DIOS ES LUZ, CAMINEMOS EN LA LUZ
Hermanos y hermanas en Cristo, hoy quiero reflexionar sobre 1 Juan 5-10. En él, encontramos una verdad
fundamental sobre la naturaleza de Dios: Él es luz, y en Él no hay tinieblas en absoluto.
I. 1 Juan 1:5
“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.”
A. ¿Qué significa esto?
La luz representa lo que es bueno, puro, verdadero, santo y confiable. Oscuridad representa lo que es malo
y pecaminoso.
Dios es fuente de toda luz y verdad. Él es la luz que ilumina nuestro camino, que nos guía hacia la verdad y
nos libera de la oscuridad del pecado.
En Dios no hay oscuridad ni sombra de maldad. Él es puro, santo y perfecto. No hay lugar para el engaño, la
mentira o la injusticia en su presencia.
Los que siguen a Dios caminan en la luz. Recibimos la luz de Cristo y la reflejamos en el mundo a través de
nuestras palabras, acciones y actitudes.
B. ¿Cómo podemos aplicar este versículo a nuestras vidas?
Examina tu vida. ¿Estás viviendo en la luz o en la oscuridad? ¿Tus acciones reflejan la luz de Cristo o la
oscuridad del pecado?
Juan 8:12
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
Arrepiéntete de tus pecados (pecados que se comete de forma habitual o constante). Si estás viviendo en la
oscuridad, confiesa tus pecados a Dios y pídele perdón. Él te perdonará y te dará la luz de su Espíritu Santo.
Sigue a Cristo. Camina en la luz de su palabra y obedece sus mandamientos.
II. 1 Juan 1:6
“Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la
verdad.”
Este versículo nos confronta con una realidad profunda: la incompatibilidad entre la luz y las tinieblas.
La luz representa la presencia de Dios, su santidad, su amor y su verdad. Las tinieblas simbolizan el pecado,
la oscuridad espiritual y la separación de Dios.
Afirmar tener comunión con Dios mientras se vive en las tinieblas es una mentira. Es como pretender
caminar en dos direcciones opuestas al mismo tiempo. No podemos decir que amamos a Dios si al mismo
tiempo practicamos el pecado.
A. ¿Qué significa andar en tinieblas?
Vivir en una vida de pecado habitual: deshonestidad, impureza, rencor, violencia, etc.
Ignorar la Palabra de Dios: no leerla, no meditarla, no obedecerla.
No tener comunión con otros creyentes: aislarse, no participar en la iglesia.
No tener una vida de oración: no hablar con Dios, no buscar su dirección.
Aquí Juan está diciendo que nadie puede pretender ser un cristiano y vivir una vida malvada e inmoral. No
podemos amar a Dios y vivir y desear el pecado al mismo tiempo.
B. ¿Cómo podemos caminar en la luz?
Confesar nuestros pecados a Dios y arrepentirnos (pecados que se comete de forma aislada o esporádica): Él
es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.
Vivir de acuerdo a la Palabra de Dios: obedecer sus mandamientos, seguir sus enseñanzas.
Tener comunión con otros creyentes: edificarnos mutuamente en la fe, apoyarnos y amarnos.
Tener una vida de oración: hablar con Dios diariamente, buscar su dirección y su guía.
Hermanos y hermanas, no nos engañemos a nosotros mismos. Si queremos tener comunión con Dios,
debemos caminar en la luz. No podemos vivir una vida doble. Debemos elegir entre la luz y las tinieblas.
Que este versículo nos motive a examinar nuestras vidas y a hacer los cambios necesarios para caminar en la
luz de Dios. Que su amor y su verdad nos guíen en cada paso del camino.
III. 1 Juan 1:7
“más si andamos en la luz, como Él está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de
Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Nueva vida en Cristo nos saca de la oscuridad hacia la luz y el verdadero compañerismo los unos con los
otros en Jesús. Por lo tanto, la comunión con Dios es posible por el valor eterno de la sangre de Cristo, no
por lo que hagamos o dejemos de hacer.
Y esto significa:
Caminar en la luz: vivir de acuerdo a las enseñanzas de Jesús. Es elegir una vida de amor, bondad, perdón y
justicia. Cuando caminamos en la luz, reflejamos la luz de Cristo en el mundo.
Tenemos comunión unos con otros: La luz de Cristo nos une como hermanos y hermanas en la fe.
Compartimos una misma esperanza, un mismo amor y un mismo destino. En la comunidad cristiana,
encontramos apoyo, aliento y fortaleza.
La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado: El sacrificio de Jesús en la cruz nos libera de la culpa y el
poder del pecado. Su sangre nos purifica y nos hace nuevas criaturas en Cristo.
Un cristiano genuino habitualmente camina en la luz que equivale a la verdad y santidad y no en la oscuridad
que es la falsedad y pecado.
Si andamos en el reflejo de Su luz, cumpliremos con las escrituras que dice que vosotros sois la luz del
mundo.
Mateo 5:14
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”.
Y para ser un cristiano de luz, tiene que purificarse continuamente con la Sangre de Cristo, pidiendo perdón
diariamente por sus pecados.
IV. 1 Juan 1:8 – Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está
en nosotros.
El pecado siempre rompe la comunión con Dios. La rebelión contra la verdad de Dios siempre nos lleva al
error y auto engaño. No engañamos a nadie sino nosotros mismos.
Este versículo nos confronta con una realidad incómoda: todos somos pecadores. No importa cuánto nos
esforcemos por ser perfectos, siempre habrá momentos en los que fallaremos y ofenderemos a Dios.
Admitir nuestro pecado no es fácil. Nuestro orgullo nos hace querer aparentar que somos mejores de lo que
realmente somos. Pero la verdad es que todos necesitamos la gracia de Dios.
La buena noticia es que Dios nos ama a pesar de nuestro pecado. Él envió a su Hijo Jesucristo a morir en la
cruz para pagar por nuestros pecados. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, Dios nos perdona
nuestros pecados y nos da una nueva vida.
V. 1 Juan 1:9
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda
maldad.”
Es fundamental reconocer y confesar nuestros pecados en nuestra relación con Dios. Al hacerlo,
experimentamos Su purificación y restauración. Nos concede la fortaleza necesaria para vivir una vida libre
del pecado.
Al mantenernos en la presencia de Jesús y caminar en Su luz, Su sacrificio nos libera de cualquier injusticia.
La confesión sincera ante Dios abre las puertas a Su perdón y a la purificación de nuestros corazones
mediante Su luz sanadora, restableciendo así nuestra comunión con Él.
IV. 1 Juan 1:10
“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros”.
Esta escritura nos lleva a un momento de introspección profunda sobre nuestra propia humanidad y nuestra
relación con Dios. En primer lugar, nos recuerda que todos somos pecadores. Aunque podemos esforzarnos
por vivir vidas justas y piadosas, inevitablemente fallamos y cometemos errores. Este reconocimiento de
nuestra propia imperfección es esencial para el viaje espiritual.
Cuando decimos que no hemos pecado, no solo estamos engañándonos a nosotros mismos, sino que
también estamos negando la verdad de la Palabra de Dios y por consiguiente es hacer Dios un mentiroso al
negar Su palabra
Estamos declarando que somos perfectos, lo cual va en contra de la realidad de nuestra condición humana
caída. Al hacerlo, estamos despreciando la gracia salvadora de Dios y su poder de perdón.
Sin embargo, esta escritura no nos deja en la desesperación. A pesar de nuestra tendencia al pecado, Dios
nos ofrece perdón y reconciliación a través de su hijo Jesucristo. 1 Juan 1:9 nos asegura: "Si confesamos
nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." Esta es
una promesa gloriosa que nos brinda esperanza y nos anima a acudir a Dios en arrepentimiento sincero.
Por lo tanto, como creyentes, debemos ser humildes y honestos con nosotros mismos y con Dios sobre
nuestra condición pecaminosa. Reconociendo nuestra necesidad de perdón y buscando la gracia de Dios,
podemos experimentar la plenitud de su amor y restauración en nuestras vidas. Que esta reflexión nos
impulse a vivir en una constante dependencia de la gracia de Dios y a caminar en una relación íntima con él.
CONCLUSION
Debemos caminar en la luz de Dios, confesando nuestros pecados y confiando en su perdón. Solo así
podemos tener una verdadera comunión con Él y vivir una vida victoriosa.
Reflexión:
¿Estás viviendo en la luz o en la oscuridad?
¿Qué necesitas hacer para caminar más en la luz?
¿Confiesas tus pecados a Dios regularmente?
¿Cómo puedes ayudar a otros a caminar en la luz?