Ibn Jaldún: Economía y Sociedad S. XIV
Ibn Jaldún: Economía y Sociedad S. XIV
Puente-Ajovin, Miguel
August 2013
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MPRA Paper No. 49306, posted 28 Aug 2013 12:17 UTC
Ibn Jaldún: Pensamiento económico en el S. XIV
Resumen
1. Introducción
Considerado por muchos como el mejor economista dentro del pensamiento económico
musulmán, el precursor del estudio analítico de la historia, la sociología y la economía,
Ibn Jaldún es uno de los escritores y pensadores que más cimentaron la estructura inicial
de lo que más adelante se podría considerar como el estudio científico de la sociedad y, en
concreto, la economía.
Es importante que, como decía Schumpeter, cuando volvamos al cuarto trastero de nues-
tra ciencia, aquel que guarda el pensamiento de un tiempo pasado que ha evolucionado
y ha ido mejorando, no confundamos ni malinterpretemos lo que encontremos. El pre-
cursorismo, aquello que nos tienta a observar, analizar y (sobre todo) juzgar el trabajo
pasado con los ojos y la mentalidad del presente, es un ejercicio complicado y lleno de
infructuosas conclusiones. Sin embargo, intentar buscar las causas y las raíces del fruto
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que es, hoy en día, nuestra propia ciencia, tiene un interés tanto histórico, como filosófico,
como analítico.
En general, se asume que Adam Smith fue la piedra angular para que algo así como la
ciencia económica pudiera comenzar a ser llamada ciencia (algo que aun hoy en día sigue
en disputa), pero el desarrollo del acervo de conocimientos sobre los que se sustenta el
estudio de la realidad no se traza en puntos y apartes, sino en difusas líneas entrecruzadas
que son impulsadas de manera más o menos visible por los escritos de los que tratan de
ampliar la frontera de lo conocido.
A veces, estos escritos pasan sin apenas ser conocidos, aunque esto pudiera haber hecho
avanzar más deprisa o en un lapso más temprano lo que denominamos como punto de
inflexión en el pensamiento económico: La observación analítica del desarrollo y las rela-
ciones económicas y su relación con el bienestar de los hombres y las naciones, algo que,
muy merecidamente, se lleva el clásico ya mencionado pero que, sin embargo, compar-
te características con coetáneos y, más indirectamente, pensadores remotos, tanto en el
tiempo como en el espacio.
Es el caso de los escritos de Ibn Jaldún, y en este caso en concreto nos referimos a su
Muqaddimah, la introducción que precedía a Kitab al-Ibar (su libro de historia) que, a
pesar de ser haber sido escritos en 1377, tuvieron que esperar hasta 1863 para que el
Barón de Slane los tradujese al francés (aunque ya desde 1806 Silvestre de Sacy había
empezado a traducir algunos pasajes) y, aun más, hasta 1958, para que Frank Rosenthal
hiciese lo mismo al inglés. Casi quinientos años de historia para poder derrumbar la
barrera lingüistica que impedía a occidente estudiar las palabras de un tunecino cuyo
mayor énfasis fue analizar el devenir histórico de las sociedades y las civilizaciones.
Todas las citas que hayan sido obtenidas directamente de los escritos de Ibn Jaldún se
pondrán directamente entre comillas y en cursiva. De el resto se especificará el origen.
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2. Vida y obra de Ibn Jaldún
Su familia había estado ligada a la vida política. No en vano, Kurayb, uno de sus an-
cestros se había revelado a finales del siglo IX contra el amir Umayyad, estableciendo un
gobierno autónomo en Sevilla, hasta que fue asesinado en el año 899 después de cristo. Sus
ancestros siguieron teniendo un gran poder sobre la actividad política en Sevilla, hasta
que a principio del siglo XIII, tras la amenaza cristiana que se cernía sobre Al-Ándalus,
la familia Jaldún se retiró hacia el norte de África.
Al provenir de un estatus social elevado, pudo recibir una alta educación, provista por los
mejores educadores del Magreb, y se extendía desde los estudios religiosos, la teología, la
filosofía (cuyas raíces provenían de la griega, e incluían matemática y lógica), la literatura
política (retórica), la poesía y la jurisprudencia.
Cuando contaba con 16 años, la ciudad de Túnez, así como casi toda Europa, sufrió la
llamada peste negra, la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad que,
por desgracia, acabó con la vida de sus padres. Y así, tras la partida del único hombre
que intercedía entre él y la política (su padre, que desdeñaba de ella) tuvo que enfrentarse
al destino familiar, ya desde muy joven.
Fue llamado por el líder de los rebeldes tunecinos para que trabajase como su secretario,
pero no tardó mucho en escaparse viajando por Algeria, hasta Biskra. En 1354 aceptó
viajar hasta Marruecos y trabajar en Fez, al servicio de varios sultanes.
En 1963, tras ser testigo de las debilidades de la vida política y social que se cernían
sobre las constantes rivalidades y guerras, decide viajar hasta Granada, donde no tardará
mucho en comenzar a trabajar como embajador, para lo cual tendrá que trasladarse a
Sevilla, tratando de buscar la siempre frágil paz.
Sus andaduras políticas siguieron y se complicaron hasta que tras la muerte de su colega
Ibn al-Jatib, en 1375, y harto de todo la esfera diplomática, se refugiara durante cuatro
años en el castillo de Beni Salama.
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Durante este tiempo confeccionó y escribió la primera versión del Muqaddimah, y regresó
a Túnez para poder acabar su Historia Universal mientras se dedicaba a dar clases, lo
cual le generó no pocos rivales envidiosos
Es de entender su gran interés por la historia. Fue testigo directo de los avatares de un
mundo en constante cambio (los choques culturales se atisbaban tanto desde una óptica
social como bélica) y su experiencia política le permitió, a su vez, reflexionar sobre los
sucesos sociopolíticos que le rodearon. De hecho, pude ver de manera indirecta el comienzo
de la decadencia del imperio islámico, que ya venía notándose desde que su familia tuviera
que huir de Sevilla.
Sus estudios históricos, así como su relación con diferentes historiadores, le hizo no solo
abrazar el estudio cada vez más profundo de esta rama del conocimiento, sino ver sus
debilidades, y abstraerse del cerrado marco del contexto educativo previo, basado en una
historia centrada en los líderes de un mundo demasiado abierto, profundo y caótico para
ser entendido como el proceso lineal de la confluencia entre diferentes personajes. Para
él sería la sociedad la que definiría el marco histórico y su evolución. Sería la dimensión
social, y no otra, la que definiría el cíclico desarrollo de las civilizaciones.
Así, su propósito nunca fue el estudio de la historia como tal, como el atestiguamiento
de los acontecimiento históricos de manera inertemente escrita, si no el de analizar la
realidad histórica para poder explicarla y entenderla.
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La confluencia del sentido histórico (el registro de los hechos que, por tanto, conferirían
una visión positiva y no normativa, de la filosofía social) y el sentido analítico (más técnico
y reflexivo que el mero entendimiento pasivo de los hechos) daban pie a una nueva forma
de entender el mundo.
Si ya su obra magna, su Historia Universal, que contaba con la historia de los árabes y
los contemporáneos líderes europeos y musulmanes, así como la historia de los griegos,
persas, egipcios y beréberes, fue importante, ésta contaba con una introducción que era
mucho más rica y preciada.
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3. División del trabajo
Uno de los elementos que mejor define la capacidad de análisis de Ibn Jaldún en el marco
del pensamiento económico es su teoría sobre la división del trabajo, que antecede a la de
Adam Smith en más de trescientos años, sin tener mucho que desdeñar de la del “maestro”
y “padre” de la economía.
Talib Al-Hamdi (2006) y Bartkus & Hassan (2006) tratan sobre la división del trabajo y su
comparación con la teoría de Smith, y muestran como existen tres esferas por donde actúa
la división y especialización del trabajo en la actividad económica: Aquella derivada de la
producción industrial, la que opera en el conjunto de una sociedad, y la que se establece
en el entorno internacional.
Una de las características del estado tradicional primitivo es que cada hombre produce la
mayoría de lo que consume, donde la actividad agraria ostenta la mayoría de la producción.
Pero con el crecimiento, derivado de la mejora en la productividad agraria, la demanda
de bienes compuestos o complejos (aquellos que necesitan de varios procesos productivos
previos antes de su comercialización) se hace cada vez mayor.
Así, como en la fábrica de alfileres que describiera Smith, el aumento del tamaño del
mercado donde opera la estructura productiva define y fomenta la especialización y, por
tanto, la división del trabajo.
Esta especialización genera que cada uno trabaje en aquello en lo que es mejor (aumen-
tando la productividad general del proceso) y que, además, a través de la repetición
procedimental, el trabajador genere una cierta mejora productiva (lo que actualmente se
conoce como “learning by doing”).
Para Ibn Jaldún, los consumidores desean tres elementos para una mejor vida: Más bienes,
mayor calidad en los bienes y mayor variedad en los bienes consumidos. La división del
trabajo en un mismo proceso productivo no solo mejora la productividad, aumentando la
capacidad de producción de bienes con los mismos trabajadores. También, “de una manera
más elegante, a través de la maestría de una técnica” se consigue una mayor calidad en
los bienes por los cuales los individuos estarán dispuestos a pagar más.
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Figura 1: Estructura de la división del trabajo
Esta es una cierta explosión industrial comparada con la economía tradicional agraria,
aunque sigue siendo una economía basada en los artesanos y no podemos hablar de una
sociedad basada en el capital, es decir, en medios de producción que ocupen un gran peso
dentro del proceso productivo.
En tercer lugar, son estos estados los que, una vez desarrollados, van generando una mayor
producción de la que pueden consumir sus propios trabajadores. Esto genera un superávit
que fomenta la exportación lo que, a su vez, genera la especialización productiva en un
contexto internacional más amplio.
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De hecho, estaría ciertamente ligado a las nuevas teorías de la nueva Geografía Económica
donde un mayor mercado interno potencia el incremento de variedades productivas y un
superávit industrial que genere la exportación, en el conocido Home Market Effect.
Para otras comparaciones más exhaustivas con respecto a las teorías del comercio inter-
nacional, Ahmad & Mahmud (2006) hacen un buen resumen.
Salman Syed Ali (2006), expone los dos elementos necesarios para que este proceso pueda
generarse de manera consistente:
Debe existir una cierta protección que permita a los individuos recolocarse entre
diferentes regiones y ocupaciones, buscando el lugar donde mejor puedan destacar.
Es, por tanto, la movilidad del hombre, pero no en su carácter nómada (donde su
movimiento lo determinaba la naturaleza), sino en la búsqueda de la localización
optima para establecer su carácter sedentario (a elección del individuo).
La capacidad del hombre para pensar, que le permite ir adquiriendo los conocimien-
tos necesarios para entender, adaptarse y especializarse en un proceso productivo
dado. Es la capacidad de ir incrementando el acervo de conocimientos de forma
incremental (vertical) la que permite este proceso, si bien esto necesita de una
cooperación con el resto de hombres, pues el proceso de aprendizaje implica que
la experiencia en un trabajo limita la que puede conseguirse en otro.
“Es bien conocido y bien establecido que los individuos no son capaces, por si mismos,
de satisfacer todas sus necesidades económicas. Deben cooperar para este propósito. Las
necesidades que pueden ser satisfechas por un grupo a través de la cooperación mutua es
mucho mayor que lo que cada individuo es capaz de satisfacer por si mismo.”
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4. Análisis económico
El análisis de Ibn Jaldún sobre el desarrollo y crecimiento de las ciudades y las civiliza-
ciones acaba convirtiéndose en una rica descripción del proceso económico. El siguiente
apartado es un pequeño repaso a los conceptos económicos sobre el mercado, donde el
énfasis se pone en los determinantes de la variación de los precios y la cantidad produ-
cida. Abdol Soofi (1995) hace un exposición muy clara de los conceptos económicos más
relevantes que recomiendo a los más interesados.
4.1. Producción
Para Ibn Jaldún, se puede describir la producción como “el valor obtenido por el trabajo”,
que va evolucionando desde el trabajo necesario (relacionado, sobre todo, con la actividad
agraria y artesanía básica) hacia el trabajo de productos de lujo. Así, “cuanto más nume-
rosa y abundante sea la población de una civilización en una ciudad, más lujosa será la
vida de sus habitantes en comparación con la de una ciudad más pequeña”, e incluso lo
ejemplifica poniendo por casos la ciudad de Fez y la de Tlemcen (siendo la primera más
rica que la segunda).
Este concepto, ligado directamente el concepto del valor-trabajo (que Hasan (2007) expone
y compara abiertamente con respecto a las teorías de Ricardo y Marx), hace que el valor
de toda la producción agregada provenga directamente del valor del trabajo humano (o
al menos en su mayor parte, descontando el coste de algunos materiales).
Pero, aunque el valor agregado de la producción se deriva del trabajo, la fuente individual
del beneficio puede provenir de fuentes distintas.
Así, el estado puede obtener ingresos mediante impuestos (sin tener que trabajar, por
tanto), y un comerciante puede comprar un bien y “esperar a que las fluctuaciones del
mercado afecten favorablemente al precio” de ese bien, vendiéndolo y obteniendo un be-
neficio sin tener que trabajar en la producción de dicho bien.
Este sistema comercial, genera, por tanto, un beneficio que, si bien en origen parte del
producto del trabajo, se queda el propietario del bien, a modo de superávit o (en notación
marxista) plusvalía. Pero el peso de Ibn Jaldún parece tender más hacia el beneficio que
es apropiado por el estado y no tanto por los comerciantes. Así, cuanto el gobierno se
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apropia de los bienes del valor del trabajo de sus súbditos para una aristocracia o para
una acumulación permanente, de forma que no retorne al pueblo, se daña a la actividad
económica.
Por tanto, el aumento de la población aumenta el producto total de la ciudad, lo cual au-
menta el bienestar de la población ya que “esto se aplica de forma equivalente en todos los
niveles de la población”. De forma que no solo implica que una ciudad con más población
tendrá un mayor producto total, sino un mayor producto per cápita. Llegando al extremo
tal de afirmar que “los pobres en Fez tendrá un mayor bienestar que en Tlemcen”.
Este incremento del bienestar per cápita se deriva de la división del trabajo que mejora la
productividad (división que es más intensa en tanto en cuanto sea más grande el tamaño
de la ciudad).
4.2. Estado
El papel del estado es crucial para la determinación del desarrollo económico. No solo
porque genera la producción de aquellos bienes que acaban mejorando la estructura pro-
ductiva (lo que ahora llamaríamos bienes públicos, como las carreteras o la seguridad,
muy necesarios para fomentar el comercio entre ciudades), si no que también aumenta la
demanda agregada. “Sus gastos proveen de la sustancia para el comercio en mayor pro-
porción que cualquier otro grupo. Por lo tanto, cuando (el estado) deja de consumir las
empresas se deprimen y la producción decrece por esta escasez de capital. [. . . ] El dinero
se mueve (va y vuelve), pero si el gobierno se lo queda para él, lo pierden los súbditos”.
Pero el papel del estado, si bien es importante para mantener una demanda que sostenga
el nivel productivo de la ciudad, no debe inmiscuirse en la producción en si misma de la
actividad económica pues “es un gran error. Cuando un gobierno, con mucho más dinero,
compite (contra las empresas), estas no podrán conseguir las cosas que necesitan y todos
estarán preocupados e infelices”. Además “Puede comprar los bienes baratos y venderlos a
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altos precios, fijándolos él mismo [. . . ] desincentivando a los agentes privados dedicarse a
la actividad económica”.
Para rizar el rizo, describe el problema del aumento continuo de impuestos adelantándose
también a la conocida teoría de Laffer. Al subir en demasía los impuestos, describe “los
empresarios comparan sus gastos y sus impuestos con sus ingresos y ven el poco benefi-
cio obtenido, perdiendo incentivos. Esto hará que muchos se abstengan de esta actividad
cultural, lo que hará que los ingresos impositivos decaigan”.
Azim Islahi (2006) hace un repaso a la teoría impositiva de Ibn Jaldún que merece la
pena.
4.3. Dinero
La religión prohibía la fijación de un tipo de interés. Su concepto del dinero está limitado
a la distinción hecha por la naturaleza a los dos metales preciosos (oro y plata), así como
tokens y otros metales. En su opinión, el oro y la plata habían sido creados para que
fueran usados como moneda y desempeñar la función de medio de intercambio, medida y
acumulación de valor.
En palabras de Jaldún: “todos los objetos son sujetos a las fluctuaciones del mercado, en
donde el oro y la plata son los más inmunes, y son la base de (la medida) de la producción,
la propiedad y el tesoro”.
Afirmaba que Dios “ha creado estos dos metales preciosos para poder medir el resto de
bienes”, pero también decía que ‘es la sociedad, actuando a través del trabajo humano, la
que trae (los metales) a la luz”, dándoles valor (recordemos que la única fuente de valor
para Jaldún es el trabajo de los hombres).
Por último, afirma que “el dinero circula de región en región, de estado en estado, de
acuerdo al precio que se paga por él y las necesidades de los hombres. [. . . ] Es el esfuerzo
social, la búsqueda del beneficio y el uso de las herramientas (en el desarrollo de la activi-
dad económica) lo que hace aumentar o disminuir la cantidad de dinero en circulación”.
Por lo que, si bien la cantidad total es exógena, la cantidad de cada región se determina
de forma endógena según la actividad económica, por dos vías. La primera es la demanda
de dinero por motivo transacción (de nuevo, reflejando ciertas semejanzas con la teoría
keynesiana), y la segunda es porque un aumento de la producción genera un superávit
que se vende al exterior a cambio de dinero.
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4.4. Equilibrio de mercado
Tras ello, nos encontramos con la primera realización de la igualdad entre la demanda
agregada y la oferta agregada, cuando escribe “el dinero gastado en cada mercado corres-
ponde con el volumen de la producción hecha en él”.
Y puesto que la producción es el producto del valor del trabajo, que a su vez es la renta
(los ingresos de los que han generado la producción), “los ingresos y los gastos se equilibran
en cada ciudad”.
Si lo pusiéramos en términos ecuacionales (de las cuales carece la Muqaddimah, las in-
cluyo únicamente como forma de abstracción formal de las ideas vertidas por el autor), y
retrotrayendonos al análisis que hacía de la inclusión del Estado en el proceso económico
El concepto de elasticidad de demanda no está claramente expuesto, pero puede verse entre
líneas, como expresa Syed Ali. “La gente necesita comer, y el dinero que se gastan en ello,
están obligados a gastárselo. No tienen excusa. [. . . ] Para los bienes que se comercian,
la población no tiene necesidad. Lo que les gusta de ellos es la diversificación [. . . ] y se
gastan el dinero de manera voluntaria y de buena gana”.
No solo puede verse como el concepto de una menor elasticidad en los productos necesarios,
sino como la generación de una función de consumo determinada por la suma de un
consumo autónomo y un consumo variable (con respecto a su nivel de ingresos), destinado
en su mayoría a bienes de lujo.
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Así:
C = Consumo autónomo (a) + Consumo variable (b ⋅ Y ) (3)
Juntando las tres ecuaciones, llegamos a la simplificación de la base analítica del cuerpo
macroeconómico keynesiano:
a+G
Y = (4)
1−b
Donde obtenemos al multiplicador del gasto público, por el cual los incrementos del gasto
del gobierno aumentarán la actividad económica en un factor multiplicativo derivado de
la retroalimentación del flujo de gastos - ingresos.
Este efecto se daba al atraer más población al país por lo que incluso en equilibrio el
gasto público podía aumentar la producción total y “como resultado, los beneficios serán
de nuevo multiplicados en la ciudad. La producción prosperará más que antes, y el efecto
ocurrirá de nuevo con una segunda y tercera oleada”. Dando a entender que el valor del
multiplicador estaría entre dos y tres, tras el cual el flujo perdería fuerza.
También describe de manera sucinta los problemas de la deflación, esto es, la continua
disminución de los precios, cuando afirma que “cuando los precios permanecen bajos, los
comerciantes no puede sacar beneficio de las fluctuaciones del mercado, y si esto se produce
por un largo periodo [. . . ] la actividad económica de estos bienes decaerá [. . . ] no se
generará comercio y los comerciantes perderán todo su capital”.
Beik y Arsyianti (2006) y Salman Syed Ali (2006), describen la estructura de mercado de
Ibn Jaldún, destacando la diferencia en los determinantes de la demanda y la oferta. Así,
la demanda de bienes en un momento dado depende tanto de los deseos de los diferentes
individuos de la sociedad como del gasto del gobierno. De hecho, podríamos obtenerla a
partir de (4), de forma que la demanda de vienes reales sería:
E a+G
D = f (Deseos, Gasto público) = = (5)
P recio (p) p(1 − b)
Donde G era el gasto público, y los deseos se pueden entender en la forma 1−b
a
. Una sociedad
más rica, con un mayor deseo por los bienes de lujo, tendrá una mayor propensión a su
consumo (participarán con mayor fuerza en el gasto), de forma que b (cuyo valor estará
entre 0 y 1) será mayor y, por tanto, la demanda también crecerá.
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S = f (Coste de producción, Demanda esperada) (6)
“Cuando los bienes son pocos y raros, los precios suben. Cuando la ciudad está cerca de
una carretera segura para el comercio, habrá muchos transportando los bienes, que se
encontrarán en grandes cantidades, y los precios irán hacia abajo”.
Si bien Ibn Jaldún no describe en ninguna parte una relación directa entre precio y
cantidad demandada (como ya hemos comentado no introduce ninguna ecuación en su
análisis), sí destaca que cuando la oferta agregada aumenta (en la cita anterior, debido
a una mejor seguridad en las carreteras que liberan el comercio), el precio baja. Esta
estructura analítica es, de hecho, la derivada de la conocida ley de la oferta y la demanda,
en tanto en cuanto la demanda sea decreciente (es decir, que a menor precio, se demande
una mayor cantidad), un aumento en la oferta genera que el nuevo equilibrio tenga una
mayor cantidad comerciada y un menor precio.
A su vez, cuando hablaba del aumento en los precios de lujo derivado del comercio, lo
hacía sobre la base de que “Todos demandarán estos bienes, que son limitados, [. . . ] y los
precios comenzarán a crecer”. La limitación en la producción (derivada de una tecnología
y de unos costes en los inputs) es la que hace que, ante un aumento en la demanda, los
precios comiencen a crecer. Esta es, de nuevo, la misma conclusión que se obtiene tras la
ley de la oferta y la demanda.
dq dp dq dp
> 0; <0 > 0; >0 (7)
dS dS dD dD
Podía existir una contradicción, en el sentido de que, derivada de la división del trabajo,
existen rendimientos crecientes a escala, por lo que un aumento de la demanda y, por
tanto, de la producción, bajaría el coste medio y marginal (y por tanto la curva de oferta
debería ser decreciente). Esto no es así porque un aumento de la demanda de bienes
aumenta también la demanda de trabajo, elevando los salarios (y aumentado por tanto el
coste de producción, cuyo input principal es el trabajo). En el largo plazo, no obstante, y
tal y como describe El-Alfi (1968), “la demanda determina la cantidad ofertada mientras
la oferta determina el precio”.
Sobre le pensamiento de corte microeconómico, Maskanul Hakim (2006) tiene una buena
disertación, completa y analítica.
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5. Crecimiento basado en el conocimiento
Incide en que “la actividad económica requiere de profesores”. De hecho, “la habilidad
que adquiere un estudiante en un proceso productivo [. . . ] corresponde a la calidad de la
instrucción y el hábito del profesor”.
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6. Ciclo histórico del desarrollo social
El análisis del ciclo histórico de las civilizaciones nos llega desde los tiempos de Pla-
tón y Aristóteles y Polybius ofrece una primera aproximación en tres etapas al auge y
desfallecimiento de las diferentes civilizaciones e imperios.
Y a pesar de que Ibn Jaldún era un hombre profundamente religioso, entendía que la
historia no era el proceso lineal derivado del choque entre los líderes (puntos de apoyo en
esta línea imaginaria que traza el devenir del mundo), sino que es la sociedad la que debe
enmarcar y explicar la evolución del estado social.
“La historia tiene por verdadero objeto hacernos incluir el estado social de los hombres”.
Un proceso complejo donde la evolución cíclica se despliega tanto por el marco político,
como social, económico y demográfico, en ciclos que se interrelacionan entre sí, creando
una red compleja difícil de asir si no es mediante el estudio analítico de las grandes
tendencias (y la subyacente evolución social y económica) de la historia.
Así, como muestra Louis Baeck (1996) o Chapra (2006), a través del pensamiento de
Ibn Jaldún podemos empezar a analizar la evolución y el ciclo histórico a través de la
confrontación de una dualidad suprema en torno al desarrollo de las civilizaciones.
“La riqueza y la complejidad del trabajo hacen que pueda ser leído e interpretado como
una teoría de la decadencia.[. . . ]El ciclo histórico consiste en un cambio dinámico desde
el (umran) badawi y el (umran) hadari”.
Este estado, que se puede apoyar en el concepto actual del subdesarrollo económico, es
un estado donde el crecimiento es escaso, si es que existe, y donde la población, aunque
evolucionando de manera también cíclica, se mantiene más o menos constante. Es el
estado original de la condición humana, derivado de la unión en sociedad a través de la
solidaridad y el apoyo mutuo.
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Figura 2: Dualidad derivada del Badawi y el Hadari
Con el tiempo, la población va creciendo y el producto per cápita con él. El crecimiento
del producto total, por tanto, es de tipo exponencial en correspondencia al aumento
de población que, a su vez, también crece cada vez más, puesto que el bienestar atrae
población de otras regiones y ciudades. Las raíces de este crecimiento en el bienestar
están, como ya hemos explicado, en la división del trabajo, que permite la maestría de la
técnica a través del hábito y el desarrollo del conocimiento.
Pero este crecimiento no es infinito. Ya que el aumento del bienestar potencia el consumo
de bienes lujosos, llegará una situación en la que ‘el producto obtenido del trabajo no pueda
pagar las necesidades, por la gran cantidad (y variedad) de productos lujosos y el deseo
de las personas de obtenerlos. Esto hace que los negocios entren en desorden, y el negocio
de cada hombre se deteriore, hasta que la ciudad al completo se desorganiza y cae en la
ruina”. Esto sucede en el límite de crecimiento de una determinada ciudad, de forma que
“la autoridad de una dinastía se expande hasta el límite, y después es reducida en sucesivos
periodos, hasta que se disuelve y desaparece”.
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Este cambio se produce por la “ostentación por la que se compite por la ropa, palacios,
buenas armas y mejores caballos (y otros bienes de lujo)”. Las necesidades cada vez ma-
yores aumentan el gasto y los precios de los bienes de lujo y se desatienden los asuntos
que conciernen la defensa de la ciudad y la manutención de un ejercito sano y fuerte y la
práctica agraria (los individuos intentan ir al sector del lujo donde pueden obtener una
mayor renta. “Bajo estas circunstancias, la gente necesita una gran cantidad de dinero
para sus gastos” y en un estado donde los precios aumentan mientras la producción lo
hace a menor ritmo y en donde la cantidad de dinero es exógena (o donde la actividad
ya no logra atraer más el dinero), los problemas monetarios no tardan en aparecer (po-
tenciando aun más las problemas fiscales de un gobierno que debe pagar a su ejercito), lo
cual fomenta el aumento de impuestos, que terminan con la actividad económica.
Además, como apunta Spengler (1964), un mayor bienestar también genera que la pobla-
ción prefiera dedicar menos tiempo al trabajo, de forma que la producción crece cada vez
en menor cuantía. Con todo esto “los ciudadanos se interesan cada vez menos por la agri-
cultura [. . . ] y en comparación con las necesidades humanas, se suceden las hambrunas”.
Ya Polybius había atisbado la lujuria como el eje de todo el mal. Es en este estado,
desapegado de toda solidaridad, derivado de una sociedad compleja, desconocida entre si,
donde al Estado más le cuesta mantener la unión y la organización que le permita escapar
del estado de anarquía.
La manutención de los ejércitos necesarios para proteger una sociedad rica, presa del
deseo lujurioso de otras naciones con deseos invasores, se hace cada vez más acuciante y
costosa. La burocracia y el estado impositivo crecen y generan la raíz de la caída. Cuando el
estado, en aras de proteger el todo, se olvide de la necesidad de proteger al individuo, “toda
civilización será destruida, pues no habrá incentivo para la actividad social y cultural”.
Así, si el crecimiento del Umran badawi deriva en el desarrollo del Umran hadari, es el
contexto interno de este, basado en un crecimiento basado en la lujuria, la perdida de la
unión social, y un estado pernicioso, lo que genera la decadencia de toda sociedad.
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Figura 3: Ciclo económico
En este gráfico podemos ver de forma simplificada una cierta interpretación del ciclo eco-
nómico descrito por Ibn Jaldún. Obviamente no debe estar exento de crítica. He supuesto
un bienestar óptimo, que debería ser entendido como el producto per cápita máximo
alcanzado. Cualquier aumento superior de población comienza con problemas derivados
de la capacidad poblacional óptima, la congestión y la corrupción comienzan a hacer su
aparición (en el estado avanzando del Umran Hadari) y empieza a disminuir el bienestar
de la población hasta alcanzar un punto en el que la inestabilidad (por hambrunas, un
ejército poco mantenido, una mejor civilización adyacente) hacen que la población decaiga
y, eventualmente, la producción comience también su decline.
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7. Conclusiones
Fabián Estapé, se lamenta en el prologo del famoso libro de Schumpeter, Historia del
análisis económico, de que éste no le hubiera prestado la atención que, con el paso de
los años, se ha demostrado que merecía. El propio Schumpeter parece que también se
arrepintió en sus últimos días, llegando a afirmar que “Era mucho más original que Adam
Smith”. Al menos según Talib al-Hamdi.
Lo cierto es que podemos encontrar en sus escritos que, recordemos, datan de finales del
Siglo XIV, un análisis pormenorizado de la sociedad, de tal forma que no solo se dedica
a traspasar los hechos acontecidos y observables a escrito, ni a elucubrar filosóficamente
sobre le estructura óptima de una sociedad en particular. Al unir por un lado la observación
de una historia que pasaría a describir en sus consiguientes libros, y el análisis deductivo
de las causas por las que los eventos se suceden, es capaz de desarrollar los cimientos de
el estudio científico de la sociología y, por supuesto, la economía.
Se adelantó a Adam Smith en cuanto a la división del trabajo como fuente de crecimiento
y desarrollo también la consideración de la teoría del valor-trabajo. Podemos encontrar
pasajes que nos recuerdan de manera constante al pensamiento keynesiano por el cual el
flujo de la renta permite que el Estado pueda aumentar la demanda agregada (e incluso
habla de un multiplicador del gasto). Determina que existe un impuesto óptimo, por el cual
una mayor tasa desincentiva el trabajo (tal y como afirma la curva de Laffer). Genera una
exposición del conocimiento como fuente del desarrollo tecnológico y productivo. Analiza
la evolución de los precios y determina a través de los movimientos de la demanda y la
oferta los cambios en el equilibrio. Y presenta el desarrollo del ciclo económico, por el
cual los límites de una población (derivados de la congestión y la corrupción derivados
del lujo) acaban con los rendimientos crecientes y, eventualmente, deprimen la economía.
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8. Apéndice
He querido destacar algunas de las citas que mayor interés me hayan producido a lo largo
de la (rápida) lectura efectuada sobre su Muqaddima, de forma que puedan ser una buena
representación del conjunto.
Los bajos precios son dañinos para aquellos comerciantes que deben comerciar con
dichos precios.
Aquel que tenga miedo, no sea agresivo, o no tenga influencia, debe eludir ser co-
merciante: Acabará perdiendo todo el capital.
Los procesos productivos entran en recesión cuando las ciudades estén cercanas a la
ruina.
El mundo de las cosas que existen como resultado de la acción (sistema causa-efecto)
se materializan a través de nuestro pensamiento.
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Procesos productivos importantes:
Las ciencias son numerosas solo cuando la civilización es grande, sedentaria y cul-
turalmente desarrollada.
El estudio de las ciencias auxiliares (usos instrumentales de las mismas) no debe ser
prolongado ni ser tratado en detalle.
Los profesores (los teóricos) son los menos familiares con la vida política (hay un
trade-off entre la vida teórica y la práctica).
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