé que nunca daría
a otra persona. ¿Por qué te cuesta tanto abrirte a mí?
Mi voz es cada vez más fuerte, pero no me importa. Solo quiero que
me escuche y que entienda que quiero conocer cada parte de él.
Se aparta y se pasa las manos por el pelo con frustración antes de
dejarlas caer sobre sus muslos.
—¡Maldición! ¿Quieres saber sobre mis cicatrices? Están todas en
el interior, Gwen. No tengo ni puta idea de lo que hace falta para ser el
hombre que tú y Emma necesitan y eso me mata. Tuve una infancia de
mierda. La marina fue como un puto resort de cinco estrellas comparado
con algunos de los lugares en los que crecí. Los únicos padres que conocí
renegaban de mí y me trataron como un pedazo de mierda inútil hasta
que se hartaron y me enviaron a la siguiente familia de mierda. ¿Es eso
lo que quieres oír? —grita enfadado.
Se me rompe el corazón por él y quiero acercarme y rodearlo con
mis brazos, pero es evidente que me está dejando de lado y que ya ha
tomado su decisión.
132 —¡Sí! ¿Es tan difícil para ti entender que quiero conocerte? Quiero
saber qué te ha convertido en el hombre que eres hoy, lo bueno y lo malo.
Has visto cada parte de mí. Conoces mis miedos y mis debilidades, ¿por
qué es tan malo que quiera conocer los tuyos?
—¡Porque eso no es lo que soy, carajo! Soy un SEAL de la marina,
Gwen. No tengo tiempo para el miedo y la debilidad y no puedo cometer
errores ni tener distracciones. Algo así en mi línea de trabajo hará que
me maten.
Y así, mi corazón se parte en dos. Está bien que yo esté rota y tenga
miedo, pero él no.
—Debe ser bonito ser tan jodidamente perfecto —le respondo—. Por
suerte para ti, este trabajo ha terminado y puedes seguir con tu vida. No
tienes que preocuparte de que Emma y yo seamos una distracción para
ti.
No me dice nada mientras me doy la vuelta y salgo de la habitación
para empezar a recoger nuestras cosas.
27
Traducido por MadHatter
Corregido por Itxi

Austin
Una hora, ocho minutos y veintisiete segundos.
Ese es el tiempo que Gwen y Emma han estado ausentes en esta
casa. Poco más de una hora y ya parece que no las he visto en un año.
Nunca quise ser tan idiota con Gwen cuando me despedí. Maldita sea, ni
siquiera fue una despedida, fue un adiós. Me sorprende que no me haya
sacado el dedo corazón mientras salía por la puerta. Quería sentarla y
explicarle de nuevo mis razones para no poder quedarme. Nunca quise
que nuestras últimas palabras fueran dichas con rabia y nunca pretendí
herirla tan profundamente que ni siquiera pudiera mirarme antes de que
133 la puerta se cerrara tras ella y saliera de mi vida.
Al menos Ellie me habló antes de irse. Cuando sugerí llevarlas a la
estación de policía para que Gwen pudiera firmar el informe, me dijo que
me fuera a la mierda. No iba a dejarlas ir a ninguna parte solas, incluso
si William se encontraba tras las rejas; todavía quedaba un cabo suelto
que debía amarrarse. Por fortuna, o no dependiendo de cómo se lo mire,
Cole me llamó cuando las chicas se dirigían hacia la puerta para decirme
que Dylan Callahan no tenía antecedentes. Ningún registro de acecho y,
cuando Gwen me escuchó decir su nombre al teléfono, tuve que aclarar
que él había pasado por su oficina. Si ella fuera un personaje de dibujos
animados, habría salido humo de sus oídos. Me dijo en términos muy
claros que era un idiota y que Dylan era un amigo. De hecho, habían
hecho planes para verse para tomar un café mientras él estaba en la
ciudad.
En este momento, me siento como un imbécil. Nunca debería haber
ocultado el hecho de que planeaba usar su archivo para asegurarme de
que William no se escapara de lo que le hizo. Pensé que la protegía al
ocultarle cosas, pero debí haberlo sabido. Ella es increíble, es inteligente
y una luchadora. Tenía todo el derecho de participar en todos los aspectos
del plan para acabar con el hombre que la aterrorizó durante la mayor
parte de su vida adulta.
El cronómetro en mi reloj empieza a sonar, lo que indica que tengo
que irme si quiero tomar mi vuelo. Para poder llegar a Virginia a las ocho
de la mañana, tengo que volar a Chicago esta noche y luego a las cinco
de la mañana siguiente hacia Virginia. De pie en el medio de mi sala de
estar, no puedo hacer que mis pies se muevan. A donde sea que mire,
veo a Gwen o escucho a Emma. Tan pronto como salga por esta puerta,
todo habrá desaparecido: las sonrisas, las risas, los besos… todo quedará
en un rincón oscuro de mi mente, para que no tenga que pensar en ello
o anhelar algo que no puedo tener. Cuando salga por esa puerta, será
como si mi tiempo con ellas nunca hubiera existido.
Esto es para lo que vivo: para que me llamen en el último momento,
sin saber qué esperar o en qué tipo de peligro me voy a meter... es lo que
estaba destinado a hacer. Es mi vida y luchar por algo importante
siempre me ha hecho feliz.
Entonces, ¿por qué diablos me encuentro aquí de pie lamentando
la decisión de irme?
Ya debería tener mi bolsa en mi mano y salir por la jodida puerta
dejando una nube de polvo a mi paso, pero las palabras de Emma del día
anterior resuenan en mi cabeza.
—Te amo, Austin. ¿Puedes arroparme todas las noches?
Nunca quise que esto pasara; se suponía que no debía apegarme.
Me quedaría durante el tiempo suficiente para asegurarme de que Gwen
y Emma estuvieran a salvo y luego me largaría de aquí. Nunca pensé que
acostarme con Gwen provocaría una tormenta de emociones extrañas en
134 mi interior. Nunca esperé pasar tiempo con una niña y disfrutarlo. ¿Qué
carajo me sucede?
Las amas, imbécil.
Oh, por supuesto que no, maldita sea. No es eso. Me gusta pasar
tiempo con ellas, eso es todo. Me hizo desear tener una infancia diferente
y ser una persona distinta. Gwen estaba equivocada, no tengo miedo; es
solo que no quiero ese tipo de vida.
Es una completa mierda que esté contemplando volver a llamar al
capitán Risner y decirle que se busque a otro. Yo no soy este hombre.
Gwen y Emma han pasado suficiente tiempo poniéndome del revés a mí
y a mi vida. Es hora de que me largue de aquí antes de que haga algo
estúpido y arruine por completo mi carrera.
William se encuentra en la cárcel, a donde pertenece su lamentable
trasero, Dylan no es un asqueroso acosador con una obsesión de hace
veinte años, y Gwen y Emma están a salvo; mi trabajo ha terminado.
Agarrando mi bolso de mano del suelo junto a mis pies, lo arrojo
sobre mi hombro, decidido a seguir con el plan que he tenido todo el
tiempo: irme cuando el trabajo esté terminado y no mirar hacia atrás.

***
Por supuesto que el puto vuelo se retrasa. Todo lo que quiero hacer
es salir de esta ciudad abandonada de Dios y me encuentro atrapado aquí
por quién sabe cuánto tiempo. Al menos mi vuelo de conexión no sale
hasta mañana por la mañana, así que tengo mucho tiempo.
—¡Papi!
Dándome la vuelta al oír el grito de una niña, veo a un hombre con
uniforme militar cruzando la puerta desde la pasarela con una multitud
de otros pasajeros cuyo avión acaba de aterrizar. Tan pronto como ve a
la niña, su rostro se ilumina de felicidad y sus ojos se llenan de lágrimas.
Tira su bolsa de viaje al suelo y corre hacia ella. Es como algo sacado de
una puta postal de Hallmak o una cursi película de chicas. La niña, de
más o menos la edad de Emma, se arroja en sus brazos y él la levanta,
acunándola tan fuerte como puede.
Había visto a la niña y a su madre caminando de un lado a otro
nerviosamente con unos miembros del personal del aeropuerto cuando
estaba allí. Desde el 11-S, si no tienes boleto, no te acercas a la puerta
de embarque, pero cuando se trata de un soldado que vuelve de la guerra,
las aerolíneas hacen excepciones.
En este momento, no puedo retirar los ojos de la escena frente a
mí, sin importar cuánto desee apartar la mirada. La mujer se une a la
llorosa reunión, envolviéndolos a ambos con sus brazos. El hombre por
fin aparta la vista de la niña para besar a su mujer, diciéndole que la
ama, disculpándose por haberse ido por tanto tiempo y haberse perdido
135 tanto.
—Cariño, estábamos bien, no tienes que disculparte. Te dedicas a
esto y estoy muy orgullosa de ti. Me alegro de tenerte nuevamente en casa
—le dice la mujer entre sus lágrimas.
—Papá, ¿ahora puedes arroparme todas las noches? —le pregunta
la niña.
Mi corazón se contrae como si alguien hubiera metido la mano en
mi pecho y lo envolviera con sus manos en un agarre maldito. Se necesita
todo en mí para no caer al piso por el dolor. Si no lo supiera bien, pensaría
que estaba teniendo un ataque al corazón en este momento, pero sé que
no es así. Al estar aquí, mirando a esta familia reuniéndose después de
tantos meses de separación y viendo la fuerza y el amor brillando en los
ojos de la mujer, me doy cuenta del enorme error que cometí. Las familias
militares hacen esto día tras día. Se despiden de un ser querido y hacen
lo que tienen que hacer para sobrevivir hasta que puedan volver a estar
juntos. Es difícil y doloroso, pero si se aman, todo es posible.
Amo a Gwen y a Emma. Me encanta la idea de que cuando me vaya
para una misión, estarán allí esperándome con los brazos abiertos para
cuando regrese. Me encanta ver toda la mierda rosa de Barbie esparcida
por toda mi casa, y me encanta enseñarle a Emma cómo ser un soldado.
Me encanta que Gwen me diga cuando soy un idiota y que yo le pueda
decir cuándo es terca. Me encanta que ambas me aceptaran en su vida y
vieran algo en mí que yo nunca vi. No sé cómo ser un esposo o un padre,
pero puedo aprender si Gwen y Emma me lo enseñan. Si alguien tiene la
fuerza para estar con un hombre que tiene un trabajo como yo, esa sería
Gwen.
Con una última mirada a la familia que tengo al lado, giro y corro
tan rápido como puedo para salir del aeropuerto. Es hora de sacarme la
cabeza del culo y buscar a mis chicas; solo espero que no sea demasiado
tarde.

136
28
Traducido por IsCris
Corregido por Anna Karol

Gwen
—Agradezco que vengas a la estación de policía con nosotras —le
digo a Ellie de camino al departamento de Brady; mi casa. Es gracioso lo
rápido que he olvidado a dónde pertenezco al estar con Austin—. Solo
quiero hacer una rápida parada allí, así Emma y yo podemos cambiarnos.
Nos quedamos sin nada limpio ayer.
Ellie ha estado callada desde que le gritó a Austin antes de irnos.
No deja de pasarse la mano por su cabello con nerviosismo y volteándose
para chequear a Emma en el asiento trasero. Sé que le asusta llenar su
propio informe contra William, y espero que pueda superarlo. Cuando
137 regrese a Nueva York, debe estar protegida.
—Así que, Emma, ¿te gustaría visitar a la tía Ellie en Nueva York
algún día? —pregunta, volteándose para mirarla.
Veo por el espejo retrovisor cómo se encoje de hombros, y continúa
viendo el paisaje por la ventana.
—Mamá, ¿iremos a casa de Austin más tarde? —me pregunta,
encontrando mi mirada en el espejo.
Pongo una sonrisa valiente para ella a pesar del dolor que siento
en mi corazón al pensar en él. Al final, no nos quería tanto. Más allá de
lo mucho que me duela admitirlo, estamos mejor sin él. Merecemos a
alguien en nuestras vidas que pelee por nosotras.
—Austin se tuvo que ir lejos por trabajo, cariño —le digo, sin querer
explicarle ahora mismo la situación. Me guardaré eso para más tarde,
cuando estemos solas y pueda envolver mis brazos a su alrededor y tratar
de explicarle por qué no volveremos a ver a Austin.
—¿Estará en casa pronto? Me iba a enseñar cómo hacer pechadas
como los soldados, así puedo volverme grande y fuerte —dice.
Ellie pone los ojos en blanco. —Emma, Austin ya no va a regresar.
Estás mejor así.
—¡ELLIE! —la regaño, girándome, para ver que a Emma le tiemblan
los labios. Doy media vuelta y miro a Ellie con enojo, manteniendo mi voz
baja para que mi hija no me escuche aunque quiera gritarle a mi amiga—
: ¿Por qué hiciste eso? No necesita saber nada de esto ahora mismo.
Ellie resopla y niega con la cabeza. —No puedes endulzar las cosas
siempre. Es una chica inteligente, igual podría saber desde ahora que los
hombres siempre te defraudan.
Está tan enojada que no sé cómo manejarla, pero no dejaré que
lastime a mi hija.
—Emma es mi hija y yo decidiré cuándo y si debería decirle este
tipo de cosas. Por favor no le digas algo que no entenderá —indico.
El auto se mantiene en silencio el resto del camino al departamento
de Brady, y agradezco eso. Siempre pensé que Ellie y yo seríamos amigas
toda la vida, pero ahora existe una brecha entre nosotras que no estoy
segura de ser capaz de cruzar. No sabe cómo perdonarme por insinuar
que William nunca realmente se preocupó por ella, y yo no sabría cómo
perdonarle que se enamorara de él.
Cuando llegamos al edificio, ayudo a Emma a salir, y Ellie nos sigue
mientras subimos las escaleras. Vemos a Karen en el pasillo y le da un
abrazo a Emma antes de apurarse a hacer algunos recados.
—Vale, Emma, ve a cambiarte, cariño. Pondré nuestros bolsos en
mi habitación y, luego tenemos que ir a reunirnos con algunas personas,
¿está bien? —Asiente y se va lentamente de la sala de estar hacia su
cuarto.
138 No le digo nada a Ellie mientras sigo a mi hija y entro en mi cuarto.
No sé si me queda algo que decirle y eso me entristece: toda una vida de
recuerdos y amistad que se ha ido en un abrir y cerrar de ojos. Dejo las
maletas encima de mi cama y decido darme una ducha rápida mientras
Emma se cambia, sabiendo que Ellie la vigilará hasta que yo termine.
Me ducho rápidamente y me pongo unos pantalones de yoga, unas
zapatillas y una camiseta de manga larga. No escucho ningún ruido
procedente del salón, así que renuncio a secarme el pelo para salir a ver
qué hacen Emma y Ellie. Cuando salgo del pasillo, lo que veo me hiela la
sangre.
—¿Emma? Bebé, ¿qué pasa? —le pregunto, corriendo hacia donde
yace de espaldas sobre la alfombra en el medio de la habitación, con los
ojos cerrados. Caigo al suelo a su lado, agarrándole la cara y girándola
hacia mí—. Emma, cariño, vamos, despierta.
Cuando no responde, me empiezan a sudar las manos y un nudo
de miedo me aprieta el estómago. Veo que su pecho sube y baja, así que
sé que sigue respirando, pero eso no me hace sentir mejor. No sé si se ha
desmayado o si ha pasado algo más y eso me asusta.
—¡ELLIE! —grito, recorriendo con mis manos frenéticamente el
cuerpo de Emma para ver si hay heridas antes de darle unas palmaditas
en las mejillas, tratando de que reaccione.
Echando un vistazo al lugar rápidamente, no la veo en la sala de
estar ni en la cocina. Bajando la mirada hacia Emma, me pregunto si se
volvió a golpear la cabeza. Revisando debajo del vendaje, percibo que sus
puntadas siguen intactas y no hay sangre. Me inclino y empiezo a dejar
besos por todo su rostro. —Vamos, cariño, despierta.
Busco mi celular en mi bolsillo, y me doy cuenta que lo dejé en la
habitación.
—¡ELLIE! ¡LLAMA A EMERGENCIAS! —grito, y continúo revisando
el cuerpo de Emma en busca de algún tipo de golpe.
No sé dónde está Ellie y ahora mismo no me importa. Rápidamente
deslizo mis manos bajo el cuerpo de Emma para levantarla del suelo y
llevarla al sofá. Cuando consigo pasar los brazos por debajo de ella, mis
dedos rozan algo en el suelo, al otro lado de ella. Al sacar los brazos, me
inclino sobre ella y veo una aguja hipodérmica en la alfombra. Con una
mano temblorosa, recojo la aguja y la miro con confusión.
—Oh, Jesús. Dios mío —susurro; tiro la jeringa al suelo y levanto
las mangas de la camisa de Emma para comprobar si hay marcas en su
piel.
Ni siquiera se me pasa por la cabeza que debería preguntarme
cómo demonios ha entrado una aguja hipodérmica en esta casa y se ha
acercado a mi bebé. Lo único que se me pasa por la cabeza es conseguir
que Emma se despierte y me mire.
Pasando mis dedos por la suave piel de su brazo, veo la marca roja
en la parte exterior de su brazo y un gemido sale de mi boca. —No, no,
139 no, vamos, cariño, ¡vamos!
Envolviéndola con mis brazos, la atraigo hacia mi cuerpo y me mezo
hacia adelante y hacia atrás, las lágrimas caen constantemente por mi
cara mientras rezo para que se despierte. Tal vez Brady es diabético y
nunca me lo dijo. Tal vez solo era su insulina. Tal vez ella solo esté en
estado de shock y se ponga bien después de unos minutos. No puede ser
nada más grave que eso... no puede.
Estoy tan ocupada sollozando para que Emma se despierte que ni
siquiera se me ocurre que debería preocuparme de que alguien más haya
traído esa aguja a este apartamento.
—Oh, deja de llorar, se despertará, solo era un tranquilizante.
Demasiado tarde, levanto la vista justo a tiempo para ver cómo una
mano que sujeta el pesado plato de caramelos de cristal de la mesa de
centro vuela hacia mi cara. Tengo el tiempo justo para gritar antes de que
el plato se estrelle contra un lado de mi cráneo y todo se vuelva negro.
29
Traducido por IsCris
Corregido por Anna Karol

Austin
—¿Cómo que no han aparecido? —grito en mi teléfono mientras
aprieto más el acelerador y atravieso un cruce.
—Precisamente eso, acabo de recibir una llamada de mi chico en
la estación de Nashville y lleva unas horas esperando allí a que Gwen y
Ellie aparezcan para firmar ese informe y aún no han llegado —me dice
Mark—. He marcado al teléfono de Gwen un montón de veces, pero no
contesta. ¿Estás seguro que todavía quiere hacer esto? Los cargos no se
van a mantener si no firman esos formularios inmediatamente.
Sé que Gwen estaba enfadada conmigo por entregar ese archivo a
140 la policía, pero no va a desentenderse de esto. Salía por la puerta para
dirigirse directamente a la estación de policía la última vez que la vi. No
es el tipo de persona que no aparece cuando alguien la espera. Si hubiera
cambiado de opinión sobre la denuncia, habría llamado a la comisaría.
—¿Y estás completamente seguro de que tienes a Stratford bajo tu
custodia? —le pregunto, esperando que no se hayan cruzado las líneas y
que William, de alguna manera, no esté donde se supone que debe estar.
—En realidad, no pudimos conseguir un traslado tan rápido para
que volviera a Nueva York. El departamento de Bowling Green hizo todo
el interrogatorio y me puso en videoconferencia. Lo lamento, Austin, pero
ha pedido un abogado y no podían retenerlo más tiempo porque Gwen
nunca firmó el informe.
El teléfono casi se me resbala de las manos al escuchar las palabras
de Mark, y tengo que luchar para concentrarme en el camino mientras
continúa hablando.
—Ese tipo es el mayor imbécil que he visto. Niega rotundamente
haber estado en Nashville o haber tenido algún tipo de contacto con Gwen
o Ellie. Y odio decirte esto, Austin, pero el tipo tiene una coartada sólida.
Decidió no ir a la conferencia médica en Chicago y en su lugar fue a ver
a sus padres que viven por ahí. Se ha quedado allí la última semana.
Ellos verificaron esto con declaraciones escritas y también tenemos el
testimonio de personas que lo vieron en diferentes restaurantes en el área
de Bowling Green. Aunque es un imbécil arrogante, no creo que sea el
tipo que ha estado acosando a Gwen.
Eso no tiene sentido. No puede ser cierto. ¿Quién diablos le haría
esas cosas a Gwen? No se imaginó nada de esa mierda. Si no fue Stratford
tratando de asustarla, ¿entonces quién coño fue? No es una coincidencia
que Gwen no pueda ser localizada ahora que él ya no está bajo custodia
policial.
—Intentó negar haberle puesto una mano encima a Gwen durante
todo su matrimonio hasta que le tiramos el expediente que nos enviaste
sobre la mesa. Su cara se puso completamente blanca y pensé que iba a
vomitar sobre la mesa. Su abogado no le dejó decir ni una palabra más
—termina Mark.
—Algo no está bien. Gwen nunca se ausentaría. ¿Cuánto tiempo
ha pasado desde que dejaron ir a Stratford? —exijo.
—No sé, ¿tal vez unas cuantas horas? El abogado de Stratford nos
dijo que se aseguraría de escoltarlo inmediatamente de vuelta a Nueva
York —explica Mark.
—¿Y en serio le has creído? Lleva suelto el mismo tiempo que no se
ha podido localizar a Gwen. Eso no es una maldita coincidencia. Voy a su
casa ahora. Llama a tu chico de Nashville y avísale —le digo, cambiando
de dirección y dirigiéndome al departamento de Brady.
—Este abogado es un tipo de primera categoría. Es imposible que
pierda de vista a Stratford.
141 Me burlo de Mark mientras atravieso otra intersección. —Tú mismo
lo has dicho: el dinero habla y Stratford tiene una tonelada de mierda.
¿Quién diablos sabe cuánta gente tiene en el bolsillo haciendo el trabajo
sucio?
Maldice y le escucho gritar órdenes a través de la línea. —Vamos a
llamar a Nashville ahora y al abogado. Llámame en cuanto llegues a su
casa —me informa Mark.
Termino la llamada y entro y salgo del tráfico con la esperanza de
que todo esto sea un malentendido y que Gwen y Emma estén a salvo en
casa. Sin embargo, hay algo que no encaja en todo esto y me da mucho
miedo que no estén allí. Aunque no me gusta el hombre, mi instinto me
dice que Dylan no tiene nada que ver con esto. Más vale prevenir que
lamentar y, necesitando tachar a un último sospechoso de mi lista, reviso
mi teléfono y encuentro su información de contacto que programé allí por
si acaso cuando se pasó por la oficina.
—Dylan Callahan —contesta.
—Callahan, soy Conrad. ¿Has hablado con Gwen hoy? —pregunto
a la vez que entro en el aparcamiento de Brady y encuentro un sitio justo
delante del edificio.
—Sí, me llamó más temprano y se disculpó por ti, diciendo que no
le habías dicho que había aparecido buscándola. Supongo que debería
haber esperado eso. Parecía que querías arrancarme la cabeza cuando te
dije que teníamos planes para vernos mientras yo estaba en la ciudad —
dice riéndose.
—Diría que lo siento, pero no es así —le digo, mientras salgo del
coche y entro corriendo en el edificio—. ¿Sigues en la ciudad? Creo que
le ha pasado algo a Gwen y necesito tu ayuda.
Decidiendo no esperar al ascensor, subo las escaleras de dos en
dos.
—Dios mío, ¿hablas en serio? No, finalicé el trabajo antes de tiempo
y acabo de salir esta mañana, pero solo me quedan unas horas, ahora
me daré la vuelta y volveré —promete Dylan—. También llamaré al jefe
de la policía de Nashville, me debe un favor.
Aunque lo más probable es que este tipo se le insinuara a Gwen
cuando estuvo en la ciudad, algo me dice que debo confiar en él ahora
mismo. Tengo la sensación de que voy a necesitar toda la ayuda posible.
Termino la llamada con Dylan justo cuando llego a la puerta de
Brady. Al meter la llave en la cerradura, la puerta se abre de golpe antes
de que pueda girarla. El miedo me invade cuando empujo la puerta y
entro en el apartamento. Gwen nunca dejaría la puerta abierta, aunque
estuviera en casa.
Antes de que tenga la oportunidad de llamarla por su nombre, algo
en el suelo, en medio de la habitación, me llama la atención. Me apresuro
142 a acercarme, me agacho y veo la fea fuente de cristal para caramelos que
Brady tenía en su mesita. La recojo y el corazón me da un vuelco cuando
veo que hay sangre en el lateral. Aunque me dan ganas de lanzar el plato
al otro lado de la sala con furia, lo vuelvo a dejar rápidamente donde se
encontraba por si la policía puede buscar huellas dactilares.
De pie, recorro con prisa el resto del apartamento, llamando a
Gwen y a Emma mientras reviso cada habitación. Sé que es una tontería,
sé que no están aquí, pero tengo que hacer algo. No dejo de pensar que
abriré la puerta de un armario y las dos estarán ahí dentro riéndose
porque me han gastado una broma. Es el pensamiento más estúpido del
mundo, pero no puedo dejar de esperar que sea cierto mientras abro de
golpe la última puerta y la encuentro vacía.
Cuando salgo corriendo hacia el salón, mi bota choca con algo que
no debo haber notado cuando llegué. Al levantar el pie, veo una aguja
rota aplastada en la alfombra y la comida del aeropuerto amenaza con
salir.
No, no, no… esto no puede estar pasando.
Miro con horror la aguja hipodérmica rota por la mitad. Siento que
estoy viviendo una pesadilla. Pensé que Gwen y Emma estaban a salvo.
Me fui porque estaba seguro de que estarían bien y ahora mira lo que ha
pasado. Stratford las lastimó; se las llevó y tengo miedo de no volver a
verlas para poder decirles lo idiota que fui. Debería haberle dicho a Gwen
que la amaba; debería haberle dicho a Emma que no tenía ni idea de
cómo ser su padre, pero que esperaba que me diera una oportunidad y
me enseñara a hacerlo. Ahora, me sentaría en una habitación llena de
mil Barbies rosas si eso significara que Emma estuviera sentada a mi
lado y pudiera oír su risa.
Al oír el sonido de las sirenas de la policía en el exterior, agradezco
que al menos Dylan haya venido con ayuda. Tenemos que encontrarlos;
tienen que estar bien. He estado en muchas misiones que no salieron
según el plan y se perdieron vidas, pero ahora mismo, el fracaso no es
una opción. Estas chicas son toda mi vida. Si les pasa algo, nunca me lo
perdonaré.

143
30
Traducido por Dannygonzal
Corregido por Ailed

Gwen
No puedo creer lo tonta que he sido. Bajé la guardia por primera
vez en meses, y ahora pagaré el precio más alto: la única persona de mi
mundo, a la que amo más que a mi propia vida, me será arrebatada en
un abrir y cerrar de ojos debido a mi estupidez. Hice todo lo que pude
para mantener a Emma a salvo; me escondí, mentí y trabajé hasta el
cansancio, pero todo fue en vano. A este pequeño y precioso ser, que llegó
llorando a mi mundo hace seis años y me dio una razón para respirar
todos los días desde entonces, le fallé.
Miro con horror cómo mi bebé lucha por respirar entre las lágrimas
144 y la gruesa cinta plateada sobre su boca. Sus gemidos amortiguados son
como un cuchillo que atraviesa mi corazón y lucho con todo lo que tengo
dentro de mí para liberarme de las ataduras que me mantienen quieta.
Grito y lloro con un dolor que nunca sentí, mientras trato de liberarme.
Las cuerdas me cortan las muñecas y los tobillos cuando doy vueltas, me
retuerzo, golpeo y peleo. Necesito acercarme a ella, necesito rodearla con
mis brazos y calmar sus miedos, decirle que todo va a estar bien, pero no
puedo. ¿Cómo una madre se queda sentada atada a una silla al otro lado
de la habitación de su hija y la observa sufrir como si nada? Los años de
abuso mental y físico, huesos rotos y espíritu destrozado no son nada en
comparación a esto.
—No podías dejar las cosas en paz, ¿verdad? Se suponía que
éramos una familia y lo arruinaste todo.
Un puño conecta contra mi mejilla y por un momento, cierro los
ojos para evitar el dolor. Sin embargo, no tengo tiempo para revolcarme
en mi propia autocompasión. Parpadeo para enfocarme y mi mirada se
dirige en seguida a mi pequeña al otro lado de la habitación, mirándome
con ojos muy abiertos. Mi dolor no significa nada ahora; lo único que me
importa es asegurarme de que Emma esté bien. Solo hemos sido nosotras
dos contra el mundo desde hace meses. Tenía a mi hermano y tenía a
Austin, pero no es lo mismo. El amor de ellos ni siquiera se compara con
el amor entre madre e hija. Hay una parte de mi corazón que vive y respira
fuera de mi cuerpo, durante seis años ha sido el milagro más increíble al
verla crecer y cambiar. Ahora, me doy cuenta cuán frágil es esa parte de
mi corazón; no puedo protegerla y no puedo salvarla. No quiero que vea
lo asustada que me siento, pero no puedo hacer nada para evitar que se
escapen los sollozos.
El miedo y la tristeza que veo en el bello y perfecto rostro de mi hija
hacen que me duela el estómago, que duela más que cualquier golpe que
haya sufrido en mi cuerpo. Ya estoy acostumbrada a la humillación y la
agonía del abuso. Aprendí a cerrar mi mente y mi corazón, fingir que no
me sucedía a mí, pero se suponía que Emma nunca sería testigo de este
horror. Se suponía que nunca supiera lo débil que realmente soy. Hice
todo lo que pude para protegerla de este horror. Hui en mitad de la noche
sin nada más que ropa en nuestras espaldas. Hice una nueva vida para
nosotras y llené a mi niña con el amor suficiente para compensar el del
padre desaparecido.
Debí darme cuenta de que nunca podría escapar del pasado. Él
siempre tiene una forma de ponerse al día contigo. Mi pasado y mi
presente han colisionado y nada será capaz de sanar las heridas de esta
devastación.
Por un breve momento, desearía que Austin estuviera aquí. Intenté
con todas mis fuerzas no amarlo, no confiar en él, pero fue imposible. Él
se encontraba lleno de vida y me hizo querer cosas que sabía que nunca
podría tener. Me hizo promesas que debí saber que no cumpliría y me
hizo querer cosas con las que no soñé. Debí saber que huiría a la primera
oportunidad que tuviera. Siempre confiaba en las personas equivocadas
145 y eso siempre regresaba para morderme el trasero.
—Me quitaste todo. Yo tenía un plan. Sería perfecto.
Miro a la persona parada frente a mí y no puedo creer que esto esté
pasando. Cuando trataba frenéticamente de lograr que Emma despertara
más temprano, asumí que Ellie se hartó y había regresado a Nueva York
sin decirme. Ni siquiera noté que no estábamos solas en el apartamento.
No anticipé que alguien en quien he confiado toda mi vida se volvería en
mi contra.
Cuando volví en mí hace un rato, me dolía tanto la cabeza que
pensé que iba a vomitar. Sentía que la sangre me chorreaba por un lado
de la cara y sabía por experiencia que tenía una conmoción cerebral.
Cuando intenté levantarme para limpiarme la sangre de la cara, me di
cuenta de que estaba atada a una silla. Un gemido procedente del otro
lado de la habitación hizo que mi corazón se apretara de miedo y, cuando
levanté la vista, vi a Emma atada a una silla igual que yo.
Poco después, la pesadilla empeoraba cada vez más con cada
palabra que se pronunciaba y cada golpe que recibía en el cuerpo y la
cara cuando mis respuestas no eran las esperadas. No sé qué hacer; no
sé qué decir para que esta pesadilla se termine. Mi corazón se rompe al
pensar en cómo hemos llegado hasta aquí.
Mis ojos se abrieron e ignoré el dolor en mi cabeza y a la persona
parada frente a mí con un arma apuntada en mi dirección a la vez que
escaneaba rápidamente el apartamento en busca de Emma.
—¿Dónde se encuentra Emma? Está herida. ¿Qué hiciste con ella?
—pregunté enojada, presionando una mano en mi cabeza adolorida.
Tuve que dejar a un lado la sorpresa y la confusión que llenaban mi
mente. No sabía qué es lo que sucedía y no me interesaba qué me pasó.
Todo lo que importaba era asegurarme que Emma estuviera bien. No soy
la misma mujer débil e indefensa que esta persona solía conocer. Soy una
luchadora y pelearé hasta la muerte por mi hija.
—Emma está atada en la parte trasera de mi auto, así que ni se te
ocurra hacer algo estúpido o te dispararé en este momento sin dejar que te
despidas —dijo al tiempo que mi brazo fue agarrado repentinamente y fui
levantada con brusquedad del sofá.
Tal vez era una mentira. No podía creer que esta persona alguna vez
hiriera a Emma.
La cabeza me palpitaba y la vista me daba vueltas mientras me
arrastraban por el apartamento y salíamos por la puerta principal, con la
pistola empujada bruscamente contra mi costado.
—¿Por qué haces esto? —exigí al mismo tiempo que era empujada
por las escaleras y sacada por la puerta hacia el estacionamiento.
Todo en mí me decía que corriera y gritara pidiendo ayuda. Sin
embargo, en cuanto llegamos al coche y vi a Emma con la cinta adhesiva
146 en la boca y la cuerda en las muñecas y los tobillos, desplomada contra la
puerta en el asiento trasero, los pensamientos de provocar una escena se
escaparon de mi mente y lo único en lo que podía pensar era en llegar a mi
bebé.
Abrí la puerta y entré, llorando mientras ponía a Emma en mi regazo
y comenzaba a remover sus ataduras.
La sensación del metal duro contra la parte trasera de mi cabeza
detuvo mis movimientos y mis manos se congelaron.
—Bájala y ve al asiento del frente o les dispararé a ambas en este
momento.
Si estuviera sola, me habría dado la vuelta y habría tirado el arma.
Habría puesto en práctica todos esos vídeos de defensa personal que
Brady me hizo ver una y otra vez después de mudarme aquí y habría
luchado. Pero no estoy sola. Si algo resultaba mal, mi hija podía quedar
atrapada en el fuego cruzado. No tuve más remedio que hacer lo que me
pidieron.
Con un beso lloroso en la parte superior de la cabeza de Emma, la
dejé suavemente en el asiento y salí del coche, moviéndome hacia la parte
delantera mientras el arma permanecía apuntándome.
Todo el trayecto hasta el centro de la ciudad transcurrió en silencio.
No importaba cuántas preguntas hiciera, se les negó la respuesta. Cuando
entramos en el aparcamiento trasero, detrás de la oficina de Brady, y fui
obligada a subir las escaleras del sótano hacia el restaurante abandonado
de al lado, intenté luchar, ya que Emma seguía en el asiento trasero del
coche y estaba fuera de peligro. Di puñetazos, pegué, pateé... todo lo que
pude hacer para intentar cambiar el resultado de esta pesadilla. No me
importaba que hubiera un arma apuntándome, no me importaba si estaba
demasiado débil para hacer algún daño, tenía que intentarlo. En medio de
la pelea, justo cuando creía que podía tener la ventaja, perdí el equilibrio y
me empujaron por los duros escalones de hormigón. Aterricé en el fondo,
justo encima de mi brazo malo. En cuanto oí el chasquido de los huesos
que se rompían en mi ya frágil brazo y el dolor me recorrió, perdí la batalla
con la conciencia.

No sé cuánto tiempo he estado aquí abajo en esta bodega de vinos,


pero esperaba que lo suficiente para que alguien esté buscándonos. Odio
que mi confianza ciega haya puesto a mi hija en peligro. Si le sucede algo
más, nunca seré capaz de perdonarme. Ella es lo único perfecto en mi
vida y no soporto imaginarme lo que debe estar pensando y sintiendo en
este momento. Confiaba en que la mantuviera a salvo y no pude hacerlo.
Austin me diría que deje de ser una maldita mártir y que aguante.
Odio que mis pensamientos inmediatamente vayan a él cuando se alejó
sin mirar atrás. Ojalá hubiera confiado en mí tanto como yo en él; ojalá
hubiera sabido que me quedaría con cualquier parte de él que me pudiera
dar, siempre y cuando prometiera que regresaría con nosotras cuando su
trabajo terminara.
147 Me duele todo el cuerpo y mi espíritu se desinfla mientras miro
fijamente a mi bebé en la habitación y me doy cuenta de que quizá no
salgamos vivas de este sótano. El daño que me hizo en el brazo cuando
me empujó por las escaleras lo ha dejado totalmente inútil. Ni siquiera
puedo mover los dedos y cualquier tipo de movimiento en mi cuerpo, por
mínimo que sea, es suficiente para que vea estrellas y trague bilis. El
dolor de que me tiren por detrás y me aten a una silla es tan agudo que
no sé cuánto más podré soportar antes de que vuelva a desmayarme. Me
obligo a sonreír a mi niña y a darle esperanza, aunque yo haya perdido
toda la mía.
31
Traducido por Dannygonzal
Corregido por Ailed

Austin
—¡Hijo de puta! Tenías un maldito trabajo. ¡Un trabajo y ese era
mantenerlas a salvo!
Levanto la vista cuando la puerta del apartamento se abre y Brady
cruza la habitación hacia mí. Su puño me golpea la mejilla y ni siquiera
me molesto en responderle el golpe cuando vuelve a pegarme. Me parece
perfecto dejar que me golpee, pero los oficiales de policía que ocupan la
habitación tienen otras ideas. Me lo quitan de encima y lo arrastran hasta
la puerta mientras sostengo mi mandíbula en mi mano.
—¡Maldición, suéltenme! ¡Suéltenme, maldita sea! —grita Brady en
148 tanto lucha contra su agarre, con los ojos salvajes y llenos de ira.
Dylan da un paso hacia Brady y agarra el frente de su camisa,
acercándolo a él. —Amigo, retrocede. Sé que estás enojado, pero golpear
a uno de tus mejores amigos no va a ayudar a Gwen y a Emma. Cálmate
de una vez.
Brady respira profundo un par de veces y sus hombros se hunden,
finalmente renunciando a la pelea. Los tres hombres que lo sostienen lo
sueltan y se alejan cuando se dan cuenta de que se encuentra calmado.
Mientras se dirigen a la cocina con el resto del equipo que ha montado
un centro de mando improvisado en la mesa, Brady me mira desde el otro
lado de la habitación, la decepción en su rostro es clara como el agua y
yo me desmorono por completo.
—Lo siento, lo siento, carajo —digo entrecortadamente; mis piernas
ceden y me deslizo por la pared hasta caer al suelo.
Decepcioné a mi mejor amigo, a Gwen y a Emma. Ellas no eran un
trabajo; eran más que eso. Por primera vez en mi vida, no sé qué diablos
hacer. No sé cómo arreglar esto. Me estoy muriendo de la preocupación
y el miedo, y ahora que Brady se encuentra aquí se vuelve peor. Él confió
en que yo mantuviera a salvo a su familia y le fallé.
Brady cruza la habitación hacia mí y me siento más que un poco
conmocionado cuando se desliza por la pared para sentarse a mi lado en
vez de golpearme otra vez. Cerrando los ojos, dejo que mi cabeza se golpee
contra la pared y nos sentamos allí en silencio por unos minutos.
—Junto a Layla, ellas son toda mi vida, amigo —dice Brady en voz
baja. Mantengo los ojos cerrados mientras habla, sabiendo que si lo miro
voy a comenzar a llorar como un maldito bebé—. Fui el peor hermano del
mundo. En cuanto cumplí los dieciocho años me largué y la dejé sola allí
con nuestros padres. No tenía ni idea de que el imbécil con el que se casó
se convertiría en un monstruo. No tenía ni idea de lo que le había estado
haciendo todos esos años porque elegí apartarla. Era más fácil así. Me
hacía sentir menos culpable por haberme ido. Y entonces, una noche,
apareció en mi puerta con el brazo escayolado, las costillas rotas y la cara
azul y negra, con un aspecto tan pequeño e indefenso, con Emma a su
lado, y supe en ese mismo momento que no volvería a defraudarla.
No quiero oír esto, pero tengo que hacerlo. Es mi culpa que Gwen
fuera abandonada de nuevo. Es mi culpa que esté en peligro.
—Lo siento. Cielos, lo siento —murmuro.
—¿Vas a dejar de disculparte? No es tu culpa
Finalmente abro los ojos y miro a Brady confundido.
Él solo voltea su cabeza hacia mí. —Tengo mucho miedo y perdí mi
temperamento, eso es todo. Habría pasado incluso si yo hubiera estado
allí. No hay nada que pudieras haber hecho para mantener lejos de ellas
a ese malnacido. No hay nada que ninguno de los dos pudiera haber
149 hecho.
Sacudo la cabeza en negación. —Las dejé, hombre. Me fui. Recibí
una llamada de Risner y salí corriendo. Pensé que era lo mejor, no quería
que ella cargara con más equipaje del que ya tenía y ambos sabemos que
tengo suficiente como para llenar unas mil maletas.
Estudia mi cara y después de unos segundos maldice. —Maldición.
Te acostaste con ella, ¿no?
A estas alturas probablemente es mejor no responderle. Todavía
me duele la mandíbula por sus golpes y aunque merezco más, no estoy
de humor para ellos en este momento.
—Eres afortunado de que no supiera esto cuando entré aquí o en
este momento tu cara sería un montón de carne en el suelo —murmura
Brady—. ¿Qué tanto sabe la policía?
Le cuento lo que encontré cuando llegué y cómo, una vez que llegó
la policía y recogieron la aguja y el plato, empezamos a repasar toda la
información que había estado recopilando las últimas semanas. Justo
antes de que llegara Brady, Mark me llamó para decirme que el abogado
de Stratford no contestaba al teléfono, por lo que los dos hombres seguían
desaparecidos y se emitió otra orden de búsqueda para ambos.
—¿Y Ellie? —pregunta Brady cuando termino.
—Lo mismo. Las llamadas a su teléfono no son respondidas así que
asumen que Stratford las tiene a las tres. Su auto no se encuentra en el
estacionamiento, así que debe haberlas llevado allí. Los policías tienen la
matrícula de Ellie y la descripción de su auto y en este momento lo están
buscando. También han llamado a sus padres en Nueva York y no saben
nada de ella desde hace un par de días. Se sorprendieron al saber que
estaba en Nashville, nunca les dijo que iba a salir de la ciudad —explico.
—Hablando de llamadas, siento no haberte respondido enseguida
los mensajes que me dejaste. Vivir en un bus de gira es malditamente
loco y quien sabe en qué ciudad perdí mi teléfono —dice con irritación.
Uno de los oficiales entra a la sala desde el pasillo con un teléfono
celular en la mano. —Oigan, encontramos este celular en la habitación
de atrás. ¿Alguien sabe de quién es?
Brady y yo levantamos la mirada y es el primero en hablar. —Sí, es
de Gwen. Supongo que ya sabemos por qué no ha respondido en todo el
día.
Brady se estira por él, pero yo rápidamente me levanto del suelo y
lo agarro de la mano del oficial. Algo que me dijo Gwen el día que Emma
se lastimó y la llevé al hospital surge en el fondo de mi mente.
—Qué extraño, no tenía ninguna llamada perdida tuya. Le debe
haber pasado algo a mi teléfono.
Brady se para a mi lado mientras yo rápidamente me desplazo por
sus llamadas perdidas de ese día. Sin hallar ninguna desde mi teléfono
al de Gwen en el tiempo que estuve ocupado manejando como maniático
150 para llevar a Emma al hospital, saco el mío de mi bolsillo trasero y busco
el registro de llamadas salientes. Mi corazón se llena de terror cuando no
veo una llamada hecha al teléfono de Gwen ese día.
—Recibimos una llamada de Nueva York. Strartford y su abogado
acaban de aterrizar en La Guardia así que por eso las llamadas no eran
respondidas. Han estado en el aeropuerto desde que dejaron la estación
más temprano, lo acabamos de confirmar con la aerolínea —grita uno de
los oficiales desde la cocina.
Stratford no pudo haber sido el que hizo esto. Todo comienza a
encajar rápidamente. ¿Cómo es que nunca pensé que era raro que Ellie
apareciera de nuevo en la vida de Gwen justo cuando las cosas extrañas
comenzaron a pasarle?
—¡Hija de puta! —grito, regresando el teléfono de Gwen a la mano
del oficial y caminando hacia la puerta donde dejé mi funda cuando la
traje justo antes de que Brady llegara. Alcanzo el interior, cojo mi 9 mm
y compruebo que está cargada. Sé exactamente quién tiene a mis chicas
y eso me llena de rabia. Todo este tiempo la persona a la que deberíamos
haber estado mirando estaba justo delante de nuestras caras. Me meto
la pistola en la cintura y me doy la vuelta para mirar a la sala llena de
hombres con preguntas en la cara.
—Sé quién las tiene y creo saber dónde podrían estar.
De repente el lugar es una ráfaga de actividad mientras se hacen
llamadas telefónicas y todos se mueven para comprobar sus armas y
elaborar un plan.
—Espero que tengas razón en esto, necesito recuperar a mis chicas
—dice Brady al mismo tiempo que salimos corriendo del edificio.
Me pongo al volante de mi todoterreno, Brady se sienta en el asiento
del copiloto, y le miro antes de salir del aparcamiento. —No, necesitamos
recuperar a nuestras chicas.
Salgo a la calle obligando a otro conductor a frenar de golpe para
hacerme espacio.
Brady suspira y agarra fuertemente la manilla de la puerta.
—Lo discutiremos después.

151
32
Traducido por Joselin
Corregido por Ailed

Gwen
Ellie se acerca a Emma, le quita la cinta adhesiva de la boca y me
estremezco cuando mi hija llora de dolor.
—¡Por favor, no hagas esto! La amas, sé que la amas. Lamento que
las cosas que hice te lastimaran, pero por favor, no te desquites con ella.
Puedo sentir que capas de mi piel se rompen en pedazos mientras
continúo usando cada gramo de fuerza que me queda para liberarme. La
sangre gotea por mis palmas y de las puntas de los dedos para estancarse
en el suelo mientras el monstruo con el que pasé mi confiada vida apunta
un arma al pecho de Emma.
152 Oh Dios, esto no puede estar pasando. No puedo vivir en un mundo
donde ella no exista.
—William debería haber sido mío desde el principio —gruñe Ellie
con enojo mientras comienza a agitar la pistola—. ¿Sabías que lo vi por
primera vez aquella noche en el acto benéfico? Bailamos, nos reímos y
me invitó a cenar. Luego te vio a ti y se olvidó de mí.
Vuelvo a mirar a Emma y trato de sostener su mirada asustada en
la mía. Quiero que sepa que todo irá bien, pero no sé si será así. Por
primera vez desde que nació, no sé cómo protegerla.
—Lo siento, Ellie, no tenía idea. Solo baja el arma y podemos hablar
de eso —suplico.
Ellie se ríe maniáticamente y niega con la cabeza. —Estoy harta de
hablar contigo. Te crees mucho mejor que yo. Te quedas con el hombre
que se suponía que iba a tener y te quedas con la hija que se suponía que
iba a ser mía. Pensé que una vez que dejaras a William por fin podríamos
estar juntos, pero todo lo que hizo fue hablar de ti y de su niña estúpida
y perfecta durante el primer mes. Me imaginé que si tú pensabas que te
estaba acosando, estarías tan preocupada que podría venir y llevarme a
Emma para que William y yo pudiéramos ser una familia. Tenías que ir
corriendo con alguien, ¿no? En cuanto Austin empezó a meter las narices
en todo, mi plan se fue a la mierda.
Después de todo lo que ha pasado hoy, se podría pensar que nada
de lo que dice Ellie me sorprendería, pero no es el caso. Ella era la que
estuvo detrás de las tazas, la carta y las flores. Todo el tiempo fue Ellie la
que me aterrorizó, no William.
—¿Y pensaste que este era un plan mejor? ¿Qué vas a hacer ahora,
Ellie? ¿De verdad crees que puedes llevarte a Emma después de todo lo
que has hecho? —grito.
Ellie se pasea de un lado a otro frente a Emma y lo único que deseo
es que se aleje de mi bebé. Quiero que se centre en mí y no en mi hija.
—Cambié de opinión, no la quiero después de todo. O sea, William
tampoco la quería ya. ¿Sabías que te iba a dar la custodia exclusiva? Él
quería que los dos empezáramos de cero. Me imaginé que se arrepentiría,
por lo que quise sorprenderle devolviéndole a su hija. Pero ella es más
problemática de lo que vale. Solía ser dulce cuando era más joven. Ha
pasado demasiado tiempo a solas contigo y ahora tiene tu actitud.
Emma mira a Ellie y frunce el ceño. —Ya no me caes bien, tía Ellie,
eres mala.
Ellie la mira con disgusto y pone los ojos en blanco. —¿Ves lo que
quiero decir? Esa niña no sabe cuál es su lugar. William podría haberle
enseñado un par de cosas sobre modales.
La idea de que Ellie piense que hacer que William discipline a
153 Emma a su manera es una buena idea me pone enferma. Necesito que
siga hablando; necesito alejarla de Emma.
—¿Qué hay de tu ojo negro y tu labio roto? ¿William trataba de
enseñarte algunos modales? —le pregunto con sarcasmo.
Prefiero que se enfade conmigo antes que con Emma. Aguantaré
cien golpes más con tal de que la deje en paz.
—William nunca estuvo aquí, idiota. Me lo hice yo misma con el
mando de la televisión del hotel. Él no tenía ni idea de que estaba en
Nashville, ha estado visitando a sus padres la última semana —informa,
alejándose de Emma.
—¡Oye, tía Ellie! —grita Emma.
Se da la vuelta y yo sacudo la cabeza frenéticamente, intentando
decirle a Emma que se calle y no llame la atención, pero no se da cuenta.
—¿Qué? —pregunta molesta.
—Cuando llegue Austin, te va a meter en la cárcel con las Barbies
malas —le dice Emma con orgullo.
Sollozo mientras Ellie se acerca a ella. —¡Ellie, por favor!
Me ignora mientras se pone en cuclillas frente a la silla de Emma.
—A tu caballero de brillante armadura no le importas una mierda, niña.
Ellie se levanta y el chasquido de una bala que se libera en la
recámara de su pistola resuena en la habitación. Vuelve a apuntar a
Emma con la pistola y la mira fijamente mientras lanza una última
amenaza hacia mí. —Ahora es tu turno de perderlo todo.
Sostengo la mirada asustada de Emma con la mía y trato de decirle
con los ojos cuánto la amo y cuánto lo siento. Con una sensación de
terror que me produce náuseas, sé que se nos acaba el tiempo. No hay
nada que pueda hacer ahora más que rezar para que la muerte ocurra
rápida y sin dolor para mi niña hermosa, y que este imbécil muestre un
poco de misericordia y me saque de mi desdicha poco después.
Ellie empieza a girar la cabeza en mi dirección cuando Emma
vuelve a llamar su atención con otra afirmación. —Austin nos salvará.
Emma abre la boca y grita a pleno pulmón mientras Ellie la mira
confundida.
La explosión del arma se dispara sin previo aviso y dejo escapar un
grito espeluznante.

154
33
Traducido por Joselin
Corregido por Valentine Rose

Austin
—Entonces, ¿estás seguro de esto? —pregunta Brady cuando nos
detenemos frente al edificio.
—Gwen me mencionó que ella y Ellie hablaron del viejo restaurante
que está al lado de tu oficina. Ellie no conoce Nashville y la policía ya ha
revisado los dos hoteles en los que se ha alojado. No se me ocurre ningún
otro lugar al que las haya llevado —le explico mientras salimos de mi
vehículo y nos dirigimos a la puerta principal.
Uno de los agentes viene corriendo desde la parte trasera del
edificio. —Confirmamos que el vehículo de Ellie Larson está estacionado
155 en la parte trasera.
Me giro hacia Brady. —¿Cuál es el diseño de este lugar? ¿Debemos
entrar por donde ella lo hizo o probar por el frente?
Brady mira de un lado a otro en la acera, pensando por un minuto.
—Hay un sótano sin ascensor que lleva directamente a la bodega. Si ha
aparcado detrás, es probable que sea ahí donde las tenga. No podremos
acercarnos sigilosamente si vamos por allá. Creo que deberíamos entrar
por el frente y usar las escaleras ubicadas fuera del bar. Al llegar al final
de las escaleras, hay un largo pasillo que da a la bodega. Así, al menos,
podremos conocer primero la situación y partir de ahí.
Enviando al resto de los oficiales por detrás en caso de que Ellie
intente huir, Brady y yo nos dirigimos solos al restaurante vacío.
Sigilosamente, sorteando cajas, mesas y sillas volcadas, nos dirigimos al
sótano.
Brady y yo hemos hecho esto mil veces juntos. Nos hemos metido
en situaciones peligrosas sin poder hablar ni hacernos notar. Hemos
aprendido a comunicarnos con señales de mano y una sola mirada para
decirle al otro lo que debemos hacer, pero esta vez es diferente. Esta vez,
las personas que queremos dependen de que no cometamos ningún error.
Las únicas miradas que se cruzan entre nosotros en este momento son
de preocupación y miedo.
Al bajar del último escalón, nos pegamos a la pared del pasillo a la
vez que nos acercamos en silencio a la bodega. Saco mi pistola de la funda
que tengo a la espalda cuando oigo voces en el otro extremo del pasillo.
El corazón se me sube a la garganta cuando oigo los sollozos de Gwen y
me cuesta todo lo que hay en mí para no echar a correr el resto del camino
para llegar hasta ella lo más rápido posible. Oigo la respiración agitada
de Brady detrás de mí y sé que está sintiendo exactamente lo mismo que
yo.
Me acerco un poco más al final del pasillo, tratando de ignorar los
sonidos de Gwen suplicando y llorando. Cuando llego a la puerta que da
a la sala principal, miro con cautela por la esquina, y lo que tengo delante
me quita el aliento. Gwen está atada a una silla de espaldas a mí y Emma
está al otro lado de la habitación, atada de una manera similar. Todo mi
entrenamiento como SEAL desaparece y lo único que quiero es gritar de
rabia y hacer lo que sea necesario para alejar a mis chicas de la mujer
que las apunta con una pistola. Tengo que tragarme el terror que me hará
hacer algo irracional y conseguir que les hagan más daño. Tengo que ser
inteligente y mantener la calma.
Apartando mis ojos de la dolorosa escena, retrocedo un paso y tan
silenciosamente como puedo, le susurro a Brady: —Ambas están atadas.
Ellie tiene un arma apuntando a Emma.
Incluso en la oscuridad del pasillo, puedo ver la misma furia que
siento en su rostro. Aprieta la mandíbula y respira tranquilamente antes
de asentir una vez.
Me alejo de él y avanzo un poco más hasta que puedo doblar
156 lentamente la esquina y entrar en la habitación, con cuidado de no alertar
a Ellie de que hay alguien más con ellos. El movimiento llama la atención
de Emma desde el otro lado de la habitación y rápidamente me llevo un
dedo a la boca cuando me mira, esperando que no delate mi posición a
Ellie antes de que esté listo.
Justo en ese momento, Ellie comienza a alejarse de Emma y sé que
me verá. No tendré tiempo de retroceder y esconderme antes de que pase,
y empiezo a entrar en pánico.
—¡Oye, tía Ellie! —grita Emma de repente.
Contengo el aliento cuando veo que Ellie se vuelve en un santiamén
hacia ella y empiezo a avanzar un poco más. Necesito un tiro claro y la
necesito lejos de Emma para hacerlo.
—Cuando llegue Austin, te va a meter en la cárcel con las Barbies
malas —le dice Emma a Ellie con seguridad y levantando la barbilla.
Si no estuviera muerto de miedo ahora, me reiría de la seguridad y
la valentía de Emma. Ellie se acerca a la niña, y avanzo un poco hasta
situarme a unos metros de Gwen. Quiero susurrarle que estoy aquí y que
no voy a permitir que le pase nada a ninguna de las dos, pero tengo que
permanecer callado. Oigo los sollozos de Gwen y se me abre un agujero
en el corazón.
Ellie le murmura algo a Emma y se levanta, cargando una bala en
su sitio antes de apuntarle con la pistola.
—Ahora es tu turno de perderlo todo —dice Ellie con rabia mientras
empieza a girar en mi dirección.
¡Maldita sea! Todavía está demasiado cerca de Emma. No puedo
arriesgarme a disparar, y no hay nada que pueda hacer antes de que Ellie
me vea parado aquí.
En tanto mi cerebro repasa todos los escenarios y los posibles
resultados, cada uno peor que el anterior, Emma vuelve a hablar.
—Austin nos salvará.
En ese momento, esta niña valiente me mira directamente y sonríe
antes de abrir la boca y gritar con todas sus fuerzas. Es una distracción
suficiente como para que Ellie se aleje unos metros de Emma y yo tenga
un tiro claro hacia ella. Aprieto el gatillo y le doy en el hombro. Su cuerpo
vuela hacia atrás y la pistola se le cae de la mano mientras cae al suelo.
Los gritos aterrorizados de Gwen llenan la habitación, y al instante
corro hacia ella, arrojando mi arma al suelo mientras me inclino frente a
ella y agarro su cara con mis manos. Brady se apura a pasar por delante
de mí para ir al lado de Emma y los agentes de policía que esperaban
junto a la puerta del piso bajan a toda prisa por las escaleras. En cuestión
de segundos, tienen a Ellie rodeada con sus armas apuntándola mientras
Brady desata a Emma, murmurando palabras de amor y elogios todo el
tiempo.

157 —Cariño, está bien, todo se acabó, mírame —le suplico a Gwen.
Con un sollozo, abre los ojos y mueve la cabeza hacia un lado para
mirar a Emma por sobre mi hombro. Le está costando respirar debido al
llanto, así que le suelto el rostro y desato las cuerdas. Necesita atención
médica de inmediato. Tiene un corte en la línea del cabello que no deja
de chorrear sangre por un lado de la cara y sé inmediatamente cuál es la
causa de la sangre en el plato de cristal que encontré en el apartamento.
En cuanto Gwen se libera de las cuerdas, se levanta rápidamente,
pero las piernas le fallan y empieza a caer. La rodeo con mis brazos y la
mantengo firme mientras Emma se libera por fin y corre hacia nosotros.
—Oh, Dios, oh, cariño, lo siento mucho, lo siento mucho —solloza
Gwen mientras la ayudo a bajar al suelo para que pueda abrazar a
Emma.
Tengo que ahogar las lágrimas mientras Gwen se aferra a Emma y
la mece de un lado a otro. Con el brazo alrededor de la cintura de Gwen,
subo la mano y la paso por la nuca de Emma, que se abraza con fuerza
a su madre.
—¿Causé una buena distracción, Austin? —me pregunta Emma de
repente, levantando la cabeza del hombro de Gwen y sonriéndome.
Ya ni siquiera me molesto en luchar contra las lágrimas en este
momento, las dejo caer de mis ojos mientras me inclino y beso la parte
superior de su cabeza. —Lo hiciste tan bien, bebé, estoy muy orgulloso
de ti.
Hay un revuelo de actividad a nuestro alrededor al tiempo que los
paramédicos bajan al sótano y empiezan a subir a Ellie a una camilla en
tanto Brady grita órdenes a todo el mundo. Uno de los paramédicos se
pone en cuclillas junto a nosotros y empieza a mirar a Gwen y a Emma,
y yo no voy a soltar a ninguna de las dos, así que más vale que no espere
que lo haga o le daré una patada en el culo.
—Sabía que vendrías a salvarnos, Austin. Eres un soldado y me
dijiste que los soldados nunca dejan a un hombre atrás —me dice Emma
con orgullo—. Sé que mamá y yo no somos hombres, pero sabía que no
nos dejarías atrás.
Apoyando mi frente contra la de Emma, cierro los ojos y doy gracias
a Dios por esta niña. —Eres tan inteligente y tan valiente, Emma. Eres la
mejor soldado con la que he trabajado.
Escucho a Gwen gemir suavemente, me vuelvo para mirarla y veo
que sus ojos están empezando a cerrarse.
—Señora, tenemos que llevarla al hospital de inmediato —le dice el
paramédico, envolviéndola con sus brazos y ayudándola a levantarse.
Quitando a Emma de los brazos de Gwen, la levanto mientras me
pongo de pie y Brady se apresura a ayudar al paramédico a llevar a su
hermana a otra camilla.
—No quiero dejar a mi hija, por favor —suplica Gwen cuando la
158 empujan hacia la camilla y la atan.
—Tranquila, Gwen, la tengo. Vamos a estar aquí contigo todo el
tiempo —le digo, lanzando al paramédico una mirada amenazante por si
decide discutir y decirme que no podemos ir en la ambulancia. El hombre
me sonríe con elegancia y asiente.
Emma me rodea el cuello con sus brazos y yo la abrazo contra mí,
preguntándome cómo demonios he podido pensar que podría alejarme de
ella y no volver a sentir sus abrazos.
Los paramédicos levantan la camilla y fijan las patas en su sitio
mientras Brady se inclina y deposita un beso en la frente de Gwen.
—Hoy me quitaste diez años de mi vida, hermanita —susurra.
—Bien, empezabas a parecer un viejo decrepito —murmura Gwen.
—Sí, va a estar bien —dice Brady con una sonrisa.
Cuando suben a Gwen por las escaleras y la meten en la parte de
atrás de la ambulancia, me meto con Emma en brazos y la dejo en mi
regazo en el banco del lateral mientras Brady se desliza junto a nosotros.
La sirena de la ambulancia chilla mientras el vehículo se pone en marcha
y sale a toda velocidad del aparcamiento y el paramédico pone una vía
intravenosa en el brazo de Gwen.
Intento mantener mis miedos a raya mientras observo a Gwen y
todos los moratones y la sangre que marcan su hermoso rostro.
Inclinándome hacia adelante con Emma en mis brazos, beso la
parte superior de la cabeza de Gwen mientras ella lucha por mantenerse
consciente.
—Te amo, Gwen, ¿me oyes? Te amo tanto, carajo —le susurro al
oído.
—¡Austin! —me regaña Emma, estirando su pequeña mano entre
nosotros.
—¿Sabes qué? ¿qué tal si te escribo un cheque para la universidad?
—pregunto mientras Brady se ríe a mi lado.
Gwen no dice una palabra, pero veo que una pequeña sonrisa se
dibuja en la comisura de su boca antes de que pierda la batalla y se
desmaye.

159
EPILOGO
Tres meses después…
Traducido por AnnyR’
Corregido por Valentine Rose

Austin
Mis botas crujen en la nieve de la acera mientras me dirijo a la
puerta principal y meto la llave en la cerradura. Cuando abro la puerta
sin hacer ruido, me encuentro con un enorme árbol de Navidad iluminado
en un rincón del salón y con calcetines colgados junto a la chimenea.
Sonrío para mis adentros en tanto cierro la puerta tras de mí, dejando
caer mi bolsa de viaje al suelo y quitándome las botas.
160 —Ni se te ocurra dejar tus cosas ahí en el suelo, acabo de limpiar
la casa.
Alzando la vista, no puedo evitar la enorme sonrisa que aparece en
mi rostro cuando veo a Gwen de pie al final del pasillo, vistiendo nada
más que una de mis camisas con los brazos cruzados, dedicándome una
mirada asesina. Solo me he ido dos semanas, pero se sintió como toda
una vida. Nunca me importaba mucho volver a casa entre misiones, me
parecía perfecto pasar directamente a otra cosa sin ningún tiempo de
inactividad, pero ahora las cosas son diferentes.
—Pero estoy en casa dos días antes de tiempo, cariño, ¿no me hace
ganar unos cuantos puntos? —pregunto.
Observo cómo Gwen intenta mantener una cara severa, pero pierde
rápidamente la batalla. Suelta un chillido y corre por la habitación. Tengo
el tiempo justo para prepararme cuando se lanza a mis brazos y me rodea
la cintura con las piernas. La abrazo fuertemente, entierro mi cara en su
cuello y la inspiro mientras ella me pasa los dedos por el pelo. He sido un
imbécil por creer que podría vivir sin esta mujer. Ha sido un camino difícil
llegar hasta donde estamos ahora, pero cada día ha merecido la pena.
Después de unos días en el hospital para sanar su brazo de aquel
día en la bodega hace tres meses, Gwen lo pasó muy mal, como es lógico.
No podía soportar tener a Emma fuera de su vista durante más de unos
pocos segundos a la vez y después de tantos años de tratar de ser fuerte
por sí misma, al final le pasó factura y se derrumbó. Todo lo que quería
hacer era aferrarme a ella y no dejarla ir, intentar que todo fuera mejor,
pero ella no quería tener nada que ver conmigo. Se odiaba a sí misma por
permitir que Ellie la engañara y me odiaba aún más por ser el que ayudó
a rescatarla a ella y a Emma cuando yo las había dejado sin mirar atrás.
Intentó durante tanto tiempo ser fuerte e independiente y la mató que
una vez más tuviera que apoyarse en la ayuda de otra persona para
salvarla.

Brady y yo nos habíamos turnado entre vigilar a Gwen y estar con


Emma en el apartamento. Me subía por las paredes y nada lo mejoraba.
Si me encontraba en el hospital sosteniendo la mano de Gwen mientras la
anestesiaban entre cirugías, pensaba en Emma y estaba ansioso por llegar
a casa con ella. Si estaba con Emma viendo películas y arropándola por la
noche, pensaba en Gwen y deseaba poder estar con ella. Nada mejoraría
hasta que mis dos chicas volvieran a estar bajo el mismo techo y yo pudiera
volver a respirar.
Después de la segunda operación de Gwen, me senté en mi sitio
habitual, en una silla incómoda colocada justo al lado de su cama. Con los
codos apoyados en el borde, sostuve suavemente la mano de su brazo
herido con las mías, trazando las líneas de su palma y hablándole en voz
baja. Aún no se despertó ni nos dio ninguna indicación de que nos había
oído desde aquel amago de sonrisa en la ambulancia. Los médicos nos
aseguraron que solo era la forma en que su mente se curaba después de
161 semejante trauma, pero a mí seguía sin gustarme. Quería ver sus ojos,
necesitaba escuchar su voz... simplemente la necesitaba a ELLA.
Cinco minutos antes de que tuviera que dirigirme a casa para relevar
a Brady de la tarea de cuidar a Emma, apreté mis labios contra la mejilla
de Gwen y le susurré al oído lo mucho que la amaba. Cuando me retiré,
ella me miraba.
—Dios mío, es tan bueno volver a ver esos hermosos ojos —susurré
mientras las lágrimas se acumulaban en mis ojos.
Le di besos por toda la cara, la risa excitada salía de mí mezclada
con las lágrimas ahora que por fin se despertó. Le pasé la mano por la
cabeza, por la mejilla y por el hombro. No podía dejar de tocarla.
Ella no dijo nada, solo siguió mirándome mientras yo la acariciaba.
Unos minutos más tarde, por fin se llevó la mano no lesionada a la cara y
se quitó la máscara de oxígeno. Cuando intentó hablar, lo hizo de forma
ronca y confusa. Me acerqué rápidamente al otro lado de la cama y cogí un
vaso de agua con pajita que la enfermera había colocado antes en su
mesita y se lo llevé a los labios.
Tras unos sorbos lentos y toser un par de veces, finalmente habló:
—Dónde está Emma?
Puse la taza sobre la mesa y le sonreí.
—Está en casa con Brady. Nos hemos turnado para estar con ella y
estar aquí contigo. Se va a poner muy feliz de que te hayas despertado.
Alcancé su mano buena, pero la apartó rápidamente. Intenté que no
me molestara, pero mentiría si no dijera que me dolió un poco. Solo quería
atraerla a mis brazos y decirle lo idiota que fui.
—Creo que ya deberías irte —susurró.
Eché un vistazo al reloj en la pared y asentí. —Sí, tengo que volver a
casa de Brady para que pueda venir aquí contigo.
Sacudió la cabeza, rehusándose a mirarme. —No, quiero decir que
tienes que irte. No te quiero aquí y no te quiero cerca de Emma.
El corazón me dio un vuelco y tuve miedo de empezar a llorar como
un bebé si no intentaba mantener la calma. Acaba de despertarse. Está
confundida y ha pasado por muchas cosas. Eso era todo.
Antes de que pudiera hablar y asegurarle que no iría a ningún lado
nunca más, continuó: —Tú tomaste tu decisión de irte y ahora yo tomo la
mía. Ya no te quiero, ya no te necesito, y mi hija seguro que no necesita a
alguien como tú en su vida que cree que puede marcharse cuando quiera.
Vete.
Como su voz se hacía más fuerte y más alta con cada palabra, atrajo
la atención de una de las enfermeras que pasaba por allí. Inmediatamente
entró en la habitación y preguntó a Gwen si había algún problema. Como
no quería hacer una escena, salí de la habitación preguntándome cómo
diablos iba a poder hacerla cambiar de opinión.
162
A pesar de que me dijo rotundamente que no regresara, no había
forma de que la escuchara. Por mucho que Brady y yo intentáramos
convencerla de que no estaba sola y de que debía apoyarse en nosotros,
no quería oírlo, especialmente de mí. En su mente, le había fallado a su
hija y eso le rompía el corazón.
Y al verla así, me rompió el mío. Todo en mi vida había cambiado
desde el momento en que ella y su actitud entraron por la puerta y desde
la primera vez que Emma me exigió que le diera dinero para su tarro de
las maldiciones. Ya no se trataba solo de mí y de mi futuro. Lo único que
me importaba era asegurarme de que esas dos mujeres, que significaban
para mí más que cualquier otra cosa en el mundo, fueran felices.
Cuando Gwen salió del hospital, fui a casa de Brady todos los días.
Y todos los días, Gwen se encerraba en su habitación y se negaba a hablar
conmigo. Sabía que sería difícil convencerla de que quería estar en su
vida y en la de Emma y de que cometí un terrible error al abandonarlas,
pero, como ya he dicho, soy un SEAL de la marina y no nos rendimos
fácilmente.
Brady decidió no darme una patada en el culo por acostarme con
su hermana y en su lugar me dio algunos consejos. Sabía que aparecer
con flores nunca sería una buena idea, así que me presenté sin más.
Todos los días durante un mes.
Rechacé la misión a Kuwait y decidí aprovechar ese mes libre para
demostrarle a Gwen que no podía deshacerse de mí tan fácilmente. Como
no me hablaba, pasé todo ese tiempo con Emma asegurándome de que
se curaba bien del día en la bodega, dejando que me enseñara a ser padre
y arropándola cada noche. Con el tiempo, Emma no dejó que su madre
se escondiera en su habitación y la obligó a relacionarse conmigo. Decir
que estaba muerto de miedo por hablar por fin con ella es quedarse corto.
Tenía tantas cosas que quería decirle y no quería que salieran mal. Pero,
sobre todo, necesitaba saber si podía soportar una vida conmigo. Y si eso
era lo que ella deseaba.
Mientras sostengo a Gwen en mis brazos y miro alrededor de mi
casa de alquiler los adornos navideños y otros toques femeninos que
Gwen y Emma han esparcido por todas partes, sonrío pensando en el día
en que finalmente cedió.

Brady se fue hace un rato a terminar unos trámites en la oficina.


Sabía que lo había hecho para que Gwen y yo estuviéramos a solas, ahora
que ella ha empezado a aceptarme un poco más, y no sé si agradecérselo
o darle una patada en el culo. Por la forma en que Gwen me mira junto a
la puerta, supongo que ella no tendría ningún problema en dar una patada
en el culo.
—Gracias por arropar a Emma, ya puedes irte —dijo, abriendo la
puerta y esperando a que me fuera.
163 Respiré hondo y me acerqué a ella, deteniéndome cuando estuvimos
juntos. —Te amo.
Gwen resopló y abrió la puerta más. —Como he dicho, ya puedes
irte.
Pasando a su alrededor, agarré la puerta y la cerré. —Y como he
dicho, te amo.
Puso los ojos en blanco y empezó a alejarse de mí, pero rápidamente
la agarré del brazo y la atraje contra mí. —No puedes seguir ignorándome.
Intentó zafarse de mis brazos, pero la sostuve con fuerza, echando
tanto de menos sentirla contra mí que me dolía.
—Oh, créeme, sí puedo seguir ignorándote. Puedes dejar de actuar
cuando quieras. Sé que tienes algún lugar en el que preferirías estar y,
como puedes ver, Emma y yo estamos bien ahora. No es necesario que te
quedes por aquí.
Puso una fachada valiente, pero me di cuenta de que decir esas
palabras le dolía y significaba que aún sentía algo por mí. Me dio el valor
que necesitaba para poner todo sobre la mesa.
—Bien, puedes ignorarme. No necesito que hables de todos modos,
solo escucha —comencé. Resopló y se cruzó de brazos entre nosotros ya
que me negaba a soltarla—. Alejarme de ti y de Emma fue el mayor error
de mi vida. No supe hasta que me fui que todo lo que siempre había querido
estaba aquí, frente a mí. Tuve miedo. Tenía miedo de decirte lo mucho que
te quería solo para que me dijeras que no podías soportar una vida conmigo
por el trabajo que tengo. Tú y Emma son importantes para mí, las amo a
los dos, pero mi trabajo también es importante. No quiero defraudarlas a ti
y a Emma, pero tampoco puedo defraudar a mis hombres y no sé cómo
diablos tener ambas cosas. No sé cómo hacerlo, pero quiero intentarlo.
Quiero despertarme contigo todos los días cuando esté en casa y quiero
jugar a las putas Barbies con Emma todas las noches antes de dormir.
Quiero quitarte cada uno de tus malos recuerdos y sustituirlos por otros
buenos. No puedo prometerte cuándo estaré aquí o cuándo tendré que irme
de misión, pero sí puedo prometerte que cada segundo que pase contigo no
dejaré que olvides lo mucho que significas para mí.
Los ojos de Gwen se cerraron a mitad de mi discurso y tuve un
momento de duda de que era demasiado para ella demasiado pronto.
Todavía se recuperaba de la pesadilla de Ellie y estaba metida de lleno en
la resolución de los cargos contra William y yo añadía una cosa más a sus
hombros.
Después de unos minutos, me miró con lágrimas en los ojos.
—Maldita sea —murmuró.
Supuse que la única manera de arreglar esto ahora era dar marcha
atrás.
—Mira, sé que es mucho para asimilar, pero…
Mis palabras se cortaron cuando ella desplegó sus brazos, se agarró
164 a la parte delantera de mi camisa y atrajo mi boca hacia la suya. En cuanto
nuestros labios se tocaron, me perdí y olvidé todo lo que aún no le había
dicho. Profundicé el beso mientras sus brazos se deslizaban alrededor de
mis hombros y supe en ese momento que, pasara lo que pasara, haría todo
lo posible para convencerla de que lo que decía era cierto.
Mis manos se deslizaron por debajo de su camisa y gemí en su boca
en cuanto sentí su piel suave y cálida. Había echado mucho de menos
tocarla. Estar cerca de ella todas estas semanas y no poder tocarla era
una pura tortura. Apoyó su cuerpo en el mío y me obligó a caminar hacia
atrás hasta que mi espalda se estrelló contra la puerta cerrada, sin que
nuestro beso se rompiera. Sus palmas se deslizaron por mi pecho hasta
que sus manos encontraron el camino bajo el dobladillo de mi camiseta y
me estremecí al sentirlas contra la piel de mi estómago. La solté y acuné
su cara con las dos manos, apartando su boca de la mía para poder ver
sus ojos.
—¿Esto significa que vas a comenzar a hablarme otra vez? —susurré
contra sus labios.
—Esto significa que te perdono, pero sigues siendo un imbécil por
pensar que no entendería lo importante que es tu trabajo para ti —me dijo
con irritación—. Me he pasado la mayor parte de mi vida soportando que
me dijeran qué hacer y cómo vivir, ¿cómo puedes pensar que te haría eso?
Apoyé mi frente contra la suya y cerré los ojos.
—Sé que nunca tratarías de cambiarme, pero ¿cómo puedes ser feliz
con un hombre que nunca sabe cuándo tendrá que irse? Puedo recibir una
llamada en mitad de la noche y estar en otro país a la hora del almuerzo.
Se echó hacia atrás y puso sus propias manos a cada lado de mi
cara, obligándome a mirarla.
—Es lo que haces. Es tu trabajo y significa todo para ti. Sé que Emma
y yo también, pero es diferente y lo entiendo. Tomaremos cualquier parte
de ti que podamos, ¿no lo entiendes? No digo que no apeste a veces, pero
hemos pasado por cosas peores. Por si no te has dado cuenta, somos unas
mujeres bastante buenas y creo que nos las arreglaremos bien por nuestra
cuenta de vez en cuando. Siempre y cuando prometas volver con nosotras.
Chocando mis labios con los suyos, vierto todo lo que tengo en el
beso, haciéndole saber que sus palabras significan para mí más de lo que
nunca sabrá.
—Te amo, Austin —susurró contra mis labios—, pero si vuelves a
hacer una estupidez como esa y te alejas de nuevo, te patearé el culo.
Me reí mientras la atraía contra mí, sabiendo que haría lo que fuera
necesario para no volver a enfadarla.

Con las piernas de Gwen todavía rodeando las mías, nos acerco al
sofá y me siento con ella en mi regazo, a horcajadas sobre mis piernas.
Cuando terminó la gira de Layla hace un mes, Brady decidió que
165 se iría de su apartamento y se mudaría con ella. Solo hubo que rogarle
un poco para convencer a Gwen de que se mudara con Emma a mi casa
de alquiler hasta que pudiera encontrar algo más permanente para
nosotros. Todo lo que siempre quise está aquí bajo este techo y no voy a
volver a joderlo.
—Bienvenido a casa, teniente —me dice con una sonrisa mientras
me pasa los dedos por el cabello.
Le devuelvo la sonrisa cuando utiliza mi nuevo título. Aunque el
capitán Risner no estaba muy contento con mi decisión de saltarme la
misión en Kuwait, me concedió el tiempo libre y, sorprendentemente, me
dio el ascenso cuando finalmente volví al trabajo. Me enteré de que Cole
se había reincorporado cuando el lío con Ellie estaba ocurriendo y estoy
bastante seguro de que tuvo que ver en convencer a nuestro capitán de
que, aunque ahora tengo una familia, aún podía hacer el trabajo mejor
que nadie.
La sola idea de que tengo una familia hace que el corazón me dé
un vuelco mientras miro fijamente la cara de Gwen.
—Lamento no haber estado aquí para ayudarte a decorar el árbol,
pero al menos llegué a casa a tiempo para Navidad —le digo, deslizando
mis manos por sus muslos desnudos y tragando espesamente cuando
llego a su culo y me doy cuenta de que no lleva ropa interior.
—Por suerte para ti, todavía no he montado la casa de ensueño de
Barbie. Es toda tuya, cariño.
Suelta un jadeo cuando mi mano se mueve entre sus piernas y mis
dedos se deslizan por su sexo.
—Por suerte para Emma, he traído a casa un montón de chicos de
G.I. Joe para llenar la puta casa de ensueño de Barbie —le digo a la vez
que introduzco lentamente uno de mis dedos en su interior.
Deja escapar un gemido y se aprieta contra mi mano, pasando la
suya entre nosotros para desabrocharme rápidamente los pantalones y
rodear mi pene, que se ha puesto duro como una piedra desde que la vi
en la puerta del salón.
Levantando sus caderas, saco mi mano de entre sus piernas a la
vez que ella guía mi pene hasta su entrada y se empuja lentamente sobre
mí hasta que se sienta completamente sobre mí y ambos gemimos.
—No puedo creer que me hayas agotado y te haya dejado comprarle
hombres del ejército —murmura Gwen mientras la agarro por las caderas
y la muevo arriba y debajo de mi longitud.
—Cariño, mi casa de alquiler está llena de Barbies y mierda rosa,
estoy bastante seguro de que eres tú la que me ha agotado a mí —le
informo mientras empujo mis caderas y bombeo dentro y fuera de ella a
un ritmo más rápido.
Sus manos se aferran a mi pelo y gime contra mi boca mientras se
mueve encima de mí hasta que ambos estamos sudados y jadeantes.
166 —A la mierda, dejémoslo en un empate —murmura antes de soltar
un gemido entrecortado cuando su orgasmo la atraviesa rápidamente y
siento cómo se aprieta a mi alrededor.
Nunca pensé que algo sería más excitante que ir a las misiones.
Mientras siento que Gwen se deshace y la escucho decir mi nombre una
y otra vez, me doy cuenta de cuánto me equivoqué. La mitad de mi vida
se halla llena de combate, entrenamiento, recopilación de información y
disparo de armas tácticas, y la otra mitad se encuentra llena de amor,
sexo alucinante, películas de Disney y casas de ensueño de Barbie.
Gwen tiene razón, definitivamente podemos dejarlo en un empate.
—Trato hecho —gimo mientras me corro dentro de ella y ella se
traga mis gritos de placer con la boca.

FIN
CLOSER TO THE EDGE
El cuarto y último libro de la exitosa serie en
el USA Today, Playing With Fire, de Tara
Sivec.
Cole Vargas ha luchado contra los demonios
que han plagado sus pesadillas, pero ganar el
corazón de la mujer a la que destruyó será la
pelea de su vida.
Cuando Cole regresa a casa de su última
misión herido, sus únicos pensamientos son
de la mujer que aún posee su corazón y
fortalecerse lo suficiente para pararse sobre
sus propios pies frente a ella, a rogarle
perdón.
Olivia Lafierre tenía sus propias pesadillas
con las cuales lidiar desde que Cole le dijo
adiós. Rota y sola, perdió todo el día que Cole se fue y aún paga el precio
por amarlo.
Cuando los dos se reúnen antes de estar listos, los secretos se
167 revelarán, los amigos se volverán enemigos y los errores del pasado los
llevarán... más cerca del borde.
SOBRE LA AUTORA
Tara Sivec es una autora de best-sellers del
USA Today, esposa, madre, chofer, criada,
cocinera de comida rápida, niñera y experta
en sarcasmo. Vive en Ohio con su marido y
sus dos hijos y espera el día en que los tres se
conviertan en adultos y se muden.
Después de estar trabajando en el negocio de
corretaje durante catorce años, Tara decidió
agarrar un bolígrafo y escribir en lugar de
metérselo en el ojo por aburrimiento.
Escribe en una amplia gama de géneros, incluyendo Comedia
Romántica, Comedia Romántica/Misterio, Suspenso Romántico, Drama
New Adult, Romance Contemporáneo y Thriller Psicológico. Su novela
Seduction and Snacks ganó el primer lugar en los Premios Indie Romance
Convention Reader's Choice Awards 2013 por Mejor Primer Libro Indie y
fue votada como Mejor Autora Indie en los Premios Indie Romance
Convention Reader's Choice Awards 2014.
En su tiempo libre, a Tara le encanta soñar con toda la repostería
que hará y las siestas que tomará cuando tenga tiempo libre.

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