CONSUMO LÚDICO DE LA MARIHUANA.
Caso: Amparo en revisión 237/2014.
Ministro Ponente: Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.
Sentencia Emitida Por: Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Cuatro personas solicitaron por escrito a la COFEPRIS la autorización para el consumo
personal con fines meramente lúdicos del estupefaciente cannabis y del psicotrópico THC,
en conjunto conocidos como “marihuana”.
Del mismo modo que solicitaron una autorización para ejercer los derechos correlativos al
autoconsumo, hablando en términos generales, todo acto relacionado con el consumo
lúdico y personal de marihuana, excluyendo actos de comercio, como lo son la
distribución, enajenación y transferencia de esta.
Ulteriormente, el director ejecutivo de regulación de estupefacientes, psicotrópicos y
sustancias químicas de la COFEPRIS, les informó a los peticionarios que no podía ser
expedida la autorización solicitada. Ya que, de conformidad con la Ley General de Salud,
en los artículos 235, 237, respecto del estupefaciente cannabis sativa, así como 245,247 y
248 respecto del psicotrópico THC, queda prohibida en todo el territorio nacional cualquier
acto relacionado con estas sustancias.
Los afectados, posteriormente, promovieron un juicio de amparo, donde plantearon la
inconstitucionalidad de varios artículos de la Ley General de Salud, en donde se
considero que estos artículos establecen una política prohibicionista, debido a que limita
los derechos fundamentales a la identidad personal y el libre desarrollo de la
personalidad, de igual modo, sostuvieron que la prohibición para consumir marihuana se
basaba en un prejuicio sustentado en valoraciones morales y no en estudios científicos,
relevando que el Estado no ha actuado con neutralidad ética.
Desde otro punto de vista, la corte entendió que el libre desarrollo de la personalidad es
un derecho fundamental que deriva del derecho a la dignidad, que a su vez está previsto
en el artículo 1º constitucional, y que se encuentra implícito en los tratados internacionales
de derechos humanos.
En este caso, debemos tener en cuenta que los artículos de la Ley General de Salud
identificados como actos reclamados efectivamente inciden en el contenido prima facie.
Dado que la elección de alguna actividad recreativa o lúdica es una decisión que
pertenece a la esfera de autonomía personal. Y que constituye un obstáculo jurídico que
impide a los afectados ejercer el derecho a decidir qué tipo de actividades desean realizar.
No obstante, a lo anterior, el libre desarrollo de la personalidad no es un derecho absoluto,
de tal manera que puede ser limitado con la finalidad de perseguir algún objetivo
constitucionalmente valido. Para que sean constitucionales las intervenciones que se
realizan al amparo de un límite al libre desarrollo de la personalidad, éstas deben cumplir
con ciertas características: La medida legislativa debe ser idónea para proteger los
derechos de terceros y el orden público; y no debe limitar de manera innecesaria y
desproporcionada este derecho fundamental.
La finalidad del marco regulatorio para el control de estupefacientes y substancias
psicotrópicas previsto en la Ley General de Salud es la protección de la salud y el orden
público. De esto puede desprenderse que el legislador tuvo la intención de procurar la
salud de los consumidores de drogas y proteger a la sociedad de las consecuencias
perniciosas derivadas del consumo de las drogas, dado que se ha considerado que esta
actividad tiene efectos nocivos tanto para el consumidor como para la sociedad en
general.
Esta Corte entiende que ambas finalidades son constitucionalmente válidas. Por un lado,
es evidente que la protección de la salud es un objetivo que legítimamente puede
perseguir el Estado, toda vez que se trata de un derecho fundamental reconocido en el
artículo 4º constitucional, en el cual se establece expresamente que toda persona tiene
derecho a la protección de la salud.
Respecto a la protección a la salud de las personas, se traduce en la obtención de un
determinado bienestar general integrado por el estado físico, mental emocional y social de
la persona, del que deriva otro derecho fundamental, consistente en el derecho a la
integridad físico-psicológica. De ahí resulta evidente que el estado tiene un interés
constitucional en procurarles a las personas en lo individual un adecuado estado de salud
y bienestar.
En este sentido, para que la prohibición del consumo de marihuana encuentre justificación
constitucional desde el punto de vista de la idoneidad de la medida es necesario
demostrar que éste afecta la salud y el orden público, aun cuando dicha afectación sea
mínima.
Por ende, esta corte considera que son inconstitucionales los artículos 235, último párrafo,
237,245, fracción I, y 248, todo de la Ley General de Salud. Se hace la precisión de que
esta declaratoria de inconstitucionalidad no supone en ningún caso autorización para
realizar actos de comercio, suministro o cualquier otro que se refiera a la enajenación o
distribución de las sustancias antes aludidas, en el entendido de que el ejercicio del
derecho no deba perjudicar a terceros.
En consecuencia, esta Corte procede a revocar la sentencia recurrida y conceder el
amparo para el efecto de que el Director Ejecutivo de Regulación de Estupefacientes,
psicotrópicos y sustancias químicas de la COFEPRIS, autoridad señalada como
responsable en el juicio de amparo, otorgue a los afectados la autorización a que hacen
referencia los artículos 235 y 247 de la Ley General de Salud, respecto de las substancias
y para los efectos a los que se ha hecho referencia anteriormente.