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Sancho Panza
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Para otros usos de estos dos términos, véanse Sancho y Panza.
Sancho Panza
Personaje de Don Quijote de la Mancha
Don Quijote y Sancho Panza, Gustave Doré
Creado por Miguel de Cervantes Saavedra
Interpretado por Irving Jacobson
Voz original Andreu Buenafuente (Donkey
Xote)
Información personal
Nombre de nacimiento Sancho Panza
Nacionalidad Español
Residencia La Mancha, España
Religión Católico
Características físicas
Raza Caucásico
Sexo Masculino
Familia y relaciones
Familia Panza
Cónyuge Teresa Panza
Información profesional
Ocupación Labrador
Especialidad Escudero
Aliados Alonso Quijano
Rucio
Rocinante
Enemigos Los caballeros de Barcelona
el león
[editar datos en Wikidata]
Sancho es el lazarillo de su amo ciego; le
advierte de las realidades más evidentes, que don
Quijote niega porque no las ve. No las verá hasta
su lecho de muerte. Muerte necesaria para dejar
sitio a otra época.
—Max Aub (1966).1
Sancho Panza es un personaje de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote
de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra.2 Por su presencia e
importancia ha sido considerado coprotagonista del libro y complemento
humano y filosófico de Alonso Quijano, personaje principal.1 Junto a un don
Quijote «siempre patético» que vive en un mundo irreal y que prescinde de los
resultados de sus acciones, el escritor da cuerpo literario, pero casi vivo, a un
individuo que «no sabe diferenciar lo real de lo irreal» aunque en todo momento
permanecerá atento al binomio éxito/fracaso. Pareja cómica en la cumbre de
la tragicomedia,3 con un don Quijote entregado a la búsqueda de
su Dulcinea (encarnación de «la Belleza y la Virtud»), y un Sancho seducido
por la promesa de su cargo de gobernador de la Ínsula, que la pluma de
Cervantes convertirá en representación cómica del Poder y de «la encarnación
de la Justicia en la realidad –ese tejido de intereses, egoísmo, cobardía».4
Historia[editar]
Encuentro de Sancho Panza con el Rucio,
cuadro de José Moreno Carbonero (c. 1894), Museo del Prado.
Quijano (don Quijote) es un hidalgo manchego que “sabe muy bien lo que dice
y no tiene ni idea de lo que hace”,1 un caballero del ámbito rural español al que
la lectura de literatura caballeresca sume en un estado de locura que le lleva a
salir en busca de aventuras. Tras ser armado caballero en una ridícula y
patética ceremonia en una venta, y siguiendo la costumbre y tradición que
recomienda que todo caballero andante tenga un escudero, don Quijote, elige
para tal cometido a Sancho Panza, «un labrador vecino suyo, hombre de bien...
pero de muy poca sal en la mollera» (libro I, capítulo VII).2 Sancho, seducido
por su ambición, pues a diferencia de su señor es un hombre realista y
práctico, acepta el cargo tras solemne juramento de que le seguirá fielmente, a
pesar de que no entiende sus idealismos. Mientras don Quijote se dedica a
deshacer imaginarios entuertos en su camino, Sancho, sencillo y pacífico,
tratará de disuadirle para que no se meta en complicaciones.5
Pero este planteamiento de la trama esconde en su sencilla apariencia la
esencia de la lección magistral de Cervantes.1 El crítico Joaquín Casalduero en
el breve prólogo de su edición del libro describe la relación de don Quijote y
Sancho como vivencia de tú a tú, el idealismo del uno (del antihéroe absurdo
pero entrañable) cabalgará junto a la humana y esencial ambición del otro
(explicando la ambición como «impulso de la Historia» y personificándola en un
Sancho sin fuerza espiritual ni física y, por tanto «incapacitado para
realizarla»).6
Sancho gobernador[editar]
Es observación común entre cervantistas que si don Quijote es
personaje universal, Sancho es nacional, a imagen y semejanza de los
prototipos y estereotipos que se fraguan en la Europa del siglo XVII para
representar nacionalismos y nacionalidades del continente.7
En el proceso de enamoramiento del personaje de Sancho, Cervantes usó el
cebo de la ambición humana, inherente a toda gran empresa;6 la promesa del
gobierno de la ínsula Barataria, como “tierra prometida”, seducirá a Sancho a la
hora de aceptar el trabajo como escudero. Pero la realización de ese sueño no
se hará promesa firme hasta el capítulo 32 de la segunda parte de la novela,
cuando el duque le dice a Sancho: «Os mando el gobierno de una [ínsula] que
tengo de nones, de no pequeña calidad» (II, XXXII); y aún habrá que esperar al
capítulo 45 para que Sancho tome por fin posesión física de la empresa.8 El
proceso ocupa lugar destacado en la bibliografía de los estudios cervantinos,9 y
las reflexiones, análisis y propuestas son numerosas y variopintas: estudios
políticos, económicos, psicoanalíticos, amén de literarios, lingüísticos, etc. No
obstante este esfuerzo erudito puede sintetizarse en los consejos que don
Quijote da a Sancho antes de ir a gobernar la ínsula Barataria.10
Sancho y sus refranes[editar]
Sancho Panza esculpido en 1930 por Coullaut, en el
monumento de la Plaza de España (Madrid)
El refranero y los refranes, recurso de la sabiduría popular tradicional
(«sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros
antiguos sabios»), es una de las señas de identidad de Sancho Panza a lo
largo de la novela cervantina. Refranes tópicos y populares, aunque caídos en
desuso, como «Donde una puerta se cierra otra se abre», «No con quien
naces, sino con quien paces», «De noche todos los gatos son pardos»,
«Ándeme yo caliente, ríase la gente», «Cuando a Roma fueres, haz como
vieres», etc.11 A tantos refranes recurría Sancho, que don Quijote terminó por
decirle:
–No más refranes, Sancho, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a
entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo
en refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en
desierto, y castígame mi madre, y yo trómpogelas.
–Paréceme –respondió Sancho– que vuesa merced es como lo que dicen: "Dijo la
sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra". Estáme reprehendiendo que no diga yo
refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.
–Mira, Sancho –respondió don Quijote–: yo traigo los refranes a propósito, y vienen
cuando los digo como anillo en el dedo; pero tráeslos tan por los cabellos, que los
arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes
son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos
sabios; y el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia. Pero
dejémonos desto, y, pues ya viene la noche, retirémonos del camino real algún trecho,
donde pasaremos esta noche, y Dios sabe lo que será mañana. (Segunda parte,
capítulo LXVII).