El discurso de la
emoción
Una mirada construccionista al corazón de
la psicología
PID_00286582
Eduard Moreno Gabriel
Beatriz Layunta Maurel
Tiempo mínimo de dedicación recomendado: 1 hora
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 El discurso de la emoción
Eduard Moreno Gabriel Beatriz Layunta Maurel
Doctor en Psicología Social por la Licenciada en Psicología, máster en
Universidad de Brighton (2014). Ac- Iniciación a la Investigación en Psi-
tualmente, técnico de investigación cología Social y diploma de estudios
y de evaluación en el IDIAP Jordi Gol avanzados en Psicología Social por
y en la Dirección de Atención Prima- la Universidad Autónoma de Barce-
ria Metropolitana Norte del Instituto lona (UAB), así como máster en Ges-
Catalán de la Salud. Desde 2010, ha tión Cultural por la Universitat Ober-
desarrollado tareas docentes e inves- ta de Cataluña (UOC). Profesora co-
tigadoras en varias universidades de laboradora de la UOC desde el año
los Països Catalans y se ha especia- 2002, ha sido docente en la UAB y
lizado en metodologías cualitativas actualmente es profesora asociada
en investigación y en los abordajes en la Universidad de Barcelona (UB).
psicosociales de la salud. Sus ámbitos de investigación se han
centrado en los estudios psicosocia-
les de la salud y en los procesos de
subjetivación de género, así como
en las artes performativas como he-
rramienta de intervención psicoso-
cial.
El encargo y la creación de este recurso de aprendizaje UOC han sido coordinados
por el profesor: Josep Vivas Elias
Primera edición: febrero 2022
© de esta edición, Fundació Universitat Oberta de Catalunya (FUOC)
Av. Tibidabo, 39-43, 08035 Barcelona
Autoría: Eduard Moreno Gabriel, Beatriz Layunta Maurel
Producción: FUOC
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nd/3.0/es/legalcode.es
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 El discurso de la emoción
Índice
Introducción............................................................................................... 5
1. Hacia la perspectiva discursiva: HABLEMOS de «¿qué es
una emoción?».................................................................................... 7
1.1. La realidad retórica: «Mi tesis, por el contrario...» ...................... 8
1.2. La psicología como historia (Gergen, 1973) contra «El
sentir(do) común...» .................................................................... 9
1.3. El poder del ahora: el saber sobre uno/a mismo/a como
dispositivo de control contemporáneo ....................................... 10
1.4. Discursos que (pre)dominan: el caso del gobierno de la vida
emocional .................................................................................... 11
2. Conclusión: implicaciones para la psicología............................ 14
Bibliografía................................................................................................. 15
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 5 El discurso de la emoción
Introducción
El objetivo último de esta asignatura es que desarrolléis una mirada propia
dentro de la psicología social que tenga en consideración la dimensión socio-
histórica y la perspectiva discursiva. Para conseguirlo, el primer reto con el
que nos encontramos es reflexionar sobre cómo podemos tratar sus objetos
de estudio y qué implicaciones tiene, puesto que muchos de estos fenómenos
los tenemos tan cerca que pocas veces nos hemos planteado que pueden verse
desde diferentes puntos de vista.
Por ejemplo, las emociones son una parte importante de las personas y de la
(su) psicología, un fenómeno ligado a nuestro cuerpo que se vincula a con-
ductas y reacciones, a sentimientos y pensamientos, a bienestares y malesta-
res, con efectos intensos sobre nuestro cuerpo y las relaciones que sostenemos.
A pesar de que a menudo las clasificamos como parte de lo inexpresable, lo
cierto es que incluso esta caracterización solo es posible mediante el lenguaje.
Así pues, este texto habla de emociones, pero no con la idea de ofrecer una
definición clara y definitiva. Por el contrario, la intención es presentar y ejem-
plificar la mirada discursiva y sociohistórica a partir de la reflexión sobre qué
hacemos cuando hablamos de emociones y cómo lo hacemos, lo hemos hecho
y lo haremos como psicólogos y psicólogas sociales.
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 7 El discurso de la emoción
1. Hacia la perspectiva discursiva: HABLEMOS de
«¿qué es una emoción?»
Plantear e intentar responder este interrogante ya nos sitúa en una posición
particular. Esta no es una pregunta que nos hacemos en nuestro día a día, en
cualquier momento o espacio. Tenemos el privilegio de estar en un contexto
muy específico, el académico, y concretamente en una asignatura y una disci-
plina (la psicología) que toma cuerpo y sentido precisamente planteando este
tipo de ejercicios.
Por lo tanto, debemos hacer lo que se espera de nosotras y nosotros en esta
situación y dedicar una mirada reflexiva no solo a «las emociones», sino tam-
bién a la propia psicología. Empecemos por el principio, por las bases de la
psicología (social), aunque solo sea para ponerlas boca abajo. Por este motivo,
en la introducción de este primer reto hacíamos referencia al autor de Prin-
cipios de Psicología (1890), William James, y ahora nos detenemos en cómo
(d)escribía su visión de uno de estos principios o fundamentos que, todavía
hoy, se considera parte esencial de la ciencia psicológica: las emociones. James
lo expresaba así (James, 1985/1884):
«Nuestra manera natural de pensar sobre estas emociones estándar es que la percepción
mental de algún hecho provoca la disposición mental denominada emoción y que es-
te estado mental da lugar a la expresión corporal. Mi tesis, por el contrario, es que los
cambios corporales siguen directamente a la percepción del hecho desencadenante y que
nuestra sensación de estos cambios según se van produciendo es la emoción. El sentido
común nos dice que nos arruinamos, estamos tristes y lloramos; que nos encontramos
con un oso, nos asustamos y corremos; que un rival nos ofende, nos enfadamos y gol-
peamos. La hipótesis defendida aquí sostiene que este orden de la secuencia es incorrec-
to, que un estado mental no es inducido inmediatamente por el otro, que las manifesta-
ciones corporales se han de interponer previamente entre los dos y que una exposición
más racional es que nos sentimos tristes porque lloramos, enfadados porque golpeamos,
asustados porque temblamos, y no que lloramos, golpeamos o temblamos porque, según
el caso, estamos tristes, enfadados o asustados».
Más allá del contenido de este extracto, y si es más o menos verosímil, lo
que aquí nos interesa es, como decíamos: ¿de qué manera y en qué contextos
hablamos y escribimos sobre las emociones?
Esta mirada estrábica (Silba, 2020) nos ubica en un posicionamiento particu- Enlaces
lar y no en otro. Concretamente, empezamos a ponernos el traje construccio- complementarios
nista que esta asignatura quiere tejer y lucir y que adquiere forma, en este Sobre el enfoque del len-
caso, de perspectiva�discursiva. Esto significa no solo fijarse en el lenguaje, guaje desde la perspectiva
discursiva, podéis ver el ví-
sino también dejar de aceptar que este expone y representa de manera fiel y deo de The Open University
(2011a), Language and Dis-
transparente una realidad, en este caso, interna, emocional o psicológica. Por
course - Critical Social Psycho-
el contrario, aplicada a la psicología, esta tradición se fija en cómo las inter- logy (26/30) (en inglés), en
el siguiente enlace: https://
acciones y los discursos que se producen en el seno de la disciplina forman www.youtube.com/watch?
activamente aquello que intentan describir. Por esa razón, de manera sutil, v=VL3Cz86yxY8
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 8 El discurso de la emoción
hemos introducido el concepto�de�discurso, que se asemeja pero se aleja de la
idea de «lenguaje» más extendida y con unas connotaciones más «representa-
cionistas» (Pallí et al., 2019):
«Un discurso es, básicamente, un conjunto de ideas, de valores y de opiniones que se
articulan en prácticas lingüísticas desde ciertas posiciones institucionales, situado histó-
ricamente y que construye un objeto de una determinada manera».
En resumen, desde esta perspectiva asumimos que con las palabras no refleja-
mos una realidad, sino que, como decía John L. Austin (1962), hacemos�cosas
y, tal y como nos recuerdan las bases interaccionistas de esta mirada, estas ac-
ciones son siempre inter-acciones: responden, reproducen, critican, afirman,
negocian o invisibilizan otros posicionamientos y discursos.
1.1. La realidad retórica: «Mi tesis, por el contrario...»
Como se detalla con claridad en el texto introductorio de la asignatura, la psi- Ved también
cología en general y la psicología social en particular no son, ni mucho menos,
Podéis consultar el texto intro-
un conjunto homogéneo de conocimientos consolidados de manera acumu- ductorio de la asignatura en el
lativa. «Por el contrario», son el fruto (o mejor dicho, los frutos) cambiantes módulo «Breve introducción
a la psicología social y sus co-
de la contraposición. rrientes».
Las posiciones o las perspectivas de la psicología social psicológica (PSP),
la psicología social sociológica (PSS) y la psicología social construccio-
nista (PSC) emergen del desarrollo de preguntas y de respuestas, es de-
cir, de diálogos internos y externos entre estas.
Como hacía James, los psicólogos y las psicólogas sociales constituyen la dis-
ciplina y sus objetos de estudio de manera retórica, es decir, que elaboran una
visión propia en el marco de interacciones situadas (por ejemplo, con los co-
legas, con el «sentido común», etc.) a partir de la utilización de los recursos
(figuras, discursos, textos, etc.) que tienen al alcance y con el objetivo de de-
fender esta visión y persuadir a los otros.
Por ejemplo, como podemos ver en el texto de Pallí et al. (2019, p. 9), la di-
mensión afectiva se consideraba un aspecto fundamental del concepto psico-
lógico de actitud en sus orígenes. No obstante, la hegemonía de las visiones,
conductista primero y cognitivista después, en los departamentos de psicolo-
gía social desincentivó el estudio del carácter afectivo de las actitudes y, por
extensión, de las relaciones entre los individuos y la colectividad.
De manera similar, en este contexto académico del cual también participaba,
James ofreció una definición de las emociones basada en un discurso�biolo-
gicista que las presentaba como hechos objetivos y fortalecía su posición de
académico reconocido (James, 1890):
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 9 El discurso de la emoción
«La emoción aquí no es nada más que la sensación de un estado corporal, y tiene una
causa puramente corporal».
La dinámica discursiva de intercambios�y�de�negociación�constante�del�sen- Bibliografía
tido�de�la�realidad no se produce solo en estos ambientes que podemos tildar recomendada
de abstractos y de alejados de una psicología más aplicada o cotidiana. Consultad Edwards, D. [De-
rek]. (2006). Psicología dis-
cursiva: el enlace de la teo-
Fijémonos, por ejemplo, en cómo el texto de Edwards (2006) detalla un contexto tera-
ría y el método mediante un
péutico en el que dos personas (una pareja) explican, negocian y discuten de maneras
ejemplo. En Íñiguez-Rueda,
diferentes la misma experiencia (en este caso, una «aventura extramatrimonial») y sus L. [Lupicinio]. (ed.). Análisis
sentimientos para salir más o menos bien parados de esta. del discurso: manual para las
ciencias sociales (pp. 89-128).
Editorial UOC.
1.2. La psicología como historia (Gergen, 1973) contra «El
sentir(do) común...»
Si aplicamos este análisis retórico, más bien intuitivo, al extracto «iniciático»
de James, podemos observar que el autor desarrolla su teorización no tanto
en conversación con otros autores, sino en contraposición a «nuestra mane-
ra natural de pensar» o «el sentido común». Una vez llegados a estas alturas
del texto, confiamos en haber introducido una cierta incomodidad a la hora
de pensar que realmente hay una manera «natural» de pensar y, consecuen-
temente, un�sentido�común. Como pone de manifiesto el construccionismo
social, tanto el conocimiento más abstracto (de las emociones o de cualquier
otra partición que hacemos de la realidad vivida) como su propia experiencia
(Harré, Clarke y Carlo, 1989):
«[...] son subrayados, suprimidos e interpretados de manera diferente por la incorpora-
Bibliografía
ción de un ser humano a un orden�moral�local».
recomendada
Seguramente, el caso de las emociones es de los que presenta más resistencia a Consultad Harré, R. [Rom],
Clarke, D. [David] y Carlo,
esta mirada�sociohistórica, y nos aferramos a la idea de que las emociones son N [Nicola]. (1989). La rela-
el elemento más antiguo e inmutable en el desarrollo filogenético de la especie tividad cultural de las emo-
ciones. En Harré, R. [Rom],
humana. El hecho de que James sea un autor de hace casi 150 años quizás nos Clarke, D. [David] y Carlo, N.
[Nicola] (eds.). Motivos y me-
empuja a pensar que hace mucho tiempo que los humanos hablamos de las canismos: introducción a la teo-
emociones porque las «llevamos en las venas»..., pero ¿por qué pensamos de ría de la acción (pp. 139-143).
Paidós.
esta manera (y no de otra)?
Esta sensación de naturalidad y de universalidad, provocada por la expansión
del discurso biologicista mencionado antes, empieza a desvanecerse si consi-
deramos que no fue hasta la época de James cuando nació la psicología; y se-
guramente nos resultará un momento todavía más próximo si pensamos en
que solo unos años antes, hacia 1820, fue cuando se empezó a usar la palabra
«emoción» para designar sentimientos que no son (fijaos, de nuevo desde un
análisis retórico mínimo, en la definición en negativo) estados intelectuales
(pensamientos, etc.) ni sensaciones (por ejemplo, el frío) (Stenner, 2015).
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 10 El discurso de la emoción
En efecto, desde hace «solo» doscientos años la explosión de discursos, con- Bibliografía
versaciones y textos sobre las emociones ha sido espectacular en el contexto recomendada
occidental o euroamericano, como lo denomina Lutz (1986). A partir de un Consultad Lutz, C. [Cat-
análisis cultural exhaustivo, esta autora señala que el hecho de considerar las herine]. (1986). Emotion,
Thought, and Estrangement:
emociones como una estructura�permanente�de�la�existencia�humana es el Emotion as a Cultural Ca-
tegory. Anthropology, 1(3),
producto (y no la causa) de esta «palabrería». Despret (2004) explicita clara-
287-309.
mente esta paradoja: ¿cómo puede ser que una cosa asumida como obvia sea
el objeto de una ingente acumulación de teorías, escritos, definiciones, expli-
caciones y controversias? Quizás debemos preguntamos: ¿qué hay en juego
que genera tanta discusión?
1.3. El poder del ahora: el saber sobre uno/a mismo/a como
dispositivo de control contemporáneo
Ahora, casi 150 años después de James, la discusión sobre las emociones está Vídeo recomendado
tanto o más presente que entonces y coloniza cada vez más esferas de nues-
Consultad el vídeo de The
tras vidas: preguntarnos cómo nos sentimos no es solo una cuestión teórica, School of Life (2015) para
sino que es parte de la mirada rutinaria ante el espejo para revisar y validar una aproximación al pensa-
miento de Ludwig Wittgens-
la imagen que presentamos en el mundo: es una herramienta�básica en la tein y, en particular, a su no-
ción de «juego de lenguaje».
gestión de la persona y, a la vez, de la vida pública actual en nuestras latitudes.
Si nos formulamos continuamente estas preguntas (y no otras), entramos lin-
güísticamente en el juego «de moda», un haz de relaciones de poder en el que
tenemos algunas cosas que ganar y otras que perder (The School of Life, 2015).
La inteligencia emocional, la gestión emocional, la auditoría emocional, la
educación emocional, etc., se han convertido ya en una parte intrínseca de
muchos de los ámbitos que atravesamos diariamente. Desde las organizaciones
y las empresas hasta las guarderías, la experiencia emocional se ha ubicado
en el primer plano de las vidas contemporáneas occidentales y constituye el
sentido común de nuestros tiempos, como explicábamos antes.
Aun así, este sentido común no es algo sólido y coherente. Si nos fijamos bien,
la idea de «gestión�emocional» articula una paradoja: hay que conocer muy
bien la naturaleza «auténtica», esencial e inamovible de nuestra vida emocio-
nal para poder educarla, modularla, gestionarla y sacarle provecho. Por lo tan-
to, podemos afirmar que estamos ante una forma de lo que Billig et al. (1988)
denominan dilema�ideológico, entendiendo la ideología «como aquello que
nos aporta temas de debate y de argumentación. Fijaos en que si nos aporta
unos determinados dilemas se deja de poner atención en otros» (Gil y Vitores,
2009, p. 103).
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 11 El discurso de la emoción
Vídeo recomendado
Debido a su naturaleza dilemática, la ideología (entendida en este senti-
do) no nos ofrece actitudes y creencias estáticas para aceptar o rechazar, Consultad el vídeo de The
Open University (2011b) en
sino que nos permite situarnos y gestionar situaciones concretas utili- el que se expone la noción
de dilema ideológico (minu-
zando las dimensiones que más nos interesen y que refuercen nuestra
to 4:00) y otras herramientas
posición en un determinado contexto (The Open University, 2011b). analíticas propias de la psico-
logía social crítica (por ejem-
plo, los repertorios interpre-
tativos, que se mencionan en
Situaciones dilemáticas del día a día el texto).
Aunque esta concepción dilemática nos pueda parecer abstracta y complicada, podemos
encontrar numerosos ejemplos al respecto, como el contexto terapéutico descrito por
Edwards, las numerosas interacciones en las que nos hemos visto involucrados (cuando
en una misma conversación o discusión podemos esgrimir un «yo soy así» para minutos
después pedir a alguien que «se calme»), o el ejemplo que os proponíamos en la intro-
ducción del reto: el ámbito educativo, concretamente, el libro El monstruo de colores. A lo
largo de las páginas de este libro, la autora, Anna Llenas, nos en-seña cómo podemos (el
monstruo y nosotros) saber qué nos pasa, así como conocer para poder poner orden (y
control), en un sentido foucaultiano (Pallí et al., 2019, p. 39), en nuestra vida afectiva.
1.4. Discursos que (pre)dominan: el caso del gobierno de la vida
emocional
Desde esta perspectiva, que podemos denominar psicología social crítica, ad-
quiere relevancia el análisis detallado de cuáles son y qué implicaciones tie-
nen los recursos culturales (o discursos o repertorios interpretativos) que tene-
mos al alcance para poder�saber qué nos pasa. Los discursos de la felicidad,
la autorrealización, la psicología positiva, etc., nos ofrecen la posibilidad de
ordenar, categorizar y disciplinar cuanto «nos pasa» de manera siempre bien
alineada, eso sí, con el sistema político-económico en el que estamos inmersos
e inmersas.
Dos discursos que predominan actualmente en nuestras latitudes son
el discurso de las emociones, como una fuerza oculta que hay que des-
cubrir y sacar al exterior, y el discurso�mercantilista, que también po-
dríamos denominar utilitarista, según el cual las emociones son un bien
que gestionar.
Podemos corroborar rápidamente que los discursos no son producciones idio-
sincrásicas e individuales (Pallí et al., 2019, p. 40), si nos fijamos en que algu-
nas metáforas, centrales para un mismo discurso, aparecen de manera recu-
rrente en ámbitos diversos y son utilizadas por personas muy diferentes. En
el cuento de Llenas, el monstruo aprende a ubicar sus vivencias gráficamente
en botellas etiquetadas con los nombres de distintas emociones (rabia, miedo,
etc.). Paralelamente, en artículos publicados en diarios como La Vanguardia
se dice que «las personas que embotellan sus emociones tardan muy poco en
sufrir estrés, tensión y ansiedad» (Ricou, 2017).
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 12 El discurso de la emoción
«Embotellar» es una figura retórica que cosifica las emociones como algo que
se puede acumular, esconder, cerrar, etc., y que puede sobresalir. Si volvemos
al contexto educativo y a los textos que lo definen, vemos cómo se articula
esta noción de la emoción como sustancia que puede «quedarse dentro» con la
necesidad de ponerle nombre y, al hacerlo, gestionarla (Gómez-Álvarez, 2017):
«Las emociones que no se nombran, que no se expresan, que no se gestionan se quedan
dentro y se comen poco a poco la alegría y a uno mismo [...] hay emociones y deben
vivirlas, saborearlas y expresarlas en todo su esplendor guiándolos para entenderlas y
gestionarlas en su beneficio y en el de otros y otras».
Un detalle capital del extracto anterior es el de la «gestión� para� el� benefi-
cio», que solo tiene sentido en un contexto capitalista que mira y construye el
mundo en estos términos productivos. Por esta razón, insistimos en el hecho
de que las maneras de hablar o las prácticas afectivas y discursivas (Wetherell,
2013) no son neutrales, sino que tienen implicaciones para el sostenimiento
de las relaciones de poder que vertebran el orden social, entre las que destaca-
mos dos: capital-trabajo y género.
En primer lugar, el artículo «Emociones con inteligencia» (Ricou, 2017) des- Enlace recomendado
pliega el discurso individualista del control emocional como algo que garanti-
Para conocer mejor la pers-
za un mayor�éxito�profesional en términos de posibilidades de ascenso. Este pectiva de Ehrenreich,
discurso puede contribuir, eventualmente, a justificar la aceptación de una si- consultad el vídeo de RSA
Animate (2010). Smile
tuación de abuso laboral con el argumento de que hay que controlar las emo- or Die. YouTube. https://
www.youtube.com/watch?
ciones negativas para garantizar un buen desarrollo en el puesto de trabajo. En
v=u5um8QWWRvo
una línea similar, el texto «Motivar en tiempos de crisis» (Marcelosai, 2010)
contiene una justificación de los intereses empresariales por encima de los de-
rechos de las trabajadoras, una lógica perversa descrita por la socióloga Barbara
Ehrenreich con el imperativo «sonríe o muere».
De manera parecida, en el marco de los discursos que se mueven en la contra-
posición�emoción-razón, y realzando el segundo polo, no es una coinciden-
cia que algunas personas que pertenecen a clases subalternas (por ejemplo, las
mujeres) se etiqueten como más emocionales y, por lo tanto, más merecedoras
de nuestra desconfianza.
En el artículo «Imperialismo emocional y capitalismo afectivo» (Martínez,
2018), se hace referencia al uso�comercial de las emociones para maximizar
el consumo de determinados productos (la felicidad asociada a la Coca-Cola o
la devoción maternal en el anuncio del joven que quiere convencer al empre-
sario de que contrate a su madre y apela a sus incomparables dotes de cuida-
dora amorosa y abnegada). En este caso, las emociones son concebidas como
elementos con valor comercial e inscritas en una lógica de la capitalización
económica, lo que permite hacer acciones como, por ejemplo, persuadir para
el consumo del producto (Coca-Cola), construir una versión de la identidad
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 13 El discurso de la emoción
de las madres básicamente como encargadas de las tareas de cuidado, o legi-
timar lógicas capitalistas de consumo, en un caso, y reproducir estereotipos
normativos del género binario, en el otro.
Finalmente, como un ejemplo de práctica afectiva y discursiva más bien pro-
gresista, el artículo «El papel de las emociones en la jornada escolar» (Gó-
mez-Álvarez, 2017) despliega una construcción de las emociones como algo
«educable» y relacionado con un crecimiento sano del niño, y permite a los
docentes apostar e invertir recursos y dedicación en esta tarea, legitimando los
estilos educativos democráticos y centrados en el niño y no en la autoridad del
docente, para denunciar los estilos de vida alienantes que gobiernan nuestra
cotidianidad.
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 14 El discurso de la emoción
2. Conclusión: implicaciones para la psicología
La aproximación discursiva en psicología social explora la interacción social
poniendo el foco analítico en cómo las diversas maneras de utilizar el lengua-
je fabrican y posibilitan realidades diferentes, con frecuencia contrapuestas,
y en el papel que tienen estas realidades en la organización de la experiencia
psicológica y las relaciones sociales. En perspectiva discursiva, en definitiva,
consideramos que el lenguaje no refleja la realidad, sino que la construye ac-
tivamente.
La psicología discursiva no considera las emociones como entidades psi-
cológicas internas, sino como un producto de prácticas de construcción
de sentido variables, situadas y orientadas a la creación de efectos so-
ciales concretos.
Aun así, si hay una implicación para la psicología que queremos destacar: de-
cir que la emoción es una construcción social implica aceptar que puede no
existir, que las emociones son un invento de los últimos siglos y que en un
futuro, más próximo que lejano, nos daremos cuenta de que quizás era un
constructo no válido. Sin ir más lejos, cada vez es más compartida la tendencia
de los neurocientíficos a considerar que emoción y pensamiento forman un
todo intrínseco y que su separación no tiene sentido. Por lo tanto, ya están
apareciendo y pronto aparecerán nuevos conceptos, nuevos discursos, que ha-
rán que pensemos e imaginemos otras maneras, y que por lo tanto cambiarán
radicalmente la psicología y volverán obsoletos todos los discursos que hemos
querido analizar en este texto.
CC-BY-NC-ND • PID_00286582 15 El discurso de la emoción
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