René Descartes
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(desambiguación).
René Descartes
Retrato según Frans Hals (c. 1649-1700)a
Información personal
Nombre en
Renatus Cartesius
latín
Nacimiento 31 de marzo de 1596
La Haye en Touraine, Francia
Fallecimiento 11 de febrero de 1650 (53 años)
Estocolmo, Suecia
Causa de
Neumonía
muerte
Sepultura Abadía de Saint-Germain-des-Prés
Nacionalidad Francesa
Religión Catolicismo
Lengua
Francés
materna
Familia
Padres Joachim Descartes
Jeanne Brochard
Pareja Helena Jans van der Strom
Hijos Francine Descartes
Educación
Educado en Collège Henri-IV de La Flèche
Universidad de Leiden
Universidad de Utrecht
Pritaneo Nacional Militar
Supervisor
Isaac Beeckman y Jacobus Golius
doctoral
Información profesional
Ocupación Filósofo, matemático y físico
Cargos
Catedrático
ocupados
Movimiento Racionalismo
Cartesianismo
Obras notables Discurso del método (1637)
Meditaciones metafísicas (1641)
Miembro de Academia de Ciencias de Francia
Firma
René Descartes (pronunciación en francés: /ʁəne
dekaʁt/ (escuchar ); latinización: Renatus Cartesius;b onomástico del que se deriva el
ⓘ
adjetivo cartesiano2; La Haye en Touraine, 31 de marzo de 1596-Estocolmo, 11 de
febrero de 1650) fue un filósofo, matemático y físico francés considerado el padre
de la geometría analítica y la filosofía moderna,34 así como uno de los
protagonistas con luz propia en el umbral de la revolución científica.5
Su método filosófico y científico, que expone en Reglas para la dirección de la
mente (1628) y más explícitamente en su Discurso del método (1637), establece
una clara ruptura con la escolástica que se enseñaba en las universidades. Está
caracterizado por su simplicidad —en su Discurso del método únicamente propone
cuatro normas— y pretende romper con los interminables razonamientos
escolásticos. Toma como modelo el método matemático, en un intento de acabar
con el silogismo aristotélico empleado durante toda la Edad Media. Muchos
elementos de la filosofía de Descartes tienen precedentes en
el aristotelismo tardío, el neoestoicismo del siglo XVI o en filósofos medievales.
Su declaración filosófica más conocida es "Pienso, luego existo",6 que se
encuentra en Discurso del método (1637) y en Principios de la Filosofía (1644), fue
un elemento esencial del racionalismo occidental, contraria a la
escuela empirista inglesa, y formuló el conocido como «método cartesiano», pero
del cogito ya existían formulaciones anteriores, alguna tan exacta a la suya como
la de Gómez Pereira7 en 1554, y del Método consta la formulación previa que del
mismo hizo Francisco Sánchez en 1576.8 Todo ello con antecedentes en Agustín
de Hipona9 y Avicena,10 por lo que ya en su siglo fue acusado de plagio, entre
otros por Pierre Daniel Huet.11
Su filosofía natural rechaza cualquier apelación a los fines finales, divinos o
naturales, al explicar los fenómenos naturales en términos mecánicos. Como
devoto católico, su teología insiste en la libertad absoluta del acto de creación
de Dios. Al negarse a aceptar la autoridad de filósofos anteriores, Descartes con
frecuencia distingue sus puntos de vista de los filósofos que lo precedieron.
Rompió con la tradición aristotélica estableciendo
un dualismo sustancial entre alma —res cogitans, el pensamiento— y cuerpo —
res extensa, la extensión—.12 Radicalizó su posición al considerar al animal, al que
concibe como una «máquina»,13 como un cuerpo desprovisto de alma. Esta teoría
será criticada durante la Ilustración, especialmente
por Diderot, Rousseau y Voltaire.[cita requerida]
Consciente de las penalidades de Galileo por su apoyo al copernicanismo, intentó
sortear la censura, disimulando de modo parcial la novedad de las ideas sobre el
hombre y el mundo que exponen sus planteamientos metafísicos, unas ideas que
supondrán una revolución para la filosofía y la teología. La influencia cartesiana
estará presente durante todo el siglo XVII: los más importantes pensadores
posteriores desarrollaron sistemas filosóficos basados en el suyo; no obstante,
mientras hubo quien asumió sus teorías —Malebranche o Arnauld— otros las
rechazaron —Hobbes, Locke, Spinoza, Leibniz, Pascal, Berkeley o Hume—.
La influencia de René Descartes en las ciencias y matemáticas es igualmente
evidente. Hizo contribuciones en física y óptica. El sistema de coordenadas
cartesianas recibió su nombre. Se le acredita como el padre de la geometría
analítica, el puente entre el álgebra y la geometría, utilizado en el descubrimiento
del cálculo infinitesimal.
Biografía
Infancia y adolescencia
La casa donde nació Descartes en La Haye en
Touraine.
Durante la Edad Moderna era también conocido por su nombre latino Renatus
Cartesius. Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en la Turena, en La Haye en
Touraine, hoy en día llamada Descartes en su honor, después de que su madre
abandonara la ciudad de Rennes, donde se había declarado una epidemia de
peste bubónica. Pertenecía a una familia de baja nobleza; su padre fue Joachim
Descartes, consejero en el Parlamento de Bretaña. Era el tercero de los
descendientes del matrimonio entre Joachim Descartes, parlamentario de Rennes,
y Jeanne Brochard, por lo que, por vía materna, era nieto del alcalde de Nantes.
Registro de graduación de Descartes en el Collège
Royal Henry-Le-Grand, La Flèche, 1616.
Después de la temprana desaparición de su madre, Jeanne Brochard, a pocos
meses después de su nacimiento, quedó al cuidado y crianza de su abuela, su
padre y su nodriza. Fue criado por la atención de una nodriza, a quien
permanecerá ligado toda su vida, en casa de su abuela materna. Su madre muere
el 13 de mayo de 1597, a los trece meses siguientes de haber alumbrado a René
y pocos días, luego del nacimiento de un niño que no sobrevive.
Su padre comenzó a llamarle su «pequeño filósofo» porque el pequeño René se
pasaba el día planteando preguntas.14
Con once años entra en el Collège Henri IV de La Flèche, un centro de
enseñanza jesuita en el que impartía clase el padre François Fournet —doctor en
filosofía por la Universidad de Douai15— y el padre Jean François (matemático) —
que le enseñará matemáticas durante un año— en el que permanecerá hasta
1614.16 Estaba eximido de acudir a clase por la mañana debido a su débil salud17 y
era muy valorado por los educadores a causa de sus precoces dotes
intelectuales.18 Aprendió física y filosofía escolástica, y mostró un notable interés
por las matemáticas; no obstante, no cesará de repetir en su Discurso del
método que en su opinión este sistema educativo no era bueno para un adecuado
desarrollo de la razón. De este periodo no conservamos más que una carta de
dudosa autenticidad —puede ser de uno de sus hermanos— que en teoría
Descartes escribió a su abuela.
Educación
La educación que recibió en La Flèche hasta los dieciséis años de edad (1604-
1612) le proporcionó, durante los cinco primeros años de cursos, una sólida
introducción a la cultura clásica, habiendo aprendido latín y griego en la lectura de
autores como Cicerón, Horacio y Virgilio, por un lado, y Homero, Píndaro y Platón,
por el otro. El resto de la enseñanza estaba basada principalmente en textos
filosóficos de Aristóteles (Órganon, Metafísica, Ética a Nicómaco), acompañados
por comentarios de jesuitas (Suárez, Fonseca, Toledo, quizá el dominico Vitoria) y
otros autores. Conviene destacar que Aristóteles era entonces el autor de
referencia para el estudio, tanto de la física, como de la biología. El plan de
estudios incluía también una introducción a las matemáticas (Clavius), tanto puras
como aplicadas: astronomía, música, arquitectura. Siguiendo una extendida
práctica medieval y clásica, en esta escuela los estudiantes se ejercitaban
constantemente en la discusión (Cfr. Gaukroger, quien toma en cuenta la Ratio
studiorum: el plan de estudios que aplicaban las instituciones jesuíticas).
Juventud
René Descartes en su escritorio.
A los 18 años de edad, Descartes ingresó en la Universidad de Poitiers para
estudiar derecho y medicina. Para 1616 cuenta con los grados de bachiller y
licenciado en Derecho.
A los veintidós años parte hacia los Países Bajos, donde observa los preparativos
del ejército de Mauricio de Nassau para la inminente Guerra de los Treinta Años.
En 1618 y 1619 reside en Países Bajos. En noviembre de 161819 conoció
en Breda a Isaac Beeckman con quien durante varios años mantiene una intensa
y estrecha amistad y que intentaba desarrollar una teoría física corpuscularista,
muy basada en conceptos matemáticos. El contacto con Beeckman estimuló en
gran medida el interés de Descartes por la matemática y la física. Pese a los
constantes viajes que realizó en esta época, Descartes no dejó de formarse y en
1620 conoció en Ulm al entonces famoso maestro calculista alemán Johann
Faulhaber. Para Beeckman escribe pequeños trabajos de física, como «Sobre la
presión del agua en un vaso» y «Sobre la caída de una piedra en el vacío», así
como un compendio de música.
En 1619 se enrola en las filas del duque Maximiliano de Baviera.
Los tres sueños
Descartes se refirió que, inspirado por una serie de sueños, en esta época
vislumbró la posibilidad de desarrollar una «ciencia maravillosa».20 El filósofo se
encontraba acuartelado en Ulm, cerca de Baviera, durante el invierno de 1619.
Pasó el día en una habitación calentada por una estufa, al dormirse por la noche
tres sueños sucesivos que interpreta como un mensaje del Cielo para consagrarse
a su misión de investigador.21
En el primer sueño es atormentado por unos fantasmas que lo asustaron tanto que
le hicieron salir a la calle. Al caminar iba encorvado hacia el lado izquierdo, porque
sentía una gran debilidad en su lado derecho. Cuando intentaba rectificar su paso,
fue sacudido por un torbellino. Vio una iglesia y fue hacia ella, con la idea de rezar,
pero un hombre se acercó a él diciéndole que Monsieur N tenía algo que darle.
Era un melón de un país extranjero. La intensidad del viento disminuyó y se
despertó pensando que tal vez un genio maligno lo quería seducir.
Al despertarse, Descartes rezó y le pidió a Dios que lo protegiera y volvió a
dormirse. En el segundo sueño un sonido explosivo, como un relámpago, lo
estremeció. Esto hizo que se "despertara". Abrió los ojos y notó numerosas
centellas de fuego dispersas por toda su habitación. El terror se disipó y se volvió
a dormir.
El tercer sueño, Descartes encontró un diccionario y una antología de poesía
latina, Corpus Poetarum. Lo abrió en un verso que decía "Quod vitae sectabor
iter?" ("¿Qué camino de vida debo seguir?"). Luego un hombre desconocido le
mostró un verso que empezaba "Est & Non" ("Sí o No"). Era un idyllis de Ausonio.
Se lo intentó enseñar al hombre pero no lo encontró. Le dijo al hombre que
conocía otro poema, del mismo poeta, que empezaba "Quod vitae sectabor iter?".
Sin lograrlo, finalmente el libro y el hombre desaparecieron. Se dice que Descartes
no despertó, sino que empezó a interpretar su sueño mientras soñaba.
Descartes consideró que "el Diccionario significaba nada menos que todas las
ciencias juntas" y que los poemas indicaban "la Filosofía y la Sabiduría unidas" y
por último, que la frase "Quod vitae sectabor iter" "era un buen consejo de una
persona sabia, o incluso Teología Moral". El "Sí y No", que era de Pitágoras, debía
entenderse como la verdad y la falsedad en el conocimiento humano y en las
ciencias seculares.21 De esa época posiblemente data su concepción de una
matemática universal y su invento de la geometría analítica.
Etapa investigadora
Renunció a la vida militar en 1619. Abandona Países Bajos, vive una temporada
en Dinamarca y luego en Alemania, asistiendo a la coronación del emperador
Fernando en Fráncfort. Viaja por Alemania y regresa a Francia en 1622, estancia
que aprovecha para vender sus posesiones y así asegurarse una vida
independiente. Pasa una temporada en Italia (1623-1625), donde sigue de cerca el
itinerario que décadas antes había hecho Michel de Montaigne.
Descartes en la Corte de la reina Cristina de
Suecia (detalle), Louis-Michel Dumesnil, Palacio de Versalles.
A pesar de discurrir sobre los temas anteriores, Descartes no publicó entonces
ninguno de estos resultados. Durante su estancia más larga en París, Descartes
reafirma relaciones que había establecido a partir de 1622 con otros intelectuales,
como Marin Mersenne y Jean-Louis Guez de Balzac, así como con un círculo
conocido como «Los libertinos». En esta época sus amigos propagan su
reputación, hasta el punto de que su casa se convirtió entonces en un punto de
reunión para quienes gustaban intercambiar ideas y discutir. Con todo ello su vida
parece haber sido algo agitada, pues en 1628 se bate en duelo, tras el cual
comentó que «no he hallado una mujer cuya belleza pueda compararse a la de la
verdad».
El año siguiente, con la intención de dedicarse por completo al estudio, se traslada
definitivamente a los Países Bajos, donde llevaría una vida modesta y tranquila,
aunque cambiando de residencia constantemente para mantener oculto su
paradero. Descartes permanece allí hasta 1649, viajando, sin embargo, en una
ocasión a Dinamarca y en tres a Francia.
La preferencia de Descartes por Países Bajos parece haber sido bastante
acertada, pues mientras en Francia muchas cosas podrían distraerlo y había
escasa tolerancia, las ciudades neerlandesas estaban en paz, florecían gracias al
comercio y grupos de burgueses potenciaban las ciencias fundándose la
academia de Ámsterdam en 1632. Entretanto, el centro de Europa se desgarraba
en la Guerra de los Treinta Años, que terminaría en 1648. Aun así, tomando
ejemplo de lo sucedido a Galileo con la Iglesia, Descartes se muestra cauteloso en
sus escritos y, en su correspondencia de esos años con el médico Regius (1639-
1645) o su amigo Mersenne, recomienda a éstos discreción a la hora de dar a
conocer sus teorías para evitar un posible encarcelamiento o incluso la muerte. En
una carta de 1633 enviada a este último, impactado por la reciente condena al
científico italiano, llega a plantearle la quema de sus papeles o, al menos, no
dejárselos ver a nadie.22
Fallecimiento
La tumba de Descartes (en el centro), con vista
detallada de la inscripción, en la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, París.
En septiembre de 1649, la reina Cristina de Suecia llamó a Descartes
a Estocolmo. Allí murió de una neumonía el 11 de febrero de 1650, a los 53 años
de edad. Actualmente se pone en duda si la causa de su muerte fue la neumonía.
En 1980, el historiador y médico alemán Eike Pies halló en la Universidad de
Leiden una carta secreta del médico de la corte que atendió a Descartes, el
neerlandés Johan Van Wullen, en la que describía al detalle su agonía.
Curiosamente, los síntomas presentados —náuseas, vómitos, escalofríos— no
eran propios de una neumonía. Tras consultar a varios patólogos, Pies concluyó
en su libro El homicidio de Descartes, documentos, indicios, pruebas, que la
muerte se debía a envenenamiento por arsénico. La carta secreta fue enviada a
un antepasado del escritor, el neerlandés Willem Pies.
En 1663 su obra filosófica, así como Las pasiones del alma —último trabajo
publicado en vida del autor—, fueron incluidas por la Iglesia católica en su Índice
de Libros Prohibidos,23 en ambos casos con el añadido donec corrigantur ("hasta
ser corregida").24
En el año de 1676 se exhumaron los restos de Descartes; colocados en un ataúd
de cobre se trasladaron a París para ser sepultados en la iglesia de Sainte-
Geneviève-du-Mont. Movidos nuevamente durante el transcurso de la Revolución
francesa, los restos fueron colocados en el Panthéon, la basílica dedicada a
los grandes hombres de la nación francesa. Nuevamente, en 1819, los restos de
René Descartes cambiaron de sitio de reposo y fueron llevados esta vez a
la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, donde se encuentran en la actualidad, a
excepción de su cráneo que se conserva en el Museo del Hombre en París.
En 1935 se llamó, en su honor, «Descartes» a un cráter lunar.25 Su ciudad natal
también fue bautizada como "Descartes".
Filosofía
Véase también: Cartesianismo
Al menos desde que Hegel escribió sus Lecciones de historia de la filosofía, en
general se considera a Descartes como el "padre de la filosofía moderna",
independientemente de sus muy relevantes aportes a las matemáticas y la física.
Este juicio se justifica, principalmente, por su decisión de rechazar las verdades
recibidas, por ejemplo, de la escolástica, combatiendo activamente los prejuicios.
Y también, por haber centrado su estudio en el propio problema del conocimiento,
como un rodeo necesario para llegar a ver claro en otros temas de mayor
importancia intrínseca: la moral, la medicina y la mecánica. En esta prioridad que
concede a los problemas epistemológicos, lo seguirán todos sus principales
sucesores. Sin embargo, esta manera de juzgarlo no debe impedirnos valorar el
conocimiento y los estrechos vínculos que este autor mantiene con los filósofos
clásicos, principalmente con Platón y Aristóteles, pero también Cicerón y Sexto
Empírico.26
Los principales filósofos que lo sucedieron estudiaron con profundo interés sus
teorías, sea para desarrollar sus resultados o para objetarlo. Este es el caso
de Pascal, Spinoza, Newton, Leibniz, Malebranche, Locke, Hume, Kant y Husserl,
cuando menos.
Las reglas del método
Artículo principal: Discurso del método
Busto de Descartes en el palacio de Versalles.
Descartes aspira a «establecer algo firme y duradero en las ciencias». Con ese
objeto, según la parte tercera del Discurso, por un lado él cree que en general
conviene proponerse metas realistas y actuar resueltamente, pero prevé que en lo
cotidiano, así sea provisionalmente, tendrá que adaptarse a su entorno, sin lo cual
su vida se llenará de conflictos que lo privarán de las condiciones mínimas para
investigar. Por otra parte, compara su situación a la de un caminante extraviado, y
así concluye que en la investigación, libremente elegida, le conviene seguir un
rumbo determinado. Esto implica atenerse a una regla relativamente fija, un
método, sin abandonarla «por razones débiles».
Los principiantes deberían abordar la filosofía cartesiana a través del
famoso Discurso del método, aunque para ahondar en el contenido sustantivo de
su parte IV habrá que referirse a las antes referidas Meditaciones metafísicas. En
sus primeras partes el Discurso resulta ejemplarmente ameno y fluido, a pesar de
tratar temas fundamentales y darnos una buena idea del proyecto filosófico
general del autor.27 Ante todo, Descartes explica en esta obra qué lo llevó a
desarrollar una investigación independiente. La razón es que, aunque él atribuye
al conocimiento un enorme valor práctico —lo cree indispensable para conducirse
en la vida, pues «basta pensar bien para actuar bien»— su paso por la escuela lo
ha dejado frustrado.
Por ejemplo, comenta que la lectura de los buenos textos antiguos ayuda a formar
el espíritu, aunque solo a condición de leerse con prudencia (característica de un
espíritu ya bien formado); reconoce el papel de las matemáticas, a través de sus
aplicaciones mecánicas, para disminuir el trabajo de los hombres, y declara su
admiración por su exactitud, aunque le parece que sobre ellas no se ha montado
un saber lo suficientemente elevado.
De igual modo, juzgaba que las ciencias expuestas en los libros, al menos aquellas
compuestas y progresivamente engrosadas con las opiniones de muchas y diversas
personas, no están tan cerca de la verdad como los simples razonamientos que un
hombre de buen sentido puede naturalmente realizar en relación con aquellas cosas que
puedan estar tan carentes de prejuicios o que puedan ser tan sólidos como lo hubieran
sido si desde nuestro nacimiento hubiésemos estado en posesión del uso completo de
nuestra razón y nos hubiéramos guiado exclusivamente por ella, pues como todos hemos
sido niños antes de llegar a ser hombres, ha sido preciso que fuéramos gobernados
durante años por nuestros apetitos y preceptores, cuando con frecuencia los unos eran
contrarios a los otros y, probablemente, ni los unos ni los otros nos aconsejaban lo mejor.
Discurso del método. Segunda parte. Trad. G. Quintás. Ed. Alfaguara, Madrid, 1981.
Y eso es así porque la Razón, entendida como "la facultad de distinguir lo
verdadero de lo falso",28 es única pues es la luz que hace posible el conocimiento
que produce la ciencia, como sabiduría.
Todas las diversas ciencias no son otra cosa que la sabiduría humana, la cual permanece
una e idéntica, aun cuando se aplique a objetos diversos, y no recibe de ellos más
distinción que la que la luz del sol recibe de los diversos objetos que ilumina.
Regulae ad directionem ingenii.
Confiado en esa luz de la razón, Descartes pone en cuestión todos los
fundamentos de la educación recibida a través de sus estudios.
Había estudiado un poco, siendo más joven, la lógica de entre las partes de la filosofía; de
las matemáticas el análisis de los geómetras y el álgebra. Tres artes o ciencias que
debían contribuir en algo a mi propósito. Pero habiéndolas examinado, me percaté que en
relación con la lógica, sus silogismos y la mayor parte de sus reglas sirven más para
explicar a otro cuestiones ya conocidas o, también, como sucede con el arte de Lulio,
para hablar sin juicio de aquellas que se ignoran, más que para llegar a conocerlas.../...
Todo esto fue la causa por la que pensaba que era preciso indagar otro método, que
asimilando las ventajas de estos tres, estuviera exento de sus defectos. Y como la
multiplicidad de leyes frecuentemente sirve para los vicios de tal forma que un Estado
está mejor regido cuando no existen más que unas pocas leyes que son minuciosamente
observadas, de la misma forma, en lugar del gran número de preceptos del cual está
compuesta la lógica, estimé que tendría suficiente con los cuatro siguientes con tal de que
tomase la firme y constante resolución de no incumplir ni una sola vez su observancia.
El primero consistía en no admitir cosa alguna como verdadera si no se la había conocido
evidentemente como tal. Es decir, con todo cuidado debía evitar la precipitación y la
prevención, «admitiendo exclusivamente en mis juicios aquello que se presentara tan
clara y distintamente a mi espíritu que no tuviera motivo alguno para ponerlo en duda».
El segundo exigía que dividiese cada una de las dificultades a examinar en tantas
parcelas como fuera posible y necesario para resolverlas más fácilmente.
El tercero requería conducir por orden mis reflexiones comenzando por los objetos más
simples y más fácilmente cognoscibles, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta
el conocimiento de los más complejos, suponiendo un orden entre aquellos que no
preceden naturalmente los unos a los otros.
Según el último de estos preceptos debería realizar recuentos tan completos y revisiones
tan amplias que pudiese estar seguro de no omitir nada.
Discurso del método. Segunda parte. Trad. G. Quintás. 1981. Madrid. Alfaguara.
Dice que los libros de los moralistas paganos «contienen muchas enseñanzas y
exhortaciones a la virtud que son muy útiles», aunque en realidad no nos ayudan
mucho a identificar cuál es la verdadera virtud, pues los casos concretos que citan
parecen ejemplos de «parricidio y orgullo»; añade «que la filosofía da medios para
hablar con verosimilitud de todas las cosas y hacerse admirar de los menos
sabios; que la jurisprudencia y la medicina dan honores y riquezas a los que las
cultivan» aunque claro, aquí se echa de menos toda mención de algún interés por
la verdad, la salud o la justicia.
Descartes anuncia que empleará su método para probar la existencia de Dios y
del alma, aunque es preciso preguntar cómo podrían él, o sus lectores, cerciorarse
de que los razonamientos que ofrece para ello tienen genuino valor probatorio.
Desarrollar una prueba genuina es algo muy problemático, especialmente en lo
tocante a cuestiones fundamentales, según habían señalado ya autores como
Aristóteles y Sexto Empírico. Veremos que en este punto, las teorías cartesianas
pueden considerarse como un desarrollo de la filosofía griega.
Propósito literario
No obstante, su fluidez ejemplar, la escritura cartesiana puede considerarse como
intencionalmente críptica. El resultado es algo semejante a un acertijo, para el que
solo se nos entregan numerosas claves, de modo que la comprensión de sus
obras exige la participación activa del lector. Por ejemplo, algunas cosas no
aparecen en los textos en el orden más natural, como cuando el método se
presenta antes de que Descartes explique por qué cree conveniente adoptar una
regla, sea esta la que fuere. Mejor aún, un par de enigmas, que abajo intentamos
resolver y para los que no hay otra solución conocida, muestran el carácter críptico
de su escritura: el filósofo nunca explica por qué razón eligió originalmente su
método, aunque sí dice que más valdría tomar uno al azar que no seguir ninguno.
Y tampoco dice por qué, tanto en las Meditaciones metafísicas como en
los Principios..., desarrolla lo que visiblemente son tres pruebas distintas de la
existencia de Dios, al contrario, en la «Carta a los Decanos y Doctores...» que
precede a las Meditaciones, da a entender que la multiplicidad de pruebas es
innecesaria, e incluso dificulta su apreciación. Siendo estas dos de las principales
cuestiones que Descartes deja sin aclarar en sus textos, hay muchas más. Por ello
es muy posible que el autor, que en la Flèche había estudiado la emblemática y
otras formas de comunicación indirecta, según Gaukroger, haya querido dejarle
una tarea al "lector atento" para quien escribe. Si esto es cierto, habría que ver sus
textos, en parte, como criptogramas que a sus lectores les corresponde descifrar,
aunque para ello, obviamente, pueden apoyarse en las claves que el mismo
filósofo proporciona.
La duda metódica
Descartes compara su método con una cesta de
manzanas (creencias), donde puede que algunas estén podridas, y para evitar que
se estropeen, se ha de inspeccionar una por una.29
En aplicación de la primera regla del método, en busca de una evidencia
indubitable (es decir, la aprehensión directa de la verdad de una proposición por
medio de la inspección de la mente), Descartes pensaba que, en el contexto de la
investigación, había que rehusarse a asentir a todo aquello de lo que pudiera
dudarse racionalmente y estableció tres niveles principales de duda:
En el primero, citando errores típicos de percepción de los que
cualquiera ha sido víctima, Descartes cuestiona cierta clase de
percepciones sensoriales, especialmente las que se refieren a objetos
lejanos o las que se producen en condiciones desfavorables.
En el segundo se señala la similitud entre la vigilia y el sueño, y la falta
de criterios claros para discernir entre ellos; de este modo se plantea
una duda general sobre las percepciones, aparentemente, empíricas,
que acaso con igual derecho podrían imputarse al sueño.
Por último, al final de la Meditación I, Descartes concibe que podría
haber un ser superior, específicamente un genio
maligno extremadamente poderoso y capaz de manipular nuestras
creencias. Dicho "genio maligno" no es más que una metáfora que
significa: ¿y si nuestra naturaleza es defectuosa?, de manera que
incluso creyendo que estamos en la verdad podríamos equivocarnos,
pues seríamos defectuosos intelectualmente. Siendo este el más
célebre de sus argumentos escépticos, no hay que olvidar cómo
Descartes considera también allí mismo la hipótesis de un azar
desfavorable o la de un orden causal adverso (el orden de las cosas),
capaz de inducirnos a un error masivo que afectara también a ideas no
tomadas de los sentidos o la imaginación (vg., las ideas racionales).30
No es que imitara a los escépticos, que no dudan sino por dudar y fingen ser siempre
indecisos, al contrario mi deseo consistía en llegar a descubrir algo firme.
Discurso del método. Tercera parte.[1]
El propósito de estos argumentos escépticos, y en particular los más extremos (los
dos últimos niveles), no es provocar la sensación de que hay un peligro inminente
para las personas en su vida cotidiana; es por ello que Descartes separa las
reglas del método de la moral provisional. Antes bien, solo al servicio del método
hay que admitir estas posibilidades abstractas, cuya finalidad es exclusivamente
servir a la investigación, en forma semejante a como lo hace un microscopio en el
laboratorio. En realidad los argumentos escépticos radicales deben considerarse
como vehículos que permiten plantear con claridad y en toda su generalidad el
problema filosófico que para Descartes es central, ¿hay conocimiento genuino? y
¿cómo reconocerlo?.
Soluciones propuestas
Por un lado, en la «Carta-prefacio a la traducción francesa de los Principios»
Descartes se refiere a Platón y Aristóteles como los principales autores que han
investigado la existencia de principios o fundamentos (válidos) del conocimiento.
Aunque Descartes no lo menciona, ambos filósofos piensan que la dialéctica o
controversia, donde cada uno de los participantes procura convencer o refutar a su
antagonista, es el único tipo de argumentación capaz de responder esta pregunta;
y en especial, es muy digna de atención la explicación que da Aristóteles (Met. Γ,
4) de por qué hay que acudir a este tipo de argumento para alcanzar una prueba
de los «principios». Perfectamente pudo Descartes ver aquí una buena razón para
elegir la dialéctica como procedimiento para indagar la validez de los
fundamentos.
Esto es lo que insinúa la primera regla metódica, si el lector, en lugar de atribuirle
en su fórmula el papel principal a la noción general de evidencia, se lo concede a
la (más específica) de indubitabilidad racional: las ideas tendrán la clase relevante
de evidencia solo en la medida en que sean apropiadamente indudables, pero es
obvio que no serán indudables mientras haya «ocasión» de ponerlas en duda, y
habrá ocasión de dudar siempre que haya argumentos escépticos vigentes. Ahora
bien, bajo un argumento como el del genio maligno, p. ej., siempre puede
plantearse una duda que afecte, en términos generales, incluso a las ideas más
evidentes: perfectamente puede pensarse que acaso las ideas evidentes son
falsas. De este modo, si se concede prioridad a la noción de indubitabilidad,
advertimos que la primera regla del método sugiere un camino para superar la
duda: refutar el argumento escéptico como primera tarea, lo que una vez
conseguido, permitiría dejar a salvo de la duda razonada (y por ende, admitir como
verdaderas, de acuerdo con el método) las ideas que solo ese mismo argumento
permitía cuestionar.
La evidencia del cogito
Retrato de René Descartes por Jan Baptist Weenix,
circa 1647-1649.
Inicialmente, Descartes llega a un solo primer principio: el pensamiento no puede
separarse de mí, por lo tanto, yo existo. En particular, esto se conoce como cogito
ergo sum (en español: "Pienso, luego soy" o "existo"). Por lo tanto, concluyó
Descartes, si dudaba, entonces algo o alguien debe estar dudando; por lo tanto, el
hecho mismo de que dudara demostró su existencia. «El significado simple de la
frase es que si uno es escéptico de la existencia, eso es en sí mismo una prueba
de que sí existe».31 En la Segunda Meditación, Descartes concluyó "que siempre
que digo «Yo soy, yo existo» o lo concibo en mi mente, necesariamente ha de
ser verdad".32 Estos primeros principios, pienso y existo, fueron confirmados como
una percepción clara y distinta en su Tercera Meditación.
Descartes define el "pensamiento" (cogitatio) como «lo que sucede en mí de tal
manera que soy inmediatamente consciente de ello, en la medida en que lo soy».
Pensar es, por lo tanto, toda actividad de una persona de la cual la persona es
inmediatamente consciente.33 Ante la duda del genio maligno, Descartes
determina el conocimiento indudable del "yo", porque se necesita existir para ser
engañado en absoluto, pero solo como una "cosa pensante" poque todas las
creencias todavía se consideran falsas. Esto incluye la creencia de tener un
cuerpo dotado de órganos de los sentidos.34 Partiendo del cogito, Descartes trata
de demostrar futuros principios que intenten asegurar la existencia independiente
del mundo externo así como el cogito mientras no está pensando.
Matizó en su segunda respuesta a las objeciones de sus Meditaciones que
«cuando percibimos que somos cosas pensantes, ésa es una noción primera, no
sacada de silogismo alguno; y cuando alguien dice, pienso, luego soy o existo, no
infiere su existencia del pensamiento como si fuese la conclusión de un silogismo,
sino como algo notorio por sí mismo, contemplado por simple inspección de
espíritu».35 Por otro lado, en sus Principios de la filosofía sostiene la existencia
del cogito como una conclusión silogística en vez de una intuición.36 En una
entrevista con Frans Burman declaró que «antes de la inferencia de "estoy
pensando" a "yo existo", se puede conocer la premisa "Todo lo que piensa que
existe", porque es anterior a la inferencia, que depende de ella. Por eso digo en
los Principios 1:10 que esta premisa es lo primero, porque siempre está
implícitamente ahí y se da por sentado. Pero no se sigue que siempre esté
consciente de manera expresa y explícita de que sucederá primero».37
Pierre Gassendi pronunció en oposición a la cita de Descartes «ambulo, ergo
sum» (Me paseo, luego existo), ya que para Gassendi la fuente del conocimiento
de la propia existencia no es el intelecto, sino la experiencia que se percibe con
todos los sentidos en contacto con la naturaleza. Descartes respondió que esto
solo demuestra el conocimiento interior del paseo como pensamiento pero no
respecto a la existencia o movimiento del cuerpo, que puede ser falso como
sucede en los sueños.38 Descartes dio razones para pensar que los pensamientos
despiertos son distinguibles de los sueños, y esa mente no puede haber sido
"secuestrada" por un genio maligno que coloca un mundo externo ilusorio ante los
sentidos. De esta manera, Descartes procede a construir un sistema de
conocimiento, descartando la percepción como poco confiable y, en cambio,
admitiendo solo la deducción como método.39 Harry G. Frankfurt no encontró
satisfactoria la respuesta de Descartes a Gassendi, pues la sensación
del ambulo está lógicamente ligada al ser y el cogito también es dudable.40
La evidencia de Dios
Por otro lado, vimos que Descartes acepta tres razones para plantear la duda más
extrema: esencialmente son las hipótesis del genio maligno, la de un azar
desafortunado y la de una causalidad natural adversa. Así, si suponemos que
Descartes argumenta para enfrentar al crítico radical, el escéptico, se entiende
fácilmente el desarrollo de tres pruebas (a lo largo de las Meditaciones III y V) que
solo aparentemente se encaminan a establecer la existencia divina; pues en
realidad, a cada una de estas pruebas puede asignársele el propósito de refutar
una de las hipótesis escépticas. De este modo, Descartes no habría buscado
«demostrar», en primer término, la existencia de Dios: en cambio habría intentado
vencer dialécticamente a su antagonista en la controversia, dando un argumento
para rechazar cada razón específica entre las admitidas para plantear la duda más
extrema. Para lograrlo, le habría bastado mostrar que las razones para aceptar la
existencia divina son, en todo caso, más sólidas que las que pueden darse para
implantar las dudas radicales. Si Descartes alcanza este objetivo, las dudas más
extremas quedarían sin fundamento. Esto, a su vez, autorizaría al investigador a
aceptar ciertas proposiciones como válidas o verdaderas, por ser racionalmente
indudables, al menos, a la luz de los argumentos escépticos conocidos. Pero
Descartes habría dejado en la sombra, sin declarar francamente, este aspecto
negativo de su procedimiento. Por ello la «demostración de la existencia de Dios»,
en realidad forma parte de la triple serie de refutaciones. Esta serie es la clave en
la superación de la duda metódica.
En la Tercera y Quinta Meditación, Descartes ofrece pruebas de un Dios benévolo
(el argumento de la marca41 y un argumento ontológico respectivamente). Oxford
Reference resume el primer argumento de la siguiente manera: "que nuestra idea
de la perfección está relacionada con su origen perfecto (Dios), así como un sello
o marca se deja en un artículo de mano de obra por su fabricante".42 Para apoyar
su argumento característico de la existencia de Dios, Descartes invoca su principio
de adecuación causal citando a Lucrecio en defensa: "Ex nihilo nihil fit", que
significa "Nada surge de la nada".4344
A continuación, reflexionando sobre que yo dudaba y que, en consecuencia, mi ser no era
omniperfecto pues claramente comprendía que era una perfección mayor el conocer que
el dudar, comencé a indagar de dónde había aprendido a pensar en alguna cosa más
perfecta de lo que yo era; conocí con evidencia que debía ser en virtud de alguna
naturaleza que realmente fuese más perfecta. En relación con los pensamientos que
poseía de seres que existen fuera de mí, tales como el cielo, la tierra, la luz, el calor y
otros mil, no encontraba dificultad alguna en conocer de dónde provenían pues no
constatando nada en tales pensamientos que me pareciera hacerlos superiores a mí,
podía estimar que si eran verdaderos, fueran dependientes de mi naturaleza, en tanto que
posee alguna perfección; si no lo eran, que procedían de la nada, es decir, que los tenía
porque había defecto en mí. Pero no podía opinar lo mismo acerca de la idea de un ser
más perfecto que el mío, pues que procediese de la nada era algo manifiestamente
imposible y puesto que no hay una repugnancia menor en que lo más perfecto sea una
consecuencia y esté en dependencia de lo menos perfecto, que la existencia en que algo
proceda de la nada, concluí que tal idea no podía provenir de mi mismo. De forma que
únicamente restaba la alternativa de que hubiese sido inducida en mí por una naturaleza
que realmente fuese más perfecta de lo que era la mía y, también, que tuviese en sí todas
las perfecciones de las cuales yo podía tener alguna idea, es decir, para explicarlo con
una palabra que fuese Dios.
Discurso del método. Cuarta parte. Trad. de G. Quintás. 1981. Madrid. Alfaguara.
En la Quinta, Descartes presenta una versión del argumento ontológico de san
Anselmo que se basa en la posibilidad de pensar la "idea de un ser supremamente
perfecto e infinito".
Pues bien, si del hecho de poder yo, sacar de mi pensamiento la idea de una cosa, se
sigue que todo cuanto percibo clara y distintivamente que pertenece a dicha cosa, le
pertenece en efecto, ¿no es ésta una posible base para un argumento para probar la
existencia de Dios? Ciertamente, yo hallo en mí su idea de Dios o de un ser
supremamente perfecto, es aquella que encuentro dentro de mí tan seguramente como la
idea de cualquier figura o número; y no conozco con menor claridad y distinción que
pertenece a su naturaleza una existencia eterna, de como conozco que todo lo que puedo
demostrar de alguna figura o número pertenece verdaderamente a la naturaleza de
éstos.45
Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, Meditación quinta (Alfaguara,
Madrid 1977, p. 54-57).
Descartes argumentó que la existencia de Dios puede deducirse de su naturaleza,
del mismo modo que las ideas geométricas pueden deducirse de la naturaleza de
las figuras (utilizó la deducción de los tamaños de los ángulos en un triángulo
como ejemplo). Sugirió que el concepto de Dios es el de un ser supremamente
perfecto, que posee todas las perfecciones. Parece haber asumido que la
existencia es un predicado de una perfección. Así, si la noción de Dios no incluía
la existencia, no sería supremamente perfecta, ya que carecería de una
perfección. En consecuencia, la noción de un Dios supremamente perfecto que no
existe, Descartes argumenta, es ininteligible. Por lo tanto, según su naturaleza,
Dios debe existir. Podría expresarse dos versiones de los argumentos ontológicos
de Descartes:46
Versión 1:
1. Toda idea clara y distinta que percibo es verdadera.
2. Percibo clara y distintamente que la existencia necesaria está
contenida en la idea de Dios.
3. Por lo tanto, Dios existe.
Versión 2:
1. Tengo una idea de un ser supremamente perfecto, es decir, un
ser que tiene todas las perfecciones.
2. La existencia necesaria es una perfección.
3. Por lo tanto, existe un ser supremamente perfecto.
Descartes' Ontological Argument (The Stanford Encyclopedia of Philosophy).
Debido a que Dios es benevolente, Descartes tiene fe en la explicación de la
realidad que le brindan sus sentidos, porque Dios le ha proporcionado una mente
y un sistema sensorial que funcionan y no desea engañarlo.47 A partir de este
supuesto, sin embargo, Descartes establece finalmente la posibilidad de adquirir
conocimientos sobre el mundo a partir de la deducción y la percepción. Con
respecto a la epistemología, por lo tanto, se puede decir que Descartes contribuyó
con ideas tales como una concepción rigurosa del fundacionalismo y la posibilidad
de que la razones el único método confiable para adquirir conocimientos.
Descartes, sin embargo, era muy consciente de que la experimentación era
necesaria para verificar y validar las teorías.48
En la Cuarta Meditación, Descartes confronta una versión epistemológica
del problema del mal, enfocándose en el mal del error: "[H]abiendo recibido de
Dios la facultad de concebir, lo concibo sin duda alguna rectamente, y no puede
provenir de ella que me equivoque. ¿De dónde nacen, pues, mis errores?".49
Descartes ofrece una teodicea argumentando que la perfección del universo y
el libre albedrío justifica a Dios al permitir nuestros errores.50 "[S]iendo más amplia
la voluntad que el intelecto, no la retengo dentro de ciertos límites, sino que la
aplico aun a lo que no concibo, y, siendo indiferente a ello, se desvía fácilmente de
lo verdadero y lo bueno; de esta manera me equivoco y peco".49
Descartes se consideraba un católico devoto,515253 y uno de los propósitos de
las Meditaciones era defender la fe católica. Evitó intentar demostrar dogmas
teológicos metafísicamente. Cuando se le cuestionó que no había establecido la
inmortalidad del alma simplemente al mostrar que el alma y el cuerpo son
sustancias distintas, respondió: "No me comprometo a tratar de usar el poder de la
razón humana para resolver ninguno de esos asuntos que dependen del libre
albedrío de Dios".54 Contrariando a las tradiciones filosóficas y teológicas
occidentales, Descartes defendió una posición absoluta y voluntarista de la
omnipotencia divinas.55 Harry Frankfurt atribuye a Descartes la creencia de que
Dios es "un ser para quien lo lógicamente imposible es posible".56 (Ver Paradoja
de la omnipotencia)
Su intento de basar las creencias teológicas en la razón encontró una intensa
oposición en su tiempo. Blaise Pascal consideró las opiniones de Descartes como
racionalista y mecanicista, y lo acusó de deísmo: "No puedo perdonar a
Descartes; en toda su filosofía, Descartes hizo todo lo posible por prescindir de
Dios. Pero Descartes no pudo evitar empujar a Dios para que pusiera el mundo en
movimiento con un chasquido de sus dedos señoriales; después de eso, no tuvo
más utilidad para Dios", aunque un poderoso contemporáneo, Martin Schoock, lo
acusó de creencias ateas, aunque Descartes había proporcionado una crítica
explícita del ateísmo en sus Meditaciones. La Iglesia Católica prohibió sus libros
en 1663.575859
Innatismo cartesiano
Estatua de René Descartes en La Haye-
Descartes.
En la Tercera Meditación, después de que Descartes presenta las ideas como
modos que representan o exhiben objetos a la mente, las divide tres clases:
las ideas innatas, las facticias y las adventicias.60
De estas ideas, unas son innatas, otras adventicias y otras hechas por mí; puesto que
la facultad de aprehender qué son las cosas, qué es la verdad y qué es el pensamiento,
no parece provenir de otro lugar que no sea mi propia naturaleza; en cuanto al hecho de
oír un estrépito, ver el sol, sentir el fuego, ya he indicado que procede de ciertas cosas
colocadas fuera de mí; y finalmente las sirenas, los hipogrifos y cosas parecidas son
creados por mí. O aun quizá las puedo juzgar todas adventicias, o todas innatas, o todas
creadas, puesto que todavía no he percibido claramente su origen.
Meditaciones metafísicas. Tercera meditación. Trad. de José Antonio Mígues. pp.23-24[2]
En un momento posterior, la existencia de Dios conduce a la afirmación de la
necesidad de las ideas innatas punto fundamental en el desarrollo de su
pensamiento. Descartes argumentó la teoría del conocimiento innato y que todos
los humanos nacieron con conocimiento a través del poder superior de Dios. Dos
ideas que considera que son innatas, la de infinito y perfección. A partir de ellas,
demuestra Descartes la existencia de Dios. (Ver: argumento de la marca)
Por Dios entiendo una substancia infinita eterna, inmutable, independiente, omnisciente,
omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas que existen, si es
que existe alguna. Pues bien, eso que entiendo por Dios es tan grande y eminente, que
cuanto más atentamente lo considero menos convencido estoy de que una idea así pueda
proceder sólo de mí. Y, por consiguiente, hay que concluir necesariamente, según lo
antedicho que Dios existe. Pues aunque yo tenga la idea de substancia en virtud de ser
yo una substancia, no podría tener la idea de una substancia infinita, siendo yo finito, si no
la hubiera puesto en mí una substancia que verdaderamente fuera infinita...
Meditaciones metafísicas. 1978. Madrid. Alfaguara
Con respecto a la facultada de la imaginación, Descartes usa en su Sexta
meditación el ejemplo de un chiliágono (un polígono regular de mil lados) para
demostrar la diferencia entre el intelecto puro y la imaginación. Descartes dijo que,
cuando una persona imagina un chiliágono, "no imagina los miles de lados como
si estuvieran presentes" ante ella -- como por el contrario hace cuando imagina un
triángulo. La imaginación construye una "representación confusa," que no es
distinta de la de un polígono de mil un lados o de novecientos lados. Sin embargo,
el intelecto comprende claramente lo que es un chiliágono, y es capaz de
distinguirlo de un polígono de mil un lados o de novecientos lados. Por tanto,
concluye Descartes, el intelecto no depende de la imaginación, y en consecuencia
es posible entender ideas claras y distintas aun cuando la imaginación no pueda
representarlas.61
Fue esta teoría del conocimiento innato la que más tarde llevó al filósofo John
Locke a combatirla con la teoría del empirismo, que sostenía que la mente es
una tabula rasa y todo el conocimiento se adquiere a través de la experiencia.62 El
filósofo Pierre Gassendi, contemporáneo de Descartes, criticó esta interpretación,
creyendo que si bien Descartes podía imaginar un chiliágono, no podía entenderlo:
se podía "percibir que la palabra 'chiliágono' significa una figura con mil ángulos
[pero] ese es solo el significado del término, y no se sigue que comprenda los mil
ángulos de la figura mejor de lo que los imagina".63
Metafísica y psicología
Descartes compara el cuerpo de los conocimientos a un árbol cuyas raíces son de
tipo metafísico, el tronco equivale a la física o filosofía natural, y las ramas
principales son las artes mecánicas, cuya importancia está en que permiten
disminuir el trabajo de los hombres, la medicina y la moral. La metafísica es
fundamental, pero añade que los frutos de un árbol no se cogen de las raíces, sino
de las ramas.64 Sobre todo, Descartes estuvo entre los primeros científicos que
creyeron que el alma debería ser objeto de investigación científica. Desafió las
opiniones de sus contemporáneos de que el alma era divina, por lo que las
autoridades religiosas consideraron sus libros como peligrosos.65
Dualismo sustancial
Véase también: Problema mente-cuerpo
Diagrama del funcionamiento de la visión
binocular y la glándula pineal en el Tratado del hombre.
Para Descartes, la sustancia es aquello que existe por sí mismo sin necesidad de
otra cosa, es decir, es aquello autosubsistente.66 Partiendo del cogito, Descartes
sostiene que él mismo es solo una sustancia pensante o res cogitans mediante
la facultad de juicio que está en la mente, dado que ni siquiera el escéptico radical
puede negar la existencia del pensamiento mientras que sí se puede mantener
una duda sobre el cuerpo.67
... puesto que de un lado tengo idea clara y distinta de mí mismo, en tanto que soy
solamente una cosa pensante y no extensa, y, de otro lado, tengo una idea distinta del
cuerpo, en tanto que es sólo una cosa extensa y no pensante, es cierto que yo, es decir,
mi alma, por la que soy lo que soy, es entera y verdaderamente distinta de mi cuerpo y
que puede ser o existir sin él.
DESCARTES, R. (1990), El tratado del hombre (traducción y comentarios de G.
QUINTÁS), Alianza, Madrid. (6.ª meditación)
Entre estas ideas simples se encuentran la extensión y sus modificaciones o
modos (cantidad, la forma y el movimiento, etc.)68 que Descartes acepta sin más
como indudables y constitutivas de la sustancia corpórea, sometida por tanto
al espacio, al movimiento y a medidas espaciales de igual forma que el tiempo69
que llama sustancia extensa o res extensa, es decir, el cuerpo o la materia.6770
Mientras que el cuerpo es divisible y la mente o el alma es indivisible por
naturaleza, argumentó que la mente y el cuerpo están estrechamente unidos71
pero la mente "no es impresionada de un modo inmediato por todas las partes del
cuerpo, sino tan sólo por el cerebro o quizá tan sólo por una exigua parte de aquél,
es decir, por aquella en la que se dice que está el sentido común". Descartes dio
prioridad a la mente y argumentó que esta podría existir sin el cuerpo, pero el
cuerpo no podría existir sin la mente.72 En las Meditaciones incluso argumenta que
si bien la mente es una sustancia, el cuerpo está compuesto solo de
"accidentes".73 En cualquier caso, la teoría de las dos sustancias nos invita a un
mundo dualista. Para llegar de una realidad a otra, del cuerpo al alma (en
la percepción sensorial), o viceversa, como en el movimiento voluntario, Descartes
menciona que hay una glándula en el cerebro humano, la pineal, donde se
encuentra el punto de contacto entre ambas sustancias. Por supuesto, Descartes
nunca pudo verificar esta afirmación y la respuesta a cómo una tal interacción
podría ser ejercida, sigue siendo un tema polémico (ver Problema mente-cuerpo).
Ambas sustancias son finitas, pero por otro lado, Descartes afirma que hay
una sustancia infinita, que es Dios, una "sustancia eterna, inmutable,
independiente, omnisciente, omnipotente, por la cual yo mismo y todas las demás
cosas que existen (si existen algunas) han sido creadas y producidas”.7467 Estas
dos nociones parecen equivalentes, tal como Descartes las empleó.
Tradicionalmente, se considera que Descartes introduce a Dios en su metafísica
como garantía de la verdad y la materia, pero esto da lugar al profundo problema
de la circularidad, que Descartes mismo señala en la «Carta a los Decanos y
Doctores...» que antecede a las Meditaciones.
Así, Descartes razonó que Dios es distinto de los humanos, y que el cuerpo y la
mente de un humano también son distintos entre sí.75 Argumentó que las grandes
diferencias entre el cuerpo (una cosa extendida) y la mente (una cosa inmaterial
no extendida) hacen que los dos sean ontológicamente diferentes. El dualismo
cartesiano allanó el camino para la física moderna y también abrió la puerta a
las creencias religiosas sobre la inmortalidad del alma.76 Sin embargo, si Dios
existe por sí mismo y la mente y el cuerpo depende de este, Dios estrictamente
sería la única sustancia como señaló el filósofo Spinoza identificándolo con
la naturaleza. Por otra parte, Thomas Hobbes77 y Margaret Cavendish78
defendieron doctrinas materialistas del pensamiento. Los
empiristas Berkeley y Hume criticaron el concepto de sustancia al afirmar que no
las percibimos en sí mismas. Kant consideró ilegítimo el salto del pensamiento a la
sustancia del "yo".79 Gilbert Ryle en su libro The Concept of Mind acusa a
Descartes de cometer un "error categoríal" al suponer que la mente se opone al
cuerpo cuando pertenecen a categorías distintas.80 El neurólogo António
Damásio sostiene en El error de Descartes que es erróneo creer que solo las
mentes piensan.81
Mecanicismo
En el mecanicismo cartesiano, el cuerpo actúa
como una máquina.82 Descartes redujo a los
animales a mera extensión material, como unos autómatas, negándoles
capacidades cognitivas y sensitivas.83
Descartes también fue un mecanicista. Argumentó que no se puede explicar la
mente en términos de la dinámica espacial de la materia. Sin embargo, su
comprensión de la biología era de naturaleza mecanicista. Su trabajo científico se
basó en la comprensión mecanicista tradicional que sostiene que los animales
son autómatas (bête-máquina).
Argumentó que los movimientos externos, como el tacto y el oído, llegan a las
terminaciones de los nervios y afectan a los espíritus animales. Por ejemplo, el
calor del fuego afecta una mancha en la piel y pone en marcha una cadena de
reacciones, con los espíritus animales llegando al cerebro a través del sistema
nervioso central y, a su vez, los espíritus animales son enviados de regreso a
los músculos para mover la mano. lejos del fuego. A través de esta cadena de
reacciones, las reacciones automáticas del cuerpo no requieren un proceso de
pensamiento.84
Me gustaría que consideraras que estas funciones (incluida la pasión, la memoria y la
imaginación) se derivan de la mera disposición de los órganos de la máquina de forma tan
natural como los movimientos de un reloj u otro autómata se derivan de la disposición de
sus contrapesos y ruedas.
Descartes, Tratado sobre el hombre85
Pero no raramente nos engañamos también en las cosas a que nos impele la naturaleza,
como los que están enfermos desean un alimento o una bebida que les ha de dañar poco
después. Se podrá decir quizá que si los tales se engañan es porque su naturaleza está
deteriorada; pero esto no quita la dificultad, porque no menos es un hombre enfermo
criatura de Dios que un hombre sano; por lo tanto, no parece menos contradictorio que
posea de Dios su naturaleza engañosa. Y de igual modo que un reloj fabricado con
ruedas y pesos no menos exactamente observa todas las leyes de la naturaleza cuando
ha sido fabricado mal y no indica con rectitud las horas, que cuando satisface plenamente
a los deseos del artista, así, si considero el cuerpo del hombre en tanto que es una cierta
máquina de tal manera ensamblada y compuesta de huesos, nervios, músculos, venas,
sangre y piel, que, aunque no existiese en él alma alguna, tendría sin embargo todos los
movimientos que ahora en él no proceden del mando de la voluntad ni, por tanto, del
alma, veo con facilidad que para él tan natural sería, si, por ejemplo, estuviese enfermo de
hidropesía, sufrir esa sequedad de garganta que suele producir en el alma la sensación
de la sed, y, por lo tanto, que sus nervios y demás partes sean de esta manera acuciados
a tomar una bebida que agrave la enfermedad, como, cuando ninguna enfermedad
semejante hay en él, ser movido por una sequedad de garganta semejante a tomar una
bebida útil para él
Descartes, Meditaciones Metafísicas86
El dualismo de Descartes estaba motivado por la aparente imposibilidad de que la
dinámica mecánica pudiera producir experiencias mentales. Para Descartes
el lenguaje no se podía explicar enteramente en términos mecánicos.8788 También
negó que los animales tuvieran razón o inteligencia. Argumentó que los animales
sentían y percibían, pero esto podría explicarse mecánicamente.89 Mientras que
los humanos tenían un alma o mente y podían sentir dolor y ansiedad, los
animales en virtud de no tener un alma no podían sentir dolor o ansiedad. Si los
animales mostraban signos de angustia, esto era para proteger el cuerpo del
daño, pero el estado innato necesario para que sufrieran estaba ausente.90
La idea de que los animales estaban separados de la humanidad y que
simplemente eran máquinas permitía el maltrato de los animales, y no fue
sancionado por la ley y las normas sociales hasta mediados del siglo XIX.91 David
Hume argumentó en contra del mecanicismo y dualismo cartesiano al decir que
los animales "indudablemente sienten, piensan [...] de una manera más imperfecta
que los hombres".92 Las publicaciones de Charles Darwin finalmente erosionarían
la visión cartesiana de animales.93 Aun así sus teorías sobre los reflejos también
sirvieron de base para teorías fisiológicas avanzadas, más de 200 años después
de su muerte. En el siglo XX, Alan Turing avanzó la informática basada en
la biología matemática inspirada en Descartes. El fisiólogo Iván Pávlov fue un gran
admirador de Descartes.84
El problema del círculo
Artículo principal: Círculo cartesiano
Estatua de René Descartes en el Louvre.
Este problema consiste en cómo saber que existe Dios, dado que frente a un
escéptico que está dispuesto a poner en duda la evidencia, no bastaría siquiera
dar un alegato completamente evidente. Recuérdese cómo Descartes mismo
advierte que para refutar a los ateos no basta invocar un texto sagrado ("Carta a
los Decanos y Doctores..." que precede a las Meditaciones), dado que este
procedimiento es viciosamente circular. Este es un tema que ha sido
incansablemente discutido por los comentaristas, pero dos respuestas básicas
pueden darse al problema: o no lo sabemos en absoluto, pues el círculo es real y
Descartes es un ingenuo que comete faltas indignas de un principiante, o bien se
evita el círculo, pero a costa de atribuirle a Descartes posiciones extremadamente
dogmáticas. O alternativamente, Descartes escapa al círculo al desarrollar
una prueba dialéctica.
Según la última línea interpretativa, Descartes no habría intentado demostrar la
existencia de Dios, sino ante todo, refutar la hipótesis en la que se funda la duda.
Esto se conseguiría mostrando: 1) que un argumento incompatible con la hipótesis
del genio, o del azar adverso, etc., es comparativamente 'más sólido que' la
respectiva hipótesis escéptica; y 2), que ni ese argumento, ni el juicio que lo
considera superior al alegato opuesto, merecen ser juzgados circulares.
Atendiendo al último punto: la refutación de la hipótesis del genio sería circular si
enfrentado al argumento refutatorio, el escéptico aún pudiera sugerir que «acaso
el propio genio le haya sugerido a Descartes este alegato». Así, la «prueba» de
que no hay genio sucumbiría a la misma duda que aspira a superar, círculo. Pero
esta réplica es ilegítima bajo el método cartesiano, puesto que para ofrecerla, el
escéptico necesita apoyarse en una idea —la del genio maligno— que, una vez
expuesta la refutación, tendríamos razones para poner en duda (V. gr., las
razones en que estriba la misma refutación); ahora bien, el método pide no
considerar verdadera, ni momentáneamente, una idea de la que tenemos razones
para dudar. Por otro lado, la refutación solo habrá podido prosperar si parte de
premisas que el propio escéptico ha introducido, al ofrecer las razones para dudar.
Por otro lado, por supuesto, el camino mencionado solo sería promisorio,
si no suponemos de entrada que la duda radical planteada por el escéptico y
admitida en la investigación, es universal (pues, siendo universal, a priori toda
respuesta a esa duda sería ella misma dudosa de antemano y por ende, estaría
condenada a la circularidad). Entonces, habrá que preguntarse dos cosas: 1) ¿Es
posible plantear una duda sistemática y amplísima, que afecte incluso a las ideas
evidentes, pero que no sea universal? Una posibilidad, desde luego, es imaginar
que la duda no se formula con ayuda del cuantificador «todo...» (V. gr., todo
pensamiento es falso), sino del cuantificador plurativo: «la mayoría de...» Y 2),
¿hay razones que legítimamente permitan desechar la duda universal, pero que
no se reduzcan a señalar el fracaso al que estaríamos condenados, si hubiésemos
de enfrentar esta clase de escepticismo? Esta última es, digamos, una pregunta
abierta.
La filosofía moral
Descartes no es muy conocido por sus contribuciones a la ética. La Internet
Encyclopedia of Philosophy señala que:
Aunque Descartes nunca escribió un tratado dedicado exclusivamente a la ética,
los comentaristas han descubierto una serie de textos que demuestran un rico
análisis de la virtud, el bien, la felicidad, el juicio moral, las pasiones y la relación
sistemática entre la ética y el resto de la filosofía.94
Descartes hizo sus escritos sobre moral o ética en la última parte de su vida, no
obstante, antes, en su obra Discurso del método (1637) adoptó tres máximas que
le permitieran actuar, al mismo tiempo que ponía en duda todas sus ideas. Estas
máximas se conocen como su "moral provisional". A las tres máximas se le suma
una cuarta que las enlaza con el método: juzgar bien para actuar bien.
En su obra posterior Descartes construye su filosofía moral sobre tres bases:
la Metafísica, la Razón, y la Tradición Estoica. Para él la moral era una ciencia, la
más alta y perfecta, y sus raíces se encuentran en la Metafísica, al igual que para
las demás ciencias.95 Así pues nos habla de la existencia de Dios, del lugar del
hombre en la naturaleza, formula la teoría del dualismo mente-cuerpo, y defiende
el libre albedrío. Por otra parte afirma su racionalismo cuando nos dice que la
razón es suficiente al hombre para la búsqueda de los bienes que debe perseguir,
y también cuando afirma que la virtud consiste en el «razonamiento correcto» que
debería guiar nuestras acciones.
La calidad del razonamiento depende de los conocimientos, ya que una mente
bien informada se encuentra en mejores condiciones para tomar buenas
decisiones. Las condiciones mentales también influirán en el proceso de
razonamiento y por esto Descartes afirma que una filosofía moral completa debe
incluir el estudio del funcionamiento del organismo humano. Él discutió estos
temas en su correspondencia con la Princesa Isabel de Bohemia y como resultado
decidió escribir su tratado «Las Pasiones del Alma», que contiene un estudio de
los procesos y reacciones psicosomáticos en el hombre, con un énfasis en
las emociones y pasiones.96 Descartes inicia la obra lamentando el estado de los
escritos antiguos sobre las pasiones y declarando que "me veré obligado a escribir
como si estuviera considerando un tema que nadie había tratado antes que yo".
En él, identifica seis pasiones “primitivas”: el asombro, el amor, el odio, el deseo,
la alegría y la tristeza. Un número ilimitado de pasiones surgen de la combinación
de estas.97
El hombre debería buscar el «bien supremo», que Descartes, siguiendo a Zenón,
identifica con la virtud. Para Epicuro, el bien soberano era el placer, y Descartes
dice que, de hecho, esto no está en contradicción con la enseñanza de Zenón,
porque la virtud produce un placer espiritual, que es mejor que el placer corporal.
En cuanto a la opinión de Aristóteles de que la felicidad (eudaimonia) depende
tanto de la virtud moral como de los bienes de la fortuna como un grado moderado
de riqueza, Descartes no niega que las fortunas contribuyan a la felicidad pero
remarca que están en gran proporción fuera de control, mientras que la mente de
uno está bajo el control completo de uno.96
Libre albedrío
Otra postura que Descartes sostiene es la evidencia de la libertad. Pero más que
discutir la realidad o no del libre albedrío, Descartes parece partir de la hipótesis
de que él mismo es libre para poner esta libertad en práctica: ya la investigación,
en su caso, resulta de una determinación voluntaria y libre. Además,
la epistemología cartesiana, vg., su investigación sobre las condiciones de validez
del conocimiento, hace un aporte tácito, pero fundamental, al campo de la filosofía
práctica: la responsabilidad no es ilusoria, pues si hay conocimiento legítimo, y
este versa en parte sobre algunas relaciones causales, hemos de tomar nuestras
decisiones sin dar oídos sordos a las consecuencias previsibles de nuestros actos.
Sin embargo, parece que Descartes nunca intentó demostrar la corrección de la
citada hipótesis sobre el libre albedrío, como no fuera poniéndola a prueba
indirectamente, acaso examinando su capacidad de producir resultados
favorables.
Contribuciones científicas
En ciencias, Descartes es considerado como el creador del mecanicismo, y
en matemática, de la geometría analítica. Se le asocia con los ejes cartesianos
en geometría, con la iatromecánica y la fisiología mecanicista en medicina, con
el principio de inercia en física, con el dualismo filosófico mente/cuerpo y el
dualismo metafísico materia/espíritu. No obstante, parte de sus teorías han sido
rebatidas —teoría del animal-máquina— o incluso abandonadas —teoría de los
vórtices—. Su pensamiento pudo aproximarse a la pintura de Poussin por su estilo
claro y ordenado.98
Física
Principia philosophiae, 1685.
El comienzo del interés de Descartes por la física se atribuye al científico y
matemático aficionado Isaac Beeckman, quien estuvo al frente de una nueva
escuela de pensamiento conocida como filosofía mecánica. Con esta base de
razonamiento, Descartes formuló muchas de sus teorías
sobre física mecánica y geométrica.99
En lo relativo al conocimiento de la Naturaleza por medio de la experiencia,
Descartes es heredero y continuador de toda la revolución renacentista, de la
crítica a la física aristotélica, del heliocentrismo propuesto por Copérnico y, de
manera especial, del corpuscularismo propuesto por Gassendi y está al corriente
de todas las investigaciones en el terreno matemático y físico que se están
llevando a cabo; su correspondencia muestra el contacto que tiene con todos los
estudiosos de su época.
Galileo y Descartes consideran el carácter matemático del espacio. Galileo lo hace
reduciendo el movimiento de caída a fórmulas matemáticas y Descartes con su
contribución a la geometría.100
La filosofía está escrita en este gran libro continuamente abierto ante nuestros ojos, me
refiero al universo, pero no se puede comprender si antes no se ha aprendido su lenguaje
y nos hemos familiarizado con los caracteres en los que está escrito. Está escrito en
lenguaje matemático, y los caracteres son triángulos, círculos y demás figuras
geométricas, sin los cuales es humanamente imposible entender ni una sola palabra; sin
ellos se da vueltas en vano por un oscuro laberinto.
Galileo. Il sagiattore.
El fundamento del espacio Descartes lo encuentra en una idea clara y evidente: la
extensión. Los cuerpos se identifican con la extensión, pues de ellos podemos
abstraer todas las demás propiedades sensibles menos esta. Descartes hace la
distinción al mencionar que «la extensión ocupa lugar, el cuerpo tiene extensión, y
la extensión no es cuerpo».101 Pero afirma:
El espacio o el lugar interior y el cuerpo que está comprendido en este espacio no son
diferentes sino por nuestro pensamiento. Pues, en efecto, la misma extensión en longitud,
anchura y profundidad que constituye el espacio, constituye el cuerpo.
Principios de la filosofía.
Por ello niega el vacío que será únicamente comprendido bajo la extrapolación de
la idea de la "falta de algo".100 Descartes estableció que el movimiento rectilíneo es
el natural, en contra de la idea que era el circular uniforme aristotélico de
las estrellas y de los planetas.102 Según la física de Descartes la extensión llena el
espacio de forma continua, donde unos vórtices, remolinos materiales, generan el
movimiento continuo de los astros. Su teoría de los vórtices postulaba que el
espacio estaba ocupado por un fluido invisible (el éter) que giraba
formando vórtices celestes, y el Sol era el centro de uno de ellos. Este arrastraría
planetas, los cuales serán el centro de otros vórtices más pequeños que actuarían
sobre satélites como la Luna. Esta idea tuvo mucha fuerza porque explicaba cómo
se movían los cuerpos celestes sin que actuaran fuerzas a distancia, algo
inconcebible para la época. La teoría de los vórtices fue defendida en Francia
durante casi cien años, incluso después de Isaac Newton.103104
El espacio-mundo es indefinido pues no puede ser infinito, pues la infinitud es un
atributo solo de Dios. Por ello el carácter de lugar es relativo.
Las palabras lugar y espacio no significan nada que difiera verdaderamente del cuerpo del
que decimos que está en algún lugar, y, nos indican solamente su magnitud, su figura y
cómo está situado entre los otros cuerpos. Pues es necesario para determinar esta
situación dar constancia de algunos otros que consideramos como inmóviles; pero según
cuales sean los que así consideremos, podemos decir que una misma cosa cambia de
lugar o que no cambia.
Principios de filosofía
Es evidente que Descartes conoce perfectamente la obra de Galileo y
la invariancia galileana. De esta forma se "espacializa" el universo y el mundo se
concibe con un inmenso mecanismo. Descartes propuso que la atracción
magnética fue causada por la circulación de pequeñas partículas helicoidales.
Matemáticas
Coordenadas cartesianas.
La Stanford Encyclopedia of Philosophy expresa que:
Hablar de las contribuciones de René Descartes a la historia de las
matemáticas es hablar de su La Géométrie (1637), un breve tratado incluido en
el Discurso del método publicado de forma anónima. En La Géométrie , Descartes
detalla un programa innovador para la resolución de problemas geométricos, a lo
que se refiere como un "cálculo geométrico" (calcul géométrique).105
En La Géométrie Descartes "descubre la regla de la alternancia de los signos de
los coeficientes de una ecuación" y "demuestra que toda ecuación de cuarto
grado es la intersección de una parábola con una circunferencia".106 Uno de los
legados más perdurables de Descartes fue su desarrollo de la geometría
cartesiana o analítica, que utiliza el álgebra para describir la geometría.107
Descartes inventó la convención de representar incógnitas en las ecuaciones con
[ x , y , z ] y datos conocidos por [ a , b , c ]. También fue pionero en la notación
estándar que usa superíndices para indicar los exponentes; por ejemplo, el 2
utilizado en x 2 para indicar x al cuadrado.107108Son conocidos los teoremas de
Descartes acerca de los defectos angulares, en el que la suma de los defectos
angulares de todos los vértices de un poliedro convexo (sin huecos como un cubo)
es siempre igual a 4π o 720º,109 teniendo similitudes con la teorema de Euler para
poliedros;110111 y el teorema de los círculos de las cuatro tangentes, en donde los
inversos k de los radios de cuatro circunferencias mutuamente tangentes
satisfacen:112
Además, Descartes retó a Pierre de Fermat a que encontrase la tangente en un
punto de la curva con ecuación x3 + y3 – 3axy = 0 (Folium de Descartes), quien la
resolvió fácilmente.113 Los trabajos de Descartes y Fermat proporcionaron la base
para el cálculo desarrollado por Newton y Leibniz, quienes aplicaron el cálculo
infinitesimal al problema de la línea tangente, permitiendo así la evolución de esa
rama de las matemáticas modernas.114 Su regla de los signos también es un
método comúnmente usado para determinar el número de raíces positivas y
negativas de un polinomio.
Óptica
Descartes también hizo contribuciones al campo de la óptica. Mostró utilizando la
construcción geométrica y la ley de refracción (también conocida como ley de
Descartes o más comúnmente la ley de Snell) que el radio angular de un arco iris
es de 42 grados (es decir, el ángulo subtendido en el ojo por el borde del arco
iris y el arco).115 También descubrió de forma independiente la ley de la reflexión, y
su ensayo sobre la óptica fue la primera mención publicada de esta ley.116
Continuadores de Descartes
Esta sección es un extracto de Cartesianismo § Continuadores de Descartes.
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Los más notables cartesianos, entre ellos, son: Antoine Arnauld (1612-94) y Pierre
Nicole (1625-95). Son los principales miembros de la Escuela de Port Royal, que
suelen considerarse representantes del jansenismo por haber adoptado la mayoría
esta doctrina en cuestiones teológicas y filosóficas. Su obra común, Lógica de
Port-Royal, está elaborada de acuerdo con la metodología cartesiana, aunque no
faltan en ella elementos aristotélicos, como p. ej. las formas del razonamiento.
Ambos son teólogos agustinianos más que lógicos, y su obra filosófica está al
servicio de la teología. Arnauld fue el autor de las cuartas objeciones a las
Meditaciones, lo que no le impidió ser más tarde un «ortodoxo» cartesiano.
Algunos oratorianos, miembros de la Congregación del Oratorio, cuyo más alto
representante es Malebranche, encuentran en el mecanicismo cartesiano un
medio de conciliar el espiritualismo de S. Agustín con las nuevas ciencia y
filosofía. La influencia de Descartes se encuentra sobre todo en el estudio del
alma y su carácter espiritual, en la investigación sobre la verdad, la visión de las
cosas en Dios y las relaciones entre alma y cuerpo. Como los portroyalistas, los
oratorianos ponen su filosofía al servicio de una apología del cristianismo, lo que
los lleva a elaborar una peculiar teología, no exenta de equívocos. Pierre de
Bérulle (1575-1629) y N. Poisson (1637-1710) representan, con Malebranche, el
cartesianismo del Oratorio.
Además de Malebranche son notables cartesianos, entre
los ocasionalistas, Arnold Geulincx (1625-69), belga, que trata de elaborar
una ética partiendo del ocasionalismo; trabajó también en Lógica y Física. Los
llamados ocasionalistas reciben esta denominación común no por pertenecer a
una escuela, como los anteriores, sino por coincidir en la forma de solucionar
el problema cartesiano de la intercomunicación de las substancias. Mantienen el
estricto dualismo cartesiano entre substancia extensa y substancia pensante, y
coinciden en afirmar que todo cuanto existe es una substancia o la modificación de
una substancia. Además de su peculiar concepción de la substancia, mantienen
también una peculiar teoría sobre la naturaleza y acción de las causas; niegan la
relación causal, no sólo entre alma y cuerpo, sino también entre las distintas
substancias extensas (cuerpos). Dios, Ser Supremo pensante, interviene para
producir un movimiento en el cuerpo cada vez (con ocasión de) que otro se ha
producido en el espíritu, y viceversa. La realidad y acción de la causa y la relación
causa-efecto desaparecen en esta concepción sustituidas por el concepto de
ocasión. Es una concepción estática del Universo, que remite a Dios el papel de
mantener la armonía entre las substancias independientes. El alemán Johann
Clauberg (1620-65) que, como Louis de la Forge (1605-69), se esfuerza por
conciliar a Descartes con la tradición platónica y el agustinismo; sobre la situación
del alma separada después de la muerte se limita a afirmar su natural
incorruptibilidad. G. Courdemoy (1620-84) es, de todos los ocasionalistas, quien
presenta una visión del mundo más desarticulada, y es por ello especialmente
atacado por Leibniz, para quien la causalidad surgía de la armonía
preestablecida entre las alteraciones producidas inmanentemente dentro de
diferentes sustancias. Introduce en el mecanicismo cartesiano una nueva forma
de atomismo, y es uno de los más peculiares cartesianos.
El inglés Sylvain Régis (1632-1707), que defiende a Descartes contra su
objetor Pierre Daniel Huet, al que tacha de sensualista escéptico y antirracionalista
achacándole el admitir como válido sólo al conocimiento sensorial y el llevar al
extremo la duda metódica cartesiana, como si la razón fuese impotente para
alcanzar certeza. Régis elabora un sistema completo de filosofía cartesiana
(lógica, metafísica, física y ética), con tendencias empiristas. Tiene rasgos de
originalidad, y acusa la influencia de otros pensadores,
como Locke, Hobbes o Spinoza.
Jacques Rohault (1620-72) es el único cartesiano que no prescinde de la ciencia
experimental; escribió un Traité de Physique basado en el mecanicismo de
Descartes dando gran importancia a la experimentación, sobre todo en sus
investigaciones sobre la capilaridad. Tiene dos textos, póstumos, de matemáticas
y mecánica. Se le acusó de pretender convertir al hombre en máquina y, por tanto,
de herejía.
Robert Desgabets (1620-78) coincide en el ocasionalismo con los anteriores, y,
aún considerando peligrosa la duda cartesiana, encuentra en el cartesianismo un
medio de establecer la sólida certeza de nuestros conocimientos frente a los
escépticos, sobre todo en materia religiosa.
Antoine Le Grand (m. 1699) defendió el más estricto cartesianismo en Inglaterra
frente a las objeciones del obispo anglicano S. Parker.
Son también cartesianos los miembros del llamado Círculo de Mersenne, formado
alrededor del franciscano Marin Mersenne (1588-1648), autor de las segundas
objeciones, que acusa la influencia cartesiana sobre todo en la concepción
mecanicista del mundo, si bien está influido en casi igual medida por el
mecanicismo de Hobbes o de Gassendi. Leibniz dice de Mersenne que es «menos
mecanicista de lo que cree».
Presunto rosacrucianismo
Se debate la pertenencia de Descartes a los rosacruces.117
Las iniciales de su nombre se han relacionado con las siglas RC, muy utilizadas
por los rosacruces.118 Además, en 1619 Descartes se mudó a Ulm, que era un
centro internacional de renombre del movimiento rosacruz.118 Durante su viaje por
Alemania, Descartes conoció a Johannes Faulhaber, quien previamente le había
expresado su compromiso personal de unirse a la hermandad.119
Descartes dedicó la obra titulada El tesoro oculto matemático de Polibio,
ciudadano del mundo a "los hombres eruditos de todo el mundo y especialmente a
los distinguidos BRC (Hermanos de la Rosacruz) en Alemania". La obra no se
completó y su publicación es incierta.120
Obra
Escribió una parte de sus obras en latín, que era la lengua franca de los expertos,
y la otra parte en francés, su idioma nativo.
Aunque se conservan algunos apuntes de su juventud, la primera obra de
Descartes fue Reglas para la dirección del espíritu, escrita en 1628, aunque quedó
inconclusa, y que se publicó póstumamente en 1701. Luego Descartes escribió El
mundo o tratado de la luz y El hombre, que retiró de la imprenta al enterarse de la
condena de la Inquisición a Galileo en 1633, y que más tarde se publicaron a
instancias de Gottfried Leibniz. En 1637 publicó el Discurso del método para dirigir
bien la razón y hallar la verdad en las ciencias, seguido de tres ensayos
científicos: La Geometría, Dióptrica y Los meteoros. Con estas obras, escritas en
francés, Descartes acaba por presentarse ante el mundo erudito, aunque
inicialmente intentó conservar el anonimato.
En 1641 publicó las Meditaciones metafísicas, acompañadas de un conjunto
de Objeciones y respuestas que amplió y volvió a publicar en 1642. Hacia 1642
puede fecharse también el diálogo, obra póstuma, La búsqueda de la verdad
mediante la razón natural.
En 1644 aparecen los Principios de filosofía, que Descartes idealmente habría
planeado para la enseñanza. En 1648 Descartes le concede una entrevista
a Frans Burman, un joven estudiante de teología, quien le hace interesantes
preguntas sobre sus textos filosóficos. Burman registra detalladamente las
respuestas de Descartes, y estas usualmente se consideran genuinas. En 1649
publicó un último tratado, Las pasiones del alma. Sin embargo, aún pudo diseñar
para Cristina de Suecia el reglamento de una sociedad científica, cuyo único
artículo es que el turno de la palabra corresponda rotativamente a cada uno de los
miembros, en un orden arbitrario y fijo.
De Descartes también se conserva una copiosa correspondencia, que en gran
parte canalizaba a través de su amigo Mersenne, así como algunos esbozos y
opúsculos que dejó inéditos.
En 1663, la Iglesia Católica añadió sus obras al Índice de libros prohibidos.575859
Edición canónica
La edición de referencia o canónica de sus obras es la que prepararon Charles
Adam y Paul Tannery a fines del siglo XIX e inicios del XX, y a la que los
comentaristas usualmente se refieren como AT, por las iniciales de los apellidos
de estos investigadores.
Traducciones en castellano
Compendio de música. Madrid: Tecnos, 2001. Traducción de Primitiva
Flores Santamaría y Carmen Gallardo Mediavilla. Introducción de Ángel
Gabilondo.
Reglas para la dirección del espíritu. Madrid: Alianza Editorial, 2003.
Traducción, introducción y notas de Juan Manuel Navarro Cordón.
El mundo. Tratado de la luz. Barcelona: Anthropos, 1989. Traducción
de Salvio Turró.
El Mundo o el Tratado de la luz. Madrid: Alianza Editorial, 2019.
Introducción, traducción y notas de Ana Rioja Nieto.
Discurso del método, Dióptrica, Meteoros y Geometría. Madrid:
Alfaguara, 1996. Prólogo, traducción y notas de Guillermo Quintás.
Discurso del método. La Dióptrica. Los meteoros. La geometría.
Barcelona: Círculo de lectores, 1996. Traducción de Guillermo Quintás.
Prólogo de Víctor Navarro y Guillermo Quintás.
Discurso del método. Madrid: Alianza Editorial, 2010. Traducción,
introducción y notas de Risieri Frondizi.
Discurso del método. Madrid: Tecnos, 2006. Traducción, introducción y
notas de Eduardo Bello Reguera.
Discurso del método. Madrid: Biblioteca Nueva, 2010. Edición de Luis
Arenas.
El discurso del método. Madrid: Akal, 2009. Traducción de Fernando
Alonso.
Discurso del método / Meditaciones metafísicas. Madrid: Austral, 2010.
Edición y traducción de Manuel García Morente.
Discurso del método y Meditaciones metafísicas. Madrid: Tecnos, 2011.
Edición de Olga Fernández Prat. Traducción de Manuel García Morente.
Discurso del método para bien conducir la razón y buscar la verdad en
las ciencias, Madrid: Trotta, 2018. Edición y traducción trilingüe de
Pedro Lomba.
Meditaciones metafísicas. Madrid: Alianza Editorial, 2011. Traducción
de Guillermo Graíño Ferrer.
Los principios de la filosofía. Madrid: Alianza Editorial, 1995. Traducción
de Guillermo Quintás.
Observaciones sobre la explicación de la mente humana. Valencia:
Teorema, 1981. Edición de Guillermo Quintás Alonso.
Observaciones sobre la explicación de la mente humana. Oviedo: KRK
Ediciones, 2019. Edición de Guillermo Quintás Alonso.
Las pasiones del alma. Madrid: Tecnos, 2005. Estudio preliminar y
notas de José Antonio Martínez Martínez. Traducción de José Antonio
Martínez Martínez y Pilar Andrade Boué.
Las pasiones del alma. Madrid: Biblioteca Edaf, 2005. Prólogo de
Agustín Izquierdo. Traducción de Tomás Onaindia.
Las pasiones del alma. Madrid: Biblioteca Nueva, 2005. Traducción
de Francisco Fernández Buey.
Tratado de las pasiones del alma. Madrid: Austral, 2017. Traducción
de Eugenio Frutos Cortés.
La búsqueda de la verdad mediante la luz natural. Oviedo: KRK
Ediciones, 2009. Traducción e introducción de Juan Á. Canal.
El tratado del hombre. Madrid: Alianza Editorial, 1990. Traducción de
Guillermo Quintás.
Tratado del hombre. Madrid: Editora Nacional, 1980. Edición y
traducción de Guillermo Quintás.
Tratado del hombre. Barcelona: MRA, 1994. Edición facsímil a cargo de
Doctor Andreu. Traducción de Ana Gómez Rabal.
Correspondencia con Isabel de Bohemia y otras cartas. Barcelona: Alba
Editorial, 1999. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia.
Introducción de Mateu Cabot.
La correspondencia Descartes-Henry More. Madrid: Antígona Ediciones,
2011. Edición de José Luis González Recio.
Cartas filosóficas. Buenos Aires: Terramar Ediciones, 2008. Traducción
de Elisabeth Goguel.
La colección Biblioteca de Grandes Pensadores de Gredos publicó en 2012 un
compendio que incluye: Reglas para la dirección del espíritu, Investigación de la
verdad por la luz natural, Discurso del método, Meditaciones metafísicas seguidas
de las objeciones y respuestas, Conversación con Burman, Las pasiones del
alma, Correspondencia con Isabel de Bohemia y Tratado del Hombre.
En México Laura Benítez Grobet y Luis Villoro publicaron traducciones de El
mundo o Tratado de la Luz y las Reglas para la dirección del espíritu,
respectivamente. Ambas ediciones bajo el sello de la UNAM.
Véase también
Coordenadas cartesianas
Círculo cartesiano
Plano cartesiano
Notas
1. ↑ Este famoso óleo fue realizado en realidad por un artista desconocido a
partir de otro hecho al parecer hacia 1649 por el pintor holandés. Durante
muchos años se exhibió como obra de Hals en el Museo del Louvre, pero
ahora el mismo museo lo identifica como una «copia antigua de un original
perdido». Descartes residió en Holanda durante casi veinte años y se sabe
que Hals no salió nunca de su país, excepto para viajar a Amberes, pero
no hay constancia de su posible encuentro.1
2. ↑ Forma adjetival: cartesiano, -na.
Referencias
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española (23.ª edición). Consultado el 24 de octubre de 2021.
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de la filosofía moderna y contemporánea. Sevilla: Mad. p. 16. ISBN 84-8311-586-
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moderna». El libro de la filosofía : de los Vedas a los nuevos ateos, 250
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1. OCLC 1123026787. Consultado el 29 de febrero de 2020.
5. ↑ Ribnikov. Historia de la matemática.
6. ↑ (en latín: cogito, ergo sum; en francés: je pense, donc je suis)
7. ↑ Véase Gómez Pereira 'De Inmortalitate Animae', año 1554, pág. 277 de
la edición matritense de su obra en 1749.
Conozco que yo conozco algo. Todo lo que conoce es; luego yo soy
(Nosco me aliquid noscere: at quidquid noscit, est: ergo ego sum).
8. ↑ Francisco Sánchez, El Escéptico, dice en "Quod nihil Scitur" (Que nada
se sabe), 1576.
... Daba vueltas a los dichos de los antiguos, tanteaba el sentir de los
presentes: respondían lo mismo; mas, que me diera satisfacción,
absolutamente nada... En consecuencia, retorné a mí mismo, y poniendo
todo en duda como si nadie hubiera dicho nada jamás, comencé a
examinar las cosas mismas, que es el verdadero saber. Analizaba hasta
alcanzar los principios últimos. Haciendo de ello el inicio de la
contemplación, cuanto más pienso más dudo...
9. ↑ Véase Agustín de Hipona, Principios de filosofía 1, §7.
Ac proinde haec cognitio, ego cogito, ergo sum, est omnium prima &
certissima, quae cuilibet ordine philosophanti occurrat.
10. ↑ Véase Avicena, Libro de las orientaciones y de las advertencias, (vol-II
pp. 343-346), Ed. S. DUNYA, El Cairo, 4 vols., 1960-1968.
... Si te imaginas que tu mismo ser ha sido creado desde el comienzo con
un intelecto y una disposición sanos, y si se supone que, en resumidas
cuentas, forma parte de tal posición y disposición que sus partes no sean
vistas ni sus miembros se toquen, sino que, al contrario, estén separados y
suspendidos durante un cierto instante en el aire libre, tú lo encontrarías no
dándote cuenta de nada excepto de la certeza de su ser...
11.↑ Pierre Daniel Huet, Censura filosófica cartesiana, París: D. Horthemels,
1689.
12. ↑
... puesto que de un lado tengo idea clara y distinta de mí mismo, en tanto
que soy solamente una cosa pensante y no extensa, y, de otro lado, tengo
una idea distinta del cuerpo, en tanto que es sólo una cosa extensa y no
pensante, es cierto que yo, es decir, mi alma, por la que soy lo que soy, es
entera y verdaderamente distinta de mi cuerpo y que puede ser o existir sin
él.
DESCARTES, R. (1990), El tratado del hombre (traducción y comentarios
de G. QUINTÁS), Alianza, Madrid. (6.ª meditación)
13.↑ Georges Chapouthier, Le respect de l’animal dans ses racines
historiques: de l’animal-objet à l’animal sensible, Bull. Acad. Vet. France,
2009, 162 (1), pp. 5-12.
14.↑ Adrien Baillet, Vie de Monsieur Descartes (1º ed, 2 tomos, París, Daniel
Horthemels, 1691), reimpresiones: Olms, New York, 1972; La Table
Ronde, colección La Petite Vermillon, 1992.
15.↑ Marie Thérèse Pourprix, «L’ Université de Douai (1562-1793), quelques
hommes, quelques conflits» de asa-2.univ-lille1.fr, Université Lille I, 2006.
Consultado el 5 de abril de 2010.
16.↑ Véase “Descartes, Œuvres et lettres”, Bibliothèque de la Pléiade,
presentado por A. Bridoux y revisado por Charles Adam.
17.↑ Shapin, Steven: «Descartes médecin et les thérapies de la raison.»
18.↑ "Le Père Charlet recteur de la maison qui étoit son directeur perpétuel, luy
avoit pratiqué entre autres priviléges celuy de demeurer long-têms au lit les
matins, tant à cause de sa santé infirme, que parce qu'il remarquoit en luy
un esprit porté naturellement à la méditation." s:La Vie de M.
Descartes/Livre 1/Chapitre 6
19.↑ Negri, Antonio: Descartes político. Ediciones AKAL, 2008, ISBN
8446024578, 9788446024576 (página 31).
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21.↑ Saltar a:a b Gallardo, Alejandro Martínez. «El sueño de Descartes (o cómo
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27.↑ Suele considerarse como la primera obra erudita escrita en una lengua
moderna (distinta del latín) (aunque en realidad ya Nicolás Oresme había
escrito en francés un comentario crítico a la Física de Aristóteles.
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y conocimiento reflexivo (vol. II). Prensas de la Universidad de
Zaragoza. ISBN 9788417358204. Consultado el 20 de enero de 2019.
30.↑ En realidad Descartes cita lo que parecen otras dos posibilidades, el
"destino o la fatalidad"; pero estos dos conceptos (respectivamente de
origen griego y latino -Cfr, el De fato de Cicerón) nos remiten a las
deidades no-omnipotentes, como las Moiras o el propio Zeus, que podrían
forzarnos a errar, y por ende hay que considerarlas como equivalentes a la
hipótesis del genio maligno.
31.↑ «Ten books: Chosen by Raj Persuade». The British Journal of Psychiatry.
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