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Cadena de Unión

La cadena de unión es un rito masónico que simboliza la fraternidad y unión entre los masones a través del entrelazamiento de sus manos y brazos alrededor del cuadro de la Logia. Este rito se realiza principalmente para dirigir una plegaria al Gran Arquitecto y establecer comunicación con las energías celestiales.
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Cadena de Unión

La cadena de unión es un rito masónico que simboliza la fraternidad y unión entre los masones a través del entrelazamiento de sus manos y brazos alrededor del cuadro de la Logia. Este rito se realiza principalmente para dirigir una plegaria al Gran Arquitecto y establecer comunicación con las energías celestiales.
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A L.´. G.´. D.´. G.´. A.´. D.´. U.´.

S.´. F.´. U.´.


F.´. M.´.

CADENA DE UNIÓN
La cadena de unión es sin duda alguna uno de los símbolos más significativos de entre todos los que
decoran la Logia masónica. Se trata de un cordel que rodea todo el templo por su parte superior. Esta
situación en lo “alto” le da una connotación celeste, confirmada por los doce nudos que aparecen de
trecho en trecho a lo largo de todo el cordel, esos nudos se corresponden, con las doce columnas que
excepto por el lado de Oriente también rodean el recinto de la Logia. Cinco de esas columnas están
situadas en el lado de Septentrión, otras tantas a Mediodía, y las dos restantes -las columnas J y B- a
Occidente.

Además de la cuerda anudada que rodea la Logia y el cuadro, existe un rito en la Masonería que también
recibe el nombre de cadena de unión. Se trata de aquel que está constituido por el entrelazamiento que
forman las manos, con los brazos entrecruzados, de todos los integrantes del taller, lo cual,
precisamente, tiene lugar alrededor del cuadro de la Logia y de los tres pilares de la Sabiduría, la Fuerza
y la Belleza momentos antes de clausurar los trabajos.

En primer lugar, habría que decir que la cadena de unión es uno de los ritos masónicos que más
directamente aluden a la fraternidad masónica, está sustentada en los lazos de armonía y concordia que
entre sí ligan a todos los HH.´.. De ahí el por qué a los nudos de la cuerda también se les denomine “lazos
de amor”, pues el amor, entendido por lo más alto, es la fuerza que concilia y resuelve todas las
oposiciones en la unidad del Principio. En este sentido, el entrelazamiento de manos y brazos configura
una trama cruciforme que evoca la imagen de una estructura fuertemente cohesionada y organizada.

Pero este rito se realiza, fundamentalmente, para dirigir una plegaria o invocación al Gran Arquitecto,
siendo en esa invocación donde reside su sentido profundo y su razón de ser. Por ello, prescindir de la
plegaria como sucede en muchas logias, por el mero hecho de ignorarla o por considerarla un
anacronismo, provoca inevitablemente el empobrecimiento del propio rito. Sin embargo, en la antigua
Masonería operativa, la plegaria y las invocaciones de los nombres divinos formaba parte constitutive del
rito y de los trabajos simbólicos; y precisamente ella se realizaba en la cadena de unión y alrededor del
cuadro de la Logia, con lo cual se confirma el papel verdaderamente “central” que este último ha
desempeñado siempre en la Masonería.

Por lo general, la cadena de unión comienza y termina en el Venerable Maestro, y es él, como la máxima
autoridad de la Logia, el que dirige la invocación al Gran Arquitecto. Por consiguiente, y según se
desprende de esta oración masónica, la union encadenada y fraterna se convierte en el soporte
horizontal y psicosomático (terrestre), sobre el que “descenderán” -estimulados por la plegaria- los
beneplácitos (bendiciones) de la influencia espiritual o supra-individual -“Tu celeste Luz”-, posibilitando
así una vía de comunicación axial entre el cielo y la tierra, o como se dice en lenguaje masónico, entre la
Logia de lo Alto y la Logia de Abajo. Es decir, que a través de la invocación lo que se pretende
esencialmente es la comunicación con las energías celestes (las Ideas o atributos creadores del
Arquitecto universal) cuya acción espiritual ha conformado -y conforma permanentemente- la realidad
simbólica, ritual y mítica (es decir, cosmogónica y metafísica) de la organización iniciática.

Al mismo tiempo, en el rito de la cadena de unión se concentra la entidad colectiva constituida por todos
los antepasados que realmente participaron en la Tradición y su conocimiento, y de los que se dice
moran en el “Oriente Eterno”. Dicha entidad se hace una en comunión con sus herederos actuales, esto
es, con los masones que, habiendo recibido y comprendido (en la medida que sea) el mensaje de su
legado tradicional, contribuyen hoy en día a mantenerlo vivo y actuante. En este sentido, la cadena de
unión también está simbolizando la cadena iniciática de la tradición masónica (y por analogía la de todas
las tradiciones), cuyo origen es inmemorial, como lo es asimismo el mensaje que ella ha ido
transmitiendo a lo largo del tiempo y de la historia.
Las individualidades, o mejor, la idea de lo individual y lo particular que cada componente de la cadena
pudiera tener de sí mismo, desaparece como tal para formar un solo cuerpo que vibra y respira a una
misma cadencia rítmica. La cadena de unión deviene así un círculo mágico y sagrado donde se concentra
y fluye una fuerza cósmica y teúrgica que asimilada por todos y cada uno de los integrantes de la misma
les permite participar del verdadero espíritu masónico y de su energía salutífera y regeneradora. No es
entonces de extrañar que durante el transcurso del rito de la iniciación, el neófito reciba simbólicamente
la “luz” integrado en la cadena de unión, lo cual es perfectamente coherente en una tradición en la que
el rito y el trabajo colectivo desempeñan una función eminente como vehículos de transmisión de la
influencia espiritual.

Es cuanto

Vicente D. Treviño Navarro M.´.M.´.

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