7 Rodriguez - Peronismo - y - Deporte
7 Rodriguez - Peronismo - y - Deporte
Uno de los rasgos característicos y sobresalientes de los dos primeros gobiernos peronistas es el de
una fuerte intervención del estado en diversas áreas. En este período, y como resultado de esa
intervención, se pasó de una ciudadanía circunscripta al derecho cívico (el voto), a una ciudadanía
social (James, 1990). El deporte está incluido en ella.
La intervención del estado en este período se tradujo en políticas sociales macro, que operaban
en varias dimensiones: la salud, la educación, la promoción de la mujer, los beneficios sociales, la
distribución de los bienes culturales, etc. Insertas en el marco global de la ampliación de la
intervención estatal, las intervenciones del peronismo sobre el ámbito deportivo pueden considerarse
innovadoras, ya que por primera vez en la historia el estado designa organismos para organizar,
promocionar y controlar las actividades deportivas. Antes de este período estas actividades caían
bajo el ámbito de asociaciones civiles y no del estado (Aisenstein, 1994; Archetti, 2001; Palomino y
Scher, 1988).
Para poder hablar con precisión del desarrollo del deporte y las actividades físicas2 durante los
primeros gobiernos peronistas (1946-1955), es necesario discriminar, sólo a los efectos analíticos,
cuatro ámbitos en donde el fenómeno tiene expresión visible: el área del deporte de alto
rendimiento; el de la escuela y la Educación Física; el del deporte comunitario; y el del deporte
masificado por los medios de comunicación. Estos cuatro ámbitos tuvieron desarrollos desiguales.
La propuesta de este trabajo es recorrer las relaciones complejas entre estos desarrollos durante
esos diez años, sin intentar, por otro lado, una exhaustividad en términos de datos. No se encontrará,
por eso, en estas páginas un punteo detallado de actividades impulsadas por el estado y/o de aquellos
triunfos deportivos que se consiguieron durante el período, sino, más bien, un panorama general que
permita un conocimiento extensivo sobre el tema. Cabe aclarar, además, que la presentación de estos
1
Crisorio, R y Giles , M. (comp.)Textos básicos en Educación Física
2
Con “actividades físicas” me referiré aquí a aquellas configuraciones motoras que no pueden ser enteramente
clasificadas como deporte. Soy conciente de las connotaciones del sintagma “actividades físicas”, y de los desarrollos
teóricos que han repensado críticamente otras delimitaciones, a la luz de una mejor comprensión de las actividades
humanas motoras, y que, por eso, prefieren denominarlas “prácticas corporales”. He decidido utilizar el sintagma
“actividades físicas” no por desconocimiento, sino en función de cierta sintonía terminológica con el marco cognitivo de
mediados de siglo, con una suerte de “clima de época” donde decir “prácticas corporales” hubiera sido impensable.
Obviamente, esta nota al pie ameritaría la producción de una reflexión autónoma, que excede por mucho los objetivos de
este artículo. De todos modos, agradezco a Ricardo Crisorio por el señalamiento.
ámbitos en forma separada, no implica una gradación ni una jerarquía, sino, simplemente, un modo
práctico de ponerlos a consideración del lector.
Deporte de alto rendimiento: la fiesta deportiva.
Entre 1945 y 1955, la Argentina vivió una época que puede considerarse de “fiesta deportiva”. Junto
a la gestión peronista se produjeron una serie de éxitos deportivos que aún hoy se recuerdan: el
triunfo en 1950 del seleccionado argentino sobre Estados Unidos en la final del Mundial de Básquet;
los Campeonatos Sudamericanos de Fútbol de 1946 y 1947; la medalla de oro ganada en la maratón
por Delfo Cabrera en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948; el triunfo de Domingo Marimón en
el mismo año en la competencia automovilística "América del Sur" entre Buenos Aires y Caracas; la
espectacular perfomance de Juan Manuel Fangio en Europa, quien en 1951 y 1954 obtiene por dos
veces el campeonato mundial de Automovilismo; los Juegos Panamericanos de 1951; los triunfos
del "Mono" Gatica; el campeonato de box ganado por Pascual Pérez y las medallas olímpicas de
Pérez y de Rafael Iglesias en sus respectivos pesos; los resultados en las pistas automovilísticas
locales de los Hermanos Gálvez; el torneo mundial de Ajedrez de Copenhague ganado por Oscar
Panno; el triunfo en 1950 del equipo de Polo de Venado Tuerto sobre un combinado estadounidense,
etc.
A pesar de que no todos los logros deportivos obtenidos pueden leerse como el resultado directo
de la acción estatal, lo cierto es que marcaron una época de “fiesta” para el deporte argentino. La
intervención sobre el deporte de alto rendimiento se relaciona no sólo con los éxitos deportivos,
aleatorios o no, sino también con un marco normativo novedoso para la época. Por primera vez se
encargó esta tarea a dos organismos del estado: en 1947 la Confederación Argentina de Deportes
(CAD) se unificó con el Comité Olímpico Argentino (COA), organismos que fusionaron sus siglas
en la nueva CADCOA. Bajo la dirección de Rodolfo Valenzuela, quien fue también presidente de la
Suprema Corte de Justicia, la CADCOA fue la encargada de promocionar las actividades deportivas
nacionales, tanto en el interior como en el exterior. Además era el organismo que gestionaba el
otorgamiento de subsidios para aquellos deportistas que competían representando al país. A pesar de
que esta intervención del estado sobre el deporte aparece como uno de los rasgos distintivos del
período 1945-1955, la Ley del Deporte no se sancionó sino hasta 1974. Concretamente, se trata de la
ley 20.655, que comenzó a ser reglamentada en noviembre de 1989 y de donde surgió, entre otras
cosas, la creación de la Secretaría de Deportes de la Nación (Galmarini, 1992).
Paralelamente a estas intervenciones, en el exterior la imagen deportiva de la Argentina se
consolidaba: en los Juegos Panamericanos de 1951 se consiguieron 153 medallas: 66 de oro, 50 de
plata y 37 de bronce. El gobierno peronista no sólo facilitó los viajes de los deportistas al extranjero
sino que además otorgó premios suplementarios a campeones de distintas especialidades. Y si
algunos de estos hechos provienen de una planificación política, otros pueden leerse como el
producto (mítico o real) del crecimiento argentino en la época de la sustitución de importaciones que
incidían indirectamente en las iniciativas privadas. El gobierno no desaprovechó esta oportunidad y
acompañó los éxitos de los deportistas más destacados, quienes de una u otra forma ayudaron a
consolidar el imaginario deportivo nacional. Sea como sea, los logros deportivos de la época
consolidaron el imaginario nacional sobre el crecimiento del país. Un imaginario, en verdad, que
soldaba sus puntadas también en la experiencia real de los ciudadanos.3
A todo ello contribuyeron algunos hechos aleatorios pero bienvenidos como, por ejemplo, las
giras internacionales que San Lorenzo realizó en 1946 y en 1947, año en que le ganó 6 a 1 al
seleccionado español, lo que le valió ser consagrado por los europeos como uno de los mejores
equipos americanos de fútbol (Archetti, 1990). La imagen de calidad que acompaña a nuestro fútbol
se afianza además cuando, en 1953, en la revancha de un partido que nuestro país perdiera dos años
atrás en Wembley, el seleccionado argentino le ganó al combinado de Gran Bretaña por 3 a 1.4
Sin embargo, el caso del fútbol es especial: la consolidación que experimenta el fútbol a raíz de
la permanencia en el país de los jugadores durante la posguerra dura poco. Los carriles por los que
venía circulando dicho deporte en la Argentina se enfrentaron en este período con algunos
obstáculos que imposibilitan hablar de una fase serena. Y si el período dista mucho de ser una etapa
pacífica en el ámbito del fútbol, es justamente porque se trata del momento en que la
profesionalización termina de consolidarse luego de una etapa que culmina con la huelga de 1948.
Esta huelga es el último índice de la tensión en el interior del fútbol acerca del debate entre deporte
amateur y deporte profesional. La entidad sindical que nucleaba a los jugadores de fútbol
(Futbolistas Argentinos Agremiados, FAA) fue creada en 1944, 13 años después de la primera
3
Entre 1946 y 1950 la participación de los asalariados en el ingreso nacional pasó del 39% al 46%. En esta primera
etapa hubo un considerable incremento del proceso redistributivo a raíz del aumento en la producción interna y la
expansión de las importaciones. Entre 1946 y 1948 el PBI creció un 16% y los bienes y servicios disponibles (producto
interno menos exportaciones más importaciones) aumentaron un 29% (Ferrer, 1980). La inversión de la tendencia de
distribución del ingreso nacional en favor de la clase asalariada, permitió que, entre 1948 y 1949, la Argentina se
encontrara en una situación de “pleno empleo”.
4
Esta victoria ocurrió apenas dos meses después de las bombas de Plaza de Mayo, el incendio de la Casa Radical y del
Jockey Club.
huelga protagonizada por futbolistas, luego de la cual los jugadores se profesionalizaron. Tras una
serie de negociaciones entre jugadores y dirigentes, en julio de 1948 la primera fecha del
Campeonato de Primera División fue suspendida por huelga, lo que provocó que ese año el
campeonato nacional debiera jugarse con las divisiones inferiores. Félix Luna cuenta que para
compensar la crisis del sector, “ese año las canchas exhibían un curioso espectáculo: los referees
(SIC) ingleses contratados por la AFA arbitraban vestidos de saco y corbata y asistidos por
intérpretes” (Luna, 1991:495).
Las tensiones se prolongaron durante casi un año: mientras que los dirigentes apostaban a un
retorno del amateurismo en el fútbol, los jugadores consiguieron, poco antes de iniciarse el
Campeonato de 1949, el reconocimiento oficial de la entidad sindical (FAA) y la garantía del pago
de sus haberes, junto a otros beneficios laborales entre los cuales estaba la libre contratación. A la
tensión que provocó el conflicto contribuyó también el apoyo de Evita a la causa de los trabajadores,
lo que inclusive provocó el alejamiento del entonces presidente de la AFA, Oscar Nicolini, que se
había alineado a favor de los intereses de los dirigentes de los clubes (Palomino y Scher, 1988).
El conflicto se salda finalmente a favor de los jugadores, con una ‘pacificación’ que encuentra su
marco legal en la reglamentación de la Ley 20.160 y del Convenio Colectivo de Trabajo Nº 141/73
entre AFA y FAA en 1973. Este conflicto es considerado por algunos analistas del caso como uno
de los factores que incidieron en la diáspora de jugadores que a partir de ese momento se iba a
generar en nuestro país, reforzada por la recuperación económica de los países europeos luego de la
posguerra, así como por la reputación de excelencia ganada por el fútbol rioplatense en aquellos
años. Así, de los 105 jugadores que abandonaron el país en ese momento (muchos de ellos
integrantes de la célebre "máquina" de River Plate que vivió sus días de fama y de gloria entre 1941
y 1947), la mayoría terminó jugando en las filas del fútbol de Colombia (Palomino y Scher, 1988).
Paralelamente, la Argentina no envió su seleccionado a los Mundiales de Fútbol de 1950 y de 1954.
Estas ausencias tienen dos razones: por un lado, la carencia de jugadores que dificultaba el armado
de un seleccionado; por el otro, una decisión política relacionada con el temor a un fracaso
estrepitoso.
Lo paradójico del caso del fútbol y que aporta un verdadero centro de atención, es que en este
período aumenta considerablemente el número de espectadores directos: “El quinquenio 1946-1950
arrojó un promedio de 12.755 entradas vendidas por partido, en tanto que el de 1951-1955 registró
uno de 12.685. Si se toman valores anuales, 1954, con 15.056 espectadores por encuentro, estableció
la marca tope de un decenio en el que el promedio de asistencia jamás se redujo a menos de 10.000
asistentes” (Palomino y Scher, 1988:79). Este incremento confirma la hipótesis respecto de que los
deportes que ya eran masivos a la llegada del peronismo (boxeo, automovilismo y fútbol), siguieron
desarrollándose independientemente de la intervención del estado en el área deportiva (Rodríguez,
2002).
Que hayan mantenido sus niveles de masividad no implicó, sin embargo, que el estado no
aprovechara su popularidad. Ampliamente promocionados fueron, por ejemplo, los deportes
mecánicos. El automovilismo, por caso, se revela durante la década como una disciplina central
porque encarna en una expresión significativa de la modernidad. Como afirma Archetti (2001), el
automovilismo sintetiza la unidad entre un producto industrial y la destreza individual de los pilotos.
El Turismo Carretera (TC) comienza en la Argentina en 1910 con una carrera Buenos Aires-
Córdoba (que duró cuatro días), mientras que en la década del 20 ya existían cerca de una docena de
circuitos locales: Rafaela, Esperanza y Rosario en la provincia de Santa Fe; Laboulaye, Villa María
y Moldes en Córdoba; La Plata, San Martín, Bahía Blanca, Coronel Suárez y Mercedes en la
provincia de Buenos Aires (Archetti, 2001). El primer Gran Premio de Carreteras se había corrido ya
en 1928, con la participación de cuarenta automovilistas, y se internacionalizó en 1936 cuando llegó
a Chile. En 1940, Juan Manuel Fangio ganó el Gran Premio Buenos Aires-Lima-Buenos Aires con
un automóvil marca Chevrolet. La rivalidad se instaló entre él y los hermanos Gálvez que corrían
para la marca Ford. A partir del gran éxito de público, el ACA (Automóvil Club Argentino) logró
atraer a algunos pilotos europeos para competir con máquinas locales en unas carreras que se
denominaron Mecánica Nacional. Como los europeos triunfaban fácilmente en todas las
competiciones, el ACA compró dos Maseratis y se los entregó a Fangio, quien consiguió ganar
cuatro carreras en Europa en 1949 y el Gran Premio de Mar del Plata en 1950, venciendo al italiano
Ascari. Todas las competiciones eran transmitidas por radio; además, a la desarrollada en la pista
marplatense asistieron 300.000 personas, lo que da cuenta de la masividad de los eventos. Hacia
1948 el ACA organizó la carrera Buenos Aires-Caracas-Buenos Aires donde compitieron veintidós
sudamericanos contra diecinueve argentinos y ningún europeo. El fracaso es total: el 70% de los
autos no llegó a Caracas. Por lo tanto, la idea, planeada por el estado, de realizar el Gran Premio
Buenos Aires-Nueva York-Buenos Aires debió ser archivada. Fangio, quien además obtuvo cinco
veces el Gran Premio del Campeonato Mundial entre 1951 y 1957, se convirtió en símbolo de la
nación moderna, capaz de competir de igual a igual con los europeos. Pero los sueños de construir
un deporte mecánico nacional no pudieron realizarse.
En el boxeo, por su parte, la tradición deportiva también es de larga data e incluye tanto a
sectores populares como a individuos provenientes de la clase alta, como es el emblemático caso del
pugilista Arturo Rodríguez Jurado, que había sido campeón olímpico en Amsterdam en 1928. Claro
que los valores que cada sujeto portaba diferían según la clase: el profesionalismo y el ascenso
social en los primeros y el amateurismo, el fair play y el deportista múltiple en los segundos. José
María el ‘Mono’ Gatica, representa a los primeros y su carrera intersecta de punta a punta al
peronismo: se inicia en 1945 y concluye en 1956. Como comenta Archetti (2001), Gatica se
convirtió en símbolo del espíritu de lucha de las clases trabajadoras y fue capturado por los gestos
celebratorios del estado. En 1951, tras su humillante derrota frente a Ike Williams en Estados
Unidos, perdió la posibilidad de disputar el Campeonato Mundial. Éste, afirma Archetti (2001), es
uno de los fracasos deportivos del peronismo. Por su parte, Pascual Pérez, que ganó varios
Campeonatos Mundiales, gozó también de amplia popularidad y su figura perduró de modos
pregnantes en la memoria popular (Martínez, 2001).
El deporte masivo como política de estado durante el período que va de 1945 a 1955 ha sido
leído, en su forma más obvia, como una acción de los aparatos estatales tendiente a “modelar”
ideológicamente a sus destinatarios; inclusive, una perspectiva extrema insiste en depositar en él la
función de distraer las “conciencias proletarias” de su verdadero rumbo histórico. Sin embargo,
también ha sido analizado como una “demanda” hacia el estado realizada desde los nuevos sectores
que estaban ampliando sus niveles de ciudadanía, demanda que aparece a partir del mayor acceso a
los recursos estatales y de la mayor visibilidad que adquirieron en ese momento los sectores que
ingresaban a la remodelación económica de la Argentina. A ello debe agregarse la ampliación del
acceso a los bienes culturales, uno de cuyos dispositivos por excelencia es la escuela (y cuya
expansión incide sobre todo en la escuela media y técnica).5
Supuestamente este acceso ampliado debería haber satisfecho las demandas deportivas de la
población estudiantil. Sin embargo, el papel jugado por el sistema escolar en el área del deporte
corrió por otros carriles: si hasta ese momento la escuela se había volcado hacia la vertiente
5
En este período, por ejemplo, se crea la Universidad Obrera, luego denominada Universidad Tecnológica Nacional
(Dussel y Pineau, 1995).
gimnástica en desmedro del deporte, durante el peronismo esto no se modificó sustancialmente. El
deporte queda fuera de la Educación Física y, por lo tanto, de la escuela.
En el ámbito escolar, la Educación Física, en tanto disciplina encargada de la promoción del deporte
y las actividades físicas, no sufrió variaciones sustantivas respecto de su diseño anterior a la década
1945-1955. Lamentablemente, poco se ha investigado sobre este tema y este período. Lo que sí
puede afirmarse es, en principio, que las actividades físicas escolares recibieron el mismo tipo de
orientación que el resto de las políticas públicas (salud, trabajo, cultura, etc.): democratización del
acceso, en el primer período, y modificación de los contenidos, en el segundo (Plotkin, 1993; Rein,
1998).
6
El debate sobre el modelo didáctico de la Educación Física centrado en el disciplinamiento aún está
vigente. Para ampliar véase Aisenstein (1995).
educativo significó que el deporte (es decir la vertiente de los sports) se haya
consolidado en nuestro país por fuera de la escuela pública, dejándolo en manos de
asociaciones civiles y/o escuelas privadas, especialmente británicas. La Reforma de
1949 en el sistema educativo no incluyó al deporte en la Educación Física escolar, lo
cual podría interpretarse como una nueva renuncia del sistema escolar a incluir en sus
curricula a la vertiente de los sports.
Fue entonces en el circuito comunitario donde el estado peronista se hizo cargo de
aquella zona de las actividades físcias tradicionalmente tomada por las instituciones
privadas. ¿Qué significó esta operación? ¿Una división de tareas en el interior del
estado? ¿Un “doble disciplinamiento” por absorción de aquellas prácticas que la escuela
dejaba afuera? ¿O una marca de continuidad en la tradición de la Educación Física
escolarizada?
Deporte comunitario
Los datos socio-económicos indican que las intervenciones de la gestión peronista se
dieron cita en un contexto económico y político que favorecía el desvío de fondos
estatales hacia políticas sociales cuyos destinatarios esenciales eran un 62% de
población recientemente urbanizada, de la cual un 20% estaba sindicalizada: de un total
de 356 sindicatos en 1941, con 441.412 afiliados, se pasa en 1945 a 969 sindicatos con
528.523 afiliados (Murmis y Portantiero, 1987). Esta cifra es un dato importante para
analizar las políticas sociales sindicales referidas al deporte, el turismo y otras
actividades no-laborales. Como ya se mencionó, los sectores populares fueron
ampliamente beneficiados por la nueva legislación social de 1949, entre cuyas medidas
se incluyen el aguinaldo anual, las vacaciones pagas, la indemnización por despidos, el
régimen de jubilaciones y seguros, etc.
El desarrollo continuo y creciente del deporte comunitario es un dato fuerte que
marca no sólo un acceso masivo a las prácticas deportivas, sino también modificaciones
sustantivas respecto al rol del estado en el deporte comunitario. La intervención sobre el
desarrollo de este se dio en el marco de la ampliación de la ciudadanía social, donde el
acceso al deporte se ubica como un derecho más.
Las políticas de intervención del peronismo sobre el deporte se iniciaron en el marco
de un contexto económico que favoreció la asignación de fondos estatales para la puesta
en marcha de políticas sociales.7 En este marco, la gestión estatal se complementó con
7
La mayoría de los analistas coinciden en dividir al decenio 1945-1955 en dos períodos cuyo pivot puede
situarse alrededor de la fecha de la muerte de Evita, en 1952. Como es sabido, coincidentemente con la
el apoyo a la actividad deportiva privada, como por ejemplo, el otorgamiento de
premios y subsidios a los deportistas destacados. Simultáneamente, un sistema de
créditos blandos fue implementado para beneficiar a los clubes más importantes, entre
los cuales se destaca Racing Club, que pudo de este modo levantar su estadio de
Avellaneda. Racing Club fue apodado “Sportivo Cereijo” por sus vinculaciones con el
gobierno: Ramón Cereijo, Ministro de Hacienda de esa década, apoyó la gestión por la
cual Racing obtuvo el crédito edilicio reembolsable en condiciones sumamente
generosas, sobre todo dadas las tasas de inflación posteriores. También data de este
período la inauguración de los estadios de los clubes Vélez Sarfield y Huracán.
Paralelamente, la inversión y gestión estatales pusieron énfasis en la contribución al
desarrollo del deporte comunitario, especialmente a través de la promoción de los
Torneos “Evita” y la construcción de complejos deportivos. A la difusión del deporte
comunitario mucho contribuyó la medida adoptada en 1949 por la cual se estableció que
no se trabajaría los sábados en todos los organismos del estado, medida que se extendió
a las escuelas primarias y secundarias, públicas y privadas. Esto facilitó que el tiempo
libre de los escolares se dirigiera hacia las prácticas deportivas (entre las que se
destacaban el fútbol y el básquetbol) en los patios de las escuelas, lo que les permitía a
los equipos participar luego en los torneos organizados por el gobierno.
Aunque la opinión que pesa sobre estas intervenciones estatales es variada y se
ofrece como un eje conflictivo de interpretación, lo que es un dato indudable del
período es que, por primera vez en la historia, el estado opera sobre el deporte
comunitario, creando una modalidad de intervención, no importa aquí si buena o mala,
ciertamente innovadora respecto a anteriores administraciones gubernamentales.
Las intervenciones de ayuda a los clubes se complementaban con la acción de los
clubes de la Unión de Estudiantes Secundarios y la de las confederaciones de las ramas
universitaria y técnica asociadas a ella. La UES estaba dividida en dos ramas: femenina
y masculina. La primera tenía su sede en la residencia presidencial de Olivos y en el
edificio de Suipacha 1034, hoy sede de la Curia Eclesiástica. La sede de la rama
masculina, por su parte, estaba en Republiquetas 1050, en la Ciudad de Buenos Aires,
donde hoy funciona el Instituto Nacional de Educación Física “Romero Brest” y el
Centro Nacional de Alto Rendimiento (Senén González, 1996).
muerte de Eva Perón y con el resurgimiento económico de posguerra de los países centrales, la situación
económica cambió: Argentina se estancó en su crecimiento económico y una serie de factores políticos
internos y externos determinó la caída del segundo gobierno peronista en 1955.
Una cuestión significativa, muchas veces dejada de lado en los análisis, que refuerza
la importancia de señalar al período 1945-1955 como una etapa innovadora en cuanto a
la mediación estatal sobre el deporte, es que las políticas deportivas comunitarias
estaban engarzadas, por ejemplo, con las políticas de salud expresamente impulsadas
por el Ministro de Salud, Dr. Ramón Carrillo. Así, aprovechando la masividad de esta
práctica, los niños que participaban en los Torneos “Evita” eran trasladados desde el
interior hacia Buenos Aires por Ferrocarriles del Estado, de forma gratuita, y una vez
allí, eran rigurosamente sometidos a controles médicos (Galmarini, 1992). Por ejemplo,
en 1951 se realizaron más de 200.000 radiografías sobre la población infantil y
adolescente (Palomino y Scher, 1988). Otra acción, en este caso de la Gendarmería, era
revisar si los participantes estaban documentados, y, en caso de no estarlo, se les
confeccionaba el documento nacional de identidad. Es que los torneos infantiles y
juveniles llegaban a toda la nación y su masividad fue incrementándose: en 1948 los
“Campeonatos Infantiles de Fútbol Doña María Eva Duarte de Perón”, tal era su
denominación oficial, agruparon a 11.483 niños de Capital Federal y 3.722 del Gran
Buenos Aires; en 1950 participaron más de 100.000 niños de todo el país. Hacia 1950 se
agregaron otros deportes y en 1952 algunas niñas comenzaron a participar. 216.000
niños compitieron en 10 disciplinas deportivas en 1954 (Plotkin, 1993). Y en 1953, año
en que empezaron también los “Torneos Juveniles Juan Perón”, los Torneos Evita
contaron con 218.540 niños inscriptos (Senén González, 1996).
En términos de disciplinas deportivas, las competiciones abarcaban tanto deportes
“tradicionales”, como el fútbol, el atletismo, la pelota a paleta o el ajedrez, como
deportes que recién comenzaban a desarrollarse en el país, como el básquetbol, que
cobró un inusitado impulso a partir de obtener el primer galardón en el Mundial de
1950.
Los participantes tenían, simultáneamente, la oportunidad de verse representados
por los medios, que difundían los torneos. El semanario Mundo Infantil, que editaba la
editorial Haynes, dedicado al público menor, incluía una sección deportiva donde se
informaba sobre los resultados de los Torneos Evita. Además, había también un
recuadro destinado al héroe deportivo de la semana, donde se retrataba a algún ganador.
En su versión infantil, esta revista replicaba la oferta a los adultos, donde se cubrían
principalmente los tres deportes ya masificados (el boxeo, el automovilismo y el fútbol),
y se difundían los menos populares.
Deportes y su difusión en medios.
Hubo, sin embargo, una revista que se encargó de la promoción de la Educación Física,
orientada incluso por la puesta en circulación de novedades referidas específicamente a
ella. Se trata de Olimpia, una publicación de frecuencia bimestral, que tuvo una corta
vida de dos años. Nacida en abril de 1954 como el órgano oficial de la Confederación
Argentina de Deportes y el Comité Olímpico Argentino (la CADCOA), Olimpia
aparece preponderantemente ligada al olimpismo y a la Educación Física.8 La nota más
representativa de este tipo de vinculaciones es la dedicada a Delfo Cabrera, titulada
“Cómo se llega a ser campeón”, donde el atleta es reivindicado en su doble condición de
campeón olímpico y estudiante de Educación Física. La crónica es acompañada por dos
fotos: una en blanco y negro donde se lo puede observar en las aulas, en el campo y en
el gimnasio cubierto del INEF “Manuel Belgrano”, de San Fernando, luciendo una ‘I’
en el pecho; y una más de Cabrera en el podio de Londres (Olimpia, Año I, Nro. 1, abril
de 1954, pp. 20 y 21). Otra nota significativa es la dedicada a la Escuela de Deportes de
Colonia, Alemania, que incluye un mapa de las instalaciones y testimonios de
profesores argentinos que han pasado por sus aulas (Olimpia, Año I, Nro. 4, octubre de
1954, pp. 4 y 5).
Pero esta revista fue la excepción. La mayoría de los medios se orientaban a la
difusión de los tres deportes que, en el momento en que comienza el primer gobierno
peronista, ya habían sido objeto de popularización: el boxeo, el fútbol y el
automovilismo (Archetti, 2001).
Ya desde fines del siglo XIX y principios del XX, los medios gráficos habían
trabajado con el impulso que estos deportes tuvieron en los inicios de la historia
moderna de la Argentina. Ulanovsky (1997) presenta unas cifras significativas en este
sentido: a lo largo de toda su historia, las tapas de El Gráfico se destinaron
mayoritariamente a estos tres deportes; y en los tres casos la representación fue
protagonizada por sus respectivos ídolos: Diego Maradona (112 portadas), Carlos
Reuteman (49) y Carlos Monzón (27).
Así mismo, a partir de la década de 1920, la radio tuvo un papel importantísimo en
la difusión y consolidación de estos deportes. Las transmisiones deportivas radiofónicas
vivieron un momento de consolidación estilística a partir del surgimiento de varios
8
Es interesante señalar la diferencia de precios entre Olimpia y publicaciones deportivas masivas, como
por ejemplo, Mundo Deportivo, que comienza costando 0,60 centavos y termina costando, en 1952 1,50
pesos. El precio de Olimpia es de 3 pesos durante los dos años en que estuvo a la venta. Simplemente a
fin de permitir comparar las erogaciones de los lectores, entre 1951 y 1952 una pelota ‘Sportlandia’ valía
83$; un aparato de televisión ‘Sylvania’ 16.800$; un traje 300$ y un ‘combinado’ entre 875$ y 2.100$.
relatores deportivos que harían época: si ya en la década del 30 Lalo Pelicciari había
seducido a las audiencias, en el decenio al que se dedicó esta investigación adquirieron
renombre las voces de Alfredo Arostegui, el ‘relator olímpico’, Enzo Ardigó (quien
popularizó el término ‘evidentemente’), mientras que el legendario Luis Elías Sojit
impondrá un sello definitivo al estilo de transmisión deportiva radial (Ulanovsky et al,
1995).
Por su parte, en los soportes gráficos se daba una convivencia de medios estatizados
y privados: la editorial Haynes, con un alto porcentaje de acciones del estado, editaba
Mundo Deportivo, y también se dedicaban al deporte El Gráfico, La Cancha, Goles (a
partir de 1948), Coche a la vista, de editoriales privadas. Entre los reporteros más
destacados estaban Ricardo Lorenzo ‘Borocotó’ en El Gráfico, y Miguel Angel Merlo y
‘Billy Kerosene’ (seudónimo de Ulises Barrera) en Mundo Deportivo.
A excepción de la televisión, los medios ya estaban instalados cuando el peronismo
arribó al gobierno. Inclusive la misma competencia entre ellos puede ser leída como
índice de las transformaciones tecnológicas y de pautas de consumo propias del
momento, como es el caso de la revista Alumni que se editó entre 1932 y 1951. Por
ejemplo, anticipando la competencia que significaría la radio como complemento de la
asistencia a los estadios, tempranamente la revista Alumni informaba en las canchas, con
procedimientos singulares, los resultados de los otros partidos: cada equipo estaba
identificado con una letra clave, código que se reproducía en la revista, en un cartelón
ubicado a un costado del campo. En cada estadio un periodista informaba las variantes
del tanteador y del juego a una oficina central que distribuía los datos a todas las
canchas. El tablero se alimentaba de estos datos y se iba modificando a través de chapas
con códigos de identificación: roja y blanca significaba expulsión; amarilla, penal;
blanca y azul, penal atajado (Ulanovsky, 1997).
Cabe citar también, a fin de completar el panorama general del campo de la cultura
del período, el cine, particularmente en su formato de noticieros cinematográficos, que
fue crucial para escenificar no sólo los logros deportivos de la Argentina en el exterior
sino también la propia gestión de las políticas sociales en el área deportiva.
La década comprendida entre 1945 y 1955 también fue testigo de la aparición de
uno de los fenómenos culturales más significativos del siglo: el ingreso de la televisión.
En este sentido un aspecto innovador, por oposición al cine, es su posibilidad de
transmitir en simultáneo (aún no había aparecido el video tape), lo que coloca a los
eventos deportivos en el lugar de objeto de predilección. De hecho, la primera
transmisión televisiva que es objeto de discurso periodístico es el “Día de la Lealtad”
(17 de octubre de 1951), y la segunda, la transmisión de un partido de fútbol entre San
Lorenzo y River desde el estadio de San Lorenzo.
Pan, circo y algo más
Como afirma Ford (1994), la industria cultural toma para sí lo que la escuela deja de
lado. Ford señala que a raíz de la hegemonía de la razón positivista en el proceso
modernizador, las tradiciones populares quedaron excluidas del sistema escolar, y que
los medios de comunicación, en su vínculo estructural con los procesos de
modernización, se hicieron cargo, entonces, de aquello “popular” que la cultura oficial
desplazaba hacia la periferia. En ese sentido, las industrias culturales argentinas de
comienzos del siglo XX se apropian también del deporte y lo reconvierten en una forma
cultural apta para el consumo popular y masivo, en el mismo movimiento en que
apuntan a la consolidación de un mercado interno de consumo de medios y de una
audiencia nacional. La popularización temprana de algunos deportes se produjo desde la
industria cultural a fines del siglo XIX y principios del XX; no se hizo desde el estado.
Recién en 1945 el estado decidió intervenir en el campo del deporte. Y lo hace
privilegiadamente sobre deportes “nuevos”, es decir, aquellos aún no popularizados por
la industria de la cultura masiva.
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Cabe aclarar que Archetti (2001) también trabaja sobre el polo como disciplina deportiva constructora
de un imaginario deportivo argentino.
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También Aisenstein (1994) y Palomino y Scher (1988) lo señalan, sólo que mientras que estos autores
lo toman como dato, en Archetti (2001) funciona a modo de hipótesis interpretativa para su análisis sobre
la constitución del deporte como arena expresiva del ethos nacional y popular en Argentina.
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Digo ‘relativamente autónomas’ basándome en las observaciones de Frydenberg (1997) respecto de la
constitución de sistemas morales resignificados a partir del ethos deportivo británico, y en cierto modo
‘paralelos’ a él, que funcionaron en el fútbol argentino desde las primeras décadas del siglo XX.
la imagen de una nación moderna y nueva que hacía sentido, particularmente, hacia
adentro de la comunidad imaginada (Anderson, 1993).
Por eso mismo, la relación entre la política, los medios y el deporte, entendidos
como aquellos “experimentos con los medios de la modernidad” de los que habla
Appadurai (2001), permite reflexionar acerca de las articulaciones político-culturales-
comunicacionales complejas que en nuestros países se produjeron en los distintos
intentos de construcción de la nación. Que la modernización haya quedado trunca,
inconclusa o haya sido abortada sería objeto de otra discusión. Pero “ser moderno”
significó, en algún momento no tan lejano, habitar la ciudad y consumir medios. Se trata
de prácticas tan variadas como asistir a la cancha, la pista y el ring, y leer las crónicas de
lo sucedido allí; enterarse por la radio de las perfomances de los atletas en los Juegos
Olímpicos, y observarlos luego en las pantallas de un cine; enviar a los hijos a participar
de los Campeonatos Infantiles, y ver los afiches en los espacios urbanos.