Unidad N 3
Unidad N 3
UNIDAD N.º 3
NACIMIENTO DE LA PROSA LITERARIA ROMANCE
florecimiento del mester de clerecía y el esfuerzo que supuso la elaboración escrita de sus obras en lengua
vulgar abrió el camino para la gran tarea de la creación de la prosa romance.
Sólo le fallaba al vulgar, adiestrado en un importante quehacer artístico-literario en verso, competir con la
lengua latina en el terreno de la prosa y salvar, de ahí en más, el hondo divorcio entre lengua oral y lengua
escrita: por siglos aquella había sido el romance y esta, el latín. Por siglos, también, la una competirá con la
otra en el campo de la cultura, hasta que, lentamente, el latín
*La antigüedad clásica señalaba el camino irá perdiendo vigencia en una contienda que se extenderá hasta
que había de seguir; volver a la unidad de fines del siglo XVIII.
lengua escrita y hablada, propia de todo gran La primera gran batalla de esta lucha se libra en España en la
pueblo, como Grecia, Roma o el Islam. El segunda mitad del siglo XIII, con la ventaja de que su propulsor
retorno a la unidad lingüística es precisamente es -como dice Menéndez Pidal. “un rey con todos los recursos
el acontecimiento literario del siglo XIII. de que un rey dispone…; un rey apasionado por ciencia,
Jaime Oliver Asin.
empeñado en renovarla, en liberarla del hermetismo en que la
encerraba el uso del latín, y en difundirla entre las gentes” *
Las primeras obras en prosa romance datan de fines del Siglo XII. Son breves narraciones historiales de
escaso valor literario. Sobre el primer tercio de la centuria siguiente aparecen ya algunos textos más
extensos o mejor organizados y, hacia el final del reinado de San Fernando, padre de Alfonso, hallamos las
primeras colecciones de exempla y de sententiae, dos géneros que interesan particularmente a la historia
de la literatura por su importante cultivo en la Edad Media.
Los más de estos antecedentes, cuando no son crónicas
Las colecciones de exampla (del latín históricas son simples traducciones o adaptaciones del latín o del
“ejemplos”) fueron repertorios de cuentos árabe y, en total, no alcanzan al número de obras que Alfonso X
didácticos-moralizantes, destinados a dejará escritas al término de sus casi treinta y dos años de
proponer modelos de conducta. reinado.
Las primeras colecciones de ejemplos en prosa castellana fueron
Las primeras colecciones se escribieron en el Calila e Dimna y el Sendebar o Libro de los engaños de las
latín, y surgieron por imitación o traducción mujeres. Ambos proceden de intermediarios árabes que
del árabe, para uso de los clérigos. transmiten cuentos orientales, persas o indios. En las dos obras
mencionadas, los ejemplos se insertan en un cuadro narrativo que
La sententiae o repertorios de aforismos
les da unidad y ofrecen enseñanzas de sabiduría mundana. El
sabios son obras doctrinales de procedencia
Calila e Dimna fue mandado traducir por Alfonso cuando aún era
arábiga.
infante (1251), y el Sendebar, por su hermano, el príncipe don
muchos exampla terminaban con una Fadrique (1253).
sentencia que resumía la moraleja o Entre los repertorios de sententiae podemos recordar Poridat de
enseñanza del cuento. poridades (Secreto de los secretos), el Libro de los doce sabios
y el Bocados de oro, cuyos proverbios fueron muy difundidos en
la Edad Media.
En 1252 muere Fernando III el Santo, uno de los más grandes reyes de España. Hereda el trono su hijo
Alfonso, quien recibe un reino engrandecido por los triunfos militares de su padre sobre los árabes, victorias
que hicieron avanzar la Reconquista hasta las puertas de Granada. Córdoba, la bella y antigua capital del
Califato, y Sevilla, la perla de las ciudades moras de Andalucía, figuraban entre los dominios recién
conquistados. Además, desde 1230, Castilla y León, los dos antiguos reinos rivales, se habían unido
definitivamente.
Alfonso X en su prolongada monarquía intentó contemplar la Reconquista de España: pretendió anexionar
el reino de Navarra y el ducado de Gascuña, en posesión este último de Inglaterra; y entre otras aspiraciones,
ambicionó ceñir la corona de Alemania que conllevaba la del Sacro Imperio Romano Germánico, a la que se
sentía con derechos por ser hijo de Beatriz de Suabia. Asediado por una nobleza levantisca y rebelde –
debió enfrentar a parientes muy allegados e incluso a su propio hijo, el futuro Sancho IV-, Alfonso fracasó
en todos estos intentos, algunos de los cuales le significaron cuantiosas pérdidas económicas y consumieron
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gran parte de sus vigilias. Así se desvanecieron, en medio de turbulentas revueltas Interiores, sus sueños
imperiales, sus pretensiones sobre reinos extranjeros, sus luchas contra la morisma, en que logró algunas
pacas victorias, y su anhelo de destruir en África el poder y la amenaza mahometana.
Logró, en cambio, acometer con éxito una empresa literaria y científica, única en la historia de un monarca
y que lo consagró, entre sus contemporáneos y para la posteridad, como el rey “Sabio”. Si no triunfó
políticamente en el fecho del Imperio, alcanzó, por sus actividades pro-imperiales en favor de la cultura y del
espíritu, indiscutida soberanía universal.
* Con la prosa nace un nuevo espíritu y se La monumental obra que llevó a cabo Alfonso X, asombrosamente
abren a la literatura medieval nuevos campos: varia en direcciones, pero una por su objetivo, consistió en
la ciencia, la historia, el pensamiento. Hasta recopilar, trasladar y sistematizar todo el saber de su tiempo.
aquí el didactismo de la poesía culta se ha A diferencia de lo que hasta entonces había sido norma, la lengua
limitado a la exposición de temas religiosos o a elegida para esa tarea no fue el latín, sino el castellano. El
divulgar una visión semifabulosa de las extraordinario esfuerzo que ello significó consagra a Alfonso X
culturas antiguas. como el padre de la prosa romance que, sólo entonces, adquiere
dignidad literaria. *
El nuevo didactismo de la prosa alfonsina trae,
Para acometer la increíble empresa que hemos señalado, se rodeó
en cambio, un propósito de conocimiento
de un equipo de colaboradores, sin distinciones ni de raza ni de
científico del mundo y de la historia,
religión, cuyas actividades planificó y dirigió personalmente. La
juntamente con una actitud doctrinal y moral
tarea colectiva, cumplida en amigable convivencia de cristianos,
encaminada a dar modelos de conducta al
moros y judíos, consistió en reunir todas las fuentes disponibles -
hombre en sus diferentes estados.
latinas y sobre todo árabes-, en traducirlas y, finalmente, en ordenar
Ángel del Rio. y sistematizar los cuantiosos conocimientos dispersos.
Intervenían en las exhaustivas compilaciones los trasladadores o
traductores, que vertían al castellano las obras seleccionadas por el rey; los ayuntadores, que coordinaban
los pasajes que trataban de la misma materia en las distintas fuentes y los reelaboraban en una versión
nueva y unitaria; los capituladores, que dividían la obra en capítulos y los rotulaban; los enmendadores,
que revisaban la obra; y, finalmente, el rey, que ordenaba las correcciones finales, añadía o suprimía
pasajes, y hasta pulía personalmente el lenguaje.
La vasta producción alfonsí puede clasificarse, por su temática en tres grandes grupos:
* Alfonso no alcanzó la originalidad. Frase por •• Jurídica
Científica
frase, hasta palabra por palabra, puede
• Histórica
encontrarse todo en escritos anteriores; mas la
A estos tres campos del saber, debemos agregar uno que se
originalidad no es una virtud medieval. Y el rey
vincula con todos ellos y que, al volcarlos en lengua vulgar, los
sabio tiene otra originalidad: la del esfuerzo.
Reunida su obra en impresión moderna, no puso al alcance del pueblo: el lingüístico. *
daría menos de veinte volúmenes.
Obras Jurídicas.
Antonio G. Solalinde
El más importante de todos los tratados legales emprendidos por
Alfonso X es el de las Siete Partidas, monumental recopilación legislativa que regula todos los aspectos
jurídicos de la vida nacional del reino.
La obra no reconoce equivalentes en toda la Edad Media y muchos de sus principios son aún válidos y se
hacen sentir en las más modernas legislaciones. Desde este punto de vista es la más actual de todas sus
producciones. Junto con las normas y leyes y recopila y explica, el texto de las Partidas anota multitud de
aspectos cotidianos que Informan con amenidad acerca de minuciosos detalles de la vida medieval española.
Su lectura, por ello, no sólo interesa a los especialistas del Derecho, sino también al historiador y al hombre
culto en general.
Obras Científicas.
Caudalosa fue su producción en este campo. La mayor parte son obras de astronomía y astrología,
inspiradas y traducidas del árabe.
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Su atractivo para el lector moderno es escaso y, desde el punto de vista científico, su valor es arqueológico.
Sin embargo, en su tiempo, fueron las que más contribuyeron a consolidar la fama de sabio del rey Alfonso
y gozaron de gran divulgación, incluso fuera de España, en traducciones del castellano al latín y a otras
lenguas romances, que merecieron los honores de la imprenta en el Renacimiento, época en que aún eran
consultadas con provecho.
Los Libros del saber de astronomía, las Tablas alfonsíes, que resumen observaciones astronómicas
realizadas en el observatorio que el rey hizo construir en el castillo de San Servando en Toledo, y el
Lapidario, en que explica la propiedad de las piedras preciosas y virtudes mágicas según los signos del
Zodiaco, son algunos de los títulos representativos de su interés por la ciencia.
En este grupo también podernos incluir los Libros de ajedrez, dados y tablas, la obra más importante que
produjo la Edad Media acerca de estos juegos de ingenio y de recreación.
Obras Históricas
Dos tareas históricas, una vinculada con la historia de España y otra con la historia universal, inconclusas
las dos, ilustran este aspecto de su labor: La Estoria de España y La General estoria. Ambas, concebidas
como dos obras monumentales resultaron empresas que desbordaron las posibilidades de ejecución, quizá
por lo dificultoso de su cometido y porque, simultáneamente. los esfuerzos estaban comprometidos en otros
trabajos científicos y legales.
La Estoria de España, que publicó Menéndez Pidal con el nombre de Primera crónica general, abarca
desde Moisés hasta pérdida de España en poder de los árabes. El plan propuesto llegaba hasta el reinado
de San Fernando, pero su redacción se interrumpió para dar lugar a la elaboración de La General estoria,
proyecto aún más ambicioso, que arrancaba desde la Creación y que sólo se redactó hasta Santa Ana y San
Joaquín, padres de Virgen. En ella pensaba su autor incorporar, también, lo hispánico e historiar, inclusive
los días de su monarquía.
Contrariamente al pensamiento alfonsí, que concedió mayor importancia a la segunda empresa, la obra que
señaló rumbos a la historiografía peninsular fue la primera, completada, en tiempo de Sancho IV, con la
narración de los hechos de los reyes cristianos, desde Pelayo hasta Fernando III. En esta segunda parte de
redacción postalfonsi, se observa gran uso y prosificación de fuentes épicas, de indudable interés literario.
De la Primera crónica general o Estoria de España, derivan todas las crónicas posteriores y su manera
de concebir la historia patria.
1 obsérvese la duplicación del pronombre: La Obra alfonsí es el resultado de un trabajo colectivo de equipo.
l´él le (“le él le) ¿Hasta qué punto intervino el rey en la tarea? La respuesta nos la
2 enmienda
da en la General estoria, cuando dice:
El rey face un libro, non porque l' él le1 escriba con sus manos, más
3 yegua: iguala. Es decir, armoniza y porque compone razones dél, e las emienda2 et yegua3 e endereza, e
coordina los conceptos. muestra la manera de cómo se deben facer, e desí4 escríbelas quí5 él
4 desí: de esta manera.
manda; pero decimos por esta razón que el rey face el libro. Otrosí6
cuando decimos el rey face un palacio non es dicho porque lo él ficiese
5 qui: aquel que
con sus manos, mas porquel7 mandó facer e dio las cosas que fueron
6 otrosí: de la misma forma; igualmente. menester para ello; e qui esto cumple, aquel a nombre que face la obra8,
7 Porquel: porque le
e nos asi veo que usamos de lo decir.
8 aquel a nombre que face la obra: de
Pero hay más: en el Libro de la esfera, una de sus obras
aquel recibe el nombre la obra. científicas, particulariza el papel que le cupo en el cuidado de la
9 tolló: cortó; quitó. lengua y del estilo:
10 sobejanas: sobrantes
…et tolló9 las razones que entendió eran sobejanas10 et dobladas11, et que
11 dobladas: repetidas
non eran en castellano drecho12; et puso las otras que entendió que
12 Drecho: correcto complían: et, cuanto al lenguaje, endrezó13 él por sí se14…
13 Endrezólo: lo mejoró; lo arregló
El más trascendente de los aportes de Alfonso X a su patria fue el lingüístico. Con el fin de poner -en evidente
afán didáctico- su obra cultural al alcance de todo el pueblo, convirtiéndola así en una gran empresa nacional
educadora, eligió por propia y genial iniciativa como vehículo expresivo al castellano, la lengua común a las
tres razas -cristianos, moros y judíos- que convivían en sus reales dominios.
El empleo sistemático del romance que por determinación alfonsí
* Él fue el primero de los reyes de España que se extendió a todos los documentos del reino, hasta entonces
mandó que las cartas de venta y contratos e normalmente escritos en latín, y que utilizó con frecuencia sobre
instrumentos todos se celebrasen en lengua todo al final de su vida, en cartas y despachos diplomáticos a
española, con deseo que aquella lengua que monarcas extranjeros, obedeció a su intenso patriotismo
era grosera se puliese y se enriqueciese. castellano y a la noble convicción de la supremacía de lo nacional
Juan de Mariana hispánico sobre lo árabe y lo romano inclusive. *
Facultar a la lengua vulgar o romance para comunicar los más
variados conceptos de la ciencia y de la cultura no fue tarea fácil. Para lograrlo, los atareados talleres
alfonsíes tuvieron que:
• Enriquecer el vocabulario, hasta entonces reducido a las voces de por si limitadas del habla coloquial y
poética.
• Flexibilizar la sintaxis para dotar al escrito de la capacidad expresiva que requiere el pensamiento
conceptual y científico.
• Unificar las grafías mediante un sistema uniforme y regular, inexistente hasta su reinado por el escaso
uso escrito del romance.
• Nivelar las diferencias dialectales de los colaboradores, procedentes de distintas regiones de España,
sobre el uso del castellano de Toledo, cuna de Alfonso.
Para ampliar el vocabulario forzosamente hubo que acudir al latín e incorporar importante número de
cultismos, que hoy son vocablos comunes en la lengua; su significado era aclarado mediante un rodeo o
perífrasis, como puede verse en los siguientes ejemplos, tomados de las Siete Partidas:
• …ficieron los principes de Roma un corral grand e redondo a que llaman en latín teatro.
• …tanto quiere ser dictador cuemo mandador, et dictadura tanto cuemo mandato.
• …tirano tanto quiere decir como señor cruel, que es apoderado en algún regno o tierra por fuerza, o por engaño, o
por traición.
• Estudio es ayuntamiento de maestros et de escolares que es fecho en algún logar con voluntad et con entendimiento
de aprender los saberes.
Siempre que fue posible, sin embargo, Alfonso desechó los latinismos para acudir, sobre la base del
castellano, a la formación de neologismos no cultos, obtenidos por derivación o composición de las voces
patrimoniales. Así, por ejemplo creó paladinar (publicar) por sufijación verbal del adjetivo “paladino” (claro);
eñadimiento (aumento) sobre “eñader” (agregar) y el adverbio “miente”; ladeza (anchura; latitud), sobre “lado”
y longueza (longitud), sobre “luengo”, del latín longus (largo).
Es también frecuente el empleo simultáneo de la voz latina o árabe con su correspondiente vocablo
castellano:
• Oráculo es palabra de latín, e quiere decir en el lenguaje de Castiella tanto como oradero.
• Accidia es enojo que ha hombre del bien ajeno.
• Dícenles (a unas estrellas) en arábigo alqueder, que quiere decir la olla.
En cuanto a la sintaxis, ésta se moldeó dificultosamente sobre la de la poesía romance, la de los juglares y
la de los clérigos; sobre la de las escasas obras en prosa vulgar anteriores a su reinado, y muy
especialmente, sobre la de los textos latinos y árabes utilizados como fuentes, únicos modelos de prosa
literaria.
La frase se enriqueció con el uso no frecuente hasta entonces de conjunciones y subordinantes como para
que, comoquier que, siquiera, aunque, pero, tan necesarios para la exposición y argumentación científica o
para el razonamiento discursivo escrito. Predomina, sin embargo, la repetición monótona de la conjunción e
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*En el centro de La Nueva, habitada por cristianos, mudéjares (musulmanes que permanecían en territorio cristiano) y judíos,
cuya potencia financiera y nivel social y cultural eran muy apreciados, vivió Juan Ruiz; este ambiente de interinfluencia
psicológica le rodeó y contribuyó a formar sus ideas, sus puntos de vista, gustos y modo de expresión. Coexisten la
espiritualidad mística de la Edad Media europea, el humor de sus juglares, la moralidad de sus predicadores y tratadistas, la
propuesta rebelde de los goliardos con la espiritualidad táctil, por decirlo así, de los musulmanes, que no teme a la carne
como a uno de los enemigos del alma ni concibe tal posibilidad. Lecturas europeas y charlas con mudéjares; en la Iglesia,
sincera devoción ante un Cristo gótico; en la calle, música morisca, mercaderes judíos; en la mente, el estudio de las ultimas
disposiciones conciliares se cruza con el deseo de que salgan bien unas coplas en zéjel para la juglaresa mora.
Imposible prescindir de ninguno de los ingredientes de aquella época española si queremos comprender la obra de Juan Ruiz,
muchas veces calificada de enigmática. Tanto más compleja cuanto que su autor no fue un hombre cuya orbita se haya
desarrollado en un solo sector de la sociedad, cortesano, militar, conventual o artesano. El Arcipreste de Hita pudo desde su
Arciprestazgo, relacionarse con unos y otros, escuchar, conversar, conocer y sentir, respirando plenamente la atmósfera de
su tiempo.
María Brey Mariño
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Así como el autor declara nombre y cargo, proporciona también el título de la obra, hecho no muy frecuente
en la literatura medieval.
buen amor dije al libro (933).
Sobre la base de esta formulación y de otras dos que aparecen en el poema16. Menéndez Pidal le restituyó
su verdadero nombre, que no figuraba en los manuscritos; los juglares medievales lo denominaban,
simplemente, Libro del Arcipreste.
Varias veces surge en el texto la expresión buen amor que hemos de entender como amor puro, amor
honesto, amor verdadero, que es, en definitiva, amor a Dios. Su contrapartida es el loco amor o amor del
mundo, que es el pecado. Todo el poema se mueve en un juego de tesis y de antítesis, de oposición entre
lo aparente y lo real. El autor trata de contundirnos y se empeña en despistarnos con artística ironía, aunque
nos previene acerca del sentido de su obra que, a nosotros, lectores, toca descubrir.
De todos los instrumentos yo, libro17, só18 pariente
bien o mal, cual puntares19, tal diré ciertamente (70).
Según sea nuestra habilidad o nuestro empeño para distinguir lo real de lo ficticio, la verdad de la mentira,
el bien del mal, sobre todo según sean nuestras intenciones, la expresión buen amor se cargará de su recto
significado y el libro nos aleccionará para conseguirlo o nos dirá, por el contrario, del loco amor, que es el
que debemos evitar, que de uno y de otro, particularmente del segundo, trata el poema. Por eso nos advierte
Juan Ruiz que no caigamos en la tentación, engañados por las apariencias, de negar el nombre de la obra:
Pues es de buen amor, emprestadlo de grado:
no l'negedes su nombre ni l'dedes refertado20(1630).
Descifrar su oculto mensaje es tarea que el Arcipreste reservó a su público, pero advirtiéndole que se esté
muy atento porque:
lo que semeja non es, oya21 bien tu oreja (162).
“…libro de buen amor aqueste,
que los cuerpos alegre e a las almaspreste”
16 En las coplas 13 y 1630 Al comienzo de la obra, en la introducción, pero también en su
17Observese esta bella personificación interior y al final, cuidó Juan Ruiz puntualizar sus propósitos e
del libro intenciones. No puede negarse la manifiesta voluntad aleccionadora
18 Só: soy del poema que se inscribe, así, como casi toda literatura medieval,
19 puntares: interpretares. “Puntar”: en el género didáctico. Al mismo tiempo, no cabe desconocer su
tocar un isntrumento de cuerdas, expreso deseo de divertir:
arrancarle su sonido. Tú, Señor e Dios mío que honme22 formaste23
20 ni l´dedes refertado: ni le
enforma24 e ayuda a mí, el tu arcipreste,
deisreprobación. que pueda facer libro de buen amor aqueste,
21 oya: oiga
22 homne: hombre
que los cuerpos alegre e a las almas preste 25 (13)
23 formeste: creaste
Dicho esto, el poeta, advertido de las posibles malas interpretaciones
24 preste: aleccione que pudiese suscitar su contenido, traza una serie de símiles que, si
25 devaneo: entretenimiento por una parte apoyan el objetivo esencial del libro -el didactismo
26 chufa: broma, burla moralizante-, por otra, aguzan y m motivan la curiosidad del lector u
27 correo: bolsa de cuero para el dinero oyente hacia los temas de solaz y de diversión que lo sustentan:
28 ajenuz: planta cuya semilla es negra y Non tengades que es libro de necio devaneo26
olorosa. nin creade que es chufa27 algo que en él leo:
29 peñavera: armiño
ansí en feo libro está saber non feo.
30 so: debajo de
El ajenuz28, de fuera negro más que caldera,
31 cañavera: caña de azúcar
Es de dentro muy blanco más que la peñavera29;
32 dotor: hasta el siglo XVIII no se
blanca farina está so30 negra cobertera,
prenunciaban los grupos cultos, como en
azúcar dulce e blanco está en vil cañavera31
este caso.
33 tabardo: casacón ancho y largo, de So la espina está la rosa, noble flor,
amplias mangas y paño tosco, propio de en fea letra está saber de grand dotor32;
los labradores para defenderse de los como so mala capa yace buen bebedor,
temporales. ansí so mal tabardo33 está el buen amor (16-18)
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Muchas apreciaciones equivocadas que ha originado el Libro de Buen Amor se deben, entre otras causas,
a un desconocimiento de los esquemas de pensamiento medievales que admitían un didactismo directo, por
medio de ejemplos vitales.
El recurso de presentar en la obra repetidos casos de loco amor para predicar el buen amor responde –como
ha indicado María Rosa Lida de Malkiel- a un procedimiento que “era dogma en la pedagogía medieval” y
que se pone claramente de manifiesto en la enseñanza por medio de fabulas en que la moraleja más
frecuente es la que amonesta: “No hagas como la cigarra. No hagas como el cuervo”. En obvio que,
previamente, se nos ha de decir cómo proceden aquéllos cuya conducta debernos evitar.
En Juan Ruiz la vida no está contemplada desde fuera, desde la atalaya distante del moralista frio, sino
desde dentro. Su lección surge a partir de la concretes vital y humana de su propio existir, el que se mueve
en un mundo sobre el cual pesan todas las consecuencias de la primera caída, pero en el que también está
Dios y flota su gracia redentora.
A nuestro intelectualismo le cuesta comprender que, en una misma obra, puedan reunirse poesías devotas
inspiradas por la fe más pura y episodios de contenido harto liviano; que se nos hable can grave ortodoxia
acerca de puntos de doctrina y que, al mismo tiempo, se deslicen toda clase de bromas y de chanzas sobre
textos devotos, parodiándolos; que se exalten los valores religiosos y, simultáneamente, se vuelquen
irreverentes comentarios sobre la conducta de quienes los encarnan o debieran encarnarlos. Es que nuestro
racionalismo, nuestra fe insegura, nuestra falta de familiaridad para con lo religioso, nos hace deslindar
escrupulosamente lo profano de lo sagrado, el cielo de la tierra, el buen amor del loco amor, para hablar en
los términos que inmortalizó Juan Ruiz.
Lo dicho no invalida reconocer que el arle de Juan Ruiz se siente más cómodo en la pintura de la vida tal
cual es, en la de los hechos y costumbres que debemos evitar, que en la de las admoniciones moralizadoras
de cómo corresponde que nos componemos. Por eso, no pocas veces, la visión mundana y, por tanto,
pecadora, ahoga la lección moral o, al menos, la relega a segundo plano.
*Juan Ruiz muestra notable
conciencia del poema que está
componiendo, y las frecuentes Contenido del "Libro de buen amor": su unidad
referencias a la redacción de su
libro (…) prueban que no era para
El contenido del Libro del Arcipreste es difícil de aprehender en una sola
él un conglomerado de
lectura, porque muchos son los temas y subtemas que se engarzan sabre
producciones diversas, aunque
bien podría acoger aquí y allí su asunto principal. Esta circunstancia produce la impresión de que la
piezas compuestas con obra carece de unidad o de que su autor hubiera procedido por simple
anterioridad. suma de varios episodios o núcleos narrativos débilmente hilvanados o
María Rosa Lida de Malkiel compuestos anteriormente en forma aislada. *
Lo que da unidad al poema es forma autobiográfica de una novela -de
contenido amoroso- que constituye su eje argumental. Trece aventuras -
*Tiene naturalmente, el Libro de casi todas edificantes- nueve vividas en la ciudad y cuatro en la sierra,
buen amor forma autobiografica; son los capitulas de esa autobiografía que el autor expone para alcanzar
pero de que la narración esté en su objetivo moralizante. En ese marco, donde su yo ocupa siempre el
primera persona no se sigue que el primer plano, nos comunica su experiencia aleccionadora, sea esta
autor haya vivido personalmente
todo cuanto nos cuenta. El yo de
verdadera o imaginaria. *
las confesiones personales que La forma autobiográfica empleada no debe entenderse como expresión
arrancan de Rousseau y Goethe, objetiva de la vida del autor, sino como recurso literario que se vale de la
nada tiene que ver con el yo de un primera persona para narrar una serie de lances amorosos. en los que
poeta medieval, que se presenta a pretende una personificación universal del hombre pecador:
si mismo como representante de Et yo, como só34 homne como otro, pecador,
todos los seres humanos. Su hobe de las mujeres a las veces grand amor (76).
experiencia es, desde luego,
colectiva, por muy “personal” que Claramente se advierte en los versos transcriptos, sobre todo en ese yo,
parezca y pueda ser. el uso de la primera persona ejemplificadora y, por ende, didáctica, por
Leo Spitzer. otra parte, tan medieval.
34Só:
La nota estructural más típica de la obra es la repetición de lances
soy paralelos y recurrentes, parecidos en su planteo y similares en el
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desenlace. Los trece episodios sentimentales, en efecto, tienen un final que contraria los deseos del
protagonista, ya sea por fracaso en la conquista, por pérdida de la amada o porque lo colocan en situación
ridícula o desairada. Todos, sin excepción, ilustran con sus frustraciones la tesis que expone al término de
la primera derrota:
Como diz' Salomón, e dice la verdat,
que las cosas del mundo todas son vanidat,
todas son pasaderas, vanse con la edat,
salvo amor de Dios, todas son liviandat (105).
Estructura de la obra
De acuerdo con lo que acabamos de expresar, el Libro de buen amor tiene una estructura flexible. La
reiteración de temas y sus variaciones, como lo ejemplifican los lances similares vividos por el protagonista,
es una técnica esencial en el poema y que se repite en los subtemas y asuntos secundarios: consejas,
sentencias, conclusiones aleccionadoras, etc. De ahí la complejidad aparente de su contenido, tan variado,
tan distinto y, simultáneamente, tan igual, como lo es la vida.
Podemos desmontar la estructura de la obra en las siguientes partes: una introducción o preámbulo de 70
coplas que incluye, además, un fragmento en prosa: un cuerpo central de 1555 coplas, dividido en tres
grupos de aventuras sentimentales, interrumpidas por dos episodios de carácter alegórico; y, finalmente, un
epilogo. con 9 coplas de conclusión y un apéndice de poesías varias que totalizan 94 estrofas más.
Entre las diferentes partes no hay un equilibrio cuantitativo, como puede observarse en el siguiente cuadro
y en los que ofrecemos, más adelante, al examinar el contenido de cada una de ellas:
El eje organizador de la estructura descripta, el que aglutina todos los elementos, es la primera persona, ese
yo a través del cual se expresa el narrador, el autor, el moralista, el poeta, el juglar, incluso como intérprete
o difusor del libro. En todo el poema subyace, a veces deliberadamente confundido con la personalidad
histórica del autor, un yo multitudinario, cuyas facetas cambiantes, de momento, nos sorprenden y hasta nos
engañan.
El Libro de buen amor está concebido para la recitación juglaresca. A cada paso el autor tiene presente a
sus oyentes, como lo prueban las constantes apelaciones que dirige al público, masculino y femenino, cuyas
reacciones prevé e interpreta cual si tuviera por delante a su auditorio. Tampoco desdeña Juan Ruz la
posibilidad de divulgación escrita y, por lo tanto, compone también para el lector. Pero la actitud que
predomina es, sin duda, la primera; por eso, casi al término del poema dice:
por vos dar solaz a todos, fablé vos en juglaría
y, según era de uso entre los juglares, reclama su soldada, aunque ésta, por el carácter docente del
mensaje, se concreta en un bien espiritual:
yo un galardón vos pido, que, por Dios, en romería,
digades un paternóster por mi e avemaría (1633).
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En actitud también juglaresca. entrega su poema al pueblo para que a su gusto lo enriquezca y enmiende:
Cualquier homne que l'oya, si bien trovar sopiere,
puede más añedir e emendar, si quisiere (1629).
Que sepamos, nadie intentó poner manos en la obra, que nos ha llegado en tres manuscritos de época. En
cambio, sí nos consta que el anuncio de su recitación, al conjuro de estas palabras mágicas: Agora
comencemos del Libro del Arcipreste, sacudía de interés y de regocijo al más difícil e indiferente de los
auditorios medievales.
La Obra, por su estructura, por su forma abierta, por su varia y rica materia, se prestaba para la recitación
fragmentaria del espectáculo juglaresco.
Antes de detenernos, al igual que el público del medioevo, en la consideración de algunos de sus más
celebrados pasajes, corresponde que nos informemos más detalladamente del contenido.
La introducción
La obra comienza con una invocación a Dios y a la Virgen. Le sigue un prólogo en prosa y una en verso, en
que el autor puntualiza propósitos e intenciones. La cuaderna vía se interrumpe para dar lugar a unos Gozos
de Santa María, de hondo lirismo. El tetrástrofo se reanuda y el autor insiste acerca del sentido de su poema
y los niveles de su significado. Un cuento o apólogo, la Disputación de los griegos y romanos, ilustra el
tema del mensaje multivalente del libro y alecciona al público acerca de las posibles interpretaciones:
la manera del libro entiéndela sotil (65)
……………………………………………………………………………………………
Las del buen amor son razones encubiertas:
trabaja do fallares las sus señales ciertas;
si la razón entiendes o en el seso aciertas,
non dirás mal del libro que agora refiertas35 (68)
…………………………………………………………………………………………….
bien o mal, cual puntares36, tal diré ciertamente (70).
INTRODUCCIÓN
Estrofas Contenido
Oración a Dios y plegaria a la Virgen.
1 – 10 Prologo en prosa, con numerosas citas en latín, en el
autor señala los propósitos morales y literarios del Libro.
11 – 19 Prologo en verso
20 – 32 Gozos de Santa María
33 – 43 Gozos de Santa María
Interpretación de la obra: niveles de significado.
44 – 69 Diputación de los griegos y romanos (47 – 64).
Aplicación del cuento anterior al Libro (65 – 69)
70 Conclusión general de la introducción
desenlace picaresco. Este segundo percance lleva al autor a reflexionar acerca de la influencia de los astros
sobre la conducta de los hombres y a meditar sobre su propio signo, el de Venus. Su firme creencia en el
albedrio humano, así como en la omnipotencia divina, lo empuja a vivir la tercera experiencia sentimental,
con resultados tan negativos como las anteriores.
La novela autobiográfica se interrumpe para dar lugar al primer episodio alegórico del Libro la pelea con don
Amor, quien, bajo la figura de un hombre grande, fermoso, mensurado, se aparece en visión al protagonista.
La presencia de este personaje sobrenatural subraya el carácter ficticio de la autobiografía. El autor sostiene
con su interlocutor un largo debate, en el que enrostra los daños y perjuicios que ocasiona a quienes caen
en sus redes y en el que lo acusa de ser responsable de todos los pecados mortales. Cada uno de éstos,
como era moda en la predicación popular del medioevo, es ejemplificado con una fábula. Una página
paródica, sumamente irreverente. ilustra la última acusación que el Arcipreste le echa en cara al Amor, la de
ser enemigo de la religión y de las prácticas piadosas.
El Amor, advertido de que los reproches que acaba de recibir del Arcipreste son consecuencia directa de las
derrotas sentimentales de éste, en vez de rebatir los argumentos de la dura extensa invectiva, lo adoctrina
para que, de ahí en más, logre éxito en sus conquistas. A ese fin, le expone un completo “arte de amar”
inspirado en las reelaboraciones medievales del Ars amandi de Ovidio. *
Los consejos, entre los que figuran muchas de las mejores páginas del Buen amor, alcanzan aplicación en
el episodio de Don Melón de la Huerta y de Doña Endrina, la rica y joven viuda do Calatayud. De modo que
ese núcleo narrativo, uno de los más celebrados del poema -uno
* Ovidio, poeta latino (43 a. de C. -17 d. de C.), de los más largos también-, actúa a modo de ejemplo ilustrativo
escribió, entre otras obras, un Ars amandi que de la enseñanza teórica de don Amor, que se complementa con
fue muy conocido y difundido en la Edad la de doña Venus. Todo el fragmento es imitación del Pamphilus
Media, a través de reelaboraciones como la medieval. En él aparece la sin par Trotaconventos, quien lleva a
comedia, no representable del siglo XII, escrita
feliz término los amores de los protagonistas, que culminan en
en latín e intitulada. De Vetula o Pamphilus,
muy leída e imitada.
casamiento.
I.S.F.D “Pbro. Luis Torres Molina”
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Literatura Española - 4º año
El uso de la primera persona en este episodio ha hecho que se confunda el yo del protagonista con el yo
ficticio de la histona sentimental de don Melón de la Huerta. Por si pudiera quedar alguna duda al respecto,
escuchemos que nos dice el autor a su término:
Entiende bien la hestoria de la fija del endrino:
Dijel’por te dar ensiemplo, mas non porque a mi avino (909).
Este uso, por otra parte, está directamente influido por su fuente, donde es de rigor por ser composición
dramática. No cabe duda de que la reelaboración del Arcipreste supera en mucho a su modelo. Sólo será
sobrepasada, a su vez. por la inmortal Celestina en tiempos de los Reyes Católicos.
El final feliz del artístico episodio lo llevó a Juan Ruiz, propenso a extraer moralejas breves y conclusiones
sintéticas, a dilatarse en la enseñanza moral de la historia narrada:
Dueñas, habed orejas, Oid buena lición,
entendet bien las fablas, guardatvos del varón (892).
y, sobre todo, de falsa vieja, clara alusión a las terceras o trotaconventos, diestras zurcidoras de voluntades
ajenas. Una fábula complementa la lección.
En el cuadro que sigue, donde damos cuenta del contenido de este núcleo alegórico-narrativo, el más
extenso del poema, hemos colocado el ejemplo de fija del endrino -como lo denomina su autor- entre los
temas o asuntos principales. Desde el punto de vista de la estructura de la obra debe entenderse, sin
embargo, que funciona como un subtema de la pelea con don Amor o, más precisamente, de la respuesta
que en ella dio el dios pagano al encolerizado Arcipreste. La importancia y longitud de la fábula -también su
celebridad- nos determinaron a ello. El extenso pasaje alegórico está íntegramente compuesto en cuaderna
vía, y se dilata en 728 coplas.
La novela reanuda con el relato de seis episodios, cuatro de ellos vividos en la sierra de Guadarrama, entre
Hita y Segovia.
En la cuarta aventura, con la intervención de una hábil tercera, Urraca -que no lo abandonará hasta el final
de la obra-, logra el protagonista la seducción de una joven, casi una niña; pero, imprevistamente, los amores
se truncan por la muerte de la amada. La historia culmina así, en derrota.
Por primera vez aparece la muerte en el poema y, en esa su primera presentación, se ensaña con la más
joven de las figuras femeninas de la obra. Su presencia es sentida, pese a la juventud de la víctima, como
algo natural:
Como es natural cosa el nacer y el morir,
38 fallir: morir
Hobo por mal pecado, la dueña a falir38:
Murió a pocos días, ¡non lo pudo decir!
¡Dios persone su alma e quierala recibir! (943)
El protagonista enferma del disgusto y durante su corta enfermedad tiene lugar la quinta aventura: amores
con una vieja, los que por su torpeza no pueden estimarse un excito sentimental, sino, por el contrario, una
maldición.
La acción se desplaza a la sierra, en cuyos pasos helados donde el protagonista vive cuatro encuentros con
otras tantas serranas, tres de las cuales son extremadamente feas y la otra harto boba. En dos casos se ve
obligado el viajero a ceder ante sus requerimientos amorosos, mientras que en los otros dos logra librarse
de sus exigencias. En cada episodio, minuciosamente localizados en la geografía serrana -Malangosto,
Fuentefría, Venta del Cornejo y la Tablada-, una pieza lirica o cántica de serrana, en metro octasilábico o
hexasilábico, comenta desde la perspectiva lirico-dramática el suceso, parodiando el género de las
pastorelas.
Después de haber pagado tributo al loco amor en los fríos y áridos puertos serranos, el protagonista, de
regreso a su tierra se detiene en el santuario de Santa María del Vado y rinde culto al buen amor, a la Virgen
María y a Dios, entonando tres devotas composiciones religiosas, una cántiga a Nuestra Señora y dos a la
Pasión, de forma zejelesca las tres.
En todo el fragmento que comentamos, siete composiciones líricas interrumpen la cuaderna vía.
Estrofas Contenido
Cuarta aventura y fracaso final, después de un breve momento de felicidad, por la
muerte imprevista de la dama, casi una niña. Enfermedad del protagonista.
910 - 944
Diversos nombres con los que son conocidas las alcahuetas (914-920).
Bautizo del Libro con el nombre de Buen amor (933)
Quinta aventura y maldiciones que recibe de una vieja, quien lo consuela en su
945 - 949
pena y en su corta enfermedad
Octava aventura y tercera serrana. Menga Lloriente, cerca de la Venta del Cornejo,
993 - 1005 se quiere casar con el protagonista. El viajero logra evitarlo con un ardid.
Tercera cántica de serrana (997-1005)
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El relato sentimental autobiográfico cede paso al segundo episodio alegórico: la batalla de don Carnal y doña
Cuaresma. El tema pertenece a la tradición europea.
Siete días antes del inicio da la cuaresma, doña Cuaresma desafía a don Carnal e impone el precepto de
ayuno a los fieles. Carnal prepara sus huestes y con su mesnada, formada por todas las carnes
gastronómicas, enfrenta la infantería de su enemiga, integrada por los peces de España. La batalla tiene
lugar el Miércoles de Ceniza, primer día de ayuno y comienzo de la cuaresma. Derrotado, Carnal es hecho
prisionero; hasta que, el Domingo de Ramos, logra huir y se dedica a recomponer su ejército recurriendo
vastas regiones ganaderas.
Cuatro días antes de la Pascua de Resurrección, don Carnal dirige un reto a su perseguidora y ésta,
finalmente, la noche del sábado de Gloria huye a Francia por el paso de Roncesvalles, vestida de peregrina.
Todo el fragmento es una cómica parodia de un poema épico, matizado con algunas digresiones de orden
doctrinal como la que, con motivo de la confesión de don Carnal, expone el autor sobre el Sacramento de la
Penitencia.
La Pascua de Resurrección y la llegada de primavera marcan la entrada triunfal de don Carnal y de don
Amor, recibidos por sendos cortejos. El segundo personaje enlaza el presente suceso alegórico con el
anterior, lo cual subraya la unidad de la obra. Este triunfo de la naturaleza es reelaboración de un tema
clásico que se remonta a Ovidio. En la animada descripción de los cortejos, en especial en el del dios pagano,
desfila todo el pueblo, amén de aves, flores y frutos, salen a recibir al ilustre huésped dueñas y galanes,
clérigos, frailes y monjas, y hasta los instrumentos musicales. Todos sin excepción, después de tantos días
de privaciones y penitencia, rinden tributo al Amor. El protagonista presente en la fiesta, aloja en su casa a
los instrumentos musicales y junto a su morada, en su hermoso prado. Amor levanta su tienda, uno de cuyos
motivos de ornato describe el autor: la alegoría de los meses. Don Amor, finalmente, refiere al protagonista,
sus andanzas exitosas por Andalucía, y sus fracasos en la austera tierra castellana.
Todo el episodio está construido en cuaderna vía y, salvo la digresión y comentario sobre el Sacramento de
la Penitencia, tiene un tono humorístico y burlón, regocijado y alegre, como conviene al tema paródico.
Estrofas Contenido
Don Carnal se prepara para la batalla y acude a la cita con sus huestes.
1081 – 1098 Descripción del ejército de don Carnal: un desfile de carnes, presentadas
como animales vivos y armadas con utensilios de cocina. (1082 – 1098)
La autobiografía sentimental se reinicia con la resurrección del Amor y de la Naturaleza. Dos aventuras que
fracasan pese al concurso de Trotaconventos o doña Urraca, preparan la duodécima de la serie, la que se
concreta en el intento de seducción de una monja, doña Garoza, quien fiel a su nombre –“la desposada” del
Señor-, solo prodiga al protagonista un honesto amor de amistad. Al cabo de dos meses la religiosa muere.
El episodio de doña Garoza es, sin duda, uno de los más hábilmente armados del libro. Dos prolongados
debates por fábulas y una línea zigzagueante, que nos lleva a un desenlace no previsto, el de la virtud de la
monja, recogen el arte inimitable de Juan Ruiz.
En contraste con la aventura anterior, la decimotercera, protagonizada por una mora, plasma en breves
pinceladas y sin equívocos la rotunda negativa de la mujer árabe, la que, ni por un momento, sucumbe ante
las artimañas de la tercera. El episodio es vivo, directo, casi recio en la firme actitud de la heroína.
Después de breve intermedio en que el protagonista da cuenta de sus actividades poéticas, muere
Trotaconventos y, por primera vez, la muerte le arranca una dolorida queja, que se manifiesta en una larga
elegia, primera de las letras castellanas.
La presencia de la muerte recuerda al autor la de los tres enemigos del alma -el diablo, el mundo y la carne-
; la narración se encamina por un grave discurso moral en que cada uno de los pecados capitales aparece
junto a las virtudes que combaten, presentadas cada una simbólicamente en una pieza de la armadura
medieval del guerrero. En un rápido cambio de tono, la chispa humorística, renace para elogiar las
propiedades de “las dueñas chicas”. La novela termina con la presentación de don Furón, el nuevo mensajero
del protagonista, y una breve y fugaz tercera que se malogra por su inhabilidad. Indudablemente se ha
cerrado un ciclo y se inicia otro. El final queda abierto y bien pudo su autor escribir nuevas aventuras.
Estrofas Contenido
Decima aventura. El autor, con el concurso de Trotaconventos.
1315 – 1320 Pretende iniciar una nueva seducción, la de un viuda rica, joven y
orgullosa. Sus pretensiones fracasan de entrada.
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El Epílogo
En la conclusión. nueve coplas le bastan al autor para insistir acerca del título, del contenido y de la recta
interpretación del extenso poema que lleva a continuación un apéndice de poesías, sobre temas y asuntos
varios, tanto religiosos como profanos. Entre ellos unos Gozos de Santa María, simétricos con los del
comienzo del Libro.
EPÍLOGO
Estrofas Contenido
1626 – 1634 Conclusión acerca de cómo ha de entenderse el Libro.
Apéndice de poesías varias en las que el autor pone a prueba sus dotes
1635 – 1728
de poeta en materias y metros diferentes.
En el Libro de buen amor predomina el uso de la cuaderna vía, la estrofa caracteristica del mester que
representa. Esta, sin embargo, ofrece algunas notas que la singularizan, frente a Berceo y otros cultores de
la escuela de clerecía: sus versos no siempre respetan el esquema rígido de dos hemistiquios de siete
silabas cada uno. Frecuentemente se agrega una silaba más, en uno
*En estas composiciones de arte menor se o en ambos hemistiquios (7+8, 8+7, 8+8).
sirve el Arcipreste de gran cantidad de Además, diversas poesías en su interior y las se agrupan al final
ritmos, y en su obra tenemos la primera ilustran otros metros de arte menor y otras combinaciones. De modo
manifestación de semejante variedad dentro que se rompe con ellas la monotonía del acompasado tetrástrofo
de nuestra historia literaria. Antes del monorrimo. Entre otras, sobresalen las formas zejelescas, de origen
Arcipreste, nada poseemos con semejante
variedad de ritmos y tan compleja diversidad árabe, tan apropiada para la expresión lirica. *
estrófica; todo se reduce a las series Consciente estaba su autor de estas novedades, por en ello en el
monorrimas de las gestas, a pareados, o a las prólogo, luego de puntualizar el objetivo primordial de la obra, el
cuartetas monorrimas del mester de clerecía. didactismo-moralizante, señala con orgullo la lección de varia y rica
No debe pensarse, sin embargo, que fuese el poesía que ha volcado en él. Nos dice en el prólogo en prosa:
Arcipreste el creador de esta riqueza rítmica;
toda una selva de lirica popular, hoy Et compóselo otrosí a dar leción e muestra de metrificar e rimar e
desaparecida, y cuya pujante existencia ha de trovar; ca trovas e notas e rimas e ditados e versos fiz
sido explicada por Menéndez Pidal, hubo de complidamente segund que esta ciencia requiere.
preceder al Arcipreste.
Juan Luis Alborg
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Los temas del Buen amor no son originales. En esto Juan Ruiz no es una excepción a la norma medieval ni
a la de los clérigos, tan respetuosos de sus fuentes y tan orgullosos de ellas.
No son originales sus fabulas: casi todas provienen de la tradición latina o medieval y, algunas pocas, de la
vertiente árabe. No es original su Ars amandi, de clara filiación ovidiana. Tampoco lo es el episodio más
leído y difundido de la obra, el de don Melón y doña Endrina, imitación libre de Pamphilus. Enraizada en la
tradición europea está la batalla de don Carnal y doña Cuaresma. Casi no hay tema o subtema, por breve
que sea, no se respalde en la tradición literaria, escrita u oral, latina, cristiana o árabe.
¿Cuál es entonces, la originalidad de Juan Ruiz? ¿En qué se funda ese sello tan personal, tan único, tan
especial, que al menos advertido de los lectores percibe de inmediato no bien avanza un poco, el poema?
La respuesta es completa y nos, llevaría a estudiar el estilo de Juan Ruiz, tarea no pequeña, habida cuenta
de la riqueza artística de su Libro. Podemos, sin embargo, entresacar algunas notas caracterizadoras.
Nuestro poeta es un maestro en el arte de:
• La amplificación;
• El coloquio;
• La visión concreta de la realidad;
• La sorpresa.
Quizás estos cuatro aspectos explican gran parte de su personalísima manera de decir, de componer, de
ser poeta.
La amplificación
El procedimiento retórico de la amplificación puede ejercerse sobre los hechos narrados, sobre el lenguaje,
sobre los recursos de estilo. En todos estos campos la cultivó Juan Ruiz, de ahí la “abundancia despilfarrada
de su estilo”, como lo calificó Menéndez y Pelayo, y la impresión arrolladora, desbordante, de muchas
páginas de su pluma. Así, por ejemplo, el poeta amplifica en esta enumeración de las prendas de doña
Endrina:
De talla muy apuesta, de gestos amorosa,
Doñeguil39, muy lozana, placentera e fermosa,
Cortes e mesurada, falaguera40, donosa41,
graciosa e risueña, amor en toda cosa.
En el célebre elogio de “las dueñas chicas”, íntegramente construido sobre la base de este recurso,
obsérvese su manejo aplicado a las comparaciones:
Juan Ruz también se desborda en las palabras. acumulando sinónimos. El ejemplo más característico es
aquel fragmento en que se vuelcan los apodos de la tercera (924 y ss). O aquel otro en que, con verbosidad
enumerativas, presenta el ejército de don Carnal (1082 y ss).
La amplificación verbal se combina muchas veces con el recurso de las series paralelas u opuestas:
Nós46 me tira, nós´ me parte, no me suelta, no me deja (662).
La repetición o reduplicación verbal de hechos, a que nos tiene tan acostumbrados el autor, no es sino otra
forma de amplificación, la que afecta la estructura de la obra.
Finalmente se prodiga en los refranes, las máximas y dichos sentenciosos:
Por poco maldecir se pierde grand amor,
de pequeña pelea nace muy grand rencor,
por mala dicha pierde vasallo su señor,
la buena fabla siempre faz de bueno mejor (424)
El coloquio
Por vez primera en las letras españolas, Juan Ruiz capta valores artísticos del habla cotidiana, del coloquio
popular y callejero, del dialogo vivaz y afectivo. ¡Cuántos matices de entonación, cuanta audacia estilística,
cuantos modismos en los fragmentos dialogados! *
Obsérvese, por ejemplo, este breve pasaje en que son formulas introductorias, sin el “dijo el Fulano”, o
“contestó Mengano”, hace intervenir a tres interlocutores: don Melón, que se llega a la casa de
Trotaconventos; ésta, que en ella aguarda a su cliente, y doña Endrina, quien, si bien ignora la cita convenida
por la tercera, la sospecha y la presiente:
*Su inmensa genialidad permite a Juan Ruiz Como la mi vejezuela me había apercibido,
salvar la dificultad que supone la rima y Non me detove mucho, para allá fui luego ido;
transcribir, por primera vez en la literatura Fallé la puerta cerrada, mas la vieja bien me vido:
española, un dialogo autentico, reflejo fiel de “¡Yuy!”, diz, “¿Qué es aquello, que faz aquel roido?”
lo que sería una conversación castellana en “¿Es homne o es viento?” Creo que es homne, non miento;
el siglo XIV… ¡vedes, vedes, cómo otea el pecado carboniento47
Manuel Criado de Val ¿Es aquel? ¿Non es aquel? El me semeja, yo lo l´siento:
¡a la fe! Es din Melon, yo l´conozco, yo lo viento48
46 nos: no se
47 pecado carboniento: el diablo, que es “Aquella es la su cara e su ojo de becerro;49
negro como el carbón ¡catat, catat50 cómo asecha! Barruntanos51 como perro;
48 lo viento: lo presiento Allí rabiaría agora, que non pud´tirar el fierro52
49 su ojo de becerro: sus ojos grandes y
Mas quebrantarié las puertas, ménalas como cencerro53
redondos
50 catat: mirad
“cierto aquí quiere entrar; mas ¿por qué yo non le fablo?
51 Barrúntanos: nos olfatea
52 el fierro: el cerrojo
¡Don Melón, tiradvos dende! ¡Trójovos y´54 el diablo!
53 las mueve como si fueran un cencerro
¡Non qub¡ebrantedes mis puertas!, que del abad de Sant Pablo
54 y´: aquí Las hobe ganado yo: non posistes ahí55 un clavo.
55 ahí: en las puertas
56 non nos alhaonedes: no nos turbeis “Yo vos abriré la puerta, ¡esperat, non la quebredes!,
e con bien e con sosiego decid si algo queredes;
luego vos id de mi puerta, no nos alhaonedes;56
entrad mucho en buena hora; yo veré lo que faredes.”
Hasta la copla 876 inclusive, quien, habla es la tercera. ¡Con qué disimulo da a entender su sorpresa por la
presencia de don Melón, cómo va retardando su individualización y la apertura de la puerta! Nos parece
verla, la seguimos en su lento acercarse al portón, oímos los impacientes golpes del enamorado que sacuden
puertas y cerrojos, percibimos la sonrisa complaciente de la vieja al momento de franquear la entrada del
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galán. Los ricos matices del coloquio nos permiten conocer el momento preciso en que ingresa don Melón
(exactamente entre las coplas 876 y 877) y en que se produce el cambio de interlocutor. Simultáneamente
el lector intuye desde el comienzo de la escena la presencia de la protagonista, la bella doña Endrina, y sus
reacciones: temor, sorpresa, contento. ¡qué expresivo silencio el suyo! ¿Para quién, sino para ella, ha fingido
la vieja ese breve y colorido paso de comedia? Todo esto lo logra Juan Ruiz a partir, única y exclusivamente,
del diálogo, sin que medie una sola acotación narrativa ¡Qué motivo de lucimiento seria en el espectáculo
juglaresco!
La pluma de Juan Ruiz, españolísima en todo, pero particularmente en su capacidad de realismo, todo lo
vivifica. Es que sabe captar hasta en los más íntimos detalles la visión concreta de las cosas, de los lugares,
de los personajes. Incluso las fábulas, las viejas fábulas de la tradición esópica o europea, enraízan en el
contorno castellano del autor. Sus protagonistas -humanos o no- adoptan los gestos, las costumbres, la
psicología de sus contemporáneos: el león goloso, que exige del caballo el besamanos del vasallo (298); la
corneja. que va a lucir sus galas ajenas a la iglesia (286); el lobo que es invitado -como alto dignatario que
es- a cantar misa y a bautizar a los recién nacidos (776).
Por las coplas del Libro de buen amor desfila toda la sociedad de su tiempo. No hay estado, condición u
oficio que no esté retratado. La extensa y varia galería humana está captada en su concretes vital, por eso
palpita entre sus páginas.
También lo están las costumbres y usos sociales en un despliegue de experiencia cotidiana que, sin
antecedentes en las letras de su época, asoma constantemente en la visión del mundo circundante. El lector
se siente siempre espectador directo y próximo de la realidad descripta y la vive con intensidad, como si
estuviera inmerso en ella. Este milagro lo logra Juan Ruiz gracias a manejo de los detalles, a su saber
detenerse en el rasgo pequeño, pero individualizador, que puede estar expresado en el adjetivo adecuado,
en el acierto de una comparación, en la agudeza de un paralelo, en un juego de contrastes o en la expresión
de un dialogo definidor.
No cabe duda de que nuestro Arcipreste debió de ser un observador sagaz de la vida castellana, cualidad
que lo convierte en el primer costumbrista de las letras españolas. De su mano penetrarnos en intimidad de
las casas, de los conventos, de la vida campesina de su Castilla la Nueva o en el bullicio de sus ciudades,
de sus mercados, de sus plazas. Él nos dice cómo se vestían sus contemporáneos, qué comían, qué
instrumentos tañían y hasta cuál era su registro. También, por supuesto, cómo enamoraban. Su visión es
alegre y jovial, de momento picaresca o maliciosa, muy pocas veces grave y circunspecta. Sea cual fuere el
tono episódico de su perspectiva, lo cierto es que se nos derrama integra en la lectura del Libro.
La sorpresa
Juan Ruiz elabora con frecuencia episodios de su obra sobre la base zigzagueante en que guata
sorprendernos. Su humorismo descansa en gran medida sobre este recurso.
Quizás el ejemplo más significativo sea el núcleo narrativo de doña Garoza. Cuando Trotaconventos insinúa
a su cliente la seducción de una monja, apoyando su consejo en un panegírico de las habilidades de las
religiosas y en las ventajas de una situación semejante, el lector, ya advertido de la vida liviana que se lleva
en algunos conventos femeninos –la disolución de la vida religiosa y eclesiástica era entonces muy grande-
, presupone que tal conquista será fácil y que el galán quizás encuentre en ella las satisfacciones que no ha
obtenido en anteriores aventuras sentimentales. La primera entrevista de Trotaconventos con doña Garoza,
pese a la sensatez con que se expresa la monja, al finalizar con la promesa de un segundo encuentro con
la tercera hace prever que la resistencia de la religiosa acabará con ceder. Contrariamente a lo esperado, la
actitud de la monja es, en la segunda entrevista, aún más firme frente a las pretensiones que le transmite la
hábil alcahueta. El público, sin embargo, al igual que la tercera, confía en que, aunque lentamente, la monja
acabará con caer en las redes del amor. Haber solicitado a Trotaconventos el retrato del Arcipreste y haber
accedido a una entrevista con este último, si bien en presencia de la vieja, es decir, no a solas, son sin duda
buenos indicios. Buenos indicios que el autor se complace en subrayar para llevarnos en una línea que muy
pronto se encargará de desmentir. En efecto, el lector, al producirse el encuentro de los protagonistas de la
historia, cree que, como en la de doña Endrina, la dama terminará por entregarse. Los primeros versos en
los que Juan Ruiz nos narra el mencionado encuentro nos inducen claramente a ello:
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Este mutuo enamorarse el uno del otro nos confirma en la idea. El término enamorar, sin embargo, también
tiene una connotación cortés, la de un simple gustarse, entenderse, avenirse, en el buen sentido la palabra.
El lector ha entendido una cosa y el autor ha dicho evidentemente otra. Descubrirlo le llevará aún un poco al
público. Deberá avanzar hasta la próxima copla para darse cuenta de ello, hasta sus últimos versos:
Bruscamente Juan Ruiz nos pone frente a un desenlace que no esperábamos: el conquistador no sólo ha
fracasado en su conquista sentimental, sino que –¡oh ironía! - ha sido conquistado por la rectitud moral de
la monja. Tanta es la sorpresa, tan rápido es el cambio do perspectiva por el que se ha encaminado el
argumento, que Juan Ruiz -consciente de ello- tiene necesidad de reforzar o de clarificar este este final
imprevisto y nos dice, para que no quede duda alguna:
Encaminar al lector en una dirección y sorprenderlo después exactamente en la opuesta, es uno de los
procedimientos más típicos del Libro de buen amor, obra que documenta, así, un manejo habilísimo del
arte de la sorpresa. Casi no hay página, episodio y hasta copla que, en mayor o menor medida, no refleje
esta técnica. Por otro lado, la ironía y el humor del libro descansan en buena parte sobre ella. El juego de
oposiciones entre apariencia y realidad, entre lo que semeja y lo que es, halla en este recurso el medio
adecuado para expresarse. Finalmente, la ambigüedad del poema y sus varios niveles de significado son
consecuencia y efecto de su constante manejo, y el lector, por muy prevenido que esté, es atrapado
permanentemente en las sutilezas de su empleo.