Quizás puedas pensar que la paciencia es un don, pero en realidad no es así.
No
nacemos con paciencia. La paciencia es un valor que debe cultivarse. Nunca te
conformes con decir “no tengo paciencia” o “así soy yo”, tratando de justificar tu
inquietud. Cuando te encuentres en situaciones de espera es posible que en ese
momento seas impaciente, pero si eres consciente de ello y te ejercitas en la paciencia
seguramente te sorprenderás.
Aprendiendo a tolerar mejor los tiempos de espera, la falta de paciencia trae consigo la
ira y nos lleva a perdernos de todo lo bueno que tenemos delante por estar pensando
demasiado en lo que vendrá. Es por ello que practicar la habilidad de poder disfrutar
del momento, sin prisas, sin ser dependientes de la inmediatez a la que nos vemos
sometidos a diario en esta sociedad moderna es una necesidad urgente. Si queremos
crecer, si queremos pasar por el noviciado exitosamente, debemos ejercitar la
paciencia. No tener paciencia acaba lentamente con nuestras vidas y termina
convirtiéndose en costumbre, es decir, te acabas acostumbrando a reaccionar de
manera acelerada y a no gestionar adecuadamente las esperas.
Como un río nuestras Mentes también están en calma y sin perturbaciones y pueden
mantener un estado de ecuanimidad sin importar los obstáculos que la vida nos
presente. En nuestro viaje hacia una mente más tranquila, siempre debemos estar
atentos para observar nuestro estado emocional. Esta conciencia nos permitirá notar
los primeros signos de ira y nos dará la oportunidad de dar Un paso atrás. Para
visualizar ese río tranquilo, permitir que regrese la tranquilidad. La constancia es
importante. No solo es necesario practicar la paciencia y la atención plena, también
debemos impregnar nuestra vida con estas virtudes y hacer que formen parte de
nuestro ser, pero tal vez la lección más profunda es que nuestras Mentes son
naturalmente claras Y tranquilas como el flujo del un río, que la confusión como olas de
ira es temporal. Si se le da tiempo y paciencia podremos comprender y reconocer que
podemos calmarnos de forma natural. El camino hacia la paz y la tranquilidad no es un
destino sino una forma de vida. Con las herramientas de la paciencia, la atención el
camino se vuelve menos una lucha y más un viaje gratificante. Como un río que fluye
con gracia y suavidad alrededor de piedras y rocas. Nosotros también podemos
enfrentar los desafíos de la vida. Mantener la paz interior y caminar siempre por el
camino de la Paz es primordial. Saber qué momentos te hacen perder la paciencia para
anticiparlos, hacerles frente y poder prevenirlos. El autoconocimiento es clave para
poder trabajar en uno mismo. Es de Vital importancia ejercitar la paciencia para actuar
de una manera más adaptativa. Pero entre desearlo y lograrlo hay una gran diferencia.
Para conseguir una meta es necesario ponerse manos a la obra y trabajar a diario y
más cuando se trata de crear nuevos hábitos. Ser paciente nos permite ser más
flexibles y tener en cuenta matices que quizás habíamos pasado por alto. Esto nos
enriquece y favorece nuestro crecimiento personal y emocional.