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Interioridad y Espiritualidad Educativa

Este documento presenta orientaciones para una espiritualidad interiorizada. Aborda la importancia de cultivar la interioridad desde tres dimensiones: lo corporal, lo emocional y lo espiritual. También destaca la necesidad de trabajar la interioridad en contextos educativos.

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Interioridad y Espiritualidad Educativa

Este documento presenta orientaciones para una espiritualidad interiorizada. Aborda la importancia de cultivar la interioridad desde tres dimensiones: lo corporal, lo emocional y lo espiritual. También destaca la necesidad de trabajar la interioridad en contextos educativos.

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Interioridad y Espiritualidad (IE)

Orientaciones para una espiritualidad interiorizada

“El hombre, en un lenguaje más específicamente teológico, es una realidad tricotómica: un cuerpo
vivificado por la energía que es el alma y ésta, a su vez, vivificada por el espíritu, esto es, por el soplo
de Dios, algo que ya no es solo del creador, sino enteramente del hombre; al espíritu se debe la
verdadera participación del hombre en la vida divina, la capacidad para abrirse y acoger el principio
personal y vivificante del “ágape”. El alma es el puente a través del cual pasa, de una parte, el espíritu
al hombre y de la otra, lo humano a Dios”
(M. I. Rupink)

I. POR QUÉ Y PARA QUÉ HABLAMOS DE INTERIORIDAD HOY

M. I. Rupink nos lleva a concluir que el cuerpo irradia lo interior; da señales del interior, refleja la
interioridad. Nos revela a ese alguien que nos habita. Desde ahí se construyen puentes con los otros seres
humanos y nuestro creador. Esa interioridad es el motor de la vida. Todo en el ser humano, lo humano y
lo divino, lo corporal y lo síquico viene de esa maravillosa realidad.
Desde un comienzo de esta reflexión quiero evocar lo que dice la experiencia. El ser humano es barro con
el que fue creado el ser humano. En cualquier momento se puede desmoronar. Sin embargo, este barro
vive. En su interior hay un aliento que le hace vivir. El Espíritu vivificador. El evangelista Juan nos
recuerda que Jesús sopló sobre sus discípulos su aliento y les dice: Reciban el Espíritu Santo. Ese espíritu
es una fuerza creadora.
En una palabra, son tres las dimensiones que hay que trabajar en la interioridad; dimensiones que están
interrelacionadas y por tanto al trabajarlas las integramos y cultivamos su totalidad. Por lo mismo al
desarrollarlas se educa a la persona en relación y con capacidad para transformar la realidad.

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 Somos cuerpo y por tanto lo corporal tiene que ser un elemento muy presente en el acercamiento
a la realidad profunda de la persona humana. Hemos superado el dualismo y la negativación de lo
material. El cuerpo es un canal privilegiado de entrada en la propia interioridad.
 Somos alma y con toda la riqueza que nos deja la vida emocional y relacional. Hay que cuidar la
inteligencia emocional especialmente presente en algunos aspectos de nuestra vida. Lo relacional
nos lleva a dar y recibir.
 Somos dimensión espiritual y transcendente. Por ello vamos más allá de lo inmediato y aparente
y suscitamos preguntas de fondo y de sentido y descubrimos experiencias humanas que se escapan
a la comprensión más inminente y llegamos a suscitar la experiencia del absoluto.

El desafío y el empeño que nos damos al situarnos frente a la interioridad es importante: ¿Cómo hacer
emerger en el corazón del ser humano moderno la perla de la interioridad enterrada o encerrada en el
entretenimiento, el ruido, la sobre estimulación y el desorden que nos envuelven en nuestros días? Es
también desafío descubrir ese maravilloso manantial interior que hay en cada uno de nosotros. Nos va a
llevar a concluir que ese orar es más sencillo que pensar y que querer encerrarnos en determinadas
cuestiones religiosas. A su vez, no conviene olvidar que la sana y sabia interioridad forma parte de nuestra
mejor tradición cristiana.
En el fondo, la interioridad es el lugar donde florece lo nuevo y lo esperanzador: ”Debes tener un lugar
en tu corazón, en tu mente o en tu hogar al que poder acudir casi a diario, un lugar en el que no debes nada
a nadie, ni nadie te debe nada a ti. Un lugar donde encontrarte con tu propia compañía, un lugar que
simplemente permite el florecimiento de algo nuevo y esperanzador” (Joseph Campbell, El poder del
mito). Por lo mismo es importante que los distintos aspectos de la interioridad se consoliden, enriquezcan,
estructuren y se secuencien y por supuesto, que reciban el nombre que les corresponde y que en ella el
misterio de Dios aparezca y sorprenda con su presencia y su acción.
No es fácil vivir el vacío que crea el consumismo y la superficialidad de nuestra sociedad. Es normal
entonces que se busquen experiencias que llenen el vacío interior o al menos lo hagan más soportable. No
hay duda que estamos en una sociedad ruidosa y superficial. Para M. de Smedt vivimos en la “civilización
del ruido”. Quedamos captados por todo y por nada; excitados por toda clase de impresiones y, a la vez,
indiferentes a casi todo. Los medios nos ofrecen visiones fragmentadas, discontinuas, detalladas,
discontinuas de la realidad que hacen muy difícil la posibilidad de síntesis. Sin ninguna duda que este tipo
de información tiende a disolver nuestra fuerza interior, nuestra interioridad, nuestras convicciones y nos
lleva a vivir hacia fuera. Así casi se anula nuestra atención a lo interior y cuando a lo interior llegamos no

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lo encontramos. Pareciera como si el ser humano de nuestros días sintiera la necesidad secreta del
permanecer fuera de sí mismo y con una conciencia agradablemente anestesiada.
Todo ello nos lleva a concluir que es grande la tarea que tienen por delante las instituciones y grupos
dedicados a cultivar la espiritualidad y los destinados a la educación. Son los grupos a los que se dirige
esta reflexión. Ellos tienen una especial misión de llevar a las personas a buscar la interioridad; que el
gran deseo es encontrar buenos maestros para lograrlo.
El sustantivo interioridad se ha convertido en verbo, en acción: “interiorizar”. Es un hecho que la
interioridad es una realidad contracultural pero cuando se descubre la fascinación del mundo interior se
quiere entrar y se hace todo lo posible por lograrlo en el interior del castillo en cuyo centro habita el Señor
como nos recuerda San Teresa en las Moradas. Eso es llegar a la dimensión más rica del ser personal.
En los últimos tiempos, desde la llegada de la neurociencia se ha tomado conciencia de lo beneficioso de
la interioridad y de la vida espiritual sobre todo si el yo como epicentro se abre a la relación más profunda
que cabe en el ser humano y que acontece más adentro que el propio interior o en expresión de Santa
Teresa “en el más profundo centro”. Sin ninguna duda que la apertura al Otro y a los otros la auténtica
interioridad tiene efectos y frutos de donación, de entrega, de compromiso, de generosidad, de amor; nos
hace conscientes de los dones más preciosos que nos enriquecen el propio ser y nos mueve a compartir lo
que somos y tenemos.

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II. Destinatarios de esta reflexión
Dos son los mundos, los protagonistas, los responsables de llevar a cabo la tarea de cultivar la interioridad
en este momento de la vida de nuestros países. Ellos son los destinatarios privilegiados de esta reflexión.
- Educadores- Escuelas- Contexto educativo- Interioridad educativa (IE)

La interioridad ahora se ha transformado en una oportunidad espiritual y educativa completamente


necesaria en los ámbitos del desarrollo de la vida del espíritu y educativos y también en otras muchas
dimensiones y en todos los aspectos de la persona humana. Sin ninguna duda que sí la podemos ver como
una oportunidad ya que la propuesta de una educación en la interioridad vino para marcar toda la
educación y sus diversas dimensiones. Dimensiones que como nos recuerda Delors serían: el aprender a
aprender, el aprender a ser y proceder como grupo y comunidad, el aprender a hacer y por supuesto a ser.
La educación de la interioridad en la escuela es una urgencia. El frenético ritmo de la vida de la sociedad
actual afecta a los niños y a los jóvenes. A menudo se sienten perdidos e inmersos en un mundo en el que
el verbo tener parece importar más que el ser. Urge perforar la superficialidad que nos rodea y llegar al
centro del corazón.
Es un aspecto sistémico en un colegio; la interioridad afecta a la totalidad del centro y por supuesto debe
estar en sintonía completa con el proyecto educativo del respectivo centro educativo. La propuesta se
puede hacer desde la confesionalidad pero sin perder los referentes cristianos. En una palabra, la
interioridad es un proyecto integrado e integral. El ideal es que se convierta en algo curricular y marque
de una manera especial el pensamiento creativo, la expresión simbólica, la conciencia corporal, la
armonización emocional y el crecimiento espiritual.
Impensable una educación, una pastoral, una espiritualidad y una vida familiar sin una ejercitación en la
interioridad. Sin ninguna duda que cuando el ser humano pierde todo contacto con su propia interioridad
y misterio la vida cae en la trivialidad y el sinsentido. Se vive entonces de impresiones, en la superficie
de las cosas y de los acontecimientos, desarrollando solo la apariencia de la vida. Probablemente esta
trivialización de la vida es la raíz de la increencia de no pocos. Cuando el ser humano vive sin interioridad
pierde el respeto por la vida, por las personas y por las cosas. Pero sobre todo se incapacita para “escuchar”
el misterio que se encierra en lo más hondo de la existencia de cada uno de nosotros.
Necesitamos unas pedagogías educativas que refuercen la educación de la interioridad como marco
pedagógico que nos lleven a lo profundo y en un contexto donde lo característico es lo efímero y lo
mutable y los verbos más dinamizadores son hacer y tener y mejor aún un hacer que garantice el tener.

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Por lo mismo a los adultos, hijos e hijas de ese sistema, normalmente nos cuesta proponer a los jóvenes
y a los niños la dimensión interior. Tal propuesta implica ritmos y modos que piden desconexión
tecnológica, ritmos pausados, repetición de técnicas, procesos a largo término, ruptura con el
individualismo y toma de conciencia de nuestras verdaderas necesidades.
El ser humano nunca llegará a ser lo que está llamado a ser si no contribuye con su esfuerzo, si no se toma
a sí mismo con sus manos. Los adultos conscientes y formados y con experiencias de vida profundas tanto
en lo corporal como en lo psicológico y lo transcendente ofrecen a los niños y los jóvenes lograr la gran
unidad de lo “corporeopsicoespiritual”.
En realidad proponen un camino personal y grupal que ayude a cada alumno a vivir von sentido las
circunstancias de su vida y poner nombre a lo que vive, siente y piensa. Así también podrá tener identidad
y responder a la realidad en la que procede con eficiencia. En esa línea va el buen consejo que Rilke da
en su obra “Cartas a un joven poeta”: “Camine hacia sí mismo y examine las profundidades en las que
origina su vida. Nada puede estorbarle con mayor violencia que mirar hacia fuera y de allí, esperar una
respuesta a preguntas que solo su más íntimo sentimiento, en los momentos más silenciosos…”,
Bien podemos afirmar que todo buen educador es educador de la interioridad. En su servicio es capaz de
pasar del proyecto al paradigma; Para terminar conseguir lo último. Los objetivos, los contenidos y la
metodología tienen que ser asumidos por toda la comunidad educativa. La interioridad tiene que llegar a
ser una forma de ser, de estar y de proceder que impregne toda la vida de la escuela y a poder ser de la
familia. En el fondo es hacer que todos se hagan eco de estas palabras también de Rilke: “Usted es tan
joven, está tan lejos de toda iniciación que quisiera pedirle lo mejor que sé… que tenga paciencia con lo
que aún no está resuelto en su corazón y que intente amar la preguntas por sí mismas como habitaciones
cerradas o libros escritos en una lengua muy extraña. No busque ahora las respuestas; no le pueden ser
dadas ya que todavía no puede vivirlas y se trata de vivirlo todo… Quizás lleve usted en sí mismo la
posibilidad de formar y crear como una manera de vivir especialmente feliz y auténtica”.
Reivindicar la interioridad en la escuela es alertar a los alumnos de los riesgos de la superficialidad, de la
uniformidad o del mito del éxito social; es sembrar el gusto por la verdad misma y más allá de las
apariencias; es descubrir la propia originalidad y relacionarnos crítica y armónicamente con la realidad,
con los demás y con nosotros mismos. Es seguir el consejo de Miguel Unamuno a uno de sus alumnos:
“En lugar de decir adelante, arriba, atrás…, di “adentro”. Reconcéntrate para irradiar; déjate llenar para
que reboses luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo
entero o indiviso. Doy cuanto tengo dice el generoso, doy cuanto soy dice el héroe, me doy a mí mismo

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dice el santo. Di tú con él al darte: Doy conmigo el universo entero. Para ello tienes que hacerte universo
buscando dentro de ti: ¡Adentro!”.
- Maestros en el espíritu- Centros de espiritualidad- ámbito de la espiritualidad- Interioridad
espiritual (IE)

En todo este esfuerzo de educar en la interioridad “invitado o no Dios está presente”. Dios está muy
presente en la maravillosa creación y de modo especial en el ser humano, hecho a imagen y semejanza de
él. Por lo mismo cada ser humano es un reflejo de la bondad, de la belleza y de la verdad. Esta dimensión
se entrelaza con la otra dimensión constitutiva del ser humano y así se puede vivir una vida plena. En
opinión de Eckhart ya en el s. XII “Dios está en nosotros pero nosotros estamos fuera de nosotros. Dios
está en nosotros como en su casa y nosotros somos allí extranjeros”. La espiritualidad, justamente es esa
interioridad que incluye vivencia de lo profundo y de lo interioridad y conexión con Dios. Eso se aprende.
Los grandes maestros espirituales lo lograron al hacer su camino y llegar a encontrar su ser y su misión.
Es el inicio de una aventura inquietante que desnuda la existencia y al mismo tiempo la abre a un
compartirla con generosidad. .
La interioridad hace posible la espiritualidad, es decir, el camino de búsqueda y encuentro con Dios. La
espiritualidad consigue, a su vez, que nuestra interioridad sea constitutiva y de vital importancia y en el
fondo que sea don de Dios. Esta mutua interrelación coloca el tema de la interioridad en el corazón de las
personas, las instituciones y las organizaciones que están al servicio de un cultivo valioso de la
espiritualidad y la espiritualidad en su verdadera fuente y origen y las dos delante y movidas por una
misma meta que es el ser humano en su dimensión total.

Estos dos maestros y estos dos mundos, el de la educación y el de la espiritualidad, se juntan en el cultivo
de la “inteligencia espiritual”. La podemos definir como la capacidad de ser feliz, de estar en armonía con
la totalidad y generando sentido para vivir. Ha habido tres momentos de acercarse a la inteligencia. Al
comienzo del siglo XX se desarrolló una visión uniforme de la inteligencia humana; hacia los 80 del
mismo siglo apareció la teoría y la praxis de la inteligencias múltiples y posteriormente vino un tercer
momento: el dela inteligencia espiritual y que en cierto modo es sinónimo de la interioridad.

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III. ¿En qué punto estamos actualmente en relación con este tema?
¿Cómo lo ponderamos?
De las personas y organizaciones más diversas llegan estas grandes y muy diversas afirmaciones que
reflejan su posición de fondo frente a la realidad de la interioridad.
- Hasta hace unos años la interioridad se presentaba como un paradigma emergente. Estaba llegando.
Despertaba sorpresa por la novedad que traía. Costaba asumir su gran originalidad. Ahora bien podemos
decir que llegó para quedarse.
Se trata de vertebrar la vida del espíritu y la educación desde lo esencial: para ello hay que escuchar
nuestro interior. En nuestro interior hay mucho; no un silencio estéril o tendencias más o menos
inconscientes. Al llegar a lo hondo de nosotros mismos nace el asombro y el agradecimiento y quedamos
en una escucha profunda de aquello que nos rodea y dinamiza. Es una fuerza vivificante
- Dando un paso más, bien se puede hablar de la revolución de la persona humana por la llegada de la
interioridad. No se trata de una evolución sin más. Por lo mismo no queremos vivir nuestra vida en la
superficie ya que así perdemos la riqueza que somos; nos reducimos. Concentrarse en la interioridad es
llegar al Padre y eso es revolucionar todo. No debemos contentarnos con la superficie si no reencontrarnos
con nuestro interior y el de los demás y así se produce la auténtica revolución. Es mucha la fuerza y el
valor que se despliega desde ahí.
- P. Tillich decía que el Espíritu puede ayudarnos a descubrir el camino de lo profundo. Es otro gran
planteamiento. Por el contrario pecar contra ese Espíritu Santo sería cargar con nuestro pecado para
siempre. El Espíritu puede despertar en nosotros el deseo de luchar por algo más noble y mejor que lo
trivial de cada día. Lo que está en lo profundo. Puede darnos la audacia necesaria para iniciar un trabajo
interior en nosotros. El Espíritu puede, también, hacer brotar una alegría diferente en nuestro corazón;

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puede vivificar y rejuvenecer nuestra vida envejecida; puede encender en nosotros el amor incluso hacia
aquellos por los que no sentimos hoy el menor interés. Nadie puede decir que no está habitado por el
Espíritu. Lo importante es no apagarlo, avivar su fuego, hacer que arda purificando y renovando nuestra
vida. Tal vez hemos de comenzar por invocar a Dios con el salmista: “No apartes de mí tu Espíritu”.
Sabemos que si nos apartamos de él nos apartamos de lo esencial y de algo que nos impide cultivar lo
mejor de nosotros mismos. Cuando eso ocurre vivimos demasiado agitados, aturdidos por fuera y
demasiado solos por dentro como para poder detenerse a meditar sobre nuestra propia vida e intentar la
aventura de ser más y mejores hermanas y hermanos.
-También se ha convertido en un cambio de mirada y de perspectiva; poco a poco se ha ido tomando
conciencia de esa realidad. Se le llega a llamar “anterioridad” porque precede a lo evidente y lo configura.
Es meta y desafío, objetivo y propuesta; hacía ella nos dirigimos y dirigimos toda la vida de nuestro ser
humano. Cambia las metas de nuestra vida y los objetivos a alcanzar. Tomamos otra dirección. Eso es
mucho en la existencia de un ser humano.
- Es como una “vuelta a casa” para los muchos que no conocen el silencio y les parece inútil y vacío. Se
vive esclavo de las prisas. Volver a casa es regresar a dónde se debe estar y habitar y permanecer en ella
y en tranquilidad. Se recupera lo que es lo propio y lo primero, la de uno y lo habitual, lo a gusto y lo
cómodo.
- Es una puerta abierta a la relación más armoniosa, consciente y delicada con uno mismo, con los otros,
con la madre tierra y con Dios.
- Es una dimensión de la identidad no del todo revelada pero tampoco del todo oculta. La interioridad es
el referente primero de la misma. Por lo mismo se da una gran necesidad y urgencia de clarificar,
fundamentar y profundizar esa identidad de la interioridad para que no se la presente como una moda
más, de las que pasan y que acabará difuminándose e incluso desapareciendo para dejar el espacio a otros
proyectos o urgencias. Sería algo que no perdura.
- La interioridad es una propuesta provocativa y alternativa. No hay duda que el ser humano en nuestros
días se resiste a la profundidad. No está dispuesto a pagar el precio por el debido cuidado de su vida
interior. Comienza por sentirse insatisfecho; intuye que necesita algo que la vida de cada día no le
proporciona. Por supuesto en tomar conciencia de esa insatisfacción puede estar el origen de su salvación
y de la decisión para asumir la interioridad y hacerla suya. En un primer momento la rodea de signos de
interrogación y de admiración hasta que llega a identificarla con la flecha hacia adelante que le marca la
meta a alcanzar y el camino a recorrer.

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- No hay ninguna duda que este nuevo siglo y los retos que el mundo globalizado plantea se hace
imprescindible el cultivo de la dimensión interior de las personas tanto en la familia, como en los centros
religiosos y como en las escuelas. No nos vamos a permitir estar tan distraídos. Es mucho lo que está en
juego. Hay que evitar por todo los medios que predomine lo superficial. Nos jugamos mucho descuidando
a rechazando la interioridad y conseguimos mucho convirtiéndola en compañera de camino.
- Es propuesta de Jesús. El evangelio está hecho a la medida de lo más auténticamente humano. Por lo
mismo el mismo Jesús evangeliza educando la interioridad. En el evangelio de Marcos Jesús 9 veces se
sorprende de la falta de disposición interior de aquellos a los que les propone la fe y ello por la confianza
o desconfianza, por la convicción o el miedo, por la compasión o dureza de corazón. Lleva a tomar
conciencia a quienes tiene delante y en el diálogo que les falta lo que precisan para dar el primer paso en
su caminar en la fe tal y como él la propone.
Interpela la cerrazón ante la interioridad debido a la noticia de la buena nueva. ¿Cómo no tienen fe? (Mc
4,40) ¿por qué piensan así en sus corazones? (Mc 9,4). Jesús presenta el evangelio como una oferta cuya
acogida dependerá de la disposición interior, de la disposición del corazón. Disposición que se traduce
en escuchar y no solo en oír, en mirar y no solo en ver, en agradecer y no solo en admirar, en esperar y no
solo en atender, en comprender y no solo en entender, en agradecer y no solo en pedir y suplicar, en
alabar y no solo en extrañarse. Jesús llena esa apertura y todas esas originalidades con el amor de Dios.
Educar para la interioridad es una forma de ayudar a abrir esa concavidad para acoger el don de Dios.
- Es la experiencia interior o la “conciencia de la propia interioridad” que se traduce en los cursos del
crecimiento personal, las terapias alternativas, las técnicas orientales de meditación, las nuevas formas de
religiosidad… Esa conciencia llega con una valiosa motivación pero es más que ella.
Estas grandes intuiciones colocan a la interioridad en el campo de una realidad posible, conveniente,
necesaria e indispensable. Grande es la distancia entre lo posible y lo indispensable. Conseguir que para
uno la interioridad sea considerada como algo indispensable nos lleva a concluir que sin ella me va a faltar
lo que me va a impedir realizar mi vocación, mi profesión y mi forma de vida.

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IV. Motivaciones para interiorizarse

¿Por qué y para qué destacar tanto la interioridad? ¿Cuáles son los frutos que podemos, queremos y
necesitamos esperar? ¿Por qué esta palabra, esta propuesta educativa, esta alternativa sociocultural está
recuperando tan importante relieve? Sin duda que son muchos e importantes los motivos.
- “Lo esencial es lo interior”; lo esencial es invisible a los ojos. Ante lo muy importante y lo esencial,
ante el misterio debemos permanecer en silencio. Así lo pensó el Beato Guillermo J. Chaminade, fundador
de los marianistas y su sentir lo expresó en esta motivadora frase. Frase y pensamiento que la difundió
mucho St. Exupery, exalumno del Colegio marianista Villa St. Jean en Friburgo (Suiza) en varios de sus
bien difundidos escritos y sobre todo en algunas cartas. Sin contacto con lo esencial de sí mismo, el ser
humano y excesivamente conectado con el mundo exterior en el que con tanta facilidad nos instalamos en
nuestros días se resiste a las llamadas interiores. Sin querer queriendo preferimos seguir viviendo una
existencia intranscendente donde lo importante es vivir entretenido, funcionar sin alma y continuar
anestesiado por dentro. Se pierde la consistencia interior. El ser humano ya no tiene metas ni referencias
básicas. Perdió el hilo conductor que orienta su vida y una razón profunda que sostenga y dé aliento a su
existencia.
- Se precisa y necesitamos “Oír la voz interna del amor” (San Agustín). Esa voz solo se escucha cuando
hay una gran capacidad de interioridad; a su vez cuando se escucha el amor de una u otra forma se
transforma en ternura y de una u otra forma se llega a entrar en la interioridad del otro y se llega a la
comunión y participación totales.

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- Conseguir la interioridad que es necesaria y urgente. ¡Qué duro vivir sin interioridad que es como
caminar sin brújula; perder el deseo de vivir con hondura! Muy duro vivir de manera mecánica y en
consecuencia de tal forma que no se escuchan los anhelos más hondos del corazón. Esa ausencia se
transforma en una gran Incapacidad para llegar al encuentro cálido, cordial y sincero. Quienes así viven
llegan a tener el corazón bloqueado.
- La interioridad articulada y por supuesto bien dirigida posibilita vivir el momento presente con densidad;
da la posibilidad para llegar a la transformación personal y a una acción comprometida con la realidad.
Como ya indicamos, el ruido disuelve la interioridad; la superficialidad la anula. Privada del silencio la
persona que cultiva la espiritualidad vive desde fuera y en la corteza de la misma. Toda la vida se va hacia
el exterior.
- Conectarse con el interior es descubrirse con capacidad para la transcendencia. La educación de la
interioridad moviliza para buscar y hallar una relación personal más plena; la que nos conecta con Dios.
Somos cóncavos más que soberbiamente convexos. Por tanto, capaces de plenitud. - Buen desafío es llegar
a tener pasión por la interioridad, la que habita Dios; llega a ser “el sagrario en el que nos encontramos
con Dios” (GS 17). . Lleva, también, a dar contenido humano. En la sociedad postmoderna se cuidan cada
vez más las apariencias y cada vez menos la vida interior; los valores son sustituidos por los intereses. Al
sexo se le llama amor, al placer felicidad, a la información cultura, al saludo vínculo entrañable… El ser
humano corre hoy el riesgo de caer en el tedio y perder hasta el gusto de vivir. La interioridad bien vivida
nos lo devuelve y nos da respuestas a los grandes interrogantes de la existencia. Juntando los dos aspectos
la interioridad como hecho nuclear consigue por una parte que Dios nos atraiga e inquiete y una
configuración del ser humano marcada por la coherencia y el sentido pleno y por grandes metas e ideales.
- La interioridad bien vivida consigue redimensionar la calidad de nuestra existencia para vivirla con
contención, serenidad, sin avidez, en actitud de receptividad, agradecimiento y ofrenda.
- La riqueza de la interioridad es clave para encontrar sentido al vivir y gustar una espiritualidad que
enriquece, porque la interioridad será el espacio en el que puedo experimentar qué es la libertad humana
y desde dónde puedo percibirme como un “yo” recibido por Alguien, como don de Alguien; aprendizaje
que posibilita que el sujeto se pueda entregar de forma íntegra, en cada acción, por pequeña que sea.
- Llegar a “lo más interior de sí mismo”, a la autoconciencia que nos llevará a la libertad, a la verdad y a
la belleza.
- Cultivar la interioridad de las personas es el mejor paso para dotar a las personas de entrañas, para
crecer en capacidad de compasión y descentramiento generoso; es hacerlas entrañables, de tal manera
que sean capaces de asumir respuestas y compromisos.

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- Quienes ahonden la realidad de su interioridad se sentirán motivados ante el desafío de formar a otras
personas en la capacidad de conectarse con la interioridad. Los llamados y vocacionados a vivir la
interioridad sentirán el desafío de cultivar su mundo interior alimentado a través del silencio, la escucha
activa, el conocimiento de su mundo de pensamientos, sentimientos y conciencia de su propio interior.
Comenzarán a manejar el arte de saber leer el lenguaje de su cuerpo, de meditar y contemplar, llegando
al culmen de la vida interior: la transcendencia. Así se prepara el terreno para que la propuesta cristiana
tenga raíz y profundidad y por supuesto, sea plenamente fecunda. Hay un fondo común que nos une y
que debemos aprovechar para crear sinergias que nos den mayor fuerza y dinamismo para operar
determinados cambios que sin duda son ya urgencias irreversibles y así se llega a crecer y comprometerse.
- La interioridad nos lleva más allá de donde estamos. No es un lugar para ni donde permanecer; nos lleva
a donde hay vida. Hay que asociarla a valores y acciones existenciales. Hallar y cultivar esos valores
permitirá crecer desde la interioridad. Justamente la espiritualidad viva no es como un estanque quieto
sino como un torrente impetuoso o una cascada que salta desde la roca. La interioridad no solo lleva a
darnos cuenta del tesoro interior sino a movilizarnos. Con la interioridad fácilmente conseguimos la
simpatía hacia la propuesta. Por ella pediremos continuidad después de haberla hecho el hilo conductor
de un retiro. La educación de la interioridad que lleve a agradecer y vivir humildemente el don de la
existencia es el indicador adecuado para saber si estamos evangelizando; es el ejercicio que descentra de
sí mismo para poner el centro en Dios.
- La interioridad está unida a la experiencia mística. Esta, a su vez, es el santa sanctorum de la interioridad
para un creyente y para cualquier espiritualidad. La auténtica experiencia mística se asienta en nuestra
interioridad y se da en ese nivel.
- Comunidad, historia, liberación, conflicto eran elementos siempre presentes en la más estricta intimidad
de Jesús con su Padre. Eran los puntos de su oración diaria. Su silencio estaba lleno de nombres y era al
mismo tiempo liberación plena. Para él como para nosotros la interioridad nos transforma y hace que
pasemos a ser agentes transformadores de la historia propia y de la de los demás.
No hay duda que para admirar las cosas, sentirlas en profundidad, llegar al corazón de las mismas es
indispensable la interioridad como actitud, como acción y como modo de proceder. A su vez, lo más
original y profundo de nosotros como seres espirituales se descubre desde nuestra identidad.
Dicho de una manera poética y con música de Luis Guitarra podemos resumir lo expresado de modos
diversos con estos versos llenos de fuerza y de inspiración:
“En lo profundo
No hay nada que no sea sorprendente,

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Y sin embargo,
Bajamos tan a poco y pocas veces.
Acomodamos el pulso
A la presión de la rutina.
Nos distanciamos del fondo
Y del origen de los días…
Y no bajamos, no bajamos, no bajamos.
Nos olvidamos del sentido de la vida,
Del propio barro
Y del propio atardecer
Y amontonamos un sinfín de tonterías,
Buscando en lo que creer…
Desdibujados
Detrás de multitud de vanidades…
Tristes, sin sueños,
Ajenos al amor… superficiales
…y no bajamos y no bajamos y no bajamos”.

Esta llamada a bajar a lo profundo de la existencia, a tocar la densidad de la vida y la fragilidad del propio
barro no es fácil de seguir pero es indispensable.

Todas estas motivaciones vienen de ámbitos distintos:


 Desde la realidad social: es necesario superar las prisas, el activismo, el utilitarismo,
sensacionalismos, banalidad, ruido y el hiperestímulo. Necesitamos más serenidad,
contemplación, profundidad, gusto ´por el misterio y el silencio.
 Desde el marco escolar: en el mundo educativo la interioridad hay que convertirla en una
competencia básica y transversal y que se traduce en capacidad de aprender, de iniciativa, de crear,
de emprender, de integrar, de atender, de encuentro con toda la vida que llevamos dentro, de
participar…
 Desde nuestra identidad espiritual y cristiana: es una competencia e inteligencia espiritual que nos
capacita para tener aspiraciones profundas e íntimas para anhelar una visión de la vida y de la

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realidad que integre, conecte, transcienda y de sentido a la existencia. Esta dimensión la queremos
destacar de una manera especial ya que es primordial para el cultivo de la interioridad y a su vez
la interioridad es decisiva para el crecimiento en espiritualidad.
 Desde el trabajo pastoral nos viene la motivación para que la interioridad sea como el humus de
toda persona que puede llegar a una vivencia de Dios auténtica y personalizada y a un encuentro
privilegiado con Jesús.
 Desde la dimensión ética. Desde dentro de nuestro corazón nos sentimos atraídos por la belleza y
la bondad y desde ahí aprendemos a discernir. Solo así nos adueñamos de nuestras intenciones y
vamos madurando éticamente.
 Desde el ámbito eclesial. Sin ninguna duda que la interioridad es un lenguaje entendible para todos
nosotros y de modo especial para los jóvenes y por tanto una posibilidad de evangelización
auténtica y nada postiza o forzada como pueden ser otras. Es una herramienta privilegiada de
trabajo personal y relacional.

Desde el ámbito espiritual: la espiritualidad es interioridad; precisa el aporte, el sentido y la fuerza de la


interioridad. Importante indicar lo que nos mueve internamente y cómo estamos formados

V. Texto y contexto de la interioridad

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El texto de la interioridad nos lo ofrece la antropología y para identificar el contexto tenemos que acudir
a la cultura y a la sociología. La primera nos da la más precisa descripción de la interioridad; la segunda
nos la coloca en el debido contexto de este momento y en este lugar.

- Contexto: Hoy se necesita una Cultura de la interioridad

Una cultura que recupere al hombre interior y su capacidad para reflexionar, discernir, amar y optar en
libertad desde lo más hondo del ser. Apostar por una cultura y un cultivo de la interioridad no puede
significar intimismo, ni solipsismo, ni marginación insolidaria. Vivimos tiempos líquidos, tanto la
sociedad y la cultura como los individuos. Para algunos esto está suponiendo una auténtica indignación y
también una real indefinición y falta de límites para nuestra fuerza vital.
Sin interioridad la cultura carece de entrañas; es como un cuerpo que no ha encontrado todavía su alma y
sin alma continúa. Sin interioridad se degenera todo lo humano; el hombre moderno puede llegar a poner
en peligro su misma integridad. La interioridad tiene que hacerse cultura y la cultura tiene que dar forma
a las muchas formas y expresiones culturales que nacen de la interioridad.
En esta cultura nuestra nos acercamos a nosotros mismos y a nuestro propio ser no a través de lo que
somos sino a través de nosotros como producto. No acertamos a reconocernos como la sede del ser.
También a los demás los necesitamos para sabernos mejor.
Otra dimensión que estamos llamados a prestar atención es nuestra exterioridad; somos seres del mundo
y para el mundo. Pero hay que conectarla bien con lo más profundo de nosotros mismos. La perspectiva
psicológica no basta; hay que llegar al nivel espiritual e incluso ontológico. Cuanta mayor lucidez
tengamos mayor será la capacidad para actuar en nuestro entorno. Incluso a Dios hay que descubrirlo a
través de nosotros mismos. Se trata de una revelación simultánea.
Esta cultura debe recuperar al hombre interior y su capacidad de reflexionar, discernir, amar, optar en
libertad personal y comprometida. Ello no significa para nada intimismo ni marginación insolidaria. La
interioridad es lo contrario de la dispersión y de un vivir de modo superficial. Para ello contribuye mucho
el reencuentro con dimensiones de la persona antes relegadas como el valor de lo afectivo y emocional,
de lo débil, lo pequeño, lo bello, lo religioso, la inteligencia del corazón, la búsqueda de la misma
interioridad, las ganas de saborear la vida y desde la perspectiva creyente la mayor personalización de la
fe. Todas estas dimensiones tienen que recuperar espacio y ambiente. Por lo demás no debemos olvidar
que estamos en un mundo que aún no sabemos bien cómo será.

- Texto: Hoy se necesita una antropología de la interioridad.

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La interioridad que buscamos y queremos cultivar se asienta en la relación consigo mismo y tendrá
siempre una triple referencia: ha de conducir hacia la alteridad con los otros, a la dimensión ecológica y
a la trascendencia. Dimensiones distinguibles pero inseparables. Desde la alteridad, deseamos una
interioridad que apunte a la justicia, la compasión, los vínculos y al amor. Desde la trascendencia
deseamos promover una interioridad que pretenderemos sea siempre habitada por los otros y por el Otro,
en el que están todos; que posibilite irlos viviendo, como íntimamente relacionados con el ser de las
personas, haciendo progresar en empatía, compasión y ternura hacia ellos, en definitiva, en fraternidad.
Apostamos por una interioridad que apunte y señale el Misterio y a los prójimos, que tenga que ver con
la ternura, obviamente, porque tiene que ver con el amor; inseparable de la justicia, de una justicia vivida
desde Dios que es amor misericordioso. Una interioridad llena de la sabiduría que se aprende en la madre
tierra y en todo lo creado y se transforma en amor a esa madre tierra y en una maravillosa relación
ecológica que nos acerca a la vida y nos lleva a multiplicar la vida.
Todo esto consigue que optemos por una antropología que bien sitúe y cultive la interioridad. Como seres
humanos que somos tenemos un cuerpo que es la expresión de la interioridad; en él se refugia y se asienta.
Somos alma; alma que nos anima y mueve; por eso vemos la interioridad como una tarea, un empeño, un
quehacer. Somos espíritu y por ello vemos esa misma interioridad como un don, un regalo, una gracia que
hemos recibido; tenemos que agradecerlo.
Con esta antropología concluiremos que la interioridad es una dimensión constitutiva de la persona
humana. No puede ser libre, feliz, comprometido y fiel el que no vive desde dentro; y es corporal, una
realidad síquica y espiritual.
También concluiremos que son indispensables unas relaciones constitutivas que cultiven la interioridad y
reafirmen la interioridad. La persona humana es un ser en relación; y de relaciones que terminan en
encuentros con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios. Por esas relaciones fluye y se
irradia nuestra vitalidad y se concentra en la interioridad. Como expresa Unamuno, es un decir y decirse
equivocado cuando comenzamos por decirnos: “Adelante” o “Arriba”; primero hay que invitarse a un
“Adentro”.

En esta antropología hay que prestar atención a los impactos visuales, auditivos y cognitivos que no pocas
veces terminan convirtiéndose en deformación y confusión. Se requiere contención y discernimiento para
ver lo que nos nutre y lo que nos intoxica y lo que multiplica la calidad de nuestra cotidianidad.

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Nos toca vivir desde las claves que rescaten nuestra cualidad humana profunda. Sabiendo que lo
verdaderamente humano es común a todas las épocas y está presente en todos los escenarios humanos
posibles.
La propuesta es de una antropología que bien sitúe y cultive la interioridad. Como seres humanos que
somos tenemos un cuerpo que es la expresión de la interioridad; en él se refugia y se asienta. Somos alma,
alma que nos anima y mueve; por eso vemos la interioridad como una tarea, un empeño, un quehacer.
Somos espíritu y por ello vemos esa misma interioridad como un don, un regalo, una gracia que hemos
recibido; tenemos que agradecerlo. Integrar las tres dimensiones es llegar a una visión integral del ser
humano que nos lleva a la calidad más alta de la persona humana.
Esta antropología lleva a concluir, una vez más, que la interioridad es una dimensión constitutiva de la
persona humana. No puede ser libre, feliz, comprometido y fiel el que no vive desde dentro y vive todo
eso desde dentro; ya que además de corporal somos una realidad síquica y espiritual.

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VI. DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DE INTERIORIDAD HABLAMOS Y CÓMO LO
HACEMOS

Desde las ciencias humanas y desde la experiencia vital de muchas personas nos llegan definiciones y
descripciones diversas de la interioridad.

1. Comenzaremos por presentar estas definiciones de un modo muy directo y sencillo.

* Es la capacidad de ensanchar y enriquecer la propia intimidad y desde ahí descubrir los profundos
significados de la realidad.
* Es una puerta abierta a la transcendencia. Nos sitúa ante el misterio.
* No es una cualidad del ser humano que podemos tener o no tener sino que es una dimensión constitutiva
de toda persona sea o no creyente.
* Es lo contrario a la superficialidad o la banalidad; lo más profundo es la interioridad hecha plenamente
vida.
* Incluye la idea de riesgo.
* Hace nacer el gran deseo de construir una vida con sentido profundo uniendo ideas, valores, actitudes,
creencias y modos de actuar e integrando todo ello y orientándolo el vivir pleno.
* Está relacionada con la búsqueda de identidad; pone en estado de ánimo para llegar a clarificar la propia
identidad.
* Llega y lleva al centro de nuestro yo.
* Conlleva en sí misma la idea de algo no visible, recóndito, difícil de alcanzar y si no ajeno a lo corporal
al menos alejado y en cierto modo contrapuesto.
* Supone una capacidad espiritual de la persona que permite lanzarse al silencio, al misterio; a un aterrizar
en el mundo interior. De por sí nos hace poner la atención en la dimensión interior de la persona.
* Es el experimentar algún crecimiento personal o grupal.
* Consiste en aquello que lleva y llega a encuentros que nos implican vitalmente.
* Es un trabajar con las sensaciones que son expresiones de un aliento de vida que viene de la interioridad.
* Es lo que hace que jamás se apague la llama que llevamos dentro.

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* Está en el origen de los encuentros que forman parte del plan perfecto para el óptimo desarrollo y
evolución del ser humano. Están elegidos previamente por cada uno de nosotros.
* Es ayudar al otro a encontrar lo que necesita. El hombre tiene que sentir el pensar de la mujer y la mujer
tiene que pensar el sentir del hombre

2. Para llegar a “tocar” y “sentir” la interioridad usamos:


* Respiración
* Relajación, relax en medio del ajetreo; el descanso
* Contemplación a través de los sentidos
* Meditación
* Debes aprender, /dice la canción, /que antes de juzgar/ tienes que llegar/ hasta el corazón… Cierto como
el sol, /que nos da calor/ no hay mayor verdad: / la belleza está/ en el interior.
* Toma de conciencia del movimiento,
* Un simple gesto como el lavarse las manos me puede ayudar a interiorizar sensaciones, emociones,
recuerdos…
* Nos deja teniendo un nuevo ánimo
* Es el conjunto de recursos educativos que usamos para llegar a la Educación de la Interioridad:
pensamiento creativo, expresión simbólica, conciencia corporal, armonización emocional y crecimiento
espiritual; recitación y escenificación de cuentos.
* La belleza: Cierto como el sol, que nos da calor, no hay mayor verdad: la belleza esté en el interior.
* La educación es una actividad lenta. Sobre todo la educación que transforma el conocimiento en
sabiduría
* La adquisición de valores alternativos donde el “ser” no quede eclipsado por el “hacer” , el “aparentar”
o el “tener”.
* Un silencio que nos lleve un poco más allá y a partir de él abordamos la oración y todo el proceso
espiritual. Tiene una importancia grande para llegar a “sentir” y “consentir” la interioridad.
El silencio es un tesoro y un milagro.
- El silencio es algo más, infinitamente más que estar callados o habitar un lugar o espacio donde
no hay ruidos ni sonidos.
- El silencio existe. Es una melodía infinita, eterna y amorosa, una música sin notas, porque las
contiene todas.

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- El silencio es, existe, aquí y ahora, donde estás tú y donde estoy yo, en el centro de cada cosa, de
cada persona y de cada criatura.
- Solo la experiencia del silencio interior nos abrirá las puertas a la paz, la quietud y la armonía de
todo nuestro ser en comunión con Dios y con toda la creación. “El silencio es la melodía de Dios”
(M. J. Fernández).
- Es todo un arte el saber silenciarse, escuchar y comunicarse. No hay escucha buena sin capacidad
de silencio. Para bien comunicarse no puede faltar el silencio y la escucha. Sin ninguna duda que
el silencio es medio indispensable para poder encontrarse y llevar una vida marcada por la
profundidad y la fecundidad.
- Se guarda silencio para escuchar al otro. “Calla y escucha Israel” (Dt 27,9); para dejarle ser y para
no imponernos sobre los demás; para llegar al encuentro: “En una noche oscura, con ansia de
amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada” (San
Juan de la Cruz). Por supuesto que el silencio se convierte en pórtico de meditación, de saboreo
de la Palabra (Lc 2,19) y por él se llega al estremecimiento de la adoración: “La llevaré al desierto
y le hablaré al corazón” (Os 2,16).
- El silencio de la mente es muy necesario pero no lo es menos el afectivo. Implica de alguna forma
el silencio del ser, el silencio de la vida y de la conciencia. No se logra si uno no se reconcilia
interiormente, si no se sabe perdonado y si no sabe perdonarse. El silencio del corazón ayuda a
superar el combate de los afectos y a no quedar roto por dentro por ansiedad.

3. Relato de la interioridad

Necesitamos relatos para despertar, para llegar al fondo de las grandes opciones y realidades y para bien
comunicarlas y definirlas; cada vez los necesitamos más. Son muchas las personas que proponen grandes
teorías o largos discursos sobre los temas más diversos; pocos, en cambio, quienes saben contar una buena
historia en la que se refleje la realidad y esa historia de con la clave y el contenido profundo. Nos hacen mucha
más falta narradores que pensadores o ensayistas que exponen con claridad sus mensajes pero sin ganarse la
atención y la adhesión profunda. Esa necesidad la tenemos en relación con la interioridad y el evangelio.
Acertar a relatarlos adecuadamente es decisivo.
.
Los relatos para despertar y bien decir constituyeron el centro de la predicación de Jesús, quien elaboró muchos
con admirable creatividad y no menos admirable habilidad pedagógica. Jesús hablaba de Dios y de la

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interioridad en parábolas porque no encontró un modo mejor para hacer expresivo aquello con lo que él
vibraba. Nos ofreció –aunque muchos siguen sin saberlo– algo así como un mapa con el que adentrarnos en
nuestra conciencia, en nuestra interioridad y decirnos lo que en ella se encuentra. Si frecuentamos nuestra
consciencia y nuestra interioridad encontraremos que allí hay una viña y unos jornaleros, un sembrador, rocas,
zarzas, caminos...;
Allí se celebra un banquete de bodas en el que tú eres el novio o la novia; allí hay hijos pródigos que lo
malgastan todo, pobres diablos, abandonados en la calle, samaritanos misericordiosos, vírgenes insensatas,
constructores sobre roca, bienaventurados, discípulos y también fariseos... Todo, absolutamente todo, lo
tenemos dentro, y Jesús ha venido para recordárnoslo y evidenciárnoslo.

Claro que el mapa no es el territorio; pero, si tan hermoso es el mapa, ¿cómo será el territorio si nos atrevemos
a explorarlo? Necesitamos con urgencia que nos hable nuestra interioridad y sin ninguna duda nos hablará
del Reino y de la consciencia del mismo. Si no oímos hablar de ello, tal vez nunca nos demos cuenta de que
esa es nuestra identidad más profunda. Alguien nos tiene que contar qué nos pasa por dentro y así poderlo
relatar nosotros a los demás. De lo contrario, es probable que permanezcamos siempre fuera, en la superficie,
en lo exterior, ignorantes del tesoro que tenemos dentro. Necesitamos que nos cuenten historias como vemos
que se hace en el Evangelio para comprender la historia que somos y que comienza con lo más íntimo de
nosotros mismos cuando acertamos a convertirlo en un hermoso relato.

Las parábolas invitan a entender este mundo como parábola del otro mundo, del de la intimidad. Todo lo que
se ve, apunta a lo que no se ve. Pero no es que la realidad sea compleja, sino que es poliédrica y con infinidad
de matices y colores. Esto es lo que la parábola resalta. Y lo hace velando y desvelando a un tiempo: revelando
mucho del misterio; y, a la vez, mostrando lo misterioso que es. Por eso, las parábolas no sacian la mente, sino
que la estimulan. No conducen a pensar, sino a ver la realidad, a tomar conciencia de lo que pasa en nuestro
interior, en nuestra interioridad.

Hoy, por desgracia, hay pocos relatos para despertar porque hay poco amor que en el fondo es el adecuado
comienzo de todo relato auténtico. Es el amor a las personas lo que da la visión de lo que necesitan. En la
visión de la penuria existencial de sus oyentes, Jesús veía el relato que sus almas necesitaban para despertar.
No pueden crearse historias que sirvan para el alma sin amor a los semejantes.

Más que hablar del Reino, las parábolas lo crean, lo abren, lo adelantan, permiten que se reconozca y hacen
ver cuál es su situación vital a quien las lee o las escucha, casi siempre lejos de lo divino, lejos de la consciencia,
lejos de sí mismo. Es así como las parábolas nos colocan en un precipicio por el que podemos caer, sí, pero

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también en el que aprendemos a soltarnos y a volar. Las parábolas son siempre tajantes, desconcertantes,
sencillas, radicales... porque Dios mismo es así. Si no estamos dispuestos a movernos con la parábola, la
parábola, ciertamente, no nos moverá y ni nos llevará muy lejos. Nos exige colaboración y participación,
implicarnos en el juego. No puedes despertar si de verdad no queremos hacerlo y eso aunque el relato sea
apasionante. ¿Quieres tú? ¿De qué fuentes bebes para despertar? El relato de la interioridad ¿te alucina y te
llena de vida?

En educación se ha trabajado mucho también con las narraciones de cuentos para educar la interioridad. Se las
ha considerado como una puerta abierta a la interioridad y como una posibilidad para trabajar la interioridad.
Es, sin duda, una aportación más al poliédrico perfil de la educación de la interioridad. Por lo demás, los
cuentos nos han acompañado desde nuestro origen: nacemos y crecemos con cuentos.

También con dichos que nos interpelan y nos llevan a un proceder distinto en el tema que nos ocupa: “si un
huevo se rompe desde afuera la vida termina. Si se rompe desde adentro, la vida comienza. Las grandes cosas,
los grandes emprendimientos siempre comienza desde el interior” o “Tan sólo quien se empapa conoce la
experiencia de la lluvia”... Por supuesto no el que solo ve u oye llover.

4. “Flases” para profundizar en la comprensión y vivencia de la interioridad

Vivimos nuestra interioridad, la identificamos y compartimos esa experiencia personal con imágenes y
experiencias vivas. Para bien hacerlo voy a usar 22 “flases”. El flas permite iluminar lo que está oscuro y
así hacer que de ello llegue a salir una buena fotografía y tener una rica visión. Nos deja con una impresión
fuerte y sorprendente.
Esa palabra, interioridad, la voy a interrelacionar repetidamente con tres palabras. Una de ellas casi es
sinónimo de “interioridad”, es una auténtico “flas” y es la primera del trío; las otras dos las encontramos
iluminadas en el proceso que nos lleva a enriquecer el sentido profundo de la misma presentando aspectos
diversos de la interioridad; está es densidad plena de centro, de vida, de luz… y a ella llegamos poco a
poco, con varios pasos previos que nos permiten hacer el buen camino:

1. Donde está: ella nos ubica muy bien; está en el interior, adentro. La interioridad está adentro

- Dentro: interior
- Entre
- Fuera-exterior
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2. En qué parte se encuentra

- En el centro
- En medio
- En los ángulos

3. Actividad: en ese lugar, en la plena interioridad hay vida que brota, mueve y multiplica y se
llama:

- Escuchar
- Mirar
- Hablar

4. Imágenes: las más acertadas para expresarnos las varias dimensiones de la interioridad son:

- Fuente: mana, origina, produce y entrega, da… Pero no se agota, no se consume; sigue dando.
- Canal: da, es de paso, transporta pero no origina, ni produce y ni crea; solo sirve de puente
- Vaso: retiene y no da, guarda y conserva

5. Proceso. En el proceso vital la interioridad se asemeja con la raíz o la semilla. De ellas brota la
vida.

- Raíz-semilla
- Tronco
- Ramas con Flor y fruto

6. Dimensiones. De estas tres dimensiones de nuestra vida como seres humanos la interioridad se
identifica con la fecundidad que produce felicidad y exige fidelidad.

- Fecundidad
- Felicidad

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- Fidelidad

7. Expresión y comunicación. Una acertada expresión o modo de expresar la interioridad es el canto.


En ese punto se junta la letra y la música.

- Canto: En él nos aparece claro que hemos puesta música a la letra y letra a la música.
- música
- Letra

8. Tareas. Como hemos indicado varias veces la interioridad nos lleva a la identidad de las personas.

- Identificar: Nos da identidad y una identidad que nos corresponde cultivar, contagiar y para
nada perder.
- Cultivar
- Contagiar

9. Frutos. De los que produce la interioridad el primer es la paz, a la que nos lleva con mucha
espontaneidad.

- Paz que es la condición para todo.


- Alegría
- Esperanza

10. Tiempos. La interioridad es realidad presente pero al hablar así no nos referimos a un presentismo
cerrado. Es un presente abierto al pasado y un presente que tiene futuro.

- Presente y ese presente tenemos que vivirlo con pasión y con intensidad; una intensidad que
nos viene de haber vivido un pasado agradecidamente y estar decido a vivir un futuro con
esperanza.
- Futuro esperanza
- Pasado agradecimiento

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11. Implica un sujeto que es primer persona y es plural. La interioridad no se vive aisladamente.

- Nosotros: junta y reúne y nos lleva a hablar de un nosotros y a implicarnos como tales
- Tú
- Yo

12. Valores vividos en contexto de celebración eclesial. La toma de conciencia de la interioridad nos
lleva a lo más sublime y maravilloso y nos deja sumergidos en la alabanza

- Alabanza
- Perdón
- Agradecimiento

13. Definición en relación con los demás y con lo demás la autonomía nos lleva vincularnos o
comunionarnos. Es vínculo y se convierte espontáneamente con el vínculo.

- Vínculo
- Interdependencia
- Autonomía

14. Tiempo. La interioridad nos deja en el ahora y eso es.

- ahora
- antes
- después

15. Proceso. Los procesos productivos tienen sus tiempos y sus momentos. El de la interioridad
corresponde al fruto recogido por el esfuerzo realizado para llegar al final para poder tener el producto en
las manos.
- La cosecha
- Lo sembrado

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- Lo arado

16. Intensidad. De una u otra forma la interioridad se relaciona con el amor y del amor nace y es
expresión del amor.

- Amor
- Indiferencia
- Odio/rechazo

17. Visión integral de la compañía. La integridad está detrás y delante pero nace del compañero que
permite estar a lado discreta y eficientemente.

- Camina a mi lado, nos dice la interioridad, el aliento vital y seré tu compañero: la interioridad
no me coloca delante o detrás del otro; me sitúa a lado.
- No camines delante de mí ya que no puedo seguirte
- No camines detrás ya que no puedo ser tu guía

18. Lo complementario: todo se complementa e integra y se hace original. La interioridad no es


fotocopia; es original.

- lo original: complementario
- lo distinto
- lo excluyente

19. Movilizarme hacia la divinización en profunda humanidad

- Espíritu: La espiritualidad integra lo divino que se hace humano y lo humano que se hace divino.
Esa integración se transforma en potenciación.
- divinización
- humanización

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20. Don y tarea

- Don, llamada y vocación. Todas las personas estamos llamados a vivir la interioridad y de la
interioridad pero les hay para quienes esa llamada es muy importante y en el fondo es lo que les da
originalidad.
- Forma de vida.
- Tarea: trabajo, ocupación

21. Visión integral del ser humano

- Profundidad
- Espiritualidad
- Corporalidad

22. Lograr alternativa. Es la reacción primera. La interioridad nos deja mirando hacia adelante y con
propuesta.

- Proposición -> Es el por dónde y el hacia dónde hay que ir y fruto de una respuesta a la interrogación y
de la admiración surgida.
- Admiración ¡!
- Interrogación ¿?

No hay duda que interpretamos la Sagrada Escritura desde nuestra vida; y nuestra vida desde la
interioridad. Por lo mismo, la escritura, la Palabra resume todo, pero nuestra vida también recoge todo y
queda puesto en evidencia en la manera que tomamos conciencia de nuestra interioridad. A esa
interioridad le damos nombres diversos: desde dentro y centro, escuchar y fuente, raíz/semilla y
fecundidad, canto e identificar, paz y presente, nosotros y agradecimiento, vínculo y ahora, cosecha y
amor, compañero y original y espíritu y don y profundidad y proposición. Estas palabras, este vocabulario
es diverso; en él hay adjetivos y nombres, verbos y sustantivos y se precisa poner atención para ver cómo
todas ellas son, en cierto modo, sinónimas de interioridad.

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VII. Formación en la interioridad

Necesitamos escuelas de la interioridad que sean lugares que promuevan y acompañen a los niños y
jóvenes y a mujeres y hombres mayores en el encuentro de la propia persona y de unas personas con otras
personas de cualquier edad o forma de vida. Encontrarse es todo y solo se da en profundidad desde y en
la interioridad. Educar a la interioridad es una parte importante de todo proyecto educativo.
También necesitamos Centros de espiritualidad que privilegien la formación de la interioridad en todas
muchas y variadas actividades que se llevan a cabo en dichos lugares a donde acuden personas que dan
mucha importancia el progreso espiritual.

* Plan de formación para la interioridad


- Formadores: Asesores, mistagogos, educadores. Para crecer en la interioridad es importante el aporte
del acompañamiento de buenos mistagogos: Ellos llevan a poner la atención en lo profundo, a creer a los
que han experimentado aquello de lo que hablan; a los que nos ofrecen propuestas integrales; hacen de la
atención a lo interior un hábito del corazón; un acompañamiento que lleva a encender procesos; a ser
plenamente realizados; a ser presencia misteriosa que acaricia y acompaña y nos llena de pasión para
emprender y vivir esa aventura.
- Esos formadores de los dedicados a educar en la interioridad precisan de un determinado perfil
- Pastoral: por todo lo que hemos ido diciendo en esta reflexión queda claro que este servicio tiene
una dimensión pastoral.
- Orientación: Servicio que está orientado a dar una orientación y por tanto el formador de los
educadores o maestros espirituales dedicados a este campo tienen que estar bien vocacionados.
- Con capacidad de innovación, animación y de dirección
- Con una estructura de apoyo en la vida personal, familiar y profesional. Que sea bien completa e
integral.
- Con buen ánimo para dar y para recibir.

No puede faltar la integración del mundo interior con la vida cotidiana, el enriquecimiento personal de
vivirlo de manera incorporada y sin exclusivismos y alcanzar así los ámbitos de la vida personal, de la
experiencia social y familiar y también de la profesión que no solo tiene que ser docente.

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“A nadie le exijas nada
A cada cual deja su ser
Ninguna hermandad santa
Te ha escogido de juez.
Haz en silencio tu trabajo
Y da a los demás
Tan solo de tu paz.
No dependa tu causa de ninguno
Ni de nada en este mundo”.

No hay duda que en esta tarea formativa sobre todo se necesitan acompañantes; personas que hablan desde
su experiencia personal y que la saben transmitir. No se trata solo de preparar material y de dar cursos y
normas. Se precisan iniciadores auténticos que desde su sencillez y humildad se ponen a lado como
compañeros de camino y hasta el final, iluminando e inspirando con sencillez, y para nada intentando
deslumbrar. Por el contrario se trata de disfrutar juntos de la paz, de la alegría y del mutuo amor que de
ello se deriva. Es un camino apasionante.

-Objetivo de la formación:
 La meta de esa formación tanto educativa como espiritual de los mismos formadores es vivir con
interioridad y superando la superficialidad
 Entrar en el misterio y riqueza de nuestro mundo interior. Reconocer ese mundo interior un rol
esencial para la vida personal, dado que la voluntad de Dios se va manifestando en ese gemido
interno que nos habla San Pablo en la Carta a los Romanos, el que clama tanto en las propias
acciones, como en las percepciones, emociones e ideas.
 Este gemido y este reclamo de interioridad vienen del campo:
- de los centros de la educación y de la urgencia de trabajar la dimensión interior de la persona. Eso
es la EI. Lo más noble y necesario es educar en una interioridad que le proporcione a cada cual la
clave para su propia profundidad. Se trata de dar las llaves a cada formador cuando se les inicia en
esa tarea para que se manifieste en su propia esencia y encuentre a quien se manifiesta dando a

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cada uno la capacidad para existir y establecer con él un contacto y acompañamiento que le va a
hacer mucho bien.
- de la familia donde el contexto más emotivo y afectivo también necesita especial atención. Aquí
toca iniciar sobre todo a los padres y prestando especial atención a esa dimensión de la interioridad
vivida sobre todo entre cuatro paredes.
- de la espiritualidad donde se pide una capacidad grande para formar a los formadores para recorrer
la vía del Espíritu. Los formadores que inician en este campo necesitan experiencia, ciencia y
mucha dedicación. Los centros de espiritualidad son lugares donde se trabaja para multiplicar los
hombres y mujeres iniciados en la vivencia de la Interioridad espiritual (IE).
- de la antropología que nos recuerda que las personas no estamos huecas y que por supuesto no
somos líquidas y por tanto hay que educar a todos los que se van a dedicar a iniciar en la vivencia
de la espiritualidad con mucha seriedad.
- del análisis cultural llegan interpelaciones para bien proceder en el contexto cultural en el que se
está sentado y para aprovechar las tendencias culturales positivas para la iniciación en la
interioridad. El formador de maestros o hombres y mujeres dispuestos a dar lo más y mejor de sí
tiene por delante un gran desafío.

- Objetivos más específicos de la formación de la interioridad en centros de espiritualidad y


con maestros y maestras de espiritualidad

Es importante explicitar estos objetivos para tomar conciencia de todas las posibilidades que grupos y
lugares así encierran para la formación de la interioridad de las personas que se les acercan para pedir
orientación. Enumeramos:
 Formar para ser capaces de integrar el silencio en nuestras vidas para que puedan abrirse a la
alteridad y a la transcendencia.
 Cultivar la inteligencia espiritual
 Llevar a ser conscientes de nosotros mismos
 Cultivar la dimensión emocional de una manera integrada con el resto de las dimensiones de
las personas.
 Aprender a tomar distancia de los pensamientos y sentimientos de forma que se gane en
libertad.
 Ganar en dimensión simbólica
 Aprender a encontrarse con la riqueza interior de cada uno.
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 Desarrollar la mirada contemplativa.
 Enseñar a hacer opciones por una ética muy madura.
 Iniciar en la lectura de la realidad desde una perspectiva más amplia que lo anecdótico.
 Cultivar la integridad que lleva al compromiso.
 Posibilitar el encuentro con el misterio personal y con el Ministerio.
 Conocer desde dentro y desde la situación personal concreta al Dios de Jesús de Nazaret.

- Prácticas, procesos y nutrientes de la interioridad que los grandes maestros de la


Interioridad deben conocer y ofrecer a los que se inician para educar en ese aspecto decisivo
de nuestras personas

 La educación de los sentidos

El camino hacia la interioridad está marcado por el vacío y la renuncia; el placer nos paraliza en el camino
hacia la interioridad. Para mejorar hay que educar el modo de ejercitar los sentidos. La estética se puede
convertir en una escuela de los sentidos. Así se va más allá de la epidermis de las cosas. Es muy distinto
la sensitividad y la sensualidad; ésta nos hace dependientes de la avidez de la mirada, el oído, el gusto…
Sensitividad es el resultado de la finura de las puertas de la percepción. Para los jóvenes de hoy y en
realidad para todos, la experiencia estética puede ser previa al despertar ético y religioso y favorecer la
interioridad. Están muy necesitados de la educación de los sentidos.
 Preservar tiempos y espacios sagrados

Para la práctica de la interioridad se precisa proteger los espacios y tiempos serenos y prolongados. Antes
el ritmo de la interioridad estaba protegido por el marco religioso. Ahora sí que hay centros, y los más
diversos, que ofrecen contexto y propuestas y actividades concretas para avanzar en la práctica interior.
Es importante crear los hábitos diarios de silenciamiento y también las prácticas religiosas que inviten al
recogimiento y la entrada en la interioridad. Estos son como vientres mistagógicos para renacer a planos
de la existencia más hondos. Se tienen que convertir en expresiones concretas y organizadas en relación
con los lugares y los tiempos.
 Métodos de silenciamiento

No es fácil llegar al silencio que regenera. La dificultad no está en el qué sino en el cómo para conseguir
ese punto interior de silencio en el que gustamos el ser y nos convertimos en los mayores receptáculos del
mismo ser.

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 La respiración

En varias tradiciones el primer paso consiste en tomar conciencia del acto primordial y continuo de nuestra
vida que es el respirar. En él se da el doble ritmo de nuestra existencia: acoger (inspirar) y entregar
(expirar). Mediante este flujo y reflujo de la vida se empieza a abrir una nueva dimensión a nuestra propia
corporeidad. Se pasa del pensar al percibir y del percibir al sentir. Al inspirar recibimos; al contener el
aire asumimos y hacemos nuestro lo que hemos recibido. Así descubrimos la profundidad de cada instante
y acogemos, recibimos y entregamos y compartimos.
 Movimientos corporales

Sobre todo Oriente nos ha ofrecido varias prácticas posibles y algunas muy experimentadas: el arte del
tiro al arco es un buen vehículo para y hacia la interioridad. El obstáculo para alcanzar la diana era el ego;
es un gesto tenso y conquistador. El mero hecho de caminar, de servir una taza de café, de cuidar un jardín,
también nos llevan a tomar conciencia de lo que hacemos y de ahí saltamos a lo que somos y
experimentamos interioridad.
 Música y mantras

Otro camino es el sonido. Hay un ritmo fundamental en las cosas que cuando es percibido nos calma. Una
pena que en nuestra cultura la mucha agitación viene de la distorsión de las vibraciones y ritmos
primordiales. El sonido humano por excelencia es la palabra. Cuando junto a una melodía se junta una
letra su repetición resulta ser de una asombrosa y potente eficacia; nos silencia, nos armoniza, nos
sintoniza. A veces esas frases cantadas, cortas y repetitivas se van adentrando en otros dominios de nuestro
ser.
 Las imágenes

Para las personas plásticas e imaginativas el trabajo sobre las imágenes puede ser de gran ayuda. La
energía que sigue a una contemplación atenta y silenciosa de la imagen es muy grande. Las hay internas
y externas. Las internas surgen mediante unas pautas de relación a partir de lo cual el imaginario del
propio subconsciente es estimulado y activado. Así se entra en contacto con uno mismo y se puede llegar
a la admiración.
Las externas pueden ser tomadas de varios medios: la contemplación de la naturaleza, los iconos. Estos
vienen de la Iglesia ortodoxa y han sido pintados en ambiente de oración y de ayuno. Los mandalas han
llegado del budismo y son un estupendo recurso para un viaje hacia la interioridad. Cada círculo es un
viaje desde la periferia al centro; los power point también pueden ser un medio para valerse más y mejor
de las imágenes. En ellos se junta la imagen y la idea y mutuamente se potencian.
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 El recurso a los textos sagrados

Hay textos inspirados y que tienen una especial fuerza y significación. Hay que saberlos leer. Se tiene que
tratar de evitar la confusión y el sincretismo. El acierto está en descubrir el patrimonio espiritual de la
humanidad más allá del contenido concreto de las creencias particulares y aprender a descodificarlas como
pautas universales del camino interior. Esos textos suelen ser breves y de lenguaje provocativo.
 Capacidad de ritualización

No hay duda que cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de
interiorización nuestra vida se transforma. Normalmente nuestras jornadas están vertebradas y en ellas
hay un hilo conductor que integra sus tiempos y espacios. Importante ritualizar bien la jornada que es lo
opuesto a la mecanización de la misma. En ese buen ritual toda la persona y sus diversas dimensiones
tienen que quedar unificadas. Cosa tan simple como limpiarme la boca puede vivirse para disponer mi
boca para que produzca palabras que no maldigan sino que bendigan. Así todo adquiere una significación
más profunda si tomamos conciencia de ello y lo convertimos en ofrenda y en ocasión de comunión con
la totalidad. Así, no lo dudemos, se crece mucho y bien en la vivencia de la interioridad.
 Seguir las huellas de los grandes maestros espirituales; de quienes vivieron más profundamente
la amistad con Jesús y se adentraron en el conocimiento de sí mismos, de su interioridad y de
Dios.

Esto merecería ser tratado aparte. Pero me contentaré con algunas sencillas sugerencias. La lectura de
estos y de estas maestras requiere tiempo, sosiego, interiorización, y una cierta sintonía espiritual que nos
abra a su comprensión profunda. Hay que saber que sus vidas y sus escritos nos llevan a una intimidad
cada vez más profunda de lo que ellos mismos fueron capaces de expresar y nosotros de percibir. La
fecundidad espiritual que con esta cercanía podemos lograr nos debe conducir a tomar conciencia que
todo esto requiere tiempo, respeto, escucha, interés, gratuidad, asimilación y comprensión.
Todo ello encaminado a hacer un proceso de crecimiento y de maduración que nos llevará a poder
exclamar con San Agustín que Dios y su presencia fundante y originante de todas las realidades es “más
íntimo que mi propia intimidad y más alto que lo más alto de mi ser” (Confesiones III, 6,11). A la larga
uno se da cuenta que Jesús no pide grandes hazañas sino únicamente abandono y gratitud. No hay duda
que todos estos grandes maestros nos han dejado huellas donde poner nuestros pies y encontrar caliente
la arena de nuestra playa que nos remite a otras pisadas: a las del único Maestro al que queremos seguir.

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Esta apuesta nos lleva a una formación integral y a un cultivo de lo más central de cada persona. “Hijo
mío, mira, por encima de todo cuida tu corazón porque en él están las fuentes de la vida” (Prov. 4,23).
Cultivar el corazón es encontrarse con los mejores frutos de la vida que está esperando ávida fecundidad.
Por supuesto que el primero y mejor maestro interior de esta formación es Jesús. A él tenemos que
escuchar y ciertos de que nos conduce al misterio insondable del Padre a partir del silencio interior o de
la interioridad silenciosa; del silencio del corazón: “Si Jesús ha de hablar al alma ella tiene que estar a
solas y ha de callar si quiere escuchar a Jesús. Si lo hace entonces Jesús entra y comienza a hablar”
(Maestro Eckhart). Es bueno reconocer que Dios, que Jesús es más interior a mí que lo más íntimo mío
(San Agustín).
Solo ese maestro interior, Jesús, nos saca de la mediocridad espiritual y nos lleva a “sentir y gustar las
cosas internamente” (San Ignacio de Loyola). Así llegamos a una nueva relación con Dios, a un silencio
curador de nuestra persona, a un silencio que hace que poco a poco vaya creciendo nuestra libertad interior
y comenzamos a abrirnos a una comunicación más profunda con Dios, con nosotros mismos y con los
demás; a un silencio que me lleva a escuchar al hermano que sufre que nos lleva a aumentar nuestra
capacidad de dar y a recibir y de amar y ser amados.

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VIII. El gran desafío que tienen por delante los centros educativos y los lugares y
centros de Espiritualidad (Centro de Espiritualidad Ignaciana): Llevar a una
interioridad gozosa, fecunda, lúcida y transformadora

Una tal interioridad tiene que estar anclada, como ya hemos dicho, en una profunda e integradora visión
antropológica del ser humano. Cuando así ocurre se apuesta por unos valores que desafían el relativismo,
el materialismo, la frivolidad y el individualismo que imperan en el mundo actual.
Hay personas que nos dejan huella con su trato, su forma de ser, su afecto, sus palabras, sus acciones, su
forma de ver la realidad; en una palabra, con su vida. Así nos abren a posibilidades de crecimiento que
antes desconocíamos. Al ir madurando el tiempo no borra nuestros recuerdos sino que simplemente los
destaca. El viento se lleva la borrasca pero aquello que de verdad resulta importante y consistente se
mantiene. De entre los recuerdos que conservo de cuando andaba por los 50 está una palabra un tanto
extraña y misteriosa entonces y ahora y central en nuestra reflexión: “interioridad”. Con el correr del
tiempo he podido descubrir que en ella se escondía como primicia un maravilloso universo de
posibilidades para explorar y aplicar a mi propia vida. La presentó en una prolongada conferencia Juan
Martín Velasco, un gran profesor y conferencista o mejor dicho, un estupendo maestro, un educador y un
hombre espiritual. Con ella me marcó con este gran mensaje, que ha perdurado hasta hoy día:
“Muchas de las ofertas actuales para el descubrimiento de la interioridad la reducen a un nivel psíquico,
la confunden con la mismidad del sujeto, la oponen a la exterioridad y a la alteridad como incompatibles
con ella y presentan el camino para su realización bajo la forma de la autosatisfacción del sentimiento
de sentirse bien en su propia piel del ensimismamiento, el ejercicio de la dilatación de la conciencia y la
consecución de una felicidad identificada con el logro de estados de ánimo placenteros. De ahí que no
pocas de esas invitaciones a la interioridad se agoten en la propuesta de métodos, casi siempre orientales,
para la mejora de la atención y el logro de la relajación y la concentración. NO me parece injusto añadir
que bastantes de esas búsquedas de la interioridad terminan en el aislamiento del sujeto” (Juan M.
Velasco).
De esos hombres y mujeres que han sabido juntar en sus palabras y en sus testimonios de vida interioridad
y espiritualidad quiero hablar un poco más y por supuesto de la doble realidad: la educación y la
espiritualidad con escuelas de interioridad.
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 Educación

Todas las aulas de un colegio tienen que ser “aulas de la interioridad”; todos los tiempos tienen que ser
propicios para ayudar a crecer en la dimensión interior de los alumnos y los profesores; todos los
educadores son hábiles para conseguir que algo interior del alumno emerja y se desarrolle. La educación
de la interioridad no debe ser una tarea al margen del currículo ni una actividad excepcional que se realice
en un tiempo y en un lugar específico.
Es importante que se identifique a cada alumno con alguien en el que entran en juego sentimientos y
sensaciones; que toma conciencia de sí mismo y de los demás, que intuya y que sueñe, que viva estados
de ánimo y que sea movido por emociones cuyo cuerpo condiciona su misma atención y vivencia de lo
que pasa o puede pasar en el aula en que se encuentra.
Todas las materias permiten que además de los objetivos del curso nos planteemos tener en cuenta y
facilitar el despliegue del mundo interior. Deben ayudar a los alumnos para que sientan y consideren lo
que se da en su espacio interior. Se trata con ellas de que lo interior se cuide.
Para todo ello la vivencia personal del docente es clave. En ella no puede faltar el silencio, la palabra, el
cuerpo, la estética, lo relacional, lo científico, lo sapiencial, el entorno natural, el espacio, el tiempo… En
cierto sentido el crecimiento interior de los alumnos depende del crecimiento interior del educador. Para
él y para ellos tienen que contar mucho los planteamientos pedagógicos pero sobre todo llevar a repasar
lo vivido, a recordar, a agradecer la realidad del mundo y de la actividad interior. Por supuesto en todo
esto cuenta mucho la creatividad y la formación de los docentes. Ambas realidades llevan al educador a
concluir que importa que él descubra para que descubran y que viva para que vivan. Así irradiarán lo que
son y lo que encuentran en ellos. Por lo mismo mejor que proponer una actividad a los alumnos es hacer
esa misma actividad con los alumnos. Ello hace que lo que luego digamos sea más significativo para los
mismos alumnos.
En todo esto no hay que olvidar que el espacio interior es muy delicado y frágil. No hay que forzar y
debemos acercarnos a él con gran respeto. El ideal es que la interioridad se convierta en cultura y las
diferentes expresiones a las que nos hemos referido formen parte de la cultura de la escuela. Así la
interioridad se consolida.
No hay que olvidar que posiblemente a los alumnos mayores la palabra interioridad no les diga mucho;
puede incluso que la relacionen con pensar, aburrimiento con lo que dice el profesor de religión. En manos
de los educadores está en darles la vuelta a estos prejuicios y acompañarles con el descubrimiento de una
parte de ellos mismos que tiene mucho que ver con la felicidad. Sin embargo, toca hacer de todo a los
profesores para darles algo que llene de sentido sus vidas.

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 Espiritualidad

Es el otro campo. No hay ninguna duda que es legítimo y sano enfrentarse a las grandes experiencias de
la vida desde la fe en Dios. Creer no es saber; es confiar, tener fe, esperar y amar. La espiritualidad nos
lleva a que nuestras decisiones vitales no se construyan sobre el saber sino sobre el creer, sobre las
creencias vividas. Creer es también aceptar su presencia, aceptar que Jesús está ahí aunque no en un lugar
concreto y no se le ve, no se le oye y no se le puede tocar. Pero a Jesús además de vivirlo como presencia
le asumimos como mensaje; habla, manda su palabra, sus pensamientos, sus reflexiones… Y por fin,
actúa; nos hace pasar de la desesperación a la esperanza, de la tristeza a la alegría, del rechazo a la
aceptación, de la oscuridad a la luz.
La espiritualidad nos lleva a que Jesús sea para nosotros presencia, mensaje y acción. Así luchamos por
un mundo mejor. Cuando eso ocurre la fe se transforma en amor y en esp0eranza. Jesús como un ser
personal que es pide y da amor. Esto, en el fondo, es un acto de confianza y de fidelidad que exige audacia
y lucidez. La espiritualidad nos ejercita para que esta opción por Jesús sea viva, permanente y fecunda.
En los centro de espiritualidad, en las escuelas de espiritualidad, los hombres y mujeres animadores de la
vida espiritual tienen unas claves y propuestas para la educación en la interioridad desde la perspectiva
de la misma espiritualidad. Así la propuesta cristiana de la interioridad tendrá sanas raíces y mucha
profundidad.
Es bueno llegar a afianzar el trabajo de la interioridad con encuentros de oración, reflexión, textos
maravillosos que vienen de personas de profunda experiencia espiritual. Por ejemplo Santa Teresa que
repetía mucho a sus monjas que no estaban vacías en lo interior y que todos estamos habitados por Dios
y que tenemos que acertar a leer la acción del Espíritu en la historia. Así consiguió que ellas fueran
buscadoras de Dios y de su sabiduría. Y que “examinaran todo y se quedaran con los bueno” (I Tes 5,21).
Y por eso realizamos tareas sencillas que nacen de reconocer que los demás están habitados por Dios y
por eso saludan siempre, dan gracias, dicen por favor, se preocupan de los pobres, escuchan bien cuando
alguien nos habla, comunican lo que llevamos en nuestro corazón, integran a los demás en sus equipos de
convivencia y de trabajo, visitan a los seres queridos, dialogan con el otro, en la conversación, ayudan al
que está en una necesidad.
No hay duda que estamos urgidos de raíces interiores. La falta de ellas nos deja inseguros. Hay que ser
conscientes de ellas. Olvidarlas es tener dormido lo que es el fundamento de nuestra vida. Importante
prestar atención a esa dimensión más honda. Es una tarea muy importante del educador y también del

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animador espiritual. Para V. Frankl son tres las columnas que sostienen el alma: el arte, el amor y la
conciencia. Poéticamente está bien expresada esa necesidad en estos versos:
“Soy tierra dura, soy un campo
Sembrado de piedras te suplico lábrame
Pues en alguna parte en mi escondida yace
En lo profundo de mi corazón semilla”.

Ello hace que en nuestros ambientes pastorales y de iniciación espiritual no pueden faltar acciones y
proyectos encaminados a iniciar en la educación de la interioridad y en la espiritualidad de la interioridad.
Hay herramientas que están dando buenos resultados y ponen remedio a unas vidas saturadas de prisas,
de estrés y de ruido. Hay que emplearlas bien y evitar que estemos haciendo la tarea a medias en estos
procesos de educación de la interioridad. Si esa interioridad se ejercita podemos llegar a un tono diferente
de vivir la fe. Por lo demás no es posible dirigirse al Padre sin esta experiencia. En el fondo, lo que me
resuena en el interior es lo que convierto en oración y en ello toda nuestra persona se hace presente y se
implica, se compromete y se dispone a abrirse a los demás. Ello supone apostar y asumir una interioridad
no difusa ni ambigua sino habitada por alguien y por ello para los
Creyentes eso se convierte en presencia de un Dios personal que para San Juan de la Cruz es “el centro
del alma” (Llama de amor viva 1,12). Ello nos lleva a concluir que no debemos ofrecer demasiado poco
al educar en la interioridad. De una forma más concreta una interioridad genérica cambia de tono si la
convertimos en vida de oración cristiana.

 Por unas relaciones constitutivas que cultiven la interioridad integral

La persona humana es un ser en relación; y de relaciones que terminan en encuentros, como ya hemos
recordado, con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios. Por esas relaciones fluye y se
irradia nuestra vitalidad y se concentra en la interioridad. Como expresa Unamuno, es un decir y decirse
equivocado cuando comenzamos por decirnos: “Adelante” o “Arriba”; primero hay que invitarse a un
“Adentro”. Hay que reconcentrarse, “interiorizarse” para irradiar, dejarse llenar para que rebose después.
Recógete en ti mismo para darte a los demás; escucha para hablar. Solo así damos de lo que tenemos y
por supuesto lo que somos. “Me doy a mí mismo”. En esta línea ha ido el gran desarrollo de la “inteligencia
espiritual” que capacita para transcender, para abrirse al mundo e ir a Dios.

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No hay duda que el cultivo de la relación consigo mismo, de la dimensión interior es un factor decisivo
en el camino de la felicidad ya que nos permite organizar y armonizar toda la sinergia interior y dar un
sentido noble y gratificante a nuestra existencia. Esa felicidad es coherente con el modo como nos
posicionamos de nosotros mismos. No hay ninguna duda que es desde la interioridad que interpretamos
el mundo que nos rodea.
Todo esto nos lleva a un acertado cultivo y crecimiento de la interioridad y así llegamos a habitar la
profundidad de uno mismo. Para ello tenemos que cultivar, como decíamos antes, el silencio, el reposo,
la distancia del ruido y de la superficialidad, la creatividad, las elecciones bien discernidas, el
interiorizarse, el mirar, el aprender a estar en mí sin desparramarme entre las cosas; el beber el agua
refrescante del propio pozo y regar con ella las semillas que sembramos en el surco de la vida. Los
sentidos serán como puertas y ventanas para dejar que el mundo exterior entre dentro de nosotros. Todas
estas relaciones de una u otra forma nos llevan a crecer en la verdad.
El mejor resumen de todo lo dicho es un estupendo mensaje de San Alberto Magno y que viene del lejano
siglo XIII y a la que ya hicimos referencia anteriormente. Nos invita a tener la plenitud de la fuente que
da, produce y no retiene sino que comparte. Hay hombres y mujeres “vaso” que tienen pero no comparten;
son espléndidos pero estériles. Hay hombres y mujeres “canal” que dan de forma vital pero jamás quedan
vacíos; terminarán por no poder dar. Hay hombres y mujeres “fuente” y que dan sin vaciarse, riegan sin
disminuir, ofrecen sin secarse”. Al dar reciben y al recibir comparten y eso es interioridad.
Esto es lo que estamos seguros que pasa con una interioridad auténtica; nos convierte en “fuentes”; nos
permite beber el agua refrescante de nuestro pozo y regar con ella las semillas que sembremos en los
surcos de nuestra vida y en la de los demás y así multiplicarse y crecer mucho. Esa será una interioridad
gozosa, fecunda, lúcida y transformadora.

 Interioridad, mucho más que una palabra

En torno a esa palabra ha habido algo que entonces y después de cuando la oí en cierto modo por primera
vez como he señalado, ha fortalecido mi buena autoestima, el placer de reflexionar, pensar y escribir; la
necesidad de perdonar, suplicar, alabar, pedir, admirar y otorgar. Sin querer queriendo, he ido viendo en
ella un camino para creer, crecer y compartir y, en último término, para ser mucho mejor persona y
llegar a la plenitud.
Ha sido mi sensibilidad por la antropología la que me ha ayudado a cultivar la interioridad y a bien
identificar y poner nombre a las actividades que nos llevan más allá de la trivialidad que nos acosa por
todos los lados y que en buena parte ya hemos enumerado y presentado. Me ha servido, también, para

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ofrecer un camino a recorrer y para crecer por dentro, para ganar en fecundidad y conseguir “un corazón
nuevo” y contagiar la fuerza vital que acompaña a la interioridad.
Esa interioridad tenemos que vivirla como deseo, conquista, dominio, goce; como sintonía consigo mismo,
con los demás, con la naturaleza y con Dios. No podemos dejar de señalar que esa interioridad puede ser
atendida y cultivada o por el contrario abandonada hasta llegar a su atrofia.
No hay duda que si aprendemos a vivir en armonía con nuestro ser, nuestra vida será siempre nueva y
feliz, además, se convertirá en una suerte para todos. Sin embargo, una vez más, tenemos que señalar que
no corren buenos tiempos para el cultivo de la interioridad:

“Nuestra sociedad líquida vive un tiempo sin certezas donde el amor se hace flotante, sin
responsabilidad hacia el otro… Las instituciones no son ya anclas de las existencias personales. Con el
estado del bienestar en decadencia y sin relatos colectivos que otorguen un sentido a la historia y a las
vidas individuales surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante, incierta y cada vez
más imprevisible”
(Z. Bauman).

Asusta contemplar el estresante ritmo de vida en el que estamos inmersos: vivimos a golpe de agenda,
corriendo, sin un momento para encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios; sin tiempo
para involucrarnos, vincularnos, vivir. La nueva estructuración del tiempo que impone nuestra cultura
hipoteca, sin darnos cuenta, el cultivo de la interioridad.

 Todo ello nos lleva apostar por la felicidad, la fecundidad y la fidelidad

Eso da y eso pide una cultura de la interioridad. Esta cultura debe recuperar al hombre interior y su
capacidad de reflexionar, discernir, amar, optar en libertad personal y comprometida. Ello no significa
para nada intimismo ni marginación insolidaria. La interioridad es lo contrario de la dispersión y de un
vivir de modo superficial. Para ello contribuye mucho el reencuentro con dimensiones de la persona antes
relegadas como el valor de lo afectivo y emocional, de lo débil, lo pequeño, lo bello, lo religioso, la
inteligencia del corazón, la búsqueda de la misma interioridad, las ganas de saborear la vida y desde le
perspectiva creyente la mayor personalización de la fe.
Hay que reconcentrarse, “interiorizarse” para irradiar, dejarse llenar para que se rebose después. Recógete
en ti mismo para darte a los demás; escucha para hablar. Solo así damos de lo que tenemos y por supuesto
lo que somos. “Me doy a mí mismo”. En esta línea ha ido el gran desarrollo de la “inteligencia espiritual”

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que capacita para transcender, para abrirse al mundo e ir a Dios que en lenguaje de los místicos “es más
íntimo a mí que mi propia interioridad” (San Agustín).
No hay duda que el cultivo de la relación consigo mismo, de la dimensión interior es un factor decisivo
en el camino de la felicidad ya que nos permite organizar y armonizar toda la sinergia interior y dar un
sentido noble y gratificante a nuestra existencia. Esa felicidad es coherente con el modo como nos
posicionamos de nosotros mismos. No hay ninguna duda que es desde la interioridad que interpretamos
el mundo que nos rodea y nos proyectamos en él.
Todo esto nos lleva a un acertado cultivo y crecimiento de la interioridad y así habitar la profundidad de
uno mismo. Para ello tenemos que cultivar la fecundidad como en buena parte de la interioridad; va
unidad al beber el agua refrescante de tu pozo y regar con ella las semillas que sembramos en el surco
de la vida. Los sentidos serán como puertas y ventanas para dejar que el mundo exterior entre dentro de
nosotros; nos ayudarán a darle más importancia al movimiento centrípeto que al centrífugo. Todas estas
relaciones de una u otra forma nos llevan a crecer, como ya hemos dicho, en la verdad, la bondad y la
belleza.
Esto es lo que prometemos que pasará con una interioridad auténtica; nos convierte en “fuentes”; nos
permite beber el agua refrescante y así multiplicarnos. Esa será una interioridad gozosa, fecunda y fiel.
Gozosa por ser fecunda y fiel; fiel por ser feliz y fecunda; fecunda por ser fiel y feliz. Ahí quedan bien
entrelazadas las “efes” o mejor aún, las tres dimensiones y grandes tendencias vitales que brotan de dentro.
Así, no lo dudemos, otro mundo es posible.
Uno de los filósofos más destacados en este momento, Byung-Chul Han cree que la actual es una sociedad
del cansancio ya que nos exigimos a nosotros mismos una actividad frenética que impide o al menos
dificulta la contemplación y el conocimiento sereno de nuestra interioridad. Ya en el s. XVII B. Pascual
nos dejó con un pensamiento muy gráfico: “Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no
ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación”.

 Interiorizar e interiorizarse

Tenemos estos dos verbos por delante y estas dos tareas por hacer. Con ellos terminamos y resumimos
estas reflexiones. Verbos, por lo demás, que hay que conjugar mucho y en todos los tiempos y en todas
las personas y sobre todo en el presente y en plural: “Yo interiorizo-Nosotros interiorizamos” a los demás,
le iniciamos en ese camino y les introducimos en esas experiencia y en esa forma de vida. Esa es mi
vocación, mi tarea y hasta mi profesión: interiorizar.

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“Yo me interiorizo - Nosotros nos interiorizamos” y ello porque lo necesitamos; necesitamos crecer en
el propio conocimiento, en la sensibilidad emocional y en la armonización del ser. Contemplar y tomar
conciencia del propio interior a la luz de Jesús desvela toda la riqueza personal que se convierte en la
llamada esencial de mi vida y me mueve al servicio y a compartir la luz.
También nos mueve a ejercitarnos en interioridad el hecho de que ésta es el espacio propicio para la
relación más íntima y positiva que uno pueda tener: la que deja gustar la propia identidad, la de ser criatura,
creada por amor y que me conduce a la filiación y a la fraternidad, a la comunión y participación y todo
ello habitado por Dios y por lo mismo lleva a la entrega generosa a los demás.
El maestro de nuestros empeños para interiorizar e interiorizarnos es Jesús, maestro interior, el maestro
de interioridad. Tiene un método propio para conseguir estas dos metas. Se llama la lectura orante del
evangelio.
Se realiza dando varios pasos. En primer lugar hay que partir de despertar en uno la actitud de búsqueda,
imprescindible para el encuentro. Después hay que acoger el Espíritu de Jesús, que es el que nos va ir
dando forma. El siguiente paso supone una escucha en nuestro interior de Jesús como maestro y escuchar
sobre todo sus palabras de vida. Finalmente nos abrimos al misterio de Dios en lo secreto del corazón, en
nuestra interioridad para que llegue a tomar posesión de ella.
Promover solo desde fuera con la organización, el trabajo y el esfuerzo lo que solo puede nacer por la
acción interior de Jesús es quedarse a medio camino. Una vez más, repito con San Ignacio que hay que
“sentir y gustar de las cosas internamente”. Las crisis de la humanidad y de la Iglesia son tan profundas
que ya no bastan las reformas superficiales. Si nuestra fe no se está alimentando de la experiencia interior,
única fuente que la puede nutrir, nuestro cristianismo difícilmente puede lograr la revitalización de la que
está urgido.
Para reaccionar tenemos que redescubrir a Jesús como el Maestro de interioridad. El llevará a la Iglesia a
retomar y actualizar sus fuerzas espirituales y así salir de la mediocridad y llegar a la vida abundante. Para
ello le tenemos que dejar entrar “en casa”. No hay duda que sin querer queriendo hemos optado por una
actitud defensiva y que ha consistido, sobre todo, en crear instituciones, normas, disciplinas y prácticas y
en consolidar la desconfianza en la experiencia interior.
Sin ninguna duda, nuestra fe y nuestra tarea educativa se tienen que alimentar de la experiencia interior;
solo así se van a subsistir y a creer, crecer y multiplicarse. Jesús, Maestro interior, nos va acoger, animar,
acompañar y apasionar en este nuevo y maravilloso desafío que tenemos por delante.

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