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Poesía de Modesto Parera 1971

Este poema describe la soledad y tristeza de la Plaza Miraflores en otoño. No hay pájaros ni niños jugando, solo hojas secas acumuladas. La mirada de Adelina, una niña que observa desde la ventana, añade una sensación de muerte a la plaza.

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Poesía de Modesto Parera 1971

Este poema describe la soledad y tristeza de la Plaza Miraflores en otoño. No hay pájaros ni niños jugando, solo hojas secas acumuladas. La mirada de Adelina, una niña que observa desde la ventana, añade una sensación de muerte a la plaza.

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M O D E S T O P A R E R A

EDICIONES ALTAMAR
Asociación de Escritores de Valparaíso
1971
ESPUMA Y ROCIO
M O D E S T O P A R E R A

EDICIONES ALTAMAR
Asociación de Escritores de Valparaíso
1971
MODESTO PARERA 1971
Inscripción N.° 37612

Talleres Gráficos Imprenta Victoria,


Calle Chacabuco 1781, Valparaíso.
ESPUMA

La soledad es tal como una lluvia.


Se levanta del таy hacia las tardes;
de llanuras lejanas y distantes
va hasta el cielo que siempre la retiene.
Sólo del cielo cae a las ciudades.

R. M. RILKE
INTERIOR

Abandona la sombra y el crepúsculo,


deja en paz a la tarde,
las palabras de resonante alcurnia,
el sonido del viento entre las hojas,
la liviandad del aire.

No te ahogues en la muda presencia de las cosas,


en la fiesta del color y el sonido,
en la espuma del mar entre las rocas
o en la palabra suelta.

Más allá del paisaje está la vida


hirviendo en la cantera de la sangre,
en el dolor del hombre,
en la tristeza del sueño abandonado,
en la loca esperanza que se renueva día a día.

Huye de cuanto es, de cuanto pesa,


de cuanto llega a tus sentidos.
Mira dentro de ti, profundamente,
porque todo está en ti.
Sólo en el centro de tu ser el mundo
alcanza su prestancia y su sentido.

9
VENGO DE VER AL MAR

Vengo de ver al mar. Llevo en los ojos


la tumultuosa floración que muere
en las agrestes rocas de la costa.
Vengo de ver la muerte de la espuma
en la delgada érena de la playa.
Llevo en los ojos
la cálida visión de su agonía.
El mar me ha perseguido con su hechizo,
con su projunda voz, con su misterio.
En él se instala mi nostalgia toda.

Vengo a buscar la paz en su mirada,


en la dulce quietud que vive en ella.
En las crestas agudas del recuerdo
permanece inmutable como un faro.
Vengo a implorar la muerte del olvido
en la delgada arena de los días.
La magia de sus ojos me consume
en lentos remolinos misteriosos.
La cálida presencia de su hechizo
llevo conmigo.
Su luz aún me persigue, y en sus ojos
se instala ciega mi nostalgia tóda.

10
ENTRE EL AIRE Y LA LUZ

El aire muere fatigado de espuma.


Se abandona
junto a la playa silenciosa y fría.
O deja entre las grietas de las rocas
su tristeza. Vagabundo,
sin patria y sin destino, su sollozo
se pierde entre las sombras de la noche.

Como el aire, la luz recorre el día,


ciegamente, sin pretender almohada,
ni respiro. Sin jactancia
adorna a los rincones, sonríe a los jardines,
huye de las querellas. Se desgarra
buscando las esencias.
Todo se magnifica con su paso.

Entre el aire y la luz la vida entera


quiebra sus largas lanzas.
Quijotesca,
desparrama en acciones su poesía.
Se atomiza en versículos lentos
y en cadena. Se desplaza

11
como un gigante de infinitas alas
en la leve semilla. La ternura
nace al contacto de sus eslabones
mientras la luz y el aire se enamoran.

12
SOLO LA RUTA IMPORTA

Desde la oscura noche de la infancia


las sonámbulas calles me fascinan.
La vida corre en ellas
más ligera que el viento en primavera,
con el pulso perdido, locamente.
Colores y sonidos
en libre matrimonio van reptando
en busca de conciencias que reciban
sus hondas vibraciones.
En todas partes manchas,
salpicando las órbitas del ojo,
se amontonan. Y en todas partes
ecos y reflejos avivan los sentidos
repitiendo
la caprichosa danza de las cosas.

Este correr sin rumbo ni destino,


hacer y deshacer pasos perdidos,
va llenando la vida de un perfume
que el tiempo lo evapora
lentamente.

13
Desde la oscura noche de la infancia
reptando por las calles voy buscando
el eterno perfume de los días.
La esencia de las cosas se me escapa,
sonidos y colores me distraen
en franca competencia
de la estéril pregunta por la vida.
La meta es conocida. La victoria
está en llenar la ruta de sentido.

14
VOCES ALTAS

Cientos de voces altas


invaden el camino
y quiebran el sosiego,
la vieja paz, la lumbre.
Sus ecos se reparten
por las sueltas arterias
donde la vida estalla.
Su metálico acento
domina los confines,
el río indefinido
donde los pies se curan
de las zarzas aleves,
el canto de la sangre,
la eclosión de las flores,
el despertar del día.

Siguen las voces altas,


más altas todavía,
a medida que el tiempo
suelta sus viejas redes
y devora las flores.
Con persistente empeño
resuenan tremolantes

15
en las plácidas horas
donde el recuerdo vive,
florecen en las aulas
y en la palabra suelta
de los dorados días.
Brincan sobre las armas
que llenos de coraje
cargaron nuestros sueños.
Se arrastran en la arena
de la playa mezquina
rodeada de alambradas.
Se asoman a la proa
de una América nueva
que abre para nosotros
sus largas avenidas.
Reviven en la espera,
en los nuevos acentos
que la amistad conquista,
y en la vieja esperanza
de ver la tierra libre
de aquellos ganapanes
de que hablara Machado.

Mientras la rueda gira


siguen las voces altas,
más altas todavía,
dominando mi vida
como un faro entre nieblas.

16
EN LA INQUIETANTE PUERTA

En la inquietante puerta de los días


el verbo se desliza presuroso.
Y en el azul como caballos corren
los sueltos vendavales de los ojos.
En la sombra se quiebran las colinas
de comarcas lejanas. Todo sufre
constante mutación, loca carrera,
donde el destino sus cuchillos clava.

У esta larga marcha interminable


un solo paso dejas en la arena
que canta el desfilar de las palabras.
Un solo paso, sí, pero tan hondo
para tu vida de guijarros hecha
que parece un abismo inalcanzable,
un verdadero alarde de equilibrio
entre el ser que no fue y el que se escapa.

Deja que cada instante sea eterno,


que cada sol que tus palabras alcen
iluminen las noches y los sueños
para siempre jamás. Que cada siembra
permanezca invencible. Sólo entonces

17
alcanzarán sentido tus plegarias,
se llenarán de eternidad las horas
y vivirás colmado de inquietudes
para salvar la muerte que te espera.

18
LUZ Y TINIEBLAS

Mientras escucho el galopar del día,


perdido en laberintos sin salida,
me persiguen las cosas y sus nombres,
la sutil argamasa que los une,
la impetuosa presencia de los hechos,
la firme consistencia del aquí y el ahora.

La itnagen de sus redes me aprisiona


en la cárcel ambigua del sentido
y una clara conciencia de su lógica
me arrastra en temporales convivencias.
El mundo toma un ángulo tan recto
que ni sombras ni luces lo compulsan.

ГЫ

Cuando miro el desfile de la noche,


perdido en victoriosas soledades,
me persiguen las formas, las esencias,
la profunda ilación de los destinos,
la cálida presencia de los símbolos,
la majestad eterna del misterio.
La noción de sus fines recluye
en continuas preguntas sin respuesta.
El antes y el después impenetrables
me señalan los límites del hombre.
Y el munido toma entonces el sentido
de la sombra y la luz viajando juntos.

Y si junto ambos mundos en mi mundo:


la sensorial victoria de las cosas
con la vida interior que las anima,
si el día lo desplazo como un rayo
y la noche la alargo eternamente,
si el color y el sonido los enlazo
con la fría razón que les da vida,
siempre la misma turbación me oprime,
la misma soledad y desamparo,
y el mismo sortilegio cabalgando,
y la misma inquietud esperanzada,
igual como caballos desbocados
en busca de una luz en las tinieblas.
LA PLAZA MIRAFLORES

La Plaza Miraflores en otoño


es una plaza triste.
No hay pájaros en ella,
ni chiquillos.

Montones ele hojas secas se acumulan


debajo de los árboles dormidos.
Silenciosos
los pasajeros dejan
su mirada sin vuelo, despeinada,
en el césped callado.
Sus bancos de madera,
solitarios y abiertos, sin futuro,
montan guardia esperando.

Detrás de los cristales


se asoman a la plaza
los infantiles ojos de Adelina.
Un muñeco de trapo, abandonado,
roto y descolorido,
reclama su presencia. Ella sigue
el curso de las hojas revoltosas
con las que juega el viento
can sus brazos desnudos
y gigantes.
Su mirada se extiende
como una mancha roja, pordiosera,
coloreando la plaza.
Y una tristeza nueva,
la de la muerte misma,
se asoma lentamente a su conciencia.
Sorprendida,
se le escapa una lágrima
que el muñeco recibe
con intenso alborozo.

La Plaza Miraflor es en otoño


lleva la muerte encima.

22
SEMBRANDO

La tarde descendía cansada y orgulloso,


sobre los quietos campos. Llevaba en sus espaldas
del mundo la alegría. Coronada de espumas
vertía su perfume sobre la tierra joven.

En el aire flotaban livianas las cenizas


de los viñedos secos. Una nueva esperanza
dejaba en los rastrojos su nevada semilla.
Sobre las viejas cumbres el sol palidecía.

El arado se hundía, cansado y torturado,


dibujando acuarelas de rectángulos ritos.
Anheloso de espigas todo el viento cantaba
saludando los verdes trigales de mañana.

En los campos dormidos, desnutridos y fríos,


que el otoño adelgaza, se adentraba el futuro*.
Por su sangre circula el eterno retorno.
En los surcos el canto resucita y florece.

Tras la muerte la vida sus vestidos despliega.


En las glebas heridas la semilla se entierra,
y la noche desciende, torturada y vacía,
mientras corren sin rumbo las palabras del hombre.

23
CARICIA PLENA

Oh tú, que vas con la caricia plena


sembrando miel en la colmena humana,
tú que tienes la voz de terciopelo
y la mirada limpia como un lirio.

Tú que bebes la sal de las palabras


con la pasión del agua entre las llamas,
y que sabes del fuego de la sangre
cuando alguna quimera te enamora,

tú que tienes la fuerza de la espuma


navegando en los mares del silencio,
el corazón del árbol, sus raíces,
la paz y la esperanza vencedoras.

Mi corazón te espera encandilado,


su desazón en tus pupilas deja,
se sumerge en la fragua de tus ojos
en busca de las verdes primaveras.

Mi corazón te espera esperanzado,


abre de par en рог sus ventanales
parque la luz, el aire y las estrellas
cariten la ronda de la vida nueva.
ETERNAMENTE MIA

Siempre estás en mi vida,


como el sol en la tierra
A veces te me esfumas,
desapareces, mueres.
Pero siempre renaces
con la misma insistencia.
Tu palpitar me llega
como un lejano grito.
Se retuerce en mi sangre.
Se hunde en mi espesura
y calienta mis horas.
Cuando el tiempo no corre
mis palabras te buscan,
se desesperan, gritan.
Y tu presencia llega
como un domingo joven
poblado de esperanzas.

Siempre estás en mi vida,


como el aire en el bosque.
No importa que lejana
tu rostro se me escape,
se pierda o se abandone.

25
Soterrada и oculta
incendias mis desvelos.
En las raíces creces,
entre las hojas saltas,
y en cada brote nuevo,
y en cada primavera,
tu presencia domina
mi truncada esperanza.

¡Siempre estás en mi vida,


tierra de mis amores!

26
POETICA

Por la desnuda cuenca del otoño


avanza la plegaria de las hojas.
Crujen dolidamente. Se arrebujan
al pie de los montículos de escoria
buscando protección. El caminante
aplasta sin piedad las rezagadas.

Como las hojas del otoño rotas,


quemadas por el tiempo, amarillentas,
en los bancales del olvido sueltas,
arrastra sus grilletes la poesía
que sólo sirve al hoy y en él se queda.

El tiempo va dejando rezagadas


las más altas vanguardias soñadoras;
las inscribe en su círculo de muerte.
Taladra su emoción con brocas nuevas
y las deja inservibles para siempre.

Por la desnuda cuenca del otoño


no camines, poeta, si tu yelmo
te permite marchar con pulso firme.
Entre el ayer y el hoy hay un sendero

27
que va directamente hacia el futuro.
¡La belleza es eterna, como el sueñoI

28
LA NOCHE

La noche teje su perfil marino


en las altas estrellas
hilvanando
la silenciosa paz de su mirada.
El lejano perfume de la tierra
asciende entre burbujas
y a su embrujo
el aire se desangra lentamente.

La noche con sus sombras


de abismos torturantes
paraliza la sangre en las alturas
y permite mirar dentro del alma.
Libre de las acciones y los gestos,
de la danza
que las cosas emprenden en el día,
nos envuelve en su magia y nos convida
y pensar en el hombre y su destino.

Y entonces se comprende
la infinita miseria de las cosas
que corren sin sosiego,
como un loco torrente, a despeñarse
en el mágico abismo de los ojos.
Sólo cuando la noche en las alturas
descubre las regiones imprevistas
el hombre alcanza a ver su soledad
más hondamente,
como un puñal clavado en su destino.

30
SAINT CYPRIEN

A Joan Vidal

Te recuerdo allá en Saint Cyprien.


Eras un niño todavía
pero sabías manejar un fusil.
Te habían arrancado de teoremas
un Julio caluroso
las noticias que como latigazos
las radios propalaban.
No sabías muy bien de tu vigilia
qué razones nombrar,
pero tu instinto
—puñal de sangre hervida—,
te incitaba
a defender las reglas de la vida.
En un pueblo perdido,
en Fuendetodos,
Goya te salió al paso:
allí fue tu bautismo de soldado.
Después diversos fuegos te nombraron.
Del Cinca, en las riberas,
una mañana de claro sol te persiguieron
obstinadamente.

31
Volviste con los tuyos sin perder el fusil.
Dominado el espanto
serviste la gran causa con coraje.

En Saint Cyprien un día te acogieron


y los viejos teoremas retornaron.

32
BEBETE ESTE SILENCIO

Bébete este silencio, camarüda,


lentamente.
La vida se te va
y tu historia quedará detenida para siempre.
Ya nunca más el sol vendrá a tu siesta.
Ya nunca más sus ojos te hablarán.

Olvídate del sueño,


de las horas,
del paso de las nubes de verano,
del relieve del mar azul.

Bébete este silencio, camarada,


para que así alcances su sentido
y puedas comprender.
La vida,
una mijaga de luz entre dos noches
de duración ilimitada.
Ni el antes ni el después valen la pena.

Olvídate del alba,


de la estrella,
que volverán a ser los compañeros
de tu fiero silencio, indiferentes.

33
Asómate a la vida que se escapa,
sumérgete en su río,
reconócelo.
Y trata de olvidar su sin sentido.
Después,
ya nunca más el sol vendrá a tu siesta.
Ya nunca más sus ojos te hablarán.

34
EL VIENTO SE PERDIA

El viento se perdía detrás de la arboleda.


Tocaba del follaje sus aguerridas flautas.
Hilvanaba rumores de casta mansedumbre.

Despacio por el aire las hojas se poblaban


de los resecos gritos de la cansada tierra.
Un mar de nubes blancas enviaba su mensaje
mientras el sol, lejano, hervía en sus calderas

Indiferente y sola, como el destino mismo,


tus ojos perseguían las forzadas banderas
que el viento desplegaba entre las altas ramas.

Detrás de cada instante la luz se despeinaba.


Perdida en los retazos de un día sin retorno
buscaba tu mirada las nubes en huida.

La larde quieta, altiva, bailaba en tus pupilas.


Los rumores del bosque morían en tu oído.
Como una caravana sin conductor ni guía
seguía tu esperanza detrás de la arboleda.

35
LA ILUSION

Hay un poco de luz en nuestros días.


Confusa, sí; a veces degradada.
Una luz que no cabe en la mirada.
Una luz en continuas agonías.

Nace de un sol de oscuras lejanías.


Del viejo afán de superar la nada.
Nace de la esperanza atormentada
y de la angustia de las noches frías.

Nace de cuantos sueñan el futuro.


De todo amor, de todo centinela.
Del que piensa y en sueños se desvela.

Del que busca escapar del cerco oscuro


y soñando despierto rompe el muro
en que vive él ayer a toda vela.

36
LOS POEMAS DE OLGA

Los nutre el recuerdo con sus alas rotas,


la ciudad, el viento,
la sombra del padre de inmóvil sonrisa,
el hijo perdido sin gesto y palabra,
la red de la infancia que vuelve hechicera
dorándolo todo,
los hijos —pan fresco, errantes palomas—
que llenan de asombro todos los rincones.

Desfila la patria con sus calicheras,


su espalda de cobre, su cintura herida;
el puerto que se abre lleno de sorpresas,
de eléctricas luces, de trajes marinos,
con sus ascensores de mar y de cielo,
y el viento que brama perdido en la bruma.

El amor que calla, con sus estaciones


de ternura herida, su triste mirada
que espera y espera.
La lluvia, que nace buscando el silencio
en los verdes ojos de cada mañana.
La amiga tristeza, vieja conocida,
que besa las manos de los olvidados.

37
У el amigo inmóvil, callado, perdido,
que fue el compañero de tantos silencios.
Y la vieja casa, sin tiempo,
en el cementerio de los avatares.

Por sus venas corre el río Aconcagua,


sus barcos de espuma, sus verdes recodos,
el árbol perdido convertido en Dios,
que llora en silencio.
Y la nostalgia de un sueño esfumado,
de días perdidos, que implacables roen
las ramas floridas de la primavera.

Tus poemas, Olga,


tienen la fragancia de la fresca aurora
cuando en las mañanas el sol, generoso,
derrama en silencio su sangre en la tierra.
LAS LAGRIMAS

Las lágrimas asoman conmovidas


en busca de la luz.
En su camino
la sal,
como una gota de rocío,
les da la bienvenida.

Del hondo mar de la pasión ascienden


a las altas pupilas.
Desoladas
buscan la libertad.

En ellas vive
la menguada agonía del crepúsculo,
el martirio del viento,
la soledad,
el eco misterioso de las horas
danzando en la penumbra y el ocaso.

Toda la triste soledad del alma


se evapora en sus ríos
fugitivos.
Todo el pesar del hombre sin destino
se estremece en sus ondas
como un soplo.
Toda la angustia de la voz sin eco,
del amor malogrado,
de la patria oprimida,
del desaire,
palpita desganada en sus arroyos.

En cada lágrima viaja estremecida


por las lentas agonías
la tragedia profunda,
instransferible,
del hombre solitario.

En ellas va también como al desgaire


el consuelo que brinda
el lento respirar de los sollozos,
la paz,
la dulce paz de la ternura
envuelta entre saladas tempestades.

¡Oh lágrimas amargas


donde el hombre deshace sus angustias
para empezar de nuevo
de la emoción su carga contenida!

Al igual que el olvido


vosotras liberáis al desdichado
y le dáis la entereza
de comenzar de nuevo,
como un recién nacido,
de la ilusión y la promesa alada
las alas hechiceras de su empuje.
Oh lágrimas amargas
que buscáis conmovidas la luz
por donde el hombre atribulado
halla la libertad!

41
ELEGIA A UNA MILICIANA

Se llamaba Lourdes como el Santuario.


Entre crucifijos transcurrió su infancia.
Una infancia triste llena de plegarias.

Murieron sus padres. Se quedó en la calle.


Huérfana de todo mendigó trabajo
y sólo blasfemias recogió a su paso.

Un viento de muerte azotó a su tierra


un julio nefasto. Con los milicianos
junto con el pan encontró a su Dios.

Partió para el frente. Cuidó a los heridos,


para todos tuvo tiernas esperanzas.
Y un sentido nuevo le nació a su vida.

Cruzó Los Monegros y una bala suelta,


bendecida y pulcra, se alojó en su cuerpo.
Descendió a la noche con sus mil misterios.

Al pie de los tilos lloramos a Lourdes,


la samaritana, que siempre rezaba
por todos nosotros. Que descanse en paz.

42
ROCIO

Fue tu amor el son alegre


del tañer de una campana
que va rodando hasta el valle
en los maitines del alba.

RICARDO HURTADO

43
TU, QUE TIENES LOS OJOS DEL COLOR
DE LA LLUVIA

Tú, que tienes los ojos del color de la lluvia,


espérame. Un día
bajaré de las nubes de peldaño en peldaño
con las manos asidas a tu vivo recuerdo.
Te buscaré de nuevo.
Me asomaré despacio por las calles dormidas
buscando tus sandalias.
Detrás de cada rostro despertarán mis sueños.
Te llevaré en los labios con el temblor de antaño
y buscaré en las sombras la cruz de tu mirada
donde quedé clavado como un insecto apenas.

Tú, que tienes la fuerza de tu sola presencia,


que has remerídado sueños
en los senos del tiempo, corredor incansable,
espérame. Un día
o tal vez una noche te llamaré de nuevo.
Con la misma ternura que ha guardado el recuerdo
repetiré tu nombre.
Y en cada voz amiga renacerá tu imagen.
No dejes que se muera
la esperanza que salva del silencio o del grito.

45
Espérame. Unidos
en el fuego de un amor imposible
las lágrimas apenas rozarán tu contorno.
Tú, que tienes los ojos del color de la lluvia.

46
POR TU SOLA PRESENCIA

El aire, leve, tierno, rodeaba tu cintura,


se hundía en tus cabellos,
bajaba por tus ojos
y perezozamente
se escondía en tu seno.

La tarde se dormía en las verdes colinas


buscando los rincones grises y perfumados.
Las nubes silenciosas
detenían su vuelo mientras tú respirabas.
Los geranios, arriba, encendían sus pétalos
con la sangre del sueño.
Abajo el agua quieta murmuraba olvidada.
Tú rasgabas el velo de las cosas hablando
y encendiendo sus luces.

Yo seguía tus pasos con los ojos perdidos


en el viejo pasado.
Recordaba que un día te pedí me esperaras
con tus ojos de lluvia.
Recordaba el silencio que envolvía mi mundo
antes de conocerte
Vivía la tristeza de las horas perdidas
por la búsqueda inútil.

47
Y sentía de pronto que otro sol me llamaba,
que la tarde,
las nubes,
los geranios dormidos,
y hasta el agua olvidada repetían tu nombre.
Y lloraban felices por tu sola presencia.

48
LEJANA, COMO EL SUENO

Erase un día lleno de turbulentas aguas.


Caían verticales los racimos del alba
y el sueño no venía. Una dura vigilia
sus redes extendía por las viejas paredes.

Lejana, como el sueño, tu voz se prolongaba


entre el clamor insomne del agua turbulenta.
Se aferraba al recuerdo, mariposa vibrátil,
en lenta caravana por desnudos parajes.

Surgías entre sombras junto al alba naciente.


Caían de tus ojos como un tropel de soles.
Y las palabras idas llenaban el silencio
de las maduras frutas de los veranos lentos.

De nuevo galopaban los turbulentos sueños


por las paredes viejas. De nuevo renacían
entre las hojas secas golpeadas por las aguas.
El alba se dormía con los cabellos sueltos.

El tiempo murmuraba, cual pobre celestina,


por las quemadas flores de la ilusión pasada.
El agua persistía hundida en tus recuerdos.
Lejana, como el sueño, vivías en mis sombras,

49
LA TARDE FRAGIL

Miro cómo la tarde se desvanece y muere,


veo cómo desfilan las aguerridas nubes,
el ejército blanco de los inquietos lirios,
y cómo el aire muere en las más altas ramas.

Percibo los latidos del silencio que nace,


la soledad perdida en calles sin recuerdos,
las voces encerradas en el desván del alma,
y el misterio que ronda por los rincones, suelto.

Me adentro en el silencio buscando sus raíces;


más calmas me parecen las horas de la vida,
más limpias las veredas por donde el sueño pasa,
más alegres sus ansias de cazador furtivo.

Me invade una tristeza vestida de ternura,


una vieja nostalgia por lo que fue perdido,
un tremendo deseo de atesorar recuerdos,
mientras la tarde frágil se desvanece y muere.

50
CANTA EL VIENTO

Canta el viento. Lejanas


suben las hojas muertas
a mi recuerdo. Vienen
de una edad olvidada
adornada de juegos.
Me traen el perfume
de los días felices.
Alegre como un río
que empieza su carrera
el corazón levanta
sus rojas pulsaciones.

Esas hojas que un día


cantaron a tu paso
están de nuevo en mí,
magnificadas,
por el lento desfile de los años.
Hablan otro lenguaje.
Dicen que nada muere,
que las viejas hogueras
mantienen sus rescoldos,
que la esperanza siempre
enciende sus faroles

51
para alumbrar la ruta
y embellecer el día.
Que todo permanece
en el fondo del tiempo,
y que el amor pasado,
convertido en ternura,
está vivo, presente,
más firmemente vivo
que esas hojas lejanas
que a mi recuerdo vienen
mientras el viento canta
desesperado y solo.
SE QUEBRANTO EL SILENCIO

Volvió. Se quebrantó el silencio.


La aldaba del recuerdo repicaba
envolviendo las horas.
Los lagos de sus ojos repetían
sus antiguas promesas.
Y el corazón bailaba como un trompo.

El pasado volvió de su letargo


purificado, limpio,
a desgranar su mágica presencia.
Leve como el recuerdo
se asomaba a sus ojos la ternura.
En la sombra,
mil palabras perdidas se quejaban.

Imposible retener el instante:


tanto peso llevaba en sus espaldas.
Imposible sumergirse en su seno:
profundos remolinos empujaban
el ayer con el hoy;
hasta el mismo mañana perdía su sentido.
En su retorno todo se confundía:

53
la calle solitaria y la neblina,
la voz rota y deshecha,
los sollozos,
el despuntar del día y la sonrisa,
y el aire terso, suave, de sus manos.

En mil pedazos roto


se quebrantó el silencio
LAS VIEJAS PRIMAVERAS

Las viejas primaveras olían a magnolias.


El río las unía.
Los almendros vestidos con blancas cabelleras
saludaban la tarde.
Más allá los viñedos morían en las sierras.

Tú llevabas alegre un rayo entre tus manos


de sol tibio y sereno.
Florecían tus senos.
Bebías con los ojos la luz que se perdía
sobre los verdes campos.
Seguía tu mirada la danza canlurina
que bullía en los árboles
Todo en ti respiraba.
Todo en ti extendía sus antenas sangrantes.
La primavera misma en ti se confundía.

Por el camino ciego tus huellas me guiaban.


La voz tuya, hechizada,
igual que un lazarillo abría los canales
señalándome el rumbo.
Las horas desfilaban junto al río dormido.

55
La tarde agonizaba en los altos viñedos.
El sol entre tus manos
dibujaba los ritos de una nueva esperanza.
Renacían los sueños al pie de los almendros.

Un día, un triste día, el aire se hizo tenso.


Un grito como un rayo
se desplazó en el centro de nuestro amor.
La sangre invadió los viñedos
y el olor de la pólvora destruyó las magnolias.
Por extraños caminos
las viejas primaveras se fueron alejando.
Apenas el recuerdo conservó su frescura.

Mientras el río sigue caminando impasible,


las primaveras tejen sus verdeantes sueños,
florecen los almendros,
agoniza la tarde,
se despereza el aire,
tu paso es como un rayo de sol
entre dos noches.

56
UN DIA EN LOS VIÑEDOS

Torcido y retorcido va abarcando


sus delgadas membranas
el sarmiento
que lleva entre los pámpanos el fruto,
tibio aún,

en pequeñas bolitas cristalinas.

En grupos,
cual soldados desfilando,
la vid eleva sus verdeantes cascos
para instalarse en las alturas
en busca de la luz.
Comunitaria tropa,
hundiendo sus raíces doloridas,
extrae del peñasco y de la gleba
la miel que endulzará las horas solitarias
del campesino
para volver más tarde
a irrigar con su sudor la tierra.
Por él bancal avanzas,
amazona del verde y la esperanza,

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degustando
los dorados racimos que se ofrecen
a las ávidas alas de tus dedos.
Aquí detienes,
porque el sol te cubre,
el lento sollozar de tus pisadas,
y a la sombra
mil voces te recuerdan que la vida
es una larga sucesión de sueños
en donde a veces brota
un néctar parecido al de las uvas.

Más allá el campesino te saluda


y te ofrece un racimo
donde el sol
sus largas huellas indelebles
incrustó suavemente
y el azúcar colocó en sus esferas.

Lentamente
cada grano a tu boca se aproxima
y sientes la caricia y la dulzura
que los dientes hundidos en su carne
extraen de su zumo
que la tierra triunfante ha destilado
a través del trabajo,
del sol, del agua y del silencio.

53
NAVEGANDO

Navegué entre las ondas de tu sueño


salvando el oleaje de la espera,
bien alta la esperanza,
como un mástil.

Al viento desplegadas
las velas de tus días me empujaron
a combatir la soledad que vive
en las ciudades.

Tu nombre dio la ruta a la esperanza


que desplegó sus alas
e iluminó la noche.
Y el silencio alcanzó su voz más pura.

Deshice remolinos iracundos,


no sucumbí a la espuma del recuerdo,
ni la resaca de los sueños rotos
ahogó mis ilusiones.

Con el timón quebrado, a la deriva,


las ondas de tus sueños recogidas,
como velas sin viento,
no turban ni perturban mi camino.

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Me siguen las estrellas, amigas silenciosas,
por otros horizontes solitarios,
en busca de otros mares
y otros sueños.

60
EL HOMBRE

Es una sombra que vacila y canta,


un puñado de barro iluminado,
un aluvión de sueños en derrota
y un ángel de satánicos impulsos.

Un pozo de ternura y de violencia,


arena movediza y tierra fértil,
corazón de granito y terciopelo.
No sabe por qué marcha y siempre corre.

Ama la soledad en las ciudades,


se enreda en las palabras que más quiere,
de ideas luminosas se enmascara
y busca en el futuro su presencia.

Es una sombra que entre sombras vuela,


un puñado de arena y de misterio,
un aluvión de flores disecadas
y un temporal de espuma y esperanza.

Ha levantado dioses y tiranos,


el vino del saber lo ha embrutecido,
ha degollado sueños tiernamente
y con sangre ha labrado su ventura

61
Ama la paz con las espadas prontas,
se crece en el silencio que le aplasta,
y sueña en el amor que lo encadena.
¡Y sólo en el amor se justifica!

62
I N D I C E

ESPUMA

Interior 9

Vengo de ver el mar 10

Entre el aire y la luz 11

Sólo la ruta importa 13

Voces altas 15

En la inquietante puern 17

Luz y tinieblas 19

1л Plaza Miraflores 21

Sembrando ... 23

Caricia plena 24

Eternamente mía 25

Poética 27

La noche 29

Saint Cyprien 31

Bébete este silencio 3l3

El viento se perdía 35

La ilusión 36

Los poemas de Olga 37

Las lágrimas Э9

Elegía a una miliciana 42

63
ROCIO

Ojos color de la lluvia 45

Por tu sola presencia 47

Lejana como el sueño 49

La tarde frágil 50

Canta el viento 51

Se quebrantó el silencio 53

Las viejas primaveras 56

Un día en los viñedos 57

Navegando 99

El hombre 61

64

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