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Poemas de Antonio Machado

Este poema de Antonio Machado describe un viejo olmo seco en una colina junto al río Duero que ha brotado algunas hojas verdes a pesar de su estado. El poeta expresa su deseo de registrar esta gracia del árbol antes de que sea derribado.

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Poemas de Antonio Machado

Este poema de Antonio Machado describe un viejo olmo seco en una colina junto al río Duero que ha brotado algunas hojas verdes a pesar de su estado. El poeta expresa su deseo de registrar esta gracia del árbol antes de que sea derribado.

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Soledades, galerías y otros poemas, Antonio Machado

Yo voy soñando caminos LXXXV


de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos, La primavera besaba
las polvorientas encinas!... suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
¿Adónde el camino irá? como una verde humareda.
Yo voy cantando, viajero, Las nubes iban pasando
a lo largo del sendero... sobre el campo juvenil...
—La tarde cayendo está—. Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
En el corazón tenía Bajo ese almendro florido,
la espina de una pasión;
todo cargado de flor
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón. —recordé—, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Y todo el campo un momento Hoy, en mitad de la vida,
se queda, mudo y sombrío, me he parado a meditar...
meditando. Suena el viento ¡Juventud nunca vivida,
en los álamos del río. quién te volviera a soñar!

La tarde más se oscurece; XXXII


y el camino se serpea
y débilmente blanquea, Las ascuas de un crepúsculo morado
se enturbia y desaparece. detrás del negro cipresal humean…
En la glorieta en sombra está la fuente
Mi cantar vuelve a plañir:
con su alado y desnudo Amor de piedra,
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir que sueña mudo. En la marmórea taza
en el corazón clavada. reposa el agua muerta.

XXXIII Mi amor (¿Mi amor? XXI

¿Mi amor?...¿Recuerdas, dime, Daba el reloj las doce... y eran doce


aquellos juncos tiernos golpes de azada en tierra...
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?... ... ¡Mi hora! —grité— ... El silencio
me respondió: —No temas;
¿Recuerdas la amapola tú no verás caer la última gota
que calcinó el verano, que en la clepsidra tiembla.
la amapola marchita,
negro crespón del campo?... Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja
¿Te acuerdas del sol yerto y encontrarás una mañana pura
y humilde en la mañana, amarrada tu barca a otra ribera.
que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?...
Campos de Castilla de Antonio Machado
A UN OLMO SECO también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina


que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina HE VUELTO A VER LOS ÁLAMOS
al tronco carcomido y polvoriento.
He vuelto a ver los álamos dorados,
No será, cual los álamos cantores álamos del camino en la ribera
que guardan el camino y la ribera, del Duero, entre San Polo y San Saturio:
habitado de pardos ruiseñores. tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
Ejército de hormigas en hilera hacia Aragón, en castellana tierra-.
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Estos chopos del río, que acompañan
Antes que te derribe, olmo del Duero, con el sonido de sus hojas secas
con su hacha el leñador, y el carpintero el son del agua, cuando el viento sopla,
te convierta en melena de campana, tienen en sus cortezas
lanza de carro o yugo de carreta; grabadas iniciales que son nombres
antes que rojo en el hogar, mañana, de enamorados, cifras que son fechas.
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas; de ruiseñores vuestras ramas llenas;
antes que el río hasta la mar te empuje álamos que seréis mañana liras
por valles y barrancas, del viento perfumado en primavera;
olmo, quiero anotar en mi cartera álamos del amor cerca del agua
la gracia de tu rama verdecida. que corre y pasa y sueña;
Mi corazón espera álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os llevo

RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido


—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética


corté las viejas rosas del huerto de Ronsard:
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos


y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera


mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo


—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.


A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,


y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

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