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"CIMAS: 45 Años de Ciencia y Letras"

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CIENCIAS, LITERATURA

Y PENSAMIENTO

45 años
Alberto Ceballos Hornero
José Alberto Vallejo del Campo
Elena Vicente Morales
(Coordinadores)

CIENCIAS, LITERATURA
Y PENSAMIENTO

45 años

3
SANTANDER
2022
Coordinadores:
Alberto Ceballos Hornero, José Alberto Vallejo del Campo y Elena Vicente Morales

1.ª edición: Santander, junio de 2022

© De los textos: los autores


© De esta edición: José Alberto Vallejo del Campo

Edita:
José Alberto Vallejo del Campo
Daoiz y Velarde, 3, 2.º dcha.
39003 Santander (Cantabria)
albertvallej@[Link]

Imprime:
Bedia Artes Gráficas, S. C.
San Martín del Pino, 7
39011 Santander

ISBN: 978-84-09-42073-5 • DL: SA–256–2022


ÍNDICE

Elena Vicente Morales: Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    9


Fernando Bringas de la Peña: José Hierro: su poética . . . . . . . . . . .   11
Manuel Ángel Castañeda: Letanía de la Habana . . . . . . . . . . . . . .   19
Alberto Ceballos Hornero: Tejas romanas en Cantabria: evidencia de su
romanización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .   23
J. Ignacio de Frutos de Blas: Juego & simulación (1): dos herramientas
para pensar la historia aplicadas al imperialismo colonial . . . . . . .   33
María Jesús Hernáez Lerena: Naturaleza y taxonomía: dibujar y nombrar
el paisaje de Labrador, Canadá . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .   47
Manuel López-Medel y Báscones: Arbitraje institucional, actos de trámite
y tutela judicial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .   59
Marta Malo Mateo: Hambre y desnutrición en tiempo de guerra . . . . .   67
Alfredo Medina Saiz: Las casas baratas de Alberto Corral en Cajo . . . .   79
Gustavo de Pablo Segovia: Reflexiones sobre el lenguaje inclusivo . . . . .   83
José María Peña González: Galdós y el humanismo popular . . . . . . .   91
Gabriel Porras Rodríguez: La influencia de Menéndez Pelayo en el cine de
Luis Buñuel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
Víctor-Rafael Rivas Carreras: Galdós visto desde el existencialismo ateo de
Albert Camus . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115
José Luis Ruiz Vidal: Rincón poético (I) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123

7
Gonzalo Pedro Sánchez Eguren: Marcelino Sanz de Sautuola. Notas sobre
un pionero de la Prehistoria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
Andrea Torre Morante: Filosofía y poesía: ¿enfrentadas o hermanadas? . . 131
Marino Torre Rivero: Verdad pragmática versus verdad ontológica . . . . 143

Ángela Troyano: Rincón poético (II) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147

José Alberto Vallejo del Campo: El viento que desarraiga las olas: la forzada
sumisión de la China y el Japón al imperialismo occidental en los
siglos xix y xx (1839-1919) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
José Alberto Vallejo del Campo: Notas sobre Menéndez Pelayo y la
masonería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
Elena Vicente Morales: Digitalización y competencia digital en la empresa
y el sistema educativo. Ventajas y riesgos . . . . . . . . . . . . . . . . 143

Reseñas Bibliográficas
José Alberto Vallejo del Campo: Diálogo interconfesional desde el derecho
con la historia como telón de fondo (Joaquín Mantecón Sancho) . . 179
José Alberto Vallejo del Campo: La Revista General de Jurisprudencia y
Legislación de editorial Reus, publicación decana en el panorama
jurídico iberoamericano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183

Apéndice facsimilar: CIMAS 4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187

8
PRESENTACIÓN

Elena Vicente Morales


Directora del IES José María de Pereda

Tres generaciones de docentes se unen en este tercer volumen conmemo-


rativo de la publicación promovida por nuestros profesores del Instituto José
María de Pereda en los años setenta del siglo xx con el nombre de CIMAS. La
emergencia sanitaria que desde marzo del año 2020 ha afectado a nuestro país
—restringiendo toda suerte de actividades públicas— ha impedido culminar
hasta ahora el propósito inicial que era dar a la luz los cuatro volúmenes de
la revista original. La recuperación de la normalidad social en esta primavera
de 2022 nos permite cumplir nuestro objetivo, con una veintena de colabo-
raciones.
En esta ocasión incorporamos al equipo editorial al profesor Alberto
Ceballos Hornero, jefe de estudios del Instituto y profesor de Historia Antigua
en la Universidad de Cantabria, que nos ha acompañado como colaborador en
ediciones anteriores.
También colaboran profesores de la casa como Ignacio de Frutos, Marga
García Polanco, Alfredo Medina, Gustavo de Pablo Segovia, Gonzalo Sánchez
Eguren, Marino Torre Rivero, Ángela Troyano y Alberto Vallejo, así como los
profesores Fernando Bringas y Gabriel Porras de nuestro centro hermano el
Instituto Santa Clara. Incorporamos —como era costumbre en la antigua
revista— firmas de alumnos del Centro (hoy integrados en la vida universita-
ria) como Andrea Torre Morante.
Agradecemos a la maestra tipógrafa Carmen Bedia —titular de la misma
empresa familiar que en su día editó con gusto exquisito la primera revista
entre 1972 y 1974—, el entusiasmo puesto en esta empresa editorial. Agra-
decemos también al Ateneo de Santander, en la persona de su Presidente
don Manuel Ángel Castañeda —antiguo alumno de nuestro Instituto— la
acogida dispensada por la centenaria institución ateneísta a los actos de pre-
sentación de los sucesivos libros conmemorativos que han ido apareciendo,
acompañando la reedición de los volúmenes de la revista antigua. Agradecemos

9
también al repositorio bibliográfico digital DIALNET de la Universidad de
La Rioja, uno de los más importantes de habla hispana, por la publicación
en abierto en la Red a través de su página web de los contenidos de nuestra
publicación.
Contamos este año entre los colaboradores externos que han valorado
y se han identificado con nuestro proyecto editorial a la filóloga María Jesús
Hernáez Lerena, la farmacéutica Marta Malo Mateo, los juristas Manuel López-
Medel Báscones, José Peña González, Víctor-Rafael Rivas Carreras, y el poeta
José Luis Ruiz Vidal.
Como sabemos CIMAS es una publicación pluridisciplinar que acoge
contenidos atinentes a las Humanidades, a las Ciencias Sociales y a las Ciencias
de la Naturaleza, generados por su mayor parte entre profesores de nuestro
Instituto, pero también de otros centros de enseñanza, universitarios y aca-
démicos. Con todos ellos compartimos la satisfacción de la obra publicada.
Santander, mayo de 2022.

10
JOSÉ HIERRO: SU POÉTICA

Fernando Bringas de la Peña


Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua y Literatura españolas
Exdirector del IES Juan Antonio Zunzunegui
Profesor del IES Santa Clara

La conmemoración del centenario del nacimiento del poeta José Hierro


se está revelando como una excelente ocasión para profundizar en el cono-
cimiento de su poesía mediante la celebración de una gran cantidad de actos
académicos y culturales, publicaciones en los medios de comunicación y en
revistas literarias. Considerado como uno de los mejores poetas españoles de
la segunda mitad del siglo xx, su obra poética ha merecido el reconocimiento
de la crítica literaria y de cientos de lectores desde el inicio de su actividad
literaria, de ello dan fe los numerosos galardones que recibió entre los que
merecen una referencia especial el Premio Príncipe de Asturias de las Letras
(1990) y el Premio Cervantes (1998). Las estimadas valoraciones y los atinados
comentarios de sus poemarios, hechos desde ámbitos y perspectivas diferentes,
han destacado su calidad literaria y han subrayado la honestidad y el compro-
miso del poeta con su tiempo.
En este artículo explicaré su poética como la base de su creación literaria
con la intención de recordar al hombre-poeta. Para ello expondré, con sus
propias palabras, los principios estéticos que conformaron su producción, su
poética. A lo largo de su vida y en paralelo con la publicación de sus poemarios,
Hierro manifestó su opinión sobre la creación poética en general y sobre la suya
en particular en entrevistas, artículos y en muchos de sus poemas; posiblemen-
te en «Reflexiones sobre mi poesía»,1 artículo que incluyó en las dos ediciones
de las Poesías Completas,2 es en el que con más claridad y precisión reflexiona
y se expresa sobre la cuestión. En él abarca distintos aspectos de su «oficio de
1
Conferencia pronunciada por José Hierro en la Escuela Universitaria de Formación del Pro-
fesorado «Santa María» (Universidad Autónoma de Madrid) el día 16 de diciembre de 1982.
Vid. también Juan Antonio González Fuentes y Lorenzo Oliván (eds.), Espacio Hierro.
Medio siglo de creación poética de José Hierro. Fundación Marcelino Botín y Universidad de
Cantabria, 2001.
2
José Hierro. Poesías completas (1947-2002). Ed. de Julia Ucieda y Miguel García-Posada,
Colección Visor de poesía, Madrid, 2009 (hay otra reedición posterior).

11
poeta», desde lo más personal hasta lo más literario como es la estética que
defiende y asume, aunque también recojo su testimonio de algunas entrevistas
y otros artículos suyos.
La descripción de la naturaleza del hombre-poeta constituye la génesis
del conjunto de su obra porque constituye el pilar, el sustento de su crea-
ción poética. Advierte que el poeta es un hombre, un ser humano en medio
de una infinidad de semejantes, pero con una característica especial que lo
diferencia:
El poeta es un hombre sometido a circunstancias temporales, zaran-
deado por los hechos, igual que los demás hombres. El poeta es una hoja
más entre los millones de ellas que forman el árbol de su tiempo. Raíces
comunes las alimentan. Por eso, lo que dice de sí mismo es válido para
los demás. Lo único que distingue al poeta no es su mayor sensibilidad,
sino su capacidad de expresión. Es una hoja que habla entre hojas mudas.
Estoy refiriéndome implícitamente a un tipo de poesía que desdeña la
belleza abstracta, el poema como hermoso objeto fabricado, la evasión de
la realidad circundante, y prefiere arraigar en la vida concreta.
Como se puede observar en sus palabras, para él, el poeta, cualquier poeta
porque no se expresa en primera persona, es un hombre más en contextos
diversos, inmerso en un mundo colmado de contingencias circunstanciales,
aunque posee el don de la expresividad, una extraordinaria capacidad de
comunicación que quizás pueda interpretarse como un privilegio ¿natural?
Por otro lado, descarta al vate encumbrado en su mundo, en su torre de
marfil, alejado de los problemas de la vida comunes a los seres humanos, por
eso rechaza también el esteticismo, la «belleza abstracta», para abrazar el de
poeta pegado y no desvinculado de la realidad; compromiso notoriamente
acreditado en toda su obra.
La naturaleza de la poesía, sus rasgos definitorios, esenciales, es otra de
las cuestiones sobre las que se manifiesta con naturalidad. En primer lugar,
sobre la poesía en general y posteriormente sobre la suya. Lo hizo en distintas
ocasiones y de distintas maneras, en frases o en versos muy significativos que
encierran de una forma muy lacónica toda o parte de su pensamiento. Esta es
una pequeña muestra, pero muy significativa:
—«La poesía se escribe cuando ella quiere».
—«Sencillez en la poesía y la tenacidad para perseguirla».
—«El ritmo es lo que hace a la poesía persuasiva y no informativa».
—«Únicamente con verdad no se escribe poesía, hay que persuadir».
Las cuatro citas reflejan cuatro rasgos que Hierro atribuye a la poesía, son
diferentes pero en conjunto ofrecen una perspectiva muy completa porque

12
de ellos se infieren referencias muy claras sobre el proceso creativo (las dos
primeras), la poesía como expresión, su cualidad esencial (el ritmo) y la fun-
ción, su objetivo (debe persuadir); constituyen una auténtica teoría literaria
que lógicamente él adopta. De lo general pasa a lo particular, del concepto
extensivo de la poesía desciende a la suya, a precisar sus características estéticas
para que el lector acierte en la interpretación de sus intenciones literarias. Lo
explica ampliamente en el artículo citado, supone una confesión formal sobre
el sentido y significado de su poesía:
En general, mi poesía es seca y desnuda, pobre de imágenes. La pala-
bra cotidiana, cargada de sentido, es la que prefiero. […] No creo en
los versos de belleza aislada. Supedito todo al efecto general del poema.
Pienso que éste ha de ser una arquitectura firmemente organizada, y que
cada verso prepara el siguiente y recoge algo del anterior. Si la poesía es
arte del tiempo, no del espacio, este orden temporal ha de ser cuidadosa-
mente regido. De ahí las reiteraciones, que van teniendo distinto sentido
conforme el poema avanza.
La sencillez, una poesía «desnuda de artificio» pero con emoción, como un
ente dotado de una estructura que trascienda, capaz de retener el poso tem-
poral que da sentido al poema es una característica natural, pero no la única
como veremos a continuación. En el mismo artículo precisa y, sobre todo, avisa:
El lector advertirá que mi poesía sigue dos caminos. A un lado, lo que
podemos calificar de «reportaje». Al otro, las «alucinaciones». En el pri-
mer caso trato, de una manera directa, narrativa, un tema. Si el resultado
se salva de la prosa, ha de ser, principalmente, gracias al ritmo, oculto y
sostenido, que pone emoción en unas palabras fríamente objetivas. En
el segundo de los casos, todo aparece como envuelto en niebla. Se habla
vagamente de emociones, y el lector se ve arrojado a un ámbito incom-
prensible, en el que le es imposible distinguir los hechos que provocan
esas emociones.
Dos características concluyentes se observan en esta declaración, por un
lado la clasificación en dos grupos diferenciados con pocos nexos en común,
reconocidos sin titubeos por la crítica literaria (quizás porque proceden del
poeta); por el otro la importancia del ritmo, un rasgo común de su poesía
sobre el que se manifestó en numerosas ocasiones, ya lo vimos en dos citas
anteriores, que matiza y resalta para lograr emocionar:
Hay que tener en cuenta que la poesía es como una partitura musical,
hay que descifrarla. El verdadero lector de poesía la lee con los ojos y con
los oídos, el ritmo es lo que hace que las palabras vayan más allá que el
sentido que tienen en el diccionario.

13
En otra entrevista, «Conversando con José Hierro»,3 proclama otra pecu-
liaridad, la importancia de la trascendencia del «tiempo»:
El tema principal de mi poesía ha sido siempre el tiempo: cómo
todo pasa, cómo todo lo que estás viviendo es irrepetible, y una de
las ansiedades que he tenido siempre ha sido la de perpetuar el ins-
tante, considerar el instante que vives como algo intemporal y sabo-
rearlo antes de que pase. La eternidad, para mí, es el deseo de que
un instante vivido sea eternamente presente, y por esto a veces apa-
rece el mar como un símbolo, porque el mar es lo que no se arru-
ga, lo que no cambia, lo que no tiene pasado, el mar es lo siempre
presente.
Sus palabras recuerdan a Machado, «la poesía es la palabra esencial en el
tiempo». El tiempo inamovible, el tiempo como soporte eterno del poema,
el tiempo que atrapa perenemente vivencias es un objetivo absoluto para
convertir su poesía en inmortal, conseguirlo lo hace imperecedero, y, en
consecuencia, absolutamente clásico. Y un dato importante, el símil del mar
como ejemplo de lo durable es un tema constantemente reiterado en su poesía,
mostrado siempre como un recurso emanado de su experiencia vital, de una
vivencia auténtica.
Del testimonio de sus palabras se desprende que el ritmo y el tiempo
son dos características fundamentales de su poesía que, a su vez, él clasifica
en «reportaje» y «alucinación». Todo, en su conjunto, ha servido de guía a
críticos y exégetas para analizar y comentar sus poemas y les ha encaminado
a descubrir otros valores muy significativos.
Una cuestión importante que ha venido gravitando sobre su obra ha sido
el intento de clasificarla dentro de una tendencia o un corriente literaria, algo a
lo que siempre se negó. Generalmente se la ha relacionado con la poesía social,
posiblemente por estar en pleno apogeo en la época en que inició su trayectoria
poética. Sobre ello se manifestó con una evidencia irrefutable:
[Y es que yo] no entiendo bien qué quiere decirse cuando se habla de
poesía social. En el ámbito de la poesía de la vida —dejemos ahora aparte
la poesía esteticista— hay dos puntos extremos: lo intimista y lo social.
[…] La distinción, hecha a ojo de buen cubero, suele ser ésta: el poeta
intimista es el que elabora la materia prima de sus experiencias singulares,
en tanto que el poeta social interpreta sentimientos colectivos. El poeta
intimista despierta en sus lectores el «yo»; el social, el «nosotros». ¿Pero
hasta qué punto lo individual no viene condicionado por lo colectivo?
¿Acaso no existe un denominador común en cada época? ¿No ocurrirá
3
Entrevista realizada por Alejandro Valero y Elena Martínez, Centro Virtual Cervantes.

14
que si yo hablo de mi amor, de mi alegría o mi tristeza, el lector traduzca
nosotros, nosotros los enamorados, o los alegres, o los tristes? ¿No perte-
nece mi concepto de las cosas a la misma sociedad que lo conformó? Un
noventa y nueve por ciento de lo que pensamos, sentimos o expresamos
es patrimonio común: cuando el poeta habla de sí mismo, está hablando
de los demás, aunque no quiera.
Y continúa argumentando y precisando:
Poesía social será la que se refiera a un nosotros circunstancial, creado
por determinadas condiciones materiales que un día desaparecerán al
transformarse la sociedad. El poeta, partícula de ese sujeto colectivo,
hará poesía social al referirse a los hombres sometidos a esa circunstancia
transitoria. […] … yo prefiero hablar de poesía «testimonial». El poeta
denuncia. Es testigo de la defensa o de la acusación. Hasta quien expone
sus íntimos sentimientos melancólicos está denunciando a los que le
hicieron infortunado. Con límites no demasiado precisos, aunque sí sufi-
cientemente claros, yo encasillo a los poetas en estetas (el hombre a solas
con la belleza), testimoniales (los que dan testimonio de su tiempo desde
el «yo» o desde el «nosotros»), políticos (los que al testimonio añaden
soluciones concretas desde el punto de vista de una doctrina política) y
religiosos (el hombre frente a Dios). Cuatro grandes grupos que, como las
razas, admiten infinidad de subgrupos y matizaciones. Y no olvidemos que
un mismo poeta puede hacer, en etapas sucesivas de su vida o en horas
distintas del mismo día, poesía que pertenezca a grupos distintos. No
olvidemos tampoco que estas calificaciones personales son modificadas
por el radio de acción —amplio o restringido, popular o minoritario—
de cada obra.
La claridad de la exposición y del razonamiento del poeta no deja ninguna
duda sobre su adscripción literaria, se considera un poeta testimonial, aunque
algunos críticos se empeñen en incluirlo en la poesía social. La clasificación en
cuatro clases de poetas, entre los que incluye los «testimoniales», el suyo, es la
prueba definitiva: insiste en reafirmarse en ese grupo y para ello se extiende
en describir su estética (otra confesión añadida a su concepto de poesía) con
un símil quizás poco literario pero muy elocuente:
Larga ha sido la digresión, al cabo de la cual no ha quedado bien
determinada la frontera de la poesía testimonial, en la cual me incluyo.
Testimonial, puede que pregunte alguno, ahora desde lo externo, ¿equivale
a poesía que desdeña la belleza formal? En absoluto. La poesía verdadera,
sea cual sea el adjetivo que la matice, no puede prescindir de la belleza
de la palabra. Pero no entendemos por belleza recargamiento, énfasis,
imaginería, empleo de materias verbales preciosas, sino precisión poética,

15
adecuación de la forma al fondo. No existen, a efectos poéticos, palabras
bellas y feas, sino palabras oportunas y otras que no lo son dentro del
poema. La forma modela, contiene exactamente el fondo, como la piel
al cuerpo humano. En el poema, fondo y forma son inseparables. Si el
fondo desborda a la forma poética, estamos en la prosa; si la materia
verbal ahoga con su grasa al fondo, caemos en la retórica, entendida esta
palabra en su sentido peyorativo. Cada fondo tiene su forma justa, que
por justa ya es bella.
Y de alguna manera justifica su adscripción cuando declara: 4
Los poetas de la posguerra teníamos que ser, fatalmente, testimoniales.
Y ello no significa que si como creadores estamos condenados a la poesía
testimonial, como lectores seamos incapaces de gustar la poesía de la
belleza, escrita antes o ahora.
Por lo tanto, disipa cualquier duda, lo deja bien claro, su poesía es testi-
monial, se desmarca de la poesía social entendida según el canon tradicional;
con sus palabras pretende certificar su condición humana en el contexto de su
tiempo, por eso cuando defiende su posicionamiento se expresa con firmeza,
sin objeciones.
No se olvida de su finalidad como poeta; es decir, para quién escribe. En
la primera cita conocíamos la naturaleza del poeta consciente de su función a
partir de considerarse uno más en la sociedad, por eso se siente un destinatario
más de su obra en su condición de hombre-poeta:
La honestidad de mi poesía —no su valor— reside en el hecho de
que he escrito siempre para mí. Pero ¡cuidado!, que escribir para uno no
significa escribir para que los demás no le entiendan, como ciertos fareros
de las torres de marfil. El poeta tampoco puede escribir sólo para que le
entiendan los demás: escribe para entenderse a sí mismo, que es la única
manera de que puedan entenderlo los otros, ya que somos una porción
de esos otros. De la misma manera que se acepta que sólo es universal y
eterno el que es local y muy de su tiempo, ha de aceptarse que sólo puede
hablarse a los demás cuando se habla para uno mismo. Pero antes hay que
haber vivido entre los demás. De ellos procedemos y a ellos fatalmente
hemos de volver a través de la poesía, que es lo más noble que el ser
humano puede ofrecer a los demás.
No quisiera terminar sin recordar que son muchas y variadas las influen-
cias que se detectan en su poesía, proceden de dos fuentes: de escritores
(mediante alusiones y las citas de clásicos españoles de todos los tiempos), y de

4
En el artículo «Reflexiones sobre mi poesía».

16
músicos (recordemos sus palabras sobre el ritmo y la música). La limitación de
espacio me impide mencionarlas, pero no me resigno a citar a Gerardo Diego,
sin duda la influencia más importante, a quien Hierro dedicó el poemario Con
las piedras, con el viento:
Le dedico el libro como muestra de agradecimiento por lo mucho que
le debo. De la mano de sus Versos humanos me asomé a la poesía. Instigado
por Imagen y Manual de espumas, inicié cabrioladas poéticas. Más tarde,
con Ángeles de Compostela y Alondra de verdad, estuvo en mi cabecera en
horas que necesitaba de la poesía. Desde lejos me mostró los caminos.
Por timidez de usted y mía, no hemos hablado de ello las pocas veces que
nos hemos encontrado. Hoy puedo significarle mi reconocimiento a este
magisterio que acaso no sospeche.
Las palabras del poeta, que he transcrito en este artículo, demuestran que
Hierro poseía una especial y personal teoría poética sustentada literariamente
en la sobriedad estética, en el valor del ritmo, en su concepto del tiempo y en
su función testimonial como hombre-poeta. Son los rasgos más definitivos
y evidentes que alcanzan su auténtico significado al reconocer en ellos el
compromiso social, la honestidad y la sinceridad del poeta en cada poema y,
coherentemente, en el conjunto de toda su obra. Por ello, la conmemoración
del centenario de su nacimiento representa una magnífica ocasión para leerlo o
releerlo y apreciar la voz poética de un hombre de su tiempo que quiso y logró
convertirse en un poeta clásico de nuestra literatura, en un escritor inmortal.

17
Dibujo de Hierro por Joaquín de la Puente,
aparecido en la revista Peña Labra, 43-44 (primavera-verano 1982).
LETANÍA DE LA HABANA

Manuel Ángel Castañeda


Doctor en Ciencias de la Información
Presidente del Ateneo de Santander
Profesor de Comunicación de la Universidad Europea del Atlántico
Exdirector de El Diario Montañés
Exalumno del Instituto José María de Pereda

Existen ciudades reales y ciudades imaginarias, urbes inventadas por


poetas, visionarios o hechizados. Existen pueblos absolutamente ciertos que
nunca existieron, ciudades que se recorren, se admiran y se huelen, pero que no
están en ninguna parte: el Macondo descrito con detalle por García Márquez;
Castroforte de Baralla, creado por Torrente Ballester en la Saga/fuga de J. B.;
la ínsula Barataria donde don Quijote nombró a Sancho Panza gobernador y
tantas y tantas. Y hay capitales perfectamente reales, concretas y sólidas que
no se pueden entender ni disfrutar si antes no se han leído, porque son tantas
personalidades las que contienen, que el viajero no apreciará los matices, si
no ha saboreado antes los paisajes y los ambientes vistos por los escritores
que han unido su arte a una cartografía urbana. Son esos lugares que se pue-
den vivir sin comprender, que se pisan sin sentir y que apenas se perciben si
no es por la literatura. Dublín es Joyce; París, Baudelaire; Madrid, Galdós o
incluso Umbral; Nueva York, John Dos Pasos o Tom Wolfe, Londres es Dickens
… porque hay lugares que tan solo se degustan a través de la literatura, pare-
cen decorados hechos para que un autor les insufle vida. Son ciudades para
recorrer con la memoria impregnada de lecturas.
La Habana es el paradigma de ciudad literaria, de paisaje tantas veces
descrito, de calles soñadas y leídas antes de ser holladas. La Habana golpea con
un puño de sol, sal y mar. La capital cubana tiene un encanto potente que ha
atrapado a grandes creadores, que ha producido una adicción tan fuerte como
para que muchos autores sigan enganchados a ella a pesar de lustros de exilio,
de décadas sin regresar a los barrios amados. Cuando además de recorrer las
calles del Vedado, las aceras destruidas de Centro Habana o la maravilla des-
conchada de La Habana Vieja se lee a escritores como Cabrera Infante, Lezama
Lima, Armas Marcelo, Virgilio Piñera, Alejo Carpentier, Leonardo Padura, etc.,
es cuando se penetra en otro nivel y se entiende de forma diferente esta ciudad

19
de las columnas, llena de sombras y rejas. La Habana a través de la literatura
cobra diferentes dimensiones, se puede recorrer en claves distintas y se entiende
como un arcano repleto de misterios, de claves esotéricas y de contraseñas.
La ciudad es un modelo que permite miles de interpretaciones. La Habana
barroca de Lezama nada tiene que ver con la ciudad leprosa que nos presenta
Pedro Juan Gutiérrez, el escritor y pintor que otea cada día la realidad urbana
desde su azotea en San Lázaro, con la mar al norte y la ciudad al sur: «Sólo
dejo abierta la ventana pequeña que da al sur —escribe el autor de Trilogía
sucia de La Habana—. Desde allí se ve toda la ciudad, plateada entre el humo,
la ciudad oscura y silenciosa, asfixiándose. Semeja una ciudad bombardeada
y deshabitada. Se cae a pedazos, pero es hermosa esta cabrona ciudad donde
he amado y odiado tanto».
Pero junto a esa visión de la belleza ultrajada existen otras, también
narradas por los autores: La Habana sensual que han cantado sus poetas ena-
morados, La Habana colorista que visitó fugazmente García Lorca, la Habana
bravucona de la que se prendó Hemingway, el Papá que le dicen los cubanos;
la Habana nostálgica y mágica de Cabrera Infante, exiliado y por tanto evo-
cador de unos callejones que siguen tal y como él los dejó, conservados en
«la revolución» que todo lo para; esa Habana desgarrada de Zoé Valdés o la
Habana de todas las Habanas de Juancho Armas Marcelo. Y cada cual la ve a
su manera: para uno la Estambul del Caribe, la ciudad monumental y vital,
restallante de vida y de ritmo, empapada de ron y música. Para otros la Bei-
rut antillana, destruida, derruida y abandonada, como si el castrismo hubiera
sido una guerra devastadora. En cualquier caso hay que ver la capital cubana
con los ojos de los poetas para entender su magia, lejos de las carencias y las
decadencias.
La Habana es el pasado y presente; anclada en su bahía de popa al futuro.
Muestra el semblante de lo que fue y la cara del presente. La ciudad inspira
cadencia, ritmo, poesía, sentimiento y se resume en un mantra, en una letanía
que se puede desgranar con las cuentas de un rosario para interiorizar el alma
misma de esta urbe alegre, caótica y desmerengada.
Tomo versos de aquí y de allá, de poetas, novelistas, raperos y cantantes
para componer, en una suma teológica de plagios, una letanía para alabar la
magia de un paisaje urbano milagroso:

Ciudad de las columnas,


sonámbula del sol,
buscadora de esquinas de fraile,
capital maga y embrujadora,
Toledo entrevista por Hemingway.

20
Habana desmerengada,
catálogo de derrumbes,
babel de acentos y músicas,
antología del art decó.

Columnata infinita.
Cárcel sin barrotes.
Laberinto de guardavecinos.
Yolanda sin fin.
Ciudad a la deriva en el gran río azul.
Sacarocracia en La Víbora.
Sombra de Santo Trafficante en el Vedado.
Negritud turbadora en Centro Habana.
Húmeda asfixiadora del maestro Lezama.

Impostura arquitectónica de Carpentier.


Capital de los apagones.
Maestra en el arte de resolver.
Cumbre del embullo.
Devota de San Lázaro.
Amante de Changó.
Ciudad de los suicidas.
Habana a la deriva en la corriente del Golfo.
Nictálope de terciopelo.

Urbe agraz y rebelde.


Malecón interminable.
Ciudad penetrada por la mar.
Ilusión vana.
Ciudad de los mil nombres.
Perla del Caribe.
Prado acechante.
Montserrate efervescente.
Rampa embulladora.

Eterna Yolanda.
Son las barbas de Fidel…
¡Cierra la muralla!
El paro del comandante.
La homofobia del Che.

21
Calzada empedrada.
Larga plata en pereza.
Invento de Carpentier.
Metáfora de Lezama.
Azotea de Pedro Juan.
Cárcel de Reinaldo.
Voz de Carlos Franqui.
Desquicio de Batista.
Ciudad letificante.

Muestrario arquitectónico.
España esencial.
Habana plena de habanas.
Kafkiana y directa.
Habanidad de habanidades.
Todo habanidad.

22
TEJAS ROMANAS EN CANTABRIA:
EVIDENCIA DE SU ROMANIZACIÓN

Alberto Ceballos Hornero


Profesor del IES José María de Pereda
Profesor asociado en el Dpto. de Ciencias Históricas
de la Universidad de Cantabria

La novela Carmen, escrita en 1845 por Prosper Merimée, comienza con


el narrador, un arqueólogo francés, preguntando a un paisano de Montilla
(Córdoba) si ha visto muros o estatuas en ruinas o de larges tuiles à rebords
en la zona, pues anda buscando el campo de la batalla cesariana de Munda.
El tejado romano constaba de dos tipos de tejas: la tegula plana, de al menos
40 x 30 cm, caracterizada por dos rebordes laterales salientes, y el imbrex semi-
circular, el cual se disponía sobre la intersección de dos tégulas para evitar que
se filtrase la lluvia. La teja medieval y posteriores seguirán el modelo del imbrex
romano, si bien, normalmente, de factura más pequeña y sin la decoración de
digitaciones o sellos que a veces llevaban en época romana. En cambio, la tegula
plana con reborde saliente es típica romana, por lo que cuando aparece no hay
duda de su cronología, de ahí el interés del narrador de Carmen por las anchas
tejas con rebordes, pues donde aparecen es un yacimiento claramente romano.

Disposición de tégulas e ímbrices romanas.

23
Una de las manifestaciones de la romanización en Cantabria fue la difusión
de un nuevo urbanismo que incluía, entre otras cosas, edificios techados con
teja. Hasta entonces las construcciones se cubrían con elementos vegetales y
pieles curtidas, en ocasiones reforzados por manteado de barro. Las tégulas se
usan preferentemente para techar un edificio, aunque también se han cons-
tatado cubriendo inhumaciones (en Cantabria no se han encontrado tumbas
completamente cubiertas de tejas, sino solo en parte o usándolas como almo-
hada u orejeras del muerto en época medieval en Maliaño, Santa María de Hito
o Camesa) o formando desagües hechos a base de imbrices (por ejemplo, en
las termas romanas de Maliaño y Camesa). Así mismo, los romanos usaban
fragmentos de teja para mezclarlos con mortero y construir muros y suelos.
Techar un tejado con estas piezas de barro cocido suponía un gran peso,
ya que al menos miden 2 cm de grosor. Para un edificio de 180 m2 de planta,
M. L. Ramos calcula más de 2.500 tejas y 14 toneladas de peso. Esto implica
que los muros, vigas y soportes interiores tenían que ser bastantes más sólidos
que en los casos en que se cubría con elementos vegetales. De hecho, no todos
los edificios de una ciudad romana se cubrían con teja, como se evidencia en
el principal yacimiento urbano de la antigua Cantabria: Iuliobriga. Por eso,
cuando se techa con estas piezas de barro cocido se trata en todos los casos
de edificios romanos destacados.
Tejas romanas en Cantabria se han descubierto en:
a) Yacimientos romanos claramente urbanos, con edificios
techados con tejas:
1.—Maliaño: un millar y medio de fragmentos de tegulae (c. 700) e imbri-
ces (c. 900) se han identificado de un tejado desplomado que cubría una casa
y unas termas que son visitables en el actual cementerio.
2.—Castro-Urdiales - Flavióbriga: más de 600 fragmentos de tejas se han
recuperado en las escasas y limitadas excavaciones practicadas en esta ciudad
romana. Aunque parezcan pocas, son bastantes teniendo en cuenta que pro-
ceden fundamentalmente de una parte de una insula y de un espacio termal.
3.—Retortillo - Julióbriga: pocas tejas (4 tegulae y 24 imbrices) se han
recuperado en este yacimiento, el cual ha sido el más ampliamente excavado de
la región, sacando a la luz varias domus e insulae. Esto implica que muchas de
las edificaciones (más de 10 casas excavadas) de esta ciudad estaban techadas
solo con elementos vegetales. No obstante, las tejas recuperadas han sacado
a la luz el nombre de dos alfareros que operaron en la ciudad, por lo que es
posible que más construcciones tuviesen tejas cerámicas.
4.—Camesa - Rebolledo: dos centenares de tejas se han recuperado en esta
mansio o pequeña ciudad de los siglos ii-iii, muchos de ellos usados como

24
elementos constructivos. En El Conventón abundan los imbrices, 14 de los
cuales aparecieron completos formando una atarjea de desagüe y hay bastantes
trozos unidos con mortero para hacer los muros de tapial, por lo que es posi-
ble que en este edificio no se usara la teja como elemento de cubrición, pero
también es cierto que la zona termal fue entera desmontada y no se conserva
in situ ningún ladrillo de suspensurae que sin duda tuvo que haber. En cambio,
disponían de tejado de teja un edificio al Noroeste de El Conventón y en la
zona de La Cueva se han exhumado unas termas y otros edificios junto con
numerosos fragmentos de teja romana que aparecían esparcidos por todo el
suelo. Asimismo, en las tumbas visigodas-altomedievales de niños, alrededor
de El Conventón, se han recuperado tejas curvas usadas como tapa y almohada
del muerto, las cuales pueden ser de factura medieval o reaprovechadas del
yacimiento romano.

Atarjea de ímbrices en Camesa.

De estos yacimientos provienen la mayoría de las tejas con marcas (líneas


formando figuras, huellas de animal o pisadas humanas) y sellos de alfarero
(nombres personales) que se conocen en Cantabria.

25
b) Villae o edificios romanos aislados, ya sea en ambientes ru-
rales o portuarios:
5.—La Magdalena: han sido recuperadas una quincena de trozos de tegulae
pertenecientes a una villa altoimperial, no excavada, situada bajo los actuales
club de Tenis y Balneario y, por otro lado, en la torre que estaría ubicada en el
actual recinto de los patos aparecieron tejas curvas, acaso imbrices. Pese a no
estar excavada, la existencia de un edificio romano importante en el istmo de
la Magdalena es indudable debido al hallazgo de mosaicos, toscos pedestales,
muros de mampostería, ladrillos circulares de un espacio termal y cerámica
sigillata sudgálica e hispánica.

Fragmento de tégula en la playa de La Magdalena.

6.—Catedral de Santander: fragmentos de tejas romanas de las termas


bajoimperiales. No son muchas, pero es que sobre ellas se asentó la iglesia
medieval, que destruyó las termas.
7.—Santa María de Hito: numerosas tejas, algunas con marcas, se recupe-
raron en esta villa bajoimperial. Algunas se reusaron en las tumbas visigodas-
altomedievales como almohadas y orejeras para el cráneo del muerto, al igual
que en otras necrópolis de la época (Maliaño y Camesa).
c) Yacimientos sin construcciones descubiertas (sin muros), pero
que por la cantidad de fragmentos de tejas halladas debieron de
contar con edificios romanos de entidad:

26
8.—San Bartolomé de Elechas: alrededor de un centenar de tegulae e
imbrices fueron recogidas en la línea de costa, prueba de que era un embarca-
dero romano que contaba con, al menos, un edificio importante.

Restos de tégulas en San Bartolomé de Elechas.

Además, en pequeña isla de La Campanuca se han descubierto al menos


cinco fragmentos de tegulae e imbrices, así como varios ladrillos romanos, que
acaso se correspondan a la construcción de la cercana Elechas y que hayan sido
arrastrados por el mar. Del mismo modo, en Gajano y Galizano se mencionan
posibles tejas romanas, pero seguramente sean materiales intrusivos, traídos
por el mar desde el yacimiento cercano de Elechas.
9.—Santa María de Santoña: más de dos centenares de tejas, así como
otros restos de material constructivo (ladrillos, clavos) y numerosas cerámicas,
tanto hispánicas como sudgálicas, se han recuperado en las excavaciones reali-
zadas en el entorno de la iglesia de Santa María del Puerto (1986-1988 y 2013).
Teniendo en cuenta lo escaso del terreno excavado, las tejas son indicativas de
la existencia, al igual que en Elechas, de un puerto con edificaciones romanas
de buena factura. Además, varias tejas llevan marcas a base de acanaladuras
o líneas.
10.—Huerta de Quintana (Suances): numerosas tejas romanas se observa-
ban formando parte del muro de cierre de la antigua huerta del párroco junto
a la iglesia, por lo que debieron ser reaprovechadas de un edificio romano

27
cercano, el cual fue identificado y destruido en los años 2017-2018 con la
construcción de un aparcamiento para coches en la zona y donde se lograron
recuperar restos de pintura mural, ladrillos (alguno de un espacio termal),
sigilllata y 22 fragmentos de tégula y 2 de ímbrex.

Tejas romanas insertas en el muro perimetral de Huerta de Quintana.

11.—Maoño: recientemente ha aparecido un depósito con un buen


número de tegulae y algún imbrex.
12.—Alto del Gurugú (Guarnizo): solo se han recuperado en una inter-
vención de urgencia una tegula y un imbrex decorado, pero, asimismo, un
inequívoco ladrillo termal. Además, en foto aérea se ve una construcción
absidiada típica de las termas romanas. Con estos hallazgos seguramente se
pueden relacionar también la tegula y el ladrillo romanos recogidos en el
cercano barrio del Infierno en Guarnizo.
d) Castella o estructuras defensivas romanas en acrópolis
o junto a oppida prerromanos del interior, conquistados en las
Guerras Cántabras, por lo que acaso los escasos fragmentos de

28
teja hallados en ellos respondan a elementos constructivos del
muro y no siempre a tejados:
13.—Pico del Oro (San Felices de Buelna): para M. Serna las tejas halla-
das en el Pico del Oro indicarían que el castellum estaba techado con estos
elementos de barro.
14.—Pico Jano (Vega de Liébana): un solo fragmento de teja que revela
para los investigadores que en este caso la techumbre del castellum sería vegetal.
En el Norte de las actuales provincias de Burgos y Palencia, que pertenecía
al antiguo territorio de la Cantabria romana, se han descubierto restos de tejas
romanas en cuatro castra:
15.—Peña Amaya: M. Cisneros refiere el descubrimiento de numerosos
fragmentos de tejas romanas en la acrópolis.
16.—Monte Bernorio: una quincena de tegulae.
17.—Mave: 10 tegulae y 14 imbrices, según M. L. Ramos.
18.—Monte Cildá: 2 tegulae y 55 imbrices que pudieran ser elementos
aprovechados en la construcción bajoimperial de la muralla para defenderse
de las incursiones bárbaras. Uno de los imbrex porta la marca S.A.B., iniciales
del tejero.
e) Hallazgos aislados, sin vinculación clara con un yacimiento
romano de entidad:
19.—Comillas: una tegula completa de 49 x 30 x 3,2 cm, seguramente
traída por el Marqués de sus excavaciones en otros yacimientos romanos, es
citada por M. L. Ramos.
20.—Calle Gándara (Santander): se mencionan fragmentos de teja junto
al hallazgo de la terracota de Baco, pero aquellos, a diferencia de esta, no se
conservan en la actualidad.
21.—Los Pandos (Vispieres): un gran fragmento de imbrex junto a otro
material constructivo.
En el Oriente de Asturias, en torno al Sella, límite occidental de la Can-
tabria romana se han citado tejas romanas en dos yacimientos, restos que no
se conservan: En La Isla (Colunga) C. Alvargonzález en 1903 refiere el hallazgo
de tegulae e imbrices, junto a columnas de hipocausto, tubos de plomo y un
mosaico. Y por otro lado, en la Atalaya (Ribadesella) C. Fernández Ochoa
recoge la noticia del hallazgo de tégulas y ladrillos.

f) Cuevas con fragmentos de una teja (ya sea tegula o imbrex) y


para cuyo depósito en el lugar no hay una explicación clara:

29
22.—Brujas (Suances): tres fragmentos de tegulae acompañados de cerá-
mica sigillata tardía y un ladrillo circular, que seguramente proviniesen de un
cercano edificio romano.
23.—La Clotilde (Reocín): un gran imbrex junto a una sigillata.

Gran fragmento de ímbrex recuperado en la cueva de La Clotilde.

24.—Llogro (Puente Arce): un imbrex con decoración acanalada como


los romanos.
25.—Villanueva (Villaescusa): fragmentos de tegula y de un posible
imbrex.
26.—La Vallina (Porrúa): restos partidos de una tegula.
Además, el Conde de la Vega de Sella cita la presencia de tejas romanas en
los estratos superiores de la cueva paleolítica de Cueto de la Mina (Posada),
y también se han citado en la cueva de La Cuesta (Oreña), pero seguramente
sean medievales.

CONCLUSIÓN

Las tejas, debido a su peso (más de 2 kilos el imbrex más ligero y hasta 15 ki-
los la tegula más pesada) y a su fragilidad (se rompen si se golpean fuerte),
no se transportarían a largas distancias, sino que habría alfares locales. Por los
sellos aparecidos en tejas de Castro-Urdiales, Retortillo, Camesa y Monte Cildá
conocemos el nombre o las iniciales de al menos cinco tejeros que trabajaron
durante época altoimperial en Cantabria: Licini en Castro-Urdiales (sello que
ha aparecido también en Asturias), Nigrini y +[Link] en Retortillo, tres tégu-
las de C AEC (ó LEG) en Camesa, y S.A.B. (= Sextus AB ó Sabinus) en un
imbrex de Monte Cildá (Palencia). La primera teja o ladrillo con sello que

30
apareció en Camesa se leyó como LEG(ionis) referido a la Legio IV Macedo-
nica y llevó, como en el caso del arqueólogo narrador de Carmen de Merimée
(referencia con la que empieza este artículo), a J. M. Robles a identificar el
yacimiento romano (hasta entonces solo conocido por las ruinas medievales).
Actualmente, dado que han aparecido dos tejas más con el nombre «CAEC»,
se identifica al tejero de Camesa como Caecilius o Caius Aecius.
La Ley de Vrso, de época cesariana, establecía que dichos talleres de tejas
debían ubicarse a las afueras de las ciudades, dado el peligro de incendio que
suponían sus hornos, que tenían que superar los 600 ºC para poder cocerlas.
Por tanto, el hallazgo de tejas romanas implica la existencia de, al menos, un
edificio de buena factura en las cercanías. Esto es clave para buscar nuevos
asentamientos y patrones de poblamiento en la Cantabria romana, sobre
todo, los hallazgos recogidos en los apartados «c», «e» y «f». En el mapa se
puede apreciar la mayor presencia romana ligada a la costa (y en segundo
lugar al contacto con la Meseta), lo que evidencia su interés por el comercio
y la comunicación vía marítima como una de las claves para la conquista y
romanización de la antigua Cantabria.

Mapa de Cantabria con la situación de los yacimientos citados en el texto.

31
BIBLIOGRAFÍA
Ceballos, A. et alii.: «Nuevos hallazgos de cerámicas romanas en la playa de la
Magdalena», Altamira lxxxix, 2018, pp. 29-51.
Fernández Vega, P. A. et alii.: «Marcas de fábrica sobre material de construcción
cerámico en la Cantabria romana», Sautuola xv, 2009, pp. 299-309.
Marcos, J. et alii.: «Nuevos hallazgos de una población romana en Suances (Can-
tabria)», Sautuola xxiv-xxv, 2019-2020, pp. 91-112.
Montes, R. et alii.: El yacimiento de la Mies de San Juan de Maliaño (Camargo,
Cantabria). Camargo, 2019.
Muñoz, E. et alii.: «El yacimiento romano-medieval de la ensenada de San Bar-
tolomé (Elechas, Marina de Cudeyo) y el poblamiento romano de la costa de
Cantabria», Altamira lxxx, 2011, pp. 341-396.
Ramos, M. L. et alii.: Los materiales cerámicos de cubrición en la Cantabria romana.
Santander, 2009.
Rasines, P. et alii.: Intervenciones arqueológicas en Castro-Urdiales. Tomo i. Castro-
Urdiales, 2006.
Serna, M. L. et alii.: Castros y castra en Cantabria. ACANTO, 2010.

32
JUEGO & SIMULACIÓN (1)
DOS HERRAMIENTAS PARA PENSAR LA HISTORIA
APLICADAS AL IMPERIALISMO COLONIAL

J. Ignacio de Frutos de Blas


Doctor en Didáctica de la Historia
Profesor del IES José María de Pereda
Departamento de Didáctica de la Matemática, de las Ciencias Sociales
y de las Ciencias Experimentales, Universidad de Málaga.

Y si queremos señalar (lo ocurrido en julio de 1914) desde el siglo xxi


podemos acusar de dos faltas a aquellos que llevaron a Europa a la
guerra. La primera, por carecer de imaginación a la hora de no ver lo
destructivo que podía ser un conflicto como aquel; y la segunda, por su
falta de coraje para mantenerse firmes ante aquellos que decían que
no había más opción que la de ir a la guerra. Siempre hay opciones.
(MacMillan, 2013, 645)

INTRODUCCIÓN ¿PARA QUÉ SIRVE LA HISTORIA?

¿Qué diantres hago yo, docente de Historia en un Instituto de Educación


Secundaria, intentando hablar ante una audiencia que, en muchos casos me
mira con desinterés, recelo, hastío o, simplemente porque es lo que «toca»
a esta hora de la mañana este día concreto de la semana? Es cierto también
—no puedo ser tan negativo— que entre esa misma «audiencia» hay quienes
cuya motivación es aprender todo lo que puedan e, incluso, quienes disfrutan
enormemente de una clase de Historia. La enseñanza secundaria nos ofrece, a
los docentes un amplio elenco de personas y caracteres con los que debemos
trabajar para dar lo mejor de nosotros y nosotras. ¿Cómo puedo, pues, dar lo
mejor de mí? ¿Cómo transmitir, no sólo mis conocimientos, mis reflexiones,
mis certezas —y también mis dudas— en mi labor diaria?
En las líneas que siguen voy a intentar mostrar cuál ha sido, tal vez, la
respuesta principal, la base sobre la que se sustenta mi trabajo como docente
de Historia, ante alumnos y alumnas de entre 12 y 18 años. Dicha respuesta
está arraigada, como imagino no puede ser de otro modo, en mi propio pro-
ceso de formación, tanto personal como académica; en mi manera de pensar
y reflexionar sobre la Historia y el papel que ésta juega a la hora de configurar
la visión que tengo del presente que me rodea… y del futuro que me aguarda,
a mí y la sociedad de la que formo parte.

33
Mi comprensión de la realidad que me rodea se basa en la forma en que
me aproximo al pasado, a las raíces y conexiones que me permiten, al menos,
esbozar intentos por entender el mundo en el que vivo. Como alumno, hace
ya unas cuantas décadas, los juegos con algún tipo de ambientación histórica
fueron una herramienta imprescindible en mi formación. Ya como docente he
utilizado los juegos siempre que he podido en el aula. Y he aprovechado para
jugar, de forma esporádica y voluntaria con alumnos, en horario extraescolar
(porque siempre han sido chicos…), a wargames y juegos de estrategia histó-
ricos de tablero, y algunos videojuegos. Pero son ya casi tres lustros desde que
empecé a diseñar mis propios juegos de simulación sobre diferentes escenarios
históricos. Su empleo me ha permitido comprobar de primera mano que este
recurso con unos resultados, cuanto menos, prometedores y que están mar-
cando mi desarrollo profesional como docente.
A continuación quiero presentar el estudio y análisis del empleo en el
aula de un juego de simulación de tablero sobre el Imperialismo colonial
(1880-1914) realizado durante los cursos 2017-18, 2018-19 y 2019-20 en el
I. E. S. Fernando de los Ríos de Málaga. Iniciaré mi escrito con un breve
esbozo de lo que entiendo por juego y simulación, ya que son la base que
sustenta este trabajo de investigación-acción. Seguidamente, pasaré a la des-
cripción de la práctica de aula y al análisis de una pequeña muestra de toda
la información recogida. Finalizaré este artículo con unas breves conclusiones
acerca de esta rica experiencia docente a la que aún queda mucho análisis
y reflexiones por hacer. El presente artículo, mi estimada lectora, o esti-
mado lector, es tan sólo un intento por abrir una pequeña ventana hacia un
proyecto muy prometedor.

JUEGO Y SIMULACIÓN

Muchas son las definiciones que podemos emplear para caracterizar un


juego (Callois, 1958, Huinzinga, 2007, Salen & Zimmerman 2004). Vamos
simplemente a apuntar un breve esbozo que nos permita adentrarnos en
el escrito que tenemos por delante. Entiendo «juego» como aquel sistema
reglado en el que varias personas (jugadores) compiten por obtener la vic-
toria sobre los demás (Planells, 2013). Normas, competencia y victoria; voy
a resaltar únicamente estos tres elementos, pues son los que hacen del juego
una herramienta con un potencial educativo enorme (Saegesser, 1991, 54.
Champion, 2011, 84. Kirremur & McFarlane, 2003).
Por lo que respecta al concepto de simulación realizaré también una
breve definición en la que destacaré la importancia que tienen la recreación
controlada y simplificada de un sistema como sus elementos clave (McCall,

34
2012, 23). Así, mediante el recurso a la simulación puede ser posible plantear
al alumnado un proceso histórico determinado para que pueda interactuar en
él y le ofrezca herramientas para analizarlo recurriendo a dos elementos, tal
vez poco explorados en las aulas de Historia en Secundaria, la imaginación y
la empatía.
Si unimos las normas, competencia y victoria, propias del juego, a la
recreación, imaginación y empatía, propias de la simulación, tendremos
una herramienta muy potente con la que incidir, como docentes, en el pro-
ceso de enseñanza-aprendizaje de la Historia en Secundaria. Parto de la
idea central de que la Historia escolar debe tender a que el alumnado desa-
rrolle su pensamiento crítico mediante la capacidad de análisis y reflexión
de contextos sociales ocurridos en el pasado y sobre los que se pueden
extraer un interesante marco conceptual para analizar el propio presente
que les rodea. Se trata, por lo tanto, de pensar, más que estudiar, la Historia
(Pagès y Santisteban, 2018, 13).
El empleo de juegos, sobre todo videojuegos, está siendo cada vez más
común en las aulas de Historia en Secundaria (McCall, 2016. Costello, R. ed.
2017). En general, se trata de juegos de mercado diseñados, en un principio,
con un fin principalmente lúdico, y que son adaptados por los docentes a los
contenidos planteados en los currículums. Mi propuesta va un poco más lejos,
al trabajar el diseño ex-profeso de juegos de simulación que seleccionen los
contenidos y los adapten a las características que más arriba hemos empleado
para definir tanto juego, como simulación (Frutos, 2016). El juego de simu-
lación propicia la creación de aprendizajes significativos en el alumnado,
puesto que nos permite adentrarnos en el análisis-resolución de problemas
históricos. El alumnado asume el papel de un actor con capacidad para tomar
decisiones y actuar en contextos históricos basados en la incertidumbre.
Mediante el juego de simulación se le muestra un presente histórico sobre
el que debe interactuar, con otros actores y/o con una realidad multifacto-
rial muy compleja. Sus decisiones están basadas en el análisis, la implicación
(empatía con el actor que han asumido) y la negociación a la que se han visto
avocados.

DESCRIPCIÓN DEL JUEGO DEL IMPERIALISMO

El juego sobre el que se basa este trabajo de investigación-acción es una


adaptación de un juego de mesa, Pax Britannica, diseñado por Greg Gos-
tikyan y comercializado por Victory Games en 1985. Estamos, por lo tanto,
ante un auténtico juego en el que las normas regulan un mecanismo exacto
y en el que las posibilidades de actuación de los diferentes jugadores han sido

35
plenamente testadas. La ambientación histórica (lo que podíamos definir como
una simulación muy simplificada de la realidad del momento y que termina
precisamente con la presentación e inicio del juego en 1880) ofrece el contexto
ideal para el desarrollo del juego propiamente dicho.
El juego original se inicia, como ya hemos señalado, en 1880 y concluye en
el momento en el que estalle una Gran Guerra, cuyo inicio queda claramente
regulado. La victoria se consigue mediante puntos de victoria que se obtienen
a través de las acciones que se vayan realizando durante la partida. El estallido
de la Gran Guerra, al ser un hecho no buscado conscientemente y apocalíptico
en su resultado, supone una penalización para todos los jugadores, en especial
para aquellos que resulten ser «los responsables»; esto último, también está
plenamente reglado.
Mi tarea ha sido la de adaptar un juego de tablero diseñado para siete
jugadores en una mesa de salón, a un aula de hasta 35 estudiantes:
1.—Por un lado, el tablero y marcadores: he procedido a reelaborar el
tablero inicial de juego tanto física (1,85 x 4 metros sobre el que
puedan asomarse e interactuar el conjunto de un grupo amplio de
alumnos y alumnas), como en su estructura (nuevos territorios sobre
los que poder actuar). He rediseñado, además, los marcadores planos
de cartón habituales de un juego de estrategia para usar figuras tri-
dimensionales que se adapten mejor a las dimensiones del tablero y
del grupo de jugadores.
2.—Por otro, he procedido a profundizar en la ambientación histórica
para avanzar en la idea de simulación manteniendo, eso sí, el conjunto
básico de normas del juego.
Con estas modificaciones he planteado un prototipo de juego de simula-
ción sobre el período histórico que discurre entre 1880 y el estallido de la Gran
Guerra con el fin de convertirlo en una herramienta didáctica que permita al
alumnado analizar y reflexionar sobre las características geopolíticas de dicho
momento.
El presente análisis, tal y como he mencionado en la introducción, se
basa en la información recogida durante la práctica del juego del imperia-
lismo colonial en 1.º de Bachillerato durante tres cursos académicos con-
secutivos en el I. E. S. Fernando de los Ríos de Málaga: 2017-18, 2018-19
y 2019-20. Las tres prácticas han tenido la misma secuenciación y fueron
planteadas como una actividad complementaria durante dos días seguidos
(12 horas de clase) al final del primer trimestre, justo antes de las vacaciones
de Navidad.

36
DESCRIPCIÓN DE LAS TRES PRÁCTICAS DEL IMPERIALISMO
(2017, 2018 Y 2019)

TOTAL NÚM. NÚM. TOTAL


CURSO DÍAS
HORAS ALUMNAS ALUMNOS ALUMNADO
2017-18 19-20 / XII 12 8 9 17
2018-19 18-19 / XII 12 15 15 30
2019-20 17-18 / XII 12 6 10 16

CURSO 2017-18

Por lo que a la recogida de información, y posterior triangulación de


los datos se refiere, grabé todas las sesiones; pasé al grupo un cuestiona-
rio de evaluación al finalizar la práctica; recurrí a un observador externo
(P. G. en las transcripciones) y potencié la elaboración de relatos por parte
del alumnado, en los que pudieran mostrar su capacidad de análisis y
reflexión.
1. Al alumnado se le pidió que elaborara un relato del mundo ucrónico
creado durante la práctica. Por ello, les pedí que cada actor fuera
tomando notas sobre lo ocurrido en el juego.
2. También seleccioné a dos alumnas para que hicieran una presenta-
ción ante el grupo de lo acontecido durante el juego a la vuelta de
Navidades.
Las clases de las semanas previas a la práctica se dedicaron a preparar
el contexto histórico del Imperialismo. Durante ese tiempo se trabajaron los
conceptos clave de nación, estado-nación, nacionalismo y segunda revolución
industrial que forjan la base del período histórico a estudiar. Junto al tra-
bajo con estos conceptos clave al alumnado se le preparó sobre la situación
geopolítica del mundo hacia 1880 con la elaboración de un mapa histó-
rico basado en el propio tablero de juego sobre el que se desarrollaría la
práctica.
El juego finalizó durante la quinta hora de la segunda sesión, en el tur-
no 6, 1900-1903, debido a que la tensión europea superó los 100 puntos.1 Esto

1
Las diferentes acciones de los jugadores y jugadoras pueden llevar aparejadas un aumento
del denominado Índice de Tensión Europea, que en el turno 1, en 1880, está en 0 puntos. En el
momento en que se superen los 100 puntos nos encontraremos en un escenario similar al que
se produjo en julio de 1914 tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo
(Tuchman, 1994, Clark, 2012).

37
es, la Gran Guerra estalló debido a un aumento constante de las rivalidades
y tensiones por todo el mundo y no por un claro enfrentamiento entre dos
bloques definidos: en este caso como consecuencia directa de una guerra en
Cuba y la intervención alemana en la misma; la tensión en los Balcanes y, más
concretamente, en Serbia; los movimientos franceses en Asia contra el Reino
Unido y los Estados Unidos; la agresividad alemana en el mar… La sexta hora
la dedicamos a hacer una recapitulación final y recoger toda la información
posible de cara a los relatos que el alumnado debía elaborar.
Como actividad final, al regreso de las vacaciones de Navidad dedicamos
una sesión de clase a la presentación por parte de dos alumnas de la narración
global del mundo ucrónico desarrollado durante la práctica con el consiguiente
debate. Esta sesión también fue grabada y nos ofrece información muy inte-
resante sobre los análisis a los que el alumnado llega y el tipo de relato que
puede elaborar.

CURSO 2018-19

Por lo que a la recogida de información se refiere seguí la línea marcada


el año anterior volví a grabar todas las sesiones; pasé al grupo un cuestionario
de evaluación al finalizar la práctica; recurrí a un observador externos (A. G.
en las transcripciones); e introduje la plataforma Edmodo como instrumento
para que el alumnado tuviera acceso a información complementaria y pudiera
trabajar y presentar de una forma más ordenada los diferentes tipos de relatos
que les pedí, y que fueron tres:
1. Presentaciones en PowerPoint sobre el estado del mundo en el
momento de iniciarse la simulación para que describieran cuál era
el presente histórico al que se iban a asomar.
2. Relato del mundo ucrónico creado, en el que se mantenían las tres
posibilidades a la hora de enfocar sus escritos: el «aséptico» de un
historiador; el de un nacionalista; o el de una persona vinculada al
internacionalismo y al mundo obrero.
3. Presentación en PowerPoint de una crónica en forma de un perió-
dico del estado que dirigían sobre los principales acontecimientos
ocurridos durante la práctica. Tenían, además, que buscar y elegir un
periódico que existiera durante los años en los que estuvieron jugando.
Perfeccioné, pues, los tipos de relatos que tenían que trabajar y los soportes
en los que debían entregarlos, ya que incluí la realización de presentaciones en
Power Point y no descarto a la hora de plantear futuras actividades emplear
vídeos grabados por ellos y ellas en el futuro.

38
Al igual que en la práctica del curso anterior, las clases de las semanas pre-
vias se dedicaron a preparar el contexto histórico del Imperialismo mediante el
trabajo con los conceptos clave que son el eje del período histórico a estudiar,
además de la elaboración del consiguiente mapa histórico basado tablero de
juego.
El juego volvió a finalizar durante la quinta hora de la segunda sesión,
una vez más en el turno 6, 1900-1903, cuando la tensión europea volvió a
superar los 100 puntos. La Gran Guerra estalló de nuevo debido al aumento
constante de las rivalidades entre los jugadores. Pero esta vez, a diferencia de
la anterior práctica, sí hubo un claro enfrentamiento entre dos bloques más
o menos definidos en donde la región de los Balcanes jugó un papel funda-
mental como terreno sobre el que confluían múltiples intereses enfrentados: la
rivalidad entre Austria-Hungría con Rusia e Italia en los Balcanes llevó a que
éstas se unieran en una alianza ante el apoyo que aquella tenía de Alemania.
Francia había conseguido llegar a acuerdos con Italia, lo que allanó el camino
para una triple alianza entre italianos, franceses y rusos. Cuando el conflicto
balcánico se descontroló los británicos tomaron partido con Alemania y
Austria-Hungría debido a que su gran rival geopolíticamente hablando era
Rusia (tal y como lo fue históricamente aunque no llegaran al enfrentamiento
directo). Japón, pese a sus acuerdos con los británicos y su rivalidad con Rusia
decidió mantenerse al margen. Estados Unidos, sin ningún tipo de alianza,
mantuvo su aislamiento. Las potencias menores, salvo España y Bélgica se
posicionaron en un bando u otro: los Países Bajos con Alemania y Portugal
con el Reino Unido.
Además, al concluir la práctica con el estallido de la Gran Guerra, y ante
el interés y motivación del alumnado, improvisamos un turno completo del
conflicto en el que los jugadores implicados tuvieron la ocasión de mover y
atacar a sus adversarios. Este «epílogo» del juego abrió la posibilidad de que
en próximas prácticas se pida al alumnado una actividad más: el relato de
cómo pudo haber sido esa Gran Guerra que acababan de iniciar, esto es, la
narración de una Gran Guerra ucrónica. Se abre, así, un tipo de ejercicio que
puede ser muy útil a la hora de utilizar los conceptos y elementos estructurales
y aplicarlos a un escenario ucrónico y contrafactual: ¿Qué hubiera ocurrido si
el juego hubiese continuado? De este modo, se lleva al alumnado a reflexionar
sobre el significado de los resultados alcanzados y aplicar sus conocimientos
a imaginar futuros posibles.
A diferencia de la anterior práctica, no se realizó ninguna exposición en
público de ningún relato ucrónico ni hubo, por lo tanto, debate. La razón
principal hay que buscarla en el tamaño del grupo y la dificultad de coordinar
una actividad de este tipo.

39
CURSO 2019-20

Por lo que a la recogida de información se refiere volví a grabar todas las


sesiones y pasé al grupo un cuestionario de evaluación al finalizar la práctica.
En esta ocasión no pude contar con ningún observador externo y tampoco
pedí al grupo ningún relato de lo acontecido. Sin embargo, una vez más, y al
igual que en las prácticas de los dos cursos anteriores, las clases de las semanas
previas al desarrollo del juego se dedicaron a preparar el contexto histórico del
Imperialismo mediante el trabajo con los conceptos clave a estudiar, además
de la elaboración, por ellos y ellas, del consiguiente mapa histórico basado en
el tablero de juego.
El juego finalizó al pasar al turno 5, de 1896-99, cuando los eventos alea-
torios dispararon la tensión europea a más de 100 puntos. Por consiguiente,
la Gran Guerra estalló nuevamente debido a un aumento constante de las
rivalidades y tensiones por todo el mundo sin que llegara a haber dos bloques
claramente definidos en el momento previo al inicio de las hostilidades. Dichos
bloques se forjaron por la simple acumulación de rivalidades: los problemas
entre Rusia y el Reino Unido; por la agresiva política de Austria-Hungría sobre
el imperio otomano que obligó a reaccionar a Rusia, por ejemplo. El apoyo
alemán a los austro-húngaros contra Rusia obligó a los rusos finalmente a
acercarse al Reino Unido y alejarse de Francia, que no tenía intereses directos
en los Balcanes y que, además, tenía un acuerdo con Italia (que sí los tenía en
esta región y diferían de los de los austro-húngaros y rusos). A diferencia del
año anterior, no hice porque se jugara la «apertura» de la Gran Guerra con
las primeras fases de la contienda.
Esta tercera y última práctica hasta el momento, nos ofrece nuevas pers-
pectivas, a la vez que corrobora los elementos positivos que el juego tiene a la
hora de desarrollar los contenidos del currículum. Esas nuevas perspectivas las
marca el tipo de grupo que llevó a cabo la práctica: escasa motivación, nulo
esfuerzo y grandes dificultades generales a la hora de asimilar una materia con
una gran carga conceptual y abstracta como es la Historia.

ANÁLISIS DE LAS TRES PRÁCTICAS

Es el momento de pasar al análisis de los datos obtenidos durante estas tres


prácticas mediante la triangulación de las transcripciones con el diario de aula
del docente, los comentarios de los observadores externos, los relatos inicia-
les del alumnado sobre la situación de su actor en el momento en que se va a
iniciar la simulación, 1880, más las observaciones realizadas en las plantillas
de evaluación de la práctica por los propios alumnos:

40
Presentación Crónica
Relato Presentación
Grabación Cuestionario inicial mundo periodística
Observador del mundo final mundo
CURSO de las
externo
final de en 1880
ucrónico
mundo
ucrónico
sesiones evaluación (presente ucrónico
vivido vivido
histórico) vivido

2017-18 X X X — X — X
2018-19 X X X X X X —
2019-20 X — X — — — —

Por lo que a la preparación que requiere la práctica, la propia secuencia-


ción de contenidos en Primero de Bachillerato nos lleva, de forma natural,
a plantear al alumnado el desarrollo del juego del Imperialismo como una
unidad didáctica y engancharla con las unidades previas y posteriores. Hemos
visto cómo se necesitan un mínimo de tres horas previas para poner al alum-
nado en situación y asentar los conceptos claves sobre los que descansa todo
el proceso histórico a simular.
El juego de simulación plantea al alumnado sumergirse en un presente
histórico que favorece un proceso de identificación con el actor que van a
representar y de empatía, claves para una mayor comprensión de los problemas
a los que deben enfrentarse y para el grado de análisis e interpretación de la
realidad simulada. Del análisis de las tres prácticas he podido establecer cuatro
momentos por los que el alumnado pasa durante el juego. Dichos momentos
se van produciendo a lo largo del desarrollo del juego, muchas veces, como
tendré ocasión de mostrar, al mismo tiempo y son los siguientes:
• Empatía-identificación: a través de la identificación mental afectiva del
alumnado con el actor que se le ha encomendado, incluso antes de con-
trolar los rudimentos del juego (Feliu & Hernàndez Cardona, 2011).
• Aprendizaje-dominio mecánica de juego (apropiación): pero con la
apropiación de la mecánica de juego llega el encuentro con lo que voy a
denominar «lo posible»; esto es, con la realidad del presente histórico que
estamos tratando de simular. Comienzan a dominar la mecánica de juego
y con la acción del docente van contextualizando la situación planteada.
Juego y simulación entran en consonancia.
• Engagement-flow (Perttula, Kiili, Lindstedt & Tuomi (2017): los alumnos
participantes consiguen sumergirse completamente en el juego y pierden
la propia noción del tiempo. Es el momento en el que su identificación
con su actor se une al dominio de la mecánica y en el que la ventana de
aprendizaje es mayor.
• Elaboración de análisis y reflexiones sobre el presente histórico vivido:
en los que se nos muestra cómo el alumnado asimila los conceptos clave
y utiliza el marco creado en la simulación para ponerlos en acción.

41
1.—Empatía-identificación. Es muy significativa la capacidad que tiene
la simple presentación del juego en el alumnado como motivador a la hora
de promover la identificación que, sin embargo, es prácticamente inmediata,
pues juegan sin saber ni tan siquiera jugar y quieren ganar aunque esto no
quede claro en qué consiste, tal y como lo reflejan las transcripciones de las
grabaciones (la grabación de la sesión previa al desarrollo del juego en 2018 es
muy significativa). No saben cómo, pero el simple hecho de la mención de la
palabra juego provoca ese estado de ánimo. Incluso sin tener clara la mecánica
su reacción es la de seleccionar «amigos» y «enemigos o rivales».
Además, debemos reseñar el efecto «sorpresa» que esta actividad produce.
No tienen referencias anteriores respecto a esta herramienta de enseñanza-
aprendizaje, y la mera puesta en escena provoca un saludable efecto motivador
no exento de respeto hacia la labor del docente. Así, al comienzo de la primera
sesión, la cámara recoge cómo los alumnos y alumnas van entrando en el aula
y se encuentran con el despliegue del juego, con toda la escenografía que lleva
consigo; en la pizarra digital aparece el inicio de la presentación de los eventos
de 1880-83, el primer turno. Caras de sorpresa. Se van agrupando, lentamente,
en torno al lugar de ubicación del actor que van a desempeñar.
2.—Aprendizaje-dominio mecánica de juego (apropiación). El juego,
como tal, lleva aparejado toda una compleja mecánica que, tal y como hemos
visto en las tres prácticas, requiere las tres primeras horas del primero de los
dos días de juego para su correcta explicación. Durante este tiempo, el alum-
nado se va apropiando, cada uno a su ritmo, de la mecánica.
3.—Engagement-flow. A medida que se van apropiando de la mecánica el
engagement en cada vez mayor y los momentos de flow, en los que el alumnado
se sumerge en el juego y pierde la noción del tiempo son cada vez mayores.
La pérdida de la noción del tiempo se ve muy bien reflejada cuando la
cámara registra cómo hacen oídos sordos al timbre del cambio de clase y al
pedir continuar con el juego.
Como es lógico, las características propias de cada grupo hacen de cada
práctica una experiencia única. Así, todo un cúmulo de factores que deben
juntarse en el análisis de lo acontecido: grupo numeroso con gente «buena»
que tira de los muy desenganchados. Grupo poco numeroso con gente muy
desmotivada que, sin embargo se engancha al juego… pero no a las actividades
posteriores o previas como lo muestra, en parte, el hecho de que no disponga
de ningún relato.
Todo esto no me exime de los problemas derivados de la propia mecánica
del juego y de la simulación. Al no tener todos los jugadores la misma cantidad
de tareas para realizar se favorece, indirectamente, que el alumnado desconecte
en muchos momentos de la práctica.

42
En todo este proceso, por lo tanto, la labor del docente es fundamental
para dar sentido a las acciones de los alumnos y alumnas. Para que puedan ir
desarrollando sus propias narrativas ucrónicas a lo largo de toda la práctica.
Es el docente, como no puede ser de otro modo, el que va ofreciendo las
herramientas necesarias para que el alumnado pueda dar coherencia a la
narrativa creada en forma de relato.
4.—Elaboración de análisis y reflexiones sobre el presente histórico
vivido. ¿Qué tipo de análisis se elaboran durante la práctica? ¿Cuál es el cono-
cimiento histórico que adquieren y cómo lo plasman? ¿Qué tipos de relatos
ucrónicos pueden emerger del marco de lo posible y lo necesario en los jue-
gos? Y aquí, una vez más, el análisis de la información disponible nos puede
arrojar importantes datos al respecto. Durante las tres prácticas, asistimos a
interesantes debates provocados por los problemas que el presente histórico
generado en el propio juego presentaba. El juego consigue, pues, que el alum-
nado compita y colabore. Todo lo ocurrido también queda reflejado en las
narraciones realizadas por los alumnos.

CONCLUSIONES

El juego del Imperialismo, tal y como está concebido como juego de mesa,
necesita de una reestructuración del espacio habitual del aula. Esta modifica-
ción del espacio arrastra, inevitablemente, una reestructuración del tiempo de
clase. En este sentido, plantear la práctica como una actividad complementaria
permite romper el cerrado sistema que impone el horario escolar en Secundaria
y disponer de un aula al menos durante toda una jornada de seis horas. En
nuestro caso, la dinámica del juego del Imperialismo me lleva a plantear la
práctica en dos jornadas seguidas. En total 12 horas. La secuenciación de los
contenidos de la materia de Historia del Mundo Contemporáneo en Primer
Curso de Bachillerato nos ofrece la ventaja adicional de poder plantear dicha
práctica al término del primer trimestre natural de clase. Esto es, durante la
última semana de diciembre, justo antes de las vacaciones de Navidad, cuando
ya se ha llevado a cabo la evaluación. Se limitan, de esta forma, los «daños
colaterales» que puede suponer para el resto de materias del grupo sobre el
que se realiza la práctica el hecho de trabajar dos días seguidos con el mismo
grupo una única materia. Además, la descripción realizada de las tres prácticas
nos muestra cómo 12 horas de clase son suficientes para plantear, desarrollar
y finalizar el juego del Imperialismo.
Una vez más, lo acontecido durante la práctica nos muestra el alto
potencial que el juego tiene para la comprensión de los procesos históricos
y la asimilación de los mismos como aprendizaje significativo por parte del

43
alumnado. Esto queda reflejado en los intensos debates generados por las crisis
que el juego genera y que se muestran perfectamente en la secuencia que llevó
a la Gran Guerra en la práctica de 2018.
Ya para concluir, me gustaría llamar la atención acerca de cómo la idea de
vencer, de ganar, inherente a la propia naturaleza del juego, se acabó pasando
por alto en las tres prácticas casi en el mismo momento en que éstas concluye-
ron y el alumnado apenas me preguntó por los puntos obtenidos que, en defi-
nitiva, son los que nos dan el ganador. Al final, trascendemos completamente
del juego, que ha sido superado por la simulación que permite al docente y
al alumnado regresar con un bagaje experiencial, de «historia vivida», a la
realidad del presente histórico del verano de 1914 y el inicio de lo que Eric
Hobsbawm denominó el «Corto siglo xx» (Hobsbawm, 2003)… pero ya bajo
otra metodología de enseñanza-aprendizaje.
Utilizar la historia como tablero desde el que entrenar a los estudiantes
en el análisis de situaciones/problemas con múltiples causas y múltiples solu-
ciones es uno de los objetivos de esta propuesta. Ésa es una de las tareas de
la historiografía y de los historiadores. La de la historia escolar y del profeso-
rado de historia debe ser la de acompañar al alumnado en el difícil proceso
de aprender a analizar, a imaginar posibilidades, a pensar, en definitiva, que
siempre hay opciones.

REFERENCIAS

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Champion, E.: Playing with the Past. London, Springer-Verlag, 2011.
Clark, C.: The Sleepwalkers. How Europe went to War in 1914. London, Penguin,
2012.
Costello, R. (Ed.): Gaming Innovations in Higher Education: Emerging Research
and Opportunities: Emerging Research and Opportunities. IGI Global, 2017.
Feliu, M. & Hernàndez Cardona, F. X.: 12 ideas clave. Enseñar y aprender historia.
Barcelona, Graò, 2011.
Frutos, J. I. de: Juegos de simulación en el aula: una práctica que fomenta el
pensamiento histórico. Tesis Doctoral (Facultad de Ciencias de la Educación-
Universidad de Málaga). Málaga: Publicaciones y Divulgación Científica.
Universidad de Málaga, 2016.
[Link]
Hobsbawm, E.: Historia del siglo XX. Barcelona, Crítica, 2003.
Huizinga, J.: Homo ludens. Madrid, Alianza, 2007.

44
Kirriemuir, J., & McFarlane, A. Use of Computer and Video Games in the
Classroom (2003, November). Accesible en: [Link]
uploads/digital-library/[Link] (consulta realizada el 21 de septiembre
de 2015).
Macmillan, M.: The War that Ended Peace. The Road to 1914. New York, Random
House, 2013.
McCall, J.: Navigating the Problem Space: The Medium of Simulation Games in
the Teaching of History. The History Teacher, vol. 46, n.º 1, November, Society
for History Educaton, 2012.
—: Teaching History with digital historical games: an introduction to the field and
best practices. Simulation & Gaming, 2016, V. 47, N. 4, pp. 517-542.
[Link]
Pagès, J. y Santisteban, A.: «La enseñanza de la historia». Historia y Memoria,
n.º 17, 2018, pp. 11-16. [Link]
Perttula, A., Kiili, K., Lindstedt, A., & Tuomi, P.: Flow experience in game based
learning–a systematic literature review, 2017.
Planells de la Maza, A. J.: Los videojuegos como mundos ludoficcionales: una
aproximación semántico-prágmatica a su estructura y significación. Tesis doctoral.
Getafe, Universidad Carlos III, 2013.
Saegesser, F.: Los juegos de simulación en la escuela. Visor, Madrid, 1991.
Salen, K. & Zimmerman, E.: Rules of play: Game design fundamentals. MIT press,
2004.
Tuchman, B. W.: The Guns of August: The Outbreak of World War I; Barbara W.
Tuchman’s Great War Series. Random House Trade Paperbacks, 1994.

45
Mapa de Labrador y Terranova (Newfoundland).
Jedidiah Morse en The Universal Geography, 1794.
NATURALEZA Y TAXONOMÍA:
DIBUJAR Y NOMBRAR EL PAISAJE
DE LABRADOR, CANADÁ

María Jesús Hernáez Lerena


Profesora Titular de Literaturas Norteamericanas
Universidad de La Rioja

North is the unpainted version. It is created by taking away.


Katherine Govier 1

The will to conquer is the will to parcel.


Will Gesler 2

Estados Unidos y Canadá se han definido históricamente a sí mismos


de formas muy diferentes atendiendo a su interacción con la naturaleza.
Sus culturas se anclan de forma profunda en el recuerdo de las hazañas y
los pensamientos de aquellos primeros exploradores que buscaron hacerse
un papel en la historia representando en diarios, mapas y dibujos el primer
contacto del hombre europeo con una tierra inhóspita, todavía no controlada
por la civilización cristiana. La narrativa eurocentrista del «descubrimiento»
de Norteamérica, cimentada imaginativamente en el seductor encuentro
entre explorador y territorio virgen, se configura como un relato de orígenes
para los recién llegados habitantes del Nuevo Mundo. Este es un mito de
creación con raíces históricas, que dará sentido épico a una cultura futura
anglosajona construida a partir de un ideal heroico de progreso religioso, eco-
nómico y científico que borra de cuajo lo sucedido antes de su llegada a ese
continente.
El primer avistamiento de una tierra desconocida se interpreta en térmi-
nos religiosos: Dios da una segunda oportunidad a la humanidad, después de
su expulsión del edén, para comenzar de nuevo en un paraíso terrenal en el
que los errores del viejo mundo pueden dejarse atrás. Un ejemplo conocido
de este tipo de verbalizaciones se encuentra en las palabras del capitán John
Smith a propósito de su avistamiento de la costa este de lo que serían los
Estados Unidos:

1
Govier, Katherine: Creation: A Novel, The Overlook Press, 2003, p. 266.
2
Gesler, Will: «Using Herman Melville’s Moby-Dick to Explore Geographic Themes». Journal
of Geography, 103, 1, 2007, p. 30.

47
Heaven & earth never agreed better to frame a place for man’s habita-
tion; were it fully manured and inhabited by industrious people. Here are
mountaines, hils, plaines, valleyes, rivers, and brookes, all running most
pleasantly into a faire Bay, compassed but for the mouth, with fruitfull and
delightsome land.3
El capitán John Smith fue el fundador de la colonia de Virginia en 1607
y esa descripción, llena de ecos evangélicos e incentivo económico, muestra
el sentido de peregrinaje que ha impulsado a cientos de miles de personas
durante los siglos de un continente a otro. La primera vista de América fue,
según los historiadores, una visión comparable a la del paraíso: bosques vír-
genes que se extendían a lo largo de más de 1,300 millas desde Maine en el
norte a Georgia en el sur, que proveerían de madera, cultivos, carne y pesca
a las nuevas generaciones de emigrantes. Las crónicas representan este terri-
torio en términos tentadores, como un nuevo jardín del edén, como el regalo
renovado de Dios, la encarnación de facto del destino manifiesto. Dios daba al
hombre blanco la oportunidad de empezar de nuevo, dejando atrás el pecado y
la corrupción asociados a la vieja Europa. Thomas Paine en su Common Sense
(1776) diagnosticaba que tenían en su poder comenzar el mundo de nuevo y
que el nacimiento de una nueva nación estaba en sus manos.4
Estas impresiones de idílicos comienzos cambian de forma radical si nos
desplazamos un poco más al norte del continente americano, donde el mito
de la tierra prometida se transforma en su opuesto. Jacques Cartier, el primer
explorador francés que viajó por el río St. Lawrence en 1534, dio la siguiente
descripción del territorio que varios siglos después se convertiría en Canadá:
Si la terre estroit aussi bonne qu’il y a bons hables, ce seroit ung bien;
mais elle ne se doibt nonmer Terre Neuffve, mais pierres et rochiers effrables
et mal rabottez; car en toute ladite coste du nort, je n’y vy une charetée de
terre, et si descendy en plusseurs lieux. Fors à Blanc Sablon, il n’y a que
de la mousse, et de petiz bouays avortez. Fin, j’estime mieulx que autrement
que c’est la terre que Dieu donna à Cayn.5
Estas desesperanzadoras palabras de Cartier reflejan sus primeras impre-
siones de un territorio hostil, no apto para la vida humana, y se han con-
vertido, del mismo modo que las del capitán John Smith, en un punto de

3
The Generall Historie of Virginia, New England & The Summer Isles (1606); vol. 2, 1907,
pp. 44-45.
4
Paine, Thomas: Common Sense: Addressed to the Inhabitants of America. 3rd Edition. Phi-
ladelphia, R. Bell, 1778.
5
Le juin 1534. Jacques Cartier. Voyages en Nouvelle-France. Montreal. Hurtubise HMH,
Cahiers du Québec, 1977, pp. 44-45.

48
partida emocional histórico que ha permitido a los canadienses desmarcarse
del mito central americano del destino manifiesto. Por contraste, el espacio
canadiense fue digerido en los anales de su historia y de literatura primera-
mente como una tierra implacable, imposible de romantizar ni humanizar,
un paisaje amenazador que no se puede imaginar como un escenario pastoril
o idílico: empequeñece al individuo y coarta sus oportunidades de libertad y
éxito. Mientras la naturaleza americana se articuló, a través de los escritores
transcendentalistas, como la presencia de lo divino —Ralph Waldo Emerson,
David Thoreau, Walt Whitman, etc.—, en la literatura canadiense del siglo xix
y principios del siglo xx todavía resonaban los ecos de las fatídicas palabras
de Jacques Cartier y del misionero Joshua Marsden, quien dijo que There is a
solitary loneliness in the woods to which no language can do adequate justice; it is
like a shutting out of the whole moral creation.6 Ya en el siglo xviii, como afirma
W. H. New,7 el paisaje se había convertido en un territorio verbal además de
uno físico, y la forma en la que el lenguaje construía el paisaje afectaba lo que
la gente veía o pensaba que había que ver.
Otro texto muy citado en el que resuenan las palabras de Marsden, ya
en el siglo xx, es el libro de poemas de Margaret Atwood en el que evoca la
figura de Susanna Moodie, una de las primeras pioneras canadienses inglesas
que dejaron reflejada en diarios su difícil experiencia. Atwood, imaginando los
sentimientos de esta mujer llegando a Canadá a través del río St. Lawrence, dice
en el primer poema del libro: The others leap, shout / Freedom! / The moving
water will not show me / my reflection. / The rocks ignore. / I am a word / in a
foreign language.8 Atwood imagina esta experiencia de desembarco en Quebec
como una experiencia de alienación donde la futura pionera pierde su iden-
tidad y su capacidad para utilizar el lenguaje; solo es capaz de ver su propia
incongruencia en una naturaleza incomprensible. El paradigma de peregrinaje
a la tierra prometida ya no redime al colono, el destino es irremediablemente
exilio y pérdida.
Esta mística del paisaje considerado en su vertiente desalentadora, actitud
que se muestra recurrente en los primeros autores canadienses de relevancia,
se lleva al primer plano ideológico en la novela Creation, de Katherine Govier,
publicada en 2003, en la que encontramos a una figura legendaria americana
analizada bajo el prisma de la mentalidad canadiense. El héroe es John James

6
Marsden, Joshua: The Narrative of a Mission, to Nova Scotia, New Brunswick, and the
Somers Islands, with a Tour to Lake Ontario. J. Kershaw. London 1827, pp. 45-46.
7
New, W. H.: Land Sliding: Imagining Space, Presence, and Power in Canadian Writing. Uni-
versity of Toronto Press, 1997, pp. 62.
8
Atwood, Margaret y Charles Patcher: «Disembarking in Quebec». The Journals of Susanna
Moodie. Toronto, Macfarlane & Ross, 1980, s. pag.

49
Audubon, el renombrado naturalista y pintor de pájaros de la América del
siglo xix, gran inspirador de asociaciones proteccionistas de animales y medio
ambiente, que identificó al menos veinticinco nuevas especies de pájaros.9
Katherine Govier elige para su argumento el afán decimonónico de nombrar
y describir las especies de un territorio desconocido, pieza clave de la cultura
científica y popular de la época, así como objetivo vital para muchos explora-
dores y científicos a la hora de crearse una reputación.
La figura un tanto higienizada de John James Audubon que hemos here-
dado es una atractiva mezcla de pionero, artista y ornitólogo que alertó contra
la destrucción masiva de la vida salvaje en América. Sin embargo, Katherine
Govier situa a Audubon en unas circunstancias especiales cuando, a mitad
de su misión de identificar y dibujar a todos los pájaros de Norteamérica en
su mastodóntica obra The Birds of America, decide ir al norte, más allá de
Maine, y navegar fuera del mapa de los Estados Unidos. Su relato está basado
fielmente en los diarios del propio Audubon, publicados póstumamente
en 1897 por su nieta.
En el verano de 1833, Audubon se embarcó en un viaje al peligroso pasaje
entre la península de Labrador y la isla de Terranova. Debido a las compli-
cadas condiciones atmosféricas, Audubon se vio obligado a permanecer en el
barco casi todo el tiempo, mirando ansiosamente una costa del todo punto
inalcanzable debido a las tormentas y a la difícil geografía. De esta forma,
tenemos la oportunidad de observar a un hombre cuyo oficio es dar nombre
a los animales, atrapado en un espacio innombrable, inquietante, en el que
no puede comprometer su sistema descriptivo. Es un lugar donde las rocas no
se pueden distinguir del agua, donde la tierra no se puede caminar sino bajo
el riesgo de ahogamiento. En su barco, en medio del violento océano, el artista
medita sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, rodeado por un labe-
rinto de islas en las que miles de pájaros forman una masa borrosa. Labrador
se ha considerado históricamente como the supreme wilderness en palabras
del mismo Henry David Thoreau, y desde el testimonio de Jacques Cartier ha
retenido una nota de terror.10
Esta travesía al verdadero Norte, hacia una versión todavía «no pintada»
del continente americano como describe Govier en su novela (véase la cita
que abre este artículo), Audubon coincide con el capitán inglés de un velero
de la Marina Real Británica en misión cartográfica, Henry Bayfield, también
comprometido obsesivamente en representar la naturaleza, esta vez en los

9
Véase [Link]/birds-of-america.
10
Thoreau, Henry David: «Journal», August 30, 1856. Ed. John C. Broderick, vol. 1 1837-1844.
Princeton 1981.

50
mapas. Bayfield está cartografiando la elusiva costa de Labrador. Como Audu-
bon, Bayfield es un hombre dedicado a hacer legible y, así, controlable, la
naturaleza; nombra lugares, registra fronteras entre el mar y la tierra. Y como
representante del imperio británico, nunca se cuestiona la validez de su enco-
mienda. Pero la niebla, el océano y la difícil y confusa línea costera truncan su
cometido del mismo modo que el del naturalista americano.
Durante este desafío por parte de la naturaleza al afán delimitador del
hombre, Audubon se pregunta por aquellas fatídicas frases en el Libro
del Génesis en las cuales, bajo el pretexto de mandato divino, el hombre orga-
niza a los seres vivos en jerarquías, posicionándose a sí mismo en la cima, y
reservando para el resto de los seres vivos el puesto de objetos a merced de su
voluntad. Según la Biblia, Dios había dicho al hombre: «ten dominio», «somete
la tierra». Qué organización tan conveniente, piensa Audubon (Creation 244).
Si reflexionamos un momento sobre el Libro del Génesis, siguiendo la
traducción inglesa de la Biblia autorizada por el rey James I (Jacobo I), publi-
cada en 1611, cuando la colonización del nuevo mundo por parte de Ingla-
terra estaba empezando, veremos que al acto de creación lo siguen de forma
inmediata otros dos actos: el de dividir y el de nombrar. Dios hizo primero
una masa indefinida, la tierra, que se encontraba envuelta en obscuridad y,
seguidamente, creó la luz. Entonces dividió la luz de la obscuridad, y los nom-
bró. Después, Dios estableció el límite que separa la tierra y al mar, y entonces
los nombró.
En este texto siempre tan presente, la creación no es solamente un acto
de hacer algo nuevo, sino que consiste especialmente en crear una distinción
y una separación. Se trata de dividir a los elementos primigenios que for-
man una masa inicial indiferenciada para poder, después, nombrarlos. En
la Biblia no existe un tiempo intermedio entre la creación y el lenguaje, son
actos simultáneos bendecidos por Dios: And God saw that it was good,11 y esta
simultaneidad hace que el acto de nombrar sea tan importante como el de
la creación en sí misma. Una vez nombrados los elementos de la naturaleza
comienzan a existir; si hubieran quedado en una existencia pre-lingüística
no habrían poseído la cualidad de la presencia, no hubieran sido útiles, ni
buenos. Antes del lenguaje no hubiéramos podido pensar en ellos ni con-
cebirlos. Y, cuando llega el momento en que Dios ofrece a Adán toda la
creación, se la ofrece para que nombre a cada animal. Dar nombres significa
dominar y este acto tiene la huella de la divinidad, es un impulso psicológico

11
«In the Beginning». Genesis. The Holy Bible, King James Version. Reading the American
Past: Selected Historical Documents. Volume I: to 1877. Ed., Michael P. Johnson. Boston, Johns
Hopkins University, 2002, p. 4.

51
internalizado.12 El mundo, en el Génesis, comienza con taxonomía: las clasi-
ficaciones, como las narraciones, son armas contra el desconcierto que pro-
voca una exasperante multiplicidad, son caminos para salir del caos. 13 Dios
transfiere el don de nombrar a Adán, y el nombre que Adán da a todos los
seres de la creación ha de permanecer. Esta oportunidad de ver por primera
vez y tener la capacidad de nombrarlos se considera una facultad divina, y es
precisamente lo que los exploradores, biólogos y los topógrafos encarnan en
el Nuevo Mundo.14 Es en este punto donde la indagación de Katherine Govier
sobre los orígenes de la tierra y sobre su uso humano se vuelve más filosófica
y universal a través de los ojos de Audubon. El naturalista necesita matar ani-
males, muchos animales, para reproducirlos en las páginas de su obra como si
estuvieran vivos. Su método, que el mismo Audubon documenta en sus diarios,
era disparar, disecar, diseccionar y colocar las diferentes partes del pájaro en
posiciones dramáticas a través de un complicado sistema de alambres que le
permitía emular el movimiento. También para él, nombrar y dibujar animales,
es decir, el lenguaje y la representación visual, tiene prioridad sobre sus vidas.
Una vez los pájaros son apresados en su sistema de representación, vivirán de
forma eterna en imágenes y descripciones. Cree que su deber es, por lo tanto,
detener la vida de los sujetos que pinta para copiar y organizar la creación
de Dios en América: el artista, el ornitólogo, el hombre de ciencia, producirá
así conocimiento. Paradójicamente, dentro de esa ideología, la presencia de
cada pájaro no se hace real hasta que alguien destruye su vida y esa imagen se
refleja en un papel; no es real hasta que los ojos humanos lo ven re-presentado.
La actividad como naturalista de Audubon ocultaba acciones antitéticas en
su intento por imponer estatismo a las más fugaces de las criaturas, las aves.
Es irónico que Audubon se anunciara como el único artista y ornitólogo que
pintaba a los pájaros vivos, directamente de la naturaleza, the only living bird
artist. Esta denominación era, por así decirlo, su marca de la casa.
La actividad clasificatoria de Audubon no era baladí en los siglos diecio-
cho y diecinueve, ya que se ha demostrado ampliamente que las taxonomías
de la vida animal y vegetal en América tenían una clara motivación política e

12
David Jasper and Stephen Prickett, eds. The Bible and Literature. Oxford: Blackwell, 1999,
p. 69.
13
Crosby, Alfred W.: Ecological Imperialism: The Biological Expansion of Europe 900-1900.
Cambridge University Press, 2004, p. 6; Ritvo, Harriet: «Zoological Taxonomy and Real Life».
Essays on the Problem of Realism in Relation to Science, Literature, and Culture. Madison, Uni-
versity of Wisconsin Press, 1993, pp. 235-246.
14
Sayre, Gordon: «Le Page du Pratz’s Fabulous Journey of Discovery: Learning about Nature
Writing from a Colonial Promotional Narrative», The Greening of Literary Scholarship, ed.
Steven Rosendale, pp. 31-32.

52
ilustraban las preocupaciones cruzadas entre ciencia e imperio. Según Roderick
Frazier Nash, la referencia a la naturaleza americana fue siempre una táctica de
reivindicación.15 Uno de los ejemplos más claros es la obra Notes on the State of
Virgina (1785), de Thomas Jefferson, un documento en el que Jefferson valora
la extensión y belleza del territorio de Virginia. Jefferson identificó más de
100 nuevas especies de pájaros y se peleó con científicos franceses sobre el vigor
y singularidad de la fauna del nuevo mundo. Pretendía exponer las limitacio-
nes del conocimiento europeo sobre un nuevo país que debía pertenecer de
forma científica, y no solo política, también a los americanos. Muchas figuras
históricas fundacionales norteamericanas se dedicaron con pasión a las clasi-
ficaciones biológicas: Benjamín Franklin, Cotton Mather, George Washington,
por ejemplo. La biología y la botánica tuvieron un papel muy relevante en la
política de esa época y en las aspiraciones como cultura independiente de los
imperios colonizadores europeos.
Sin embargo, lo que Audubon hizo con taxonomías previas le impidió
entrar en la academia americana: decidió dar a los pájaros la cualidad de la
vida, pintándolos inmersos en el drama de sus propias vidas. Evitando una
perspectiva estrictamente ornitológica, les narró dentro de un argumento en el
que él mismo se incluía y, como consecuencia, reemplazó la taxonomía por la
biografía. En sus pinturas y escritos, Audubon descubrió lo que estaba más allá
de la terminología aplicada al sistema natural y, al observar personalidades y
capacidades mentales en los pájaros, los transfirió a una categoría más cercana
a la de los humanos (el sistema clasificatorio de Carl Linné, el más influyente
desde el siglo dieciocho, solo contemplaba la morfología).
Audubon también añadió un concepto que no estaba presente en taxo-
nomías anteriores: el de la extinción. Durante su expedición a Labrador,
Audubon fue testigo de la matanza de pájaros por decenas de miles y ahí
es donde vislumbra la extinción de la creación de Dios a manos del hom-
bre. Carl Linné, el padre de la taxonomía moderna en el siglo xviii con
su Systema naturae, que tomó el Génesis como motor de su trabajo, no
contemplaba el concepto de la extinción.16 Jefferson no creía en la extin-
ción. 17 Bayfield tampoco: la naturaleza se imaginaba como el libro de
Dios sobre la vida, y la Biblia no existía para ser cambiada ni editada, era
inmutable. Las plantas y los animales del mundo eran eternos, inamovibles.

15
Nash, Roderick Frazier: Wilderness and the American Mind. New Haven and London, Yale
University Press, 2001, p. 68.
16
Koerner, Lisbet. 1999: Linnaeus: Nature and Nation. Cambridge, Mass., Harvard University
Press, 1999, p. 85.
17
Souder, William: Under a Wild Sky: John James Audubon and the Making of The Birds of
America. New York, North Point Press, 2004, p. 41.

53
Hay que tener en cuenta que estas taxonomías no se aplicaban solo en la
biología o en la botánica, era muy frecuente hacerlas paralelas a las configu-
raciones sociales. Era común aplicar las distinciones orgánicas y descripciones
mentales a las diferentes razas humanas para demostrar la superioridad de la
raza caucásica. Se utilizaban exactamente los mismos recursos descriptivos:
imágenes, dibujos, medidas físicas, rasgos de conducta y capacidades inte-
lectuales. Las razas más orientadas al conocimiento se contrastaban con las
razas orientadas a la sensualidad, utilizando el argumento de que la inferio-
ridad de estas últimas descansaba en su proximidad con los animales. Había
una premisa que se consideraba fundamental, y esta era que cada una de las
creaciones de Dios, incluidas las diferentes «especies» de hombres, eran inde-
pendientes y ocupaban diferentes rangos en una jerarquía que jamás se debía
alterar, no debía ser permeable. Dominar el mundo era una consecuencia
natural de la superioridad racial, un deber sagrado.18 Ejemplo de estas teorías
pseudo-científicas son los numerosos tratados que circulaban en América antes
y después de la Guerra Civil, donde dibujos de cabezas de personas blancas,
negras, asiáticas, etc. se acompañaban de una leyenda con descripciones de su
físico y medidas, comportamiento y grado de inteligencia.19
Si bien estas prácticas no se tocan de lleno en la novela de Govier, sí que
se encuentran en las raíces históricas de la utilización de nomenclaturas en
la época que la autora describe en su novela. Una particular obsesión taxo-
nómica que empezó a tomar fuerza al final del siglo xviii por parte de los
estados europeos era dar a cada persona un nombre diferente y permanente.
A las personas se les conocía por diferentes nombres en diferentes etapas
de sus vidas y esta flexibilidad era fuente de confusión para los estados, que
empezaron a lanzar sus redes descriptivas sobre la sociedad civil.20 El mismo
Audubon tuvo varios nombres durante su vida porque, en su intento por
convertirse en un ciudadano norteamericano, borró sus orígenes ilegítimos
(fue hijo de un capitán de marina francés y de una sirvienta) para presentarse
como una personalidad más unificada y aceptable. Nacido en Haití, vivió en

18
Véase, por ejemplo, Dror Wahrman, «The English Problem of Identity in the Ameri-
can Revolution». The American Historical Review, 106 (4) (October 2001), pp. 1236-1262;
Liebregts, «Mingling on the Lawn: The Impossibility of Contact in the Work of Paul Scott»; o
Barfoot, C. C. y Theo D’haen Eds.: Shades of Empire. In Colonial and Post-Colonial Literatures.
Amsterdam, Rodopi, 1993, p. 37.
19
Anonymous, 2001 (1866). «The Six Species of Men, with Cuts Representing the Types of
Caucasian, Mongol, Malay, Indian, Esquimaux and Negro. With their General Physical and Men-
tal Qualities, Laws of Organization, Relations to Civilization, & c.». Paul Gutjahr (ed.). Popu-
lar American Literature of the 19th Century. New York, Oxford University Press, pp. 752-780.
20
Caplan, Jane: «The State in the Field: Official Knowledge and Truant Practices». The
American Historical Review, 106, 1, Febr. 2001.

54
Francia y más tarde viajó a América para evitar el reclutamiento napoleónico.
Desde otro frente, y a través del paisaje canadiense y de las posibles
reacciones ante él, Katherine Govier desmonta la obsesión humana por los
límites, nomenclaturas y estereotipos con el objetivo de hacernos conscien-
tes de nuestra dependencia de las taxonomías para asimilar el mundo. La
costa de Labrador enmudece al naturalista y al cartógrafo de Creation, les
roba su afán por nombrar, dibujar, y describir lo no-descrito hasta la fecha.
A Bayfield no le quedan nombres que dar a las innumerables islas, y Audu-
bon descubre que los pájaros que iba a dibujar ya se han extinguido: su arte
no le es de utilidad en un territorio que parece dejado de la mano de dios,
un espacio que no ha sido iluminado ni ordenado después de su creación.
Audubon habla en sus diarios, específicamente en su The Labrador Journal,
de un paisaje sombrío, inhospitalario, estéril, terrorífico, triste, intimidante:
stubborn, precipitous rocks (404), terribly wild shores, fearfully high and rugged
(396) y concluye que Labrador es the most extensive and dreariest wilder-
ness I have ever beheld. It chilled the heart to gaze on these barren lands of
Labrador (403). Desea volver lo antes posible, no tiene esperanza en que el viaje
a Labrador de frutos, solo espera que el Creador le permita volver a su país.
Es curioso observar cómo el abandono de la ciencia y de la tecnología en
favor de una aproximación a la naturaleza menos pragmática y clasificatoria
parece haber sido una experiencia recurrente en topógrafos y cartógrafos de
siglos pasados. Según Rick Van Noy, la fe en la ciencia y en sus clasificaciones
frecuentemente derivaban en descripciones impresionistas en las que el sentido
de lo maravilloso o lo milagroso les impedía relacionarse con el territorio a
través de lo ya fijado y precisado en los mapas. Cartógrafos americanos cono
Henry David Thoreau, Clarence King y John Wesley Powell (King y Powell
fueron los primeros dos directores de la US Geological Survey) descubrieron la
ineficacia de los mapas ante la inmensidad de la naturaleza con la que pudieron
reconectar solo como mundo prelingüístico.
Descartaron las pretensiones omniscientes de los mapas, que producen
conocimiento estático, fabricado desde «arriba» con la intención de estable-
cer unos límites políticos. Es paradójico que estos topógrafos, ansiosos por
descubrir lo no descrito hasta ese momento y a pesar de estar amparados
por las certezas de la organización y la nomenclatura, acabaran dejándose
llevar por el sentido de lo indescriptible. Tal como concluye Rick Van Noy,21
el sentido de lo sublime, lo maravilloso, de aquello que no se puede apresar

21
Noy, Rick Van: «Surveying the Sublime: Literary Cartographers and the Spirit of Place».
The Greening of Literary Scholarship, ed. Steven Rosendale, 2002, pp. 181-206. Véase también
Caplan, Jane: «The State in the Field: Official Knowledge and Truant Practices». The American
Historical Review, 106, 1, Febr. 2001, p. 110.

55
con palabras, es mucho menos dañino hacia el medio ambiente que las nocio-
nes que venían de la ilustración. Lo sublime percibe un espacio resistente,
un paisaje que produce en el humano un sentido de humildad y reveren-
cia, en el que el hombre ya no se ve como el amo de ese misterio que hay
que expropiar con palabras y gráficos, sino como parte de ese misterio. Por
contraste, la supuesta indagación científica contribuyó a la confusión entre
la búsqueda del conocimiento y la avariciosa y miope explotación de los
recursos naturales.22
Esta percepción del espacio, en su resistencia a los contornos y a las defi-
niciones, se contempla como una condición psicológica positiva en numerosos
escritos relativos a la geografía americana, y también en las tradiciones pictóri-
cas americanas románticas de estética grandiosa, como la Hudson River School.
Por el contrario, la percepción canadiense de su propio paisaje —no como
paraíso sino como purgatorio o incluso infierno—, parece haber truncado
esa transformación lumínica de lo imponente o desafiante a lo placentero o
armonioso, típica del renacimiento americano del siglo xix. Los cuadros de los
pintores canadienses afincados en Toronto The Group of Seven en las primeras
décadas del siglo xx, con sus icónicos y desolados pinos apenas sobreviviendo
las embestidas del viento en el escudo canadiense, son una muestra de una
concepción del paisaje más austera y desnuda.
Clima y terreno son, en Canadá, mucho más severos que en su vecino del
sur, pero hay también otros factores, no solo climatológicos o geográficos, que
contribuyen al poder narcótico que tiene en la cultura canadiense la recurrente
noción de una tierra hostil o indiferente al hombre. Ha de tenerse en cuenta
que la cultura canadiense adquiere solidez en un periodo histórico posterior
al de los Estados Unidos, que florece en el siglo del siglo xix imbuido de
ideales románticos; ya en el siglo xx las sociedades son más conscientes de la
destrucción que conlleva el colonialismo. Y, sin embargo, la preferencia del
canon literario canadiense por temáticas relacionadas con la desintegración
personal en el contacto con la naturaleza ha sido patente desde el siglo xviii.
Tal como Northrop Frye y Margaret Atwood, primeros historiadores de la lite-
ratura canadiense, sugieren, entendemos quiénes somos en términos de dónde
estamos, y la presencia de una naturaleza opresiva y desmesurada marcó a
personajes, argumentos y temáticas comunes en el florecimiento de la literatura
anglófona del país. Los pioneros extraviados o fracasados aparecen recurrente-
mente en poesía y ficción, una tradición que Katherine Govier retoma y expresa

22
Sayre, Gordon: «Le Page du Pratz’s Fabulous Journey of Discovery: Learning about Nature
Writing from a Colonial Promotional Narrative», The Greening of Literary Scholarship, ed.
Steven Rosendale, p. 39.

56
de forma poética pero fiel a la documentación existente sobre John James
Audubon.
¿Ha utilizado la autora a un héroe americano para enfatizar el poder
inconquistable de la naturaleza canadiense y así mostrar que esta desarma
hasta al más empecinado y vocacional de los hombres? Tanto en la ficción
de Govier como en las notas autobiográficas de Audubon somos testigos de
que se ve incapacitado temporalmente para dibujar las aves, y también
pierde el dominio de vocabulario que hasta la fecha había encontrado fiable:
no encuentra palabras apropiadas para describir el tiempo, las montañas,
las regiones (The Labrador Journal 392). Que Govier haya elegido presen-
tar una visión de la naturaleza donde ni Dios ni hombre puedan imponer
sus distinciones es significativo. La vista de este obscuro, borroso paisaje,
sin forma alguna, sin señal de hierba o de árboles se parece a esa «tierra sin
forma» que Dios creó al principio, antes de que separara la luz de la obscu-
ridad y la tierra del mar, antes de que decidiera que eran buenos por sepa-
rado. Esta tierra canadiense aparece entonces como un espacio inútil, terri-
torio todavía sin nombrar, un vacío y un caos. Tal como el mundo era en
sus orígenes.
Bayley protesta contra este tipo de naturaleza que no se ajusta a sus
objetivos:
Come to survey a boundary and found nothing so simple as a line
through water: found land smashed up and broken to bits, humped and
rising out of water, shallow and sometimes disappearing. Irrational, useless
and obstructing land, needing to be made sense of. (Creation: 61).
El paisaje canadiense parece habitar en la imaginación anclado en ese
impase entre la creación y el lenguaje, un tiempo que no existe en la Biblia,
un espacio al que todavía no se le ha encontrado sentido.

CONCLUSIÓN

Al atribuir ciertos valores a ciertos lugares, las naciones producen sus


cimientos filosóficos. Creation, la novela, insiste en que la existencia de ese
lugar todavía innombrado y sin conquistar por la imaginación, implica espe-
ranza, aunque amenace la certeza humana y la supervivencia. El viaje a esa
tierra se revela como un viaje a una condición de existencia verdadera, dura,
purificadora, un viaje en el que se puede afirmar que la naturaleza todavía
no se ha doblegado ante los sistemas de representación del hombre, al menos
en el siglo xix. En este escenario, no se puede hablar del paradigmático
triunfo lingüístico y taxonómico del que las ciencias naturales alardeaban,

57
ese triunfo de la inteligencia humana sobre la naturaleza y sobre la supersti-
ción. La tarea taxonómica era heroica, heredera de la Ilustración y estaba por
encima de previos intentos confusos y desordenados de conocer la variedad de
la naturaleza.23
Lingüistas y estudiosos de la relación entre la naturaleza y el lenguaje
como Benjamin Lee Whorf y W. H. New han advertido de la relatividad de
nuestros sistemas conceptuales para describir la naturaleza con imparcialidad,
de que las diferentes gramáticas de los diferentes idiomas nos llevan a dife-
rentes clases de observación y a diferentes conclusiones. Mientras el inglés y
lenguas similares separan los objetos de la naturaleza en entidades diferentes
y observan la naturaleza de forma segmentada, otras lenguas, y en este caso, las
nativas americanas, conceptualizan las manifestaciones de la naturaleza juntas,
en un fluir cambiante y temporal, en el que lo humano y la naturaleza son
extensiones recíprocas.24
Las identidades nacionales dependen de la mística atribuida a particulares
tradiciones paisajísticas 25 y Katherine Govier, en su novela, da una vuelta de
tuerca a la noción negativa de un paisaje resistente a los sistemas de compren-
sión humanos, como lo es Labrador. En Creation, el colapso de las distinciones
no implica el caos moral, sino la utopía de devolver a la naturaleza derechos
de existencia independientes de su utilidad para los humanos.26

23
Harriet Ritvo (1993), p. 246.
24
Carroll, John B.: Ed. Language, Thought and Reality. Selected Writings of Benjamin Lee
Whorf. Cambridge MIT Press, 1993, pp. 221-269; W. H. New, pp. 27-35.
25
Schama, Simon: Landscape & Memory. London, Fontana Press, 1995, p. 15; Darian-Smith,
Kate; Gunner, Liz y Sara Nuttall: Text, Theory, Space: Land, Literature and History in South
Africa and Australia. London and New York, Routledge, 1996, p. 10.
26
Roderick Frazier Nash (2001), p. xiv.

58
ARBITRAJE INSTITUCIONAL,
ACTOS DE TRÁMITE Y TUTELA JUDICIAL

Manuel López-Medel y Báscones


Profesor de Derecho Civil
Universidad Camilo José Cela
Académico C. de la Real de Jurisprudencia y Legislación

1.—REGLAMENTOS DE INSTITUCIONES ARBITRALES Y FASE PREVIA


La presente colaboración se centra en el llamado arbitraje institucional
o administrado, frente al arbitraje ad hoc. Reconocido en el art. 14 de la Ley
60/2003, de 23 de diciembre, de Arbitraje (en adelante, LA 1) al señalar que las
partes puedan encomendar la administración del arbitraje y la designación
de árbitros, entre otras, a corporaciones de Derecho Público (básicamente,
Colegios Profesionales y Cámaras de Comercio), que puedan desempeñar
funciones arbitrales, según sus normas reguladoras, y en estos casos (art. 14.2)
las instituciones ejercerán sus funciones conforme a sus propios reglamen-
tos, y velarán por el cumplimiento de las condiciones de capacidad de los árbi-
tros y por la transparencia en su designación, así como su independencia. Así,
las Cortes o tribunales administran el arbitraje según sus reglamentos, salvo
manifestación expresa en contra de las partes, correspondiendo al secretario
general de la respectiva Corte asegurar el buen funcionamiento administrativo
de la misma (art. 6 LA).
En la medida en que la LA refuerza el principio de autonomía de la
voluntad,2 amplía también el margen de discrecionalidad de las instituciones
arbitrales a la hora de establecer sus reglamentos, los cuales vienen a conte-
ner normas de derecho privado por lo que sólo despliegan eficacia respecto
del centro arbitral, respecto de quienes se sometieron a su competencia y de

1
Llamada por Verdera y Tuells «moderna ley para el tráfico globalizado», en su dis-
curso de ingreso en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, bajo el título La
Ley 60/2003, de 23 de diciembre, de arbitraje, entre la tradición y la innovación, Madrid, 2005,
p. 59.
2
Efectivamente, el arbitraje nace, por tanto, como una genuina manifestación de la autonomía
de voluntad de las partes, como se escribe en la obra Arbitraje y jurisdicción: principios básicos
y jurisprudencia», Pérez-Llorca-Thomson Reuters Aranzadi, Madrid, 2019, p. 17. También es
bien expresivo el apartado ii de la exposición de motivos LA.

59
quienes acepten actuar como árbitros en un arbitraje administrado por un
centro arbitral. Las partes quedan sometidas al Reglamento de la respectiva
Corte desde que suscriben un convenio arbitral, lo cual implica que se obligan
a acatar tales normas reglamentarias que pueden establecer en la configuración
de la designación de los árbitros y del procedimiento arbitral en general. Por
su parte, el árbitro quedará vinculado, mediante la aceptación, a desempeñar
la función arbitral.
La sumisión a las Cortes se entiende realizada como consecuencia de la
cláusula o convenio arbitral de la propia institución a la que las partes se some-
ten, o de cualquier otra o, en su defecto, por mutuo acuerdo de las mismas,
siendo común disponer que por el hecho de someterse al arbitraje de la Corte,
las partes se comprometen expresamente a que el mismo sea administrado de
acuerdo con lo dispuesto en el respectivo reglamento. Asimismo, las partes
deben comprometerse expresamente a cumplir la decisión de los árbitros
expresada en el correspondiente laudo y a guardar la confidencialidad de lo
tratado durante toda la tramitación del arbitraje.
Complementariamente, según el art. 4 LA, sobre reglas de interpretación,
cuando una disposición de dicha norma se refiera al convenio arbitral o a cual-
quier otro acuerdo entre las partes, se entenderá que integran su contenido las
disposiciones del Reglamento en materia de arbitraje al que las partes se hayan
sometido.
Con frecuencia, antes del comienzo del procedimiento arbitral propia-
mente dicho, suele haber de hecho, una fase previa, que comprende la solicitud
inicial de arbitraje, la contestación por el demandado, y el abono por ambas
partes de las provisiones de fondos, haciéndose por la secretaría de la entidad
administradora las comunicaciones necesarias a las partes. Es una fase previa
que comprende todos los trámites reglamentarios hasta la designación de los
árbitros, lo que da paso al comienzo estricto del procedimiento arbitral pro-
piamente dicho, como efectivamente configuran diversas Cortes.
Por mucho que la institución arbitral esté ligada a una corporación de
derecho público, y no tenga personalidad jurídica distinta de ésta, hay que
señalar que las comunicaciones, escritos o meras cartas de la Secretaría General
o de la secretaría administrativa de la Corte, no son resoluciones o actos sus-
ceptibles de recursos administrativos, sino más bien comunicaciones de puro
trámite dirigidas a favorecer el arbitraje (favor arbitralis), sin que se dicten
por los órgano de gobierno ni de la Corte (por ejemplo, Pleno o Comisión
de Designaciones), ni de la propia corporación (por ejemplo, Pleno, Comité
Ejecutivo y Presidente).
Claramente, las cuestiones arbitrales son disponibles. El artículo 2 LA
regula las materias objeto de arbitraje sobre la base del criterio de la libre

60
disposición.3 La arbitrabilidad de una controversia coincide con la disponibili-
dad de su objetivo para las partes. Pues bien, una vez finalizada la fase previa
antes comentada, se procede habitualmente por las Cortes a la designación de
los árbitros y al comienzo strictu sensu del procedimiento de arbitraje. Y por
ello, cualesquiera cuestiones que durante esa fase pudieran plantear las partes
—normalmente por la demandada— deberán ser examinadas y resueltas,
cuando proceda, por el árbitro o colegio arbitral designado al efecto, deci-
diendo sobre su competencia o al dictarse el laudo. Así, en particular, según
el art. 22 LA:
Los árbitros estarán facultados para decidir sobre su competencia, incluso sobre
excepciones relativas a la existencia o a la validez del convenio arbitral o cuales-
quiera otros cuya estimación impida entrar en el fondo de la controversia (apar-
tado 1). Las excepciones a las que se refiere el apartado anterior deberán oponerse
a más tardar en el momento de presentar la contestación, sin que el hecho de haber
designado o participado en el nombramiento de los árbitros impide oponerlas. La
excepción consistente en que los árbitros se exceden del ámbito de su competencia
deberá oponerse tan pronto como se plantee durante las actuaciones arbitrales,
la materia que exceda de dicho ámbito. Los árbitros sólo podrán admitir excep-
ciones opuestas con posterioridad si la demora resulta justificada (apartado 2).
Los árbitros podrán decidir las excepciones de que trata este artículo con carác-
ter previo o junto con las demás cuestiones sometidas a su decisión relativas al
fondo del asunto. La decisión de los árbitros sólo podrá impugnarse mediante
el ejercicio de la acción de anulación del laudo en el que se haya adoptado. Si
la decisión fuese desestimatoria de las excepciones y se adoptase con carácter
previo, el ejercicio de la acción de anulación no suspenderá el procedimiento
arbitral (apartado 3).

2.—ACTOS DE TRÁMITE EN EL CURSO ARBITRAL


Todas las posibles comunicaciones que pudiera hacer la Corte, durante
esa fase previa, en la línea expuesta, son meramente de trámite, que no actos
administrativos, susceptible de recurso administrativo, como vamos a abundar.
Con frecuencia (por ejemplo art. 8.1, revisión prima facie de la existencia de
convenio arbitral, del Reglamento de la Corte de Arbitraje de Madrid, en vigor
desde febrero de 2022), se señala:
1. En el caso de que la parte demandada no respondiese a la solicitud de
arbitraje, se negase a someterse al arbitraje o formulara una o varias excepciones
3
Damian Moreno habla de «la importancia de reivindicar para el proceso civil la relevan-
cia del llamado principio dispositivo», en la obra El juez ante la ley, Fundación Registral,
Madrid, 2011, p. 104, lo que podemos predicar también del arbitraje.

61
relativas a la existencia, validez o alcance del convenio arbitral una vea oídas las
demás partes, en su caso, podrán darse las siguientes alternativas:
a) En el caso de que la Corte apreciase, prima facie, la posible existencia de un
convenio arbitral por el que se encomienda la solución del litigio a la Corte,
continuará con la tramitación del procedimiento arbitral (con las reservas
sobre la provisión de fondos previstas en este Reglamento), sin perjuicio de la
admisibilidad o el fundamento de las excepciones que pudieran oponerse. En
este caso, corresponderá al tribunal arbitral toma toda decisión sobre su propia
competencia.
b) Si la Corte no apreciase, prima facie, la posible existencia de un convenio arbitral
por el que se encomienda la solución del litigio a la Corte, notificará a las partes
que el arbitraje no puede proseguir. […].

De estos preceptos se deduce nuevamente que los eventuales escritos


durante la comentada fase previa son meros actos de trámite de impulso proce-
dimental. Además, y es ello relevante, las facultades de admisión o inadmisión
del arbitraje por parte de la secretaría de la Corte están muy limitadas puesto
que deben ceñirse a un examen prima facie de la existencia de convenio arbi-
tral, siendo uno de los elementos necesarios para este examen prima facie el
de la efectiva existencia de la personalidad jurídica de las partes que lo hubie-
ran suscrito. Pero este examen prima facie no puede ser más que un examen
superficial y preliminar. Además, como resulta de lo anterior, la calificación que
prima facie pueda llevar a cabo el secretario de la Corte no viene a prejuzgar
la admisibilidad ni el fundamento de las excepciones.
Esto es especialmente relevante si se tienen en cuenta los motivos de
inadmisión supuestamente concurrentes e invocados por la parte generalmente
demandada, por ejemplo, en un eventual y extraño recurso administrativo
de alzada, y centrados básicamente, entre otros, en la supuesta concurren-
cia de cosa juzgada, junto a otros como la caducidad de la acción, la falta de
jurisdicción y de competencia, la inexistencia o ineficacia de convenio arbitral.
Parece necesario admitir que el examen detallado de estas cuestiones va más
allá de las facultades de examen prima facie que se pueden atribuir al secretario
de la Corte. Las cuestiones invocadas por la parte discrepante podrán serlo, en
su caso, nuevamente en el seno del arbitraje y serán los árbitros designados
los que tengan que pronunciarse sobre las mismas.
En definitiva, estos actos son de mero acto de trámite, que no impiden a
la parte recurrente obtener un pronunciamiento detallado sobre la cuestión
que plantea en el seno del arbitraje. Una vez aclarada la naturaleza del acto
impugnado, conviene recordar que el art. 112.1 de la Ley 39/2015, de 1 de
octubre, del procedimiento administrativo común de las Administraciones
Públicas, establece lo siguiente: Contra las resoluciones y los actos de trámite, si

62
estos últimos deciden directa o indirectamente el fondo del asunto, determinan
la imposibilidad de continuar el procedimiento, producen indefensión o perjuicio
irreparable a derechos e intereses legítimos, podrán interponerse por los interesados
los recursos de alzada y potestativo de reposición, que cabrá fundar en cualquiera
de los motivos de nulidad o anulabilidad previstos en los artículos 47 y 48 de esta
Ley. La oposición a los restantes actos de trámite podrá alegarse por los interesados
para su consideración en la resolución que ponga fin al procedimiento.
De donde se deduce a contrario que los actos de trámite únicamente serán
recurribles cuando se den alguna de las cuatro circunstancias señaladas en
el artículo transcrito: (i) que decidan directa o indirectamente el fondo del
asunto, (ii) que determinen la imposibilidad de continuar el procedimien-
to —al contrario, le dan el impulso necesario—, (iii) que produzcan inde-
fensión —la parte discrepante podrá invocar todos los argumentos usados en
el curso de mismo arbitraje que se siguiera—, o (iv) perjuicio irreparable a
derechos e intereses legítimos.

3.—PRINCIPIO DE INTERVENCIÓN MÍNIMA, IMPROCEDENCIA DE LA VÍA


ADMINISTRATIVA E INCOMPETENCIA DE LA JURISDICCIÓN CONTENCIOSO-
ADMINISTRATIVA

Ya de entrada, cabría entender que un impropio recurso administrativo


(alzada) por el demandado a propósito de lo que hemos llamado comunica-
ciones que forman parte de la fase previa de trámite arbitral, iría contra los
actos propios del «recurrente». Cualquier pretendido recurso administrativo
habría de ser inadmitido. Los reglamentos vienen a disponer que por el hecho
de someterse al arbitraje de la Corte, las partes se comprometen expresamente
a que el mismo sea administrado de acuerdo con lo dispuesto en el respectivo
Reglamento, así como a cumplir la decisión de los árbitros expresada en el
correspondiente laudo y a guardar la confidencialidad de lo tratado durante
toda la tramitación del arbitraje, como hemos expuesto en páginas precedentes.
De lo anterior se deduce necesariamente que la suscripción de la cláusula
arbitral de la institución supone un compromiso de las partes de someterse al
Reglamento y a la normativa que le da cobertura, en este caso la LA. Parece
que con un mal llamado «recurso», la parte recurrente quiere obviar su
compromiso y evitar el arbitraje en lugar de someterse al mismo y exponer en
su seno todos los argumentos de que dispone, incluidos los manifestados
en el propio recurso. Si su postura tiene fundamento se le dará razón en el
arbitraje. En caso contrario, obviamente, podrá tener un laudo desfavorable.
Pero no parece lícito que pretenda sustraerse a esta segunda eventualidad por
medio del recurso.

63
De otro lado, y en términos generales, la administración del arbitraje
implica proporcionar los medios materiales y, en su caso, humanos para el
adecuado desarrollo del arbitraje. De manera más precisa, suele entenderse
que tales funciones engloban tanto el apoyo logístico, como el control de la
adecuación del árbitro, así como la integración del convenio arbitral.
En cualquier caso, en cuanto a la naturaleza jurídica de la relación que
surge, de un lado, entre la institución administradora del arbitraje y, de otro, las
partes que, en virtud del convenio arbitral, encomiendan la administración del
arbitraje a una de las instituciones del art. 14 LA, se trata en todo caso, de un
aspecto que queda fuera del ámbito de la legislación arbitral (la doctrina4 se ha
ocupado de la relación como un contrato entre las partes y la institución que
se perfecciona cuando una vez surgido el conflicto se solicita la intervención
arbitral, bien como contrato de adhesión, bien como contrato de mandato
con representación, bien como contrato de arrendamiento de servicios o bien,
como negocio jurídico unilateral).
Esa configuración y alcance del arbitraje institucional tiene igualmente su
especial manifestación en el principio de intervención mínima contenido en
el art. 7 LA, a cuyo tenor en los asuntos que se rijan por esta Ley no intervendrá
ningún Tribunal, salvo en los casos en que ésta así lo disponga. Como señala la
exposición de motivos de dicha norma, tal precepto, es un corolario del deno-
minado efecto negativo del convenio arbitral, que impide a los Tribunales conocer
de las controversias sometidas a arbitraje. De este modo, la intervención judicial
en los asuntos sometidos a arbitraje ha de limitarse a los procedimientos de apoyo
y control, expresamente previstos por la Ley.
La expresión del reproducido artículo es aún más amplia que la propia del
efecto negativo a la que se refiere la exposición de motivos, ya que se extiende no
sólo a la controversia en sí misma considerada sino también a cualquier materia
regida por la LA. Y esta exclusión se refiere por fuerza y también a los arbitrajes ins-
titucionales, ya que los mismos están expresamente previstos en el artículo 14 LA.
Ello determina que estas cuestiones, por tener lugar en el marco de un
procedimiento arbitral, quedan fuera de los mecanismos habituales de impug-
nación de los actos administrativos, y en consecuencia, con incompetencia de la
propia jurisdicción. Como se ha indicado en páginas precedentes, en definitiva,
las cuestiones alegadas o excepcionadas normalmente por la parte demandada
deberán ser resueltas, visto el art. 22 LA,5 bien con carácter previo, bien al
4
Vid. Bachmaier Winter, en la obra colectiva Comentarios a la Ley de Arbitraje de 2003,
coordinada por Arias Lozano; Pérez Llorca Abogados, Madrid, Aranzadi, 2005, p. 130.
5
Vid. el comentario al art. 22 LA, «Potestad de los árbitros para decidir sobre su competen-
cia», por Gonzalez-Bueno, en la obra colectiva Comentarios a la Ley de Arbitraje, coordinada
por aquél, Consejo General del Notariado, Madrid, 2014, pp. 393 ss.

64
final del proceso arbitral, mediante laudo. Y, en caso de resolverse en contra
de los intereses de tal demandado, el mismo podrá instar, si lo considerase, la
anulación o impugnación del laudo, conforme al art. 41 LA, e intentar reparar,
en su caso, pero en vía civil, la posible vulneración de la cosa juzgada (algo
semejante sucede, por ejemplo, con la recusación, pues, según el art. 18 LA, si
no prosperase la recusación planteada, la parte recusante podrá, en su caso, hacer
valer la recusación al impugnar el laudo).
Efectivamente, podría plantearse si, la exención de la sumisión de los actos
dictados por órganos de corporaciones de derecho público a arbitraje implica
o no también la exención a la posible revisión de los mismos en vía adminis-
trativa. Es cierto que la LA, en su artículo 7, no hace una referencia expresa a
esta posible exención, pero lo cierto es que la única interpretación razonable en
materia de arbitraje es admitirla igualmente, y ello por varias razones. Prime-
ramente, porque no tendría sentido excluir la intervención judicial y admitir la
administrativa, por cuanto la segunda quedaría exenta de control jurisdiccional.
La segunda razón es que la facultad de la Administración de revisar sus actos
por vía de recurso es una manifestación de la autotutela administrativa según
la cual se posibilita a la Administración revisar sus actos antes de someterlos
al examen judicial. Y, en tercer lugar, pues es principio básico del arbitraje que
todas las controversias de las partes que se han sometido a él se resuelvan en
el seno del procedimiento arbitral, sin que haya lugar a provocar incidentes
procesales o procedimentales que pretendan directa o indirectamente hacer
intervenir a otros órganos en la resolución de la controversia.
De otro lado, abundando en lo señalado con anterioridad, la jurisdicción
contencioso-administrativa no tiene competencia alguna en materia de arbi-
traje, y ello es así aun cuando se trata de arbitraje institucional organizado por
corporaciones de derecho público, ya que el art. 2 c de la Ley de la Jurisdicción
Contencioso-Administrativa de 1998, únicamente otorga competencia a la
misma, sobre los actos y disposiciones de las corporaciones de Derecho Público,
adoptados en el ejercicio de funciones públicas. No hay, en estas fases previas,
actos de la misma corporación, ni el acto en cuestión constituye ejercicio de
funciones públicas, siendo fruto de un convenio arbitral y el sometimiento
de las partes al Reglamento de la Corte, en el marco de la disponibilidad,
autonomía de la voluntad y derecho privado.
Complementariamente, el art. 8 LA se ocupa de los tribunales competentes
para las funciones de apoyo y control del arbitraje, no citándose a la jurisdic-
ción contencioso-administrativa (tampoco se citaba a ella en la Ley Orgánica
del Poder Judicial, modificada por la L. O. 8/2003, de 9 de julio, para la reforma
concursal, que introdujo el apartado g) —hoy derogado— del art. 86 ter. 2, de
la L. O. P. J., atribuyendo a los juzgados de lo mercantil competencias respecto

65
de cuantas incidencias o pretensiones se promuevan como consecuencia de la
aplicación de la normativa vigente sobre arbitraje en las materias a las que se
refiere este apartado).
De otro lado, debe invocarse el art. 40 LA, en relación con sus arts. 41 y 42,
que se ocupa de la acción de nulidad del laudo, por cuanto el principio básico
del arbitraje es que sólo cabe impugnación jurisdiccional del laudo definitivo
y no de los actos de trámite del arbitraje. Dicha impugnación deberá llevarse
a cabo ante los órganos competentes de la jurisdicción civil, y por las causas
tasadas enumeradas en el art. 41, entre las cuales figuran algunas relativas al
procedimiento.
Finalmente, otro tanto cabría invocar respecto de la doctrina constitucional
en materia de arbitraje,6 como medio heterónomo de arreglo de controversias
que se fundamenta en la autonomía de la voluntad de los sujetos privados, a
la que nos remitimos, sin perjuicio de una breve mención a la sentencia del
Tribunal Constitucional de 11-11-1996, recurso de amparo 1360/1994. Según
ella, dicho tribunal carece de jurisdicción para enjuiciar el laudo, en sí mismo
considerado, por cuanto como acto no referible a ningún tipo de poder público
(art. 41.2 LOTC), resulta extraño al ámbito y función del proceso constitucional
de amparo. Sólo en la medida, bien escasa como veremos, en que las supuestas
vulneraciones alegadas sean referibles a la actuación del órgano jurisdiccional
que conoció del recurso de nulidad frente al laudo, estará justificado que este
Tribunal enjuicie una eventual lesión del derecho a la tutela judicial,7 o la
prestación de dicha tutela por órgano judicial no legalmente predeterminado.

6
Resulta fundamental recordar la más reciente jurisprudencia del Tribunal Constitucional,
que ha venido a «blindar» o «rescatar» al arbitraje ante la extralimitación de los tribunales, en
su configuración del orden público como motivo de nulidad, no pudiendo tal control suplir la
función del árbitro de aplicar la norma (vid. las sentencias 46/2020, de 15 de junio, 17/2021, de
15 de febrero, y 55/2021 y 65/2021, ambas de 15 de marzo, comentadas por Hinojosa Segovia,
en los artículos «El Tribunal Constitucional se pronuncia de nuevo concretando el ámbito de
la acción de anulación contra los laudos arbitrales» y «El Tribunal Constitucional enmien-
da la plana de nuevo al Tribunal Superior de Justicia de Madrid», en la revista El notario del
siglo xxi, Colegio Notarial de Madrid, números 96, marzo-abril, pp. 74 y ss. y 97, mayo-junio,
2021, pp. 82 y ss.). Más recientemente, v. la sentencia de 4-4-2022, rec. amparo 4731-2020.
7
Como también ha apuntado el Tribunal Constitucional, sentencias 99/1995, 50/1990 y
149/1995, el derecho a la tutela judicial efectiva no es un derecho de libertad, ejercitable sin
más y directamente a partir de la Constitución, sino un derecho prestacional, sólo ejercitable
por los cauces procesales existentes y con sujeción a su concreta ordenación (vid., en el ámbito
comunitario europeo, nuestro trabajo «Arbitraje, jurisdicción y cuestión prejudicial», Boletín
de Información del Ministerio de Justicia, número 1849, 15 julio 1999, pp. 7 y ss.).

66
HAMBRE Y DESNUTRICIÓN
EN TIEMPO DE GUERRA

Marta Malo Mateo


Licenciada en Farmacia
Real Academia de Medicina de Cantabria
Diploma de Servicios Distinguidos a la C. A. de Cantabria
Exalumna preuniversitaria del IES Santa Clara

Sabido es que toda contienda bélica conlleva innumerables sufrimientos


a las personas que las padecen. Durante ese periodo las tasas de morbilidad 1 y
mortalidad2 de la población se ven incrementadas, siendo generalmente uno de
los principales factores contribuyentes, la insuficiencia alimentaria y por ende
las carencias nutricionales que sufre la población. Entre las consecuencias de la
desnutrición se encuentra la reducción de la talla de los niños en edades de
desarrollo físico, pues las deficiencias de ingesta de hidratos de carbono, pro-
teínas, vitaminas y minerales, van a limitar su crecimiento. En casos extremos
se producen enfermedades como son el raquitismo 3 y el edema del hambre
(kwashiorkor).4 En tiempo de guerra la pérdida de peso a todas las edades es
consecuencia inmediata y progresiva de una ingesta calórica insuficiente, pues
el organismo recurre a las reservas corporales de grasa para subsistir, siendo
común entre la población el infrapeso.5 Esta situación implica una baja forma
física, anemia, debilitamiento muscular y óseo, y bajas defensas. Otro riesgo del
bajo peso, son los problemas de fertilidad y durante el embarazo. La pérdida
drástica de peso produce amenorrea (ausencia de menstruación) y retraso en
la ovulación, lo que condiciona la fertilidad. Las mujeres embarazadas con
infrapeso tienen mayor riesgo de tener un parto prematuro o un bebé de bajo
peso al nacer, pues la dieta de la madre debe aportar los nutrientes necesarios
para el buen desarrollo del feto.

1
Morbilidad: cantidad de personas que enferman en un lugar y un período de tiempo
determinados en relación con el total de la población.
2
Tasa de mortalidad: se calcula de acuerdo a las defunciones de la población durante un
año.
3
Los huesos de los niños se vuelven débiles y blandos, por falta de calcio y vitamina D.
4
Enfermedad producida por falta de proteínas y energía.
5
Infrapeso: Índice de Masa Corporal (IMC) inferior a 18,5. IMC = Peso (kg) : Altura2
(metros).

67
Las bajas defensas van a favorecer la aparición de enfermedades infecciosas
(respiratorias como la tuberculosis y gastrointestinales, entre otras), en tanto
que un déficit acusado de vitaminas y minerales, puede dar lugar a las llama-
das enfermedades carenciales. Estas últimas se producen cuando el organismo
deja de recibir durante un tiempo, alguna vitamina o mineral en concreto.
Históricamente estas enfermedades han sido consecuencia de situaciones de
privación de alimentos, como pueden ser las guerras, los asedios, la pobreza
extrema y los largos viajes marítimos. Algunas de estas enfermedades han
sido endémicas 6 en poblaciones que se han alimentado exclusivamente de
monocultivos, como fuera el caso del arroz 7 en países asiáticos (Beri-beri) y
del maíz 8 en América y Asturias (Pelagra). A lo largo de la historia han sido
millones de personas las que han sufrido y fallecido a consecuencia de las
enfermedades carenciales. Estas no fueron científicamente identificadas hasta
finales del siglo xix y principios del xx.
Hoy sabemos que el beriberi se produce por falta de vitamina B1 (tiamina)
en la alimentación; la enfermedad es una polineuritis periférica grave, en cuya
sintomatología predominan la parálisis, el edema o hidropesía y la insuficiencia
cardiaca. La pelagra es consecuencia de la falta de vitamina B3 (niacina) en la
alimentación; sus síntomas característicos son diarrea, dermatitis y demencia,
conocida como la enfermedad de las tres des. El llamado síndrome de Grierson-
Gopalan, o de pies ardientes, es una afección que se produce cuando faltan en
la alimentación las vitaminas del grupo B, lo que provoca sensación de calor,
hormigueo y pinchazos en las extremidades inferiores que se intensifican por la
noche. Otra enfermedad carencial que ha causado innumerables muertes es el
escorbuto, originado por la falta de vitamina C (ácido ascórbico) en la alimenta-
ción; se presentaba de forma epidémica en los largos viajes de navegación de los
siglos xv al xviii, aunque se encuentra descrita mucho antes (Mansur, Egipto,
1250), relacionada con guerras y asedios en tierra. Los síntomas del escorbuto
son debilidad, hemorragias, hinchazón de encías, pérdida de piezas dentales y
en casos extremos, ictericia, edema, fiebre y muerte. El bocio endémico o creti-
nismo se origina por deficiencia de yodo en la alimentación; enfermedad que
fue endémica en las Hurdes (Extremadura) en la primera mitad del siglo xx.
La enfermedad se caracteriza por un déficit en el desarrollo físico y psíquico,
acompañada de deformidades del cuerpo y retraso de la inteligencia. La osteo-
malacia es una patología ósea de los adultos, propia de países muy pobres, en
la que los huesos se vuelven débiles y blandos por falta de calcio y vitamina D.
6
Enfermedad endémica: enfermedad constantemente presente en cierta región geográfica o
en cierto grupo de personas.
7
Enfermedad que surge a raíz de obtenerse fácilmente arroz descascarillado (arroz blanco)
pues con la cáscara de arroz se retira la vitamina B1 (tiamina).
8
La harina de maíz, a diferencia de la harina de trigo integral, carece de vitamina B3 (niacina).

68
CARESTÍA ALIMENTARIA Y NUTRICIONAL EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Un momento histórico, relativamente próximo a nuestro tiempo, en el


que la población padeció las consecuencias del hambre y la desnutrición,
lo encontramos en la guerra civil española (1936-1939) y en los años de la
posguerra. Cabe observar que la situación prebélica ya constituyó un periodo
difícil, tanto político como social, circunstancias que no posibilitaron un
consumo de alimentos adecuado para la población, pues con anterioridad
a la guerra civil, ya había hambre en España. Uno de los grandes problemas
que supuso la guerra civil española fue la falta de alimentos. Su disponibilidad
era muy escasa y además estaba mal repartida. Hay diversos factores que pue-
den explicar la falta de alimentos. La guerra supuso la suspensión del tráfico
comercial dentro de la península ibérica y la paralización de empresas, pues
muchas fueron colectivizadas para transformarse en industrias de guerra. Por
otra parte, el envío de hombres a luchar dejó numerosos campos huérfanos.
El problema se complicó aún más con el bloqueo de las comunicaciones,
así como con las requisas e incautaciones forzosas de alimentos. Las gran-
des ciudades como Madrid, Barcelona y Bilbao, acusaron en mayor medida
la falta de alimentos, en tanto que en las zonas rurales podían defenderse
mejor.
Ismael Díaz Yubero, veterinario, bromatólogo y académico de la Real Aca-
demia de Gastronomía, narra que boniatos, castañas, garrofa, bacalao, trigo
tostado, carne de membrillo, garbanzos tostados con cal, altramuces, almortas
eran aprovechados y bastante bien valorados.
Ante el hambre se recurría al aprovechamiento de alimentos alterados y
subproductos alimenticios, cuyo consumo podía resultar peligroso desde el
punto de vista higiénico. La escasez alimentaria era tal que se hacía necesario
complementar la comida con lo que hoy consideramos desperdicios, como
son las peladuras de las patatas, las pieles de las frutas, las hojas de la remola-
cha, las vainas de las habas y de los guisantes, las ortigas o cualquier otra cosa
que pudieran echarse a la boca y que, aunque no consiguiesen cubrir nece-
sidades nutricionales, servían para engañar al estómago y creer que se había
comido.

El pan negro durante la guerra y posguerra


era el que se comía y se repartía con las
cartillas de racionamiento. Se trataba de un
pan oscuro, denso, duro y difícil de tragar.

69
El pan negro no era un pan integral como el que comemos hoy en día,
pues en su elaboración no se desperdiciaba la paja de la espiga, ni otras impu-
rezas, de forma que con un kilo de trigo se obtenía un kilo de harina integral,
mientras que de harina blanca sólo saldrían 700 gramos. Pero además, para
sacar un mayor rendimiento económico era frecuente la mezcla de esta harina
de trigo con otras harinas (de algarroba, centeno, avena, garbanzo, maíz…)
menos apreciadas. En 1953, el pan integral desapareció de la venta y no volvió
a comercializarse hasta los años 80.
Otro alimento básico que permitió la supervivencia de muchos durante
la guerra fueron las lentejas. A las lentejas las llamaban las píldoras del doctor
Negrín y también las píldoras de la resistencia. Negrín, Presidente de la Segunda
República Española, decía a los madrileños ¡Resistir es vencer! eslogan fácil
de cumplir para quien había comido bien. Las lentejas llegaban de Rusia y
era necesario separarlas una a una para retirar las numerosas piedrecitas que
traían, lo que no siempre se podía hacer efectivo. Se decía que eran «lentejas
con carne», por la enorme cantidad de bichos que las acompañaban y que se
guisaban con las lentejas. Viene al caso el refrán lo que no mata, engorda, y en
este caso, aunque no sirviesen para engordar, al menos ayudaban a no morirse
de hambre.
Mención aparte merecen las gachas de almorta. La resistencia de la planta de
almorta a las condiciones climáticas adversas, convirtió a las gachas de almorta
en uno de los principales alimentos de supervivencia en épocas de extrema
escasez, como la guerra y posguerra española. El consumo habitual de almortas
produce una enfermedad neuro degenerativa denominada latirismo o latirosis,
ocasionada por los aminoácidos latirógenos de la almorta. El latirismo produce
parálisis muscular de las extremidades inferiores y degeneración ósea. Debido
a la epidemia de latirosis que se desencadenó durante la posguerra española,
se prohibió su consumo en 1967, sin embargo se permitió que esta harina
siguiera utilizándose para la alimentación animal, lo que posibilitó seguir
utilizándola inadecuadamente para guisos. Esta prohibición se mantuvo hasta
el año 2018, en el que se levanta la prohibición al considerarla excesiva, dado
que el consumo esporádico de harina de almortas no supone un riesgo para
la salud.
En la zona franquista durante la guerra escaseaban los tejidos, pero no así
los alimentos esenciales. La sublevación del 18 de julio de 1936 triunfó en zonas
productoras de alimentos no demasiado pobladas. Así ocurrió, por ejemplo, en
Canarias, Baleares (salvo Menorca), Navarra, La Rioja, Castilla la Vieja, Galicia,
Guinea y amplias zonas de Andalucía. Estos territorios generaban entre otros
alimentos, cereales, aceite, vino, hortalizas y pesca. Por el contrario, en manos
de la república quedaron las zonas más densamente pobladas e industrializadas

70
(Madrid, Barcelona, Bilbao) y otras zonas con recursos agrícolas limitados. Si
la guerra civil hubiera sido corta, el desequilibrio no hubiera tenido grandes
efectos, pero no fue así. A principios de noviembre de 1936 las tropas fran-
quistas llegaron a las puertas de la capital, donde quedaron estancadas ante la
resistencia republicana, sin avance ni retroceso, hasta marzo del 1939.
Ya en octubre del 36 en Madrid empezó a faltar el pan y la carne. La ciu-
dad, poblada por un millón de habitantes a los que hay que sumar los refugia-
dos provenientes de otras zonas de guerra, sufre un largo asedio en el que el
abastecimiento de alimentos flaquea. Surge la especulación, el mercado negro
(estraperlo), el acaparamiento de alimentos, los conflictos de competencias
entre los distintos sindicatos y organizaciones, y se establecen las cartillas de
racionamiento. El primer sistema de racionamiento en España se estableció
mediante Decreto de 5 de marzo de 1937 por el autotitulado Gobierno de la
Victoria, presidido por Largo Caballero. Las cartillas de racionamiento eran
documentos cuya pérdida suponía una auténtica catástrofe. Algunos funcio-
narios trampeaban con las cartillas de los ausentes y de los muertos. En el
Madrid sitiado se comía poco y ese poco podía consistir en lentejas, gachas,
boniatos, alguna vez bacalao en salazón, algún huevo y casi nada de carne. El
arroz y las frutas dejaron de llegar cuando, tras la batalla del Jarama, en febrero
de 1937, se perdió la conexión con Valencia, donde había huido el Gobierno
republicano, dejando a la Junta de Defensa de Madrid del general Miaja al
mando. Gatos y perros desaparecieron de la ciudad, pues la gente se los comía.
El hambre agudizaba el ingenio: se llamaba chorizo a lo que era miga de pan
con pimentón; calamares fritos a lo que era cebolla rebozada y frita; tortillas de
patata empleando harina, agua y peladuras de frutas; chuletas a lo que era un
puré espeso de algarrobas rebozado en pan rallado; «merluza a la evacuada»,
a una mezcla de harina con despojos de pescado; el café era cebada tostada; se
hacía pasar gato por conejo, perro por cordero y también se comían palomas,
gaviotas y otras aves, acuñando el refrán todo lo que corre, nada y vuela, a la
cazuela. Patios y jardines se utilizaron para cultivar hortalizas. Cuando era
posible se enviaba a niños y abuelos al campo para que los alimentaran los
parientes. En el mercado negro el trueque era común: se intercambiaba comida
(café, leche condensada, conservas…) por ropa, objetos, tabaco o por otros
alimentos; un intercambio podía consistir por ejemplo, en un jersey por un
trozo de pan. A principios de 1937 la situación era insostenible, pues a pesar
de que el racionamiento había comenzado en noviembre del año anterior, el
desbarajuste fue tal que muchas familias no recibían ni una mínima ración
durante semanas. La escasez alimentaria en Madrid duró más de treinta meses.
El libro El Hambre en el Madrid de la guerra Civil 1936-1939, de las her-
manas Laura y Carmen Gutiérrez Rueda (ediciones La Librería 2003), analiza

71
el hambre pasado en Madrid durante este tiempo, lo que fue una verdadera
pesadilla para los madrileños. Este libro recoge muchos testimonios personales
de gentes que lo padecieron. Describen cómo más de un millón de personas
resolvieron la lucha diaria por sobrevivir en una ciudad en guerra. Las familias
en ocasiones se veían desbordadas por otros familiares y amigos que se refu-
giaban en su casa huyendo de las zonas más castigadas por la guerra. Alguno
cuenta cómo llegaron a convivir hasta 24 personas repartidas en 4 habitaciones;
dato de interés para conocer el esfuerzo que en estos hogares había que hacer
para alimentar cada día a tantas personas. Todos los que pasaron la guerra en
Madrid cuando hablan de su experiencia repiten la palabra «hambre». Gloria
Fuertes contaba: Madrid empezó a sufrir hambre al mes de empezar la guerra.
Una vez estuvimos tres días con un huevo frito, untándolo y guardándolo… Yo
no tenía miedo a morir, lo que temía era el horrible dolor de estómago que da
el hambre.
Era tanta la necesidad de la mayoría de las personas procuraban no ver lo
que otros comían cuando ellos no lo lograban. Otros testimonios recogidos
decían: Mi madre nos mandaba cerrar los balcones para no ver los jamones y
otras viandas que subían a una vecina que era muy amiga de «enchufaos» en los
comités o sindicatos.
Yo desayunaba un tazón de agua caliente y me iba al colegio que estaba en
la calle de Cartagena con López de Hoyos. Era un chalet con jardín pero en el
recreo, otra niña y yo casi siempre nos quedábamos en clase para no ver a las
demás tomarse su bocadillo. Ellas lo tenían porque sus padres o hermanos iban a
los pueblos de alrededor de Madrid, subiéndose en camiones o trenes en marcha,
pero mi padre tuvo la polio y no se valía bien.
Casi todos coinciden en que la conversación básica en casa era sobre qué
comerían mañana y cómo lo conseguirían. Todo el día se soñaba con la comida.
Mi madre perdió 30 kilos y mi abuelo murió de desnutrición. Mi hermana y yo
con las amigas jugábamos a recordar cómo era un buen cocido, cómo tomar unos
huevos… Cerca de nuestra casa en la calle de Argensola murió un burro de una
carbonería, se troceó y se vendió para el consumo. También se hacía pasar perro
por cordero.
Ni la muerte se libraba de la escasez: No había madera para hacer cajas
para los muertos, porque se utilizaba como combustible. A muchos los enterraban
metidos en sacos, cuenta Laura en este libro.
Recientemente he podido recopilar algunos testimonios sobre la cuestión
alimentaria durante la guerra civil, a través de tres supervivientes. Miguel de
Miguel, nació el 7 de julio de 1921 en Barcelona y a pesar de su avanzada
edad (100 años), conserva buena memoria. Al inicio de la guerra con 16 años,
le contrataron como fotógrafo de los servicios de información republicanos.

72
Cuenta que la comida en el ejército consistía por la mañana en un trozo de
queso con pan; al mediodía repartían carne enlatada, procedente de Estados
Unidos que comían de la propia lata y que la encontraban rica.

Al anochecer una fila de hombres


portando grandes termos, repartían
raciones de lentejas con arroz.

Estando en la zona de Pirineos, frontera con Francia, cogían lagartos, los


cuales despellejaban, resultando una carne blanca que podía comerse bien.
Las condiciones de vida eran duras, pues dormían en el suelo envueltos en un
capote, usando el macuto como almohada. Recuerda que el hambre en Bar-
celona se acusó mucho; la gente llegó a comer ratas, perros y gatos. En el
estraperlo se llegó a pagar 250 pesetas por una docena de huevos (el salario
de unos dos meses). En los pueblos dice se defendieron mejor, por el cul-
tivo de hortalizas y los conejos.
Eufrasio Sainz Peón (1927), narra que era un niño de 9 años cuando se
inicia la guerra, si bien a fecha de hoy conserva algunos recuerdos. Vivía con
su familia en una casa arrendada con finca sita en el municipio de Torrela-
vega (Cantabria). El hecho de disponer de un huerto les permitió sobrevivir
sin excesivas penalidades alimenticias. Cuenta que podían disponer de maíz
y alubias que cultivaban en su huerto, de la leche de las vacas y de nabos
que era alimento para el ganado, no obstante, su madre lavaba y cortaba los
nabos para freírlos como si fueran patatas. La finca se hallaba próxima a un
campo de aviación, un día éste fue bombardeado y cayeron 3 bombas en su
finca; afortunadamente no hubo que lamentar víctimas humanas, si bien una
vaca murió; ésta fue despiezada y vendida para consumo. Tras este suceso se
trasladaron tres meses a casa de su abuela sita en la plazuela San Bartolomé de
Torrelavega. En el racionamiento les daban una libra de pan al día de un pan
negro tosco; no obstante, en el estraperlo podía conseguirse harina blanca, con
la que su abuela elaboraba algunos panes redondos en el horno de su casa. Su
abuela tenía alquiladas unas casas colindantes a la suya, y aunque sus inquilinos
no podían pagarle, como eran vecinos a los que apreciaba y tenían niños, cada
15 días les proporcionaba algo de leche y una torta de pan.

73
El tercer superviviente, Laureano Ruiz Liaño —nacido en 1924 en Murie-
das de Camargo (Cantabria)— tenía doce años al inicio de la contienda y
recuerda que sufrieron lo suyo, en parte por estar su familia dividida entre los
dos bandos. Su casa familiar disponía de una huerta donde cultivaban patatas,
habas, nabos, alubias, algarrobas, maíz, remolacha y guisantes. Las patatas no
eran abundantes porque había que dejar una parte para volverlas a sembrar.
Cuando su padre podía adquirir pescado (chicharros), procedía a ahumarlo en
un barril, para su conservación. Con el maíz hacían tortas de borona porque el
pan del racionamiento era muy malo y no siempre les llegaba. Recuerda que los
milicianos, a su hermano y a él les habían echado de la fila del racionamiento,
oyendo decir «a estos no darles ni las semillas».
El profesor Grande Covián evaluó que en el Madrid sitiado, en diciembre
de 1938 la ingesta calórica por habitante era de 770 kcal/día y en febrero del
año siguiente, de 852 kcal/día. Estas cifras están calculadas sobre las raciones
repartidas por las Instituciones, pero aún contabilizando los alimentos pro-
cedentes del mercado negro, todo hace pensar que difícilmente se superarían
las 1.200 kcal/día por habitante, cifra muy inferior a la que hoy se consume,
incluso en países pobres. Como dato comparativo que permita hacernos una
idea; para mantener la salud, el consumo calórico de un adulto medio, se
estima en 2.000 kcal/día 9 (1.800 a 2.100 kcal mujeres y 2.000 a 2.400 kcal hom-
bres); es decir, durante la guerra en Madrid venía consumiéndose alrededor
de la mitad e incluso menos de las calorías necesarias diarias para mantener
la salud.
Podemos concluir diciendo que la mayor parte de la población española
durante la guerra civil, tuvo que pasar verdaderamente hambre, viendo condi-
cionada su vida y su salud por la escasez alimentaria. No hay datos de cuántas
personas enfermaron y murieron por la mala y escasa alimentación. En un
estudio comparativo de los años 1939 y 1945 en Ámsterdam, y sin que la esca-
sez alimentaria llegase al extremo de Madrid, el número de fallecimientos se
multiplicó por 2,5. Como testimonio personal puedo relatar que a mi tía Lola
Mateo le sorprendió la guerra estando en Madrid, quedando incomunicada
de su familia que residía en Santander. Falleció el 2 de noviembre de 1937,
a la edad de 21 años, víctima de la tuberculosis, la falta de asistencia médica
y la inanición, con la única compañía de una mujer de servicio y el único
apoyo de su fe en Dios. En Santander la guerra duró un año y también se pasó
hambre. Mi padre a modo ilustrativo, contaba una escena que presenció; un
miliciano que subía por la cuesta Padilla camino del cuartel, peló un plátano

9
Valor de referencia establecido para un adulto medio europeo en el Reglamento UE
n.º 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2011.

74
para comérselo y tiró al suelo la piel, una mujer que caminaba detrás de él,
recogió la peladura y directamente se la comió.
Durante la guerra, la zona nacional no sufrió racionamiento. Las únicas
limitaciones oficiales a la alimentación fueron el Día sin Postre y el Plato
Único, que disminuían las raciones en los almuerzos y destinaban el dinero
sobrante para subsidios a los combatientes y sus familias. En otoño de 1938
Franco decidió «bombardear» Madrid, Barcelona y Alicante con panecillos de
pan blanco. Iban metidos en una bolsita con la bandera nacional y la leyenda:
En la España nacional, una, grande y libre, no hay un hogar sin lumbre, ni una
familia sin pan. El general Miaja avisó a la población de que aquellos panecillos
tenían microbios y que era preferible no consumirlos, pero la mayoría de las
hambrientas personas que los recogían, se los comían.
Surgieron diversos manuales dedicados al arte culinario de emergencia,
repletos de sucedáneos y trampantojos de cocina. Joan Vila i Gelpí (1882-
1958), cocinero catalán curtido en los mejores fogones de París, Londres o
Madrid escribió Menús de guerra, a base de recetas sencillas elaboradas con
los productos disponibles y El menjar en temps de guerra, que daba consejos
nutricionales y pautas para reconocer los síntomas de diversas enfermedades.
También el abogado, político y gastrónomo alicantino José Guardiola y Ortiz
(1872-1946), en 1938 editó dos cuadernos de recetas titulados Platos de guerra,
el primero se iniciaba diciendo que la guerra trae consigo privaciones y sacrifi-
cios, no siendo de entre ellos los menos importantes los que a la alimentación se
refieren, y que un deber de patriotismo nos impone la necesidad de sobrellevar,
procurando hacerlos lo menos duros posibles. En el segundo volumen, orientado
a la cocina tradicional alicantina, recomendaba contribuir con alimentos al
esfuerzo bélico para que aún más se acreciente el vigor de la raza, y si no era
posible, procurar al menos que lo que se come se coma con gusto, por hallarse
agradablemente aderezado, ya que satisfacen y nutren más las mismas viandas
si se condimentan en forma que exciten el apetito.
Quien más se adentró en la cuestión gastrobélica fue Ignacio Doménech
Puigcercós (1874-1956), prestigioso cocinero del gran Hotel Savoy, gourmet
y divulgador, que en 1940 publicó Cocina de recursos (deseo mi comida), en el
que hace un recorrido de la gastronomía de la guerra civil y relata las terribles
estampas de la ciudad desabastecida. Subyace el sufrimiento al rememorar los
tiempos de necesidad vividos. Describe las colas interminables de mujeres que
esperan durante horas para entrar en la tienda de comestibles y obtener en el
mejor de los casos cantidades irrisorias de alimento. La leche que se despacha
es únicamente para los niños, los ancianos y los enfermos, y a pesar de presen-
tarse con la receta del médico, apenas muchos días no llega para servir a todas.
En el prólogo Doménech explica que va a ofrecer recetas para sacar partido de

75
muchísimos elementos que, en épocas de las vacas gordas, no podían muchos sos-
pechar ni remotamente que existieran, y continúa diciendo De modo que el tema
general de mi obra «deseo mi comida», está repleto de enseñanzas evidentísimas
que les ayudarán en esta época de necesidad, y en este mismo prólogo lanza
con amargura una pregunta ¿En dónde están estas y las otras clases de patatas?
Porque las busco y no las encuentro en parte alguna. Se habrán desplazado a
las cocinas de la gente poderosa. Hace una crítica irónica del racionamiento
de la siguiente manera: Todo es cuestión de tiques, carnets, cartas de trabajo,
cartas de racionamiento para asegurar algo de víveres en crudo o en guisados.
De modo que por esto digo que debían racionarse también las ganas de comer,
ya que unos individuos, por su sobriedad de toda su vida o por su constitución
física, comen mucho menos que otros individuos que tienen mucho más apetito,
con justicia la ración no puede ser igual. En ese mundo en el que también
los cocineros podían morirse de inanición, ideó recetas surrealistas como la
tortilla sin huevo que describe como sigue: Se comienza restregando concien-
zudamente el interior de un cuenco con un diente de ajo pelado. A continuación
se mezclan en el cuenco: Harina: seis cucharadas / Sal: una pizca / Bicarbonato:
una cucharadita / Perejil picado: una cucharada / Hojas verdes de apio picadas: una
cucharada / Pimentón: media cucharadita / Agua: 12 cucharadas que se van
añadiendo poco a poco y sin dejar de mover para que no se formen grumos.
Cuando todo esté bien mezclado, se deja reposar un cuarto de hora. Transcurrido
ese tiempo, se pone una sartén al fuego con un chorrito de aceite, se vierte en
ella el contenido del cuenco y se arma una tortilla liada que tendrá el aspecto
y el color de la tortilla hecha con huevos. Otra destacada receta es la tortilla
de guerra con patatas simuladas, que consiste en una tortilla de patatas, sin
huevo ni patatas, en la que se sustituyen las patatas por la parte blanca de la
piel de naranja y los huevos por el sucedáneo anteriormente descrito. El nom-
bre de otras recetas permite hacernos una idea de la escasez: Buñuelos con
pétalos de crisantemo, Girasoles rebozados, Pétalos de rosa con leche y miel, Puré
de vainas de guisantes, Ensalada de ortigas, Café de guerra hecho con algarro-
bas y cacahuetes, Mantequilla simulada, Salsas sin aceite, Macarrones elabo-
rados con pan rallado, Chuletas de arroz, Calamares fritos sin calamares (ari-
tos de cebolla), y más de veinte formas diferentes de cocinar la carne enlatada
de buey que se recibía de América, son muestras de su talento y del ingenio de los
ciudadanos.
Al terminar la guerra (1 de abril de 1939) se creó la Comisaría de Abaste-
cimientos y Transportes, con el fin de atender a las necesidades alimenticias de
los españoles. Los primeros tiempos fueron durísimos. La esperada liberación
no cubría las expectativas despertadas. Teníamos un país atrasado, devastado
y en ruina, con una gran inflación. En el 36 habían sido enviadas a Moscú

76
510 toneladas de oro del Banco de España (72,6 % de las reservas) que respal-
daban la moneda; tras la guerra se anuló la moneda emitida por el gobierno
republicano, lo que supuso la ruina de muchos; la agricultura y la ganadería
se encontraban abandonadas; la segunda guerra mundial (1939-1945) vino a
incrementar las penurias; y se produjo un bloqueo internacional a un régimen

Una orden ministerial de 14 de


mayo de 1939, estableció el régimen
de racionamiento en España para
los productos básicos alimenticios
y de primera necesidad.

tachado de fascista, motivos que llevaron de nuevo a establecer en España las


cartillas de racionamiento.
El racionamiento no alcanzaba a cubrir las necesidades alimenticias bási-
cas de la población, por lo que la década de los 40 fueron años de escasez y
hambruna. Se establecieron dos cartillas de racionamiento, una para la carne
y otra para el resto de productos alimenticios. Inicialmente las cartillas de
racionamiento eran familiares, si bien en mayo de 1943 (BOE 15/04/1943)
fueron sustituidas por cartillas individuales que permitían un mejor control.
A la entrada en vigor de la cartilla individual, el número de racionados en
España era de 27.071.978 personas. Se dividió a la población por grupos:
hombres adultos; mujeres adultas (ración del 80 % del hombre adulto); niños
y niñas hasta catorce años (ración del 60 % del hombre adulto); y hombres y
mujeres de más de sesenta años (ración del 80 % del hombre adulto). La
distribución de alimentos se caracterizó por la escasa disponibilidad y la baja
calidad de los productos, lo que dio lugar a situaciones de corrupción y al
mercado negro. Así por ejemplo, un kilo de azúcar que costaba 1,90 pesetas a
precio de tasa, en el mercado negro costaba 20. El aceite para el racionamiento
se pagaba a 3,75 el litro y a 30 pesetas en el estraperlo. Una ley de 1941 llegó a
amenazar con pena de muerte a los especuladores. El racionamiento perduró
oficialmente hasta mayo de 1952, fecha en que desapareció para los produc-
tos alimenticios.
En 1996, un grupo de investigadores —entre los que se encuentran la
Dra. Graciani y el profesor Rodríguez Artalejo— publicaron un interesante
estudio sobre el Consumo de alimentos en España en el período 1940-1988. Los
autores señalan que entre los años 1940 y 1950 —con excepción de la ingesta

77
de 1945 que no alcanzó esa cifra— el consumo de calorías por persona y
día, se movía ligeramente por encima de las 1.500 kcal y es en 1951 cuando
se alcanzan las 2.000 kcal, lo que se entiende un valor energético promedio
adecuado. En España los mejores datos nutricionales se obtuvieron 10 en los
años 60, cuya alimentación se ajustaba a la dieta mediterránea; no obstante,
desde mediados de los 70 hasta el presente, la ingesta calórica de la población
española aumenta en exceso, con desequilibrio en el aporte de macronutrientes
(se incrementan grasas y proteínas y descienden los hidratos de carbono comple-
jos). En consecuencia, actualmente el 53 % de la población adulta española
tiene exceso de peso11 —un 36 % sobrepeso y un 17 % obesidad— lo que viene a
elevar la incidencia12 y prevalencia13 de diversas enfermedades (cardiovasculares,
diabetes, cánceres, enfermedades del aparato digestivo, óseas, respiratorias, psico-
sociales, infertilidad…), que son causa principal de morbilidad y mortalidad
en los países desarrollados.

10
Sucesivos números de la revista Anales de la Escuela de Bromatología analizaron la situación
nutricional de la población española.
11
Sobrepeso (IMC: 25 a 29,9). Obesidad (IMC: de 30 en adelante).
12
La incidencia de una enfermedad, mide la velocidad a la que se producen casos nuevos
durante un periodo determinado en una población especificada.
13
La prevalencia de una enfermedad, es el número de personas que presentan síntomas o
padecen una enfermedad durante un periodo de tiempo, dividido por la población que tiene
posibilidad de padecer dicha enfermedad.

78
LAS CASAS BARATAS DE ALBERTO CORRAL
EN CAJO

Alfredo Medina Saiz


Doctor en Geografía y profesor del IES José María Pereda

Al oeste del cruce de Cuatro Caminos en la ciudad de Santander se


encuentra el barrio de Cajo cuyas construcciones se situaban en los márgenes
de la carretera de salida de la ciudad. Cajo quedó fuera del plano de pobla-
ción elaborado por Valentín Casalís en 1896 y por lo tanto carecemos de una
referencia que hoy en día es de gran utilidad para conocer otros sectores de la
ciudad. Además, Cajo en era un barrio con un grado importante de abandono
dentro de Santander. Aunque es un núcleo del que hay escasa información
existen diversas referencias en la prensa local sobre su situación, como cuando
esta se hacía eco de las denuncias de los vecinos en asuntos tan importantes
como la necesaria urbanización y los servicios de policía. En Cajo no había
alumbrado, ni vigilancia, ni aceras, ni se riega, ni hay otro alcantarillado que
los muy deficientes de los particulares, ni casi agua para las necesidades de los
vecinos; según el artículo si se acudía con sol era para ahogarse en polvo y con
lluvia para enlodarse hasta la nuca.1 Por esas mismas condiciones era un lugar
en el que con frecuencia estaban presentes enfermedades y fiebres infecciosas
como la viruela o el paludismo.2 En este sentido, por ejemplo, hay constancia de
que algunos de los lavaderos de la ciudad no reunían las mínimas condiciones
de salubridad. La situación en Cajo era aún más grave pues allí no existía un
lavadero público y se utilizaba para lavar el desperdicio de agua de una fuente
en la cuneta de la carretera.
En Cajo se emplazó en 1884 una fábrica de cervezas que como veremos
tuvo relación con la intervención de Alberto Corral en el barrio. El estable-
cimiento industrial fue impulsado en los primeros momentos por el Marqués
de Valbuena en unos terrenos de su propiedad.3 Sin embargo esta empresa
1
El Cantábrico, 7-5-1912.
2
El Cantábrico, 30-4-1920.
3
En los terrenos de la fábrica hoy en día se encuentran los bloques de las 170 viviendas
promovidas por la Cooperativa Montemar formada principalmente por profesores y maestros.

79
cambió de manos poco después. El 9 de febrero de 1897 se creó la Sociedad
Anónima «La Austriaca» con un capital de 300.000 pesetas que tomó el control
de la fábrica de cerveza. El capital estaba repartido en 60 acciones de 5.000 pesetas
cada una, los dueños formaban parte del grupo de capitalistas impulsores de las
compañías ferroviarias creadas en esa misma década y fueron protagonistas de
la expansión industrial de la ciudad en los primeros años del siglo xx. Entre los
fundadores estaban Antonio Cabrero Campo, su hijo Antonio Cabrero Mons,
José María Quijano Fernández Hontoria, Isidoro del Campo, Julio Castanedo del
Rivero y Valentín Gorbeña Ayarragaray, Aunque Isidoro del Campo era el prin-
cipal accionista, Antonio Cabrero le igualaba en número de acciones contando
con las de su hijo, entre estos dos grandes accionistas tenían dos terceras partes
de la sociedad cuyo objetivo era la continuidad de los trabajos del Marqués de
Valbuena en la fabricación de cerveza.
Las viviendas obreras de Cajo fueron promovidas por la Sociedad Cons-
tructora de Casas Baratas, una entidad nacida en Santander en junio de 1909.
El proyecto de la sociedad partió de un informe elaborado por el ingeniero
Enrique de Huidobro y presentado públicamente el año anterior. Entre los pro-
motores de la iniciativa se encontraba el polifacético ingeniero Alberto Corral
y algunos destacados miembros de la burguesía santanderina, aunque no se
trataba de los grandes financieros e industriales sino de profesionales como
médicos y abogados. El proyecto se formó como una sociedad por acciones
que podían ser subscritas por 50 pesetas cada una. Si bien no se presentó como
una operación caritativa, al plantearse mediante subscripción popular a la que
muchos interesados se apuntaron subscribiendo solamente una o dos acciones
en cierto modo se le otorgaba ese carácter. El objetivo era recaudar 100.000
pesetas con las que construir 25 casas a un precio de 4.000 pesetas cada una. Con
este precio un obrero con un jornal de 4 pesetas puede pagar con el salario de
un día el alquiler de una semana, lo que significaba abonar 208 pesetas al año
y conseguir de este modo una vivienda digna.4 Al final se subscribieron 1.545
acciones lo cual representaba un capital de 77.250 pesetas, la sociedad pensaba
entregar a los accionistas un interés de un 4 % como el que pueda obtener en
la caja de ahorros aunque con la compensación de estar realizando una labor
social. No era un proyecto de grandes dimensiones pero representaba una de
las primeras iniciativas de promoción de vivienda obrera en Santander y era
de gran interés por tratarse de una entidad creada con anterioridad a la propia
ley de Casas Baratas aprobada en 1911. Cumplió con sus proyectados objetivos de
modo parcial y la primera intervención fueron las 6 viviendas de Cajo iniciadas
en el año 1910 en cuyo proyecto estaba implicada la sociedad La Austriaca y la

4
El Cantábrico, 8-5-1908.

80
Farmacia de Cajo emplazada donde estaban las casas baratas promovidas por
Alberto Corral. Al fondo las viviendas de la Cooperativa Montemar edificadas
en el solar de la fábrica de cervezas «La Austriaca».

segunda fueron las 14 viviendas de Miranda en el barrio de Tetuán, empezadas


poco después. Como se ve la sociedad acometió la promoción de 20 viviendas
y se ajustó en este sentido a las 80.000 pesetas disponibles y al coste previsto de
las viviendas.
Junto a la fábrica, y en terrenos de la misma, se empezó a construir
en 1910 el grupo de 6 de viviendas por parte de la Sociedad Constructora
de Casas Baratas. Se proyectaron tres tipos de casas por parte de la sociedad,
aunque las 6 construidas eran del primero, quedando los otros modelos para
posteriores promociones. Las realizadas tenían 68,88 metros cuadrados repar-
tidos en dos plantas, con cocina-comedor, tres dormitorios, lavadero y retrete,
con baño, servido por agua de lluvia que se recogía con un depósito de agua
individual para cada casa de 4.500 litros, el coste de la casa estaba previsto en
4.200 pesetas aunque ascendió a 4.400.5 La necesidad del depósito de agua es

5
El Cantábrico, 21-5-1910 y 18-4-1911.

81
una muestra de que al barrio no llegaba adecuadamente el agua corriente a
diferencia de otras partes de la ciudad una circunstancia que está relacionada
con los problemas referidos anteriormente. Las casas fueron construidas con
hormigón armado.
La Sociedad la Austriaca, al haber cedido los terrenos, como vemos se
comprometió a amortizar las casas construidas pagando por ellas un interés
del 5 % a la Sociedad de Corral dentro del proceso de adquisición de los
inmuebles. Se quedó con las viviendas para alojar en ellas a obreros de la
fábrica. De este modo vemos que se trata de una actuación ligada a las prácti-
cas de paternalismo industrial y búsqueda del control social de la clase obrera
aparejado a la misma.
No se encuentra en el Ayuntamiento de Santander la licencia de obras
de las viviendas con lo que resulta complicado indicar su localización exacta,
disposición y características exteriores, pues las referencias aparecidas en
la prensa, aunque ofrecen alguna información que se ha utilizado en este
artículo, resultan insuficientes. Aunque no se puede afirmar con rotundidad,
una de las casas baratas promovidas por Alberto Corral en la actualidad
puede ser la actual farmacia de Cajo que era un edificio dedicado a vivienda
con unas características similares a las descritas hasta que un reformado
hacia 1980 transformó el inmueble en establecimiento comercial para la venta
de medicamentos. La desaparición del depósito de agua pudo producirse con
anterioridad o con motivo de la propia reforma. El edificio hoy en día dedi-
cado a farmacia como se puede ver en la fotografía representaría un modelo
de casita suburbana. Las bienintencionadas iniciativas de Alberto Corral, en
este caso apoyadas por la sociedad cervecera «La Austriaca», con sus reducidas
dimensiones, son un ejemplo de los esfuerzos insuficientes para solucionar el
problema de la vivienda en Santander en el primer tercio del siglo xx.

82
REFLEXIONES SOBRE EL LENGUAJE INCLUSIVO

Gustavo de Pablo Segovia


Profesor de Lengua y Literatura del IES José María Pereda

Cada poco tiempo aparecen en la prensa noticias relacionadas con el


llamado lenguaje inclusivo. Algunas de ellas llaman la atención sobre su apli-
cación en algún ámbito concreto ([Link]
ilustre-colegio-abogados-granada-plantea-quitar-plural-masculino-nombre-
para-favorecer-lenguaje-inclusivo-202204051958_noticia.html, [Link]
[Link]/articulo/seguridad/lenguaje-inclusivo-llega-consejo-
seguridad-nuclear/[Link]); en otras ocasiones, se trata de
opiniones o posicionamientos de algún personaje público relacionado con la
lengua ([Link]
rae-lenguaje-inclusivo-diccionario_3403788/) o no ([Link]
com/television/20220418/8204247/polemicas-palabras-iker-jimenez-sobre-
[Link]).
Si de entrada todo lo tocante a la lengua despierta interés y puede llegar a
resultar controvertido (desde asuntos en principio banales como el leísmo o la
tilde de solo y guion hasta otros de más calado como la lengua vehicular en las
escuelas de las comunidades bilingües o las cuotas de doblaje en plataformas
de ocio audiovisual), el lenguaje inclusivo es terreno especialmente abonado
para la polémica.
Y es que no en vano puede llevarse a todos los ámbitos: recuérdese, por
citar un ejemplo, el intento en 2020 de la entonces vicepresidenta del gobierno,
Carmen Calvo, de aplicarlo a la Constitución y el informe negativo de la
RAE ([Link]
constitucion_1_1072590.html).
La Ley orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva de hom-
bres y mujeres habla, en su artículo 11, de la «implantación de un lenguaje
no sexista en el ámbito administrativo y su fomento en la totalidad de las
relaciones sociales, culturales y artísticas». Es decir, no se trata de dar unas
pautas o recomendaciones, sino de establecer ese lenguaje no sexista allá donde

83
llegue el Estado y de promoverlo en los demás ámbitos fuera de su alcance.
En total, la ley menciona «el lenguaje no sexista» en cinco ocasiones, pero
no lo define, explica, acota o pone ejemplos. Sin embargo, parecería importante
precisar el concepto y la manera de llamarlo.
En cuanto a esto último, compiten diversas denominaciones: lenguaje
no sexista, igualitario, inclusivo, neutro… Esta última etiqueta corre el riesgo
de confundirse con el español neutro entendido como la variante que resulte
aceptable para un mayor número de hispanohablantes y facilite la difusión
global ([Link]
Pinto_Que_es_espanol_neutro.pdf;jsessionid=A5B5EDB5AC4F8EC882F8445A
C6AD9A11?sequence=3), que en los últimos tiempos se está viendo desplazado
por un auge de las variantes locales ([Link]
acorrala-el-lenguaje-neutro-de-las-teleseries-en-espanol/) .
La forma más extendida es lenguaje inclusivo, pero esta también presenta
problemas. Mientras que en el mundo hispano esa inclusividad tiende a ceñirse
a lo femenino, en otros ámbitos, como el anglosajón o el portugués, se entiende
de manera más amplia y abarca a personas de otras razas, con capacidades
diferentes, etc. Valgan como ejemplo dos guías universitarias: la de Universidad
de Mánchester ([Link]
training/inclusive-language/) o la del Instituto Politécnico de Oporto (https://
[Link]/noticia/internet-acorrala-el-lenguaje-neutro-de-las-teleseries-
en-espanol/).
En cualquier caso, la principal objeción a cualquier etiqueta viene cuando
se aplica en negativo: el discurso de las personas que no utilicen este lenguaje,
¿debe entenderse como sexista, desigualitario, marcado o excluyente? ¿Son
sexistas o excluyentes los hablantes que no sigan las recomendaciones de las
numerosas guías publicadas? La Ley de Cantabria 2/2019, de 7 de marzo, para
la igualdad efectiva entre hombres y mujeres contempla, en el artículo 24, la
«erradicación del uso sexista y androcéntrico del lenguaje en la vida social»…
De las guías consultadas, solo la del Consejo nacional de la cultura y las artes
de Chile aventura definiciones: el lenguaje sexista sería la «representación
sesgada, parcial o discriminatoria que asigna un status menor a valores, capa-
cidades, aportes y roles de las mujeres» y el lenguaje androcéntrico, el «uso
reiterado y/o exclusivo del genérico masculino para denominar la totalidad
de los temas sociales y culturales. Puede darse también una redacción andro-
céntrica que solamente considera la experiencia de hombres, sin tomar en
cuenta la experiencia de las mujeres». ([Link]
uploads/2017/01/[Link]).
Es un hecho conocido que la lengua puede transmitir ideología, es decir,
lo que se dice o cómo se dice pueden revelar información sobre la manera

84
de ver el mundo del hablante. Así, según quién lo nombre, se hablará de una
subida de impuestos o un hachazo a las eléctricas, un cambio de postura o un
bandazo sobre el Sáhara, bandas latinas o bandas juveniles, cambio climático
o emergencia climática, una asociación nacional o una federación estatal,
resultados electorales por provincias o por territorios, una operación especial,
una guerra o una invasión…
¿Se ha convertido el lenguaje de género en un elemento más de la batalla
política? A juzgar por la postura de las distintas comunidades autónomas
sobre su utilización en los libros de texto, se podría concluir que sí. Andalucía,
Madrid y Murcia lo quieren suprimir, mientras que La Rioja, Canarias o la
Comunidad Valenciana lo defienden: [Link]
11/[Link]. Según el criterio de las primeras, párrafos
como el siguiente no tendrán cabida en los manuales escolares a partir del
curso que viene (el ejemplo es real y se puede ver en el enlace anterior): «En
1492 se instó a todos los judíos y a las judías a convertirse al cristianismo o
a abandonar el reino. Los nuevos cristianos y cristianas recibieron el nombre
de conversos y conversas».
Sobre lo que sí hay consenso es sobre que no hay que confundir sexo (bio-
lógico) con género (gramatical): buen ejemplo son los sustantivos epicenos,
que pueden referirse a seres masculinos o femeninos con independencia de su
género gramatical. Así, La pobre criatura vale para un niño o una niña y Las
estrellas del equipo pueden ser chicos o chicas. Por eso hoy nos resultan inadmi-
sibles argumentaciones como las que se usaban en Francia para explicar que
la concordancia del adjetivos con sustantivos de ambos géneros deba hacerse
en masculino (como, por otra parte, se hace en español: Me he comprado un
pañuelo y una bufanda rojos): «Lorsque les deux genres se rencontrent, il faut
que le plus noble l’emporte», decía Bouhours en 1675; «Le genre masculin
est réputé plus noble que le féminin à cause de la supériorité du mâle sur la
femelle», insistía el también gramático Nicolas Beauzée en 1767.
Igualmente, está claro que en ningún caso se puede considerar sexista una
lengua (sino en todo caso a un hablante o al uso que haga de ella) y que no se
puede hacer del lenguaje inclusivo un asunto de hombres frente a mujeres o de
expertos en lingüística frente a hablantes de a pie legos en la materia (https://
[Link]/sociedad/2022-01-21/el-lenguaje-inclusivo-es-una-imposicion-y-
[Link]).
¿Es realmente necesario el lenguaje inclusivo? A grandes rasgos, sus par-
tidarios creen que tiene repercusiones sociales, defienden la necesidad de
visibilizar a la mujer e invocan el principio de que lo que no se nombra no
existe. Sus detractores, por el contrario, consideran injustificado el ataque
al masculino genérico y critican los distintos mecanismos que los primeros

85
proponen porque van contra el principio de economía del lenguaje (en el
caso de los desdoblamientos) o la propia naturaleza del signo lingüístico (en
el caso de la arroba de amig@s). Hasta donde yo sé, faltan aún estudios empí-
ricos de envergadura sobre la influencia del lenguaje inclusivo en la percepción
del discurso (¿se activan en la mente del oyente o del lector más imágenes de
mujeres? ¿Se dan las mujeres más por aludidas o se sienten más incluidas?)
y en sus consecuencias prácticas (por ejemplo, la relación entre el uso o no
del lenguaje inclusivo en las ofertas de empleo y el porcentaje de mujeres que
responden a ellas y finalmente consiguen el puesto, como se apunta en la
página web de este programa de la televisión pública alemana: [Link]
[Link]/gesellschaft/psychologie/was-gendern-bringt-und-was-nicht/).
Otra cuestión interesante que surge es en qué planos aplicar el lenguaje
inclusivo. En su crítica al manifiesto académico de Ignacio Bosque, Moreno
Cabrera, catedrático de la Autónoma de Madrid, justifica el intervencionismo
lingüístico (es decir, los cambios «desde arriba») mediante la distinción de la
lengua natural y las lenguas cultivadas. Estas últimas «se crean con unos deter-
minados fines y a partir de una serie de manipulaciones de carácter cultural
e ideológico. Precisamente, las guías de uso lingüístico no sexista suelen ir
destinadas al lenguaje […] judicial o político, que son variedades en las que
se puede y se debe intervenir de modo consciente de acuerdo con parámetros
ideológicos» (2012: 6; la cursiva es mía). Al margen de esa discutible obliga-
ción ahí expresada, sería interesante conocer si, además de los ejemplos dados,
el autor considera que el lenguaje de la escuela, el que más nos afecta a los
docentes, es lengua cultivada y por tanto susceptible de intervención. Dicho con
otras palabras: ¿se debe enseñar a las niñas en la escuela a no reaccionar ante
un genérico (los alumnos permaneceréis en el aula) y a no darse por aludidas
hasta que se emplee un desdoblamiento (los alumnos y las alumnas permanece-
réis en el aula) o un sustantivo colectivo (el alumnado permanecerá en el aula)?
Son numerosas las guías en español (y en otras lenguas) que aspiran a
modificar el lenguaje para acercarlo a sus postulados. Algunas se ciñen a un
ámbito (lenguaje administrativo, jurídico, de los medios de comunicación…)
y la mayoría de ellas son de carácter práctico y funcionan a la manera de un
Appendix Probi moderno en el que se censura una forma y se indica la alterna-
tiva correcta (no diga profesores, diga profesorado; no diga adultos, diga personas
adultas). Muchas universidades, consejerías, secretarías e institutos tienen la
suya. En esta recopilación del Ministerio de Igualdad se incluyen hasta 120,
algunas para lenguas cooficiales: [Link]
formacion/GuiasLengNoSexista/docs/Guiaslenguajenosexista_.pdf. También es
interesante a este respecto la página web de la profesora Eulàlia Lledó: https://
[Link]/es/publicaciones/guias-y-manuales-lenguaje-inclusivo/.

86
Puede resultar útil dirigir brevemente la vista a otras lenguas de nuestro
entorno para comprender mejor lo que ocurre en la nuestra.
En el caso del inglés, las denominaciones más habituales son inclusive
language o gender-neutral language. Se trata de una comunidad lingüística
en la que tiene mucho peso lo políticamente correcto y una búsqueda com-
binada de los términos language y gender en cualquier motor o índice de
publicaciones devolverá un volumen de resultados inabarcable. Se considera
pionero en la materia el libro de la lingüista estadounidense Robin Lakoff
Language and woman’s place, publicado en 1975. El inglés fue de las pri-
meras lenguas en buscar reemplazos del tipo chairperson por chairman y
en pequeñas «transgresiones» gramaticales como el uso de los pronombres
plurales they o them en singular para evitar he, she, him o her, que sí tienen
género.
En francés el debate sobre l’écriture inclusive se ha centrado en gran parte
en la creación y uso de las formas femeninas de profesiones y cargos a partir
del Rapport sur la féminisation des noms de métier, fonction, grade ou titre publi-
cado en 1998 por la Commission générale de terminologie et de néologie (por
ejemplo, el debate sobre el uso de Madame la ministre ha sido recurrente hasta
su aceptación por parte de la Academia francesa en febrero de 2019). Las guías
de instituciones u organismos son más habituales en Bélgica o Canadá que en
Francia. En este país, la guía práctica publicada en 2015 por el Haut Conseil
à l’Égalité entre les femmes et les hommes ([Link]
[Link]/IMG/pdf/guide_pour_une_communication_publique_sans_stereo-
type_de_sexe_vf_2016_11_02.[Link]), además de las recomendacio-
nes habituales como el uso de points milieu (élu e), barras y paréntesis y evitar
la palabra homme, tiene un enfoque más amplio y aborda cuestiones como los
nombres de calles, el tiempo de uso de palabra o las preguntas sobre la vida
privada no solo a mujeres...
En mayo de 2021, el ministro de Educación francés, Jean-Michel Blan-
quer, prohibió el lenguaje inclusivo en la escuela alegando que supone un
obstáculo a la lectura y a la adquisición de la lengua: [Link]
international/europe/2021-05-07/la-france-interdit-l-utilisation-de-l-ecriture-
[Link]. Por otra parte, poco antes, en 2017, un grupo
de profesores había firmado un manifiesto en el que se negaban a enseñar la
regla antes mencionada de que «le masculin l’emporte sur le féminin»: http://
[Link]/story/153492/manifeste-professeurs-professeures-enseignerons-
plus-masculin-emporte-sur-le-feminin.
En portugués destaca la guía de linguagem inclusiva de 2021 del Conselho
Económico e Social: [Link]
manual_linguagem_inclusiva.pdf. En ella se recomiendan bien la neutralización

87
con paráfrasis y nombres colectivos, bien la especificación de ambos géneros
mediante formas duplas, barras, etc.
En italiano, Alma Sabatini publicó en 1983 Il sessimo nella lingua ita-
liana. En el capítulo 3 trata las asimetrías gramaticales y semánticas. Atrajo
la atención sobre todo la feminización de títulos y profesiones, y tuvo eco en
el Codice di stile delle comunicazioni scritte ad uso delle amministrazioni pub-
bliche publicado por el gobierno en 1993. Cecilia Robustelli, en colaboración
con la Accademia della Crusca, publicó en 2012 unas Linee guida per l’uso del
genero nel linguaggio amministrativo ([Link]
documentazione/c._robustelli_linee_guida_uso_del_genere_nel_linguaggio_
[Link]). Como se puede ver, se han centrado fundamentalmente
en el ámbito de la administración.
En alemán, el debate sobre lenguaje inclusivo (llamado gendersensibel,
genderinklusive o inklusive Sprache) está más presente en la vida pública. Ya
en 1980 aparecieron en la revista Linguistische Berichte unas «Richtlinien zur
Vermeidung sexistischen Sprachgebrauchs» (Directrices para evitar el uso
sexista del lenguaje) redactadas por Luise Pusch y otras lingüistas feministas.
Se ha acuñado incluso el verbo gendern, que el diccionario Duden define como
utilizar medios para visibilizar lingüísticamente a mujeres y hombres. Entre
estos se encuentran, además de los sustantivos colectivos comunes ya vistos,
el empleo de la I o de la mayúscula interior, del asterisco, los dos puntos o un
hueco. Así, para evitar el masculino genérico Lehrer (‘profesores’) se puede
escribir LehrerInnen, Lehrer*innen, Leher:innen o Lehrer_innen ([Link]
[Link]). En el plano oral, Pusch propone la Gender Pause, es decir,
realizar un golpe glotal antes del sufijo. En el ámbito escolar, su uso depende
de los estados federados: algunos como Schleswig-Holstein prohíben estas prác-
ticas, mientras que otros como Baden-Württemberg o Bremen las permiten.
Como ejemplo de las reacciones contrarias destaca el manifiesto «Schluss mit
dem Gender-Unfug!» (‘¡Basta de tonterías de género!’) de la Verein Deutsche
Sprache ([Link]
En español, en medio de la bibliografía, ingente y en continuo aumento,
sobresalen el informe de Ignacio Bosque (coordinador de la Nueva gramática de
la lengua española), en el que analizaba una serie de guías de lenguaje inclusivo,
y el reciente ensayo de Álex Grijelmo, con espíritu de consenso.
Las propuestas recogidas en las guías de lenguaje inclusivo siguen dos
principios: bien suprimir las referencias al género (quien esté libre de pecado
en vez de el que esté…; la infancia por los niños, personas adultas en lugar de
adultos, lXs amigXs, etc.) o bien explicitar la presencia del femeninos mediante
feminizaciones (las fiscalas), duplicaciones (los conductores y las conductoras),
barras o paréntesis (el/la director(a))…

88
En cuanto a su idoneidad o conveniencia, podría trazarse un continuo que
iría desde lo claramente necesario y deseable hasta los elementos que desafían
las normas lingüísticas, pasando por lo admisible, con más o menos matices.
En esta gradación, está claro que al principio deben situarse la revisión
de las definiciones machistas en el diccionario o evitar expresiones como
sexo débil. También se encontraría aquí la feminización de las profesiones y
sortear la asociación de profesiones y géneros (personal sanitario y no médicos
y enfermeras). Si bien es cierto que en algunos casos no se respetan las nor-
mas morfológicas (jueza y concejala, pero no se hace lo mismo con adjetivos
como soeza o principala), estas formas están cada vez más extendidas, llegando
incluso a acuñaciones que resultan forzadas (portavoza, miembra).
En el espectro de lo admisible con matices cabría incluir los sustantivos
colectivos y los desdoblamientos (aunque estos rara vez se emplean cuando hay
connotaciones negativas y no se encuentran titulares de prensa del tipo Unos
desconocidos o unas desconocidas queman el coche al concejal Josep Bou). De la
misma manera, no pasa nada por evitar la palabra hombre en el sentido de ser
humano, siempre que no se lleve al extremo de reemplazarlo sistemáticamente
incluso en casos como hombre de las cavernas, hombre rana, el perro es el mejor
amigo del hombre, la llegada del hombre a la Luna, etc.
Por último, en el campo de lo no recomendable, además de la proscripción
del masculino genérico y la negativa a reconocer que también engloba el feme-
nino, entraría una serie de recursos que no respetan las normas lingüísticas y
además pueden generar rechazo porque resultan claramente marcadas. Se trata
del empleo de la vocal e como morfema neutro (todes les chiques, más frecuente
en Argentina), soluciones gráficas sin correspondencia en el plano oral (l@s
alumn@s, lXs hermanXs) o voces como matria o monomarental.
Como en todo, la conclusión que se puede extraer de lo anterior es que
deben regir la moderación y la sensatez frente a la imposición o la prohibición.
Algunas de las propuestas de los partidarios del lenguaje inclusivo, siendo
realistas, son imposibles de aplicar incluso para los más concienciados, ya
que requerirían un gran esfuerzo de monitorización del propio discurso que
supondría desviar la atención del fondo a la forma o bien curarse en salud
añadiendo coletillas antes innecesarias para justificar los inevitables deslices,
advirtiendo, por ejemplo, de que todas las formas en masculino deben enten-
derse como referidas a ambos sexos.
No hay que perder de vista la importancia del contexto. El masculino
genérico niños en oposición a adultos debería ser suficiente en ejemplos como
Esta película no es para niños (¿acaso alguien entendería que sí lo es para
niñas?), pero puede resultar ambiguo en casos como ¿Dónde está la sección de
ropa para niños? Es cierto que el lenguaje es un reflejo de la sociedad, pero

89
también que no se pueden soslayar los principios de claridad, economía y
eficacia comunicativa.
La convivencia mejoraría sin duda si el lenguaje inclusivo quedara al
margen de ideologías y del debate político (por ejemplo, ¿realmente el len-
guaje inclusivo puede ser un criterio a la hora de juzgar la calidad de una
publicación científica? ([Link]
cion-del-sello-de-calidad-de-revistas-cientificas-2022), si unos no eligieran
las palabras con intención de ofender ([Link]
tica/20210409/6638440/vox-psoe-congreso-sandra-guaita-senora-presidente.
html) ni otros tuvieran predisposición a sentirse ofendidos: si alguien no sigue
todas y cada una de las recomendaciones de las guías de lenguaje inclusivo no
se puede concluir que esté en contra de la igualdad entre hombres y mujeres,
de la misma manera que quien dice Lérida en vez de Lleida no es enemigo de
la lengua catalana o quien en la televisión no saluda sistemáticamente con un
Egun on en las conexiones en directo con el País Vasco no desprecia su lengua
cooficial.

PARA SABER MÁS


Álvarez de Miranda, Pedro (2018): El género y la lengua. Madrid, Turner.
Bosque Muñoz, Ignacio (2012): Acerca de la discriminación de la mujer y de los
lingüistas en la sociedad. Una reflexión crítica.[Link]
files/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer_0.pdf
García Meseguer, Álvaro (1994): ¿Es sexista la lengua española? Una investigación
sobre el género gramatical. Madrid, Paidós.
Grijelmo, Álex (2019): Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo. Madrid,
Taurus.
Guerrero Salazar, Susana (2020): El debate social en torno al lenguaje no sexista
en la lengua española. IgualdadEs, n.º 2, pp. 201-221.
Juyent, Carme (coord.) (2021): Som dones, som linguistes, som moltes i diem prou.
Barcelona, Eumo.
Moreno Cabrera, Juan Carlos (2012): «Acerca de la discriminación de la mujer
y de los lingüistas en la sociedad». Una reflexión crítica. [Link]
[Link]/[Link]
Sunderland, Jane (coord.) (2006): Language and gender. An advanced resource
book. Nueva York, Routledge.

90
GALDOS Y EL HUMANISMO POPULAR

José María Peña González


Catedrático de Derecho (j) y Académico

A M. U. C. Desde el Instituto de España. 3-XI-95.

Si hay dos ciudades por las que Galdós sintió predilección fueron Santan-
der y Madrid. El escritor canario las llevo unidas a lo largo de su vida por una
especie de amable cordón umbilical en el que confluían muchas circunstancias.
Personalmente creo que, en primer lugar, el gusto intelectual por las tertulias
de San Quintín,1 en las que tres personajes de muy variada ideología compar-
tían aficiones y discrepancias. Pienso que ello era en gran parte posible por
su ingenio, su cultura, y como trasfondo de todo por su innegable liberalismo
que les permitía disfrutar de la amistad desde distintos puntos de vista. Ello
explica la doble conexión del escritor canario por un lado con la ciudad, y
por otra con las figuras de dos cántabros insignes: don Marcelino Menéndez
Pelayo y don José María de Pereda.
A la capital de Cantabria llega por primera vez el año 1871, quedando
prendado de la misma hasta el punto de que adquiere una finca rustica cercana
a la playa del Sardinero donde levantara una gran casa con su anexo de huerta
y pequeño establo ganadero.2 La casa se estrena el año 1873 y permanece en
poder de la familia hasta el año 1940 en el que su hija María la pone en venta,
trasladándose todo el mobiliario de la misma a la Casa Museo de Las Palmas.
A esta casa pondría por nombre San Quintín, por ser esta obra la primera
que escribió en la residencia santanderina. San Quintín es la prueba de la
tolerancia intelectual entre tres personas muy alejadas ideológicamente pero
españoles contemporáneos y casi coetáneos que superaron sus diferencias e
hicieron de esta casa un auténtico lazareto de la inteligencia.3 Don Marcelino
1
Residencia veraniega del escritor que hubiera podido ser el gran Centro Galdosiano de
Cantabria.
2
Según Ortiz de Armengol no escatimó en gastos en la construcción de la misma contratando
los mejores artistas y llevando desde su casa de Madrid los mejores muebles y sus libros y
manuscritos de sus obras. En su pequeña huerta Galdós cultivaba la tierra y sentía el nostálgico
regusto de la finca familiar de Los Lirios.
3
Pereda era el mayor. Había nacido en 1833. Galdós en 1843 y Menéndez Pelayo en 1856.

91
es el paradigma del mejor conservadurismo españolista,4 mientras Pereda llegó
a ser diputado carlista cuando su anfitrión militaba en el republicanismo. Bajo
los muros de esta casa estos tres españoles egregios confrontaban en civilizada
discrepancia sus ideas sobre España.
En ella también recibió lo más granado del teatro español encabezado por
la gran María Guerrero y su esposo Fernando Díaz de Mendoza y Aguado,
Grande de España, en un amplio y variado círculo de amistades entre los
que figuraban el torero Machaquito, o los pintores Sorolla, Madrazo y Emilio
Sala. Y bajo sus muros escribió gran parte de su enciclopédica obra y vivió
apasionadamente algunos de sus mejores amores.5 Santander llena por si sola
una de las mejores etapas vitales de su biografía.6
Una «travesía vital», según la conocida expresión de Américo Castro, que
se inicia un diez de mayo de 1843 en el número 33 de la calle Cano de las
Palmas de Gran Canaria y tendrá su punto final en la madrileña calle de Hila-
rión Eslava a las tres y media de la madrugada del día 4 de enero de 1920. La
primera etapa de su vida abarca desde su nacimiento hasta su llegada a Madrid
para estudiar la carrera de Derecho en el viejo caserón de San Bernardo en el
año 1862.7 Su infancia en el seno de una familia numerosa de diez hermanos,
seis de ellos mujeres, y gozando de su reconocida vocación musical como se
reflejaría asimismo en uno de sus personajes: «Ángel Guerra».8 Posiblemente
sus primeros años entre tantas mujeres contribuyen a afinar su sensibilidad y la
visión que a lo largo de su vida tuvo sobre este mundo.9 La mirada galdosiana
4
Llega a incluir la obra de Galdós en el cupo de los Heterodoxos y sin embargo no tuvo incon-
veniente en asistir al estreno de Electra lo que le valió la crítica de la derecha más intransigente.
5
En Santander nació su hija María fruto de su relación con Lorenza Cobián.
6
La vida y obra de don Benito ha merecido una amplísima producción bibliográfica espe-
cialmente en los últimos años con el análisis pormenorizado de aspectos concretos de su vida
o de su obra, así como la publicación de algunos de sus epistolarios. Personalmente creo que
los estudios más completos se deben a Federico Carlos Saiz de Robles quien en 1941 firma un
extenso y detalladísimo prólogo de 173 páginas a la edición en tres tomos de los Episodios por
parte de Aguilar. Por su parte Pedro Ortiz de Armengol publica en Barcelona en la editorial
Critica su Vida de Galdós, el año 1996, por la que recibió el premio Fastenrath de la RAE.
7
El traslado de las islas a la península es en gran parte motivada por voluntad de la madre
para poner fin a una incipiente relación amorosa de su hijo con su prima hermana María Josefa
Washington, más conocida como Sisita, hija de su tío Josemaría Galdós y la norteamericana
Adriana Tate a quien ha conocido en Cuba. La joven Sisita Galdós Tate será una referencia
afectiva permanente en la biografía sentimental del escritor.
8
El análisis detallado de esta etapa en Yolanda Arencibia: «Infancia y juventud canaria de
Galdós» en Benito Pérez Galdós: La verdad humana. Madrid, BNE, 2019, pp. 41-53.
9
De todas sus hermanas será Carmen, casada con Hurtado de Mendoza, con quien man-
tendrá la mejor relación y cuando queda viuda se traslada con su hijo a Madrid siendo la
referencia familiar de su hermano Benito de quien no se separaría. En el Paseo de Arene-
ros, 70 levantará el hogar familiar donde permanecen hasta su traslado al hotelito que construye
su hijo en la calle Hilarión Eslava donde muere el escritor.

92
es particularmente tierna cuando la proyecta sobre sus novelados personajes
femeninos.10
Estos primeros años galdosianos se verán fuertemente marcados por la
cultura francesa. Como he escrito en otro lugar de 1843 a 1869 la cultura
europea lleva predominantemente sello francés. El imperio de Napoleón III
y la española Eugenio de Montijo va a servir de escenario y ambientación
esplendida de esta cultura que influye en toda Europa y en la América recién
liberada.11 Curiosamente la primera salida de Galdós al extranjero tiene lugar
el año 1867 precisamente a París para ver la Exposición Universal.12 Allí se
sumergió a fondo en la cultura francesa que ya conocía de sus estudios de
bachillerato y entra en contacto en directo con la obra del gran Balzac.13 Este
y Dickens marcarían los caminos literarios del escritor canario, y será en París
donde empieza a germinar su primera novela: La Fontana de Oro que verá
la luz el año 1870.14 Galdós es consciente del peso específico de la cultura
francesa en este momento.15 Sabe del cambio experimentado en el mundo
que le ha tocado vivir. El mapa europeo ha cambiado y ya no hay sitio para
una potencia de segundo orden como es España que treinta años más tarde
va a perder los últimos jirones de su inmenso imperio y precisamente en la
capital de Francia donde se firma el Tratado de Paris de 1898. A España solo
le queda ir concentrándose sobre sí misma, dejando vislumbrar el fenómeno
histórico que conocemos bajo la rúbrica de «El Desastre». A Galdós le corres-
ponde aportar la versión literaria de este estado de ánimo, de ahí que se le

10
Además de las archiconocidas Fortunata y Jacinta, están Marianela, Tristana, Amparo, las
Bringas, Eloísa, Benina, etc., en el amplio censo de personajes femeninos.
11
Vid. Peña González, José: Historia Política del Constitucionalismo Español. Madrid, Biblio-
teca Universitaria, 1995, pp. 189 y ss.
12
Invitado por su hermana Carmen y su cuñado José Hermenegildo Hurtado de Mendoza.
Volvería al año siguiente invitado por su hermano Domingo.
13
También compró en las librerías de la orilla izquierda del Sena Los papeles póstumos del
Club Pickwick de Charles Dickens que tradujo del francés al español.
14
Es en gran parte la biografía de D. Antonio Alcalá-Galiano y Villavicencio, «Orador genial
y poderoso» en opinión de Menéndez Pelayo. Personalidad muy compleja que aunaba las
facetas de intelectual, conspirador, legislador y político amen de brillantísimo orador. El
Mirabeau español le llama Galdós. Véase Peña González, José: Antonio Alcalá-Galiano y
Villavicencio. Córdoba, 2018. Se da la coincidencia que un hijo de D. Antonio, José Alcalá-
Galiano será su gran amigo en Inglaterra donde ejerce de cónsul y su compañero de viajes
por Europa.
15
Francia impone su filosofía ecléctica cuya máxima manifestación será el liberalismo
doctrinario de Benjamín Constant y el eclecticismo de Royer-Collard y Víctor Cousin en el
orden político, Augusto Compte en el orden filosófico con el positivismo, Courbet y Millet
con el realismo en la pintura, Pasteur en el terreno científico, Flaubert y Zola en el natura-
lismo literario y Renán en el pensamiento. Vid. Peña González, José: Historia Política…,
op. cit., pp. 190 y ss.

93
considere el mejor fedatario de ese «humanismo popular» que el maestro
Jover definía como el conjunto de mores y actitudes humanas y sociales que
comparecen históricamente en la España de los dos últimos siglos, precisamente
amalgamados con el tipo de mentalidad social que suele acompañar a las clases
populares: generosidad frente la acumulación de riquezas, solidaridad frente a
individualismo, sentido espontaneo e intuitivo de la moral frente a legalismos
formalistas, respeto del vencido en razón de su última condición humana, frente
a su trascendentalizacion maniquea con miras al aniquilamiento».16 Nadie como
Galdós para dejar constancia de todo ello.
La vida de D. Benito desde el momento de su arribada a la península
vendrá marcada por dos ciudades. De un lado Santander y de otra Madrid.
La capital de Cantabria es el retiro y el descanso fecundo. Allí disfrutará de
su familia y escribirá gran parte de su obra. En Santander y gracias al poeta
Amós de Escalante conocerá al único superviviente de la batalla de Trafalgar.
Un viejo marino que formó parte de la tripulación del Santísima Trinidad.
Madrid será el centro de su formación en la universidad pública y en la
universidad de la vida. Ha llegado a la capital de España «aun con el pelo de
la dehesa», según expresión de uno de sus biógrafos,17 y pronto se sumerge en
el frenesí de la capital que vive en sus calles y plazas. Madrid es un hervidero
de gentes de toda procedencia. Compartirá hospedaje en la fonda de la calle
Fuentes, junto a la plazuela de Herradores,18 con su paisano Fernando León
y Castillo futuro marqués de Muni y casi sempiterno embajador de España
en París.19 En la Central entrara en contacto con ese grupo egregio de cate-
dráticos en gran parte militantes del krausismo que han pasado a la historia
bajo el rótulo de los Demócratas de Cátedra.20 Los hombres que van a llevar
a cabo el mayor proyecto cultural de España de todos los tiempos: la Institu-
ción Libre de Enseñanza, que, aunque surge como consecuencia de la segunda
cuestión universitaria planteada por el ministro Orovio en 1876, es en la
década de los sesenta cuando se forja. De entre sus maestros universitarios
destacan don Francisco de Paula Canalejas,21 y especialmente D. Fernando de

16
Jover, José María: «Prólogo». Tomo xxxiv. Historia de España de Menéndez Pidal. Pago. cxvi.
17
Sainz de Robles en la Introducción al tomo iii de su edición de los Episodios.
18
Su estancia en la calle Fuentes fue breve. El año 1864 se muda a la calle del Olivo núme-
ro 9 donde permanecerá hasta el año 1873. Aquí escribió muchas de sus mejores páginas.
19
Más tarde contactará con otro canario, escritor de raza y político destacado en el Sexenio
democrático llamado Nicolás Estébanez Calderón.
20
Julián Sanz del Río, Figuerola, Salmerón, Azcarate, Giner, etc.
21
Catedrático de la Central y tío de don José de Canalejas el político español autor de la
famosa «Ley del Candado» que murió asesinado ante el escaparate de la Librería San Martín
en la Puerta del Sol madrileña el día 12 de noviembre de 1912 por obra del anarquista Manuel
Pardiñas. De talante liberal sintonizaba bastante con Galdós y fue uno de los pocos políticos
que asistieron al estreno de Electra.

94
Castro, krausista, feminista y abolicionista que habría de dejar su semilla en
ese humanismo popular que D. Benito defendió toda su vida.22 Siempre fue fiel
a los ideales krausistas, aunque su paso por la Universidad fue breve. En sus
Memorias de un desmemoriado,23 no deja de reconocerlo. Muy pronto prefirió
la universidad de la vida, recorriendo las calles madrileñas, asistiendo a las
tertulias del Ateneo, entonces en la calle de la Montera,24 donde escuchó a los
grandes oradores de la época, viajando en los tranvías de mulas que conectan el
Madrid de los Austrias con el ensanche del barrio de Salamanca, la Castellana
y la plaza de Colón, barrios de la naciente mesocracia, donde precisamente
tendría su residencia a partir de 1873. En la forja de esta conciencia popular
que inunda toda su obra, será decisiva su estancia madrileña que se inicia el
año 1862. Galdos será el constante visitante, amén del Ateneo y el Congreso
de los Diputados, de los bares, cafés y tabernas que llenan sus calles y plazas.
En algunos de ellos se fraguaba la vida política de la capital del reino.25 Y en
ellos emborronó miles de cuartillas poniendo en vivo y en directo negro sobre
blanco lo que su olfato de periodista iba percibiendo en las calles madrileñas.
A su lado los clubs de marcada ideología política donde cada partido tenía su
sede. Pérez Galdós es ya un madrileño más y ama y se deja querer por este
pueblo abierto y hospitalario donde nadie es forastero.
La capital de España será también donde completa y perfecciona su voca-
ción periodistica. Todos los estudiosos de don Benito coinciden en señalar su
compleja personalidad y su polifacética formación y actividad.26 Pero coincido
con los que estiman que es en el periodismo donde se forja su estilo que
luego trasladará a la novela o al teatro. Asiduo de las mesas de redacción más
que de las aulas universitarias pronto se rebeló como un periodista de raza
según acertada expresión de Pilar García Pinacho quien afirma que escribía
«artículos firmados», es decir gratuitos, costumbre frecuente en los medios de

22
Es un personaje clave en la España de su tiempo. Nacido en Sahagún en 1814, fue catedrático
de la Central, Académico de la Historia, Senador por León, Rector en Madrid, Predicador de
Isabel II y de una rectitud moral extraordinaria. Expulsado de la Universidad el año 1867 sería
readmitido bajo el mandato de Ruiz Zorrilla. Muere en Madrid el año 1874 y está enterrado
en el Cementerio Civil junto a Sanz del Río.
23
Más bien unas antimemorias publicadas en Madrid el año 1915. En ellas confiesa que se
dedicaba a «gandulear» y «hacer novillos» más que asistir a clase.
24
En un caserón propiedad del marqués de Cubas y donde también tenía su sede la Acade-
mia de Jurisprudencia y Legislación. El año 1884 se traslada al actual edificio de la calle del
Prado. También la Academia se traslada a su actual residencia curiosamente en la calle marqués
de Cubas.
25
Famosos el Lorencini, La Iberia, El Suizo y La Cruz de Malta.
26
Escribe en La Nación de Pascual Madoz, en Las Cortes de Aníbal Álvarez Ossorio, y más tarde
en La Revista de España de su amigo Albareda, fundador y director de El Debate financiado
por el General Prim.

95
prensa, a cambio de que apareciera su nombre y empezara a ser conocido en el
gremio.27 Algún exegeta galdosiano ha llegado a reiterar la primacía del Galdós
periodista sobre el novelista o el dramaturgo basándose en que el conocimiento
adquirido en la universidad de la vida con su olfato de periodista le propor-
cionó toda la base argumental para novelas y obras dramáticas. El periodista
es asiduo visitante del Congreso de los Diputados donde no se limita a hacer
información parlamentaria sino «crónicas parlamentarias» de gran calado
y profundidad marcando una línea que años más tarde sería retomada por
el gran Wenceslao Fernández Flórez en sus celebradas «Acotaciones de un
oyente».28 Por su parte las crónicas parlamentarias de Galdós fueron recogidas
en un volumen bajo el título de Política Española.29
Sera el fedatario de la década de los sesenta y los últimos años del reinado
isabelino. Vivió a fondo la crisis política, socioeconómica, ideológica e incluso
dinástica que marca el reinado de la de los «Tristes Destinos».30 Por sus cuar-
tillas pasaron las biografías de los grandes personajes de la época. Narváez,
duque de Valencia «cara dura, dejo andaluz, carácter de hierro, más propio para
manejar soldados y ganar plazas…», el conocido como «el espadón de Loja»
sostén del trono isabelino junto con O’Donnell, conde de Lucena y Duque
de Tetuán, «el hombre que no hace… pero deja deshacer» y el inevitable y
cruel González Bravo, el antaño Ibrahim Clarete de el periódico El Guirigay,
paradigma del converso político, «lleno de ambición, simpatía y cinismo», el
hombre de la llamada Noche de San Daniel y la serenata que acaba en tragedia
callejera y sobre la mesa del Consejo de Ministros con la vida de Alcalá-Galiano
tras una fortísima discusión. Y desde la mesa de redacción seguirá los aconte-
cimientos del cuartel de San Gil donde las tropas dirigidas por Serrano, duque
de la Torre, acabarán con la vida de 200 sargentos en 1866.31 Serrano uno de
los «generales bonitos» un andaluz «con duende» que llega a ser Regente del
Reino a la salida de Isabel II como consecuencia de la llamada Revolución de
Septiembre32 capitaneada por el general Prim, «valiente, audaz y simpático»

27
Vide García Pinacho, María del Pilar: «Galdós Periodista» en Galdós. La verdad humana.
op. cit., pp. 57-67.
28
Hay edición en dos tomos, viii y ix, por Aguilar dentro de sus OO. CC. Madrid, 1964,
29
Publicado en Madrid el año 1923.
30
Así la llamó el político Aparisi Guijarro y con este título Galdós escribió uno de sus últimos
Episodios dentro de la cuarta serie. En uno de sus viajes a París visitó a la Reina Isabel II en su
palacio de la Avenida Kleber, antiguo palacio Basilewsky rebautizado como Palacio de Castilla,
en compañía de su paisano Fernando León y Castillo, embajador de España en París. De esta
entrevista Galdós nos transmite una imagen amable de la reina de España.
31
Fue recompensado con el Toisón de Oro.
32
Jover prefiere usar el término «sexenio democrático» en su opinión más real que el de
revolución.

96
que trae a España a don Amadeo de Saboya. Su presencia en vivo y en directo
en todos estos acontecimientos le valió más de un «linternazo» de la Guardia
Veterana y alguna carrera delante de los «guindillas» municipales según refleja
en sus «Memorias». No hay personaje de la época que no se vea reflejado en
los Episodios Nacionales, desde «Trafalgar» que los inaugura hasta «Cánovas» 33
pasando por la I República y sus principales protagonistas y finalmente la Res-
tauración. Los Episodios son un repaso de la historia patria con datos ciertos en
su mayoría, pero novelados y siempre tratados con ironía. Son una recreación
histórica con ribetes literarios entre los que Galdós deja entrever su afinado
humorismo inspirado en la obra de su gran maestro: Cervantes.34
Galdós tiene el extraordinario mérito de elevar a la gran historia no solo
los protagonistas principales de la misma sino la pequeña historia de los
múltiples secundarios que aparecen en su obra. Y además en esta labor lleva
a cabo un enfoque de gran importancia sociológica. Es consciente del cam-
bio experimentado en la década moderada desde el punto de vista cultural y
económico. Ya no importa tanto la hidalgomanía, severamente criticada por
Quevedo, que constituía toda la ambición de los españoles del siglo xvii,35 ni
tampoco el afán de militar entre las togas y las mitras del siglo xviii.36 En esta
época hay que hablar de lo que el profesor Comellas llama la «empleomanía»,
el tener un puesto garantizado por el presupuesto. De ahí que Galdós eleve a
la condición de protagonistas a menestrales, militares, artesanos, comercian-
tes, leguleyos, y muy especialmente los funcionarios, etc. Galdós se mueve
con soltura en ese mundo que un periodista definió con cruel ironía y gran
acierto.37 Y sobre todos ellos derrama esa ternura galdosiana que inunda toda
su obra, a pesar de su constante critica a los que llama los «presupuestívoros».38
La novela le permite a Galdós retomar la serenidad literaria suficiente frente

33
Es el último de los episodios nacionales y está fechado en Santander en 1912.
34
He escrito en otro lugar que «el gran patriarca del humor español es ni más ni menos
que don Miguel de Cervantes. Y el Quijote es la parodia más perfecta que ha salido de pluma
humana. El humor cervantino destaca por su ternura frente al carácter más agresivo y sarcás-
tico de un Quevedo o la acerada ironía de un Larra». Véase Peña González, José: Alejandro
Lerroux o la parodia de un Régimen. Córdoba, 2006, p. 35.
35
Son conocidos los irónicos versos quevedescos sobre esta obsesión por tener carta de hidal-
guía. «Vuestro DON señor hidalgo / es como el del algodón / que para poder ser «don» / nece-
sita tener «algo».
36
Analizada por el profesor Teofanes Egido en «Las elites del poder, el gobierno y la oposición»
en la Ilustración Española.
37
«Covachuelistas andantes / tristes figuras de España / tan quijotes en el cuerpo / como
sanchos en el alma». Apareció en El Duende Crítico.
38
Nadie como el escritor y ministro Natalio Rivas personificó esa tendencia a colocar en la
administración a amigos y paisanos. El famoso grito de «Natalito, colócanos a tos [sic]» con
el que era recibido en las visitas a su pueblo natal es la mejor prueba de ello.

97
al frenesí y fugacidad del periodismo. Su pluma descansa mientras recrea sus
personajes. Sus retratos femeninos alcanzan una calidad insuperable. Hay cierta
unanimidad entre sus críticos en considerar Fortunata y Jacinta como su obra
maestra. Pero junto a ella están las protagonistas de La de Bringas, Tormento, La
desheredada, Miau, Nazarín, Misericordia, Ángel Guerra, Tristana o El abuelo,
por no citar sino a una selección de todas ellas. Como destaca Marta Sanz: «El
interés de Galdós por constatar la importancia de las mujeres en la sociedad
y la historia, se hace patente en el protagonismo que les concede en toda su
narrativa».39 Galdós llegó a escribir 32 novelas en las que hace literatura, pero
también sociología literaria en la descripción de sus personajes.40 Toda su
literatura está atravesada por el triple lema Ars, Natura, Veritas que la preside.
Y cuando hace literatura no olvida su compromiso político y social que está
presente en lo que el maestro Jover llama «el espíritu de los sesenta» pleno de
inspiraciones humanitarias, liberales, democráticas y de fraternidad universal»,
que en principio, inspiró la llamada revolución gloriosa española de 1868 que
lamentablemente quedó en un impulso más verbalista que real.41
El teatro será la primera y juvenil vocación de don Benito, aunque su
estreno como autor tuviera lugar a finales del xix con el drama Realidad
interpretado por María Guerrero hasta el triunfo que supuso el estreno de
Electra el 30 de enero de 1901 por Matilde Moreno con un éxito absoluto que
tendría consecuencias de toda índole, incluidas políticas y sociales, rematando
en el estreno de Marianela el 18 de octubre de 1916 de la mano de Marga-
rita Xirgú. Como escribe Carmen Menéndez-Onrubia: «Tres actrices María
Guerrero, Matilde Moreno y Margarita Xirgu, fueron quizá el mejor nexo de
unión entre público y autor para expresar y hacer sentir un teatro como el de
Galdós, que trajo la renovación a la dramaturgia española, aunque no siempre
fuera entendido por sus contemporáneos».42 Junto a ellas los nombres de María
Tubau y Carmen Cobeña así como Concha Ruth Morell.43
El humanismo popular, del que fue permanente paradigma, habría de
llevar al escritor canario al mundo de la política tantas veces descrito en su
obra tanto en los episodios como en su faceta de corresponsal parlamentario.44
Galdós pasa de su puesto en la tribuna de prensa en el Congreso a su escaño
de diputado. Se estrena como representante de Puerto Rico por el partido de

39
Véase Sanz, Marta: «Galdós en la actualidad», en La verdad humana, op. cit., pp. 153-167.
40
En las 32 están incluidas las llamadas novelas de tesis, las espirituales, las mitológicas y las
contemporáneas como se clasifican en función de su temática.
41
Véase Peña González, José: Historia Política…, op. cit., p. 200.
42
Véase Menéndez-Onrubia, Carmen: «Tres actrices para el teatro de Galdós…», en La
verdad humana, op. cit., pp. 125-149.
43
Con ella mantuvo una relación amorosa de 1891 a 1900.
44
Fue un político silencioso y solo una vez tomó la palabra en el hemiciclo.

98
Sagasta en el distrito de Guayama el año 1886.45 Fueron las Cortes del primer
gobierno de la Regencia de Doña María Cristina recibiendo esa legislatura el
nombre de Parlamento Largo ya que permanecieron abiertas desde el 27 de
noviembre de 1885 hasta el 5 de junio de 1890.46 La Constitución canovista
de 1876 dispuso en su artículo 89, párrafo 2.º la representación en Cor-
tes de Cuba y Puerto Rico.47 Desde la península tenía lugar el encasillado de los
candidatos que habían de ser elegidos en ambos territorios sin necesidad de la
presencia física de los mismos cuando se trataba de candidatos peninsulares.
Su paso por el parlamento apenas dejó rastro aunque su imagen fuera un gran
atractivo electoral en el mundo de la izquierda.
El año 1910 se constituye la llamada Conjunción Republicano Socialista,
una coalición electoral que preside Galdós y en el que obtendría escaño por
primera vez un socialista, Pablo Iglesias Posse, el fundador del partido. El
año 1914 Galdós repite escaño en las filas republicanas representando a la
circunscripción de Las Palmas. Don Benito es ya un hombre reconocido en
el mundo de las letras tanto nacionales como fuera de España. El día 7 de
febrero de 1897 ha sido elegido numerario de la Real Academia Española en un
segundo intento. Ocupará el sillón de la letra N mayúscula leyendo su discurso
de ingreso sobre el tema «La sociedad presente como materia novélable» siendo
contestado por D. Marcelino Menéndez Pelayo.48 Pocas veces el tema central de
un discurso podía estar tan ajustado como en este caso. Galdós supo relacionar
con maestría lo personal con lo colectivo, lo individual con lo social porque
todo ello lo aprendió en la escuela de la vida que fue su auténtica magistra
vitae. Curiosamente el año 1889 se presenta por primera vez la candidatura de
Galdós para la RAE y es bloqueada por Cánovas del Castillo que logra sacar
como académico a Francisco Commelerán en detrimento de Galdós.49 Valera en
carta al Dr. Thebussem de fecha 21 de enero de 1889 lamenta la intervención
de Cánovas y su negativa a la candidatura de don Benito.50 En los ambientes
populares madrileños Galdós es un ídolo. En cambio, en algunos sectores
próximos al conservadurismo y a la Iglesia no está bien visto. Entre los políticos

45
Lo hizo a petición de Sagasta.
46
Téngase en cuenta que la duración media de las Cortes de la Restauración fue de dos años,
aunque el mandato era de cinco según el art. 30 de la Constitución.
47
A Cuba se le asignan 18 escaños y a Puerto Rico 11. Uno de ellos fue ocupado por Galdós
que lo obtuvo con 17 votos.
48
Una semana más tarde Galdós contestaría el Discurso de ingreso de Pereda en la RAE.
49
Era un lexicógrafo zaragozano, catedrático de griego del Instituto San Isidro que usaba el
seudónimo de Quintilius.
50
Comenta en esta carta que se anteponga a Commelerán «que nadie conoce» frente a un
autor muy conocido en Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Véase Correspondencia.
Tomo v. Madrid, Ed. Castalia, 2006, p. 132.

99
por su declarado republicanismo. En los medios eclesiales por su proclamado
anticlericalismo. Confundían su opinión ante el clero y las órdenes religiosas,
de modo especial contra la Compañía de Jesús, con su idea de la religión como
prueba de la humanidad y la profunda piedad instalada en el colectivo popular.
En mi opinión quizá le aplicara mejor el término de «librepensador». De ahí la
negativa de los llamados neocatólicos, esa extraña mezcla de religión y política,
de trono y altar que tanto poder tenía en la sociedad española. El estreno de
Electra el 30 de enero de 1901 fue la gota que derramó el vaso de la indignación
de amplios sectores eclesiásticos por sus ataques a la Iglesia como Institución
y a la Compañía de Jesús.51 Hay unanimidad entre los biógrafos galdosianos
que el estreno de Electra fue decisivo para la negativa del Gobierno español a
la propuesta de la Academia sueca para el premio Nobel de Literatura a Galdós
el año 1912, reiterada el 1913 y 1914.52 Además del Gobierno se oponen al pre-
mio instituciones como la RAE y algunos sectores de la Universidad. Galdós,
como tantos otros, contaba con entusiastas defensores y también importantes
y poderosos detractores. Sus propias vivencias personales, que no ocultaba,
ayudaban poco. A su acusación de republicano y anticlerical le añaden la de
licencioso en su vida sentimental.
Que Galdós era un hombre enamoradizo está fuera de toda duda. Su
vida sentimental fue rica y variada.53 Y nunca ocultó sus preferencias hacia
la mujer.54 Pero de la larga serie de féminas que ocuparon su corazón más o

51
La representación de Electra coincide con un momento delicado en las relaciones con la
Iglesia tanto en España como en Francia. En esta se está debatiendo la separación Iglesia-Estado
y en España se debate la boda entre la Princesa de Asturias y el Conde de Caserta, un Borbón
tradicionalista. A su vez en los tribunales españoles se debate el llamado caso Ubau, donde
miden sus armas don Nicolás Salmerón defendiendo a la familia Ubau y don Antonio Maura
a la Srta. Adelaida Ubau e Icaza, quien tras unos ejercicios espirituales dirigidos por el jesuita
P. Cermeño decide ingresar en el convento madrileño de las Esclavas del Sagrado Corazón
de Jesús, sin contar con el visto bueno de la madre. La opinión publica vivió con pasión este
pleito que acabo en el Supremo. La Audiencia da la razón a la madre que argüía la intención
jesuítica de aprovecharse de la herencia de la rica heredera vasca. La hija se ve obligada a
regresar al hogar materno y cuando muere la madre reingresa en el convento de las Esclavas.
52
Electra fue el gran éxito teatral de Galdós interpretada por la gran Matilde Moreno alcan-
zando la cifra insólita para la época de 80 representaciones y triunfando en Italia, Francia y
América Latina. Resultó muy rentable económicamente y su éxito se debe a partes iguales a
su excelencia teatral y al momento político e ideológico que vive España. Llegaron a venderse
100.000 ejemplares del libreto.
53
Hoy conocemos sus relaciones con Carmen Cobeña, Sofía Casanova, Marcela Sambrich,
Elisa Colman o Concha Catalá.
54
El primer estudio serio de la vida sentimental de Galdós se debe a Chonon Berkowitz,
un hispanista lituano establecido en los Estados Unidos que publica su obra el año 1948. A
partir de aquí se empieza a investigar su relación con diversas personas y a publicar algunos
epistolarios que ayudan a un mejor conocimiento del personaje.

100
menos temporalmente hay que destacar a cuatro de ellas por el influjo que
tuvieron en su vida personal y en su obra profesional. En primer lugar, su
relación con doña Emilia Pardo Bazán y de la Rúa-Figueroa. Mujer de gran
cultura, poliglota, feminista, catedrática de universidad gracias a la catedra que
le crea el cordobés Julio Burell, Ministro de Instrucción Pública. Es también
conferenciante y escritora de éxito. Su relación con Galdós se inicia por sus
coincidencias literarias reflejadas en la obra de la Condesa titulada La Cues-
tión Palpitante, publicada en 1883 y en la que hace una encendida defensa
del naturalismo y de la obra de Balzac y Zola. La relación dura hasta 1890.55
En Santander y en el estudio del pintor Emilio Sala conoce a una chica astu-
riana que posa como modelo llamada Lorenza Cobián.56 De esta relación
nace una niña a la que ponen por nombre María y será la única que reconoce
don Benito. María Pérez Cobián es la heredera de Galdós, casada con Juan
Verde, y quien, junto a su sobrino Hurtado de Mendoza le asistirá los últimos
años de su vida.
Más tarde y también en Santander conoce a la actriz Concha Ruth Morell
que será la protagonista de Tristana. Muere pronto víctima de la tuberculosis.
Y ya entrado el siglo xx, el año 1907 conoce a Teodosia Gandarias, vasca de
Guernica, maestra de profesión, mujer culta que endulzó los últimos años
de Galdós. Muere el 31 de diciembre de 1919. Cuatro días más tarde —el 4 de
enero de 1920— fallece don Benito.57
La relación de Galdós con las mujeres en general y con sus distintas aman-
tes en particular fue relajante y generosa. Pérez de Ayala llega a escribir de
don Benito y su prodigalidad con las mujeres que «las flaquezas del amor son
pesadas gabelas», y Ortiz de Armengol en unas declaraciones a El País afirma
textualmente que «Galdós se lo gastaba todo en mujeres».58 Añade que «a todas
les ponía un pisito». Algún biógrafo añade irónicamente que ello explica el
conocimiento que tenía el escritor de todos los usureros de Madrid a los que

55
La condesa es autora de una amplia obra en la que destaca Los Pazos de Ulloa y distin-
tas novelas de carácter social, destacando La Tribuna que pasa por ser la que inaugura este
género en España. El año 1891 se publica la primera edición de sus Obras Completas que
comprenden 43 volúmenes. Tradujo del inglés la obra de John Stuart Mill La esclavitud
femenina. Su relación íntima con Galdós se inicia el año 1883 tras la separación amistosa
de Villanueva. Su relación íntima con Galdós se inicia el año 1883 tras la separación amis-
tosa de su marido don José Quiroga. Viajaron por Francia, Alemania y Suiza terminando su
relación el año 1890. La condesa se instaló en Madrid en un palacete de la calle La Princesa
y mantuvo tras la separación con Galdós una amistosa relación con su antiguo amante.
56
Lorenza era mujer de escasa cultura y rotunda belleza muy desequilibrada psíquicamente
que acaba sus días suicidándose.
57
Se han publicado 239 cartas entre 1907 y 1915 muy apasionadas entre ella y Galdós.
58
El País. Viernes 4 de julio de 1997. Pág. 37 del Suplemento de Cultura.

101
tenía que recurrir con tanta frecuencia porque estaba siempre entrampado
según Pérez de Ayala.
A partir de 1909 la salud de Galdós se resiente y la ceguera se hace presente
en su vida. Aunque es operado de cataratas no recupera nunca la vista. Los
últimos años son muy amargos. El año 1919 asiste como espectador mudo a la
inauguración del monumento que se levanta en el Retiro madrileño, obra de
Victorio Macho.59 Fumador empedernido de las famosas tagarninas, desaliñado
en su vestir, irónico y silencioso, abstemio reconocido, observador minucioso
de la realidad que le circunda, a partir de agosto de 1920 vive encerrado en
el chalet de Argüelles construido por su sobrino Hurtado de Mendoza. El día
cuatro de enero de 1920 fallece.60 Su cadáver se expone en el patio de cristales
del Ayuntamiento de Madrid. Esa noche suspenden sus funciones todos los
teatros madrileños. Pronto la casa se llena de caras conocidas. La Condesa de
Pardo Bazán, Alejandro Lerroux, Machaquito, etc. El ministro de Instrucción
Pública don Natalio Rivas acude al domicilio familiar a dar el pésame en
nombre del Rey y el Gobierno. Se acuerda que sea un «entierro de estado»
y se traslada el féretro hasta el cementerio de la Almudena. En la Puerta de
Alcalá se despide el duelo oficial y el pueblo de Madrid en respetuoso silencio
se suma a la comitiva y acompaña al hombre que mejor ha sabido conectar y
representar ese humanismo popular.61 Son conscientes de lo que significa su
pérdida. Ignorado por muchos biempensantes que siempre le denostaron con
el epíteto de «garbancero», y reverenciado por aquellos que le consideraban
como uno más de los suyos, un madrileño de adopción. El día 5 de enero sus
restos recibirán sepultura y ese mismo día se publica en el diario El Sol un
artículo sin firma que entre otras cosas dice que «el pueblo sabe que se le ha
muerto el más alto y peregrino de sus príncipes. Y aunque honor de príncipes
se le debiera rendir, no habrá para el difunto fastuosidades, corazas, penachos,
sables relucientes, músicas vibradoras ni desfiles marciales» pero «habrá un
dolor íntimo y sincero que unirá a todos los buenos españoles ante la tumba
del maestro inolvidable».62

59
El joven escultor palentino, considerado por muchos precursor de la moderna escultura
española, puso su arte y su talento en esta obra que realiza gratuitamente e incluso poniendo
por su cuenta los materiales. Presidió el alcalde de Madrid y ofició el acto Serafín Álvarez
Quintero. Galdós pidió le dejaran acariciar la cara de su imagen que no podía ver. Años más
tarde el gran escultor Pablo Serrano realizaría un gran monumento del escritor en Las Palmas.
60
El doctor Marañón que le atiende certifica que es víctima de un fuerte ataque de uremia.
61
Se destacó el hecho totalmente infrecuente que una mujer acompañara a la comitiva. Se
trataba de la famosa actriz Catalina Bárcenas.
62
El autor del texto sin firma es don José Ortega y Gasset. Véase Ortega: OO. CC. Sexta
edición. Madrid, Rev. de Occidente. 1966, tomo iii, pp. 30-31.

102
LA INFLUENCIA DE MENÉNDEZ PELAYO
EN EL CINE DE LUIS BUÑUEL

Gabriel Porras Rodríguez


Licenciado en Geografía e Historia
Profesor del IES Santa Clara

Es bien sabido que en la obra cinematográfica de Luis Buñuel, uno de


los nombres claves en la historia del Séptimo Arte, las aportaciones literarias
han sido esenciales. Novelas, relatos, ensayos y hasta tratados filosóficos han
servido para asentar la mayor parte de sus guiones en base a adaptaciones
—eso sí, muy libres—, que el director moldeaba conforme su propio criterio
y sentido estético.
Luis Buñuel, sin embargo, sentía especial predilección por la obra del
gran escritor del Realismo español que fue Benito Pérez Galdós. Muchas de
las sus más genuinas novelas (algunas transformadas en excelentes obras dra-
máticas) fueron una constante en la extensa filmografía del aragonés tanto
en los títulos que dirigió como en los guiones que escribió o en los filmes
donde intervino como productor ejecutivo, supervisor, ayudante de direc-
ción o, incluso, intérprete, que también fueron unos cuantos. Buñuel tuvo
proyectos firmes de llevar al cine, además de las tres novelas (Nazarín, 1958,
Viridiana, 1961 y Tristana, 1970) que cristalizaron en otras tantas obras maes-
tras, El amigo Manso, Fortunata y Jacinta, Doña Perfecta o Ángel Guerra, así
como la inclusión en ciertos pasajes inconfundibles de sus películas, directas
influencias y reflejos clarísimos de otros títulos galdosianos como Misericor-
dia, La desheredada o, el sorprendente relato de su última etapa, El caballero
encantado.
No son pocos los que, de entre la extensa nómina de estudiosos que se
han dedicado a analizar el cine de Buñuel, han incidido en la simbiosis crea-
tiva entre el director y el escritor, donde, más que la evidente conciliación
temática, encuentran un punto de partida que, pese a las distancias en el
tiempo, circunstancias socio-históricas e ideológicas, lejos de establecer una
dicotomía, aproximan los temas de tal manera que, en determinados personajes
no se sabe bien donde termina el retrato psicológico trazado por el novelista
y comienza la utilización de los mismos por parte del director dentro de la

103
correspondiente puesta en escena y tras el inevitable cedazo que supone la
adaptación del original literario. A ello debe añadirse una cualidad creativa tan
axiomática y presente en el cine de Buñuel como pudiera ser su nunca aban-
donada adscripción a los postulados surrealistas, inseparables de sus primeras
películas, que habrán de seguir estando presentes, si bien en menor medida,
en casi todo su cine posterior.
Sin embargo, sigue considerándose como una rareza en la filmografía de
Luis Buñuel (en cualquiera de sus etapas, geográficas y creativas a lo largo
del siglo xx, desarrolladas en España, Francia, Estados Unidos, México…),
comprobar la presencia de otra influencia que creo determinante en aquella
filmografía, como es la derivada de la, tantas veces reconocida, afición del
cineasta por la obra de Marcelino Menéndez y Pelayo. Y, dentro de esta, por
la magna Historia de los heterodoxos españoles.
Lejos del no especialmente complicado rastreo de esa influencia en muchos
de sus filmes, aquí y allá, dentro de argumentos e historias tan diversos como
originales, la heterodoxia históricamente contemplada en el seno del dogma
cristiano, más bien católico, aparece explícita en una de las películas más
elaboradas y complejas, ya de la última fase del realizador, como es La Vía
Láctea (1969). Tanto es así que se puede afirmar con rotundo aserto que
emana directamente de la citada obra de don Marcelino, sin que ello, como
es norma en el cine de Buñuel, deje de adaptarse por completo a la fértil e
inabarcable percepción buñuelesca, tan ramificada y heterogénea aún dentro
del aparentemente sencillo círculo temático del apartado ético-religioso del
director.
A Buñuel siempre le había interesado el mundo de las herejías y sus orí-
genes, así como los propagadores y la manera en que se habían expandido en
todas las etapas de la historia. Él mismo se confesaba muy influenciado por
ciertos autores que habían dedicado sus estudios al análisis de las herejías
que han convivido tradicionalmente de manera más o menos paralela con la
religión instituida. De entre todas, la obra sobre los Heterodoxos españoles de
Menéndez Pelayo era la que más le interesaba. Así, cuando en el transcurso del
Festival de Cine de Venecia, se presentó Belle de jour (1967), tal y como el pro-
pio Buñuel declara que preguntó a Carrière,1 qué le parecía hacer una película
acerca de las herejías, este aceptó de inmediato. «Nos fuimos a Madrid y luego al
Parador de Cazorla. Allí estuvimos cinco o seis semanas, y quedó listo el primer
guion. Regresamos a París. Yo creí que eso no le podía interesar a nadie. Pero
1
Jean-Claude Carrière (1931-2021) comenzó a colaborar con Luis Buñuel en el guion de
Diario de una camarera (1964) y después ha sido autor, con el director, de los correspondien-
tes a Belle de jour (1967), La Vía Láctea (1969), El discreto encanto de la burguesía (1972), El
fantasma de la libertad (1974) y Ese oscuro objeto del deseo (1977).

104
lo leyó Silberman.2 Me dijo que la
hacía. Volví a México cinco o seis
semanas. Acabé el guion. Regresé a
París e hicimos la película». Así se
lo contó a Max Aub en el célebre
libro que el novelista valenciano
(también exiliado en México) es-
cribió sobre nuestro director.3
El guion, escrito por Jean-
Claude Carrière y el propio Buñuel,
se centra en el peregrinaje de dos
vagabundos (los personajes-eje
de la historia argumental), en un
fascinante recorrido siguiendo la
antigua ruta de la Vía Láctea hacia
Compostela, se halla sembrado de
pasajes históricos unos, legendarios
otros y pertenecientes al Nuevo
Testamento los más. Una recrea-
ción admirable de que se sirve Bu-
ñuel para preguntarse y pregun-
tarnos sobre los, para él, mayores Luis Buñuel concentrado durante
enigmas del dogma cristiano. el rodaje de Viridiana (1961).
Invita al espectador a esclare- Foto Ramón Masats.
cer arcanos ancestrales situándolos
en el presente, al tiempo que realiza una sucesión de puestas en escena que
pocas veces han tenido parangón en la historia del cine, esencialmente por lo
que suponen de dificultad añadida para la producción y el propio rodaje, así
como la multiplicación de escenarios y épocas. Todo ello da como resultado
un filme tan explícito e intrigante a la vez, que solo puede ser explicado por su
autor. Por ello vuelvo a recurrir a las palabras del director, pronunciadas tras el
arriba citado estreno de Belle de jour, cuando el proyecto de lo que después se
llamaría La Vía Láctea, comenzaba a germinar con indisimulado entusiasmo:
Hace tres días se me ha ocurrido una idea con la cual quizá haga una
película. El evangelio, argumento de San Mateo contado por Luis Buñuel
y no tendría ninguna relación con El evangelio según San Mateo (1964),

2
Serge Silberman (1917-2003), productor de varios filmes de la última etapa francesa de
Luis Buñuel.
3
Aub, Max: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985.

105
de Pasolini. Sería un enfrentamiento entre la época de Cristo y la actual.
La figura de Cristo sería la que tradicionalmente presenta la Iglesia: rostro
estilizado con barbas, las manos elevadas con los dedos hacia delante, un
andar derecho y calmoso. Estaría llena de detalles que le mostrarían como
una persona humana, pero todos creerían sacrílegos. Por ejemplo, se le verá
comer, mascar. Algunos de los episodios podrían ser así. Juan, el más simpá-
tico y tonto, le pregunta «Maestro, dónde duermen las mariposas» y Cristo
se echa a reír. Irá andando despacio muy derecho, de pronto lo llaman y sale
corriendo. Se le verá con la brocha en el mano dispuesto a afeitarse, entrará
la Virgen y le dirá: «No te afeites, estás mejor con barba». Podría hacerla
enseguida porque es muy fácil y no tendría ninguna dificultad, aunque puede
que estuviese prohibida en todo el mundo porque la gente creería que estaba
llena de herejías.4

El citado guion no se construye en modo alguno como una simple adap-


tación, algo que, dada la envergadura del original, resultaría materialmente
imposible; pero no se debe olvidar que fue el colosal ensayo histórico-literario
Historia de los heterodoxos españoles, obra difícilmente superable, tanto en lo
relacionado con la investigación e interpretación llevada a cabo como en la
forma de ser expuesta y la utilización tan depurada del mejor castellano posi-
ble, el texto al que debemos referirnos al hablar de La Vía Láctea para aproxi-
marnos a dos personalidades, dos concepciones ético-religiosas del hombre
y el mundo, tan aparentemente divergentes cuando no opuestas e, insisto,
tan alejadas conceptual y moralmente, como eran las de Menéndez Pelayo y
Buñuel. Siempre, claro está, atendiendo a los contenidos de la obra.
Lo cierto es que todo el asombroso entramado que lleva a considerar un
filme de estructura y expresión tan específicas como La Vía Láctea directamente
emanado de la lectura que Buñuel hiciera de la citada obra de don Marcelino,
obedece a un hecho tan puntual como verídico. Los dos amplios volúmenes,
fueron leídos por Buñuel con indudable fruición, hasta el punto de confesar
que se trataba de un texto «de lectura amena, casi como una novela…»,5
amenidad a la que a buen seguro contribuyó el verse reflejado en muchas de
las rigurosas semblanzas que contiene. No en vano Luis Buñuel es uno de los
grandes heterodoxos españoles.
Sin embargo, no era la primera vez que se hacía referencia a un hecho que,
por otro lado, como acabamos de ver, había sido proclamado por el propio
cineasta, hasta el punto que dicha lectura incidió en la base argumental y el
trasfondo filosófico y religioso que contiene una película tan especial (dentro

4
Martínez Torres, Augusto: Buñuel y sus discípulos. Huerga y Fierro, 2005.
5
Fuentes, Víctor: Los mundos de Buñuel. Madrid, Akal, 2000.

106
Laurent Terzieff y Paul Frankeur, los mendigos de La Vía Láctea.

de una filmografía igualmente especial) como La Vía Láctea. Buñuel afirmaba


que «todo lo que se ve y se oye en la película descansa sobre documentos
auténticos».6 Una referencia que resulta totalmente creíble en un director tan
conspicuo como él, máxime sabiendo que otra de sus fuentes documentales
a tal fin procedía del prestigioso Diccionario de herejías de Pluquet.7 La Vía
Láctea, título referido a la senda estelar que seguían tradicionalmente los
peregrinos jacobeos procedentes del norte de Europa, es un producto personal
e indefinible, en la línea de las primeras producciones de Buñuel, salvando
las inevitables distancias. Por personal no se quiere entender que se trate de
ninguna excepción, ya que todo el cine de Buñuel debe ser adjetivado así. Es
aplicable considerando a la película como un compendio de las obsesiones que
formaban parte de la cosmología mental del realizador, desde las de carácter
moral y religioso hasta las puramente filosóficas, y también las relacionadas
con la propia forma de contemplarse a sí mismo. Todo lo que le ocupó men-
talmente y que vertió en sus filmes, es decir, aquello que hace de él un creador
inclasificable y único.

6
Buñuel, Luis: Mi último suspiro. Barcelona, Plaza & Janés, 1982.
7
El Abate Pluquet (François-André Pluquet, 1716-1790) fue un clérigo francés autor de diver-
sas obras de carácter filosófico y teológico, alguna publicada en forma epistolar. Su Memorias
para la historia de las distracciones del espíritu humano, título del conocido como Diccionario
de herejías, pasa por ser la más completa investigación sobre el tema hasta época reciente.

107
Dos vagabundos franceses que viven de la mendicidad, emprenden el
camino de Santiago encontrándose en el trayecto una auténtica galería de
personajes representativos de otras tantas herejías. Llegan a ello por su propia
predisposición y gracias a que gozan de la libertad personal que les propor-
ciona la utilización del tiempo sin ataduras. Buñuel y Carrière construyen
la acción como si se tratase de una moderna narración de la Picaresca. Los
dos mendigos (Pierre y Jean), uno viejo y el otro joven, creyente y agnóstico
respectivamente, se tropiezan en el camino no solo con representantes de las
más famosas heterodoxias, sino con situaciones que superan lo real, transpor-
tándoles a otras dimensiones, sin que tal discordancia choque en el espectador,
gracias a la maestría con la que está narrada la historia.

Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière.

Lo que podría haber sido una pura contradicción en otras manos, en un


guion extraordinariamente pensado y sin dejar ningún detalle al albur como
el suyo, resulta un delicioso relato visual gracias a la pericia para orquestarlo
de la batuta de Buñuel. Todo lo que aparece en la pantalla incumbe a su yo
mental, expresado con una pasmosa naturalidad y encauzado por su prover-
bial talento.
La recreación de situaciones y momentos históricos directamente relacio-
nados con herejes célebres hacen de La Vía Láctea una suerte de filme de filmes
esmeradamente ambientado, donde se repasa la historia de la heterodoxia

108
de forma tan abierta como llena de reflejos de todo tipo y para todo tipo de
espectadores, incluyendo los teólogos.
La conexión con la citada obra de Menéndez Pelayo sobre los heterodoxos
es tan directa (a pesar de la multiplicidad de personajes de distintos orígenes)
que el propio Buñuel lo deja bien claro en sus memorias:
La idea de una película sobre las herejías de la religión cristiana se
remontaba a la lectura, poco después de mi llegada a México, de la enci-
clopédica obra de Menéndez Pelayo Historia de los heterodoxos españoles.
Esta lectura me enseñó muchas cosas que yo ignoraba, en particular sobre
los martirios de los herejes, convencidos de su verdad tanto, si no más, que los
cristianos. Esta posesión de la verdad y la extravagancia de ciertas inven-
ciones es lo que siempre me ha fascinado en el comportamiento del hereje.
Más tarde, encontraría una frase de Breton en la que, pese a su aversión a
la religión, admitía que el surrealismo reconocía tener «ciertos puntos de
contacto» con los herejes.8
Cuando asistimos al desarrollo en imágenes de la historia fílmica, se
produce una mezcla perfecta entre lo aparentemente más trivial y lo religioso
o, al menos, con la tradición religiosa, pasando de una situación a otra con
absoluta desenvoltura. Michael Schwarze, el malogrado escritor alemán, pro-
pone en su magnífico ensayo sobre Luis Buñuel este ejemplo en referencia a
lo dicho:
Los vagabundos conversan sobre el significado de la barba que lleva el
más viejo. La escena siguiente nos muestra a Jesús con barba, apoyándose
en una pared y pensando en si debe cortársela o no, e interviene María que
ruega a su hijo que se la deje pues le queda muy bien. En otra secuencia,
Jesús devuelve la vista a un ciego, pero después le sobreviene el temor de que
la noticia de la curación milagrosa se difunda por todo el pueblo, y, siguiendo
el sentido común, anula la curación.9
La desmitificación de la religión tal y como se muestra en la tradición,
que supone una de las constantes en buena parte del mejor cine de Buñuel,
adquiere en La Vía Láctea carta de naturaleza por la propia disposición argu-
mental de la película y el desarrollo en forma de continuas introducciones
de intrahistorias que siempre disponen de un protagonismo concreto sin por
ello deshilvanar la estructura general del guion. La cercanía al hombre y el
deseo de presentar como cotidiano y vulgar lo que desde siempre ha venido

8
Buñuel, Luis: op. cit.
9
Schwarze, Michael: Luis Buñuel (traducción de Susana Andrés). Barcelona, Plaza & Ja-
nés, 1988.

109
siendo considerado y representado como sagrado, es algo asiduo en el direc-
tor que, además, lo refleja con toda la carga que la perspectiva surrealista le
permite. Dicha transformación se produce de nuevo con asombrosa sencillez
en esta película, merced a la citada sucesión de historias dentro del relato.

Christian Matras y Buñuel durante el rodaje de La Vía Láctea en 1968.


Foto Royal Books, Baltimore.

Las atípicas y aparentemente fantásticas situaciones que viven los dos


mendigos y falsos peregrinos, que solamente desean obtener dinero pidiendo
limosna (interpretados por los actores Laurent Terzieff y Paul Frankeur),
están esmaltadas por una finísima ironía que ayuda a dulcificar situaciones de
fuerte dureza. El conocido tratamiento de Buñuel respecto a la religión y sus
prácticas tradicionales, a pesar de que pudiera considerarse como una inte-
lectualización de la blasfemia, provoca que, contrariamente a lo que pudiera
esperarse, el resultado nunca roce ni lo anticlerical ni, mucho menos, lo anti-
cristiano. Que Buñuel se siente fascinado por el catolicismo es indudable, a
pesar del rechazo que le pudiese inspirar, contemplado desde su proclamado

110
ateísmo. Conocidísima es su frase: «Soy ateo por la gracia de Dios», al igual
que la afirmación, varias veces repetida, de sentirse «cultural y nostálgicamente
cristiano».10
En La Vía Láctea se producen situaciones tan especiales como el fusila-
miento del Papa por parte de un grupo de anarquistas que el director rueda
fuera de plano, corroborando que no es una concesión anticlerical extrema,
sino una más de las ideas que, al hilo temático sobre las herejías, complementa
un determinado pasaje del filme, hasta el punto de poder afirmarse que dicha
escena representa una aguda y sutil metáfora respecto a una herejía que afecta
a un dogma católico como es la negación de la infalibilidad del Papa y de la
jerarquía eclesiástica.
La película —escribe Schwarze en el libro citado— trata los seis grandes
dogmas de la fe; así considerada, es una suerte de ensayo sobre cuestiones
como la naturaleza de Jesús, la Trinidad, la Transustanciación, el dogma
de la Inmaculada Concepción, la proporción de la omnisciencia divina y el
libre albedrío humano. Gira en torno al origen de la maldad y describe a
la vez la historia de las herejías y la lucha de aquellos que se opusieron a la
canonización de la religión.

La Vía Láctea fue rodada en el verano de 1968 tras haber sorteado los
problemas que la revolución estudiantil planteó en la parte realizada en París.11
El elenco es enorme, con cuarenta y dos actores (entre los que podemos ver,
en pequeñas intervenciones, al propio Buñuel y al guionista Carrière encar-
nando a Prisciliano, obispo de Ávila y uno de los primeros heterodoxos con-
denados). Entre ellos, intérpretes habituales en el cine del director realizado
en Francia como Michel Piccoli que interpreta al Marqués de Sade, Bernard
Verley como Jesucristo, papel, que repetirá con Buñuel en El fantasma de
la libertad, Delphine Seyrig en la prostituta, Pierre Clémenti, Alain Cuny o
Edith Scob (encarnando a la Virgen María) y Georges Marchal como el jesuita
que debate, en un diálogo lleno de ingenio, con el jansenista encarnado por
Jean Plat.
Un proyecto de tal envergadura y con, a priori, dudosas posibilidades de
éxito, fue acometido por Serge Silberman, productor de cinco de los últimos

10
Turrent Pérez, Tomás y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Madrid, Plot Edicio-
nes, 1993.
11
Luis Buñuel no se atrevió a rodar en España tras el affaire Viridiana de unos años antes.
No obstante, en una carta dirigida a Max Aub fechada el 6 de octubre de 1968, le dice entre
otras cosas: «Calculo que entre el 20 y 25 de octubre iré a filmar a Santiago los dos o tres días
de rodaje clandestino que tengo en España». Extraído de Luis Buñuel. Correspondencia escogida
(Ed. de Jo Evans y Breixo Viejo), Madrid, Cátedra, 2018, p. 582.

111
filmes de Buñuel, entre ellos El discreto encanto de la burguesía, que ganó el
Oscar de Hollywood.
La Vía Láctea fue presentada en el Festival de Cine de Berlín donde con-
siguió el Premio Interfilm.
No debe extrañar que la inconmensurable obra de Menéndez Pelayo
alcance directamente con su profunda y fecunda variedad, producto de una
erudición difícil de igualar y de la exacta argumentación en base a una inves-
tigación rigurosa, a tantos de los creadores de aquende y allende, en lengua
castellano o no, que encuentran en ella un caudal inspirador para enriquecer
sus obras, sean estas meramente literarias dentro de la ficción o pertenecien-
tes al apartado ensayístico, sin contar con el continuado referente en estudios
lingüísticos, históricos o filosóficos.
¿Cómo iba a sustraerse el maestro de Calanda a tal influencia? Cuando,
en 1987 se entregó el Premio Internacional Menéndez Pelayo instituido por
la UIMP al Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz, se le preguntó, en el
transcurso de una larga entrevista, por lo que le inspiraba la obra del gran
polígrafo. Entre otras cosas, contestó que fue el primero en realizar un estu-
dio profundo sobre Sor Juana Inés de la Cruz y que consideraba decisivos
sus trabajos sobre poesía y muy especialmente su obra sobre los heterodoxos
españoles, «que Buñuel leía con pasión y, yo también».

Fotograma de una secuencia de La Vía Láctea.


En primer plano los actores Laurent Terzieff y Alain Cuny.

112
FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA DE LA VÍA LÁCTEA (1969)

Dirección: Luis Buñuel. Producción: Serge Silberman. Coproducción


franco-italiana. Guion: Jean-Claude Carrière y Luis Buñuel. Fotografía: Chris-
tian Matras. Decorados: Pierre Guffroy. Montaje: Dominique Amy. Música:
Luis Buñuel. Ayudante dirección: Pierre Lary.
Intérpretes: Paul Frankeur (Pierre Dupont), Laurent Terzieff (Jean Duval),
Alain Cuny (Hombre de la capa), Edith Scob (Virgen María), Bernard Verley
(Jesucristo), François Maistre (Cura loco), Claude Cerval (El brigadier del
restaurante), Julien Bertheau (Richard, el maître de hotel), Muni (Jansenista),
Ellen Bahl (Madame Garnier), Michel Piccoli (Marqués de Sade), Agnes Capri
(Directora de la Institución Lamartine), Michel Etcheverry (Juez-Inquisidor),
Pierre Clementi (Ángel de la muerte y demonio), Georges Marchal (Jesuita),
Jean Piat (Conde), Denis Manuel (Rodolfo, estudiante protestante), Daniel Pilon
(François, amigo de Rodolfo), Claudio Brook (Obispo), Jean-Claude Carrière
(Prisciliano), Marcel Peres (Cura de la posada española), Delphine Seyrig
(Prostituta), Pierre Lary (Montol Andrés), Paul Pavel, Douglas Read, Jacques
Rispal, Douking, Claudine Berg, José Bergosa, Augusta Carrière, Jean Clarieux,
Beatrice Constantini, Jean D. Ehrman, Gabriel Bobin, Claude Jetter, Marius
Laurey, Pierre Maguelon, Rita Maiden, Jacqueline Rouillard, Christine Simon,
Christian Simon, Bernard Musson, Pierre Lary, Jean-Louis Broust, Stephane
Bouy, Michel Creton. Raoul Delfosse, Jean Dhermay, Pascal Fardoulis, Paul
Pavel, Douglas Read, Jacques Rispal, César Torres, Christian Van Cau, Luis
Buñuel (Voz radio del coche).
Otros datos: 101 minutos. Eastmancolor y pantalla panorámica. Estreno,
28 febrero 1969. Estreno en España: 30 septiembre 1977. Rodaje de exteriores
en las regiones francesas de Picardie y L’Île de France y en Santiago de Com-
postela. Premio Interfilm del Festival de Cine de Berlín, 1969.

113
Albert Camus en 1947.
GALDÓS VISTO DESDE EL EXISTENCIALISMO
ATEO DE ALBERT CAMUS

Víctor-Rafael Rivas Carreras


Doctor en Filosofía. Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas
Magistrado-Juez emérito Audiencia Provincial de Toledo

Dedicado a todas las personas y, en especial, a los médicos


(de cuerpos y… almas) que en todo tiempo y lugar han
luchado, luchan ahora, y lucharán contra la «peste».

Albert Camus constituye uno de los mejores ejemplos de honestidad


intelectual del siglo xx. Fue educado en la pobreza en su Argelia francesa
(nació en Argel el año 1913) privado de todas las «seguridades» que necesita
el hombre para vivir dignamente. Su padre muere, víctima de la Primera
Guerra Mundial, cuando él tenía un año, por lo que queda al solo cuidado
de su madre sorda y casi analfabeta, que trabaja haciendo faenas extenuantes
en casas ajenas, y a quien Camus recuerda vivamente cuando a los cuarenta
y cuatro años recibe en 1957 el Premio Nobel por el conjunto de su obra
literaria. Y a la que también recordará en la persona de la madre del médico
Rieux, presentada en La Peste como ejemplo de bondad callada, paciente y
silenciosa. Supo, sin embargo, Camus, por encima de tanta calamidad, agravada
con el añadido de la tuberculosis que nunca le abandonaría, mantener su fe
en el hombre, su orgullo y dignidad de serlo; en suma su amor a los hombres
y a su mundo, tantas veces «inhumano», sin perder por ello el sentimiento
individualmente optimista que en él disipaba toda «bruma», como hacía para
todos (en lo físico) el sol, las amistades en la playa, y el baño en el mar de su
niñez. Optimismo el suyo, voluntario y consciente, y alegría a lo que le llevaba,
siendo solo «rico en dudas», su libre y limpia sexualidad, su inteligencia; ésta
la que había despertado el interés por su persona por parte de su maestro el
señor Louis Germain (a quien también recuerda al recibir el premio Nobel
y escribe una carta agradecida), y que tanto hizo para que Camus pudiera
proseguir sus estudios como becado. Es este optimismo originario el que le
llevará a repudiar el suicidio, tanto el suicidio físico, como el llamado por él,
«suicidio filosófico». Suicidio consistente en asentarse y buscar «seguridades»
confortables para poder vivir (y que el «hombre lúcido», para Camus y para
Sartre, no necesita), ya sea en la creencia en un mundo futuro a construir

115
aquí en la tierra, ya sea refugiándose en la creencia religiosa en un mundo
ultraterreno de eterna felicidad.
Era Camus aficionado al fútbol (llegó a ser jugador profesional) forjado
en el fútbol practicado sobre la arena de la playa, hasta que la mencionada
tuberculosis se lo impide. En el fútbol descubre y goza del «juego de equipo»,
generador de la alegría que llevará también a su vida, donde la amistad, la
camaradería, los amores y amoríos 1 en «la ciudad de las luces», la ciudad
ilustrada por antonomasia, París, se entremezclan. Fue precisamente desde
su puesto en la portería del equipo donde se aúnan, a la vez, lo solitario y lo
solidario que Camus evidentemente fue, y como fueron también ambas cosas
los personajes principales de la novela La Peste: Bernard Rieux; Tarrou, Ganz
(ejemplo del perpetuo «recomenzar», pues, este último, modesto funcionario,
en carta a su amada no pasará nunca de las primeras frases obsesivamente
retomadas y reformadas antes, durante, y después de la peste a la que sobrevi-
virá); el periodista Rambert (al que la peste sorprende casualmente en Orán);
y el jesuita Paneloux, todos ellos integrantes del «equipo» de voluntarios de
servicios sanitarios creado, a sugerencia de Tarrou, por el doctor Rieux para
ayudar, unidos a éste, en el combate contra la peste. Pues es en esta posición
de guardameta en la que juega Camus, donde a mi juicio, mejor se juntan la
«solidaridad» en el equipo (uno para todos, todos para uno) y la «soledad» en
la que el portero se mueve, solitario, atento en su bastión contemplativo al que-
hacer de los demás jugadores, pero principalmente cuando debe actuar como
«último defensa», al no quedar ya nadie, ni delante de él, ni a sus espaldas,
que puedan enmendar los fallos de los demás compañeros y los suyos propios
(precisamente sería su mutua afición al fútbol lo que cambia en el español
González lo que de inicio es mero interés crematístico en afecto amistoso en
la relación habida entre él y el periodista Rambert, y a quien González debe
proporcionar la salida clandestina de la ciudad de Orán incomunicada por
efecto de la peste).
Quería Camus una salvación para todos y no solo para los Condenados
en la tierra (título de la última novela de Frantz Fanon, negro martiniqués,

1
Aparte de la que fue su mujer, de nombre Francine Faure es de destacar el amor apasionado
que vive con la actriz de cine y teatro María Casares, hija del que fue Presidente del Consejo
de Ministros de la República y ministro de la guerra durante el levantamiento Santiago
Casares Quiroga, y exiliada a Francia con catorce años. Camus, ya casado con Francine, tenía
concertada con aquélla cita de reencuentro pocos días después del que sería el de su accidente
mortal (al respecto Correspondance Albert Camus-María Casares, 1944-1959. París: Gallimard).
«Fui, dice María, hecha en Galicia donde nací, mi patria es el teatro y mi país de origen es la
España refugiada». El próximo año se cumple el centenario de su nacimiento en una aldea de
La Coruña en 1922.

116
prologada por Sartre en el marco de la revolución argelina), los llamados pieds
noirs, en los tiempos convulsos de la Francia colonial, una Francia amenazada
por el terrorismo del FLN, incluso en la propia capital parisina. Camus no con-
dena ni a unos ni a otros; como dijo al recibir el premio Nobel, ama a Francia
y ama la Argelia francesa donde nació, y aspira a que ambas puedan vivir en
paz en una comunidad a determinar y lo que debe hacerse sin el empleo de
«la violencia absoluta» que, tanto Fanon como Sartre, sí reclaman contra el
colonizador. Comunidad la preconizada por Camus, ya imposible, y a quien
la condena del terrorismo indiscriminado en la calle (del que deriva muertes
de personas inocentes ajenas totalmente a los responsables del conflicto, tal,
por ejemplo, como dice podría ocurrirle a su propia madre) le acarreará la
incomprensión de todas las partes del conflicto.
En su obra Los Justos (Les Justes) y sobre todo en El hombre rebelde
(L’homme revolté) condena el Terror criminal, y sostiene que quien mata
(asesina), aunque sea por una causa que se considera justa, no solo debe
inexcusablemente pagar por ello y morir (es el caso de Kaliayef), sino que
incluso es deber de quien así ha obrado el aceptarlo (en el mismo sentido lo
exigían Kant y Hegel, de los que Camus no era muy amigo, al condenado por
un delito). Para Camus el fin no justifica los medios, ni, por tanto, se permite
el falseamiento, la tergiversación o, simplemente, el ocultamiento de la verdad.
Desprovisto de todo, solitario y, a la par, solidario, se siente Camus, como
todo hombre, aherrojado a un mundo al que no ha pedido venir, y mundo
«absurdo» en cuanto se resiste a nuestras explicaciones de razón, y a todo lo
que el hombre pueda significar, e indiferente al sufrimiento humano y del que
somos los hombres mayormente inocentes. Y, sobre todo, clama al cielo, para
él, al igual que para Dostoievski, el sufrimiento de los niños que padecen y
mueren (lo que para el doctor Rieux, al pie de la cama del hijo del juez Othon,
que va a morir víctima de la peste, constituye el escándalo) y cuya visión resulta
al Padre Paneloux, que pide insistentemente a Dios su salvación, angustiosa-
mente inexplicable.
Sin embargo, pese a todo, lo hemos dicho, Camus rechaza tanto el suicidio
como la deserción, y así, contra todo pronóstico, acaba su obra El mito de Sísifo
(el rey Sísifo es condenado por Zeus a acarrear con redoblado esfuerzo una
roca hasta la cima, mediante acción eternamente repetida) con la afirmación
contundentemente imperativa: «hay que imaginarse a Sísifo dichoso». Su hon-
radez intelectual, su honestidad (para el sacerdote Charles Moeller «honradez
desesperada») es la que provoca su expulsión del Partido Comunista francés
en el que militó desde 1935, y su ruptura con Sartre y Jeanson, amigos y
compañeros, simpatizantes de la Resistencia, y coincidentes en el pensar exis-
tencial de la época de posguerra que une, como también lo hacen los cafés de

117
la zona Saint-Germain-des-Prés de París, a todos ellos. El motivo más próximo
será su denuncia, con la consiguiente polémica suscitada desde los periódicos
Combat y Les Temps Modernes sobre los crímenes del comunismo en Rusia y
países satélites, y que Sartre, al igual que toda la izquierda política francesa,
y en general europea, prefiere silenciar e incluso justificar (como reconoce
en la novela hizo tiempo atrás sintiendo por ello, vergüenza y complejo de
culpabilidad).
La obra de Sartre Las manos sucias (Les mains sales) de 1948 constituye
ejemplo de dicha polémica desde el punto de vista de este último. Es preferi-
ble, afirma Sartre, «tener las manos sucias que no tener manos» (es decir, es
preferible frente a la injusticia social a combatir, «ensuciarse las manos» que
la «inacción», y en la que, sin duda, Sartre ubica a Camus. Su ateísmo (por
convicción) no le hace a Camus especialmente beligerante contra el cristia-
nismo, ni con los cristianos en particular en sus contactos ocasionales con
éstos, como ejemplifica en su obra La Peste la relación que se establece entre
el doctor Rieux y el insigne jesuita Paneloux. Éste en su primer sermón en la
catedral de Orán había dicho a propósito de la peste: «Hermanos míos habéis
caído en desgracia… lo habéis merecido», y para terminar: Desde la peste de
Egipto en tiempos del Faraón… (desde Sodoma y Gomorra, etc.), desde el
principio de toda la historia «el azote de Dios pone a sus pies a los orgullosos,
y a los ciegos. Meditad y caed de rodillas».
Al ser preguntado en una ocasión acerca de su posición en materia de
la religión respondió que se sentía como San Agustín antes de su conversión
(había Camus preparado una tesis sobre San Agustín, que al igual que sus
aspiraciones a catedrático, debió interrumpir por la irrupción inesperada de la
que sería su propia peste: la tuberculosis). Su muerte por accidente al volante
de su vehículo en compañía de su amigo Michel, de la familia Gallimard, por
carretera recta, despejada y seca, y sin mayores impedimentos, permite achacar
al destino la imposibilidad, a partir de aquel momento, de proseguir las especu-
laciones sobre la posibilidad de que Camus, antes o después, se convirtiera al
cristianismo, algo por lo que suspiraban muchos cristianos.
Nosotros, por supuesto, claro está, nos limitamos a decir que su ateísmo,
aunque por él siempre afirmado, al igual que la supuesta irreligiosidad de Gal-
dós (ésta, por el contrario, por él nunca afirmada), no impidió, en todo caso,
se diera en Camus, y por supuesto en Galdós, un pensamiento en el fondo
verdaderamente cristiano y que, por tanto, puede servir de ejemplo incluso
para muchos de nosotros, quienes desde «la segunda división», y «ricos en
dudas», sí nos consideramos cristianos, o al menos pretendemos serlo.
El absurdo del mundo para el hombre tiene su alegoría en La Peste, expre-
sión del mal fatídico e inmisericorde que inexplicable lleva «democráticamente»

118
(como cantaban ya las Coplas de la Edad Media) a la muerte generalizada de
todos sin distinción del puesto de cada cual «en el gran teatro del mundo».
Obra La Peste, cuyo título la hace hoy nuevamente «actual» y aleccionadora,
a la vista de la pandemia mundial que padecemos en el momento de escribir
estas líneas. Ciertamente ha habido intentos explicativos y se han buscado
ejemplificaciones de lo que puede esconder el autor, el narrador o el cronista
Rieux (todos son uno y el mismo), bajo esta alegoría de que se sirve Camus.
La Peste, se ha dicho, y hay una referencia a ello en la obra, se identifica con
el totalitarismo, la negación de todo lo humano, cosa fácilmente identificable,
recién acabada la Segunda Guerra Mundial y la derrota del nazismo alemán.
Es Auschwitz (y otros campos de exterminio), bajo la cínica imagen sita en
la entrada de una libertad aplastada que da nombre al trabajo de esclavos
(¡Arbeit macht frei!: «el trabajo te hace libre»). Y al que seguirán, igualmente
«apestosos», los crímenes del comunismo de los «Gulags» y de las «checas».
Pero la peste no se agota en estas concreciones u otras, pues, como explica
Camus, la peste, es decir, las plagas, las guerras, las catástrofes naturales se
repiten a lo largo de la historia, una y otra vez, siempre imprevisibles e ines-
peradamente, no solo debido a la estupidez del hombre «distraído» en su
rutinario pensar y hacer cotidiano, sino porque «no está hecho a la medida
del hombre… y el hombre se dice a sí mismo que la plaga es irreal, es un mal
sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño,
son los hombres los que pasan». La peste se repite, recomienza, no acaba (como
tampoco podrá acabar, en consecuencia, el «trabajo de Sísifo», el trabajo de
los hombres soñadores y realizadores de lo humano, y que eligen combatir
esta plaga, aún conscientes de que cualquiera de sus triunfos será meramente
provisional). En este sentido, para Rieux (Camus), el padre Paneloux tiene en
parte razón, el hombre se ilusiona, busca la felicidad, la encuentra a ratos, la
anhela siempre, la sueña. Pero esta ilusión esperanzadora a conseguir en este
mundo, o en un mundo por venir (y que parece exigir la razón incluso contra
ella misma), y es la que da sentido positivo a la vida (y nos excusa del, para
Segismundo, «pecado de haber nacido»), nada la garantiza, pues nada garantiza
sea finalmente realizada, ni en el cielo, ni en la tierra.
Ante este planteamiento ya no se centra Camus en el personaje de Meur-
sault de su novela El extranjero (L’Etranger, 1942). Personaje que se siente,
como el título indica, extraño e indiferente a lo que le rodea, igualmente
extranjero en cualquier ciudad, incluida la suya, y quien vive insensiblemente
el presente, y la relación con los demás, y de ahí su actuar, sin pena ni glo-
ria, absolutamente irresponsable y de cuyos efectos, consecuentemente, se
desentiende. ¡No!, ahora Camus, ante el absurdo del mundo y de la peste,
insiste en el deber, inexcusable de solidaridad que obliga a todo hombre con

119
todos los hombres (como ejemplifican Tarrou y sobre todo Rieux, ambos ateos,
según declaran, pero también el religioso Paneloux). Y ello vale contra todas
las pestes, aún a sabiendas que no habrá final dichoso, salvo el momentáneo
acabar de esta peste, nunca definitivo. Pues las pestes siempre se repiten, aun-
que, como hemos dicho, nunca se las espera, o si llegan, se considera que no
pueden durar demasiado.
En su segundo discurso, Paneloux (en el que sustituye el «vosotros» del
primero, por el «nosotos», pues la peste atañe a todos y a nadie permite des-
entenderse de ella), reconoce, según Rieux, que lo dicho en el primer sermón,
lo había pensado y dicho «sin caridad». Reconoce Paneloux ahora que respecto
a Dios hay cosas que no se pueden explicar, así «la muerte de un niño… su
sufrimiento… no se puede comprender… y ante eso ha llegado el momento
en que es preciso creerlo todo o negarlo todo», decidir entre «todo o nada».
Y pregunta: «¿y quién de entre vosotros se «atreverá» a negarlo todo?». «El
sufrimiento de un niño, sigue Paneloux, es humillante para el pensamiento
y el corazón. Precisamente por eso había que quererlo porque Dios lo quería…
el cristiano… sin otra salida —elegirá creer en todo para no verse obligado
a negarlo todo, y ¿Quién entre vosotros se «atreverá» a negarlo todo?». Atre-
vimiento que en su grado máximo de «negarlo todo» para serlo todo ya no
será propio del hombre sino del Superhombre.2
Después de asistir a los sufrimientos del hijo del juez Othon toda la noche,
y acabar aquél falleciendo, Paneloux ha concluido que debemos amar lo que
no podemos comprender, y a lo que Rieux se opone vivamente: «no padre,
dijo, yo tengo otra idea del amor y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte
a amar esta creación donde los niños son torturados». La crónica de Rieux ha
sido, pues, «el testimonio de lo que fue necesario hacer, y que sin duda deberían
seguir haciendo contra el terror… a pesar de sus desgarramientos personales,
todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas
y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos». A Rieux, a diferencia de Tarrou,
que tiene una gran culpa que expiar, y menos ambicioso que éste, no le interesa
ser «un santo sin Dios», se contenta con ser médico, ni héroe, ni santo, solo le
interesa ser plenamente hombre.
Llegados aquí, después de esta larga digresión, excursus más bien, a tra-
vés de la persona y obra de Camus, auspiciada además por nuestra situación
actual de peste, el agudo lector podría reprocharme, otros defectos aparte,
haber olvidado a Galdós en exceso, pero ello entiendo no sería del todo
justo.

2
Nietzsche: El Gay saber, en especial núm. 347 y 383: «Los creyentes y su necesidad de
creer».

120
El tiempo del Syllabus, hay que decirlo nuevamente, es el tiempo de Gal-
dós. El Syllabus expresa el pensar y hacer de aquel tiempo, y lo que Galdós
debe forzosamente criticar. Se trata de una Iglesia, que al igual que el primer
sermón de Paneloux, y hay que decirlo sin tapujos, denota una absoluta falta de
caridad (cristiana). Es una Iglesia que condena y separa, una Iglesia que habla
de «nosotros» y de «vosotros», como hace Paneloux en su primer sermón, y lo
que no hará en el segundo donde en el «nosotros» incluye a todos, a él mismo y
a los habitantes de la ciudad de Orán sin distinción, y a los que luego, también
sin distinción, va a servir hasta el punto de morir por ellos. Es una iglesia por
cuyos pecados ha pedido perdón el Papa Francisco, y lo que ya antes, incluso
muchísimo antes que Juan XXIII, éste más indirectamente, había hecho el
Papa erasmista, que fue obispo de Utrecht y amigo lúcido de nuestro Carlos I
y, desgraciadamente para el porvenir de la Iglesia, muerto prematuramente.
Peticiones de perdón que han sido verdadera piedra de escándalo para muchos
que, en el pasado, y aún hoy, entienden, por el contrario, que precisamente son
ellos los escandalizados y no quienes escandalizan. Son quienes se autodefinen
orgullosamente como católicos a machamartillo, y exigen pronunciamientos
condenatorios y anatemas mostrando su añoranza de una jerarquía autoritaria,
no sinodal, ni verdaderamente ecuménica como lo pretende hoy lo mejor de
nuestra Iglesia. Una Iglesia que quiere, espera, y busca y reza por la salvación
de todos los hombres.
Como San Agustín, ya viejo, en su De Civitate Dei (a quien, como he
dicho, admiraba Camus y estudió durante un tiempo) ciertamente existen
«dos ciudades», siendo el signo distintivo de la pertenencia a la ciudad de
Dios el hecho de que sus miembros anteponen al amor a sí mismos el amor
a Dios, y en Él amor a los demás hombres. Pero estas dos ciudades no están
separadas en este mundo, «trigo y cizaña», como en la parábola van juntos
(al igual que en todo hombre, aunque en cada cual seguramente en distinta
proporción), entremezclados, y así hasta el fin de los tiempos. Y es precisa-
mente en la ciudad de Dios en la que se incluyen quienes, aun considerándose
ellos mismos necesariamente ateos, pero en verdad, santos, se consagran al
cuidado de los hombres que sufren y cuyo sufrimiento, sobre todo el de los
inocentes, no pueden soportar. Son los modesta o simplemente médicos de
salud, médicos de salvación, santos en verdad aunque lo ignoren, como lo
son el doctor Rieux y con él, todo su equipo de voluntarios, y como lo es en
la novela de Galdós, quien descreído o escéptico, respecto a todo lo que no
alcanza la ciencia, cura de su ceguera física al ciego Pablo; todos ellos tales
médicos conscientes de que no por ello eliminarán definitivamente la peste, ni
el dolor, ni la muerte, en concreto la del hijo del juez Othon o la de la inocente
Marianela.

121
Sí: «hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio»,
pero ¿cómo explicar y explicarse, llegado el momento de reflexionar (entre
plaga y plaga), de donde brota este desinteresado sentimiento de rebeldía, una
vez superada la tentación revolucionaria, sabiendo o creyendo que luchar y
seguir luchando contra el muro (Le mur, novela de Sartre), contra la injusticia
y la violencia que se le hace a los hombres, y ello sin final feliz compensato-
rio más allá de la propia satisfacción del deber cumplido, esto sin la menor
autocomplacencia?, ¿cómo explicar, que incluso creyendo que este esfuerzo, a
la larga va a ser ineficaz, para Sartre «inútil», y que Dios es un ser al que se
considera inexistente o, en su caso, indiferente y callado ante sufrimiento del
hombre), siga viva la llama de la honestidad en la acción, sin otra justificación
y fin que la acción misma?, ¿de dónde arranca que hombres como Camus sigan,
como Sísifo, luchando además denodadamente, simplemente por el honor, la
dignidad y la libertad del ser humano, tanto individual como socialmente en
este mundo?, ¿esto es religiosidad? Lo es sí en el Kant filósofo (quien como
tal deja aparte sus creencias), y lo es en Camus, y en Galdós en su propia
generosidad y en la de sus «personajes buenos de corazón», aunque sencillos y
menesterosos, y otros no tan menesterosos, volcados en los demás, todos ellos
aplicados, como hemos visto en lo esencial de la práctica cristiana, tal como
nos la enseña el llamado por Kant, «Maestro del Evangelio». Pues como dice
acertadamente el doctor Rieux, esto último es lo «único importante».
Los santos como Rieux («los santos de al lado» como dice el Papa Fran-
cisco), no quieren en su humildad, ser llamados santos, al igual que no quiere
Benina, al final de Misericordia, ni tampoco Catalina de Halma a lo dicho a
ella por Beatriz: «digo yo que tú eres más santa», y también el San Manuel
Bueno, mártir, de Unamuno, pero los santos, incluso los canonizados como
tales, nunca se han considerado santos, precisamente por serlo. En todo caso
propiamente hablando: «¡Santo, Santo, eres solo Tú, Señor!» como repetimos
en el Gloria de la misa.

122
RINCÓN POÉTICO (I)

José Luis Ruiz Vidal


Miembro de la UNEE
(Unión Nacional de Escritores de España)

LAS PRISAS

Viajamos sobre el potro de la vida


en ciego seguimiento de un destino,
sin ver que, en cada curva del camino
se esconde la belleza perseguida.

Sin tiempo que perder, la prisa olvida


que a ciegas galopar, es desatino.
¿Quién puede degustar un dulce vino
corriendo con urgencia desmedida?

Cegados por las fúlgidas hogueras,


que esconden los secretos más arcanos,
perdemos las hermosas primaveras.

Buscando con afán empeños vanos


que colmen nuestros sueños y quimeras,
el tiempo se nos fue de nuestras manos.

123
DESDE LA CIMA

Desde la cima de la edad madura


se observa el valle de los dulces años,
preludio de un futuro con antaños,
mezclando la ilusión con la locura.

Y miro atrás, buscando esa cordura


que niegue la verdad con mil engaños,
logrando disfrazar los muchos daños
que trajo este vivir sin cobertura.

Inmersos en un mundo tan cambiante


hoy nuestro caminar ya es vacilante
y nada podrá nunca ser lo mismo.

Llegados hasta el borde del ocaso,


tememos resbalar, pues cada paso
acerca nuestros versos al abismo.

Ilustración: Marga García Polanco.


Profesora de Plástica en el IES José María Pereda.

124
MARCELINO SANZ DE SAUTUOLA.
NOTAS SOBRE UN PIONERO DE LA PREHISTORIA

Gonzalo Pedro Sánchez Eguren


Profesor del IES José María de Pereda

En 2021 se cumplían 190 años del nacimiento del ilustre paisano


don Marcelino Sanz de Sautuola, aquel que anunció al mundo que el primer
arte de la humanidad estaba en una cueva cercana a la histórica y linajuda
villa de Santillana del Mar; aquel que reveló que las sociedades prehistóricas
tenían unas capacidades indiscutidas y que hicieron cambiar para siempre la
imagen que se tenía sobre el pasado más remoto.
Marcelino viene al mundo en Santan-
der un 2 de junio de 1831. La capital mon-
tañesa, esa «aldea grande» que decía José
María de Pereda, era una urbe de provincias
que apenas superaba las 17.000 almas en el
ecuador del siglo xix. Sin embargo, y a par-
tir de la división provincial establecida por
Javier de Burgos en 1833, Santander se con-
vertirá en una bulliciosa ciudad marítima
y comercial, ampliando paulatinamente su
extensión sobre terrenos ganados al mar.
Marcelino era el hijo único del matri-
monio formado por Santiago Sanz de Sau-
tuola Bustamante y Velarde, natural de Bur-
gos, que llegó a ser la máxima autoridad
municipal de la ciudad, y Gertrudis de la
Marcelino Sanz de Sautuola Pedrueca y Velarde, oriunda y vecina de
(1831-1888) Santander. Por vía materna, su abuela María
era la hermana del insigne héroe del dos de
mayo, y el linaje familiar estaba vinculado con las casas del Cantón y de Velarde
de Ruiloba. Por la rama paterna, su abuelo Tomás, que había sido capitán
del Regimiento de caballería de Húsares de Burgos durante la Guerra de la

125
Independencia, hereda la casa de los Sánchez de Tagle en Puente San Miguel,
que pasará posteriormente a su hijo Santiago y, finalmente, a Marcelino.
Tras recibir las primeras letras en colegios de la ciudad, cursó estudios en
el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, un edificio que la Diputación
Provincial de Santander había adquirido como centro docente tras la desamor-
tización del convento de las monjas clarisas.
Es en 1848 cuando Marcelino obtiene su título de Bachiller en la rama de
Filosofía. Por aquellos años, una pequeña capital de una pequeña provincia,
como era Santander, en vías de crecimiento, apenas ofrecía atractivos para el
esparcimiento de la juventud que no fueran más allá de alguna representación
teatral, conciertos o la asistencia a los muelles para contemplar las llegadas de
los barcos de las diferentes compañías consignatarias implicadas en el comer-
cio de ultramar. Cosa diferente eran los meses estivales, donde las playas eran
espacios de concurrencia para todo el espectro social, que se solazaba en los
bailes y romerías de las fiestas locales, además de las tradicionales corridas de
toros o las carreras de caballos que se organizaban en la plaza de Molnedo o
en el antiguo Hipódromo de La Albericia, respectivamente.
Entretanto, Marcelino gustaba de disfrutar las temporadas de verano en la
finca familiar de Puente San Miguel, desde donde se desplazaba a localidades
cercanas como Torrelavega, asistía a las boleras o presenciaba las animadas y
populares ferias que concitaban a ganaderos y productores locales. De vuelta
a la capital, donde eran una tradición las tertulias de los cafés, reboticas o
casas particulares, es probable que Marcelino frecuentase el Ateneo Mercantil,
Industrial y Recreativo, que si bien tuvo una existencia efímera, organizaba para
sus socios actividades en las que se trataban temas sobre comercio, historia de
España, o historia natural, esta última muy del agrado de Marcelino, además
de exposiciones de carácter industrial y agropecuario.
Tras cursar la carrera de Derecho en la Universidad de Valladolid, ciudad
que, por otro lado, contribuyó a su desarrollo intelectual, Marcelino, atraído
desde su juventud por la arboricultura, plantó el primer eucalipto en la pro-
vincia de Santander, concretamente en la finca familiar de Puente San Miguel.
Fue aquí donde dio rienda suelta a sus aficiones, desarrollando estudios y
experimentos diversos, como la aclimatación de plantas y animales, los culti-
vos agrícolas, la cría de gusanos de seda, la mineralogía, la numismática y, por
supuesto, el ámbito de la prehistoria, que le convertiría andando el tiempo en
un verdadero precursor. Todo ello contribuyó a la creación por un lado, de una
nutrida biblioteca y, por otro, de un singular gabinete formado por colecciones
de animales disecados, monedas antiguas, minerales…
Marcelino se prometió con María Concepción Escalante, hermana de otro
ilustre montañés, Amós de Escalante, ambos pertenecientes a una familia de

126
la burguesía comercial santanderina y cuyo padre fue alcalde de la ciudad en
dos ocasiones.
Establecida la residencia matrimonial en la calle Pedrueca, en el edificio
que hoy alberga la Fundación Botín, la pareja tuvo tres hijas, de la que solo
María sobrevivió. Fue ella la que paró el mundo cuando descubrió las des-
lumbrantes pinturas de la cueva de Altamira en 1879, siendo una niña de
ocho años.
La primera noticia que tiene Marcelino de la existencia de esta desconocida
caverna proviene de un aparcero suyo, Modesto Cubillas, natural del concejo
asturiano de Llanes, quien le comunica el hallazgo casual de una boca parcial-
mente sellada por la vegetación en la localidad de Vispieres, a dos kilómetros
de Santillana del Mar.
Altamira y otras cuevas de la provincia, como El Mazo, La Venta del
Cuco o San Pantaleón (El Pendo), pasarán a formar parte del gran legado de
Marcelino a la ciencia prehistórica, inmortalizado en los Breves apuntes sobre
algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, publicado en 1880.
Ese opúsculo de tan solo veintisiete páginas, contiene una de las mayores
revelaciones de una disciplina como la prehistoria que aún estaba tratando de
posicionarse en el panorama científico de la Europa decimonónica y en una
España donde el conflicto entre ciencia y religión dificultaba la empresa de
conocer nuestros más remotos orígenes.
En este contexto, Marcelino tiene la gallardía de anunciar al mundo la
existencia del primer arte de la humanidad, ese arte primigenio y ancestral
que durante miles de años había permanecido callado y oculto en las paredes
y techos de una espelunca montañesa.
Sin duda que su visita al pabellón de ciencias antropológicas de la Expo-
sición Universal de París de 1878, marcaría un punto de inflexión en la tra-
yectoria vital de Marcelino. Las colecciones prehistóricas de fósiles y objetos
tallados allí expuestos le animaron a emprender sus propias investigaciones
que, tal vez, ya había iniciado en Altamira años antes, tras la información
proporcionada por Modesto Cubillas.
Ante la sospecha de que pudieran existir vestigios de época prehistórica
en la provincia de Santander, nos cuenta Marcelino en la introducción de sus
Breves apuntes:
[…] me resolví a practicar algunas investigaciones en esta provincia, que
ya que no tuvieran valor científico, como hechas por un mero aficionado,
desprovisto de los conocimientos necesarios, aunque no de fuerza de volun-
tad, sirvieran de noticia primera y punto de partida, para que personas más
competentes tratasen de rasgar el tupido velo que nos ocultan aún el origen
y costumbres de los primitivos habitantes de estas montañas.

127
Es plausible la extraordinaria humildad con que Marcelino asume el
reto de entrometerse como un diletante en asuntos que considera superan su
capacidad y conocimiento. El empeño viene marcado, pues, por la curiosidad
que este hombre manifestó a lo largo de su existencia hacia todo aquello que
requiriese indagación, observación y, en definitiva, aprendizaje.
Marcelino es conocedor de los avances que en el ámbito de los estudios
prehistóricos se están produciendo. Podemos decir, sin riesgo a equivocarnos,
que está al día de lo acontece y se publica. Buen ejemplo de ello son las cons-
tantes referencias bibliográficas que hace en su obra, citando a personalidades
de la talla del ilustre paleontólogo Juan Vilanova y Piera (uno de los pocos
que defendió la tesis de Marcelino sobre la autenticidad de las pinturas de
Altamira), el eminente geólogo Casiano de Prado, John Lubbock o Boucher
de Perthes, entre otros.
Los Breves apuntes constituyen una verdadera joya científica que proviene
de la pluma de alguien que supo establecer, a tenor de las evidencias encontra-
das en la cueva de Altamira, una serie de juicios y conclusiones de una lucidez
excepcional, como que las pinturas que decoran la cueva fueron realizadas
por las mismas personas que ocuparon el vestíbulo de la cueva y dejaron los
suelos tapizados de restos.
Nos habla, pues, de claros indicios de una contemporaneidad, de una sin-
cronía entre diferentes espacios y actitudes concretas, como es la elaboración
de herramientas en un lugar concreto y la decoración parietal en otras zonas,
formando parte ambas de un mismo tiempo y una misma cultura.
El hecho de considerar que esas pinturas corresponden a la época paleo-
lítica supone la principal constatación de que Marcelino tiene acceso a la
bibliografía europea, dado que el término «paleolítico» había sido acuñado
recientemente por el ya citado John Lubbock en una obra titulada Prehistoric
times (1865).
La publicación de los Breves apuntes generó un encendido debate en
el seno de la comunidad científica. No fueron pocos los que mostraron su
incredulidad ante aquel hallazgo que suponía desmontar los cimientos sobre
los que se erigía una ciencia como la prehistoria incapaz todavía de asumir que
las poblaciones del pasado tenían ya altas capacidades estéticas y simbólicas,
manifestadas en aquellas extrañas y, por otro lado, sublimes pinturas.
Marcelino había revolucionado el relato imperante y nos ofrecía una
concepción absolutamente novedosa de nuestra pretérita humanidad, cam-
biando radicalmente la percepción que se tenía sobre unos individuos consi-
derados hasta entonces los eslabones más bajos de la cadena de la evolución
humana, siguiendo los postulados de Darwin tras ver la luz El origen de las
especies.

128
Portada de Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos
de la provincia de Santander (1880).

129
Hasta que el arte rupestre de Altamira fue oficialmente reconocido en
1902, transcurridos ya catorce años del fallecimiento de Marcelino, se sucedie-
ron opiniones de lo más dispares sobre lo que realmente contenía esa cueva.
Nuestro protagonista no pudo saborear las mieles de un reconocimiento más
que merecido, tras agotadores años de denodado esfuerzo por demostrar que
aquello que, un buen día de 1879 descubrió su hija María, era uno de los
mayores legados de aquellas inveteradas sociedades de cazadores-recolectores
que poblaron Europa durante la última glaciación cuaternaria.
A partir de entonces, ahora y siempre, Altamira es y seguirá siendo el
gran icono universal del arte rupestre paleolítico, para mayor gloria de aquel
santanderino, absoluto pionero de la prehistoria, inmortalizado por estas her-
mosas palabras que le tributó su preclaro tocayo, Marcelino Menéndez Pelayo:
La verdadera revelación del arte primitivo se debe a un español modestí-
simo, al caballero montañés don Marcelino Sanz de Sautuola, persona muy
culta y aficionada a los buenos estudios, pero que, seguramente, no pudo
adivinar nunca que su nombre llegaría a hacerse inmortal en los anales de
la Prehistoria.

130
FILOSOFÍA Y POESÍA:
¿ENFRENTADAS O HERMANADAS?

Andrea Torre Morante


Estudiante de Filología hispánica
Antigua alumna del IES José María Pereda

INTRODUCCIÓN

La filosofía y la poesía son géneros literarios y académicos amplísimos que


existen desde hace miles de años. En sentido práctico, la poesía es más antigua
que la filosofía, porque hace mucho más tiempo que existen los poemas, las
loas de carácter lírico, la literatura en sí que la filosofía. Homero fue anterior
a Tales. Sin embargo, en sentido estricto ¿podría ser la filosofía anterior a la
poesía? Si tomamos la filosofía como la reflexión y el planteamiento de pre-
guntas profundas, trascendentales y ontológicas, que no tienen que conformar
ningún sistema complejo (como más tarde ocurrirá) ni tampoco dar una res-
puesta inmediata ni clara, tal vez sí. Tal vez la filosofía sea tan antigua como
la conciencia humana.
Según la filósofa María Zambrano, la filosofía empezó cuando el ser
humano adquirió libertad. La propia Zambrano explica que la filosofía, por
mucho que reniegue de ello, posee un origen poético. La realidad sagrada,
oculta, oscura, ese abismo profundo del que habla Zambrano y que Anaxi-
mandro llamó ápeiron («indefinido», «ilimitado»), es el origen de la poesía.
Esta se nutre del abismo, desciende hasta sus más intrincadas profundidades,
lo explora en su infinitud y oscuridad, porque a la poesía no le interesa la
unidad o lo concreto. Se enamora de cuanto ve y conoce y acepta lo que se le
da. Este es un rasgo del poeta, que es vaso de inspiración divina, por lo que
su búsqueda del ser está basada en la donación. En otros tiempos, la poesía
deambulaba tranquila en el ápeiron, tan tranquila que lo dejó descuidado y
entonces la filosofía dio con ello, con el abismo. Y así, tras muchos siglos de
contemplar su alrededor impertérrito, el ser humano experimentó un desve-
lamiento (alétheia) y, como controlado por una fuerza superior (la inspira-
ción divina, cómo no), se preguntó: «¿qué son las cosas?». Vio el abismo, la
realidad sagrada y oculta, y supo qué preguntar y cómo intentar responderse

131
a sí mismo. ¿Qué es la realidad? ¿Qué hay más allá de ella? ¿Hay unidad en la
multiplicidad? ¿Existe la permanencia entre tanto cambio? Y así se desarrolló
la filosofía per secula seculorum.
Algo esencial de lo que habla Zambrano en El hombre y lo divino es de
los contrastes y conflictos que estos dos saberes humanos han experimentado
siempre entre sí. De esto sobre todo tiene culpa Platón (o quizás sus malos
intérpretes), que relegó a la categoría de «menor verdad» o «verdad con menor
validez» («mentira» en palabras más finas) a la poesía, incluso posicionándola
más abajo que la mera opinión. Por lo tanto, no parece ilógico afirmar que filo-
sofía y poesía son campos que no tienen nada que ver. Que de ninguna manera
podrían estar hermanados. Aunque ambos, supuestamente, pertenezcan a las
humanidades, el primero parece más científico y riguroso que el segundo.
Este, por su lado, es visto como romanticón, cursi, cosa de intelectuales (esto
último también es aplicable a la filosofía). Ahora, en nuestra sociedad actual,
donde todo está separado en ciencias y letras, también filosofía y poesía están
enfrentadas y parecen irreconciliables, a pesar de que en la Edad Media y
Moderna estuvieron tan perfectamente casadas. Me propongo, pues, en este
ensayo tratar las diferencias y similitudes entre las dos disciplinas y concluir,
según mi parecer, si realmente son irreconciliables o no. No obstante, antes
de analizar esas cuestiones, me parece conveniente definir qué son la filosofía
y la poesía por separado, aunque sea de manera breve.
Por un lado, la filosofía exactamente es «amor a la sabiduría» en griego.
Así pues, en términos generales, toda actividad o actitud que tenga como base
el aprecio por el conocimiento verdadero, la realidad y el saber es filosófica.
Al hablar de filosofía ahora, sin embargo, las ideas impuestas por la sociedad
nos llevan a los textos académicos, grises y pesados, y fruncimos el ceño ante
la posibilidad de no entender los conceptos abstractos y complejos de los
que habla la filosofía. Porque, en efecto, a lo largo de la historia, esta se ha
ennegrecido y recrudecido dependiendo de la época, pensador y su manera de
expresarse. Ahora parece la filosofía un terreno pantanoso en el que la mayoría
de las personas prefiere no entrar, por miedo a mancharse no de conocimientos
nuevos, sino de aburrimiento o de vergüenza por hacer el ridículo. El ridículo
por no comprender. Si debemos echar la culpa a alguien de esto (no me gusta
señalar, pero esto hay que mencionarlo), yo diría que el sistema educativo en
sí y ciertos profesores no ponen las cosas fáciles a los alumnos y embarran
todavía más las teorías que ya de por sí son abstractas y requieren de concen-
tración y madurez mental. En cualquier caso, la actitud filosófica es la mejor
actitud que el ser humano puede desarrollar en su vida, puesto que es, además,
una característica propia y exclusiva de nuestra especie: la sabiduría parte
de los seres con raciocinio y conciencia de sí mismos. Amar la sabiduría es,

132
de cierta manera, amarnos a nosotros, ya que la hemos inventado. O, al menos,
su concepto. El contenido de la sabiduría, por descontado, se encuentra en la
realidad y la naturaleza en gran medida (aunque exista conocimiento que nace
solo de nuestra mente).
Por otro lado, la poesía es ese género literario construido en versos que a
veces riman y a veces no y cuyo fin es expresar los profundos sentimientos de
quien la escribe y conmover a quien la lee mediante el embellecimiento del
lenguaje. Y no solo se hace más hermoso de lo que ya es el lenguaje con la
poesía, sino que en ella se retuerce y danza y descompone y se vuelve a com-
poner con armonía. ¿Cómo? Con los llamados recursos literarios: metáforas
inverosímiles, hipérbatos alocados, calambures divertidos, anáforas persistentes,
aliteraciones melódicas y un infinito etcétera. La poesía seguramente exista
desde que existe la escritura y la literatura: ese afán y necesidad humanos de
plasmar lo que uno piensa y siente en el papel (u otro medio físico) para no
olvidarlo, para que otros lo disfruten, para que perdure en el tiempo o para
egoístamente (en el buen sentido) arrancárselo de las entrañas y liberarse de
esa carga emocional mediante la más excelsa expresión literaria. Excelsa, sobre
todo, porque viene de los dioses. Ellos o las musas, que son diosas también,
nos inspiran y nos hacen artistas. La poesía puede ser tanto o más enigmática
que la filosofía y, a la vez, muy esclarecedora, diáfana para todos. Ensalza-
dora siempre de los rasgos humanos más primitivos, voluptuosos y sinceros.
Canalizadora de penas y alegrías, miserias y riquezas, egoísmos y amores. La
poesía es pura en todas sus facetas: nace de un manantial eterno y, gracias a
su naturaleza, nunca muere.

DIFERENCIAS ENTRE FILOSOFÍA Y POESÍA

Las disimilitudes que existen entre filosofía y poesía seguramente sean


innumerables. Empezando por lo sencillo encontramos que su finalidad no
es la misma. La filosofía ansía saber, conocer, utilizar la argumentación, la
lógica y el encadenamiento de ideas para llegar a conclusiones coherentes que
aporten información nueva. Esta información será valiosísima porque ayudará
a descifrar la indómita realidad. Por su parte, la poesía busca conmover, expre-
sar con libertad las emociones de sus autores y crear belleza con las palabras.
Casi embelesar, seducir, como hace la oratoria. Hay que recordar que la poesía
siempre ha estado íntimamente relacionada con la música, que también posee
el don de amansar, conmover y persuadir. En la Antigua Grecia se cantaban los
poemas con liras y cítaras; hoy, con muchos otros instrumentos. La diferencia
es que la actualidad ha escondido la poesía detrás de las armonías en vez de
solo acompañarla de ellas.

133
Si seguimos a María Zambrano, las diferencias entre estas dos disciplinas
son variadas y muchas tienen que ver con su origen, intención y carácter.
Los debates y enfrentamientos entre ambas son tan fuertes que la palabra se
consideraba, en la Antigua Grecia, verdadera o falsa en función de quién la
pronunciara: un filósofo o un poeta. Como mencioné antes, esto fue gracias a
Platón y a que el filósofo se impusiera por encima del poeta. Fue así porque el
primero posee un método para llegar al conocimiento o a la verdad; el segundo
no, pues es más intuitivo, impulsivo, quizá. ¿En la actualidad ocurre lo mismo?
Es posible que las tornas hayan cambiado: se recuerdan mejor los versos amo-
rosos de Gustavo Adolfo Bécquer que las advertencias de Friedrich Nietzsche
sobre la muerte de la esperanza y de las verdaderas ganas por vivir una vida
plena de la sociedad. Pero eso fue en el siglo xix. Ahora en el xxi, ¿alguien
hace siquiera caso a filósofos o poetas? En cualquier caso, para Zambrano otra
diferencia es que la filosofía ayuda a las personas a encontrar su ser (después
de escapar del delirio) mediante la búsqueda, mientras que la poesía lo hace
mediante la donación, como ya dije: la inspiración divina. Así se explica eso
de que la poesía no es nuestra, sino de los dioses, porque de ellos viene y en
nosotros ellos la depositan (según los antiguos).
Mientras que el filósofo hace preguntas, el poeta se enamora de las cosas
que ve y conoce. La ciencia de uno surge de la conciencia y la del otro, de las
entrañas, de la profundidad del ser humano. En su carácter crítico y lógico,
a veces frío, el filósofo quiere ser dueño y consciente de sí, no quiere ser más
que él mismo, no acepta ser otro. El poeta, por el contrario, se deja arras-
trar, conforme en su esclavitud, por la palabra y el delirio. Algo ineludible
es destacar lo siguiente: la filosofía griega estudiaba al ser, pero la poesía
trataba el ser y el no-ser. La poesía era y es capaz de hablar de lo inefable,
describir lo indescriptible, crear lo increado, hacer a otros creer lo increíble.
Porque trata lo inabarcable, el sinsentido, la sinrazón, lo oscuro, lo oculto y
lo sagrado: el ápeiron. Desciende a lo más hondo de sus infinitas cavidades
y de ahí recoge la absoluta y más bruta nada, porque la poesía es capaz de
tratar con la nada. ¿Cómo no? Ella misma ha surgido del ápeiron. Además,
en tiempos remotos, cuando el Partenón aún seguía completo y colmado de
color, la filosofía fue fuente de razón y esperanza para los que ansiaban el
conocimiento y esperaban ser libres de delirios, dioses y persecuciones locas.
Por el contrario, la poesía era entonces la puerta hacia el temeroso abismo
del que había nacido, era desconsuelo y sinrazón. Y en nuestros tiempos y
en los de Zambrano la situación es la opuesta: ahora la poesía es, en general,
otro medio más de evasión de la realidad y la filosofía es el campo de minas
en el que ponemos a prueba esa misma realidad, de cuya veracidad incluso
dudan algunos.

134
Puede que haya una disimilitud esencial que no haya mencionado explí-
citamente y que sea una de las más evidentes. ¿De qué se nutren filosofía y
poesía? La filosofía, de razón y la poesía, de emoción. Aquí se presenta otro
de los escarnios de nuestra historia: separación de razón y emoción como si
fueran elementos opuestos del ser humano. No solo no son opuestos, sino que
son complementarios. No sé a qué se debe (la reflexión daría para otro extenso
trabajo), pero el ser humano tiene la insana manía de clasificar, etiquetar y
separar las cosas. Y, al hacerlo, muchas veces yerra, porque evidentemente no
es perfecto y porque las actividades impulsivas presentan mayores márge-
nes de error. Así pues, desde hace siglos, ha separado emoción de razón y cien-
cias de letras como si fuesen incompatibles. Y esto, por supuesto, se relaciona
de forma directa con lo que nos atañe: la relación filosofía-poesía. Es la misma
dicotomía: filosofía-razón contra poesía-emoción.
Para terminar, quiero mostrar que es posible (y necesario) unirlas (o
reunirlas) como seres que comparten origen y muchas características (como
se verá más adelante). A finales de 2019, sin conocer a María Zambrano ni
comprender del todo la importancia de fusionar estas dos disciplinas, escribí
el siguiente poema:

EMOCIÓN Y RAZÓN

¿Existe algo más humano que la emoción?


Esa enemiga que nos empuja al precipicio,
que muchas veces riñe con la fría razón.
A pesar de ser su hermana, para ella es un suplicio.

Mas, ¿acaso no actuamos por los sentimientos?


Los sentidos nos informan, el corazón nos impulsa.
¿Acaso no se llama inútil a la razón, sin miramientos?
¡No! Sin razón seríamos trozos de carne insulsa.

Entonces, ¿quién nos hace actuar?


¿No podemos caminar nosotros solos?
¿Es necesaria la razón para pensar?
¿Sirve el sentimiento solo para los bobos?

Lo inherente al ser humano es innegable:


la razón complementa a la emoción sufrida,
porque pensar sin sentimiento es impensable
y sentir sin raciocinio es tontería.

135
Con él quería mostrar que era posible incluir la filosofía y las reflexiones
críticas en la poesía. Sabía que algunos filósofos habían sido poetas también,
así que no vi ninguna incompatibilidad. La propia María Zambrano fue poe-
tisa y, aunque analizó las diferencias de filosofía y poesía, siempre aguardó la
esperanza de que alguna vez desterraran sus escisiones y se fundieran en una
sola. Si alguna vez se hizo, ¿por qué no se puede repetir esa situación? Como
expongo en mi poema, no es posible pensar sin verse influido en cierto grado
por los sentimientos. Yo lo compruebo todos los días: dependiendo de mi
humor tengo una opinión u otra respecto a la misma cosa; los enfoques son
muy dispares si atendemos a la emoción. Y, por otro lado, es absurdo sentir
sin mesura y algo de razón. No podemos dejarnos arrastrar por las pasiones;
el equilibrio es la virtud.

SIMILITUDES ENTRE FILOSOFÍA Y POESÍA

Una primera semejanza interesante que podemos destacar entre filosofía


y poesía es la intención, refutando lo antes dicho. La poesía pretende seducir
con la belleza de sus palabras y con las emociones. ¿Y la filosofía? ¿Acaso no
quiere convencernos de la veracidad de sus argumentos? Muy hábil ha de ser
el filósofo para seducir como los oradores a su público. Tal vez la filosofía no
apela tanto a las emociones como la poesía, pero sí apela al sentido común
y a la empatía. Esto último lo hace con expresiones como estas: «¿acaso no
estás de acuerdo?», «¿no te parece lógico lo que te expongo?», «¿cómo podría
ser esto de otra manera?», «es evidente que esto es así». Continuamente en las
discusiones filosóficas se alude al otro de forma directa con pronombres de
segunda persona. Hacer referencia a la inteligencia de alguien es tan poderoso
como aludir a sus sentimientos para convencerlo. Por tanto, ya no parecen tan
distintas. Podríamos modificar los objetivos de la filosofía antes mencionados:
es cierto que ansía conocer la verdad, pero también exponerla ante otros de
manera atractiva para que la validen. Como hace la poesía en sus versos.
Otra unión fundamental es el mismo ser humano. ¿Acaso no son estas dos
disciplinas inherentes a nosotros? No hay ningún otro ser sobre la Tierra capaz
de crear filosofía o poesía, empezando con que los demás no poseen lenguajes
y códigos de comunicación complejos como los nuestros y terminando con
que la mayoría no es consciente de sí. Ser consciente de sí ya es un grandísimo
paso para filosofar y hacer poesía; en ambas, los autores han de mantener sus
pies firmes sobre el suelo y no perder de vista la realidad, que es su material de
trabajo indispensable. Al igual que son las dos inherentes a las personas, las dos
hablan de las personas. Algo lógico, porque el ser humano, una vez consciente
de sí y de su realidad, reflexiona sobre sí mismo y sus circunstancias. Tanto

136
es así que hemos creado una rama filosófica para analizar nuestros compor-
tamientos y actitudes: la ética. Esto también ocurre en la poesía. Las preguntas
retóricas son uno de tantos recursos literarios, ¿y no son las preguntas el inicio
de cualquier debate filosófico?
Relacionado con los temas que ambas tratan, no solo se centran en el ser
humano y la realidad. En general, ambas desgranan con precisión cualquier
tema abstracto surgido de la realidad o del humano: el propio concepto de
realidad, la conciencia humana, el sentido de la vida, el libre albedrío contra el
determinismo, la libertad, los valores… En efecto, es más común que la filosofía
se encargue de analizar más rigurosamente estos asuntos y los clasifique en
ramas y sistemas propios, pero ¿acaso no pueden los poetas filosofar en sus
versos? Por supuesto que sí. Ya lo hacía Homero cuando hablaba de alguna
hazaña heroica o hacía a sus personajes reflexionar sobre qué decisión tomar
(ética pura: elección del bien o del mal o entre el bien propio o el común,
por ejemplo) y todos los poetas lo hacen en mayor o menor medida. Como
muestra de ello, escribí un poema en diciembre de 2019 mezclando mitología
(común tanto en poesía como en filosofía) con presente y realidad, con crítica
a la actualidad.

VENGAN LOS DIOSES

Venga Eros con su flecha mortecina.


Ya estoy dispuesta a afrontar la realidad,
a apartar el velo, a rajar la cortina,
a admitir que ya no hay fraternidad.

Venga Apolo con su carro alado.


Ya están listos sus caballos voladores
para inundar el mundo que nos fue regalado
con fuegos letales y arrasadores.

Venga Hestia con el amor del hogar.


Ya no hay niños que necesiten su calor,
ni padres que valores puedan inculcar,
ni tiernos abrazos, ni palabras de amor.

Venga Artemisa con perros de caza.


Ya verá que no hay más presas en la Tierra.
Los mortales reclamaron venganza
y acabaron todos ellos en una guerra.

137
Venga Atenea con su inteligencia.
Ya encontrará los cráneos vacíos
de los cadáveres en la indigencia
por todos los campos sombríos.

Venga Hera con sus casamientos.


Ya deseará no haber descendido
del cielo para no ver ni cimientos
de lo que el amor un día hubo sido.

Venga Ares con su fuerza bruta.


Ya se aliará con los que aún viven.
Sepan que a los muertos los imputa
de su propia muerte y de las que siguen.

Venga Afrodita con su dulce atractivo.


Ya volverá al Olimpo horrorizada
al conocer los actos delictivos
que hacen en la Tierra a las enamoradas.

Venga Dioniso con incansables fiestas.


Ya encontrará las cuerdas rotas de las liras
aplicadas a los arcos de ballestas
y derramado el vino como sangre fría.

Venga Hermes a cuidar los rebaños.


Ya llorará mil mares, acongojado,
al ver que en tan pocos años
el hombre ha extinguido ovejas y venados.

Venga Deméter con sus finos tallos.


Ya secará sus campos de trigo, centeno y amapola
tras haber llorado la dureza de sus callos
y haber visto cómo el campesino se inmola.

Venga Perséfone con las resurrecciones.


Ya se percatará de que nadie acudirá a ella,
pues vivir en guerra es no tener direcciones
hacia las que guiar nuestras estrellas.

138
Venga Poseidón con su poder marino.
Ya querrá matar a sus propios hijos
al ver que al mar han impuesto el destino
de morir ahogado en plásticos y botijos.

Venga Hades desde el Inframundo.


Ya contemplará con buenos ojos
los ríos de sangre y suplicio profundos
llenos de rostros cadavéricos y acongojo.

Venga Zeus rayando el amplio cielo.


Ya bramará su ira en el firmamento
cuando clame con voz de desconsuelo
los errores que ha cometido hasta el momento.

Vengan cuantos dioses quieran,


vengan y contemplen su creación.
Viendo que el odio y la envidia imperan,
acabarán, como nosotros, perdiendo la razón.

La crítica a la contaminación de los mares y océanos, las guerras cons-


tantes entre humanos, los delitos capitales, la pérdida de los valores éticos (de
nuevo recordamos el poco caso que se le hizo a Nietzsche), la destrucción
de la naturaleza, la pérdida del sentido común o la inteligencia, el destierro del
amor. Temas de total actualidad expuestos y criticados en cuatro versos cada
uno. Filosofía en estado puro adornada con referencias mitológicas, recursos
literarios y rimas. La fusión perfecta de materias supuestamente enfrentadas.
Ya que he mencionado estos asuntos, me gustaría referenciar a una banda
de rock estadounidense actual llamada Greta Van Fleet. Sus canciones siempre
son reivindicativas y tratan temas serios y con tintes filosóficos y espirituales.
Hace poco han sacado un nuevo álbum, Battle at Garden’s Gate, que se lleva
la palma en filosofía y crítica social. Quiero destacar a esta banda por el con-
tenido de sus letras y por la manera magistral y magnífica en la que consigue
crear arte musical y poético en una sola pieza: la canción. Ya he aludido a la
ancestral conexión entre música y poesía, originada en la Antigüedad. Ahora,
entre todo el barullo, a veces se alcanzan a escuchar melodías perfectas como
las de este grupo. Las canciones The Barbarians y Built By Nations hablan de
la guerra y sus efectos en los soldados e incluso en los niños que deben, des-
graciadamente, soportar esa situación. Caravel describe el desarrollo personal
a lo largo de la vida mediante la metáfora de una carabela que cruza el océano

139
para conquistar, como Colón, nuevas tierras. ¿No es la filosofía una forma de
desarrollo intelectual y moral? Por su parte, Heat Above denuncia los incendios
destructores e implícitamente la deforestación y otros problemas ambientales
de los que el ser humano es culpable y afirma: «la vida es la historia de ascen-
der todos como uno solo hacia las estrellas». Relacionada con esta frase está
la canción Trip The Light Fantastic, en cuyo segundo verso se dice: «[somos /
sois] viajeros en el tiempo buscando lo desconocido». Y en su primer verso:
«preguntar las cuestiones desconocidas es responder». ¿No hacen eso mismo
filosofía y poesía? ¿Preguntar sobre lo desconocido para responder a nuestras
propias ansias de saber?
Age Of Machine es una mordaz crítica a la invención humana de las máqui-
nas y la tecnología punta, a la que estamos conectados desde que nacemos,
y que nos absorbe por completo. Mientras, Tears Of Rain denuncia la sequía
que muchos países en el mundo sufren a consecuencia del cambio climá-
tico que nosotros aceleramos. Y como otro tema central de la filosofía encon-
tramos a la religión, que multitud de poetas incluyeron en sus versos durante
siglos. En nuestra cultura hispana se presentan como cánones Sor Juana Inés
de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, entre otros. También
tratan la religión estos artistas americanos (para empezar, hay una referencia al
Jardín del Paraíso en el nombre de su mencionado álbum) en muchas cancio-
nes, sobre todo en Stardust Chords. Una de las frases más filosóficas y poéticas
de esta canción es: «incluso los pecadores van a beber el vino y partir el pan».
Greta Van Fleet son, como muchos otros (Bob Dylan, Leonard Cohen, el dúo
Tears for Fears, muy dado también a la crítica social, etc.), músicos-poetas
y filósofos, no solo cantantes o compositores. Son la demostración casi impe-
pinable de que la filosofía y la poesía pueden y deben ir de la mano, además
de que la poesía tiene una perfecta y divina unión con la música.
Así pues, es casi inevitable que el poeta tenga actitudes filosóficas, porque
ambas disciplinas comparten orígenes. Primero, el origen humano, pues las dos
son inherentes a nosotros, y, segundo, el origen del ápeiron del que habla Zam-
brano. Toda poesía tiene tendencias filosóficas y toda filosofía tiene actitudes
poéticas, como estamos viendo. El mismísimo Platón, que castigó a la poesía
como los dioses hicieron con Prometeo, embellecía sus diálogos con palabras
adecuadas, porque estaba haciendo literatura a la vez que filosofía. Estaba
adornando sus conocimientos con palabras bellas. ¿Podríamos llamarlo poeta
aunque escribiera en prosa? Sería bastante irónico. Por último, no hay que
olvidar que una de las frases presocráticas más famosas de la historia, «el ser es
y el no ser no es», partió de un poema: el celebérrimo poema de Parménides.
No solamente se originan ambas en el humano y en el ápeiron, sino
también en ese mismo manantial eterno que mencioné en la definición de la

140
poesía. Esa fuente perpetua, inagotable, como la diosa Castalia, fue señalada
por Bécquer en Cartas literarias a una mujer, donde define la poesía. El poeta
va enhebrando diversas ideas y acepciones de lo que es su arte hasta llegar a
su origen primero: afirma que ese manantial eterno del que nace es el amor.
Podríamos considerar a Bécquer otro cursi decimonónico más, demasiado
ensimismado en arrumacos y explosiones hormonales adolescentes, pero no
hay que subestimarlo, ni tampoco al poder del amor. «Filosofía» es «amor por
la sabiduría». Amor, aprecio, apego, amistad, predilección, simpatía, afinidad,
casi anhelo. Un verdadero filósofo no persigue el conocimiento para ser el más
sabio entre los hombres o hacerse mediante él el más rico (al modo sofista).
El filósofo o filósofa real no se ocupa de opiniones ajenas ni de beneficios de
ningún tipo que pueda traerle el conocimiento o la verdad más allá de su pura
posesión. Poseer o conocer la verdad es el fin del filósofo, que ansía, anhela,
ama el conocimiento y solo el conocimiento en sí, no sus consecuencias eco-
nómicas u otras. De igual forma, el poeta de verdad, en contraposición con
lo que señalé antes de que escribe para adular y seducir, compone versos por-
que siente la necesidad de expresarse y de encontrar ciertas respuestas en sus
propias palabras o pensamientos caóticos, que hallan un canal de dispersión,
claridad y libertad en la poesía. Aunque el poeta atormentado no filosofe en
prosa, lo hace en verso y casi podríamos decir que con mayor mérito que su
homólogo: en menos palabras dice lo mismo o incluso más.
Así pues, tenemos que el amor es clave en ambas disciplinas. Los sen-
timientos nacen del alma, que está casada con el amor (Psique y Eros), y son
los sentimientos, y sobre todo el amor, quienes originan la poesía en nuestras
cabezas. También en la poesía hay afán por conocer. Quizás se centra más en
el autoconocimiento relacionado con las emociones o la psicología humana,
pero hemos visto ya que la poesía es buena estudiante de la naturaleza, como
la filosofía. Bécquer, de nuevo, es un ejemplo paradigmático de centrar el tema
del amor en la poesía, sobre todo el romántico, el de pareja. Sin embargo, aun-
que sea el amor del que más se habla y el que se evoca primero al pronunciar
la palabra «amor», existen sin duda muchos tipos de este. La poesía, como la
filosofía, los ha descubierto, estudiado y diseccionado todos a la perfección. El
amor de los amigos, de los progenitores, de otros familiares, de los vecinos, de
los compañeros o colegas, incluso la caridad de un desconocido, de la que es
causa el amor. Amor por los iguales, por los humanos en general.
Soy de la idea de que el amor honesto y real, a pesar de nuestros esfuer-
zos por evitarlo, duele. Como digo, me refiero al amor verdadero, dedicado
hacia cualquier persona amada y no exclusivamente a una pareja. No entra
en escena el amor tóxico, abusivo, dependiente, agresivo y/o manipulador.
Eso no es amor, para empezar, sino egoísmo putrefacto. Aclarado esto, a

141
lo que en el poema me refiero es a que el amor tiene como característica
fundamental el dolor. Al principio no, pero a medida que crecemos en una
relación y las vicisitudes de la vida nos encaminan hacia unas u otras sendas,
nos damos cuenta de que sufrimos por quienes amamos. Porque la empatía
con el amado o amada es esencial e ineludible. La empatía, el poder sentir
el sufrimiento o las alegrías del otro. La misericordia, una palabra preciosa:
miser en latín, de «miseria», «sufrimiento», y cordia, «corazón» en griego: sen-
tir la miseria ajena en nuestro propio corazón; compartir dos corazones una
misma miseria. En eso se basa el amor. El amor, por tanto, duele. Duele la
muerte de un ser querido, pero duelen asimismo las miserias que a veces le
toca sufrir al amado. Eso es el amor de verdad: «si tú sufres, yo sufro contigo,
porque odio verte sufrir». Ese dolor es amor profundísimo, veraz, más puro
que cualquier cosa.
¿Acaso no es esto filosofar? ¿Escoger un tema universal como el amor y
darle la vuelta? ¿Discernir y descartar todo lo bonito que el amor conlleva
y centrarse en los aspectos que nunca se tratan? ¿Hacer reflexionar al lector
mientras lee poesía? ¿Realizar preguntas retóricas como en un diálogo? Filo-
sofía y poesía son hermanas, no pueden no serlo: se complementan. Vienen
del mismo lugar y, aunque a veces tomen métodos y rutas distintos, al final
siempre terminan unificándose en una sola cosa: el arte de la reflexión y el
de la creación, que es lo que significa en griego «poesía» (poíesis), ya sea de
belleza, de conocimiento, de preguntas. Plantar la semilla de la curiosidad en las
cabezas ajenas es también un arte y eso lo tienen en común filosofía y poesía.

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VERDAD PRAGMÁTICA
VERSUS VERDAD ONTOLÓGICA
primera parte

Marino Torre Rivero


Profesor de Filosofía del IES José María de Pereda

No creemos en una idea única de la verdad, tampoco entonces en la ver-


dad meramente empírica, material y positiva; por el contrario, esta concep-
ción unilateral de la verdad asfixia al espíritu humano y le hace vulnerable al
reduccionismo materialista que anida en la ciencia. A lo largo de la historia
del pensamiento, el espíritu se manifiesta rotunda y admirablemente en el arte,
la literatura, la filosofía, la moral, la religión, contribuyendo a forjar en el ser
humano la intuición de lo infinito e indeterminado, de la necesaria libertad
que anida en su ser. Es preciso volver a las grandes y ancestrales intuiciones
sobre las que, con mayor o menor fortuna —porque la suerte y el azar, también
existen—, originaron las grandes civilizaciones de las que somos herederos.
Merece la pena reflexionar sobre estas grandes cuestiones cuando el mundo,
la civilización y la propia vida, se encuentra al borde del abismo.
Es evidente que si no existiese la verdad tampoco existiría la falsedad
y tampoco algunos derivados tan comunes como la mentira o el error; por
eso, el sentido común no duda con respecto a su existencia, ni del daño que
causa su utilización torticera como se patentiza, en estos momentos, en la
guerra de Ucrania, por hegemonía del relato de las partes contendientes. En
realidad aceptamos que de todas las especies, la humana es la única que es
capaz de mentir, una catastrófica condición que heredamos en el momento
en que nuestros ancestros, sin saberlo, eligieron la representación simbólica
de la realidad mediante el lenguaje oral como forma de comunicación; desde
entonces la mentira vive con nosotros como un artefacto difícil de detectar,
hoy con mucha mayor dificultad, expuestos a desconocidos intereses que se
ocultan detrás de cada nueva tecnología de la comunicación.
Que «todo es mentira» es un tópico que, a menudo, terminamos por admi-
tir después de una reflexión sobre los actos humanos, pues bien es cierto que en
el plano social, político o histórico, la presencia de la mentira, si lo pensamos,
es mucho más frecuente que la verdad, hasta el extremo que exponer la verdad,

143
no está —ni siquiera hoy— bien visto: prima la superficialidad, la envoltura, el
cinismo, la doblez, la hipocresía como formas superiores de estar en la realidad
e incluso, en ocasiones, como armas para la supervivencia. A veces, decir lo que
se piensa —recordemos las tribulaciones del colectivo S’ acabat, en Cataluña,
para poder expresar sus opiniones sobre la libertad lingüística—, se convierte
en un inusitado acto de heroísmo. Todo ello no quiere decir que estemos irre-
mediablemente abocados a la mentira o una visión reducida y unilateral de la
verdad a la que las ideologías y el modo de vida superficial de la experiencia
cotidiana nos abocan. Debemos despertar en nosotros aquella actitud sincera.
reflexiva y crítica de Sócrates que buscó incansablemente dentro sí mismo la
claridad y el regreso al verdadero sentido originario de las palabras, ya entonces
presa de los intereses espurios del dinero, el poder, la fama y el oportunismo.
Reconozcamos primero que vivimos atados a la interpretación previa de
los discursos. La interpretación de la realidad, la verdad, se nos vende ya previa-
mente empaquetada, configurada, mediatizada en los conceptos, connotaciones,
lógica y sintaxis. La pereza mental, la dificultad que entraña la búsqueda de
otras dimensiones de la verdad, no debería ser una atadura o freno para esca-
par de las cadenas de las opiniones ajenas que someten nuestra mente a un
extrañamiento fantasmagórico de la conciencia. Hay que romper con la rutina
de las creencias que emanan desde el poder de manera sistemática que nublan
el espíritu y nos convierten en masa manipulable, frágil y fungible. La gran
trampa, el gran éxito del totalitarismo y de la tiranía siempre ha consistido en
obligarnos a creer que todo es materia y que la propia verdad solo puede ser
material y empírica, que solamente puede ser verdadero aquello que puede
ser contrastado por los sentidos y argumentada por la razón instrumental y
pragmática. Una vez alcanzado este estadío, el poder se apropia de la autoridad
de la ciencia y se cierra la trampa. Lo hemos visto de manera evidente en la
intervención del poder como altavoz de la ciencia en la reciente pandemia del
Covid-19 en nuestro país. Las decisiones del poder eran tomadas por mor de
la «ciencia», aunque después, a toro pasado, se nos dijese que ni siquiera había
un comité científico detrás de las decisiones políticas.
Toda idea de fundamentar la verdad nos lleva a la necesidad de una noción
transcendental de verdad, falsedad y contradicción que se encuentra más
allá de la mera verificación empírica de enunciados. Esta no es una cuestión
nueva sino que forma parte de la misma tradición filosófica y científica, desde
que Euclides hubiese alcanzado a fundamentar los teoremas en principios o
axiomas universales y verdaderos para toda la eternidad, con independencia
del conocimientos, creencias u opiniones que alberguemos sobre ellos. Hoy
sabemos por geometrías como la de Lobachewsky y posteriores que la elección
de los axiomas no tiene por qué atenerse al mundo engañoso de los sentidos.

144
Dicho de manera más simple, la verdad científica sería verdadera siempre y
cuando la materia y los sentidos tuviesen la última palabra en el conocimiento
humano.
Ya por entonces, nuestro entrañable Lewis Carroll, iluminó nuestras
mentes infantiles con aquellas extrañas aventuras donde la realidad se desdo-
blaba y retorcía en el asombroso libro de Alicia en el país de la Maravillas que
en su aparente ingenuidad pone a prueba la misma fundamentación de esa
realidad tridimensional, nuestro Universo, con gran acierto e imaginación. Al
haber sido escrito en clave infantil, esta obra se ha convertido en una lectura
propedéutica de extraordinaria importancia para la formación de las mentes
aún frágiles pero muy imaginativas de los niños que en un futuro han de lidiar
con un paradigma nuevo de ciencia que deriva de los desarrollos de la física
cuántica. La imaginación es una forma de inteligencia superior que capta enti-
dades que la razón pragmática no alcanza, tendiendo puentes entre aquellas
y nuestro mundo tridimensional y material. Es un aspecto de la existencia de
un campo de verdades más amplias y distintas. En un futuro no lejano, si la
especie humana logra sobrevivir, nuevas formas de verdad emergerán y otras,
como siempre ha sido en la historia humana, quedarán relegadas a espacios
mucho más modestos y reducidos. El filósofo Comte llegó a creerse que con la
verdad positiva que emana de la ciencia habríamos llegado al fin de la Historia.
Pero Lewis Carroll, desde la literatura, ya le pisaba los talones al dogmatismo
positivista y materialista.
Hemos de conceder que, en demasiadas ocasiones, el espíritu se siente tur-
bado por la desesperación y el desencanto que genera la imposibilidad de que
sobre la Tierra reine un mínimo de justicia sin darnos cuenta de que, es pre-
cisamente la escasa vigencia de este valor universal trascendente, el que impele
a un espíritu libre a escapar del bucle melancólico que provoca la mentira y
la violencia. Y la guerra que tiene su origen en la negación de esta verdad. Su
olvido forma parte del olvido del ser y este, a su vez, es la causa mayor de la
enfermedad mental y social del totalitarismo que avanza inexorablemente sobre
un terreno enfangado por el relativismo y el nihilismo. De ahí la necesidad de
luchar contra este prejuicio decadente que pretende, muchas veces sin saberlo,
licuar la conciencia para disolver en ella los grandes retos del ser humano: la
búsqueda del sentido, el destino y la liberación real del individuo.
Entramos así en el asunto más nuclear que pretendemos abordar con
este texto: la vida, el orden social, la convivencia, el espíritu en su máxima
expresión, incluso la misma salud entendida de manera profunda, tienen como
referencia valores absolutos y trascendentes del que la justicia es uno de ellos.
¿Es posible vivir bajo un sistema social y político sin una justicia que no se
base en principios morales verdaderos que lo sustente? Si; se puede pero de

145
manera lamentable. El iuspositivismo es una versión del positivismo que se cree
al margen de toda verdad ontológica, transfísica, en la ingenuidad de que solo
existe un mundo humano natural empírico y material. No podemos basar una
sociedad sobre un criterio empírico de justicia porque existen infinitos criterios
de justicia irreconciliables porque todo dependería del sistema material sobre
el que se asienta. También existen «hechos» en los sistemas totalitarios, pero
su interpretación dista mucho de conciliarse con los del llamado mundo libre.
Así que el iuspositivismo no posee una fundamentación ontológica capaz de
alcanzar una idea universal de Justicia; es más, es una forma de legitimación
de la barbarie que como la Rusia Putin también tiene sus «principios» de
justicia, compatibles con el genocidio en Ucrania.
Allí donde se han erigido sistemas no basados en valores auténticos, ver-
daderos, vive la injusticia, la esclavitud, la opresión, la ruina moral de los seres
humanos donde Corea del Norte es el paradigma más explícito. Ellos también
tienen una idea empírica de la justicia. Han sustituido la Verdad por discursos
del Amado Líder, convirtiendo al país es un inmenso campo de concentración
donde impera un despotismo absoluto y la absoluta irracionalidad. El líder, el
partido, el orden, la justicia proletaria, principios abstractos todos ellos para
ejercer la violencia sobre el individuo, la locura, pues según la lógica formal,
de un principio falso se puede derivar cualquier cosa, y por tanto también
cualquier forma de justicia, como la «justicia popular».
Visto desde esta perspectiva, la fundamentación de los valores transcen-
dentes que deben regular una sociedad, es un asunto demasiado serio para
dejarlo exclusivamente en manos de la ciencia, la política o de las ideologías,
por citar algunos casos donde el ámbito de la verdad tiene un alcance limitado,
concreto, pragmático, empírico, racional e inmanente. Si es bien cierto que «el
sueño de la razón crea monstruos», no es menos cierto que la razón pragmática
misma es capaz de generarlos si no es sometida a los criterios de los valores
transcendentes, universales y eternos. Es preciso conocer profundamente quie-
nes somos, más allá de la dimensión física a la que nos reconocemos atados.
La circunstancia espaciotemporal, física y material, con ser muy importante
para la subsistencia terrena es una más, pero no la única dimensión del ser
humano que hemos de tener presente. Al contrario, hemos de ver qué somos,
antes de acometer cualquier otra aventura para construir un mundo lleno de
sentido: que otras circunstancias profundas existen dentro de nuestro ser, que
dimensiones extraordinarias nos habitan y esperan manifestarse dentro de
nosotros a lo largo de la vida para forjar una verdadera visión personal que
nos orientará sobre lo que queremos ser y como queremos vivir libremente
porque nadie puede vivir por nosotros la vida. La praxis social es solamente
una condición, una circunstancia de la vida, no la vida en sí misma.

146
RINCÓN POÉTICO (II)

Ángela Troyano Cestelo


P. T. en IES José María Pereda

RECÓGEME

Recógeme en la esquinita de tu cuerpo,


donde el sol resbala al atardecer.

La luz de tu iris me peina,


el hálito rosado se asoma a la desnudez.

Deja que camine la bruma somnolienta.


Espérame en Ítaca.

Saltemos desde el fin


al comienzo de nuevo.

Que mi sombra al aire


le cuente al cielo
nuestra verdad.

147
Ilustración: Marga García Polanco.
Profesora de Plástica en el IES José María Pereda.

HAY DÍAS

Hay días que me agarra


la perra llantina.
Es una especie de mascota,
buena compañera, HAY TARDES
discreta oradora, A Margot e Isabel, 2018
amiga tranquila,
solitaria a ratos. Hay tardes
Mujer fuerte, libre, adulta, locas por un café.
busca hueco tranquilo, Palabras al aire
soleado y discreto con risas en clave.
para hincharse a llorar. Pensamientos puzle
encajando casi sin volar.
Cruzando ironías
un único manto
de complicidad.
Amigas.

148
EL VIENTO QUE DESARRAIGA LAS OLAS:
LA FORZADA SUMISIÓN DE LA CHINA Y
EL JAPÓN AL IMPERIALISMO OCCIDENTAL
EN LOS SIGLOS XIX Y XX (1839-1919)
José Alberto Vallejo del Campo
Profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Exalumno y profesor del Instituto José María de Pereda

A mis alumnas del Máster de Formación del Profesorado en Filosofía de la


Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Helena Lluna Muntada, Marta
Hermosa Caballero y Olatz Lasa Zabaleta, profesoras vocacionales y entusiastas.

PRECEDENTES: DINASTÍAS YUÁN (1271-1368) Y MING (1368-1644) EN CHINA


El infatigable jesuita navarro Francisco Xavier (1506-1552) murió en
la isla Shangchuan frente a las costas de la China continental emocionado y
dando gracias a Dios por haber podido divisar tierra de Asia continental tras
su paso por el Japón. Aquellos litorales extremo asiáticos (Cantón, Macao)
fueron caboteados «a pincel» por los navegantes portugueses, que precedieron
al resto de europeos en aquellos remotos asentamientos.
Las primeras noticias de la China en la Edad Moderna se deben al español
de Torrecilla en Cameros Juan González de Mendoza (1545-1618) con su His-
toria de las cosas más notables, ritos y costumbres del grande reyno de la China
(Roma, 1585). Pero fue el jesuita italiano Matteo Ricci (1552-1610) el que dio
a conocer a occidente la ciencia y la cultura chinas después de permanecer
en el país más de treinta años predicando la fe cristiana. Como cartógrafo
confeccionó el primer mapa de China en 1602. La expedición de Ricci partió
en 1578 con catorce jesuitas hacia la colonia portuguesa de Goa y desde allí
organizaron su presencia evangelizadora en China y Japón.1
La dinastía Yuán, de origen mogol, instaurada en la persona del Kublai
Khan, nieto de Gengis Khan, fue considerada extranjera y expulsada un
siglo después del país (1368) al establecerse la dinastía Ming, última perte-
neciente a la etnia autóctona Han. La dinastía Yuán habría sido acogedora
en relación con la recepción de misioneros cristianos, al contrario que su

1
Ricci comprendió pronto la necesidad de renunciar a la asimilación de los chinos a los
usos y costumbres occidentales pretendida por los misioneros portugueses y optó por una
inmersión de los propios misioneros en la lengua y costumbres chinas.

149
sucesora la dinastía Ming, que participaba de la visión «aislacionista» que
condicionó el devenir de China en los últimos siglos hasta la llegada de
los europeos (y ello más en coherencia con el confucionismo, que tam-
poco compartía la visión colonialista ad extra, como se plasmó en vida del
almirante Zheng He, que recorrió el océano Índico con gran beneficio eco-
nómico para China, pero que nunca practicó la anexión territorial en sus
expediciones).2
No obstante, bajo la dinastía Ming se facilitó la labor del jesuita Matteo
Ricci. Pekín era la capital Ming por excelencia y el gobierno de esta dinastía
es recordado como uno de los períodos más estables y prósperos de China,
con la construcción del Gran Canal, la Gran Muralla, la erección de La Ciu-
dad Prohibida, la construcción de una poderosa flota y el establecimiento de
un ejército permanente de aproximadamente un millón de efectivos. Por lo
demás, el reforzamiento de las bases agrarias que sostenían las comunidades
autosuficientes con la posibilidad de vender sus excedentes en los mercados
rurales fuertemente protegidos junto a los caminos militarizados, sin tener
que abandonar sus lugares de origen y su actividad natural y preservando
así las señas de identidad del mundo rural y del mundo urbano, sin dema-
siadas interferencias mutuas y desarrollando un gusto por el consumo de las
producciones artesanales e industriales y de los intercambios comerciales, así
interiores como exteriores, que contrastaba con la severa crisis del siglo xiv en
Europa.
Esta etapa Ming fue acompañada por un florecimiento en el pensamiento,
las artes y la literatura. Ya en el siglo xvi, la China Ming se vio beneficiada por
el comercio con portugueses, españoles, neerlandeses y somalíes,3 en lo que
se conoció como «comercio colombino». La dinastía Ming, muy asentada en
China por más de tres siglos, fue relevada por la dinastía de origen manchú
o «yurchen», llamada dinastía Qing, entre 1644 y 1912. Es bajo esta dinastía
cuándo tienen lugar los contactos más intensos entre ambos mundos —euro-
peo y asiático— en la Edad Moderna y Contemporánea.

2
En el extremo opuesto de este planteamiento, el Islam quiso someter a conversión forzada
a los pueblos objeto de sus invasiones con una figura tan ajena a la mentalidad china con-
fucionista como la «Guerra Santa» (Yihad). Sin embargo, el propio almirante Zhen He era
musulmán, si bien pertenecía a una familia de origen mogol convertida a favor de la tolerancia
de la dinastía Yuán hacia la penetración de los cultos externos.
3
Hay que recordar que la presencia china en todo el escenario geopolítico índico no es
algo exclusivo de nuestros días, sino que tiene significativos precedentes históricos, como
tenemos oportunidad de constatar. Sin embargo, sea por la propia configuración maciza y
compacta del país y de la propia costa de China, sea por influencia de los planteamientos
confucionistas nunca tuvieron los chinos una vocación colonialista ni una política colonial
de Estado.

150
PRIMER ESTABLECIMIENTO DE LOS EUROPEOS EN EL EXTREMO ORIENTE
ASIÁTICO: PORTUGAL Y PAÍSES BAJOS COMO POTENCIA SUSTITUTORIA
Tras descubrir la ruta marítima a la India por el Cabo de Buena Esperanza
a las órdenes de Bartolomé Díaz, capitán de mar del rey Juan II (1455-1495) de
Portugal, Francisco de Almeida pone las bases del control lusitano del Océano
Índico venciendo a una flota combinada de mamelucos y árabes (1509) en
tanto que Vasco de Gama realiza el primer viaje sin escalas entre Europa y la
India hasta que finalmente los portugueses ponen el pie en la China (funda-
ción de Macao en 1557) y el Japón (fundación de Nagasaki, 1570), como parte
del Imperio colonial portugués. Antes habían establecido su avanzadilla en la
India (1510, Goa), fundado Malaca (1511) y descubierto las islas Molucas, las
legendarias «islas de las especias» en Insulindia (archipiélago indonesio). Todas
ellas eran colonias comerciales, sin vocación de penetración ni de dominio
del territorio.
El virrey portugués Alfonso de Alburquerque se propuso crear un nexo
de unión entre todo el hinterland portugués de África y Asia y estableció
como punto intermedio la península de Malaca junto a Insulindia y pronto se
hicieron con el monopolio comercial de Asia, desde Ormuz y Bahréin hasta las
costas de China. La dinastía Ming se opuso tenazmente a los deseos expansio-
nistas portugueses y su poderosa flota derrotó en varias ocasiones (batallas de
Tunmen y Xicaowan) a la flota portuguesa del Índico (lo que da idea del poder
naval de esa brillante dinastía china), pero finalmente cedieron arrendando
Macao a los portugueses como un punto de embarque de sus mercancías.4
Tomando ocasión de su paso por el Pacífico, los portugueses establecieron
también relaciones con el Japón, donde penetró por primera vez la religión
cristiana. Los españoles por su parte, centrados en las Indias Occidentales o
América española retuvieron sin embargo en Insulindia el archipiélago de
las Islas Filipinas (así nombradas en honor de nuestro rey Felipe II), en cuyo
afianzamiento tuvieron en los musulmanes de la zona un enemigo tenaz.5
Los neerlandeses pusieron el pie en Insulindia y fundaron en el archipié-
lago indonesio la ciudad de Batavia, que mantuvo su denominación hasta su
independencia en 1947 en que adoptó el nombre de Yakarta bajo el presidente
Sukarno. De hecho, los holandeses se subrogaron como potencia de sustitu-
ción de la hegemonía portuguesa en algunas zonas de Asia entre 1640 y 1660
4
La colonia portuguesa de Macao ha mantenido su estatus colonial hasta 1999.
5
No vamos a detenernos en las guerras que portugueses y españoles mantuvieron contra
malayos, joloanos y otros musulmanes en toda Insulindia, porque no constituye objeto de
nuestra atención principal, que son los antiguos imperios extremo orientales. Tampoco nos
ocuparemos, por tanto, de la presencia británica en la India, ni de la neerlandesa en Insulindia,
ni la de Francia en el Sudeste asiático o Indochina.

151
(Malaca, Ceilán, algunos puertos del sur de la India y el lucrativo comercio
con Japón que mantenían los portugueses).6

PRIMERA GUERRA DEL OPIO EN CHINA O GUERRA ANGLO-CHINA (1839-1842)


Por obra de un grupo de narcotraficantes ingleses liderados por William
Jardine se introdujo el tráfico ilegal de opio en China, lo que llevó al gobierno
imperial a imponer restricciones a ese lucrativo comercio mediante el estable-
cimiento de aranceles reguladores y sanciones en el marco de la tradicional
política proteccionista del país asiático sobre sus propias producciones (seda,
té, porcelana…). Además de influir negativamente en la balanza comercial, la
adicción al consumo del opio indio traído por los británicos amenazaba con
desarraigar las virtudes de la sociedad china. A raíz de ello, en 1839, China
se encontró luchando en la Primera Guerra del Opio con Gran Bretaña. Los
ingleses hicieron valer su superioridad naval y China fue derrotada, y en 1842
firmó las disposiciones del Tratado de Nankín, que fue el primero de los
denominados «tratados desiguales» firmados durante la dinastía Qing. La isla
de Hong Kong se cedió a Gran Bretaña, y ciertos puertos, incluidos Shanghái
y Guangzhou, se abrieron al comercio y la residencia británica.

FORZADA APERTURA DE LOS PUERTOS DE JAPÓN (1853) EN EL SHOGUNATO


TOKUGAWA O PERÍODO EDO (1603-1868)
La constitución de un régimen feudal centralizado en cuya cúspide se
encuentran los guerreros (samuráis) y los grandes señores (daimios) encabeza-
dos por la poderosa familia de los Tokugawa en la que recae el cargo de schogún
o jefe militar y dirigente supremo, que encabeza el gobierno (Bakufu) y cuyo
órgano es el consejo de los cinco ancianos (Rojú) en tanto los emperadores
viven relegados en su exilio dorado de Kyoto. A favor de su insularidad, el
aislamiento y hermetismo del Japón son completos, salvo tímidos intercambios
comerciales con los neerlandeses en el puerto de Nagasaki.
Durante la primera mitad del siglo xix británicos, norteamericanos y
rusos intentan repetidas expediciones al archipiélago con la esperanza de que
se produzca la apertura de algunos puertos al comercio oceánico. El estallido
de la Guerra del Opio en 1839 desvía la atención hacia China. Pero en 1853 los
norteamericanos toman la iniciativa: en su interés por Japón convergían una
serie de móviles comerciales, de prestigio militar y el sentimiento de que era
6
Teniendo en cuenta la exigua población portuguesa en comparación con otras grandes
potencias, no podemos por menos de ponderar el tremendo mérito de la circunnavegación y
exploración portuguesa del Mundo en los siglos xv, xvi y xvii.

152
moralmente defendible obligar a una nación cerrada a admitir los avances de
la civilización. La llegada a las costas del Japón de cuatro modernos vapores
norteamericanos supuso una verdadera convulsión en el horizonte político,
social y militar japonés. El comodoro Perry, mediante la amenaza implícita del
uso de la fuerza, arrancó de los japoneses la apertura de tres puertos (Nagasaki,
Shimoda y Hakodate). El Tratado de Kanagawa (1854) puso fin a seis siglos
de cierre insular. Los beneficiados, además de los norteamericanos eran los
neerlandeses, rusos, británicos y franceses.

LA REBELIÓN TAIPING EN CHINA (1850-1864)


Aunque no tiene que ver sino indirectamente con el tema que nos ocupa
que son los efectos de la presión occidental sobre los viejos imperios extremo
orientales es lo cierto que la rebelión Taiping supuso un sustancial elemento de
desgaste para la dinastía Qing en un momento ciertamente difícil de su historia:
la segunda mitad del siglo xix. Tuvo caracteres de guerra civil entre la dinastía
manchú y el Reino Celestial de la Gran Paz (Taiping), un estado teocrático
dentro del Estado cuyo líder Hong Xiuquan desafió la autoridad del emperador
y tuvo a China en pie de guerra durante casi quince años causando una cifra de
muertos que se estima alrededor de veinte millones de personas. Establecida en
las regiones centrales y meridionales de China, fue sofocada y sometida en 1864.

SEGUNDA GUERRA DEL OPIO EN CHINA (1856-1860)


En 1856, estalló la Segunda Guerra del Opio. Los chinos fueron nueva-
mente derrotados y ahora obligados a cumplir los términos del Tratado de
Tientsin de 1858, que abrió nuevos puertos para el comercio y permitió a
los extranjeros viajar al interior del país. Además, los cristianos obtuvieron el
derecho de propagar su religión. Por el Tratado de Wanghia los Estados Unidos
obtuvieron las mismas prerrogativas que los europeos.

LOS TRATADOS ASIMÉTRICOS ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE


Los tratados internacionales impuestos por las potencias occidentales
(sobre todo, el Reino Unido de Gran Bretaña y los Estados Unidos) a los
viejos imperios extremo orientales (China y Japón) han sido denominados
tratados «asimétricos» por la posición de pendencia y subordinación en que
se encontraba una de las partes respecto de la otra y por la disparidad de exi-
gencias y prestaciones a que se veía sometida. Como tales pueden considerarse
el Tratado de Nankín (1842), el de Kanagawa (1854) y el de Tientsin (1858)
ya anteriormente citados.

153
EL RESURGIR DEL JAPÓN EN LA ERA MEIJI (1868-1912)
El caso japonés constituye un modelo original de respuesta proactiva a la
pujanza y aflicción que sobre el país habían ejercido las potencias occidentales
con la determinación de progresar en dos líneas de actuación gubernamen-
tal: la modernización (industrial, militar) y la occidentalización en métodos,
organización y adopción de determinadas formas externas occidentales tanto
socioeconómicamente (universidades, empresas, medios de comunicación, ban-
cos, medios de transporte, museos, moda, estilos constructivos urbanos) como
políticamente (parlamento, partidos, constitución) sin renunciar a algunas de
sus más significativas esencias tradicionales como el centralismo monárquico:
tal fue la era Meiji. Son las viejas fuerzas sociales (daimios, samuráis) los que
instaura el nuevo orden, secundados patrióticamente por las bases populares.
La constitución de 1889 contemplada con los presupuestos del pensamiento
europeo aparece como vinculada a las posiciones más próximas al conserva-
durismo liberal e incluso en conexión con los estados «impermeables» como
Rusia, por lo que ha sido tachada por muchos como reaccionaria, pero con-
siderando el arrastre de la tradición feudal no deja de ser un progreso muy
notable.
La originalidad y eficacia del modelo japonés le permitió exhibir su lide-
razgo a las puertas de la primera guerra mundial contra dos enemigos tradi-
cionales: China (primera guerra chino-japonesa de 1894-1895) y Rusia (guerra
ruso-japonesa de 1904-1905), consolidando en una zona no gravitacional del
planeta un inmenso espacio oceánico en torno a su archipiélago metropoli-
tano, sin plantearse secundar el modelo de dominio plurioceánico inglés o la
presencia pluricontinental francesa.

NACIMIENTO DEL IMPERIALISMO JAPONÉS


El contacto con la civilización occidental y su recorrido en distintos
ámbitos y su recepción en provecho propio (industrialización, expansión
colonial…), de mimetismo innegable en tecnología industrial y más reticente
en asimilación de la organización política, tuvo también reflejo en la confor-
mación de un Imperio marítimo al estilo del británico o del francés, pero
sobre el océano Pacífico, y más tarde sobre el Índico. Brevemente, podemos
indicar razones geográficas, demográficas, estratégicas, económicas y psicoló-
gicas, haciendo suya la concepción europea y norteamericana según la cual las
grandes naciones pueden ejercer la tutela sobre las más débiles y beneficiarse
de sus recursos. El primer ensayo se acomete en 1876 cuando se obliga a Corea
a firmar un tratado por el cual se abren sus puertos al comercio, al igual que
hiciera el comodoro Perry con el propio Japón en 1853.

154
PRIMERA GUERRA CHINO-JAPONESA (1894-1895)
Precisamente el primer gran conflicto fruto del imperialismo nipón va
a surgir en Corea, cuando en 1894 a raíz de la revuelta Donghak, son envia-
das tropas de intervención simultáneamente por China y Japón de acuerdo
con la convención de Tianjin firmada por ambos países. Como quiera que
finalizado el incidente las tropas japonesas no se retirasen, estalla la guerra
precedida de la ocupación de Seúl por los nipones. Más tarde el ejército
japonés arrasa al chino y la flota Qing es destruida. Japón se adueña de toda
la península coreana y el 17 de abril de 1895 se firma el tratado de Shi-
monoseki. China cede la isla de Taiwán, las Islas de Pescadores y la penín-
sula de Liao-Tung (Liaodong) a Japón,7 que sucede a China en la influencia
sobre Corea.

LA REBELIÓN DE LOS BOXERS EN CHINA (1898-1901)


Los boxers era una organización secreta que luchaba contra la influen-
cia de los extranjeros en China. Simbolizaban el resentimiento de la
nación frente a la intervención política y económica extranjera. Eran en
su mayoría jóvenes que practicaban las artes marciales chinas (de ahí el
apelativo de boxers) y que deseaban poner en práctica soluciones expediti-
vas y poco reflexivas contra el dominio extranjero como su mera y simple

7
Con posterioridad a la firma del Tratado de Shimonoseki, las potencias occidentales,
recelosas del fulgurante ascenso militar del Japón, obligan a la devolución de la península de
Liaodong a China.

155
exterminación. Así en junio de 1900 asaltan la embajada de Alemania y
dan muerte al embajador Clemens von Kettelen. Al conocer su muerte, el
Imperio alemán y otras siete naciones más declaran la guerra a China e
invaden Pekín y Manchuria entre 1900 y 1901 hasta que la rebelión bóxer es
aniquilada.

TRATADO ANGLO-JAPONÉS DE 1902


La fulgurante y repentina presencia de Japón en el panorama internacional
se externaliza formalmente en 1902 con la firma de una sorprendente alianza
anglo-japonesa, primer tratado firmado de igual a igual entre una potencia
europea y un país asiático. Coincidió con un nuevo rearme naval del Japón con
unidades encargadas al Reino Unido y a otros países occidentales. Este tratado
anglo-japonés se renovó con posterioridad en 1905 y 1911 y se mantuvo hasta
la Primera Guerra Mundial en que Japón combatió al lado de la Triple Entente
(Francia, Reino Unido y Rusia).

GUERRA RUSO-JAPONESA (1904-1905)


Con ocasión de la Revuelta de los Boxers los rusos habían puesto su pie
en Manchuria, y se hicieron con Mukden (Shenyang en chino). Pero la pro-
yección de Japón sobre Corea y Manchuria amenazaba la expansión rusa en
los confines del Pacífico norte. En 1903 Japón exigió a Rusia que abandonase
Manchuria, en cumplimiento de los acuerdos de 1900. En febrero de 1904, sin
declaración de guerra previa, la flota rusa del almirante Yevgeny Alekseyev fue
atacada en Port Arthur y con el fin de castigar la prepotencia del «enano japo-
nés» (tal y como alardeaban con desprecio) los rusos emprendieron con relativa
parsimonia la salida de su flota desde sus bases navales del Atlántico y del Mar
Negro, con rumbo hacia las costas del Japón. Cuando arribaron a la bahía de
Tsusima tras una larga travesía con graves dificultades de aprovisionamiento
de combustible, la flota rusa fue aniquilada por completo ante la sorpresa del
mundo. Los escenarios principales del conflicto ruso-japonés fueron el mar
del Japón, el mar de Corea, el mar Amarillo, la península de Liaodong, Man-
churia y la península de Corea. El hecho de que los rusos recibieran constantes
reveses por tierra y que la flota imperial rusa fuera aplastada por la remo-
zada marina japonesa constituyó la primera derrota de una potencia blanca
occidental ante una nación asiática.

156
LEVANTAMIENTO DE WUCHANG (1911) EN LA REVOLUCIÓN DE XINHAI Y
LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA EN CHINA (1912)
La sociedad civil china se fue organizando desde la última década del
siglo xix en torno a numerosas iniciativas cuyo común denominador era la
regeneración del país. Así la Xingzhongui (sociedad para la regeneración de
China, o la Huaxinghui (Sociedad de vivificación de China) y la Guangfuhui
(Sociedad de la Restauración) fundada en Shanghái en 1904. Es incontable el
número de organizaciones regeneracionistas y revolucionarias.
La revolución trajo causa de la incapacidad de la dinastía Qing para moder-
nizar el país y hacer frente a los desafíos de la política interior y sobre todo de la
intromisión extranjera, con una serie sucesiva de derrotas militares para China,
tratados asimétricos y las consiguientes concesiones a las potencias extranjeras.
El levantamiento de Wuchang de 10 de octubre de 1911 fue uno de los
episodios de la revolución de Xinhai que precedió a la caída del régimen
imperial en China después de dos mil años con la abdicación del emperador
niño Puyi el 12 de febrero de 1912 y el establecimiento de una República por
primera vez en el país asiático.
El breve lapso de guerra civil enfrentó a los grupos de oposición en torno
al líder de la Liga Unida (Tongmenghui) Sun Yat-sen con el general Yuan Shikai,
jefe militar de los Qing. Tras un acuerdo de cesión de poder y la abdicación del
emperador, el nuevo orden se articuló en torno a una Asamblea Nacional y un
gobierno provisional, pero pronto el poder fue monopolizado por el general
Yuan Shikai hasta 1928. Sun Yat-sen y Song Jiaoren fundaron el Kuomintang
(KMT) con inequívoca vocación republicana. Chiang Kai-shek fundo el Ejér-
cito Nacional revolucionario que entre 1927 y 1928 sometió toda la China
septentrional, sustrayéndola a los señores de la guerra locales.

JAPÓN EN LA GRAN GUERRA (1914-1918) Y EN LOS TRATADOS DE PAZ (1919)


Es importante conocer, a estos efectos, que la salida de Bismarck de la Can-
cillería alemana en 1990 después de una ejecutoria impecable como Känzler,
primero del Reino de Prusia y luego del Reich alemán, tuvo como efecto ines-
perado la soledad de Alemania en la complicada pugna por las alianzas inter-
nacionales. Bismarck, que podía presumir de haber aislado a Francia y, en cierta
manera, también a Gran Bretaña en las dos primeras décadas del período cono-
cido como la Paz Armada entre 1871 y 1990, pudo contemplar cómo, a raíz de
su desaparición del panorama internacional ese cuidado edificio de ingeniería
diplomática bismarckiana se desmantelaba rápidamente. En efecto, la muy repu-
blicana Francia se alió inesperadamente con el Imperio de los autocráticos zares,
en tanto que el Reino Unido consiguió la inesperada alianza del Japón en 1902.

157
Era una ocasión para el país asiático (que siempre se había identificado
sobre todo con Alemania) de afianzar su posición diplomática y militar en el
mundo y ocupar un lugar por primera vez entre las potencias occidentales.
Los japoneses actuaron por lo general por iniciativa propia y en propio
beneficio, dada la libertad que les otorgaba su lejanía con el frente occidental
de la contienda. Lo primero que hizo Japón fue arrebatar a Alemania sus
enclaves en el Pacífico desde antes incluso de la declaración de guerra del 4 de
agosto de 1914. También prestó ayuda a petición del gobierno británico para
dirigirse contra la Marina Imperial alemana que hostigaba a los mercantes
ingleses en el Mar de la China. Japón declaró la guerra al I Reich alemán el
23 de agosto de 1914 y al Imperio austro-húngaro el 25 de agosto. También
se apoderaron los nipones de los establecimientos alemanes en Micronesia,
ocupando las islas Marianas, las Carolinas y las Marshall. Por lo demás, Japón
encontró en el estallido de la contienda una oportunidad para expandir su
influencia en la desventurada China. De hecho partían ya con una importante
ventaja de resulta de las guerras chino-japonesa (1894-1895) y ruso-japonesa
(1904-1905) y en cuanto poseía el ferrocarril Transmanchuriano, la ciudad de
Port Arthur, así como la expectativa de incorporar la península de Shandong
(donde rindieron Tsing-tao) a costa de Alemania, más la consabida influencia
sobre Corea, que se remontaba a la guerra chino-japonesa.
En la Gran Guerra Japón desempeñó un papel destacado con su escuadra
naval, dando cobertura a las operaciones de los aliados o interviniendo direc-
tamente en el Pacífico. La flota nipona exhibía un poder creciente y preparaba
futuras acometidas. El nivel de su industria se incrementaba y su carencia de
materias primas le hacían ambicionar las que poseían China y Rusia, así que
la actividad industrial y comercial japonesas creció considerablemente. Ante la
firma de los tratados de paz Japón ocupó un sitio de privilegio: no como un
aliado más, sino entre los vencedores (Wilson, Lloyd George, Clemenceau,
Orlando). Pero la cesión al Japón de los derechos de Alemania sobre Shandong
exasperó a China, que se negó a firmar el Tratado de Versalles.
Japón salió muy reforzado de la primera guerra mundial. Se presentará en
el período de entreguerras como una emergente y respetada potencia mun-
dial. Ya quedaban lejanos los tiempos en que el comodoro Perry avasallaba al
shogunato nipón. No obstante su emergente posición en el mundo, Japón no
consiguió de los estados occidentales una cláusula de igualdad de las razas,
que tanto ansiaba.8
8
Ya la Escuela Ibérica de la Paz (universidades de Salamanca, Coimbra, Alcalá de Henares y
Évora), tres siglos antes, había afirmado la radical igualdad de todos los hombres y la dignidad
incontestable de los indígenas americanos. Sorprende que tres siglos después las potencias
occidentales no hubieran aprendido nada.

158
CONCLUSIONES
De la cuestión aquí sumariamente expuesta, objeto de la Historia de las
Relaciones Internacionales  9 podemos extraer la siguientes conclusiones:
Hasta el siglo xix, China, Japón y los territorios que conforman el Asia
extremo oriental mantuvieron un cierto aislamiento respecto de una Europa
cada vez más expansiva y hegemónica en todas partes. Particularmente Japón,
vive una interminable era feudal en un mundo alejado y hermético a cualquier
contacto exterior. Por su parte, en China, será la dinastía Qing la que tenga
que asumir una forzada sumisión a la pujanza política, militar y económica
occidental dentro de una atmósfera de Weltpolitik o política de prestigio inter-
nacional de las potencias europeas.
La extensión del Imperialismo europeo y norteamericano al continente
asiático en el siglo xix causó una profunda conmoción en los dos imperios
extremo orientales asiáticos: el imperio continental chino y el imperio insular
japonés, que fueron requeridos y finalmente conminados por el Reino Unido,
los Estados Unidos, Rusia y Francia a abrir sus puertos al comercio internacio-
nal mediante tratados denominados «asimétricos» que suponían una agresión
intolerable a la soberanía de esas naciones.
Ese resentimiento por la forzada postración frente a Occidente va a tener
distintas consecuencias para China y Japón. Así, en China la humillación es de
largo alcance (política, militar, económica, psicológica, jurídica) y hace entrar
en crisis al propio régimen imperial manchú de la dinastía Qing, que se desmo-
rona y es sustituido por primera vez en su historia por una república (1912).
Mientras el imperio chino encajó el golpe con impotencia y amargura, el
imperio japonés supo reconducir su postración ante las potencias occidentales,
adoptando su tecnología, modelo político, métodos de trabajo, costumbres, y
modos de vida en un proceso de occidentalización que le llevo a presentarse
como potencia emergente a las puertas de la Primera Guerra Mundial.

9
Aunque ya en 1920 se creaba British Institute for International Affairs o Chatham House y
en 1921 el Council of Foreign Relations en la ciudad de Nueva York, esta subdisciplina de
la Ciencia histórica es tributaria, para los historiadores de mi generación en España de los
estudios de la escuela historiográfica francesa representada por Pierre Renouvin (1893-1974)
y Jean-Baptiste Duroselle (1917-1994), entre otros.

159
Menéndez Pelayo a los veintidós años.
Grabado de Bartolomé Maura.
NOTAS SOBRE MENÉNDEZ PELAYO
Y LA MASONERÍA

José Alberto Vallejo del Campo


Doctor en Derecho (Derecho Público. Programa de Estudios Europeos)
Doctor en Filosofía y Letras (Historia Moderna y Contemporánea)
Profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Exalumno y profesor del Instituto José María de Pereda

Para entender la historia contemporánea de España es imprescindible


conocer la influencia de la Masonería durante todo el siglo xix —y el si-
glo xx hasta 1939— como han puesto de manifiesto María Dolores Gómez
Molleda, Manuel Guerra Gómez, el Marqués de Lozoya, José Manuel Otero
Novas, Ricardo de la Cierva, Francisco Pérez Abellán, César Vidal, Pío Moa,
Javier Sanmateo Isaac-Peral y, desde posiciones muy diferentes José Antonio
Ferrer Benimeli y —en lo que principalmente nos ocupa— ya desde fecha
muy temprana, Vicente de la Fuente y el padre de la historiografía española
Marcelino Menéndez Pelayo.1

1
La bibliografía no ya sobre la secta —o sectas— masónicas sino tan sólo sobre su presencia
y acción en el mundo hispano es enorme. El primer historiador al que cabe el honor de poner
mano sobre la Masonería en España es el jurista en ambos derechos e historiador aragonés
don Vicente de la Fuente (1817-1889) que escribe una Historia de las sociedades secretas anti-
guas y modernas en España y especialmente la francmasonería (Lugo, Soto Freire, 1870), una
materia por entonces muy innovadora en el panorama historiográfico del siglo xix español.
Menéndez Pelayo publica diez años más tarde su Historia de los Heterodoxos españoles, y toma
como fuente histórica de primera mano —a indicación de su mentor Gumersindo Laverde
en carta de 23 de junio de 1877— el libro del ilustre jurista aragonés. El resto de los autores
citados son historiadores de formación y de profesión que pertenecen íntegramente al si-
glo xx o al presente, tal es el caso de Manuel Guerra Gómez: «La transformación pro-
gramada de la sociedad tradicional cristiana en naturalista, dialógica, relativista, sincré-
tica, laicista y gnóstica, o sea, masónica», en Burgense: Collectanea Scientifica, vol. 59, n.º 2
(2018), pp. 1145-1178; El árbol masónico: trastienda y escaparate del nuevo orden mundial
(Madrid, Digital Reasons D. L., 2017); «Cómo ha influido e influye la Masonería en la
sociedad española», en Altar Mayor, 154, 1 (2013), pp. 483-502; «La relación de la maso-
nería con ‘lo común a todas las religiones’ y con las principales religiones actualmente
existentes», en Anthologica annua, 60 (2013), p. 399; Masonería religión y política (Madrid,
Sekotia, 2012); Las sectas: su dimensión humana, sociopolítica, ética y religiosa (Valencia,
Edicep, 2011), Historia de las religiones (Madrid, BAC, 2010), La trama masónica (Styria,
2006); «La gnosis y sus rebrotes en nuestros días», en Burgense: Collectanea Scientifica,
vol. 47, n.º 1 (2006), pp. 71-130; Diccionario enciclopédico de las sectas (Madrid, BAC, 2005);

161
El historiador de Santander sólo se refirió a la sociedad secreta o discreta,
como gusta a sus miembros presentarla eufemísticamente en su Historia de
los Heterodoxos españoles, y expuso con lucidez sus documentados puntos
de vista sobre la orden, fraternidad o sociedad filantrópica en una fecha tan
temprana como 1880. En cuanto fallecido en 1912, no fue el historiador cán-
tabro testigo del peso que había de tener la Masonería en la forzada caída de
la monarquía del Alfonso XIII, en el irregular advenimiento de la Segunda
República y en su consecuencia inmediata: la Guerra Civil española.2 Pero
le cupo aludir a la nefasta influencia de los «hijos de la viuda» en el proceso
constituyente gaditano, en la Independencia de la América hispana y la liqui-
dación del Imperio español, en el trienio liberal, en las regencias pre-isabelinas,
en el sexenio revolucionario, y en todo lo turbulento que deparó a España el
siglo xix, incluida la derrota de 1898 y —cómo no— la difusión de la infame
leyenda negra.

*   *   *

El 23 de junio de 1877, cuando se halla aun haciendo acopio de datos


para su Historia de los Heterodoxos españoles le escribe a Menéndez Pelayo su
mentor Gumersindo Laverde sugiriéndole la inclusión de la Masonería como
materia de estudio en el contexto de las heterodoxias: Una de las fases de la

Las sectas y su invasión del mundo hispano: una guía (Pamplona, EUNSA, 2003); «La
masonería invisible: en torno a un libro de Ricardo de la Cierva», en Burgense: Collec-
tanea Scientifica, vol. 44, n.º 1 (2003), pp. 167-204; Ricardo Martìnez Esquivel, Yván
Pozuelo Andrés, Rogelio Aragón (coordinadores): 300 años: masonerías y masones, 1717-
2017 (México, Palabra de Clío, 2017, 3 volúmenes); Ricardo de la Cierva y Hoces: La
infiltración marxista y masónica en la Iglesia católica del siglo XX (Madrid, Fénix, 2008);
ZP – Tres años de gobierno masónico (Madrid, Fénix, 2007); La masonería invisible. Una inves-
tigación en Internet sobre la masonería moderna (Madrid, Fénix, 2002); La palabra perdida:
constituciones y rituales de la masonería (Madrid, Fénix, 1999); «La ideología gnóstica»,
en Razonalismo: homenaje a Fernández de la Mora (1995), pp. 159-161. Francisco Pérez
Abellán: Matar a Prim (Barcelona, Planeta, 2014); César Vidal: Los masones (Barcelona,
Planeta, 2006).
2
A la acción disolvente de la masonería en ese concreto período alfonsino había de referirse
el exhaustivo estudio de la profesora María Dolores Gómez Molleda (1922-2017) titulado
La masonería en la crisis española del siglo XX (Madrid, Taurus, 1986). Lo cierto es que —pese
al secretismo y a un silencio muy similar a la omertá mafiosa— la orden masónica no podía
ocultar su presencia en las primeras Cortes segundo republicanas: 183 diputados entre 458.
Habida cuenta de que el número de masones en España ascendía a escasos millares, eso signi-
ficaba que una reducida sociedad secreta tenía mucha más influencia, ejercida por vías opacas,
que cualquier partido.

162
heterodoxia en España es la Masonería. Para historiarla ofrece bastantes mate-
riales la obra en tres tomos de don Vicente de la Fuente.3
Es interesante destacar el flujo de noticias sobre la secta que tercia entre
ambos correspondientes, y así en carta de 13 de mayo de 1880 le dice Laverde:
Te incluyo un artículo de El Siglo futuro sobre la Masonería que puede servirte
para el tomo 3.º, a contar desde Pombal y Aranda. Todos los estudiantes cuba-
nos que vienen a esta Universidad son masones. Y el 9 de agosto de 1880 le
indica que Al tratar del período setembrino no será para olvidada la propaganda
masónica que Prim y Córdova hicieron en el Ejército, amenazando con separar a
todos los Oficiales y Jefes que no se inscribiesen en las Logias.4
Aunque ya en el siglo xviii algunos ingleses fundaron logias en territorio
español a partir de Gibraltar, poco se conoció de la secta masónica en ese
siglo:
Por los días de Fernando VI empezó a hablarse con terror y misterio de
cierta congregación tenebrosa, a la cual de aquí en adelante vamos a encon-
trar mezclada en casi todos los desórdenes antirreligiosos y políticos que han
dividido y ensangrentado a España […] Hablo de la francmasonería, que
pudiéramos llamar la flor de las sociedades secretas.5
La Masonería no penetró en España sino bien entrado el siglo xix, con la
invasión napoleónica, a la que acompañó el establecimiento de las primeras
fraternidades, que en lo sucesivo serán tributarias de las francesas (grandes
orientes), pero que no alcanzaron operatividad y pública notoriedad hasta el
regreso de Fernando VII, en testimonio de Menéndez Pelayo:
Tiene algo de pueril el exagerar su influencia, mayor en otros días que
ahora, cuando la han destronado y dejado a la sombra, como institución
atrasada, pedantesca y añeja, otras sociedades más radicales, menos ceremo-
niosas y más paladinamente agitadoras, pero rayaría en lo ridículo, además

3
Marcelino Menéndez Pelayo, Epistolario. [Edición al cuidado de Manuel Revuelta Sañudo
y Pedro Sáinz Rodríguez en 23 volúmenes]. Madrid-Santander, Fundación Universitaria
Española-Sociedad Menéndez Pelayo, 1982-1991. Volumen ii, carta 190, 23 junio 1877.
4
Marcelino Menéndez Pelayo, Epistolario, volumen iv, cartas 161 (13 mayo 1880) y 216 (9
agosto 1880). Vid., para el caso de la masonería cubana: Torres Cuevas, Eduardo, «Masone-
rías en Cuba durante el siglo xix», en Ricardo Martínez Esquivel, Yván Pozuelo Andrés,
Rogelio Aragón (coords.): 300 años: Masonerías y masones, 1717-2017, loc. cit., pp. 46-75.
5
Cfr. Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles, vol. ii, Madrid,
BAC, 1987, pp. 387-388. El aludido monarca Fernando VI reinó entre 1746 y 1759. Si ya
para entonces se hablaba en España de la Masonería —que había surgido en Gran Bretaña
hacia 1717— tenemos que suponer su meteórica propagación. Convergieron en suelo español
las dos corrientes —una por el bando británico y otra por el lado francés— o tres (si aludimos
a la variante escocesa como en rigor debe hacerse dentro de las británicas).

163
de ser escepticismo pernicioso, el negar no ya su existencia, comprobada por
mil documentos y testimonios personales, sino su insólito y misterioso poder
y sus hondas ramificaciones.6
Luego se refiere el historiador cántabro a los orígenes de la secta, en los
que converge con la historiografía anterior y posterior sobre el asunto:
De sus orígenes hablaremos poco. En materia tan ocasionada a fábulas
y consejas, es preciso ir con tiento y no afirmar sino lo que está documen-
talmente comprobado con toda la nimia severidad que la historia exige.
Si de lo que pasa a nuestros ojos y en actos oficiales consta, no tenemos
a veces toda la seguridad apetecible ¿cómo hemos de saber con seguridad
lo que medrosamente se oculta en las tinieblas? Las sociedades secretas
son muy viejas en el mundo. Todo el que obra mal y con dañados fines se
esconde, desde el bandido y el monedero falso y el revolvedor de pueblos
hasta el hierofante y el sacerdote de falsas divinidades, que quiere, por
el prestigio del terror iludir a la muchedumbre y fanatizar a los adeptos.
De aquí que lo que llamamos logias y llamaban nuestros mayores cofra-
días y monipodios existan en el mundo desde que hay malvados y char-
latanes, es decir, desde los tiempos prehistóricos. La credulidad humana
y el desordenado afán de lo maravilloso es tal, que nunca faltará quien
explote y convierta la mitad de nuestro linaje en mísero rebaño, privándole
del propio querer y del propio entender.7
La crítica de Menéndez Pelayo —como del común de la historiografía en
nuestros días— a unos supuestos precedentes históricos en la edad antigua con
que la Masonería ha querido alimentar y fortalecer su delirante imaginario no
deja, tampoco, lugar a dudas:
Deben relegarse a la novela fantástica sus conexiones con los sacer-
dotes egipcios y los misterios eleusinos, y las cavernas de Adonirám, y la

6
Menéndez Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles, p. 387. Se refiere el santande-
rino particularmente a los partidos políticos y sindicatos de la izquierda revolucionaria, a los
distintos tipos de acción social como los socialismos —así utópicos como reales— y otras
doctrinas sociales que apelaban a la «acción directa» como el anarquismo que, tras la siembra
de Karl Marx (1818-1883) y Mijail Bakunin (1814-1876) iban tomando asiento en el proleta-
riado europeo con la I Internacional de Trabajadores (1864-1876). Como consecuencia de la
acción directa (que antepone los contingentes objetivos políticos al valor supremo de la vida)
el primer magnicidio de la Historia contemporánea de España se produce sobre la persona
del general Juan Prim en 1870, el segundo sobre Antonio Cánovas en 1897, el tercero sobre
José Canalejas en 1912 y el cuarto sobre Eduardo Dato en 1921. Esa sucesión de asesinatos de
hombres públicos por parte de elementos de la izquierda política no tenía precedentes en la
Historia de España.
7
Ibidem, pp. 387-388.

164
inulta y truculenta muerte del arquitecto fenicio que levantó el templo de
Salomón.8
Igualmente descarta Menéndez Pelayo las vinculaciones que tratan de
legitimar el pasado de la masonería en relación con los tiempos medievales:
Y asimismo debe librarse de toda complicidad en tales farándulas a los
pobres alquimistas de la Edad Media, que al fin eran codiciosos, pero no
herejes, y con mucha más razón a los arquitectos, aparejadores y albañiles
de las catedrales góticas, en cuyas piedras ha visto alguien signos masónicos
donde los profanos vemos sólo símbolos de gremio.9
De los auténticos y contemporáneos orígenes históricos de la secta nos
da cuenta Menéndez Pelayo con su habitual rigor y certeza de juicio. Como es
norma en el quehacer historiográfico del santanderino, la solidez de sus fuentes
de información avala sus juicios y opiniones:
Del fárrago de libros estrafalarios que en son de historiar la masonería
han escrito Clavel, Ragón y muchos más, sólo sacamos en limpio los profa-
nos que el culto del grande arquitecto del universo (G. A. D. U.), culto que
quieren emparentar con los sueños matemáticos de la escuela de Pitágoras y
con la cábala judaica, y hasta con la relajación de los Templarios, se difun-
dió desde Inglaterra en los primeros años del siglo xviii. Al principio era un
deísmo vago, indiferentista y teofilantrópico, con mucho de comedia y algo
de sociedad de socorros mutuos.10
En realidad convergieron en suelo español las dos ramas principales de la
Masonería: la de origen británico —tanto inglés como escocés— obediencia de
las logias de aquellas naciones y representada por Arthur Wellesley, duque
de Wellington (1769-1852), jefe de las tropas del Reino Unido en España y
conspicuo masón, y la de origen francés representada por la dinastía Bona-
parte. A ellas pertenecían numerosos combatientes de ambos ejércitos rivales
en suelo español. José I encabezó el primer grupo de masones españoles
afrancesados aglutinados en torno a él para defender los intereses de la dinastía
napoleónica, en tanto que precisamente del lado español, las Cortes de Cádiz
se mostraron firmemente opuestas a la Masonería, y el texto constitucional
gaditano se iniciaba con la clásica invocación cristiana a la Santísima Trini-
dad «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». La acción de los

8
Menéndez Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles, pp. 387-388.
9
Ibidem, p. 388. El empeño de los masones fundadores por dotar de una legitimación his-
tórica a su engendro asociativo los llevó a concebir fabulaciones históricas verdaderamente
disparatadas.
10
Ibidem.

165
núcleos masónicos, enemigos de la religión católica y de su portaestandarte
durante tres siglos: el Imperio español, fue una intensa politización de la
vida pública española hasta hacer del siglo xix el más convulso de nuestra
Historia.
La represión de los masones fue una de las poquísimas luces del reinado
de Fernando VII, aunque en este caso actuaba el despótico monarca en defen-
sa de los intereses de su propia persona. Sin embargo, el masón general Rafael
de Riego se levantó en Cabezas de San Juan contra el absolutismo fernandino
e instauró la experiencia liberal del Trienio constitucional (1820-1823), al
que pone fin la acción de los Cien Mil Hijos de San Luis, fuerza compuesta
también por significados masones franceses que sirvieron tiempo atrás a las
órdenes de Napoleón.
A la muerte de Fernando VII se vivirá una de las primeras edades de
oro de la Masonería en España, entre 1834 y 1843, es decir, el período de las
Regencias (particularmente la de Espartero), en cuyo transcurso se generó la
matanza de frailes de 1834, primer motín anticlerical en España con ocasión
de la epidemia del cólera, acusándose injustamente a los frailes de haber
envenenado las aguas de la capital. Apunta el Marqués de Lozoya que «por
mucha que fuese la ambición de don Baldomero Espartero, estimulada por la
bien organizada propaganda con que las logias sabían encumbrar a sus pro-
tegidos, su fortuna habría de superarla: al comenzar el año de 1841 era el
único árbitro de los destinos de España, tan absoluto como Fernando VII en
sus últimos años. Como el difunto rey, tuvo también su camarilla y no fue
menos inflexible en la represión de los que se levantaron contra la dictadura
progresista, siempre tan intolerante como los mismos apostólicos, defensores
de los poderes ilimitados del rey».11
El masón Juan Álvarez Mendizábal cambió profundamente la contextura
económica de España iniciando un proceso de monetarización y capitalización
de bienes en manos muertas para favorecer a los compradores de la pequeña
y gran burguesía e iniciando el proceso desamortizador en España, lo que
Menéndez Pelayo calificó de «inmenso latrocinio», proyectado no sólo sobre la
Iglesia, sino sobre las propiedades comunales, lo que provocó la proletarización
de grandes sectores agrarios.
Los sucesivos gobiernos de la época de Isabel II fueron de alguna menor
inspiración masónica, particularmente los de protagonismo moderado (década
moderada: 1843-1853). La caída de la reina en septiembre de 1868 acer-
cará de nuevo a los masones al poder. Tanto Prim como Amadeo lo son. La

11
Cfr. Marqués de Lozoya, Historia de España, tomo vi. Barcelona, Salvat Editores, 1970,
p. 103.

166
culminación de dicho proceso conducirá a la proclamación de la I República
(1873-1874) con cuatro presidentes miembros de la orden masónica (Salme-
rón, Pi i Margall, Figueras y Castelar). Durante los años que precedieron a la
proclamación de dicho régimen se procedió al derribo de iglesias sin la más
mínima consideración de que representaban el sentimiento del pueblo y un
valor incalculable desde el punto de vista artístico. Ello marchó de la mano
con la denominada «enajenación del subsuelo» entregado a los intereses britá-
nicos, franceses, belgas y norteamericanos, en una especie de régimen colonial
de explotación.12
Retoma Menéndez Pelayo en el capítulo iv del libro viii de su Histo-
ria de los Heterodoxos españoles las noticias sobre la secta masónica, uno de
cuyos momentos de mayor auge e influencia en España fue el período que
transcurre entre 1868 y 1874, llamado el sexenio revolucionario o sexenio
democrático.
Muy consustancial a la sociedad secreta ha sido siempre su probada
eficacia para destruir edificios políticos o sociales, más que para construir
otros nuevos de más nervio y duración que los anteriores: así pasó en la Pri-
mera República (1873-1874), donde el peso de la secta fue indudable en su
desgraciada deriva de acontecimientos. Con respecto al período 1868-1874
escribe Menéndez Pelayo:
La francmasonería, sociedad no ya secreta, sino pública y triunfadora,
se exhibía en ostentosos alardes, nuevos en España, cuales fueron el entierro
masónico del brigadier D. Amable Escalante, presidido por el ministro de
Marina, y el del infante D. Enrique, muerto en duelo por el duque de Mont-
pensier. La Reforma, La República Ibérica, La Libertad del Pensamiento y
otros periódicos aparecieron paladinamente como órganos cuasi oficiales
de la secta.13
El primer magnicidio de la Historia contemporánea de España come-
tido sobre el general Prim —progresista y masón— fue promovido y con
toda seguridad ejecutado por otro hermano masón (el compañero de
armas, escalafón y conspiraciones general Serrano), tal y como ha demos-
trado recientemente el criminólogo profesor Francisco Pérez Abellán en

12
Toda la política de Espartero estuvo orientada a favorecer los intereses de los capitales
extranjeros en España, particularmente los británicos.
13
Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles, loc. cit., p. 977. Enrique
de Borbón era sobrino del rey Fernando VII. Tanto el infante don Enrique como el duque de
Montpensier eran masones, pero la fraternidad no les alcanzaba para atenuar sus viejas rencillas
personales en cuyo horizonte se representaba para ambos la posibilidad de acceder al trono
de España.

167
un riguroso estudio que ha evidenciado que la teórica solidaridad de la
Masonería no prevalece (como en el caso de la otra gran sociedad secreta de
la Edad Contemporánea: la Cosa Nostra) ante las ambiciones personales de sus
miembros.14
Revisten enorme importancia como fuente de conocimiento para el Plan
de la Historia de los Heterodoxos las noticias que los clérigos diocesanos le
hacen llegar a Menéndez Pelayo desde sus respectivas diócesis, Así, el Obispo
de Menorca, Manuel Mercader escribe desde Ciudadela al historiador de San-
tander el 19 de abril de 1881 en estos términos:
Muy Sr. Mío: […] La grande herejía de este país, hemos de decirlo
claro, es la francmasonería, la iglesia de Satanás que en las torpes mallas del
racionalismo materialista y de su especial organización tiene hoy envuelto
el orbe entero. Esa es hoy la herejía terrible por su extensión y por su fuerza
tal, que ya no existe gabinete alguno ministerial que no haya sido designado
en la lobreguez de una logia.15
Tanto en el sexenio revolucionario, como más tarde en la propia Restaura-
ción, la influencia de la Masonería continuó incólume y las figuras de Manuel
Ruiz Zorrilla (1833-1895) y Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903) son esen-
ciales para caracterizar la influencia masónica en el siglo xix español. Desde
entonces el anticlericalismo se convirtió en una obsesión para la izquierda
burguesa, la Restauración se convirtió en rehén de la Masonería, el partido
liberal, el partido republicano y el partido socialista fueron sus vehículos de
poder y supo mantener el enorme ascendiente social que habían conseguido
130 altos funcionarios, en torno a 1000 jueces, casi 1110 generales y oficiales
del ejército y un sinfín de profesionales liberales y propietarios que pertenecían
a la Masonería.
Una década después de la publicación de los Heterodoxos, el erudito agus-
tino Manuel Fraile Miguélez continúa proporcionando a Menéndez Pelayo
noticias de heterodoxos españoles y masones, concretamente en la carta de 5
de julio de 1891 le escribe al historiador de Santander:

14
Vid. Francisco Pérez Abellán, Matar a Prim. Barcelona, Planeta, 2014. El autor
da luz —en un procedimiento investigativo de verdadero rigor histórico, jurídico (con
estudio pormenorizado del Sumario judicial), criminológico, policial y forense, que cul-
minó con la propia exhumación del cadáver— sobre todos los detalles de la conspira-
ción para asesinar al general Juan Prim y Prats, así como los que rodearon a su atentado:
la inhibición de la policía de Sagasta, el traslado del militar herido y su sospechosa sole-
dad ante mortem en el Palacio de Buenavista, a merced de su rival el general Serrano y sus
sicarios.
15
Marcelino Menéndez Pelayo, Epistolario, loc. cit., volumen iv, carta 434, 19 abril 1881.

168
También he visto en Simancas una reseña de la Logia Josefina, de
1820-21, con los nombres de los asociados; y tengo un papel del mismo
tiempo con los estatutos de la masonería española.16
En 1896 tuvo lugar en Trento un congreso antimasónico para el que
el Marqués de Monistrol demanda a Menéndez Pelayo un pequeño trabajo
para responder a su nombramiento como Presidente del Comité Diocesano
de Madrid.17 El día de la apertura se reunieron 36 obispos, 50 delegados
episcopales y 700 delegados de diversas organizaciones católicas. Entre estas
delegaciones hay que destacar las de Francia y Austria con más de 50 personas
cada una; las de Hungría, Alemania, América, España, Portugal e Irlanda. La
inauguración del Congreso tuvo lugar en la Iglesia de Santa María la Mayor. En
Trento se trató el tema de la pérdida del Imperio español de América, atribuida
por su mayor parte a los masones.

*   *   *

En lo que coinciden —a más de un siglo de distancia— la mayor parte


de los analistas citados es en subrayar la endeblez intelectual —casi irrelevan-
cia— de los fundamentos intelectuales masónicos y en lo estrafalario y errático
de buena parte de sus miembros, casi desde el principio. Manuel Azaña, que
ingresó en la secta, se refería con desdén a sus barrocos ceremoniales. Fuera
de España vamos a destacar —por el relieve del personaje— al historiador
Benedetto Croce (1866-1952), que resumió así su juicio sobre la Masonería:
Reconozco la mentalidad masónica y veo en ella un serio peligro para
la cultura italiana. Simplifica todo: la Historia, que es complicada; la Filo-
sofía, que es difícil; la Ciencia, que no se presta a conclusiones precisas; la
Moral, que es rica en inquietudes y contrastes. Pasa triunfalmente sobre

16
Ibidem, volumen xi, carta 262, 5 julio 1891. Manuel Fraile Miguélez (1864-1928) fue un
erudito agustino, aficionado a la filosofía, teología, numismática y arqueología. Perteneció
al equipo de redacción de la Revista agustiniana redenominada como La Ciudad de Dios,
entre 1881 y 1887, y fue profesor del Real Colegio Alfonso XII de El Escorial, donde tuvo
como discípulo a Manuel Azaña, que le recuerda en su novela titulada El Jardín de los Frailes
(Madrid, 1926).
17
Marcelino Menéndez Pelayo, Epistolario, loc. cit., volumen xiv, carta número 14, 10 de
julio de 1896. En efecto, el 26 de septiembre de 1896 se inició en Trento, capital del Tirol ita-
liano, que pertenecía al Imperio austrohúngaro, el primer congreso antimasónico tridentino,
al que el 2 de septiembre de 1896, el Papa León XIII (mandato pontificio 1878-1903) dedicó
un Breve.

169
todas esas cosas en nombre de la razón, de la libertad de la humanidad, de
la fraternidad, de la tolerancia y con tales abstracciones pretende distinguir
a golpe de ojo el bien del mal, y clasifica los hechos y los hombres por signos
externos y fórmulas. Ideología pésima no sólo intelectualmente, sino también
moralmente.
El padre de la historiografía española contemporánea Marcelino Menéndez
Pelayo situó a la Masonería entre las heterodoxias importadas de la Historia
de España. Sin embargo, no concedió crédito alguno a los supuestos orígenes
legendarios con que los masones quisieron adornar y hasta justificar su pasado,
censuró el carácter secreto de sus actividades y denunció los daños objetivos
que sus manejos habían causado a la integridad territorial y espiritual del
benéfico Imperio español y al sentimiento religioso de su pueblo.18

18
El legado de cuatro siglos del Imperio español en América (1492-1898) fue la Paz, la con-
vivencia, el entendimiento y el mestizaje de dos mundos: el europeo y el americano; la unidad
en la Lengua y la Fe del Evangelio; el conocimiento y la formación en las universidades allí
erigidas; la unidad en el Derecho —las benéficas Leyes de Indias— y en el Corpus doctrinal
que lo sustentaba, basado en la dignidad radical del hombre y la igualdad de todos —euro-
peos e indígenas— proclamada por los juristas, teólogos y filósofos hispano-portugueses de
la denominada Escuela Ibérica de la Paz: Francisco de Vitoria (1483-1546), Bartolomé de Las
Casas (1484-1566), Martín de Azpilcueta (1491-1586), Domingo de Soto (1494-1560), Melchor
Cano (1509-1560), Martín de Ledesma (1509-1574), Alonso de Vera Cruz (1509-1584), Diego
de Covarrubias (1512-1577), Juan de la Peña (1513-1565), Manuel da Nóbrega (1517-1570),
Luis de Molina (1535-1600), José de Acosta (1540-1600), Francisco Suárez (1548-1617), Antonio
Vieira (1608-1697), et sic de caeteris, salidos preferentemente de las universidades de Salamanca,
Coimbra, Évora, Valladolid y Alcalá y promotores como nunca antes de un orden internacional
justo, pionero del Derecho de Gentes en la Edad Moderna. Cuatro siglos contemplaron un
mundo de armonía y prosperidad en lengua española y lenguas indígenas del Río Colorado a
la Tierra de Fuego, desde las playas de La Florida a las montañas de California, y de los Andes
al estuario del Río de la Plata. Cuando España se vio obligada a dejar el Continente, nada fue
lo mismo: las desigualdades, la discordia, el racismo, la miseria, la división, la supremacía del
criollismo sobre el indigenismo, la ambición y la acumulación del poder y de la riqueza en
pocas manos, la precariedad del valor de la vida humana, la colonización y explotación extran-
jera, los cárteles del narcotráfico, la inestabilidad de los gobiernos autocráticos ha llenado la
historia de los siglos xix y xx en Iberoamérica. Y por desgracia el siglo xxi conoce todavía hoy
un repunte de la pesadilla totalitaria neomarxista (que parecía un mal sueño ya periclitado)
en Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Perú, y un inédito reverdecer de la Leyenda
negra contra la Memoria de las personas y los principios de la Pax hispana.

170
DIGITALIZACIÓN Y COMPETENCIA DIGITAL
EN LA EMPRESA Y EL SISTEMA EDUCATIVO.
VENTAJAS Y RIESGOS

María Elena Vicente Morales


Directora del IES José María de Pereda
Licenciada en Filología Francesa
Máster Internacional en Liderazgo y Dirección de Centros Educativos

NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS COSTUMBRES

La crisis sanitaria de pandemia generada por el COVID-19 ha puesto de


manifiesto la necesidad inmediata de teletrabajo y de comunicación online.
Ha descubierto la brecha digital y las deficiencias en el conocimiento
digital, tanto de empleados de empresas como de usuarios confinados; en el
mundo empresarial y en el sistema educativo.
Así, la digitalización se impone y desarrolla en la sociedad actual, poniendo
en funcionamiento todo un entramado de estrategias de actuación.

EL FOMENTO DE LA COMPETENCIA DIGITAL

Incidiendo en la necesidad de mejora digital en el territorio español, tras


la situación sanitaria de pandemia por Covid-19 y sus consecuencias como
el confinamiento o el desarrollo del teletrabajo y la comunicación online, el
Ministerio de Política Territorial y Función Pública fomenta un Plan Nacional
de Competencias Digitales que establece unos ejes y líneas de actuación para
impulsar la competencia digital de los empleados al servicio de las Adminis-
traciones Públicas. Y se obtiene una línea de financiación para la competencia
digital como política palanca dentro del Plan de Recuperación, Transformación
y Resiliencia.
De este modo, directivos y empleados reciben cursos de formación, y se
crean nuevas plataformas online y aplicaciones software, programas de trans-
formación digital para las PYMES, sistemas de planificación de recursos (ERP)
y de gestión y clientes (CRM) y marketing. Y se impulsa el trabajo remoto y
la telecomunicación.
Por consiguiente, se demandan perfiles tecnológicos ligados a business
intelligence-Big Data, inteligencia de datos, Inteligencia artificial o blockchain.

171
Y la demanda de ese perfil de nueva generación digital hace que se valore
la idea de que estudiantes puedan convertirse en agentes para la digitalización
de las empresas, y que éstos realicen sus prácticas de formación FP dual.
Lo que ha conllevado una línea de estrategias —para lograr el «hub de
competencias digitales»— y trabajo coordinado entre el Ministerio de Indus-
tria, Comercio y Turismo, el Ministerio de Asuntos Económicos y Transforma-
ción Digital, y en colaboración con la EOI, el Ministerio de Trabajo y Economía
Social, así como con el Ministerio de Cultura y Deporte, en programas de
formación y becas, alineado con Acelera PYME.
Lo que también supone la puesta en marcha de un Plan de Digitalización
y Competencias Digitales del Sistema Educativo.
También hay que recordar que, para cumplir con los objetivos de la Agenda
2030, en junio de 2018 el Consejo de Ministros aprobó el Plan de Acción para
la Implementación de la Agenda 2030. Marco en el que el Plan Nacional de
competencias digitales se configura como un elemento clave para la consecu-
ción de varios ODS de la Agenda 2030 en España.

PLAN DIGITAL EN EL SISTEMA EDUCATIVO

La Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, LOMLOE por la que se modi-


fica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, introduce impor-
tantes cambios, de acuerdo con los objetivos fijados por la Unión Europea y
la UNESCO para la década 2020-2030. Entre ellos, la implementación de la
competencia digital en los Centros educativos. Así, en el punto 62, apartado 1
establece que «el proyecto educativo de centro recogerá asimismo la estrategia
digital del centro». Y éste deberá orientarse teniendo en cuenta el Marco
Europeo de Organizaciones Digitalmente Competentes; y el Plan Digital de
Centro, en Cantabria, se implementará mediante el Plan #DeCoDE Cantabria
que iniciamos este curso 2021-2022.
Además, el Real Decreto 217/2022, de 29 de marzo, por el que se establece la
ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación secundaria obligatoria, en
sus artículos 8 y 9, establece la materia «Tecnología y digitalización» en los tres
primeros cursos de la ESO y «Digitalización» en cuarto curso, ésta como mate-
ria optativa. Y en el artículo 11 la competencia digital se encuentra como una
de las ocho competencias clave, previstas en la LOMLOE, y que debe adquirir
y desarrollar el alumnado al término de la enseñanza básica. Así mismo, este
decreto define también el concepto de competencia digital (CD):
La competencia digital implica el uso seguro, saludable, sostenible, crítico
y responsable de las tecnologías digitales para el aprendizaje, para el tra-
bajo y para la participación en la sociedad, así como la interacción con estas.

172
Incluye la alfabetización en información y datos, la comunicación y la
colaboración, la educación mediática, la creación de contenidos digitales
(incluida la programación), la seguridad (incluido el bienestar digital y las
competencias relacionadas con la ciberseguridad), asuntos relacionados con
la ciudadanía digital, la privacidad, la propiedad intelectual, la resolución
de problemas y el pensamiento computacional y crítico.

VENTAJAS DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN

Actualmente, la adaptación de la docencia al mundo digital también


se impone, y especialmente con motivo de la nueva situación sanitaria de
pandemia Covid-19. En efecto, el confinamiento ha supuesto reinventarse y
adaptarse al uso de nuevas plataformas digitales para asegurar el proceso de
enseñanza-aprendizaje, seguimiento y evaluación del alumnado en época
de confinamiento.
La pandemia ha puesto de manifiesto nuevas necesidades digitales y ha
remarcado la «brecha digital». Surge un nuevo modelo de trabajo «híbrido»:
casa-oficina, casa-centro educativo, casa-empresa. Y se ha implementado la
interactividad entre el ordenador y el Smartphone, los trabajos colaborativos
por Forms, la productividad del trabajo compartido, las videoconferencias y
reuniones online por Jitsi meet, Connect o TEAMS.
Ha mejorado la inteligencia artificial, el reconocimiento de voz e imágenes,
el Big Data, la infraestructura en la nube, el detector de intencionalidad… y
la posibilidad de descargar aplicaciones con solo pulsar el widget. Todo está al
alcance de nuestra mano.
Es la propia red la que nos ofrece retroalimentación y cursos de formación
—Dabo Consulting Formation—, «free webinars» o tutoriales online sobre lo
último de Microsoft, e-librerías tutoriales para profesores o herramientas de
Google, el gran buscador de información, como Edtechtutorials.
Y esa facilidad que nos ofrece Internet hace que aparezca un nuevo fenó-
meno social: los influencers o youtubers, usuarios que utilizan nuevas tácticas
para ganar visibilidad y máximo número de seguidores en las redes sociales,
tales como TikTok, Facebook, Instagram, WhatsApp o Twitter que están a la
cabeza del renting en 2022, y que se valen de algoritmos para ayudar a estos
creadores de contenido a aumentar su alcance. Y millones de usuarios pasan
al menos una hora al día en estas plataformas haciendo scroll al contenido.
Configurar y mantener una cuenta supone colgar videos y fotos, hacer un
perfil, ceder datos personales, publicar, mantener calendarios editoriales y
un sinfín de estrategias para conseguir seguidores o followers. Y las empresas
se publicitan a través de estos influencers.

173
Todo está en la Red, una gran tela de araña que ofrece la inmediatez de
información y comunicación, en el espacio y en el tiempo: información,
almacenamiento en la nube —cloudstorage—, portales sobre cualquier tema,
soluciones tecnológicas 360º para empresas y educación, productos dispuestos
para la compra online, datos personales de usuarios, incluso nuestra cuenta
bancaria online está lista, prêt-à-porter, para los malware y ciberdelincuentes.
Y un nuevo paradigma, el Metaverso y la realidad virtual, también irrumpe
en el mundo de la empresa digital en diseño, marketing, comunicación, video-
juegos y modelado 3D.
A destacar la innovación que supone la digitalización en el campo de la
física o de la medicina: implementación de técnicas quirúrgicas como la lapa-
roscopia, mínimamente invasiva; o la aplicación de la nanotecnología para la
mejora de enfermedades como párkinson o posibles trasplantes de médula.
En educación, han aparecido nuevas empresas como McGrawHill que
ponen a disposición de docentes plataformas, libros y recursos didácticos
digitales, actividades interactivas y recursos online, ejercicios, solucionarios,
programaciones y modelos de evaluación. Así, Aulamhe ya incluye material
acorde a la LOMLOE que permiten escuchar el texto y su traducción desde
otro dispositivo. Se ofrece al docente contenido y tecnología que facilita el
aprendizaje presencial, online e híbrido.
Y en la enseñanza semi-presencial Adistancia para personas adultas, que
ofrece nuestro IES José María de Pereda, y mucho antes de la pandemia sanita-
ria, también se contacta con el alumnado mediante espacios digitales de comu-
nicación: la plataforma Moodle, correo electrónico, foros, el chat o TEAMS.

RIESGOS DE INTERNET

Son muchas las ventajas y bondades que nos ofrece Internet, sin embargo,
también conlleva números riesgos, problemas y sensación de vulnerabilidad.
A destacar, entre ellos, el grooming: un adulto se hace pasar por menor a
través de las redes sociales para contactar y recibir contenido de índole sexual
de menores. La sextorsión o sixting: acto de chantajear con compartir imágenes
sexuales a cambio de un beneficio. El ciberacoso, para efectuar el bullying a
un tercero por internet.
El chantaje, el fraude por control remoto, la desencriptación de contrase-
ñas, y todo tipo de ciberdelincuencia son también las nuevas preocupaciones
de clientes, empresas y especialmente de bancos. Dispositivos tecnológicos
secuestrados por ciberdelincuentes que instalan malwares de minería de cripto-
moneda, mediante el cryptojacking, dan lugar a nuevos retos de programación
segura para los expertos programadores informáticos y en ciberseguridad para
contrarrestar los cada vez más presentes delitos telemáticos.

174
Así, los problemas de acceso y seguridad han llevado a Plataformas a
ofrecer la autentificación no ya mediante usuario y contraseña, sino mediante
datos biométricos tales como reconocimiento facial o huella, con dispositivos
IntelvPro®.
La protección de datos profesionales o personales, el derecho a la intimi-
dad, y la protección del menor están en constante riesgo en la Red. Aceptamos
publicidad y concesión de datos personales, recibimos cookies a discreción, y
todo ello con un simple «click».
Aceptamos infinidad de cookies, con la supuesta finalidad de mejorar
nuestra eficiencia de navegación, proporcionándonos publicidad adecuada al
nivel de usuario, recordándonos nuestras preferencias de sitios visitados. Con
un simple «click» de «acepto» damos el consentimiento a compartir nuestra
información personal; con lo que nuestra intimidad queda desprotegida frente
a la Red, máxime en el caso de los menores.
Y mostramos nuestras vidas en plataformas como Facebook, Instagram,
WhatsApp, Likelink, TikTok o Twitter, sin pensar en las posibles consecuencias
de acceso a nuestra intimidad.
Las fake news también distorsionan el conocimiento de la realidad, siendo
informaciones falsas de fácil creación y rápida divulgación.

CONCLUSIÓN

Analizadas las bondades y riesgos de Internet y de la digitalización, con-


sidero que el esfuerzo realizado por las instituciones para la mejora de la
competencia digital en el sector empresarial ha sido ímprobo, importante y
fundamental.
Apoyo y fomento la innovación y el uso de las Tecnologías de la Infor-
mación y de la Comunicación (TIC) en el campo de la educación, pero las
TIC no deben ser un fin, sino un medio, una herramienta para la mejora del
proceso de enseñanza-aprendizaje.
Pienso que el rôle del docente ante el empleo de información virtual
debe consistir en guiar al alumno en su proceso de selección de contenidos,
y en adaptarlos a su nivel académico, para que el proceso de asimilación y de
restructuración de información sobre los conocimientos previos se lleve de
forma adecuada y proporcional a la construcción de un andamiaje cognitivo
correcto. El alumno, ante la gran diversidad, puede llegar a perderse y no saber
seleccionar la información adecuada a su nivel de aprendizaje.
Es fundamental que, dada la facilidad de acceso al conocimiento curricu-
lar, éste se seleccione, fije —mediante las cuatro competencias: comprensión
y expresión oral, comprensión y expresión escrita— y se aprenda.

175
Por ello, la combinación de diversidad de metodologías didácticas es fun-
damental. El contenido está en la Red, pero hay que seleccionarlo y trabajarlo
para fijarlo en la memoria.
El trabajo y el esfuerzo existen, y son fundamentales en el sistema de
enseñanza-aprendizaje. La rapidez, inmediatez y facilidad de acceso pueden
llevar a la falta de reflexión, comprensión, asimilación y aprendizaje, máxime
en la edad del adolescente, etapa de evolución del pensamiento concreto hacia
el abstracto, siguiendo las teorías de Piaget.
Posteriormente, será la evaluación la que proporcione el feedback sobre esa
adquisición de conocimientos, impartidos mediante diversidad de metodolo-
gías, medios y herramientas, a fin de recuperar esa información acumulada en
la memoria del aprendiz; a pesar de que ésta haya sido tan denostada en las
últimas nuevas teorías del aprendizaje. Recordemos, por ejemplo, que el len-
guaje está ya socialmente consensuado, y que no podemos inventarlo en cada
uso; o que un cirujano deberá tener conocimientos previos en el momento de
una intervención quirúrgica. La memoria también existe y debe ser activada
para la puesta en escena del conocimiento.
En cuanto a la enseñanza de los riesgos de Internet, es muy conveniente
que personal especializado instruya al alumnado. En Cantabria, cada curso
académico, gracias al Plan Director, de charlas impartidas por policía experta
en ciberdelincuencia, el tema es tratado para alumnado de la ESO en los
Centros educativos.
En definitiva, siempre y cuando se advierta de los riesgos que el mundo
digital conlleva, apoyamos e impulsamos la innovación, y las ventajas de las
nuevas tecnologías, así como su aplicación al mundo empresarial, de la inves-
tigación científica, de la medicina y de la educación.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
LOMLOE. Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley
Orgánica 2/2006, de 3 de mayo de Educación. Referencia: BOE -A-2020-17264:
[Link]
Real Decreto 217/2022, de 29 de marzo, por el que se establece la ordenación y las
enseñanzas mínimas de la Educación Secundaria Obligatoria. Ministerio de
Educación y Formación Profesional «BOE» núm. 76, de 30 de marzo de 2022.
Referencia: BOE-A-2022-4975.
Proyecto #DeCoDE Cantabria. 2021.
Leticia Calvo 25/06/2021. Cómo ganar visibilidad en TikTok. Guía rápida para tener
más seguidores. En [Link] Consulta 29 junio 2022.
Plan Nacional de Competencias Digitales.

176
RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
DIÁLOGO INTERCONFESIONAL DESDE EL DERECHO
CON LA HISTORIA COMO TELÓN DE FONDO

JOAQUÍN MANTECÓN SANCHO


Religión, valores y libertad religiosa
Cuenca, Aldebarán, 2018, 188 p. ISBN 978-84-16373-23-9

¿Qué ha hecho del jurista español Joaquín Mantecón un interlocutor idó-


neo a los ojos de gentes de comunidades no católicas e incluso no cristianas de
todo el Mundo? A mi juicio, la respuesta gira en torno al peso de una amplia
—en extensión y profundidad— formación humanística (en la que brilla con
luz propia el elemento histórico como asiento de los saberes jurídicos) y una
ductilidad e inteligencia poco comunes cuando le cupo asumir cometidos
institucionales que exigen por lo general un plus de sensibilidad, en el marco
de actuación de la siempre delicada Dirección General de Asuntos Religiosos
del Ministerio de Justicia.
Los profesores de la disciplina jurídica de Derecho Canónico o Derecho
Eclesiástico del Estado pueden jugar un papel de verdadera importancia (como
ya ocurre mutatis mutandis con los profesores de Derecho Romano respecto
a la construcción del Derecho de la Aldea Global) en el diálogo interreligioso
que ha de conducir —acaso un día no muy lejano— a la unión de las iglesias
y de las confesiones cristianas en la única Iglesia fundada por Jesucristo, y de
ésta con las demás sensibilidades religiosas del Orbe.1 Todas ellas se distinguen

1
Y ello en cuanto que la Promesa de Dios al Hombre no excluye a quienes no han tenido
la oportunidad de acceder a su Revelación, pero viven conforme a la Ley Natural escrita en el
corazón y en la recta razón humanas (reconducible a unos pocos principios esenciales que se
nos hacen presentes con distinto grado de intensidad al efecto de procurar el bien y evitar el
mal (non laedere) y construir la convivencia en torno al bien común.

179
por un proteico núcleo conceptual de raíz metafísica: la realidad trascendente
del Hombre y un no menos contundente núcleo ético: el mandato del Amor
fraterno basado en las palabras del mismo Jesucristo: «Amaos los unos a los
otros como Yo os he amado».
Joaquín Mantecón une a su condición de profesor en la Facultad de Dere-
cho de la Universidad de Cantabria (UC) la experiencia de haber desempeñado
cargos políticos y administrativos de singular importancia vinculados preci-
samente con el mandato constitucional de la libertad religiosa. Ha publicado
más de cincuenta artículos y diez libros sobre las materias de su especialidad
y afines jurídicas, además de este último aquí reseñado que recoge textos de
conferencias, discursos y disertaciones escritas y no publicadas —o sí— en los
últimos treinta años (1988-2018), entre ellas la Lectio brevis o exposición final
del curso académico 2017-2018, que cierra este sugerente volumen compila-
torio. En ella se despide el profesor Mantecón de sus alumnos con deliciosas
reflexiones transversales sobre la vida universitaria (y no específicamente
sobre esta o aquella disciplina concreta) que se inscriben dentro de la mejor
tradición académica, pero intencionalmente dirigidas a un público joven de la
segunda década del siglo xxi. Fuera de esta Lectio brevis, el resto de los textos
se refieren a cuestiones que tocan muy de cerca su disciplina y su sensibili-
dad jurídica, social y religiosa. Permítaseme destacar, como historiador, entre
estos interesantes escritos y conferencias, cuatro de contenido eminentemente
histórico (o mejor, histórico-jurídico): Obstacles to human values in society,2
«El hecho cristiano y España»,3 «Manifestaciones del discurso cristianofóbico
dentro y fuera del ámbito occidental» (acaso la más «presentista» de todas)4 y
el Estado religioso de Alemania (y cabría decir de Europa) durante la Reforma
protestante.5
La descripción de la situación religiosa en Alemania y la enumeración de
las causas de la Reforma luterana integra una verdadera lección de Historia
Moderna a cargo del autor en relación con ese trascendente acontecimiento

2
Discurso pronunciado en el Parlamento Europeo, Bruselas, 6 de diciembre de 1998 en el
simposio The Church & political parties. Their environment in the Europe of the third millennium.
3
Cfr. «El hecho cristiano y España», Actas del Congreso Democracia y sociedad plural. Tenerife
(2007), pp. 93-103.
4
Conferencia pronunciada el 10 de diciembre de 2010 en el Simposio Internacional Edu-
cando en el respeto a las religiones: análisis de las fobias y los estereotipos antirreligiosos. Escuela
Diplomática (Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación. Madrid 10-11 de diciem-
bre de 2010).
5
Conferencia pronunciada en la mesa redonda sobre El contexto de la Reforma, con oca-
sión del Quinto Centenario de la Reforma protestante, celebrada en el Hotel Silken Coliseum
de Santander, el 2 de abril de 2016, organizada por el Consejo Evangélico de Cantabria y la
Sociedad Bíblica de España.

180
religioso, ordenándolo con toda solvencia en los planos doctrinal, pastoral,
político, social y económico, con exquisito rigor jurídico para acabar afirmando
valientemente (ante un público protestante, no lo olvidemos) que el origen de la
Reforma hay que buscarlo principalmente en la crisis religiosa personal de Martin
Lutero. El texto que sigue a esa afirmación es el más hermoso, sintético y, a la
vez, completo sobre el reformador alemán (su carácter, sus razones, su obra
y su legado espiritual) que pueda escribirse en media docena de páginas. El
conocimiento de la historia —y hasta de la mentalidad alemana— le permiten
una de las interpretaciones más indulgentes y —a la vez más sinceras— que
yo he tenido ocasión de conocer de Martin Lutero y del Cisma luterano. Pági-
nas hay verdaderamente magistrales del autor como expositor de la historia
religiosa. No juzga ni condena: describe y se afana por comprender. Pero no
se engaña ni se deja seducir. Sus balances son certeros. Marca las distancias y
llama a las cosas por su nombre, pero incide en lo que puede unirnos. Sólo
con ese respeto —que procede del conocimiento, pero también del esfuerzo
por entender al «otro»— puede llegarse a la mutua acogida. Es seguramente el
único camino. Por eso los últimos Papas —Juan Pablo, Benedicto, Francisco,
grandes teólogos— han podido procurar y promover el avance del ecumenismo
y del diálogo interreligioso.
La oportunidad de rezar juntos es —ya desde Asís (1986)— una de las
acciones más eficaces en el camino recorrido de propósito por las comunidades
cristianas y no cristianas de todo el Mundo, de manera que reproduzco —para
concluir— las palabras del profesor Mantecón que constituyeron un precioso
colofón ante la Comunidad protestante: Para los católicos el luteranismo cons-
tituyó un drama que desgajó de la Iglesia a un enorme número de fieles y de
territorios. Pero hoy en día el enfrentamiento ha sido —creo yo— superado, e
incluso podemos percibir un cierto movimiento de acercamiento y de diálogo,
cuyo fruto más maduro fue la Declaración conjunta, luterano-católica sobre la
doctrina de la Justificación del año 1999. Se trató de un primer paso. Ojalá que
sigan muchos más. Queridos amigos, muchas gracias por su atención y paciencia.
Por favor oren por mí.6
Pero el texto de más largo alcance —para nosotros como españoles— y
uno de los que ha arrancado párrafos de más nervio al jurista (pero también
al historiador que lleva dentro) es El hecho cristiano y España. En cuanto a la
muy antigua vinculación de España con la fe cristiana, entiende el profesor
Mantecón —coincidiendo en esto con Menéndez y Pelayo— que el hecho
6
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Obsérvese que el autor dice «oren por mí» (como suelen expresarse los cristianos protes-
tantes evangélicos) y no «recen por mí», como diríamos los católicos. Es un pequeño detalle
muy expresivo del conocimiento por parte del profesor Mantecón del terreno que pìsa y del
respeto por la sensibilidad y los usos de la comunidad a la que se está dirigiendo.

181
religioso es consustancial al ser histórico de nuestra Nación, y recuerda que
la primera Reforma ya vino dispuesta en España antes que en ninguna parte
de Europa de la mano de la Reina Católica Isabel de Castilla y su artífice el
Cardenal Cisneros.
Ha hecho muy bien Joaquín Mantecón en permitir que vean la luz, este
conjunto de escritos que, de otra manera, hubieran quedado inéditos y acaso
ignorados, y que hoy lucen en esta cuidada edición de Aldebarán, de escasas
doscientas páginas plenas de incitaciones y enseñanzas de amenísima lectura
que a veces escaparían al contexto más hermético y reglado de la impartición
de una clase de Derecho eclesiástico: por sus páginas desfilan inopinadamente
lo mismo Tertuliano (160-220), que Rudolph von Ihering (1818-1892), Josep
Torrás i Bagés (1846-1916), Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), Manuel
García Morente (1886-1942), y tantos otros, exponentes de esa inagotable
cultura jurídica e histórica que acompañan siempre a su autor.
JOSÉ ALBERTO VALLEJO DEL CAMPO
Doctor en Derecho

182
LA REVISTA GENERAL DE JURISPRUDENCIA Y
LEGISLACIÓN DE EDITORIAL REUS, PUBLICACIÓN
DECANA EN EL PANORAMA JURÍDICO IBEROAMERICANO

Revista General de Jurisprudencia y Legislación,


III Época, número 4 (octubre-diciembre 2021)
ISSN 2010-8518 / ISSN digital 2695-7272

La Revista General de Jurisprudencia y Legislación de la Editorial Reus


es la más antigua publicación entre las vigentes en el mundo del Derecho
en España e Iberoamérica y cumplirá en el próximo año de 2023 su ciento
setenta aniversario, pues fue alumbrada en 1853 por el jurista José Reus Gar-
cía (1816-1883) y el periodista Ignacio Miquel y Rubert (1825-1858), ambos
valencianos de Alicante. Ha contado entre sus directores históricos a juristas
tan relevantes como Pedro Gómez de la Serna y Tully (1806-1871), José María
Manresa y Navarro (1818-1905), Eduardo Dato e Iradier (1856-1921), Ángel
Osorio y Gallardo (1873-1946), o José Castán Tobeñas (1889-1969), entre
otros. En la actualidad está dirigida por el catedrático de Derecho civil Carlos
Rogel Vide, de la Universidad Complutense de Madrid, siendo secretario de
la publicación el profesor de Derecho civil de la Universidad de Zaragoza
Miguel Lacruz Mantecón. Cuenta la publicación con un sólido entramado
institucional que se articula en torno a un solvente Consejo de Redacción, un
equipo de Evaluadores Externos y un Comité Asesor Internacional, habida
cuenta del peso de Iberoamérica —pero también de Italia, Francia, Alemania
y el Derecho continental y comunitario europeo— en la conformación de un
Derecho común de recorrido secular a ambos lados del Atlántico.

183
La Revista General de Jurisprudencia y Legislación tiene periodicidad tri-
mestral, lo que implica una considerable agilidad editorial en la organización
de sus contenidos cada año. Su objeto es el Derecho en todas sus disciplinas, y
ofrece, junto a las secciones fijas de Crónica de Legislación, Crónica de Juris-
prudencia Constitucional, Crónica de Legislación y Jurisprudencia de la Unión
Europea, e Índice de Voces, un cierto número de artículos monográficos de
enorme interés, pues una de las características más destacadas de la Revista es
su rabiosa actualidad y la intención eminentemente presentista de su aporta-
ciones: se trata de artículos y colaboraciones que responden perfectamente a
las necesidades e inquietudes doctrinales generadas por la legislación vigente o
por hechos de la actualidad social, política o económica de innegable relevancia
jurídica. Por centrarnos en el número 4 (octubre-diciembre 2021) que es el que
se ofrece a la consideración del lector en esta reseña, sus contenidos transitan
desde el derecho administrativo hasta el derecho civil, pasando por el derecho
internacional privado. La publicación se abre con unas notas de su director el
profesor Carlos Rogel Vide sobre Arrendamientos de cajas de seguridad, para
continuar con un muy actual problema de Derecho administrativo como «La
delegación interpretativa en favor del Ministerio de Sanidad durante el estado
de alarma provocado por el Covid-19: ¿es inconstitucional? (Comentario crí-
tico de la STC 148/2021, de 14 de julio)», por Guillermo Cerdeira Bravo de
Mansilla, catedrático de Derecho civil.
El siempre complejo y caleidoscópico Derecho internacional privado
se hace presente de la mano Javier Maseda Rodríguez, profesor titular de
esta disciplina en Santiago de Compostela que escribe sobre «Régimen de la
litispendencia con terceros estados: algunas reflexiones en materia de crisis
matrimoniales».
Nunca falta en estos artículos de derecho presentista una impecable con-
textualización histórica, como es el caso de Luis Antonio Anguita Villanueva,
profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid,
sobre «Génesis, estructura y contenido del nuevo Código Civil de la República
Popular China (CCRPC)». Ese código que entró en vigor el 1 de enero de 2021
es «la norma más importante a nivel mundial por el número de destinatarios
que tiene y por la trascendencia que va a tener en el resto de los países del
orbe debido a las relaciones comerciales que nos unen con la actual República
Popular de China».
¿Qué naturaleza posee el corpus normativo que rige las relaciones inter
privatos en ese comunismo sui generis del siglo xxi que el coloso asiático repre-
senta? ¿Es posible que un texto tan central para las relaciones jurídico-privadas
como un Código civil pueda vehicular la conversión de la nación china acaso
un día no muy lejano en un verdadero estado social y democrático de Derecho?

184
Es una suerte transitar de la mano de un notable escritor como es el profesor
Anguita por un tema tan necesitado de un buen andamiaje técnico-jurídico
como es un código civil, y además de un país alejado de nuestro circulo de
cultura.
El Consejo de Redacción de la Revista General de Jurisprudencia y Legis-
lación se corresponde con especialistas de los ámbitos materiales dentro de la
tradicional summa divisio entre Derecho público y Derecho privado, pero con
campos jurídicos más especializados dentro de cada uno. Así, dentro del ámbito
iusprivatista además de la rúbrica más general de Derecho civil (Elena Vicente,
c. de Derecho civil de Burgos) hay una sección de Derecho agrario (Carlos
Vattier, c. de Derecho civil de Burgos), Arbitraje y mediación (Isabel Espín,
profesora de Derecho civil de Santiago); Consumo (Santiago Cavanillas, c. de
Derecho civil, Islas Baleares): Daños (Mariano Yzquierdo, c. de Derecho civil
UCM); Hipotecario (José Poveda, registrador de la propiedad, Ministerio de
Justicia); Mercantil (Ángel Rojo, c. de la UAM, Real Academia de Jurisprudencia
y Legislación); Notarial (Juan José Rivas Martínez, notario de Madrid); Con-
cursal (José Manuel Otero Lastres, Alcalá, Real Academia de Jurisprudencia);
Propiedad industrial (José A. Gómez Segade, c. de mercantil, Santiago); Pro-
piedad intelectual (Antonio Castán, profesor de Derecho procesal, Comillas);
Propiedad urbana (Eduardo Serrano Gómez, Derecho civil, UCM). En lo que
toca al Derecho Público, el Administrativo en la Revista corresponde a Rafael
Gómez-Ferrer, c. de Derecho administrativo y magistrado emérito del Tribunal
Constitucional; Derecho comunitario (José Luis Piñar, CEU); Constitucional
(Jorge Rodríguez-Zapata, magistrado del Tribunal Supremo); Derecho romano
(Margarita Fuenteseca, c. de Derecho romano, Vigo), Filosofía del Derecho
(Milagros Otero Parga, c. de Filosofía del Derecho del universidad de Santiago
de Compostela), et sic de caeteris.
La Revista General de Jurisprudencia y Legislación alcanza la nada despre-
ciable cifra de 1000 páginas en cuarto, de cuidado estilo editorial, con una
acertada elección del soporte papel, cubiertas (María Lapor), tipografía (leer la
Revista es un ejercicio placentero y no fatigoso gracias precisamente al tamaño
y tipo de letra). Nos anticipamos a felicitar —desde las páginas de CIMAS— a
todo el amplio equipo editorial de REUS por el ciento setenta aniversario de
la publicación decana en el universo jurídico hispánico.
JOSÉ ALBERTO VALLEJO DEL CAMPO
Doctor en Derecho

185
APÉNDICE FACSIMILAR
Se terminó
de imprimir
en Santander,
el día 13 de junio de 2022,
festividad de San Antonio de Padua,
en Bedia Artes Gráficas.

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