- El no es mi esposo
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Mi corazón palpita sin freno, es inevitable no estar nerviosa. Es mi noche de bodas.
—Es mi esposo, todo estará bien —me digo, al mismo tiempo que exhalo y dejo mi
cepillo en el tocador—. Será una noche mági…
Pero mis pensamientos se ven interrumpidos, cuando escucho un ruido extraño desde
otra habitación. Son gemidos que cada vez se oyen más fuertes, una mezcla de gozo
entre un hombre y una mujer.
Miro por la ventana de mi habitación y la lluvía sigue cayendo, algo que desconozco
oprime mi pecho, pero decido salir y encontrar el origen de ese ruido. Mis pies me
llevan a la puerta donde el servicio lava la ropa, los gemidos se dejan escuchar con
mayor claridad, tengo miedo, mas decido abrir, solo para encontrar a mi marido entre
las piernas de aquella que consideré mi hermana.
Annet y yo crecimos juntas en la residencia de niñas sin hogar, no nos habíamos vuelto
a ver, hasta hace unos meses, ambas nos queríamos mucho, o eso creí.
—¡María! —exclama ella, al darse cuenta de mi presencia, mientras cubre su desnudez
con las ropas de la lavandería—. Yo, yo no…
—¡Qué mier…! —Al darse media vuelta, Zack me mirá bajo el marco de la puerta, sus
ojos me fulminan y en lugar de dar alguna explicación, este solo se cubre y se acerca a
mí para empujarme de la habitación—. ¡Maldita mocosa! ¿Acaso no sabes tocar? —me
reclama, volviéndome a empujar, hasta el punto donde mi espalda y cabeza se golpean
contra la pared detrás de mí.
Debería decir algo, golpearlo, insultarlo o patearle, pero simplemente mi cuerpo no me
responde. Solo siento mi corazón roto y estas inmensas ganas de gritar y llorar.
—Ya me casé contigo, no esperes más. Solo te tomaré cuando esté desesperado o sea
necesario, pero créeme, tu presencia me causa repugnancia. Yo necesito una mujer,
no una que intenta parecerlo. Así que… —tomando mi barbilla con fuerza, me mira
amenazadoramente—, vas a taparte los oídos cada vez que Annet venga a mi cama, y
más te vale respetarla, porque no será la única vez —al ver que derramo una lágrima,
muestra desagrado y me libera de sus dedos—. Das asco solo de verte, desaparece —
finaliza, cerrando la puerta para volver a los brazos de ella.
Es en ese momento donde miró a mi alrededor y veo a los empleados que han
presenciado todo, pero solo una de ellas se acerca, para tratar de llevarme a mis
aposentos.
—Apresurate, te dije que no salieras ¡Aparte de boba, eres bruta!
Sin embargo, no dejo que me toque ni los hombros, bajo la mirada a mi mano y me
saco el anillo de matrimonio.
—¡Váyase al demonio! ¡Y dile que se lo dé a ella, tal vez si le quede!
Me doy vuelta, y estando solo en camisón y sin zapatos, salgo de la casa, donde
pensaba iniciar esta nueva etapa.
—¿¡A dónde cree que va!? ¡Vuelva! —me exige, pero ni siquiera miro atrás, sigo de largo
en plena noche, donde mis pies se van llenando de lodo.
Pretendo ir al único lugar donde me siento a salvo, mas me equivoco y me he perdido.
Termino cayendo de rodillas, es entonces que por fin mis lágrimas caen en la tierra,
sintiendo la traición en mi alma.
—¿Qué debo hacer ahora? ¿Qué hago con esto? —me pregunto, con un dolor en la
cabeza del que ahora me percato. Toco mi nuca y al ver mis dedos, distingo la sangre
de la lluvia.
El hombre que amo, el que creí mi compañero eterno me había hecho esto. Me había
empujado tan fuerte que mi cabeza rebotó, pero por el estado en el que yo me
encontraba, no le había tomado suficiente atención.
Zack Testa; el hombre que puso un anillo en mi dedo, el que me prometió un cuento de
hadas, pero solo resultó terror.
—¿Por qué…? —sollocé—. ¿¡Por qué tuve que ser tan estúpida como para creer en que
los príncipes existen!?
La lluvia seguía mojando mi espalda, y eventualmente empecé a toser, mi asma no me
dejaba respirar bien, lo peor es que no traía mi medicina, todo estaba en su casa, pero
no pienso regresar, así que, intento ponerme de pie, mas solo vuelvo a resbalar en el
lodo y caigo de espaldas.
Tal vez dejarme morir no sea tan mala idea, pero yo misma me doy una bofetada
mental, miro la luna que apenas brilla, notando cerca de mí, unas mariposas blancas
que vuelan sobre un arbusto. Las observo durante unos instantes, hasta que oigo un
ruido provenir tras las hojas de los árboles. Asustada y con dificultad para respirar,
retrocedo, y de repente, una figura imponente sale ante mis ojos.
—Le dije que le pusiera más gasolina al auto, pero cuando regre… —venía
refunfuñando, mas al encontrarse con mis ojos, se detiene llevado por la curiosidad.
Es alto, su cabellera castaña está revuelta por la lluvia, tiene una mirada entre azul y
gris, unos labios rosas entreabiertos y cuando más bajo, veo que su camisa deja ver
sus marcados abdominales y… ¿sangre?
Nuevamente vuelvo a toser, me cubro la boca, temiendo que él sea alguna clase de
criminal o asesino.
—Oye tú… —me dice, al mismo tiempo que se acerca.
—¡No se acerque o se arrepentirá! —le advierto, sin ocultar el temblor en mi voz.
Su seguridad lo lleva a sonreír de lado, mientras pasa la mano por su frente, quitando
algunas gotas de lluvia.
—De acuerdo, princesa de lodo, solo me interesa saber una cosa, ¿Hay alguna
estación de gasolinera, cerca? Si me das la información, puedo…
Él mete su mano a su bolsillo, pienso que sacará un arma, por lo que sin dudar me
pongo de pie y escapo.
—¡Hey! ¿A dónde vas? No puedo quedarme bajo la lluvia, tengo que presentarme como
el nuevo gerente y mi celular está muerto.
No le presto atención, y solo sigo corriendo, hasta que vuelto a tropezar y caigo de
cara, momento que el desconocido aprovecha para alcanzarme.
Me va a hacer daño, esta vez no tengo escapatoria, voy a morir.
—Muchacha tonta, no tengo tiempo para jugar, ahora vas a decirme que… ¡Ouch!
Mi instinto y la adrenalina se fusionaron, por lo que cuando él se acercó, me di vuelta y
le lancé una patada a sus costillas, dejándolo sin respiración, así como quejándose de
dolor.
Estoy a punto de escapar, pero noto que mi collar no está en mi pecho. En realidad era
una cadena con la inicial de Zack; mi esposo. Puede que se haya perdido, mientras
corría, sin embargo, el brillo peculiar de ese objeto llega a mis ojos, de las manos del
desconocido.
—¿Es de tu marido? Seguro es muy valioso—pregunta, apoyándose en un árbol—. Pues
que mala suerte, porque esto se quedará conmigo por el golpe que me has dado —su
ceño fruncido me indica lo furioso que está.
—Se equivoca, eso no vale nada, ¡Y él no es mi esposo!
Veo como muerde sus labios, al mismo tiempo que otras personas parecen acercarse.
Acomodo mis mechones rubios detrás de mi oreja. Parece que sí están decididos a
secuestrarme, entonces, está vez si consigo escapar, al saltar sobre las rocas y tomar
un camino estrecho entre ramas.
Lo había decidido, no iba a rendirme. Tengo mucho por vivir, y la vida es muy corta
como para desgastarla llorando.
Capítulos 2 - El no es mi esposo
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Los pies me duelen, bajo la mirada y veo mis rodillas sangrando. Sí, estoy hecha un
desastre, pero veo a lo lejos el lugar que tanto he estado buscando.
Una sonrisa se dibuja en mis labios, y avanzo, hasta llegar a la puerta, no corro, pues ya
no doy para más y mi pecho me oprime, así que, cuando logro dar ligeros golpes a la
puerta, sale la madre superiora, quien es la encargada y directora de la residencia para
niñas sin hogar.
—¡María! —dice, evidentemente sorprendida al hallarme en ese estado en plena
noche.
La sonrisa sigue en mis labios, no digo una sola palabra, sin embargo, he gastado toda
mi energía, por lo que no puedo evitar desmayarme a los pies de la mujer que me crió.
Creo que aparte de cansada, estaba con mucha hambre, pues no había comido bien
en semanas. Las empleadas de Zack, me racionaban la comida en pequeñas
cantidades, por el único hecho de que debía entrar perfectamente en el vestido de
novia.
—María… María —escuchó decir suavemente a una voz dulce, mientras limpia mi
frente.
Abro los ojos, solo para hallar a la madre superiora, que no deja de sonreírme con
preocupación.
—Madre… —susurro con un ardor en la garganta.
—No te esfuerces linda, tuviste fiebre toda la noche.
—Agua… —pido sentándome, mientras uno de los pequeños que está de curioso, me
ofrece un vaso—. Gracias —digo, para luego beber con necesidad —exhalo, sintiendo
que puedo hablar mejor.
—Querida, ¿qué pasó? Pensé que estarías con tu esposo.
Las palabras de la madre me llevan a bajar la mirada con tristeza.
—Yo también pensé eso —murmuré, devolviéndole el vaso al pequeño, que se marchó
de la habitación.
—¿Acaso discutieron? Acaban de casarse, si yo hablo con Zack, tal vez puedan
solucionar las cosas.
—Él me engañó, madre —respondo sin dar tantas vueltas al asunto—. Con Annet —
suspiro.
Mi primera respuesta la dejó con los ojos paralizados, pero al revelar el nombre de la
persona con la que mi esposo me traicionó, la volvió pálida.
—¿Annet? No… Querida, seguro viste mal las cosas. Tú y ella son como hermanas, han
crecido juntas en este lugar, ¿recuerdas que en las noches de tormenta, dormían
juntas? ¿O que aprendieron a manejar la bicicleta apoyadas por la otra?
—Ellos estaban desnudos, madre. Estaban haciéndolo en el cuarto de lavandería, y él
me echó en cara que debía respetarla, porque ella siempre tendría un lugar en su
cama… Porque yo le doy asco.
—Oh, linda… Esto me parte el corazón.
Al ver mi estado, trata de hacerme sentir mejor, pero sabe que las palabras a veces no
son suficientes.
—Voy a traerte algo de comer, y después podremos continuar.
Mi estómago está rugiendo, por lo que no me atrevo a rechazar la caridad de la madre.
Ella se va y casi al instante, unas miradas curiosas se asoman desde la puerta.
—Vengan aquí —les digo a mis "hermanitas" así las llamó, porque también son
pequeñas sin padres—. ¿No hay un abrazo para su hermana mayor?
—María… —ellas entran casi empujándose para acercarse.
Inevitablemente, un gran ruido nos interrumpe, y este continuó, hasta que las puertas
de la habitación se abrieron con violencia.
—¡Aquí estabas! —dice una voz, que de inmediato produce un gran escalofrío en mi
cuerpo.
—Zack… —murmuro, observando sus ojos fríos, para luego mirar a mis pequeños,
quienes asustados se fueron a una esquina—. ¿Qué haces aquí? —le pregunto,
poniéndome de pie, notando que traigo un camisón limpio.
—¿¡Estás estupida!? ¡Eres mi esposa, mi mujer! ¡Tu lugar está en mi casa, para
atenderme! —responde, encerrando sus manos en mis muñecas.
—Zack… Suéltame, estás asustandolas —le pido, apretando los dientes por el dolor.
—¿Y a mi que me importan estos mocosas? ¡Vas a venir conmigo!
—¡Son mis niñas! —es mi respuesta, acompañada de una mirada decidida.
—¿Tus niñas? —me mira con burla—. Las únicas niñas que tendrás, serán los que
engendres de mí, no a estas muertas de hambre.
Sus palabras me llenan de rabia y quiero lanzarle un golpe por ser un caradura, pero no
puedo hacerlo delante de mis pequeños, así que pienso en lo mejor para que ellos no
se asusten.
—¿María? —me dice una de las pequeñas que no deja de mirar asustada con su
muñeca de trapo en las manos—. ¿Te vas a ir?
—Pequeña… —trato de responder, sin saber como hacerlo.
—De ninguna manera —dejando la bandeja con la comida que me ofreció, la madre
mira duramente a Zack—. María no se va.
Pero Zack suelta una larga y sonora carcajada.
—¿Y quién es usted para decidirlo? Le recuerdo que María tiene diecisiete años, aún no
es mayor de edad y como yo soy su esposo, está bajo mi tutela.
—Descarado, después de lo que hizo anoche ¿Pretende decir que ella es su esposa?
—No estoy mintiendo. Además, usted me dio el consentimiento.
—¡Eso fue antes de saber la clase de persona que es usted! Que fácil engaña a las
personas.
—Como sea, vaya a darse de latigazos ante la cruz, que yo me voy con mi esposa.
Zack tira fuerte de mi muñeca. La madre trata de oponerse, pero los más pequeños la
necesitan y están temerosos.
—Está bien, no me opondré —pienso en esas caritas asustadas y ya no opongo
resistencia.
Ante las miradas de las demás mujeres que visten hábitos, Zack me lleva hasta su
auto, donde al estar en el asiento, miro por la ventana varios pares de ojitos tristes.
—¿¡A dónde vas!? —me grita, apenas entramos a su casa, en lo que yo me apresuro a
subir por mis cosas.
—¿Tienes el cinismo de preguntar? ¡Me largo! Eso es lo que hago —contesto,
continuando subiendo.
—¡De ninguna manera vas a hacer eso!
Su voz llega rápidamente a mi nuca y en menos de lo que esperaba, me arrastró a su
habitación, donde me lanzó a la cama y cerró la puerta con seguro.
—Estás celosa porque te dije que no tocaría tu cuerpo, pues es verdad. Me das asco,
solo tu aroma me da nauseas. Si me casé contigo fue únicamente para heredar, y como
eres tan estupida que no tiene a nadie que la respalde, resultaste el cebo perfecto.
Cada palabra duele como cuchillas, pues él se fingía enamorado. Cada día iba a verme
en el restaurante donde yo trabajaba, nos hicimos amigos y cuando menos lo
esperaba, ya estaba perdidamente enamorada.
—Quiero el divorcio —dije con las lágrimas contenidas en mis ojos.
—Por supuesto que lo tendrás —sonrió con triunfo, caminando a la ventana—, pero
como aún tienes diecisiete, estás bajo mi tutela y no tengo tiempo para papeleo. De
modo que solo tendrás que estar un año sin estorbarme, luego de eso… —se dio vuelta
para ver mi rostro se espanto—. Eres libre de largarte.
Así fue dada mi condena, y así se cumplió.
Pese a mis múltiples intentos de escape, la casa de Zack estaba protegida para que yo
no huyera. Estuve durante un año entero, cautiva de las personas que quería, aprendí a
controlar mi asma, casi hasta había olvidado lo que se sentía el sol en mi piel, lo único
a lo que yo tenía derecho, era a ver los días afuera, por un minúsculo agujero en mi
habitación, desde donde se escuchaba los murmullos y risas de Annet y Zack, pero
todo eso se acabó, cuando las puertas fueron abiertas y Zack apareció con su
abogado.
Al verme, su mirada fue peor de las que me dedicaba antes. Pues al estar encerrada,
era extremadamente pálida, mis cabellos rubios parecían canas, mis ojos verdes
lucían opacos y mi silueta era como la de un cadáver andante.
—Come y firma —me ordenó, lanzándome una bolsa de manzanas que devoré de
inmediato.
—¿Has tenido a esta muchacha encerrada todo este tiempo? —pregunta el abogado al
verme comer con desesperación.
—Es mi vergüenza, pero como no tiene familia, nadie se preocupó por ella.
Continuo devorando y solo me detengo cuando Zack me arranca la bolsa de las manos.
—¡Ya fue suficiente! Firma y serás libre de irte con las manzanas.
Al estar con hambre, no vi otra opción y tomé el bolígrafo para firmar. En tan solo unos
minutos fue oficial. Él ya no era mi esposo.
Ese mismo día, abandoné la residencia de Zack, estaba sin una sola moneda, sin casa,
sin comida, sin nadie que se preocupara por mí, pero… Libre… Al fin era libre de esas
cuatro paredes, de ese matrimonio que fue una pesadilla desde el primer día. Mis
pulmones volvieron a respirar ese aire puro, mi sonrisa en mi rostro demacrado era
legítima.
Soltando la bolsa de manzanas, mis ojos verdes brillaron cuando vi las mariposas
blancas, volando cerca a los arbustos.
Que increíble sería tener alas y volar a donde quisiera, sin tener que pensar en la
comida de mañana.
Pero debido a mi debilidad, mis rodillas se doblaron, cayendo al césped. Creí que con
esto las mariposas se espantarían, pero en lugar de eso, me rodearon, algunas se
posaron sobre mi cabellera rubia y otras sobre mis piernas.
—¿A ustedes si les agrado? —sonreí, con una sensación que dolía en mi pecho—. ¿No
les parezco desagradable? ¿Verdad que no tengo nada de malo…? —sollocé por todas
mis inseguridades, recordando las palabras de Zack.
Con todas estas emociones cortándome por dentro, abrí los ojos, cuando las
mariposas sobre mi cabeza tocaron mis mejillas.
—Debo abrir mis alas para despegar… —murmuré, poniéndome de pie—. Cerraré esa
puerta, para abrir otra y seguir. Al menos trataré de hacerlo.
————————
—¿Señor Palmieri?
La empleada que trae mi correspondencia, entra a mi despacho con los documentos
que he estado esperando
—Gracias, puedes retirarte —le respondo, sentándome a revisar las respuestas de la
última propuesta hecha en el Grupo Palmieri.
—¿Tan temprano y ya trabajando? —interrumpe alguien, cuyos mirada es similar a la
mía.
—Soy responsable de muchas cabezas, el trabajo no espera —digo, sin despegar la
vista de mis hojas.
—Lo sé, pero… ¿Incluso en tu día libre? Hermano, deberías relajarte un poco.
—Arya… —exhalo, soltando los documentos para mirarla—. Hace solo un año he
asumido el cargo que dejó nuestro abuelo. Honro su memoria trabajando.
—¿Y serás igual cuando te cases y formes tu familia?
No puedo evitarlo y suelto una carcajada, que no provoca ninguna gracia a mi
hermana.
—¿Casarme? ¿Formar una familia? Debes estar bromeando.
—Tendrás que hacerlo en algún momento, ¿acaso no quieres enamorarte? Una esposa
que te ame, unos hijos que te reciban al llegar a casa. Eso sería…
—No —es mi firme respuesta.
—Pero Pax…
—No Arya. El hecho de que haya salido con una u otra modelo, no significa que vaya a
casarme, ¿y lo de hijos? Sabes que no los soporto. No me gustan los niñ0s, y no es mi
deseo tener una familia. Prefiero mi libertad.
—¡Ay! Pero ya te quiero ver caer, y cuando eso ocurra, te recordaré tus palabras.
—Pues tendrás que esperar sentada, querida hermana. No tengo ninguna intención de
casarme, y si has venido solo a eso, tendré que pedirte que te retires porque debo
hacer una llamada.
—No, no solo era eso —esta vez, ella toma asiento y me tiende un documento—. Me
gustaría que pudieras ayudar, es una buena causa.
Con tan solo darle una mirada, sé lo que es y levanto una ceja.
—¿Regalar dinero es una buena causa?
—Ay Pax —se enoja, pero no más de dos segundos. Ella es muy pacífica—. No todos
tienen la oportunidad de poder costearse los estudios.
—Lo entiendo, Arya, pero pueden trabajar. Así fue como yo lo hice.
—Lo sé, hermano, fueron momentos duros, mas ahora podemos ayudar a alguien que
lo necesite. Tu sabes lo difícil que es trabajar y estudiar, y por ello algunos abandonan
la universidad.
—A ver Arya, soy un personaje público. Estoy a la cabeza del Grupo más grande de
medios de comunicación y producción de contenido audiovisual. No puedo poner mi
nombre por cualquier lado, y menos ante un desconocido.
Mi hermana baja la mirada con resignación, de modo que no tengo más opción que dar
mi brazo a torcer.
—De acuerdo —respondo, obteniendo la sonrisa deslumbrante de Arya—. Pero será a
tu nombre, no quiero que se me vincule.
—Perfecto, lo importante es que haremos feliz a un estudiante.
Mi hermana sale muy feliz que no nota que al levantarse del asiento, derrama mi café,
pero decido no reclamarle, solo miro la mancha oscura que me recuerda al lodo.
—Princesa de lodo —recuerdo a la jovencita toda sucia, pero de inmediato vuelvo a mi
trabajo.
————————
(POV María)
Bien dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre, y mi corazón lo recibe con
gusto.
—¿Lo dice en verdad? —pregunto emocionada, sosteniendo el teléfono en mis manos.
—Así es señorita, debido a sus excelentes calificaciones. Hemos decidido otorgarle la
oportunidad. Un benefactor pidió que le entregara al mejor estudiante, y esa fue usted.
Estaba tan feliz. Había dejado mis estudios por falta de dinero. Zack me había
prometido apoyarme, pero no fue así, sin embargo, ahora tengo la oportunidad de
volver.
La llamada termina, y la madre superiora me encuentra dando saltos de alegría.
—¿Qué pasa, hija?
—¡Madre!
Por mi alegría, la tomó de las manos y bailo con ella, hasta terminar mareadas.
Todo empezaba a ir mejor. Las cosas irían bien. Mi vida tomaba un nuevo rumbo.
El despertador al lado de mi cama va a volverme loca, pero los rayos del sol me indican
que ya ha amanecido por completo.
Del susto, mi cuerpo salta al suelo, mas cuando descubro la hora, me relajo y vuelvo a
sentarme. Apago el despertador, para luego tomar la fotografía de mis pequeños.
Ya han pasado cinco años, vivo sola en un pequeño, pero cómodo departamento. Voy
cada fin de semana a ayudar a la residencia de niñas sin hogar, que será mañana. Me
he graduado con honores gracias a mi misterioso benefactor, incluso el día de mi
graduación, me hizo llegar unas hermosas flores blancas que me hizo sentir
acompañada.
—Mañana será un gran día… —suspiro sonriente, hasta que recuerdo que día es hoy—.
¡La entrevista! —reacciono.
Llego a tiempo al edificio donde tengo mi entrevista "Grupo Palmieri".
—Aquí voy —me doy ánimos, preparada para lo que encontraré y viviré.
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Capítulos 3 - El no es mi esposo
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Apenas he ingresado, veo a las personas corriendo de un lado a otro, mientras hablan
por celular o gritan lo que necesitan.
—Buenos días, ¿podría indicarme donde son las entrevistas con el señor Palmieri? —le
pregunto a una mujer que está en recepción, tomando su café bien cargado.
—¿Tiene cita? —dice sin levantar la mirada del computador.
—Sí, mandé mi hoja de presentación por correo, y fui llamada.
—Oh, usted es María Macri. Sí, él puesto al que usted aspira es uno muy importante.
Ella aparta la mirada de la máquina y al fin me ve.
—Quinto piso, pabellón B —es su última respuesta, después de mirarme brevemente.
Agradezco su ayuda y de inmediato me dirijo al lugar mencionado. Veo que todos me
observan con curiosidad y ceños fruncidos.
—Parece que soy un espécimen raro —pienso, siguiendo el camino.
De pronto, observo algo inusual. Una mujer que lleva un vaso de café, está hablando
por celular, mientras no deja de sonreir, por lo que su distracción la va a llevar a
resbalar por el piso mojado y las gradas.
—¡Cuidado! —exclamó, cuando logro llegar a ella, y con esto derramo su café y el
celular cae al suelo.
—Oh mi Dios… —dice, al ver el pequeño desastre que he provocado.
—Lamento lo de su celular y café, pero casi se cae, eso hubiera sido más desastroso.
—Lo comprendo —contesta, guardando la calma—, por el resto no te preocupes. Eso
me pasa por andar distraída. Tu solo me has ayudado —su sonrisa y mirada entre azul y
gris es preciosa. Es como la clase de persona que tiene una luz especial para agradar a
quien la conozca—. Pero es raro, no te había visto antes.
—Oh, tengo una entrevista con el señor Palmieri.
Ella levanta las cejas y me tiende la mano.
—Por el momento él no está presente, pero seré yo quien te reciba.
—Usted es…
—Arya Palmieri —contesta, por lo que la relaciono con el jefe. Quizás ella sea su
esposa, miro su aro de matrimonio, lo cual confirma mis sospechas. Es evidente, ella
es una mujer muy hermosa y esos ojos misteriosos son de encanto.
Acepto su mano en modo de saludo, para luego pasar a la entrevista personal.
—Es exactamente lo que buscábamos, además de que su recomendación es de un
amigo que conoce muy bien este mundo.
Me siento satisfecha y mis mejillas no evitan ensancharse de alegría.
—Queda contratada, bienvenida al Grupo Palmieri, María Macri —al decir mi nombre,
ella sonríe ampliamente, es como si ya me conociera.
—Muchas gracias, responderé satisfactoriamente a la confianza otorgada.
—Estamos seguros de ello, y María… puedo tutearte, ¿cierto?
—Por supuesto.
—De acuerdo, María, mañana deberás presentarte muy temprano. Habrá junta
directiva y será tu presentación.
—Usted se ve muy emocionada —comento.
—Oh, no me digas "Usted" solo dime Arya, sé que me veo mayor, pero solo tengo
treinta y tres años, además, estoy muy feliz, porque mi marido llega mañana, se fue
hace dos meses por trabajo y ya ansío verlo.
Al saberlo, me sorprendo, pues se ve mucho más joven, como una de veinticinco.
—Deben ser una feliz pareja.
—Lo somos —sus ojos brillan de emoción—. Lo amo, es mi todo, mi vida entera.
Esas mismas palabras eran la descripción que yo daba de… Supongo que ya no hace
falta mencionarlo.
—Me alegra, entonces. Me presentaré mañana, ten buen día Arya.
—Lo mismo digo para ti.
—Bien, ha resultado mejor de lo que esperaba —me dije, ya en el taxi, mientras saco mi
celular para ver mi lista de supermercado, pero primero noto que tengo dos llamadas
perdidas, reconozco el número y llamo, hasta que escucho: "Hasta que respondes,
ricitos"
—Ay Keith, te dije que tenía una entrevista.
—Oh, es verdad. Perdona, no sé en qué estaba pensando.
—Por supuesto, a ti se te olvida todo, pero eso es natural de ti.
—Mi amor… —escucho que alguien le dice y él susurra: Ahora no, estoy ocupado.
—Por todos los cielos… —me paso la mano en la cabeza—. No me digas que estás en…
¡Tú no cambias! Hablamos después —decido colgar, sin importarme sus protestas
para que no lo haga.
Keith es mi mejor amigo, aunque nuestra relación es como la de dos hermanos, es un
buen tipo, pero tiene un gran defecto que ni él lo niega, es un promiscuo.
—¿Dónde la dejo, señorita? —dice el taxista.
—En la entrada del súper, debo hacer mis compras de la semana.
——————————
POV Pax
—Que tontería —digo frustrado, lanzando la revista sobre la mesa, donde espero a la
siguiente candidata—. No es posible que deba hacer algo tan estupido y enfermizo
para lograr esto.
Las revistas y otros medios de nuestra competencia, habían soltado el rumor de que mi
vida personal era un desastre. Claro, eso me importaba menos que una mierd@, pero
también tenía las cláusulas del abuelo, para seguir al mando de Palmieri.
—Viejo de mierd@ —murmuro, apretando los puños—. ¿Quién se cree para decidir en
mi vida, cuando ya está muerto?
Sin embargo, no tenía opción, su preocupación era la continuidad de su riqueza, por lo
que me exigía tomar una esposa y tener un heredero que siguiera con el legado familiar,
mas al realizar esto, pondría en riesgo lo que he tratado de ocultar durante años, razón
que me lleva a este estupido lugar.
Bebo mi té, antes de ver a una mujer pelirroja que entra luciendo un vestido pegado a
su cuerpo. Es muy atractiva visualmente, he salido con mujeres como ella, mas puedo
notar que es del tipo que solo busca dinero y beneficios, lo cual compruebo al inciar
con la conversación.
—Descartada —digo, luego de unos treinta minutos de charla que no soporté.
¡Mierda! Detesto la idea de casarme. El matrimonio para mí es una jaula, una maldita
trampa que te mata lentamente hasta estrujarte la última gota de vida.
Tal vez debería apelar donde un abogado, pero ya no había tiempo, y sé que no puedo
hacer mucho, ya que él maldito viejo aprovechó que un día yo estaba ebrio, para que
firmara mi consentimiento.
—¡Espero que te estés quemando en el infierno, viejo miserable! —digo, antes de subir
a mi auto fuera de la cafetería.
Mientras voy manejando, recibo la llamada de mi hermana, quien parecía emocionada.
—Alguna novedad, Arya.
—Sí, acabo de entrevistar a la señorita María Macri, la que tú tenías que recibir.
—Oh, estupendo —digo sin ánimos, en lo que mi hermana se queda en silencio, como
si esperara alguna reacción mía—. ¿Algo más?
—Creo que no me has escuchado, dije María Macri. Ella es la estudiante a la que
ayudamos en la universidad.
—¿Ayudamos? Yo no quiero estar vinculado, eso fue decisión tuya.
—Está bien, como sea. Pero, ¿no te emociona?
—¿Por qué debería emocionarme? Es una persona igual a todas, sin nada de especial.
—Oh, cuando lo conozcas pensarás diferente. Es un encanto.
—Entonces que vuelva a su cuento, no necesito princesas, elfos, duendes o cualquier
cosa que esté encantado.
—Esa voz me dice que no te ha ido bien en tu "cita". Ay hermano, eso no se busca,
simplemente llega, así como llegó mi esposito a mí.
—¿El eterno haragán? —me burlé.
—No lo llames así, él está representándonos con otros clientes.
—Por supuesto, y eso lo comprobaré cuando él esté de regreso.
—Estás juzgándolo mal, ya verás que trae buenas noticias.
—Eso lo creeré cuando vea un logro de él. En fin, voy a pasar por un túnel, te veo en
casa, adiós y ten cuidado al regresar.
A la mañana siguiente, estoy listo para irme al trabajo y reunirme en el directorio con
las demás cabezas de las áreas del Grupo Palmieri, además de que se daría la
bienvenida a la nueva jefa de Marketing y publicidad, una mujer que mi hermana ya
había conocido, "El encanto" . Que tontería, con que trabaje bien, es suficiente. Yo no
necesito una cara bonita.
Minutos más tarde, me encuentro ingresando con mi hermana al edificio, pero ella me
detiene en la entrada, recordando algo que olvidó en mi auto.
—Arya…
—Solo será un instante. Mi esposito dijo que su vuelo tardaría en llegar, así que debo
estar segura si ya lo abordó.
Estoy seguro que eso es una mentira, no hay razón para que ese vuelo se retrase, pero
mi hermana es feliz creyendo en el inutil de su marido.
Decidí esperarla en la entrada, contando los minutos en mi reloj de mano, cuando de
repente siento una extraña punzada en las costillas, razón que me lleva a levantar la
vista y ver una cabellera rubia que destaca al instante. Ella está pagando el taxi, no la
he visto antes por aquí, pero cuando se da vuelta, retrocedo seis años atrás y toco mis
costillas.
—Tiene que ser una broma…
Ni yo lo creo, hasta que mi hermana la alcanza y la lleva ante mí.
—Querida María, te presento al señor Palmieri.
Sus ojos verdes me miran llena de curiosidad, como si también me reconociera,
aunque no logra recordarlo.
—¿S-su espo…?
—Mi hermano —contesta Arya, antes de que ella termine la pregunta—. Pax, ella es la
señorita de la que te hablé.
No puede ser, ella es… ¿María Macri? La mujer a la que hemos ayudado con sus
estudios universitarios, la que ahora trabajará aquí. ¡Es la misma mujer que me dejó sin
aire de una patada en las costillas!
—Mucho gusto, señor —ella tiende su mano, pero simplemente la miro con dureza y
doy media vuelta.
—Disculpa —dice mi hermana, antes de correr a detenerme—. ¿Qué te pasa, Pax? Esa
no es la manera de recibir a la nueva integrante.
—Soy libre de negarle el saludo a quien quiera y…
—Pues que mal educado es usted, señor Palmieri —interrumpe la joven de cabellera
rubia, parándose frente a mí—. Dicen que el estatus no da la educación, y ahora puedo
comprobarlo en usted.
—¿Perdón? —levanto una ceja.
—Mire, le mostraré como se hace.
Sin temor alguno, ella se acerca y toma mi mano para estrecharla.
—Así está mejor, y si no sabe saludar, con gusto le enseñaré todos los días.
De la misma forma que estrechó mi mano, la soltó, que no me dió tiempo de
reaccionar, cuando se fue.
Miré a mi hermana quien se encogió de hombros conteniendo una carcajada.
—¡Atrevida!
Ni yo entendía lo que acababa de ocurrir.
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Capítulos 4 - El no es mi esposo
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Mi oficina es un lugar amplio, no me quejo, por lo que creo que voy a estar cómoda, sin
embargo, hay algo que me inquieta sobre ese hombre. Tengo una leve sensación de
haberlo visto antes, no sé dónde, pero es como un "deja vu"
—Bueno, ya lo descubriré, quizás no sea tan importante —me digo, sentándome en mi
silla giratoria, justo en el momento que alguien toca la puerta para entrar.
—¿Puedo? —me pregunta con una sonrisa, Arya.
—Por supuesto que sí —afirmo.
—Gracias, solo quiero saber como te sientes en este nuevo lugar, ¿se te ofrece algo?
¿Alguna sugerencia?
—Todo está perfecto, no tengo ninguna queja o sugerencia.
—Me alegra oírlo —contesta ella, pensando que se iría, pero en lugar de eso, cierra la
puerta tras de sí, y toma asiento frente a mi escritorio y susurra: Lo que hiciste fue
estupendo.
—No comprendo, ¿hice algo?
—Vamos María, hablo de la lección que le diste a mi hermano.
—¿Lección? Pero si solo lo saludé, no creí que fuera gran cosa.
—Me refiero a todo lo que dijiste. La primera impresión es la que cuenta, y créeme, lo
has dejado boquiabierto.
—¿De verdad lo crees?
—¡Absolutamente! —expresa con sus manos—. Pax es muy inteligente y hábil para
este mundo de negocios, pero tiene un gran defecto, es algo déspota y piensa que el
resto solo está para obedecerlo, jamás admitirá que ha cometido un error.
—Es muy orgulloso —contesto.
—Exacto —me da la razón—. Nuestros padres nos educaron bien, pero parece que a
Pax le faltó convivir con ellos más tiempo —esto último lo dice con una mirada que
transmite tristeza, por lo que deduzco que no tienen a sus padres vivos.
—Lamento eso —soy empática, pues es duro crecer sin mamá y papá. Lo sé muy bien.
—No te preocupes, ya pasó mucho tiempo —volvió a sonreír, poniéndose de pie—. En
fin, estoy muy feliz de tenerte en nuestras instalaciones, espero que permanezcas con
nosotros por mucho tiempo.
Arya salió de mi oficina, se veía en ella a una mujer dulce y amable. Al menos más
expresiva que su hermano.
—Bueno, no dije nada que no fuera verdad —me recordé—. Lo cortez no quita lo
valiente.
Una semana después de que mi ingreso se hiciera oficial en el "Grupo Palmieri" puedo
decir que he ido conociendo mejor a mis compañeros de trabajo, aunque no puedo
decir mucho de Pax, quien cada vez que le doy el saludo, él mantiene esa expresión
fría.
Era curioso como mis labios eran una curva con una sonrisa, mientras que él era una
línea recta de seriedad.
Ese día llegué un poco tarde, no tenía opción. La madre había enfermado, y mi
preocupación no desaparecería con una llamada.
Fuí a verla, y solo me tranquilicé cuando el médico me lo explicó todo.
Solo necesitaba vitaminas, y yo me ofrecí a pagarlo todo. Por supuesto que ella se
negó, pero sé que este lugar sobrevive de las donaciones, y que el dinero es escaso.
No había lugar a discusión, le dejé algo de dinero a las hermanas y prometí regresar
como era costumbre, pero sin darme cuenta, ya iba tarde al trabajo.
El taxista tuvo que hacer piruetas para tomar atajos.
Llegué con veinte minutos de retraso, pretendía correr a mi oficina, mas cuando di el
primer paso dentro del edificio, me encontré a esa mirada entre azul y gris, mirándome
fijamente.
—Buenos días —por primera vez me dió el saludo, aunque su rostro seguía serio,
mientras extendía su mano para que yo la aceptara.
—Buenos días, señor Palmieri.
Estreché su mano, pero cuando traté de soltarme, él solo la sujetó con más firmeza,
acercándose más de la cuenta para susurrar: No digas una sola palabra más, solo
sigueme.
—¿Perdón?
—Ya oíste, no podemos hablar de esto aquí.
Él suelta mi mano, y camina al ascensor, esperando que yo haga lo mismo.
Imaginé que era algo delicado de la empresa, por lo que no tuve problemas en ir.
—¿Es grave? —pregunté, mirándolo de reojo, en lo que el ascensor llegaba a su
destino.
No me respondió hasta que las puertas se abrieron y me señalara el camino a su
oficina.
Fui detrás de él, junté la puerta para tener privacidad y apenas volteé para estar frente
a él, me sorprendió con unas palabras que ni yo creí escuchar bien.
—Vas a casarte conmigo.
Parpadeé, quedándome sin habla y respiración por algunos segundos, mientras que él
permanecía tranquilo.
—Creo que necesito ir al médico, estoy escuchando mal.
—No has escuchado mal, he sido claro contigo. Vas a ser mi esposa, no hay mucho
que pensar.
—¡Claro que hay que pensar! —respondo aún con la sorpresa de por medio—. Esto no
tiene sentido, ¿acaso se enamoró de mí y me pregunta eso?
—No, no estás entendiendo —contesta muy seguro de sí mismo—. No es una
pregunta, es una afirmación. Vas a ser mi esposa.
—¿¡Yo qué!? Debe estar bromeando.
—¿Te parece que bromeo? Solo será temporal, y recibirás un incentivo económico. Tú
ganas, yo gano —me dice, invadiendo parte de mi espacio personal—. ¿O me tienes
miedo?
—Esto no se trata de miedo —retrocedo para poner la distancia—. Además, soy una
mujer casada, tengo planes para tener un bebé con mi esposo —miento, llevando mis
manos a mi vientre, esperando que se crea ese cuento.
—¿Me crees estupido? —levanta una ceja.
—Estoy diciendo la verdad.
—A ver, si fueras una mujer casada, llevarías un anillo, ¿no lo crees?
—¡Lo tengo! Lo he dejado en casa, y… ¡Esta conversación es tonta! Mi marido se
enojará. Yo me retiro —me doy vuelta para salir, pero cuando las palabras salen de sus
labios logran hacer que me quede.
—Pensé que cuando te ví aquella noche de lluvia, fuiste honesta, dijiste que él no era tu
esposo.
—¿Noche de lluvia? —digo anonadada, y es entonces cuando lo recuerdo—. ¡Oh Dios!
Usted es…
—Tu victima —contesta.
—¿Víctima? Yo solo me defendí, pensé que iba a atacarme.
—Eso ya no importa, el caso es que sé que no estás casada. Los documentos que
presentaste dicen que eres una mujer divorciada, por lo que tus palabras pasan a un
segundo plano.
—¡Bien! —no me queda más opción que aceptar la verdad—. No estoy casada, pero
tengo novio.
—Pues es una lastima, o dile que te espere.
Yo no entiendo nada, ¿de qué se trata esto?
—Solo te necesito como mi esposa por unos meses.
—Sea específico.
—Dieciocho meses. Tómalo como un trabajo, cada mes recibirás un dinero, además
de tu sueldo aquí.
—Pero… ¿por qué yo?
—Eso no importa. Aceptas o aceptas.
—¿Y si me niego?
Pax suelta un largo suspiro y se acerca a su escritorio para entregarme una hoja.
—¡No es posible!
—Todo es posible cuando hay dinero. Aceptas o Palmieri dejará de ser el donante de
esta residencia de niñas sin hogar.
—¿Me está chantajeando? ¡Váyase al demonio! —contesto, dejándolo en su oficina.
Estaba loco, no iba a dejarme chantajear por nadie.
Salí con la intención de tomar mis cosas y renunciar. No iba a quedarme, pero a medio
camino me encontré a Arya, quien al verme con la ira en el rostro, se preocupó.
—¿María? ¿Qué pasa? Estás hiperventilando —se asustó—. Ven, vamos a la cafetería.
Un poco de agua tibia me relajó, pero aún estaba indignada, y creyendo que Arya me
entendería, se lo conté, pero lo único que hizo fue pedirme que aceptara la propuesta
de su hermano.
—No puedes estar de lado de esa locura —fue respuesta con incredulidad.
—No es una locura, María. Hay muchas razones que llevan a Pax a tomar esa decisión.
—Entonces que consiga a otra mujer, yo no puedo casarme con un hombre como él.
Los que usan el chantaje emocional, son de lo peor.
—No justifico lo que dijo mi hermano, pero supongo que utilizó ese recurso para
convencerte, si te tranquiliza, eso no ocurrirá. Pax dice muchas cosas, mas no dejaría a
los que más necesitan sin apoyo. Incluso nosotros te ayudamos con… —se cubrió los
labios antes de terminar.
—¿Ayudar? ¿Qué ibas a decir, Arya?
—Ay… Pax no quería que nadie lo supiera. Dará un grito al cielo.
—Necesito saberlo ¿o también me ocultarás algo?
Arya exhaló, y no tuvo mayor opción que contarme la verdad.
—La verdad es que yo sé de ti desde hace mucho tiempo. Has sido una gran
estudiante, es por eso que cuando aplicaste para trabajar aquí, estuve feliz de
recibirte.
Confundida, me quedé sin habla.
—Fui la benefactora de tus estudios en la Universidad.
—¡A. P! —pronuncié—. Arya Palmieri —concluí.
—Así es… Por favor, María, si aceptas, te doy mi palabra que ayudaré a la casa de esas
niñas, sé que no recibe muchos donativos de otras empresas. Palmieri será su
principal benefactor.
Mientras miles de pensamientos recorrían mi mente, la presencia de Pax se hizo
presente en la cafetería.
—Aquí estabas, bueno, ya que no vas a aceptar, tú…
—Lo haré —contesté, levantando la mirada para verlo a los ojos—. Seré tu esposa por
ese tiempo limitado, pero quiero que los cheques sean destinados a la casa de las
niñas, para su educación y vestimenta. Sí haré esto, quiero que tenga una buena
justificación.
—Perfecto, es tu decisión y se respetará —fue su respuesta.
—¿Y cuándo será el matrimonio? —quise saber.
—Hoy en la tarde. Mis abogados tienen todo listo.
—¿¡Hoy!?
—No puedo darme el lujo de perder el tiempo, además tampoco me hace gracia
casarme, piensa en esto como un negocio.
—¿Y luego?
—¿Luego qué? Naturalmente vendrás conmigo. Ya has estado casada, sabes lo que
tiene que hacer una esposa.
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Capítulos 5 - El no es mi esposo
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"Saber como ser una esposa"
Esa palabra se repite una y otra vez en mi cabeza, mientras estoy sentada en el asiento
trasero de un auto, que me lleva a la casa que será mi hogar durante los próximos
dieciocho meses.
—¿Todo bien? —me pregunta Arya, quien me hace compañía.
Reacciono sacudiendo mi cabeza y pensamientos, para asentir con calma.
—Solo estaba distraída —contesté, manteniendo la mirada en mis rodillas.
—Oh, eso es normal. Casarse es una experiencia única. Yo no dejaba de temblar de
nervios cuando me casé con mi esposo, y aunque las circunstancias de tu boda y la
mía son distintas,no deja de ser un momento inolvidable.
El auto giró a la derecha y continuó con el camino, cada vez nos acercabamos más.
—Es por una buena causa —me dije en mis pensamientos.
—Me pregunto si Pax ya estará con el abogado y juez, voy a llamarlo —ella sacó su
celular, procediendo a averiguar si su hermano ya tenía todo listo, la confirmación, fue
la sentencia a mi destino.
No pasó mucho tiempo, hasta que llegamos a la casa Palmieri, aunque llamarla casa,
sería un insulto.
—¡Vaya! —dije, sin contenerlo.
—Lo mismo dije cuando mi hermano la compró. Le hizo unas remodelaciones y quedó
aún más lujosa y espectacular. Es una mansión muy grande, lo cual no me explica la
razón de que su antiguo dueño viviera solo aquí.
—¿Solo?
—Tal vez hayas oído de él, se llamaba Bernard Bercelli.
—Por supuesto, conocí a su familia.
—¿En serio? —dijo sorprendida.
—Digamos que fue algo accidental, ocurrió hace años.
—Que raro, nunca te he visto en esas fiestas.
—Solo ocurrió una vez. Mi ex esposo fue invitado a un evento que hizo la empresa
"Bercelli" y yo lo acompañé —declaré, omitiendo parte de la verdad.
En realidad, Zack me había obligado a ir. Apenas habían pasado unos días desde que
fui encerrada por él, cuando una de sus empleadas entró con un vestido en las manos.
"Que desperdicio que un vestido tan bello, se gaste en ti".
—Es cierto, estuviste casada. Entonces, esto no es nada nuevo para ti, estarás bien —
Arya sonrió, invitándome a seguirla.
Nos recibe un mayordomo, quien se hace a un lado para que pasemos.
Arya le hace unas preguntas, y al obtener las respuestas, vuelve a mí.
—Vayamos a la sala, están esperándonos.
Sigo a Arya, hasta llegar donde los hombres están esperando.
Pax al verme, se aleja de su abogado y da la orden de subir a su despacho, donde el
juez está esperando.
Arya y algunos de los empleados asienten, y suben al lugar indicado, yo estoy por hacer
lo mismo, pero él levanta la mano, haciendo una señal de que debo quedarme.
—¿Pasa algo? —quiero saber.
—Quiero que todo sea transparente, no deseo tener un gran dolor de cabeza más
adelante.
El abogado me entrega un bolígrafo, haciéndome la señal de que debo firmar el
documento que está sobre la mesita de centro.
—¿De qué se trata? —exijo saber.
—Es el contrato del que tú y yo hablamos en la oficina. Me estás dando un servicio
como esposa temporal, y yo te pagaré. Gozarás de algunos beneficios, así como
responsabilidades, tales como…
—¿Asistir y organizar galas como su esposa? —añado, al leer las líneas.
—Por supuesto —agrega—. En la oficina te dije que harías las cosas que hace una
esposa, y es precisamente para lo que te necesito.
—Oh, con que a eso se refería —suspiré aliviada.
—¿De qué otra cosa hablaría?
—No, no es nada. Solo deme unos minutos para leer.
—Adelante, debes estar de acuerdo para firmar, para que luego no haya reclamos.
Asiento con la cabeza, mientras voy leyendo las lineas de cada texto del documento.
Todo estaba en orden, no había nada fuera de lo normal, por lo que no tuve mayor
problema para firmar.
Una vez conforme con el acuerdo, Pax y yo nos dirigimos a su despacho, donde ya todo
estaba listo para la breve ceremonia.
Durante las palabras del juez, me sorprendió lo serio que lucía Pax, ¿acaso no tenía
otra expresión? Yo estoy muriendo de nervios.
—Acepto —dice sin emoción, a la pregunta del hombre, quien me hace la misma
interrogación, para obtener una respuesta afirmativa de mi parte.
Llega el momento donde él pone el anillo en mi dedo, no me observa a los ojos, parece
que trata de evitarme, lo cual solo me trae un recuerdo.
Zack hizo exactamente lo mismo cuando nos casamos.
Mis pensamientos se ven interrumpidos, cuando escucho el "puede besar a la novia".
Miro de reojo a Pax, pienso que hará lo mismo que Zack, quien en aquel entonces,
tomó mi rostro para y hundió sus labios con los míos, sin embargo…
—¿Es necesario? —Pax cuestiona.
—Es solo una formalidad —le responde el juez.
—En ese caso la ceremonia se acabó —se levanta de la silla donde habíamos estado
sentados todo este tiempo, luego de firmar y sale de su despacho.
—Lo lamento, son los nervios —lo justifica Arya, quien sale detrás de él.
Pero en lugar de sentirme decepcionada u ofendida, me da tranquilidad. Lo cierto es
que yo tampoco quería besarlo. Quizás ni siquiera tendríamos que estar cerca,
dieciocho meses pasan muy rápido.
Unos minutos después de que yo firmara, el juez y abogado se despidieron. Me quedé
sola en el despacho, y miré mi anillo contra la luz que ingresaba por la ventana.
—Aquí vamos de nuevo —murmuré—. Tal vez debería aprovechar mis dotes de esposa
temporal y dedicarme a esto —reí ante mi propia broma, pero con un ápice de dolor en
mi pecho—. Bueno, esta vez es por una justa acción, y sobre todo ha sido sincero
conmigo, no me ha pintado el cielo con estrellas para creer que me ama. Es un buen
punto.
Me levanté de la silla para retirarme, mas mis ojos verdes se iluminan cuando veo las
mariposas blancas volando fuera de la ventana. Me acercó y colocando mis manos en
el cristal, les muestro mi anillo.
—Me casé —les digo—. Pero será la última vez que sea temporal—. La próxima si será
real y eterna.
—¿María? —escucho a Arya buscándome.
—Ya voy —contesto rápido, para ir con ella.
Encuentro a Arya afuera del despacho, quien al verme toma mi mano para llevarme a la
sala.
—Esto debería hacerlo mi hermano, se supone que como tu esposo debe enseñarte la
casa, pero ya que somos cuñadas, lo haré con gusto.
—Oh, eso no es necesario, me iré acostumbrando, además esto es un matrimonio
tem… —ella cubre mis labios, antes de que diga algo más, mira de un lado a otro y
susurra cerca a mi oreja—. Evitemos hablar de eso. Hay muchos oídos en esta casa, y
si alguno abre la boca, mi hermano estará en problemas.
Creo entenderla, pues en mi tiempo como la esposa de Zack, estaba la empleada que
le contaba todo a él.
Asentí y ella se disculpó por taparme la boca, ofreciéndome recorrer todo el espacio de
la casa.
—Por cierto, no he visto a tu esposo —comenté, al recordar que ella me había
mencionado que estaba casada.
—Oh, ya lo conocerás. Ha tenido mucho trabajo, y esto no le da ni tiempo para estar en
casa. Viajó hace más de un mes, pero está muy ocupado. Pobre de mi esposo —su
expresión transmite lo mucho que lo extraña.
—¿Es un buen hombre?
—El mejor de todos, es atento, detallista, romántico, tierno, hermoso, realmente tuve
mucha suerte con él.
El hombre que ella describe parece un sueño.
—¿Y qué hay de Pax? —quiero saber un poco más, pero ella lo toma como si yo tuviera
una segunda intención y sonríe.
—Bueno, como habrás notado es algo intolerable, pero es muy bueno. Hace obras de
caridad para diferentes grupos, aunque, lo hace a nombre de la empresa, nunca usa su
nombre. Es muy trabajador, y se preocupa por sus empleados, podrías preguntarle a
cualquiera y te dirán que es algo gruñón, pero cuando se trata de alguna emergencia,
está allí para ayudar desinteresadamente.
Si realmente él era así, ¿por qué no podía conseguir una esposa real?
—Aunque tiene un gran defecto, espero que se solucione. Detesta el compromiso, no
soporta la idea de tener que estar casado. Sus antiguas relaciones solo duraban a lo
mucho dos meses. Seguro que nunca has oído de alguna de ellas, pues no era nada
serio o formal, mas bien diría que eran salientes ocasionales, hasta que él decidía
cortar con ellas.
—¿Y nunca tuvo la idea de pasar a algo más serio?
—Él odia la vida de familia, así que, deberás ser paciente cuando te inviten a galas y él
haga gestos de aburrimiento al tener que presentarse.
—Comprendo.
¡Esto es perfecto! Seriamos como vecinos, empezaba a verlo de una manera menos
estresante.
—¿Estás sonriendo? —señala mis labios.
—Oh, no es nada, pero me gustaría ir al baño un momento, y luego ir a mi
departamento por mis cosas.
—Claro, no hay problema, le pediré a nuestro chofer que te lleve.
Arya me dio las indicaciones del baño, subí para mojarme la cara, mas cuando iba a
prisa por el pasillo, resbalé por el piso mojado, afortunadamente logré caer sobre mis
codos y no me golpeé tan fuerte, pero sí provocó un gran ruido.
De inmediato vi a una figura que se balanceaba con su escoba, y reconocí a quien fue
la empleada de Zack, que me miró con total desagrado.
—¿Qué demo…? —Pax fue el primero en salir, levantando las cejas con incredulidad—.
¿Qué se supone que haces?
—Me dieron ganas de trapear el suelo —respondí con sarcasmo—. Me resbalé.
—¿Y siempre eres así de torpe? Que problema —murmura para sí mismo, creyendo
que no lo oiría.
Los demás empleados no tardan en llegar, al igual que Arya, quien al intentar
socorrerme casi resbala, pero en esta ocasión, Pax logra sostenerla de los hombros,
avisándole del estado del piso, para luego acercarse a mí y estirar su mano que me
ayuda a ponerme de pie.
—Lleven a mi esposa a mi habitación, revisen que no tenga un golpe y atiendan todo lo
que necesite y ordene.
—Sí señor —contestan sin objetar, incluida aquella empleada.
—Y ya saben, ella es igual a mí. Si ella da una orden, será como si la diera yo. Están
todos advertidos.
Dirige una mirada petrificante a todos, hasta llegar a mí, para luego darse vuelta y
dejarme.
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Capítulos 6 - El no es mi esposo
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De un momento a otro tengo a cinco mujeres revisando mis rodillas y brazos, salvo por
aquella mujer que ni recuerdo su nombre, pero mi cabeza está en otro lado.
¿A qué se debía esa abrupta reacción de Pax? Necesito averiguarlo.
—Está bien, no tengo nada —les contesto, estirando mis brazos para que me suelten.
—Pero el señor.
—Ya dije que estoy bien, ni sangre tengo. Me he dado golpes más fuertes y aquí estoy
en pie.
Las mujeres se miraron con preocupación, pero aceptaron dejarme.
—¿Desea que le preparemos algo especial para su noche de bodas?
—¿Cómo?
—Usted ya sabe. Esta noche usted y el señor Palmieri tendrán su noche oficial como
esposos. Podemos ayudarla con el vino, algunas uvas, quizás un poco de queso u otra
cosa que le apetezca, señora.
Debo fingir, Arya ya me había comentado que los demás no sabían nada.
—S-sí t-todo eso está bien… Para esta noche.
Todas salieron de la habitación, momento donde miré la cama donde estaba sentada.
—Debe haber otra habitación. Bajo ninguna circunstancia ocurrirá eso. Aunque está
claro que a él no le intereso, me estoy ahogando en un vaso de agua. No pasará nada.
Me levanto de la cama para salir a buscar a ese chofer que me ayudaría con mis
pertenencias, mas esa misma empleada ingresa y cierra la puerta tras de sí.
—No puedo creerlo, pero qué desagradable sorpresa, aunque admito que los años han
servido para mejorar tu aspecto, supongo que así amarraste al señor, pero lo bruta no
se te quita.
—Gretta —pronuncio su nombre al recordarla—. Hazme el favor de retirarte de la
habitación de mi marido.
—¡Vaya! Eres más respondona, el ratón te devolvió la lengua.
—Pues esta lengua sabe muy bien como complacer a mi esposo, así que retírate que
tengo que prepararme para nuestra noche de bodas.
Ella se escandaliza, su rostro muestra total asombro.
—Ya oíste a mi marido, obedecerás mis órdenes.
Gretta sale con el ceño fruncido, al parecer su intento por amedrentarme no le
funcionó.
Sin embargo, ni yo puedo creer lo que he dicho. Mis mejillas queman, creo que moriré
se vergüenza.
—Esto no puede empeorar —murmuro para mí, cayendo de espaldas a la cama—. Que
valga la pena este sacrificio, para que mis niñas puedan tener lo que necesitan.
Al cabo de un rato, bajé a la sala, buscando al dichoso chofer que Arya mencionó que
me ayudaría.
—¿Qué se supone que haces? —Pax aparece detrás de mí, provocando que de un salto
de susto.
—Estoy haciendo turismo —mi sarcasmo vuelve a estar presente—. Busco al chofer,
Arya dijo que me ayudaría con mis pertenencias.
—Está bien, supongo que debe estar en la cocina, es algo tarde y estará comiendo.
—Gracias —respondo, pero antes de irme, decidí quitarme las dudas—. Una pregunta,
¿por qué dijiste todo eso ante tus empleados? Soy tu esposa, pero no…
—A ver, voy a dejarte unas cosas claras. Esto no lo hago con el fin de ganarme tu favor.
Solo hago lo correcto, somos esposos y como tal deben obedecerte, tenerte respeto,
incluso si no estoy presente, de lo contrario los rumores de que tengo una esposa sin
carácter se extenderán más allá de estás paredes.
—¿Me estás dando poder en tu casa?
—Es evidente que sí. Necesito a una esposa, no a una sumisa que sea manipulable.
Por eso te vi como candidata perfecta para que seas mi esposa. Desde el primer día te
enfrentaste a mí, a pesar de saber quien soy yo. Otra hubiera agachado la cabeza, y eso
no es lo que necesito.
—Lo que usted necesita, comprendo. Saca beneficio de mí.
—Es claro que sí, por eso firmamos un acuerdo.
Que tonta, y yo creyendo que lo hacía por amabilidad.
Tras nuestra breve charla, voy a buscar al chofer, quien me lleva a mi departamento.
No tengo mucho que empacar, pues los muebles son de este lugar, solo debo llevar lo
que realmente era mío.
—Ya es de noche, señora. Tal vez podamos volver por el resto mañana.
—Sí, tienes razón —admito, estirando mis brazos.
Me dirijo a subir al auto, y ya ocupando el asiento posterior, recibo la llamada de Keith,
y solo una idea pasa por mi cabeza.
—No le dije nada a mi mejor amigo. Estoy muerta.
Keith se iba a enojar por no haberle avisado, pero sé que no puedo evitarlo por siempre,
de modo que, contesto.
—¿Keith?
—Al fin contestas, creí que los humos se te habían subido. Quiero saber cómo está mi
amiga.
—¿Por qué dices eso?
—Bueno, no todos tienen la oportunidad de trabajar para el Grupo Palmieri.
Si supiera que ahora soy la esposa del dueño.
—Ay qué ocurrente. Solo soy una empleada más.
—No, eso es falso. Tu puesto es alto, y no trates de engañarme. Espero que eso no
cambie nuestra relación.
—Si tu promiscuidad no nos alejado, nada lo hará.
—Eso sonó muy feo, pero a ti no puedo engañar.
—Escucha Keith, hay algo que debo contarte, pero prefiero que sea personal, ¿te
parece si nos vemos mañana a las ocho de la noche?
—Se te oye preocupada, ¿pasó algo?
—No, todo está bien. Ya lo hablaremos mañana, te veo en el café de siempre.
—Está bien, te espero allí. Que descanses, ricitos.
Él cuelga antes de que yo responda, entonces veo al chofer que me observa por el
espejo.
—Es un amigo, ¿podrías guardar el secreto?
—Pierda cuidado, señora. Mis labios están sellados.
Hay tantas cosas que debo hacer, pero al menos mis niñas estarán bien.
Llego a casa, e inesperadamente escucho unas risas que vienen desde la sala.
—¿Quiere que lleve las maletas a su habitación, señora? —pregunta el chofer.
—Sí por favor.
—¡Oh! Que bueno que llegaste —Arya me aparece en la entrada, tomando mi mano
para llevarme a la sala—. Mi esposo ha llegado, y quiero que lo conozcas. Ahora está
platicando con mi hermano. Está ansioso por conocerte.
Hasta ese momento no tuve ningún problema, por lo que compartiendo el entusiasmo
de Arya, quise conocer al maravilloso hombre que ella había descrito.
Me encontré con los ojos de Pax, y la espalda del esposo de Arya, ella se acercó a él,
abrazándolo por los hombros para que girara a verme.
—Amorcito, te presento a la esposa de Pax, María Macri.
Mi sonrisa se desvaneció al instante. El tipo frente a mí era…
—Zack, mi amor, ¿no dirás algo? —dijo Arya, sin dejar de abrazarlo.
Las humillaciones, los gritos, incluso el maltrato físico regresó a mi cabeza en
recuerdos que quise borrar.
Esto no puede ser real. Debo estar teniendo una pesadilla, mas decido mantenerme
firme. Aquella niña desapareció. Esa chiquilla que un día lo amó, murió. La que pensó
que la vida sería color de rosa con él, la que se creyó el maldito cuento. De hecho,
ahora solo siento desagrado con solo mirarlo.
Aprieto los puños y abro la boca con la intención de decirle sus cuatro verdades, pero
es cuando Arya, frota su mejilla a la de él, al mismo tiempo que Pax toma lugar a mi
lado.
—¿Todo bien? —cuestiona, ante el incómodo silencio.
—Perfecto —digo, estirando mi mano en dirección a él. Veo como palidece y pasa
saliva, mirándome de pies a cabeza, para luego observar el anillo que llevo en mi mano.
—Saluda a mi esposa, Zack —la voz de Pax parece una orden, a lo que él solo asiente.
No tengo idea de que debe estar pensando, aunque no deja de mirarme.
——————
POV Zack
De todas las cosas que podían suceder, esta era que menos esperaría.
—¿Cómo dices? ¿T-tu esposa? —miré a María y ella acarició sus dedos con el anillo en
el anular.
—Así es amorcito, mi hermano al
fin se casó, ¿no los vas a felicitar?
Ella se mostró despreocupada, tendiendome su mano para estrecharla, me miraba
como un insecto, pero eso no era lo peor.
¡Maldita sea! Estaba increíble. Ese cabello rubio más brillante, esos ojos verdes
luminosos, su cuerpo tenía nuevas curvas, incluso mejores que los de Annet. Mierd@,
mierd@, mierd@, mierd@…
—Parece que tampoco sabe saludar, señor Zack —fue María quien tomó mi mano y la
estrechó—. No soy un monstruo, no me tema.
—Señores, la habitación está lista —interrumpió otra de las empleadas.
—Oh, creo que debemos dejar a solas a los recién casados, amor. Ya sabes como son
esas primeras noches.
Mi mandíbula se pone tensa y me obligo a sonreír para no despertar sospechas de lo
que me está sucediendo.
—Estoy algo cansado, amor. Quisiera ducharme.
—Claro, luego subo a hacerte compañía —Arya me deja ir, y una vez que estoy solo en
medio de las escaleras, golpeo la baranda con mi puño.
¿¡Cómo puede ser posible!? ¿¡Por qué ella está aquí!?
Más tarde, luego de tomar la ducha, salgo envuelto en mi toalla, encontrando a Arya
doblando mi ropa para guardarlo en el armario.
—¿Y qué opinas? —me dice, en lo que seco mi cabello.
—¿Sobre qué?
—Ay tontito, hablo de María, es un encanto, ¿no lo crees?
—Pues creo que es una tontería. No la conocen. Tu hermano no debió casarse tan
pronto.
—Pero si la conocemos. Ella es la estudiante que ayudamos con sus estudios.
—¡Es igual! —me exalté—. ¡No debió casarse con ella! Q-quizás sea una interesada.
—No lo creo, se ve muy buena persona.
—Sé lo que te digo, Arya. Esa mujer solo quiere sacar provecho. No confien en ella.
———————
POV Pax
—¿Qué haces con eso?
Veo a María tomando las almohadas y mantas de la cama para armar una cama
improvisada sobre el sillón.
—Voy hacer una alfombra mágica para volar —me contesta, pero luego cambia su
respuesta—. Dado que me han instalado aquí, armo mi cama.
—Dejate de tonterías —me acerco a tomar las almohadas y regresarlas a la cama.
—Oiga, no…
Ella trata de quitarme las almohadas, pero no me gana en fuerza y termino por devolver
todo a la cama.
—Usa la mitad, yo vendré luego y ocuparé la otra mitad.
—No voy a dormir en la misma cama que usted.
—Pues lamentablemente solo hay una cama.
—Está el sillón.
—Los empleados vienen por la mañana, no puedo arriesgarme a que te vean dormir en
el sillón. Solo será por esta noche, después hallaremos una solución.
—Pero…
Sus manos se apretaron a su ropa.
¿Estaba nerviosa? Pero si ya estuvo casada, esto es absurdo.
—No voy a tocarte, no tengo la intención de hacerlo.
Pero María volvió a tomar la almohada.
—No confío en usted.
—¡Oye! —trato de quitárselo sin ser brusco, pero en el forcejeo, caigo sobre ella en la
cama.
Sus piernas están alrededor de mis caderas, y sus mejillas están sonrojadas, me mira
fijamente, mientras mis brazos están a sus costados, entonces… Veo sus labios rosas
semiabiertos.
Sí, es muy linda, lo admito, pero esto no está bien. No puedo romper mi palabra en la
primera noche.
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Capítulos 7 - El no es mi esposo
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Es una escena embarazosa, no sé por qué creí que al abrir las piernas me escaparía de
la colisión, sin embargo, resultó peor.
Pax está sobre mí, su cadera presiona contra mí centro, estamos a centímetros de que
nuestros rostros se encuentren, y al parecer ninguno reacciona del todo, hasta que lo
veo pasar saliva, y alejarse en tan solo un instante.
Me da la espalda, no da más batalla sobre las almohadas y mantas, simplemente toma
un cojín del sillón y lo pega a su entrepierna, para luego decir: Haz lo que quieras.
Salió de la habitación sin soltar el cojín, y solo cuando estuve sola, me levanté para ir al
baño y mojar mi cara.
—¿Qué pasó? —le pregunto a mi reflejo en el espejo—. Aún no puedo creer que todo
esto esté pasando en un solo día. Primero este matrimonio inesperado, luego ese
detestable y ahora esta incómoda situación, ¿qué sigue?
Exhalé largamente, apoyando mis manos en el lavabo. ¿Realmente podré vivir en
medio de esto por dieciocho meses? Y más sabiendo que ese sujeto resultó ser el
esposo de Arya.
—¡Debí decirle las cosas en la cara! Al menos advertirles de la clase de hombre que es,
pero…
Bajo la cabeza y soy más realista.
Es una gran tontería que le crean a una que recién llega a su casa, cuando es evidente
que a él lo conocen más tiempo. Odio decirlo, pero él tenía todas las de ganar,
además, Arya se ve tan ilusionada con él. Cuando me habló de él, fue como si
describiera a un ser totalmente opuesto al que yo conocí.
—Bien, sé que este matrimonio solo será temporal, pero eso no quiere decir que quiero
vivir en una pesadilla de año y medio.
Estaba decidido, así arriesgue mi cabeza, diré quien es Zack, ya sé que es imposible
que crean en mí, pero al menos mi conciencia estará más tranquila.
Regresé a la habitación, encontrando a Pax recostado en el sillón que no me dejó usar,
no llevaba mantas ni almohadas, aún así se quedó con los ojos cerrados.
—Mañana se lo diré —dije en mis pensamientos.
Me acerqué a la cama, tomé una de las sábanas y la coloqué sobre él.
Incluso dormido tiene cara de haber recibido malas noticias, pero siendo sincera,
¿quién podría sonreír en un día como este?
Luego de cambiarme a uno de mis pijamas, me acomodé en la cama, estuve despierta
por algunos minutos, mirando como Pax se removía en el sillón. No se veía cómodo,
sus piernas estaban apoyadas en el suelo.
Yo cabría perfectamente allí, pero él fue el necio.
Después de estar contemplándolo durante un buen rato, me quedé dormida, me
asugaría de despertar temprano, para así decirle a Pax que regrese a su cama y que
nadie en la casa sospechara la verdad de este matrimonio, pero nada resultó como lo
pensé.
—¿Cómo?
—Creí que te lo diría, salió en la madrugada con sus maletas —Arya acababa de
revelarme que Pax se había ido por un mes, el cual probablemente se extendería.
Ahora logro recordar que en la junta se había previsto sobre la alianza que haría el
grupo Palmieri con una cadena de T. V. en otro país, pero esto era parte del trabajo, son
sacrificios que se deben hacer.
—Bueno… —suspiré—. Arya, hay algo que quisiera hablar contigo, no sé si me pudieras
dar unos minutos de tu tiempo. Te prometo que seré muy breve, pero necesito que me
prestes toda tu atención, porque es algo muy importante.
—¿Mi hermano te faltó el respeto anoche?
—No, no se trata de eso, pues realmente no ocurrió nada importante. Debo admitir que
se comportó adecuadamente. Lo que te tengo que decir se trata de un tema delicado.
—¿De qué?
—Arya, en realidad…
—¡Pero qué maravilla! ¿Cómo amaneció la mujer más hermosa y bella que ha pisado
este mundo de simples mortales?
Como si supiera lo que yo estaba a punto de decir, Zack apareció desde las escaleras,
estirando sus brazos para bajar a abrazar a Arya.
—Amor, no estoy sola —contestó Arya, sonriendo entre dientes, pero dejando que él la
abrazara desde la cintura.
—Oh cierto, ¿cómo amaneció la recién casada? Imagino que tiene muchos planes con
mi cuñado.
—Ay amor… Lo que sucede es que Pax tuvo que viajar.
—Qué mal… Eso no es tan bueno para un matrimonio que recién inicia, ¿verdad? En
todo caso hubiera sido ideal que él llevara consigo a su esposa.
Pude notar el cierto tono de burla que él utilizaba al dirigirse a mí, sin embargo, si creía
que esto iba a bajarme la autoestima como lo hizo en aquel tiempo en el que yo fui su
esposa, estaba muy equivocado.
—El hecho de que una pareja esté junta, no significa que todo ande bien. Además él
viajó por negocios, no por placer ni diversión.
—¡Vaya, qué sorpresa! Mi cuñado tiene una esposa con su mismo carácter, dicen que
cuando dos personas de igual actuar se juntan tienen muchos problemas. Realmente
espero que no sea su caso señora.
—Despreocúpese, no lo será. Tengo la confianza suficiente en mi marido, además mi
esposo ha sido claro en decirme que prefiere que sea así de respondona, y si me
disculpa, debo cambiarme para ir al trabajo.
—Oh espera, María. Había algo que querías decirme, ¿verdad?
—Prefiero decírtelo en otra oportunidad, es algo privado entre ambas.
Regresé a mi habitación donde empecé a sacar la ropa del armario qué usaría el día de
hoy.
—Qué inoportuno tenía que ser, ¿por qué alguien como él tenía que ser esposo de una
persona tan bella como Arya? Es un…
Sorpresivamente, las puertas de la habitación se abrieron con velocidad, para luego
cerrarse con seguro.
Di la vuelta con prisa, hallando a Zack con el ceño fruncido.
—¿Qué demonios haces?
—Shh… —me hace la señal con su dedo en sus labios—. Antes de que digas una sola
palabra más, He venido a dejarte algo muy claro.
¿Acaso había venido con sus amenazas? ¿Es tan tonto como para creer que voy a
dejarme manipular a su antojo como cuando tenía diecisiete?
—Escucha, no sé ni me interesa lo que tengas que decirme. Entre tú y yo no hay
ninguna conversación pendiente, así que hazme el favor de salir por esa puerta, que
esta es la habitación de mi marido la mía, por lo tanto, a no ser que seas un empleado
de esta casa, no puedes ingresar.
—María, estás mal interpretando las cosas, no son como tú crees, aunque te parezca
mentira, realmente me preocupas. Yo sé que tu matrimonio es una simple farsa, y vas a
salir lastimada.
—¡Que descarado! ¿Te atreves a cuestionar mi matrimonio? ¿¡Quién te crees!? ¿¡Qué
derecho tienes!? ¡Eh! Preocupate por tu matrimonio y déjame en paz. ¡Me destruiste!
¿Y dices ahora preocuparte? ¿Acaso no tiene sangre en la cara?
Realmente quise mantener la calma, pero no pude contenerme al oír lo sinvergüenza
que puede llegar a ser.
—María, ya sé que esto puede parecerte una locura, pero realmente he cambiado. Soy
consciente de mis malos actos y el daño que te hice, por eso me siento responsable al
decirte que este matrimonio no va a traerte nada bueno, no sabes realmente quién es
Pax.
—¿
Así que quieres usar el chantaje emocional conmigo, Sabes que no te va a funcionar
¿verdad? O simplemente temes que le diga a Arya la clase persona que eres.
Él tensó los puños, creí que soltaría su verdadero carácter, pero se mantuvo sereno.
—Todo el mundo tiene derecho a cambiar María, tal y como te lo he dicho, no soy
perfecto y he cometido demasiados errores, pero todo eso se acabó. Arya es especial.
—Las personas como tú no cambian, sé de lo que eres capaz. Usas una máscara de
tipo confiable, amable, respetuoso y caballero para ganarte el favor de una dama, y
cuando al fin la tienes, sueltas todo el veneno que tienes en la sangre.
—María, errar es humano y perdonar es divino. Soy un hombre nuevo, ¿acaso no tengo
derecho a una nueva oportunidad? ¿A enmendar mi vida? Recuerda a aquél ladrón que
se arrepintió de sus pecados cuando fue crucificado, pues yo también he sido tratado
de esa manera, tal vez no tenga clavos en mis manos, pero sí los estragos de mi vida.
Lo he perdido todo María, mi riqueza, la pequeña herencia que tenía, así como mis
propiedades, todo se perdió.
—¿Se perdió o te lo quitaron?
Por un instante pensé en Annet.
—No sería correcto de un hombre hablar de una mujer, no te imaginas lo mal que me
sentí luego de lo que ella y yo te causamos ese dolor.
Realmente él quería mostrar lástima, y su rostro lo expresaba muy bien, sin embargo,
yo no le creía absolutamente nada. Sé de lo que es capaz, mas no puedo ser tan tonta
como para decírselo en su cara.
—De acuerdo —fingí tragarme su cuento—
. Si te volviste un nombre de bien y Dios te perdonó por todo lo que hiciste, pues te
aplaudo, y si realmente amas a Arya, espero que su relación sea duradera y estable,
pero te voy a pedir un único favor.
—Adelante, haré lo que esté en mis manos.
—Evita poner tu presencia cerca de mí, no voy a ser tan hipócrita y fingir que somos la
familia perfecta. Sigue fingiendo no conocerme, y si me disculpas, tengo que ir a mi
trabajo, así que, hazme el favor de retirarte.
Por su expresión parecía que no esperaba esa respuesta de mi parte, apretó los labios
y asintió con la cabeza, saliendo de la habitación sin decir una sola palabra más.
—Que sujeto tan desagradable —dije, estando sola.
Me senté en la cama, tomando aire para calmar este mal humor, hasta que noté una
hoja sobre la mesa de noche.
Estiré mi brazo y leí las líneas.
—Es de Pax —susurré.
—Solo te informo que me voy por un mes, como te dije antes, tienes el derecho de
hacer y deshacer lo que quieras en casa. Todos deben creer que eres la señora y ama.
Encontrarás en el primer cajón unas llaves que dan a cada rincón de la casa, salvo una
que a la que yo tengo en único acceso, por lo que no está de más decirte que no te
acerques ni vayas al ático. Hablo muy en serio, es una orden que todos tienen
impuesta, y nadie será la excepción.
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Capítulos 8 - El no es mi esposo
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Llegar a mi oficina es un acto que disfruto, amo mi trabajo. Es lo que quise.
—Jefa, la esperamos en edición, ya tenemos listo el último producto —me informa mi
asistente, mientras dejo mi bolso en uno de los casilleros.
—Estaré allí en un momento —contesto, cuando de repente recibo una llamada.
Me apresuro en contestar y veo el número de Pax.
—Hola —respondo.
—Imagino que ya leíste la nota que te dejé.
—Sí, la leí antes de salir al trabajo.
—Muy bien, pero no está de más recordártelo. Haz lo que quieras, pero mantente
alejada de ese lugar.
—¿Pero por qué? ¿Acaso tienes cadáveres allí?
—Tú solo obedece, no me importa lo que hagas en la casa, incluso fuera de ella, pero
ni se te ocurra subir al ático.
—¿Tú has oído hablar de ese dicho del gato?
—A mi me valen tres rábanos el mentado refrán del gato. Es una orden, María.
Recuerda que esto es un contrato y sigo siendo tu jefe.
—¡Está bien! No he dicho nada.
—Ahora, a lo segundo que te llamé, ¿cómo está mi hermana?
—Ella está bien, se quedó en casa con su marido.
—De modo que la haragán sigue en casa, ya lo suponía. Ese tipo solo es un dolor de
cabeza andante.
Por primera vez estoy de acuerdo con él, pienso exactamente lo mismo de Zack.
—Bueno, ya debo irme, también trabajo aquí.
—Escúchame, llamaré todos los días a esta hora, tienes que contestarme.
—¿A esta hora? Pero es el momento en el que empiezo el trabajo.
—Es la única hora en la que tengo tiempo libre, así que, no hay otra opción.
—¿No podrías llamarme en la noche? Así te podría dar un informe completo todo el día.
—He dicho que no, María.
A pesar de no estar frente a mí, puedo suponer que trae esa cara toda seria.
—Pues tendrás que esperar. No soy una máquina contestadora, puedo retrasarme, así
que si no te contesto en la primera llamada, sigue intentándolo, que en algún momento
del día podré contestar.
—María, tú me estás entendiendo.
—¡Por supuesto que lo entiendo, más bien creo que el que no me entiende es otro!
—¿Estás alzándome la voz?
—Bueno, usted quería eso, ¿verdad? No le gustan las personas que son sumisas y
calladas.
—María, una cosa es que seas de carácter fuerte, y otra que me faltes es el respeto.
—Me encantaría seguir hablando con usted, pero me están llamando.
—¿Pues quién te llama?
—Mi esposo —lo digo a propósito—
Ya lo sabe, acabo de decírselo hace un momento. Tengo trabajo, adiós.
Guardo mi celular en el bolso después de colgar la llamada. Puedo imaginar la cara de
rabia que debe estar haciendo en este momento, pero le resto importancia. Él sabe el
horario que yo manejo, por lo tanto, debería tener consideración..
—Jefa, la esperan —me vuelven a llamar, y tengo que ir.
——————————
POV Zack
—Pero yo quería que te quedaras un poco más.
—Yo también quiero hacerlo, amor. Pero quedé en reunirme con un cliente cuando
regresara.
Arya ajustó mi corbata, y se puso de puntillas para besar mis labios.
—Pobre de mi amorcito, siempre tan trabajador y preocupado.
—Sabes que me encantaría quedarme y pasar todos los momentos contigo. Este
tiempo que he estado fuera no he hecho otra cosa más que pensarte y extrañar esa
boquita tan dulce que tienes.
—Yo también te he extrañado mucho, mi amor, especialmente en las noches frías,
donde necesito tu calor para abrazarte y dormir juntitos.
—Bueno mi amor, ya habrá tiempo, pero ahora debo irme, se me hace tarde.
Antes de que Arya me salga con alguna de sus ideas, decido apartar sus manos de mis
hombros y retroceder hasta tomar mi maletín.
—Nos vemos en la noche —me dice.
—Ten por seguro que estaré antes de la noche, mi vida Ten un hermoso día por mí, te
amo —le respondo antes de salir por la puerta.
Camino por el largo pasillo que me lleva a las escaleras, saco en ese momento mi
celular para responder el mensaje insistente, cuando miro una foto no puede evitar
morder mis labios y que la sangre se me ponga dura en la entrepierna.
—¿Llegará a almorzar, señor? —me pregunta Gretta, apareciendo inoportunamente al
pie de las escaleras.
—No, tengo otros asuntos que atender, además comeré muy bien fuera. Atiende a mi
esposa, que parece estar aburrida por estar tanto tiempo sola.
—Lo haré, señor.
Sacando las llaves de mi auto, salgo afuera, mientras recuerdo el último viaje que tuve.
Uno de los mejores donde todo fue perfecto, sin tener los mensajes o llamadas de Arya
interrumpiendo.
—Llegaré en un instante, espérame preparada —le mandó un mensaje de voz antes de
conducir.
Tengo que manejar lejos de la ciudad, pues no puedo arriesgarme o que alguien me
descubra, sobre todo porque la familia de Arya es ampliamente conocida.
Pero luego de varios minutos de manejar, finalmente llego al lugar que ha sido testigo
de más de uno de nuestros encuentros.
—Estás hermosa —le digo, cuando apenas ella abre la puerta y me recibe con un beso
en los labios, razón que me lleva a tirar mi maletín dentro y cargarla en mi cintura,
cerrando la puerta de una patada para que ocurriera lo que debía pasar.
Annet, esta mujer cuyo cuerpo es como la miel, tan dulce, suave y exquisito.
Ni siquiera nos da tiempo a llegar a la habitación, simplemente desatamos nuestros
deseos en el sofá del recibidor, hasta que nuestros cuerpos cayeron agotados del
placer mutuo.
—¡Santo cielo! Hoy has estado como un toro salvaje, ni siquiera en el viaje estuviste así
—afirma mordiendo sus labios, mientras aún está desnuda sobre mi pecho.
—Digamos que pasó algo que no esperaba.
—¿No me digas que Arya te provocó todo eso?
—No, pero ni te lo imaginas.
Solo de recordar, vuelvo a sentir las ganas de poseerla y está vez me la llevo a su
habitación, donde continuamos con la segunda parte.
——————————
POV María
Siendo ya de noche y después de salir del trabajo, el taxi me deja cerca al café en el
que había citado a Keith.
Y no es ninguna sorpresa cuando veo a mi amigo esperándome fuera del café.
—¡Hey! —dice, levantando la mano para llamar mi atención.
—Lamento la demora, tenía que hacer algunas cosas en la oficina —me excuso.
—Eres la única mujer a la cual espero, pero que no se te haga costumbre. Soy yo quien
las mantiene ansiosas.
—Por supuesto —le sigo la corriente—. Vamos adentro, antes de que me arrepienta de
haber venido.
—Las damas primero.
Apartamos una mesa en la que después de que atienden nuestros pedidos, Keith bebe
su café para luego prestarme atención.
Bueno si me citaste aquí es para contarme algo importante No creo que solo hayas
querido venir a ver mi cara de profesor —él bromea y vuelve a beber su café.
—Me casé —le respondo sin tanto rodeo, provocando que el café en su boca termine
salpicando en la mesa.
—Creo que escuché mal, debo estar teniendo alucinaciones, o tal vez corregir los
exámenes de esos demonios me está dejando el cerebro afectado.
—No has escuchado mal. Ya te lo he dicho, me casé.
—No puedo creerlo —dice atónito
—No me dio tiempo ni explicarte, todo fue muy rápido y…
—¿No me invitaste a mí? ¿A tu mejor amigo? ¿A tu casi hermano? Yo que tanto te
quiero y te aprecio como si fueras de mi sangre.
—Ay Keith, por favor no empieces…
—Bien, estoy exagerando. Solo trato de procesar todo lo que acabas de decirme, ¿y lo
conozco? No, seguro ni lo conozco, si tú no tenías novio.
—Pax —respondo, llevándome una cucharada de mi pastel a la boca.
Él me mira con confusión, pero luego termina riendo.
—Qué curioso, se llama como tu jefe, el señor Palmieri, ¿verdad?
—Mi esposo es el señor Palmieri.
Observo a Keith abrir la boca para decir algo, pero luego la cierra, vuelve a abrirla y
nuevamente queda en silencio.
—Es el fin del mundo.
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Capítulos 9 - El no es mi esposo
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—¿Por qué lo hiciste? —Keith se muestra muy interezado y a la vez preocupado—.
Espera… Te está obligando, ¿verdad? o acaso te emborrachó y terminaste envuelta en
alguna anécdota de sábanas ¡Estás embarazada! ¡Yo lo mato!
—¡No! ¡Keith, no! —tengo que sostener su muñeca para que no salga a hacer alguna
tontería—. Ni siquiera sabes dónde está, y no estoy embarazada. Solo es un contrato
que durará un año y medio, me pagará y con ese dinero podré ayudar a mis niñas.
—Pues yo creo que estás haciendo un gran sacrificio. No sé… —vuelve a acomodarse
en su silla, resoplando en total desacuerdo—. Esto no va a terminar bien. María, al
aceptar ese trato estás perdiendo la oportunidad de conocer a otras personas. Mira, te
doy este consejo como si fuera tu hermano mayor, más que de amigo. Los hombres
somos unas bestias, te lo digo con total sinceridad, tal vez haya uno que otro que sea
diferente, pero la mayoría lo arruinamos cuando tenemos a una chica de buenos
sentimientos, y mira que yo no soy el más indicado para decirte esto, pero no quiero
que te lastimen. Sabes que soy hijo único y no tengo hermanos ni hermanas. Eres lo
más cercano para mí en ese aspecto. Cuando nos conocimos en la universidad
mientras yo era el ayudante del maestro, vi en tí algo muy especial, no eres como otras
muchachas, siempre te mostrabas con mucho empeño, con ganas de aprender más.
Yo también amo a Keith, pero es un amor especial de hermandad, y lo mejor de todo es
que ambos compartimos ese sentir.
—Hasta que el rector se enteró que estabas coqueteándole a su hija —le recuerdo.
—Bueno, ¿qué puedo hacer? Soy irresistible.
—Supongo que no habría ningún problema, si tan solo ella no hubiera sido una maestra
quince años mayor que tú, pero sobre todo casada.
—Son detalles, pero desde entonces no he vuelto a poner el ojo en casadas. Yo no
tenía idea que tenía esposo.
—Deberías poner el ojo a una buena mujer y sentar cabeza.
—María, yo soy un alma libre. Además no le hago daño a nadie. Las mujeres con las
que estoy saben lo que quiero y ellas también lo quieren, pero ya dejemos de hablar de
mí, y ahora que eres una mujer casada, ¿cómo te ha tratado él?
—Bueno, no sabría decirte con certeza. Apenas nos casamos ayer y hoy se fue a…
—¿¡Cómo!? ¿Cómo que se fue? ¿A qué te refieres?
—Se fue de viaje aproximadamente por un mes —le menciono, probando otro pedazo
de mi pastel—. Tal vez más, no estoy segura.
—¿No estás segura? ¡Es tu marido! Y aunque sea un contrato, debe estar cerca —
afirma, alcanzándome la servilleta e indicándome con su dedo que he manchado mi
barbilla.
Le agradezco con la mirada y acepto el papel.
—Eso no importa, el caso es quién está en esa casa.
—Después de todo lo que me has dicho, no me sorprendería que Satán viviera allí.
—Pues no estás tan lejos en la realidad. La hermana de Pax; Arya, es la esposa de Zack.
A pesar de que el café es liquido, él lo pasó con dureza, abriendo muy grande los ojos.
—¿Me estás hablando del maldito detestable? ¡Él estúpido que te maltrató!
—Keith, calmate —muchas personas nos observan y no es momento para ser tan
expresivos.
—No. Te tienes que divorciar —dijo, procediendo a sacar su celular—. En este mismo
instante voy a llamar a uno de mis contactos que es abogado, para decirte que te ayude
con los papeles del divorcio, que no puedes estar cerca de ese tipo.
—Lo sé, pero…
—Pero nada, María. Ese hombre te mantuvo prácticamente secuestrada durante un
año, es un verdadero peligro convivir con un sujeto así.
—¿Y tú piensas que yo voy a bajar la guardia? Tengo los ojos más abiertos que nunca.
Él nota mi determinación y seguridad, por lo que procede a guardar su celular.
—Está bien, eres una persona mayor que sabe tomar decisiones propias, pero —
tomando mi mano me obliga a mirarlo fijamente—. Si trata de aprovecharse, él o quien
sea, me darás aviso. Puedo ser una basura con las demás mujeres, pero contigo es
distinto, eres como una hermana para mí y ten eso presente.
A veces es bueno contar con algunas amistades y más si estas son como la de Keith,
que si bien tiene sus defectos sabe dar consejos.
El tiempo va transcurriendo día tras día, pero es algo complicado ser la señora de esta
gran casa. Todos los empleados esperan que de órdenes, aunque realmente no sé
mucho de esto, sin embargo, cada uno es paciente y cuando les pregunto su opinión,
se sorprenden, pues antes ellos solo estaban acostumbrados a obedecer y acatar la
orden. Claro, había una gran excepción, que no desaprovechaba en querer quemarme
con la mirada, que me ignoraba a propósito, mas no era algo importante para mí, a
diferencia de otra cosa que martiriza en mi cabeza.
Cada mañana que salgo al trabajo, no puedo evitar pasar por el ático, recordando una y
otra vez la advertencia de Pax.
Mi cabeza me dice que ni siquiera lo intente, que por mi propio bien no debería
averiguar lo que se guarda en ese lugar, sin embargo, mis manos quieren tocar y abrir.
—Tal vez no se dé cuenta si solo le doy una mirada, además si no hubiera querido que
me miraran, no me hubiera dicho.
No María, existe algo llamado privacidad, y por mi propio bien, pienso que es mejor no
saberlo. Ni siquiera es mi esposo en los demás sentidos. No tengo el derecho, esto
solo es un trabajo.
Me doy la vuelta para irme al trabajo, pasando por las habitaciones, de donde Zack sale
completamente cambiado.
—Buenos días —lanzo el saludo sin detenerme a si quiera mirarlo.
—María… —le escucho llamarme, mas sigo de largo—. María puedo llevarte —dice
desde las escaleras, cuando ya estoy en camino a la cocina para llevarme algo de
comer en el camino.
Tomo dos manzanas que están en el cesto, pienso guardarlas en mi bolso, pero Zack
aparece detrás de mí. No lo miro, pero sé que es él porque acabo de escuchar sus
pasos.
—No necesito tu ayuda, puedo tomar un taxi.
—¿Qué caso tiene? Es decir, también voy a Palmieri, puedo llevarte.
—¡Pues ni en tus sueños! —le respondo, encarándolo—. Prefiero ir caminando con el
sol infernal sobre mi cabeza, antes que ir contigo.
—María, entiendo que aún no confías en mí, pero llevemos la fiesta en paz. Hagámoslo
por Arya, ¿sí?
—Pues vive tu fiesta solo. No confundas las cosas, y mantén tu presencia lejos de mí.
No debo perder la compostura, pero me enoja su descaro.
—¿Zack? Cariño mío, ¿dónde estás?
Ambos escuchamos a Arya buscándolo.
—Contéstale. Si quieres hacer algo bueno, hazlo con ella, tu esposa.
Salgo de la cocina, encontrando a Arya llamando a su esposo.
—Está en la cocina —le respondo.
—Oh, pensé que ya se había ido. Gracias, María, iré a la oficina. Pax me llamó en plena
madrugada.
—Parece que el horario es distinto al de nosotros.
—Lo es —me confirma Arya.
—Imagino que por eso me llamó en pleno horario laboral.
—Seguro le preocupas —me sonrie.
—Le preocupas tú, no dejó de preguntarme por ti.
—Ay, seguro eso solo era una excusa. Así son los hombres, nunca admiten lo que en
verdad buscan.
—Dudo que ese sea el caso de tu hermano. No lo conozco bien, pero sé que no
despierto ni el más mínimo interés en él, y no hay ningún problema. Sé de qué se trata
este matrimonio.
—Ay María —ella acomoda un mechón que cayó de mi frente—. Yo sí quisiera que
fueras mi cuñada por muchos años más.
Ella me dejó con esas palabras antes de irse. Lo cual era un gran disparate. En primer
lugar, para que eso ocurriera, debía haber amor, aunque sea enamoramiento, pero eso
no existía. Muy bien, él es atractivo físicamente, pero… No lo amo, eso sería demasiado
pronto y loco.
—Es absurdo —niego con la cabeza, volviendo a ponerme en camino a la salida.
—————————
POV Pax
Ni siquiera estando lejos puedo estar tranquilo. Estoy imbéciles no pierden ningún
instante para dejar de mandarme sus mensajes.
Decido guardar el celular, en lo que vuelvo a poner atención a la computadora.
—¡Hijos de perr@! —gruño, golpeando el escritorio—. ¿Creen que pueden amenazarme
levantando un rumor de mí?
En este mundo donde mi vida ya no podía ser privada, la competencia estaba
dispuesta a ponerme en el ojo de la tormenta.
Pero los muy idiotas no sabían que la mujer con la que querían sacarme esas fotos, era
María.
Pobre de la que había escrito ese artículo.
—Annet Canale.
Su nombre me pareció conocido, pero decidí no darle tanta importancia.
Fácilmente podría llamar a mis agentes para que detengan esas portadas, pero preferí
dejar que ellos se arruinen. Será agradable ver cómo ellos se enteran que María es en
realidad mi esposa. Los que quedarían en ridículos serían ellos por no investigar bien.
A mi nadie va a derrotarme, no tengo ninguna debilidad de la que ellos puedan
colgarse. Podrían atacarme como quieran, decir lo que les plazca y ni el polvo de la
rendición se acercaría a mí.
Las semanas no se detienen, y precisamente el lanzamiento de la revista coincide con
mi regreso. Tengo interés en leer todo lo de esa revista y burlarme con tantas ganas.
Mi avión privado me ha traído de regreso. Los negocios han sido cerrados. Estoy bien
con lo realizado, los nuevos proyectos y franquicias que adquiere el Grupo Palmieri,
serán aún mayor motivo de desesperación para la competencia.
Eso les enseñaría a no meterse con un verdadero hombre de negocios.
Después de tomar un taxi, llego a mi casa, nadie me recibe, pero eso no es importante.
Lo emocional nunca me afectó, de hecho es lo mejor. La soledad es silencio, y el
silencio es perfecto.
—Pero primero, un baño. Estoy apestando a sudor —me digo, pretendiendo llevar mis
maletas a mi habitación.
Puedo imaginar que Arya y su marido están en alguna salida de pareja y los empleados
en su día libre. Después de todo nadie sabía que llegaría hoy.
Estoy por entrar a mi habitación, mas de pronto, oigo unos gemidos que salen desde
adentro.
Mis ojos se abren con dureza y mi sangre se vuelve fría, un escalofrío recorre mi espina
dorsal, hasta que abro y encuentro a María…
—¿Qué demonios? —digo, dejando caer mis maletas.
—Pax… A-ayudame —logra decir, esforzándose por respirar, mientras trata de ponerse
en pie, ayudándose de la cama—. La caja… caja… —me indica, por lo que de inmediato
voy y saco el broncodilatador. Ella asiente con la cabeza y estira su mano.
Al dárselo, lo lleva rápidamente a su boca y hace uso del objeto.
No estoy seguro de lo que sucede, ni sé cómo actuar, pero me mantengo cerca, hasta
que unos minutos después, ella parece ir recuperándose.
—¿Qué fue eso? —le pregunto.
—Es un ataque de asma, creí que los había controlado, pero empecé a hiperventilarme
por esa cosa horrible. Un momento —se detiene, al percatarse que en verdad estoy
aquí—. ¿En qué momento llegaste?
—Hace poco. ¿Pero a qué te refieres con cosa horrible?
—A esto —ella busca en la cama, pero no lo encuentra, hasta que se levanta y toma la
revista que yo había estado esperando leer —. Esa cosa dice más de una barbaridad de
mí, y todo es falso. Son solo suposiciones tontas. Me enojé, porque esto puede llegar a
manos de mis niñas o de la madre… ¿Qué clase de ejemplo seré?
—El de siempre.
—¡Pero me llaman tu amante!
—Bueno, estás casada con un hombre que sale en fotos, revistas, pantalla y más.
—¡Claro! Que fácil es para ti. La sociedad no dirá nada de ti, pero me atacarán a mí.
—La sociedad siempre ha sido así, no creas que esto es fácil. Esto solo es una probada
de todo lo que enfrenta una persona conocida. Levanta la cara y sigue adelante. No
esperes ni busques consuelo, te advertí de tus deberes como mi esposa. Bien, este es
uno de ellos.
—¿Es todo lo que dirás?
Me levanto para salir de la habitación, pero ella me sigue.
—Francamente, ahora entiendo la razón de que no hayas podido casarte antes. Eres
peor que un glaciar, un hombre intolerable.
—Ni siquiera me conoces.
—No hace falta, eres tan predecible, que ya puedo saberlo. ¡Señor orgulloso!
—¿Qué has dicho? —me doy vuelta para confrontarla—. Atrévete a repetirlo.
—Ya me escuchó, o prefiere que lo llamé Señor Gélido, Señor cara de ogro, y quizás
cubo de hielo. Salga de su congelador y al menos deje que el sol lo derrita un poco.
Verá que su humor cambiará. No hace más que estar todo serio, mire que fácil es
sonreir.
Ella sonríe, intentando ser un ejemplo.
—Estoy hirviendo de rabia por esa revista, pero no puedo dejar que eso me borre la
sonrisa, usted debe ser igual o también quiere que le enseñe.
—No me hagas perder el tiempo.
Pretendo salir, pero ella se para delante de mí.
—Mire, demuestre que estoy equivocada, y si me sonrie, dejaré de lado esa revista.
—Apartate, María.
—Pero es muy fácil, le ayudo.
Sorpresivamente, ella intenta tocar mis mejillas, mas logro sostener sus muñecas y
mirándola con frialdad, ella sabe que ha cometido un gran error.
—Oiga, devuélvame mi mano, me la va a arran… ¡Mmm! —no termina, pues la pego a
mi torso.
—¿Quieres ver que tan frío soy?
—¿Qué está diciendo? Se golpeó la…
No dejo que responda, simplemente todo lo que hago es sorprenderla con un beso con
el que quería callarla, pero que termino profundizando.
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Capítulos 10 - El no es mi esposo
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Todo lo que recuerdo es que hace un momento estaba enojada por esa revista donde
difama a mi persona, acusándome de ser amante de Pax, cuando ni siquiera nos
tomamos las manos.
Pero de un momento a otro, todo cambió de gran manera.
Estaba congelada ante su reacción, creí que gritaría y me echaría de la habitación, sin
embargo… Tengo a Pax en este momento sosteniendo mis muñecas, sin darme lugar a
poder escapar, porque está besándome como si relamente fueramos un tipo de pareja
común.
Mi cabeza da mil excusas sobre que esto está mal, debo alejarme, salir de esta
habitación, se supone que esto solo es un trabajo, que los besos no aportan nada,
entonces, ¿por qué lo hace?
—¡Ah…! —logro al fin ser liberada, solo para ver la expresión seria de Pax.
—No intentes volver a tocar a mi cara, está vez he sido muy amable, la próxima vez no
tendré contemplaciones.
—Estás demente —le respondo—. ¿Y por eso me besas?
—Tenía que callarte de algún modo, me vuelves loco con tantas palabras. ¿No puedes
pasar al menos cinco minutos en silencio?
Tensé mis labios y lo miré con dureza. Con mi muñeca que ya era libre, limpié el rastro
de ese calor en mis labios.
—¡No lo vuelvas a hacer! No tienes derecho a hacerlo.
—Claro, imagino que en todo este tiempo has de haber disfrutado de los besos de tu
novio, ¿cierto?
¿Novio? La gran pregunta rebotando en mi cabeza, hasta que recordé que cuando él
me propuso esta locura, le dije que tenía un novio.
—¡Tu viaje te derritió el cerebro! ¡No existe tal novio!
—¿Y pretendes que te crea?
—Piense lo que quiera.
Fue mi única respuesta, saliendo de la habitación.
¿Cómo se atreve? ¿Qué derecho tiene? Es un descarado en toda su extensión. Pero es
tan orgulloso, que ni siquiera va a disculparse por haberme besado sin mi
consentimiento.
—Es un idiota.
———————————
POV Pax
Desde la ventana de la habitación puedo ver como ella sale de mi propiedad. Mi rostro
permanece imperturbable, hasta que desaparece de mi vista.
Retrocedo de la ventana, caminando de regreso a la cama, de donde tomo la revista
que María tenía hace un momento.
Volví a abrir las páginas para leer su contenido. En realidad, se hablaba muy poco de
mí, habían más fotos de ella, mostrando su antigua vivienda y de ser una
"cazafortunas"
—Mierd@, ni siquiera debería hacer esto —digo con fastidio, mientras ya tengo el
celular pegado a mi oreja.
…
Luego de hacer una llamada que solucionaría la gran estupidez que había sido
publicada. Saqué la llave que siempre guardo conmigo.
El ático estaba totalmente prohibido para todos. Nadie tenía idea de lo que había en
este lugar, mas ahora no podía darme el lujo que María y su curiosidad de gato
pudieran descubrirlo.
Rápidamente me puse en camino, estiré las escaleras plegables y al usar la llave,
comprobé que la cerradura había sido manipulada, como si alguien hubiera intentado
entrar a propósito.
Mi sangré se heló, mi furia hizo que apretara los puños y mis dientes rechinaron.
Solo el nombre de una persona se venía en mi mente ahora.
—Te lo advertí muy seriamente, pero no has comprendido que esto no es un maldito
juego.
Volví a hacer uso de mi celular, pero está vez llamé a María, ella no me contestó, es
más, apagó su celular, lo cual hizo que la verdadera frialdad se apoderara de mi
cuerpo.
—Su novio… —murmuré—. Ya verás lo que te espera, María. Esto ha sobrepasado mi
paciencia, y no te lo voy a dejar pasar.
POV María
—¡María!
Aquellas niñas que tanto amo, corren al verme llegar con las manos llenas de cajas y
bolsas.
—Mi pequeñas —sonrio con alegría, entregando las cosas que traje a las hermanas del
hogar, para poder recibir a mis pequeñitas en los brazos.
Todas ellas me rodearon y abrazaron, hasta el punto donde no mantuve el equilibrio y
caí de espaldas.
Ellas eran mi adoración, mi razón de estar bajo el techo donde era evidente que no le
agradaba a más de uno.
Donde la comida de Gretta era tan salada para mi plato, mi ropa quemada a proposito
con la plancha, cuando específicamente yo decía que podía hacerlo, pero ellas lo
hacían antes que yo.
—Basta niñas, están asfixiando a nuestra María.
Sosteniéndose de un bastón, la madre superiora se acerca en medio de nuestras risas,
pero cuando la observo, no puedo evitar que mis labios se ensanchen y que mis ojos se
critalicen de alegría.
Estaba de pie, la madre estaba de pie. Lo cual significaba que las medicinas estaban
haciendo efecto.
—¡Ma-madre!
Apenas logro levantarme, voy directo a abrazarla, sin contener estas lágrimas rebeldes
que brotan de felicidad.
—Mi niña… Eres toda una mujer adulta, pero sigues teniendo ese corazón de niñita —
dice la madre, pasando su mano por mi espalda.
—E-estoy feliz. Usted es mi familia, es mi mamá, es quien me crió, es quien cuidó de mí
cuando enfermaba. Me siento muy feliz de verla nuevamente caminar.
—María…
Ella toma mi rostro con la misma mano que tocaba mi espalda, y limpia mis lagrimas.
—Pese a todo, eres una muchachita muy amable. Nuestro señor te va a recompensar
con algo bello en la vida.
—Ya lo está haciendo. Las tengo a usted y a mis niñas.
—No mi pequeña. Yo hablo de otro tipo de recompensa, uno para tu corazón.
—Oh, yo no pienso en eso como prioridad. Soy feliz con ustedes, eso es lo que más me
importa.
Me acerco a las hermanas donde ya están entregando los presentes a las pequeñitas.
Cada una de ellas salta de emoción cuando reciben los obsequios.
Ver esas caritas iluminadas, es como verme a mí a esa edad, donde buscaba restos de
tela, hilo y aguja para hacer una muñeca improvisada. El hogar no podía costear
juguetes y muchas veces tuve que usar la imaginación, pero al final ni yo me quedaba
con esas creaciones pues Annet se mostraba tan emocionada cuando miraba el
resultado, que no podía evitar regalárselo.
Éramos tan unidas, parecíamos realmente hermanas. Yo me alegraba cuando ella
lograba alguna hazaña, incluso rechacé ser adoptada para poder quedarme con ella,
pensé que estaríamos juntas para siempre, porque así lo habíamos jurado, hasta que,
eventualmente pasaron los años y cuando ella tuvo la oportunidad de irse, no lo
desaprovechó. Me enorgullecí de ella, jamás le cuestioné el hecho de que ella hubiera
aceptado, pues la quería tanto que solo buscaba lo mejor para ella.
A veces me pregunto, ¿qué de malo hice para que me pagara de esa forma?
Me quedé con mis niñas pasando una tarde de juegos cuentos y más cosas que
disfrutábamos. Hasta que el sol fue ocultándose.
—María, ¿no quieres quedarte? Pronto anochecerá —dijo la más pequeñita que tiraba
de mi vestido.
—Bueno…
—A ver pequeñas, María es una mujer casada, tiene una casa y hay personas que se
preocupan por ella. No podemos pedirle que se quede, así que, todas ustedes dan
media vuelta y se van a lavar las manos para poder orar y comer.
Mirando el rostro de decepción de cada una de las pequeñas, me convenzo de que no
había nada de malo en que me quedara, después de todo, mañana no tendría que ir a
trabajar, no estaba haciendo nada de malo, y por lo visto Pax estaría más que feliz de
no verme la cara en todo el día.
…
Y así transcurrió toda la noche, hasta que llegó la mañana, donde ya iba a prepararme
para regresar, sin embargo, no me resistí cuando ellas me pidieron que me quedara a
desayunar.
Tomar leche fresca y el pan recién horneado era una de las cosas a las que no se le
podía dar un valor monetario, pero sí un valor nostálgico.
—María, ¿y cómo es tu casa? ¿Es enorme o es muy pequeñita?
—Bueno, en realidad no es mi casa, es la de mi esposo, y la de su familia, pero sí es
grande.
—Yo una vez vi en los cuentos de hadas unas casas tan grandes, donde las princesas
vivían. Tú eres como una de esas princesas.
La única vez que me habían llamado así, fue cuando conocí a Pax y me llamó Princesa
de lodo.
—Supongo que sí —les contesto mientras bebo la leche.
—Vamos niñas, dejan de molestar a María y tomen su leche.
—María, ¿podríamos ir a conocer tu casa? —preguntó aquella misma pequeñita que
ayer había pedido que me quedara.
—Cielo…
—Sí María, por favor queremos conocer cómo es tu castillo.
—Suficiente niñas, ya dejen en paz a María.
Realmente había mucha ilusión en cada una de sus expresiones, y creí que no sería tan
mala idea, después de todo, Pax me había dado la autoridad de poder decidir en la
casa, así que, no había nada de malo en que yo llevara unas cuantas visitas.
—No hay ningún problema, madre. Llevaré a todas las niñas a conocer el lugar donde
vivo.
—María, no es necesario. No queremos ser una molestia.
—No es ninguna molestia para mi, madre. Lo hago con mucho gusto. Llamaré a casa
para pedirle al chofer que las llevé conmigo.
—¡Oyeron eso! María va a llevarnos a su castillo —todas gritaban emocionadas. Nada
me costaba cumplirles ese sueño.
Y así sucedió, luego de que el chofer de la casa atendiera a mi pedido, fuimos
conducidas a la residencia Palmieri, ellas veían todo con gran asombro, era la primera
vez que veían adornos tan extraños y finos.
—Realmente es como en los cuentos de hadas.
—Desea alguna cosa más señora —me preguntó el chofer.
—No, por ahora no, pero a más tarde necesitaré tus servicios para que podamos
regresarlas a todas.
—Estoy a su servicio mi señora, no dude en llamarme. Ajustando su sombrero dio
media vuelta y nos dejó.
—Pueden mirar todo lo que deseen, solamente tengan cuidado de no empujar, ¿de
acuerdo?
—Sí María —contestaron al unísono.
—¿Pero que es todo este escándalo? ¿¡Quién dejó entrar a todas estas mocosas!?
Gretta apareció con el plumero en la mano bajando por las escaleras mientras miraba
a todas con rabia.
—Son mis invitadas —contesté parándome delante de ellas.
—Cómo se atreve a traerlas a una casa tan fina como esta, se ve claramente que ellos
no son de nuestra posición.
—Te recuerdo que yo tengo el poder y autoridad en esta casa. Eres quien se encarga de
la limpieza, así que, respeta a mis niñas y sigue con lo tuyo que yo soy la señora aquí
Gretta no soportó que yo le contestara de esa manera, y de tanto apretar el plumero,
quebró el mango.
—Espere que llegue el señor. No sabe todo lo que se le viene encima —sonrío con
satisfacción, dirigiéndose a la cocina.
—No le hagan caso, niñas. Pueden estar tranquilas, ustedes son mis invitadas.
No presté atención a cada una de las miradas que Gretta nos daba cuando volvía a
pasar delante de nosotras. Yo disfrutaba jugar con ellas, salimos al patio y corrimos,
me sentía de nuevo en mi infancia.
Hasta que empecé a cansarme y agitarme.
Sabía la razón y el cartucho estaba en la habitación de Pax.
—¿María? ¿Estás bien? —me pregunta, Gia; la pequeñita de cabellos rubios como los
míos.
—Sí, cariño. Volveré enseguida, sigue jugando con las demás.
Me fui a la habitación, donde busqué en el cajón, pero no encontré ningún cartucho,
¿dónde estarían?
Estuve buscando por toda la habitación, era difícil hacerlo con la sensación de que el
pecho se cerrara, pero eso no sería lo peor, pues empujando la puerta con rudeza.
Pax me miró con el infierno en los ojos.
—Si hay algo que detesto además del
matrimonio, son los niños... ¡Y tú
los traes a mi casa!
¡¿Qué tenías en la cabeza, María?!
—Ah... Son unas flores que las niñas
pusieron en mi peinado, bonitas
¿verdad? Además, soy la señora
de esta casa, no he hecho nada malo… —respiré hondo, tratando de llevar todo el
oxígeno que podía a mis pulmones.
—¡Eres un dolor de cabeza! ¡Fuiste tú quien trató de meterse al ático!
—S-solo tenía curiosidad. Además está con seguro, ¿cómo podría entrar?
—¡Te advertí que no lo hicieras!
—No es para tanto.
—¿No es para tanto? ¡No soporto a la gente entrometida!
Apuntándome con su dedo, señaló mi pecho.
—Nunca, pero… ¡Jamás vuelvas a meterte en mis cosas personales! ¡Recuerda tu
lugar, solo estás brindando un servicio!
Sé que eso es verdad, y ciertamente no tengo las fuerzas para discutir.
—¿Qué demonios tienes? —me pregunta al ver que mi respiración se acelera.
—Necesito mis cartuchos, pero creo que se acabaron.
Aunque está muy enojado, se da vuelta y saca una caja de su armario.
—Son las que usas, toma las que necesites y cuando termines, quiero mi casa libre de
todas esas niñas.
<< Previo
La puerta al cerrarse me deja desconcertada, y miro los cartuchos que
Pax me ha entregado.
—Estos son nuevos, no son los que yo tenía.
Ni modo, no puedo darme el lujo de desperdiciarlos, así utilizo uno
para poder liberar mis vías y volver a respirar sin tanto esfuerzo.
—Tengo veintitrés, sin embargo, parezco una anciana de más de
ochenta años con adicción al tabaco. Que maravilla, María —me digo
sarcásticamente, sin embargo, cuando estoy en el proceso de ir
recuperándome, veo por el espejo una tímida pequeña que me
observa con curiosidad.
—Gia —digo, levantándome de la cama—. ¿Qué haces ahí, cielito? Ven
aquí —la llamo, y ella entra a subirse a mis piernas.
—¿Estás bien, María?
—Por supuesto que sí, es mas ya casi bajaba para reunirme con
ustedes.
—¿No nos vas a echar?
—¿Qué? No, por supuesto que no, ¿de donde sacas eso?
—Es que el señor con el que estabas hace un rato lo dijo.
Fue cuando descubrí que Pax había alzado demasiado la voz y la
pequeña lo había oído todo.
—Lamento que escucharas eso, pero nadie se irá. Ustedes son mis
invitadas.
—Entonces, ¿no nos iremos?
—Claro que no, es más, vayamos todos a la cocina para comer una
pequeña merienda, apuesto que todas están agotadas.
Ella asiente tocando su estomago.
—Entonces no hay más que hablar, vamos a la cocina —me puse de
pie con ella en mis brazos—, porque yo también estoy hambrienta.
—María, te quiero mucho, ¿por qué no te quedas a vivir con nosotros?
—Bueno, la razón es que estoy casada y…
Al salir de la habitación, me encuentro a Pax, saliendo con el auricular
en su oreja, al parecer conversaba con alguien.
—¿Sigues aquí? —me pregunta.
—Así es, y mis niñas también. Son mis invitadas, así que si me
disculpas, tengo personitas importantes que necesitan de mi atención,
y si a alguien les molesta, pues que se aguante, porque yo recuerdo
cuando alguien dijo que tengo la libertad de decidir en esta casa. Claro,
a no ser que la otra persona sea un vil mentiroso.
Pax no responde, solo me mira con frialdad, por lo que lo tomo como
una respuesta.
Camino con Gia en mis brazos, quien mira desde mi hombro y luego
vuelve a verme para mover la mano como si estuvieramos en
problemas.
—Se ve muy molesto —me comenta.
—No tienes nada de qué preocuparte, pequeña.
Cuando respondo esto, Gretta pasa por el camino contrario, apretando
el pañuelo que trae en sus manos.
Inconscientemente sonrió, sé que ella esperaba que yo fuera
humillada, mas aún no sabe que así como puedo ser amable, tengo un
carácter que he construido en base al trato que he recibido.
El hecho de que sonría no significa que sea tonta, solo es mi respuesta
a la vida. No voy a volverme una amargada o llorona por lo que pasé.
Aquí estoy para recibir los golpes que deseen darme, pero que se
cuiden, porque también sé cómo devolverlos.
———————
POV Annet
—¿Cómo? Eso… Eso no puede ser verdad… —mi voz temblaba, mis
manos eran incapaz de mantenerse quietas, mientras escuchaba el
regaño de mi jefe—. ¡No puedes dejarme a la deriva! Lo hice por amor
a mi trabajo.
—¿Amor a tu trabajo? ¡Es un asco lo que has hecho! ¿Cómo se te
ocurre llamar amante a la esposa de Pax Palmieri?
—Pero no es mi culpa. Él nunca dio aviso de su matrimonio a la
prensa.
—¿Annet, realmente eres periodista? Te di la libertad de hacer este
trabajo porque me dijiste que eras muy profesional.
—¡Y lo soy! —grité con desesperación desde el celular, sin poder
evitar morder mis uñas. No iba a quedarme sin trabajo.
—Los superiores están muy enojados, y como yo soy tu jefe, los gritos
han caído sobre mí.
—Por favor… Te lo ruego, no me despidas… —empecé a sollozar
desesperada.
Él suspiró desde la otra línea.
—Escuchame. Tal vez logre hacer algo, puedo hablar con los jefes y
decirles que fue un error de imprenta, o que usaron otro artículo que
tú no enviaste. La culpa quedaría en los que produjeron la revista.
—¡Oh gracias! —fingí emoción y alegría.
—Espera, no te emociones tan rápido, deberás hacer algo más.
—Haré lo que sea, estoy dispuesta a todo. Solo soy una joven solitaria
que busca hacer bien las cosas.
—Perfecto, porque vas a escribir otro artículo pidiendo disculpas.
—¿¡Cómo!?
—Lo que escuchaste, Annet. Esa fue la condición de Pax Palmieri para
no demandarnos por difamación a su esposa.
—¡Eso jamás! Digo… No fue mi culpa, yo jamás iba a imaginar que esa
horrible mujer iba a ser la esposa de un hombre tan importante como
él.
—Pues debiste investigar, esa es nuestra labor antes de afirmar algo.
—Pero…
—Mira, por el momento niegalo todo. Le echaremos la culpa a otros,
además sabes como ganarte el afecto de los superiores, supongo que
eso te salvará de quedarte desempleada.
—Está bien… —contesté con una voz exagerada para causar lastima.
—Espera mi llamada, por el momento no te presentes. Haré que se
relajen y luego vienes.
—Gracias por todo lo que haces por mí, eres un hombre maravilloso.
Estaba segura que eso lo dejó sin palabras, pues el pobre hombre es
un tipo cuya esposa no le da ni la hora, así que una mínima dosis de
halago, lo volvía feliz.
—S-sí… Por favor, no vuelvas a cometer tal error, Annet.
La llamada finalizó, del mismo modo que mi tolerancia.
Apretando el celular entre mis manos, miré con odio al suelo,
imaginando la cara de María, por lo que para borrar su imagen, dí una
fuerte pisada con mi tacón.
—¡Maldita!
¿Cómo era posible que María fuera esposa de un hombre como él?
¿Por qué Zack no me lo ha contado? Si tan solo ese idiota me hubiera
prevenido, no tendría que volver a interpretar este papel de
sufrimiento.
Pero lo que más rabia me daba, era que ella; una simple mujer que
creció en un orfan@to como yo, tuviera esa semejante suerte de
quedarse con el premio mayor, mientras que yo solo debo
conformarme con las migajas de la basura.
—¡Esto no puede quedarse así! ¡Ella no puede estar mejor que yo!
Volví a usar mi celular, llamando a Zack, quien contestó casi al
instante.
—Ahora entiendo el descontento de mi cuñado, pero no imaginaba
que fuera a ser capaz de llamar a los jefes de su competencia para
amenazarlos con denunciarlos —decía mientras leía el artículo que yo
escribí en la revista.
—¿Por qué no me dijiste que María está viviendo contigo bajo el
mismo techo o que al menos estaba casada con el hermano de tu
esposa?
—Palmieri es un hombre que hace las cosas sin avisar, además, no
tengo que ir hablando de sus conquistas… ¡Y más si esa mujer es mi ex
esposa! —su respuesta fue acompañada de la tensión en sus puños,
como si le afectara que ella estuviera casada.
—¿Por qué permitiste que esos dos se casaran?
—Porque no tengo la autoridad suficiente para darle consejos a Pax,
además, yo me enteré que estaban casados cuando regresamos de
nuestro viaje. ¡Si tan solo…!
—Pero tienes la autoridad sobre la hermana de Pax, a ella nunca le
niega nada. Tú mismo me lo has dicho.
—¿Qué pretendes que haga?
—Mientele sobre María, haz algo que la lleve a desconfiar de ella.
—Eso es imposible, ellas se han vuelto muy cercanas.
—Pues piensa algo, ¿acaso quieres que tu sacrificio se vaya por la
borda? Si ella se queda, la herencia será de María y no tuya. Está a la
espera para robarte lo que debe ser tuyo; la fortuna Palmieri.
—Mis años de matrimonio… —murmuró—. Todo el tiempo que he
tenido que aguantar ser el esposo de una tonta… ¡No voy a dejar que
María provoque eso!
—Estoy contigo, mi amor. Sabes que te amo y que por eso me quedé
contigo después de que tu fortuna se desplomó.
Lo rodeé de los hombros, acariciando mi nariz con su nuca, a lo que él
giró para tomarme entre sus brazos y sentarme a horcajadas sobre su
regazo.
—Si tengo que tener diversión con mi esposa, primero dámelo tú —
sonrió con lujuria, a lo que respondí con un beso cargado de humedad.
—————————
POV María
Dos días después de que el artículo de esa revista diera la vuelta
entera sobre mi supuesto amorío con Pax, las miradas prejuiciosas de
los empleados no se hicieron esperar.
—Es una interesada, una z0rra, una vil gata que se sube a los
pantalones de los hombres —y esos eran los comentarios más suaves.
Podría pararme a explicar y decir que en realidad soy la esposa, pero…
¿qué caso tiene? No llevo mucho tiempo en este trabajo, y los
pensamientos no cambiarán.
—¿Jefa? —me despierta de mi pensamientos, Dan, quien trae los
gráficos que solicité.
—Oh, gracias. Esperaba esto.
—Sí, es la aprobación del público con respecto a las promociones
hechas en TV.
Acomodándome en mi silla, tomo lo que necesito, pero Dan sigue de
pie, rascándose la oreja.
—¿Pasa algo? —Le pregunto.
—B-bueno…
—Ah… Ya sé, seguro vienes a preguntar sobre si lo escrito en la revista
es real.
—No quiero ser un entrometido, si no quiere contarme está bien. No
soy más que un empleado más, cuya opinión no vale más que la de
usted.
¿Estaba nervioso?
—Dan, sé que nos conocemos solo un mes y unos pocos días más, que
es el tiempo que llevo aquí. Me caes bien, eres agradable, así que no
tengo problema en decir que entre el señor Palmieri, no existe nada.
—Pero los demás dicen que…
—A mi me interesa poco la opinión del resto. No vivo de lo que dirán
de mí, prefiero callar bocas con mi trabajo y no con chisme.
Dan asintió sonriente.
—El resto está equivocado, usted se ve una muy buena persona y sus
ideas nos han traído ganancias. Quizás sea la envidia lo que lleva a que
los demás hablen.
—Estoy acostumbrada a recibir la espalda, no tiene caso.
—Es bueno, tener a alguien cuerdo en esta área. El antiguo encargado
era el señor Zack, pero lo removieron del puesto. Su trabajo dejaba
mucho que desear.
Soy consciente que Zack tiene estudios, pero nunca fue responsable.
—Por cierto, dejaron esto. Es una invitación al restaurante de tres
tenedores de Gastón.
—¿A mí? ¿Y por qué?
—El señor que trajo esto, dice que es para hablar sobre una
colaboración que desea hacer con Palmieri.
—Pero esas reuniones no me corresponden, debería hablarlo con Pax.
—El jefe es algo intimidante, usted lo hará bien.
—Bueno, está a mi nombre y será a plena vista, supongo que no hay
riesgo.
Vi la fecha, sería el viernes en la noche.
Los días continuaron, Pax y yo no hemos vuelto a hablar.
Curiosamente hasta ahora no hemos compartido habitación más que
una sola vez, que fue cuando él durmió en el sillón, luego de eso se fue
de viaje, y ahora que está de regreso, llega muy tarde a casa,
durmiendo en la habitación de lado. Únicamente entra donde yo
duermo, para sacar su ropa y fingir ante los demás en casa que si
pasamos la noche juntos. Realmente parecemos dos desconocidos.
Únicamente le di aviso a Arya de que saldría esa noche, ya que Pax no
había hecho su aparición en casa, imaginé que no le importaría, pues
ni nos dirigimos la palabra.
De modo que, después de tomar un taxi que me llevara al restaurante,
bajé para entrar, di mi nombre a la reservación, y comprobaron que
había una mesa apartada para mí, pero que quien lo había hecho, aún
no llegaba.
Así transcurrió una larga y eterna hora, donde nadie llegó.
—Ya está lista para ordenar, señorita.
Decepcionada, me levanté a decir que no. Simplemente tomé mi abrigo
y salí.
—Seguro era alguna broma de mal gusto de los demás trabajadores de
la empresa.
Claro, eso tenía sentido. Por eso hicieron esa carta.
Caminé bajo la oscura noche, buscando algún paradero para tomar un
taxi, mas lo que encontraba era el silencio de la calle.
—A esta hora todos están durmiendo —froté mis hombros
desnudos—. Uy… quiero mi camita —tirité de frío—. Debo seguir
caminando, de lo contrario me congelaré.
Continué con mi caminata, pasando bajo los faroles de luz, iba algo
distraída, cuando unos pasos torpes se detuvieron frente a mí.
—¿¡Quién es!? —retrocedí—. Tome mi bolso, no me lastime, pero
cuando la persona se apoyó bajo el farol, reconocí esa mirada entre
azul y gris—. Pax —dije acercándome a él.
—¿Qué haces en la calle a esta hora? ¡Ugh! —mordió sus labios
evidentemente lastimados.
—¿Pero qué te pasó?
Su camisa y abrigo estaban con manchas de sangre, estaba todo
golpeado y cuando vi su pierna…
—¡Oh por Dios! Te apuñalaron…T-tienes que ir a un hospital.
—Puedo soportar esto —se hizo el fuerte.
—Oye, ya sé que tienes algo de demonio, pero esto es grave. No es
como si te hubiera caído de la bicicleta, estás muy mal herido, a penas
puedes estar en pie.
—Puedo llegar a casa solo, no necesito ayuda.
Este tipo estaba loco, no puedo dejarlo solo, no está bien.
—No hay un taxi por estos lugares, y veo que no traes tu auto.
—Las llantas se desinflaron, las dejé por algún lado.
Pensé en algo rápido, y sólo miré los moteles. Lugares donde las
personas pasaban la noche cuando no tenían donde ir.
—¿Qué haces?
—Ven conmigo.
Como él no tenía mucha fuerza para resistirse, lo llevé al motel, el
recepcionista nos miró con curiosidad.
—Tuvo una pelea —le contesté, para luego recibir la llave de la
habitación—. Disculpe, ¿tendrá alcohol, algodón, o algo para curar las
heridas?
—Esto no es una farmacia, hay una a seis calles que está abierta toda
la noche.
—Oh, ya veo.
Fue difícil, pero llevé a Pax a la habitación, lo dejé acostado en la cama,
en lo que saqué dinero de mi bolso para ir a comprar lo que
necesitaba.
Y caminar seis calles en tacones, con mi asma que quería volver, no
era lo mejor.
No sé cómo, pero lo hice. Regresé casi ahogándome, pero lo logré.
Al entrar, lo encontré aún despierto, pero no tan conciente.
Acomodé algunas cosas para que se sentara, y así limpiar sus heridas.
—Estás todo lleno de sangre, ¿qué te hicieron?
Pax limpió sus labios, retirando
parte de la sangre con su manga.
—No seas entrometida.
—¡Pues te aguantas! —lo regañé,
vertiendo más alcohol de lo esperado
en el corte que le hicieron.
—¡Ugh! ¿¡Tratas de matarme!?
—No creo tener tanta suerte, y mejor
callate que no estás en condiciones
de seguir con ese temperamento.
Limpié cada herida y cuando finalicé, toqué su frente.
—Estás algo caliente, afortunadamente también traje medicina.
Saqué de la bolsa las pastillas y el agua, ofreciéndole para que las
tomé.
—No voy a tragarme eso.
—Pues es esto o el hospital.
—Maldición… —murmuró, aceptando las pastillas.
—Ahora procura dormir, no te esfuerces tanto, estás todo mal herido.
Él no se resistió, pero al comprobar que solo había una cama, me
pregunto: ¿Y qué hay de ti?
—Estaré bien —le sonreí—. Solo descansa.
Entre el cansancio y los golpes que ha recibido, Pax se queda dormido,
y vaya que hay una gran diferencia cuando duerme. La seriedad
característica que su rostro siempre muestra, desaparece, y en su
lugar está un rostro bastante relajado.
—Al menos aquí pareces más humano —comento, pretendiendo
guardar las bolsas con la medicina restante, mas escucho un ligero
quejido que sale desde su voz, y de inmediato vuelvo, pensando que
estaba despierto, pero no.
Enciendo la luz de la lampara, solo para observar sus dientes temblar.
—Tendrá frío —me pregunto—. Llevando mi mano a su mejilla, pero
en su lugar descubro lo contrario.
¡Señor! Está hirviendo, debería llevarlo a un hospital, aunque por
alguna razón él se niega.
¿Qué hago? No puedo simplemente fingir que no ocurre nada.
Entonces recordé cuando yo era una niña y vivía en el orfanato con
Annet. Cada vez que ella enfermaba, yo me quedaba hasta altas horas
de la noche viendo que la fiebre le bajara. La madre colocaba paños
fríos en puntos más importantes y así ella se recuperaba.
—No creo tener lo suficiente aquí —mordiendo mi uña, salí a hablar
con el recepcionista, esperaba que si tuviera lo que yo necesitaba.
Media hora después, traía parte de lo que ayudaría. Peor era no tener
nada.
—Muy bien señor orgulloso, no sé en qué anda metido, pero si
realmente aprecia su vida, tendrá que cambiar sus hábitos. Lo dejaron
como carne molida.
Tomé el paño luego de exprimirlo, para colocarlo en la frente de Pax,
al parecer le gustaba, pues liberó un sonido algo ronco mientras
dormía.
Miré su pecho, y pensé que tal vez podría tener alguna herida que
estaba infectándose.
—Señor, dame fuerzas para esto —suspiré, antes de empezar con el
trabajo de quitarle los botones de la camisa e ir dejando su torso a
plena vista.
Al mirar sus músculos, tuve que parpadear más de una vez tratando
de recobrar mi conciencia.
Pues sí, tiene el cuerpo muy bien trabajado, no estoy ciega para no
notarlo, de hecho, incluso llevando traje, se puede imaginar un cuerpo
fuerte y cuidado.
Miré algunas manchas y decidí limpiarlas, pero entonces, me preocupé
por sus piernas, específicamente en la zona donde tenía el corte.
—¿Y sí…?
No creo tener otra alternativa. Bajé las manos de su torso a su
cinturón.
—Señor, que no despierte ahora, de lo contrario pensará que soy una
pervertida. Esto se ve muy mal —pido en mi mente.
Luego de lograr quitar su cinturón, coloqué sobre él una toalla que me
dio el recepcionista, de este modo no vería más de la cuenta.
Con mucho esfuerzo, bajé sus pantalones, hasta tener frente a mis ojos
la herida que aún sangraba levemente.
—Parece que ha sido profunda, pero está dejando de sangrar.
Busqué entre las cosas que el recepcionista me otorgó y hallé lo que
quería.
Limpié cuidadosamente, y vendé las heridas, cuando ya había
terminado, miré la hora en mi celular.
—Prometí a mi niñas visitarlas, y no he dormido nada.
Eran las 3:45 am. y mis ojos estaban pesados, pero no puedo dormir.
Quizás la fiebre regrese.
—Ni modo, estas horas serán muy largas.
———————————
POV Zack
Ella no estaba en casa, los empleados ya lo habían dicho cuando Arya y
yo llegamos de cenar.
Pax tampoco estaba, lo cual daba a entender que ellos estaban juntos.
—¡Mierda! —gruñí, golpeando con mi puño la pared detrás de mí,
mientras estoy fuera de casa, fumando mi cigarrillo—. No pueden
estar juntos… ¡Eso no! —repetí, al mismo tiempo que el cigarrillo cayó
al suelo.
Pero luego, mi mano se relaja al hacer memoria.
—¿Qué me pasa? No debería ni interesarme lo que ella haga, así como
cuando éramos esposos, pero… —tensé mis dientes—. Desde que la he
vuelto a ver, no puedo evitar estas reacciones de medianoche.
Se supone que me causa repugnancia, pero incluso cuando me acuesto
con Annet, veo ahora a María, y con Arya…
—Maldita sea, no puedo ni tocar a Arya… ¿por qué me ocurre esto? Si
no me hubiera casado con María…
*Flashback*
Ocho años atrás.
—No hay trato, Zack. Ya eres un hombre adulto, necesitas madurar y
hacerte cargo de tus actos. Que yo te deje el dinero de nuestra familia,
sería un suicidio financiero.
—Pero abuelo…
—Nada de pero, Zack. Una buena mujer te ayudará a razonar.
Consigue una esposa y te juro que serás el único heredero.
¿Una buena esposa? Esa idea era tan descabellada como la cabeza de
mi abuelo. Si yo encontraba a una mujer, lo más seguro es que se
casaría conmigo, pensando en cómo apoderarse de mi herencia. No
puedo arriesgarme a que una intrusa se apoderara de algo por lo que
yo he luchado para obtener, necesitaba a alguien sumisa que me
obedeciera, que no tuviera quien la respaldara, que fuera una
completa tonta, una presa fácil de la que después me libraría.
Fastidiado por la condición que me dio para heredera, salí de su
residencia echando humos por las orejas.
—¿De dónde saco a una estupida?
Manejé para regresar al departamento donde vivo, golpeando de vez
en cuando el timón de mi auto, hasta que, el semáforo cambió y tuve
que esperar.
—¡Me encanta, María! ¡Me encanta! —exclamaba una niña que venía
de la mano con una jovencita de cabellos rubios, fue inevitable no
notarla.
—Me alegra, pero ya debemos regresar. De lo contrario la madre se
preocu…
—¡Oye tú! —salí de auto, logrando alcanzarla—. Miré sus ojos verdes,
creo que era un gran atractivo, pero aún se veía muy joven—¿Qué
edad tienes?
La joven abrió los ojos muy grandes, parecía que la respiración se le
había cortado.
—Q-quince… —logra responder, pasando saliva.
Era muy joven, sin embargo, por su vestimenta, no parecía ser alguien
de buena posición social.
—¿Y qué dicen tus padres? Una muchacha tan joven no debe estar sola
a estas horas.
—Oh, en realidad dudo que mis padres me busquen.
—¿A qué te refieres? No tienes mamá ni papá.
—No, yo vivo con las demás niñas que pasan por la misma situación
que yo.
Una huerf@na. Esto era perfecto para mi plan, pero era muy joven.
Bueno, no tanto, con dieciséis años ella ya podría casarse, todo era
cuestión de arreglar esos papeles con un buen abogado.
—¿Quieres que te lleve?
—Emm, no, no debemos subir a autos de desconocidos.
—Vamos, linda. Solo trato de ayudarte.
—¿Linda? —ella se sonrojó, pero la niña a su lado me miró con recelo.
—Lo eres, por eso me bajé al verte. Tu cabello rubio, tus ojos verdes,
eres como una criatura mágica.
Al final ella accedió, y en todo el camino la pude notar algo inquieta, de
vez en cuando jugaba con sus dedos y me miraba de reojo, tratando de
ocultar su sonrisa.
—¿Es aquí, verdad?
—Sí, se lo agradezco mucho.
—Llamame Zack, linda —la sorprendí besando los nudillos de su
mano, cosa que llevó a que todo su rostro se tiñera de rojo.
—Yo… María.
—María… Que lindo nombre, como la madre de nuestro salvador.
—Eso dicen —sus dedos jugaban con sus mechones, hasta que la otra
niña que estaba detrás, sacó la mano por la ventana—. ¡Madre
superiora! —gritó, ya estoy de regreso.
—Eh… Ya debo bajarme. Tengo que ayudar a las hermanas. Yo… ¿te
volveré a ver?
—Claro que sí, ya sé donde vives. Y sabes algo. Sé que recién nos
conocemos, pero… Me agradas mucho, María. Eres muy bonita —me
atreví a acomodarle el mechón detrás de su oreja, observando y
sintiendo su leve temblor—. Cuidate, linda.
Ella bajó de mi auto, no dejó de despedirse una y otra vez, hasta que su
figura desapareció.
—A lo que tengo que llegar. Enamorar a una huerfan@. Todo sea por
el dinero.
*Fin flashback*
—Se supone que solo era un plan para salirme con la mía, pero…
Ahora no puedo evitar sentir esta rabia, cuando imagino que es otro
quien la besa y toca.
Se supone que era una mujer sin gracia, ¿Qué clase de broma del
destino es esta? ¿Y por qué de entre todos los hombres, tenía que ser
con Pax?
—Voy a volverme loco.
—¡Señor! —de repente Gretta me interrumpió, teniendo que dar la
vuelta.
—¿Qué demonios te pasa? ¿No ves que estoy ocupado?
—Lo que pasa es que la señora Arya se levantó para buscarlo, pero
luego empezó a sentirse mareada, y…
—¿Y? Que se tome algo, alguna pastilla de la caja.
—No es tan simple señor, ella se ha desmayado, empezó a marearse y
cayó al piso.
—————————
POV María
Desperté cuando la luz del sol casi me cega por los rayos que
ingresaban por la ventana.
Estiré mis brazos, sin embargo, había algo más. Aún en estado de
somnolencia, miré a mi alrededor, solo para poco a poco descubrir que
algo se ajustaba en mi cintura y muslos.
Me había quedado dormida sentada en la cama, con mi espalda
apoyada en el respaldo, había estado controlando la fiebre de Pax,
pero al parecer el sueño me venció, y ahora él me creía su almohada,
su cabeza estaba sobre mis muslos y sus brazos me abrazaban por la
cintura. Era incomodo, mas la escena me recordó a la de un pequeño
dormir con su osito de peluche.
—Eres tan suave y cálida… —murmura entre sueños, lo que me da a
indicar que no está del todo dormido, y ocurre lo esperado. Pax abre
sus ojos, mas al descubrir que yo soy lo que abrazaba, me suelta y
trata de sentarse.
—¿Qué es esto? —vuelve a ser serio, mirando debajo de las sábanas y
luego a mí.
—No pasó nada, si es lo que te imaginas. Solo te bajé la fiebre. Anoche
estabas mal herido y no quisiste ir al hospital.
El volvió a mirar debajo de las sabanas, notando la venda en su pierna.
—¿Estuviste toda la noche despierta?
—Casi toda la noche, pero al menos parece que estás mejor —acercó
mi mano y él se aleja.
Al parecer no le agrada que lo toquen.
Me esquiva la mirada, pero al mirarlo
de reojo, veo que sus mejillas están
rojas, ¿tendrá fiebre?
—Bueno, te dejo para que puedas
descansar.
—No, no te vayas —su voz no es tan
fría, lo cual me deja sorprendida—. No
me molesta si te quedas.
—¿Cómo dices?
—Gracias por cuidar de mí —volvió a verme.
Y pesé a que él se negó a que lo tocara hace un rato, me acerqué
gateando con las rodillas, para tocar con mis dos manos sus mejillas.
—¡Pero qué te…!
—No, no hay fiebre —digo—. Pero es raro que un hombre como tú de
las gracias —sonreí—. Creo que no eres tan malo, solo gruñón y muy,
pero muy orgulloso.
Estoy lista para quitar mis manos de sus mejillas, mas esta vez él las
retiene y me mira.
—¿Qué haces?
—Si estás mucho tiempo así de cerca, no pienses que no tendré una
reacción.
Y sorprendentemente esas mismas manos toma mis mejillas para
acercarme a su rostro y besar mis labios, pero sin ser brusco, es todo
lo contrario, es muy suave.
—Estás mal herido, Pax… Esto no… —no deja que nuestros labios se
despeguen más de dos segundos y vuelve a tomar posesión de los
míos.
—Déjate llevar —murmura, desviando su boca al lóbulo de mi oreja—.
Solo son besos por ahora, princesa —pero al sentir mi resistencia,
decide detenerse—. ¿Por qué tiemblas? —pregunta, mirándome a los
ojos.
Él cree que como estuve casada, sé de esto, pero mi cuerpo me
traiciona. No puedo, ni sé qué hacer. Siento una mezcla de frio y un
nudo en el estómago.
—En realidad yo no…
—Espera —levanta su mano, cuando observa detrás de mí su celular
parpadear.
De este modo, él se acerca a la mesita, resbalando la sábana que lo
cubría y dejando sus boxers al descubierto.
—¡Madre de Dios! —digo en mi mente, con los ojos bien abiertos y los
colores de mis mejillas subiendo como espuma.
Es cierto que los hombres suelen despertar con una erección, y ahora
acabo de comprobarlo.
Lo veo contestar, momento que aprovecho para salir de la habitación y
tomar aire.
—¿Qué fue esa cosa? —dije, apoyando mi mano en mi pecho—. ¿Son
todas de ese tamaño? Hasta parece que tenía vida propia.
Pasé saliva con nerviosismo, hasta que la puerta a mis espaldas fue
abierta y casi pierdo el equilibrio. Apenas pude mantenerme en pie.
Pax estaba ya con sus pantalones y abotonando su camisa.
—¿Qué pasa? —cuestioné, ante su mirada inquieta.
—Mi hermana… ¡Maldición, mi hermana! Otra vez no —dijo casi
desesperado. Tenía una expresión muy marcada y diferente.
No había ni terminado de arreglar su camisa, cuando salió a la calle.
—¡Espera! No puedes salir así. Pax, espera…
———————————
POV Zack
Sabía que esto era posible. Ya el doctor se lo había dicho antes, pero
ella se negaba a aceptarlo.
—¡Mi hermana! ¿Dónde está Arya?
Luego de haberlo llamado, Pax llegó casi irreconocible. Su ropa tenía
manchas de sangre, lo cual no me dejó concentrarme al responder.
—Arya…
—¡Habla! —exigió, tomándome del cuello del sueter.
—Pax, detente, así no conseguirás nada.
María quien recién llegaba, fue directo a tranquilizar a Pax.
—Es probable que él también esté nervioso, vamos a preguntarle a
una de las enfermeras.
Solo así me soltó, buscando con la mirada a quien preguntarle.
¿Qué había pasado entre ambos? ¿Por qué sus ropas estaban
desacomodadas? Maldita sea, no quiero ni imaginarlo.
—El médico ya dio el informe —levanté la voz para ser escuchado,
llevando a que Pax y María me prestaran su atención.
—¿Y qué te dijo?
—He firmado la autorización para el procedimiento —asentí—.
Debido a su estado en la endometriosis y tras el largo tratamiento
para la fertilidad… Ella va a ser intervenida para una histerectomía
total. Despertó con mucho dolor, lo que provocó su desmayo.
—Mi hermana… —desconcertado, dio la vuelta para buscar alguien
que pudiera darle más información.
—Pax, espera —María estaba a punto de ir tras él, pero logré
detenerla—. Déjame pasar, Zack.
—¿Para qué? Se nota que ni le interesas, ¿acaso estás ciega?
—Estuve ciega cuando acepté ser tu esposa, cosa que ni volviendo a
nacer haría. Apártate de mi vista.
María dio unos pocos pasos, pero esta vez sujeté su muñeca,
mirándola con una creciente sensación de calor que subía desde mi
estomago a mi cabeza.
—¿Pasaron la noche juntos?
—¡Eso no es asunto tuyo, y suéltame! —tiró de su brazo tan fuerte que
se soltó.
—¿Por qué, María? ¿Por qué con él? ¿Por qué te preocupa? ¿Por qué
muestras interés? Cuando ni siquiera han convivido lo suficiente como
para conocerse.
—Porque es mi esposo —levantó su mano, mostrándome su anillo—.
Y como tal debo estar con él para darle mi apoyo en un momento
como este. Lo mismo que deberías estar haciendo tú.
Ahora no tenía cómo responder. María me dejó sin argumentos, y solo
me quedó observar cómo se iba detrás del hombre que un día fui yo;
su esposo.
——————————
POV María
Encontré a Pax entrando por la puerta de una habitación.
Al asomarme por la ventana, vi a Arya durmiendo, mientras el médico
le explicaba la situación de su hermana a Pax, él escuchó todo con
resignación y al mirarla a ella, asintió.
Al parecer Pax pidió algo, pues segundos después el médico y la
enfermera que lo acompañaba salieron, dejando a los hermanos solos.
Entonces, observé la escena más hermosa que mis ojos pudieran ver.
Cual pequeño niño, Pax se arrodilló, apoyando su cabeza en el
abdomen de su hermana, solo para que ella pusiera su mano sobre la
cabellera de él, haciendo pequeñas caricias que él notó y volvió a
ponerse en pie.
—¿Ha llegado el día, verdad? —logré escuchar de los labios de la
hermana de Pax.
—¿No hay otra manera?
—Sabes que no, anteriormente ya buscamos otra solución y los
tratamientos de fertilidad no funcionaron —suspirando largamente,
Arya mantuvo su sonrisa—. Todo estará bien, pequeño.
Él se sentó sobre la camilla, colocando un brazo alrededor de los
hombros de Arya. Era innegable el cariño y amor de los hermanos
Palmieri.
—Ya no soy pequeño, incluso crecí más que tú.
—Así tengas cien años y midas como un rascacielos, siempre serás mi
pequeño hermanito.
—Solo son cinco años de diferencia. Tengo veintiocho —contestó Pax,
besando la mano de su hermana.
—Pero yo soy la mayor —ella hizo lo propio, estirando su cuello para
besar la frente de su hermano.
Admito que eso conmovió mi corazón, y sonreí en soledad.
Ambos se quieren tanto, uno sería capaz de darlo todo por el otro.
Entonces… ¿qué ocurrirá cuando Pax se entere de lo que hubo entre
Zack y yo? Arya está muy enamorada de él, y con este procedimiento
al que se someterá, necesitará de su esposo. Mi matrimonio se
romperá en un año y cinco meses, luego me iré y quizás jamás vuelva a
saber de los Palmieri, pero no puedo dejar que Zack los engañe. Si me
voy, me iré con la conciencia tranquila.
Me alejé de la ventana donde los observaba y salí del hospital.
—Creo que hoy no podré ir a ver a mis niñas.
Sosteniendo mi bolso, lo abrí y busqué mi celular, lista para llamar a la
madre e informarle que no podría ir, y que me disculpara por esta
ocasión.
—Debe estar ocupada —dije para mí, luego de que no contestara en
las tres llamadas—. Esperaré y la llamaré más tarde. Por ahora debo
entrar y hacerle compañia a Pax.
Él siempre es serio, pero después de lo que acabo de ver, creo que solo
es un mecanismo de defensa, como si se obligara a no mostrar
emociones, además…
Llevando mis dedos a mis labios, recuerdo la sensación de su boca
acariciando mis labios, su lengua que se aventuró a entrar y su voz
golpeando contra mi oreja, provocando que mi cuerpo se
estremeciera.
—Me tomó por sorpresa, eso fue —miré mi anillo y lo acaricié con mis
otros dedos—. Solo quedan diecisiete meses, luego esto solo será una
anécdota.
De repente, algo hizo cosquillas en mi nariz, reaccioné por impulso,
retrocediendo dos pasos, pero cuando descubrí que eran unas
mariposas blancas, sonreí.
—¿Me han seguido hasta aquí? —dije, observando como más
mariposas llegaban.
De alguna manera, cuando estas criaturas estaban cerca, mi
tranquilidad volvía y mi corazón se abría. Sus alas blancas
revoloteaban a mi alrededor; ellas son mis únicas amigas. Han estado
cuando nadie más lo ha hecho.
—Nunca he entendido la razón de que solo se acerquen a mí, pero
tampoco me desagradan. Ustedes son muy buenas haciendo compañía
y escuchando. Estaba algo confundida por una sensación, pero ahora
todo está más claro.
Convencida de que la reacción de mi cuerpo fue propia de los nervios,
pretendí regresar dentro del hospital.
Cuando más de una frotó mi nariz, no pude evitar reír a carcajadas.
—Ya debo irme, no puedo dejarlo solo.
Contrato o no, Pax sigue siendo mi esposo, y me preocupaba Arya. Ella
es tan buena, que no merece pasar por esto, pero es tan admirable que
lo haya aceptado sin ningún problema, realmente es una mujer muy
fuerte.
——————————
POV Annet
—No tienes que estar allí, ¿acaso tú harás la operación? Di que pasó
algo urgente o cualquier excusa, siempre te creen —le dije por el
celular, en lo que reviso las fotos en mi computador.
—A ver, una cosa es que pueda inventar viajes de negocios, para estar
contigo, pero no seas estúpida. ¿Cómo se te ocurre que voy a irme en
este momento? Habrá demasiadas sospechas.
—¿Entonces qué hay de mí? ¿Dónde quedo yo?
—Oye, contigo la paso muy bien, no lo niego, pero comprende que esto
tiene más peso en importancia.
—¿No será otro el motivo?
—¿A qué te refieres?
—María. Ya sé que ella está allí, ¿no será ella el motivo de que te
quieras quedar?
—Annet, no digas tonterías, ella nunca me ha interesado. Lo sabes
desde que empezamos esto.
—Eso espero.
—Hermosa, voy a recompensarte. A penas Arya sea dada de alta, iré
contigo, y te engreiré como más nos gusta.
—Necesitarás más que eso, Zack.
—Bueno, complaceré a mi chica. Piensa en algo y te lo daré.
Me gustaba tenerlo en la palma de mi mano. No había nada de qué
preocuparme. La presencia de la estupida de María, no era rival para
mi belleza.
Después de colgar, miré las fotos en la pantalla, María sola en el
restaurante. Esto era magnífico. Con esas imágenes podría decir que la
tan famosa esposa de Palmieri, tenía citas a escondidas con otros
hombres, mientras su pobre cuñada era llevada al hospital.
POV Pax
Al paso de los días tras la intervención hecha a mi hermana, ella se
recupera favorablemente. El médico dice que hoy podrá darle de alta,
y en parte eso me causa tranquilidad, pero aunque Arya no me lo diga,
noto en sus ojos cierta tristeza, que por evitar preocuparme prefiere
callar y fingir con una falsa sonrisa que todo está bien.
Soy consciente de que mi hermana ha tenido el enorme deseo de
llegar a ser mamá en algún momento, puesto a que en la familia
Palmieri somos los únicos dos de sangre, por lo que no hemos tenido
otras personas cerca desde que nuestros padres murieron, y Arya
tomó el cargo de cuidarme y protegerme, incluso cuando ella debía
dedicarse a sí misma y tuvo la oportunidad de irse a estudiar con las
monjas fuera del país, prefirió tomar un rol que no le correspondía,
pero que se vio obligada a desarrollar, ser mi hermana y mi madre.
Mi querida, hermana. Dije que siempre la protegería, me esforcé por
crecer más que ella, y retribuir todo lo que hizo por mí.
Sin duda, ella es la persona más importante en mi vida, por la que
estoy dispuesto a todo, absolutamente a todo.
…
—Con cuidado —sugirió el esposo de mi hermana, quien supervisaba
que los empleados llevaran a Arya a su habitación, mas apenas llegué
detrás de ellos, me adelanté hasta llegar con ella.
—Preparen algo para que mi hermana pueda comer, las indicaciones
las tiene Zack. Yo llevaré a mi hermana a descansar.
—Sí señor —contestaron juntos, marchandose a cumplir con mi
orden, mas Zack se quedó unos segundos más, pero cuando lo miré
con frialdad, él se retiró a dar las indicaciones que el médico de mi
hermana había recomendado.
Volví a concentrarme en Arya, ayudándola a subir las escaleras.
—Puedo hacerlo sola, no tengo problemas para caminar —afirmó sin
dejar de sonreír.
—Prefiero evitar algún accidente, te acaban de dar el alta.
—Lo sé, pero eso no me ha hecho débil.
—Tu hermano solo quiere protegerte, Arya.
María apareció desde lo alto de las escaleras, no la había visto cuando
fuimos a recoger a mi hermana.
—María, no sabía que estabas en casa. Creí que estabas en la empresa.
—Sí, estuve revisando algunos ejemplos que serán para la próxima
campaña. Hice el resto del trabajo desde la madrugada, por eso estoy
aquí. Quería ir al hospital para recibirte junto a los demás, sin
embargo, regresé por un regalo y creo que no medí la hora.
—Oh María… Eres tan linda.
—No sé si sea más linda que tú. Solo soy común.
—Por supuesto que no. Tienes algo especial, y no hablo solo de la
belleza física. Hay algo muy cálido que nace de tí, es una sensación que
lleva a la paz.
María acortó la distancia entre nosotros, hasta llegar donde Arya y
abrazarla en manera de bienvenida.
—Lo importante es que descanses, y será mejor ir ahora, porque tu
hermano no deja de mirarme con ojos de demonio —me señaló y
ambas sonrieron al verme—. Es muy bonito tener a alguien que se
preocupe por ti. Tu hermano te quiere mucho.
—Lo sé —mi hermana levantó su mano, acariciando mi mejilla—. Y yo
amo a este orgulloso y gruñón.
María y yo llevamos a mi hermana a su habitación, quien se
sorprendió al ver las flores que estaban ahí.
—Oh, pero que hermosas —dijo, tomando el ramo en sus brazos.
—No sabía que regalarte, entonces pasé por la florería, espero que te
guste.
—¿Bromeas? ¡Me encantan! —ella las olió—. Amo los lirios.
—Antes trabajaba en una florería, y cuando vendía las flores, las
comparaba con las personas. Estos lirios blancos son hermosos para ti.
—Muchas gracias, María. No sabes cuan agradecida estoy. Emm Pax,
podrías traerme un florero, quiero ponerlas en agua.
Ante su pedido, asentí. Salí de la habitación y fui en busca de lo que mi
hermana necesitaba, no demoré mucho, fue fácil de encontrar, mas en
mi regreso, tuve que detenerme a mitad del camino, cuando escuché
unos sollozos.
Sin hacer ruido, caminé lentamente, hasta poder observar sin ser
visto.
—Ay María… Mis sueños… Mis sueños se fueron… —mi hermana
lloraba en los brazos de María, quien no la consolaba conteniendo su
propia emoción—. Se marcharon mis esperanzas…
—Arya…
—Por favor, no quiero que Pax sepa que estuve llorando. Él se
preocupará y no querrá ni dejarme, lo conozco bien, y sé de lo que es
capaz.
—Él solo actúa con el amor de un hermano, quiere protegerte. A nadie
le gusta ver llorar a la persona que quiere.
—Lo entiendo, María, pero es mejor así. Mi deber como hermana
mayor ha sido cuidar de él y ser un buen ejemplo. No puedo darme el
lujo de llorar delante de él.
—Está bien, no diré nada, pero cuenta conmigo. Estaré para lo que
necesites, sin importar el momento.
Mi hermana limpió sus lágrimas con sus manos, mostrando una ligera
sonrisa.
—Eres una excelente cuñada. Mis padres estarían felices de tenerte
como la esposa de Pax.
Tosí brevemente, fingiendo que no había oído nada, y que recién
llegaba.
—Oh, el florero. Gracias, Pax, yo las acomodaré en el florero. Ahora
necesito dormir un poco, las camas del hospital no son tan cómodas —
bromeó, ocultando su verdadero sentir.
Tanto ella como María intercambiaron miradas.
—De acuerdo, pero si necesitas algo, llámame.
Salí detrás de María, quien solo unos pocos pasos más, se dio vuelta
para mirarme a los ojos.
—¿Qué ocurre?
—¿Tienes unos minutos? —me pidió, tensando sus rodillas—. Tengo
que hablar de algo importante contigo.
—Sé lo que dirás.
—¿Cómo? —se sorprendió más de lo que esperaba—¿Lo sabes? ¿Y
qué piensas de ello?
—Si es lo que mi hermana quiere, no puedo hacer nada para
cambiarlo.
Arya le pidió que no me cuente que estaba llorando, así que respetaré
su decisión.
—¿Y crees que será bueno para Arya? No confío en él.
—¿Él? —levanté mi ceja confundido—. ¿De quién me estás hablando?
—De Zack.
Sacudí mi cabeza sin comprender de lo que hablaba.
—¿Qué tiene que ver el esposo de mi hermana en esto?
—Pero dijiste que lo sabías, yo creí que…
—Espera —tomé su mano y la llevé a nuestra habitación, donde cerré
la puerta y ventanas—. Ahora sí, habla.
Ella quedó en silencio, mas asintió.
—Entiendo que mi lugar aquí tiene fecha de expiración, pero no puedo
estar más tiempo en silencio. Arya es una hermosa persona, aprecio lo
que hizo por mí, al encargarse de mis gastos en mis estudios, por ello
no quiero verla sufrir.
Frustrado, me toqué los cabellos de la cabeza.
—¿Puedes ser más directa? ¿De qué hablas?
—De que Zack no es una buena persona, y creo que Arya solo sufrirá
con él.
—¿Por qué dices eso? ¿Mi hermana te ha dicho algo? ¿¡Ese imbécil la
lastimó!?
—No —levantó las manos para pedirme calma—. Zack… Zack… Él
estuvo casado —cerró los ojos, como si hubiera dado una gran
revelación.
—¿Eso es todo?
—Pero…
—Sé que ese haragán estuvo casado y que su matrimonio no funcionó,
pero mi hermana lo aceptó tal como era. No estuve de acuerdo en su
matrimonio, pero la hace feliz y eso es más importante para mí.
—Pero tú no sabes el resto. Su antiguo matrimonio fue un infierno, tu
hermana podría pasar por algo similar.
—¿Y cómo sabes eso? ¿De dónde conoces a Zack? —mostré mayor
interés.
—P-porque conozco a su ex esposa y me lo contó todo.
—Mira María, yo tampoco confío en ese tipo. Es un holgazán, un
parásito chupasangre que dice trabajar, pero que es un cero a la
izquierda. Sin embargo, en todos los años de matrimonio con mi
hermana, la he visto más feliz, y esa es la única razón por la que tolero
a ese idiota en mi casa. La felicidad de mi hermana no tiene precio.
—Comprendo —bajó la mirada, pero luego levantó la cara y se dirigió
a la puerta.
—Pero de igual modo, agradezco lo que me has dicho, veo que tu
preocupación por mi hermana es real y no solo un juego para ganarte
su confianza.
—Independientemente de este contrato, estimo a Arya, y al igual que
tú, haré lo que sea para buscar su bienestar, sobre todo ahora que está
pasando por esto tan duro.
Su mano tomó la perilla, estando a punto de salir, pero mi mano fue a
parar sobre la de ella, por lo que se sorprendió, volteando a verme a
pocos centímetros de su calor.
—¿Qué haces?
—Está con seguro —le susurré, sacando la llave de mi bolsillo, y
estando ella entre mis brazos y la puerta, inserté el objeto para abrir,
pero esto hizo que nuestros rostros se acercaran más—. Te has
ruborizado.
—Es el calor… —ella gira su rostro, esquivando mi mirada.
—El calor del sol o el mío.
—No creo que sea el momento para hablar de eso, por favor apártate.
—¿Te asusta mi cercanía? ¿Prefieres que te de más espacio?
—Es que debo ir a ver a mis niñas. Quisiera traerlas, pero fuiste claro
al decir que es tu casa y…
—Y yo me disculpo por eso. Fui yo quien te dijo que tenías la
autoridad en esta casa, y no mentí. Solo estaba enojado, estallé en mal
momento.
—Entonces…
—María, yo fui honesto desde el primer momento, algo que detesto
más que el matrimonio, son los niñ0s. Pero si los quieres traer, no me
opondré. Únicamente no quiero que toquen mis cosas personales. Eso
es todo.
—Eso es noble se tu parte. Parece que no eres tan orgulloso.
—Lo soy, es la primera vez que agradezco.
Aparto mis manos, dándole la libertad para salir.
—Se te ve mejor sin esa ceño fruncido, solo te falta una sonrisa y te
verás mejor.
—No pidas tanto, María.
—¿Puedo pasar? —pregunto, tras tocar su puerta.
—Sabes que sí, Pax.
Mi hermana sonríe, invitándome a hacerle compañía.
Sus manos me señalan el espacio que hay a un lado de su cama, en lo
que oculta algo bajo su almohada.
—Creí que estarías con María.
Sentándome a su lado, apoyo mi mano en su cama, para contarle
dónde estaba María, y la razón de que todo estuviera en silencio.
—Sabes que esa mujer no puede estar en un solo lugar. Fue a traer a
las niñas del orfanato, y como no hay nadie más que nosotros, se
pueden escuchar hasta a los grillos.
—Niñas… —murmuró, apretando la sábana con sus manos—. Deseaba
tener una pequeña a la que pudiera hacerle peinados, vestirla como
muñequita. Tantas cosas que ahora son imposibles —aquella mirada
que es peculiar de nosotros, los Palmieri, muestra una profunda
pena—, pero imagino que por algo sucedieron las cosas. Quizás no
hubiera sido tan buena madre.
—Hey, no digas eso, ¿acaso no recuerdas todo lo que hiciste por mí? —
en señal de mi afecto, mis dedos llevaron su mano a mi palma, para
besar sus nudillos—. Te hiciste cargo de mí, y aunque tuviste la
oportunidad de vivir tu vida, elegiste no dejarme.
Utilizando esa misma mano, Arya acaricia mi mejilla.
—¿Cómo podría elegir? Solamente nos traíamos el uno al otro, y esa
fue muestra promesa. Permanecer juntos.
Eso era verdad, fue una promesa hecha hace muchos años, de hecho,
ocurrió cuando nuestros padres aún vivían. Unas palabras que no
parecían llegar a tener gran importancia, hasta que ella me lo recordó.
—Si hay una persona que estaba más que preparada para ser madre,
eras tú. Ya sé que ahora todo lo ves borroso, pero estás viva. Cuando
tu visión se aclare, buscaremos otras opciones.
Arya me mostró estar de acuerdo, asintió y me abrazó con aquella
misma sensación que compartimos.
—¿Sabes si Zack está en la sala? Hace un momento me trajo comida,
pero recibió una llamada y se excusó diciéndome que era algo del
trabajo, sin embargo, volvería pronto, y desde eso ya pasaron dos
horas.
—No Arya, en realidad creí que estaría contigo.
Su decepción fue notoria, entonces me levanté.
—Lo llamaré, su deber como esposo es estar aquí. Yo también tengo
trabajo, pero en estas situaciones sabemos que debemos priorizar.
—No, está bien así. Mi Zack dijo que volvería y yo confío en él.
—Pero Arya…
—No te preocupes, tú también deberías salir un poco. Estos días has
estado más de mi lado, que el de tu esposa. Necesitas conocerla,
incluso si es un contrato.
Entonces, al calcular los días, concluí que era verdad. María y yo
somos prácticamente dos desconocidos que viven en la misma casa.
No sé nada de ella, salvo que estuvo casada.
—Arya, tu sabes la razón de mi matrimonio con ella.
—Entonces, ¿no vas a decirme que no te agrada? Aceptalo, he notado
como la miras, te simpatiza más de lo que admites.
—No digo que la odio, ¿de acuerdo? Pero hay cosas con las que no
puedo hacer más.
—¿De qué se trata? —mostró interés. Parecía que en verdad no lo
sabía.
—¿Acaso no te lo ha dicho? Tiene un novio.
—¿¡Cómo!?
—Ella me lo afirmó antes de nuestro matrimonio, en un principio no le
creí, por el nerviosismo en su voz, pero parece que es verdad.
—Espera, lo que dices no tiene ningún sentido. Si María tuviera un
novio, no habría aceptado ser tu esposa, ¿qué clase de pareja
consideraría ver a su novia casada con otro?
—Pues tal vez deberías preguntarselo a ella. Son amigas, ¿verdad?
De repente, sentí que el calor de mi estómago subía a mi cabeza, pero
no quería que mi hermana me viera enojado, por lo que me dispuse a
salir de su habitación.
—De acuerdo, hablaré con ella, no es posible que ella tuviera un novio,
ya lo habíamos notado.
—Pues una noche no vino a dormir, y al día siguiente apareció como si
nada con las niñas del orfanato.
—¿Y qué con eso?
—¿¡Dónde y con quien estuvo toda la noche!? —ahí iba de nuevo, me
relajé para dirigirme a la puerta—. En fin, voy a ir a la oficina, ¿no te
molesta si te dejo sola?
—No, pero… Creí que hoy era tu día libre.
—Lo es, pero quiero confirmar una cosa —no iba a decirle a mi
hermana, que la verdadera razón era para averiguar si Zack estaba
realmente en el trabajo.
María ya me lo había advertido, y de alguna manera pienso que tiene
la razón. Ese sujeto nunca me agradó, y si descubro alguna idiotez de
su parte, no dudaré en hacerle pagar por cada lagrima que derrame mi
hermana.
—————————
POV María
Mis niñas estaban más que emocionadas por ir de nuevo a la gran
mansión a la que ellas llamaban "castillo" . La última vez, nos
habíamos divertido mucho, incluso teniendo la cara de Gretta que nos
miraba con desagrado. Ella nunca me soportó, pero francamente eso
me daba igual, no pretendo caerle bien a todos. Solo conservar a
aquellas personas que me aceptan tal y como soy.
—Aquí estamos —fue la voz del chofer, abriendo la puerta para la
salida de las niñas.
—¡Es el castillo! —decían algunas emocionadas por estar aquí de
nuevo.
—Gracias por todo —agradecí al empleado.
—No se preocupe, señora. Estoy para lo que necesite.
—Oh, parece que hay alguien allí —señala Gia a lo alto de una de las
ventanas.
Al levantar la vista, reconozco a Gretta que estaba limpiando las
ventanas. De algún modo, no puedo evitar sonreír cuando veo su
fastidio.
—No se preocupen pequeñas —volví hacia ellas—. A ver, para estar
más ordenadas, quiero que formen un gran círculo en el patio. Traeré
algunas sorpresitas que tengo para ustedes.
—¡Sí! —levantaron la voz con alegría.
—Pero guarden silencio, hay una persona que no está tan bien, y
necesita descansar.
—Oh, guardaremos silencio. Nos portaremos muy bien.
—Lo sé mis niñas, confío en ustedes.
Entré a casa, tan rápido como pude. Tenía los regalos en mi habitación,
eran unas cajas no muy grandes, pero sé que les gustará.
—Deben estar por aquí —digo, buscando en mis cajones, hallando lo
que necesitaba—Perfecto.
—Así que, te atreviste a volver a traer a esa mocosas a esta casa.
Solo dos minutos, solo pido dos minutos de estar en casa, sin que
Gretta sea una mujer entrometida e insoportable.
—No acostumbro a ser grosera, pero estás haciendo méritos, Gretta.
Mide tus palabras, de lo contrario…
—¿O qué?
No tuve más opción que enderezarme y darle la cara.
—Siempre he creído que un trabajo no se le niega a nadie, mas tu
insolencia y osadía a no respetarme como parte de los Palmieri, me
lleva a tomar una decisión.
Gretta carcajeó con soltura.
—¿Acaso vas a despedirme? No tienes el poder suficiente, además, no
eres mi jefa. Yo obedezco al señor Testa, que fue quien me contrató
para atenderlo a él y a su esposa.
—Muy bien —le seguí el juego—. Pero te has puesto a pensar de
dónde viene el dinero que recibes.
Fue el momento en que sus carcajadas cesaron.
—Así es, el sueldo que recibes proviene de Pax, y como sabrás estoy
casada con él, aunque eso te moleste.
—Existe un dicho en el que aunque la mona se vista de seda, mona se
queda. Usted claramente encaja en todo ese aspecto, podrá ser incluso
la esposa de un príncipe, pero siempre será una mujer con nada de
estilo, una vulgar, alguien que no encaja en nuestra sociedad.
—Excelente frase, porque es tu perfecta definición, y por cierto. Si tu
trabajo es atender a la esposa de Zack, hazlo bien, en lugar de andar
colgada por la ventana para observar quiénes están afuera, porque lo
que parece mona eres tú.
—¿Cómo dices? —su rostro está totalmente enrojecido, está muy
furiosa.
—Lo que oíste —decido tomar las cosas que tengo en mi cajón y salgo
de la habitación rumbo al patio.
——————————
POV Zack
Annet no deja de besarme, sus piernas están enredadas en mi cintura,
mientras que mis brazos están apoyados en la cama, pero
simplemente no puedo responder a sus besos. Algo me ocurre y no sé
cómo explicarlo.
La mano de ella baja a mi entrepierna, pero cuando se da cuenta que
no estoy erecto, me mira a los ojos con incredulidad.
—¿Te pasa algo?
—No lo sé.
—¿No lo sabes? Zack, para estos momentos tú y yo ya estábamos
usando el segundo preservativo. Es ilógico que ahora ni reacciones.
—Pues te acabo de decir que ni yo lo sé. ¿Sabes? Creo que por hoy es
mejor dejarlo así —decido apartarme de ella, recordando una y otra
vez a María preocupada por darle su apoyo a Pax—. No estoy excitado,
tal vez en otro momento.
—¿Eso es todo, Zack?
Annet se levantó detrás de mí, buscando detenerme, con el fin de que
esto siguiera, pero simplemente no podía. No era como en ocasiones
anteriores, mi cuerpo no reaccionaba igual.
Me considero un hombre vigoroso y lleno de energía, por lo que no
comprendo.
—Ya te lo he dicho, Annet, no siento el deseo de acostarme contigo.
—¿Qué vas a decirme? ¿No sientes deseo por mí? ¿¡O es que esa idiota
ya se metió en tu cama!? Y sabes que no hablo de tu estupida esposa.
—¿De qué demonios hablas?
—¡A mi no me engañas, Zack! —ella sujetó mi camisa con la ira en sus
manos—. Te has acostado con María ¡Aceptalo! Por eso no me has
tocado.
—Estás demente —le contesté, retirando sus manos de mi cuerpo—.
¡No sé de donde sacas esa estupida idea!
—¡¿Entonces por qué no me haces el amor ahora mismo?! Sé que no se
trata de tu esposa, porque tu cuerpo reacciona al mío.
Ella trató nuevamente de tocarme, pero retrocedí.
—Tal vez en otro momento. Tengo muchas cosas en la cabeza y no
siento el suficiente interés para aventarme un polvo contigo.
Volví a dirigirme a la puerta, pero esta vez ella lanzó un grito: ¡Si sales
por esa puerta lo nuestro se acaba!
—¿Lo nuestro? —me siento confundido—. Entre nosotros solo hay
sexo, Annet. No seas ridícula.
Pese a su advertencia, me largué de su departamento. Subiendo a mi a
mi auto para alejarme de este lugar donde ya no tenía el interés que
un principio si ocurría
—Lo más probable es que Arya deba estar preguntando por mí, no es
momento para levantar sospechas.
Encendí el motor, siguiendo la ruta que había usado cuando vine a ver
a Annet, mientras recordaba como había iniciado esta locura.
*Flashback*
—¡Zack! —estirando su brazo, ella me hacía notar su presencia fuera
del orfanato.
Logrando estacionarme, bajé de mi vehículo, momento donde ella se
aparece en mi puerta, para recibirme muy sonriente, en lo que sus
dedos jugueteaban con sus mechones rubios.
Sé que le gusto a esta muchacha, puedo notar su expresión y
nerviosismo al mirarme. Lo cual es muy conveniente para mí,
mientras se enamorara de mí, sería más fácil poder manipularla y el
dinero estaría en mis manos.
—Estás hermosa, María —la halago.
Ella se ruboriza, colocando el mismo mechón con el que jugaba, detrás
de su oreja.
—También te ves apuesto —su voz es tan tímida que parece que
estuviera hablando con ratón, lo cual es desesperante.
—Gracias, por cierto, tengo algo para ti —vuelvo a abrir la puerta de
mi auto y saco lo traía para obsequiarle—. ¿Te gustan?
—¿Es para mí? —sus ojos verdes brillan, a lo que yo asiento.
—Son dos cadenitas con nuestras iniciales. Está tiene la mía y la otra
la tuya, y estaba pensando en que cada uno usara la inicial del otro.
—¿Usar la inicial del otro? P-pero eso será como si fuéramos pareja, y
nosotros…
—¡María! ¿Dónde estás, María? Oh…
Una mujer que vestía hábitos, salió de la residencia, para luego
sonreírle.
—Usted es amigo de nuestra querida María. Ella nos ha contado de
usted.
—Es un placer conocerla, madre —bajó la cabeza en señal de
respeto—. Me halaga saber que María habla de mí, es una joven muy
bella y de hermoso corazón.
—De eso que no le quepa la menor duda. Nuestra María es todo amor,
nos ayuda con las niñas, trabaja a medio tiempo, y está próxima a
entrar a estudiar.
—Es toda una caja de sorpresas.
—Pero venga, hoy estamos celebrando el cumpleaños de una de las
niñas, hay pastel para usted.
—No quisiera molestar.
—Por favor, Zack. Me daría mucha alegría si nos acompañas —agregó
María.
Eso era lo que quería lograr, que ella sintiera la necesidad de que yo
estuviera cerca, y lo estaba logrando.
—Si me lo pides así, no puedo negarme.
Sin embargo, no fue tan buena idea, pues para empezar, las niñas
ensuciaron mi traje fino, pero tuve que mantener una sonrisa de oreja
a oreja, y como si fuera suficiente, la mujer que viste el hábito,
comenzó a llenarme de preguntas.
—Y díganme, ¿a qué se dedica? María nos ha dicho que trabaja en la
pequeña compañía de su padre.
—Oh, sí. Me encargo de la publicidad, pero no es un negocio muy
rentable, por lo que he pensado cambiar algunas cosas e invertir en la
bolsa.
—Usted parece saber mucho, me gustaría que aconsejara a nuestra
María, como ve, aquí solo podemos darles consejos morales, pero no
hay nada como oír a un profesional.
—Yo estoy encantada de oírlo —María no ocultaba su interés por mí.
—Pierda cuidado, lo haré con mucho gusto.
Después de terminar con esta visita que se extendió más de la cuenta,
me levanté de la mesa, para despedirme cordialmente de ellas.
—Madre, acompañaré a Zack a la salida, volveré para ayudarla con los
platos.
—No te preocupes, hija. Ya nos ayudaste a preparar el pastel. Ve
tranquila a despedir a tu amigo.
María salió conmigo, sus manos eran muestra de su emoción por estar
a mi lado y de vez en cuando tropezaba con sus palabras.
—Eres tan linda y tierna, estoy seguro que tu enamorado es el más
afortunado.
—Oh, no… Yo no… No tengo enamorado.
Eso era justo lo que quería oír, por lo que ya tenía el camino libre para
seguir con mi plan.
—¿De verdad? Una joven tan hermosa como tú… Es casi imposible de
creer.
—Soy sincera, no tengo pareja, porque he estado muy concentrada en
ayudar en el hogar de niñas y en mi trabajo.
—¿Entonces, no habrá problemas si usas la cadena con la inicial de mi
nombre?
—Me encantaría llevarlo conmigo.
De ese modo, saqué el objeto y le pedí que se levantará el cabello, para
poder colocarselo, cuando lo hice, ella sostuvo la inicial en sus dedos
para mirarlo como si fuera un tesoro.
—Voy a cuidarlo mucho.
—Estoy seguro que lo harás, linda —mi mano acaricia su mejilla,
causando desconcierto en ella, pero al final lo acepta, y más aún
cuando acercó mi rostro, notando su total nerviosismo—. María…
No termino de decir su nombre, y hago lo que sería el primer gran
paso para lograr mi objetivo. Rozo los labios de ella con los míos, es
apenas un tímido beso, como para no asustarla.
—Lo siento… No pude contenerme —le pido perdón falsamente,
mientras ella tiene todo el rostro como un tomate.
—N-no… Es solo que… Ese fue mi primer beso… —responde
avergonzada, tapando sus labios con los dedos de la mano.
—Perdóname María, no lo sabía. No te enojes, por favor.
—No, no estoy enojada. De hecho, no me molesta si vuelve a suceder.
Lo había logrado, la muy tonta cayó en la trampa.
Con el tiempo, María se hizo mi enamorada. Sí, es muy joven, por lo
que apenas y nuestros besos eran sin gracia, nada de interesante, tenía
que fingir ser ese buen hombre que la esperaría hasta el altar.
Y fue así, que cuando cumplió la edad con la que se podía considerar
mayor, le pedí que fuera mi esposa, a lo que ella no dudó en aceptar.
Finalmente tendría la herencia que anhelo y podría manejar el dinero
a mi antojo, sin el interés de que una mujer de verdad pudiera
quitarme mi dinero.
Entonces, con todos los planes listos, se acercaba la gran fecha de mi
triunfo, pero entre tantas visitas al orfanato, una fecha ocurriría algo
especial.
María era la única joven en ese lugar, mas esta vez no fue así, una
amiga muy especial para ella, había ido a felicitarla, cuando se enteró
de que se casaría.
Y la ví, maldición… Era la mujer más sexy y ardiente que hubiera
conocido antes, incluso en su forma de vestir. Esa minifalda dejaba ver
sus muy hermosas piernas, cosa que mis ojos no dejaron pasar, y que
ella notó muy bien, mordiendo sus labios al haberme descubierto.
—Amor mío, ella es Annet, mi mejor amiga.
—Encantado, soy Zack —respondí, besando la mano de aquella
sensual joven de hermoso rostro.
Poco a poco ella iba frecuentando los lugares que María y yo
visitamos, hasta que una noche, luego de dejar a María en la pequeña
habitación que alquilaba, Annet apareció esperándome fuera de mi
auto.
—Que sorpresa verte, creí que ya te habías ido.
—Bueno, no sé como llegar a mi casa, te vi con María y pensé si
podrías ayudarme.
Obviamente acepté hacerlo. Esta mujer me gusta, la deseo, es mil
veces mejor que María.
Ella tomó el asiento al lado mío, le pedí que me diera su dirección, y
mientras manejaba, ella abrió unos botones de su blusa, dándose calor
con la manos.
—A pesar de ser de noche, el calor sigue haciendo de las suyas, ¿no
crees?
—Sí, es una noche donde el cuerpo se funde con esta calidez que
desborda a la pasión.
—María es muy afortunada. Ha elegido a un buen esposo, cualquiera
estaría feliz de tener un hombre como tú —afirmó, cruzando las
piernas, por lo que su falda subió un poco más—. Despertar contigo
debe ser muy agotador, se ve que eres de esos hombres insaciables.
—María es seca, aún es una niña por lo que no hemos llegado a esos
límites, sin embargo, no niego que tengo deseos de una mujer. De
alguien… Como tú.
Annet me miró de reojo, por lo que aproveché para estacionarme en
un lugar oscuro.
—Ven aquí —le sugerí, y ella de inmediato se subió sobre mí, por lo
que entre besos, ocurrió lo que debía ocurrir.
Sus largas piernas eran una verdadera suavidad y sus pechos tenían
un sabor exquisito. Sus gemidos solo me encendían cada vez más y
más, y ninguno se detuvo hasta que terminamos estallando en el
asiento posterior.
—¡Santo cielo…! —exclamó cuando terminamos.
—Si que eres fogosa… Pero dime, ¿te estás cuidando?
—No lo habría hecho contigo, si no me cuidara, pero… Esto ha estado
mal, vas a casarte con María, así que será mejor no hablar de esto.
—¿Qué? ¿Acaso no te gustó?
—Por supuesto, pero… Yo no soy así.
—A ver, yo no estoy pensando nada. Solo sé que me gustó tenerte
como mi mujer, y no creo que sea suficiente.
—¿Quieres que sea tu amante?
—Es todo lo que puedo ofrecerte. No voy a cancelar mi matrimonio
por ti.
Es evidente que esta mujer tiene más malicia que María, por lo que no
podría casarme con ella, en cambio, María era perfecta y no tendría
que darle nada de mi dinero.
Fue entonces que Annet me dio una bofetada, para luego besarme.
—¿Entonces qué has decidido?
—¿Tengo que responder? —gimió, subiéndose sobre mí, y volvió a
suceder lo que ambos queríamos.
*Fin flashback*
Annet es una mujer con la que se puede pasar el rato, pero no para
tomarla como esposa. Cosa contraria que ocurría con María.
—¡Maldita sea! —golpeo el timón—. ¿¡Por qué no puedo quitarte de
mi cabeza, María!? Voy a volverme loco.
——————————
POV María
Mis niñas jugaban con los materiales que les había dado. Todos en la
sala, recortaban y eran cuidadosas de no ensuciar nada.
—María —corriendo a mi brazos, la más pequeña; Gia, se escondió
detrás de mí.
—¿Qué pasa, nena?
Ella señaló la entrada, por donde vi a Pax caminando con el ceño
fruncido y puños apretados.
—Está enojado por nosotras.
Pax pasó de largo, subiendo directo a los dormitorios.
—¿Me esperas aquí, nena? Ve pegando las figuras, ya regreso.
Fui detrás de Pax, encontrándolo como congelado en medio del
camino.
—¿Pax? ¿Pasa algo?
Sus hombros que estaban fruncidos, se relajaron y soltó un largo
suspiro, antes de voltear a verme.
—No estaba —murmuró.
—¿Quién no estaba?
—El imbécil de Zack, le dijo a mi hermana que fue a ver unas cosas de
trabajo y el muy inutil le mintió. Ni se apreció por allá.
—Estás muy rojo, tú también debes descansar. La herida en tu muslo
podría volver a abrirse.
—No voy a descansar, no hasta que esa escoria llegue y explique
donde estuvo.
—La verdad es que ni yo lo sabía, pero siendo sincera, no pensaba
opinar sobre él. Si Zack estaba haciendo algo malo, tarde o temprano
caería, he dicho lo que debía decir, y al parecer, él solito estaba
cavando su tumba.
—Tu hermana no puede verte así. Si lo hace, se preocupará más.
—¿Y tú…? ¿Te preocupas por mí?
—Por favor, ¿qué clase de preguntas haces? No llevamos mucho
tiempo de conocernos.
Mis mejillas estaban calientes, cosa que él notó.
—Creo que la que tiene ahora fiebre, eres tú.
Sin que me diera tiempo a reaccionar, su mano fue directo a mi mejilla,
acercando nuestras bocas en un beso casto, que fue transformándose
en uno más pasional, al que ya no me resistí.
POV Zack
Después de dejar a Annet, salí con la mentalidad de regresar a casa y
beber una lata fría de cerveza, mientras trataba encontrar una
respuesta a la razón de que no haya logrado culminar en este día.
Supuse que tal vez era solo un mal día, que el hecho de que no me
hubiera excitado, no sería gran cosa. Soy un hombre joven con la
sexualidad activa, mañana sería mejor y todo volvería a la normalidad.
Pero fui un verdadero estupido al creer que todo estaría bien, y
resultó ser todo lo contrario. En todo el camino no había hecho más
que pensar en María, recordar aquel tiempo donde ella era la angelical
y tierna muchacha ingenua, la que no dudó en amarme hasta llegar al
matrimonio.
—María…Llegaste a los Palmieri, pero también te metiste a mi cabeza,
¿cómo demonios te saco?
Esa pregunta no obtendría respuesta, por el contrario, solo recibiría
un cruel golpe que gritara a la cara que ella era de otro.
Solo al entrar a casa y descubrir a todas esas niñas jugando, supe que
María estaba cerca, e instintivamente subí al segundo piso, con la idea
de buscarla, ¿para qué? Ni yo lo sé.
Mas todo tuvo un resultado desagradable que quemó mis entrañas e
hizo mi sangre hervir como si estuviera en el caldero del infierno.
Aquellos labios donde yo fui el primero en besar, cuya boca solo
aceptaba besos tímidos sin tanto movimiento, los mismos que
titubeaban cuando trataba de llegar a más… Eran esos que aceptaban
los besos ardientes de Pax.
De inmediato, mis dientes y puños se volvieron rígidos, solo sé que
quería descargar esto que me estaba atormentando como mil
demonios.
Pero lo peor fue cuando María le correspondió, encerrando su brazo
alrededor del cuello de él, hasta que me observó. Fue inutil ocultar las
llamas del infierno que ardían en mis ojos.
—Pax… E-espera… —ella quiso apartarlo, se veía muy claro que yo le
incomodaba.
—¿Qué pasa? —Pax preguntó, y María me señaló con la mirada.
De inmediato, él se puso delante de ella, como si tratara de protegerla
de mis ojos o de cualquiera que pudiera verla, hasta que caminando
seguro de sí mismo, fue directo a sujetarme de la camisa.
—¿Dónde demonios estuviste para dejar a mi hermana sola? —él
estaba enojado, pero mi ira era mayor, realmente estuve tentado a
darle un golpe, pero a pesar de que sea mayor que Pax por dos años, él
es más
alto y fornido que yo. ¡Malditos genes!
—Tenía algo que hacer.
—¿A dónde? ¿Con quién?
A qué se veía esa reacción, ¿acaso me había mandado a seguir?
Entonces recordé el obsequio que le había comprado a Annet, para
que se pusiera contenta por los días de estar lejos, pero ni tiempo me
dio.
—Ambos calmense, recuerden que hay niñas, ellas se asustarán si los
encuentran así.
De este modo él decidió soltarme
—¿Por qué le mentiste a mi hermana de que te llamaron del trabajo?
¡Y no intentes decirme una maldita mentira! Porque vengo de las
oficinas y nadie me ha dado razón de tu llegada.
—Es cierto, no llegué a la empresa y tuve que mentirle Arya, porque
no había otra opción.
—¿Qué clase de estupidez puede llevarte a mentirle y dejarla sola en
un momento como este? Ella ahora más que nunca necesita apoyo, que
estés junto a ella.
—Lo entiendo perfectamente —tratando de ocultar mí cólera pretendí
seguir pasando como un hombre pacífico que solo estaba preocupado
por la salud de su esposa—. Por eso fui a traerle este obsequio, lo
había preparado para ella con anticipación, el encargado me llamó
para recogerlo, no podía decirle la verdad, pues era una sorpresa.
Saqué el brazalete que tenía guardado en el bolsillo de mi abrigo,
cuyos adornos eran piedras preciosas que brillaban desde la distancia.
—Señor Zack.
Gretta apareció, siendo mi única salvación para que se tragaran mi
cuenta de haber ido comprar el brazalete de mi esposa, no tuve que
explicarle mucho pues ella rápidamente lo dedujo y mirando el objeto
juntó sus manos para preguntarme: Señor, ¿ese es el hermoso
brazalete que le tenía preparado a la señora?
—Sí, es este.
—¡Vaya que es muy hermoso! Esto pondrá de muy buen humor a la
señora.
—Precisamente a eso venía, quería probárselo.
Pax no tuvo otra opción más que hacerse a un lado, y dejar que yo
pasara con la pequeña caja en mis manos, hasta llegar a la habitación
que yo comparto con Arya.
—¡Mi amor! —rápidamente los ojos de ella se iluminaron y tratando
de ser ese esposo ejemplar que todos creían, me acerqué para evitar
que se levantara.
—Tranquila hermosa, no hagas esfuerzo —colocando las almohadas
detrás de ella para que lo demás vieran que sí me preocupaba, me
acomodé a un lado, sacando el instante el obsequio—¿Sabes que eres
muy bien más preciado y un tesoro inigualable? De modo que esto no
se compara ni se acerca a tus pies, pero solo es una pequeña muestra
de mi afecto, de lo que siento por la mujer más maravillosa en este
mundo.
—Oh… Zack, mi amor se sorprendió al ver a la joya destellando en su
mirar.
—Sé que te dije que iría a la oficina, pero en realidad fui a recoger
esto. Lo tenía planeado desde hace semanas, quería que fuera algo
especial, pero creo que no hay un momento específico para decir
cuánto te amo.
Tomé la muñeca de Arya con mis manos, procediendo a colocar el
brazalete, sin embargo, cuando lo hice, ella soltó un ligero quejido de
molestia.
—Mi amor, sé que lo hiciste con la mejor intención, pero me ajusta un
poco.
Por supuesto, el brazalete estaba hecho la medida de Annet, porque
los brazos de ella eran ligeramente más delgados que los de Arya.
—¿Qué es lo que sucede? ¿Acaso no sabes tomar bien la medida de la
mano de tu esposa? —Pax ingresó, cruzado de brazos a la habitación.
—Por supuesto que se tomar las medidas, es más, podría hacerlo con
los ojos cerrados. Esto fue un error del que hizo el brazalete, pero me
va a escuchar —fingí indignación—. No te preocupes mi amor —volví
a ver a Arya—. Ese sujeto va a ser despedido, haré que responda por
lo que hizo.
—No te preocupes, tal vez solo deba pasar algunos ajustes, en realidad
está muy bello y mira, incluso tiene la inicial de mi nombre. No seas
duro con el trabajador, ellos también están saturados y si se lo
explicas con calma, tal vez incluso pueda ofrecerte un descuento.
—No existe descuento que valga para ser feliz a la mujer de mi vida.
—Eres tan dulce, te amo —abriendo sus brazos, ella buscó mi calor y
por supuesto que tuve que dárselo, ya que tenía la mirada de Pax en
mi nuca.
Al menos me había librado por un instante del problema, pero aún no
podía quitarme de la cabeza la imagen de ellos dos besándose.
——————————
POV María
Pax apareció en la sala mientras las niñas realizaban las actividades
que entre todas habíamos elegido.
De inmediato, me levanté del sofá solo para prevenir que se exaltará
como la última vez, incluso Gia se había escondido, cosa que él notó.
Pero no dijo nada, simplemente exhaló y siguió de largo hasta la
salida.
—¿Podemos continuar, María? —preguntó Gia.
—Claro que sí, corazón, pero recuerden que ya casi es hora de
regresar, prometimos que estaríamos con la madre temprano y las
promesas no se rompen.
De regreso a la vida laboral, todo trataba de regresar a la normalidad,
ya habían pasado algunos días desde que Arya fue intervenida, por lo
que hoy retornaría al trabajo.
—Estás segura de hacerlo —le pregunté antes de ingresar al edificio.
—Ya pasó el tiempo prudente, María, no puedo quedarme
lamentándome en mi cama, debo enfrentar a lo que viene y
resignarme a lo que me toca, además sé que has estado avanzando tu
proyecto personalmente, quiero estar presente para presenciarlo,
estoy segura de que será muy bueno y traerá grandes beneficios a
Palmieri.
—Bueno, no es solo mi trabajo es el de todos, yo simplemente hago
algunos cambios y superviso de que todo sea lo más llamativo para el
público.
En ese momento, recibí una llamada. Al sacar mi celular del bolso, lo
revisé y descubrí que se trataba de Keith.
—¿Cómo dices? —respondí incrédula —. Epera, eso no tiene ningún
sentido.
—Qué ocurre —quiso saber Arya.
—Está bien, voy a revisarlo. Me cuesta creer que eso sea real.
No tuve tiempo de explicárselo a Arya, simplemente di la vuelta y
busqué en lugar de ventas de revistas más cercano.
—Ahí está, mirala, es ella la de la foto.
—¡Qué horror! ¿Cómo puede haber gente que engañe a sus esposos? Y
más a un hombre tan guapo y hermoso como lo es Palmieri.
Todas ellas únicamente juzgaban, no se cuestionaban ni dudaban,
simplemente preferían creer lo que la revista mencionaba.
Pero entonces recordé mi regla principal, perder la calma y exaltarse,
jamás sería una buena respuesta ante los eventos de estrés. Quien
haya escrito este artículo, quería desprestigiarme o me odiaba, eso
estaba más que claro.
—Espera María, ¿a dónde vas?
Salí de la tienda sin amilanarme o sentirme menos por lo que se decía
en ese artículo sobre mí. He recibido golpes más fuertes que ese, por
lo que si querían verme humillada y hundida, no lo lograrían.
—María, ¿estás bien?
—¿Por qué no debería estarlo?
—Bueno, lo que dice en ese artículo no te deja muy bien, aunque, es
evidente que todo es inventado. Podemos decirle a Pax que intervenga
en esto. Él no se quedará tranquilo al ver cómo te han dejado ante el
público.
—De momento no me interesa lo que unas cuantas líneas digan de mí,
puedo demostrar mi valor con mi trabajo y callar bocas sin necesidad
de hablar.
—Pero María, solo déjame hacerte una pregunta —ella me detiene,
analizando las palabras que va a decirme antes de soltarlas—. No
tengas miedo en decirlo, ¿de acuerdo? Yo sé que tú y mi hermano se
casaron solo por un contrato, y que eso se mantiene así, pero él me
comentó que tú le habías dicho que tenías un novio, ¿eso es verdad?
—Aquello lo dije en el momento en que él me propuso matrimonio,
solo lo solté para que se arrepintiera, sin embargo, a pesar de que ya le
he dicho que solo fueron palabras del momento, no me cree, y
francamente si él quiere creer eso, está bien. Únicamente estoy
cumpliendo con un trabajo, y como tal, las cosas personales no deben
ser vinculadas. Con permiso.
—————————
POV Annet
Estaba hecho, no he hablado algo que no sea verdad, por lo tanto no
pueden sancionarme, simplemente he colocado supuestos y probables
en la revista, además de que he reconocido que esa idiota es la esposa
de Palmieri, así que, no se me podía acusar de difamación,
simplemente era investigación.
—Qué bien se siente esto —sonreí frente a la computadora, estirando
mi mano para alcanzar mi batido de fresas con leche.
Siempre la favorita, todo el mundo te quiere, pero con esto se acabó, al
fin se terminó tu suerte María, veamos cómo sales de esto, que aunque
lo intentes negar, el público no perdona. Para todos eres considerada
la infiel, la mujer que engañó a uno de los hombres más guapos y
billonarios de este país. La presión mediática hará lo suyo, y a mí solo
me queda sentarme, respirar y reírme de cómo caes a lo más profundo
del infierno, que es en lugar donde mereces estar.
Mirando detenidamente las fotos en la pantalla, me quedé observando
durante largos segundos la de Palmieri.
—Un hombre bastante atractivo, definitivamente no lo mereces.
Alguien como tú no puede tener como esposo a un hombre adinerado,
guapo y dominante como ese —mordiendo mis labios, pasé mi dedo
por el contorno de la imagen, imaginando lo que sería pasar las manos
por ese cuerpo esculpido y bien trabajado.
Entonces, se me ocurrió una mejor idea. Ya le había quitado a Zack. El
arte de la seducción era de mis mejores armas, no era la primera vez
que lo hacía para conseguir cosas que me beneficiaban, así como
puestos altos en mi trabajo, solo hacía falta ponerme algo sexy,
maquillarme y sorprender a Palmieri, no sería un trabajo difícil,
considerando que soy más bella e inteligente que María.
—Solo te estoy haciendo un favor querida —sonrío, mirando esta vez
la foto de ella—. Nunca harás feliz a un hombre como él, Palmieri
necesita una mujer que sepa satisfacerlo, que le lleve muy bien el
ritmo, no a una sin gracia como tú, de modo que, te evitaré la
vergüenza.
Al volver a tomar mi batido de fresa, descubrí que ya estaba vacío.
—Qué tontería… ¡Oye tú! Tráeme otra de inmediato —le exigí, a quién
era mis ojos donde no podía caminar.
—Aquí tienes —me entregó el batido—. Pero ya debo irme, no puedo
dejar que me descuenten el sueldo.
—Sí, sí, ya lárgate.
Cubierto con la capucha en la cabeza, salió de mi departamento,
mirando por todos lados para no ser descubierto.
—Pobre idiota, apenas lograra hundir a María, haría lo mismo con él
—sonreí llena de victoria, mientras bebía de mi batido.
——————————
POV Arya
—Ahí estás —encuentro a Pax, sentado en su escritorio, mientras
revisa unos documentos.
—¿Qué haces aquí? Creí que descansabas.
—No puedo quedarme en casa lamentándome, además…—le dejo la
revista en su escritorio—. ¿Ya has visto eso?
Apenas mi hermano lo ve, tensa los labios
—No deberías traer ese tipo de revistas aquí, son de la competencia.
—¿Pero es que acaso está ciego? —al volver a tomar la revista, abro la
página donde hablan de María y le muestro las fotos—. Están diciendo
todas estas cosas sobre ella, y la gente no deja de mirarla como si fuera
una cualquiera, incluso dentro de la empresa ya todos saben que es tu
esposa, pero con todo lo que tiene escrito este artículo, su integridad
está cayendo por los suelos.
Completamente serio él acepta tomar la revista y leerla.
—Hijos de perr@... —murmura cuando termina de leer, y lanza la
revista al cesto de basura, pero rápidamente voy a recogerlo, para
volver a ponerlo frente a los ojos de mi hermano.
—¿No vas a hacer nada? Ya sé que ustedes no son una pareja común,
ni que la relación de ustedes vaya más allá de la de empleador y
empleada, pero merece respeto, y hablé con María, le pregunté sobre
ese supuesto novio que tú me mencionaste, no existe, solo lo dijo en
un momento de estrés cuando le propusiste matrimonio de manera
inesperada. Por lo que es imposible que estas fotos prueben que ella
estaba esperando a otra persona.
—Sé que María no se reunió con nadie esa noche —afirma,
causándome sorpresa.
—¿Y tú cómo sabes? —le pregunto.
—Porque yo pasé la noche con ella el día de esta foto.
Dos cosas ocurrieron en mí en ese momento, la primera fue que mi
mente estalló, y la segunda fue que mis labios mostraron una sonrisa
entre el asombro y la picardía.
—Ustedes dos…
—María simplemente me ayudó, y al ser tarde, pasamos la noche en
un motel, mi auto quedó en plena calle con las llantas desinfladas,
hasta que la grúa la llevó a casa.
—Entonces vas a decirme que solamente durmieron.
—Fue lo que sucedió.
No le creía absolutamente nada. Yo estaba segura que algo más había
ocurrido, ellos dos juntos en un motel. Este plato estaba más que
cocinado.
—¿Y ahora de qué te ríes?
Simplemente levanté mis manos, sin ocultar mi sonrisa.
—Nada, simplemente estoy viendo como el bebé deja los pañales para
ser un adulto.
—Arya, deja eso por favor.
—Para mí siempre serás ese bebé que se embarraba toda la cara con
la comida. Cuando tengas tus hijos seguro alguno será como tú.
—Arya…
—Sí, está bien. Ya sé que no te gustan los niños, pero eso es porque
aún no has cargado a uno, ya verás que cuándo tengas en tus brazos a
tu bebé, se volverá todo tu mundo.
—Dudo que eso suceda, en mis planes no está tener un hijo, aunque el
abuelo especificaba eso en el testamento, prefiero apelar antes que
llegar a eso. Ya suficiente he hecho con casarme, no retrocederé más,
pero por el momento… —metió su mano en el bolsillo para sacar su
celular—. No tengo otra opción.
—¿A quién llamas?
—Al grupo de prensa, ya les había dado una advertencia a los de esta
revista, parece que no entendieron mi amenaza, por lo tanto
procederé, pero antes voy a desmentirlos públicamente.
—¿Vas a convocar a una junta de prensa?
—Sí me casé con María, fue para que representara a la esposa que yo
necesitaba, no puedo permitir que su imagen se vea manchada, y
sobre lo otro lo arreglaré ahora mismo.
Mi hermano se levantó de su asiento y salió de la oficina, yo lo seguí en
todo momento, hasta que llegó al piso donde se encontraba María
reunida con su grupo de trabajo.
—María, ven aquí.
—Estoy trabajando, ¿puede ser en otro momento?
—Ningún otro momento, va a ser ahora —él tomó de los hombros a su
esposa y la llevó al centro de todos los empleados.
—¿Qué estás haciendo, Pax?
—Guarda silencio, déjame hablar primero. Esto no va a salirse de
control.
—¿Cómo?
—Escuchen todos los que están aquí presente, y encarguense de
repartir esta información a todas las áreas de esta empresa.
—Pax, ¿acaso vas a..?
—La señorita María Macri, es legalmente mi esposa, y como al parecer
a muchos de aquí les encanta perder el tiempo leyendo las revistas de
la empresa rival, lo diré así de simple, si alguien aquí no está
conforme, la mira mal o levanta una falsa información de ella, las
puertas están abiertas para que se largue. Si le faltan el respeto a ella,
me la están faltando a mí, ¿¡Han entendido!?
—Sí, señor.
—Por último, en esa revista se habla sobre que ella estuvo esperando
a alguien en un restaurante, y que luego fue a reunirse con esa
persona, bueno, yo aclaro en este momento que toda esa información
es falsa. Esa noche mi esposa y yo pasamos la noche juntos, y no hay
nada más que explicar, esto se acaba aquí, y no quiero que se hable
más del asunto. Ahora vuelvan a sus puestos.
Mi sonrisa es amplia, es más, ya casi puedo imaginarme al futuro bebé
de María con mi hermano.
—Se dieron su escapada e hicieron sus cosas a escondidas. Ojalá María
esté embarazada, ¿te lo imaginas, amor? —le pregunto a Zack, que aún
no dice nada, pero se mantiene firme y de piedra, mientras yo lo
abrazo por la espalda—. En la vida de los Palmieri no ha habido un
bebé desde el nacimiento de Pax, y su hijo o hija, será todo un
acontecimiento —la emoción me recorre—. Estoy muy ansiosa. Amor,
¿tu que crees que sea? ¿Niñ0 o ni…?
—Lo lamento, pero debo irme —repentinamente, él se aparta como si
yo hubiera dicho algo malo, lo cual me deja desconcertada—. ¿Amor?
—Solo quiero ir a los servicios higiénicos, ¿sí? —su voz no es nada
suave como lo era antes, y desaparece, mientras las miradas de los
demás están fijos en mi hermano, quien no suelta a María de los
hombros.
—Bien, ya escucharon lo que tanto querían saber, ¿qué acabo de
ordenar?
Todos fueron marchándose, dejando solos a María y a mi hermano.
Ellos conversaban algo, pero decidí no entrometerme, este era su
momento para dialogar.
Por otro lado, me preocupaba Zack, esperaba que estuviera bien. Se
fue tan rápido que no me dio tiempo a preguntarle qué tenía.
—Seguro le cayó mal la comida, pobre de mi esposo, él es tan delicado,
aunque, estoy segura que con la probabilidad de que muy pronto
seamos tíos, se sentirá mejor.
Yo no puedo concebir, al menos tendré la oportunidad de ver crecer a
mi futuro sobrino o sobrina. Que dicha.
——————————
POV Zack
La pared del baño se tiñe de sangre, mientras mi puño permanece
pegado a su fría y dura textura.
¿¡Qué clase de tontería es esa!? Arya ya perdió la cabeza, ¿un bebé de
María y… ?
Retiré mi puño del frío concreto, observando la herida que me había
hecho y las pechas gotas de sangre que pintaban la pared del baño.
Lavé mi mano, observando como la tinta escarlata se mezclaba con el
agua, hasta que tuve la necesidad de apoyarme con mis manos, porque
sentía que mis piernas no podían con todo mi peso.
—Pasaron la noche juntos… ¡Pasaron la noche juntos! —jamás había
tenido esta sensación tan horrible en mi cuerpo, con las inmensas
ganas de destrozar todo, pero a la vez no comprendo la razón de
donde surja este ardor que crece en mi pecho.
De repente la voz de mi conciencia murmuró: Celos.
¿Celos? Eso es absurdo, ¿por qué debo estar celoso? ¿Por qué…? Y
vuelvo a recordar el beso de ambos en el pasillo de la casa, María
preocupada por él, mostrándome su anillo de matrimonio con orgullo,
y ahora esto.
—¿Y a mi en que mierd@ me afecta? —mordí mis labios—. He tenido
a las mejores mujeres. Todas expertas en el arte de la pasión y
seducción, unas joyas y diosas en la cama, que solo con besos son
capaces de hacerme poner duro como una roca. Cosa en la que María
jamás se igualaría, porque ella no sabe besar, es seca, sin gracia, es
torpe, es… Excitante… —culmino, al recordar cuando me acosté con
Annet y ella me dijo que había estado como un toro salvaje, cosa que
no pretendí conseguir, pues mientras lo hacía con ella, únicamente me
imaginé a María—. Debo estar loco, María nunca estuvo ni de cerca a
besar a bien, pero ahora…
*Flashback*
—Annet me contó que anoche la llevaste a casa, agradezco lo que
hiciste.
—¿Solo te dijo eso? —por un momento pensé que le diría la verdad, y
que le revelaría que anoche después de haberlo hecho en mi auto, la
llevé a mi casa, donde nos quedamos hasta la madrugada, teniendo
sexo una y otra vez, hasta que la tira de preservativos se acabó.
—Sí, ¿por qué me preguntas eso?
—No, no es nada, linda —besé su cabeza, mientras veíamos el
atardecer, sentados sobre el césped—. Solo pensaba en nuestro
matrimonio, y en lo hermosa que te verás en tu vestido de novia.
—Yo también sueño con eso —ella se acurrucó en mi pecho—. ¿Me
das un abrazo? Tus manos son algo frías, pero gusta su tacto.
—Por supuesto que sí, linda —rodeé a María con mis brazos. La tenía
a ella cerca a mí, pero mi mente no podía dejar de pensar en Annet, la
hermosa y sensual mujer que me dio una gran noche de placer.
Definitivamente tengo que volver a tenerla. Es una diosa en lo que
hace, sus caderas perfectas, su delgada cintura, sus pechos redondos y
perfectos, pero sobre todo esa manera para estimularme. La quiero
para mí, y por nada del mundo voy a dejarla escapar.
¿Podía ser más afortunado en la vida? Tengo a María, que es mi títere,
es tan dócil como estúpida que no le importa como la maneje,
conseguiré mi herencia, y para acabar, el delicioso postre que estaba
dispuesto a comer. Una hermosa mujer en mi cama.
María es insípida y desabrida, no me despierta ningún deseo, por lo
que dudo que alguna vez en su vida lo logre. Si no me causa ningún
deseo, a ningún otro hombre lo hará. Le estaba haciendo un gran favor
al casarme con ella, debía ser agradecida, ya que nadie la consideraría
una verdadera mujer. Ella es el tipo de mujer que solo servía para
estar en la cocina y atender a su marido, y Annet para estar en mi
cama sobre mí.
—¿Zack? —María me desconcentra, al llevarse mis manos a sus
mejillas.
—Dime, linda.
—Te preguntaba si estabas muy ansioso por la boda, yo no hago más
que soñar.
—Lo mismo me sucede, linda. Eres un hermoso angelito que llegó a mi
vida para llenarme de felicidad.
Al decir esto, ella se colocó de rodillas, dándose vuelta para verme y
sonreír con sus mejillas ensanchadas.
—Haré mi mejor esfuerzo para ser una gran esposa. Voy a estar a tu
lado, siempre. Tú y mis estudios son las cosas que tanto anhelo.
—Y lo tendrás amor, luego de nuestro matrimonio, te ayudaré a seguir
con tus metas.
—¡Eres el mejor! —en su emoción, María me besó, buscando como
hacerlo bien en su inexperiencia, se esforzaba por estar a mi altura,
pero para mí esto era un verdadero fastidio—. ¿Estoy haciéndolo
mejor?
—Sí, linda. Cada vez tus labios adquieren más experiencia —me
esfuerzo por sonreirle.
—¡Cierto! Casi lo olvido —ella metió su mano en el bolsillo del
vestido—. Desde que era pequeña, aprendí a tejer, de vez en cuando
venían a darnos clases de algún taller en el orfanato y mientras Annet
se escapaba a jugar, yo trataba de meterme a todas las clases que
daban. Luego la ayudaba a ella, por eso se volvió un pasatiempo esto
de tejer, así que…—. María me entregó un osito relleno de algodón,
tejido por ella—. No dormí por terminarlo, pero sentí la necesidad de
darte algo, no es tan valioso como la cadenita que tu me regalaste,
pero lo hice con puro amor.
—Es muy hermoso, gracias linda.
Recibí un mensaje, no perdí la oportunidad para revisarlo e
inventarme cualquier excusa para dejarla, así sea un aviso del banco,
cualquier cosa era mejor, mas la suerte me sonrió, cuando miré el
número de Annet.
—Te espero en el hotel de la ciudad, piso 4 habitación 420 - B
Mordí mis labios con deseo.
—Ya debo irme, María. El trabajo me llama, linda.
—Oh, bueno… —se mostró triste, pero se esforzó por sonreir—. Mi
futuro esposo es un hombre muy ocupado, no te esfuerces mucho,
podrías enfermarte.
—Tranquila, linda —le di un beso en la frente, ambos ya de pie, por lo
que al darme la vuelta estaba presuroso por llegar donde Annet.
—Espera, no olvides tu refrigerio —María se inclinó para tomar la
improvisación que hizo para mí. No tengo idea de qué preparación ha
hecho, pero seguro era cualquier cosa.
—Lo sé, muchas gracias.
Subí a mi auto, observando como ella se esforzaba por hacerse notar al
despedirse.
—Que fastidio… —encendí el motor, manejé algunos metros, y
estando seguro que ella no pasaría cerca de este lugar, miré el
contenido de la bolsa de papal—. Manzanas picadas y pequeños
cubiertos para comer, una botella de zumo, un sandwich con pollo, y
un mensaje escrito en una hoja—. Que porquería —no molesté en leer
y lo lancé por la ventana, miré el osito tejido e hice lo mismo—. Ahora
estoy más que listo para ver a Annet.
*Fin flashback*
— Y ahora no puedo… No puedo sacarla de mi cabeza… —me lancé
agua sobre mi rostro, pero aún seguía hirviendo en ira—. ¿Para qué
regresó a mi vida?
———————
POV Pax
— Debes estar bromeando —María no daba crédito a mis palabras—.
No era necesario que hicieras eso, si se ensucia mi imagen eso no
afecta al grupo Palmieri, pero si la tuya es manchada, tacharán a la
empresa entera. A mi aún no me conocen, además, me importa poco la
opinión de los demás. Prefiero callarlos con mi trabajo.
—Te equivocas, tu imagen es mi imagen. Esa revista no solo habla mal
de ti, te están humillando, no esperes que me quede de brazos
cruzados. Te dije que quería que seas mi esposa porque necesitaba a
alguien que cumpliera ese rol ante el público, pues bien, yo también
debo dar parte de mí en esto, por eso hice la convocatoria de prensa.
—¿Crees que sea buena idea?
POV María
—Bien, con esto podemos terminar —doy la indicación a quienes
trabajan conmigo en el proyecto de publicidad.
—Parece agotada, jefa —me dice Dan, quien se acomoda las gafas para
sacar unas galletas de su maletín—. ¿Desea algunas? Son hechas por
mi madre.
—Galletas caseras… —murmuro, para luego oír a mi estómago rugir
de hambre—. Me encan…
—Vamos María —de repente, Pax aparece detrás de mí, me doy vuelta
y lo encuentro con sus gafas oscuras.
—Pero tengo hambre, es hora de mi refrigerio.
Él se levanta las gafas y observa las galletas que Dan sostenía.
—¿Y pretendes calmar tu apetito con galletas?
—Bueno…
—Después de que aclaremos este asunto con la prensa, te llevaré a
almorzar algo que si valga la pena, no galletas.
—Pero no menosprecies las galletas de Dan, las hizo su mamá.
—No sé preocupe, señora Palmieri —sonríe despreocupado—. Ya
habrá otra oportunidad para que pruebe de las galletas que mi madre
hizo.
Pax me indica el camino y va delante de mí, mientras trato de calmar
mi apetito con un dulce de frambuesa que traía guardado en el bolsillo
de mi blusa.
—¿A dónde vamos? —le pregunto al ver que ya estamos en el
estacionamiento—. ¿No irás a secuestrarme o sí? —me burlo de mi
propia broma, pero él no muestra ningún solo gesto más su
acostumbrada seriedad—. Uh… no dije nada.
—Pasa —mantiene abierta la puerta del auto, hasta que ocupe el
asiento, y luego se da vuelta para tomar su lugar—. Usa el cinturón de
seguridad.
—Oh, casi lo olvido —mientras ajusto el cinturón a mi pecho, lo veo de
reojo, él mira la hora en su reloj de mano, esperando que la aguja
cambié—. Se te ve muy concentrado, ¿le dijiste algo a Arya?
—Lo sabe, todos lo saben, pero guarda silencio que me desconcentras.
—Bien… —levanto mis manos, apoyando mis brazos en la ventana,
hasta que Pax decide encender el auto, y manejar—. Parece que eres
muy coordinado con tus horas, incluso mides el tiempo.
—En la vida todo debe tener un orden, de lo contrario empieza el caos.
—Es un pensamiento muy atinado, sin embargo, cuando las cosas
están todo el tiempo rectas, es algo aburrido, no está mal subir y bajar
o cruzar por curvas. Yo pienso que la vida es única y es emocionante
no saber lo que te depara.
Pax levantó una ceja, sin despegar la vista al frente.
—No me imagino viviendo así. Supongo que no a todos les gusta el
orden.
—No es que no me guste, soy una persona muy ordenada cuando se
trata de mantenerme seria, pero traer una cara amargada todo el día
no es algo que yo pueda conseguir.
—Entonces piensas que no sonrío, porque soy un amargado.
—No te lo negaré —me tomo un respiro antes de decirlo, pero creo
que no hay nada malo en hacerlo—. Si sonrieras un poco más, estoy
segura que tendrás más amigos.
—¿Y quién dice que no tengo amigos?
—Bueno, siempre está solo, a penas y lo he visto con su hermana, pero
con otros…
—Eso es porque yo voy a trabajar, no a hacer vida social. Si quiero
salir con un amigo, lo llamó y listo.
—De acuerdo, señor orgulloso —entonces me doy cuenta que eso no
lo pensé, lo había dicho.
—¿Qué has dicho? —sus ojos son fríos como los de un asesino.
—Q-Que ahí viene la prensa —señaló los micrófonos y personas que
rodean el auto.
—Mierd@… — refunfuña, teniendo que estacionarse para llegar al
estrado—. Saldré yo primero, luego tú —me indica, al mismo tiempo
que se quita su abrigo y me lo pone sobre la cabeza—. Por nada del
mundo te lo quites, úsalo hasta lleguemos a la tarima —me explicó y
salió, pero la prensa no perdió la oportunidad de meter los micrófonos
y hacer una serie preguntas exageradas, pero a los pocos segundos,
seis hombres grandes y fuertes empiezan a hacer espacio, seguido de
la mano de Pax, que se extiende para que yo al fin salga.
Acepto su mano y al salir, todo es más tranquilo.
—No se preocupe, señor —nosotros mantendremos vigilada esta zona
—dijo uno de los sujetos de traje—. Haremos que ocupen sus asientos,
para tener todo en orden.
—¿Qué fue todo eso?
—Solo es una parte de lo que tendrás que enfrentar a diario, por el
simple hecho de ser mi esposa, pero luego de esto, no te acosarán.
Subimos al estrado, unos tipos nos ajustaron los artefactos para hablar
y cuando ya todo estaba listo, se dio lugar a la conferencia.
—Ya puedes quitarte eso —me señala su abrigo, mas apenas me lo
retiro, decenas de flashes dan a mi rostro.
—¡Fue suficiente! —Pax levanta la voz, deteniéndose al instante las
fotos—. Si estamos aquí, es para aclarar todo esto, no para que tomen
cientos de fotos de mi esposa.
—¿Su esposa? ¿Podría indicarnos la fecha de su matrimonio? —
pregunta uno de los que se levanta con su agenda.
—No tengo que dar fechas, basta con que miren nuestros anillos.
María es mi esposa, y si tienen dudas, pueden consultarlo en el
registro, todo es legal.
Las preguntas continúan y es Pax quien responde todas, hasta que
llega una muy incómoda que lo deja en silencio.
—¿Entonces? ¿Podría decirnos con quién iba a reunirse esa noche la
señora de Palmieri?
—Un cliente —respondí, poniéndome de pie—. Fui citada por un
cliente, que nunca llegó, luego de eso encontré a mi esposo.
—Entonces no tendrá problemas en decir el nombre del supuesto
cliente, señora María —retumbó una voz aguda que vino desde la
entrada.
Esto era un mal sueño, ¿qué hacía ella aquí? En este momento, en este
instante, ahora, hoy…
—¿Quién es usted? —pregunta Pax, al ver que me quedo muda.
—Annet Canale, del Grupo Montana.
—¿Montana? Ya veo, fuiste tú quien escribió ese artículo.
—Me place saber que el señor Palmieri, sepa de mí.
Ella se acomodó en una silla, cruzando las piernas para mostrar su
coquetería frente a todos.
—¿No va a responder, señora? —vuelve a cuestionarme.
—Soy una persona muy seria con mi trabajo, no mezclo mis temas
personales con lo laboral.
—Muy bien señora, entonces diga el nombre de la persona.
Y fue cuando me di cuenta que esto había sido un engaño, miré a
Annet que no podía ocultar su sonrisa de victoria ¡Fue su trampa! Una
trampa en la que caí como idiota.
Si daba el nombre, seguramente sería falso, pero aún así no titubeé.
—Con mucho gusto se lo diría, señorita Annet, pero usted sabe lo que
es ética y moral ¿cierto? El Grupo Palmieri respeta la privacidad de
nuestros clientes, y aunque sean poco responsables como en este caso,
nosotros tenemos un gran compromiso con el público. O dígame ¿qué
clase de empresa seríamos si no respetamos a quienes nos otorgan su
confianza?
De un momento a otro, los papeles se invirtieron y el silencio reinó, lo
que me permitió continuar, mientras que ella tensaba sus dientes.
—Acotando a lo dicho por mi esposa, le di una advertencia al grupo
Montana por su artículo, aún no he leído las disculpas, de lo contrario,
que se preparen para recibir mi demanda.
Annet ajustó el audífono a su oído, se veía muy enojada. Tal parecía
que las cosas no habían salido como las quería.
—No haré eso —gruñó a su audífono, parándose lista para marcharse,
mas al ser el centro de atención, no le quedó de otra.
Todos la grababan, lo que diría sería transmitido en varios países.
—A nombre del grupo Montana y el mío… Pido disculpas públicas a la
señora… —bajó la mirada, apretando su puño—. A la señora María
Macri de Palmieri.
Luego de esto, Annet salió a prisa sin hacer mayores preguntas.
La rueda de prensa, había terminado mejor de lo que esperaba.
—¿Estás conforme con las disculpas? —me pregunta Pax, cuando me
levanto del asiento—. Porque puedo hacer que la despidan.
—Hacer eso no me dará ningún beneficio, no me hará feliz ni infeliz,
simplemente quiero tranquilidad para poder trabajar, eso es todo.
—¡María! —alguien me llamó, y al verlo sonreí ampliamente.
—Keith, pero ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar trabajando?
—Todavía ingreso en la tarde, tengo tiempo, así que estaba comiendo
algo cerca, te vi en pantallas y vine a verte.
—¿Cómo pasaste por los de seguridad?
—Ay María, ya sabes mis artimañas —me guiña el ojo y sonríe siendo
coqueto como es su costumbre.
—Entonces él es de quien me hablabas —Pax interviene en nuestra
conversación—. ¿Es tu novio?
—¿Novio? —Keith y yo decimos lo mismo.
—Pax, ya te expliqué eso. Yo no tengo ningún novio. Keith es un gran
amigo, eso es todo.
—Tranquilo hombre, no voy a quitarte a la ricitos —Keith aprovecha
para jugar con uno de mis mechones, lo cual hace remarcar el ceño
fruncido de Pax—. Cierto, te traje esto. La anciana de la esquina tenía
algunos en su tienda.
Al ver lo que Keith sostiene en su mano, no puedo evitar emocionarme
al extremo.
—¡Oh por Dios! ¡Lo tienes! —incluso doy un salto de entusiasmo.
—Sabía que harías eso —Keith ríe, en lo que yo quito la envoltura del
dulce.
—Creí que ya no las fabricaban —comenté, dando el primer mordisco.
—¿Qué es eso? —señala Pax.
—Oh, es un chocolate especial, como podrás notarlo, es el favorito de
María, pero lamentablemente la fábrica cerró y ya nadie las crea. Solo
quedan algunas que tienen los coleccionistas.
—¡El mejor sabor del mundo!
Sin embargo, Pax sostiene la envoltura que se ha resbalado de mis
dedos.
—¿Quieres un poco?
Le ofrezco un pedazo, pero él solo da la vuelta y se va.
—¿Y ahora qué le pasó?
—Él es así, que no te sorprenda, más bien dime, ¿dónde consigo más?
——————————
POV Pax
Apartándome de todos, saco mi celular, llamando a uno de mis
contactos especiales.
Solo hice una llamada que no me tomó mucho tiempo, por lo que al
regresar donde María y aquel sujeto, ella seguía comiendo la barra de
chcolate.
—¿Qué pasó? —María me cuestionó, prestándome su atención, pero
sin dejar de mordisquear los últimos pedazos de su dulce favorito.
—Cosas de negocios —respondí sin un solo segundo de duda—. Como
todos se están retirando, nosotros también debemos hacerlo, vamos
María.
—Sí, es verdad, dejé los detalles para que Dan se encargara, pero el
pobre debe estar saturado de trabajo.
Podría esperarla en el auto, pero no. Decidí quedarme y solo regresar
cuando ella se despidiera de este tipo.
—Supongo que te veré el fin de semana, ricitos.
—Ya sé, ¿por qué no vienes a visitarme?
Mis ojos y oídos se mostraron atentos a lo dicho por ella, y aunque ella
no vio mi reacción, él si lo hizo.
—¡Por supuesto, me encantará hacerlo!
Que hijo de pe…
—No sé diga más, te veré el fin de semana, así me ayudas a organizar
unas cajas que preparo para mis niñas.
—Lo haré con gusto, es más, puedo acompañarte al hogar de las
pequeñas, para ayudarte con los paquetes.
—Serías de gran ayuda, me apena no poder ofrecerte nada, aunque
para la próxima, seré yo quien te de uno de tus dulces favoritos.
—No tengo un dulce en especial, pero sabes que me encantan las cosas
saladas.
Era mi imaginación, ¿o ellos estaban coqueteándose?
No iba a hacer una escena delante de toda esta gente, aunque la prensa
se había retirado, siempre había uno que otro esperando el escándalo,
pero no puedo ocultar mi ceño fruncido, mientras estoy a espaldas de
María y veo fijamente al sujeto que no deja de sonreírle.
—Bueno, yo también debo irme. Solo estaba tomando mi refrigerio,
aún debo terminar de preparar mi clase.
—No te preocupes, me alegró tanto verte.
—¿A mí o al chocolate?
—A ambos —ellos siguieron compartiendo risas, hasta que fue él
quien fue a despedirse.
—Adiós, señor Palmieri —yo simplemente di un solo movimiento con
mi cabeza, pero con María fue diferente—. Hasta luego, ricitos —dijo,
seguido de un guiño que ella aceptó.
—Te espero en el auto —simplemente no podía seguir en medio de
eso.
—Espera, ya voy ¡Pax!
Luego de que yo entrara a mi auto, que era custodiado por los
guardaespaldas, María llegó casi al mismo instante a sentarse al lado
mío.
—Me alegra que todo haya terminado bien, ¿no lo crees? —preguntó,
colocándose el cinturón de seguridad—. ¿Todo está bien?
—¿Por qué lo preguntas? Mi cara es la misma de siempre.
—No —negó con la cabeza—. En este breve, pero suficiente tiempo, he
aprendido a decifrar tu seriedad.
—¿Qué?
—Sí, está el Pax serio y frío, Pax serio, pero tranquilo, Pax tierno,
aunque solo con su hermana, y mi favorito; Pax serio, aunque
entendible.
Ni yo tenía idea de dónde sacaba esa facetas mías, ¿cómo es que logra
diferenciar lo que me pasa?
—Claro, aún me faltan conocer más expresiones tuyas, sería más fácil
si al menos sonrieras.
—No tengo razones para hacerlo.
—Entonces, si encuentro una razón suficientemente válida,
¿sonreirás?
—No pongas palabras en mi boca, aunque puedes pedirselo a tu novio,
estoy seguro que él si querrá.
—¿Novio? ¡Cielos! ¿Sigues con eso? Ya te he dicho la verdad, ¿qué
ganaría al fingir un novio oculto? Toda esta rueda de prensa hubiera
sido absurda.
—¿Y él sujeto que te llama, ricitos? ¿Vas a decirme que no ocurre nada
entre ustedes?
—¿Keith? Él solo es mi amigo, está lejos de ser de mi gusto, y yo del
suyo, pero nos queremos, mas no es como piensas. Es un cariño
especial, como de hermanos. Tal vez hasta hayas notado que es algo
coqueto, eso lo hace a propósito.
—Entonces, ¿no tienes novio?
—No, tú y yo vivimos y trabajamos juntos, si tuviera un novio, ya lo
habrías notado.
En eso ella tenía razón, por lo que ya no hubo lugar a más preguntas,
María decía la verdad.
Encendí el auto, preparándome para salir del estacionamiento.
Manejé algunas calles en completo silencio, hasta que María descubrió
que no era el camino de regreso.
—Haz errado. Debiste tomar el camino contrario.
—Yo no me equivoco —hallé un lugar donde dejar mi auto, de modo
que, salí sin dar tanta explicación y luego abrí el lado de ella.
—Pero…
—Te dije que te llevaría a comer luego de la conferencia.
María salió, abriendo los ojos con incredulidad.
—Esto es… No, es demasiado caro —quiso volver al asiento, pero yo
cerré la puerta, colocando la alarma encendida.
—¿Y qué? Es lo mínimo que puedo hacer.
—¿De qué hablas?
—Tu comportamiento y la manera en como le respondiste a esa
mujer, es digna de aplaudir. Hiciste un buen trabajo al mostrar
seguridad y desenvolvimiento al devolverle el golpe. Ella quedó
humillada en televisión abierta.
—No era lo que buscaba. La humillación no la merece nadie.
—Ella se humilló a sí misma, tú solo respondiste, y por eso estamos
aquí.
Al observarme detenidamente, se acomodó el mechón detrás de su
cabello.
—Gracias por tener ese detalle, ya no eres tan gruñón.
Ambos entramos al restaurante, y comimos compartiendo cierta
información, hasta que ella me dijo algo que me dejó pensativo.
—De modo que ella era tu amiga.
—Lo fuimos, o eso creí, pero tal parece que siempre me odió. Nunca
entenderé la razón de su desprecio.
Preferí no preguntar más, parecía ser un tema que le incomodaba.
Todo lo que sabía hasta ahora era que esa mujer fue la mejor amiga de
María y que su ex esposo la engañó con ella. Me pregunto si la noche
que la conocí y esta información tendrán alguna conexión, ya me
enteraría.
—Dime, hermana —contesté a la primera llamada—. Sí, todo resultó
bien. Ahora me encuentro almorzando con María y…
—¿Qué pasó? —ella me ve dejar el celular y me cuestiona.
—Nada, son cosas de Arya.
En realidad lo que mi hermana había hecho, fue que al saber que
estaba con María, me dijo que no quería interrumpir, así que colgó
antes de que yo pudiera contestar.
No sé a dónde quería llegar.
Al día siguiente, cuando nos preparábamos para salir al trabajo,
desperté con las notificaciones de la fábrica. Mi pedido estaba hecho, y
ahora mismo estaba en la puerta.
Salí de mi despacho con los documentos que necesitaba, al bajar a la
sala, escuché los murmullos de los empleados que no dejaban de
preguntarse para quién eran esos paquetes.
—Tiene buen aroma —comentó el chofer quien bebía un jugo.
—Seguro es alguna locura de la mujer del jefe.
—No es ninguna locura, Gretta —hice resonar mi voz en toda la sala,
llevando a la empleada a voltear con el temor en sus ojos.
—¡Vaya! ¿Y esos paquetes? —Arya bajó junto a su esposo, observando
los seis paquetes apilados en la entrada.
—Un repartidor trajo esto, señora —contestó el chofer a mi hermana.
—¿Y para quién son? —Zack se acercó a ver si había algún nombre, y
lo encontró—. ¿María?
—Oh, era de suponerse. Esa mujer es todo un caos.
—¿Qué acabas de decir, Gretta?
De inmediato, ella ocultó su boca tras sus manos.
—Señor Palmieri…
—Si no tienes algo inteligente que decir, mantén la boca cerrada, a no
ser que quieras perder tu trabajo.
—No señor, perdone mi desatinado comentario, solo fue un error de
esta servidora.
—Pero qué bien huele, ¿eso es cacao? —María había despertado y
guiada por el aroma, llegó donde los paquetes, y al ver el logo, casi
estalla de alegría—¡No puede ser! Estoy soñando, debo estarlo, no es
posible… ¡Son mis dulces favoritos!
—Lo es María, es real. Al parecer alguien estaba muy interesado en
traerte estos paquetes.
—No fue Keith, él me lo habría dicho, entonces… —su mirada fue a
parar a mí—. ¿Tu hiciste esto? —sus ojos verdes iluminaron los míos.
—El dueño es un conocido mio que me debía favores. No fue gran…
Hasta el momento yo era quien sorprendía a María con besos, pero
ahora… Ella no se contuvo cuando expresó su emoción, al colgarse de
mi cuello y abrazarme con tanta calidez.
—Esto es hermoso, algo que nunca olvidaré.
Poco a poco fueron dejándonos a solas, estando por fin solo los dos y
permitiéndome llevar mis manos a su cintura.
Nuestros rostros se encontraron a escasos centímetros, solo bastaba
con que yo empujara o ella lo hiciera para besar sus labios, pero algo
más cálido invade mi pecho.
Ella sonríe, no quiero dejar de mirar eso.
—Perdón, sé que no te gusta que te toquen —María apartó sus manos
de mis hombros, no quería que lo hiciera, pero no es el momento para
estar tan juntos.
Accedí a soltarla.
—Te llegarán paquetes así cada tres meses. He hecho un arreglo con el
dueño, así ya no tendrás que seguir esperando a que tu amigo te los
regale.
—Nadie ha hecho algo tan bello por mí, te juro que nunca lo olvidaré.
Siguiendo con mi día como cualquier otro, en mi oficina me esperaba
mi secretaria, quien me entregó los recientes documentos.
—¿Qué es esto? —pregunté al ver el sobre plateado.
—Es una invitación a la inauguración de… —sacó su tableta y buscó el
nombre—. De la señora Ardley.
—¿Ana Ardley? ¿La diseñadora y esposa de Bercelli?
—Sí, se trata de ella.
—Creí que no volvería a salir al público.
—Es una mujer muy bella, hay rumores de que renovará sus votos con
su esposo, y que lo anunciarán en el evento.
—No me sorprende, si tienen tantos hijos, es porque algo funciona
muy bien en ellos.
—¿Desea que confirme su asistencia?
—Sí, y también dale el alcance a mi esposa.
—Como usted diga, señor.
El evento sería en una ciudad a doce horas de donde yo me
encontraba, por lo que María y yo tendríamos que salir un día antes.
—No me agradan los aviones —contestó ella con un evidente temor
que ni ella entendía, por lo que fuimos por tierra.
Un viaje de doce horas, que terminó cuando al llegar al hotel donde se
realizaría el evento, nos entregó nuestras llaves para ocupar la
habitación. No éramos los únicos, otras personas de nuestro ámbito
llegaban con anticipación, pero no todo podía ir perfectamente bien.
—Es evidente que como ahora todos saben que somos esposos,
piensan que esto es normal.
María suspiró resignada, sentándose en la cama a quitarse los tacones.
—Yo solo sé que estoy cansada y quiero dormir. No tengo problemas
si estás aquí.
—¿Quieres que me quede a dormir contigo?
—Para todos somos marido y
mujer, supongo que puedo hacer
el intento de compartir la cama contigo.
POV María
No sé donde estaba mi mente, solo sé que me quedé perdida en sus
ojos, como si toda cordura hubiera salido de mí, e inconscientemente,
pegué mi nariz a la suya.
No puedo negar lo evidente, este hombre es extremadamente
atractivo y destila pura testosterona, lo cual produce en mi
entrepierna una ligera presión.
Pax mira mis labios, luego a mis ojos, busca ver el deseo en mí, cuando
lo descubre, coloca su mano detrás de mi nuca y me besa con pasión,
mis manos van directo a sus pectorales, y a su hombros, de donde no
quiero dejar de tocar.
—Mírame, María… —murmura contra mis labios, abalanzándose
sobre mí en la cama, mientras no deja de besarme con tanta hambre,
devoción, necesidad y otras cosas que ni puedo mencionar, no porque
no quiera, sucedía porque no podía pensar en otra cosa más que el
bulto me presiona en los glúteos.
—Ah… Esto… Esto…
Su boca abandona mis labios, dejándome una sensación de frío y
abandono, hasta que va a mis mejillas y besa cada parte de mi cara,
esto va más allá en mi cuerpo y mi corazón late con tanta fuerza, que
creo estar volando como las mariposas.
Sostiene mi mentón con sus dedos, vuelve a mirarme, estudia mi
expresión por completo y roza sus labios con los míos.
—Pídeme que te bese, María, pídeme que lo haga, princesa de lodo.
Ese nombre… En aquel entonces, nuestras miradas también se
cruzaban, mas nunca pensé que años más tarde nos encontraríamos
en una escena así.
—¡María!
—Bésame, hazlo por favor, bésame, Pax —pedí casi suplicando,
cuando él frotó su dureza contra mi suavidad.
Esta sensación tan conflictiva, entre el deseo y el miedo. Él no lo sabe,
no tiene idea de que jamás consumé mi anterior matrimonio con Zack,
a lo mucho habíamos llegado a los besos y unas caricias que me
estremecian de temor, pero con Pax… Es que no hay punto de
comparación.
—Dios… ¿qué estoy haciendo? —digo en mi mente, antes de abrazarlo
con mis piernas desde las caderas, lo cual solo provoca que eso duro
se restriegue directo a mis gluteos.
Entonces, él va tirando de la manga de mi vestido, dejando libres mis
hombros, los cuales no solo besa, saborea.
¡Señor! Con Zack solo he llegado a eso, no a más, pero Pax lo cambia
todo, al bajar más y sacar mis pechos a plena luz y vista de sus ojos.
La vergüenza me invade y cubro mis ojos, sin embargo, escucho:
Preciosos…
Abro ligeramente mi palma y observo entre mis dedos, la mirada
profunda de Pax.
—¡Ah! —ahogo un gemido, apenas él toca con su dedo la punta—. S-
soy sensible ahí… ¡Ah!
Pesé a lo que digo, Pax atrapa todo mi pecho con su palma, y con la
otra mano aparta mis brazos, los que uso para ocultar mi rostro.
—Quiero verte… Quiero ver esa expresión.
Otra vez nos miramos, estoy respirando por la boca, no puedo evitar
agitarme, siento que el asma vuelve.
—Tranquila —besa mi mejilla y luego me da besos suaves en los
labios, hasta que puedo respirar con más calma—. ¿Por qué estás
nerviosa?
No es fácil decirlo, por todos los cielos, las palabras no salen de mi
boca, ¿cómo le explico que no he tenido a ningún hombre dentro de
mí? No es como contarle sobre mi dulce favorito, además… Tengo
miedo, cierro los ojos y aunque no quiera, recuerdo las palabras de
Zack.
"Repugnante" "Una mujer a la que solo tomará por necesidad y no por
quererlo, para después buscar a otra y deshacerse de mí"
Lo cual no está lejos de la realidad, ya que este matrimonio tiene fecha
de caducidad.
—¿María? —su pulgar acaricia mi labio inferior—¿qué pasa?
—No puedo —evito mirarlo—. No puedo hacerlo.
Él suelta un suspiro, y asiente, acomodándose en el colchón, hasta
sentarse.
—¿Quieres que te haga solo compañía?
—Pax yo no…
—No voy a tratar de propasarme, si no quieres, no pasará.
No puedo decir que confío en él, es demasiado pronto, pero dada la
situación, y que aceptó que le dijera que no, puedo suponer que estoy
a salvo con él.
—¿Qué propones? —le pregunto, acomodando mi vestido.
—Pues hay una sola cama, y ya que no lo haremos, supongo que
dormir, a no ser que quieras jugar a las luchas.
—¿Las luchas? ¿Es una broma o hablas en serio?
Pax no responde, solo va por su maleta y saca su pijama y toalla para ir
a la ducha.
Minutos después, sale únicamente en su pantalón de dormir, aunque
algo agitado como si hubiera hecho algo más que ducharse en el baño.
—Te ayudará, puedes entrar —me indica, mientras seca su cabello.
Yo hago lo propio, no tardo en ducharme, y para evitar incomodidad,
salgo ya vestida.
No me considero el tipo de mujer sexy, solo la común, por lo que mi
pijama es solo un camisón con tiras que se sostienen de mis hombros
y que llega a mis rodillas.
Cuando salgo lista para dormir, encuentro a Pax ya recostado, con el
torso desnudo.
—Ay Dios… Yo tengo la culpa —me dije, al recordar que le dije que
podíamos compartir la cama.
Bueno, todo sería más sencillo, si no fuera porque hace unos minutos
estuvimos a punto de hacerlo en esta misma cama.
—Creo que ya se durmió —me senté sin ser tan brusca para
recostarme al borde de la cama, pero solo treinta segundos después,
su brazo apretó mi cintura, pegando su torso a mi espalda.
—Pax… —traté de moverlo—. Así no, este no es tu lado —fue inutil
despertarlo, tenía el sueño pesado.
Solo me quedaba una cosa por hacer. Pedirle a mi Dios que me ayude a
dormir.
—————————
POV Zack
—Amor, ven a la cama —me pidió Arya, al ver que no dejaba de fumar
desde la ventana.
—No tengo sueño, preciosa —frustrado, miré mi caja de cigarrillos
vacío y lo lancé al cesto de basura—. Duerme, cariño, voy a salir a
comprar más cigarrillos.
—Pero…
Salí de la habitación sin poder pensar en otra cosa más que en María y
el miserable de juntos.
—¡Maldita sea! —gruñí, apretando el puño.
—¿Señor? —Gretta me encontró a punto de salir de la casa.
—Ni una sola palabra de esto a nadie. Volveré al amanecer.
—Pierda cuidado, estoy a sus ordenes.
Gretta, la empleada que tiene un poco más de edad que Arya, es buena
para guardar secretos, por lo que sé que no me delatará.
Manejo mi auto por unos largos veinte minutos, hasta llegar al
departamento de Annet.
Apenas abre, ella se muestra molesta, pero entro y la beso con una
desesperación única.
—¿Qué te pasa?
—Querías esto la última vez, pues aquí estoy —hundí mi boca en su
escote y la cargué, restregándole mi erección.
—¿Qué tomaste? Estás tan…
—¿Lo quieres o no? —exijo saber y ella me da su respuesta,
mordiendo sus labios y frotando con su mano sobre mi entrepierna.
Es Annet quien lo frota, pero es a María a quien quiero haciendo esto,
y no con el ladrón que tiene a mi mujer.
¡Maldito seas Pax! Maldito por fijarte en mi mujer.
Al día siguiente, cuando me despierto y Annet está desnuda a mi lado,
me levanto para ponerme mi ropa y regresar a casa, mas algo llama mi
atención, cuando veo un auto que no es de Pax estacionado fuera de la
propiedad.
—Zack —Arya se emociona y corre por la sala para abrazarme—.
Saliste muy temprano de la cama que ni te sentí.
—Fui a dar una caminata.
—Me alegra que seas tan atlético, pero ven. Déjame presentarte al
señor Keith, es un amigo de María, vino a visitarla, pero le acabo de
decir que ella y Pax se han ido de viaje por una invitación que
recibieron.
—De modo que usted es Zack, mucho gusto —el sujeto deja su taza
sobre la mesita de centro y me mira como si me conociera.
—Sí, él es mi esposo. El hombre más perfecto del mundo, y futuro tío
del probable sobrino que traigan Pax y María.
—Sería una estupenda noticia, considerando que María ama a los
niñ0s, ¿usted que opina, Zack?
—¿Qué debería opinar? —el sujeto no me agradaba en lo absoluto—.
No es oportuno que ella… Que haya un bebé.
—¿Por qué no? Están casados, son una pareja, sería una buena noticia
que llegaran de su viaje siendo tres personas.