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l\1ARIJ\i0 PÉREZ ALVAREZ
El tnito
del cerebro creador
Cl 1 ERPO, CONDl 1CTA Y Cl iLrl lRA
Rc\l'tv.1do\ todo.\ lo\ dcrecho.\. El contenido de e.\ta ohra c:-.1.-í protegido por la l,ey, que c:-.tablcLc pcna.s Je pri:-.ión
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vl'\ de cualquier medio, <>Ín la preceptiva aurori1.ación.
<D Marino Pércz Álvarez, 2011
@ Alianza Editorial, S.A. Madrid, 201 1
Calle Juan Ignacio Luca de 'lena, 15; 28027 Madrid; teléf'. 91 39.l 88 88
www.alianzaeditori,11.es
ISBN: 978-84-206-52(,6-5
lk¡><)sito legal: M. 19.985-2011
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Impresión: Efca, S. A.
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al ian1,acdi torial (íila na ya .e~
CAPÍTUU) 'Í
NEUROBIOLOCÍA ARISTOTÉLICA: Dl: LA JY)/J:S/S
DEL ALMA A LA PLASTICIDAD CEREBRAL
!;rente a la tendencia cercbrocéntrica dominante en la neurociencia y
en la cultura actual, se echa de menos una biología funcional de cuer-
po entero, org<ínica, no mednica. Aristóteles ofrece una tal alternativa.
No se trata de volver a Aristóteles, sin m<Ís, como si nada hubiera cam-
biado en biología y psicología desde entonces, en 2. 'iOO anos, sino de
volver a su obra desde el presente, dados los conocimientos y los pro-
blemas actuales. El caso es que los conocimientos alcanzados no están
l'Xcntos de problemas (reduccionismo, mecanicismo, Lcrebrocemris-
1110), cuya clarificación se beneficiaría de una visión arisrotélica, sin
ll'llt111ciar al avance científico alcanzado, como no \ea L.i depuración
pin isamcnte de la visión reduccionista-mecanicista. No se trata tam-
poco de hacer la acostumbrada referencia erudira de Aristóteles, corno
~1 11.1da tuviera que decir hoy, dando por hecho que lo posterior supera
lo .111tcrior. No es el caso en relación con Aristóteles.
1 k hecho, Aristóteles es reivindicado ante los problemas de la ncu-
1ol11ología actual, por ejemplo, por el filósofo espanol Juan B. Fuentes
Y el fil1í ... ofo y psid1logo cstadounidemc Shuan ( ;;illaghcr, ya cirados en
I /{, El M ITI) 1111 ( 1· lll 1\1(( )( H 1 '" .. 111
el capítulo atHnior. hw111(·\ 1('1v111d1t .1 .1 !\11\f/>f(·ks en el contcxt1• dt
la «sckcciún org;ínic.1», '>l·11al.111do qui' 1.,., idLt'> de Ari~tt'ncles sohrc b
vida pueden ..;ervi r para rt·pL1111 Lll d(' 1' 11111.1 .1dn uada los problcnu~
de la biología evolucionis1;1 (htl'llll'\, .1.llOX; .)O 1O). M;is en concreto,
intl'rprcta aquí h1cntcs Li idc;1 de org.111i~1110 dl'.sdc la idea aristotélica
del compuesto hilcmórfico, utililando la dm tri11a de las cuatros causa'
(material, formal, final y eficiente). Se trata de rntender el funciona
miento totalizador dd organismo como un.1 totalidad de partes-órga
nos, cuya esencial unidad funcional (causa formal-final) es la condul
ta, de acuerdo con la actividad scmo111orora propia de cada organisnw
según su capacidad corporal operativa kama m;1tcrial-formal). ( :om(
se ve, la causa formal satura tanto en relaci1ín t'Oll l.1 cau'>a tina! lOtn•,
en rdación con la material. !Por lo dcm;Ís, la (·;ms.1 eficiente sl'gún
Ari-,rótdc-. es el autor, :1rtista o gn1cr,1dor, c11 l'I c.1-;o tk b gcncL1ció1·
de un organismo, el p<1drt' y la rnadrl'. 1
Por su parte, ( ;;illaghct r('ivindiL.l a /\.ríqócclc,, diLho lk fotll1<l liLv
ral, rcivi11dic1 u11,1 /l('/trohio!ogia nt'01lJ'istot//Írn, en el contexto de en
tendl'.r cómo la L'Structura corporal moldea el funcionamiento dl'I 01
ganismo, sin suponer una cl'.ntr:dita comput,1c ional en el cerehro. l ,
idea aristotélica del alma como forma del cul'rpo, dice Callaglwr,
\ ... ] explicada a través de una variedad dl' investigaciones filosóflcas \
cienrfficas contemporáneas, ofrece un importante concrapunto a las rrad1
cioncs plat<'iníca, cancsiana y foncional-computauonal. La forma lk1
lUcrpo, su rnccínica vivida, Slls procesos endógenos y sus ÍnteratcÍonL'
nrn el <1111hiv11tc constilllyen 11na unidad di11;í111ica ui11 d sistema nnvim•
que cstahkn: las rcstriLciom:s rcq¡¡n1das sobre la experiencia humana
1 low thc hody sl111pes the mind, p. 1 e, '
Por lo que aquí respecta, se reivindica la nonóu de alma, como formad,,
cuerpo, qul' no se da sin d cuerpo ni se reduce a él, y que no tient· 1ud.1
que ver con una supuesta alma espiritual, ni nm la mentl' interior 1111,
dl'rna, ni procesamiento dl' mforn1;1uón alguno. Fl alma de Aristót, k·
til'.nl' nüs que ver con conductas, h;1bttos y formas, e~ decir, con accio11,
y realizaciones, entre ellas la construcción o ¡101Cs1.1 lk uno mismo, Sl't 1.1
bdamcntl', b áict1. La poética dd alma dl· Aristútdcs rc'iulta un liurn
fondo sobre d que siru,ir la pbsricidad cerebral. Aunque Arist<irclcs con-
sideraba d cerebro corno un mero «refrigerador,. para enfriar la s;rngrc
del corazón, el cual era el órgano central (en este sentido, Aristóteles scrí;1
cardiocentrista), corno se ved, el concep!O actual de plasticidad cerebral
surge del contexto del h;íbito a fin;ilcs del siglo XIX.
El alma de Ari'.'>tótclcs no es una de '"ª"
mi-.cníosa-. mariposas del
alma», que se encuenrr;1 en el vergel de las m·11ronas, <>egt'111 la sabia
imagen del emínenre ncurofisiólogo espanol s.mriago Rarrn'm y (:aja!,
sino un concepto filosófico, eso sí, c¡uc aletea de antiguo y quien sabe
si algün día tenga un «ckcto maripo<;a» en la neurobiología, que ;1yude
a esclarecer el secrL'to de la vida mcmal, que acaso no estt; denrro del
cerebro (lo que no sería poco esclarecimiento). Se da la cirumstancia
de que t'n el griego cLísico, el f(:rmino ¡>svché t'\ el mismo para alma y
mariposa, de ahi el tema «mariposas del alma,,, bien ._·rn10cido de ( :,1·
ja!. Corno se recordará, (~aja! invoca esta im,1gen en b situacÍlÍtl llena
de entusiasmo al ver apareen Lis ueitronas tras impregnar n>rtcs Lcre-
hrales con sales de plata:
¡Como el entomólogo a la caza de mariposas de vistosos matices, mí aten-
ción perseguía, en el vergel de la sustancia gris, células de formas delicadas
y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién
sabe si esclan:cerá algLÍn día el secrcro de la vida mental!
FI alma de Arisrórcles, como se verá, riene más que ver con el aforismo,
1.1mbién de Caja!, según el cual el hombre puede ser, si se lo propone,
1·.\ndtor de su propio cerebro.
El cuerpo como punto de partida
l 11curohiología aristotélica empieza por el cuerpo. La iJe,t básica es
.1
t.111 clcmenral como fundamental, a saber, que la forma del cuerpo hu-
111.1110 L'stahlccc c<Ímo percibimos el mundo y actuamos en Ll
\j 1·11tL'IHk111os la ¡wrcepci<Ín como algo que ocurre en el interior del
1 nebro, scrL1 ;1 n>sL1 de ignorar la co11trihuci<Í11 del ct1crpo ;d ¡m>CL'so
1/ R El MITO DFL ORFBRO CRFADOR
pcrceprivo. Sq~tÍn esta concepción, los sistemas sensoriales serían cana-
les y filtros de información para «adentro». L1 pncepción se debería a
un proceso en d que los datm ambientales son captadm por los senti-
dos corno antenas o sensores y enviados a u na Cl'n l rali ta para su pr<Kl' -
samiemo. Fn su lugar. b percepción puede y dehe entenderse inheren
tementl' implicad;1 en rutinas de acción espvdflc1s. Se dd1l'ría pem;11
la pl:rcepción tanto o más en términos motores que en términos sól,•
rn.:cpt<HL'S. Como ya sv dijo cn el capítulo anterior, ver no es algo qu.
ocurre en el cerebro. sino algo que lucemos. Y..:r es una actividad d,
exploración del mundo que hace uso de la familiaridad pdctica segt1i:
el movimiento del cuerpo conduce y modula el en,·uenrro con las en
sas. Ver no deja de ser un ripo de actividad \lpcratori;1 q11e impliG1 11111
vi m ienro del cuerpo.
FI µaro que se mueve por sí mismo desarrolla con normalidad '>l
percepción de la profundidad, a difc.Tell(Ía del gato que t'S llevado "
remolque anre lo~ mismos estímulos que el otro, <le acuerdo con lo,
clásicos expenmentns de Hdd v lkin ( Jl)(1.1i). Como concluye el psi
cólogll l'Spaf10l los<.'· luis Pinillos comenrando estos experimentos. ,,¡
acción constituye un ingrediente esencial de la actividad pcrccptiv:
compleja» (Principios dr psicologítl, 197'), p. 198). Ni que decir tirn1
que d movimiento y la J.cción inrerviencn en todas las modalidad,·,
iwrcqnivas, adcm~ís de la visual. Baste recordar, por ejemplo, los nw
\'Ímic11to'\ que hacemos par.1 ofr v las palpaciones para reconocer alg1
con la mano.
l'or otro lado, el sistl'ma motor produce movimientos que, rn.:
que determinados por completo a nivel cerebral. est~ín reordena,1(\·
por la estructura corporal: músculos, tendones, grados de flexihd1
dad, rcbciom» gcoml;tric1s uin orros músculos y arriculacioncs, l'íl.
todo dlo a su Ve'/ condicionado pm l.i hi<>toria de actividad prcvi,L ~
mayor parte del movimiento tiene su ba.-.c t·n sistemas corporale' .\;
námicos nnnpetitivos, cuyo desarrollo, por ejemplo, en el niño (Jll'
empieza a andar no ricne un plan previo centralizado. Como di, (
Andy Clark, filósofo y neurocientífico cognitivo británico, ya cic,1.I.,
en el capítulo anterior a propósito de los «andamios del cerebro", rn
este caso en su libro Bring therc. Puting lmzín, ho{~)', (md u orLd to.\'.'
1
thcr r1ga in ( 1997):
~l l'llOl\J<ll 1)(;L\ AlllSllll 111< ¡\_ I ¡<;
Algunos l'quJH''' ll'lic1llL'-" Lkl dcsarrollu inL1111d ~'uginc11 c¡ul· é\CL\ t:rn1
bit:11 [al il:!u.tl l¡uc otro~ ._1>1nplq1h tl-nó1m::n11~ que nH1c~tr;1n gran .1uroorg.1
nÍZal ión como el v11elo dv p.1¡.iros en b.1n,L1d;1j Sl puede u11..-ndn mcjnr
en término~. de Ílll('r<ltLÍonn dl' multirud ck huorn locales ·-factor.:'
que ind11ycn ,1 p;11te' igu.dcs, ncL·imicíHU u11por,1L foL-rore> <imhient;dcs
madm.Jci<Íli L"LTL'hr:d \' a¡1rnidizajl' ·. Nn luv un ·pla11n" p.11;1 la co11Juc
ta t·n d l crehro, 1 • en ]o_,, gcrll'-" no m.b qu< h:11· un pLnn par;1 d vuelo
en h c,ihcn (kl p_íjaro,
Siguiendo .1 ( hrk, uimidl-n::-,c, pot ejemplo, el l:l'-t> dl' t¡irl·ndvr ;1 :llldar
de un niflo: un ll'Lil'll 11audo. n1;111dn se so~t1L·1w en d .1irt» rc.di1;1 mo-
vimientos ,·opnli11.1d(), tk a11dar:. iucia lo' d•l\ llll'Sl''- l'S!Ps 111ovimiL'fl
1os desaparn t'll, p;11.1 lt'al'.m.xcr <'ntre lo-, 8- 1O 1tH''l''i; 1u;111d\l d ni río cm -
pieza a _,o~tl'l1l'J s1· ~ohr, ..,11' pie..,, ;llrcdcdo1 dv In~ l 2 nll'.'>1..'s, l'mpic1.a ,1
.111dar solo. l k acucrd(¡ con l.1 vi<;itÍn de 11n "g1;i11 pi.m dt· f,IL!<>t uniu1·>. '>1.·
diría que esU.'> tra11sicio11v'> respondl'n a un centro 'ºl~nitivo sup.:-ri11r que
l.1s dirige. Sin embargo, estudim mícrocvolurivos sugicrl'n que la.s transi-
l iones no l'St~-in (..cntralmvmc orquestadas. En su lugar, mülriplcs facrorcs
p;1rccen inter;Ktuar en términos de igualdad. Dice Cbrk:
l·'.l patrón de des;1rrollo no es la expresión de un plan inrcrior. Mis hien
rd-lej;_¡ el cornpkj1> inrnj11ego de múltiples foc1L1': alguna., corporales
konstitul ión tk las pierna.,). algun<lS mecínica'> k~t irarniento y ela~ticí-
da<l de las picm.1s), algu11;1s complctamerne exll.'rn,l-" (11so dl' .111da<lores,
inmersión en agua, etc.) y algunas m;Ís cognitiva.s L' intcrna.s (la transición
.1 movimiento volitivo, ddibcradn). l.a foulizaciún l'll cualquier.1 ck estos
¡1.1d111etros .usbdos pindl'. la \·cnbdna cxplicacirín dd cambio l'Volurivo.
q11l' consiste l'll entender e! in1crjucgo de tiwu;,1,-, dl· IlHJL!1i ljlll' exn1sa la
lll'tcsidad Je po..,rubr un hcinr de conrrol únic1>.
1·11111111do no l·s 1.11110 un ob.~dculo, rc.s1stc11cía o problcm.1 ;ti que el
o la 111c1111 hum;111a tc·nga que oponerse, l'nfrentaise o resolvl'r.
11·11·11111
t Hlll<> l'S !fil l (lll)tffllO de Sl'íVÍLÍ;did,H.ks, tfr.ponihilidade.'I )' l OS,l\ J Li
111.11111, disp11n1.1s por Li sol inhd y Li ,11lt llLl prtTxistl'!lll'S a u1alquin
120 EL MITO DEL CEREBRO CREADOR
individuo, sin que éste tenga que situarse en la posición ad<ímica del
primer ser humano en la tierra. El mundo ya esrá preajustado, hecho a
la medida, prefabricado a la escab humana, la escala antrópica del
mundo, señalada en el capítulo 2 a propósito de la «filosofía del cerl'-
bro,, (materia determinada, principio tecnológico). El cuerpo humano
impone su forma biofísica (estatura, compostura nguida, operacoric-
dad manual, locomoción, dinámica corporal, ergonomía, ere.) y SU\
necesidades dt.:' crianza (alimentación, cuidado, atención, intcracci<'>11.
socialización, educación, cte.), pero ya está a su vez conf(nmado por el
mundo hecho a su medida (cocvolución cultura-cerebro). El cuerpo
humano tiene una forma determinada, conformad,1 por el mundo c1i
el que se desenvuelve su vida. La forma suponl' tanto esrrucmra COlll<•
función. Mientras 4ue la estructura posibilita y limita la capacidad 1;
potenciali<lad funcional, la función actualiza, realiza y pot<:ncia la pro
pia capacida<l o potencialidad funcional.
E1 alma corno capacidad funcional del cuerpo
La capacidad funcional actualizada en el continuo vivir es el alma de
Aristóteles o, por su palabra en griego, pJyché, de donde viene psique y
de ahí psicología y como también se dijo mariposa. El alma para Aris
tórcles es la forma del cuerpo, según una concepción desarrollada en el
tratado Acerca del alnut. Se entiende aquí forma no en d sentido dl
rnorph/ (estructura, morfología) sino en el sentido de eidos, que es l.1
palabra que usa Aristóteles, entendida como conjunto de funciones es
pecíticas que definen la esencia de algo, de un cuerpo natural o de u11;1
cosa. Así, d alma es la forma específica de un cuerpo natural que t·11
potencia tiene vida (Acerc11 del alma, 412a 20). Respecto de una C0\;1.
por ejemplo, de un hacha, el «ser hacha» es su entidad y, por tanto, ~11
alma, dice Aristóteles (412b 1O). En el caso humano, el alma<:\ 1111
conjunto de operaciones vegetativas (nutrición, reproducción, clt
compartida\ con las plantas), sensitivas (sentidos, locomoción, q111
también tienen los dem<Ís animales) e intelectivas (razonamiento, rn
rendimiento, exclusivas del ser humano).
El alma no es para Aristóteles ni algo distinto del n1erpo ni rnl11< 1
ble a él: ani St' d;1 sin un cunpo ni t•\ en sí mism;1 1111 n1npo., (il1·a, .1
NFliROBIOLOCIA ARISTü lfl I< 1L. 121
del alma, 4 J 4a 20). El alma es al cuerpo lo que la función al órgano.
Como dice Aristóteles: «si el ojo fuera un animal, su alma sería la vista.
l~sta es desde luego, la encidad definitiva del ojo. El ojo, por su parre,
es la materia de la vista, de manera que quitada ésta, aquél no sería un
ojo a no ser de palabra, como es el caso de un ojo esculpido en piedra
o pintado» (Accml del almtt, 4 l 2b 20). El alma es la entidad específica
del cuerpo, definida por sus funciones, las funciones espedficas de las
que es capaz, valga decir, por su espffic kn el ser humano, enrre ellas,
hablar, raz01ur, ere.). El alma es por ello mi rn10 ram bién entelequit1 del
cuerpo, en el sentido de anuali:ración y plenitud de actividades posi-
bles (no en el sentido coloquial de cosa irreal). La entelequia es el cum-
plimiento adecuado de lo que un ser viviente puede dar de sí. (:orno lo
dice Aristóteles: "la entelequia es la forma de lo que csd en potencia.
Fs evidente que el alma es tamhién causa en cuanto fin» (llcercri del
illma, 4 l 5b 1O). El fin es conocido por el modo propio de obrar de los
l llerpos de acuerdo a su naturaleza.
En la concepción aristotélica del alma, como se ve, son importantes
los pares potencia y 1tcto y mtttt'rÍft y f(;rnut, conceptos fundamentales
i111 roducidos por Aristórelt's en sus oh ras ontológicas ( Hsim y Metafl-
1im), de validez para todos los tiempos.
Al identificar el alma con las actividades y operaciones del cuerpo,
l ahe concehirla como acro: lo que de hecho hace y corno potencia: lo
que es capaz de hacer. El alma como acro constituye la forma o función
u·.tlizada o realizándosl'. El alma corno potencia constituye la capaci-
d.1d de vivir, de hacer y comportarse conforme a sus posibilidades. De
iodos modos, la conceprualización del alma es m;Ís usual en términos
di' potencia que de acto, quiz;Í porque potencia tiene carácter más ge
lll'r.11, al incluir todos los actos posibles. Ahora bien, es primordial ad-
Vl'l I ir que la potencia no es anterior al acto sino, por el contrario, el
.1110 es anterior a la potencia, como el propio Ari~tóteles hace ver (!vfc-
111f/1il't1. IX. 8). El acto es anterior a la potencia tanto en ~cn1ido lógico:
l.1 I'º' l'llcia se define por el acto, corno en sentido on rológico: el ser en
111111·11l ia csd a expensas del ser en acto, y en sentido cronológico:
\ln11prc hay 1111 acto anterior.
1 .1 poll'lh Í;1 para 1mar la dura, 'cg1í11 el ejemplo de Ari.'>r«ireks, pre
\11111111« el ;ll IO de lrn arla, el cual proviene del ado de orro quien ya lo
\,1lw l1.1t tT, sc.1 por l ;1\0 1·l 111;1cstro l i1;iris1;1, l·orno ,,1.·;111s;1 dlciL'llll'» >' :isí.
]?J UMITOIH'l <TRl'l\ROClli'.Al)OR
El acto de rucar la dt.tLl tendría tamhién sm antecedentes en las formas
conOLidas de hacerlo (modelos, pr:íctica~. estilos, l'tl.) que el propio
maestro sigtH: y que Ari\tÓtelcs llamaría «Clll''ª formaL,. Comoquin:1
que fuera, l.1 potencia dd maestro citarista csd t:n acw cuando transmite
o ensdla .11 aprcndi1. a tocir la cit.lfa, el cual empieza a h.1Cnlo como
paso a adquirir la potcnna y com¡wrcncía uinw nilisico. Quínv decir
que b p1>rt·1itia, en este· C<tso p;Ha toc;1r la cítar-1. cmpiez:1 por el ano, l'tl
este caso el acto de toen b dura y de practiLar con clia. L1 pm1·11cú se
aprL·ndc en el acto de p1actic11. 1:i propia actividad del aprcndil Pª'ª .1
constituirse \.Olllo potctKÍa q11t· pwxlc ponn-;L' en .icrn l'n 1111a \·,nwd.1d
de circun ... rancias ya no dq1l'ndicntc.'> de b «C.l!!'>:l d!nt·ntl·,. ori~1nal ljlll
sería el maestro, ni dl' b «causa formal» que sní.1 la lorm.1 LOl1<Kt(h \
estahlcci&1 &.' t<kar Li dura. Así, por qemplo, el cíiamra p11cdc ;lt'ttl<!l
sin el maestro ahí prl·,c111c v sin L'Star '-iguil'11do un 1110Lklo 1:01Kn.·t<'.
pero esto no q u inc dt'LI r que cÍ maesrro 11 i d modele' L \d 11 ;Hhcrnn dt
todo pum o -,ino m.í.., hil·11 ljlil- l''>Llll coprl·..,ct1lcs de ,1\guna m.mna en su.'
ah;-í.híto)•· y L'll su alma, cq;in de facto i111.:orporados en cí alma.
Fn u>nsccuu1cia, llq~a1 a ser músico o lo que sea L''>taría prctlgur.1d,,
en los modelos precxistctHes en el mundo, dados como formas (ulm
rales que scrÍ;lfl para Arisr-ótdes causas formales (modelos, estilos, ere. l.
Las cau-,as formaks como modelos constituirían las condiciones de pu
sibilidad de lo que podemos llcg;ir a -;cr, sin menoscabo de variacionL''
v rccom hi naciones que pud iL·ran dar lugar a nuevas formas, i ncltis( 1
imprevisibles. Las variauoncs que pueden llegar a constituir una nucv«
n.:alidad l'\LÍn concebidas pot Aristútelc~ en términos de azar ( tychc) \.
usualidad (1zutdmaton!, concepto~ esrudiados al hilo de las cuatro'
ctusao., (Físirn, 11. 4). Las causas formales así entendidas conllevan ._!
sentid<> propio ar1stotl;ltco de acto y actividad, ya qut' se nos ofrecen
prccisam,·1nv como nwddm de acción.
f ,a rebuón pote11cia<1cto .'e puede entender también como rebu, ,,
dtaléctici, de modo que llH'Jor o.,c· hablaría l'ntonccs dL· reciproud.u1
lJUL' de prcn·dcnua. IJ propio Aristóteles ,·icrw .i autorirar eo.,ta int,:
prct,H..ÍÓn, cu.indo afirm,1 que hay "l·osas que so11 rcciprncamcntc \.,!1_,
S<lS; <lSÍ el ejt'll il io l'" Lama del hutn 1·q,1do del c unpn v éste del t'Íl n;
cio» (Fúim. l !)'),¡ ). Jll'. .
Por \U p-1rtL'. b idcntitlcaciún dd .ilma como f;>rfl\:11kl u1crpn i11;
plil;l tk ill'11uLi di.\lllh l<>ll í'1111d.inH'll!.1l ,·111n 111.11n1;1 \'forma. Así, .. :,
una primcr.1 apnJXltll;LÍÓn. Sl' dirfo que el Jlnu e' fonn:1 ¡cíe/o;. poten-
cia, acro) y el n1crpD matvria. Rccw:rd.:sc el ejemplo dd ojo: Ók scn;i
la marcria krisralino, retina, :.:te.)>. h furn ión de la vista sería la forma.
Ahora bien. la distinción maccria-forma phnre;¡ aquí dos cttcslioncs
una relativa al cw:rpo como compuesto a su Vt"1. de (fo,tintas matnias \
otra n:lauva :il alm.1, preguntando ahora de qt:t: m:Hl·ria es, rnJa vn
que no se reduce al uicrpo v sin cmhargo es .1lgo.
En dccro. cabrL1 prcgunt;H de qu~ cst.í hcd10 el cuerpo:· dio 1lt:v;1-
ría a su-. com po nclHC'> (u 1ra'/611, ccrd1ro, -;angn:, h ucsm, m t'1 \l u los,
tendones, crL-.) y <Hlll a '-ll' constinn-enfes mi' ck11H::rHak~ L1gua, aire,
tierra, lllcgnJ. L11 c.1d.1 uno dl' estos niveles se pbnt:.::iría de ntwvo b
<listin, iún matcria-form:i. y.1 que s1 se pueden dikrl·nciar \' reconocer
consrittryl'ntl:~ del 1 11crpo e~ porque tiCllL'n ;1!guna form:1 dctnm111,1da
(si no. no'' ¡i()dri;in dcrnminar). La Clll'\t1<Í11 ~ería .'>abcr cu;i! es lama-
teria rcin ante par.1 el csmd 10 lk los t~·w'1mt:110' dt: in re res . .~c.1 por caso
tocar Li 1.·11;1r.L U11.1 rccurr,:1ll"l<l intlnll:l de t<llhas no haría m<is rntcli
giblcs las co.'<L' .\llJO que la.'> haría m:í., ose ur;is. 1 ,! maccri:1 relevan re en
relación con toc:H l.1 círara sería, c1nnncL'~, el organismo corno un rodo.
contempLtdo ;·n .;;u lú11ci.iri;mli1·1iro y vista<; las actividades que e<; ca
paz de hacer. El orga11i:.1T10 así concebido es el alma y, de hecho, es en
('ste nivel donde inrervienc el mat:srro citarista. no en el enebro, ni en
otro componente suhon~:ínico, sino en el alma, que 1111 e-; un óruann,
'-ÍflO todo el organismo <'OH Sll c;ipacidad fi.mcionaJ. e'
Cabría prcgunt:Jr .dwra de form:1 m:ís (:spccífic.1 lli. c¡ué c:;d. hcch. 1
"'alma. J\unqut: <·sra pr.-gunta no la hxc /\risrcírclt~., cahría hacerla,¡_
J'.llÍendo su tl'orfa <k las cuatro causas. ;\fas alU ya d~· decir ,¡uc lama-
1cria del alma f''> el cunpo, Sl.' diría ahora. sin dl'j;ir dt· iado d u¡crpo
pno lambién sin dejar la n·:,puL'sta .d1í sin m;Í~. yuc l.1 lll.1icrÍ:1 lkl ;1Jm.1
\011 las acciones y las forma.~.
/;[ rtÍmtJ escultorrt de sí miwna a través de acciones y formas
Arnonn: ¡mzxis y poiesi.1
1 ,,., .1( (iones "º11 Li~ o¡wraciont·s del alma (vegerativas. su1s11 i\as, 11Hc-
ln 11\".I\), pero \\' di\t i11g11irían ,tlH1r;1 do.s tipo~ lk :lLcio1ws: ¡•111xi1 \.
f 24 EL MllO l>FL C:LRFllRO CREADOR
poiesis, de acuerdo con orra importante distincicí11 de Arstótdes en estt
caso en su /tim il 1Vicdm1tco. Mientras que ¡mtxis refiere acciones q uc
se definen por su propia actividad práctica (acciones inmd.nentes que lle-
van en sí mi.-,mas su propio fin, como las acciones éticas), poiesis reflen:
acciones que se definen por algo construido distinto de ellas mismas
(acciones que producen una obra externa al propio sujeto agente quv
la rcili1.a, como la construcción de una dtar<1, de una estatua o u11;1
casa). Pmxú se podría traducir por acción, actividad o conducta y poic
sis por realización, obra o construcción, dentro de su ambigüedad.
Las acciones pdcticas (prrvás) por antonomasia son las acciones ét1
caso morales, cuyo fin inma11e11re es la vinud. (:orno dice ArisflÍteks.
ninguna de las virtudes morales viene tbtb por na tu ralua, st 110 q U<
supone pr;ktica, es dl'cir, ldhito y cost11mbre. Ahora hien, en la mcd1
da en que la ,·inud supone la perfruió11 de uno mismo (respecto de i<i
dado por 1i;1turak1.a). la pr¡¡x¿ ética no lkjaría dl' tener l'JH()nces su
ohr,1 o poicsis que seria en esre caso la vida virtuosa, un ,tima s1 no pe!
fcua, ¡wrfcctihlc. hi todo caso, es impunantc t\.>ner prcsclltl' que l.i
virtud, tanto la intelectual como Li moral, se logra a través Je! hábito.
Como dice Anstócclcs:
Ninguna de las virtudes morales se origina en nosotros por naturaleza: c11
ekcto, ningun.i de las cosas qul· son por 11,1rur,1lcza se acostumbra a utr('
cornpon;imicntu. Por ejemplo. Li piedra, que se dirige por naturaleza h.i
(i~1 Jh.1jo, l!lllll.l podd .1tP\!L1111hrar.'>e ;1 dingirsl' hacia arriba ni aull<Jll<
uno tr;ilara de ;1costumhrarL1 tidndola miles de n·cc.'> hacia arriba; [. 1
Las virtudes. la.s reL·ihimos después de halwrlas ejercitado primero. Lo 1111'
mo que. por lo dem;Í'>, en l:is artes: lo q1w hay que hacer 1... 1 lo aprende
mu.-. hau,;ndolo: por ejemplo, lns hombres se hacen constructores con'
trnvendo y cit.n1stas toundo la cítara. Pues hicn, de esta rnanna IH"
liaLLlllos ¡ustos rc.diundo al ,·iones ju sus v valientes. 1... 1 M;ís alÍn, 111d'
virtud SL" ongina uJtllo ull1sccucnu.J y ;1 tr;1v(·s dt· las 1111srnas :1L"cÍ011c
[ ... J l'u1quc de no ser a.\l, 11ingu1u falta ha1i1 de l]lllº alguien cmcf1dr.1
-,ino qul' todos h~1hrian nacido hu,:nos o nulos.
Para Ari~t<Ítcks l'\d daro que la!> \'Írtude" son coc.,1 de h~íh1to~. b Il»I
!izando Lr.<. .iu.ionc~ coric-,¡)()ndiemn como no.\ h,llTl110!> j11sto'i 11 J11
justos, valientes o cobardes, remplado, o 1rasubln, ( :onduyt' Ari"tott
ks:
"Jlt!l<OBJ<lf<)CL\ Al<!.'>!011U<1\ /.l-,
Los /¡j)Jiw, ,,. orig1n.rn ,¡ p.1rr1r d, Lb aCII\'IéLido '· orrc;,¡mn,Jiu11n. Por
ello hav que rc,ili1ar ;iu1viéL1dc' tÍ< una c1cr¡;1 da,e, puc;, (k ,lLllLTdo cu11
las difrrL·ncia' entre dL1:- '-l ,1gucn Jo, kílrnos. Fn consecuencia, 110 e'
pequcl1.1 la difrrcncia entre h,ihituar'>L' ,·11 un .'>cntido o en otro ya desde
jóvcne\; C\ Je gran imporL11H.Í;1 o, rnc¡or, de la m.íxima importancia.
{11iil a Núrhnam, libro l L 1
!\sí, puc\, Lh acl ÍollL'S éuca.\ cLu1 lugar,¡ L1 con·;trucción de utu vida
virtuosa, Li ohra 1i poin11 ck uno mi~rno. En fin, se tr:na de Li poética
de sí mÍslllo (jllí. ~LTÍa Li étil.t, corno prudcnci.1 e 111tclign1ua pdctica
(phrones1.1}) f¡·rnph111..1) aurocontrol (soplm1.11111'J, virtudes con~tituti
vas de b pn!(·LLÍ<Ín 1kl alma. L1 Ull'StÍ<Íll l''> que la pnfrLcÍ<Ín del ,dm.1.
tanto en '>ti ;1spn to 111tekuivo LO!llo mor,d, se logra a travt"s del h;íbito
y la COS(llnthrc.
Form11s. núhirlasy rons1ruirlt1s
(,as formas se refieren a las actividades intdectivas, cuya parucularida<l
es recibir formas sin materia y discurrir sobre ellas. El intelecto recibe
la forma, no la cosa misma, Como dice Aristóteles, «lo que est;Í en el
.ilma no es la pie<lra, sino la forma de ésta» (Acerca del 1dmrl, 451b25).
1:.1 intelecto no es de una f(irma determinada, sino potencia de rodm
lm objetos y así «forma de lórmas». «De donde re\ulta dice Aristó-
teles- que el alma es comparable a la mano, ya que la mano es instru-
111e1Ho de instrumentos y el intekcto es forma de fornu\» (Accro1 del
,t/m11, 432a).
FI intelecto es discursivo y para ello utiliza im;ígenes. En vez de sen-
\.ll iones, como el alm;i sensitiva, el alma discur~1va utili1.;t tm;Ígcncs. El
objeto deseable es el principio motor, pues el inrelecro no se mueve sin
1ksl·o. Como dice Aristóteles: «lo que causa el movimiento es siempre
1·1 objeto deseable» y, añade, «la potencia motri1. del alma es lo que se
ll.1111;1 deseo>> (Acerca del abnt1, 1LLh 2 'i). Ahora bien, "la facultad de
dnl'.11 no se da a no ser que haya imaginación» (Acerca d<'I almt1, 4.Dh
.''l), pno la im.1ginació11 es, a su vez, correlativa de lm objeto.\, no
.1111(H>I igi11.1ri.1. Si, corno ~e ~.dw. el acto precede y fu11d,1mcnta Li po-
/2(> EL MITO l>U. <:EREHRO CREADOR
tencia, en este caso la capacidad imaginativa, la imaginación es con
tcmpor;i.nca de la acción tendente a un objeto ahí deseable. Una cir·
cunstancia contemplada por Ariscótcles es la apluralidad de motores».
es decir, de desc:os mutuamente encontrados, lo que sucede, por ejem
plo, u1:111do la razón y el apetito son contrarios: «el intelecto manda
resistir areniéndo-'>e al futuro. pero el apetito .~e atiene a lo inmeJiaro ..
(Affrm e/el a!mtl, 4.1.)b 5).
Por consiguiente, d intelecto cumo parte del alma y, en <leilniciva,
el alma frmnan pane de un inrerjuego de C(lSJ<, y de causas recíprocas:
ohjeros, deseos, i m~ígcncs, accionl:s, potencias, nuevos objetos, etc., si 11
necesidad de suponer un «teatro interior» de represcn1;1cÍlllles y opera
cionc\ menrales (por In denüs inconcehihlc en Lt cultma griega áísi
c;i) como. sin embargo. terminaría por ser el alma ;1risrorrlica, «dc~l'
1wr;Kla,. en b mente interna moderna '"tt'atro ctrtcsiano», «fontasn1;;
en la m.1<¡uína .. y dcm:bl.
l ;na l on u m·cn ilb d i:-.t inciún ;l ristorél ica entre i nrclccto p:isivo y ;t(
ri\'o ,'/l11Tl'tt d1.f .dmt!. 1.f.10:1 I0-2')) permite lOlllchir un aspccro dl!
alma lOl1'lstu1tL· l'll una l~spcc1e Je principio «st'.parahlc, sin mezcla ,
HnpasihJc,,, quv ,1qu1 ~e quien.· ver Lt1 tLTmÍ!lo\ dL· afinidad con lm oh
jetos ab.1,tLlltO\ y ¡;,nnas oh¡vtívas supraindivi<lualcs. Sería éste el inr,·
!ccto activo. capaz de hacer todas las cosas, sin el que nada sería intcli
gihk, como .,Ja luz hace en cierro modo de los colores cn potcmi,·
colores en :Kto", dikn:ntc del intelecto pasivo que, si bien, capaz d,
lleg..u a ser roda~; la\ ,-n.•.is, e\ corrup1 ihlc y de húJ10 no es nad.i, com:
,¡ dij(~r:1111ns "llº ticnL' culnr" l'L"'Pcno del activo.
FI Íntclcdo ;il I rvo ')l' podrh relación con la poiesú, c1p;1,
p<Jlh.T 1.:n
de comrrnir t(irn1a:-, uhiL·tiva~ que rras( ic'JH.kn la ¡nnxis i11mediata, dan
do lug.1r d (1hr;1\ pot:(Íc1~, r11¡ ~<)lo pocm-1., .\Íno objetos uimo, por qcrn
¡ilo. 1111a L·1tar.1 o !ll1a csu1 ua, pno tampo( o sólo ohjctos sino rambi,:1:
frlrmas de vida (Ji;ilrnos, co<.,(L11nbres, vmudes éticas, convivtncia C1t1
dad:ma, ;Ktitudes pnlíricis) y aun crcacío11es, se podría decir, universa
les como el arte, Li L-icmi1 v la filo.'>oJla, por citar temas de Arisrórcll·',
La cuL·sricín c.~ que el alma csraría ancladJ en el cuerpo (formJ y lfrn
cion del cuerpo) y l\qaría tamhit::n :melada en el mundo objetivo <k L1«
formas supraindíviduaies, obras (p111tsis) de índrviduos anteriores.
Ln ckflnítiv;i, Li pol;tica de si mi.srnu que ,,·ría la L;fica suponl 110 1.1
\c>lo Li phstil idad ,J(·I .tl11i;1 sino l'I ,tl1n:1 1.orno l'\L'lrltm;i dv sí lllÍ.\llL1 .1
través del h~íhitt> v la ,mtumbrc. La idea del alti-1,1 coino escultora de si
misma forma parll d,· 1ma larga 1radició11 oaidenral de la pcrsonali
dad como ohra tk arre. En un tr,1bajo q11t· (_k-;arroíb csr.1 idc1 (Pércz
ÁJv,1ru y Carcí,1 M1>11tes. 2004), se mucstr.m ,!i.,tínta'.'> 1;mnas de cin-
celar L1 personalicfad según las épocas, ell todo L.tso. '>Ícmpre a t r~tvés de
la disciplina. ran:o dd cuerpo como de los modo" y modaks del corn
porta111ie11ro. ;\sí, l'.starían la., formas ciracrcri1adas p(lr b excelencia y
la prude111.ia del hl:rne gríq~o v de la t.'tica de i\rist1ndc-. L1 hoill'Stidad
y el dl·coro discf1ado" por ( ,1cerón. la cahallnmidad >. cmtcsi.1 nwdiL··
vales, cl csrilo lOrtesano del Barroco LOll su l:IÍl.l y c'ít0tici del <·buc11
gusto., 1<:.1s1ig;lío111, (;r,1cÍ.Ínl, el po~tnior s11jcrn C\tttirn dl>l1dl.' :igur;t
d dandi con su radu11t1: necesidad de l1accr,c urigmal >·en fin, Lt <·f)(lC·
rica de la idcn!ÍLbd·> de Li '>c•unl.td a(tual. La utcsnún es qtte ~¡·tura
de fornu..; que se oponen ;t la «cspontancidad 11.1111ra\., y :1 Li ;i,hptaciún
acomodad,1 a las ru1i11as convc1icionalcs. lo ljllt \uponr pla'>ticidad en
d sentido de r.:modclamicnro, no sólo el ~:1111hio v Li l11<1dur,11. ínn a I<>
largo de Ll vida.
Por lo que aquí importa d,:stacar, rccuúdcsc d y:1 ciudo aforismo de
(:aja!, según el cual <· fodo homhre puede ser, si se lo proporn:, escultor
de su propio cerebro». El alma de Anstóreles no es alguna mariposa que
(:aja!, en evocación poética, se imaginaba podría ver en el vergel de la
sustancia gris, sino que es más bien \.'.Sa capacidad a la qul· el propio ( :ajal
se refiere ahora de que cualquiera, si se: lo propone podría svr escultor de
su propio cerebro.
Arútóteles m11teri1t!istll .Y conductisttl
l\ristórelcs pul'de ser alineado en la perspectiva del materialismo filo-
\11/ico, aquí' sostcnid.L aun cuando no tenga una ,l1lcmna l·xpliciu Lk
rlt'\ géneros de materialidad y, por otra parte, liay,1 ,ido dcdarado no
111.11crialisra por importantes comentarisus acm.1lt:<. como, por ejem-
plo, In.\ fil(ísofos csradounidcnscs HiLuT Putnam y ;-...tmha Nmshaum.
p.11.1 ,1.,ig11;1rlo .d f11ncion:ilismo.
l'.1r;1 c111po:1r, la disunci<'>n marcria forma! la pn11L1ü1 del auu su
1111· l.1 polclll ia .'ioll n·1111 ;des tamo .1 1\ri-.1órelcs como al nLHniali-.mo
filmulllo, qt1c t'll n10 l'.\ .1ris1otl:l11 u. l .. 1 111;uni,1 dcinmin:1d,1 y d ¡nin
128 EL MITO DEL CEREHRO CREADOR
cipio tecnológico son conceptos deudores de los correspondientes pa-
res aristotélicos materia-forma y acto-potencia. Por lo demás, el carác
ter dialéctico según se pueden conjugar los conceptos de materia-forma
y de acto-potencia, y las relaciones enrre dios, les da a estos pares dt·
términos carta de naturaleza en el materialismo filosófico.
Así, al alma o psyché de Aristóteles puede ponerse como ejemplo y
referente Je M, en al menos dos aspectos. Uno sería la pluralidad de
conrenidos, por un lado, entre las distintas operaciones del alma ve
gerativa, sensitiva e intelectiva y, por otro, dentro de la propia aln1.1
intelectiva con posibles deseos enfrentados entre sí. El otro sería l.1
co<lecerminación del alma (M_,) en relación con el cuerpo (M 1) y rnn
reali<lJdes objetivas (M). Respecto al cuerpo (M 1), la concepción ari-.
totélica del alma corno forma del cuerpo es precisamente el motivo
central de la invocación de Aristóteles aquí fn:nte al materialismo re
ductivo de la neurociencia accual. FI alma queda reh:1hilitada com"
forma estructurame del cuerpo. Fn relación con las realidades ohjc11
vas (M) estarla la controvertida di.~tinción entre intekcto pasivo y at
rivo, tratando de ver aquí en el activo una afinidad constitutiva con f.,.,
objetos abstractos y formas objetivas, una interpretación posible, co11
siderando las reminiscencias platónicas de Aristóteles, pero ya Platc'i11
aristotclizado sublunannenre. En esta línea, el alma corno lugar de la.,
formas y el intelecto como capaz de llegar a ser todas las cosas y hacer
las posibles, parecen estar presuponiendo realidades «separadas, si11
mezcla e impasihlcs•· por lo que rcspecra al alma corruptible, pen:cnll
ra, enrrc tanto t:sas rcalicL1des son duraderas m~b allá de las almas mi':
cales. sin dejar de ser sublunares, de este mundo. Por su parte, el al1n.1
como escultora de ella misma esd suponiendo fórmas y modelos 'll
pra1ndividualcs: tecl11u;, poie.1is, .1ophía y philosophia, l'S decir, téu1 !, '
producrnín, cicnt ia y filosofía, realidades objeriv.1s donck las h:i1 .1
(MJ
Siendo así, el alma de Arísrórelcs bien puede ser una alrernariv.1 .1!
dualismo: nad;1 más ajena el alma aristotélica al la mente cartesÍ;lll.1
como al monismo: nada <.¡ue ver el mat\?rialismo aristotélico con d 11u
terialismo tlsicilisra de la 1i<.·uroucncia.
En términos de sistemas psicológicos, Aristóteles puede ser alinud,.
con el conductismo, pero no con cualquier co11duct1smo, sino 'º'1 , 1
intcrconductismo de Jacoh Roben Ka111or ( 1888- 1')81¡) v el co11d11'
:-.!Fl 'ROBH >I 1l(;ÍA ARIST<ll"FLI< .A / )<)
cismo radical de Burrhus F Skinner ( 1904-1989). Más que alineado,
Aristóteles sería incluso considerado fi.mdador del llamado intncon-
ductismo o conductismo de campo. Así. por ejemplo, Kantor no se
considera él mismo fundador del interconductismo que así nombró,
sino a Aristóteles. En concrero, el distintivo inrer- y la visión de campo
indican el cadcter inrerdependiente de las distintas funciones psicoló-
gicas entre sí y con el medio. Por su parte, Skinncr, a pesar de sus pre-
juicios contra la filosofía, no tendría mejor valedor en el Olimpo de los
filósofos qt11.· a Arísrórcks. Así, por ejemplo, las cuatro causas de .Aris-
l()tcles pueden cLuiflcar y rdli1Hhmentar aspectos de la conducta ope-
rante abocados a malentendidos. entre ellos el carácter intencional (no
mental) de la conduela operante como ejemplo de causa final (Pérez
Alvarez, 2009). La:-. cuatro causas de Aristóteles también han sido
puestas en juego para un plante1mienro ontológico de las trastornos
mentales, bajo el eslogan «Más Ariscóreles, meno:-. DSl\1,, (J>érez-Álva-
n-z, Sass y Garda-Monrcs, 2008).
En fin, como din: el psin'ilogo inrnconducti~ca mexicmo Emilio
Rihes (2006) destacando a Aristóteles rnm: las raíces históricas y filo-
·"'1flcas del condue1i!imo: el alma de Aristóteles «no era una sustancia
di.~tinta de ese cuerpo, sino la potencitl de ese cuerpo particular hecha
i11'/o. En otras palabras, el alma era el comportamiento de un cuerpo
vivo frente a otra entidad, como función específica de su organizació1P
( N11íces histdrims y jilosójims del conductismo, p. XVIII).
1.a psicología conductísra no sólo se alinea con la filosofía arisroré--
111 .1 sino que, y en relación también con Aristóteles, es la psicología
111.ís conveniente para la neurociencia, como se ved a propósito de la
l'l.1s1 icidad cerebral. Es conocido el prejuicio de los neurocientíflcos
l11"11le al conductismo, por lo que no deja de ser irónico que la plasti-
' 1d.1d cerebral venga a refutar sus prejuicios. Al fin y al caho son las
p1.íc1icas conductualcs las que cambian d cerebro. I.os nl'urocicntífi-
1m con su cerebrocemrisrno se han aliado con los psicólogos cogni-
11vm devenidos también neurocicmíflco.s cognitivos, con su menre in-
11·11111 y así todos ellos han flípado con ncurocomputacioncs sin
11·11111ocn que el procesamiento de infi.nmación no sólo es una mcd-
101.1 \()( orrida sino una muy inadecuacb metáfora (sin ir más lejos ni
\le I' 11n .1 ('S u 11:1 11H"Lífc1ra hiologicis1a si no rnccanicisu maqui n isia -cc-
1.-l 11 o, 01110 111;íq11i1i.1 , ('le.). i\~í, t·.~1;1 ;1m;ilg.1111;1 d(· ccrchrocc11trismo
JJU EL MITO DEI. CEREBRO CRMOOR
y mentalismo computacional ha dado lugar a un nuevo teatro ct1rtcs1i1
no cuando creían que superaban el dualismo proveniente de Descartes
11uyendo del dualismo como de la peste han recalado en el monismo
un materialismo füicalista que ya había superado Aristóteles, repasan-
do a los presocráticos, que unos lo reducían todo a agua Cfaks), otrrn
a fuego (Heráclito), etc. Por cierto, Hed.clito se maravillaría de sabn
que la actividad cerebral a la que la neurociencia reduce todo cons1stl'
básicamente en actividad electroquímica y la conciencia, en panicubr
según hancis Crick, a voltajes neuronales.
El alma de Aristóteles no curará a los neurocientíficos de su met;Íio
ra computacional pero la hará innecesaria, al situar el centro de gr;1ve
dad del posible cambio cerebral en la conducta de los organismo\ ni
relación con el medio en el que viven. la plasticidad cerebral, o lk
cómo la conducta y la cultura modulan el cerdml, es el tema del pró:-.i
mo capítulo.